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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 02:33:17 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Cuentos de mi tiempo + +Author: Jacinto Octavio Picón + +Release Date: October 15, 2008 [EBook #26929] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + + + + +[imagen] + +JACINTO OCTAVIO PICÓN + +MADRID + +_MDCCCXCV_ + +CUENTOS DE MI TIEMPO + +MADRID + +IMPRENTA DE FORTANET, _Libertad_, 20. + +Queda hecho el depósito que marca la ley. + +Es propiedad del autor. + + + + + ÍNDICE + + + La primer cuartilla. + + La amenaza + La buhardilla + El olvidado + La cuarta virtud + Lobo en cepo + El hijo del camino + Los triunfos del dolor + Los favores de Fortuna + Las plegarias + El nieto + Dichas humanas + El milagro + Elvira-Nicolasa + Sacramento + Santificar las fiestas + La hoja de parra + + + + +_LA PRIMER CUARTILLA_ + + +_Para instruirnos es la ciencia; para mejorarnos la moral; para +deleitarnos el arte, donde hallan las fuerzas fatigadas alivio y el +espíritu ennoblecido recompensa. Si la obra artística ilustra el +entendimiento y depura la conciencia, tanto mejor; pero su misión es ser +bella, y lo mismo puede realizarla inspirándose en la fe, descorazonada +por la incredulidad, o herida por la duda._ + +_Tal creo, y sin embargo quise poner en estas humildes páginas algo que +levantase el ánimo, y moviera la conciencia contra injusticias y +errores de que el arte puede ser, si no remedio, espejo, si no +enseñanza, aviso._ + +_He aquí mi explicación para unos, mi disculpa para con otros._ + +_Empezó_ El Liberal _a publicar cuentos y me honró pidiéndome algunos. A +ser periódico exclusivamente artístico y literario, hubiera yo trabajado +para él de otra suerte: mas imaginé que en un diario político, debía +escribir luchando, como soldado raso, contra las ideas casi vencidas de +lo pasado y a favor de las esperanzas de lo por venir, no triunfantes +todavía._ + +_Entonces puse el pensamiento en aquella aspiración de justicia, ya +escrita en los códigos, pero que aún es letra muerta en las +costumbres._ + +_De ellas me inspiré, intentando contribuir a la pintura de esta época +en que una letra de cambio, una obligación, un_ cheque, _pesan en la +balanza social más que cuanto representa, trabajo, ciencia, estudio y +arte._ + +_Mis aciertos y mis errores, hijos son de mi tiempo: ni por éstos +mereceré censura, ni por aquéllos soy digno de alabanza: de que enderecé +al bien la voluntad, estoy seguro._ + +_Madrid, 1895._ + + + + +LA AMENAZA + + +I + + +Sonaron las campanadas del medio día y de allí a poco la puerta comenzó +a despedir en oleadas de marea humana la muchedumbre cansada y +silenciosa que componía el personal de los talleres. Nadie hablaba: no +hacía el varón caso de la hembra, ni buscaba la muchacha el halago del +mozo, ni el niño se detenía a jugar. Los fuertes parecían rendidos, los +jóvenes avejentados, los viejos medio muertos. ¡Casta dos veces oprimida +por la ignorancia propia y el egoísmo ajeno! + +El gentío se fue desparramando como nube que el viento fracciona y +desvanece: pasó primero en turbas, luego en grupos y después en parejas +que calladamente solían dividirse sin despedida ni saludo, tomando unos +el camino de su casa, entrando otros en ventorrillos y tabernas, +diseminándose y perdiéndose, confundidos todos y sorbidos por la agitada +circulación del arrabal. + +Uno de los últimos que salieron fue Gaspar Santigós, alias, _el Grande o +Gasparón_, porque era de tremendas fuerzas, muy alto y muy fornido. +Hacíanle simpático el semblante apacible, la frente despejada, el mirar +franco, y era tan corpulento, que parecía Hércules con blusa. + +Echó a andar por la sombra de una tapia, cruzó dos o tres calles, +atravesó una plaza, y metiéndose por pasadizos y solares, para acortar +distancias, vino a desembocar en un paseo de olmos, jigantescos, cuyo +ramaje se entrelazaba formando bóveda de sombra, bajo la cual, le +esperaba, sentada en un tronco derribado, una mujer joven, limpia y +graciosa, que tenía delante una cesta, al lado un perro, y en el regazo +un niño. Corrió el animal hacia su amo, el pequeñuelo alargó las +manitas, y mientras el hombre sacaba de la cesta, y partía la dorada +libreta, la muchacha, sin dejar de mirarle, apartó a un lado la +ensalada, sacó la botella del tinto, la servilleta, las cucharas de +palo, y sobre el hondo plato de loza blanca, con ribete azul, volcó el +puchero de cocido amarillento y humeante. + + +II + +Cuando sonaron a lo lejos las campanadas _de vuelta_, echó el último +trago, lió un pitillo, dio un beso al niño, arrojó al perro un mendrugo, +y oprimiendo rápidamente el talle a la joven, como un avaro que palpa su +tesoro, tomó el camino de la fábrica. + +Traspuso la puerta, cruzó un patio lleno de pilas de lingotes de hierro, +y entró en una nave larga y anchurosa, iluminada por ventanales tras +cuyos vidrios empañados se adivinaban muros ennegrecidos, montones de +carbón, chisporroteo de fraguas, y altas chimeneas que en nubes muy +densas lanzaban a borbotones el humo pesado y polvoriento de la hulla. +En lo alto y a lo largo de la nave corría en complicadas líneas un +número incalculable de aceros relucientes, de hierros bruñidos, +palancas, vástagos y ruedas unidas por correas, que subían, bajaban, se +retorcían cruzándose, y giraban vertiginosamente, como miembros locos de +un mecanismo vivo en que nada pudiera detenerse sin que el conjunto se +paralizara. El piso entarimado temblaba con la trepidación del vapor, +cuyos resoplidos se escuchaban cercanos; y de otros talleres, debilitado +por el vocerío y la distancia, venía rumor de herrajes golpeados y +zumbido de máquinas mezclado a cantos de mujeres. + +Al término de aquella nave veíase otra igual y salvando un patio que las +separaba, había entre ambas un puentecillo estrecho de madera, junto al +cual giraba sobre su eje la enorme rueda de un colosal volante. + +Cuando iba _Gasparón_ por la mitad del puentecillo, vio que de la +segunda nave llegaba un aprendiz corriendo, con tal ímpetu, y tan +lanzado a la carrera, que ya no podía detenerse. Sin tiempo para +retroceder, y adivinando que no cabrían los dos en el angosto pasadizo, +_Gasparón_ encogiendo el cuerpo se hizo a un lado: llegó el muchacho +como un rayo, se desvió mal, sufrió el encontronazo y cayó de bruces, +quedando casi fuera del tablón estrecho que formaba el piso suspendido +sobre el vacío del patio, y sin lugar a donde asirse. _Gasparón_, más +cuidadoso del peligro ajeno que del propio, le tendió una mano; y el +chico, cegado por el miedo, se agarró a ella con tal fuerza y tal ánsia +que hizo vacilar al obrero. Este al perder el equilibrio, +instintivamente, para recobrarlo haciendo contrapeso, echó hacia atrás +el otro brazo puesto en alto, mas con tan mala suerte, que +alcanzándoselo un radio del volante le partió el hueso por más arriba de +la mano. + +El muchacho dijo luego que, a pesar del terror, oyó un crugido como +cuando se parte una astilla de un hachazo. Pero aún tuvo aquel hombre +fuerza y serenidad para retroceder algunos pasos: arrastró al chico, y +al dejarlo en salvo sobre el piso de la nave, cayó rendido a la +violencia del dolor. + +Recogiéronle sus compañeros, y por no tener enfermería la fábrica, le +llevaron sentado en una silla al hospital cercano, donde aquella misma +tarde hubo que desarticularle el codo. + +La convalecencia fue larga: en ella se gastaron primero los ahorros; +luego el préstamo tomado sobre la ropa dominguera, la capa de él y el +mantón de ella; después algún socorro de camaradas y vecinos, y por +último, un donativo de la _Caja de resistencia en huelgas_. En nuevo +trabajo no había que pensar; porque el brazo perdido era el derecho. + + +III + +Cuarenta y tantos días después de la desgracia, la mujer de _Gasparón_ +se presentó en la pagaduría de la fábrica. + +Era una habitación pequeña dividida por un tabique de madera y tela +metálica con ventanillos, tras los cuales se veía un señor viejo, bien +vestido, de camisa limpia, que estaba leyendo un periódico, sentado +junto a una caja de caudales. Cerca de él, al alcance de su vista, había +dos hombres que de pie y encorvados escribían en grandes libros puestos +sobre pupitres de pino. + +--¿Qué traes tú por aquí?--dijo uno de los escribientes al acercarse la +mujer. + +--¿Cómo ha quedado _Gasparón_?--preguntó el otro. + +--Pues, ¡cómo ha de quedar! Manco. + +--¿Y a qué vienes? + +--A cobrar. + +Uno de aquellos hombres tomó un cuaderno y comenzó a pasar hojas +murmurando: + +--Gaspar... Gaspar... + +--Está por Santigós. Nave de taladros, sección segunda--dijo la mujer. + +--Es verdad; Gaspar Santigós, aquí está. + +--Ese es--añadió ella suspirando. + +El escribiente se puso a hacer números en una cuartilla de papel, y sin +alzar la vista preguntó: + +--¿Había cobrado la semana anterior? + +--Sí, señor. + +--Pues son... deben de ser... + +Entonces el caballero de la camisa limpia soltó el periódico y sin mirar +a la joven preguntó: + +--¿Qué día fue eso? + +--El veinte pasado: miércoles, a las dos--contestó ella tristemente. + +--Pues poca duda cabe--repuso el caballero--lunes, uno; martes, dos; +miércoles... dos días y medio, que a cuatro cincuenta de jornal... son +once pesetas con veinticinco céntimos.--Y se volvió de espaldas. + +Sacó el dependiente una esportilla de la caja, contó el dinero, y sin +más conversación hizo la entrega. Marchose llorando la muchacha, y aún +se oía el ruido de sus pasos cuando el caballero de la camisa limpia +dijo severamente: + +--No se le olvide a usted apuntar que _Gasparón_ es _baja_. + + +IV + +Cuando los obreros supieron que a _Gasparón_ se le habían pagado _dos +días y medio_, corrió sobre sus tugurios y agitó sus cabezas viento de +tempestad. La iniquidad llamó a la ira. + +Reuniéronse los delegados de los grupos, hubo Junta una noche en la +trastaberna del _Francés_, y para completo conocimiento del caso, se +citó también al pobre manco. + +_Gasparón_ contó su desgracia con la mayor naturalidad, mostró el muñón +cicatrizado, lleno de costurones, y luego, mientras duró la reunión, no +cesó de molestar a los amigos pidiendo que le desliaran cigarrillos, +porque aún no estaba acostumbrado a valerse con una sola mano. + +Una lámpara sucia, que apenas daba luz, ardía inútilmente, sin alumbrar +el cuarto. Casi no se veían cuerpos, ni figuras, ni rostros. Las voces +parecían salir de entre sombras como protestas y amenazas anónimas. + +--Llevo cincuenta y dos años de taller--dijo el que habló primero--y sé +más que vosotros; porque he corrido muchas fábricas; entré a los doce... +Siempre he dicho que lo mejor sería _obligarles_ a mantener a los que ya +no pueden trabajar. Si no, ya lo veis; callos en las manos y la tripa +vacía. + +--Yo, con menos años--dijo otro--tengo más experiencia: lo mejor es +ponernos de acuerdo, guardar secreto y estropearles el material, la mano +de obra, la herramienta, todo lo que se pueda; perder tiempo, fundir +mal, tejer peor. En un año no quedaba fábrica con crédito. + +--Ni obrero con pan. + +--¡Las ocho horas!--exclamaron varios al mismo tiempo. + +--Buen consuelo, ser perros ocho horas en vez de nueve. + +--Aumento de jornal. + +--Y en seguida suben ellos la ropa, el pan, la casa... si pudieran... +¡hasta el aire tasaban! + +Entonces se oyó una voz que no había sonado aún: una voz que delataba un +cuerpo chico y una voluntad monstruo. + +--Aquí no hemos venido a discutir sino a vengarnos. ¿Tenéis coraje? ¿Sí +o no? Yo sé donde hay tres cartuchos de dinamita, de a dos kilos y +medio; uno para el almacén de modelos, que es lo que vale más; otro para +casa del amo, por la parte de atrás donde tiene la familia... y el otro +se guarda para cuando haga falta. Echamos suertes, y a quien le toque, +aquél los pone. + +Un silencio prolongado y medroso siguió a la horrible proposición. A +unos les asustaba la idea del estrago; a otros el terror del castigo; +con la voluntad, casi todos fueron cómplices; ninguno dijo: «Yo me +atrevo.» + +De pronto se levantó _Gasparón_, dio dos chupadas al pitillo, y +colocándose bajo la débil claridad de la lámpara, para que le leyeran en +el rostro lo inquebrantable de la resolución, habló de esta manera: + +--Todo eso es inútil, o es infame. ¿Montepío ni pensiones, con dinero de +ellos? Estáis soñando. ¿Huelga? ¿Para qué? ¿Para hocicar en cuanto falta +el pan en casa, quedar empeñados y volver al trabajo? Lo de los +cartuchos, es una salvajada de cobardes; ¡por cuenta mía no se asesina a +nadie! Dejad a mi cargo la venganza, que será buena.., y larga. + +Unos refunfuñando, y otros de buen grado; por miedo los pusilánimes, y +los exaltados porque en los ojos de _Gasparón_ adivinaron algo tremendo +y misterioso, todos accedieron a su ruego; y la reunión se disolvió +enseguida, semejante a una de esas tormentas que llevan en su seno el +rayo y no lo lanzan a la tierra. + + +V + +Al día siguiente _Gasparón_ se puso a pedir limosna al pie de la +soberbia casa donde vivía el fabricante. Allí está siempre junto a la +verja de remates dorados, cerca de una ventana, tras cuyos cristales +caen en amplios pliegues los cortinajes de seda: allí se le ve de sol a +sol mostrando el muñón cicatrizado, destacándose el bulto haraposo de su +cuerpo sobre la fachada de mármol, y llevando siempre colgado al cuello +un cartelillo en que se leen estas palabras: INUTILIZADO EN LA FÁBRICA +DE DON MARTÍN PEÑALVA. + +Súplicas, amenazas, ofertas para que se retire, cuanto se ha intentado +ha sido en balde. Allí está cuando el rico industrial, nuevo señor del +feudalismo moderno, sale a sus placeres y sus agios; cuando su esposa +vuelve de rezar, y cuando sus hijas van a saraos y fiestas envueltas en +primorosas galas. + +Aquel mendigo en la puerta de aquel palacio es una afrenta viva: y es +también una tremenda profecía. + +La mano con que pide parece que amenaza. + + + + +LA BUHARDILLA + + +I + +La casa de los duques de las Vistillas era de las mejores entre las +buenas viviendas nobiliarias del antiguo Madrid. No podía compararse con +ella la de los Guevaras, ni la de los Peraltas, ni la de los Zapatas, ni +aun la de los _Salvajes_: se parecía a las de Oñate y Miraflores. Sus +dueños le decían el _palacio_... y, sin embargo, no pasaba de ser un +caserón destartalado, de grandes salones, tremendos patios y pasillos +laberínticos. La fachada era de agramillado y berroqueña del +Guadarrama: tenía zócalo de granito con respiraderos de sótano, planta +baja con descomunales rejas dadas de negro, principal de anchos huecos +con fuertes jambas, recios dinteles y guarda polvos casi monumentales: +sobre el balcón del centro, que caía encima del zaguán, ostentaba un +enorme escudo nobiliario, ilustre jeroglífico compuesto por cabezas de +moros, perros, cadenas, bandas y calderos; todo ello dominado por un +soberbio casco de piedra caliza que el tiempo iba enrojeciendo con el +chorreo de las lluvias mezclado a la herrumbre del balconaje. El piso +segundo, bajo de techo y a manera de ático, tenía ventanas pequeñas, y +sobre el entablamento descollaban las buhardillas altas, aisladas, +recubiertas de tejas, guarnecidas de verdosas vidrieras, ante las cuales +se veían desde lejos las ropas recién lavadas y tendidas que goteaban +sobre estrechos cajoncitos, plantados de yerba luisa, albahaca, yerba de +gato y claveles. + +Eran estas buhardillas habitación de gente pobre que vivía en contacto +frecuente con los ricos: así estaban cercanos la necesidad y el remedio, +hermoso maridaje que aplaca la envidia de los que no tienen y amansa el +egoísmo de los que poseen. Los amos ocupaban en invierno el principal y +en verano el bajo: en el segundo estaba la administración, y en las +buhardillas, los cocheros, pinches y lacayos, amén de dos o tres +familias de sirvientes jubilados y gentes protegidas, entre ellas, +Manuela, hija de un ayuda de cámara, hermana de una doncella y viuda de +un mozo de comedor que había servido muchos años y murió, dejándola +embarazada. + +Daban los señores a Manuela, en recuerdo de lo bien que se portó su +marido, tres reales diarios y casa; es decir, una de aquellas +buhardillas que desde la calle se veían descollar por cima del tejado, +entre ropas blancas y macetas verdes. + +De la misma edad que Manuela tenían los duques una hija tan graciosa, +picaresca y bonita, que parecía un modelo de Goya, y tan buena, que en +limosnas y socorros gastaba mucho de lo que sus padres le daban para +galas y alfileres. + +La casualidad, o la Providencia, que acaso sean hermanas sin saberlo, +hizo que la duquesita y Manuela se enamorasen y casaran casi al mismo +tiempo, hacía mil ochocientos setenta y tantos. Sin duda el amor, que no +distingue de jerarquías ni clases, les rozó simultáneamente con sus +alas. Algo así debió de suceder, porque ambas fueron madres con +diferencia de unas cuantas horas. Cuando el hijo de la duquesita vertía +sus primeras lágrimas entre lienzos de Holanda y ricos encajes, hacía +sus primeros pucheros el chiquitín de Manuela envuelto en pañales de +bayeta amarilla. + +No habían salido a misa de parida, aún guardaban cama, cuando una noche, +casi de madrugada, la duquesita mandó llamar a su doncella, hermana de +Manuela. Pasó un buen rato sin que acudiese la chica, impacientose el +ama, y al llamar por tercera o cuarta vez, entró al fin la muchacha +diciendo llorosa y acontecida: + +--Dispense V. E..., estaba arriba... porque a mi hermana _paece_ que se +la _yeba_ el Señor. + +--¿Qué le pasa? + +--Pues lo peor: dice el señor médico; que así como a V. E. le ha +_sucedio_ con bien la subida de la leche, a la pobre Manuela le ha +_entrao_ una calentura _malina_ que nos quedamos sin ella. + +La duquesita quedó aterrada. Como su situación y la de aquella +desdichada era casi la misma, pensó que podía haberse hallado en caso +igual; tuvo miedo, tembló por sí, y se estremeció ante la idea de dejar +sin madre a aquel pedacito de su alma concebido entre placeres, parido +entre dolores, que allí dormía puestos los labios en su pecho y acogido +al calor tibio y cariñoso de su cuerpo. + +--Válgame Dios--dijo la señora--con que calentura maligna... + +--Pero muy grande, y lo más malo es que ha dicho el señor médico que +busquen quien dé teta al niño... y ya ve vuecencia, así de pronto +cualquiera encuentra... Está la criatura llorando como un cachorro... +chupa que chupa, Manuela con los pechos secos... y _ná_, como si mamase +de un pepino. + +La duquesita miró a su hijo con ternura, y en seguida, obedeciendo a una +de esas inspiraciones femeninas que ante nada se detienen, dijo: + +--¿Y no hay quien le dé teta? + +--Nadie: ya hemos _corrío_ toda la _vecindaz_..., y aunque ahora al +pronto se encontrara, ¿cómo quiere V. E. que luego pague un ama? Estará +de Dios que se quede sin hijo. + +--Pues oye... sube corriendo, coge al niño, mira si está limpito y +bájalo... Yo tengo leche para dos. + +Oposición de los padres, enojo del marido, advertencias del médico, todo +fue inútil. La duquesita dio teta al hijo de Manuela durante tres días, +al cabo de los cuales, doblegándose ante la enérgica actitud de su +esposo, devolvió el niño a la madre, prendiendo entre los pañales un +billete de Banco para que pudiese pagar nodriza. + +Súpose todo aquello en el barrio, y cuando la señora salió a misa de +parida, no logró pisar el suelo de la calle; porque desde la escalera +hasta el zaguán donde aguardaba el coche, y desde las gradas de la +parroquia hasta el altar de la Virgen, las mujeres de la vecindad habían +alfombrado el piso con mantones y flores; mantones raídos, flores +baratas...; pero no hubo sultán de Oriente que disfrutara triunfo +igual. + + +II + +Muertos sus padres pocos años después, la duquesita, por seguir, la moda +y complacer a su marido vendió la casa de sus mayores y edificó en la +Castellana un hotel a la francesa, dirigido por un arquitecto de París. +Cayó la antigua morada de los Vistillas, destruyose la severa fachada, y +casi juntos rodaron por el suelo los fragmentos del escudo roto y las +tejas de las buhardillas derruidas. Lo que produjeron las rejas y los +sillares de berroqueña apenas bastó para pagar unas cuantas piedras +traídas de Angulema. El nuevo edificio era extranjero, antipático, +barroco, en el mal sentido de la palabra, y en vez de buhardillas +españolas, tenía una gran montera de pizarra. + +Claro está que al derribarse la casa antigua fueron echados a la calle +los servidores jubilados, y entre ellos Manuela. En vano intentó ver a +la duquesa. El mayordomo, un burgués en canuto, más aristocrático y +orgulloso que el amo a quien sisaba, no permitió que se acercase a la +señora. + +Manuela comenzó entonces a subir esa calle de la amargura que se llama +miseria. Fue peinadora, cosió para las tiendas y el corte, siendo +desgraciada en todo, y por último se puso a lavandera. + +Pasó tiempo. La duquesita, esbelta y grácil, como un ángel de los que +pintó Goya en San Antonio, se había convertido en una señorona de +opulentas formas: Manuela, antes guapa, airosa y limpia, estaba fea, +ordinaria, flaca, embastecida por el trabajo y desfigurada por las +privaciones. + + +III + +Un día hubo motín de lavanderas. El Ayuntamiento, a quien el pueblo +llamaba el gran matutero, les exigía un nuevo impuesto, y las pobres no +podían ni querían pagarlo. + +La gresca comenzó muy de mañana en los lavaderos del Norte, se corrió +río abajo desde los once caños hasta los puentes de Segovia y Toledo, +arreció en los cobertizos del pontón, engrosó, por ser domingo, con la +gente de los merenderos, y al medio día los grupos de mujeres armadas de +palos, piedras, trancas y estacas subieron por el Paseo de los Ocho +Hilos y la calle de Toledo a desembocar en la Plaza de la Cebada. En +vano luchaban las tituladas autoridades. + +--¡Muchachas! ¡Hijas mías!--decía el gobernador--todo se arreglará... +Nombrad una comisión. + +Una de aquellas desdichadas se adelantó diciendo: + +--Mire _ustéz_ usía..., estamos hartas, y no nos da la gana. Las que +salimos mejor libradas, las de lavadero, pagamos _cá_ sábado treinta +_ríales_ de pila y colada; dos _ríales_ de mozos _pá_ que cuelen con +_cudiao_; por cada carretilla de ropa de la pila al cuelo, y del cuelo a +la pila, una perra grande; en los tendederos otra perra, y en cuantito +que llueve, _pá_ que recojan pronto, otra perra... por subir y bajar +talegos una peseta _cá_ viaje; y ponga usted jabón, palas, jornal de +ayudantas, valor de prendas _perdías_... y las heladas y los calores... +las que _tién_ más suerte les queda diez _u_ doce _ríales_ por semana... +vamos, lo que usted gasta en un puro. ¿Qué _quiuste_ que comamos? ¡Y +ahora pone el alcalde otra contribución! ¡Como no _sus_ demos morcilla! + +Un guardia quiso prender a la oradora, pero sus compañeras la +defendieron a palos, mordiscos y arañazos... Salió un sable de la vaina, +y allí fue Troya. Un diluvio de piedras y medios ladrillos cayó sobre +los representantes del poder; y todos quedaron iguales; así los mal +nombrados por el gobierno, como los peor elegidos por el pueblo. +Gobernador, alcaldes, concejales, inspectores y guindillas, tuvieron que +huir vergonzosamente ante las amazonas del Manzanares. Apaleaban a los +agentes, herían a los guardias, silbaban a los clérigos, ordenaban +cierre de tiendas, y recorrían la capital en son de guerra, gritando: +«¡Muera el alcalde! ¡Abajo los ladrones!» En la calle de Atocha +sufrieron una carga de caballería. Seis u ocho quedaron descalabradas a +sablazos y tendidas en medio del arroyo; otras cayeron pateadas por los +caballos; las más se replegaron desordenadamente hacia la plaza de Antón +Martín. Iban furiosas; no eran mujeres, sino fieras. + +Hubo momentos en que lo comenzado como asonada de miserables +desgraciadas amenazó trocarse en alzamiento social. Los primeros gritos +fueron: ¡No pagamos! ¡Abajo la peseta! ¡Abajo el alcalde! Luego el +pueblo, con ese instinto que le hace relacionar ideas hasta encontrar el +origen de su daño, comenzó a gritar ¡Abajo los ladrones! y por último la +miseria fermentada, la pobreza escarnecida, la ignorancia fuerte y sin +freno, todo aquel conjunto de injusticias acumuladas se condensó en una +voz terrible: ¡Mueran los ricos! + +A este punto llegaba la marea del hambre, cuando en mal hora acertó a +desembocar en la plaza una soberbia carretela ocupada por dos señoras +elegantísimas. Los caballos ingleses, el coche francés, y lo que ellas +llevaban desde las telas de los trajes hasta las horquillas de oro, +desde las medias de seda hasta las primorosas flores de sus +sombrerillos, todo tenía ese aspecto de suntuosidad a la moderna que +cuesta más caro cuanto parece más sencillo. + +Entonces, aquel río de furias desgreñadas, aquellas turbas harapientas, +atajaron el paso al coche, y sobre las magníficas faldas de las damas, +pálidas de sorpresa y medio muertas de miedo, comenzó a caer en lluvia +pastosa y sucia el barro arañado de entre los adoquines o cogido en las +socavas de los árboles; y empezaron a silbar por el aire trozos de +cascote, escuchándose los rugidos de las amotinadas, que vociferaban: +¡Mueran los ricos! Dos o tres piedras chocaron contra la caja de la +carretela, quedó herido el lacayo, una moza de fuerzas hercúleas metió +un garrote entre los radios de una rueda y apalancando con alma para +que no se moviera el coche, faciltó que por la trasera de éste treparan +varias chicuelas ansiosas de arrancar de los sombrerillos las primorosas +flores pagadas en París a peso de oro. Y los gritos no cesaban: ¡Vamos a +desnudarlas! ¡Mueran los ricos! El momento fue horrible; aquello parecía +el choque del hambre con la inconsciente insolencia de la hartura. + +De repente, una de las amotinadas, que estaba en tercera o cuarta fila, +comenzó a dar codazos y empellones pugnando por abrirse paso. + +Debía de ser alguna de las jefas, porque los grupos se espaciaron +dejándola avanzar hasta la caja del coche, mientras ella, gesticulando +enérgicamente, decía con los brazos en alto: + +--¡Compañeras, quietas! ¡Chicas, no tiréis! ¡Dejadme hablar... no seáis +bestias! + +Viendo a aquella mujer, la más joven de ambas damas, dio un grito de +asombro y de sorpresa, exclamando: + +--¡Manuela! + +--¡Yo soy _señá_ duquesa! + +Y subida en el estribo, agarrándose a la capota, siguió gritando; + +--¡Muchachas, por lo que más queráis en el mundo _sus_ pido que no les +hagáis daño! Ellas no _tién_ la culpa. ¿Sabéis quién es ésta, la guapa, +la más joven, la que _paece_ la Virgen de la Paloma? Las que me +conocéis, las de mi lavadero, ¿no _m'habéis_ oído contar que cuando mi +hijo se me moría le dio la teta una señora?... ¡Pues ésta es! ¡_Pa_ +hacerla daño me tenéis que matar a mí! + +Sonó algún silbido, se oyeron algunas carcajadas de mofa, pero las +turbas abrieron paso, los grupos se aclararon, la lavandera echó pie a +tierra, arreó el cochero y el carruaje pudo arrancar despacio por entre +aquella muchedumbre hostil, momentáneamente amansada. La duquesa miró a +su salvadora con los ojos nublados de lágrimas, y Manuela siguió +mientras pudo al lado del coche, diciendo, trémula de gozo: + +--¡Adiós, señora! ¡Qué lejos que estamos ya los pobres y los ricos! +¡Cuánto más valían aquellas buhardillas cuando vivíamos unos cerca de +otros _pa_ conocernos y querernos! Ahora hacen unos _ciminterios_ de +vivos que les _yaman_ barrios pa obreros... y cuando subimos a Madrid... +¡es _pa_ esto! + +--¡Te debemos la vida!--dijo una voz aún entrecortada del terror. + +--¡Adiós, señora! + +Trotaron los caballos, se alejó en salvo el coche, y a su espalda, ya +lejos, arreció el rumor formidable del motín, semejante al ruido de una +presa cuando rota la esclusa se precipita el agua en oleadas de espuma +sucia y turbulenta. + + + + +EL OLVIDADO + + +Desde que la mano levantaba el pegado cortinón de alfombra, reforzado +con tiras de cuero, quedaban los ojos deslumbrados. La iglesia estaba +hecha un ascua de oro. Las capillas laterales despedían resplandores +amarillentos que, como grandes bocanadas de claridad, se confundían en +el centro de la nave: de los arcos pendía multitud de arañas con flecos, +colgajos y prismas de cristal tallado, en cuyas facetas irisadas se +multiplicaba hasta lo infinito el tembleteo de las luces: y, al fondo, +el retablo del altar mayor semejaba un monumento de oro adivinado tras +la pirámide de llamas formada por cirios y velas, cuyos pábilos +chisporroteaban, esmaltando de puntos rojos las espirales del incienso +que flotaba en la atmósfera calurosa y pesada. + +Casi no se distinguían imágenes, confesionarios, puertas, pinturas, ni +tapices; los bultos y las líneas, perdidos la forma y el contorno, +estaban ofuscados por un fulgor que, a pesar de su intensidad, recordaba +la palidez enfermiza y triste de la cera. Las lámparas de aceite, +repartidas a distancias y alturas desiguales, brillaban con claridad +verdosa; y sobre la alta cornisa, de donde arrancaba la bóveda, había +una línea de ventanas cegadas con cortinas en que los rayos del sol se +detenían, iluminando los bordes de la tela y resbalando luego, +amortiguados y débiles, por las molduras polvorientas. + +A los lados, en las entradas de las capillas, estaban los hombres, en +pie la mayor parte, algunos arrodillados, todos cansados, formando +grupos donde resaltaban los cráneos relucientes, las cabezas canas y los +rostros encendidos del calor. + +Las mujeres llenaban todo el centro de la nave: había tantas que estaban +apiñadas, molestas, dejando oír continuamente el chocar de las sillas, +el crujido de las sedas y el aleteo de los abanicos. No iban vestidas de +trapillo, como salen a las primeras misas, sino lujosamente ataviadas, +cual si para ir a la casa de Dios les hubiesen servido la vanidad y la +tentación de doncellas consejeras. Su gracia y su hermosura, realzadas +por la gravedad de los semblantes; la coquetería de sus movimientos al +volver las hojas de los libros llenos de cifras y blasones; el modo de +liarse a la muñeca los rosarios que parecían joyas; el inclinar la +cabeza sobre el pecho anheloso, mirándose de reojo los pliegues de la +falda; alguna tosecilla rebelde, rastro de los escotes del invierno, y +alguna sonrisa cautelosa dirigida hacia las laterales de la nave, todo +delataba una devoción superficial, elegante, frívola y mezquina; piedad +exenta de grandeza, manchada de reminiscencias mundanales. + +Sus espíritus parecían vagamente abismados en la contemplación no +lograda de algo que incompletamente deseaban, mostrando quietud sin +recogimiento y misticismo sin poesía. + +Sus cuerpos eran figuras de cuadros modernísimos. Tenían en los trajes +dibujos primorosos; combinaciones de colores extraños perfectamente +armonizados; cintas de tornasoles inverosímiles; flores tan bien +contrahechas, que parecían recién cogidas entre rocío húmedo, y plumas +tan leves como los filamentos vaporosos del incienso que flotaba en el +aire. + +La esbeltez de los talles, la exuberancia de los bustos, todos sus +encantos y atractivos, estaban realzados, favorecidos, expuestos, y como +ofreciéndose con la premeditación de un arte seductor y diabólico. + +Las ropas les cubrían el cuerpo, pero ciñéndolo, plegándose +amorosamente, ondulando hasta modelar la forma como lienzos húmedos; +dejando las bellezas a un tiempo tapadas y desnudas, vestidas y +deshonestas, convirtiéndose el paño que oculta en gasa que revela y la +gracia que atrae en sensualidad que enerva. Sus caras, alteradas por el +disimulo y la coquetería, eran rostros de esfinge, espejos de almas +insondables. Aquellas mujeres, nacidas en las cumbres sociales, y +mimadas por la fortuna, eran la obra perfecta de la Naturaleza, +embellecida por las fuerzas de la civilización. Lo que sobre sí llevaban +era la cifra y compendio del trabajo humano: todas las ciencias, todas +las industrias convergían a buscar maravillas o realizar prodigios para +ellas. Allí estaban todos los tipos de la belleza femenina, todas las +variedades de la hermosura, y de entre las largas filas, de cabezas se +desprendían emanaciones turbadoras: olor a lilas blancas que hace +traidora la pureza, clavel rojo que huele a clavo, heno fresco que trae +a los sentidos laxitud de amores campestres, y aromas intensos del +Extremo Oriente, quintaesenciados por las artes viciosas de la Vieja +Europa. La dulzura de las miradas, el ligero palpitar de los labios +estremecidos por el rezo, no eran bastante a disipar la fascinación que +con su hermosura despertaban. + +Cuando se movían arreglando los reclinatorios y las sillas, el sagrado +recinto parecía estremecerse como santo mordida por la tentación, y el +crujir de las sedas imitaba rumor de viento entre hojarasca caída y +seca. + +Las luces brillaban intensamente; la atmósfera cargada, casi opaca, iba +tomando junto a las llamas cambiantes opalinos. El formidable trompeteo +del órgano, a veces dominado por las notas altas del canto, se +desparramaba por el aire en oleadas de armonía, y cuando cesaban se oía +monótono y constante el sonido casi cristalino, pertinaz y agudo, de una +moneda de oro golpeada contra una bandeja de plata. Entre el fulgor +amarillento de las luces y el sonido de aquella moneda, el templo +parecía dominado por algo terrenal y profano, mientras arriba, en lo +alto de la cornisa, a cada instante penetraba con más dificultad la luz +del sol. + +* * * * + +En el crucero de la nave había un ventanal gótico guarnecido de vidrios +de colores, industria moderna que reproducía con fidelidad pasmosa una +composición antigua, donde estaba pintada, como en un transparente +mágico, el sublime episodio de que hablan los Evangelios cuando refieren +cómo Jesús echó a los mercaderes del templo. + +Era el fondo un edificio soberbio hecho con mármoles y jaspes, e +invadido por muchedumbre de gentes abigarradas vestidas lujosamente a +usanza hebrea. Los cambistas y negociantes estaban sentados ante las +mesillas cargadas de dinero; otros vendían copas de metales preciosos; +por el suelo había cestas de panes, jaulas de palomas, y en el centro +resaltaba la figura de Jesús divina e imponente, vestido con túnica tan +blanca como la luz misma, echando de allí a los que profanaban la casa +del Señor. Y en el friso del ventanal se leían estas palabras del +evangelio de San Mateo, escritas con caracteres góticos: + +_Y les dice: Escrito está. Mi casa, casa de oración será llamada; mas +vosotros cueva de ladrones la habéis hecho._ + +* * * * + +* * * * + +Al caer la tarde el sol poniente abarcó con sus rayos la ventana de +colores iluminando de lleno la figura blanca con sus rayos +horizontales; y entonces, como si milagrosamente la vivificaran los +besos de aquella luz celeste, se fue desprendiendo de los vidrios, tomó +cuerpo en el aire semejante a una forma diáfana, impalpable, flotó en el +atmósfera, y lentamente fue bajando, bajando, a modo de aparición +soñada, hasta tocar con sus sagrados pies el pavimento de la iglesia, +por donde en luces amarillentas, lujos culpables y reflejos metálicos, +parecía también desparramado el oro caído de las mesillas de los +mercaderes. + +Vagó un momento por entre sedas vistosas, flores contrahechas y perfumes +lascivos, vio pendientes de los muros del templo los cepillos que pedían +dinero, leyó en los corazones el ánsia de riquezas, y ante la impureza +de las concupiscencias humanas, su alma se anegó en la tristeza infinita +que experimenta el sacrificio estéril y olvidado... mientras en todo el +ámbito del templo repercutía el sonido de la moneda de oro golpeada +contra la bandeja de plata. + +Entonces se inclinó hacia el suelo, cogió de un rincón un manojo de +cuerdas olvidadas, y esgrimiéndolo a manera de látigo, castigó con +justicia y sin piedad. + +Nadie le veía, nadie sentía dolor, y sin embargo las cuerdas +acardenalaban las carnes, rompían las galas y mostraban desnudos los +cuerpos pecadores. Llenose el aire de deseos torpes, de citas culpables, +de hedor de riqueza mal ganada, de gemidos de tristes faltos de +consuelo, de llanto de pobres olvidados. Viento de pavor heló los +corazones. Allí fue el rechinar de dientes y el crujir de huesos de que +habla la Escritura. + +Hubo un momento de terror indecible, como debió de haberlo en el templo +de Jerusalén, y toda aquella profusión de lujo y de poder quedó +destruida y condenada, fantásticamente, en silencio, sin voces, sin +gritos, sin dolor físico, sin que lo advirtieran los sentidos. No fue la +destrucción en la realidad tangible de las cosas, sino en la íntima +realidad de las conciencias. + +* * * * + +Siguió el órgano lanzando su formidable trompeteo, el incienso ocultando +los altares, y continuó la monedita de oro golpeando la bandeja de +plata. + +Hecho aquel justo estrago, la figura blanca desprendida del vidrio +perdió su forma corporal al trasponer la puerta, y trocada en resplandor +luminoso, se hizo ingrávida, se alzó de tierra y se borró en el aire. + +Aquella noche, en el templo solitario todo estaba en orden, pero en el +ventanal gótico faltaba la figura blanca, y por el hueco de contorno +humano que formaban los plomos sin vidrios, se veía en el cielo el +parpadear misterioso de los astros. + +En el pensamiento y la memoria de las gentes quedó clara y viva la +impresión del milagro. ¿Fue antojo de imaginaciones turbadas? ¿Fue +realidad? + +Alguien dijo que le había visto en la calle socorrer a un pobre, mirar +con piedad a una mujer perdida, y acariciar a un niño... Pero nadie +sabía quién era. Todos le han olvidado. + + + + +LA CUARTA VIRTUD + + +Estaba el deán tomando chocolate y leyendo entre sorbo y sopa un diario +neo católico, cuando entró en su cuarto el ama, diciendo sobresaltada: + +--Señor, ahí está Garcerín, y dice que la catedral se viene abajo. + +El deán, alma de la diócesis, porque el señor obispo de puro bueno no +servía para nada, agitó con la cucharilla el vaso de agua donde se +estaba deshaciendo el azucarillo, bebióselo tranquilamente, se limpió +los labios con la servilleta, y mientras encendía un cigarro de papel, +más grueso que puro, repuso sin alterarse: + +--Lo de siempre... ganas de asustar... algo menos será. Dile que pase. + +Garcerín, el monaguillo más listo y endiablado de la santa basílica, +traía el espanto pintado en la cara. + +--¿Qué hay, buen mozo? + +--Señor, que esta vez va de veras. + +--Cuenta, cuenta. + +--Pues, ahora mismo estaba yo quitando los cabos de los candeleros del +Carmen, junto al crucero, cuando sonó por arriba, muy arribota, un ruido +como si crujiera una piedra al partirse, y cayeron tres o cuatro pedazos +mayores que manzanas. Yo creí que serían, como otras veces, de la mezcla +que une los sillares, pero miré a lo alto y vi que no: eran de la piedra +blanca de la cornisa, donde hay un adorno que parece una fila de huevos +y otra de hojas... de pronto ¡pum! otro pedazo gordo, como su cabeza de +usted, y dio en la esquina del altar, y partió el mármol... y eché a +correr hacia la sacristía. + +--¿Quién estaba allí? + +--El señor arcipreste: le señalé dónde había sido, miró, y dijo: +«¡Pronto, a cerrar! ¡que no entre nadie... que no pase nadie por ahí! Es +el pilar del lado de la Epístola. Vaya, este es el acabose.» Yo volví a +mirar, y ¿se acuerda usted de que los pilares son como unas columnas +cuadradas, grandes, muy grandes? Pues por arriba, arriba, se han +_desapartao_ las piedras más gordas, y entre dos de ellas queda un hueco +que cabe un gato... y de allí está cayendo arena y chinas de cal... Dice +el señor arcipreste, que con que pase un carro por fuera se viene abajo +media iglesia. + +--Tenéis razón: esta vez va de veras. Vamos allá. + +El señor deán, profundamente disgustado, se puso el manteo, cogió la +teja de reluciente felpa, y salió diciendo como si el chico pudiese +comprenderle: + +--Entre el ábaco y la cornisa: allí está el mal. + +A los pocos momentos entraban en la iglesia. Efectivamente: por uno de +esos fenómenos difíciles de razonar a primera vista y frecuentes en toda +vieja fábrica arquitectónica, el pilar del lado de la Epístola se había +rajado en su tercio superior lo mismo que una caña, sin que el arco que +en él se apoyaba sufriese, al parecer, la más ligera desviación: pero +bastaba ver en lo alto el hueco de que habló el muchacho para comprender +que el hundimiento de la bóveda podía sobrevenir de un momento a otro. + +Suspendiose el culto, y aquella misma semana, antes de que comenzaran +los trabajos de apuntalamiento, el telégrafo difundió por el mundo la +noticia de que se había venido abajo la bóveda del crucero. + +El gobierno pidió a las Cortes un crédito extraordinario, se nombró una +junta de restauración, y el deán fue el alma de ella, porque en la +diócesis nada se podía hacer sin su consejo. + +Era el deán relativamente ilustrado, leía mucho, tenía fama de entender +en cuadros antiguos, y sabía dar a sus sermones cierto tinte artístico +que contrastaba con la austera sequedad de otros oradores sagrados. Por +ejemplo: para hacer el retrato de un asceta, lo pintaba como Zurbarán; +al describir un martirio, se inspiraba en el San Bartolomé, de Ribera; +al hablar de los horrores de la Pasión, traía a cuento los Cristos +demacrados y escuálidos de Morales; y cuando quería dar idea de la +Ascensión de la Virgen, la presentaba en periodos tan brillantes y +poéticos como los fondos luminosos que puso Murillo a sus Concepciones: +con todo lo cual y ser académico correspondiente de la de Bellas Artes, +(porque en cierta ocasión mandó a Madrid el brocal de un pozo árabe +diciendo que era romano) como no había en el cabildo otro que valiera +más, pasaba por sabio, y hasta los periódicos liberales le llamaban +erudito. Claro está que con tales antecedentes fue el alma de la +restauración. Bajo su dominio tuvo el arquitecto que pasar las de Caín, +pero al fin y al cabo se levantó el pilar y se rehizo la bóveda. + +Concluida la parte arquitectónica de la obra, tratose de decorar lo que +debía estar decorado, llamáronse pintores y estatuarios, y previa +presentación de bocetos quedaron sustituidos por otros nuevos cuantos +santos y santas perecieron en la pasada catástrofe. Mas no todo salió a +gusto del deán, y como aún faltaban por decorar las cuatro pechinas +formadas por los arcos del crucero, se deshizo de los artistas que hasta +entonces trabajaron en la iglesia, y buscó uno capaz, a juicio suyo, de +concebir y ejecutar maravillas. + +El pintor en quien se fijó era hombre de extraordinario mérito. +Llamábase Molina y en él estaban reunidas y ponderadas de tal suerte y +en tan justa medida la ilustración, las facultades reflexivas y las +condiciones de pintor, que sabía estudiar, convertir el estudio en +inspiración, madurar el pensamiento, y luego darle forma, haciendo que +en su pintura hubiese idea y que ésta no quedara empequeñecida por mal +interpretada. En una palabra, un gran artista que discurría como Miguel +Ángel y ejecutaba como Velázquez. Lo que no tenía, por ser español, era +dinero; mas a consecuencia de haber enviado obras a exposiciones +extranjeras y haber retratado a una embajadora hermosísima, era su +nombre conocido en toda Europa. Deseoso de acrecentar su fama, y también +de hacer fortuna, estaba precisamente a punto de expatriarse, como +tantos otros, cuando le buscó el deán encargándole los bocetos para las +cuatro pechinas; trabajo que aceptó gozoso, primero por dejar en su +patria muestra de lo que valía; y, segundo, porque necesitaba arbitrar +recursos para el viaje. + +Diose luego a pensar en cómo realizaría su trabajo. La cosa no tenía +nada de fácil. Vistas desde el pavimento de la nave las pechinas, eran +cuatro superficies triangulares y cóncavas que parecían tener desde la +base al vértice tres metros o poco más, pero miradas de cerca, en lo +alto del andamiaje, eran disparatadas de grandes. Además, en aquel +sitio, a tal elevación y en espacios triangulares, no era racional hacer +composiciones o grupos que desde abajo resultasen empequeñecidos, por +las robustas líneas de la cornisa y el tremendo vano de la cúpula. Ello +fue que después de estudiar mucho y pensar más, Molina resolvió pintar +cuatro figuras colosales, sobre todo grandiosas, que simbolizaran +aspiraciones, ideas y sentimientos armónicos con la naturaleza e índole +del monumento. + +Comenzó a hacer apuntes, bocetos, manchas de color, y ya iba dando vida +real a los pensamientos soñados en el delirio creador, cuando el deán +cayó enfermo, sin llegar a ver nada de lo que el artista había hecho. +Entonces Molina, para trabajar a gusto, decidió no recibir a nadie hasta +tener las cuatro figuras acabadas: nadie había de verlas mientras no las +viese el señor deán. + +La dolencia de éste fue larga; en, tanto que duró no permitieron los +médicos, por ahorrarle cavilaciones, que se le hablase de la +restauración del templo, y aunque así no fuera, nada hubiera podido +saber de lo que hacía Molina, porque el artista con nadie hablaba de su +obra ni toleraba visitas. + +En cuanto el deán se puso bueno, su primera salida fue para ir al +estudio. El pintor tenía terminado su trabajo y cubiertas las cuatro +grandes figuras con otros tantos trozos de percal; a fin de que no les +cayese polvo que ensuciara y velase la pintura fresca. + +Quitó Molina el primer pedazo de percal al entrar el deán, y en la cara +que éste puso comprendió lo mucho que le gustaba la figura. Dejole largo +rato que la contemplase a su sabor, y luego, de un tirón, descorrió la +segunda tela. La figura que ocultaba era infinitamente superior a la +primera, y el deán se deshizo en elogios y alabanzas. Pero esto no fue +nada comparado con lo que experimentó y dijo al descubrir el artista el +tercer lienzo. Aquello sí que era concebir y colocar bien una figura, +dibujar, sentir la forma, ser colorista y dominar todos los secretos de +la paleta. La pintura de Molina venía a ser una fusión admirable de lo +mejor de todas las escuelas. La figura parecía dibujada por Alberto +Durero, tenía el color del Veronés, la elegancia de Boticelli, era tan +decorativa como si la hubiese dispuesto Tiépolo, y tan real como si en +ella hubiese puesto mano Diego Velázquez. El deán creyó volverse loco de +contento. + +«¡Qué artista, qué prodigio!--pensaba.--¡Y qué ojo he tenido yo, porque +sin mí nada de esto tendría la catedral!» + +--Amigo mío, mejor que ésta no puede ser la otra--dijo luego en voz +alta. + +Descubrió Molina la cuarta figura, y allí fue Troya. Al principio no se +dio cuenta el señor deán de lo que tenía delante, pero cuando llegó a +entenderlo, montó en cólera y se puso hecho una fiera, prorrumpiendo en +éstas y parecidas frases: + +--¡Usted está loco! ¿Cómo pongo eso en la iglesia? ¿Cómo se le ha +ocurrido a usted semejante desatino? ¡Se necesita descaro! ¡Usted no +sabe lo que se pesca! + +Molina contestó en el mismo tono, y abriendo la puerta del estudio, +mandó salir al deán; éste creyó desconocida y burlada su autoridad, el +pintor consideró ajado su decoro de artista, y tales cosas se dijeron, +uno bajando la escalera, y otro desde arriba, que nunca más pudo haber +entre ellos paz ni avenencia. + +La catedral se quedó con las pechinas en blanco, y Molina vendió los +lienzos a un inglés. + +Pasado algún tiempo, el deán cogió una pulmonía en el coro, y el pintor +se volvió tísico, muriendo ambos con diferencia de unas cuantas horas. + +* * * * + +Sus almas fueron volando por las alturas infinitas, más allá del +firmamento estrellado, donde no alcanza la mirada humana, y atravesaron +los espacios eternamente misteriosos, que han poblado de hipótesis y +mitos los filósofos gentiles, los teólogos cristianos y los poetas de +todas las edades. + +En menos tiempo del que para contarlo hace falta, traspusieron el cielo +pétreo, de que habla Anaxágoras, el de aire vitrificado por el fuego que +ideó Empédocles, las bóvedas cóncavas que imaginó Platón, y los tres +cielos, luminoso, sideral y cristalino, de que habla Santo Tomás. + +Por fin llegaron al Empíreo, donde según Alfonso el Sabio, habitan los +santos, los ángeles, los tronos y las dominaciones, todos ocupados en la +perdurable alabanza del Señor. + +La puerta de la mansión de los justos era de oro, tenía luceros en vez +de clavos, y junto a ella, sentado en una nubecilla, estaba San Pedro +jugueteando con las llaves, aburrido, porque se le pasaban horas y horas +sin tener que abrir a nadie. + +Preocupados solo de su salvación, el deán y Molina no se habían mirado +en el camino, pero al detenerse cerca del Santo se contemplaron +mutuamente exclamando de mala manera al mismo tiempo: + +--¿Usted por aquí? + +Encontrarse y comenzar a reñir, todo fue uno. Prodigáronse frases +depresivas, injurias, improperios, todo género de insultos, con tal +rabia, que San Pedro no pudo menos de decirles: + +--¡Pero hijos míos... ¿no habéis sabido despojaros de las miserias +humanas y pretendéis entrar ahí? Para traspasar esa puerta es preciso +estar limpio de odio y de rencor, de todo sentimiento perverso y torpe. + +Y deseando servirles de amigable componedor, añadió: + +--Veamos si puedo conseguir que hagáis las paces. Contádmelo todo. + +--Yo--habló el deán--encargué a este hombre, que era pintor, cuatro +figuras, y él en desprecio de lo más santo y sagrado... pintó lo que le +dio la gana. Las tres primeras eran soberbias, ¡pero la cuarta!... + +--Señor--interrumpió Molina--efectivamente admití el encargo; los huecos +que había que decorar eran cuatro. Lo primero que se me ocurrió fue +pintar los cuatro evangelistas, pero ya los había hecho otro en distinto +lugar del edificio. Luego pensé cuatro alegorías de la Prudencia, la +Justicia, la Fortaleza y la Templanza... También estaban hechas. Me +acordé de profetas, de patriarcas, de reyes santos: unos eran más de +cuatro, otros menos, otros ya se habían pintado o esculpido. Entonces +pinté primero la Fe... + +--¿Cómo?--preguntó San Pedro. + +--Hermosa, vendada, las vestiduras blancas, en una mano las tablas de la +ley, en otra la palma del martirio, y toda ella iluminada por el sol, +padre de la vida. + +--No estaría mal. + +--Luego pinté la Esperanza. + +--¿De qué modo? + +--En pie sobre la proa de una nave, apoyada en el áncora y fijos los +ojos en el cielo. Luego pinté la Caridad. + +--¿Cómo la representaste? + +--Joven, más fuerte y más hermosa que ninguna, y dando de mamar a un +niño de tipo muy distinto al suyo para indicar que no era su hijo, y que +no le daba el pecho como madre, sino por ser Virtud. + +--En verdad te digo que estuviste acertado. + +--Que diga ahora--les interrumpió el deán--cual fue la cuarta figura que +hizo. + +El artista alzó la frente como quien no se avergüenza y declaró así: + +--Pinté el Trabajo: mozo, vigoroso, inteligente, fornido, con el yunque +sobre un montón de libros para expresar que el estudio es la base de la +fuerza, y coloqué a sus pies, esperando sus obras, la Paz y la Limosna. +Entonces ese hombre--añadió señalando a su adversario--se enfureció +conmigo. + +--Como que esa no es virtud--gritó el eclesiástico--ni siquiera es esa +porque es ese. + +--Porque es virtud macho--dijo el Santo al deán--tú no puedes +comprenderlo. Y vamos a ver, vamos a ver, ¿para dónde eran las pinturas? + +--Para la catedral--contestó Molina. + +--¿Y allí querías colocar el Trabajo? + +--Sí, señor. + +Al oír esto San Pedro, volviéndoles la espalda, echó tranquilamente el +cerrojo a la puerta del cielo y luego encarándose con el artista y el +clérigo les dijo: + +--Vaya, vaya, ¡largo, fuera de aquí los dos! Tú, deán, al purgatorio una +temporadita por mal genio; y tú, pintor, tonto de capirote, al limbo, +como si fueras niño sin uso de razón. ¡El Trabajo en la catedral! ¡Qué +oportuno! Sabrás pintar, pero no sabes poner las cosas en su sitio. + + + + +LOBO EN CEPO + +I + +A una ilustre ciudad española, donde los hombres trabajadores y +valientes nacen de mujeres virtuosas y bellas, llegaron hace años dos +viajeros, cuyos trajes negros ni eran enteramente seglares ni del todo +eclesiásticos. Uno de ellos hablaba, aunque dulcemente, como superior; +otro escuchaba con humildad y respondía con respeto. Eran ambos de +continente severo, rostro lampiño y mirada que apareciera humilde si no +fuese por lo tenaz, reveladora de una voluntad poderosísima. Tenían +mansedumbre en la voz, daban a sus palabras el acento de una afabilidad +melosa y persuasiva, pero a veces sus pupilas parecían incendiarse en el +rápido e involuntario fulgurar de una energía indomable. + +Pocas horas después de su llegada celebraron varias entrevistas +misteriosas con gentes adineradas de la población, y a los tres días +firmaron, ante notario y como subditos de potencia extranjera, la +escritura de compra de un caserón antiguo convertido en fábrica por un +industrial que, arruinado durante la guerra civil, tuvo que malvender su +hacienda. De esta suerte la paz vino a ser provechosa, quizá, para los +mismos que atizaron la lucha. + +Transcurridos unos cuantos meses, el edificio tomó de nuevo el aspecto +que acaso debió de tener años atrás. Los talleres y naves de la fábrica +se convirtieron en habitaciones estrechas, como celdas, y al rumor +alegre del trabajo, padre de la vida, sucedió en el recinto el más +medroso silencio, sólo interrumpido a horas fijas por cantos misteriosos +y graves, entonados en una lengua muerta. Los hombres que en aquella +casa vivían fueron al principio muy pocos: luego, llegando sigilosa y +calladamente por las noches, vinieron de tierras extrañas muchos más, +tantos, que sus cánticos antes débiles como compuestos por escaso número +de voces, resonaron vigorosos y potentes, repercutiendo en las +concavidades de los montes cercanos, cual si quisieran despertar los +ecos del cañoneo de antaño. + +La población, contaminada de aquella vecindad, se hizo levítica, +adquiriendo en poco tiempo un aspecto triste y sombrío. Las campanas, +que aun repicando alegres despiertan ideas de muerte, vencieron al +fecundo rumor de los tornos, los telares, los martinetes y los yunques. + + +II + +Lindante con el antiguo caserón de aspecto conventual había un gran +jardín, y en su centro, una casa ceñida por macizos de verdura y +sombreada por álamos y olmos seculares. Casa y jardín decían con mudas +voces que en ellos habitaba mujer, y mujer joven. Ya los alféizares de +las ventanas mostraban un canastillo de labor lleno de hilos y estambres +multicolores; ya en la mesa de mármol puesta en el centro de un cenador +de enredaderas se veía una sombrilla de seda clara; ya en las sillas de +hierro quedaban por olvido los manojos de flores recién cortadas; ya a +ciertas horas solían escucharse, amortiguados por cortinajes y +persianas, el tecleo de un piano bien tocado y el timbre fresco y +penetrante de una voz juvenil, que así sabía expresar la soñadora +melancolía de los grandes maestros alemanes como romper en los alegres +ritmos de la tierra andaluza. + +El dueño de aquella casa era don Gaspar Villarroel, caballero viudo, +riquísimo propietario de haciendas en casi todas las regiones de España, +accionista del Banco, tenedor de sumas enormes en dollars +norteamericanos, en cuatros de la Deuda francesa y en treses de la de +Inglaterra: y aquellas sombrillas olvidadas, las labores que por las +ventanas se veían y los cantares llenos de poesía eran de Helena, su +hija única, de veinte años, que andando el tiempo había de ser muchas +veces millonaria. + +A ella vivía enteramente consagrado don Gaspar: sólo para guardarla y +protegerla quería que Dios le prolongase los días. No era hermosa ni +siquiera bonita, y habiendo de ser extraordinariamente rica, quedaba su +porvenir a merced del primer hombre que movido de ruin codicia se +fingiese prendado de ella. Harto sabía su padre que no pasaría de +codicia y fingimiento lo que su hija inspirase, pues no tenía más +encantos que el pelo abundoso y negro, la voz dulce y el mirar +inteligente. El cuerpo no era esbelto, ni el andar airoso, ni las +facciones delicadas. + +Luego de conocerla y ahondar en su alma con el trato, se hacía querer, +pero le faltaban esas gracias corporales que hechizan los sentidos y +dominan la voluntad. Don Gaspar lo sabía y por ello la amaba doblemente: +como hija y como hija fea que ha de ser resarcida en cariño paternal, de +aquel otro afecto menos puro, que no habían de profesarle los hombres. +Sólo pensaba en ella, en mimarla, en conservar sus bienes para que los +disfrutase, en dirigir su entendimiento y vigilar su corazón, para que +si, lo que era dudoso, llegase a casarse, tuviera más probabilidades su +ventura. Parecíale que aquella falta de encantos y aquel extraordinario +patrimonio podrían ser, a no evitarlo cuidadosamente, dos elementos de +infortunio: pero aún no había tenido su prudencia graves riesgos que +preveer, ni su cariñosa entereza pasión mal inspirada a que oponerse. + +Hasta entonces, unas veces los viajes, otras la soledad y el +apartamiento del mundo, la premeditada alternativa de las distracciones +y del hogar, habían mantenido a Helena en esa desesperanza tranquila y +resignada con que piensan en la felicidad por el amor los que desconfían +de ella. Comprendía que no era hermosa y que era demasiado rica. + +Don Gaspar concedía a su hija la libertad razonable para que no la +desease tan completa que le fuese dañosa: con él asistía Helena a las +diversiones que le agradaban y a las visitas con que se conserva la +amistad; a misa y tiendas iba con su prima doña Flora, solterona, pobre, +de ellos cariñosamente amparada e incapaz de tolerar la más leve +imprudencia: primero por severidad de principios y luego por miedo a ser +arrojada de una casa donde nada le faltaba. + +De esta suerte vivían hija y padre, don Gaspar con el pensamiento puesto +en ella, y Helena dejando volar su imaginación entre resignada y +soñadora, cuando durante un otoño comenzó la muchacha a sufrir tal +cambio en su manera de ser, que no pudo quedar oculto a quien vivía +continuamente observándola para ahuyentarle penas y procurarle venturas. + +Nunca fue demasiado aficionada a las galas, pero de pronto se descuidó +por completo en el vestir; le gustaban las flores y dejó de adornar con +ellas su cuarto; deliraba por la música y pasó semanas enteras sin abrir +el piano. Su habitual seriedad se convirtió en aspereza de carácter, el +desabrimiento se hizo luego tiesura, y en poco tiempo experimentó una +transformación, tanto más fácil de apreciar, cuanto más inesperada y +rápida. + +Primero sintió el alma invadida de tristeza, después se hizo disimulada; +y por último cayó en profunda melancolía como espíritu débil a quien +brutalmente se arrancan de cuajo ilusiones y esperanzas. + +«¿Estará enamorada?» imaginaba la prima doña Flora. + +«¿Tendrá pasión de ánimo?» decía la doncella. + +«Esta chica está mala», pensaba su padre. + +Nadie comprendía la causa de aquel cambio. + +Ya hablaba don Gaspar de llevársela a París en busca de doctores, cuando +una mañana doña Flora entró en su despacho, sin ser llamada, diciéndole +de buenas a primeras: + +--Ya sé lo que tiene tu hija. Ármate de valor... Quiere meterse monja. Y +yo creo que la idea no ha nacido de ella: es cosa de los de ahí al lado. + +Don Gaspar, mudo de asombro y de terror, se limitó a decir: + +--¡Habla... todo lo que sepas, todo lo que sospeches, no me ocultes +nada! + +--Pues se reduce a muy poco, pero muy claro. Hace dos meses, una mañana +que llovía muchísimo y tú te habías llevado el coche, nos metimos ahí al +lado por no ir hasta la catedral. Luego ha vuelto conmigo... como está +tan cerca, cuando hace mal tiempo es más cómodo. Después la he visto +hablar varias veces con uno de ellos por la verja del jardín: ella +dentro, él desde fuera, al pasar, casi sin detenerse. + +--¿Y qué trazas tiene? + +--Es hombre de buena edad, y ¡con una mirada más inteligente! Para mí, +él es quien le ha metido esas ideas en la cabeza. Jamás había Helena +hablado hasta ahora de semejante cosa. ¡Si se moría por el teatro y se +entusiasmaba con libros y novelas! Además, me ha dicho la doncella, que +algunas mañanas ha salido con ella, al primer toque, antes de que yo me +levantara, pero que como no hacían más que ir ahí al lado, no creyó que +debía decirlo. Nada, que se han apoderado de ella como hicieron con la +hija del banquero francés, con Teresita, con Sofía, con la viuda de +Parque... + +--¡Todas ricas!--murmuró don Gaspar. + +--Ella no se atreve a hablar sinceramente, pero está desconocida: se ha +hecho seca y arisca; de cuando en cuando suelta unas frases... que +revelan un egoísmo... «Las mujeres feas y muy ricas--dice--no pueden ser +felices en el mundo; a cada paso un desengaño. No se pierden como las +bonitas, pero les hacen creer en el amor, y luego... nada. Ya ves, yo +por ejemplo--añadía--¿qué puedo esperar? Una ilusión, engañarme a +sabiendas, y luego frialdad, esquivez, cada uno por su lado; él, quien +sea, rico, poderoso con lo mío, buscará en otras los encantos que yo no +tengo.»--Dice que para las que no son hermosas como ella, solo hay un +esposo bueno, el que no engaña; ¡y lo dice con una unción, con un +fervor! Otras veces habla de la casa y de nosotros con un despego que da +frío. + +--Pues ¿qué ha dicho? + +--Ayer mismo me dijo: «Si yo faltara pronto me olvidaríais, hasta papá: +el cariño no es tan mentira como el amor, pero también es un sentimiento +terrenal.» + +Flora siguió hablando largo rato, don Gaspar la escuchó sin poder +disimular la pena que se le asomó a los ojos, y luego murmuró +tristemente: + +--¡Veremos! + + +III + +De allí a dos días, mientras Helena y doña Flora fueron a pasar la tarde +en casa de unos parientes, don Gaspar recibía en su despacho a un hombre +que, llamado por él de antemano, acudió puntualmente a la cita. Era uno +de los de al lado, de aquellos que con nombre y calidad extranjera, +adquirieron la fábrica donde al caer la tarde se entonaban cánticos +tristes en una lengua muerta. Tenía el rostro lampiño, la mirada +humilde, la palabra dulzona, el traje entre sacerdotal y profano. +Ofreciole asiento don Gaspar, cerró las puertas como en comedia, y luego +con forzada tranquilidad, pero sin que se le alterase una línea del +semblante, sin asomo de ira, pero con el acento de la más aterradora +resolución, le habló de esta manera: + +--Usted conoce a mi hija: en ella cifro toda mi dicha; sólo vivo para +hacerla feliz. Si la perdiese, si se apartase de mi lado, me costaría la +vida... Escúcheme usted bien... Estoy dispuesto a todo. A quien quisiera +robarme mi dinero le recibiría a tiros; figúrese usted lo que haré con +quien intente separarme de mi hija. Podrá llevársela Dios, que es Señor +de todos nosotros; podrá, aunque no es bonita, encontrar un hombre que +aprecie lo que ella vale moralmente, y entonces yo les bendeciré y daré +gracias a Dios; pero lo que es eso de hacerla ver que es fea, +envenenándole la vida para que huya del mundo, arrebatármela como se +roba una alhaja... lo que es eso, yo le juro a usted que no será... + +Quiso el desconocido interrumpir a don Gaspar, mas no se lo permitió +él, y siguió de este modo: + +--No ha venido usted a hablar, sino a oír, y empápese usted bien de lo +que oiga. Ya sabe usted lo rico que soy; si eso sucediera, todo me lo +gastaría en buscarle a usted para matarle. Ahora, usted que ha hecho el +mal con sus exhortaciones, ponga con sus consejos el remedio, +entendiendo que si en el plazo de dos meses no se le quitan a mi hija de +la cabeza esas fantasmagorías, le mato a usted como a lobo sorprendido +en redil. Las consecuencias no me asustan. Perdida mi hija, lo mismo me +da morir de un modo que de otro. Dos meses de plazo. ¡Usted sólo ha de +hablar con ella! Yo no le diré palabra. Puede usted retirarse. + +De nuevo quiso contestar el incógnito personaje, pero don Gaspar salió +de la estancia, dejándole condenado al más rabioso silencio que +imaginarse puede, y plenamente convencido de que era hombre capaz de +realizar cuanto decía. + +* * * * + +Apenas habían transcurrido dos meses, cuando Helena comenzó a ser lo que +era antes. + +Como quien tras una pesadilla recobra el sentido de la realidad, se le +fue borrando del pensamiento la melancolía; tornó a cuidar de su +persona, vigiló el jardín cuyas flores escogía para su cuarto, y por +fin, una noche, después de haber estado tocando un rato el piano, por +distraer a su padre, se arrojó en sus brazos, deshecha en lágrimas, +diciéndole sólo estas palabras: + +--¡Perdóname, porque nunca me separaré de ti! + +Sin duda, el flexible y tornadizo espíritu de la mujer se plegó a unas +amonestaciones como se había sometido antes a otras. + + +IV + +¿Supieron el fracaso del propagandista sus superiores jerárquicos? ¿Le +consideraron inútil para desengañar del mundo a herederas de millones? +Un día se notó su falta a la hora de la comida, los demás hablaron de él +como miembro que se amputa, y luego le rezaron por muerto. + +* * * * + +* * * * + +Transcurrieron algunos años, y aquel hombre, vuelto al seno de la +humanidad, sintió renacer aspiraciones e ideas que en mal hora consideró +por la educación sofocadas y por el fanatismo comprimidas. + +En otra región del mundo, en otras tierras, con otro nombre, fénix de sí +propio, resucitó en espíritu, amó, fue amado y tuvo un hijo. Aquel hijo +creció, haciéndose mozo fuerte y hermoso como el Hérmes de los mitos +paganos. Una mujer indigna, engañosa y astuta, tal vez la ramera de que +habla la Escritura, quiso apartarle de su padre, mas éste desplegó tal +energía y se defendió tan resueltamente que logró romper aquellos lazos. + +Pasó mucho tiempo--esa divinidad que a toda conciencia hace un día +justiciera de sí misma.--Hijo y padre caminaban al caer la tarde por una +deleitosa campiña que el sol poniente envolvía en una atmósfera de polvo +luminoso. El viejo se apoyaba en el brazo del mancebo, fingiendo +fatigarse para oprimírselo cariñosamente, mientras la luz de los cielos, +la pureza del aire y el penetrante aroma que se alzaba de los terruños +soleados parecían envolverles en la bendición suprema del verdadero +Dios. El hijo, adelantándose unos pasos, cortó de una mata algunas +flores para el sepulcro de su madre, que era muerta: y entonces el +viejo, experimentando lo que antes jamás pudo comprender, sintió la +duplicación del espíritu por la paternidad, y vuelto el pensamiento a lo +pasado, dijo acordándose de don Gaspar: + +«¡Hizo bien!» + + + + +EL HIJO DEL CAMINO + + +Era el tiempo en que para trasladar a los presos y penados de cárcel a +cárcel, de penal a penal, se les llevaba todavía a pie por los caminos, +entre destacamentos de gente armada. + +* * * * + +Tras el día de calor insufrible, vino la noche sin brisa, cálida y +sofocante. + +No corría un pelo de aire, ni se alzaba del suelo un átomo de polvo. La +carretera abierta en la dilatada extensión de la llanura, se destacaba +interrumpiendo el gris terroso de los campos, como una cinta blanca y +ancha tendida sobre los surcos en rastrojo. + +Por su centro iba _la cuerda_, la reata humana, doblemente rendida a la +pesadumbre de la fatiga y del delito. + +Quién llevaba morral, quién alforjas, quién manta, los más, nada; +veíanse muchos descalzos, despeados; pocos fumaban, no reía ninguno. A +los lados marchaba la tropa obligada a meterse por la estrecha hondura +de las cunetas, o a subirse en los montones de guija y pedernal recién +partido, mientras el brillo de las armas, iluminadas por la luna, +limitaba la movible masa de aquella triste muchedumbre. Los grillos y +las cigarras cantaban libremente; voces humanas se oían pocas, y esas +eran blasfemias; tal vez envidia de los animalillos, desahogo propio de +gente forzada del rey que iba a las galeras. + +En la Venta de la Mora se hizo alto: _la cuerda_ se recogió a un lado +del camino, en un repecho: los soldados desataron los cabos de bramante, +y luego, apartándose y formando extenso círculo en torno de los presos, +colocaron centinelas. De allí a poco salieron de la venta quince o +veinte mujeres harapientas, sucias, miserables, y esquivando a los de +uniforme corrieron hacia los del grupo central, aunándose con ellos en +parejas que desaparecían tras un tronco, tras un peñasco, en un +repliegue del terreno, donde pudieran ocultarse. + +Era la visita del amor a la desgracia; amor momentáneo, vicioso, +repugnante, y venal; pero amor. Y era también costumbre sancionada por +los años, tolerancia perpetuada por la tradición, abuso que tomó origen +en el capricho de un rey absoluto, ganoso de repoblar su reino. + +Antes de romper el alba, la columna se ponía en marcha. Después, los +padres anónimos morían en presidio, y los hijos de aquellas esposas de +una noche se llamaban _los hijos del camino_. + + +II + +Así fue concebido Juan. + +Su madre le adoró, como si estuviera engendrado mediante sacramento; +pero las gentes del lugar, cuando niño, le miraron con lástima, cuando +adolescente le mofaron y de mozo le escarnecieron. Cada vez que pasaba +por la aldea una cuerda de presos, le decían las chicas: + +--Juan, ¿será tu padre alguno de esos? + +Primero se ganó la vida recogiendo boñigas para estercolar huertos, +después fue lazarillo de ciego, dio al fuelle en casa del herrero, se +metió a zagal de diligencias... por fin huyó de la comarca. + +Su pobre madre no volvió a saber de él en mucho tiempo. + +Estuvo como alimentador de horno en una fábrica de vidrio, sufriendo las +bocanadas de las llamas; fue minero, permaneciendo semanas enteras sin +ver la luz del sol: trabajó en los telares, respirando el polvillo que +blanqueaba los tejidos y le cegaba los pulmones; no hubo industria que +no intentara ni oficio en que pudiese medrar. + +Si en su lugarejo no encontró amparo, en las ciudades le faltó +protección. Nadie le dio enseñanza, ni le dejó tiempo de adquirirla. Su +instinto le decía «estudia»; la necesidad le respondía «gana». Cualquier +aprendizaje le hubiera mermado el pan y el sueño. + +En tanto, la madre pensaba en él, arrancándole su recuerdo las horribles +lágrimas de la incertidumbre, pues no sabía dónde estaba, ni si era vivo +o muerto. Al fin lo averiguó; hizo que le escribieran, y aunque de +tarde en tarde supieron uno de otro: ella le enviaba besos; él le mandó +por un arriero un gran pañuelo de algodón de colores, valor de un día de +jornal. + +Juan pasó de labor a labor, de oficio a oficio, practicándolos todos, +sin dominar ninguno, renunciando a unos por penosos e insalubres, a +otros por indignos y embrutecedores, hasta que entró en una compañía de +alumbrado eléctrico, casi como bestia de carga. + +Su obligación era llevar artefactos, utensilios y herramientas a sus +compañeros de trabajo. + +Una tarde fue con ellos a la prueba de luces en una soberbia casa, donde +a la noche debía verificarse una gran fiesta. ¡Cuánta magnificencia +contemplaron sus ojos! Jamás vio cosa igual. + +Cada salón era un prodigio del arte o un camarín de la molicie. Los +mármoles parecían encerrar en su seno transparente hojas de +vegetaciones inverosímiles; los muebles, por sus formas, incitaban a la +voluptuosidad o al reposo; los tapices caían discretamente ante las +puertas; los rasos y los flecos guardaban en la urdimbre de sus tramas +los colores del iris; había canastillas de orquídeas australianas +mezcladas con flores de cristal que despedían rayos luminosos; libros +cubiertos de oro, que atesoraban en sus páginas el oro aún más puro del +pensamiento humano, y todo ello en desorden bellísimo se reflejaba en +espejos que, como poseídos de codicia, multiplicaban hasta lo infinito +las riquezas. + +De pronto apareció Luz, la dueña de la casa, ya vestida para la fiesta, +e impaciente por juzgar el efecto de la iluminación. + +Juan imaginó que era una diosa. Traía la cabellera salpicada de +brillantes que semejaban estrellas perdidas en una nube de oro, el +cuello ceñido por hilos de perlas menos blancas que su pecho, y todas +las líneas de su cuerpo admirable envueltas en telas primorosas, antes +dispuestas para revelar la forma que para encubrir la desnudez. Tenía la +voz aunque imperiosa, encantadora, y su persona exhalaba un perfume +penetrante y sutil, intenso y turbador, que juntamente producía +fascinación al espíritu y embriaguez a los sentidos. + +El hombre inculto e ignorante, incapaz de analizar lo que experimentaba, +pero hombre al fin, sintió la tentación y el ánsia que dá la fruta +puesta al alcance de la boca del niño. + +Primero quedó suspenso con el pasmo de la sorpresa, luego se dijo con la +velocidad del pensamiento que cuanto había en aquel maravilloso recinto +y cuanto realzaba la belleza de aquella mujer extraordinaria, había bajo +una u otra forma nacido entre sus manos. Carbón arrancado a las entrañas +de la tierra y convertido en torrentes de claridad; cristales fundidos +por aquel horno que secó su garganta; hierros forjados al fuego en que +se abrasó los dedos; sedas teñidas en aquellas substancias que le +envenenaron los pulmones; todo, ¡todo! había contribuido a formarlo, y +nada, ¡nada! era para él. Entonces Luz se ofreció a su deseo como +creación maravillosa en que él había puesto hueso de sus huesos y sangre +de su sangre, hasta convertirla en el compendio de las dichas humanas. +¿Por qué no había de pertenecerle? ¿Habrían de vivir eternamente juntos +y separados a la vez, como la cortesana y el esclavo? ¿Qué ley cruel lo +disponía? ¿Quién la escribió? + +El espectáculo de la riqueza le llenó de asombro; la privación de lo que +otros disfrutaban espoleó a la envidia; la ignorancia cerró a la +abnegación el paso; la conciencia le dijo que su ambición era justa; +miró a Luz con codicia, y en el fondo de su alma surgió el deseo de +gozarla o la resolución de destruirla. + +Así se hallaron frente a frente la personificación de todas las +grandezas acumuladas por los tiempos y el representante de una raza que +contribuyó a crearla para delicia de otros. + +Juan poseído de una pasión que daba espanto, tendió hacia ella los +brazos. Luz, al principio sonrió despreciativamente, pero al sentir las +manos callosas sobre el pecho, dio voces, lanzó gritos de angustia; y en +su auxilio acudieron tres hombres. + + +III + +El primero, que parecía consumido por el estudio, la riqueza y los +vicios, dijo a Juan casi medrosamente, acompañando la frase con ademanes +oratorios: + +--Su amor no se alcanza por fuerza... Puedes llegar a lograrlo, pero no +así. ¿Cómo ha de amarte si tus caricias son zarpazos? Adquiere +instrucción y cultura. Eres libre... Ejercita los derechos que te +permiten igualarte a los que somos preferidos. + +El segundo, que vestía ropa negra y talar, le dijo endulzando el +desengaño con acento meloso: + +--El amor de esa mujer no es para tí. Conténtate con su caridad. Los +favoritos de ahora son los dichosos de aquí bajo... Tú serás de los +bienaventurados allá arriba. ¡Hay otra vida! ¡Cree, sufre y espera! + +El tercero de aquellos hombres, que ceñía espada y llevaba en el traje +bordados de oro, le dijo ásperamente: + +--Si das un paso más hacia ella te mataré con este arma que tú mismo has +forjado. + +Juan salió profiriendo amenazas: y Luz quedó al oírle extremecida de +pavor, como la ciudad de las rameras ante la voz de los Profetas. + + +IV + +Poco tiempo después una explosión formidable destruyó la soberbia +morada. Lienzos en que el genio imitó la Naturaleza, mármoles en que +palpitó la vida, páginas preñadas de ciencia y poesía, prodigios del +arte y maravillas de la industria... todo fue destruido, y sobre un +montón de escombros humeantes quedó Luz aún viva, pero desgarradas las +carnes, bañada en su propia sangre, espantosa, mutilada y deforme. + +Juan confesó el delito con altanería y se dispuso a purgarlo con valor. +¿Qué le importaba morir? Su crimen fue salvaje, porque lo aconsejaron el +deseo frustrado y la razón escarnecida, pero su causa era justa. El +delincuente se consagró mártir. Otros tan desdichados como él vendrían +detrás. Luz habría de sentarles a su mesa en el banquete de la vida y +darles la parte de amor que les correspondiese, o resignarse a perecer. + +No se repliega el viento a los senos misteriosos donde nace, ni el agua +retrocede a las fuentes en que brota; pero el espíritu está sujeto al +atavismo como el cuerpo a la herencia. Juan era hijo del camino. + +Fue condenado a muerte, y llegada la hora tremenda, entró con pie firme +y ánimo sereno en la capilla; lugar en que, dudosa de sí misma, busca la +justicia humana complicidad en la divina. + +Allí le esperaban los tres personajes que ampararon a Luz. Uno +representaba la ley: otro mandaba la fuerza armada; el tercero le +ayudaría a bien morir. + +Faltaban pocos minutos para subir las gradas del patíbulo, cuando, por +especial permiso de quien podía concederlo, entró en la estancia un +hombre con un papel en la mano. Tomolo el sacerdote y pasando por el +escrito los ojos, dejó enseguida caer los brazos a lo largo del cuerpo. + +--¿Es el indulto?--preguntó Juan, sin miedo ni esperanza. + +--No es una carta de tu madre. Te infundirá valor. Toma y lee. + +Juan la estrujó contra sus labios en silencio, lloró sobre ella, y +devolviéndosela al ministro de Dios, repuso amargamente: + +--¡No me han enseñado! ¡No sé! + +* * * * + + + + +LOS TRIUNFOS DEL DOLOR + + +En una extensa planicie formada por tierras de panllevar, estaba la casa +solariega de los Niharra, donde descuidada del mundo, cuidadosa de su +hacienda y soñadora con sus recuerdos, vivía doña Inés, a quien en los +contornos apellidaban _la Santa_. Nombrarla en la comarca era casi, y +para muchos sin casi, nombrar a la Providencia; porque a veces, quien +imploraba algo del cielo, que lo puede todo, solía no alcanzarlo, +mientras ella nada negaba estando en su mano concederlo. Perdonar +arriendos, rebajar censos, dotar doncellas y redimir mozos de quintas, +era para doña Inés el pan nuestro de cada día. De sus armarios salían +las ropas para los pobres; de su despensa los comestibles para los +desvalidos; de sus trojes el grano para los labradores arruinados; +costeaba médico y botica; por su precepto, iban los niños a la escuela; +con su prudencia enfrenaba discordias, desvanecía rencores, y añadiendo +a la limosna que puede dar el rico la compasión que solo siente el +bueno, siempre y para todos, tenía piedad en el corazón y consuelo en +los labios. Si alguna vez se ensoberbeció la ingratitud contra ella, +supo ahogarla a fuerza de beneficios; así que por dónde quiera que iba, +salían las gentes a su paso, muchas a pedir, y muchas más, aunque +parezca increíble, a mostrarse agradecidas. Las frases de bendición y de +respeto que escuchaba, la riqueza que le permitía hacer tanta caridad y +el justo regocijo de su conciencia, sobre todo, debieran de infundirle +aquella tranquilidad de espíritu en que la verdadera felicidad se funda, +y sin embargo, no daba señales de ser dichosa. + +Al recuerdo de amores contrariados no había que achatarlo; primero, +porque ni su lenguaje, ni su rostro, delataban la tristeza apacible, +pero indeleble, que deja en los resignados el dolor; y, además, porque +los años todo lo aminoran, y ella contaba tantos, que bien podían +haberle ido borrando del pensamiento las memorias tristes, por muchas +que tuviese. + +Sus ojos, y su boca no sonreían con la tranquila melancolía de quien +sufre, porque recuerda; ni eran los suyos sinsabores, medio consumidos, +y acaso poetizados por el tiempo: eran penas vivas, recientes, de las +que la imaginación agrava cada día y roban más sueño cada noche. Ante +aquella mujer, buena y sin ventura, el alma se sentía invadida de tedio +y desesperanza, porque aún engendra más escepticismo la desdicha del +justo, que la prosperidad del malo. + +* * * * + +Tenía dos hijos: Marcelo y Luciano, de tan opuesta inclinación, que +nunca pudieron vivir en paz. Cuando niños fueron sus juegos diferentes, +cuando jóvenes distintas sus aspiraciones, y hechos hombres, antagónicos +sus ideales, de modo que jamás hubo entre ellos concordia ni armonía. +Marcelo era apasionado y vehemente, todo imaginación y viveza: Luciano +reflexivo y tranquilo, todo razón y calma: uno, impulsado por su +fantasía, se deleitaba en las especulaciones del espíritu, poetizándolas +con el encanto del misterio y prestando fe a lo que su entendimiento no +alcanzaba: otro, sin más guía que la investigación y el análisis, +estudiaba el carácter de los fenómenos y el origen de las cosas hasta +arrebatarles sus secretos, dando solo el augusto nombre de verdades a +las demostradas por la observación y la experiencia. + +Para Marcelo el alma era inmortal como su Creador, señora de sí misma; +los hechos fruto de las ideas, y la verdad el resplandor de la +revelación: para Luciano causas y efectos, hechos e ideas se confundían +en el seno de la Naturaleza, deidad esquiva y desdeñosa, que no con +oraciones, sino sólo con trabajo y estudio, se deja arrebatar los +bienes: a Marcelo le bastaba el pensamiento para abismarse en la +contemplación de lo divino hasta sentir en los arrobos del éxtasis la +clara visión de Dios: Luciano creía que el destino del hombre es luchar +con la materia, vencerla, y luego perderse confundido y sumado con ella +para siempre. + +Sólo en un punto estaban de acuerdo: en adorar a su madre, que distante +por igual del fanatismo de ambos, vivía consagrada a endulzar amarguras +y aminorar desdichas, sin preguntar jamás cómo pensaba el que sufría. +Doña Inés, por su perfecta imparcialidad en el reparto de la limosna y +el consuelo, antes buscaba al dolor mismo que a su víctima; iba hacia el +infortunio como corre el agua dulce de los ríos hacia el mar, sin +arrancarle nunca su amargura salobre, pero sin cansarse jamás; mientras +sus hijos aunque animados, en el fondo del mismo espíritu de caridad, +perdían el tiempo en el estéril empeño de descifrar lo incognoscible. + +Marcelo siguió la carrera eclesiástica, Luciano estudió medicina, y +ambos simultáneamente, por su virtud, y su mérito, llegaron a ser, uno +espejo de sacerdotes, y otro modelo de hombres de ciencia; citándose al +par en el mundo como justamente envidiables, la gloria alcanzada por +Marcelo en el pulpito y los concilios, y el prestigio conquistado por +Luciano en los laboratorios y hospitales. + +De su madre no se olvidó ninguno. A servirla y cuidarla asistían con +cariñosa frecuencia, pero nunca iban a verla al mismo tiempo, porque los +años, aferrándoles a sus ideas habían exacerbado su doble +intransigencia. + +De hallarse juntos, Marcelo habría tachado de abominables e impíos los +trabajos de la ciencia moderna, y Luciano hubiera escarnecido todo +respeto a lo sobrenatural y dogmático. + +Ni la religión ni la ciencia supieron hacerles mansos de corazón. La +única virtud que les faltaba era la tolerancia. + +* * * * + +Al cabo de mucho tiempo recibieron aviso de que su madre se moría, y +casi a la misma hora, sin temor a encontrarse, llegaron a la antigua +casa solariega. Para entrar en ella les fue preciso cruzar por entre los +grupos de campesinos, que abandonando sus hogares, acudían a saber de +doña Inés. + +Subieron al cuarto de la enferma, que vencida ya por la dolencia, no +pudo conocerles, y considerando ambos la situación gravísima, cada cual +obró como quien era. + +Marcelo dijo que si su madre recobraba el sentido, la prepararía +inmediatamente a bien morir: sin más que un reclinatorio, un crucifijo y +dos velas, improvisó un altar a la derecha de la cama y sacando de bajo +los hábitos un libro se puso en oración. + +Luciano, después de hablar largamente con el médico que la había +asistido, para enterarse de la índole y progresos del mal, resolvió no +apartarse de allí un momento, apurando cuantos recursos le sugiriese +aquella ciencia que tanto amaba, y de que entonces había menester más +que nunca. + +El cuarto día a contar desde su llegada, fue tristísimo. La pobre +anciana parecía irse consumiendo como haz de leña seca y menuda, +abrasada por un fuego invisible. Su cuerpo endeble, pequeñuelo, e +inmóvil, apenas formaba bulto bajo las ropas del lecho; la respiración +era tan débil que casi no hubiera empañado la superficie de un espejo. + +Marcelo continuaba orando. + +Luciano paseaba en silencio desde el dormitorio a la estancia contigua, +y con la mano derecha metida en el bolsillo del chaleco, acariciaba +nerviosamente un pequeño frasco de cristal. + +Al caer la tarde, creyendo observar en el estado de la enferma la +presentación de síntomas aterradores, llamó por señas a su hermano, +llevole lejos de la cama, y mostrándole el pomo, que contenía quince o +veinte gramos de un líquido transparente e incoloro, le dijo: + +--Voy perdiendo toda esperanza... ya no hay remedio. + +--La misericordia de Dios es infinita--repuso Marcelo. + +--Escucha--prosiguió Luciano--esto que parece agua, es el alcaloide +extraída de una planta del extremo Oriente, que nadie antes que yo ha +empleado en medicina: yo mismo lo he preparado... pero la +experimentación me ha producido efectos que aún no puedo someter a +principios fijos. Cuatro gotas de esto pueden, tal vez, ahora, retrasar +la catástrofe; acaso consigamos una reacción, una crisis que devuelva a +madre la salud... pero el remedio va a obrar en un organismo muy +gastado, sin resistencia ni vigor, y si no tiene fuerzas para soportarlo +se muere... es decir, la matamos. En una palabra; esto puede ser la vida +y puede ser la muerte; es una probabilidad, no es la certidumbre de +salvarla... + +Los ojos de ambos estaban nublados de lágrimas. + +Ya no había en aquellos dos hombres encono ni aversión: la amenaza de +la muerte parecía restaurar en sus corazones la fraternidad que su +pensamiento había roto. + +--Esperaremos--dijo tímidamente Marcelo al cabo de unos instantes.--Y +volvió a arrodillarse en el reclinatorio. + +Luciano, dejando sobre la mesa el frasco, se colocó a los pies de la +cama y permaneció sin apartar la vista de su madre. + +Pasó la noche. ¡Qué largas les parecieron las horas, qué medroso el +silencio, qué alarmante cualquier rumor, y cómo les desazonaba el ruido +metálico y acompasado del reloj, que en cada oscilación del péndulo +parecía llevarse un instante de aquella vida que era para ellos el mayor +tesoro del mundo! + +* * * * + +* * * * + +Por un balcón de la estancia inmediata, dejado entreabierto para renovar +la atmósfera, comenzó a soplar el aire saturado de aromas campestres, +oyose el canto vigoroso de los gallos, y primero en vago resplandor, +luego en torrentes de claridad, entró la luz del día, saludado con +maravillosos gorjeos por los millares de pájaros que rebullían entre el +ramaje de las huertas. Cuanto venía de fuera significaba llamamiento a +la renovación y la vida; mientras allí dentro la inacción y el silencio +parecían ir allanando su camino a la muerte. + +Marcelo seguía rezando. + +Luciano había puesto sobre la mesa donde estaba el frasco, una copa con +un cortadillo de agua, a la cual era preciso unir el medicamento: todo +lo tenía preparado, y sin atreverse a intentar la horrible prueba, iba y +venía de un cuarto a otro, mirando alternativamente al frasco y a la +copa. + +Al cabo de muchas horas de aplanamiento y laxitud, doña Inés pareció +reanimarse, abrió los ojos y cambiando de postura murmuró algunas +frases incoherentes. Entonces Luciano alargó la mano hacia la mesa, +cogió el frasco, lo destapó... y enseguida, de pronto, bruscamente, como +acobardado, volvió a dejarlo de golpe donde estaba. + +Al ruido alzó Marcelo la cabeza, y viendo retratada en el rostro de su +hermano la perplejidad y angustia que sentía, fue hacia él, +preguntándole por lo bajo: + +--¿Qué es eso? + +--Mira--repuso señalando a su madre--se ha movido, ha hablado, está más +fuerte... tal vez pudiera resistirlo. Este es el instante oportuno... ¡y +no me atrevo! ¡Si estuviéramos en la clínica! ¡Si no fuera ella! + +--¿Tú crees que se salvaría con... eso? + +--En casos análogos... unas veces el medicamento ha respondido... otras +ha fallado. + +De repente, doña Inés, incorporándose sola en el lecho y con voz apenas +perceptible, murmuró: + +--¡Agua! + +Ellos se contemplaron de hito en hito; silenciosamente, leyéndose en los +ojos la incertidumbre que les consumía, mientras la anciana repitió +sordamente: + +--¡Agua!... ¡Agua! + +Aquella voz que temían no volver a escuchar nunca les removió el fondo +del alma, agitando y trastornando de tal modo sus ideas, que cada uno, +sin darse cuenta de ello, buscó la salvación de lo que amaba, no en los +medios que le eran peculiares y propios, sino en aquello mismo que por +serle ajeno, desconocido y contrario, adquirió a sus ojos las +proporciones de lo maravilloso. + +En aquel momento supremo vaciló la fe del creyente y se quebrantó la +incredulidad del esceptico: el místico se sintió mordido por la duda y +el desengañado se dejó seducir por la esperanza. Todo lo trastornó el +brutal zarpazo del dolor. + +Luciano, el médico, cayó de rodillas ante el crucifijo adorando a Dios +en espíritu y en verdad. Marcelo, el sacerdote, se aproximó a la mesa, +tomó el frasco, vertió unas cuantas gotas de su contenido en el agua, y +sosteniendo con una mano a la enferma le hizo con otra beber el líquido +misterioso. Mientras el médico pedía misericordia al cielo, el sacerdote +se echaba en brazos de la ciencia. + +* * * * + +¿Llegó al cielo la plegaria? ¿Obró la substancia química sobre el +organismo? + +* * * * + +De allí a poco doña Inés comenzó a mejorar, recobró la salud y fue de +nuevo durante algunos años alivio de pobres y consuelo de tristes. + +Los dos hermanos procuraron desde entonces no hallarse frente a frente. +Cada uno de ellos era poseedor del secreto del otro y ambos se sentían +avergonzados por aquel pasajero desfallecimiento que a nadie confesaron. + +Quedoles el convencimiento de que en el mundo había algo que les era +común y propio por igual, algo que todo lo perturba y equipara: el +Dolor, deidad suprema que puede sembrar la duda en el espíritu del +creyente y hacer que brote la esperanza en el pensamiento del incrédulo; +pero alejado el peligro renació en su corazón la intransigencia, y ni +Luciano atribuyó poder a su oración, ni Marcelo creyó en la eficacia del +remedio. + + + + +LOS FAVORES DE FORTUNA + + +I + +No hay divinidad a quien se rinda culto más sincero y universal que a la +Fortuna. Los hombres desde que empiezan a serlo, en lo que llaman edad +de la razón le consagran la vida. Fortuna en cambio con la esperanza les +atrae, con la codicia les excita, con la molicie les corrompe, o con la +soberbia les ciega, hasta que enseñoreada de ellos, les deja unas veces +que realicen su ambición y otras que satisfagan su apetito. Nadie la +desprecia sin que le llamen loco, a ninguno que la logra se le +considera necio; de unos se deja conseguir por la astucia, a otros se +somete por capricho, los más se arrojan a conquistarla, los menos +procuran merecerla: es tal su perversión que gusta de que la tomen por +fuerza, y es tan grato su imperio y son tan dulces sus halagos que luego +de poseída no hay debilidad en que el animoso no incurra por +conservarla, ni fortaleza que el apocado no intente por no perderla. Sus +amantes son infinitos, y a ellos se entrega como cortesana que ni cuida +de escogerlos, ni piensa en lo que le sacrifican, ni estima lo que les +concede, ni repara en cuándo se lo quita. Con unos parece que se +encariña desde que nacen, y les colma de dones toda la vida: a otros +sonríe sólo en la vejez para amargarles la muerte; y hasta más allá del +sepulcro llega su influjo, pues ni deja que sea cada cual llorado según +su mérito ni reparte con justicia la gloria. No hay grande de la tierra, +por ensalzado que esté, a quien no pueda poner más en alto todavía; ni +humilde, por bajo que se halle, a quien no sepa encumbrar sobre el +primero. Reparte sus dones unas veces complaciéndose en detenerse para +colmar deseos, y otras los deja caer a la carrera para que queden las +alegrías truncadas y los placeres incompletos. Pasa estúpidamente desde +la prodigalidad a la avaricia, y desde la esplendidez a la miseria: su +amor ciega, su desdén mata, a unos envilece, a otros trastorna; es la +eterna Dulcinea engañosa para nuestra locura, y encantada para nuestra +razón: niega lo que se le implora, da lo que no se le pide, todo lo +tiene, y todo lo derrocha. Sólo dos cosas negó la Naturaleza a la +Fortuna, que ni puede hacer generoso al mezquino, ni consigue acallar el +remordimiento en la conciencia del malvado. + + +II + +Pero ya no es Fortuna la gloriosa divinidad pagana que recibía culto en +las aras ceñidas de mirto, ni recorre el mundo en una rueda, mostrando +desnuda la majestad de su hermosura: se ha hecho un palacio que es +centro y emporio de las grandezas modernas, y en vez de un santuario de +diosa habita un camarín de cortesana, donde por ásperas cuestas y +empinadas pendientes suben los que la solicitan echándose a la espalda +cuanto les pesa o les estorba. La ambición les guía, el amor propio les +alienta, el egoísmo les sostiene, la impudencia les basta, y entre los +riscos del camino se van dejando, sin sentirlo, la hombría de bien, la +amistad y el cariño. Muchos emprenden la jornada: los más se rinden, +pocos la terminan, y al llegar con el corazón helado por el frío de la +cumbre, se desvanecen con la altura, imaginando ver empequeñecido y +diminuto lo que dejaron en el llano. Luego Fortuna les atormenta con +esquiveces, les engolosina con veleidades, y tanto se hace desear, o +pone tal precio a sus caricias, que algunos al conseguirla, echan de +menos lo que inmolaron por gozarla. Unos le sacrifican la honradez, +otros la fe; quién ahoga brutalmente la concienciar el que menos, pierde +por ella la vergüenza. Es, en fin, la gran ramera de la vida, que se +resiste al esforzado, se entrega al ruin, a cualquiera se vende, y hasta +de largo en largo se deja conquistar por el bueno, convirtiéndolo en +blanco de envidiosos. + + +III + +En cierta ocasión se enamoraron de Fortuna tres hombres: Carlos Tizona, +mozo de arrojo extraordinario, para quien la mejor razón era la espada: +el doctor Infolio, que sin ser viejo casi lo parecía de tanto haber +estudiado; y un tal Lepe, último vástago de una familia proverbial por +lo lista. Tizona de todo era capaz, Infolio no ignoraba nada, y a Lepe +se le ocurría siempre lo mejor; de suerte que si las condiciones de los +tres se reuniesen en uno, fácilmente se hiciera señor del mundo. Eran, +por sus distintas facultades y por el grado en que las poseían, la +personificación de las tres potencias más enérgicas y eficaces de la +vida: el valor, que nada teme; el trabajo, que de todo triunfa, y el +ingenio, que allana cuanto intenta. + +Al enterarse, cada uno de ellos de que también amaban los otros a +Fortuna, faltó poco para que vinieran todos a las manos. Tizona quiso +esgrimir la de su nombre, Infolio perdió la serenidad, y a Lepe le +descompuso la ira. Ya iban a reñir, cuando este último, en un instante +de lucidez les dijo de este modo: + +--¿Por qué luchar y aborrecernos si aún no sabemos en cuál se ha de +fijar Fortuna? Seamos amigos, hasta que ella escoja, por lo menos; no +sintamos la envidia antes de que haya quien saboree el placer. +Emprendamos juntos la jornada, si queréis, o siga cada cual la senda que +le acomode hasta llegar al palacio de Fortuna. + +--Yo no voy con vosotros--gritó Tizona sin ocultar su pensamiento--pues +sé un atajo por dónde, si no me estrello, llegaré enseguida. + +--Yo--replicó Infolio--quiero también ir solo, porque en largos años de +trabajo he discurrido un mecanismo para subir las pendientes sin +esfuerzo. + +Oído lo cual, añadió Lepe: + +--Pues vaya cada uno por su lado; alguien he de encontrar que me lleve +en coche o a la grupa, que yo no subo andando. + +Despidiéronse con la sonrisa en los labios, aunque odiándose, y puesto +el pensamiento en su ambicioso propósito, emprendieron a hora distinta y +por diversos lugares el camino. + + +IV + +Pasó mucho tiempo, sin que ellos mismos pudieran precisar el número de +años transcurridos: porque las esperanzas y fatigas les hicieron perder +la cuenta, hasta que una mañana, cuando menos lo esperaban, al dar +vuelta a un recodo, se encontraron casi simultáneamente en la esplanada +que rodeaba el alcázar dónde vivía la dama de sus pensamientos. + +Lepe llegó el primero, y al parecer de buen humor, pero con los labios +plegados por una sonrisa de incredulidad que daba pena; Infolio era un +anciano achacoso, gastado e impotente para gozar lo que soñaba; Tizona +traía melladas las armas, el cuerpo cosido a cicatrices, y alguna herida +fresca todavía. + +Saludáronse ceremoniosos, sin mostrarse simpatía ni sentir rencor: +ninguno preguntó a los otros la historia de su viaje, y como Dios o el +diablo les dieron a entender, procuraron entrar en el recinto +misterioso. + +Tizona, viendo cerradas las verjas, a riesgo de matarse, escaló una +ventana: Infolio, dijo tan admirables cosas propias y ajenas, +colocándose ante la puerta, que sus hojas, dejándole paso, se abrieron +solas, y entonces Lepe se coló dentro astutamente. + +A los pocos momentos estaban en la antecámara del ídolo. Sólo les +separaba de él una cortina sutil e impenetrable, que cayendo desde la +techumbre hasta el suelo, semejaba el velo de un lugar sagrado. + +Ninguno se atrevió a descorrerla, y absortos de estupor, febriles de +impaciencia, esperaron, fija la vista en los amplios pliegues que ponían +estorbo a sus deseos. + +De pronto, se abrieron los paños como rasgados de alto a bajo, y dejaron +ver un instante el ámbito de la estancia que ocultaban. El santuario de +Fortuna era una alcoba. Hacia el fondo sonó el estallido desigual de un +beso doble, y enseguida, salió tranquilamente un hombrecillo +insignificante, feúcho, pequeñuelo y vulgar, que con aire de triunfo +venía estirándose los puños y acariciándose la barba. Entonces los que +esperaban se avalanzaron hacia él entre humillados y rabiosos gritando y +preguntándole a grandes voces: + +--¡Profanación! + +--¿Quién eres? + +--¿Por dónde has subido? + +Mientras el feliz mortal, mirándoles sin comprender su indignación, +respondía con la mayor frescura: + +--Soy Perico Mediano, y he subido por la escalera de servicio. + + + + +LAS PLEGARIAS + + +I + +Al dar la una y media comenzaron a despedirse los contertulios: a las +dos sólo quedaban en el magnífico salón los dueños de la casa, marido y +mujer, ambos jóvenes, hermosos y al parecer felices: él se puso a leer +un periódico de la noche y ella se entretuvo escribiendo con un lápiz de +oro al dorso de una tarjeta las visitas y compras que pensaba hacer al +día siguiente. + +Después hablaron un rato de cosas de poca monta, y, por fin, ella, +levantándose de pronto, le dijo mirándole amorosamente: + +--Me voy a recoger el pelo. ¿Tardarás? + +--Acuéstate. Enseguida voy. + +Luego de retirarse la dama, el hombre pasó del salón a su despacho, que +era la habitación contigua, y oprimiendo un resorte oculto entre los +cortinajes, dio luz a las lámparas eléctricas. + +Los muros estaban cubiertos de verdaderos tapices góticos, los estantes +llenos de buenos libros, en un testero había un magnífico retrato de +familia a cuyos lados brillaban dos panoplias de armas antiguas, y en +otro lienzo de pared destacaba sobre el fondo multicolor y borroso del +tapiz un santo pintado por Zurbarán. Cuanto allí había era prueba de +exquisito gusto, cultura y riqueza bien empleada. Indudablemente el lujo +de relumbrón, las antiguallas falsificadas y los caprichos absurdos +impuestos por la moda, no tenían entrada en aquella casa. + +Sentose el caballero ante la mesa, sacó de un cajón una cartera, y tras +consultar rápidamente varios papeles, apuntó, poco más o menos de este +modo, lo que se proponía hacer al otro día: + +«Carta al administrador de Terrones para que perdone la mensualidad a +los colonos perjudicados por la nube del mes pasado, y les dé lo +necesario para la siembra.--Al mayordomo de Valhondo que libre de +quintas al hijo del guarda.--Decir al ministro que no voto a favor de la +desviación del canal, porque no conviene a los intereses de aquellos +pueblos.--Mandar, según costumbre, lo que haga falta en el Monte para +desempeñar las herramientas de trabajo y máquinas de coser cuyas +papeletas venzan este mes.» + +Todo lo cual indicaba que aquel rico merecía serlo. + +Después guardó la cartera, cerró el cajón, y recostándose en el sillón, +permaneció largo rato ensimismado y como abstraído por sus pensamientos. + +Poco a poco fue dibujándose en su rostro un gesto de inexpresable +amargura, luego dobló la cabeza sobre el pecho, y enseguida, enderezando +a Dios el pensamiento, dijo mentalmente de este modo, no con palabras +aprendidas de memoria, sino con aquellas espontáneas y sinceras razones +que, inspiradas en verdadera piedad, no pueden menos de llegar a dónde +van dirigidas: + +«¡Un día más... y un día menos! No he hecho mal a nadie, y he procurado +algún bien. Permíteme, Señor, que pueda decir lo mismo mañana. No +faltándome tu favor, estoy seguro de mi voluntad... Me has hecho rico, +es decir, depositario de lo que destinas a los pobres, y al remediar los +males del prójimo imagino cumplir tus mandatos. No me desprendo de nada +mío, sino que doy a cada cual lo que quieres que sea suyo; si más me +dieres, más distribuiría; y si de todo me privases, mi único dolor sería +ver desdichas sin poder remediarlas... Por Tí he comprendido que la +verdadera sabiduría estriba en combatir odios y sofocar rencores: +procuro ser justo; pero no me has hecho feliz. Tú sabes lo que falta a +mi dicha. Te pido un hijo. Quiero tenerlo para que aprenda a ensalzarte +como Te gusta ser ensalzado, que es sometiendo la maldad a la justicia, +acercando la compasión al dolor; y quiero también ser padre, porque no +es bueno que se seque el árbol sin dejar retoño. Mi esposa me ama tanto +como yo a ella, pero nuestro lecho es estéril. ¡Señor! Dame un hijo para +que te ame con dos vidas y te sirva con dos voluntades.» + +De pronto sonó a lo lejos una voz femenina que llamaba cariñosamente; el +caballero apagó la luz, y a oscuras, andando a tientas, que es como el +hombre camina hacia la felicidad, salió en busca de su mujer. + + +II + +Varía la decoración y son otras las personas. + +En un miserable sotabanco habita un matrimonio pobre. El marido fue +empleado y quedó cesante sin auxilio, amparo ni valimiento; la mujer, +que era menestrala, enfermó durante el primer embarazo y fue despedida +del taller: rápidamente pasaron de la escasez a la pobreza y de la +pobreza a la miseria; pero como eran jóvenes y se querían mucho, nada +contuvo su pasión. En seis años de matrimonio tuvieron otros tantos +hijos. + +* * * * + +La noche era horrible: los vidrios rajados o mal juntos dejaban paso al +frío por roturas y resquicios: no había rescoldo en el fogón, ni cisco +en el brasero, ni provisiones en la alacena, ni casi ropas en las camas, +porque el carbonero ya no fiaba, ni el tendero se compadecía, ni el +prestamista devolvía las mantas sin que le pagasen lo estipulado; y los +pequeñuelos lloraban y los mayorcitos pedían pan, mientras los padres se +miraban silenciosa y desesperadamente, ya pronto el hombre a toda maldad +y dispuesta la mujer a todo sacrificio. + +Más tarde, cuando el marido se fue a acostar, renegando de Dios y +maldiciendo de los hombres, ella dio un beso a cada niño, y enseguida, +postrándose de rodillas ante una grosera estampa de Cristo pegada en la +pared, comenzó a orar entre dientes. + +Rezó primero el Padre Nuestro, luego el Credo después muchas Salves y +Ave Marías, cuanto aprendió de niña sin saber lo que significaba, y por +último, buscando en las reconditeces de su alma acentos propios, +inspirados en la magnitud de su desventura; dijo alzando los ojos y +clavándolos en la estampa: «¡Señor! ¡Piedad, misericordia! ¡Que no se +mueran estos niños! ¡Pan, nada más que pan!»--Y dejando caer la cabeza +sobre el asiento de una silla que tenía delante, permaneció en oración +largo rato, hasta que el marido la llamó desde el jergón que les servía +de cama, diciendo: + +--Ven, hija, ven y trae cualquier cosa para arroparnos, que aquí no se +puede parar de frío. + + +III + +En los altos cielos, espacios eternamente misteriosos y negados por +siempre al pensamiento humano, allí donde solo llegan los desvaríos de +la imaginación y los arrobos de la fe, resonaban dos voces de acento +sobrenatural y prodigioso. La una era majestuosa, imponente y dulce +sobre toda ponderación; la otra era voz humana, dignificada y +ennoblecida por la santidad. + +--¡Pedro!--dijo la primera. + +--Señor--repuso con humildad la segunda. + +--¿Hay algo? + +--Lo de siempre. Peticiones de la ambición, exigencias de la codicia, +vanidades del amor propio, arrogancias de la soberbia, desafueros de la +maldad, sollozos de dolor y bostezos de hambre. + +--A esos hay que atender primero. + +--Señor, es que son muchos los que piden y pocos los que agradecen. + +--No importa. Coge a manos llenas los bienes y déjalos caer sobre los +limpios de corazón. + +* * * * + +Pasado algún tiempo, el matrimonio rico heredó una considerable fortuna +que acreció la suya. Fue aquello como golpe de agua que, dejando acaso +estéril la llanura, engrosa el caudal de otra corriente: y en el hogar +del matrimonio pobre nació el séptimo hijo. + +Los afortunados no agradecieron lo que les sobraba, y los infelices casi +maldijeron lo que no habían pedido. + +* * * * + +Entonces resonaron de nuevo en las alturas las voces misteriosas: + +--¡Pedro! + +--¡Señor! + +--Mis órdenes se cumplen mal--dijo la voz de imponente e inefable +dulzura--a pesar de mis bondades suben de la Tierra lamentos de dolor +que mueven a piedad. + +--Los del planetilla revoltoso no hacen más que pedir. Nadie quiere +penar; todos creen merecer. Ninguno acepta su misión fatal e ineludible, +ni se resigna a cumplirla. Imaginan que la vida debe ser la felicidad, +cuando es sólo ocasión de conseguirla. + +--Es que yo no soy el Destino ciego, sino la Providencia bondadosa. +¡Felices! ¿Por qué no han de serlo? En verdad te digo que el hombre no +comprenderá nunca la majestad del dolor. De hoy más, a quien pida con fe +para obrar con caridad, désele todo. Hay que reorganizar este +negociado. + + + + +EL NIETO + + +El general don León Bravo de la Brecha y Pérez Esforzado, décimo cuarto +conde de la Algarada de Lucena, primer marqués de Durobando, noble hasta +la médula de los huesos, senador por derecho propio, modelo de +caballeros, carácter de acero y corazón de oro, feo de rostro y +hermosísimo de alma, era hombre que haciéndose querer inspiraba respeto, +mas en tal grado religioso, autoritario y linajudo, en una palabra, tan +montado a la antigua que parecía la viva encarnación de todos aquellos +ideales que cumplida su misión en la vida, van quedando honrosamente +almacenados en la historia por la inflexible mano del tiempo. + +A bueno nadie le ganaba, a severo le aventajaban pocos, y en punto a +reaccionario no había quien le igualase. Fue feliz durante casi toda su +vida, porque la Fortuna le halagó propicia, siendo para él en la +juventud novia cariñosa, en la edad viril mujer amante y luego sumisa +compañera; únicamente en la vejez, cuando creía tenerla más sujeta, +comenzó a mostrársele rebelde, como hembra cansada de ser fiel mucho +tiempo. + +El general veía con pena que cuanto amparó con su prestigio y cuanto +defendió con su espada se iba desmoronando. La fe se bastardeaba +convirtiéndose en devoción superficial y mundana; las clases sociales se +fundían derretidas por la fiebre del oro; el principio de autoridad +cedía en vez de resistir; todo lo que él consideró esclarecido y alto +tendía a oscurecerse y caer, todo lo vil y bajo a brillar y subir; lo +poco antes calificado de utopia era casi realidad, los sueños se hacían +tangibles y a las amenazas se respondía con reformas; lo que en su +mocedad se dominaba a tiros, ahora se arreglaba con fórmulas. + +Su mayor pena, su disgusto más hondo consistía en ver a su propio hijo +participar de las ideas nuevas y sentarse como diputado en los bancos de +una minoría liberal apoyando las que él llamaba soluciones avanzadas, y +al pobre viejo le parecían herejías contra lo más santo y ataques a lo +más respetable. + +Por mucho que cavilase, no se daba cuenta de cómo aquel hijo, educado +por padres escolapios, había salido volteriano hasta votar la tolerancia +religiosa e importarle un bledo que el Papa estuviese cautivo. Cuando le +oía afirmar que era monárquico y enseguida que la idea de Patria no es +consustancial con la monarquía, se le llevaban los demonios, y +finalmente a punto estuvo de desheredarle sabiendo que durante las +elecciones asistió a una reunión de distrito donde solicitó el voto de +lo descamisados. + +Mas como todo está compensado en la vida, la amargura ocasionada por +aquellas ideas del hijo tenía contrapeso y hasta recompensa en lo que +prometía el nieto. + +Siete años acababa de cumplir Pepito y por sus tendencias dominadoras, +por su carácter resuelto y su geniecillo voluntarioso indicaba que había +de parecerse, no a su padre, sino a su abuelo. El general experimentaba +impulsos de ternura, nunca sentidos, escuchando referir o presenciando y +oyendo rasgos y respuestas del chico, que no pasaban de meras +insolencias infantiles y que a él se le antojaban claros indicios de +ideas sanas, principios severos y voluntad enérgica. + +Pepito era indudablemente a sus ojos un caso notabilísimo de atavismo. + +Los procedimientos de fuerza le encantaban. En vez de pedir merienda la +cogía del aparador: espíritu de conquista, decía el general. Agradábale +sobre manera ir limpio, bien vestido y majo: gustos aristocráticos, +pensaba el buen señor. Una vez en la calle, viendo reñir a dos +muchachos, y caer debajo al más débil, se arrojó a su defensa: clara +muestra de comprender la misión de su nobleza. Finalmente, un día en una +tienda donde su madre regateaba unos juguetes, Pepito llamó ladrón al +comerciante: horror al mercantilismo imaginó el abuelo. + +Para que tan brillantes disposiciones y facultades no se debilitaran ni +maleasen en la viciosa confusión de un colegio ni al contacto de malas +compañías, el general, desconfiando del criterio y carácter de su +propio hijo, resolvió encargarse de la educación del chico: y no +pusieron los reyes de Francia más cuidado en buscar maestro a un Delfín +que puso él para admitir preceptor a su gusto. + +Tras muchas cavilaciones, previos respetables informes y seguro de sus +buenos antecedentes, recayó la elección en un capellán profundamente +religioso, de intachable moralidad y lo bastante conocedor del mundo +para dirigir los primeros pasos de un niño a quien su linaje y fortuna +tenían reservado puesto seguro y distinguido en el banquete de la vida. + +Quiero--le dijo el general--que sea hombre de bien, capaz de grandes +cosas, enemigo de las pequeñas... y aunque no ha de cantar misa, ni hace +falta que se coma los santos, muy religioso. Nada de beaterías: espíritu +religioso, temor de Dios y amor al prójimo. ¡Cristiano de verdad! ¡En +fin, que sea todo un hombre! + +El capellán--nadie le llamaba por su nombre en la casa--era lo que se +decía hace cincuenta años un buen maestro: tal vez algo duro; más amigo +de hacerse temer que estimar; antes partidario de enseñar lo que sabía +que de inspirar amor al estudio; con ideas fijas vaciadas en la antigua +turquesa donde se fundió la sociedad de nuestros abuelos; seguro de lo +que tenía por bueno; irreconciliable con lo que juzgaba malo; ilustrado, +pero intransigente; bueno, pero fanático. + +Pepito aprendió de sus labios algunas cosas que son verdades eternas; +otras que en su tiempo lo fueron, y muchas que no lo han sido nunca; mas +todas, al parecer, sujetas y enlazadas por maravilloso espíritu de +unidad. Adaptándose a la tierna imaginación propia de la edad del niño, +hízole considerar la ciencia como trabajo humano que pugna por acercarse +a lo divino; el arte como emanación y resplandor de lo bueno; la +historia como inmenso campo al través del cual marchan las razas +guiadas por Dios a su destino; y la vida como valle de amarguras en que +para las más acerbas lágrimas y los más intensos dolores hay consuelo +cuando, poniendo el pensamiento en lo alto, quieren ser caritativo el +poderoso, agradecido el miserable, sensible el fuerte, humilde el débil, +y todos esperanzados en la justicia del Señor. + +Poca era la edad del niño, mas tales la inteligencia y la claridad con +que se expresaba el capellán, que el discípulo prometía honrar al +maestro. Varias veces examinó el general a Pepito; en más de una ocasión +le hizo preguntas, al parecer inocentes, en realidad encaminadas a ver +el cauce por donde iban sus inclinaciones; y siempre quedó, aparte +pasión de abuelo, que es padre doble, maravillado del instinto con que +se asimilaba cuanto trascendiese a hombría de bien y sentimiento de +justicia. + +--¿Qué aguinaldo quieres, monín?,--le dijo pocos días antes de Navidad. + +--Un nacimiento--repuso el chico. + +Su abuelo fue con él a Santa Cruz, le dejó escoger cuanto quiso, pagó +contento, quedó el niño gozoso, y dos criados trajeron a casa el peñasco +lugar de la sagrada escena y la banasta llena de figuras de barro que +habían de representarla. + +Al día siguiente, gracias a la febril actividad del niño y mediante +algunos consejos del capellán para que pusiese cada personaje en su +sitio, quedó el nacimiento colocado sobre una gran mesa en el cuarto de +estudio. Nunca vieron ojos de muchacho cosa tan bonita. ¡Qué _propio_ +estaba! + +El peñasco, que tenía más de dos varas en cuadro, figuraba una serie de +cerros hechos con corcho y cartón piedra, dispuestos en caprichosos +declives con las cimas cubiertas de nieve y en la parte baja serpeados +por un arroyuelo de agua verdadera que venía a morir en un estanque con +surtidor, de hoja de lata. En un picacho estaba el depósito y para +ocultarlo veíase agrupado en torno del monte el caserío de cartón que +fingía ser la ciudad de Belén, sobre cuyos minaretes de cartulina +ondeaba la bandera española. Por unos vericuetos en que el vidrio molido +hacía papel de escarcha, venían en sendos camellos sus reales majestades +Gaspar, Melchor y Baltasar, seguidos de abigarrada servidumbre; al borde +del arroyo había un grupo de, lavanderas; en un altillo, junto a la +hoguera de talco en que se freían las migas, los pastores apacentaban +las ovejas de patitas de alambre, mientras los pavos de abermellonada +cabeza y peana verdosa destacaban sobre el musgo aterciopelado y húmedo. +De entre un macizo de follaje salía una pareja de guardia civil, cuyos +tricornios enfundados de blanco casi llegaban al campanario de una +torre, y en la fachada de un ventorrillo de cartón se leía la palabra +_vino_. El portal de Belén era grandiosa fábrica greco-romana de corcho +con sus columnas estriadas: dentro estaba el pesebre guarnecido de +verdadera paja y sobre ella el Niño Jesús enteramente desnudo y boca +arriba, a sus lados el buey y la mula esculpidos con rigidez hierática, +y delante, colocados en adoración, San José con traje amarillo, y la +Virgen con manto más brillante y rojo que un pimiento, ambas cabezas +coronadas por descomunales resplandores en que se habían derrochado +panes de oro. + +Pastores con pellicos de algodón en rama bailaban ante la Sagrada +Familia, en tanto que otros rendían al suelo la carga de sus ofrendas, y +del centro del frontón pendía la estrella de rabo, casi de tamaño +natural, tan cuajada de ángulos y facetas que era maravilla de los ojos. +Luego, por todas partes ciñéndolo y adornándolo todo, ramas de palmera, +de espino, de abeto, de tomillo, de tuya, de romero, grandes trozos de +musgo y un sinnúmero de velitas y candelas amarillas, rojas, blancas y +verdes, de cuyas llamas se desprendía un humo tenue y vaporoso, que +envolvía el conjunto en una neblina misteriosa y poética... + +Cuando el general vio el nacimiento, faltó poco para que cogiese un +rabel: si no lo hizo fue porque no quedara mal parado el principio de +autoridad. + +A la tarde siguiente, Pepito salió de paseo con su madre. Cuando volvían +oyó llorar en el patio a uno de los chicos del portero y preguntó la +causa. + +--Envidia, nada más que envidia... señora--dijo dirigiéndose a su ama el +criado adulador:--mis chicos han visto subir el nacimiento y se han +emberrenchinado en que les compre muñecos. + +La dama, sin hacer caso, subió lentamente la escalera y Pepito la siguió +en silencio, con la cabecita baja y las manitas a la espalda, sintiendo +cosas que no podía comprender, como un filósofo chiquitín. + +De pronto, al llegar al recibimiento, echó a correr hacia su cuarto, y +pocos momentos después bajó al portal por la escalera de servicio, +llevando una cesta cuyo contenido ocultaba cuidadosamente. + +A la noche, terminada la comida, el general quiso ver de nuevo el +nacimiento por gozar con la alegría del niño. + +La decepción fue horrible. El nacimiento estaba encendido; pero a pesar +de las luces, triste y despoblado. Parecía que los muñecos de barro +habían huido al sentirle llegar: faltaban más de la mitad. Los reyes +magos reducidos a dos; de la pareja de civiles, un número; la mula del +pesebre, ausente; los borregos, pastores y zagalas, en cuadro; el +caserío de Belén, medio derribado para arrancar algunas fincas, y ¡oh +cosa inverosímil! San José permanecía junto a su divino hijo, mas la +Virgen había desaparecido. + +--¡¡Pepito!! ¿Qué ha pasado aquí?--gritó enojado el abuelo. + +El niño se presentó cabizbajo, pero sin miedo; no muy contento, pero +sereno. + +--¿Qué es esto? ¿Has roto ya todo lo que falta? ¿Es ese el aprecio que +has hecho?... + +--No he roto nada--repuso Pepito.--Los chicos de abajo lloraban mucho +porque no tenían nacimiento... y les he dado la mitad. ¿No me están +diciendo a todas horas y en todas las lecciones que todos somos hijos de +Dios, y que Dios da a los ricos para que den a los pobres? Pues ya está +hecho... aunque no me compres más. + +El general cogió a su nieto, alzándolo hasta sí, le dio no un beso sino +un abrazo, como si fuese un hombre, y salió del cuarto juntamente +enternecido y pesaroso. + +--¿Qué tiene usted?--le preguntó su hijo al verle entrar en el despacho +con los ojos llorosos. + +--Tengo... tengo que tú me has salido liberal y, a pesar de los +pesares... tu chico me ha salido socialista. + + + + +DICHAS HUMANAS + + +A la parte de Oriente, por cima de las arboledas del Retiro, comienza a +despuntar el día, desvaneciéndose y borrándose el lucero del alba en una +faja de luz pálida y blanquecina, que se dilata y extiende poco a poco +en el espacio. + +Los faroles están apagados, los serenos se han ido, las buñoleras no han +llegado, las tahonas están cerradas, las tabernas no se han abierto, y +un norte glacial barre las aceras, arremolinando en los cruces de las +calles las hojas secas, el polvo y los papeles. Se oyen de cuando en +cuando los pasos rápidos de alguien que ha trasnochado por necesidad o +por vicio; suenan a lo lejos las campanas de maitines en la torrecilla +de un convento, y tras las vallas de un solar convertido en corral, +lanza un gallo su canto bravío y vigoroso, como si estuviera en el +campo. + +De entre las sombras que van desvaneciéndose surgen las líneas y la mole +de una casa magnífica, casi un palacio, con jardín a la iglesia, ancho +portalón y verja de remates dorados. Dos balcones del piso principal +están interiormente iluminados por un resplandor medio amarillento, +medio rojizo, formado por las llamas de la chimenea y la luz de una gran +lámpara con enorme pantalla de seda color de oro. Desde la calle no se +ven más que los huecos bañados en claridad misteriosa, los cristales de +una sola pieza y los visillos de muselina, en cuyos centros campean +cifras artísticas de letras entrelazadas. + +La habitación es suntuosa. Hay en ella muebles soberbios, telas +rarísimas, cuadros con firmas de maestros, retratos admirables, plantas +exóticas criadas en la atmósfera tibia del invernadero, jarrones, +japoneses decorados con cigüeñas de plata que vuelan en paisajes +fantásticos, alfombras en que los pies se hunden y arañas de vidrios +multicolores, donde centellean en temblor irisado los reflejos, de la +chimenea. La riqueza y el buen gusto parecen haber reunido allí todos +los primores del lujo moderno. + +Sentado junto a un veladorcito, donde aún se ven el servicio de té, todo +de plata, dos barajas francesas y un sortijero lleno de horquillas y +pulseras, hay un hombre joven, de arrogante figura, que está haciendo +números con un lápiz en una cuartilla de papel. + +* * * * + +* * * * + +Por la esquina que forman dos calles, desemboca un mocetón descalzo, +cubierto de harapos asquerosos. Lleva a la espalda un saco, y en la mano +un palo, que tiene en la punta un largo clavo retorcido, con el cual, de +cuando en cuando revuelve los montoncillos de basura que hay formados +ante las puertas junto a los bordes de la acera. Otras veces se pone de +rodillas, escarba con las manos y va metiendo en el talego restos, +desperdicios y sobras de mil cosas distintas. Al creciente claror del +día su figura comienza a dibujarse. Es joven, robusto, ágil, pero +repugnante por lo sucio y lo feo. Tiene las prendas con que se cubre, +destrozadas y llenas de remiendos, la gorra reluciente de mugre, las +manos guarnecidas por escamas de roña, los ojos legañosos y el bigote +quemado de apurar colillas; todo él es seboso y hediondo. Sus compañeros +le llaman Pachín el _Guarro_. + +Al llegar frente a la casa lujosa, se sienta en la acera y poco a poco +va sacando algo de lo que ha recogido aquella noche, para separar lo +que haya de vender de lo que quiera guardar. + +De pronto se oyen a lo lejos pasos de alguien que viene corriendo, +arrastrando en chancleta los zapatos, y por la esquina inmediata aparece +una chica de veinte años, feísima. Es cabezorra, llana de cogote y algo +bizca; tiene el pecho voluminoso y caído, como pasiega harta de criar, +el rostro rojizo, el cuello negruzco, y el trozo de carne, que pudiera +ser nariz, desformado y torcido, como si guardase recuerdo de un +tremendo puñetazo. Lleva puesta falda de percal que fue azul, por entre +cuyos jirones, jamás cosidos, deja ver un refajo amarillo en sus buenos +tiempos, toquilla de estambre rosa convertida en pañuelo de talle, y a +la cabeza otro pañuelo de seda verde, bajo el cual desbordan en mechones +compactos y casposos los rizos negros, vírgenes del peine. En la mano +derecha lleva también un saco y en la izquierda una cesta que tiene en +vez de asa un trozo de soga retorcida: allí trae una jícara sin asa, un +borlón de darse polvos de arroz, un ojo de vidrio caído de un animalucho +disecado, una rueda de butaca y la tapa de una caja de dulces adornada +con un ramito de azahar artificial. + +Aquella mujer es la _Mona_. Pachín el _Guarro_ casi parece junto a ella +un señorito. + +Al verla acercarse, dice él: + +--¿Qué traes, paloma? + +--_Na_: lana sucia, una jícara, tres latas chicas y dos peras pochas. + +--Guárdalas _pa_ madre. ¿Y papel? + +--Como un par de kilos. + +--¿Y tabaco? + +--Eso sí, toma. + +Y la _Mona_ sacó de la cesta el fondo de una escupidera de cristal rota, +con lo menos diez colillas de puro.. + +--¡Son habanas; éstas se lavan y _pa_ mí: _u_ sin lavarlas!--dijo +sonriendo Pachín. + +--Entonces _pa tí, pa_ mezclar. ¿Y tú, que has _pescao_? + +--Mira. + +El _Guarro_ vació entonces todo el contenido del talego, y sobre las +losas de la acera quedaron desparramados cien objetos imposibles de +definir. Allí había de todo, reducido a nada; piezas de hierro con +empleo desconocido, botones sin asa, escarpias sin punta, hebillas sin +pincho, una regadera abollada, media petaca, un muelle de reloj, puchos +recortes de trapo, dos carretes sin hilo y una zapatilla grande, vieja, +de raso azul bordada de oro y con tacón Luis xv. + +--¿Y la otra?--preguntó ella. + +--No ha _pareció_; pero ¡mira! + +El _Guarro_ sacó de la chaqueta con aire de triunfo, media cucharilla de +plata. + +--¿Qué valdrá eso? + +--Seis _u_ siete _ríales_. + +--Pues al café. + +Recogieron el fruto de su trabajo, dividiéronse en los sacos el peso, y +atravesando barrios enteros, después de matar el gusano en una taberna, +fueron a salir por rondas y afueras más allá del Cristo de las Injurias. + +El término de su viaje fue una esplanada de estercoleros, rodeada de +desmontes, donde se alzaban varias barracas hechas de tablas, puertas de +restos de derribos, mostradores viejos, esteras, persianas, grandes +trozos de hule, muestras de tiendas y toldos de carro, todo ello +recubierto, guarnecido y como blindado con latas de petróleo deshechas y +claveteadas, que la lluvia y el óxido habían jaspeado de manchas +rojizas, semejantes a una erupción de sangre seca. + +Entre las barracas corría un arroyo de aguas sucias que se desbordaban +al chocar con un perro muerto e hinchado, y en distintos sitios se veían +grandes montones de trapo, ferretería de desecho, rejas desbaratadas, +llantas de carros, pilas de ventanas sin vidrios y huesos de animales. + +La más asquerosa de aquellas viviendas era la del _Guarro_ y la _Mona_. + +Para entrar tuvieron que agacharse. En lo interior había muchas +estampitas de cajas de fósforos pegadas con pan mascado a un biombo que +hacía de pared, un hornillo de barro puesto sobre una banqueta de piano +que conservaba restos de damasco amarillo, y un cofre sin tapa lleno de +suelas de calzado que despedía un hedor insufrible. + +Había también un descomunal montón de recortes de paño, alfombras +viejas, orillos de lana y pieles de conejos. Aquella era la cama de +matrimonio y en ella se tumbó el _Guarro_, echando las piernas a lo alto +como quien se regodea con el descanso bien ganado. + +La _Mona_ se le quedó mirando embelesada, llenos los ojos de pasión +como una bestia enamorada. + +Cuánto más le miraba, entre brutalmente apasionada y sinceramente +pudorosa, más fea se ponía; pero a él debiole parecer hermosa y +codiciable como a Salomón la Reina de Saba, porque con voz melosa le +dijo: + +--¡Paloma! + +La _Mona_ quiso tenderse a sus pies sobre el montón de trapos para +velarle el sueño destripando colillas y haciéndole pitillos, pero él +volvió a llamarla como un animal a su hembra. + +--¡Paloma mía! + +* * * * + +* * * * + +En la chimenea de la casa lujosa sólo quedaban cenizas; la llama de la +lámpara palideció ofuscada por la luz del día, que comenzó a juguetear +con las cosas, arrancando reflejos al oro de los marcos, a los cristales +de los espejos, a los nácares de los mueblecillos maqueados y a los +flecos de seda. + +El caballero joven que había pasado la noche haciendo números, sumas y +restas, dejó caer la cabeza sobre el pecho, agobiado de cansancio y de +pena. Luego, levantándose, fue hacia la cama donde dormía la mujer +hermosa. Ella, al oírle acercarse, despertó tendiéndole los brazos. Su +admirable cuerpo se modeló como una estatua viva bajo la colcha de seda, +mientras él conservando en la mano el lápiz y el papel, dijo con +profunda amargura, sin sentirse atraído por el cariño y la belleza: + +--Estamos perdidos: ¡hay que quitar el coche! + + + + +EL MILAGRO + + +Damián y su mujer Casilda, él de cuarenta y cinco, y ella de algunos +menos, tenían en el barrio fama de ricos, y sobre todo de roñosos. No se +les podía tildar de avaros, pues en vivir bien, a su modo, gastaban con +largueza; pero la palabra prójimo era para ellos letra muerta. + +Delataban su holgura la bien rellena cesta que su criada Severiana les +traía de la compra, la costosa ropa que vestían, y algún viaje de +veraneo que, aun hecho en tren botijo, era mirado por los vecinos como +rasgo de insolente lujo. Además, con cualquier pretexto, disponían +comidas extraordinarias o se iban un día entero de campo con coche que +les llevara a los Viveros o El Pardo, y esperase hasta la puesta del +sol, trayéndoles bien repletos de voluminosas tortillas, perdices +estofadas, arroz con muchas cosas, magras de jamón y vino en abundancia. + +De estos despilfarros solo protestaba la vecindad con cierta disculpable +envidia: lo malo era que marido y mujer no comían ni se iban de campo +solos, como recién casados o amantes de poco tiempo, sino que siempre +les acompañaban dos hermanos, Luis y Genoveva, de los cuales el primero +cortejaba a Casilda, mientras la segunda bromeaba con Damián: si el tal +cortejo era platónico y las tales bromas inocentes, ellos lo sabrían; +pero un conocido que les vio merendando más allá de la Bombilla, decía +que _aquéllo_ era un escándalo, que cuando les sorprendió, Luis tenía a +Casilda cogida por la cintura, y que Genoveva retozaba con Damián. + +En cambio, había en la casa donde vivían, gentes, peor enteradas o menos +maliciosas, para quienes nada pecaminoso manchaba aquellas amistades, +las cuales explicaban diciendo que Luis y Genoveva eran dueños de una +cerería; que Casilda y Damián eran exageradamente devotos, tanto, que +gastaban mucho dinero en alumbrar los altares, y finalmente, que de esta +suerte, unos a fuerza de vender y otros de comprar cirios y velas, +llegaron a ser amigos íntimos. Replicaban los maldicientes que el gasto +no pasaba de ser un medio indirecto de favorecer a los dos hermanos, y +que no en cera insípida, sino en miel dulcísima, estaban fundadas +aquellas relaciones. + +Lo que nadie podía negar era la piedad, el fervor, la devoción de +Casilda y Damián. Antes faltaba en la iglesia el campanero que ellos a +oír una de las primeras misas, cuándo no la del alba; confesaban y +comulgaban todas las semanas; de cuando en cuando hacían ofrendas en +metálico para mayor boato del culto; vestían a los santos, y hasta +solían llevarse a su casa ropa de altar y sacristía, devolviéndola +limpia, planchada y rizada primorosamente. Pero fuera de luces para la +iglesia y obsequios a sus amigos, que no les hablasen de sacar dinero +del bolsisillo, como no fuese en provecho y regalo propio; jamás +prestaron un duro, ni dieron un perro chico; no conocían el favor, sino +por pedirlo, ni la limosna, sino por saber que otros la hacían. + +Quien hubiera podido retratarles de cuerpo entero era Severiana, la +criada, infeliz mujer obligada a servirles y aguantarles por la más +triste de las causas. + +¡Y pobre de ella como Damián y Casilda llegaran a enterarse! De fijo la +despedirían sin compasión ni remordimiento. + +¡Buenos eran, tratándose de ciertos pecados! + +En la casa donde antes estuvo Severiana fue seducida por el amo, que la +despidió brutalmente huyendo luego de Madrid, en cuanto supo las +consecuencias de su pasajero capricho. La pobre muchacha tuvo una niña, +y en vez de llevarla a la Inclusa, como algunas conocidas le +aconsejaron, se la confió a una parienta que la cuidase, ofreciendo en +cambio matarse a trabajar para pagar las mesadas. Desde entonces, como +lo que Severiana más temía era quedarse desacomodada, no había +impertinencia que no sufriese ni fatiga que no soportara. Era una criada +modelo, sumisa, respetuosa, incansable y callada. Lo hacía todo; primero +los menesteres vulgares de la casa, teniendo las vasijas de la espetera +como si fueran de oro, y los muebles como si fuesen nuevos; luego ayudar +a Casilda en la costura; lavar y planchar lo que traía cada semana de +la iglesia; y por último, para captarse sus simpatías y las de su +marido, se encargó del _niño_. + +Así, familiarmente, ni más ni menos que si fuese pariente suyo, llamaban +marido y mujer a un niño Jesús que tenían en el gabinete, colocado sobre +una antigua mesa de hierros y patas torneadas, con un monumental florero +de trapo a cada lado, y una lamparilla delante. Era de tamaño natural, +huérfano en absoluto de valor artístico, pero les parecía notabilísimo, +y sobre todo, _muy propio_: el marido aseguraba que era talla de Alonso +Cano; la mujer se lo atribuía a Juan Sebastián El Cano, y ambos creían +recordar que un inglés pretendió comprárselo a peso de oro a la tía de +quien lo heredaron. + +Representaba cuatro o cinco años, estaba en pie, sin más traje que una +camisilla muy almidonada, tenía tras la cabeza un sol de metal blanco, +la mano derecha extendida con el índice y el dedo de corazón muy +tiesos, como bendiciendo a las gentes, y en la izquierda sostenía un +globo azul salpicado de estrellas: el pelo rubio, muy ensortijado, los +ojos intensamente azules, sin vida ni expresión, semejaban enormes +cuentas de vidrio, las pestañas recias y mal puestas, como cerdas, la +boca una mancha abermellonada, y las carnes tan sonrosadas, tirando a +rojizas, que parecían de muñeco para estudio anatómico; toda la figura, +en fin, exenta de la divina gracia y dulce poesía que debiera tener. + +Severiana, que recordaba haber visto en su lugarejo uno por el estilo, +le cuidaba y atendía cual si fuera de carne y hueso: su espíritu +inculto, pero delicado, establecía una relación misteriosa entre aquel +Jesús y su niña. Eran poco más o menos de igual altura: él, a pesar de +las malas pinturas, y ella, a pesar del descuido y desaliño que la +afeaban, sonreían con dulzura inefable: el Hijo de Dios calumniado por +un artista ramplón y la criatura abandonada por un padre infame, +despertaban en el entendimiento de la pobre criada sensaciones análogas +y dulcísimas: cuando abrazaba a la niña se le venía Jesús ante los ojos, +y al rezar a los pies de la escultura su imaginación volaba hacia el +fruto de sus entrañas, creyendo ver purificada por mediación de la +sagrada imagen la falta cometida. + +La verdadera creyente, la devota sincera de aquella casa era Severiana: +sus amos pagaban el aceite, pero ella encendía la lamparilla, cuidando +de que ardiera constantemente, levantándose a veces durante la noche +para orar de rodillas, mientras cerrando los ojos creía ver el miserable +cuartucho donde dormía su hija. + +* * * * + +* * * * + +* * * * + +Al acercarse Nochebuena, Casilda y Damián dispusieron en obsequio de +Luis y Genoveva, una cena opípara. + +Sopa de almendra, besugo, pavo, ensalada de lombarda cocida, infinidad +de golosinas, para el centro de la mesa un castillete de guirlache, y +para que fuese todo bien regado, Valdepeñas y Champaña de a doce reales +botella. La cocina parecía un puesto de la Plaza Mayor y el comedor una +tienda de ultramarinos. ¡Cómo se iban a poner el cuerpo! ¡Y qué tristeza +tan honda sentía la pobre Severiana! Haría la cena, la serviría, +fregaría... y luego tendría que acostarse sin dar un beso a su hija. + +Poco después de anochecer comenzó a cavilar... las cosas se le caían de +las manos... no estaba su voluntad en lo que hacía... De pronto se +dibujó en sus labios una sonrisa y los ojos le brillaron entre alegre y +maliciosamente.... Los amos habían ido al teatro con sus convidados, +para hacer tiempo... Aún tardarían bastante. Además, luego se irían a la +misa del Gallo, y al volver se acostarían enseguida... + +Cogió un mantón y el picaporte, echó escaleras abajo, se metió en un +tranvía y antes de una hora volvió trayendo en brazos a la niña +dormidita y con una pelota entre las manos: la acostó en su cama y la +durmió con un cantar. No quería más que tenerla a su lado las últimas +horas de la noche, darle algo del postre que sobrase y dormir con ella. + +¡Aquélla sí que sería Nochebuena! La pobrecita no lloraba nunca y era +difícil que la descubriese. Además, no habían de ir a registrarle el +cuarto. Ya sabía ella lo que pasaba cuando disponían semejantes +francachelas: primero, cuarteto de comentarios sobre si tal o cual +hermano tenía o no manos puercas en la administración de la cofradía; y +luego, cuando iba decayendo la charla, formación y aislamiento de dúos: +Casilda y el cerero se quedaban en el gabinete, discutiendo la +elocuencia de un predicador, mientras Damián y la cerera se iban al +cuarto de la plancha. Lo peor sería que rompiese a llorar la niña... +Pero en último caso... ¿qué podía suceder? ¿Qué se supiera todo? Pues no +le faltarían casas... + +Cuando sus amos volvieron, la oyeron cantar desde la escalera: + + _¿Quién sería la madre + que parió a Judas? + ¡Qué hijos tan indinos + paren algunas!_ + +* * * * + +Estuvieron un rato bromeando en el gabinete, mientras se hacían los +últimos preparativos, y luego pasaron al comedor, que era la pieza +inmediata, sin más separación que una puerta. + +Casilda cenó junto a Luis, y Damián al lado de Genoveva. + +El buen humor, empujado por el vino, comenzaba a hacer de las suyas: las +dos mujeres, menos acostumbradas a la bebida, decían mil atrevidos +disparates; Damián y Luis hablaban como en el café, contando cuentos +verdes; por último, Casilda, algo alegrilla y deseosa de desplegar lujo, +encendió todas las bujías de dos candelabros que adornaban la chimenea. +Celebrose la ocurrencia con grandes risas, Damián quiso apagar una vela +de un taponazo de Champaña, falló el tiro, y armose descomunal gritería; +eran cuatro personas y alborotaban como doce. + +Severiana casi no les oía, porque la cocina estaba lejos; pero la +pequeñuela, a quien despertaron los gritos y la novedad del no +acostumbrado lecho, se tiró de la cama, atravesó a gatas un pasillo, +entró en el gabinete donde estaba el Niño Jesús, débilmente alumbrado +por la lamparilla, contemplole un instante como si fuese un muñeco, y +luego, atraída por la claridad a que dejaban paso las rendijas y +junturas, empujó suavemente la puerta del comedor, y destacando sobre el +fondo oscuro del gabinete, apareció iluminada por el intenso resplandor +de las luces que alumbraban la cena. + +Era rubia, de ojos azules, ensortijado el pelo; estaba en camisita y +traía en la mano la pelota. + +Luis, Genoveva y Damián, cayeron de bruces sobre la mesa... Casilda, +loca de espanto, se tiró al suelo de rodillas, cubriéndose el rostro con +las manos y gritando: + +--¡Perdón, Señor! + +La niña retrocedió asustada, tiró al huir la lamparilla derramando el +aceite, y se metió en la cama muertecita de miedo. + +A la mañana, casi de madrugada, Severiana salió de casa con su hija sin +que nadie la viese; y era muy entrado el día, cuando Casilda mostrando +a Damián la mancha que el aceite dejó en la alfombra, le decía nerviosa +de terror: + +--¡Mira... no cabe duda! + +* * * * + +Apenas se les pasó el miedo, regalaron la escultura a unos amigos que +tenían oratorio; hubo función con órgano, gastose mucha cera y quedaron +tranquilos. + + + + +ELVIRA-NICOLASA + + +Acabábamos de cenar Elvira y yo en un gabinetito de una fonda donde le +gustaba que la llevase a tomar mariscos y vino blanco. Disputando por +celos, en el calor de las recriminaciones, dejé escapar una frase +ofensiva: debí de decirle algo muy duro, sin duda una verdad muy grande, +porque entonces, avivada su locuacidad con la injuria y suelta su lengua +con el estímulo de la bebida, se recostó en el diván con provocativa +indolencia y, poniéndose muy seria, repuso: + +--Sí, ¿eh? ¿Tan mala crees que soy? Pues aquí donde me ves, tan coqueta, +tan amiga de haceros rabiar, porque todos sois iguales, y no merece más +ni menos uno que otro, tan orgullosa de haber arruinado a unos y puesto +en ridículo a otros, yo, aunque no lo creas, tengo en mi vida un rasgo +bueno, y tendría muchos si no hubiese sido en mi niñez tan desgraciada. + +Me creí amenazado de la eterna historia de una seducción vulgar; pero, +prefiriendo oírla a verla emborracharse, me dispuse a escuchar, y ella +siguió de este modo: + +--Voy a contártelo. En primer lugar, yo no me llamo Elvira: mi verdadero +nombre es Nicolasa. Soy de un pueblo de cerca de Madrid. A los dieciocho +años me escapé de mi casa, imaginando que peor de lo que allí estaba no +había de pasarlo en ninguna parte, segura de que, por mala suerte que +tuviese, con nada sufriría tanto como aguantando las impertinencias de +mi hermanastra, a quien servía de niñera, siendo víctima de la grosería +de mi padrastro y del mal genio de mi madre. Mientras ésta permaneció +viuda de mi padre, su primer marido, llevé con paciencia su desigualdad +de carácter y las consecuencias de su codicia; pero, a partir de la +segunda boda, la vida se me hizo insoportable, porque además de hija sin +cariño, a lo cual ya estaba acostumbrada, comencé a ser criada sin +salario, lo cual me parecía el colmo de la maldad. El tío _Pelusa_, así +llamaban a mi padrastro, era tan irascible y avariento como la que le +había tomado por esposo. + +Sin embargo, aún pasé algunos años resignada siendo medio bestia de +carga, medio puerca-cenicienta, hasta que al llegar Inesilla, mi +hermanastra, a la edad de las travesuras desplegó tanta perversidad para +conmigo, que comencé a pensar en el porvenir que me esperaba. + +Yo me levantaba en la casa antes que nadie, me recogía la última, +interrumpía el mejor sueño para dar de beber a las caballerías, pasaba +todo el día jabonando ropas, midiendo semillas y trasladando fardos; en +fin, me rendía a fuerza de trabajar, y todo sin una queja. Para lo que +me faltó resignación fue para soportar las burlas de mal género, los +impulsos de soberbia, y hasta los rasgos de perfidia que aquella mocosa +discurría sólo con propósito de mortificarme. ¡Que mala era! Sus +picardías no eran trastadas de chica, sino verdaderas crueldades: el pan +qué yo guardaba por si tenía hambre entre horas, me lo quitaba y se lo +echaba a los cerdos; a hurtadillas, cargaba el puchero de sal para que +luego me regañasen; lo menos que hacía era decirme palabras feas, todo +el repertorio que oía a los carreteros, y escupirme a la cara, sin que +los _Pelusos_, ni la mujer ni el marido, pusieran correctivo a sus +infamias. + +Por fin, me harté. Un día me mandaron a la fuente con la chica, que ya +tenía nueve años. La condenada fingió ir de buena gana, y a mitad de +camino, escabullándose en los portales de la plaza, se metió a jugar en +el corral de unas amiguitas. Allí se estuvo tres horas largas, mientras +me volvía loca buscándola. Excuso decirte lo que pasaría luego cuando, +al caer la tarde, volvimos a casa cada una por su lado. Creí que me +mataban. Mi padrastro me ató a un pié derecho de los que sostenían el +emparrado del patio, y estuvo hasta que se cansó dándome de varazos. +Cuando me soltó me fui al camaranchón que me servía de cuarto, no quise +cenar, y me tumbé en la cama sin desnudarme. De repente oigo ruido, miro +hacia arriba, y veo a Inesilla, asomada por el montante de la puerta, +mirándome burlonamente, riéndose y restregándose los puños en ademán de +hacerme rabiar. + +--¿Por qué has hecho eso?--le pregunté. + +Y con la cara muy alegre repuso: + +--Porque me da mucho gusto cuando te pegan. + +Desde aquel instante no pensé más que en marcharme de la casa. + +Al referir esto, Elvira tenía los ojos nublados por lágrimas de ira. Yo +no me atreví a interrumpir su relato, y ella siguió: + +--Si, chico, de aquella noche datan todas las barbaridades que he hecho +en mi vida... y las que me quedan. Hice un lío con la poca ropa que +tenía; saqué hasta treinta reales, que eran todos mis ahorros, del +escondrijo donde los ocultaba, antes del amanecer tomé a campo traviesa +el camino de Madrid, y aquí entré por la carretera de Extremadura y la +calle de Segovia. Han pasado siete años, y me acuerdo como si hubiese +sido esta mañana. + +--¿Y dónde fuiste? + +--A casa de mi tío Manuel. Es decir, no era tío ni casi pariente. Era +sobrino segundo de mi padrastro, y yo le miraba con cierta simpatía +porque las pocas veces que fue al pueblo me demostró cierta inclinación. +Un día evitó que me diesen una paliza; otro día, comiendo, porque mi +padrastro no me quería dar carne, él me dio la que le habían servido; y, +además, otra vez que estuvo allí pocas horas, sin que lo supieran en mi +casa, fue a la fuente y me regaló dos pañuelos de colores y un +alfiletero de alambre plateado. + +--Vamos, que le gustabas. + +--Ahora lo verás. + +--Vivía en la calle de los Mancebos, en un caserón antiguo, y sólo con +una criada vieja: allá me fui, le conté lo que había pasado y le rogué +que me ayudase a buscar casa donde servir, a lo cual repuso que haría +lo que pudiese, y que pues no tenía yo dineros para ir a la posada, me +quedara allí unos días hasta encontrar colocación. + +--¿De qué edad era ese hombre? ¿Cuántos años tenías tú entonces? + +--Manuel, cuarenta; y yo, antes te lo he dicho, dieciocho cumplidos. + +--Pues no me digas más. + +--No te has equivocado. A los dos días de estar allí, comprendí que me +había metido en la boca del lobo. Pero ¿quieres decirme qué defensa +tenía? ¿Qué hacer ni dónde ir? Yo, como chica de pueblo... y las de +todas partes, sabía cuanto hay que saber: desde los primeros momentos +conocí el peligro: lo que no veía era el modo de evitarlo. + +--¿Y qué pasó? + +--Figúrate. Ya sabes que soy aficionada a leer, que devoro novelas, que +he leído hasta _Don Quijote de la Mancha_: mira, allí hay una a quien +le sucediolo que a mí. ¿Te acuerdas cuando, hablando de sus amores con +don Fernando, dice Dorotea, poco más o menos: «con volverse a salir del +aposento mi doncella, yo dejé de serlo y él acabó de ser traidor y +fementido?» ¿Te acuerdas de ésto? Pues igualito: Manolo con un pretexto, +alejó de casa a la vieja... + +--Sí; el fue traidor y fementido, y tú dejaste de ser lo otro. + +--Claro está que aquello fue una picardía, pero luego se encariñó mucho +conmigo. Yo entonces no era tan perra como ahora. Tengo la seguridad de +que si aquel hombre no se muere, se casa conmigo. + +--¿Se murió? + +--A los dos años. + +Elvira suspendió un instante su relato, hizo un esfuerzo para no llorar, +como avergonzada de mostrar ternura, y continuó: + +--Suprimo detalles: morir Manuel y echarme sus hermanos de la casa, todo +fue uno. Entonces comenzó esta vida arrastrada que llevo, y eso que soy +de las que tienen más suerte. + +Ponerme a oficio, y presentárseme la ocasión de dejarlo, fue obra de +seis meses. Por supuesto, que para encontrar trabajo pasé las de Caín; y +en cuanto quise echarme a rodar, sobró gente que me empujara. De ésto ya +estás enterado, y además conoces a casi todos los que han tenido algo +que ver conmigo. + +Lo que no sabes tú, ni nadie, es que a los tres o cuatro años de +perderme, cuando ya tenía casa puesta, muebles míos, trajes lujosos, +alhajas buenas, coche algunos meses y dos criadas que me sirvieran, +(todavía lo que más me sorprende es verme servida), precisamente +entonces, teniendo todo ésto, con lo cual no soñé jamás, chico, aunque +te parezca mentira... + +--Acaba, mujer. + +--Pues me entró una tristeza espantosa. ¿Y qué dirás que se me metió en +la cabeza? + +--¿Casarte? + +--No, hombre: para eso tengo aún poco dinero. Se me metió en la cabeza +la idea de volver al pueblo. + +--¿Arrepentida? + +--Mira, no lo sé: unas veces creía que no; otras me parecía que sí. En +realidad lo que yo experimentaba es dificilísimo de explicar. Era una +melancolía sin nombre, un deseo impregnado de tristeza... + +--Sería que se te pegase el sentimentalismo cursi de alguna novela... Si +ahora mismo estás hadando como una dama de folletín. + +--No te burles de aquéllo: puede que sea el mejor impulso que he sentido +en mi vida; y déjame acabar. Como si se me hubiese olvidado todo lo que +había sufrido hasta los dieciocho años, como si en mi casa me hubieran +mimado, prescindiendo de tanto recuerdo amargo y de algunas cicatrices +que tengo repartidas por el cuerpo, quise volver al pueblo, ver los +lugares donde había crecido, los rincones donde me escondía para llorar, +la cueva donde me encerraban, el camaranchón que llamaban mi cuarto, la +cuadra, las mulas, la fuente, todo aquello, en una palabra, que debía +serme odioso: en fin, comprendo que era una chifladura ridícula, pero +hasta quise ver a mi madre, y a mi padrastro, y a la bribona de la niña. +¿Qué pasó por mí? como dicen en las comedias, no lo sé: pero cuando +pensaba en ello decía mentalmente _mi familia_. El mal genio de madre me +parecía disculpable por los trabajos y penalidades que ocasiona una casa +de labor, la brutalidad de mi padrastro se hizo menos aborrecible a mis +ojos recordando que no era mi verdadero padre, y en cuanto a las +crueldades de mi hermanastra... como si no hubiesen existido. Es decir, +las recordaba, pero sin guardarle rencor. Repito que nunca me he dado +cuenta exacta de aquella situación de espíritu: fue algo parecido a esa +tristeza que les da a los gallegos cuando pasan mucho tiempo fuera de su +tierra; pero mezclada, aunque yo no deba decirlo, con cierta bondad de +alma que me impulsaba a disculpar y perdonar todo el mal recibido. En +fin, que me planté en el pueblo. + +--¿Pero no sabían allí cómo vives y de qué vives? ¿No pensaste que +podían avergonzarte y...? + +--Claro que lo sabían todo: ¡si rara vez viene alguno del pueblo que no +se presente en mi casa a pedirme algo! Donde me ves, he hecho a mi lugar +más favores que un diputado; casi me dan ganas de llamarle mi distrito. +En cuanto a que me recibiesen mal, no había miedo. Yendo a mendigar, +tal vez; con las manos llenas de paquetes, chucherías y regalos... +¡quiá! + +--¿Y tuvieron la poca?... + +--Fui sencillamente vestida, con un traje de lanilla gris sin adornos; +pero como soy tan aturdida, se me olvidó quitarme de las orejas estos +solitarios; llevé un saquillo de mano con guarniciones de plata, +paraguas con puño de oro; en fin, no había más que verme para comprender +que no les iba a pedir nada. En la estación del ferrocarril no me +conoció nadie: al atravesar la plaza, oí tres o cuatro voces que dijeron +con asombro: «¡Nicolasa! ¡Nicolasa!» y luego observé que a larga +distancia me fueron siguiendo dos muchachas de mi tiempo, una con un +chico en brazos... y, mira, aquélla me dio envidia. + +--Si te daría. + +--Llegué a mi casa. Imagina la sorpresa. Pasado el primer instante de +estupor, mi madre me cubrió de besos, mi padrastro lloró de ternura, +Inesilla me cogió el saco de mano y comenzó a darle vueltas. + +--¡Ave María Purísima! + +--La chica era guapa, una real moza, fresca, garbosa, con cada ojazo, y +¡un pelo más hermoso! Lo que se llama una gran mujer. La fisonomía dura, +el gesto serio, la sonrisa desdeñosa; pero en conjunto un prodigio de +lozanía y de... en fin, lo que es una flor antes de que nadie la +manosee. + +--¿Y qué pasó? + +--Pues nada, que saqué los regalos: dos cortes de vestido para ellas, +dos piezas de lienzo blanco para mi madre, unos pendientes de coral para +la chica, una petaca y una cadena de plata para él, todo lo que +llevaba... Me dieron el mejor cuarto de la casa, no me preguntaron +palabra de cómo ni de qué vivía y me trataron lo mejor que pudieron. + +--¿Y fue gente del pueblo a verte? ¿Y qué les decían? + +--¡Ya lo creo! Mi padrastro les dijo que estaba de aya de una señorita +en casa de un título. Total, que pasé allí tres días magníficos, +completamente feliz, sin tener que aguantar a los que aquí no me dejáis +en paz, con una alcoba ¡para mí sola!, y al volverme les di a los papas +seis mil reales para un par de mulas. + +--Pues, chica, hasta ahora no veo el rasgo hermoso de que hablabas. + +--Eso fue en el momento mismo de separarme de ellos. No quise que me +acompañasen a la estación. Estábamos en el zaguán: mí padrastro mirando +por centésima vez la petaca de plata, mi madre llorando, Inesilla +atándome un manojo de flores campestres, yo con los ojos preñados de +lágrimas, cuando de pronto mi padrastro me cogió por la mano y, +guiándome hasta el fondo del comedor, cerró tras sí la puerta, dejando +entrar a madre; Inesilla se quedó fuera. Pensé para mis adentros que +querían otro par de mulas. + +--¿Y qué era? + +--¡Lo increíble! No ignorando, como no ignoraba ninguno de ellos, cuál +es mi vida, mi padrastro, en presencia de mi madre, con su aprobación y +moviendo la cabeza hacia donde estaba Inesilla, me dijo: «Anda, +Nicolasa, ya que tú has hecho suerte, ¿por qué no te llevas a la chica?» + +--¡Qué atrocidad! + +--¡Figúrate! ¡Yo que había ido al pueblo a tomar un baño de honradez! +Mira, hubo un momento en que dudé. Aquella falta de sentido moral, aquel +rebajamiento, me trajeron de un solo golpe a la memoria toda la amargura +de mi niñez, todos mis sufrimientos. No creas que es exageración: se me +renovaron de repente el dolor y la vergüenza de todos los golpes que +había recibido en aquella casa; me acordé del último día que pasé allí; +creí verme tumbada en el jergón, mientras Inesilla se gozaba en mi daño; +su voz cruel y burlona pareció resonar en mis oídos, y claro está, con +los recuerdos volvió el rencor y con el rencor el deseo de venganza. ¡Y +qué venganza la que se me venía a las manos! Traerme a Madrid la +chica... ¡Figúrate! + +--¿Y qué hiciste? + +--Sin duda me inspiró Dios. Les miré de un modo que no debieron de +comprender, y saliendo al zaguán les dije: «Quiero creer que no saben +ustedes lo que piden.» En seguida, limpia de odio, besé a Inesilla y me +volví a Madrid sin rencor... y sin ilusiones. + +--¡Lo creo! + +--Eso hizo esta Elvira que tienes delante, eso me pasó, y, sin embargo, +te lo juro por la salud de mi alma, seré una imbécil, pero algunos días, +cuando tengo más dinero, cuando creo que estoy más alegre, de repente +se me olvida que estoy haciendo de Elvira... y me pongo Nicolasa. + + + + +SACRAMENTO + + +Justa y Engracia eran hijas de una familia honrada, linajuda y rica, +ambas casadas; Justa con un propietario que vivía de sus cuantiosas +rentas, sin más trabajo que cuidar de aumentarlas, y de quien no tuvo +hijos; Engracia con un bolsista de intachable reputación, pero tan +confiado en su estrella que aventuraba en jugadas peligrosas más de lo +que permite la prudencia. De este matrimonio nacieron dos niñas: María +de la Soledad y María del Sacramento. + +A poco de cumplir veintidós años la primera y uno más la segunda, su +padre quedó alcanzado en una liquidación de fin de mes, y no pudiendo +cumplir los compromisos contraídos, se suicidó de un pistoletazo. +Engracia murió de pena algunos meses después; y Justa, mediante la +cariñosa conformidad de Luis, su marido, se hizo cargo de las dos +sobrinas huérfanas; doblemente impulsada, primero por cierta natural +bondad, no incompatible con su dureza de carácter, y luego por el firme +convencimiento de que las dos muchachas no podían decorosamente vivir +solas. + +Para Justa y Luis el decoro era la mitad de la vida: estaban persuadidos +de que el error y el pecado son inherentes a la naturaleza humana, y de +que la disculpa y el perdón forman la gloria principal con que el bueno +se aventaja al malo; pero con el escándalo no transigían nunca. La +opinión del prójimo, si no valía, importaba a sus ojos tanto como la +misma virtud: temían más al comentario y la maledicencia que a la falta, +siendo partidarios acérrimos del refrán que dice: «Pecado ignorado medio +perdonado». Con tales ideas no habían de permitir que sus sobrinas +viviesen solas. + +Soledad y Sacramento no parecían hermanas. Eran sus cualidades morales +tan diferentes y sus tipos tan opuestos, que quien ignorase la honradez +de su madre pudiera suponerlas engendradas por dos amores distintos. + +Soledad era alta, gallarda, de tez trigueña, con pelo y ojos negros, +boca de labios gruesecillos, tan rojos que parecían una flor de sangre; +el seno levantado y firme, el talle esbelto, el andar airoso, las +actitudes y posturas animadas por un encanto singular que se desprendía +de su figura como un efluvio turbador y escitante: y en rara +contradicción con este aspecto provocativo, era fría, indolente, +predispuesta a la mansedumbre y la bondad, capaz hasta de ternura, pero +refractaria al apasionamiento y la vehemencia, como si tuviese +adormilados los sentidos y en su alma tranquila solo pudieran hallar eco +los sentimientos dulces y apacibles. + +Sacramento no era hermosa, sino bonita: pequeña, delgada, extremadamente +blanca, los ojos de un azul muy claro, los labios finísimos, tan pobres +de color que parecían exangües: los brazos débiles, el talle largo, el +pecho apenas pronunciado, todo el cuerpo menudo y grácil, como de +adolescente que no ha llegado a su completo desarrollo. De lo que podía +envanecerse era del pelo, tan rubio, fino y abundante, tanto y tan +largo, que sentada para peinarse le llegaba al suelo, envolviéndola en +un manto de oro. Era una mujercita delicada, de complexión casi +enfermiza, sin rasgos enérgicos de belleza con que atraer y dominar: su +rostro carecía de expresión y su cuerpo de gentileza: sus posturas eran +lánguidas, como si todo su organismo estuviera sometido a la +impasibilidad de un temperamento ingénitamente casto, reflejo de un alma +privada de inspirar pasiones e incapaz de sentirlas. + +Mas en abierta oposición con tales apariencias la frialdad era mentira y +la languidez artificio. Cuando pretendía agradar, cuando ponía empeño en +seducir, aquellos ojos claros, parados, se animaban súbitamente, +trocándose de inocentes en maliciosos, y aquellos labios blanquecinos +que ligeramente se mordiscaba con un movimiento imperceptible, tomaban +color de cereza soleada: entonces sonreía de un modo delicioso; la falsa +indiferencia, el abandono fingido, se convertían en laxitud estudiada +que parecía pedir mimos o prometer caricias, y la mujercita +insignificante, el ser débil, quedaban transformados en sirena de +ocultos y peligrosos encantos. + +Por capricho estraño de la suerte la morena era sosa y la rubia picante: +Soledad como noche serena y fresca que adormece: Sacramento como tarde +calurosa y pesada que hostiga con visiones abrasadoras los sentidos: una +hermana dócil, humilde, apocada, propensa a cuanto fuese delicadeza y +ternura; otra dominadora, altiva, exigente, pronta a todo arranque +voluntarioso y enérgico: Soledad de aquellas para quienes amar es +conceder, prendarse y ser vencidas: Sacramento de las que, regateando +sensibilidad, prefieren ser conquistadoras a elegidas. + +Justa y Luis imaginaron que las casarían pronto: a una, por su belleza y +su bondad; a otra, por su travesura e ingenio, y a las dos, porque no +teniendo ellos hijos, con el tiempo serían ricas. + +Soledad, a pesar de verse tan solicitada, se mostró desdeñosa y esquiva; +porque pedía mentalmente a sus adoradores algo íntimo y hondo que no +sabían darle: les exigía menos culto y más fe. + +Sacramento encontró marido a los pocos meses de cesar el aislamiento y +retiro impuesto por el luto de sus padres. + +En las recepciones de una embajada, conoció al barón de D'Avenda, +diplomático extranjero que le doblaba la edad, hombre de corto +entendimiento, cuerpo gastado y carácter débil, circunstancias que ella +imaginó compensadas con su título, su riqueza, y sobre todo, por lo +fácil que le pareció dominarle. Tal vez no llegase a calcular +perversamente, desde los primeros momentos, que la excesiva bondad del +noble extranjero pudiera ser en lo futuro amplia bandera que cubriese la +torpe mercancía de sus culpas; pero apenas comenzó a verse galanteada +por él, comprendió que la pasión que le inspiró, tanto más avasalladora +cuanto más tardía, se lo entregaba esclavizado. + +Para lograr que la distinguiera y prefiriese, le bastaron unos cuantos +diálogos, y enseguida, dueña de sí misma, en frío, sin experimentar la +emoción más leve, aseguró su conquista desplegando alternativamente +candidez, picardía, recogimiento y desenfado. Para atraerle se hizo +discreta; para retenerle, dulce; para seducirle, codiciable; para +enloquecerle, sensual; le alentó con esperanzas, le exasperó con +desdenes, le irritó con coqueterías, le animó con favores, y luego, de +repente, sin transición; le puso a raya, resistiendo arrepentida y +esquiva lo que acababa de conocer enamorada y vehemente. Sabía +prometerse con los ojos al mismo tiempo que se negaba con los labios, y +en una sola conversación fingía desfallecer cien veces como apasionada +que cede, y rescatarse otras tantas como virtud arisca, que hostigada se +exalta, pasando traidoramente de la turbación al impudor, y de la +licencia al recato, cual si su pensamiento y hasta su cuerpo le +inspirasen confundidos los desbordamientos de amor mal contenido que lo +autorizan todo y las respuestas de fría honestidad que no consienten +nada. Su táctica fue un prodigio de esa liviandad mansa que desconcierta +la razón y espolea los sentidos: labor de afiligranada perfidia, al +término de la cual, sin que mediara un beso ni se oprimieran una mano, +quedaron el decoro de la mujer vendido y la dignidad del hombre +escarnecida. Por fin cuando le tuvo medio alocado, medio entontecido, +fingió rendirse y consintió en ser su esposa. + +Sacramento se casó primorosamente vestida de blanco, adornado el traje +de azahar, en actitud humilde, el pecho anheloso, las miradas entre +pudorosas e inquietas, la tez descolorida cual si palideciese ante la +inevitable proximidad de las caricias... y allá en el fondo del alma la +imaginación alegre y licenciosa como ramera triunfante. + +Hubo fiesta, convite, amigos, parientes, enhorabuenas, besos y abrazos, +hasta lágrimas, y al caer la tarde, la recién casada se mudó de vestido +para emprender el inexcusable viaje de novios. Pocas horas después, +Luis, Justa y Soledad agitaban los pañuelos en el andén de la estación, +mientras la pareja feliz les saludaba con los suyos asomada a la +ventanilla del _sleeping_, lecho con ruedas, tálamo ambulante, símbolo +acaso sobrado casto para quien tal idea tenía del amor. + +* * * * + +La sensación de vanidad satisfecha que experimentaron los tíos con +aquella boda, quedó pronto amargada por el disgusto que les dio Soledad. +Un día supieron que tenía novio. La insensible, la desdeñosa, la fría, +como ellos la llamaban, estaba vencida. El autor del milagro, porque de +tal, a su juicio, podía calificarse, era un hombre de más de treinta +años, arrogante figura, finísimo, muy listo y en extremo simpático, +para quien ignorase que tan halagüeñas y brillantes apariencias, +escondían una inteligencia dañina casi por instinto y un corazón que se +asimilaba el mal, como cuerpo poroso que absorbe la humedad. Había en él +algo de personaje melodramático artificiosamente concebido, cual si al +crearle hubiera querido la Naturaleza condensar en un tipo la +perversidad que de ordinario derrama en muchos individuos. Era de los +hombres que pierden irremediablemente a la infeliz en quien se fijan, +cuando no lo evita esa virtud inquebrantable y misteriosa, que halla su +voluptuosidad en la resistencia. Para defenderse de él, no bastaba la +frialdad ingénita contra la seducción por los sentidos, pues aún fingía +más astutamente la ternura cariñosa con que se conquista el alma, que la +exaltación apasionada con que se vence a la materia. Su táctica estaba +sometida a dos principios, que lejos de limitar su campo de acción, lo +ensanchaban: nunca procuraba enamorar a mujeres de gran inteligencia, y +siempre ocultaba sus triunfos con absoluta discreción. Así eran tantas +sus victorias: primero, por fáciles; luego, por ignoradas. + +Doña Justa y su esposo averiguaron enseguida que el enamorado de Soledad +era _de buena familia y que estaba bien_, es decir, lo referente a su +origen y fortuna; pero de sus ideas, sus gustos, sentimientos y +costumbres, de lo que más puede influir en el porvenir de una mujer, +nada inquirieron, ni pararon mientes en ello. + +Apenas Enrique comenzó a tratar a Soledad comprendió que su +entendimiento estaba muy por bajo de su belleza, y que existía profunda +desemejanza entre los caracteres de su hermosura y sus condiciones +morales. Era confiada, inocentona, sencilla, tan exenta de picardía que +las frases y bromas más atrevidas se estrellaban contra la falta de +malicia. Lo llamativo, lo picante de sus encantos era independiente de +su voluntad: aquel cuerpo de líneas tentadoras tenía actitudes pudorosas +para no revelar la forma por los movimientos; aquella boca húmeda y +roja, como flor de granado recién mojada por la lluvia, hablaba +castamente; y aquellos ojos de miradas abrasadoras y mimosas, grandes +pecadores sin saberlo, contrastaban con la serenidad y limpieza de su +pensamiento: Soledad era, en fin, una de esas mujeres a quienes hay que +buscar, porque no saben atraer, y que resisten mal porque desconfían +poco. + +Viéndose requerida de amores los aceptó cual si temiera ser cruel no +siendo agradecida, y luego las palabras dulces, las promesas cariñosas, +fueron invadiéndole apaciblemente el espíritu, como algo inesperado, +pero natural y espontáneo, que llegada su hora le florecía: en el alma, +y comenzó a recrearse en ello y gozarlo, saboreándolo a modo de un bien +supremo, legítimo y honesto, sin irritarlo con estímulos de la impureza, +ni envilecerlo con perversiones de la imaginación. + +Enrique, por el contrario, no tuvo idea sincera ni dio paso sin +premeditación. Al principio se mostró vacilante y tímido, como quien +desea lo que no merece; luego desplegó gran vehemencia, dando a entender +que los primeros favores le ponían fuera de tino; y, finalmente, ya +seguro de que Soledad le quería, procuró que la privación de verle y +hablarle con la frecuencia acostumbrada, encendiese la llama que había +de perderla. Buscó un pretesto para enfadarse con los tíos, dejó de +visitarles, limitándose a mirarla en paseos y teatros, y por ultimó +comenzó a entenderse con ella por escrito, en cartas donde interpolaba +la tristeza del alejamiento con los arranques de pasión mal contenida. + +Soledad, excitada por la comunicación de aquel veneno deleitoso, se +enseñó a contestarle en papeles imprudentes a los cuales fiaba anhelos +antes ignorados, leyendo mil veces embelesada lo que de palabra era +incapaz de tolerar, y dejando otras tantas correr la pluma para hacerle +confesiones y promesas que, teniéndole junto a sí, hubiera la vergüenza +sofocado en sus labios. Fue casta mientras pudo hablarle; atrevida al +dejar de verle; sus primeros besos por escrito, y a solas los primeros +sonrojos. Enrique tardó poco en adquirir la certidumbre de que aquella +mujer era de las que no desconfían cuando aman. + +Entonces, poniendo con dádivas de su parte a una doncella, consiguió que +mientras dormían los tíos, Soledad le recibiese por las mañanas en unas +habitaciones de la planta baja, de las cuales no se hacía uso en +invierno. Luego el misterio aumentó el encanto, la ocasión fue tercera, +y una vez más la pasión y el engaño llamaron a la vida un nuevo ser, +víctima expiatoria del desvarío ajeno. + +Cuando las lágrimas de la burlada comenzaron a agriarle la victoria, +Enrique faltó a dos o tres citas. Soledad mandó en su busca a la +doncella y ésta volvió diciendo que se había marchado, vendiendo en +veinticuatro horas cuanto tenía y sin decir a nadie dónde iba. + +La infeliz vio la traición tan clara como imaginó haber visto la +felicidad, sufriendo al par la vergüenza de la falta y la humillación +del abandono. + +Doña Justa y don Luis, a quienes le fue forzoso confiarse, anduvieron +relativamente parcos en recriminaciones, pero crueles e inexorables en +punto a la energía necesaria, para ocultar las consecuencias de la +seducción. + +Con pretexto de renovar el arriendo de unas fincas, partieron, +acompañados de Soledad, fijaron su residencia en un cortijo que poseían +en tierra de Andalucía y allí permanecieron el tiempo preciso: luego, +gracias a la influencia y poder que su riqueza les daba en la comarca, +hicieron que el recién nacido pasase por hijo de un matrimonio de su +servidumbre, gente pobre que vio con ello asegurada la fortuna, y +restablecida Soledad, tornaron a la corte los tres, quedando el motivo +del viaje ignorado, y el decoro a salvo. + +En vano rogó la infeliz que la dejasen allí, sin más recursos que los +estrictamente necesarios para vivir con el niño, en las condiciones que +se le impusieran, sometiéndose a cuanto mandaran: todo fue inútil. Para +la falta halló indulgencia, casi perdón, pero a trueque de separarse por +siempre de su hijo, sacrificando el sentimiento de la maternidad a las +exigencias del honor. + +Regresaron del campo, y todo Madrid volvió a contemplar a Soledad en +fiestas y diversiones, ostentando al parecer gozosa, la plenitud de su +belleza. No había otra tan elegante, tan gentil y gallarda. Lo que nadie +sabía era que iba por fuerza, contra su voluntad, por falta de valor +para rebelarse contra aquella exhibición brutal y dolorosa; lo que nadie +podía sospechar era su vergüenza íntima, su mortificación al fingir +pudores e ignorancias, cuyas mentiras la envilecían a sus propios ojos, +abrasándole con un fuego sucio la conciencia. No guardaron proporción la +falta y el modo de expiarla: fue víctima dos veces sacrificada al +egoísmo ajeno: una para satisfacer la ilusión del amor; otra para +contribuir a la comedia del decoro: llegando en medio del dolor a tal +punto su pureza de pensamiento, que jamás acarició la idea de engañar a +un hombre para encubrir su desventura. + +* * * * + +El viaje de Sacramento y su marido duró más de un año: al volver +estaban ya desavenidos. En un principio el barón, como caballero que +repugna publicar su desacierto, transigió con las que llamaba +genialidades y ligerezas: luego trató de ocultarlas, y cuando ni esto +pudo, fingió ignorarlas. Por no separarse de su mujer, a cambio de las +migajas de su amor, sufría aparentando desconocer su vilipendio, se +burlaba de otros maridos infortunados, pretendiendo garantizar con la +osadía la falta de vergüenza; hizo papel de engañado, y así, +insensiblemente, fue pasando de la debilidad a la costumbre y de la +costumbre al envilecimiento, hasta ser un ejemplar extraordinario, un +caso de ceguera moral inverosímil y absurdo. Porque Sacramento no cayó +al adulterio arrastrada por la pasión tardía y avasalladora que acaso +puede perdonar cierta soberana grandeza de alma: fue el tipo complejo de +la medio malvada, medio enferma, a quien no se mata por infame +sospechando que pueda ser irresponsable. + +Al fin, vencido, y lo que es más triste, resignado, prescindió de ella. +Siguieron viviendo bajo el mismo techo, pero en habitaciones +independientes, separados de común acuerdo, él, sin consuelo a su +amargura, ella sin freno a sus desórdenes: y cuando ya este apartamiento +era público, cuando ni amigos ni parientes, ni conocidos lo ignoraban, +Sacramento tuvo un hijo, que, según las leyes, fue bautizado como +heredero del nombre cuya deshonra confirmaba. + +No se alteraron por ello la paz ni las costumbres de la familia. El +barón tardó poco en hacerse a la idea de que era padre, Sacramento +continuó en sus aventuras, Soledad sujeta a la inflexible voluntad de +los tíos, y éstos habituados por igual a las liviandades de la sobrina +casada y a la humilde docilidad de la soltera. + +En el corazón de Soledad se alzaban, sin embargo, de cuando en cuando, +protestas contra aquella privación del hijo que le parecía la amputación +de parte de su alma. + +Una tarde de invierno, las dos hermanas paseaban a pie por las alamedas +solitarias de la Moncloa. Sus pasos resonaban sobre la arena endurecida +por las heladas, el viento arrancaba de las ramas las últimas hojas +secas que revoloteaban como avecillas de oro, la atmósfera de una +limpieza incomparable dejaba ver en la lejanía las masas violáceas de la +sierra y hacia Poniente unas ráfagas de nubes rojas y anaranjadas +parecían incendiar el arbolado de los cerros. + +Sacramento iba sonriente, locuaz, deleitándose en respirar, como +excitada por la viveza del aire: Soledad callada, distraída, viendo las +cosas sin mirarlas, oyendo, hablar a su hermana sin fijar la atención. +A corta distancia les seguía un carruaje y a pocos pasos les precedían +un niño y un lacayo: el primero lujosamente vestido, y el segundo +ocupado en ir cortando los tallos y la hojarasca de una vara para que el +chiquitín jugase. + +De pronto, Sacramento, preguntó a su hermana: + +--Pero mujer, ¿qué tienes? ¡Parece que vas tonta! + +Entonces Soledad, obedeciendo a un impulso involuntario, alteradas de +súbito las facciones por la ira, cogió del brazo a Sacramento, y +señalándole con la otra mano al niño que iba delante, dijo ásperamente: + +--¿No es inícuo que tú puedas salir a la calle con esa criatura y yo ni +aun pueda decir que tengo hijo? + +--Yo--contestó la adúltera con la mayor naturalidad--soy casada.--Y +haciendo por broma con su nombre un juego impío de palabras, +añadió:--Ya ves... me llamo Sacramento. + +Soledad, con un mohín despreciativo, repuso: + +--Tienes razón. Lo mismo podrías llamarte Salvoconducto. + + + + +SANTIFICAR LAS FIESTAS + + +Lunes, 9 de Mayo de 1892, tomó don Cándido posesión de su curato en +Santa Cruz de Lugarejo, ocupándose inmediatamente en arreglarse la casa +con los pobres y viejos muebles que trajo en una carreta del pueblecillo +donde vivió hasta entonces, siendo amparo de necesitados y ejemplo de +virtuosos. Durante más de cuarenta y ocho horas, nadie se dio cuenta de +que allí había cura nuevo. + +Algunos días después, las pocas personas que le vieron y hablaron +esparcieron la voz de que parecía buena persona. Y no se equivocaban los +que tan presto formaron de él juicio favorable, porque don Cándido era +un bendito. Por su estatura, rostro y porte traía a la memoria el +retrato que hizo Cervantes de su Hidalgo inmortal. También don Cándido +_frisaba con los cincuenta años y era de complexión recia, seco de +carnes, enjuto de rostro, gran madrugador_, y si no amigo de la caza, +como don Quijote, incansable en el ejercicio de buscar tristezas para +aliviarlas. + +Sus condiciones morales todas buenas: la piedad sincera, el trato +afable, el lenguaje humilde, la caridad modesta, y en todo tan compasivo +y tolerante, que, con ser grande el respeto que imponía, aún era mayor +la cariñosa confianza que inspiraba. Su ilustración no debía de ser +extraordinaria. En un cofrecillo muy chico cabían los libros que poseía, +siendo el de encuadernación más resentida por el continuo uso y el de +hojas más manoseadas, los Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia +ni los excelsos místicos le deleitaban tanto como aquellos sencillos +versículos que ofrecen, a quien sabe leerlos, mundos de pensamientos +encerrados en frases sobrias. + +Todos los días, en seguida de comer, don Cándido, apoyado en el alféizar +de la ventana de su cuarto, releía y meditaba un par de capítulos de San +Marcos o San Mateo. Luego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando +cigarrillos pasaba el rato entretenido en observar cómo trabajaban unos +cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían +establecido al aire libre su taller. + +Habíase derrumbado meses atrás un arco de la capilla de la iglesia; +cierta señora piadosa legó fondos para reconstruirlo, un arquitecto de +la ciudad vecina iba de cuando en cuando a inspeccionar la obra, y en +aquel espacio inmediato a las habitaciones de don Cándido estaban, +resaltando por su blancura sobre la verde y felpuda hierba, los bloques +de caliza que poco a poco iban convirtiéndose en claves, dovelas, +salmeres y trozos de archivolta. + +Allí, desde la mañana hasta la tarde, exceptuada una hora al medio día, +se escuchaba continuamente el ruido múltiple y monótono formado por los +mazos y las martillinas al chocar con las piezas de cantería: el sol lo +iluminaba todo, lanzando acá y allá las sombras rectangulares e intensas +de los tinglados de estera bajo que se resguardaban los peones, y a +ratos de entre aquel rudo concierto que forman el hierro hiriendo, la +piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y +triste de una copla medio ahogada por el zumbido del trabajo como un +suspiro entre las penas de la vida. + +Durante los cuatro últimos días de la primera semana que pasó don +Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó de asomarse para contemplar a +los canteros, y si alguien le observase de cerca, acaso por la emoción +reflejada en su rostro, pudiera sospechar que aquella tarea dura y +penosa despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva. + +El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote, salió muy temprano de +casa, dijo misa, dio un paseo largo, comió más tarde que de costumbre, y +poco antes de concluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los +fósforos y el bote de picadura, oyó que comenzaba a resonar al principio +aislado y débil, luego nutrido y fuerte, el ruido que producían los +canteros picando y labrando piedra en el solar vecino. + +«¡Hasta en domingo!»--murmuró triste y sorprendido don Cándido: y +asomándose a la ventana gritó al trabajador más próximo: + +--¡Eh! ¡Buen amigo! Diga Vd. al maestro, capataz o lo que sea, que haga +el favor de subir aquí un instante. + +Momentos después estaba el maestro cantero en el comedor del cura. +Obsequiole éste con queso nuevo y vino añejo, diole un pitillo del +grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio +natural, le reprendió con la poca y tímida aspereza que su bondad, +permitía, diciéndole: + +--¡Qué falta de religión... y qué vergüenza! ¡Trabajar en domingo! + +El obrero, disgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo, +repuso humildemente: + +--¿Y qué le vamos a hacer, señor cura? Trabajamos cobrando al entregar +las piezas terminadas, ganando tiempo... el jornal es corto, el pan +caro... y cuando menos se piensa nace un chico. Aquel grandullón +rubio--añadió acercándose a la ventana y extendiendo la mano--tiene +cinco; el de al lado, tres; el cojo de enfrente mantiene a sus padres... +y así todos. Créame Vd., señor cura, en tripa vacía y hogar sin lumbre +no hay fiestas de guardar. + +Quedose perplejo don Cándido, y haciendo al fin un esfuerzo por parecer +enojado, contestó: + +--A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cuántos sois? + +--Doce. + +--¿Cuánto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan los jornales de hoy? + +El cantero sacó la cuenta por los dedos, y repuso: + +--Ciento quince reales. + +Don Cándido se dirigió a su alcoba, abrió un vargueño, sacó de un cajón +un bolsillo de seda verde con anillas de acero, tomó de su contenido +aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras: + +--Toma: que rece cada uno un _Padre-Nuestro_, y marcháos a descansar. +¡No profanéis el día del Señor! + +A los cinco minutos el taller estaba desierto. + +* * * * + +Al domingo siguiente, cuando don Cándido subió a desayunarse, luego de +decir misa, oyó asombrado el rumor que al trabajar producían los +picapedreros, y frunciendo el entrecejo, murmuró:--«¿Hoy también?» + +La escena que siguió fue igual a la ocurrida ocho días antes. Llamó al +maestro, le reprendió más duramente, fue a la alcoba, y dio el dinero +para que el taller se despejara. Los trabajadores se marcharon alegres, +algunos a sus casas, los más a la taberna; el bolsillo verde quedó +vacío, y el cura asomado a la ventana pasó un rato contemplando aquellas +piedras; que según las miraba debían de tener para él oculto y +misterioso encanto. + +Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto que casi quedó +limpio el solar. El nuevo arco de la iglesia estaba a punto de +terminarse. + +Sin embargo, al tercer domingo aún comenzó más temprano el golpeteo +seco y metálico de la herramienta sobre la piedra; pero el ruido era +mucho más débil: sin duda trabajaba poca gente. + +Corrió don Cándido a la ventana y vio que solo había un hombre ocupado +en labrar y afinar una pieza en forma de dovela, con tanta priesa y tal +afán, que ni tomaba instante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza. + +Entonces bajó y acercándose al obrero le preguntó de mal modo: + +--¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿Por qué trabajas? + +--Señor--respondió el cantero--ayer quedó concluido todo: mañana lunes, +de madrugada, se hace la entrega: sólo falta esta dovela por culpa mía, +porque... he estado entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que +acabarla, antes de la puesta del sol... para cobrar, porque ayer no +quisieron pagarme... ni me pagan hasta que acabe. + +Dicho lo cual, bajó la cabeza, inclinó el cuerpo y siguió picando. + +--¿Y si no concluyes hoy? + +--El trastorno es lo menos: lo malo es que no cobro, y en casa hace +falta. + +Quedose don Cándido pensativo. Las cuentas que echó y los cálculos que +hizo sólo él podría decirlos: debió de recordar que el bolso verde +estaba vacío; acaso se dijo que la verdadera limosna es la que no con +dinero, sino con el propio esfuerzo se hace... Tal vez vinieron, a su +pensamiento memorias a él solo reservadas... Ello fue que mirando +compasivamente al cantero le dijo en voz baja, como confiándole un +secreto: + +--Mi padre y mis hermanos fueron canteros... Cuando chico, yo también +aprendí, el oficio. ¡Yo te ayudaré! + +Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empuñó un mazo y empezó a +picar la piedra. + + + + +LA HOJA DE PARRA + + +Las dos de la tarde acababan de dar en el gabinete, amueblado con el +lujo aparatoso e insolente propio de una cortesana vulgar enriquecida de +pronto, cuando Magdalena envuelta en ligeras ropas de levantar y aún +tembloroso el cuerpo por el frescor del baño, atizó los leños de la +chimenea, y aproximando al fuego el mueblecillo que le servía de +tocador, extendió sobre él un lienzo guarnecido de puntillas, encima del +cual fue colocando cepillos, peines, tatarretes, frascos, polvoreras y +cuanto había menester para peinarse. En seguida inclinó el espejo hacía +sí, se sentó, y sin llamar a la doncella comenzó a soltarse el largo y +abundoso pelo, antes castaño muy oscuro y ahora teñido de rojo caoba +como el de las venecianas a quienes retrató Ticiano. + +Jamás permitía Magdalena que nadie le ayudase en aquella importante +operación del peinado: primero por horror instintivo a que otra mujer le +manosease la cabeza, y además porque deseaba estar sola cuando su +amante, según costumbre, iba siempre a la misma hora para deleitarse +contemplándola bien arrellenado en un sillón, mientras sus manos +primorosas se hundían y surgían de entre las matas de la cabellera, +formando altos y bajos, bucles, ondas y rizos hasta dejar prieto y +sujeto el moño con horquillas doradas, mientras los pelillos revoltosos +de la nuca, que llaman tolanos, quedaban sueltos en torno de su cuello +como rayos de un nimbo roto. + +Por coquetería, y por dar tiempo a que su dueño y señor llegara, iba lo +más despacio posible, levantándose a veces para distraerse en otras +cosas; pues lo esencial era que al aparecer su amante aún tuviese suelta +la sedosa madeja que le inspiraba tantas frases lisonjeras, dándole a +ella pretexto para estar con el escote entreabierto y los brazos +desnudos, puestos en alto, haciendo mil embelesadoras monadas. + +Un buen rato pasó escogiendo y apartando medias y puntillas que le +habían mandado de una tienda, púsose luego unos zapatos nuevos para +convencerse de que le hacían bonito pie, antes de pagarlos, y por último +se probó un cubrecorsé y una bata, permaneciendo en adoración de sí +misma ante el armario de luna, complaciéndose, más que en los primores +de las galas, en su gallarda figura, de madrileña esbelta y en su gentil +cabeza de mujer dominadora y altiva. + +Era rubia y muy blanca, verdaderamente hermosa y bien formada, aunque +algo gruesa, como si en plena juventud pretendiera la carne ahogar a la +belleza. Tenía las facciones delicadas, los ojos oscuros, de mirar +expresivo, y los gestos y ademanes tan enérgicos y desenvueltos que a un +tiempo delataban la vivacidad de su carácter y el empeño de mostrar una +gracia más provocativa y libre de lo que su propia índole consentía. + +Aún no demostraban su lenguaje y modales completa perversión, más ya +sabía desplegar a modo de recursos seguros, el licencioso desparpajo y +la franca deshonestidad de quien para vivir se pone precio, esperando +acrecentar con el estímulo el deseo, y con el impudor la ganancia. +Comprendía el poder de sus atractivos y lo extremaba, siendo tan +complaciente y mimosa al concederse como dura y despótica para dominar a +su amante, que la quería poco y la estimaba menos, pero hallaba en día +dulcísimo empleo a sus sentidos porque era hermosa y completa +satisfacción a su vanidad, porque le costaba mucho. + +Ya iba impacientándose por la tardanza de su señor--que acaso no pasase +de arrendatario--cuando al oír sonar prolongadamente un timbre, se +acomodó de nuevo ante el tocador. Pocos segundos después, una doncella +levantaba la cortina de la puerta dejando paso y diciendo: + +--El señorito. + +A pesar del diminutivo, el hombre que entró, sin quitarse el sombrero, +era un señor de cincuenta años, lo menos; alto, bien plantado, mostrando +en la mirada y el porte que, a despecho de la barba entrecana y el pelo +casi blanco, aún debía de apreciar en toda su intensidad, los encantos +de aquella buena moza. Vestía con exquisita elegancia, y por su edad y +aspecto, tenía representación de persona importante: juzgándole por las +trazas no era disparatado imaginar que fuese presidente de algún alto +cuerpo del Estado, banquero poderoso o senador por derecho propio. + +Acercose a Magdalena, diole un beso en el cuello, sin que ella mostrase +resistencia ni agrado, y quitándose guantes, gabán y sombrero, se sentó +en una butaca colocada frente al tocador; de modo que pudiese ver a su +amante por la espalda y al mismo tiempo contemplar su rostro reflejado +en el espejo. + +--Besitos--dijo ella frunciendo el entrecejo--besitos... y poca +vergüenza. Vamos, a ver ¿por qué no ha venido _usted_ ayer en todo el +día? Mira que si yo quisiera... apenas tenía horas libres para... + +--Hija no he podido. + +--No ¿eh? ¡Un día entero! ¿Qué has tenido que hacer? + +--Muchas cosas. + +--Pues todo me lo has de contar para que te perdone... hora por hora... +minuto por minuto.--Y alardeando de apasionada y ofendida, se levantó +con el pelo suelto yendo a ponerse de media anqueta en un brazo de la +butaca donde él estaba, diciendo: + +--Anda pichón, dime todo lo que has hecho, y si mientes... te ahogo. + +--Pues, mira: ayer me levanté a las doce, almorcé, y a las dos me tenías +en el Consejo magno de ferrocarriles Hispánicos. + +--¿Y qué pito tocas tú allí? + +--Teníamos junta los consejeros porque los guarda-agujas piden aumento +de sueldo y se han declarado en huelga. Dicen que ganan no sé cuanto, +ocho o diez reales, y trabajan dieciséis o veinte horas... y que no +duermen. Acordamos negar, pero hubo discusión: hasta las tres y media +estuvimos allí. + +--¿Y luego? + +--Fui a Hacienda a ver al ministro. + +--¿Para qué? + +--Ya sabes que tengo unas dehesas en la Mancha. Pues, entre +investigadores y denuncias... nada, que me quieren cobrar doble +contribución de la que pago... ¡Y no me da la gana! + +--Pero, ¿con razón? + +--Nunca hay razón para cobrar tanto. Claro que... en realidad debía +pagar más... pero ¿quién paga lo justo? Nadie. + +--¿Y qué te dijo el ministro? + +--Medias palabras. No podía ser explícito; pero comprendí que todo se +arreglaría. ¿No ves que en su distrito, si yo quiero, no saca el +gobierno ni un voto? + +--En fin, que te saldrás con la tuya. + +--Cabal. Pagaré lo que hasta aquí. + +--Y luego ¿dónde fuiste? + +--De allí salí a las cuatro y media. Me encontré en la calle a Pignorate +y estuvimos un rato largo hablando de negocios. + +--¿Qué negocios? + +--Una empresa que tenemos. La cosa parece que se tuerce. Pignorate es el +que da la cara: el dinero es de varios, yo entre, ellos. Dicen malas +lenguas que si es limpio o no es limpio. Todo consiste en adelantar +dinero a señoritos... y claro que han de pagar algo. Que algunos son +menores... pues que sean: lo mismo necesitan dinero los jóvenes que los +viejos. Pignorate me dijo que iba a meter a un muchacho en la cárcel, +pero ya verás como no lo consienten sus padres. + +--Vamos, qué tenéis una sociedad para prestar a menores y luego... _lo +arreglan_ sus familias. + +--Así, tan crudo... no; pero el que quiera dinero para vicios que lo +pague... + +--¿Y después? + +--Me metí en el Congreso. Tenía que votar con el gobierno, por pura +disciplina, una gran picardía. Sin embargo, como lo primero es el +partido, voté. Luego tuve que ir al Círculo para buscar a uno. + +--¿Jugaste? + +--Poco: hasta las siete. + +--¿Y qué tal? + +--Medianamente; gané mil pesetas. + +--Pues me vienen al pelo. + +El caballero sonrió bondadosamente y sacando del tarjetero diez billetes +de a veinte duros, los colocó sobre la falda de Magdalena diciendo: + +--Para alfileres: y ya puedes agradecerlo... Mis chicas tenían no sé qué +capricho... cosas de muchachas. Otra vez será. + +Ella, dando por terminado aquel incidente, tiró sobre el tocador los +billetes y continuó: + +--¿Qué hiciste luego? ¿Por qué no viniste de noche? Te estuve +esperando... Se perdió el palco y me acosté de un humor. + +--Fui a casa, a comer, con propósito de venir temprano. ¡Qué si quieres! +Hizo la maldita casualidad que, contra lo habitual, no tuviésemos más +convidado que mi suegra. + +--¡Lagarto, lagarto! + +--Sí; estuvimos en familia. Luego se marchó la buena señora, mis hijas +se fueron a vestir para ir al teatro y me quedé solo con mi mujer. + +--¿Y qué pasó? + +--Lo de siempre cuando nos vemos a solas. La gran jaqueca. Es buena, +cariñosa, dulce; la estimo y la respeto y considero.., pero no nos +entendemos. + +--¡Ya conseguirá que me dejes! + +--¡Eso no! Tuvimos una escena muy desagradable y estuve muy enérgico. + +--No te atreverías. + +--¿Qué no? Pues mira: le dije «no me apures la paciencia porque nos +separamos. Tú eres libre... hasta cierto punto: yo soy dueño de mis +acciones, y en paz, o damos el gran escándalo.» + +--Te hablaría de mí. + +--Por indirectas. Me dijo que gastaba demasiado, que en casa se debía la +mar, que ella estaba humillada, despreciada, que las chicas se iban a +quedar sin tener qué comer... y ¡lo que más me enfurece! se echó a +llorar. + +--Para que te ablandases. + +--Pues no me ablandé. Lo que siento es que las chicas... + +--¿Qué sucedió? + +--Del comedor habíamos pasado al despacho. Las niñas vinieron vestidas, +oyeron voces, se detuvieron junto a la puerta y se enteraron de todo. + +--Como son mayorcitas se harán cargo. + +--Quiá, se abrazaron a su madre... llorando. ¡Figúrate! + +--¡Tonto! Haberte venido aquí. + +--Ya se me ocurrió; pero se me había levantado tal dolor de cabeza que +tuve que acostarme y tomar antipirina. + +--¡Potingues! ¿Qué mejor antipirina que yo? + +Quiso él entonces abrazarla por quitarle el enojo, mas ella levantándose +de su lado le dijo muy seria. + +--Todo eso está muy bien y el cuadro de familia interesantísimo. Para +evitar que se repita, esta tarde me llevas a comer a cualquier parte. + +--Convenido. Y no mando recado a casa: ya se irán acostumbrado. + +Magdalena sonrió gozosa y volviendo a su interrogatorio y reprimenda, +para disimular la alegría, preguntó con gesto desabrido. + +--Y hoy ¿por qué no has venido más temprano? + +--He tenido que hacer una visita. + +--¿A quién? + +--A un amigo mío con quien estoy organizando una sociedad muy útil y +provechosa. Ahora no existe ninguna semejante ni parecida: queremos que +sea medio sociedad medio cofradía, con honores de tribunal. Si nos +dejan, el Santo Oficio con levita. Hace mucha falta porque hoy no se +respeta nada ni se cree en nada, el sentido moral anda por los suelos, +el mundo está perdido... Pero tú no puedes comprenderme. + +Magdalena sonriendo entre provocativa y burlona, al mismo tiempo que se +prendía las últimas horquillas en el moño, volvió la cara hacia su +amante, hizo un guiño muy expresivo y dijo: + +--Hazte socio, monín. Oye ¿y cómo se llama esa hermandad? + +--_La hoja de parra_. + +--¿Y para qué es? + +El caballero se puso muy serio y con voz grave y sonora, repuso: + +--_La Hoja de parra_ será una Asociación para atajar los progresos de la +inmoralidad y de la falta de fe. + + +=Obras del mismo autor= + +APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA CARICATURA 2 pts. + +LÁZARO (casi novela), segunda edición 3 + +DE EL TEATRO, (_Lo que debe ser el drama_).--Memoria leída en el Ateneo +de Madrid, segunda edición 1 + +LA HIJASTRA DEL AMOR (novela), tercera edición 4 + +JUAN VULGAR (novela), tercera edición 3 + +EL ENEMIGO (novela), tercera edición 4 + +LA HONRADA (novela), con ilustraciones de José L. Pellicer y José Cuchy +4 + +DULCE Y SABROSA (novela) 4 pts. + +NOVELITAS 3'50 + + + +=Próximas a publicarse= + +PERIFOLLOS (novela). + +VALDELLANTO (novela). + +* * * * + +[imagen] + + + + + +End of Project Gutenberg's Cuentos de mi tiempo, by Jacinto Octavio Picón + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO *** + +***** This file should be named 26929-8.txt or 26929-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/6/9/2/26929/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Cuentos de mi tiempo + +Author: Jacinto Octavio Picón + +Release Date: October 15, 2008 [EBook #26929] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> +<p class="c top15"><img src="images/001.png" +width="600" +height="827" +alt="imagen no disponible" /></p> + + +<h3 class="top15">JACINTO OCTAVIO PICÓN</h3> +<h1>CUENTOS</h1> +<h3>DE</h3> +<h2>MI TIEMPO</h2> + +<p class="c">MADRID</p> +<p class="c"><i>MDCCCXCV</i></p> + + +<p class="c">IMPRENTA DE FORTANET, <i>Libertad</i>, 20.</p> + +<p class="c">Queda hecho el depósito que marca la ley.</p> + +<p class="c">Es propiedad del autor.</p> + +<h3 class="top15">ÍNDICE</h3> +<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="3"> +<tr><td><a href="#LA_PRIMER_CUARTILLA"><b>La primer cuartilla</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LA_AMENAZA"><b>La amenaza</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LA_BUHARDILLA"><b>La buhardilla</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_OLVIDADO"><b>El olvidado</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LA_CUARTA_VIRTUD"><b>La cuarta virtud</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LOBO_EN_CEPO"><b>Lobo en cepo</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_HIJO_DEL_CAMINO"><b>El hijo del camino</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LOS_TRIUNFOS_DEL_DOLOR"><b>Los triunfos del dolor</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LOS_FAVORES_DE_FORTUNA"><b>Los favores de fortuna</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LAS_PLEGARIAS"><b>Las plegarias</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_NIETO"><b>El nieto</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#DICHAS_HUMANAS"><b>Dichas humanas</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_MILAGRO"><b>El milagro</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#ELVIRA-NICOLASA"><b>Elvira-Nicolasa</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#SACRAMENTO"><b>Sacramento</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#SANTIFICAR_LAS_FIESTAS"><b>Santificar las fiestas</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LA_HOJA_DE_PARRA"><b>La hoja de parra</b></a></td></tr> +</table> + + + +<h3 class="chapp"><a name="LA_PRIMER_CUARTILLA" id="LA_PRIMER_CUARTILLA"></a><i>LA PRIMER CUARTILLA</i></h3> + + +<p><i>Para instruirnos es la ciencia; para mejorarnos la moral; para +deleitarnos el arte, donde hallan las fuerzas fatigadas alivio y el +espíritu ennoblecido recompensa. Si la obra artística ilustra el +entendimiento y depura la conciencia, tanto mejor; pero su misión es ser +bella, y lo mismo puede realizarla inspirándose en la fe, descorazonada +por la incredulidad, o herida por la duda.</i></p> + +<p><i>Tal creo, y sin embargo quise poner en estas humildes páginas algo que +levantase el ánimo, y moviera la conciencia contra injusticias y +errores de que el arte puede ser, si no remedio, espejo, si no +enseñanza, aviso.</i></p> + +<p><i>He aquí mi explicación para unos, mi disculpa para con otros.</i></p> + +<p><i>Empezó</i> El Liberal <i>a publicar cuentos y me honró pidiéndome algunos. A +ser periódico exclusivamente artístico y literario, hubiera yo trabajado +para él de otra suerte: mas imaginé que en un diario político, debía +escribir luchando, como soldado raso, contra las ideas casi vencidas de +lo pasado y a favor de las esperanzas de lo por venir, no triunfantes +todavía.</i></p> + +<p><i>Entonces puse el pensamiento en aquella aspiración de justicia, ya +escrita en los códigos, pero que aún es letra muerta en las +costumbres.</i></p> + +<p><i>De ellas me inspiré, intentando contribuir a la pintura de esta época +en que una letra de cambio, una obligación, un</i> cheque, <i>pesan en la +balanza social más que cuanto representa, trabajo, ciencia, estudio y +arte.</i></p> + +<p><i>Mis aciertos y mis errores, hijos son de mi tiempo: ni por éstos +mereceré censura, ni por aquéllos soy digno de alabanza: de que enderecé +al bien la voluntad, estoy seguro.</i></p> + +<p class="top5"><i>Madrid, 1895.</i></p> + +<p class="curva">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chap"><a name="LA_AMENAZA" id="LA_AMENAZA"></a>LA AMENAZA</h3> + + +<p class="head">I</p> + + +<p>Sonaron las campanadas del medio día y de allí a poco la puerta comenzó +a despedir en oleadas de marea humana la muchedumbre cansada y +silenciosa que componía el personal de los talleres. Nadie hablaba: no +hacía el varón caso de la hembra, ni buscaba la muchacha el halago del +mozo, ni el niño se detenía a jugar. Los fuertes parecían rendidos, los +jóvenes avejentados, los viejos medio muertos. ¡Casta dos veces oprimida +por la ignorancia propia y el egoísmo ajeno!</p> + +<p>El gentío se fue desparramando como nube que el viento fracciona y +desvanece: pasó primero en turbas, luego en grupos y después en parejas +que calladamente solían dividirse sin despedida ni saludo, tomando unos +el camino de su casa, entrando otros en ventorrillos y tabernas, +diseminándose y perdiéndose, confundidos todos y sorbidos por la agitada +circulación del arrabal.</p> + +<p>Uno de los últimos que salieron fue Gaspar Santigós, alias, <i>el Grande o +Gasparón</i>, porque era de tremendas fuerzas, muy alto y muy fornido. +Hacíanle simpático el semblante apacible, la frente despejada, el mirar +franco, y era tan corpulento, que parecía Hércules con blusa.</p> + +<p>Echó a andar por la sombra de una tapia, cruzó dos o tres calles, +atravesó una plaza, y metiéndose por pasadizos y solares, para acortar +distancias, vino a desembocar en un paseo de olmos, jigantescos, cuyo +ramaje se entrelazaba formando bóveda de sombra, bajo la cual, le +esperaba, sentada en un tronco derribado, una mujer joven, limpia y +graciosa, que tenía delante una cesta, al lado un perro, y en el regazo +un niño. Corrió el animal hacia su amo, el pequeñuelo alargó las +manitas, y mientras el hombre sacaba de la cesta, y partía la dorada +libreta, la muchacha, sin dejar de mirarle, apartó a un lado la +ensalada, sacó la botella del tinto, la servilleta, las cucharas de +palo, y sobre el hondo plato de loza blanca, con ribete azul, volcó el +puchero de cocido amarillento y humeante.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>Cuando sonaron a lo lejos las campanadas <i>de vuelta</i>, echó el último +trago, lió un pitillo, dio un beso al niño, arrojó al perro un mendrugo, +y oprimiendo rápidamente el talle a la joven, como un avaro que palpa su +tesoro, tomó el camino de la fábrica.</p> + +<p>Traspuso la puerta, cruzó un patio lleno de pilas de lingotes de hierro, +y entró en una nave larga y anchurosa, iluminada por ventanales tras +cuyos vidrios empañados se adivinaban muros ennegrecidos, montones de +carbón, chisporroteo de fraguas, y altas chimeneas que en nubes muy +densas lanzaban a borbotones el humo pesado y polvoriento de la hulla. +En lo alto y a lo largo de la nave corría en complicadas líneas un +número incalculable de aceros relucientes, de hierros bruñidos, +palancas, vástagos y ruedas unidas por correas, que subían, bajaban, se +retorcían cruzándose, y giraban vertiginosamente, como miembros locos de +un mecanismo vivo en que nada pudiera detenerse sin que el conjunto se +paralizara. El piso entarimado temblaba con la trepidación del vapor, +cuyos resoplidos se escuchaban cercanos; y de otros talleres, debilitado +por el vocerío y la distancia, venía rumor de herrajes golpeados y +zumbido de máquinas mezclado a cantos de mujeres.</p> + +<p>Al término de aquella nave veíase otra igual y salvando un patio que las +separaba, había entre ambas un puentecillo estrecho de madera, junto al +cual giraba sobre su eje la enorme rueda de un colosal volante.</p> + +<p>Cuando iba <i>Gasparón</i> por la mitad del puentecillo, vio que de la +segunda nave llegaba un aprendiz corriendo, con tal ímpetu, y tan +lanzado a la carrera, que ya no podía detenerse. Sin tiempo para +retroceder, y adivinando que no cabrían los dos en el angosto pasadizo, +<i>Gasparón</i> encogiendo el cuerpo se hizo a un lado: llegó el muchacho +como un rayo, se desvió mal, sufrió el encontronazo y cayó de bruces, +quedando casi fuera del tablón estrecho que formaba el piso suspendido +sobre el vacío del patio, y sin lugar a donde asirse. <i>Gasparón</i>, más +cuidadoso del peligro ajeno que del propio, le tendió una mano; y el +chico, cegado por el miedo, se agarró a ella con tal fuerza y tal ánsia +que hizo vacilar al obrero. Este al perder el equilibrio, +instintivamente, para recobrarlo haciendo contrapeso, echó hacia atrás +el otro brazo puesto en alto, mas con tan mala suerte, que +alcanzándoselo un radio del volante le partió el hueso por más arriba de +la mano.</p> + +<p>El muchacho dijo luego que, a pesar del terror, oyó un crugido como +cuando se parte una astilla de un hachazo. Pero aún tuvo aquel hombre +fuerza y serenidad para retroceder algunos pasos: arrastró al chico, y +al dejarlo en salvo sobre el piso de la nave, cayó rendido a la +violencia del dolor.</p> + +<p>Recogiéronle sus compañeros, y por no tener enfermería la fábrica, le +llevaron sentado en una silla al hospital cercano, donde aquella misma +tarde hubo que desarticularle el codo.</p> + +<p>La convalecencia fue larga: en ella se gastaron primero los ahorros; +luego el préstamo tomado sobre la ropa dominguera, la capa de él y el +mantón de ella; después algún socorro de camaradas y vecinos, y por +último, un donativo de la <i>Caja de resistencia en huelgas</i>. En nuevo +trabajo no había que pensar; porque el brazo perdido era el derecho.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Cuarenta y tantos días después de la desgracia, la mujer de <i>Gasparón</i> +se presentó en la pagaduría de la fábrica.</p> + +<p>Era una habitación pequeña dividida por un tabique de madera y tela +metálica con ventanillos, tras los cuales se veía un señor viejo, bien +vestido, de camisa limpia, que estaba leyendo un periódico, sentado +junto a una caja de caudales. Cerca de él, al alcance de su vista, había +dos hombres que de pie y encorvados escribían en grandes libros puestos +sobre pupitres de pino.</p> + +<p>—¿Qué traes tú por aquí?—dijo uno de los escribientes al acercarse la +mujer.</p> + +<p>—¿Cómo ha quedado <i>Gasparón</i>?—preguntó el otro.</p> + +<p>—Pues, ¡cómo ha de quedar! Manco.</p> + +<p>—¿Y a qué vienes?</p> + +<p>—A cobrar.</p> + +<p>Uno de aquellos hombres tomó un cuaderno y comenzó a pasar hojas +murmurando:</p> + +<p>—Gaspar... Gaspar...</p> + +<p>—Está por Santigós. Nave de taladros, sección segunda—dijo la mujer.</p> + +<p>—Es verdad; Gaspar Santigós, aquí está.</p> + +<p>—Ese es—añadió ella suspirando.</p> + +<p>El escribiente se puso a hacer números en una cuartilla de papel, y sin +alzar la vista preguntó:</p> + +<p>—¿Había cobrado la semana anterior?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—Pues son... deben de ser...</p> + +<p>Entonces el caballero de la camisa limpia soltó el periódico y sin mirar +a la joven preguntó:</p> + +<p>—¿Qué día fue eso?</p> + +<p>—El veinte pasado: miércoles, a las dos—contestó ella tristemente.</p> + +<p>—Pues poca duda cabe—repuso el caballero—lunes, uno; martes, dos; +miércoles... dos días y medio, que a cuatro cincuenta de jornal... son +once pesetas con veinticinco céntimos.—Y se volvió de espaldas.</p> + +<p>Sacó el dependiente una esportilla de la caja, contó el dinero, y sin +más conversación hizo la entrega. Marchose llorando la muchacha, y aún +se oía el ruido de sus pasos cuando el caballero de la camisa limpia +dijo severamente:</p> + +<p>—No se le olvide a usted apuntar que <i>Gasparón</i> es <i>baja</i>.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Cuando los obreros supieron que a <i>Gasparón</i> se le habían pagado <i>dos +días y medio</i>, corrió sobre sus tugurios y agitó sus cabezas viento de +tempestad. La iniquidad llamó a la ira.</p> + +<p>Reuniéronse los delegados de los grupos, hubo Junta una noche en la +trastaberna del <i>Francés</i>, y para completo conocimiento del caso, se +citó también al pobre manco.</p> + +<p><i>Gasparón</i> contó su desgracia con la mayor naturalidad, mostró el muñón +cicatrizado, lleno de costurones, y luego, mientras duró la reunión, no +cesó de molestar a los amigos pidiendo que le desliaran cigarrillos, +porque aún no estaba acostumbrado a valerse con una sola mano.</p> + +<p>Una lámpara sucia, que apenas daba luz, ardía inútilmente, sin alumbrar +el cuarto. Casi no se veían cuerpos, ni figuras, ni rostros. Las voces +parecían salir de entre sombras como protestas y amenazas anónimas.</p> + +<p>—Llevo cincuenta y dos años de taller—dijo el que habló primero—y sé +más que vosotros; porque he corrido muchas fábricas; entré a los doce... +Siempre he dicho que lo mejor sería <i>obligarles</i> a mantener a los que ya +no pueden trabajar. Si no, ya lo veis; callos en las manos y la tripa +vacía.</p> + +<p>—Yo, con menos años—dijo otro—tengo más experiencia: lo mejor es +ponernos de acuerdo, guardar secreto y estropearles el material, la mano +de obra, la herramienta, todo lo que se pueda; perder tiempo, fundir +mal, tejer peor. En un año no quedaba fábrica con crédito.</p> + +<p>—Ni obrero con pan.</p> + +<p>—¡Las ocho horas!—exclamaron varios al mismo tiempo.</p> + +<p>—Buen consuelo, ser perros ocho horas en vez de nueve.</p> + +<p>—Aumento de jornal.</p> + +<p>—Y en seguida suben ellos la ropa, el pan, la casa... si pudieran... +¡hasta el aire tasaban!</p> + +<p>Entonces se oyó una voz que no había sonado aún: una voz que delataba un +cuerpo chico y una voluntad monstruo.</p> + +<p>—Aquí no hemos venido a discutir sino a vengarnos. ¿Tenéis coraje? ¿Sí +o no? Yo sé donde hay tres cartuchos de dinamita, de a dos kilos y +medio; uno para el almacén de modelos, que es lo que vale más; otro para +casa del amo, por la parte de atrás donde tiene la familia... y el otro +se guarda para cuando haga falta. Echamos suertes, y a quien le toque, +aquél los pone.</p> + +<p>Un silencio prolongado y medroso siguió a la horrible proposición. A +unos les asustaba la idea del estrago; a otros el terror del castigo; +con la voluntad, casi todos fueron cómplices; ninguno dijo: «Yo me +atrevo.»</p> + +<p>De pronto se levantó <i>Gasparón</i>, dio dos chupadas al pitillo, y +colocándose bajo la débil claridad de la lámpara, para que le leyeran en +el rostro lo inquebrantable de la resolución, habló de esta manera:</p> + +<p>—Todo eso es inútil, o es infame. ¿Montepío ni pensiones, con dinero de +ellos? Estáis soñando. ¿Huelga? ¿Para qué? ¿Para hocicar en cuanto falta +el pan en casa, quedar empeñados y volver al trabajo? Lo de los +cartuchos, es una salvajada de cobardes; ¡por cuenta mía no se asesina a +nadie! Dejad a mi cargo la venganza, que será buena.., y larga.</p> + +<p>Unos refunfuñando, y otros de buen grado; por miedo los pusilánimes, y +los exaltados porque en los ojos de <i>Gasparón</i> adivinaron algo tremendo +y misterioso, todos accedieron a su ruego; y la reunión se disolvió +enseguida, semejante a una de esas tormentas que llevan en su seno el +rayo y no lo lanzan a la tierra.</p> + + +<p class="head">V</p> + +<p>Al día siguiente <i>Gasparón</i> se puso a pedir limosna al pie de la +soberbia casa donde vivía el fabricante. Allí está siempre junto a la +verja de remates dorados, cerca de una ventana, tras cuyos cristales +caen en amplios pliegues los cortinajes de seda: allí se le ve de sol a +sol mostrando el muñón cicatrizado, destacándose el bulto haraposo de su +cuerpo sobre la fachada de mármol, y llevando siempre colgado al cuello +un cartelillo en que se leen estas palabras: <span class="smcap">Inutilizado en la fábrica +de don Martín Peñalva</span>.</p> + +<p>Súplicas, amenazas, ofertas para que se retire, cuanto se ha intentado +ha sido en balde. Allí está cuando el rico industrial, nuevo señor del +feudalismo moderno, sale a sus placeres y sus agios; cuando su esposa +vuelve de rezar, y cuando sus hijas van a saraos y fiestas envueltas en +primorosas galas.</p> + +<p>Aquel mendigo en la puerta de aquel palacio es una afrenta viva: y es +también una tremenda profecía.</p> + +<p>La mano con que pide parece que amenaza.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chap"><a name="LA_BUHARDILLA" id="LA_BUHARDILLA"></a>LA BUHARDILLA</h3> + + +<p class="head">I</p> + +<p>La casa de los duques de las Vistillas era de las mejores entre las +buenas viviendas nobiliarias del antiguo Madrid. No podía compararse con +ella la de los Guevaras, ni la de los Peraltas, ni la de los Zapatas, ni +aun la de los <i>Salvajes</i>: se parecía a las de Oñate y Miraflores. Sus +dueños le decían el <i>palacio</i>... y, sin embargo, no pasaba de ser un +caserón destartalado, de grandes salones, tremendos patios y pasillos +laberínticos. La fachada era de agramillado y berroqueña del +Guadarrama: tenía zócalo de granito con respiraderos de sótano, planta +baja con descomunales rejas dadas de negro, principal de anchos huecos +con fuertes jambas, recios dinteles y guarda polvos casi monumentales: +sobre el balcón del centro, que caía encima del zaguán, ostentaba un +enorme escudo nobiliario, ilustre jeroglífico compuesto por cabezas de +moros, perros, cadenas, bandas y calderos; todo ello dominado por un +soberbio casco de piedra caliza que el tiempo iba enrojeciendo con el +chorreo de las lluvias mezclado a la herrumbre del balconaje. El piso +segundo, bajo de techo y a manera de ático, tenía ventanas pequeñas, y +sobre el entablamento descollaban las buhardillas altas, aisladas, +recubiertas de tejas, guarnecidas de verdosas vidrieras, ante las cuales +se veían desde lejos las ropas recién lavadas y tendidas que goteaban +sobre estrechos cajoncitos, plantados de yerba luisa, albahaca, yerba de +gato y claveles.</p> + +<p>Eran estas buhardillas habitación de gente pobre que vivía en contacto +frecuente con los ricos: así estaban cercanos la necesidad y el remedio, +hermoso maridaje que aplaca la envidia de los que no tienen y amansa el +egoísmo de los que poseen. Los amos ocupaban en invierno el principal y +en verano el bajo: en el segundo estaba la administración, y en las +buhardillas, los cocheros, pinches y lacayos, amén de dos o tres +familias de sirvientes jubilados y gentes protegidas, entre ellas, +Manuela, hija de un ayuda de cámara, hermana de una doncella y viuda de +un mozo de comedor que había servido muchos años y murió, dejándola +embarazada.</p> + +<p>Daban los señores a Manuela, en recuerdo de lo bien que se portó su +marido, tres reales diarios y casa; es decir, una de aquellas +buhardillas que desde la calle se veían descollar por cima del tejado, +entre ropas blancas y macetas verdes.</p> + +<p>De la misma edad que Manuela tenían los duques una hija tan graciosa, +picaresca y bonita, que parecía un modelo de Goya, y tan buena, que en +limosnas y socorros gastaba mucho de lo que sus padres le daban para +galas y alfileres.</p> + +<p>La casualidad, o la Providencia, que acaso sean hermanas sin saberlo, +hizo que la duquesita y Manuela se enamorasen y casaran casi al mismo +tiempo, hacía mil ochocientos setenta y tantos. Sin duda el amor, que no +distingue de jerarquías ni clases, les rozó simultáneamente con sus +alas. Algo así debió de suceder, porque ambas fueron madres con +diferencia de unas cuantas horas. Cuando el hijo de la duquesita vertía +sus primeras lágrimas entre lienzos de Holanda y ricos encajes, hacía +sus primeros pucheros el chiquitín de Manuela envuelto en pañales de +bayeta amarilla.</p> + +<p>No habían salido a misa de parida, aún guardaban cama, cuando una noche, +casi de madrugada, la duquesita mandó llamar a su doncella, hermana de +Manuela. Pasó un buen rato sin que acudiese la chica, impacientose el +ama, y al llamar por tercera o cuarta vez, entró al fin la muchacha +diciendo llorosa y acontecida:</p> + +<p>—Dispense V. E..., estaba arriba... porque a mi hermana <i>paece</i> que se +la <i>yeba</i> el Señor.</p> + +<p>—¿Qué le pasa?</p> + +<p>—Pues lo peor: dice el señor médico; que así como a V. E. le ha +<i>sucedio</i> con bien la subida de la leche, a la pobre Manuela le ha +<i>entrao</i> una calentura <i>malina</i> que nos quedamos sin ella.</p> + +<p>La duquesita quedó aterrada. Como su situación y la de aquella +desdichada era casi la misma, pensó que podía haberse hallado en caso +igual; tuvo miedo, tembló por sí, y se estremeció ante la idea de dejar +sin madre a aquel pedacito de su alma concebido entre placeres, parido +entre dolores, que allí dormía puestos los labios en su pecho y acogido +al calor tibio y cariñoso de su cuerpo.</p> + +<p>—Válgame Dios—dijo la señora—con que calentura maligna...</p> + +<p>—Pero muy grande, y lo más malo es que ha dicho el señor médico que +busquen quien dé teta al niño... y ya ve vuecencia, así de pronto +cualquiera encuentra... Está la criatura llorando como un cachorro... +chupa que chupa, Manuela con los pechos secos... y <i>ná</i>, como si mamase +de un pepino.</p> + +<p>La duquesita miró a su hijo con ternura, y en seguida, obedeciendo a una +de esas inspiraciones femeninas que ante nada se detienen, dijo:</p> + +<p>—¿Y no hay quien le dé teta?</p> + +<p>—Nadie: ya hemos <i>corrío</i> toda la <i>vecindaz</i>..., y aunque ahora al +pronto se encontrara, ¿cómo quiere V. E. que luego pague un ama? Estará +de Dios que se quede sin hijo.</p> + +<p>—Pues oye... sube corriendo, coge al niño, mira si está limpito y +bájalo... Yo tengo leche para dos.</p> + +<p>Oposición de los padres, enojo del marido, advertencias del médico, todo +fue inútil. La duquesita dio teta al hijo de Manuela durante tres días, +al cabo de los cuales, doblegándose ante la enérgica actitud de su +esposo, devolvió el niño a la madre, prendiendo entre los pañales un +billete de Banco para que pudiese pagar nodriza.</p> + +<p>Súpose todo aquello en el barrio, y cuando la señora salió a misa de +parida, no logró pisar el suelo de la calle; porque desde la escalera +hasta el zaguán donde aguardaba el coche, y desde las gradas de la +parroquia hasta el altar de la Virgen, las mujeres de la vecindad habían +alfombrado el piso con mantones y flores; mantones raídos, flores +baratas...; pero no hubo sultán de Oriente que disfrutara triunfo +igual.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>Muertos sus padres pocos años después, la duquesita, por seguir, la moda +y complacer a su marido vendió la casa de sus mayores y edificó en la +Castellana un hotel a la francesa, dirigido por un arquitecto de París. +Cayó la antigua morada de los Vistillas, destruyose la severa fachada, y +casi juntos rodaron por el suelo los fragmentos del escudo roto y las +tejas de las buhardillas derruidas. Lo que produjeron las rejas y los +sillares de berroqueña apenas bastó para pagar unas cuantas piedras +traídas de Angulema. El nuevo edificio era extranjero, antipático, +barroco, en el mal sentido de la palabra, y en vez de buhardillas +españolas, tenía una gran montera de pizarra.</p> + +<p>Claro está que al derribarse la casa antigua fueron echados a la calle +los servidores jubilados, y entre ellos Manuela. En vano intentó ver a +la duquesa. El mayordomo, un burgués en canuto, más aristocrático y +orgulloso que el amo a quien sisaba, no permitió que se acercase a la +señora.</p> + +<p>Manuela comenzó entonces a subir esa calle de la amargura que se llama +miseria. Fue peinadora, cosió para las tiendas y el corte, siendo +desgraciada en todo, y por último se puso a lavandera.</p> + +<p>Pasó tiempo. La duquesita, esbelta y grácil, como un ángel de los que +pintó Goya en San Antonio, se había convertido en una señorona de +opulentas formas: Manuela, antes guapa, airosa y limpia, estaba fea, +ordinaria, flaca, embastecida por el trabajo y desfigurada por las +privaciones.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Un día hubo motín de lavanderas. El Ayuntamiento, a quien el pueblo +llamaba el gran matutero, les exigía un nuevo impuesto, y las pobres no +podían ni querían pagarlo.</p> + +<p>La gresca comenzó muy de mañana en los lavaderos del Norte, se corrió +río abajo desde los once caños hasta los puentes de Segovia y Toledo, +arreció en los cobertizos del pontón, engrosó, por ser domingo, con la +gente de los merenderos, y al medio día los grupos de mujeres armadas de +palos, piedras, trancas y estacas subieron por el Paseo de los Ocho +Hilos y la calle de Toledo a desembocar en la Plaza de la Cebada. En +vano luchaban las tituladas autoridades.</p> + +<p>—¡Muchachas! ¡Hijas mías!—decía el gobernador—todo se arreglará... +Nombrad una comisión.</p> + +<p>Una de aquellas desdichadas se adelantó diciendo:</p> + +<p>—Mire <i>ustéz</i> usía..., estamos hartas, y no nos da la gana. Las que +salimos mejor libradas, las de lavadero, pagamos <i>cá</i> sábado treinta +<i>ríales</i> de pila y colada; dos <i>ríales</i> de mozos <i>pá</i> que cuelen con +<i>cudiao</i>; por cada carretilla de ropa de la pila al cuelo, y del cuelo a +la pila, una perra grande; en los tendederos otra perra, y en cuantito +que llueve, <i>pá</i> que recojan pronto, otra perra... por subir y bajar +talegos una peseta <i>cá</i> viaje; y ponga usted jabón, palas, jornal de +ayudantas, valor de prendas <i>perdías</i>... y las heladas y los calores... +las que <i>tién</i> más suerte les queda diez <i>u</i> doce <i>ríales</i> por semana... +vamos, lo que usted gasta en un puro. ¿Qué <i>quiuste</i> que comamos? ¡Y +ahora pone el alcalde otra contribución! ¡Como no <i>sus</i> demos morcilla!</p> + +<p>Un guardia quiso prender a la oradora, pero sus compañeras la +defendieron a palos, mordiscos y arañazos... Salió un sable de la vaina, +y allí fue Troya. Un diluvio de piedras y medios ladrillos cayó sobre +los representantes del poder; y todos quedaron iguales; así los mal +nombrados por el gobierno, como los peor elegidos por el pueblo. +Gobernador, alcaldes, concejales, inspectores y guindillas, tuvieron que +huir vergonzosamente ante las amazonas del Manzanares. Apaleaban a los +agentes, herían a los guardias, silbaban a los clérigos, ordenaban +cierre de tiendas, y recorrían la capital en son de guerra, gritando: +«¡Muera el alcalde! ¡Abajo los ladrones!» En la calle de Atocha +sufrieron una carga de caballería. Seis u ocho quedaron descalabradas a +sablazos y tendidas en medio del arroyo; otras cayeron pateadas por los +caballos; las más se replegaron desordenadamente hacia la plaza de Antón +Martín. Iban furiosas; no eran mujeres, sino fieras.</p> + +<p>Hubo momentos en que lo comenzado como asonada de miserables +desgraciadas amenazó trocarse en alzamiento social. Los primeros gritos +fueron: ¡No pagamos! ¡Abajo la peseta! ¡Abajo el alcalde! Luego el +pueblo, con ese instinto que le hace relacionar ideas hasta encontrar el +origen de su daño, comenzó a gritar ¡Abajo los ladrones! y por último la +miseria fermentada, la pobreza escarnecida, la ignorancia fuerte y sin +freno, todo aquel conjunto de injusticias acumuladas se condensó en una +voz terrible: ¡Mueran los ricos!</p> + +<p>A este punto llegaba la marea del hambre, cuando en mal hora acertó a +desembocar en la plaza una soberbia carretela ocupada por dos señoras +elegantísimas. Los caballos ingleses, el coche francés, y lo que ellas +llevaban desde las telas de los trajes hasta las horquillas de oro, +desde las medias de seda hasta las primorosas flores de sus +sombrerillos, todo tenía ese aspecto de suntuosidad a la moderna que +cuesta más caro cuanto parece más sencillo.</p> + +<p>Entonces, aquel río de furias desgreñadas, aquellas turbas harapientas, +atajaron el paso al coche, y sobre las magníficas faldas de las damas, +pálidas de sorpresa y medio muertas de miedo, comenzó a caer en lluvia +pastosa y sucia el barro arañado de entre los adoquines o cogido en las +socavas de los árboles; y empezaron a silbar por el aire trozos de +cascote, escuchándose los rugidos de las amotinadas, que vociferaban: +¡Mueran los ricos! Dos o tres piedras chocaron contra la caja de la +carretela, quedó herido el lacayo, una moza de fuerzas hercúleas metió +un garrote entre los radios de una rueda y apalancando con alma para +que no se moviera el coche, faciltó que por la trasera de éste treparan +varias chicuelas ansiosas de arrancar de los sombrerillos las primorosas +flores pagadas en París a peso de oro. Y los gritos no cesaban: ¡Vamos a +desnudarlas! ¡Mueran los ricos! El momento fue horrible; aquello parecía +el choque del hambre con la inconsciente insolencia de la hartura.</p> + +<p>De repente, una de las amotinadas, que estaba en tercera o cuarta fila, +comenzó a dar codazos y empellones pugnando por abrirse paso.</p> + +<p>Debía de ser alguna de las jefas, porque los grupos se espaciaron +dejándola avanzar hasta la caja del coche, mientras ella, gesticulando +enérgicamente, decía con los brazos en alto:</p> + +<p>—¡Compañeras, quietas! ¡Chicas, no tiréis! ¡Dejadme hablar... no seáis +bestias!</p> + +<p>Viendo a aquella mujer, la más joven de ambas damas, dio un grito de +asombro y de sorpresa, exclamando:</p> + +<p>—¡Manuela!</p> + +<p>—¡Yo soy <i>señá</i> duquesa!</p> + +<p>Y subida en el estribo, agarrándose a la capota, siguió gritando;</p> + +<p>—¡Muchachas, por lo que más queráis en el mundo <i>sus</i> pido que no les +hagáis daño! Ellas no <i>tién</i> la culpa. ¿Sabéis quién es ésta, la guapa, +la más joven, la que <i>paece</i> la Virgen de la Paloma? Las que me +conocéis, las de mi lavadero, ¿no <i>m'habéis</i> oído contar que cuando mi +hijo se me moría le dio la teta una señora?... ¡Pues ésta es! ¡<i>Pa</i> +hacerla daño me tenéis que matar a mí!</p> + +<p>Sonó algún silbido, se oyeron algunas carcajadas de mofa, pero las +turbas abrieron paso, los grupos se aclararon, la lavandera echó pie a +tierra, arreó el cochero y el carruaje pudo arrancar despacio por entre +aquella muchedumbre hostil, momentáneamente amansada. La duquesa miró a +su salvadora con los ojos nublados de lágrimas, y Manuela siguió +mientras pudo al lado del coche, diciendo, trémula de gozo:</p> + +<p>—¡Adiós, señora! ¡Qué lejos que estamos ya los pobres y los ricos! +¡Cuánto más valían aquellas buhardillas cuando vivíamos unos cerca de +otros <i>pa</i> conocernos y querernos! Ahora hacen unos <i>ciminterios</i> de +vivos que les <i>yaman</i> barrios pa obreros... y cuando subimos a Madrid... +¡es <i>pa</i> esto!</p> + +<p>—¡Te debemos la vida!—dijo una voz aún entrecortada del terror.</p> + +<p>—¡Adiós, señora!</p> + +<p>Trotaron los caballos, se alejó en salvo el coche, y a su espalda, ya +lejos, arreció el rumor formidable del motín, semejante al ruido de una +presa cuando rota la esclusa se precipita el agua en oleadas de espuma +sucia y turbulenta.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="EL_OLVIDADO" id="EL_OLVIDADO"></a>EL OLVIDADO</h3> + + +<p>Desde que la mano levantaba el pegado cortinón de alfombra, reforzado +con tiras de cuero, quedaban los ojos deslumbrados. La iglesia estaba +hecha un ascua de oro. Las capillas laterales despedían resplandores +amarillentos que, como grandes bocanadas de claridad, se confundían en +el centro de la nave: de los arcos pendía multitud de arañas con flecos, +colgajos y prismas de cristal tallado, en cuyas facetas irisadas se +multiplicaba hasta lo infinito el tembleteo de las luces: y, al fondo, +el retablo del altar mayor semejaba un monumento de oro adivinado tras +la pirámide de llamas formada por cirios y velas, cuyos pábilos +chisporroteaban, esmaltando de puntos rojos las espirales del incienso +que flotaba en la atmósfera calurosa y pesada.</p> + +<p>Casi no se distinguían imágenes, confesionarios, puertas, pinturas, ni +tapices; los bultos y las líneas, perdidos la forma y el contorno, +estaban ofuscados por un fulgor que, a pesar de su intensidad, recordaba +la palidez enfermiza y triste de la cera. Las lámparas de aceite, +repartidas a distancias y alturas desiguales, brillaban con claridad +verdosa; y sobre la alta cornisa, de donde arrancaba la bóveda, había +una línea de ventanas cegadas con cortinas en que los rayos del sol se +detenían, iluminando los bordes de la tela y resbalando luego, +amortiguados y débiles, por las molduras polvorientas.</p> + +<p>A los lados, en las entradas de las capillas, estaban los hombres, en +pie la mayor parte, algunos arrodillados, todos cansados, formando +grupos donde resaltaban los cráneos relucientes, las cabezas canas y los +rostros encendidos del calor.</p> + +<p>Las mujeres llenaban todo el centro de la nave: había tantas que estaban +apiñadas, molestas, dejando oír continuamente el chocar de las sillas, +el crujido de las sedas y el aleteo de los abanicos. No iban vestidas de +trapillo, como salen a las primeras misas, sino lujosamente ataviadas, +cual si para ir a la casa de Dios les hubiesen servido la vanidad y la +tentación de doncellas consejeras. Su gracia y su hermosura, realzadas +por la gravedad de los semblantes; la coquetería de sus movimientos al +volver las hojas de los libros llenos de cifras y blasones; el modo de +liarse a la muñeca los rosarios que parecían joyas; el inclinar la +cabeza sobre el pecho anheloso, mirándose de reojo los pliegues de la +falda; alguna tosecilla rebelde, rastro de los escotes del invierno, y +alguna sonrisa cautelosa dirigida hacia las laterales de la nave, todo +delataba una devoción superficial, elegante, frívola y mezquina; piedad +exenta de grandeza, manchada de reminiscencias mundanales.</p> + +<p>Sus espíritus parecían vagamente abismados en la contemplación no +lograda de algo que incompletamente deseaban, mostrando quietud sin +recogimiento y misticismo sin poesía.</p> + +<p>Sus cuerpos eran figuras de cuadros modernísimos. Tenían en los trajes +dibujos primorosos; combinaciones de colores extraños perfectamente +armonizados; cintas de tornasoles inverosímiles; flores tan bien +contrahechas, que parecían recién cogidas entre rocío húmedo, y plumas +tan leves como los filamentos vaporosos del incienso que flotaba en el +aire.</p> + +<p>La esbeltez de los talles, la exuberancia de los bustos, todos sus +encantos y atractivos, estaban realzados, favorecidos, expuestos, y como +ofreciéndose con la premeditación de un arte seductor y diabólico.</p> + +<p>Las ropas les cubrían el cuerpo, pero ciñéndolo, plegándose +amorosamente, ondulando hasta modelar la forma como lienzos húmedos; +dejando las bellezas a un tiempo tapadas y desnudas, vestidas y +deshonestas, convirtiéndose el paño que oculta en gasa que revela y la +gracia que atrae en sensualidad que enerva. Sus caras, alteradas por el +disimulo y la coquetería, eran rostros de esfinge, espejos de almas +insondables. Aquellas mujeres, nacidas en las cumbres sociales, y +mimadas por la fortuna, eran la obra perfecta de la Naturaleza, +embellecida por las fuerzas de la civilización. Lo que sobre sí llevaban +era la cifra y compendio del trabajo humano: todas las ciencias, todas +las industrias convergían a buscar maravillas o realizar prodigios para +ellas. Allí estaban todos los tipos de la belleza femenina, todas las +variedades de la hermosura, y de entre las largas filas, de cabezas se +desprendían emanaciones turbadoras: olor a lilas blancas que hace +traidora la pureza, clavel rojo que huele a clavo, heno fresco que trae +a los sentidos laxitud de amores campestres, y aromas intensos del +Extremo Oriente, quintaesenciados por las artes viciosas de la Vieja +Europa. La dulzura de las miradas, el ligero palpitar de los labios +estremecidos por el rezo, no eran bastante a disipar la fascinación que +con su hermosura despertaban.</p> + +<p>Cuando se movían arreglando los reclinatorios y las sillas, el sagrado +recinto parecía estremecerse como santo mordida por la tentación, y el +crujir de las sedas imitaba rumor de viento entre hojarasca caída y +seca.</p> + +<p class="linea">Las luces brillaban intensamente; la atmósfera cargada, casi opaca, iba +tomando junto a las llamas cambiantes opalinos. El formidable trompeteo +del órgano, a veces dominado por las notas altas del canto, se +desparramaba por el aire en oleadas de armonía, y cuando cesaban se oía +monótono y constante el sonido casi cristalino, pertinaz y agudo, de una +moneda de oro golpeada contra una bandeja de plata. Entre el fulgor +amarillento de las luces y el sonido de aquella moneda, el templo +parecía dominado por algo terrenal y profano, mientras arriba, en lo +alto de la cornisa, a cada instante penetraba con más dificultad la luz +del sol.</p> + + +<p>En el crucero de la nave había un ventanal gótico guarnecido de vidrios +de colores, industria moderna que reproducía con fidelidad pasmosa una +composición antigua, donde estaba pintada, como en un transparente +mágico, el sublime episodio de que hablan los Evangelios cuando refieren +cómo Jesús echó a los mercaderes del templo.</p> + +<p>Era el fondo un edificio soberbio hecho con mármoles y jaspes, e +invadido por muchedumbre de gentes abigarradas vestidas lujosamente a +usanza hebrea. Los cambistas y negociantes estaban sentados ante las +mesillas cargadas de dinero; otros vendían copas de metales preciosos; +por el suelo había cestas de panes, jaulas de palomas, y en el centro +resaltaba la figura de Jesús divina e imponente, vestido con túnica tan +blanca como la luz misma, echando de allí a los que profanaban la casa +del Señor. Y en el friso del ventanal se leían estas palabras del +evangelio de San Mateo, escritas con caracteres góticos:</p> + +<div class="linea"> +<p class="linea"><i>Y les dice: Escrito está. Mi casa, casa de oración será llamada; mas +vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.</i> +<span class="linea"> </span></p> +</div> + +<p>Al caer la tarde el sol poniente abarcó con sus rayos la ventana de +colores iluminando de lleno la figura blanca con sus rayos +horizontales; y entonces, como si milagrosamente la vivificaran los +besos de aquella luz celeste, se fue desprendiendo de los vidrios, tomó +cuerpo en el aire semejante a una forma diáfana, impalpable, flotó en el +atmósfera, y lentamente fue bajando, bajando, a modo de aparición +soñada, hasta tocar con sus sagrados pies el pavimento de la iglesia, +por donde en luces amarillentas, lujos culpables y reflejos metálicos, +parecía también desparramado el oro caído de las mesillas de los +mercaderes.</p> + +<p>Vagó un momento por entre sedas vistosas, flores contrahechas y perfumes +lascivos, vio pendientes de los muros del templo los cepillos que pedían +dinero, leyó en los corazones el ánsia de riquezas, y ante la impureza +de las concupiscencias humanas, su alma se anegó en la tristeza infinita +que experimenta el sacrificio estéril y olvidado... mientras en todo el +ámbito del templo repercutía el sonido de la moneda de oro golpeada +contra la bandeja de plata.</p> + +<p>Entonces se inclinó hacia el suelo, cogió de un rincón un manojo de +cuerdas olvidadas, y esgrimiéndolo a manera de látigo, castigó con +justicia y sin piedad.</p> + +<p>Nadie le veía, nadie sentía dolor, y sin embargo las cuerdas +acardenalaban las carnes, rompían las galas y mostraban desnudos los +cuerpos pecadores. Llenose el aire de deseos torpes, de citas culpables, +de hedor de riqueza mal ganada, de gemidos de tristes faltos de +consuelo, de llanto de pobres olvidados. Viento de pavor heló los +corazones. Allí fue el rechinar de dientes y el crujir de huesos de que +habla la Escritura.</p> + +<p class="linea">Hubo un momento de terror indecible, como debió de haberlo en el templo +de Jerusalén, y toda aquella profusión de lujo y de poder quedó +destruida y condenada, fantásticamente, en silencio, sin voces, sin +gritos, sin dolor físico, sin que lo advirtieran los sentidos. No fue la +destrucción en la realidad tangible de las cosas, sino en la íntima +realidad de las conciencias.</p> + +<p>Siguió el órgano lanzando su formidable trompeteo, el incienso ocultando +los altares, y continuó la monedita de oro golpeando la bandeja de +plata.</p> + +<p>Hecho aquel justo estrago, la figura blanca desprendida del vidrio +perdió su forma corporal al trasponer la puerta, y trocada en resplandor +luminoso, se hizo ingrávida, se alzó de tierra y se borró en el aire.</p> + +<p>Aquella noche, en el templo solitario todo estaba en orden, pero en el +ventanal gótico faltaba la figura blanca, y por el hueco de contorno +humano que formaban los plomos sin vidrios, se veía en el cielo el +parpadear misterioso de los astros.</p> + +<p>En el pensamiento y la memoria de las gentes quedó clara y viva la +impresión del milagro. ¿Fue antojo de imaginaciones turbadas? ¿Fue +realidad?</p> + +<p>Alguien dijo que le había visto en la calle socorrer a un pobre, mirar +con piedad a una mujer perdida, y acariciar a un niño... Pero nadie +sabía quién era. Todos le han olvidado.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + +<h3 class="chapp"><a name="LA_CUARTA_VIRTUD" id="LA_CUARTA_VIRTUD"></a>LA CUARTA VIRTUD</h3> + + +<p>Estaba el deán tomando chocolate y leyendo entre sorbo y sopa un diario +neo católico, cuando entró en su cuarto el ama, diciendo sobresaltada:</p> + +<p>—Señor, ahí está Garcerín, y dice que la catedral se viene abajo.</p> + +<p>El deán, alma de la diócesis, porque el señor obispo de puro bueno no +servía para nada, agitó con la cucharilla el vaso de agua donde se +estaba deshaciendo el azucarillo, bebióselo tranquilamente, se limpió +los labios con la servilleta, y mientras encendía un cigarro de papel, +más grueso que puro, repuso sin alterarse:</p> + +<p>—Lo de siempre... ganas de asustar... algo menos será. Dile que pase.</p> + +<p>Garcerín, el monaguillo más listo y endiablado de la santa basílica, +traía el espanto pintado en la cara.</p> + +<p>—¿Qué hay, buen mozo?</p> + +<p>—Señor, que esta vez va de veras.</p> + +<p>—Cuenta, cuenta.</p> + +<p>—Pues, ahora mismo estaba yo quitando los cabos de los candeleros del +Carmen, junto al crucero, cuando sonó por arriba, muy arribota, un ruido +como si crujiera una piedra al partirse, y cayeron tres o cuatro pedazos +mayores que manzanas. Yo creí que serían, como otras veces, de la mezcla +que une los sillares, pero miré a lo alto y vi que no: eran de la piedra +blanca de la cornisa, donde hay un adorno que parece una fila de huevos +y otra de hojas... de pronto ¡pum! otro pedazo gordo, como su cabeza de +usted, y dio en la esquina del altar, y partió el mármol... y eché a +correr hacia la sacristía.</p> + +<p>—¿Quién estaba allí?</p> + +<p>—El señor arcipreste: le señalé dónde había sido, miró, y dijo: +«¡Pronto, a cerrar! ¡que no entre nadie... que no pase nadie por ahí! Es +el pilar del lado de la Epístola. Vaya, este es el acabose.» Yo volví a +mirar, y ¿se acuerda usted de que los pilares son como unas columnas +cuadradas, grandes, muy grandes? Pues por arriba, arriba, se han +<i>desapartao</i> las piedras más gordas, y entre dos de ellas queda un hueco +que cabe un gato... y de allí está cayendo arena y chinas de cal... Dice +el señor arcipreste, que con que pase un carro por fuera se viene abajo +media iglesia.</p> + +<p>—Tenéis razón: esta vez va de veras. Vamos allá.</p> + +<p>El señor deán, profundamente disgustado, se puso el manteo, cogió la +teja de reluciente felpa, y salió diciendo como si el chico pudiese +comprenderle:</p> + +<p>—Entre el ábaco y la cornisa: allí está el mal.</p> + +<p>A los pocos momentos entraban en la iglesia. Efectivamente: por uno de +esos fenómenos difíciles de razonar a primera vista y frecuentes en toda +vieja fábrica arquitectónica, el pilar del lado de la Epístola se había +rajado en su tercio superior lo mismo que una caña, sin que el arco que +en él se apoyaba sufriese, al parecer, la más ligera desviación: pero +bastaba ver en lo alto el hueco de que habló el muchacho para comprender +que el hundimiento de la bóveda podía sobrevenir de un momento a otro.</p> + +<p>Suspendiose el culto, y aquella misma semana, antes de que comenzaran +los trabajos de apuntalamiento, el telégrafo difundió por el mundo la +noticia de que se había venido abajo la bóveda del crucero.</p> + +<p>El gobierno pidió a las Cortes un crédito extraordinario, se nombró una +junta de restauración, y el deán fue el alma de ella, porque en la +diócesis nada se podía hacer sin su consejo.</p> + +<p>Era el deán relativamente ilustrado, leía mucho, tenía fama de entender +en cuadros antiguos, y sabía dar a sus sermones cierto tinte artístico +que contrastaba con la austera sequedad de otros oradores sagrados. Por +ejemplo: para hacer el retrato de un asceta, lo pintaba como Zurbarán; +al describir un martirio, se inspiraba en el San Bartolomé, de Ribera; +al hablar de los horrores de la Pasión, traía a cuento los Cristos +demacrados y escuálidos de Morales; y cuando quería dar idea de la +Ascensión de la Virgen, la presentaba en periodos tan brillantes y +poéticos como los fondos luminosos que puso Murillo a sus Concepciones: +con todo lo cual y ser académico correspondiente de la de Bellas Artes, +(porque en cierta ocasión mandó a Madrid el brocal de un pozo árabe +diciendo que era romano) como no había en el cabildo otro que valiera +más, pasaba por sabio, y hasta los periódicos liberales le llamaban +erudito. Claro está que con tales antecedentes fue el alma de la +restauración. Bajo su dominio tuvo el arquitecto que pasar las de Caín, +pero al fin y al cabo se levantó el pilar y se rehizo la bóveda.</p> + +<p>Concluida la parte arquitectónica de la obra, tratose de decorar lo que +debía estar decorado, llamáronse pintores y estatuarios, y previa +presentación de bocetos quedaron sustituidos por otros nuevos cuantos +santos y santas perecieron en la pasada catástrofe. Mas no todo salió a +gusto del deán, y como aún faltaban por decorar las cuatro pechinas +formadas por los arcos del crucero, se deshizo de los artistas que hasta +entonces trabajaron en la iglesia, y buscó uno capaz, a juicio suyo, de +concebir y ejecutar maravillas.</p> + +<p>El pintor en quien se fijó era hombre de extraordinario mérito. +Llamábase Molina y en él estaban reunidas y ponderadas de tal suerte y +en tan justa medida la ilustración, las facultades reflexivas y las +condiciones de pintor, que sabía estudiar, convertir el estudio en +inspiración, madurar el pensamiento, y luego darle forma, haciendo que +en su pintura hubiese idea y que ésta no quedara empequeñecida por mal +interpretada. En una palabra, un gran artista que discurría como Miguel +Ángel y ejecutaba como Velázquez. Lo que no tenía, por ser español, era +dinero; mas a consecuencia de haber enviado obras a exposiciones +extranjeras y haber retratado a una embajadora hermosísima, era su +nombre conocido en toda Europa. Deseoso de acrecentar su fama, y también +de hacer fortuna, estaba precisamente a punto de expatriarse, como +tantos otros, cuando le buscó el deán encargándole los bocetos para las +cuatro pechinas; trabajo que aceptó gozoso, primero por dejar en su +patria muestra de lo que valía; y, segundo, porque necesitaba arbitrar +recursos para el viaje.</p> + +<p>Diose luego a pensar en cómo realizaría su trabajo. La cosa no tenía +nada de fácil. Vistas desde el pavimento de la nave las pechinas, eran +cuatro superficies triangulares y cóncavas que parecían tener desde la +base al vértice tres metros o poco más, pero miradas de cerca, en lo +alto del andamiaje, eran disparatadas de grandes. Además, en aquel +sitio, a tal elevación y en espacios triangulares, no era racional hacer +composiciones o grupos que desde abajo resultasen empequeñecidos, por +las robustas líneas de la cornisa y el tremendo vano de la cúpula. Ello +fue que después de estudiar mucho y pensar más, Molina resolvió pintar +cuatro figuras colosales, sobre todo grandiosas, que simbolizaran +aspiraciones, ideas y sentimientos armónicos con la naturaleza e índole +del monumento.</p> + +<p>Comenzó a hacer apuntes, bocetos, manchas de color, y ya iba dando vida +real a los pensamientos soñados en el delirio creador, cuando el deán +cayó enfermo, sin llegar a ver nada de lo que el artista había hecho. +Entonces Molina, para trabajar a gusto, decidió no recibir a nadie hasta +tener las cuatro figuras acabadas: nadie había de verlas mientras no las +viese el señor deán.</p> + +<p>La dolencia de éste fue larga; en, tanto que duró no permitieron los +médicos, por ahorrarle cavilaciones, que se le hablase de la +restauración del templo, y aunque así no fuera, nada hubiera podido +saber de lo que hacía Molina, porque el artista con nadie hablaba de su +obra ni toleraba visitas.</p> + +<p>En cuanto el deán se puso bueno, su primera salida fue para ir al +estudio. El pintor tenía terminado su trabajo y cubiertas las cuatro +grandes figuras con otros tantos trozos de percal; a fin de que no les +cayese polvo que ensuciara y velase la pintura fresca.</p> + +<p>Quitó Molina el primer pedazo de percal al entrar el deán, y en la cara +que éste puso comprendió lo mucho que le gustaba la figura. Dejole largo +rato que la contemplase a su sabor, y luego, de un tirón, descorrió la +segunda tela. La figura que ocultaba era infinitamente superior a la +primera, y el deán se deshizo en elogios y alabanzas. Pero esto no fue +nada comparado con lo que experimentó y dijo al descubrir el artista el +tercer lienzo. Aquello sí que era concebir y colocar bien una figura, +dibujar, sentir la forma, ser colorista y dominar todos los secretos de +la paleta. La pintura de Molina venía a ser una fusión admirable de lo +mejor de todas las escuelas. La figura parecía dibujada por Alberto +Durero, tenía el color del Veronés, la elegancia de Boticelli, era tan +decorativa como si la hubiese dispuesto Tiépolo, y tan real como si en +ella hubiese puesto mano Diego Velázquez. El deán creyó volverse loco de +contento.</p> + +<p>«¡Qué artista, qué prodigio!—pensaba.—¡Y qué ojo he tenido yo, porque +sin mí nada de esto tendría la catedral!»</p> + +<p>—Amigo mío, mejor que ésta no puede ser la otra—dijo luego en voz +alta.</p> + +<p>Descubrió Molina la cuarta figura, y allí fue Troya. Al principio no se +dio cuenta el señor deán de lo que tenía delante, pero cuando llegó a +entenderlo, montó en cólera y se puso hecho una fiera, prorrumpiendo en +éstas y parecidas frases:</p> + +<p>—¡Usted está loco! ¿Cómo pongo eso en la iglesia? ¿Cómo se le ha +ocurrido a usted semejante desatino? ¡Se necesita descaro! ¡Usted no +sabe lo que se pesca!</p> + +<p>Molina contestó en el mismo tono, y abriendo la puerta del estudio, +mandó salir al deán; éste creyó desconocida y burlada su autoridad, el +pintor consideró ajado su decoro de artista, y tales cosas se dijeron, +uno bajando la escalera, y otro desde arriba, que nunca más pudo haber +entre ellos paz ni avenencia.</p> + +<p>La catedral se quedó con las pechinas en blanco, y Molina vendió los +lienzos a un inglés.</p> + +<div class="linea"><div class="linea"> +<div class="linea"> +<p>Pasado algún tiempo, el deán cogió una pulmonía en el coro, y el pintor +se volvió tísico, muriendo ambos con diferencia de unas cuantas horas.</p> +</div> +</div></div> + +<p>Sus almas fueron volando por las alturas infinitas, más allá del +firmamento estrellado, donde no alcanza la mirada humana, y atravesaron +los espacios eternamente misteriosos, que han poblado de hipótesis y +mitos los filósofos gentiles, los teólogos cristianos y los poetas de +todas las edades.</p> + +<p>En menos tiempo del que para contarlo hace falta, traspusieron el cielo +pétreo, de que habla Anaxágoras, el de aire vitrificado por el fuego que +ideó Empédocles, las bóvedas cóncavas que imaginó Platón, y los tres +cielos, luminoso, sideral y cristalino, de que habla Santo Tomás.</p> + +<p>Por fin llegaron al Empíreo, donde según Alfonso el Sabio, habitan los +santos, los ángeles, los tronos y las dominaciones, todos ocupados en la +perdurable alabanza del Señor.</p> + +<p>La puerta de la mansión de los justos era de oro, tenía luceros en vez +de clavos, y junto a ella, sentado en una nubecilla, estaba San Pedro +jugueteando con las llaves, aburrido, porque se le pasaban horas y horas +sin tener que abrir a nadie.</p> + +<p>Preocupados solo de su salvación, el deán y Molina no se habían mirado +en el camino, pero al detenerse cerca del Santo se contemplaron +mutuamente exclamando de mala manera al mismo tiempo:</p> + +<p>—¿Usted por aquí?</p> + +<p>Encontrarse y comenzar a reñir, todo fue uno. Prodigáronse frases +depresivas, injurias, improperios, todo género de insultos, con tal +rabia, que San Pedro no pudo menos de decirles:</p> + +<p>—¡Pero hijos míos... ¿no habéis sabido despojaros de las miserias +humanas y pretendéis entrar ahí? Para traspasar esa puerta es preciso +estar limpio de odio y de rencor, de todo sentimiento perverso y torpe.</p> + +<p>Y deseando servirles de amigable componedor, añadió:</p> + +<p>—Veamos si puedo conseguir que hagáis las paces. Contádmelo todo.</p> + +<p>—Yo—habló el deán—encargué a este hombre, que era pintor, cuatro +figuras, y él en desprecio de lo más santo y sagrado... pintó lo que le +dio la gana. Las tres primeras eran soberbias, ¡pero la cuarta!...</p> + +<p>—Señor—interrumpió Molina—efectivamente admití el encargo; los huecos +que había que decorar eran cuatro. Lo primero que se me ocurrió fue +pintar los cuatro evangelistas, pero ya los había hecho otro en distinto +lugar del edificio. Luego pensé cuatro alegorías de la Prudencia, la +Justicia, la Fortaleza y la Templanza... También estaban hechas. Me +acordé de profetas, de patriarcas, de reyes santos: unos eran más de +cuatro, otros menos, otros ya se habían pintado o esculpido. Entonces +pinté primero la Fe...</p> + +<p>—¿Cómo?—preguntó San Pedro.</p> + +<p>—Hermosa, vendada, las vestiduras blancas, en una mano las tablas de la +ley, en otra la palma del martirio, y toda ella iluminada por el sol, +padre de la vida.</p> + +<p>—No estaría mal.</p> + +<p>—Luego pinté la Esperanza.</p> + +<p>—¿De qué modo?</p> + +<p>—En pie sobre la proa de una nave, apoyada en el áncora y fijos los +ojos en el cielo. Luego pinté la Caridad.</p> + +<p>—¿Cómo la representaste?</p> + +<p>—Joven, más fuerte y más hermosa que ninguna, y dando de mamar a un +niño de tipo muy distinto al suyo para indicar que no era su hijo, y que +no le daba el pecho como madre, sino por ser Virtud.</p> + +<p>—En verdad te digo que estuviste acertado.</p> + +<p>—Que diga ahora—les interrumpió el deán—cual fue la cuarta figura que +hizo.</p> + +<p>El artista alzó la frente como quien no se avergüenza y declaró así:</p> + +<p>—Pinté el Trabajo: mozo, vigoroso, inteligente, fornido, con el yunque +sobre un montón de libros para expresar que el estudio es la base de la +fuerza, y coloqué a sus pies, esperando sus obras, la Paz y la Limosna. +Entonces ese hombre—añadió señalando a su adversario—se enfureció +conmigo.</p> + +<p>—Como que esa no es virtud—gritó el eclesiástico—ni siquiera es esa +porque es ese.</p> + +<p>—Porque es virtud macho—dijo el Santo al deán—tú no puedes +comprenderlo. Y vamos a ver, vamos a ver, ¿para dónde eran las pinturas?</p> + +<p>—Para la catedral—contestó Molina.</p> + +<p>—¿Y allí querías colocar el Trabajo?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>Al oír esto San Pedro, volviéndoles la espalda, echó tranquilamente el +cerrojo a la puerta del cielo y luego encarándose con el artista y el +clérigo les dijo:</p> + +<p>—Vaya, vaya, ¡largo, fuera de aquí los dos! Tú, deán, al purgatorio una +temporadita por mal genio; y tú, pintor, tonto de capirote, al limbo, +como si fueras niño sin uso de razón. ¡El Trabajo en la catedral! ¡Qué +oportuno! Sabrás pintar, pero no sabes poner las cosas en su sitio.</p> +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + + +<h3 class="chap"><a name="LOBO_EN_CEPO" id="LOBO_EN_CEPO"></a>LOBO EN CEPO</h3> + +<p class="head">I</p> + +<p>A una ilustre ciudad española, donde los hombres trabajadores y +valientes nacen de mujeres virtuosas y bellas, llegaron hace años dos +viajeros, cuyos trajes negros ni eran enteramente seglares ni del todo +eclesiásticos. Uno de ellos hablaba, aunque dulcemente, como superior; +otro escuchaba con humildad y respondía con respeto. Eran ambos de +continente severo, rostro lampiño y mirada que apareciera humilde si no +fuese por lo tenaz, reveladora de una voluntad poderosísima. Tenían +mansedumbre en la voz, daban a sus palabras el acento de una afabilidad +melosa y persuasiva, pero a veces sus pupilas parecían incendiarse en el +rápido e involuntario fulgurar de una energía indomable.</p> + +<p>Pocas horas después de su llegada celebraron varias entrevistas +misteriosas con gentes adineradas de la población, y a los tres días +firmaron, ante notario y como subditos de potencia extranjera, la +escritura de compra de un caserón antiguo convertido en fábrica por un +industrial que, arruinado durante la guerra civil, tuvo que malvender su +hacienda. De esta suerte la paz vino a ser provechosa, quizá, para los +mismos que atizaron la lucha.</p> + +<p>Transcurridos unos cuantos meses, el edificio tomó de nuevo el aspecto +que acaso debió de tener años atrás. Los talleres y naves de la fábrica +se convirtieron en habitaciones estrechas, como celdas, y al rumor +alegre del trabajo, padre de la vida, sucedió en el recinto el más +medroso silencio, sólo interrumpido a horas fijas por cantos misteriosos +y graves, entonados en una lengua muerta. Los hombres que en aquella +casa vivían fueron al principio muy pocos: luego, llegando sigilosa y +calladamente por las noches, vinieron de tierras extrañas muchos más, +tantos, que sus cánticos antes débiles como compuestos por escaso número +de voces, resonaron vigorosos y potentes, repercutiendo en las +concavidades de los montes cercanos, cual si quisieran despertar los +ecos del cañoneo de antaño.</p> + +<p>La población, contaminada de aquella vecindad, se hizo levítica, +adquiriendo en poco tiempo un aspecto triste y sombrío. Las campanas, +que aun repicando alegres despiertan ideas de muerte, vencieron al +fecundo rumor de los tornos, los telares, los martinetes y los yunques.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>Lindante con el antiguo caserón de aspecto conventual había un gran +jardín, y en su centro, una casa ceñida por macizos de verdura y +sombreada por álamos y olmos seculares. Casa y jardín decían con mudas +voces que en ellos habitaba mujer, y mujer joven. Ya los alféizares de +las ventanas mostraban un canastillo de labor lleno de hilos y estambres +multicolores; ya en la mesa de mármol puesta en el centro de un cenador +de enredaderas se veía una sombrilla de seda clara; ya en las sillas de +hierro quedaban por olvido los manojos de flores recién cortadas; ya a +ciertas horas solían escucharse, amortiguados por cortinajes y +persianas, el tecleo de un piano bien tocado y el timbre fresco y +penetrante de una voz juvenil, que así sabía expresar la soñadora +melancolía de los grandes maestros alemanes como romper en los alegres +ritmos de la tierra andaluza.</p> + +<p>El dueño de aquella casa era don Gaspar Villarroel, caballero viudo, +riquísimo propietario de haciendas en casi todas las regiones de España, +accionista del Banco, tenedor de sumas enormes en dollars +norteamericanos, en cuatros de la Deuda francesa y en treses de la de +Inglaterra: y aquellas sombrillas olvidadas, las labores que por las +ventanas se veían y los cantares llenos de poesía eran de Helena, su +hija única, de veinte años, que andando el tiempo había de ser muchas +veces millonaria.</p> + +<p>A ella vivía enteramente consagrado don Gaspar: sólo para guardarla y +protegerla quería que Dios le prolongase los días. No era hermosa ni +siquiera bonita, y habiendo de ser extraordinariamente rica, quedaba su +porvenir a merced del primer hombre que movido de ruin codicia se +fingiese prendado de ella. Harto sabía su padre que no pasaría de +codicia y fingimiento lo que su hija inspirase, pues no tenía más +encantos que el pelo abundoso y negro, la voz dulce y el mirar +inteligente. El cuerpo no era esbelto, ni el andar airoso, ni las +facciones delicadas.</p> + +<p>Luego de conocerla y ahondar en su alma con el trato, se hacía querer, +pero le faltaban esas gracias corporales que hechizan los sentidos y +dominan la voluntad. Don Gaspar lo sabía y por ello la amaba doblemente: +como hija y como hija fea que ha de ser resarcida en cariño paternal, de +aquel otro afecto menos puro, que no habían de profesarle los hombres. +Sólo pensaba en ella, en mimarla, en conservar sus bienes para que los +disfrutase, en dirigir su entendimiento y vigilar su corazón, para que +si, lo que era dudoso, llegase a casarse, tuviera más probabilidades su +ventura. Parecíale que aquella falta de encantos y aquel extraordinario +patrimonio podrían ser, a no evitarlo cuidadosamente, dos elementos de +infortunio: pero aún no había tenido su prudencia graves riesgos que +preveer, ni su cariñosa entereza pasión mal inspirada a que oponerse.</p> + +<p>Hasta entonces, unas veces los viajes, otras la soledad y el +apartamiento del mundo, la premeditada alternativa de las distracciones +y del hogar, habían mantenido a Helena en esa desesperanza tranquila y +resignada con que piensan en la felicidad por el amor los que desconfían +de ella. Comprendía que no era hermosa y que era demasiado rica.</p> + +<p>Don Gaspar concedía a su hija la libertad razonable para que no la +desease tan completa que le fuese dañosa: con él asistía Helena a las +diversiones que le agradaban y a las visitas con que se conserva la +amistad; a misa y tiendas iba con su prima doña Flora, solterona, pobre, +de ellos cariñosamente amparada e incapaz de tolerar la más leve +imprudencia: primero por severidad de principios y luego por miedo a ser +arrojada de una casa donde nada le faltaba.</p> + +<p>De esta suerte vivían hija y padre, don Gaspar con el pensamiento puesto +en ella, y Helena dejando volar su imaginación entre resignada y +soñadora, cuando durante un otoño comenzó la muchacha a sufrir tal +cambio en su manera de ser, que no pudo quedar oculto a quien vivía +continuamente observándola para ahuyentarle penas y procurarle venturas.</p> + +<p>Nunca fue demasiado aficionada a las galas, pero de pronto se descuidó +por completo en el vestir; le gustaban las flores y dejó de adornar con +ellas su cuarto; deliraba por la música y pasó semanas enteras sin abrir +el piano. Su habitual seriedad se convirtió en aspereza de carácter, el +desabrimiento se hizo luego tiesura, y en poco tiempo experimentó una +transformación, tanto más fácil de apreciar, cuanto más inesperada y +rápida.</p> + +<p>Primero sintió el alma invadida de tristeza, después se hizo disimulada; +y por último cayó en profunda melancolía como espíritu débil a quien +brutalmente se arrancan de cuajo ilusiones y esperanzas.</p> + +<p>«¿Estará enamorada?» imaginaba la prima doña Flora.</p> + +<p>«¿Tendrá pasión de ánimo?» decía la doncella.</p> + +<p>«Esta chica está mala», pensaba su padre.</p> + +<p>Nadie comprendía la causa de aquel cambio.</p> + +<p>Ya hablaba don Gaspar de llevársela a París en busca de doctores, cuando +una mañana doña Flora entró en su despacho, sin ser llamada, diciéndole +de buenas a primeras:</p> + +<p>—Ya sé lo que tiene tu hija. Ármate de valor... Quiere meterse monja. Y +yo creo que la idea no ha nacido de ella: es cosa de los de ahí al lado.</p> + +<p>Don Gaspar, mudo de asombro y de terror, se limitó a decir:</p> + +<p>—¡Habla... todo lo que sepas, todo lo que sospeches, no me ocultes +nada!</p> + +<p>—Pues se reduce a muy poco, pero muy claro. Hace dos meses, una mañana +que llovía muchísimo y tú te habías llevado el coche, nos metimos ahí al +lado por no ir hasta la catedral. Luego ha vuelto conmigo... como está +tan cerca, cuando hace mal tiempo es más cómodo. Después la he visto +hablar varias veces con uno de ellos por la verja del jardín: ella +dentro, él desde fuera, al pasar, casi sin detenerse.</p> + +<p>—¿Y qué trazas tiene?</p> + +<p>—Es hombre de buena edad, y ¡con una mirada más inteligente! Para mí, +él es quien le ha metido esas ideas en la cabeza. Jamás había Helena +hablado hasta ahora de semejante cosa. ¡Si se moría por el teatro y se +entusiasmaba con libros y novelas! Además, me ha dicho la doncella, que +algunas mañanas ha salido con ella, al primer toque, antes de que yo me +levantara, pero que como no hacían más que ir ahí al lado, no creyó que +debía decirlo. Nada, que se han apoderado de ella como hicieron con la +hija del banquero francés, con Teresita, con Sofía, con la viuda de +Parque...</p> + +<p>—¡Todas ricas!—murmuró don Gaspar.</p> + +<p>—Ella no se atreve a hablar sinceramente, pero está desconocida: se ha +hecho seca y arisca; de cuando en cuando suelta unas frases... que +revelan un egoísmo... «Las mujeres feas y muy ricas—dice—no pueden ser +felices en el mundo; a cada paso un desengaño. No se pierden como las +bonitas, pero les hacen creer en el amor, y luego... nada. Ya ves, yo +por ejemplo—añadía—¿qué puedo esperar? Una ilusión, engañarme a +sabiendas, y luego frialdad, esquivez, cada uno por su lado; él, quien +sea, rico, poderoso con lo mío, buscará en otras los encantos que yo no +tengo.»—Dice que para las que no son hermosas como ella, solo hay un +esposo bueno, el que no engaña; ¡y lo dice con una unción, con un +fervor! Otras veces habla de la casa y de nosotros con un despego que da +frío.</p> + +<p>—Pues ¿qué ha dicho?</p> + +<p>—Ayer mismo me dijo: «Si yo faltara pronto me olvidaríais, hasta papá: +el cariño no es tan mentira como el amor, pero también es un sentimiento +terrenal.»</p> + +<p>Flora siguió hablando largo rato, don Gaspar la escuchó sin poder +disimular la pena que se le asomó a los ojos, y luego murmuró +tristemente:</p> + +<p>—¡Veremos!</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>De allí a dos días, mientras Helena y doña Flora fueron a pasar la tarde +en casa de unos parientes, don Gaspar recibía en su despacho a un hombre +que, llamado por él de antemano, acudió puntualmente a la cita. Era uno +de los de al lado, de aquellos que con nombre y calidad extranjera, +adquirieron la fábrica donde al caer la tarde se entonaban cánticos +tristes en una lengua muerta. Tenía el rostro lampiño, la mirada +humilde, la palabra dulzona, el traje entre sacerdotal y profano. +Ofreciole asiento don Gaspar, cerró las puertas como en comedia, y luego +con forzada tranquilidad, pero sin que se le alterase una línea del +semblante, sin asomo de ira, pero con el acento de la más aterradora +resolución, le habló de esta manera:</p> + +<p>—Usted conoce a mi hija: en ella cifro toda mi dicha; sólo vivo para +hacerla feliz. Si la perdiese, si se apartase de mi lado, me costaría la +vida... Escúcheme usted bien... Estoy dispuesto a todo. A quien quisiera +robarme mi dinero le recibiría a tiros; figúrese usted lo que haré con +quien intente separarme de mi hija. Podrá llevársela Dios, que es Señor +de todos nosotros; podrá, aunque no es bonita, encontrar un hombre que +aprecie lo que ella vale moralmente, y entonces yo les bendeciré y daré +gracias a Dios; pero lo que es eso de hacerla ver que es fea, +envenenándole la vida para que huya del mundo, arrebatármela como se +roba una alhaja... lo que es eso, yo le juro a usted que no será...</p> + +<p>Quiso el desconocido interrumpir a don Gaspar, mas no se lo permitió +él, y siguió de este modo:</p> + +<p>—No ha venido usted a hablar, sino a oír, y empápese usted bien de lo +que oiga. Ya sabe usted lo rico que soy; si eso sucediera, todo me lo +gastaría en buscarle a usted para matarle. Ahora, usted que ha hecho el +mal con sus exhortaciones, ponga con sus consejos el remedio, +entendiendo que si en el plazo de dos meses no se le quitan a mi hija de +la cabeza esas fantasmagorías, le mato a usted como a lobo sorprendido +en redil. Las consecuencias no me asustan. Perdida mi hija, lo mismo me +da morir de un modo que de otro. Dos meses de plazo. ¡Usted sólo ha de +hablar con ella! Yo no le diré palabra. Puede usted retirarse.</p> + +<p class="linea">De nuevo quiso contestar el incógnito personaje, pero don Gaspar salió +de la estancia, dejándole condenado al más rabioso silencio que +imaginarse puede, y plenamente convencido de que era hombre capaz de +realizar cuanto decía.</p> + +<p>Apenas habían transcurrido dos meses, cuando Helena comenzó a ser lo que +era antes.</p> + +<p>Como quien tras una pesadilla recobra el sentido de la realidad, se le +fue borrando del pensamiento la melancolía; tornó a cuidar de su +persona, vigiló el jardín cuyas flores escogía para su cuarto, y por +fin, una noche, después de haber estado tocando un rato el piano, por +distraer a su padre, se arrojó en sus brazos, deshecha en lágrimas, +diciéndole sólo estas palabras:</p> + +<p>—¡Perdóname, porque nunca me separaré de ti!</p> + +<p>Sin duda, el flexible y tornadizo espíritu de la mujer se plegó a unas +amonestaciones como se había sometido antes a otras.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<div class="linea"><div class="linea"><p>¿Supieron el fracaso del propagandista sus superiores jerárquicos? ¿Le +consideraron inútil para desengañar del mundo a herederas de millones? +Un día se notó su falta a la hora de la comida, los demás hablaron de él +como miembro que se amputa, y luego le rezaron por muerto.</p> +</div></div> +<p>Transcurrieron algunos años, y aquel hombre, vuelto al seno de la +humanidad, sintió renacer aspiraciones e ideas que en mal hora consideró +por la educación sofocadas y por el fanatismo comprimidas.</p> + +<p>En otra región del mundo, en otras tierras, con otro nombre, fénix de sí +propio, resucitó en espíritu, amó, fue amado y tuvo un hijo. Aquel hijo +creció, haciéndose mozo fuerte y hermoso como el Hérmes de los mitos +paganos. Una mujer indigna, engañosa y astuta, tal vez la ramera de que +habla la Escritura, quiso apartarle de su padre, mas éste desplegó tal +energía y se defendió tan resueltamente que logró romper aquellos lazos.</p> + +<p>Pasó mucho tiempo—esa divinidad que a toda conciencia hace un día +justiciera de sí misma.—Hijo y padre caminaban al caer la tarde por una +deleitosa campiña que el sol poniente envolvía en una atmósfera de polvo +luminoso. El viejo se apoyaba en el brazo del mancebo, fingiendo +fatigarse para oprimírselo cariñosamente, mientras la luz de los cielos, +la pureza del aire y el penetrante aroma que se alzaba de los terruños +soleados parecían envolverles en la bendición suprema del verdadero +Dios. El hijo, adelantándose unos pasos, cortó de una mata algunas +flores para el sepulcro de su madre, que era muerta: y entonces el +viejo, experimentando lo que antes jamás pudo comprender, sintió la +duplicación del espíritu por la paternidad, y vuelto el pensamiento a lo +pasado, dijo acordándose de don Gaspar:</p> + +<p>«¡Hizo bien!»</p> +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + + +<h3 class="chapp"><a name="EL_HIJO_DEL_CAMINO" id="EL_HIJO_DEL_CAMINO"></a>EL HIJO DEL CAMINO</h3> + + +<p class="linea">Era el tiempo en que para trasladar a los presos y penados de cárcel a +cárcel, de penal a penal, se les llevaba todavía a pie por los caminos, +entre destacamentos de gente armada.</p> + +<p>Tras el día de calor insufrible, vino la noche sin brisa, cálida y +sofocante.</p> + +<p>No corría un pelo de aire, ni se alzaba del suelo un átomo de polvo. La +carretera abierta en la dilatada extensión de la llanura, se destacaba +interrumpiendo el gris terroso de los campos, como una cinta blanca y +ancha tendida sobre los surcos en rastrojo.</p> + +<p>Por su centro iba <i>la cuerda</i>, la reata humana, doblemente rendida a la +pesadumbre de la fatiga y del delito.</p> + +<p>Quién llevaba morral, quién alforjas, quién manta, los más, nada; +veíanse muchos descalzos, despeados; pocos fumaban, no reía ninguno. A +los lados marchaba la tropa obligada a meterse por la estrecha hondura +de las cunetas, o a subirse en los montones de guija y pedernal recién +partido, mientras el brillo de las armas, iluminadas por la luna, +limitaba la movible masa de aquella triste muchedumbre. Los grillos y +las cigarras cantaban libremente; voces humanas se oían pocas, y esas +eran blasfemias; tal vez envidia de los animalillos, desahogo propio de +gente forzada del rey que iba a las galeras.</p> + +<p>En la Venta de la Mora se hizo alto: <i>la cuerda</i> se recogió a un lado +del camino, en un repecho: los soldados desataron los cabos de bramante, +y luego, apartándose y formando extenso círculo en torno de los presos, +colocaron centinelas. De allí a poco salieron de la venta quince o +veinte mujeres harapientas, sucias, miserables, y esquivando a los de +uniforme corrieron hacia los del grupo central, aunándose con ellos en +parejas que desaparecían tras un tronco, tras un peñasco, en un +repliegue del terreno, donde pudieran ocultarse.</p> + +<p>Era la visita del amor a la desgracia; amor momentáneo, vicioso, +repugnante, y venal; pero amor. Y era también costumbre sancionada por +los años, tolerancia perpetuada por la tradición, abuso que tomó origen +en el capricho de un rey absoluto, ganoso de repoblar su reino.</p> + +<p>Antes de romper el alba, la columna se ponía en marcha. Después, los +padres anónimos morían en presidio, y los hijos de aquellas esposas de +una noche se llamaban <i>los hijos del camino</i>.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>Así fue concebido Juan.</p> + +<p>Su madre le adoró, como si estuviera engendrado mediante sacramento; +pero las gentes del lugar, cuando niño, le miraron con lástima, cuando +adolescente le mofaron y de mozo le escarnecieron. Cada vez que pasaba +por la aldea una cuerda de presos, le decían las chicas:</p> + +<p>—Juan, ¿será tu padre alguno de esos?</p> + +<p>Primero se ganó la vida recogiendo boñigas para estercolar huertos, +después fue lazarillo de ciego, dio al fuelle en casa del herrero, se +metió a zagal de diligencias... por fin huyó de la comarca.</p> + +<p>Su pobre madre no volvió a saber de él en mucho tiempo.</p> + +<p>Estuvo como alimentador de horno en una fábrica de vidrio, sufriendo las +bocanadas de las llamas; fue minero, permaneciendo semanas enteras sin +ver la luz del sol: trabajó en los telares, respirando el polvillo que +blanqueaba los tejidos y le cegaba los pulmones; no hubo industria que +no intentara ni oficio en que pudiese medrar.</p> + +<p>Si en su lugarejo no encontró amparo, en las ciudades le faltó +protección. Nadie le dio enseñanza, ni le dejó tiempo de adquirirla. Su +instinto le decía «estudia»; la necesidad le respondía «gana». Cualquier +aprendizaje le hubiera mermado el pan y el sueño.</p> + +<p>En tanto, la madre pensaba en él, arrancándole su recuerdo las horribles +lágrimas de la incertidumbre, pues no sabía dónde estaba, ni si era vivo +o muerto. Al fin lo averiguó; hizo que le escribieran, y aunque de +tarde en tarde supieron uno de otro: ella le enviaba besos; él le mandó +por un arriero un gran pañuelo de algodón de colores, valor de un día de +jornal.</p> + +<p>Juan pasó de labor a labor, de oficio a oficio, practicándolos todos, +sin dominar ninguno, renunciando a unos por penosos e insalubres, a +otros por indignos y embrutecedores, hasta que entró en una compañía de +alumbrado eléctrico, casi como bestia de carga.</p> + +<p>Su obligación era llevar artefactos, utensilios y herramientas a sus +compañeros de trabajo.</p> + +<p>Una tarde fue con ellos a la prueba de luces en una soberbia casa, donde +a la noche debía verificarse una gran fiesta. ¡Cuánta magnificencia +contemplaron sus ojos! Jamás vio cosa igual.</p> + +<p>Cada salón era un prodigio del arte o un camarín de la molicie. Los +mármoles parecían encerrar en su seno transparente hojas de +vegetaciones inverosímiles; los muebles, por sus formas, incitaban a la +voluptuosidad o al reposo; los tapices caían discretamente ante las +puertas; los rasos y los flecos guardaban en la urdimbre de sus tramas +los colores del iris; había canastillas de orquídeas australianas +mezcladas con flores de cristal que despedían rayos luminosos; libros +cubiertos de oro, que atesoraban en sus páginas el oro aún más puro del +pensamiento humano, y todo ello en desorden bellísimo se reflejaba en +espejos que, como poseídos de codicia, multiplicaban hasta lo infinito +las riquezas.</p> + +<p>De pronto apareció Luz, la dueña de la casa, ya vestida para la fiesta, +e impaciente por juzgar el efecto de la iluminación.</p> + +<p>Juan imaginó que era una diosa. Traía la cabellera salpicada de +brillantes que semejaban estrellas perdidas en una nube de oro, el +cuello ceñido por hilos de perlas menos blancas que su pecho, y todas +las líneas de su cuerpo admirable envueltas en telas primorosas, antes +dispuestas para revelar la forma que para encubrir la desnudez. Tenía la +voz aunque imperiosa, encantadora, y su persona exhalaba un perfume +penetrante y sutil, intenso y turbador, que juntamente producía +fascinación al espíritu y embriaguez a los sentidos.</p> + +<p>El hombre inculto e ignorante, incapaz de analizar lo que experimentaba, +pero hombre al fin, sintió la tentación y el ánsia que dá la fruta +puesta al alcance de la boca del niño.</p> + +<p>Primero quedó suspenso con el pasmo de la sorpresa, luego se dijo con la +velocidad del pensamiento que cuanto había en aquel maravilloso recinto +y cuanto realzaba la belleza de aquella mujer extraordinaria, había bajo +una u otra forma nacido entre sus manos. Carbón arrancado a las entrañas +de la tierra y convertido en torrentes de claridad; cristales fundidos +por aquel horno que secó su garganta; hierros forjados al fuego en que +se abrasó los dedos; sedas teñidas en aquellas substancias que le +envenenaron los pulmones; todo, ¡todo! había contribuido a formarlo, y +nada, ¡nada! era para él. Entonces Luz se ofreció a su deseo como +creación maravillosa en que él había puesto hueso de sus huesos y sangre +de su sangre, hasta convertirla en el compendio de las dichas humanas. +¿Por qué no había de pertenecerle? ¿Habrían de vivir eternamente juntos +y separados a la vez, como la cortesana y el esclavo? ¿Qué ley cruel lo +disponía? ¿Quién la escribió?</p> + +<p>El espectáculo de la riqueza le llenó de asombro; la privación de lo que +otros disfrutaban espoleó a la envidia; la ignorancia cerró a la +abnegación el paso; la conciencia le dijo que su ambición era justa; +miró a Luz con codicia, y en el fondo de su alma surgió el deseo de +gozarla o la resolución de destruirla.</p> + +<p>Así se hallaron frente a frente la personificación de todas las +grandezas acumuladas por los tiempos y el representante de una raza que +contribuyó a crearla para delicia de otros.</p> + +<p>Juan poseído de una pasión que daba espanto, tendió hacia ella los +brazos. Luz, al principio sonrió despreciativamente, pero al sentir las +manos callosas sobre el pecho, dio voces, lanzó gritos de angustia; y en +su auxilio acudieron tres hombres.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>El primero, que parecía consumido por el estudio, la riqueza y los +vicios, dijo a Juan casi medrosamente, acompañando la frase con ademanes +oratorios:</p> + +<p>—Su amor no se alcanza por fuerza... Puedes llegar a lograrlo, pero no +así. ¿Cómo ha de amarte si tus caricias son zarpazos? Adquiere +instrucción y cultura. Eres libre... Ejercita los derechos que te +permiten igualarte a los que somos preferidos.</p> + +<p>El segundo, que vestía ropa negra y talar, le dijo endulzando el +desengaño con acento meloso:</p> + +<p>—El amor de esa mujer no es para tí. Conténtate con su caridad. Los +favoritos de ahora son los dichosos de aquí bajo... Tú serás de los +bienaventurados allá arriba. ¡Hay otra vida! ¡Cree, sufre y espera!</p> + +<p>El tercero de aquellos hombres, que ceñía espada y llevaba en el traje +bordados de oro, le dijo ásperamente:</p> + +<p>—Si das un paso más hacia ella te mataré con este arma que tú mismo has +forjado.</p> + +<p>Juan salió profiriendo amenazas: y Luz quedó al oírle extremecida de +pavor, como la ciudad de las rameras ante la voz de los Profetas.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Poco tiempo después una explosión formidable destruyó la soberbia +morada. Lienzos en que el genio imitó la Naturaleza, mármoles en que +palpitó la vida, páginas preñadas de ciencia y poesía, prodigios del +arte y maravillas de la industria... todo fue destruido, y sobre un +montón de escombros humeantes quedó Luz aún viva, pero desgarradas las +carnes, bañada en su propia sangre, espantosa, mutilada y deforme.</p> + +<p>Juan confesó el delito con altanería y se dispuso a purgarlo con valor. +¿Qué le importaba morir? Su crimen fue salvaje, porque lo aconsejaron el +deseo frustrado y la razón escarnecida, pero su causa era justa. El +delincuente se consagró mártir. Otros tan desdichados como él vendrían +detrás. Luz habría de sentarles a su mesa en el banquete de la vida y +darles la parte de amor que les correspondiese, o resignarse a perecer.</p> + +<p>No se repliega el viento a los senos misteriosos donde nace, ni el agua +retrocede a las fuentes en que brota; pero el espíritu está sujeto al +atavismo como el cuerpo a la herencia. Juan era hijo del camino.</p> + +<p>Fue condenado a muerte, y llegada la hora tremenda, entró con pie firme +y ánimo sereno en la capilla; lugar en que, dudosa de sí misma, busca la +justicia humana complicidad en la divina.</p> + +<p>Allí le esperaban los tres personajes que ampararon a Luz. Uno +representaba la ley: otro mandaba la fuerza armada; el tercero le +ayudaría a bien morir.</p> + +<p>Faltaban pocos minutos para subir las gradas del patíbulo, cuando, por +especial permiso de quien podía concederlo, entró en la estancia un +hombre con un papel en la mano. Tomolo el sacerdote y pasando por el +escrito los ojos, dejó enseguida caer los brazos a lo largo del cuerpo.</p> + +<p>—¿Es el indulto?—preguntó Juan, sin miedo ni esperanza.</p> + +<p>—No es una carta de tu madre. Te infundirá valor. Toma y lee.</p> + +<p>Juan la estrujó contra sus labios en silencio, lloró sobre ella, y +devolviéndosela al ministro de Dios, repuso amargamente:</p> + +<p class="linea">—¡No me han enseñado! ¡No sé!</p> + + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + + +<h3 class="chapp"><a name="LOS_TRIUNFOS_DEL_DOLOR" id="LOS_TRIUNFOS_DEL_DOLOR"></a>LOS TRIUNFOS DEL DOLOR</h3> + + +<p>En una extensa planicie formada por tierras de panllevar, estaba la casa +solariega de los Niharra, donde descuidada del mundo, cuidadosa de su +hacienda y soñadora con sus recuerdos, vivía doña Inés, a quien en los +contornos apellidaban <i>la Santa</i>. Nombrarla en la comarca era casi, y +para muchos sin casi, nombrar a la Providencia; porque a veces, quien +imploraba algo del cielo, que lo puede todo, solía no alcanzarlo, +mientras ella nada negaba estando en su mano concederlo. Perdonar +arriendos, rebajar censos, dotar doncellas y redimir mozos de quintas, +era para doña Inés el pan nuestro de cada día. De sus armarios salían +las ropas para los pobres; de su despensa los comestibles para los +desvalidos; de sus trojes el grano para los labradores arruinados; +costeaba médico y botica; por su precepto, iban los niños a la escuela; +con su prudencia enfrenaba discordias, desvanecía rencores, y añadiendo +a la limosna que puede dar el rico la compasión que solo siente el +bueno, siempre y para todos, tenía piedad en el corazón y consuelo en +los labios. Si alguna vez se ensoberbeció la ingratitud contra ella, +supo ahogarla a fuerza de beneficios; así que por dónde quiera que iba, +salían las gentes a su paso, muchas a pedir, y muchas más, aunque +parezca increíble, a mostrarse agradecidas. Las frases de bendición y de +respeto que escuchaba, la riqueza que le permitía hacer tanta caridad y +el justo regocijo de su conciencia, sobre todo, debieran de infundirle +aquella tranquilidad de espíritu en que la verdadera felicidad se funda, +y sin embargo, no daba señales de ser dichosa.</p> + +<p>Al recuerdo de amores contrariados no había que achatarlo; primero, +porque ni su lenguaje, ni su rostro, delataban la tristeza apacible, +pero indeleble, que deja en los resignados el dolor; y, además, porque +los años todo lo aminoran, y ella contaba tantos, que bien podían +haberle ido borrando del pensamiento las memorias tristes, por muchas +que tuviese.</p> + +<p class="linea">Sus ojos, y su boca no sonreían con la tranquila melancolía de quien +sufre, porque recuerda; ni eran los suyos sinsabores, medio consumidos, +y acaso poetizados por el tiempo: eran penas vivas, recientes, de las +que la imaginación agrava cada día y roban más sueño cada noche. Ante +aquella mujer, buena y sin ventura, el alma se sentía invadida de tedio +y desesperanza, porque aún engendra más escepticismo la desdicha del +justo, que la prosperidad del malo.</p> + + +<p>Tenía dos hijos: Marcelo y Luciano, de tan opuesta inclinación, que +nunca pudieron vivir en paz. Cuando niños fueron sus juegos diferentes, +cuando jóvenes distintas sus aspiraciones, y hechos hombres, antagónicos +sus ideales, de modo que jamás hubo entre ellos concordia ni armonía. +Marcelo era apasionado y vehemente, todo imaginación y viveza: Luciano +reflexivo y tranquilo, todo razón y calma: uno, impulsado por su +fantasía, se deleitaba en las especulaciones del espíritu, poetizándolas +con el encanto del misterio y prestando fe a lo que su entendimiento no +alcanzaba: otro, sin más guía que la investigación y el análisis, +estudiaba el carácter de los fenómenos y el origen de las cosas hasta +arrebatarles sus secretos, dando solo el augusto nombre de verdades a +las demostradas por la observación y la experiencia.</p> + +<p>Para Marcelo el alma era inmortal como su Creador, señora de sí misma; +los hechos fruto de las ideas, y la verdad el resplandor de la +revelación: para Luciano causas y efectos, hechos e ideas se confundían +en el seno de la Naturaleza, deidad esquiva y desdeñosa, que no con +oraciones, sino sólo con trabajo y estudio, se deja arrebatar los +bienes: a Marcelo le bastaba el pensamiento para abismarse en la +contemplación de lo divino hasta sentir en los arrobos del éxtasis la +clara visión de Dios: Luciano creía que el destino del hombre es luchar +con la materia, vencerla, y luego perderse confundido y sumado con ella +para siempre.</p> + +<p>Sólo en un punto estaban de acuerdo: en adorar a su madre, que distante +por igual del fanatismo de ambos, vivía consagrada a endulzar amarguras +y aminorar desdichas, sin preguntar jamás cómo pensaba el que sufría. +Doña Inés, por su perfecta imparcialidad en el reparto de la limosna y +el consuelo, antes buscaba al dolor mismo que a su víctima; iba hacia el +infortunio como corre el agua dulce de los ríos hacia el mar, sin +arrancarle nunca su amargura salobre, pero sin cansarse jamás; mientras +sus hijos aunque animados, en el fondo del mismo espíritu de caridad, +perdían el tiempo en el estéril empeño de descifrar lo incognoscible.</p> + +<p>Marcelo siguió la carrera eclesiástica, Luciano estudió medicina, y +ambos simultáneamente, por su virtud, y su mérito, llegaron a ser, uno +espejo de sacerdotes, y otro modelo de hombres de ciencia; citándose al +par en el mundo como justamente envidiables, la gloria alcanzada por +Marcelo en el pulpito y los concilios, y el prestigio conquistado por +Luciano en los laboratorios y hospitales.</p> + +<p>De su madre no se olvidó ninguno. A servirla y cuidarla asistían con +cariñosa frecuencia, pero nunca iban a verla al mismo tiempo, porque los +años, aferrándoles a sus ideas habían exacerbado su doble +intransigencia.</p> + +<p>De hallarse juntos, Marcelo habría tachado de abominables e impíos los +trabajos de la ciencia moderna, y Luciano hubiera escarnecido todo +respeto a lo sobrenatural y dogmático.</p> + +<p>Ni la religión ni la ciencia supieron hacerles mansos de corazón. La +única virtud que les faltaba era la tolerancia.</p> + + +<p class="linea">Al cabo de mucho tiempo recibieron aviso de que su madre se moría, y +casi a la misma hora, sin temor a encontrarse, llegaron a la antigua +casa solariega. Para entrar en ella les fue preciso cruzar por entre los +grupos de campesinos, que abandonando sus hogares, acudían a saber de +doña Inés.</p> + +<p>Subieron al cuarto de la enferma, que vencida ya por la dolencia, no +pudo conocerles, y considerando ambos la situación gravísima, cada cual +obró como quien era.</p> + +<p>Marcelo dijo que si su madre recobraba el sentido, la prepararía +inmediatamente a bien morir: sin más que un reclinatorio, un crucifijo y +dos velas, improvisó un altar a la derecha de la cama y sacando de bajo +los hábitos un libro se puso en oración.</p> + +<p>Luciano, después de hablar largamente con el médico que la había +asistido, para enterarse de la índole y progresos del mal, resolvió no +apartarse de allí un momento, apurando cuantos recursos le sugiriese +aquella ciencia que tanto amaba, y de que entonces había menester más +que nunca.</p> + +<p>El cuarto día a contar desde su llegada, fue tristísimo. La pobre +anciana parecía irse consumiendo como haz de leña seca y menuda, +abrasada por un fuego invisible. Su cuerpo endeble, pequeñuelo, e +inmóvil, apenas formaba bulto bajo las ropas del lecho; la respiración +era tan débil que casi no hubiera empañado la superficie de un espejo.</p> + +<p>Marcelo continuaba orando.</p> + +<p>Luciano paseaba en silencio desde el dormitorio a la estancia contigua, +y con la mano derecha metida en el bolsillo del chaleco, acariciaba +nerviosamente un pequeño frasco de cristal.</p> + +<p>Al caer la tarde, creyendo observar en el estado de la enferma la +presentación de síntomas aterradores, llamó por señas a su hermano, +llevole lejos de la cama, y mostrándole el pomo, que contenía quince o +veinte gramos de un líquido transparente e incoloro, le dijo:</p> + +<p>—Voy perdiendo toda esperanza... ya no hay remedio.</p> + +<p>—La misericordia de Dios es infinita—repuso Marcelo.</p> + +<p>—Escucha—prosiguió Luciano—esto que parece agua, es el alcaloide +extraída de una planta del extremo Oriente, que nadie antes que yo ha +empleado en medicina: yo mismo lo he preparado... pero la +experimentación me ha producido efectos que aún no puedo someter a +principios fijos. Cuatro gotas de esto pueden, tal vez, ahora, retrasar +la catástrofe; acaso consigamos una reacción, una crisis que devuelva a +madre la salud... pero el remedio va a obrar en un organismo muy +gastado, sin resistencia ni vigor, y si no tiene fuerzas para soportarlo +se muere... es decir, la matamos. En una palabra; esto puede ser la vida +y puede ser la muerte; es una probabilidad, no es la certidumbre de +salvarla...</p> + +<p>Los ojos de ambos estaban nublados de lágrimas.</p> + +<p>Ya no había en aquellos dos hombres encono ni aversión: la amenaza de +la muerte parecía restaurar en sus corazones la fraternidad que su +pensamiento había roto.</p> + +<p>—Esperaremos—dijo tímidamente Marcelo al cabo de unos instantes.—Y +volvió a arrodillarse en el reclinatorio.</p> + +<p>Luciano, dejando sobre la mesa el frasco, se colocó a los pies de la +cama y permaneció sin apartar la vista de su madre.</p> + +<div class="linea"><div class="linea"> +<p>Pasó la noche. ¡Qué largas les parecieron las horas, qué medroso el +silencio, qué alarmante cualquier rumor, y cómo les desazonaba el ruido +metálico y acompasado del reloj, que en cada oscilación del péndulo +parecía llevarse un instante de aquella vida que era para ellos el mayor +tesoro del mundo!</p></div></div> + + +<p>Por un balcón de la estancia inmediata, dejado entreabierto para renovar +la atmósfera, comenzó a soplar el aire saturado de aromas campestres, +oyose el canto vigoroso de los gallos, y primero en vago resplandor, +luego en torrentes de claridad, entró la luz del día, saludado con +maravillosos gorjeos por los millares de pájaros que rebullían entre el +ramaje de las huertas. Cuanto venía de fuera significaba llamamiento a +la renovación y la vida; mientras allí dentro la inacción y el silencio +parecían ir allanando su camino a la muerte.</p> + +<p>Marcelo seguía rezando.</p> + +<p>Luciano había puesto sobre la mesa donde estaba el frasco, una copa con +un cortadillo de agua, a la cual era preciso unir el medicamento: todo +lo tenía preparado, y sin atreverse a intentar la horrible prueba, iba y +venía de un cuarto a otro, mirando alternativamente al frasco y a la +copa.</p> + +<p>Al cabo de muchas horas de aplanamiento y laxitud, doña Inés pareció +reanimarse, abrió los ojos y cambiando de postura murmuró algunas +frases incoherentes. Entonces Luciano alargó la mano hacia la mesa, +cogió el frasco, lo destapó... y enseguida, de pronto, bruscamente, como +acobardado, volvió a dejarlo de golpe donde estaba.</p> + +<p>Al ruido alzó Marcelo la cabeza, y viendo retratada en el rostro de su +hermano la perplejidad y angustia que sentía, fue hacia él, +preguntándole por lo bajo:</p> + +<p>—¿Qué es eso?</p> + +<p>—Mira—repuso señalando a su madre—se ha movido, ha hablado, está más +fuerte... tal vez pudiera resistirlo. Este es el instante oportuno... ¡y +no me atrevo! ¡Si estuviéramos en la clínica! ¡Si no fuera ella!</p> + +<p>—¿Tú crees que se salvaría con... eso?</p> + +<p>—En casos análogos... unas veces el medicamento ha respondido... otras +ha fallado.</p> + +<p>De repente, doña Inés, incorporándose sola en el lecho y con voz apenas +perceptible, murmuró:</p> + +<p>—¡Agua!</p> + +<p>Ellos se contemplaron de hito en hito; silenciosamente, leyéndose en los +ojos la incertidumbre que les consumía, mientras la anciana repitió +sordamente:</p> + +<p>—¡Agua!... ¡Agua!</p> + +<p>Aquella voz que temían no volver a escuchar nunca les removió el fondo +del alma, agitando y trastornando de tal modo sus ideas, que cada uno, +sin darse cuenta de ello, buscó la salvación de lo que amaba, no en los +medios que le eran peculiares y propios, sino en aquello mismo que por +serle ajeno, desconocido y contrario, adquirió a sus ojos las +proporciones de lo maravilloso.</p> + +<p>En aquel momento supremo vaciló la fe del creyente y se quebrantó la +incredulidad del esceptico: el místico se sintió mordido por la duda y +el desengañado se dejó seducir por la esperanza. Todo lo trastornó el +brutal zarpazo del dolor.</p> + +<p class="linea">Luciano, el médico, cayó de rodillas ante el crucifijo adorando a Dios +en espíritu y en verdad. Marcelo, el sacerdote, se aproximó a la mesa, +tomó el frasco, vertió unas cuantas gotas de su contenido en el agua, y +sosteniendo con una mano a la enferma le hizo con otra beber el líquido +misterioso. Mientras el médico pedía misericordia al cielo, el sacerdote +se echaba en brazos de la ciencia.</p> + +<p class="linea">¿Llegó al cielo la plegaria? ¿Obró la substancia química sobre el +organismo?</p> + +<p>De allí a poco doña Inés comenzó a mejorar, recobró la salud y fue de +nuevo durante algunos años alivio de pobres y consuelo de tristes.</p> + +<p>Los dos hermanos procuraron desde entonces no hallarse frente a frente. +Cada uno de ellos era poseedor del secreto del otro y ambos se sentían +avergonzados por aquel pasajero desfallecimiento que a nadie confesaron.</p> + +<p>Quedoles el convencimiento de que en el mundo había algo que les era +común y propio por igual, algo que todo lo perturba y equipara: el +Dolor, deidad suprema que puede sembrar la duda en el espíritu del +creyente y hacer que brote la esperanza en el pensamiento del incrédulo; +pero alejado el peligro renació en su corazón la intransigencia, y ni +Luciano atribuyó poder a su oración, ni Marcelo creyó en la eficacia del +remedio.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chap"><a name="LOS_FAVORES_DE_FORTUNA" id="LOS_FAVORES_DE_FORTUNA"></a>LOS FAVORES DE FORTUNA</h3> + + +<p class="head">I</p> + +<p>No hay divinidad a quien se rinda culto más sincero y universal que a la +Fortuna. Los hombres desde que empiezan a serlo, en lo que llaman edad +de la razón le consagran la vida. Fortuna en cambio con la esperanza les +atrae, con la codicia les excita, con la molicie les corrompe, o con la +soberbia les ciega, hasta que enseñoreada de ellos, les deja unas veces +que realicen su ambición y otras que satisfagan su apetito. Nadie la +desprecia sin que le llamen loco, a ninguno que la logra se le +considera necio; de unos se deja conseguir por la astucia, a otros se +somete por capricho, los más se arrojan a conquistarla, los menos +procuran merecerla: es tal su perversión que gusta de que la tomen por +fuerza, y es tan grato su imperio y son tan dulces sus halagos que luego +de poseída no hay debilidad en que el animoso no incurra por +conservarla, ni fortaleza que el apocado no intente por no perderla. Sus +amantes son infinitos, y a ellos se entrega como cortesana que ni cuida +de escogerlos, ni piensa en lo que le sacrifican, ni estima lo que les +concede, ni repara en cuándo se lo quita. Con unos parece que se +encariña desde que nacen, y les colma de dones toda la vida: a otros +sonríe sólo en la vejez para amargarles la muerte; y hasta más allá del +sepulcro llega su influjo, pues ni deja que sea cada cual llorado según +su mérito ni reparte con justicia la gloria. No hay grande de la tierra, +por ensalzado que esté, a quien no pueda poner más en alto todavía; ni +humilde, por bajo que se halle, a quien no sepa encumbrar sobre el +primero. Reparte sus dones unas veces complaciéndose en detenerse para +colmar deseos, y otras los deja caer a la carrera para que queden las +alegrías truncadas y los placeres incompletos. Pasa estúpidamente desde +la prodigalidad a la avaricia, y desde la esplendidez a la miseria: su +amor ciega, su desdén mata, a unos envilece, a otros trastorna; es la +eterna Dulcinea engañosa para nuestra locura, y encantada para nuestra +razón: niega lo que se le implora, da lo que no se le pide, todo lo +tiene, y todo lo derrocha. Sólo dos cosas negó la Naturaleza a la +Fortuna, que ni puede hacer generoso al mezquino, ni consigue acallar el +remordimiento en la conciencia del malvado.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>Pero ya no es Fortuna la gloriosa divinidad pagana que recibía culto en +las aras ceñidas de mirto, ni recorre el mundo en una rueda, mostrando +desnuda la majestad de su hermosura: se ha hecho un palacio que es +centro y emporio de las grandezas modernas, y en vez de un santuario de +diosa habita un camarín de cortesana, donde por ásperas cuestas y +empinadas pendientes suben los que la solicitan echándose a la espalda +cuanto les pesa o les estorba. La ambición les guía, el amor propio les +alienta, el egoísmo les sostiene, la impudencia les basta, y entre los +riscos del camino se van dejando, sin sentirlo, la hombría de bien, la +amistad y el cariño. Muchos emprenden la jornada: los más se rinden, +pocos la terminan, y al llegar con el corazón helado por el frío de la +cumbre, se desvanecen con la altura, imaginando ver empequeñecido y +diminuto lo que dejaron en el llano. Luego Fortuna les atormenta con +esquiveces, les engolosina con veleidades, y tanto se hace desear, o +pone tal precio a sus caricias, que algunos al conseguirla, echan de +menos lo que inmolaron por gozarla. Unos le sacrifican la honradez, +otros la fe; quién ahoga brutalmente la concienciar el que menos, pierde +por ella la vergüenza. Es, en fin, la gran ramera de la vida, que se +resiste al esforzado, se entrega al ruin, a cualquiera se vende, y hasta +de largo en largo se deja conquistar por el bueno, convirtiéndolo en +blanco de envidiosos.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>En cierta ocasión se enamoraron de Fortuna tres hombres: Carlos Tizona, +mozo de arrojo extraordinario, para quien la mejor razón era la espada: +el doctor Infolio, que sin ser viejo casi lo parecía de tanto haber +estudiado; y un tal Lepe, último vástago de una familia proverbial por +lo lista. Tizona de todo era capaz, Infolio no ignoraba nada, y a Lepe +se le ocurría siempre lo mejor; de suerte que si las condiciones de los +tres se reuniesen en uno, fácilmente se hiciera señor del mundo. Eran, +por sus distintas facultades y por el grado en que las poseían, la +personificación de las tres potencias más enérgicas y eficaces de la +vida: el valor, que nada teme; el trabajo, que de todo triunfa, y el +ingenio, que allana cuanto intenta.</p> + +<p>Al enterarse, cada uno de ellos de que también amaban los otros a +Fortuna, faltó poco para que vinieran todos a las manos. Tizona quiso +esgrimir la de su nombre, Infolio perdió la serenidad, y a Lepe le +descompuso la ira. Ya iban a reñir, cuando este último, en un instante +de lucidez les dijo de este modo:</p> + +<p>—¿Por qué luchar y aborrecernos si aún no sabemos en cuál se ha de +fijar Fortuna? Seamos amigos, hasta que ella escoja, por lo menos; no +sintamos la envidia antes de que haya quien saboree el placer. +Emprendamos juntos la jornada, si queréis, o siga cada cual la senda que +le acomode hasta llegar al palacio de Fortuna.</p> + +<p>—Yo no voy con vosotros—gritó Tizona sin ocultar su pensamiento—pues +sé un atajo por dónde, si no me estrello, llegaré enseguida.</p> + +<p>—Yo—replicó Infolio—quiero también ir solo, porque en largos años de +trabajo he discurrido un mecanismo para subir las pendientes sin +esfuerzo.</p> + +<p>Oído lo cual, añadió Lepe:</p> + +<p>—Pues vaya cada uno por su lado; alguien he de encontrar que me lleve +en coche o a la grupa, que yo no subo andando.</p> + +<p>Despidiéronse con la sonrisa en los labios, aunque odiándose, y puesto +el pensamiento en su ambicioso propósito, emprendieron a hora distinta y +por diversos lugares el camino.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Pasó mucho tiempo, sin que ellos mismos pudieran precisar el número de +años transcurridos: porque las esperanzas y fatigas les hicieron perder +la cuenta, hasta que una mañana, cuando menos lo esperaban, al dar +vuelta a un recodo, se encontraron casi simultáneamente en la esplanada +que rodeaba el alcázar dónde vivía la dama de sus pensamientos.</p> + +<p>Lepe llegó el primero, y al parecer de buen humor, pero con los labios +plegados por una sonrisa de incredulidad que daba pena; Infolio era un +anciano achacoso, gastado e impotente para gozar lo que soñaba; Tizona +traía melladas las armas, el cuerpo cosido a cicatrices, y alguna herida +fresca todavía.</p> + +<p>Saludáronse ceremoniosos, sin mostrarse simpatía ni sentir rencor: +ninguno preguntó a los otros la historia de su viaje, y como Dios o el +diablo les dieron a entender, procuraron entrar en el recinto +misterioso.</p> + +<p>Tizona, viendo cerradas las verjas, a riesgo de matarse, escaló una +ventana: Infolio, dijo tan admirables cosas propias y ajenas, +colocándose ante la puerta, que sus hojas, dejándole paso, se abrieron +solas, y entonces Lepe se coló dentro astutamente.</p> + +<p>A los pocos momentos estaban en la antecámara del ídolo. Sólo les +separaba de él una cortina sutil e impenetrable, que cayendo desde la +techumbre hasta el suelo, semejaba el velo de un lugar sagrado.</p> + +<p>Ninguno se atrevió a descorrerla, y absortos de estupor, febriles de +impaciencia, esperaron, fija la vista en los amplios pliegues que ponían +estorbo a sus deseos.</p> + +<p>De pronto, se abrieron los paños como rasgados de alto a bajo, y dejaron +ver un instante el ámbito de la estancia que ocultaban. El santuario de +Fortuna era una alcoba. Hacia el fondo sonó el estallido desigual de un +beso doble, y enseguida, salió tranquilamente un hombrecillo +insignificante, feúcho, pequeñuelo y vulgar, que con aire de triunfo +venía estirándose los puños y acariciándose la barba. Entonces los que +esperaban se avalanzaron hacia él entre humillados y rabiosos gritando y +preguntándole a grandes voces:</p> + +<p>—¡Profanación!</p> + +<p>—¿Quién eres?</p> + +<p>—¿Por dónde has subido?</p> + +<p>Mientras el feliz mortal, mirándoles sin comprender su indignación, +respondía con la mayor frescura:</p> + +<p>—Soy Perico Mediano, y he subido por la escalera de servicio.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chap"><a name="LAS_PLEGARIAS" id="LAS_PLEGARIAS"></a>LAS PLEGARIAS</h3> + + +<p class="head">I</p> + +<p>Al dar la una y media comenzaron a despedirse los contertulios: a las +dos sólo quedaban en el magnífico salón los dueños de la casa, marido y +mujer, ambos jóvenes, hermosos y al parecer felices: él se puso a leer +un periódico de la noche y ella se entretuvo escribiendo con un lápiz de +oro al dorso de una tarjeta las visitas y compras que pensaba hacer al +día siguiente.</p> + +<p>Después hablaron un rato de cosas de poca monta, y, por fin, ella, +levantándose de pronto, le dijo mirándole amorosamente:</p> + +<p>—Me voy a recoger el pelo. ¿Tardarás?</p> + +<p>—Acuéstate. Enseguida voy.</p> + +<p>Luego de retirarse la dama, el hombre pasó del salón a su despacho, que +era la habitación contigua, y oprimiendo un resorte oculto entre los +cortinajes, dio luz a las lámparas eléctricas.</p> + +<p>Los muros estaban cubiertos de verdaderos tapices góticos, los estantes +llenos de buenos libros, en un testero había un magnífico retrato de +familia a cuyos lados brillaban dos panoplias de armas antiguas, y en +otro lienzo de pared destacaba sobre el fondo multicolor y borroso del +tapiz un santo pintado por Zurbarán. Cuanto allí había era prueba de +exquisito gusto, cultura y riqueza bien empleada. Indudablemente el lujo +de relumbrón, las antiguallas falsificadas y los caprichos absurdos +impuestos por la moda, no tenían entrada en aquella casa.</p> + +<p>Sentose el caballero ante la mesa, sacó de un cajón una cartera, y tras +consultar rápidamente varios papeles, apuntó, poco más o menos de este +modo, lo que se proponía hacer al otro día:</p> + +<p>«Carta al administrador de Terrones para que perdone la mensualidad a +los colonos perjudicados por la nube del mes pasado, y les dé lo +necesario para la siembra.—Al mayordomo de Valhondo que libre de +quintas al hijo del guarda.—Decir al ministro que no voto a favor de la +desviación del canal, porque no conviene a los intereses de aquellos +pueblos.—Mandar, según costumbre, lo que haga falta en el Monte para +desempeñar las herramientas de trabajo y máquinas de coser cuyas +papeletas venzan este mes.»</p> + +<p>Todo lo cual indicaba que aquel rico merecía serlo.</p> + +<p>Después guardó la cartera, cerró el cajón, y recostándose en el sillón, +permaneció largo rato ensimismado y como abstraído por sus pensamientos.</p> + +<p>Poco a poco fue dibujándose en su rostro un gesto de inexpresable +amargura, luego dobló la cabeza sobre el pecho, y enseguida, enderezando +a Dios el pensamiento, dijo mentalmente de este modo, no con palabras +aprendidas de memoria, sino con aquellas espontáneas y sinceras razones +que, inspiradas en verdadera piedad, no pueden menos de llegar a dónde +van dirigidas:</p> + +<p>«¡Un día más... y un día menos! No he hecho mal a nadie, y he procurado +algún bien. Permíteme, Señor, que pueda decir lo mismo mañana. No +faltándome tu favor, estoy seguro de mi voluntad... Me has hecho rico, +es decir, depositario de lo que destinas a los pobres, y al remediar los +males del prójimo imagino cumplir tus mandatos. No me desprendo de nada +mío, sino que doy a cada cual lo que quieres que sea suyo; si más me +dieres, más distribuiría; y si de todo me privases, mi único dolor sería +ver desdichas sin poder remediarlas... Por Tí he comprendido que la +verdadera sabiduría estriba en combatir odios y sofocar rencores: +procuro ser justo; pero no me has hecho feliz. Tú sabes lo que falta a +mi dicha. Te pido un hijo. Quiero tenerlo para que aprenda a ensalzarte +como Te gusta ser ensalzado, que es sometiendo la maldad a la justicia, +acercando la compasión al dolor; y quiero también ser padre, porque no +es bueno que se seque el árbol sin dejar retoño. Mi esposa me ama tanto +como yo a ella, pero nuestro lecho es estéril. ¡Señor! Dame un hijo para +que te ame con dos vidas y te sirva con dos voluntades.»</p> + +<p>De pronto sonó a lo lejos una voz femenina que llamaba cariñosamente; el +caballero apagó la luz, y a oscuras, andando a tientas, que es como el +hombre camina hacia la felicidad, salió en busca de su mujer.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>Varía la decoración y son otras las personas.</p> + +<p class="linea">En un miserable sotabanco habita un matrimonio pobre. El marido fue +empleado y quedó cesante sin auxilio, amparo ni valimiento; la mujer, +que era menestrala, enfermó durante el primer embarazo y fue despedida +del taller: rápidamente pasaron de la escasez a la pobreza y de la +pobreza a la miseria; pero como eran jóvenes y se querían mucho, nada +contuvo su pasión. En seis años de matrimonio tuvieron otros tantos +hijos.</p> + +<p>La noche era horrible: los vidrios rajados o mal juntos dejaban paso al +frío por roturas y resquicios: no había rescoldo en el fogón, ni cisco +en el brasero, ni provisiones en la alacena, ni casi ropas en las camas, +porque el carbonero ya no fiaba, ni el tendero se compadecía, ni el +prestamista devolvía las mantas sin que le pagasen lo estipulado; y los +pequeñuelos lloraban y los mayorcitos pedían pan, mientras los padres se +miraban silenciosa y desesperadamente, ya pronto el hombre a toda maldad +y dispuesta la mujer a todo sacrificio.</p> + +<p>Más tarde, cuando el marido se fue a acostar, renegando de Dios y +maldiciendo de los hombres, ella dio un beso a cada niño, y enseguida, +postrándose de rodillas ante una grosera estampa de Cristo pegada en la +pared, comenzó a orar entre dientes.</p> + +<p>Rezó primero el Padre Nuestro, luego el Credo después muchas Salves y +Ave Marías, cuanto aprendió de niña sin saber lo que significaba, y por +último, buscando en las reconditeces de su alma acentos propios, +inspirados en la magnitud de su desventura; dijo alzando los ojos y +clavándolos en la estampa: «¡Señor! ¡Piedad, misericordia! ¡Que no se +mueran estos niños! ¡Pan, nada más que pan!»—Y dejando caer la cabeza +sobre el asiento de una silla que tenía delante, permaneció en oración +largo rato, hasta que el marido la llamó desde el jergón que les servía +de cama, diciendo:</p> + +<p>—Ven, hija, ven y trae cualquier cosa para arroparnos, que aquí no se +puede parar de frío.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>En los altos cielos, espacios eternamente misteriosos y negados por +siempre al pensamiento humano, allí donde solo llegan los desvaríos de +la imaginación y los arrobos de la fe, resonaban dos voces de acento +sobrenatural y prodigioso. La una era majestuosa, imponente y dulce +sobre toda ponderación; la otra era voz humana, dignificada y +ennoblecida por la santidad.</p> + +<p>—¡Pedro!—dijo la primera.</p> + +<p>—Señor—repuso con humildad la segunda.</p> + +<p>—¿Hay algo?</p> + +<p>—Lo de siempre. Peticiones de la ambición, exigencias de la codicia, +vanidades del amor propio, arrogancias de la soberbia, desafueros de la +maldad, sollozos de dolor y bostezos de hambre.</p> + +<p>—A esos hay que atender primero.</p> + +<p>—Señor, es que son muchos los que piden y pocos los que agradecen.</p> + +<p>—No importa. Coge a manos llenas los bienes y déjalos caer sobre los +limpios de corazón.</p> + +<p class="linea">Pasado algún tiempo, el matrimonio rico heredó una considerable fortuna +que acreció la suya. Fue aquello como golpe de agua que, dejando acaso +estéril la llanura, engrosa el caudal de otra corriente: y en el hogar +del matrimonio pobre nació el séptimo hijo.</p> + +<p>Los afortunados no agradecieron lo que les sobraba, y los infelices casi +maldijeron lo que no habían pedido.</p> + +<p class="linea">Entonces resonaron de nuevo en las alturas las voces misteriosas:</p> + +<p>—¡Pedro!</p> + +<p>—¡Señor!</p> + +<p>—Mis órdenes se cumplen mal—dijo la voz de imponente e inefable +dulzura—a pesar de mis bondades suben de la Tierra lamentos de dolor +que mueven a piedad.</p> + +<p>—Los del planetilla revoltoso no hacen más que pedir. Nadie quiere +penar; todos creen merecer. Ninguno acepta su misión fatal e ineludible, +ni se resigna a cumplirla. Imaginan que la vida debe ser la felicidad, +cuando es sólo ocasión de conseguirla.</p> + +<p>—Es que yo no soy el Destino ciego, sino la Providencia bondadosa. +¡Felices! ¿Por qué no han de serlo? En verdad te digo que el hombre no +comprenderá nunca la majestad del dolor. De hoy más, a quien pida con fe +para obrar con caridad, désele todo. Hay que reorganizar este +negociado.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="EL_NIETO" id="EL_NIETO"></a>EL NIETO</h3> + + +<p>El general don León Bravo de la Brecha y Pérez Esforzado, décimo cuarto +conde de la Algarada de Lucena, primer marqués de Durobando, noble hasta +la médula de los huesos, senador por derecho propio, modelo de +caballeros, carácter de acero y corazón de oro, feo de rostro y +hermosísimo de alma, era hombre que haciéndose querer inspiraba respeto, +mas en tal grado religioso, autoritario y linajudo, en una palabra, tan +montado a la antigua que parecía la viva encarnación de todos aquellos +ideales que cumplida su misión en la vida, van quedando honrosamente +almacenados en la historia por la inflexible mano del tiempo.</p> + +<p>A bueno nadie le ganaba, a severo le aventajaban pocos, y en punto a +reaccionario no había quien le igualase. Fue feliz durante casi toda su +vida, porque la Fortuna le halagó propicia, siendo para él en la +juventud novia cariñosa, en la edad viril mujer amante y luego sumisa +compañera; únicamente en la vejez, cuando creía tenerla más sujeta, +comenzó a mostrársele rebelde, como hembra cansada de ser fiel mucho +tiempo.</p> + +<p>El general veía con pena que cuanto amparó con su prestigio y cuanto +defendió con su espada se iba desmoronando. La fe se bastardeaba +convirtiéndose en devoción superficial y mundana; las clases sociales se +fundían derretidas por la fiebre del oro; el principio de autoridad +cedía en vez de resistir; todo lo que él consideró esclarecido y alto +tendía a oscurecerse y caer, todo lo vil y bajo a brillar y subir; lo +poco antes calificado de utopia era casi realidad, los sueños se hacían +tangibles y a las amenazas se respondía con reformas; lo que en su +mocedad se dominaba a tiros, ahora se arreglaba con fórmulas.</p> + +<p>Su mayor pena, su disgusto más hondo consistía en ver a su propio hijo +participar de las ideas nuevas y sentarse como diputado en los bancos de +una minoría liberal apoyando las que él llamaba soluciones avanzadas, y +al pobre viejo le parecían herejías contra lo más santo y ataques a lo +más respetable.</p> + +<p>Por mucho que cavilase, no se daba cuenta de cómo aquel hijo, educado +por padres escolapios, había salido volteriano hasta votar la tolerancia +religiosa e importarle un bledo que el Papa estuviese cautivo. Cuando le +oía afirmar que era monárquico y enseguida que la idea de Patria no es +consustancial con la monarquía, se le llevaban los demonios, y +finalmente a punto estuvo de desheredarle sabiendo que durante las +elecciones asistió a una reunión de distrito donde solicitó el voto de +lo descamisados.</p> + +<p>Mas como todo está compensado en la vida, la amargura ocasionada por +aquellas ideas del hijo tenía contrapeso y hasta recompensa en lo que +prometía el nieto.</p> + +<p>Siete años acababa de cumplir Pepito y por sus tendencias dominadoras, +por su carácter resuelto y su geniecillo voluntarioso indicaba que había +de parecerse, no a su padre, sino a su abuelo. El general experimentaba +impulsos de ternura, nunca sentidos, escuchando referir o presenciando y +oyendo rasgos y respuestas del chico, que no pasaban de meras +insolencias infantiles y que a él se le antojaban claros indicios de +ideas sanas, principios severos y voluntad enérgica.</p> + +<p>Pepito era indudablemente a sus ojos un caso notabilísimo de atavismo.</p> + +<p>Los procedimientos de fuerza le encantaban. En vez de pedir merienda la +cogía del aparador: espíritu de conquista, decía el general. Agradábale +sobre manera ir limpio, bien vestido y majo: gustos aristocráticos, +pensaba el buen señor. Una vez en la calle, viendo reñir a dos +muchachos, y caer debajo al más débil, se arrojó a su defensa: clara +muestra de comprender la misión de su nobleza. Finalmente, un día en una +tienda donde su madre regateaba unos juguetes, Pepito llamó ladrón al +comerciante: horror al mercantilismo imaginó el abuelo.</p> + +<p>Para que tan brillantes disposiciones y facultades no se debilitaran ni +maleasen en la viciosa confusión de un colegio ni al contacto de malas +compañías, el general, desconfiando del criterio y carácter de su +propio hijo, resolvió encargarse de la educación del chico: y no +pusieron los reyes de Francia más cuidado en buscar maestro a un Delfín +que puso él para admitir preceptor a su gusto.</p> + +<p>Tras muchas cavilaciones, previos respetables informes y seguro de sus +buenos antecedentes, recayó la elección en un capellán profundamente +religioso, de intachable moralidad y lo bastante conocedor del mundo +para dirigir los primeros pasos de un niño a quien su linaje y fortuna +tenían reservado puesto seguro y distinguido en el banquete de la vida.</p> + +<p>Quiero—le dijo el general—que sea hombre de bien, capaz de grandes +cosas, enemigo de las pequeñas... y aunque no ha de cantar misa, ni hace +falta que se coma los santos, muy religioso. Nada de beaterías: espíritu +religioso, temor de Dios y amor al prójimo. ¡Cristiano de verdad! ¡En +fin, que sea todo un hombre!</p> + +<p>El capellán—nadie le llamaba por su nombre en la casa—era lo que se +decía hace cincuenta años un buen maestro: tal vez algo duro; más amigo +de hacerse temer que estimar; antes partidario de enseñar lo que sabía +que de inspirar amor al estudio; con ideas fijas vaciadas en la antigua +turquesa donde se fundió la sociedad de nuestros abuelos; seguro de lo +que tenía por bueno; irreconciliable con lo que juzgaba malo; ilustrado, +pero intransigente; bueno, pero fanático.</p> + +<p>Pepito aprendió de sus labios algunas cosas que son verdades eternas; +otras que en su tiempo lo fueron, y muchas que no lo han sido nunca; mas +todas, al parecer, sujetas y enlazadas por maravilloso espíritu de +unidad. Adaptándose a la tierna imaginación propia de la edad del niño, +hízole considerar la ciencia como trabajo humano que pugna por acercarse +a lo divino; el arte como emanación y resplandor de lo bueno; la +historia como inmenso campo al través del cual marchan las razas +guiadas por Dios a su destino; y la vida como valle de amarguras en que +para las más acerbas lágrimas y los más intensos dolores hay consuelo +cuando, poniendo el pensamiento en lo alto, quieren ser caritativo el +poderoso, agradecido el miserable, sensible el fuerte, humilde el débil, +y todos esperanzados en la justicia del Señor.</p> + +<p>Poca era la edad del niño, mas tales la inteligencia y la claridad con +que se expresaba el capellán, que el discípulo prometía honrar al +maestro. Varias veces examinó el general a Pepito; en más de una ocasión +le hizo preguntas, al parecer inocentes, en realidad encaminadas a ver +el cauce por donde iban sus inclinaciones; y siempre quedó, aparte +pasión de abuelo, que es padre doble, maravillado del instinto con que +se asimilaba cuanto trascendiese a hombría de bien y sentimiento de +justicia.</p> + +<p>—¿Qué aguinaldo quieres, monín?,—le dijo pocos días antes de Navidad.</p> + +<p>—Un nacimiento—repuso el chico.</p> + +<p>Su abuelo fue con él a Santa Cruz, le dejó escoger cuanto quiso, pagó +contento, quedó el niño gozoso, y dos criados trajeron a casa el peñasco +lugar de la sagrada escena y la banasta llena de figuras de barro que +habían de representarla.</p> + +<p>Al día siguiente, gracias a la febril actividad del niño y mediante +algunos consejos del capellán para que pusiese cada personaje en su +sitio, quedó el nacimiento colocado sobre una gran mesa en el cuarto de +estudio. Nunca vieron ojos de muchacho cosa tan bonita. ¡Qué <i>propio</i> +estaba!</p> + +<p>El peñasco, que tenía más de dos varas en cuadro, figuraba una serie de +cerros hechos con corcho y cartón piedra, dispuestos en caprichosos +declives con las cimas cubiertas de nieve y en la parte baja serpeados +por un arroyuelo de agua verdadera que venía a morir en un estanque con +surtidor, de hoja de lata. En un picacho estaba el depósito y para +ocultarlo veíase agrupado en torno del monte el caserío de cartón que +fingía ser la ciudad de Belén, sobre cuyos minaretes de cartulina +ondeaba la bandera española. Por unos vericuetos en que el vidrio molido +hacía papel de escarcha, venían en sendos camellos sus reales majestades +Gaspar, Melchor y Baltasar, seguidos de abigarrada servidumbre; al borde +del arroyo había un grupo de, lavanderas; en un altillo, junto a la +hoguera de talco en que se freían las migas, los pastores apacentaban +las ovejas de patitas de alambre, mientras los pavos de abermellonada +cabeza y peana verdosa destacaban sobre el musgo aterciopelado y húmedo. +De entre un macizo de follaje salía una pareja de guardia civil, cuyos +tricornios enfundados de blanco casi llegaban al campanario de una +torre, y en la fachada de un ventorrillo de cartón se leía la palabra +<i>vino</i>. El portal de Belén era grandiosa fábrica greco-romana de corcho +con sus columnas estriadas: dentro estaba el pesebre guarnecido de +verdadera paja y sobre ella el Niño Jesús enteramente desnudo y boca +arriba, a sus lados el buey y la mula esculpidos con rigidez hierática, +y delante, colocados en adoración, San José con traje amarillo, y la +Virgen con manto más brillante y rojo que un pimiento, ambas cabezas +coronadas por descomunales resplandores en que se habían derrochado +panes de oro.</p> + +<p>Pastores con pellicos de algodón en rama bailaban ante la Sagrada +Familia, en tanto que otros rendían al suelo la carga de sus ofrendas, y +del centro del frontón pendía la estrella de rabo, casi de tamaño +natural, tan cuajada de ángulos y facetas que era maravilla de los ojos. +Luego, por todas partes ciñéndolo y adornándolo todo, ramas de palmera, +de espino, de abeto, de tomillo, de tuya, de romero, grandes trozos de +musgo y un sinnúmero de velitas y candelas amarillas, rojas, blancas y +verdes, de cuyas llamas se desprendía un humo tenue y vaporoso, que +envolvía el conjunto en una neblina misteriosa y poética...</p> + +<p>Cuando el general vio el nacimiento, faltó poco para que cogiese un +rabel: si no lo hizo fue porque no quedara mal parado el principio de +autoridad.</p> + +<p>A la tarde siguiente, Pepito salió de paseo con su madre. Cuando volvían +oyó llorar en el patio a uno de los chicos del portero y preguntó la +causa.</p> + +<p>—Envidia, nada más que envidia... señora—dijo dirigiéndose a su ama el +criado adulador:—mis chicos han visto subir el nacimiento y se han +emberrenchinado en que les compre muñecos.</p> + +<p>La dama, sin hacer caso, subió lentamente la escalera y Pepito la siguió +en silencio, con la cabecita baja y las manitas a la espalda, sintiendo +cosas que no podía comprender, como un filósofo chiquitín.</p> + +<p>De pronto, al llegar al recibimiento, echó a correr hacia su cuarto, y +pocos momentos después bajó al portal por la escalera de servicio, +llevando una cesta cuyo contenido ocultaba cuidadosamente.</p> + +<p>A la noche, terminada la comida, el general quiso ver de nuevo el +nacimiento por gozar con la alegría del niño.</p> + +<p>La decepción fue horrible. El nacimiento estaba encendido; pero a pesar +de las luces, triste y despoblado. Parecía que los muñecos de barro +habían huido al sentirle llegar: faltaban más de la mitad. Los reyes +magos reducidos a dos; de la pareja de civiles, un número; la mula del +pesebre, ausente; los borregos, pastores y zagalas, en cuadro; el +caserío de Belén, medio derribado para arrancar algunas fincas, y ¡oh +cosa inverosímil! San José permanecía junto a su divino hijo, mas la +Virgen había desaparecido.</p> + +<p>—¡¡Pepito!! ¿Qué ha pasado aquí?—gritó enojado el abuelo.</p> + +<p>El niño se presentó cabizbajo, pero sin miedo; no muy contento, pero +sereno.</p> + +<p>—¿Qué es esto? ¿Has roto ya todo lo que falta? ¿Es ese el aprecio que +has hecho?...</p> + +<p>—No he roto nada—repuso Pepito.—Los chicos de abajo lloraban mucho +porque no tenían nacimiento... y les he dado la mitad. ¿No me están +diciendo a todas horas y en todas las lecciones que todos somos hijos de +Dios, y que Dios da a los ricos para que den a los pobres? Pues ya está +hecho... aunque no me compres más.</p> + +<p>El general cogió a su nieto, alzándolo hasta sí, le dio no un beso sino +un abrazo, como si fuese un hombre, y salió del cuarto juntamente +enternecido y pesaroso.</p> + +<p>—¿Qué tiene usted?—le preguntó su hijo al verle entrar en el despacho +con los ojos llorosos.</p> + +<p>—Tengo... tengo que tú me has salido liberal y, a pesar de los +pesares... tu chico me ha salido socialista.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="DICHAS_HUMANAS" id="DICHAS_HUMANAS"></a>DICHAS HUMANAS</h3> + + +<p>A la parte de Oriente, por cima de las arboledas del Retiro, comienza a +despuntar el día, desvaneciéndose y borrándose el lucero del alba en una +faja de luz pálida y blanquecina, que se dilata y extiende poco a poco +en el espacio.</p> + +<p>Los faroles están apagados, los serenos se han ido, las buñoleras no han +llegado, las tahonas están cerradas, las tabernas no se han abierto, y +un norte glacial barre las aceras, arremolinando en los cruces de las +calles las hojas secas, el polvo y los papeles. Se oyen de cuando en +cuando los pasos rápidos de alguien que ha trasnochado por necesidad o +por vicio; suenan a lo lejos las campanas de maitines en la torrecilla +de un convento, y tras las vallas de un solar convertido en corral, +lanza un gallo su canto bravío y vigoroso, como si estuviera en el +campo.</p> + +<p>De entre las sombras que van desvaneciéndose surgen las líneas y la mole +de una casa magnífica, casi un palacio, con jardín a la iglesia, ancho +portalón y verja de remates dorados. Dos balcones del piso principal +están interiormente iluminados por un resplandor medio amarillento, +medio rojizo, formado por las llamas de la chimenea y la luz de una gran +lámpara con enorme pantalla de seda color de oro. Desde la calle no se +ven más que los huecos bañados en claridad misteriosa, los cristales de +una sola pieza y los visillos de muselina, en cuyos centros campean +cifras artísticas de letras entrelazadas.</p> + +<p>La habitación es suntuosa. Hay en ella muebles soberbios, telas +rarísimas, cuadros con firmas de maestros, retratos admirables, plantas +exóticas criadas en la atmósfera tibia del invernadero, jarrones, +japoneses decorados con cigüeñas de plata que vuelan en paisajes +fantásticos, alfombras en que los pies se hunden y arañas de vidrios +multicolores, donde centellean en temblor irisado los reflejos, de la +chimenea. La riqueza y el buen gusto parecen haber reunido allí todos +los primores del lujo moderno.</p> + +<div class="linea"><div class="linea"><p>Sentado junto a un veladorcito, donde aún se ven el servicio de té, todo +de plata, dos barajas francesas y un sortijero lleno de horquillas y +pulseras, hay un hombre joven, de arrogante figura, que está haciendo +números con un lápiz en una cuartilla de papel.</p></div></div> + + +<p>Por la esquina que forman dos calles, desemboca un mocetón descalzo, +cubierto de harapos asquerosos. Lleva a la espalda un saco, y en la mano +un palo, que tiene en la punta un largo clavo retorcido, con el cual, de +cuando en cuando revuelve los montoncillos de basura que hay formados +ante las puertas junto a los bordes de la acera. Otras veces se pone de +rodillas, escarba con las manos y va metiendo en el talego restos, +desperdicios y sobras de mil cosas distintas. Al creciente claror del +día su figura comienza a dibujarse. Es joven, robusto, ágil, pero +repugnante por lo sucio y lo feo. Tiene las prendas con que se cubre, +destrozadas y llenas de remiendos, la gorra reluciente de mugre, las +manos guarnecidas por escamas de roña, los ojos legañosos y el bigote +quemado de apurar colillas; todo él es seboso y hediondo. Sus compañeros +le llaman Pachín el <i>Guarro</i>.</p> + +<p>Al llegar frente a la casa lujosa, se sienta en la acera y poco a poco +va sacando algo de lo que ha recogido aquella noche, para separar lo +que haya de vender de lo que quiera guardar.</p> + +<p>De pronto se oyen a lo lejos pasos de alguien que viene corriendo, +arrastrando en chancleta los zapatos, y por la esquina inmediata aparece +una chica de veinte años, feísima. Es cabezorra, llana de cogote y algo +bizca; tiene el pecho voluminoso y caído, como pasiega harta de criar, +el rostro rojizo, el cuello negruzco, y el trozo de carne, que pudiera +ser nariz, desformado y torcido, como si guardase recuerdo de un +tremendo puñetazo. Lleva puesta falda de percal que fue azul, por entre +cuyos jirones, jamás cosidos, deja ver un refajo amarillo en sus buenos +tiempos, toquilla de estambre rosa convertida en pañuelo de talle, y a +la cabeza otro pañuelo de seda verde, bajo el cual desbordan en mechones +compactos y casposos los rizos negros, vírgenes del peine. En la mano +derecha lleva también un saco y en la izquierda una cesta que tiene en +vez de asa un trozo de soga retorcida: allí trae una jícara sin asa, un +borlón de darse polvos de arroz, un ojo de vidrio caído de un animalucho +disecado, una rueda de butaca y la tapa de una caja de dulces adornada +con un ramito de azahar artificial.</p> + +<p>Aquella mujer es la <i>Mona</i>. Pachín el <i>Guarro</i> casi parece junto a ella +un señorito.</p> + +<p>Al verla acercarse, dice él:</p> + +<p>—¿Qué traes, paloma?</p> + +<p>—<i>Na</i>: lana sucia, una jícara, tres latas chicas y dos peras pochas.</p> + +<p>—Guárdalas <i>pa</i> madre. ¿Y papel?</p> + +<p>—Como un par de kilos.</p> + +<p>—¿Y tabaco?</p> + +<p>—Eso sí, toma.</p> + +<p>Y la <i>Mona</i> sacó de la cesta el fondo de una escupidera de cristal rota, +con lo menos diez colillas de puro..</p> + +<p>—¡Son habanas; éstas se lavan y <i>pa</i> mí: <i>u</i> sin lavarlas!—dijo +sonriendo Pachín.</p> + +<p>—Entonces <i>pa tí, pa</i> mezclar. ¿Y tú, que has <i>pescao</i>?</p> + +<p>—Mira.</p> + +<p>El <i>Guarro</i> vació entonces todo el contenido del talego, y sobre las +losas de la acera quedaron desparramados cien objetos imposibles de +definir. Allí había de todo, reducido a nada; piezas de hierro con +empleo desconocido, botones sin asa, escarpias sin punta, hebillas sin +pincho, una regadera abollada, media petaca, un muelle de reloj, puchos +recortes de trapo, dos carretes sin hilo y una zapatilla grande, vieja, +de raso azul bordada de oro y con tacón Luis xv.</p> + +<p>—¿Y la otra?—preguntó ella.</p> + +<p>—No ha <i>pareció</i>; pero ¡mira!</p> + +<p>El <i>Guarro</i> sacó de la chaqueta con aire de triunfo, media cucharilla de +plata.</p> + +<p>—¿Qué valdrá eso?</p> + +<p>—Seis <i>u</i> siete <i>ríales</i>.</p> + +<p>—Pues al café.</p> + +<p>Recogieron el fruto de su trabajo, dividiéronse en los sacos el peso, y +atravesando barrios enteros, después de matar el gusano en una taberna, +fueron a salir por rondas y afueras más allá del Cristo de las Injurias.</p> + +<p>El término de su viaje fue una esplanada de estercoleros, rodeada de +desmontes, donde se alzaban varias barracas hechas de tablas, puertas de +restos de derribos, mostradores viejos, esteras, persianas, grandes +trozos de hule, muestras de tiendas y toldos de carro, todo ello +recubierto, guarnecido y como blindado con latas de petróleo deshechas y +claveteadas, que la lluvia y el óxido habían jaspeado de manchas +rojizas, semejantes a una erupción de sangre seca.</p> + +<p>Entre las barracas corría un arroyo de aguas sucias que se desbordaban +al chocar con un perro muerto e hinchado, y en distintos sitios se veían +grandes montones de trapo, ferretería de desecho, rejas desbaratadas, +llantas de carros, pilas de ventanas sin vidrios y huesos de animales.</p> + +<p>La más asquerosa de aquellas viviendas era la del <i>Guarro</i> y la <i>Mona</i>.</p> + +<p>Para entrar tuvieron que agacharse. En lo interior había muchas +estampitas de cajas de fósforos pegadas con pan mascado a un biombo que +hacía de pared, un hornillo de barro puesto sobre una banqueta de piano +que conservaba restos de damasco amarillo, y un cofre sin tapa lleno de +suelas de calzado que despedía un hedor insufrible.</p> + +<p>Había también un descomunal montón de recortes de paño, alfombras +viejas, orillos de lana y pieles de conejos. Aquella era la cama de +matrimonio y en ella se tumbó el <i>Guarro</i>, echando las piernas a lo alto +como quien se regodea con el descanso bien ganado.</p> + +<p>La <i>Mona</i> se le quedó mirando embelesada, llenos los ojos de pasión +como una bestia enamorada.</p> + +<p>Cuánto más le miraba, entre brutalmente apasionada y sinceramente +pudorosa, más fea se ponía; pero a él debiole parecer hermosa y +codiciable como a Salomón la Reina de Saba, porque con voz melosa le +dijo:</p> + +<p>—¡Paloma!</p> + +<p>La <i>Mona</i> quiso tenderse a sus pies sobre el montón de trapos para +velarle el sueño destripando colillas y haciéndole pitillos, pero él +volvió a llamarla como un animal a su hembra.</p> + +<div class="linea"><div class="linea"> +<p>—¡Paloma mía!</p></div></div> + +<p>En la chimenea de la casa lujosa sólo quedaban cenizas; la llama de la +lámpara palideció ofuscada por la luz del día, que comenzó a juguetear +con las cosas, arrancando reflejos al oro de los marcos, a los cristales +de los espejos, a los nácares de los mueblecillos maqueados y a los +flecos de seda.</p> + +<p>El caballero joven que había pasado la noche haciendo números, sumas y +restas, dejó caer la cabeza sobre el pecho, agobiado de cansancio y de +pena. Luego, levantándose, fue hacia la cama donde dormía la mujer +hermosa. Ella, al oírle acercarse, despertó tendiéndole los brazos. Su +admirable cuerpo se modeló como una estatua viva bajo la colcha de seda, +mientras él conservando en la mano el lápiz y el papel, dijo con +profunda amargura, sin sentirse atraído por el cariño y la belleza:</p> + +<p>—Estamos perdidos: ¡hay que quitar el coche!</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="EL_MILAGRO" id="EL_MILAGRO"></a>EL MILAGRO</h3> + + +<p>Damián y su mujer Casilda, él de cuarenta y cinco, y ella de algunos +menos, tenían en el barrio fama de ricos, y sobre todo de roñosos. No se +les podía tildar de avaros, pues en vivir bien, a su modo, gastaban con +largueza; pero la palabra prójimo era para ellos letra muerta.</p> + +<p>Delataban su holgura la bien rellena cesta que su criada Severiana les +traía de la compra, la costosa ropa que vestían, y algún viaje de +veraneo que, aun hecho en tren botijo, era mirado por los vecinos como +rasgo de insolente lujo. Además, con cualquier pretexto, disponían +comidas extraordinarias o se iban un día entero de campo con coche que +les llevara a los Viveros o El Pardo, y esperase hasta la puesta del +sol, trayéndoles bien repletos de voluminosas tortillas, perdices +estofadas, arroz con muchas cosas, magras de jamón y vino en abundancia.</p> + +<p>De estos despilfarros solo protestaba la vecindad con cierta disculpable +envidia: lo malo era que marido y mujer no comían ni se iban de campo +solos, como recién casados o amantes de poco tiempo, sino que siempre +les acompañaban dos hermanos, Luis y Genoveva, de los cuales el primero +cortejaba a Casilda, mientras la segunda bromeaba con Damián: si el tal +cortejo era platónico y las tales bromas inocentes, ellos lo sabrían; +pero un conocido que les vio merendando más allá de la Bombilla, decía +que <i>aquéllo</i> era un escándalo, que cuando les sorprendió, Luis tenía a +Casilda cogida por la cintura, y que Genoveva retozaba con Damián.</p> + +<p>En cambio, había en la casa donde vivían, gentes, peor enteradas o menos +maliciosas, para quienes nada pecaminoso manchaba aquellas amistades, +las cuales explicaban diciendo que Luis y Genoveva eran dueños de una +cerería; que Casilda y Damián eran exageradamente devotos, tanto, que +gastaban mucho dinero en alumbrar los altares, y finalmente, que de esta +suerte, unos a fuerza de vender y otros de comprar cirios y velas, +llegaron a ser amigos íntimos. Replicaban los maldicientes que el gasto +no pasaba de ser un medio indirecto de favorecer a los dos hermanos, y +que no en cera insípida, sino en miel dulcísima, estaban fundadas +aquellas relaciones.</p> + +<p>Lo que nadie podía negar era la piedad, el fervor, la devoción de +Casilda y Damián. Antes faltaba en la iglesia el campanero que ellos a +oír una de las primeras misas, cuándo no la del alba; confesaban y +comulgaban todas las semanas; de cuando en cuando hacían ofrendas en +metálico para mayor boato del culto; vestían a los santos, y hasta +solían llevarse a su casa ropa de altar y sacristía, devolviéndola +limpia, planchada y rizada primorosamente. Pero fuera de luces para la +iglesia y obsequios a sus amigos, que no les hablasen de sacar dinero +del bolsisillo, como no fuese en provecho y regalo propio; jamás +prestaron un duro, ni dieron un perro chico; no conocían el favor, sino +por pedirlo, ni la limosna, sino por saber que otros la hacían.</p> + +<p>Quien hubiera podido retratarles de cuerpo entero era Severiana, la +criada, infeliz mujer obligada a servirles y aguantarles por la más +triste de las causas.</p> + +<p>¡Y pobre de ella como Damián y Casilda llegaran a enterarse! De fijo la +despedirían sin compasión ni remordimiento.</p> + +<p>¡Buenos eran, tratándose de ciertos pecados!</p> + +<p>En la casa donde antes estuvo Severiana fue seducida por el amo, que la +despidió brutalmente huyendo luego de Madrid, en cuanto supo las +consecuencias de su pasajero capricho. La pobre muchacha tuvo una niña, +y en vez de llevarla a la Inclusa, como algunas conocidas le +aconsejaron, se la confió a una parienta que la cuidase, ofreciendo en +cambio matarse a trabajar para pagar las mesadas. Desde entonces, como +lo que Severiana más temía era quedarse desacomodada, no había +impertinencia que no sufriese ni fatiga que no soportara. Era una criada +modelo, sumisa, respetuosa, incansable y callada. Lo hacía todo; primero +los menesteres vulgares de la casa, teniendo las vasijas de la espetera +como si fueran de oro, y los muebles como si fuesen nuevos; luego ayudar +a Casilda en la costura; lavar y planchar lo que traía cada semana de +la iglesia; y por último, para captarse sus simpatías y las de su +marido, se encargó del <i>niño</i>.</p> + +<p>Así, familiarmente, ni más ni menos que si fuese pariente suyo, llamaban +marido y mujer a un niño Jesús que tenían en el gabinete, colocado sobre +una antigua mesa de hierros y patas torneadas, con un monumental florero +de trapo a cada lado, y una lamparilla delante. Era de tamaño natural, +huérfano en absoluto de valor artístico, pero les parecía notabilísimo, +y sobre todo, <i>muy propio</i>: el marido aseguraba que era talla de Alonso +Cano; la mujer se lo atribuía a Juan Sebastián El Cano, y ambos creían +recordar que un inglés pretendió comprárselo a peso de oro a la tía de +quien lo heredaron.</p> + +<p>Representaba cuatro o cinco años, estaba en pie, sin más traje que una +camisilla muy almidonada, tenía tras la cabeza un sol de metal blanco, +la mano derecha extendida con el índice y el dedo de corazón muy +tiesos, como bendiciendo a las gentes, y en la izquierda sostenía un +globo azul salpicado de estrellas: el pelo rubio, muy ensortijado, los +ojos intensamente azules, sin vida ni expresión, semejaban enormes +cuentas de vidrio, las pestañas recias y mal puestas, como cerdas, la +boca una mancha abermellonada, y las carnes tan sonrosadas, tirando a +rojizas, que parecían de muñeco para estudio anatómico; toda la figura, +en fin, exenta de la divina gracia y dulce poesía que debiera tener.</p> + +<p>Severiana, que recordaba haber visto en su lugarejo uno por el estilo, +le cuidaba y atendía cual si fuera de carne y hueso: su espíritu +inculto, pero delicado, establecía una relación misteriosa entre aquel +Jesús y su niña. Eran poco más o menos de igual altura: él, a pesar de +las malas pinturas, y ella, a pesar del descuido y desaliño que la +afeaban, sonreían con dulzura inefable: el Hijo de Dios calumniado por +un artista ramplón y la criatura abandonada por un padre infame, +despertaban en el entendimiento de la pobre criada sensaciones análogas +y dulcísimas: cuando abrazaba a la niña se le venía Jesús ante los ojos, +y al rezar a los pies de la escultura su imaginación volaba hacia el +fruto de sus entrañas, creyendo ver purificada por mediación de la +sagrada imagen la falta cometida.</p> + +<div class="linea"><div class="linea"><div class="linea"> +<p>La verdadera creyente, la devota sincera de aquella casa era Severiana: +sus amos pagaban el aceite, pero ella encendía la lamparilla, cuidando +de que ardiera constantemente, levantándose a veces durante la noche +para orar de rodillas, mientras cerrando los ojos creía ver el miserable +cuartucho donde dormía su hija.</p></div></div></div> + +<p>Al acercarse Nochebuena, Casilda y Damián dispusieron en obsequio de +Luis y Genoveva, una cena opípara.</p> + +<p>Sopa de almendra, besugo, pavo, ensalada de lombarda cocida, infinidad +de golosinas, para el centro de la mesa un castillete de guirlache, y +para que fuese todo bien regado, Valdepeñas y Champaña de a doce reales +botella. La cocina parecía un puesto de la Plaza Mayor y el comedor una +tienda de ultramarinos. ¡Cómo se iban a poner el cuerpo! ¡Y qué tristeza +tan honda sentía la pobre Severiana! Haría la cena, la serviría, +fregaría... y luego tendría que acostarse sin dar un beso a su hija.</p> + +<p>Poco después de anochecer comenzó a cavilar... las cosas se le caían de +las manos... no estaba su voluntad en lo que hacía... De pronto se +dibujó en sus labios una sonrisa y los ojos le brillaron entre alegre y +maliciosamente.... Los amos habían ido al teatro con sus convidados, +para hacer tiempo... Aún tardarían bastante. Además, luego se irían a la +misa del Gallo, y al volver se acostarían enseguida...</p> + +<p>Cogió un mantón y el picaporte, echó escaleras abajo, se metió en un +tranvía y antes de una hora volvió trayendo en brazos a la niña +dormidita y con una pelota entre las manos: la acostó en su cama y la +durmió con un cantar. No quería más que tenerla a su lado las últimas +horas de la noche, darle algo del postre que sobrase y dormir con ella.</p> + +<p>¡Aquélla sí que sería Nochebuena! La pobrecita no lloraba nunca y era +difícil que la descubriese. Además, no habían de ir a registrarle el +cuarto. Ya sabía ella lo que pasaba cuando disponían semejantes +francachelas: primero, cuarteto de comentarios sobre si tal o cual +hermano tenía o no manos puercas en la administración de la cofradía; y +luego, cuando iba decayendo la charla, formación y aislamiento de dúos: +Casilda y el cerero se quedaban en el gabinete, discutiendo la +elocuencia de un predicador, mientras Damián y la cerera se iban al +cuarto de la plancha. Lo peor sería que rompiese a llorar la niña... +Pero en último caso... ¿qué podía suceder? ¿Qué se supiera todo? Pues no +le faltarían casas...</p> + +<p>Cuando sus amos volvieron, la oyeron cantar desde la escalera:</p> + + +<div class="linea"><div class="linea"><p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>¿Quién sería la madre</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>que parió a Judas?</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>¡Qué hijos tan indinos</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>paren algunas!</i></span><br /> +</p></div></div> + +<p>Estuvieron un rato bromeando en el gabinete, mientras se hacían los +últimos preparativos, y luego pasaron al comedor, que era la pieza +inmediata, sin más separación que una puerta.</p> + +<p>Casilda cenó junto a Luis, y Damián al lado de Genoveva.</p> + +<p>El buen humor, empujado por el vino, comenzaba a hacer de las suyas: las +dos mujeres, menos acostumbradas a la bebida, decían mil atrevidos +disparates; Damián y Luis hablaban como en el café, contando cuentos +verdes; por último, Casilda, algo alegrilla y deseosa de desplegar lujo, +encendió todas las bujías de dos candelabros que adornaban la chimenea. +Celebrose la ocurrencia con grandes risas, Damián quiso apagar una vela +de un taponazo de Champaña, falló el tiro, y armose descomunal gritería; +eran cuatro personas y alborotaban como doce.</p> + +<p>Severiana casi no les oía, porque la cocina estaba lejos; pero la +pequeñuela, a quien despertaron los gritos y la novedad del no +acostumbrado lecho, se tiró de la cama, atravesó a gatas un pasillo, +entró en el gabinete donde estaba el Niño Jesús, débilmente alumbrado +por la lamparilla, contemplole un instante como si fuese un muñeco, y +luego, atraída por la claridad a que dejaban paso las rendijas y +junturas, empujó suavemente la puerta del comedor, y destacando sobre el +fondo oscuro del gabinete, apareció iluminada por el intenso resplandor +de las luces que alumbraban la cena.</p> + +<p>Era rubia, de ojos azules, ensortijado el pelo; estaba en camisita y +traía en la mano la pelota.</p> + +<p>Luis, Genoveva y Damián, cayeron de bruces sobre la mesa... Casilda, +loca de espanto, se tiró al suelo de rodillas, cubriéndose el rostro con +las manos y gritando:</p> + +<p>—¡Perdón, Señor!</p> + +<p>La niña retrocedió asustada, tiró al huir la lamparilla derramando el +aceite, y se metió en la cama muertecita de miedo.</p> + +<p>A la mañana, casi de madrugada, Severiana salió de casa con su hija sin +que nadie la viese; y era muy entrado el día, cuando Casilda mostrando +a Damián la mancha que el aceite dejó en la alfombra, le decía nerviosa +de terror:</p> + +<div class="linea"><div class="linea"><p>—¡Mira... no cabe duda!</p></div></div> + +<p>Apenas se les pasó el miedo, regalaron la escultura a unos amigos que +tenían oratorio; hubo función con órgano, gastose mucha cera y quedaron +tranquilos.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="ELVIRA-NICOLASA" id="ELVIRA-NICOLASA"></a>ELVIRA-NICOLASA</h3> + + +<p>Acabábamos de cenar Elvira y yo en un gabinetito de una fonda donde le +gustaba que la llevase a tomar mariscos y vino blanco. Disputando por +celos, en el calor de las recriminaciones, dejé escapar una frase +ofensiva: debí de decirle algo muy duro, sin duda una verdad muy grande, +porque entonces, avivada su locuacidad con la injuria y suelta su lengua +con el estímulo de la bebida, se recostó en el diván con provocativa +indolencia y, poniéndose muy seria, repuso:</p> + +<p>—Sí, ¿eh? ¿Tan mala crees que soy? Pues aquí donde me ves, tan coqueta, +tan amiga de haceros rabiar, porque todos sois iguales, y no merece más +ni menos uno que otro, tan orgullosa de haber arruinado a unos y puesto +en ridículo a otros, yo, aunque no lo creas, tengo en mi vida un rasgo +bueno, y tendría muchos si no hubiese sido en mi niñez tan desgraciada.</p> + +<p>Me creí amenazado de la eterna historia de una seducción vulgar; pero, +prefiriendo oírla a verla emborracharse, me dispuse a escuchar, y ella +siguió de este modo:</p> + +<p>—Voy a contártelo. En primer lugar, yo no me llamo Elvira: mi verdadero +nombre es Nicolasa. Soy de un pueblo de cerca de Madrid. A los dieciocho +años me escapé de mi casa, imaginando que peor de lo que allí estaba no +había de pasarlo en ninguna parte, segura de que, por mala suerte que +tuviese, con nada sufriría tanto como aguantando las impertinencias de +mi hermanastra, a quien servía de niñera, siendo víctima de la grosería +de mi padrastro y del mal genio de mi madre. Mientras ésta permaneció +viuda de mi padre, su primer marido, llevé con paciencia su desigualdad +de carácter y las consecuencias de su codicia; pero, a partir de la +segunda boda, la vida se me hizo insoportable, porque además de hija sin +cariño, a lo cual ya estaba acostumbrada, comencé a ser criada sin +salario, lo cual me parecía el colmo de la maldad. El tío <i>Pelusa</i>, así +llamaban a mi padrastro, era tan irascible y avariento como la que le +había tomado por esposo.</p> + +<p>Sin embargo, aún pasé algunos años resignada siendo medio bestia de +carga, medio puerca-cenicienta, hasta que al llegar Inesilla, mi +hermanastra, a la edad de las travesuras desplegó tanta perversidad para +conmigo, que comencé a pensar en el porvenir que me esperaba.</p> + +<p>Yo me levantaba en la casa antes que nadie, me recogía la última, +interrumpía el mejor sueño para dar de beber a las caballerías, pasaba +todo el día jabonando ropas, midiendo semillas y trasladando fardos; en +fin, me rendía a fuerza de trabajar, y todo sin una queja. Para lo que +me faltó resignación fue para soportar las burlas de mal género, los +impulsos de soberbia, y hasta los rasgos de perfidia que aquella mocosa +discurría sólo con propósito de mortificarme. ¡Que mala era! Sus +picardías no eran trastadas de chica, sino verdaderas crueldades: el pan +qué yo guardaba por si tenía hambre entre horas, me lo quitaba y se lo +echaba a los cerdos; a hurtadillas, cargaba el puchero de sal para que +luego me regañasen; lo menos que hacía era decirme palabras feas, todo +el repertorio que oía a los carreteros, y escupirme a la cara, sin que +los <i>Pelusos</i>, ni la mujer ni el marido, pusieran correctivo a sus +infamias.</p> + +<p>Por fin, me harté. Un día me mandaron a la fuente con la chica, que ya +tenía nueve años. La condenada fingió ir de buena gana, y a mitad de +camino, escabullándose en los portales de la plaza, se metió a jugar en +el corral de unas amiguitas. Allí se estuvo tres horas largas, mientras +me volvía loca buscándola. Excuso decirte lo que pasaría luego cuando, +al caer la tarde, volvimos a casa cada una por su lado. Creí que me +mataban. Mi padrastro me ató a un pié derecho de los que sostenían el +emparrado del patio, y estuvo hasta que se cansó dándome de varazos. +Cuando me soltó me fui al camaranchón que me servía de cuarto, no quise +cenar, y me tumbé en la cama sin desnudarme. De repente oigo ruido, miro +hacia arriba, y veo a Inesilla, asomada por el montante de la puerta, +mirándome burlonamente, riéndose y restregándose los puños en ademán de +hacerme rabiar.</p> + +<p>—¿Por qué has hecho eso?—le pregunté.</p> + +<p>Y con la cara muy alegre repuso:</p> + +<p>—Porque me da mucho gusto cuando te pegan.</p> + +<p>Desde aquel instante no pensé más que en marcharme de la casa.</p> + +<p>Al referir esto, Elvira tenía los ojos nublados por lágrimas de ira. Yo +no me atreví a interrumpir su relato, y ella siguió:</p> + +<p>—Si, chico, de aquella noche datan todas las barbaridades que he hecho +en mi vida... y las que me quedan. Hice un lío con la poca ropa que +tenía; saqué hasta treinta reales, que eran todos mis ahorros, del +escondrijo donde los ocultaba, antes del amanecer tomé a campo traviesa +el camino de Madrid, y aquí entré por la carretera de Extremadura y la +calle de Segovia. Han pasado siete años, y me acuerdo como si hubiese +sido esta mañana.</p> + +<p>—¿Y dónde fuiste?</p> + +<p>—A casa de mi tío Manuel. Es decir, no era tío ni casi pariente. Era +sobrino segundo de mi padrastro, y yo le miraba con cierta simpatía +porque las pocas veces que fue al pueblo me demostró cierta inclinación. +Un día evitó que me diesen una paliza; otro día, comiendo, porque mi +padrastro no me quería dar carne, él me dio la que le habían servido; y, +además, otra vez que estuvo allí pocas horas, sin que lo supieran en mi +casa, fue a la fuente y me regaló dos pañuelos de colores y un +alfiletero de alambre plateado.</p> + +<p>—Vamos, que le gustabas.</p> + +<p>—Ahora lo verás.</p> + +<p>—Vivía en la calle de los Mancebos, en un caserón antiguo, y sólo con +una criada vieja: allá me fui, le conté lo que había pasado y le rogué +que me ayudase a buscar casa donde servir, a lo cual repuso que haría +lo que pudiese, y que pues no tenía yo dineros para ir a la posada, me +quedara allí unos días hasta encontrar colocación.</p> + +<p>—¿De qué edad era ese hombre? ¿Cuántos años tenías tú entonces?</p> + +<p>—Manuel, cuarenta; y yo, antes te lo he dicho, dieciocho cumplidos.</p> + +<p>—Pues no me digas más.</p> + +<p>—No te has equivocado. A los dos días de estar allí, comprendí que me +había metido en la boca del lobo. Pero ¿quieres decirme qué defensa +tenía? ¿Qué hacer ni dónde ir? Yo, como chica de pueblo... y las de +todas partes, sabía cuanto hay que saber: desde los primeros momentos +conocí el peligro: lo que no veía era el modo de evitarlo.</p> + +<p>—¿Y qué pasó?</p> + +<p>—Figúrate. Ya sabes que soy aficionada a leer, que devoro novelas, que +he leído hasta <i>Don Quijote de la Mancha</i>: mira, allí hay una a quien +le sucediolo que a mí. ¿Te acuerdas cuando, hablando de sus amores con +don Fernando, dice Dorotea, poco más o menos: «con volverse a salir del +aposento mi doncella, yo dejé de serlo y él acabó de ser traidor y +fementido?» ¿Te acuerdas de ésto? Pues igualito: Manolo con un pretexto, +alejó de casa a la vieja...</p> + +<p>—Sí; el fue traidor y fementido, y tú dejaste de ser lo otro.</p> + +<p>—Claro está que aquello fue una picardía, pero luego se encariñó mucho +conmigo. Yo entonces no era tan perra como ahora. Tengo la seguridad de +que si aquel hombre no se muere, se casa conmigo.</p> + +<p>—¿Se murió?</p> + +<p>—A los dos años.</p> + +<p>Elvira suspendió un instante su relato, hizo un esfuerzo para no llorar, +como avergonzada de mostrar ternura, y continuó:</p> + +<p>—Suprimo detalles: morir Manuel y echarme sus hermanos de la casa, todo +fue uno. Entonces comenzó esta vida arrastrada que llevo, y eso que soy +de las que tienen más suerte.</p> + +<p>Ponerme a oficio, y presentárseme la ocasión de dejarlo, fue obra de +seis meses. Por supuesto, que para encontrar trabajo pasé las de Caín; y +en cuanto quise echarme a rodar, sobró gente que me empujara. De ésto ya +estás enterado, y además conoces a casi todos los que han tenido algo +que ver conmigo.</p> + +<p>Lo que no sabes tú, ni nadie, es que a los tres o cuatro años de +perderme, cuando ya tenía casa puesta, muebles míos, trajes lujosos, +alhajas buenas, coche algunos meses y dos criadas que me sirvieran, +(todavía lo que más me sorprende es verme servida), precisamente +entonces, teniendo todo ésto, con lo cual no soñé jamás, chico, aunque +te parezca mentira...</p> + +<p>—Acaba, mujer.</p> + +<p>—Pues me entró una tristeza espantosa. ¿Y qué dirás que se me metió en +la cabeza?</p> + +<p>—¿Casarte?</p> + +<p>—No, hombre: para eso tengo aún poco dinero. Se me metió en la cabeza +la idea de volver al pueblo.</p> + +<p>—¿Arrepentida?</p> + +<p>—Mira, no lo sé: unas veces creía que no; otras me parecía que sí. En +realidad lo que yo experimentaba es dificilísimo de explicar. Era una +melancolía sin nombre, un deseo impregnado de tristeza...</p> + +<p>—Sería que se te pegase el sentimentalismo cursi de alguna novela... Si +ahora mismo estás hadando como una dama de folletín.</p> + +<p>—No te burles de aquéllo: puede que sea el mejor impulso que he sentido +en mi vida; y déjame acabar. Como si se me hubiese olvidado todo lo que +había sufrido hasta los dieciocho años, como si en mi casa me hubieran +mimado, prescindiendo de tanto recuerdo amargo y de algunas cicatrices +que tengo repartidas por el cuerpo, quise volver al pueblo, ver los +lugares donde había crecido, los rincones donde me escondía para llorar, +la cueva donde me encerraban, el camaranchón que llamaban mi cuarto, la +cuadra, las mulas, la fuente, todo aquello, en una palabra, que debía +serme odioso: en fin, comprendo que era una chifladura ridícula, pero +hasta quise ver a mi madre, y a mi padrastro, y a la bribona de la niña. +¿Qué pasó por mí? como dicen en las comedias, no lo sé: pero cuando +pensaba en ello decía mentalmente <i>mi familia</i>. El mal genio de madre me +parecía disculpable por los trabajos y penalidades que ocasiona una casa +de labor, la brutalidad de mi padrastro se hizo menos aborrecible a mis +ojos recordando que no era mi verdadero padre, y en cuanto a las +crueldades de mi hermanastra... como si no hubiesen existido. Es decir, +las recordaba, pero sin guardarle rencor. Repito que nunca me he dado +cuenta exacta de aquella situación de espíritu: fue algo parecido a esa +tristeza que les da a los gallegos cuando pasan mucho tiempo fuera de su +tierra; pero mezclada, aunque yo no deba decirlo, con cierta bondad de +alma que me impulsaba a disculpar y perdonar todo el mal recibido. En +fin, que me planté en el pueblo.</p> + +<p>—¿Pero no sabían allí cómo vives y de qué vives? ¿No pensaste que +podían avergonzarte y...?</p> + +<p>—Claro que lo sabían todo: ¡si rara vez viene alguno del pueblo que no +se presente en mi casa a pedirme algo! Donde me ves, he hecho a mi lugar +más favores que un diputado; casi me dan ganas de llamarle mi distrito. +En cuanto a que me recibiesen mal, no había miedo. Yendo a mendigar, +tal vez; con las manos llenas de paquetes, chucherías y regalos... +¡quiá!</p> + +<p>—¿Y tuvieron la poca?...</p> + +<p>—Fui sencillamente vestida, con un traje de lanilla gris sin adornos; +pero como soy tan aturdida, se me olvidó quitarme de las orejas estos +solitarios; llevé un saquillo de mano con guarniciones de plata, +paraguas con puño de oro; en fin, no había más que verme para comprender +que no les iba a pedir nada. En la estación del ferrocarril no me +conoció nadie: al atravesar la plaza, oí tres o cuatro voces que dijeron +con asombro: «¡Nicolasa! ¡Nicolasa!» y luego observé que a larga +distancia me fueron siguiendo dos muchachas de mi tiempo, una con un +chico en brazos... y, mira, aquélla me dio envidia.</p> + +<p>—Si te daría.</p> + +<p>—Llegué a mi casa. Imagina la sorpresa. Pasado el primer instante de +estupor, mi madre me cubrió de besos, mi padrastro lloró de ternura, +Inesilla me cogió el saco de mano y comenzó a darle vueltas.</p> + +<p>—¡Ave María Purísima!</p> + +<p>—La chica era guapa, una real moza, fresca, garbosa, con cada ojazo, y +¡un pelo más hermoso! Lo que se llama una gran mujer. La fisonomía dura, +el gesto serio, la sonrisa desdeñosa; pero en conjunto un prodigio de +lozanía y de... en fin, lo que es una flor antes de que nadie la +manosee.</p> + +<p>—¿Y qué pasó?</p> + +<p>—Pues nada, que saqué los regalos: dos cortes de vestido para ellas, +dos piezas de lienzo blanco para mi madre, unos pendientes de coral para +la chica, una petaca y una cadena de plata para él, todo lo que +llevaba... Me dieron el mejor cuarto de la casa, no me preguntaron +palabra de cómo ni de qué vivía y me trataron lo mejor que pudieron.</p> + +<p>—¿Y fue gente del pueblo a verte? ¿Y qué les decían?</p> + +<p>—¡Ya lo creo! Mi padrastro les dijo que estaba de aya de una señorita +en casa de un título. Total, que pasé allí tres días magníficos, +completamente feliz, sin tener que aguantar a los que aquí no me dejáis +en paz, con una alcoba ¡para mí sola!, y al volverme les di a los papas +seis mil reales para un par de mulas.</p> + +<p>—Pues, chica, hasta ahora no veo el rasgo hermoso de que hablabas.</p> + +<p>—Eso fue en el momento mismo de separarme de ellos. No quise que me +acompañasen a la estación. Estábamos en el zaguán: mí padrastro mirando +por centésima vez la petaca de plata, mi madre llorando, Inesilla +atándome un manojo de flores campestres, yo con los ojos preñados de +lágrimas, cuando de pronto mi padrastro me cogió por la mano y, +guiándome hasta el fondo del comedor, cerró tras sí la puerta, dejando +entrar a madre; Inesilla se quedó fuera. Pensé para mis adentros que +querían otro par de mulas.</p> + +<p>—¿Y qué era?</p> + +<p>—¡Lo increíble! No ignorando, como no ignoraba ninguno de ellos, cuál +es mi vida, mi padrastro, en presencia de mi madre, con su aprobación y +moviendo la cabeza hacia donde estaba Inesilla, me dijo: «Anda, +Nicolasa, ya que tú has hecho suerte, ¿por qué no te llevas a la chica?»</p> + +<p>—¡Qué atrocidad!</p> + +<p>—¡Figúrate! ¡Yo que había ido al pueblo a tomar un baño de honradez! +Mira, hubo un momento en que dudé. Aquella falta de sentido moral, aquel +rebajamiento, me trajeron de un solo golpe a la memoria toda la amargura +de mi niñez, todos mis sufrimientos. No creas que es exageración: se me +renovaron de repente el dolor y la vergüenza de todos los golpes que +había recibido en aquella casa; me acordé del último día que pasé allí; +creí verme tumbada en el jergón, mientras Inesilla se gozaba en mi daño; +su voz cruel y burlona pareció resonar en mis oídos, y claro está, con +los recuerdos volvió el rencor y con el rencor el deseo de venganza. ¡Y +qué venganza la que se me venía a las manos! Traerme a Madrid la +chica... ¡Figúrate!</p> + +<p>—¿Y qué hiciste?</p> + +<p>—Sin duda me inspiró Dios. Les miré de un modo que no debieron de +comprender, y saliendo al zaguán les dije: «Quiero creer que no saben +ustedes lo que piden.» En seguida, limpia de odio, besé a Inesilla y me +volví a Madrid sin rencor... y sin ilusiones.</p> + +<p>—¡Lo creo!</p> + +<p>—Eso hizo esta Elvira que tienes delante, eso me pasó, y, sin embargo, +te lo juro por la salud de mi alma, seré una imbécil, pero algunos días, +cuando tengo más dinero, cuando creo que estoy más alegre, de repente +se me olvida que estoy haciendo de Elvira... y me pongo Nicolasa.</p> +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="SACRAMENTO" id="SACRAMENTO"></a>SACRAMENTO</h3> + + +<p>Justa y Engracia eran hijas de una familia honrada, linajuda y rica, +ambas casadas; Justa con un propietario que vivía de sus cuantiosas +rentas, sin más trabajo que cuidar de aumentarlas, y de quien no tuvo +hijos; Engracia con un bolsista de intachable reputación, pero tan +confiado en su estrella que aventuraba en jugadas peligrosas más de lo +que permite la prudencia. De este matrimonio nacieron dos niñas: María +de la Soledad y María del Sacramento.</p> + +<p>A poco de cumplir veintidós años la primera y uno más la segunda, su +padre quedó alcanzado en una liquidación de fin de mes, y no pudiendo +cumplir los compromisos contraídos, se suicidó de un pistoletazo. +Engracia murió de pena algunos meses después; y Justa, mediante la +cariñosa conformidad de Luis, su marido, se hizo cargo de las dos +sobrinas huérfanas; doblemente impulsada, primero por cierta natural +bondad, no incompatible con su dureza de carácter, y luego por el firme +convencimiento de que las dos muchachas no podían decorosamente vivir +solas.</p> + +<p>Para Justa y Luis el decoro era la mitad de la vida: estaban persuadidos +de que el error y el pecado son inherentes a la naturaleza humana, y de +que la disculpa y el perdón forman la gloria principal con que el bueno +se aventaja al malo; pero con el escándalo no transigían nunca. La +opinión del prójimo, si no valía, importaba a sus ojos tanto como la +misma virtud: temían más al comentario y la maledicencia que a la falta, +siendo partidarios acérrimos del refrán que dice: «Pecado ignorado medio +perdonado». Con tales ideas no habían de permitir que sus sobrinas +viviesen solas.</p> + +<p>Soledad y Sacramento no parecían hermanas. Eran sus cualidades morales +tan diferentes y sus tipos tan opuestos, que quien ignorase la honradez +de su madre pudiera suponerlas engendradas por dos amores distintos.</p> + +<p>Soledad era alta, gallarda, de tez trigueña, con pelo y ojos negros, +boca de labios gruesecillos, tan rojos que parecían una flor de sangre; +el seno levantado y firme, el talle esbelto, el andar airoso, las +actitudes y posturas animadas por un encanto singular que se desprendía +de su figura como un efluvio turbador y escitante: y en rara +contradicción con este aspecto provocativo, era fría, indolente, +predispuesta a la mansedumbre y la bondad, capaz hasta de ternura, pero +refractaria al apasionamiento y la vehemencia, como si tuviese +adormilados los sentidos y en su alma tranquila solo pudieran hallar eco +los sentimientos dulces y apacibles.</p> + +<p>Sacramento no era hermosa, sino bonita: pequeña, delgada, extremadamente +blanca, los ojos de un azul muy claro, los labios finísimos, tan pobres +de color que parecían exangües: los brazos débiles, el talle largo, el +pecho apenas pronunciado, todo el cuerpo menudo y grácil, como de +adolescente que no ha llegado a su completo desarrollo. De lo que podía +envanecerse era del pelo, tan rubio, fino y abundante, tanto y tan +largo, que sentada para peinarse le llegaba al suelo, envolviéndola en +un manto de oro. Era una mujercita delicada, de complexión casi +enfermiza, sin rasgos enérgicos de belleza con que atraer y dominar: su +rostro carecía de expresión y su cuerpo de gentileza: sus posturas eran +lánguidas, como si todo su organismo estuviera sometido a la +impasibilidad de un temperamento ingénitamente casto, reflejo de un alma +privada de inspirar pasiones e incapaz de sentirlas.</p> + +<p>Mas en abierta oposición con tales apariencias la frialdad era mentira y +la languidez artificio. Cuando pretendía agradar, cuando ponía empeño en +seducir, aquellos ojos claros, parados, se animaban súbitamente, +trocándose de inocentes en maliciosos, y aquellos labios blanquecinos +que ligeramente se mordiscaba con un movimiento imperceptible, tomaban +color de cereza soleada: entonces sonreía de un modo delicioso; la falsa +indiferencia, el abandono fingido, se convertían en laxitud estudiada +que parecía pedir mimos o prometer caricias, y la mujercita +insignificante, el ser débil, quedaban transformados en sirena de +ocultos y peligrosos encantos.</p> + +<p>Por capricho estraño de la suerte la morena era sosa y la rubia picante: +Soledad como noche serena y fresca que adormece: Sacramento como tarde +calurosa y pesada que hostiga con visiones abrasadoras los sentidos: una +hermana dócil, humilde, apocada, propensa a cuanto fuese delicadeza y +ternura; otra dominadora, altiva, exigente, pronta a todo arranque +voluntarioso y enérgico: Soledad de aquellas para quienes amar es +conceder, prendarse y ser vencidas: Sacramento de las que, regateando +sensibilidad, prefieren ser conquistadoras a elegidas.</p> + +<p>Justa y Luis imaginaron que las casarían pronto: a una, por su belleza y +su bondad; a otra, por su travesura e ingenio, y a las dos, porque no +teniendo ellos hijos, con el tiempo serían ricas.</p> + +<p>Soledad, a pesar de verse tan solicitada, se mostró desdeñosa y esquiva; +porque pedía mentalmente a sus adoradores algo íntimo y hondo que no +sabían darle: les exigía menos culto y más fe.</p> + +<p>Sacramento encontró marido a los pocos meses de cesar el aislamiento y +retiro impuesto por el luto de sus padres.</p> + +<p>En las recepciones de una embajada, conoció al barón de D'Avenda, +diplomático extranjero que le doblaba la edad, hombre de corto +entendimiento, cuerpo gastado y carácter débil, circunstancias que ella +imaginó compensadas con su título, su riqueza, y sobre todo, por lo +fácil que le pareció dominarle. Tal vez no llegase a calcular +perversamente, desde los primeros momentos, que la excesiva bondad del +noble extranjero pudiera ser en lo futuro amplia bandera que cubriese la +torpe mercancía de sus culpas; pero apenas comenzó a verse galanteada +por él, comprendió que la pasión que le inspiró, tanto más avasalladora +cuanto más tardía, se lo entregaba esclavizado.</p> + +<p>Para lograr que la distinguiera y prefiriese, le bastaron unos cuantos +diálogos, y enseguida, dueña de sí misma, en frío, sin experimentar la +emoción más leve, aseguró su conquista desplegando alternativamente +candidez, picardía, recogimiento y desenfado. Para atraerle se hizo +discreta; para retenerle, dulce; para seducirle, codiciable; para +enloquecerle, sensual; le alentó con esperanzas, le exasperó con +desdenes, le irritó con coqueterías, le animó con favores, y luego, de +repente, sin transición; le puso a raya, resistiendo arrepentida y +esquiva lo que acababa de conocer enamorada y vehemente. Sabía +prometerse con los ojos al mismo tiempo que se negaba con los labios, y +en una sola conversación fingía desfallecer cien veces como apasionada +que cede, y rescatarse otras tantas como virtud arisca, que hostigada se +exalta, pasando traidoramente de la turbación al impudor, y de la +licencia al recato, cual si su pensamiento y hasta su cuerpo le +inspirasen confundidos los desbordamientos de amor mal contenido que lo +autorizan todo y las respuestas de fría honestidad que no consienten +nada. Su táctica fue un prodigio de esa liviandad mansa que desconcierta +la razón y espolea los sentidos: labor de afiligranada perfidia, al +término de la cual, sin que mediara un beso ni se oprimieran una mano, +quedaron el decoro de la mujer vendido y la dignidad del hombre +escarnecida. Por fin cuando le tuvo medio alocado, medio entontecido, +fingió rendirse y consintió en ser su esposa.</p> + +<p>Sacramento se casó primorosamente vestida de blanco, adornado el traje +de azahar, en actitud humilde, el pecho anheloso, las miradas entre +pudorosas e inquietas, la tez descolorida cual si palideciese ante la +inevitable proximidad de las caricias... y allá en el fondo del alma la +imaginación alegre y licenciosa como ramera triunfante.</p> + +<p class="linea">Hubo fiesta, convite, amigos, parientes, enhorabuenas, besos y abrazos, +hasta lágrimas, y al caer la tarde, la recién casada se mudó de vestido +para emprender el inexcusable viaje de novios. Pocas horas después, +Luis, Justa y Soledad agitaban los pañuelos en el andén de la estación, +mientras la pareja feliz les saludaba con los suyos asomada a la +ventanilla del <i>sleeping</i>, lecho con ruedas, tálamo ambulante, símbolo +acaso sobrado casto para quien tal idea tenía del amor.</p> + +<p>La sensación de vanidad satisfecha que experimentaron los tíos con +aquella boda, quedó pronto amargada por el disgusto que les dio Soledad. +Un día supieron que tenía novio. La insensible, la desdeñosa, la fría, +como ellos la llamaban, estaba vencida. El autor del milagro, porque de +tal, a su juicio, podía calificarse, era un hombre de más de treinta +años, arrogante figura, finísimo, muy listo y en extremo simpático, +para quien ignorase que tan halagüeñas y brillantes apariencias, +escondían una inteligencia dañina casi por instinto y un corazón que se +asimilaba el mal, como cuerpo poroso que absorbe la humedad. Había en él +algo de personaje melodramático artificiosamente concebido, cual si al +crearle hubiera querido la Naturaleza condensar en un tipo la +perversidad que de ordinario derrama en muchos individuos. Era de los +hombres que pierden irremediablemente a la infeliz en quien se fijan, +cuando no lo evita esa virtud inquebrantable y misteriosa, que halla su +voluptuosidad en la resistencia. Para defenderse de él, no bastaba la +frialdad ingénita contra la seducción por los sentidos, pues aún fingía +más astutamente la ternura cariñosa con que se conquista el alma, que la +exaltación apasionada con que se vence a la materia. Su táctica estaba +sometida a dos principios, que lejos de limitar su campo de acción, lo +ensanchaban: nunca procuraba enamorar a mujeres de gran inteligencia, y +siempre ocultaba sus triunfos con absoluta discreción. Así eran tantas +sus victorias: primero, por fáciles; luego, por ignoradas.</p> + +<p>Doña Justa y su esposo averiguaron enseguida que el enamorado de Soledad +era <i>de buena familia y que estaba bien</i>, es decir, lo referente a su +origen y fortuna; pero de sus ideas, sus gustos, sentimientos y +costumbres, de lo que más puede influir en el porvenir de una mujer, +nada inquirieron, ni pararon mientes en ello.</p> + +<p>Apenas Enrique comenzó a tratar a Soledad comprendió que su +entendimiento estaba muy por bajo de su belleza, y que existía profunda +desemejanza entre los caracteres de su hermosura y sus condiciones +morales. Era confiada, inocentona, sencilla, tan exenta de picardía que +las frases y bromas más atrevidas se estrellaban contra la falta de +malicia. Lo llamativo, lo picante de sus encantos era independiente de +su voluntad: aquel cuerpo de líneas tentadoras tenía actitudes pudorosas +para no revelar la forma por los movimientos; aquella boca húmeda y +roja, como flor de granado recién mojada por la lluvia, hablaba +castamente; y aquellos ojos de miradas abrasadoras y mimosas, grandes +pecadores sin saberlo, contrastaban con la serenidad y limpieza de su +pensamiento: Soledad era, en fin, una de esas mujeres a quienes hay que +buscar, porque no saben atraer, y que resisten mal porque desconfían +poco.</p> + +<p>Viéndose requerida de amores los aceptó cual si temiera ser cruel no +siendo agradecida, y luego las palabras dulces, las promesas cariñosas, +fueron invadiéndole apaciblemente el espíritu, como algo inesperado, +pero natural y espontáneo, que llegada su hora le florecía: en el alma, +y comenzó a recrearse en ello y gozarlo, saboreándolo a modo de un bien +supremo, legítimo y honesto, sin irritarlo con estímulos de la impureza, +ni envilecerlo con perversiones de la imaginación.</p> + +<p>Enrique, por el contrario, no tuvo idea sincera ni dio paso sin +premeditación. Al principio se mostró vacilante y tímido, como quien +desea lo que no merece; luego desplegó gran vehemencia, dando a entender +que los primeros favores le ponían fuera de tino; y, finalmente, ya +seguro de que Soledad le quería, procuró que la privación de verle y +hablarle con la frecuencia acostumbrada, encendiese la llama que había +de perderla. Buscó un pretesto para enfadarse con los tíos, dejó de +visitarles, limitándose a mirarla en paseos y teatros, y por ultimó +comenzó a entenderse con ella por escrito, en cartas donde interpolaba +la tristeza del alejamiento con los arranques de pasión mal contenida.</p> + +<p>Soledad, excitada por la comunicación de aquel veneno deleitoso, se +enseñó a contestarle en papeles imprudentes a los cuales fiaba anhelos +antes ignorados, leyendo mil veces embelesada lo que de palabra era +incapaz de tolerar, y dejando otras tantas correr la pluma para hacerle +confesiones y promesas que, teniéndole junto a sí, hubiera la vergüenza +sofocado en sus labios. Fue casta mientras pudo hablarle; atrevida al +dejar de verle; sus primeros besos por escrito, y a solas los primeros +sonrojos. Enrique tardó poco en adquirir la certidumbre de que aquella +mujer era de las que no desconfían cuando aman.</p> + +<p>Entonces, poniendo con dádivas de su parte a una doncella, consiguió que +mientras dormían los tíos, Soledad le recibiese por las mañanas en unas +habitaciones de la planta baja, de las cuales no se hacía uso en +invierno. Luego el misterio aumentó el encanto, la ocasión fue tercera, +y una vez más la pasión y el engaño llamaron a la vida un nuevo ser, +víctima expiatoria del desvarío ajeno.</p> + +<p>Cuando las lágrimas de la burlada comenzaron a agriarle la victoria, +Enrique faltó a dos o tres citas. Soledad mandó en su busca a la +doncella y ésta volvió diciendo que se había marchado, vendiendo en +veinticuatro horas cuanto tenía y sin decir a nadie dónde iba.</p> + +<p>La infeliz vio la traición tan clara como imaginó haber visto la +felicidad, sufriendo al par la vergüenza de la falta y la humillación +del abandono.</p> + +<p>Doña Justa y don Luis, a quienes le fue forzoso confiarse, anduvieron +relativamente parcos en recriminaciones, pero crueles e inexorables en +punto a la energía necesaria, para ocultar las consecuencias de la +seducción.</p> + +<p>Con pretexto de renovar el arriendo de unas fincas, partieron, +acompañados de Soledad, fijaron su residencia en un cortijo que poseían +en tierra de Andalucía y allí permanecieron el tiempo preciso: luego, +gracias a la influencia y poder que su riqueza les daba en la comarca, +hicieron que el recién nacido pasase por hijo de un matrimonio de su +servidumbre, gente pobre que vio con ello asegurada la fortuna, y +restablecida Soledad, tornaron a la corte los tres, quedando el motivo +del viaje ignorado, y el decoro a salvo.</p> + +<p>En vano rogó la infeliz que la dejasen allí, sin más recursos que los +estrictamente necesarios para vivir con el niño, en las condiciones que +se le impusieran, sometiéndose a cuanto mandaran: todo fue inútil. Para +la falta halló indulgencia, casi perdón, pero a trueque de separarse por +siempre de su hijo, sacrificando el sentimiento de la maternidad a las +exigencias del honor.</p> + +<p class="linea">Regresaron del campo, y todo Madrid volvió a contemplar a Soledad en +fiestas y diversiones, ostentando al parecer gozosa, la plenitud de su +belleza. No había otra tan elegante, tan gentil y gallarda. Lo que nadie +sabía era que iba por fuerza, contra su voluntad, por falta de valor +para rebelarse contra aquella exhibición brutal y dolorosa; lo que nadie +podía sospechar era su vergüenza íntima, su mortificación al fingir +pudores e ignorancias, cuyas mentiras la envilecían a sus propios ojos, +abrasándole con un fuego sucio la conciencia. No guardaron proporción la +falta y el modo de expiarla: fue víctima dos veces sacrificada al +egoísmo ajeno: una para satisfacer la ilusión del amor; otra para +contribuir a la comedia del decoro: llegando en medio del dolor a tal +punto su pureza de pensamiento, que jamás acarició la idea de engañar a +un hombre para encubrir su desventura.</p> + +<p>El viaje de Sacramento y su marido duró más de un año: al volver +estaban ya desavenidos. En un principio el barón, como caballero que +repugna publicar su desacierto, transigió con las que llamaba +genialidades y ligerezas: luego trató de ocultarlas, y cuando ni esto +pudo, fingió ignorarlas. Por no separarse de su mujer, a cambio de las +migajas de su amor, sufría aparentando desconocer su vilipendio, se +burlaba de otros maridos infortunados, pretendiendo garantizar con la +osadía la falta de vergüenza; hizo papel de engañado, y así, +insensiblemente, fue pasando de la debilidad a la costumbre y de la +costumbre al envilecimiento, hasta ser un ejemplar extraordinario, un +caso de ceguera moral inverosímil y absurdo. Porque Sacramento no cayó +al adulterio arrastrada por la pasión tardía y avasalladora que acaso +puede perdonar cierta soberana grandeza de alma: fue el tipo complejo de +la medio malvada, medio enferma, a quien no se mata por infame +sospechando que pueda ser irresponsable.</p> + +<p>Al fin, vencido, y lo que es más triste, resignado, prescindió de ella. +Siguieron viviendo bajo el mismo techo, pero en habitaciones +independientes, separados de común acuerdo, él, sin consuelo a su +amargura, ella sin freno a sus desórdenes: y cuando ya este apartamiento +era público, cuando ni amigos ni parientes, ni conocidos lo ignoraban, +Sacramento tuvo un hijo, que, según las leyes, fue bautizado como +heredero del nombre cuya deshonra confirmaba.</p> + +<p>No se alteraron por ello la paz ni las costumbres de la familia. El +barón tardó poco en hacerse a la idea de que era padre, Sacramento +continuó en sus aventuras, Soledad sujeta a la inflexible voluntad de +los tíos, y éstos habituados por igual a las liviandades de la sobrina +casada y a la humilde docilidad de la soltera.</p> + +<p>En el corazón de Soledad se alzaban, sin embargo, de cuando en cuando, +protestas contra aquella privación del hijo que le parecía la amputación +de parte de su alma.</p> + +<p>Una tarde de invierno, las dos hermanas paseaban a pie por las alamedas +solitarias de la Moncloa. Sus pasos resonaban sobre la arena endurecida +por las heladas, el viento arrancaba de las ramas las últimas hojas +secas que revoloteaban como avecillas de oro, la atmósfera de una +limpieza incomparable dejaba ver en la lejanía las masas violáceas de la +sierra y hacia Poniente unas ráfagas de nubes rojas y anaranjadas +parecían incendiar el arbolado de los cerros.</p> + +<p>Sacramento iba sonriente, locuaz, deleitándose en respirar, como +excitada por la viveza del aire: Soledad callada, distraída, viendo las +cosas sin mirarlas, oyendo, hablar a su hermana sin fijar la atención. +A corta distancia les seguía un carruaje y a pocos pasos les precedían +un niño y un lacayo: el primero lujosamente vestido, y el segundo +ocupado en ir cortando los tallos y la hojarasca de una vara para que el +chiquitín jugase.</p> + +<p>De pronto, Sacramento, preguntó a su hermana:</p> + +<p>—Pero mujer, ¿qué tienes? ¡Parece que vas tonta!</p> + +<p>Entonces Soledad, obedeciendo a un impulso involuntario, alteradas de +súbito las facciones por la ira, cogió del brazo a Sacramento, y +señalándole con la otra mano al niño que iba delante, dijo ásperamente:</p> + +<p>—¿No es inícuo que tú puedas salir a la calle con esa criatura y yo ni +aun pueda decir que tengo hijo?</p> + +<p>—Yo—contestó la adúltera con la mayor naturalidad—soy casada.—Y +haciendo por broma con su nombre un juego impío de palabras, +añadió:—Ya ves... me llamo Sacramento.</p> + +<p>Soledad, con un mohín despreciativo, repuso:</p> + +<p>—Tienes razón. Lo mismo podrías llamarte Salvoconducto.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="SANTIFICAR_LAS_FIESTAS" id="SANTIFICAR_LAS_FIESTAS"></a>SANTIFICAR LAS FIESTAS</h3> + + +<p>Lunes, 9 de Mayo de 1892, tomó don Cándido posesión de su curato en +Santa Cruz de Lugarejo, ocupándose inmediatamente en arreglarse la casa +con los pobres y viejos muebles que trajo en una carreta del pueblecillo +donde vivió hasta entonces, siendo amparo de necesitados y ejemplo de +virtuosos. Durante más de cuarenta y ocho horas, nadie se dio cuenta de +que allí había cura nuevo.</p> + +<p>Algunos días después, las pocas personas que le vieron y hablaron +esparcieron la voz de que parecía buena persona. Y no se equivocaban los +que tan presto formaron de él juicio favorable, porque don Cándido era +un bendito. Por su estatura, rostro y porte traía a la memoria el +retrato que hizo Cervantes de su Hidalgo inmortal. También don Cándido +<i>frisaba con los cincuenta años y era de complexión recia, seco de +carnes, enjuto de rostro, gran madrugador</i>, y si no amigo de la caza, +como don Quijote, incansable en el ejercicio de buscar tristezas para +aliviarlas.</p> + +<p>Sus condiciones morales todas buenas: la piedad sincera, el trato +afable, el lenguaje humilde, la caridad modesta, y en todo tan compasivo +y tolerante, que, con ser grande el respeto que imponía, aún era mayor +la cariñosa confianza que inspiraba. Su ilustración no debía de ser +extraordinaria. En un cofrecillo muy chico cabían los libros que poseía, +siendo el de encuadernación más resentida por el continuo uso y el de +hojas más manoseadas, los Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia +ni los excelsos místicos le deleitaban tanto como aquellos sencillos +versículos que ofrecen, a quien sabe leerlos, mundos de pensamientos +encerrados en frases sobrias.</p> + +<p>Todos los días, en seguida de comer, don Cándido, apoyado en el alféizar +de la ventana de su cuarto, releía y meditaba un par de capítulos de San +Marcos o San Mateo. Luego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando +cigarrillos pasaba el rato entretenido en observar cómo trabajaban unos +cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían +establecido al aire libre su taller.</p> + +<p>Habíase derrumbado meses atrás un arco de la capilla de la iglesia; +cierta señora piadosa legó fondos para reconstruirlo, un arquitecto de +la ciudad vecina iba de cuando en cuando a inspeccionar la obra, y en +aquel espacio inmediato a las habitaciones de don Cándido estaban, +resaltando por su blancura sobre la verde y felpuda hierba, los bloques +de caliza que poco a poco iban convirtiéndose en claves, dovelas, +salmeres y trozos de archivolta.</p> + +<p>Allí, desde la mañana hasta la tarde, exceptuada una hora al medio día, +se escuchaba continuamente el ruido múltiple y monótono formado por los +mazos y las martillinas al chocar con las piezas de cantería: el sol lo +iluminaba todo, lanzando acá y allá las sombras rectangulares e intensas +de los tinglados de estera bajo que se resguardaban los peones, y a +ratos de entre aquel rudo concierto que forman el hierro hiriendo, la +piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y +triste de una copla medio ahogada por el zumbido del trabajo como un +suspiro entre las penas de la vida.</p> + +<p>Durante los cuatro últimos días de la primera semana que pasó don +Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó de asomarse para contemplar a +los canteros, y si alguien le observase de cerca, acaso por la emoción +reflejada en su rostro, pudiera sospechar que aquella tarea dura y +penosa despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva.</p> + +<p>El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote, salió muy temprano de +casa, dijo misa, dio un paseo largo, comió más tarde que de costumbre, y +poco antes de concluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los +fósforos y el bote de picadura, oyó que comenzaba a resonar al principio +aislado y débil, luego nutrido y fuerte, el ruido que producían los +canteros picando y labrando piedra en el solar vecino.</p> + +<p>«¡Hasta en domingo!»—murmuró triste y sorprendido don Cándido: y +asomándose a la ventana gritó al trabajador más próximo:</p> + +<p>—¡Eh! ¡Buen amigo! Diga Vd. al maestro, capataz o lo que sea, que haga +el favor de subir aquí un instante.</p> + +<p>Momentos después estaba el maestro cantero en el comedor del cura. +Obsequiole éste con queso nuevo y vino añejo, diole un pitillo del +grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio +natural, le reprendió con la poca y tímida aspereza que su bondad, +permitía, diciéndole:</p> + +<p>—¡Qué falta de religión... y qué vergüenza! ¡Trabajar en domingo!</p> + +<p>El obrero, disgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo, +repuso humildemente:</p> + +<p>—¿Y qué le vamos a hacer, señor cura? Trabajamos cobrando al entregar +las piezas terminadas, ganando tiempo... el jornal es corto, el pan +caro... y cuando menos se piensa nace un chico. Aquel grandullón +rubio—añadió acercándose a la ventana y extendiendo la mano—tiene +cinco; el de al lado, tres; el cojo de enfrente mantiene a sus padres... +y así todos. Créame Vd., señor cura, en tripa vacía y hogar sin lumbre +no hay fiestas de guardar.</p> + +<p>Quedose perplejo don Cándido, y haciendo al fin un esfuerzo por parecer +enojado, contestó:</p> + +<p>—A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cuántos sois?</p> + +<p>—Doce.</p> + +<p>—¿Cuánto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan los jornales de hoy?</p> + +<p>El cantero sacó la cuenta por los dedos, y repuso:</p> + +<p>—Ciento quince reales.</p> + +<p>Don Cándido se dirigió a su alcoba, abrió un vargueño, sacó de un cajón +un bolsillo de seda verde con anillas de acero, tomó de su contenido +aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras:</p> + +<p>—Toma: que rece cada uno un <i>Padre-Nuestro</i>, y marcháos a descansar. +¡No profanéis el día del Señor!</p> + +<p class="linea">A los cinco minutos el taller estaba desierto.</p> + +<p>Al domingo siguiente, cuando don Cándido subió a desayunarse, luego de +decir misa, oyó asombrado el rumor que al trabajar producían los +picapedreros, y frunciendo el entrecejo, murmuró:—«¿Hoy también?»</p> + +<p>La escena que siguió fue igual a la ocurrida ocho días antes. Llamó al +maestro, le reprendió más duramente, fue a la alcoba, y dio el dinero +para que el taller se despejara. Los trabajadores se marcharon alegres, +algunos a sus casas, los más a la taberna; el bolsillo verde quedó +vacío, y el cura asomado a la ventana pasó un rato contemplando aquellas +piedras; que según las miraba debían de tener para él oculto y +misterioso encanto.</p> + +<p>Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto que casi quedó +limpio el solar. El nuevo arco de la iglesia estaba a punto de +terminarse.</p> + +<p>Sin embargo, al tercer domingo aún comenzó más temprano el golpeteo +seco y metálico de la herramienta sobre la piedra; pero el ruido era +mucho más débil: sin duda trabajaba poca gente.</p> + +<p>Corrió don Cándido a la ventana y vio que solo había un hombre ocupado +en labrar y afinar una pieza en forma de dovela, con tanta priesa y tal +afán, que ni tomaba instante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza.</p> + +<p>Entonces bajó y acercándose al obrero le preguntó de mal modo:</p> + +<p>—¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿Por qué trabajas?</p> + +<p>—Señor—respondió el cantero—ayer quedó concluido todo: mañana lunes, +de madrugada, se hace la entrega: sólo falta esta dovela por culpa mía, +porque... he estado entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que +acabarla, antes de la puesta del sol... para cobrar, porque ayer no +quisieron pagarme... ni me pagan hasta que acabe.</p> + +<p>Dicho lo cual, bajó la cabeza, inclinó el cuerpo y siguió picando.</p> + +<p>—¿Y si no concluyes hoy?</p> + +<p>—El trastorno es lo menos: lo malo es que no cobro, y en casa hace +falta.</p> + +<p>Quedose don Cándido pensativo. Las cuentas que echó y los cálculos que +hizo sólo él podría decirlos: debió de recordar que el bolso verde +estaba vacío; acaso se dijo que la verdadera limosna es la que no con +dinero, sino con el propio esfuerzo se hace... Tal vez vinieron, a su +pensamiento memorias a él solo reservadas... Ello fue que mirando +compasivamente al cantero le dijo en voz baja, como confiándole un +secreto:</p> + +<p>—Mi padre y mis hermanos fueron canteros... Cuando chico, yo también +aprendí, el oficio. ¡Yo te ayudaré!</p> + +<p>Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empuñó un mazo y empezó a +picar la piedra.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + + +<h3 class="chapp"><a name="LA_HOJA_DE_PARRA" id="LA_HOJA_DE_PARRA"></a>LA HOJA DE PARRA</h3> + + +<p>Las dos de la tarde acababan de dar en el gabinete, amueblado con el +lujo aparatoso e insolente propio de una cortesana vulgar enriquecida de +pronto, cuando Magdalena envuelta en ligeras ropas de levantar y aún +tembloroso el cuerpo por el frescor del baño, atizó los leños de la +chimenea, y aproximando al fuego el mueblecillo que le servía de +tocador, extendió sobre él un lienzo guarnecido de puntillas, encima del +cual fue colocando cepillos, peines, tatarretes, frascos, polvoreras y +cuanto había menester para peinarse. En seguida inclinó el espejo hacía +sí, se sentó, y sin llamar a la doncella comenzó a soltarse el largo y +abundoso pelo, antes castaño muy oscuro y ahora teñido de rojo caoba +como el de las venecianas a quienes retrató Ticiano.</p> + +<p>Jamás permitía Magdalena que nadie le ayudase en aquella importante +operación del peinado: primero por horror instintivo a que otra mujer le +manosease la cabeza, y además porque deseaba estar sola cuando su +amante, según costumbre, iba siempre a la misma hora para deleitarse +contemplándola bien arrellenado en un sillón, mientras sus manos +primorosas se hundían y surgían de entre las matas de la cabellera, +formando altos y bajos, bucles, ondas y rizos hasta dejar prieto y +sujeto el moño con horquillas doradas, mientras los pelillos revoltosos +de la nuca, que llaman tolanos, quedaban sueltos en torno de su cuello +como rayos de un nimbo roto.</p> + +<p>Por coquetería, y por dar tiempo a que su dueño y señor llegara, iba lo +más despacio posible, levantándose a veces para distraerse en otras +cosas; pues lo esencial era que al aparecer su amante aún tuviese suelta +la sedosa madeja que le inspiraba tantas frases lisonjeras, dándole a +ella pretexto para estar con el escote entreabierto y los brazos +desnudos, puestos en alto, haciendo mil embelesadoras monadas.</p> + +<p>Un buen rato pasó escogiendo y apartando medias y puntillas que le +habían mandado de una tienda, púsose luego unos zapatos nuevos para +convencerse de que le hacían bonito pie, antes de pagarlos, y por último +se probó un cubrecorsé y una bata, permaneciendo en adoración de sí +misma ante el armario de luna, complaciéndose, más que en los primores +de las galas, en su gallarda figura, de madrileña esbelta y en su gentil +cabeza de mujer dominadora y altiva.</p> + +<p>Era rubia y muy blanca, verdaderamente hermosa y bien formada, aunque +algo gruesa, como si en plena juventud pretendiera la carne ahogar a la +belleza. Tenía las facciones delicadas, los ojos oscuros, de mirar +expresivo, y los gestos y ademanes tan enérgicos y desenvueltos que a un +tiempo delataban la vivacidad de su carácter y el empeño de mostrar una +gracia más provocativa y libre de lo que su propia índole consentía.</p> + +<p>Aún no demostraban su lenguaje y modales completa perversión, más ya +sabía desplegar a modo de recursos seguros, el licencioso desparpajo y +la franca deshonestidad de quien para vivir se pone precio, esperando +acrecentar con el estímulo el deseo, y con el impudor la ganancia. +Comprendía el poder de sus atractivos y lo extremaba, siendo tan +complaciente y mimosa al concederse como dura y despótica para dominar a +su amante, que la quería poco y la estimaba menos, pero hallaba en día +dulcísimo empleo a sus sentidos porque era hermosa y completa +satisfacción a su vanidad, porque le costaba mucho.</p> + +<p>Ya iba impacientándose por la tardanza de su señor—que acaso no pasase +de arrendatario—cuando al oír sonar prolongadamente un timbre, se +acomodó de nuevo ante el tocador. Pocos segundos después, una doncella +levantaba la cortina de la puerta dejando paso y diciendo:</p> + +<p>—El señorito.</p> + +<p>A pesar del diminutivo, el hombre que entró, sin quitarse el sombrero, +era un señor de cincuenta años, lo menos; alto, bien plantado, mostrando +en la mirada y el porte que, a despecho de la barba entrecana y el pelo +casi blanco, aún debía de apreciar en toda su intensidad, los encantos +de aquella buena moza. Vestía con exquisita elegancia, y por su edad y +aspecto, tenía representación de persona importante: juzgándole por las +trazas no era disparatado imaginar que fuese presidente de algún alto +cuerpo del Estado, banquero poderoso o senador por derecho propio.</p> + +<p>Acercose a Magdalena, diole un beso en el cuello, sin que ella mostrase +resistencia ni agrado, y quitándose guantes, gabán y sombrero, se sentó +en una butaca colocada frente al tocador; de modo que pudiese ver a su +amante por la espalda y al mismo tiempo contemplar su rostro reflejado +en el espejo.</p> + +<p>—Besitos—dijo ella frunciendo el entrecejo—besitos... y poca +vergüenza. Vamos, a ver ¿por qué no ha venido <i>usted</i> ayer en todo el +día? Mira que si yo quisiera... apenas tenía horas libres para...</p> + +<p>—Hija no he podido.</p> + +<p>—No ¿eh? ¡Un día entero! ¿Qué has tenido que hacer?</p> + +<p>—Muchas cosas.</p> + +<p>—Pues todo me lo has de contar para que te perdone... hora por hora... +minuto por minuto.—Y alardeando de apasionada y ofendida, se levantó +con el pelo suelto yendo a ponerse de media anqueta en un brazo de la +butaca donde él estaba, diciendo:</p> + +<p>—Anda pichón, dime todo lo que has hecho, y si mientes... te ahogo.</p> + +<p>—Pues, mira: ayer me levanté a las doce, almorcé, y a las dos me tenías +en el Consejo magno de ferrocarriles Hispánicos.</p> + +<p>—¿Y qué pito tocas tú allí?</p> + +<p>—Teníamos junta los consejeros porque los guarda-agujas piden aumento +de sueldo y se han declarado en huelga. Dicen que ganan no sé cuanto, +ocho o diez reales, y trabajan dieciséis o veinte horas... y que no +duermen. Acordamos negar, pero hubo discusión: hasta las tres y media +estuvimos allí.</p> + +<p>—¿Y luego?</p> + +<p>—Fui a Hacienda a ver al ministro.</p> + +<p>—¿Para qué?</p> + +<p>—Ya sabes que tengo unas dehesas en la Mancha. Pues, entre +investigadores y denuncias... nada, que me quieren cobrar doble +contribución de la que pago... ¡Y no me da la gana!</p> + +<p>—Pero, ¿con razón?</p> + +<p>—Nunca hay razón para cobrar tanto. Claro que... en realidad debía +pagar más... pero ¿quién paga lo justo? Nadie.</p> + +<p>—¿Y qué te dijo el ministro?</p> + +<p>—Medias palabras. No podía ser explícito; pero comprendí que todo se +arreglaría. ¿No ves que en su distrito, si yo quiero, no saca el +gobierno ni un voto?</p> + +<p>—En fin, que te saldrás con la tuya.</p> + +<p>—Cabal. Pagaré lo que hasta aquí.</p> + +<p>—Y luego ¿dónde fuiste?</p> + +<p>—De allí salí a las cuatro y media. Me encontré en la calle a Pignorate +y estuvimos un rato largo hablando de negocios.</p> + +<p>—¿Qué negocios?</p> + +<p>—Una empresa que tenemos. La cosa parece que se tuerce. Pignorate es el +que da la cara: el dinero es de varios, yo entre, ellos. Dicen malas +lenguas que si es limpio o no es limpio. Todo consiste en adelantar +dinero a señoritos... y claro que han de pagar algo. Que algunos son +menores... pues que sean: lo mismo necesitan dinero los jóvenes que los +viejos. Pignorate me dijo que iba a meter a un muchacho en la cárcel, +pero ya verás como no lo consienten sus padres.</p> + +<p>—Vamos, qué tenéis una sociedad para prestar a menores y luego... <i>lo +arreglan</i> sus familias.</p> + +<p>—Así, tan crudo... no; pero el que quiera dinero para vicios que lo +pague...</p> + +<p>—¿Y después?</p> + +<p>—Me metí en el Congreso. Tenía que votar con el gobierno, por pura +disciplina, una gran picardía. Sin embargo, como lo primero es el +partido, voté. Luego tuve que ir al Círculo para buscar a uno.</p> + +<p>—¿Jugaste?</p> + +<p>—Poco: hasta las siete.</p> + +<p>—¿Y qué tal?</p> + +<p>—Medianamente; gané mil pesetas.</p> + +<p>—Pues me vienen al pelo.</p> + +<p>El caballero sonrió bondadosamente y sacando del tarjetero diez billetes +de a veinte duros, los colocó sobre la falda de Magdalena diciendo:</p> + +<p>—Para alfileres: y ya puedes agradecerlo... Mis chicas tenían no sé qué +capricho... cosas de muchachas. Otra vez será.</p> + +<p>Ella, dando por terminado aquel incidente, tiró sobre el tocador los +billetes y continuó:</p> + +<p>—¿Qué hiciste luego? ¿Por qué no viniste de noche? Te estuve +esperando... Se perdió el palco y me acosté de un humor.</p> + +<p>—Fui a casa, a comer, con propósito de venir temprano. ¡Qué si quieres! +Hizo la maldita casualidad que, contra lo habitual, no tuviésemos más +convidado que mi suegra.</p> + +<p>—¡Lagarto, lagarto!</p> + +<p>—Sí; estuvimos en familia. Luego se marchó la buena señora, mis hijas +se fueron a vestir para ir al teatro y me quedé solo con mi mujer.</p> + +<p>—¿Y qué pasó?</p> + +<p>—Lo de siempre cuando nos vemos a solas. La gran jaqueca. Es buena, +cariñosa, dulce; la estimo y la respeto y considero.., pero no nos +entendemos.</p> + +<p>—¡Ya conseguirá que me dejes!</p> + +<p>—¡Eso no! Tuvimos una escena muy desagradable y estuve muy enérgico.</p> + +<p>—No te atreverías.</p> + +<p>—¿Qué no? Pues mira: le dije «no me apures la paciencia porque nos +separamos. Tú eres libre... hasta cierto punto: yo soy dueño de mis +acciones, y en paz, o damos el gran escándalo.»</p> + +<p>—Te hablaría de mí.</p> + +<p>—Por indirectas. Me dijo que gastaba demasiado, que en casa se debía la +mar, que ella estaba humillada, despreciada, que las chicas se iban a +quedar sin tener qué comer... y ¡lo que más me enfurece! se echó a +llorar.</p> + +<p>—Para que te ablandases.</p> + +<p>—Pues no me ablandé. Lo que siento es que las chicas...</p> + +<p>—¿Qué sucedió?</p> + +<p>—Del comedor habíamos pasado al despacho. Las niñas vinieron vestidas, +oyeron voces, se detuvieron junto a la puerta y se enteraron de todo.</p> + +<p>—Como son mayorcitas se harán cargo.</p> + +<p>—Quiá, se abrazaron a su madre... llorando. ¡Figúrate!</p> + +<p>—¡Tonto! Haberte venido aquí.</p> + +<p>—Ya se me ocurrió; pero se me había levantado tal dolor de cabeza que +tuve que acostarme y tomar antipirina.</p> + +<p>—¡Potingues! ¿Qué mejor antipirina que yo?</p> + +<p>Quiso él entonces abrazarla por quitarle el enojo, mas ella levantándose +de su lado le dijo muy seria.</p> + +<p>—Todo eso está muy bien y el cuadro de familia interesantísimo. Para +evitar que se repita, esta tarde me llevas a comer a cualquier parte.</p> + +<p>—Convenido. Y no mando recado a casa: ya se irán acostumbrado.</p> + +<p>Magdalena sonrió gozosa y volviendo a su interrogatorio y reprimenda, +para disimular la alegría, preguntó con gesto desabrido.</p> + +<p>—Y hoy ¿por qué no has venido más temprano?</p> + +<p>—He tenido que hacer una visita.</p> + +<p>—¿A quién?</p> + +<p>—A un amigo mío con quien estoy organizando una sociedad muy útil y +provechosa. Ahora no existe ninguna semejante ni parecida: queremos que +sea medio sociedad medio cofradía, con honores de tribunal. Si nos +dejan, el Santo Oficio con levita. Hace mucha falta porque hoy no se +respeta nada ni se cree en nada, el sentido moral anda por los suelos, +el mundo está perdido... Pero tú no puedes comprenderme.</p> + +<p>Magdalena sonriendo entre provocativa y burlona, al mismo tiempo que se +prendía las últimas horquillas en el moño, volvió la cara hacia su +amante, hizo un guiño muy expresivo y dijo:</p> + +<p>—Hazte socio, monín. Oye ¿y cómo se llama esa hermandad?</p> + +<p>—<i>La hoja de parra</i>.</p> + +<p>—¿Y para qué es?</p> + +<p>El caballero se puso muy serio y con voz grave y sonora, repuso:</p> + +<p>—<i>La Hoja de parra</i> será una Asociación para atajar los progresos de la +inmoralidad y de la falta de fe.</p> + +<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + +<p class="c top5"><img src="images/002.png" +width="200" +height="325" +alt="imagen no disponible" /></p> + +<p class="c top15"><b>Obras del mismo autor</b></p> +<table summary="obras" cellpadding="2" cellspacing="0"> +<tr><td><span class="smcap">Apuntes para la historia de la caricatura</span></td><td align="right">2</td><td>pts.</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Lázaro</span> (casi novela), segunda edición</td><td align="right">3</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">De el teatro</span>, (<i>Lo que debe ser el drama</i>).—Memoria leída en el Ateneo de Madrid, segunda edición</td><td align="right">1</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">La hijastra del amor</span> (novela), tercera edición</td><td align="right">4</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Juan Vulgar</span> (novela), tercera edición </td><td align="right">3</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">El enemigo</span> (novela), tercera edición</td><td align="right">4</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">La honrada</span> (novela), con ilustraciones de José L. Pellicer y José Cuchy</td><td align="right">4</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Dulce y sabrosa</span> (novela)</td><td align="right">4</td><td> </td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Novelitas</span></td><td align="right">3</td><td>'50</td></tr> +<tr><td align="center" colspan="3"><b>Próximas a publicarse</b></td></tr> +<tr><td align="center" colspan="3"><span class="smcap">Perifollos</span> (novela).</td></tr> +<tr><td align="center" colspan="3"><span class="smcap">Valdellanto</span> (novela).</td></tr> +</table> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of Project Gutenberg's Cuentos de mi tiempo, by Jacinto Octavio Picón + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO *** + +***** This file should be named 26929-h.htm or 26929-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/6/9/2/26929/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project +Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you +charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you +do not charge anything for copies of this eBook, complying with the +rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose +such as creation of derivative works, reports, performances and +research. They may be modified and printed and given away--you may do +practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is +subject to the trademark license, especially commercial +redistribution. + + + +*** START: FULL LICENSE *** + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project +Gutenberg-tm License (available with this file or online at +https://gutenberg.org/license). + + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all +the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy +all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. +If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project +Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the +terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or +entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. + +1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be +used on or associated in any way with an electronic work by people who +agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few +things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works +even without complying with the full terms of this agreement. See +paragraph 1.C below. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit https://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/26929-h/images/001.png b/26929-h/images/001.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..cf8ec4f --- /dev/null +++ b/26929-h/images/001.png diff --git a/26929-h/images/002.png b/26929-h/images/002.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..29b2eea --- /dev/null +++ b/26929-h/images/002.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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