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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 02:33:17 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of Cuentos de mi tiempo, by Jacinto Octavio Picón
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Cuentos de mi tiempo
+
+Author: Jacinto Octavio Picón
+
+Release Date: October 15, 2008 [EBook #26929]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+[imagen]
+
+JACINTO OCTAVIO PICÓN
+
+MADRID
+
+_MDCCCXCV_
+
+CUENTOS DE MI TIEMPO
+
+MADRID
+
+IMPRENTA DE FORTANET, _Libertad_, 20.
+
+Queda hecho el depósito que marca la ley.
+
+Es propiedad del autor.
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ La primer cuartilla.
+
+ La amenaza
+ La buhardilla
+ El olvidado
+ La cuarta virtud
+ Lobo en cepo
+ El hijo del camino
+ Los triunfos del dolor
+ Los favores de Fortuna
+ Las plegarias
+ El nieto
+ Dichas humanas
+ El milagro
+ Elvira-Nicolasa
+ Sacramento
+ Santificar las fiestas
+ La hoja de parra
+
+
+
+
+_LA PRIMER CUARTILLA_
+
+
+_Para instruirnos es la ciencia; para mejorarnos la moral; para
+deleitarnos el arte, donde hallan las fuerzas fatigadas alivio y el
+espíritu ennoblecido recompensa. Si la obra artística ilustra el
+entendimiento y depura la conciencia, tanto mejor; pero su misión es ser
+bella, y lo mismo puede realizarla inspirándose en la fe, descorazonada
+por la incredulidad, o herida por la duda._
+
+_Tal creo, y sin embargo quise poner en estas humildes páginas algo que
+levantase el ánimo, y moviera la conciencia contra injusticias y
+errores de que el arte puede ser, si no remedio, espejo, si no
+enseñanza, aviso._
+
+_He aquí mi explicación para unos, mi disculpa para con otros._
+
+_Empezó_ El Liberal _a publicar cuentos y me honró pidiéndome algunos. A
+ser periódico exclusivamente artístico y literario, hubiera yo trabajado
+para él de otra suerte: mas imaginé que en un diario político, debía
+escribir luchando, como soldado raso, contra las ideas casi vencidas de
+lo pasado y a favor de las esperanzas de lo por venir, no triunfantes
+todavía._
+
+_Entonces puse el pensamiento en aquella aspiración de justicia, ya
+escrita en los códigos, pero que aún es letra muerta en las
+costumbres._
+
+_De ellas me inspiré, intentando contribuir a la pintura de esta época
+en que una letra de cambio, una obligación, un_ cheque, _pesan en la
+balanza social más que cuanto representa, trabajo, ciencia, estudio y
+arte._
+
+_Mis aciertos y mis errores, hijos son de mi tiempo: ni por éstos
+mereceré censura, ni por aquéllos soy digno de alabanza: de que enderecé
+al bien la voluntad, estoy seguro._
+
+_Madrid, 1895._
+
+
+
+
+LA AMENAZA
+
+
+I
+
+
+Sonaron las campanadas del medio día y de allí a poco la puerta comenzó
+a despedir en oleadas de marea humana la muchedumbre cansada y
+silenciosa que componía el personal de los talleres. Nadie hablaba: no
+hacía el varón caso de la hembra, ni buscaba la muchacha el halago del
+mozo, ni el niño se detenía a jugar. Los fuertes parecían rendidos, los
+jóvenes avejentados, los viejos medio muertos. ¡Casta dos veces oprimida
+por la ignorancia propia y el egoísmo ajeno!
+
+El gentío se fue desparramando como nube que el viento fracciona y
+desvanece: pasó primero en turbas, luego en grupos y después en parejas
+que calladamente solían dividirse sin despedida ni saludo, tomando unos
+el camino de su casa, entrando otros en ventorrillos y tabernas,
+diseminándose y perdiéndose, confundidos todos y sorbidos por la agitada
+circulación del arrabal.
+
+Uno de los últimos que salieron fue Gaspar Santigós, alias, _el Grande o
+Gasparón_, porque era de tremendas fuerzas, muy alto y muy fornido.
+Hacíanle simpático el semblante apacible, la frente despejada, el mirar
+franco, y era tan corpulento, que parecía Hércules con blusa.
+
+Echó a andar por la sombra de una tapia, cruzó dos o tres calles,
+atravesó una plaza, y metiéndose por pasadizos y solares, para acortar
+distancias, vino a desembocar en un paseo de olmos, jigantescos, cuyo
+ramaje se entrelazaba formando bóveda de sombra, bajo la cual, le
+esperaba, sentada en un tronco derribado, una mujer joven, limpia y
+graciosa, que tenía delante una cesta, al lado un perro, y en el regazo
+un niño. Corrió el animal hacia su amo, el pequeñuelo alargó las
+manitas, y mientras el hombre sacaba de la cesta, y partía la dorada
+libreta, la muchacha, sin dejar de mirarle, apartó a un lado la
+ensalada, sacó la botella del tinto, la servilleta, las cucharas de
+palo, y sobre el hondo plato de loza blanca, con ribete azul, volcó el
+puchero de cocido amarillento y humeante.
+
+
+II
+
+Cuando sonaron a lo lejos las campanadas _de vuelta_, echó el último
+trago, lió un pitillo, dio un beso al niño, arrojó al perro un mendrugo,
+y oprimiendo rápidamente el talle a la joven, como un avaro que palpa su
+tesoro, tomó el camino de la fábrica.
+
+Traspuso la puerta, cruzó un patio lleno de pilas de lingotes de hierro,
+y entró en una nave larga y anchurosa, iluminada por ventanales tras
+cuyos vidrios empañados se adivinaban muros ennegrecidos, montones de
+carbón, chisporroteo de fraguas, y altas chimeneas que en nubes muy
+densas lanzaban a borbotones el humo pesado y polvoriento de la hulla.
+En lo alto y a lo largo de la nave corría en complicadas líneas un
+número incalculable de aceros relucientes, de hierros bruñidos,
+palancas, vástagos y ruedas unidas por correas, que subían, bajaban, se
+retorcían cruzándose, y giraban vertiginosamente, como miembros locos de
+un mecanismo vivo en que nada pudiera detenerse sin que el conjunto se
+paralizara. El piso entarimado temblaba con la trepidación del vapor,
+cuyos resoplidos se escuchaban cercanos; y de otros talleres, debilitado
+por el vocerío y la distancia, venía rumor de herrajes golpeados y
+zumbido de máquinas mezclado a cantos de mujeres.
+
+Al término de aquella nave veíase otra igual y salvando un patio que las
+separaba, había entre ambas un puentecillo estrecho de madera, junto al
+cual giraba sobre su eje la enorme rueda de un colosal volante.
+
+Cuando iba _Gasparón_ por la mitad del puentecillo, vio que de la
+segunda nave llegaba un aprendiz corriendo, con tal ímpetu, y tan
+lanzado a la carrera, que ya no podía detenerse. Sin tiempo para
+retroceder, y adivinando que no cabrían los dos en el angosto pasadizo,
+_Gasparón_ encogiendo el cuerpo se hizo a un lado: llegó el muchacho
+como un rayo, se desvió mal, sufrió el encontronazo y cayó de bruces,
+quedando casi fuera del tablón estrecho que formaba el piso suspendido
+sobre el vacío del patio, y sin lugar a donde asirse. _Gasparón_, más
+cuidadoso del peligro ajeno que del propio, le tendió una mano; y el
+chico, cegado por el miedo, se agarró a ella con tal fuerza y tal ánsia
+que hizo vacilar al obrero. Este al perder el equilibrio,
+instintivamente, para recobrarlo haciendo contrapeso, echó hacia atrás
+el otro brazo puesto en alto, mas con tan mala suerte, que
+alcanzándoselo un radio del volante le partió el hueso por más arriba de
+la mano.
+
+El muchacho dijo luego que, a pesar del terror, oyó un crugido como
+cuando se parte una astilla de un hachazo. Pero aún tuvo aquel hombre
+fuerza y serenidad para retroceder algunos pasos: arrastró al chico, y
+al dejarlo en salvo sobre el piso de la nave, cayó rendido a la
+violencia del dolor.
+
+Recogiéronle sus compañeros, y por no tener enfermería la fábrica, le
+llevaron sentado en una silla al hospital cercano, donde aquella misma
+tarde hubo que desarticularle el codo.
+
+La convalecencia fue larga: en ella se gastaron primero los ahorros;
+luego el préstamo tomado sobre la ropa dominguera, la capa de él y el
+mantón de ella; después algún socorro de camaradas y vecinos, y por
+último, un donativo de la _Caja de resistencia en huelgas_. En nuevo
+trabajo no había que pensar; porque el brazo perdido era el derecho.
+
+
+III
+
+Cuarenta y tantos días después de la desgracia, la mujer de _Gasparón_
+se presentó en la pagaduría de la fábrica.
+
+Era una habitación pequeña dividida por un tabique de madera y tela
+metálica con ventanillos, tras los cuales se veía un señor viejo, bien
+vestido, de camisa limpia, que estaba leyendo un periódico, sentado
+junto a una caja de caudales. Cerca de él, al alcance de su vista, había
+dos hombres que de pie y encorvados escribían en grandes libros puestos
+sobre pupitres de pino.
+
+--¿Qué traes tú por aquí?--dijo uno de los escribientes al acercarse la
+mujer.
+
+--¿Cómo ha quedado _Gasparón_?--preguntó el otro.
+
+--Pues, ¡cómo ha de quedar! Manco.
+
+--¿Y a qué vienes?
+
+--A cobrar.
+
+Uno de aquellos hombres tomó un cuaderno y comenzó a pasar hojas
+murmurando:
+
+--Gaspar... Gaspar...
+
+--Está por Santigós. Nave de taladros, sección segunda--dijo la mujer.
+
+--Es verdad; Gaspar Santigós, aquí está.
+
+--Ese es--añadió ella suspirando.
+
+El escribiente se puso a hacer números en una cuartilla de papel, y sin
+alzar la vista preguntó:
+
+--¿Había cobrado la semana anterior?
+
+--Sí, señor.
+
+--Pues son... deben de ser...
+
+Entonces el caballero de la camisa limpia soltó el periódico y sin mirar
+a la joven preguntó:
+
+--¿Qué día fue eso?
+
+--El veinte pasado: miércoles, a las dos--contestó ella tristemente.
+
+--Pues poca duda cabe--repuso el caballero--lunes, uno; martes, dos;
+miércoles... dos días y medio, que a cuatro cincuenta de jornal... son
+once pesetas con veinticinco céntimos.--Y se volvió de espaldas.
+
+Sacó el dependiente una esportilla de la caja, contó el dinero, y sin
+más conversación hizo la entrega. Marchose llorando la muchacha, y aún
+se oía el ruido de sus pasos cuando el caballero de la camisa limpia
+dijo severamente:
+
+--No se le olvide a usted apuntar que _Gasparón_ es _baja_.
+
+
+IV
+
+Cuando los obreros supieron que a _Gasparón_ se le habían pagado _dos
+días y medio_, corrió sobre sus tugurios y agitó sus cabezas viento de
+tempestad. La iniquidad llamó a la ira.
+
+Reuniéronse los delegados de los grupos, hubo Junta una noche en la
+trastaberna del _Francés_, y para completo conocimiento del caso, se
+citó también al pobre manco.
+
+_Gasparón_ contó su desgracia con la mayor naturalidad, mostró el muñón
+cicatrizado, lleno de costurones, y luego, mientras duró la reunión, no
+cesó de molestar a los amigos pidiendo que le desliaran cigarrillos,
+porque aún no estaba acostumbrado a valerse con una sola mano.
+
+Una lámpara sucia, que apenas daba luz, ardía inútilmente, sin alumbrar
+el cuarto. Casi no se veían cuerpos, ni figuras, ni rostros. Las voces
+parecían salir de entre sombras como protestas y amenazas anónimas.
+
+--Llevo cincuenta y dos años de taller--dijo el que habló primero--y sé
+más que vosotros; porque he corrido muchas fábricas; entré a los doce...
+Siempre he dicho que lo mejor sería _obligarles_ a mantener a los que ya
+no pueden trabajar. Si no, ya lo veis; callos en las manos y la tripa
+vacía.
+
+--Yo, con menos años--dijo otro--tengo más experiencia: lo mejor es
+ponernos de acuerdo, guardar secreto y estropearles el material, la mano
+de obra, la herramienta, todo lo que se pueda; perder tiempo, fundir
+mal, tejer peor. En un año no quedaba fábrica con crédito.
+
+--Ni obrero con pan.
+
+--¡Las ocho horas!--exclamaron varios al mismo tiempo.
+
+--Buen consuelo, ser perros ocho horas en vez de nueve.
+
+--Aumento de jornal.
+
+--Y en seguida suben ellos la ropa, el pan, la casa... si pudieran...
+¡hasta el aire tasaban!
+
+Entonces se oyó una voz que no había sonado aún: una voz que delataba un
+cuerpo chico y una voluntad monstruo.
+
+--Aquí no hemos venido a discutir sino a vengarnos. ¿Tenéis coraje? ¿Sí
+o no? Yo sé donde hay tres cartuchos de dinamita, de a dos kilos y
+medio; uno para el almacén de modelos, que es lo que vale más; otro para
+casa del amo, por la parte de atrás donde tiene la familia... y el otro
+se guarda para cuando haga falta. Echamos suertes, y a quien le toque,
+aquél los pone.
+
+Un silencio prolongado y medroso siguió a la horrible proposición. A
+unos les asustaba la idea del estrago; a otros el terror del castigo;
+con la voluntad, casi todos fueron cómplices; ninguno dijo: «Yo me
+atrevo.»
+
+De pronto se levantó _Gasparón_, dio dos chupadas al pitillo, y
+colocándose bajo la débil claridad de la lámpara, para que le leyeran en
+el rostro lo inquebrantable de la resolución, habló de esta manera:
+
+--Todo eso es inútil, o es infame. ¿Montepío ni pensiones, con dinero de
+ellos? Estáis soñando. ¿Huelga? ¿Para qué? ¿Para hocicar en cuanto falta
+el pan en casa, quedar empeñados y volver al trabajo? Lo de los
+cartuchos, es una salvajada de cobardes; ¡por cuenta mía no se asesina a
+nadie! Dejad a mi cargo la venganza, que será buena.., y larga.
+
+Unos refunfuñando, y otros de buen grado; por miedo los pusilánimes, y
+los exaltados porque en los ojos de _Gasparón_ adivinaron algo tremendo
+y misterioso, todos accedieron a su ruego; y la reunión se disolvió
+enseguida, semejante a una de esas tormentas que llevan en su seno el
+rayo y no lo lanzan a la tierra.
+
+
+V
+
+Al día siguiente _Gasparón_ se puso a pedir limosna al pie de la
+soberbia casa donde vivía el fabricante. Allí está siempre junto a la
+verja de remates dorados, cerca de una ventana, tras cuyos cristales
+caen en amplios pliegues los cortinajes de seda: allí se le ve de sol a
+sol mostrando el muñón cicatrizado, destacándose el bulto haraposo de su
+cuerpo sobre la fachada de mármol, y llevando siempre colgado al cuello
+un cartelillo en que se leen estas palabras: INUTILIZADO EN LA FÁBRICA
+DE DON MARTÍN PEÑALVA.
+
+Súplicas, amenazas, ofertas para que se retire, cuanto se ha intentado
+ha sido en balde. Allí está cuando el rico industrial, nuevo señor del
+feudalismo moderno, sale a sus placeres y sus agios; cuando su esposa
+vuelve de rezar, y cuando sus hijas van a saraos y fiestas envueltas en
+primorosas galas.
+
+Aquel mendigo en la puerta de aquel palacio es una afrenta viva: y es
+también una tremenda profecía.
+
+La mano con que pide parece que amenaza.
+
+
+
+
+LA BUHARDILLA
+
+
+I
+
+La casa de los duques de las Vistillas era de las mejores entre las
+buenas viviendas nobiliarias del antiguo Madrid. No podía compararse con
+ella la de los Guevaras, ni la de los Peraltas, ni la de los Zapatas, ni
+aun la de los _Salvajes_: se parecía a las de Oñate y Miraflores. Sus
+dueños le decían el _palacio_... y, sin embargo, no pasaba de ser un
+caserón destartalado, de grandes salones, tremendos patios y pasillos
+laberínticos. La fachada era de agramillado y berroqueña del
+Guadarrama: tenía zócalo de granito con respiraderos de sótano, planta
+baja con descomunales rejas dadas de negro, principal de anchos huecos
+con fuertes jambas, recios dinteles y guarda polvos casi monumentales:
+sobre el balcón del centro, que caía encima del zaguán, ostentaba un
+enorme escudo nobiliario, ilustre jeroglífico compuesto por cabezas de
+moros, perros, cadenas, bandas y calderos; todo ello dominado por un
+soberbio casco de piedra caliza que el tiempo iba enrojeciendo con el
+chorreo de las lluvias mezclado a la herrumbre del balconaje. El piso
+segundo, bajo de techo y a manera de ático, tenía ventanas pequeñas, y
+sobre el entablamento descollaban las buhardillas altas, aisladas,
+recubiertas de tejas, guarnecidas de verdosas vidrieras, ante las cuales
+se veían desde lejos las ropas recién lavadas y tendidas que goteaban
+sobre estrechos cajoncitos, plantados de yerba luisa, albahaca, yerba de
+gato y claveles.
+
+Eran estas buhardillas habitación de gente pobre que vivía en contacto
+frecuente con los ricos: así estaban cercanos la necesidad y el remedio,
+hermoso maridaje que aplaca la envidia de los que no tienen y amansa el
+egoísmo de los que poseen. Los amos ocupaban en invierno el principal y
+en verano el bajo: en el segundo estaba la administración, y en las
+buhardillas, los cocheros, pinches y lacayos, amén de dos o tres
+familias de sirvientes jubilados y gentes protegidas, entre ellas,
+Manuela, hija de un ayuda de cámara, hermana de una doncella y viuda de
+un mozo de comedor que había servido muchos años y murió, dejándola
+embarazada.
+
+Daban los señores a Manuela, en recuerdo de lo bien que se portó su
+marido, tres reales diarios y casa; es decir, una de aquellas
+buhardillas que desde la calle se veían descollar por cima del tejado,
+entre ropas blancas y macetas verdes.
+
+De la misma edad que Manuela tenían los duques una hija tan graciosa,
+picaresca y bonita, que parecía un modelo de Goya, y tan buena, que en
+limosnas y socorros gastaba mucho de lo que sus padres le daban para
+galas y alfileres.
+
+La casualidad, o la Providencia, que acaso sean hermanas sin saberlo,
+hizo que la duquesita y Manuela se enamorasen y casaran casi al mismo
+tiempo, hacía mil ochocientos setenta y tantos. Sin duda el amor, que no
+distingue de jerarquías ni clases, les rozó simultáneamente con sus
+alas. Algo así debió de suceder, porque ambas fueron madres con
+diferencia de unas cuantas horas. Cuando el hijo de la duquesita vertía
+sus primeras lágrimas entre lienzos de Holanda y ricos encajes, hacía
+sus primeros pucheros el chiquitín de Manuela envuelto en pañales de
+bayeta amarilla.
+
+No habían salido a misa de parida, aún guardaban cama, cuando una noche,
+casi de madrugada, la duquesita mandó llamar a su doncella, hermana de
+Manuela. Pasó un buen rato sin que acudiese la chica, impacientose el
+ama, y al llamar por tercera o cuarta vez, entró al fin la muchacha
+diciendo llorosa y acontecida:
+
+--Dispense V. E..., estaba arriba... porque a mi hermana _paece_ que se
+la _yeba_ el Señor.
+
+--¿Qué le pasa?
+
+--Pues lo peor: dice el señor médico; que así como a V. E. le ha
+_sucedio_ con bien la subida de la leche, a la pobre Manuela le ha
+_entrao_ una calentura _malina_ que nos quedamos sin ella.
+
+La duquesita quedó aterrada. Como su situación y la de aquella
+desdichada era casi la misma, pensó que podía haberse hallado en caso
+igual; tuvo miedo, tembló por sí, y se estremeció ante la idea de dejar
+sin madre a aquel pedacito de su alma concebido entre placeres, parido
+entre dolores, que allí dormía puestos los labios en su pecho y acogido
+al calor tibio y cariñoso de su cuerpo.
+
+--Válgame Dios--dijo la señora--con que calentura maligna...
+
+--Pero muy grande, y lo más malo es que ha dicho el señor médico que
+busquen quien dé teta al niño... y ya ve vuecencia, así de pronto
+cualquiera encuentra... Está la criatura llorando como un cachorro...
+chupa que chupa, Manuela con los pechos secos... y _ná_, como si mamase
+de un pepino.
+
+La duquesita miró a su hijo con ternura, y en seguida, obedeciendo a una
+de esas inspiraciones femeninas que ante nada se detienen, dijo:
+
+--¿Y no hay quien le dé teta?
+
+--Nadie: ya hemos _corrío_ toda la _vecindaz_..., y aunque ahora al
+pronto se encontrara, ¿cómo quiere V. E. que luego pague un ama? Estará
+de Dios que se quede sin hijo.
+
+--Pues oye... sube corriendo, coge al niño, mira si está limpito y
+bájalo... Yo tengo leche para dos.
+
+Oposición de los padres, enojo del marido, advertencias del médico, todo
+fue inútil. La duquesita dio teta al hijo de Manuela durante tres días,
+al cabo de los cuales, doblegándose ante la enérgica actitud de su
+esposo, devolvió el niño a la madre, prendiendo entre los pañales un
+billete de Banco para que pudiese pagar nodriza.
+
+Súpose todo aquello en el barrio, y cuando la señora salió a misa de
+parida, no logró pisar el suelo de la calle; porque desde la escalera
+hasta el zaguán donde aguardaba el coche, y desde las gradas de la
+parroquia hasta el altar de la Virgen, las mujeres de la vecindad habían
+alfombrado el piso con mantones y flores; mantones raídos, flores
+baratas...; pero no hubo sultán de Oriente que disfrutara triunfo
+igual.
+
+
+II
+
+Muertos sus padres pocos años después, la duquesita, por seguir, la moda
+y complacer a su marido vendió la casa de sus mayores y edificó en la
+Castellana un hotel a la francesa, dirigido por un arquitecto de París.
+Cayó la antigua morada de los Vistillas, destruyose la severa fachada, y
+casi juntos rodaron por el suelo los fragmentos del escudo roto y las
+tejas de las buhardillas derruidas. Lo que produjeron las rejas y los
+sillares de berroqueña apenas bastó para pagar unas cuantas piedras
+traídas de Angulema. El nuevo edificio era extranjero, antipático,
+barroco, en el mal sentido de la palabra, y en vez de buhardillas
+españolas, tenía una gran montera de pizarra.
+
+Claro está que al derribarse la casa antigua fueron echados a la calle
+los servidores jubilados, y entre ellos Manuela. En vano intentó ver a
+la duquesa. El mayordomo, un burgués en canuto, más aristocrático y
+orgulloso que el amo a quien sisaba, no permitió que se acercase a la
+señora.
+
+Manuela comenzó entonces a subir esa calle de la amargura que se llama
+miseria. Fue peinadora, cosió para las tiendas y el corte, siendo
+desgraciada en todo, y por último se puso a lavandera.
+
+Pasó tiempo. La duquesita, esbelta y grácil, como un ángel de los que
+pintó Goya en San Antonio, se había convertido en una señorona de
+opulentas formas: Manuela, antes guapa, airosa y limpia, estaba fea,
+ordinaria, flaca, embastecida por el trabajo y desfigurada por las
+privaciones.
+
+
+III
+
+Un día hubo motín de lavanderas. El Ayuntamiento, a quien el pueblo
+llamaba el gran matutero, les exigía un nuevo impuesto, y las pobres no
+podían ni querían pagarlo.
+
+La gresca comenzó muy de mañana en los lavaderos del Norte, se corrió
+río abajo desde los once caños hasta los puentes de Segovia y Toledo,
+arreció en los cobertizos del pontón, engrosó, por ser domingo, con la
+gente de los merenderos, y al medio día los grupos de mujeres armadas de
+palos, piedras, trancas y estacas subieron por el Paseo de los Ocho
+Hilos y la calle de Toledo a desembocar en la Plaza de la Cebada. En
+vano luchaban las tituladas autoridades.
+
+--¡Muchachas! ¡Hijas mías!--decía el gobernador--todo se arreglará...
+Nombrad una comisión.
+
+Una de aquellas desdichadas se adelantó diciendo:
+
+--Mire _ustéz_ usía..., estamos hartas, y no nos da la gana. Las que
+salimos mejor libradas, las de lavadero, pagamos _cá_ sábado treinta
+_ríales_ de pila y colada; dos _ríales_ de mozos _pá_ que cuelen con
+_cudiao_; por cada carretilla de ropa de la pila al cuelo, y del cuelo a
+la pila, una perra grande; en los tendederos otra perra, y en cuantito
+que llueve, _pá_ que recojan pronto, otra perra... por subir y bajar
+talegos una peseta _cá_ viaje; y ponga usted jabón, palas, jornal de
+ayudantas, valor de prendas _perdías_... y las heladas y los calores...
+las que _tién_ más suerte les queda diez _u_ doce _ríales_ por semana...
+vamos, lo que usted gasta en un puro. ¿Qué _quiuste_ que comamos? ¡Y
+ahora pone el alcalde otra contribución! ¡Como no _sus_ demos morcilla!
+
+Un guardia quiso prender a la oradora, pero sus compañeras la
+defendieron a palos, mordiscos y arañazos... Salió un sable de la vaina,
+y allí fue Troya. Un diluvio de piedras y medios ladrillos cayó sobre
+los representantes del poder; y todos quedaron iguales; así los mal
+nombrados por el gobierno, como los peor elegidos por el pueblo.
+Gobernador, alcaldes, concejales, inspectores y guindillas, tuvieron que
+huir vergonzosamente ante las amazonas del Manzanares. Apaleaban a los
+agentes, herían a los guardias, silbaban a los clérigos, ordenaban
+cierre de tiendas, y recorrían la capital en son de guerra, gritando:
+«¡Muera el alcalde! ¡Abajo los ladrones!» En la calle de Atocha
+sufrieron una carga de caballería. Seis u ocho quedaron descalabradas a
+sablazos y tendidas en medio del arroyo; otras cayeron pateadas por los
+caballos; las más se replegaron desordenadamente hacia la plaza de Antón
+Martín. Iban furiosas; no eran mujeres, sino fieras.
+
+Hubo momentos en que lo comenzado como asonada de miserables
+desgraciadas amenazó trocarse en alzamiento social. Los primeros gritos
+fueron: ¡No pagamos! ¡Abajo la peseta! ¡Abajo el alcalde! Luego el
+pueblo, con ese instinto que le hace relacionar ideas hasta encontrar el
+origen de su daño, comenzó a gritar ¡Abajo los ladrones! y por último la
+miseria fermentada, la pobreza escarnecida, la ignorancia fuerte y sin
+freno, todo aquel conjunto de injusticias acumuladas se condensó en una
+voz terrible: ¡Mueran los ricos!
+
+A este punto llegaba la marea del hambre, cuando en mal hora acertó a
+desembocar en la plaza una soberbia carretela ocupada por dos señoras
+elegantísimas. Los caballos ingleses, el coche francés, y lo que ellas
+llevaban desde las telas de los trajes hasta las horquillas de oro,
+desde las medias de seda hasta las primorosas flores de sus
+sombrerillos, todo tenía ese aspecto de suntuosidad a la moderna que
+cuesta más caro cuanto parece más sencillo.
+
+Entonces, aquel río de furias desgreñadas, aquellas turbas harapientas,
+atajaron el paso al coche, y sobre las magníficas faldas de las damas,
+pálidas de sorpresa y medio muertas de miedo, comenzó a caer en lluvia
+pastosa y sucia el barro arañado de entre los adoquines o cogido en las
+socavas de los árboles; y empezaron a silbar por el aire trozos de
+cascote, escuchándose los rugidos de las amotinadas, que vociferaban:
+¡Mueran los ricos! Dos o tres piedras chocaron contra la caja de la
+carretela, quedó herido el lacayo, una moza de fuerzas hercúleas metió
+un garrote entre los radios de una rueda y apalancando con alma para
+que no se moviera el coche, faciltó que por la trasera de éste treparan
+varias chicuelas ansiosas de arrancar de los sombrerillos las primorosas
+flores pagadas en París a peso de oro. Y los gritos no cesaban: ¡Vamos a
+desnudarlas! ¡Mueran los ricos! El momento fue horrible; aquello parecía
+el choque del hambre con la inconsciente insolencia de la hartura.
+
+De repente, una de las amotinadas, que estaba en tercera o cuarta fila,
+comenzó a dar codazos y empellones pugnando por abrirse paso.
+
+Debía de ser alguna de las jefas, porque los grupos se espaciaron
+dejándola avanzar hasta la caja del coche, mientras ella, gesticulando
+enérgicamente, decía con los brazos en alto:
+
+--¡Compañeras, quietas! ¡Chicas, no tiréis! ¡Dejadme hablar... no seáis
+bestias!
+
+Viendo a aquella mujer, la más joven de ambas damas, dio un grito de
+asombro y de sorpresa, exclamando:
+
+--¡Manuela!
+
+--¡Yo soy _señá_ duquesa!
+
+Y subida en el estribo, agarrándose a la capota, siguió gritando;
+
+--¡Muchachas, por lo que más queráis en el mundo _sus_ pido que no les
+hagáis daño! Ellas no _tién_ la culpa. ¿Sabéis quién es ésta, la guapa,
+la más joven, la que _paece_ la Virgen de la Paloma? Las que me
+conocéis, las de mi lavadero, ¿no _m'habéis_ oído contar que cuando mi
+hijo se me moría le dio la teta una señora?... ¡Pues ésta es! ¡_Pa_
+hacerla daño me tenéis que matar a mí!
+
+Sonó algún silbido, se oyeron algunas carcajadas de mofa, pero las
+turbas abrieron paso, los grupos se aclararon, la lavandera echó pie a
+tierra, arreó el cochero y el carruaje pudo arrancar despacio por entre
+aquella muchedumbre hostil, momentáneamente amansada. La duquesa miró a
+su salvadora con los ojos nublados de lágrimas, y Manuela siguió
+mientras pudo al lado del coche, diciendo, trémula de gozo:
+
+--¡Adiós, señora! ¡Qué lejos que estamos ya los pobres y los ricos!
+¡Cuánto más valían aquellas buhardillas cuando vivíamos unos cerca de
+otros _pa_ conocernos y querernos! Ahora hacen unos _ciminterios_ de
+vivos que les _yaman_ barrios pa obreros... y cuando subimos a Madrid...
+¡es _pa_ esto!
+
+--¡Te debemos la vida!--dijo una voz aún entrecortada del terror.
+
+--¡Adiós, señora!
+
+Trotaron los caballos, se alejó en salvo el coche, y a su espalda, ya
+lejos, arreció el rumor formidable del motín, semejante al ruido de una
+presa cuando rota la esclusa se precipita el agua en oleadas de espuma
+sucia y turbulenta.
+
+
+
+
+EL OLVIDADO
+
+
+Desde que la mano levantaba el pegado cortinón de alfombra, reforzado
+con tiras de cuero, quedaban los ojos deslumbrados. La iglesia estaba
+hecha un ascua de oro. Las capillas laterales despedían resplandores
+amarillentos que, como grandes bocanadas de claridad, se confundían en
+el centro de la nave: de los arcos pendía multitud de arañas con flecos,
+colgajos y prismas de cristal tallado, en cuyas facetas irisadas se
+multiplicaba hasta lo infinito el tembleteo de las luces: y, al fondo,
+el retablo del altar mayor semejaba un monumento de oro adivinado tras
+la pirámide de llamas formada por cirios y velas, cuyos pábilos
+chisporroteaban, esmaltando de puntos rojos las espirales del incienso
+que flotaba en la atmósfera calurosa y pesada.
+
+Casi no se distinguían imágenes, confesionarios, puertas, pinturas, ni
+tapices; los bultos y las líneas, perdidos la forma y el contorno,
+estaban ofuscados por un fulgor que, a pesar de su intensidad, recordaba
+la palidez enfermiza y triste de la cera. Las lámparas de aceite,
+repartidas a distancias y alturas desiguales, brillaban con claridad
+verdosa; y sobre la alta cornisa, de donde arrancaba la bóveda, había
+una línea de ventanas cegadas con cortinas en que los rayos del sol se
+detenían, iluminando los bordes de la tela y resbalando luego,
+amortiguados y débiles, por las molduras polvorientas.
+
+A los lados, en las entradas de las capillas, estaban los hombres, en
+pie la mayor parte, algunos arrodillados, todos cansados, formando
+grupos donde resaltaban los cráneos relucientes, las cabezas canas y los
+rostros encendidos del calor.
+
+Las mujeres llenaban todo el centro de la nave: había tantas que estaban
+apiñadas, molestas, dejando oír continuamente el chocar de las sillas,
+el crujido de las sedas y el aleteo de los abanicos. No iban vestidas de
+trapillo, como salen a las primeras misas, sino lujosamente ataviadas,
+cual si para ir a la casa de Dios les hubiesen servido la vanidad y la
+tentación de doncellas consejeras. Su gracia y su hermosura, realzadas
+por la gravedad de los semblantes; la coquetería de sus movimientos al
+volver las hojas de los libros llenos de cifras y blasones; el modo de
+liarse a la muñeca los rosarios que parecían joyas; el inclinar la
+cabeza sobre el pecho anheloso, mirándose de reojo los pliegues de la
+falda; alguna tosecilla rebelde, rastro de los escotes del invierno, y
+alguna sonrisa cautelosa dirigida hacia las laterales de la nave, todo
+delataba una devoción superficial, elegante, frívola y mezquina; piedad
+exenta de grandeza, manchada de reminiscencias mundanales.
+
+Sus espíritus parecían vagamente abismados en la contemplación no
+lograda de algo que incompletamente deseaban, mostrando quietud sin
+recogimiento y misticismo sin poesía.
+
+Sus cuerpos eran figuras de cuadros modernísimos. Tenían en los trajes
+dibujos primorosos; combinaciones de colores extraños perfectamente
+armonizados; cintas de tornasoles inverosímiles; flores tan bien
+contrahechas, que parecían recién cogidas entre rocío húmedo, y plumas
+tan leves como los filamentos vaporosos del incienso que flotaba en el
+aire.
+
+La esbeltez de los talles, la exuberancia de los bustos, todos sus
+encantos y atractivos, estaban realzados, favorecidos, expuestos, y como
+ofreciéndose con la premeditación de un arte seductor y diabólico.
+
+Las ropas les cubrían el cuerpo, pero ciñéndolo, plegándose
+amorosamente, ondulando hasta modelar la forma como lienzos húmedos;
+dejando las bellezas a un tiempo tapadas y desnudas, vestidas y
+deshonestas, convirtiéndose el paño que oculta en gasa que revela y la
+gracia que atrae en sensualidad que enerva. Sus caras, alteradas por el
+disimulo y la coquetería, eran rostros de esfinge, espejos de almas
+insondables. Aquellas mujeres, nacidas en las cumbres sociales, y
+mimadas por la fortuna, eran la obra perfecta de la Naturaleza,
+embellecida por las fuerzas de la civilización. Lo que sobre sí llevaban
+era la cifra y compendio del trabajo humano: todas las ciencias, todas
+las industrias convergían a buscar maravillas o realizar prodigios para
+ellas. Allí estaban todos los tipos de la belleza femenina, todas las
+variedades de la hermosura, y de entre las largas filas, de cabezas se
+desprendían emanaciones turbadoras: olor a lilas blancas que hace
+traidora la pureza, clavel rojo que huele a clavo, heno fresco que trae
+a los sentidos laxitud de amores campestres, y aromas intensos del
+Extremo Oriente, quintaesenciados por las artes viciosas de la Vieja
+Europa. La dulzura de las miradas, el ligero palpitar de los labios
+estremecidos por el rezo, no eran bastante a disipar la fascinación que
+con su hermosura despertaban.
+
+Cuando se movían arreglando los reclinatorios y las sillas, el sagrado
+recinto parecía estremecerse como santo mordida por la tentación, y el
+crujir de las sedas imitaba rumor de viento entre hojarasca caída y
+seca.
+
+Las luces brillaban intensamente; la atmósfera cargada, casi opaca, iba
+tomando junto a las llamas cambiantes opalinos. El formidable trompeteo
+del órgano, a veces dominado por las notas altas del canto, se
+desparramaba por el aire en oleadas de armonía, y cuando cesaban se oía
+monótono y constante el sonido casi cristalino, pertinaz y agudo, de una
+moneda de oro golpeada contra una bandeja de plata. Entre el fulgor
+amarillento de las luces y el sonido de aquella moneda, el templo
+parecía dominado por algo terrenal y profano, mientras arriba, en lo
+alto de la cornisa, a cada instante penetraba con más dificultad la luz
+del sol.
+
+* * * *
+
+En el crucero de la nave había un ventanal gótico guarnecido de vidrios
+de colores, industria moderna que reproducía con fidelidad pasmosa una
+composición antigua, donde estaba pintada, como en un transparente
+mágico, el sublime episodio de que hablan los Evangelios cuando refieren
+cómo Jesús echó a los mercaderes del templo.
+
+Era el fondo un edificio soberbio hecho con mármoles y jaspes, e
+invadido por muchedumbre de gentes abigarradas vestidas lujosamente a
+usanza hebrea. Los cambistas y negociantes estaban sentados ante las
+mesillas cargadas de dinero; otros vendían copas de metales preciosos;
+por el suelo había cestas de panes, jaulas de palomas, y en el centro
+resaltaba la figura de Jesús divina e imponente, vestido con túnica tan
+blanca como la luz misma, echando de allí a los que profanaban la casa
+del Señor. Y en el friso del ventanal se leían estas palabras del
+evangelio de San Mateo, escritas con caracteres góticos:
+
+_Y les dice: Escrito está. Mi casa, casa de oración será llamada; mas
+vosotros cueva de ladrones la habéis hecho._
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+Al caer la tarde el sol poniente abarcó con sus rayos la ventana de
+colores iluminando de lleno la figura blanca con sus rayos
+horizontales; y entonces, como si milagrosamente la vivificaran los
+besos de aquella luz celeste, se fue desprendiendo de los vidrios, tomó
+cuerpo en el aire semejante a una forma diáfana, impalpable, flotó en el
+atmósfera, y lentamente fue bajando, bajando, a modo de aparición
+soñada, hasta tocar con sus sagrados pies el pavimento de la iglesia,
+por donde en luces amarillentas, lujos culpables y reflejos metálicos,
+parecía también desparramado el oro caído de las mesillas de los
+mercaderes.
+
+Vagó un momento por entre sedas vistosas, flores contrahechas y perfumes
+lascivos, vio pendientes de los muros del templo los cepillos que pedían
+dinero, leyó en los corazones el ánsia de riquezas, y ante la impureza
+de las concupiscencias humanas, su alma se anegó en la tristeza infinita
+que experimenta el sacrificio estéril y olvidado... mientras en todo el
+ámbito del templo repercutía el sonido de la moneda de oro golpeada
+contra la bandeja de plata.
+
+Entonces se inclinó hacia el suelo, cogió de un rincón un manojo de
+cuerdas olvidadas, y esgrimiéndolo a manera de látigo, castigó con
+justicia y sin piedad.
+
+Nadie le veía, nadie sentía dolor, y sin embargo las cuerdas
+acardenalaban las carnes, rompían las galas y mostraban desnudos los
+cuerpos pecadores. Llenose el aire de deseos torpes, de citas culpables,
+de hedor de riqueza mal ganada, de gemidos de tristes faltos de
+consuelo, de llanto de pobres olvidados. Viento de pavor heló los
+corazones. Allí fue el rechinar de dientes y el crujir de huesos de que
+habla la Escritura.
+
+Hubo un momento de terror indecible, como debió de haberlo en el templo
+de Jerusalén, y toda aquella profusión de lujo y de poder quedó
+destruida y condenada, fantásticamente, en silencio, sin voces, sin
+gritos, sin dolor físico, sin que lo advirtieran los sentidos. No fue la
+destrucción en la realidad tangible de las cosas, sino en la íntima
+realidad de las conciencias.
+
+* * * *
+
+Siguió el órgano lanzando su formidable trompeteo, el incienso ocultando
+los altares, y continuó la monedita de oro golpeando la bandeja de
+plata.
+
+Hecho aquel justo estrago, la figura blanca desprendida del vidrio
+perdió su forma corporal al trasponer la puerta, y trocada en resplandor
+luminoso, se hizo ingrávida, se alzó de tierra y se borró en el aire.
+
+Aquella noche, en el templo solitario todo estaba en orden, pero en el
+ventanal gótico faltaba la figura blanca, y por el hueco de contorno
+humano que formaban los plomos sin vidrios, se veía en el cielo el
+parpadear misterioso de los astros.
+
+En el pensamiento y la memoria de las gentes quedó clara y viva la
+impresión del milagro. ¿Fue antojo de imaginaciones turbadas? ¿Fue
+realidad?
+
+Alguien dijo que le había visto en la calle socorrer a un pobre, mirar
+con piedad a una mujer perdida, y acariciar a un niño... Pero nadie
+sabía quién era. Todos le han olvidado.
+
+
+
+
+LA CUARTA VIRTUD
+
+
+Estaba el deán tomando chocolate y leyendo entre sorbo y sopa un diario
+neo católico, cuando entró en su cuarto el ama, diciendo sobresaltada:
+
+--Señor, ahí está Garcerín, y dice que la catedral se viene abajo.
+
+El deán, alma de la diócesis, porque el señor obispo de puro bueno no
+servía para nada, agitó con la cucharilla el vaso de agua donde se
+estaba deshaciendo el azucarillo, bebióselo tranquilamente, se limpió
+los labios con la servilleta, y mientras encendía un cigarro de papel,
+más grueso que puro, repuso sin alterarse:
+
+--Lo de siempre... ganas de asustar... algo menos será. Dile que pase.
+
+Garcerín, el monaguillo más listo y endiablado de la santa basílica,
+traía el espanto pintado en la cara.
+
+--¿Qué hay, buen mozo?
+
+--Señor, que esta vez va de veras.
+
+--Cuenta, cuenta.
+
+--Pues, ahora mismo estaba yo quitando los cabos de los candeleros del
+Carmen, junto al crucero, cuando sonó por arriba, muy arribota, un ruido
+como si crujiera una piedra al partirse, y cayeron tres o cuatro pedazos
+mayores que manzanas. Yo creí que serían, como otras veces, de la mezcla
+que une los sillares, pero miré a lo alto y vi que no: eran de la piedra
+blanca de la cornisa, donde hay un adorno que parece una fila de huevos
+y otra de hojas... de pronto ¡pum! otro pedazo gordo, como su cabeza de
+usted, y dio en la esquina del altar, y partió el mármol... y eché a
+correr hacia la sacristía.
+
+--¿Quién estaba allí?
+
+--El señor arcipreste: le señalé dónde había sido, miró, y dijo:
+«¡Pronto, a cerrar! ¡que no entre nadie... que no pase nadie por ahí! Es
+el pilar del lado de la Epístola. Vaya, este es el acabose.» Yo volví a
+mirar, y ¿se acuerda usted de que los pilares son como unas columnas
+cuadradas, grandes, muy grandes? Pues por arriba, arriba, se han
+_desapartao_ las piedras más gordas, y entre dos de ellas queda un hueco
+que cabe un gato... y de allí está cayendo arena y chinas de cal... Dice
+el señor arcipreste, que con que pase un carro por fuera se viene abajo
+media iglesia.
+
+--Tenéis razón: esta vez va de veras. Vamos allá.
+
+El señor deán, profundamente disgustado, se puso el manteo, cogió la
+teja de reluciente felpa, y salió diciendo como si el chico pudiese
+comprenderle:
+
+--Entre el ábaco y la cornisa: allí está el mal.
+
+A los pocos momentos entraban en la iglesia. Efectivamente: por uno de
+esos fenómenos difíciles de razonar a primera vista y frecuentes en toda
+vieja fábrica arquitectónica, el pilar del lado de la Epístola se había
+rajado en su tercio superior lo mismo que una caña, sin que el arco que
+en él se apoyaba sufriese, al parecer, la más ligera desviación: pero
+bastaba ver en lo alto el hueco de que habló el muchacho para comprender
+que el hundimiento de la bóveda podía sobrevenir de un momento a otro.
+
+Suspendiose el culto, y aquella misma semana, antes de que comenzaran
+los trabajos de apuntalamiento, el telégrafo difundió por el mundo la
+noticia de que se había venido abajo la bóveda del crucero.
+
+El gobierno pidió a las Cortes un crédito extraordinario, se nombró una
+junta de restauración, y el deán fue el alma de ella, porque en la
+diócesis nada se podía hacer sin su consejo.
+
+Era el deán relativamente ilustrado, leía mucho, tenía fama de entender
+en cuadros antiguos, y sabía dar a sus sermones cierto tinte artístico
+que contrastaba con la austera sequedad de otros oradores sagrados. Por
+ejemplo: para hacer el retrato de un asceta, lo pintaba como Zurbarán;
+al describir un martirio, se inspiraba en el San Bartolomé, de Ribera;
+al hablar de los horrores de la Pasión, traía a cuento los Cristos
+demacrados y escuálidos de Morales; y cuando quería dar idea de la
+Ascensión de la Virgen, la presentaba en periodos tan brillantes y
+poéticos como los fondos luminosos que puso Murillo a sus Concepciones:
+con todo lo cual y ser académico correspondiente de la de Bellas Artes,
+(porque en cierta ocasión mandó a Madrid el brocal de un pozo árabe
+diciendo que era romano) como no había en el cabildo otro que valiera
+más, pasaba por sabio, y hasta los periódicos liberales le llamaban
+erudito. Claro está que con tales antecedentes fue el alma de la
+restauración. Bajo su dominio tuvo el arquitecto que pasar las de Caín,
+pero al fin y al cabo se levantó el pilar y se rehizo la bóveda.
+
+Concluida la parte arquitectónica de la obra, tratose de decorar lo que
+debía estar decorado, llamáronse pintores y estatuarios, y previa
+presentación de bocetos quedaron sustituidos por otros nuevos cuantos
+santos y santas perecieron en la pasada catástrofe. Mas no todo salió a
+gusto del deán, y como aún faltaban por decorar las cuatro pechinas
+formadas por los arcos del crucero, se deshizo de los artistas que hasta
+entonces trabajaron en la iglesia, y buscó uno capaz, a juicio suyo, de
+concebir y ejecutar maravillas.
+
+El pintor en quien se fijó era hombre de extraordinario mérito.
+Llamábase Molina y en él estaban reunidas y ponderadas de tal suerte y
+en tan justa medida la ilustración, las facultades reflexivas y las
+condiciones de pintor, que sabía estudiar, convertir el estudio en
+inspiración, madurar el pensamiento, y luego darle forma, haciendo que
+en su pintura hubiese idea y que ésta no quedara empequeñecida por mal
+interpretada. En una palabra, un gran artista que discurría como Miguel
+Ángel y ejecutaba como Velázquez. Lo que no tenía, por ser español, era
+dinero; mas a consecuencia de haber enviado obras a exposiciones
+extranjeras y haber retratado a una embajadora hermosísima, era su
+nombre conocido en toda Europa. Deseoso de acrecentar su fama, y también
+de hacer fortuna, estaba precisamente a punto de expatriarse, como
+tantos otros, cuando le buscó el deán encargándole los bocetos para las
+cuatro pechinas; trabajo que aceptó gozoso, primero por dejar en su
+patria muestra de lo que valía; y, segundo, porque necesitaba arbitrar
+recursos para el viaje.
+
+Diose luego a pensar en cómo realizaría su trabajo. La cosa no tenía
+nada de fácil. Vistas desde el pavimento de la nave las pechinas, eran
+cuatro superficies triangulares y cóncavas que parecían tener desde la
+base al vértice tres metros o poco más, pero miradas de cerca, en lo
+alto del andamiaje, eran disparatadas de grandes. Además, en aquel
+sitio, a tal elevación y en espacios triangulares, no era racional hacer
+composiciones o grupos que desde abajo resultasen empequeñecidos, por
+las robustas líneas de la cornisa y el tremendo vano de la cúpula. Ello
+fue que después de estudiar mucho y pensar más, Molina resolvió pintar
+cuatro figuras colosales, sobre todo grandiosas, que simbolizaran
+aspiraciones, ideas y sentimientos armónicos con la naturaleza e índole
+del monumento.
+
+Comenzó a hacer apuntes, bocetos, manchas de color, y ya iba dando vida
+real a los pensamientos soñados en el delirio creador, cuando el deán
+cayó enfermo, sin llegar a ver nada de lo que el artista había hecho.
+Entonces Molina, para trabajar a gusto, decidió no recibir a nadie hasta
+tener las cuatro figuras acabadas: nadie había de verlas mientras no las
+viese el señor deán.
+
+La dolencia de éste fue larga; en, tanto que duró no permitieron los
+médicos, por ahorrarle cavilaciones, que se le hablase de la
+restauración del templo, y aunque así no fuera, nada hubiera podido
+saber de lo que hacía Molina, porque el artista con nadie hablaba de su
+obra ni toleraba visitas.
+
+En cuanto el deán se puso bueno, su primera salida fue para ir al
+estudio. El pintor tenía terminado su trabajo y cubiertas las cuatro
+grandes figuras con otros tantos trozos de percal; a fin de que no les
+cayese polvo que ensuciara y velase la pintura fresca.
+
+Quitó Molina el primer pedazo de percal al entrar el deán, y en la cara
+que éste puso comprendió lo mucho que le gustaba la figura. Dejole largo
+rato que la contemplase a su sabor, y luego, de un tirón, descorrió la
+segunda tela. La figura que ocultaba era infinitamente superior a la
+primera, y el deán se deshizo en elogios y alabanzas. Pero esto no fue
+nada comparado con lo que experimentó y dijo al descubrir el artista el
+tercer lienzo. Aquello sí que era concebir y colocar bien una figura,
+dibujar, sentir la forma, ser colorista y dominar todos los secretos de
+la paleta. La pintura de Molina venía a ser una fusión admirable de lo
+mejor de todas las escuelas. La figura parecía dibujada por Alberto
+Durero, tenía el color del Veronés, la elegancia de Boticelli, era tan
+decorativa como si la hubiese dispuesto Tiépolo, y tan real como si en
+ella hubiese puesto mano Diego Velázquez. El deán creyó volverse loco de
+contento.
+
+«¡Qué artista, qué prodigio!--pensaba.--¡Y qué ojo he tenido yo, porque
+sin mí nada de esto tendría la catedral!»
+
+--Amigo mío, mejor que ésta no puede ser la otra--dijo luego en voz
+alta.
+
+Descubrió Molina la cuarta figura, y allí fue Troya. Al principio no se
+dio cuenta el señor deán de lo que tenía delante, pero cuando llegó a
+entenderlo, montó en cólera y se puso hecho una fiera, prorrumpiendo en
+éstas y parecidas frases:
+
+--¡Usted está loco! ¿Cómo pongo eso en la iglesia? ¿Cómo se le ha
+ocurrido a usted semejante desatino? ¡Se necesita descaro! ¡Usted no
+sabe lo que se pesca!
+
+Molina contestó en el mismo tono, y abriendo la puerta del estudio,
+mandó salir al deán; éste creyó desconocida y burlada su autoridad, el
+pintor consideró ajado su decoro de artista, y tales cosas se dijeron,
+uno bajando la escalera, y otro desde arriba, que nunca más pudo haber
+entre ellos paz ni avenencia.
+
+La catedral se quedó con las pechinas en blanco, y Molina vendió los
+lienzos a un inglés.
+
+Pasado algún tiempo, el deán cogió una pulmonía en el coro, y el pintor
+se volvió tísico, muriendo ambos con diferencia de unas cuantas horas.
+
+* * * *
+
+Sus almas fueron volando por las alturas infinitas, más allá del
+firmamento estrellado, donde no alcanza la mirada humana, y atravesaron
+los espacios eternamente misteriosos, que han poblado de hipótesis y
+mitos los filósofos gentiles, los teólogos cristianos y los poetas de
+todas las edades.
+
+En menos tiempo del que para contarlo hace falta, traspusieron el cielo
+pétreo, de que habla Anaxágoras, el de aire vitrificado por el fuego que
+ideó Empédocles, las bóvedas cóncavas que imaginó Platón, y los tres
+cielos, luminoso, sideral y cristalino, de que habla Santo Tomás.
+
+Por fin llegaron al Empíreo, donde según Alfonso el Sabio, habitan los
+santos, los ángeles, los tronos y las dominaciones, todos ocupados en la
+perdurable alabanza del Señor.
+
+La puerta de la mansión de los justos era de oro, tenía luceros en vez
+de clavos, y junto a ella, sentado en una nubecilla, estaba San Pedro
+jugueteando con las llaves, aburrido, porque se le pasaban horas y horas
+sin tener que abrir a nadie.
+
+Preocupados solo de su salvación, el deán y Molina no se habían mirado
+en el camino, pero al detenerse cerca del Santo se contemplaron
+mutuamente exclamando de mala manera al mismo tiempo:
+
+--¿Usted por aquí?
+
+Encontrarse y comenzar a reñir, todo fue uno. Prodigáronse frases
+depresivas, injurias, improperios, todo género de insultos, con tal
+rabia, que San Pedro no pudo menos de decirles:
+
+--¡Pero hijos míos... ¿no habéis sabido despojaros de las miserias
+humanas y pretendéis entrar ahí? Para traspasar esa puerta es preciso
+estar limpio de odio y de rencor, de todo sentimiento perverso y torpe.
+
+Y deseando servirles de amigable componedor, añadió:
+
+--Veamos si puedo conseguir que hagáis las paces. Contádmelo todo.
+
+--Yo--habló el deán--encargué a este hombre, que era pintor, cuatro
+figuras, y él en desprecio de lo más santo y sagrado... pintó lo que le
+dio la gana. Las tres primeras eran soberbias, ¡pero la cuarta!...
+
+--Señor--interrumpió Molina--efectivamente admití el encargo; los huecos
+que había que decorar eran cuatro. Lo primero que se me ocurrió fue
+pintar los cuatro evangelistas, pero ya los había hecho otro en distinto
+lugar del edificio. Luego pensé cuatro alegorías de la Prudencia, la
+Justicia, la Fortaleza y la Templanza... También estaban hechas. Me
+acordé de profetas, de patriarcas, de reyes santos: unos eran más de
+cuatro, otros menos, otros ya se habían pintado o esculpido. Entonces
+pinté primero la Fe...
+
+--¿Cómo?--preguntó San Pedro.
+
+--Hermosa, vendada, las vestiduras blancas, en una mano las tablas de la
+ley, en otra la palma del martirio, y toda ella iluminada por el sol,
+padre de la vida.
+
+--No estaría mal.
+
+--Luego pinté la Esperanza.
+
+--¿De qué modo?
+
+--En pie sobre la proa de una nave, apoyada en el áncora y fijos los
+ojos en el cielo. Luego pinté la Caridad.
+
+--¿Cómo la representaste?
+
+--Joven, más fuerte y más hermosa que ninguna, y dando de mamar a un
+niño de tipo muy distinto al suyo para indicar que no era su hijo, y que
+no le daba el pecho como madre, sino por ser Virtud.
+
+--En verdad te digo que estuviste acertado.
+
+--Que diga ahora--les interrumpió el deán--cual fue la cuarta figura que
+hizo.
+
+El artista alzó la frente como quien no se avergüenza y declaró así:
+
+--Pinté el Trabajo: mozo, vigoroso, inteligente, fornido, con el yunque
+sobre un montón de libros para expresar que el estudio es la base de la
+fuerza, y coloqué a sus pies, esperando sus obras, la Paz y la Limosna.
+Entonces ese hombre--añadió señalando a su adversario--se enfureció
+conmigo.
+
+--Como que esa no es virtud--gritó el eclesiástico--ni siquiera es esa
+porque es ese.
+
+--Porque es virtud macho--dijo el Santo al deán--tú no puedes
+comprenderlo. Y vamos a ver, vamos a ver, ¿para dónde eran las pinturas?
+
+--Para la catedral--contestó Molina.
+
+--¿Y allí querías colocar el Trabajo?
+
+--Sí, señor.
+
+Al oír esto San Pedro, volviéndoles la espalda, echó tranquilamente el
+cerrojo a la puerta del cielo y luego encarándose con el artista y el
+clérigo les dijo:
+
+--Vaya, vaya, ¡largo, fuera de aquí los dos! Tú, deán, al purgatorio una
+temporadita por mal genio; y tú, pintor, tonto de capirote, al limbo,
+como si fueras niño sin uso de razón. ¡El Trabajo en la catedral! ¡Qué
+oportuno! Sabrás pintar, pero no sabes poner las cosas en su sitio.
+
+
+
+
+LOBO EN CEPO
+
+I
+
+A una ilustre ciudad española, donde los hombres trabajadores y
+valientes nacen de mujeres virtuosas y bellas, llegaron hace años dos
+viajeros, cuyos trajes negros ni eran enteramente seglares ni del todo
+eclesiásticos. Uno de ellos hablaba, aunque dulcemente, como superior;
+otro escuchaba con humildad y respondía con respeto. Eran ambos de
+continente severo, rostro lampiño y mirada que apareciera humilde si no
+fuese por lo tenaz, reveladora de una voluntad poderosísima. Tenían
+mansedumbre en la voz, daban a sus palabras el acento de una afabilidad
+melosa y persuasiva, pero a veces sus pupilas parecían incendiarse en el
+rápido e involuntario fulgurar de una energía indomable.
+
+Pocas horas después de su llegada celebraron varias entrevistas
+misteriosas con gentes adineradas de la población, y a los tres días
+firmaron, ante notario y como subditos de potencia extranjera, la
+escritura de compra de un caserón antiguo convertido en fábrica por un
+industrial que, arruinado durante la guerra civil, tuvo que malvender su
+hacienda. De esta suerte la paz vino a ser provechosa, quizá, para los
+mismos que atizaron la lucha.
+
+Transcurridos unos cuantos meses, el edificio tomó de nuevo el aspecto
+que acaso debió de tener años atrás. Los talleres y naves de la fábrica
+se convirtieron en habitaciones estrechas, como celdas, y al rumor
+alegre del trabajo, padre de la vida, sucedió en el recinto el más
+medroso silencio, sólo interrumpido a horas fijas por cantos misteriosos
+y graves, entonados en una lengua muerta. Los hombres que en aquella
+casa vivían fueron al principio muy pocos: luego, llegando sigilosa y
+calladamente por las noches, vinieron de tierras extrañas muchos más,
+tantos, que sus cánticos antes débiles como compuestos por escaso número
+de voces, resonaron vigorosos y potentes, repercutiendo en las
+concavidades de los montes cercanos, cual si quisieran despertar los
+ecos del cañoneo de antaño.
+
+La población, contaminada de aquella vecindad, se hizo levítica,
+adquiriendo en poco tiempo un aspecto triste y sombrío. Las campanas,
+que aun repicando alegres despiertan ideas de muerte, vencieron al
+fecundo rumor de los tornos, los telares, los martinetes y los yunques.
+
+
+II
+
+Lindante con el antiguo caserón de aspecto conventual había un gran
+jardín, y en su centro, una casa ceñida por macizos de verdura y
+sombreada por álamos y olmos seculares. Casa y jardín decían con mudas
+voces que en ellos habitaba mujer, y mujer joven. Ya los alféizares de
+las ventanas mostraban un canastillo de labor lleno de hilos y estambres
+multicolores; ya en la mesa de mármol puesta en el centro de un cenador
+de enredaderas se veía una sombrilla de seda clara; ya en las sillas de
+hierro quedaban por olvido los manojos de flores recién cortadas; ya a
+ciertas horas solían escucharse, amortiguados por cortinajes y
+persianas, el tecleo de un piano bien tocado y el timbre fresco y
+penetrante de una voz juvenil, que así sabía expresar la soñadora
+melancolía de los grandes maestros alemanes como romper en los alegres
+ritmos de la tierra andaluza.
+
+El dueño de aquella casa era don Gaspar Villarroel, caballero viudo,
+riquísimo propietario de haciendas en casi todas las regiones de España,
+accionista del Banco, tenedor de sumas enormes en dollars
+norteamericanos, en cuatros de la Deuda francesa y en treses de la de
+Inglaterra: y aquellas sombrillas olvidadas, las labores que por las
+ventanas se veían y los cantares llenos de poesía eran de Helena, su
+hija única, de veinte años, que andando el tiempo había de ser muchas
+veces millonaria.
+
+A ella vivía enteramente consagrado don Gaspar: sólo para guardarla y
+protegerla quería que Dios le prolongase los días. No era hermosa ni
+siquiera bonita, y habiendo de ser extraordinariamente rica, quedaba su
+porvenir a merced del primer hombre que movido de ruin codicia se
+fingiese prendado de ella. Harto sabía su padre que no pasaría de
+codicia y fingimiento lo que su hija inspirase, pues no tenía más
+encantos que el pelo abundoso y negro, la voz dulce y el mirar
+inteligente. El cuerpo no era esbelto, ni el andar airoso, ni las
+facciones delicadas.
+
+Luego de conocerla y ahondar en su alma con el trato, se hacía querer,
+pero le faltaban esas gracias corporales que hechizan los sentidos y
+dominan la voluntad. Don Gaspar lo sabía y por ello la amaba doblemente:
+como hija y como hija fea que ha de ser resarcida en cariño paternal, de
+aquel otro afecto menos puro, que no habían de profesarle los hombres.
+Sólo pensaba en ella, en mimarla, en conservar sus bienes para que los
+disfrutase, en dirigir su entendimiento y vigilar su corazón, para que
+si, lo que era dudoso, llegase a casarse, tuviera más probabilidades su
+ventura. Parecíale que aquella falta de encantos y aquel extraordinario
+patrimonio podrían ser, a no evitarlo cuidadosamente, dos elementos de
+infortunio: pero aún no había tenido su prudencia graves riesgos que
+preveer, ni su cariñosa entereza pasión mal inspirada a que oponerse.
+
+Hasta entonces, unas veces los viajes, otras la soledad y el
+apartamiento del mundo, la premeditada alternativa de las distracciones
+y del hogar, habían mantenido a Helena en esa desesperanza tranquila y
+resignada con que piensan en la felicidad por el amor los que desconfían
+de ella. Comprendía que no era hermosa y que era demasiado rica.
+
+Don Gaspar concedía a su hija la libertad razonable para que no la
+desease tan completa que le fuese dañosa: con él asistía Helena a las
+diversiones que le agradaban y a las visitas con que se conserva la
+amistad; a misa y tiendas iba con su prima doña Flora, solterona, pobre,
+de ellos cariñosamente amparada e incapaz de tolerar la más leve
+imprudencia: primero por severidad de principios y luego por miedo a ser
+arrojada de una casa donde nada le faltaba.
+
+De esta suerte vivían hija y padre, don Gaspar con el pensamiento puesto
+en ella, y Helena dejando volar su imaginación entre resignada y
+soñadora, cuando durante un otoño comenzó la muchacha a sufrir tal
+cambio en su manera de ser, que no pudo quedar oculto a quien vivía
+continuamente observándola para ahuyentarle penas y procurarle venturas.
+
+Nunca fue demasiado aficionada a las galas, pero de pronto se descuidó
+por completo en el vestir; le gustaban las flores y dejó de adornar con
+ellas su cuarto; deliraba por la música y pasó semanas enteras sin abrir
+el piano. Su habitual seriedad se convirtió en aspereza de carácter, el
+desabrimiento se hizo luego tiesura, y en poco tiempo experimentó una
+transformación, tanto más fácil de apreciar, cuanto más inesperada y
+rápida.
+
+Primero sintió el alma invadida de tristeza, después se hizo disimulada;
+y por último cayó en profunda melancolía como espíritu débil a quien
+brutalmente se arrancan de cuajo ilusiones y esperanzas.
+
+«¿Estará enamorada?» imaginaba la prima doña Flora.
+
+«¿Tendrá pasión de ánimo?» decía la doncella.
+
+«Esta chica está mala», pensaba su padre.
+
+Nadie comprendía la causa de aquel cambio.
+
+Ya hablaba don Gaspar de llevársela a París en busca de doctores, cuando
+una mañana doña Flora entró en su despacho, sin ser llamada, diciéndole
+de buenas a primeras:
+
+--Ya sé lo que tiene tu hija. Ármate de valor... Quiere meterse monja. Y
+yo creo que la idea no ha nacido de ella: es cosa de los de ahí al lado.
+
+Don Gaspar, mudo de asombro y de terror, se limitó a decir:
+
+--¡Habla... todo lo que sepas, todo lo que sospeches, no me ocultes
+nada!
+
+--Pues se reduce a muy poco, pero muy claro. Hace dos meses, una mañana
+que llovía muchísimo y tú te habías llevado el coche, nos metimos ahí al
+lado por no ir hasta la catedral. Luego ha vuelto conmigo... como está
+tan cerca, cuando hace mal tiempo es más cómodo. Después la he visto
+hablar varias veces con uno de ellos por la verja del jardín: ella
+dentro, él desde fuera, al pasar, casi sin detenerse.
+
+--¿Y qué trazas tiene?
+
+--Es hombre de buena edad, y ¡con una mirada más inteligente! Para mí,
+él es quien le ha metido esas ideas en la cabeza. Jamás había Helena
+hablado hasta ahora de semejante cosa. ¡Si se moría por el teatro y se
+entusiasmaba con libros y novelas! Además, me ha dicho la doncella, que
+algunas mañanas ha salido con ella, al primer toque, antes de que yo me
+levantara, pero que como no hacían más que ir ahí al lado, no creyó que
+debía decirlo. Nada, que se han apoderado de ella como hicieron con la
+hija del banquero francés, con Teresita, con Sofía, con la viuda de
+Parque...
+
+--¡Todas ricas!--murmuró don Gaspar.
+
+--Ella no se atreve a hablar sinceramente, pero está desconocida: se ha
+hecho seca y arisca; de cuando en cuando suelta unas frases... que
+revelan un egoísmo... «Las mujeres feas y muy ricas--dice--no pueden ser
+felices en el mundo; a cada paso un desengaño. No se pierden como las
+bonitas, pero les hacen creer en el amor, y luego... nada. Ya ves, yo
+por ejemplo--añadía--¿qué puedo esperar? Una ilusión, engañarme a
+sabiendas, y luego frialdad, esquivez, cada uno por su lado; él, quien
+sea, rico, poderoso con lo mío, buscará en otras los encantos que yo no
+tengo.»--Dice que para las que no son hermosas como ella, solo hay un
+esposo bueno, el que no engaña; ¡y lo dice con una unción, con un
+fervor! Otras veces habla de la casa y de nosotros con un despego que da
+frío.
+
+--Pues ¿qué ha dicho?
+
+--Ayer mismo me dijo: «Si yo faltara pronto me olvidaríais, hasta papá:
+el cariño no es tan mentira como el amor, pero también es un sentimiento
+terrenal.»
+
+Flora siguió hablando largo rato, don Gaspar la escuchó sin poder
+disimular la pena que se le asomó a los ojos, y luego murmuró
+tristemente:
+
+--¡Veremos!
+
+
+III
+
+De allí a dos días, mientras Helena y doña Flora fueron a pasar la tarde
+en casa de unos parientes, don Gaspar recibía en su despacho a un hombre
+que, llamado por él de antemano, acudió puntualmente a la cita. Era uno
+de los de al lado, de aquellos que con nombre y calidad extranjera,
+adquirieron la fábrica donde al caer la tarde se entonaban cánticos
+tristes en una lengua muerta. Tenía el rostro lampiño, la mirada
+humilde, la palabra dulzona, el traje entre sacerdotal y profano.
+Ofreciole asiento don Gaspar, cerró las puertas como en comedia, y luego
+con forzada tranquilidad, pero sin que se le alterase una línea del
+semblante, sin asomo de ira, pero con el acento de la más aterradora
+resolución, le habló de esta manera:
+
+--Usted conoce a mi hija: en ella cifro toda mi dicha; sólo vivo para
+hacerla feliz. Si la perdiese, si se apartase de mi lado, me costaría la
+vida... Escúcheme usted bien... Estoy dispuesto a todo. A quien quisiera
+robarme mi dinero le recibiría a tiros; figúrese usted lo que haré con
+quien intente separarme de mi hija. Podrá llevársela Dios, que es Señor
+de todos nosotros; podrá, aunque no es bonita, encontrar un hombre que
+aprecie lo que ella vale moralmente, y entonces yo les bendeciré y daré
+gracias a Dios; pero lo que es eso de hacerla ver que es fea,
+envenenándole la vida para que huya del mundo, arrebatármela como se
+roba una alhaja... lo que es eso, yo le juro a usted que no será...
+
+Quiso el desconocido interrumpir a don Gaspar, mas no se lo permitió
+él, y siguió de este modo:
+
+--No ha venido usted a hablar, sino a oír, y empápese usted bien de lo
+que oiga. Ya sabe usted lo rico que soy; si eso sucediera, todo me lo
+gastaría en buscarle a usted para matarle. Ahora, usted que ha hecho el
+mal con sus exhortaciones, ponga con sus consejos el remedio,
+entendiendo que si en el plazo de dos meses no se le quitan a mi hija de
+la cabeza esas fantasmagorías, le mato a usted como a lobo sorprendido
+en redil. Las consecuencias no me asustan. Perdida mi hija, lo mismo me
+da morir de un modo que de otro. Dos meses de plazo. ¡Usted sólo ha de
+hablar con ella! Yo no le diré palabra. Puede usted retirarse.
+
+De nuevo quiso contestar el incógnito personaje, pero don Gaspar salió
+de la estancia, dejándole condenado al más rabioso silencio que
+imaginarse puede, y plenamente convencido de que era hombre capaz de
+realizar cuanto decía.
+
+* * * *
+
+Apenas habían transcurrido dos meses, cuando Helena comenzó a ser lo que
+era antes.
+
+Como quien tras una pesadilla recobra el sentido de la realidad, se le
+fue borrando del pensamiento la melancolía; tornó a cuidar de su
+persona, vigiló el jardín cuyas flores escogía para su cuarto, y por
+fin, una noche, después de haber estado tocando un rato el piano, por
+distraer a su padre, se arrojó en sus brazos, deshecha en lágrimas,
+diciéndole sólo estas palabras:
+
+--¡Perdóname, porque nunca me separaré de ti!
+
+Sin duda, el flexible y tornadizo espíritu de la mujer se plegó a unas
+amonestaciones como se había sometido antes a otras.
+
+
+IV
+
+¿Supieron el fracaso del propagandista sus superiores jerárquicos? ¿Le
+consideraron inútil para desengañar del mundo a herederas de millones?
+Un día se notó su falta a la hora de la comida, los demás hablaron de él
+como miembro que se amputa, y luego le rezaron por muerto.
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+Transcurrieron algunos años, y aquel hombre, vuelto al seno de la
+humanidad, sintió renacer aspiraciones e ideas que en mal hora consideró
+por la educación sofocadas y por el fanatismo comprimidas.
+
+En otra región del mundo, en otras tierras, con otro nombre, fénix de sí
+propio, resucitó en espíritu, amó, fue amado y tuvo un hijo. Aquel hijo
+creció, haciéndose mozo fuerte y hermoso como el Hérmes de los mitos
+paganos. Una mujer indigna, engañosa y astuta, tal vez la ramera de que
+habla la Escritura, quiso apartarle de su padre, mas éste desplegó tal
+energía y se defendió tan resueltamente que logró romper aquellos lazos.
+
+Pasó mucho tiempo--esa divinidad que a toda conciencia hace un día
+justiciera de sí misma.--Hijo y padre caminaban al caer la tarde por una
+deleitosa campiña que el sol poniente envolvía en una atmósfera de polvo
+luminoso. El viejo se apoyaba en el brazo del mancebo, fingiendo
+fatigarse para oprimírselo cariñosamente, mientras la luz de los cielos,
+la pureza del aire y el penetrante aroma que se alzaba de los terruños
+soleados parecían envolverles en la bendición suprema del verdadero
+Dios. El hijo, adelantándose unos pasos, cortó de una mata algunas
+flores para el sepulcro de su madre, que era muerta: y entonces el
+viejo, experimentando lo que antes jamás pudo comprender, sintió la
+duplicación del espíritu por la paternidad, y vuelto el pensamiento a lo
+pasado, dijo acordándose de don Gaspar:
+
+«¡Hizo bien!»
+
+
+
+
+EL HIJO DEL CAMINO
+
+
+Era el tiempo en que para trasladar a los presos y penados de cárcel a
+cárcel, de penal a penal, se les llevaba todavía a pie por los caminos,
+entre destacamentos de gente armada.
+
+* * * *
+
+Tras el día de calor insufrible, vino la noche sin brisa, cálida y
+sofocante.
+
+No corría un pelo de aire, ni se alzaba del suelo un átomo de polvo. La
+carretera abierta en la dilatada extensión de la llanura, se destacaba
+interrumpiendo el gris terroso de los campos, como una cinta blanca y
+ancha tendida sobre los surcos en rastrojo.
+
+Por su centro iba _la cuerda_, la reata humana, doblemente rendida a la
+pesadumbre de la fatiga y del delito.
+
+Quién llevaba morral, quién alforjas, quién manta, los más, nada;
+veíanse muchos descalzos, despeados; pocos fumaban, no reía ninguno. A
+los lados marchaba la tropa obligada a meterse por la estrecha hondura
+de las cunetas, o a subirse en los montones de guija y pedernal recién
+partido, mientras el brillo de las armas, iluminadas por la luna,
+limitaba la movible masa de aquella triste muchedumbre. Los grillos y
+las cigarras cantaban libremente; voces humanas se oían pocas, y esas
+eran blasfemias; tal vez envidia de los animalillos, desahogo propio de
+gente forzada del rey que iba a las galeras.
+
+En la Venta de la Mora se hizo alto: _la cuerda_ se recogió a un lado
+del camino, en un repecho: los soldados desataron los cabos de bramante,
+y luego, apartándose y formando extenso círculo en torno de los presos,
+colocaron centinelas. De allí a poco salieron de la venta quince o
+veinte mujeres harapientas, sucias, miserables, y esquivando a los de
+uniforme corrieron hacia los del grupo central, aunándose con ellos en
+parejas que desaparecían tras un tronco, tras un peñasco, en un
+repliegue del terreno, donde pudieran ocultarse.
+
+Era la visita del amor a la desgracia; amor momentáneo, vicioso,
+repugnante, y venal; pero amor. Y era también costumbre sancionada por
+los años, tolerancia perpetuada por la tradición, abuso que tomó origen
+en el capricho de un rey absoluto, ganoso de repoblar su reino.
+
+Antes de romper el alba, la columna se ponía en marcha. Después, los
+padres anónimos morían en presidio, y los hijos de aquellas esposas de
+una noche se llamaban _los hijos del camino_.
+
+
+II
+
+Así fue concebido Juan.
+
+Su madre le adoró, como si estuviera engendrado mediante sacramento;
+pero las gentes del lugar, cuando niño, le miraron con lástima, cuando
+adolescente le mofaron y de mozo le escarnecieron. Cada vez que pasaba
+por la aldea una cuerda de presos, le decían las chicas:
+
+--Juan, ¿será tu padre alguno de esos?
+
+Primero se ganó la vida recogiendo boñigas para estercolar huertos,
+después fue lazarillo de ciego, dio al fuelle en casa del herrero, se
+metió a zagal de diligencias... por fin huyó de la comarca.
+
+Su pobre madre no volvió a saber de él en mucho tiempo.
+
+Estuvo como alimentador de horno en una fábrica de vidrio, sufriendo las
+bocanadas de las llamas; fue minero, permaneciendo semanas enteras sin
+ver la luz del sol: trabajó en los telares, respirando el polvillo que
+blanqueaba los tejidos y le cegaba los pulmones; no hubo industria que
+no intentara ni oficio en que pudiese medrar.
+
+Si en su lugarejo no encontró amparo, en las ciudades le faltó
+protección. Nadie le dio enseñanza, ni le dejó tiempo de adquirirla. Su
+instinto le decía «estudia»; la necesidad le respondía «gana». Cualquier
+aprendizaje le hubiera mermado el pan y el sueño.
+
+En tanto, la madre pensaba en él, arrancándole su recuerdo las horribles
+lágrimas de la incertidumbre, pues no sabía dónde estaba, ni si era vivo
+o muerto. Al fin lo averiguó; hizo que le escribieran, y aunque de
+tarde en tarde supieron uno de otro: ella le enviaba besos; él le mandó
+por un arriero un gran pañuelo de algodón de colores, valor de un día de
+jornal.
+
+Juan pasó de labor a labor, de oficio a oficio, practicándolos todos,
+sin dominar ninguno, renunciando a unos por penosos e insalubres, a
+otros por indignos y embrutecedores, hasta que entró en una compañía de
+alumbrado eléctrico, casi como bestia de carga.
+
+Su obligación era llevar artefactos, utensilios y herramientas a sus
+compañeros de trabajo.
+
+Una tarde fue con ellos a la prueba de luces en una soberbia casa, donde
+a la noche debía verificarse una gran fiesta. ¡Cuánta magnificencia
+contemplaron sus ojos! Jamás vio cosa igual.
+
+Cada salón era un prodigio del arte o un camarín de la molicie. Los
+mármoles parecían encerrar en su seno transparente hojas de
+vegetaciones inverosímiles; los muebles, por sus formas, incitaban a la
+voluptuosidad o al reposo; los tapices caían discretamente ante las
+puertas; los rasos y los flecos guardaban en la urdimbre de sus tramas
+los colores del iris; había canastillas de orquídeas australianas
+mezcladas con flores de cristal que despedían rayos luminosos; libros
+cubiertos de oro, que atesoraban en sus páginas el oro aún más puro del
+pensamiento humano, y todo ello en desorden bellísimo se reflejaba en
+espejos que, como poseídos de codicia, multiplicaban hasta lo infinito
+las riquezas.
+
+De pronto apareció Luz, la dueña de la casa, ya vestida para la fiesta,
+e impaciente por juzgar el efecto de la iluminación.
+
+Juan imaginó que era una diosa. Traía la cabellera salpicada de
+brillantes que semejaban estrellas perdidas en una nube de oro, el
+cuello ceñido por hilos de perlas menos blancas que su pecho, y todas
+las líneas de su cuerpo admirable envueltas en telas primorosas, antes
+dispuestas para revelar la forma que para encubrir la desnudez. Tenía la
+voz aunque imperiosa, encantadora, y su persona exhalaba un perfume
+penetrante y sutil, intenso y turbador, que juntamente producía
+fascinación al espíritu y embriaguez a los sentidos.
+
+El hombre inculto e ignorante, incapaz de analizar lo que experimentaba,
+pero hombre al fin, sintió la tentación y el ánsia que dá la fruta
+puesta al alcance de la boca del niño.
+
+Primero quedó suspenso con el pasmo de la sorpresa, luego se dijo con la
+velocidad del pensamiento que cuanto había en aquel maravilloso recinto
+y cuanto realzaba la belleza de aquella mujer extraordinaria, había bajo
+una u otra forma nacido entre sus manos. Carbón arrancado a las entrañas
+de la tierra y convertido en torrentes de claridad; cristales fundidos
+por aquel horno que secó su garganta; hierros forjados al fuego en que
+se abrasó los dedos; sedas teñidas en aquellas substancias que le
+envenenaron los pulmones; todo, ¡todo! había contribuido a formarlo, y
+nada, ¡nada! era para él. Entonces Luz se ofreció a su deseo como
+creación maravillosa en que él había puesto hueso de sus huesos y sangre
+de su sangre, hasta convertirla en el compendio de las dichas humanas.
+¿Por qué no había de pertenecerle? ¿Habrían de vivir eternamente juntos
+y separados a la vez, como la cortesana y el esclavo? ¿Qué ley cruel lo
+disponía? ¿Quién la escribió?
+
+El espectáculo de la riqueza le llenó de asombro; la privación de lo que
+otros disfrutaban espoleó a la envidia; la ignorancia cerró a la
+abnegación el paso; la conciencia le dijo que su ambición era justa;
+miró a Luz con codicia, y en el fondo de su alma surgió el deseo de
+gozarla o la resolución de destruirla.
+
+Así se hallaron frente a frente la personificación de todas las
+grandezas acumuladas por los tiempos y el representante de una raza que
+contribuyó a crearla para delicia de otros.
+
+Juan poseído de una pasión que daba espanto, tendió hacia ella los
+brazos. Luz, al principio sonrió despreciativamente, pero al sentir las
+manos callosas sobre el pecho, dio voces, lanzó gritos de angustia; y en
+su auxilio acudieron tres hombres.
+
+
+III
+
+El primero, que parecía consumido por el estudio, la riqueza y los
+vicios, dijo a Juan casi medrosamente, acompañando la frase con ademanes
+oratorios:
+
+--Su amor no se alcanza por fuerza... Puedes llegar a lograrlo, pero no
+así. ¿Cómo ha de amarte si tus caricias son zarpazos? Adquiere
+instrucción y cultura. Eres libre... Ejercita los derechos que te
+permiten igualarte a los que somos preferidos.
+
+El segundo, que vestía ropa negra y talar, le dijo endulzando el
+desengaño con acento meloso:
+
+--El amor de esa mujer no es para tí. Conténtate con su caridad. Los
+favoritos de ahora son los dichosos de aquí bajo... Tú serás de los
+bienaventurados allá arriba. ¡Hay otra vida! ¡Cree, sufre y espera!
+
+El tercero de aquellos hombres, que ceñía espada y llevaba en el traje
+bordados de oro, le dijo ásperamente:
+
+--Si das un paso más hacia ella te mataré con este arma que tú mismo has
+forjado.
+
+Juan salió profiriendo amenazas: y Luz quedó al oírle extremecida de
+pavor, como la ciudad de las rameras ante la voz de los Profetas.
+
+
+IV
+
+Poco tiempo después una explosión formidable destruyó la soberbia
+morada. Lienzos en que el genio imitó la Naturaleza, mármoles en que
+palpitó la vida, páginas preñadas de ciencia y poesía, prodigios del
+arte y maravillas de la industria... todo fue destruido, y sobre un
+montón de escombros humeantes quedó Luz aún viva, pero desgarradas las
+carnes, bañada en su propia sangre, espantosa, mutilada y deforme.
+
+Juan confesó el delito con altanería y se dispuso a purgarlo con valor.
+¿Qué le importaba morir? Su crimen fue salvaje, porque lo aconsejaron el
+deseo frustrado y la razón escarnecida, pero su causa era justa. El
+delincuente se consagró mártir. Otros tan desdichados como él vendrían
+detrás. Luz habría de sentarles a su mesa en el banquete de la vida y
+darles la parte de amor que les correspondiese, o resignarse a perecer.
+
+No se repliega el viento a los senos misteriosos donde nace, ni el agua
+retrocede a las fuentes en que brota; pero el espíritu está sujeto al
+atavismo como el cuerpo a la herencia. Juan era hijo del camino.
+
+Fue condenado a muerte, y llegada la hora tremenda, entró con pie firme
+y ánimo sereno en la capilla; lugar en que, dudosa de sí misma, busca la
+justicia humana complicidad en la divina.
+
+Allí le esperaban los tres personajes que ampararon a Luz. Uno
+representaba la ley: otro mandaba la fuerza armada; el tercero le
+ayudaría a bien morir.
+
+Faltaban pocos minutos para subir las gradas del patíbulo, cuando, por
+especial permiso de quien podía concederlo, entró en la estancia un
+hombre con un papel en la mano. Tomolo el sacerdote y pasando por el
+escrito los ojos, dejó enseguida caer los brazos a lo largo del cuerpo.
+
+--¿Es el indulto?--preguntó Juan, sin miedo ni esperanza.
+
+--No es una carta de tu madre. Te infundirá valor. Toma y lee.
+
+Juan la estrujó contra sus labios en silencio, lloró sobre ella, y
+devolviéndosela al ministro de Dios, repuso amargamente:
+
+--¡No me han enseñado! ¡No sé!
+
+* * * *
+
+
+
+
+LOS TRIUNFOS DEL DOLOR
+
+
+En una extensa planicie formada por tierras de panllevar, estaba la casa
+solariega de los Niharra, donde descuidada del mundo, cuidadosa de su
+hacienda y soñadora con sus recuerdos, vivía doña Inés, a quien en los
+contornos apellidaban _la Santa_. Nombrarla en la comarca era casi, y
+para muchos sin casi, nombrar a la Providencia; porque a veces, quien
+imploraba algo del cielo, que lo puede todo, solía no alcanzarlo,
+mientras ella nada negaba estando en su mano concederlo. Perdonar
+arriendos, rebajar censos, dotar doncellas y redimir mozos de quintas,
+era para doña Inés el pan nuestro de cada día. De sus armarios salían
+las ropas para los pobres; de su despensa los comestibles para los
+desvalidos; de sus trojes el grano para los labradores arruinados;
+costeaba médico y botica; por su precepto, iban los niños a la escuela;
+con su prudencia enfrenaba discordias, desvanecía rencores, y añadiendo
+a la limosna que puede dar el rico la compasión que solo siente el
+bueno, siempre y para todos, tenía piedad en el corazón y consuelo en
+los labios. Si alguna vez se ensoberbeció la ingratitud contra ella,
+supo ahogarla a fuerza de beneficios; así que por dónde quiera que iba,
+salían las gentes a su paso, muchas a pedir, y muchas más, aunque
+parezca increíble, a mostrarse agradecidas. Las frases de bendición y de
+respeto que escuchaba, la riqueza que le permitía hacer tanta caridad y
+el justo regocijo de su conciencia, sobre todo, debieran de infundirle
+aquella tranquilidad de espíritu en que la verdadera felicidad se funda,
+y sin embargo, no daba señales de ser dichosa.
+
+Al recuerdo de amores contrariados no había que achatarlo; primero,
+porque ni su lenguaje, ni su rostro, delataban la tristeza apacible,
+pero indeleble, que deja en los resignados el dolor; y, además, porque
+los años todo lo aminoran, y ella contaba tantos, que bien podían
+haberle ido borrando del pensamiento las memorias tristes, por muchas
+que tuviese.
+
+Sus ojos, y su boca no sonreían con la tranquila melancolía de quien
+sufre, porque recuerda; ni eran los suyos sinsabores, medio consumidos,
+y acaso poetizados por el tiempo: eran penas vivas, recientes, de las
+que la imaginación agrava cada día y roban más sueño cada noche. Ante
+aquella mujer, buena y sin ventura, el alma se sentía invadida de tedio
+y desesperanza, porque aún engendra más escepticismo la desdicha del
+justo, que la prosperidad del malo.
+
+* * * *
+
+Tenía dos hijos: Marcelo y Luciano, de tan opuesta inclinación, que
+nunca pudieron vivir en paz. Cuando niños fueron sus juegos diferentes,
+cuando jóvenes distintas sus aspiraciones, y hechos hombres, antagónicos
+sus ideales, de modo que jamás hubo entre ellos concordia ni armonía.
+Marcelo era apasionado y vehemente, todo imaginación y viveza: Luciano
+reflexivo y tranquilo, todo razón y calma: uno, impulsado por su
+fantasía, se deleitaba en las especulaciones del espíritu, poetizándolas
+con el encanto del misterio y prestando fe a lo que su entendimiento no
+alcanzaba: otro, sin más guía que la investigación y el análisis,
+estudiaba el carácter de los fenómenos y el origen de las cosas hasta
+arrebatarles sus secretos, dando solo el augusto nombre de verdades a
+las demostradas por la observación y la experiencia.
+
+Para Marcelo el alma era inmortal como su Creador, señora de sí misma;
+los hechos fruto de las ideas, y la verdad el resplandor de la
+revelación: para Luciano causas y efectos, hechos e ideas se confundían
+en el seno de la Naturaleza, deidad esquiva y desdeñosa, que no con
+oraciones, sino sólo con trabajo y estudio, se deja arrebatar los
+bienes: a Marcelo le bastaba el pensamiento para abismarse en la
+contemplación de lo divino hasta sentir en los arrobos del éxtasis la
+clara visión de Dios: Luciano creía que el destino del hombre es luchar
+con la materia, vencerla, y luego perderse confundido y sumado con ella
+para siempre.
+
+Sólo en un punto estaban de acuerdo: en adorar a su madre, que distante
+por igual del fanatismo de ambos, vivía consagrada a endulzar amarguras
+y aminorar desdichas, sin preguntar jamás cómo pensaba el que sufría.
+Doña Inés, por su perfecta imparcialidad en el reparto de la limosna y
+el consuelo, antes buscaba al dolor mismo que a su víctima; iba hacia el
+infortunio como corre el agua dulce de los ríos hacia el mar, sin
+arrancarle nunca su amargura salobre, pero sin cansarse jamás; mientras
+sus hijos aunque animados, en el fondo del mismo espíritu de caridad,
+perdían el tiempo en el estéril empeño de descifrar lo incognoscible.
+
+Marcelo siguió la carrera eclesiástica, Luciano estudió medicina, y
+ambos simultáneamente, por su virtud, y su mérito, llegaron a ser, uno
+espejo de sacerdotes, y otro modelo de hombres de ciencia; citándose al
+par en el mundo como justamente envidiables, la gloria alcanzada por
+Marcelo en el pulpito y los concilios, y el prestigio conquistado por
+Luciano en los laboratorios y hospitales.
+
+De su madre no se olvidó ninguno. A servirla y cuidarla asistían con
+cariñosa frecuencia, pero nunca iban a verla al mismo tiempo, porque los
+años, aferrándoles a sus ideas habían exacerbado su doble
+intransigencia.
+
+De hallarse juntos, Marcelo habría tachado de abominables e impíos los
+trabajos de la ciencia moderna, y Luciano hubiera escarnecido todo
+respeto a lo sobrenatural y dogmático.
+
+Ni la religión ni la ciencia supieron hacerles mansos de corazón. La
+única virtud que les faltaba era la tolerancia.
+
+* * * *
+
+Al cabo de mucho tiempo recibieron aviso de que su madre se moría, y
+casi a la misma hora, sin temor a encontrarse, llegaron a la antigua
+casa solariega. Para entrar en ella les fue preciso cruzar por entre los
+grupos de campesinos, que abandonando sus hogares, acudían a saber de
+doña Inés.
+
+Subieron al cuarto de la enferma, que vencida ya por la dolencia, no
+pudo conocerles, y considerando ambos la situación gravísima, cada cual
+obró como quien era.
+
+Marcelo dijo que si su madre recobraba el sentido, la prepararía
+inmediatamente a bien morir: sin más que un reclinatorio, un crucifijo y
+dos velas, improvisó un altar a la derecha de la cama y sacando de bajo
+los hábitos un libro se puso en oración.
+
+Luciano, después de hablar largamente con el médico que la había
+asistido, para enterarse de la índole y progresos del mal, resolvió no
+apartarse de allí un momento, apurando cuantos recursos le sugiriese
+aquella ciencia que tanto amaba, y de que entonces había menester más
+que nunca.
+
+El cuarto día a contar desde su llegada, fue tristísimo. La pobre
+anciana parecía irse consumiendo como haz de leña seca y menuda,
+abrasada por un fuego invisible. Su cuerpo endeble, pequeñuelo, e
+inmóvil, apenas formaba bulto bajo las ropas del lecho; la respiración
+era tan débil que casi no hubiera empañado la superficie de un espejo.
+
+Marcelo continuaba orando.
+
+Luciano paseaba en silencio desde el dormitorio a la estancia contigua,
+y con la mano derecha metida en el bolsillo del chaleco, acariciaba
+nerviosamente un pequeño frasco de cristal.
+
+Al caer la tarde, creyendo observar en el estado de la enferma la
+presentación de síntomas aterradores, llamó por señas a su hermano,
+llevole lejos de la cama, y mostrándole el pomo, que contenía quince o
+veinte gramos de un líquido transparente e incoloro, le dijo:
+
+--Voy perdiendo toda esperanza... ya no hay remedio.
+
+--La misericordia de Dios es infinita--repuso Marcelo.
+
+--Escucha--prosiguió Luciano--esto que parece agua, es el alcaloide
+extraída de una planta del extremo Oriente, que nadie antes que yo ha
+empleado en medicina: yo mismo lo he preparado... pero la
+experimentación me ha producido efectos que aún no puedo someter a
+principios fijos. Cuatro gotas de esto pueden, tal vez, ahora, retrasar
+la catástrofe; acaso consigamos una reacción, una crisis que devuelva a
+madre la salud... pero el remedio va a obrar en un organismo muy
+gastado, sin resistencia ni vigor, y si no tiene fuerzas para soportarlo
+se muere... es decir, la matamos. En una palabra; esto puede ser la vida
+y puede ser la muerte; es una probabilidad, no es la certidumbre de
+salvarla...
+
+Los ojos de ambos estaban nublados de lágrimas.
+
+Ya no había en aquellos dos hombres encono ni aversión: la amenaza de
+la muerte parecía restaurar en sus corazones la fraternidad que su
+pensamiento había roto.
+
+--Esperaremos--dijo tímidamente Marcelo al cabo de unos instantes.--Y
+volvió a arrodillarse en el reclinatorio.
+
+Luciano, dejando sobre la mesa el frasco, se colocó a los pies de la
+cama y permaneció sin apartar la vista de su madre.
+
+Pasó la noche. ¡Qué largas les parecieron las horas, qué medroso el
+silencio, qué alarmante cualquier rumor, y cómo les desazonaba el ruido
+metálico y acompasado del reloj, que en cada oscilación del péndulo
+parecía llevarse un instante de aquella vida que era para ellos el mayor
+tesoro del mundo!
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+Por un balcón de la estancia inmediata, dejado entreabierto para renovar
+la atmósfera, comenzó a soplar el aire saturado de aromas campestres,
+oyose el canto vigoroso de los gallos, y primero en vago resplandor,
+luego en torrentes de claridad, entró la luz del día, saludado con
+maravillosos gorjeos por los millares de pájaros que rebullían entre el
+ramaje de las huertas. Cuanto venía de fuera significaba llamamiento a
+la renovación y la vida; mientras allí dentro la inacción y el silencio
+parecían ir allanando su camino a la muerte.
+
+Marcelo seguía rezando.
+
+Luciano había puesto sobre la mesa donde estaba el frasco, una copa con
+un cortadillo de agua, a la cual era preciso unir el medicamento: todo
+lo tenía preparado, y sin atreverse a intentar la horrible prueba, iba y
+venía de un cuarto a otro, mirando alternativamente al frasco y a la
+copa.
+
+Al cabo de muchas horas de aplanamiento y laxitud, doña Inés pareció
+reanimarse, abrió los ojos y cambiando de postura murmuró algunas
+frases incoherentes. Entonces Luciano alargó la mano hacia la mesa,
+cogió el frasco, lo destapó... y enseguida, de pronto, bruscamente, como
+acobardado, volvió a dejarlo de golpe donde estaba.
+
+Al ruido alzó Marcelo la cabeza, y viendo retratada en el rostro de su
+hermano la perplejidad y angustia que sentía, fue hacia él,
+preguntándole por lo bajo:
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Mira--repuso señalando a su madre--se ha movido, ha hablado, está más
+fuerte... tal vez pudiera resistirlo. Este es el instante oportuno... ¡y
+no me atrevo! ¡Si estuviéramos en la clínica! ¡Si no fuera ella!
+
+--¿Tú crees que se salvaría con... eso?
+
+--En casos análogos... unas veces el medicamento ha respondido... otras
+ha fallado.
+
+De repente, doña Inés, incorporándose sola en el lecho y con voz apenas
+perceptible, murmuró:
+
+--¡Agua!
+
+Ellos se contemplaron de hito en hito; silenciosamente, leyéndose en los
+ojos la incertidumbre que les consumía, mientras la anciana repitió
+sordamente:
+
+--¡Agua!... ¡Agua!
+
+Aquella voz que temían no volver a escuchar nunca les removió el fondo
+del alma, agitando y trastornando de tal modo sus ideas, que cada uno,
+sin darse cuenta de ello, buscó la salvación de lo que amaba, no en los
+medios que le eran peculiares y propios, sino en aquello mismo que por
+serle ajeno, desconocido y contrario, adquirió a sus ojos las
+proporciones de lo maravilloso.
+
+En aquel momento supremo vaciló la fe del creyente y se quebrantó la
+incredulidad del esceptico: el místico se sintió mordido por la duda y
+el desengañado se dejó seducir por la esperanza. Todo lo trastornó el
+brutal zarpazo del dolor.
+
+Luciano, el médico, cayó de rodillas ante el crucifijo adorando a Dios
+en espíritu y en verdad. Marcelo, el sacerdote, se aproximó a la mesa,
+tomó el frasco, vertió unas cuantas gotas de su contenido en el agua, y
+sosteniendo con una mano a la enferma le hizo con otra beber el líquido
+misterioso. Mientras el médico pedía misericordia al cielo, el sacerdote
+se echaba en brazos de la ciencia.
+
+* * * *
+
+¿Llegó al cielo la plegaria? ¿Obró la substancia química sobre el
+organismo?
+
+* * * *
+
+De allí a poco doña Inés comenzó a mejorar, recobró la salud y fue de
+nuevo durante algunos años alivio de pobres y consuelo de tristes.
+
+Los dos hermanos procuraron desde entonces no hallarse frente a frente.
+Cada uno de ellos era poseedor del secreto del otro y ambos se sentían
+avergonzados por aquel pasajero desfallecimiento que a nadie confesaron.
+
+Quedoles el convencimiento de que en el mundo había algo que les era
+común y propio por igual, algo que todo lo perturba y equipara: el
+Dolor, deidad suprema que puede sembrar la duda en el espíritu del
+creyente y hacer que brote la esperanza en el pensamiento del incrédulo;
+pero alejado el peligro renació en su corazón la intransigencia, y ni
+Luciano atribuyó poder a su oración, ni Marcelo creyó en la eficacia del
+remedio.
+
+
+
+
+LOS FAVORES DE FORTUNA
+
+
+I
+
+No hay divinidad a quien se rinda culto más sincero y universal que a la
+Fortuna. Los hombres desde que empiezan a serlo, en lo que llaman edad
+de la razón le consagran la vida. Fortuna en cambio con la esperanza les
+atrae, con la codicia les excita, con la molicie les corrompe, o con la
+soberbia les ciega, hasta que enseñoreada de ellos, les deja unas veces
+que realicen su ambición y otras que satisfagan su apetito. Nadie la
+desprecia sin que le llamen loco, a ninguno que la logra se le
+considera necio; de unos se deja conseguir por la astucia, a otros se
+somete por capricho, los más se arrojan a conquistarla, los menos
+procuran merecerla: es tal su perversión que gusta de que la tomen por
+fuerza, y es tan grato su imperio y son tan dulces sus halagos que luego
+de poseída no hay debilidad en que el animoso no incurra por
+conservarla, ni fortaleza que el apocado no intente por no perderla. Sus
+amantes son infinitos, y a ellos se entrega como cortesana que ni cuida
+de escogerlos, ni piensa en lo que le sacrifican, ni estima lo que les
+concede, ni repara en cuándo se lo quita. Con unos parece que se
+encariña desde que nacen, y les colma de dones toda la vida: a otros
+sonríe sólo en la vejez para amargarles la muerte; y hasta más allá del
+sepulcro llega su influjo, pues ni deja que sea cada cual llorado según
+su mérito ni reparte con justicia la gloria. No hay grande de la tierra,
+por ensalzado que esté, a quien no pueda poner más en alto todavía; ni
+humilde, por bajo que se halle, a quien no sepa encumbrar sobre el
+primero. Reparte sus dones unas veces complaciéndose en detenerse para
+colmar deseos, y otras los deja caer a la carrera para que queden las
+alegrías truncadas y los placeres incompletos. Pasa estúpidamente desde
+la prodigalidad a la avaricia, y desde la esplendidez a la miseria: su
+amor ciega, su desdén mata, a unos envilece, a otros trastorna; es la
+eterna Dulcinea engañosa para nuestra locura, y encantada para nuestra
+razón: niega lo que se le implora, da lo que no se le pide, todo lo
+tiene, y todo lo derrocha. Sólo dos cosas negó la Naturaleza a la
+Fortuna, que ni puede hacer generoso al mezquino, ni consigue acallar el
+remordimiento en la conciencia del malvado.
+
+
+II
+
+Pero ya no es Fortuna la gloriosa divinidad pagana que recibía culto en
+las aras ceñidas de mirto, ni recorre el mundo en una rueda, mostrando
+desnuda la majestad de su hermosura: se ha hecho un palacio que es
+centro y emporio de las grandezas modernas, y en vez de un santuario de
+diosa habita un camarín de cortesana, donde por ásperas cuestas y
+empinadas pendientes suben los que la solicitan echándose a la espalda
+cuanto les pesa o les estorba. La ambición les guía, el amor propio les
+alienta, el egoísmo les sostiene, la impudencia les basta, y entre los
+riscos del camino se van dejando, sin sentirlo, la hombría de bien, la
+amistad y el cariño. Muchos emprenden la jornada: los más se rinden,
+pocos la terminan, y al llegar con el corazón helado por el frío de la
+cumbre, se desvanecen con la altura, imaginando ver empequeñecido y
+diminuto lo que dejaron en el llano. Luego Fortuna les atormenta con
+esquiveces, les engolosina con veleidades, y tanto se hace desear, o
+pone tal precio a sus caricias, que algunos al conseguirla, echan de
+menos lo que inmolaron por gozarla. Unos le sacrifican la honradez,
+otros la fe; quién ahoga brutalmente la concienciar el que menos, pierde
+por ella la vergüenza. Es, en fin, la gran ramera de la vida, que se
+resiste al esforzado, se entrega al ruin, a cualquiera se vende, y hasta
+de largo en largo se deja conquistar por el bueno, convirtiéndolo en
+blanco de envidiosos.
+
+
+III
+
+En cierta ocasión se enamoraron de Fortuna tres hombres: Carlos Tizona,
+mozo de arrojo extraordinario, para quien la mejor razón era la espada:
+el doctor Infolio, que sin ser viejo casi lo parecía de tanto haber
+estudiado; y un tal Lepe, último vástago de una familia proverbial por
+lo lista. Tizona de todo era capaz, Infolio no ignoraba nada, y a Lepe
+se le ocurría siempre lo mejor; de suerte que si las condiciones de los
+tres se reuniesen en uno, fácilmente se hiciera señor del mundo. Eran,
+por sus distintas facultades y por el grado en que las poseían, la
+personificación de las tres potencias más enérgicas y eficaces de la
+vida: el valor, que nada teme; el trabajo, que de todo triunfa, y el
+ingenio, que allana cuanto intenta.
+
+Al enterarse, cada uno de ellos de que también amaban los otros a
+Fortuna, faltó poco para que vinieran todos a las manos. Tizona quiso
+esgrimir la de su nombre, Infolio perdió la serenidad, y a Lepe le
+descompuso la ira. Ya iban a reñir, cuando este último, en un instante
+de lucidez les dijo de este modo:
+
+--¿Por qué luchar y aborrecernos si aún no sabemos en cuál se ha de
+fijar Fortuna? Seamos amigos, hasta que ella escoja, por lo menos; no
+sintamos la envidia antes de que haya quien saboree el placer.
+Emprendamos juntos la jornada, si queréis, o siga cada cual la senda que
+le acomode hasta llegar al palacio de Fortuna.
+
+--Yo no voy con vosotros--gritó Tizona sin ocultar su pensamiento--pues
+sé un atajo por dónde, si no me estrello, llegaré enseguida.
+
+--Yo--replicó Infolio--quiero también ir solo, porque en largos años de
+trabajo he discurrido un mecanismo para subir las pendientes sin
+esfuerzo.
+
+Oído lo cual, añadió Lepe:
+
+--Pues vaya cada uno por su lado; alguien he de encontrar que me lleve
+en coche o a la grupa, que yo no subo andando.
+
+Despidiéronse con la sonrisa en los labios, aunque odiándose, y puesto
+el pensamiento en su ambicioso propósito, emprendieron a hora distinta y
+por diversos lugares el camino.
+
+
+IV
+
+Pasó mucho tiempo, sin que ellos mismos pudieran precisar el número de
+años transcurridos: porque las esperanzas y fatigas les hicieron perder
+la cuenta, hasta que una mañana, cuando menos lo esperaban, al dar
+vuelta a un recodo, se encontraron casi simultáneamente en la esplanada
+que rodeaba el alcázar dónde vivía la dama de sus pensamientos.
+
+Lepe llegó el primero, y al parecer de buen humor, pero con los labios
+plegados por una sonrisa de incredulidad que daba pena; Infolio era un
+anciano achacoso, gastado e impotente para gozar lo que soñaba; Tizona
+traía melladas las armas, el cuerpo cosido a cicatrices, y alguna herida
+fresca todavía.
+
+Saludáronse ceremoniosos, sin mostrarse simpatía ni sentir rencor:
+ninguno preguntó a los otros la historia de su viaje, y como Dios o el
+diablo les dieron a entender, procuraron entrar en el recinto
+misterioso.
+
+Tizona, viendo cerradas las verjas, a riesgo de matarse, escaló una
+ventana: Infolio, dijo tan admirables cosas propias y ajenas,
+colocándose ante la puerta, que sus hojas, dejándole paso, se abrieron
+solas, y entonces Lepe se coló dentro astutamente.
+
+A los pocos momentos estaban en la antecámara del ídolo. Sólo les
+separaba de él una cortina sutil e impenetrable, que cayendo desde la
+techumbre hasta el suelo, semejaba el velo de un lugar sagrado.
+
+Ninguno se atrevió a descorrerla, y absortos de estupor, febriles de
+impaciencia, esperaron, fija la vista en los amplios pliegues que ponían
+estorbo a sus deseos.
+
+De pronto, se abrieron los paños como rasgados de alto a bajo, y dejaron
+ver un instante el ámbito de la estancia que ocultaban. El santuario de
+Fortuna era una alcoba. Hacia el fondo sonó el estallido desigual de un
+beso doble, y enseguida, salió tranquilamente un hombrecillo
+insignificante, feúcho, pequeñuelo y vulgar, que con aire de triunfo
+venía estirándose los puños y acariciándose la barba. Entonces los que
+esperaban se avalanzaron hacia él entre humillados y rabiosos gritando y
+preguntándole a grandes voces:
+
+--¡Profanación!
+
+--¿Quién eres?
+
+--¿Por dónde has subido?
+
+Mientras el feliz mortal, mirándoles sin comprender su indignación,
+respondía con la mayor frescura:
+
+--Soy Perico Mediano, y he subido por la escalera de servicio.
+
+
+
+
+LAS PLEGARIAS
+
+
+I
+
+Al dar la una y media comenzaron a despedirse los contertulios: a las
+dos sólo quedaban en el magnífico salón los dueños de la casa, marido y
+mujer, ambos jóvenes, hermosos y al parecer felices: él se puso a leer
+un periódico de la noche y ella se entretuvo escribiendo con un lápiz de
+oro al dorso de una tarjeta las visitas y compras que pensaba hacer al
+día siguiente.
+
+Después hablaron un rato de cosas de poca monta, y, por fin, ella,
+levantándose de pronto, le dijo mirándole amorosamente:
+
+--Me voy a recoger el pelo. ¿Tardarás?
+
+--Acuéstate. Enseguida voy.
+
+Luego de retirarse la dama, el hombre pasó del salón a su despacho, que
+era la habitación contigua, y oprimiendo un resorte oculto entre los
+cortinajes, dio luz a las lámparas eléctricas.
+
+Los muros estaban cubiertos de verdaderos tapices góticos, los estantes
+llenos de buenos libros, en un testero había un magnífico retrato de
+familia a cuyos lados brillaban dos panoplias de armas antiguas, y en
+otro lienzo de pared destacaba sobre el fondo multicolor y borroso del
+tapiz un santo pintado por Zurbarán. Cuanto allí había era prueba de
+exquisito gusto, cultura y riqueza bien empleada. Indudablemente el lujo
+de relumbrón, las antiguallas falsificadas y los caprichos absurdos
+impuestos por la moda, no tenían entrada en aquella casa.
+
+Sentose el caballero ante la mesa, sacó de un cajón una cartera, y tras
+consultar rápidamente varios papeles, apuntó, poco más o menos de este
+modo, lo que se proponía hacer al otro día:
+
+«Carta al administrador de Terrones para que perdone la mensualidad a
+los colonos perjudicados por la nube del mes pasado, y les dé lo
+necesario para la siembra.--Al mayordomo de Valhondo que libre de
+quintas al hijo del guarda.--Decir al ministro que no voto a favor de la
+desviación del canal, porque no conviene a los intereses de aquellos
+pueblos.--Mandar, según costumbre, lo que haga falta en el Monte para
+desempeñar las herramientas de trabajo y máquinas de coser cuyas
+papeletas venzan este mes.»
+
+Todo lo cual indicaba que aquel rico merecía serlo.
+
+Después guardó la cartera, cerró el cajón, y recostándose en el sillón,
+permaneció largo rato ensimismado y como abstraído por sus pensamientos.
+
+Poco a poco fue dibujándose en su rostro un gesto de inexpresable
+amargura, luego dobló la cabeza sobre el pecho, y enseguida, enderezando
+a Dios el pensamiento, dijo mentalmente de este modo, no con palabras
+aprendidas de memoria, sino con aquellas espontáneas y sinceras razones
+que, inspiradas en verdadera piedad, no pueden menos de llegar a dónde
+van dirigidas:
+
+«¡Un día más... y un día menos! No he hecho mal a nadie, y he procurado
+algún bien. Permíteme, Señor, que pueda decir lo mismo mañana. No
+faltándome tu favor, estoy seguro de mi voluntad... Me has hecho rico,
+es decir, depositario de lo que destinas a los pobres, y al remediar los
+males del prójimo imagino cumplir tus mandatos. No me desprendo de nada
+mío, sino que doy a cada cual lo que quieres que sea suyo; si más me
+dieres, más distribuiría; y si de todo me privases, mi único dolor sería
+ver desdichas sin poder remediarlas... Por Tí he comprendido que la
+verdadera sabiduría estriba en combatir odios y sofocar rencores:
+procuro ser justo; pero no me has hecho feliz. Tú sabes lo que falta a
+mi dicha. Te pido un hijo. Quiero tenerlo para que aprenda a ensalzarte
+como Te gusta ser ensalzado, que es sometiendo la maldad a la justicia,
+acercando la compasión al dolor; y quiero también ser padre, porque no
+es bueno que se seque el árbol sin dejar retoño. Mi esposa me ama tanto
+como yo a ella, pero nuestro lecho es estéril. ¡Señor! Dame un hijo para
+que te ame con dos vidas y te sirva con dos voluntades.»
+
+De pronto sonó a lo lejos una voz femenina que llamaba cariñosamente; el
+caballero apagó la luz, y a oscuras, andando a tientas, que es como el
+hombre camina hacia la felicidad, salió en busca de su mujer.
+
+
+II
+
+Varía la decoración y son otras las personas.
+
+En un miserable sotabanco habita un matrimonio pobre. El marido fue
+empleado y quedó cesante sin auxilio, amparo ni valimiento; la mujer,
+que era menestrala, enfermó durante el primer embarazo y fue despedida
+del taller: rápidamente pasaron de la escasez a la pobreza y de la
+pobreza a la miseria; pero como eran jóvenes y se querían mucho, nada
+contuvo su pasión. En seis años de matrimonio tuvieron otros tantos
+hijos.
+
+* * * *
+
+La noche era horrible: los vidrios rajados o mal juntos dejaban paso al
+frío por roturas y resquicios: no había rescoldo en el fogón, ni cisco
+en el brasero, ni provisiones en la alacena, ni casi ropas en las camas,
+porque el carbonero ya no fiaba, ni el tendero se compadecía, ni el
+prestamista devolvía las mantas sin que le pagasen lo estipulado; y los
+pequeñuelos lloraban y los mayorcitos pedían pan, mientras los padres se
+miraban silenciosa y desesperadamente, ya pronto el hombre a toda maldad
+y dispuesta la mujer a todo sacrificio.
+
+Más tarde, cuando el marido se fue a acostar, renegando de Dios y
+maldiciendo de los hombres, ella dio un beso a cada niño, y enseguida,
+postrándose de rodillas ante una grosera estampa de Cristo pegada en la
+pared, comenzó a orar entre dientes.
+
+Rezó primero el Padre Nuestro, luego el Credo después muchas Salves y
+Ave Marías, cuanto aprendió de niña sin saber lo que significaba, y por
+último, buscando en las reconditeces de su alma acentos propios,
+inspirados en la magnitud de su desventura; dijo alzando los ojos y
+clavándolos en la estampa: «¡Señor! ¡Piedad, misericordia! ¡Que no se
+mueran estos niños! ¡Pan, nada más que pan!»--Y dejando caer la cabeza
+sobre el asiento de una silla que tenía delante, permaneció en oración
+largo rato, hasta que el marido la llamó desde el jergón que les servía
+de cama, diciendo:
+
+--Ven, hija, ven y trae cualquier cosa para arroparnos, que aquí no se
+puede parar de frío.
+
+
+III
+
+En los altos cielos, espacios eternamente misteriosos y negados por
+siempre al pensamiento humano, allí donde solo llegan los desvaríos de
+la imaginación y los arrobos de la fe, resonaban dos voces de acento
+sobrenatural y prodigioso. La una era majestuosa, imponente y dulce
+sobre toda ponderación; la otra era voz humana, dignificada y
+ennoblecida por la santidad.
+
+--¡Pedro!--dijo la primera.
+
+--Señor--repuso con humildad la segunda.
+
+--¿Hay algo?
+
+--Lo de siempre. Peticiones de la ambición, exigencias de la codicia,
+vanidades del amor propio, arrogancias de la soberbia, desafueros de la
+maldad, sollozos de dolor y bostezos de hambre.
+
+--A esos hay que atender primero.
+
+--Señor, es que son muchos los que piden y pocos los que agradecen.
+
+--No importa. Coge a manos llenas los bienes y déjalos caer sobre los
+limpios de corazón.
+
+* * * *
+
+Pasado algún tiempo, el matrimonio rico heredó una considerable fortuna
+que acreció la suya. Fue aquello como golpe de agua que, dejando acaso
+estéril la llanura, engrosa el caudal de otra corriente: y en el hogar
+del matrimonio pobre nació el séptimo hijo.
+
+Los afortunados no agradecieron lo que les sobraba, y los infelices casi
+maldijeron lo que no habían pedido.
+
+* * * *
+
+Entonces resonaron de nuevo en las alturas las voces misteriosas:
+
+--¡Pedro!
+
+--¡Señor!
+
+--Mis órdenes se cumplen mal--dijo la voz de imponente e inefable
+dulzura--a pesar de mis bondades suben de la Tierra lamentos de dolor
+que mueven a piedad.
+
+--Los del planetilla revoltoso no hacen más que pedir. Nadie quiere
+penar; todos creen merecer. Ninguno acepta su misión fatal e ineludible,
+ni se resigna a cumplirla. Imaginan que la vida debe ser la felicidad,
+cuando es sólo ocasión de conseguirla.
+
+--Es que yo no soy el Destino ciego, sino la Providencia bondadosa.
+¡Felices! ¿Por qué no han de serlo? En verdad te digo que el hombre no
+comprenderá nunca la majestad del dolor. De hoy más, a quien pida con fe
+para obrar con caridad, désele todo. Hay que reorganizar este
+negociado.
+
+
+
+
+EL NIETO
+
+
+El general don León Bravo de la Brecha y Pérez Esforzado, décimo cuarto
+conde de la Algarada de Lucena, primer marqués de Durobando, noble hasta
+la médula de los huesos, senador por derecho propio, modelo de
+caballeros, carácter de acero y corazón de oro, feo de rostro y
+hermosísimo de alma, era hombre que haciéndose querer inspiraba respeto,
+mas en tal grado religioso, autoritario y linajudo, en una palabra, tan
+montado a la antigua que parecía la viva encarnación de todos aquellos
+ideales que cumplida su misión en la vida, van quedando honrosamente
+almacenados en la historia por la inflexible mano del tiempo.
+
+A bueno nadie le ganaba, a severo le aventajaban pocos, y en punto a
+reaccionario no había quien le igualase. Fue feliz durante casi toda su
+vida, porque la Fortuna le halagó propicia, siendo para él en la
+juventud novia cariñosa, en la edad viril mujer amante y luego sumisa
+compañera; únicamente en la vejez, cuando creía tenerla más sujeta,
+comenzó a mostrársele rebelde, como hembra cansada de ser fiel mucho
+tiempo.
+
+El general veía con pena que cuanto amparó con su prestigio y cuanto
+defendió con su espada se iba desmoronando. La fe se bastardeaba
+convirtiéndose en devoción superficial y mundana; las clases sociales se
+fundían derretidas por la fiebre del oro; el principio de autoridad
+cedía en vez de resistir; todo lo que él consideró esclarecido y alto
+tendía a oscurecerse y caer, todo lo vil y bajo a brillar y subir; lo
+poco antes calificado de utopia era casi realidad, los sueños se hacían
+tangibles y a las amenazas se respondía con reformas; lo que en su
+mocedad se dominaba a tiros, ahora se arreglaba con fórmulas.
+
+Su mayor pena, su disgusto más hondo consistía en ver a su propio hijo
+participar de las ideas nuevas y sentarse como diputado en los bancos de
+una minoría liberal apoyando las que él llamaba soluciones avanzadas, y
+al pobre viejo le parecían herejías contra lo más santo y ataques a lo
+más respetable.
+
+Por mucho que cavilase, no se daba cuenta de cómo aquel hijo, educado
+por padres escolapios, había salido volteriano hasta votar la tolerancia
+religiosa e importarle un bledo que el Papa estuviese cautivo. Cuando le
+oía afirmar que era monárquico y enseguida que la idea de Patria no es
+consustancial con la monarquía, se le llevaban los demonios, y
+finalmente a punto estuvo de desheredarle sabiendo que durante las
+elecciones asistió a una reunión de distrito donde solicitó el voto de
+lo descamisados.
+
+Mas como todo está compensado en la vida, la amargura ocasionada por
+aquellas ideas del hijo tenía contrapeso y hasta recompensa en lo que
+prometía el nieto.
+
+Siete años acababa de cumplir Pepito y por sus tendencias dominadoras,
+por su carácter resuelto y su geniecillo voluntarioso indicaba que había
+de parecerse, no a su padre, sino a su abuelo. El general experimentaba
+impulsos de ternura, nunca sentidos, escuchando referir o presenciando y
+oyendo rasgos y respuestas del chico, que no pasaban de meras
+insolencias infantiles y que a él se le antojaban claros indicios de
+ideas sanas, principios severos y voluntad enérgica.
+
+Pepito era indudablemente a sus ojos un caso notabilísimo de atavismo.
+
+Los procedimientos de fuerza le encantaban. En vez de pedir merienda la
+cogía del aparador: espíritu de conquista, decía el general. Agradábale
+sobre manera ir limpio, bien vestido y majo: gustos aristocráticos,
+pensaba el buen señor. Una vez en la calle, viendo reñir a dos
+muchachos, y caer debajo al más débil, se arrojó a su defensa: clara
+muestra de comprender la misión de su nobleza. Finalmente, un día en una
+tienda donde su madre regateaba unos juguetes, Pepito llamó ladrón al
+comerciante: horror al mercantilismo imaginó el abuelo.
+
+Para que tan brillantes disposiciones y facultades no se debilitaran ni
+maleasen en la viciosa confusión de un colegio ni al contacto de malas
+compañías, el general, desconfiando del criterio y carácter de su
+propio hijo, resolvió encargarse de la educación del chico: y no
+pusieron los reyes de Francia más cuidado en buscar maestro a un Delfín
+que puso él para admitir preceptor a su gusto.
+
+Tras muchas cavilaciones, previos respetables informes y seguro de sus
+buenos antecedentes, recayó la elección en un capellán profundamente
+religioso, de intachable moralidad y lo bastante conocedor del mundo
+para dirigir los primeros pasos de un niño a quien su linaje y fortuna
+tenían reservado puesto seguro y distinguido en el banquete de la vida.
+
+Quiero--le dijo el general--que sea hombre de bien, capaz de grandes
+cosas, enemigo de las pequeñas... y aunque no ha de cantar misa, ni hace
+falta que se coma los santos, muy religioso. Nada de beaterías: espíritu
+religioso, temor de Dios y amor al prójimo. ¡Cristiano de verdad! ¡En
+fin, que sea todo un hombre!
+
+El capellán--nadie le llamaba por su nombre en la casa--era lo que se
+decía hace cincuenta años un buen maestro: tal vez algo duro; más amigo
+de hacerse temer que estimar; antes partidario de enseñar lo que sabía
+que de inspirar amor al estudio; con ideas fijas vaciadas en la antigua
+turquesa donde se fundió la sociedad de nuestros abuelos; seguro de lo
+que tenía por bueno; irreconciliable con lo que juzgaba malo; ilustrado,
+pero intransigente; bueno, pero fanático.
+
+Pepito aprendió de sus labios algunas cosas que son verdades eternas;
+otras que en su tiempo lo fueron, y muchas que no lo han sido nunca; mas
+todas, al parecer, sujetas y enlazadas por maravilloso espíritu de
+unidad. Adaptándose a la tierna imaginación propia de la edad del niño,
+hízole considerar la ciencia como trabajo humano que pugna por acercarse
+a lo divino; el arte como emanación y resplandor de lo bueno; la
+historia como inmenso campo al través del cual marchan las razas
+guiadas por Dios a su destino; y la vida como valle de amarguras en que
+para las más acerbas lágrimas y los más intensos dolores hay consuelo
+cuando, poniendo el pensamiento en lo alto, quieren ser caritativo el
+poderoso, agradecido el miserable, sensible el fuerte, humilde el débil,
+y todos esperanzados en la justicia del Señor.
+
+Poca era la edad del niño, mas tales la inteligencia y la claridad con
+que se expresaba el capellán, que el discípulo prometía honrar al
+maestro. Varias veces examinó el general a Pepito; en más de una ocasión
+le hizo preguntas, al parecer inocentes, en realidad encaminadas a ver
+el cauce por donde iban sus inclinaciones; y siempre quedó, aparte
+pasión de abuelo, que es padre doble, maravillado del instinto con que
+se asimilaba cuanto trascendiese a hombría de bien y sentimiento de
+justicia.
+
+--¿Qué aguinaldo quieres, monín?,--le dijo pocos días antes de Navidad.
+
+--Un nacimiento--repuso el chico.
+
+Su abuelo fue con él a Santa Cruz, le dejó escoger cuanto quiso, pagó
+contento, quedó el niño gozoso, y dos criados trajeron a casa el peñasco
+lugar de la sagrada escena y la banasta llena de figuras de barro que
+habían de representarla.
+
+Al día siguiente, gracias a la febril actividad del niño y mediante
+algunos consejos del capellán para que pusiese cada personaje en su
+sitio, quedó el nacimiento colocado sobre una gran mesa en el cuarto de
+estudio. Nunca vieron ojos de muchacho cosa tan bonita. ¡Qué _propio_
+estaba!
+
+El peñasco, que tenía más de dos varas en cuadro, figuraba una serie de
+cerros hechos con corcho y cartón piedra, dispuestos en caprichosos
+declives con las cimas cubiertas de nieve y en la parte baja serpeados
+por un arroyuelo de agua verdadera que venía a morir en un estanque con
+surtidor, de hoja de lata. En un picacho estaba el depósito y para
+ocultarlo veíase agrupado en torno del monte el caserío de cartón que
+fingía ser la ciudad de Belén, sobre cuyos minaretes de cartulina
+ondeaba la bandera española. Por unos vericuetos en que el vidrio molido
+hacía papel de escarcha, venían en sendos camellos sus reales majestades
+Gaspar, Melchor y Baltasar, seguidos de abigarrada servidumbre; al borde
+del arroyo había un grupo de, lavanderas; en un altillo, junto a la
+hoguera de talco en que se freían las migas, los pastores apacentaban
+las ovejas de patitas de alambre, mientras los pavos de abermellonada
+cabeza y peana verdosa destacaban sobre el musgo aterciopelado y húmedo.
+De entre un macizo de follaje salía una pareja de guardia civil, cuyos
+tricornios enfundados de blanco casi llegaban al campanario de una
+torre, y en la fachada de un ventorrillo de cartón se leía la palabra
+_vino_. El portal de Belén era grandiosa fábrica greco-romana de corcho
+con sus columnas estriadas: dentro estaba el pesebre guarnecido de
+verdadera paja y sobre ella el Niño Jesús enteramente desnudo y boca
+arriba, a sus lados el buey y la mula esculpidos con rigidez hierática,
+y delante, colocados en adoración, San José con traje amarillo, y la
+Virgen con manto más brillante y rojo que un pimiento, ambas cabezas
+coronadas por descomunales resplandores en que se habían derrochado
+panes de oro.
+
+Pastores con pellicos de algodón en rama bailaban ante la Sagrada
+Familia, en tanto que otros rendían al suelo la carga de sus ofrendas, y
+del centro del frontón pendía la estrella de rabo, casi de tamaño
+natural, tan cuajada de ángulos y facetas que era maravilla de los ojos.
+Luego, por todas partes ciñéndolo y adornándolo todo, ramas de palmera,
+de espino, de abeto, de tomillo, de tuya, de romero, grandes trozos de
+musgo y un sinnúmero de velitas y candelas amarillas, rojas, blancas y
+verdes, de cuyas llamas se desprendía un humo tenue y vaporoso, que
+envolvía el conjunto en una neblina misteriosa y poética...
+
+Cuando el general vio el nacimiento, faltó poco para que cogiese un
+rabel: si no lo hizo fue porque no quedara mal parado el principio de
+autoridad.
+
+A la tarde siguiente, Pepito salió de paseo con su madre. Cuando volvían
+oyó llorar en el patio a uno de los chicos del portero y preguntó la
+causa.
+
+--Envidia, nada más que envidia... señora--dijo dirigiéndose a su ama el
+criado adulador:--mis chicos han visto subir el nacimiento y se han
+emberrenchinado en que les compre muñecos.
+
+La dama, sin hacer caso, subió lentamente la escalera y Pepito la siguió
+en silencio, con la cabecita baja y las manitas a la espalda, sintiendo
+cosas que no podía comprender, como un filósofo chiquitín.
+
+De pronto, al llegar al recibimiento, echó a correr hacia su cuarto, y
+pocos momentos después bajó al portal por la escalera de servicio,
+llevando una cesta cuyo contenido ocultaba cuidadosamente.
+
+A la noche, terminada la comida, el general quiso ver de nuevo el
+nacimiento por gozar con la alegría del niño.
+
+La decepción fue horrible. El nacimiento estaba encendido; pero a pesar
+de las luces, triste y despoblado. Parecía que los muñecos de barro
+habían huido al sentirle llegar: faltaban más de la mitad. Los reyes
+magos reducidos a dos; de la pareja de civiles, un número; la mula del
+pesebre, ausente; los borregos, pastores y zagalas, en cuadro; el
+caserío de Belén, medio derribado para arrancar algunas fincas, y ¡oh
+cosa inverosímil! San José permanecía junto a su divino hijo, mas la
+Virgen había desaparecido.
+
+--¡¡Pepito!! ¿Qué ha pasado aquí?--gritó enojado el abuelo.
+
+El niño se presentó cabizbajo, pero sin miedo; no muy contento, pero
+sereno.
+
+--¿Qué es esto? ¿Has roto ya todo lo que falta? ¿Es ese el aprecio que
+has hecho?...
+
+--No he roto nada--repuso Pepito.--Los chicos de abajo lloraban mucho
+porque no tenían nacimiento... y les he dado la mitad. ¿No me están
+diciendo a todas horas y en todas las lecciones que todos somos hijos de
+Dios, y que Dios da a los ricos para que den a los pobres? Pues ya está
+hecho... aunque no me compres más.
+
+El general cogió a su nieto, alzándolo hasta sí, le dio no un beso sino
+un abrazo, como si fuese un hombre, y salió del cuarto juntamente
+enternecido y pesaroso.
+
+--¿Qué tiene usted?--le preguntó su hijo al verle entrar en el despacho
+con los ojos llorosos.
+
+--Tengo... tengo que tú me has salido liberal y, a pesar de los
+pesares... tu chico me ha salido socialista.
+
+
+
+
+DICHAS HUMANAS
+
+
+A la parte de Oriente, por cima de las arboledas del Retiro, comienza a
+despuntar el día, desvaneciéndose y borrándose el lucero del alba en una
+faja de luz pálida y blanquecina, que se dilata y extiende poco a poco
+en el espacio.
+
+Los faroles están apagados, los serenos se han ido, las buñoleras no han
+llegado, las tahonas están cerradas, las tabernas no se han abierto, y
+un norte glacial barre las aceras, arremolinando en los cruces de las
+calles las hojas secas, el polvo y los papeles. Se oyen de cuando en
+cuando los pasos rápidos de alguien que ha trasnochado por necesidad o
+por vicio; suenan a lo lejos las campanas de maitines en la torrecilla
+de un convento, y tras las vallas de un solar convertido en corral,
+lanza un gallo su canto bravío y vigoroso, como si estuviera en el
+campo.
+
+De entre las sombras que van desvaneciéndose surgen las líneas y la mole
+de una casa magnífica, casi un palacio, con jardín a la iglesia, ancho
+portalón y verja de remates dorados. Dos balcones del piso principal
+están interiormente iluminados por un resplandor medio amarillento,
+medio rojizo, formado por las llamas de la chimenea y la luz de una gran
+lámpara con enorme pantalla de seda color de oro. Desde la calle no se
+ven más que los huecos bañados en claridad misteriosa, los cristales de
+una sola pieza y los visillos de muselina, en cuyos centros campean
+cifras artísticas de letras entrelazadas.
+
+La habitación es suntuosa. Hay en ella muebles soberbios, telas
+rarísimas, cuadros con firmas de maestros, retratos admirables, plantas
+exóticas criadas en la atmósfera tibia del invernadero, jarrones,
+japoneses decorados con cigüeñas de plata que vuelan en paisajes
+fantásticos, alfombras en que los pies se hunden y arañas de vidrios
+multicolores, donde centellean en temblor irisado los reflejos, de la
+chimenea. La riqueza y el buen gusto parecen haber reunido allí todos
+los primores del lujo moderno.
+
+Sentado junto a un veladorcito, donde aún se ven el servicio de té, todo
+de plata, dos barajas francesas y un sortijero lleno de horquillas y
+pulseras, hay un hombre joven, de arrogante figura, que está haciendo
+números con un lápiz en una cuartilla de papel.
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+Por la esquina que forman dos calles, desemboca un mocetón descalzo,
+cubierto de harapos asquerosos. Lleva a la espalda un saco, y en la mano
+un palo, que tiene en la punta un largo clavo retorcido, con el cual, de
+cuando en cuando revuelve los montoncillos de basura que hay formados
+ante las puertas junto a los bordes de la acera. Otras veces se pone de
+rodillas, escarba con las manos y va metiendo en el talego restos,
+desperdicios y sobras de mil cosas distintas. Al creciente claror del
+día su figura comienza a dibujarse. Es joven, robusto, ágil, pero
+repugnante por lo sucio y lo feo. Tiene las prendas con que se cubre,
+destrozadas y llenas de remiendos, la gorra reluciente de mugre, las
+manos guarnecidas por escamas de roña, los ojos legañosos y el bigote
+quemado de apurar colillas; todo él es seboso y hediondo. Sus compañeros
+le llaman Pachín el _Guarro_.
+
+Al llegar frente a la casa lujosa, se sienta en la acera y poco a poco
+va sacando algo de lo que ha recogido aquella noche, para separar lo
+que haya de vender de lo que quiera guardar.
+
+De pronto se oyen a lo lejos pasos de alguien que viene corriendo,
+arrastrando en chancleta los zapatos, y por la esquina inmediata aparece
+una chica de veinte años, feísima. Es cabezorra, llana de cogote y algo
+bizca; tiene el pecho voluminoso y caído, como pasiega harta de criar,
+el rostro rojizo, el cuello negruzco, y el trozo de carne, que pudiera
+ser nariz, desformado y torcido, como si guardase recuerdo de un
+tremendo puñetazo. Lleva puesta falda de percal que fue azul, por entre
+cuyos jirones, jamás cosidos, deja ver un refajo amarillo en sus buenos
+tiempos, toquilla de estambre rosa convertida en pañuelo de talle, y a
+la cabeza otro pañuelo de seda verde, bajo el cual desbordan en mechones
+compactos y casposos los rizos negros, vírgenes del peine. En la mano
+derecha lleva también un saco y en la izquierda una cesta que tiene en
+vez de asa un trozo de soga retorcida: allí trae una jícara sin asa, un
+borlón de darse polvos de arroz, un ojo de vidrio caído de un animalucho
+disecado, una rueda de butaca y la tapa de una caja de dulces adornada
+con un ramito de azahar artificial.
+
+Aquella mujer es la _Mona_. Pachín el _Guarro_ casi parece junto a ella
+un señorito.
+
+Al verla acercarse, dice él:
+
+--¿Qué traes, paloma?
+
+--_Na_: lana sucia, una jícara, tres latas chicas y dos peras pochas.
+
+--Guárdalas _pa_ madre. ¿Y papel?
+
+--Como un par de kilos.
+
+--¿Y tabaco?
+
+--Eso sí, toma.
+
+Y la _Mona_ sacó de la cesta el fondo de una escupidera de cristal rota,
+con lo menos diez colillas de puro..
+
+--¡Son habanas; éstas se lavan y _pa_ mí: _u_ sin lavarlas!--dijo
+sonriendo Pachín.
+
+--Entonces _pa tí, pa_ mezclar. ¿Y tú, que has _pescao_?
+
+--Mira.
+
+El _Guarro_ vació entonces todo el contenido del talego, y sobre las
+losas de la acera quedaron desparramados cien objetos imposibles de
+definir. Allí había de todo, reducido a nada; piezas de hierro con
+empleo desconocido, botones sin asa, escarpias sin punta, hebillas sin
+pincho, una regadera abollada, media petaca, un muelle de reloj, puchos
+recortes de trapo, dos carretes sin hilo y una zapatilla grande, vieja,
+de raso azul bordada de oro y con tacón Luis xv.
+
+--¿Y la otra?--preguntó ella.
+
+--No ha _pareció_; pero ¡mira!
+
+El _Guarro_ sacó de la chaqueta con aire de triunfo, media cucharilla de
+plata.
+
+--¿Qué valdrá eso?
+
+--Seis _u_ siete _ríales_.
+
+--Pues al café.
+
+Recogieron el fruto de su trabajo, dividiéronse en los sacos el peso, y
+atravesando barrios enteros, después de matar el gusano en una taberna,
+fueron a salir por rondas y afueras más allá del Cristo de las Injurias.
+
+El término de su viaje fue una esplanada de estercoleros, rodeada de
+desmontes, donde se alzaban varias barracas hechas de tablas, puertas de
+restos de derribos, mostradores viejos, esteras, persianas, grandes
+trozos de hule, muestras de tiendas y toldos de carro, todo ello
+recubierto, guarnecido y como blindado con latas de petróleo deshechas y
+claveteadas, que la lluvia y el óxido habían jaspeado de manchas
+rojizas, semejantes a una erupción de sangre seca.
+
+Entre las barracas corría un arroyo de aguas sucias que se desbordaban
+al chocar con un perro muerto e hinchado, y en distintos sitios se veían
+grandes montones de trapo, ferretería de desecho, rejas desbaratadas,
+llantas de carros, pilas de ventanas sin vidrios y huesos de animales.
+
+La más asquerosa de aquellas viviendas era la del _Guarro_ y la _Mona_.
+
+Para entrar tuvieron que agacharse. En lo interior había muchas
+estampitas de cajas de fósforos pegadas con pan mascado a un biombo que
+hacía de pared, un hornillo de barro puesto sobre una banqueta de piano
+que conservaba restos de damasco amarillo, y un cofre sin tapa lleno de
+suelas de calzado que despedía un hedor insufrible.
+
+Había también un descomunal montón de recortes de paño, alfombras
+viejas, orillos de lana y pieles de conejos. Aquella era la cama de
+matrimonio y en ella se tumbó el _Guarro_, echando las piernas a lo alto
+como quien se regodea con el descanso bien ganado.
+
+La _Mona_ se le quedó mirando embelesada, llenos los ojos de pasión
+como una bestia enamorada.
+
+Cuánto más le miraba, entre brutalmente apasionada y sinceramente
+pudorosa, más fea se ponía; pero a él debiole parecer hermosa y
+codiciable como a Salomón la Reina de Saba, porque con voz melosa le
+dijo:
+
+--¡Paloma!
+
+La _Mona_ quiso tenderse a sus pies sobre el montón de trapos para
+velarle el sueño destripando colillas y haciéndole pitillos, pero él
+volvió a llamarla como un animal a su hembra.
+
+--¡Paloma mía!
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+En la chimenea de la casa lujosa sólo quedaban cenizas; la llama de la
+lámpara palideció ofuscada por la luz del día, que comenzó a juguetear
+con las cosas, arrancando reflejos al oro de los marcos, a los cristales
+de los espejos, a los nácares de los mueblecillos maqueados y a los
+flecos de seda.
+
+El caballero joven que había pasado la noche haciendo números, sumas y
+restas, dejó caer la cabeza sobre el pecho, agobiado de cansancio y de
+pena. Luego, levantándose, fue hacia la cama donde dormía la mujer
+hermosa. Ella, al oírle acercarse, despertó tendiéndole los brazos. Su
+admirable cuerpo se modeló como una estatua viva bajo la colcha de seda,
+mientras él conservando en la mano el lápiz y el papel, dijo con
+profunda amargura, sin sentirse atraído por el cariño y la belleza:
+
+--Estamos perdidos: ¡hay que quitar el coche!
+
+
+
+
+EL MILAGRO
+
+
+Damián y su mujer Casilda, él de cuarenta y cinco, y ella de algunos
+menos, tenían en el barrio fama de ricos, y sobre todo de roñosos. No se
+les podía tildar de avaros, pues en vivir bien, a su modo, gastaban con
+largueza; pero la palabra prójimo era para ellos letra muerta.
+
+Delataban su holgura la bien rellena cesta que su criada Severiana les
+traía de la compra, la costosa ropa que vestían, y algún viaje de
+veraneo que, aun hecho en tren botijo, era mirado por los vecinos como
+rasgo de insolente lujo. Además, con cualquier pretexto, disponían
+comidas extraordinarias o se iban un día entero de campo con coche que
+les llevara a los Viveros o El Pardo, y esperase hasta la puesta del
+sol, trayéndoles bien repletos de voluminosas tortillas, perdices
+estofadas, arroz con muchas cosas, magras de jamón y vino en abundancia.
+
+De estos despilfarros solo protestaba la vecindad con cierta disculpable
+envidia: lo malo era que marido y mujer no comían ni se iban de campo
+solos, como recién casados o amantes de poco tiempo, sino que siempre
+les acompañaban dos hermanos, Luis y Genoveva, de los cuales el primero
+cortejaba a Casilda, mientras la segunda bromeaba con Damián: si el tal
+cortejo era platónico y las tales bromas inocentes, ellos lo sabrían;
+pero un conocido que les vio merendando más allá de la Bombilla, decía
+que _aquéllo_ era un escándalo, que cuando les sorprendió, Luis tenía a
+Casilda cogida por la cintura, y que Genoveva retozaba con Damián.
+
+En cambio, había en la casa donde vivían, gentes, peor enteradas o menos
+maliciosas, para quienes nada pecaminoso manchaba aquellas amistades,
+las cuales explicaban diciendo que Luis y Genoveva eran dueños de una
+cerería; que Casilda y Damián eran exageradamente devotos, tanto, que
+gastaban mucho dinero en alumbrar los altares, y finalmente, que de esta
+suerte, unos a fuerza de vender y otros de comprar cirios y velas,
+llegaron a ser amigos íntimos. Replicaban los maldicientes que el gasto
+no pasaba de ser un medio indirecto de favorecer a los dos hermanos, y
+que no en cera insípida, sino en miel dulcísima, estaban fundadas
+aquellas relaciones.
+
+Lo que nadie podía negar era la piedad, el fervor, la devoción de
+Casilda y Damián. Antes faltaba en la iglesia el campanero que ellos a
+oír una de las primeras misas, cuándo no la del alba; confesaban y
+comulgaban todas las semanas; de cuando en cuando hacían ofrendas en
+metálico para mayor boato del culto; vestían a los santos, y hasta
+solían llevarse a su casa ropa de altar y sacristía, devolviéndola
+limpia, planchada y rizada primorosamente. Pero fuera de luces para la
+iglesia y obsequios a sus amigos, que no les hablasen de sacar dinero
+del bolsisillo, como no fuese en provecho y regalo propio; jamás
+prestaron un duro, ni dieron un perro chico; no conocían el favor, sino
+por pedirlo, ni la limosna, sino por saber que otros la hacían.
+
+Quien hubiera podido retratarles de cuerpo entero era Severiana, la
+criada, infeliz mujer obligada a servirles y aguantarles por la más
+triste de las causas.
+
+¡Y pobre de ella como Damián y Casilda llegaran a enterarse! De fijo la
+despedirían sin compasión ni remordimiento.
+
+¡Buenos eran, tratándose de ciertos pecados!
+
+En la casa donde antes estuvo Severiana fue seducida por el amo, que la
+despidió brutalmente huyendo luego de Madrid, en cuanto supo las
+consecuencias de su pasajero capricho. La pobre muchacha tuvo una niña,
+y en vez de llevarla a la Inclusa, como algunas conocidas le
+aconsejaron, se la confió a una parienta que la cuidase, ofreciendo en
+cambio matarse a trabajar para pagar las mesadas. Desde entonces, como
+lo que Severiana más temía era quedarse desacomodada, no había
+impertinencia que no sufriese ni fatiga que no soportara. Era una criada
+modelo, sumisa, respetuosa, incansable y callada. Lo hacía todo; primero
+los menesteres vulgares de la casa, teniendo las vasijas de la espetera
+como si fueran de oro, y los muebles como si fuesen nuevos; luego ayudar
+a Casilda en la costura; lavar y planchar lo que traía cada semana de
+la iglesia; y por último, para captarse sus simpatías y las de su
+marido, se encargó del _niño_.
+
+Así, familiarmente, ni más ni menos que si fuese pariente suyo, llamaban
+marido y mujer a un niño Jesús que tenían en el gabinete, colocado sobre
+una antigua mesa de hierros y patas torneadas, con un monumental florero
+de trapo a cada lado, y una lamparilla delante. Era de tamaño natural,
+huérfano en absoluto de valor artístico, pero les parecía notabilísimo,
+y sobre todo, _muy propio_: el marido aseguraba que era talla de Alonso
+Cano; la mujer se lo atribuía a Juan Sebastián El Cano, y ambos creían
+recordar que un inglés pretendió comprárselo a peso de oro a la tía de
+quien lo heredaron.
+
+Representaba cuatro o cinco años, estaba en pie, sin más traje que una
+camisilla muy almidonada, tenía tras la cabeza un sol de metal blanco,
+la mano derecha extendida con el índice y el dedo de corazón muy
+tiesos, como bendiciendo a las gentes, y en la izquierda sostenía un
+globo azul salpicado de estrellas: el pelo rubio, muy ensortijado, los
+ojos intensamente azules, sin vida ni expresión, semejaban enormes
+cuentas de vidrio, las pestañas recias y mal puestas, como cerdas, la
+boca una mancha abermellonada, y las carnes tan sonrosadas, tirando a
+rojizas, que parecían de muñeco para estudio anatómico; toda la figura,
+en fin, exenta de la divina gracia y dulce poesía que debiera tener.
+
+Severiana, que recordaba haber visto en su lugarejo uno por el estilo,
+le cuidaba y atendía cual si fuera de carne y hueso: su espíritu
+inculto, pero delicado, establecía una relación misteriosa entre aquel
+Jesús y su niña. Eran poco más o menos de igual altura: él, a pesar de
+las malas pinturas, y ella, a pesar del descuido y desaliño que la
+afeaban, sonreían con dulzura inefable: el Hijo de Dios calumniado por
+un artista ramplón y la criatura abandonada por un padre infame,
+despertaban en el entendimiento de la pobre criada sensaciones análogas
+y dulcísimas: cuando abrazaba a la niña se le venía Jesús ante los ojos,
+y al rezar a los pies de la escultura su imaginación volaba hacia el
+fruto de sus entrañas, creyendo ver purificada por mediación de la
+sagrada imagen la falta cometida.
+
+La verdadera creyente, la devota sincera de aquella casa era Severiana:
+sus amos pagaban el aceite, pero ella encendía la lamparilla, cuidando
+de que ardiera constantemente, levantándose a veces durante la noche
+para orar de rodillas, mientras cerrando los ojos creía ver el miserable
+cuartucho donde dormía su hija.
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+* * * *
+
+Al acercarse Nochebuena, Casilda y Damián dispusieron en obsequio de
+Luis y Genoveva, una cena opípara.
+
+Sopa de almendra, besugo, pavo, ensalada de lombarda cocida, infinidad
+de golosinas, para el centro de la mesa un castillete de guirlache, y
+para que fuese todo bien regado, Valdepeñas y Champaña de a doce reales
+botella. La cocina parecía un puesto de la Plaza Mayor y el comedor una
+tienda de ultramarinos. ¡Cómo se iban a poner el cuerpo! ¡Y qué tristeza
+tan honda sentía la pobre Severiana! Haría la cena, la serviría,
+fregaría... y luego tendría que acostarse sin dar un beso a su hija.
+
+Poco después de anochecer comenzó a cavilar... las cosas se le caían de
+las manos... no estaba su voluntad en lo que hacía... De pronto se
+dibujó en sus labios una sonrisa y los ojos le brillaron entre alegre y
+maliciosamente.... Los amos habían ido al teatro con sus convidados,
+para hacer tiempo... Aún tardarían bastante. Además, luego se irían a la
+misa del Gallo, y al volver se acostarían enseguida...
+
+Cogió un mantón y el picaporte, echó escaleras abajo, se metió en un
+tranvía y antes de una hora volvió trayendo en brazos a la niña
+dormidita y con una pelota entre las manos: la acostó en su cama y la
+durmió con un cantar. No quería más que tenerla a su lado las últimas
+horas de la noche, darle algo del postre que sobrase y dormir con ella.
+
+¡Aquélla sí que sería Nochebuena! La pobrecita no lloraba nunca y era
+difícil que la descubriese. Además, no habían de ir a registrarle el
+cuarto. Ya sabía ella lo que pasaba cuando disponían semejantes
+francachelas: primero, cuarteto de comentarios sobre si tal o cual
+hermano tenía o no manos puercas en la administración de la cofradía; y
+luego, cuando iba decayendo la charla, formación y aislamiento de dúos:
+Casilda y el cerero se quedaban en el gabinete, discutiendo la
+elocuencia de un predicador, mientras Damián y la cerera se iban al
+cuarto de la plancha. Lo peor sería que rompiese a llorar la niña...
+Pero en último caso... ¿qué podía suceder? ¿Qué se supiera todo? Pues no
+le faltarían casas...
+
+Cuando sus amos volvieron, la oyeron cantar desde la escalera:
+
+ _¿Quién sería la madre
+ que parió a Judas?
+ ¡Qué hijos tan indinos
+ paren algunas!_
+
+* * * *
+
+Estuvieron un rato bromeando en el gabinete, mientras se hacían los
+últimos preparativos, y luego pasaron al comedor, que era la pieza
+inmediata, sin más separación que una puerta.
+
+Casilda cenó junto a Luis, y Damián al lado de Genoveva.
+
+El buen humor, empujado por el vino, comenzaba a hacer de las suyas: las
+dos mujeres, menos acostumbradas a la bebida, decían mil atrevidos
+disparates; Damián y Luis hablaban como en el café, contando cuentos
+verdes; por último, Casilda, algo alegrilla y deseosa de desplegar lujo,
+encendió todas las bujías de dos candelabros que adornaban la chimenea.
+Celebrose la ocurrencia con grandes risas, Damián quiso apagar una vela
+de un taponazo de Champaña, falló el tiro, y armose descomunal gritería;
+eran cuatro personas y alborotaban como doce.
+
+Severiana casi no les oía, porque la cocina estaba lejos; pero la
+pequeñuela, a quien despertaron los gritos y la novedad del no
+acostumbrado lecho, se tiró de la cama, atravesó a gatas un pasillo,
+entró en el gabinete donde estaba el Niño Jesús, débilmente alumbrado
+por la lamparilla, contemplole un instante como si fuese un muñeco, y
+luego, atraída por la claridad a que dejaban paso las rendijas y
+junturas, empujó suavemente la puerta del comedor, y destacando sobre el
+fondo oscuro del gabinete, apareció iluminada por el intenso resplandor
+de las luces que alumbraban la cena.
+
+Era rubia, de ojos azules, ensortijado el pelo; estaba en camisita y
+traía en la mano la pelota.
+
+Luis, Genoveva y Damián, cayeron de bruces sobre la mesa... Casilda,
+loca de espanto, se tiró al suelo de rodillas, cubriéndose el rostro con
+las manos y gritando:
+
+--¡Perdón, Señor!
+
+La niña retrocedió asustada, tiró al huir la lamparilla derramando el
+aceite, y se metió en la cama muertecita de miedo.
+
+A la mañana, casi de madrugada, Severiana salió de casa con su hija sin
+que nadie la viese; y era muy entrado el día, cuando Casilda mostrando
+a Damián la mancha que el aceite dejó en la alfombra, le decía nerviosa
+de terror:
+
+--¡Mira... no cabe duda!
+
+* * * *
+
+Apenas se les pasó el miedo, regalaron la escultura a unos amigos que
+tenían oratorio; hubo función con órgano, gastose mucha cera y quedaron
+tranquilos.
+
+
+
+
+ELVIRA-NICOLASA
+
+
+Acabábamos de cenar Elvira y yo en un gabinetito de una fonda donde le
+gustaba que la llevase a tomar mariscos y vino blanco. Disputando por
+celos, en el calor de las recriminaciones, dejé escapar una frase
+ofensiva: debí de decirle algo muy duro, sin duda una verdad muy grande,
+porque entonces, avivada su locuacidad con la injuria y suelta su lengua
+con el estímulo de la bebida, se recostó en el diván con provocativa
+indolencia y, poniéndose muy seria, repuso:
+
+--Sí, ¿eh? ¿Tan mala crees que soy? Pues aquí donde me ves, tan coqueta,
+tan amiga de haceros rabiar, porque todos sois iguales, y no merece más
+ni menos uno que otro, tan orgullosa de haber arruinado a unos y puesto
+en ridículo a otros, yo, aunque no lo creas, tengo en mi vida un rasgo
+bueno, y tendría muchos si no hubiese sido en mi niñez tan desgraciada.
+
+Me creí amenazado de la eterna historia de una seducción vulgar; pero,
+prefiriendo oírla a verla emborracharse, me dispuse a escuchar, y ella
+siguió de este modo:
+
+--Voy a contártelo. En primer lugar, yo no me llamo Elvira: mi verdadero
+nombre es Nicolasa. Soy de un pueblo de cerca de Madrid. A los dieciocho
+años me escapé de mi casa, imaginando que peor de lo que allí estaba no
+había de pasarlo en ninguna parte, segura de que, por mala suerte que
+tuviese, con nada sufriría tanto como aguantando las impertinencias de
+mi hermanastra, a quien servía de niñera, siendo víctima de la grosería
+de mi padrastro y del mal genio de mi madre. Mientras ésta permaneció
+viuda de mi padre, su primer marido, llevé con paciencia su desigualdad
+de carácter y las consecuencias de su codicia; pero, a partir de la
+segunda boda, la vida se me hizo insoportable, porque además de hija sin
+cariño, a lo cual ya estaba acostumbrada, comencé a ser criada sin
+salario, lo cual me parecía el colmo de la maldad. El tío _Pelusa_, así
+llamaban a mi padrastro, era tan irascible y avariento como la que le
+había tomado por esposo.
+
+Sin embargo, aún pasé algunos años resignada siendo medio bestia de
+carga, medio puerca-cenicienta, hasta que al llegar Inesilla, mi
+hermanastra, a la edad de las travesuras desplegó tanta perversidad para
+conmigo, que comencé a pensar en el porvenir que me esperaba.
+
+Yo me levantaba en la casa antes que nadie, me recogía la última,
+interrumpía el mejor sueño para dar de beber a las caballerías, pasaba
+todo el día jabonando ropas, midiendo semillas y trasladando fardos; en
+fin, me rendía a fuerza de trabajar, y todo sin una queja. Para lo que
+me faltó resignación fue para soportar las burlas de mal género, los
+impulsos de soberbia, y hasta los rasgos de perfidia que aquella mocosa
+discurría sólo con propósito de mortificarme. ¡Que mala era! Sus
+picardías no eran trastadas de chica, sino verdaderas crueldades: el pan
+qué yo guardaba por si tenía hambre entre horas, me lo quitaba y se lo
+echaba a los cerdos; a hurtadillas, cargaba el puchero de sal para que
+luego me regañasen; lo menos que hacía era decirme palabras feas, todo
+el repertorio que oía a los carreteros, y escupirme a la cara, sin que
+los _Pelusos_, ni la mujer ni el marido, pusieran correctivo a sus
+infamias.
+
+Por fin, me harté. Un día me mandaron a la fuente con la chica, que ya
+tenía nueve años. La condenada fingió ir de buena gana, y a mitad de
+camino, escabullándose en los portales de la plaza, se metió a jugar en
+el corral de unas amiguitas. Allí se estuvo tres horas largas, mientras
+me volvía loca buscándola. Excuso decirte lo que pasaría luego cuando,
+al caer la tarde, volvimos a casa cada una por su lado. Creí que me
+mataban. Mi padrastro me ató a un pié derecho de los que sostenían el
+emparrado del patio, y estuvo hasta que se cansó dándome de varazos.
+Cuando me soltó me fui al camaranchón que me servía de cuarto, no quise
+cenar, y me tumbé en la cama sin desnudarme. De repente oigo ruido, miro
+hacia arriba, y veo a Inesilla, asomada por el montante de la puerta,
+mirándome burlonamente, riéndose y restregándose los puños en ademán de
+hacerme rabiar.
+
+--¿Por qué has hecho eso?--le pregunté.
+
+Y con la cara muy alegre repuso:
+
+--Porque me da mucho gusto cuando te pegan.
+
+Desde aquel instante no pensé más que en marcharme de la casa.
+
+Al referir esto, Elvira tenía los ojos nublados por lágrimas de ira. Yo
+no me atreví a interrumpir su relato, y ella siguió:
+
+--Si, chico, de aquella noche datan todas las barbaridades que he hecho
+en mi vida... y las que me quedan. Hice un lío con la poca ropa que
+tenía; saqué hasta treinta reales, que eran todos mis ahorros, del
+escondrijo donde los ocultaba, antes del amanecer tomé a campo traviesa
+el camino de Madrid, y aquí entré por la carretera de Extremadura y la
+calle de Segovia. Han pasado siete años, y me acuerdo como si hubiese
+sido esta mañana.
+
+--¿Y dónde fuiste?
+
+--A casa de mi tío Manuel. Es decir, no era tío ni casi pariente. Era
+sobrino segundo de mi padrastro, y yo le miraba con cierta simpatía
+porque las pocas veces que fue al pueblo me demostró cierta inclinación.
+Un día evitó que me diesen una paliza; otro día, comiendo, porque mi
+padrastro no me quería dar carne, él me dio la que le habían servido; y,
+además, otra vez que estuvo allí pocas horas, sin que lo supieran en mi
+casa, fue a la fuente y me regaló dos pañuelos de colores y un
+alfiletero de alambre plateado.
+
+--Vamos, que le gustabas.
+
+--Ahora lo verás.
+
+--Vivía en la calle de los Mancebos, en un caserón antiguo, y sólo con
+una criada vieja: allá me fui, le conté lo que había pasado y le rogué
+que me ayudase a buscar casa donde servir, a lo cual repuso que haría
+lo que pudiese, y que pues no tenía yo dineros para ir a la posada, me
+quedara allí unos días hasta encontrar colocación.
+
+--¿De qué edad era ese hombre? ¿Cuántos años tenías tú entonces?
+
+--Manuel, cuarenta; y yo, antes te lo he dicho, dieciocho cumplidos.
+
+--Pues no me digas más.
+
+--No te has equivocado. A los dos días de estar allí, comprendí que me
+había metido en la boca del lobo. Pero ¿quieres decirme qué defensa
+tenía? ¿Qué hacer ni dónde ir? Yo, como chica de pueblo... y las de
+todas partes, sabía cuanto hay que saber: desde los primeros momentos
+conocí el peligro: lo que no veía era el modo de evitarlo.
+
+--¿Y qué pasó?
+
+--Figúrate. Ya sabes que soy aficionada a leer, que devoro novelas, que
+he leído hasta _Don Quijote de la Mancha_: mira, allí hay una a quien
+le sucediolo que a mí. ¿Te acuerdas cuando, hablando de sus amores con
+don Fernando, dice Dorotea, poco más o menos: «con volverse a salir del
+aposento mi doncella, yo dejé de serlo y él acabó de ser traidor y
+fementido?» ¿Te acuerdas de ésto? Pues igualito: Manolo con un pretexto,
+alejó de casa a la vieja...
+
+--Sí; el fue traidor y fementido, y tú dejaste de ser lo otro.
+
+--Claro está que aquello fue una picardía, pero luego se encariñó mucho
+conmigo. Yo entonces no era tan perra como ahora. Tengo la seguridad de
+que si aquel hombre no se muere, se casa conmigo.
+
+--¿Se murió?
+
+--A los dos años.
+
+Elvira suspendió un instante su relato, hizo un esfuerzo para no llorar,
+como avergonzada de mostrar ternura, y continuó:
+
+--Suprimo detalles: morir Manuel y echarme sus hermanos de la casa, todo
+fue uno. Entonces comenzó esta vida arrastrada que llevo, y eso que soy
+de las que tienen más suerte.
+
+Ponerme a oficio, y presentárseme la ocasión de dejarlo, fue obra de
+seis meses. Por supuesto, que para encontrar trabajo pasé las de Caín; y
+en cuanto quise echarme a rodar, sobró gente que me empujara. De ésto ya
+estás enterado, y además conoces a casi todos los que han tenido algo
+que ver conmigo.
+
+Lo que no sabes tú, ni nadie, es que a los tres o cuatro años de
+perderme, cuando ya tenía casa puesta, muebles míos, trajes lujosos,
+alhajas buenas, coche algunos meses y dos criadas que me sirvieran,
+(todavía lo que más me sorprende es verme servida), precisamente
+entonces, teniendo todo ésto, con lo cual no soñé jamás, chico, aunque
+te parezca mentira...
+
+--Acaba, mujer.
+
+--Pues me entró una tristeza espantosa. ¿Y qué dirás que se me metió en
+la cabeza?
+
+--¿Casarte?
+
+--No, hombre: para eso tengo aún poco dinero. Se me metió en la cabeza
+la idea de volver al pueblo.
+
+--¿Arrepentida?
+
+--Mira, no lo sé: unas veces creía que no; otras me parecía que sí. En
+realidad lo que yo experimentaba es dificilísimo de explicar. Era una
+melancolía sin nombre, un deseo impregnado de tristeza...
+
+--Sería que se te pegase el sentimentalismo cursi de alguna novela... Si
+ahora mismo estás hadando como una dama de folletín.
+
+--No te burles de aquéllo: puede que sea el mejor impulso que he sentido
+en mi vida; y déjame acabar. Como si se me hubiese olvidado todo lo que
+había sufrido hasta los dieciocho años, como si en mi casa me hubieran
+mimado, prescindiendo de tanto recuerdo amargo y de algunas cicatrices
+que tengo repartidas por el cuerpo, quise volver al pueblo, ver los
+lugares donde había crecido, los rincones donde me escondía para llorar,
+la cueva donde me encerraban, el camaranchón que llamaban mi cuarto, la
+cuadra, las mulas, la fuente, todo aquello, en una palabra, que debía
+serme odioso: en fin, comprendo que era una chifladura ridícula, pero
+hasta quise ver a mi madre, y a mi padrastro, y a la bribona de la niña.
+¿Qué pasó por mí? como dicen en las comedias, no lo sé: pero cuando
+pensaba en ello decía mentalmente _mi familia_. El mal genio de madre me
+parecía disculpable por los trabajos y penalidades que ocasiona una casa
+de labor, la brutalidad de mi padrastro se hizo menos aborrecible a mis
+ojos recordando que no era mi verdadero padre, y en cuanto a las
+crueldades de mi hermanastra... como si no hubiesen existido. Es decir,
+las recordaba, pero sin guardarle rencor. Repito que nunca me he dado
+cuenta exacta de aquella situación de espíritu: fue algo parecido a esa
+tristeza que les da a los gallegos cuando pasan mucho tiempo fuera de su
+tierra; pero mezclada, aunque yo no deba decirlo, con cierta bondad de
+alma que me impulsaba a disculpar y perdonar todo el mal recibido. En
+fin, que me planté en el pueblo.
+
+--¿Pero no sabían allí cómo vives y de qué vives? ¿No pensaste que
+podían avergonzarte y...?
+
+--Claro que lo sabían todo: ¡si rara vez viene alguno del pueblo que no
+se presente en mi casa a pedirme algo! Donde me ves, he hecho a mi lugar
+más favores que un diputado; casi me dan ganas de llamarle mi distrito.
+En cuanto a que me recibiesen mal, no había miedo. Yendo a mendigar,
+tal vez; con las manos llenas de paquetes, chucherías y regalos...
+¡quiá!
+
+--¿Y tuvieron la poca?...
+
+--Fui sencillamente vestida, con un traje de lanilla gris sin adornos;
+pero como soy tan aturdida, se me olvidó quitarme de las orejas estos
+solitarios; llevé un saquillo de mano con guarniciones de plata,
+paraguas con puño de oro; en fin, no había más que verme para comprender
+que no les iba a pedir nada. En la estación del ferrocarril no me
+conoció nadie: al atravesar la plaza, oí tres o cuatro voces que dijeron
+con asombro: «¡Nicolasa! ¡Nicolasa!» y luego observé que a larga
+distancia me fueron siguiendo dos muchachas de mi tiempo, una con un
+chico en brazos... y, mira, aquélla me dio envidia.
+
+--Si te daría.
+
+--Llegué a mi casa. Imagina la sorpresa. Pasado el primer instante de
+estupor, mi madre me cubrió de besos, mi padrastro lloró de ternura,
+Inesilla me cogió el saco de mano y comenzó a darle vueltas.
+
+--¡Ave María Purísima!
+
+--La chica era guapa, una real moza, fresca, garbosa, con cada ojazo, y
+¡un pelo más hermoso! Lo que se llama una gran mujer. La fisonomía dura,
+el gesto serio, la sonrisa desdeñosa; pero en conjunto un prodigio de
+lozanía y de... en fin, lo que es una flor antes de que nadie la
+manosee.
+
+--¿Y qué pasó?
+
+--Pues nada, que saqué los regalos: dos cortes de vestido para ellas,
+dos piezas de lienzo blanco para mi madre, unos pendientes de coral para
+la chica, una petaca y una cadena de plata para él, todo lo que
+llevaba... Me dieron el mejor cuarto de la casa, no me preguntaron
+palabra de cómo ni de qué vivía y me trataron lo mejor que pudieron.
+
+--¿Y fue gente del pueblo a verte? ¿Y qué les decían?
+
+--¡Ya lo creo! Mi padrastro les dijo que estaba de aya de una señorita
+en casa de un título. Total, que pasé allí tres días magníficos,
+completamente feliz, sin tener que aguantar a los que aquí no me dejáis
+en paz, con una alcoba ¡para mí sola!, y al volverme les di a los papas
+seis mil reales para un par de mulas.
+
+--Pues, chica, hasta ahora no veo el rasgo hermoso de que hablabas.
+
+--Eso fue en el momento mismo de separarme de ellos. No quise que me
+acompañasen a la estación. Estábamos en el zaguán: mí padrastro mirando
+por centésima vez la petaca de plata, mi madre llorando, Inesilla
+atándome un manojo de flores campestres, yo con los ojos preñados de
+lágrimas, cuando de pronto mi padrastro me cogió por la mano y,
+guiándome hasta el fondo del comedor, cerró tras sí la puerta, dejando
+entrar a madre; Inesilla se quedó fuera. Pensé para mis adentros que
+querían otro par de mulas.
+
+--¿Y qué era?
+
+--¡Lo increíble! No ignorando, como no ignoraba ninguno de ellos, cuál
+es mi vida, mi padrastro, en presencia de mi madre, con su aprobación y
+moviendo la cabeza hacia donde estaba Inesilla, me dijo: «Anda,
+Nicolasa, ya que tú has hecho suerte, ¿por qué no te llevas a la chica?»
+
+--¡Qué atrocidad!
+
+--¡Figúrate! ¡Yo que había ido al pueblo a tomar un baño de honradez!
+Mira, hubo un momento en que dudé. Aquella falta de sentido moral, aquel
+rebajamiento, me trajeron de un solo golpe a la memoria toda la amargura
+de mi niñez, todos mis sufrimientos. No creas que es exageración: se me
+renovaron de repente el dolor y la vergüenza de todos los golpes que
+había recibido en aquella casa; me acordé del último día que pasé allí;
+creí verme tumbada en el jergón, mientras Inesilla se gozaba en mi daño;
+su voz cruel y burlona pareció resonar en mis oídos, y claro está, con
+los recuerdos volvió el rencor y con el rencor el deseo de venganza. ¡Y
+qué venganza la que se me venía a las manos! Traerme a Madrid la
+chica... ¡Figúrate!
+
+--¿Y qué hiciste?
+
+--Sin duda me inspiró Dios. Les miré de un modo que no debieron de
+comprender, y saliendo al zaguán les dije: «Quiero creer que no saben
+ustedes lo que piden.» En seguida, limpia de odio, besé a Inesilla y me
+volví a Madrid sin rencor... y sin ilusiones.
+
+--¡Lo creo!
+
+--Eso hizo esta Elvira que tienes delante, eso me pasó, y, sin embargo,
+te lo juro por la salud de mi alma, seré una imbécil, pero algunos días,
+cuando tengo más dinero, cuando creo que estoy más alegre, de repente
+se me olvida que estoy haciendo de Elvira... y me pongo Nicolasa.
+
+
+
+
+SACRAMENTO
+
+
+Justa y Engracia eran hijas de una familia honrada, linajuda y rica,
+ambas casadas; Justa con un propietario que vivía de sus cuantiosas
+rentas, sin más trabajo que cuidar de aumentarlas, y de quien no tuvo
+hijos; Engracia con un bolsista de intachable reputación, pero tan
+confiado en su estrella que aventuraba en jugadas peligrosas más de lo
+que permite la prudencia. De este matrimonio nacieron dos niñas: María
+de la Soledad y María del Sacramento.
+
+A poco de cumplir veintidós años la primera y uno más la segunda, su
+padre quedó alcanzado en una liquidación de fin de mes, y no pudiendo
+cumplir los compromisos contraídos, se suicidó de un pistoletazo.
+Engracia murió de pena algunos meses después; y Justa, mediante la
+cariñosa conformidad de Luis, su marido, se hizo cargo de las dos
+sobrinas huérfanas; doblemente impulsada, primero por cierta natural
+bondad, no incompatible con su dureza de carácter, y luego por el firme
+convencimiento de que las dos muchachas no podían decorosamente vivir
+solas.
+
+Para Justa y Luis el decoro era la mitad de la vida: estaban persuadidos
+de que el error y el pecado son inherentes a la naturaleza humana, y de
+que la disculpa y el perdón forman la gloria principal con que el bueno
+se aventaja al malo; pero con el escándalo no transigían nunca. La
+opinión del prójimo, si no valía, importaba a sus ojos tanto como la
+misma virtud: temían más al comentario y la maledicencia que a la falta,
+siendo partidarios acérrimos del refrán que dice: «Pecado ignorado medio
+perdonado». Con tales ideas no habían de permitir que sus sobrinas
+viviesen solas.
+
+Soledad y Sacramento no parecían hermanas. Eran sus cualidades morales
+tan diferentes y sus tipos tan opuestos, que quien ignorase la honradez
+de su madre pudiera suponerlas engendradas por dos amores distintos.
+
+Soledad era alta, gallarda, de tez trigueña, con pelo y ojos negros,
+boca de labios gruesecillos, tan rojos que parecían una flor de sangre;
+el seno levantado y firme, el talle esbelto, el andar airoso, las
+actitudes y posturas animadas por un encanto singular que se desprendía
+de su figura como un efluvio turbador y escitante: y en rara
+contradicción con este aspecto provocativo, era fría, indolente,
+predispuesta a la mansedumbre y la bondad, capaz hasta de ternura, pero
+refractaria al apasionamiento y la vehemencia, como si tuviese
+adormilados los sentidos y en su alma tranquila solo pudieran hallar eco
+los sentimientos dulces y apacibles.
+
+Sacramento no era hermosa, sino bonita: pequeña, delgada, extremadamente
+blanca, los ojos de un azul muy claro, los labios finísimos, tan pobres
+de color que parecían exangües: los brazos débiles, el talle largo, el
+pecho apenas pronunciado, todo el cuerpo menudo y grácil, como de
+adolescente que no ha llegado a su completo desarrollo. De lo que podía
+envanecerse era del pelo, tan rubio, fino y abundante, tanto y tan
+largo, que sentada para peinarse le llegaba al suelo, envolviéndola en
+un manto de oro. Era una mujercita delicada, de complexión casi
+enfermiza, sin rasgos enérgicos de belleza con que atraer y dominar: su
+rostro carecía de expresión y su cuerpo de gentileza: sus posturas eran
+lánguidas, como si todo su organismo estuviera sometido a la
+impasibilidad de un temperamento ingénitamente casto, reflejo de un alma
+privada de inspirar pasiones e incapaz de sentirlas.
+
+Mas en abierta oposición con tales apariencias la frialdad era mentira y
+la languidez artificio. Cuando pretendía agradar, cuando ponía empeño en
+seducir, aquellos ojos claros, parados, se animaban súbitamente,
+trocándose de inocentes en maliciosos, y aquellos labios blanquecinos
+que ligeramente se mordiscaba con un movimiento imperceptible, tomaban
+color de cereza soleada: entonces sonreía de un modo delicioso; la falsa
+indiferencia, el abandono fingido, se convertían en laxitud estudiada
+que parecía pedir mimos o prometer caricias, y la mujercita
+insignificante, el ser débil, quedaban transformados en sirena de
+ocultos y peligrosos encantos.
+
+Por capricho estraño de la suerte la morena era sosa y la rubia picante:
+Soledad como noche serena y fresca que adormece: Sacramento como tarde
+calurosa y pesada que hostiga con visiones abrasadoras los sentidos: una
+hermana dócil, humilde, apocada, propensa a cuanto fuese delicadeza y
+ternura; otra dominadora, altiva, exigente, pronta a todo arranque
+voluntarioso y enérgico: Soledad de aquellas para quienes amar es
+conceder, prendarse y ser vencidas: Sacramento de las que, regateando
+sensibilidad, prefieren ser conquistadoras a elegidas.
+
+Justa y Luis imaginaron que las casarían pronto: a una, por su belleza y
+su bondad; a otra, por su travesura e ingenio, y a las dos, porque no
+teniendo ellos hijos, con el tiempo serían ricas.
+
+Soledad, a pesar de verse tan solicitada, se mostró desdeñosa y esquiva;
+porque pedía mentalmente a sus adoradores algo íntimo y hondo que no
+sabían darle: les exigía menos culto y más fe.
+
+Sacramento encontró marido a los pocos meses de cesar el aislamiento y
+retiro impuesto por el luto de sus padres.
+
+En las recepciones de una embajada, conoció al barón de D'Avenda,
+diplomático extranjero que le doblaba la edad, hombre de corto
+entendimiento, cuerpo gastado y carácter débil, circunstancias que ella
+imaginó compensadas con su título, su riqueza, y sobre todo, por lo
+fácil que le pareció dominarle. Tal vez no llegase a calcular
+perversamente, desde los primeros momentos, que la excesiva bondad del
+noble extranjero pudiera ser en lo futuro amplia bandera que cubriese la
+torpe mercancía de sus culpas; pero apenas comenzó a verse galanteada
+por él, comprendió que la pasión que le inspiró, tanto más avasalladora
+cuanto más tardía, se lo entregaba esclavizado.
+
+Para lograr que la distinguiera y prefiriese, le bastaron unos cuantos
+diálogos, y enseguida, dueña de sí misma, en frío, sin experimentar la
+emoción más leve, aseguró su conquista desplegando alternativamente
+candidez, picardía, recogimiento y desenfado. Para atraerle se hizo
+discreta; para retenerle, dulce; para seducirle, codiciable; para
+enloquecerle, sensual; le alentó con esperanzas, le exasperó con
+desdenes, le irritó con coqueterías, le animó con favores, y luego, de
+repente, sin transición; le puso a raya, resistiendo arrepentida y
+esquiva lo que acababa de conocer enamorada y vehemente. Sabía
+prometerse con los ojos al mismo tiempo que se negaba con los labios, y
+en una sola conversación fingía desfallecer cien veces como apasionada
+que cede, y rescatarse otras tantas como virtud arisca, que hostigada se
+exalta, pasando traidoramente de la turbación al impudor, y de la
+licencia al recato, cual si su pensamiento y hasta su cuerpo le
+inspirasen confundidos los desbordamientos de amor mal contenido que lo
+autorizan todo y las respuestas de fría honestidad que no consienten
+nada. Su táctica fue un prodigio de esa liviandad mansa que desconcierta
+la razón y espolea los sentidos: labor de afiligranada perfidia, al
+término de la cual, sin que mediara un beso ni se oprimieran una mano,
+quedaron el decoro de la mujer vendido y la dignidad del hombre
+escarnecida. Por fin cuando le tuvo medio alocado, medio entontecido,
+fingió rendirse y consintió en ser su esposa.
+
+Sacramento se casó primorosamente vestida de blanco, adornado el traje
+de azahar, en actitud humilde, el pecho anheloso, las miradas entre
+pudorosas e inquietas, la tez descolorida cual si palideciese ante la
+inevitable proximidad de las caricias... y allá en el fondo del alma la
+imaginación alegre y licenciosa como ramera triunfante.
+
+Hubo fiesta, convite, amigos, parientes, enhorabuenas, besos y abrazos,
+hasta lágrimas, y al caer la tarde, la recién casada se mudó de vestido
+para emprender el inexcusable viaje de novios. Pocas horas después,
+Luis, Justa y Soledad agitaban los pañuelos en el andén de la estación,
+mientras la pareja feliz les saludaba con los suyos asomada a la
+ventanilla del _sleeping_, lecho con ruedas, tálamo ambulante, símbolo
+acaso sobrado casto para quien tal idea tenía del amor.
+
+* * * *
+
+La sensación de vanidad satisfecha que experimentaron los tíos con
+aquella boda, quedó pronto amargada por el disgusto que les dio Soledad.
+Un día supieron que tenía novio. La insensible, la desdeñosa, la fría,
+como ellos la llamaban, estaba vencida. El autor del milagro, porque de
+tal, a su juicio, podía calificarse, era un hombre de más de treinta
+años, arrogante figura, finísimo, muy listo y en extremo simpático,
+para quien ignorase que tan halagüeñas y brillantes apariencias,
+escondían una inteligencia dañina casi por instinto y un corazón que se
+asimilaba el mal, como cuerpo poroso que absorbe la humedad. Había en él
+algo de personaje melodramático artificiosamente concebido, cual si al
+crearle hubiera querido la Naturaleza condensar en un tipo la
+perversidad que de ordinario derrama en muchos individuos. Era de los
+hombres que pierden irremediablemente a la infeliz en quien se fijan,
+cuando no lo evita esa virtud inquebrantable y misteriosa, que halla su
+voluptuosidad en la resistencia. Para defenderse de él, no bastaba la
+frialdad ingénita contra la seducción por los sentidos, pues aún fingía
+más astutamente la ternura cariñosa con que se conquista el alma, que la
+exaltación apasionada con que se vence a la materia. Su táctica estaba
+sometida a dos principios, que lejos de limitar su campo de acción, lo
+ensanchaban: nunca procuraba enamorar a mujeres de gran inteligencia, y
+siempre ocultaba sus triunfos con absoluta discreción. Así eran tantas
+sus victorias: primero, por fáciles; luego, por ignoradas.
+
+Doña Justa y su esposo averiguaron enseguida que el enamorado de Soledad
+era _de buena familia y que estaba bien_, es decir, lo referente a su
+origen y fortuna; pero de sus ideas, sus gustos, sentimientos y
+costumbres, de lo que más puede influir en el porvenir de una mujer,
+nada inquirieron, ni pararon mientes en ello.
+
+Apenas Enrique comenzó a tratar a Soledad comprendió que su
+entendimiento estaba muy por bajo de su belleza, y que existía profunda
+desemejanza entre los caracteres de su hermosura y sus condiciones
+morales. Era confiada, inocentona, sencilla, tan exenta de picardía que
+las frases y bromas más atrevidas se estrellaban contra la falta de
+malicia. Lo llamativo, lo picante de sus encantos era independiente de
+su voluntad: aquel cuerpo de líneas tentadoras tenía actitudes pudorosas
+para no revelar la forma por los movimientos; aquella boca húmeda y
+roja, como flor de granado recién mojada por la lluvia, hablaba
+castamente; y aquellos ojos de miradas abrasadoras y mimosas, grandes
+pecadores sin saberlo, contrastaban con la serenidad y limpieza de su
+pensamiento: Soledad era, en fin, una de esas mujeres a quienes hay que
+buscar, porque no saben atraer, y que resisten mal porque desconfían
+poco.
+
+Viéndose requerida de amores los aceptó cual si temiera ser cruel no
+siendo agradecida, y luego las palabras dulces, las promesas cariñosas,
+fueron invadiéndole apaciblemente el espíritu, como algo inesperado,
+pero natural y espontáneo, que llegada su hora le florecía: en el alma,
+y comenzó a recrearse en ello y gozarlo, saboreándolo a modo de un bien
+supremo, legítimo y honesto, sin irritarlo con estímulos de la impureza,
+ni envilecerlo con perversiones de la imaginación.
+
+Enrique, por el contrario, no tuvo idea sincera ni dio paso sin
+premeditación. Al principio se mostró vacilante y tímido, como quien
+desea lo que no merece; luego desplegó gran vehemencia, dando a entender
+que los primeros favores le ponían fuera de tino; y, finalmente, ya
+seguro de que Soledad le quería, procuró que la privación de verle y
+hablarle con la frecuencia acostumbrada, encendiese la llama que había
+de perderla. Buscó un pretesto para enfadarse con los tíos, dejó de
+visitarles, limitándose a mirarla en paseos y teatros, y por ultimó
+comenzó a entenderse con ella por escrito, en cartas donde interpolaba
+la tristeza del alejamiento con los arranques de pasión mal contenida.
+
+Soledad, excitada por la comunicación de aquel veneno deleitoso, se
+enseñó a contestarle en papeles imprudentes a los cuales fiaba anhelos
+antes ignorados, leyendo mil veces embelesada lo que de palabra era
+incapaz de tolerar, y dejando otras tantas correr la pluma para hacerle
+confesiones y promesas que, teniéndole junto a sí, hubiera la vergüenza
+sofocado en sus labios. Fue casta mientras pudo hablarle; atrevida al
+dejar de verle; sus primeros besos por escrito, y a solas los primeros
+sonrojos. Enrique tardó poco en adquirir la certidumbre de que aquella
+mujer era de las que no desconfían cuando aman.
+
+Entonces, poniendo con dádivas de su parte a una doncella, consiguió que
+mientras dormían los tíos, Soledad le recibiese por las mañanas en unas
+habitaciones de la planta baja, de las cuales no se hacía uso en
+invierno. Luego el misterio aumentó el encanto, la ocasión fue tercera,
+y una vez más la pasión y el engaño llamaron a la vida un nuevo ser,
+víctima expiatoria del desvarío ajeno.
+
+Cuando las lágrimas de la burlada comenzaron a agriarle la victoria,
+Enrique faltó a dos o tres citas. Soledad mandó en su busca a la
+doncella y ésta volvió diciendo que se había marchado, vendiendo en
+veinticuatro horas cuanto tenía y sin decir a nadie dónde iba.
+
+La infeliz vio la traición tan clara como imaginó haber visto la
+felicidad, sufriendo al par la vergüenza de la falta y la humillación
+del abandono.
+
+Doña Justa y don Luis, a quienes le fue forzoso confiarse, anduvieron
+relativamente parcos en recriminaciones, pero crueles e inexorables en
+punto a la energía necesaria, para ocultar las consecuencias de la
+seducción.
+
+Con pretexto de renovar el arriendo de unas fincas, partieron,
+acompañados de Soledad, fijaron su residencia en un cortijo que poseían
+en tierra de Andalucía y allí permanecieron el tiempo preciso: luego,
+gracias a la influencia y poder que su riqueza les daba en la comarca,
+hicieron que el recién nacido pasase por hijo de un matrimonio de su
+servidumbre, gente pobre que vio con ello asegurada la fortuna, y
+restablecida Soledad, tornaron a la corte los tres, quedando el motivo
+del viaje ignorado, y el decoro a salvo.
+
+En vano rogó la infeliz que la dejasen allí, sin más recursos que los
+estrictamente necesarios para vivir con el niño, en las condiciones que
+se le impusieran, sometiéndose a cuanto mandaran: todo fue inútil. Para
+la falta halló indulgencia, casi perdón, pero a trueque de separarse por
+siempre de su hijo, sacrificando el sentimiento de la maternidad a las
+exigencias del honor.
+
+Regresaron del campo, y todo Madrid volvió a contemplar a Soledad en
+fiestas y diversiones, ostentando al parecer gozosa, la plenitud de su
+belleza. No había otra tan elegante, tan gentil y gallarda. Lo que nadie
+sabía era que iba por fuerza, contra su voluntad, por falta de valor
+para rebelarse contra aquella exhibición brutal y dolorosa; lo que nadie
+podía sospechar era su vergüenza íntima, su mortificación al fingir
+pudores e ignorancias, cuyas mentiras la envilecían a sus propios ojos,
+abrasándole con un fuego sucio la conciencia. No guardaron proporción la
+falta y el modo de expiarla: fue víctima dos veces sacrificada al
+egoísmo ajeno: una para satisfacer la ilusión del amor; otra para
+contribuir a la comedia del decoro: llegando en medio del dolor a tal
+punto su pureza de pensamiento, que jamás acarició la idea de engañar a
+un hombre para encubrir su desventura.
+
+* * * *
+
+El viaje de Sacramento y su marido duró más de un año: al volver
+estaban ya desavenidos. En un principio el barón, como caballero que
+repugna publicar su desacierto, transigió con las que llamaba
+genialidades y ligerezas: luego trató de ocultarlas, y cuando ni esto
+pudo, fingió ignorarlas. Por no separarse de su mujer, a cambio de las
+migajas de su amor, sufría aparentando desconocer su vilipendio, se
+burlaba de otros maridos infortunados, pretendiendo garantizar con la
+osadía la falta de vergüenza; hizo papel de engañado, y así,
+insensiblemente, fue pasando de la debilidad a la costumbre y de la
+costumbre al envilecimiento, hasta ser un ejemplar extraordinario, un
+caso de ceguera moral inverosímil y absurdo. Porque Sacramento no cayó
+al adulterio arrastrada por la pasión tardía y avasalladora que acaso
+puede perdonar cierta soberana grandeza de alma: fue el tipo complejo de
+la medio malvada, medio enferma, a quien no se mata por infame
+sospechando que pueda ser irresponsable.
+
+Al fin, vencido, y lo que es más triste, resignado, prescindió de ella.
+Siguieron viviendo bajo el mismo techo, pero en habitaciones
+independientes, separados de común acuerdo, él, sin consuelo a su
+amargura, ella sin freno a sus desórdenes: y cuando ya este apartamiento
+era público, cuando ni amigos ni parientes, ni conocidos lo ignoraban,
+Sacramento tuvo un hijo, que, según las leyes, fue bautizado como
+heredero del nombre cuya deshonra confirmaba.
+
+No se alteraron por ello la paz ni las costumbres de la familia. El
+barón tardó poco en hacerse a la idea de que era padre, Sacramento
+continuó en sus aventuras, Soledad sujeta a la inflexible voluntad de
+los tíos, y éstos habituados por igual a las liviandades de la sobrina
+casada y a la humilde docilidad de la soltera.
+
+En el corazón de Soledad se alzaban, sin embargo, de cuando en cuando,
+protestas contra aquella privación del hijo que le parecía la amputación
+de parte de su alma.
+
+Una tarde de invierno, las dos hermanas paseaban a pie por las alamedas
+solitarias de la Moncloa. Sus pasos resonaban sobre la arena endurecida
+por las heladas, el viento arrancaba de las ramas las últimas hojas
+secas que revoloteaban como avecillas de oro, la atmósfera de una
+limpieza incomparable dejaba ver en la lejanía las masas violáceas de la
+sierra y hacia Poniente unas ráfagas de nubes rojas y anaranjadas
+parecían incendiar el arbolado de los cerros.
+
+Sacramento iba sonriente, locuaz, deleitándose en respirar, como
+excitada por la viveza del aire: Soledad callada, distraída, viendo las
+cosas sin mirarlas, oyendo, hablar a su hermana sin fijar la atención.
+A corta distancia les seguía un carruaje y a pocos pasos les precedían
+un niño y un lacayo: el primero lujosamente vestido, y el segundo
+ocupado en ir cortando los tallos y la hojarasca de una vara para que el
+chiquitín jugase.
+
+De pronto, Sacramento, preguntó a su hermana:
+
+--Pero mujer, ¿qué tienes? ¡Parece que vas tonta!
+
+Entonces Soledad, obedeciendo a un impulso involuntario, alteradas de
+súbito las facciones por la ira, cogió del brazo a Sacramento, y
+señalándole con la otra mano al niño que iba delante, dijo ásperamente:
+
+--¿No es inícuo que tú puedas salir a la calle con esa criatura y yo ni
+aun pueda decir que tengo hijo?
+
+--Yo--contestó la adúltera con la mayor naturalidad--soy casada.--Y
+haciendo por broma con su nombre un juego impío de palabras,
+añadió:--Ya ves... me llamo Sacramento.
+
+Soledad, con un mohín despreciativo, repuso:
+
+--Tienes razón. Lo mismo podrías llamarte Salvoconducto.
+
+
+
+
+SANTIFICAR LAS FIESTAS
+
+
+Lunes, 9 de Mayo de 1892, tomó don Cándido posesión de su curato en
+Santa Cruz de Lugarejo, ocupándose inmediatamente en arreglarse la casa
+con los pobres y viejos muebles que trajo en una carreta del pueblecillo
+donde vivió hasta entonces, siendo amparo de necesitados y ejemplo de
+virtuosos. Durante más de cuarenta y ocho horas, nadie se dio cuenta de
+que allí había cura nuevo.
+
+Algunos días después, las pocas personas que le vieron y hablaron
+esparcieron la voz de que parecía buena persona. Y no se equivocaban los
+que tan presto formaron de él juicio favorable, porque don Cándido era
+un bendito. Por su estatura, rostro y porte traía a la memoria el
+retrato que hizo Cervantes de su Hidalgo inmortal. También don Cándido
+_frisaba con los cincuenta años y era de complexión recia, seco de
+carnes, enjuto de rostro, gran madrugador_, y si no amigo de la caza,
+como don Quijote, incansable en el ejercicio de buscar tristezas para
+aliviarlas.
+
+Sus condiciones morales todas buenas: la piedad sincera, el trato
+afable, el lenguaje humilde, la caridad modesta, y en todo tan compasivo
+y tolerante, que, con ser grande el respeto que imponía, aún era mayor
+la cariñosa confianza que inspiraba. Su ilustración no debía de ser
+extraordinaria. En un cofrecillo muy chico cabían los libros que poseía,
+siendo el de encuadernación más resentida por el continuo uso y el de
+hojas más manoseadas, los Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia
+ni los excelsos místicos le deleitaban tanto como aquellos sencillos
+versículos que ofrecen, a quien sabe leerlos, mundos de pensamientos
+encerrados en frases sobrias.
+
+Todos los días, en seguida de comer, don Cándido, apoyado en el alféizar
+de la ventana de su cuarto, releía y meditaba un par de capítulos de San
+Marcos o San Mateo. Luego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando
+cigarrillos pasaba el rato entretenido en observar cómo trabajaban unos
+cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían
+establecido al aire libre su taller.
+
+Habíase derrumbado meses atrás un arco de la capilla de la iglesia;
+cierta señora piadosa legó fondos para reconstruirlo, un arquitecto de
+la ciudad vecina iba de cuando en cuando a inspeccionar la obra, y en
+aquel espacio inmediato a las habitaciones de don Cándido estaban,
+resaltando por su blancura sobre la verde y felpuda hierba, los bloques
+de caliza que poco a poco iban convirtiéndose en claves, dovelas,
+salmeres y trozos de archivolta.
+
+Allí, desde la mañana hasta la tarde, exceptuada una hora al medio día,
+se escuchaba continuamente el ruido múltiple y monótono formado por los
+mazos y las martillinas al chocar con las piezas de cantería: el sol lo
+iluminaba todo, lanzando acá y allá las sombras rectangulares e intensas
+de los tinglados de estera bajo que se resguardaban los peones, y a
+ratos de entre aquel rudo concierto que forman el hierro hiriendo, la
+piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y
+triste de una copla medio ahogada por el zumbido del trabajo como un
+suspiro entre las penas de la vida.
+
+Durante los cuatro últimos días de la primera semana que pasó don
+Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó de asomarse para contemplar a
+los canteros, y si alguien le observase de cerca, acaso por la emoción
+reflejada en su rostro, pudiera sospechar que aquella tarea dura y
+penosa despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva.
+
+El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote, salió muy temprano de
+casa, dijo misa, dio un paseo largo, comió más tarde que de costumbre, y
+poco antes de concluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los
+fósforos y el bote de picadura, oyó que comenzaba a resonar al principio
+aislado y débil, luego nutrido y fuerte, el ruido que producían los
+canteros picando y labrando piedra en el solar vecino.
+
+«¡Hasta en domingo!»--murmuró triste y sorprendido don Cándido: y
+asomándose a la ventana gritó al trabajador más próximo:
+
+--¡Eh! ¡Buen amigo! Diga Vd. al maestro, capataz o lo que sea, que haga
+el favor de subir aquí un instante.
+
+Momentos después estaba el maestro cantero en el comedor del cura.
+Obsequiole éste con queso nuevo y vino añejo, diole un pitillo del
+grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio
+natural, le reprendió con la poca y tímida aspereza que su bondad,
+permitía, diciéndole:
+
+--¡Qué falta de religión... y qué vergüenza! ¡Trabajar en domingo!
+
+El obrero, disgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo,
+repuso humildemente:
+
+--¿Y qué le vamos a hacer, señor cura? Trabajamos cobrando al entregar
+las piezas terminadas, ganando tiempo... el jornal es corto, el pan
+caro... y cuando menos se piensa nace un chico. Aquel grandullón
+rubio--añadió acercándose a la ventana y extendiendo la mano--tiene
+cinco; el de al lado, tres; el cojo de enfrente mantiene a sus padres...
+y así todos. Créame Vd., señor cura, en tripa vacía y hogar sin lumbre
+no hay fiestas de guardar.
+
+Quedose perplejo don Cándido, y haciendo al fin un esfuerzo por parecer
+enojado, contestó:
+
+--A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cuántos sois?
+
+--Doce.
+
+--¿Cuánto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan los jornales de hoy?
+
+El cantero sacó la cuenta por los dedos, y repuso:
+
+--Ciento quince reales.
+
+Don Cándido se dirigió a su alcoba, abrió un vargueño, sacó de un cajón
+un bolsillo de seda verde con anillas de acero, tomó de su contenido
+aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras:
+
+--Toma: que rece cada uno un _Padre-Nuestro_, y marcháos a descansar.
+¡No profanéis el día del Señor!
+
+A los cinco minutos el taller estaba desierto.
+
+* * * *
+
+Al domingo siguiente, cuando don Cándido subió a desayunarse, luego de
+decir misa, oyó asombrado el rumor que al trabajar producían los
+picapedreros, y frunciendo el entrecejo, murmuró:--«¿Hoy también?»
+
+La escena que siguió fue igual a la ocurrida ocho días antes. Llamó al
+maestro, le reprendió más duramente, fue a la alcoba, y dio el dinero
+para que el taller se despejara. Los trabajadores se marcharon alegres,
+algunos a sus casas, los más a la taberna; el bolsillo verde quedó
+vacío, y el cura asomado a la ventana pasó un rato contemplando aquellas
+piedras; que según las miraba debían de tener para él oculto y
+misterioso encanto.
+
+Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto que casi quedó
+limpio el solar. El nuevo arco de la iglesia estaba a punto de
+terminarse.
+
+Sin embargo, al tercer domingo aún comenzó más temprano el golpeteo
+seco y metálico de la herramienta sobre la piedra; pero el ruido era
+mucho más débil: sin duda trabajaba poca gente.
+
+Corrió don Cándido a la ventana y vio que solo había un hombre ocupado
+en labrar y afinar una pieza en forma de dovela, con tanta priesa y tal
+afán, que ni tomaba instante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza.
+
+Entonces bajó y acercándose al obrero le preguntó de mal modo:
+
+--¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿Por qué trabajas?
+
+--Señor--respondió el cantero--ayer quedó concluido todo: mañana lunes,
+de madrugada, se hace la entrega: sólo falta esta dovela por culpa mía,
+porque... he estado entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que
+acabarla, antes de la puesta del sol... para cobrar, porque ayer no
+quisieron pagarme... ni me pagan hasta que acabe.
+
+Dicho lo cual, bajó la cabeza, inclinó el cuerpo y siguió picando.
+
+--¿Y si no concluyes hoy?
+
+--El trastorno es lo menos: lo malo es que no cobro, y en casa hace
+falta.
+
+Quedose don Cándido pensativo. Las cuentas que echó y los cálculos que
+hizo sólo él podría decirlos: debió de recordar que el bolso verde
+estaba vacío; acaso se dijo que la verdadera limosna es la que no con
+dinero, sino con el propio esfuerzo se hace... Tal vez vinieron, a su
+pensamiento memorias a él solo reservadas... Ello fue que mirando
+compasivamente al cantero le dijo en voz baja, como confiándole un
+secreto:
+
+--Mi padre y mis hermanos fueron canteros... Cuando chico, yo también
+aprendí, el oficio. ¡Yo te ayudaré!
+
+Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empuñó un mazo y empezó a
+picar la piedra.
+
+
+
+
+LA HOJA DE PARRA
+
+
+Las dos de la tarde acababan de dar en el gabinete, amueblado con el
+lujo aparatoso e insolente propio de una cortesana vulgar enriquecida de
+pronto, cuando Magdalena envuelta en ligeras ropas de levantar y aún
+tembloroso el cuerpo por el frescor del baño, atizó los leños de la
+chimenea, y aproximando al fuego el mueblecillo que le servía de
+tocador, extendió sobre él un lienzo guarnecido de puntillas, encima del
+cual fue colocando cepillos, peines, tatarretes, frascos, polvoreras y
+cuanto había menester para peinarse. En seguida inclinó el espejo hacía
+sí, se sentó, y sin llamar a la doncella comenzó a soltarse el largo y
+abundoso pelo, antes castaño muy oscuro y ahora teñido de rojo caoba
+como el de las venecianas a quienes retrató Ticiano.
+
+Jamás permitía Magdalena que nadie le ayudase en aquella importante
+operación del peinado: primero por horror instintivo a que otra mujer le
+manosease la cabeza, y además porque deseaba estar sola cuando su
+amante, según costumbre, iba siempre a la misma hora para deleitarse
+contemplándola bien arrellenado en un sillón, mientras sus manos
+primorosas se hundían y surgían de entre las matas de la cabellera,
+formando altos y bajos, bucles, ondas y rizos hasta dejar prieto y
+sujeto el moño con horquillas doradas, mientras los pelillos revoltosos
+de la nuca, que llaman tolanos, quedaban sueltos en torno de su cuello
+como rayos de un nimbo roto.
+
+Por coquetería, y por dar tiempo a que su dueño y señor llegara, iba lo
+más despacio posible, levantándose a veces para distraerse en otras
+cosas; pues lo esencial era que al aparecer su amante aún tuviese suelta
+la sedosa madeja que le inspiraba tantas frases lisonjeras, dándole a
+ella pretexto para estar con el escote entreabierto y los brazos
+desnudos, puestos en alto, haciendo mil embelesadoras monadas.
+
+Un buen rato pasó escogiendo y apartando medias y puntillas que le
+habían mandado de una tienda, púsose luego unos zapatos nuevos para
+convencerse de que le hacían bonito pie, antes de pagarlos, y por último
+se probó un cubrecorsé y una bata, permaneciendo en adoración de sí
+misma ante el armario de luna, complaciéndose, más que en los primores
+de las galas, en su gallarda figura, de madrileña esbelta y en su gentil
+cabeza de mujer dominadora y altiva.
+
+Era rubia y muy blanca, verdaderamente hermosa y bien formada, aunque
+algo gruesa, como si en plena juventud pretendiera la carne ahogar a la
+belleza. Tenía las facciones delicadas, los ojos oscuros, de mirar
+expresivo, y los gestos y ademanes tan enérgicos y desenvueltos que a un
+tiempo delataban la vivacidad de su carácter y el empeño de mostrar una
+gracia más provocativa y libre de lo que su propia índole consentía.
+
+Aún no demostraban su lenguaje y modales completa perversión, más ya
+sabía desplegar a modo de recursos seguros, el licencioso desparpajo y
+la franca deshonestidad de quien para vivir se pone precio, esperando
+acrecentar con el estímulo el deseo, y con el impudor la ganancia.
+Comprendía el poder de sus atractivos y lo extremaba, siendo tan
+complaciente y mimosa al concederse como dura y despótica para dominar a
+su amante, que la quería poco y la estimaba menos, pero hallaba en día
+dulcísimo empleo a sus sentidos porque era hermosa y completa
+satisfacción a su vanidad, porque le costaba mucho.
+
+Ya iba impacientándose por la tardanza de su señor--que acaso no pasase
+de arrendatario--cuando al oír sonar prolongadamente un timbre, se
+acomodó de nuevo ante el tocador. Pocos segundos después, una doncella
+levantaba la cortina de la puerta dejando paso y diciendo:
+
+--El señorito.
+
+A pesar del diminutivo, el hombre que entró, sin quitarse el sombrero,
+era un señor de cincuenta años, lo menos; alto, bien plantado, mostrando
+en la mirada y el porte que, a despecho de la barba entrecana y el pelo
+casi blanco, aún debía de apreciar en toda su intensidad, los encantos
+de aquella buena moza. Vestía con exquisita elegancia, y por su edad y
+aspecto, tenía representación de persona importante: juzgándole por las
+trazas no era disparatado imaginar que fuese presidente de algún alto
+cuerpo del Estado, banquero poderoso o senador por derecho propio.
+
+Acercose a Magdalena, diole un beso en el cuello, sin que ella mostrase
+resistencia ni agrado, y quitándose guantes, gabán y sombrero, se sentó
+en una butaca colocada frente al tocador; de modo que pudiese ver a su
+amante por la espalda y al mismo tiempo contemplar su rostro reflejado
+en el espejo.
+
+--Besitos--dijo ella frunciendo el entrecejo--besitos... y poca
+vergüenza. Vamos, a ver ¿por qué no ha venido _usted_ ayer en todo el
+día? Mira que si yo quisiera... apenas tenía horas libres para...
+
+--Hija no he podido.
+
+--No ¿eh? ¡Un día entero! ¿Qué has tenido que hacer?
+
+--Muchas cosas.
+
+--Pues todo me lo has de contar para que te perdone... hora por hora...
+minuto por minuto.--Y alardeando de apasionada y ofendida, se levantó
+con el pelo suelto yendo a ponerse de media anqueta en un brazo de la
+butaca donde él estaba, diciendo:
+
+--Anda pichón, dime todo lo que has hecho, y si mientes... te ahogo.
+
+--Pues, mira: ayer me levanté a las doce, almorcé, y a las dos me tenías
+en el Consejo magno de ferrocarriles Hispánicos.
+
+--¿Y qué pito tocas tú allí?
+
+--Teníamos junta los consejeros porque los guarda-agujas piden aumento
+de sueldo y se han declarado en huelga. Dicen que ganan no sé cuanto,
+ocho o diez reales, y trabajan dieciséis o veinte horas... y que no
+duermen. Acordamos negar, pero hubo discusión: hasta las tres y media
+estuvimos allí.
+
+--¿Y luego?
+
+--Fui a Hacienda a ver al ministro.
+
+--¿Para qué?
+
+--Ya sabes que tengo unas dehesas en la Mancha. Pues, entre
+investigadores y denuncias... nada, que me quieren cobrar doble
+contribución de la que pago... ¡Y no me da la gana!
+
+--Pero, ¿con razón?
+
+--Nunca hay razón para cobrar tanto. Claro que... en realidad debía
+pagar más... pero ¿quién paga lo justo? Nadie.
+
+--¿Y qué te dijo el ministro?
+
+--Medias palabras. No podía ser explícito; pero comprendí que todo se
+arreglaría. ¿No ves que en su distrito, si yo quiero, no saca el
+gobierno ni un voto?
+
+--En fin, que te saldrás con la tuya.
+
+--Cabal. Pagaré lo que hasta aquí.
+
+--Y luego ¿dónde fuiste?
+
+--De allí salí a las cuatro y media. Me encontré en la calle a Pignorate
+y estuvimos un rato largo hablando de negocios.
+
+--¿Qué negocios?
+
+--Una empresa que tenemos. La cosa parece que se tuerce. Pignorate es el
+que da la cara: el dinero es de varios, yo entre, ellos. Dicen malas
+lenguas que si es limpio o no es limpio. Todo consiste en adelantar
+dinero a señoritos... y claro que han de pagar algo. Que algunos son
+menores... pues que sean: lo mismo necesitan dinero los jóvenes que los
+viejos. Pignorate me dijo que iba a meter a un muchacho en la cárcel,
+pero ya verás como no lo consienten sus padres.
+
+--Vamos, qué tenéis una sociedad para prestar a menores y luego... _lo
+arreglan_ sus familias.
+
+--Así, tan crudo... no; pero el que quiera dinero para vicios que lo
+pague...
+
+--¿Y después?
+
+--Me metí en el Congreso. Tenía que votar con el gobierno, por pura
+disciplina, una gran picardía. Sin embargo, como lo primero es el
+partido, voté. Luego tuve que ir al Círculo para buscar a uno.
+
+--¿Jugaste?
+
+--Poco: hasta las siete.
+
+--¿Y qué tal?
+
+--Medianamente; gané mil pesetas.
+
+--Pues me vienen al pelo.
+
+El caballero sonrió bondadosamente y sacando del tarjetero diez billetes
+de a veinte duros, los colocó sobre la falda de Magdalena diciendo:
+
+--Para alfileres: y ya puedes agradecerlo... Mis chicas tenían no sé qué
+capricho... cosas de muchachas. Otra vez será.
+
+Ella, dando por terminado aquel incidente, tiró sobre el tocador los
+billetes y continuó:
+
+--¿Qué hiciste luego? ¿Por qué no viniste de noche? Te estuve
+esperando... Se perdió el palco y me acosté de un humor.
+
+--Fui a casa, a comer, con propósito de venir temprano. ¡Qué si quieres!
+Hizo la maldita casualidad que, contra lo habitual, no tuviésemos más
+convidado que mi suegra.
+
+--¡Lagarto, lagarto!
+
+--Sí; estuvimos en familia. Luego se marchó la buena señora, mis hijas
+se fueron a vestir para ir al teatro y me quedé solo con mi mujer.
+
+--¿Y qué pasó?
+
+--Lo de siempre cuando nos vemos a solas. La gran jaqueca. Es buena,
+cariñosa, dulce; la estimo y la respeto y considero.., pero no nos
+entendemos.
+
+--¡Ya conseguirá que me dejes!
+
+--¡Eso no! Tuvimos una escena muy desagradable y estuve muy enérgico.
+
+--No te atreverías.
+
+--¿Qué no? Pues mira: le dije «no me apures la paciencia porque nos
+separamos. Tú eres libre... hasta cierto punto: yo soy dueño de mis
+acciones, y en paz, o damos el gran escándalo.»
+
+--Te hablaría de mí.
+
+--Por indirectas. Me dijo que gastaba demasiado, que en casa se debía la
+mar, que ella estaba humillada, despreciada, que las chicas se iban a
+quedar sin tener qué comer... y ¡lo que más me enfurece! se echó a
+llorar.
+
+--Para que te ablandases.
+
+--Pues no me ablandé. Lo que siento es que las chicas...
+
+--¿Qué sucedió?
+
+--Del comedor habíamos pasado al despacho. Las niñas vinieron vestidas,
+oyeron voces, se detuvieron junto a la puerta y se enteraron de todo.
+
+--Como son mayorcitas se harán cargo.
+
+--Quiá, se abrazaron a su madre... llorando. ¡Figúrate!
+
+--¡Tonto! Haberte venido aquí.
+
+--Ya se me ocurrió; pero se me había levantado tal dolor de cabeza que
+tuve que acostarme y tomar antipirina.
+
+--¡Potingues! ¿Qué mejor antipirina que yo?
+
+Quiso él entonces abrazarla por quitarle el enojo, mas ella levantándose
+de su lado le dijo muy seria.
+
+--Todo eso está muy bien y el cuadro de familia interesantísimo. Para
+evitar que se repita, esta tarde me llevas a comer a cualquier parte.
+
+--Convenido. Y no mando recado a casa: ya se irán acostumbrado.
+
+Magdalena sonrió gozosa y volviendo a su interrogatorio y reprimenda,
+para disimular la alegría, preguntó con gesto desabrido.
+
+--Y hoy ¿por qué no has venido más temprano?
+
+--He tenido que hacer una visita.
+
+--¿A quién?
+
+--A un amigo mío con quien estoy organizando una sociedad muy útil y
+provechosa. Ahora no existe ninguna semejante ni parecida: queremos que
+sea medio sociedad medio cofradía, con honores de tribunal. Si nos
+dejan, el Santo Oficio con levita. Hace mucha falta porque hoy no se
+respeta nada ni se cree en nada, el sentido moral anda por los suelos,
+el mundo está perdido... Pero tú no puedes comprenderme.
+
+Magdalena sonriendo entre provocativa y burlona, al mismo tiempo que se
+prendía las últimas horquillas en el moño, volvió la cara hacia su
+amante, hizo un guiño muy expresivo y dijo:
+
+--Hazte socio, monín. Oye ¿y cómo se llama esa hermandad?
+
+--_La hoja de parra_.
+
+--¿Y para qué es?
+
+El caballero se puso muy serio y con voz grave y sonora, repuso:
+
+--_La Hoja de parra_ será una Asociación para atajar los progresos de la
+inmoralidad y de la falta de fe.
+
+
+=Obras del mismo autor=
+
+APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA CARICATURA 2 pts.
+
+LÁZARO (casi novela), segunda edición 3
+
+DE EL TEATRO, (_Lo que debe ser el drama_).--Memoria leída en el Ateneo
+de Madrid, segunda edición 1
+
+LA HIJASTRA DEL AMOR (novela), tercera edición 4
+
+JUAN VULGAR (novela), tercera edición 3
+
+EL ENEMIGO (novela), tercera edición 4
+
+LA HONRADA (novela), con ilustraciones de José L. Pellicer y José Cuchy
+4
+
+DULCE Y SABROSA (novela) 4 pts.
+
+NOVELITAS 3'50
+
+
+
+=Próximas a publicarse=
+
+PERIFOLLOS (novela).
+
+VALDELLANTO (novela).
+
+* * * *
+
+[imagen]
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Cuentos de mi tiempo, by Jacinto Octavio Picón
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+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO ***
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
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+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
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+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
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+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
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+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
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+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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+ The Project Gutenberg eBook of
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+The Project Gutenberg EBook of Cuentos de mi tiempo, by Jacinto Octavio Picón
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Cuentos de mi tiempo
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+Author: Jacinto Octavio Picón
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+Release Date: October 15, 2008 [EBook #26929]
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+Language: Spanish
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO ***
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+
+
+<h3 class="top15">JACINTO OCTAVIO PICÓN</h3>
+<h1>CUENTOS</h1>
+<h3>DE</h3>
+<h2>MI TIEMPO</h2>
+
+<p class="c">MADRID</p>
+<p class="c"><i>MDCCCXCV</i></p>
+
+
+<p class="c">IMPRENTA DE FORTANET, <i>Libertad</i>, 20.</p>
+
+<p class="c">Queda hecho el depósito que marca la ley.</p>
+
+<p class="c">Es propiedad del autor.</p>
+
+<h3 class="top15">ÍNDICE</h3>
+<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="3">
+<tr><td><a href="#LA_PRIMER_CUARTILLA"><b>La primer cuartilla</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_AMENAZA"><b>La amenaza</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_BUHARDILLA"><b>La buhardilla</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_OLVIDADO"><b>El olvidado</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_CUARTA_VIRTUD"><b>La cuarta virtud</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOBO_EN_CEPO"><b>Lobo en cepo</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_HIJO_DEL_CAMINO"><b>El hijo del camino</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOS_TRIUNFOS_DEL_DOLOR"><b>Los triunfos del dolor</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOS_FAVORES_DE_FORTUNA"><b>Los favores de fortuna</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LAS_PLEGARIAS"><b>Las plegarias</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_NIETO"><b>El nieto</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#DICHAS_HUMANAS"><b>Dichas humanas</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_MILAGRO"><b>El milagro</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#ELVIRA-NICOLASA"><b>Elvira-Nicolasa</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#SACRAMENTO"><b>Sacramento</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#SANTIFICAR_LAS_FIESTAS"><b>Santificar las fiestas</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_HOJA_DE_PARRA"><b>La hoja de parra</b></a></td></tr>
+</table>
+
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="LA_PRIMER_CUARTILLA" id="LA_PRIMER_CUARTILLA"></a><i>LA PRIMER CUARTILLA</i></h3>
+
+
+<p><i>Para instruirnos es la ciencia; para mejorarnos la moral; para
+deleitarnos el arte, donde hallan las fuerzas fatigadas alivio y el
+espíritu ennoblecido recompensa. Si la obra artística ilustra el
+entendimiento y depura la conciencia, tanto mejor; pero su misión es ser
+bella, y lo mismo puede realizarla inspirándose en la fe, descorazonada
+por la incredulidad, o herida por la duda.</i></p>
+
+<p><i>Tal creo, y sin embargo quise poner en estas humildes páginas algo que
+levantase el ánimo, y moviera la conciencia contra injusticias y
+errores de que el arte puede ser, si no remedio, espejo, si no
+enseñanza, aviso.</i></p>
+
+<p><i>He aquí mi explicación para unos, mi disculpa para con otros.</i></p>
+
+<p><i>Empezó</i> El Liberal <i>a publicar cuentos y me honró pidiéndome algunos. A
+ser periódico exclusivamente artístico y literario, hubiera yo trabajado
+para él de otra suerte: mas imaginé que en un diario político, debía
+escribir luchando, como soldado raso, contra las ideas casi vencidas de
+lo pasado y a favor de las esperanzas de lo por venir, no triunfantes
+todavía.</i></p>
+
+<p><i>Entonces puse el pensamiento en aquella aspiración de justicia, ya
+escrita en los códigos, pero que aún es letra muerta en las
+costumbres.</i></p>
+
+<p><i>De ellas me inspiré, intentando contribuir a la pintura de esta época
+en que una letra de cambio, una obligación, un</i> cheque, <i>pesan en la
+balanza social más que cuanto representa, trabajo, ciencia, estudio y
+arte.</i></p>
+
+<p><i>Mis aciertos y mis errores, hijos son de mi tiempo: ni por éstos
+mereceré censura, ni por aquéllos soy digno de alabanza: de que enderecé
+al bien la voluntad, estoy seguro.</i></p>
+
+<p class="top5"><i>Madrid, 1895.</i></p>
+
+<p class="curva">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chap"><a name="LA_AMENAZA" id="LA_AMENAZA"></a>LA AMENAZA</h3>
+
+
+<p class="head">I</p>
+
+
+<p>Sonaron las campanadas del medio día y de allí a poco la puerta comenzó
+a despedir en oleadas de marea humana la muchedumbre cansada y
+silenciosa que componía el personal de los talleres. Nadie hablaba: no
+hacía el varón caso de la hembra, ni buscaba la muchacha el halago del
+mozo, ni el niño se detenía a jugar. Los fuertes parecían rendidos, los
+jóvenes avejentados, los viejos medio muertos. ¡Casta dos veces oprimida
+por la ignorancia propia y el egoísmo ajeno!</p>
+
+<p>El gentío se fue desparramando como nube que el viento fracciona y
+desvanece: pasó primero en turbas, luego en grupos y después en parejas
+que calladamente solían dividirse sin despedida ni saludo, tomando unos
+el camino de su casa, entrando otros en ventorrillos y tabernas,
+diseminándose y perdiéndose, confundidos todos y sorbidos por la agitada
+circulación del arrabal.</p>
+
+<p>Uno de los últimos que salieron fue Gaspar Santigós, alias, <i>el Grande o
+Gasparón</i>, porque era de tremendas fuerzas, muy alto y muy fornido.
+Hacíanle simpático el semblante apacible, la frente despejada, el mirar
+franco, y era tan corpulento, que parecía Hércules con blusa.</p>
+
+<p>Echó a andar por la sombra de una tapia, cruzó dos o tres calles,
+atravesó una plaza, y metiéndose por pasadizos y solares, para acortar
+distancias, vino a desembocar en un paseo de olmos, jigantescos, cuyo
+ramaje se entrelazaba formando bóveda de sombra, bajo la cual, le
+esperaba, sentada en un tronco derribado, una mujer joven, limpia y
+graciosa, que tenía delante una cesta, al lado un perro, y en el regazo
+un niño. Corrió el animal hacia su amo, el pequeñuelo alargó las
+manitas, y mientras el hombre sacaba de la cesta, y partía la dorada
+libreta, la muchacha, sin dejar de mirarle, apartó a un lado la
+ensalada, sacó la botella del tinto, la servilleta, las cucharas de
+palo, y sobre el hondo plato de loza blanca, con ribete azul, volcó el
+puchero de cocido amarillento y humeante.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>Cuando sonaron a lo lejos las campanadas <i>de vuelta</i>, echó el último
+trago, lió un pitillo, dio un beso al niño, arrojó al perro un mendrugo,
+y oprimiendo rápidamente el talle a la joven, como un avaro que palpa su
+tesoro, tomó el camino de la fábrica.</p>
+
+<p>Traspuso la puerta, cruzó un patio lleno de pilas de lingotes de hierro,
+y entró en una nave larga y anchurosa, iluminada por ventanales tras
+cuyos vidrios empañados se adivinaban muros ennegrecidos, montones de
+carbón, chisporroteo de fraguas, y altas chimeneas que en nubes muy
+densas lanzaban a borbotones el humo pesado y polvoriento de la hulla.
+En lo alto y a lo largo de la nave corría en complicadas líneas un
+número incalculable de aceros relucientes, de hierros bruñidos,
+palancas, vástagos y ruedas unidas por correas, que subían, bajaban, se
+retorcían cruzándose, y giraban vertiginosamente, como miembros locos de
+un mecanismo vivo en que nada pudiera detenerse sin que el conjunto se
+paralizara. El piso entarimado temblaba con la trepidación del vapor,
+cuyos resoplidos se escuchaban cercanos; y de otros talleres, debilitado
+por el vocerío y la distancia, venía rumor de herrajes golpeados y
+zumbido de máquinas mezclado a cantos de mujeres.</p>
+
+<p>Al término de aquella nave veíase otra igual y salvando un patio que las
+separaba, había entre ambas un puentecillo estrecho de madera, junto al
+cual giraba sobre su eje la enorme rueda de un colosal volante.</p>
+
+<p>Cuando iba <i>Gasparón</i> por la mitad del puentecillo, vio que de la
+segunda nave llegaba un aprendiz corriendo, con tal ímpetu, y tan
+lanzado a la carrera, que ya no podía detenerse. Sin tiempo para
+retroceder, y adivinando que no cabrían los dos en el angosto pasadizo,
+<i>Gasparón</i> encogiendo el cuerpo se hizo a un lado: llegó el muchacho
+como un rayo, se desvió mal, sufrió el encontronazo y cayó de bruces,
+quedando casi fuera del tablón estrecho que formaba el piso suspendido
+sobre el vacío del patio, y sin lugar a donde asirse. <i>Gasparón</i>, más
+cuidadoso del peligro ajeno que del propio, le tendió una mano; y el
+chico, cegado por el miedo, se agarró a ella con tal fuerza y tal ánsia
+que hizo vacilar al obrero. Este al perder el equilibrio,
+instintivamente, para recobrarlo haciendo contrapeso, echó hacia atrás
+el otro brazo puesto en alto, mas con tan mala suerte, que
+alcanzándoselo un radio del volante le partió el hueso por más arriba de
+la mano.</p>
+
+<p>El muchacho dijo luego que, a pesar del terror, oyó un crugido como
+cuando se parte una astilla de un hachazo. Pero aún tuvo aquel hombre
+fuerza y serenidad para retroceder algunos pasos: arrastró al chico, y
+al dejarlo en salvo sobre el piso de la nave, cayó rendido a la
+violencia del dolor.</p>
+
+<p>Recogiéronle sus compañeros, y por no tener enfermería la fábrica, le
+llevaron sentado en una silla al hospital cercano, donde aquella misma
+tarde hubo que desarticularle el codo.</p>
+
+<p>La convalecencia fue larga: en ella se gastaron primero los ahorros;
+luego el préstamo tomado sobre la ropa dominguera, la capa de él y el
+mantón de ella; después algún socorro de camaradas y vecinos, y por
+último, un donativo de la <i>Caja de resistencia en huelgas</i>. En nuevo
+trabajo no había que pensar; porque el brazo perdido era el derecho.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Cuarenta y tantos días después de la desgracia, la mujer de <i>Gasparón</i>
+se presentó en la pagaduría de la fábrica.</p>
+
+<p>Era una habitación pequeña dividida por un tabique de madera y tela
+metálica con ventanillos, tras los cuales se veía un señor viejo, bien
+vestido, de camisa limpia, que estaba leyendo un periódico, sentado
+junto a una caja de caudales. Cerca de él, al alcance de su vista, había
+dos hombres que de pie y encorvados escribían en grandes libros puestos
+sobre pupitres de pino.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué traes tú por aquí?&mdash;dijo uno de los escribientes al acercarse la
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo ha quedado <i>Gasparón</i>?&mdash;preguntó el otro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, ¡cómo ha de quedar! Manco.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y a qué vienes?</p>
+
+<p>&mdash;A cobrar.</p>
+
+<p>Uno de aquellos hombres tomó un cuaderno y comenzó a pasar hojas
+murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;Gaspar... Gaspar...</p>
+
+<p>&mdash;Está por Santigós. Nave de taladros, sección segunda&mdash;dijo la mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad; Gaspar Santigós, aquí está.</p>
+
+<p>&mdash;Ese es&mdash;añadió ella suspirando.</p>
+
+<p>El escribiente se puso a hacer números en una cuartilla de papel, y sin
+alzar la vista preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Había cobrado la semana anterior?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues son... deben de ser...</p>
+
+<p>Entonces el caballero de la camisa limpia soltó el periódico y sin mirar
+a la joven preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué día fue eso?</p>
+
+<p>&mdash;El veinte pasado: miércoles, a las dos&mdash;contestó ella tristemente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues poca duda cabe&mdash;repuso el caballero&mdash;lunes, uno; martes, dos;
+miércoles... dos días y medio, que a cuatro cincuenta de jornal... son
+once pesetas con veinticinco céntimos.&mdash;Y se volvió de espaldas.</p>
+
+<p>Sacó el dependiente una esportilla de la caja, contó el dinero, y sin
+más conversación hizo la entrega. Marchose llorando la muchacha, y aún
+se oía el ruido de sus pasos cuando el caballero de la camisa limpia
+dijo severamente:</p>
+
+<p>&mdash;No se le olvide a usted apuntar que <i>Gasparón</i> es <i>baja</i>.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Cuando los obreros supieron que a <i>Gasparón</i> se le habían pagado <i>dos
+días y medio</i>, corrió sobre sus tugurios y agitó sus cabezas viento de
+tempestad. La iniquidad llamó a la ira.</p>
+
+<p>Reuniéronse los delegados de los grupos, hubo Junta una noche en la
+trastaberna del <i>Francés</i>, y para completo conocimiento del caso, se
+citó también al pobre manco.</p>
+
+<p><i>Gasparón</i> contó su desgracia con la mayor naturalidad, mostró el muñón
+cicatrizado, lleno de costurones, y luego, mientras duró la reunión, no
+cesó de molestar a los amigos pidiendo que le desliaran cigarrillos,
+porque aún no estaba acostumbrado a valerse con una sola mano.</p>
+
+<p>Una lámpara sucia, que apenas daba luz, ardía inútilmente, sin alumbrar
+el cuarto. Casi no se veían cuerpos, ni figuras, ni rostros. Las voces
+parecían salir de entre sombras como protestas y amenazas anónimas.</p>
+
+<p>&mdash;Llevo cincuenta y dos años de taller&mdash;dijo el que habló primero&mdash;y sé
+más que vosotros; porque he corrido muchas fábricas; entré a los doce...
+Siempre he dicho que lo mejor sería <i>obligarles</i> a mantener a los que ya
+no pueden trabajar. Si no, ya lo veis; callos en las manos y la tripa
+vacía.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, con menos años&mdash;dijo otro&mdash;tengo más experiencia: lo mejor es
+ponernos de acuerdo, guardar secreto y estropearles el material, la mano
+de obra, la herramienta, todo lo que se pueda; perder tiempo, fundir
+mal, tejer peor. En un año no quedaba fábrica con crédito.</p>
+
+<p>&mdash;Ni obrero con pan.</p>
+
+<p>&mdash;¡Las ocho horas!&mdash;exclamaron varios al mismo tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Buen consuelo, ser perros ocho horas en vez de nueve.</p>
+
+<p>&mdash;Aumento de jornal.</p>
+
+<p>&mdash;Y en seguida suben ellos la ropa, el pan, la casa... si pudieran...
+¡hasta el aire tasaban!</p>
+
+<p>Entonces se oyó una voz que no había sonado aún: una voz que delataba un
+cuerpo chico y una voluntad monstruo.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí no hemos venido a discutir sino a vengarnos. ¿Tenéis coraje? ¿Sí
+o no? Yo sé donde hay tres cartuchos de dinamita, de a dos kilos y
+medio; uno para el almacén de modelos, que es lo que vale más; otro para
+casa del amo, por la parte de atrás donde tiene la familia... y el otro
+se guarda para cuando haga falta. Echamos suertes, y a quien le toque,
+aquél los pone.</p>
+
+<p>Un silencio prolongado y medroso siguió a la horrible proposición. A
+unos les asustaba la idea del estrago; a otros el terror del castigo;
+con la voluntad, casi todos fueron cómplices; ninguno dijo: «Yo me
+atrevo.»</p>
+
+<p>De pronto se levantó <i>Gasparón</i>, dio dos chupadas al pitillo, y
+colocándose bajo la débil claridad de la lámpara, para que le leyeran en
+el rostro lo inquebrantable de la resolución, habló de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso es inútil, o es infame. ¿Montepío ni pensiones, con dinero de
+ellos? Estáis soñando. ¿Huelga? ¿Para qué? ¿Para hocicar en cuanto falta
+el pan en casa, quedar empeñados y volver al trabajo? Lo de los
+cartuchos, es una salvajada de cobardes; ¡por cuenta mía no se asesina a
+nadie! Dejad a mi cargo la venganza, que será buena.., y larga.</p>
+
+<p>Unos refunfuñando, y otros de buen grado; por miedo los pusilánimes, y
+los exaltados porque en los ojos de <i>Gasparón</i> adivinaron algo tremendo
+y misterioso, todos accedieron a su ruego; y la reunión se disolvió
+enseguida, semejante a una de esas tormentas que llevan en su seno el
+rayo y no lo lanzan a la tierra.</p>
+
+
+<p class="head">V</p>
+
+<p>Al día siguiente <i>Gasparón</i> se puso a pedir limosna al pie de la
+soberbia casa donde vivía el fabricante. Allí está siempre junto a la
+verja de remates dorados, cerca de una ventana, tras cuyos cristales
+caen en amplios pliegues los cortinajes de seda: allí se le ve de sol a
+sol mostrando el muñón cicatrizado, destacándose el bulto haraposo de su
+cuerpo sobre la fachada de mármol, y llevando siempre colgado al cuello
+un cartelillo en que se leen estas palabras: <span class="smcap">Inutilizado en la fábrica
+de don Martín Peñalva</span>.</p>
+
+<p>Súplicas, amenazas, ofertas para que se retire, cuanto se ha intentado
+ha sido en balde. Allí está cuando el rico industrial, nuevo señor del
+feudalismo moderno, sale a sus placeres y sus agios; cuando su esposa
+vuelve de rezar, y cuando sus hijas van a saraos y fiestas envueltas en
+primorosas galas.</p>
+
+<p>Aquel mendigo en la puerta de aquel palacio es una afrenta viva: y es
+también una tremenda profecía.</p>
+
+<p>La mano con que pide parece que amenaza.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chap"><a name="LA_BUHARDILLA" id="LA_BUHARDILLA"></a>LA BUHARDILLA</h3>
+
+
+<p class="head">I</p>
+
+<p>La casa de los duques de las Vistillas era de las mejores entre las
+buenas viviendas nobiliarias del antiguo Madrid. No podía compararse con
+ella la de los Guevaras, ni la de los Peraltas, ni la de los Zapatas, ni
+aun la de los <i>Salvajes</i>: se parecía a las de Oñate y Miraflores. Sus
+dueños le decían el <i>palacio</i>... y, sin embargo, no pasaba de ser un
+caserón destartalado, de grandes salones, tremendos patios y pasillos
+laberínticos. La fachada era de agramillado y berroqueña del
+Guadarrama: tenía zócalo de granito con respiraderos de sótano, planta
+baja con descomunales rejas dadas de negro, principal de anchos huecos
+con fuertes jambas, recios dinteles y guarda polvos casi monumentales:
+sobre el balcón del centro, que caía encima del zaguán, ostentaba un
+enorme escudo nobiliario, ilustre jeroglífico compuesto por cabezas de
+moros, perros, cadenas, bandas y calderos; todo ello dominado por un
+soberbio casco de piedra caliza que el tiempo iba enrojeciendo con el
+chorreo de las lluvias mezclado a la herrumbre del balconaje. El piso
+segundo, bajo de techo y a manera de ático, tenía ventanas pequeñas, y
+sobre el entablamento descollaban las buhardillas altas, aisladas,
+recubiertas de tejas, guarnecidas de verdosas vidrieras, ante las cuales
+se veían desde lejos las ropas recién lavadas y tendidas que goteaban
+sobre estrechos cajoncitos, plantados de yerba luisa, albahaca, yerba de
+gato y claveles.</p>
+
+<p>Eran estas buhardillas habitación de gente pobre que vivía en contacto
+frecuente con los ricos: así estaban cercanos la necesidad y el remedio,
+hermoso maridaje que aplaca la envidia de los que no tienen y amansa el
+egoísmo de los que poseen. Los amos ocupaban en invierno el principal y
+en verano el bajo: en el segundo estaba la administración, y en las
+buhardillas, los cocheros, pinches y lacayos, amén de dos o tres
+familias de sirvientes jubilados y gentes protegidas, entre ellas,
+Manuela, hija de un ayuda de cámara, hermana de una doncella y viuda de
+un mozo de comedor que había servido muchos años y murió, dejándola
+embarazada.</p>
+
+<p>Daban los señores a Manuela, en recuerdo de lo bien que se portó su
+marido, tres reales diarios y casa; es decir, una de aquellas
+buhardillas que desde la calle se veían descollar por cima del tejado,
+entre ropas blancas y macetas verdes.</p>
+
+<p>De la misma edad que Manuela tenían los duques una hija tan graciosa,
+picaresca y bonita, que parecía un modelo de Goya, y tan buena, que en
+limosnas y socorros gastaba mucho de lo que sus padres le daban para
+galas y alfileres.</p>
+
+<p>La casualidad, o la Providencia, que acaso sean hermanas sin saberlo,
+hizo que la duquesita y Manuela se enamorasen y casaran casi al mismo
+tiempo, hacía mil ochocientos setenta y tantos. Sin duda el amor, que no
+distingue de jerarquías ni clases, les rozó simultáneamente con sus
+alas. Algo así debió de suceder, porque ambas fueron madres con
+diferencia de unas cuantas horas. Cuando el hijo de la duquesita vertía
+sus primeras lágrimas entre lienzos de Holanda y ricos encajes, hacía
+sus primeros pucheros el chiquitín de Manuela envuelto en pañales de
+bayeta amarilla.</p>
+
+<p>No habían salido a misa de parida, aún guardaban cama, cuando una noche,
+casi de madrugada, la duquesita mandó llamar a su doncella, hermana de
+Manuela. Pasó un buen rato sin que acudiese la chica, impacientose el
+ama, y al llamar por tercera o cuarta vez, entró al fin la muchacha
+diciendo llorosa y acontecida:</p>
+
+<p>&mdash;Dispense V. E..., estaba arriba... porque a mi hermana <i>paece</i> que se
+la <i>yeba</i> el Señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo peor: dice el señor médico; que así como a V. E. le ha
+<i>sucedio</i> con bien la subida de la leche, a la pobre Manuela le ha
+<i>entrao</i> una calentura <i>malina</i> que nos quedamos sin ella.</p>
+
+<p>La duquesita quedó aterrada. Como su situación y la de aquella
+desdichada era casi la misma, pensó que podía haberse hallado en caso
+igual; tuvo miedo, tembló por sí, y se estremeció ante la idea de dejar
+sin madre a aquel pedacito de su alma concebido entre placeres, parido
+entre dolores, que allí dormía puestos los labios en su pecho y acogido
+al calor tibio y cariñoso de su cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;Válgame Dios&mdash;dijo la señora&mdash;con que calentura maligna...</p>
+
+<p>&mdash;Pero muy grande, y lo más malo es que ha dicho el señor médico que
+busquen quien dé teta al niño... y ya ve vuecencia, así de pronto
+cualquiera encuentra... Está la criatura llorando como un cachorro...
+chupa que chupa, Manuela con los pechos secos... y <i>ná</i>, como si mamase
+de un pepino.</p>
+
+<p>La duquesita miró a su hijo con ternura, y en seguida, obedeciendo a una
+de esas inspiraciones femeninas que ante nada se detienen, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no hay quien le dé teta?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie: ya hemos <i>corrío</i> toda la <i>vecindaz</i>..., y aunque ahora al
+pronto se encontrara, ¿cómo quiere V. E. que luego pague un ama? Estará
+de Dios que se quede sin hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues oye... sube corriendo, coge al niño, mira si está limpito y
+bájalo... Yo tengo leche para dos.</p>
+
+<p>Oposición de los padres, enojo del marido, advertencias del médico, todo
+fue inútil. La duquesita dio teta al hijo de Manuela durante tres días,
+al cabo de los cuales, doblegándose ante la enérgica actitud de su
+esposo, devolvió el niño a la madre, prendiendo entre los pañales un
+billete de Banco para que pudiese pagar nodriza.</p>
+
+<p>Súpose todo aquello en el barrio, y cuando la señora salió a misa de
+parida, no logró pisar el suelo de la calle; porque desde la escalera
+hasta el zaguán donde aguardaba el coche, y desde las gradas de la
+parroquia hasta el altar de la Virgen, las mujeres de la vecindad habían
+alfombrado el piso con mantones y flores; mantones raídos, flores
+baratas...; pero no hubo sultán de Oriente que disfrutara triunfo
+igual.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>Muertos sus padres pocos años después, la duquesita, por seguir, la moda
+y complacer a su marido vendió la casa de sus mayores y edificó en la
+Castellana un hotel a la francesa, dirigido por un arquitecto de París.
+Cayó la antigua morada de los Vistillas, destruyose la severa fachada, y
+casi juntos rodaron por el suelo los fragmentos del escudo roto y las
+tejas de las buhardillas derruidas. Lo que produjeron las rejas y los
+sillares de berroqueña apenas bastó para pagar unas cuantas piedras
+traídas de Angulema. El nuevo edificio era extranjero, antipático,
+barroco, en el mal sentido de la palabra, y en vez de buhardillas
+españolas, tenía una gran montera de pizarra.</p>
+
+<p>Claro está que al derribarse la casa antigua fueron echados a la calle
+los servidores jubilados, y entre ellos Manuela. En vano intentó ver a
+la duquesa. El mayordomo, un burgués en canuto, más aristocrático y
+orgulloso que el amo a quien sisaba, no permitió que se acercase a la
+señora.</p>
+
+<p>Manuela comenzó entonces a subir esa calle de la amargura que se llama
+miseria. Fue peinadora, cosió para las tiendas y el corte, siendo
+desgraciada en todo, y por último se puso a lavandera.</p>
+
+<p>Pasó tiempo. La duquesita, esbelta y grácil, como un ángel de los que
+pintó Goya en San Antonio, se había convertido en una señorona de
+opulentas formas: Manuela, antes guapa, airosa y limpia, estaba fea,
+ordinaria, flaca, embastecida por el trabajo y desfigurada por las
+privaciones.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Un día hubo motín de lavanderas. El Ayuntamiento, a quien el pueblo
+llamaba el gran matutero, les exigía un nuevo impuesto, y las pobres no
+podían ni querían pagarlo.</p>
+
+<p>La gresca comenzó muy de mañana en los lavaderos del Norte, se corrió
+río abajo desde los once caños hasta los puentes de Segovia y Toledo,
+arreció en los cobertizos del pontón, engrosó, por ser domingo, con la
+gente de los merenderos, y al medio día los grupos de mujeres armadas de
+palos, piedras, trancas y estacas subieron por el Paseo de los Ocho
+Hilos y la calle de Toledo a desembocar en la Plaza de la Cebada. En
+vano luchaban las tituladas autoridades.</p>
+
+<p>&mdash;¡Muchachas! ¡Hijas mías!&mdash;decía el gobernador&mdash;todo se arreglará...
+Nombrad una comisión.</p>
+
+<p>Una de aquellas desdichadas se adelantó diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Mire <i>ustéz</i> usía..., estamos hartas, y no nos da la gana. Las que
+salimos mejor libradas, las de lavadero, pagamos <i>cá</i> sábado treinta
+<i>ríales</i> de pila y colada; dos <i>ríales</i> de mozos <i>pá</i> que cuelen con
+<i>cudiao</i>; por cada carretilla de ropa de la pila al cuelo, y del cuelo a
+la pila, una perra grande; en los tendederos otra perra, y en cuantito
+que llueve, <i>pá</i> que recojan pronto, otra perra... por subir y bajar
+talegos una peseta <i>cá</i> viaje; y ponga usted jabón, palas, jornal de
+ayudantas, valor de prendas <i>perdías</i>... y las heladas y los calores...
+las que <i>tién</i> más suerte les queda diez <i>u</i> doce <i>ríales</i> por semana...
+vamos, lo que usted gasta en un puro. ¿Qué <i>quiuste</i> que comamos? ¡Y
+ahora pone el alcalde otra contribución! ¡Como no <i>sus</i> demos morcilla!</p>
+
+<p>Un guardia quiso prender a la oradora, pero sus compañeras la
+defendieron a palos, mordiscos y arañazos... Salió un sable de la vaina,
+y allí fue Troya. Un diluvio de piedras y medios ladrillos cayó sobre
+los representantes del poder; y todos quedaron iguales; así los mal
+nombrados por el gobierno, como los peor elegidos por el pueblo.
+Gobernador, alcaldes, concejales, inspectores y guindillas, tuvieron que
+huir vergonzosamente ante las amazonas del Manzanares. Apaleaban a los
+agentes, herían a los guardias, silbaban a los clérigos, ordenaban
+cierre de tiendas, y recorrían la capital en son de guerra, gritando:
+«¡Muera el alcalde! ¡Abajo los ladrones!» En la calle de Atocha
+sufrieron una carga de caballería. Seis u ocho quedaron descalabradas a
+sablazos y tendidas en medio del arroyo; otras cayeron pateadas por los
+caballos; las más se replegaron desordenadamente hacia la plaza de Antón
+Martín. Iban furiosas; no eran mujeres, sino fieras.</p>
+
+<p>Hubo momentos en que lo comenzado como asonada de miserables
+desgraciadas amenazó trocarse en alzamiento social. Los primeros gritos
+fueron: ¡No pagamos! ¡Abajo la peseta! ¡Abajo el alcalde! Luego el
+pueblo, con ese instinto que le hace relacionar ideas hasta encontrar el
+origen de su daño, comenzó a gritar ¡Abajo los ladrones! y por último la
+miseria fermentada, la pobreza escarnecida, la ignorancia fuerte y sin
+freno, todo aquel conjunto de injusticias acumuladas se condensó en una
+voz terrible: ¡Mueran los ricos!</p>
+
+<p>A este punto llegaba la marea del hambre, cuando en mal hora acertó a
+desembocar en la plaza una soberbia carretela ocupada por dos señoras
+elegantísimas. Los caballos ingleses, el coche francés, y lo que ellas
+llevaban desde las telas de los trajes hasta las horquillas de oro,
+desde las medias de seda hasta las primorosas flores de sus
+sombrerillos, todo tenía ese aspecto de suntuosidad a la moderna que
+cuesta más caro cuanto parece más sencillo.</p>
+
+<p>Entonces, aquel río de furias desgreñadas, aquellas turbas harapientas,
+atajaron el paso al coche, y sobre las magníficas faldas de las damas,
+pálidas de sorpresa y medio muertas de miedo, comenzó a caer en lluvia
+pastosa y sucia el barro arañado de entre los adoquines o cogido en las
+socavas de los árboles; y empezaron a silbar por el aire trozos de
+cascote, escuchándose los rugidos de las amotinadas, que vociferaban:
+¡Mueran los ricos! Dos o tres piedras chocaron contra la caja de la
+carretela, quedó herido el lacayo, una moza de fuerzas hercúleas metió
+un garrote entre los radios de una rueda y apalancando con alma para
+que no se moviera el coche, faciltó que por la trasera de éste treparan
+varias chicuelas ansiosas de arrancar de los sombrerillos las primorosas
+flores pagadas en París a peso de oro. Y los gritos no cesaban: ¡Vamos a
+desnudarlas! ¡Mueran los ricos! El momento fue horrible; aquello parecía
+el choque del hambre con la inconsciente insolencia de la hartura.</p>
+
+<p>De repente, una de las amotinadas, que estaba en tercera o cuarta fila,
+comenzó a dar codazos y empellones pugnando por abrirse paso.</p>
+
+<p>Debía de ser alguna de las jefas, porque los grupos se espaciaron
+dejándola avanzar hasta la caja del coche, mientras ella, gesticulando
+enérgicamente, decía con los brazos en alto:</p>
+
+<p>&mdash;¡Compañeras, quietas! ¡Chicas, no tiréis! ¡Dejadme hablar... no seáis
+bestias!</p>
+
+<p>Viendo a aquella mujer, la más joven de ambas damas, dio un grito de
+asombro y de sorpresa, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Manuela!</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo soy <i>señá</i> duquesa!</p>
+
+<p>Y subida en el estribo, agarrándose a la capota, siguió gritando;</p>
+
+<p>&mdash;¡Muchachas, por lo que más queráis en el mundo <i>sus</i> pido que no les
+hagáis daño! Ellas no <i>tién</i> la culpa. ¿Sabéis quién es ésta, la guapa,
+la más joven, la que <i>paece</i> la Virgen de la Paloma? Las que me
+conocéis, las de mi lavadero, ¿no <i>m'habéis</i> oído contar que cuando mi
+hijo se me moría le dio la teta una señora?... ¡Pues ésta es! ¡<i>Pa</i>
+hacerla daño me tenéis que matar a mí!</p>
+
+<p>Sonó algún silbido, se oyeron algunas carcajadas de mofa, pero las
+turbas abrieron paso, los grupos se aclararon, la lavandera echó pie a
+tierra, arreó el cochero y el carruaje pudo arrancar despacio por entre
+aquella muchedumbre hostil, momentáneamente amansada. La duquesa miró a
+su salvadora con los ojos nublados de lágrimas, y Manuela siguió
+mientras pudo al lado del coche, diciendo, trémula de gozo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, señora! ¡Qué lejos que estamos ya los pobres y los ricos!
+¡Cuánto más valían aquellas buhardillas cuando vivíamos unos cerca de
+otros <i>pa</i> conocernos y querernos! Ahora hacen unos <i>ciminterios</i> de
+vivos que les <i>yaman</i> barrios pa obreros... y cuando subimos a Madrid...
+¡es <i>pa</i> esto!</p>
+
+<p>&mdash;¡Te debemos la vida!&mdash;dijo una voz aún entrecortada del terror.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, señora!</p>
+
+<p>Trotaron los caballos, se alejó en salvo el coche, y a su espalda, ya
+lejos, arreció el rumor formidable del motín, semejante al ruido de una
+presa cuando rota la esclusa se precipita el agua en oleadas de espuma
+sucia y turbulenta.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="EL_OLVIDADO" id="EL_OLVIDADO"></a>EL OLVIDADO</h3>
+
+
+<p>Desde que la mano levantaba el pegado cortinón de alfombra, reforzado
+con tiras de cuero, quedaban los ojos deslumbrados. La iglesia estaba
+hecha un ascua de oro. Las capillas laterales despedían resplandores
+amarillentos que, como grandes bocanadas de claridad, se confundían en
+el centro de la nave: de los arcos pendía multitud de arañas con flecos,
+colgajos y prismas de cristal tallado, en cuyas facetas irisadas se
+multiplicaba hasta lo infinito el tembleteo de las luces: y, al fondo,
+el retablo del altar mayor semejaba un monumento de oro adivinado tras
+la pirámide de llamas formada por cirios y velas, cuyos pábilos
+chisporroteaban, esmaltando de puntos rojos las espirales del incienso
+que flotaba en la atmósfera calurosa y pesada.</p>
+
+<p>Casi no se distinguían imágenes, confesionarios, puertas, pinturas, ni
+tapices; los bultos y las líneas, perdidos la forma y el contorno,
+estaban ofuscados por un fulgor que, a pesar de su intensidad, recordaba
+la palidez enfermiza y triste de la cera. Las lámparas de aceite,
+repartidas a distancias y alturas desiguales, brillaban con claridad
+verdosa; y sobre la alta cornisa, de donde arrancaba la bóveda, había
+una línea de ventanas cegadas con cortinas en que los rayos del sol se
+detenían, iluminando los bordes de la tela y resbalando luego,
+amortiguados y débiles, por las molduras polvorientas.</p>
+
+<p>A los lados, en las entradas de las capillas, estaban los hombres, en
+pie la mayor parte, algunos arrodillados, todos cansados, formando
+grupos donde resaltaban los cráneos relucientes, las cabezas canas y los
+rostros encendidos del calor.</p>
+
+<p>Las mujeres llenaban todo el centro de la nave: había tantas que estaban
+apiñadas, molestas, dejando oír continuamente el chocar de las sillas,
+el crujido de las sedas y el aleteo de los abanicos. No iban vestidas de
+trapillo, como salen a las primeras misas, sino lujosamente ataviadas,
+cual si para ir a la casa de Dios les hubiesen servido la vanidad y la
+tentación de doncellas consejeras. Su gracia y su hermosura, realzadas
+por la gravedad de los semblantes; la coquetería de sus movimientos al
+volver las hojas de los libros llenos de cifras y blasones; el modo de
+liarse a la muñeca los rosarios que parecían joyas; el inclinar la
+cabeza sobre el pecho anheloso, mirándose de reojo los pliegues de la
+falda; alguna tosecilla rebelde, rastro de los escotes del invierno, y
+alguna sonrisa cautelosa dirigida hacia las laterales de la nave, todo
+delataba una devoción superficial, elegante, frívola y mezquina; piedad
+exenta de grandeza, manchada de reminiscencias mundanales.</p>
+
+<p>Sus espíritus parecían vagamente abismados en la contemplación no
+lograda de algo que incompletamente deseaban, mostrando quietud sin
+recogimiento y misticismo sin poesía.</p>
+
+<p>Sus cuerpos eran figuras de cuadros modernísimos. Tenían en los trajes
+dibujos primorosos; combinaciones de colores extraños perfectamente
+armonizados; cintas de tornasoles inverosímiles; flores tan bien
+contrahechas, que parecían recién cogidas entre rocío húmedo, y plumas
+tan leves como los filamentos vaporosos del incienso que flotaba en el
+aire.</p>
+
+<p>La esbeltez de los talles, la exuberancia de los bustos, todos sus
+encantos y atractivos, estaban realzados, favorecidos, expuestos, y como
+ofreciéndose con la premeditación de un arte seductor y diabólico.</p>
+
+<p>Las ropas les cubrían el cuerpo, pero ciñéndolo, plegándose
+amorosamente, ondulando hasta modelar la forma como lienzos húmedos;
+dejando las bellezas a un tiempo tapadas y desnudas, vestidas y
+deshonestas, convirtiéndose el paño que oculta en gasa que revela y la
+gracia que atrae en sensualidad que enerva. Sus caras, alteradas por el
+disimulo y la coquetería, eran rostros de esfinge, espejos de almas
+insondables. Aquellas mujeres, nacidas en las cumbres sociales, y
+mimadas por la fortuna, eran la obra perfecta de la Naturaleza,
+embellecida por las fuerzas de la civilización. Lo que sobre sí llevaban
+era la cifra y compendio del trabajo humano: todas las ciencias, todas
+las industrias convergían a buscar maravillas o realizar prodigios para
+ellas. Allí estaban todos los tipos de la belleza femenina, todas las
+variedades de la hermosura, y de entre las largas filas, de cabezas se
+desprendían emanaciones turbadoras: olor a lilas blancas que hace
+traidora la pureza, clavel rojo que huele a clavo, heno fresco que trae
+a los sentidos laxitud de amores campestres, y aromas intensos del
+Extremo Oriente, quintaesenciados por las artes viciosas de la Vieja
+Europa. La dulzura de las miradas, el ligero palpitar de los labios
+estremecidos por el rezo, no eran bastante a disipar la fascinación que
+con su hermosura despertaban.</p>
+
+<p>Cuando se movían arreglando los reclinatorios y las sillas, el sagrado
+recinto parecía estremecerse como santo mordida por la tentación, y el
+crujir de las sedas imitaba rumor de viento entre hojarasca caída y
+seca.</p>
+
+<p class="linea">Las luces brillaban intensamente; la atmósfera cargada, casi opaca, iba
+tomando junto a las llamas cambiantes opalinos. El formidable trompeteo
+del órgano, a veces dominado por las notas altas del canto, se
+desparramaba por el aire en oleadas de armonía, y cuando cesaban se oía
+monótono y constante el sonido casi cristalino, pertinaz y agudo, de una
+moneda de oro golpeada contra una bandeja de plata. Entre el fulgor
+amarillento de las luces y el sonido de aquella moneda, el templo
+parecía dominado por algo terrenal y profano, mientras arriba, en lo
+alto de la cornisa, a cada instante penetraba con más dificultad la luz
+del sol.</p>
+
+
+<p>En el crucero de la nave había un ventanal gótico guarnecido de vidrios
+de colores, industria moderna que reproducía con fidelidad pasmosa una
+composición antigua, donde estaba pintada, como en un transparente
+mágico, el sublime episodio de que hablan los Evangelios cuando refieren
+cómo Jesús echó a los mercaderes del templo.</p>
+
+<p>Era el fondo un edificio soberbio hecho con mármoles y jaspes, e
+invadido por muchedumbre de gentes abigarradas vestidas lujosamente a
+usanza hebrea. Los cambistas y negociantes estaban sentados ante las
+mesillas cargadas de dinero; otros vendían copas de metales preciosos;
+por el suelo había cestas de panes, jaulas de palomas, y en el centro
+resaltaba la figura de Jesús divina e imponente, vestido con túnica tan
+blanca como la luz misma, echando de allí a los que profanaban la casa
+del Señor. Y en el friso del ventanal se leían estas palabras del
+evangelio de San Mateo, escritas con caracteres góticos:</p>
+
+<div class="linea">
+<p class="linea"><i>Y les dice: Escrito está. Mi casa, casa de oración será llamada; mas
+vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.</i>
+<span class="linea">&nbsp;</span></p>
+</div>
+
+<p>Al caer la tarde el sol poniente abarcó con sus rayos la ventana de
+colores iluminando de lleno la figura blanca con sus rayos
+horizontales; y entonces, como si milagrosamente la vivificaran los
+besos de aquella luz celeste, se fue desprendiendo de los vidrios, tomó
+cuerpo en el aire semejante a una forma diáfana, impalpable, flotó en el
+atmósfera, y lentamente fue bajando, bajando, a modo de aparición
+soñada, hasta tocar con sus sagrados pies el pavimento de la iglesia,
+por donde en luces amarillentas, lujos culpables y reflejos metálicos,
+parecía también desparramado el oro caído de las mesillas de los
+mercaderes.</p>
+
+<p>Vagó un momento por entre sedas vistosas, flores contrahechas y perfumes
+lascivos, vio pendientes de los muros del templo los cepillos que pedían
+dinero, leyó en los corazones el ánsia de riquezas, y ante la impureza
+de las concupiscencias humanas, su alma se anegó en la tristeza infinita
+que experimenta el sacrificio estéril y olvidado... mientras en todo el
+ámbito del templo repercutía el sonido de la moneda de oro golpeada
+contra la bandeja de plata.</p>
+
+<p>Entonces se inclinó hacia el suelo, cogió de un rincón un manojo de
+cuerdas olvidadas, y esgrimiéndolo a manera de látigo, castigó con
+justicia y sin piedad.</p>
+
+<p>Nadie le veía, nadie sentía dolor, y sin embargo las cuerdas
+acardenalaban las carnes, rompían las galas y mostraban desnudos los
+cuerpos pecadores. Llenose el aire de deseos torpes, de citas culpables,
+de hedor de riqueza mal ganada, de gemidos de tristes faltos de
+consuelo, de llanto de pobres olvidados. Viento de pavor heló los
+corazones. Allí fue el rechinar de dientes y el crujir de huesos de que
+habla la Escritura.</p>
+
+<p class="linea">Hubo un momento de terror indecible, como debió de haberlo en el templo
+de Jerusalén, y toda aquella profusión de lujo y de poder quedó
+destruida y condenada, fantásticamente, en silencio, sin voces, sin
+gritos, sin dolor físico, sin que lo advirtieran los sentidos. No fue la
+destrucción en la realidad tangible de las cosas, sino en la íntima
+realidad de las conciencias.</p>
+
+<p>Siguió el órgano lanzando su formidable trompeteo, el incienso ocultando
+los altares, y continuó la monedita de oro golpeando la bandeja de
+plata.</p>
+
+<p>Hecho aquel justo estrago, la figura blanca desprendida del vidrio
+perdió su forma corporal al trasponer la puerta, y trocada en resplandor
+luminoso, se hizo ingrávida, se alzó de tierra y se borró en el aire.</p>
+
+<p>Aquella noche, en el templo solitario todo estaba en orden, pero en el
+ventanal gótico faltaba la figura blanca, y por el hueco de contorno
+humano que formaban los plomos sin vidrios, se veía en el cielo el
+parpadear misterioso de los astros.</p>
+
+<p>En el pensamiento y la memoria de las gentes quedó clara y viva la
+impresión del milagro. ¿Fue antojo de imaginaciones turbadas? ¿Fue
+realidad?</p>
+
+<p>Alguien dijo que le había visto en la calle socorrer a un pobre, mirar
+con piedad a una mujer perdida, y acariciar a un niño... Pero nadie
+sabía quién era. Todos le han olvidado.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+<h3 class="chapp"><a name="LA_CUARTA_VIRTUD" id="LA_CUARTA_VIRTUD"></a>LA CUARTA VIRTUD</h3>
+
+
+<p>Estaba el deán tomando chocolate y leyendo entre sorbo y sopa un diario
+neo católico, cuando entró en su cuarto el ama, diciendo sobresaltada:</p>
+
+<p>&mdash;Señor, ahí está Garcerín, y dice que la catedral se viene abajo.</p>
+
+<p>El deán, alma de la diócesis, porque el señor obispo de puro bueno no
+servía para nada, agitó con la cucharilla el vaso de agua donde se
+estaba deshaciendo el azucarillo, bebióselo tranquilamente, se limpió
+los labios con la servilleta, y mientras encendía un cigarro de papel,
+más grueso que puro, repuso sin alterarse:</p>
+
+<p>&mdash;Lo de siempre... ganas de asustar... algo menos será. Dile que pase.</p>
+
+<p>Garcerín, el monaguillo más listo y endiablado de la santa basílica,
+traía el espanto pintado en la cara.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay, buen mozo?</p>
+
+<p>&mdash;Señor, que esta vez va de veras.</p>
+
+<p>&mdash;Cuenta, cuenta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, ahora mismo estaba yo quitando los cabos de los candeleros del
+Carmen, junto al crucero, cuando sonó por arriba, muy arribota, un ruido
+como si crujiera una piedra al partirse, y cayeron tres o cuatro pedazos
+mayores que manzanas. Yo creí que serían, como otras veces, de la mezcla
+que une los sillares, pero miré a lo alto y vi que no: eran de la piedra
+blanca de la cornisa, donde hay un adorno que parece una fila de huevos
+y otra de hojas... de pronto ¡pum! otro pedazo gordo, como su cabeza de
+usted, y dio en la esquina del altar, y partió el mármol... y eché a
+correr hacia la sacristía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién estaba allí?</p>
+
+<p>&mdash;El señor arcipreste: le señalé dónde había sido, miró, y dijo:
+«¡Pronto, a cerrar! ¡que no entre nadie... que no pase nadie por ahí! Es
+el pilar del lado de la Epístola. Vaya, este es el acabose.» Yo volví a
+mirar, y ¿se acuerda usted de que los pilares son como unas columnas
+cuadradas, grandes, muy grandes? Pues por arriba, arriba, se han
+<i>desapartao</i> las piedras más gordas, y entre dos de ellas queda un hueco
+que cabe un gato... y de allí está cayendo arena y chinas de cal... Dice
+el señor arcipreste, que con que pase un carro por fuera se viene abajo
+media iglesia.</p>
+
+<p>&mdash;Tenéis razón: esta vez va de veras. Vamos allá.</p>
+
+<p>El señor deán, profundamente disgustado, se puso el manteo, cogió la
+teja de reluciente felpa, y salió diciendo como si el chico pudiese
+comprenderle:</p>
+
+<p>&mdash;Entre el ábaco y la cornisa: allí está el mal.</p>
+
+<p>A los pocos momentos entraban en la iglesia. Efectivamente: por uno de
+esos fenómenos difíciles de razonar a primera vista y frecuentes en toda
+vieja fábrica arquitectónica, el pilar del lado de la Epístola se había
+rajado en su tercio superior lo mismo que una caña, sin que el arco que
+en él se apoyaba sufriese, al parecer, la más ligera desviación: pero
+bastaba ver en lo alto el hueco de que habló el muchacho para comprender
+que el hundimiento de la bóveda podía sobrevenir de un momento a otro.</p>
+
+<p>Suspendiose el culto, y aquella misma semana, antes de que comenzaran
+los trabajos de apuntalamiento, el telégrafo difundió por el mundo la
+noticia de que se había venido abajo la bóveda del crucero.</p>
+
+<p>El gobierno pidió a las Cortes un crédito extraordinario, se nombró una
+junta de restauración, y el deán fue el alma de ella, porque en la
+diócesis nada se podía hacer sin su consejo.</p>
+
+<p>Era el deán relativamente ilustrado, leía mucho, tenía fama de entender
+en cuadros antiguos, y sabía dar a sus sermones cierto tinte artístico
+que contrastaba con la austera sequedad de otros oradores sagrados. Por
+ejemplo: para hacer el retrato de un asceta, lo pintaba como Zurbarán;
+al describir un martirio, se inspiraba en el San Bartolomé, de Ribera;
+al hablar de los horrores de la Pasión, traía a cuento los Cristos
+demacrados y escuálidos de Morales; y cuando quería dar idea de la
+Ascensión de la Virgen, la presentaba en periodos tan brillantes y
+poéticos como los fondos luminosos que puso Murillo a sus Concepciones:
+con todo lo cual y ser académico correspondiente de la de Bellas Artes,
+(porque en cierta ocasión mandó a Madrid el brocal de un pozo árabe
+diciendo que era romano) como no había en el cabildo otro que valiera
+más, pasaba por sabio, y hasta los periódicos liberales le llamaban
+erudito. Claro está que con tales antecedentes fue el alma de la
+restauración. Bajo su dominio tuvo el arquitecto que pasar las de Caín,
+pero al fin y al cabo se levantó el pilar y se rehizo la bóveda.</p>
+
+<p>Concluida la parte arquitectónica de la obra, tratose de decorar lo que
+debía estar decorado, llamáronse pintores y estatuarios, y previa
+presentación de bocetos quedaron sustituidos por otros nuevos cuantos
+santos y santas perecieron en la pasada catástrofe. Mas no todo salió a
+gusto del deán, y como aún faltaban por decorar las cuatro pechinas
+formadas por los arcos del crucero, se deshizo de los artistas que hasta
+entonces trabajaron en la iglesia, y buscó uno capaz, a juicio suyo, de
+concebir y ejecutar maravillas.</p>
+
+<p>El pintor en quien se fijó era hombre de extraordinario mérito.
+Llamábase Molina y en él estaban reunidas y ponderadas de tal suerte y
+en tan justa medida la ilustración, las facultades reflexivas y las
+condiciones de pintor, que sabía estudiar, convertir el estudio en
+inspiración, madurar el pensamiento, y luego darle forma, haciendo que
+en su pintura hubiese idea y que ésta no quedara empequeñecida por mal
+interpretada. En una palabra, un gran artista que discurría como Miguel
+Ángel y ejecutaba como Velázquez. Lo que no tenía, por ser español, era
+dinero; mas a consecuencia de haber enviado obras a exposiciones
+extranjeras y haber retratado a una embajadora hermosísima, era su
+nombre conocido en toda Europa. Deseoso de acrecentar su fama, y también
+de hacer fortuna, estaba precisamente a punto de expatriarse, como
+tantos otros, cuando le buscó el deán encargándole los bocetos para las
+cuatro pechinas; trabajo que aceptó gozoso, primero por dejar en su
+patria muestra de lo que valía; y, segundo, porque necesitaba arbitrar
+recursos para el viaje.</p>
+
+<p>Diose luego a pensar en cómo realizaría su trabajo. La cosa no tenía
+nada de fácil. Vistas desde el pavimento de la nave las pechinas, eran
+cuatro superficies triangulares y cóncavas que parecían tener desde la
+base al vértice tres metros o poco más, pero miradas de cerca, en lo
+alto del andamiaje, eran disparatadas de grandes. Además, en aquel
+sitio, a tal elevación y en espacios triangulares, no era racional hacer
+composiciones o grupos que desde abajo resultasen empequeñecidos, por
+las robustas líneas de la cornisa y el tremendo vano de la cúpula. Ello
+fue que después de estudiar mucho y pensar más, Molina resolvió pintar
+cuatro figuras colosales, sobre todo grandiosas, que simbolizaran
+aspiraciones, ideas y sentimientos armónicos con la naturaleza e índole
+del monumento.</p>
+
+<p>Comenzó a hacer apuntes, bocetos, manchas de color, y ya iba dando vida
+real a los pensamientos soñados en el delirio creador, cuando el deán
+cayó enfermo, sin llegar a ver nada de lo que el artista había hecho.
+Entonces Molina, para trabajar a gusto, decidió no recibir a nadie hasta
+tener las cuatro figuras acabadas: nadie había de verlas mientras no las
+viese el señor deán.</p>
+
+<p>La dolencia de éste fue larga; en, tanto que duró no permitieron los
+médicos, por ahorrarle cavilaciones, que se le hablase de la
+restauración del templo, y aunque así no fuera, nada hubiera podido
+saber de lo que hacía Molina, porque el artista con nadie hablaba de su
+obra ni toleraba visitas.</p>
+
+<p>En cuanto el deán se puso bueno, su primera salida fue para ir al
+estudio. El pintor tenía terminado su trabajo y cubiertas las cuatro
+grandes figuras con otros tantos trozos de percal; a fin de que no les
+cayese polvo que ensuciara y velase la pintura fresca.</p>
+
+<p>Quitó Molina el primer pedazo de percal al entrar el deán, y en la cara
+que éste puso comprendió lo mucho que le gustaba la figura. Dejole largo
+rato que la contemplase a su sabor, y luego, de un tirón, descorrió la
+segunda tela. La figura que ocultaba era infinitamente superior a la
+primera, y el deán se deshizo en elogios y alabanzas. Pero esto no fue
+nada comparado con lo que experimentó y dijo al descubrir el artista el
+tercer lienzo. Aquello sí que era concebir y colocar bien una figura,
+dibujar, sentir la forma, ser colorista y dominar todos los secretos de
+la paleta. La pintura de Molina venía a ser una fusión admirable de lo
+mejor de todas las escuelas. La figura parecía dibujada por Alberto
+Durero, tenía el color del Veronés, la elegancia de Boticelli, era tan
+decorativa como si la hubiese dispuesto Tiépolo, y tan real como si en
+ella hubiese puesto mano Diego Velázquez. El deán creyó volverse loco de
+contento.</p>
+
+<p>«¡Qué artista, qué prodigio!&mdash;pensaba.&mdash;¡Y qué ojo he tenido yo, porque
+sin mí nada de esto tendría la catedral!»</p>
+
+<p>&mdash;Amigo mío, mejor que ésta no puede ser la otra&mdash;dijo luego en voz
+alta.</p>
+
+<p>Descubrió Molina la cuarta figura, y allí fue Troya. Al principio no se
+dio cuenta el señor deán de lo que tenía delante, pero cuando llegó a
+entenderlo, montó en cólera y se puso hecho una fiera, prorrumpiendo en
+éstas y parecidas frases:</p>
+
+<p>&mdash;¡Usted está loco! ¿Cómo pongo eso en la iglesia? ¿Cómo se le ha
+ocurrido a usted semejante desatino? ¡Se necesita descaro! ¡Usted no
+sabe lo que se pesca!</p>
+
+<p>Molina contestó en el mismo tono, y abriendo la puerta del estudio,
+mandó salir al deán; éste creyó desconocida y burlada su autoridad, el
+pintor consideró ajado su decoro de artista, y tales cosas se dijeron,
+uno bajando la escalera, y otro desde arriba, que nunca más pudo haber
+entre ellos paz ni avenencia.</p>
+
+<p>La catedral se quedó con las pechinas en blanco, y Molina vendió los
+lienzos a un inglés.</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea">
+<div class="linea">
+<p>Pasado algún tiempo, el deán cogió una pulmonía en el coro, y el pintor
+se volvió tísico, muriendo ambos con diferencia de unas cuantas horas.</p>
+</div>
+</div></div>
+
+<p>Sus almas fueron volando por las alturas infinitas, más allá del
+firmamento estrellado, donde no alcanza la mirada humana, y atravesaron
+los espacios eternamente misteriosos, que han poblado de hipótesis y
+mitos los filósofos gentiles, los teólogos cristianos y los poetas de
+todas las edades.</p>
+
+<p>En menos tiempo del que para contarlo hace falta, traspusieron el cielo
+pétreo, de que habla Anaxágoras, el de aire vitrificado por el fuego que
+ideó Empédocles, las bóvedas cóncavas que imaginó Platón, y los tres
+cielos, luminoso, sideral y cristalino, de que habla Santo Tomás.</p>
+
+<p>Por fin llegaron al Empíreo, donde según Alfonso el Sabio, habitan los
+santos, los ángeles, los tronos y las dominaciones, todos ocupados en la
+perdurable alabanza del Señor.</p>
+
+<p>La puerta de la mansión de los justos era de oro, tenía luceros en vez
+de clavos, y junto a ella, sentado en una nubecilla, estaba San Pedro
+jugueteando con las llaves, aburrido, porque se le pasaban horas y horas
+sin tener que abrir a nadie.</p>
+
+<p>Preocupados solo de su salvación, el deán y Molina no se habían mirado
+en el camino, pero al detenerse cerca del Santo se contemplaron
+mutuamente exclamando de mala manera al mismo tiempo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Usted por aquí?</p>
+
+<p>Encontrarse y comenzar a reñir, todo fue uno. Prodigáronse frases
+depresivas, injurias, improperios, todo género de insultos, con tal
+rabia, que San Pedro no pudo menos de decirles:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero hijos míos... ¿no habéis sabido despojaros de las miserias
+humanas y pretendéis entrar ahí? Para traspasar esa puerta es preciso
+estar limpio de odio y de rencor, de todo sentimiento perverso y torpe.</p>
+
+<p>Y deseando servirles de amigable componedor, añadió:</p>
+
+<p>&mdash;Veamos si puedo conseguir que hagáis las paces. Contádmelo todo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;habló el deán&mdash;encargué a este hombre, que era pintor, cuatro
+figuras, y él en desprecio de lo más santo y sagrado... pintó lo que le
+dio la gana. Las tres primeras eran soberbias, ¡pero la cuarta!...</p>
+
+<p>&mdash;Señor&mdash;interrumpió Molina&mdash;efectivamente admití el encargo; los huecos
+que había que decorar eran cuatro. Lo primero que se me ocurrió fue
+pintar los cuatro evangelistas, pero ya los había hecho otro en distinto
+lugar del edificio. Luego pensé cuatro alegorías de la Prudencia, la
+Justicia, la Fortaleza y la Templanza... También estaban hechas. Me
+acordé de profetas, de patriarcas, de reyes santos: unos eran más de
+cuatro, otros menos, otros ya se habían pintado o esculpido. Entonces
+pinté primero la Fe...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?&mdash;preguntó San Pedro.</p>
+
+<p>&mdash;Hermosa, vendada, las vestiduras blancas, en una mano las tablas de la
+ley, en otra la palma del martirio, y toda ella iluminada por el sol,
+padre de la vida.</p>
+
+<p>&mdash;No estaría mal.</p>
+
+<p>&mdash;Luego pinté la Esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué modo?</p>
+
+<p>&mdash;En pie sobre la proa de una nave, apoyada en el áncora y fijos los
+ojos en el cielo. Luego pinté la Caridad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo la representaste?</p>
+
+<p>&mdash;Joven, más fuerte y más hermosa que ninguna, y dando de mamar a un
+niño de tipo muy distinto al suyo para indicar que no era su hijo, y que
+no le daba el pecho como madre, sino por ser Virtud.</p>
+
+<p>&mdash;En verdad te digo que estuviste acertado.</p>
+
+<p>&mdash;Que diga ahora&mdash;les interrumpió el deán&mdash;cual fue la cuarta figura que
+hizo.</p>
+
+<p>El artista alzó la frente como quien no se avergüenza y declaró así:</p>
+
+<p>&mdash;Pinté el Trabajo: mozo, vigoroso, inteligente, fornido, con el yunque
+sobre un montón de libros para expresar que el estudio es la base de la
+fuerza, y coloqué a sus pies, esperando sus obras, la Paz y la Limosna.
+Entonces ese hombre&mdash;añadió señalando a su adversario&mdash;se enfureció
+conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Como que esa no es virtud&mdash;gritó el eclesiástico&mdash;ni siquiera es esa
+porque es ese.</p>
+
+<p>&mdash;Porque es virtud macho&mdash;dijo el Santo al deán&mdash;tú no puedes
+comprenderlo. Y vamos a ver, vamos a ver, ¿para dónde eran las pinturas?</p>
+
+<p>&mdash;Para la catedral&mdash;contestó Molina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y allí querías colocar el Trabajo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>Al oír esto San Pedro, volviéndoles la espalda, echó tranquilamente el
+cerrojo a la puerta del cielo y luego encarándose con el artista y el
+clérigo les dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya, ¡largo, fuera de aquí los dos! Tú, deán, al purgatorio una
+temporadita por mal genio; y tú, pintor, tonto de capirote, al limbo,
+como si fueras niño sin uso de razón. ¡El Trabajo en la catedral! ¡Qué
+oportuno! Sabrás pintar, pero no sabes poner las cosas en su sitio.</p>
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+
+<h3 class="chap"><a name="LOBO_EN_CEPO" id="LOBO_EN_CEPO"></a>LOBO EN CEPO</h3>
+
+<p class="head">I</p>
+
+<p>A una ilustre ciudad española, donde los hombres trabajadores y
+valientes nacen de mujeres virtuosas y bellas, llegaron hace años dos
+viajeros, cuyos trajes negros ni eran enteramente seglares ni del todo
+eclesiásticos. Uno de ellos hablaba, aunque dulcemente, como superior;
+otro escuchaba con humildad y respondía con respeto. Eran ambos de
+continente severo, rostro lampiño y mirada que apareciera humilde si no
+fuese por lo tenaz, reveladora de una voluntad poderosísima. Tenían
+mansedumbre en la voz, daban a sus palabras el acento de una afabilidad
+melosa y persuasiva, pero a veces sus pupilas parecían incendiarse en el
+rápido e involuntario fulgurar de una energía indomable.</p>
+
+<p>Pocas horas después de su llegada celebraron varias entrevistas
+misteriosas con gentes adineradas de la población, y a los tres días
+firmaron, ante notario y como subditos de potencia extranjera, la
+escritura de compra de un caserón antiguo convertido en fábrica por un
+industrial que, arruinado durante la guerra civil, tuvo que malvender su
+hacienda. De esta suerte la paz vino a ser provechosa, quizá, para los
+mismos que atizaron la lucha.</p>
+
+<p>Transcurridos unos cuantos meses, el edificio tomó de nuevo el aspecto
+que acaso debió de tener años atrás. Los talleres y naves de la fábrica
+se convirtieron en habitaciones estrechas, como celdas, y al rumor
+alegre del trabajo, padre de la vida, sucedió en el recinto el más
+medroso silencio, sólo interrumpido a horas fijas por cantos misteriosos
+y graves, entonados en una lengua muerta. Los hombres que en aquella
+casa vivían fueron al principio muy pocos: luego, llegando sigilosa y
+calladamente por las noches, vinieron de tierras extrañas muchos más,
+tantos, que sus cánticos antes débiles como compuestos por escaso número
+de voces, resonaron vigorosos y potentes, repercutiendo en las
+concavidades de los montes cercanos, cual si quisieran despertar los
+ecos del cañoneo de antaño.</p>
+
+<p>La población, contaminada de aquella vecindad, se hizo levítica,
+adquiriendo en poco tiempo un aspecto triste y sombrío. Las campanas,
+que aun repicando alegres despiertan ideas de muerte, vencieron al
+fecundo rumor de los tornos, los telares, los martinetes y los yunques.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>Lindante con el antiguo caserón de aspecto conventual había un gran
+jardín, y en su centro, una casa ceñida por macizos de verdura y
+sombreada por álamos y olmos seculares. Casa y jardín decían con mudas
+voces que en ellos habitaba mujer, y mujer joven. Ya los alféizares de
+las ventanas mostraban un canastillo de labor lleno de hilos y estambres
+multicolores; ya en la mesa de mármol puesta en el centro de un cenador
+de enredaderas se veía una sombrilla de seda clara; ya en las sillas de
+hierro quedaban por olvido los manojos de flores recién cortadas; ya a
+ciertas horas solían escucharse, amortiguados por cortinajes y
+persianas, el tecleo de un piano bien tocado y el timbre fresco y
+penetrante de una voz juvenil, que así sabía expresar la soñadora
+melancolía de los grandes maestros alemanes como romper en los alegres
+ritmos de la tierra andaluza.</p>
+
+<p>El dueño de aquella casa era don Gaspar Villarroel, caballero viudo,
+riquísimo propietario de haciendas en casi todas las regiones de España,
+accionista del Banco, tenedor de sumas enormes en dollars
+norteamericanos, en cuatros de la Deuda francesa y en treses de la de
+Inglaterra: y aquellas sombrillas olvidadas, las labores que por las
+ventanas se veían y los cantares llenos de poesía eran de Helena, su
+hija única, de veinte años, que andando el tiempo había de ser muchas
+veces millonaria.</p>
+
+<p>A ella vivía enteramente consagrado don Gaspar: sólo para guardarla y
+protegerla quería que Dios le prolongase los días. No era hermosa ni
+siquiera bonita, y habiendo de ser extraordinariamente rica, quedaba su
+porvenir a merced del primer hombre que movido de ruin codicia se
+fingiese prendado de ella. Harto sabía su padre que no pasaría de
+codicia y fingimiento lo que su hija inspirase, pues no tenía más
+encantos que el pelo abundoso y negro, la voz dulce y el mirar
+inteligente. El cuerpo no era esbelto, ni el andar airoso, ni las
+facciones delicadas.</p>
+
+<p>Luego de conocerla y ahondar en su alma con el trato, se hacía querer,
+pero le faltaban esas gracias corporales que hechizan los sentidos y
+dominan la voluntad. Don Gaspar lo sabía y por ello la amaba doblemente:
+como hija y como hija fea que ha de ser resarcida en cariño paternal, de
+aquel otro afecto menos puro, que no habían de profesarle los hombres.
+Sólo pensaba en ella, en mimarla, en conservar sus bienes para que los
+disfrutase, en dirigir su entendimiento y vigilar su corazón, para que
+si, lo que era dudoso, llegase a casarse, tuviera más probabilidades su
+ventura. Parecíale que aquella falta de encantos y aquel extraordinario
+patrimonio podrían ser, a no evitarlo cuidadosamente, dos elementos de
+infortunio: pero aún no había tenido su prudencia graves riesgos que
+preveer, ni su cariñosa entereza pasión mal inspirada a que oponerse.</p>
+
+<p>Hasta entonces, unas veces los viajes, otras la soledad y el
+apartamiento del mundo, la premeditada alternativa de las distracciones
+y del hogar, habían mantenido a Helena en esa desesperanza tranquila y
+resignada con que piensan en la felicidad por el amor los que desconfían
+de ella. Comprendía que no era hermosa y que era demasiado rica.</p>
+
+<p>Don Gaspar concedía a su hija la libertad razonable para que no la
+desease tan completa que le fuese dañosa: con él asistía Helena a las
+diversiones que le agradaban y a las visitas con que se conserva la
+amistad; a misa y tiendas iba con su prima doña Flora, solterona, pobre,
+de ellos cariñosamente amparada e incapaz de tolerar la más leve
+imprudencia: primero por severidad de principios y luego por miedo a ser
+arrojada de una casa donde nada le faltaba.</p>
+
+<p>De esta suerte vivían hija y padre, don Gaspar con el pensamiento puesto
+en ella, y Helena dejando volar su imaginación entre resignada y
+soñadora, cuando durante un otoño comenzó la muchacha a sufrir tal
+cambio en su manera de ser, que no pudo quedar oculto a quien vivía
+continuamente observándola para ahuyentarle penas y procurarle venturas.</p>
+
+<p>Nunca fue demasiado aficionada a las galas, pero de pronto se descuidó
+por completo en el vestir; le gustaban las flores y dejó de adornar con
+ellas su cuarto; deliraba por la música y pasó semanas enteras sin abrir
+el piano. Su habitual seriedad se convirtió en aspereza de carácter, el
+desabrimiento se hizo luego tiesura, y en poco tiempo experimentó una
+transformación, tanto más fácil de apreciar, cuanto más inesperada y
+rápida.</p>
+
+<p>Primero sintió el alma invadida de tristeza, después se hizo disimulada;
+y por último cayó en profunda melancolía como espíritu débil a quien
+brutalmente se arrancan de cuajo ilusiones y esperanzas.</p>
+
+<p>«¿Estará enamorada?» imaginaba la prima doña Flora.</p>
+
+<p>«¿Tendrá pasión de ánimo?» decía la doncella.</p>
+
+<p>«Esta chica está mala», pensaba su padre.</p>
+
+<p>Nadie comprendía la causa de aquel cambio.</p>
+
+<p>Ya hablaba don Gaspar de llevársela a París en busca de doctores, cuando
+una mañana doña Flora entró en su despacho, sin ser llamada, diciéndole
+de buenas a primeras:</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé lo que tiene tu hija. Ármate de valor... Quiere meterse monja. Y
+yo creo que la idea no ha nacido de ella: es cosa de los de ahí al lado.</p>
+
+<p>Don Gaspar, mudo de asombro y de terror, se limitó a decir:</p>
+
+<p>&mdash;¡Habla... todo lo que sepas, todo lo que sospeches, no me ocultes
+nada!</p>
+
+<p>&mdash;Pues se reduce a muy poco, pero muy claro. Hace dos meses, una mañana
+que llovía muchísimo y tú te habías llevado el coche, nos metimos ahí al
+lado por no ir hasta la catedral. Luego ha vuelto conmigo... como está
+tan cerca, cuando hace mal tiempo es más cómodo. Después la he visto
+hablar varias veces con uno de ellos por la verja del jardín: ella
+dentro, él desde fuera, al pasar, casi sin detenerse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué trazas tiene?</p>
+
+<p>&mdash;Es hombre de buena edad, y ¡con una mirada más inteligente! Para mí,
+él es quien le ha metido esas ideas en la cabeza. Jamás había Helena
+hablado hasta ahora de semejante cosa. ¡Si se moría por el teatro y se
+entusiasmaba con libros y novelas! Además, me ha dicho la doncella, que
+algunas mañanas ha salido con ella, al primer toque, antes de que yo me
+levantara, pero que como no hacían más que ir ahí al lado, no creyó que
+debía decirlo. Nada, que se han apoderado de ella como hicieron con la
+hija del banquero francés, con Teresita, con Sofía, con la viuda de
+Parque...</p>
+
+<p>&mdash;¡Todas ricas!&mdash;murmuró don Gaspar.</p>
+
+<p>&mdash;Ella no se atreve a hablar sinceramente, pero está desconocida: se ha
+hecho seca y arisca; de cuando en cuando suelta unas frases... que
+revelan un egoísmo... «Las mujeres feas y muy ricas&mdash;dice&mdash;no pueden ser
+felices en el mundo; a cada paso un desengaño. No se pierden como las
+bonitas, pero les hacen creer en el amor, y luego... nada. Ya ves, yo
+por ejemplo&mdash;añadía&mdash;¿qué puedo esperar? Una ilusión, engañarme a
+sabiendas, y luego frialdad, esquivez, cada uno por su lado; él, quien
+sea, rico, poderoso con lo mío, buscará en otras los encantos que yo no
+tengo.»&mdash;Dice que para las que no son hermosas como ella, solo hay un
+esposo bueno, el que no engaña; ¡y lo dice con una unción, con un
+fervor! Otras veces habla de la casa y de nosotros con un despego que da
+frío.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ¿qué ha dicho?</p>
+
+<p>&mdash;Ayer mismo me dijo: «Si yo faltara pronto me olvidaríais, hasta papá:
+el cariño no es tan mentira como el amor, pero también es un sentimiento
+terrenal.»</p>
+
+<p>Flora siguió hablando largo rato, don Gaspar la escuchó sin poder
+disimular la pena que se le asomó a los ojos, y luego murmuró
+tristemente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Veremos!</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>De allí a dos días, mientras Helena y doña Flora fueron a pasar la tarde
+en casa de unos parientes, don Gaspar recibía en su despacho a un hombre
+que, llamado por él de antemano, acudió puntualmente a la cita. Era uno
+de los de al lado, de aquellos que con nombre y calidad extranjera,
+adquirieron la fábrica donde al caer la tarde se entonaban cánticos
+tristes en una lengua muerta. Tenía el rostro lampiño, la mirada
+humilde, la palabra dulzona, el traje entre sacerdotal y profano.
+Ofreciole asiento don Gaspar, cerró las puertas como en comedia, y luego
+con forzada tranquilidad, pero sin que se le alterase una línea del
+semblante, sin asomo de ira, pero con el acento de la más aterradora
+resolución, le habló de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Usted conoce a mi hija: en ella cifro toda mi dicha; sólo vivo para
+hacerla feliz. Si la perdiese, si se apartase de mi lado, me costaría la
+vida... Escúcheme usted bien... Estoy dispuesto a todo. A quien quisiera
+robarme mi dinero le recibiría a tiros; figúrese usted lo que haré con
+quien intente separarme de mi hija. Podrá llevársela Dios, que es Señor
+de todos nosotros; podrá, aunque no es bonita, encontrar un hombre que
+aprecie lo que ella vale moralmente, y entonces yo les bendeciré y daré
+gracias a Dios; pero lo que es eso de hacerla ver que es fea,
+envenenándole la vida para que huya del mundo, arrebatármela como se
+roba una alhaja... lo que es eso, yo le juro a usted que no será...</p>
+
+<p>Quiso el desconocido interrumpir a don Gaspar, mas no se lo permitió
+él, y siguió de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;No ha venido usted a hablar, sino a oír, y empápese usted bien de lo
+que oiga. Ya sabe usted lo rico que soy; si eso sucediera, todo me lo
+gastaría en buscarle a usted para matarle. Ahora, usted que ha hecho el
+mal con sus exhortaciones, ponga con sus consejos el remedio,
+entendiendo que si en el plazo de dos meses no se le quitan a mi hija de
+la cabeza esas fantasmagorías, le mato a usted como a lobo sorprendido
+en redil. Las consecuencias no me asustan. Perdida mi hija, lo mismo me
+da morir de un modo que de otro. Dos meses de plazo. ¡Usted sólo ha de
+hablar con ella! Yo no le diré palabra. Puede usted retirarse.</p>
+
+<p class="linea">De nuevo quiso contestar el incógnito personaje, pero don Gaspar salió
+de la estancia, dejándole condenado al más rabioso silencio que
+imaginarse puede, y plenamente convencido de que era hombre capaz de
+realizar cuanto decía.</p>
+
+<p>Apenas habían transcurrido dos meses, cuando Helena comenzó a ser lo que
+era antes.</p>
+
+<p>Como quien tras una pesadilla recobra el sentido de la realidad, se le
+fue borrando del pensamiento la melancolía; tornó a cuidar de su
+persona, vigiló el jardín cuyas flores escogía para su cuarto, y por
+fin, una noche, después de haber estado tocando un rato el piano, por
+distraer a su padre, se arrojó en sus brazos, deshecha en lágrimas,
+diciéndole sólo estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;¡Perdóname, porque nunca me separaré de ti!</p>
+
+<p>Sin duda, el flexible y tornadizo espíritu de la mujer se plegó a unas
+amonestaciones como se había sometido antes a otras.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea"><p>¿Supieron el fracaso del propagandista sus superiores jerárquicos? ¿Le
+consideraron inútil para desengañar del mundo a herederas de millones?
+Un día se notó su falta a la hora de la comida, los demás hablaron de él
+como miembro que se amputa, y luego le rezaron por muerto.</p>
+</div></div>
+<p>Transcurrieron algunos años, y aquel hombre, vuelto al seno de la
+humanidad, sintió renacer aspiraciones e ideas que en mal hora consideró
+por la educación sofocadas y por el fanatismo comprimidas.</p>
+
+<p>En otra región del mundo, en otras tierras, con otro nombre, fénix de sí
+propio, resucitó en espíritu, amó, fue amado y tuvo un hijo. Aquel hijo
+creció, haciéndose mozo fuerte y hermoso como el Hérmes de los mitos
+paganos. Una mujer indigna, engañosa y astuta, tal vez la ramera de que
+habla la Escritura, quiso apartarle de su padre, mas éste desplegó tal
+energía y se defendió tan resueltamente que logró romper aquellos lazos.</p>
+
+<p>Pasó mucho tiempo&mdash;esa divinidad que a toda conciencia hace un día
+justiciera de sí misma.&mdash;Hijo y padre caminaban al caer la tarde por una
+deleitosa campiña que el sol poniente envolvía en una atmósfera de polvo
+luminoso. El viejo se apoyaba en el brazo del mancebo, fingiendo
+fatigarse para oprimírselo cariñosamente, mientras la luz de los cielos,
+la pureza del aire y el penetrante aroma que se alzaba de los terruños
+soleados parecían envolverles en la bendición suprema del verdadero
+Dios. El hijo, adelantándose unos pasos, cortó de una mata algunas
+flores para el sepulcro de su madre, que era muerta: y entonces el
+viejo, experimentando lo que antes jamás pudo comprender, sintió la
+duplicación del espíritu por la paternidad, y vuelto el pensamiento a lo
+pasado, dijo acordándose de don Gaspar:</p>
+
+<p>«¡Hizo bien!»</p>
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="EL_HIJO_DEL_CAMINO" id="EL_HIJO_DEL_CAMINO"></a>EL HIJO DEL CAMINO</h3>
+
+
+<p class="linea">Era el tiempo en que para trasladar a los presos y penados de cárcel a
+cárcel, de penal a penal, se les llevaba todavía a pie por los caminos,
+entre destacamentos de gente armada.</p>
+
+<p>Tras el día de calor insufrible, vino la noche sin brisa, cálida y
+sofocante.</p>
+
+<p>No corría un pelo de aire, ni se alzaba del suelo un átomo de polvo. La
+carretera abierta en la dilatada extensión de la llanura, se destacaba
+interrumpiendo el gris terroso de los campos, como una cinta blanca y
+ancha tendida sobre los surcos en rastrojo.</p>
+
+<p>Por su centro iba <i>la cuerda</i>, la reata humana, doblemente rendida a la
+pesadumbre de la fatiga y del delito.</p>
+
+<p>Quién llevaba morral, quién alforjas, quién manta, los más, nada;
+veíanse muchos descalzos, despeados; pocos fumaban, no reía ninguno. A
+los lados marchaba la tropa obligada a meterse por la estrecha hondura
+de las cunetas, o a subirse en los montones de guija y pedernal recién
+partido, mientras el brillo de las armas, iluminadas por la luna,
+limitaba la movible masa de aquella triste muchedumbre. Los grillos y
+las cigarras cantaban libremente; voces humanas se oían pocas, y esas
+eran blasfemias; tal vez envidia de los animalillos, desahogo propio de
+gente forzada del rey que iba a las galeras.</p>
+
+<p>En la Venta de la Mora se hizo alto: <i>la cuerda</i> se recogió a un lado
+del camino, en un repecho: los soldados desataron los cabos de bramante,
+y luego, apartándose y formando extenso círculo en torno de los presos,
+colocaron centinelas. De allí a poco salieron de la venta quince o
+veinte mujeres harapientas, sucias, miserables, y esquivando a los de
+uniforme corrieron hacia los del grupo central, aunándose con ellos en
+parejas que desaparecían tras un tronco, tras un peñasco, en un
+repliegue del terreno, donde pudieran ocultarse.</p>
+
+<p>Era la visita del amor a la desgracia; amor momentáneo, vicioso,
+repugnante, y venal; pero amor. Y era también costumbre sancionada por
+los años, tolerancia perpetuada por la tradición, abuso que tomó origen
+en el capricho de un rey absoluto, ganoso de repoblar su reino.</p>
+
+<p>Antes de romper el alba, la columna se ponía en marcha. Después, los
+padres anónimos morían en presidio, y los hijos de aquellas esposas de
+una noche se llamaban <i>los hijos del camino</i>.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>Así fue concebido Juan.</p>
+
+<p>Su madre le adoró, como si estuviera engendrado mediante sacramento;
+pero las gentes del lugar, cuando niño, le miraron con lástima, cuando
+adolescente le mofaron y de mozo le escarnecieron. Cada vez que pasaba
+por la aldea una cuerda de presos, le decían las chicas:</p>
+
+<p>&mdash;Juan, ¿será tu padre alguno de esos?</p>
+
+<p>Primero se ganó la vida recogiendo boñigas para estercolar huertos,
+después fue lazarillo de ciego, dio al fuelle en casa del herrero, se
+metió a zagal de diligencias... por fin huyó de la comarca.</p>
+
+<p>Su pobre madre no volvió a saber de él en mucho tiempo.</p>
+
+<p>Estuvo como alimentador de horno en una fábrica de vidrio, sufriendo las
+bocanadas de las llamas; fue minero, permaneciendo semanas enteras sin
+ver la luz del sol: trabajó en los telares, respirando el polvillo que
+blanqueaba los tejidos y le cegaba los pulmones; no hubo industria que
+no intentara ni oficio en que pudiese medrar.</p>
+
+<p>Si en su lugarejo no encontró amparo, en las ciudades le faltó
+protección. Nadie le dio enseñanza, ni le dejó tiempo de adquirirla. Su
+instinto le decía «estudia»; la necesidad le respondía «gana». Cualquier
+aprendizaje le hubiera mermado el pan y el sueño.</p>
+
+<p>En tanto, la madre pensaba en él, arrancándole su recuerdo las horribles
+lágrimas de la incertidumbre, pues no sabía dónde estaba, ni si era vivo
+o muerto. Al fin lo averiguó; hizo que le escribieran, y aunque de
+tarde en tarde supieron uno de otro: ella le enviaba besos; él le mandó
+por un arriero un gran pañuelo de algodón de colores, valor de un día de
+jornal.</p>
+
+<p>Juan pasó de labor a labor, de oficio a oficio, practicándolos todos,
+sin dominar ninguno, renunciando a unos por penosos e insalubres, a
+otros por indignos y embrutecedores, hasta que entró en una compañía de
+alumbrado eléctrico, casi como bestia de carga.</p>
+
+<p>Su obligación era llevar artefactos, utensilios y herramientas a sus
+compañeros de trabajo.</p>
+
+<p>Una tarde fue con ellos a la prueba de luces en una soberbia casa, donde
+a la noche debía verificarse una gran fiesta. ¡Cuánta magnificencia
+contemplaron sus ojos! Jamás vio cosa igual.</p>
+
+<p>Cada salón era un prodigio del arte o un camarín de la molicie. Los
+mármoles parecían encerrar en su seno transparente hojas de
+vegetaciones inverosímiles; los muebles, por sus formas, incitaban a la
+voluptuosidad o al reposo; los tapices caían discretamente ante las
+puertas; los rasos y los flecos guardaban en la urdimbre de sus tramas
+los colores del iris; había canastillas de orquídeas australianas
+mezcladas con flores de cristal que despedían rayos luminosos; libros
+cubiertos de oro, que atesoraban en sus páginas el oro aún más puro del
+pensamiento humano, y todo ello en desorden bellísimo se reflejaba en
+espejos que, como poseídos de codicia, multiplicaban hasta lo infinito
+las riquezas.</p>
+
+<p>De pronto apareció Luz, la dueña de la casa, ya vestida para la fiesta,
+e impaciente por juzgar el efecto de la iluminación.</p>
+
+<p>Juan imaginó que era una diosa. Traía la cabellera salpicada de
+brillantes que semejaban estrellas perdidas en una nube de oro, el
+cuello ceñido por hilos de perlas menos blancas que su pecho, y todas
+las líneas de su cuerpo admirable envueltas en telas primorosas, antes
+dispuestas para revelar la forma que para encubrir la desnudez. Tenía la
+voz aunque imperiosa, encantadora, y su persona exhalaba un perfume
+penetrante y sutil, intenso y turbador, que juntamente producía
+fascinación al espíritu y embriaguez a los sentidos.</p>
+
+<p>El hombre inculto e ignorante, incapaz de analizar lo que experimentaba,
+pero hombre al fin, sintió la tentación y el ánsia que dá la fruta
+puesta al alcance de la boca del niño.</p>
+
+<p>Primero quedó suspenso con el pasmo de la sorpresa, luego se dijo con la
+velocidad del pensamiento que cuanto había en aquel maravilloso recinto
+y cuanto realzaba la belleza de aquella mujer extraordinaria, había bajo
+una u otra forma nacido entre sus manos. Carbón arrancado a las entrañas
+de la tierra y convertido en torrentes de claridad; cristales fundidos
+por aquel horno que secó su garganta; hierros forjados al fuego en que
+se abrasó los dedos; sedas teñidas en aquellas substancias que le
+envenenaron los pulmones; todo, ¡todo! había contribuido a formarlo, y
+nada, ¡nada! era para él. Entonces Luz se ofreció a su deseo como
+creación maravillosa en que él había puesto hueso de sus huesos y sangre
+de su sangre, hasta convertirla en el compendio de las dichas humanas.
+¿Por qué no había de pertenecerle? ¿Habrían de vivir eternamente juntos
+y separados a la vez, como la cortesana y el esclavo? ¿Qué ley cruel lo
+disponía? ¿Quién la escribió?</p>
+
+<p>El espectáculo de la riqueza le llenó de asombro; la privación de lo que
+otros disfrutaban espoleó a la envidia; la ignorancia cerró a la
+abnegación el paso; la conciencia le dijo que su ambición era justa;
+miró a Luz con codicia, y en el fondo de su alma surgió el deseo de
+gozarla o la resolución de destruirla.</p>
+
+<p>Así se hallaron frente a frente la personificación de todas las
+grandezas acumuladas por los tiempos y el representante de una raza que
+contribuyó a crearla para delicia de otros.</p>
+
+<p>Juan poseído de una pasión que daba espanto, tendió hacia ella los
+brazos. Luz, al principio sonrió despreciativamente, pero al sentir las
+manos callosas sobre el pecho, dio voces, lanzó gritos de angustia; y en
+su auxilio acudieron tres hombres.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>El primero, que parecía consumido por el estudio, la riqueza y los
+vicios, dijo a Juan casi medrosamente, acompañando la frase con ademanes
+oratorios:</p>
+
+<p>&mdash;Su amor no se alcanza por fuerza... Puedes llegar a lograrlo, pero no
+así. ¿Cómo ha de amarte si tus caricias son zarpazos? Adquiere
+instrucción y cultura. Eres libre... Ejercita los derechos que te
+permiten igualarte a los que somos preferidos.</p>
+
+<p>El segundo, que vestía ropa negra y talar, le dijo endulzando el
+desengaño con acento meloso:</p>
+
+<p>&mdash;El amor de esa mujer no es para tí. Conténtate con su caridad. Los
+favoritos de ahora son los dichosos de aquí bajo... Tú serás de los
+bienaventurados allá arriba. ¡Hay otra vida! ¡Cree, sufre y espera!</p>
+
+<p>El tercero de aquellos hombres, que ceñía espada y llevaba en el traje
+bordados de oro, le dijo ásperamente:</p>
+
+<p>&mdash;Si das un paso más hacia ella te mataré con este arma que tú mismo has
+forjado.</p>
+
+<p>Juan salió profiriendo amenazas: y Luz quedó al oírle extremecida de
+pavor, como la ciudad de las rameras ante la voz de los Profetas.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Poco tiempo después una explosión formidable destruyó la soberbia
+morada. Lienzos en que el genio imitó la Naturaleza, mármoles en que
+palpitó la vida, páginas preñadas de ciencia y poesía, prodigios del
+arte y maravillas de la industria... todo fue destruido, y sobre un
+montón de escombros humeantes quedó Luz aún viva, pero desgarradas las
+carnes, bañada en su propia sangre, espantosa, mutilada y deforme.</p>
+
+<p>Juan confesó el delito con altanería y se dispuso a purgarlo con valor.
+¿Qué le importaba morir? Su crimen fue salvaje, porque lo aconsejaron el
+deseo frustrado y la razón escarnecida, pero su causa era justa. El
+delincuente se consagró mártir. Otros tan desdichados como él vendrían
+detrás. Luz habría de sentarles a su mesa en el banquete de la vida y
+darles la parte de amor que les correspondiese, o resignarse a perecer.</p>
+
+<p>No se repliega el viento a los senos misteriosos donde nace, ni el agua
+retrocede a las fuentes en que brota; pero el espíritu está sujeto al
+atavismo como el cuerpo a la herencia. Juan era hijo del camino.</p>
+
+<p>Fue condenado a muerte, y llegada la hora tremenda, entró con pie firme
+y ánimo sereno en la capilla; lugar en que, dudosa de sí misma, busca la
+justicia humana complicidad en la divina.</p>
+
+<p>Allí le esperaban los tres personajes que ampararon a Luz. Uno
+representaba la ley: otro mandaba la fuerza armada; el tercero le
+ayudaría a bien morir.</p>
+
+<p>Faltaban pocos minutos para subir las gradas del patíbulo, cuando, por
+especial permiso de quien podía concederlo, entró en la estancia un
+hombre con un papel en la mano. Tomolo el sacerdote y pasando por el
+escrito los ojos, dejó enseguida caer los brazos a lo largo del cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es el indulto?&mdash;preguntó Juan, sin miedo ni esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;No es una carta de tu madre. Te infundirá valor. Toma y lee.</p>
+
+<p>Juan la estrujó contra sus labios en silencio, lloró sobre ella, y
+devolviéndosela al ministro de Dios, repuso amargamente:</p>
+
+<p class="linea">&mdash;¡No me han enseñado! ¡No sé!</p>
+
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="LOS_TRIUNFOS_DEL_DOLOR" id="LOS_TRIUNFOS_DEL_DOLOR"></a>LOS TRIUNFOS DEL DOLOR</h3>
+
+
+<p>En una extensa planicie formada por tierras de panllevar, estaba la casa
+solariega de los Niharra, donde descuidada del mundo, cuidadosa de su
+hacienda y soñadora con sus recuerdos, vivía doña Inés, a quien en los
+contornos apellidaban <i>la Santa</i>. Nombrarla en la comarca era casi, y
+para muchos sin casi, nombrar a la Providencia; porque a veces, quien
+imploraba algo del cielo, que lo puede todo, solía no alcanzarlo,
+mientras ella nada negaba estando en su mano concederlo. Perdonar
+arriendos, rebajar censos, dotar doncellas y redimir mozos de quintas,
+era para doña Inés el pan nuestro de cada día. De sus armarios salían
+las ropas para los pobres; de su despensa los comestibles para los
+desvalidos; de sus trojes el grano para los labradores arruinados;
+costeaba médico y botica; por su precepto, iban los niños a la escuela;
+con su prudencia enfrenaba discordias, desvanecía rencores, y añadiendo
+a la limosna que puede dar el rico la compasión que solo siente el
+bueno, siempre y para todos, tenía piedad en el corazón y consuelo en
+los labios. Si alguna vez se ensoberbeció la ingratitud contra ella,
+supo ahogarla a fuerza de beneficios; así que por dónde quiera que iba,
+salían las gentes a su paso, muchas a pedir, y muchas más, aunque
+parezca increíble, a mostrarse agradecidas. Las frases de bendición y de
+respeto que escuchaba, la riqueza que le permitía hacer tanta caridad y
+el justo regocijo de su conciencia, sobre todo, debieran de infundirle
+aquella tranquilidad de espíritu en que la verdadera felicidad se funda,
+y sin embargo, no daba señales de ser dichosa.</p>
+
+<p>Al recuerdo de amores contrariados no había que achatarlo; primero,
+porque ni su lenguaje, ni su rostro, delataban la tristeza apacible,
+pero indeleble, que deja en los resignados el dolor; y, además, porque
+los años todo lo aminoran, y ella contaba tantos, que bien podían
+haberle ido borrando del pensamiento las memorias tristes, por muchas
+que tuviese.</p>
+
+<p class="linea">Sus ojos, y su boca no sonreían con la tranquila melancolía de quien
+sufre, porque recuerda; ni eran los suyos sinsabores, medio consumidos,
+y acaso poetizados por el tiempo: eran penas vivas, recientes, de las
+que la imaginación agrava cada día y roban más sueño cada noche. Ante
+aquella mujer, buena y sin ventura, el alma se sentía invadida de tedio
+y desesperanza, porque aún engendra más escepticismo la desdicha del
+justo, que la prosperidad del malo.</p>
+
+
+<p>Tenía dos hijos: Marcelo y Luciano, de tan opuesta inclinación, que
+nunca pudieron vivir en paz. Cuando niños fueron sus juegos diferentes,
+cuando jóvenes distintas sus aspiraciones, y hechos hombres, antagónicos
+sus ideales, de modo que jamás hubo entre ellos concordia ni armonía.
+Marcelo era apasionado y vehemente, todo imaginación y viveza: Luciano
+reflexivo y tranquilo, todo razón y calma: uno, impulsado por su
+fantasía, se deleitaba en las especulaciones del espíritu, poetizándolas
+con el encanto del misterio y prestando fe a lo que su entendimiento no
+alcanzaba: otro, sin más guía que la investigación y el análisis,
+estudiaba el carácter de los fenómenos y el origen de las cosas hasta
+arrebatarles sus secretos, dando solo el augusto nombre de verdades a
+las demostradas por la observación y la experiencia.</p>
+
+<p>Para Marcelo el alma era inmortal como su Creador, señora de sí misma;
+los hechos fruto de las ideas, y la verdad el resplandor de la
+revelación: para Luciano causas y efectos, hechos e ideas se confundían
+en el seno de la Naturaleza, deidad esquiva y desdeñosa, que no con
+oraciones, sino sólo con trabajo y estudio, se deja arrebatar los
+bienes: a Marcelo le bastaba el pensamiento para abismarse en la
+contemplación de lo divino hasta sentir en los arrobos del éxtasis la
+clara visión de Dios: Luciano creía que el destino del hombre es luchar
+con la materia, vencerla, y luego perderse confundido y sumado con ella
+para siempre.</p>
+
+<p>Sólo en un punto estaban de acuerdo: en adorar a su madre, que distante
+por igual del fanatismo de ambos, vivía consagrada a endulzar amarguras
+y aminorar desdichas, sin preguntar jamás cómo pensaba el que sufría.
+Doña Inés, por su perfecta imparcialidad en el reparto de la limosna y
+el consuelo, antes buscaba al dolor mismo que a su víctima; iba hacia el
+infortunio como corre el agua dulce de los ríos hacia el mar, sin
+arrancarle nunca su amargura salobre, pero sin cansarse jamás; mientras
+sus hijos aunque animados, en el fondo del mismo espíritu de caridad,
+perdían el tiempo en el estéril empeño de descifrar lo incognoscible.</p>
+
+<p>Marcelo siguió la carrera eclesiástica, Luciano estudió medicina, y
+ambos simultáneamente, por su virtud, y su mérito, llegaron a ser, uno
+espejo de sacerdotes, y otro modelo de hombres de ciencia; citándose al
+par en el mundo como justamente envidiables, la gloria alcanzada por
+Marcelo en el pulpito y los concilios, y el prestigio conquistado por
+Luciano en los laboratorios y hospitales.</p>
+
+<p>De su madre no se olvidó ninguno. A servirla y cuidarla asistían con
+cariñosa frecuencia, pero nunca iban a verla al mismo tiempo, porque los
+años, aferrándoles a sus ideas habían exacerbado su doble
+intransigencia.</p>
+
+<p>De hallarse juntos, Marcelo habría tachado de abominables e impíos los
+trabajos de la ciencia moderna, y Luciano hubiera escarnecido todo
+respeto a lo sobrenatural y dogmático.</p>
+
+<p>Ni la religión ni la ciencia supieron hacerles mansos de corazón. La
+única virtud que les faltaba era la tolerancia.</p>
+
+
+<p class="linea">Al cabo de mucho tiempo recibieron aviso de que su madre se moría, y
+casi a la misma hora, sin temor a encontrarse, llegaron a la antigua
+casa solariega. Para entrar en ella les fue preciso cruzar por entre los
+grupos de campesinos, que abandonando sus hogares, acudían a saber de
+doña Inés.</p>
+
+<p>Subieron al cuarto de la enferma, que vencida ya por la dolencia, no
+pudo conocerles, y considerando ambos la situación gravísima, cada cual
+obró como quien era.</p>
+
+<p>Marcelo dijo que si su madre recobraba el sentido, la prepararía
+inmediatamente a bien morir: sin más que un reclinatorio, un crucifijo y
+dos velas, improvisó un altar a la derecha de la cama y sacando de bajo
+los hábitos un libro se puso en oración.</p>
+
+<p>Luciano, después de hablar largamente con el médico que la había
+asistido, para enterarse de la índole y progresos del mal, resolvió no
+apartarse de allí un momento, apurando cuantos recursos le sugiriese
+aquella ciencia que tanto amaba, y de que entonces había menester más
+que nunca.</p>
+
+<p>El cuarto día a contar desde su llegada, fue tristísimo. La pobre
+anciana parecía irse consumiendo como haz de leña seca y menuda,
+abrasada por un fuego invisible. Su cuerpo endeble, pequeñuelo, e
+inmóvil, apenas formaba bulto bajo las ropas del lecho; la respiración
+era tan débil que casi no hubiera empañado la superficie de un espejo.</p>
+
+<p>Marcelo continuaba orando.</p>
+
+<p>Luciano paseaba en silencio desde el dormitorio a la estancia contigua,
+y con la mano derecha metida en el bolsillo del chaleco, acariciaba
+nerviosamente un pequeño frasco de cristal.</p>
+
+<p>Al caer la tarde, creyendo observar en el estado de la enferma la
+presentación de síntomas aterradores, llamó por señas a su hermano,
+llevole lejos de la cama, y mostrándole el pomo, que contenía quince o
+veinte gramos de un líquido transparente e incoloro, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Voy perdiendo toda esperanza... ya no hay remedio.</p>
+
+<p>&mdash;La misericordia de Dios es infinita&mdash;repuso Marcelo.</p>
+
+<p>&mdash;Escucha&mdash;prosiguió Luciano&mdash;esto que parece agua, es el alcaloide
+extraída de una planta del extremo Oriente, que nadie antes que yo ha
+empleado en medicina: yo mismo lo he preparado... pero la
+experimentación me ha producido efectos que aún no puedo someter a
+principios fijos. Cuatro gotas de esto pueden, tal vez, ahora, retrasar
+la catástrofe; acaso consigamos una reacción, una crisis que devuelva a
+madre la salud... pero el remedio va a obrar en un organismo muy
+gastado, sin resistencia ni vigor, y si no tiene fuerzas para soportarlo
+se muere... es decir, la matamos. En una palabra; esto puede ser la vida
+y puede ser la muerte; es una probabilidad, no es la certidumbre de
+salvarla...</p>
+
+<p>Los ojos de ambos estaban nublados de lágrimas.</p>
+
+<p>Ya no había en aquellos dos hombres encono ni aversión: la amenaza de
+la muerte parecía restaurar en sus corazones la fraternidad que su
+pensamiento había roto.</p>
+
+<p>&mdash;Esperaremos&mdash;dijo tímidamente Marcelo al cabo de unos instantes.&mdash;Y
+volvió a arrodillarse en el reclinatorio.</p>
+
+<p>Luciano, dejando sobre la mesa el frasco, se colocó a los pies de la
+cama y permaneció sin apartar la vista de su madre.</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea">
+<p>Pasó la noche. ¡Qué largas les parecieron las horas, qué medroso el
+silencio, qué alarmante cualquier rumor, y cómo les desazonaba el ruido
+metálico y acompasado del reloj, que en cada oscilación del péndulo
+parecía llevarse un instante de aquella vida que era para ellos el mayor
+tesoro del mundo!</p></div></div>
+
+
+<p>Por un balcón de la estancia inmediata, dejado entreabierto para renovar
+la atmósfera, comenzó a soplar el aire saturado de aromas campestres,
+oyose el canto vigoroso de los gallos, y primero en vago resplandor,
+luego en torrentes de claridad, entró la luz del día, saludado con
+maravillosos gorjeos por los millares de pájaros que rebullían entre el
+ramaje de las huertas. Cuanto venía de fuera significaba llamamiento a
+la renovación y la vida; mientras allí dentro la inacción y el silencio
+parecían ir allanando su camino a la muerte.</p>
+
+<p>Marcelo seguía rezando.</p>
+
+<p>Luciano había puesto sobre la mesa donde estaba el frasco, una copa con
+un cortadillo de agua, a la cual era preciso unir el medicamento: todo
+lo tenía preparado, y sin atreverse a intentar la horrible prueba, iba y
+venía de un cuarto a otro, mirando alternativamente al frasco y a la
+copa.</p>
+
+<p>Al cabo de muchas horas de aplanamiento y laxitud, doña Inés pareció
+reanimarse, abrió los ojos y cambiando de postura murmuró algunas
+frases incoherentes. Entonces Luciano alargó la mano hacia la mesa,
+cogió el frasco, lo destapó... y enseguida, de pronto, bruscamente, como
+acobardado, volvió a dejarlo de golpe donde estaba.</p>
+
+<p>Al ruido alzó Marcelo la cabeza, y viendo retratada en el rostro de su
+hermano la perplejidad y angustia que sentía, fue hacia él,
+preguntándole por lo bajo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;repuso señalando a su madre&mdash;se ha movido, ha hablado, está más
+fuerte... tal vez pudiera resistirlo. Este es el instante oportuno... ¡y
+no me atrevo! ¡Si estuviéramos en la clínica! ¡Si no fuera ella!</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú crees que se salvaría con... eso?</p>
+
+<p>&mdash;En casos análogos... unas veces el medicamento ha respondido... otras
+ha fallado.</p>
+
+<p>De repente, doña Inés, incorporándose sola en el lecho y con voz apenas
+perceptible, murmuró:</p>
+
+<p>&mdash;¡Agua!</p>
+
+<p>Ellos se contemplaron de hito en hito; silenciosamente, leyéndose en los
+ojos la incertidumbre que les consumía, mientras la anciana repitió
+sordamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Agua!... ¡Agua!</p>
+
+<p>Aquella voz que temían no volver a escuchar nunca les removió el fondo
+del alma, agitando y trastornando de tal modo sus ideas, que cada uno,
+sin darse cuenta de ello, buscó la salvación de lo que amaba, no en los
+medios que le eran peculiares y propios, sino en aquello mismo que por
+serle ajeno, desconocido y contrario, adquirió a sus ojos las
+proporciones de lo maravilloso.</p>
+
+<p>En aquel momento supremo vaciló la fe del creyente y se quebrantó la
+incredulidad del esceptico: el místico se sintió mordido por la duda y
+el desengañado se dejó seducir por la esperanza. Todo lo trastornó el
+brutal zarpazo del dolor.</p>
+
+<p class="linea">Luciano, el médico, cayó de rodillas ante el crucifijo adorando a Dios
+en espíritu y en verdad. Marcelo, el sacerdote, se aproximó a la mesa,
+tomó el frasco, vertió unas cuantas gotas de su contenido en el agua, y
+sosteniendo con una mano a la enferma le hizo con otra beber el líquido
+misterioso. Mientras el médico pedía misericordia al cielo, el sacerdote
+se echaba en brazos de la ciencia.</p>
+
+<p class="linea">¿Llegó al cielo la plegaria? ¿Obró la substancia química sobre el
+organismo?</p>
+
+<p>De allí a poco doña Inés comenzó a mejorar, recobró la salud y fue de
+nuevo durante algunos años alivio de pobres y consuelo de tristes.</p>
+
+<p>Los dos hermanos procuraron desde entonces no hallarse frente a frente.
+Cada uno de ellos era poseedor del secreto del otro y ambos se sentían
+avergonzados por aquel pasajero desfallecimiento que a nadie confesaron.</p>
+
+<p>Quedoles el convencimiento de que en el mundo había algo que les era
+común y propio por igual, algo que todo lo perturba y equipara: el
+Dolor, deidad suprema que puede sembrar la duda en el espíritu del
+creyente y hacer que brote la esperanza en el pensamiento del incrédulo;
+pero alejado el peligro renació en su corazón la intransigencia, y ni
+Luciano atribuyó poder a su oración, ni Marcelo creyó en la eficacia del
+remedio.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chap"><a name="LOS_FAVORES_DE_FORTUNA" id="LOS_FAVORES_DE_FORTUNA"></a>LOS FAVORES DE FORTUNA</h3>
+
+
+<p class="head">I</p>
+
+<p>No hay divinidad a quien se rinda culto más sincero y universal que a la
+Fortuna. Los hombres desde que empiezan a serlo, en lo que llaman edad
+de la razón le consagran la vida. Fortuna en cambio con la esperanza les
+atrae, con la codicia les excita, con la molicie les corrompe, o con la
+soberbia les ciega, hasta que enseñoreada de ellos, les deja unas veces
+que realicen su ambición y otras que satisfagan su apetito. Nadie la
+desprecia sin que le llamen loco, a ninguno que la logra se le
+considera necio; de unos se deja conseguir por la astucia, a otros se
+somete por capricho, los más se arrojan a conquistarla, los menos
+procuran merecerla: es tal su perversión que gusta de que la tomen por
+fuerza, y es tan grato su imperio y son tan dulces sus halagos que luego
+de poseída no hay debilidad en que el animoso no incurra por
+conservarla, ni fortaleza que el apocado no intente por no perderla. Sus
+amantes son infinitos, y a ellos se entrega como cortesana que ni cuida
+de escogerlos, ni piensa en lo que le sacrifican, ni estima lo que les
+concede, ni repara en cuándo se lo quita. Con unos parece que se
+encariña desde que nacen, y les colma de dones toda la vida: a otros
+sonríe sólo en la vejez para amargarles la muerte; y hasta más allá del
+sepulcro llega su influjo, pues ni deja que sea cada cual llorado según
+su mérito ni reparte con justicia la gloria. No hay grande de la tierra,
+por ensalzado que esté, a quien no pueda poner más en alto todavía; ni
+humilde, por bajo que se halle, a quien no sepa encumbrar sobre el
+primero. Reparte sus dones unas veces complaciéndose en detenerse para
+colmar deseos, y otras los deja caer a la carrera para que queden las
+alegrías truncadas y los placeres incompletos. Pasa estúpidamente desde
+la prodigalidad a la avaricia, y desde la esplendidez a la miseria: su
+amor ciega, su desdén mata, a unos envilece, a otros trastorna; es la
+eterna Dulcinea engañosa para nuestra locura, y encantada para nuestra
+razón: niega lo que se le implora, da lo que no se le pide, todo lo
+tiene, y todo lo derrocha. Sólo dos cosas negó la Naturaleza a la
+Fortuna, que ni puede hacer generoso al mezquino, ni consigue acallar el
+remordimiento en la conciencia del malvado.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>Pero ya no es Fortuna la gloriosa divinidad pagana que recibía culto en
+las aras ceñidas de mirto, ni recorre el mundo en una rueda, mostrando
+desnuda la majestad de su hermosura: se ha hecho un palacio que es
+centro y emporio de las grandezas modernas, y en vez de un santuario de
+diosa habita un camarín de cortesana, donde por ásperas cuestas y
+empinadas pendientes suben los que la solicitan echándose a la espalda
+cuanto les pesa o les estorba. La ambición les guía, el amor propio les
+alienta, el egoísmo les sostiene, la impudencia les basta, y entre los
+riscos del camino se van dejando, sin sentirlo, la hombría de bien, la
+amistad y el cariño. Muchos emprenden la jornada: los más se rinden,
+pocos la terminan, y al llegar con el corazón helado por el frío de la
+cumbre, se desvanecen con la altura, imaginando ver empequeñecido y
+diminuto lo que dejaron en el llano. Luego Fortuna les atormenta con
+esquiveces, les engolosina con veleidades, y tanto se hace desear, o
+pone tal precio a sus caricias, que algunos al conseguirla, echan de
+menos lo que inmolaron por gozarla. Unos le sacrifican la honradez,
+otros la fe; quién ahoga brutalmente la concienciar el que menos, pierde
+por ella la vergüenza. Es, en fin, la gran ramera de la vida, que se
+resiste al esforzado, se entrega al ruin, a cualquiera se vende, y hasta
+de largo en largo se deja conquistar por el bueno, convirtiéndolo en
+blanco de envidiosos.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>En cierta ocasión se enamoraron de Fortuna tres hombres: Carlos Tizona,
+mozo de arrojo extraordinario, para quien la mejor razón era la espada:
+el doctor Infolio, que sin ser viejo casi lo parecía de tanto haber
+estudiado; y un tal Lepe, último vástago de una familia proverbial por
+lo lista. Tizona de todo era capaz, Infolio no ignoraba nada, y a Lepe
+se le ocurría siempre lo mejor; de suerte que si las condiciones de los
+tres se reuniesen en uno, fácilmente se hiciera señor del mundo. Eran,
+por sus distintas facultades y por el grado en que las poseían, la
+personificación de las tres potencias más enérgicas y eficaces de la
+vida: el valor, que nada teme; el trabajo, que de todo triunfa, y el
+ingenio, que allana cuanto intenta.</p>
+
+<p>Al enterarse, cada uno de ellos de que también amaban los otros a
+Fortuna, faltó poco para que vinieran todos a las manos. Tizona quiso
+esgrimir la de su nombre, Infolio perdió la serenidad, y a Lepe le
+descompuso la ira. Ya iban a reñir, cuando este último, en un instante
+de lucidez les dijo de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué luchar y aborrecernos si aún no sabemos en cuál se ha de
+fijar Fortuna? Seamos amigos, hasta que ella escoja, por lo menos; no
+sintamos la envidia antes de que haya quien saboree el placer.
+Emprendamos juntos la jornada, si queréis, o siga cada cual la senda que
+le acomode hasta llegar al palacio de Fortuna.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no voy con vosotros&mdash;gritó Tizona sin ocultar su pensamiento&mdash;pues
+sé un atajo por dónde, si no me estrello, llegaré enseguida.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;replicó Infolio&mdash;quiero también ir solo, porque en largos años de
+trabajo he discurrido un mecanismo para subir las pendientes sin
+esfuerzo.</p>
+
+<p>Oído lo cual, añadió Lepe:</p>
+
+<p>&mdash;Pues vaya cada uno por su lado; alguien he de encontrar que me lleve
+en coche o a la grupa, que yo no subo andando.</p>
+
+<p>Despidiéronse con la sonrisa en los labios, aunque odiándose, y puesto
+el pensamiento en su ambicioso propósito, emprendieron a hora distinta y
+por diversos lugares el camino.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Pasó mucho tiempo, sin que ellos mismos pudieran precisar el número de
+años transcurridos: porque las esperanzas y fatigas les hicieron perder
+la cuenta, hasta que una mañana, cuando menos lo esperaban, al dar
+vuelta a un recodo, se encontraron casi simultáneamente en la esplanada
+que rodeaba el alcázar dónde vivía la dama de sus pensamientos.</p>
+
+<p>Lepe llegó el primero, y al parecer de buen humor, pero con los labios
+plegados por una sonrisa de incredulidad que daba pena; Infolio era un
+anciano achacoso, gastado e impotente para gozar lo que soñaba; Tizona
+traía melladas las armas, el cuerpo cosido a cicatrices, y alguna herida
+fresca todavía.</p>
+
+<p>Saludáronse ceremoniosos, sin mostrarse simpatía ni sentir rencor:
+ninguno preguntó a los otros la historia de su viaje, y como Dios o el
+diablo les dieron a entender, procuraron entrar en el recinto
+misterioso.</p>
+
+<p>Tizona, viendo cerradas las verjas, a riesgo de matarse, escaló una
+ventana: Infolio, dijo tan admirables cosas propias y ajenas,
+colocándose ante la puerta, que sus hojas, dejándole paso, se abrieron
+solas, y entonces Lepe se coló dentro astutamente.</p>
+
+<p>A los pocos momentos estaban en la antecámara del ídolo. Sólo les
+separaba de él una cortina sutil e impenetrable, que cayendo desde la
+techumbre hasta el suelo, semejaba el velo de un lugar sagrado.</p>
+
+<p>Ninguno se atrevió a descorrerla, y absortos de estupor, febriles de
+impaciencia, esperaron, fija la vista en los amplios pliegues que ponían
+estorbo a sus deseos.</p>
+
+<p>De pronto, se abrieron los paños como rasgados de alto a bajo, y dejaron
+ver un instante el ámbito de la estancia que ocultaban. El santuario de
+Fortuna era una alcoba. Hacia el fondo sonó el estallido desigual de un
+beso doble, y enseguida, salió tranquilamente un hombrecillo
+insignificante, feúcho, pequeñuelo y vulgar, que con aire de triunfo
+venía estirándose los puños y acariciándose la barba. Entonces los que
+esperaban se avalanzaron hacia él entre humillados y rabiosos gritando y
+preguntándole a grandes voces:</p>
+
+<p>&mdash;¡Profanación!</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién eres?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por dónde has subido?</p>
+
+<p>Mientras el feliz mortal, mirándoles sin comprender su indignación,
+respondía con la mayor frescura:</p>
+
+<p>&mdash;Soy Perico Mediano, y he subido por la escalera de servicio.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chap"><a name="LAS_PLEGARIAS" id="LAS_PLEGARIAS"></a>LAS PLEGARIAS</h3>
+
+
+<p class="head">I</p>
+
+<p>Al dar la una y media comenzaron a despedirse los contertulios: a las
+dos sólo quedaban en el magnífico salón los dueños de la casa, marido y
+mujer, ambos jóvenes, hermosos y al parecer felices: él se puso a leer
+un periódico de la noche y ella se entretuvo escribiendo con un lápiz de
+oro al dorso de una tarjeta las visitas y compras que pensaba hacer al
+día siguiente.</p>
+
+<p>Después hablaron un rato de cosas de poca monta, y, por fin, ella,
+levantándose de pronto, le dijo mirándole amorosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Me voy a recoger el pelo. ¿Tardarás?</p>
+
+<p>&mdash;Acuéstate. Enseguida voy.</p>
+
+<p>Luego de retirarse la dama, el hombre pasó del salón a su despacho, que
+era la habitación contigua, y oprimiendo un resorte oculto entre los
+cortinajes, dio luz a las lámparas eléctricas.</p>
+
+<p>Los muros estaban cubiertos de verdaderos tapices góticos, los estantes
+llenos de buenos libros, en un testero había un magnífico retrato de
+familia a cuyos lados brillaban dos panoplias de armas antiguas, y en
+otro lienzo de pared destacaba sobre el fondo multicolor y borroso del
+tapiz un santo pintado por Zurbarán. Cuanto allí había era prueba de
+exquisito gusto, cultura y riqueza bien empleada. Indudablemente el lujo
+de relumbrón, las antiguallas falsificadas y los caprichos absurdos
+impuestos por la moda, no tenían entrada en aquella casa.</p>
+
+<p>Sentose el caballero ante la mesa, sacó de un cajón una cartera, y tras
+consultar rápidamente varios papeles, apuntó, poco más o menos de este
+modo, lo que se proponía hacer al otro día:</p>
+
+<p>«Carta al administrador de Terrones para que perdone la mensualidad a
+los colonos perjudicados por la nube del mes pasado, y les dé lo
+necesario para la siembra.&mdash;Al mayordomo de Valhondo que libre de
+quintas al hijo del guarda.&mdash;Decir al ministro que no voto a favor de la
+desviación del canal, porque no conviene a los intereses de aquellos
+pueblos.&mdash;Mandar, según costumbre, lo que haga falta en el Monte para
+desempeñar las herramientas de trabajo y máquinas de coser cuyas
+papeletas venzan este mes.»</p>
+
+<p>Todo lo cual indicaba que aquel rico merecía serlo.</p>
+
+<p>Después guardó la cartera, cerró el cajón, y recostándose en el sillón,
+permaneció largo rato ensimismado y como abstraído por sus pensamientos.</p>
+
+<p>Poco a poco fue dibujándose en su rostro un gesto de inexpresable
+amargura, luego dobló la cabeza sobre el pecho, y enseguida, enderezando
+a Dios el pensamiento, dijo mentalmente de este modo, no con palabras
+aprendidas de memoria, sino con aquellas espontáneas y sinceras razones
+que, inspiradas en verdadera piedad, no pueden menos de llegar a dónde
+van dirigidas:</p>
+
+<p>«¡Un día más... y un día menos! No he hecho mal a nadie, y he procurado
+algún bien. Permíteme, Señor, que pueda decir lo mismo mañana. No
+faltándome tu favor, estoy seguro de mi voluntad... Me has hecho rico,
+es decir, depositario de lo que destinas a los pobres, y al remediar los
+males del prójimo imagino cumplir tus mandatos. No me desprendo de nada
+mío, sino que doy a cada cual lo que quieres que sea suyo; si más me
+dieres, más distribuiría; y si de todo me privases, mi único dolor sería
+ver desdichas sin poder remediarlas... Por Tí he comprendido que la
+verdadera sabiduría estriba en combatir odios y sofocar rencores:
+procuro ser justo; pero no me has hecho feliz. Tú sabes lo que falta a
+mi dicha. Te pido un hijo. Quiero tenerlo para que aprenda a ensalzarte
+como Te gusta ser ensalzado, que es sometiendo la maldad a la justicia,
+acercando la compasión al dolor; y quiero también ser padre, porque no
+es bueno que se seque el árbol sin dejar retoño. Mi esposa me ama tanto
+como yo a ella, pero nuestro lecho es estéril. ¡Señor! Dame un hijo para
+que te ame con dos vidas y te sirva con dos voluntades.»</p>
+
+<p>De pronto sonó a lo lejos una voz femenina que llamaba cariñosamente; el
+caballero apagó la luz, y a oscuras, andando a tientas, que es como el
+hombre camina hacia la felicidad, salió en busca de su mujer.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>Varía la decoración y son otras las personas.</p>
+
+<p class="linea">En un miserable sotabanco habita un matrimonio pobre. El marido fue
+empleado y quedó cesante sin auxilio, amparo ni valimiento; la mujer,
+que era menestrala, enfermó durante el primer embarazo y fue despedida
+del taller: rápidamente pasaron de la escasez a la pobreza y de la
+pobreza a la miseria; pero como eran jóvenes y se querían mucho, nada
+contuvo su pasión. En seis años de matrimonio tuvieron otros tantos
+hijos.</p>
+
+<p>La noche era horrible: los vidrios rajados o mal juntos dejaban paso al
+frío por roturas y resquicios: no había rescoldo en el fogón, ni cisco
+en el brasero, ni provisiones en la alacena, ni casi ropas en las camas,
+porque el carbonero ya no fiaba, ni el tendero se compadecía, ni el
+prestamista devolvía las mantas sin que le pagasen lo estipulado; y los
+pequeñuelos lloraban y los mayorcitos pedían pan, mientras los padres se
+miraban silenciosa y desesperadamente, ya pronto el hombre a toda maldad
+y dispuesta la mujer a todo sacrificio.</p>
+
+<p>Más tarde, cuando el marido se fue a acostar, renegando de Dios y
+maldiciendo de los hombres, ella dio un beso a cada niño, y enseguida,
+postrándose de rodillas ante una grosera estampa de Cristo pegada en la
+pared, comenzó a orar entre dientes.</p>
+
+<p>Rezó primero el Padre Nuestro, luego el Credo después muchas Salves y
+Ave Marías, cuanto aprendió de niña sin saber lo que significaba, y por
+último, buscando en las reconditeces de su alma acentos propios,
+inspirados en la magnitud de su desventura; dijo alzando los ojos y
+clavándolos en la estampa: «¡Señor! ¡Piedad, misericordia! ¡Que no se
+mueran estos niños! ¡Pan, nada más que pan!»&mdash;Y dejando caer la cabeza
+sobre el asiento de una silla que tenía delante, permaneció en oración
+largo rato, hasta que el marido la llamó desde el jergón que les servía
+de cama, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Ven, hija, ven y trae cualquier cosa para arroparnos, que aquí no se
+puede parar de frío.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>En los altos cielos, espacios eternamente misteriosos y negados por
+siempre al pensamiento humano, allí donde solo llegan los desvaríos de
+la imaginación y los arrobos de la fe, resonaban dos voces de acento
+sobrenatural y prodigioso. La una era majestuosa, imponente y dulce
+sobre toda ponderación; la otra era voz humana, dignificada y
+ennoblecida por la santidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pedro!&mdash;dijo la primera.</p>
+
+<p>&mdash;Señor&mdash;repuso con humildad la segunda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay algo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo de siempre. Peticiones de la ambición, exigencias de la codicia,
+vanidades del amor propio, arrogancias de la soberbia, desafueros de la
+maldad, sollozos de dolor y bostezos de hambre.</p>
+
+<p>&mdash;A esos hay que atender primero.</p>
+
+<p>&mdash;Señor, es que son muchos los que piden y pocos los que agradecen.</p>
+
+<p>&mdash;No importa. Coge a manos llenas los bienes y déjalos caer sobre los
+limpios de corazón.</p>
+
+<p class="linea">Pasado algún tiempo, el matrimonio rico heredó una considerable fortuna
+que acreció la suya. Fue aquello como golpe de agua que, dejando acaso
+estéril la llanura, engrosa el caudal de otra corriente: y en el hogar
+del matrimonio pobre nació el séptimo hijo.</p>
+
+<p>Los afortunados no agradecieron lo que les sobraba, y los infelices casi
+maldijeron lo que no habían pedido.</p>
+
+<p class="linea">Entonces resonaron de nuevo en las alturas las voces misteriosas:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pedro!</p>
+
+<p>&mdash;¡Señor!</p>
+
+<p>&mdash;Mis órdenes se cumplen mal&mdash;dijo la voz de imponente e inefable
+dulzura&mdash;a pesar de mis bondades suben de la Tierra lamentos de dolor
+que mueven a piedad.</p>
+
+<p>&mdash;Los del planetilla revoltoso no hacen más que pedir. Nadie quiere
+penar; todos creen merecer. Ninguno acepta su misión fatal e ineludible,
+ni se resigna a cumplirla. Imaginan que la vida debe ser la felicidad,
+cuando es sólo ocasión de conseguirla.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo no soy el Destino ciego, sino la Providencia bondadosa.
+¡Felices! ¿Por qué no han de serlo? En verdad te digo que el hombre no
+comprenderá nunca la majestad del dolor. De hoy más, a quien pida con fe
+para obrar con caridad, désele todo. Hay que reorganizar este
+negociado.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="EL_NIETO" id="EL_NIETO"></a>EL NIETO</h3>
+
+
+<p>El general don León Bravo de la Brecha y Pérez Esforzado, décimo cuarto
+conde de la Algarada de Lucena, primer marqués de Durobando, noble hasta
+la médula de los huesos, senador por derecho propio, modelo de
+caballeros, carácter de acero y corazón de oro, feo de rostro y
+hermosísimo de alma, era hombre que haciéndose querer inspiraba respeto,
+mas en tal grado religioso, autoritario y linajudo, en una palabra, tan
+montado a la antigua que parecía la viva encarnación de todos aquellos
+ideales que cumplida su misión en la vida, van quedando honrosamente
+almacenados en la historia por la inflexible mano del tiempo.</p>
+
+<p>A bueno nadie le ganaba, a severo le aventajaban pocos, y en punto a
+reaccionario no había quien le igualase. Fue feliz durante casi toda su
+vida, porque la Fortuna le halagó propicia, siendo para él en la
+juventud novia cariñosa, en la edad viril mujer amante y luego sumisa
+compañera; únicamente en la vejez, cuando creía tenerla más sujeta,
+comenzó a mostrársele rebelde, como hembra cansada de ser fiel mucho
+tiempo.</p>
+
+<p>El general veía con pena que cuanto amparó con su prestigio y cuanto
+defendió con su espada se iba desmoronando. La fe se bastardeaba
+convirtiéndose en devoción superficial y mundana; las clases sociales se
+fundían derretidas por la fiebre del oro; el principio de autoridad
+cedía en vez de resistir; todo lo que él consideró esclarecido y alto
+tendía a oscurecerse y caer, todo lo vil y bajo a brillar y subir; lo
+poco antes calificado de utopia era casi realidad, los sueños se hacían
+tangibles y a las amenazas se respondía con reformas; lo que en su
+mocedad se dominaba a tiros, ahora se arreglaba con fórmulas.</p>
+
+<p>Su mayor pena, su disgusto más hondo consistía en ver a su propio hijo
+participar de las ideas nuevas y sentarse como diputado en los bancos de
+una minoría liberal apoyando las que él llamaba soluciones avanzadas, y
+al pobre viejo le parecían herejías contra lo más santo y ataques a lo
+más respetable.</p>
+
+<p>Por mucho que cavilase, no se daba cuenta de cómo aquel hijo, educado
+por padres escolapios, había salido volteriano hasta votar la tolerancia
+religiosa e importarle un bledo que el Papa estuviese cautivo. Cuando le
+oía afirmar que era monárquico y enseguida que la idea de Patria no es
+consustancial con la monarquía, se le llevaban los demonios, y
+finalmente a punto estuvo de desheredarle sabiendo que durante las
+elecciones asistió a una reunión de distrito donde solicitó el voto de
+lo descamisados.</p>
+
+<p>Mas como todo está compensado en la vida, la amargura ocasionada por
+aquellas ideas del hijo tenía contrapeso y hasta recompensa en lo que
+prometía el nieto.</p>
+
+<p>Siete años acababa de cumplir Pepito y por sus tendencias dominadoras,
+por su carácter resuelto y su geniecillo voluntarioso indicaba que había
+de parecerse, no a su padre, sino a su abuelo. El general experimentaba
+impulsos de ternura, nunca sentidos, escuchando referir o presenciando y
+oyendo rasgos y respuestas del chico, que no pasaban de meras
+insolencias infantiles y que a él se le antojaban claros indicios de
+ideas sanas, principios severos y voluntad enérgica.</p>
+
+<p>Pepito era indudablemente a sus ojos un caso notabilísimo de atavismo.</p>
+
+<p>Los procedimientos de fuerza le encantaban. En vez de pedir merienda la
+cogía del aparador: espíritu de conquista, decía el general. Agradábale
+sobre manera ir limpio, bien vestido y majo: gustos aristocráticos,
+pensaba el buen señor. Una vez en la calle, viendo reñir a dos
+muchachos, y caer debajo al más débil, se arrojó a su defensa: clara
+muestra de comprender la misión de su nobleza. Finalmente, un día en una
+tienda donde su madre regateaba unos juguetes, Pepito llamó ladrón al
+comerciante: horror al mercantilismo imaginó el abuelo.</p>
+
+<p>Para que tan brillantes disposiciones y facultades no se debilitaran ni
+maleasen en la viciosa confusión de un colegio ni al contacto de malas
+compañías, el general, desconfiando del criterio y carácter de su
+propio hijo, resolvió encargarse de la educación del chico: y no
+pusieron los reyes de Francia más cuidado en buscar maestro a un Delfín
+que puso él para admitir preceptor a su gusto.</p>
+
+<p>Tras muchas cavilaciones, previos respetables informes y seguro de sus
+buenos antecedentes, recayó la elección en un capellán profundamente
+religioso, de intachable moralidad y lo bastante conocedor del mundo
+para dirigir los primeros pasos de un niño a quien su linaje y fortuna
+tenían reservado puesto seguro y distinguido en el banquete de la vida.</p>
+
+<p>Quiero&mdash;le dijo el general&mdash;que sea hombre de bien, capaz de grandes
+cosas, enemigo de las pequeñas... y aunque no ha de cantar misa, ni hace
+falta que se coma los santos, muy religioso. Nada de beaterías: espíritu
+religioso, temor de Dios y amor al prójimo. ¡Cristiano de verdad! ¡En
+fin, que sea todo un hombre!</p>
+
+<p>El capellán&mdash;nadie le llamaba por su nombre en la casa&mdash;era lo que se
+decía hace cincuenta años un buen maestro: tal vez algo duro; más amigo
+de hacerse temer que estimar; antes partidario de enseñar lo que sabía
+que de inspirar amor al estudio; con ideas fijas vaciadas en la antigua
+turquesa donde se fundió la sociedad de nuestros abuelos; seguro de lo
+que tenía por bueno; irreconciliable con lo que juzgaba malo; ilustrado,
+pero intransigente; bueno, pero fanático.</p>
+
+<p>Pepito aprendió de sus labios algunas cosas que son verdades eternas;
+otras que en su tiempo lo fueron, y muchas que no lo han sido nunca; mas
+todas, al parecer, sujetas y enlazadas por maravilloso espíritu de
+unidad. Adaptándose a la tierna imaginación propia de la edad del niño,
+hízole considerar la ciencia como trabajo humano que pugna por acercarse
+a lo divino; el arte como emanación y resplandor de lo bueno; la
+historia como inmenso campo al través del cual marchan las razas
+guiadas por Dios a su destino; y la vida como valle de amarguras en que
+para las más acerbas lágrimas y los más intensos dolores hay consuelo
+cuando, poniendo el pensamiento en lo alto, quieren ser caritativo el
+poderoso, agradecido el miserable, sensible el fuerte, humilde el débil,
+y todos esperanzados en la justicia del Señor.</p>
+
+<p>Poca era la edad del niño, mas tales la inteligencia y la claridad con
+que se expresaba el capellán, que el discípulo prometía honrar al
+maestro. Varias veces examinó el general a Pepito; en más de una ocasión
+le hizo preguntas, al parecer inocentes, en realidad encaminadas a ver
+el cauce por donde iban sus inclinaciones; y siempre quedó, aparte
+pasión de abuelo, que es padre doble, maravillado del instinto con que
+se asimilaba cuanto trascendiese a hombría de bien y sentimiento de
+justicia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué aguinaldo quieres, monín?,&mdash;le dijo pocos días antes de Navidad.</p>
+
+<p>&mdash;Un nacimiento&mdash;repuso el chico.</p>
+
+<p>Su abuelo fue con él a Santa Cruz, le dejó escoger cuanto quiso, pagó
+contento, quedó el niño gozoso, y dos criados trajeron a casa el peñasco
+lugar de la sagrada escena y la banasta llena de figuras de barro que
+habían de representarla.</p>
+
+<p>Al día siguiente, gracias a la febril actividad del niño y mediante
+algunos consejos del capellán para que pusiese cada personaje en su
+sitio, quedó el nacimiento colocado sobre una gran mesa en el cuarto de
+estudio. Nunca vieron ojos de muchacho cosa tan bonita. ¡Qué <i>propio</i>
+estaba!</p>
+
+<p>El peñasco, que tenía más de dos varas en cuadro, figuraba una serie de
+cerros hechos con corcho y cartón piedra, dispuestos en caprichosos
+declives con las cimas cubiertas de nieve y en la parte baja serpeados
+por un arroyuelo de agua verdadera que venía a morir en un estanque con
+surtidor, de hoja de lata. En un picacho estaba el depósito y para
+ocultarlo veíase agrupado en torno del monte el caserío de cartón que
+fingía ser la ciudad de Belén, sobre cuyos minaretes de cartulina
+ondeaba la bandera española. Por unos vericuetos en que el vidrio molido
+hacía papel de escarcha, venían en sendos camellos sus reales majestades
+Gaspar, Melchor y Baltasar, seguidos de abigarrada servidumbre; al borde
+del arroyo había un grupo de, lavanderas; en un altillo, junto a la
+hoguera de talco en que se freían las migas, los pastores apacentaban
+las ovejas de patitas de alambre, mientras los pavos de abermellonada
+cabeza y peana verdosa destacaban sobre el musgo aterciopelado y húmedo.
+De entre un macizo de follaje salía una pareja de guardia civil, cuyos
+tricornios enfundados de blanco casi llegaban al campanario de una
+torre, y en la fachada de un ventorrillo de cartón se leía la palabra
+<i>vino</i>. El portal de Belén era grandiosa fábrica greco-romana de corcho
+con sus columnas estriadas: dentro estaba el pesebre guarnecido de
+verdadera paja y sobre ella el Niño Jesús enteramente desnudo y boca
+arriba, a sus lados el buey y la mula esculpidos con rigidez hierática,
+y delante, colocados en adoración, San José con traje amarillo, y la
+Virgen con manto más brillante y rojo que un pimiento, ambas cabezas
+coronadas por descomunales resplandores en que se habían derrochado
+panes de oro.</p>
+
+<p>Pastores con pellicos de algodón en rama bailaban ante la Sagrada
+Familia, en tanto que otros rendían al suelo la carga de sus ofrendas, y
+del centro del frontón pendía la estrella de rabo, casi de tamaño
+natural, tan cuajada de ángulos y facetas que era maravilla de los ojos.
+Luego, por todas partes ciñéndolo y adornándolo todo, ramas de palmera,
+de espino, de abeto, de tomillo, de tuya, de romero, grandes trozos de
+musgo y un sinnúmero de velitas y candelas amarillas, rojas, blancas y
+verdes, de cuyas llamas se desprendía un humo tenue y vaporoso, que
+envolvía el conjunto en una neblina misteriosa y poética...</p>
+
+<p>Cuando el general vio el nacimiento, faltó poco para que cogiese un
+rabel: si no lo hizo fue porque no quedara mal parado el principio de
+autoridad.</p>
+
+<p>A la tarde siguiente, Pepito salió de paseo con su madre. Cuando volvían
+oyó llorar en el patio a uno de los chicos del portero y preguntó la
+causa.</p>
+
+<p>&mdash;Envidia, nada más que envidia... señora&mdash;dijo dirigiéndose a su ama el
+criado adulador:&mdash;mis chicos han visto subir el nacimiento y se han
+emberrenchinado en que les compre muñecos.</p>
+
+<p>La dama, sin hacer caso, subió lentamente la escalera y Pepito la siguió
+en silencio, con la cabecita baja y las manitas a la espalda, sintiendo
+cosas que no podía comprender, como un filósofo chiquitín.</p>
+
+<p>De pronto, al llegar al recibimiento, echó a correr hacia su cuarto, y
+pocos momentos después bajó al portal por la escalera de servicio,
+llevando una cesta cuyo contenido ocultaba cuidadosamente.</p>
+
+<p>A la noche, terminada la comida, el general quiso ver de nuevo el
+nacimiento por gozar con la alegría del niño.</p>
+
+<p>La decepción fue horrible. El nacimiento estaba encendido; pero a pesar
+de las luces, triste y despoblado. Parecía que los muñecos de barro
+habían huido al sentirle llegar: faltaban más de la mitad. Los reyes
+magos reducidos a dos; de la pareja de civiles, un número; la mula del
+pesebre, ausente; los borregos, pastores y zagalas, en cuadro; el
+caserío de Belén, medio derribado para arrancar algunas fincas, y ¡oh
+cosa inverosímil! San José permanecía junto a su divino hijo, mas la
+Virgen había desaparecido.</p>
+
+<p>&mdash;¡¡Pepito!! ¿Qué ha pasado aquí?&mdash;gritó enojado el abuelo.</p>
+
+<p>El niño se presentó cabizbajo, pero sin miedo; no muy contento, pero
+sereno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es esto? ¿Has roto ya todo lo que falta? ¿Es ese el aprecio que
+has hecho?...</p>
+
+<p>&mdash;No he roto nada&mdash;repuso Pepito.&mdash;Los chicos de abajo lloraban mucho
+porque no tenían nacimiento... y les he dado la mitad. ¿No me están
+diciendo a todas horas y en todas las lecciones que todos somos hijos de
+Dios, y que Dios da a los ricos para que den a los pobres? Pues ya está
+hecho... aunque no me compres más.</p>
+
+<p>El general cogió a su nieto, alzándolo hasta sí, le dio no un beso sino
+un abrazo, como si fuese un hombre, y salió del cuarto juntamente
+enternecido y pesaroso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tiene usted?&mdash;le preguntó su hijo al verle entrar en el despacho
+con los ojos llorosos.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo... tengo que tú me has salido liberal y, a pesar de los
+pesares... tu chico me ha salido socialista.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="DICHAS_HUMANAS" id="DICHAS_HUMANAS"></a>DICHAS HUMANAS</h3>
+
+
+<p>A la parte de Oriente, por cima de las arboledas del Retiro, comienza a
+despuntar el día, desvaneciéndose y borrándose el lucero del alba en una
+faja de luz pálida y blanquecina, que se dilata y extiende poco a poco
+en el espacio.</p>
+
+<p>Los faroles están apagados, los serenos se han ido, las buñoleras no han
+llegado, las tahonas están cerradas, las tabernas no se han abierto, y
+un norte glacial barre las aceras, arremolinando en los cruces de las
+calles las hojas secas, el polvo y los papeles. Se oyen de cuando en
+cuando los pasos rápidos de alguien que ha trasnochado por necesidad o
+por vicio; suenan a lo lejos las campanas de maitines en la torrecilla
+de un convento, y tras las vallas de un solar convertido en corral,
+lanza un gallo su canto bravío y vigoroso, como si estuviera en el
+campo.</p>
+
+<p>De entre las sombras que van desvaneciéndose surgen las líneas y la mole
+de una casa magnífica, casi un palacio, con jardín a la iglesia, ancho
+portalón y verja de remates dorados. Dos balcones del piso principal
+están interiormente iluminados por un resplandor medio amarillento,
+medio rojizo, formado por las llamas de la chimenea y la luz de una gran
+lámpara con enorme pantalla de seda color de oro. Desde la calle no se
+ven más que los huecos bañados en claridad misteriosa, los cristales de
+una sola pieza y los visillos de muselina, en cuyos centros campean
+cifras artísticas de letras entrelazadas.</p>
+
+<p>La habitación es suntuosa. Hay en ella muebles soberbios, telas
+rarísimas, cuadros con firmas de maestros, retratos admirables, plantas
+exóticas criadas en la atmósfera tibia del invernadero, jarrones,
+japoneses decorados con cigüeñas de plata que vuelan en paisajes
+fantásticos, alfombras en que los pies se hunden y arañas de vidrios
+multicolores, donde centellean en temblor irisado los reflejos, de la
+chimenea. La riqueza y el buen gusto parecen haber reunido allí todos
+los primores del lujo moderno.</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea"><p>Sentado junto a un veladorcito, donde aún se ven el servicio de té, todo
+de plata, dos barajas francesas y un sortijero lleno de horquillas y
+pulseras, hay un hombre joven, de arrogante figura, que está haciendo
+números con un lápiz en una cuartilla de papel.</p></div></div>
+
+
+<p>Por la esquina que forman dos calles, desemboca un mocetón descalzo,
+cubierto de harapos asquerosos. Lleva a la espalda un saco, y en la mano
+un palo, que tiene en la punta un largo clavo retorcido, con el cual, de
+cuando en cuando revuelve los montoncillos de basura que hay formados
+ante las puertas junto a los bordes de la acera. Otras veces se pone de
+rodillas, escarba con las manos y va metiendo en el talego restos,
+desperdicios y sobras de mil cosas distintas. Al creciente claror del
+día su figura comienza a dibujarse. Es joven, robusto, ágil, pero
+repugnante por lo sucio y lo feo. Tiene las prendas con que se cubre,
+destrozadas y llenas de remiendos, la gorra reluciente de mugre, las
+manos guarnecidas por escamas de roña, los ojos legañosos y el bigote
+quemado de apurar colillas; todo él es seboso y hediondo. Sus compañeros
+le llaman Pachín el <i>Guarro</i>.</p>
+
+<p>Al llegar frente a la casa lujosa, se sienta en la acera y poco a poco
+va sacando algo de lo que ha recogido aquella noche, para separar lo
+que haya de vender de lo que quiera guardar.</p>
+
+<p>De pronto se oyen a lo lejos pasos de alguien que viene corriendo,
+arrastrando en chancleta los zapatos, y por la esquina inmediata aparece
+una chica de veinte años, feísima. Es cabezorra, llana de cogote y algo
+bizca; tiene el pecho voluminoso y caído, como pasiega harta de criar,
+el rostro rojizo, el cuello negruzco, y el trozo de carne, que pudiera
+ser nariz, desformado y torcido, como si guardase recuerdo de un
+tremendo puñetazo. Lleva puesta falda de percal que fue azul, por entre
+cuyos jirones, jamás cosidos, deja ver un refajo amarillo en sus buenos
+tiempos, toquilla de estambre rosa convertida en pañuelo de talle, y a
+la cabeza otro pañuelo de seda verde, bajo el cual desbordan en mechones
+compactos y casposos los rizos negros, vírgenes del peine. En la mano
+derecha lleva también un saco y en la izquierda una cesta que tiene en
+vez de asa un trozo de soga retorcida: allí trae una jícara sin asa, un
+borlón de darse polvos de arroz, un ojo de vidrio caído de un animalucho
+disecado, una rueda de butaca y la tapa de una caja de dulces adornada
+con un ramito de azahar artificial.</p>
+
+<p>Aquella mujer es la <i>Mona</i>. Pachín el <i>Guarro</i> casi parece junto a ella
+un señorito.</p>
+
+<p>Al verla acercarse, dice él:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué traes, paloma?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Na</i>: lana sucia, una jícara, tres latas chicas y dos peras pochas.</p>
+
+<p>&mdash;Guárdalas <i>pa</i> madre. ¿Y papel?</p>
+
+<p>&mdash;Como un par de kilos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tabaco?</p>
+
+<p>&mdash;Eso sí, toma.</p>
+
+<p>Y la <i>Mona</i> sacó de la cesta el fondo de una escupidera de cristal rota,
+con lo menos diez colillas de puro..</p>
+
+<p>&mdash;¡Son habanas; éstas se lavan y <i>pa</i> mí: <i>u</i> sin lavarlas!&mdash;dijo
+sonriendo Pachín.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces <i>pa tí, pa</i> mezclar. ¿Y tú, que has <i>pescao</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Mira.</p>
+
+<p>El <i>Guarro</i> vació entonces todo el contenido del talego, y sobre las
+losas de la acera quedaron desparramados cien objetos imposibles de
+definir. Allí había de todo, reducido a nada; piezas de hierro con
+empleo desconocido, botones sin asa, escarpias sin punta, hebillas sin
+pincho, una regadera abollada, media petaca, un muelle de reloj, puchos
+recortes de trapo, dos carretes sin hilo y una zapatilla grande, vieja,
+de raso azul bordada de oro y con tacón Luis xv.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la otra?&mdash;preguntó ella.</p>
+
+<p>&mdash;No ha <i>pareció</i>; pero ¡mira!</p>
+
+<p>El <i>Guarro</i> sacó de la chaqueta con aire de triunfo, media cucharilla de
+plata.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué valdrá eso?</p>
+
+<p>&mdash;Seis <i>u</i> siete <i>ríales</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues al café.</p>
+
+<p>Recogieron el fruto de su trabajo, dividiéronse en los sacos el peso, y
+atravesando barrios enteros, después de matar el gusano en una taberna,
+fueron a salir por rondas y afueras más allá del Cristo de las Injurias.</p>
+
+<p>El término de su viaje fue una esplanada de estercoleros, rodeada de
+desmontes, donde se alzaban varias barracas hechas de tablas, puertas de
+restos de derribos, mostradores viejos, esteras, persianas, grandes
+trozos de hule, muestras de tiendas y toldos de carro, todo ello
+recubierto, guarnecido y como blindado con latas de petróleo deshechas y
+claveteadas, que la lluvia y el óxido habían jaspeado de manchas
+rojizas, semejantes a una erupción de sangre seca.</p>
+
+<p>Entre las barracas corría un arroyo de aguas sucias que se desbordaban
+al chocar con un perro muerto e hinchado, y en distintos sitios se veían
+grandes montones de trapo, ferretería de desecho, rejas desbaratadas,
+llantas de carros, pilas de ventanas sin vidrios y huesos de animales.</p>
+
+<p>La más asquerosa de aquellas viviendas era la del <i>Guarro</i> y la <i>Mona</i>.</p>
+
+<p>Para entrar tuvieron que agacharse. En lo interior había muchas
+estampitas de cajas de fósforos pegadas con pan mascado a un biombo que
+hacía de pared, un hornillo de barro puesto sobre una banqueta de piano
+que conservaba restos de damasco amarillo, y un cofre sin tapa lleno de
+suelas de calzado que despedía un hedor insufrible.</p>
+
+<p>Había también un descomunal montón de recortes de paño, alfombras
+viejas, orillos de lana y pieles de conejos. Aquella era la cama de
+matrimonio y en ella se tumbó el <i>Guarro</i>, echando las piernas a lo alto
+como quien se regodea con el descanso bien ganado.</p>
+
+<p>La <i>Mona</i> se le quedó mirando embelesada, llenos los ojos de pasión
+como una bestia enamorada.</p>
+
+<p>Cuánto más le miraba, entre brutalmente apasionada y sinceramente
+pudorosa, más fea se ponía; pero a él debiole parecer hermosa y
+codiciable como a Salomón la Reina de Saba, porque con voz melosa le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Paloma!</p>
+
+<p>La <i>Mona</i> quiso tenderse a sus pies sobre el montón de trapos para
+velarle el sueño destripando colillas y haciéndole pitillos, pero él
+volvió a llamarla como un animal a su hembra.</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea">
+<p>&mdash;¡Paloma mía!</p></div></div>
+
+<p>En la chimenea de la casa lujosa sólo quedaban cenizas; la llama de la
+lámpara palideció ofuscada por la luz del día, que comenzó a juguetear
+con las cosas, arrancando reflejos al oro de los marcos, a los cristales
+de los espejos, a los nácares de los mueblecillos maqueados y a los
+flecos de seda.</p>
+
+<p>El caballero joven que había pasado la noche haciendo números, sumas y
+restas, dejó caer la cabeza sobre el pecho, agobiado de cansancio y de
+pena. Luego, levantándose, fue hacia la cama donde dormía la mujer
+hermosa. Ella, al oírle acercarse, despertó tendiéndole los brazos. Su
+admirable cuerpo se modeló como una estatua viva bajo la colcha de seda,
+mientras él conservando en la mano el lápiz y el papel, dijo con
+profunda amargura, sin sentirse atraído por el cariño y la belleza:</p>
+
+<p>&mdash;Estamos perdidos: ¡hay que quitar el coche!</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="EL_MILAGRO" id="EL_MILAGRO"></a>EL MILAGRO</h3>
+
+
+<p>Damián y su mujer Casilda, él de cuarenta y cinco, y ella de algunos
+menos, tenían en el barrio fama de ricos, y sobre todo de roñosos. No se
+les podía tildar de avaros, pues en vivir bien, a su modo, gastaban con
+largueza; pero la palabra prójimo era para ellos letra muerta.</p>
+
+<p>Delataban su holgura la bien rellena cesta que su criada Severiana les
+traía de la compra, la costosa ropa que vestían, y algún viaje de
+veraneo que, aun hecho en tren botijo, era mirado por los vecinos como
+rasgo de insolente lujo. Además, con cualquier pretexto, disponían
+comidas extraordinarias o se iban un día entero de campo con coche que
+les llevara a los Viveros o El Pardo, y esperase hasta la puesta del
+sol, trayéndoles bien repletos de voluminosas tortillas, perdices
+estofadas, arroz con muchas cosas, magras de jamón y vino en abundancia.</p>
+
+<p>De estos despilfarros solo protestaba la vecindad con cierta disculpable
+envidia: lo malo era que marido y mujer no comían ni se iban de campo
+solos, como recién casados o amantes de poco tiempo, sino que siempre
+les acompañaban dos hermanos, Luis y Genoveva, de los cuales el primero
+cortejaba a Casilda, mientras la segunda bromeaba con Damián: si el tal
+cortejo era platónico y las tales bromas inocentes, ellos lo sabrían;
+pero un conocido que les vio merendando más allá de la Bombilla, decía
+que <i>aquéllo</i> era un escándalo, que cuando les sorprendió, Luis tenía a
+Casilda cogida por la cintura, y que Genoveva retozaba con Damián.</p>
+
+<p>En cambio, había en la casa donde vivían, gentes, peor enteradas o menos
+maliciosas, para quienes nada pecaminoso manchaba aquellas amistades,
+las cuales explicaban diciendo que Luis y Genoveva eran dueños de una
+cerería; que Casilda y Damián eran exageradamente devotos, tanto, que
+gastaban mucho dinero en alumbrar los altares, y finalmente, que de esta
+suerte, unos a fuerza de vender y otros de comprar cirios y velas,
+llegaron a ser amigos íntimos. Replicaban los maldicientes que el gasto
+no pasaba de ser un medio indirecto de favorecer a los dos hermanos, y
+que no en cera insípida, sino en miel dulcísima, estaban fundadas
+aquellas relaciones.</p>
+
+<p>Lo que nadie podía negar era la piedad, el fervor, la devoción de
+Casilda y Damián. Antes faltaba en la iglesia el campanero que ellos a
+oír una de las primeras misas, cuándo no la del alba; confesaban y
+comulgaban todas las semanas; de cuando en cuando hacían ofrendas en
+metálico para mayor boato del culto; vestían a los santos, y hasta
+solían llevarse a su casa ropa de altar y sacristía, devolviéndola
+limpia, planchada y rizada primorosamente. Pero fuera de luces para la
+iglesia y obsequios a sus amigos, que no les hablasen de sacar dinero
+del bolsisillo, como no fuese en provecho y regalo propio; jamás
+prestaron un duro, ni dieron un perro chico; no conocían el favor, sino
+por pedirlo, ni la limosna, sino por saber que otros la hacían.</p>
+
+<p>Quien hubiera podido retratarles de cuerpo entero era Severiana, la
+criada, infeliz mujer obligada a servirles y aguantarles por la más
+triste de las causas.</p>
+
+<p>¡Y pobre de ella como Damián y Casilda llegaran a enterarse! De fijo la
+despedirían sin compasión ni remordimiento.</p>
+
+<p>¡Buenos eran, tratándose de ciertos pecados!</p>
+
+<p>En la casa donde antes estuvo Severiana fue seducida por el amo, que la
+despidió brutalmente huyendo luego de Madrid, en cuanto supo las
+consecuencias de su pasajero capricho. La pobre muchacha tuvo una niña,
+y en vez de llevarla a la Inclusa, como algunas conocidas le
+aconsejaron, se la confió a una parienta que la cuidase, ofreciendo en
+cambio matarse a trabajar para pagar las mesadas. Desde entonces, como
+lo que Severiana más temía era quedarse desacomodada, no había
+impertinencia que no sufriese ni fatiga que no soportara. Era una criada
+modelo, sumisa, respetuosa, incansable y callada. Lo hacía todo; primero
+los menesteres vulgares de la casa, teniendo las vasijas de la espetera
+como si fueran de oro, y los muebles como si fuesen nuevos; luego ayudar
+a Casilda en la costura; lavar y planchar lo que traía cada semana de
+la iglesia; y por último, para captarse sus simpatías y las de su
+marido, se encargó del <i>niño</i>.</p>
+
+<p>Así, familiarmente, ni más ni menos que si fuese pariente suyo, llamaban
+marido y mujer a un niño Jesús que tenían en el gabinete, colocado sobre
+una antigua mesa de hierros y patas torneadas, con un monumental florero
+de trapo a cada lado, y una lamparilla delante. Era de tamaño natural,
+huérfano en absoluto de valor artístico, pero les parecía notabilísimo,
+y sobre todo, <i>muy propio</i>: el marido aseguraba que era talla de Alonso
+Cano; la mujer se lo atribuía a Juan Sebastián El Cano, y ambos creían
+recordar que un inglés pretendió comprárselo a peso de oro a la tía de
+quien lo heredaron.</p>
+
+<p>Representaba cuatro o cinco años, estaba en pie, sin más traje que una
+camisilla muy almidonada, tenía tras la cabeza un sol de metal blanco,
+la mano derecha extendida con el índice y el dedo de corazón muy
+tiesos, como bendiciendo a las gentes, y en la izquierda sostenía un
+globo azul salpicado de estrellas: el pelo rubio, muy ensortijado, los
+ojos intensamente azules, sin vida ni expresión, semejaban enormes
+cuentas de vidrio, las pestañas recias y mal puestas, como cerdas, la
+boca una mancha abermellonada, y las carnes tan sonrosadas, tirando a
+rojizas, que parecían de muñeco para estudio anatómico; toda la figura,
+en fin, exenta de la divina gracia y dulce poesía que debiera tener.</p>
+
+<p>Severiana, que recordaba haber visto en su lugarejo uno por el estilo,
+le cuidaba y atendía cual si fuera de carne y hueso: su espíritu
+inculto, pero delicado, establecía una relación misteriosa entre aquel
+Jesús y su niña. Eran poco más o menos de igual altura: él, a pesar de
+las malas pinturas, y ella, a pesar del descuido y desaliño que la
+afeaban, sonreían con dulzura inefable: el Hijo de Dios calumniado por
+un artista ramplón y la criatura abandonada por un padre infame,
+despertaban en el entendimiento de la pobre criada sensaciones análogas
+y dulcísimas: cuando abrazaba a la niña se le venía Jesús ante los ojos,
+y al rezar a los pies de la escultura su imaginación volaba hacia el
+fruto de sus entrañas, creyendo ver purificada por mediación de la
+sagrada imagen la falta cometida.</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea"><div class="linea">
+<p>La verdadera creyente, la devota sincera de aquella casa era Severiana:
+sus amos pagaban el aceite, pero ella encendía la lamparilla, cuidando
+de que ardiera constantemente, levantándose a veces durante la noche
+para orar de rodillas, mientras cerrando los ojos creía ver el miserable
+cuartucho donde dormía su hija.</p></div></div></div>
+
+<p>Al acercarse Nochebuena, Casilda y Damián dispusieron en obsequio de
+Luis y Genoveva, una cena opípara.</p>
+
+<p>Sopa de almendra, besugo, pavo, ensalada de lombarda cocida, infinidad
+de golosinas, para el centro de la mesa un castillete de guirlache, y
+para que fuese todo bien regado, Valdepeñas y Champaña de a doce reales
+botella. La cocina parecía un puesto de la Plaza Mayor y el comedor una
+tienda de ultramarinos. ¡Cómo se iban a poner el cuerpo! ¡Y qué tristeza
+tan honda sentía la pobre Severiana! Haría la cena, la serviría,
+fregaría... y luego tendría que acostarse sin dar un beso a su hija.</p>
+
+<p>Poco después de anochecer comenzó a cavilar... las cosas se le caían de
+las manos... no estaba su voluntad en lo que hacía... De pronto se
+dibujó en sus labios una sonrisa y los ojos le brillaron entre alegre y
+maliciosamente.... Los amos habían ido al teatro con sus convidados,
+para hacer tiempo... Aún tardarían bastante. Además, luego se irían a la
+misa del Gallo, y al volver se acostarían enseguida...</p>
+
+<p>Cogió un mantón y el picaporte, echó escaleras abajo, se metió en un
+tranvía y antes de una hora volvió trayendo en brazos a la niña
+dormidita y con una pelota entre las manos: la acostó en su cama y la
+durmió con un cantar. No quería más que tenerla a su lado las últimas
+horas de la noche, darle algo del postre que sobrase y dormir con ella.</p>
+
+<p>¡Aquélla sí que sería Nochebuena! La pobrecita no lloraba nunca y era
+difícil que la descubriese. Además, no habían de ir a registrarle el
+cuarto. Ya sabía ella lo que pasaba cuando disponían semejantes
+francachelas: primero, cuarteto de comentarios sobre si tal o cual
+hermano tenía o no manos puercas en la administración de la cofradía; y
+luego, cuando iba decayendo la charla, formación y aislamiento de dúos:
+Casilda y el cerero se quedaban en el gabinete, discutiendo la
+elocuencia de un predicador, mientras Damián y la cerera se iban al
+cuarto de la plancha. Lo peor sería que rompiese a llorar la niña...
+Pero en último caso... ¿qué podía suceder? ¿Qué se supiera todo? Pues no
+le faltarían casas...</p>
+
+<p>Cuando sus amos volvieron, la oyeron cantar desde la escalera:</p>
+
+
+<div class="linea"><div class="linea"><p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;"><i>¿Quién sería la madre</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>que parió a Judas?</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>¡Qué hijos tan indinos</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>paren algunas!</i></span><br />
+</p></div></div>
+
+<p>Estuvieron un rato bromeando en el gabinete, mientras se hacían los
+últimos preparativos, y luego pasaron al comedor, que era la pieza
+inmediata, sin más separación que una puerta.</p>
+
+<p>Casilda cenó junto a Luis, y Damián al lado de Genoveva.</p>
+
+<p>El buen humor, empujado por el vino, comenzaba a hacer de las suyas: las
+dos mujeres, menos acostumbradas a la bebida, decían mil atrevidos
+disparates; Damián y Luis hablaban como en el café, contando cuentos
+verdes; por último, Casilda, algo alegrilla y deseosa de desplegar lujo,
+encendió todas las bujías de dos candelabros que adornaban la chimenea.
+Celebrose la ocurrencia con grandes risas, Damián quiso apagar una vela
+de un taponazo de Champaña, falló el tiro, y armose descomunal gritería;
+eran cuatro personas y alborotaban como doce.</p>
+
+<p>Severiana casi no les oía, porque la cocina estaba lejos; pero la
+pequeñuela, a quien despertaron los gritos y la novedad del no
+acostumbrado lecho, se tiró de la cama, atravesó a gatas un pasillo,
+entró en el gabinete donde estaba el Niño Jesús, débilmente alumbrado
+por la lamparilla, contemplole un instante como si fuese un muñeco, y
+luego, atraída por la claridad a que dejaban paso las rendijas y
+junturas, empujó suavemente la puerta del comedor, y destacando sobre el
+fondo oscuro del gabinete, apareció iluminada por el intenso resplandor
+de las luces que alumbraban la cena.</p>
+
+<p>Era rubia, de ojos azules, ensortijado el pelo; estaba en camisita y
+traía en la mano la pelota.</p>
+
+<p>Luis, Genoveva y Damián, cayeron de bruces sobre la mesa... Casilda,
+loca de espanto, se tiró al suelo de rodillas, cubriéndose el rostro con
+las manos y gritando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Perdón, Señor!</p>
+
+<p>La niña retrocedió asustada, tiró al huir la lamparilla derramando el
+aceite, y se metió en la cama muertecita de miedo.</p>
+
+<p>A la mañana, casi de madrugada, Severiana salió de casa con su hija sin
+que nadie la viese; y era muy entrado el día, cuando Casilda mostrando
+a Damián la mancha que el aceite dejó en la alfombra, le decía nerviosa
+de terror:</p>
+
+<div class="linea"><div class="linea"><p>&mdash;¡Mira... no cabe duda!</p></div></div>
+
+<p>Apenas se les pasó el miedo, regalaron la escultura a unos amigos que
+tenían oratorio; hubo función con órgano, gastose mucha cera y quedaron
+tranquilos.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="ELVIRA-NICOLASA" id="ELVIRA-NICOLASA"></a>ELVIRA-NICOLASA</h3>
+
+
+<p>Acabábamos de cenar Elvira y yo en un gabinetito de una fonda donde le
+gustaba que la llevase a tomar mariscos y vino blanco. Disputando por
+celos, en el calor de las recriminaciones, dejé escapar una frase
+ofensiva: debí de decirle algo muy duro, sin duda una verdad muy grande,
+porque entonces, avivada su locuacidad con la injuria y suelta su lengua
+con el estímulo de la bebida, se recostó en el diván con provocativa
+indolencia y, poniéndose muy seria, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ¿eh? ¿Tan mala crees que soy? Pues aquí donde me ves, tan coqueta,
+tan amiga de haceros rabiar, porque todos sois iguales, y no merece más
+ni menos uno que otro, tan orgullosa de haber arruinado a unos y puesto
+en ridículo a otros, yo, aunque no lo creas, tengo en mi vida un rasgo
+bueno, y tendría muchos si no hubiese sido en mi niñez tan desgraciada.</p>
+
+<p>Me creí amenazado de la eterna historia de una seducción vulgar; pero,
+prefiriendo oírla a verla emborracharse, me dispuse a escuchar, y ella
+siguió de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Voy a contártelo. En primer lugar, yo no me llamo Elvira: mi verdadero
+nombre es Nicolasa. Soy de un pueblo de cerca de Madrid. A los dieciocho
+años me escapé de mi casa, imaginando que peor de lo que allí estaba no
+había de pasarlo en ninguna parte, segura de que, por mala suerte que
+tuviese, con nada sufriría tanto como aguantando las impertinencias de
+mi hermanastra, a quien servía de niñera, siendo víctima de la grosería
+de mi padrastro y del mal genio de mi madre. Mientras ésta permaneció
+viuda de mi padre, su primer marido, llevé con paciencia su desigualdad
+de carácter y las consecuencias de su codicia; pero, a partir de la
+segunda boda, la vida se me hizo insoportable, porque además de hija sin
+cariño, a lo cual ya estaba acostumbrada, comencé a ser criada sin
+salario, lo cual me parecía el colmo de la maldad. El tío <i>Pelusa</i>, así
+llamaban a mi padrastro, era tan irascible y avariento como la que le
+había tomado por esposo.</p>
+
+<p>Sin embargo, aún pasé algunos años resignada siendo medio bestia de
+carga, medio puerca-cenicienta, hasta que al llegar Inesilla, mi
+hermanastra, a la edad de las travesuras desplegó tanta perversidad para
+conmigo, que comencé a pensar en el porvenir que me esperaba.</p>
+
+<p>Yo me levantaba en la casa antes que nadie, me recogía la última,
+interrumpía el mejor sueño para dar de beber a las caballerías, pasaba
+todo el día jabonando ropas, midiendo semillas y trasladando fardos; en
+fin, me rendía a fuerza de trabajar, y todo sin una queja. Para lo que
+me faltó resignación fue para soportar las burlas de mal género, los
+impulsos de soberbia, y hasta los rasgos de perfidia que aquella mocosa
+discurría sólo con propósito de mortificarme. ¡Que mala era! Sus
+picardías no eran trastadas de chica, sino verdaderas crueldades: el pan
+qué yo guardaba por si tenía hambre entre horas, me lo quitaba y se lo
+echaba a los cerdos; a hurtadillas, cargaba el puchero de sal para que
+luego me regañasen; lo menos que hacía era decirme palabras feas, todo
+el repertorio que oía a los carreteros, y escupirme a la cara, sin que
+los <i>Pelusos</i>, ni la mujer ni el marido, pusieran correctivo a sus
+infamias.</p>
+
+<p>Por fin, me harté. Un día me mandaron a la fuente con la chica, que ya
+tenía nueve años. La condenada fingió ir de buena gana, y a mitad de
+camino, escabullándose en los portales de la plaza, se metió a jugar en
+el corral de unas amiguitas. Allí se estuvo tres horas largas, mientras
+me volvía loca buscándola. Excuso decirte lo que pasaría luego cuando,
+al caer la tarde, volvimos a casa cada una por su lado. Creí que me
+mataban. Mi padrastro me ató a un pié derecho de los que sostenían el
+emparrado del patio, y estuvo hasta que se cansó dándome de varazos.
+Cuando me soltó me fui al camaranchón que me servía de cuarto, no quise
+cenar, y me tumbé en la cama sin desnudarme. De repente oigo ruido, miro
+hacia arriba, y veo a Inesilla, asomada por el montante de la puerta,
+mirándome burlonamente, riéndose y restregándose los puños en ademán de
+hacerme rabiar.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué has hecho eso?&mdash;le pregunté.</p>
+
+<p>Y con la cara muy alegre repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Porque me da mucho gusto cuando te pegan.</p>
+
+<p>Desde aquel instante no pensé más que en marcharme de la casa.</p>
+
+<p>Al referir esto, Elvira tenía los ojos nublados por lágrimas de ira. Yo
+no me atreví a interrumpir su relato, y ella siguió:</p>
+
+<p>&mdash;Si, chico, de aquella noche datan todas las barbaridades que he hecho
+en mi vida... y las que me quedan. Hice un lío con la poca ropa que
+tenía; saqué hasta treinta reales, que eran todos mis ahorros, del
+escondrijo donde los ocultaba, antes del amanecer tomé a campo traviesa
+el camino de Madrid, y aquí entré por la carretera de Extremadura y la
+calle de Segovia. Han pasado siete años, y me acuerdo como si hubiese
+sido esta mañana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dónde fuiste?</p>
+
+<p>&mdash;A casa de mi tío Manuel. Es decir, no era tío ni casi pariente. Era
+sobrino segundo de mi padrastro, y yo le miraba con cierta simpatía
+porque las pocas veces que fue al pueblo me demostró cierta inclinación.
+Un día evitó que me diesen una paliza; otro día, comiendo, porque mi
+padrastro no me quería dar carne, él me dio la que le habían servido; y,
+además, otra vez que estuvo allí pocas horas, sin que lo supieran en mi
+casa, fue a la fuente y me regaló dos pañuelos de colores y un
+alfiletero de alambre plateado.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que le gustabas.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora lo verás.</p>
+
+<p>&mdash;Vivía en la calle de los Mancebos, en un caserón antiguo, y sólo con
+una criada vieja: allá me fui, le conté lo que había pasado y le rogué
+que me ayudase a buscar casa donde servir, a lo cual repuso que haría
+lo que pudiese, y que pues no tenía yo dineros para ir a la posada, me
+quedara allí unos días hasta encontrar colocación.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué edad era ese hombre? ¿Cuántos años tenías tú entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Manuel, cuarenta; y yo, antes te lo he dicho, dieciocho cumplidos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no me digas más.</p>
+
+<p>&mdash;No te has equivocado. A los dos días de estar allí, comprendí que me
+había metido en la boca del lobo. Pero ¿quieres decirme qué defensa
+tenía? ¿Qué hacer ni dónde ir? Yo, como chica de pueblo... y las de
+todas partes, sabía cuanto hay que saber: desde los primeros momentos
+conocí el peligro: lo que no veía era el modo de evitarlo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué pasó?</p>
+
+<p>&mdash;Figúrate. Ya sabes que soy aficionada a leer, que devoro novelas, que
+he leído hasta <i>Don Quijote de la Mancha</i>: mira, allí hay una a quien
+le sucediolo que a mí. ¿Te acuerdas cuando, hablando de sus amores con
+don Fernando, dice Dorotea, poco más o menos: «con volverse a salir del
+aposento mi doncella, yo dejé de serlo y él acabó de ser traidor y
+fementido?» ¿Te acuerdas de ésto? Pues igualito: Manolo con un pretexto,
+alejó de casa a la vieja...</p>
+
+<p>&mdash;Sí; el fue traidor y fementido, y tú dejaste de ser lo otro.</p>
+
+<p>&mdash;Claro está que aquello fue una picardía, pero luego se encariñó mucho
+conmigo. Yo entonces no era tan perra como ahora. Tengo la seguridad de
+que si aquel hombre no se muere, se casa conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se murió?</p>
+
+<p>&mdash;A los dos años.</p>
+
+<p>Elvira suspendió un instante su relato, hizo un esfuerzo para no llorar,
+como avergonzada de mostrar ternura, y continuó:</p>
+
+<p>&mdash;Suprimo detalles: morir Manuel y echarme sus hermanos de la casa, todo
+fue uno. Entonces comenzó esta vida arrastrada que llevo, y eso que soy
+de las que tienen más suerte.</p>
+
+<p>Ponerme a oficio, y presentárseme la ocasión de dejarlo, fue obra de
+seis meses. Por supuesto, que para encontrar trabajo pasé las de Caín; y
+en cuanto quise echarme a rodar, sobró gente que me empujara. De ésto ya
+estás enterado, y además conoces a casi todos los que han tenido algo
+que ver conmigo.</p>
+
+<p>Lo que no sabes tú, ni nadie, es que a los tres o cuatro años de
+perderme, cuando ya tenía casa puesta, muebles míos, trajes lujosos,
+alhajas buenas, coche algunos meses y dos criadas que me sirvieran,
+(todavía lo que más me sorprende es verme servida), precisamente
+entonces, teniendo todo ésto, con lo cual no soñé jamás, chico, aunque
+te parezca mentira...</p>
+
+<p>&mdash;Acaba, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me entró una tristeza espantosa. ¿Y qué dirás que se me metió en
+la cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;¿Casarte?</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre: para eso tengo aún poco dinero. Se me metió en la cabeza
+la idea de volver al pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Arrepentida?</p>
+
+<p>&mdash;Mira, no lo sé: unas veces creía que no; otras me parecía que sí. En
+realidad lo que yo experimentaba es dificilísimo de explicar. Era una
+melancolía sin nombre, un deseo impregnado de tristeza...</p>
+
+<p>&mdash;Sería que se te pegase el sentimentalismo cursi de alguna novela... Si
+ahora mismo estás hadando como una dama de folletín.</p>
+
+<p>&mdash;No te burles de aquéllo: puede que sea el mejor impulso que he sentido
+en mi vida; y déjame acabar. Como si se me hubiese olvidado todo lo que
+había sufrido hasta los dieciocho años, como si en mi casa me hubieran
+mimado, prescindiendo de tanto recuerdo amargo y de algunas cicatrices
+que tengo repartidas por el cuerpo, quise volver al pueblo, ver los
+lugares donde había crecido, los rincones donde me escondía para llorar,
+la cueva donde me encerraban, el camaranchón que llamaban mi cuarto, la
+cuadra, las mulas, la fuente, todo aquello, en una palabra, que debía
+serme odioso: en fin, comprendo que era una chifladura ridícula, pero
+hasta quise ver a mi madre, y a mi padrastro, y a la bribona de la niña.
+¿Qué pasó por mí? como dicen en las comedias, no lo sé: pero cuando
+pensaba en ello decía mentalmente <i>mi familia</i>. El mal genio de madre me
+parecía disculpable por los trabajos y penalidades que ocasiona una casa
+de labor, la brutalidad de mi padrastro se hizo menos aborrecible a mis
+ojos recordando que no era mi verdadero padre, y en cuanto a las
+crueldades de mi hermanastra... como si no hubiesen existido. Es decir,
+las recordaba, pero sin guardarle rencor. Repito que nunca me he dado
+cuenta exacta de aquella situación de espíritu: fue algo parecido a esa
+tristeza que les da a los gallegos cuando pasan mucho tiempo fuera de su
+tierra; pero mezclada, aunque yo no deba decirlo, con cierta bondad de
+alma que me impulsaba a disculpar y perdonar todo el mal recibido. En
+fin, que me planté en el pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no sabían allí cómo vives y de qué vives? ¿No pensaste que
+podían avergonzarte y...?</p>
+
+<p>&mdash;Claro que lo sabían todo: ¡si rara vez viene alguno del pueblo que no
+se presente en mi casa a pedirme algo! Donde me ves, he hecho a mi lugar
+más favores que un diputado; casi me dan ganas de llamarle mi distrito.
+En cuanto a que me recibiesen mal, no había miedo. Yendo a mendigar,
+tal vez; con las manos llenas de paquetes, chucherías y regalos...
+¡quiá!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tuvieron la poca?...</p>
+
+<p>&mdash;Fui sencillamente vestida, con un traje de lanilla gris sin adornos;
+pero como soy tan aturdida, se me olvidó quitarme de las orejas estos
+solitarios; llevé un saquillo de mano con guarniciones de plata,
+paraguas con puño de oro; en fin, no había más que verme para comprender
+que no les iba a pedir nada. En la estación del ferrocarril no me
+conoció nadie: al atravesar la plaza, oí tres o cuatro voces que dijeron
+con asombro: «¡Nicolasa! ¡Nicolasa!» y luego observé que a larga
+distancia me fueron siguiendo dos muchachas de mi tiempo, una con un
+chico en brazos... y, mira, aquélla me dio envidia.</p>
+
+<p>&mdash;Si te daría.</p>
+
+<p>&mdash;Llegué a mi casa. Imagina la sorpresa. Pasado el primer instante de
+estupor, mi madre me cubrió de besos, mi padrastro lloró de ternura,
+Inesilla me cogió el saco de mano y comenzó a darle vueltas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ave María Purísima!</p>
+
+<p>&mdash;La chica era guapa, una real moza, fresca, garbosa, con cada ojazo, y
+¡un pelo más hermoso! Lo que se llama una gran mujer. La fisonomía dura,
+el gesto serio, la sonrisa desdeñosa; pero en conjunto un prodigio de
+lozanía y de... en fin, lo que es una flor antes de que nadie la
+manosee.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué pasó?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada, que saqué los regalos: dos cortes de vestido para ellas,
+dos piezas de lienzo blanco para mi madre, unos pendientes de coral para
+la chica, una petaca y una cadena de plata para él, todo lo que
+llevaba... Me dieron el mejor cuarto de la casa, no me preguntaron
+palabra de cómo ni de qué vivía y me trataron lo mejor que pudieron.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y fue gente del pueblo a verte? ¿Y qué les decían?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo! Mi padrastro les dijo que estaba de aya de una señorita
+en casa de un título. Total, que pasé allí tres días magníficos,
+completamente feliz, sin tener que aguantar a los que aquí no me dejáis
+en paz, con una alcoba ¡para mí sola!, y al volverme les di a los papas
+seis mil reales para un par de mulas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, chica, hasta ahora no veo el rasgo hermoso de que hablabas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso fue en el momento mismo de separarme de ellos. No quise que me
+acompañasen a la estación. Estábamos en el zaguán: mí padrastro mirando
+por centésima vez la petaca de plata, mi madre llorando, Inesilla
+atándome un manojo de flores campestres, yo con los ojos preñados de
+lágrimas, cuando de pronto mi padrastro me cogió por la mano y,
+guiándome hasta el fondo del comedor, cerró tras sí la puerta, dejando
+entrar a madre; Inesilla se quedó fuera. Pensé para mis adentros que
+querían otro par de mulas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué era?</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo increíble! No ignorando, como no ignoraba ninguno de ellos, cuál
+es mi vida, mi padrastro, en presencia de mi madre, con su aprobación y
+moviendo la cabeza hacia donde estaba Inesilla, me dijo: «Anda,
+Nicolasa, ya que tú has hecho suerte, ¿por qué no te llevas a la chica?»</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué atrocidad!</p>
+
+<p>&mdash;¡Figúrate! ¡Yo que había ido al pueblo a tomar un baño de honradez!
+Mira, hubo un momento en que dudé. Aquella falta de sentido moral, aquel
+rebajamiento, me trajeron de un solo golpe a la memoria toda la amargura
+de mi niñez, todos mis sufrimientos. No creas que es exageración: se me
+renovaron de repente el dolor y la vergüenza de todos los golpes que
+había recibido en aquella casa; me acordé del último día que pasé allí;
+creí verme tumbada en el jergón, mientras Inesilla se gozaba en mi daño;
+su voz cruel y burlona pareció resonar en mis oídos, y claro está, con
+los recuerdos volvió el rencor y con el rencor el deseo de venganza. ¡Y
+qué venganza la que se me venía a las manos! Traerme a Madrid la
+chica... ¡Figúrate!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué hiciste?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda me inspiró Dios. Les miré de un modo que no debieron de
+comprender, y saliendo al zaguán les dije: «Quiero creer que no saben
+ustedes lo que piden.» En seguida, limpia de odio, besé a Inesilla y me
+volví a Madrid sin rencor... y sin ilusiones.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo creo!</p>
+
+<p>&mdash;Eso hizo esta Elvira que tienes delante, eso me pasó, y, sin embargo,
+te lo juro por la salud de mi alma, seré una imbécil, pero algunos días,
+cuando tengo más dinero, cuando creo que estoy más alegre, de repente
+se me olvida que estoy haciendo de Elvira... y me pongo Nicolasa.</p>
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="SACRAMENTO" id="SACRAMENTO"></a>SACRAMENTO</h3>
+
+
+<p>Justa y Engracia eran hijas de una familia honrada, linajuda y rica,
+ambas casadas; Justa con un propietario que vivía de sus cuantiosas
+rentas, sin más trabajo que cuidar de aumentarlas, y de quien no tuvo
+hijos; Engracia con un bolsista de intachable reputación, pero tan
+confiado en su estrella que aventuraba en jugadas peligrosas más de lo
+que permite la prudencia. De este matrimonio nacieron dos niñas: María
+de la Soledad y María del Sacramento.</p>
+
+<p>A poco de cumplir veintidós años la primera y uno más la segunda, su
+padre quedó alcanzado en una liquidación de fin de mes, y no pudiendo
+cumplir los compromisos contraídos, se suicidó de un pistoletazo.
+Engracia murió de pena algunos meses después; y Justa, mediante la
+cariñosa conformidad de Luis, su marido, se hizo cargo de las dos
+sobrinas huérfanas; doblemente impulsada, primero por cierta natural
+bondad, no incompatible con su dureza de carácter, y luego por el firme
+convencimiento de que las dos muchachas no podían decorosamente vivir
+solas.</p>
+
+<p>Para Justa y Luis el decoro era la mitad de la vida: estaban persuadidos
+de que el error y el pecado son inherentes a la naturaleza humana, y de
+que la disculpa y el perdón forman la gloria principal con que el bueno
+se aventaja al malo; pero con el escándalo no transigían nunca. La
+opinión del prójimo, si no valía, importaba a sus ojos tanto como la
+misma virtud: temían más al comentario y la maledicencia que a la falta,
+siendo partidarios acérrimos del refrán que dice: «Pecado ignorado medio
+perdonado». Con tales ideas no habían de permitir que sus sobrinas
+viviesen solas.</p>
+
+<p>Soledad y Sacramento no parecían hermanas. Eran sus cualidades morales
+tan diferentes y sus tipos tan opuestos, que quien ignorase la honradez
+de su madre pudiera suponerlas engendradas por dos amores distintos.</p>
+
+<p>Soledad era alta, gallarda, de tez trigueña, con pelo y ojos negros,
+boca de labios gruesecillos, tan rojos que parecían una flor de sangre;
+el seno levantado y firme, el talle esbelto, el andar airoso, las
+actitudes y posturas animadas por un encanto singular que se desprendía
+de su figura como un efluvio turbador y escitante: y en rara
+contradicción con este aspecto provocativo, era fría, indolente,
+predispuesta a la mansedumbre y la bondad, capaz hasta de ternura, pero
+refractaria al apasionamiento y la vehemencia, como si tuviese
+adormilados los sentidos y en su alma tranquila solo pudieran hallar eco
+los sentimientos dulces y apacibles.</p>
+
+<p>Sacramento no era hermosa, sino bonita: pequeña, delgada, extremadamente
+blanca, los ojos de un azul muy claro, los labios finísimos, tan pobres
+de color que parecían exangües: los brazos débiles, el talle largo, el
+pecho apenas pronunciado, todo el cuerpo menudo y grácil, como de
+adolescente que no ha llegado a su completo desarrollo. De lo que podía
+envanecerse era del pelo, tan rubio, fino y abundante, tanto y tan
+largo, que sentada para peinarse le llegaba al suelo, envolviéndola en
+un manto de oro. Era una mujercita delicada, de complexión casi
+enfermiza, sin rasgos enérgicos de belleza con que atraer y dominar: su
+rostro carecía de expresión y su cuerpo de gentileza: sus posturas eran
+lánguidas, como si todo su organismo estuviera sometido a la
+impasibilidad de un temperamento ingénitamente casto, reflejo de un alma
+privada de inspirar pasiones e incapaz de sentirlas.</p>
+
+<p>Mas en abierta oposición con tales apariencias la frialdad era mentira y
+la languidez artificio. Cuando pretendía agradar, cuando ponía empeño en
+seducir, aquellos ojos claros, parados, se animaban súbitamente,
+trocándose de inocentes en maliciosos, y aquellos labios blanquecinos
+que ligeramente se mordiscaba con un movimiento imperceptible, tomaban
+color de cereza soleada: entonces sonreía de un modo delicioso; la falsa
+indiferencia, el abandono fingido, se convertían en laxitud estudiada
+que parecía pedir mimos o prometer caricias, y la mujercita
+insignificante, el ser débil, quedaban transformados en sirena de
+ocultos y peligrosos encantos.</p>
+
+<p>Por capricho estraño de la suerte la morena era sosa y la rubia picante:
+Soledad como noche serena y fresca que adormece: Sacramento como tarde
+calurosa y pesada que hostiga con visiones abrasadoras los sentidos: una
+hermana dócil, humilde, apocada, propensa a cuanto fuese delicadeza y
+ternura; otra dominadora, altiva, exigente, pronta a todo arranque
+voluntarioso y enérgico: Soledad de aquellas para quienes amar es
+conceder, prendarse y ser vencidas: Sacramento de las que, regateando
+sensibilidad, prefieren ser conquistadoras a elegidas.</p>
+
+<p>Justa y Luis imaginaron que las casarían pronto: a una, por su belleza y
+su bondad; a otra, por su travesura e ingenio, y a las dos, porque no
+teniendo ellos hijos, con el tiempo serían ricas.</p>
+
+<p>Soledad, a pesar de verse tan solicitada, se mostró desdeñosa y esquiva;
+porque pedía mentalmente a sus adoradores algo íntimo y hondo que no
+sabían darle: les exigía menos culto y más fe.</p>
+
+<p>Sacramento encontró marido a los pocos meses de cesar el aislamiento y
+retiro impuesto por el luto de sus padres.</p>
+
+<p>En las recepciones de una embajada, conoció al barón de D'Avenda,
+diplomático extranjero que le doblaba la edad, hombre de corto
+entendimiento, cuerpo gastado y carácter débil, circunstancias que ella
+imaginó compensadas con su título, su riqueza, y sobre todo, por lo
+fácil que le pareció dominarle. Tal vez no llegase a calcular
+perversamente, desde los primeros momentos, que la excesiva bondad del
+noble extranjero pudiera ser en lo futuro amplia bandera que cubriese la
+torpe mercancía de sus culpas; pero apenas comenzó a verse galanteada
+por él, comprendió que la pasión que le inspiró, tanto más avasalladora
+cuanto más tardía, se lo entregaba esclavizado.</p>
+
+<p>Para lograr que la distinguiera y prefiriese, le bastaron unos cuantos
+diálogos, y enseguida, dueña de sí misma, en frío, sin experimentar la
+emoción más leve, aseguró su conquista desplegando alternativamente
+candidez, picardía, recogimiento y desenfado. Para atraerle se hizo
+discreta; para retenerle, dulce; para seducirle, codiciable; para
+enloquecerle, sensual; le alentó con esperanzas, le exasperó con
+desdenes, le irritó con coqueterías, le animó con favores, y luego, de
+repente, sin transición; le puso a raya, resistiendo arrepentida y
+esquiva lo que acababa de conocer enamorada y vehemente. Sabía
+prometerse con los ojos al mismo tiempo que se negaba con los labios, y
+en una sola conversación fingía desfallecer cien veces como apasionada
+que cede, y rescatarse otras tantas como virtud arisca, que hostigada se
+exalta, pasando traidoramente de la turbación al impudor, y de la
+licencia al recato, cual si su pensamiento y hasta su cuerpo le
+inspirasen confundidos los desbordamientos de amor mal contenido que lo
+autorizan todo y las respuestas de fría honestidad que no consienten
+nada. Su táctica fue un prodigio de esa liviandad mansa que desconcierta
+la razón y espolea los sentidos: labor de afiligranada perfidia, al
+término de la cual, sin que mediara un beso ni se oprimieran una mano,
+quedaron el decoro de la mujer vendido y la dignidad del hombre
+escarnecida. Por fin cuando le tuvo medio alocado, medio entontecido,
+fingió rendirse y consintió en ser su esposa.</p>
+
+<p>Sacramento se casó primorosamente vestida de blanco, adornado el traje
+de azahar, en actitud humilde, el pecho anheloso, las miradas entre
+pudorosas e inquietas, la tez descolorida cual si palideciese ante la
+inevitable proximidad de las caricias... y allá en el fondo del alma la
+imaginación alegre y licenciosa como ramera triunfante.</p>
+
+<p class="linea">Hubo fiesta, convite, amigos, parientes, enhorabuenas, besos y abrazos,
+hasta lágrimas, y al caer la tarde, la recién casada se mudó de vestido
+para emprender el inexcusable viaje de novios. Pocas horas después,
+Luis, Justa y Soledad agitaban los pañuelos en el andén de la estación,
+mientras la pareja feliz les saludaba con los suyos asomada a la
+ventanilla del <i>sleeping</i>, lecho con ruedas, tálamo ambulante, símbolo
+acaso sobrado casto para quien tal idea tenía del amor.</p>
+
+<p>La sensación de vanidad satisfecha que experimentaron los tíos con
+aquella boda, quedó pronto amargada por el disgusto que les dio Soledad.
+Un día supieron que tenía novio. La insensible, la desdeñosa, la fría,
+como ellos la llamaban, estaba vencida. El autor del milagro, porque de
+tal, a su juicio, podía calificarse, era un hombre de más de treinta
+años, arrogante figura, finísimo, muy listo y en extremo simpático,
+para quien ignorase que tan halagüeñas y brillantes apariencias,
+escondían una inteligencia dañina casi por instinto y un corazón que se
+asimilaba el mal, como cuerpo poroso que absorbe la humedad. Había en él
+algo de personaje melodramático artificiosamente concebido, cual si al
+crearle hubiera querido la Naturaleza condensar en un tipo la
+perversidad que de ordinario derrama en muchos individuos. Era de los
+hombres que pierden irremediablemente a la infeliz en quien se fijan,
+cuando no lo evita esa virtud inquebrantable y misteriosa, que halla su
+voluptuosidad en la resistencia. Para defenderse de él, no bastaba la
+frialdad ingénita contra la seducción por los sentidos, pues aún fingía
+más astutamente la ternura cariñosa con que se conquista el alma, que la
+exaltación apasionada con que se vence a la materia. Su táctica estaba
+sometida a dos principios, que lejos de limitar su campo de acción, lo
+ensanchaban: nunca procuraba enamorar a mujeres de gran inteligencia, y
+siempre ocultaba sus triunfos con absoluta discreción. Así eran tantas
+sus victorias: primero, por fáciles; luego, por ignoradas.</p>
+
+<p>Doña Justa y su esposo averiguaron enseguida que el enamorado de Soledad
+era <i>de buena familia y que estaba bien</i>, es decir, lo referente a su
+origen y fortuna; pero de sus ideas, sus gustos, sentimientos y
+costumbres, de lo que más puede influir en el porvenir de una mujer,
+nada inquirieron, ni pararon mientes en ello.</p>
+
+<p>Apenas Enrique comenzó a tratar a Soledad comprendió que su
+entendimiento estaba muy por bajo de su belleza, y que existía profunda
+desemejanza entre los caracteres de su hermosura y sus condiciones
+morales. Era confiada, inocentona, sencilla, tan exenta de picardía que
+las frases y bromas más atrevidas se estrellaban contra la falta de
+malicia. Lo llamativo, lo picante de sus encantos era independiente de
+su voluntad: aquel cuerpo de líneas tentadoras tenía actitudes pudorosas
+para no revelar la forma por los movimientos; aquella boca húmeda y
+roja, como flor de granado recién mojada por la lluvia, hablaba
+castamente; y aquellos ojos de miradas abrasadoras y mimosas, grandes
+pecadores sin saberlo, contrastaban con la serenidad y limpieza de su
+pensamiento: Soledad era, en fin, una de esas mujeres a quienes hay que
+buscar, porque no saben atraer, y que resisten mal porque desconfían
+poco.</p>
+
+<p>Viéndose requerida de amores los aceptó cual si temiera ser cruel no
+siendo agradecida, y luego las palabras dulces, las promesas cariñosas,
+fueron invadiéndole apaciblemente el espíritu, como algo inesperado,
+pero natural y espontáneo, que llegada su hora le florecía: en el alma,
+y comenzó a recrearse en ello y gozarlo, saboreándolo a modo de un bien
+supremo, legítimo y honesto, sin irritarlo con estímulos de la impureza,
+ni envilecerlo con perversiones de la imaginación.</p>
+
+<p>Enrique, por el contrario, no tuvo idea sincera ni dio paso sin
+premeditación. Al principio se mostró vacilante y tímido, como quien
+desea lo que no merece; luego desplegó gran vehemencia, dando a entender
+que los primeros favores le ponían fuera de tino; y, finalmente, ya
+seguro de que Soledad le quería, procuró que la privación de verle y
+hablarle con la frecuencia acostumbrada, encendiese la llama que había
+de perderla. Buscó un pretesto para enfadarse con los tíos, dejó de
+visitarles, limitándose a mirarla en paseos y teatros, y por ultimó
+comenzó a entenderse con ella por escrito, en cartas donde interpolaba
+la tristeza del alejamiento con los arranques de pasión mal contenida.</p>
+
+<p>Soledad, excitada por la comunicación de aquel veneno deleitoso, se
+enseñó a contestarle en papeles imprudentes a los cuales fiaba anhelos
+antes ignorados, leyendo mil veces embelesada lo que de palabra era
+incapaz de tolerar, y dejando otras tantas correr la pluma para hacerle
+confesiones y promesas que, teniéndole junto a sí, hubiera la vergüenza
+sofocado en sus labios. Fue casta mientras pudo hablarle; atrevida al
+dejar de verle; sus primeros besos por escrito, y a solas los primeros
+sonrojos. Enrique tardó poco en adquirir la certidumbre de que aquella
+mujer era de las que no desconfían cuando aman.</p>
+
+<p>Entonces, poniendo con dádivas de su parte a una doncella, consiguió que
+mientras dormían los tíos, Soledad le recibiese por las mañanas en unas
+habitaciones de la planta baja, de las cuales no se hacía uso en
+invierno. Luego el misterio aumentó el encanto, la ocasión fue tercera,
+y una vez más la pasión y el engaño llamaron a la vida un nuevo ser,
+víctima expiatoria del desvarío ajeno.</p>
+
+<p>Cuando las lágrimas de la burlada comenzaron a agriarle la victoria,
+Enrique faltó a dos o tres citas. Soledad mandó en su busca a la
+doncella y ésta volvió diciendo que se había marchado, vendiendo en
+veinticuatro horas cuanto tenía y sin decir a nadie dónde iba.</p>
+
+<p>La infeliz vio la traición tan clara como imaginó haber visto la
+felicidad, sufriendo al par la vergüenza de la falta y la humillación
+del abandono.</p>
+
+<p>Doña Justa y don Luis, a quienes le fue forzoso confiarse, anduvieron
+relativamente parcos en recriminaciones, pero crueles e inexorables en
+punto a la energía necesaria, para ocultar las consecuencias de la
+seducción.</p>
+
+<p>Con pretexto de renovar el arriendo de unas fincas, partieron,
+acompañados de Soledad, fijaron su residencia en un cortijo que poseían
+en tierra de Andalucía y allí permanecieron el tiempo preciso: luego,
+gracias a la influencia y poder que su riqueza les daba en la comarca,
+hicieron que el recién nacido pasase por hijo de un matrimonio de su
+servidumbre, gente pobre que vio con ello asegurada la fortuna, y
+restablecida Soledad, tornaron a la corte los tres, quedando el motivo
+del viaje ignorado, y el decoro a salvo.</p>
+
+<p>En vano rogó la infeliz que la dejasen allí, sin más recursos que los
+estrictamente necesarios para vivir con el niño, en las condiciones que
+se le impusieran, sometiéndose a cuanto mandaran: todo fue inútil. Para
+la falta halló indulgencia, casi perdón, pero a trueque de separarse por
+siempre de su hijo, sacrificando el sentimiento de la maternidad a las
+exigencias del honor.</p>
+
+<p class="linea">Regresaron del campo, y todo Madrid volvió a contemplar a Soledad en
+fiestas y diversiones, ostentando al parecer gozosa, la plenitud de su
+belleza. No había otra tan elegante, tan gentil y gallarda. Lo que nadie
+sabía era que iba por fuerza, contra su voluntad, por falta de valor
+para rebelarse contra aquella exhibición brutal y dolorosa; lo que nadie
+podía sospechar era su vergüenza íntima, su mortificación al fingir
+pudores e ignorancias, cuyas mentiras la envilecían a sus propios ojos,
+abrasándole con un fuego sucio la conciencia. No guardaron proporción la
+falta y el modo de expiarla: fue víctima dos veces sacrificada al
+egoísmo ajeno: una para satisfacer la ilusión del amor; otra para
+contribuir a la comedia del decoro: llegando en medio del dolor a tal
+punto su pureza de pensamiento, que jamás acarició la idea de engañar a
+un hombre para encubrir su desventura.</p>
+
+<p>El viaje de Sacramento y su marido duró más de un año: al volver
+estaban ya desavenidos. En un principio el barón, como caballero que
+repugna publicar su desacierto, transigió con las que llamaba
+genialidades y ligerezas: luego trató de ocultarlas, y cuando ni esto
+pudo, fingió ignorarlas. Por no separarse de su mujer, a cambio de las
+migajas de su amor, sufría aparentando desconocer su vilipendio, se
+burlaba de otros maridos infortunados, pretendiendo garantizar con la
+osadía la falta de vergüenza; hizo papel de engañado, y así,
+insensiblemente, fue pasando de la debilidad a la costumbre y de la
+costumbre al envilecimiento, hasta ser un ejemplar extraordinario, un
+caso de ceguera moral inverosímil y absurdo. Porque Sacramento no cayó
+al adulterio arrastrada por la pasión tardía y avasalladora que acaso
+puede perdonar cierta soberana grandeza de alma: fue el tipo complejo de
+la medio malvada, medio enferma, a quien no se mata por infame
+sospechando que pueda ser irresponsable.</p>
+
+<p>Al fin, vencido, y lo que es más triste, resignado, prescindió de ella.
+Siguieron viviendo bajo el mismo techo, pero en habitaciones
+independientes, separados de común acuerdo, él, sin consuelo a su
+amargura, ella sin freno a sus desórdenes: y cuando ya este apartamiento
+era público, cuando ni amigos ni parientes, ni conocidos lo ignoraban,
+Sacramento tuvo un hijo, que, según las leyes, fue bautizado como
+heredero del nombre cuya deshonra confirmaba.</p>
+
+<p>No se alteraron por ello la paz ni las costumbres de la familia. El
+barón tardó poco en hacerse a la idea de que era padre, Sacramento
+continuó en sus aventuras, Soledad sujeta a la inflexible voluntad de
+los tíos, y éstos habituados por igual a las liviandades de la sobrina
+casada y a la humilde docilidad de la soltera.</p>
+
+<p>En el corazón de Soledad se alzaban, sin embargo, de cuando en cuando,
+protestas contra aquella privación del hijo que le parecía la amputación
+de parte de su alma.</p>
+
+<p>Una tarde de invierno, las dos hermanas paseaban a pie por las alamedas
+solitarias de la Moncloa. Sus pasos resonaban sobre la arena endurecida
+por las heladas, el viento arrancaba de las ramas las últimas hojas
+secas que revoloteaban como avecillas de oro, la atmósfera de una
+limpieza incomparable dejaba ver en la lejanía las masas violáceas de la
+sierra y hacia Poniente unas ráfagas de nubes rojas y anaranjadas
+parecían incendiar el arbolado de los cerros.</p>
+
+<p>Sacramento iba sonriente, locuaz, deleitándose en respirar, como
+excitada por la viveza del aire: Soledad callada, distraída, viendo las
+cosas sin mirarlas, oyendo, hablar a su hermana sin fijar la atención.
+A corta distancia les seguía un carruaje y a pocos pasos les precedían
+un niño y un lacayo: el primero lujosamente vestido, y el segundo
+ocupado en ir cortando los tallos y la hojarasca de una vara para que el
+chiquitín jugase.</p>
+
+<p>De pronto, Sacramento, preguntó a su hermana:</p>
+
+<p>&mdash;Pero mujer, ¿qué tienes? ¡Parece que vas tonta!</p>
+
+<p>Entonces Soledad, obedeciendo a un impulso involuntario, alteradas de
+súbito las facciones por la ira, cogió del brazo a Sacramento, y
+señalándole con la otra mano al niño que iba delante, dijo ásperamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿No es inícuo que tú puedas salir a la calle con esa criatura y yo ni
+aun pueda decir que tengo hijo?</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;contestó la adúltera con la mayor naturalidad&mdash;soy casada.&mdash;Y
+haciendo por broma con su nombre un juego impío de palabras,
+añadió:&mdash;Ya ves... me llamo Sacramento.</p>
+
+<p>Soledad, con un mohín despreciativo, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón. Lo mismo podrías llamarte Salvoconducto.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="SANTIFICAR_LAS_FIESTAS" id="SANTIFICAR_LAS_FIESTAS"></a>SANTIFICAR LAS FIESTAS</h3>
+
+
+<p>Lunes, 9 de Mayo de 1892, tomó don Cándido posesión de su curato en
+Santa Cruz de Lugarejo, ocupándose inmediatamente en arreglarse la casa
+con los pobres y viejos muebles que trajo en una carreta del pueblecillo
+donde vivió hasta entonces, siendo amparo de necesitados y ejemplo de
+virtuosos. Durante más de cuarenta y ocho horas, nadie se dio cuenta de
+que allí había cura nuevo.</p>
+
+<p>Algunos días después, las pocas personas que le vieron y hablaron
+esparcieron la voz de que parecía buena persona. Y no se equivocaban los
+que tan presto formaron de él juicio favorable, porque don Cándido era
+un bendito. Por su estatura, rostro y porte traía a la memoria el
+retrato que hizo Cervantes de su Hidalgo inmortal. También don Cándido
+<i>frisaba con los cincuenta años y era de complexión recia, seco de
+carnes, enjuto de rostro, gran madrugador</i>, y si no amigo de la caza,
+como don Quijote, incansable en el ejercicio de buscar tristezas para
+aliviarlas.</p>
+
+<p>Sus condiciones morales todas buenas: la piedad sincera, el trato
+afable, el lenguaje humilde, la caridad modesta, y en todo tan compasivo
+y tolerante, que, con ser grande el respeto que imponía, aún era mayor
+la cariñosa confianza que inspiraba. Su ilustración no debía de ser
+extraordinaria. En un cofrecillo muy chico cabían los libros que poseía,
+siendo el de encuadernación más resentida por el continuo uso y el de
+hojas más manoseadas, los Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia
+ni los excelsos místicos le deleitaban tanto como aquellos sencillos
+versículos que ofrecen, a quien sabe leerlos, mundos de pensamientos
+encerrados en frases sobrias.</p>
+
+<p>Todos los días, en seguida de comer, don Cándido, apoyado en el alféizar
+de la ventana de su cuarto, releía y meditaba un par de capítulos de San
+Marcos o San Mateo. Luego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando
+cigarrillos pasaba el rato entretenido en observar cómo trabajaban unos
+cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían
+establecido al aire libre su taller.</p>
+
+<p>Habíase derrumbado meses atrás un arco de la capilla de la iglesia;
+cierta señora piadosa legó fondos para reconstruirlo, un arquitecto de
+la ciudad vecina iba de cuando en cuando a inspeccionar la obra, y en
+aquel espacio inmediato a las habitaciones de don Cándido estaban,
+resaltando por su blancura sobre la verde y felpuda hierba, los bloques
+de caliza que poco a poco iban convirtiéndose en claves, dovelas,
+salmeres y trozos de archivolta.</p>
+
+<p>Allí, desde la mañana hasta la tarde, exceptuada una hora al medio día,
+se escuchaba continuamente el ruido múltiple y monótono formado por los
+mazos y las martillinas al chocar con las piezas de cantería: el sol lo
+iluminaba todo, lanzando acá y allá las sombras rectangulares e intensas
+de los tinglados de estera bajo que se resguardaban los peones, y a
+ratos de entre aquel rudo concierto que forman el hierro hiriendo, la
+piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y
+triste de una copla medio ahogada por el zumbido del trabajo como un
+suspiro entre las penas de la vida.</p>
+
+<p>Durante los cuatro últimos días de la primera semana que pasó don
+Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó de asomarse para contemplar a
+los canteros, y si alguien le observase de cerca, acaso por la emoción
+reflejada en su rostro, pudiera sospechar que aquella tarea dura y
+penosa despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva.</p>
+
+<p>El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote, salió muy temprano de
+casa, dijo misa, dio un paseo largo, comió más tarde que de costumbre, y
+poco antes de concluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los
+fósforos y el bote de picadura, oyó que comenzaba a resonar al principio
+aislado y débil, luego nutrido y fuerte, el ruido que producían los
+canteros picando y labrando piedra en el solar vecino.</p>
+
+<p>«¡Hasta en domingo!»&mdash;murmuró triste y sorprendido don Cándido: y
+asomándose a la ventana gritó al trabajador más próximo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh! ¡Buen amigo! Diga Vd. al maestro, capataz o lo que sea, que haga
+el favor de subir aquí un instante.</p>
+
+<p>Momentos después estaba el maestro cantero en el comedor del cura.
+Obsequiole éste con queso nuevo y vino añejo, diole un pitillo del
+grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio
+natural, le reprendió con la poca y tímida aspereza que su bondad,
+permitía, diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué falta de religión... y qué vergüenza! ¡Trabajar en domingo!</p>
+
+<p>El obrero, disgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo,
+repuso humildemente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué le vamos a hacer, señor cura? Trabajamos cobrando al entregar
+las piezas terminadas, ganando tiempo... el jornal es corto, el pan
+caro... y cuando menos se piensa nace un chico. Aquel grandullón
+rubio&mdash;añadió acercándose a la ventana y extendiendo la mano&mdash;tiene
+cinco; el de al lado, tres; el cojo de enfrente mantiene a sus padres...
+y así todos. Créame Vd., señor cura, en tripa vacía y hogar sin lumbre
+no hay fiestas de guardar.</p>
+
+<p>Quedose perplejo don Cándido, y haciendo al fin un esfuerzo por parecer
+enojado, contestó:</p>
+
+<p>&mdash;A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cuántos sois?</p>
+
+<p>&mdash;Doce.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan los jornales de hoy?</p>
+
+<p>El cantero sacó la cuenta por los dedos, y repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Ciento quince reales.</p>
+
+<p>Don Cándido se dirigió a su alcoba, abrió un vargueño, sacó de un cajón
+un bolsillo de seda verde con anillas de acero, tomó de su contenido
+aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Toma: que rece cada uno un <i>Padre-Nuestro</i>, y marcháos a descansar.
+¡No profanéis el día del Señor!</p>
+
+<p class="linea">A los cinco minutos el taller estaba desierto.</p>
+
+<p>Al domingo siguiente, cuando don Cándido subió a desayunarse, luego de
+decir misa, oyó asombrado el rumor que al trabajar producían los
+picapedreros, y frunciendo el entrecejo, murmuró:&mdash;«¿Hoy también?»</p>
+
+<p>La escena que siguió fue igual a la ocurrida ocho días antes. Llamó al
+maestro, le reprendió más duramente, fue a la alcoba, y dio el dinero
+para que el taller se despejara. Los trabajadores se marcharon alegres,
+algunos a sus casas, los más a la taberna; el bolsillo verde quedó
+vacío, y el cura asomado a la ventana pasó un rato contemplando aquellas
+piedras; que según las miraba debían de tener para él oculto y
+misterioso encanto.</p>
+
+<p>Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto que casi quedó
+limpio el solar. El nuevo arco de la iglesia estaba a punto de
+terminarse.</p>
+
+<p>Sin embargo, al tercer domingo aún comenzó más temprano el golpeteo
+seco y metálico de la herramienta sobre la piedra; pero el ruido era
+mucho más débil: sin duda trabajaba poca gente.</p>
+
+<p>Corrió don Cándido a la ventana y vio que solo había un hombre ocupado
+en labrar y afinar una pieza en forma de dovela, con tanta priesa y tal
+afán, que ni tomaba instante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza.</p>
+
+<p>Entonces bajó y acercándose al obrero le preguntó de mal modo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿Por qué trabajas?</p>
+
+<p>&mdash;Señor&mdash;respondió el cantero&mdash;ayer quedó concluido todo: mañana lunes,
+de madrugada, se hace la entrega: sólo falta esta dovela por culpa mía,
+porque... he estado entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que
+acabarla, antes de la puesta del sol... para cobrar, porque ayer no
+quisieron pagarme... ni me pagan hasta que acabe.</p>
+
+<p>Dicho lo cual, bajó la cabeza, inclinó el cuerpo y siguió picando.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si no concluyes hoy?</p>
+
+<p>&mdash;El trastorno es lo menos: lo malo es que no cobro, y en casa hace
+falta.</p>
+
+<p>Quedose don Cándido pensativo. Las cuentas que echó y los cálculos que
+hizo sólo él podría decirlos: debió de recordar que el bolso verde
+estaba vacío; acaso se dijo que la verdadera limosna es la que no con
+dinero, sino con el propio esfuerzo se hace... Tal vez vinieron, a su
+pensamiento memorias a él solo reservadas... Ello fue que mirando
+compasivamente al cantero le dijo en voz baja, como confiándole un
+secreto:</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre y mis hermanos fueron canteros... Cuando chico, yo también
+aprendí, el oficio. ¡Yo te ayudaré!</p>
+
+<p>Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empuñó un mazo y empezó a
+picar la piedra.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+
+<h3 class="chapp"><a name="LA_HOJA_DE_PARRA" id="LA_HOJA_DE_PARRA"></a>LA HOJA DE PARRA</h3>
+
+
+<p>Las dos de la tarde acababan de dar en el gabinete, amueblado con el
+lujo aparatoso e insolente propio de una cortesana vulgar enriquecida de
+pronto, cuando Magdalena envuelta en ligeras ropas de levantar y aún
+tembloroso el cuerpo por el frescor del baño, atizó los leños de la
+chimenea, y aproximando al fuego el mueblecillo que le servía de
+tocador, extendió sobre él un lienzo guarnecido de puntillas, encima del
+cual fue colocando cepillos, peines, tatarretes, frascos, polvoreras y
+cuanto había menester para peinarse. En seguida inclinó el espejo hacía
+sí, se sentó, y sin llamar a la doncella comenzó a soltarse el largo y
+abundoso pelo, antes castaño muy oscuro y ahora teñido de rojo caoba
+como el de las venecianas a quienes retrató Ticiano.</p>
+
+<p>Jamás permitía Magdalena que nadie le ayudase en aquella importante
+operación del peinado: primero por horror instintivo a que otra mujer le
+manosease la cabeza, y además porque deseaba estar sola cuando su
+amante, según costumbre, iba siempre a la misma hora para deleitarse
+contemplándola bien arrellenado en un sillón, mientras sus manos
+primorosas se hundían y surgían de entre las matas de la cabellera,
+formando altos y bajos, bucles, ondas y rizos hasta dejar prieto y
+sujeto el moño con horquillas doradas, mientras los pelillos revoltosos
+de la nuca, que llaman tolanos, quedaban sueltos en torno de su cuello
+como rayos de un nimbo roto.</p>
+
+<p>Por coquetería, y por dar tiempo a que su dueño y señor llegara, iba lo
+más despacio posible, levantándose a veces para distraerse en otras
+cosas; pues lo esencial era que al aparecer su amante aún tuviese suelta
+la sedosa madeja que le inspiraba tantas frases lisonjeras, dándole a
+ella pretexto para estar con el escote entreabierto y los brazos
+desnudos, puestos en alto, haciendo mil embelesadoras monadas.</p>
+
+<p>Un buen rato pasó escogiendo y apartando medias y puntillas que le
+habían mandado de una tienda, púsose luego unos zapatos nuevos para
+convencerse de que le hacían bonito pie, antes de pagarlos, y por último
+se probó un cubrecorsé y una bata, permaneciendo en adoración de sí
+misma ante el armario de luna, complaciéndose, más que en los primores
+de las galas, en su gallarda figura, de madrileña esbelta y en su gentil
+cabeza de mujer dominadora y altiva.</p>
+
+<p>Era rubia y muy blanca, verdaderamente hermosa y bien formada, aunque
+algo gruesa, como si en plena juventud pretendiera la carne ahogar a la
+belleza. Tenía las facciones delicadas, los ojos oscuros, de mirar
+expresivo, y los gestos y ademanes tan enérgicos y desenvueltos que a un
+tiempo delataban la vivacidad de su carácter y el empeño de mostrar una
+gracia más provocativa y libre de lo que su propia índole consentía.</p>
+
+<p>Aún no demostraban su lenguaje y modales completa perversión, más ya
+sabía desplegar a modo de recursos seguros, el licencioso desparpajo y
+la franca deshonestidad de quien para vivir se pone precio, esperando
+acrecentar con el estímulo el deseo, y con el impudor la ganancia.
+Comprendía el poder de sus atractivos y lo extremaba, siendo tan
+complaciente y mimosa al concederse como dura y despótica para dominar a
+su amante, que la quería poco y la estimaba menos, pero hallaba en día
+dulcísimo empleo a sus sentidos porque era hermosa y completa
+satisfacción a su vanidad, porque le costaba mucho.</p>
+
+<p>Ya iba impacientándose por la tardanza de su señor&mdash;que acaso no pasase
+de arrendatario&mdash;cuando al oír sonar prolongadamente un timbre, se
+acomodó de nuevo ante el tocador. Pocos segundos después, una doncella
+levantaba la cortina de la puerta dejando paso y diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;El señorito.</p>
+
+<p>A pesar del diminutivo, el hombre que entró, sin quitarse el sombrero,
+era un señor de cincuenta años, lo menos; alto, bien plantado, mostrando
+en la mirada y el porte que, a despecho de la barba entrecana y el pelo
+casi blanco, aún debía de apreciar en toda su intensidad, los encantos
+de aquella buena moza. Vestía con exquisita elegancia, y por su edad y
+aspecto, tenía representación de persona importante: juzgándole por las
+trazas no era disparatado imaginar que fuese presidente de algún alto
+cuerpo del Estado, banquero poderoso o senador por derecho propio.</p>
+
+<p>Acercose a Magdalena, diole un beso en el cuello, sin que ella mostrase
+resistencia ni agrado, y quitándose guantes, gabán y sombrero, se sentó
+en una butaca colocada frente al tocador; de modo que pudiese ver a su
+amante por la espalda y al mismo tiempo contemplar su rostro reflejado
+en el espejo.</p>
+
+<p>&mdash;Besitos&mdash;dijo ella frunciendo el entrecejo&mdash;besitos... y poca
+vergüenza. Vamos, a ver ¿por qué no ha venido <i>usted</i> ayer en todo el
+día? Mira que si yo quisiera... apenas tenía horas libres para...</p>
+
+<p>&mdash;Hija no he podido.</p>
+
+<p>&mdash;No ¿eh? ¡Un día entero! ¿Qué has tenido que hacer?</p>
+
+<p>&mdash;Muchas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues todo me lo has de contar para que te perdone... hora por hora...
+minuto por minuto.&mdash;Y alardeando de apasionada y ofendida, se levantó
+con el pelo suelto yendo a ponerse de media anqueta en un brazo de la
+butaca donde él estaba, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Anda pichón, dime todo lo que has hecho, y si mientes... te ahogo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, mira: ayer me levanté a las doce, almorcé, y a las dos me tenías
+en el Consejo magno de ferrocarriles Hispánicos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué pito tocas tú allí?</p>
+
+<p>&mdash;Teníamos junta los consejeros porque los guarda-agujas piden aumento
+de sueldo y se han declarado en huelga. Dicen que ganan no sé cuanto,
+ocho o diez reales, y trabajan dieciséis o veinte horas... y que no
+duermen. Acordamos negar, pero hubo discusión: hasta las tres y media
+estuvimos allí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y luego?</p>
+
+<p>&mdash;Fui a Hacienda a ver al ministro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabes que tengo unas dehesas en la Mancha. Pues, entre
+investigadores y denuncias... nada, que me quieren cobrar doble
+contribución de la que pago... ¡Y no me da la gana!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, ¿con razón?</p>
+
+<p>&mdash;Nunca hay razón para cobrar tanto. Claro que... en realidad debía
+pagar más... pero ¿quién paga lo justo? Nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te dijo el ministro?</p>
+
+<p>&mdash;Medias palabras. No podía ser explícito; pero comprendí que todo se
+arreglaría. ¿No ves que en su distrito, si yo quiero, no saca el
+gobierno ni un voto?</p>
+
+<p>&mdash;En fin, que te saldrás con la tuya.</p>
+
+<p>&mdash;Cabal. Pagaré lo que hasta aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Y luego ¿dónde fuiste?</p>
+
+<p>&mdash;De allí salí a las cuatro y media. Me encontré en la calle a Pignorate
+y estuvimos un rato largo hablando de negocios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué negocios?</p>
+
+<p>&mdash;Una empresa que tenemos. La cosa parece que se tuerce. Pignorate es el
+que da la cara: el dinero es de varios, yo entre, ellos. Dicen malas
+lenguas que si es limpio o no es limpio. Todo consiste en adelantar
+dinero a señoritos... y claro que han de pagar algo. Que algunos son
+menores... pues que sean: lo mismo necesitan dinero los jóvenes que los
+viejos. Pignorate me dijo que iba a meter a un muchacho en la cárcel,
+pero ya verás como no lo consienten sus padres.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, qué tenéis una sociedad para prestar a menores y luego... <i>lo
+arreglan</i> sus familias.</p>
+
+<p>&mdash;Así, tan crudo... no; pero el que quiera dinero para vicios que lo
+pague...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y después?</p>
+
+<p>&mdash;Me metí en el Congreso. Tenía que votar con el gobierno, por pura
+disciplina, una gran picardía. Sin embargo, como lo primero es el
+partido, voté. Luego tuve que ir al Círculo para buscar a uno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Jugaste?</p>
+
+<p>&mdash;Poco: hasta las siete.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué tal?</p>
+
+<p>&mdash;Medianamente; gané mil pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me vienen al pelo.</p>
+
+<p>El caballero sonrió bondadosamente y sacando del tarjetero diez billetes
+de a veinte duros, los colocó sobre la falda de Magdalena diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Para alfileres: y ya puedes agradecerlo... Mis chicas tenían no sé qué
+capricho... cosas de muchachas. Otra vez será.</p>
+
+<p>Ella, dando por terminado aquel incidente, tiró sobre el tocador los
+billetes y continuó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hiciste luego? ¿Por qué no viniste de noche? Te estuve
+esperando... Se perdió el palco y me acosté de un humor.</p>
+
+<p>&mdash;Fui a casa, a comer, con propósito de venir temprano. ¡Qué si quieres!
+Hizo la maldita casualidad que, contra lo habitual, no tuviésemos más
+convidado que mi suegra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lagarto, lagarto!</p>
+
+<p>&mdash;Sí; estuvimos en familia. Luego se marchó la buena señora, mis hijas
+se fueron a vestir para ir al teatro y me quedé solo con mi mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué pasó?</p>
+
+<p>&mdash;Lo de siempre cuando nos vemos a solas. La gran jaqueca. Es buena,
+cariñosa, dulce; la estimo y la respeto y considero.., pero no nos
+entendemos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya conseguirá que me dejes!</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso no! Tuvimos una escena muy desagradable y estuve muy enérgico.</p>
+
+<p>&mdash;No te atreverías.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué no? Pues mira: le dije «no me apures la paciencia porque nos
+separamos. Tú eres libre... hasta cierto punto: yo soy dueño de mis
+acciones, y en paz, o damos el gran escándalo.»</p>
+
+<p>&mdash;Te hablaría de mí.</p>
+
+<p>&mdash;Por indirectas. Me dijo que gastaba demasiado, que en casa se debía la
+mar, que ella estaba humillada, despreciada, que las chicas se iban a
+quedar sin tener qué comer... y ¡lo que más me enfurece! se echó a
+llorar.</p>
+
+<p>&mdash;Para que te ablandases.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no me ablandé. Lo que siento es que las chicas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué sucedió?</p>
+
+<p>&mdash;Del comedor habíamos pasado al despacho. Las niñas vinieron vestidas,
+oyeron voces, se detuvieron junto a la puerta y se enteraron de todo.</p>
+
+<p>&mdash;Como son mayorcitas se harán cargo.</p>
+
+<p>&mdash;Quiá, se abrazaron a su madre... llorando. ¡Figúrate!</p>
+
+<p>&mdash;¡Tonto! Haberte venido aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se me ocurrió; pero se me había levantado tal dolor de cabeza que
+tuve que acostarme y tomar antipirina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Potingues! ¿Qué mejor antipirina que yo?</p>
+
+<p>Quiso él entonces abrazarla por quitarle el enojo, mas ella levantándose
+de su lado le dijo muy seria.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso está muy bien y el cuadro de familia interesantísimo. Para
+evitar que se repita, esta tarde me llevas a comer a cualquier parte.</p>
+
+<p>&mdash;Convenido. Y no mando recado a casa: ya se irán acostumbrado.</p>
+
+<p>Magdalena sonrió gozosa y volviendo a su interrogatorio y reprimenda,
+para disimular la alegría, preguntó con gesto desabrido.</p>
+
+<p>&mdash;Y hoy ¿por qué no has venido más temprano?</p>
+
+<p>&mdash;He tenido que hacer una visita.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién?</p>
+
+<p>&mdash;A un amigo mío con quien estoy organizando una sociedad muy útil y
+provechosa. Ahora no existe ninguna semejante ni parecida: queremos que
+sea medio sociedad medio cofradía, con honores de tribunal. Si nos
+dejan, el Santo Oficio con levita. Hace mucha falta porque hoy no se
+respeta nada ni se cree en nada, el sentido moral anda por los suelos,
+el mundo está perdido... Pero tú no puedes comprenderme.</p>
+
+<p>Magdalena sonriendo entre provocativa y burlona, al mismo tiempo que se
+prendía las últimas horquillas en el moño, volvió la cara hacia su
+amante, hizo un guiño muy expresivo y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Hazte socio, monín. Oye ¿y cómo se llama esa hermandad?</p>
+
+<p>&mdash;<i>La hoja de parra</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué es?</p>
+
+<p>El caballero se puso muy serio y con voz grave y sonora, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;<i>La Hoja de parra</i> será una Asociación para atajar los progresos de la
+inmoralidad y de la falta de fe.</p>
+
+<p class="curva">/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p>
+
+<p class="c top5"><img src="images/002.png"
+width="200"
+height="325"
+alt="imagen no disponible" /></p>
+
+<p class="c top15"><b>Obras del mismo autor</b></p>
+<table summary="obras" cellpadding="2" cellspacing="0">
+<tr><td><span class="smcap">Apuntes para la historia de la caricatura</span></td><td align="right">2</td><td>pts.</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">Lázaro</span> (casi novela), segunda edición</td><td align="right">3</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">De el teatro</span>, (<i>Lo que debe ser el drama</i>).&mdash;Memoria leída en el Ateneo de Madrid, segunda edición</td><td align="right">1</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">La hijastra del amor</span> (novela), tercera edición</td><td align="right">4</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">Juan Vulgar</span> (novela), tercera edición </td><td align="right">3</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">El enemigo</span> (novela), tercera edición</td><td align="right">4</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">La honrada</span> (novela), con ilustraciones de José L. Pellicer y José Cuchy</td><td align="right">4</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">Dulce y sabrosa</span> (novela)</td><td align="right">4</td><td>&nbsp;</td></tr>
+<tr><td><span class="smcap">Novelitas</span></td><td align="right">3</td><td>'50</td></tr>
+<tr><td align="center" colspan="3"><b>Próximas a publicarse</b></td></tr>
+<tr><td align="center" colspan="3"><span class="smcap">Perifollos</span> (novela).</td></tr>
+<tr><td align="center" colspan="3"><span class="smcap">Valdellanto</span> (novela).</td></tr>
+</table>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Cuentos de mi tiempo, by Jacinto Octavio Picón
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE MI TIEMPO ***
+
+***** This file should be named 26929-h.htm or 26929-h.zip *****
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
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+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
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+- You comply with all other terms of this agreement for free
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+1.F.
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+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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+
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
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