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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: El abuelo - Novela en cinco jornadas - -Author: Benito Pérez Galdós - -Release Date: October 7, 2021 [eBook #66488] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/Canadian Libraries) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. Las acotaciones escénicas aparecen entre - ~virgulillas~. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - * Se ha añadido un Índice al final del libro pese a que el original - impreso no lo incluye. - - - - -EL ABUELO - - - - - Es propiedad. Queda hecho - el depósito que marca la ley. - Serán furtivos los ejemplares - que no lleven el sello del - autor. - - - - - NOVELAS ESPAÑOLAS CONTEMPORÁNEAS - POR - B. PÉREZ GALDÓS - - EL ABUELO - - (NOVELA EN CINCO JORNADAS) - - [Ilustración] - - MADRID - EST. TIP. DE LA VIUDA E HIJOS DE TELLO - IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M. - C. de San Francisco, 4 - 1897 - - - - -A los lectores que con tanta indulgencia como constancia me favorecen, -debo manifestarles que en la composición de EL ABUELO he querido -halagar mi gusto y el de ellos, dando el mayor desarrollo posible, -por esta vez, al procedimiento dialogal, y contrayendo a proporciones -mínimas las formas descriptiva y narrativa. Creerán, sin duda, como -yo, que en esto de las formas artísticas o literarias _todo el monte -es orégano_, y que solo debemos poner mal ceño a lo que resultare -necio, inútil o fastidioso. Claro es que si de los pecados de -tontería o vulgaridad fuese yo, en esta o en otra ocasión, culpable, -sufriría resignado el desdén de los que me leen; pero al maldecir mi -inhabilidad, no creería que el camino es malo, sino que yo no sé andar -por él. - -El sistema dialogal, adoptado ya en _Realidad_, nos da la forja -expedita y concreta de los caracteres. Estos se hacen, se componen, -imitan más fácilmente, digámoslo así, a los seres vivos, cuando -manifiestan su contextura moral con su propia palabra, y con ella, -como en la vida, nos dan el relieve más o menos hondo y firme de sus -acciones. La palabra del autor, narrando y describiendo, no tiene, -en términos generales, tanta eficacia, ni da tan directamente la -impresión de la verdad espiritual. Siempre es una referencia, algo -como la _Historia_, que nos cuenta los acontecimientos y nos traza -retratos y escenas. Con la virtud misteriosa del diálogo parece -que vemos y oímos sin mediación extraña el suceso y sus actores, y -nos olvidamos más fácilmente del artista oculto que nos ofrece una -ingeniosa imitación de la naturaleza. Por más que se diga, el artista -podrá estar más o menos oculto; pero no desaparece nunca, ni acaban de -esconderle los bastidores del retablo, por bien construidos que estén. -La impersonalidad del autor, preconizada hoy por algunos como sistema -artístico, no es más que un vano emblema de banderas literarias, que si -ondean triunfantes, es por la vigorosa personalidad de los capitanes -que en su mano las llevan. - -El que compone un asunto y le da vida poética, así en la Novela como -en el Teatro, está presente siempre: presente en los arrebatos de la -lírica, presente en el relato de pasión o de análisis, presente en -el Teatro mismo. Su espíritu es el fundente indispensable para que -puedan entrar en el molde artístico los seres imaginados que remedan el -palpitar de la vida. - -Aunque por su estructura y por la división en jornadas y escenas parece -EL ABUELO obra teatral, no he vacilado en llamarla novela, sin dar a -las denominaciones un valor absoluto, que en esto, como en todo lo -que pertenece al reino infinito del arte, lo más prudente es huir de -los encasillados, y de las clasificaciones catalogales de géneros y -formas. En toda novela en que los personajes hablan, late una obra -dramática. El Teatro no es más que la condensación y acopladura de todo -aquello que en la Novela moderna constituye acciones y caracteres. - -El arte escénico, propiamente dicho, ha venido a encerrarse en nuestra -época (por extravíos o cansancios del público, y aun por razones -sociales y económicas que darían materia para un largo estudio) -dentro de un módulo tan estrecho y pobre, que las obras capitales de -los grandes dramáticos nos parecen _novelas habladas_. Saltando de -nuestras pequeñeces a los grandes ejemplos, pregunto: el _Ricardo III_ -de Shakespeare, colosal cuadro de la vida y las pasiones humanas, -¿puede ser hoy considerado como obra teatral _práctica_? Hace un siglo -lo representaba Garrick íntegramente, y existía un público capaz de -entenderlo, de sentirlo, y de asimilarse su intensísima savia poética. -Hoy aquella y otras obras inmortales pertenecen al teatro ideal, -leído, sin _ejecución_; arte que por la muchedumbre y variedad de sus -inflexiones, por su intensidad pasional, en un grado que no resiste lo -que llamamos público (mil señoras y mil caballeros sentaditos en una -sala), difícilmente admite intermediario entre el ingenio creador y el -ingenio leyente, que ambos creo han de ser ingenios para que resulte la -emoción y el gusto fino de la belleza. - -Que me diga también el que lo sepa si la _Celestina_ es novela o drama. -_Tragicomedia_ la llamó su autor; _drama de lectura_ es realmente, y, -sin duda, la más grande y bella de las novelas habladas. Resulta que -los nombres existentes nada significan, y en literatura la variedad -de formas se sobrepondrá siempre a las nomenclaturas que hacen a su -capricho los retóricos. Solo tengo que decir ya a mis buenos amigos, -que sin cuidarse de _cómo se llama_ esta obra, humilde ensayo de -una forma que creo muy apropiada a nuestra época, tan gustosa de lo -sintético y ejecutivo, la acojan con benevolencia. - - B. P. G. - - - - -EL ABUELO - - - - -DRAMATIS PERSONÆ - - - D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE ALBRIT, SEÑOR DE JERUSA Y DE - POLAN, etc., abuelo de - LEONOR (NELL), y - DOROTEA (DOLLY). - LUCRECIA, CONDESA DE LAÍN, madre de Nell y Dolly, y nuera del Conde. - SENÉN, criado que fue de la casa de Laín; después, empleado. - VENANCIO, antiguo colono de la Pardina; actualmente propietario. - GREGORIA, su mujer. - EL CURA DE JERUSA (D. Carmelo). - EL MÉDICO (D. Salvador Angulo). - EL ALCALDE (D. José M. Monedero). - LA ALCALDESA (Vicenta). - D. PÍO CORONADO, preceptor de las niñas Nell y Dolly. - CONSUELO, viuda rica, chismosa. - LA MARQUEZA, viuda campesina, pobre. - EL PRIOR DE LOS JERÓNIMOS (Padre Maroto). - - -~La acción se supone en la villa de _Jerusa_ y sus alrededores; las -principales escenas en la _Pardina_, granja que perteneció a los -Estados de Laín. Careciendo esta obra de colorido local, no tienen -determinación geográfica el país ni el mar que lo baña. Todos los -nombres de pueblos y lugares son imaginarios. Época contemporánea.~ - - - - -JORNADA PRIMERA - - -ESCENA PRIMERA - -~Terraza en la _Pardina_. A la derecha, la casa; al fondo, frondosa -arboleda de frutales; a lo lejos, el mar.~ - -~GREGORIA, junto a una mesa de piedra, desgranando judías en la falda; -VENANCIO, que viene por la huerta y se entretiene con un criado, -observando los frutales. En la mesa una cesta de hortalizas.~ - -GREGORIA - -¡Eh... Venancio!... Que estoy aquí. - -VENANCIO - -Voy... Más de cincuenta _duquesas_ se han caído con el ventoleo de -anoche. - -GREGORIA - -¡Anda con Dios!... Deja las peras, y ven a contarme... ¿Es verdad -que...? - -~(Entra _Venancio_, respirando fuerte, y limpiándose el sudor de la -cabeza, trasquilada al rape. Gregoria espera impaciente la respuesta.~ - -~Son marido y mujer, de más de cincuenta años, ambos regordetes y -de talla corta, de cariz saludable, coloración sanguínea y mirar -inexpresivo. Pertenecen a la clase ordinaria, que ha sabido ganar -con paciencia, sordidez y astucia una holgada posición, y descansa -en la indiferencia pasional, y en la santa ignorancia de los grandes -problemas de la vida. El rostro de ella es como una manzana, y el de -él como pera, de las de piel empañada y pecosa. No tienen hijos, y -cansados de desearlos principian a alegrarse de que no hayan querido -nacer. Se aman por rutina, y apenas se dan cuenta de su felicidad, -que es un bienestar amasado en la sosería metódica y sin accidentes. -Gruñen a veces, y rezongan por contrariedades menudas que alteran la -normalidad de reloj de sus plácidas existencias. En edad madura viven -donde han nacido, y son propietarios donde fueron colonos. Su única -ambición es vivir, seguir viviendo, sin que ninguna piedrecilla estorbe -el manso correr de la onda vital. El hoy es para ellos la serie de -actos que tiene por objeto producir un mañana enteramente igual al -ayer. Visten el traje corriente y general, así en pueblos como en -ciudades, muy apañaditos, limpios, modestos. Gregoria es hacendosa, -guisandera excelente, tocada del fanatismo económico, lo mismo que su -marido. Este entiende de labranza y horticultura, de caza y pesca, -de algunas industrias agrícolas, y no es lerdo en jurisprudencia -hipotecaria, ni en todo lo tocante a propiedad, arrendamientos, -servidumbres, etc. Para entrambos la Naturaleza es una contratista -puntual, y una despensera honrada, como ellos prosaica, avarienta, -guardadora.)~ - -VENANCIO - -¡Brrr...! - -GREGORIA - -Pero, hombre, sácame de dudas. ¿Es cierto lo que han dicho? ¿Tendremos -tarasca? - -VENANCIO - -Sí. ¿Has visto tú alguna vez que falle una mala noticia? - -GREGORIA, ~suspensa~. - -¿Y cuándo llega la señora Condesa? - -VENANCIO - -Hoy... Pero no te apures: se alojará en casa del señor Alcalde. - -GREGORIA - -Menos mal. ~(Volviendo a desgranar.)~ Pues otra... Si llega también el -señor Conde, se juntarán aquí el agua y el fuego. - -VENANCIO - -Se pelearán, hoy como ayer... Suegro y nuera rabian de verse juntos. -Si no quedaran de uno y otro más que los rabos, ¡qué alegría!... Por -supuesto, al señor Conde habremos de alojarle. - -GREGORIA - -¿Qué duda tiene? No faltaba más... Yo digo: ¿vienen y se topan aquí -por casualidad... o es que se dan cita para tratar de asuntos de la -casa?... porque de resultas de la muerte del Condesito habrá enredos... - -VENANCIO - -¿Yo que sé? La Condesa Lucrecia vendrá, como siempre, a dar un vistazo -a sus hijas. - -GREGORIA - -Y a pagarnos la anualidad vencida por el cuidado, manutención y -servicio de las dos señoritas que puso a nuestro cargo... ¡Ah, -ruin pécora...! Las tiene en este destierro para poder zancajear y -divertirse sola por esos Parises y esas Ingalaterras de Dios... o del -diablo... ¡Tunanta! Lo que yo te digo, Venancio: comprendo que su -suegro, el señor Conde de Albrit, que es el primer caballero de España, -¡y que lo digan! le tenga tan mala voluntad a esa condenada extranjera, -de quien se enamoró como un tontaina su hijo (que esté en gloria)... Lo -que no me cabe en la cabeza es que parezca por aquí, si sabe que ha de -hocicar con ella... O será que lo ignora... ¿Qué piensas, hombre? - -VENANCIO, ~revolviendo en la cesta de hortalizas~. - -Pronto hemos de ver si vienen a posta los dos, o si la casualidad les -hace empalmar en Jerusa... ¡Y que no traerán ella y él las uñas bien -afiladas!... Créetelo... hemos de ver por tierra mechones de barbas -blancas o de pelos rubios, y tiras de pellejo... porque si el Conde D. -Rodrigo quiere a su hija política como a un dolor de muelas, ella en la -misma moneda le paga. - -GREGORIA - -Yo digo lo que tú: el pobre D. Rodrigo viene a que le demos de comer. - -VENANCIO - -Así lo pensé cuando supe su viaje. - -GREGORIA - -Es cosa averiguada que no ha traído de América el polvo amarillo que -fue a buscar. - -VENANCIO - -Ha traído el día y la noche. Cuando embarcó para allá, había -desperdigado toda su fortuna... Esperaba recoger otra, que le ofreció -el Gobierno del Perú por las minas de oro que allá tuvo su abuelo, el -que fue Virrey... Pero no le dieron más que sofoquinas, y ha vuelto -pobre como las ratas, enfermo y casi ciego, sin más cargamento que el -de los años, que ya pasan de los setenta... Luego, se le muere el hijo, -en quien adoraba... - -GREGORIA - -¡Infeliz señor!... Venancio, tenemos que ampararle. - -VENANCIO - -Sí, sí, no salgan diciendo que no es uno cristiano. ¡Quién lo había -de pensar!... ¡Nosotros, Gregoria, dando de comer al Conde de Albrit, -el grande, el poderoso, con una cáfila de reyes y príncipes en su -parentela, el que no hace veinte años todavía era dueño de los términos -de Laín, Jerusa y Polan!... Díganme luego que no da vueltas el mundo... - -GREGORIA, ~acentuando con un manojo de judías~. - -¿Oyes lo que te digo? Que tenemos que ampararle. Es nuestro deber. - -VENANCIO, ~filosofando con un tomate que coge de la cesta~. - -¡Qué caídas y tropezones, Gregoria; qué caer los de arriba, y qué -empinarse los de abajo!... Claro, le ampararemos, le socorreremos. -Ha sido nuestro señor, nuestro amo; en su casa hemos comido, hemos -trabajado... Con las migajas de su mesa hemos ido amasando nuestro -pasar. ~(Levántase con aire de protección.)~ Pues, sí: hay aquí -cristianismo, delicadeza... ~(Coge otro tomate y admira su belleza -y tamaño.)~ Estos son tomates, Gregoria... Que venga el Cura -refregándonos los suyos por las narices... Pues, sí, mujer: me da -lástima del buen D. Rodrigo. - -GREGORIA, ~contestando a la apología del tomate~. - -Pero las judías no granaron bien. ~(Mostrándolas.)~ Mira esto... -También a mí me aflige ver tan caidito al señor Conde... Parece -castigo... y si no castigo, enseñanza. - -VENANCIO - -Castigo, has dicho bien. Todo ello por no ser económico, y no pensar -más que en darse la gran vida, sin mirar al día de mañana. Ahí tienes -el caso, Gregoria, y pónselo delante a los que le critican a uno por -la economía. En fiestas y viajes, en caballos y trenes, en convitazos -y otras mil vanidades, se le escurrieron al señor los bienes de la -casa de Albrit, y parte de los de Laín, que eran de su madre. La casa -venía empeñada de atrás, pues dicen las historias que ningún Conde de -Albrit supo arreglarse. Mira por dónde las culpas de todos las paga -este desdichado. Ya ves, después que le dejan en cueros los acreedores, -le falla el negocio de América; luego le quita Dios el hijo, y se -encuentra mi hombre al fin de la vida, miserable, enfermo, sin ningún -cariño... Es triste, ¿verdad? - -GREGORIA - -Ahora caigo en que viene a ver a sus nietas: sí, Venancio, anda en -busca de un querer que dé consuelo a su alma solitaria... - -VENANCIO, ~cogiendo de la cesta una berenjena~. - -Puede ser... ¿Y qué tienes que decir de estas berenjenas? - -GREGORIA - -No son malas... Lo que digo es que al señor Conde le atrae el -calorcillo de la familia. - -VENANCIO - -Pero ya verás: mi D. Rodrigo, buscando el agasajo, mete la mano en el -nidal, y toca una cosa fría que resbala... ¡Ay! Es el culebrón de la -madre, es la extranjera, la mala sombra de la familia, pues desde que -el Conde D. Rafael casó con esa berganta, la casa empezó a hundirse... -~(Poniendo en el cesto la berenjena con que acciona.)~ En fin, que -en tomates y berenjenas no hay quien nos tosa... pero no sabemos qué -vientos echan para acá al señor Conde de Albrit. - -GREGORIA - -Él nos lo dirá. Y si se lo calla, no callarán sus hechos. ~(Dando por -terminada su tarea, y pasando de la falda a un cesto las judías.)~ -No te descuides, Gregoria; que venga por lo que venga, tienes que -prepararle una buena mesa... Ya es un respiro que la extranjera no se -nos meta en casa. - -VENANCIO - -Y aunque viniera... Nunca está más de dos días o tres. Jerusa es muy -chica; y esa necesita tierra ancha para zancajear a gusto. - -GREGORIA, ~asaltada de una idea~. - -¡Ay, Venancio de mi alma, lo que se me ocurre! ¡No haber caído en ello -ni tú ni yo! ¿Apostamos a que Doña Lucrecia viene a llevarse sus niñas? - -VENANCIO, ~permaneciendo largo rato con la boca abierta~. - -Puede que aciertes... Ya son grandecitas... mujercitas ya. Pues, mira, -nos fastidia... - -GREGORIA - -¡Hijo de mi alma, cuándo nos caerá otra breva como esta! - -VENANCIO, ~paseándose meditabundo~. - -No es mucho lo que nos pasa cada trimestre por cuidarlas y mantenerlas; -pero algo es algo: rentita puntual, saneada... No, no: verás como no se -las lleva. - -GREGORIA - -Ea, no nos devanemos los sesos por adivinar hoy lo que sabremos mañana. -~(Dispónese a pasar a la casa.)~ - -VENANCIO - -¿Sabes tú quién nos lo va a decir? Pues Senén. Desde ayer está aquí. - -GREGORIA - -¿Senén?... ¿El de la Coscoja?... Sí: las niñas me dijeron que le habían -visto, y que está hecho un caballero. - -VENANCIO - -Empleado público, funcionario, como quien dice, nada menos que en las -oficinas de Hacienda de Durante[1]. Fue criado de la Condesa, que en -premio de sus buenos servicios le ha dado credenciales, ascensos; en -fin, que de un gaznápiro ha hecho un hombre. - - [1] La capital de la provincia. - -GREGORIA - -Le protege, según dicen, porque le servía de correveidile y de -tapa-enredos en sus... - -VENANCIO - -Chist... Cuidado... puede llegar... Le espero. Ha quedado en traerme -noticias. - -GREGORIA, ~bajando la voz~. - -De tapadera en sus trapisondas amorosas... Ello es que siempre que nos -visita la señora, recala Senén, y no la deja vivir con su pordioseo -impertinente: que si la recomendación; que si la tarjeta al Jefe; que -si la carta al Ministro, o al demonio coronado... Y como la tal Condesa -es persona de grandes influencias, y trae a los personajes de allá -cogidos por el morro... - -VENANCIO - -Senén es listo, se cuela por el ojo de una aguja. Pues me ha contado -que doña Lucrecia salió de Madrid el 12, y que de aquí irá a visitar a -los señores de Donesteve en sus posesiones de Verola. Todo lo sabe el -indino. Él es quien ha dicho al Alcalde que la señora llega hoy, y... -¡Ah, pues se me olvidaba lo mejor! Le harán un gran recibimiento, por -los grandes beneficios y mejoras que Jerusa le debe. - -GREGORIA - -¡Festejos! ¡Y aquí no sabíamos nada!... Y de esta visita del Conde, -¿tenía Senén conocimiento? - -VENANCIO - -¡Pues no! Como que se le han respingado las narices de tanto olfatear, -de tanto meterlas en todos los secreticos de la casa en que sirvió -antes de andar en oficinas. Se cartea con marmitones y cocheros de la -casa de Laín, y allí no vuela una mosca sin que él lo sepa. - -GREGORIA, ~alegre~. - -Pues ese, ese pachón de vidas ajenas nos ha de sacar de dudas. - -VENANCIO - -Ya tarda... Me dijo que a las diez. Ha ido a telegrafiar al jefe de la -estación de Laín, y al Alcalde de Polan... - -GREGORIA, ~mirando a la huerta~. - -Me parece que está ahí... Alguien anda por la huerta llamándote. - -VENANCIO - -Él es... ~(Llama.)~ ¡Senén, Senén, chicooo...! - - -ESCENA II - -~GREGORIA, VENANCIO; SENÉN, de veintiocho años, más bien más que menos, -vestido a la moda, con afectada elegancia de plebeyo que ha querido -cambiar rápidamente y sin estudio la grosería por las buenas formas. -Su estatura es corta; sus facciones aniñadas, bonitas en detalle, pero -formando un conjunto ferozmente antipático. Pelito rizado; chapas -carminosas en las mejillas; bigote rubio retorcido en sortijilla. Lucha -por su existencia en el terreno de la intriga, olfateando las ocasiones -ventajosas, y utilizando la protección y gratitud de las personas a -quienes ha prestado servicios de ínfima calidad, sobre los cuales -guarda cuidadoso secreto. Ya no se acuerda de cuando andaba descalzo -y harapiento por las mal empedradas calles de Jerusa. Nacido de la -_Coscoja_, viuda pobre, que adormecía sus penas emborrachándose, Senén -vivió de la caridad pública hasta que fue recogido por los Condes de -Laín, que lo pusieron a la escuela, y después le tomaron a su servicio. -Fue pinche de cocina, escribiente, ayuda de cámara, hasta que su -agudeza, reforzada por ardiente ambición de dinero, le emancipó de la -servidumbre. En diversos trabajos y granjerías, hubo de probar fortuna: -viajante de comercio, corredor de vinos, administrador de periódicos, y -por fin la Condesa le abrió los espacios de la Administración pública -con un destinillo de Hacienda, al que siguieron ascensos, comisiones y -otras gangas. Compensa la cortedad de su inteligencia con su constancia -y sagacidad en la adulación, su olfato de las oportunidades, y su arte -para el pordioseo de recomendaciones. Su egoísmo toma más bien formas -solapadas que brutales, y para disimularlo, el instinto, más que la -voluntad, le sugiere la economía, y todo el ahorro compatible con el -lucimiento y afeite de su persona. Guarda su dinero, y se apropia -todo lo que sin peligro puede apropiarse. En lo que no es ostensible, -o sea en el comer, gasta lo indispensable, reservando casi todo su -peculio para el _coram vobis_. Su vicio es la buena ropa, y su pasión -las alhajas; lleva constantemente tres sortijas de piedras finas en el -meñique de la mano izquierda, y al llegar a Jerusa ha sacado a relucir -un alfiler de corbata, que es ¡ay! la desazón de sus compatriotas de -ambos sexos.~ - -SENÉN - -Allá voy. Estaba mirando las peras... ~(Entra en la terraza.)~ Hola, -Gregoria; usted siempre tan famosa. - -GREGORIA - -¡Y tú qué guapo... y qué bien hueles, condenado! Estás hecho un -príncipe. - -SENÉN - -Hay que pintarla un poquillo, Gregoria. Es uno esclavo de la posición. - -VENANCIO, ~impaciente~. - -Vengan pronto esas noticias. - -SENÉN - -La Condesa llegará a Laín en el tren de las doce y cinco. He tenido -un parte. ~(Mostrándolo.)~ Se lo he llevado al Alcalde, que no estaba -seguro de la hora de llegada. - -GREGORIA - -Y D. José irá a esperarla en su coche. - -VENANCIO - -Claro. - -SENÉN, ~sentándose con indolencia. (Se cuida mucho de emplear un -lenguaje muy fino.)~ - -Y el Municipio ¡oh! le prepara un gran recibimiento, una ovación -entusiasta. - -GREGORIA - -¡A tu ama! - -SENÉN - -A la que fue mi ama. ¡Estaría bueno que no se hicieran los honores -debidos a la ilustre señora, por cuya influencia ha obtenido Jerusa -la estación telegráfica, la carretera de Forbes, amén de las dos -condonaciones! - -GREGORIA - -Puede que, si hay festejos, tengamos aquí a Doña Lucrecia más tiempo -del que acostumbra. - -SENÉN - -Creo que no; está invitada a pasar unos días en Verola con los señores -de Donesteve. - -VENANCIO - -¿Y del Conde qué me dices? - -SENÉN - -Que Su Excelencia debió llegar a Laín anoche, o esta mañana en el -primer tren. De modo que no me explico... digo que no me explico, mi -querido Venancio, que no le tengas ya en tu casa. - -GREGORIA - -De fijo habrá ido a Polan a visitar el sepulcro de su esposa, la -Condesa Adelaida. - -VENANCIO - -Bueno, Senén. Tú que todo lo sabes... naturalmente, has vivido en la -intimidad de la familia, conoces sus costumbres, la manera de pensar de -cada uno, sus discordias y zaragatas, dinos... ¿D. Rodrigo y su nuera -se encontrarán aquí por casualidad, o es que...? - -SENÉN, ~seguro, dándose importancia.~ - -No: se han dado cita en Jerusa. - -GREGORIA - -¿Cómo es eso? ¿Y para qué se citan los que se aborrecen? ¿Qué hacen? - -SENÉN - -Lo contrario de lo que hacen los que se aman. Los amantes se acarician; -estos se muerden. - -VENANCIO - -Vamos, es al modo de un desafío... Dicen: «en tal parte, a tal hora, -nos juntamos para rompernos el bautismo.» - -GREGORIA - -Será que el señor Conde, que no ha visto a su nuera desde que él -embarcó para el Perú, querrá ajustar con ella alguna cuenta... - -VENANCIO - -De interés, o de cosas tocantes al honor de la familia, pues para nadie -es un secreto... no te enfades, Senenillo... que tu protectora la -señora Condesa... En fin, no está bien que yo repita... - -SENÉN - -Sí, que el repetir es cosa fea. ¿Qué les importa a ustedes, ni qué me -importa a mí, que el señor Conde de Albrit y su nuera la Condesa viuda -de Laín se peleen, se arañen y se tiren de los pelos por un pedacito -así de honra, o por un pedazo grande...? pongamos que es un pedazo de -honra tan grande como esta casa. - -VENANCIO - -Tiene razón Senén. _Haiga_ virtud o no la _haiga_, nada nos dan ni nada -nos quitan. - -SENÉN - -Yo no sé sino que el viejo Albrit, que hasta ahora, desde la muerte de -su hijo, no se ha movido de Valencia, escribió a la Condesa... - -VENANCIO, ~riendo~. - -Pidiéndole dinero. - -SENÉN - -Hombre, no: le proponía una entrevista para tratar de asuntos graves... - -GREGORIA - -De asuntos de familia. Y como la Condesa no quiere altercados en -Madrid, porque allí puede haber escándalo, y se entera todo el mundo, -y hasta lo sacan los papeles, le ha citado en este rincón de Jerusa, -donde solo vivimos cuatro papanatas, y si hay zipizape aquí se queda, y -la ropa sucia, en casita se lava. ¿Qué tal, señor cortesano, entiendo -yo a mi gente? - -VENANCIO - -Dí que no es lista mi mujer. - -SENÉN, ~risueño y galante.~ - -Sabe griego y latín. ¡Vaya un talento! Y para acabar de granjearse mi -estimación, me va a traer un vasito de cerveza. Estoy abrasado. - -GREGORIA - -Ahora mismo: hubiéraslo dicho antes. ~(Entra en la casa, llevándose las -hortalizas.)~ - -VENANCIO - -Y tú, rey de las hormigas, ¿qué pretendes ahora de tu ama? ¿Otro -ascenso, una plaza mejor? - -SENÉN - -Quiero adelantar, salir de esta miseria de la nómina, del triste jornal -que el Gobierno nos da por aburrirnos, y aburrir al país que paga. - -VENANCIO - -Picas alto. Digan lo que quieran, chico, tú tienes mucho mérito. Yo te -vi salir del lodo. - -SENÉN - -Y me verás subir, subir... El lodo, créeme, es un gran trampolín para -dar el salto. - -~GREGORIA, que vuelve con la cerveza y copas, y les sirve.~ - -Dime, Senenillo, ¿y para tus medros, no te agarras también a los -faldones del señor Conde? - -SENÉN - -Albrit no tiene una peseta, y nadie le hace caso ya. - -VENANCIO - -Ese roble ya no da sombra, y solo sirve para leña. - -~GREGORIA, que sentándose entre los dos bebedores de cerveza, acaricia -a Senén.~ - -Vamos a ver, hijo, ¿por qué no nos cuentas el por qué y el cómo de que -tan mal se quieran la Condesa viuda y el abuelo? Tú lo sabes todo. - -VENANCIO - -Vaya si lo sabe; pero no muerde el gozque a quien le da de comer. -~(Senén paladea la cerveza, dándose aires de madrileño, y calla.)~ - -GREGORIA - -Ya lo ves: callado como un besugo. Dinos otra cosa. Será cuento todo -eso que se dice de tu señora... Es cuento, ¿verdad? - -SENÉN, ~enfático.~ - -Me permitiréis, queridos amigos, que no hable mal de mi bienhechora. -Os diré tan solo que es un corazón tierno, y una voluntad generosa y -franca hasta dejárselo de sobra. No le pidáis gazmoñerías, eso no. Es -mujer de muchísimo desahogo... Compadece a los desgraciados y consuela -a los afligidos. Y como persona de instrucción, no hay otra: habla -cuatro lenguas, y en todas ellas sabe decir cosas que encantan y -enamoran. - -VENANCIO - -Todas esas lenguas, y más que supiera, no bastan para contar los -horrores que acerca de ella corren en castellano neto. - -SENÉN, ~endilgando sabidurías que aprendió en los cafés.~ - -¡Horrores!... No hagáis caso. La honradez y la no honradez, señores -míos, son cosas tan elásticas, que cada país y cada civilización... -cada civilización, digo, las aprecia de distinto modo. Pretendéis -que la moralidad sea la misma en los pueblos patriarcales, digamos -primitivos, como esta pobre Jerusa, y en los _grandes centros_... -¿Habéis vivido vosotros en los _grandes centros_? - -VENANCIO - -Ni falta. - -SENÉN - -Pues en los _grandes centros_ veríais otro mundo, otras ideas, otra -moralidad. La Condesa Lucrecia no es una mujer; es una dama, una gran -señora. ¿Qué? ¿Que le gusta divertirse? Cierto que sí; se divierte por -la noche, por la mañana y por la tarde... No, no me saquéis el Cristo -de la moralidad. Yo os digo, y lo pruebo, que es cosa esencial en las -sociedades que las damas se diviertan, porque del divertirse damas y -galanes viene el lujo, que es cosa muy buena... ~(Riendo del asombro de -sus interlocutores.)~ Ya... papanatas; creéis que es malo el lujo... -Vivís en Babia. Pues os digo, y lo pruebo, que el lujo es lo que -sostiene la industria... la industria de los _grandes centros_, por la -cual y con la cual, lo pruebo, come todo el mundo. _Reasumiendo_: que -si hubiera moralidad, tal y como vosotros la entendéis, la gente no se -divertiría, y sin diversiones, no tendríamos lujo, y _por ende_, no -habría industrias: la mitad de los que hoy comen se morirían de hambre, -y la otra mitad mascarían tronchos de berzas. - -VENANCIO - -Vaya que eres parlanchín, y entiendes la aguja de marear. - -GREGORIA, ~imitando, sin saberlo, a las brujas de Macbeth.~ - -¡Senén, tú serás ministro! - -SENÉN - -¿Ministro yo? No, no: mi ambición, como nacida del lodo, no quiere -viento, sino barro, barro substancioso que amasar. _Mis tendencias_ son -a lo positivo; _tiendo_ a ganar dinero, mucho dinero. No me conformo -con un sueldo más o menos cuantioso; ambiciono más, ambiciono el -trabajo libre... - -GREGORIA - -Manos libres, quieres decir. - -VENANCIO. ~(Da un cigarro a Senén, y fuman los dos.)~ - -Lo que tú buscas, tunante, es una dote; andas a la husma de una rica -heredera. - -GREGORIA - -Por eso vistes tan elegantito, y te quitas el pan de la boca para -comprarte trapos... Por eso gastas anillos, y te echas esencia en el -pañuelo. Vaya, que hueles bien. ~(Oliéndole.)~ ¿Qué es eso? ¿Heliotropo? - -SENÉN, ~reventando de fatuidad~. - -Es mi perfume favorito... Pues no he pensado en casarme, y lo pruebo. -Claro, si se me presentase una buena ganga matrimonial, no la -desperdiciaría. Estamos a la que salta. - -GREGORIA - -Por un camino o por otro, has de ser rico. - -VENANCIO - -A trabajar, se ha dicho. En la corte hay mil maneras de afanar el -garbanzo. - -GREGORIA - -Allí donde hay bambolla, derroche, y donde los ricos por su casa -gastan, según dicen, más de lo que tienen, el pobre allegador, -económico y despabilado como tú, sabe encontrar piltrafa. Ahí tienes el -caso del señor Conde. Toda su riqueza se ha repartido entre muchos que -andaban quizás con los codos al aire. - -VENANCIO - -Prestamistas, curiales, cuervos y buitres, y todos los golosos de carne -muerta. - -SENÉN, ~desdeñoso~. - -Mal fin ha tenido el prócer. Vaya usted preparando, Gregoria, las -buenas calderadas de patatas, las sopitas de leche, para que se -acostumbre a la frugalidad, y olvide sus hábitos gastronómicos. - -GREGORIA - -No, no: lo que es hoy, al menos, si viene, tengo que prepararle una -buena comida. - -VENANCIO - -Como se entretenga en Polan y no coja el coche que ha salido de allí a -las diez, no vendrá hasta mañana. - -SENÉN - -_Me inclino a creer_ que le veremos venir en carreta, porque el buen -señor padece tal _tronitis_, que no tendrá para el coche. - -GREGORIA - -No exageres... Esos nobles arrumbados siempre guardan algo para sus -últimas, y también te digo que suelen encontrar algún tonto que les -alimente los vicios. - -SENÉN - -Albrit no tiene más vicios que la rabia de verse pobre, y el orgullo de -casta, que se le ha recrudecido con la pobreza. - -GREGORIA, ~intranquila~. - -Dime, Senén, ¿y al señor Conde no le dará la ventolera de quitarnos a -las niñas? - -SENÉN - -¿Para qué?... ¿Y a dónde las lleva? - -VENANCIO - -A un colegio de Francia. - -SENÉN - -No temáis perder esta ganga. El Conde no tiene con qué pagarles un buen -colegio, y la mamá no está por esos gastos, que _dejarían indotado_ su -presupuesto. Todo es poco para ella. Además, la presencia de las niñas -en sociedad junto a ella, la envejece. _Su obsesión_ es ser joven, o -parecerlo. - -VENANCIO - -Su... ¿qué has dicho? ¡Vaya unas palabras finas que te traes! - -GREGORIA, ~incomodándose~. - -Pero ya son creciditas, jinojo... Algún día tiene que presentarlas en -la corte, casarlas... - -SENÉN - -¿Casarlas? Dificilillo es... y lo pruebo. - -GREGORIA - -¿Cómo no, si son tan monas? - -SENÉN - -Les concedo el buen palmito. Pero cualquiera carga con ellas, educadas -en la ñoñería, con hábitos y maneras de pueblo, y, por añadidura, -pobres... porque la Condesa está dando aire a la fortuna, y cuando -toquen a liquidar, no habrá más que pagarés vencidos, cuentas no -liquidadas, y el diluvio... Ya lo dijo Luis XV ~(estropeando el -francés)~: _Apré muá, le diluch._ - -GREGORIA, ~incomodándose más~. - -La madre será lo que quieran: una feróstica, una púa extranjera; pero -Dorotea y Leonor a ella no salen, digo que no salen... y lo pruebo -también. - -VENANCIO - -Son buenísimas, aunque algo traviesas; almas puras, ángeles de Dios, -como dice D. Carmelo. - -GREGORIA - -Créelo, Senén; las quiero como si fueran mis hijas, y el día que se las -lleven me ha de costar algunas lágrimas. - -SENÉN, ~con impertinencia~. - -¿Y de instrucción, qué tal? - -VENANCIO - -Poca cosa les enseña D. Pío, el maestro jubilado del pueblo. Sobre -que él sabe poco, no tiene carácter, y las chicas le han tomado por -monigote para divertirse. - -GREGORIA - -Todo el día se lo pasan enredando. Ya se ve: no están en su esfera, -como dice Angulo, nuestro médico. - -VENANCIO, ~repitiendo una frase del Doctor~. - -Su institutriz es la Naturaleza, su elegancia la libertad, su salón el -bosque. Bailan al compás de la mar con la orquesta del viento. - -SENÉN, ~que se levanta, recordando con inquietud algo que había -olvidado~. - -¡Buena la hemos hecho! - -VENANCIO - -¿Qué te pasa? - -SENÉN - -Que con tanto charlar se me olvidó el encargo del señor Alcalde. - -GREGORIA - -¿Para nosotros? - -SENÉN - -Sí... ¡qué cabeza! Pues que inmediatamente le llevéis las niñas, para -que la Condesa las vea en cuanto llegue. - -VENANCIO - -Es natural. Y comerán allí. - -SENÉN - -¿Están en casa? - -GREGORIA - -De paseo andan por el bosque. ~(Mirando hacia la izquierda.)~ No las -veo. - -VENANCIO - -Correteando, y de juego en juego, se habrán ido a media legua de -Jerusa. - -SENÉN - -¿Y las dejáis andar solas por el bosque? - -GREGORIA - -Solitas van. Todo el mundo las respeta. - -VENANCIO - -Hay que ir corriendo a buscarlas. - -SENÉN - -Si queréis, iré yo... ¿No saben todavía que hoy viene su mamá? - -GREGORIA - -No lo saben... ¡pobres hijas! - -SENÉN - -Pues yo se lo diré, y las traeré por delante, como un pavero de Navidad. - -VENANCIO - -Las encontrarás, de fijo, bosque arriba, en el sendero de Polan... Pero -mira, chico, no les hagas la corte. Verdad que sería inútil. - -SENÉN, ~con ganas de irse pronto~. - -¿La corte yo?... ¿Yo, _este cura_? ¡Señoritas que no viven en _su -elemento_ y reúnen todo lo malo, orgullo y pobreza...! - -GREGORIA - -Están verdes. - -SENÉN - -Que las madure quien quiera. ¿Decís que bosque adentro?... - -VENANCIO - -Vete, y tráelas pronto. - -GREGORIA - -Vivo... ~(Viéndole partir.)~ ¡Vaya un pájaro! - -VENANCIO - -¡Vaya un peje! - - -ESCENA III - -~Bosque en las inmediaciones de Jerusa, formado de corpulentos robles, -hayas y encinas. Lo atraviesa un tortuoso sendero, donde se ven los -surcos trazados por los carros del país. Por el Norte, formidable -cantil de roca y conglomerado, en cuyos cimientos baten las olas del -mar; al Sur cierra el paisaje la espesura de la vegetación; hacia el -Oeste serpentea y se subdivide el sendero, atravesando algunas calvas y -espesos matorrales.~ - -~LEONOR y DOROTEA, niñas de quince y catorce años respectivamente, -lindas, graciosas, de tipo aristocrático, la tez bronceada por el -aire marino y el sol. Son negros sus ojos, rasgados, melancólicos; -negro también su cabello, peinado al descuido en moño alto. Se lo -adornan con flores silvestres, que van clavando en él como se clavan -los alfileres en un acerico. La diferencia de edad, un año y meses, -apenas en ellas se distingue, y por gemelas las tienen muchos, viendo -la semejanza de sus rostros, y la igualdad del talle y estatura. Son -ágiles, correntonas, traviesas; dos diablillos encantadores. Visten, -con sencillez graciosa y elegancia no aprendida, trajecitos claros, -cortados y cosidos en Jerusa. La modestia da más realce a su gentileza -vivaracha, y les imprime cierta gravedad dulce cuando están quietas. -Desde la niñez, su madre, irlandesa, las nombraba con los diminutivos -ingleses NELL y DOLLY, y estos nombres exóticos prevalecieron en Madrid -como en Jerusa. Las acompaña y juega y brinca con ellas un perrito -canelo, de pelo largo y fino, hocico muy inteligente, rabo que parece -un abanico. Atiende por _Capitán_.~ - -DOLLY - -Estoy cansada; yo me siento. ~(Se recuesta en el tronco de un roble.)~ - -NELL - -Estoy entumecida; yo quiero correr. ~(Disparándose en carrera circular, -vuelve al punto de partida.)~ - -DOLLY, ~mirando a la copa del árbol~. - -¡Qué gusto poder subir, y posarse en una rama!... ¡Nell! - -NELL - -¿Qué quieres? - -DOLLY - -Decirte una cosa. ¿Qué te apuestas a que me subo a este árbol? - -NELL - -Te desgarrarás el vestido... - -DOLLY - -Lo coseré... sé coser tan bien como tú... ¿A que me subo? - -NELL - -No está bien. Nos tomarían por chiquillas de pueblo. - -DOLLY, ~que suspendiéndose de una rama, se balancea~. - -Pues ser chiquilla de pueblo o parecerlo, ¿crees tú que me importa -algo? Dime, Nell, ¿andarías tú descalza? - -NELL - -Yo no. - -DOLLY - -Yo sí... Y me reiría de los zapateros. ~(Viendo que Nell se sienta y -saca un librito.)~ ¿Qué haces? - -NELL - -Quiero repasar mi lección de Historia. Ya hemos corrido bastante; -estudiemos ahora un poquito. Acuérdate, Dolly: ayer, D. Pío te dijo que -no sabes jota de Historia antigua ni moderna, y en buenas formas te -llamó burra. - -DOLLY - -Burro él... Yo sé una cosa mejor que él: sé que no sé nada, y D. Pío no -sabe que no sabe ni pizca. - -NELL - -Eso es verdad... Pero debemos estudiar algo, aunque no sea más que por -ver la cara que pone el maestrillo cuando le respondemos bien. Es un -alma de Dios. - -DOLLY - -Mejor la pone cuando le damos alguna golosina, de las que guardamos -para _Capitán_. - -NELL - -Anda, ven; estudiemos un poquito. ¿Sabes que es un lío tremendo esto de -los Reyes godos? - -DOLLY - -El demonio cargue con ellos. Son ciento y la madre... y con unos -nombres que pican como las zarzas, cuando una quiere metérselos en la -memoria. - -NELL - -Ninguno tan antipático y majadero como este señor de Mauregato. - -DOLLY - -¡Valiente bruto! - -NELL - -Nada: que tenían que echarle cien doncellas por año para desenfadarle. - -DOLLY - -Para desengrasar, como dice D. Carmelo. - -NELL - -La verdad es que la Historia nos trae acá mil chismes y enredos que no -nos importan nada. - -DOLLY. ~(Siéntase junto a su hermana. El perro se echa entre las dos.)~ - -Figúrate qué tendremos que ver nosotras con que hubiera un señor que se -llamaba Julio César, muy vivo de genio... Ni qué nos va ni nos viene -con que le matara otro caballero, cuyo nombre de pila era Bruto... ¿A -mí qué me cuenta usted, señora Historia? - -NELL - -Pero, hija, la ilustración... ¿A ti no te gustaría ser ilustrada? - -DOLLY, ~acariciando al perrito~. - -Ilústrate tú también, _Capitán_. La verdad: me carga la ilustración -desde que he visto que también se ha hecho ilustrado Senén. ¿Te -acuerdas de cuando estuvo aquí hace dos meses, creyendo que venía mamá? - -NELL - -Sí: a cada instante sacaba la Edad Media, y qué sé yo qué. - -DOLLY - -¡Qué tendremos nosotras que ver con las edades medias o partidas!... Y -el mejor día nos salen con que a Cleopatra le dolían las muelas. - -NELL - -O que a Doña Urraca le salieron sabañones. - -DOLLY - -Pero, en fin, nos ilustraremos algo, puesto que mamá, en todas sus -cartas, nos manda que aprendamos, que seamos aplicaditas. - -NELL - -Mamá nos idolatra; pero no nos lleva consigo. ~(Con tristeza.)~ ¿Por -qué será esto? - -DOLLY - -Porque, porque... Ya nos lo ha dicho. Como nos criamos tan raquíticas, -quiere que engordemos con los aires del campo. Ya sabe mamá lo que hace. - -NELL - -Mamá es muy buena. Pero que venga al campo con nosotras a robustecerse -también. - -DOLLY - -Tonta, ¿no le oíste decir que se espanta de engordar, y que lo que -quiere ahora es enflaquecer? - -NELL - -Gorda o flaca, mamá es guapísima. - -DOLLY - -Sí que lo es... Ya nos llevará consigo cuando seamos mayores. Yo no -tengo prisa. - -NELL, ~rayando la tierra con su dedito~. - -Como prisa, yo tampoco. - -DOLLY - -Me gusta el campo. - -NELL - -Y la soledad, ¡que me gusta! - -DOLLY - -En la soledad piensa una mejor que entre personas. - -NELL - -¡Y esta libertad...! - -DOLLY, ~poniendo en dos patas al perrito~. - -Yo te digo una cosa: creo que cuanto más salvajes, más felices somos. - -NELL - -Eso no: la civilización, Dolly... - -DOLLY - -Me carga la civilización desde que oigo hablar tanto de ella a nuestro -amigo el Alcalde, que se ha hecho rico y personaje fabricando fideos. - -NELL, ~mordiendo el palo de una florecita~. - -Salvaje no quiero yo ser... ni civilizada a estilo de D. José Monedero. -También te digo que dentro de la civilización puede existir la soledad -que tanto me agrada. ¿A ti no se te ha ocurrido alguna vez ser monjita? - -DOLLY - -¡Ay, no! Nunca he pensado en eso. - -NELL - -Yo sí, sobre todo cuando nos llevan a misa a las Dominicas. ¡Qué -iglesita más mona y más sosegada! Me figuro yo que de aquellas rejas -para dentro hay una paz, una tranquilidad... - -DOLLY, ~recogiendo piedrecitas~. - -La religión es cosa bonita... lo mejor entre lo bueno. El rezar -consuela... Pero eso de estar siempre rezando, siempre, siempre... -francamente, hija... Y metida entre rejas, como están las monjas, ni -ves árboles, ni ves flores... - -NELL - -Tonta, si tienen huertas y jardines... - -DOLLY - -Pero no ves el mar. - -NELL - -¡Bah!... Veo a Dios, que es más grande. - -DOLLY - -¡Si Dios está en todas partes! ¿Crees que no está también aquí, oyendo -todo lo que decimos? - -NELL - -Pero no le vemos ni le oímos nosotras. - -DOLLY - -Hay que mirar bien, Nell, y escuchar callandito. - -~(Pausa. Las dos, silenciosas y un tanto sobrecogidas, exploran con -lento mirar el horizonte, mar y cielo, y la sombría espesura del -bosque.)~ - -NELL - -¿Qué oyes? - -DOLLY - -Como un aliento muy grande. ¿Y tú, qué ves? - -NELL - -Como una mirada grandísima. ~(Otra pausa larga. Bruscamente, como quien -vuelve sobre sí, se incorpora.)~ Pero se nos va el tiempo charlando, y -no hemos estudiado ni una letra. - -DOLLY - -¡Está el día tan hermoso! - -NELL - -Salimos con ganas de leer. Tú dijiste que estudiaríamos en el campo -mejor que en casa. - -DOLLY - -Porque allí nos molestaban los berridos de Venancio. - -NELL, ~repitiendo una frase de su maestro~. - -¡Sus, valientes, y a los libros! ~(Dando a su hermana el manualito de -Historia.)~ Mira, lees en alta voz, y así nos enteramos las dos a un -tiempo. - -DOLLY. ~(Toma el libro y levántase de un brinco.)~ - -Dame acá. ¿Sabes lo que se me ocurre? Que conviene que se instruyan -también los pájaros... Toda la ciencia no ha de ser para nosotras. -~(Lanzando el libro a los aires con fuerte impulso.)~ - -NELL - -¿Qué haces, tonta? ~(El libro, abierto en el aire y dando al viento sus -hojas, describe una curva, y se detiene al fin en una rama de encina, -como pájaro que se posa.)~ - -DOLLY - -Ya lo ves. ~(El perro se entrega al trajín inocente de cazar moscas.)~ - -NELL - -¡Buena la has hecho! ¿Y cómo lo cogemos ahora? - -DOLLY - -De ninguna manera. Los pájaros se enterarán ahora de lo que hicieron D. -Alejandro Magno, el señor de Atila y el moro Muza. - -NELL, ~riendo~. - -¡Si a los pajaritos todo eso les tiene sin cuidado! - -DOLLY - -Como a mí. - -NELL - -¡Vaya un compromiso! ¡Si pasara por ahí un chiquillo que se subiera a -cogerlo! - -DOLLY - -Me subiré yo. ~(Disponiéndose a encaramarse en la encina.)~ - -NELL, ~tirándole de la falda~. - -No, no, que te desnucas. - -DOLLY - -Espérate; le tiraré piedras a ver si se atonta y cae. ~(Hace lo que -dice.)~ - -NELL - -Hay viento... Puede que vuele el libro. - -DOLLY - -¡Ay, no, que es muy pesado! ~(Tirando piedras.)~ A mí, bribón; baja, -ven acá... ~(El perro cree de su obligación ladrar fuertemente al libro -para que baje.)~ - -NELL, ~sintiendo pasos~. - -Basta, Dolly. Viene gente... ¡Qué vergüenza! Te tomarán por una -desarrapada del pueblo. - -DOLLY - -¿Y qué me importa? - -NELL - -Que te estés quieta. ~(Mirando a lo largo del sendero.)~ Aquí viene un -señor, un hombre... por el camino que baja de Polan, ¿ves?... Mira. -~(Aparece por entre los robles el Conde de Albrit, con lento paso.)~ - -DOLLY - -No le veo. - -NELL - -Mírale... Se ha parado al vernos, y allí le tienes como una estatua. No -nos quita los ojos... - - -ESCENA IV - -~NELL y DOLLY.--D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE ALBRIT, MARQUÉS -DE LOS BAZTANES, SEÑOR DE JERUSA Y DE POLAN, GRANDE DE ESPAÑA, etc... -Es un hermoso y noble anciano, de luenga barba blanca y corpulenta -figura, ligeramente encorvado. Viste buena ropa de viaje, muy usada; -calza gruesos zapatones, y se apoya en garrote nudoso. Revela en su -empaque la desdichada ruina y acabamiento de una personalidad ilustre.~ - -NELL, ~observándole medrosa~. - -Es un pobre viejo... ¿Por qué nos mira así? ¿Nos hará daño? - -DOLLY - -Parece el Santa Closs de los cuentos ingleses. Pero no trae saco a la -espalda. - -NELL - -¿Sabes que tengo miedo, Dolly? - -DOLLY - -Yo también. ¿Será un mendigo? - -NELL - -Si tuviéramos cuartos, se los daríamos... ¡Ay, no se mueve!... - -DOLLY - -Y ahora, en nosotras clava los ojos... - -NELL, ~palideciendo~. - -Parece que habla solo... ¡Qué miedo! - -DOLLY, ~trémula~. - -Y no pasa un alma. Si llamamos, nadie nos oirá. - -NELL - -No nos hará nada, creo yo. - -DOLLY - -Lo mejor es hablarle. - -NELL - -Háblale tú... Dile: «Señor mendigo...» - -DOLLY - -Mendigo no es. Parece más bien una persona decente mal trajeada. -~(Lánzase el perrillo con furiosos ladridos hacia el Conde.)~ - -NELL - -_Capitán_, ven acá... - -DOLLY - -¡Ay, Nell, yo conozco esa cara!... - -NELL - -Y yo también. Yo le he visto en alguna parte... ¡Ay, ay! ~(Se juntan -las dos, como para protegerse mutuamente.)~ Ahora se adelanta... Nos -hace señas... - -DOLLY - -Parece que llora. ¡Pobre señor!... - -EL CONDE, ~con voz grave, avanzando~. - -Preciosas niñas, no me tengáis miedo. ¿Sois Leonor y Dorotea? - -NELL - -Sí, señor: así nos llamamos. - -EL CONDE, ~llegándose a ellas~. - -Pues abrazadme. Soy vuestro abuelo. ¿No me conocéis? ¡Ay! Han pasado -algunos años desde que me visteis por última vez. Erais entonces -chiquitinas, y tan monas... Me volvíais loco con vuestra gracia, con -vuestra donosura angelical... ~(Las abraza, las besa en la frente.)~ - -DOLLY - -¡Abuelito! - -NELL - -Yo decía: le conozco. - -DOLLY - -Por el retrato te conocemos. - -EL CONDE - -Y yo a vosotras por la voz. No sé qué hay en el timbre de vuestras -vocecitas, que me remueve toda el alma. ¿Y como es que los dos sonidos -me parecen uno solo? Dejadme que os mire bien: ¿serán iguales vuestras -caritas como lo son vuestras voces?... No, no puedo veros bien, hijas -de mi alma. Estoy casi ciego. Vamos, sigamos hacia Jerusa. ~(_Capitán_ -abre la marcha.)~ - -NELL - -¡Qué sorpresa tan agradable, abuelito! Pues, mira, te tuvimos miedo. - -EL CONDE - -¿Miedo a mí, que os adoro? - -DOLLY - -Senén nos dijo anoche que venías; pero no creímos que llegaras tan -pronto. - -NELL - -¿Y cómo no has venido en el coche? - -EL CONDE - -Me molesta horriblemente el traqueteo de ese armatoste... y el venir -prensado entre personas groseras y estúpidas... No, no... He preferido -venirme a pie, sin más compañía que la de este palo, que me ha regalado -un pastor de mis tiempos, a quien encontré en Polan. ¡Figuraos si será -viejo el hombre! Era yo un niño, y él un mocetón como un castillo que -me llevaba a la pela por estos montes... - -NELL - -¿Pero vienes de Polan? - -EL CONDE - -Allí pasé la noche, en la cabaña de Martín Paz... Luego me he venido -pasito a paso por el filo del cantil, recordando mis tiempos. ¡Ah! -Todos los caminos y veredas de este país me conocen; conócenme las -breñas, las rocas, los árboles... Hasta los pájaros creo que son los -mismos de mi niñez... Esta hermosa Naturaleza fue mi nodriza. No -podréis comprender, niñas inocentes que empezáis a vivir, cuán grato, -y cuán triste al mismo tiempo, es para mí recorrer estos sitios, ni -cuánto padezco y gozo haciendo revivir a mi paso cosas y personas. Todo -lo que me rodea paréceme a mí que me ve y me reconoce... y que desde el -mar grande al insecto casi invisible, todo cuanto aquí vive, se queda -en suspenso... no sé cómo decirlo... se para y mira... para ver pasar -al desdichado Conde de Albrit. ~(Las dos niñas suspiran.)~ - -DOLLY - -Apóyate en mi brazo, abuelito. - -NELL - -En el mío. - -EL CONDE - -En los dos... Una por cada lado. Así... Me lleváis como en volandas. - - -ESCENA V - -~NELL y DOLLY; EL CONDE; SENÉN, que ha presenciado de lejos, oculto -tras un árbol, el encuentro del abuelo y sus nietas.~ - -SENÉN - -¡Qué estropeado y qué caído está el viejo león de Albrit!... Hoy -por hoy, no me conviene malquistarme con él. Nunca se sabe de qué -cuadrante sopla la suerte. ~(Viendo avanzar el grupo, se adelanta -sombrero en mano.)~ Señor Conde, bien venido sea, mil veces bien -venido, a la tierra de sus mayores. ¡Qué hermosa figura hace Vuecencia -en medio de estos dos ángeles! - -EL CONDE, ~parándose~. - -¿Quién me habla? - -NELL - -Es Senén, papá. - -DOLLY - -¿No te acuerdas? - -SENÉN - -Senén Corchado, señor, el que fue... no me avergüenzo de decirlo... -criado del señor Conde de Laín. - -EL CONDE - -¡Ah, lacayo! ~(Con súbita cólera, requiriendo el garrote.)~ ¿Vienes a -que te dé dos palos? - -SENÉN, ~retirándose~. - -¡Señor...! - -NELL - -Abuelito, ¿qué haces? - -DOLLY - -¡Si es de casa, si es nuestro amigo! - -EL CONDE, ~reportándose~. - -Perdonadme, niñas queridas... he confundido sin duda... Y tú, Séneca, -Cenón, o como quiera que te llames, perdóname también... te he tomado -por otro. Pensé que eras tú el infame que se permitió decirme... Ven -acá, dame la mano. Tengo el genio poco sufrido... - -SENÉN, ~dándole la mano~. - -Siempre fue lo mismo Vuecencia. - -EL CONDE - -Luego, esta continua disminución de mi vista no me permite distinguir a -los bribones de las personas honradas. La ceguera me hace irascible... -¿Y qué tal? Ya recuerdo que me hablaron de ti: sé que estás hecho un -hombre. - -SENÉN, ~con falsa humildad~. - -Aunque me iba muy bien en casa del señor Conde de Laín, me dio por -abandonar la servidumbre y trabajar en cualquiera industria o negocio... - -EL CONDE - -Muy bien pensado. Así se hacen los hombres. ¿Y qué eres ahora? -¿Zapatero? - -SENÉN - -Señor, no. - -NELL - -Papá, si es empleado. - -DOLLY - -Empleado de Hacienda con tantos miles de sueldo. - -EL CONDE - -Vamos, que tú querías ganar dinero a todo trance... El dinero lo ganan, -Senén, todos aquellos que con paciencia y fina observación van detrás -de los que lo pierden: fíjate en esto. - -SENÉN, ~inflándose~. - -La señora Condesa me consiguió un destinito... - -NELL - -Mamá le ha protegido y le protege, porque es buen muchacho... - -EL CONDE - -La Condesa es una gran potencia. Nadie le niega nada. Ya sabes tú, -picaruelo, a qué aldabones te agarras. - -DOLLY - -Aquí donde le ves, papá, es la economía andando, y mira por su ropa -como una mujer. - -EL CONDE - -Séneca, digo, Senén, tú pitarás. Y ahora, ¿estás aquí con licencia? - -SENÉN - -He venido de Durante para tener el honor de saludar al señor Conde de -Albrit y a la señora Condesa de Laín, que también debe de llegar hoy. - -NELL - -¡Que viene mamá! ~(Despréndense las dos de los brazos de su abuelo, y -saltan gozosas.)~ - -DOLLY - -¡Jesús, qué alegría! - -NELL - -Pues no sabíamos nada. ¿Lo sabías tú, abuelito? - -EL CONDE, ~pensativo~. - -Sí. - -DOLLY, ~volviendo a coger el brazo de Albrit~. - -Vamos, a prisita. - -NELL, ~inquieta~. - -Tenemos que arreglarnos. - -SENÉN - -Las señoritas han de ir al _hotel_ del señor Alcalde, a esperar a su -mamá. - -NELL - -¿Pero va mamá a casa del Alcalde? - -DOLLY - -¿Por qué no viene a la Pardina con nosotros, con Abuelito? ~(Senén se -encoge de hombros.)~ - -EL CONDE - -La Pardina no le parecerá a tu mamá bastante cómoda... En fin, no -quiero que os detengáis por mí... Vamos, hijas mías. - -NELL - -¡Ah! Se me olvidaba... Amigo Senén, ¿querrías hacernos un favor? - -SENÉN - -Todo lo que las señoritas quieran. ¿Qué es? - -NELL - -Subirse a aquel árbol a coger la Historia. - -EL CONDE - -¡A coger la Historia! - -DOLLY - -El pícaro libro, que se echó a volar. - -NELL - -Jugando, lo tiramos al aire. - -EL CONDE, ~gozoso~. - -Comprendo, sí... Estudiáis mirando al cielo... Senén, intrépido Senén, -sube pronto, hijo... Anda, que cuando eras muchacho ya treparías más de -una vez para coger nidos. - -SENÉN ~(disimulando su disgusto, se quita la americana)~. - -Allá voy. - -NELL - -Ten cuidado no se te rompa el traje. - -SENÉN - -Que es nuevo... ya lo ven. - -DOLLY - -¡Vaya un alfiler de corbata que te traes!... Por Dios, no te caigas. - -EL CONDE - -No temáis: este sabe subir y agarrarse bien. Si cae, será porque le -tiene cuenta. - -SENÉN - -Por ahora, señor Conde, me tiene más cuenta apoyarme bien en las ramas -fuertes... Ajajá... Ya te cojo, Historia maldita. - -DOLLY - -Bájate pronto... ~(Desciende Senén a las ramas bajas, y se tira de un -salto.)~ - -NELL, ~cogiendo el libro~. - -Dios te lo pague. Vaya, sigamos. - -DOLLY - -¿No quiere el abuelito entrar por el pueblo? - -EL CONDE - -No, no: vamos por el atajo, que nos lleva directamente a la Pardina sin -pisar las calles de Jerusa. No quiero ver gente, y menos jerusanos. - -SENÉN, ~poniéndose la americana~. - -¡Lástima no haber sabido antes que venía el señor Conde! El pueblo le -habría preparado un buen recibimiento. - -EL CONDE, ~con desdén~. - -¿A mí?... ¿A mí Jerusa?... Brrr... - -SENÉN - -Habría salido la música, el orfeón... No faltaría el arquito de ramaje; -y luego _lunch_ en la Casa Consistorial. - -EL CONDE - -Veo que eres un cursi tremendo. Conozco esos homenajes, que en otro -tiempo, cuando los merecía y estaba en disposición de recibirlos, me -halagaban, sí. Hoy me harían el efecto de una burla cruel. Antes de -verme tan viejo y tan pobre como ahora, tuve ocasión de apreciar la -villana ingratitud de mis compatriotas, los habitantes del Señorío de -Jerusa. ~(Se detiene y suspira.)~ Veinte años ha, la última vez que -aquí estuve, los colonos que habían llegado a ser ¡Dios sabe cómo! -propietarios de mis tierras, los señoritingos nacidos de mis cocineras, -o engendrados por mis mozos de cuadra, me recibieron con frío desdén, -que me llenó de tristeza y amargura. Dijéronme que la villa se había -civilizado. Era una civilización improvisada y postiza, como la levita -que compra el patán en un bazar de ropas hechas. - -NELL - -Papaíto, no olvida tu pueblo los beneficios que de ti ha recibido. - -DOLLY - -No los olvida, no. La calle principal de Jerusa se llama _de Potestad_. - -NELL - -La fuente de los cinco caños, junto a la iglesia, se llama _del Buen -Conde_. - -EL CONDE - -Sí, sí, mi abuelo paterno. Historia, cosas pasadas que solo dejan tras -sí un letrero, una inscripción... Todo se borra, ¡ay! aun las piedras -escritas. Cuando la roña y el musgo las empuercan, y se han criado en -ellas cien generaciones de arañas y lagartijas, viene el progreso, -y las manda picar para escribir otra cosa... o aprovecharlas en una -alcantarilla. No me quejo, no. Ese es el mundo. Rodamos todos hacia lo -infinito. - -SENÉN, ~enfáticamente~. - -Jerusa, por más que digan, no puede olvidar que debe su existencia a -los Albrit de la Edad Media. - -EL CONDE, ~meditabundo~. - -Y a mis abuelos y a mí todo lo que en ella es de algún valor. La casa -Ayuntamiento, que era el primitivo palacio de los Condes de Laín, fue -donada por D. Martín de Potestad, capitán de las galeras de Nápoles. La -calzada de Verola y el puente sobre el río Caudo, obra fue de mi madre. -Mi abuelo materno hizo el hospital y la casa-cuna; y yo traje las aguas -riquísimas de Santaorra; levanté el muro de contención que defiende -al pueblo de las avenidas del Caudo; fundé y doté la hermandad de -Pescadores, haciéndoles además una dársena para abrigo de sus lanchas; -repoblé el monte comunal... sin contar otras mejoras de que ya no me -acuerdo. ¿Y cómo pagaron mis paisanos tantos beneficios? Pues cuando me -vieron mal de intereses, recargaban horrorosamente mis propiedades en -todos los repartos de contribución, para obligarme a vendérselas... Y -lo conseguían... En sus manos rapaces está todo. - -NELL - -Abuelito, no pienses cosas tristes. - -DOLLY - -¿No estás alegre de vernos y de tenernos a tu lado? - -EL CONDE, ~deteniéndose para abrazarlas y besarlas con efusión~. - -Sí, sí, ángeles inocentes. Soy feliz con vosotras, y lo demás nada me -importa. - -SENÉN, ~con malicia indiscreta, que resulta más antipática por lo -pedantesco de la expresión~. - -Y de que no seríamos justos achacando a Jerusa el pecado de la -ingratitud, tenemos hoy una prueba elocuente, señor Conde, porque, -sabida con antelación la llegada de la señora Condesa de Laín, se le -prepara un recibimiento entusiasta, cual corresponde a quien tan grande -fomento ha dado a los intereses materiales y morales de esta villa. -Saldrá el Alcalde a la estación... - -EL CONDE - -Y se dispararán cohetes. Todo eso está muy en carácter. - -NELL, ~impaciente~. - -¡Cohetes, música...! Vamos, vamos pronto. - -DOLLY - -Abuelito, por aquí, si quieres que vayamos derechos a la Pardina. - -EL CONDE - -¿Estamos ya en la loma que llaman la _Asomada_? - -SENÉN - -Sí, señor: de aquí se ve toda la villa; y si Vuecencia quiere dar un -vistazo a la población, en dos minutos estamos en la plaza. - -EL CONDE - -No, no. Gracias. Por esta otra calleja bajamos a la Pardina. -~(Deteniéndose y mirando al pueblo, que en aquel punto se ve -totalmente, rodeado de arboledas y verdes lomas.)~ Sí, sí... te -conozco, Jerusa; distingo un montón de tejados rojos y de ventanales -blancos... más allá manchas de verde lozano. Eres Jerusa; te siento -bajo mis pies, te huelo al pisarte... Tu ingratitud me da en el olfato. -Hiciste escarnio del que fue tu señor, aplicándole un mote burlesco... -Pues ahora, el _león flaco de Albrit_, que nada te pide, que para nada -te necesita, te manifiesta su desprecio con toda la efusión de su alma, -no queriendo de ti ni un pedazo de tierra para sepultar sus pobres -huesos. ~(Volviéndose hacia las niñas.)~ Si me muero aquí, que me -lleven a enterrar a Polan, o que me tiren al mar. - -DOLLY - -Papaíto, no es hoy día de cosas tristes. - -NELL - -¡Si estamos muy contentas! - -EL CONDE, ~limpiándose una lágrima~. - -Sí, sí... Vamos, para que lleguéis a tiempo de presenciar los homenajes -a vuestra mamá. - -SENÉN - -Por esta calleja llegamos en un instante a la Pardina. - -EL CONDE - -Conozco bien el camino... En este sitio, torciendo a la izquierda, -dejamos de ver el mar. ~(Parándose a contemplar el Océano.)~ ¡Oh, qué -hermosura! Es el amigo de mi infancia. - -NELL - -¡Y qué espléndido, qué azul! Hoy se viste de gala para recibirte. - -EL CONDE - -¿Sabéis por qué gozo tanto en mirarle? Porque le veo... es lo único que -distingo bien, por razón de su magnitud. Desde que voy perdiendo la -vista, hijas mías, mis pobres ojos no aprecian bien más que las cosas -grandes... ¡Cuanto mayores son, mejor las veo! Quisiera que en el mundo -fuera todo colosal, inmenso... Lo pequeño, creedlo, me entristece, me -enfada... - -~(Se internan en la calleja.)~ - - -ESCENA VI - -~Sala baja en la Pardina. En paredes, techo y muebles, aspecto de -venerable antigüedad, bien conservada.~ - -GREGORIA, VENANCIO - -GREGORIA, ~asomándose a una ventana~. - -Ya está aquí _Capitán_... ¡Oh!... allí vienen. ~(Asustada.)~ ¡Jesús, lo -que veo! - -VENANCIO - -¿Qué? - -GREGORIA - -¡El Conde con ellas, el señor Conde! - -VENANCIO - -Sin duda ha venido a pie por el atajo del bosque. Es gran andarín. - -GREGORIA - -¡Pero qué viejo está! Mira, mira. - -VENANCIO, ~mirando~. - -¡Y qué mal trajeado! Da pena verle... ¡Quien fue siempre la misma -elegancia...! - -GREGORIA - -¿Sales a recibirle? - -VENANCIO, ~con prisa~. - -A escape... Prepárale café, que de fijo lo pide al entrar... - -GREGORIA - -Sí, sí... - -VENANCIO, ~desde la puerta~. - -Y manda un recado al señor Cura, que nos dijo que le avisáramos en -cuanto el Conde llegase... - -GREGORIA, ~aturdida, sin saber a qué atender primero~. - -El café... recado al Cura... ¿Y la comida? Voy. ¡Pero si ya están aquí! -¡Jesús me valga!... - - -ESCENA VII - -GREGORIA, EL CONDE, LAS DOS NIÑAS, SENÉN, VENANCIO - -GREGORIA, ~besando la mano al Conde~. - -Bien venido sea mi señor... - -VENANCIO - -Y que entre en su casa con bendición. - -EL CONDE, ~con señoril bondad~. - -Gracias, gracias, mis buenos amigos Venancio y Gregoria. Me alegro -de veros contentos y saludables... digo, como veros... ~(Mirándoles -fijamente.)~ No, no veo bien más que las cosas grandes. - -VENANCIO - -¿Se sienta el señor aquí? ~(Conduciéndole a un sillón de vaqueta, junto -a la mesa de nogal.)~ - -EL CONDE - -Donde quieras. - -NELL - -Y ahora nosotras, abuelito, hemos de vestirnos a escape... - -EL CONDE - -Sí, sí; no os detengáis. - -DOLLY - -Pronto volveremos, papaíto... Vendrá mamá con nosotras... supongo. - -EL CONDE - -Sí, sí... ~(Las besa.)~ Hasta luego... - -GREGORIA, ~dándoles prisa~. - -Vivo, vivo... Vais a llegar tarde. - -~(Vase Gregoria con las niñas.)~ - -SENÉN - -Yo también, con permiso del señor Conde, me retiro. - -EL CONDE - -Sí, sí... Ve a disparar cohetes... - -SENÉN - -Si el señor me necesita... - -EL CONDE - -No... muchas gracias... Y me alegro de que te ausentes... No, no es por -nada ofensivo para ti, Séneca... o Senén. ¿Te lo digo? - -SENÉN - -Nada que usía me diga puede ofenderme. - -EL CONDE - -Pues deseo que te marches, porque... Hijo, gastas un perfume que -marea. Los aromas demasiado fuertes me dan vahídos... Dispénsame -~(dándole la mano, y acariciando la de Senén)~, perdóname que te -despida con una impertinencia. - -SENÉN, ~desconcertado~. - -Señor... unas gotitas de heliotropo... - -EL CONDE - -No he dicho nada... Abur. - -SENÉN, ~aparte, retirándose~. - -Malas pulgas trae el _león flaco de Albrit_. - - -ESCENA VIII - -EL CONDE, VENANCIO - -~Larga pausa. El Conde inclina la cabeza sobre el pecho, y se cubre -los ojos con la mano. Venancio permanece en pie, a bastante distancia, -contemplándole.~ - -EL CONDE, ~alzando la cabeza y llevándose la mano al pecho, en que -siente opresión~. - -¡Ay, Venancio! La emoción que he sentido al entrar aquí, no me deja -respirar... ~(Venancio suspira y calla.)~ No creí volver a verte, casa -mía, casa bendita de mis mayores, de mi madre... No esperaba recibir en -mi alma esta ola de vida, formada por los recuerdos, embate de calor y -de salud, que al pronto reanima al ser caduco; pero después... mata, -sí, mata. La memoria me abruma, el sentimiento me ahoga... ~(Vuelve a -pasarse la mano por los ojos.)~ No debí venir, no, no. - -VENANCIO - -Señor, los recuerdos de la Pardina serán gratos para Vuecencia. - -EL CONDE, ~señalando a la derecha~. - -En esa alcoba nací yo... En ella nació también mi madre, y en la de -arriba murió... No sé si es que me engaña mi poca vista; paréceme que -nada ha variado, que los muebles son los mismos... ¡Qué ilusión! - -VENANCIO - -Poco hemos cambiado. Se conserva todo a fuerza de cuidado y aseo. - -EL CONDE, ~con profunda tristeza~. - -Aquí pasé mi infancia, al lado de mi madre, que enviudó a los pocos -días de mi nacimiento... Heredero de los Condados de Albrit y de -Laín, ¡cuántas veces, joven, en la plenitud de la vida, y con todo -el verdor de las ilusiones fomentadas por la grandeza de mi linaje; -cuántas veces, solo, con mi esposa, o con mis amigos, vine a pasar -alegres temporadas en la Pardina! En aquel tiempo tú eras un niño. Tus -padres, y otros padres de gentes ingratas que andan por esos mundos -en diferentes oficios, eran entonces mis servidores. En mi veíais al -señor, al rey de la Pardina, y hasta cierto punto, al amo de toda -Jerusa... Pasó tiempo; creció mi hijo Rafael. Correspondiéronle por -muerte de su madre, y según el fuero de Laín, este Condado y esta -casa... Yo volví a la Pardina: ya no era el señor; mas era el padre -del señor, y tú, ya grandecito, y los demás servidores de esta antigua -casa, me mirábais con respeto, con cariño, con veneración. El Conde de -Albrit, poderoso todavía, os remuneraba vuestros servicios con la noble -largueza que era en él habitual. - -VENANCIO - -Siempre fue Vuecencia el primer caballero de España. - -EL CONDE, ~con melancólica dignidad, levantándose~. - -Pues hoy, el primer caballero de España, el generoso y grande, viene -a pedirte hospitalidad. Vicisitudes y trastornos que no quisiera -recordar, esta revolución crónica que hace y deshace los Estados y las -familias, y todo lo trueca y baraja, te han dado a ti la propiedad de -la Pardina. En ella entro yo a pedirte albergue, no como señor, sino -como desvalido sin hogar, abandonado de todo el mundo. Si me la das, -ya sabes que has de hacerlo por pura caridad, no por remuneración ni -recompensa. Soy pobre; todo lo he perdido. - -VENANCIO - -El señor Conde viene siempre a su casa, y nosotros, hoy como ayer, -somos sus criados. - -EL CONDE, ~se sienta~. - -Gracias... Te lo digo tranquilo y sin ninguna afectación, pues con la -realidad no caben juegos de retórica. He llegado a los escalones más -bajos de la pobreza; pero por mucho que descienda, no he llegado ni -llegaré nunca al deshonor. Fuera de la decadencia material, soy y seré -hasta el último día lo que fui. - -VENANCIO - -Y yo igualmente, hoy como ayer, servidor humilde del señor D. Rodrigo. - -EL CONDE - -Te lo agradezco, créeme que te lo agradezco en el alma... Pero... bien -mirado, es tu obligación, y cumples como cristiano. Todo lo que eres y -todo lo que tienes, me lo debes a mí. - -VENANCIO - -Sin duda. - -EL CONDE - -No haces nada de más en ampararme... en ver en mí a tu señor, y en -respetar, no solo mi nombre y mi historia, sino mi ancianidad, mis -achaques... Las desgracias, hijo mío, me han hecho algo quejumbroso, -algo impertinente. Mi genio altivo se exacerba cada día más con la -pérdida de la vista... No puedo sofocar mis ímpetus de absolutismo, de -persona acostumbrada a mandar. - -VENANCIO - -Bien, señor. - -EL CONDE - -Y a ser obedecida. - -VENANCIO - -También tengo el hábito de la obediencia... Y ante todo, señor, ¿en qué -aposento quiere vuecencia dormir? - -EL CONDE - -Arriba, en la alcoba que fue de mi madre. - -VENANCIO, ~contrariado~. - -¿La que da al pasillo grande? La tenemos llena de trastos. - -EL CONDE - -Pues sacas los trastos y me metes a mí. - -VENANCIO - -Señor, es un trastorno... - -EL CONDE, ~sulfurándose ligeramente~. - -¿Ya empezamos? - -VENANCIO - -La hemos convertido en secadero: allí colgamos las judías... - -EL CONDE, ~sulfurándose más~. - -Pon las judías en otra parte. ¿Vale tan poco mi persona que no -merece... una molestia insignificante de las señoras hortalizas? - -VENANCIO, ~sin acabar de resignarse~. - -Bien, señor... Ello es que... - -EL CONDE - -¿Todavía refunfuñas? Debiste, desde que te lo dije, asentir con -delicadeza obsequiosa. ¿Será preciso que te lo mande?... Por poco me -apuras ~(golpeando el brazo del sillón.)~ ¡Oh, triste cosa es para mí -ser huésped de mis inferiores! Venancio, quiero someterme al destino, -quiero olvidarme de mí mismo, y no puedo, no puedo. La autoridad es -esencial en mí. Por Cristo, súfreme o arrójame de mi casa, quiero -decir, de la tuya. - -VENANCIO - -Eso no... ~(viendo venir al Cura.)~ Ya tiene vuecencia aquí a su amigo -D. Carmelo. - - -ESCENA IX - -~EL CONDE, VENANCIO; EL CURA, hombrachón de buen año; de aventajadas -dimensiones, enormemente barrigudo, sin carecer por eso de cierta -agilidad y soltura de miembros. Su cara es arrebolada, su boca risueña, -su nariz como pico de garbanzo, sus ojos pillines. Usa gafas de un azul -muy claro, que se le corren sobre el caballete. Viene a palo seco, es -decir, sin balandrán, por ser buen tiempo. Es limpio, y la sarga de su -sotana, pulcra y reluciente, ciñe y modela sin arrugas la redondez del -abdomen, bien atacados todos los botoncitos que corren desde el cuello -hasta la panza. Usa gorro negro alto, con caída de fleco, y paraguas de -reglamento, que así le sirve para el sol como para la lluvia. Entra -en la casa y en la habitación presuroso metiendo bulla, y se dirige al -Conde con los brazos abiertos.~ - -EL CURA - -¡Carísimo amigo y dueño, D. Rodrigo de mi alma!... - -EL CONDE, ~abrazándole~. - -¡_Pastor Curiambro_, ven a mis brazos!... Pero, hijo, ¡qué gordísimo -estás!... No me cabes... ¿ves? no me cabes... Me cuesta trabajo poner -en tu espalda las palmas de mis manos. - -EL CURA - -¡Qué sorpresa tan grata, qué alegría! - -EL CONDE, ~tocándole~. - -Pero, chico, ¿es tuyo todo esto? ¿Es esta tu barriga, o te has traído -por delante el púlpito de tu iglesia? - -EL CURA, ~riendo~. - -Es que en esta tierra, Sr. D. Rodrigo, de nada le sirve a uno hacer -penitencia. - -EL CONDE - -¿Penitencia tú? ¡Hombre, qué cosa tan rara!... En fin, siempre que des -gusto a tus feligreses... - -VENANCIO, ~lisonjero~. - -Tenemos un párroco que vale más que pesa. - -EL CONDE - -¿Y de salud, bravamente? Tu cara... ~(Observándole.)~ Pues, mira, te -veo, te veo bien. ¡Como eres tan grandón! ¡Ah!... me permitirás que te -tutee, a pesar del tiempo transcurrido. - -EL CURA, ~con modestia suma~. - -¡Señor Conde, por amor de Dios!... - -EL CONDE, ~muy cariñoso~. - -Bien, Carmelo; bien, _Pastor Curiambro_. Siéntate a mi lado. ¡Cómo -corren, ¡ay! cómo se escabullen los pícaros años! Tú... a ver si -acierto... andarás en los cincuenta. - -EL CURA - -Andaba en ellos... dos años ha. - -VENANCIO - -Como yo. Somos del mismo tiempo. - -EL CONDE - -No podía ser menos. Tenías veintiséis cuando... - -EL CURA - -Cuando murió mi padre. A la generosidad del señor Conde debí el poder -terminar mi carrera de Teología y Derecho. - -EL CONDE, ~con natural delicadeza~. - -Pues, mira tú, de eso no me acordaba. - -EL CURA - -¡Ah, yo sí! - -EL CONDE - -¿Te acuerdas de aquellas merendonas del Soto de Aguillón? Desde -entonces, te profeticé que serías _la première fourchette de l’Espagne_. - -EL CURA, ~riendo~. - -Era un tenedor tremendo, sí, sí... - -EL CONDE - -¿Y sigues con la higiénica costumbre de comer copiosamente, y de -digerir clavos? - -EL CURA - -Ya no soy ni sombra de lo que fui; pero todavía... - -VENANCIO - -Todavía... si el caso llega, no deja mal puesto el pabellón. - -EL CONDE - -¿Te acuerdas de cuando apostabas con Valentín, el escribano de Verola, -a quién comía más? - -EL CURA, ~riendo a carcajadas~. - -Y siempre le gané, siempre. - -EL CONDE - -Un día de vigilia... Venancio, no lo creerás, pero es verdad... le vi -comerse una langosta de este tamaño, entera y verdadera, detrás de un -arroz con pescado y marisco... y delante de docena y media de torrijas. - -EL CURA - -Esos tiempos pasaron. - -VENANCIO - -Pero hasta hace poco... yo recuerdo el día de la jira en Novoa... su -postre era un queso de bola, enterito. - -EL CONDE - -¡Lo que yo gozaba viéndole comer! - -EL CURA - -Me tranquiliza sobre ese punto la opinión de San Francisco de Sales, -que dice: «Lo que entra por la boca no daña al alma.» - -EL CONDE - -Y tenía razón. - - -ESCENA X - -~DICHOS; GREGORIA, vestida para salir. Trae servicio de café.~ - -GREGORIA - -Aunque el señor no lo ha pedido, como sé que le gusta tanto el café... -~(Lo pone en la mesa.)~ - -EL CONDE - -¡Oh, qué bien!... Tu previsión, hija mía, es muy de alabar. Carmelo, te -sirvo... - -GREGORIA - -Las señoritas están concluyendo de arreglarse. En seguida nos iremos. - -EL CONDE - -Que no se entretengan; ya será hora. ~(Al Cura, sirviéndole azúcar.)~ A -ti te gusta dulzón, si no recuerdo mal. - -EL CURA - -¡Qué memoria tiene usted! - -EL CONDE - -No siendo para los favores que me hacen, también la pierdo, como la -vista. - -GREGORIA - -¿Se le ofrece algo más al señor? - -EL CONDE - -No... Gracias. ~(Vase Gregoria.)~ - -EL CURA, ~paladeando el café~. - -¿Y qué?... Señor Conde, ¿qué le parecen a usted sus nietecitas? ¿No las -había visto después de su regreso de América? - -EL CONDE - -No. - -EL CURA - -Son angelicales... ¡Y qué lindas, qué graciosas! Se le meten a uno en -el corazón... Verlas, tratarlas y no quererlas, es imposible. ~(El -Conde, ensimismado, calla. Durante la pausa, D. Carmelo le observa.)~ -Dios ha hecho en ellas una parejita encantadora, para regocijo y -orgullo de su madre... y de usted. - -EL CONDE, ~como volviendo en sí~. - -¿Decías?... ¡Ah! Sí, son hechiceras las chiquillas. - -EL CURA, ~queriendo sonsacarle el motivo de su estancia en Jerusa~. - -Comprendo la impaciencia de usted por verlas. Al santo anhelo de -conocer a sus nietas y abrazarlas, debemos el honor de tenerle en -Jerusa... - -EL CONDE - -Yo he venido a Jerusa, principalmente, por... ~(A Venancio, con -autoridad, pero sin altanería.)~ Tú... - -VENANCIO - -¿Señor?... - -EL CONDE - -Haz el favor de dejarnos solos. - -~(Vase Venancio.)~ - - -ESCENA XI - -EL CONDE, EL CURA - -EL CURA - -Ya me dijo Senén que la Condesa y usted se habían citado aquí... ~(Su -solapada curiosidad quiere apoderarse del pensamiento del Conde, -tomándole las vueltas.)~ Aquí pueden ventilar con toda calma las -cuestiones de intereses... ~(Pausa. El Conde no dice nada.)~ O las -cuestiones de otra índole, cualesquiera que sean. - -EL CONDE - -Volviendo a las niñas, te diré, querido Carmelo, que han producido en -mi alma una impresión hondísima. - -EL CURA - -¿De alegría?... - -EL CONDE - -Sí... Estas alegrías pronto las convierto yo en intensísima tristeza, -agobiado como me veo por crueles desgracias, perseguido de pensamientos -revoltosos, obra de esta fiebre de análisis que traen consigo la -experiencia del mal, el excesivo tesón de mi carácter, los años, la -ceguera misma... Figúrome que no me entiendes, mi buen Carmelo, y has -de permitirme que por ahora no te diga más. - -EL CURA - -Francamente, me he quedado en ayunas. - -EL CONDE, ~con humorismo~. - -¿En ayunas tú?... No lo creo. - -EL CURA - -¿Tienen algo que ver esas tristezas, que sin duda son nerviosas, con el -porvenir de las señoritas? - -EL CONDE, ~rehuyendo entrar en el asunto~. - -No sé... Déjame que te diga otra cosa. Mi primera impresión al verlas -y oírlas, fue... claro que fue excelente, de gran regocijo y orgullo, -como has dicho. Creí notar una perfecta consonancia, igualdad más -bien, en el timbre de sus voces. Como no veo bien, sus rostros me han -parecido como dos reproducciones exactas de un mismo tipo. ¿Serán, por -ventura, iguales también sus caracteres, sus almas? - -EL CURA, ~después de un ratito de perplejidad~. - -¡Oh, no, Sr. D. Rodrigo! Ni son iguales sus voces, ni sus caras, ni -menos sus caracteres. - -EL CONDE, ~con gran interés~. - -Pues siendo distintas, la una será forzosamente mejor que la otra. -Dime, tú que las has tratado y visto bien, ¿cuál de las dos es la más -inteligente; cuál la de corazón más puro, recto y generoso?... - -EL CURA - -Difícil es, a fe mía, la respuesta. Ambas son buenas, dóciles, -inteligentes, de corazón hermoso y nobilísimo... algo traviesas, eso -sí; pero observantes de la ley del pudor, muy firmes en los principios -elementales, temerosas de Dios... - -EL CONDE - -Todo eso es lo que hay en ellas de común: comprendido. ¿Y qué las -diferencia? - -EL CURA - -Pues discrepan... Verá usted... Dolly toma la iniciativa en las -travesuras; Nell parece más inclinadita a las cosas graves, más -previsora... Dolly es una imaginación viva, una voluntad impetuosa; -Nell, una naturaleza reflexiva, más fija y constante que la otra en -sus aficiones; Dolly, divagando, muestra pasmosas aptitudes para la -vida práctica; Nell, haciendo diabluras, nos deslumbra con destellos -de asombrosa inteligencia... ¿Pero qué he de decirle yo al señor D. -Rodrigo, si en cuanto las trate familiar y diariamente, usted ha de -conocerlas y diferenciarlas mejor que nadie? - -EL CONDE, ~dejándose llevar de su sinceridad~. - -De eso trato; a eso he venido. - -EL CURA - -¿Ha venido a...? - -EL CONDE - -A estudiarlas, a intentar un análisis detenido de sus caracteres... -Las razones de esto no está bien que las sepas por ahora... ~(Variando -de tono.)~ Oye, Carmelo, ¿por qué no te quedas hoy a comer conmigo? -Gregoria no te tratará mal. - -EL CURA - -La conozco... y sé lo que vale. Pero sin perjuicio de tributar a -Gregoria en otra ocasión los honores debidos, hoy, lo que es hoy, señor -Conde de Albrit, se viene usted a mi casa, a hacer penitencia con _este -cura_. - -EL CONDE - -Acepto; sí, señor, acepto... ¿A qué hora? - -EL CURA - -A la una y media en punto. - - -ESCENA XII - -~EL CONDE, EL CURA; EL MÉDICO, joven, pequeñito, de conjunto simpático -y mirar inteligente. Viene de levita y sombrero de copa, el cual revela -en su forma ser prenda de respeto, usada tan solo de año en año, en -ocasiones muy solemnes.~ - -EL CURA - -¡Oh, mediquillo, ven!... ~(Presentándole.)~ Salvador Angulo, nuestro -médico titular. - -EL CONDE, ~estrechándole la mano~. - -Muy señor mío. - -EL MÉDICO - -Vengo a ofrecer mis respetos al Señor de Jerusa y de Polan... - -EL CONDE, ~recordando~. - -Angulo, Angulo... espérese usted... - -EL CURA - -Es hijo de Bonifacio Angulo, aquel que llamaban aquí por mal nombre -_Cachorro_, guarda de los montes de Laín. - -EL CONDE - -¡Oh, sí!... _Cachorro_, hombre sencillo y un tanto rudo... servidor -fiel... Le recuerdo perfectamente. ~(Le da otra vez la mano, que el -médico le besa.)~ - -EL CURA - -Y no habrá olvidado el Sr. D. Rodrigo que a este chico le costeó la -carrera en Valladolid. - -EL MÉDICO - -Por lo cual, debo al señor Conde lo poco que soy, y lo poco que valgo. - -EL CONDE - -De eso no me acordaba... mi palabra que no me acordaba. - -EL CURA - -Pues ha de saber usted... no es porque esté delante... que este chico -es una notabilidad... pero una notabilidad, en la ciencia médica. - -EL MÉDICO - -Por Dios, D. Carmelo... - -EL CONDE, ~muy cariñoso~. - -Bien, hijo mío; dame un abrazo. ~(Le abraza.)~ Me permitirás que te -tutee. No puedo corregir este hábito de familiaridad, desde que entro -en Jerusa. ~(El médico asiente con mudas demostraciones de respeto.)~ - -EL CURA - -Y ya, ya sé por qué vienes tan pitre, cañamoncito de Jerusa. - -EL MÉDICO - -Me han nombrado de la comisión que ha de recibir a la señora Condesa de -Laín... Dispénseme, señor Conde, si después de saludarle con el debido -respeto, me retiro... - -EL CURA - -Hijo, no hay prisa todavía. - -EL CONDE - -Sí, sí: ve, anda. - -EL CURA - -Oye, Salvador. En cuanto se acabe la función, una vez que el pueblo -desfogue su entusiasmo con un poco de pólvora y cuatro berridos, y -suene en los aires la última simpleza del discurso que ha de pronunciar -D. José Monedero, te vienes corriendito a casa, y tendrás el honor de -comer con el señor Conde y conmigo. - -EL MÉDICO - -Bien, bien. ¡Qué honra tan grande! - -EL CONDE, ~con alegría~. - -¡Qué feliz coyuntura para consultarle con toda calma...! - -EL MÉDICO - -¿Un padecimiento? - -EL CONDE - -No es eso. Tú conoces a mis nietecillas; las habrás asistido en alguna -dolencia. - -EL MÉDICO - -Nell y Dolly disfrutan de una salud enteramente campesina y plebeya. -Las he visitado para indisposiciones sin importancia. - -EL CONDE - -Pero que a ti, como perspicaz observador, te habrán bastado para -conocer sus temperamentos, qué afecciones prevalecen en cada una, qué -predisposiciones patológicas se marcan en una y otra naturaleza... -porque de seguro habrá diferencia grande en la complexión, en la -constitución anatómica y fisiológica de las dos chiquillas. No sé si me -explico. - -EL MÉDICO - -Perfectamente. Pero hasta hoy no he tenido ocasión de determinar entre -una y otra notorias diferencias. - -EL CURA - -En fin, ya tendrán ustedes ocasión de hablar largo y tendido. ~(Suena -un cohete.)~ - -EL CONDE, ~estremeciéndose~. - -Ya está aquí. - -EL MÉDICO, ~con mucha prisa~. - -Ya llega... - -EL CONDE - -Anda, hijo, anda. - -EL MÉDICO - -Con su permiso... No necesito decirle... Humildísimo, incondicional -servidor... ~(Suenan más cohetes.)~ - -EL CONDE, al Cura. - -¿Y tú, no vas, Carmelo? - -EL CURA - -Indefectiblemente tengo que asomar las narices por allí. No diga la -Condesa que soy descortés... - -EL CONDE - -No eche de menos la población figura tan culminante en esta clase de -ceremonias. - -EL CURA - -Si, sí... Me voy. Cuidado, señor Conde. A la una y media en punto. - -EL CONDE - -No faltaré. De las pocas cosas que me quedan, una es el respeto, la -religión de la puntualidad. ~(Óyese música lejana.)~ - -EL MÉDICO - -Hasta luego. - -EL CONDE - -Divertirse... - -~(Vanse el Cura y el Médico.)~ - -EL CONDE, ~solo, meditabundo~. - -¿Me ayudarán estos en mis investigaciones?... ¿Se penetrarán del -espíritu de rectitud, del sentimiento de justicia con que procedo?... -~(Con desaliento.)~ Lo dudo... Viven en ambiente formado por las -conveniencias, el egoísmo y la hipocresía, y cuando se les habla de la -suprema ley de honor, ponen cara de asombro estúpido, como si oyeran -referir cuentos de brujas. Si no me auxilian, trabajaré yo solo. El -viejo Albrit se basta y se sobra. ~(Suenan más cerca la música y el -rumor popular.)~ ¡Ah! Ya llega, ya entra en Jerusa Lucrecia Richmond... -¡Ya estás aquí, bestia engalanada, estatua viva, deshonesta! ¡Cuánto -deseaba yo esta ocasión!... ¡Tú y yo solos, frente a frente! ~(Se asoma -a una ventana.)~ No sé quién es peor: si tú que paseas impune por el -mundo tu desvergüenza, o un pueblo servil y degradado que te festeja -y te adula. ~(Óyense campanas.)~ Repican por ti... y luego tocarán a -la oración. ~(Furioso, gritando en la ventana, hacia afuera.)~ ¡Pueblo -imbécil, esa que a ti llega es un monstruo de liviandad, una infame -falsaria! No la victorees, no la agasajes. Apedréala, escúpela. - - -FIN DE LA JORNADA PRIMERA - - - - -JORNADA SEGUNDA - - -ESCENA PRIMERA - -~Sala baja en la casa del señor Alcalde de Jerusa, D. José María -Monedero, decorada con lujo barato, en toda la plenitud de la -cursilería con dinero. Cubren las paredes paisajes al óleo, de los -que en parejas, con marco y todo, se venden al aire libre en calles -céntricas de Madrid, obra de artistas desdichados. _Hacen juego_ con -estos mamarrachos, cromos de cacerías o de revistas navales, figuras -de bazar, fruslerías bordadas, mil laborcillas fáciles de mujer, de -esas cuya explicación y dibujo traen en su sección de recreos útiles -los periódicos de modas. Flores de trapo, en tiestos de cartón, exhalan -en los ángulos su fragancia de cola y tintes descompuestos. Piano -desafinado, musiquero, retratos prendidos en esterillas japonesas, -redoma de peces.~ - -~NELL y DOLLY; LUCRECIA, CONDESA VIUDA DE LAÍN. Es mujer hermosa, de -treinta y cuatro años, del tipo que comunmente llamamos _interesante_, -mezcla feliz de belleza, dulzura y melancolía; castaño el cabello, el -rostro alabastrino, de un perfil elegante, precioso modelo de raza -anglo-sajona, recriada en América. Sus ojos son grandes, obscuros, con -ráfagas de oro, y el mirar sereno y triste, como de tigre enjaulado que -dormita sin acordarse de que es fiera. En su talle esbelto se inicia -la gordura, fácil de corregir todavía con la ortopedia escultórica -del corsé. Viste con elegancia traje de luto. En su habla, apenas se -percibe el acento extranjero.~ - -LUCRECIA, ~abrazando y besando a las niñas~. - -Hijas mías, no me harto de besaros. ¿Teníais ganitas de verme? - -NELL - -Figúrate... - -DOLLY - -Hemos venido a la carrera... ¡Cuánta gente! Creí que no podíamos -entrar, y que nos atropellaban los coches. - -LUCRECIA - -¡Qué fastidio! Vengo a Jerusa solo por ver a mis niñas, y me encuentro -con este horrible entorpecimiento del entusiasmo público. - -NELL - -Mamá, la gratitud del pueblo... - -LUCRECIA - -Creed que he pasado un sofoco y una vergüenza... - -DOLLY - -Te quieren. - -LUCRECIA - -Demostraciones tan molestas como ridículas. ¿Y a mí, por qué me -aclaman?... En fin, ya hemos pasado el mal rato de la entrada -triunfal... ~(Mirándolas cariñosamente.)~ Estáis muy bien... las caras -tostaditas. Eso quiero: que se os ponga la tez como de manzanas pardas, -señal de salud y buena sangre... - -NELL - -Mamá, tú sí que estás guapísima. - -LUCRECIA, ~besándolas otra vez~. - -Vosotras, mis ángeles salvajitos, sí que sois bellas y buenas, y... -~(La interrumpe la Alcaldesa entrando de improviso.)~ - - -ESCENA II - -~DICHAS; LA ALCALDESA, señora enjuta y menudita, que no tiene en aquel -momento más preocupación que parecer fina, y este singular estado de su -espíritu, con la tirantez consiguiente, se revela en todos sus actos, -en sus palabras melosas, y hasta en los mohines estudiados de su boca -y nariz. Viste bata azul, elegante, que le han enviado de Madrid. Poco -después de ella entra EL ALCALDE, señorón macizo, sanote y jovial que, -al contrario de su mujer, pone todo su esmero en parecer muy bruto, -dejando al descubierto, desnudo de toda gala retórica, su natural llano -y la tosca armazón de su ser moral. Entiende que los hombres deben -ser _claros_, cada cual mostrándose como Dios le ha hecho. De origen -humildísimo, empezó a sacar el pie del lodo con la carretería; trabajó -honradamente después en distintas industrias, hasta que halló su suerte -en la fabricación de pastas para sopa. Su laboriosidad le hizo rico, -y la herencia de un tío de América le ascendió a millonario. Viste -levita, y su chistera, que usa con frecuencia por razón de su cargo, -es sin disputa la mejor del pueblo. Su esposa cuida de renovar esta -prenda con la precisa oportunidad para que no sea ridícula.~ - -LA ALCALDESA, ~finísima~. - -Dispense usted, Condesa. Mi esposo y yo hemos tenido que convencer -a los notables del pueblo de que usted, por razón de su luto y del -cansancio del viaje, no puede recibir a nadie... - -NELL, ~asomándose a la ventana~. - -Mamá, mamá, si está la plaza llena de gente. - -DOLLY - -Quieren que te asomes para darte vivas. - -LUCRECIA - -Por Dios, Vicenta, líbreme usted de este compromiso... ¡Vivas a mí! Yo -no salgo; no sirvo para eso... Por Dios, que se vayan, que me dejen. Yo -lo agradezco en el alma... - -LA ALCALDESA - -Las ovaciones populares, por más que sean merecidas, molestan y -fastidian... Jerusa no puede mostrarse ingrata, ni olvidar los -beneficios que usted le prodigó.... - -LUCRECIA, ~aterrada del rumor popular~. - -¿Qué beneficios ni qué niño muerto? Yo no he hecho nada, absolutamente -nada. ¿Pero están locos aquí? Créalo usted, Vicenta, me da miedo _la -voz pública_. - -NELL - -Mamá, que te asomes... Quieren despedirse de ti. - -DOLLY - -Hay pueblo y señores... y hasta curas... Mamita, ¿qué te importa que te -victoreen? Mira que si no sales, nos darán los vivas a nosotras. - -LUCRECIA - -Que no salgo, vamos. Vicenta, por Dios, que su marido de usted me haga -el favor de echarles una arenga, diciéndoles... que estoy enferma, y -que les agradezco infinito sus manifestaciones... que no las merezco... -En fin, él sabrá. - -EL ALCALDE, ~limpiándose el sudor de la frente, la levita desabrochada, -el chaleco abotonado a medias~. - -Ya, ya se van... ¿Pero qué le costaba a usted, Condesa, asomarse un -poquito? Con una inclinación de cabeza cumplía usted. Pero, en fin, -respeto su repugnancia de las apoteosis. Lo mismo me pasa a mí. Siempre -que me ovacionan me echo a llorar, y se me descompone el vientre. - -LUCRECIA - -¿Pero qué he hecho yo, Sr. D. José de mi alma, para estos obsequios, -este entusiasmo? - -LA ALCALDESA - -Hija, la carretera de Forbes, la estación telegráfica... la -condonación... - -LUCRECIA - -Me bastó pedírselo al Ministro... - -EL ALCALDE - -Más que todo eso vale el Instituto de segunda enseñanza, que nos -disputaban los de Durante. Nada agradecen tanto los pueblos, señora -mía, como el que les den algo que se le quita al vecino. Cuestión de -amor propio: la entidad pueblo es lo mismo que la entidad persona. -Fastidiar al vecino, y caiga el que caiga. Jerusa verá siempre en la -ilustre Condesa de Laín una individualidad digna de todos nuestros -respetos. Y yo, que llevo el corazón en la mano, que digo siempre -la verdad llana y monda... soy así, muy bruto, muy francote... le -aseguro a usted que la queremos aquí... como sabe querer Jerusa; y si -lográramos que nos concedieran la Escuela de Comercio que pretenden los -de Durante, no le quiero decir a usted... La apoteosis que le haríamos -retumbaría en la China. - -LUCRECIA, ~sonriente~. - -Yo sí que no vuelvo de mi apoteosis. - -DOLLY, ~desde la ventana~. - -Ya, ya se retiran. - -NELL - -Parece que van descontentos. ¡Y cómo nos miran! - -LA ALCALDESA - -No extrañe usted, Condesa, las vehemencias de mi marido. Desde que es -_edil_ ~(marcando bien la palabra)~, no vive. La fiebre de la cosa -pública altera su genio pacífico. Verdad que no hay otro que mejor -cumpla, ni que sepa consagrarse tan de lleno a los deberes de un cargo -espinoso. - -LUCRECIA, ~por decir algo~. - -Estos son los hombres, estos son los grandes ciudadanos... - -UNA CRIADA, ~entrando con una bandeja de huevos moles~. - -Esto mandan a la señora Condesa las monjas Dominicas. - -NELL, ~corriendo a verlo~. - -¡Huevos moles! ¡Qué ricos! - -DOLLY - -¡Vaya un regalo, mamá! - -EL ALCALDE - -Para que diga usted que no se portan bien las monjitas de mi tierra. - -LUCRECIA - -¡Pobrecillas! Tendré que visitarlas. - -LA ALCALDESA - -Iremos. Son finísimas. - -OTRA CRIADA, ~entrando con un descomunal ramo de flores~. - -De parte de los capataces de la Granja modelo... - -LUCRECIA - -También tendré que hacerles una visita. - -EL ALCALDE - -Iremos; sí, señora. Verá usted los carneros moruecos, que han traído -ahora para padres. - -LA ALCALDESA, ~que ha salido un momento, vuelve trayendo una labor de -tapicería y mostacilla~. - -Mire usted, Lucrecia, lo que le manda la maestra del colegio de niñas. - -NELL - -¡Ay, qué precioso! - -DOLLY - -Mira, mamá. ¿Es un gorro? - -LUCRECIA - -No, hija: es un _cosy_ para cubrir las teteras... - -LA ALCALDESA, ~pesarosa de no haber acertado antes el uso de aquel -chisme~. - -Es un adminículo extranjero. Aquí no lo usamos. - -EL ALCALDE - -Tiene usted que visitar el colegio. - -LA ALCALDESA - -¡Pobre Condesa! Ya le cayó quehacer. - -EL ALCALDE - -Y podrá decir que en ninguna parte del mundo ha visto usted labores -tan primorosas como las que hacen las alumnas del colegio de Doña -Severiana. - -LA ALCALDESA - -Bordan a maravilla... Ya lo ve usted... Y allí tiene usted a las -chicuelas todo el santo día sobre los bastidores... - -EL ALCALDE, ~mirando su reloj, descomunal pieza de oro~. - -Y a todas estas, Vicenta, son las tantas y no comemos. Mi señora Doña -Lucrecia tiene apetito... las niñas están desfallecidas. ¿Verdad, -_Nelita_ y _Dolita_, que deseáis sentaros a la mesa?... y yo... ¿por -qué no he de decirlo? estoy ladrando de hambre. Conque... - -LUCRECIA - -Me arreglaré en un momento. - -LA ALCALDESA - -Subamos a mi tocador. Mientras usted se arregla, dispondré que nos -sirvan la comida. - -EL ALCALDE - -Y yo, si la señora Condesa me lo permite, voy a librarla de otra _lata_ -horrorosa. - -LUCRECIA - -¿Qué? - -EL ALCALDE - -El orfeón del pueblo quiere venir a cantar durante la comida. - -LUCRECIA - -¡No, por Dios! - -EL ALCALDE - -Ahí está el director. Voy a quitárselo de la cabeza... - -LUCRECIA - -Sí, sí; que lo agradezco, que siento mucho... - -LA ALCALDESA - -Que está muy fatigadita. Crea usted que no perdemos nada. Desafinan -como perros. - -EL ALCALDE - -Y que, motivado al luto, no está usted para músicas... Ya, ya sabré -despacharles... Y sobre todo, que lo mando yo, ea... - -~(Vase presuroso.)~ - - -ESCENA III - -~Tocador de la Alcaldesa.~ - -~LUCRECIA, DOLLY y NELL; una criada extranjera que ayuda a vestir a su -ama y no habla; después LA ALCALDESA.~ - -LUCRECIA - -¡Qué descanso! Solas un momento. Prefiero una enfermedad a los -entusiasmos de Jerusa. - -NELL - -Mamá, es que te quieren. - -LUCRECIA - -Sí, sí: cariños que reclaman la fuga inmediata, como quien escapa de -una epidemia. Es violentísimo tener que mostrar gratitud ante estas -mojigangas. - -DOLLY - -Mamá, ten paciencia. - -LUCRECIA, ~bajando la voz~. - -Lo mismo que soportar las amabilidades de estos pobres cursis... Son -muy buenos, lo reconozco... y les aprecio verdaderamente. Pero en -Jerusa no quiero ver a nadie más que a vosotras. - -NELL - -Mamá, ¿cuándo nos llevas contigo? - -LUCRECIA, ~meditabunda~. - -No sé... Tal vez muy pronto. Depende de circunstancias eventuales... - -DOLLY, ~vivamente~. - -Mamá, ¿no sabes? Ha llegado el abuelito. - -LUCRECIA, ~disimulando su disgusto, que solo se trasluce en rápidos -destellos de sus pupilas rasgueadas de oro~. - -Ya, ya lo sé... Llegó esta mañana. ¿Y qué? Tan gruñón y desabrido como -siempre. - -NELL - -A nosotras nos quiere mucho. - -DOLLY - -Irás a verle... - -LUCRECIA - -Sin duda. Ya sé que hoy come con D. Carmelo... ¿Y con vosotras ha -estado muy expansivo? ¿Qué hacíais cuando llegó? - -DOLLY - -Le encontramos en el bosque. Primero tuvimos mucho miedo, porque no le -conocíamos. - -LUCRECIA - -Y después de conocerle, más. - -NELL - -No, no: el pobrecito no acababa de hacernos cariños. Nos da mucha -lástima de verle tan agobiado, viejecito, casi ciego. - -LUCRECIA - -Y en el camino del bosque a la Pardina, ¿no habló con nadie? ¿No le -salió al encuentro alguna persona conocida? - -DOLLY - -Sí, mamá: Senén. - -LUCRECIA, ~disgustada~. - -Ya me han dicho que está aquí ese tábano. El tal marea... y pica. Os -recomiendo el menor trato posible con él. - -LA ALCALDESA, ~entrando~. - -Cuando usted quiera. - -LUCRECIA - -Ya estoy. - -LA ALCALDESA, ~llevándola a la ventana, y mostrándole al Alcalde, que -en la calle habla con un joven~. - -Vea usted, Lucrecia, los apuros que pasa mi esposo por defenderla -a usted de impertinencias. Ese con quien habla es Pepito Cea, el -periodista de Jerusa, que quiere colarse aquí para celebrar con usted -una _interview_. - -LUCRECIA - -¡Una _interview_!... ¿Pero está loco ese hombre? - -LA ALCALDESA - -Mire usted... mire usted a José María, más colorado que un pavo... -Parece que quiere romperle el bastón en la cabeza... Ahora le coge de -las solapas... Al fin parece que le convence. - -LUCRECIA - -¿Pero qué quiere preguntarme ese tipo, ni qué tengo yo que decirle? - -LA ALCALDESA - -Pues nada: a qué hora entró en el tren; si le gustó el paisaje; si le -prueba bien Jerusa; si quedó contenta de la ovación o le ha parecido -poca, y, por fin, cuál es su actitud en el asunto de la Cámara de -Comercio, es decir, si apoyará a raja-tabla en Madrid las pretensiones -de esta villa. - -LUCRECIA - -¡Dios me ampare! - -LA ALCALDESA, ~mirando~. - -Ya, ya le ha despachado. Allá va el pobre Cea con viento fresco. -Pondrá esta noche las paparruchas que le habrá encajado José María... -Que usted adora al pueblo; que ha venido muy cansada y con dolores de -reúma, y que se desvivirá por conseguirnos lo de la Cámara de Comercio, -apabullando a los de Durante... Ya entra mi marido. Bajemos al comedor. - -LUCRECIA. ~(Salen las dos señoras, enlazadas del brazo; las niñas -delante.)~ - -Es delicioso. Pero no me hace ninguna gracia que ponga ese majadero la -noticia falsa de mi reumatismo. Es una enfermedad que me desagrada más -que otras, porque, no siendo grave, hace engordar. - -LA ALCALDESA, ~bajando la escalera~. - -Es muchacho fino, y dirá que está usted nerviosa. - -LUCRECIA - -Menos mal. - -~En la puerta del comedor encuentran al señor Alcalde, que ofrece su -brazo a la Condesa. Sofocado, aunque de buen humor, da cuenta del -gracioso _quite_ con que logró evitar la formidable tabarra con que -les amenazaba el audaz foliculario. Debe decirse, tributando a la -verdad los honores debidos, que fue excelente y copiosa la comida, -feliz combinación del _estilo de fonda_ y del arte casero en casa -rica; el servicio atropellado y lento, pues las pobrecitas criadas -no acertaban a desenvolverse en aquel mete-y-saca y quita-y-pon de -platos, fuentes y salseras. Sentáronse a la mesa, a más de la Condesa -y sus hijas y los dueños de la casa, los dos niños de estos, escolares -encogidos que se hallaban en plena _edad del pavo_, y eran de lo más -desaborido que en tan lastimosa edad comunmente se ve. De personas -extrañas solo había una, la que toda Jerusa conocía por CONSUELITO, de -apodo la _Solitaria_, prima del Alcalde, viuda rica sin hijos, que en -investigar vidas ajenas se pasaba mansamente la suya, y era, por tanto, -un viviente archivo de historias, enredos y chismes. Amenizó el señor -Alcalde la comida con un jaquecoso disertar sobre las mejoras pasadas, -presentes y venideras de Jerusa, y a nadie dejaba meter baza. Pugnaba -su esposa por intercalar observaciones finas en medio de la gárrula -oratoria del buen Monedero: pero rara vez vio coronado por el éxito -su laudable propósito. Cuando servían el café (que, entre paréntesis, -llegó a la mesa mal hecho, recalentado y frío), entraron a saludar a la -Condesa EL SEÑOR CURA, que ya la había visto, y SENÉN, que aún no había -tenido el honor de besarle la mano.~ - - -ESCENA IV - -~Jardín que no necesita descripción, pues ya se comprende que es un -afectado y ridículo plagio en pequeño del estilo inglés en grande; -trazado en curvas, con praderas, macizos, bosquecillos y plantaciones -ornamentales de variada coloración.~ - -~LUCRECIA, NELL y DOLLY; EL ALCALDE, LA ALCALDESA, sus DOS HIJOS, que -no hablan, y peor sería que hablaran; CONSUELITO, EL CURA, SENÉN.~ - -~Fórmanse grupos distintos que cambian de figuras.~ - -EL CURA, ~sentándose con la Condesa y la Alcaldesa en un banco -_rústico_, de los muchos que hay en el jardín, alternando con los -_civilizados_~. - -Ya comprenderá la señora Condesa que no he venido esta tarde solo por -el gusto de verla, que siempre es grande, sino... - -LUCRECIA - -Ya, ya... Ha comido usted con _él_... y me trae algún mensaje; recadito -por lo menos. - -EL CURA - -Dispénseme si le digo que se equivoca. El señor Conde no me ha dado -ninguna comisión ni recado para la Condesa de Laín. - -LUCRECIA - -Entonces... - -EL CURA - -Lo que yo diga será por cuenta mía, por inspiración propia y consejo de -amigo. - -LUCRECIA, ~a la Alcaldesa, que se aparta discretamente~. - -No, no se retire usted, Vicenta. No hablamos nada reservado. Puede -usted oírlo... Siga, Don Carmelo. Mi ilustre papá político, como si lo -viera, habrá dicho de mí... qué sé yo... horrores espeluznantes. - -EL CURA - -No, señora. Ni una sola vez la ha nombrado a usted durante la comida. - -LUCRECIA - -Permítame el Sr. D. Carmelo que no le crea, con todo el respeto debido. -Es usted un santo, que en este instante no dice la verdad... por exceso -de virtud. Se dan casos. - -EL CURA - -Habló mucho de su hijo muerto, dignísimo esposo de usted; ponderó sus -virtudes, su mérito no común, lloró... - -LUCRECIA, ~que palidece, e intenta desviar la conversación~. - -También hablaría de su desdichado viaje a América. Lo emprendió atraído -por la ilusión, por el espejismo de un caudal que allí dejó su abuelo -el Virrey, y después de mil fatigas y trabajos, sufriendo desaires y -persecuciones, ha vuelto descorazonado y sin una peseta. Al diantre -se le ocurre plantarse en el Perú a reclamar las famosas minas de -Hualgayoc, olvidadas durante un siglo. - -EL CURA - -También nos habló de eso... y de otras cosas. Demuestra un cariño -ardiente a sus nietas. Oyéndole hablar de ellas, hemos observado -Angulo y yo cierta exaltación del afecto paternal, y una tenacidad -monomaníaca en el propósito de estudiar y desentrañar los caracteres de -una y otra... Por la incoherencia con que se expresa, no hemos podido -apoderarnos de su pensamiento, si es que alguno tiene. Angulo cree más -bien que en aquella cabeza hay un desconcierto lastimoso, ideas de -grandeza, ideas de venganza, el orgullo y la miseria, que rabian de -verse juntos. - -LUCRECIA - -No será extraño que las desdichas, amargando su alma, toda soberbia y -altanería, lleven al buen D. Rodrigo a la locura... - -EL CURA - -No diré yo tanto. Solo apunto la idea de que el señor Conde, por su -ancianidad, por su pobreza, por el estado de amargura e irritación -de su espíritu, merece y reclama exquisitos cuidados, y de esto -precisamente quería que hablásemos usted y yo. - -LUCRECIA - -Por mí no ha de quedar. Pienso decir a Venancio que si el Conde -permanece en la Pardina tenga con él toda clase de miramientos, le -cuide, le agasaje, atienda con delicadeza a sus necesidades. Pero yo -dudo que acepte estos beneficios dispuestos por mí. Usted le conoce... - -EL CURA - -Sí, y sé que es atrabiliario, descontentadizo, y que la exaltación de -la dignidad le impulsará a rechazar el bien que usted le ofrezca. - -LUCRECIA, ~cruzándose de brazos~. - -Entonces, ¿qué debo hacer? Vicenta, dé usted su opinión. - -LA ALCALDESA, ~con finura~. - -Yo... ¿Qué quiere usted que le diga? Paréceme que no será difícil -encontrar un medio de darle amparo decoroso, digno de su alcurnia, sin -que la vidriosa dignidad de D. Rodrigo se sintiera ofendida. - -EL CURA, ~aprobando enfáticamente~. - -Mucho, mucho... Vicenta, con su talento admirable, nos indica el mejor -camino. Pues bien: yo tengo una idea, que quiero someter al buen -criterio de usted... - -EL ALCALDE, ~presuroso, hacia la Condesa~. - -Lucrecia, ahí tiene usted una visita. El Prior y dos Padres Jerónimos -del convento de Zaratán vienen a ofrecer a usted sus respetos. - -LUCRECIA - -¡Ah!... Zaratán... Ya me acuerdo. Dí una cantidad para la -restauración... y Rafael consiguió del Gobierno un dineral para que -estos benditos pudieran instalarse. - -LA ALCALDESA - -¿Están en la sala? Vamos un momento. No tema usted que la fastidien. -Son finísimos. - -EL CURA - -Vamos allá... ¡Qué oportunidad, qué feliz coincidencia! - -~(Entran en la casa Lucrecia, el Cura, el Alcalde y su señora.)~ - -SENÉN, ~en otro grupo, con Nell y Dolly, Consuelito y los niños del -Alcalde, que no hablan ni a tiros~. - -¿Quieren ver la pajarera? - -NELL - -Lo que queremos ver es las sortijas que llevas tú en el dedo meñique. - -DOLLY - -Son preciosas. Ya podías regalárnoslas. - -SENÉN - -Están a su disposición. - -DOLLY - -¡Truhan! Ya sabes que no las tomaríamos. - -SENÉN - -¿Por qué no? Hagan la prueba. - -NELL - -Te morirías de rabia. - -CONSUELITO - -Las necesita para deslumbrar a las chicas del pueblo. - -DOLLY - -¿Cuántas novias tienes? Dinos la verdad. - -NELL - -Lo menos dos docenas. - -CONSUELITO - -Que yo conozca, tres... A mí no me lo negarás, pillo, engañador. Te he -visto de telégrafos con Delfina, la del confitero; sé que te carteas -con Amalia Ruiz, y es de dominio público que le mandas versitos a ese -retaco de Hilaria Sevillano, y que ella te envía, con la mujer del peón -caminero, peras de su huerta. Todo se sabe, amiguito. - -SENÉN - -Sí, y lo primero que sabemos es que se deja usted tamañita a _La -Correspondencia_. Todo lo averigua y todo lo trabuca. Para que se -entere, no han sido peras, sino abridores. - -CONSUELITO - -Y ahora te está preparando una calabaza de cabello de ángel. Es rica la -niña, aunque cargadita de espaldas; pero los padres, que son plateros y -conocen el oro falso, no te pasan... Tienes liga... - -~(No se oye lo que contesta Senén, porque Nell y Dolly, viendo pasar -a un sujeto al través de la verja que da a la calle de Potestad, se -abalanzan gozosas a llamarle.)~ - -DOLLY - -¡D. Pío, Pío, Piito, venga, ven acá!... entra. - -CONSUELITO, ~dejando a Senén con la palabra en la boca~. - -¿Es Coronado, vuestro maestro? - -NELL, ~gritando~. - -Maestro, maestrillo, entra. Mamá quiere verte. - -DOLLY - -No seas vergonzoso... ven. - -SENÉN - -No entrará ni a tiros. Es muy corto de genio. ~(Se asoman los cuatro, y -ven a un anciano que se aleja calle adelante, y risueño saluda con la -mano.)~ - -NELL - -¡Pobrecillo!... ¡Le queremos más...! - -~Los dos niños del Alcalde se dedican, con perseverancia digna de mejor -causa, a untarse las manos de tierra mojada. La _Solitaria_, viendo -salir a los frailes, y a las señoras, que en la verja de la plaza les -despiden, corre a gulusmear. Fórmanse nuevos grupos: en un lado están -el Cura, la Alcaldesa y Consuelito; en otro, el Alcalde, la Condesa, -Senén y las niñas.~ - -CONSUELITO, ~a la Alcaldesa~. - -¿Se puede saber a qué han venido los padricos de Zaratán? - -LA ALCALDESA - -Visita de parabién, y nada más. ~(Al Cura.)~ La verdad, D. Carmelo, -aquí que nadie nos oye: ¿D. Rodrigo le dijo o no le dijo a usted los -horrores que supone Lucrecia? - -EL CURA, ~escurriendo el bulto~. - -Psch... Exageraciones, monomanías... chocheces. - -CONSUELITO - -A esta buena señora no le vendría mal mirar un poquito por su -reputación... Ella será buena; pero no puede hacerlo creer a nadie. - -LA ALCALDESA - -Chitón, Consuelo. Lucrecia está en mi casa. - -EL CURA - -De todas las historias que por ahí corren, descontemos lo que añaden la -malicia, la envidia, el afán de los chistes, y... - -CONSUELITO - -Quite usted todo el _jierro_ que quiera, y siempre quedará lo que es -público y notorio. - -LA ALCALDESA - -¿Y quién te asegura que no sea invención? - -CONSUELITO - -No creo en las invenciones, ni siquiera en la de la pólvora... Esta -Vicenta, cuando se pone a no querer entender las cosas... - -LA ALCALDESA - -Indicábamos que podría ser invención... - -CONSUELITO - -¿He inventado yo que esta buena señora no tenía ni pizca de amor a su -marido... y que le dejó morir como un perro en una fonda de Valencia? - -LA ALCALDESA - -¡Consuelo, por Dios...! - -CONSUELITO - -Hija, en Madrid lo oí... Los chicos de la calle no sabían otra cosa. -Bueno: que es mentira. ¿Queréis que diga y sostenga que miente todo -el mundo? Pues lo digo: a benevolencia nadie me gana. Pero también os -aseguro una cosa: en mi fuero interno creo que el Conde de Albrit tiene -razón en odiar a su nuera, y lo pruebo, como diría Senén. - -EL CURA, ~riendo~. - -Recomiéndele usted a su fuero interno que no sea tan malicioso. - -CONSUELITO - -Pero no puedo recomendar a mis ojos que no vean lo que ven; y han visto -que la cara de la Condesa se queda como el mármol cuando le nombran a -su suegro. - -EL CURA - -De mármol blanco. Es que tiene una tez que ya la quisiera usted para -los días de fiesta. - -CONSUELITO - -Yo no presumo. - -EL CURA - -Podía... - -LA ALCALDESA, ~cortando la cuestión~. - -Basta. Mientras esta señora esté en mi casa, yo no tolero... - -CONSUELITO - -Claro... pero conste que ella viene a honrarse a tu casa... no eres tú -quien se honra con recibirla y agasajarla. ¡Pues no le han dado hoy -poquita ovación!... Y dice que no le gustan los vivas... A poco más -revienta de orgullo. - -EL CURA - -Señora Doña Consuelito, no abre usted la boca sin decir algo en ofensa -del prójimo. Haga caso de mí, que la quiero bien: ponga mesura en sus -palabras, y enfrene un poco su curiosidad de las vidas ajenas. - -CONSUELITO - -¿Qué mal hay en saber lo que pasa, siendo verdad? La curiosidad es hija -de Dios, y de la curiosidad nace la historia que usted cultiva, y nace -la ciencia que descubre tantas cosas. - -EL CURA - -La curiosidad perdió a Eva. - -CONSUELITO - -Hay opiniones... - -EL CURA, ~riendo~. - -Es dogma. - -CONSUELITO - -Bueno... lo creo por ser dogma, que si no, no lo creía. Una cosa -siento, acordándome de lo del Paraíso... Sí, señor, siento no haberlo -visto yo, para que nadie me lo contara. - -LA ALCALDESA, ~viendo llegar a la Condesa~. - -Silencio... Aquí viene. - -LUCRECIA - -¡Pobre Senén! Las chiquillas le traen loco. - -~La inopinada presencia del periodista en la verja de entrada exige -nueva intervención de la muleta del señor Alcalde. Preséntase también -el director del orfeón. La Alcaldesa se ve precisada a poner coto a los -juegos inocentes de sus hijuelos, y acude al estanque, donde se lavan -las manos, mojándose la ropita nueva. Nell y Dolly llaman a Consuelito -y al Cura. Senén y la Condesa se encuentran un rato solos.~ - -LUCRECIA, ~sentada a la sombra de una magnolia frondosísima~. - -Ya sé que has visto a ese hombre, que le has hablado. - -SENÉN, ~en pie, respetuoso~. - -Viene de malas. - -LUCRECIA, ~disimulando su miedo~. - -¿Y qué me importa? Forzoso es darle algo para que viva... Me dejará en -paz. - -SENÉN - -Lo dudo... Como soberbio que es, no querrá limosna; como quisquilloso y -camorrista, querrá escándalo. - -LUCRECIA, ~trémula~. - -¡Escándalo!... ¿Qué?... ¿te ha dicho algo? - -SENÉN, ~haciéndose el misterioso~. - -A mí, no... En Madrid, un amigo mío que vivió en Valencia con el señor -Conde, me dijo que este, desde la muerte de su hijo (Dios le tenga -en su gloria), no vive más que para un fin: revolver lo pasado, los -desechos del pasado... - -LUCRECIA - -Como los traperos en los montones de basura. - -SENÉN - -Revolver para sacar... lo que encuentre. - -LUCRECIA, ~muy inquieta~. - -Y a ti te haría mil preguntas... Sabe que fuiste mi criado... y los -criados siempre poseen algún secreto... digo mal, algún dato de las -intimidades de sus amos. - -SENÉN, ~enfáticamente~. - -En mí tuvo y tendrá siempre la señora Condesa un servidor leal... - -LUCRECIA - -Lo sé... Confío en ti. - -SENÉN - -Y aunque no me obligaran a la lealtad los motivos de agradecimiento -que me hacen esclavo de la señora, seré fiel y seguro porque tengo la -honradez metida en las entrañas... - -LUCRECIA - -Lo sé... ~(Apuradísima por librar su olfato del insoportable perfume de -heliotropo que Senén despide de su ropa, saca el pañuelo, y se acaricia -con él la nariz, fingiendo constipación.)~ - -SENÉN - -Sirvo a la Condesa de Laín desinteresadamente en todo aquello que guste -mandarme, sea lo que fuere... Pero no olvide la señora que su humilde -protegido, el pobre Senén, no merece quedarse a mitad del camino en su -carrera. - -LUCRECIA, ~con hastío y desdén~. - -¿Pero qué... quieres más? ¿Solicitas otro ascenso? Ahora es imposible. - -SENÉN, ~quejumbroso~. - -No es eso. Por la administración a secas no se va a ninguna parte. - -LUCRECIA - -¿Pues qué pretendes?... Dilo pronto y acaba de una vez. ¿Quieres el -arzobispado de Toledo, o la cruz laureada de San Fernando? - -SENÉN - -Aspiro a una posición obscura y de mucho trabajo, con lo cual podré -asegurar mi subsistencia en lo que me quede de vida. - -LUCRECIA, ~impaciente, deseando que se vaya~. - -Bueno: la tendrás. ¿Es cosa que puedo hacer yo? - -SENÉN - -Facilísimamente, no dejando pasar la ocasión. Es cosa muy sencilla. Que -me nombren agente ejecutivo para la cobranza de Derechos Reales. - -LUCRECIA - -¿Y eso da dinero? - -SENÉN - -¡Que si da!... - -LUCRECIA - -¿De modo que pidiéndolo al Ministro...? - -SENÉN - -Como tenerlo en la mano. - -LUCRECIA, ~levantándose, por huir del perfume y del perfumado~. - -Si es así, cuenta con ello. - -SENÉN - -Permítame la señora un momentito... - -LUCRECIA - -¡Insufrible pedigüeño! ¿Todavía más? - -SENÉN - -Se me olvidó decir a la señora que para desempeñar ese cargo necesito -fianza. - -LUCRECIA, ~muy displicente~. - -¿También eso? - -SENÉN - -Una fuerte fianza. - -LUCRECIA, ~sofocando su ira~. - -Yo no puedo ponértela... - -SENÉN, ~dando un paso hacia ella~. - -Pero el señor Marqués de Pescara me la facilitará solo con que la -señora se lo diga... o se lo mande. - -LUCRECIA - -¡Oh!... Esto ya es absurdo... Pides cosas difíciles, enfadosas. - -SENÉN, ~dando otro paso en seguimiento de la Condesa, que se aleja~. - -Si la señora no quiere molestarse para que yo salga de pobre, no he -dicho nada... Se me olvidaba manifestarle que el dinero estará seguro, -y el señor Marqués cobrará intereses de la Caja de Depósitos. - -LUCRECIA, ~deseando concluir~. - -Está bien... Pero es dudoso que yo pueda ver a Ricardo... - -SENÉN, ~con seguridad~. - -Le verá mañana o pasado. - -LUCRECIA, ~con súbito interés, aproximándose a él, sin temor a la -fragancia heliotrópica~. - -¿Dónde?... ¿Qué dices?... ¿Dónde? - -SENÉN - -En Verola, a donde la señora va desde aquí. - -LUCRECIA - -¿Y cómo lo sabes? - -SENÉN - -Cuando lo digo, es porque lo sé... y lo pruebo. - -LUCRECIA - -¡Él también en Verola!... ¡Ah! lo sabes por su ayuda de cámara, que es -tu primo. ¿Estás seguro? - -SENÉN - -Prométame la señora que si encuentra allí al señor Marqués le pedirá la -fianza. Con eso me basta. - -LUCRECIA, ~rehaciéndose, avergonzada de sostener coloquio familiar con -un inferior~. - -Yo veré... Ignoro en qué disposición encontraré a Ricardo. - -SENÉN, ~muy animado~. - -Prométame hablarle de mi fianza si le encuentra en buena disposición. -Me conformo. - -LUCRECIA - -Te prometo no olvidar el asunto, mirarlo con interés... siempre que tú -me asegures una lealtad a toda prueba... - -SENÉN, ~con aspavientos de adhesión~. - -¡Señora!... - -LUCRECIA, ~tapándose la nariz~. - -Retírate... - -SENÉN - -¿Qué... está la señora constipada? - -LUCRECIA, ~burlona~. - -No, hombre... Es que usas unos perfumes tan fuertes, que no se puede -estar a tu lado... Vete ya. - -SENÉN, ~turbado~. - -Pues yo creía... No molesto más... ~(Saludando a distancia.)~ Señora... - -LUCRECIA, ~agitando con su pañuelo el aire, para alejar los miasmas -olorosos~. - -¡Qué desgraciada soy, Dios mío! ¡Tener que soportar a ese animalejo, y -oírle, y olerle... solo porque le temo!... - -LA ALCALDESA, ~que vuelve de meter en cintura a sus niños~. - -¿Qué hace usted, Lucrecia? - -LUCRECIA - -Limpiar la atmósfera de los perfumes que usa este imbécil. - -LA ALCALDESA, ~riendo~. - -Sí, sí: tiene infestada... toda la población. - -~(Entra en el jardín _Capitán_, el perrito de la Pardina, y corre hacia -las niñas, brincando de alegría, y meneando el plumacho que tiene por -cola.)~ - -DOLLY, ~bajándose para cogerle de las patas delanteras~. - -Hola, pillo, ¿vienes a ver a tus niñas? - -NELL - -¿Qué trae por aquí el chiquitín de la casa? Tú no has venido solo, -_Capitán_. - -DOLLY - -¿Con quién has venido? - -EL ALCALDE, ~a Lucrecia~. - -Ahí tiene usted a Venancio, con un recado del _León de Albrit_... -Cuidado que no le llamo flaco ni gordo, ni hablo de sus pulgas. - -LUCRECIA, ~demudada~. - -Voy... ¿Qué será? ~(Entra en la casa, acompañada de la Alcaldesa.)~ - -EL ALCALDE, ~a Consuelito, que ávida de noticias se le aproxima~. - -Esta tarde no podremos librarnos del orfeón. Ya le he dicho a Fandiño -que con un par de cantatas nos daremos por bien servidos. - -CONSUELITO - -Y echarán, aplicándolo a tu amiga, el coro dedicado a Isabel la -Católica, que dice: «Salve, matrona excelsa...» ~(Cantando.)~ - -EL ALCALDE - -El tábano de Cea debiera celebrar su _interbú_ contigo. Pero como estás -sorda, le encargaré que se traiga una trompetilla. - -CONSUELITO, ~amenazándole con su abanico~. - -¡Sorda yo! - -EL ALCALDE - -Quiero decir que debieras serlo... y muda. - -CONSUELITO - -Eso quisieras tú, para hacer mangas y capirotes en el Ayuntamiento. - -LUCRECIA, ~que vuelve de la casa, con la Alcaldesa y el Cura~. - -Mi noble suegro me pide hora y sitio para nuestra entrevista. He dicho -a Venancio que le contestaré esta tarde. - -EL CURA - -Me parece bien que no se demore el careo. Sea usted humilde si él es -orgulloso. Tiene usted la juventud, la fuerza, no sé si la razón... Él -es anciano, infeliz... Merece indulgencia. - -LUCRECIA, ~mirando más al suelo que a los que la rodean~. - -No sé qué pretenderá... Lo sabremos mañana. - -EL ALCALDE - -Citémosle aquí. Verá usted cómo conmigo no se desmanda. ¡Leoncitos a -mí! - -LUCRECIA, ~vacilando~. - -No sé... no sé... - -CONSUELITO - -Si quiere usted celebrar la entrevista en mi casa, pongo a su -disposición una sala hermosísima... Con franqueza. Estarán ustedes -solitos... Se cierran bien las puertas... - -LUCRECIA - -No, gracias... Iré a la Pardina. - -EL CURA - -Fije usted la hora, y yo le llevaré el recado. - -LUCRECIA - -Mañana, a las diez. - -LA ALCALDESA, ~desconsolada~. - -¡Mañana que pensaba yo llevármela a visitar a las monjitas! - -EL ALCALDE - -Y el colegio, y la fábrica, y el matadero, y los casinos de la _masa -obrera_, y el hospital, y el instituto, y las escuelas... Condesa, que -espere el león un día más. - -LUCRECIA - -No puede ser, mi querido D. José María, porque me voy mañana. - -LA ALCALDESA, ~con asombro y cierta indignación, de que participa su -esposo~. - -¿Cómo es eso? ¡Lucrecia, por Dios...! - -EL ALCALDE, ~dando resoplidos~. - -¡Trómpolis! Eso no es lo tratado. - -LA ALCALDESA - -No, hija mía; no lo consentimos. Dijo usted que cuatro días. - -EL ALCALDE - -Me opongo. Saco la vara. - -EL CURA - -Y yo saco el Cristo. - -CONSUELITO - -¡Ingrata! ¡Dejarnos tan pronto! - -LUCRECIA, ~remilgada, suspirando~. - -Lo siento en el alma... - -EL CURA - -¿Pero tan mal la tratamos? - -CONSUELITO, ~poniendo morros~. - -Sin duda la tratan mejor en Verola, en el castillo de sus amigos los -Donesteve. - -LUCRECIA - -Compromiso ineludible. Me esperan mañana. Pero no hay que apurarse... -volveré. - -EL ALCALDE, ~con grosería~. - -¿De veras? ¡Cómo nos está tomando el pelo! - -LA ALCALDESA - -No, no nos engaña. Volverá. - -LUCRECIA - -Como que es muy probable que allí determine llevarme a las -chiquillas... Francamente, me inquieta un poco dejarlas en Jerusa. - -EL CURA, ~frunciendo el ceño~. - -Tal vez... - -NELL, ~corriendo hacia su madre~. - -¡Mamá, el orfeón! - -DOLLY - -¡El orfeón! Ahí están. - -NELL, ~batiendo palmas~. - -¡Qué gusto! - -DOLLY - -¡Qué alegría! - -CONSUELITO, ~cantando bajito~. - -«Salve, matrona excelsa...» - - -ESCENA V - -~Sala baja en la Pardina.~ - -LUCRECIA, ~sentada, melancólica, mirando al suelo~; EL CONDE, ~que -entra por el foro~. - -EL CONDE - -Señora Condesa... ~(Se inclina respetuosamente. Saluda ella con fría -reverencia.)~ Agradezco a usted que haya tenido la bondad de concederme -esta entrevista, aunque para merecer yo favor tan grande haya tenido -que venir a Jerusa. ~(Toma una silla, y se sienta cerca de ella.)~ - -LUCRECIA - -Es obligación sagrada para mí acceder a su ruego... aquí o en cualquier -parte. Obligación digo: durante algún tiempo me ha llamado usted su -hija. - -EL CONDE - -Pero ya no... Esos tiempos pasaron. Fue usted, como si dijéramos, una -hija eventual... transitoria, una hija de paso... - -LUCRECIA, ~esforzándose en sonreír para engañar su miedo~. - -Y a las hijas de paso... cañazo. - -EL CONDE - -Extranjera por la nacionalidad, y más aún por los sentimientos, jamás -se identificó usted con mi familia, ni con el carácter español. -Contra mi voluntad, mi adorado Rafael eligió por esposa a la hija de -un irlandés establecido en los Estados Unidos, el cual vino aquí a -negocios de petróleo... ~(Suspirando.)~ ¡Funestísima ha sido para mí la -América!... Pues bien: como todo el mundo sabe, me opuse al matrimonio -del Conde de Laín; luché con su obstinación y ceguera... fui vencido. -Me han dado la razón el tiempo y usted; usted, sí, haciendo infeliz a -mi hijo, y acelerando su muerte. - -LUCRECIA, ~airada, y todavía medrosa~. - -Señor Conde... eso no es verdad. - -EL CONDE, ~fríamente autoritario~. - -Señora Condesa, es verdad lo que digo. Mi pobre hijo ha muerto de -tristeza, de dolor, de vergüenza. - -LUCRECIA, ~sacando fuerzas de flaqueza~. - -No puedo tolerar... - -EL CONDE - -Calma, calma. No se acalore usted tan pronto... cuando apenas he -comenzado... - -LUCRECIA - -Es monstruoso que se me pida una entrevista para mortificarme, para -ultrajarme. ~(Afligida.)~ Señor Conde, usted nunca me ha querido. - -EL CONDE - -Nunca... Ya ve usted si soy sincero. Mi penetración, mi conocimiento -del mundo no me engañaban. Desde que vi a Lucrecia Richmond la tuve -por mala, y si en algo han fallado mis augurios ha sido en que... en -que salió usted peor de lo que yo pensaba y temía. - -LUCRECIA, ~levantándose altanera~. - -Si esta conferencia, que yo no he solicitado, es para insultarme, me -retiro. - -EL CONDE, ~sin alterarse~. - -Como usted guste. Si prefiere que lo que tengo que decirle lo diga -a todo el mundo, retírese en buen hora. Por la cuenta que le tiene, -preferirá sin duda oírlo sola, por mucho que le desagraden mi voz y -mis acusaciones. ¿No es eso? El oprobio de que pienso hablarle quedará -entre los dos. Nos lo repartiremos por igual, sin dejar nada para los -extraños. ¿No es esto mejor que arrojarlo fuera, a puñados, sobre -la multitud? ~(La Condesa, que vacila entre salir y quedarse, da un -paso hacia su asiento.)~ ¿Ve usted cómo no le conviene dejarme con la -palabra en la boca?... Así es mejor. - -LUCRECIA, ~angustiada, pasándose la mano por los ojos y la frente~. - -Sí, sí... Le suplico la brevedad... Lo que se propone decirme, dígalo -pronto, pronto... - -EL CONDE - -Es un poquito largo... ~(Le señala el asiento.)~ ¿A qué tanta prisa? -¡Cuánto mejor está usted aquí conmigo, oyendo las terribles verdades -que salen de mi boca, que entre gentes aduladoras y embusteras, -que públicamente la festejan, y en privado la denigran! ¿Acaso es -usted tan candorosa que se paga de esa estúpida farsa de la ovación -callejera, y los vivas y los cohetes? Todos los que se han quedado -roncos aclamando a la Condesa de Laín, se aclaran la voz contando -aventuras galantes, anécdotas maliciosas. Y también digo que, con ser -usted mala, no lo es tanto como creen y afirman los imbéciles que ayer -la vitorearon. - -LUCRECIA, ~queriendo serenarse~. - -Más vale así... Siempre es un consuelo ser mejor de lo que nos creen -los amigos. - -EL CONDE - -Siéntese usted. Después de oír tantos embustes y lisonjas, no le viene -mal oír la voz de la justicia, de la verdad... y oírla con paciencia -cristiana. - -LUCRECIA - -¡Paciencia! Ya ve usted que la tengo, aunque no sea tanta como su -malicia. Pero no hay que abusar, señor mío; no vea usted cobardía en lo -que es respeto a la ancianidad, a los lazos que nos unen y que usted no -puede desconocer, a sus terribles infortunios... - -EL CONDE, ~con gran abatimiento~. - -Sí, sí: soy muy desgraciado. - -LUCRECIA, ~envalentonándose al ver desmayar a su enemigo~. - -Pero usted, Sr. D. Rodrigo, no aprende nunca. Las desgracias, que -son lecciones y avisos de la Providencia, doman al más soberbio, y -suavizan al más atrabiliario. Esta ley, sin duda, no reza con usted. -Francamente, yo creí que la pérdida total de su fortuna y el horrible -desengaño de América, amansarían su orgullo... Veo que no. El león, -caduco y pobre, vuelve a España más fiero. - -EL CONDE - -¿Qué quiere usted?... Dios me ha hecho fiero, y fiero he de morir. - -LUCRECIA, ~intentando tomar una posición ofensiva~. - -Es usted, según creo, el hombre de las equivocaciones, y bien puede -decirse que todo aquello en que pone la mano le sale mal. Le hacen -creer que el Gobierno peruano está dispuesto a reconocerle la propiedad -de las minas de Hualgayoc, y se embarca, la cabeza llena de viento, -discurriendo cómo traerá la enorme carga de millones que allá le tenían -muy guardaditos... Pero la realidad le deparó tan solo desprecios, -cansancio inútil, humillaciones... Y no teniendo sobre quién descargar -su despecho, se revuelve contra una pobre mujer, y la injuria y la -maldice. - -EL CONDE - -Si al regresar de aquella excursión que consumó mi ruina hubiera yo -encontrado a mi hijo vivo, su cariño me habría hecho olvidar mi triste -situación. Pero la muerte de Rafael, acaecida hace cuatro meses, avivó -en mí la irascibilidad, despecho si usted quiere, el sabor amargo que -en mi alma dejaron las desdichas... y avivó también el odio a la -persona que creo responsable de la infelicidad y de la muerte de aquel -hombre tan bueno y leal. - -LUCRECIA, ~altanera~. - -¡Responsable yo de su muerte! Eso es una infamia, señor Conde. - -EL CONDE, ~con gran entereza~. - -Mi hijo ha muerto... del abatimiento, del bochorno a que le llevaron -los escándalos de su esposa. Eso lo sabe todo el mundo. - -LUCRECIA, ~airada, levantándose~. - -Mire usted lo que dice. Se hace usted eco de viles calumnias. Tengo -enemigos. - -EL CONDE - -Más que los enemigos, difaman a Lucrecia Richmond... sus amigos. - -LUCRECIA, ~desconcertada~. - -Repito que es calumnia. - -EL CONDE, ~levantándose también~. - -Ahora lo veremos... ~(Con cierta dulzura.)~ Lucrecia... aún podría -suceder que yo me equivocara, que fuese usted mejor de lo que -supongo... Este error mío lo confirmaría usted, dándome con ello una -dura lección, si tuviera el arranque de confesarme la verdad... - -LUCRECIA, ~aturdida~. - -¿La verdad?... - -EL CONDE - -Sí... sobre un punto delicadísimo sobre el cual la interrogaré. - -LUCRECIA, ~medrosa~. - -¿Cuándo? - -EL CONDE - -Ahora mismo... sí, y contestándome sin pérdida de tiempo, me -proporcionará el placer inefable de perdonarla. Crea usted que al fin -de mi vida, quebrantado, triste, moribundo casi, el perdonar es gran -consuelo para mí. - -LUCRECIA, ~con terror~. - -¡Interrogarme! ¿Soy acaso criminal? - -EL CONDE - -Sí. - -LUCRECIA, ~luchando con su conciencia, que anhela manifestarse~. - -Todos somos imperfectos... No me tengo por impecable... ¿Pero a -usted... quién le ha hecho confesor... y juez? - -EL CONDE - -Me hago yo mismo... Quiero y debo serlo, como jefe de la familia de -Albrit, y guardador de mi decoro. - -LUCRECIA, ~con pánico, queriendo huir~. - -Esto es insoportable... No puedo más... - -EL CONDE, ~deteniéndola por un brazo~. - -No, no. No puede usted negarse a responderme... al menos para -demostrarme que no tengo razón, si en efecto no la tuviera y usted -pudiese probarlo. Lo que voy a preguntar es grave, y el acto de -preguntarlo yo, de contestarme usted, ha de revestir cierta solemnidad. -Ahora no soy yo quien habla: es el marido de la que me escucha, es mi -hijo, que resucita en mí... ~(Pausa.)~ Siéntese usted. ~(La lleva al -sillón.)~ - -LUCRECIA, ~cayendo desfallecida en el sillón~. - -Por piedad, señor... Me está usted martirizando. - -EL CONDE - -Perdóneme usted... Es preciso... Hay que sufrir algo, Lucrecia. No -todo ha de ser gozar y divertirse. ~(Pausa. La Condesa, ansiosa, -no se atreve a mirarle.)~ Al llegar a Cádiz de mi frustrado viaje, -entregáronme una carta de Rafael, en la cual me manifestaba su dolor, -su amargura hondísima. La vida había perdido para él todo interés. -Hallábase enfermo, y en su desesperación no anhelaba curarse. Le -consumía el desaliento, la pérdida de toda ilusión, la vergüenza de ver -ultrajado su nombre... - -LUCRECIA, ~revolviéndose~. - -¡Señor Conde, por Dios...! - -EL CONDE - -Mi hijo vivía separado de su esposa desde el año anterior. - -LUCRECIA - -¿Y quién asegura que fue por culpa mía? - -EL CONDE - -Yo lo aseguro: por culpa de usted. - -LUCRECIA - -No es cierto. - -EL CONDE, ~colérico~. - -No me desmienta usted. Calle ahora y escuche. ~(Recobrando el tono -narrativo.)~ Rafael no me decía nada concreto. Expresaba tan solo el -estado de su espíritu, sin exponer las causas... - -LUCRECIA, ~con viveza~. - -No decía nada concreto. Luego... - -EL CONDE - -Pero, a poco de recibir la carta, me dio cuenta detallada de las -aventuras de la Condesa de Laín un amigo mío queridísimo, persona de -intachable veracidad, que no solo refería lo que era público y notorio, -sino algo que por circunstancias excepcionales tuvo ocasión de conocer -y comprobar; hombre que no ha mentido nunca, tan bueno y noble, que -al hacerme la triste historia de aquellos escándalos, casi, casi los -atenuaba... No necesito nombrarle. Usted le conoce. - -LUCRECIA, ~aterrada, casi sin voz~. - -Yo... no. - -EL CONDE - -Usted sabe quién es. Y no se atreve, no se atreve a sostener que ha -mentido, porque su conciencia, Lucrecia, se sobrepone a su cinismo; -y antes dudará usted de la luz que de la veracidad de ese hombre, -venerado de todo el mundo, gloria de la magistratura... - -LUCRECIA, ~agarrándose a un clavo ardiendo~. - -El hombre más recto puede equivocarse... sobre todo si respira un -ambiente malsano de hablillas y embustes... - -EL CONDE - -Sigo. Me refirió todo, todo... es decir, todo no. Falta algo, tan -secreto, que solo usted lo sabe... y usted me lo va a decir. - -LUCRECIA, ~con angustias de muerte~. - -¡Qué suplicio, Dios mío! - -EL CONDE - -¡Suplicio! No se acuerda usted del de su esposo, fugitivo, solo, -muriendo de melancolía, sin que ningún cariño le consolara... porque -yo estaba ausente, y usted, que no le amaba, no hacía más que rebuscar -pretextos para apartarse de su lado... Claro que al recibir la carta -y al oír los informes de mi amigo, me faltó tiempo para correr al -lado de Rafael. Tomé el tren, y sin parar en ninguna parte, me fui a -Valencia... - -LUCRECIA - -¡Ay de mí! - -EL CONDE, ~con voz lúgubre~. - -Dos horas antes de llegar yo, mi adorado hijo había muerto. Agravose su -enfermedad en aquellos días. Él no hacía caso... Un tremendo acceso de -disnea, el espasmo... la muerte. Todo en unas cuantas horas... ~(Llora. -Pausa.)~ Murió en el cuarto de una fonda... vestido sobre la cama... -mal asistido de gente mercenaria... ¡Jesús... qué dolor...! - -LUCRECIA, ~muy conmovida, sollozando~. - -¡Oh! Señor Conde, aunque usted no lo crea, yo le amaba... - -EL CONDE, ~iracundo, limpiándose las lágrimas~. - -¡Mentira! Si le amaba usted, ¿por qué no corrió a su lado al saber que -estaba enfermo? - -LUCRECIA, ~sin saber qué decir~. - -Porque... no sé... Complicaciones de la vida que no puedo explicar en -breves palabras. Yo... - -EL CONDE - -Déjeme concluir... Fácilmente comprenderá mi desesperación al -encontrarle muerto. ¡No escuchar de sus labios explicaciones que solo -él podría darme! Terrible cosa era perderle; pero más terrible aún -verle yerto, frío, mudo para siempre, como le vi yo... y no poder -consolarle, no poder decirle: «cuéntame tus martirios, y tu padre te -contará los suyos.» ~(Cruza las manos, sollozando.)~ ¡Oh, pena inmensa, -agonía lenta de mi vejez, más espantosa que cuantos males en todo -tiempo sufrí! Verle cadáver, hablarle sin obtener respuesta, sin que -a mis caricias respondiese con un gesto, con una mirada, con una voz. -¡Y sabiendo yo el infinito dolor que amargó sus últimos días, ver que -todo se lo llevaba, todo, al abismo del silencio, la muerte, sin darme -una parte, un poco del dolor suyo, que era su alma!... ~(La Condesa, -agitada y poseída de profunda emoción, llora, apretándose el pañuelo -contra los ojos.)~ ¡Horrible, pavoroso!... Usted no tiene corazón y no -sabe lo que es esto. ~(La ve llorar. Pausa.)~ ¡Qué hermoso sería que en -este instante pudiéramos llorar usted y yo por aquel ser querido!... -~(La Condesa da algunos pasos hacia él; están a punto de abrazarse... -vacilan... El Conde la rechaza secamente.)~ No... Tú, no... usted, no. - -LUCRECIA - -Sinceras son mis lágrimas. - -EL CONDE - -Naturalmente... Viendo mi pena... No es usted de bronce, no es usted -una fiera... Pero no, no sostenga que amaba a su esposo; al hombre -que se ama no se le engaña solapadamente, pisoteando su honra, y -arrojando al escándalo y a la befa del público su nombre sin tacha. -~(La Condesa inclina la cabeza, y fijos los ojos en el suelo, no dice -nada.)~ Al fin calla usted. Ahora, ahora veo a la desdichada Lucrecia -en el único terreno en que debe ponerse, que es el de la resignación -sumisa, esperando un fallo de justicia. ~(Pausa.)~ ¿Declara usted que -su conducta con mi hijo, al menos en determinadas épocas de su vida, no -fue buena? - -LUCRECIA, ~tímidamente~. - -Lo declaro... Pero algo debo decir en descargo mío... - -EL CONDE - -Ya escucho. - -LUCRECIA - -Mis desavenencias con Rafael son antiguas. - -EL CONDE - -Lo sé... Datan de los primeros años del matrimonio, porque usted, -penoso es decirlo, no hubo de esperar mucho tiempo para lanzarse por -mal camino. ¿Lo niega usted? - -LUCRECIA, ~cohibida, abrumada, queriendo y no queriendo decirlo~. - -Acusada con tanta fiereza, no acierto a buscar razones, que algunas hay -siempre en estos casos, para disculparme. - -EL CONDE - -Búsquelas usted... pero antes, ¿reconoce sus faltas? - -LUCRECIA, ~con gran esfuerzo~. - -Las reconozco. Sería una hipocresía indigna de mí negarlas en absoluto. -Pero... - -EL CONDE - -¿Pero qué...? - -LUCRECIA - -Digo que Rafael, llevándome desde el principio, contra mi gusto, a la -esfera social más favorable a la relajación del vínculo matrimonial, -contribuyó a perderme. Me vi rodeada de gente frívola, de aduladores, -de personas sin conciencia... - -EL CONDE - -¡Sin conciencia! Tuviérala usted, ¿y qué le importaban los demás? - -LUCRECIA, ~premiosa~. - -En aquel ambiente no supe o no pude combatir el mal. A mi lado no tenía -un censor severo de mi propia debilidad, un guardián vigilante... - -EL CONDE - -Difícil es guardar a la que guardarse no quiere. - -LUCRECIA, ~batiéndose desesperadamente~. - -¡Oh, señor Conde: si hubiera usted encontrado vivo a su hijo, si -hubiera podido escuchar de sus labios la confidencia o confesión que -deseaba... estoy segura de ello, Rafael, que era sincero y justo, -habría tenido la generosidad, la rectitud de decirle: «no solo es ella -culpable; yo también...»! - -EL CONDE - -No lo habría dicho, no. - -LUCRECIA, ~con firmeza~. - -Creo, como esta es luz, que Rafael, al juzgarme, no habría sido -extremadamente duro. - -EL CONDE - -Fue, más que duro, implacable. - -LUCRECIA - -¿En sus últimos momentos? - -EL CONDE - -En sus últimos momentos: fíjese usted en lo que afirmo. - -LUCRECIA, ~con estupor~. - -Pero si acaba usted de decirme... - -EL CONDE - -Que le encontré muerto... sí. - -LUCRECIA - -Entonces... ~(Pausa. Ambos se miran.)~ - -EL CONDE - -Los muertos hablan. - -LUCRECIA, ~con terror~. - -¡Y Rafael...! ~(Vacilante entre la incredulidad y un miedo -supersticioso.)~ - -EL CONDE - -Desesperado, loco, permanecí... no sé cuántas horas... ante el cadáver -de mi pobre hijo, sin darme cuenta de nada que no fuera él y el -misterio inmenso de la muerte. Pasado algún tiempo, empecé a fijar -mi atención en lo que me rodeaba, en sus ropas, en los objetos que -le pertenecieron, en los muebles que había usado, en la estancia... -~(Pausa. La Condesa le escucha con ansiosa expectación.)~ En la -estancia había una mesa con varios libros y papeles, y entre ellos una -carta... - -LUCRECIA, ~temblando~. - -¡Una carta...! - -EL CONDE - -Sí. Rafael estaba escribiéndola a las tres de la madrugada, cuando se -sintió mal. Vino bruscamente la muerte, le atacó con furia, ¡ay!... -El infeliz llamó; acudieron... Se le prestaron los auxilios más -perentorios... Todo inútil... La carta allí quedó medio escrita... Allí -estaba ¡hablando... y viva! hablando... ¡era él!... La leí sin cogerla, -sin tocarla, inclinado sobre la mesa, como me habría inclinado sobre su -lecho si le hubiera encontrado vivo... La carta dice... - -LUCRECIA, ~casi sin aliento, la boca seca~. - -¿Era para mí? - -EL CONDE - -Sí. - -LUCRECIA - -Démela usted. ~(El Conde deniega con la cabeza.)~ ¿Pues cómo he de -enterarme...? - -EL CONDE - -Basta que yo repita su contenido. La sé de memoria. - -LUCRECIA - -No basta... Si me acusa, necesito leerla, reconocer su letra... - -EL CONDE - -No es preciso. Yo no miento. Bien lo sabe usted... Principia con un -párrafo de amargas quejas que pintan la discordia matrimonial, lo -inconciliable de los caracteres. Siguen estos gravísimos conceptos -~(repitiéndolos palabra por palabra)~: «Te anuncio que si no me envías -pronto a mi hija, la reclamaré. Quiero tenerla a mi lado. La otra... -la que, según declaración tuya en la desdichada carta que escribiste a -Eraul, y que pusieron en mi mano sus enemigos... no es hija mía... te -la dejo, te la entrego, te la arrojo a la cara...» ~(Pausa silenciosa.)~ - -LUCRECIA, ~con estupor, que casi es embrutecimiento~. - -¿Eso decía... eso dice...? - -EL CONDE - -Esto dice... ~(Repitiendo con pausa.)~ «La otra... la que no es mi -hija, te la dejo, te la entrego, te la arrojo a la cara.» Y luego -añade: «Ya sabes que lo sé. No puedes negármelo... Tengo pruebas.» - -LUCRECIA, ~buscando una salida~. - -¡Pruebas!... ¡Quiero ver la carta! - -EL CONDE - -¿Duda usted de lo que digo...? - -LUCRECIA - -No lo dudo... no sé... Pero la carta puede ser falsa. La escribiría -algún enemigo mío para vilipendiarme. - -EL CONDE, ~con ademán de sacar la carta~. - -La escribió mi hijo. - -LUCRECIA, ~espantada~. - -No, no quiero verla... ¡Qué abominación! - -EL CONDE - -Luego, usted niega... - -LUCRECIA, ~maquinalmente~. - -Lo niego. - -EL CONDE - -Y yo ¡necio de mí! esperaba encontrar en usted la suficiente grandeza -de alma para revelarme toda la verdad, sin ocultar nada, única manera -de obtener el perdón. Llevado de este noble anhelo, solicité la -entrevista, y aspiraba y aspiro a que la infeliz Lucrecia complete su -revelación diciéndome... - -LUCRECIA, ~en el colmo del terror~. - -¿Qué... qué más...? - -EL CONDE, ~con austera frialdad~. - -Diciéndome... cuál de sus dos hijas es la que usurpa mi nombre, la que -simboliza y personifica mi deshonor. - -LUCRECIA - -¡Infame idea!... No, no es verdad. - -EL CONDE, ~repitiendo las graves palabras~. - -«Ya sabes que lo sé... No puedes negármelo.» - -LUCRECIA, ~decidida a la negativa, y negando con ahinco~. - -Lo niego... Es falso... - -EL CONDE - -¿Niega usted que hizo... a Carlos Eraul, pintor, muerto hace un año... -la grave revelación que ahora le pido? - -LUCRECIA, ~vivamente, sin poder contenerse~. - -¿La tiene usted? - -EL CONDE - -Luego existe... - -LUCRECIA, ~volviendo sobre sí~. - -Quiero decir que si la tiene usted, si posee algún papel que me -comprometa, será falso... habrán imitado mi letra. - -EL CONDE - -Como no puedo mentir, diré que no poseo ese precioso documento. Lo he -buscado inútilmente entre los papeles de mi hijo. - -LUCRECIA, ~respirando~. - -Todo esto es una farsa, una impostura, de la cual no culpo a nadie... -solo acuso a mi destino. - -EL CONDE - -Ya que no satisface usted mi anhelo de la verdad, conteste al menos a -esta otra pregunta: ¿Ama usted lo mismo a las dos niñas?... - -LUCRECIA, ~rabiosa, paseándose muy agitada~. - -No, lo mismo no... digo, sí... a las dos igual... Deseche usted esa -torpe idea. - -EL CONDE - -Antes hará usted del día noche y de la noche día, que conseguir -arrancarme de la mente la idea de que lo escrito por mi hijo es la pura -verdad. ~(Con autoridad severa.)~ Dígame usted pronto, pronto, cuál -de esas dos adorables niñas es la falsa... o cuál la verdadera: es lo -mismo. Necesito saberlo, tengo derecho a saberlo, como jefe de la casa -de Albrit, en la cual jamás hubo hijos espúreos, traídos por el vicio. -Esta casa histórica, grande en su pasado, madre de reyes y príncipes en -su origen, fecunda después en magnates y guerreros, en santas mujeres, -ha mantenido incólume el honor de su nombre. Sin tacha lo he conservado -yo en mi esplendor y en mi miseria... No puedo impedir hoy, ¡triste de -mí! este caso vergonzoso de bastardía legal; no puedo impedir que la -ley transmita mi nombre a mis dos herederas, esas niñas inocentes. Pero -quiero hacer en favor de la auténtica, de la que es mi sangre, una -exclusiva transmisión moral. Esa será la verdadera sucesora, esa será -mi honor y mi alcurnia en la posteridad... La otra, no. Falsa rama de -Albrit, la repudio, la maldigo... maldigo su extracción villana y su -existencia usurpadora. - -LUCRECIA - -Por piedad... No puedo más. ~(Cae en el sillón consternada, sollozando. -Pausa larga.)~ - -EL CONDE - -Lucrecia, ¿reconoce usted al fin la razón que me asiste?... Llora -usted... ~(Creyendo que los procedimientos de suavidad serán más -eficaces.)~ Sin duda expongo mis quejas con demasiada severidad; -sin duda interrogo con altanería... No puedo vencer la fiereza de -mi carácter. Perdóneme usted. ~(Con dulzura.)~ Ahora no mando... -no acuso... no soy el juez... soy el amigo... el padre, y como tal -suplico a usted que me saque de esta horrible duda. ~(La Condesa calla, -mordiendo su pañuelo.)~ Valor... Una palabra me basta... Después de -oírla no he de decir nada desagradable... La verdad, Lucrecia, la -verdad es lo que salva. - -LUCRECIA, ~que después de horrible lucha, se levanta bruscamente, y -desesperada y como loca recorre la estancia~. - -¡Oh, no puedo más!... ¡Un balcón abierto para arrojarme!.. Huir, volar, -esconderme... Este hombre me mata... ¡Favor! - -EL CONDE - -Bueno, bueno... Veo que no quiere usted entrar en razón... ¿No me -contesta?... - -LUCRECIA, ~con fiereza, con resolución inquebrantable, parándose ante -él~. - -¡Nunca! - -EL CONDE - -¿De veras? - -LUCRECIA, ~con más energía~. - -¡Nunca!... ¡Antes morir! - -EL CONDE - -Bien. ~(Se sienta, calmoso.)~ Pues lo que usted no quiere decirme, yo -lo averiguaré. - -LUCRECIA - -¿Cómo? - -EL CONDE - -¡Ah!... yo me entiendo. - -LUCRECIA - -Está usted loco... Su demencia me inspira compasión. - -EL CONDE - -La de usted, a mí no me inspira lástima. No se compadece a los seres -corrompidos, encenagados en el mal. - -LUCRECIA, ~iracunda~. - -Continúa injuriándome, ¡a mí, a la viuda de su hijo! - -EL CONDE, ~levantándose altanero~. - -La que me habla no es la viuda de mi hijo, pues aunque la ley, una ley -imperfecta, así lo dispone, por encima de esa ley está la autoridad -moral del jefe de la familia de Albrit, que la coge a usted, y la -arranca, como cosa extraña y pegadiza, y la arroja a la podredumbre en -que quiere vivir. - -LUCRECIA, ~furiosa, descompuesta~. - -¡Albrit!... raza de locos... caballería burlesca... honor de bambolla -para encubrir la mendicidad. ¡Qué sería del viejo león si yo no le -amparase! Soy generosa, le perdono sus injurias, y cuidaré de que no -muera en un hospital, o arrastrando su melena gloriosa por los caminos. - -EL CONDE, ~con supremo desdén~. - -Lucrecia Richmond, quizás Dios te perdone. Yo... también te -perdonaría... si pudieran ir juntos el perdón y el desprecio. - -LUCRECIA, ~dirigiéndose a la puerta~. - -Basta ya. ~(A las niñas, que entreabren la puerta, sin atreverse a -entrar.)~ Podéis pasar. - - -ESCENA VI - -~NELL y DOLLY, que corren a abrazar a su madre; tras ellas GREGORIA y -VENANCIO. Poco después EL CURA y EL MÉDICO.~ - -LUCRECIA - -Prendas queridas, dadme mil besos. ~(Se besan.)~ - -NELL, ~observándole el rostro~. - -Mamita, tú has llorado. - -DOLLY - -Estás sofocadísima... - -LUCRECIA - -El abuelo y yo hemos evocado recuerdos tristes. - -NELL, ~mirando al Conde, que permanece sentado, inmóvil~. - -También el abuelito ha llorado. ~(Se acerca.)~ - -EL CONDE - -Venid... abrazadme... ¡Os quiero tanto! - -~(Las dos acuden a él, y le abrazan y besan, cada una por un lado.)~ - -LUCRECIA, ~hablando aparte con Gregoria y Venancio~. - -Le atenderéis, le cuidaréis como a mí misma. Pero no dejéis de -vigilarle siempre, siempre... - -DOLLY, ~al Conde~. - -Esta tarde pasearemos. - -EL CONDE - -Sí, sí: no me separaré de vosotras... Charlaremos, estudiaremos. - -NELL - -Nos enseñarás la Aritmética, la Historia... - -EL CONDE - -La Historia... No, esa vosotras me la enseñaréis a mí. - -~(Entran por el foro el Cura y el Médico; ambos se dirigen a la -Condesa.)~ - -EL CURA - -¿Qué tal? ¿Tenemos reconciliación? - -LUCRECIA, ~en voz baja~. - -Calle usted... Encargo mucha vigilancia... ~(Al Médico.)~ Y a usted, -Sr. Angulo, no me cansaré de recomendarle que le observe bien. ~(Dando -a entender que padece desvarío mental.)~ - -EL CURA - -Señor Conde... ~(Le saluda y sigue a su lado. A bastante distancia se -agrupan la Condesa, el Médico, Gregoria y Venancio.)~ - -EL MÉDICO - -Descuide usted... Le observaremos... - -LUCRECIA - -Y a mi regreso dispondré... - -EL MÉDICO - -¿Pero insiste usted en dejarnos hoy? - -LUCRECIA - -Volveré pronto... ~(El Médico pasa a saludar al Conde, y el Cura vuelve -al lado de Lucrecia.)~ - -EL CURA, ~en voz baja a la Condesa~. - -No se vaya usted. - -LUCRECIA - -Tengo que estar en Verola hoy mismo. Es para mí... no se cómo -decirlo... cuestión de vida o muerte. Adiós. - -NELL - -Mamita, ¿te acompañamos a tu casa, o nos quedamos un rato con el abuelo? - -LUCRECIA - -Como queráis. - -DOLLY - -No, no: decídelo. - -LUCRECIA - -Lo que el abuelo disponga. - -EL CONDE - -Me parece natural que si vuestra mamá se va esta tarde, estéis a su -lado hasta la hora de partir. ~(Besa a las niñas.)~ ¡Oh! no os veo -bien, no os distingo; me parecéis una sola... - -EL MÉDICO - -¿Qué? ¿La vista no anda bien? - -EL CONDE. ~(Se levanta.)~ - -Mal estamos hoy... Toda la mañana he notado una obscuridad, una -vaguedad en los objetos... ~(Mirando en derredor, con ojos que se -esfuerzan en ver.)~ No veo nada... apenas distingo... ~(Fijándose en -la Condesa que, altanera, le clava la mirada.)~ No veo bien más que a -Lucrecia... a esa, sí... la veo... allí está... Mi ceguera creciente -no me permite ver más que las cosas grandes... el mar, la inmensidad... -y ella es grande... enorme... la veo... como el mar... Es otro mar, un -mar de... de... de... ~(Su voz se extingue. Queda inmóvil y rígido. -Profundo silencio. Todos se miran.)~ - - -FIN DE LA JORNADA SEGUNDA - - - - -JORNADA TERCERA - - -ESCENA PRIMERA - -~NELL, DOLLY, D. PÍO CORONADO, sentados los tres alrededor de una mesa -de estudio, donde se ven papeles, tintero, libros de texto.~ - -~Es el maestro de las niñas de Albrit un anciano de estatura menguada, -muy tieso de busto y cuello, y algo dobladito de cintura, las piernas -muy cortas. La expresión bonachona de su rostro no lograron borrarla -los años con todo su poder, ni los pesares domésticos con toda su -gravedad. Guiña los ojuelos, y al mirar de cerca sin anteojos, los -entorna, tomando un cariz de agudeza socarrona, puramente superficial, -pues hombre más candoroso, puro y sin hiel no ha nacido de madre. -Un rastrojo de bigote de varios colores, recortado como un cepillo, -cubre su labio superior. Viste con pobreza limpia anticuadas ropas, -recompuestas y vueltas del revés, atento siempre al decoro de la -presencia en público.~ - -~Maestro de escuela jubilado, desempeñó con eficacia su ministerio -durante treinta años, distinguiéndose además como profesor privado de -materias de la primera y segunda enseñanza. Su defecto era la flojedad -del carácter, y la tolerancia excesiva con la niñez escolar. Sabía el -hombre todo lo que saber necesita un maestro, y algo más; pero con la -edad y las inauditas adversidades que le agobiaban, fue perdiendo los -papeles, y hasta la afición. Su cabeza llegó a pertenecer al reino de -los pájaros; su memoria era una casa ruinosa y desalojada, en la cual -ninguna idea podía encontrar aposento; todo lo que perdía en ciencia -lo ganaba en debilidad y relajación del carácter. En esta situación le -designó D. Carmelo para maestro de las niñas de Albrit, teniendo en -cuenta tres razones: que si no sabía mucho, no había en Jerusa quien le -aventajara; que era honrado, honesto, absolutamente incapaz de enseñar -a sus discípulos ninguna cosa contraria a la moral, y, por último, que -al aceptarle para aquel cargo realizaba la Condesa un acto caritativo. -Su bondad, la excesiva blandura de corazón, eran ya en Coronado un -defecto, casi un vicio, por lo cual, lamentándose de sus acerbas -desdichas, solía decir, elevando al cielo los ojos y las palmas de las -manos: «¡Señor, qué malo es ser bueno!»~ - -~Al comenzar la escena llevaba ya el maestro una hora de inútiles -tentativas para introducir en las molleras de sus alumnas los -conocimientos históricos, aritméticos y gramaticales.~ - -DOLLY, ~dando un golpe en la mesa~. - -¿Que no sé una palabra? Mejor... Ni falta que me hace. - -D. PÍO, ~apelando a la emulación~. - -No dirá lo mismo Nell, que desea aprender. - -NELL - -Sí, señor, digo lo mismo: ni falta que me hace. - -D. PÍO, ~con severidad fingida, que no convence~. - -Está bien, muy bien. He aquí dos niñas finas, criadas para la alta -sociedad, y que se empeñan en ser unas palurdas. - -DOLLY - -Sí, señor: queremos ser palurdas. - -NELL - -Salvajes, como quien dice. - -D. PÍO - -¡Anda, salero! ¡Salvajes las herederas de los condados de Albrit y Laín! - -DOLLY, ~tirándole suavemente de una oreja~. - -Sí, sí, maestrillo salado. ¿No eres tú muy ilustradito? - -NELL - -¿Y de qué te sirve? - -DOLLY - -¡Vaya un pelo que has echado con tu ilustración! - -D. PÍO, ~suspirando~. - -Puede que estéis en lo cierto, niñas de mi alma... Bueno, sigamos. -Dolly, otra miajita de Historia... ¡Vamos allá! - -DOLLY ~(Apoyando los codos en la mesa y la cara en las manos, le -contempla risueña.)~ - -¡Piito, qué guapo eres! - -D. PÍO, ~tocando las castañuelas con los dedos~. - -Señorita Dolly, juicio. - -NELL - -Tu cara parece una rosa. Si no fueras viejo y no te conociéramos, -diríamos que te pintabas. - -D. PÍO - -Juicio, Nell... ¡Pintarme yo! - -DOLLY - -Dime otra cosa: ¿es verdad que cuando eras pollo hacías muchas -conquistas? - -D. PÍO, ~tocando con más rápido movimiento las castañuelas, que es su -manera especial de llamar al orden~. - -Juicio, niñas. Sigamos la lección. - -NELL - -Nos han dicho que las matabas callando. - -DOLLY - -Y que tenías las novias por docenas. - -D. PÍO - -¿Novias...? Oh, no: quítenme allá eso... Son muy malas las mujeres. - -NELL, ~pegándole suavemente en el cuello~. - -Peores son los hombres. No hables mal de nosotras. - -D. PÍO - -Vaya, que estáis hoy juguetonas y desatinadas. ~(Queriendo enfadarse.)~ -¡Por vida de...! Si no dais la lección, os lo digo con toda mi alma, os -lo juro... - -NELL - -¿Qué? - -D. PÍO, ~deseando enfadarse~. - -Que me enfado. - -DOLLY - -Ya lo había conocido. Estamos temblando. - -NELL - -Toca, toca las castañuelas. - -D. PÍO, ~decidido a tomar la lección~. - -Orden, juicio. A ver: decidme algo de Temístocles. - -DOLLY - -Sí: el que le cortó la cabeza a una mala mujer, que llamaban la Medusa. - -D. PÍO, ~llevándose las manos al cráneo~. - -¡Por Dios, por todos los santos de la corte celestial, no me confundáis -la Historia con la Mitología! - -NELL - -Tan mentira es una como otra. - -DOLLY - -Y nos importan lo mismo. - -D. PÍO - -¡Ay, ay, cómo estáis hoy!... ¡Silencio, formalidad! Pronto, referidme -los principales hechos de la vida de Temístocles. - -DOLLY - -No nos gusta meternos en vidas ajenas. - -D. PÍO - -Temístocles, grande hombre de la Grecia, natural de Tebas, vencedor -de los lacedemonios. ~(Corrigiéndose.)~ ¡Ah! no... le confundo con -Epaminondas... ¡Cómo tengo la cabeza!... - -NELL - -¡Ay, que no lo sabe, que no lo sabe!... - -DOLLY - -¡Vaya con el preceptor de pega! - -D. PÍO, ~afligido~. - -Es que me volvéis loco con vuestros juegos, con vuestras tonterías. -~(Con gravedad.)~ Así no podemos seguir. - -NELL - -Digo lo mismo. - -DOLLY - -Queremos ser burras, y salir a los prados a comer yerba. - -D. PÍO - -Pero mi conciencia no me permite engañar a la Condesa, que sin duda -cree que os enseño algo, y que vosotras lo aprendéis... - -DOLLY, ~poniéndose las antiparras de Coronado, que están sobre la mesa~. - -Piito, estamos aburridísimas. - -D. PÍO, ~queriendo recobrar sus anteojos~. - -¡Que me los rompes, hija! - -NELL - -Piito salado ¿no sería mejor que nos fuéramos los tres a dar un paseo -por la playa? - -D. PÍO - -Está bien, muy bien. ¡Magnífico! ¡De pingo todo el santo día, aun las -horas dedicadas a la educación! Muy bonito; sí, señoras, muy bonito... -Y heme aquí de figurón, de monigote irrisorio; yo, que soy la ciencia; -yo, yo, que estoy aquí para inculcaros... - -DOLLY - -Piito, no nos inculques nada, y vámonos. - -NELL - -En la playa seguiremos dando lección. Frente al mar, la del viaje de -Colón a América. - -DOLLY - -Y el paso del Mar Rojo. - -D. PÍO, ~suspirando, desalentado~. - -¡Ay, qué niñas! ¡No hay quien pueda con ellas! Bueno, pues transijo... -Pero antes pasemos un poco de Gramática. - -NELL, ~tocando las castañuelas~. - -¡Viva Coronado! - -DOLLY, ~de carrerilla~. - -La Gramática es el arte de hablar correctamente el castellano... - -D. PÍO - -Vamos más adelante. Dolly, dígame usted qué es participio. - -DOLLY, ~flemática~. - -No me da la gana. - -NELL - -Participio... Una cosa que se parte por el principio. - -D. PÍO, ~poniendo el paño al púlpito~. - -¡Tontas, casquivanas, que no tenéis aquel punto de amor propio que veo -yo en otras niñas, ¡Señor!, en otras niñas aplicaditas y formales, que -aprenden para lucirse en los exámenes, y para que a sus padres se les -caiga la baba oyéndolas! - -DOLLY - -No queremos lucirnos, ni a mamá se le cae ninguna baba... ¡Vaya con el -maestrillo este! - -NELL - -Coronadito, si no tienes juicio, te pondremos de rodillas. - -D. PÍO - -¡Anda, salero!... ¿Pero qué trabajo os cuesta retener en la memoria -cosas tan fáciles? Luego seréis mujercitas aristocráticas, y cuando -vuestra ilustre mamá os lleve a los salones, os vais a lucir, como hay -Dios... Figuraos que en los saraos se habla del participio, y vosotras -no sabéis lo que es. ¡Bonito papel harán mis niñas! Dirá la gente: -«¿pero de qué monte ha traído la Condesa este par de mulas?» Eso dirán, -y se reirán de vosotras, y no os querrán vuestros novios. - -DOLLY - -Los novios nos querrán aunque no sepamos el participio, ni la -conjunción, ni nada. - -NELL - -Que seamos bonitas, que seamos elegantes, y verás tú si nos quieren. - -D. PÍO - -Sí, sí: lindas borriquitas seréis. Pues yo me planto, señoras mías; ya -sabéis que soy atroz cuando me planto: tengo mal genio. - -NELL - -¡Terrible! - -DOLLY - -¡Ay, qué miedo! - -NELL, ~que, apoyada en la mesa con indolencia, le mira burlona~. - -¿Sabes, Piillo, que estoy observando una cosa? Tienes los ojos muy -bonitos. - -DOLLY - -Parecen dos soles... pillines. - -D. PÍO, ~cruzándose de brazos~. - -Ea, burlaos de mí todo lo que queráis. - -NELL - -No es burla, es confianza. - -DOLLY - -Es que te queremos, maestrillo, porque eres muy bueno y no tienes -malicia. - -NELL, ~acariciándole la barba~. - -¡Es un buenazo este D. Pío! Por eso te hacen rabiar las niñas de -Albrit, que son y serán siempre tus amiguitas... - -D. PÍO, ~embobado~. - -¡Zalameras, melosas, carantoñeras! - -DOLLY - -Dí una cosa: ¿es verdad que tienes muchas hijas? - -D. PÍO, ~lanzando un suspiro muy hondo y fuerte. (Diríase que lo saca -de los talones~.) - -Muchas, sí... - -NELL - -¿Son guapas? - -D. PÍO - -No tanto como lo presente. - -DOLLY - -¿Te quieren? - -D. PÍO, ~intentando sacar otro suspiro hondo, que se le queda -atravesado en el pecho, cortándole la respiración~. - -¡Quererme... ellas! - -NELL - -Me han dicho que no. Si es así, no te importe, que bien te queremos -nosotras. - -DOLLY - -¿Y tú, nos quieres? ~(D. Pío hace signos afirmativos.)~ - -NELL - -Nos idolatra... Estudiamos cuando se nos antoja, y cuando no, jugamos. - -DOLLY - -Y eso haremos hoy: jugar, irnos a la playa. - -D. PÍO, ~vencido~. - -¡A la playa! - -NELL - -Está un día espléndido. ~(Mira por la ventana.)~ - -DOLLY, ~tocando las castañuelas~. - -Y el cielo y la mar nos dicen: venid, volad, y traed a vuestro adorado -preceptor. - -D. PÍO, ~deseando ir, pero no queriendo manifestarlo~. - -¿Yo... también yo?... ¡Viva la indisciplina! - -NELL - -Vendrás con nosotras, porque si no, Venancio no nos dejará salir ahora. -Tú tienes que decirle: «hoy han estudiado tanto, que en premio de su -aplicación las saco a dar una vuelta.» - -D. PÍO - -¡Anda, morena! ¡Vaya, que si la señora Condesa se enterara de cómo -cumplo mis deberes profesionales!... - -DOLLY - -Lo que quiere mamá es que estemos siempre a la intemperie, y nos -hagamos robustas como unas aldeanotas. - -D. PÍO - -¡Y qué diría vuestro abuelo! - -NELL - -El abuelito nos quiere lo mismo en bruto que pulimentadas. - -D. PÍO - -Os adora, sí. Como que sois sus nietas. Acompañadle, dadle palique, -hacedle mimos: también él es niño. Y cuando le oigáis un disparate muy -gordo, se lo contáis al señor Cura y al Médico. - -DOLLY, ~enojada~. - -No dice disparates el abuelo. - -D. PÍO - -Ayer me decía que vosotras dos no sois más que una para él... - -NELL - -Y eso, ¿por qué ha de ser disparate, maestrillo? - -DOLLY - -Quiere decir... - -NELL - -Que el grande amor que nos tiene nos iguala, y hace de las dos una sola. - -D. PÍO - -Esta chica es un portento. - -DOLLY - -Hola, hola; ¿y para mí no hay piropo? - -D. PÍO - -¿Te enfadas, ángel? - -DOLLY, ~riendo~. - -Está eso bueno. Mi hermana es un portento... y yo nada. - -D. PÍO - -Tú, otro portento... ¡Vivan las nenas de Albrit! - -NELL, ~alborotando~. - -¡Viva el más sabio profesor y catedrático de la antigüedad pagana, -mitológica... y cosmopolita! En fin, ¿nos vamos o qué? - -D. PÍO, ~deteniéndolas~. - -Esperad. Parece que viene alguien. - -DOLLY - -Siento el vocerrón de D. Carmelo. - -D. PÍO, ~tomando el tonillo profesional~. - -¡Orden, formalidad! Pues hemos dado un repasito a la Gramática, venga -ahora un buen jabón a la Historia. Niñas, el Papado y el Imperio... A -ver... - - -ESCENA II - -NELL y DOLLY, D. PÍO, EL SEÑOR CURA, VENANCIO - -EL CURA, ~riendo, en la puerta~. - -Presentes, mi general. Yo soy el Papado, y el Imperio es este. -~(Entran.)~ - -VENANCIO - -¿Cómo vamos de lección? - -EL CURA - -¿Saben, saben mucho estas picaruelas? - -D. PÍO - -Regular... Hoy, vamos, hoy, no lo han hecho del todo mal. - -EL CURA - -No me fío. Este Coronado es la pura manteca. ~(Saludando a las niñas y -acariciando sus manos.)~ ¡Qué monada de criaturas! - -VENANCIO - -Muy monas, pero desaplicaditas... No quieren más que corretear por el -campo. - -EL CURA - -Mejor... ¡Aire, aire! - -VENANCIO - -Y su abuelito, en vez de reprenderlas para que se apliquen, les -dice que la señora Gramática y la señora Aritmética son unas viejas -charlatanas, histéricas y mocosas, con las cuales no se debe tener -ningún trato. - -EL CURA - -¡Qué bueno!... Si digo que el Conde... - -VENANCIO, ~a D. Pío~. - -¿Y anoche, cuál fue la tecla que nos tocó? - -D. PÍO - -Que no debo introducir más paja en la cabeza de las señoritas, pues lo -que les conviene es educar la voluntad. - -EL CURA - -No está mal... - -DOLLY - -Por eso a mí no me gusta saber nada de libros, sino de cosas. - -EL CURA - -¡Brava! - -VENANCIO - -¿Y qué son cosas, señorita? - -NELL - -Pues cosas. - -DOLLY - -Cosas. - -EL CURA, ~comprendiendo~. - -Ya... Pero el arte de la vida ya lo iréis aprendiendo en la vida misma. - -VENANCIO - -Y eso no quita que estudien lo de los libros, ¿verdad, D. Pío? ~(El -maestro hace signos afirmativos.)~ Tan distraídas están con el -corretear continuo, que ya Dolly ni siquiera dibuja. - -EL CURA - -¡Qué lástima!... ~(A Dolly.)~ Y aquellos monigotitos, y aquellas -vaquitas, y aquellos... ~(Dolly se encoge de hombros.)~ - -NELL - -Ya no dibuja. Le gusta más cocinar. - -EL CURA - -¿De veras?... ¡Oh, serafín de los cielos! - -VENANCIO - -A lo mejor se nos mete en la cocina, se pone su delantal de arpillera, -y allí la tiene usted entre cacerolas, tiznada, hecha una visión... - -EL CURA - -¡Divino! - -VENANCIO - -¡Miren que una señorita de la aristocracia, con las manos ásperas y -llenas de pringue! - -EL CURA - -Eso es juego... Pero no está de más saber de todo... por lo que pueda -tronar. ¿Y Nell, no cocina? - -DOLLY - -A mi hermana le gusta más lavar cristales... mojarse, fregotear, pegar -cosas rotas, limpiar las jaulas de los pájaros, y echarles la comidita. - -EL CURA - -También es útil. Bien, bien, niñas saladísimas; seguid estudiando... - -NELL - -Es que... - -DOLLY - -D. Pío había dicho que... pues hoy hemos trabajado bárbaramente... -podíamos pasear. - -D. PÍO - -¡Ah!... permítanme... dije que si acabábamos la Aritmética, saldríamos, -y en el bosque les explicaría algo de Geografía. - -EL CURA - -Paseen, sí. - -VENANCIO - -Pero por el bosque no. - -DOLLY - -A la playa. ~(Las dos se quitan los delantales.)~ - -VENANCIO, ~aparte a D. Pío~. - -El Conde suele pasear por el bosque. Llévelas usted a la playa... No se -separe de ellas... ¿Se entera de lo que le digo?... - -D. PÍO - -Sí, hombre. A la playa... - -NELL, ~a Venancio~. - -¿Ha salido ya el abuelito? - -VENANCIO - -No; ni creo que salga. Vayan las señoritas con el maestro. - -NELL - -¿Y usted se queda, D. Carmelo? - -EL CURA - -Sí, hija mía: espero al amigo Angulo, con quien tengo que hablar. - -VENANCIO, ~mirando por la ventana~. - -Ya está aquí. - -EL CURA - -Pues bajemos todos. Las niñas por delante. - -DOLLY, ~que sale la primera, gozosa~. - -En marcha. ~(Llamando al perrito.)~ _¡Capitán!_ - -NELL, ~detrás de su hermana~. - -_¡Capitán!_ - -~(Salen los demás.)~ - - -ESCENA III - -~Sala baja en la Pardina.~ - -~GREGORIA, EL MÉDICO; después VENANCIO, EL CURA~ - -EL MÉDICO - -¿Cómo es que no ha salido aún a dar su paseo de la mañana? - -GREGORIA - -¿Yo qué sé?... Todavía le tiene usted en su cuarto. He mirado por el -agujero de la llave, y está dando paseos arriba y abajo, con las manos -en los bolsillos. - -EL MÉDICO - -¿Come bien? - -GREGORIA - -Regular. - -EL MÉDICO - -¿Sabe usted si duerme? - -GREGORIA - -Esta mañana, cuando le entré el desayuno, le dije... con todo el -respeto del mundo, claro: «¿Qué tal ha pasado la noche el señor Conde?» -y me contesto: «Bien;» pero en seco, y con un tonillo que, a mi -parecer, era lo mismo que decir: «Mal.» - -EL CURA - -¿Qué? ¿Hay algo de nuevo? - -EL MÉDICO - -Nada. Hoy no le he visto aún. En la conversación que anoche tuvimos, -pude, observar que a la exaltación del orgullo aristocrático, añade -nuestro D. Rodrigo otra monomanía: la sutileza del honor y de la moral -rígida, en un grado de rigidez casi imposible, y sin casi, en las -sociedades modernas. - -EL CURA - -Lo mismo observé yo en nuestro paseo de ayer tarde. Por cierto que... -me hizo pasar un mal rato. - -EL MÉDICO - -¿Qué ocurrió? - -EL CURA - -Nada... Es que por lo visto gusta de pasear solo... Desde que salimos, -hube de comprender que le desagradaba mi compañía. Claro que no me -despidió de mala manera: su buena educación no se desmiente nunca. -Pero con perífrasis ingeniosas, me decía: «Mejor voy solo que mal -acompañado.» Francamente, creía yo hacerle un favor dándole el brazo, -entreteniéndole con una conversación grata... - -EL MÉDICO - -Pues mire usted, D. Carmelo: en esto no conviene contrariarle. ¿Quiere -andar solo? Pues solo. No, no se cae. En mi opinión, ve bastante más -de lo que dice. ~(A Venancio.)~ Lo que puede usted hacer es mandar un -criado que le vigile a distancia... - -GREGORIA, ~de mal temple~. - -En esta época, Sr. de Angulo, no tenemos a nuestra gente tan -desocupada... - -VENANCIO, ~arrancándose~. - -D. Carmelo, D. Salvador, yo que ustedes, diría a la Condesa que su -señor suegro estará mejor en otra parte. Y esto no significa que -queramos echarle. Es nuestro deber tenerle aquí; hemos sido... fuimos, -como quien dice, sus criados... - -GREGORIA - -El cuento es que el Sr. D. Rodrigo, por haber venido tan a menos, no -encaja en nuestras costumbres de gente pobre, ni se acomoda al trato -modestito que le damos. Y es natural: yo me pongo en su caso. - -VENANCIO, ~rascándose la cabeza~. - -Hay que mirarlo todo, señores. Con la consignación que nos ha señalado -la señora no podemos hacer milagros. A un grande de España, por más -que ahora sea _chico_, no hemos de tenerle aquí como un estudiantón, -hartándole de puchero, y... vamos, que con tanto extraordinario y tanta -finura de cocina, se nos van nuestros ahorros que es un gusto. - -EL CURA - -En efecto... - -GREGORIA - -Y, por añadidura, vivimos siempre sobresaltados... Que si sale, que -si tarda, que si le habrá pasado algo... Se necesita un regimiento de -criados para servirle y atenderle. - -VENANCIO - -Tenemos aquí muchos trajines. Vivimos de nuestro trabajo. - -GREGORIA - -Atendemos a la tierra, a las plantas, al fruto. Hay que mirar a todo. - -VENANCIO - -Al ganado de pelo y de pluma. - -GREGORIA - -Ahora me tienen ustedes todo el santo día en la cocina; y que no -trabajo menos con la cabeza que con las manos: ¡Señor, qué pondré -hoy!... ¡Si le gustarán las manos de ternera!... ¡Si acertaré a freír -el filete!... ¡Ay, Jesús!... Y a todas estas, mis judías sin coger, mis -tomates pudriéndose en las ramas... y mis gallinitas olvidadas... - -VENANCIO - -Olvidadas, no, que aquí estoy yo para retorcerles el pescuezo... A este -paso, señores míos, pronto liquidará la Pardina. - -EL CURA - -Vamos... siempre habéis de ser lo mismo... aldeanos que se ahogan, -aunque naden en la abundancia. - -EL MÉDICO - -Siempre llorando... y escondiendo a la espalda las llaves del granero. - -EL CURA - -¡Avarientos, mezquinos! - -VENANCIO, ~achicándose~. - -Sr. D. Carmelo, no hemos dicho nada. - -GREGORIA, ~suspirando~. - -Sr. D. Salvador... ustedes mandan. - -EL CURA - -Por lo demás, yo creo también que el pobre león de Albrit estará mejor -en otra leonera. - -EL MÉDICO - -A ver si ha pensado usted lo mismo que yo. - -EL CURA, ~enfatuado~. - -Tengo una idea... - -VENANCIO, ~adivinando~. - -Yo tengo también una idea... - -EL MÉDICO - -Llevarle a Zaratán. - -EL CURA - -Al convento de Jerónimos. - -VENANCIO, ~asintiendo con viveza, lo mismo que Gregoria~. - -Eso, eso. - -EL CURA - -Solución que debe ser la mejor, pues se aprueba por unanimidad. - -EL MÉDICO - -Allí estará como un príncipe. Falta que los reverendos quieran. - -EL CURA - -Deseándolo, querido Salvador, deseándolo. Locos de contento en cuanto -les propuse... - -VENANCIO - -¿Pero habló usted con el Prior?... - -EL CURA - -¡Toma! ¿Creen que soy de los que cuando dan con una feliz idea, la -están rumiando siete meses?... Y no solo he hablado con el Prior, sino -que he escrito a la Condesa... - -GREGORIA, ~viendo llegar al Conde~. - -Cuidadito, que aquí viene. - - -ESCENA IV - -~EL MÉDICO, EL CURA, VENANCIO, GREGORIA; EL CONDE, a paso lento, -apoyado en su palo. Nótase más deterioro y descuido en su ropa. Avanza -muy abstraído, sin parar mientes en las personas que están en la -habitación.~ - -EL CURA - -¿Señor Conde, cómo va ese valor? - -EL CONDE - -¡Ah! _pastor Curiambro_, ¿estás aquí? No te había visto... ~(Examinando -las personas.)~ ¿Y este bulto...? - -EL CURA - -No es bulto, es nuestro gran médico... - -EL MÉDICO, ~saludándole~. - -Señor Conde... - -EL CONDE, ~muy afectuoso~. - -Perdona, hijo... ¡Veo tan poco!... Y aquel es Venancio... a ese le -conozco sin verle... Y Gregoria... Ya está aquí todo el cónclave... -Bien, bien... Antes de que me lo preguntes, médico ilustre, te digo -que, fuera de este achaque de la vista, me encuentro muy bien... ¡Y -qué contento vivo en la Pardina! Venancio, Gregoria, sabed que estoy -contentísimo, y que tendréis la satisfacción de alojarme por mucho -tiempo... - -VENANCIO - -Es lo que deseamos... - -EL MÉDICO - -¿Va el señor Conde a dar su paseo?... - -EL CONDE - -Si ustedes no disponen otra cosa... Pero me quedaré un poquito por -hacer los honores debidos a las dignas personas que honran mi casa. -~(Se sienta en el sillón.)~ - -EL CURA - -Mil gracias, señor Conde. Veníamos... - -EL CONDE - -Ya me lo figuro: a pasar revista a la huerta y examinar los tomates, y -armar las grandes peloteras con Gregoria sobre si son mejores los de -allá o los de acá... ~(Todos ríen.)~ - -EL CURA - -Los míos son así de gordos. - -GREGORIA - -Ya quisiera... - -EL CONDE - -Basta de polémicas, y si arrojáis en esta placentera reunión el tomate -de la discordia, yo, deferente con el bello sexo, adjudico el premio a -mi patrona... Gregoria, Venancio, Dios os colme de prosperidades... a -ver si salís de pobres... ~(Con ironía sutil.)~ En ello voy ganando, -porque de lo que tengáis, hijos míos, algo ha de participar siempre -este pobre viejo... ¿Verdad que sí?... - -VENANCIO, ~secamente~. - -Sí, señor. - -EL MÉDICO, ~que, sentado a su lado, le pone la mano en el hombro~. - -¿Conque bien...? - -EL CONDE - -Pero no de la vista. Cada día se nublan más mis ojos. - -GREGORIA, ~con un alarde de osadía~. - -El señor se pondría bueno de la vista... y de la cabeza... ¿lo digo? si -no tuviera tan mal genio. - -EL CONDE - -¡Mal genio yo! Si con la voluntad siempre en guardia he logrado -dominarme, y ya no riño, ya no me oiréis gruñir... - -VENANCIO - -Nos dice palabras blandas, pero con intención dura... Entre flores -esconde el látigo con que... - -EL CONDE - -¿Yo? No, hijo mío. Precisamente quería aprovechar esta ocasión para -decirte que admiro y alabo tus hábitos de arreglo, y tus grandes dotes -de administrador. - -VENANCIO, ~sobresaltado~. - -¿Qué quiere decir Vuecencia? - -EL CONDE - -Que eres un ejemplo digno de ser imitado por cuantos manejan intereses -propios o ajenos. Así prosperan las casas. Si no eres ya rico, -Venancio, yo te auguro que lo que posees en tomates y berenjenas, lo -tendrás pronto en peluconas. Carmelo, Salvador, oigan este golpe: -cuando llegué a la Pardina, este buen amigo mío y antiguo servidor puso -a mis órdenes a un muchacho llamado Rogelio, inteligente, listo, para -que fuese mi ayuda de cámara. Toda mi vida he tenido un servidor de -esta clase. Mentira me parecía que pudiera pasarme sin él... Pero me -paso, sí, señor, me paso... porque ayer me quitaron el criadito, y ya -ven... estoy perfectamente. - -VENANCIO, ~mascando las palabras~. - -Señor, es que... Rogelio... - -GREGORIA - -Fue preciso mandarle a traer yerba... ~(El Médico y el Cura se miran, -hablan con los ojos.)~ - -EL CONDE, ~con ironía finísima~. - -Pero, tontos, si no os riño; si me parece bien lo que habéis hecho... -si os lo agradezco, porque así me vais educando en la pobreza, y -enseñándome a ser como vosotros, económico, administrativo... No quiero -ser gravoso; quiero que prosperéis; y con medidas como esta claro es -que habéis de llegar a ser riquísimos. - -VENANCIO - -Señor, díganos las cosas claras. - -EL CONDE - -Digo lo que siento. Y otra: tienes una mujer que no te la mereces. Esta -Gregoria vale más que pesa, y con su instinto de gobernante de casa te -ayudará, te empujará para que subas pronto a la cima de la opulencia. - -GREGORIA, ~asustada~. - -Señor, ¿por qué lo dice? - -EL CONDE - -Porque es verdad. ¡Cuánto siento no estar ya en edad de tomaros por -modelo! - -EL CURA - -¿Pero qué...? - -EL CONDE - -Que esta Gregoria, con su arte sublime de mujer casera, me ha suprimido -mi bebida favorita: el buen café. - -GREGORIA - -Señor, si se lo llevé esta mañana. - -EL CONDE - -Me serviste un cocimiento de achicoria, recalentado y frío, que... -Pero no te riño, no. Si está muy bien. Siempre me dais mucho más de lo -que merece este pobre viejo inútil, enfadoso... Prosperad, prosperad -vosotros, y que os vea yo llenos de bienestar, desde el fondo de esta -miseria en que he caído. - -VENANCIO - -No somos ricos, ni aspiramos a serlo. - -EL MÉDICO, ~con severidad~. - -Conviene que se sirva al señor Conde un café muy bueno. Yo lo mando. - -EL CURA - -Y yo... Y si no se le da como es debido, lo haré yo en casa, y se lo -enviaré. - -EL CONDE - -Gracias... Pero ya veis que no me enfado... Soy pobre, y como a pobre -quiero que me traten. Este Venancio, esta Gregoria, que tanto me -quieren y no pueden olvidar los beneficios que de mí han recibido, -desean hacerme a su imagen y semejanza, y que como ellos viva, y como -ellos coma, para de este modo sujetarme y tenerme siempre a su lado. -¿Verdad que es esto lo que anheláis? Pues me tendréis. De aquí no me -muevo. Estad tranquilos, que vuestro huésped seré... tendréis Conde de -Albrit para un rato. - -EL MÉDICO - -Seguramente. Estos aires le prueban bien. - -EL CONDE, ~con gravedad~. - -No me cuido yo de los aires, sino de la misión que tengo que cumplir. - -EL CURA, ~receloso~. - -¿Aquí precisamente? - -EL CONDE - -Aquí... al menos por ahora. ~(El Médico y el Cura se sientan junto al -Conde, uno por cada lado. Venancio y Gregoria se retiran y vuelven de -puntillas, poniéndose tras el sillón a escuchar lo que hablan.)~ - -EL MÉDICO - -Pues si el señor Conde quiere oír un consejo de amigo y de médico... -de médico más que de amigo, me permitiré decirle que la misión más -adecuada a su edad y a sus achaquillos es darse buena vida. - -EL CURA - -Y no cuidarse de nada ni de nadie. - -EL CONDE - -La ancianidad da derecho al egoísmo; pero a mí, pásmense ustedes, me -han rejuvenecido las desgracias, y tras las desgracias han venido las -ideas a darme vigor. Por unas y otras, yo tengo aún que hacer algo en -el mundo. ~(El Médico y el Cura se miran, comunicándose con los ojos -sus impresiones.)~ - -EL MÉDICO - -¿Sería tan amable el Sr. D. Rodrigo que nos dijera qué misión es esa? - -EL CONDE - -Misión que, en cierto modo, tiene cierto paralelismo con la tuya, -Salvador, y con la tuya, Carmelo. - -EL CURA - -Tres misiones paralelas. - -EL CONDE - -Tú, _pastor Curiambro_, luchas en el terreno de la moral, disputando -almas al pecado; tú, Salvador, te bates con la muerte en el terreno -físico, tratando de arrancarle los pobres cuerpos humanos; yo combato -en la esfera moral contra el deshonor ~(Pausa; D. Carmelo y Angulo -se hacen guiños)~, que es lo mismo que decir: por el derecho, por la -justicia... ~(Pausa. Sonríe benévolamente.)~ Veo poco, amigos míos; -pero lo bastante para hacerme cargo de que os reís de mí. - -EL CURA - -¡Oh! no, Sr. D. Rodrigo... - -EL CONDE - -Si no me enfado, no. ¡Ay! El quijotismo inspira siempre más lástima -que respeto. Si compadecéis el mío, yo compadeceré el vuestro: el -religioso y el científico... ¡Cómo ha de ser! En la relajación a que -hemos llegado, el honor ha venido a ser un sentimiento casi burlesco. - -EL CURA - -Reconozcamos, mi señor D. Rodrigo, que lo han desacreditado los -duelistas... - -EL CONDE - -Sí, sí, y los nobles presumidos. Aparte de eso, ¿no alcanzáis a ver -la relación íntima del honor con la justicia, con el derecho público -y privado? No, no la veis... Sin duda sois más ciegos que yo... Y -decidme ahora, tontainas: ¿también os parecen cosa baladí la pureza de -las razas, el lustre y grandeza de los nombres, bienes que no existen, -que no pueden existir sin la virtud acrisolada de las personas que...? -~(Sus interlocutores callan, observándole.)~ No, no me entendéis. Tú, -clérigo, y tú, doctorcillo, vivís envenenados por los miasmas de la -despreocupación actual, de ese asqueroso _lo mismo da_, de ese inmundo -¿_y qué_? - -EL CURA - -Comprendemos la idea; pero... - -EL MÉDICO - -Es una idea feliz; pero... - -EL CONDE, ~irritándose~. - -¡Pero qué!... ~(Se calma y sonríe con desdén.)~ Si tuviera tiempo y -ganas de entretenerme, os explicaría... ~(Sintiendo ruido detrás -del sillón.)~ ¿Quién anda ahí? ~(Descubre a Venancio y su mujer.)~ -Venancio, Gregoria, ¿por qué andáis por ahí acechando como espías? -Venid a mi lado, que lo que digo, decirlo puedo y quiero también -delante de vosotros. Ya todos somos iguales. Venid. ~(Se acercan -tímidamente.)~ Pues decía: a ti y a ti ~(por el Cura y el Médico)~, -según veo, os importa un ardite que las familias honradas... y no me -refiero solo a las aristocráticas, sino a toda familia pundonorosa -y decente... conserven la limpieza del nombre y de la sangre... ~(A -Venancio y Gregoria.)~ ¿Y vosotros, qué pensáis, papanatas? También -a vosotros os tienen sin cuidado las usurpaciones ignominiosas de -estado civil, nombre, riqueza... ~(Callan los cuatro, observándole -compadecidos.)~ ¡Ah, todos lo mismo: el sabio, el ignorante, igualmente -ciegos ante el sol de la moral pura, de la verdad!... ~(Bruscamente, -levantándose.)~ Me voy... no quiero más conversación, no quiero... - -EL CURA, ~queriendo detenerle~. - -Pero, señor Conde... - -EL MÉDICO - -Señor, aguarde... - -EL CONDE, ~nervioso, rechazándoles~. - -No quiero, no... Me voy... Abur, abur. - -~(Sale.)~ - - -ESCENA V - -~EL CURA, EL MÉDICO, VENANCIO, GREGORIA~ - -VENANCIO, ~viéndole alejarse~. - -Allá va: habla solo, golpea el suelo con su palo. - -GREGORIA - -¿Qué les parece a ustedes? - -EL CURA - -A mí, cosa perdida. - -VENANCIO - -A mí... peligroso. - -EL MÉDICO, ~más reflexivo que los otros~. - -No precipitarse a juzgar. Le tengo por uno de tantos. El hombre piensa; -su idea le invade el espíritu; su voluntad aspira a la realización -de la idea. Uno de tantos, digo, como usted y como yo, mi querido D. -Carmelo. - -EL CURA - -¿No ves la demencia en ese pobre anciano? - -EL MÉDICO - -Veo la exaltación de un sentimiento, una inteligencia que trabaja -sin desmayar nunca, una voluntad agitándose en el vacío, con fuerza -hercúlea que no puede aplicarse... - -VENANCIO, ~desdeñoso~. - -Estos médicos siempre han de dar a las cosas nombres raros. - -GREGORIA - -Para que no entendamos. - -VENANCIO - -¿Es eso locura, o qué es? - -EL MÉDICO - -¿Queréis que os hable con toda sinceridad, como médico honrado? Pues no -lo sé. - -EL CURA, ~confuso~. - -¿Es o no clara la monomanía? - -EL MÉDICO - -En toda monomanía hay una razón. - -EL CURA, ~mirando al techo en busca de una idea que se le escapa~. - -Bueno: yo veo... - -VENANCIO, ~rascándose el cráneo~. - -Sí: yo veo también... - -GREGORIA, ~más sincera que los demás~. - -Todos vemos que... Lo diré claro: las barrabasadas de la señora Condesa -han influido en que nuestro D. Rodrigo esté tan perdido del caletre... - -EL CURA - -Exactamente... De ahí le viene la tos al gato. - -EL MÉDICO - -Porque... aquí que nadie nos oye, señores... la Condesa... - -EL CURA, ~limpiando sus gafas~. - -Todo lo que digas es poco. - -VENANCIO - -No siga usted, D. Salvador... La señora... - -GREGORIA - -Callamos por respeto; pero ello es que la tal Doña Lucrecia... - -EL CURA, ~sonriente~. - -Chitón... - -VENANCIO - -No chistamos... - -EL CURA, ~poniéndose las gafas~. - -Nos sale al encuentro un caso delicadísimo de la vida privada, y ante -él cerramos nuestros picos, y nos lavamos nuestras manos. La misión de -los que ahora estamos aquí reunidos no es enmendar los yerros de la -Condesa de Laín, ni tampoco sacarla a la vergüenza pública. Nuestra -misión... ~(Tosiendo, para tomar luego un tonillo oratorio.)~ nuestra -misión, digo, es tan solo aliviar, en lo que de nosotros dependa, la -triste situación física y moral de ese anciano desvalido, de ese -prócer ilustre, verdadero mártir de la sociedad, amigos míos. Y -recordando que en la época de su poderío y grandeza él nos tendió la -mano y fue nuestro sostén, correspondámosle ahora con nuestra filial -solicitud y cariñoso amparo. - -~(Demostraciones de asentimiento. Sigue a ellas amplísima y a ratos -calurosa discusión. Aceptada en principio por los cuatro vocales la -conveniencia de alojar al anciano Albrit en los Jerónimos de Zaratán, -surgen criterios distintos acerca de la forma y manera de realizar -lo que creen benéfica y santa obra. Mientras Venancio opina que debe -conducírsele al Monasterio con toda la derechura y sencillez con que -se traslada un buey de este al otro prado, Gregoria, más delicada y -benigna, propone que los propios monjes vengan por él, y le conviden -a una fiesta, y le hagan muchas carantoñas hasta llevársele; y una -vez allí, que le trinquen bien y le pongan ronzal de seda. El Médico, -por el contrario, niégase a autorizar nada que transcienda a forzado -encierro, y sostiene que D. Rodrigo debe entrar en Zaratán voluntaria -y libremente, y quedarse allí sin ninguna violencia, única manera de -precaver un desorden mental verdaderamente grave. Y el Cura, hombre -conciliador, que todo lo pesa y mide, se ofrece a buscar una fórmula -que sea como resultante mecánica de las diversas opiniones expuestas, -y a proponer un procedimiento que a unos y otros satisfaga. Nómbranle -por unanimidad _Comisión ejecutiva_, y como él se pirra por todo lo -que sea dirección y mangoneo, promete desplegar en el asunto toda su -diplomacia, y el hábil manejo con que sabe acometer las empresas más -arriesgadas y dificultosas.~ - -~Despídese Angulo para continuar sus visitas, y Don Carmelo, con los -dueños de la casa, se dirige al espacioso y bien poblado gallinero de -la Pardina. Examinando huevos, pollos y echaduras, se pasa parte de -la mañana, y, por último, se convida a comer. Gregoria le aconseja -que prefiera la cena, y propone invitar también al Médico. Aprobación -unánime.)~ - - -ESCENA VI - -~Bosque.~ - -EL CONDE, ~solo, paseando lentamente~. - -¡Qué hermoso día!... aire manso y tibio, cielo claro, las nubes -replegadas sobre el horizonte, el mar azul, tendido, adormilado... -el bosque en silencio. ¡Qué solemne tranquilidad! El paso del hombre -no ensucia este cuadro grandioso y puro... ~(Mira hacia el sendero -que corta el bosque en dirección a Jerusa, y detiénese, creyendo -sentir voces.)~ ¿Vendrán las nenas de paseo? Pareciome oír sus voces -lejanas... El corazón me ha saltado en el pecho... No son ellas, no. -Es que el bosque tiene ruidos extraños, modulaciones misteriosas -que a veces semejan llanto de niños, a veces risotadas de muchachas -que anduvieran volando entre el ramaje. ~(Óyense, en efecto, voces, -risas.)~ ¡Ah! ¿Serán ellas? No... son insectos o no sé qué animaluchos, -que remedan la voz humana. ~(Aparecen mujeres del campo, charlando y -riendo.)~ Por allí vienen... Pero no son ellas. Esas voces ordinarias -no son las de las graciosas niñas de Albrit. ~(Pasan las aldeanas y le -saludan respetuosas; el Conde contesta con afecto paternal al saludo.)~ -Adiós, hijas; que os divirtáis mucho... ~(Sigue andando.)~ Ya estoy -solo otra vez... No sé qué voz del alma me dice que no vendrán por -aquí mis chiquillas. ¡Cómo han de venir las pobres, si toda la mañana -las tienen encerradas con el preceptor, un simple, a quien se paga para -embrutecerlas! Pero no conseguirán haceros idiotas, ¿verdad, hijas -mías?... ~(Suspirando.)~ ¡Nell, Dolly! ¿cuál de vosotras es mi nieta, -heredera de mi sangre y de mi nombre? ~(Deteniéndose y cruzando las -manos, dolorido.)~ Señor, ¿las amo o las aborrezco? En mi corazón hay -plétora de amor a mi descendencia. Pero la certidumbre de que una de -las dos, una... no es de ley, me vuelve loco... No, no es esto locura, -no puede serlo; esto es razón, derecho, justicia, el sentimiento -del honor en toda su grandeza... ~(Desesperado.)~ Daría mi vida por -ellas... las mataría... no sé. ~(Continúa andando, agitadísimo.)~ -No puedo, no debo consentir intrusos en mi linaje... Al fuego la -hierba mala, traída a mi hogar con engaño, contrabando del vicio... -Esa diabólica mujer no ha querido decirme cuál es la falsa; pero no -importa... Verás, verás, infame, cómo yo lo averiguo sin ajeno auxilio, -sin interrogar a los que seguramente conocen tus secretos... Dios me -dé una intensa penetración para desentrañar la verdad; sabré leer la -historia de mi deshonra en esas preciosas caras; y si por mi ceguera -no acierto a descifrar los rostros, leeré la invisible cifra de los -pensamientos, penetraré en la hondura de los caracteres, y no necesito -más, pues los caracteres son el temperamento, la sangre, el organismo, -la casta... Adelante, Rodrigo de Albrit... Voy a sentarme en aquel -altozano del bosque que parece suspendido sobre el mar, y que está -siempre seco y bien bañado del sol. ~(Apresura el paso.)~ No se qué -tengo hoy, que no me canso nada, pero nada. Andaría mis dos leguas como -un hombre... - -~Otra parte del bosque.~ - -~Terreno quebrado, donde escasean los árboles, y abundan los chaparros -y arbustería silvestre entre rocas musgosas. Al Norte, el cantil que -desciende con rápido declive hasta la playa, la cual se extiende limpia -y arenosa en toda la profundidad del paisaje. En una peña que le -ofrece cómodo asiento se recuesta el anciano, meditabundo, y contempla -abstraído la costa, y el oleaje manso y rumoroso.~ - -¡Cómo pica el sol! Turbonada esta tarde... Allá lejos, en la playa, -distingo unos bultitos blancos que se mueven... Dios mío, ¿serán ellas? -~(Haciendo anteojo con su puño para ver mejor.)~ Sí, sí... juraría que -son ellas... Aquel vagar rápido, aquel vuelo de mariposas... ~(Con -súbita alegría.)~ Ellas son. Hasta me parece que oigo sus chillidos -alegres. ~(Bajando un poco, entre las peñas.)~ Y distingo también un -bulto negro, una especie de cigarrón que las persigue... Es el maestro, -el pobre Coronado... ¿Qué haré? ¿Las llamo, les hago una seña con el -pañuelo, voy a buscarlas? ~(Vuelve a sentarse, indeciso.)~ ¡Dios mío, -estas lindas criaturas serían mi encanto, mi gloria, mi consuelo, -si no me amargara la vida el convencimiento de que una de ellas es -intrusa, fraudulenta, usurpadora! Quiero idolatrarlas; pero antes, -urge separar la verdad de la mentira, para poder amar exclusivamente -a la que lo merezca... ¿Cuál es, cuál de las dos, Señor? ~(Se golpea -el cráneo con el puño cerrado.)~ Misterio terrible, ¿será posible que -yo no pueda penetrar en ti?... ~(Pausa.)~ ¿Qué atracción es esta que -hacia ellas me llama?... Fuerza superior a mi voluntad. No quiero ir, -y voy... Atracción del enigma, el ansia inmensa del _¡qué será!_... -~(Se levanta.)~ ¡Ah, parece que me han visto! Creo notar una agitación -de cosas blancas, como si me saludaran con los pañuelos. Sí, sí: ya -percibo sus vocecitas, más dulces, más musicales que cuantos sones hay -en la Naturaleza... ~(Gritando.)~ Sí, sí, Nell, Dolly; aquí estoy... -Ya os había visto... os veo en medio de la inmensidad... ¿Queréis que -baje, o subís vosotras?... ~(Gozoso.)~ Ya, ya vienen. No corren, vuelan. - - -ESCENA VII - -~EL CONDE, NELL, DOLLY, D. PÍO~ - -NELL, ~cuya voz suena lejos~. - -¡Abuelo, abuelo! - -EL CONDE - -No corráis, hijas, que podéis caeros. - -DOLLY ~(Suena la voz menos lejana.)~ - -Abuelo, te vimos, te vimos. - -NELL, ~cerca~. - -Yo fui la que primero te vi. - -DOLLY, ~más cerca~. - -No, que fui yo. - -EL CONDE - -Yo bajaría; pero este camino, lleno de zarzas, es tan quebrado que temo -caerme. - -NELL, ~próxima~. - -No te muevas, que allá vamos. - -DOLLY, ~más próxima~. - -Por esta veredita, Nell. - -NELL - -Por aquí. ~(Llegan a un tiempo las dos, sofocadas, sin aliento, junto -al anciano, que las abraza y las besa.)~ - -EL CONDE - -¿Por qué habéis venido tan a prisa? Claro, como sois ángeles, nada os -cuesta volar. - -NELL - -D. Pío no quería que viniésemos. - -DOLLY, ~sujetándose el cabello, que el viento le ha soltado~. - -Allá sube como una tortuga el pobre viejo... ¡Qué trabajo le cuesta -seguirnos! - -EL CONDE - -Sentaos ya, y descansad aquí conmigo. - -DOLLY - -¿Estás ya contento? - -EL CONDE - -¿No lo ves? ¿Por qué me lo preguntas? - -NELL - -¡Como esta mañana estabas de tan mal humor!... ~(Sorpresa del -anciano.)~ Sí, sí... y cuando entramos a darte los buenos días, nos -asustaste. - -DOLLY - -Nos dijiste: «¡Idos; dejadme solo!» - -EL CONDE - -No hagáis caso. ¡Es que Gregoria me había servido tan mal...! - -DOLLY, ~con mimo~. - -De veras, ¿no estás enfadado con nosotras? - -EL CONDE - -Nunca. Os quiero, os idolatro. - -NELL, ~cariñosa~. - -Y como Gregoria y Venancio te sirvan mal, ya les ajustaremos las -cuentas. ¡Vaya...! - -EL CONDE - -Niñas mías, la gente pequeña, cuando se hincha de vanidad y coge debajo -a los que fueron grandes, es terrible, es peor que las fieras. - -D. PÍO, ~que llega jadeante, medio muerto de fatiga, y se arroja en el -suelo~. - -Señor Conde, saludo a usía. Como soy viejo, no puedo seguir a estas -criaturas, que tienen alas de mariposa. - -EL CONDE - -¡Pobre Coronado, cuánto le marean a usted! ¿Y qué tal? ¿Se han sabido -la lección? - -D. PÍO, ~con suprema honradez~. - -Señor, ni palotada. Me lo puede creer. - -EL CONDE - -¡Habrá picaruelas...! - -D. PÍO - -Como usía es tan tolerante, puedo decírselo: hacen burla de la ciencia -y de mí. - -EL CONDE, ~jovial~. - -¡Qué monas! ¡Ángeles divinos! Besadme otra vez, Nell y Dolly, amables -borriquitas. Vuestro D. Pío, que os consiente todas las travesuras, -y juega con vosotras cultivándoos en la ignorancia, demuestra ser un -verdadero sabio. - -NELL, ~irónica~. - -Dí que queremos sorprenderle, y aprendemos sin que él lo note. - -DOLLY, ~maleante~. - -Le hacemos rabiar un poquito para amansarle el genio, porque este D. -Pío, aquí donde le ves, tan suavecito, es un tigre. - -EL CONDE - -No, hijas mías, es un cordero, un santo cordero... ¿No le veis esa -cara?... Dios le hizo santo, y su familia le ha hecho mártir. Yo le -quiero. Seremos amigos. - -D. PÍO, ~con emoción~. - -Señor, usía me honra demasiado. - -NELL, ~con lástima~. - -¿Y por qué es mártir D. Pío? - -DOLLY - -¿No tiene muchas hijas? - -EL CONDE - -Pero no son buenas, como vosotras. - -NELL - -¡Ay, pobrecito, cuánto padecerá! - -DOLLY, ~compadecida~. - -Ya no volveremos a hacerle rabiar. - -EL CONDE, ~notando, por los hondos suspiros que exhala Coronado, su -disgusto de aquella conversación~. - -No se hable más de eso. Y ahora que nos hemos encontrado y no necesita -usted estar al cuidado de las señoritas, puede irse a descansar, Sr. -Coronado. - -D. PÍO, ~tímidamente~. - -Señor Conde, yo no puedo dejar a las señoritas, porque el Sr. Venancio -me encargó mucho que no les consintiera separarse de mí; que con ellas -salía y con ellas tenía que volver a casa. - -EL CONDE, ~picado~. - -Ya que no es usted su maestro, porque ellas no aprenden, le mandan a -usted que sea su pastor. Pues para pastorear este rebaño, me basto y me -sobro, Sr. Coronado. - -D. PÍO - -No se incomode, señor. Yo no hago más que cumplir las órdenes de -Venancio. - -EL CONDE, ~dominando su ira por hallarse frente a un ser débil e -inofensivo~. - -¿Y mis órdenes no significan nada para usted? Ese bestia mandará en su -casa, pero no en mi familia. - -NELL, ~asustada~. - -Abuelito, por amor de Dios, no te incomodes. - -DOLLY - -¡Si D. Pío se va!... ¿Qué tiene que hacer más que lo que tú le mandes? - -EL CONDE - -Ya ves cómo no lo hace, y me obligará a decirlo segunda vez, cuando -estoy acostumbrado a que a la primera se me obedezca. - -NELL - -Váyase, D. Pío... Piito, lárgate. - -D. PÍO, ~levantándose perezoso~. - -Señor Conde, yo creí... - -EL CONDE, ~impaciente, sin poder contenerse~. - -Pronto... Retírese usted. - -D. PÍO, ~tocando las castañuelas~. - -Me retiro, puesto que lo manda usía con tanto imperio... Y si me riñen -allá, que me riñan... Lo que yo digo: es malo ser bueno. - -~(Saluda y se aleja.)~ - - -ESCENA VIII - -EL CONDE, NELL, DOLLY - -NELL - -Ya estamos solitos los tres. - -DOLLY - -¡Qué gusto! - -EL CONDE - -Los dos, digo, los tres, porque vosotras, ¡ay! sois dos, aunque a mí me -parezcáis una. - -NELL - -¡Que parecemos una! - -EL CONDE - -Lo he dicho al revés: sois una, aunque parezcáis dos... No está bien -hoy mi cabeza... Quiero decir que en vosotras hay algo que sobra. - -DOLLY - -¿Algo que sobra? Ahora lo entiendo menos. - -NELL, ~con agudeza~. - -Quiere decir el abuelo que en nosotras, en las dos, no en una sola, hay -lo malo y lo bueno. - -DOLLY - -Y lo malo es lo que sobra. - -EL CONDE - -Y debe quitarse, arrojarse fuera. - -NELL - -O será que una de nosotras es mala, y la otra buena. ~(Míranle atentas -al rostro.)~ - -EL CONDE - -Quizás... - -NELL, ~generosa~. - -En ese caso, la mala soy yo y la buena Dolly. - -DOLLY, ~correspondiendo~. - -No, no: la mala soy yo, que siempre estoy haciendo diabluras. - -EL CONDE, ~atormentado de una idea~. - -Chiquillas, acercaos más a mi; aproximad vuestros rostros para que os -vea bien. ~(Se ponen una a cada lado, y él las abraza. Las tres cabezas -resultan casi juntas.)~ Así, así... ~(Mirándolas fijamente y con -profunda atención.)~ No veo, no veo bien... ~(Con desaliento.)~ Esta -condenada vista se me va, se me escapa cuando más la necesito... Y por -más que os miro, no hallo diferencia en vuestros semblantes. - -NELL - -Dicen que nos parecemos. Pero Dolly es un poquito más morena que yo, -menos blanca. - -EL CONDE, ~con gran interés~. - -¿Y el cabello, lo tenéis negro las dos, muy negro, muy negro? - -DOLLY - -Sí, _estrepitosamente_ negro. El pelo castaño de mamá es más bonito. - -EL CONDE - -¡Qué ha de ser! - -DOLLY - -Otra diferencia tenemos. Mi nariz es un poquitín más gruesa. - -NELL - -Y mi boca más chica que la tuya. - -EL CONDE - -¿Y los dientes? - -NELL - -Las dos los tenemos preciosos; no es por alabarnos. - -DOLLY - -Pero yo tengo este colmillo un poquito encaramado... así, como -retorcido. Toca, abuelito. ~(Llevándose a la boca el dedo del Conde.)~ - -EL CONDE - -Es verdad... colmillo retorcido. - -NELL - -Otra diferencia tengo yo: un lunar en este hombro. - -DOLLY - -Yo tengo dos más abajo, así de grandes. - -EL CONDE, ~preocupado~. - -¿Dos? - -DOLLY - -Sí, señor: dos que parecen tres. - -EL CONDE, ~soltándolas de sus brazos.~ - -Vuestros ojos, cuando los examino con mi corta vista, me parecen -igualmente bellos. Nell, hazme el favor de mirar bien el color de los -ojos de tu hermana... Y tú, Dolly, fíjate bien en los de Nell. Decidme -el color... justo. - -NELL - -Los ojos de Dolly son negros. - -DOLLY - -Los de Nell son negros: pero los míos son más. - -EL CONDE, ~con interés ansioso.~ - -¿Más? ¿Los tuyos, Dolly, tienen acaso un viso verde? - -NELL - -Me parece que sí... entre verde y azul. - -DOLLY, ~mirando de cerca los ojos de su hermana.~ - -Lo que tienen los tuyos es rayitas doradas... Sí, sí, y también algo de -verde. - -EL CONDE - -Pero son negros. Los de vuestro papá, mi querido hijo, negros eran como -el ala del cuervo. - -NELL - -Era guapísimo papá. - -EL CONDE, ~suspirando~. - -¿Os acordáis de él? - -DOLLY - -¡Pues no hemos de acordarnos! - -NELL - -¡Pobrecito, cuánto nos quería! - -DOLLY - -Nos adoraba. - -EL CONDE - -¿Cuándo le visteis por última vez? - -NELL - -Hace... creo que dos años, cuando se fue a París. Entonces nos sacaron -del colegio. - -EL CONDE, ~vivamente~. - -¿Se despidió de vosotras? - -DOLLY - -Sí, sí. Dijo que volvía pronto, y no volvió más. Después fue a Valencia. - -NELL - -Mamá salió también para París, pero se quedó en Barcelona. No nos llevó. - -DOLLY - -Al volver a Madrid estaba muy disgustada, sin duda por la ausencia de -papá. - -EL CONDE - -¿Y en qué le conocíais su disgusto? - -NELL - -En que se aburría, y estaba siempre en la calle. Nosotras comíamos -solas. - -EL CONDE - -¿Y en esa época os trajeron aquí? - -DOLLY - -Sí, señor. - -EL CONDE, ~con dulzura~. - -Decidme otra cosa. ¿Queríais mucho a vuestro papá? - -NELL - -Muchísimo. - -EL CONDE - -Me figuro que una de vosotras le quería menos que la otra. - -LAS DOS, ~protestando~. - -No, no, no... Las dos igual. - -EL CONDE, ~después de una pausa, clavando en ellas sus ojos, que poco -ven~. - -¿Y creéis que él quería lo mismo a entrambas? - -DOLLY - -A las dos lo mismo. - -EL CONDE - -¿Estáis bien seguras? - -NELL - -Segurísimas. Desde París nos escribía cartitas. - -EL CONDE - -¿A cada una por separado? - -DOLLY - -No; a las dos en un solo papel, y nos decía: «Florecitas de mi alma, -únicas estrellas de mi cielo...» Pero de Valencia no nos escribió -nunca. - -NELL - -Ninguna carta recibimos de Valencia. Nosotras le escribíamos, y él no -nos contestaba. - -~(Larga pausa. El Conde apoya la frente en sus manos, con las cuales -empuña el palo, y permanece un rato en profunda meditación.)~ - -DOLLY - -Abuelito, ¿te has dormido? - -EL CONDE. ~(Suspirando, alza la cabeza y se frota los ojos.)~ - -¿Queréis que andemos un poquito? - -NELL - -Sí. - -~(Se ponen las dos en pie, le dan la mano, y le ayudan a levantarse.)~ - -DOLLY - -¿A dónde quieres que vayamos? - -EL CONDE, ~indiferente~. - -Guiad vosotras. - -DOLLY - -Iremos hacia el Calvario y la gruta de Santorojo. - -NELL - -No nos alejaremos mucho. - -EL CONDE - -Nos alejaremos todo lo que queramos, y volveremos cuando nos dé la -gana... Parece que sopla viento de turbonada... ¿Qué? ¿Se ha nublado el -sol? - -DOLLY - -Sí, y de aquel lado vienen nubes gruesas. Lloverá. - -EL CONDE - -Si llueve, que llueva, y si nos mojamos, que nos mojemos. - -DOLLY - -¿Quieres que te demos el brazo? - -EL CONDE - -No, chiquillas, no quiero aprisionaros. Corred solas y con libertad... -Ya estamos en sendero franco, y pisamos la finísima alfombra del bosque -sombrío. - -NELL, ~a Dolly~. - -¿A que no me coges? - -~(Se alejan corriendo.)~ - -EL CONDE, hablando solo, ~desalentado~. - -Las facciones nada me dicen... ~(Animándose.)~ Hablarán los -caracteres... Ya se clarean, ya. Nell paréceme más grave, más reposada; -Dolly más frívola y traviesa... Pero noto que cambian, permutan las -cualidades de una y otra, de modo que aquella parece esta, y esta, -aquella. Observemos mejor. ~(Las niñas juegan a cuál corre más.)~ - -DOLLY, ~que vuelve triunfante, casi sin respiración~. - -No me has cogido, no. - -NELL, ~jadeante también~. - -Que sí... Corro yo más que tú. - -DOLLY - -Nunca. - -NELL - -Ayer te gané. - -DOLLY - -Mentira. - -NELL - -Yo digo la verdad. - -DOLLY. ~(Picadas las dos.)~ - -Ahora no... Es que eres tú muy orgullosa. - -NELL - -Abuelo, me ha dicho que miento. - -EL CONDE - -Y tú no mientes nunca; no está en tu natural la mentira. - -DOLLY - -Ella me dijo ayer a mí... embustera. - -EL CONDE - -¿Y qué hiciste? - -DOLLY - -Echarme a reír. - -NELL - -Pues yo no consiento que me digan que miento. ~(Lloriquea.)~ - -EL CONDE - -¿Lloras, Nell? - -DOLLY, ~riendo~. - -Tonterías, abuelo. - -NELL - -Soy muy delicada. Mi dignidad por la menor cosa se ofende. - -EL CONDE - -¡Tu dignidad! - -DOLLY - -Lo que tiene es envidia. - -EL CONDE - -¿De qué? - -DOLLY, ~con travesura jovial~. - -De que todos me quieren más a mí. - -NELL - -Yo no soy envidiosa. - -EL CONDE - -Vaya, Nell, no llores, pues no hay motivo para tanto. Y tú, Dolly, no -te rías. ¿No ves que la has ofendido? - -NELL - -Siempre es así. Todo lo toma a risa. - -EL CONDE, ~para sí~. - -Nell tiene dignidad. Esta es la buena. ~(A Dolly, con un poquito de -severidad.)~ Dolly, te he mandado que no te rías. - -DOLLY - -Es que me hace gracia. - -EL CONDE, ~a Nell, acariciándola~. - -Tú eres noble, Nell. En ti se revela la sangre, la raza... Vaya, haced -las paces. - -NELL - -No quiero. - -DOLLY - -Ni yo... - -EL CONDE - -Esa risita, Dolly, es un poquito ordinaria. - -DOLLY, ~poniéndose seria~. - -Bueno. - -~(Súbitamente se lanza a la carrera.)~ - -EL CONDE, a Nell. - -Estoy algo cansado. Dame el brazo. - -NELL - -Dolly está sentida... Le has dicho ordinaria, y esto le llega al alma. -¡Pobrecilla! - -EL CONDE - -Dime, hija mía, ¿has notado otra vez en Dolly estos arranques...? - -NELL - -¿De qué? - -EL CONDE - -De naturaleza ordinaria. - -NELL - -No, papá... ¡Qué cosas tienes! Dolly no es ordinaria. Creo que se lo -has dicho en broma. Dolly es muy buena. - -EL CONDE - -¿La quieres? - -NELL - -Muchísimo. - -EL CONDE - -¿Y no estás incomodada con ella porque te dijo que mentías? - -NELL - -Yo no... Cosas de nosotras. Reñimos, y en seguida hacemos las paces. -Dolly es un ángel: le falta sentar un poquito la cabeza. Yo la quiero; -nos queremos... ¡Ya tengo unas ganas de abrazarla y decirle que me -perdone! - -EL CONDE, ~con júbilo~. - -¡Otro rasgo de nobleza! Nell, tú eres noble. Ven a mí... ~(La abraza.)~ -Y esa loca, ¿dónde está? - -NELL - -Ya viene. - -DOLLY, ~volviendo como una exhalación~. - -Abuelito, llueve. Me ha caído una gota de agua en la nariz. - -NELL, ~deseando coyuntura para hacer las paces~. - -Y a mí dos. - -DOLLY - -Papá, ¿quieres que nos metamos en la gruta de Santorojo? Has hecho mal -en no traer paraguas. - -EL CONDE - -Es un chisme que no he usado nunca. - -DOLLY - -¡Ya... acostumbrado a andar siempre en coche! Pero ahora no tienes más -remedio que andar a patita, como nosotras. - -EL CONDE, ~para sí~. - -Se burla de mí... ¡Qué innoble! - -NELL - -¡Ay, qué gotas tan gordas! - -DOLLY - -¡Menudo chaparrón nos viene encima!... Abuelito, ¿quieres que vaya a -casa en cuatro brincos, y te traiga un capote de agua? - -EL CONDE - -No. ~(Para sí.)~ Ahora quiere desenojarme con sus zalamerías. - -NELL - -Nos meteremos en la gruta. Oiremos el eco. ~(Dirígense por un sendero -áspero, entre peñas y zarzales.)~ - -DOLLY - -Por aquí. Yo iré delante, apartando las zarzas para que el abuelo no se -pinche... ¡Ay, ay, qué pinchazo me he dado! ~(Chupándose la herida.)~ - -EL CONDE - -¿Te has hecho sangre?... Ya ves: por traviesa, por correntona. - -DOLLY - -Si ha sido por abrirte camino, para que no te hicieras daño. ¡Así me lo -agradeces! - -EL CONDE - -Sí que te lo agradezco, tontuela. - -NELL, ~que soltando el brazo del anciano, y recogiéndose el vestido -para no engancharse, se adelanta~. - -Dolly, da el brazo a papaíto, y tráele con cuidado. - -EL CONDE, ~dejándose guiar por Dolly, que continúa chupándose el dedito -lastimado~. - -Chiquilla, ¿de veras te has hecho sangre? - -DOLLY - -Poca cosa. La he derramado por ti. Derramaría más: toda la que tengo. - -EL CONDE, ~parándose~. - -¿De veras? - -DOLLY - -¡Oh, sí!... Pruébalo... ¡Si pudiera probarse...! - -EL CONDE - -¿Tanto me amas? - -DOLLY - -Más de lo que crees. - -EL CONDE - -¿Me querrás más que tu hermana? - -DOLLY - -No, más no. Ofendería a Nell si dijera que ella te quiere menos que yo. -Las dos somos tus nietas, y te queremos lo mismo. - -EL CONDE, ~para sí~. - -Pues esto es nobleza... y de la fina. ¿Resultará esta la legítima y la -otra la falsa?... ¡Dios mío, luz, luz! ~(Alto.)~ ¿Dónde está Nell? - -DOLLY - -Ha dado un rodeo para no engancharse el vestido. Sabe sortear las púas. - -EL CONDE - -¿Y tú? - -DOLLY - -¿Yo? Tengo la piel mechada y endurecida de tanto aguijonazo, y una -encarnadura que no me la merezco. Mi hermana es más delicada que yo. -Por eso, cuando me has llamado ordinaria, dije para mí que tenías razón. - -EL CONDE, ~para sí, aturdido, sin saber qué pensar~. - -Razón... verdad... duda... problema. - -NELL, ~desde lejos, mirando hacia atrás~. - -Dolly, ¿por qué nos has traído por esta vereda? Es la peor. - -DOLLY - -¿Qué sabes tú...? Sigue, sigue, que a la vuelta tienes la entrada de la -gruta. - -EL CONDE - -Llueve... Vamos a prisa. - -NELL, ~encontrando el paso fácil hacia la gruta~. - -Que os mojáis... Yo estoy en salvo ya. - -EL CONDE, ~para sí~. - -Paréceme Nell un poco egoísta... ¡Qué horrible duda, Señor! ¡Si -resultará que Dolly es la buena! (Alto.) ¿Llegamos por fin? - -DOLLY - -Abuelo, por aquí... cuidado... Otro escaloncito, otro... ~(Llueve -copiosamente.)~ - -NELL, ~guarecida en la boca de la cueva~. - -Os habéis mojado; yo no. - -~Gruta de Santorojo.~ - -~Cavidad ancha y profunda en la fragorosa peña. Festonean su boca -parietarias viciosas, raíces de árboles cercanos, helechos y plantas -mil de variado follaje. El interior se compone de masas cretáceas -de variado color, con formas de una arquitectura de pesadilla. Las -concreciones de la bóveda son como un sueño de bizarras magnificencias, -labradas en cristal, azúcar y estearina.~ - -EL CONDE, ~sentándose en una piedra~. - -¡Cuántas veces, niño, me he refugiado, como ahora, en esta soberbia -estancia natural de Santorojo! - -NELL - -¿Y es cierto que aquí vivió y murió un ermitaño llamado Toronjillo, que -hacía milagros? - -EL CONDE - -Es tradición que viene labrando en la mente popular desde el siglo -XIII. Ejecutorias de la casa de Laín mencionan al santo Toronjillo, que -desde este balcón amansaba las olas furibundas con un gesto... Aquí -abajo, al pie de la pendiente llena de malezas, bate la mar. - -DOLLY, ~asomándose~. - -Ya se ven de aquí los espumarajos. - -EL CONDE - -¿Y esto no te da miedo? ¡Si te cayeras...! - -DOLLY - -Llegaría al mar en pedacitos así. - -NELL, ~cariñosa~. - -Por Dios, hermana, no te acerques al abismo. - -EL CONDE - -Dolly, no hagas tonterías... Una tarde, siendo Rafael niño, quiso -descender por esta escarpa... Al primer salto que dio, ya no podía -bajar ni subir. ¡Qué susto pasó su madre! ¡Nos costó un trabajo subirle! - -DOLLY - -¡Qué trance!... - -NELL - -De pensarlo, me da escalofríos. - -DOLLY - -Dicen que nuestra abuelita era muy hermosa... ~(Se sientan las dos -junto al Conde.)~ - -EL CONDE - -Sí: la figura más arrogante y noble que podríais imaginar. - -DOLLY - -Y que Nell se le parece mucho. - -EL CONDE, ~mirando a Nell~. - -No sé... no veo bien las facciones de tu hermana. - -NELL - -Por el retrato que hay en casa, más se parece a Dolly que a mí. - -DOLLY - -¡Si fuera verdad! ¡Qué gusto parecerse a una señora tan santa y tan... -bonita! Abuelo, mírame bien, y haz memoria. - -EL CONDE - -Dime que haga vista. - -DOLLY - -¿Me parezco? - -EL CONDE, ~confuso, mirándola de cerca~. - -No sé... No veo... - -NELL, ~que se ha levantado para sentarse en mejor sitio, junto a la -roca~. - -Eso no puede decirlo más que el abuelo. - -DOLLY - -Eso no puede decirlo más que el abuelo. - -EL CONDE, ~sobrecogido por la igualdad del timbre de las voces~. - -¿Quién habla? - -LAS DOS - -Yo. - -EL ECO, ~repitiendo la voz de Nell~. - -Yo. - -EL CONDE - -Ese _yo_ me ha sonado como si lo pronunciara mi pobre Adelaida, vuestra -abuela. - -NELL, ~riendo~. - -Es el eco, papá. ~(Gritando.)~ Conde de Albrit, soy yo. - -DOLLY, ~que corre junto a su hermana y grita~. - -Soy yo... yo... ~(El eco repite la voz de entrambas.)~ - -EL CONDE, ~tembloroso, profundamente excitado~. - -Venid aquí... No os apartéis de mi lado... No hagáis hablar al eco... -Me asusta. - -DOLLY - -¿De veras? - -NELL - -No creas, a mí también me asusta un poquitín. - -EL CONDE, ~para sí~. - -¡Confusión horrible!... «Soy yo,» dice la Naturaleza... ¿Y quién -eres tú?... ~(Reflexionando.)~ ¿Será Nell la mala?... ¿Será Dolly? -~(Se clava los dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de -meditación o somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de -sonidos pavorosos.)~ - -DOLLY - -¡Jesús, qué miedo! - -NELL - -¡María Santísima! - -EL CONDE, ~vivamente, creyendo hallar un dato~. - -¿Cuál de las dos se asusta de los truenos? - -NELL - -Yo. - -DOLLY - -Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido. - -EL CONDE, ~para sí~. - -Carácter entero. - -NELL - -Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento. -Cualidad de la familia, como decía papá. - -EL CONDE - -Es cierto... Ven acá, que yo te bese. - -DOLLY - -¿Y a mí no? - -EL CONDE - -También a ti. ~(Las besa y abraza.)~ - -NELL, ~con efusión~. - -Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran. - -EL CONDE, ~asustado~. - -Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo -puedo remediar. - -DOLLY - -¿Y los truenos no te impresionan? ~(Retumba otro.)~ - -EL CONDE - -Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este. - -NELL - -Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos? - -EL CONDE, ~levantándose~. - -Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son mi -propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen solas. - -DOLLY - -Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco minutos -llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite, nos -metemos en la casucha de la tía Marqueza. - -NELL - -Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la -Pardina. - -EL CONDE - -Sí, vamos... Llevadme. ~(Salen de la gruta.)~ - - -ESCENA IX - -~Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola puerta, con dos -ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por entre las tejas -musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del caballete ostentan -un jardín botánico en miniatura, colección lindísima de criptógamas y -plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal cercado de pedruscos, -con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo, varios girasoles con -sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre del sol, y unas cuantas -coles agujereadas por los gusanos. La fauna consiste en un cerdo libre, -que hociquea en el charco formado por la lluvia; dos patos, gallinas, y -todos los caracoles y babosas que se quieran poner. Las moscas, huyendo -de la lluvia, han querido refugiarse en el interior de la casa, y como -el humo las expulsa, voltejean en la puerta sin saber si entrar o -salir.~ - -~Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la menor ropa -posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional naturaleza, -nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su musculatura, en -cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la Sibila de Cumas, obra -de Miguel Ángel.~ - -~LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS~ - -LA MARQUEZA - -Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas? - -NIÑO - -Sí que son... madre, ellos... _Cá_ vienen. - -LA MARQUEZA, ~adelantándose a recibirles~. - -Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere -descansar? - -NELL - -Sí: descansaremos un rato. - -DOLLY - -No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito. - -EL CONDE, ~muy complacido, mientras la anciana le besa la mano~. - -Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez? - -LA MARQUEZA - -¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses que -me le quitó Dios... - -EL CONDE - -Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno para -el trabajo, y honrado a carta cabal. - -LA MARQUEZA - -Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía... -Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a casa. - -EL CONDE - -¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo, y -se han caído algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que -tú, mucho más, y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos, -¿qué ha sido de ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos... - -LA MARQUEZA - -En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han -muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo -bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas -son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas -trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde; -pero no tengo nada que ofrecerle. - -EL CONDE - -Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el tesoro -del pobre. Estamos iguales. - -NELL - -Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas. - -DOLLY - -Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo que -quieras. ~(Se van a jugar con los chicos junto a unos troncos.)~ - -LA MARQUEZA - -Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde! Da -gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué vieja soy, -y cuánto he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito -Rafael, padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina. -Las dos le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará... - -EL CONDE - -Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo? - -LA MARQUEZA - -Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios. - -EL CONDE - -Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas? - -LA MARQUEZA, ~mirándolas detenidamente~. - -Se parece la señorita _Nela_. Es la misma cara. - -EL CONDE - -¿Y su hermana? - -LA MARQUEZA - -La señorita _Dola_ no... digo, sí, también tiene la pinta; pero cuando -se ríe, nada más que cuando se ríe. - -EL CONDE, ~secamente~. - -Rafael era muy serio... - -LA MARQUEZA - -¡Y qué galán! Tan caballero y _respetoso_ que toda Jerusa se quitaba el -sombrero cuando pasaba, y hasta la torre de la iglesia parecía como si -le hiciera la reverencia. - -EL CONDE, ~que mira y no ve, impaciente~. - -Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero no -las veo. - -LA MARQUEZA - -Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el pobre! -La señorita _Nela_ quiere bailar con mi Narda, y la señorita _Dola_ y -mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de la Pardina llevan la -alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor las hubiera visto -aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...! - -EL CONDE, ~sorprendido~. - -¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras? - -LA MARQUEZA - -Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues en -un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta -el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en -persona. - -EL CONDE, ~excitadísimo, llamando~. - -Nell, Nell... Ven acá, hija... ~(Se acerca.)~ Oye lo que dice la -Marqueza... ~(Esta repite lo del guarro.)~ - -NELL - -Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas... - -EL CONDE, ~llamando~. - -Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... ~(Acércase esta, sofocada.)~ -¡Qué callado te lo tenías! ¡Tú pintora! - -DOLLY, ~con modestia~. - -Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser este -el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa. - -NELL, ~que quiere congraciarse con Dolly~. - -Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos. - -DOLLY - -No valen nada, abuelito. - -NELL - -Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué preciosidades -haría! - -DOLLY - -Quita, quita. - -EL CONDE, ~con profundo interés~. - -¿Quién te ha dado lecciones? - -DOLLY - -Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me -gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar. - -LA MARQUEZA - -Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y traían -unas cajas con trebejos y cartuchitos de pintura... vieron lo que -hacía la señorita Dola, y se pasmaron... - -DOLLY, ~ruborizada~. - -No hagas caso, papá. - -NELL - -Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí -que lo dijeron. No vengas ahora con farsas. - -EL CONDE, ~con gran agitación, que procura disimular~. - -¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes una -afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo del -alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la mano, -y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo? - -DOLLY - -Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no puedo... - -EL CONDE - -¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don -concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae -de otro mundo, de...? - -DOLLY - -Me entró la afición... qué sé yo cuándo. - -NELL - -Desde niña hacía garabatos... - -EL CONDE - -Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los lápices. - -LA MARQUEZA - -¡Ángel de Dios! - -EL CONDE - -Y tú, Nell, ¿no dibujas? - -NELL - -¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro. - -EL CONDE, ~con viveza~. - -¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno, -hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas -tristes. ~(Nell y Dolly se alejan y continúan su juego.)~ - -LA MARQUEZA - -¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. ~(El Conde no -contesta. Mirando al suelo se sumerge en profunda abstracción.)~ ¿Qué -tiene, mi señor, que está tan triste? - -EL CONDE, ~como quien vuelve de un letargo~. - -¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho! - -LA MARQUEZA - -Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo yo, -gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al morirse. - -EL CONDE, ~con tristeza~. - -¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de nacidos -y crecidos, ya no hay remedio... - -LA MARQUEZA - -¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí? - -EL CONDE - -Por algo estamos cuando estamos. - -LA MARQUEZA - -Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas se -agarren y vivan. - -EL CONDE - -Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio. - -LA MARQUEZA - -¿Yo? ~(Pausa larga. El Conde vuelve a quedarse abstraído, cual si su -espíritu se sumergiera en abismos profundos.)~ Señor... ¿qué le pasa -que no habla? - -EL CONDE, ~después de otra pausa~. - -Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios me -trajo a tu choza. - -LA MARQUEZA, ~confusa~. - -¿Qué dice que soy? - -EL CONDE - -Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste -certidumbre... - -LA MARQUEZA, ~creyendo fundado lo que se dice del desorden mental del -Señor de Jerusa~. - -¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno. - -EL CONDE - -No, gracias. - -LA MARQUEZA - -Lo que tiene mi Conde es debilidad. - -EL CONDE - -Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A veces -el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que la -duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si la -duda o la verdad... - -LA MARQUEZA, ~con espontánea filosofía, por decir algo~. - -No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos? El -cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. Todo -es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el hoyo. - -EL CONDE, ~con ingenua indecisión~. - -¿Y qué debo hacer yo? - -LA MARQUEZA - -Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir... -tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas. - -EL CONDE - -Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré -seguirla. - -NELL, ~corriendo hacia el anciano~. - -Abuelo, vienen a buscarnos. - -EL CONDE - -Sí, es Venancio; oigo su rebuzno. - -~(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de castaños.)~ - - -ESCENA X - -~LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y capotes.~ - -VENANCIO - -Locos buscándole, señor Conde... En cuanto vi venir el nublado, -salimos... Mira por aquí, mira por allá. Nos dicen que en el bosque... -nos dicen que en la playa, nos dicen que en la gruta... - -EL CONDE - -Es muy de agradecer tu solicitud. Nos hemos mojado poco. Las chiquillas -tan contentas. - -VENANCIO - -A casa. La humedad no es buena para usía. Lo ha dicho el médico. - -EL CONDE, ~con humorismo~. - -Pues si lo ha dicho el médico... boca abajo. Vamos a donde quieras. Tú -mandas, Venancio. - -VENANCIO - -Yo no mando, señor. - -EL CONDE, ~levantándose~. - -Que sí. Eres el amo, y aquí estamos todos para obedecerte... - -DOLLY, ~displicente~. - -No necesitamos de tu oficiosidad, Venancio. Nada nos pasa, y sabemos -volver a casa. - -EL CONDE, ~chancero~. - -Ya lo ves... Te riñe esta mocosa. Chiquilla, no: hay que respetar las -jerarquías... Vaya, pongámonos en marcha, conforme al deseo del señor -de la Pardina... Yo te digo, Venancio, que hoy has sido muy previsor... -No, no quiero capote. Supongo que será tuyo... Póntelo tú. - -NELL, ~dando el brazo a su abuelo~. - -Yo contigo. - -EL CONDE - -Sí... y vayan delante Venancio y la pintora. Adelantaos todo lo que -queráis. Esta y yo no tenemos prisa, ni hemos de perdernos. Adiós, -Marqueza. Que prosperes... que vivas muchos años. - -LA MARQUEZA, ~despidiéndoles afectuosa~. - -Vayan con Dios... Señorita _Nela_, señorita _Dola_, la Virgen las -acompañe. - - -ESCENA XI - -~Comedor en la Pardina.~ - -~EL CONDE, NELL, DOLLY, EL CURA, EL MÉDICO, sentados a la mesa; -VENANCIO y GREGORIA, que les sirven.~ - -~La cena toca a su fin. El Conde, en el sitial, a la cabecera de la -mesa, tiene a su derecha a Nell; enfrente el Cura, teniendo a su -derecha a Dolly. Entre las dos parejas el Médico.~ - -EL CONDE - -¿Qué secretos son esos, _pastor Curiambro_? Toda la noche picoteando -con Dolly. - -EL CURA, ~riendo~. - -¡Ah! son cosas nuestras. La señorita Dolly es muy simpática y -ocurrente. Yo celebro infinito que el señor D. Rodrigo haya alterado -esta noche la colocación de costumbre, y me haya cedido a una de sus -nietas... - -EL CONDE - -Por variar. Cuando están las dos a mi lado me aturden. - -EL CURA - -A mí esta me encanta... ¡Qué pico, qué sal! - -DOLLY - -Como está tan desganadito, no sé cuántas cosas tengo que decirle para -hacerle comer. - -EL CURA, ~riendo~. - -¡Si es ella la que no come, y tengo que partirle la comida en -pedacitos, y dárselos envueltos en un poco de sermón para que no me -desaire! - -DOLLY - -Yo me como el sermón y él los pedacitos. Cada uno lo que más le -aprovecha. - -EL CURA, ~riendo más fuerte~. - -¿Te gustan mis sermones? - -DOLLY - -Si, padre; quiero enflaquecer. ~(Todos ríen.)~ - -EL CONDE, ~deseando volver a un tema interrumpido~. - -Cuando acabes de reír las gracias de Dolly, continuaremos lo que -hablábamos de los monjes de Zaratán, y del Prior... - -EL CURA, ~tragando a prisa para poder hablar~. - -¡Ah! sí... ahora voy... - -EL CONDE, ~al Médico~. - -¿Decís que el Prior desea verme? - -EL MÉDICO - -Sí, señor... quiere ofrecer sus respetos a D. Rodrigo de -Arista-Potestad, cuyos antecesores fundaron aquel insigne Monasterio. - -EL CONDE - -Y lo dotaron espléndidamente. Después vinieron años malos, la -exclaustración. Siendo yo niño vi frailes en Zaratán. Desde aquel -tiempo hasta hace poco, ha permanecido el edificio como un panteón en -ruinas. - -EL CURA - -Hasta que el Conde de Laín, Diputado por Durante, gestionó que se -incluyera una partida para restauración, y que volvieran los monjes... - -EL MÉDICO - -No ha tenido poca parte en la resurrección del Monasterio el actual -Prior, hombre de gran virtud, de una actividad asombrosa, conocedor del -mundo... - -EL CURA - -Como que es de la escuela romana... hombre de mucha sociedad, -instruidísimo. Treinta y tantos años ha estado en las oficinas _De -Propaganda Fide._ - -EL CONDE - -¿Y cómo se llama ese sujeto? - -EL MÉDICO - -Padre Baldomero Maroto... - -EL CONDE, ~festivo~. - -Baldomero... Maroto... Pues debiera llamarse con más propiedad _El -abrazo de Vergara_. - -EL CURA - -Eso dice él... y se ríe... Su nombre y apellido no carecen de -simbolismo, porque el hombre es el puro espíritu de la conciliación... - -EL MÉDICO - -Enlace entre las ideas que pasaron y las vigentes, siempre dentro del -dogma... - -EL CURA, ~con énfasis en el elogio~. - -Y por su trato se diría que ha pasado la vida entre aristócratas... -¡Que finura, qué tacto y delicadeza en la conversación! - -EL MÉDICO - -He oído que procede de una gran familia. - -EL CONDE - -¿Es navarro quizás? - -EL CURA - -No, señor, malagueño... Es punto muy fuerte en heráldica, y cuando se -pone a hablar de linajes no acaba. Conoce el _Becerro_ como nadie. - -EL CONDE - -¡Ah!... pues sí, me gustaría charlar con él. - -NELL, ~bajito al Conde~. - -Abuelito, ¿qué _Becerro_ es ese? - -EL CONDE - -Un libro... ya te lo explicaré. - -DOLLY, ~por lo bajo al Cura~. - -D. Carmelo, ¿qué es el _Becerro_? - -EL CURA - -Ya te lo diré. - -NELL, ~a Dolly~. - -Un libro. Debe de ser como un Diccionario. - -EL CURA, ~encomiástico~. - -¡Ah! lo que tiene usted que ver, Sr. D. Rodrigo, es el Monasterio. - -EL MÉDICO - -Han hecho maravillas, en el año y medio escaso que llevan en él. - -EL CONDE - -Yo lo he conocido habitado por los lagartos. - -EL MÉDICO - -Pues ahora... ¡qué amplitud, qué comodidad! Luz y ambiente por los -cuatro costados. No hay en toda la provincia lugar más higiénico. - -EL CONDE - -¿De veras...? - -EL CURA - -Resguardado de los vientos del Norte por el monte de Verola, disfruta -de un temple meridional. - -EL MÉDICO - -Y la huerta, que propiamente es un extenso parque, rodeado de tapias, -mide ochenta hectáreas. - -EL CURA, ~hiperbólico~. - -¡Oh! allí verá usted toda clase de cultivos, desde el naranjo al -almendro. - -EL MÉDICO - -Son agrónomos de primera... Además, tienen vacas holandesas, faisanes, -un palomar con más de quinientos pares, gallinas de famosas razas, -colmenas... estanques con riquísimas carpas... y qué sé yo... - -EL CONDE, ~con donaire~. - -Convengamos, amigos míos, en que esos pobres frailecitos se dan una -vida de perros. - -EL MÉDICO - -Ellos trabajan infatigables, eso sí, de sol a sol. Por la vida común, -por la igualdad en el disfrute de los dones de la tierra, por el orden -y la división del trabajo, vemos en el instituto religioso de Zaratán -como un _esquema_ de las futuras organizaciones sociológicas... - -EL CURA - -¡Ah, ya te lo diré yo...! - -~(Arde en ganas de definir el verdadero papel de la Iglesia en la vida -social; pero no conviniéndole abandonar el asunto que en aquel momento -se trata, aplaza discretamente el punto evangélico-sociológico. Nell y -Dolly atienden con toda su alma, sin chistar, a la conversación de los -mayores.)~ - -DOLLY, ~muy bajito~. - -D. Carmelo, ¿qué es _esquema_? - -EL CURA - -Es... ~(Con desdén.)~ Cosas de estos sabios... nada. - -~(Las dos niñas, de un lado a otro de la mesa, con visajes y alguna -palabra suelta, se entienden, y comentan lo que oyen.)~ - -EL CONDE - -Hermoso será sin duda. - -EL CURA - -De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme la -cogulla y quedarme allí. - -EL CONDE - -¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones con -el azadón. - -EL CURA, ~suspirando~. - -¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí, -Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste. - -EL CONDE, ~vagamente, sin mirarles~. - -No es mala idea... - -EL MÉDICO, ~pensando que no es pertinente manifestar el deseo ni menos -el propósito de llevarle a Zaratán~. - -El señor Conde no gustará quizás del excesivo regalo y _confort_ que -allí tendría. - -EL CURA - -Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo y -los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del Conde -de Albrit. - -EL CONDE - -Según y conforme, amigos míos. ~(Con sutil malicia.)~ Antes de resolver -nada en este delicado punto, la primera persona con quien debo -consultar es Venancio, a quien debo generosa hospitalidad... Venancio, -acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a -Zaratán? - -VENANCIO. ~(Oportunamente aleccionado por el Médico y el Cura, contesta -todo lo contrario de lo que tan ardientemente desea.)~ - -Señor, en ninguna parte está usía como en su casa. - -EL CONDE, ~con finísima marrullería~. - -Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para mí... -que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos de -otra cosa. - -EL CURA, ~contrariado de que el Conde desvíe tan bruscamente la -conversación~. - -Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior... - -EL MÉDICO - -Ni para que le pague la visita. Iremos todos. Yo quiero que se haga -cargo de la organización admirable de Zaratán. - -NELL, ~gozosa~. - -¿Iremos, abuelito? - -DOLLY - -D. Carmelo... ¿iremos nosotras? - -EL CONDE, ~impaciente por pasar a otro asunto~. - -Veremos esa maravilla... Gregoria. ~(Adelántase Gregoria.)~ Ven acá, -mujer... Quiero felicitarte delante de todos por la excelente cena que -nos has dado. Sin necesidad de que yo te lo advirtiera, te has esmerado -esta noche, porque tenemos dos buenos amigos a nuestra mesa. Así me -gusta. El régimen de sobriedad y economía se guarda, naturalmente, para -cuando estamos solos las niñas y yo. - -GREGORIA, ~azorada~. - -Señor... - -EL CONDE, ~envolviendo su sátira en formas exquisitas~. - -Yo alabo tu arreglo, y me parece muy bien que, cuando como solo con -estas, no se conozca que eres buena cocinera, ni que tu despensa está -bien surtida, ni que posees vajilla elegante y manteles limpios. -Decidido a dejarme educar por vosotros en la sordidez y en la miseria, -que tan bien cuadran a este tristísimo fin de mi vida, os daría la -satisfacción, si lo quisiérais, de comer con vosotros en la cocina... -~(Mutismo enojoso de Gregoria y Venancio. Este traga saliva muy amarga. -El Cura y el Médico no saben qué decir.)~ Yo te felicito una y otra -vez, porque distingues, con claro talento, entre mi persona humilde -y la de mis amigos. Nos debemos a la sociedad. ~(Gregoria recoge las -migajas y el servicio del postre sin decir una palabra. La procesión -va por dentro. Venancio se retira.)~ Y estoy bien seguro, porque te -conozco, de que el café de esta noche será excelente, como tú sabes -hacerlo cuando no estamos en familia, en la santa llaneza a que os -obligan vuestros escasos recursos... - -GREGORIA, ~tragándose la ira~. - -El Sr. Angulo toma té, ¿verdad? - -EL MÉDICO - -Sí: el café me desvela. - -EL CURA - -A mí, no: venga café. - -DOLLY - -Lo serviremos nosotras. - -NELL, ~levantándose~. - -Ponlo en aquella mesita. - -GREGORIA, ~poniendo el servicio donde se le indica~. - -Aquí está. - -~(El Cura saca su petaca, y da un cigarro al Conde. Ambos encienden. El -Médico no fuma.)~ - -EL CONDE - -Chiquillas, servidnos ya. - -NELL, ~vivamente~. - -Yo le sirvo al abuelo. - -DOLLY - -Le sirvo yo. - -NELL - -Yo... - -DOLLY - -A mí me corresponde. - -NELL - -¿A ti, por qué? - -DOLLY - -Porque no me senté a su lado. De algún modo se ha de compensar... - -NELL - -No me conformo. ~(Disputan con cierto calor sobre cuál servirá al -abuelo.)~ - -EL CURA - -Vaya, no reñir, niñas. ¿Qué más da? - -DOLLY, ~testaruda~. - -Sí da. - -EL MÉDICO - -Pues que lo echen a la suerte. - -NELL - -Eso es: dos pajitas. - -EL CURA - -Vaya... A la suerte. ~(Coge rabillos de guindas que han quedado en -la mesa.)~ Una pajita grande y otra chica. ~(Las prepara y las da al -Conde.)~ En manos del _león de Albrit_ está la suerte. - -EL CONDE - -Sea. Chiquillas, venid, y aquí tenéis la solución de vuestro destino. - -~(Van las niñas, y de los dedos del abuelo cada una saca un palito.)~ - -NELL, ~con alegría~. - -Yo gané. ~(Muestra la pajita grande.)~ - -DOLLY, ~retirándose corrida~. - -Ha habido trampa. - -NELL - -¿Qué? - -DOLLY, ~con ligereza, sin saber lo que dice~. - -El abuelo ha hecho trampa. - -EL CONDE - -¡Que yo hago trampas! - -DOLLY - -Porque no me quiere. - -EL CONDE, ~meditabundo, hablando solo~. - -¡Qué innoble! No hay duda, es la falsa, la mala, la intrusa. - -~(Las niñas llenan las tazas.)~ - -EL CURA - -¡Si os quiere a las dos! Dolly, no te enfades. - -DOLLY - -Yo no me enfado. ~(Se ríe.)~ - -EL CONDE, ~para sí~. - -¡Se ríe... qué descarada... después de ofenderme! - -NELL, ~llevando al abuelo su taza~. - -Abuelo... ahí lo tienes como te gusta, amarguito. - -EL CURA - -Dolly me sirve a mí. Ya sabes: pónmelo dulzacho. - -DOLLY - -Ahí va. Ahora el té para el doctor. - -EL CONDE, ~para sí~. - -¡Y aún se ríe!... Carece de delicadeza... No le hacen mella los -desaires. Epidermis moral muy gruesa... extracción villana. ~(Alto.)~ -¿Qué tal os sirve la pintora? - -EL CURA - -Divinamente. - -EL CONDE - -Siempre juguetona y atropellada. - -EL MÉDICO - -Señor Conde, un poquito de ron. ~(Ofreciéndole de una botella que acaba -de traer Gregoria.)~ Es riquísimo; le probará bien. - -EL CONDE - -No me sientan bien los alcoholes. Pero si te empeñas... Y parece muy -bueno. ~(Catándolo.)~ ¡Qué guardadito lo tenías, Gregoria! Así se hace: -estas cosas ricas para las ocasiones. - -EL CURA, ~después de servirse ron~. - -Ahora, chicuelas, un poquito para vosotras. - -NELL, ~retirando su copa~. - -No, no... ¡qué asco! - -DOLLY - -Yo, sí... póngame media copa, D. Carmelo. - -EL CURA, ~riendo~. - -Te emborrachas unas miajas, y a la camita. - -EL CONDE, ~para sí, mirándola beber~. - -¡También eso!... ¡Qué ordinaria! ¡Buena diferencia de esta mía, que -en todo revela su origen noble!... ~(Bebe de un trago, y al instante -siente desvanecimiento en su cabeza.)~ - -EL MÉDICO, ~observando que cierra los ojos, y articula palabras -ininteligibles~. - -¿Qué... qué es eso? - -EL CONDE - -Nada... se me va un poco la cabeza... Ya te dije... los alcohólicos... -~(Se confunden sus ideas; aléjase la realidad; ve a los comensales y a -sus nietas como sombras esfuminadas, y oye sus voces como un murmullo -distante de hojas secas que arrastra el viento.)~ - -EL CURA - -Parece que se aletarga. - -EL MÉDICO, ~sacudiéndole suavemente el brazo~. - -Sr. D. Rodrigo... - -NELL - -Está fatigado. ~(Llamándole.)~ ¡Abuelito! - -EL CONDE, ~volviendo en sí, y pasándose la mano por los ojos~. - -Lo he soñado. - -DOLLY - -¡Pero si no has tenido tiempo de soñar nada! Ha sido un instante. - -EL MÉDICO - -Medio minuto. - -EL CONDE, ~mirando detenidamente a todos~. - -Lo he soñado... ¡Qué imitación tan perfecta de la realidad! - -DOLLY, ~asustada~. - -¿Qué dices? - -EL CONDE - -Le he visto... como ahora te veo a ti. - -NELL - -¿A quién? - -EL CONDE - -A tu padre... Entró por aquella puerta. No le veíais, yo sí... Acercose -a la mesa, y se sentó junto a Dolly... sin decir nada... A mí solo -miraba. - -~(Vuelve a pasarse la mano por los ojos. Dolly, medrosa, no acierta a -pronunciar palabra alguna. Venancio y Gregoria espían desde la puerta.)~ - -NELL, ~abrazándole~. - -Papaíto, debes retirarte... Estás rendido. - -EL CURA - -Sí, sí: a la cama. - -EL MÉDICO - -Vamos. ~(Dispuesto a llevársele, le coge del brazo.)~ Sr. D. Rodrigo, a -dormir. - -EL CONDE, ~levantándose con dificultad, ayudado de Nell y de Angulo~. - -No tengo sueño ya... Pero, pues tú lo quieres, Nell, vamos... Tú -mandas, hija mía... - -NELL - -Señores, mi abuelito les pide permiso para retirarse. - -EL CURA - -Sin cumplidos... ¡No faltaba más! - -EL MÉDICO, ~viendo que el Conde suelta su brazo~. - -¿No quiere que le acompañe a su dormitorio? - -EL CONDE - -No es preciso. Gracias, querido Salvador. Estoy bien... muy bien. -Carmelo, buenas noches. - -DOLLY, ~despidiéndose del Cura y del Médico~. - -Buenas noches. ~(Va tras de su abuelo, que, apoyado en Nell, avanza -lentamente hacia la puerta.)~ - -EL CONDE, ~volviéndose hacia ella bruscamente~. - -No vengas. ~(Con displicencia.)~ Acompaña a estos señores. Aprende a -ser cortés. ~(Pausa.)~ - -~(Retíranse despacio el Conde y Nell. Dolly vuelve al centro de la -estancia, se sienta, apoya en la mesa los codos, la cara en las palmas -de las manos.)~ - -EL CURA - -¿Qué tienes, chiquilla? - -EL MÉDICO - -También la marea el ron. - -DOLLY, ~sollozando~. - -El... abuelo... no me quiere. - - -ESCENA XII - -~Dormitorio del Conde. Es de noche. Una lamparilla de aceite, puesta -en una rinconera, alumbra la estancia; la luz es chiquita, tímida, -llorona, un punto de claridad que vagamente dibuja y pinta de tristeza -los muebles viejos, las luengas y lúgubres cortinas del lecho y del -balcón. Profundo silencio, que permite oír el mugido lejano del mar -como los fabordones de un órgano. El viento, a ratos, gime, rascándose -en los ángulos robustos de la casa.~ - -EL CONDE, ~solo. (Después de un sueño breve y profundo, se viste -precipitadamente, y se sienta en el borde de la cama.)~ - -Bien despierto estoy, no puedo dudarlo... En vela, paréceme que duermo; -dormido, veo y toco la realidad. ¿Qué es esto? Tan cierto como esa es -luz, yo vi a Rafael entrar en el comedor, acercarse a la pequeña y... -La primera vez no hizo más que mirarme... movimiento, ninguno: no tenía -brazos. La segunda vez, Rafael tenía brazo derecho y mano... nada más -que un brazo y una mano. No sé qué arma era la que llevaba. Solo sé -que así, así... de un golpe, mató a Dolly. La pobre niña no dijo ¡ay! -Murió calladita y risueña... como un ángel, cumpliendo la ley del -destino, que ordena que las hijas paguen las culpas de las madres... -~(Tratando de despejarse, da algunos pasos.)~ Sueño ha sido; mas no -debemos despreciar los sueños como obra caprichosa de los sentidos, -ni creer que estos, al dormirnos, se sueltan, se embriagan, se dan a -la imitación burlesca y desenfrenada de los actos normales dictados -por el juicio... No, no son los sueños un Carnaval en nuestro cerebro. -Es que... bien claro lo veo ahora... es que el mundo espiritual, -invisible, que en derredor nuestro vive y se extiende, posee la razón -y la verdad, y por medio de imágenes, por medio de proyecciones de -lo de allá sobre lo de acá, nos enseña, nos advierte lo que debemos -hacer... ~(Se pasea vacilante, sin guardar la línea recta en sus idas -y venidas.)~ ¡Cómo suena esta noche la mar! ¡Y yo, durmiendo, creía -que ese _bum-bum_ eran mis ronquidos!... ¡Y es el mar el que ronca! -~(Detiénese a escuchar.)~ ¡Qué silencio en la casa! Todos duermen: las -niñas también, ignorantes de que urge expulsar a la intrusa. Ley de -justicia es. No he inventado yo el honor, no he inventado la verdad. De -Dios viene todo eso; de Dios viene también la muerte, fácil solución -de los conflictos graves. Tiene razón Laín: el que usurpa, debe morir, -debe ser separado... Rafael y yo separamos, apartamos lo que por -fraude se ha introducido en el santuario de nuestra familia. ~(Coge -maquinalmente su palo, por costumbre de andar con él.)~ Esto es más -claro que la luz. Siempre lo has dicho, Albrit; siempre lo has dicho. -La causa de que las sociedades estén tan podridas, la causa de que -todo se desmorone es la bastardía infame... el injerto de la mentira -en la verdad, de la villanía en la nobleza... Tú lo has dicho, Albrit; -tú debes sostenerlo, Albrit... - -~(Sale de su cuarto cautelosamente, y tentando las paredes avanza -por un largo pasillo. La claridad de la luna le permite llegar sin -tropiezos insuperables basta una puerta, por cuyos resquicios se filtra -luz. Es el cuarto donde duermen Nell y Dolly. Aproxímase, procurando -evitar todo ruido, y aplica el oído a la cerradura.)~ - -No duermen... Parece que rezan. Oigo confusas sus dos voces, que no son -más que una. ~(Con súbita emoción afectiva.)~ ¡Oh, Dios! ¡Si me parece -que las amo a las dos; que no puedo separarlas en mi amor; que la -falsa se agarra a la verdadera y se hace con ella una sola persona...! -Esto no puede ser; esto es una cobardía... Albrit, mira quién eres: -la justicia, la verdad están en tu mano... ¡Oh! ahora distingo mejor -las voces... ~(Poniendo toda su alma en el oído.)~ No, no hay cántico -de ángeles que iguale a sus vocecitas... No rezan; ahora hablan. Nell -parece que quiere consolar a Dolly... Oigo mi nombre... «el abuelo...» -Dolly solloza... sin duda se aflige porque la reñí, porque le manifesté -despego, diciéndole que no viniera conmigo, como de costumbre. ~(Con -desesperación muda.)~ ¡Señor, Señor, haz que las dos sean legítimas!... -Pero ni Dios, con todo su poder, puede impedir que Dolly sea falsa... -La denuncia su carácter villano... es el contrabando infame introducido -en mi casa por esa ladrona de mi honor... ~(Asaltado de una idea -terrible, se clava en el cráneo las uñas de la mano derecha.)~ ¡Y si -las dos son falsas, si las dos son...! ~(Pone la mano en la puerta, con -intención de abrirla suavemente. Espantado de sí mismo, se aleja.)~ -No, no, Albrit; tú no puedes, no sabes... no sirves para la ejecución -de estas obras crueles, por más que sean justas... ~(Volviendo a la -puerta.)~ ¿Y de qué modo se amputa y arroja la maleza, si una ley -torpe, inicua, ampara el fraude? ~(Nueva indecisión. Su voluntad, -turbada, gira rápidamente a impulsos de un huracán.)~ ¡Pobrecitas, se -asustarán si entro tan a deshora!... Y Nell me dirá... de seguro me lo -dirá... «Abuelo, no mates a Dolly.» Tú lo has dicho también, Albrit; -tú lo has dicho: «Todo ser humano que tiene vida debe vivir.» Dios se -la dio... nosotros no debemos quitársela... ~(Se aleja pausadamente.)~ -Hasta podría ser... sí... podría suceder que la espúrea, que es Dolly, -fuera buena... buena y espúrea, ¡qué sarcasmo!... ¡Así anda el mundo, -así anda la justicia!... Pero de eso no tenemos culpa los pobres -mortales: es el de arriba quien tiene la culpa, el que permite la -rareza extravagante de que salga buena la falsa... ~(Avanza. En mitad -del pasillo es sorprendido por Venancio.)~ - - -ESCENA XIII - -~EL CONDE, VENANCIO; después GREGORIA y CRIADOS~ - -VENANCIO, ~con malos modos~. - -¿Por qué está levantado el señor Conde? - -EL CONDE, ~arrogante~. - -Porque quiero... ¿Quién eres tú para interrogarme en esa forma -descortés? - -VENANCIO - -Nada tiene que hacer usía a estas horas en los pasillos obscuros, -rondando como alma en pena. - -EL CONDE - -Si tengo o no tengo que hacer, eso no es cuenta tuya. - -VENANCIO, ~con autoridad~. - -Entre usía en su alcoba. - -EL CONDE - -¡Lacayo!... ¿te atreves a mandarme? - -VENANCIO - -Me atrevo a guardar el orden en mi casa, y a no permitir... - -EL CONDE, ~furioso~. - -Vil... vete de mi presencia. - -VENANCIO - -Estoy en mi casa. - -EL CONDE, ~que devora su ira, apretando los dientes y los puños~. - -¡En tu casa, sí!... Pero eso no es razón para que te insolentes con tu -señor. - -VENANCIO - -No hay señor que valga. A mí solo me manda una persona, la señora -Condesa de Laín. - -EL CONDE, ~con intenso coraje reconcentrado~. - -Es cierto... Eres un villano que dice la verdad... y yo estoy aquí de -limosna... Pues bien: quiero mandar un recado a tu ama, dignísima reina -de tal vasallo. - -VENANCIO - -¿Qué? - -EL CONDE - -Un mensaje de gratitud... ~(Con rápida acción enarbola el palo, y con -la fuerza que le imprime su insensata cólera, lo descarga sobre la -cabeza de Venancio, sin darle tiempo a esquivar el golpe. Es palo de -ciego, palo nocturno. Formidable acierto.)~ Toma... De mi parte. - -VENANCIO - -¡Ay!... ¡Maldito viejo! - -GREGORIA, ~que acude en paños menores; tras ella, dos criados con un -farol~. - -¡Sujetarle!... Ese hombre está loco. - -EL CONDE, ~cuadrándose fiero~. - -¡Villanos, al que se atreva a poner la mano en _el león de Albrit_, al -que manche estas canas, al que toque estos huesos, le mato, le tiendo a -mis pies, le despedazo! - -~(Inmóviles y mudos, no se atreven a llegar a él. Dirígese Albrit -impávido a su estancia, y penetra en ella sin mirarles.)~ - -VENANCIO, ~mientras se restaña con un pañuelo la herida, de que brota -sangre~. - -¡Encerrarle, encerrarle! - -~(Un criado da vuelta a la llave y la quita.)~ - - -FIN DE LA JORNADA TERCERA - - - - -JORNADA CUARTA - - -ESCENA PRIMERA - -~Terraza en la Pardina.~ - -~GREGORIA, disponiendo la mesa para servir al Conde su desayuno; -VENANCIO, con la cabeza vendada; SENÉN, que entra por el fondo con una -maletita de mano.~ - -SENÉN - -Aquí me tenéis otra vez. - -VENANCIO, ~abrazándole~. - -Senén de todos los demonios, te juro que me alegro de verte. - -GREGORIA - -Muy pronto has vuelto de Verola. - -VENANCIO - -¿Qué?... ¿traes instrucciones de la Condesa? - -SENÉN - -Sí... lo primero, que me alojéis aquí... Descuidad: os molestaré muy -poco. - -GREGORIA - -Te pondremos en el cuartito de arriba. - -VENANCIO - -Próximo al del Conde. Sin duda la señora quiere que nos ayudes a -quitarle las pulgas al león. - -GREGORIA - -¡Y qué pulgas, Senén! - -SENÉN, ~fijándose en la venda de Venancio~. - -Ya, ya llegó a Verola la noticia de tu descalabradura. Una caricia de -la fiera. - -VENANCIO, ~renegando~. - -¡Que uno aguante esto! - -SENÉN - -Es un viejo de cuidado. A los setenta años conserva los músculos de -acero de sus buenos tiempos, y la voluntad de bronce. No hay quien le -amanse. Te digo que más quiero verme ante un tigre hambriento que ante -el Conde de Albrit irritado. - -VENANCIO, ~dando patadas~. - -Pues yo le juro que de mí no se ríe. Un hombre libre, que vive de -su trabajo y paga contribución, no está en el caso de sufrir esas -arrogancias de figurón de comedia. - -SENÉN - -Poco a poco, Venancio. La señora Condesa me encarga te diga que... -tengas paciencia. - -VENANCIO - -¿Más paciencia, jinojo? - -SENÉN - -Y que sigáis guardándole las consideraciones que se le deben por su -rango, por sus desgracias, sin perjuicio de vigilarle... - -GREGORIA - -Y si nos mata, que nos mate. - -VENANCIO - -Por si acaso, desde ayer le vigilo... con un revólver. - -SENÉN - -Calma... ~(Receloso, mirando.)~ ¿Vendrá por aquí? - -GREGORIA - -Me ha mandado que le sirva el desayuno en la terraza. - -SENÉN - -Pues le espero. - -VENANCIO - -¿También traes instrucciones para él? - -SENÉN - -No; pero necesito... sondearle. Ya sabéis: soy muy largo; me pierdo de -vista. Conque... me tenéis de huésped. - -GREGORIA, ~cogiendo la maleta~. - -¿Vienes a tu cuarto? - -SENÉN - -Luego. Me atrevo a suplicar a mi simpática patrona que en el cuidado de -esta maleta ponga sus cinco sentidos. La quiero como a las niñas de mis -ojos. - -VENANCIO - -¿Qué traes ahí? - -GREGORIA - -Pues pesa, pesa... - -SENÉN - -Es mi relicario. Recuerdos, cositas que solo para mí tienen interés. -Y juro por mi honor, que no la estimaría más si la trajera llena de -brillantes del tamaño de almendras. En fin, Gregoria, usted me responde -de ese tesoro. - -VENANCIO, ~mirando por la derecha~. - -El _león_ viene. - -GREGORIA - -Voy por el café. - - -ESCENA II - -~VENANCIO, SENÉN, EL CONDE, GREGORIA~ - -EL CONDE - -Buenos días... Hola, Senén, ¿qué traes por aquí? - -SENÉN - -¿Qué ha de traer el pobre más que las ganas de dejar de serlo? - -EL CONDE - -Y con las ganas, la decidida voluntad de enriquecerte. Eres joven; -tienes estómago de buitre, epidermis de cocodrilo, tentáculos de pulpo: -llegarás, llegarás... ¿Y tú, Venancio?... ¿Cómo va esa herida? Vamos, -hombre, no es para tanto. Poco mal y bien quejado. Ya estarás bien. - -VENANCIO - -Todavía, todavía... El señor tiene un genio imposible. - -EL CONDE - -Sí, sí... Y tú crees que la miseria debe ser mordaza y grillete para -este genio maldito que me ha dado Dios. No sé, no sé: gran domadora es -la pobreza; pero soy yo muy bravo. Me propongo contenerme dentro de la -humildad y sumisión; pero llega un momento de prueba... un insensato -que con frase agresiva me ofende, echándome al rostro mi humillante -miseria, y entonces... ¡ay! no soy dueño de mí, pierdo la cabeza... - -GREGORIA, ~poniendo en la mesa el servicio de café, que se compone de -piezas de latón y loza ordinaria~. - -Aquí tiene, señor. - -EL CONDE, ~sentándose~. - -Pero no tardo en recobrar mi serenidad de persona bien nacida y bien -educada; vuelvo a sentir la hidalga benevolencia con que he tratado -siempre a los inferiores, y... ya tienes al león aplacado, y pesaroso -de su fiereza... - -VENANCIO - -Pensara el señor esas cosas antes de levantar el palo... - -EL CONDE - -Es mi manera de aleccionar a los que quiero bien... En fin, Venancio, -hoy, como ayer, te pido que me perdones. Yo no te faltaré... pero has -de guardarme, fíjate bien en esto, la consideración que me debes... ~(A -Senén.)~ ¿Quieres café? - -SENÉN - -Mil gracias, señor Conde. Me desayuné con aguardiente y buñuelos en el -parador. - -EL CONDE, ~examinando el servicio con repugnancia~. - -¿Pero qué servicio es este? - -GREGORIA, ~para sí~. - -Fastídiate, viejo regañón. - -EL CONDE - -¿Qué habéis hecho de la cafetera y del jarrito de plata en que me -servísteis estos días? - -VENANCIO - -Mandamos que los limpiaran, y... - -GREGORIA - -Y para no hacer esperar al señor... - -EL CONDE - -¿Y aquellas tacitas de porcelana fina...? En fin, con tal que el café -esté bueno... ~(Se sirve.)~ ¿Lo has hecho tú? - -GREGORIA - -Con muchísimo cuidado... Veremos si hoy está a su gusto. - -EL CONDE, probándolo. - -¿Qué es esto? ~(Con asco.)~ ¡Agua indecente de achicoria... y -recalentada... y fría!... Vamos, las sobras del café de anoche, que ya -era malo adrede... ~(Cogiendo el pan y tratando de partirlo.)~ ¿Y de -dónde habéis sacado esta piedra que me dais por pan?... Con ser tan -duro, no lo es tanto como vuestros corazones. - -VENANCIO - -Culpa del panadero, señor... - -EL CONDE - -Culpa de vuestra sordidez villana. ~(Les arroja el pan.)~ Echad esto a -vuestros perros, y dadme a mí lo que para ellos tenéis, pues de fijo -les dais trato mejor que a mí. Guardad esta preciosa vajilla, no se os -deteriore, no se os desgaste en mi servicio. ~(Arroja al suelo todas -las piezas de loza y latón.)~ ¡Queréis aburrirme, queréis hacerme -imposible la vida! Al último pastor de cabras, al último mendigo -que llegara con hambre a vuestra puerta, le haríais la limosna sin -humillarle. ¿Por qué, ingratos, me humilláis a mí? - -VENANCIO, ~que aterrado, lo mismo que Gregoria, no sabe por dónde -salir~. - -Se servirá otra vez... Nosotros... - -EL CONDE, ~con arrogancia~. - -No quiero. Me quedaré en ayunas. - -SENÉN - -Eso no. Mandaré traerlo del café... - -EL CONDE - -No te molestes... ~(A Venancio y Gregoria, con majestuosa -indignación.)~ No tenéis ni un destello de generosidad en vuestras -almas ennegrecidas por la avaricia; no sois cristianos; no sois nobles, -que también los de origen humilde saben serlo; no sois delicados, -porque en vez de dar un consuelo a mi grandeza caída, la pisoteáis, -vosotros que en el calor, en el abrigo de mi casa, pasásteis de -animales a personas. Sois ricos... pero no sabéis serlo. Yo sabré ser -pobre, y puesto que con vuestras groserías me arrojáis, me iré de esta -casa, en que no hay piedra que no llore las desgracias de Albrit. - -SENÉN, ~con afectada gravedad y adulación~. - -Los deseos de la Condesa son que se prodiguen al señor todas las -atenciones que merece por su categoría... - -EL CONDE - -Ya lo veis: esa mujer liviana y sin pudor es más cristiana que -vosotros, y más generosa y delicada. - -VENANCIO, ~turbadísimo, tragándose la ira~. - -La Condesa no puede mandarme... yo... digo, la Condesa es mi señora... -dueña de todo... - -GREGORIA, ~vivamente~. - -De la Pardina no. - -VENANCIO - -La Pardina es mía. - -EL CONDE, ~arrogante~. - -Sea de quien fuere, y en tanto que decido si me quedo o me voy, no -quiero veros. Idos de mi presencia. - -VENANCIO, ~dudando~. - -Decídalo pronto, porque... - -EL CONDE, ~despidiéndoles con gesto de autoridad~. - -Pronto. - -VENANCIO, ~saliendo con Gregoria~. - -Sufrámosle un día más, un solo día. - -GREGORIA - -Y es mucho... ¡jinojo! - - -ESCENA III - -~EL CONDE, SENÉN~ - -EL CONDE, ~serenándose~. - -Siéntate aquí, Senén... Tengo que hablar contigo. - -SENÉN, ~con fatuidad, sentándose~. - -Nada más temible que esta plebe hinchada, señor; estos patanes hartos -de bazofia, que porque han logrado reunir cuatro cuartos se atreven a -medirse con las personas _comilfot_... - -EL CONDE - -La villanía es perdonable; la ingratitud, no... En mi cuarto había un -lavabo bastante bueno, muy cómodo para mí. Ayer me lo han quitado esos -viles, poniendo una palangana de latón de este tamaño, como las que hay -en los asilos... - -SENÉN, ~afectando indignación~. - -¡Qué atrocidad! - -EL CONDE - -Parece que escogen las servilletas y manteles más sucios para ponerlos -en mi mesa. Saben que me gusta la mantelería limpia... - -SENÉN - -Pues, como he dicho, traigo instrucciones precisas de la Condesa... -¡Oh! crea usía que si se entera de estas infamias, se pondrá furiosa. - -EL CONDE - -Sí. Me odia, como yo a ella; pero no desconoce que mi persona exige -atenciones, respetos... - -SENÉN - -¡Qué duda tiene...! - -EL CONDE - -Y aunque obra suya es seguramente la intriga que se traen Carmelo y el -Doctor para arreglarme una jaula en los Jerónimos... - -SENÉN, ~haciéndose de nuevas~. - -¡Oh! no sé... no tengo noticia... - -EL CONDE - -Pues sí: desde ayer andan de mucho trasteo conmigo. Yo les calo la -intención... y me hago el tonto... Pero dejemos esto, Senén, que de -cosa más grave y de mayor transcendencia para mí quiero hablarte. - -SENÉN - -Ya escucho. - -EL CONDE, ~receloso~. - -¿Nos oye alguien? - -SENÉN - -Nadie, señor. Estamos solos. - -EL CONDE - -Estos miserables se ponen en acecho tras de las puertas, oyendo lo que -se habla. - -SENÉN, ~examinando las puertas~. - -Nadie nos oye. Puede hablar el Excelentísimo Sr. D. Rodrigo de -Arista-Potestad. - -EL CONDE - -Dudo mucho que seas bastante afecto a mi persona para responder a todo -lo que te pregunte. - -SENÉN - -Usía debe contar siempre con mi adhesión incondicional... ~(dándose -importancia)~ como cuento yo con que el señor Conde no ha de pedirme -nada contrario a mi dignidad. - -EL CONDE, ~asombrado~. - -¡Tu dignidad!... Dispénsame: creí que no la habías adquirido aún... Ya -sé que estás en camino de adquirirla... vas muy bien... llegarás.. - -SENÉN - -Señor Conde de Albrit, aunque humilde, yo... me parece. - -EL CONDE - -Nada, nada. Ya no te hago las preguntas. - -SENÉN - -¡Ah! puede usía interrogarme con toda confianza. ~(Queriendo -familiarizarse.)~ Señor Conde... de usía para mí... ~(Se atreve a -ponerle la mano en el hombro.)~ Entre amigos... - -EL CONDE - -No, no, porque si salimos ahora con que hay dignidad, o esta dignidad -es incorruptible o es venal... En el primer caso, Senén, no me dirás -nada... en el segundo... Soy pobre y no podré cotizarla en lo que vale. - -SENÉN, ~afectando seriedad~. - -Creo que nos hallaríamos en el primer caso. - -EL CONDE - -Pues, hijo... ~(despidiéndole)~. Adiós. - -SENÉN, ~queriendo provocarle a la interrogación, para conocer su -pensamiento~. - -Si el señor Conde me lo permite, diré una palabra. Usía quiere -preguntarme... algo referente a su hija política, en el tiempo en que -tuve el honor de servirla. - -EL CONDE - -Y cuando aún no habías echado dignidad. - -SENÉN - -La eché después... Y ahora, sin faltar al respeto que debo a usía, -tengo el sentimiento de manifestarle que por gratitud, por estimación -de mí mismo, por mil razones, no puedo en manera alguna revelar -secretos que no me pertenecen. - -EL CONDE, ~con vivo interés~. - -No se trata de secretos... que quizás no lo sean para mí. Quiero tan -solo informaciones exactas acerca de una persona... - -SENÉN - -Ya... - -EL CONDE - -Íntimamente relacionada... - -SENÉN - -Comprendido. - -EL CONDE - -El pintor Carlos Eraul. Tú estuviste a su servicio algún tiempo, -al dejar el de mi hijo; tú... ~(Con ardor.)~ Senén, por lo que más -quieras, por la memoria de tu madre, revélame cuanto sepas. - -SENÉN, ~con pujos de delicadeza~. - -Sr. D. Rodrigo, por todos los gloriosos antepasados de usía, le ruego -que nada me pregunte, pues antes perdería la vida que responderle. - -EL CONDE, ~con intenso afán~. - -Dame al menos alguna luz... sin ofender a nadie, sin faltar a los -respetos que debes a tu ama. Dime: ese hombre era de baja extracción. - -SENÉN, ~secamente~. - -Sí. - -EL CONDE - -Hijo de un pobre vaquero de la ganadería de Eraul, en Navarra. ~(Senén -responde afirmativamente con la cabeza.)~ El cual, despedido por mala -conducta, se metió a contrabandista. ~(Con triste humorismo.)~ Carlos, -el hijo, también despuntó por el contrabando... - -SENÉN - -¡Oh, no...! - -EL CONDE - -Sé lo que digo... Su genio pictórico le abrió camino. Fuera de la -educación artística, que se debió a sí mismo y al estudio del natural, -era un ignorante, un bruto... - -SENÉN - -Poco menos. - -EL CONDE - -Ni alto ni bajo, moreno, de ojos negros... vigoroso... voluntad -potente... ~(Senén afirma.)~ Su apellido era Vicente, pero él firmaba -con el nombre de la ganadería: Eraul. - -SENÉN - -Exacto. - -EL CONDE - -Le conoció Lucrecia en una de esas rifas o _kermessas_ que organizan -las señoras para... - -SENÉN, ~interrumpiéndole~. - -Basta, señor Conde. No sé nada más. - -EL CONDE, ~imperioso~. - -Responde. - -SENÉN, ~inflado como un sapo~. - -No sé nada. Usía no me conoce. - -EL CONDE, ~rabioso~. - -Te conozco, sí. Tu discreción no es virtud; es... cobardía, servilismo, -complicidad. No eres el hombre digno que calla la culpa ajena; eres el -esclavo, obediente a los halagos o al látigo del amo que le compró. -~(Apostrofándole con solemne acento.)~ ¡Maldígate Dios, villano! Que la -luz que me niegas, a ti te falte. ¡Que enmudezca tu voz para siempre, -que cieguen tus ojos! ¡Que vivas sin poseer la verdad, rodeado de -tinieblas, en eterna y terrible duda, palpando en el vacío, tropezando -en la realidad!... ¡Que busques la justicia, el honor, y encuentres -mentira, infamia, dentro de un vacío tan grande como tu imbecilidad!... -~(Con desprecio.)~ Vete, vete; no te acerques a mí. - -SENÉN, ~a distancia~. - -¡Demonio!... Saca las uñas el león... ¡Hola, hola!... ~(Vuelve el Conde -a su asiento. Entra Nell con un servicio de café, elegante, en bandeja -de plata.)~ ¡Ah!... señorita Nell... ~(Ofreciéndose a tomar de su mano -la bandeja.)~ Deme acá. - -NELL - -No, no... ya puedo. - -SENÉN, ~aparte a la niña~. - -Cuidadito con él... Está de malas. ~(Vase.)~ - - -ESCENA IV - -~EL CONDE, NELL; después DOLLY.~ - -EL CONDE - -¡Ah! Nell... ¿qué traes ahí? - -NELL - -¿Cómo habíamos de consentir que no te desayunaras? Hemos reñido a -Gregoria. - -EL CONDE - -¡Oh! ¡qué ángel!... A ver... ¡Oh, esto sí que es bueno!... recién -hecho... ¡qué aroma!... Dios te bendiga. - -NELL - -No merezco yo las bendiciones, sino Dolly, que es quien te lo ha hecho. - -EL CONDE - -Pero la idea habrá sido tuya. ~(Se sirve.)~ - -NELL - -No quiero engalanarme con plumas ajenas. La idea fue de ella... Se ha -puesto furiosa... Y a Venancio, le ha echado una buena peluca. - -EL CONDE - -¡Atrevidilla! - -NELL - -Le gusta cocinar... y sabe... ¿Qué tal está? - -EL CONDE - -Riquísimo... ¿Dices que Dolly sabe cocinar? - -NELL - -Le gusta. Quiere aprender. Pues ahora está preparando un guisote, y -luego te hará fruta de sartén. Verás qué bueno. - -EL CONDE - -¡Qué criatura! Dile que venga. - -NELL - -Cree que estás enfadado con ella, y no se atreve a venir. - -EL CONDE, ~imperioso~. - -Que venga, digo. - -NELL, ~en la puerta de la casa, llamando~. - -A Dolly, que venga. Dolly, ven... Dice que no está enfadado. - -DOLLY, ~con mandil de arpillera, remangados los brazos~. - -Abuelito, con esta facha no quería presentarme a ti. - -EL CONDE - -Ven... no seas tonta... Gracias, chiquilla, por el excelente café que -me has hecho. - -DOLLY - -Y si me dejase Gregoria, te haría un arroz... que te chupabas los -dedos. - -EL CONDE, ~sonriendo benévolo~. - -Bien, bien... Vaya, posees el genio de dos artes muy difíciles: la -pintura y la culinaria. - -DOLLY, ~haciendo una graciosa reverencia~. - -Para servir a usía, señor Conde. - -NELL - -Mientras nosotras estemos aquí, no te faltará nada, papaíto. - -EL CONDE, ~a Dolly~. - -Pues aplícate, hija, aplícate, y serás una excelente cocinera. Quizás -te conviene más de lo que tú crees. ¿Y Nell, no guisa? - -NELL - -¡Ay! yo no sirvo para eso. Me da repugnancia... Además, no sé; vamos, -que no me gusta. - -EL CONDE - -Cada cual según su temperamento. - -DOLLY, ~riendo~. - -Esta es tan _finústica_, que para fregar un plato, es preciso que el -plato esté limpio. - -NELL, ~riendo~. - -Esta es tan a la pata la llana, que no lava las cosas sino cuando están -muy sucias. - -DOLLY - -Claro. - -EL CONDE - -Cada cual, chiquillas, es como es, y no puede ser de otra manera. ¡Y -yo que no veía diferencia entre vosotras! Ahora, no solo os distingo, -sino que os considero con absoluta desigualdad. Ya separo vuestros -caracteres, separo vuestras voces, separo vuestras almas... Sois el día -y la noche, el alfa y la omega... la... No, no os digo lo que pienso, -pobrecitas; no me entenderíais. - - -ESCENA V - -~EL CONDE, NELL y DOLLY, EL CURA; después D. PÍO~ - -EL CURA - -La paz sea en esta casa. - -EL CONDE - -_Curiambro_, buenos días... Yo bien, ¿y tú? - -EL CURA - -Pasando... Ya me enteré... Venancio y Gregoria se han llevado un -mediano réspice. No se repetirá el disgusto; yo se lo aseguro al noble -_león de Albrit_. - -EL CONDE - -_El león de Albrit_, que no teme las fieras, pero siente repugnancia de -las alimañas inferiores, tendrá que buscar otra cueva. - -EL CURA - -A propósito de cuevas, el Prior de Zaratán, que, entre paréntesis, -quedó ayer encantadísimo de la exquisita cordialidad con que usted le -recibió, nos invita hoy a tomar un bocadillo en su Monasterio. - -EL CONDE - -¿A mí también? - -EL CURA - -A usted principalmente. Iremos Monedero, Angulo y yo, en calidad de -séquito, de cortesanos o chambelanes de Vuestra Señoría, por no decir -Majestad. - -EL CONDE - -Gracias... Pues no me opongo. A cortesía nadie me gana. Visitaré -gustoso el Monasterio. - -EL CURA, ~a Nell, que le hace señas~. - -No, si vosotras no vais. No queremos estorbos. Además, Vicenta -Monedero, por mi conducto, os invita a comer en su casa, y a pasar allá -la tarde. - -EL CONDE - -¿La Alcaldesa? - -EL CURA - -Celebra su fiesta onomástica... Allí tendréis a toda la juventud -florida de Jerusa. - -DOLLY - -Lo siento... Mejor me estaba yo todo el día en mi cocinita. - -NELL - -¡Tonta, si el abuelo no ha de comer aquí! - -EL CONDE - -¿Cómo no? - -EL CURA - -Seguramente, los señores frailes no nos soltarán a dos tirones. Me -figuro el convitazo que habrán dispuesto, algo así como las bodas de -Camacho, o los festines de Lúculo. Ea, chiquillas; hoy secuestro al -león. Yo cuidaré de que no se aburra lejos de vosotras. - -DOLLY - -Malditas ganas tengo yo de festejo. - -NELL, ~gozosa~. - -Sí que iremos. Nos divertiremos mucho. - -EL CURA - -Nell es más sociable que Dolly... ~(A Dolly.)~ Pero, tonta, ¿no te -avergüenzas de que te vean tiznada?... ¡Uy! ¡cómo apestas a cebolla! - -DOLLY - -Mejor. Pues a usted bien le gusta que le den comiditas buenas... y bien -se regodea y se relame. - -EL CURA - -Veremos lo que te dura esa ventolera de los afanes domésticos... ~(Mira -al Conde como pidiéndole su parecer; pero D. Rodrigo, profundamente -abstraído, no atiende a la conversación.)~ - -EL CONDE, ~con una idea fija~. - -Cada cual, según es... - -D. PÍO, ~con timidez, desde la puerta~. - -¿Dan permiso? - -EL CURA - -Adelante, gran Coronado. - -DOLLY - -Hoy no hay lección, Piito. Tengo mucho que hacer. - -NELL - -¡Qué gracia! El juego de las comiditas. ~(Al Cura.)~ Pues hoy me da a -mí por estudiar de firme, ea. - -EL CURA - -¡Bravísimo! - -NELL, ~con estímulo de amor propio~. - -Quiero aprender, quiero instruirme. La ignorancia me avergüenza, y -empieza a estorbarme. Hoy estudiaré por las dos. ¿Te gusta, abuelito? - -EL CONDE, ~divagando~. - -Cada una, según su natural... - -D. PÍO, ~a Nell~. - -¿Vamos? - -DOLLY - -Yo, a mis cacerolas. - -NELL - -Y yo, a darle la jaqueca a D. Pío. - -EL CURA - -Y yo, a ponerme de acuerdo con el Alcalde sobre la hora a que hemos de -salir. ~(Dando su mano al Conde.)~ Vendremos por usted. - -EL CONDE - -Hasta luego, hijo. - -EL CURA, ~a las niñas~. - -Cuando terminen, la una sus lecciones, la otra su trajín, prepárense -para la fiesta de Vicenta. Que os pongáis bien guapas, ¿eh?... Cuidado, -chiquillas, que representáis en el mundo la gloria, la nobleza, la -tradicional elegancia de Albrit. - -DOLLY - -Bueno, bueno. Estamos enteradas. ~(Se detiene, esperando que el abuelo -le diga algo.)~ - -EL CONDE - -Dolly... - -DOLLY, ~presentando su mejilla~. - -Abuelito... - -EL CONDE, ~besándola~. - -No estoy enfadado contigo. ¿Y tú conmigo? - -DOLLY - -Lo estuve... pero ya pasó... ~(Vase gozosa.)~ - -EL CONDE, ~tomando el brazo de Nell~. - -Nell, aguarda... Quiero asistir a tu lección. Llévame, hija mía. - -~(Entran en la casa, seguidos de D. Pío.)~ - - -ESCENA VI - -~Dormitorio del Conde.~ - -EL CONDE, ~que entra~; DOLLY, ~barriendo~. - -EL CONDE - -¿Qué haces, chiquilla? - -DOLLY - -Ya lo ves: arreglándote la leonera. ¿No has reparado que esa bribona de -Gregoria, ni limpia aquí, ni barre?... Toda la casa la tiene como una -tacita de plata, menos esta alcoba tuya, que debiera ser el sagrario... - -EL CONDE - -Hija mía, como no veo bien... - -DOLLY - -Te digo que la maldad de esta gente me subleva... Entérate de lo que -he dispuesto. Entre la Pacorrita y yo hemos traído el lavabo bueno, -que esos indinos quitaron de aquí para ponerlo en nuestro cuarto. Luego -te mudaremos la cama, poniéndola en aquel rincón, para que estés más -resguardadito del aire que entra por las rendijas de la ventana. - -EL CONDE, ~embelesado~. - -¡Admirable! ¿Y a ti se te ha ocurrido todo eso? - -DOLLY - -Todito ha salido de esta cabeza. - -EL CONDE, ~besándola~. - -¿Y has acabado ya tus guisotes? - -DOLLY - -Como te vas a comer con los frailes, he suspendido lo que tenía -preparado para hoy. Pero mañana te haré una cosa muy rica, que a ti te -gusta mucho. - -EL CONDE. ~(Se sienta; la abraza.)~ - -Eres un ángel... Lo uno no quita lo otro. Cabe en lo humano que seas -lo que eres... y al propio tiempo criatura inocente, buena... quizás -rematadamente buena. ¿Verdad que sí? - -DOLLY - -Pero tú no me quieres. - -EL CONDE, ~confuso~. - -Sí te quiero. Es que... - -DOLLY - -No vayas a creerte que hago yo estas cosas porque me quieras. Pégame, y -haré lo mismo. Las hago porque es mi deber, porque soy tu nieta, y no -puedo ver con calma que a un caballero como tú, poderoso en otro tiempo -y dueño de toda esta comarca, le desatiendan gentes groseras, que no -valen lo que el polvo que llevas en la suela de tus zapatos. - -EL CONDE, ~con viva emoción~. - -Deja que te bese una y mil veces, criatura. ¿Conque tú...? - -DOLLY - -Y a esos indecentes, que no se acuerdan de la miseria que tú les -remediaste, ni de que crecieron, yerbecitas chuponas, en el tronco de -Albrit; a esos puercos, arrastrados, canallas, les estaría yo dando en -la cabeza con el palo de esta escoba, hasta que aprendieran a respetar -al que honra su casa solo con pisar en ella. - -EL CONDE, ~empañada la voz por la emoción~. - -¡Y tú... tú piensas eso! - -DOLLY - -Y lo digo... y lo hago... Esta noche, cuando vuelva del convite, te -arreglaré toda la ropa, que la tienes bien destrozadita. Esa pánfila de -Gregoria no da una puntada en tu ropa. Fíjate en la de Venancio, que -parece un Duque. - -EL CONDE. ~(Cruza las manos y la contempla extático, tratando de -estimular la visión en sus ojos enfermos.)~ - -¡Y lo haces por mí, por mí! - -DOLLY. ~(Se sienta a su lado, la escoba entre las manos.)~ - -Sabiendo que me quieres menos que a Nell. Reconozco que Nell lo merece -más que yo, porque es más fina... y además tan buena... - -EL CONDE, ~algo turbado~. - -Pero a ti... a ti te quiero también. Dime la verdad: ¿te incomodaste -porque no te dejé subir conmigo? - -DOLLY - -¡Vaya con el desprecio que me has hecho... dos noches seguidas! La -primera vez, D. Carmelo y el Médico, que cenaron aquí, me consolaban... -Pero anoche... ¡ay! me entró tal tristeza, que no pude dormir, y los -ratos que dormí tuve sueños muy malos. - -EL CONDE - -¿Qué soñaste? A ver si lo recuerdas. - -DOLLY, ~con emoción un tanto picaresca~. - -Pues soñé... Primero soñé que tú eras malo... ¡Ya ves qué desatino! -Después soñé que entraba en nuestro cuarto mi papá... con una cara tan -triste, tan triste... y se llegaba a mi cama, y me daba muchos besos... - -EL CONDE - -Antes iría a la cama de Nell... - -DOLLY - -Ni antes ni después... Yo soñaba que Nell no dormía en mi cuarto. Ya -ves. Otro desatino. - -EL CONDE - -¿Y no te dijo nada tu papá? - -DOLLY - -Sí: algo me dijo, juntando su cara con la mía; pero no puedo acordarme: -de esto sí que no me acuerdo... ¡Luego hablaba tan bajito, tan -bajito...! - -EL CONDE - -Es lástima... - -DOLLY, ~con donaire~. - -No hagas caso. Lo que soñamos es todo mentira, ilusión. - -EL CONDE - -No aseguro yo tanto. Mi vejez resulta más candorosa que tu infancia. Yo -creo en los sueños. - -DOLLY - -¡Pues cuando tú lo dices...! ~(El anciano cae en profunda meditación. -Dolly le observa cariñosa, esperando que reanude la conversación.)~ -¿Qué tienes, papaíto? ¿Por qué estás triste? - -EL CONDE - -Hija mía, tu charla inocente, tu ingenuidad, tu alma, que sale con -tu voz, y aletea en tus resoluciones, hacen en mí el efecto de -un tremendo huracán... ¿no entiendes?... sí, de un huracán que me -envuelve, me arrebata, me arroja en medio de la mar... - -DOLLY - -¡Abuelo...! - -EL CONDE, ~levantándose, consternado~. - -Sí: aquí me tienes forcejeando en medio de este oleaje de la duda. Una -onda me trae y otra me lleva... y yo... ahogándome sin morir en esta -inmensidad negra y fría... ¡Oh, no puedo vivir, no quiero vivir!... -Señor, o la verdad o la muerte... No te asustes, niña querida. Son -arrebatos que me dan. Tras esta duda quizás venga la certidumbre que -deseo, que pido a Dios con toda mi alma; certidumbre que no será la -que perdí: será otra, qué sé yo... ~(Con intensa ternura.)~ Dolly, -¿dónde estás? Ven a mí; suelta la escobita y abrázame. ~(La abraza -estrechamente y la besa llorando.)~ Si eres tú, porque lo eres... si -no, porque... no sé por qué... porque sí... no lo sé. - - -ESCENA VII - -EL CONDE, DOLLY, EL CURA - -EL CURA, ~en la puerta~. - -Pero, señor _león de Albrit_, ¿se olvida de que abajo estamos -esperándole? - -EL CONDE, ~limpiándose las lágrimas~. - -Voy... Perdona... me entretuvo esta chiquilla. - -EL CURA, ~dando prisa~. - -No nos sobrará el tiempo. - -DOLLY - -Adiós, abuelito. Toma tu palo y el gabán. ~(Le da ambas cosas.)~ El día -está bueno. Te divertirás mucho. - -EL CONDE, ~resignado, dejándose llevar~. - -Adiós, hija mía. Quieren que vaya a Zaratán... Pues a Zaratán. Hasta la -noche. - - -ESCENA VIII - -~Monasterio de Zaratán (Jerónimos).~ - -~Hállase situado en un fértil llano, con ligera inclinación y -corriente de aguas hacia el Mediodía. Lo resguardan de los vientos -septentrionales el verde muro de una selva espesísima, y la fortaleza -de un monte, estribación de la sierra que por el Este se extiende en -escalones hasta la mar. Rodéanlo frondosas arboledas de sombra, adorno -y fruto, y tierras de cultivo y pasto, cerradas por tapia o setos -vivos, en extensión considerable.~ - -~La construcción románica de la iglesia y de parte del convento aparece -bastardeada, y en algunos puntos ridículamente sustituida por horribles -superfetaciones del pasado siglo, de una imbecilidad que causa enojo y -tristeza. En el frontis de la iglesia, en distintas puertas y ventanas, -campea el escudo de Albrit, león rampante con banderola en la garra, y -el lema: _Potestas Virtus_.~ - -~No lejos de la fachada de la iglesia, separado de ella por anchurosa -calle de chopos viejos, podados, llenos de jorobas y arrugas, está el -portalón de ingreso. En una plazoleta mal pavimentada de losetones -verdinegros y resbaladizos, que fuera de él se extiende, se para el -coche que conduce al Conde de Albrit y su acompañamiento. Sale toda la -Comunidad a recibirle, con el Prior a la cabeza.~ - -EL CONDE DE ALBRIT, EL CURA, EL MÉDICO, EL ALCALDE, EL PRIOR y MONJES. - -~Es el Padre Maroto varón tosco y agradabilísimo, con sesenta años -que parecen cincuenta; ni bajo, ni flaco, ni gordo, admirablemente -construido por dentro y por fuera, con equilibrio perfecto de músculos, -hueso y cualidades espirituales. La ingeniosa Naturaleza supo armonizar -en él, como en ninguno, la potente estructura corporal con la agudeza -del entendimiento. Su índole nativa de organizador y gobernante en todo -se revela; pero reviste tan hábilmente de dulzura y gracia el báculo de -su autoridad, que ni siquiera duelen los estacazos que suele aplicar a -los díscolos de su corto rebaño. Sin su energía, actividad y metimiento -prodigioso, el fénix de Zaratán no habría renacido de sus cenizas.~ - -EL CONDE, ~muy afectuoso, contestando con exquisita urbanidad al saludo -de bienvenida que en el portalón le dirige el Prior~. - -Me anonada usted, señor Prior, saliendo a recibirme con la dignísima -Comunidad... Vamos, que esto es hacer de mí un Emperador Carlos V. - -EL PRIOR - -Para nosotros, imperio ha sido la casa de Albrit, y las glorias de -Zaratán se confunden en la historia con la grandeza de los Potestades. - -~(Entran en la calle de chopos jorobados; detrás, respetuosamente, el -séquito civil y frailuno.)~ - -EL CONDE, ~con tristeza~. - -¡Oh, grandezas desplomadas!... Albrit y Laín no son ya más que polvo -y ruinas. ~(Pausa solemne.)~ Y agradezco más los honores que en esta -ocasión se me tributan, porque veo en ellos un absoluto desinterés. -Señor Prior de Zaratán, el último Albrit no puede corresponder a tan -noble agasajo con ninguna clase de beneficios. Es pobre. - -EL PRIOR - -Nosotros también. En los tiempos que corren, no hay más riquezas que la -virtud y el trabajo, y más vale así. - -EL CONDE, ~parándose con intento de admirar las hermosas campiñas que a -un lado y otro de la chopera se ven~. - -Admirable cultivo. Esta santidad agricultora es un encanto... y un gran -progreso, el único progreso verdad. - -EL PRIOR - -Trabajamos porque Dios lo manda. Dios quiere que no cultivemos solo el -cielo, sino la tierra; la tierra, que es el complemento de la fe. - -EL CONDE - -Y, como la fe, la tierra no engaña. Ella nos alimenta vivos; muertos -nos acoge... - -~(Entran en el convento, y pasan a una sala cuadrilonga, en cuyas -paredes se ven rastros de un fresco decorativo, que borroso asoma por -entre los remiendos de yeso. La sillería es moderna y ordinaria, porque -los monjes no tienen para más. El Prior hace al Conde la presentación -de los Padres más ancianos, o más significados por sus talentos. El uno -es notable por su facultad oratoria; el otro despunta en la agronomía; -aquel es teólogo insigne; estotro, arquitecto. No falta el organista -ni el veterinario, que al propio tiempo es algo canonista, y muy buen -castrador de colmenas. Terminadas las presentaciones, el Prior quiere -obsequiar al Conde y acompañamiento con un Málaga superior, que le han -enviado de su tierra para celebrar. Acéptalo el Conde con galantería, -y D. Carmelo con júbilo. Sirve un lego, y catan todos del finísimo -licor.)~ - -EL ALCALDE, ~repantigado en un sillón~. - -¡Compadres, vaya una vida que se dan ustedes! - -EL CURA, ~repitiendo~. - -¡Bendita sea la cepa que da este caldo! Debe de ser la que plantó Noé. - -EL MÉDICO, ~en voz baja a un fraile, con quien platica~. - -Conviene que vea y aprecie las excelencias de Zaratán bajo el punto -de vista de la vida orgánica y de las comodidades, porque, como buen -aristócrata, se inclina al sibaritismo. - -EL ALCALDE, ~a un monje que despunta en la agronomía~. - -Dígame, compañero, ¿de dónde demonios han sacado ustedes la simiente de -esa remolacha forrajera que he visto en algunos tablares? - -EL FRAILE, ~con acento italiano~. - -Es de Lombardía, y también el _grano turco_. - -EL ALCALDE - -¿Qué es eso?... ¡Ah!... el maíz... Buenas cañas. Me han de dar ustedes -unas mazorcas. Pues ¿y la alfalfa? Dan ganas de comerla... También -quiero simiente... Yo no ando con repulgos; soy muy francote... barro -para adentro... Verdad que también doy cuanto tengo... el corazón -inclusive... ~(Pasando junto al Conde.)~ Señor D. Rodrigo, yo que usía, -francamente, me dejaría ya de hacer el caballero andante, y me vendría -a vivir con estos compadres, que me parece... vamos... que no lo pasan -mal. - -EL PRIOR, ~que, descuidándose a veces, emplea los tratamientos -italianos~. - -¡Oh!... si _monseñor_ viviera con nosotros, nos honraría -extraordinariamente. - -EL CURA, ~repitiendo~. - -Yo... se lo he dicho... ¡las veces que se lo he dicho!... Pero no -quiere hacerme caso... Él se lo pierde. - -EL PRIOR - -_Eccellenza_, otra copita. - -EL CONDE - -No... muchísimas gracias. - -EL MÉDICO - -No puede desechar el recelo de que en Zaratán carecería de libertad. -¿Verdad, señores, que aquí estaría tan libre como en su casa? - -EL PRIOR - -Viviría en la más hermosa y abrigada celda que tenemos; comería lo -que más fuese de su agrado; se pasearía de largo a largo por nuestros -plantíos y praderas, y estaría dispensado de asistir a los oficios, y -de ayunos y penitencias. Si esto no es buena vida, que me traigan al -que descubra otra mejor. - -EL CURA, _repitiendo_. - -Su edad exige cuidados exquisitos, que aquí tendría como en ninguna -parte. - -EL CONDE, _con afabilidad_. - -Señores míos, yo agradezco infinito su solicitud, y me siento orgulloso -del afecto que me muestran, deseando tenerme en su compañía. Lo -agradezco en el alma; pero no puedo acceder a sus nobles deseos, no y -no. Y rechazo la oferta, no por mí, sino por la Comunidad, por lo mucho -que la quiero, la respeto y la admiro. - -EL MÉDICO, _aparte a un fraile_. - -¡Viejo más marrullero!... - -EL ALCALDE - -Veremos por dónde sale. - -EL CONDE - -Estoy bien seguro de que los señores monjes, a los pocos días de -alojarme aquí, no me podrían aguantar, y renegarían de haberme traído. -Créanlo: tengo un genio imposible. - -EL PRIOR - -¡_Eccellenza_... por Dios...! - -EL ALCALDE, ~volviendo al grupo distante~. - -¡Zorro de Albrit, remolón, pamplinero, si acabarás por venir aquí y -tomar lo que te den, aunque sean sopas! - -EL CONDE - -Sí, soy inaguantable. Cuando no ha podido domarme el infortunio, ¿quién -me domará? - -EL PRIOR, ~echándose a reír y palmeteándole en el hombro~. - -Yo... sí, _monseñor_, yo... ¡También suelo gastar un geniecillo!... - -EL CURA, ~repitiendo~. - -La dulzura, el tacto, el don de gentes del Padre Maroto, son una -garantía de concordia... Vivirán en santa paz. - -EL CONDE - -Además, hay otro inconveniente. En mi vejez triste no puedo vivir -sin afectos; me moriría de pena si no pudiera tener a mi lado a mis -nietecillas, una de ellas por lo menos, la que escogiera yo para mi -compañía. - -EL ALCALDE, ~en alta voz~. - -Pues que las traigan. Es lo único que falta en Zaratán para que esto -sea completo: un par de niñas... - -EL PRIOR - -¡Ah! eso no. Aquí no pueden vivir mujeres. Las señoritas le escribirían -con frecuencia. - -EL CURA, ~repitiendo, sin beber, y aplicándose, con finura, la palma de -la mano a la boca~. - -Ya se iría _jaciendo_. Y alguna vez podrían las niñas venir a visitarle. - -EL CONDE, ~un poco molesto~. - -Que no me conformo. ¿Cuántas veces he de decirlo? - -EL PRIOR - -Sí, sí... No se hable más. - -EL CONDE, ~con fina marrullería~. - -No desconozco la fuerza de las razones expuestas para convencerme. -Ni quiero que vean ustedes en mí un hombre terco, atrabiliario y -desagradecido... No, Prior; no, amigos míos. Mal genio tengo; pero de -las tempestades de mis nervios suele surgir el juicio sereno y claro. -Hermoso es Zaratán, simpáticos y agradabilísimos el Prior y sus dignos -cofrades. ¿Quieren tenerme por compañero y amigo? No digo que sí; no -digo que no... No debo aparecer ingrato, ni tampoco ansioso de un bien -que no merezco. - -EL PRIOR, ~repitiendo los palmetazos afectuosos~. - -¡Si al fin, _monseñor_, hemos de comer juntos muchos potajitos... y nos -hemos de pelear aquí... como buenos hermanos! - -EL ALCALDE, ~dando resoplidos~. - -¡Si digo que...! - -~El Médico y el Cura cambian una mirada de satisfacción. Propone el -Prior enseñar la sacristía, y dar un paseo por la huerta antes de -comer, y a todos les parece idea felicísima. Aunque el buen Albrit ve -poco, se presta con galana urbanidad a que le muestren prolijamente -las imágenes, los ornamentos, los vasos sagrados. El pobre señor, en -obsequio a los bondadosos frailes, hace como que lo ve todo, y con -discreta lisonja de buena sociedad, todo lo admira y alaba, hasta que -el Prior, abriendo un estuche, saca de él un cáliz y se lo enseña, -diciéndole: «Esta hermosa pieza es donación de la Condesa de Laín.» -Inmútase el anciano, y después de preguntar a Maroto si celebra en la -_hermosa pieza_, y de responderle el fraile que sí, suelta un terno... -y tras el terno una denominación que es escándalo y azoramiento de -todos los que cerca están. Hace el Prior como que no ha oído nada, y -siguen.~ - -~Se sirve la suculentísima y abundante comida en una salita próxima al -refectorio, mientras come la Comunidad, y solo asisten a ella, a más -de los forasteros, el Prior y un monje anciano, el más calificado de -la casa. Muéstrase, desde la sopa al café, decidor y jovial el buen -Prior, arrancándose a contar salados chascarrillos andaluces de buena -ley; y el Conde, aunque con pocas ganas de conversación, y como atacado -de tristeza o nostalgia, se esfuerza en cumplir la tiránica ley de -cortesía, riendo todos los chistes, incluso los del Alcalde, el cual, -después de un impertinente disputar sobre cosas triviales, barre para -su casa, sosteniendo la supremacía de las pastas españolas para sopa -entre todas las del mundo, incluso las italianas. Termina despotricando -contra el Gobierno, porque no protege la industria nacional recargando -fuertemente en el Arancel... ¡el _fideo extranjero_!~ - -~De sobremesa, propone el Prior un agradable plan para la tarde: -siesta, el que quisiera dormirla; después, paseo hasta la casa de labor -de abajo, que es la más interesante; visita a los corrales, establos y -cabañas, y, por fin, solemnes vísperas con órgano, Salve, etc.~ - - -ESCENA IX - -~Coro de la iglesia conventual de Zaratán.~ - -~EL PADRE MAROTO, en la silla prioral. A su lado EL CONDE DE ALBRIT. -Siguen a derecha e izquierda los monjes, ocupando con sus venerables -cuerpos más de la mitad de la sillería. En el centro, frente al -facistol, los cantores. No hay verja que separe el coro de la iglesia, -que es tenebrosa, sepulcral, cavidad cuyos límites y contornos se -deslíen en un misterioso ambiente, tachonado por las luces de los -cirios. En el fondo lejano se adivina, más que se ve, el altar mayor, -disforme carpintería barroca y estofada. A la derecha un órgano -pequeño, nuevecito, de excelente son. Toca con maestría el mismo fraile -italiano que antes hablaba de la simiente de alfalfa y remolacha -forrajera.~ - -EL CONDE, ~que sin darse cuenta de ello, entrelaza y confunde su rezo -con sus meditaciones~. - -Señor de los cielos y la tierra, ilumíname, dame la verdad que -busco... No muera yo sin conocerla... Que acabe mi vida con mis dudas -horribles... _Padre nuestro que estás_... Creí que la falsa es Dolly, -y la legítima Nell... y ahora creo lo contrario: Dolly es la buena, -Nell la mala, la intrusa... Señor, que no prevalezca en mi familia la -usurpación infame... _El pan nuestro..._ - -EL CORO - -_Recordare Domine quid acciderit nobis... Intuere et respice opprobrium -nostrum._ - -EL CONDE - -No me tengas, Señor, sobre esta zarza de las dudas... Me revuelvo en -ella, y mi cuerpo es todo una llaga... Dame la verdad, y que la verdad -sea puerta para entrar en la muerte... Líbrame del oprobio de mi -nombre, y aparta de mi descendencia el deshonor. - -EL CORO - -_Hæreditas nostra versa est ad alienos, domus nostræ ad extraneos..._ - -~Suena con dulcísimos acordes el órgano. Encantado de oírle, el Conde -se inclina hacia el Prior para elogiar el instrumento y las hábiles -manos que lo tocan.~ - -EL PRIOR - -¡Excelente organito!... Regalo de su hijo de usted, el señor Conde de -Laín, que nos lo mandó de París. La carta en que me anunciaba este -obsequio fue la última que de él recibí. - -EL CONDE, ~que desvaría un poco, afectado de la solemnidad del lugar y -ocasión, y de la lúgubre poesía que allí emana de todas las cosas~. - -Pues me lo había figurado... Como apenas veo, mi oído tiene una -sutileza extremada, y en esos dulces acentos escuché la propia -voz de mi pobre Rafael resonando en la iglesia... ¡Desdichado hijo -mío! ¿Verdad, P. Maroto, que mi hijo merecía mejor suerte? Pero la -felicidad no es para los buenos. - -~(El Prior contesta con cabeceos, por no creer que es ocasión de -largas conversaciones, y continúa rezando. Pasa tiempo. La placidez -del sitio, la suave temperatura, el monótono canto, determinan en el -viejo Albrit una sedación dulcísima, y recostándose sobre la derecha -en el amplio sitial, se adormece. A ratos se despabila, y perdida la -noción de la realidad, olvidado de donde está, dirige al Prior palabras -que este estima de una incongruencia absoluta. En aquel sopor, cuyas -intercadencias no es posible apreciar, ve y oye el desdichado prócer -extrañísimas cosas. Si al despertar tiene algunas por disparates, otras -quedan en su mente como verdades incontrovertibles. No puede dudar que -su hijo Rafael se aparece en el coro, viniendo de la iglesia, vestido -de monje, y avanzando lentamente se llega a su padre, y le habla... -Bien seguro está de que le dice algo, y más le dijera si su imagen no -desapareciese súbitamente como una luz que el viento apaga.)~ - -EL PRIOR - -¿Qué dice el señor D. Rodrigo? - -EL CONDE - -Me parece que hablo claro... La falsa es Nell. Me lo dice quien lo -sabe... ~(Enteramente despabilado.)~ ¡Ah!... perdone usted... No he -dicho nada. Estas cosas no deben decirse. ~(Mira en torno suyo, y nada -ve. Pero advierte que han cesado los cánticos, y que el oficio ha -concluido. La Comunidad se retira.)~ - -EL PRIOR, ~levantándose~. - -_Eccellenza_... hemos terminado nuestro rezo. Tome usted mi brazo, y -saldremos. - -EL CONDE, ~apoyado en el brazo del Prior~. - -Es hermoso poseer la verdad... - -EL PRIOR - -Cuando se posee. - -EL CONDE - -Yo la tengo. - -EL PRIOR - -Verdades hay, amigo mío, que no merecen que las poseamos. Vale más la -duda que ciertas verdades. Lo que hay que tener es fe. - -EL CONDE - -También la tengo. A ella me acojo, y de ella tomo mi energía para esta -batalla con la espantosa duda... ~(Con grande extrañeza.)~ Pero dígame, -¿dónde se meten Carmelo y el Alcalde y el Médico de Jerusa? No les -siento. ¿Es que están todavía examinando carneros y vacas? - -EL PRIOR, ~retardando la contestación, que supone ha de ser penosa para -el anciano~. - -Pues D. Carmelo... - -EL CONDE - -¿Es que duerme aún la siesta para empalmar mejor la comida con la -merienda? Me asombra que el Alcalde, que es tan beato... por dar -ejemplo a las _masas_, como él dice... no haya venido a las vísperas. - -EL PRIOR, ~arrancándose, por aquello de «el mal camino andarlo pronto.»~ - -Señor Conde de Albrit, esos señores se han vuelto a Jerusa. - -EL CONDE, ~parándose en firme, erguido. El estupor contiene aún el -estallido de su ira~. - -¡Se han vuelto a Jerusa...! - -EL PRIOR, ~resuelto~. - -Esos caballeros piensan, como yo, que el señor Conde debe permanecer -aquí. - -EL CONDE, ~airado~. - -Me han traído con engaño, me dejan con perfidia... se van... Me -encierran como a una bestia dañina... ¡Me ponen en manos del carcelero, -que es usted, la Comunidad... Zaratán maldito! - - -ESCENA X - -~Atrio de la iglesia. Alameda. Portalón.~ - -EL CONDE, EL PRIOR; algunos monjes, que a distancia se mantienen -observando la escena, prontos a intervenir en ella, si lo ordena el -Superior con seña o simple mirada. - -EL PRIOR - -Yo ruego al ilustre Albrit que se sosiegue, y que vea en esto un acto -sencillísimo, dictado por la amistad, por el afecto que todos le -profesamos. - -EL CONDE - -¡Encerrarme traidoramente, como a un loco, como a un criminal! - -EL PRIOR, ~empleando la persuasión y buenos modos, que estima más -eficaces~. - -_Eccellenza_, considere que está en su casa... ¿No dice nada a -su espíritu la paz de este santo instituto? Cuantos aquí vivimos -consagrados al servicio de Dios y al trabajo de la tierra, somos sus -amigos, no sus carceleros. - -EL CONDE - -Estimo la buena intención, señor mío; pero a mí no se me enjaula, -atentando inicuamente a mi libertad. - -EL PRIOR - -¿Y para qué quiere usted esa libertad más que para calentarse los -sesos, acometiendo empresas ideológicas en busca de una luz que no ha -de encontrar? ~(Queriendo acariciarle.)~ Créame a mí, que soy su amigo. -Esos señores dejan a mi cuidado al _león de Albrit_, y yo respondo -de que, pasada esta efervescencia de amor propio, _monseñor_ nos lo -agradecerá. Mi orden me manda acoger al desvalido, y practicar en todo -caso las Obras de Misericordia. - -EL CONDE, ~decidido a partir~. - -Muy bien. La novena dice: «No encerrar al prójimo contra su -voluntad...» Dígame usted por dónde se sale. - -EL PRIOR, ~dominándose, y persistiendo en los procedimientos de -dulzura~. - -Por segunda vez, Sr. D. Rodrigo, le invito a considerar que es locura -oponerse a esta santa reclusión, dispuesta por la familia, patrocinada -por los amigos, aconsejada por la Facultad... En ninguna parte tendrá -_monseñor_ la paz, la tranquilidad y los bienes materiales que aquí le -prodigaremos sin tasa. - -EL CONDE, ~cada vez más colérico~. - -Maldigo a la familia, maldigo a los amigos, a la Facultad y a este -endiablado laberinto de Zaratán, donde quieren que yo me vuelva loco... -Pronto, señor Prior, mande usted que me franqueen la salida. ~(Avanza -con paso resuelto por la alameda de chopos jorobados.)~ - -EL PRIOR, ~tras él, suplicante~. - -Reflexione usía, señor Conde; considere que ofende a Dios renegando de -este santo recogimiento, en que la Religión y la Naturaleza le ofrecen -descanso y paz... - -EL CONDE, ~revolviéndose furioso~. - -No me hable usted de religión... Aquí no la quiero... ¡aquí, donde -tendría que oír las misas que dice usted con ese cáliz!... ~(Con ligera -inflexión humorística, que chisporrotea en medio de su indignación.)~ -Del cáliz nada tengo que decir, porque está consagrado... ¡Qué culpa -tiene el pobre cáliz!... ¡Pero la misa... usted... esa _tal_!... No, -no quiero vivir en Zaratán, no quiero estar preso... ¿Ni quién es esa -_cual_ para encerrarme a mí?... Me encierra porque no haga públicas -sus ignominias... ¡Y el Prior de Zaratán es su cómplice; el Prior de -Zaratán dice misa en su cáliz; el Prior de Zaratán se presta a ser -mi carcelero para que no hable, para que no investigue, para que no -descubra la verdad odiosa!... Pero no les vale, no, porque ahora mismo, -señor D. Maroto o señor don Diablo, va usted a mandar que me abran -aquella puerta, que jamás, jamás ha de volver a abrirse para el Conde -de Albrit. - -EL PRIOR, ~ya cargado, con fuertes ganas de meter mano al viejo prócer, -y hacerle entrar en razón por el procedimiento más expedito~. - -Señor Conde, que ya me va faltando la paciencia. - -EL CONDE - -¡La salida... pronto, la salida! - -EL PRIOR, ~apretando los puños~. - -Le digo a usted que conmigo no se juega. Albrit es un niño, y como a -tal habrá que tratarle. A los niños mañosos se les sujeta y se les... - -~(Acércanse varios frailes, a quienes el Prior ha hecho seña. El Conde, -que en sus tiempos ha sido un excelente boxeador, se prepara de puños y -brazos, dando a entender su propósito de romper cráneo o clavícula, si -hay alguien tan osado que ponga la mano en su ancianidad venerable.)~ - -EL CONDE, ~con bravura caballeresca~. - -Abusas tú, Prior, de la desigualdad de nuestras fuerzas, y porque me -ves solo pretendes acoquinarme. Pero yo te aseguro que si me vence el -número, no será sin que caiga al suelo alguno de estos bigardones, y -bien podría suceder que el que caiga no se levante más. - -EL PRIOR. - -Ahora lo veremos. ¡Leoncitos a mí!... - -~(Aunque no ha boxeado nunca, es hombre de empuje; sus puños cerrados -igualan a la maza de Fraga, y los músculos de su brazo compiten en -elasticidad y fuerza con el acero. La actitud guerrera del anciano le -saca de quicio, y su primer impulso es dar cuenta de él, sin ayuda de -sus cofrades.)~ - -EL CONDE, ~ciego de ira, poniéndose en guardia~. - -¡Aquí te espero! - -~(Rodean los frailes al Prior, haciéndole ver con gestos y palabras -expresivas la inconveniencia de emplear la fuerza. Basta un momento de -reflexión para que así lo comprenda Maroto; se domina: encuéntrase en -la posesión plena de sus facultades perfectamente equilibradas; se ríe -de sí mismo, se ríe del Conde con más lástima que menosprecio, y manda -que se le abra la puerta.)~ - -EL CONDE - -¡Ah! Se me obedece al fin... Abierta la jaula, el león recobra su -libertad... ¡Ay del que quiera sujetarle! - -~(Sale presuroso, y se aleja con tal viveza, sacando bríos de sus -piernas cansadas, que su rápido andar parece milagroso.)~ - -EL PRIOR, ~rodeado de los frailes, viéndole partir~. - -¡Pobre demente! Te ofrecemos el descanso y lo rehúsas; te damos el -olvido de lo pasado, y prefieres revolver las escorias inmundas de tu -deshonrada familia. Rechazas nuestra dulce compañía por correr tras un -enigma, cuya solución no has de encontrar... no, no la encontrarás, -porque Dios no lo quiere... ~(Hablando para sí.)~ No, no lo quiere; yo, -único mortal que sabe la verdad, no puedo decírtela, y aunque pudiera, -menguado y díscolo viejo, no te la diría... ~(Alto.)~ Mirad, mirad cómo -corre. Ni una sola vez ha mirado para atrás. La inseguridad de su paso -denuncia el tumulto de sus ideas... - -UN FRAILE - -Toma la dirección del Páramo. - -EL PRIOR - -Quiere ir como hacia la mar. - -OTRO FRAILE - -Hacia el cantil de Santorojo. - -EL PRIOR - -Dios ataje sus pasos si van en busca de la muerte. Recémosle un -Padrenuestro. ~(Rezan.)~ Ya no se le ve... Cae la tarde, hermanos: -vámonos a cenar en paz y en gracia de Dios. - - -ESCENA XI - -~Meseta árida, en la cual no crecen más que cardos y aliagas. A -trechos, rocas de singulares formas que parecen cuerpos a medio salir -del suelo arenoso. Termina la planicie por el Norte bruscamente, como -si la tajaran de un golpe con arma formidable. Allí está el filo del -cantil, colosal muralla que del mar se eleva, en algunos sitios con -declive de peñas escalonadas, en otros con una verticalidad espantable, -terrorífica. La altura varía, por la desigualdad de la rasante en la -meseta; pero en ninguna parte deja de ser tal, que difícilmente la -soporta sin vértigo la mirada. Sube de lo profundo el murmullo hondo -y persistente de la mar, dando testarazos en la base del cantil. -Anochece. El cielo es tempestuoso.~ - -EL CONDE, ~solo, andando lenta y descompasadamente, fatigado ya de la -carrera que emprendió en su fuga de Zaratán~. - -Ya me lo decía el corazón... Carmelo, el Mediquillo, y ese Alcalde que -envenena a media humanidad con sus fideos falsificados, han vendido sus -conciencias a la infame. ¡Hechuras mías habían de ser! Yo les favorecí, -ellos me crucifican, me escarnecen, quieren enjaularme. ¡Dios mío, las -veces que le he matado el hambre a ese Pepillo Monedero, cuando venían -inviernos crudos y no podía trajinar con sus caballerías!... Con el -vino que me ha robado, cuando me traía las tercerolas de Villarán, se -podría emborrachar Carmelo, cuyo vientre es una bodega... Al padre de -ese mediquejo le libré de presidio, cuando las talas de Laín. Era un -hombre que siempre que Rafael o yo pasábamos por su lado, se ponía -de rodillas, y teníamos que darle de palos para que se levantara... -Y ahora ¡ay!... ¡Generación ingrata, generación descreída y que nada -respetas, generación parricida, pues devoras el pasado, y menosprecias -las grandezas que fueron! El honor, la pureza de los nombres, ¿qué -son para estos menguados, que se pasan la vida hociqueando en el -suelo, para recoger el pedazo de pan que la suerte les arroja? Son de -vista baja, y no ven el cielo, ni el sol que nos alumbra... Y ahora, -recobrada mi libertad, voy detrás de mi idea, como los Reyes Magos -tras de la estrella que les guió al pesebre, en que acababa de nacer la -verdad. - -~(Detiénese, un tanto sobrecogido del espantoso estruendo de la mar -en aquel sitio. Retumba el suelo. Las olas, en pleamar, penetran en -tortuosas cavernas, y se revuelven con furia en las profundidades -tenebrosas.)~ - -¡Cómo brama! Mal vino trae esta noche el agua... Y allá, el reventar de -la ola suena como cañonazos... Desde este borde distingo el tremendo -salivazo de espuma cuando lo escupe para arriba... ¡Hermoso, sublime! -~(Continúa andando, no sin dificultad, porque va de cara al viento, que -sopla del Oeste en rachas violentísimas.)~ Vaya con el aire... hay que -ponerle la proa sin miramientos, y cortarlo con la cabeza, después de -bien asegurado el sombrero. De nada me sirve el palo... ¡Qué soledad! -O yo no veo absolutamente nada, o no pasa alma viviente por estos -sitios... ¿Quién demonios, quién que no sea el estrafalario Albrit, -este loco enjaulable, se ha de arriesgar por el horrible páramo en -noche tempestuosa? ~(El viento le hace girar sobre sí mismo; tiene que -acudir con ambas manos al sombrero; el palo se le cae.)~ Hola, hola, -¿esas tenemos, señor vientecito? Pues ahora nos veremos las caras. -Primero se cansará usted que yo. Recojo mi palo, y adelante. _Potestad_ -me llamo; no hay quien me rinda. - -~(Es ya noche cerrada, noche lúgubre, de cielo revuelto, invadido de -negras nubes veloces, que corren hacia el Este, montando unas sobre -otras, acometiéndose... Por entre sus vellones deshilachados, se deja -ver, a ratos, la luna creciente, despavorida, que con su lividez -ilumina el Páramo, y da siniestro relieve a los peñascos esparcidos, -los cuales semejan aquí gatos en acecho, allí esfinges egipcias, más -adentro esqueletos de ballenas.)~ - -Vaya... parece que afloja la racha. No podía ser menos. ¡Vientecitos a -mí...! Adelante... ~(Sorprendido de oír una voz, que parece humana.)~ -¿Qué voz es esa? Si no es que el viento se da a la imitación del -graznido de los hombres, ha sonado una voz. ~(Parándose, para oír -mejor.)~ Sí, hasta parece que oigo mi nombre... No, no: es el viento, -que sabe pronunciar la última sílaba... _brit... brit..._ - -~(En dirección contraria a la que lleva el Conde, avanza un hombre; -pero como anda a favor del viento, más bien parece que vuela. Lo que en -tan extraño sujeto aparenta alas, son faldones de un largo abrigo. Pasa -veloz junto al Conde. Se para no sin gran esfuerzo, le llama... vuelve -a llamarle.)~ - - -ESCENA XII - -~EL CONDE; D. PÍO, sin sombrero, que le ha sustraído el huracán; lleva -bufanda al cuello, que se enrosca y desenrosca a cada instante; levitón -largo, que se le pone por montera; los pantalones arremangados.~ - -EL CONDE, ~con voz firme~. - -¿Quién es... quién me llama? Si es el viento... perdone, hermano, no -llevo suelto. - -D. PÍO, ~que se ve obligado a agarrarse al Conde para no caer~. - -Soy yo, señor. ¿No me ha conocido? Soy Pío, el profesor de las niñas. - -EL CONDE - -¡Ah! Coronado... Acabáramos. ¿Y qué traes por estos sitios tan amenos, -en noche tan deliciosa? - -D. PÍO - -En el momento de encontrar a usía buscaba mi sombrero, que me arrebató -el viento. - -EL CONDE - -Pues no es fácil que te lo devuelva. Si temes constiparte sin sombrero, -ponte el mío. En verdad, no me sirve más que de estorbo... - -D. PÍO - -Gracias, señor Conde. Estamos en el peor sitio. Agarrémonos bien el uno -al otro, y vámonos a lugar más abrigado y seguro... Por aquí, señor... -~(Se agarran y se internan, alejándose del cantil.)~ - -EL CONDE - -Por lo visto, las revueltas del Páramo te son familiares. - -D. PÍO - -Sí, es mi paseo favorito. Esta soledad, esta aridez, este ruido de la -mar me enamoran. Llega para mí un momento, al terminar el día, en que -me hastían de tal modo las personas, que me arrimo a los animales; -pero me hastían también los domésticos, y busco la compañía de los -lagartos, de los saltamontes, de los cangrejos, y de todo lo que más se -diferencia de nosotros. - -EL CONDE - -Comprendo tu odio al género humano, infeliz Pío. Dícenme que eres muy -desgraciado en tu casa. - -D. PÍO, ~llevándole a un sitio resguardado del viento~. - -Sí, señor. Más de una vez he venido a estos cantiles con el propósito -de arrojarme por el más empinado. Pero... - -EL CONDE - -Te ha faltado valor. - -D. PÍO, ~candoroso~. - -Sí, señor... Me faltan ánimos. Esta noche misma llegué decidido, tan -decidido, que ya me estaba viendo cenado por los peces; pero en el -momento crítico... - -EL CONDE - -¡Matarse, qué locura! Hay que luchar, luchar sin desmayo para aniquilar -el mal. - -D. PÍO, ~con tristeza~. - -¡Ah! eso no es para mí. Luche quien pueda. Yo no sirvo; nací para dejar -que todo el mundo haga de mí lo que quiera. Soy un niño, señor Conde, y -no un niño de la raza humana, sino de la raza ovejuna; soy un cordero, -aunque me esté mal el decirlo. Nací sin carácter, y sin carácter he -llegado a viejo. Permítame que me alabe. Soy el hombre más bueno del -mundo; tan bueno, tan bueno, que casi he llegado a despreciarme a mí -mismo, y a _futrarme_, con perdón, en mi propia bondad. - -EL CONDE - -Y tuya es una frase que corre como proverbial en Jerusa: «¡Qué malo es -ser bueno!» - -D. PÍO - -Porque de la bondad me vienen todas mis desgracias... parece mentira. -En mí no encuentro fuerza para hacer daño a ningún ser, llámese -mosquito, llámese mujer u hombre. Donde yo estoy, está el bien, la -verdad, el perdón, la dulzura... y llueven sobre mí las desdichas como -si mi bondad fuera un espigón de metal que atrae el rayo... Señor, he -llegado a un extremo tal de sufrimiento, que ya no puedo más; quiero -arrojar por ese cantil el fardo de mi bondad, que es mi vida. Mi vida, -o sea mi bondad, ya me enfada, me apesta, me revuelve el estómago... -¡Váyase a los profundos abismos, bendita de Dios! - -EL CONDE - -Ten paciencia, Pío. Si eres tan bueno, Dios te dará tu merecido... Pero -si hemos de charlar, desahogando en la confianza y amistad recíprocas -las penas de uno y otro, no será malo, bendito Coronado, que me lleves -a un sitio cómodo donde pueda sentarme. Por mi nombre te juro que estoy -cansado. - -D. PÍO, ~guiándole~. - -Precisamente llegamos a un recodo donde estaremos a cubierto del -vendaval. Entre estas peñas enormes, que parecen dos formidables -canónigos con sus sombreros de teja, he descabezado yo mis sueñecitos -algunas noches que he dormido fuera de casa. Aquí podemos sentarnos, -sobre esta limpia arena llena de caracolitos, y hablar todo lo que nos -dé la gana. ~(Se sientan.)~ - -EL CONDE - -Dime, Pío: ¿al fin se murió tu mujer? - -D. PÍO, ~tocando las castañuelas~. - -¡Al fin! sí, señor. Dos años hace ya que el infierno la quiso para sí. - -EL CONDE - -¡Cuánto habrás padecido, pobre Coronado! De veras te digo que no hay en -la sociedad vicio más desorganizador ni de peores consecuencias que la -infidelidad conyugal; y cuando ese atroz delito trae el falseamiento -de la ley del matrimonio y el fraude de la sucesión, no hay palabra -bastante dura para anatematizarlo. Pues bien: aquí donde me ves, yo -estoy en el mundo para combatir y anular las usurpaciones de estado -civil, producidas por el desacuerdo entre la Ley y la Naturaleza. -Nuestros legisladores no han tenido valor para abordar este problema. -Yo lo tengo. He declarado la guerra a la impureza de los nombres, y a -todas las ilegitimidades producidas por el infame adulterio. - -D. PÍO, ~embobado~. - -Ya... ¿Y qué hace el señor Conde para...? - -EL CONDE - -Por de pronto, descubrir la usurpación... sacarla a la vergüenza -pública... ¿Te parece poco? ~(D. Pío, ensimismado, no dice nada.)~ Pero -no hablemos ahora de mis cuitas, sino de las tuyas. Tu mujer, según -creo, te dejó un mediano surtido de hijas. - -D. PÍO, ~secamente, mirando al suelo~. - -Seis... - -EL CONDE - -Que son seis arpías, según se cuenta. - -D. PÍO, ~con aflicción~. - -Llámelas usía demonios o fieras infernales, pues arpías es poco. No me -tienen ningún respeto, ni viven más que para martirizarme. - -EL CONDE - -¡Y lo aguantas! Tu bondad, pobre Coronado, raya en lo inverosímil, -porque si no miente el vulgo... permíteme que te hable con una -franqueza que resulta tan extremada como tu bondad... tus hijas... no -son tus hijas. - -D. PÍO, ~después de una pausa~. - -Señor, por duro que sea declararlo, yo... En efecto, tan cierto como -esta es noche, esas hijas... no me pertenecen. - -EL CONDE - -Y si de ello estás tan seguro, ¿cómo las tienes contigo? - -D. PÍO - -Por ley de la costumbre, que es la gran encubridora de las perrerías -que hace la bondad. Desde que nacieron las tengo a mi lado. Me quito el -pan de la boca para dárselo a ellas... Las he visto crecer, crecer... -Lo peor es que de niñas me querían, y yo... ¿para qué negarlo?... -las he querido, casi las quiero, no lo puedo remediar... ~(Albrit -suspira.)~ No tengo vergüenza, ¿verdad, señor Conde? No soy digno de -hablar con un caballero como usía. - -EL CONDE - -Eres un desgraciado, y yo quiero que seamos amigos. Dime otra cosa: -esas tarascas, ¿permanecen solteras? - -D. PÍO - -Dos casaron con los primeros ladrones del pueblo. A una la abandonó -el marido, y está otra vez en mi casa: empina el codo, y me dice las -cosas más indecentes que se le pueden decir a un hombre. María y -Rosario tienen por novios a dos perdidos: el uno barbero, el otro muy -dado al matute. Esperanza es loca por los hombres, y se va tras ellos -por calles y caminos, sin reparar que sean soldados, amoladores o -titiriteros, y Prudencia, la más chica, me ha salido un poquito bruja. -Echa las cartas, cura por salutaciones... y roba todo lo que puede. - -EL CONDE, ~con piadosa lástima~. - -No conozco otro ser más dejado de la mano de Dios. Sobre tu bondad caen -todas las maldiciones del cielo. ¿Cómo en tantos años no has tenido un -día, una hora de entereza de carácter, para echar de tu lado a esas -hembras espúreas que te consumen la vida? - -D. PÍO - -No me pida el señor Conde que tenga carácter, que es como pedir a estas -peñas que den uvas y manzanas. Soy bueno; me reconozco el mejor de los -hombres. En un punto está que uno sea un santo o un mandria. Mi mujer, -que de Satanás goce, me dominaba; me hacía temblar con solo mirarme. Yo -hubiera tenido valor delante de una docena de tigres; delante de aquel -monstruo no lo tenía. Tan grande como mi paciencia era su liviandad. Me -traía los hijos; nacían en casa. Yo le decía verdades como puños; pero -no me escuchaba. ¿Qué había de hacer yo con las pobres criaturas, ni -qué culpa tenían ellas? ¡No las había de tirar en medio de la calle! -Crecían, eran graciosas, se dejaban querer. El tiempo me alargaba la -bondad, y yo era más bueno cada día... y me dejaba ir, me dejaba ir... -Nunca tuve resolución... Mañana será otro día, decía yo, y, en efecto, -señor, todos los días, en vez de ser otros, eran los mismos... El -tiempo es muy malo, es como la bondad... Entre uno y otro hacen estas -maldades que no tienen remedio. - -EL CONDE, ~meditabundo~. - -Buen Pío, tu filosofía resulta dañina; tu bondad siembra de males toda -la tierra. - -D. PÍO - -Déjeme que siga contándole, para que acabe de despreciarme. Lo que -sufro con esas culebronas a quienes llamo hijas, no hay palabras -para decirlo. Ellas me pegan, ellas me insultan, ellas me matan de -hambre; ellas gozan con mis dolores, con mi vergüenza... ¡Qué malas, -qué malas son! Cada una es un demonio, y juntas el infierno. Y que -no me vale huir de mi casa y abandonarlas, porque salen desaforadas a -buscarme, y me cogen, y me llevan por fuerza, y me besuquean y hacen -mil carantoñas. Tengo el corazón tan blando, que cuando veo llorar a -alguien soy un río de lágrimas. Pues cuando alguna se pone mala, ¡si -viera usía lo inquieto y apenado que estoy! Nada, que me falta tiempo -para correr a casa del médico, a la botica... - -EL CONDE - -Eres cosa perdida. Vas al abismo, buen Coronado. - -D. PÍO, ~agitadísimo~. - -Lo sé, señor Conde... Por eso pido a Dios que me lleve pronto al cielo, -porque allí, lo que es allí... supongo que podrá uno ser tierno de -corazón y de voluntad sin perjudicarse... allí puede uno ser todo amor, -sin que le descalabren, le pellizquen y le aporreen. - -EL CONDE - -El cielo, sí. Para ti no hay otro sitio. Aquel es tu mundo, y no -debiste, no, Coronado, no debiste venir a este. - -D. PÍO, ~con desesperación~. - -¿Pero acaso yo me he traído? - -EL CONDE - -Si no te has traído, puedes volverte cuando quieras. Ahora comprendo la -razón y excelente lógica de tus propósitos de suicidio. - -D. PÍO, ~con efusión~. - -Me suicido porque soy un ángel, y nada tengo que hacer en este mundo. - -EL CONDE, ~indicando la dirección del cantil~. - -Es verdad... Vete pronto al tuyo, al cielo. Por hacerme compañía no te -entretengas. - -D. PÍO, ~que, sintiendo frío en la cabeza, se la cubre con el pañuelo, -y anuda las puntas bajo la barba~. - -Si quisiera el señor Conde prestarme su pañuelo para sonarme, pues el -mío me lo he puesto por la cabeza... - -EL CONDE - -Hijo, sí; tómalo y suénate todo lo que quieras... Me parece que debemos -continuar andando, porque nos enfriamos. Yo estoy aterido. - -D. PÍO - -Como el señor Conde guste. ~(Levántase y le da la mano.)~ El viento -afloja; ahora se descubre la luna. - -EL CONDE, ~andando los dos del brazo~. - -Pues en este momento, mi buen Coronado, se me ocurre una idea que puede -ser tu salvación. Tú te librarás de todo el mal a que tu bondad te ha -traído, y yo tendré el gusto de producir en ti el único bien que has -disfrutado en tu vida. - -D. PÍO, ~algo inquieto~. - -¿Qué idea es esa, Sr. D. Rodrigo? - -EL CONDE - -Pues muy sencillo. Tú no tienes valor para lanzarte de este mundo al -otro. El valor que a ti te falta, a mí me sobra. Te agarro, te arrojo -por el cantil, y al llegar abajo ya eres cadáver y se han acabado tus -sufrimientos. ~(Pausa.)~ - -D. PÍO, ~que se rasca la cabeza, metiendo la mano por debajo del -pañuelo~. - -Es una idea excelente. Por mi parte, no me opongo... Al contrario... Lo -único que temo es que la muerte no sea muy rápida... - -EL CONDE - -¿Pero qué estás diciendo? Morirás en menos de cinco segundos. No, -no encontrarás muerte mejor, ya emplees arma, veneno, o el ácido -carbónico. Muerte instantánea, súbita entrada en la felicidad, en el -Paraíso, del que nunca debiste salir. Si no me engaño, estamos en una -parte del cantil que ni de encargo. Aquí la cortadura es vertical, la -altura vertiginosa... Conque... - -D. PÍO, ~algo alelado~. - -Sí, sí... Pero ahora caigo en otro inconveniente, y este sí que es -grave, gravísimo, señor Conde. Como alguien nos habrá visto venir -hacia acá, fácil es que acusen a usía de mi muerte; y le metan en la -cárcel... y causa criminal al canto, por homicidio, con nocturnidad, -alevosía... No, no, señor Conde. ¡Cómo había yo de consentirlo! - -EL CONDE - -Nadie nos ha visto, ni es lógico que sospechen de mí... Decídete: ya -ves qué fácil, ahora... ¿Oyes la mar que brama, como pidiendo que le -arrojen algo con que entretenerse?... Pero hay más, carísimo Pío: -figúrate tú el chasco que se llevarán tus hijas cuando vean que ya no -tienen a quien martirizar, que se les ha escapado la víctima... ¡ja! -¡ja!... Se revolverán unas contra otras, y furiosas, tirándose de los -pelos, se enzarzarán con uñas y dientes... - -D. PÍO, ~riendo~. - -Sí, sí... y a ver quién les mantiene el pico... ¡Y que van a rabiar -poco esas bribonas cuando yo me vaya! ¡Y con qué júbilo les diré yo -desde allá: «Fastidiaos ahora, grandísimas puercas...!» Por supuesto, -créame el Sr. D. Rodrigo, al recibir la noticia de que me ha tragado la -mar, llorarán... porque, en medio de todo, me quieren... a su modo. - -EL CONDE - -Y tú a ellas también. Remachas tu bondad con el tremendo deshonor de -amarlas. Para poner fin a tanta ignominia, es preciso... ~(Le agarra -fuertemente por la cintura.)~ - -D. PÍO, ~riendo, para disimular su temor~. - -Otro día, señor Conde, otro día... Esta noche me encuentro algo -destemplado. - -EL CONDE, ~soltándole~. - -Como tú quieras. - -D. PÍO, ~alejándose del cantil~. - -No podemos, no podemos tomar esa determinación sin que yo escriba un -papel en que diga que sucumbo de _motu proprio_. - -EL CONDE - -Bien. No está de más hacer las cosas con la preparación y formalidad -debidas. - -D. PÍO, ~gravemente~. - -Otra noche, después de disponerlo todo muy bien, nos reuniremos aquí. - -EL CONDE - -Pues mira, ahora me alegro de que se quede la función para otra noche, -porque así podrás darme algunas informaciones acerca de mis nietas... -Dime: ¿en dónde estamos ya? - -D. PÍO - -Cerca del Calvario, en el lindero del bosque. - -EL CONDE - -Pues al pie de la cruz echaremos otra sentada... Me harás el favor de -decirme... - -D. PÍO - -Todo lo que el señor Conde quiera. - -~(Despéjase un poco el cielo, y a la claridad de la luna andan los dos -ancianos con menos lentitud. Llegan al Calvario, y se sientan en la -meseta de granito que sustenta las cruces.)~ - -EL CONDE - -Muy bien estamos aquí... Hablemos de Nell y Dolly. Dime, ante todo: ¿tú -te sientes con el saber, con la suficiencia necesaria para instruir a -mis nietas? ¿Te reconoces verdadero maestro de lo que ellas ignoran? - -D. PÍO - -Señor Conde, yo... - -EL CONDE - -Nada, nada: deja a un lado el amor propio, y respóndeme. Olvídate de -quien soy y de quien eres. Somos dos amigos. - -D. PÍO, ~olvidando las categorías~. - -Pues amigo Albrit, diré a usted... digo, a usía que, tan cierto como -ese astro es luna, yo no sé una palabra de nada. Sabía, sí, sabía -mucho, aunque me esté mal el decirlo; pero las desgracias me han -desconcertado horriblemente el magín. Mi memoria es un desván lleno -de telarañas. Subo a él en busca de mi sabiduría, y solo encuentro -retazos deshechos, trastos inútiles... Y como soy hombre de conciencia, -más de una vez le he dicho a D. Carmelo que busque otro preceptor -para las niñas... Una sola ciencia, o arte más bien, conservo en mi -caletre. Es lo único que me queda, en esta dispersión tristísima de mis -conocimientos. - -EL CONDE - -¿Qué es? - -D. PÍO - -Pues la Mitología. Todo lo he olvidado, menos el admirable y poético -simbolismo de los griegos... Es raro, ¿verdad? ¿Y a qué debo atribuir -que se agarre a mi entendimiento la dichosa Mitología? Pues lo atribuyo -a que en ella todo es falso. En conciencia, señor Conde, yo declaro que -no puedo enseñar a las niñas más que dos cosas: la reforma de letra, -por Torío, y la fábula mitológica. - -EL CONDE - -Ya no tendrás que enseñarles nada, bendito Coronado... Y ahora, vamos -a mi asunto: tú que las has tratado íntimamente; tú que has vivido -en contacto con sus inteligencias en capullo, con sus corazones -virginales, dime: ¿cuál de las dos te parece más noble, más moralmente -bella, más digna de ser amada? - -D. PÍO, ~meditabundo~. - -No es tan fácil determinar... - -EL CONDE - -Porque iguales no han de ser. En la Naturaleza no hay dos seres -enteramente iguales. - -D. PÍO - -Igualdad, en efecto, no hay. Los caracteres son distintos. Vaya usted a -saber si salen al padre, a la madre, o a los abuelos... - -EL CONDE - -Yo quiero que designes la mejor. Figúrate que una ley ineludible -te obliga a tomar una y a sacrificar la otra. ~(D. Pío se muestra -sorprendido y confuso.)~ Hazte cuenta de que no hay más remedio, de que -no puedes evadir el dilema terrible. - -D. PÍO, ~rascándose la cabeza~. - -¡Vaya un compromiso! Pues si la cosa es tan por la tremenda, si -no hay más solución que escoger una... ~(Decidiéndose, tras larga -vacilación.)~ Pues... con todas sus travesurillas, con toda su -inquietud diablesca, y, si se quiere, desvergonzada, la preferida es -Dolly. - -EL CONDE - -¿Y en qué te fundas para tu preferencia? - -D. PÍO, ~lleno de confusiones~. - -No sé... Hay algo en Dolly que me parece superior a cuanto vemos en -el mundo. O mucho me equivoco, señor de Albrit, o la engendraron los -ángeles. - -EL CONDE, ~gozoso de encontrar una afirmación~. - -Mi Rafael era un ángel. Soy de tu opinión con respecto a Dolly, -agudísimo Coronado. Veo que tu inteligencia sabe penetrar en la razón -y fundamento de las cosas. Y me figuro que tu juicio se funda en -observaciones... - -D. PÍO, ~con inocencia angelical~. - -Sí, señor... también. Cuando estuvo aquí toda la familia dos años ha, -observé en el señor Conde de Laín la misma preferencia. - -EL CONDE, ~excitado~. - -¿De veras?... ¿Qué me dices? - -D. PÍO - -Cuando paseaban, que era las más de las tardes, Dolly iba colgadita del -brazo de su papá. - -EL CONDE - -¡Oh, Coronado ilustre, qué consuelo me das! - -D. PÍO, ~apoyándose en la rodilla de Albrit~. - -Y Nell del de su madre. D. Rafael idolatraba a Dolly. - -EL CONDE - -¿Dices que hace dos años? - -D. PÍO - -Y antes lo mismo. Después no volvió por aquí. - -EL CONDE, ~animadísimo~. - -Pío, gran Pío, abrázame. La concordancia de tus ideas con las mías, me -llena de júbilo. - -D. PÍO, ~con desaliento~. - -El señor Conde es feliz. Sus nietas le adoran y le dan mil consuelos. -Yo, en cambio, tengo el infierno en mi casa. - -EL CONDE, ~gozoso~. - -Respira, hijo. Tus infortunios concluirán pronto, gracias a mí, y te -hartarás de bienaventuranza, y tu bondad podrá explayarse, ser eficaz, -y servir de ejemplo en el cielo mismo. - -D. PÍO, ~sorprendido de la animación de su amigo~. - -Parece que está contento el señor Conde. - -EL CONDE - -Sí... ¡Siento en mí una alegría...! Me río de pensar en la cara que -pondrán Gregoria y Venancio cuando me vean entrar. Esta noche cenarás -conmigo. - -D. PÍO, ~suspirando~. - -Bueno: así entraré más tarde en casa. Cuando llegue a las tantas, y -cenado, será ella. - -EL CONDE - -Te acompaño, ¿quieres? y armados los dos con buenas estacas, daremos un -recorrido a las bribonas de tus hijas. - -D. PÍO, ~contagiado del humor festivo del Conde~. - -Por Saturno, padre de los dioses, señor, que eso sería un lindo paso. -Pero, ¡ay, cómo se vengarían después las muy perras! - -EL CONDE, ~en vena de hilaridad~. - -¡Y ese _bon vivant_ de Carmelo, y el Médico, que creen haberme dejado -preso en los Jerónimos, figúrate la cara que pondrán...! - -D. PÍO, ~tocando las castañuelas~. - -Sí, sí: estará bueno el sainete. - -EL CONDE, ~impaciente~. - -Vamos, vamos, que ya es hora de que nos riamos tú y yo, para -desenmohecer nuestros espíritus, quitándonos las murrias de esta noche -lúgubre... Bendito Coronado, padre general de los pelmazos, compendio -de todos los males que acarrea la bondad, ya mereces la alegría... Ven -a mi casa. - -~(Se agarran del brazo, y apoyándose el uno en el otro, se dirigen con -incierto paso a la Pardina.)~ - - -ESCENA XIII - -~Comedor en la Pardina.~ - -~VENANCIO, GREGORIA, SENÉN, disponiéndose a cenar; después EL CONDE y -D. PÍO. Gregoria pone la mesa.~ - -VENANCIO - -Me parece mentira que estemos libres de ese estafermo insoportable. - -GREGORIA - -¡Ay qué descanso! Ya vivimos otra vez en la gloria. Cenaremos -tranquilos, y nos acostaremos dando gracias a Dios. - -SENÉN - -¿Y estáis bien seguros de que se conformará con el encierro? - -GREGORIA - -Y si no se conforma, que llame a Cachán. - -VENANCIO - -Dice D. Carmelo que se quedó dormidito en el coro. Pues como se -desmande y quiera escabullirse, no faltará quien le sujete; que el -Prior de Zaratán no es hombre de mieles como nosotros, y las gasta -pesadas. ~(Óyese la campana de la puerta.)~ - -GREGORIA, ~temblando~. - -¡Jesús me valga! - -VENANCIO - -Ha sonado la campana... Alguien entra... ~(Se asoma a la ventana.)~ -Será José María... - -SENÉN, ~que también se asoma~. - -¡Qué chasco, si fuera Albrit!... - -GREGORIA, ~trémula~. - -Si me parece que he oído su voz diciendo: «¡Ah de casa!» - -VENANCIO - -No puede ser... ~(Mirando afuera.)~ ¡Rayos y jinojos, él es! - -GREGORIA - -Será un alma del otro mundo... - -SENÉN - -Se ha escapado el león... - -EL CONDE, ~entrando; tras él D. Pío, que, distraído, conserva su -pañuelo a la cabeza~. - -Sí, aquí está la fiera... Soy yo, mis queridísimos Gregoria y Venancio; -el propio Albrit, vuestro señor que fue, después vuestro huésped. -~(Dirígese con calma al sillón que suele ocupar.)~ Y me acompaña mi -buen amigo D. Pío Coronado, a quien veis en esa extraña facha porque el -aire le privó de su sombrero. - -D. PÍO, ~con timidez, quitándose el pañuelo~. - -Perdón les pido... Me retiraré si estorbo. - -EL CONDE - -Aquí no estorba nadie... ~(A Venancio y Gregoria.)~ Ya comprenderéis -que no vengo a pediros nuevamente hospitalidad. Con vuestras groserías -me arrojásteis de la Pardina. No veáis en mí al pobre importuno que, -despedido cien veces, cien veces vuelve. No; no entro en vuestra casa; -entro en la casa de mis nietas, a quienes necesito ver esta noche. - -VENANCIO - -Señor... yo no he arrojado a usía... Es que se creyó que estaría mejor -en los Jerónimos. - -EL CONDE - -¡Al diablo tú y los Jerónimos! - -GREGORIA - -La santa Virgen nos ampare. - -SENÉN, ~queriendo meter su cucharada~. - -Lo que quiere decir el señor Conde es que... - -EL CONDE, ~impaciente~. - -Lo que quiero decir es que necesito ver a mis nietas pronto. ¿Dónde -están? ¿Por qué no han salido a recibirme? - -GREGORIA - -Ha olvidado el señor que las convidó la señora del Alcalde. - -EL CONDE, ~severo~. - -Que vayan a buscarlas inmediatamente. ~(Gregoria y Senén se ofrecen a -traer a las niñas.)~ No, de ti no me fío... Tampoco tú eres de fiar... -D. Pío, hágame el favor de traerme a Nell y Dolly. - -SENÉN, ~lisonjero~. - -Iré yo también, para que vea usía con qué solicitud ejecuto sus -órdenes. ~(Vanse Senén y D. Pío.)~ - -VENANCIO, ~haciendo de tripas corazón~. - -El señor querrá tomar algo. - -GREGORIA - -Como no contábamos con usía, nada hay preparado. - -EL CONDE - -Os lo agradezco. Cuando vengan mis nietas decidiré. Tú, Venancio, me -harás el favor de ir a la Rectoral, y decir a Carmelo que deseo verle -esta noche. - -VENANCIO - -El señor Cura estará cenando... - -EL CONDE - -Eso no es cuenta tuya. Haz lo que te digo. - -VENANCIO - -Bien, señor. - -GREGORIA - -¿Y a mi qué me manda usía? - -EL CONDE - -Que puedes irte a tus quehaceres. Deseo estar solo. ~(Apoyando en la -mano su cabeza, quédase meditabundo.)~ - -GREGORIA, ~a su marido, que, al retirarse, amenaza con un gesto -furtivamente al Conde~. - -¡Por Dios, Venancio...! - -VENANCIO - -¡Otra vez en mi casa...! Yo te juro que mañana no habrá en la Pardina -más que un león... el de piedra, que está en el escudo. ~(Se van.)~ - - -ESCENA XIV - -~Jardín y casa del Alcalde. Al llegar Senén y D. Pío, ven y admiran el -jardín, iluminado con farolitos de colores colgados de los árboles. -En la sala baja, cuyas ventanas están abiertas, suena el cascabeleo -del piano. Óyense desde la calle alegres risotadas, cantos juveniles y -pataditas de baile.~ - -~LA ALCALDESA, SENÉN; después NELL; mucha y diversa gente, pollas y -chicarrones de la localidad.~ - -SENÉN, ~hablando con la Alcaldesa en la puerta de la sala baja, que -está de bote en bote~. - -Sí, señora, que vayan al momento. Nos ha mandado a D. Pío y a mí con -esta comisión. Al maestro le he dejado en el jardín como un palomino -atontado. Esta y no otra es la razón de que vengamos a turbar el -regocijo de su fiesta _monocrástica_. - -LA ALCALDESA, ~sofocando la risa~. - -Onomástica, Senén. - -SENÉN, ~sin dar su brazo a torcer~. - -En Madrid lo decimos de varios modos. Decimos también _fiesta -morganática_. - -LA ALCALDESA - -Bien, hombre, no riñamos por una palabra... Pero no acabo de creer que -el león se haya escapado de la espléndida jaula de Zaratán. Cuando lo -sepa José María, ¡bueno se pondrá! ¡Y D. Carmelo tan confiado en que -el Prior se daría sus mañas para retenerle! - -SENÉN - -_Me inclino a creer_ que no hay quien pueda con Albrit. Para su -soberbia no se han inventado jaulas ni barrotes bastante fuertes. - -LA ALCALDESA - -Te advierto que las chicas no saben nada de esta conspiración para -enjaular a su abuelo. - -SENÉN - -Conviene que lo ignoren. - -LA ALCALDESA - -Es un dolor que ese viejo extravagante las llame en lo mejor de la -fiesta. ¡Están tan divertidas las pobres! Lo que han gozado esta -tarde no puedes figurártelo. Entra, y tomarás un dulce y una copa. -~(Senén da las gracias, y trata de ganar terreno dentro de la sala; -pero el apretado gentío se lo impide.)~ Está esto imposible... Pues -sí; ahora se ve que a estas infelices niñas de Albrit les gusta la -sociedad, y que para la sociedad han nacido. Da pena verlas hechas unos -saltamontes, del bosque a la playa y de la playa al bosque, cuando su -centro, su atmósfera, como quien dice, es la buena sociedad, el dar -broma con decoro, y el divertirse lícitamente. Esta tarde lo hemos -visto. ¡Virgen, lo que han picoteado con Manolo y Serafín, los de la -confitera! Ellos son saladísimos, llenos de picardía, eso sí; pero -elegantitos. Estudian en Madrid. - -SENÉN, ~introduciéndose más~. - -Les conozco. - -LA ALCALDESA - -Van a los estrenos, frecuentan las reuniones, saben de memoria todas -las tonadillas del género chico, montan en bicicleta... - -SENÉN - -Son chicos muy simpáticos... Allá veo a Dolly de conversación tirada -con el tontaina de Tomasín, el del Registrador. Como hay Dios, que le -está tomando el pelo. - -LA ALCALDESA - -¿Esa? Es capaz de tomárselo al lucero del alba. - -SENÉN - -Procure usted, Doña Vicenta, echármelas para acá, y si no puede usted -a las dos, cójame a la que pueda... que ya es tarde, y el león debe de -estar impaciente, sacudiendo las melenas. - -~(Intérnase Vicenta. Nell, rompiendo por entre el gentío, sofocada, -fulgurantes los ojos de la batahola del baile y de la excitación de -tanto charloteo, va en busca del antiguo criado de su casa.)~ - -SENÉN - -Señorita Nell, aquí estoy. - -NELL - -¡Vaya un fastidio, Senén! ¡Qué poco nos dura el contento! ¿Por qué -no nos deja el abuelito cenar aquí? ¿Se ha puesto malo? ~(Senén -deniega.)~ Pues nos iremos. Espérate un poquito... A ver dónde está -Dolly. - -SENÉN, ~en tono de protección~. - -¡Es lástima que las señoritas no disfruten de la sociedad!... Pero, -según mis _informes autorizados_, pronto se les acabará el aburrimiento -y la sosería de este destierro de Jerusa. - -NELL, ~con vivo interés~. - -«Según tus noticias,» has dicho... Ah, Senén, tú has estado en Verola. -¿Hablaste con mamá? - -SENÉN, ~haciéndose el discreto~. - -Vine esta mañana de Verola. Los vientos que allí corren son que la -señora Condesa, cuando regrese a Madrid, no dejará a sus hijas en esta -_villa provinciana_. - -LA ALCALDESA, ~en alta voz, en medio de la sala, dando palmadas~. - -Aquí no se cabe, señoritas y caballeros. Al jardín, a mi jardín, que -para eso os lo he iluminado a la veneciana. - -~(Salida impetuosa de la muchedumbre juvenil de ambos sexos, y de las -personas mayores. La juventud se precipita, toma la delantera a los -viejos, y se desborda fuera del recinto, ávida de mayor y más fresco -espacio en que producir su actividad bulliciosa: la oleada pasa junto a -Senén, pero no le arrastra.)~ - -NELL, ~que permanece en la sala, conteniendo su afán de correr también -hacia el jardín~. - -Dime pronto. ¿Te habló mamá? ¿Nos llevará consigo? ~(Senén afirma.)~ -¿Pero es verdad, o suposiciones tuyas? ¿Vuelve mamá por aquí? - -SENÉN - -Seguramente. Dentro de unos días... Hay allí mucha grandeza, marqueses -y duques. - -NELL - -¿Y eso qué...? - -SENÉN, ~como quien recela decir lo que sabe~. - -La señora no podrá... En fin, no sé. Eso depende... - -NELL, ~inquieta~. - -Habla pronto; dime lo que sepas, o me voy. - -SENÉN - -No podré _comunicar_ nada a la señorita si no tiene un poquitín de -paciencia. ~(Nell quiere conducirle al jardín.)~ Mejor hablamos aquí. -Ya ve la señorita que nos hemos quedado solos. - -NELL, ~en quien por el momento puede más la curiosidad que el anhelo de -divertirse~. - -Bueno: pues aquí me estoy. - -SENÉN - -Por esta noche, me limito a _consignar_... y esta es noticia adquirida -en los centros oficiales... que la señora Condesa ha decidido -presentar a sus niñas en sociedad. - -NELL - -Tú me engañas, Senén maldito. ¡Oh! Pues si eso fuera verdad, y -acertaras... vamos, te regalaría yo muy pronto un alfiler de corbata -mejor que ese que llevas... ¿Hablas en broma? - -SENÉN, ~radiante de fatuidad~. - -Hablo con toda la seriedad propia de mi carácter. Y si la señorita me -promete guardar secreto, le diré otra cosa. Pero ha de asegurarme que -esto no saldrá de entre los dos... ¿Palabra? - -NELL - -Palabra... y el alfiler si resulta que no me engañas. ~(Senén remusga, -haciéndose de rogar.)~ Maldito, habla de una vez... Vamos, no sé qué te -haría. - -SENÉN - -Queda entre los dos... No fastidiar... Pues... quieren casar a la -señorita... - -NELL, ~vivamente, poniéndose muy encarnada~. - -¡A mí! - -SENÉN - -A usted... con el primogénito de los Duques de Utrech... Ya sabe: -Paquito Utrech, Marqués de Breda... lleva ese título hace seis meses. -¡Vaya un partido! ¡Rico él, elegante él, guapo él!... - -NELL, ~afectando incredulidad y conteniendo la risa, para que no le -salga al rostro el contento, que, no obstante, sale a borbotones~. - -¡Vaya unos embustes que te traes! Quita allá... ¿tú crees que yo soy -tonta?... No me digas esas cosas si no quieres que te... - -LA ALCALDESA, ~llamando desde el jardín~. - -¡Nell, Nell! - -NELL - -Aquí estamos... Voy. ~(Corre al jardín, y Senén tras ella.)~ - -LA ALCALDESA - -Hija, no sé dónde se ha metido tu hermana. Hace un momento estaba -aquí... - -NELL, ~llamando~. - -¡Dolly! - -SENÉN - -Vámonos pronto. - -~(Preguntando en los corros, se averigua que Dolly hablaba momentos -antes con D. Pío, y... no se sabía más.)~ - -NELL - -Se habrá ido con él. - -SENÉN - -Sin duda. En la Pardina la encontraremos. ~(Despídese Nell, y sale con -Senén, a punto que entra el señor Alcalde, bufando. Viene de la sesión -del Ayuntamiento, que ha sido borrascosa. Sus colegas le han hecho el -desaire de rechazar la moción, por él presentada, para que a la calle -de _Potestad_ se le cambie el nombre, llamándola _Calle del Siglo -XIX_.)~ - - -ESCENA XV - -~Comedor en la Pardina.~ - -~EL CONDE, en la propia actitud en que quedó al final de la escena -XIII. Llegan sucesivamente DOLLY con DON PÍO, NELL con SENÉN; VENANCIO -y GREGORIA, EL CURA, EL ALCALDE.~ - -EL CONDE, ~oyendo ruido~. - -Ya vienen. - -DOLLY, ~entrando presurosa~. - -¡Abuelito de mi alma... aquí, tan solito, y nosotras de fiesta! - -EL CONDE, ~besándola~. - -Alma mía, paréceme que hace un siglo que no te veo. - -D. PÍO, ~sofocadísimo~. - -En cuanto le dije que usía la llamaba, le faltó tiempo para echar a -correr. - -EL CONDE - -¡Hija querida! - -D. PÍO - -Ni siquiera se despidió de Doña Vicenta. Me ha traído ¡ay! como si -viniéramos a apagar un fuego. - -EL CONDE - -¿Y Nell? - -DOLLY - -Por no detenerme no me cuidé de buscarla entre el tumulto. - -D. PÍO - -Ya me parece que llega. - -NELL, ~entrando, seguida de Senén~. - -Albrit... ¿qué ocurre? ¿Qué le pasa al primer caballero de España, mi -ilustre abuelo? - -~(Gregoria y Venancio aparecen por el fondo.)~ - -EL CONDE, ~sorprendido del lenguaje ceremonioso que usa Nell~. - -Chiquilla, desde que no nos vemos has estudiado más de lo que creí... -has adelantado prodigiosamente en la ciencia del mundo. - -NELL - -¿Has paseado mucho...? - -DOLLY, ~acariciando al abuelo~. - -Demasiado... ¡Pobrecito! ¡Cómo habíamos de permitir tal infamia si la -hubiéramos sabido! - -NELL, ~sorprendida~. - -¿Pues qué ocurre? - -~(Entra el Cura, un tanto cohibido. No sabe a quién dirigirse primero, -si a las niñas o al Conde.)~ - -DOLLY - -D. Carmelo te lo dirá. - -EL CURA - -Niñas mías, podéis creer que al llevarle a Zaratán nos guiaba el deseo -de aposentarle dignamente. Creía y sigo creyendo... - -EL CONDE, ~que sale generosamente a la defensa del Cura~. - -No te apures, Carmelo, por sincerarte. Estas tontuelas no están bien -enteradas. Todo se reduce a que me llevásteis a dar un paseo en coche, -y yo tuve la humorada de volverme a pie en compañía del buen Coronado. - -EL ALCALDE, ~que entra presuroso, dando resoplidos~. - -Me lo temía, sí... me lo temía. El señor Conde se nos ha vuelto un -chiquillo... - -EL CURA, ~animándose con el refuerzo del Alcalde~. - -Y desconoce el grandísimo bien que hemos querido hacerle. - -EL ALCALDE, ~con petulancia~. - -¡Vamos, que fugarse del Monasterio! No he visto otra... ¡Desmentir así -su respetabilidad! - -EL CONDE, ~con jovialidad desdeñosa~. - -Amigo Monedero, no es lo mismo hacer fideos que encerrar leones. - -EL ALCALDE, ~quemado~. - -En una y otra cosa, Sr. de Albrit, me tengo por hombre que sabe su -obligación. - -EL CONDE - -No la sabe muy bien cuando tan mal le ha salido esta tentativa. - -EL CURA, ~interviniendo pacíficamente~. - -Permítame, señor Alcalde... - -EL ALCALDE, ~echando roncas~. - -Digo y repito que sé mi obligación, y que no necesito que nadie me -enseñe a sujetar a los que no deben estar sueltos. - -EL CONDE, ~con desprecio~. - -No te conozco... No puedo ver en esas arrogancias al buen Pepe -Monedero, servidor que fue de mi casa, cuando aquí, siguiendo las -tradiciones de mi santa madre, consagrábamos parte de nuestra hacienda -al socorro de los desvalidos. - -EL ALCALDE, ~desconcertado~. - -Pues si usted me desconoce, le diré... - -EL CONDE - -No te empeñes en ello. No te conozco. Sobre que no veo bien, la -ingratitud desfigura los rostros... - -DOLLY - -No sea usted ingrato, D. José María. - -EL ALCALDE, ~reventando de vanidad~. - -Haga usted entender a su señor abuelo que soy el Alcalde de Jerusa. - -DOLLY, ~estallando en ira, con gallarda fiereza~. - -Pues al Alcalde de Jerusa, y al Cura de Jerusa, y a todos los alcaldes -y a todos los curas habidos y por haber en el mundo, les digo yo que es -una oficiosidad inicua lo que han querido hacer con mi abuelo... - -EL CURA - -¿Pero tú...? - -EL ALCALDE - -¡Esta mocosa...! Usted... - -DOLLY, ~creciéndose a cada palabra~. - -Sí, señor, yo... yo misma. Han faltado al respeto que merece el noble -desvalido, el anciano, el padre de Jerusa, el que no debiera entrar en -estos valles y en este pueblo sin que antes las piedras se levantaran -para bendecirle, y hasta los árboles se arrodillaran para adorarle... -¿Por qué queréis privarle de libertad? No padece más locura que el -cariño que nos tiene; y si los que se han criado a su sombra le -menosprecian o le ultrajan, aquí estamos nosotras, sus nietas, para -enseñar a todo el mundo la veneración que se le debe. - -EL CONDE, ~en pie, cruzando las manos~. ~(La emoción le ahoga.)~ - -¡Señor, Señor, ella es... es la mía...! Su noble fiereza lo declara... -~(Vuélvese a Coronado, que está junto a él.)~ Esta, esta... la mía. - -EL CURA, ~que ha permanecido junto a Nell~. - -Cálmate, hija mía: tratábamos de mejorar su situación... - -EL MÉDICO - -¡Vaya un geniecillo! - -NELL, ~corriendo al lado del Conde~. - -Abuelito querido, sosiégate. Creyeron que en Zaratán tendrías mejor -albergue que aquí... Y no me parece mala idea, francamente, porque si -nosotras nos vamos con mamá... - -EL CONDE, ~con dulzura un poco seca, sin rechazar sus caricias~. - -Sí: tú, tú puedes marchar cuando quieras. - -NELL, ~sin comprender~. - -Se acabó la cuestión... Ahora descansas... Antes se te dispondrá la -cena. Dolly, démosle de cenar. - -EL CURA - -Podría venir a mi casa... - -DOLLY - -¡Pero si está en la nuestra! - -EL CURA - -Dígolo porque... Bien sabéis que las desavenencias de estos días han -creado cierta incompatibilidad entre el señor Conde y Venancio... - -NELL - -¡Incompatibilidad!... Estamos en nuestra casa. - -VENANCIO, ~adelantándose, seguido de Gregoria~. - -Perdone la señorita. Las señoritas, lo mismo que el señor Conde, están -en mi casa. - -NELL, ~acobardada~. - -Es verdad; pero... - -DOLLY - -¿Qué dices...? - -VENANCIO - -Digo que, a pesar de todo, por esta noche le alojaremos y le serviremos. - -DOLLY, ~con brioso arranque~. - -¿Cómo se entiende? ¡Por esta noche! Por esta y por todas las noches del -mundo, mientras nosotras estemos aquí. La casa es tuya, es verdad; pero -somos tus amas nosotras, mi hermana y yo: somos tus amas, ¿lo entiendes -bien? A excepción de esta huerta, las tierras que cultivas y que tienes -en arrendamiento casi de balde, o en administración, nuestras son, -nuestras. Somos las herederas de la casa de Laín, y tú, Venancio, y tú, -Gregoria, servís a mi abuelo, no por caridad, que caridad está visto -que no tenéis, sino porque yo os lo mando, ¿lo entendéis bien? yo os lo -mando... ~(Repite el concepto con firme autoridad.)~ - -VENANCIO - -La que manda... es... - -GREGORIA - -La señora Condesa. - -DOLLY, ~altanera~. - -Silencio. A disponer la cena... ~(A Gregoria.)~ Tú a la cocina... de -cabeza... El Conde de Albrit vive con sus nietas. No nos tenéis de -limosna... Cenará aquí, cenaremos los tres aquí ~(Da un fuerte golpe -en la mesa)~, en esta mesa. Dormirá en su aposento, que para eso se lo -arreglé yo misma esta tarde. Y si no queréis ir a la cocina, iré yo... -Y si habéis descompuesto la alcoba, irá Nell a arreglarla... Pronto, -vivo... ~(A Venancio y Gregoria.)~ A poner la mesa... Señores, se les -convida. - -EL ALCALDE, ~con desvío~. - -Gracias. - -EL CURA - -Pero, chiquilla, tú... - -DOLLY - -Yo... Me basto y me sobro. Nieta soy de mi abuelo. - -EL CONDE, ~con inmensa ternura y entusiasmo, abrazándola~. - -¡Sí, sí!... ¡Sangre mía, corazón de Albrit! - - -FIN DE LA JORNADA CUARTA - - - - -JORNADA QUINTA - - -ESCENA PRIMERA - -~Sala baja en la Pardina.~ - -~EL CONDE, sentado; EL MÉDICO, que entra a visitarle, y se sienta a su -lado.~ - -EL MÉDICO - -¿Qué tal, señor Conde? ¿Ha pasado usted mala noche? - -EL CONDE - -Malísima... Insomnio, ideas lúgubres, ideas de exterminio; cosa nueva -en mí, pues aunque de genio impetuoso y autoritario, nunca hice mal a -nadie. Al contrario, mi ruina proviene del... - -EL MÉDICO, ~interrumpiéndole~. - -Ya lo sé: del altruismo desordenado, de no saber contenerse en la -generosidad y protección a todo bicho viviente. - -EL CONDE, ~con amargura~. - -He cultivado la ingratitud. En el jardín de mi vida, las rosas que -planté se me han convertido en zarzales, y entre ellos... no faltan -culebras. - -EL MÉDICO, ~pulsándole~. - -Tenemos que enfrenar los nervios, y, sobre todo, cerrar la llave, el -grifo de la ideación, demasiado afluente. - -EL CONDE - -Facilillo es eso... ¡Tasarle a uno las ideas o medírselas con -cuenta-gotas! - -EL MÉDICO - -Todo depende de que usted trate de contener su vida cerebral en -los límites de lo presente, de lo práctico, y, si se quiere, de lo -prosaico. ¿Me explico? - -EL CONDE - -Sí, hijo, sí. Entiendes por poesía la idea exaltada del honor, de la -justicia. Es un rodeo parabólico para evitar el empleo de la palabra -locura. ~(El Médico deniega, risueño.)~ ¡Y queríais curarme con la -prosa de Zaratán! - -EL MÉDICO, ~cortando todo motivo de excitación~. - -No se hable más de eso. Considérelo usted como una broma. Y si -me apura, le diré que nos equivocamos... en el procedimiento, se -entiende... ~(El Conde intenta decir algo; pero Angulo, que considera -peligroso aquel tema, le quita la palabra cortesmente.)~ ¡Sí... -la libertad, la preciosa libertad!... Estamos conformes... Ahora -explíqueme usted por qué le encuentro hoy más desanimado y caviloso que -otros días. - -EL CONDE - -¿Pero estás en Belén? ¿Ignoras que Lucrecia ha vuelto de Verola... y -que viene de mal talante, y con la malvada intención de llevarse a las -niñas? - -EL MÉDICO - -En su buen juicio, no desconocerá usted que las señoritas necesitan -otro ambiente, otra sociedad... - -EL CONDE, ~afligidísimo~. - -¡Privarme del único consuelo de mi vida! No, no lo consiento, no puedo -consentirlo. ~(Airado, golpea el brazo del sillón.)~ Me opongo, me -opondré resueltamente, y por cualquier medio, al inicuo monopolio que -esa perversa quiere hacer del cariño filial. - -EL MÉDICO - -Sosiéguese... Ya trataremos de arreglarlo. - -EL CONDE - -Sí, sí... ¡Buenos arregladores sois vosotros! ¡Qué amigos me han salido -en esta tierra, donde creí haber arrojado a manos llenas simiente de -bendiciones!... ¡Pero qué remedio!... No puedo hacer que las piedras se -vuelvan amigos. - -EL CURA, ~entrando jovial, de rondón~. - -¿Qué... qué dice? ¡Ya nos está poniendo de hoja de perejil! ~(El Conde -le mira y calla.)~ ¿Qué ocurre por aquí? Me dicen que el señor Conde -desea verme... - -EL CONDE - -Sí, Carmelo... Caigo, me hundo, y en mi desolación me agarro a lo único -que encuentro: a las piedras, a vosotros. - -EL CURA - -Comprendido: se agarra a lo firme, a lo que seguramente le sostendrá. - -EL CONDE, ~con tristeza~. - -No sois buenos, no... ~(El Cura sonríe, y hace señas al Médico.)~ -Pero no está el tiempo para disputas, Carmelo. No eres bueno; pero te -necesito. - -EL CURA, ~risueño~. - -Quiere decir que soy un mal necesario. - -EL CONDE, ~impaciente por entrar en materia~. - -Dos palabras: te perdono lo de Zaratán, y a ti también, Angulo. Olvido -la pesada broma, a condición... - -EL CURA - -A condición de que hagamos comprender a la Condesa que es una triste -gracia arramblar con las niñas. - -EL CONDE, ~dolorido~. - -Es inicuo, cruel... - -EL CURA - -Pero como a Lucrecia no le faltan motivos razonables para presentar -a sus hijas en sociedad, a las manifestaciones que le hagamos en el -sentido que pretende nuestro arrogante león de Albrit, contestará -mandándonos a paseo. La cosa es tan lógica, tan sencilla, tan -racional... - -EL CONDE, ~vivamente~. - -Vete a verla, Carmelo; vete allá... - -EL CURA - -¡Si de allá vengo! Pero no ha querido recibirme. Ni las moscas pasan -a verla. Según me ha contado Vicenta, viene la Condesa de Laín en un -estado moral lastimoso. Algo ha ocurrido en Verola que la contraría, -que la aflige profundamente. ¿Qué ha sido? Lo ignoramos. Dicen que está -abatidísima, los ojos encendidos de tanto llorar, y la pena que agobia -su alma la desahoga con los pobres pañuelos, haciéndolos trizas con los -dientes. - -EL CONDE, ~con hondo interés~. - -¿Y qué creéis vosotros? ¿Ese estado de su ánimo será favorable o -adverso a lo que yo pretendo? - -EL MÉDICO - -Antes de responder, sepamos la causa de ese duelo. - -EL CONDE - -Sea lo que quiera, tú, _pastor Curiambro_, vuelves allá. Le dices que -vas de parte mía... - -EL CURA - -¿De parte del león?... Razón más para que me dé con la puerta en los -hocicos. - -EL CONDE - -No lo creas. Vas como representante de Albrit, para proponerle una -transacción o componenda. - -EL CURA - -Ya me figuro. Puesto que se disputan las dos niñas... a dividir. Es un -juicio harto más fácil que el de Salomón. - -EL MÉDICO - -Partes iguales. No está mal pensado. - -EL CONDE, ~con gran viveza~. - -Ni puede concebirse solución más práctica y elemental. Una para ella, -otra para mí... Pero es condición precisa que yo escoja la mía. - -EL CURA - -Sí, sí. Con proponérselo nada perdemos. Falta que se ponga al habla, y -que yo pueda hoy dedicar mi tiempo a estos negocios. Señor Conde, esta -noche predico. - -EL CONDE - -Ya tendrás tu sermón bien guisado... Preséntate a Lucrecia... pero -pronto... No te descuides. - - -ESCENA II - -~EL CONDE, EL CURA, EL MÉDICO, DOLLY~ - -DOLLY, ~quitándose el sombrero~. - -Aquí me tienen otra vez. - -EL CURA - -¿Y tu mamá, está mejor? - -DOLLY - -Un poquito más sosegada. ~(Al Conde.)~ Como no podemos atender a las -dos casas a un tiempo, hemos determinado partirnos. - -EL CONDE, ~con alborozo~. - -¿Os partís?... De eso hablábamos, hija mía. - -DOLLY - -Allá se queda Nell con mamá, y yo me vengo a la Pardina para cuidarte a -ti. - -EL CONDE - -¿Lo veis? Su grande inteligencia, sin ninguna sugestión de mi parte, -percibe y pone en ejecución la componenda lógica. - -EL CURA - -Yo dudo que... - -EL CONDE, ~inquietísimo~. - -¿Dudas?... Oh, Carmelo, no me quites la esperanza, no aumentes mi -congoja. ¿Te ríes? - -EL CURA - -Sr. D. Rodrigo de mi alma, ni he dicho nada, ni me he reído, ni haré -más que cumplir fielmente sus órdenes. Vuelvo allá. - -EL CONDE, ~desconcertado, variando de pensamiento a cada instante~. - -No, no vayas; aguarda... Sí, sí, vete y dile... - -EL CURA - -¿En qué quedamos? - -EL CONDE, ~decidiéndose~. - -En que vas. Pero te limitas a anunciarle que yo la visitaré hoy mismo -para tratar con ella de un asunto de familia. Cosas tan delicadas -no puedo fiarlas a nadie. _Tête à tête_ la pantera y el león, yo -propondré... - -EL CURA - -Y puede que la convenza, sí, señor... Hay panteras razonables. ~(Se -aparta y habla con Dolly.)~ - -EL MÉDICO, ~despidiéndose~. - -Luego volveré. Supongo que seguirá usted en la Pardina. - -EL CONDE - -De ningún modo. No me faltará hospitalidad en cualquiera de las casas -de labor, o de las cabañas que fueron mías. En Forbes, en Polan y -Rocamor, todos mis antiguos colonos están deseando que el viejo Albrit -llegue a su puerta, pidiéndoles un pedazo de pan y un albergue -humilde. Verdad que en ninguna de estas casas hallaré las comodidades -de la Pardina. Pero no me importa; prefiero guarecerme en la última -choza de pastores, a soportar aquí la estolidez egoísta de estos -ingratos. A otra parte con mis huesos. Iré de puerta en puerta, con la -esperanza de encontrar un corazón noble, un alma cristiana... - -EL CURA - -Bueno; pues... ya vendré con la respuesta. - -EL CONDE - -Aquí te aguardo. - -EL MÉDICO - -Hasta luego. - -EL CURA, ~aparte al Médico, retirándose ambos~. - -Al fin, nuestra pobre fiera apencará con Zaratán. - -EL MÉDICO - -¡Si es lo mejor! - -EL CURA - -¡Lo único, señor, lo único! ~(Salen hablando.)~ - -DOLLY - -Abuelito, tengo que decirte una cosa. Que te quiero mucho, mucho. - -EL CONDE, ~con viva ternura, abrazándola~. - -¡Corazón grande! - -DOLLY - -Y vas a saber otra cosa. - -EL CONDE, ~poniendo el oído~. - -¿Es también secreta? - -DOLLY, ~amorosa~. - -Sí, muy reservada... Que no se entere nadie. Quiero seguir tu suerte. -Si pasas trabajos, yo también... Si vas de puerta en puerta, como -dices, también yo... Yo contigo, siempre contigo. - -EL CONDE, ~con intensa emoción~. - -¡Señor, qué alegría!... ¡Compensación hermosa de mis infortunios! Todo -lo que padecí, quebrantos de fortuna, humillaciones, pérdida de seres -queridos, se contrapesa con este inmenso galardón de tu cariño, que -Dios me da sin yo merecerlo... ~(Abrazándola y besándola con efusión.)~ -¿Pues qué merezco yo, que nada soy, que nada valgo ya?... Dios da la -bienaventuranza en esta vida, ya lo veo... a mí me la da. No necesita -uno morirse, no, para entrar en el cielo... ~(Pausa.)~ - -DOLLY - -En la prosperidad o en la desgracia, abuelito, tu Dolly no te -abandonará. - -EL CONDE, ~con majestuosa solemnidad, levantándose~. - -Y yo, por el nombre de Albrit, por los gloriosos emblemas de mi casa, -por todos y cada uno de los varones insignes y de las santas mujeres -que de ella salieron, asombro y orgullo de las generaciones; por la -conciencia del honor y de la verdad que Dios puso en mi alma, por Dios -mismo, juro que antes me harán pedazos que arrancar de mi lado a la que -es luz, consuelo y gloria de mi vida. - - -ESCENA III - -~Jardín del Alcalde.~ - -~EL ALCALDE, en zapatillas, con batín de vistosos cordones, como un -húsar; LA ALCALDESA, EL CURA, SENÉN.~ - -EL CURA, ~que acaba de entrar~. - -Aquí otra vez; mas ahora no vengo por mi cuenta. _Mensajero soy, -amigo..._ - -EL ALCALDE - -Ya, ya... Alguna nueva _leonada_. - -LA ALCALDESA - -¿Pero qué quiere ese hombre? - -EL ALCALDE, ~en jarras~. - -Ya me va cargando a mí ese fantasmón, que, después de todo, no es -más que un desagradecido, pues bien podía mirar que, enchiquerándole -en Zaratán, le dábamos más de lo que merece la polilla de sus -pergaminos... Agradezca que da con un hombre de mi pasta... ~(No se -refiere a la de sopa.)~ - -EL CURA - -Amigo mío, hay que respetar las grandezas caídas. - -EL ALCALDE - -Pues digo... ¡los moños que se puso anoche, María Santísima!... - -LA ALCALDESA - -Hijo, como no somos aristócratas... - -EL ALCALDE - -Y hay más. Bien sabía el vejete que ayer celebrábamos tu fiesta -_monástica_... - -LA ALCALDESA - -Onomástica. - -EL ALCALDE - -Y ni un recado de atención, ni una fineza... Pues digo, la niña -segunda, esa Dolly, ha heredado el tupé y la caballería andante o -cargante de todos los Albrites y Laínes del obscurantismo. ¿Pues no se -me subió a las barbas la muy mocosa? ¡Si la hubieras oído, Vicenta!... -Y todo ello cuando acabábamos de atracarla de dulces y de atenciones, -aquí, en tu fiesta _numismática_. - -LA ALCALDESA - -Ono... mástica. - -EL ALCALDE, ~bufando~. - -Lo mismo da... Sacan ahora unas palabras que le vuelven a uno loco... -Acabaremos por tener que hablar por señas. - -EL CURA - -Lo de anoche, mi querido Monedero, ha perdido su interés con la vuelta -repentina de la Condesa en ese estado de tribulación que ustedes me -pintaron esta mañana. - -EL ALCALDE - -Lo que digo a esta: menudo _jollín_ habrán armado en Verola los duques -y marqueses... - -EL CURA, ~a la Alcaldesa~. - -¿Y no se espontanea con usted, no le cuenta...? - -LA ALCALDESA - -Ni una palabra. - -EL ALCALDE - -Este tunante de Senén debe de saber algo. Pero ahora, desde que ha -dado en tener _bouquet_, como el vino de Burdeos, se nos ha vuelto tan -reservadillo, que ni con saca-corchos se le destapa la boca. ~(Los -tres miran hacia un cenador, cubierto de madreselvas, en cuyo interior -está Senén, sentado, tristón, mirando al suelo.)~ Tú, funcionario, ven -acá... o te voy a poner en mi jardín de estatua de la Hacienda pública -esperando un ministro. - -LA ALCALDESA - -Desde las ocho de la mañana le tiene usted ahí, esperando audiencia de -la que fue su ama. - -SENÉN, ~destemplado, acercándose~. - -Ya he dicho que no sé nada. - -EL ALCALDE - -No negarás que estuviste en Verola. - -EL CURA - -¿Qué personas de viso había en el castillo de Donesteve? - -SENÉN - -Anda, anda... ¿quién las puede contar? - -EL ALCALDE - -¿A que no faltaba el Marqués de Pescara? - -SENÉN - -Llegó el lunes, y con él los Duques de Utrech y sus hijos; y el martes -otros, y otros... - -EL CURA - -¿Viste a la Condesa? - -SENÉN - -Sí, señor... Cuatro minutos nada más. - -EL CURA - -¿Qué cara tenía? - -SENÉN - -La de siempre: la bonita. - -EL CURA, ~riendo~. - -Pues si no nos das más noticias, debemos decirte que nos devuelvas el -dinero. - -EL ALCALDE - -Este es muy cuco y no se compromete. - -LA ALCALDESA, ~viendo entrar en el jardín a Consuelito con medio palmo -de lengua fuera~. - -Aquí viene Consuelito, y en la cara le conozco que no ha perdido el -tiempo. Trae comidilla. - -EL ALCALDE - -Con tal que no sea fiambre... - - -ESCENA IV - -~LOS MISMOS; CONSUELITO~ - -CONSUELITO, ~gozosa~. - -Ya estoy de vuelta, y con las alforjas bien repletas. - -EL CURA - -¿La de la espalda? - -CONSUELITO - -Las dos... Sois unos mandrias, que aguantáis sin rascaros la comezón de -la curiosidad. Yo no puedo: o averiguo lo que no sé, o reviento. - -EL ALCALDE - -¿Sabes algo, maestra? - -CONSUELITO - -¿Cómo algo? - -EL CURA - -Y algos. - -CONSUELITO - -No me ofendáis suponiendo que sé las cosas a medias. No: Consuelo -Briján, o las ignora por entero, o las sabe de cabo a rabo; y todo, -todito lo que pasó ayer en Verola lo conoce ya... y vosotros... -ni palabra... y estáis rabiando porque yo os lo cuente: de donde -resulta que sois tan curiosones como yo; pero hipócritas al propio -tiempo, porque os regaláis con la fruta que buscan los que llamáis -chismosos... ¡Ay, dejadme que me siente!... estoy cansadísima... he -venido volando para contaros... No, no: punto en boca. Ahora me vengo -de los hipocritones, negándome a darles la golosina... ~(Gozándose en -la ansiedad de los que la rodean.)~ No, no: no digo nada. Sois más -fisgones que yo, y más ávidos del escándalo ajeno que yo... Mira, -mira los ojos chispos del Alcaldillo... Y el curita... cómo se relame -esperando el dulce... Pues me callo... Soy muy discreta... No me gusta -meterme en vidas ajenas. ~(Con énfasis cómica.)~ Es pecado; es falta -de caridad, de delicadeza... Cada cual se las arregle para buscar la -comidilla, que a mí mi trabajito me ha costado sacarla de las entrañas -de la tierra. ¡Ahora se fastidian, se fastidian! - -EL ALCALDE - -Vaya, no marees, y dinos lo que sepas. - -EL CURA - -¿Pero cómo puede usted saber...? ¿Acaso tiene espías en Verola? - -EL ALCALDE - -Los tiene en todas partes. Son corresponsales que le escriben, y hasta -le ponen telegramas. - -CONSUELITO - -Espías, no; pero tengo mi representación en Verola. ¿Cómo no, habiendo -allí tanta gente gorda de la que da que hablar, y estando además -Lucrecia, que por sí se basta y se sobra para dar materia a setenta -corresponsales? - -LA ALCALDESA - -Pues suelta la sin hueso. Abre la espita. ¿Qué ha ocurrido? - -CONSUELITO, ~sin poder contenerse~. - -Una bronca fenomenal. Lucrecia ha reñido con el Marqués de Pescara, -el cual, en una entrevista que tuvieron en la estufa, debió de -insultarla... ¡Cosas tremendas, señores, que ponen los pelos de punta! -¡Qué tal habrá sido la gresca, que de ella resultó desafío...! - -EL CURA - -Dios nos asista. - -CONSUELITO - -La conducta del de Pescara no le pareció bien al Duquesito de -Malinas... Que si esto, que si lo otro, que patatín y que patatán. -Salieron desafiados para la frontera, donde a estas horas se habrán -disparado el uno al otro la mar de tiros. - -LA ALCALDESA - -Pero la causa, el porqué de toda esa zaragata... - -EL ALCALDE - -Vete a saber. Probablemente celos... - -CONSUELITO - -Algún motivo daría Lucrecia para que el Marqués echara los pies por -alto. - -SENÉN, ~vivamente~. - -No habrá sido la Condesa quien ha dado el motivo, sino el Marqués, que -hace tiempo venía faltando... - -EL CURA - -¡Ah! tunante; luego tú sabes... Permítame la señora Doña -Consuelo Briján que ponga en cuarentena todo ese folletín de _La -Correspondencia_ que acá nos trae... - -CONSUELITO - -Mis informaciones, Sr. D. Carmelo, son siempre _competentemente -autorizadas_, y proceden... - -EL CURA - -De chismes de lacayos o marmitones. - -EL ALCALDE - -Eso no: el corresponsal de mi prima en Verola es un punto que sabe su -obligación. - -LA ALCALDESA, ~riendo~. - -Tadea, la planchadora de los Donesteve. - -EL ALCALDE - -Y que no se descuida. Larga unas cartas de seis pliegos, llenos de -garabatos, que parecen una alambrera. Esta sola los entiende. - -CONSUELITO - -Y que no se le escapa nada. Antes de la gresca, los Donesteve y -Lucrecia habían concertado casar a Nell con el Marquesito de Breda, -primogénito de Utrech. - -EL CURA - -Buena boda. ¿Y a Dolly? - -CONSUELITO - -Seguían los tratos para apalabrarla con el hijo segundo. - -EL ALCALDE - -Eso se llama barrer para adentro. - -LA ALCALDESA - -¿Y qué más? - -CONSUELITO - -La noticia gorda, la bomba final... ¡Ah! esa no te la digo si no me la -pagas en lo mucho que vale. - -LA ALCALDESA, ~riendo~. - -¿Qué quieres por ella? - -CONSUELITO - -Me has de dar el tarro de dulce de coco con batata que recibiste ayer -de la confitería. Ya sabes que me muero por el coco. - -EL CURA, ~a carcajadas~. - -Golosa había de ser. - -EL ALCALDE - -Está bueno. ¡Que le den el dulce por las mentiras! - -CONSUELITO, ~poniendo morros~. - -Pues si no me lo dan, no hay caso. No suelto una palabra. - -LA ALCALDESA - -Hija, no: lo que es el coco, no lo catas... - -CONSUELITO - -Pues no cataréis vosotros la miel que tanto os gusta... ¿Ves, ves al -curita cómo se relame?... - -EL CURA, ~riendo~. - -Vicenta, dele usted el tarro, ¡por San Blas! porque si no se lo dan, no -habla; y si no habla, revienta. - -LA ALCALDESA - -Bueno; le cederé la mitad. - -CONSUELITO - -Anda, cicatera... Pues la noticia es que a Lucrecia le dieron como unos -siete ataques espasmódicos, seguiditos. - -EL ALCALDE - -Bah, bah... - -CONSUELITO - -Espérate... Y se tiró de los pelos, y se abofeteó a sí misma, -diciéndose por su propia boca muchas más abominaciones que han dicho de -ella las bocas de los demás. - -EL CURA - -Principio de arrepentimiento. - -CONSUELITO - -Como que reconocía que por haber sido ella tan alegre de cascos, pasan -estas trifulcas. Y consternada, medrosa del infierno, volvió los ojos -a la verdad, y... vamos, que se le ocurrió confesarse. ~(Estupor -general.)~ - -EL CURA, ~oficiosamente, a la Alcaldesa~. - -Pásele usted recado, Vicenta. Dígale que estoy a sus órdenes. - -CONSUELITO - -_Tarde piache._ Desde Verola mandó un propio a Zaratán. - -EL ALCALDE - -Sí, hombre... Hace dos años, se confesó también con Maroto. Por cierto -que dijimos: «Ya no volverá a las andadas.» Pero al poco tiempo... -¡trómpolis! Lo que hacen estas: vaciar de pecados viejos la conciencia, -para hacer hueco, y poder ir estibando los pecados nuevos. - -EL CURA, ~desconcertado~. - -Pero entendámonos: ¿mandó aviso a Maroto anunciándole que ella iría a -Zaratán, o le suplicaba que fuese él a Verola? - -CONSUELITO - -La carta no lo puntualiza. Está escrito en una postdata, momentos antes -de salir el peatón. - -EL ALCALDE - -Bueno; y después de todo, ¿qué nos importa? La especie de la confesión -apenas vale un cuarto kilo de dulce. - -EL CURA, ~cejijunto~. - -Sí vale, sí... En fin, Vicenta, hágame el favor de decir a la Condesa... - -LA ALCALDESA - -Al momento voy. ~(Entra en la casa.)~ - -EL ALCALDE, ~oyendo la campana que anuncia entrada de visitante por la -puerta principal del jardín, al lado opuesto de la casa~. - -¿Quién entra? - -SENÉN, ~que ha corrido a enterarse~. - -¡D. José, D. José!... - -EL ALCALDE - -¿Quién es? - -SENÉN - -El Prior de Zaratán. - -EL ALCALDE - -Que pase a la sala... ¡Y me coge en zapatillas!... - -EL CURA, ~de mal talante~. - -Yo le recibiré. - -~Momentos de confusión. El Padre Maroto y el cogulla que le acompaña -son recibidos por D. Carmelo. Preséntase luego el Alcalde; baja la -Alcaldesa; median las cortesanías usuales. Sube el Prior a la estancia -de la Condesa. Salen nuevamente al jardín los demás personajes, -entre ellos el monje, a quien anuncia Monedero que el señor Prior -y la compañía comerán en su casa. Alega D. Carmelo mejor derecho -y significación, que los Monederos reconocen. Después, Consuelito -entretiene con ameno coloquio al monje.~ - -LA ALCALDESA - -Yo espero que después de la confesión recibirá a los amigos. - -EL CURA, ~displicente~. - -¡Y si no los recibe, qué le hemos de hacer...! Yo predico esta noche. -Comenzamos la novena de la Esperanza, y entre repasar el sermón y -vestir un poquito la iglesia, se me va el día... Me parece que no podré -volver. - -EL ALCALDE - -¿Y las niñas? - -LA ALCALDESA - -Nell estaba con su mamá... ¿Pero no sabes?... Dolly se ha vuelto a la -Pardina, sin decirnos nada. La Condesa me encarga que la mande venir -inmediatamente. Quiere que las dos estén a su lado. - -EL ALCALDE - -Lo que digo: es loca esa chicuela. Anda, Senén; vete a la Pardina, y -te la traes. Dile que lo manda su mamá, y que también lo mando yo, el -Presidente del Ayuntamiento. Ya le bajaremos los humos a esa leoncita... - -~La confesión dura cinco cuartos de hora, determinados reloj en mano -por Consuelito y D. Carmelo. Este se lleva a su casa a los dos frailes, -que resuelven quedarse en Jerusa hasta el día siguiente, porque el -Prior tiene que solventar asuntos varios en el Ayuntamiento. Alégrase -de esta detención el Cura, para que puedan oír y apreciar su sermón de -aquella noche dos teólogos insignes.~ - -~Vuelve Senén de la Pardina con la incumbencia de que Dolly no quiere -salir de allí, y que ha hecho burla del Alcalde y de su vara, lo que -saca de quicio a Monedero. Le calma su esposa con el razonamiento de -que es muy natural que la chiquilla desee comer con su abuelo por -última vez. Transige D. José María, asegurando que a la tarde, o viene -la fierecilla, o va él a buscarla con la Guardia civil. Senén, que no -se da por vencido con los repetidos desaires de la Condesa, se va a su -casa, prometiendo volver al plantón a primera hora de la tarde. Es de -los que se imponen por el terror.~ - -~A la una comen los Monederos con Nell y Consuelito. A Lucrecia se le -sirve en su cuarto. Dan las dos, las tres...~ - - -ESCENA V - -~Sala baja en casa del Alcalde.~ - -~LA ALCALDESA; EL CONDE, que acaba de entrar; después NELL.~ - -LA ALCALDESA, ~aturdida~. - -Ya me figuro, señor Conde de Albrit, a qué debo el honor de verle en mi -casa. - -EL CONDE - -Deseo hablar con Lucrecia. Y no sé con qué palabras solicitar de usted -la benevolencia que necesito por esta libertad, por esta osadía de mal -gusto con que llego a su casa. - -LA ALCALDESA - -¡Oh, señor Conde...! - -EL CONDE - -Es que su esposo de usted y yo no hacemos buenas migas. Anoche hemos -cruzado algunas palabras un tanto mordaces... Si el Sr. Monedero me -arroja de su casa, lo llevaré con paciencia... ~(La Alcaldesa, sin -saber qué decir, hace con ojos y boca diferentes muecas y monerías.)~ -Ya no me importa. En el conflicto en que me veo, la dignidad, ¿qué digo -dignidad? la vergüenza, no significa nada para mí. Voy derecho a mi -objeto con cara insensible, y mi objeto es... - -LA ALCALDESA, ~recobrando su aplomo~. - -Ver a Lucrecia, sí. - -EL CONDE - -Y me atrevo a rogar a usted que haga comprender a su amiga que solo me -mueve a molestarla la necesidad imprescindible de tratar con ella, sin -recriminaciones, un grave asunto de familia. - -LA ALCALDESA - -Yo se lo diré. No dude usted que hablaré a mi amiga con vivo interés. - -EL CONDE - -Gracias, millones de gracias, señora mía. Carmelo quedó en -proporcionarme la entrevista; mas sin duda sus ocupaciones se lo han -impedido. Cansado de esperarle, deshecho, ardiendo en impaciencia, no -he podido refrenar mi temperamento ejecutivo, y arrostrando el disgusto -del señor Alcalde, aquí me tiene usted... - -LA ALCALDESA, ~decidida a emplear un lenguaje extremadamente fino~. - -Abrigo la esperanza de ser afortunada en la misión que usted me -confía. Pero no puedo evitar al señor Conde la molestia de esperar un -ratito, porque Lucrecia, que ha venido malísima, en un estado nervioso -imposible, ¡ay qué pena! ha podido al fin conciliar el sueño. La -verdad, no me atrevo a despertarla. - -EL CONDE, ~alardeando de paciencia~. - -Aguardaré todo lo que usted quiera: tres días con sus noches, si fuere -preciso. Para mí no es molestia esperar. Si para usted no lo es tener -a este pobre viejo en su casa, aquí me estoy, sentadito, hasta que mi -ilustre nuera se digne mejorar de sus nervios, y acuerde recibirme. - -NELL, ~entrando con timidez~. - -Abuelito, hasta ahora no me habían dicho que estabas aquí. - -EL CONDE, ~besándola~. - -Hija mía, vengo a ver a tu mamá. - -NELL - -¡Oh, cuánto sufre la pobre! Yo te ruego que no hables con ella más que -un ratito. Y si pudieras dejar la conversación para mañana, mejor. - -EL CONDE - -Mañana... ¡ah! estoy muy viejo. Los viejos no pueden esperar tanto. - -NELL - -Lo he dicho pensando que sería lo mismo para ti. ~(El abuelo le -da suavemente en la mejilla.)~ Porque mañana no estará mamá en -disposición de que nos marchemos. - -EL CONDE - -¿Tienes prisa? - -NELL - -Ninguna. Lo que tengo es una penita de dejarte... ¡qué pena! Pero yo te -aseguro, te doy mi palabra, ¿me crees?... de que siempre que podamos -vendremos a verte. - -EL CONDE, ~con profunda tristeza~. - -¡Ojos que te vieron ir...! - -LA ALCALDESA - -En buena lógica, debemos suponer, y aun afirmar, que vendrán. - -EL CONDE - -¡Ah! Cuando os encontréis en ese mundo que ha de aprisionaros con sus -mil atractivos y seducciones, no os acordaréis del viejo Albrit, a -quien dejáis en Jerusa aposentado de limosna. - -NELL, ~abrazándole~. - -Papaíto de mi alma, no digas que te olvidamos, porque me enfadaré -contigo. Ni yo ni Dolly podemos olvidarte. Las dos te queremos lo -mismo. Te escribiremos cartitas, y tú a nosotras también, pidiéndonos -lo que te haga falta. ¿Qué quieres, qué deseas? - -EL CONDE - -Por el momento, que despierte tu mamá. - -NELL - -¡Si está despierta! Apenas ha dormido veinte minutos. - -LA ALCALDESA - -Pues voy allá, oficiando de introductora de embajadores. - -EL CONDE - -Sí, señora, vaya usted... Se lo agradeceré toda mi vida. ~(Vase la -Alcaldesa.)~ - -NELL, ~mirando al jardín~. - -Desde esta mañana, tenemos aquí a ese cataplasma de Senén con la -pretensión de que mamá le reciba. - -EL CONDE - -Por lo visto, hay cola. Senén y yo nos encontramos en igual situación -de solicitantes de audiencia; pero como yo estoy en desgracia, pobre -viejo que soy, y regañón insoportable, verás cómo tu madre atiende a -ese lacayo antes que a mí. Tu abuelo será el último, lo verás... No me -importa, no. Ya dijo nuestro Señor: «Los últimos serán los primeros.» -Seamos humildes, aunque, la verdad, se necesita gran violencia y -abnegación grande para ponerse en fila detrás de Senén. ~(Vuelve -la Alcaldesa, y suplica al Conde que aguarde un ratito, pues antes -recibirá Lucrecia a un postulante importuno.)~ ¿No te lo dije? - -LA ALCALDESA - -No: si es porque se vaya de una vez, y quitarnos de encima esa mosca. - -EL CONDE - -Bueno. Vaya delante la mosca. Luego pasará el moscardón... ~(Siente -subir a Senén.)~ Ya sube ese hombre. Dios le dé lo que no tiene: la -santa concisión. - -~(Asómase a la puerta el Alcalde, que, como ha vuelto a ponerse las -zapatillas, puede aproximarse sin hacer ruido. Contempla con burlona -sonrisa al Conde.)~ - - -ESCENA VI - -~Gabinete alto en la misma casa.~ - -~LUCRECIA, recostada en un sofá con gatuna indolencia, sin corsé, -suelto y en desorden el cabello. Su rostro desmejorado, y el centelleo -insano de sus bellos ojos, son el rastro de la furiosa tempestad; -SENÉN, que, respetuoso, permanece en la puerta.~ - -LUCRECIA, ~impaciente y altanera~. - -Pasa y cierra... Pero no te acerques. Quédate ahí. Traerás, como -siempre, tus endiablados perfumes. - -SENÉN - -Dispense la señora... He puesto mi ropa al aire... - -LUCRECIA, ~desdeñosa~. - -No te aproximes... ¿Qué quieres? Dímelo pronto. Ya ves qué mala estoy. - -SENÉN, ~con falsa humildad~. - -Ya debe suponer la señora que vengo a... - -LUCRECIA - -Aquello no ha podido ser. - -SENÉN - -Ya lo sé. Han nombrado a otro. Por eso digo que vengo a quejarme... - -LUCRECIA, ~con acritud~. - -¡A quejarte! ¿De qué? Pues eso me faltaba. ¿Crees que tengo yo en mi -mano los destinos, las fianzas, y todo eso que ambicionas? - -SENÉN, ~sacando las uñas~. - -La señora no ha conseguido la fianza, que era lo principal, porque no -ha querido. Teniendo la fianza, la plaza es lo de menos. Ya tenemos -otra vacante de agente ejecutivo. - -LUCRECIA - -¿Y cómo había de conseguir yo la fianza? - -SENÉN, ~tragando saliva~. - -Ya, ya sé que al señorito Ricardo no podía pedírsela... No se enfade la -señora: yo me pongo en lo razonable... A D. Ricardo no era posible... -Pero con que la señora hubiera dicho al Duque de Utrech: «Señor Duque, -quiero...» - -LUCRECIA, ~interrumpiéndole~. - -¿Pero de dónde sales tú? En ese mundo de tu ambición ridícula se -pierde, por lo visto, toda noción de la realidad. Está bien: yo no -tengo más que hacer que importunar a todos mis amigos, pidiendo -fianzas para este gaznápiro. - -SENÉN, ~escondiendo las uñas~. - -Sí, ya sé... la señora no puede... ¡Qué le hemos de hacer! Es -difícil... y además, ¿quién soy yo para que la señora se moleste por -mí? No, no lo pretendo. Los servicios que he prestado a la Condesa de -Laín, mi lealtad a toda prueba, ¿qué valen? - -LUCRECIA, ~con arrogancia~. - -Tus servicios bien pagados están. Ea, me canso ya de contemplaciones. -Senén, no te debo nada. - -SENÉN, ~erizando el pelo~. - -Bueno... sea como la señora dice. Yo me callo. Eso he hecho yo toda mi -vida, callarme; y de tanto callar, me veo tan atrasado en mi carrera... -de tanto callar, sí, señora; y si quieren que lo pruebe, lo pruebo. - -LUCRECIA - -Tu silencio me importa ya tan poco, que no doy nada por él... No me -tiene cuenta. - -SENÉN, ~agachándose para dar el salto, los verdes ojuelos centelleando~. - -Eso quiere decir que la señora en nada estima mi fidelidad, esta -fidelidad de perro, que no tiene igual... y lo pruebo. - -LUCRECIA - -Lo que estás probando tú es mi paciencia. - -SENÉN, ~acobardado nuevamente, sin atreverse más que a desenvainar las -uñas de sus patas delanteras~. - -No molesto más. Aunque la señora me da este pago, yo no le haré ningún -perjuicio. Pero, en justicia, bien podría desquitarme. Como soy tan -caballero, me he perjudicado por guardarle la consecuencia, por poner -arrimos a su decoro, por custodiarle los secretos, por tapar la boca de -todos los que hablaban de ella... lo que la señora no debiera oír... -~(En su cobardía, no hace más que enseñar los colmillos, y tirar -levemente la zarpa.)~ Vamos, que ni por su madre haría ningún hombre lo -que yo he hecho. De suerte que si la señora dice que no le importa... - -LUCRECIA - -No me importa. Vete pronto. - -SENÉN - -Pues bien puedo jurar que a mí me importa menos. - -LUCRECIA - -Bastante tiempo he sufrido a este animalucho siniestro, con sus garras -clavadas en mí. Ya no más. Si no sales pronto, llamaré para que te -arrojen a escobazos. - -SENÉN - -No alborote, no alborote, que es peor. - -LUCRECIA, ~furiosa, tirando de la campanilla~. - -¿Cómo que es peor? ¡Trasto, si no te vas...! - -~(Entran precipitadamente una criada, la Alcaldesa, después el -Alcalde.)~ - -SENÉN, ~turbado por la rabia~. - -Si no digo nada; si yo... si es que... - -LUCRECIA - -Por favor, arrójenme de aquí a este hombre, y a su paso vayan echando -ácido fénico. - -EL ALCALDE, ~con un castañeteo de lengua, como el que se emplea para -despedir a un perro~. - -¡Eh... tú...! - -SENÉN, ~al salir, todo uñas, bufando~. - -Ácido fénico... Por donde ella vaya... hace más falta... y lo pruebo. - - -ESCENA VII - -~LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA, después NELL.~ - -LA ALCALDESA - -Hija, si llego yo a sospechar esto, cualquier día le dejo pasar. - -LUCRECIA, ~tranquilizándoles~. - -No; si es mejor así. Se me ha resuelto un absceso; me he sacado una -muela, que me dolía horriblemente. - -EL ALCALDE - -Pues digo, lo que le espera a usted ahora, mi querida Lucrecia. - -LA ALCALDESA - -¡Ah! el león... Hija mía, no he podido evitarlo... ¿Qué había de -decirle? - -EL ALCALDE - -Pues muy claro: que llamara a otra puerta. ¡Ah! si soy yo quien le -recibe... - -LUCRECIA, ~sorprendiendo a todos con su inesperada serenidad y alegría~. - -¿Queréis que os diga la verdad? Pues mi ilustre suegro, que me -inspiraba un pavor horrible, ya no... Es raro... Vamos, que ya no le -temo. - -NELL, ~entrando a la carrera~. - -Mamita, por más que le digo al abuelo que mañana, insiste en que ha de -verte hoy. - -LUCRECIA - -Hoy, sí... - -LA ALCALDESA - -¿Le digo que...? - -LUCRECIA, a Nell. - -Ve tú, hija, y suéltame al león. ~(Sale Nell gozosa, y se precipita por -la escalera.)~ - -EL ALCALDE - -Nos pondremos todos en guardia detrás de esa puerta, ¡trómpolis! y en -cuanto oigamos el menor rugido... - -LUCRECIA, ~con locuacidad nerviosa~. - -No es necesario... ¿No me ven tan tranquila? Me siento ahora muy bien, -despejada, casi alegre, y con ganas de ver a mi papá político, y de -pasarle la mano por la melena... Es que mi espíritu se ha refrescado, -soy otra... aire nuevo en mí. ~(Óyese el tardo paso de Albrit en la -escalera, y la vibrante voz de Nell.~) El león sube. ¡Pobre viejo!... -Ya, ya está aquí... Ya llega... Déjenme sola con él. - -EL ALCALDE - -Por aquí. - -~(Vanse por la puerta de la alcoba.)~ - - -ESCENA VIII - -~LUCRECIA, EL CONDE~ - -EL CONDE - -Siento infinito molestar a una persona que, según me dicen, no está -bien de salud. - -LUCRECIA, ~que permanece en pie~. - -Me siento mejor. Tome usted asiento. - -EL CONDE - -¿Y usted en pie? - -LUCRECIA, ~un tanto cohibida~. - -Como por encanto se me ha quitado la pereza. Ya sabe usted que estos -arrechuchos nerviosos... la epidemia de las señoras... de improviso nos -acometen y de improviso también se nos pasan. - -EL CONDE, ~suspicaz~. - -Lo celebro mucho. - -LUCRECIA - -Enfermamos como heridas del rayo, y basta una vibración del aire para -ponernos buenas. De la espantosa crisis solo me queda cierta alegría -interna, y un deseo ardientísimo, irresistible... - -EL CONDE, ~suspenso~. - -¿Qué...? - -LUCRECIA - -El deseo de besarle a usted la mano... ~(Se arrodilla y le besa la mano -una y otra vez)~ y de pedirle perdón por las injurias que en aquel día -triste le dirigí. - -EL CONDE, ~queriendo levantarla~. - -Lucrecia... ¿qué es esto?... ~(Por un momento cree que es burla; pero -no tarda en advertir la sincera emoción de la dama.)~ - -LUCRECIA - -Mi única pena es que usted sospechará quizás... que le engaño. - -EL CONDE - -No, no; creo que es verdad... - -LUCRECIA, ~que se levanta, enjugando sus lágrimas~. - -Necesito explicar a usted cómo ha venido esta crisis... sacudimiento -moral, revolución de todo mi ser... ~(Se sienta. Su lenguaje es -cortado, febril.)~ Los temblores de tierra trastornan el suelo... Una -catástrofe horrible en mis sentimientos me ha trastornado a mí, me ha -hecho morir y revivir en menos de dos días... ¿Es esto nuevo? Yo creo -que no. Ha ocurrido mil veces... Fácilmente lo comprenderá usted... -Un desengaño de los que anonadan... la perfidia de un hombre... -tempestades del alma que todo lo destruyen y todo lo iluminan. Mi dolor -ha sido como un incendio entre las ruinas... He visto mi conciencia... -la he visto. Ya sé que no debo ser la que he sido, y estoy decidida a -ser otra. - -EL CONDE - -¡Bendito desengaño, bendita convulsión del alma, que trae el -arrepentimiento! - -LUCRECIA - -Pero el arrepentimiento, lo reconozco, necesita probarse. Por eso digo: -«Espere usted y verá...» - -EL CONDE, ~gozoso~. - -Pues lo veremos... y pronto... Si el arrepentimiento es verdad, nos lo -dirán los hechos. - -LUCRECIA - -Y aguardando confiada los hechos, he querido dar a mi enmienda una -sanción soberana, una garantía que asegure mi convicción y la de los -demás. ~(Pausa.)~ Hoy he confesado con el Padre Maroto. - -EL CONDE, ~gratamente sorprendido~. - -¡Ah!... ya me dijo la niña que estuvo aquí el Prior... Mas no -sospeché... - -LUCRECIA - -No tenía sosiego, no podía vivir mientras no descargara mi alma de la -horrible balumba... ¡Qué alivio, qué consuelo! - -EL CONDE - -Me da usted una grande alegría... Por de pronto, ¡qué situación tan -distinta de aquella... la última vez que hablamos en la Pardina! - -LUCRECIA - -En efecto, yo he variado radicalmente. - -EL CONDE - -Yo también. - -LUCRECIA - -¿Usted? ¡Ah! sí, se ha despejado su razón, y ya no piensa en hacerme -las terribles preguntas que en aquella conferencia me hizo. - -EL CONDE - -Mi razón no ha estado nunca turbada. ¿Y por qué no había de repetir yo -en esta ocasión la pregunta que usted llama terrible? Ya no lo es. Su -estado de conciencia facilita la respuesta, que sería la confirmación -de lo que sospecho, de lo que sé... porque al fin, Lucrecia, he podido -descubrir... - -LUCRECIA, ~con serena frialdad~. - -Hoy no puedo incomodarme, señor Conde. No abuse usted de que estoy -desarmada... - -EL CONDE - -Incomodarse... ¿por qué? - -LUCRECIA - -Porque viene usted a remover en mi corazón heces muy amargas, a -trastornar de nuevo mi espíritu, queriendo penetrar los misterios -más profundos del alma y de la Naturaleza... Eso, señor mío, eso que -aun de nosotras mismas quisiéramos recatar, porque el pensarlo solo -nos avergüenza, eso, a que no doy nombre, porque si lo tiene yo lo -ignoro... ~(con solemnidad)~ ya lo he dicho a Dios, único a quien debo -decirlo... Y crea usted que, para expresarlo, he tenido que violentar -mi voluntad de un modo espantoso. Todo el que no sea Dios es un -extraño, es un profano, sin derecho ninguno a recibir declaración tan -grave. Ni una palabra más. ~(Pausa.)~ - -EL CONDE, ~gravemente~. - -Sea. Ni una palabra más. Reconozco la extremada delicadeza del asunto, -y no puedo menos de respetar el sosiego reparador en que hoy se halla -su espíritu. No insisto. Ni es justo que la martirice exigiéndole una -manifestación dolorosa, toda vez que lo que usted había de decirme... -ya lo sé. - -LUCRECIA, ~desconcertada~. - -¡Que lo sabe! - -EL CONDE - -Sí. - -~(Pausa. Ambos se miran.)~ - -LUCRECIA - -Pues si lo sabe, es más generoso no preguntármelo. - -EL CONDE, ~muy tranquilo~. - -Es verdad. A generoso no me gana nadie. Ahora conviene que haga -usted alarde de hidalguía, Lucrecia. Si le satisface que crea yo en -su arrepentimiento, empiece usted por ser magnánima, aceptando la -proposición que voy a hacerle. - -LUCRECIA - -¡Proposición! - -EL CONDE - -No he venido a otra cosa. Su conformidad con mi deseo establecerá la -concordia inalterable de nuestras almas... En suma, quiero que partamos -el bien que Dios nos ha dado: las niñas. Una para usted, la otra para -mí. - -LUCRECIA, ~con profunda intención, que disimula~. - -¡Para usted!... ~(Pausa.)~ ¿Cuál? - -EL CONDE - -Acceda usted a la partición, y después escogeré. ¿A las dos las quiere -usted lo mismo? - -LUCRECIA - -Lo mismo: son mis hijas. - -EL CONDE - -Yo no puedo decir lo propio: las dos no son mis nietas. - -LUCRECIA, ~con temor~. - -Otra vez la tremenda interrogación. - -EL CONDE - -Otra vez, y siempre... Llévese usted a una de las dos, y déjeme a mí la -otra, la que yo quiera. - -LUCRECIA - -¡Dejarla aquí, en poder de usted, y sola con usted! Señor Conde de -Albrit, eso es imposible. Además, me hace falta el amor de mis hijas. - -EL CONDE, ~fríamente~. - -Y a mí el de mi nieta. Tengo derecho a ese consuelo. - -LUCRECIA - -Hoy es indispensable que las dos estén a mi lado, por muchas razones. -No solo debo atender a su porvenir, sino a la salud de mi alma, a mi -corrección, en una palabra. Como las plantas necesitan aire y luz, yo -necesito el cariño de esas dos criaturas, que fundiré en un solo cariño. - -EL CONDE, ~vivamente~. - -No son iguales para usted. - -LUCRECIA, ~con firmeza~. - -Lo son... Otra vez clava usted los ojos de su alma en lo que para usted -será siempre tremendo enigma... Son iguales, y si no lo fuesen, yo haré -que lo sean. Por nada de este mundo me separo de ellas. - -EL CONDE, ~con desconsuelo~. - -¿Y yo...? - -LUCRECIA - -En ninguna situación será el Conde de Albrit un extraño para mí. Nell -y Dolly vendrán conmigo a verle... en la temporadita de verano... y -usted, como ahora, a las dos las querrá por igual... por igual. Esa es -condición indispensable para la concordia de nuestras almas, de que -usted me hablaba. Dejemos el misterio allá, ante Dios que lo ve, y -atengámonos a la realidad... convencional, a la realidad de la ley. - -EL CONDE, ~con arranque~. - -No... ¡Maldita sea la ley...! La Naturaleza... - -LUCRECIA - -¡La Naturaleza, no... la ley! - -EL CONDE, ~encrespándose~. - -No, no. Abomino de una ley infame. Quiero a mi nieta; me pertenece, la -reclamo, y usted me la dará. - -LUCRECIA - -A mí me pertenecen las dos: las he llevado en mi seno. - -EL CONDE, ~con desesperación, clavándose en el cráneo los dedos de -ambas manos~. - -¡Triste de mí! Lucho con la ley, lucho con la madre... contienda -imposible... - -LUCRECIA, ~con tesón, levantándose~. - -Y ni como madre, ni como tutora, puedo acceder a lo que mi padre -político pretende. - -EL CONDE - -¿Será usted capaz de rechazar mi proposición, de desairarme, de negar -lo que pide el infortunado Albrit? - -LUCRECIA - -Con grandísima pena me veo precisada a negarlo. Mis hijas son mis -hijas. A ellas les conviene el calor maternal, y a mí el cariño y -la presencia continua de entrambas para vivir en paz con Dios, y -asegurarme la rectitud de mi alma. La una es mi deber, la otra mi -error. Mi conciencia necesita los dos testigos, las dos presencias, -para que yo pueda tener siempre entre mis brazos, sobre mi corazón, mis -buenas y mis malas acciones. - -EL CONDE, ~atribulado~. - -Y entre mis brazos y en mi corazón, la soledad, el horrible vacío. -~(Levantándose, altanero.)~ No, no, Lucrecia, no me conformo... Por -Dios, no me lance usted a la desesperación. - -LUCRECIA - -Sea usted razonable. - -EL CONDE, ~suplicante~. - -Sea usted generosa. - -LUCRECIA - -Soy madre... - -EL CONDE, ~exaltándose~. - -Soy abuelo, soy viejo... Necesito familia, amor. - -LUCRECIA - -En mí y en mis hijas lo tendrá. ~(Con una idea feliz.)~ Última palabra: -véngase usted con nosotras. - -EL CONDE - -¡Con usted... con las dos! ¡Nunca! - -LUCRECIA - -¡Loca obstinación! - -EL CONDE, ~brioso~. - -Entereza, sentimiento del honor. - -LUCRECIA - -Demencia. - -EL CONDE - -Si es demencia, maldita sea la razón. - -LUCRECIA - -Yo arreglaré la vida de usted... yo... - -EL CONDE, ~inflexible~. - -Sin lo que pido, sin mi nieta, no quiero nada. - -LUCRECIA - -No tardará el viejo Albrit en renegar de esa independencia, impropia de -su edad y de su situación. Acójase a mí, o su vejez será muy triste. - -EL CONDE - -Nada me arredra... nada temo. Lo mismo me importa la vida que la -muerte. ~(Implorando.)~ Lucrecia, por última vez... - -LUCRECIA - -No insista usted... Se cansa en vano... - -EL CONDE - -Bien: no diré nada más. Ni está en mi carácter extremar la súplica... -Lucrecia, adiós para siempre. - -LUCRECIA - -Eso es locura. - -EL CONDE, ~trémulo, balbuciente~. - -Sí, sí... y los locos pacíficos... cuando no se les da lo que -piden, hacen lo que yo... se van. Mas no saldré sin decir a usted -que no veo, que no toco el cambio moral que debía ser resultado de -su arrepentimiento. No. Lucrecia Richmond es siempre la misma... -Confesada y sin confesar, la misma siempre... No creo que la haya -perdonado Dios... ¡No la ha perdonado, no la ha perdonado, no, no!... - -~(Sale con vivísima agitación. Se siente su paso inseguro por la -escalera. Baja agarrándose al pasamanos. Lucrecia, muy agitada, cae en -el sofá llorosa. Acuden presurosos a ella Monedero y su esposa.)~ - - -ESCENA IX - -~LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA; después NELL~ - -EL ALCALDE - -¿No lo decía yo? ¿Ha sacado la zarpa?... Si estoy por bajar, y -aplacarle un poquito los humos. - -LUCRECIA - -No, no... ¡Pobre viejo!... Es muy sensible que no pueda yo acceder a lo -que pretende. Dejarle. ~(Atendiendo al ruido de los pasos.)~ ¿Se caerá -en la escalera? Vicenta, mande usted que le acompañe alguien. ~(Sale la -Alcaldesa a dar órdenes.)~ - -EL ALCALDE - -De veras, ¿no se ha desmandado? - -LUCRECIA - -No... Debemos compadecerle, cuidar de él con todo el cariño del mundo. - -LA ALCALDESA, ~que ha visto alejarse al Conde~. - -El pobrecito llora... Parece que no puede tenerse en pie. Pero se -resiste a que le acompañe un criado. Quiere andar solo. - -LUCRECIA - -Solo... ¡Qué dolor! ¡Triste ancianidad!... ~(Sintiendo perturbado su -espíritu.)~ ¡Oh, Dios mío! ¿dónde está la paz que diste a mi alma? Ese -hombre me la quitó... Es el agitador de mi conciencia... ¡Otra vez el -tumulto en mi mente... otra vez la ansiedad, el temor, la duda!... -~(Consternada, alza los brazos, echa la cabeza hacia atrás, cierra los -ojos.)~ - -LA ALCALDESA - -¿Otra vez mal, amiga mía? - -EL ALCALDE - -Que venga el médico. - -LA ALCALDESA - -Al instante. - -LUCRECIA - -Los dos... Que vengan los dos médicos. Quiero ver al Prior... Que -vuelva. - -EL ALCALDE, ~oficiosamente~. - -Mandar recado a la Rectoral: allí estará. - -LUCRECIA, ~agitadísima~. - -Sí... yo no quiero ser mala; no quiero padecer... quiero curarme. Se -renueva la herida. Meteré la mano en ella, y si duele, que duela; y si -con el dolor se me acaba la vida, que se acabe. ¿Dónde está mi hija? -Nell, alma mía. ~(Entra Nell y se arroja en sus brazos llorando.)~ Ven, -abrázame. ¿Verdad que no te separarás de mí, que no quieres separarte -de mí? - -NELL, ~con emoción infantil~. - -Nunca, nunca. - - -ESCENA X - -~Calle de Potestad, callejón del Cristo. Anochece.~ - -~EL CONDE, que avanza con lentitud, vacilante, tentando las paredes; -después D. PÍO.~ - -EL CONDE - -Ya lo veo, ya lo veo; es lo único que veis, ojos míos... que estoy de -más en el mundo. ¡Pobre Albrit, tu vida termina...! «Imposible, ha -dicho esa mujer, imposible...» Y ese imposible cierra todo espacio a -la esperanza... Ya no hay esperanza... Vida, te acabaste; alma, vete -de aquí... El monstruo me ha negado mi consuelo, me roba el único bien -de mi triste vejez... Señor, Dios mío, ¿qué delito he cometido para -caerme en este abismo de desolación?... ¡No poder estrechar entre mis -brazos a mi hija, a mi Dolly, retoño preciosísimo de mi raza, flor -nueva de una familia que no debe extinguirse!... ¡Y se la lleva... se -las lleva a las dos, quizás para envilecerlas!... Porque no creo en su -arrepentimiento, no. Se siente abrumada por las terribles consecuencias -de sus pecados... le duele el mal... y cuando el pecado duele, el -pecador llora... Sus clamores quieren decir dolor, opresión, empacho -del vicio; mas no quieren decir arrepentimiento. Cuando el glotón se -indigesta, maldice la comida; pero pasa el mal, y vuelve a comer... -No creo en tu enmienda, diablo harto de carne, ni creo que te haya -perdonado Dios... No, a Dios no le engañas... ni tampoco al viejo -Albrit... ¿Verdad, Señor, que no la has perdonado? ~(Detiénese bajo un -farol, y vuelve los ojos al cielo.)~ - -D. PÍO, ~parado en la acera de enfrente, contemplándole~. - -¡Albrit! - -EL CONDE - -¿Quién me llama? Conozco esa voz; es voz familiar. - -D. PÍO, ~acercándose~. - -Soy Coronado, tu amigo... quiero decir, el amigo de usía. ~(Le abraza.)~ - -EL CONDE - -¡Ah! mi único amigo quizás... Ven, acompáñame. ¿En dónde estamos? Mi -Jerusa también se vuelve contra mí, y me trastorna con el cariz nuevo -de sus calles reformadas. - -D. PÍO, ~guiándole~. - -Por aquí. Si va usía a la Pardina, entremos por el callejón del Cristo. - -EL CONDE - -No sé a dónde voy... ¿Es de noche ya? - -D. PÍO - -Sí, señor. Júpiter está encendiendo los faroles. - -EL CONDE - -¿Quién es Júpiter? - -D. PÍO - -El farolero, señor. Se llama Jove, Pepe Jove, y yo por broma le llamo -Júpiter, aunque más le cuadraría Baco, porque es el primer borracho de -Jerusa. - -EL CONDE, ~abismado en sus reflexiones~. - -¡Noche triste, más triste que aquella en que nos reunimos en el Páramo! -No hay humano juicio que pueda discernir esta noche cuál de los dos es -más desgraciado. - -D. PÍO - -¡Ah, señor! ahora y siempre, Coronado se lleva la palma. Y lo -comprendería el señor Conde, si ver pudiera las magulladuras y -cardenales de mi cara, donde esas condenadas han escrito esta tarde, -con sus uñas, la maldad de sus corazones. - -EL CONDE - -¿Qué me dices? - -D. PÍO - -Me han insultado, clavándome sus garras en el rostro; me han herido en -la cabeza con una palmatoria... me han tenido todo el día sin comer. -Gracias que en casa de un amigo me dieron estos pedazos de pan... - -EL CONDE - -¿Y no las matas? Si malo es ser bueno, peor es no ser hombre. - -D. PÍO, ~con desprecio de sí mismo~. - -Albrit amigo, yo no soy hombre... yo no sé lo que soy. - -EL CONDE - -Mátalas. - -D. PÍO - -¿Matar yo?... Ni un mosquito ha recibido la muerte de mi mano. Que -las espachurre Dios si quiere... Y usía, señor D. Rodrigo, tenga la -dignación de acabar conmigo esta misma noche, porque ya no puedo más, -ya no aguanto más. Coronado no ha de ver salir el sol de mañana, -porque ese sol significaría más vida; significaría luz, aire, sonido, -y yo quiero... ver las tinieblas, oír el silencio. ~(Pateando con -desesperación.)~ - -EL CONDE - -Así me gusta. ¿De modo que estás decidido? - -D. PÍO - -Tan decidido, que todo lo he dispuesto. Escribí la carta, en la que -digo que a nadie se culpe de mi muerte, y no me he vestido de limpio, -porque esas bribonas me han empeñado la ropa... ¿Pero qué me importa la -ropa, si esta noche he de acabar? Ahora iba yo en busca de usía para -que me cumpliera lo ofrecido. - -EL CONDE, ~cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con nerviosa fuerza~. - -Sí... lo haré, lo haré con toda el alma... Me siento esta noche... no -sé... me siento criminal. - -D. PÍO - -No será crimen, sino favor. - -EL CONDE, ~con gran vehemencia~. - -Sí... morirás, Pío; caerás rodando por el cantil... antes de llegar -al fondo del abismo, te harás pedazos... Morirás, sí. El hombre -extremadamente bueno debe morir. Es una planta viciosa, estéril... Sí, -bendito Coronado: verás con qué gracia y con qué denuedo te arrojo a la -sombría inmensidad, como si lanzara una pelota. Aún tengo vigor para -eso y para mucho más... - -D. PÍO, ~tocando las castañuelas~. - -Ahora mismo, si usía quiere... - -EL CONDE - -No, ahora no. Tengo que ver a mi Dolly, a mi adorada Dolly... quiero -darle el último adiós, comérmela a besos... sí, lo que se llama -comérmela... Abur, Coronado, no me sigas. Puedo andar solo. - -D. PÍO - -Espero a Vuecencia... - -EL CONDE - -En el Páramo. - -D. PÍO - -Más seguro será en las Tres Cruces, al extremo de la calleja que sube a -Santorojo, a la entradita del bosque. - -EL CONDE - -Bueno... Iré. Déjame ahora. - -D. PÍO - -¿No quiere usía que le acompañe? - -EL CONDE - -No... ya estoy cerca. - -D. PÍO - -Todo seguido. Allí se ve una luz: es la Pardina... Adiós. - -EL CONDE - -Hasta luego. ~(Renqueando, se pierde en la obscuridad.)~ - -~(Después de verle entrar en la Pardina, D. Pío se aleja.)~ - - -ESCENA XI - -~Habitación del Conde en la Pardina.~ - -~EL CONDE, VENANCIO, GREGORIA; después SENÉN.~ - -VENANCIO, ~que entra y ve al Conde revolviendo en su maleta~. - -¿Qué hace el señor Conde? - -EL CONDE - -Ya lo ves: recojo algunos papeles que deseo llevar siempre conmigo. - -GREGORIA, ~alarmada~. - -¿A dónde va usía? - -EL CONDE - -A donde a vosotros no os importa. ¿Por qué no viene Dolly? Dos veces la -he mandado llamar. - -VENANCIO - -Ahora vendrá. - -EL CONDE - -Pues voy a donde quiero. A vosotros os bastará saber que os dejo en paz. - -VENANCIO, ~premioso, rascándose la cabeza~. - -Me alegro de que el señor Conde facilite la separación, porque yo vengo -a decir a Vuecencia... que... que no puede seguir en mi casa. - -GREGORIA - -Nada más que por el carácter soberbio del señor Conde... que por lo -demás... - -EL CONDE - -Sí: mi carácter altanero no se aviene con el vuestro, tan suave, tan -pacífico. - -VENANCIO - -Por lo cual, he determinado que Su Excelencia se aloje en donde guste, -fuera de mi casa... Por esta noche puede quedarse; pero mañana... - -EL CONDE, ~con dulzura, resignado y calmoso~. - -Esta noche misma: no te apures. Tú te quedas en tu Pardina, y yo me -voy... a donde me acomode. No hablemos más. Al fin y a la postre, tengo -que agradeceros la hospitalidad que me habéis dado. - -VENANCIO - -Nada tiene Vuecencia que agradecernos. Lo que me duele es que no -hayamos podido hacer buenas migas. - -EL CONDE - -Las migas hacedlas vosotros... y que os aprovechen... Os pido el último -favor. Traedme a Dolly. Los minutos que paso sin verla me parecen -siglos. - -VENANCIO - -Vamos. - -EL CONDE, ~sintiendo ruido en la puerta~. - -¡Ah! ella es... - -SENÉN, ~entrando~. - -Soy yo, señor... - -EL CONDE - -¡Maldito seas! ~(Exaltado.)~ ¡Que venga Dolly, que venga al instante! - -SENÉN, ~aparte a Venancio y Gregoria~. - -Dejadle conmigo. No hará nada, y en todo caso, yo sabré ponerle como un -guante. - -~(Se van Gregoria y Venancio.)~ - - -ESCENA XII - -~EL CONDE, SENÉN; después GREGORIA~ - -EL CONDE, ~receloso, altanero~. - -¡Ah!... te dejan aquí, como de guardia, por temor de que yo... - -SENÉN - -No, señor: vengo... porque... es _de todo punto indispensable_ que -hable dos palabras con usía. - -EL CONDE - -¿Conmigo?... ¿Palabritas tú? No: tú vienes a vigilarme. Creen que voy -a pegar fuego a la casa... No, Senén; yo no hago mal a nadie, ~(Óyense -gritos lejanos de Dolly, llorando, pidiendo socorro.)~ ¡Oh! ¿qué es -eso?... ¡Dolly grita... llama! ¿Es su voz... o estoy yo loco y no sé lo -que escucho?... Infames, ¿qué hacéis a mi hija, a mi Dolly? ~(Furioso, -se precipita hacia la puerta. Cesan las voces.)~ - -SENÉN, ~cortándole el paso~. - -Deténgase usía. Ya no puede evitarlo. - -EL CONDE - -¿Qué? - -SENÉN - -Que se la llevan. ~(Mira por la ventana.)~ Ya, ya salen con ella. -~(Corre Albrit a la ventana.)~ - -EL CONDE - -¡Bandidos, ladrones! ~(Vuelve a la puerta.)~ - -SENÉN, ~sujetándole~. - -Deténgase, y óigame un instante. ~(Cierra la puerta y quita la llave.)~ - -EL CONDE, ~amenazante~. - -¿Qué haces?... ¡Me encierras! - -SENÉN, ~agitadísimo~. - -Una palabra, señor Conde, una sola, y usía comprenderá que quiero -prestarle un gran servicio... Yo le explicaré... - -EL CONDE - -Pronto. - -SENÉN - -La niña... Su madre la mandó llamar; no quiso ir... Ha venido el -Alcalde con toda su fatuidad, y con una pareja de la Guardia civil, y -se la ha llevado. - -EL CONDE, ~fuera de sí~. - -Ábreme esa puerta, o te mato ahora mismo. Ciego, aún tengo vigor para -defenderme, para defender al ser amado. Ábreme te digo. ~(Coge una -silla, decidido a estrellársela en la cabeza.)~ - -SENÉN, ~trémulo~. - -Abriré... pero antes... quiero deshacer el grave error de usía. - -EL CONDE - -Habla... pronto. - -SENÉN - -Usía, movido del honor, ha pretendido descorrer el velo, señor; -descorrer el velo... - -EL CONDE - -Acaba. - -SENÉN, ~sudando la gota gorda~. - -El velo ¡ay! para descubrir la verdad, el endiablado secreto de la -familia. - -EL CONDE - -Sí. - -SENÉN - -Y usía no ha visto nada. - -EL CONDE - -Sí he visto. - -SENÉN - -Lucrecia no ha querido decir a su padre político la verdad... Ese -secreto, señor Conde, no lo posee más que un hombre en el mundo, y ese -hombre soy yo. - -EL CONDE - -¡Tú! - -SENÉN - -Yo, que lo oculté, y ahora lo revelo. La hija falsa, la hija espúrea... -es Dolly. - -EL CONDE, ~aterrado~. - -¡Oh!... No, no... ¡Tú mientes! ~(Poseído súbitamente de un furor -trágico.)~ Lacayo vil, tú mientes, y yo... ahora mismo ~(Se arroja -sobre él, clavándole ambas manos en el cuello)~, ¡te ahogo, rufián! -~(Forcejean. El Conde, aunque anciano, es mucho más vigoroso que -Senén; le arroja al suelo, y oprimiéndole con el peso de su cuerpo, -le acogota.)~ ¡Villano, serpiente!... te mato, te ahogo, te aplasto. -~(Breve y formidable lucha.)~ - -SENÉN, ~que al fin, con gran trabajo, logra desasirse del Conde~. - -¡Qué furor!... ¡Así paga mi servicio! Tengo pruebas. - -EL CONDE - -Tus pruebas son falsas. - -SENÉN - -Ahora lo veremos. - -EL CONDE - -¡Falsario, traidor! Dolly es mi sangre. - -SENÉN, ~trémulo, descompuesto el rostro y el cabello, registrándose los -bolsillos~. - -Aquí, aquí la verdad, señor... Tan verdad, como que hay Dios. ~(Saca un -paquetito de papeles.)~ - -EL CONDE - -Venga. ~(Arrebata el paquete que muestra Senén, lo deshace, abre un -pliego, intenta leer aproximándose a la luz.)~ No veo... no veo... -~(Con desesperación.)~ ¡Dios mío, luz a mis ojos; quiero luz!... Este -hombre me engaña. - -~(Llaman a la puerta. Óyese la voz de Gregoria.)~ - -SENÉN - -Aguarde un poco. - -EL CONDE, ~consternado, indeciso~. - -No veo... Toma, toma tus papeles... ~(Se los da, y luego los retira.)~ -No... léemelo tú... pero no me engañes. - -GREGORIA, ~golpeando la puerta~. - -Abrir... Abre, Senén. - -EL CONDE - -¡Qué importunidad! - -SENÉN, ~recogiendo sus papeles de manos del Conde~. - -Luego los veremos. - -EL CONDE, ~a Gregoria, que sigue llamando~. - -¿Qué demonios quieres? ~(Gregoria dice dentro algo que Albrit no -entiende. Senén aplica su oído a la cerradura.)~ - -SENÉN - -Dice que han traído una carta de la Condesa. - -EL CONDE - -¿Para mí?... Venga pronto. ~(Abre Senén. Entra Gregoria, y da una carta -al Conde, que la abre con temblorosa mano.)~ No veo... ~(A Senén, -dándosela.)~ Léemela tú. - -SENÉN, ~leyendo, alumbrado por el farol que trae Gregoria~. - -«Señor Conde, por consejo de mi confesor, he autorizado a este para -revelar a usted la verdad que desea saber.--Lucrecia.» - -EL CONDE - -¿Dice eso? - -GREGORIA, ~examinando la carta~. - -Eso dice. - -EL CONDE - -Basta. - -SENÉN - -El Prior está en la parroquia. - -EL CONDE, ~disparado~. - -Corro allá. - - -ESCENA XIII - -~Iglesia parroquial de Jerusa, situada al Norte de la villa. Es -irregular, conjunto inarmónico de nobles vestigios, y de restauraciones -y enmiendas de fementido gusto. En el costado de Poniente, conserva -un bello pórtico románico rodeado de poyos de piedra, muy cómodo para -los que van a esperar la misa, o a ver salir la gente. La puerta, que -por allí da ingreso a la nave lateral, es gótica, pintada de ocre, y -sus gastadas esculturas, con las repetidas manos de cal, parecen obra -de pastelería. En un ángulo del pórtico hay una puertecilla, de arco -rebajado, que conduce a la sacristía. En diversas partes del edificio -se ve el escudo de Laín: banda de cuarteles y un águila explayada con -el lema en el pico: _Decor vinxit_. El interior ofrece escaso interés.~ - -~Como primera noche de la novena de Nuestra Señora de la Esperanza, hay -sermón, que predica D. Carmelo, y Manifiesto. Asisten al piadoso acto -los dos monjes de Zaratán, ocupando los sitiales del presbiterio, en -que antaño se sentaban los Condes de Laín y señores de Jerusa, y hogaño -son para las autoridades y personas de viso. Ha querido D. Carmelo -deslumbrar al Prior, prodigando las luces, con ayuda de las señoras -piadosas de la villa. Cortinas de terciopelo baratito, ramos de dalias -y guirnaldas de follaje, completan la vistosa decoración.~ - -~Prevalece en Jerusa una costumbre que el progreso no ha podido -destruir, y consiste en que las mujeres usan, para ir a la iglesia, -unas mantellinas o caperuzas de franela, blancas, en forma de saco -abierto por un lado, y ribeteado de estambre de color, con una motita -en el vértice. Este tocado, que ha resistido valiente a las anuales -acometidas de la moda, es extremadamente gracioso y pintoresco, y -da a las multitudes un aspecto medieval. Úsanlo también las señoras -principales, distinguiéndose por la finura de la franela y la mayor -gala del adorno, comunmente de seda.~ - -~Sube al púlpito D. Carmelo, y enjareta un sermón pesadito, recamado -de retóricas de similor, y el indispensable latiguillo de latinajos al -final de cada período. Óyenlo con gran recogimiento los feligreses, sin -entender palabra, lo que les aumenta la devoción, que tira un poquito a -somnolencia.~ - -~EL CONDE, SENÉN, en la iglesia, fatigados del plantón y del -kilométrico discurso.~ - -EL CONDE, ~de mal talante~. - -Salgamos; esto es insoportable. - -UN HOMBRE DEL PUEBLO, ~abriendo paso al prócer~. - -¿Por qué no sube usía a su sitial, en el presbiterio? Por la sacristía -puede pasar sin apreturas. - -EL CONDE - -Gracias, amigo... me voy fuera. Se ahoga uno aquí con tanto calor y -tanta retórica. ~(Salen y esperan. Ambos permanecen silenciosos. El -Conde da espacio a la ansiedad de su espíritu paseándose.)~ - -SENÉN. ~(En el camino de la Pardina a la iglesia, le ha contado algo -de las ocurrencias y zaragata de Verola, sin que el Conde demuestre -interés alguno.)~ - -Pues, señor, D. Carmelo lo ha tomado con gana. ¡Vaya una correa de -sermón que se ha traído! - -EL CONDE - -Es pesadísimo. Todos estos que comen mucho hablan sin término. El -chorro de palabras les facilita la digestión... ¡Y no es floja -contrariedad para mí! ¿Pero esto, Dios mío, no se acaba nunca?... Sin -duda, Carmelo quiere lucirse con el Prior, y no cae en la cuenta de que -el pobre fraile estará tan aburrido como nosotros. - -~(Pasa tiempo. Como todo tiene fin en este mundo, se acaba el sermón -carmelino. Óyense modulaciones de órgano, cantos... Media hora más, y -empieza a salir la gente. Retírase Albrit al ángulo del pórtico, para -dar paso a la multitud, y en esto sale por la puerta de la sacristía -Nell, acompañada de Consuelito y de una criada del Alcalde. Lleva la -niña de Albrit caperuza de franela, que le da aspecto de figura gótica, -arrancada de las vitelas de un misal antiguo. Su rostro, de hermosas -líneas, adquiere distinción severa. Caen sobre sus hombros los pliegues -de la tela con suprema elegancia.~ - -~Antes que vea Nell a su abuelo, Senén llama la atención de este sobre -la aparición de la niña. Se estremece Albrit de sorpresa y emoción; -la busca con su mirada incierta. Nell le ve al fin, y corriendo hacia -él, le coge las manos y en ellas da sonoros besos. Al aproximarse la -señorita, Senén se escabulle.)~ - - -ESCENA XIV - -~EL CONDE, NELL, CONSUELITO~ - -NELL - -Abuelito mío, ¿tú también aquí? ¿Por qué no has pasado? Arriba, junto -al altar, tienes tu silla. - -EL CONDE - -¡Nell, qué hermosa estás! Te veo; veo la caperuza blanca... - -CONSUELITO, ~oficiosamente~. - -Esta es una de las que usó su abuelita Adelaida, Condesa de Albrit. La -conservo yo como recuerdo histórico. - -EL CONDE, ~con arrobamiento~. - -Nell, veo tu rostro. Una aureola de nobleza y majestad lo rodea... - -NELL, ~sorprendida de la emoción del anciano~. - -Albrit... ¿por qué me miras así? ¿Por qué tiemblan tus manos?... -¿Lloras? - -EL CONDE. ~(Siente hondamente removida su alma. En ella entra una ola -impetuosa. Es el convencimiento de que tiene entre sus manos las de la -legítima sucesora de Laín y de Albrit.)~ - -Hija mía, tu presencia me causa tanto regocijo como orgullo. Te -reconozco. Eres mi descendencia, la continuidad gloriosa de mi sangre. -¡Rama florida de Arista-Potestad, Dios te bendiga! - -NELL, ~apenada, atribuyendo las palabras del anciano a desconcierto de -su razón~. - -Abuelo querido, ¿por qué has venido tan solo? - -CONSUELITO, ~radiante de oficiosidad~. - -¿Pero no hay en la Pardina quien le acompañe? - -EL CONDE - -Mejor estoy solo. Y tu hermana, ¿cómo no ha venido contigo? - -NELL - -Mamá me ha mandado a la iglesia, encargándome que rece por ella y por -ti. - -EL CONDE - -Y harás bien en rezar... por ella más que por mí. - -NELL - -No ha querido que venga Dolly, porque está un poco mañosa. - -CONSUELITO, ~que rabia por hablar~. - -Como que fue preciso traerla a la fuerza de la Pardina. - -NELL - -La pobrecita quería estar más tiempo contigo. Mañana iremos las dos a -verte. - -EL CONDE, ~muy agitado~. - -No vayáis, no vayáis, porque no me encontraréis. - -NELL - -¿Pues a dónde te vas? - -EL CONDE, ~velada la voz por la emoción~. - -Sucesora de Albrit, futura Marquesa de Breda... ya sé... ya lo sé... -sigue tu camino lleno de luz, y déjame en el mío tenebroso. - -NELL, ~confusa~. - -Papaíto, ¿qué razón hay para tanta tristeza? ¡Si te queremos lo mismo! -Yo te aseguro que vendremos a verte, y que nos enfadaremos con mamá si -no nos trae. - -EL CONDE - -No os traerá... ¿Y para qué? ¿Qué soy yo? Un despojo miserable... El -viejo tronco muere; pero quedas tú, gallardísimo árbol nuevo, que -perpetuará mi nombre y mi raza. - -NELL, ~con mayor ternura~. - -Abuelo mío, si tanto me quieres, ¿por qué no haces lo que yo digo, lo -que yo te mando? Eres un niño, y los que te aman deben... no digo -mandarte... eso no... dirigirte. ¿Me permites que te dirija? - -EL CONDE - -Marquesa de Breda, tú mandas. - -NELL, ~envaneciéndose~. - -Pues si alguna autoridad tengo sobre ti, oye lo que te digo, y hazlo, -hazlo por Dios... Acepta el recogimiento de Zaratán. - -EL CONDE, ~lastimado en lo más vivo~. - -Adiós, Nell... Vete con tu madre. - -NELL - -En Zaratán estarás muy bien. - -CONSUELITO, ~metiendo su cucharada~. - -Como un príncipe, como un emperador. - -NELL - -Vendremos a verte. - -EL CONDE - -Adiós, Nell... ~(Se retira tambaleándose.)~ ¿El Prior dónde está? - -NELL, ~gozosa, creyendo que su abuelo busca al Prior para tratar con él -de su retiro en Zaratán~. - -En la sacristía... Por aquí. - -CONSUELITO, ~cogiendo a Nell de la mano y llevándosela~. - -Niña, vámonos... Ya le has dicho lo que debías decirle. ¡Pobre anciano! -Es, en verdad, un niño... demente. - -NELL - -¡Qué pena, Dios mío!... ~(Llamándole.)~ ¡Abuelo, abuelo!... - -CONSUELITO - -Déjale ya... El león arrogante y fiero entra en la sacristía. No dudes -que nuestro buen Prior le armará una bonita trampa... Verás, verás cómo -cae... ~(Confundidas entre la multitud, se alejan de la parroquia.)~ - -EL CONDE, ~que, tentando la pared, logra coger la puerta, y se -precipita en las salas que conducen a la sacristía.~ - -¡Horrible, horrible! Ni siquiera ha manifestado el deseo de vivir en -mi compañía... Ni siquiera me ha dicho, como su madre: «Vente con -nosotras.» Lo que quiere es encerrarme... Esto es dar con el pie al -ser inútil, al ser caído, que estorba... La duda, oh Dios, me asalta -otra vez; la duda sopla otra vez en mi alma como huracán, y de las -pavesas que se iban apagando, levanta llamaradas... No, no es esta la -legítima, no puede serlo. Todos me engañan... Nell no tiene corazón; -su frialdad desdeñosa desmiente la noble sangre. No es, no es... -~(Gritando.)~ ¡Padre Maroto! ¡Prior de Zaratán! ~(Tropezando, se abre -camino. Un monaguillo le conduce. El Prior sale a su encuentro. Cambian -algunas palabras. Para hablar a solas, se encierran en el camarín de la -Virgen.)~ - -~En la confusión del gentío que se retira, Senén busca al Conde dentro -y fuera de la iglesia. Sospechando que estará en la Rectoral, corre -hacia ella por un atajo. En la obscuridad se desvía; encuéntrase con un -seto que le corta el camino; creyendo abreviar saltándolo, sube a unas -piedras, pega un brinco, y cae en un montón de estiércol.~ - - -ESCENA XV - -~Calle del _Buen Conde_, que conduce de la iglesia a la subida del -_Calvario_.~ - -~EL CONDE, que anda como un ebrio, tropezando en el desigual piso; UN -HOMBRE DEL PUEBLO, LA MARQUEZA.~ - -EL CONDE, ~viendo venir un bulto~. - -Buen hombre, ¿por dónde se va al infierno? - -EL HOMBRE DEL PUEBLO, ~que no conoce al Conde~. - -¿Tabernas? Por aquí no las hay. ~(Sigue su camino.)~ - -EL CONDE - -¿No hay un rayo del cielo que me haga ceniza? Nell es la verdadera; la -falsa es Dolly, Dolly, ¡la que me quiere más! ¡Vanidades del mundo, -grandezas del honor, con qué mueca tan horrible me miráis! ~(Parándose -ante un machón de pared que permanece vertical entre montones de -ruinas.)~ ¿Quién va? ¿Eres tú, Senén? Lo que me dijiste es verdad. Tu -revelación traidora resulta verdadera. Es verdad. Maroto no miente. -¿Ves qué burla?... Mis ideas me persiguen, no ya como águilas voraces, -que quieren picotearme el cerebro, sino como cotorras charlatanas, que -con su graznido, semejante al habla de hombres afeminados, se mofan -de mí... ¡Maldito rufián, déjame! Eres una babosa perfumada... hueles -horriblemente... y tu contacto da frío. No me toques. - -~(Avanza; pasa junto al último farol de Jerusa por aquella parte: sube -por el sendero que conduce al Calvario. En dirección contraria viene -una mujer del pueblo, corpulenta y descarnada, que no es otra que la -anciana Sibila a quien llaman la Marqueza. Lleva una cesta al brazo.)~ - -LA MARQUEZA, ~parándose y reconociéndole~. - -¡Señor, mi Conde, por aquí solito a estas horas! - -EL CONDE - -¿Quién eres? Soy Albrit, el último Albrit de la línea masculina. ¿Tú, -quién eres? ~(La anciana se nombra.)~ ¡Ah! la Marqueza... Sibila de -Jerusa, aquí me tienes. Ya no dudo: luego no existo... Esto que ves -en mí, no es la persona de Arista-Potestad: es su esqueleto. No te -asustes: los esqueletos no hacen daño. Asustan por el chocar de huesos, -por el mirar burlón de sus ojos vacíos... pero nada más. - -LA MARQUEZA - -Señor, ¿qué le pasa? ¿Qué disparates dice? Voy a la Pardina con esta -cesta de caracoles que me ha encargado el Sr. Venancio. ¿Quiere algo -para allá? ¿Por qué no se viene conmigo? - -EL CONDE - -¿Yo a la Pardina?... ¿Has visto a las niñas de Albrit? ¡Qué feas -son!... repugnantes como gusanos venenosos. La legítima no me quiere: -me manda al manicomio. Dolly, que me ama, no es mi nieta. Es hija de -un pintor vicioso y grosero... linaje de contrabandistas en el Alto -Aragón. ~(Riendo sarcásticamente.)~ Dime, Sibila, ¿dónde está el hoyo -más hondo de basura y lodo para meterme, y hacer en él mi cama eterna? -Como escarabajo, allí labraré la nueva casa de Albrit, toda inmundicia. - -LA MARQUEZA - -Buen señor, no piense cosas malas. - -EL CONDE - -Vete, déjame. Si ves a Venancio, le dices que me arrodillo ante su -radiante imbecilidad... Adiós, Sibila, adiós. - -~(Se aleja dando tumbos. La anciana sigue su camino.)~ - - -ESCENA XVI - -~Calvario de Santorojo. Tres cruces en un altozano.~ - -~EL CONDE, D. PÍO.~ - -D. PÍO, ~viéndole subir~. - -Albrit, hijo mío, ¿qué horas son estas de venir? Ya me cansaba de -esperarte... digo, de esperar a usía. - -EL CONDE - -¿Quién me llama? Eres tú, excelso Coronado, mi amigo del alma. Gran -filósofo, dame la mano: no puedo ya con mis huesos, que pesan como -barras de plomo. - -D. PÍO, ~dándole el brazo~. - -Subamos un poco más, y nos sentaremos en la grada de las tres cruces. -¿Qué tal? Yo vengo decidido... Como tenía mucha hambre, me he traído -estos pedazos de pan. - -EL CONDE - -Dame un poco. También yo estoy desfallecido, hijo. Es cosa poco -higiénica matarse con hambre. - -D. PÍO - -Claro, tomando algún alimento, podemos aguardar hasta la madrugada, -hora la más propicia... - -EL CONDE - -Te arrojo a ti, y después yo. - -D. PÍO - -No, usía no; no lo consiento. Me sublevo; no hay trato. - -EL CONDE, ~comiendo pan~. - -Bueno; pues juntos, en amor y compaña. - -D. PÍO, ~muy apurado~. - -Usía no. Mire que aviso, y vienen los celadores. Arrójeme a mí, según -lo tratado, y váyase usía tranquilo a su casa. - -EL CONDE - -¿Sabes que es amargo tu pan? - -D. PÍO, ~suspirando~. - -Lo que amarga es la boca. - -EL CONDE - -Soy todo amargura, y más desgraciado que tú. ¿Sabes una cosa? Mis -nietas, que yo adoraba, se diferencian poco de tus hijas. Con buenas -palabras, Nell me ha arañado el rostro. Espinas de rosas rasguñan -lo mismo que espinas de zarza... Y con todo, Nell es mi legítima -descendencia: lo sé por testimonio irrecusable. Dolly, que me ama, no -es mi descendencia; es una intrusa, la cría infame de la traición, que -con fraude se introdujo en mi casa, y se escondió entre los brocados de -Albrit. - -D. PÍO, ~asustado~. - -Señor, mire lo que habla. - -EL CONDE - -Y yo quiero que me digas... antes de caer al abismo, lanzado por mí... -quiero que me digas, gran filósofo: ¿qué piensas tú del honor? - -D. PÍO, ~lleno de confusiones~. - -El honor... pues el honor... Yo entendía que el honor era... algo así -como las condecoraciones... Se dice también _honores fúnebres, el honor -nacional, el campo del honor_... En fin, no sé lo que es. - -EL CONDE - -Hablo del honor de las familias, la pureza de las razas, el lustre de -los nombres... Yo he llegado a creer esta noche... y te lo digo con -toda franqueza... que si del honor pudiéramos hacer cosa material, -sería muy bueno para abonar las tierras. - -D. PÍO - -Y criar la hermosa lechuga y el rico tomate. Para semilleros, he oído -que no hay nada como la gallinaza y palomina. - -EL CONDE - -Y para la hortaliza social, para este mundo de ahora, nacido sobre -acarreos, la mejor substancia es la ignominia, la impureza y mezcolanza -de sangres nobles y sangres viles... Quedamos en que tú no aciertas -a decirme lo que es el honor, ni te has encontrado nunca esa alimaña -en tus excursiones filosóficas. - -~(Se sientan al pie de las cruces. La noche está plácida, y la luna, en -creciente avanzado, platea el cielo y la mar, y baña en dulce claridad -la tierra.)~ - -D. PÍO, ~aguzando el entendimiento~. - -Pues el honor... Si no es la virtud, el amor al prójimo, y el no querer -mal a nadie, ni a nuestros enemigos, juro por las barbas de Júpiter que -no sé lo que es. - -EL CONDE, ~con triste sonrisa~. - -Ya sales con tu Mitología... Por cierto que en la fábula mitológica no -figura para nada el honor: los dioses hacían el amor a las hijas del -pueblo, así como las diosas se enamoriscaban de cualquier pastor de -cabras. - -D. PÍO - -Como que no había más aristocracia que la hermosura. - -EL CONDE - -Pues mira, sería bueno que ahora, después de bien estrellados y -deshechos contra las rocas, nos convirtiéramos tú y yo en dioses o -semidioses mitológicos. - -D. PÍO - -Aunque fuera cuartos de dioses. Nos pondrían en el séquito de Neptuno. -~(Un escalofrío mortal atraviesa todo su cuerpo, y lo estremece desde -la nuca al tobillo.)~ ¡Abuelo, qué fría estará la mar!... - -EL CONDE - -Mejor. Así, fresquitos y bien desmenuzados, seremos más del gusto de -los peces. - -D. PÍO, ~sintiendo un intenso pavor~. - -Es horrible... ¿Y qué hace uno en el estómago del pez? - -EL CONDE, ~con lúgubre humorismo~. - -Lo que haría probablemente Jonás en el vientre de la ballena: -aburrirse... Porque no se dice que llevara periódicos que leer, ni -baraja para hacer solitarios. - -D. PÍO, ~dando diente con diente~. - -Yo me figuro que cuando llegue a lo hondo del cantil, ya no estaré -vivo... Y así es mejor, Albrit. No le gusta a uno padecer, ni aun en -el momento crítico de poner fin a sus padecimientos... Esperemos a la -madrugada, hora en que no pasa por aquí alma viviente. Hasta media -noche, hay el peligro de que algún pescador rezagado pase, nos vea, y -nos denuncie... ~(Descubriendo un bulto lejano.)~ ¡Ah! por allí viene -alguien. - -EL CONDE - -Será un vagabundo... quizás un animal; que en las noches claras, como -en días de brillante sol, suelen confundirse los cuadrúpedos con las -personas. - -D. PÍO, ~observando atentamente~. - -Es una mujer. - -~(Pausa. En el silencio grave de la noche, suena como vibración intensa -de la atmósfera la voz de Dolly gritando: _¡Abuelo!_)~ - - -ESCENA ÚLTIMA - -~EL CONDE, D. PÍO, DOLLY~ - -EL CONDE, ~despavorido, agarrándose a D. Pío~. - -¡La voz de Dolly!... ¡Será una racha de viento!... Dios mío, ¡qué -extraña sensación! - -D. PÍO - -Pues, sí, me parece que es Dolly. ~(Poniéndose en pie y llamando.)~ -Niña, estamos aquí. - -EL CONDE - -¡Dolly! ¿Pero qué...? ¿Se abre la tierra y me traga? - -DOLLY, ~andando hacia las cruces, sin correr, porque cojea un poco, -como si le doliera un pie~. - -¡Abuelito querido... lo que me ha costado encontrarte! ¿Sabes? Me -escapé de casa. Corrí a la Pardina, y en la puerta me encontré a la -Marqueza con una cesta de caracoles, y me dijo que te había visto -subir hacia el Calvario. ~(Acercándose.)~ ¿Pero qué haces? ¿Vuelves la -cara? ~(El Conde se agarra tan fuertemente a D. Pío, que parece querer -estrujarle.)~ - -D. PÍO - -Cuenta, niña... Hemos oído mal. ¿Dices que te escapaste? - -DOLLY - -Tuve que saltar por la verja... Me lastimé un pie... A Monedero se le -antojó ponerme presa en su despacho, porque dije a mamá que a todo -trance quiero quedarme en Jerusa con el abuelo, y vivir siempre con -él... ¡Ay, lo que he corrido! - -EL CONDE, ~con estupor terrorífico~. - -Veo la ignominia, veo la sublimidad, no sé lo que veo... ¿Se hunde el -cielo, se acaba el mundo, o qué pasa aquí? - -DOLLY, ~acongojada~. - -Papaíto, ¿por qué no miras a tu Dolly?... ¿Qué dices?... ¿Ya no quieres -a tu Dolly? - -EL CONDE, ~desconcertado~. - -Eres mi oprobio... Dolly... ¿por qué me amas? - -DOLLY - -¡Vaya una pregunta! ~(Acariciándole.)~ Ya te dije esta mañana en la -Pardina que tu Dolly no se separará nunca de ti... A donde tú vayas, -voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero compartir tu pobreza, -cuidarte, ser la hijita de tu alma. - -EL CONDE, ~con grandísima agitación~. - -¡Oh, Dolly, Dolly!... - -DOLLY - -¿Qué tienes?... - -EL CONDE - -Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo, y -se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no cabe... - -DOLLY - -Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita -coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo. -~(Le abraza y le besa.)~ - -EL CONDE, ~alelado~. - -Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero pisotea -el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido. - -DOLLY - -Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a -donde quiera que vayas... - -EL CONDE, ~vivamente~. - -Si no te llevo, ¿qué? - -DOLLY - -Me moriré de pena. - -EL CONDE, ~elevando hacia el cielo las palmas de sus manos~. - -Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre debo -dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?... Del -seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que de nada -valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser humano. -Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es lo que -permanece... El ánima no se oxida. - -D. PÍO, ~con hermosa ingenuidad~. - -Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor? -¿En dónde está la verdad? - -EL CONDE, ~abrazando a Dolly~. - -Aquí... ~(Como quien vuelve de un desvanecimiento.)~ Dime, amigo -Coronado, ¿he dicho muchos disparates? Porque siento que vuelve a mí la -razón. Esta chiquilla, trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo, -trepidando, recobro mi equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella -sola me ama, y consagra a este pobre viejo su florida juventud. - -DOLLY, ~besándole~. - -Albrit, ¿quién te quiere? - -EL CONDE - -Tú sola. - -DOLLY - -No te llamaré Albrit, sino _Abuelo_. - -EL CONDE - -Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el sentido -que quieras. - -D. PÍO, ~con unción~. - -Dios es el abuelo de todas las criaturas. - -EL CONDE - -Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo -barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a -escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás? - -D. PÍO, ~sollozando~. - -Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie me -ha querido. Lo juro por la laguna Estigia. - -EL CONDE - -¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... ~(Con resolución, -incorporándose.)~ Vámonos. - -D. PÍO - -¿A dónde? - -EL CONDE - -A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son pobres; -pero a Dolly no le importa la pobreza. - -DOLLY - -Con mi cariño te haré yo rico. - -EL CONDE, ~con ardiente júbilo~. - -Coronado, ¿has oído esto? - -D. PÍO - -Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos. -Ahora hablan. - -EL CONDE - -Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la amistad. -Ven, síguenos. - -D. PÍO. ~señalando el cantil~. - -Pero... - -EL CONDE - -Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que me -tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos. - -D. PÍO - -Escondámonos en cualquier aldea. - -EL CONDE - -Dios nos protege. ~(A Dolly.)~ ¿Está cojito mi ángel? Ven a mis brazos. -Pesas poco, y yo aún tengo vigor para cargarte. ~(La toma en brazos.)~ -Vámonos primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas. - -~Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de los senderos y atajos, -va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no cansar al abuelo, se -desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen en las lomas que -separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la aldea de este nombre -y en una pobre casa de labor, les da generosa y cordial hospitalidad un -matrimonio dedicado a la cría de carneros y vacas; gente sencilla; un -par de viejos honradísimos y joviales, que allí habían nacido, y allí -moraban desde tiempo inmemorial; restos nobilísimos, olvidados ya, del -poderoso Estado de Laín. Amanece.~ - -~Al filo del mediodía, llega la pareja de la Guardia civil con una -carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice así: «_Señor Conde, puesto que -usted quiere a Dolly, y Dolly le quiere, doy mi consentimiento para -que viva en su compañía, por sus días. Y que estos sean muchos desea -ardientemente su hija_--LUCRECIA.»~ - -D. PÍO, ~entre helechos, filosofando~. - -¿El mal... es el bien? - - -FIN DE LA NOVELA - - -Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de 1897. - - - - -ÍNDICE - - - Págs. - - Prefacio V - - Dramatis Personæ 2 - - JORNADA PRIMERA - - Escena primera 3 - Escena II 13 - Escena III 29 - Escena IV 40 - Escena V 44 - Escena VI 56 - Escena VII 57 - Escena VIII 59 - Escena IX 64 - Escena X 68 - Escena XI 70 - Escena XII 74 - - JORNADA SEGUNDA - - Escena primera 81 - Escena II 83 - Escena III 90 - Escena IV 95 - Escena V 118 - Escena VI 140 - - JORNADA TERCERA - - Escena primera 145 - Escena II 158 - Escena III 163 - Escena IV 169 - Escena V 179 - Escena VI 183 - Escena VII 186 - Escena VIII 192 - Escena IX 215 - Escena X 225 - Escena XI 227 - Escena XII 243 - Escena XIII 247 - - JORNADA CUARTA - - Escena primera 251 - Escena II 254 - Escena III 260 - Escena IV 267 - Escena V 270 - Escena VI 275 - Escena VII 280 - Escena VIII 281 - Escena IX 290 - Escena X 294 - Escena XI 299 - Escena XII 302 - Escena XIII 320 - Escena XIV 325 - Escena XV 332 - - JORNADA QUINTA - - Escena primera 341 - Escena II 347 - Escena III 351 - Escena IV 355 - Escena V 365 - Escena VI 370 - Escena VII 374 - Escena VIII 376 - Escena IX 387 - Escena X 389 - Escena XI 394 - Escena XII 397 - Escena XIII 402 - Escena XIV 405 - Escena XV 410 - Escena XVI 412 - Escena última 417 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: El abuelo</p> -<p style='display:block; margin-top:0; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:0;'>Novela en cinco jornadas</p> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Benito Pérez Galdós</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: October 7, 2021 [eBook #66488]</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> - -<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)</div> - -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li> - - <li>La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo con - las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - - <li>Se ha añadido un <a href="#ToC">Índice</a> al final del libro pese a que el original - impreso no lo incluye.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 26em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - - -<div class="tit pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p> - <h1 class="g1 ws1">EL ABUELO</h1> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="chapter pt6"> - <div class="legal"> - <p><span class="pagenum" id="Page_ii">p. ii</span>Es propiedad. Queda - hecho el depósito que marca la ley. Serán furtivos los ejemplares - que no lleven el sello del autor.</p> - </div> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="tit"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p> - <p class="ws1">NOVELAS ESPAÑOLAS CONTEMPORÁNEAS</p> - <p class="fs60 mt05">POR</p> - <p class="fs120 ws1">B. PÉREZ GALDÓS</p> - <hr class="fil" /> - - <p class="fs300 mt1">EL ABUELO</p> - <p class="fs75 ws1 mt15">(NOVELA EN CINCO JORNADAS)</p> - - <div class="figcenter mt3"> - <img src="images/logo.jpg" - style="width: 5em; height: auto;" - alt="Logotipo del editor" /> - </div> - - <p class="lh150 g0 mt3">MADRID</p> - <p class="fs75 lh150 ws1">EST. TIP. DE LA VIUDA E HIJOS DE TELLO</p> - <p class="smaller lh150 asc ws1">IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M.</p> - <p class="fs80 lh150">C. de San Francisco, 4</p> - <p class="lh150 g0">1897</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="section pt6" id="Ch01"> -<p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span>A los lectores que con -tanta indulgencia como constancia me favorecen, debo manifestarles que -en la composición de <span class="smcap">El Abuelo</span> he querido -halagar mi gusto y el de ellos, dando el mayor desarrollo posible, -por esta vez, al procedimiento dialogal, y contrayendo a proporciones -mínimas las formas descriptiva y narrativa. Creerán, sin duda, como -yo, que en esto de las formas artísticas o literarias <i>todo el -monte es orégano</i>, y que solo debemos poner mal ceño a lo que -resultare necio, inútil o fastidioso. Claro es que si de los pecados de -tontería o vulgaridad fuese yo, en esta o en otra ocasión, culpable, -sufriría resignado el desdén de los que me leen; pero al maldecir mi -inhabilidad, no creería que el camino es malo, sino que yo no sé andar -por él.</p> -</div> - -<p>El sistema dialogal, adoptado ya en <i>Realidad</i>, nos da la -forja expedita y concreta de los caracteres. Estos se hacen, se -componen, imitan más fácilmente, digámoslo así, a los seres vivos, -cuando manifiestan su contextura moral con su propia palabra, y con -ella, como en la vida, nos dan el relieve más o menos hondo y firme -de sus acciones. La palabra del<span class="pagenum" id="Page_vi">p. -vi</span> autor, narrando y describiendo, no tiene, en términos -generales, tanta eficacia, ni da tan directamente la impresión -de la verdad espiritual. Siempre es una referencia, algo como la -<i>Historia</i>, que nos cuenta los acontecimientos y nos traza -retratos y escenas. Con la virtud misteriosa del diálogo parece -que vemos y oímos sin mediación extraña el suceso y sus actores, y -nos olvidamos más fácilmente del artista oculto que nos ofrece una -ingeniosa imitación de la naturaleza. Por más que se diga, el artista -podrá estar más o menos oculto; pero no desaparece nunca, ni acaban de -esconderle los bastidores del retablo, por bien construidos que estén. -La impersonalidad del autor, preconizada hoy por algunos como sistema -artístico, no es más que un vano emblema de banderas literarias, que si -ondean triunfantes, es por la vigorosa personalidad de los capitanes -que en su mano las llevan.</p> - -<p>El que compone un asunto y le da vida poética, así en la Novela -como en el Teatro, está presente siempre: presente en los arrebatos -de la lírica, presente en el relato de pasión o de análisis, presente -en el Teatro mismo. Su espíritu es el fundente indispensable para que -puedan entrar en el molde artístico los seres imaginados que remedan el -palpitar de la vida.</p> - -<p>Aunque por su estructura y por la división en jornadas y escenas -parece <span class="smcap">El Abuelo</span> obra teatral, no he -vacilado en llamarla novela, sin dar a las denominaciones un valor -absoluto, que en esto, como en todo lo que pertenece al reino -infinito del arte, lo más prudente es huir de los encasillados, -y de las clasificaciones<span class="pagenum" id="Page_vii">p. -vii</span> catalogales de géneros y formas. En toda novela en que los -personajes hablan, late una obra dramática. El Teatro no es más que -la condensación y acopladura de todo aquello que en la Novela moderna -constituye acciones y caracteres.</p> - -<p>El arte escénico, propiamente dicho, ha venido a encerrarse en -nuestra época (por extravíos o cansancios del público, y aun por -razones sociales y económicas que darían materia para un largo estudio) -dentro de un módulo tan estrecho y pobre, que las obras capitales -de los grandes dramáticos nos parecen <i>novelas habladas</i>. -Saltando de nuestras pequeñeces a los grandes ejemplos, pregunto: -el <i>Ricardo III</i> de Shakespeare, colosal cuadro de la vida y -las pasiones humanas, ¿puede ser hoy considerado como obra teatral -<i>práctica</i>? Hace un siglo lo representaba Garrick íntegramente, y -existía un público capaz de entenderlo, de sentirlo, y de asimilarse -su intensísima savia poética. Hoy aquella y otras obras inmortales -pertenecen al teatro ideal, leído, sin <i>ejecución</i>; arte que -por la muchedumbre y variedad de sus inflexiones, por su intensidad -pasional, en un grado que no resiste lo que llamamos público (mil -señoras y mil caballeros sentaditos en una sala), difícilmente admite -intermediario entre el ingenio creador y el ingenio leyente, que ambos -creo han de ser ingenios para que resulte la emoción y el gusto fino de -la belleza.</p> - -<p>Que me diga también el que lo sepa si la <i>Celestina</i> es novela -o drama. <i>Tragicomedia</i> la llamó su autor; <i>drama de lectura</i> -es realmente, y, sin duda, la más grande y bella de las novelas -habladas. Resulta<span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span> -que los nombres existentes nada significan, y en literatura la variedad -de formas se sobrepondrá siempre a las nomenclaturas que hacen a su -capricho los retóricos. Solo tengo que decir ya a mis buenos amigos, -que sin cuidarse de <i>cómo se llama</i> esta obra, humilde ensayo de -una forma que creo muy apropiada a nuestra época, tan gustosa de lo -sintético y ejecutivo, la acojan con benevolencia.</p> - -<p class="firma ws1 mt2">B. P. G.</p> - - -<div class="chapter pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p> - <p class="centra fs140 ws1">EL ABUELO</p> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch02"> - <p><span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span></p> - <h2 class="nobreak">DRAMATIS PERSONÆ</h2> -</div> - -<ul class="elenco"> - <li>D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE ALBRIT, SEÑOR DE JERUSA Y - DE POLAN, etc., abuelo de</li> - <li>LEONOR (NELL), y</li> - <li>DOROTEA (DOLLY).</li> - <li>LUCRECIA, CONDESA DE LAÍN, madre de Nell y Dolly, y nuera del Conde.</li> - <li>SENÉN, criado que fue de la casa de Laín; después, empleado.</li> - <li>VENANCIO, antiguo colono de la Pardina; actualmente propietario.</li> - <li>GREGORIA, su mujer.</li> - <li>EL CURA DE JERUSA (D. Carmelo).</li> - <li>EL MÉDICO (D. Salvador Angulo).</li> - <li>EL ALCALDE (D. José M. Monedero).</li> - <li>LA ALCALDESA (Vicenta).</li> - <li>D. PÍO CORONADO, preceptor de las niñas Nell y Dolly.</li> - <li>CONSUELO, viuda rica, chismosa.</li> - <li>LA MARQUEZA, viuda campesina, pobre.</li> - <li>EL PRIOR DE LOS JERÓNIMOS (Padre Maroto).</li> -</ul> - -<hr class="sep" /> - -<p class="acotj">La acción se supone en la villa de <i>Jerusa</i> y sus -alrededores; las principales escenas en la <i>Pardina</i>, granja que -perteneció a los Estados de Laín. Careciendo esta obra de colorido -local, no tienen determinación geográfica el país ni el mar que lo -baña. Todos los nombres de pueblos y lugares son imaginarios. Época -contemporánea.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch1_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p> - <h2 class="nobreak">JORNADA PRIMERA</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<h3>ESCENA PRIMERA</h3> - -<p class="acotj">Terraza en la <i>Pardina</i>. A la derecha, la casa; -al fondo, frondosa arboleda de frutales; a lo lejos, el mar.</p> - -<p class="acotj mt1">GREGORIA, junto a una mesa de piedra, desgranando -judías en la falda; VENANCIO, que viene por la huerta y se entretiene -con un criado, observando los frutales. En la mesa una cesta de -hortalizas.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Eh... Venancio!... Que estoy aquí.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Voy... Más de cincuenta <i>duquesas</i> se han caído con el ventoleo -de anoche.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Anda con Dios!... Deja las peras, y ven a contarme... ¿Es verdad -que...?</p> - -<p class="acotj mt1">(Entra <i>Venancio</i>, respirando fuerte, y -limpiándose el sudor de la cabeza, trasquilada al rape. Gregoria espera -impaciente la respuesta.</p> - -<p class="acotj">Son marido y mujer, de más de cincuenta años, ambos -regordetes y de talla corta, de cariz saludable, coloración<span -class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> sanguínea y mirar inexpresivo. -Pertenecen a la clase ordinaria, que ha sabido ganar con paciencia, -sordidez y astucia una holgada posición, y descansa en la indiferencia -pasional, y en la santa ignorancia de los grandes problemas de la vida. -El rostro de ella es como una manzana, y el de él como pera, de las -de piel empañada y pecosa. No tienen hijos, y cansados de desearlos -principian a alegrarse de que no hayan querido nacer. Se aman por -rutina, y apenas se dan cuenta de su felicidad, que es un bienestar -amasado en la sosería metódica y sin accidentes. Gruñen a veces, y -rezongan por contrariedades menudas que alteran la normalidad de reloj -de sus plácidas existencias. En edad madura viven donde han nacido, -y son propietarios donde fueron colonos. Su única ambición es vivir, -seguir viviendo, sin que ninguna piedrecilla estorbe el manso correr -de la onda vital. El hoy es para ellos la serie de actos que tiene por -objeto producir un mañana enteramente igual al ayer. Visten el traje -corriente y general, así en pueblos como en ciudades, muy apañaditos, -limpios, modestos. Gregoria es hacendosa, guisandera excelente, -tocada del fanatismo económico, lo mismo que su marido. Este entiende -de labranza y horticultura, de caza y pesca, de algunas industrias -agrícolas, y no es lerdo en jurisprudencia hipotecaria, ni en todo lo -tocante a propiedad, arrendamientos, servidumbres, etc. Para entrambos -la Naturaleza es una contratista puntual, y una despensera honrada, -como ellos prosaica, avarienta, guardadora.)</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¡Brrr...!</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Pero, hombre, sácame de dudas. ¿Es cierto lo que han dicho? -¿Tendremos tarasca?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span>VENANCIO</p> - -<p>Sí. ¿Has visto tú alguna vez que falle una mala noticia?</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">suspensa</span>.</p> - -<p>¿Y cuándo llega la señora Condesa?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Hoy... Pero no te apures: se alojará en casa del señor Alcalde.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Menos mal. <span class="acoti">(Volviendo a desgranar.)</span> Pues -otra... Si llega también el señor Conde, se juntarán aquí el agua y el -fuego.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Se pelearán, hoy como ayer... Suegro y nuera rabian de verse juntos. -Si no quedaran de uno y otro más que los rabos, ¡qué alegría!... Por -supuesto, al señor Conde habremos de alojarle.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Qué duda tiene? No faltaba más... Yo digo: ¿vienen y se topan -aquí por casualidad... o es que se dan cita para tratar de asuntos -de la casa?... porque de resultas de la muerte del Condesito habrá -enredos...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Yo que sé? La Condesa Lucrecia vendrá, como siempre, a dar un -vistazo a sus hijas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span>GREGORIA</p> - -<p>Y a pagarnos la anualidad vencida por el cuidado, manutención -y servicio de las dos señoritas que puso a nuestro cargo... ¡Ah, -ruin pécora...! Las tiene en este destierro para poder zancajear y -divertirse sola por esos Parises y esas Ingalaterras de Dios... o del -diablo... ¡Tunanta! Lo que yo te digo, Venancio: comprendo que su -suegro, el señor Conde de Albrit, que es el primer caballero de España, -¡y que lo digan! le tenga tan mala voluntad a esa condenada extranjera, -de quien se enamoró como un tontaina su hijo (que esté en gloria)... Lo -que no me cabe en la cabeza es que parezca por aquí, si sabe que ha de -hocicar con ella... O será que lo ignora... ¿Qué piensas, hombre?</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">revolviendo en la cesta de -hortalizas</span>.</p> - -<p>Pronto hemos de ver si vienen a posta los dos, o si la casualidad -les hace empalmar en Jerusa... ¡Y que no traerán ella y él las uñas -bien afiladas!... Créetelo... hemos de ver por tierra mechones de -barbas blancas o de pelos rubios, y tiras de pellejo... porque si el -Conde D. Rodrigo quiere a su hija política como a un dolor de muelas, -ella en la misma moneda le paga.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Yo digo lo que tú: el pobre D. Rodrigo viene a que le demos de -comer.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Así lo pensé cuando supe su viaje.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span>GREGORIA</p> - -<p>Es cosa averiguada que no ha traído de América el polvo amarillo que -fue a buscar.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Ha traído el día y la noche. Cuando embarcó para allá, había -desperdigado toda su fortuna... Esperaba recoger otra, que le ofreció -el Gobierno del Perú por las minas de oro que allá tuvo su abuelo, el -que fue Virrey... Pero no le dieron más que sofoquinas, y ha vuelto -pobre como las ratas, enfermo y casi ciego, sin más cargamento que el -de los años, que ya pasan de los setenta... Luego, se le muere el hijo, -en quien adoraba...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Infeliz señor!... Venancio, tenemos que ampararle.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Sí, sí, no salgan diciendo que no es uno cristiano. ¡Quién lo -había de pensar!... ¡Nosotros, Gregoria, dando de comer al Conde de -Albrit, el grande, el poderoso, con una cáfila de reyes y príncipes -en su parentela, el que no hace veinte años todavía era dueño de los -términos de Laín, Jerusa y Polan!... Díganme luego que no da vueltas el -mundo...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">acentuando con un manojo de -judías</span>.</p> - -<p>¿Oyes lo que te digo? Que tenemos que ampararle. Es nuestro -deber.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span>VENANCIO, -<span class="acoti">filosofando con un tomate que coge de la -cesta</span>.</p> - -<p>¡Qué caídas y tropezones, Gregoria; qué caer los de arriba, y qué -empinarse los de abajo!... Claro, le ampararemos, le socorreremos. -Ha sido nuestro señor, nuestro amo; en su casa hemos comido, hemos -trabajado... Con las migajas de su mesa hemos ido amasando nuestro -pasar. <span class="acoti">(Levántase con aire de protección.)</span> -Pues, sí: hay aquí cristianismo, delicadeza... <span class="acoti">(Coge -otro tomate y admira su belleza y tamaño.)</span> Estos son tomates, -Gregoria... Que venga el Cura refregándonos los suyos por las -narices... Pues, sí, mujer: me da lástima del buen D. Rodrigo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">contestando a la apología -del tomate</span>.</p> - -<p>Pero las judías no granaron bien. <span -class="acot">(Mostrándolas.)</span> Mira esto... También a mí me aflige -ver tan caidito al señor Conde... Parece castigo... y si no castigo, -enseñanza.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Castigo, has dicho bien. Todo ello por no ser económico, y no pensar -más que en darse la gran vida, sin mirar al día de mañana. Ahí tienes -el caso, Gregoria, y pónselo delante a los que le critican a uno por -la economía. En fiestas y viajes, en caballos y trenes, en convitazos -y otras mil vanidades, se le escurrieron al señor los bienes de la -casa de Albrit, y parte de los de Laín, que eran de su madre. La casa -venía empeñada de atrás, pues dicen las historias que ningún Conde -de Albrit supo arreglarse. Mira por dónde las culpas de todos las -paga<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> este desdichado. Ya -ves, después que le dejan en cueros los acreedores, le falla el negocio -de América; luego le quita Dios el hijo, y se encuentra mi hombre al -fin de la vida, miserable, enfermo, sin ningún cariño... Es triste, -¿verdad?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ahora caigo en que viene a ver a sus nietas: sí, Venancio, anda en -busca de un querer que dé consuelo a su alma solitaria...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">cogiendo de la cesta una -berenjena</span>.</p> - -<p>Puede ser... ¿Y qué tienes que decir de estas berenjenas?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>No son malas... Lo que digo es que al señor Conde le atrae el -calorcillo de la familia.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Pero ya verás: mi D. Rodrigo, buscando el agasajo, mete la mano -en el nidal, y toca una cosa fría que resbala... ¡Ay! Es el culebrón -de la madre, es la extranjera, la mala sombra de la familia, pues -desde que el Conde D. Rafael casó con esa berganta, la casa empezó a -hundirse... <span class="acoti">(Poniendo en el cesto la berenjena con -que acciona.)</span> En fin, que en tomates y berenjenas no hay quien -nos tosa... pero no sabemos qué vientos echan para acá al señor Conde -de Albrit.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Él nos lo dirá. Y si se lo calla, no callarán sus hechos. -<span class="acoti">(Dando por terminada su tarea, y pasando<span -class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> de la falda a un cesto -las judías.)</span> No te descuides, Gregoria; que venga por lo que -venga, tienes que prepararle una buena mesa... Ya es un respiro que la -extranjera no se nos meta en casa.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Y aunque viniera... Nunca está más de dos días o tres. Jerusa es muy -chica; y esa necesita tierra ancha para zancajear a gusto.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">asaltada de una -idea</span>.</p> - -<p>¡Ay, Venancio de mi alma, lo que se me ocurre! ¡No haber caído en -ello ni tú ni yo! ¿Apostamos a que Doña Lucrecia viene a llevarse sus -niñas?</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">permaneciendo largo rato -con la boca abierta</span>.</p> - -<p>Puede que aciertes... Ya son grandecitas... mujercitas ya. Pues, -mira, nos fastidia...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Hijo de mi alma, cuándo nos caerá otra breva como esta!</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">paseándose -meditabundo</span>.</p> - -<p>No es mucho lo que nos pasa cada trimestre por cuidarlas y -mantenerlas; pero algo es algo: rentita puntual, saneada... No, no: -verás como no se las lleva.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ea, no nos devanemos los sesos por adivinar hoy lo que sabremos -mañana. <span class="acoti">(Dispónese a pasar a la casa.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_11">p. -11</span>VENANCIO</p> - -<p>¿Sabes tú quién nos lo va a decir? Pues Senén. Desde ayer está -aquí.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Senén?... ¿El de la Coscoja?... Sí: las niñas me dijeron que le -habían visto, y que está hecho un caballero.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Empleado público, funcionario, como quien dice, nada menos -que en las oficinas de Hacienda de Durante<a id="FNanchor_1" -href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>. Fue criado de la Condesa, -que en premio de sus buenos servicios le ha dado credenciales, -ascensos; en fin, que de un gaznápiro ha hecho un hombre.</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> La -capital de la provincia.</p> - -</div> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Le protege, según dicen, porque le servía de correveidile y de -tapa-enredos en sus...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Chist... Cuidado... puede llegar... Le espero. Ha quedado en traerme -noticias.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">bajando la voz</span>.</p> - -<p>De tapadera en sus trapisondas amorosas... Ello es que siempre -que nos visita la señora, recala Senén, y no la deja vivir con su -pordioseo<span class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> impertinente: -que si la recomendación; que si la tarjeta al Jefe; que si la carta al -Ministro, o al demonio coronado... Y como la tal Condesa es persona de -grandes influencias, y trae a los personajes de allá cogidos por el -morro...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Senén es listo, se cuela por el ojo de una aguja. Pues me ha contado -que doña Lucrecia salió de Madrid el 12, y que de aquí irá a visitar a -los señores de Donesteve en sus posesiones de Verola. Todo lo sabe el -indino. Él es quien ha dicho al Alcalde que la señora llega hoy, y... -¡Ah, pues se me olvidaba lo mejor! Le harán un gran recibimiento, por -los grandes beneficios y mejoras que Jerusa le debe.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Festejos! ¡Y aquí no sabíamos nada!... Y de esta visita del Conde, -¿tenía Senén conocimiento?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¡Pues no! Como que se le han respingado las narices de tanto -olfatear, de tanto meterlas en todos los secreticos de la casa en que -sirvió antes de andar en oficinas. Se cartea con marmitones y cocheros -de la casa de Laín, y allí no vuela una mosca sin que él lo sepa.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">alegre</span>.</p> - -<p>Pues ese, ese pachón de vidas ajenas nos ha de sacar de dudas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span>VENANCIO</p> - -<p>Ya tarda... Me dijo que a las diez. Ha ido a telegrafiar al jefe de -la estación de Laín, y al Alcalde de Polan...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">mirando a la huerta</span>.</p> - -<p>Me parece que está ahí... Alguien anda por la huerta llamándote.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Él es... <span class="acoti">(Llama.)</span> ¡Senén, Senén, -chicooo...!</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_2">ESCENA II</h3> - -<p class="acotj">GREGORIA, VENANCIO; SENÉN, de veintiocho años, más bien -más que menos, vestido a la moda, con afectada elegancia de plebeyo -que ha querido cambiar rápidamente y sin estudio la grosería por las -buenas formas. Su estatura es corta; sus facciones aniñadas, bonitas -en detalle, pero formando un conjunto ferozmente antipático. Pelito -rizado; chapas carminosas en las mejillas; bigote rubio retorcido -en sortijilla. Lucha por su existencia en el terreno de la intriga, -olfateando las ocasiones ventajosas, y utilizando la protección y -gratitud de las personas a quienes ha prestado servicios de ínfima -calidad, sobre los cuales guarda cuidadoso secreto. Ya no se acuerda -de cuando andaba descalzo y harapiento por las mal empedradas calles -de Jerusa. Nacido de la <i>Coscoja</i>, viuda pobre, que adormecía -sus penas emborrachándose, Senén vivió de la caridad pública hasta -que fue recogido por los Condes de Laín, que lo pusieron a la -escuela, y después le tomaron a su servicio. Fue pinche de cocina, -escribiente,<span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> ayuda -de cámara, hasta que su agudeza, reforzada por ardiente ambición -de dinero, le emancipó de la servidumbre. En diversos trabajos y -granjerías, hubo de probar fortuna: viajante de comercio, corredor de -vinos, administrador de periódicos, y por fin la Condesa le abrió los -espacios de la Administración pública con un destinillo de Hacienda, -al que siguieron ascensos, comisiones y otras gangas. Compensa la -cortedad de su inteligencia con su constancia y sagacidad en la -adulación, su olfato de las oportunidades, y su arte para el pordioseo -de recomendaciones. Su egoísmo toma más bien formas solapadas que -brutales, y para disimularlo, el instinto, más que la voluntad, le -sugiere la economía, y todo el ahorro compatible con el lucimiento y -afeite de su persona. Guarda su dinero, y se apropia todo lo que sin -peligro puede apropiarse. En lo que no es ostensible, o sea en el -comer, gasta lo indispensable, reservando casi todo su peculio para el -<i>coram vobis</i>. Su vicio es la buena ropa, y su pasión las alhajas; -lleva constantemente tres sortijas de piedras finas en el meñique -de la mano izquierda, y al llegar a Jerusa ha sacado a relucir un -alfiler de corbata, que es ¡ay! la desazón de sus compatriotas de ambos -sexos.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Allá voy. Estaba mirando las peras... <span class="acoti">(Entra en -la terraza.)</span> Hola, Gregoria; usted siempre tan famosa.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Y tú qué guapo... y qué bien hueles, condenado! Estás hecho un -príncipe.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Hay que pintarla un poquillo, Gregoria. Es uno esclavo de la -posición.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span>VENANCIO, -<span class="acoti">impaciente</span>.</p> - -<p>Vengan pronto esas noticias.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>La Condesa llegará a Laín en el tren de las doce y cinco. He tenido -un parte. <span class="acoti">(Mostrándolo.)</span> Se lo he llevado al -Alcalde, que no estaba seguro de la hora de llegada.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Y D. José irá a esperarla en su coche.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Claro.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sentándose con indolencia. -(Se cuida mucho de emplear un lenguaje muy fino.)</span></p> - -<p>Y el Municipio ¡oh! le prepara un gran recibimiento, una ovación -entusiasta.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡A tu ama!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>A la que fue mi ama. ¡Estaría bueno que no se hicieran los honores -debidos a la ilustre señora, por cuya influencia ha obtenido Jerusa -la estación telegráfica, la carretera de Forbes, amén de las dos -condonaciones!</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Puede que, si hay festejos, tengamos aquí a Doña Lucrecia más tiempo -del que acostumbra.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span>SENÉN</p> - -<p>Creo que no; está invitada a pasar unos días en Verola con los -señores de Donesteve.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Y del Conde qué me dices?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Que Su Excelencia debió llegar a Laín anoche, o esta mañana en el -primer tren. De modo que no me explico... digo que no me explico, mi -querido Venancio, que no le tengas ya en tu casa.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>De fijo habrá ido a Polan a visitar el sepulcro de su esposa, la -Condesa Adelaida.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Bueno, Senén. Tú que todo lo sabes... naturalmente, has vivido en la -intimidad de la familia, conoces sus costumbres, la manera de pensar de -cada uno, sus discordias y zaragatas, dinos... ¿D. Rodrigo y su nuera -se encontrarán aquí por casualidad, o es que...?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">seguro, dándose -importancia.</span></p> - -<p>No: se han dado cita en Jerusa.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Cómo es eso? ¿Y para qué se citan los que se aborrecen? ¿Qué -hacen?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>SENÉN</p> - -<p>Lo contrario de lo que hacen los que se aman. Los amantes se -acarician; estos se muerden.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Vamos, es al modo de un desafío... Dicen: «en tal parte, a tal hora, -nos juntamos para rompernos el bautismo.»</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Será que el señor Conde, que no ha visto a su nuera desde que él -embarcó para el Perú, querrá ajustar con ella alguna cuenta...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>De interés, o de cosas tocantes al honor de la familia, pues para -nadie es un secreto... no te enfades, Senenillo... que tu protectora la -señora Condesa... En fin, no está bien que yo repita...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sí, que el repetir es cosa fea. ¿Qué les importa a ustedes, ni qué -me importa a mí, que el señor Conde de Albrit y su nuera la Condesa -viuda de Laín se peleen, se arañen y se tiren de los pelos por un -pedacito así de honra, o por un pedazo grande...? pongamos que es un -pedazo de honra tan grande como esta casa.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Tiene razón Senén. <i>Haiga</i> virtud o no la <i>haiga</i>, nada -nos dan ni nada nos quitan.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>SENÉN</p> - -<p>Yo no sé sino que el viejo Albrit, que hasta ahora, desde la muerte -de su hijo, no se ha movido de Valencia, escribió a la Condesa...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Pidiéndole dinero.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Hombre, no: le proponía una entrevista para tratar de asuntos -graves...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>De asuntos de familia. Y como la Condesa no quiere altercados en -Madrid, porque allí puede haber escándalo, y se entera todo el mundo, -y hasta lo sacan los papeles, le ha citado en este rincón de Jerusa, -donde solo vivimos cuatro papanatas, y si hay zipizape aquí se queda, y -la ropa sucia, en casita se lava. ¿Qué tal, señor cortesano, entiendo -yo a mi gente?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Dí que no es lista mi mujer.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">risueño y galante.</span></p> - -<p>Sabe griego y latín. ¡Vaya un talento! Y para acabar de granjearse -mi estimación, me va a traer un vasito de cerveza. Estoy abrasado.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ahora mismo: hubiéraslo dicho antes. <span class="acoti">(Entra en la -casa, llevándose las hortalizas.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span>VENANCIO</p> - -<p>Y tú, rey de las hormigas, ¿qué pretendes ahora de tu ama? ¿Otro -ascenso, una plaza mejor?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Quiero adelantar, salir de esta miseria de la nómina, del triste -jornal que el Gobierno nos da por aburrirnos, y aburrir al país que -paga.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Picas alto. Digan lo que quieran, chico, tú tienes mucho mérito. Yo -te vi salir del lodo.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Y me verás subir, subir... El lodo, créeme, es un gran trampolín -para dar el salto.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">que vuelve con la cerveza y -copas, y les sirve.</span></p> - -<p>Dime, Senenillo, ¿y para tus medros, no te agarras también a los -faldones del señor Conde?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Albrit no tiene una peseta, y nadie le hace caso ya.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Ese roble ya no da sombra, y solo sirve para leña.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">que sentándose entre los -dos bebedores de cerveza, acaricia a Senén.</span></p> - -<p>Vamos a ver, hijo, ¿por qué no nos cuentas el por qué y el cómo -de que tan mal se quieran la Condesa viuda y el abuelo? Tú lo sabes -todo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span>VENANCIO</p> - -<p>Vaya si lo sabe; pero no muerde el gozque a quien le da de comer. -<span class="acoti">(Senén paladea la cerveza, dándose aires de -madrileño, y calla.)</span></p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ya lo ves: callado como un besugo. Dinos otra cosa. Será cuento todo -eso que se dice de tu señora... Es cuento, ¿verdad?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">enfático.</span></p> - -<p>Me permitiréis, queridos amigos, que no hable mal de mi bienhechora. -Os diré tan solo que es un corazón tierno, y una voluntad generosa y -franca hasta dejárselo de sobra. No le pidáis gazmoñerías, eso no. Es -mujer de muchísimo desahogo... Compadece a los desgraciados y consuela -a los afligidos. Y como persona de instrucción, no hay otra: habla -cuatro lenguas, y en todas ellas sabe decir cosas que encantan y -enamoran.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Todas esas lenguas, y más que supiera, no bastan para contar los -horrores que acerca de ella corren en castellano neto.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">endilgando sabidurías que -aprendió en los cafés.</span></p> - -<p>¡Horrores!... No hagáis caso. La honradez y la no honradez, señores -míos, son cosas tan elásticas, que cada país y cada civilización... -cada civilización, digo, las aprecia de distinto modo. Pretendéis -que la moralidad sea la misma<span class="pagenum" id="Page_21">p. -21</span> en los pueblos patriarcales, digamos primitivos, como esta -pobre Jerusa, y en los <i>grandes centros</i>... ¿Habéis vivido -vosotros en los <i>grandes centros</i>?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Ni falta.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Pues en los <i>grandes centros</i> veríais otro mundo, otras -ideas, otra moralidad. La Condesa Lucrecia no es una mujer; es una -dama, una gran señora. ¿Qué? ¿Que le gusta divertirse? Cierto que sí; -se divierte por la noche, por la mañana y por la tarde... No, no me -saquéis el Cristo de la moralidad. Yo os digo, y lo pruebo, que es -cosa esencial en las sociedades que las damas se diviertan, porque del -divertirse damas y galanes viene el lujo, que es cosa muy buena... -<span class="acoti">(Riendo del asombro de sus interlocutores.)</span> -Ya... papanatas; creéis que es malo el lujo... Vivís en Babia. Pues os -digo, y lo pruebo, que el lujo es lo que sostiene la industria... la -industria de los <i>grandes centros</i>, por la cual y con la cual, -lo pruebo, come todo el mundo. <i>Reasumiendo</i>: que si hubiera -moralidad, tal y como vosotros la entendéis, la gente no se divertiría, -y sin diversiones, no tendríamos lujo, y <i>por ende</i>, no habría -industrias: la mitad de los que hoy comen se morirían de hambre, y la -otra mitad mascarían tronchos de berzas.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Vaya que eres parlanchín, y entiendes la aguja de marear.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>GREGORIA, -<span class="acoti">imitando, sin saberlo, a las brujas de -Macbeth.</span></p> - -<p>¡Senén, tú serás ministro!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Ministro yo? No, no: mi ambición, como nacida del lodo, no -quiere viento, sino barro, barro substancioso que amasar. <i>Mis -tendencias</i> son a lo positivo; <i>tiendo</i> a ganar dinero, mucho -dinero. No me conformo con un sueldo más o menos cuantioso; ambiciono -más, ambiciono el trabajo libre...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Manos libres, quieres decir.</p> - -<p class="rol">VENANCIO. <span class="acoti">(Da un cigarro a Senén, y -fuman los dos.)</span></p> - -<p>Lo que tú buscas, tunante, es una dote; andas a la husma de una rica -heredera.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Por eso vistes tan elegantito, y te quitas el pan de la boca para -comprarte trapos... Por eso gastas anillos, y te echas esencia en el -pañuelo. Vaya, que hueles bien. <span class="acoti">(Oliéndole.)</span> -¿Qué es eso? ¿Heliotropo?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">reventando de fatuidad</span>.</p> - -<p>Es mi perfume favorito... Pues no he pensado en casarme, y lo -pruebo. Claro, si se me presentase una buena ganga matrimonial, no la -desperdiciaría. Estamos a la que salta.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>GREGORIA</p> - -<p>Por un camino o por otro, has de ser rico.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>A trabajar, se ha dicho. En la corte hay mil maneras de afanar el -garbanzo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Allí donde hay bambolla, derroche, y donde los ricos por su casa -gastan, según dicen, más de lo que tienen, el pobre allegador, -económico y despabilado como tú, sabe encontrar piltrafa. Ahí tienes el -caso del señor Conde. Toda su riqueza se ha repartido entre muchos que -andaban quizás con los codos al aire.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Prestamistas, curiales, cuervos y buitres, y todos los golosos de -carne muerta.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">desdeñoso</span>.</p> - -<p>Mal fin ha tenido el prócer. Vaya usted preparando, Gregoria, -las buenas calderadas de patatas, las sopitas de leche, para que se -acostumbre a la frugalidad, y olvide sus hábitos gastronómicos.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>No, no: lo que es hoy, al menos, si viene, tengo que prepararle una -buena comida.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>VENANCIO</p> - -<p>Como se entretenga en Polan y no coja el coche que ha salido de allí -a las diez, no vendrá hasta mañana.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p><i>Me inclino a creer</i> que le veremos venir en carreta, porque el -buen señor padece tal <i>tronitis</i>, que no tendrá para el coche.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>No exageres... Esos nobles arrumbados siempre guardan algo para sus -últimas, y también te digo que suelen encontrar algún tonto que les -alimente los vicios.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Albrit no tiene más vicios que la rabia de verse pobre, y el orgullo -de casta, que se le ha recrudecido con la pobreza.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">intranquila</span>.</p> - -<p>Dime, Senén, ¿y al señor Conde no le dará la ventolera de quitarnos -a las niñas?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Para qué?... ¿Y a dónde las lleva?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>A un colegio de Francia.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span>SENÉN</p> - -<p>No temáis perder esta ganga. El Conde no tiene con qué pagarles -un buen colegio, y la mamá no está por esos gastos, que <i>dejarían -indotado</i> su presupuesto. Todo es poco para ella. Además, la -presencia de las niñas en sociedad junto a ella, la envejece. <i>Su -obsesión</i> es ser joven, o parecerlo.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Su... ¿qué has dicho? ¡Vaya unas palabras finas que te traes!</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">incomodándose</span>.</p> - -<p>Pero ya son creciditas, jinojo... Algún día tiene que presentarlas -en la corte, casarlas...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Casarlas? Dificilillo es... y lo pruebo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Cómo no, si son tan monas?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Les concedo el buen palmito. Pero cualquiera carga con ellas, -educadas en la ñoñería, con hábitos y maneras de pueblo, y, por -añadidura, pobres... porque la Condesa está dando aire a la fortuna, -y cuando toquen a liquidar, no habrá más que pagarés vencidos, -cuentas no liquidadas, y el diluvio... Ya lo dijo Luis XV <span -class="acot">(estropeando el francés)</span>: <i>Apré muá, le -diluch.</i></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span>GREGORIA, -<span class="acoti">incomodándose más</span>.</p> - -<p>La madre será lo que quieran: una feróstica, una púa extranjera; -pero Dorotea y Leonor a ella no salen, digo que no salen... y lo pruebo -también.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Son buenísimas, aunque algo traviesas; almas puras, ángeles de Dios, -como dice D. Carmelo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Créelo, Senén; las quiero como si fueran mis hijas, y el día que se -las lleven me ha de costar algunas lágrimas.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con impertinencia</span>.</p> - -<p>¿Y de instrucción, qué tal?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Poca cosa les enseña D. Pío, el maestro jubilado del pueblo. Sobre -que él sabe poco, no tiene carácter, y las chicas le han tomado por -monigote para divertirse.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Todo el día se lo pasan enredando. Ya se ve: no están en su esfera, -como dice Angulo, nuestro médico.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">repitiendo una frase del -Doctor</span>.</p> - -<p>Su institutriz es la Naturaleza, su elegancia la libertad, su salón -el bosque. Bailan al compás de la mar con la orquesta del viento.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span>SENÉN, -<span class="acoti">que se levanta, recordando con inquietud algo que -había olvidado</span>.</p> - -<p>¡Buena la hemos hecho!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Qué te pasa?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Que con tanto charlar se me olvidó el encargo del señor Alcalde.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Para nosotros?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sí... ¡qué cabeza! Pues que inmediatamente le llevéis las niñas, -para que la Condesa las vea en cuanto llegue.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Es natural. Y comerán allí.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Están en casa?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>De paseo andan por el bosque. <span class="acoti">(Mirando hacia la -izquierda.)</span> No las veo.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Correteando, y de juego en juego, se habrán ido a media legua de -Jerusa.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span></p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Y las dejáis andar solas por el bosque?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Solitas van. Todo el mundo las respeta.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Hay que ir corriendo a buscarlas.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Si queréis, iré yo... ¿No saben todavía que hoy viene su mamá?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>No lo saben... ¡pobres hijas!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Pues yo se lo diré, y las traeré por delante, como un pavero de -Navidad.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Las encontrarás, de fijo, bosque arriba, en el sendero de Polan... -Pero mira, chico, no les hagas la corte. Verdad que sería inútil.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con ganas de irse pronto</span>.</p> - -<p>¿La corte yo?... ¿Yo, <i>este cura</i>? ¡Señoritas que no viven en -<i>su elemento</i> y reúnen todo lo malo, orgullo y pobreza...!</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Están verdes.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span></p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Que las madure quien quiera. ¿Decís que bosque adentro?...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Vete, y tráelas pronto.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Vivo... <span class="acoti">(Viéndole partir.)</span> ¡Vaya un -pájaro!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¡Vaya un peje!</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_3">ESCENA III</h3> - -<p class="acotj">Bosque en las inmediaciones de Jerusa, formado de -corpulentos robles, hayas y encinas. Lo atraviesa un tortuoso sendero, -donde se ven los surcos trazados por los carros del país. Por el Norte, -formidable cantil de roca y conglomerado, en cuyos cimientos baten las -olas del mar; al Sur cierra el paisaje la espesura de la vegetación; -hacia el Oeste serpentea y se subdivide el sendero, atravesando algunas -calvas y espesos matorrales.</p> - -<p class="acotj mt1">LEONOR y DOROTEA, niñas de quince y catorce -años respectivamente, lindas, graciosas, de tipo aristocrático, la tez -bronceada por el aire marino y el sol. Son negros sus ojos, rasgados, -melancólicos; negro también su cabello, peinado al descuido en moño -alto. Se lo adornan con flores silvestres, que van clavando en él -como se clavan los alfileres en un acerico. La diferencia de edad, un -año y meses, apenas en ellas se distingue, y por gemelas las tienen -muchos, viendo la semejanza de sus rostros,<span class="pagenum" -id="Page_30">p. 30</span> y la igualdad del talle y estatura. Son -ágiles, correntonas, traviesas; dos diablillos encantadores. Visten, -con sencillez graciosa y elegancia no aprendida, trajecitos claros, -cortados y cosidos en Jerusa. La modestia da más realce a su gentileza -vivaracha, y les imprime cierta gravedad dulce cuando están quietas. -Desde la niñez, su madre, irlandesa, las nombraba con los diminutivos -ingleses NELL y DOLLY, y estos nombres exóticos prevalecieron en Madrid -como en Jerusa. Las acompaña y juega y brinca con ellas un perrito -canelo, de pelo largo y fino, hocico muy inteligente, rabo que parece -un abanico. Atiende por <i>Capitán</i>.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Estoy cansada; yo me siento. <span class="acoti">(Se recuesta en el -tronco de un roble.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Estoy entumecida; yo quiero correr. <span class="acoti">(Disparándose -en carrera circular, vuelve al punto de partida.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">mirando a la copa del árbol</span>.</p> - -<p>¡Qué gusto poder subir, y posarse en una rama!... ¡Nell!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Qué quieres?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Decirte una cosa. ¿Qué te apuestas a que me subo a este árbol?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Te desgarrarás el vestido...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span>DOLLY</p> - -<p>Lo coseré... sé coser tan bien como tú... ¿A que me subo?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No está bien. Nos tomarían por chiquillas de pueblo.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">que suspendiéndose de una -rama, se balancea</span>.</p> - -<p>Pues ser chiquilla de pueblo o parecerlo, ¿crees tú que me importa -algo? Dime, Nell, ¿andarías tú descalza?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo no.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo sí... Y me reiría de los zapateros. <span class="acoti">(Viendo -que Nell se sienta y saca un librito.)</span> ¿Qué haces?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Quiero repasar mi lección de Historia. Ya hemos corrido bastante; -estudiemos ahora un poquito. Acuérdate, Dolly: ayer, D. Pío te dijo que -no sabes jota de Historia antigua ni moderna, y en buenas formas te -llamó burra.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Burro él... Yo sé una cosa mejor que él: sé que no sé nada, y D. Pío -no sabe que no sabe ni pizca.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Eso es verdad... Pero debemos estudiar algo, aunque no sea más -que por ver la cara que pone<span class="pagenum" id="Page_32">p. -32</span> el maestrillo cuando le respondemos bien. Es un alma de -Dios.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Mejor la pone cuando le damos alguna golosina, de las que guardamos -para <i>Capitán</i>.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Anda, ven; estudiemos un poquito. ¿Sabes que es un lío tremendo esto -de los Reyes godos?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>El demonio cargue con ellos. Son ciento y la madre... y con unos -nombres que pican como las zarzas, cuando una quiere metérselos en la -memoria.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Ninguno tan antipático y majadero como este señor de Mauregato.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Valiente bruto!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Nada: que tenían que echarle cien doncellas por año para -desenfadarle.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Para desengrasar, como dice D. Carmelo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>La verdad es que la Historia nos trae acá mil chismes y enredos que -no nos importan nada.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span>DOLLY. -<span class="acoti">(Siéntase junto a su hermana. El perro se echa entre -las dos.)</span></p> - -<p>Figúrate qué tendremos que ver nosotras con que hubiera un señor que -se llamaba Julio César, muy vivo de genio... Ni qué nos va ni nos viene -con que le matara otro caballero, cuyo nombre de pila era Bruto... ¿A -mí qué me cuenta usted, señora Historia?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Pero, hija, la ilustración... ¿A ti no te gustaría ser ilustrada?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">acariciando al perrito</span>.</p> - -<p>Ilústrate tú también, <i>Capitán</i>. La verdad: me carga la -ilustración desde que he visto que también se ha hecho ilustrado Senén. -¿Te acuerdas de cuando estuvo aquí hace dos meses, creyendo que venía -mamá?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Sí: a cada instante sacaba la Edad Media, y qué sé yo qué.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Qué tendremos nosotras que ver con las edades medias o partidas!... -Y el mejor día nos salen con que a Cleopatra le dolían las muelas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>O que a Doña Urraca le salieron sabañones.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>DOLLY</p> - -<p>Pero, en fin, nos ilustraremos algo, puesto que mamá, en todas sus -cartas, nos manda que aprendamos, que seamos aplicaditas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá nos idolatra; pero no nos lleva consigo. <span -class="acot">(Con tristeza.)</span> ¿Por qué será esto?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Porque, porque... Ya nos lo ha dicho. Como nos criamos tan -raquíticas, quiere que engordemos con los aires del campo. Ya sabe mamá -lo que hace.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá es muy buena. Pero que venga al campo con nosotras a -robustecerse también.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Tonta, ¿no le oíste decir que se espanta de engordar, y que lo que -quiere ahora es enflaquecer?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Gorda o flaca, mamá es guapísima.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí que lo es... Ya nos llevará consigo cuando seamos mayores. Yo no -tengo prisa.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">rayando la tierra con su -dedito</span>.</p> - -<p>Como prisa, yo tampoco.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>DOLLY</p> - -<p>Me gusta el campo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y la soledad, ¡que me gusta!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>En la soledad piensa una mejor que entre personas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Y esta libertad...!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">poniendo en dos patas al -perrito</span>.</p> - -<p>Yo te digo una cosa: creo que cuanto más salvajes, más felices -somos.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Eso no: la civilización, Dolly...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Me carga la civilización desde que oigo hablar tanto de ella a -nuestro amigo el Alcalde, que se ha hecho rico y personaje fabricando -fideos.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">mordiendo el palo de una -florecita</span>.</p> - -<p>Salvaje no quiero yo ser... ni civilizada a estilo de D. José -Monedero. También te digo que dentro de la civilización puede existir -la soledad que tanto me agrada. ¿A ti no se te ha ocurrido alguna vez -ser monjita?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span>DOLLY</p> - -<p>¡Ay, no! Nunca he pensado en eso.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo sí, sobre todo cuando nos llevan a misa a las Dominicas. ¡Qué -iglesita más mona y más sosegada! Me figuro yo que de aquellas rejas -para dentro hay una paz, una tranquilidad...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">recogiendo piedrecitas</span>.</p> - -<p>La religión es cosa bonita... lo mejor entre lo bueno. El rezar -consuela... Pero eso de estar siempre rezando, siempre, siempre... -francamente, hija... Y metida entre rejas, como están las monjas, ni -ves árboles, ni ves flores...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Tonta, si tienen huertas y jardines...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Pero no ves el mar.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Bah!... Veo a Dios, que es más grande.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Si Dios está en todas partes! ¿Crees que no está también aquí, -oyendo todo lo que decimos?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Pero no le vemos ni le oímos nosotras.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>DOLLY</p> - -<p>Hay que mirar bien, Nell, y escuchar callandito.</p> - -<p class="acot">(Pausa. Las dos, silenciosas y un tanto sobrecogidas, -exploran con lento mirar el horizonte, mar y cielo, y la sombría -espesura del bosque.)</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Qué oyes?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Como un aliento muy grande. ¿Y tú, qué ves?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Como una mirada grandísima. <span class="acoti">(Otra pausa larga. -Bruscamente, como quien vuelve sobre sí, se incorpora.)</span> Pero se -nos va el tiempo charlando, y no hemos estudiado ni una letra.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Está el día tan hermoso!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Salimos con ganas de leer. Tú dijiste que estudiaríamos en el campo -mejor que en casa.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Porque allí nos molestaban los berridos de Venancio.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">repitiendo una frase de su -maestro</span>.</p> - -<p>¡Sus, valientes, y a los libros! <span class="acoti">(Dando a su -hermana el manualito de Historia.)</span> Mira, lees en alta voz, y así -nos enteramos las dos a un tiempo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>DOLLY. -<span class="acoti">(Toma el libro y levántase de un brinco.)</span></p> - -<p>Dame acá. ¿Sabes lo que se me ocurre? Que conviene que se instruyan -también los pájaros... Toda la ciencia no ha de ser para nosotras. -<span class="acoti">(Lanzando el libro a los aires con fuerte -impulso.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Qué haces, tonta? <span class="acoti">(El libro, abierto en el aire -y dando al viento sus hojas, describe una curva, y se detiene al fin en -una rama de encina, como pájaro que se posa.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ya lo ves. <span class="acoti">(El perro se entrega al trajín -inocente de cazar moscas.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Buena la has hecho! ¿Y cómo lo cogemos ahora?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>De ninguna manera. Los pájaros se enterarán ahora de lo que hicieron -D. Alejandro Magno, el señor de Atila y el moro Muza.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>¡Si a los pajaritos todo eso les tiene sin cuidado!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Como a mí.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Vaya un compromiso! ¡Si pasara por ahí un chiquillo que se subiera -a cogerlo!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>DOLLY</p> - -<p>Me subiré yo. <span class="acoti">(Disponiéndose a encaramarse en la -encina.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">tirándole de la falda</span>.</p> - -<p>No, no, que te desnucas.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Espérate; le tiraré piedras a ver si se atonta y cae. <span -class="acot">(Hace lo que dice.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Hay viento... Puede que vuele el libro.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Ay, no, que es muy pesado! <span class="acoti">(Tirando -piedras.)</span> A mí, bribón; baja, ven acá... <span class="acoti">(El -perro cree de su obligación ladrar fuertemente al libro para que -baje.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sintiendo pasos</span>.</p> - -<p>Basta, Dolly. Viene gente... ¡Qué vergüenza! Te tomarán por una -desarrapada del pueblo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Y qué me importa?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Que te estés quieta. <span class="acoti">(Mirando a lo largo del -sendero.)</span> Aquí viene un señor, un hombre... por el camino que -baja de Polan, ¿ves?... Mira. <span class="acoti">(Aparece por entre los -robles el Conde de Albrit, con lento paso.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No le veo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mírale... Se ha parado al vernos, y allí le tienes como una estatua. -No nos quita los ojos...</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_4">ESCENA IV</h3> - -<p class="acotj">NELL y DOLLY.—D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE -ALBRIT, MARQUÉS DE LOS BAZTANES, SEÑOR DE JERUSA Y DE POLAN, GRANDE -DE ESPAÑA, etc... Es un hermoso y noble anciano, de luenga barba -blanca y corpulenta figura, ligeramente encorvado. Viste buena ropa -de viaje, muy usada; calza gruesos zapatones, y se apoya en garrote -nudoso. Revela en su empaque la desdichada ruina y acabamiento de una -personalidad ilustre.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">observándole medrosa</span>.</p> - -<p>Es un pobre viejo... ¿Por qué nos mira así? ¿Nos hará daño?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Parece el Santa Closs de los cuentos ingleses. Pero no trae saco a -la espalda.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Sabes que tengo miedo, Dolly?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo también. ¿Será un mendigo?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Si tuviéramos cuartos, se los daríamos... ¡Ay, no se mueve!...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>DOLLY</p> - -<p>Y ahora, en nosotras clava los ojos...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">palideciendo</span>.</p> - -<p>Parece que habla solo... ¡Qué miedo!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">trémula</span>.</p> - -<p>Y no pasa un alma. Si llamamos, nadie nos oirá.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No nos hará nada, creo yo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Lo mejor es hablarle.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Háblale tú... Dile: «Señor mendigo...»</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Mendigo no es. Parece más bien una persona decente mal trajeada. -<span class="acoti">(Lánzase el perrillo con furiosos ladridos hacia el -Conde.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p><i>Capitán</i>, ven acá...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Ay, Nell, yo conozco esa cara!...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y yo también. Yo le he visto en alguna parte... ¡Ay, ay! <span -class="acot">(Se juntan las dos, como para protegerse<span -class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> mutuamente.)</span> Ahora se -adelanta... Nos hace señas...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Parece que llora. ¡Pobre señor!...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con voz grave, avanzando</span>.</p> - -<p>Preciosas niñas, no me tengáis miedo. ¿Sois Leonor y Dorotea?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Sí, señor: así nos llamamos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">llegándose a ellas</span>.</p> - -<p>Pues abrazadme. Soy vuestro abuelo. ¿No me conocéis? ¡Ay! Han pasado -algunos años desde que me visteis por última vez. Erais entonces -chiquitinas, y tan monas... Me volvíais loco con vuestra gracia, con -vuestra donosura angelical... <span class="acoti">(Las abraza, las besa -en la frente.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Abuelito!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo decía: le conozco.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Por el retrato te conocemos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y yo a vosotras por la voz. No sé qué hay en el timbre de vuestras -vocecitas, que me remueve toda el alma. ¿Y como es que los dos -sonidos me parecen uno solo? Dejadme que os mire bien: ¿serán iguales -vuestras caritas como lo son<span class="pagenum" id="Page_43">p. -43</span> vuestras voces?... No, no puedo veros bien, hijas de -mi alma. Estoy casi ciego. Vamos, sigamos hacia Jerusa. <span -class="acot">(<i>Capitán</i> abre la marcha.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Qué sorpresa tan agradable, abuelito! Pues, mira, te tuvimos -miedo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Miedo a mí, que os adoro?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Senén nos dijo anoche que venías; pero no creímos que llegaras tan -pronto.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Y cómo no has venido en el coche?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me molesta horriblemente el traqueteo de ese armatoste... y el venir -prensado entre personas groseras y estúpidas... No, no... He preferido -venirme a pie, sin más compañía que la de este palo, que me ha regalado -un pastor de mis tiempos, a quien encontré en Polan. ¡Figuraos si será -viejo el hombre! Era yo un niño, y él un mocetón como un castillo que -me llevaba a la pela por estos montes...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Pero vienes de Polan?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Allí pasé la noche, en la cabaña de Martín Paz... Luego me he venido -pasito a paso por el<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> -filo del cantil, recordando mis tiempos. ¡Ah! Todos los caminos y -veredas de este país me conocen; conócenme las breñas, las rocas, los -árboles... Hasta los pájaros creo que son los mismos de mi niñez... -Esta hermosa Naturaleza fue mi nodriza. No podréis comprender, niñas -inocentes que empezáis a vivir, cuán grato, y cuán triste al mismo -tiempo, es para mí recorrer estos sitios, ni cuánto padezco y gozo -haciendo revivir a mi paso cosas y personas. Todo lo que me rodea -paréceme a mí que me ve y me reconoce... y que desde el mar grande al -insecto casi invisible, todo cuanto aquí vive, se queda en suspenso... -no sé cómo decirlo... se para y mira... para ver pasar al desdichado -Conde de Albrit. <span class="acoti">(Las dos niñas suspiran.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Apóyate en mi brazo, abuelito.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>En el mío.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>En los dos... Una por cada lado. Así... Me lleváis como en -volandas.</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch1_5">ESCENA V</h3> -</div> - -<p class="acot">NELL y DOLLY; EL CONDE; SENÉN, que ha presenciado de -lejos, oculto tras un árbol, el encuentro del abuelo y sus nietas.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¡Qué estropeado y qué caído está el viejo león de Albrit!... Hoy por -hoy, no me conviene malquistarme<span class="pagenum" id="Page_45">p. -45</span> con él. Nunca se sabe de qué cuadrante sopla la suerte. -<span class="acoti">(Viendo avanzar el grupo, se adelanta sombrero en -mano.)</span> Señor Conde, bien venido sea, mil veces bien venido, a la -tierra de sus mayores. ¡Qué hermosa figura hace Vuecencia en medio de -estos dos ángeles!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose</span>.</p> - -<p>¿Quién me habla?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Es Senén, papá.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿No te acuerdas?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Senén Corchado, señor, el que fue... no me avergüenzo de decirlo... -criado del señor Conde de Laín.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah, lacayo! <span class="acoti">(Con súbita cólera, requiriendo el -garrote.)</span> ¿Vienes a que te dé dos palos?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">retirándose</span>.</p> - -<p>¡Señor...!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Abuelito, ¿qué haces?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Si es de casa, si es nuestro amigo!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>EL CONDE, -<span class="acoti">reportándose</span>.</p> - -<p>Perdonadme, niñas queridas... he confundido sin duda... Y tú, -Séneca, Cenón, o como quiera que te llames, perdóname también... te he -tomado por otro. Pensé que eras tú el infame que se permitió decirme... -Ven acá, dame la mano. Tengo el genio poco sufrido...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">dándole la mano</span>.</p> - -<p>Siempre fue lo mismo Vuecencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Luego, esta continua disminución de mi vista no me permite -distinguir a los bribones de las personas honradas. La ceguera me hace -irascible... ¿Y qué tal? Ya recuerdo que me hablaron de ti: sé que -estás hecho un hombre.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con falsa humildad</span>.</p> - -<p>Aunque me iba muy bien en casa del señor Conde de Laín, me dio -por abandonar la servidumbre y trabajar en cualquiera industria o -negocio...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Muy bien pensado. Así se hacen los hombres. ¿Y qué eres ahora? -¿Zapatero?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Señor, no.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Papá, si es empleado.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span>DOLLY</p> - -<p>Empleado de Hacienda con tantos miles de sueldo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Vamos, que tú querías ganar dinero a todo trance... El dinero lo -ganan, Senén, todos aquellos que con paciencia y fina observación van -detrás de los que lo pierden: fíjate en esto.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">inflándose</span>.</p> - -<p>La señora Condesa me consiguió un destinito...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá le ha protegido y le protege, porque es buen muchacho...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>La Condesa es una gran potencia. Nadie le niega nada. Ya sabes tú, -picaruelo, a qué aldabones te agarras.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Aquí donde le ves, papá, es la economía andando, y mira por su ropa -como una mujer.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Séneca, digo, Senén, tú pitarás. Y ahora, ¿estás aquí con -licencia?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>He venido de Durante para tener el honor de saludar al señor Conde -de Albrit y a la señora Condesa de Laín, que también debe de llegar -hoy.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>NELL</p> - -<p>¡Que viene mamá! <span class="acoti">(Despréndense las dos de los -brazos de su abuelo, y saltan gozosas.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Jesús, qué alegría!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Pues no sabíamos nada. ¿Lo sabías tú, abuelito?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">pensativo</span>.</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">volviendo a coger el brazo de -Albrit</span>.</p> - -<p>Vamos, a prisita.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">inquieta</span>.</p> - -<p>Tenemos que arreglarnos.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Las señoritas han de ir al <i>hotel</i> del señor Alcalde, a esperar -a su mamá.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Pero va mamá a casa del Alcalde?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Por qué no viene a la Pardina con nosotros, con Abuelito? <span -class="acot">(Senén se encoge de hombros.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>La Pardina no le parecerá a tu mamá bastante cómoda... En fin, no -quiero que os detengáis por mí... Vamos, hijas mías.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>NELL</p> - -<p>¡Ah! Se me olvidaba... Amigo Senén, ¿querrías hacernos un favor?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Todo lo que las señoritas quieran. ¿Qué es?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Subirse a aquel árbol a coger la Historia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡A coger la Historia!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>El pícaro libro, que se echó a volar.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Jugando, lo tiramos al aire.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gozoso</span>.</p> - -<p>Comprendo, sí... Estudiáis mirando al cielo... Senén, intrépido -Senén, sube pronto, hijo... Anda, que cuando eras muchacho ya treparías -más de una vez para coger nidos.</p> - -<p class="rol">SENÉN <span class="acoti">(disimulando su disgusto, se -quita la americana)</span>.</p> - -<p>Allá voy.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Ten cuidado no se te rompa el traje.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Que es nuevo... ya lo ven.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>DOLLY</p> - -<p>¡Vaya un alfiler de corbata que te traes!... Por Dios, no te -caigas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No temáis: este sabe subir y agarrarse bien. Si cae, será porque le -tiene cuenta.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Por ahora, señor Conde, me tiene más cuenta apoyarme bien en las -ramas fuertes... Ajajá... Ya te cojo, Historia maldita.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Bájate pronto... <span class="acoti">(Desciende Senén a las ramas -bajas, y se tira de un salto.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cogiendo el libro</span>.</p> - -<p>Dios te lo pague. Vaya, sigamos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿No quiere el abuelito entrar por el pueblo?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, no: vamos por el atajo, que nos lleva directamente a la -Pardina sin pisar las calles de Jerusa. No quiero ver gente, y menos -jerusanos.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">poniéndose la americana</span>.</p> - -<p>¡Lástima no haber sabido antes que venía el señor Conde! El pueblo -le habría preparado un buen recibimiento.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desdén</span>.</p> - -<p>¿A mí?... ¿A mí Jerusa?... Brrr...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Habría salido la música, el orfeón... No faltaría el arquito de -ramaje; y luego <i>lunch</i> en la Casa Consistorial.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Veo que eres un cursi tremendo. Conozco esos homenajes, que en otro -tiempo, cuando los merecía y estaba en disposición de recibirlos, me -halagaban, sí. Hoy me harían el efecto de una burla cruel. Antes de -verme tan viejo y tan pobre como ahora, tuve ocasión de apreciar la -villana ingratitud de mis compatriotas, los habitantes del Señorío de -Jerusa. <span class="acoti">(Se detiene y suspira.)</span> Veinte años -ha, la última vez que aquí estuve, los colonos que habían llegado a ser -¡Dios sabe cómo! propietarios de mis tierras, los señoritingos nacidos -de mis cocineras, o engendrados por mis mozos de cuadra, me recibieron -con frío desdén, que me llenó de tristeza y amargura. Dijéronme que la -villa se había civilizado. Era una civilización improvisada y postiza, -como la levita que compra el patán en un bazar de ropas hechas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Papaíto, no olvida tu pueblo los beneficios que de ti ha -recibido.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No los olvida, no. La calle principal de Jerusa se llama <i>de -Potestad</i>.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>NELL</p> - -<p>La fuente de los cinco caños, junto a la iglesia, se llama <i>del -Buen Conde</i>.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí, mi abuelo paterno. Historia, cosas pasadas que solo dejan -tras sí un letrero, una inscripción... Todo se borra, ¡ay! aun las -piedras escritas. Cuando la roña y el musgo las empuercan, y se han -criado en ellas cien generaciones de arañas y lagartijas, viene el -progreso, y las manda picar para escribir otra cosa... o aprovecharlas -en una alcantarilla. No me quejo, no. Ese es el mundo. Rodamos todos -hacia lo infinito.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">enfáticamente</span>.</p> - -<p>Jerusa, por más que digan, no puede olvidar que debe su existencia a -los Albrit de la Edad Media.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">meditabundo</span>.</p> - -<p>Y a mis abuelos y a mí todo lo que en ella es de algún valor. La -casa Ayuntamiento, que era el primitivo palacio de los Condes de -Laín, fue donada por D. Martín de Potestad, capitán de las galeras de -Nápoles. La calzada de Verola y el puente sobre el río Caudo, obra fue -de mi madre. Mi abuelo materno hizo el hospital y la casa-cuna; y yo -traje las aguas riquísimas de Santaorra; levanté el muro de contención -que defiende al pueblo de las avenidas del Caudo; fundé y doté la -hermandad de Pescadores, haciéndoles además una dársena para abrigo de -sus<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> lanchas; repoblé -el monte comunal... sin contar otras mejoras de que ya no me acuerdo. -¿Y cómo pagaron mis paisanos tantos beneficios? Pues cuando me vieron -mal de intereses, recargaban horrorosamente mis propiedades en todos -los repartos de contribución, para obligarme a vendérselas... Y lo -conseguían... En sus manos rapaces está todo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Abuelito, no pienses cosas tristes.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿No estás alegre de vernos y de tenernos a tu lado?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">deteniéndose para -abrazarlas y besarlas con efusión</span>.</p> - -<p>Sí, sí, ángeles inocentes. Soy feliz con vosotras, y lo demás nada -me importa.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con malicia indiscreta, que -resulta más antipática por lo pedantesco de la expresión</span>.</p> - -<p>Y de que no seríamos justos achacando a Jerusa el pecado de la -ingratitud, tenemos hoy una prueba elocuente, señor Conde, porque, -sabida con antelación la llegada de la señora Condesa de Laín, se le -prepara un recibimiento entusiasta, cual corresponde a quien tan grande -fomento ha dado a los intereses materiales y morales de esta villa. -Saldrá el Alcalde a la estación...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y se dispararán cohetes. Todo eso está muy en carácter.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span>NELL, -<span class="acoti">impaciente</span>.</p> - -<p>¡Cohetes, música...! Vamos, vamos pronto.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Abuelito, por aquí, si quieres que vayamos derechos a la Pardina.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Estamos ya en la loma que llaman la <i>Asomada</i>?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sí, señor: de aquí se ve toda la villa; y si Vuecencia quiere dar un -vistazo a la población, en dos minutos estamos en la plaza.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, no. Gracias. Por esta otra calleja bajamos a la Pardina. <span -class="acot">(Deteniéndose y mirando al pueblo, que en aquel punto se -ve totalmente, rodeado de arboledas y verdes lomas.)</span> Sí, sí... -te conozco, Jerusa; distingo un montón de tejados rojos y de ventanales -blancos... más allá manchas de verde lozano. Eres Jerusa; te siento -bajo mis pies, te huelo al pisarte... Tu ingratitud me da en el olfato. -Hiciste escarnio del que fue tu señor, aplicándole un mote burlesco... -Pues ahora, el <i>león flaco de Albrit</i>, que nada te pide, que para -nada te necesita, te manifiesta su desprecio con toda la efusión de -su alma, no queriendo de ti ni un pedazo de tierra para sepultar sus -pobres huesos. <span class="acoti">(Volviéndose hacia las niñas.)</span> -Si me muero aquí, que me lleven a enterrar a Polan, o que me tiren al -mar.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>DOLLY</p> - -<p>Papaíto, no es hoy día de cosas tristes.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Si estamos muy contentas!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">limpiándose una -lágrima</span>.</p> - -<p>Sí, sí... Vamos, para que lleguéis a tiempo de presenciar los -homenajes a vuestra mamá.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Por esta calleja llegamos en un instante a la Pardina.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Conozco bien el camino... En este sitio, torciendo a la izquierda, -dejamos de ver el mar. <span class="acoti">(Parándose a contemplar el -Océano.)</span> ¡Oh, qué hermosura! Es el amigo de mi infancia.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Y qué espléndido, qué azul! Hoy se viste de gala para recibirte.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Sabéis por qué gozo tanto en mirarle? Porque le veo... es lo único -que distingo bien, por razón de su magnitud. Desde que voy perdiendo la -vista, hijas mías, mis pobres ojos no aprecian bien más que las cosas -grandes... ¡Cuanto mayores son, mejor las veo! Quisiera que en el mundo -fuera todo colosal, inmenso... Lo pequeño, creedlo, me entristece, me -enfada...</p> - -<p class="acot">(Se internan en la calleja.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_6" title="ESCENA VI"><span class="pagenum" -id="Page_56">p. 56</span>ESCENA VI</h3> - -<p class="acotj">Sala baja en la Pardina. En paredes, techo y muebles, -aspecto de venerable antigüedad, bien conservada.</p> - -<p class="acot">GREGORIA, VENANCIO</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">asomándose a una -ventana</span>.</p> - -<p>Ya está aquí <i>Capitán</i>... ¡Oh!... allí vienen. <span -class="acoti">(Asustada.)</span> ¡Jesús, lo que veo!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Qué?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡El Conde con ellas, el señor Conde!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Sin duda ha venido a pie por el atajo del bosque. Es gran -andarín.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Pero qué viejo está! Mira, mira.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mirando</span>.</p> - -<p>¡Y qué mal trajeado! Da pena verle... ¡Quien fue siempre la misma -elegancia...!</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Sales a recibirle?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>VENANCIO, -<span class="acoti">con prisa</span>.</p> - -<p>A escape... Prepárale café, que de fijo lo pide al entrar...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Sí, sí...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">desde la puerta</span>.</p> - -<p>Y manda un recado al señor Cura, que nos dijo que le avisáramos en -cuanto el Conde llegase...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">aturdida, sin saber a qué -atender primero</span>.</p> - -<p>El café... recado al Cura... ¿Y la comida? Voy. ¡Pero si ya están -aquí! ¡Jesús me valga!...</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_7">ESCENA VII</h3> - -<p class="acot">GREGORIA, EL CONDE, LAS DOS NIÑAS, SENÉN, VENANCIO</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">besando la mano al -Conde</span>.</p> - -<p>Bien venido sea mi señor...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Y que entre en su casa con bendición.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con señoril -bondad</span>.</p> - -<p>Gracias, gracias, mis buenos amigos Venancio y Gregoria. Me -alegro de veros contentos y saludables... digo, como veros... <span -class="acoti">(Mirándoles fijamente.)</span> No, no veo bien más que -las cosas grandes.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>VENANCIO</p> - -<p>¿Se sienta el señor aquí? <span class="acoti">(Conduciéndole a un -sillón de vaqueta, junto a la mesa de nogal.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Donde quieras.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y ahora nosotras, abuelito, hemos de vestirnos a escape...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí; no os detengáis.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Pronto volveremos, papaíto... Vendrá mamá con nosotras... -supongo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí... <span class="acoti">(Las besa.)</span> Hasta luego...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">dándoles prisa</span>.</p> - -<p>Vivo, vivo... Vais a llegar tarde.</p> - -<p class="acot">(Vase Gregoria con las niñas.)</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Yo también, con permiso del señor Conde, me retiro.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí... Ve a disparar cohetes...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Si el señor me necesita...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No... muchas gracias... Y me alegro de que te ausentes... No, no es -por nada ofensivo para ti, Séneca... o Senén. ¿Te lo digo?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Nada que usía me diga puede ofenderme.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues deseo que te marches, porque... Hijo, gastas un perfume que -marea. Los aromas demasiado fuertes me dan vahídos... Dispénsame <span -class="acoti">(dándole la mano, y acariciando la de Senén)</span>, -perdóname que te despida con una impertinencia.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p> - -<p>Señor... unas gotitas de heliotropo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No he dicho nada... Abur.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">aparte, retirándose</span>.</p> - -<p>Malas pulgas trae el <i>león flaco de Albrit</i>.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_8">ESCENA VIII</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, VENANCIO</p> - -<p class="acotj mt1">Larga pausa. El Conde inclina la cabeza sobre el -pecho, y se cubre los ojos con la mano. Venancio permanece en pie, a -bastante distancia, contemplándole.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">alzando la cabeza y -llevándose la mano al pecho, en que siente opresión</span>.</p> - -<p>¡Ay, Venancio! La emoción que he sentido al entrar aquí, no me deja -respirar... <span class="acoti">(Venancio suspira<span class="pagenum" -id="Page_60">p. 60</span> y calla.)</span> No creí volver a verte, casa -mía, casa bendita de mis mayores, de mi madre... No esperaba recibir -en mi alma esta ola de vida, formada por los recuerdos, embate de -calor y de salud, que al pronto reanima al ser caduco; pero después... -mata, sí, mata. La memoria me abruma, el sentimiento me ahoga... <span -class="acoti">(Vuelve a pasarse la mano por los ojos.)</span> No debí -venir, no, no.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Señor, los recuerdos de la Pardina serán gratos para Vuecencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">señalando a la -derecha</span>.</p> - -<p>En esa alcoba nací yo... En ella nació también mi madre, y en la de -arriba murió... No sé si es que me engaña mi poca vista; paréceme que -nada ha variado, que los muebles son los mismos... ¡Qué ilusión!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Poco hemos cambiado. Se conserva todo a fuerza de cuidado y aseo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con profunda -tristeza</span>.</p> - -<p>Aquí pasé mi infancia, al lado de mi madre, que enviudó a los pocos -días de mi nacimiento... Heredero de los Condados de Albrit y de Laín, -¡cuántas veces, joven, en la plenitud de la vida, y con todo el verdor -de las ilusiones fomentadas por la grandeza de mi linaje; cuántas -veces, solo, con mi esposa, o con mis amigos, vine a pasar alegres -temporadas en la Pardina! En aquel tiempo tú eras un niño. Tus padres, -y otros padres de gentes ingratas que andan<span class="pagenum" -id="Page_61">p. 61</span> por esos mundos en diferentes oficios, eran -entonces mis servidores. En mi veíais al señor, al rey de la Pardina, -y hasta cierto punto, al amo de toda Jerusa... Pasó tiempo; creció mi -hijo Rafael. Correspondiéronle por muerte de su madre, y según el fuero -de Laín, este Condado y esta casa... Yo volví a la Pardina: ya no era -el señor; mas era el padre del señor, y tú, ya grandecito, y los demás -servidores de esta antigua casa, me mirábais con respeto, con cariño, -con veneración. El Conde de Albrit, poderoso todavía, os remuneraba -vuestros servicios con la noble largueza que era en él habitual.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Siempre fue Vuecencia el primer caballero de España.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con melancólica dignidad, -levantándose</span>.</p> - -<p>Pues hoy, el primer caballero de España, el generoso y grande, -viene a pedirte hospitalidad. Vicisitudes y trastornos que no quisiera -recordar, esta revolución crónica que hace y deshace los Estados y las -familias, y todo lo trueca y baraja, te han dado a ti la propiedad de -la Pardina. En ella entro yo a pedirte albergue, no como señor, sino -como desvalido sin hogar, abandonado de todo el mundo. Si me la das, -ya sabes que has de hacerlo por pura caridad, no por remuneración ni -recompensa. Soy pobre; todo lo he perdido.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>El señor Conde viene siempre a su casa, y nosotros, hoy como ayer, -somos sus criados.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>EL CONDE, -<span class="acoti">se sienta</span>.</p> - -<p>Gracias... Te lo digo tranquilo y sin ninguna afectación, pues con -la realidad no caben juegos de retórica. He llegado a los escalones más -bajos de la pobreza; pero por mucho que descienda, no he llegado ni -llegaré nunca al deshonor. Fuera de la decadencia material, soy y seré -hasta el último día lo que fui.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Y yo igualmente, hoy como ayer, servidor humilde del señor D. -Rodrigo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Te lo agradezco, créeme que te lo agradezco en el alma... Pero... -bien mirado, es tu obligación, y cumples como cristiano. Todo lo que -eres y todo lo que tienes, me lo debes a mí.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Sin duda.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No haces nada de más en ampararme... en ver en mí a tu señor, y en -respetar, no solo mi nombre y mi historia, sino mi ancianidad, mis -achaques... Las desgracias, hijo mío, me han hecho algo quejumbroso, -algo impertinente. Mi genio altivo se exacerba cada día más con la -pérdida de la vista... No puedo sofocar mis ímpetus de absolutismo, de -persona acostumbrada a mandar.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Bien, señor.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>EL CONDE</p> - -<p>Y a ser obedecida.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>También tengo el hábito de la obediencia... Y ante todo, señor, ¿en -qué aposento quiere vuecencia dormir?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Arriba, en la alcoba que fue de mi madre.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">contrariado</span>.</p> - -<p>¿La que da al pasillo grande? La tenemos llena de trastos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues sacas los trastos y me metes a mí.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Señor, es un trastorno...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sulfurándose -ligeramente</span>.</p> - -<p>¿Ya empezamos?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>La hemos convertido en secadero: allí colgamos las judías...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sulfurándose -más</span>.</p> - -<p>Pon las judías en otra parte. ¿Vale tan poco mi persona que no -merece... una molestia insignificante de las señoras hortalizas?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>VENANCIO, -<span class="acoti">sin acabar de resignarse</span>.</p> - -<p>Bien, señor... Ello es que...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Todavía refunfuñas? Debiste, desde que te lo dije, asentir con -delicadeza obsequiosa. ¿Será preciso que te lo mande?... Por poco me -apuras <span class="acoti">(golpeando el brazo del sillón.)</span> ¡Oh, -triste cosa es para mí ser huésped de mis inferiores! Venancio, quiero -someterme al destino, quiero olvidarme de mí mismo, y no puedo, no -puedo. La autoridad es esencial en mí. Por Cristo, súfreme o arrójame -de mi casa, quiero decir, de la tuya.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Eso no... <span class="acoti">(viendo venir al Cura.)</span> Ya -tiene vuecencia aquí a su amigo D. Carmelo.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_9">ESCENA IX</h3> - -<p class="acotj">EL CONDE, VENANCIO; EL CURA, hombrachón de buen año; -de aventajadas dimensiones, enormemente barrigudo, sin carecer por eso -de cierta agilidad y soltura de miembros. Su cara es arrebolada, su -boca risueña, su nariz como pico de garbanzo, sus ojos pillines. Usa -gafas de un azul muy claro, que se le corren sobre el caballete. Viene -a palo seco, es decir, sin balandrán, por ser buen tiempo. Es limpio, y -la sarga de su sotana, pulcra y reluciente, ciñe y modela sin arrugas -la redondez del abdomen, bien atacados todos los botoncitos que corren -desde el cuello hasta la panza. Usa gorro negro alto, con caída de -fleco, y paraguas de reglamento, que así le sirve<span class="pagenum" -id="Page_65">p. 65</span> para el sol como para la lluvia. Entra en la -casa y en la habitación presuroso metiendo bulla, y se dirige al Conde -con los brazos abiertos.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Carísimo amigo y dueño, D. Rodrigo de mi alma!...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p> - -<p>¡<i>Pastor Curiambro</i>, ven a mis brazos!... Pero, hijo, ¡qué -gordísimo estás!... No me cabes... ¿ves? no me cabes... Me cuesta -trabajo poner en tu espalda las palmas de mis manos.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Qué sorpresa tan grata, qué alegría!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">tocándole</span>.</p> - -<p>Pero, chico, ¿es tuyo todo esto? ¿Es esta tu barriga, o te has -traído por delante el púlpito de tu iglesia?</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Es que en esta tierra, Sr. D. Rodrigo, de nada le sirve a uno hacer -penitencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Penitencia tú? ¡Hombre, qué cosa tan rara!... En fin, siempre que -des gusto a tus feligreses...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">lisonjero</span>.</p> - -<p>Tenemos un párroco que vale más que pesa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Y de salud, bravamente? Tu cara... <span -class="acoti">(Observándole.)</span> Pues, mira, te veo, te veo bien. -¡Como eres tan grandón! ¡Ah!... me permitirás que te tutee, a pesar del -tiempo transcurrido.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">con modestia -suma</span>.</p> - -<p>¡Señor Conde, por amor de Dios!...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy cariñoso</span>.</p> - -<p>Bien, Carmelo; bien, <i>Pastor Curiambro</i>. Siéntate a mi lado. -¡Cómo corren, ¡ay! cómo se escabullen los pícaros años! Tú... a ver si -acierto... andarás en los cincuenta.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Andaba en ellos... dos años ha.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Como yo. Somos del mismo tiempo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No podía ser menos. Tenías veintiséis cuando...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Cuando murió mi padre. A la generosidad del señor Conde debí el -poder terminar mi carrera de Teología y Derecho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con natural -delicadeza</span>.</p> - -<p>Pues, mira tú, de eso no me acordaba.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Ah, yo sí!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Te acuerdas de aquellas merendonas del Soto de Aguillón? Desde -entonces, te profeticé que serías <i>la première fourchette de -l’Espagne</i>.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Era un tenedor tremendo, sí, sí...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y sigues con la higiénica costumbre de comer copiosamente, y de -digerir clavos?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Ya no soy ni sombra de lo que fui; pero todavía...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Todavía... si el caso llega, no deja mal puesto el pabellón.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Te acuerdas de cuando apostabas con Valentín, el escribano de -Verola, a quién comía más?</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo a -carcajadas</span>.</p> - -<p>Y siempre le gané, siempre.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Un día de vigilia... Venancio, no lo creerás, pero es verdad... le -vi comerse una langosta de este tamaño, entera y verdadera, detrás -de un arroz con pescado y marisco... y delante de docena y media de -torrijas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>EL CURA</p> - -<p>Esos tiempos pasaron.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Pero hasta hace poco... yo recuerdo el día de la jira en Novoa... su -postre era un queso de bola, enterito.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Lo que yo gozaba viéndole comer!</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Me tranquiliza sobre ese punto la opinión de San Francisco de Sales, -que dice: «Lo que entra por la boca no daña al alma.»</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y tenía razón.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_10">ESCENA X</h3> - -<p class="acot">DICHOS; GREGORIA, vestida para salir. Trae servicio de -café.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Aunque el señor no lo ha pedido, como sé que le gusta tanto el -café... <span class="acoti">(Lo pone en la mesa.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Oh, qué bien!... Tu previsión, hija mía, es muy de alabar. Carmelo, -te sirvo...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>GREGORIA</p> - -<p>Las señoritas están concluyendo de arreglarse. En seguida nos -iremos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Que no se entretengan; ya será hora. <span class="acoti">(Al Cura, -sirviéndole azúcar.)</span> A ti te gusta dulzón, si no recuerdo -mal.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Qué memoria tiene usted!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No siendo para los favores que me hacen, también la pierdo, como la -vista.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Se le ofrece algo más al señor?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No... Gracias. <span class="acoti">(Vase Gregoria.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">paladeando el -café</span>.</p> - -<p>¿Y qué?... Señor Conde, ¿qué le parecen a usted sus nietecitas? ¿No -las había visto después de su regreso de América?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Son angelicales... ¡Y qué lindas, qué graciosas! Se le meten a -uno en el corazón... Verlas, tratarlas y no quererlas, es imposible. -<span class="acoti">(El Conde, ensimismado, calla. Durante la pausa, -D. Carmelo le observa.)<span class="pagenum" id="Page_70">p. -70</span></span> Dios ha hecho en ellas una parejita encantadora, para -regocijo y orgullo de su madre... y de usted.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">como volviendo en -sí</span>.</p> - -<p>¿Decías?... ¡Ah! Sí, son hechiceras las chiquillas.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">queriendo sonsacarle el -motivo de su estancia en Jerusa</span>.</p> - -<p>Comprendo la impaciencia de usted por verlas. Al santo anhelo de -conocer a sus nietas y abrazarlas, debemos el honor de tenerle en -Jerusa...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Yo he venido a Jerusa, principalmente, por... <span class="acoti">(A -Venancio, con autoridad, pero sin altanería.)</span> Tú...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Señor?...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Haz el favor de dejarnos solos.</p> - -<p class="acot">(Vase Venancio.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_11">ESCENA XI</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, EL CURA</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Ya me dijo Senén que la Condesa y usted se habían citado aquí... -<span class="acoti">(Su solapada curiosidad quiere apoderarse del -pensamiento del Conde, tomándole las vueltas.)</span> Aquí pueden -ventilar con toda calma<span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> -las cuestiones de intereses... <span class="acoti">(Pausa. El Conde no -dice nada.)</span> O las cuestiones de otra índole, cualesquiera que -sean.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Volviendo a las niñas, te diré, querido Carmelo, que han producido -en mi alma una impresión hondísima.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿De alegría?...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí... Estas alegrías pronto las convierto yo en intensísima -tristeza, agobiado como me veo por crueles desgracias, perseguido de -pensamientos revoltosos, obra de esta fiebre de análisis que traen -consigo la experiencia del mal, el excesivo tesón de mi carácter, -los años, la ceguera misma... Figúrome que no me entiendes, mi buen -Carmelo, y has de permitirme que por ahora no te diga más.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Francamente, me he quedado en ayunas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con humorismo</span>.</p> - -<p>¿En ayunas tú?... No lo creo.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Tienen algo que ver esas tristezas, que sin duda son nerviosas, con -el porvenir de las señoritas?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span>EL CONDE, -<span class="acoti">rehuyendo entrar en el asunto</span>.</p> - -<p>No sé... Déjame que te diga otra cosa. Mi primera impresión al -verlas y oírlas, fue... claro que fue excelente, de gran regocijo y -orgullo, como has dicho. Creí notar una perfecta consonancia, igualdad -más bien, en el timbre de sus voces. Como no veo bien, sus rostros me -han parecido como dos reproducciones exactas de un mismo tipo. ¿Serán, -por ventura, iguales también sus caracteres, sus almas?</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">después de un ratito de -perplejidad</span>.</p> - -<p>¡Oh, no, Sr. D. Rodrigo! Ni son iguales sus voces, ni sus caras, ni -menos sus caracteres.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran -interés</span>.</p> - -<p>Pues siendo distintas, la una será forzosamente mejor que la otra. -Dime, tú que las has tratado y visto bien, ¿cuál de las dos es la más -inteligente; cuál la de corazón más puro, recto y generoso?...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Difícil es, a fe mía, la respuesta. Ambas son buenas, dóciles, -inteligentes, de corazón hermoso y nobilísimo... algo traviesas, eso -sí; pero observantes de la ley del pudor, muy firmes en los principios -elementales, temerosas de Dios...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Todo eso es lo que hay en ellas de común: comprendido. ¿Y qué las -diferencia?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span>EL CURA</p> - -<p>Pues discrepan... Verá usted... Dolly toma la iniciativa en las -travesuras; Nell parece más inclinadita a las cosas graves, más -previsora... Dolly es una imaginación viva, una voluntad impetuosa; -Nell, una naturaleza reflexiva, más fija y constante que la otra en -sus aficiones; Dolly, divagando, muestra pasmosas aptitudes para la -vida práctica; Nell, haciendo diabluras, nos deslumbra con destellos -de asombrosa inteligencia... ¿Pero qué he de decirle yo al señor D. -Rodrigo, si en cuanto las trate familiar y diariamente, usted ha de -conocerlas y diferenciarlas mejor que nadie?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dejándose llevar de su -sinceridad</span>.</p> - -<p>De eso trato; a eso he venido.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Ha venido a...?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>A estudiarlas, a intentar un análisis detenido de sus caracteres... -Las razones de esto no está bien que las sepas por ahora... <span -class="acoti">(Variando de tono.)</span> Oye, Carmelo, ¿por qué no te -quedas hoy a comer conmigo? Gregoria no te tratará mal.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>La conozco... y sé lo que vale. Pero sin perjuicio de tributar a -Gregoria en otra ocasión los honores debidos, hoy, lo que es hoy, señor -Conde de Albrit, se viene usted a mi casa, a hacer penitencia con -<i>este cura</i>.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>EL CONDE</p> - -<p>Acepto; sí, señor, acepto... ¿A qué hora?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>A la una y media en punto.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch1_12">ESCENA XII</h3> - -<p class="acotj">EL CONDE, EL CURA; EL MÉDICO, joven, pequeñito, de -conjunto simpático y mirar inteligente. Viene de levita y sombrero de -copa, el cual revela en su forma ser prenda de respeto, usada tan solo -de año en año, en ocasiones muy solemnes.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Oh, mediquillo, ven!... <span class="acoti">(Presentándole.)</span> -Salvador Angulo, nuestro médico titular.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">estrechándole la -mano</span>.</p> - -<p>Muy señor mío.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Vengo a ofrecer mis respetos al Señor de Jerusa y de Polan...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">recordando</span>.</p> - -<p>Angulo, Angulo... espérese usted...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Es hijo de Bonifacio Angulo, aquel que llamaban aquí por mal nombre -<i>Cachorro</i>, guarda de los montes de Laín.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span>EL CONDE</p> - -<p>¡Oh, sí!... <i>Cachorro</i>, hombre sencillo y un tanto rudo... -servidor fiel... Le recuerdo perfectamente. <span class="acoti">(Le da -otra vez la mano, que el médico le besa.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y no habrá olvidado el Sr. D. Rodrigo que a este chico le costeó la -carrera en Valladolid.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Por lo cual, debo al señor Conde lo poco que soy, y lo poco que -valgo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>De eso no me acordaba... mi palabra que no me acordaba.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Pues ha de saber usted... no es porque esté delante... que este -chico es una notabilidad... pero una notabilidad, en la ciencia -médica.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Por Dios, D. Carmelo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy cariñoso</span>.</p> - -<p>Bien, hijo mío; dame un abrazo. <span class="acoti">(Le -abraza.)</span> Me permitirás que te tutee. No puedo corregir -este hábito de familiaridad, desde que entro en Jerusa. <span -class="acoti">(El médico asiente con mudas demostraciones de -respeto.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y ya, ya sé por qué vienes tan pitre, cañamoncito de Jerusa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span>EL MÉDICO</p> - -<p>Me han nombrado de la comisión que ha de recibir a la señora Condesa -de Laín... Dispénseme, señor Conde, si después de saludarle con el -debido respeto, me retiro...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Hijo, no hay prisa todavía.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí: ve, anda.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Oye, Salvador. En cuanto se acabe la función, una vez que el pueblo -desfogue su entusiasmo con un poco de pólvora y cuatro berridos, y -suene en los aires la última simpleza del discurso que ha de pronunciar -D. José Monedero, te vienes corriendito a casa, y tendrás el honor de -comer con el señor Conde y conmigo.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Bien, bien. ¡Qué honra tan grande!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con alegría</span>.</p> - -<p>¡Qué feliz coyuntura para consultarle con toda calma...!</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Un padecimiento?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No es eso. Tú conoces a mis nietecillas; las habrás asistido en -alguna dolencia.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>EL MÉDICO</p> - -<p>Nell y Dolly disfrutan de una salud enteramente campesina y plebeya. -Las he visitado para indisposiciones sin importancia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero que a ti, como perspicaz observador, te habrán bastado para -conocer sus temperamentos, qué afecciones prevalecen en cada una, qué -predisposiciones patológicas se marcan en una y otra naturaleza... -porque de seguro habrá diferencia grande en la complexión, en la -constitución anatómica y fisiológica de las dos chiquillas. No sé si me -explico.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Perfectamente. Pero hasta hoy no he tenido ocasión de determinar -entre una y otra notorias diferencias.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>En fin, ya tendrán ustedes ocasión de hablar largo y tendido. <span -class="acoti">(Suena un cohete.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">estremeciéndose</span>.</p> - -<p>Ya está aquí.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">con mucha prisa</span>.</p> - -<p>Ya llega...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Anda, hijo, anda.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>EL MÉDICO</p> - -<p>Con su permiso... No necesito decirle... Humildísimo, incondicional -servidor... <span class="acoti">(Suenan más cohetes.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, al Cura.</p> - -<p>¿Y tú, no vas, Carmelo?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Indefectiblemente tengo que asomar las narices por allí. No diga la -Condesa que soy descortés...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No eche de menos la población figura tan culminante en esta clase de -ceremonias.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Si, sí... Me voy. Cuidado, señor Conde. A la una y media en -punto.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No faltaré. De las pocas cosas que me quedan, una es el respeto, -la religión de la puntualidad. <span class="acoti">(Óyese música -lejana.)</span></p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Hasta luego.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Divertirse...</p> - -<p class="acot">(Vanse el Cura y el Médico.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo, -meditabundo</span>.</p> - -<p>¿Me ayudarán estos en mis investigaciones?... ¿Se penetrarán -del espíritu de rectitud, del sentimiento<span class="pagenum" -id="Page_79">p. 79</span> de justicia con que procedo?... <span -class="acoti">(Con desaliento.)</span> Lo dudo... Viven en ambiente -formado por las conveniencias, el egoísmo y la hipocresía, y -cuando se les habla de la suprema ley de honor, ponen cara de -asombro estúpido, como si oyeran referir cuentos de brujas. Si -no me auxilian, trabajaré yo solo. El viejo Albrit se basta y se -sobra. <span class="acoti">(Suenan más cerca la música y el rumor -popular.)</span> ¡Ah! Ya llega, ya entra en Jerusa Lucrecia Richmond... -¡Ya estás aquí, bestia engalanada, estatua viva, deshonesta! ¡Cuánto -deseaba yo esta ocasión!... ¡Tú y yo solos, frente a frente! <span -class="acoti">(Se asoma a una ventana.)</span> No sé quién es peor: si -tú que paseas impune por el mundo tu desvergüenza, o un pueblo servil -y degradado que te festeja y te adula. <span class="acoti">(Óyense -campanas.)</span> Repican por ti... y luego tocarán a la oración. <span -class="acoti">(Furioso, gritando en la ventana, hacia afuera.)</span> -¡Pueblo imbécil, esa que a ti llega es un monstruo de liviandad, -una infame falsaria! No la victorees, no la agasajes. Apedréala, -escúpela.</p> - - -<p class="fin">FIN DE LA JORNADA PRIMERA</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch2_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span></p> - <h2 class="nobreak">JORNADA SEGUNDA</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<h3>ESCENA PRIMERA</h3> - -<p class="acotj">Sala baja en la casa del señor Alcalde de Jerusa, D. -José María Monedero, decorada con lujo barato, en toda la plenitud de -la cursilería con dinero. Cubren las paredes paisajes al óleo, de los -que en parejas, con marco y todo, se venden al aire libre en calles -céntricas de Madrid, obra de artistas desdichados. <i>Hacen juego</i> -con estos mamarrachos, cromos de cacerías o de revistas navales, -figuras de bazar, fruslerías bordadas, mil laborcillas fáciles de -mujer, de esas cuya explicación y dibujo traen en su sección de recreos -útiles los periódicos de modas. Flores de trapo, en tiestos de cartón, -exhalan en los ángulos su fragancia de cola y tintes descompuestos. -Piano desafinado, musiquero, retratos prendidos en esterillas -japonesas, redoma de peces.</p> - -<p class="acotj mt1">NELL y DOLLY; LUCRECIA, CONDESA VIUDA DE LAÍN. Es -mujer hermosa, de treinta y cuatro años, del tipo que comunmente -llamamos <i>interesante</i>, mezcla feliz de belleza, dulzura y -melancolía; castaño el cabello, el rostro alabastrino, de un perfil -elegante, precioso modelo de raza anglo-sajona, recriada en América. -Sus ojos son grandes, obscuros, con ráfagas de oro, y el mirar sereno -y triste, como de tigre enjaulado que dormita sin acordarse de que -es fiera. En su talle esbelto se inicia la gordura, fácil de<span -class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> corregir todavía con la -ortopedia escultórica del corsé. Viste con elegancia traje de luto. En -su habla, apenas se percibe el acento extranjero.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">abrazando y besando a las -niñas</span>.</p> - -<p>Hijas mías, no me harto de besaros. ¿Teníais ganitas de verme?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Figúrate...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Hemos venido a la carrera... ¡Cuánta gente! Creí que no podíamos -entrar, y que nos atropellaban los coches.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Qué fastidio! Vengo a Jerusa solo por ver a mis niñas, y me -encuentro con este horrible entorpecimiento del entusiasmo público.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá, la gratitud del pueblo...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Creed que he pasado un sofoco y una vergüenza...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Te quieren.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Demostraciones tan molestas como ridículas. ¿Y a mí, por qué -me aclaman?... En fin, ya hemos pasado el mal rato de la entrada -triunfal...<span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> <span -class="acoti">(Mirándolas cariñosamente.)</span> Estáis muy bien... las -caras tostaditas. Eso quiero: que se os ponga la tez como de manzanas -pardas, señal de salud y buena sangre...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá, tú sí que estás guapísima.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">besándolas otra vez</span>.</p> - -<p>Vosotras, mis ángeles salvajitos, sí que sois bellas y buenas, -y... <span class="acoti">(La interrumpe la Alcaldesa entrando de -improviso.)</span></p> - - -<h3 class="g0" id="Ch2_2">ESCENA II</h3> - -<p class="acotj">DICHAS; LA ALCALDESA, señora enjuta y menudita, que -no tiene en aquel momento más preocupación que parecer fina, y este -singular estado de su espíritu, con la tirantez consiguiente, se -revela en todos sus actos, en sus palabras melosas, y hasta en los -mohines estudiados de su boca y nariz. Viste bata azul, elegante, -que le han enviado de Madrid. Poco después de ella entra EL ALCALDE, -señorón macizo, sanote y jovial que, al contrario de su mujer, pone -todo su esmero en parecer muy bruto, dejando al descubierto, desnudo -de toda gala retórica, su natural llano y la tosca armazón de su ser -moral. Entiende que los hombres deben ser <i>claros</i>, cada cual -mostrándose como Dios le ha hecho. De origen humildísimo, empezó a -sacar el pie del lodo con la carretería; trabajó honradamente después -en distintas industrias, hasta que halló su suerte en la fabricación -de pastas para sopa. Su laboriosidad le hizo rico, y la herencia de un -tío de América le ascendió a millonario. Viste levita, y su chistera, -que usa con frecuencia por razón de su cargo,<span class="pagenum" -id="Page_84">p. 84</span> es sin disputa la mejor del pueblo. Su esposa -cuida de renovar esta prenda con la precisa oportunidad para que no sea -ridícula.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">finísima</span>.</p> - -<p>Dispense usted, Condesa. Mi esposo y yo hemos tenido que convencer -a los notables del pueblo de que usted, por razón de su luto y del -cansancio del viaje, no puede recibir a nadie...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">asomándose a la -ventana</span>.</p> - -<p>Mamá, mamá, si está la plaza llena de gente.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Quieren que te asomes para darte vivas.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Por Dios, Vicenta, líbreme usted de este compromiso... ¡Vivas a mí! -Yo no salgo; no sirvo para eso... Por Dios, que se vayan, que me dejen. -Yo lo agradezco en el alma...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Las ovaciones populares, por más que sean merecidas, molestan -y fastidian... Jerusa no puede mostrarse ingrata, ni olvidar los -beneficios que usted le prodigó....</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">aterrada del rumor -popular</span>.</p> - -<p>¿Qué beneficios ni qué niño muerto? Yo no he hecho nada, -absolutamente nada. ¿Pero están locos aquí? Créalo usted, Vicenta, me -da miedo <i>la voz pública</i>.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span>NELL</p> - -<p>Mamá, que te asomes... Quieren despedirse de ti.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Hay pueblo y señores... y hasta curas... Mamita, ¿qué te importa que -te victoreen? Mira que si no sales, nos darán los vivas a nosotras.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Que no salgo, vamos. Vicenta, por Dios, que su marido de usted -me haga el favor de echarles una arenga, diciéndoles... que estoy -enferma, y que les agradezco infinito sus manifestaciones... que no las -merezco... En fin, él sabrá.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">limpiándose el -sudor de la frente, la levita desabrochada, el chaleco abotonado a -medias</span>.</p> - -<p>Ya, ya se van... ¿Pero qué le costaba a usted, Condesa, asomarse un -poquito? Con una inclinación de cabeza cumplía usted. Pero, en fin, -respeto su repugnancia de las apoteosis. Lo mismo me pasa a mí. Siempre -que me ovacionan me echo a llorar, y se me descompone el vientre.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Pero qué he hecho yo, Sr. D. José de mi alma, para estos obsequios, -este entusiasmo?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Hija, la carretera de Forbes, la estación telegráfica... la -condonación...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>LUCRECIA</p> - -<p>Me bastó pedírselo al Ministro...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Más que todo eso vale el Instituto de segunda enseñanza, que nos -disputaban los de Durante. Nada agradecen tanto los pueblos, señora -mía, como el que les den algo que se le quita al vecino. Cuestión de -amor propio: la entidad pueblo es lo mismo que la entidad persona. -Fastidiar al vecino, y caiga el que caiga. Jerusa verá siempre en la -ilustre Condesa de Laín una individualidad digna de todos nuestros -respetos. Y yo, que llevo el corazón en la mano, que digo siempre -la verdad llana y monda... soy así, muy bruto, muy francote... le -aseguro a usted que la queremos aquí... como sabe querer Jerusa; y si -lográramos que nos concedieran la Escuela de Comercio que pretenden los -de Durante, no le quiero decir a usted... La apoteosis que le haríamos -retumbaría en la China.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sonriente</span>.</p> - -<p>Yo sí que no vuelvo de mi apoteosis.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">desde la ventana</span>.</p> - -<p>Ya, ya se retiran.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Parece que van descontentos. ¡Y cómo nos miran!</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>No extrañe usted, Condesa, las vehemencias de mi marido. Desde -que es <i>edil</i> <span class="acoti">(marcando bien la<span -class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span> palabra)</span>, no vive. -La fiebre de la cosa pública altera su genio pacífico. Verdad que no -hay otro que mejor cumpla, ni que sepa consagrarse tan de lleno a los -deberes de un cargo espinoso.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">por decir algo</span>.</p> - -<p>Estos son los hombres, estos son los grandes ciudadanos...</p> - -<p class="rol">UNA CRIADA, <span class="acoti">entrando con una bandeja -de huevos moles</span>.</p> - -<p>Esto mandan a la señora Condesa las monjas Dominicas.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo a verlo</span>.</p> - -<p>¡Huevos moles! ¡Qué ricos!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Vaya un regalo, mamá!</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Para que diga usted que no se portan bien las monjitas de mi -tierra.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Pobrecillas! Tendré que visitarlas.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Iremos. Son finísimas.</p> - -<p class="rol">OTRA CRIADA, <span class="acoti">entrando con un -descomunal ramo de flores</span>.</p> - -<p>De parte de los capataces de la Granja modelo...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span>LUCRECIA</p> - -<p>También tendré que hacerles una visita.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Iremos; sí, señora. Verá usted los carneros moruecos, que han traído -ahora para padres.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">que ha salido un -momento, vuelve trayendo una labor de tapicería y mostacilla</span>.</p> - -<p>Mire usted, Lucrecia, lo que le manda la maestra del colegio de -niñas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Ay, qué precioso!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Mira, mamá. ¿Es un gorro?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No, hija: es un <i>cosy</i> para cubrir las teteras...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">pesarosa de no haber -acertado antes el uso de aquel chisme</span>.</p> - -<p>Es un adminículo extranjero. Aquí no lo usamos.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Tiene usted que visitar el colegio.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¡Pobre Condesa! Ya le cayó quehacer.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y podrá decir que en ninguna parte del mundo ha visto usted labores -tan primorosas como<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> las -que hacen las alumnas del colegio de Doña Severiana.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Bordan a maravilla... Ya lo ve usted... Y allí tiene usted a las -chicuelas todo el santo día sobre los bastidores...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">mirando su reloj, -descomunal pieza de oro</span>.</p> - -<p>Y a todas estas, Vicenta, son las tantas y no comemos. Mi señora -Doña Lucrecia tiene apetito... las niñas están desfallecidas. ¿Verdad, -<i>Nelita</i> y <i>Dolita</i>, que deseáis sentaros a la mesa?... y -yo... ¿por qué no he de decirlo? estoy ladrando de hambre. Conque...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Me arreglaré en un momento.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Subamos a mi tocador. Mientras usted se arregla, dispondré que nos -sirvan la comida.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y yo, si la señora Condesa me lo permite, voy a librarla de otra -<i>lata</i> horrorosa.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Qué?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>El orfeón del pueblo quiere venir a cantar durante la comida.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡No, por Dios!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>EL ALCALDE</p> - -<p>Ahí está el director. Voy a quitárselo de la cabeza...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Sí, sí; que lo agradezco, que siento mucho...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Que está muy fatigadita. Crea usted que no perdemos nada. Desafinan -como perros.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y que, motivado al luto, no está usted para músicas... Ya, ya -sabré despacharles... Y sobre todo, que lo mando yo, ea...</p> - -<p class="acot">(Vase presuroso.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch2_3">ESCENA III</h3> - -<p class="acot">Tocador de la Alcaldesa.</p> - -<p class="acotj mt1">LUCRECIA, DOLLY y NELL; una criada extranjera que -ayuda a vestir a su ama y no habla; después LA ALCALDESA.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Qué descanso! Solas un momento. Prefiero una enfermedad a los -entusiasmos de Jerusa.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá, es que te quieren.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Sí, sí: cariños que reclaman la fuga inmediata, como quien escapa -de una epidemia. Es<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span> -violentísimo tener que mostrar gratitud ante estas mojigangas.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Mamá, ten paciencia.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">bajando la voz</span>.</p> - -<p>Lo mismo que soportar las amabilidades de estos pobres cursis... -Son muy buenos, lo reconozco... y les aprecio verdaderamente. Pero en -Jerusa no quiero ver a nadie más que a vosotras.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá, ¿cuándo nos llevas contigo?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">meditabunda</span>.</p> - -<p>No sé... Tal vez muy pronto. Depende de circunstancias -eventuales...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>Mamá, ¿no sabes? Ha llegado el abuelito.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">disimulando su disgusto, -que solo se trasluce en rápidos destellos de sus pupilas rasgueadas de -oro</span>.</p> - -<p>Ya, ya lo sé... Llegó esta mañana. ¿Y qué? Tan gruñón y desabrido -como siempre.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>A nosotras nos quiere mucho.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Irás a verle...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>LUCRECIA</p> - -<p>Sin duda. Ya sé que hoy come con D. Carmelo... ¿Y con vosotras ha -estado muy expansivo? ¿Qué hacíais cuando llegó?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Le encontramos en el bosque. Primero tuvimos mucho miedo, porque no -le conocíamos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Y después de conocerle, más.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No, no: el pobrecito no acababa de hacernos cariños. Nos da mucha -lástima de verle tan agobiado, viejecito, casi ciego.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Y en el camino del bosque a la Pardina, ¿no habló con nadie? ¿No le -salió al encuentro alguna persona conocida?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí, mamá: Senén.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">disgustada</span>.</p> - -<p>Ya me han dicho que está aquí ese tábano. El tal marea... y pica. Os -recomiendo el menor trato posible con él.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">entrando</span>.</p> - -<p>Cuando usted quiera.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Ya estoy.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>LA -ALCALDESA, <span class="acoti">llevándola a la ventana, y mostrándole -al Alcalde, que en la calle habla con un joven</span>.</p> - -<p>Vea usted, Lucrecia, los apuros que pasa mi esposo por defenderla -a usted de impertinencias. Ese con quien habla es Pepito Cea, el -periodista de Jerusa, que quiere colarse aquí para celebrar con usted -una <i>interview</i>.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Una <i>interview</i>!... ¿Pero está loco ese hombre?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Mire usted... mire usted a José María, más colorado que un pavo... -Parece que quiere romperle el bastón en la cabeza... Ahora le coge de -las solapas... Al fin parece que le convence.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Pero qué quiere preguntarme ese tipo, ni qué tengo yo que -decirle?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Pues nada: a qué hora entró en el tren; si le gustó el paisaje; si -le prueba bien Jerusa; si quedó contenta de la ovación o le ha parecido -poca, y, por fin, cuál es su actitud en el asunto de la Cámara de -Comercio, es decir, si apoyará a raja-tabla en Madrid las pretensiones -de esta villa.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Dios me ampare!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>LA -ALCALDESA, <span class="acoti">mirando</span>.</p> - -<p>Ya, ya le ha despachado. Allá va el pobre Cea con viento fresco. -Pondrá esta noche las paparruchas que le habrá encajado José María... -Que usted adora al pueblo; que ha venido muy cansada y con dolores -de reúma, y que se desvivirá por conseguirnos lo de la Cámara de -Comercio, apabullando a los de Durante... Ya entra mi marido. Bajemos -al comedor.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA. <span class="acoti">(Salen las dos señoras, -enlazadas del brazo; las niñas delante.)</span></p> - -<p>Es delicioso. Pero no me hace ninguna gracia que ponga ese majadero -la noticia falsa de mi reumatismo. Es una enfermedad que me desagrada -más que otras, porque, no siendo grave, hace engordar.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">bajando la -escalera</span>.</p> - -<p>Es muchacho fino, y dirá que está usted nerviosa.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Menos mal.</p> - -<p class="acotj mt1">En la puerta del comedor encuentran al señor -Alcalde, que ofrece su brazo a la Condesa. Sofocado, aunque de buen -humor, da cuenta del gracioso <i>quite</i> con que logró evitar la -formidable tabarra con que les amenazaba el audaz foliculario. Debe -decirse, tributando a la verdad los honores debidos, que fue excelente -y copiosa la comida, feliz combinación del <i>estilo de fonda</i> y del -arte casero en casa rica; el servicio atropellado y lento, pues<span -class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> las pobrecitas criadas -no acertaban a desenvolverse en aquel mete-y-saca y quita-y-pon de -platos, fuentes y salseras. Sentáronse a la mesa, a más de la Condesa -y sus hijas y los dueños de la casa, los dos niños de estos, escolares -encogidos que se hallaban en plena <i>edad del pavo</i>, y eran de lo -más desaborido que en tan lastimosa edad comunmente se ve. De personas -extrañas solo había una, la que toda Jerusa conocía por CONSUELITO, de -apodo la <i>Solitaria</i>, prima del Alcalde, viuda rica sin hijos, que -en investigar vidas ajenas se pasaba mansamente la suya, y era, por -tanto, un viviente archivo de historias, enredos y chismes. Amenizó el -señor Alcalde la comida con un jaquecoso disertar sobre las mejoras -pasadas, presentes y venideras de Jerusa, y a nadie dejaba meter baza. -Pugnaba su esposa por intercalar observaciones finas en medio de la -gárrula oratoria del buen Monedero: pero rara vez vio coronado por -el éxito su laudable propósito. Cuando servían el café (que, entre -paréntesis, llegó a la mesa mal hecho, recalentado y frío), entraron a -saludar a la Condesa EL SEÑOR CURA, que ya la había visto, y SENÉN, que -aún no había tenido el honor de besarle la mano.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch2_4">ESCENA IV</h3> - -<p class="acotj">Jardín que no necesita descripción, pues ya se -comprende que es un afectado y ridículo plagio en pequeño del -estilo inglés en grande; trazado en curvas, con praderas, macizos, -bosquecillos y plantaciones ornamentales de variada coloración.</p> - -<p class="acotj mt1">LUCRECIA, NELL y DOLLY; EL ALCALDE, LA ALCALDESA, -sus DOS HIJOS, que no hablan, y peor sería que hablaran; CONSUELITO, EL -CURA, SENÉN.</p> - -<p class="acotj">Fórmanse grupos distintos que cambian de figuras.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span>EL CURA, -<span class="acoti">sentándose con la Condesa y la Alcaldesa en un -banco <i>rústico</i>, de los muchos que hay en el jardín, alternando -con los <i>civilizados</i></span>.</p> - -<p>Ya comprenderá la señora Condesa que no he venido esta tarde solo -por el gusto de verla, que siempre es grande, sino...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Ya, ya... Ha comido usted con <i>él</i>... y me trae algún mensaje; -recadito por lo menos.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Dispénseme si le digo que se equivoca. El señor Conde no me ha dado -ninguna comisión ni recado para la Condesa de Laín.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Entonces...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Lo que yo diga será por cuenta mía, por inspiración propia y consejo -de amigo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">a la Alcaldesa, que se -aparta discretamente</span>.</p> - -<p>No, no se retire usted, Vicenta. No hablamos nada reservado. Puede -usted oírlo... Siga, Don Carmelo. Mi ilustre papá político, como si lo -viera, habrá dicho de mí... qué sé yo... horrores espeluznantes.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>No, señora. Ni una sola vez la ha nombrado a usted durante la -comida.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>LUCRECIA</p> - -<p>Permítame el Sr. D. Carmelo que no le crea, con todo el respeto -debido. Es usted un santo, que en este instante no dice la verdad... -por exceso de virtud. Se dan casos.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Habló mucho de su hijo muerto, dignísimo esposo de usted; ponderó -sus virtudes, su mérito no común, lloró...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que palidece, e intenta -desviar la conversación</span>.</p> - -<p>También hablaría de su desdichado viaje a América. Lo emprendió -atraído por la ilusión, por el espejismo de un caudal que allí dejó -su abuelo el Virrey, y después de mil fatigas y trabajos, sufriendo -desaires y persecuciones, ha vuelto descorazonado y sin una peseta. Al -diantre se le ocurre plantarse en el Perú a reclamar las famosas minas -de Hualgayoc, olvidadas durante un siglo.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>También nos habló de eso... y de otras cosas. Demuestra un cariño -ardiente a sus nietas. Oyéndole hablar de ellas, hemos observado -Angulo y yo cierta exaltación del afecto paternal, y una tenacidad -monomaníaca en el propósito de estudiar y desentrañar los caracteres de -una y otra... Por la incoherencia con que se expresa, no hemos podido -apoderarnos de su pensamiento, si es que alguno tiene. Angulo cree más -bien que en aquella cabeza hay un desconcierto<span class="pagenum" -id="Page_98">p. 98</span> lastimoso, ideas de grandeza, ideas de -venganza, el orgullo y la miseria, que rabian de verse juntos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No será extraño que las desdichas, amargando su alma, toda soberbia -y altanería, lleven al buen D. Rodrigo a la locura...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>No diré yo tanto. Solo apunto la idea de que el señor Conde, por -su ancianidad, por su pobreza, por el estado de amargura e irritación -de su espíritu, merece y reclama exquisitos cuidados, y de esto -precisamente quería que hablásemos usted y yo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Por mí no ha de quedar. Pienso decir a Venancio que si el Conde -permanece en la Pardina tenga con él toda clase de miramientos, le -cuide, le agasaje, atienda con delicadeza a sus necesidades. Pero -yo dudo que acepte estos beneficios dispuestos por mí. Usted le -conoce...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Sí, y sé que es atrabiliario, descontentadizo, y que la exaltación -de la dignidad le impulsará a rechazar el bien que usted le ofrezca.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">cruzándose de -brazos</span>.</p> - -<p>Entonces, ¿qué debo hacer? Vicenta, dé usted su opinión.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span>LA -ALCALDESA, <span class="acoti">con finura</span>.</p> - -<p>Yo... ¿Qué quiere usted que le diga? Paréceme que no será difícil -encontrar un medio de darle amparo decoroso, digno de su alcurnia, sin -que la vidriosa dignidad de D. Rodrigo se sintiera ofendida.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">aprobando -enfáticamente</span>.</p> - -<p>Mucho, mucho... Vicenta, con su talento admirable, nos indica el -mejor camino. Pues bien: yo tengo una idea, que quiero someter al buen -criterio de usted...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">presuroso, hacia la -Condesa</span>.</p> - -<p>Lucrecia, ahí tiene usted una visita. El Prior y dos Padres -Jerónimos del convento de Zaratán vienen a ofrecer a usted sus -respetos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Ah!... Zaratán... Ya me acuerdo. Dí una cantidad para la -restauración... y Rafael consiguió del Gobierno un dineral para que -estos benditos pudieran instalarse.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Están en la sala? Vamos un momento. No tema usted que la fastidien. -Son finísimos.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Vamos allá... ¡Qué oportunidad, qué feliz coincidencia!</p> - -<p class="acot">(Entran en la casa Lucrecia, el Cura, el Alcalde y su -señora.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span>SENÉN, -<span class="acoti">en otro grupo, con Nell y Dolly, Consuelito y los -niños del Alcalde, que no hablan ni a tiros</span>.</p> - -<p>¿Quieren ver la pajarera?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Lo que queremos ver es las sortijas que llevas tú en el dedo -meñique.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Son preciosas. Ya podías regalárnoslas.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Están a su disposición.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Truhan! Ya sabes que no las tomaríamos.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Por qué no? Hagan la prueba.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Te morirías de rabia.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Las necesita para deslumbrar a las chicas del pueblo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Cuántas novias tienes? Dinos la verdad.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Lo menos dos docenas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>CONSUELITO</p> - -<p>Que yo conozca, tres... A mí no me lo negarás, pillo, engañador. Te -he visto de telégrafos con Delfina, la del confitero; sé que te carteas -con Amalia Ruiz, y es de dominio público que le mandas versitos a ese -retaco de Hilaria Sevillano, y que ella te envía, con la mujer del peón -caminero, peras de su huerta. Todo se sabe, amiguito.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sí, y lo primero que sabemos es que se deja usted tamañita a <i>La -Correspondencia</i>. Todo lo averigua y todo lo trabuca. Para que se -entere, no han sido peras, sino abridores.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Y ahora te está preparando una calabaza de cabello de ángel. Es -rica la niña, aunque cargadita de espaldas; pero los padres, que son -plateros y conocen el oro falso, no te pasan... Tienes liga...</p> - -<p class="acotj mt1">(No se oye lo que contesta Senén, porque Nell y -Dolly, viendo pasar a un sujeto al través de la verja que da a la calle -de Potestad, se abalanzan gozosas a llamarle.)</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡D. Pío, Pío, Piito, venga, ven acá!... entra.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">dejando a Senén con la -palabra en la boca</span>.</p> - -<p>¿Es Coronado, vuestro maestro?</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">gritando</span>.</p> - -<p>Maestro, maestrillo, entra. Mamá quiere verte.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_102">p. -102</span>DOLLY</p> - -<p>No seas vergonzoso... ven.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>No entrará ni a tiros. Es muy corto de genio. <span -class="acoti">(Se asoman los cuatro, y ven a un anciano que se aleja -calle adelante, y risueño saluda con la mano.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Pobrecillo!... ¡Le queremos más...!</p> - -<p class="acotj mt1">Los dos niños del Alcalde se dedican, con -perseverancia digna de mejor causa, a untarse las manos de tierra -mojada. La <i>Solitaria</i>, viendo salir a los frailes, y a las -señoras, que en la verja de la plaza les despiden, corre a gulusmear. -Fórmanse nuevos grupos: en un lado están el Cura, la Alcaldesa y -Consuelito; en otro, el Alcalde, la Condesa, Senén y las niñas.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">a la -Alcaldesa</span>.</p> - -<p>¿Se puede saber a qué han venido los padricos de Zaratán?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Visita de parabién, y nada más. <span class="acoti">(Al -Cura.)</span> La verdad, D. Carmelo, aquí que nadie nos oye: ¿D. -Rodrigo le dijo o no le dijo a usted los horrores que supone -Lucrecia?</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">escurriendo el -bulto</span>.</p> - -<p>Psch... Exageraciones, monomanías... chocheces.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span>CONSUELITO</p> - -<p>A esta buena señora no le vendría mal mirar un poquito por su -reputación... Ella será buena; pero no puede hacerlo creer a nadie.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Chitón, Consuelo. Lucrecia está en mi casa.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>De todas las historias que por ahí corren, descontemos lo que añaden -la malicia, la envidia, el afán de los chistes, y...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Quite usted todo el <i>jierro</i> que quiera, y siempre quedará lo -que es público y notorio.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Y quién te asegura que no sea invención?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>No creo en las invenciones, ni siquiera en la de la pólvora... Esta -Vicenta, cuando se pone a no querer entender las cosas...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Indicábamos que podría ser invención...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>¿He inventado yo que esta buena señora no tenía ni pizca de amor -a su marido... y que le dejó morir como un perro en una fonda de -Valencia?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>LA -ALCALDESA</p> - -<p>¡Consuelo, por Dios...!</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Hija, en Madrid lo oí... Los chicos de la calle no sabían otra cosa. -Bueno: que es mentira. ¿Queréis que diga y sostenga que miente todo -el mundo? Pues lo digo: a benevolencia nadie me gana. Pero también os -aseguro una cosa: en mi fuero interno creo que el Conde de Albrit tiene -razón en odiar a su nuera, y lo pruebo, como diría Senén.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Recomiéndele usted a su fuero interno que no sea tan malicioso.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Pero no puedo recomendar a mis ojos que no vean lo que ven; y han -visto que la cara de la Condesa se queda como el mármol cuando le -nombran a su suegro.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>De mármol blanco. Es que tiene una tez que ya la quisiera usted para -los días de fiesta.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Yo no presumo.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Podía...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">cortando la -cuestión</span>.</p> - -<p>Basta. Mientras esta señora esté en mi casa, yo no tolero...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_105">p. -105</span>CONSUELITO</p> - -<p>Claro... pero conste que ella viene a honrarse a tu casa... no eres -tú quien se honra con recibirla y agasajarla. ¡Pues no le han dado hoy -poquita ovación!... Y dice que no le gustan los vivas... A poco más -revienta de orgullo.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Señora Doña Consuelito, no abre usted la boca sin decir algo -en ofensa del prójimo. Haga caso de mí, que la quiero bien: ponga -mesura en sus palabras, y enfrene un poco su curiosidad de las vidas -ajenas.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>¿Qué mal hay en saber lo que pasa, siendo verdad? La curiosidad es -hija de Dios, y de la curiosidad nace la historia que usted cultiva, y -nace la ciencia que descubre tantas cosas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>La curiosidad perdió a Eva.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Hay opiniones...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Es dogma.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Bueno... lo creo por ser dogma, que si no, no lo creía. Una cosa -siento, acordándome de lo del Paraíso... Sí, señor, siento no haberlo -visto yo, para que nadie me lo contara.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span>LA -ALCALDESA, <span class="acoti">viendo llegar a la Condesa</span>.</p> - -<p>Silencio... Aquí viene.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Pobre Senén! Las chiquillas le traen loco.</p> - -<p class="acotj mt1">La inopinada presencia del periodista en la verja -de entrada exige nueva intervención de la muleta del señor Alcalde. -Preséntase también el director del orfeón. La Alcaldesa se ve precisada -a poner coto a los juegos inocentes de sus hijuelos, y acude al -estanque, donde se lavan las manos, mojándose la ropita nueva. Nell y -Dolly llaman a Consuelito y al Cura. Senén y la Condesa se encuentran -un rato solos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sentada a la sombra de una -magnolia frondosísima</span>.</p> - -<p>Ya sé que has visto a ese hombre, que le has hablado.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">en pie, respetuoso</span>.</p> - -<p>Viene de malas.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">disimulando su -miedo</span>.</p> - -<p>¿Y qué me importa? Forzoso es darle algo para que viva... Me dejará -en paz.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Lo dudo... Como soberbio que es, no querrá limosna; como -quisquilloso y camorrista, querrá escándalo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">trémula</span>.</p> - -<p>¡Escándalo!... ¿Qué?... ¿te ha dicho algo?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>SENÉN, -<span class="acoti">haciéndose el misterioso</span>.</p> - -<p>A mí, no... En Madrid, un amigo mío que vivió en Valencia con el -señor Conde, me dijo que este, desde la muerte de su hijo (Dios le -tenga en su gloria), no vive más que para un fin: revolver lo pasado, -los desechos del pasado...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Como los traperos en los montones de basura.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Revolver para sacar... lo que encuentre.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">muy inquieta</span>.</p> - -<p>Y a ti te haría mil preguntas... Sabe que fuiste mi criado... y los -criados siempre poseen algún secreto... digo mal, algún dato de las -intimidades de sus amos.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">enfáticamente</span>.</p> - -<p>En mí tuvo y tendrá siempre la señora Condesa un servidor leal...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Lo sé... Confío en ti.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Y aunque no me obligaran a la lealtad los motivos de agradecimiento -que me hacen esclavo de la señora, seré fiel y seguro porque tengo la -honradez metida en las entrañas...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_108">p. -108</span>LUCRECIA</p> - -<p>Lo sé... <span class="acoti">(Apuradísima por librar su olfato -del insoportable perfume de heliotropo que Senén despide de su -ropa, saca el pañuelo, y se acaricia con él la nariz, fingiendo -constipación.)</span></p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sirvo a la Condesa de Laín desinteresadamente en todo aquello que -guste mandarme, sea lo que fuere... Pero no olvide la señora que su -humilde protegido, el pobre Senén, no merece quedarse a mitad del -camino en su carrera.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con hastío y -desdén</span>.</p> - -<p>¿Pero qué... quieres más? ¿Solicitas otro ascenso? Ahora es -imposible.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">quejumbroso</span>.</p> - -<p>No es eso. Por la administración a secas no se va a ninguna -parte.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Pues qué pretendes?... Dilo pronto y acaba de una vez. ¿Quieres el -arzobispado de Toledo, o la cruz laureada de San Fernando?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Aspiro a una posición obscura y de mucho trabajo, con lo cual podré -asegurar mi subsistencia en lo que me quede de vida.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">impaciente, deseando que -se vaya</span>.</p> - -<p>Bueno: la tendrás. ¿Es cosa que puedo hacer yo?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>SENÉN</p> - -<p>Facilísimamente, no dejando pasar la ocasión. Es cosa muy sencilla. -Que me nombren agente ejecutivo para la cobranza de Derechos Reales.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Y eso da dinero?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¡Que si da!...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿De modo que pidiéndolo al Ministro...?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Como tenerlo en la mano.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">levantándose, por huir del -perfume y del perfumado</span>.</p> - -<p>Si es así, cuenta con ello.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Permítame la señora un momentito...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Insufrible pedigüeño! ¿Todavía más?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Se me olvidó decir a la señora que para desempeñar ese cargo -necesito fianza.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">muy displicente</span>.</p> - -<p>¿También eso?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>SENÉN</p> - -<p>Una fuerte fianza.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sofocando su ira</span>.</p> - -<p>Yo no puedo ponértela...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">dando un paso hacia -ella</span>.</p> - -<p>Pero el señor Marqués de Pescara me la facilitará solo con que la -señora se lo diga... o se lo mande.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Oh!... Esto ya es absurdo... Pides cosas difíciles, enfadosas.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">dando otro paso en -seguimiento de la Condesa, que se aleja</span>.</p> - -<p>Si la señora no quiere molestarse para que yo salga de pobre, no he -dicho nada... Se me olvidaba manifestarle que el dinero estará seguro, -y el señor Marqués cobrará intereses de la Caja de Depósitos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">deseando concluir</span>.</p> - -<p>Está bien... Pero es dudoso que yo pueda ver a Ricardo...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con seguridad</span>.</p> - -<p>Le verá mañana o pasado.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con súbito interés, -aproximándose a él, sin temor a la fragancia heliotrópica</span>.</p> - -<p>¿Dónde?... ¿Qué dices?... ¿Dónde?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>SENÉN</p> - -<p>En Verola, a donde la señora va desde aquí.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Y cómo lo sabes?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Cuando lo digo, es porque lo sé... y lo pruebo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Él también en Verola!... ¡Ah! lo sabes por su ayuda de cámara, que -es tu primo. ¿Estás seguro?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Prométame la señora que si encuentra allí al señor Marqués le pedirá -la fianza. Con eso me basta.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">rehaciéndose, avergonzada -de sostener coloquio familiar con un inferior</span>.</p> - -<p>Yo veré... Ignoro en qué disposición encontraré a Ricardo.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">muy animado</span>.</p> - -<p>Prométame hablarle de mi fianza si le encuentra en buena -disposición. Me conformo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Te prometo no olvidar el asunto, mirarlo con interés... siempre que -tú me asegures una lealtad a toda prueba...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>SENÉN, -<span class="acoti">con aspavientos de adhesión</span>.</p> - -<p>¡Señora!...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">tapándose la -nariz</span>.</p> - -<p>Retírate...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Qué... está la señora constipada?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">burlona</span>.</p> - -<p>No, hombre... Es que usas unos perfumes tan fuertes, que no se puede -estar a tu lado... Vete ya.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">turbado</span>.</p> - -<p>Pues yo creía... No molesto más... <span class="acoti">(Saludando a -distancia.)</span> Señora...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">agitando con su pañuelo el -aire, para alejar los miasmas olorosos</span>.</p> - -<p>¡Qué desgraciada soy, Dios mío! ¡Tener que soportar a ese animalejo, -y oírle, y olerle... solo porque le temo!...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">que vuelve de meter en -cintura a sus niños</span>.</p> - -<p>¿Qué hace usted, Lucrecia?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Limpiar la atmósfera de los perfumes que usa este imbécil.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Sí, sí: tiene infestada... toda la población.</p> - -<p class="acotj mt1"><span class="pagenum" id="Page_113">p. -113</span>(Entra en el jardín <i>Capitán</i>, el perrito de la Pardina, -y corre hacia las niñas, brincando de alegría, y meneando el plumacho -que tiene por cola.)</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">bajándose para cogerle de las patas -delanteras</span>.</p> - -<p>Hola, pillo, ¿vienes a ver a tus niñas?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Qué trae por aquí el chiquitín de la casa? Tú no has venido solo, -<i>Capitán</i>.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Con quién has venido?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">a Lucrecia</span>.</p> - -<p>Ahí tiene usted a Venancio, con un recado del <i>León de -Albrit</i>... Cuidado que no le llamo flaco ni gordo, ni hablo de sus -pulgas.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">demudada</span>.</p> - -<p>Voy... ¿Qué será? <span class="acoti">(Entra en la casa, acompañada -de la Alcaldesa.)</span></p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">a Consuelito, que ávida -de noticias se le aproxima</span>.</p> - -<p>Esta tarde no podremos librarnos del orfeón. Ya le he dicho a -Fandiño que con un par de cantatas nos daremos por bien servidos.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Y echarán, aplicándolo a tu amiga, el coro dedicado a Isabel -la Católica, que dice: «Salve, matrona excelsa...» <span -class="acoti">(Cantando.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span>EL -ALCALDE</p> - -<p>El tábano de Cea debiera celebrar su <i>interbú</i> contigo. Pero -como estás sorda, le encargaré que se traiga una trompetilla.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">amenazándole con su -abanico</span>.</p> - -<p>¡Sorda yo!</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Quiero decir que debieras serlo... y muda.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Eso quisieras tú, para hacer mangas y capirotes en el -Ayuntamiento.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que vuelve de la casa, con -la Alcaldesa y el Cura</span>.</p> - -<p>Mi noble suegro me pide hora y sitio para nuestra entrevista. He -dicho a Venancio que le contestaré esta tarde.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Me parece bien que no se demore el careo. Sea usted humilde si él es -orgulloso. Tiene usted la juventud, la fuerza, no sé si la razón... Él -es anciano, infeliz... Merece indulgencia.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">mirando más al suelo que a -los que la rodean</span>.</p> - -<p>No sé qué pretenderá... Lo sabremos mañana.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Citémosle aquí. Verá usted cómo conmigo no se desmanda. ¡Leoncitos a -mí!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_115">p. -115</span>LUCRECIA, <span class="acoti">vacilando</span>.</p> - -<p>No sé... no sé...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Si quiere usted celebrar la entrevista en mi casa, pongo a su -disposición una sala hermosísima... Con franqueza. Estarán ustedes -solitos... Se cierran bien las puertas...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No, gracias... Iré a la Pardina.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Fije usted la hora, y yo le llevaré el recado.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Mañana, a las diez.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">desconsolada</span>.</p> - -<p>¡Mañana que pensaba yo llevármela a visitar a las monjitas!</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y el colegio, y la fábrica, y el matadero, y los casinos de la -<i>masa obrera</i>, y el hospital, y el instituto, y las escuelas... -Condesa, que espere el león un día más.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No puede ser, mi querido D. José María, porque me voy mañana.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span>LA -ALCALDESA, <span class="acoti">con asombro y cierta indignación, de que -participa su esposo</span>.</p> - -<p>¿Cómo es eso? ¡Lucrecia, por Dios...!</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">dando resoplidos</span>.</p> - -<p>¡Trómpolis! Eso no es lo tratado.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>No, hija mía; no lo consentimos. Dijo usted que cuatro días.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Me opongo. Saco la vara.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y yo saco el Cristo.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>¡Ingrata! ¡Dejarnos tan pronto!</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">remilgada, -suspirando</span>.</p> - -<p>Lo siento en el alma...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Pero tan mal la tratamos?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">poniendo -morros</span>.</p> - -<p>Sin duda la tratan mejor en Verola, en el castillo de sus amigos los -Donesteve.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Compromiso ineludible. Me esperan mañana. Pero no hay que -apurarse... volveré.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>EL -ALCALDE, <span class="acoti">con grosería</span>.</p> - -<p>¿De veras? ¡Cómo nos está tomando el pelo!</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>No, no nos engaña. Volverá.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Como que es muy probable que allí determine llevarme a las -chiquillas... Francamente, me inquieta un poco dejarlas en Jerusa.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">frunciendo el -ceño</span>.</p> - -<p>Tal vez...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo hacia su madre</span>.</p> - -<p>¡Mamá, el orfeón!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡El orfeón! Ahí están.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">batiendo palmas</span>.</p> - -<p>¡Qué gusto!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Qué alegría!</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">cantando bajito</span>.</p> - -<p>«Salve, matrona excelsa...»</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch2_5" title="ESCENA V"><span class="pagenum" - id="Page_118">p. 118</span>ESCENA V</h3> -</div> - -<p class="acot">Sala baja en la Pardina.</p> - -<p class="acot">LUCRECIA, sentada, melancólica, mirando al suelo; EL -CONDE, que entra por el foro.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Señora Condesa... <span class="acoti">(Se inclina respetuosamente. -Saluda ella con fría reverencia.)</span> Agradezco a usted que -haya tenido la bondad de concederme esta entrevista, aunque para -merecer yo favor tan grande haya tenido que venir a Jerusa. <span -class="acoti">(Toma una silla, y se sienta cerca de ella.)</span></p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Es obligación sagrada para mí acceder a su ruego... aquí o en -cualquier parte. Obligación digo: durante algún tiempo me ha llamado -usted su hija.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero ya no... Esos tiempos pasaron. Fue usted, como si dijéramos, -una hija eventual... transitoria, una hija de paso...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">esforzándose en sonreír -para engañar su miedo</span>.</p> - -<p>Y a las hijas de paso... cañazo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Extranjera por la nacionalidad, y más aún por los sentimientos, -jamás se identificó usted con mi familia, ni con el carácter español. -Contra<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> mi voluntad, -mi adorado Rafael eligió por esposa a la hija de un irlandés -establecido en los Estados Unidos, el cual vino aquí a negocios de -petróleo... <span class="acoti">(Suspirando.)</span> ¡Funestísima ha -sido para mí la América!... Pues bien: como todo el mundo sabe, me -opuse al matrimonio del Conde de Laín; luché con su obstinación y -ceguera... fui vencido. Me han dado la razón el tiempo y usted; usted, -sí, haciendo infeliz a mi hijo, y acelerando su muerte.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">airada, y todavía -medrosa</span>.</p> - -<p>Señor Conde... eso no es verdad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">fríamente -autoritario</span>.</p> - -<p>Señora Condesa, es verdad lo que digo. Mi pobre hijo ha muerto de -tristeza, de dolor, de vergüenza.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sacando fuerzas de -flaqueza</span>.</p> - -<p>No puedo tolerar...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Calma, calma. No se acalore usted tan pronto... cuando apenas he -comenzado...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Es monstruoso que se me pida una entrevista para mortificarme, para -ultrajarme. <span class="acoti">(Afligida.)</span> Señor Conde, usted -nunca me ha querido.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Nunca... Ya ve usted si soy sincero. Mi penetración, mi conocimiento -del mundo no me<span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> -engañaban. Desde que vi a Lucrecia Richmond la tuve por mala, y si en -algo han fallado mis augurios ha sido en que... en que salió usted peor -de lo que yo pensaba y temía.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">levantándose -altanera</span>.</p> - -<p>Si esta conferencia, que yo no he solicitado, es para insultarme, me -retiro.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sin alterarse</span>.</p> - -<p>Como usted guste. Si prefiere que lo que tengo que decirle lo diga -a todo el mundo, retírese en buen hora. Por la cuenta que le tiene, -preferirá sin duda oírlo sola, por mucho que le desagraden mi voz y -mis acusaciones. ¿No es eso? El oprobio de que pienso hablarle quedará -entre los dos. Nos lo repartiremos por igual, sin dejar nada para los -extraños. ¿No es esto mejor que arrojarlo fuera, a puñados, sobre la -multitud? <span class="acoti">(La Condesa, que vacila entre salir y -quedarse, da un paso hacia su asiento.)</span> ¿Ve usted cómo no le -conviene dejarme con la palabra en la boca?... Así es mejor.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">angustiada, pasándose la -mano por los ojos y la frente</span>.</p> - -<p>Sí, sí... Le suplico la brevedad... Lo que se propone decirme, -dígalo pronto, pronto...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es un poquito largo... <span class="acoti">(Le señala el -asiento.)</span> ¿A qué tanta prisa? ¡Cuánto mejor está usted aquí -conmigo, oyendo las terribles verdades que salen de mi boca, que -entre gentes aduladoras y embusteras, que públicamente la festejan, -y en<span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> privado la -denigran! ¿Acaso es usted tan candorosa que se paga de esa estúpida -farsa de la ovación callejera, y los vivas y los cohetes? Todos los que -se han quedado roncos aclamando a la Condesa de Laín, se aclaran la voz -contando aventuras galantes, anécdotas maliciosas. Y también digo que, -con ser usted mala, no lo es tanto como creen y afirman los imbéciles -que ayer la vitorearon.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">queriendo -serenarse</span>.</p> - -<p>Más vale así... Siempre es un consuelo ser mejor de lo que nos creen -los amigos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Siéntese usted. Después de oír tantos embustes y lisonjas, no le -viene mal oír la voz de la justicia, de la verdad... y oírla con -paciencia cristiana.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Paciencia! Ya ve usted que la tengo, aunque no sea tanta como su -malicia. Pero no hay que abusar, señor mío; no vea usted cobardía en lo -que es respeto a la ancianidad, a los lazos que nos unen y que usted no -puede desconocer, a sus terribles infortunios...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran -abatimiento</span>.</p> - -<p>Sí, sí: soy muy desgraciado.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">envalentonándose al ver -desmayar a su enemigo</span>.</p> - -<p>Pero usted, Sr. D. Rodrigo, no aprende nunca. Las desgracias, -que son lecciones y avisos<span class="pagenum" id="Page_122">p. -122</span> de la Providencia, doman al más soberbio, y suavizan al -más atrabiliario. Esta ley, sin duda, no reza con usted. Francamente, -yo creí que la pérdida total de su fortuna y el horrible desengaño de -América, amansarían su orgullo... Veo que no. El león, caduco y pobre, -vuelve a España más fiero.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué quiere usted?... Dios me ha hecho fiero, y fiero he de -morir.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">intentando tomar una -posición ofensiva</span>.</p> - -<p>Es usted, según creo, el hombre de las equivocaciones, y bien puede -decirse que todo aquello en que pone la mano le sale mal. Le hacen -creer que el Gobierno peruano está dispuesto a reconocerle la propiedad -de las minas de Hualgayoc, y se embarca, la cabeza llena de viento, -discurriendo cómo traerá la enorme carga de millones que allá le tenían -muy guardaditos... Pero la realidad le deparó tan solo desprecios, -cansancio inútil, humillaciones... Y no teniendo sobre quién descargar -su despecho, se revuelve contra una pobre mujer, y la injuria y la -maldice.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si al regresar de aquella excursión que consumó mi ruina hubiera -yo encontrado a mi hijo vivo, su cariño me habría hecho olvidar mi -triste situación. Pero la muerte de Rafael, acaecida hace cuatro meses, -avivó en mí la irascibilidad, despecho si usted quiere, el sabor -amargo que en mi alma dejaron las desdichas... y<span class="pagenum" -id="Page_123">p. 123</span> avivó también el odio a la persona que creo -responsable de la infelicidad y de la muerte de aquel hombre tan bueno -y leal.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">altanera</span>.</p> - -<p>¡Responsable yo de su muerte! Eso es una infamia, señor Conde.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran -entereza</span>.</p> - -<p>Mi hijo ha muerto... del abatimiento, del bochorno a que le llevaron -los escándalos de su esposa. Eso lo sabe todo el mundo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">airada, levantándose</span>.</p> - -<p>Mire usted lo que dice. Se hace usted eco de viles calumnias. Tengo -enemigos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Más que los enemigos, difaman a Lucrecia Richmond... sus amigos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">desconcertada</span>.</p> - -<p>Repito que es calumnia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose -también</span>.</p> - -<p>Ahora lo veremos... <span class="acoti">(Con cierta dulzura.)</span> -Lucrecia... aún podría suceder que yo me equivocara, que fuese usted -mejor de lo que supongo... Este error mío lo confirmaría usted, dándome -con ello una dura lección, si tuviera el arranque de confesarme la -verdad...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">aturdida</span>.</p> - -<p>¿La verdad?...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>EL CONDE</p> - -<p>Sí... sobre un punto delicadísimo sobre el cual la interrogaré.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">medrosa</span>.</p> - -<p>¿Cuándo?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ahora mismo... sí, y contestándome sin pérdida de tiempo, me -proporcionará el placer inefable de perdonarla. Crea usted que al fin -de mi vida, quebrantado, triste, moribundo casi, el perdonar es gran -consuelo para mí.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con terror</span>.</p> - -<p>¡Interrogarme! ¿Soy acaso criminal?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">luchando con su conciencia, que anhela -manifestarse</span>.</p> - -<p>Todos somos imperfectos... No me tengo por impecable... ¿Pero a -usted... quién le ha hecho confesor... y juez?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me hago yo mismo... Quiero y debo serlo, como jefe de la familia de -Albrit, y guardador de mi decoro.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con pánico, queriendo huir</span>.</p> - -<p>Esto es insoportable... No puedo más...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span>EL -CONDE, <span class="acoti">deteniéndola por un brazo</span>.</p> - -<p>No, no. No puede usted negarse a responderme... al menos para -demostrarme que no tengo razón, si en efecto no la tuviera y usted -pudiese probarlo. Lo que voy a preguntar es grave, y el acto de -preguntarlo yo, de contestarme usted, ha de revestir cierta solemnidad. -Ahora no soy yo quien habla: es el marido de la que me escucha, es -mi hijo, que resucita en mí... <span class="acoti">(Pausa.)</span> -Siéntese usted. <span class="acoti">(La lleva al sillón.)</span></p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">cayendo desfallecida en el -sillón</span>.</p> - -<p>Por piedad, señor... Me está usted martirizando.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Perdóneme usted... Es preciso... Hay que sufrir algo, Lucrecia. -No todo ha de ser gozar y divertirse. <span class="acoti">(Pausa. La -Condesa, ansiosa, no se atreve a mirarle.)</span> Al llegar a Cádiz de -mi frustrado viaje, entregáronme una carta de Rafael, en la cual me -manifestaba su dolor, su amargura hondísima. La vida había perdido para -él todo interés. Hallábase enfermo, y en su desesperación no anhelaba -curarse. Le consumía el desaliento, la pérdida de toda ilusión, la -vergüenza de ver ultrajado su nombre...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">revolviéndose</span>.</p> - -<p>¡Señor Conde, por Dios...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mi hijo vivía separado de su esposa desde el año anterior.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>LUCRECIA</p> - -<p>¿Y quién asegura que fue por culpa mía?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Yo lo aseguro: por culpa de usted.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No es cierto.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">colérico</span>.</p> - -<p>No me desmienta usted. Calle ahora y escuche. <span -class="acoti">(Recobrando el tono narrativo.)</span> Rafael no me decía -nada concreto. Expresaba tan solo el estado de su espíritu, sin exponer -las causas...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con viveza</span>.</p> - -<p>No decía nada concreto. Luego...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero, a poco de recibir la carta, me dio cuenta detallada de las -aventuras de la Condesa de Laín un amigo mío queridísimo, persona de -intachable veracidad, que no solo refería lo que era público y notorio, -sino algo que por circunstancias excepcionales tuvo ocasión de conocer -y comprobar; hombre que no ha mentido nunca, tan bueno y noble, que -al hacerme la triste historia de aquellos escándalos, casi, casi los -atenuaba... No necesito nombrarle. Usted le conoce.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">aterrada, casi sin voz</span>.</p> - -<p>Yo... no.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span>EL CONDE</p> - -<p>Usted sabe quién es. Y no se atreve, no se atreve a sostener que ha -mentido, porque su conciencia, Lucrecia, se sobrepone a su cinismo; -y antes dudará usted de la luz que de la veracidad de ese hombre, -venerado de todo el mundo, gloria de la magistratura...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">agarrándose a un clavo -ardiendo</span>.</p> - -<p>El hombre más recto puede equivocarse... sobre todo si respira un -ambiente malsano de hablillas y embustes...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sigo. Me refirió todo, todo... es decir, todo no. Falta algo, tan -secreto, que solo usted lo sabe... y usted me lo va a decir.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con angustias de muerte</span>.</p> - -<p>¡Qué suplicio, Dios mío!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Suplicio! No se acuerda usted del de su esposo, fugitivo, solo, -muriendo de melancolía, sin que ningún cariño le consolara... porque -yo estaba ausente, y usted, que no le amaba, no hacía más que rebuscar -pretextos para apartarse de su lado... Claro que al recibir la carta -y al oír los informes de mi amigo, me faltó tiempo para correr al -lado de Rafael. Tomé el tren, y sin parar en ninguna parte, me fui a -Valencia...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span>LUCRECIA</p> - -<p>¡Ay de mí!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con voz lúgubre</span>.</p> - -<p>Dos horas antes de llegar yo, mi adorado hijo había muerto. Agravose -su enfermedad en aquellos días. Él no hacía caso... Un tremendo acceso -de disnea, el espasmo... la muerte. Todo en unas cuantas horas... <span -class="acoti">(Llora. Pausa.)</span> Murió en el cuarto de una fonda... -vestido sobre la cama... mal asistido de gente mercenaria... ¡Jesús... -qué dolor...!</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">muy conmovida, sollozando</span>.</p> - -<p>¡Oh! Señor Conde, aunque usted no lo crea, yo le amaba...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">iracundo, limpiándose las -lágrimas</span>.</p> - -<p>¡Mentira! Si le amaba usted, ¿por qué no corrió a su lado al saber -que estaba enfermo?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sin saber qué decir</span>.</p> - -<p>Porque... no sé... Complicaciones de la vida que no puedo explicar -en breves palabras. Yo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Déjeme concluir... Fácilmente comprenderá mi desesperación al -encontrarle muerto. ¡No escuchar de sus labios explicaciones que -solo él podría darme! Terrible cosa era perderle; pero más terrible -aún verle yerto, frío, mudo para siempre, como le vi yo... y no -poder consolarle, no poder decirle: «cuéntame tus martirios,<span -class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> y tu padre te contará los -suyos.» <span class="acoti">(Cruza las manos, sollozando.)</span> ¡Oh, -pena inmensa, agonía lenta de mi vejez, más espantosa que cuantos males -en todo tiempo sufrí! Verle cadáver, hablarle sin obtener respuesta, -sin que a mis caricias respondiese con un gesto, con una mirada, con -una voz. ¡Y sabiendo yo el infinito dolor que amargó sus últimos días, -ver que todo se lo llevaba, todo, al abismo del silencio, la muerte, -sin darme una parte, un poco del dolor suyo, que era su alma!... <span -class="acoti">(La Condesa, agitada y poseída de profunda emoción, -llora, apretándose el pañuelo contra los ojos.)</span> ¡Horrible, -pavoroso!... Usted no tiene corazón y no sabe lo que es esto. <span -class="acoti">(La ve llorar. Pausa.)</span> ¡Qué hermoso sería que en -este instante pudiéramos llorar usted y yo por aquel ser querido!... -<span class="acoti">(La Condesa da algunos pasos hacia él; están a -punto de abrazarse... vacilan... El Conde la rechaza secamente.)</span> -No... Tú, no... usted, no.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Sinceras son mis lágrimas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Naturalmente... Viendo mi pena... No es usted de bronce, no es -usted una fiera... Pero no, no sostenga que amaba a su esposo; al -hombre que se ama no se le engaña solapadamente, pisoteando su honra, -y arrojando al escándalo y a la befa del público su nombre sin tacha. -<span class="acoti">(La Condesa inclina la cabeza, y fijos los ojos en -el suelo, no dice nada.)</span> Al fin calla usted. Ahora, ahora veo -a la desdichada Lucrecia en el único terreno en que debe ponerse, que -es el de la resignación sumisa, esperando un fallo de justicia. <span -class="acoti">(Pausa.)</span><span class="pagenum" id="Page_130">p. -130</span> ¿Declara usted que su conducta con mi hijo, al menos en -determinadas épocas de su vida, no fue buena?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">tímidamente</span>.</p> - -<p>Lo declaro... Pero algo debo decir en descargo mío...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya escucho.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Mis desavenencias con Rafael son antiguas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Lo sé... Datan de los primeros años del matrimonio, porque usted, -penoso es decirlo, no hubo de esperar mucho tiempo para lanzarse por -mal camino. ¿Lo niega usted?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">cohibida, abrumada, queriendo y no -queriendo decirlo</span>.</p> - -<p>Acusada con tanta fiereza, no acierto a buscar razones, que algunas -hay siempre en estos casos, para disculparme.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Búsquelas usted... pero antes, ¿reconoce sus faltas?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con gran esfuerzo</span>.</p> - -<p>Las reconozco. Sería una hipocresía indigna de mí negarlas en -absoluto. Pero...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Pero qué...?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span>LUCRECIA</p> - -<p>Digo que Rafael, llevándome desde el principio, contra mi gusto, a -la esfera social más favorable a la relajación del vínculo matrimonial, -contribuyó a perderme. Me vi rodeada de gente frívola, de aduladores, -de personas sin conciencia...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Sin conciencia! Tuviérala usted, ¿y qué le importaban los demás?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">premiosa</span>.</p> - -<p>En aquel ambiente no supe o no pude combatir el mal. A mi lado -no tenía un censor severo de mi propia debilidad, un guardián -vigilante...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Difícil es guardar a la que guardarse no quiere.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">batiéndose desesperadamente</span>.</p> - -<p>¡Oh, señor Conde: si hubiera usted encontrado vivo a su hijo, si -hubiera podido escuchar de sus labios la confidencia o confesión que -deseaba... estoy segura de ello, Rafael, que era sincero y justo, -habría tenido la generosidad, la rectitud de decirle: «no solo es ella -culpable; yo también...»!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No lo habría dicho, no.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_132">p. -132</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con firmeza</span>.</p> - -<p>Creo, como esta es luz, que Rafael, al juzgarme, no habría sido -extremadamente duro.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Fue, más que duro, implacable.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿En sus últimos momentos?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>En sus últimos momentos: fíjese usted en lo que afirmo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con estupor</span>.</p> - -<p>Pero si acaba usted de decirme...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Que le encontré muerto... sí.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Entonces... <span class="acoti">(Pausa. Ambos se miran.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Los muertos hablan.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con terror</span>.</p> - -<p>¡Y Rafael...! <span class="acoti">(Vacilante entre la incredulidad y -un miedo supersticioso.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Desesperado, loco, permanecí... no sé cuántas horas... ante el -cadáver de mi pobre hijo,<span class="pagenum" id="Page_133">p. -133</span> sin darme cuenta de nada que no fuera él y el misterio -inmenso de la muerte. Pasado algún tiempo, empecé a fijar mi -atención en lo que me rodeaba, en sus ropas, en los objetos que le -pertenecieron, en los muebles que había usado, en la estancia... -<span class="acoti">(Pausa. La Condesa le escucha con ansiosa -expectación.)</span> En la estancia había una mesa con varios libros y -papeles, y entre ellos una carta...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">temblando</span>.</p> - -<p>¡Una carta...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí. Rafael estaba escribiéndola a las tres de la madrugada, cuando -se sintió mal. Vino bruscamente la muerte, le atacó con furia, ¡ay!... -El infeliz llamó; acudieron... Se le prestaron los auxilios más -perentorios... Todo inútil... La carta allí quedó medio escrita... Allí -estaba ¡hablando... y viva! hablando... ¡era él!... La leí sin cogerla, -sin tocarla, inclinado sobre la mesa, como me habría inclinado sobre su -lecho si le hubiera encontrado vivo... La carta dice...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">casi sin aliento, la boca -seca</span>.</p> - -<p>¿Era para mí?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Démela usted. <span class="acoti">(El Conde deniega con la -cabeza.)</span> ¿Pues cómo he de enterarme...?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>EL CONDE</p> - -<p>Basta que yo repita su contenido. La sé de memoria.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No basta... Si me acusa, necesito leerla, reconocer su letra...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No es preciso. Yo no miento. Bien lo sabe usted... Principia con -un párrafo de amargas quejas que pintan la discordia matrimonial, lo -inconciliable de los caracteres. Siguen estos gravísimos conceptos -<span class="acoti">(repitiéndolos palabra por palabra)</span>: «Te -anuncio que si no me envías pronto a mi hija, la reclamaré. Quiero -tenerla a mi lado. La otra... la que, según declaración tuya en la -desdichada carta que escribiste a Eraul, y que pusieron en mi mano sus -enemigos... no es hija mía... te la dejo, te la entrego, te la arrojo a -la cara...» <span class="acoti">(Pausa silenciosa.)</span></p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con estupor, que casi es -embrutecimiento</span>.</p> - -<p>¿Eso decía... eso dice...?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Esto dice... <span class="acoti">(Repitiendo con pausa.)</span> «La -otra... la que no es mi hija, te la dejo, te la entrego, te la arrojo -a la cara.» Y luego añade: «Ya sabes que lo sé. No puedes negármelo... -Tengo pruebas.»</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">buscando una salida</span>.</p> - -<p>¡Pruebas!... ¡Quiero ver la carta!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Duda usted de lo que digo...?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No lo dudo... no sé... Pero la carta puede ser falsa. La escribiría -algún enemigo mío para vilipendiarme.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con ademán de sacar la -carta</span>.</p> - -<p>La escribió mi hijo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">espantada</span>.</p> - -<p>No, no quiero verla... ¡Qué abominación!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Luego, usted niega...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">maquinalmente</span>.</p> - -<p>Lo niego.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y yo ¡necio de mí! esperaba encontrar en usted la suficiente -grandeza de alma para revelarme toda la verdad, sin ocultar nada, única -manera de obtener el perdón. Llevado de este noble anhelo, solicité la -entrevista, y aspiraba y aspiro a que la infeliz Lucrecia complete su -revelación diciéndome...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">en el colmo del terror</span>.</p> - -<p>¿Qué... qué más...?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con austera frialdad</span>.</p> - -<p>Diciéndome... cuál de sus dos hijas es la que usurpa mi nombre, la -que simboliza y personifica mi deshonor.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Infame idea!... No, no es verdad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">repitiendo las graves -palabras</span>.</p> - -<p>«Ya sabes que lo sé... No puedes negármelo.»</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">decidida a la negativa, y negando con -ahinco</span>.</p> - -<p>Lo niego... Es falso...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Niega usted que hizo... a Carlos Eraul, pintor, muerto hace un -año... la grave revelación que ahora le pido?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">vivamente, sin poder -contenerse</span>.</p> - -<p>¿La tiene usted?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Luego existe...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">volviendo sobre sí</span>.</p> - -<p>Quiero decir que si la tiene usted, si posee algún papel que me -comprometa, será falso... habrán imitado mi letra.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Como no puedo mentir, diré que no poseo ese precioso documento. Lo -he buscado inútilmente entre los papeles de mi hijo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_137">p. -137</span>LUCRECIA, <span class="acoti">respirando</span>.</p> - -<p>Todo esto es una farsa, una impostura, de la cual no culpo a -nadie... solo acuso a mi destino.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya que no satisface usted mi anhelo de la verdad, conteste al menos -a esta otra pregunta: ¿Ama usted lo mismo a las dos niñas?...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">rabiosa, paseándose muy -agitada</span>.</p> - -<p>No, lo mismo no... digo, sí... a las dos igual... Deseche usted esa -torpe idea.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Antes hará usted del día noche y de la noche día, que conseguir -arrancarme de la mente la idea de que lo escrito por mi hijo es la -pura verdad. <span class="acoti">(Con autoridad severa.)</span> Dígame -usted pronto, pronto, cuál de esas dos adorables niñas es la falsa... -o cuál la verdadera: es lo mismo. Necesito saberlo, tengo derecho a -saberlo, como jefe de la casa de Albrit, en la cual jamás hubo hijos -espúreos, traídos por el vicio. Esta casa histórica, grande en su -pasado, madre de reyes y príncipes en su origen, fecunda después en -magnates y guerreros, en santas mujeres, ha mantenido incólume el honor -de su nombre. Sin tacha lo he conservado yo en mi esplendor y en mi -miseria... No puedo impedir hoy, ¡triste de mí! este caso vergonzoso -de bastardía legal; no puedo impedir que la ley transmita mi nombre a -mis dos herederas, esas niñas inocentes. Pero quiero hacer en favor -de la auténtica,<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> -de la que es mi sangre, una exclusiva transmisión moral. Esa será la -verdadera sucesora, esa será mi honor y mi alcurnia en la posteridad... -La otra, no. Falsa rama de Albrit, la repudio, la maldigo... maldigo su -extracción villana y su existencia usurpadora.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Por piedad... No puedo más. <span class="acoti">(Cae en el sillón -consternada, sollozando. Pausa larga.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Lucrecia, ¿reconoce usted al fin la razón que me asiste?... Llora -usted... <span class="acoti">(Creyendo que los procedimientos de -suavidad serán más eficaces.)</span> Sin duda expongo mis quejas -con demasiada severidad; sin duda interrogo con altanería... No -puedo vencer la fiereza de mi carácter. Perdóneme usted. <span -class="acoti">(Con dulzura.)</span> Ahora no mando... no acuso... no -soy el juez... soy el amigo... el padre, y como tal suplico a usted que -me saque de esta horrible duda. <span class="acoti">(La Condesa calla, -mordiendo su pañuelo.)</span> Valor... Una palabra me basta... Después -de oírla no he de decir nada desagradable... La verdad, Lucrecia, la -verdad es lo que salva.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que después de horrible lucha, -se levanta bruscamente, y desesperada y como loca recorre la -estancia</span>.</p> - -<p>¡Oh, no puedo más!... ¡Un balcón abierto para arrojarme!.. Huir, -volar, esconderme... Este hombre me mata... ¡Favor!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Bueno, bueno... Veo que no quiere usted entrar en razón... ¿No me -contesta?...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_139">p. -139</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con fiereza, con resolución -inquebrantable, parándose ante él</span>.</p> - -<p>¡Nunca!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿De veras?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con más energía</span>.</p> - -<p>¡Nunca!... ¡Antes morir!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Bien. <span class="acoti">(Se sienta, calmoso.)</span> Pues lo que -usted no quiere decirme, yo lo averiguaré.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Cómo?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah!... yo me entiendo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Está usted loco... Su demencia me inspira compasión.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>La de usted, a mí no me inspira lástima. No se compadece a los seres -corrompidos, encenagados en el mal.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">iracunda</span>.</p> - -<p>Continúa injuriándome, ¡a mí, a la viuda de su hijo!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose -altanero</span>.</p> - -<p>La que me habla no es la viuda de mi hijo, pues aunque la ley, -una ley imperfecta, así lo<span class="pagenum" id="Page_140">p. -140</span> dispone, por encima de esa ley está la autoridad moral del -jefe de la familia de Albrit, que la coge a usted, y la arranca, como -cosa extraña y pegadiza, y la arroja a la podredumbre en que quiere -vivir.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">furiosa, -descompuesta</span>.</p> - -<p>¡Albrit!... raza de locos... caballería burlesca... honor de -bambolla para encubrir la mendicidad. ¡Qué sería del viejo león si yo -no le amparase! Soy generosa, le perdono sus injurias, y cuidaré de -que no muera en un hospital, o arrastrando su melena gloriosa por los -caminos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con supremo -desdén</span>.</p> - -<p>Lucrecia Richmond, quizás Dios te perdone. Yo... también te -perdonaría... si pudieran ir juntos el perdón y el desprecio.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">dirigiéndose a la -puerta</span>.</p> - -<p>Basta ya. <span class="acoti">(A las niñas, que entreabren la -puerta, sin atreverse a entrar.)</span> Podéis pasar.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch2_6">ESCENA VI</h3> - -<p class="acotj">NELL y DOLLY, que corren a abrazar a su madre; tras -ellas GREGORIA y VENANCIO. Poco después EL CURA y EL MÉDICO.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Prendas queridas, dadme mil besos. <span class="acoti">(Se -besan.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">observándole el -rostro</span>.</p> - -<p>Mamita, tú has llorado.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span>DOLLY</p> - -<p>Estás sofocadísima...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>El abuelo y yo hemos evocado recuerdos tristes.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">mirando al Conde, que -permanece sentado, inmóvil</span>.</p> - -<p>También el abuelito ha llorado. <span class="acoti">(Se -acerca.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Venid... abrazadme... ¡Os quiero tanto!</p> - -<p class="acot">(Las dos acuden a él, y le abrazan y besan, cada -una por un lado.)</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">hablando aparte con -Gregoria y Venancio</span>.</p> - -<p>Le atenderéis, le cuidaréis como a mí misma. Pero no dejéis de -vigilarle siempre, siempre...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">al Conde</span>.</p> - -<p>Esta tarde pasearemos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí: no me separaré de vosotras... Charlaremos, estudiaremos.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Nos enseñarás la Aritmética, la Historia...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>La Historia... No, esa vosotras me la enseñaréis a mí.</p> - -<p class="acot">(Entran por el foro el Cura y el Médico; ambos se -dirigen a la Condesa.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>EL CURA</p> - -<p>¿Qué tal? ¿Tenemos reconciliación?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">en voz baja</span>.</p> - -<p>Calle usted... Encargo mucha vigilancia... <span class="acoti">(Al -Médico.)</span> Y a usted, Sr. Angulo, no me cansaré de recomendarle -que le observe bien. <span class="acoti">(Dando a entender que padece -desvarío mental.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Señor Conde... <span class="acoti">(Le saluda y sigue a su lado. -A bastante distancia se agrupan la Condesa, el Médico, Gregoria y -Venancio.)</span></p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Descuide usted... Le observaremos...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Y a mi regreso dispondré...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Pero insiste usted en dejarnos hoy?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Volveré pronto... <span class="acoti">(El Médico pasa a saludar al -Conde, y el Cura vuelve al lado de Lucrecia.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">en voz baja a la -Condesa</span>.</p> - -<p>No se vaya usted.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Tengo que estar en Verola hoy mismo. Es para mí... no se cómo -decirlo... cuestión de vida o muerte. Adiós.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span>NELL</p> - -<p>Mamita, ¿te acompañamos a tu casa, o nos quedamos un rato con el -abuelo?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Como queráis.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No, no: decídelo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Lo que el abuelo disponga.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me parece natural que si vuestra mamá se va esta tarde, estéis -a su lado hasta la hora de partir. <span class="acoti">(Besa a las -niñas.)</span> ¡Oh! no os veo bien, no os distingo; me parecéis una -sola...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Qué? ¿La vista no anda bien?</p> - -<p class="rol">EL CONDE. <span class="acoti">(Se levanta.)</span></p> - -<p>Mal estamos hoy... Toda la mañana he notado una obscuridad, una -vaguedad en los objetos... <span class="acoti">(Mirando en derredor, -con ojos que se esfuerzan en ver.)</span> No veo nada... apenas -distingo... <span class="acoti">(Fijándose en la Condesa que, altanera, -le clava la mirada.)</span> No veo bien más que a Lucrecia... a esa, -sí...<span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> la veo... -allí está... Mi ceguera creciente no me permite ver más que las cosas -grandes... el mar, la inmensidad... y ella es grande... enorme... la -veo... como el mar... Es otro mar, un mar de... de... de... <span -class="acoti">(Su voz se extingue. Queda inmóvil y rígido. Profundo -silencio. Todos se miran.)</span></p> - -<p class="fin">FIN DE LA JORNADA SEGUNDA</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch3_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span></p> - <h2 class="nobreak">JORNADA TERCERA</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<h3>ESCENA PRIMERA</h3> - -<p class="acotj">NELL, DOLLY, D. PÍO CORONADO, sentados los tres -alrededor de una mesa de estudio, donde se ven papeles, tintero, libros -de texto.</p> - -<p class="acotj">Es el maestro de las niñas de Albrit un anciano de -estatura menguada, muy tieso de busto y cuello, y algo dobladito de -cintura, las piernas muy cortas. La expresión bonachona de su rostro no -lograron borrarla los años con todo su poder, ni los pesares domésticos -con toda su gravedad. Guiña los ojuelos, y al mirar de cerca sin -anteojos, los entorna, tomando un cariz de agudeza socarrona, puramente -superficial, pues hombre más candoroso, puro y sin hiel no ha nacido -de madre. Un rastrojo de bigote de varios colores, recortado como un -cepillo, cubre su labio superior. Viste con pobreza limpia anticuadas -ropas, recompuestas y vueltas del revés, atento siempre al decoro de la -presencia en público.</p> - -<p class="acotj">Maestro de escuela jubilado, desempeñó con eficacia su -ministerio durante treinta años, distinguiéndose además como profesor -privado de materias de la primera y segunda enseñanza. Su defecto -era la flojedad del carácter, y la tolerancia excesiva con la niñez -escolar. Sabía el hombre todo lo que saber necesita un maestro, y algo -más; pero con la edad y las inauditas adversidades que le agobiaban, -fue perdiendo los papeles, y hasta la afición. Su cabeza<span -class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> llegó a pertenecer al -reino de los pájaros; su memoria era una casa ruinosa y desalojada, -en la cual ninguna idea podía encontrar aposento; todo lo que perdía -en ciencia lo ganaba en debilidad y relajación del carácter. En esta -situación le designó D. Carmelo para maestro de las niñas de Albrit, -teniendo en cuenta tres razones: que si no sabía mucho, no había en -Jerusa quien le aventajara; que era honrado, honesto, absolutamente -incapaz de enseñar a sus discípulos ninguna cosa contraria a la moral, -y, por último, que al aceptarle para aquel cargo realizaba la Condesa -un acto caritativo. Su bondad, la excesiva blandura de corazón, eran ya -en Coronado un defecto, casi un vicio, por lo cual, lamentándose de sus -acerbas desdichas, solía decir, elevando al cielo los ojos y las palmas -de las manos: «¡Señor, qué malo es ser bueno!»</p> - -<p class="acotj">Al comenzar la escena llevaba ya el maestro una hora -de inútiles tentativas para introducir en las molleras de sus alumnas -los conocimientos históricos, aritméticos y gramaticales.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">dando un golpe en la -mesa</span>.</p> - -<p>¿Que no sé una palabra? Mejor... Ni falta que me hace.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">apelando a la -emulación</span>.</p> - -<p>No dirá lo mismo Nell, que desea aprender.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Sí, señor, digo lo mismo: ni falta que me hace.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con severidad fingida, que -no convence</span>.</p> - -<p>Está bien, muy bien. He aquí dos niñas finas, criadas para la alta -sociedad, y que se empeñan en ser unas palurdas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_147">p. -147</span>DOLLY</p> - -<p>Sí, señor: queremos ser palurdas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Salvajes, como quien dice.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¡Anda, salero! ¡Salvajes las herederas de los condados de Albrit y -Laín!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">tirándole suavemente de una -oreja</span>.</p> - -<p>Sí, sí, maestrillo salado. ¿No eres tú muy ilustradito?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Y de qué te sirve?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Vaya un pelo que has echado con tu ilustración!</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando</span>.</p> - -<p>Puede que estéis en lo cierto, niñas de mi alma... Bueno, sigamos. -Dolly, otra miajita de Historia... ¡Vamos allá!</p> - -<p class="rol">DOLLY <span class="acoti">(Apoyando los codos en la mesa -y la cara en las manos, le contempla risueña.)</span></p> - -<p>¡Piito, qué guapo eres!</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando las castañuelas con -los dedos</span>.</p> - -<p>Señorita Dolly, juicio.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Tu cara parece una rosa. Si no fueras viejo y no te conociéramos, -diríamos que te pintabas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>D. PÍO</p> - -<p>Juicio, Nell... ¡Pintarme yo!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Dime otra cosa: ¿es verdad que cuando eras pollo hacías muchas -conquistas?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando con más rápido -movimiento las castañuelas, que es su manera especial de llamar al -orden</span>.</p> - -<p>Juicio, niñas. Sigamos la lección.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Nos han dicho que las matabas callando.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y que tenías las novias por docenas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¿Novias...? Oh, no: quítenme allá eso... Son muy malas las -mujeres.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">pegándole suavemente en el -cuello</span>.</p> - -<p>Peores son los hombres. No hables mal de nosotras.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Vaya, que estáis hoy juguetonas y desatinadas. <span -class="acoti">(Queriendo enfadarse.)</span> ¡Por vida de...! Si no dais -la lección, os lo digo con toda mi alma, os lo juro...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Qué?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">deseando -enfadarse</span>.</p> - -<p>Que me enfado.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>DOLLY</p> - -<p>Ya lo había conocido. Estamos temblando.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Toca, toca las castañuelas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">decidido a tomar la -lección</span>.</p> - -<p>Orden, juicio. A ver: decidme algo de Temístocles.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí: el que le cortó la cabeza a una mala mujer, que llamaban la -Medusa.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">llevándose las manos al -cráneo</span>.</p> - -<p>¡Por Dios, por todos los santos de la corte celestial, no me -confundáis la Historia con la Mitología!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Tan mentira es una como otra.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y nos importan lo mismo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¡Ay, ay, cómo estáis hoy!... ¡Silencio, formalidad! Pronto, -referidme los principales hechos de la vida de Temístocles.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No nos gusta meternos en vidas ajenas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Temístocles, grande hombre de la Grecia, natural de Tebas, vencedor -de los lacedemonios.<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> -<span class="acoti">(Corrigiéndose.)</span> ¡Ah! no... le confundo con -Epaminondas... ¡Cómo tengo la cabeza!...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Ay, que no lo sabe, que no lo sabe!...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Vaya con el preceptor de pega!</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">afligido</span>.</p> - -<p>Es que me volvéis loco con vuestros juegos, con vuestras tonterías. -<span class="acoti">(Con gravedad.)</span> Así no podemos seguir.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Digo lo mismo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Queremos ser burras, y salir a los prados a comer yerba.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Pero mi conciencia no me permite engañar a la Condesa, que sin duda -cree que os enseño algo, y que vosotras lo aprendéis...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">poniéndose las antiparras de -Coronado, que están sobre la mesa</span>.</p> - -<p>Piito, estamos aburridísimas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">queriendo recobrar sus -anteojos</span>.</p> - -<p>¡Que me los rompes, hija!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Piito salado ¿no sería mejor que nos fuéramos los tres a dar un -paseo por la playa?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span>D. PÍO</p> - -<p>Está bien, muy bien. ¡Magnífico! ¡De pingo todo el santo día, aun -las horas dedicadas a la educación! Muy bonito; sí, señoras, muy -bonito... Y heme aquí de figurón, de monigote irrisorio; yo, que soy la -ciencia; yo, yo, que estoy aquí para inculcaros...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Piito, no nos inculques nada, y vámonos.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>En la playa seguiremos dando lección. Frente al mar, la del viaje de -Colón a América.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y el paso del Mar Rojo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando, -desalentado</span>.</p> - -<p>¡Ay, qué niñas! ¡No hay quien pueda con ellas! Bueno, pues -transijo... Pero antes pasemos un poco de Gramática.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">tocando las -castañuelas</span>.</p> - -<p>¡Viva Coronado!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">de carrerilla</span>.</p> - -<p>La Gramática es el arte de hablar correctamente el castellano...</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Vamos más adelante. Dolly, dígame usted qué es participio.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span>DOLLY, -<span class="acoti">flemática</span>.</p> - -<p>No me da la gana.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Participio... Una cosa que se parte por el principio.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">poniendo el paño al -púlpito</span>.</p> - -<p>¡Tontas, casquivanas, que no tenéis aquel punto de amor propio que -veo yo en otras niñas, ¡Señor!, en otras niñas aplicaditas y formales, -que aprenden para lucirse en los exámenes, y para que a sus padres se -les caiga la baba oyéndolas!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No queremos lucirnos, ni a mamá se le cae ninguna baba... ¡Vaya con -el maestrillo este!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Coronadito, si no tienes juicio, te pondremos de rodillas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¡Anda, salero!... ¿Pero qué trabajo os cuesta retener en la memoria -cosas tan fáciles? Luego seréis mujercitas aristocráticas, y cuando -vuestra ilustre mamá os lleve a los salones, os vais a lucir, como hay -Dios... Figuraos que en los saraos se habla del participio, y vosotras -no sabéis lo que es. ¡Bonito papel harán mis niñas! Dirá la gente: -«¿pero de qué monte ha traído la Condesa este par de mulas?» Eso dirán, -y se reirán de vosotras, y no os querrán vuestros novios.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span>DOLLY</p> - -<p>Los novios nos querrán aunque no sepamos el participio, ni la -conjunción, ni nada.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Que seamos bonitas, que seamos elegantes, y verás tú si nos -quieren.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Sí, sí: lindas borriquitas seréis. Pues yo me planto, señoras mías; -ya sabéis que soy atroz cuando me planto: tengo mal genio.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Terrible!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Ay, qué miedo!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que, apoyada en la mesa con -indolencia, le mira burlona</span>.</p> - -<p>¿Sabes, Piillo, que estoy observando una cosa? Tienes los ojos muy -bonitos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Parecen dos soles... pillines.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">cruzándose de -brazos</span>.</p> - -<p>Ea, burlaos de mí todo lo que queráis.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No es burla, es confianza.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span>DOLLY</p> - -<p>Es que te queremos, maestrillo, porque eres muy bueno y no tienes -malicia.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">acariciándole la -barba</span>.</p> - -<p>¡Es un buenazo este D. Pío! Por eso te hacen rabiar las niñas de -Albrit, que son y serán siempre tus amiguitas...</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">embobado</span>.</p> - -<p>¡Zalameras, melosas, carantoñeras!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Dí una cosa: ¿es verdad que tienes muchas hijas?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">lanzando un suspiro muy -hondo y fuerte. (Diríase que lo saca de los talones</span>.)</p> - -<p>Muchas, sí...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Son guapas?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>No tanto como lo presente.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Te quieren?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">intentando sacar otro -suspiro hondo, que se le queda atravesado en el pecho, cortándole la -respiración</span>.</p> - -<p>¡Quererme... ellas!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span>NELL</p> - -<p>Me han dicho que no. Si es así, no te importe, que bien te queremos -nosotras.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Y tú, nos quieres? <span class="acoti">(D. Pío hace signos -afirmativos.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Nos idolatra... Estudiamos cuando se nos antoja, y cuando no, -jugamos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y eso haremos hoy: jugar, irnos a la playa.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">vencido</span>.</p> - -<p>¡A la playa!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Está un día espléndido. <span class="acoti">(Mira por la -ventana.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">tocando las -castañuelas</span>.</p> - -<p>Y el cielo y la mar nos dicen: venid, volad, y traed a vuestro -adorado preceptor.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">deseando ir, pero no -queriendo manifestarlo</span>.</p> - -<p>¿Yo... también yo?... ¡Viva la indisciplina!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Vendrás con nosotras, porque si no, Venancio no nos dejará salir -ahora. Tú tienes que decirle: «hoy han estudiado tanto, que en premio -de su aplicación las saco a dar una vuelta.»</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>D. PÍO</p> - -<p>¡Anda, morena! ¡Vaya, que si la señora Condesa se enterara de cómo -cumplo mis deberes profesionales!...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Lo que quiere mamá es que estemos siempre a la intemperie, y nos -hagamos robustas como unas aldeanotas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¡Y qué diría vuestro abuelo!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>El abuelito nos quiere lo mismo en bruto que pulimentadas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Os adora, sí. Como que sois sus nietas. Acompañadle, dadle palique, -hacedle mimos: también él es niño. Y cuando le oigáis un disparate muy -gordo, se lo contáis al señor Cura y al Médico.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">enojada</span>.</p> - -<p>No dice disparates el abuelo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Ayer me decía que vosotras dos no sois más que una para él...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y eso, ¿por qué ha de ser disparate, maestrillo?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>DOLLY</p> - -<p>Quiere decir...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Que el grande amor que nos tiene nos iguala, y hace de las dos una -sola.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Esta chica es un portento.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Hola, hola; ¿y para mí no hay piropo?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¿Te enfadas, ángel?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Está eso bueno. Mi hermana es un portento... y yo nada.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Tú, otro portento... ¡Vivan las nenas de Albrit!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">alborotando</span>.</p> - -<p>¡Viva el más sabio profesor y catedrático de la antigüedad pagana, -mitológica... y cosmopolita! En fin, ¿nos vamos o qué?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">deteniéndolas</span>.</p> - -<p>Esperad. Parece que viene alguien.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Siento el vocerrón de D. Carmelo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>D. PÍO, -<span class="acoti">tomando el tonillo profesional</span>.</p> - -<p>¡Orden, formalidad! Pues hemos dado un repasito a la Gramática, -venga ahora un buen jabón a la Historia. Niñas, el Papado y el -Imperio... A ver...</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_2">ESCENA II</h3> - -<p class="acot">NELL y DOLLY, D. PÍO, EL SEÑOR CURA, VENANCIO</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo, en la -puerta</span>.</p> - -<p>Presentes, mi general. Yo soy el Papado, y el Imperio es este. <span -class="acoti">(Entran.)</span></p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Cómo vamos de lección?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Saben, saben mucho estas picaruelas?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Regular... Hoy, vamos, hoy, no lo han hecho del todo mal.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>No me fío. Este Coronado es la pura manteca. <span -class="acoti">(Saludando a las niñas y acariciando sus manos.)</span> -¡Qué monada de criaturas!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Muy monas, pero desaplicaditas... No quieren más que corretear por -el campo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>EL CURA</p> - -<p>Mejor... ¡Aire, aire!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Y su abuelito, en vez de reprenderlas para que se apliquen, les -dice que la señora Gramática y la señora Aritmética son unas viejas -charlatanas, histéricas y mocosas, con las cuales no se debe tener -ningún trato.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Qué bueno!... Si digo que el Conde...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">a D. Pío</span>.</p> - -<p>¿Y anoche, cuál fue la tecla que nos tocó?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Que no debo introducir más paja en la cabeza de las señoritas, pues -lo que les conviene es educar la voluntad.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>No está mal...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Por eso a mí no me gusta saber nada de libros, sino de cosas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Brava!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Y qué son cosas, señorita?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>NELL</p> - -<p>Pues cosas.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Cosas.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">comprendiendo</span>.</p> - -<p>Ya... Pero el arte de la vida ya lo iréis aprendiendo en la vida -misma.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Y eso no quita que estudien lo de los libros, ¿verdad, D. Pío? -<span class="acoti">(El maestro hace signos afirmativos.)</span> Tan -distraídas están con el corretear continuo, que ya Dolly ni siquiera -dibuja.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Qué lástima!... <span class="acoti">(A Dolly.)</span> Y -aquellos monigotitos, y aquellas vaquitas, y aquellos... <span -class="acoti">(Dolly se encoge de hombros.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Ya no dibuja. Le gusta más cocinar.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿De veras?... ¡Oh, serafín de los cielos!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>A lo mejor se nos mete en la cocina, se pone su delantal de -arpillera, y allí la tiene usted entre cacerolas, tiznada, hecha una -visión...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Divino!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span>VENANCIO</p> - -<p>¡Miren que una señorita de la aristocracia, con las manos ásperas y -llenas de pringue!</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Eso es juego... Pero no está de más saber de todo... por lo que -pueda tronar. ¿Y Nell, no cocina?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>A mi hermana le gusta más lavar cristales... mojarse, fregotear, -pegar cosas rotas, limpiar las jaulas de los pájaros, y echarles la -comidita.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>También es útil. Bien, bien, niñas saladísimas; seguid -estudiando...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Es que...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>D. Pío había dicho que... pues hoy hemos trabajado bárbaramente... -podíamos pasear.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¡Ah!... permítanme... dije que si acabábamos la Aritmética, -saldríamos, y en el bosque les explicaría algo de Geografía.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Paseen, sí.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>VENANCIO</p> - -<p>Pero por el bosque no.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>A la playa. <span class="acoti">(Las dos se quitan los -delantales.)</span></p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">aparte a D. Pío</span>.</p> - -<p>El Conde suele pasear por el bosque. Llévelas usted a la playa... No -se separe de ellas... ¿Se entera de lo que le digo?...</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Sí, hombre. A la playa...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">a Venancio</span>.</p> - -<p>¿Ha salido ya el abuelito?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>No; ni creo que salga. Vayan las señoritas con el maestro.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Y usted se queda, D. Carmelo?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Sí, hija mía: espero al amigo Angulo, con quien tengo que hablar.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mirando por la ventana</span>.</p> - -<p>Ya está aquí.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Pues bajemos todos. Las niñas por delante.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>DOLLY, -<span class="acoti">que sale la primera, gozosa</span>.</p> - -<p>En marcha. <span class="acoti">(Llamando al perrito.)</span> -<i>¡Capitán!</i></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">detrás de su -hermana</span>.</p> - -<p><i>¡Capitán!</i></p> - -<p class="acot">(Salen los demás.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_3">ESCENA III</h3> - -<p class="acot">Sala baja en la Pardina.</p> - -<p class="acot">GREGORIA, EL MÉDICO; después VENANCIO, EL CURA</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Cómo es que no ha salido aún a dar su paseo de la mañana?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Yo qué sé?... Todavía le tiene usted en su cuarto. He mirado por el -agujero de la llave, y está dando paseos arriba y abajo, con las manos -en los bolsillos.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Come bien?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Regular.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Sabe usted si duerme?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>GREGORIA</p> - -<p>Esta mañana, cuando le entré el desayuno, le dije... con todo -el respeto del mundo, claro: «¿Qué tal ha pasado la noche el señor -Conde?» y me contesto: «Bien;» pero en seco, y con un tonillo que, a mi -parecer, era lo mismo que decir: «Mal.»</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Qué? ¿Hay algo de nuevo?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Nada. Hoy no le he visto aún. En la conversación que anoche tuvimos, -pude, observar que a la exaltación del orgullo aristocrático, añade -nuestro D. Rodrigo otra monomanía: la sutileza del honor y de la moral -rígida, en un grado de rigidez casi imposible, y sin casi, en las -sociedades modernas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Lo mismo observé yo en nuestro paseo de ayer tarde. Por cierto -que... me hizo pasar un mal rato.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Qué ocurrió?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Nada... Es que por lo visto gusta de pasear solo... Desde que -salimos, hube de comprender que le desagradaba mi compañía. Claro que -no me despidió de mala manera: su buena educación no se desmiente -nunca. Pero con perífrasis<span class="pagenum" id="Page_165">p. -165</span> ingeniosas, me decía: «Mejor voy solo que mal acompañado.» -Francamente, creía yo hacerle un favor dándole el brazo, -entreteniéndole con una conversación grata...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Pues mire usted, D. Carmelo: en esto no conviene contrariarle. -¿Quiere andar solo? Pues solo. No, no se cae. En mi opinión, ve -bastante más de lo que dice. <span class="acoti">(A Venancio.)</span> -Lo que puede usted hacer es mandar un criado que le vigile a -distancia...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">de mal temple</span>.</p> - -<p>En esta época, Sr. de Angulo, no tenemos a nuestra gente tan -desocupada...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">arrancándose</span>.</p> - -<p>D. Carmelo, D. Salvador, yo que ustedes, diría a la Condesa que -su señor suegro estará mejor en otra parte. Y esto no significa que -queramos echarle. Es nuestro deber tenerle aquí; hemos sido... fuimos, -como quien dice, sus criados...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>El cuento es que el Sr. D. Rodrigo, por haber venido tan a menos, no -encaja en nuestras costumbres de gente pobre, ni se acomoda al trato -modestito que le damos. Y es natural: yo me pongo en su caso.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">rascándose la -cabeza</span>.</p> - -<p>Hay que mirarlo todo, señores. Con la consignación que nos ha -señalado la señora no<span class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span> -podemos hacer milagros. A un grande de España, por más que ahora sea -<i>chico</i>, no hemos de tenerle aquí como un estudiantón, hartándole -de puchero, y... vamos, que con tanto extraordinario y tanta finura de -cocina, se nos van nuestros ahorros que es un gusto.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>En efecto...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Y, por añadidura, vivimos siempre sobresaltados... Que si sale, que -si tarda, que si le habrá pasado algo... Se necesita un regimiento de -criados para servirle y atenderle.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Tenemos aquí muchos trajines. Vivimos de nuestro trabajo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Atendemos a la tierra, a las plantas, al fruto. Hay que mirar a -todo.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Al ganado de pelo y de pluma.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ahora me tienen ustedes todo el santo día en la cocina; y que no -trabajo menos con la cabeza que con las manos: ¡Señor, qué pondré -hoy!... ¡Si le gustarán las manos de ternera!... ¡Si acertaré a freír -el filete!... ¡Ay, Jesús!... Y a todas estas, mis judías sin coger, mis -tomates<span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> pudriéndose -en las ramas... y mis gallinitas olvidadas...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Olvidadas, no, que aquí estoy yo para retorcerles el pescuezo... A -este paso, señores míos, pronto liquidará la Pardina.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Vamos... siempre habéis de ser lo mismo... aldeanos que se ahogan, -aunque naden en la abundancia.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Siempre llorando... y escondiendo a la espalda las llaves del -granero.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Avarientos, mezquinos!</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">achicándose</span>.</p> - -<p>Sr. D. Carmelo, no hemos dicho nada.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">suspirando</span>.</p> - -<p>Sr. D. Salvador... ustedes mandan.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Por lo demás, yo creo también que el pobre león de Albrit estará -mejor en otra leonera.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>A ver si ha pensado usted lo mismo que yo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span>EL -CURA, <span class="acoti">enfatuado</span>.</p> - -<p>Tengo una idea...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">adivinando</span>.</p> - -<p>Yo tengo también una idea...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Llevarle a Zaratán.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Al convento de Jerónimos.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">asintiendo con viveza, lo -mismo que Gregoria</span>.</p> - -<p>Eso, eso.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Solución que debe ser la mejor, pues se aprueba por unanimidad.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Allí estará como un príncipe. Falta que los reverendos quieran.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Deseándolo, querido Salvador, deseándolo. Locos de contento en -cuanto les propuse...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Pero habló usted con el Prior?...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Toma! ¿Creen que soy de los que cuando dan con una feliz idea, la -están rumiando siete meses?...<span class="pagenum" id="Page_169">p. -169</span> Y no solo he hablado con el Prior, sino que he escrito a la -Condesa...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">viendo llegar al Conde</span>.</p> - -<p>Cuidadito, que aquí viene.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_4">ESCENA IV</h3> - -<p class="acotj">EL MÉDICO, EL CURA, VENANCIO, GREGORIA; EL CONDE, a -paso lento, apoyado en su palo. Nótase más deterioro y descuido en su -ropa. Avanza muy abstraído, sin parar mientes en las personas que están -en la habitación.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Señor Conde, cómo va ese valor?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah! <i>pastor Curiambro</i>, ¿estás aquí? No te había visto... -<span class="acoti">(Examinando las personas.)</span> ¿Y este -bulto...?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>No es bulto, es nuestro gran médico...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">saludándole</span>.</p> - -<p>Señor Conde...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy afectuoso</span>.</p> - -<p>Perdona, hijo... ¡Veo tan poco!... Y aquel es Venancio... a -ese le conozco sin verle... Y Gregoria... Ya está aquí todo el -cónclave... Bien, bien... Antes de que me lo preguntes, médico<span -class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span> ilustre, te digo que, fuera -de este achaque de la vista, me encuentro muy bien... ¡Y qué contento -vivo en la Pardina! Venancio, Gregoria, sabed que estoy contentísimo, y -que tendréis la satisfacción de alojarme por mucho tiempo...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Es lo que deseamos...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Va el señor Conde a dar su paseo?...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si ustedes no disponen otra cosa... Pero me quedaré un poquito por -hacer los honores debidos a las dignas personas que honran mi casa. -<span class="acoti">(Se sienta en el sillón.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Mil gracias, señor Conde. Veníamos...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya me lo figuro: a pasar revista a la huerta y examinar los tomates, -y armar las grandes peloteras con Gregoria sobre si son mejores los de -allá o los de acá... <span class="acoti">(Todos ríen.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Los míos son así de gordos.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ya quisiera...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span>EL CONDE</p> - -<p>Basta de polémicas, y si arrojáis en esta placentera reunión el -tomate de la discordia, yo, deferente con el bello sexo, adjudico -el premio a mi patrona... Gregoria, Venancio, Dios os colme de -prosperidades... a ver si salís de pobres... <span class="acoti">(Con -ironía sutil.)</span> En ello voy ganando, porque de lo que tengáis, -hijos míos, algo ha de participar siempre este pobre viejo... ¿Verdad -que sí?...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">secamente</span>.</p> - -<p>Sí, señor.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">que, sentado a su lado, le pone la -mano en el hombro</span>.</p> - -<p>¿Conque bien...?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero no de la vista. Cada día se nublan más mis ojos.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">con un alarde de -osadía</span>.</p> - -<p>El señor se pondría bueno de la vista... y de la cabeza... ¿lo digo? -si no tuviera tan mal genio.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Mal genio yo! Si con la voluntad siempre en guardia he logrado -dominarme, y ya no riño, ya no me oiréis gruñir...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Nos dice palabras blandas, pero con intención dura... Entre flores -esconde el látigo con que...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Yo? No, hijo mío. Precisamente quería aprovechar esta ocasión para -decirte que admiro y alabo tus hábitos de arreglo, y tus grandes dotes -de administrador.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">sobresaltado</span>.</p> - -<p>¿Qué quiere decir Vuecencia?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Que eres un ejemplo digno de ser imitado por cuantos manejan -intereses propios o ajenos. Así prosperan las casas. Si no eres ya -rico, Venancio, yo te auguro que lo que posees en tomates y berenjenas, -lo tendrás pronto en peluconas. Carmelo, Salvador, oigan este golpe: -cuando llegué a la Pardina, este buen amigo mío y antiguo servidor puso -a mis órdenes a un muchacho llamado Rogelio, inteligente, listo, para -que fuese mi ayuda de cámara. Toda mi vida he tenido un servidor de -esta clase. Mentira me parecía que pudiera pasarme sin él... Pero me -paso, sí, señor, me paso... porque ayer me quitaron el criadito, y ya -ven... estoy perfectamente.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mascando las -palabras</span>.</p> - -<p>Señor, es que... Rogelio...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Fue preciso mandarle a traer yerba... <span class="acoti">(El Médico -y el Cura se miran, hablan con los ojos.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con ironía finísima</span>.</p> - -<p>Pero, tontos, si no os riño; si me parece bien lo que habéis -hecho... si os lo agradezco, porque así me vais educando en la pobreza, -y enseñándome a ser como vosotros, económico, administrativo... No -quiero ser gravoso; quiero que prosperéis; y con medidas como esta -claro es que habéis de llegar a ser riquísimos.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Señor, díganos las cosas claras.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Digo lo que siento. Y otra: tienes una mujer que no te la mereces. -Esta Gregoria vale más que pesa, y con su instinto de gobernante de -casa te ayudará, te empujará para que subas pronto a la cima de la -opulencia.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">asustada</span>.</p> - -<p>Señor, ¿por qué lo dice?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Porque es verdad. ¡Cuánto siento no estar ya en edad de tomaros por -modelo!</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Pero qué...?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Que esta Gregoria, con su arte sublime de mujer casera, me ha -suprimido mi bebida favorita: el buen café.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span>GREGORIA</p> - -<p>Señor, si se lo llevé esta mañana.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me serviste un cocimiento de achicoria, recalentado y frío, que... -Pero no te riño, no. Si está muy bien. Siempre me dais mucho más de lo -que merece este pobre viejo inútil, enfadoso... Prosperad, prosperad -vosotros, y que os vea yo llenos de bienestar, desde el fondo de esta -miseria en que he caído.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>No somos ricos, ni aspiramos a serlo.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">con severidad</span>.</p> - -<p>Conviene que se sirva al señor Conde un café muy bueno. Yo lo -mando.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y yo... Y si no se le da como es debido, lo haré yo en casa, y se lo -enviaré.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Gracias... Pero ya veis que no me enfado... Soy pobre, y como a -pobre quiero que me traten. Este Venancio, esta Gregoria, que tanto -me quieren y no pueden olvidar los beneficios que de mí han recibido, -desean hacerme a su imagen y semejanza, y que como ellos viva, y como -ellos coma, para de este modo sujetarme y tenerme siempre a su lado. -¿Verdad que es esto lo que anheláis? Pues me tendréis. De aquí<span -class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> no me muevo. Estad -tranquilos, que vuestro huésped seré... tendréis Conde de Albrit para -un rato.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Seguramente. Estos aires le prueban bien.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gravedad</span>.</p> - -<p>No me cuido yo de los aires, sino de la misión que tengo que -cumplir.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">receloso</span>.</p> - -<p>¿Aquí precisamente?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Aquí... al menos por ahora.</p> - -<p class="acotj mt1">(El Médico y el Cura se sientan junto al Conde, -uno por cada lado. Venancio y Gregoria se retiran y vuelven de -puntillas, poniéndose tras el sillón a escuchar lo que hablan.)</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Pues si el señor Conde quiere oír un consejo de amigo y de médico... -de médico más que de amigo, me permitiré decirle que la misión más -adecuada a su edad y a sus achaquillos es darse buena vida.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y no cuidarse de nada ni de nadie.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>La ancianidad da derecho al egoísmo; pero a mí, pásmense ustedes, -me han rejuvenecido las desgracias, y tras las desgracias han venido -las ideas a darme vigor. Por unas y otras,<span class="pagenum" -id="Page_176">p. 176</span> yo tengo aún que hacer algo en el mundo. -<span class="acoti">(El Médico y el Cura se miran, comunicándose con -los ojos sus impresiones.)</span></p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Sería tan amable el Sr. D. Rodrigo que nos dijera qué misión es -esa?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Misión que, en cierto modo, tiene cierto paralelismo con la tuya, -Salvador, y con la tuya, Carmelo.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Tres misiones paralelas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Tú, <i>pastor Curiambro</i>, luchas en el terreno de la moral, -disputando almas al pecado; tú, Salvador, te bates con la muerte -en el terreno físico, tratando de arrancarle los pobres cuerpos -humanos; yo combato en la esfera moral contra el deshonor <span -class="acoti">(Pausa; D. Carmelo y Angulo se hacen guiños)</span>, -que es lo mismo que decir: por el derecho, por la justicia... <span -class="acoti">(Pausa. Sonríe benévolamente.)</span> Veo poco, amigos -míos; pero lo bastante para hacerme cargo de que os reís de mí.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Oh! no, Sr. D. Rodrigo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si no me enfado, no. ¡Ay! El quijotismo inspira siempre más lástima -que respeto. Si compadecéis el mío, yo compadeceré el vuestro: -el<span class="pagenum" id="Page_177">p. 177</span> religioso y el -científico... ¡Cómo ha de ser! En la relajación a que hemos llegado, el -honor ha venido a ser un sentimiento casi burlesco.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Reconozcamos, mi señor D. Rodrigo, que lo han desacreditado los -duelistas...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí, y los nobles presumidos. Aparte de eso, ¿no alcanzáis a ver -la relación íntima del honor con la justicia, con el derecho público -y privado? No, no la veis... Sin duda sois más ciegos que yo... Y -decidme ahora, tontainas: ¿también os parecen cosa baladí la pureza de -las razas, el lustre y grandeza de los nombres, bienes que no existen, -que no pueden existir sin la virtud acrisolada de las personas que...? -<span class="acoti">(Sus interlocutores callan, observándole.)</span> -No, no me entendéis. Tú, clérigo, y tú, doctorcillo, vivís envenenados -por los miasmas de la despreocupación actual, de ese asqueroso <i>lo -mismo da</i>, de ese inmundo ¿<i>y qué</i>?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Comprendemos la idea; pero...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Es una idea feliz; pero...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">irritándose</span>.</p> - -<p>¡Pero qué!... <span class="acoti">(Se calma y sonríe con -desdén.)</span> Si tuviera tiempo y ganas de entretenerme, -os<span class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> explicaría... -<span class="acoti">(Sintiendo ruido detrás del sillón.)</span> -¿Quién anda ahí? <span class="acoti">(Descubre a Venancio y su -mujer.)</span> Venancio, Gregoria, ¿por qué andáis por ahí acechando -como espías? Venid a mi lado, que lo que digo, decirlo puedo y -quiero también delante de vosotros. Ya todos somos iguales. Venid. -<span class="acoti">(Se acercan tímidamente.)</span> Pues decía: -a ti y a ti <span class="acoti">(por el Cura y el Médico)</span>, -según veo, os importa un ardite que las familias honradas... y -no me refiero solo a las aristocráticas, sino a toda familia -pundonorosa y decente... conserven la limpieza del nombre y de la -sangre... <span class="acoti">(A Venancio y Gregoria.)</span> ¿Y -vosotros, qué pensáis, papanatas? También a vosotros os tienen sin -cuidado las usurpaciones ignominiosas de estado civil, nombre, -riqueza... <span class="acoti">(Callan los cuatro, observándole -compadecidos.)</span> ¡Ah, todos lo mismo: el sabio, el ignorante, -igualmente ciegos ante el sol de la moral pura, de la verdad!... <span -class="acoti">(Bruscamente, levantándose.)</span> Me voy... no quiero -más conversación, no quiero...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">queriendo -detenerle</span>.</p> - -<p>Pero, señor Conde...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Señor, aguarde...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">nervioso, -rechazándoles</span>.</p> - -<p>No quiero, no... Me voy... Abur, abur.</p> - -<p class="acot">(Sale.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_5" title="ESCENA V"><span class="pagenum" -id="Page_179">p. 179</span>ESCENA V</h3> - -<p class="acot">EL CURA, EL MÉDICO, VENANCIO, GREGORIA</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">viéndole -alejarse</span>.</p> - -<p>Allá va: habla solo, golpea el suelo con su palo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Qué les parece a ustedes?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>A mí, cosa perdida.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>A mí... peligroso.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">más reflexivo que los -otros</span>.</p> - -<p>No precipitarse a juzgar. Le tengo por uno de tantos. El hombre -piensa; su idea le invade el espíritu; su voluntad aspira a la -realización de la idea. Uno de tantos, digo, como usted y como yo, mi -querido D. Carmelo.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿No ves la demencia en ese pobre anciano?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Veo la exaltación de un sentimiento, una inteligencia que trabaja -sin desmayar nunca, una voluntad agitándose en el vacío, con fuerza -hercúlea que no puede aplicarse...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_180">p. -180</span>VENANCIO, <span class="acoti">desdeñoso</span>.</p> - -<p>Estos médicos siempre han de dar a las cosas nombres raros.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Para que no entendamos.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Es eso locura, o qué es?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Queréis que os hable con toda sinceridad, como médico honrado? Pues -no lo sé.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">confuso</span>.</p> - -<p>¿Es o no clara la monomanía?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>En toda monomanía hay una razón.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">mirando al techo en busca -de una idea que se le escapa</span>.</p> - -<p>Bueno: yo veo...</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">rascándose el -cráneo</span>.</p> - -<p>Sí: yo veo también...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">más sincera que los -demás</span>.</p> - -<p>Todos vemos que... Lo diré claro: las barrabasadas de la señora -Condesa han influido en que nuestro D. Rodrigo esté tan perdido del -caletre...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span>EL CURA</p> - -<p>Exactamente... De ahí le viene la tos al gato.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Porque... aquí que nadie nos oye, señores... la Condesa...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">limpiando sus -gafas</span>.</p> - -<p>Todo lo que digas es poco.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>No siga usted, D. Salvador... La señora...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Callamos por respeto; pero ello es que la tal Doña Lucrecia...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">sonriente</span>.</p> - -<p>Chitón...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>No chistamos...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">poniéndose las -gafas</span>.</p> - -<p>Nos sale al encuentro un caso delicadísimo de la vida privada, y -ante él cerramos nuestros picos, y nos lavamos nuestras manos. La -misión de los que ahora estamos aquí reunidos no es enmendar los yerros -de la Condesa de Laín, ni tampoco sacarla a la vergüenza pública. -Nuestra misión... <span class="acoti">(Tosiendo, para tomar luego un -tonillo oratorio.)</span> nuestra misión, digo, es tan solo aliviar, -en lo que de nosotros dependa, la triste situación física y moral de -ese anciano desvalido, de ese<span class="pagenum" id="Page_182">p. -182</span> prócer ilustre, verdadero mártir de la sociedad, amigos -míos. Y recordando que en la época de su poderío y grandeza él nos -tendió la mano y fue nuestro sostén, correspondámosle ahora con nuestra -filial solicitud y cariñoso amparo.</p> - -<p class="acotj mt1">(Demostraciones de asentimiento. Sigue a -ellas amplísima y a ratos calurosa discusión. Aceptada en principio -por los cuatro vocales la conveniencia de alojar al anciano Albrit -en los Jerónimos de Zaratán, surgen criterios distintos acerca de -la forma y manera de realizar lo que creen benéfica y santa obra. -Mientras Venancio opina que debe conducírsele al Monasterio con toda -la derechura y sencillez con que se traslada un buey de este al otro -prado, Gregoria, más delicada y benigna, propone que los propios monjes -vengan por él, y le conviden a una fiesta, y le hagan muchas carantoñas -hasta llevársele; y una vez allí, que le trinquen bien y le pongan -ronzal de seda. El Médico, por el contrario, niégase a autorizar nada -que transcienda a forzado encierro, y sostiene que D. Rodrigo debe -entrar en Zaratán voluntaria y libremente, y quedarse allí sin ninguna -violencia, única manera de precaver un desorden mental verdaderamente -grave. Y el Cura, hombre conciliador, que todo lo pesa y mide, se -ofrece a buscar una fórmula que sea como resultante mecánica de las -diversas opiniones expuestas, y a proponer un procedimiento que a unos -y otros satisfaga. Nómbranle por unanimidad <i>Comisión ejecutiva</i>, -y como él se pirra por todo lo que sea dirección y mangoneo, promete -desplegar en el asunto toda su diplomacia, y el hábil manejo con que -sabe acometer las empresas más arriesgadas y dificultosas.</p> - -<p class="acotj">Despídese Angulo para continuar sus visitas, -y Don Carmelo, con los dueños de la casa, se dirige al espacioso -y bien poblado gallinero de la Pardina. Examinando huevos,<span -class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span> pollos y echaduras, se -pasa parte de la mañana, y, por último, se convida a comer. Gregoria -le aconseja que prefiera la cena, y propone invitar también al Médico. -Aprobación unánime.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_6">ESCENA VI</h3> - -<p class="acot">Bosque.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo, paseando -lentamente</span>.</p> - -<p>¡Qué hermoso día!... aire manso y tibio, cielo claro, las nubes -replegadas sobre el horizonte, el mar azul, tendido, adormilado... -el bosque en silencio. ¡Qué solemne tranquilidad! El paso del hombre -no ensucia este cuadro grandioso y puro... <span class="acoti">(Mira -hacia el sendero que corta el bosque en dirección a Jerusa, y -detiénese, creyendo sentir voces.)</span> ¿Vendrán las nenas de paseo? -Pareciome oír sus voces lejanas... El corazón me ha saltado en el -pecho... No son ellas, no. Es que el bosque tiene ruidos extraños, -modulaciones misteriosas que a veces semejan llanto de niños, a veces -risotadas de muchachas que anduvieran volando entre el ramaje. <span -class="acoti">(Óyense, en efecto, voces, risas.)</span> ¡Ah! ¿Serán -ellas? No... son insectos o no sé qué animaluchos, que remedan la voz -humana. <span class="acoti">(Aparecen mujeres del campo, charlando -y riendo.)</span> Por allí vienen... Pero no son ellas. Esas voces -ordinarias no son las de las graciosas niñas de Albrit. <span -class="acoti">(Pasan las aldeanas y le saludan respetuosas; el Conde -contesta con afecto paternal al saludo.)</span> Adiós, hijas; que os -divirtáis mucho... <span class="acoti">(Sigue andando.)</span> Ya -estoy solo otra vez... No sé qué voz del alma me<span class="pagenum" -id="Page_184">p. 184</span> dice que no vendrán por aquí mis -chiquillas. ¡Cómo han de venir las pobres, si toda la mañana las -tienen encerradas con el preceptor, un simple, a quien se paga para -embrutecerlas! Pero no conseguirán haceros idiotas, ¿verdad, hijas -mías?... <span class="acoti">(Suspirando.)</span> ¡Nell, Dolly! ¿cuál -de vosotras es mi nieta, heredera de mi sangre y de mi nombre? <span -class="acoti">(Deteniéndose y cruzando las manos, dolorido.)</span> -Señor, ¿las amo o las aborrezco? En mi corazón hay plétora de amor a -mi descendencia. Pero la certidumbre de que una de las dos, una... no -es de ley, me vuelve loco... No, no es esto locura, no puede serlo; -esto es razón, derecho, justicia, el sentimiento del honor en toda -su grandeza... <span class="acoti">(Desesperado.)</span> Daría mi -vida por ellas... las mataría... no sé. <span class="acoti">(Continúa -andando, agitadísimo.)</span> No puedo, no debo consentir intrusos en -mi linaje... Al fuego la hierba mala, traída a mi hogar con engaño, -contrabando del vicio... Esa diabólica mujer no ha querido decirme -cuál es la falsa; pero no importa... Verás, verás, infame, cómo yo -lo averiguo sin ajeno auxilio, sin interrogar a los que seguramente -conocen tus secretos... Dios me dé una intensa penetración para -desentrañar la verdad; sabré leer la historia de mi deshonra en esas -preciosas caras; y si por mi ceguera no acierto a descifrar los -rostros, leeré la invisible cifra de los pensamientos, penetraré en la -hondura de los caracteres, y no necesito más, pues los caracteres son -el temperamento, la sangre, el organismo, la casta... Adelante, Rodrigo -de Albrit... Voy a sentarme en aquel altozano del bosque que parece -suspendido sobre el mar, y que está siempre seco y bien bañado del sol. -<span class="acoti">(Apresura<span class="pagenum" id="Page_185">p. -185</span> el paso.)</span> No se qué tengo hoy, que no me canso nada, -pero nada. Andaría mis dos leguas como un hombre...</p> - -<p class="acot">Otra parte del bosque.</p> - -<p class="acotj mt1">Terreno quebrado, donde escasean los árboles, y -abundan los chaparros y arbustería silvestre entre rocas musgosas. Al -Norte, el cantil que desciende con rápido declive hasta la playa, la -cual se extiende limpia y arenosa en toda la profundidad del paisaje. -En una peña que le ofrece cómodo asiento se recuesta el anciano, -meditabundo, y contempla abstraído la costa, y el oleaje manso y -rumoroso.</p> - -<p class="mt1">¡Cómo pica el sol! Turbonada esta tarde... Allá lejos, -en la playa, distingo unos bultitos blancos que se mueven... Dios mío, -¿serán ellas? <span class="acoti">(Haciendo anteojo con su puño para -ver mejor.)</span> Sí, sí... juraría que son ellas... Aquel vagar -rápido, aquel vuelo de mariposas... <span class="acoti">(Con súbita -alegría.)</span> Ellas son. Hasta me parece que oigo sus chillidos -alegres. <span class="acoti">(Bajando un poco, entre las peñas.)</span> -Y distingo también un bulto negro, una especie de cigarrón que las -persigue... Es el maestro, el pobre Coronado... ¿Qué haré? ¿Las -llamo, les hago una seña con el pañuelo, voy a buscarlas? <span -class="acoti">(Vuelve a sentarse, indeciso.)</span> ¡Dios mío, estas -lindas criaturas serían mi encanto, mi gloria, mi consuelo, si no me -amargara la vida el convencimiento de que una de ellas es intrusa, -fraudulenta, usurpadora! Quiero idolatrarlas; pero antes, urge separar -la verdad de la mentira, para poder amar exclusivamente a la que lo -merezca... ¿Cuál es, cuál de las dos, Señor? <span class="acoti">(Se -golpea el cráneo con el puño cerrado.)</span> Misterio terrible, -¿será<span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> posible que -yo no pueda penetrar en ti?... <span class="acoti">(Pausa.)</span> -¿Qué atracción es esta que hacia ellas me llama?... Fuerza superior -a mi voluntad. No quiero ir, y voy... Atracción del enigma, el -ansia inmensa del <i>¡qué será!</i>... <span class="acoti">(Se -levanta.)</span> ¡Ah, parece que me han visto! Creo notar una agitación -de cosas blancas, como si me saludaran con los pañuelos. Sí, sí: ya -percibo sus vocecitas, más dulces, más musicales que cuantos sones -hay en la Naturaleza... <span class="acoti">(Gritando.)</span> Sí, -sí, Nell, Dolly; aquí estoy... Ya os había visto... os veo en medio -de la inmensidad... ¿Queréis que baje, o subís vosotras?... <span -class="acoti">(Gozoso.)</span> Ya, ya vienen. No corren, vuelan.</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch3_7">ESCENA VII</h3> -</div> - -<p class="acot">EL CONDE, NELL, DOLLY, D. PÍO</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cuya voz suena -lejos</span>.</p> - -<p>¡Abuelo, abuelo!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No corráis, hijas, que podéis caeros.</p> - -<p class="rol">DOLLY <span class="acoti">(Suena la voz menos -lejana.)</span></p> - -<p>Abuelo, te vimos, te vimos.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cerca</span>.</p> - -<p>Yo fui la que primero te vi.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">más cerca</span>.</p> - -<p>No, que fui yo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span>EL CONDE</p> - -<p>Yo bajaría; pero este camino, lleno de zarzas, es tan quebrado que -temo caerme.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">próxima</span>.</p> - -<p>No te muevas, que allá vamos.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">más próxima</span>.</p> - -<p>Por esta veredita, Nell.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Por aquí. <span class="acoti">(Llegan a un tiempo las dos, -sofocadas, sin aliento, junto al anciano, que las abraza y las -besa.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Por qué habéis venido tan a prisa? Claro, como sois ángeles, nada -os cuesta volar.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>D. Pío no quería que viniésemos.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">sujetándose el cabello, que -el viento le ha soltado</span>.</p> - -<p>Allá sube como una tortuga el pobre viejo... ¡Qué trabajo le cuesta -seguirnos!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sentaos ya, y descansad aquí conmigo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Estás ya contento?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿No lo ves? ¿Por qué me lo preguntas?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_188">p. 188</span>NELL</p> - -<p>¡Como esta mañana estabas de tan mal humor!... <span -class="acoti">(Sorpresa del anciano.)</span> Sí, sí... y cuando -entramos a darte los buenos días, nos asustaste.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Nos dijiste: «¡Idos; dejadme solo!»</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No hagáis caso. ¡Es que Gregoria me había servido tan mal...!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con mimo</span>.</p> - -<p>De veras, ¿no estás enfadado con nosotras?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Nunca. Os quiero, os idolatro.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cariñosa</span>.</p> - -<p>Y como Gregoria y Venancio te sirvan mal, ya les ajustaremos las -cuentas. ¡Vaya...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Niñas mías, la gente pequeña, cuando se hincha de vanidad y -coge debajo a los que fueron grandes, es terrible, es peor que las -fieras.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que llega jadeante, medio -muerto de fatiga, y se arroja en el suelo</span>.</p> - -<p>Señor Conde, saludo a usía. Como soy viejo, no puedo seguir a estas -criaturas, que tienen alas de mariposa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span>EL CONDE</p> - -<p>¡Pobre Coronado, cuánto le marean a usted! ¿Y qué tal? ¿Se han -sabido la lección?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con suprema -honradez</span>.</p> - -<p>Señor, ni palotada. Me lo puede creer.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Habrá picaruelas...!</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Como usía es tan tolerante, puedo decírselo: hacen burla de la -ciencia y de mí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">jovial</span>.</p> - -<p>¡Qué monas! ¡Ángeles divinos! Besadme otra vez, Nell y Dolly, -amables borriquitas. Vuestro D. Pío, que os consiente todas las -travesuras, y juega con vosotras cultivándoos en la ignorancia, -demuestra ser un verdadero sabio.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">irónica</span>.</p> - -<p>Dí que queremos sorprenderle, y aprendemos sin que él lo note.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">maleante</span>.</p> - -<p>Le hacemos rabiar un poquito para amansarle el genio, porque este D. -Pío, aquí donde le ves, tan suavecito, es un tigre.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, hijas mías, es un cordero, un santo cordero... ¿No le veis esa -cara?... Dios le hizo santo,<span class="pagenum" id="Page_190">p. -190</span> y su familia le ha hecho mártir. Yo le quiero. Seremos -amigos.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con emoción</span>.</p> - -<p>Señor, usía me honra demasiado.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con lástima</span>.</p> - -<p>¿Y por qué es mártir D. Pío?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿No tiene muchas hijas?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero no son buenas, como vosotras.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Ay, pobrecito, cuánto padecerá!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">compadecida</span>.</p> - -<p>Ya no volveremos a hacerle rabiar.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">notando, por los -hondos suspiros que exhala Coronado, su disgusto de aquella -conversación</span>.</p> - -<p>No se hable más de eso. Y ahora que nos hemos encontrado y no -necesita usted estar al cuidado de las señoritas, puede irse a -descansar, Sr. Coronado.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tímidamente</span>.</p> - -<p>Señor Conde, yo no puedo dejar a las señoritas, porque el Sr. -Venancio me encargó mucho que no les consintiera separarse de mí; que -con ellas salía y con ellas tenía que volver a casa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span>EL -CONDE, <span class="acoti">picado</span>.</p> - -<p>Ya que no es usted su maestro, porque ellas no aprenden, le mandan a -usted que sea su pastor. Pues para pastorear este rebaño, me basto y me -sobro, Sr. Coronado.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>No se incomode, señor. Yo no hago más que cumplir las órdenes de -Venancio.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dominando su ira por -hallarse frente a un ser débil e inofensivo</span>.</p> - -<p>¿Y mis órdenes no significan nada para usted? Ese bestia mandará en -su casa, pero no en mi familia.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">asustada</span>.</p> - -<p>Abuelito, por amor de Dios, no te incomodes.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Si D. Pío se va!... ¿Qué tiene que hacer más que lo que tú le -mandes?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya ves cómo no lo hace, y me obligará a decirlo segunda vez, cuando -estoy acostumbrado a que a la primera se me obedezca.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Váyase, D. Pío... Piito, lárgate.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">levantándose -perezoso</span>.</p> - -<p>Señor Conde, yo creí...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>EL -CONDE, <span class="acoti">impaciente, sin poder contenerse</span>.</p> - -<p>Pronto... Retírese usted.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando las -castañuelas</span>.</p> - -<p>Me retiro, puesto que lo manda usía con tanto imperio... Y si me -riñen allá, que me riñan... Lo que yo digo: es malo ser bueno.</p> - -<p class="acot">(Saluda y se aleja.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_8">ESCENA VIII</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, NELL, DOLLY</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Ya estamos solitos los tres.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Qué gusto!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Los dos, digo, los tres, porque vosotras, ¡ay! sois dos, aunque a mí -me parezcáis una.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Que parecemos una!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Lo he dicho al revés: sois una, aunque parezcáis dos... No está bien -hoy mi cabeza... Quiero decir que en vosotras hay algo que sobra.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span>DOLLY</p> - -<p>¿Algo que sobra? Ahora lo entiendo menos.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con agudeza</span>.</p> - -<p>Quiere decir el abuelo que en nosotras, en las dos, no en una sola, -hay lo malo y lo bueno.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y lo malo es lo que sobra.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y debe quitarse, arrojarse fuera.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>O será que una de nosotras es mala, y la otra buena. <span -class="acoti">(Míranle atentas al rostro.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Quizás...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">generosa</span>.</p> - -<p>En ese caso, la mala soy yo y la buena Dolly.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">correspondiendo</span>.</p> - -<p>No, no: la mala soy yo, que siempre estoy haciendo diabluras.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">atormentado de una -idea</span>.</p> - -<p>Chiquillas, acercaos más a mi; aproximad vuestros rostros para -que os vea bien. <span class="acoti">(Se ponen una a cada lado, y -él las abraza. Las tres cabezas resultan casi juntas.)</span> Así, -así... <span class="acoti">(Mirándolas fijamente y con profunda -atención.)</span> No veo, no veo bien... <span class="acoti">(Con -desaliento.)<span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span></span> -Esta condenada vista se me va, se me escapa cuando más la necesito... Y -por más que os miro, no hallo diferencia en vuestros semblantes.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Dicen que nos parecemos. Pero Dolly es un poquito más morena que yo, -menos blanca.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran -interés</span>.</p> - -<p>¿Y el cabello, lo tenéis negro las dos, muy negro, muy negro?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí, <i>estrepitosamente</i> negro. El pelo castaño de mamá es más -bonito.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Qué ha de ser!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Otra diferencia tenemos. Mi nariz es un poquitín más gruesa.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y mi boca más chica que la tuya.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y los dientes?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Las dos los tenemos preciosos; no es por alabarnos.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span>DOLLY</p> - -<p>Pero yo tengo este colmillo un poquito encaramado... así, como -retorcido. Toca, abuelito. <span class="acoti">(Llevándose a la boca el -dedo del Conde.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es verdad... colmillo retorcido.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Otra diferencia tengo yo: un lunar en este hombro.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo tengo dos más abajo, así de grandes.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">preocupado</span>.</p> - -<p>¿Dos?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí, señor: dos que parecen tres.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">soltándolas de sus -brazos.</span></p> - -<p>Vuestros ojos, cuando los examino con mi corta vista, me parecen -igualmente bellos. Nell, hazme el favor de mirar bien el color de los -ojos de tu hermana... Y tú, Dolly, fíjate bien en los de Nell. Decidme -el color... justo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Los ojos de Dolly son negros.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Los de Nell son negros: pero los míos son más.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con interés ansioso.</span></p> - -<p>¿Más? ¿Los tuyos, Dolly, tienen acaso un viso verde?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Me parece que sí... entre verde y azul.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">mirando de cerca los ojos de -su hermana.</span></p> - -<p>Lo que tienen los tuyos es rayitas doradas... Sí, sí, y también algo -de verde.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero son negros. Los de vuestro papá, mi querido hijo, negros eran -como el ala del cuervo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Era guapísimo papá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">suspirando</span>.</p> - -<p>¿Os acordáis de él?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Pues no hemos de acordarnos!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Pobrecito, cuánto nos quería!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Nos adoraba.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Cuándo le visteis por última vez?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span>NELL</p> - -<p>Hace... creo que dos años, cuando se fue a París. Entonces nos -sacaron del colegio.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>¿Se despidió de vosotras?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí, sí. Dijo que volvía pronto, y no volvió más. Después fue a -Valencia.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá salió también para París, pero se quedó en Barcelona. No nos -llevó.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Al volver a Madrid estaba muy disgustada, sin duda por la ausencia -de papá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y en qué le conocíais su disgusto?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>En que se aburría, y estaba siempre en la calle. Nosotras comíamos -solas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y en esa época os trajeron aquí?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí, señor.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con dulzura</span>.</p> - -<p>Decidme otra cosa. ¿Queríais mucho a vuestro papá?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span>NELL</p> - -<p>Muchísimo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me figuro que una de vosotras le quería menos que la otra.</p> - -<p class="rol">LAS DOS, <span class="acoti">protestando</span>.</p> - -<p>No, no, no... Las dos igual.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">después de una pausa, -clavando en ellas sus ojos, que poco ven</span>.</p> - -<p>¿Y creéis que él quería lo mismo a entrambas?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>A las dos lo mismo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Estáis bien seguras?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Segurísimas. Desde París nos escribía cartitas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿A cada una por separado?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No; a las dos en un solo papel, y nos decía: «Florecitas de mi alma, -únicas estrellas de mi cielo...» Pero de Valencia no nos escribió -nunca.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>NELL</p> - -<p>Ninguna carta recibimos de Valencia. Nosotras le escribíamos, y él -no nos contestaba.</p> - -<p class="acot">(Larga pausa. El Conde apoya la frente en sus manos, -con las cuales empuña el palo, y permanece un rato en profunda -meditación.)</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Abuelito, ¿te has dormido?</p> - -<p class="rol">EL CONDE. <span class="acoti">(Suspirando, alza la -cabeza y se frota los ojos.)</span></p> - -<p>¿Queréis que andemos un poquito?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="acot">(Se ponen las dos en pie, le dan la mano, y le ayudan a -levantarse.)</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿A dónde quieres que vayamos?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">indiferente</span>.</p> - -<p>Guiad vosotras.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Iremos hacia el Calvario y la gruta de Santorojo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No nos alejaremos mucho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Nos alejaremos todo lo que queramos, y volveremos cuando nos dé la -gana... Parece que sopla viento de turbonada... ¿Qué? ¿Se ha nublado el -sol?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span>DOLLY</p> - -<p>Sí, y de aquel lado vienen nubes gruesas. Lloverá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si llueve, que llueva, y si nos mojamos, que nos mojemos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Quieres que te demos el brazo?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, chiquillas, no quiero aprisionaros. Corred solas y con -libertad... Ya estamos en sendero franco, y pisamos la finísima -alfombra del bosque sombrío.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">a Dolly</span>.</p> - -<p>¿A que no me coges?</p> - -<p class="acot">(Se alejan corriendo.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE, hablando solo, <span -class="acoti">desalentado</span>.</p> - -<p>Las facciones nada me dicen... <span -class="acoti">(Animándose.)</span> Hablarán los caracteres... Ya -se clarean, ya. Nell paréceme más grave, más reposada; Dolly más -frívola y traviesa... Pero noto que cambian, permutan las cualidades -de una y otra, de modo que aquella parece esta, y esta, aquella. -Observemos mejor. <span class="acoti">(Las niñas juegan a cuál corre -más.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">que vuelve triunfante, casi -sin respiración</span>.</p> - -<p>No me has cogido, no.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>NELL, -<span class="acoti">jadeante también</span>.</p> - -<p>Que sí... Corro yo más que tú.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Nunca.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Ayer te gané.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Mentira.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo digo la verdad.</p> - -<p class="rol">DOLLY. <span class="acoti">(Picadas las dos.)</span></p> - -<p>Ahora no... Es que eres tú muy orgullosa.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Abuelo, me ha dicho que miento.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y tú no mientes nunca; no está en tu natural la mentira.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ella me dijo ayer a mí... embustera.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y qué hiciste?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Echarme a reír.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span>NELL</p> - -<p>Pues yo no consiento que me digan que miento. <span -class="acoti">(Lloriquea.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Lloras, Nell?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Tonterías, abuelo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Soy muy delicada. Mi dignidad por la menor cosa se ofende.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Tu dignidad!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Lo que tiene es envidia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿De qué?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con travesura -jovial</span>.</p> - -<p>De que todos me quieren más a mí.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo no soy envidiosa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Vaya, Nell, no llores, pues no hay motivo para tanto. Y tú, Dolly, -no te rías. ¿No ves que la has ofendido?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_203">p. 203</span>NELL</p> - -<p>Siempre es así. Todo lo toma a risa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>Nell tiene dignidad. Esta es la buena. <span class="acoti">(A Dolly, -con un poquito de severidad.)</span> Dolly, te he mandado que no te -rías.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Es que me hace gracia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">a Nell, -acariciándola</span>.</p> - -<p>Tú eres noble, Nell. En ti se revela la sangre, la raza... Vaya, -haced las paces.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No quiero.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ni yo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Esa risita, Dolly, es un poquito ordinaria.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">poniéndose seria</span>.</p> - -<p>Bueno.</p> - -<p class="acot">(Súbitamente se lanza a la carrera.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE, a Nell.</p> - -<p>Estoy algo cansado. Dame el brazo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Dolly está sentida... Le has dicho ordinaria, y esto le llega al -alma. ¡Pobrecilla!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>EL CONDE</p> - -<p>Dime, hija mía, ¿has notado otra vez en Dolly estos arranques...?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿De qué?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>De naturaleza ordinaria.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No, papá... ¡Qué cosas tienes! Dolly no es ordinaria. Creo que se lo -has dicho en broma. Dolly es muy buena.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿La quieres?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Muchísimo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y no estás incomodada con ella porque te dijo que mentías?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo no... Cosas de nosotras. Reñimos, y en seguida hacemos las paces. -Dolly es un ángel: le falta sentar un poquito la cabeza. Yo la quiero; -nos queremos... ¡Ya tengo unas ganas de abrazarla y decirle que me -perdone!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con júbilo</span>.</p> - -<p>¡Otro rasgo de nobleza! Nell, tú eres noble. Ven a mí... <span -class="acoti">(La abraza.)</span> Y esa loca, ¿dónde está?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>NELL</p> - -<p>Ya viene.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">volviendo como una -exhalación</span>.</p> - -<p>Abuelito, llueve. Me ha caído una gota de agua en la nariz.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">deseando coyuntura para hacer -las paces</span>.</p> - -<p>Y a mí dos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Papá, ¿quieres que nos metamos en la gruta de Santorojo? Has hecho -mal en no traer paraguas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es un chisme que no he usado nunca.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Ya... acostumbrado a andar siempre en coche! Pero ahora no tienes -más remedio que andar a patita, como nosotras.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>Se burla de mí... ¡Qué innoble!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Ay, qué gotas tan gordas!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Menudo chaparrón nos viene encima!... Abuelito, ¿quieres que vaya a -casa en cuatro brincos, y te traiga un capote de agua?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span>EL CONDE</p> - -<p>No. <span class="acoti">(Para sí.)</span> Ahora quiere desenojarme -con sus zalamerías.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Nos meteremos en la gruta. Oiremos el eco. <span -class="acoti">(Dirígense por un sendero áspero, entre peñas y -zarzales.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Por aquí. Yo iré delante, apartando las zarzas para que el -abuelo no se pinche... ¡Ay, ay, qué pinchazo me he dado! <span -class="acoti">(Chupándose la herida.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Te has hecho sangre?... Ya ves: por traviesa, por correntona.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Si ha sido por abrirte camino, para que no te hicieras daño. ¡Así me -lo agradeces!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí que te lo agradezco, tontuela.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que soltando el brazo -del anciano, y recogiéndose el vestido para no engancharse, se -adelanta</span>.</p> - -<p>Dolly, da el brazo a papaíto, y tráele con cuidado.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dejándose guiar por Dolly, -que continúa chupándose el dedito lastimado</span>.</p> - -<p>Chiquilla, ¿de veras te has hecho sangre?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span>DOLLY</p> - -<p>Poca cosa. La he derramado por ti. Derramaría más: toda la que -tengo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose</span>.</p> - -<p>¿De veras?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Oh, sí!... Pruébalo... ¡Si pudiera probarse...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Tanto me amas?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Más de lo que crees.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Me querrás más que tu hermana?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No, más no. Ofendería a Nell si dijera que ella te quiere menos que -yo. Las dos somos tus nietas, y te queremos lo mismo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>Pues esto es nobleza... y de la fina. ¿Resultará esta la -legítima y la otra la falsa?... ¡Dios mío, luz, luz! <span -class="acoti">(Alto.)</span> ¿Dónde está Nell?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ha dado un rodeo para no engancharse el vestido. Sabe sortear las -púas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Y tú?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Yo? Tengo la piel mechada y endurecida de tanto aguijonazo, y una -encarnadura que no me la merezco. Mi hermana es más delicada que yo. -Por eso, cuando me has llamado ordinaria, dije para mí que tenías -razón.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí, aturdido, sin -saber qué pensar</span>.</p> - -<p>Razón... verdad... duda... problema.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">desde lejos, mirando hacia -atrás</span>.</p> - -<p>Dolly, ¿por qué nos has traído por esta vereda? Es la peor.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Qué sabes tú...? Sigue, sigue, que a la vuelta tienes la entrada de -la gruta.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Llueve... Vamos a prisa.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">encontrando el paso fácil -hacia la gruta</span>.</p> - -<p>Que os mojáis... Yo estoy en salvo ya.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>Paréceme Nell un poco egoísta... ¡Qué horrible duda, Señor! ¡Si -resultará que Dolly es la buena! (Alto.) ¿Llegamos por fin?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>DOLLY</p> - -<p>Abuelo, por aquí... cuidado... Otro escaloncito, otro... <span -class="acoti">(Llueve copiosamente.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">guarecida en la boca de la -cueva</span>.</p> - -<p>Os habéis mojado; yo no.</p> - -<p class="acot">Gruta de Santorojo.</p> - -<p class="acotj mt1">Cavidad ancha y profunda en la fragorosa peña. -Festonean su boca parietarias viciosas, raíces de árboles cercanos, -helechos y plantas mil de variado follaje. El interior se compone de -masas cretáceas de variado color, con formas de una arquitectura de -pesadilla. Las concreciones de la bóveda son como un sueño de bizarras -magnificencias, labradas en cristal, azúcar y estearina.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sentándose en una -piedra</span>.</p> - -<p>¡Cuántas veces, niño, me he refugiado, como ahora, en esta soberbia -estancia natural de Santorojo!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Y es cierto que aquí vivió y murió un ermitaño llamado Toronjillo, -que hacía milagros?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es tradición que viene labrando en la mente popular desde el siglo -<span class="asc">XIII</span>. Ejecutorias de la casa de Laín mencionan -al santo Toronjillo, que desde este balcón amansaba las olas furibundas -con un gesto... Aquí abajo, al pie de la pendiente llena de malezas, -bate la mar.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>DOLLY, -<span class="acoti">asomándose</span>.</p> - -<p>Ya se ven de aquí los espumarajos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y esto no te da miedo? ¡Si te cayeras...!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Llegaría al mar en pedacitos así.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cariñosa</span>.</p> - -<p>Por Dios, hermana, no te acerques al abismo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dolly, no hagas tonterías... Una tarde, siendo Rafael niño, quiso -descender por esta escarpa... Al primer salto que dio, ya no podía -bajar ni subir. ¡Qué susto pasó su madre! ¡Nos costó un trabajo -subirle!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Qué trance!...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>De pensarlo, me da escalofríos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Dicen que nuestra abuelita era muy hermosa... <span -class="acoti">(Se sientan las dos junto al Conde.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí: la figura más arrogante y noble que podríais imaginar.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span>DOLLY</p> - -<p>Y que Nell se le parece mucho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">mirando a Nell</span>.</p> - -<p>No sé... no veo bien las facciones de tu hermana.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Por el retrato que hay en casa, más se parece a Dolly que a mí.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Si fuera verdad! ¡Qué gusto parecerse a una señora tan santa y -tan... bonita! Abuelo, mírame bien, y haz memoria.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dime que haga vista.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Me parezco?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">confuso, mirándola de -cerca</span>.</p> - -<p>No sé... No veo...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que se ha levantado para -sentarse en mejor sitio, junto a la roca</span>.</p> - -<p>Eso no puede decirlo más que el abuelo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Eso no puede decirlo más que el abuelo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sobrecogido por la -igualdad del timbre de las voces</span>.</p> - -<p>¿Quién habla?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span>LAS DOS</p> - -<p>Yo.</p> - -<p class="rol">EL ECO, <span class="acoti">repitiendo la voz de Nell</span>.</p> - -<p>Yo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ese <i>yo</i> me ha sonado como si lo pronunciara mi pobre Adelaida, -vuestra abuela.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Es el eco, papá. <span class="acoti">(Gritando.)</span> Conde de -Albrit, soy yo.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">que corre junto a su hermana -y grita</span>.</p> - -<p>Soy yo... yo... <span class="acoti">(El eco repite la voz de -entrambas.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">tembloroso, profundamente -excitado</span>.</p> - -<p>Venid aquí... No os apartéis de mi lado... No hagáis hablar al -eco... Me asusta.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿De veras?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No creas, a mí también me asusta un poquitín.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>¡Confusión horrible!... «Soy yo,» dice la Naturaleza... ¿Y quién -eres tú?... <span class="acoti">(Reflexionando.)</span> ¿Será -Nell la mala?... ¿Será Dolly? <span class="acoti">(Se clava los -dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de meditación o -somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de sonidos -pavorosos.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span>DOLLY</p> - -<p>¡Jesús, qué miedo!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡María Santísima!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente, creyendo hallar -un dato</span>.</p> - -<p>¿Cuál de las dos se asusta de los truenos?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>Carácter entero.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento. -Cualidad de la familia, como decía papá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es cierto... Ven acá, que yo te bese.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Y a mí no?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>También a ti. <span class="acoti">(Las besa y abraza.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>NELL, -<span class="acoti">con efusión</span>.</p> - -<p>Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">asustado</span>.</p> - -<p>Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo -puedo remediar.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Y los truenos no te impresionan? <span class="acoti">(Retumba -otro.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose</span>.</p> - -<p>Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son -mi propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen -solas.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco -minutos llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite, -nos metemos en la casucha de la tía Marqueza.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la -Pardina.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, vamos... Llevadme.</p> - -<p class="acot">(Salen de la gruta.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_9" title="ESCENA IX"><span class="pagenum" -id="Page_215">p. 215</span>ESCENA IX</h3> - -<p class="acotj">Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola -puerta, con dos ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por -entre las tejas musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del -caballete ostentan un jardín botánico en miniatura, colección lindísima -de criptógamas y plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal -cercado de pedruscos, con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo, -varios girasoles con sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre -del sol, y unas cuantas coles agujereadas por los gusanos. La fauna -consiste en un cerdo libre, que hociquea en el charco formado por la -lluvia; dos patos, gallinas, y todos los caracoles y babosas que se -quieran poner. Las moscas, huyendo de la lluvia, han querido refugiarse -en el interior de la casa, y como el humo las expulsa, voltejean en la -puerta sin saber si entrar o salir.</p> - -<p class="acotj">Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la -menor ropa posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional -naturaleza, nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su -musculatura, en cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la -Sibila de Cumas, obra de Miguel Ángel.</p> - -<p class="acot">LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas?</p> - -<p class="rol">NIÑO</p> - -<p>Sí que son... madre, ellos... <i>Cá</i> vienen.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span>LA -MARQUEZA, <span class="acoti">adelantándose a recibirles</span>.</p> - -<p>Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere -descansar?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Sí: descansaremos un rato.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy complacido, mientras -la anciana le besa la mano</span>.</p> - -<p>Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez?</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses -que me le quitó Dios...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno -para el trabajo, y honrado a carta cabal.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía... -Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a -casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo, -y se han caído<span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span> -algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que tú, mucho más, -y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos, ¿qué ha sido de -ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos...</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han -muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo -bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas -son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas -trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde; -pero no tengo nada que ofrecerle.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el -tesoro del pobre. Estamos iguales.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo -que quieras. <span class="acoti">(Se van a jugar con los chicos junto a -unos troncos.)</span></p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde! -Da gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué -vieja<span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span> soy, y cuánto -he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito Rafael, -padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina. Las dos -le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo?</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas?</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">mirándolas detenidamente</span>.</p> - -<p>Se parece la señorita <i>Nela</i>. Es la misma cara.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y su hermana?</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>La señorita <i>Dola</i> no... digo, sí, también tiene la pinta; pero -cuando se ríe, nada más que cuando se ríe.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">secamente</span>.</p> - -<p>Rafael era muy serio...</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>¡Y qué galán! Tan caballero y <i>respetoso</i> que toda Jerusa -se quitaba el sombrero cuando pasaba,<span class="pagenum" -id="Page_219">p. 219</span> y hasta la torre de la iglesia parecía como -si le hiciera la reverencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que mira y no ve, -impaciente</span>.</p> - -<p>Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero -no las veo.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el -pobre! La señorita <i>Nela</i> quiere bailar con mi Narda, y la -señorita <i>Dola</i> y mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de -la Pardina llevan la alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor -las hubiera visto aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sorprendido</span>.</p> - -<p>¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras?</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues -en un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta -el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en -persona.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">excitadísimo, -llamando</span>.</p> - -<p>Nell, Nell... Ven acá, hija... <span class="acoti">(Se -acerca.)</span> Oye lo que dice la Marqueza... <span -class="acoti">(Esta repite lo del guarro.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>EL -CONDE, <span class="acoti">llamando</span>.</p> - -<p>Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... <span -class="acoti">(Acércase esta, sofocada.)</span> ¡Qué callado te lo -tenías! ¡Tú pintora!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con modestia</span>.</p> - -<p>Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser -este el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que quiere congraciarse con -Dolly</span>.</p> - -<p>Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No valen nada, abuelito.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué -preciosidades haría!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Quita, quita.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con profundo -interés</span>.</p> - -<p>¿Quién te ha dado lecciones?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me -gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y -traían unas cajas con trebejos<span class="pagenum" id="Page_221">p. -221</span> y cartuchitos de pintura... vieron lo que hacía la señorita -Dola, y se pasmaron...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">ruborizada</span>.</p> - -<p>No hagas caso, papá.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí -que lo dijeron. No vengas ahora con farsas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran agitación, que -procura disimular</span>.</p> - -<p>¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes -una afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo -del alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la -mano, y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no -puedo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don -concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae -de otro mundo, de...?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Me entró la afición... qué sé yo cuándo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Desde niña hacía garabatos...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span>EL CONDE</p> - -<p>Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los -lápices.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>¡Ángel de Dios!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y tú, Nell, ¿no dibujas?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con viveza</span>.</p> - -<p>¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno, -hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas -tristes. <span class="acoti">(Nell y Dolly se alejan y continúan su -juego.)</span></p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. <span -class="acoti">(El Conde no contesta. Mirando al suelo se sumerge en -profunda abstracción.)</span> ¿Qué tiene, mi señor, que está tan -triste?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">como quien vuelve de un -letargo</span>.</p> - -<p>¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo -yo, gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al -morirse.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p> - -<p>¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de -nacidos y crecidos, ya no hay remedio...</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por algo estamos cuando estamos.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas -se agarren y vivan.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>¿Yo? <span class="acoti">(Pausa larga. El Conde vuelve a -quedarse abstraído, cual si su espíritu se sumergiera en abismos -profundos.)</span> Señor... ¿qué le pasa que no habla?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">después de otra -pausa</span>.</p> - -<p>Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios -me trajo a tu choza.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">confusa</span>.</p> - -<p>¿Qué dice que soy?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste -certidumbre...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span>LA -MARQUEZA, <span class="acoti">creyendo fundado lo que se dice del -desorden mental del Señor de Jerusa</span>.</p> - -<p>¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, gracias.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Lo que tiene mi Conde es debilidad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A -veces el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que -la duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si -la duda o la verdad...</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">con espontánea -filosofía, por decir algo</span>.</p> - -<p>No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos? -El cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. -Todo es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el -hoyo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con ingenua -indecisión</span>.</p> - -<p>¿Y qué debo hacer yo?</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir... -tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span>EL CONDE</p> - -<p>Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré -seguirla.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo hacia el -anciano</span>.</p> - -<p>Abuelo, vienen a buscarnos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, es Venancio; oigo su rebuzno.</p> - -<p class="acot">(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de -castaños.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_10">ESCENA X</h3> - -<p class="acot">LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y -capotes.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Locos buscándole, señor Conde... En cuanto vi venir el nublado, -salimos... Mira por aquí, mira por allá. Nos dicen que en el bosque... -nos dicen que en la playa, nos dicen que en la gruta...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es muy de agradecer tu solicitud. Nos hemos mojado poco. Las -chiquillas tan contentas.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>A casa. La humedad no es buena para usía. Lo ha dicho el médico.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con humorismo</span>.</p> - -<p>Pues si lo ha dicho el médico... boca abajo. Vamos a donde quieras. -Tú mandas, Venancio.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Yo no mando, señor.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose</span>.</p> - -<p>Que sí. Eres el amo, y aquí estamos todos para obedecerte...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">displicente</span>.</p> - -<p>No necesitamos de tu oficiosidad, Venancio. Nada nos pasa, y sabemos -volver a casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">chancero</span>.</p> - -<p>Ya lo ves... Te riñe esta mocosa. Chiquilla, no: hay que respetar -las jerarquías... Vaya, pongámonos en marcha, conforme al deseo del -señor de la Pardina... Yo te digo, Venancio, que hoy has sido muy -previsor... No, no quiero capote. Supongo que será tuyo... Póntelo -tú.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">dando el brazo a su -abuelo</span>.</p> - -<p>Yo contigo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí... y vayan delante Venancio y la pintora. Adelantaos todo lo que -queráis. Esta y yo no tenemos prisa, ni hemos de perdernos. Adiós, -Marqueza. Que prosperes... que vivas muchos años.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">despidiéndoles -afectuosa</span>.</p> - -<p>Vayan con Dios... Señorita <i>Nela</i>, señorita <i>Dola</i>, la -Virgen las acompañe.</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch3_11" title="ESCENA XI"><span class="pagenum" - id="Page_227">p. 227</span>ESCENA XI</h3> -</div> - -<p class="acot">Comedor en la Pardina.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, NELL, DOLLY, EL CURA, EL MÉDICO, sentados a -la mesa; VENANCIO y GREGORIA, que les sirven.</p> - -<p class="acotj mt1">La cena toca a su fin. El Conde, en el sitial, a -la cabecera de la mesa, tiene a su derecha a Nell; enfrente el Cura, -teniendo a su derecha a Dolly. Entre las dos parejas el Médico.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué secretos son esos, <i>pastor Curiambro</i>? Toda la noche -picoteando con Dolly.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>¡Ah! son cosas nuestras. La señorita Dolly es muy simpática y -ocurrente. Yo celebro infinito que el señor D. Rodrigo haya alterado -esta noche la colocación de costumbre, y me haya cedido a una de sus -nietas...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por variar. Cuando están las dos a mi lado me aturden.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>A mí esta me encanta... ¡Qué pico, qué sal!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Como está tan desganadito, no sé cuántas cosas tengo que decirle -para hacerle comer.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span>EL -CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>¡Si es ella la que no come, y tengo que partirle la comida en -pedacitos, y dárselos envueltos en un poco de sermón para que no me -desaire!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo me como el sermón y él los pedacitos. Cada uno lo que más le -aprovecha.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo más -fuerte</span>.</p> - -<p>¿Te gustan mis sermones?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Si, padre; quiero enflaquecer. <span class="acoti">(Todos -ríen.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">deseando volver a un tema -interrumpido</span>.</p> - -<p>Cuando acabes de reír las gracias de Dolly, continuaremos lo que -hablábamos de los monjes de Zaratán, y del Prior...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">tragando a prisa para poder -hablar</span>.</p> - -<p>¡Ah! sí... ahora voy...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">al Médico</span>.</p> - -<p>¿Decís que el Prior desea verme?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Sí, señor... quiere ofrecer sus respetos a D. Rodrigo de -Arista-Potestad, cuyos antecesores fundaron aquel insigne -Monasterio.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>EL CONDE</p> - -<p>Y lo dotaron espléndidamente. Después vinieron años malos, la -exclaustración. Siendo yo niño vi frailes en Zaratán. Desde aquel -tiempo hasta hace poco, ha permanecido el edificio como un panteón en -ruinas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Hasta que el Conde de Laín, Diputado por Durante, gestionó que -se incluyera una partida para restauración, y que volvieran los -monjes...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>No ha tenido poca parte en la resurrección del Monasterio el actual -Prior, hombre de gran virtud, de una actividad asombrosa, conocedor del -mundo...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Como que es de la escuela romana... hombre de mucha sociedad, -instruidísimo. Treinta y tantos años ha estado en las oficinas <i>De -Propaganda Fide.</i></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y cómo se llama ese sujeto?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Padre Baldomero Maroto...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">festivo</span>.</p> - -<p>Baldomero... Maroto... Pues debiera llamarse con más propiedad <i>El -abrazo de Vergara</i>.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span>EL CURA</p> - -<p>Eso dice él... y se ríe... Su nombre y apellido no carecen -de simbolismo, porque el hombre es el puro espíritu de la -conciliación...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Enlace entre las ideas que pasaron y las vigentes, siempre dentro -del dogma...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">con énfasis en el -elogio</span>.</p> - -<p>Y por su trato se diría que ha pasado la vida entre aristócratas... -¡Que finura, qué tacto y delicadeza en la conversación!</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>He oído que procede de una gran familia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Es navarro quizás?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>No, señor, malagueño... Es punto muy fuerte en heráldica, y cuando -se pone a hablar de linajes no acaba. Conoce el <i>Becerro</i> como -nadie.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah!... pues sí, me gustaría charlar con él.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">bajito al Conde</span>.</p> - -<p>Abuelito, ¿qué <i>Becerro</i> es ese?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Un libro... ya te lo explicaré.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span>DOLLY, -<span class="acoti">por lo bajo al Cura</span>.</p> - -<p>D. Carmelo, ¿qué es el <i>Becerro</i>?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Ya te lo diré.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">a Dolly</span>.</p> - -<p>Un libro. Debe de ser como un Diccionario.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">encomiástico</span>.</p> - -<p>¡Ah! lo que tiene usted que ver, Sr. D. Rodrigo, es el -Monasterio.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Han hecho maravillas, en el año y medio escaso que llevan en él.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Yo lo he conocido habitado por los lagartos.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Pues ahora... ¡qué amplitud, qué comodidad! Luz y ambiente por los -cuatro costados. No hay en toda la provincia lugar más higiénico.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿De veras...?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Resguardado de los vientos del Norte por el monte de Verola, -disfruta de un temple meridional.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span>EL MÉDICO</p> - -<p>Y la huerta, que propiamente es un extenso parque, rodeado de -tapias, mide ochenta hectáreas.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">hiperbólico</span>.</p> - -<p>¡Oh! allí verá usted toda clase de cultivos, desde el naranjo al -almendro.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Son agrónomos de primera... Además, tienen vacas holandesas, -faisanes, un palomar con más de quinientos pares, gallinas de famosas -razas, colmenas... estanques con riquísimas carpas... y qué sé yo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con donaire</span>.</p> - -<p>Convengamos, amigos míos, en que esos pobres frailecitos se dan una -vida de perros.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Ellos trabajan infatigables, eso sí, de sol a sol. Por la vida -común, por la igualdad en el disfrute de los dones de la tierra, por -el orden y la división del trabajo, vemos en el instituto religioso -de Zaratán como un <i>esquema</i> de las futuras organizaciones -sociológicas...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Ah, ya te lo diré yo...!</p> - -<p class="acotj">(Arde en ganas de definir el verdadero papel de -la Iglesia en la vida social; pero no conviniéndole abandonar el -asunto que en aquel momento se trata, aplaza discretamente el punto -evangélico-sociológico. Nell y Dolly atienden con toda su alma, sin -chistar, a la conversación de los mayores.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span>DOLLY, -<span class="acoti">muy bajito</span>.</p> - -<p>D. Carmelo, ¿qué es <i>esquema</i>?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Es... <span class="acoti">(Con desdén.)</span> Cosas de estos -sabios... nada.</p> - -<p class="acotj mt1">(Las dos niñas, de un lado a otro de la mesa, con -visajes y alguna palabra suelta, se entienden, y comentan lo que -oyen.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hermoso será sin duda.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme -la cogulla y quedarme allí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones -con el azadón.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">suspirando</span>.</p> - -<p>¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí, -Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vagamente, sin -mirarles</span>.</p> - -<p>No es mala idea...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">pensando que no es -pertinente manifestar el deseo ni menos el propósito de llevarle a -Zaratán</span>.</p> - -<p>El señor Conde no gustará quizás del excesivo regalo y -<i>confort</i> que allí tendría.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span>EL CURA</p> - -<p>Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo -y los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del -Conde de Albrit.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Según y conforme, amigos míos. <span class="acoti">(Con sutil -malicia.)</span> Antes de resolver nada en este delicado punto, la -primera persona con quien debo consultar es Venancio, a quien debo -generosa hospitalidad... Venancio, acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo -oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a Zaratán?</p> - -<p class="rol">VENANCIO. <span class="acoti">(Oportunamente aleccionado -por el Médico y el Cura, contesta todo lo contrario de lo que tan -ardientemente desea.)</span></p> - -<p>Señor, en ninguna parte está usía como en su casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con finísima -marrullería</span>.</p> - -<p>Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para -mí... que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos -de otra cosa.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">contrariado de que el Conde -desvíe tan bruscamente la conversación</span>.</p> - -<p>Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Ni para que le pague la visita. Iremos todos. Yo quiero que se haga -cargo de la organización admirable de Zaratán.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span>NELL, -<span class="acoti">gozosa</span>.</p> - -<p>¿Iremos, abuelito?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>D. Carmelo... ¿iremos nosotras?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente por pasar a -otro asunto</span>.</p> - -<p>Veremos esa maravilla... Gregoria. <span class="acoti">(Adelántase -Gregoria.)</span> Ven acá, mujer... Quiero felicitarte delante de todos -por la excelente cena que nos has dado. Sin necesidad de que yo te -lo advirtiera, te has esmerado esta noche, porque tenemos dos buenos -amigos a nuestra mesa. Así me gusta. El régimen de sobriedad y economía -se guarda, naturalmente, para cuando estamos solos las niñas y yo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">azorada</span>.</p> - -<p>Señor...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">envolviendo su sátira en -formas exquisitas</span>.</p> - -<p>Yo alabo tu arreglo, y me parece muy bien que, cuando como solo -con estas, no se conozca que eres buena cocinera, ni que tu despensa -está bien surtida, ni que posees vajilla elegante y manteles limpios. -Decidido a dejarme educar por vosotros en la sordidez y en la -miseria, que tan bien cuadran a este tristísimo fin de mi vida, os -daría la satisfacción, si lo quisiérais, de comer con vosotros en la -cocina... <span class="acoti">(Mutismo enojoso de Gregoria y Venancio. -Este traga saliva muy amarga. El Cura y el Médico no saben qué -decir.)</span> Yo te felicito una y otra vez, porque distingues, con -claro talento, entre mi persona<span class="pagenum" id="Page_236">p. -236</span> humilde y la de mis amigos. Nos debemos a la sociedad. -<span class="acoti">(Gregoria recoge las migajas y el servicio del -postre sin decir una palabra. La procesión va por dentro. Venancio se -retira.)</span> Y estoy bien seguro, porque te conozco, de que el café -de esta noche será excelente, como tú sabes hacerlo cuando no estamos -en familia, en la santa llaneza a que os obligan vuestros escasos -recursos...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">tragándose la -ira</span>.</p> - -<p>El Sr. Angulo toma té, ¿verdad?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Sí: el café me desvela.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>A mí, no: venga café.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Lo serviremos nosotras.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">levantándose</span>.</p> - -<p>Ponlo en aquella mesita.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">poniendo el servicio donde -se le indica</span>.</p> - -<p>Aquí está.</p> - -<p class="acot">(El Cura saca su petaca, y da un cigarro al Conde. -Ambos encienden. El Médico no fuma.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Chiquillas, servidnos ya.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>Yo le sirvo al abuelo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span>DOLLY</p> - -<p>Le sirvo yo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Yo...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>A mí me corresponde.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿A ti, por qué?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Porque no me senté a su lado. De algún modo se ha de compensar...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No me conformo. <span class="acoti">(Disputan con cierto calor sobre -cuál servirá al abuelo.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Vaya, no reñir, niñas. ¿Qué más da?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">testaruda</span>.</p> - -<p>Sí da.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Pues que lo echen a la suerte.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Eso es: dos pajitas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_238">p. 238</span>EL CURA</p> - -<p>Vaya... A la suerte. <span class="acoti">(Coge rabillos de guindas -que han quedado en la mesa.)</span> Una pajita grande y otra chica. -<span class="acoti">(Las prepara y las da al Conde.)</span> En manos -del <i>león de Albrit</i> está la suerte.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sea. Chiquillas, venid, y aquí tenéis la solución de vuestro -destino.</p> - -<p class="acot">(Van las niñas, y de los dedos del abuelo cada una saca -un palito.)</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con alegría</span>.</p> - -<p>Yo gané. <span class="acoti">(Muestra la pajita grande.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">retirándose -corrida</span>.</p> - -<p>Ha habido trampa.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Qué?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con ligereza, sin saber lo -que dice</span>.</p> - -<p>El abuelo ha hecho trampa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Que yo hago trampas!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Porque no me quiere.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">meditabundo, hablando -solo</span>.</p> - -<p>¡Qué innoble! No hay duda, es la falsa, la mala, la intrusa.</p> - -<p class="acot">(Las niñas llenan las tazas.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>EL CURA</p> - -<p>¡Si os quiere a las dos! Dolly, no te enfades.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo no me enfado. <span class="acoti">(Se ríe.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>¡Se ríe... qué descarada... después de ofenderme!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">llevando al abuelo su -taza</span>.</p> - -<p>Abuelo... ahí lo tienes como te gusta, amarguito.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Dolly me sirve a mí. Ya sabes: pónmelo dulzacho.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ahí va. Ahora el té para el doctor.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>¡Y aún se ríe!... Carece de delicadeza... No le hacen mella los -desaires. Epidermis moral muy gruesa... extracción villana. <span -class="acoti">(Alto.)</span> ¿Qué tal os sirve la pintora?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Divinamente.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Siempre juguetona y atropellada.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>EL MÉDICO</p> - -<p>Señor Conde, un poquito de ron. <span class="acoti">(Ofreciéndole -de una botella que acaba de traer Gregoria.)</span> Es riquísimo; le -probará bien.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No me sientan bien los alcoholes. Pero si te empeñas... Y parece -muy bueno. <span class="acoti">(Catándolo.)</span> ¡Qué guardadito lo -tenías, Gregoria! Así se hace: estas cosas ricas para las ocasiones.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">después de servirse -ron</span>.</p> - -<p>Ahora, chicuelas, un poquito para vosotras.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">retirando su copa</span>.</p> - -<p>No, no... ¡qué asco!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo, sí... póngame media copa, D. Carmelo.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Te emborrachas unas miajas, y a la camita.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí, mirándola -beber</span>.</p> - -<p>¡También eso!... ¡Qué ordinaria! ¡Buena diferencia de esta mía, que -en todo revela su origen noble!... <span class="acoti">(Bebe de un -trago, y al instante siente desvanecimiento en su cabeza.)</span></p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">observando que cierra los -ojos, y articula palabras ininteligibles</span>.</p> - -<p>¿Qué... qué es eso?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span>EL CONDE</p> - -<p>Nada... se me va un poco la cabeza... Ya te dije... los -alcohólicos... <span class="acoti">(Se confunden sus ideas; aléjase la -realidad; ve a los comensales y a sus nietas como sombras esfuminadas, -y oye sus voces como un murmullo distante de hojas secas que arrastra -el viento.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Parece que se aletarga.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">sacudiéndole suavemente -el brazo</span>.</p> - -<p>Sr. D. Rodrigo...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Está fatigado. <span class="acoti">(Llamándole.)</span> -¡Abuelito!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">volviendo en sí, y -pasándose la mano por los ojos</span>.</p> - -<p>Lo he soñado.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Pero si no has tenido tiempo de soñar nada! Ha sido un instante.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Medio minuto.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">mirando detenidamente a -todos</span>.</p> - -<p>Lo he soñado... ¡Qué imitación tan perfecta de la realidad!</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">asustada</span>.</p> - -<p>¿Qué dices?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_242">p. 242</span>EL CONDE</p> - -<p>Le he visto... como ahora te veo a ti.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿A quién?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>A tu padre... Entró por aquella puerta. No le veíais, yo sí... -Acercose a la mesa, y se sentó junto a Dolly... sin decir nada... A -mí solo miraba. <span class="acotj">(Vuelve a pasarse la mano por los -ojos. Dolly, medrosa, no acierta a pronunciar palabra alguna. Venancio -y Gregoria espían desde la puerta.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p> - -<p>Papaíto, debes retirarte... Estás rendido.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Sí, sí: a la cama.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Vamos. <span class="acoti">(Dispuesto a llevársele, le coge del -brazo.)</span> Sr. D. Rodrigo, a dormir.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose con -dificultad, ayudado de Nell y de Angulo</span>.</p> - -<p>No tengo sueño ya... Pero, pues tú lo quieres, Nell, vamos... Tú -mandas, hija mía...</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Señores, mi abuelito les pide permiso para retirarse.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Sin cumplidos... ¡No faltaba más!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span>EL -MÉDICO, <span class="acoti">viendo que el Conde suelta su -brazo</span>.</p> - -<p>¿No quiere que le acompañe a su dormitorio?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No es preciso. Gracias, querido Salvador. Estoy bien... muy bien. -Carmelo, buenas noches.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">despidiéndose del Cura y del -Médico</span>.</p> - -<p>Buenas noches. <span class="acoti">(Va tras de su abuelo, que, -apoyado en Nell, avanza lentamente hacia la puerta.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">volviéndose hacia ella -bruscamente</span>.</p> - -<p>No vengas. <span class="acoti">(Con displicencia.)</span> -Acompaña a estos señores. Aprende a ser cortés. <span -class="acoti">(Pausa.)</span></p> - -<p class="acotj mt1">(Retíranse despacio el Conde y Nell. Dolly vuelve -al centro de la estancia, se sienta, apoya en la mesa los codos, la -cara en las palmas de las manos.)</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Qué tienes, chiquilla?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>También la marea el ron.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">sollozando</span>.</p> - -<p>El... abuelo... no me quiere.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_12">ESCENA XII</h3> - -<p class="acotj">Dormitorio del Conde. Es de noche. Una lamparilla -de aceite, puesta en una rinconera, alumbra la estancia; la luz -es chiquita, tímida, llorona, un punto de claridad que vagamente -dibuja y pinta de tristeza los muebles viejos,<span class="pagenum" -id="Page_244">p. 244</span> las luengas y lúgubres cortinas del lecho y -del balcón. Profundo silencio, que permite oír el mugido lejano del mar -como los fabordones de un órgano. El viento, a ratos, gime, rascándose -en los ángulos robustos de la casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo. (Después de un sueño -breve y profundo, se viste precipitadamente, y se sienta en el borde de -la cama.)</span></p> - -<p>Bien despierto estoy, no puedo dudarlo... En vela, paréceme que -duermo; dormido, veo y toco la realidad. ¿Qué es esto? Tan cierto como -esa es luz, yo vi a Rafael entrar en el comedor, acercarse a la pequeña -y... La primera vez no hizo más que mirarme... movimiento, ninguno: -no tenía brazos. La segunda vez, Rafael tenía brazo derecho y mano... -nada más que un brazo y una mano. No sé qué arma era la que llevaba. -Solo sé que así, así... de un golpe, mató a Dolly. La pobre niña no -dijo ¡ay! Murió calladita y risueña... como un ángel, cumpliendo la -ley del destino, que ordena que las hijas paguen las culpas de las -madres... <span class="acoti">(Tratando de despejarse, da algunos -pasos.)</span> Sueño ha sido; mas no debemos despreciar los sueños como -obra caprichosa de los sentidos, ni creer que estos, al dormirnos, se -sueltan, se embriagan, se dan a la imitación burlesca y desenfrenada -de los actos normales dictados por el juicio... No, no son los sueños -un Carnaval en nuestro cerebro. Es que... bien claro lo veo ahora... -es que el mundo espiritual, invisible, que en derredor nuestro vive y -se extiende, posee la razón y la verdad, y por medio de imágenes, por -medio de proyecciones de lo de allá sobre lo de<span class="pagenum" -id="Page_245">p. 245</span> acá, nos enseña, nos advierte lo que -debemos hacer... <span class="acoti">(Se pasea vacilante, sin guardar -la línea recta en sus idas y venidas.)</span> ¡Cómo suena esta noche -la mar! ¡Y yo, durmiendo, creía que ese <i>bum-bum</i> eran mis -ronquidos!... ¡Y es el mar el que ronca! <span class="acoti">(Detiénese -a escuchar.)</span> ¡Qué silencio en la casa! Todos duermen: las niñas -también, ignorantes de que urge expulsar a la intrusa. Ley de justicia -es. No he inventado yo el honor, no he inventado la verdad. De Dios -viene todo eso; de Dios viene también la muerte, fácil solución de -los conflictos graves. Tiene razón Laín: el que usurpa, debe morir, -debe ser separado... Rafael y yo separamos, apartamos lo que por -fraude se ha introducido en el santuario de nuestra familia. <span -class="acoti">(Coge maquinalmente su palo, por costumbre de andar -con él.)</span> Esto es más claro que la luz. Siempre lo has dicho, -Albrit; siempre lo has dicho. La causa de que las sociedades estén tan -podridas, la causa de que todo se desmorone es la bastardía infame... -el injerto de la mentira en la verdad, de la villanía en la nobleza... -Tú lo has dicho, Albrit; tú debes sostenerlo, Albrit...</p> - -<p class="acotj mt1">(Sale de su cuarto cautelosamente, y tentando -las paredes avanza por un largo pasillo. La claridad de la luna le -permite llegar sin tropiezos insuperables basta una puerta, por cuyos -resquicios se filtra luz. Es el cuarto donde duermen Nell y Dolly. -Aproxímase, procurando evitar todo ruido, y aplica el oído a la -cerradura.)</p> - -<p class="mt1">No duermen... Parece que rezan. Oigo confusas sus dos -voces, que no son más que una. <span class="acoti">(Con súbita emoción -afectiva.)</span> ¡Oh, Dios! ¡Si me parece que las amo a las dos; que -no puedo separarlas en mi amor; que la falsa se agarra a la verdadera -y se hace con ella una sola persona...! Esto no puede ser; esto es -una cobardía...<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span> -Albrit, mira quién eres: la justicia, la verdad están en tu mano... -¡Oh! ahora distingo mejor las voces... <span class="acoti">(Poniendo -toda su alma en el oído.)</span> No, no hay cántico de ángeles que -iguale a sus vocecitas... No rezan; ahora hablan. Nell parece que -quiere consolar a Dolly... Oigo mi nombre... «el abuelo...» Dolly -solloza... sin duda se aflige porque la reñí, porque le manifesté -despego, diciéndole que no viniera conmigo, como de costumbre. <span -class="acoti">(Con desesperación muda.)</span> ¡Señor, Señor, haz que -las dos sean legítimas!... Pero ni Dios, con todo su poder, puede -impedir que Dolly sea falsa... La denuncia su carácter villano... es -el contrabando infame introducido en mi casa por esa ladrona de mi -honor... <span class="acoti">(Asaltado de una idea terrible, se clava -en el cráneo las uñas de la mano derecha.)</span> ¡Y si las dos son -falsas, si las dos son...! <span class="acoti">(Pone la mano en la -puerta, con intención de abrirla suavemente. Espantado de sí mismo, -se aleja.)</span> No, no, Albrit; tú no puedes, no sabes... no sirves -para la ejecución de estas obras crueles, por más que sean justas... -<span class="acoti">(Volviendo a la puerta.)</span> ¿Y de qué modo -se amputa y arroja la maleza, si una ley torpe, inicua, ampara el -fraude? <span class="acoti">(Nueva indecisión. Su voluntad, turbada, -gira rápidamente a impulsos de un huracán.)</span> ¡Pobrecitas, se -asustarán si entro tan a deshora!... Y Nell me dirá... de seguro me lo -dirá... «Abuelo, no mates a Dolly.» Tú lo has dicho también, Albrit; -tú lo has dicho: «Todo ser humano que tiene vida debe vivir.» Dios se -la dio... nosotros no debemos quitársela... <span class="acoti">(Se -aleja pausadamente.)</span> Hasta podría ser... sí... podría suceder -que la espúrea, que es Dolly, fuera buena... buena y espúrea, ¡qué -sarcasmo!... ¡Así anda el mundo, así anda la justicia!... Pero de eso -no tenemos culpa los pobres<span class="pagenum" id="Page_247">p. -247</span> mortales: es el de arriba quien tiene la culpa, el que -permite la rareza extravagante de que salga buena la falsa... <span -class="acoti">(Avanza. En mitad del pasillo es sorprendido por -Venancio.)</span></p> - - -<h3 class="g0" id="Ch3_13">ESCENA XIII</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, VENANCIO; después GREGORIA y CRIADOS</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">con malos modos</span>.</p> - -<p>¿Por qué está levantado el señor Conde?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">arrogante</span>.</p> - -<p>Porque quiero... ¿Quién eres tú para interrogarme en esa forma -descortés?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Nada tiene que hacer usía a estas horas en los pasillos obscuros, -rondando como alma en pena.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si tengo o no tengo que hacer, eso no es cuenta tuya.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">con autoridad</span>.</p> - -<p>Entre usía en su alcoba.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Lacayo!... ¿te atreves a mandarme?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Me atrevo a guardar el orden en mi casa, y a no permitir...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span>EL -CONDE, <span class="acoti">furioso</span>.</p> - -<p>Vil... vete de mi presencia.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Estoy en mi casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que devora su ira, -apretando los dientes y los puños</span>.</p> - -<p>¡En tu casa, sí!... Pero eso no es razón para que te insolentes con -tu señor.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>No hay señor que valga. A mí solo me manda una persona, la señora -Condesa de Laín.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con intenso coraje -reconcentrado</span>.</p> - -<p>Es cierto... Eres un villano que dice la verdad... y yo estoy aquí -de limosna... Pues bien: quiero mandar un recado a tu ama, dignísima -reina de tal vasallo.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Qué?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Un mensaje de gratitud... <span class="acoti">(Con rápida acción -enarbola el palo, y con la fuerza que le imprime su insensata cólera, -lo descarga sobre la cabeza de Venancio, sin darle tiempo a esquivar -el golpe. Es palo de ciego, palo nocturno. Formidable acierto.)</span> -Toma... De mi parte.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¡Ay!... ¡Maldito viejo!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_249">p. -249</span>GREGORIA, <span class="acoti">que acude en paños menores; -tras ella, dos criados con un farol</span>.</p> - -<p>¡Sujetarle!... Ese hombre está loco.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">cuadrándose -fiero</span>.</p> - -<p>¡Villanos, al que se atreva a poner la mano en <i>el león de -Albrit</i>, al que manche estas canas, al que toque estos huesos, le -mato, le tiendo a mis pies, le despedazo!</p> - -<p class="acotj mt1">(Inmóviles y mudos, no se atreven a llegar a -él. Dirígese Albrit impávido a su estancia, y penetra en ella sin -mirarles.)</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mientras se restaña con un -pañuelo la herida, de que brota sangre</span>.</p> - -<p>¡Encerrarle, encerrarle!</p> - -<p class="acot">(Un criado da vuelta a la llave y la quita.)</p> - - -<p class="fin">FIN DE LA JORNADA TERCERA</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch4_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span></p> - <h2 class="nobreak">JORNADA CUARTA</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<h3>ESCENA PRIMERA</h3> - -<p class="acot">Terraza en la Pardina.</p> - -<p class="acot">GREGORIA, disponiendo la mesa para servir al Conde su -desayuno; VENANCIO, con la cabeza vendada; SENÉN, que entra por el -fondo con una maletita de mano.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Aquí me tenéis otra vez.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p> - -<p>Senén de todos los demonios, te juro que me alegro de verte.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Muy pronto has vuelto de Verola.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Qué?... ¿traes instrucciones de la Condesa?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sí... lo primero, que me alojéis aquí... Descuidad: os molestaré muy -poco.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Te pondremos en el cuartito de arriba.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span>VENANCIO</p> - -<p>Próximo al del Conde. Sin duda la señora quiere que nos ayudes a -quitarle las pulgas al león.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Y qué pulgas, Senén!</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">fijándose en la venda de -Venancio</span>.</p> - -<p>Ya, ya llegó a Verola la noticia de tu descalabradura. Una caricia -de la fiera.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">renegando</span>.</p> - -<p>¡Que uno aguante esto!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Es un viejo de cuidado. A los setenta años conserva los músculos de -acero de sus buenos tiempos, y la voluntad de bronce. No hay quien le -amanse. Te digo que más quiero verme ante un tigre hambriento que ante -el Conde de Albrit irritado.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">dando patadas</span>.</p> - -<p>Pues yo le juro que de mí no se ríe. Un hombre libre, que vive de -su trabajo y paga contribución, no está en el caso de sufrir esas -arrogancias de figurón de comedia.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Poco a poco, Venancio. La señora Condesa me encarga te diga que... -tengas paciencia.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_253">p. 253</span>VENANCIO</p> - -<p>¿Más paciencia, jinojo?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Y que sigáis guardándole las consideraciones que se le deben por su -rango, por sus desgracias, sin perjuicio de vigilarle...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Y si nos mata, que nos mate.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Por si acaso, desde ayer le vigilo... con un revólver.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Calma... <span class="acoti">(Receloso, mirando.)</span> ¿Vendrá por -aquí?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Me ha mandado que le sirva el desayuno en la terraza.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Pues le espero.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿También traes instrucciones para él?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>No; pero necesito... sondearle. Ya sabéis: soy muy largo; me pierdo -de vista. Conque... me tenéis de huésped.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_254">p. -254</span>GREGORIA, <span class="acoti">cogiendo la maleta</span>.</p> - -<p>¿Vienes a tu cuarto?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Luego. Me atrevo a suplicar a mi simpática patrona que en el cuidado -de esta maleta ponga sus cinco sentidos. La quiero como a las niñas de -mis ojos.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¿Qué traes ahí?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Pues pesa, pesa...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Es mi relicario. Recuerdos, cositas que solo para mí tienen interés. -Y juro por mi honor, que no la estimaría más si la trajera llena de -brillantes del tamaño de almendras. En fin, Gregoria, usted me responde -de ese tesoro.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mirando por la -derecha</span>.</p> - -<p>El <i>león</i> viene.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Voy por el café.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_2">ESCENA II</h3> - -<p class="acot">VENANCIO, SENÉN, EL CONDE, GREGORIA</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Buenos días... Hola, Senén, ¿qué traes por aquí?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_255">p. -255</span>SENÉN</p> - -<p>¿Qué ha de traer el pobre más que las ganas de dejar de serlo?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y con las ganas, la decidida voluntad de enriquecerte. Eres joven; -tienes estómago de buitre, epidermis de cocodrilo, tentáculos de pulpo: -llegarás, llegarás... ¿Y tú, Venancio?... ¿Cómo va esa herida? Vamos, -hombre, no es para tanto. Poco mal y bien quejado. Ya estarás bien.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Todavía, todavía... El señor tiene un genio imposible.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí... Y tú crees que la miseria debe ser mordaza y grillete para -este genio maldito que me ha dado Dios. No sé, no sé: gran domadora es -la pobreza; pero soy yo muy bravo. Me propongo contenerme dentro de la -humildad y sumisión; pero llega un momento de prueba... un insensato -que con frase agresiva me ofende, echándome al rostro mi humillante -miseria, y entonces... ¡ay! no soy dueño de mí, pierdo la cabeza...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">poniendo en la mesa -el servicio de café, que se compone de piezas de latón y loza -ordinaria</span>.</p> - -<p>Aquí tiene, señor.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span>EL -CONDE, <span class="acoti">sentándose</span>.</p> - -<p>Pero no tardo en recobrar mi serenidad de persona bien nacida y bien -educada; vuelvo a sentir la hidalga benevolencia con que he tratado -siempre a los inferiores, y... ya tienes al león aplacado, y pesaroso -de su fiereza...</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Pensara el señor esas cosas antes de levantar el palo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es mi manera de aleccionar a los que quiero bien... En fin, -Venancio, hoy, como ayer, te pido que me perdones. Yo no te faltaré... -pero has de guardarme, fíjate bien en esto, la consideración que me -debes... <span class="acoti">(A Senén.)</span> ¿Quieres café?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Mil gracias, señor Conde. Me desayuné con aguardiente y buñuelos en -el parador.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">examinando el servicio con -repugnancia</span>.</p> - -<p>¿Pero qué servicio es este?</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">para sí</span>.</p> - -<p>Fastídiate, viejo regañón.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué habéis hecho de la cafetera y del jarrito de plata en que me -servísteis estos días?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Mandamos que los limpiaran, y...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span>GREGORIA</p> - -<p>Y para no hacer esperar al señor...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y aquellas tacitas de porcelana fina...? En fin, con tal que el -café esté bueno... <span class="acoti">(Se sirve.)</span> ¿Lo has hecho -tú?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Con muchísimo cuidado... Veremos si hoy está a su gusto.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, probándolo.</p> - -<p>¿Qué es esto? <span class="acoti">(Con asco.)</span> ¡Agua indecente -de achicoria... y recalentada... y fría!... Vamos, las sobras del café -de anoche, que ya era malo adrede... <span class="acoti">(Cogiendo el -pan y tratando de partirlo.)</span> ¿Y de dónde habéis sacado esta -piedra que me dais por pan?... Con ser tan duro, no lo es tanto como -vuestros corazones.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Culpa del panadero, señor...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Culpa de vuestra sordidez villana. <span class="acoti">(Les arroja -el pan.)</span> Echad esto a vuestros perros, y dadme a mí lo que para -ellos tenéis, pues de fijo les dais trato mejor que a mí. Guardad -esta preciosa vajilla, no se os deteriore, no se os desgaste en mi -servicio. <span class="acoti">(Arroja al suelo todas las piezas de loza -y latón.)</span> ¡Queréis aburrirme, queréis hacerme imposible la vida! -Al último pastor de<span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span> -cabras, al último mendigo que llegara con hambre a vuestra puerta, le -haríais la limosna sin humillarle. ¿Por qué, ingratos, me humilláis a -mí?</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">que aterrado, lo mismo que -Gregoria, no sabe por dónde salir</span>.</p> - -<p>Se servirá otra vez... Nosotros...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con arrogancia</span>.</p> - -<p>No quiero. Me quedaré en ayunas.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Eso no. Mandaré traerlo del café...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No te molestes... <span class="acoti">(A Venancio y Gregoria, con -majestuosa indignación.)</span> No tenéis ni un destello de generosidad -en vuestras almas ennegrecidas por la avaricia; no sois cristianos; no -sois nobles, que también los de origen humilde saben serlo; no sois -delicados, porque en vez de dar un consuelo a mi grandeza caída, la -pisoteáis, vosotros que en el calor, en el abrigo de mi casa, pasásteis -de animales a personas. Sois ricos... pero no sabéis serlo. Yo sabré -ser pobre, y puesto que con vuestras groserías me arrojáis, me iré -de esta casa, en que no hay piedra que no llore las desgracias de -Albrit.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con afectada gravedad y -adulación</span>.</p> - -<p>Los deseos de la Condesa son que se prodiguen al señor todas las -atenciones que merece por su categoría...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya lo veis: esa mujer liviana y sin pudor es más cristiana que -vosotros, y más generosa y delicada.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">turbadísimo, tragándose la -ira</span>.</p> - -<p>La Condesa no puede mandarme... yo... digo, la Condesa es mi -señora... dueña de todo...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>De la Pardina no.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>La Pardina es mía.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">arrogante</span>.</p> - -<p>Sea de quien fuere, y en tanto que decido si me quedo o me voy, no -quiero veros. Idos de mi presencia.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">dudando</span>.</p> - -<p>Decídalo pronto, porque...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">despidiéndoles con gesto -de autoridad</span>.</p> - -<p>Pronto.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">saliendo con -Gregoria</span>.</p> - -<p>Sufrámosle un día más, un solo día.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Y es mucho... ¡jinojo!</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_3" title="ESCENA III"><span class="pagenum" -id="Page_260">p. 260</span>ESCENA III</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, SENÉN</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">serenándose</span>.</p> - -<p>Siéntate aquí, Senén... Tengo que hablar contigo.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con fatuidad, -sentándose</span>.</p> - -<p>Nada más temible que esta plebe hinchada, señor; estos patanes -hartos de bazofia, que porque han logrado reunir cuatro cuartos se -atreven a medirse con las personas <i>comilfot</i>...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>La villanía es perdonable; la ingratitud, no... En mi cuarto había -un lavabo bastante bueno, muy cómodo para mí. Ayer me lo han quitado -esos viles, poniendo una palangana de latón de este tamaño, como las -que hay en los asilos...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">afectando -indignación</span>.</p> - -<p>¡Qué atrocidad!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Parece que escogen las servilletas y manteles más sucios para -ponerlos en mi mesa. Saben que me gusta la mantelería limpia...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Pues, como he dicho, traigo instrucciones precisas de la Condesa... -¡Oh! crea usía que si se entera de estas infamias, se pondrá -furiosa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span>EL CONDE</p> - -<p>Sí. Me odia, como yo a ella; pero no desconoce que mi persona exige -atenciones, respetos...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¡Qué duda tiene...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y aunque obra suya es seguramente la intriga que se traen Carmelo y -el Doctor para arreglarme una jaula en los Jerónimos...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">haciéndose de -nuevas</span>.</p> - -<p>¡Oh! no sé... no tengo noticia...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues sí: desde ayer andan de mucho trasteo conmigo. Yo les calo la -intención... y me hago el tonto... Pero dejemos esto, Senén, que de -cosa más grave y de mayor transcendencia para mí quiero hablarte.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Ya escucho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">receloso</span>.</p> - -<p>¿Nos oye alguien?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Nadie, señor. Estamos solos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Estos miserables se ponen en acecho tras de las puertas, oyendo lo -que se habla.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span>SENÉN, -<span class="acoti">examinando las puertas</span>.</p> - -<p>Nadie nos oye. Puede hablar el Excelentísimo Sr. D. Rodrigo de -Arista-Potestad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dudo mucho que seas bastante afecto a mi persona para responder a -todo lo que te pregunte.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Usía debe contar siempre con mi adhesión incondicional... <span -class="acoti">(dándose importancia)</span> como cuento yo con que el -señor Conde no ha de pedirme nada contrario a mi dignidad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">asombrado</span>.</p> - -<p>¡Tu dignidad!... Dispénsame: creí que no la habías adquirido -aún... Ya sé que estás en camino de adquirirla... vas muy bien... -llegarás..</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Señor Conde de Albrit, aunque humilde, yo... me parece.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Nada, nada. Ya no te hago las preguntas.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¡Ah! puede usía interrogarme con toda confianza. <span -class="acoti">(Queriendo familiarizarse.)</span> Señor Conde... de -usía para mí... <span class="acoti">(Se atreve a ponerle la mano en el -hombro.)</span> Entre amigos...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span>EL CONDE</p> - -<p>No, no, porque si salimos ahora con que hay dignidad, o esta -dignidad es incorruptible o es venal... En el primer caso, Senén, no me -dirás nada... en el segundo... Soy pobre y no podré cotizarla en lo que -vale.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">afectando seriedad</span>.</p> - -<p>Creo que nos hallaríamos en el primer caso.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues, hijo... <span class="acoti">(despidiéndole)</span>. Adiós.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">queriendo provocarle a la -interrogación, para conocer su pensamiento</span>.</p> - -<p>Si el señor Conde me lo permite, diré una palabra. Usía quiere -preguntarme... algo referente a su hija política, en el tiempo en que -tuve el honor de servirla.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y cuando aún no habías echado dignidad.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>La eché después... Y ahora, sin faltar al respeto que debo a usía, -tengo el sentimiento de manifestarle que por gratitud, por estimación -de mí mismo, por mil razones, no puedo en manera alguna revelar -secretos que no me pertenecen.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con vivo -interés</span>.</p> - -<p>No se trata de secretos... que quizás no lo sean para mí. Quiero tan -solo informaciones exactas acerca de una persona...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>SENÉN</p> - -<p>Ya...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Íntimamente relacionada...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Comprendido.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>El pintor Carlos Eraul. Tú estuviste a su servicio algún tiempo, -al dejar el de mi hijo; tú... <span class="acoti">(Con ardor.)</span> -Senén, por lo que más quieras, por la memoria de tu madre, revélame -cuanto sepas.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con pujos de -delicadeza</span>.</p> - -<p>Sr. D. Rodrigo, por todos los gloriosos antepasados de usía, -le ruego que nada me pregunte, pues antes perdería la vida que -responderle.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con intenso -afán</span>.</p> - -<p>Dame al menos alguna luz... sin ofender a nadie, sin faltar -a los respetos que debes a tu ama. Dime: ese hombre era de baja -extracción.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">secamente</span>.</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hijo de un pobre vaquero de la ganadería de Eraul, en Navarra. <span -class="acoti">(Senén responde afirmativamente con la cabeza.)</span> -El cual, despedido por mala conducta,<span class="pagenum" -id="Page_265">p. 265</span> se metió a contrabandista. <span -class="acoti">(Con triste humorismo.)</span> Carlos, el hijo, también -despuntó por el contrabando...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¡Oh, no...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sé lo que digo... Su genio pictórico le abrió camino. Fuera de la -educación artística, que se debió a sí mismo y al estudio del natural, -era un ignorante, un bruto...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Poco menos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ni alto ni bajo, moreno, de ojos negros... vigoroso... voluntad -potente... <span class="acoti">(Senén afirma.)</span> Su apellido era -Vicente, pero él firmaba con el nombre de la ganadería: Eraul.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Exacto.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Le conoció Lucrecia en una de esas rifas o <i>kermessas</i> que -organizan las señoras para...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">interrumpiéndole</span>.</p> - -<p>Basta, señor Conde. No sé nada más.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">imperioso</span>.</p> - -<p>Responde.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span>SENÉN, -<span class="acoti">inflado como un sapo</span>.</p> - -<p>No sé nada. Usía no me conoce.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">rabioso</span>.</p> - -<p>Te conozco, sí. Tu discreción no es virtud; es... cobardía, -servilismo, complicidad. No eres el hombre digno que calla la culpa -ajena; eres el esclavo, obediente a los halagos o al látigo del -amo que le compró. <span class="acoti">(Apostrofándole con solemne -acento.)</span> ¡Maldígate Dios, villano! Que la luz que me niegas, a -ti te falte. ¡Que enmudezca tu voz para siempre, que cieguen tus ojos! -¡Que vivas sin poseer la verdad, rodeado de tinieblas, en eterna y -terrible duda, palpando en el vacío, tropezando en la realidad!... ¡Que -busques la justicia, el honor, y encuentres mentira, infamia, dentro de -un vacío tan grande como tu imbecilidad!... <span class="acoti">(Con -desprecio.)</span> Vete, vete; no te acerques a mí.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">a distancia</span>.</p> - -<p>¡Demonio!... Saca las uñas el león... ¡Hola, hola!... <span -class="acoti">(Vuelve el Conde a su asiento. Entra Nell con un servicio -de café, elegante, en bandeja de plata.)</span> ¡Ah!... señorita -Nell... <span class="acoti">(Ofreciéndose a tomar de su mano la -bandeja.)</span> Deme acá.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No, no... ya puedo.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">aparte a la niña</span>.</p> - -<p>Cuidadito con él... Está de malas. <span -class="acoti">(Vase.)</span></p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_4" title="ESCENA IV"><span class="pagenum" -id="Page_267">p. 267</span>ESCENA IV</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, NELL; después DOLLY.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah! Nell... ¿qué traes ahí?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Cómo habíamos de consentir que no te desayunaras? Hemos reñido a -Gregoria.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Oh! ¡qué ángel!... A ver... ¡Oh, esto sí que es bueno!... recién -hecho... ¡qué aroma!... Dios te bendiga.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No merezco yo las bendiciones, sino Dolly, que es quien te lo ha -hecho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pero la idea habrá sido tuya. <span class="acoti">(Se -sirve.)</span></p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No quiero engalanarme con plumas ajenas. La idea fue de ella... Se -ha puesto furiosa... Y a Venancio, le ha echado una buena peluca.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Atrevidilla!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Le gusta cocinar... y sabe... ¿Qué tal está?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span>EL CONDE</p> - -<p>Riquísimo... ¿Dices que Dolly sabe cocinar?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Le gusta. Quiere aprender. Pues ahora está preparando un guisote, y -luego te hará fruta de sartén. Verás qué bueno.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Qué criatura! Dile que venga.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Cree que estás enfadado con ella, y no se atreve a venir.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">imperioso</span>.</p> - -<p>Que venga, digo.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">en la puerta de la casa, -llamando</span>.</p> - -<p>A Dolly, que venga. Dolly, ven... Dice que no está enfadado.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con mandil de arpillera, -remangados los brazos</span>.</p> - -<p>Abuelito, con esta facha no quería presentarme a ti.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ven... no seas tonta... Gracias, chiquilla, por el excelente café -que me has hecho.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y si me dejase Gregoria, te haría un arroz... que te chupabas los -dedos.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span>EL -CONDE, <span class="acoti">sonriendo benévolo</span>.</p> - -<p>Bien, bien... Vaya, posees el genio de dos artes muy difíciles: la -pintura y la culinaria.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">haciendo una graciosa -reverencia</span>.</p> - -<p>Para servir a usía, señor Conde.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mientras nosotras estemos aquí, no te faltará nada, papaíto.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">a Dolly</span>.</p> - -<p>Pues aplícate, hija, aplícate, y serás una excelente cocinera. -Quizás te conviene más de lo que tú crees. ¿Y Nell, no guisa?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Ay! yo no sirvo para eso. Me da repugnancia... Además, no sé; -vamos, que no me gusta.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Cada cual según su temperamento.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Esta es tan <i>finústica</i>, que para fregar un plato, es preciso -que el plato esté limpio.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Esta es tan a la pata la llana, que no lava las cosas sino cuando -están muy sucias.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Claro.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span>EL CONDE</p> - -<p>Cada cual, chiquillas, es como es, y no puede ser de otra manera. ¡Y -yo que no veía diferencia entre vosotras! Ahora, no solo os distingo, -sino que os considero con absoluta desigualdad. Ya separo vuestros -caracteres, separo vuestras voces, separo vuestras almas... Sois el día -y la noche, el alfa y la omega... la... No, no os digo lo que pienso, -pobrecitas; no me entenderíais.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_5">ESCENA V</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, NELL y DOLLY, EL CURA; después D. PÍO</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>La paz sea en esta casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p><i>Curiambro</i>, buenos días... Yo bien, ¿y tú?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Pasando... Ya me enteré... Venancio y Gregoria se han llevado un -mediano réspice. No se repetirá el disgusto; yo se lo aseguro al noble -<i>león de Albrit</i>.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p><i>El león de Albrit</i>, que no teme las fieras, pero siente -repugnancia de las alimañas inferiores, tendrá que buscar otra -cueva.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span>EL CURA</p> - -<p>A propósito de cuevas, el Prior de Zaratán, que, entre paréntesis, -quedó ayer encantadísimo de la exquisita cordialidad con que usted le -recibió, nos invita hoy a tomar un bocadillo en su Monasterio.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿A mí también?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>A usted principalmente. Iremos Monedero, Angulo y yo, en calidad de -séquito, de cortesanos o chambelanes de Vuestra Señoría, por no decir -Majestad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Gracias... Pues no me opongo. A cortesía nadie me gana. Visitaré -gustoso el Monasterio.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a Nell, que le hace -señas</span>.</p> - -<p>No, si vosotras no vais. No queremos estorbos. Además, Vicenta -Monedero, por mi conducto, os invita a comer en su casa, y a pasar allá -la tarde.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿La Alcaldesa?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Celebra su fiesta onomástica... Allí tendréis a toda la juventud -florida de Jerusa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span>DOLLY</p> - -<p>Lo siento... Mejor me estaba yo todo el día en mi cocinita.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Tonta, si el abuelo no ha de comer aquí!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Cómo no?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Seguramente, los señores frailes no nos soltarán a dos tirones. Me -figuro el convitazo que habrán dispuesto, algo así como las bodas de -Camacho, o los festines de Lúculo. Ea, chiquillas; hoy secuestro al -león. Yo cuidaré de que no se aburra lejos de vosotras.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Malditas ganas tengo yo de festejo.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">gozosa</span>.</p> - -<p>Sí que iremos. Nos divertiremos mucho.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Nell es más sociable que Dolly... <span class="acoti">(A -Dolly.)</span> Pero, tonta, ¿no te avergüenzas de que te vean -tiznada?... ¡Uy! ¡cómo apestas a cebolla!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Mejor. Pues a usted bien le gusta que le den comiditas buenas... y -bien se regodea y se relame.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>EL CURA</p> - -<p>Veremos lo que te dura esa ventolera de los afanes domésticos... -<span class="acoti">(Mira al Conde como pidiéndole su parecer; -pero D. Rodrigo, profundamente abstraído, no atiende a la -conversación.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con una idea -fija</span>.</p> - -<p>Cada cual, según es...</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con timidez, desde la -puerta</span>.</p> - -<p>¿Dan permiso?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Adelante, gran Coronado.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Hoy no hay lección, Piito. Tengo mucho que hacer.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Qué gracia! El juego de las comiditas. <span class="acoti">(Al -Cura.)</span> Pues hoy me da a mí por estudiar de firme, ea.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Bravísimo!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con estímulo de amor -propio</span>.</p> - -<p>Quiero aprender, quiero instruirme. La ignorancia me avergüenza, -y empieza a estorbarme. Hoy estudiaré por las dos. ¿Te gusta, -abuelito?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">divagando</span>.</p> - -<p>Cada una, según su natural...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span>D. PÍO, -<span class="acoti">a Nell</span>.</p> - -<p>¿Vamos?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo, a mis cacerolas.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Y yo, a darle la jaqueca a D. Pío.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y yo, a ponerme de acuerdo con el Alcalde sobre la hora a que -hemos de salir. <span class="acoti">(Dando su mano al Conde.)</span> -Vendremos por usted.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hasta luego, hijo.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a las niñas</span>.</p> - -<p>Cuando terminen, la una sus lecciones, la otra su trajín, prepárense -para la fiesta de Vicenta. Que os pongáis bien guapas, ¿eh?... Cuidado, -chiquillas, que representáis en el mundo la gloria, la nobleza, la -tradicional elegancia de Albrit.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Bueno, bueno. Estamos enteradas. <span class="acoti">(Se detiene, -esperando que el abuelo le diga algo.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dolly...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">presentando su -mejilla</span>.</p> - -<p>Abuelito...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>EL -CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p> - -<p>No estoy enfadado contigo. ¿Y tú conmigo?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Lo estuve... pero ya pasó... <span class="acoti">(Vase -gozosa.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">tomando el brazo de -Nell</span>.</p> - -<p>Nell, aguarda... Quiero asistir a tu lección. Llévame, hija mía.</p> - -<p class="acot">(Entran en la casa, seguidos de D. Pío.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_6">ESCENA VI</h3> - -<p class="acot">Dormitorio del Conde.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, que entra; DOLLY, barriendo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué haces, chiquilla?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Ya lo ves: arreglándote la leonera. ¿No has reparado que esa bribona -de Gregoria, ni limpia aquí, ni barre?... Toda la casa la tiene como -una tacita de plata, menos esta alcoba tuya, que debiera ser el -sagrario...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hija mía, como no veo bien...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Te digo que la maldad de esta gente me subleva... Entérate de lo que -he dispuesto. Entre<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> -la Pacorrita y yo hemos traído el lavabo bueno, que esos indinos -quitaron de aquí para ponerlo en nuestro cuarto. Luego te mudaremos la -cama, poniéndola en aquel rincón, para que estés más resguardadito del -aire que entra por las rendijas de la ventana.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">embelesado</span>.</p> - -<p>¡Admirable! ¿Y a ti se te ha ocurrido todo eso?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Todito ha salido de esta cabeza.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p> - -<p>¿Y has acabado ya tus guisotes?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Como te vas a comer con los frailes, he suspendido lo que tenía -preparado para hoy. Pero mañana te haré una cosa muy rica, que a ti te -gusta mucho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE. <span class="acoti">(Se sienta; la -abraza.)</span></p> - -<p>Eres un ángel... Lo uno no quita lo otro. Cabe en lo humano que seas -lo que eres... y al propio tiempo criatura inocente, buena... quizás -rematadamente buena. ¿Verdad que sí?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Pero tú no me quieres.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">confuso</span>.</p> - -<p>Sí te quiero. Es que...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span>DOLLY</p> - -<p>No vayas a creerte que hago yo estas cosas porque me quieras. -Pégame, y haré lo mismo. Las hago porque es mi deber, porque soy tu -nieta, y no puedo ver con calma que a un caballero como tú, poderoso -en otro tiempo y dueño de toda esta comarca, le desatiendan gentes -groseras, que no valen lo que el polvo que llevas en la suela de tus -zapatos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con viva -emoción</span>.</p> - -<p>Deja que te bese una y mil veces, criatura. ¿Conque tú...?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y a esos indecentes, que no se acuerdan de la miseria que tú les -remediaste, ni de que crecieron, yerbecitas chuponas, en el tronco de -Albrit; a esos puercos, arrastrados, canallas, les estaría yo dando en -la cabeza con el palo de esta escoba, hasta que aprendieran a respetar -al que honra su casa solo con pisar en ella.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">empañada la voz por la -emoción</span>.</p> - -<p>¡Y tú... tú piensas eso!</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Y lo digo... y lo hago... Esta noche, cuando vuelva del convite, te -arreglaré toda la ropa, que la tienes bien destrozadita. Esa pánfila de -Gregoria no da una puntada en tu ropa. Fíjate en la de Venancio, que -parece un Duque.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span>EL -CONDE. <span class="acoti">(Cruza las manos y la contempla extático, -tratando de estimular la visión en sus ojos enfermos.)</span></p> - -<p>¡Y lo haces por mí, por mí!</p> - -<p class="rol">DOLLY. <span class="acoti">(Se sienta a su lado, la -escoba entre las manos.)</span></p> - -<p>Sabiendo que me quieres menos que a Nell. Reconozco que Nell lo -merece más que yo, porque es más fina... y además tan buena...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">algo turbado</span>.</p> - -<p>Pero a ti... a ti te quiero también. Dime la verdad: ¿te incomodaste -porque no te dejé subir conmigo?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Vaya con el desprecio que me has hecho... dos noches seguidas! La -primera vez, D. Carmelo y el Médico, que cenaron aquí, me consolaban... -Pero anoche... ¡ay! me entró tal tristeza, que no pude dormir, y los -ratos que dormí tuve sueños muy malos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué soñaste? A ver si lo recuerdas.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con emoción un tanto -picaresca</span>.</p> - -<p>Pues soñé... Primero soñé que tú eras malo... ¡Ya ves qué desatino! -Después soñé que entraba en nuestro cuarto mi papá... con una cara -tan triste, tan triste... y se llegaba a mi cama, y me daba muchos -besos...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Antes iría a la cama de Nell...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span>DOLLY</p> - -<p>Ni antes ni después... Yo soñaba que Nell no dormía en mi cuarto. Ya -ves. Otro desatino.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y no te dijo nada tu papá?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Sí: algo me dijo, juntando su cara con la mía; pero no puedo -acordarme: de esto sí que no me acuerdo... ¡Luego hablaba tan bajito, -tan bajito...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es lástima...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con donaire</span>.</p> - -<p>No hagas caso. Lo que soñamos es todo mentira, ilusión.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No aseguro yo tanto. Mi vejez resulta más candorosa que tu infancia. -Yo creo en los sueños.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Pues cuando tú lo dices...! <span class="acoti">(El anciano cae -en profunda meditación. Dolly le observa cariñosa, esperando que -reanude la conversación.)</span> ¿Qué tienes, papaíto? ¿Por qué estás -triste?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hija mía, tu charla inocente, tu ingenuidad, tu alma, que sale -con tu voz, y aletea en tus<span class="pagenum" id="Page_280">p. -280</span> resoluciones, hacen en mí el efecto de un tremendo -huracán... ¿no entiendes?... sí, de un huracán que me envuelve, me -arrebata, me arroja en medio de la mar...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Abuelo...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose, -consternado</span>.</p> - -<p>Sí: aquí me tienes forcejeando en medio de este oleaje de la -duda. Una onda me trae y otra me lleva... y yo... ahogándome sin -morir en esta inmensidad negra y fría... ¡Oh, no puedo vivir, no -quiero vivir!... Señor, o la verdad o la muerte... No te asustes, -niña querida. Son arrebatos que me dan. Tras esta duda quizás -venga la certidumbre que deseo, que pido a Dios con toda mi alma; -certidumbre que no será la que perdí: será otra, qué sé yo... <span -class="acoti">(Con intensa ternura.)</span> Dolly, ¿dónde estás? Ven -a mí; suelta la escobita y abrázame. <span class="acoti">(La abraza -estrechamente y la besa llorando.)</span> Si eres tú, porque lo eres... -si no, porque... no sé por qué... porque sí... no lo sé.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_7">ESCENA VII</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, DOLLY, EL CURA</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">en la puerta</span>.</p> - -<p>Pero, señor <i>león de Albrit</i>, ¿se olvida de que abajo estamos -esperándole?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">limpiándose las -lágrimas</span>.</p> - -<p>Voy... Perdona... me entretuvo esta chiquilla.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span></p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">dando prisa</span>.</p> - -<p>No nos sobrará el tiempo.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Adiós, abuelito. Toma tu palo y el gabán. <span class="acoti">(Le da -ambas cosas.)</span> El día está bueno. Te divertirás mucho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">resignado, dejándose -llevar</span>.</p> - -<p>Adiós, hija mía. Quieren que vaya a Zaratán... Pues a Zaratán. Hasta -la noche.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_8">ESCENA VIII</h3> - -<p class="acot">Monasterio de Zaratán (Jerónimos).</p> - -<p class="acotj mt1">Hállase situado en un fértil llano, con ligera -inclinación y corriente de aguas hacia el Mediodía. Lo resguardan de -los vientos septentrionales el verde muro de una selva espesísima, y -la fortaleza de un monte, estribación de la sierra que por el Este se -extiende en escalones hasta la mar. Rodéanlo frondosas arboledas de -sombra, adorno y fruto, y tierras de cultivo y pasto, cerradas por -tapia o setos vivos, en extensión considerable.</p> - -<p class="acotj">La construcción románica de la iglesia y de parte -del convento aparece bastardeada, y en algunos puntos ridículamente -sustituida por horribles superfetaciones del pasado siglo, de una -imbecilidad que causa enojo y tristeza. En el frontis de la iglesia, en -distintas puertas y ventanas, campea el escudo de Albrit, león rampante -con banderola en la garra, y el lema: <i>Potestas Virtus</i>.</p> - -<p class="acotj">No lejos de la fachada de la iglesia, separado de -ella por anchurosa calle de chopos viejos, podados, llenos de jorobas -y arrugas, está el portalón de ingreso. En una<span class="pagenum" -id="Page_282">p. 282</span> plazoleta mal pavimentada de losetones -verdinegros y resbaladizos, que fuera de él se extiende, se para el -coche que conduce al Conde de Albrit y su acompañamiento. Sale toda la -Comunidad a recibirle, con el Prior a la cabeza.</p> - -<p class="acot">EL CONDE DE ALBRIT, EL CURA, EL MÉDICO, EL ALCALDE, EL -PRIOR y MONJES.</p> - -<p class="acotj mt1">Es el Padre Maroto varón tosco y agradabilísimo, -con sesenta años que parecen cincuenta; ni bajo, ni flaco, ni gordo, -admirablemente construido por dentro y por fuera, con equilibrio -perfecto de músculos, hueso y cualidades espirituales. La ingeniosa -Naturaleza supo armonizar en él, como en ninguno, la potente estructura -corporal con la agudeza del entendimiento. Su índole nativa de -organizador y gobernante en todo se revela; pero reviste tan hábilmente -de dulzura y gracia el báculo de su autoridad, que ni siquiera duelen -los estacazos que suele aplicar a los díscolos de su corto rebaño. Sin -su energía, actividad y metimiento prodigioso, el fénix de Zaratán no -habría renacido de sus cenizas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy afectuoso, contestando -con exquisita urbanidad al saludo de bienvenida que en el portalón le -dirige el Prior</span>.</p> - -<p>Me anonada usted, señor Prior, saliendo a recibirme con la dignísima -Comunidad... Vamos, que esto es hacer de mí un Emperador Carlos V.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Para nosotros, imperio ha sido la casa de Albrit, y las glorias -de Zaratán se confunden en la historia con la grandeza de los -Potestades.</p> - -<p class="acot">(Entran en la calle de chopos jorobados; detrás, -respetuosamente, el séquito civil y frailuno.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p> - -<p>¡Oh, grandezas desplomadas!... Albrit y Laín no son ya más que polvo -y ruinas. <span class="acoti">(Pausa solemne.)</span> Y agradezco más -los honores que en esta ocasión se me tributan, porque veo en ellos un -absoluto desinterés. Señor Prior de Zaratán, el último Albrit no puede -corresponder a tan noble agasajo con ninguna clase de beneficios. Es -pobre.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Nosotros también. En los tiempos que corren, no hay más riquezas que -la virtud y el trabajo, y más vale así.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose con intento de -admirar las hermosas campiñas que a un lado y otro de la chopera se -ven</span>.</p> - -<p>Admirable cultivo. Esta santidad agricultora es un encanto... y un -gran progreso, el único progreso verdad.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Trabajamos porque Dios lo manda. Dios quiere que no cultivemos solo -el cielo, sino la tierra; la tierra, que es el complemento de la fe.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y, como la fe, la tierra no engaña. Ella nos alimenta vivos; muertos -nos acoge...</p> - -<p class="acotj mt1">(Entran en el convento, y pasan a una sala -cuadrilonga, en cuyas paredes se ven rastros de un fresco decorativo, -que borroso asoma por entre los remiendos de yeso. La sillería es -moderna y ordinaria, porque los monjes no<span class="pagenum" -id="Page_284">p. 284</span> tienen para más. El Prior hace al Conde la -presentación de los Padres más ancianos, o más significados por sus -talentos. El uno es notable por su facultad oratoria; el otro despunta -en la agronomía; aquel es teólogo insigne; estotro, arquitecto. -No falta el organista ni el veterinario, que al propio tiempo es -algo canonista, y muy buen castrador de colmenas. Terminadas las -presentaciones, el Prior quiere obsequiar al Conde y acompañamiento -con un Málaga superior, que le han enviado de su tierra para celebrar. -Acéptalo el Conde con galantería, y D. Carmelo con júbilo. Sirve un -lego, y catan todos del finísimo licor.)</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">repantigado en un -sillón</span>.</p> - -<p>¡Compadres, vaya una vida que se dan ustedes!</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo</span>.</p> - -<p>¡Bendita sea la cepa que da este caldo! Debe de ser la que plantó -Noé.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">en voz baja a un fraile, -con quien platica</span>.</p> - -<p>Conviene que vea y aprecie las excelencias de Zaratán bajo el punto -de vista de la vida orgánica y de las comodidades, porque, como buen -aristócrata, se inclina al sibaritismo.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">a un monje que despunta en la -agronomía</span>.</p> - -<p>Dígame, compañero, ¿de dónde demonios han sacado ustedes la simiente -de esa remolacha forrajera que he visto en algunos tablares?</p> - -<p class="rol">EL FRAILE, <span class="acoti">con acento italiano</span>.</p> - -<p>Es de Lombardía, y también el <i>grano turco</i>.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span>EL ALCALDE</p> - -<p>¿Qué es eso?... ¡Ah!... el maíz... Buenas cañas. Me han de dar -ustedes unas mazorcas. Pues ¿y la alfalfa? Dan ganas de comerla... -También quiero simiente... Yo no ando con repulgos; soy muy francote... -barro para adentro... Verdad que también doy cuanto tengo... el corazón -inclusive... <span class="acoti">(Pasando junto al Conde.)</span> -Señor D. Rodrigo, yo que usía, francamente, me dejaría ya de hacer el -caballero andante, y me vendría a vivir con estos compadres, que me -parece... vamos... que no lo pasan mal.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">que, descuidándose a veces, emplea los -tratamientos italianos</span>.</p> - -<p>¡Oh!... si <i>monseñor</i> viviera con nosotros, nos honraría -extraordinariamente.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo</span>.</p> - -<p>Yo... se lo he dicho... ¡las veces que se lo he dicho!... Pero no -quiere hacerme caso... Él se lo pierde.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p><i>Eccellenza</i>, otra copita.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No... muchísimas gracias.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>No puede desechar el recelo de que en Zaratán carecería de libertad. -¿Verdad, señores, que aquí estaría tan libre como en su casa?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>EL PRIOR</p> - -<p>Viviría en la más hermosa y abrigada celda que tenemos; comería lo -que más fuese de su agrado; se pasearía de largo a largo por nuestros -plantíos y praderas, y estaría dispensado de asistir a los oficios, y -de ayunos y penitencias. Si esto no es buena vida, que me traigan al -que descubra otra mejor.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <i>repitiendo</i>.</p> - -<p>Su edad exige cuidados exquisitos, que aquí tendría como en ninguna -parte.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <i>con afabilidad</i>.</p> - -<p>Señores míos, yo agradezco infinito su solicitud, y me siento -orgulloso del afecto que me muestran, deseando tenerme en su compañía. -Lo agradezco en el alma; pero no puedo acceder a sus nobles deseos, no -y no. Y rechazo la oferta, no por mí, sino por la Comunidad, por lo -mucho que la quiero, la respeto y la admiro.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <i>aparte a un fraile</i>.</p> - -<p>¡Viejo más marrullero!...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Veremos por dónde sale.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Estoy bien seguro de que los señores monjes, a los pocos días de -alojarme aquí, no me podrían<span class="pagenum" id="Page_287">p. -287</span> aguantar, y renegarían de haberme traído. Créanlo: tengo un -genio imposible.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>¡<i>Eccellenza</i>... por Dios...!</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">volviendo al grupo -distante</span>.</p> - -<p>¡Zorro de Albrit, remolón, pamplinero, si acabarás por venir aquí y -tomar lo que te den, aunque sean sopas!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, soy inaguantable. Cuando no ha podido domarme el infortunio, -¿quién me domará?</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">echándose a reír y palmeteándole en el -hombro</span>.</p> - -<p>Yo... sí, <i>monseñor</i>, yo... ¡También suelo gastar un -geniecillo!...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo</span>.</p> - -<p>La dulzura, el tacto, el don de gentes del Padre Maroto, son una -garantía de concordia... Vivirán en santa paz.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Además, hay otro inconveniente. En mi vejez triste no puedo vivir -sin afectos; me moriría de pena si no pudiera tener a mi lado a mis -nietecillas, una de ellas por lo menos, la que escogiera yo para mi -compañía.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span>EL -ALCALDE, <span class="acoti">en alta voz</span>.</p> - -<p>Pues que las traigan. Es lo único que falta en Zaratán para que esto -sea completo: un par de niñas...</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>¡Ah! eso no. Aquí no pueden vivir mujeres. Las señoritas le -escribirían con frecuencia.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo, sin beber, y -aplicándose, con finura, la palma de la mano a la boca</span>.</p> - -<p>Ya se iría <i>jaciendo</i>. Y alguna vez podrían las niñas venir a -visitarle.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">un poco molesto</span>.</p> - -<p>Que no me conformo. ¿Cuántas veces he de decirlo?</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Sí, sí... No se hable más.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con fina -marrullería</span>.</p> - -<p>No desconozco la fuerza de las razones expuestas para convencerme. -Ni quiero que vean ustedes en mí un hombre terco, atrabiliario y -desagradecido... No, Prior; no, amigos míos. Mal genio tengo; pero de -las tempestades de mis nervios suele surgir el juicio sereno y claro. -Hermoso es Zaratán, simpáticos y agradabilísimos el Prior y sus dignos -cofrades. ¿Quieren tenerme por compañero y amigo? No digo que sí; no -digo que no... No debo aparecer ingrato, ni tampoco ansioso de un bien -que no merezco.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_289">p. -289</span>EL PRIOR, <span class="acoti">repitiendo los palmetazos -afectuosos</span>.</p> - -<p>¡Si al fin, <i>monseñor</i>, hemos de comer juntos muchos -potajitos... y nos hemos de pelear aquí... como buenos hermanos!</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">dando resoplidos</span>.</p> - -<p>¡Si digo que...!</p> - -<p class="acotj mt1">El Médico y el Cura cambian una mirada de -satisfacción. Propone el Prior enseñar la sacristía, y dar un paseo -por la huerta antes de comer, y a todos les parece idea felicísima. -Aunque el buen Albrit ve poco, se presta con galana urbanidad a que le -muestren prolijamente las imágenes, los ornamentos, los vasos sagrados. -El pobre señor, en obsequio a los bondadosos frailes, hace como que lo -ve todo, y con discreta lisonja de buena sociedad, todo lo admira y -alaba, hasta que el Prior, abriendo un estuche, saca de él un cáliz y -se lo enseña, diciéndole: «Esta hermosa pieza es donación de la Condesa -de Laín.» Inmútase el anciano, y después de preguntar a Maroto si -celebra en la <i>hermosa pieza</i>, y de responderle el fraile que sí, -suelta un terno... y tras el terno una denominación que es escándalo y -azoramiento de todos los que cerca están. Hace el Prior como que no ha -oído nada, y siguen.</p> - -<p class="acotj">Se sirve la suculentísima y abundante comida en -una salita próxima al refectorio, mientras come la Comunidad, y solo -asisten a ella, a más de los forasteros, el Prior y un monje anciano, -el más calificado de la casa. Muéstrase, desde la sopa al café, decidor -y jovial el buen Prior, arrancándose a contar salados chascarrillos -andaluces de buena ley; y el Conde, aunque con pocas ganas de -conversación, y como atacado de tristeza o nostalgia, se esfuerza -en cumplir la tiránica ley de cortesía, riendo todos los chistes, -incluso los del Alcalde, el cual, después de un impertinente disputar -sobre cosas triviales, barre<span class="pagenum" id="Page_290">p. -290</span> para su casa, sosteniendo la supremacía de las pastas -españolas para sopa entre todas las del mundo, incluso las italianas. -Termina despotricando contra el Gobierno, porque no protege la -industria nacional recargando fuertemente en el Arancel... ¡el <i>fideo -extranjero</i>!</p> - -<p class="acotj">De sobremesa, propone el Prior un agradable plan -para la tarde: siesta, el que quisiera dormirla; después, paseo hasta -la casa de labor de abajo, que es la más interesante; visita a los -corrales, establos y cabañas, y, por fin, solemnes vísperas con órgano, -Salve, etc.</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch4_9">ESCENA IX</h3> -</div> - -<p class="acot">Coro de la iglesia conventual de Zaratán.</p> - -<p class="acotj mt1">EL PADRE MAROTO, en la silla prioral. A su lado -EL CONDE DE ALBRIT. Siguen a derecha e izquierda los monjes, ocupando -con sus venerables cuerpos más de la mitad de la sillería. En el -centro, frente al facistol, los cantores. No hay verja que separe el -coro de la iglesia, que es tenebrosa, sepulcral, cavidad cuyos límites -y contornos se deslíen en un misterioso ambiente, tachonado por las -luces de los cirios. En el fondo lejano se adivina, más que se ve, el -altar mayor, disforme carpintería barroca y estofada. A la derecha un -órgano pequeño, nuevecito, de excelente son. Toca con maestría el mismo -fraile italiano que antes hablaba de la simiente de alfalfa y remolacha -forrajera.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que sin darse cuenta de -ello, entrelaza y confunde su rezo con sus meditaciones</span>.</p> - -<p>Señor de los cielos y la tierra, ilumíname, dame la verdad que -busco... No muera yo sin conocerla... Que acabe mi vida con mis dudas -horribles... <i>Padre nuestro que estás</i>... Creí que la<span -class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> falsa es Dolly, y la -legítima Nell... y ahora creo lo contrario: Dolly es la buena, Nell -la mala, la intrusa... Señor, que no prevalezca en mi familia la -usurpación infame... <i>El pan nuestro...</i></p> - -<p class="rol">EL CORO</p> - -<p><i>Recordare Domine quid acciderit nobis... Intuere et respice -opprobrium nostrum.</i></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No me tengas, Señor, sobre esta zarza de las dudas... Me revuelvo -en ella, y mi cuerpo es todo una llaga... Dame la verdad, y que la -verdad sea puerta para entrar en la muerte... Líbrame del oprobio de mi -nombre, y aparta de mi descendencia el deshonor.</p> - -<p class="rol">EL CORO</p> - -<p><i>Hæreditas nostra versa est ad alienos, domus nostræ ad -extraneos...</i></p> - -<p class="acotj mt1">Suena con dulcísimos acordes el órgano. Encantado -de oírle, el Conde se inclina hacia el Prior para elogiar el -instrumento y las hábiles manos que lo tocan.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>¡Excelente organito!... Regalo de su hijo de usted, el señor Conde -de Laín, que nos lo mandó de París. La carta en que me anunciaba este -obsequio fue la última que de él recibí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que desvaría un poco, -afectado de la solemnidad del lugar y ocasión, y de la lúgubre poesía -que allí emana de todas las cosas</span>.</p> - -<p>Pues me lo había figurado... Como apenas veo, mi oído tiene una -sutileza extremada, y<span class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span> -en esos dulces acentos escuché la propia voz de mi pobre Rafael -resonando en la iglesia... ¡Desdichado hijo mío! ¿Verdad, P. Maroto, -que mi hijo merecía mejor suerte? Pero la felicidad no es para los -buenos.</p> - -<p class="acotj mt1">(El Prior contesta con cabeceos, por no creer -que es ocasión de largas conversaciones, y continúa rezando. Pasa -tiempo. La placidez del sitio, la suave temperatura, el monótono -canto, determinan en el viejo Albrit una sedación dulcísima, y -recostándose sobre la derecha en el amplio sitial, se adormece. A ratos -se despabila, y perdida la noción de la realidad, olvidado de donde -está, dirige al Prior palabras que este estima de una incongruencia -absoluta. En aquel sopor, cuyas intercadencias no es posible apreciar, -ve y oye el desdichado prócer extrañísimas cosas. Si al despertar -tiene algunas por disparates, otras quedan en su mente como verdades -incontrovertibles. No puede dudar que su hijo Rafael se aparece en el -coro, viniendo de la iglesia, vestido de monje, y avanzando lentamente -se llega a su padre, y le habla... Bien seguro está de que le dice -algo, y más le dijera si su imagen no desapareciese súbitamente como -una luz que el viento apaga.)</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>¿Qué dice el señor D. Rodrigo?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me parece que hablo claro... La falsa es Nell. Me lo dice quien lo -sabe... <span class="acoti">(Enteramente despabilado.)</span> ¡Ah!... -perdone usted... No he dicho nada. Estas cosas no deben decirse. <span -class="acoti">(Mira en torno suyo, y nada ve. Pero advierte que han -cesado los cánticos, y que el oficio ha concluido. La Comunidad se -retira.)</span></p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">levantándose</span>.</p> - -<p><i>Eccellenza</i>... hemos terminado nuestro rezo. Tome usted mi -brazo, y saldremos.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span>EL -CONDE, <span class="acoti">apoyado en el brazo del Prior</span>.</p> - -<p>Es hermoso poseer la verdad...</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Cuando se posee.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Yo la tengo.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Verdades hay, amigo mío, que no merecen que las poseamos. Vale más -la duda que ciertas verdades. Lo que hay que tener es fe.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>También la tengo. A ella me acojo, y de ella tomo mi energía para -esta batalla con la espantosa duda... <span class="acoti">(Con grande -extrañeza.)</span> Pero dígame, ¿dónde se meten Carmelo y el Alcalde y -el Médico de Jerusa? No les siento. ¿Es que están todavía examinando -carneros y vacas?</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">retardando la -contestación, que supone ha de ser penosa para el anciano</span>.</p> - -<p>Pues D. Carmelo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Es que duerme aún la siesta para empalmar mejor la comida con -la merienda? Me asombra que el Alcalde, que es tan beato... por dar -ejemplo a las <i>masas</i>, como él dice... no haya venido a las -vísperas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span>EL -PRIOR, <span class="acoti">arrancándose, por aquello de «el mal camino -andarlo pronto.»</span></p> - -<p>Señor Conde de Albrit, esos señores se han vuelto a Jerusa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose en firme, -erguido. El estupor contiene aún el estallido de su ira</span>.</p> - -<p>¡Se han vuelto a Jerusa...!</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">resuelto</span>.</p> - -<p>Esos caballeros piensan, como yo, que el señor Conde debe permanecer -aquí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">airado</span>.</p> - -<p>Me han traído con engaño, me dejan con perfidia... se van... Me -encierran como a una bestia dañina... ¡Me ponen en manos del carcelero, -que es usted, la Comunidad... Zaratán maldito!</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_10">ESCENA X</h3> - -<p class="acot">Atrio de la iglesia. Alameda. Portalón.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, EL PRIOR; algunos monjes, que a distancia se -mantienen observando la escena, prontos a intervenir en ella, si lo -ordena el Superior con seña o simple mirada.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Yo ruego al ilustre Albrit que se sosiegue, y que vea en esto un -acto sencillísimo, dictado por la amistad, por el afecto que todos le -profesamos.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span>EL CONDE</p> - -<p>¡Encerrarme traidoramente, como a un loco, como a un criminal!</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">empleando la persuasión y -buenos modos, que estima más eficaces</span>.</p> - -<p><i>Eccellenza</i>, considere que está en su casa... ¿No dice nada -a su espíritu la paz de este santo instituto? Cuantos aquí vivimos -consagrados al servicio de Dios y al trabajo de la tierra, somos sus -amigos, no sus carceleros.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Estimo la buena intención, señor mío; pero a mí no se me enjaula, -atentando inicuamente a mi libertad.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>¿Y para qué quiere usted esa libertad más que para calentarse los -sesos, acometiendo empresas ideológicas en busca de una luz que no -ha de encontrar? <span class="acoti">(Queriendo acariciarle.)</span> -Créame a mí, que soy su amigo. Esos señores dejan a mi cuidado al -<i>león de Albrit</i>, y yo respondo de que, pasada esta efervescencia -de amor propio, <i>monseñor</i> nos lo agradecerá. Mi orden me -manda acoger al desvalido, y practicar en todo caso las Obras de -Misericordia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">decidido a -partir</span>.</p> - -<p>Muy bien. La novena dice: «No encerrar al prójimo contra su -voluntad...» Dígame usted por dónde se sale.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span>EL -PRIOR, <span class="acoti">dominándose, y persistiendo en los -procedimientos de dulzura</span>.</p> - -<p>Por segunda vez, Sr. D. Rodrigo, le invito a considerar que es -locura oponerse a esta santa reclusión, dispuesta por la familia, -patrocinada por los amigos, aconsejada por la Facultad... En ninguna -parte tendrá <i>monseñor</i> la paz, la tranquilidad y los bienes -materiales que aquí le prodigaremos sin tasa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">cada vez más -colérico</span>.</p> - -<p>Maldigo a la familia, maldigo a los amigos, a la Facultad y a -este endiablado laberinto de Zaratán, donde quieren que yo me vuelva -loco... Pronto, señor Prior, mande usted que me franqueen la salida. -<span class="acoti">(Avanza con paso resuelto por la alameda de chopos -jorobados.)</span></p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">tras él, -suplicante</span>.</p> - -<p>Reflexione usía, señor Conde; considere que ofende a Dios renegando -de este santo recogimiento, en que la Religión y la Naturaleza le -ofrecen descanso y paz...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">revolviéndose -furioso</span>.</p> - -<p>No me hable usted de religión... Aquí no la quiero... ¡aquí, donde -tendría que oír las misas que dice usted con ese cáliz!... <span -class="acoti">(Con ligera inflexión humorística, que chisporrotea -en medio de su indignación.)</span> Del cáliz nada tengo que decir, -porque está consagrado... ¡Qué culpa tiene el pobre cáliz!... ¡Pero la -misa... usted... esa <i>tal</i>!... No, no quiero vivir en Zaratán, -no quiero estar preso... ¿Ni quién es esa <i>cual</i> para encerrarme -a<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span> mí?... Me encierra -porque no haga públicas sus ignominias... ¡Y el Prior de Zaratán es -su cómplice; el Prior de Zaratán dice misa en su cáliz; el Prior de -Zaratán se presta a ser mi carcelero para que no hable, para que no -investigue, para que no descubra la verdad odiosa!... Pero no les vale, -no, porque ahora mismo, señor D. Maroto o señor don Diablo, va usted -a mandar que me abran aquella puerta, que jamás, jamás ha de volver a -abrirse para el Conde de Albrit.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">ya cargado, con fuertes -ganas de meter mano al viejo prócer, y hacerle entrar en razón por el -procedimiento más expedito</span>.</p> - -<p>Señor Conde, que ya me va faltando la paciencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡La salida... pronto, la salida!</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">apretando los -puños</span>.</p> - -<p>Le digo a usted que conmigo no se juega. Albrit es un niño, y como -a tal habrá que tratarle. A los niños mañosos se les sujeta y se -les...</p> - -<p class="acotj mt1">(Acércanse varios frailes, a quienes el Prior ha -hecho seña. El Conde, que en sus tiempos ha sido un excelente boxeador, -se prepara de puños y brazos, dando a entender su propósito de romper -cráneo o clavícula, si hay alguien tan osado que ponga la mano en su -ancianidad venerable.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con bravura -caballeresca</span>.</p> - -<p>Abusas tú, Prior, de la desigualdad de nuestras fuerzas, y porque -me ves solo pretendes acoquinarme. Pero yo te aseguro que si me<span -class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span> vence el número, no será -sin que caiga al suelo alguno de estos bigardones, y bien podría -suceder que el que caiga no se levante más.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR.</p> - -<p>Ahora lo veremos. ¡Leoncitos a mí!...</p> - -<p class="acotj mt1">(Aunque no ha boxeado nunca, es hombre de empuje; -sus puños cerrados igualan a la maza de Fraga, y los músculos de -su brazo compiten en elasticidad y fuerza con el acero. La actitud -guerrera del anciano le saca de quicio, y su primer impulso es dar -cuenta de él, sin ayuda de sus cofrades.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">ciego de ira, poniéndose -en guardia</span>.</p> - -<p>¡Aquí te espero!</p> - -<p class="acotj mt1">(Rodean los frailes al Prior, haciéndole ver -con gestos y palabras expresivas la inconveniencia de emplear la -fuerza. Basta un momento de reflexión para que así lo comprenda -Maroto; se domina: encuéntrase en la posesión plena de sus facultades -perfectamente equilibradas; se ríe de sí mismo, se ríe del Conde con -más lástima que menosprecio, y manda que se le abra la puerta.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah! Se me obedece al fin... Abierta la jaula, el león recobra su -libertad... ¡Ay del que quiera sujetarle!</p> - -<p class="acot">(Sale presuroso, y se aleja con tal viveza, -sacando bríos de sus piernas cansadas, que su rápido andar parece -milagroso.)</p> - -<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">rodeado de los frailes, -viéndole partir</span>.</p> - -<p>¡Pobre demente! Te ofrecemos el descanso y lo rehúsas; te damos -el olvido de lo pasado, y prefieres revolver las escorias inmundas -de tu deshonrada familia. Rechazas nuestra dulce compañía por correr -tras un enigma, cuya solución<span class="pagenum" id="Page_299">p. -299</span> no has de encontrar... no, no la encontrarás, porque Dios -no lo quiere... <span class="acoti">(Hablando para sí.)</span> No, no -lo quiere; yo, único mortal que sabe la verdad, no puedo decírtela, -y aunque pudiera, menguado y díscolo viejo, no te la diría... <span -class="acoti">(Alto.)</span> Mirad, mirad cómo corre. Ni una sola vez -ha mirado para atrás. La inseguridad de su paso denuncia el tumulto de -sus ideas...</p> - -<p class="rol">UN FRAILE</p> - -<p>Toma la dirección del Páramo.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Quiere ir como hacia la mar.</p> - -<p class="rol">OTRO FRAILE</p> - -<p>Hacia el cantil de Santorojo.</p> - -<p class="rol">EL PRIOR</p> - -<p>Dios ataje sus pasos si van en busca de la muerte. Recémosle un -Padrenuestro. <span class="acoti">(Rezan.)</span> Ya no se le ve... Cae -la tarde, hermanos: vámonos a cenar en paz y en gracia de Dios.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_11">ESCENA XI</h3> - -<p class="acotj">Meseta árida, en la cual no crecen más que cardos y -aliagas. A trechos, rocas de singulares formas que parecen cuerpos -a medio salir del suelo arenoso. Termina la planicie por el Norte -bruscamente, como si la tajaran de un golpe con arma formidable. -Allí está el filo del cantil, colosal muralla que del mar se eleva, -en algunos sitios con declive de peñas escalonadas, en otros con una -verticalidad espantable, terrorífica. La altura varía, por la<span -class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span> desigualdad de la rasante -en la meseta; pero en ninguna parte deja de ser tal, que difícilmente -la soporta sin vértigo la mirada. Sube de lo profundo el murmullo -hondo y persistente de la mar, dando testarazos en la base del cantil. -Anochece. El cielo es tempestuoso.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo, andando lenta y -descompasadamente, fatigado ya de la carrera que emprendió en su fuga -de Zaratán</span>.</p> - -<p>Ya me lo decía el corazón... Carmelo, el Mediquillo, y ese Alcalde -que envenena a media humanidad con sus fideos falsificados, han vendido -sus conciencias a la infame. ¡Hechuras mías habían de ser! Yo les -favorecí, ellos me crucifican, me escarnecen, quieren enjaularme. -¡Dios mío, las veces que le he matado el hambre a ese Pepillo -Monedero, cuando venían inviernos crudos y no podía trajinar con sus -caballerías!... Con el vino que me ha robado, cuando me traía las -tercerolas de Villarán, se podría emborrachar Carmelo, cuyo vientre -es una bodega... Al padre de ese mediquejo le libré de presidio, -cuando las talas de Laín. Era un hombre que siempre que Rafael o yo -pasábamos por su lado, se ponía de rodillas, y teníamos que darle de -palos para que se levantara... Y ahora ¡ay!... ¡Generación ingrata, -generación descreída y que nada respetas, generación parricida, -pues devoras el pasado, y menosprecias las grandezas que fueron! El -honor, la pureza de los nombres, ¿qué son para estos menguados, que -se pasan la vida hociqueando en el suelo, para recoger el pedazo de -pan que la suerte les arroja? Son de vista baja, y no ven el cielo, -ni el sol que nos alumbra... Y ahora, recobrada mi libertad, voy -detrás de<span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> mi idea, -como los Reyes Magos tras de la estrella que les guió al pesebre, -en que acababa de nacer la verdad.</p> - -<p class="acotj">(Detiénese, un tanto sobrecogido del espantoso -estruendo de la mar en aquel sitio. Retumba el suelo. Las olas, en -pleamar, penetran en tortuosas cavernas, y se revuelven con furia en -las profundidades tenebrosas.)</p> - -<p>¡Cómo brama! Mal vino trae esta noche el agua... Y allá, el reventar -de la ola suena como cañonazos... Desde este borde distingo el tremendo -salivazo de espuma cuando lo escupe para arriba... ¡Hermoso, sublime! -<span class="acoti">(Continúa andando, no sin dificultad, porque va de -cara al viento, que sopla del Oeste en rachas violentísimas.)</span> -Vaya con el aire... hay que ponerle la proa sin miramientos, y cortarlo -con la cabeza, después de bien asegurado el sombrero. De nada me sirve -el palo... ¡Qué soledad! O yo no veo absolutamente nada, o no pasa -alma viviente por estos sitios... ¿Quién demonios, quién que no sea el -estrafalario Albrit, este loco enjaulable, se ha de arriesgar por el -horrible páramo en noche tempestuosa? <span class="acoti">(El viento -le hace girar sobre sí mismo; tiene que acudir con ambas manos al -sombrero; el palo se le cae.)</span> Hola, hola, ¿esas tenemos, señor -vientecito? Pues ahora nos veremos las caras. Primero se cansará usted -que yo. Recojo mi palo, y adelante. <i>Potestad</i> me llamo; no hay -quien me rinda.</p> - -<p class="acotj">(Es ya noche cerrada, noche lúgubre, de cielo -revuelto, invadido de negras nubes veloces, que corren hacia el Este, -montando unas sobre otras, acometiéndose... Por entre sus vellones -deshilachados, se deja ver, a ratos, la luna creciente, despavorida, -que con su lividez ilumina el Páramo, y da siniestro relieve a los -peñascos esparcidos, los cuales semejan aquí gatos en acecho, allí -esfinges egipcias, más adentro esqueletos de ballenas.)</p> - -<p>Vaya... parece que afloja la racha. No podía ser menos. ¡Vientecitos -a mí...! Adelante... <span class="acoti">(Sorprendido de oír una voz, -que parece humana.)</span><span class="pagenum" id="Page_302">p. -302</span> ¿Qué voz es esa? Si no es que el viento se da a la -imitación del graznido de los hombres, ha sonado una voz. <span -class="acoti">(Parándose, para oír mejor.)</span> Sí, hasta parece que -oigo mi nombre... No, no: es el viento, que sabe pronunciar la última -sílaba... <i>brit... brit...</i></p> - -<p class="acotj mt1">(En dirección contraria a la que lleva el Conde, -avanza un hombre; pero como anda a favor del viento, más bien parece -que vuela. Lo que en tan extraño sujeto aparenta alas, son faldones -de un largo abrigo. Pasa veloz junto al Conde. Se para no sin gran -esfuerzo, le llama... vuelve a llamarle.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_12">ESCENA XII</h3> - -<p class="acotj">EL CONDE; D. PÍO, sin sombrero, que le ha sustraído el -huracán; lleva bufanda al cuello, que se enrosca y desenrosca a cada -instante; levitón largo, que se le pone por montera; los pantalones -arremangados.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con voz firme</span>.</p> - -<p>¿Quién es... quién me llama? Si es el viento... perdone, hermano, no -llevo suelto.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que se ve obligado a -agarrarse al Conde para no caer</span>.</p> - -<p>Soy yo, señor. ¿No me ha conocido? Soy Pío, el profesor de las -niñas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah! Coronado... Acabáramos. ¿Y qué traes por estos sitios tan -amenos, en noche tan deliciosa?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>En el momento de encontrar a usía buscaba mi sombrero, que me -arrebató el viento.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span>EL CONDE</p> - -<p>Pues no es fácil que te lo devuelva. Si temes constiparte sin -sombrero, ponte el mío. En verdad, no me sirve más que de estorbo...</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Gracias, señor Conde. Estamos en el peor sitio. Agarrémonos bien -el uno al otro, y vámonos a lugar más abrigado y seguro... Por aquí, -señor... <span class="acoti">(Se agarran y se internan, alejándose del -cantil.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por lo visto, las revueltas del Páramo te son familiares.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Sí, es mi paseo favorito. Esta soledad, esta aridez, este ruido de -la mar me enamoran. Llega para mí un momento, al terminar el día, en -que me hastían de tal modo las personas, que me arrimo a los animales; -pero me hastían también los domésticos, y busco la compañía de los -lagartos, de los saltamontes, de los cangrejos, y de todo lo que más se -diferencia de nosotros.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Comprendo tu odio al género humano, infeliz Pío. Dícenme que eres -muy desgraciado en tu casa.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">llevándole a un sitio -resguardado del viento</span>.</p> - -<p>Sí, señor. Más de una vez he venido a estos cantiles con el -propósito de arrojarme por el más empinado. Pero...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_304">p. 304</span>EL CONDE</p> - -<p>Te ha faltado valor.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">candoroso</span>.</p> - -<p>Sí, señor... Me faltan ánimos. Esta noche misma llegué decidido, -tan decidido, que ya me estaba viendo cenado por los peces; pero en el -momento crítico...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Matarse, qué locura! Hay que luchar, luchar sin desmayo para -aniquilar el mal.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p> - -<p>¡Ah! eso no es para mí. Luche quien pueda. Yo no sirvo; nací para -dejar que todo el mundo haga de mí lo que quiera. Soy un niño, señor -Conde, y no un niño de la raza humana, sino de la raza ovejuna; soy -un cordero, aunque me esté mal el decirlo. Nací sin carácter, y sin -carácter he llegado a viejo. Permítame que me alabe. Soy el hombre -más bueno del mundo; tan bueno, tan bueno, que casi he llegado a -despreciarme a mí mismo, y a <i>futrarme</i>, con perdón, en mi propia -bondad.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y tuya es una frase que corre como proverbial en Jerusa: «¡Qué malo -es ser bueno!»</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Porque de la bondad me vienen todas mis desgracias... parece -mentira. En mí no encuentro<span class="pagenum" id="Page_305">p. -305</span> fuerza para hacer daño a ningún ser, llámese mosquito, -llámese mujer u hombre. Donde yo estoy, está el bien, la verdad, el -perdón, la dulzura... y llueven sobre mí las desdichas como si mi -bondad fuera un espigón de metal que atrae el rayo... Señor, he llegado -a un extremo tal de sufrimiento, que ya no puedo más; quiero arrojar -por ese cantil el fardo de mi bondad, que es mi vida. Mi vida, o sea mi -bondad, ya me enfada, me apesta, me revuelve el estómago... ¡Váyase a -los profundos abismos, bendita de Dios!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ten paciencia, Pío. Si eres tan bueno, Dios te dará tu merecido... -Pero si hemos de charlar, desahogando en la confianza y amistad -recíprocas las penas de uno y otro, no será malo, bendito Coronado, que -me lleves a un sitio cómodo donde pueda sentarme. Por mi nombre te juro -que estoy cansado.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">guiándole</span>.</p> - -<p>Precisamente llegamos a un recodo donde estaremos a cubierto del -vendaval. Entre estas peñas enormes, que parecen dos formidables -canónigos con sus sombreros de teja, he descabezado yo mis sueñecitos -algunas noches que he dormido fuera de casa. Aquí podemos sentarnos, -sobre esta limpia arena llena de caracolitos, y hablar todo lo que nos -dé la gana. <span class="acoti">(Se sientan.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dime, Pío: ¿al fin se murió tu mujer?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span>D. PÍO, -<span class="acoti">tocando las castañuelas</span>.</p> - -<p>¡Al fin! sí, señor. Dos años hace ya que el infierno la quiso para -sí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Cuánto habrás padecido, pobre Coronado! De veras te digo que no hay -en la sociedad vicio más desorganizador ni de peores consecuencias que -la infidelidad conyugal; y cuando ese atroz delito trae el falseamiento -de la ley del matrimonio y el fraude de la sucesión, no hay palabra -bastante dura para anatematizarlo. Pues bien: aquí donde me ves, yo -estoy en el mundo para combatir y anular las usurpaciones de estado -civil, producidas por el desacuerdo entre la Ley y la Naturaleza. -Nuestros legisladores no han tenido valor para abordar este problema. -Yo lo tengo. He declarado la guerra a la impureza de los nombres, y a -todas las ilegitimidades producidas por el infame adulterio.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">embobado</span>.</p> - -<p>Ya... ¿Y qué hace el señor Conde para...?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por de pronto, descubrir la usurpación... sacarla a la vergüenza -pública... ¿Te parece poco? <span class="acoti">(D. Pío, ensimismado, -no dice nada.)</span> Pero no hablemos ahora de mis cuitas, sino de las -tuyas. Tu mujer, según creo, te dejó un mediano surtido de hijas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">secamente, mirando al -suelo</span>.</p> - -<p>Seis...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span>EL CONDE</p> - -<p>Que son seis arpías, según se cuenta.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con aflicción</span>.</p> - -<p>Llámelas usía demonios o fieras infernales, pues arpías es poco. No -me tienen ningún respeto, ni viven más que para martirizarme.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Y lo aguantas! Tu bondad, pobre Coronado, raya en lo inverosímil, -porque si no miente el vulgo... permíteme que te hable con una -franqueza que resulta tan extremada como tu bondad... tus hijas... no -son tus hijas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">después de una -pausa</span>.</p> - -<p>Señor, por duro que sea declararlo, yo... En efecto, tan cierto como -esta es noche, esas hijas... no me pertenecen.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y si de ello estás tan seguro, ¿cómo las tienes contigo?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Por ley de la costumbre, que es la gran encubridora de las perrerías -que hace la bondad. Desde que nacieron las tengo a mi lado. Me quito el -pan de la boca para dárselo a ellas... Las he visto crecer, crecer... -Lo peor es que de niñas me querían, y yo... ¿para qué negarlo?... -las he querido, casi las quiero, no lo puedo remediar...<span -class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span> <span class="acoti">(Albrit -suspira.)</span> No tengo vergüenza, ¿verdad, señor Conde? No soy digno -de hablar con un caballero como usía.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Eres un desgraciado, y yo quiero que seamos amigos. Dime otra cosa: -esas tarascas, ¿permanecen solteras?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Dos casaron con los primeros ladrones del pueblo. A una la abandonó -el marido, y está otra vez en mi casa: empina el codo, y me dice las -cosas más indecentes que se le pueden decir a un hombre. María y -Rosario tienen por novios a dos perdidos: el uno barbero, el otro muy -dado al matute. Esperanza es loca por los hombres, y se va tras ellos -por calles y caminos, sin reparar que sean soldados, amoladores o -titiriteros, y Prudencia, la más chica, me ha salido un poquito bruja. -Echa las cartas, cura por salutaciones... y roba todo lo que puede.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con piadosa -lástima</span>.</p> - -<p>No conozco otro ser más dejado de la mano de Dios. Sobre tu bondad -caen todas las maldiciones del cielo. ¿Cómo en tantos años no has -tenido un día, una hora de entereza de carácter, para echar de tu lado -a esas hembras espúreas que te consumen la vida?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>No me pida el señor Conde que tenga carácter, que es como pedir a -estas peñas que den<span class="pagenum" id="Page_309">p. 309</span> -uvas y manzanas. Soy bueno; me reconozco el mejor de los hombres. -En un punto está que uno sea un santo o un mandria. Mi mujer, que -de Satanás goce, me dominaba; me hacía temblar con solo mirarme. Yo -hubiera tenido valor delante de una docena de tigres; delante de aquel -monstruo no lo tenía. Tan grande como mi paciencia era su liviandad. Me -traía los hijos; nacían en casa. Yo le decía verdades como puños; pero -no me escuchaba. ¿Qué había de hacer yo con las pobres criaturas, ni -qué culpa tenían ellas? ¡No las había de tirar en medio de la calle! -Crecían, eran graciosas, se dejaban querer. El tiempo me alargaba la -bondad, y yo era más bueno cada día... y me dejaba ir, me dejaba ir... -Nunca tuve resolución... Mañana será otro día, decía yo, y, en efecto, -señor, todos los días, en vez de ser otros, eran los mismos... El -tiempo es muy malo, es como la bondad... Entre uno y otro hacen estas -maldades que no tienen remedio.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">meditabundo</span>.</p> - -<p>Buen Pío, tu filosofía resulta dañina; tu bondad siembra de males -toda la tierra.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Déjeme que siga contándole, para que acabe de despreciarme. Lo que -sufro con esas culebronas a quienes llamo hijas, no hay palabras para -decirlo. Ellas me pegan, ellas me insultan, ellas me matan de hambre; -ellas gozan con mis dolores, con mi vergüenza... ¡Qué malas, qué malas -son! Cada una es un demonio,<span class="pagenum" id="Page_310">p. -310</span> y juntas el infierno. Y que no me vale huir de mi casa y -abandonarlas, porque salen desaforadas a buscarme, y me cogen, y me -llevan por fuerza, y me besuquean y hacen mil carantoñas. Tengo el -corazón tan blando, que cuando veo llorar a alguien soy un río de -lágrimas. Pues cuando alguna se pone mala, ¡si viera usía lo inquieto -y apenado que estoy! Nada, que me falta tiempo para correr a casa del -médico, a la botica...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Eres cosa perdida. Vas al abismo, buen Coronado.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">agitadísimo</span>.</p> - -<p>Lo sé, señor Conde... Por eso pido a Dios que me lleve pronto al -cielo, porque allí, lo que es allí... supongo que podrá uno ser tierno -de corazón y de voluntad sin perjudicarse... allí puede uno ser todo -amor, sin que le descalabren, le pellizquen y le aporreen.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>El cielo, sí. Para ti no hay otro sitio. Aquel es tu mundo, y no -debiste, no, Coronado, no debiste venir a este.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con desesperación</span>.</p> - -<p>¿Pero acaso yo me he traído?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si no te has traído, puedes volverte cuando quieras. Ahora comprendo -la razón y excelente lógica de tus propósitos de suicidio.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_311">p. 311</span>D. PÍO, -<span class="acoti">con efusión</span>.</p> - -<p>Me suicido porque soy un ángel, y nada tengo que hacer en este -mundo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">indicando la dirección del -cantil</span>.</p> - -<p>Es verdad... Vete pronto al tuyo, al cielo. Por hacerme compañía no -te entretengas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que, sintiendo frío en -la cabeza, se la cubre con el pañuelo, y anuda las puntas bajo la -barba</span>.</p> - -<p>Si quisiera el señor Conde prestarme su pañuelo para sonarme, pues -el mío me lo he puesto por la cabeza...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hijo, sí; tómalo y suénate todo lo que quieras... Me parece que -debemos continuar andando, porque nos enfriamos. Yo estoy aterido.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Como el señor Conde guste. <span class="acoti">(Levántase y le da la -mano.)</span> El viento afloja; ahora se descubre la luna.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">andando los dos del -brazo</span>.</p> - -<p>Pues en este momento, mi buen Coronado, se me ocurre una idea que -puede ser tu salvación. Tú te librarás de todo el mal a que tu bondad -te ha traído, y yo tendré el gusto de producir en ti el único bien que -has disfrutado en tu vida.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">algo inquieto</span>.</p> - -<p>¿Qué idea es esa, Sr. D. Rodrigo?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span>EL CONDE</p> - -<p>Pues muy sencillo. Tú no tienes valor para lanzarte de este mundo al -otro. El valor que a ti te falta, a mí me sobra. Te agarro, te arrojo -por el cantil, y al llegar abajo ya eres cadáver y se han acabado tus -sufrimientos. <span class="acoti">(Pausa.)</span></p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que se rasca la cabeza, -metiendo la mano por debajo del pañuelo</span>.</p> - -<p>Es una idea excelente. Por mi parte, no me opongo... Al contrario... -Lo único que temo es que la muerte no sea muy rápida...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Pero qué estás diciendo? Morirás en menos de cinco segundos. No, -no encontrarás muerte mejor, ya emplees arma, veneno, o el ácido -carbónico. Muerte instantánea, súbita entrada en la felicidad, en el -Paraíso, del que nunca debiste salir. Si no me engaño, estamos en una -parte del cantil que ni de encargo. Aquí la cortadura es vertical, la -altura vertiginosa... Conque...</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">algo alelado</span>.</p> - -<p>Sí, sí... Pero ahora caigo en otro inconveniente, y este sí que -es grave, gravísimo, señor Conde. Como alguien nos habrá visto venir -hacia acá, fácil es que acusen a usía de mi muerte; y le metan en la -cárcel... y causa criminal al canto, por homicidio, con nocturnidad, -alevosía... No, no, señor Conde. ¡Cómo había yo de consentirlo!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span>EL CONDE</p> - -<p>Nadie nos ha visto, ni es lógico que sospechen de mí... Decídete: -ya ves qué fácil, ahora... ¿Oyes la mar que brama, como pidiendo que -le arrojen algo con que entretenerse?... Pero hay más, carísimo Pío: -figúrate tú el chasco que se llevarán tus hijas cuando vean que ya no -tienen a quien martirizar, que se les ha escapado la víctima... ¡ja! -¡ja!... Se revolverán unas contra otras, y furiosas, tirándose de los -pelos, se enzarzarán con uñas y dientes...</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Sí, sí... y a ver quién les mantiene el pico... ¡Y que van a rabiar -poco esas bribonas cuando yo me vaya! ¡Y con qué júbilo les diré yo -desde allá: «Fastidiaos ahora, grandísimas puercas...!» Por supuesto, -créame el Sr. D. Rodrigo, al recibir la noticia de que me ha tragado la -mar, llorarán... porque, en medio de todo, me quieren... a su modo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y tú a ellas también. Remachas tu bondad con el tremendo deshonor -de amarlas. Para poner fin a tanta ignominia, es preciso... <span -class="acoti">(Le agarra fuertemente por la cintura.)</span></p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">riendo, para disimular su -temor</span>.</p> - -<p>Otro día, señor Conde, otro día... Esta noche me encuentro algo -destemplado.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">soltándole</span>.</p> - -<p>Como tú quieras.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span>D. PÍO, -<span class="acoti">alejándose del cantil</span>.</p> - -<p>No podemos, no podemos tomar esa determinación sin que yo escriba un -papel en que diga que sucumbo de <i>motu proprio</i>.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Bien. No está de más hacer las cosas con la preparación y formalidad -debidas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">gravemente</span>.</p> - -<p>Otra noche, después de disponerlo todo muy bien, nos reuniremos -aquí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues mira, ahora me alegro de que se quede la función para otra -noche, porque así podrás darme algunas informaciones acerca de mis -nietas... Dime: ¿en dónde estamos ya?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Cerca del Calvario, en el lindero del bosque.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues al pie de la cruz echaremos otra sentada... Me harás el favor -de decirme...</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Todo lo que el señor Conde quiera.</p> - -<p class="acotj mt1">(Despéjase un poco el cielo, y a la claridad de la -luna andan los dos ancianos con menos lentitud. Llegan al Calvario, y -se sientan en la meseta de granito que sustenta las cruces.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_315">p. 315</span>EL CONDE</p> - -<p>Muy bien estamos aquí... Hablemos de Nell y Dolly. Dime, ante -todo: ¿tú te sientes con el saber, con la suficiencia necesaria para -instruir a mis nietas? ¿Te reconoces verdadero maestro de lo que ellas -ignoran?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Señor Conde, yo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Nada, nada: deja a un lado el amor propio, y respóndeme. Olvídate de -quien soy y de quien eres. Somos dos amigos.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">olvidando las -categorías</span>.</p> - -<p>Pues amigo Albrit, diré a usted... digo, a usía que, tan cierto -como ese astro es luna, yo no sé una palabra de nada. Sabía, sí, sabía -mucho, aunque me esté mal el decirlo; pero las desgracias me han -desconcertado horriblemente el magín. Mi memoria es un desván lleno -de telarañas. Subo a él en busca de mi sabiduría, y solo encuentro -retazos deshechos, trastos inútiles... Y como soy hombre de conciencia, -más de una vez le he dicho a D. Carmelo que busque otro preceptor -para las niñas... Una sola ciencia, o arte más bien, conservo en mi -caletre. Es lo único que me queda, en esta dispersión tristísima de mis -conocimientos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué es?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span>D. PÍO</p> - -<p>Pues la Mitología. Todo lo he olvidado, menos el admirable y poético -simbolismo de los griegos... Es raro, ¿verdad? ¿Y a qué debo atribuir -que se agarre a mi entendimiento la dichosa Mitología? Pues lo atribuyo -a que en ella todo es falso. En conciencia, señor Conde, yo declaro que -no puedo enseñar a las niñas más que dos cosas: la reforma de letra, -por Torío, y la fábula mitológica.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya no tendrás que enseñarles nada, bendito Coronado... Y ahora, -vamos a mi asunto: tú que las has tratado íntimamente; tú que has -vivido en contacto con sus inteligencias en capullo, con sus corazones -virginales, dime: ¿cuál de las dos te parece más noble, más moralmente -bella, más digna de ser amada?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">meditabundo</span>.</p> - -<p>No es tan fácil determinar...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Porque iguales no han de ser. En la Naturaleza no hay dos seres -enteramente iguales.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Igualdad, en efecto, no hay. Los caracteres son distintos. Vaya -usted a saber si salen al padre, a la madre, o a los abuelos...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span>EL CONDE</p> - -<p>Yo quiero que designes la mejor. Figúrate que una ley ineludible te -obliga a tomar una y a sacrificar la otra. <span class="acoti">(D. Pío -se muestra sorprendido y confuso.)</span> Hazte cuenta de que no hay -más remedio, de que no puedes evadir el dilema terrible.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">rascándose la -cabeza</span>.</p> - -<p>¡Vaya un compromiso! Pues si la cosa es tan por la tremenda, si no -hay más solución que escoger una... <span class="acoti">(Decidiéndose, -tras larga vacilación.)</span> Pues... con todas sus travesurillas, -con toda su inquietud diablesca, y, si se quiere, desvergonzada, la -preferida es Dolly.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y en qué te fundas para tu preferencia?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">lleno de -confusiones</span>.</p> - -<p>No sé... Hay algo en Dolly que me parece superior a cuanto vemos en -el mundo. O mucho me equivoco, señor de Albrit, o la engendraron los -ángeles.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gozoso de encontrar una -afirmación</span>.</p> - -<p>Mi Rafael era un ángel. Soy de tu opinión con respecto a Dolly, -agudísimo Coronado. Veo que tu inteligencia sabe penetrar en la razón -y fundamento de las cosas. Y me figuro que tu juicio se funda en -observaciones...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_318">p. 318</span>D. PÍO, -<span class="acoti">con inocencia angelical</span>.</p> - -<p>Sí, señor... también. Cuando estuvo aquí toda la familia dos años -ha, observé en el señor Conde de Laín la misma preferencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">excitado</span>.</p> - -<p>¿De veras?... ¿Qué me dices?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Cuando paseaban, que era las más de las tardes, Dolly iba colgadita -del brazo de su papá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Oh, Coronado ilustre, qué consuelo me das!</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">apoyándose en la rodilla de -Albrit</span>.</p> - -<p>Y Nell del de su madre. D. Rafael idolatraba a Dolly.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Dices que hace dos años?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Y antes lo mismo. Después no volvió por aquí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">animadísimo</span>.</p> - -<p>Pío, gran Pío, abrázame. La concordancia de tus ideas con las mías, -me llena de júbilo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con desaliento</span>.</p> - -<p>El señor Conde es feliz. Sus nietas le adoran y le dan mil -consuelos. Yo, en cambio, tengo el infierno en mi casa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span>EL -CONDE, <span class="acoti">gozoso</span>.</p> - -<p>Respira, hijo. Tus infortunios concluirán pronto, gracias a mí, y te -hartarás de bienaventuranza, y tu bondad podrá explayarse, ser eficaz, -y servir de ejemplo en el cielo mismo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sorprendido de la animación -de su amigo</span>.</p> - -<p>Parece que está contento el señor Conde.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí... ¡Siento en mí una alegría...! Me río de pensar en la cara que -pondrán Gregoria y Venancio cuando me vean entrar. Esta noche cenarás -conmigo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando</span>.</p> - -<p>Bueno: así entraré más tarde en casa. Cuando llegue a las tantas, y -cenado, será ella.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Te acompaño, ¿quieres? y armados los dos con buenas estacas, daremos -un recorrido a las bribonas de tus hijas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">contagiado del humor festivo -del Conde</span>.</p> - -<p>Por Saturno, padre de los dioses, señor, que eso sería un lindo -paso. Pero, ¡ay, cómo se vengarían después las muy perras!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">en vena de -hilaridad</span>.</p> - -<p>¡Y ese <i>bon vivant</i> de Carmelo, y el Médico, que creen haberme -dejado preso en los Jerónimos, figúrate la cara que pondrán...!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span>D. PÍO, -<span class="acoti">tocando las castañuelas</span>.</p> - -<p>Sí, sí: estará bueno el sainete.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente</span>.</p> - -<p>Vamos, vamos, que ya es hora de que nos riamos tú y yo, para -desenmohecer nuestros espíritus, quitándonos las murrias de esta noche -lúgubre... Bendito Coronado, padre general de los pelmazos, compendio -de todos los males que acarrea la bondad, ya mereces la alegría... Ven -a mi casa.</p> - -<p class="acot">(Se agarran del brazo, y apoyándose el uno en el otro, -se dirigen con incierto paso a la Pardina.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_13">ESCENA XIII</h3> - -<p class="acot">Comedor en la Pardina.</p> - -<p class="acot">VENANCIO, GREGORIA, SENÉN, disponiéndose a cenar; -después EL CONDE y D. PÍO. Gregoria pone la mesa.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Me parece mentira que estemos libres de ese estafermo -insoportable.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¡Ay qué descanso! Ya vivimos otra vez en la gloria. Cenaremos -tranquilos, y nos acostaremos dando gracias a Dios.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>¿Y estáis bien seguros de que se conformará con el encierro?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>GREGORIA</p> - -<p>Y si no se conforma, que llame a Cachán.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Dice D. Carmelo que se quedó dormidito en el coro. Pues como se -desmande y quiera escabullirse, no faltará quien le sujete; que el -Prior de Zaratán no es hombre de mieles como nosotros, y las gasta -pesadas. <span class="acoti">(Óyese la campana de la puerta.)</span></p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">temblando</span>.</p> - -<p>¡Jesús me valga!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Ha sonado la campana... Alguien entra... <span class="acoti">(Se -asoma a la ventana.)</span> Será José María...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">que también se -asoma</span>.</p> - -<p>¡Qué chasco, si fuera Albrit!...</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">trémula</span>.</p> - -<p>Si me parece que he oído su voz diciendo: «¡Ah de casa!»</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>No puede ser... <span class="acoti">(Mirando afuera.)</span> ¡Rayos -y jinojos, él es!</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Será un alma del otro mundo...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_322">p. 322</span>SENÉN</p> - -<p>Se ha escapado el león...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">entrando; tras él D. Pío, -que, distraído, conserva su pañuelo a la cabeza</span>.</p> - -<p>Sí, aquí está la fiera... Soy yo, mis queridísimos Gregoria y -Venancio; el propio Albrit, vuestro señor que fue, después vuestro -huésped. <span class="acoti">(Dirígese con calma al sillón que suele -ocupar.)</span> Y me acompaña mi buen amigo D. Pío Coronado, a quien -veis en esa extraña facha porque el aire le privó de su sombrero.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con timidez, quitándose el -pañuelo</span>.</p> - -<p>Perdón les pido... Me retiraré si estorbo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Aquí no estorba nadie... <span class="acoti">(A Venancio y -Gregoria.)</span> Ya comprenderéis que no vengo a pediros nuevamente -hospitalidad. Con vuestras groserías me arrojásteis de la Pardina. No -veáis en mí al pobre importuno que, despedido cien veces, cien veces -vuelve. No; no entro en vuestra casa; entro en la casa de mis nietas, a -quienes necesito ver esta noche.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Señor... yo no he arrojado a usía... Es que se creyó que estaría -mejor en los Jerónimos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Al diablo tú y los Jerónimos!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span>GREGORIA</p> - -<p>La santa Virgen nos ampare.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">queriendo meter su -cucharada</span>.</p> - -<p>Lo que quiere decir el señor Conde es que...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente</span>.</p> - -<p>Lo que quiero decir es que necesito ver a mis nietas pronto. ¿Dónde -están? ¿Por qué no han salido a recibirme?</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Ha olvidado el señor que las convidó la señora del Alcalde.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">severo</span>.</p> - -<p>Que vayan a buscarlas inmediatamente. <span class="acoti">(Gregoria -y Senén se ofrecen a traer a las niñas.)</span> No, de ti no me fío... -Tampoco tú eres de fiar... D. Pío, hágame el favor de traerme a Nell y -Dolly.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">lisonjero</span>.</p> - -<p>Iré yo también, para que vea usía con qué solicitud ejecuto sus -órdenes. <span class="acoti">(Vanse Senén y D. Pío.)</span></p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">haciendo de tripas -corazón</span>.</p> - -<p>El señor querrá tomar algo.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Como no contábamos con usía, nada hay preparado.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span>EL CONDE</p> - -<p>Os lo agradezco. Cuando vengan mis nietas decidiré. Tú, Venancio, me -harás el favor de ir a la Rectoral, y decir a Carmelo que deseo verle -esta noche.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>El señor Cura estará cenando...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Eso no es cuenta tuya. Haz lo que te digo.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Bien, señor.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>¿Y a mi qué me manda usía?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Que puedes irte a tus quehaceres. Deseo estar solo. -<span class="acoti">(Apoyando en la mano su cabeza, quédase -meditabundo.)</span></p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">a su marido, que, al -retirarse, amenaza con un gesto furtivamente al Conde</span>.</p> - -<p>¡Por Dios, Venancio...!</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>¡Otra vez en mi casa...! Yo te juro que mañana no habrá en la -Pardina más que un león... el de piedra, que está en el escudo. <span -class="acoti">(Se van.)</span></p> - - -<h3 class="g0" id="Ch4_14" title="ESCENA XIV"><span class="pagenum" -id="Page_325">p. 325</span>ESCENA XIV</h3> - -<p class="acotj">Jardín y casa del Alcalde. Al llegar Senén y D. Pío, -ven y admiran el jardín, iluminado con farolitos de colores colgados de -los árboles. En la sala baja, cuyas ventanas están abiertas, suena el -cascabeleo del piano. Óyense desde la calle alegres risotadas, cantos -juveniles y pataditas de baile.</p> - -<p class="acot">LA ALCALDESA, SENÉN; después NELL; mucha y diversa -gente, pollas y chicarrones de la localidad.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">hablando con la Alcaldesa en -la puerta de la sala baja, que está de bote en bote</span>.</p> - -<p>Sí, señora, que vayan al momento. Nos ha mandado a D. Pío y a mí con -esta comisión. Al maestro le he dejado en el jardín como un palomino -atontado. Esta y no otra es la razón de que vengamos a turbar el -regocijo de su fiesta <i>monocrástica</i>.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">sofocando la -risa</span>.</p> - -<p>Onomástica, Senén.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sin dar su brazo a -torcer</span>.</p> - -<p>En Madrid lo decimos de varios modos. Decimos también <i>fiesta -morganática</i>.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Bien, hombre, no riñamos por una palabra... Pero no acabo de creer -que el león se haya escapado de la espléndida jaula de Zaratán. -Cuando lo sepa José María, ¡bueno se pondrá! ¡Y<span class="pagenum" -id="Page_326">p. 326</span> D. Carmelo tan confiado en que el Prior se -daría sus mañas para retenerle!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p><i>Me inclino a creer</i> que no hay quien pueda con Albrit. Para su -soberbia no se han inventado jaulas ni barrotes bastante fuertes.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Te advierto que las chicas no saben nada de esta conspiración para -enjaular a su abuelo.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Conviene que lo ignoren.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Es un dolor que ese viejo extravagante las llame en lo mejor de -la fiesta. ¡Están tan divertidas las pobres! Lo que han gozado esta -tarde no puedes figurártelo. Entra, y tomarás un dulce y una copa. -<span class="acoti">(Senén da las gracias, y trata de ganar terreno -dentro de la sala; pero el apretado gentío se lo impide.)</span> Está -esto imposible... Pues sí; ahora se ve que a estas infelices niñas de -Albrit les gusta la sociedad, y que para la sociedad han nacido. Da -pena verlas hechas unos saltamontes, del bosque a la playa y de la -playa al bosque, cuando su centro, su atmósfera, como quien dice, es la -buena sociedad, el dar broma con decoro, y el divertirse lícitamente. -Esta tarde lo hemos visto. ¡Virgen, lo que han picoteado con Manolo -y Serafín, los de la confitera! Ellos son saladísimos, llenos de -picardía, eso sí; pero elegantitos. Estudian en Madrid.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span>SENÉN, -<span class="acoti">introduciéndose más</span>.</p> - -<p>Les conozco.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Van a los estrenos, frecuentan las reuniones, saben de memoria todas -las tonadillas del género chico, montan en bicicleta...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Son chicos muy simpáticos... Allá veo a Dolly de conversación tirada -con el tontaina de Tomasín, el del Registrador. Como hay Dios, que le -está tomando el pelo.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Esa? Es capaz de tomárselo al lucero del alba.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Procure usted, Doña Vicenta, echármelas para acá, y si no -puede usted a las dos, cójame a la que pueda... que ya es tarde, -y el león debe de estar impaciente, sacudiendo las melenas.</p> - -<p class="acotj mt1">(Intérnase Vicenta. Nell, rompiendo por entre el -gentío, sofocada, fulgurantes los ojos de la batahola del baile y de -la excitación de tanto charloteo, va en busca del antiguo criado de su -casa.)</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Señorita Nell, aquí estoy.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Vaya un fastidio, Senén! ¡Qué poco nos dura el contento! ¿Por -qué no nos deja el abuelito<span class="pagenum" id="Page_328">p. -328</span> cenar aquí? ¿Se ha puesto malo? <span class="acoti">(Senén -deniega.)</span> Pues nos iremos. Espérate un poquito... A ver dónde -está Dolly.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">en tono de -protección</span>.</p> - -<p>¡Es lástima que las señoritas no disfruten de la sociedad!... -Pero, según mis <i>informes autorizados</i>, pronto se les acabará el -aburrimiento y la sosería de este destierro de Jerusa.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con vivo interés</span>.</p> - -<p>«Según tus noticias,» has dicho... Ah, Senén, tú has estado en -Verola. ¿Hablaste con mamá?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">haciéndose el -discreto</span>.</p> - -<p>Vine esta mañana de Verola. Los vientos que allí corren son que la -señora Condesa, cuando regrese a Madrid, no dejará a sus hijas en esta -<i>villa provinciana</i>.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">en alta voz, en medio -de la sala, dando palmadas</span>.</p> - -<p>Aquí no se cabe, señoritas y caballeros. Al jardín, a mi jardín, que -para eso os lo he iluminado a la veneciana.</p> - -<p class="acotj mt1">(Salida impetuosa de la muchedumbre juvenil de -ambos sexos, y de las personas mayores. La juventud se precipita, toma -la delantera a los viejos, y se desborda fuera del recinto, ávida de -mayor y más fresco espacio en que producir su actividad bulliciosa: la -oleada pasa junto a Senén, pero no le arrastra.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span>NELL, -<span class="acoti">que permanece en la sala, conteniendo su afán de -correr también hacia el jardín</span>.</p> - -<p>Dime pronto. ¿Te habló mamá? ¿Nos llevará consigo? <span -class="acoti">(Senén afirma.)</span> ¿Pero es verdad, o suposiciones -tuyas? ¿Vuelve mamá por aquí?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Seguramente. Dentro de unos días... Hay allí mucha grandeza, -marqueses y duques.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Y eso qué...?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">como quien recela decir lo -que sabe</span>.</p> - -<p>La señora no podrá... En fin, no sé. Eso depende...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">inquieta</span>.</p> - -<p>Habla pronto; dime lo que sepas, o me voy.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>No podré <i>comunicar</i> nada a la señorita si no tiene un -poquitín de paciencia. <span class="acoti">(Nell quiere conducirle al -jardín.)</span> Mejor hablamos aquí. Ya ve la señorita que nos hemos -quedado solos.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">en quien por el momento puede -más la curiosidad que el anhelo de divertirse</span>.</p> - -<p>Bueno: pues aquí me estoy.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Por esta noche, me limito a <i>consignar</i>... y esta es -noticia adquirida en los centros oficiales...<span class="pagenum" -id="Page_330">p. 330</span> que la señora Condesa ha decidido presentar -a sus niñas en sociedad.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Tú me engañas, Senén maldito. ¡Oh! Pues si eso fuera verdad, y -acertaras... vamos, te regalaría yo muy pronto un alfiler de corbata -mejor que ese que llevas... ¿Hablas en broma?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">radiante de -fatuidad</span>.</p> - -<p>Hablo con toda la seriedad propia de mi carácter. Y si la señorita -me promete guardar secreto, le diré otra cosa. Pero ha de asegurarme -que esto no saldrá de entre los dos... ¿Palabra?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Palabra... y el alfiler si resulta que no me engañas. <span -class="acoti">(Senén remusga, haciéndose de rogar.)</span> Maldito, -habla de una vez... Vamos, no sé qué te haría.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Queda entre los dos... No fastidiar... Pues... quieren casar a la -señorita...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">vivamente, poniéndose muy -encarnada</span>.</p> - -<p>¡A mí!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>A usted... con el primogénito de los Duques de Utrech... Ya sabe: -Paquito Utrech, Marqués de Breda... lleva ese título hace seis meses. -¡Vaya un partido! ¡Rico él, elegante él, guapo él!...</p> - -<p class="rolh"><span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span>NELL, -<span class="acoti">afectando incredulidad y conteniendo la risa, -para que no le salga al rostro el contento, que, no obstante, sale a -borbotones</span>.</p> - -<p>¡Vaya unos embustes que te traes! Quita allá... ¿tú crees que yo soy -tonta?... No me digas esas cosas si no quieres que te...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">llamando desde el -jardín</span>.</p> - -<p>¡Nell, Nell!</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Aquí estamos... Voy. <span class="acoti">(Corre al jardín, y Senén -tras ella.)</span></p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Hija, no sé dónde se ha metido tu hermana. Hace un momento estaba -aquí...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">llamando</span>.</p> - -<p>¡Dolly!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Vámonos pronto.</p> - -<p class="acotj mt1">(Preguntando en los corros, se averigua que Dolly -hablaba momentos antes con D. Pío, y... no se sabía más.)</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Se habrá ido con él.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sin duda. En la Pardina la encontraremos.</p> - -<p class="acotj mt1">(Despídese Nell, y sale con Senén, a punto que -entra el señor Alcalde, bufando. Viene de la sesión del Ayuntamiento, -que ha sido borrascosa. Sus colegas le han hecho el desaire de rechazar -la moción, por él presentada, para que a la calle de <i>Potestad</i> se -le cambie el nombre, llamándola <i>Calle del Siglo XIX</i>.)</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch4_15" title="ESCENA XV"><span class="pagenum" - id="Page_332">p. 332</span>ESCENA XV</h3> -</div> - -<p class="acot">Comedor en la Pardina.</p> - -<p class="acotj mt1">EL CONDE, en la propia actitud en que quedó al -final de la escena XIII. Llegan sucesivamente DOLLY con DON PÍO, NELL -con SENÉN; VENANCIO y GREGORIA, EL CURA, EL ALCALDE.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">oyendo ruido</span>.</p> - -<p>Ya vienen.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">entrando presurosa</span>.</p> - -<p>¡Abuelito de mi alma... aquí, tan solito, y nosotras de fiesta!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p> - -<p>Alma mía, paréceme que hace un siglo que no te veo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sofocadísimo</span>.</p> - -<p>En cuanto le dije que usía la llamaba, le faltó tiempo para echar a -correr.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Hija querida!</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Ni siquiera se despidió de Doña Vicenta. Me ha traído ¡ay! como si -viniéramos a apagar un fuego.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y Nell?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_333">p. 333</span>DOLLY</p> - -<p>Por no detenerme no me cuidé de buscarla entre el tumulto.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Ya me parece que llega.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">entrando, seguida de -Senén</span>.</p> - -<p>Albrit... ¿qué ocurre? ¿Qué le pasa al primer caballero de España, -mi ilustre abuelo?</p> - -<p class="acot">(Gregoria y Venancio aparecen por el fondo.)</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sorprendido del lenguaje -ceremonioso que usa Nell</span>.</p> - -<p>Chiquilla, desde que no nos vemos has estudiado más de lo que -creí... has adelantado prodigiosamente en la ciencia del mundo.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Has paseado mucho...?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">acariciando al -abuelo</span>.</p> - -<p>Demasiado... ¡Pobrecito! ¡Cómo habíamos de permitir tal infamia si -la hubiéramos sabido!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sorprendida</span>.</p> - -<p>¿Pues qué ocurre?</p> - -<p class="acotj mt1">(Entra el Cura, un tanto cohibido. No sabe a quién -dirigirse primero, si a las niñas o al Conde.)</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>D. Carmelo te lo dirá.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_334">p. 334</span>EL CURA</p> - -<p>Niñas mías, podéis creer que al llevarle a Zaratán nos guiaba el -deseo de aposentarle dignamente. Creía y sigo creyendo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que sale generosamente a -la defensa del Cura</span>.</p> - -<p>No te apures, Carmelo, por sincerarte. Estas tontuelas no están -bien enteradas. Todo se reduce a que me llevásteis a dar un paseo en -coche, y yo tuve la humorada de volverme a pie en compañía del buen -Coronado.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">que entra presuroso, -dando resoplidos</span>.</p> - -<p>Me lo temía, sí... me lo temía. El señor Conde se nos ha vuelto un -chiquillo...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">animándose con el refuerzo -del Alcalde</span>.</p> - -<p>Y desconoce el grandísimo bien que hemos querido hacerle.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">con -petulancia</span>.</p> - -<p>¡Vamos, que fugarse del Monasterio! No he visto otra... ¡Desmentir -así su respetabilidad!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con jovialidad -desdeñosa</span>.</p> - -<p>Amigo Monedero, no es lo mismo hacer fideos que encerrar leones.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">quemado</span>.</p> - -<p>En una y otra cosa, Sr. de Albrit, me tengo por hombre que sabe su -obligación.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_335">p. 335</span>EL CONDE</p> - -<p>No la sabe muy bien cuando tan mal le ha salido esta tentativa.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">interviniendo -pacíficamente</span>.</p> - -<p>Permítame, señor Alcalde...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">echando -roncas</span>.</p> - -<p>Digo y repito que sé mi obligación, y que no necesito que nadie me -enseñe a sujetar a los que no deben estar sueltos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desprecio</span>.</p> - -<p>No te conozco... No puedo ver en esas arrogancias al buen Pepe -Monedero, servidor que fue de mi casa, cuando aquí, siguiendo las -tradiciones de mi santa madre, consagrábamos parte de nuestra hacienda -al socorro de los desvalidos.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p> - -<p>Pues si usted me desconoce, le diré...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No te empeñes en ello. No te conozco. Sobre que no veo bien, la -ingratitud desfigura los rostros...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No sea usted ingrato, D. José María.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">reventando de -vanidad</span>.</p> - -<p>Haga usted entender a su señor abuelo que soy el Alcalde de -Jerusa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span>DOLLY, -<span class="acoti">estallando en ira, con gallarda fiereza</span>.</p> - -<p>Pues al Alcalde de Jerusa, y al Cura de Jerusa, y a todos los -alcaldes y a todos los curas habidos y por haber en el mundo, les -digo yo que es una oficiosidad inicua lo que han querido hacer con mi -abuelo...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Pero tú...?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>¡Esta mocosa...! Usted...</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">creciéndose a cada -palabra</span>.</p> - -<p>Sí, señor, yo... yo misma. Han faltado al respeto que merece el -noble desvalido, el anciano, el padre de Jerusa, el que no debiera -entrar en estos valles y en este pueblo sin que antes las piedras se -levantaran para bendecirle, y hasta los árboles se arrodillaran para -adorarle... ¿Por qué queréis privarle de libertad? No padece más locura -que el cariño que nos tiene; y si los que se han criado a su sombra le -menosprecian o le ultrajan, aquí estamos nosotras, sus nietas, para -enseñar a todo el mundo la veneración que se le debe.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">en pie, cruzando las -manos</span>. <span class="acoti">(La emoción le ahoga.)</span></p> - -<p>¡Señor, Señor, ella es... es la mía...! Su noble fiereza lo -declara... <span class="acoti">(Vuélvese a Coronado, que está junto a -él.)</span> Esta, esta... la mía.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span>EL -CURA, <span class="acoti">que ha permanecido junto a Nell</span>.</p> - -<p>Cálmate, hija mía: tratábamos de mejorar su situación...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¡Vaya un geniecillo!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo al lado del -Conde</span>.</p> - -<p>Abuelito querido, sosiégate. Creyeron que en Zaratán tendrías mejor -albergue que aquí... Y no me parece mala idea, francamente, porque si -nosotras nos vamos con mamá...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con dulzura un poco seca, -sin rechazar sus caricias</span>.</p> - -<p>Sí: tú, tú puedes marchar cuando quieras.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sin comprender</span>.</p> - -<p>Se acabó la cuestión... Ahora descansas... Antes se te dispondrá la -cena. Dolly, démosle de cenar.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Podría venir a mi casa...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Pero si está en la nuestra!</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Dígolo porque... Bien sabéis que las desavenencias de estos días han -creado cierta incompatibilidad entre el señor Conde y Venancio...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span>NELL</p> - -<p>¡Incompatibilidad!... Estamos en nuestra casa.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">adelantándose, seguido de -Gregoria</span>.</p> - -<p>Perdone la señorita. Las señoritas, lo mismo que el señor Conde, -están en mi casa.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">acobardada</span>.</p> - -<p>Es verdad; pero...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Qué dices...?</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Digo que, a pesar de todo, por esta noche le alojaremos y le -serviremos.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con brioso -arranque</span>.</p> - -<p>¿Cómo se entiende? ¡Por esta noche! Por esta y por todas las noches -del mundo, mientras nosotras estemos aquí. La casa es tuya, es verdad; -pero somos tus amas nosotras, mi hermana y yo: somos tus amas, ¿lo -entiendes bien? A excepción de esta huerta, las tierras que cultivas -y que tienes en arrendamiento casi de balde, o en administración, -nuestras son, nuestras. Somos las herederas de la casa de Laín, y -tú, Venancio, y tú, Gregoria, servís a mi abuelo, no por caridad, -que caridad está visto que no tenéis, sino porque yo os lo mando, -¿lo entendéis bien? yo os lo mando... <span class="acoti">(Repite el -concepto con firme autoridad.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span>VENANCIO</p> - -<p>La que manda... es...</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>La señora Condesa.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">altanera</span>.</p> - -<p>Silencio. A disponer la cena... <span class="acoti">(A -Gregoria.)</span> Tú a la cocina... de cabeza... El Conde de Albrit -vive con sus nietas. No nos tenéis de limosna... Cenará aquí, -cenaremos los tres aquí <span class="acoti">(Da un fuerte golpe en la -mesa)</span>, en esta mesa. Dormirá en su aposento, que para eso se lo -arreglé yo misma esta tarde. Y si no queréis ir a la cocina, iré yo... -Y si habéis descompuesto la alcoba, irá Nell a arreglarla... Pronto, -vivo... <span class="acoti">(A Venancio y Gregoria.)</span> A poner la -mesa... Señores, se les convida.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">con desvío</span>.</p> - -<p>Gracias.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Pero, chiquilla, tú...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Yo... Me basto y me sobro. Nieta soy de mi abuelo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con inmensa ternura y -entusiasmo, abrazándola</span>.</p> - -<p>¡Sí, sí!... ¡Sangre mía, corazón de Albrit!</p> - - -<p class="fin">FIN DE LA JORNADA CUARTA</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch5_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span></p> - <h2 class="nobreak">JORNADA QUINTA</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<h3>ESCENA PRIMERA</h3> - -<p class="acot">Sala baja en la Pardina.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, sentado; EL MÉDICO, que entra a visitarle, y -se sienta a su lado.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¿Qué tal, señor Conde? ¿Ha pasado usted mala noche?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Malísima... Insomnio, ideas lúgubres, ideas de exterminio; cosa -nueva en mí, pues aunque de genio impetuoso y autoritario, nunca hice -mal a nadie. Al contrario, mi ruina proviene del...</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span -class="acoti">interrumpiéndole</span>.</p> - -<p>Ya lo sé: del altruismo desordenado, de no saber contenerse en la -generosidad y protección a todo bicho viviente.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con amargura</span>.</p> - -<p>He cultivado la ingratitud. En el jardín de mi vida, las rosas que -planté se me han convertido en zarzales, y entre ellos... no faltan -culebras.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span>EL -MÉDICO, <span class="acoti">pulsándole</span>.</p> - -<p>Tenemos que enfrenar los nervios, y, sobre todo, cerrar la llave, el -grifo de la ideación, demasiado afluente.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Facilillo es eso... ¡Tasarle a uno las ideas o medírselas con -cuenta-gotas!</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Todo depende de que usted trate de contener su vida cerebral en -los límites de lo presente, de lo práctico, y, si se quiere, de lo -prosaico. ¿Me explico?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, hijo, sí. Entiendes por poesía la idea exaltada del honor, de la -justicia. Es un rodeo parabólico para evitar el empleo de la palabra -locura. <span class="acoti">(El Médico deniega, risueño.)</span> ¡Y -queríais curarme con la prosa de Zaratán!</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">cortando todo motivo de -excitación</span>.</p> - -<p>No se hable más de eso. Considérelo usted como una broma. Y si -me apura, le diré que nos equivocamos... en el procedimiento, se -entiende... <span class="acoti">(El Conde intenta decir algo; pero -Angulo, que considera peligroso aquel tema, le quita la palabra -cortesmente.)</span> ¡Sí... la libertad, la preciosa libertad!... -Estamos conformes... Ahora explíqueme usted por qué le encuentro hoy -más desanimado y caviloso que otros días.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_343">p. 343</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Pero estás en Belén? ¿Ignoras que Lucrecia ha vuelto de Verola... y -que viene de mal talante, y con la malvada intención de llevarse a las -niñas?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>En su buen juicio, no desconocerá usted que las señoritas necesitan -otro ambiente, otra sociedad...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">afligidísimo</span>.</p> - -<p>¡Privarme del único consuelo de mi vida! No, no lo consiento, no -puedo consentirlo. <span class="acoti">(Airado, golpea el brazo del -sillón.)</span> Me opongo, me opondré resueltamente, y por cualquier -medio, al inicuo monopolio que esa perversa quiere hacer del cariño -filial.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Sosiéguese... Ya trataremos de arreglarlo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí... ¡Buenos arregladores sois vosotros! ¡Qué amigos me han -salido en esta tierra, donde creí haber arrojado a manos llenas -simiente de bendiciones!... ¡Pero qué remedio!... No puedo hacer que -las piedras se vuelvan amigos.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">entrando jovial, de -rondón</span>.</p> - -<p>¿Qué... qué dice? ¡Ya nos está poniendo de hoja de perejil! <span -class="acoti">(El Conde le mira y calla.)</span> ¿Qué ocurre por aquí? -Me dicen que el señor Conde desea verme...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_344">p. 344</span>EL CONDE</p> - -<p>Sí, Carmelo... Caigo, me hundo, y en mi desolación me agarro a lo -único que encuentro: a las piedras, a vosotros.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Comprendido: se agarra a lo firme, a lo que seguramente le -sostendrá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p> - -<p>No sois buenos, no... <span class="acoti">(El Cura sonríe, y hace -señas al Médico.)</span> Pero no está el tiempo para disputas, Carmelo. -No eres bueno; pero te necesito.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">risueño</span>.</p> - -<p>Quiere decir que soy un mal necesario.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente por entrar en -materia</span>.</p> - -<p>Dos palabras: te perdono lo de Zaratán, y a ti también, Angulo. -Olvido la pesada broma, a condición...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>A condición de que hagamos comprender a la Condesa que es una triste -gracia arramblar con las niñas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dolorido</span>.</p> - -<p>Es inicuo, cruel...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Pero como a Lucrecia no le faltan motivos razonables para presentar -a sus hijas en sociedad,<span class="pagenum" id="Page_345">p. -345</span> a las manifestaciones que le hagamos en el sentido que -pretende nuestro arrogante león de Albrit, contestará mandándonos a -paseo. La cosa es tan lógica, tan sencilla, tan racional...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>Vete a verla, Carmelo; vete allá...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Si de allá vengo! Pero no ha querido recibirme. Ni las moscas pasan -a verla. Según me ha contado Vicenta, viene la Condesa de Laín en un -estado moral lastimoso. Algo ha ocurrido en Verola que la contraría, -que la aflige profundamente. ¿Qué ha sido? Lo ignoramos. Dicen que está -abatidísima, los ojos encendidos de tanto llorar, y la pena que agobia -su alma la desahoga con los pobres pañuelos, haciéndolos trizas con los -dientes.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con hondo -interés</span>.</p> - -<p>¿Y qué creéis vosotros? ¿Ese estado de su ánimo será favorable o -adverso a lo que yo pretendo?</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Antes de responder, sepamos la causa de ese duelo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sea lo que quiera, tú, <i>pastor Curiambro</i>, vuelves allá. Le -dices que vas de parte mía...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span>EL CURA</p> - -<p>¿De parte del león?... Razón más para que me dé con la puerta en los -hocicos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No lo creas. Vas como representante de Albrit, para proponerle una -transacción o componenda.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Ya me figuro. Puesto que se disputan las dos niñas... a dividir. Es -un juicio harto más fácil que el de Salomón.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Partes iguales. No está mal pensado.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran viveza</span>.</p> - -<p>Ni puede concebirse solución más práctica y elemental. Una para -ella, otra para mí... Pero es condición precisa que yo escoja la -mía.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Sí, sí. Con proponérselo nada perdemos. Falta que se ponga al habla, -y que yo pueda hoy dedicar mi tiempo a estos negocios. Señor Conde, -esta noche predico.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya tendrás tu sermón bien guisado... Preséntate a Lucrecia... pero -pronto... No te descuides.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_2" title="ESCENA II"><span class="pagenum" -id="Page_347">p. 347</span>ESCENA II</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, EL CURA, EL MÉDICO, DOLLY</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">quitándose el -sombrero</span>.</p> - -<p>Aquí me tienen otra vez.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Y tu mamá, está mejor?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Un poquito más sosegada. <span class="acoti">(Al Conde.)</span> -Como no podemos atender a las dos casas a un tiempo, hemos determinado -partirnos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con alborozo</span>.</p> - -<p>¿Os partís?... De eso hablábamos, hija mía.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Allá se queda Nell con mamá, y yo me vengo a la Pardina para -cuidarte a ti.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Lo veis? Su grande inteligencia, sin ninguna sugestión de mi parte, -percibe y pone en ejecución la componenda lógica.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Yo dudo que...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">inquietísimo</span>.</p> - -<p>¿Dudas?... Oh, Carmelo, no me quites la esperanza, no aumentes mi -congoja. ¿Te ríes?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span>EL -CURA</p> - -<p>Sr. D. Rodrigo de mi alma, ni he dicho nada, ni me he reído, ni haré -más que cumplir fielmente sus órdenes. Vuelvo allá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">desconcertado, variando de -pensamiento a cada instante</span>.</p> - -<p>No, no vayas; aguarda... Sí, sí, vete y dile...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿En qué quedamos?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">decidiéndose</span>.</p> - -<p>En que vas. Pero te limitas a anunciarle que yo la visitaré hoy -mismo para tratar con ella de un asunto de familia. Cosas tan delicadas -no puedo fiarlas a nadie. <i>Tête à tête</i> la pantera y el león, yo -propondré...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y puede que la convenza, sí, señor... Hay panteras razonables. <span -class="acoti">(Se aparta y habla con Dolly.)</span></p> - -<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">despidiéndose</span>.</p> - -<p>Luego volveré. Supongo que seguirá usted en la Pardina.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>De ningún modo. No me faltará hospitalidad en cualquiera de las -casas de labor, o de las cabañas que fueron mías. En Forbes, en Polan y -Rocamor, todos mis antiguos colonos están deseando que el viejo Albrit -llegue a su puerta,<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span> -pidiéndoles un pedazo de pan y un albergue humilde. Verdad que en -ninguna de estas casas hallaré las comodidades de la Pardina. Pero -no me importa; prefiero guarecerme en la última choza de pastores, a -soportar aquí la estolidez egoísta de estos ingratos. A otra parte con -mis huesos. Iré de puerta en puerta, con la esperanza de encontrar un -corazón noble, un alma cristiana...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Bueno; pues... ya vendré con la respuesta.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Aquí te aguardo.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>Hasta luego.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">aparte al Médico, -retirándose ambos</span>.</p> - -<p>Al fin, nuestra pobre fiera apencará con Zaratán.</p> - -<p class="rol">EL MÉDICO</p> - -<p>¡Si es lo mejor!</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Lo único, señor, lo único! <span class="acoti">(Salen -hablando.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Abuelito, tengo que decirte una cosa. Que te quiero mucho, mucho.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con viva ternura, -abrazándola</span>.</p> - -<p>¡Corazón grande!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span>DOLLY</p> - -<p>Y vas a saber otra cosa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">poniendo el -oído</span>.</p> - -<p>¿Es también secreta?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">amorosa</span>.</p> - -<p>Sí, muy reservada... Que no se entere nadie. Quiero seguir tu -suerte. Si pasas trabajos, yo también... Si vas de puerta en puerta, -como dices, también yo... Yo contigo, siempre contigo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con intensa -emoción</span>.</p> - -<p>¡Señor, qué alegría!... ¡Compensación hermosa de mis infortunios! -Todo lo que padecí, quebrantos de fortuna, humillaciones, pérdida de -seres queridos, se contrapesa con este inmenso galardón de tu cariño, -que Dios me da sin yo merecerlo... <span class="acoti">(Abrazándola y -besándola con efusión.)</span> ¿Pues qué merezco yo, que nada soy, que -nada valgo ya?... Dios da la bienaventuranza en esta vida, ya lo veo... -a mí me la da. No necesita uno morirse, no, para entrar en el cielo... -<span class="acoti">(Pausa.)</span></p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>En la prosperidad o en la desgracia, abuelito, tu Dolly no te -abandonará.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con majestuosa solemnidad, -levantándose</span>.</p> - -<p>Y yo, por el nombre de Albrit, por los gloriosos emblemas de -mi casa, por todos y cada uno de los varones insignes y de las -santas<span class="pagenum" id="Page_351">p. 351</span> mujeres que de -ella salieron, asombro y orgullo de las generaciones; por la conciencia -del honor y de la verdad que Dios puso en mi alma, por Dios mismo, juro -que antes me harán pedazos que arrancar de mi lado a la que es luz, -consuelo y gloria de mi vida.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_3">ESCENA III</h3> - -<p class="acot">Jardín del Alcalde.</p> - -<p class="acot">EL ALCALDE, en zapatillas, con batín de vistosos -cordones, como un húsar; LA ALCALDESA, EL CURA, SENÉN.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">que acaba de -entrar</span>.</p> - -<p>Aquí otra vez; mas ahora no vengo por mi cuenta. <i>Mensajero soy, -amigo...</i></p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Ya, ya... Alguna nueva <i>leonada</i>.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Pero qué quiere ese hombre?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">en jarras</span>.</p> - -<p>Ya me va cargando a mí ese fantasmón, que, después de todo, no es -más que un desagradecido, pues bien podía mirar que, enchiquerándole -en Zaratán, le dábamos más de lo que merece la polilla de sus -pergaminos... Agradezca que da con un hombre de mi pasta... <span -class="acoti">(No se refiere a la de sopa.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span>EL CURA</p> - -<p>Amigo mío, hay que respetar las grandezas caídas.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Pues digo... ¡los moños que se puso anoche, María Santísima!...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Hijo, como no somos aristócratas...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y hay más. Bien sabía el vejete que ayer celebrábamos tu fiesta -<i>monástica</i>...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Onomástica.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y ni un recado de atención, ni una fineza... Pues digo, la niña -segunda, esa Dolly, ha heredado el tupé y la caballería andante o -cargante de todos los Albrites y Laínes del obscurantismo. ¿Pues no se -me subió a las barbas la muy mocosa? ¡Si la hubieras oído, Vicenta!... -Y todo ello cuando acabábamos de atracarla de dulces y de atenciones, -aquí, en tu fiesta <i>numismática</i>.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Ono... mástica.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span>EL -ALCALDE, <span class="acoti">bufando</span>.</p> - -<p>Lo mismo da... Sacan ahora unas palabras que le vuelven a uno -loco... Acabaremos por tener que hablar por señas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Lo de anoche, mi querido Monedero, ha perdido su interés con la -vuelta repentina de la Condesa en ese estado de tribulación que ustedes -me pintaron esta mañana.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Lo que digo a esta: menudo <i>jollín</i> habrán armado en Verola los -duques y marqueses...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a la Alcaldesa</span>.</p> - -<p>¿Y no se espontanea con usted, no le cuenta...?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Ni una palabra.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Este tunante de Senén debe de saber algo. Pero ahora, desde que -ha dado en tener <i>bouquet</i>, como el vino de Burdeos, se nos ha -vuelto tan reservadillo, que ni con saca-corchos se le destapa la -boca. <span class="acoti">(Los tres miran hacia un cenador, cubierto -de madreselvas, en cuyo interior está Senén, sentado, tristón, mirando -al suelo.)</span> Tú, funcionario, ven acá... o te voy a poner en mi -jardín de estatua de la Hacienda pública esperando un ministro.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_354">p. 354</span>LA ALCALDESA</p> - -<p>Desde las ocho de la mañana le tiene usted ahí, esperando audiencia -de la que fue su ama.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">destemplado, -acercándose</span>.</p> - -<p>Ya he dicho que no sé nada.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>No negarás que estuviste en Verola.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Qué personas de viso había en el castillo de Donesteve?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Anda, anda... ¿quién las puede contar?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>¿A que no faltaba el Marqués de Pescara?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Llegó el lunes, y con él los Duques de Utrech y sus hijos; y el -martes otros, y otros...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Viste a la Condesa?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Sí, señor... Cuatro minutos nada más.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Qué cara tenía?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span>SENÉN</p> - -<p>La de siempre: la bonita.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Pues si no nos das más noticias, debemos decirte que nos devuelvas -el dinero.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Este es muy cuco y no se compromete.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">viendo entrar en el -jardín a Consuelito con medio palmo de lengua fuera</span>.</p> - -<p>Aquí viene Consuelito, y en la cara le conozco que no ha perdido el -tiempo. Trae comidilla.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Con tal que no sea fiambre...</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_4">ESCENA IV</h3> - -<p class="acot">LOS MISMOS; CONSUELITO</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">gozosa</span>.</p> - -<p>Ya estoy de vuelta, y con las alforjas bien repletas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿La de la espalda?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Las dos... Sois unos mandrias, que aguantáis sin rascaros la comezón -de la curiosidad. Yo no puedo: o averiguo lo que no sé, o reviento.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_356">p. 356</span>EL -ALCALDE</p> - -<p>¿Sabes algo, maestra?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>¿Cómo algo?</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Y algos.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>No me ofendáis suponiendo que sé las cosas a medias. No: Consuelo -Briján, o las ignora por entero, o las sabe de cabo a rabo; y todo, -todito lo que pasó ayer en Verola lo conoce ya... y vosotros... -ni palabra... y estáis rabiando porque yo os lo cuente: de donde -resulta que sois tan curiosones como yo; pero hipócritas al propio -tiempo, porque os regaláis con la fruta que buscan los que llamáis -chismosos... ¡Ay, dejadme que me siente!... estoy cansadísima... -he venido volando para contaros... No, no: punto en boca. Ahora me -vengo de los hipocritones, negándome a darles la golosina... <span -class="acoti">(Gozándose en la ansiedad de los que la rodean.)</span> -No, no: no digo nada. Sois más fisgones que yo, y más ávidos del -escándalo ajeno que yo... Mira, mira los ojos chispos del Alcaldillo... -Y el curita... cómo se relame esperando el dulce... Pues me callo... -Soy muy discreta... No me gusta meterme en vidas ajenas. <span -class="acoti">(Con énfasis cómica.)</span> Es pecado; es falta de -caridad, de delicadeza... Cada cual se las arregle para buscar la -comidilla, que a mí mi trabajito me ha costado sacarla de las entrañas -de la tierra. ¡Ahora se fastidian, se fastidian!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span>EL ALCALDE</p> - -<p>Vaya, no marees, y dinos lo que sepas.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¿Pero cómo puede usted saber...? ¿Acaso tiene espías en Verola?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Los tiene en todas partes. Son corresponsales que le escriben, y -hasta le ponen telegramas.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Espías, no; pero tengo mi representación en Verola. ¿Cómo no, -habiendo allí tanta gente gorda de la que da que hablar, y estando -además Lucrecia, que por sí se basta y se sobra para dar materia a -setenta corresponsales?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Pues suelta la sin hueso. Abre la espita. ¿Qué ha ocurrido?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">sin poder contenerse</span>.</p> - -<p>Una bronca fenomenal. Lucrecia ha reñido con el Marqués de Pescara, -el cual, en una entrevista que tuvieron en la estufa, debió de -insultarla... ¡Cosas tremendas, señores, que ponen los pelos de punta! -¡Qué tal habrá sido la gresca, que de ella resultó desafío...!</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Dios nos asista.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_358">p. 358</span>CONSUELITO</p> - -<p>La conducta del de Pescara no le pareció bien al Duquesito de -Malinas... Que si esto, que si lo otro, que patatín y que patatán. -Salieron desafiados para la frontera, donde a estas horas se habrán -disparado el uno al otro la mar de tiros.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Pero la causa, el porqué de toda esa zaragata...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Vete a saber. Probablemente celos...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Algún motivo daría Lucrecia para que el Marqués echara los pies por -alto.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>No habrá sido la Condesa quien ha dado el motivo, sino el Marqués, -que hace tiempo venía faltando...</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>¡Ah! tunante; luego tú sabes... Permítame la señora Doña -Consuelo Briján que ponga en cuarentena todo ese folletín de <i>La -Correspondencia</i> que acá nos trae...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Mis informaciones, Sr. D. Carmelo, son siempre <i>competentemente -autorizadas</i>, y proceden...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span>EL CURA</p> - -<p>De chismes de lacayos o marmitones.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Eso no: el corresponsal de mi prima en Verola es un punto que sabe -su obligación.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Tadea, la planchadora de los Donesteve.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Y que no se descuida. Larga unas cartas de seis pliegos, llenos de -garabatos, que parecen una alambrera. Esta sola los entiende.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Y que no se le escapa nada. Antes de la gresca, los Donesteve y -Lucrecia habían concertado casar a Nell con el Marquesito de Breda, -primogénito de Utrech.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Buena boda. ¿Y a Dolly?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Seguían los tratos para apalabrarla con el hijo segundo.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Eso se llama barrer para adentro.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Y qué más?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span>CONSUELITO</p> - -<p>La noticia gorda, la bomba final... ¡Ah! esa no te la digo si no me -la pagas en lo mucho que vale.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>¿Qué quieres por ella?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Me has de dar el tarro de dulce de coco con batata que recibiste -ayer de la confitería. Ya sabes que me muero por el coco.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a carcajadas</span>.</p> - -<p>Golosa había de ser.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Está bueno. ¡Que le den el dulce por las mentiras!</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">poniendo morros</span>.</p> - -<p>Pues si no me lo dan, no hay caso. No suelto una palabra.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Hija, no: lo que es el coco, no lo catas...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Pues no cataréis vosotros la miel que tanto os gusta... ¿Ves, ves al -curita cómo se relame?...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span>EL -CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p> - -<p>Vicenta, dele usted el tarro, ¡por San Blas! porque si no se lo dan, -no habla; y si no habla, revienta.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Bueno; le cederé la mitad.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Anda, cicatera... Pues la noticia es que a Lucrecia le dieron como -unos siete ataques espasmódicos, seguiditos.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Bah, bah...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Espérate... Y se tiró de los pelos, y se abofeteó a sí misma, -diciéndose por su propia boca muchas más abominaciones que han dicho de -ella las bocas de los demás.</p> - -<p class="rol">EL CURA</p> - -<p>Principio de arrepentimiento.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Como que reconocía que por haber sido ella tan alegre de cascos, -pasan estas trifulcas. Y consternada, medrosa del infierno, volvió -los ojos a la verdad, y... vamos, que se le ocurrió confesarse. <span -class="acoti">(Estupor general.)</span></p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">oficiosamente, a la -Alcaldesa</span>.</p> - -<p>Pásele usted recado, Vicenta. Dígale que estoy a sus órdenes.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span>CONSUELITO</p> - -<p><i>Tarde piache.</i> Desde Verola mandó un propio a Zaratán.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Sí, hombre... Hace dos años, se confesó también con Maroto. Por -cierto que dijimos: «Ya no volverá a las andadas.» Pero al poco -tiempo... ¡trómpolis! Lo que hacen estas: vaciar de pecados viejos -la conciencia, para hacer hueco, y poder ir estibando los pecados -nuevos.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p> - -<p>Pero entendámonos: ¿mandó aviso a Maroto anunciándole que ella iría -a Zaratán, o le suplicaba que fuese él a Verola?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>La carta no lo puntualiza. Está escrito en una postdata, momentos -antes de salir el peatón.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Bueno; y después de todo, ¿qué nos importa? La especie de la -confesión apenas vale un cuarto kilo de dulce.</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">cejijunto</span>.</p> - -<p>Sí vale, sí... En fin, Vicenta, hágame el favor de decir a la -Condesa...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Al momento voy. <span class="acoti">(Entra en la casa.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span>EL -ALCALDE, <span class="acoti">oyendo la campana que anuncia entrada -de visitante por la puerta principal del jardín, al lado opuesto -de la casa</span>.</p> - -<p>¿Quién entra?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">que ha corrido a -enterarse</span>.</p> - -<p>¡D. José, D. José!...</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>¿Quién es?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>El Prior de Zaratán.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Que pase a la sala... ¡Y me coge en zapatillas!...</p> - -<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">de mal talante</span>.</p> - -<p>Yo le recibiré.</p> - -<p class="acotj mt1">Momentos de confusión. El Padre Maroto y el -cogulla que le acompaña son recibidos por D. Carmelo. Preséntase luego -el Alcalde; baja la Alcaldesa; median las cortesanías usuales. Sube el -Prior a la estancia de la Condesa. Salen nuevamente al jardín los demás -personajes, entre ellos el monje, a quien anuncia Monedero que el señor -Prior y la compañía comerán en su casa. Alega D. Carmelo mejor derecho -y significación, que los Monederos reconocen. Después, Consuelito -entretiene con ameno coloquio al monje.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Yo espero que después de la confesión recibirá a los amigos.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span>EL -CURA, <span class="acoti">displicente</span>.</p> - -<p>¡Y si no los recibe, qué le hemos de hacer...! Yo predico esta -noche. Comenzamos la novena de la Esperanza, y entre repasar el sermón -y vestir un poquito la iglesia, se me va el día... Me parece que no -podré volver.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>¿Y las niñas?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Nell estaba con su mamá... ¿Pero no sabes?... Dolly se ha vuelto a -la Pardina, sin decirnos nada. La Condesa me encarga que la mande venir -inmediatamente. Quiere que las dos estén a su lado.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Lo que digo: es loca esa chicuela. Anda, Senén; vete a la Pardina, -y te la traes. Dile que lo manda su mamá, y que también lo mando -yo, el Presidente del Ayuntamiento. Ya le bajaremos los humos a esa -leoncita...</p> - -<p class="acotj mt1">La confesión dura cinco cuartos de hora, -determinados reloj en mano por Consuelito y D. Carmelo. Este se lleva -a su casa a los dos frailes, que resuelven quedarse en Jerusa hasta el -día siguiente, porque el Prior tiene que solventar asuntos varios en el -Ayuntamiento. Alégrase de esta detención el Cura, para que puedan oír y -apreciar su sermón de aquella noche dos teólogos insignes.</p> - -<p class="acotj">Vuelve Senén de la Pardina con la incumbencia -de que Dolly no quiere salir de allí, y que ha hecho burla del Alcalde -y de su vara, lo que saca de quicio a Monedero. Le calma su esposa con -el razonamiento de que es muy<span class="pagenum" id="Page_365">p. -365</span> natural que la chiquilla desee comer con su abuelo por -última vez. Transige D. José María, asegurando que a la tarde, o viene -la fierecilla, o va él a buscarla con la Guardia civil. Senén, que no -se da por vencido con los repetidos desaires de la Condesa, se va a su -casa, prometiendo volver al plantón a primera hora de la tarde. Es de -los que se imponen por el terror.</p> - -<p class="acotj">A la una comen los Monederos con Nell y -Consuelito. A Lucrecia se le sirve en su cuarto. Dan las dos, las -tres...</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_5">ESCENA V</h3> - -<p class="acot">Sala baja en casa del Alcalde.</p> - -<p class="acot">LA ALCALDESA; EL CONDE, que acaba de entrar; después -NELL.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">aturdida</span>.</p> - -<p>Ya me figuro, señor Conde de Albrit, a qué debo el honor de verle en -mi casa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Deseo hablar con Lucrecia. Y no sé con qué palabras solicitar de -usted la benevolencia que necesito por esta libertad, por esta osadía -de mal gusto con que llego a su casa.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¡Oh, señor Conde...!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es que su esposo de usted y yo no hacemos buenas migas. Anoche hemos -cruzado algunas palabras un tanto mordaces... Si el Sr. Monedero<span -class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span> me arroja de su casa, lo -llevaré con paciencia... <span class="acoti">(La Alcaldesa, sin saber -qué decir, hace con ojos y boca diferentes muecas y monerías.)</span> -Ya no me importa. En el conflicto en que me veo, la dignidad, ¿qué digo -dignidad? la vergüenza, no significa nada para mí. Voy derecho a mi -objeto con cara insensible, y mi objeto es...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">recobrando su -aplomo</span>.</p> - -<p>Ver a Lucrecia, sí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y me atrevo a rogar a usted que haga comprender a su amiga que solo -me mueve a molestarla la necesidad imprescindible de tratar con ella, -sin recriminaciones, un grave asunto de familia.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Yo se lo diré. No dude usted que hablaré a mi amiga con vivo -interés.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Gracias, millones de gracias, señora mía. Carmelo quedó en -proporcionarme la entrevista; mas sin duda sus ocupaciones se lo han -impedido. Cansado de esperarle, deshecho, ardiendo en impaciencia, no -he podido refrenar mi temperamento ejecutivo, y arrostrando el disgusto -del señor Alcalde, aquí me tiene usted...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">decidida a emplear un -lenguaje extremadamente fino</span>.</p> - -<p>Abrigo la esperanza de ser afortunada en la misión que usted me -confía. Pero no puedo evitar<span class="pagenum" id="Page_367">p. -367</span> al señor Conde la molestia de esperar un ratito, porque -Lucrecia, que ha venido malísima, en un estado nervioso imposible, ¡ay -qué pena! ha podido al fin conciliar el sueño. La verdad, no me atrevo -a despertarla.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">alardeando de -paciencia</span>.</p> - -<p>Aguardaré todo lo que usted quiera: tres días con sus noches, si -fuere preciso. Para mí no es molestia esperar. Si para usted no lo -es tener a este pobre viejo en su casa, aquí me estoy, sentadito, -hasta que mi ilustre nuera se digne mejorar de sus nervios, y acuerde -recibirme.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">entrando con -timidez</span>.</p> - -<p>Abuelito, hasta ahora no me habían dicho que estabas aquí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p> - -<p>Hija mía, vengo a ver a tu mamá.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Oh, cuánto sufre la pobre! Yo te ruego que no hables con ella -más que un ratito. Y si pudieras dejar la conversación para mañana, -mejor.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mañana... ¡ah! estoy muy viejo. Los viejos no pueden esperar -tanto.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Lo he dicho pensando que sería lo mismo para ti. <span -class="acoti">(El abuelo le da suavemente en la mejilla.)</span> -Porque<span class="pagenum" id="Page_368">p. 368</span> mañana no -estará mamá en disposición de que nos marchemos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Tienes prisa?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Ninguna. Lo que tengo es una penita de dejarte... ¡qué pena! Pero yo -te aseguro, te doy mi palabra, ¿me crees?... de que siempre que podamos -vendremos a verte.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con profunda -tristeza</span>.</p> - -<p>¡Ojos que te vieron ir...!</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>En buena lógica, debemos suponer, y aun afirmar, que vendrán.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah! Cuando os encontréis en ese mundo que ha de aprisionaros con -sus mil atractivos y seducciones, no os acordaréis del viejo Albrit, a -quien dejáis en Jerusa aposentado de limosna.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p> - -<p>Papaíto de mi alma, no digas que te olvidamos, porque me enfadaré -contigo. Ni yo ni Dolly podemos olvidarte. Las dos te queremos lo -mismo. Te escribiremos cartitas, y tú a nosotras también, pidiéndonos -lo que te haga falta. ¿Qué quieres, qué deseas?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por el momento, que despierte tu mamá.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_369">p. 369</span>NELL</p> - -<p>¡Si está despierta! Apenas ha dormido veinte minutos.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Pues voy allá, oficiando de introductora de embajadores.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, señora, vaya usted... Se lo agradeceré toda mi vida. <span -class="acoti">(Vase la Alcaldesa.)</span></p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">mirando al jardín</span>.</p> - -<p>Desde esta mañana, tenemos aquí a ese cataplasma de Senén con la -pretensión de que mamá le reciba.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por lo visto, hay cola. Senén y yo nos encontramos en igual -situación de solicitantes de audiencia; pero como yo estoy en -desgracia, pobre viejo que soy, y regañón insoportable, verás cómo tu -madre atiende a ese lacayo antes que a mí. Tu abuelo será el último, -lo verás... No me importa, no. Ya dijo nuestro Señor: «Los últimos -serán los primeros.» Seamos humildes, aunque, la verdad, se necesita -gran violencia y abnegación grande para ponerse en fila detrás de -Senén. <span class="acoti">(Vuelve la Alcaldesa, y suplica al Conde -que aguarde un ratito, pues antes recibirá Lucrecia a un postulante -importuno.)</span> ¿No te lo dije?</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>No: si es porque se vaya de una vez, y quitarnos de encima esa -mosca.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span>EL CONDE</p> - -<p>Bueno. Vaya delante la mosca. Luego pasará el moscardón... <span -class="acoti">(Siente subir a Senén.)</span> Ya sube ese hombre. Dios -le dé lo que no tiene: la santa concisión.</p> - -<p class="acotj mt1">(Asómase a la puerta el Alcalde, que, como ha -vuelto a ponerse las zapatillas, puede aproximarse sin hacer ruido. -Contempla con burlona sonrisa al Conde.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_6">ESCENA VI</h3> - -<p class="acot">Gabinete alto en la misma casa.</p> - -<p class="acotj mt1">LUCRECIA, recostada en un sofá con gatuna -indolencia, sin corsé, suelto y en desorden el cabello. Su rostro -desmejorado, y el centelleo insano de sus bellos ojos, son el rastro -de la furiosa tempestad; SENÉN, que, respetuoso, permanece en la -puerta.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">impaciente y -altanera</span>.</p> - -<p>Pasa y cierra... Pero no te acerques. Quédate ahí. Traerás, como -siempre, tus endiablados perfumes.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Dispense la señora... He puesto mi ropa al aire...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">desdeñosa</span>.</p> - -<p>No te aproximes... ¿Qué quieres? Dímelo pronto. Ya ves qué mala -estoy.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con falsa humildad</span>.</p> - -<p>Ya debe suponer la señora que vengo a...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_371">p. 371</span>LUCRECIA</p> - -<p>Aquello no ha podido ser.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Ya lo sé. Han nombrado a otro. Por eso digo que vengo a -quejarme...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con acritud</span>.</p> - -<p>¡A quejarte! ¿De qué? Pues eso me faltaba. ¿Crees que tengo yo en mi -mano los destinos, las fianzas, y todo eso que ambicionas?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sacando las uñas</span>.</p> - -<p>La señora no ha conseguido la fianza, que era lo principal, porque -no ha querido. Teniendo la fianza, la plaza es lo de menos. Ya tenemos -otra vacante de agente ejecutivo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Y cómo había de conseguir yo la fianza?</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">tragando saliva</span>.</p> - -<p>Ya, ya sé que al señorito Ricardo no podía pedírsela... No se -enfade la señora: yo me pongo en lo razonable... A D. Ricardo no era -posible... Pero con que la señora hubiera dicho al Duque de Utrech: -«Señor Duque, quiero...»</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span -class="acoti">interrumpiéndole</span>.</p> - -<p>¿Pero de dónde sales tú? En ese mundo de tu ambición ridícula -se pierde, por lo visto, toda noción de la realidad. Está bien: yo -no tengo<span class="pagenum" id="Page_372">p. 372</span> más que -hacer que importunar a todos mis amigos, pidiendo fianzas para este -gaznápiro.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">escondiendo las -uñas</span>.</p> - -<p>Sí, ya sé... la señora no puede... ¡Qué le hemos de hacer! Es -difícil... y además, ¿quién soy yo para que la señora se moleste por -mí? No, no lo pretendo. Los servicios que he prestado a la Condesa de -Laín, mi lealtad a toda prueba, ¿qué valen?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con arrogancia</span>.</p> - -<p>Tus servicios bien pagados están. Ea, me canso ya de -contemplaciones. Senén, no te debo nada.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">erizando el pelo</span>.</p> - -<p>Bueno... sea como la señora dice. Yo me callo. Eso he hecho yo -toda mi vida, callarme; y de tanto callar, me veo tan atrasado en mi -carrera... de tanto callar, sí, señora; y si quieren que lo pruebe, lo -pruebo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Tu silencio me importa ya tan poco, que no doy nada por él... No me -tiene cuenta.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">agachándose para dar el -salto, los verdes ojuelos centelleando</span>.</p> - -<p>Eso quiere decir que la señora en nada estima mi fidelidad, esta -fidelidad de perro, que no tiene igual... y lo pruebo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Lo que estás probando tú es mi paciencia.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_373">p. 373</span>SENÉN, -<span class="acoti">acobardado nuevamente, sin atreverse más que a -desenvainar las uñas de sus patas delanteras</span>.</p> - -<p>No molesto más. Aunque la señora me da este pago, yo no le haré -ningún perjuicio. Pero, en justicia, bien podría desquitarme. Como soy -tan caballero, me he perjudicado por guardarle la consecuencia, por -poner arrimos a su decoro, por custodiarle los secretos, por tapar la -boca de todos los que hablaban de ella... lo que la señora no debiera -oír... <span class="acoti">(En su cobardía, no hace más que enseñar -los colmillos, y tirar levemente la zarpa.)</span> Vamos, que ni por -su madre haría ningún hombre lo que yo he hecho. De suerte que si la -señora dice que no le importa...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No me importa. Vete pronto.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Pues bien puedo jurar que a mí me importa menos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Bastante tiempo he sufrido a este animalucho siniestro, con sus -garras clavadas en mí. Ya no más. Si no sales pronto, llamaré para que -te arrojen a escobazos.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>No alborote, no alborote, que es peor.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">furiosa, tirando de la -campanilla</span>.</p> - -<p>¿Cómo que es peor? ¡Trasto, si no te vas...!</p> - -<p class="acot">(Entran precipitadamente una criada, la Alcaldesa, -después el Alcalde.)</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_374">p. 374</span>SENÉN, -<span class="acoti">turbado por la rabia</span>.</p> - -<p>Si no digo nada; si yo... si es que...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Por favor, arrójenme de aquí a este hombre, y a su paso vayan -echando ácido fénico.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">con un -castañeteo de lengua, como el que se emplea para despedir -a un perro</span>.</p> - -<p>¡Eh... tú...!</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">al salir, todo uñas, -bufando</span>.</p> - -<p>Ácido fénico... Por donde ella vaya... hace más falta... y lo -pruebo.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_7">ESCENA VII</h3> - -<p class="acot">LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA, después NELL.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Hija, si llego yo a sospechar esto, cualquier día le dejo pasar.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span -class="acoti">tranquilizándoles</span>.</p> - -<p>No; si es mejor así. Se me ha resuelto un absceso; me he sacado una -muela, que me dolía horriblemente.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Pues digo, lo que le espera a usted ahora, mi querida Lucrecia.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span>LA ALCALDESA</p> - -<p>¡Ah! el león... Hija mía, no he podido evitarlo... ¿Qué había de -decirle?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Pues muy claro: que llamara a otra puerta. ¡Ah! si soy yo quien le -recibe...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sorprendiendo a todos con -su inesperada serenidad y alegría</span>.</p> - -<p>¿Queréis que os diga la verdad? Pues mi ilustre suegro, que me -inspiraba un pavor horrible, ya no... Es raro... Vamos, que ya no le -temo.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">entrando a la -carrera</span>.</p> - -<p>Mamita, por más que le digo al abuelo que mañana, insiste en que ha -de verte hoy.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Hoy, sí...</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Le digo que...?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, a Nell.</p> - -<p>Ve tú, hija, y suéltame al león. <span class="acoti">(Sale Nell -gozosa, y se precipita por la escalera.)</span></p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Nos pondremos todos en guardia detrás de esa puerta, ¡trómpolis! y -en cuanto oigamos el menor rugido...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_376">p. -376</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con locuacidad -nerviosa</span>.</p> - -<p>No es necesario... ¿No me ven tan tranquila? Me siento ahora muy -bien, despejada, casi alegre, y con ganas de ver a mi papá político, -y de pasarle la mano por la melena... Es que mi espíritu se ha -refrescado, soy otra... aire nuevo en mí. <span class="acoti">(Óyese el -tardo paso de Albrit en la escalera, y la vibrante voz de Nell.</span>) -El león sube. ¡Pobre viejo!... Ya, ya está aquí... Ya llega... Déjenme -sola con él.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Por aquí.</p> - -<p class="acot">(Vanse por la puerta de la alcoba.)</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch5_8">ESCENA VIII</h3> -</div> - -<p class="acot">LUCRECIA, EL CONDE</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Siento infinito molestar a una persona que, según me dicen, no está -bien de salud.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que permanece en -pie</span>.</p> - -<p>Me siento mejor. Tome usted asiento.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Y usted en pie?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">un tanto -cohibida</span>.</p> - -<p>Como por encanto se me ha quitado la pereza. Ya sabe usted que estos -arrechuchos nerviosos... la epidemia de las señoras... de improviso nos -acometen y de improviso también se nos pasan.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_377">p. 377</span>EL -CONDE, <span class="acoti">suspicaz</span>.</p> - -<p>Lo celebro mucho.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Enfermamos como heridas del rayo, y basta una vibración del aire -para ponernos buenas. De la espantosa crisis solo me queda cierta -alegría interna, y un deseo ardientísimo, irresistible...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">suspenso</span>.</p> - -<p>¿Qué...?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>El deseo de besarle a usted la mano... <span class="acoti">(Se -arrodilla y le besa la mano una y otra vez)</span> y de pedirle perdón -por las injurias que en aquel día triste le dirigí.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">queriendo -levantarla</span>.</p> - -<p>Lucrecia... ¿qué es esto?... <span class="acoti">(Por un momento -cree que es burla; pero no tarda en advertir la sincera emoción de la -dama.)</span></p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Mi única pena es que usted sospechará quizás... que le engaño.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, no; creo que es verdad...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que se levanta, enjugando -sus lágrimas</span>.</p> - -<p>Necesito explicar a usted cómo ha venido esta crisis... sacudimiento -moral, revolución<span class="pagenum" id="Page_378">p. 378</span> de -todo mi ser... <span class="acoti">(Se sienta. Su lenguaje es cortado, -febril.)</span> Los temblores de tierra trastornan el suelo... Una -catástrofe horrible en mis sentimientos me ha trastornado a mí, me ha -hecho morir y revivir en menos de dos días... ¿Es esto nuevo? Yo creo -que no. Ha ocurrido mil veces... Fácilmente lo comprenderá usted... -Un desengaño de los que anonadan... la perfidia de un hombre... -tempestades del alma que todo lo destruyen y todo lo iluminan. Mi dolor -ha sido como un incendio entre las ruinas... He visto mi conciencia... -la he visto. Ya sé que no debo ser la que he sido, y estoy decidida a -ser otra.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Bendito desengaño, bendita convulsión del alma, que trae el -arrepentimiento!</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Pero el arrepentimiento, lo reconozco, necesita probarse. Por eso -digo: «Espere usted y verá...»</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gozoso</span>.</p> - -<p>Pues lo veremos... y pronto... Si el arrepentimiento es verdad, nos -lo dirán los hechos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Y aguardando confiada los hechos, he querido dar a mi enmienda una -sanción soberana, una garantía que asegure mi convicción y la de los -demás. <span class="acoti">(Pausa.)</span> Hoy he confesado con el -Padre Maroto.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span>EL -CONDE, <span class="acoti">gratamente sorprendido</span>.</p> - -<p>¡Ah!... ya me dijo la niña que estuvo aquí el Prior... Mas no -sospeché...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No tenía sosiego, no podía vivir mientras no descargara mi alma de -la horrible balumba... ¡Qué alivio, qué consuelo!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Me da usted una grande alegría... Por de pronto, ¡qué situación tan -distinta de aquella... la última vez que hablamos en la Pardina!</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>En efecto, yo he variado radicalmente.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Yo también.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¿Usted? ¡Ah! sí, se ha despejado su razón, y ya no piensa en hacerme -las terribles preguntas que en aquella conferencia me hizo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mi razón no ha estado nunca turbada. ¿Y por qué no había de -repetir yo en esta ocasión la pregunta que usted llama terrible? Ya -no lo es. Su estado de conciencia facilita la respuesta, que sería -la confirmación de lo que sospecho, de lo que sé... porque al fin, -Lucrecia, he podido descubrir...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_380">p. -380</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con serena frialdad</span>.</p> - -<p>Hoy no puedo incomodarme, señor Conde. No abuse usted de que estoy -desarmada...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Incomodarse... ¿por qué?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Porque viene usted a remover en mi corazón heces muy amargas, a -trastornar de nuevo mi espíritu, queriendo penetrar los misterios -más profundos del alma y de la Naturaleza... Eso, señor mío, eso -que aun de nosotras mismas quisiéramos recatar, porque el pensarlo -solo nos avergüenza, eso, a que no doy nombre, porque si lo tiene yo -lo ignoro... <span class="acoti">(con solemnidad)</span> ya lo he -dicho a Dios, único a quien debo decirlo... Y crea usted que, para -expresarlo, he tenido que violentar mi voluntad de un modo espantoso. -Todo el que no sea Dios es un extraño, es un profano, sin derecho -ninguno a recibir declaración tan grave. Ni una palabra más. <span -class="acoti">(Pausa.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gravemente</span>.</p> - -<p>Sea. Ni una palabra más. Reconozco la extremada delicadeza del -asunto, y no puedo menos de respetar el sosiego reparador en que -hoy se halla su espíritu. No insisto. Ni es justo que la martirice -exigiéndole una manifestación dolorosa, toda vez que lo que usted había -de decirme... ya lo sé.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">desconcertada</span>.</p> - -<p>¡Que lo sabe!</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_381">p. 381</span>EL -CONDE</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="acot">(Pausa. Ambos se miran.)</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Pues si lo sabe, es más generoso no preguntármelo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy tranquilo</span>.</p> - -<p>Es verdad. A generoso no me gana nadie. Ahora conviene que haga -usted alarde de hidalguía, Lucrecia. Si le satisface que crea yo en -su arrepentimiento, empiece usted por ser magnánima, aceptando la -proposición que voy a hacerle.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Proposición!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No he venido a otra cosa. Su conformidad con mi deseo establecerá la -concordia inalterable de nuestras almas... En suma, quiero que partamos -el bien que Dios nos ha dado: las niñas. Una para usted, la otra para -mí.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con profunda intención, -que disimula</span>.</p> - -<p>¡Para usted!... <span class="acoti">(Pausa.)</span> ¿Cuál?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Acceda usted a la partición, y después escogeré. ¿A las dos las -quiere usted lo mismo?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Lo mismo: son mis hijas.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_382">p. 382</span>EL CONDE</p> - -<p>Yo no puedo decir lo propio: las dos no son mis nietas.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con temor</span>.</p> - -<p>Otra vez la tremenda interrogación.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Otra vez, y siempre... Llévese usted a una de las dos, y déjeme a mí -la otra, la que yo quiera.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Dejarla aquí, en poder de usted, y sola con usted! Señor Conde -de Albrit, eso es imposible. Además, me hace falta el amor de mis -hijas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">fríamente</span>.</p> - -<p>Y a mí el de mi nieta. Tengo derecho a ese consuelo.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Hoy es indispensable que las dos estén a mi lado, por muchas -razones. No solo debo atender a su porvenir, sino a la salud de mi -alma, a mi corrección, en una palabra. Como las plantas necesitan aire -y luz, yo necesito el cariño de esas dos criaturas, que fundiré en un -solo cariño.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>No son iguales para usted.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_383">p. -383</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con firmeza</span>.</p> - -<p>Lo son... Otra vez clava usted los ojos de su alma en lo que para -usted será siempre tremendo enigma... Son iguales, y si no lo fuesen, -yo haré que lo sean. Por nada de este mundo me separo de ellas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desconsuelo</span>.</p> - -<p>¿Y yo...?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>En ninguna situación será el Conde de Albrit un extraño para mí. -Nell y Dolly vendrán conmigo a verle... en la temporadita de verano... -y usted, como ahora, a las dos las querrá por igual... por igual. Esa -es condición indispensable para la concordia de nuestras almas, de que -usted me hablaba. Dejemos el misterio allá, ante Dios que lo ve, y -atengámonos a la realidad... convencional, a la realidad de la ley.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con arranque</span>.</p> - -<p>No... ¡Maldita sea la ley...! La Naturaleza...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡La Naturaleza, no... la ley!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">encrespándose</span>.</p> - -<p>No, no. Abomino de una ley infame. Quiero a mi nieta; me pertenece, -la reclamo, y usted me la dará.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_384">p. 384</span>LUCRECIA</p> - -<p>A mí me pertenecen las dos: las he llevado en mi seno.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desesperación, -clavándose en el cráneo los dedos de ambas manos</span>.</p> - -<p>¡Triste de mí! Lucho con la ley, lucho con la madre... contienda -imposible...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con tesón, -levantándose</span>.</p> - -<p>Y ni como madre, ni como tutora, puedo acceder a lo que mi padre -político pretende.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Será usted capaz de rechazar mi proposición, de desairarme, de -negar lo que pide el infortunado Albrit?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Con grandísima pena me veo precisada a negarlo. Mis hijas son -mis hijas. A ellas les conviene el calor maternal, y a mí el cariño -y la presencia continua de entrambas para vivir en paz con Dios, y -asegurarme la rectitud de mi alma. La una es mi deber, la otra mi -error. Mi conciencia necesita los dos testigos, las dos presencias, -para que yo pueda tener siempre entre mis brazos, sobre mi corazón, mis -buenas y mis malas acciones.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">atribulado</span>.</p> - -<p>Y entre mis brazos y en mi corazón, la soledad, el horrible vacío. -<span class="acoti">(Levantándose, altanero.)</span> No,<span -class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span> no, Lucrecia, no me -conformo... Por Dios, no me lance usted a la desesperación.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Sea usted razonable.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">suplicante</span>.</p> - -<p>Sea usted generosa.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Soy madre...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">exaltándose</span>.</p> - -<p>Soy abuelo, soy viejo... Necesito familia, amor.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>En mí y en mis hijas lo tendrá. <span class="acoti">(Con una idea -feliz.)</span> Última palabra: véngase usted con nosotras.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Con usted... con las dos! ¡Nunca!</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>¡Loca obstinación!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">brioso</span>.</p> - -<p>Entereza, sentimiento del honor.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Demencia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Si es demencia, maldita sea la razón.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_386">p. 386</span>LUCRECIA</p> - -<p>Yo arreglaré la vida de usted... yo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">inflexible</span>.</p> - -<p>Sin lo que pido, sin mi nieta, no quiero nada.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No tardará el viejo Albrit en renegar de esa independencia, impropia -de su edad y de su situación. Acójase a mí, o su vejez será muy -triste.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Nada me arredra... nada temo. Lo mismo me importa la vida que la -muerte. <span class="acoti">(Implorando.)</span> Lucrecia, por última -vez...</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No insista usted... Se cansa en vano...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Bien: no diré nada más. Ni está en mi carácter extremar la -súplica... Lucrecia, adiós para siempre.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Eso es locura.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">trémulo, -balbuciente</span>.</p> - -<p>Sí, sí... y los locos pacíficos... cuando no se les da lo que -piden, hacen lo que yo... se van. Mas no saldré sin decir a usted -que no veo, que no toco el cambio moral que debía ser resultado de -su arrepentimiento. No. Lucrecia Richmond<span class="pagenum" -id="Page_387">p. 387</span> es siempre la misma... Confesada y sin -confesar, la misma siempre... No creo que la haya perdonado Dios... ¡No -la ha perdonado, no la ha perdonado, no, no!...</p> - -<p class="acotj mt1">(Sale con vivísima agitación. Se siente su paso -inseguro por la escalera. Baja agarrándose al pasamanos. Lucrecia, muy -agitada, cae en el sofá llorosa. Acuden presurosos a ella Monedero y su -esposa.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_9">ESCENA IX</h3> - -<p class="acot">LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA; después NELL</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>¿No lo decía yo? ¿Ha sacado la zarpa?... Si estoy por bajar, y -aplacarle un poquito los humos.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No, no... ¡Pobre viejo!... Es muy sensible que no pueda yo acceder -a lo que pretende. Dejarle. <span class="acoti">(Atendiendo al ruido -de los pasos.)</span> ¿Se caerá en la escalera? Vicenta, mande usted -que le acompañe alguien. <span class="acoti">(Sale la Alcaldesa a dar -órdenes.)</span></p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>De veras, ¿no se ha desmandado?</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>No... Debemos compadecerle, cuidar de él con todo el cariño del -mundo.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">que ha visto alejarse -al Conde</span>.</p> - -<p>El pobrecito llora... Parece que no puede tenerse en pie. Pero se -resiste a que le acompañe un criado. Quiere andar solo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_388">p. 388</span>LUCRECIA</p> - -<p>Solo... ¡Qué dolor! ¡Triste ancianidad!... <span -class="acoti">(Sintiendo perturbado su espíritu.)</span> ¡Oh, Dios -mío! ¿dónde está la paz que diste a mi alma? Ese hombre me la -quitó... Es el agitador de mi conciencia... ¡Otra vez el tumulto -en mi mente... otra vez la ansiedad, el temor, la duda!... <span -class="acoti">(Consternada, alza los brazos, echa la cabeza hacia -atrás, cierra los ojos.)</span></p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>¿Otra vez mal, amiga mía?</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE</p> - -<p>Que venga el médico.</p> - -<p class="rol">LA ALCALDESA</p> - -<p>Al instante.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA</p> - -<p>Los dos... Que vengan los dos médicos. Quiero ver al Prior... Que -vuelva.</p> - -<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">oficiosamente</span>.</p> - -<p>Mandar recado a la Rectoral: allí estará.</p> - -<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">agitadísima</span>.</p> - -<p>Sí... yo no quiero ser mala; no quiero padecer... quiero curarme. -Se renueva la herida. Meteré la mano en ella, y si duele, que duela; -y si con el dolor se me acaba la vida, que se<span class="pagenum" -id="Page_389">p. 389</span> acabe. ¿Dónde está mi hija? Nell, alma -mía. <span class="acoti">(Entra Nell y se arroja en sus brazos -llorando.)</span> Ven, abrázame. ¿Verdad que no te separarás de mí, que -no quieres separarte de mí?</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con emoción -infantil</span>.</p> - -<p>Nunca, nunca.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_10">ESCENA X</h3> - -<p class="acot">Calle de Potestad, callejón del Cristo. Anochece.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, que avanza con lentitud, vacilante, tentando -las paredes; después D. PÍO.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya lo veo, ya lo veo; es lo único que veis, ojos míos... que estoy -de más en el mundo. ¡Pobre Albrit, tu vida termina...! «Imposible, ha -dicho esa mujer, imposible...» Y ese imposible cierra todo espacio a -la esperanza... Ya no hay esperanza... Vida, te acabaste; alma, vete -de aquí... El monstruo me ha negado mi consuelo, me roba el único bien -de mi triste vejez... Señor, Dios mío, ¿qué delito he cometido para -caerme en este abismo de desolación?... ¡No poder estrechar entre mis -brazos a mi hija, a mi Dolly, retoño preciosísimo de mi raza, flor -nueva de una familia que no debe extinguirse!... ¡Y se la lleva... -se las lleva a las dos, quizás para envilecerlas!... Porque no creo -en su arrepentimiento, no. Se siente abrumada por las terribles -consecuencias de sus pecados... le duele el mal... y cuando el pecado -duele,<span class="pagenum" id="Page_390">p. 390</span> el pecador -llora... Sus clamores quieren decir dolor, opresión, empacho del vicio; -mas no quieren decir arrepentimiento. Cuando el glotón se indigesta, -maldice la comida; pero pasa el mal, y vuelve a comer... No creo en tu -enmienda, diablo harto de carne, ni creo que te haya perdonado Dios... -No, a Dios no le engañas... ni tampoco al viejo Albrit... ¿Verdad, -Señor, que no la has perdonado? <span class="acoti">(Detiénese bajo un -farol, y vuelve los ojos al cielo.)</span></p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">parado en la acera de -enfrente, contemplándole</span>.</p> - -<p>¡Albrit!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Quién me llama? Conozco esa voz; es voz familiar.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">acercándose</span>.</p> - -<p>Soy Coronado, tu amigo... quiero decir, el amigo de usía. <span -class="acoti">(Le abraza.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Ah! mi único amigo quizás... Ven, acompáñame. ¿En dónde estamos? Mi -Jerusa también se vuelve contra mí, y me trastorna con el cariz nuevo -de sus calles reformadas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">guiándole</span>.</p> - -<p>Por aquí. Si va usía a la Pardina, entremos por el callejón del -Cristo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No sé a dónde voy... ¿Es de noche ya?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span>D. PÍO</p> - -<p>Sí, señor. Júpiter está encendiendo los faroles.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Quién es Júpiter?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>El farolero, señor. Se llama Jove, Pepe Jove, y yo por broma le -llamo Júpiter, aunque más le cuadraría Baco, porque es el primer -borracho de Jerusa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">abismado en sus -reflexiones</span>.</p> - -<p>¡Noche triste, más triste que aquella en que nos reunimos en el -Páramo! No hay humano juicio que pueda discernir esta noche cuál de los -dos es más desgraciado.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¡Ah, señor! ahora y siempre, Coronado se lleva la palma. Y lo -comprendería el señor Conde, si ver pudiera las magulladuras y -cardenales de mi cara, donde esas condenadas han escrito esta tarde, -con sus uñas, la maldad de sus corazones.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué me dices?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Me han insultado, clavándome sus garras en el rostro; me han herido -en la cabeza con una palmatoria... me han tenido todo el día sin comer. -Gracias que en casa de un amigo me dieron estos pedazos de pan...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_392">p. 392</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Y no las matas? Si malo es ser bueno, peor es no ser hombre.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con desprecio de sí -mismo</span>.</p> - -<p>Albrit amigo, yo no soy hombre... yo no sé lo que soy.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mátalas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¿Matar yo?... Ni un mosquito ha recibido la muerte de mi mano. -Que las espachurre Dios si quiere... Y usía, señor D. Rodrigo, -tenga la dignación de acabar conmigo esta misma noche, porque ya no -puedo más, ya no aguanto más. Coronado no ha de ver salir el sol de -mañana, porque ese sol significaría más vida; significaría luz, aire, -sonido, y yo quiero... ver las tinieblas, oír el silencio. <span -class="acoti">(Pateando con desesperación.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Así me gusta. ¿De modo que estás decidido?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Tan decidido, que todo lo he dispuesto. Escribí la carta, en la que -digo que a nadie se culpe de mi muerte, y no me he vestido de limpio, -porque esas bribonas me han empeñado la ropa... ¿Pero qué me importa la -ropa, si esta noche he de acabar? Ahora iba yo en busca de usía para -que me cumpliera lo ofrecido.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_393">p. 393</span>EL -CONDE, <span class="acoti">cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con -nerviosa fuerza</span>.</p> - -<p>Sí... lo haré, lo haré con toda el alma... Me siento esta noche... -no sé... me siento criminal.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>No será crimen, sino favor.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran -vehemencia</span>.</p> - -<p>Sí... morirás, Pío; caerás rodando por el cantil... antes de llegar -al fondo del abismo, te harás pedazos... Morirás, sí. El hombre -extremadamente bueno debe morir. Es una planta viciosa, estéril... Sí, -bendito Coronado: verás con qué gracia y con qué denuedo te arrojo a la -sombría inmensidad, como si lanzara una pelota. Aún tengo vigor para -eso y para mucho más...</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando las -castañuelas</span>.</p> - -<p>Ahora mismo, si usía quiere...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No, ahora no. Tengo que ver a mi Dolly, a mi adorada Dolly... -quiero darle el último adiós, comérmela a besos... sí, lo que se llama -comérmela... Abur, Coronado, no me sigas. Puedo andar solo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Espero a Vuecencia...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>En el Páramo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_394">p. 394</span>D. PÍO</p> - -<p>Más seguro será en las Tres Cruces, al extremo de la calleja que -sube a Santorojo, a la entradita del bosque.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Bueno... Iré. Déjame ahora.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¿No quiere usía que le acompañe?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No... ya estoy cerca.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Todo seguido. Allí se ve una luz: es la Pardina... Adiós.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Hasta luego. <span class="acoti">(Renqueando, se pierde en la -obscuridad.)</span></p> - -<p class="acot">(Después de verle entrar en la Pardina, D. Pío se -aleja.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_11">ESCENA XI</h3> - -<p class="acot">Habitación del Conde en la Pardina.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, VENANCIO, GREGORIA; después SENÉN.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">que entra y ve al Conde -revolviendo en su maleta</span>.</p> - -<p>¿Qué hace el señor Conde?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Ya lo ves: recojo algunos papeles que deseo llevar siempre -conmigo.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_395">p. -395</span>GREGORIA, <span class="acoti">alarmada</span>.</p> - -<p>¿A dónde va usía?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>A donde a vosotros no os importa. ¿Por qué no viene Dolly? Dos veces -la he mandado llamar.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Ahora vendrá.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues voy a donde quiero. A vosotros os bastará saber que os dejo en -paz.</p> - -<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">premioso, rascándose la -cabeza</span>.</p> - -<p>Me alegro de que el señor Conde facilite la separación, porque yo -vengo a decir a Vuecencia... que... que no puede seguir en mi casa.</p> - -<p class="rol">GREGORIA</p> - -<p>Nada más que por el carácter soberbio del señor Conde... que por lo -demás...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí: mi carácter altanero no se aviene con el vuestro, tan suave, tan -pacífico.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Por lo cual, he determinado que Su Excelencia se aloje en donde -guste, fuera de mi casa... Por esta noche puede quedarse; pero -mañana...</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_396">p. 396</span>EL -CONDE, <span class="acoti">con dulzura, resignado y calmoso</span>.</p> - -<p>Esta noche misma: no te apures. Tú te quedas en tu Pardina, y yo me -voy... a donde me acomode. No hablemos más. Al fin y a la postre, tengo -que agradeceros la hospitalidad que me habéis dado.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Nada tiene Vuecencia que agradecernos. Lo que me duele es que no -hayamos podido hacer buenas migas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Las migas hacedlas vosotros... y que os aprovechen... Os pido el -último favor. Traedme a Dolly. Los minutos que paso sin verla me -parecen siglos.</p> - -<p class="rol">VENANCIO</p> - -<p>Vamos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sintiendo ruido en la -puerta</span>.</p> - -<p>¡Ah! ella es...</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">entrando</span>.</p> - -<p>Soy yo, señor...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Maldito seas! <span class="acoti">(Exaltado.)</span> ¡Que venga -Dolly, que venga al instante!</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">aparte a Venancio y -Gregoria</span>.</p> - -<p>Dejadle conmigo. No hará nada, y en todo caso, yo sabré ponerle como -un guante.</p> - -<p class="acot">(Se van Gregoria y Venancio.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_12" title="ESCENA XII"><span class="pagenum" -id="Page_397">p. 397</span>ESCENA XII</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, SENÉN; después GREGORIA</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">receloso, -altanero</span>.</p> - -<p>¡Ah!... te dejan aquí, como de guardia, por temor de que yo...</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>No, señor: vengo... porque... es <i>de todo punto indispensable</i> -que hable dos palabras con usía.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Conmigo?... ¿Palabritas tú? No: tú vienes a vigilarme. Creen que -voy a pegar fuego a la casa... No, Senén; yo no hago mal a nadie, <span -class="acoti">(Óyense gritos lejanos de Dolly, llorando, pidiendo -socorro.)</span> ¡Oh! ¿qué es eso?... ¡Dolly grita... llama! ¿Es su -voz... o estoy yo loco y no sé lo que escucho?... Infames, ¿qué hacéis -a mi hija, a mi Dolly? <span class="acoti">(Furioso, se precipita hacia -la puerta. Cesan las voces.)</span></p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">cortándole el paso</span>.</p> - -<p>Deténgase usía. Ya no puede evitarlo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Qué?</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Que se la llevan. <span class="acoti">(Mira por la ventana.)</span> -Ya, ya salen con ella. <span class="acoti">(Corre Albrit a la -ventana.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Bandidos, ladrones! <span class="acoti">(Vuelve a la -puerta.)</span></p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_398">p. 398</span>SENÉN, -<span class="acoti">sujetándole</span>.</p> - -<p>Deténgase, y óigame un instante. <span class="acoti">(Cierra la -puerta y quita la llave.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">amenazante</span>.</p> - -<p>¿Qué haces?... ¡Me encierras!</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">agitadísimo</span>.</p> - -<p>Una palabra, señor Conde, una sola, y usía comprenderá que quiero -prestarle un gran servicio... Yo le explicaré...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pronto.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>La niña... Su madre la mandó llamar; no quiso ir... Ha venido el -Alcalde con toda su fatuidad, y con una pareja de la Guardia civil, y -se la ha llevado.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">fuera de sí</span>.</p> - -<p>Ábreme esa puerta, o te mato ahora mismo. Ciego, aún tengo -vigor para defenderme, para defender al ser amado. Ábreme te digo. -<span class="acoti">(Coge una silla, decidido a estrellársela en la -cabeza.)</span></p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">trémulo</span>.</p> - -<p>Abriré... pero antes... quiero deshacer el grave error de usía.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Habla... pronto.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_399">p. 399</span>SENÉN</p> - -<p>Usía, movido del honor, ha pretendido descorrer el velo, señor; -descorrer el velo...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Acaba.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sudando la gota -gorda</span>.</p> - -<p>El velo ¡ay! para descubrir la verdad, el endiablado secreto de la -familia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Y usía no ha visto nada.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí he visto.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Lucrecia no ha querido decir a su padre político la verdad... Ese -secreto, señor Conde, no lo posee más que un hombre en el mundo, y ese -hombre soy yo.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Tú!</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Yo, que lo oculté, y ahora lo revelo. La hija falsa, la hija -espúrea... es Dolly.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_400">p. 400</span>EL -CONDE, <span class="acoti">aterrado</span>.</p> - -<p>¡Oh!... No, no... ¡Tú mientes! <span class="acoti">(Poseído -súbitamente de un furor trágico.)</span> Lacayo vil, tú mientes, -y yo... ahora mismo <span class="acoti">(Se arroja sobre él, -clavándole ambas manos en el cuello)</span>, ¡te ahogo, rufián! -<span class="acoti">(Forcejean. El Conde, aunque anciano, es mucho -más vigoroso que Senén; le arroja al suelo, y oprimiéndole con el -peso de su cuerpo, le acogota.)</span> ¡Villano, serpiente!... te -mato, te ahogo, te aplasto. <span class="acoti">(Breve y formidable -lucha.)</span></p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">que al fin, con gran trabajo, -logra desasirse del Conde</span>.</p> - -<p>¡Qué furor!... ¡Así paga mi servicio! Tengo pruebas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Tus pruebas son falsas.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Ahora lo veremos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Falsario, traidor! Dolly es mi sangre.</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">trémulo, descompuesto el -rostro y el cabello, registrándose los bolsillos</span>.</p> - -<p>Aquí, aquí la verdad, señor... Tan verdad, como que hay Dios. <span -class="acoti">(Saca un paquetito de papeles.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Venga. <span class="acoti">(Arrebata el paquete que muestra Senén, -lo deshace, abre un pliego, intenta leer aproximándose a<span -class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span> la luz.)</span> No veo... -no veo... <span class="acoti">(Con desesperación.)</span> ¡Dios mío, -luz a mis ojos; quiero luz!... Este hombre me engaña.</p> - -<p class="acot">(Llaman a la puerta. Óyese la voz de Gregoria.)</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Aguarde un poco.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">consternado, -indeciso</span>.</p> - -<p>No veo... Toma, toma tus papeles... <span class="acoti">(Se los da, -y luego los retira.)</span> No... léemelo tú... pero no me engañes.</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">golpeando la -puerta</span>.</p> - -<p>Abrir... Abre, Senén.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Qué importunidad!</p> - -<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">recogiendo sus papeles de -manos del Conde</span>.</p> - -<p>Luego los veremos.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">a Gregoria, que sigue -llamando</span>.</p> - -<p>¿Qué demonios quieres? <span class="acoti">(Gregoria dice -dentro algo que Albrit no entiende. Senén aplica su oído a la -cerradura.)</span></p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>Dice que han traído una carta de la Condesa.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Para mí?... Venga pronto. <span class="acoti">(Abre Senén. -Entra Gregoria, y da una carta al Conde, que la abre con -temblorosa mano.)</span> No veo... <span class="acoti">(A Senén, -dándosela.)</span> Léemela tú.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span>SENÉN, -<span class="acoti">leyendo, alumbrado por el farol que trae -Gregoria</span>.</p> - -<p>«Señor Conde, por consejo de mi confesor, he autorizado a este para -revelar a usted la verdad que desea saber.—Lucrecia.»</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Dice eso?</p> - -<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">examinando la -carta</span>.</p> - -<p>Eso dice.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Basta.</p> - -<p class="rol">SENÉN</p> - -<p>El Prior está en la parroquia.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">disparado</span>.</p> - -<p>Corro allá.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_13">ESCENA XIII</h3> - -<p class="acotj">Iglesia parroquial de Jerusa, situada al Norte de -la villa. Es irregular, conjunto inarmónico de nobles vestigios, y -de restauraciones y enmiendas de fementido gusto. En el costado de -Poniente, conserva un bello pórtico románico rodeado de poyos de -piedra, muy cómodo para los que van a esperar la misa, o a ver salir la -gente. La puerta, que por allí da ingreso a la nave lateral, es gótica, -pintada de ocre, y sus gastadas esculturas, con las repetidas manos -de cal, parecen obra de pastelería. En un ángulo del pórtico hay una -puertecilla, de arco rebajado, que conduce a la sacristía. En diversas -partes del edificio se ve el escudo de Laín: banda de cuarteles y -un águila explayada con el lema en el pico: <i>Decor vinxit</i>. El -interior ofrece escaso interés.</p> - -<p class="acotj"><span class="pagenum" id="Page_403">p. 403</span>Como -primera noche de la novena de Nuestra Señora de la Esperanza, hay -sermón, que predica D. Carmelo, y Manifiesto. Asisten al piadoso acto -los dos monjes de Zaratán, ocupando los sitiales del presbiterio, en -que antaño se sentaban los Condes de Laín y señores de Jerusa, y hogaño -son para las autoridades y personas de viso. Ha querido D. Carmelo -deslumbrar al Prior, prodigando las luces, con ayuda de las señoras -piadosas de la villa. Cortinas de terciopelo baratito, ramos de dalias -y guirnaldas de follaje, completan la vistosa decoración.</p> - -<p class="acotj">Prevalece en Jerusa una costumbre que el progreso no -ha podido destruir, y consiste en que las mujeres usan, para ir a la -iglesia, unas mantellinas o caperuzas de franela, blancas, en forma de -saco abierto por un lado, y ribeteado de estambre de color, con una -motita en el vértice. Este tocado, que ha resistido valiente a las -anuales acometidas de la moda, es extremadamente gracioso y pintoresco, -y da a las multitudes un aspecto medieval. Úsanlo también las señoras -principales, distinguiéndose por la finura de la franela y la mayor -gala del adorno, comunmente de seda.</p> - -<p class="acotj">Sube al púlpito D. Carmelo, y enjareta un sermón -pesadito, recamado de retóricas de similor, y el indispensable -latiguillo de latinajos al final de cada período. Óyenlo con gran -recogimiento los feligreses, sin entender palabra, lo que les aumenta -la devoción, que tira un poquito a somnolencia.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, SENÉN, en la iglesia, fatigados del plantón y -del kilométrico discurso.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">de mal talante</span>.</p> - -<p>Salgamos; esto es insoportable.</p> - -<p class="rol">UN HOMBRE DEL PUEBLO, <span class="acoti">abriendo paso -al prócer</span>.</p> - -<p>¿Por qué no sube usía a su sitial, en el presbiterio?<span -class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span> Por la sacristía puede -pasar sin apreturas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Gracias, amigo... me voy fuera. Se ahoga uno aquí con tanto calor y -tanta retórica. <span class="acoti">(Salen y esperan. Ambos permanecen -silenciosos. El Conde da espacio a la ansiedad de su espíritu -paseándose.)</span></p> - -<p class="rol">SENÉN. <span class="acoti">(En el camino de la Pardina a -la iglesia, le ha contado algo de las ocurrencias y zaragata de Verola, -sin que el Conde demuestre interés alguno.)</span></p> - -<p>Pues, señor, D. Carmelo lo ha tomado con gana. ¡Vaya una correa de -sermón que se ha traído!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Es pesadísimo. Todos estos que comen mucho hablan sin término. -El chorro de palabras les facilita la digestión... ¡Y no es floja -contrariedad para mí! ¿Pero esto, Dios mío, no se acaba nunca?... Sin -duda, Carmelo quiere lucirse con el Prior, y no cae en la cuenta de que -el pobre fraile estará tan aburrido como nosotros.</p> - -<p class="acotj mt1">(Pasa tiempo. Como todo tiene fin en este mundo, -se acaba el sermón carmelino. Óyense modulaciones de órgano, cantos... -Media hora más, y empieza a salir la gente. Retírase Albrit al ángulo -del pórtico, para dar paso a la multitud, y en esto sale por la puerta -de la sacristía Nell, acompañada de Consuelito y de una criada del -Alcalde. Lleva la niña de Albrit caperuza de franela, que le da aspecto -de figura gótica, arrancada de las vitelas de un misal antiguo. Su -rostro, de hermosas líneas, adquiere distinción severa. Caen sobre sus -hombros los pliegues de la tela con suprema elegancia.</p> - -<p class="acotj"><span class="pagenum" id="Page_405">p. 405</span>Antes -que vea Nell a su abuelo, Senén llama la atención de este sobre la -aparición de la niña. Se estremece Albrit de sorpresa y emoción; la -busca con su mirada incierta. Nell le ve al fin, y corriendo hacia -él, le coge las manos y en ellas da sonoros besos. Al aproximarse la -señorita, Senén se escabulle.)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_14">ESCENA XIV</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, NELL, CONSUELITO</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Abuelito mío, ¿tú también aquí? ¿Por qué no has pasado? Arriba, -junto al altar, tienes tu silla.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¡Nell, qué hermosa estás! Te veo; veo la caperuza blanca...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">oficiosamente</span>.</p> - -<p>Esta es una de las que usó su abuelita Adelaida, Condesa de Albrit. -La conservo yo como recuerdo histórico.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con -arrobamiento</span>.</p> - -<p>Nell, veo tu rostro. Una aureola de nobleza y majestad lo -rodea...</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sorprendida de la emoción del -anciano</span>.</p> - -<p>Albrit... ¿por qué me miras así? ¿Por qué tiemblan tus manos?... -¿Lloras?</p> - -<p class="rolh"><span class="pagenum" id="Page_406">p. 406</span>EL -CONDE. <span class="acoti">(Siente hondamente removida su alma. En ella -entra una ola impetuosa. Es el convencimiento de que tiene entre sus -manos las de la legítima sucesora de Laín y de Albrit.)</span></p> - -<p>Hija mía, tu presencia me causa tanto regocijo como orgullo. Te -reconozco. Eres mi descendencia, la continuidad gloriosa de mi sangre. -¡Rama florida de Arista-Potestad, Dios te bendiga!</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">apenada, atribuyendo las -palabras del anciano a desconcierto de su razón</span>.</p> - -<p>Abuelo querido, ¿por qué has venido tan solo?</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">radiante de -oficiosidad</span>.</p> - -<p>¿Pero no hay en la Pardina quien le acompañe?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mejor estoy solo. Y tu hermana, ¿cómo no ha venido contigo?</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Mamá me ha mandado a la iglesia, encargándome que rece por ella y -por ti.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y harás bien en rezar... por ella más que por mí.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>No ha querido que venga Dolly, porque está un poco mañosa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_407">p. -407</span>CONSUELITO, <span class="acoti">que rabia por -hablar</span>.</p> - -<p>Como que fue preciso traerla a la fuerza de la Pardina.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>La pobrecita quería estar más tiempo contigo. Mañana iremos las dos -a verte.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy agitado</span>.</p> - -<p>No vayáis, no vayáis, porque no me encontraréis.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¿Pues a dónde te vas?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">velada la voz por la -emoción</span>.</p> - -<p>Sucesora de Albrit, futura Marquesa de Breda... ya sé... ya lo sé... -sigue tu camino lleno de luz, y déjame en el mío tenebroso.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">confusa</span>.</p> - -<p>Papaíto, ¿qué razón hay para tanta tristeza? ¡Si te queremos lo -mismo! Yo te aseguro que vendremos a verte, y que nos enfadaremos con -mamá si no nos trae.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>No os traerá... ¿Y para qué? ¿Qué soy yo? Un despojo miserable... -El viejo tronco muere; pero quedas tú, gallardísimo árbol nuevo, que -perpetuará mi nombre y mi raza.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con mayor ternura</span>.</p> - -<p>Abuelo mío, si tanto me quieres, ¿por qué no haces lo que yo digo, -lo que yo te mando? Eres<span class="pagenum" id="Page_408">p. -408</span> un niño, y los que te aman deben... no digo mandarte... eso -no... dirigirte. ¿Me permites que te dirija?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Marquesa de Breda, tú mandas.</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">envaneciéndose</span>.</p> - -<p>Pues si alguna autoridad tengo sobre ti, oye lo que te digo, y -hazlo, hazlo por Dios... Acepta el recogimiento de Zaratán.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">lastimado en lo más -vivo</span>.</p> - -<p>Adiós, Nell... Vete con tu madre.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>En Zaratán estarás muy bien.</p> - -<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">metiendo su -cucharada</span>.</p> - -<p>Como un príncipe, como un emperador.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>Vendremos a verte.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Adiós, Nell... <span class="acoti">(Se retira tambaleándose.)</span> -¿El Prior dónde está?</p> - -<p class="rol">NELL, <span class="acoti">gozosa, creyendo que su abuelo -busca al Prior para tratar con él de su retiro en Zaratán</span>.</p> - -<p>En la sacristía... Por aquí.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_409">p. -409</span>CONSUELITO, <span class="acoti">cogiendo a Nell de la mano y -llevándosela</span>.</p> - -<p>Niña, vámonos... Ya le has dicho lo que debías decirle. ¡Pobre -anciano! Es, en verdad, un niño... demente.</p> - -<p class="rol">NELL</p> - -<p>¡Qué pena, Dios mío!... <span class="acoti">(Llamándole.)</span> -¡Abuelo, abuelo!...</p> - -<p class="rol">CONSUELITO</p> - -<p>Déjale ya... El león arrogante y fiero entra en la sacristía. No -dudes que nuestro buen Prior le armará una bonita trampa... Verás, -verás cómo cae... <span class="acoti">(Confundidas entre la multitud, -se alejan de la parroquia.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que, tentando la pared, -logra coger la puerta, y se precipita en las salas que conducen a la -sacristía.</span></p> - -<p>¡Horrible, horrible! Ni siquiera ha manifestado el deseo de vivir -en mi compañía... Ni siquiera me ha dicho, como su madre: «Vente con -nosotras.» Lo que quiere es encerrarme... Esto es dar con el pie al -ser inútil, al ser caído, que estorba... La duda, oh Dios, me asalta -otra vez; la duda sopla otra vez en mi alma como huracán, y de las -pavesas que se iban apagando, levanta llamaradas... No, no es esta la -legítima, no puede serlo. Todos me engañan... Nell no tiene corazón; -su frialdad desdeñosa desmiente la noble sangre. No es, no es... <span -class="acoti">(Gritando.)</span> ¡Padre Maroto! ¡Prior de Zaratán!</p> - -<p class="acotj">(Tropezando, se abre camino. Un monaguillo le conduce. -El Prior sale a su encuentro. Cambian algunas palabras. Para hablar a -solas, se encierran en el camarín de la Virgen.)</p> - -<p class="acotj mt1"><span class="pagenum" id="Page_410">p. -410</span>En la confusión del gentío que se retira, Senén busca al -Conde dentro y fuera de la iglesia. Sospechando que estará en la -Rectoral, corre hacia ella por un atajo. En la obscuridad se desvía; -encuéntrase con un seto que le corta el camino; creyendo abreviar -saltándolo, sube a unas piedras, pega un brinco, y cae en un montón de -estiércol.</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_15">ESCENA XV</h3> - -<p class="acot">Calle del <i>Buen Conde</i>, que conduce de la iglesia -a la subida del <i>Calvario</i>.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, que anda como un ebrio, tropezando en el -desigual piso; UN HOMBRE DEL PUEBLO, LA MARQUEZA.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">viendo venir un -bulto</span>.</p> - -<p>Buen hombre, ¿por dónde se va al infierno?</p> - -<p class="rol">EL HOMBRE DEL PUEBLO, <span class="acoti">que no conoce -al Conde</span>.</p> - -<p>¿Tabernas? Por aquí no las hay. <span class="acoti">(Sigue su -camino.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿No hay un rayo del cielo que me haga ceniza? Nell es la verdadera; -la falsa es Dolly, Dolly, ¡la que me quiere más! ¡Vanidades del mundo, -grandezas del honor, con qué mueca tan horrible me miráis! <span -class="acoti">(Parándose ante un machón de pared que permanece vertical -entre montones de ruinas.)</span> ¿Quién va? ¿Eres tú, Senén? Lo que -me dijiste es verdad. Tu revelación traidora resulta verdadera. Es -verdad. Maroto no miente. ¿Ves qué burla?... Mis ideas me persiguen, no -ya como águilas voraces, que quieren picotearme<span class="pagenum" -id="Page_411">p. 411</span> el cerebro, sino como cotorras charlatanas, -que con su graznido, semejante al habla de hombres afeminados, se mofan -de mí... ¡Maldito rufián, déjame! Eres una babosa perfumada... hueles -horriblemente... y tu contacto da frío. No me toques.</p> - -<p class="acotj mt1">(Avanza; pasa junto al último farol de Jerusa -por aquella parte: sube por el sendero que conduce al Calvario. -En dirección contraria viene una mujer del pueblo, corpulenta y -descarnada, que no es otra que la anciana Sibila a quien llaman la -Marqueza. Lleva una cesta al brazo.)</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">parándose y -reconociéndole</span>.</p> - -<p>¡Señor, mi Conde, por aquí solito a estas horas!</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>¿Quién eres? Soy Albrit, el último Albrit de la línea masculina. -¿Tú, quién eres? <span class="acoti">(La anciana se nombra.)</span> -¡Ah! la Marqueza... Sibila de Jerusa, aquí me tienes. Ya no dudo: luego -no existo... Esto que ves en mí, no es la persona de Arista-Potestad: -es su esqueleto. No te asustes: los esqueletos no hacen daño. Asustan -por el chocar de huesos, por el mirar burlón de sus ojos vacíos... pero -nada más.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Señor, ¿qué le pasa? ¿Qué disparates dice? Voy a la Pardina con esta -cesta de caracoles que me ha encargado el Sr. Venancio. ¿Quiere algo -para allá? ¿Por qué no se viene conmigo?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_412">p. 412</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Yo a la Pardina?... ¿Has visto a las niñas de Albrit? ¡Qué feas -son!... repugnantes como gusanos venenosos. La legítima no me quiere: -me manda al manicomio. Dolly, que me ama, no es mi nieta. Es hija de -un pintor vicioso y grosero... linaje de contrabandistas en el Alto -Aragón. <span class="acoti">(Riendo sarcásticamente.)</span> Dime, -Sibila, ¿dónde está el hoyo más hondo de basura y lodo para meterme, y -hacer en él mi cama eterna? Como escarabajo, allí labraré la nueva casa -de Albrit, toda inmundicia.</p> - -<p class="rol">LA MARQUEZA</p> - -<p>Buen señor, no piense cosas malas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Vete, déjame. Si ves a Venancio, le dices que me arrodillo ante su -radiante imbecilidad... Adiós, Sibila, adiós.</p> - -<p class="acot">(Se aleja dando tumbos. La anciana sigue su camino.)</p> - - -<div class="section"> - <h3 class="g0" id="Ch5_16">ESCENA XVI</h3> -</div> - -<p class="acot">Calvario de Santorojo. Tres cruces en un altozano.</p> - -<p class="acot">EL CONDE, D. PÍO.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">viéndole subir</span>.</p> - -<p>Albrit, hijo mío, ¿qué horas son estas de venir? Ya me cansaba de -esperarte... digo, de esperar a usía.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_413">p. 413</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Quién me llama? Eres tú, excelso Coronado, mi amigo del alma. Gran -filósofo, dame la mano: no puedo ya con mis huesos, que pesan como -barras de plomo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">dándole el brazo</span>.</p> - -<p>Subamos un poco más, y nos sentaremos en la grada de las tres -cruces. ¿Qué tal? Yo vengo decidido... Como tenía mucha hambre, me he -traído estos pedazos de pan.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Dame un poco. También yo estoy desfallecido, hijo. Es cosa poco -higiénica matarse con hambre.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Claro, tomando algún alimento, podemos aguardar hasta la madrugada, -hora la más propicia...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Te arrojo a ti, y después yo.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>No, usía no; no lo consiento. Me sublevo; no hay trato.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">comiendo pan</span>.</p> - -<p>Bueno; pues juntos, en amor y compaña.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">muy apurado</span>.</p> - -<p>Usía no. Mire que aviso, y vienen los celadores. Arrójeme a mí, -según lo tratado, y váyase usía tranquilo a su casa.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_414">p. 414</span>EL CONDE</p> - -<p>¿Sabes que es amargo tu pan?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando</span>.</p> - -<p>Lo que amarga es la boca.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Soy todo amargura, y más desgraciado que tú. ¿Sabes una cosa? Mis -nietas, que yo adoraba, se diferencian poco de tus hijas. Con buenas -palabras, Nell me ha arañado el rostro. Espinas de rosas rasguñan -lo mismo que espinas de zarza... Y con todo, Nell es mi legítima -descendencia: lo sé por testimonio irrecusable. Dolly, que me ama, no -es mi descendencia; es una intrusa, la cría infame de la traición, que -con fraude se introdujo en mi casa, y se escondió entre los brocados de -Albrit.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">asustado</span>.</p> - -<p>Señor, mire lo que habla.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y yo quiero que me digas... antes de caer al abismo, lanzado por -mí... quiero que me digas, gran filósofo: ¿qué piensas tú del honor?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">lleno de -confusiones</span>.</p> - -<p>El honor... pues el honor... Yo entendía que el honor era... algo -así como las condecoraciones... Se dice también <i>honores fúnebres, el -honor nacional, el campo del honor</i>... En fin, no sé lo que es.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_415">p. 415</span>EL CONDE</p> - -<p>Hablo del honor de las familias, la pureza de las razas, el lustre -de los nombres... Yo he llegado a creer esta noche... y te lo digo con -toda franqueza... que si del honor pudiéramos hacer cosa material, -sería muy bueno para abonar las tierras.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Y criar la hermosa lechuga y el rico tomate. Para semilleros, he -oído que no hay nada como la gallinaza y palomina.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Y para la hortaliza social, para este mundo de ahora, nacido sobre -acarreos, la mejor substancia es la ignominia, la impureza y mezcolanza -de sangres nobles y sangres viles... Quedamos en que tú no aciertas -a decirme lo que es el honor, ni te has encontrado nunca esa alimaña -en tus excursiones filosóficas.</p> - -<p class="acotj mt1">(Se sientan al pie de las cruces. La noche está -plácida, y la luna, en creciente avanzado, platea el cielo y la mar, y -baña en dulce claridad la tierra.)</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">aguzando el -entendimiento</span>.</p> - -<p>Pues el honor... Si no es la virtud, el amor al prójimo, y el no -querer mal a nadie, ni a nuestros enemigos, juro por las barbas de -Júpiter que no sé lo que es.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con triste -sonrisa</span>.</p> - -<p>Ya sales con tu Mitología... Por cierto que en la fábula mitológica -no figura para nada el<span class="pagenum" id="Page_416">p. -416</span> honor: los dioses hacían el amor a las hijas del pueblo, así -como las diosas se enamoriscaban de cualquier pastor de cabras.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Como que no había más aristocracia que la hermosura.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Pues mira, sería bueno que ahora, después de bien estrellados y -deshechos contra las rocas, nos convirtiéramos tú y yo en dioses o -semidioses mitológicos.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Aunque fuera cuartos de dioses. Nos pondrían en el séquito de -Neptuno. <span class="acoti">(Un escalofrío mortal atraviesa todo su -cuerpo, y lo estremece desde la nuca al tobillo.)</span> ¡Abuelo, qué -fría estará la mar!...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Mejor. Así, fresquitos y bien desmenuzados, seremos más del gusto de -los peces.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sintiendo un intenso -pavor</span>.</p> - -<p>Es horrible... ¿Y qué hace uno en el estómago del pez?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con lúgubre -humorismo</span>.</p> - -<p>Lo que haría probablemente Jonás en el vientre de la ballena: -aburrirse... Porque no se dice que llevara periódicos que leer, ni -baraja para hacer solitarios.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_417">p. 417</span>D. PÍO, -<span class="acoti">dando diente con diente</span>.</p> - -<p>Yo me figuro que cuando llegue a lo hondo del cantil, ya no estaré -vivo... Y así es mejor, Albrit. No le gusta a uno padecer, ni aun -en el momento crítico de poner fin a sus padecimientos... Esperemos -a la madrugada, hora en que no pasa por aquí alma viviente. Hasta -media noche, hay el peligro de que algún pescador rezagado pase, nos -vea, y nos denuncie... <span class="acoti">(Descubriendo un bulto -lejano.)</span> ¡Ah! por allí viene alguien.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Será un vagabundo... quizás un animal; que en las noches claras, -como en días de brillante sol, suelen confundirse los cuadrúpedos con -las personas.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">observando -atentamente</span>.</p> - -<p>Es una mujer.</p> - -<p class="acot">(Pausa. En el silencio grave de la noche, suena -como vibración intensa de la atmósfera la voz de Dolly gritando: -<i>¡Abuelo!</i>)</p> - - -<h3 class="g0" id="Ch5_17">ESCENA ÚLTIMA</h3> - -<p class="acot">EL CONDE, D. PÍO, DOLLY</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">despavorido, agarrándose a -D. Pío</span>.</p> - -<p>¡La voz de Dolly!... ¡Será una racha de viento!... Dios mío, ¡qué -extraña sensación!</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Pues, sí, me parece que es Dolly. <span class="acoti">(Poniéndose en -pie y llamando.)</span> Niña, estamos aquí.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_418">p. 418</span>EL CONDE</p> - -<p>¡Dolly! ¿Pero qué...? ¿Se abre la tierra y me traga?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">andando hacia las cruces, sin -correr, porque cojea un poco, como si le doliera un pie</span>.</p> - -<p>¡Abuelito querido... lo que me ha costado encontrarte! ¿Sabes? Me -escapé de casa. Corrí a la Pardina, y en la puerta me encontré a la -Marqueza con una cesta de caracoles, y me dijo que te había visto subir -hacia el Calvario. <span class="acoti">(Acercándose.)</span> ¿Pero qué -haces? ¿Vuelves la cara? <span class="acoti">(El Conde se agarra tan -fuertemente a D. Pío, que parece querer estrujarle.)</span></p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Cuenta, niña... Hemos oído mal. ¿Dices que te escapaste?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Tuve que saltar por la verja... Me lastimé un pie... A Monedero se -le antojó ponerme presa en su despacho, porque dije a mamá que a todo -trance quiero quedarme en Jerusa con el abuelo, y vivir siempre con -él... ¡Ay, lo que he corrido!</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con estupor -terrorífico</span>.</p> - -<p>Veo la ignominia, veo la sublimidad, no sé lo que veo... ¿Se hunde -el cielo, se acaba el mundo, o qué pasa aquí?</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">acongojada</span>.</p> - -<p>Papaíto, ¿por qué no miras a tu Dolly?... ¿Qué dices?... ¿Ya no -quieres a tu Dolly?</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_419">p. 419</span>EL -CONDE, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p> - -<p>Eres mi oprobio... Dolly... ¿por qué me amas?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¡Vaya una pregunta! <span class="acoti">(Acariciándole.)</span> Ya -te dije esta mañana en la Pardina que tu Dolly no se separará nunca -de ti... A donde tú vayas, voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero -compartir tu pobreza, cuidarte, ser la hijita de tu alma.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con grandísima -agitación</span>.</p> - -<p>¡Oh, Dolly, Dolly!...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>¿Qué tienes?...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo, -y se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no -cabe...</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita -coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo. -<span class="acoti">(Le abraza y le besa.)</span></p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">alelado</span>.</p> - -<p>Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero -pisotea el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_420">p. 420</span>DOLLY</p> - -<p>Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a -donde quiera que vayas...</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p> - -<p>Si no te llevo, ¿qué?</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Me moriré de pena.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">elevando hacia el cielo -las palmas de sus manos</span>.</p> - -<p>Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre -debo dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?... -Del seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que -de nada valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser -humano. Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es -lo que permanece... El ánima no se oxida.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con hermosa -ingenuidad</span>.</p> - -<p>Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor? -¿En dónde está la verdad?</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">abrazando a -Dolly</span>.</p> - -<p>Aquí... <span class="acoti">(Como quien vuelve de un -desvanecimiento.)</span> Dime, amigo Coronado, ¿he dicho muchos -disparates? Porque siento que vuelve a mí la razón.<span -class="pagenum" id="Page_421">p. 421</span> Esta chiquilla, -trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo, trepidando, recobro mi -equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella sola me ama, y consagra -a este pobre viejo su florida juventud.</p> - -<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">besándole</span>.</p> - -<p>Albrit, ¿quién te quiere?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Tú sola.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>No te llamaré Albrit, sino <i>Abuelo</i>.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el -sentido que quieras.</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con unción</span>.</p> - -<p>Dios es el abuelo de todas las criaturas.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo -barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a -escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás?</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sollozando</span>.</p> - -<p>Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie -me ha querido. Lo juro por la laguna Estigia.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_422">p. 422</span>EL CONDE</p> - -<p>¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... <span -class="acoti">(Con resolución, incorporándose.)</span> Vámonos.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>¿A dónde?</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son -pobres; pero a Dolly no le importa la pobreza.</p> - -<p class="rol">DOLLY</p> - -<p>Con mi cariño te haré yo rico.</p> - -<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con ardiente -júbilo</span>.</p> - -<p>Coronado, ¿has oído esto?</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos. -Ahora hablan.</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la -amistad. Ven, síguenos.</p> - -<p class="rol">D. PÍO. <span class="acoti">señalando el -cantil</span>.</p> - -<p>Pero...</p> - -<p class="rol">EL CONDE</p> - -<p>Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que -me tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos.</p> - -<p class="rol">D. PÍO</p> - -<p>Escondámonos en cualquier aldea.</p> - -<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_423">p. 423</span>EL CONDE</p> - -<p>Dios nos protege. <span class="acoti">(A Dolly.)</span> ¿Está -cojito mi ángel? Ven a mis brazos. Pesas poco, y yo aún tengo vigor -para cargarte. <span class="acoti">(La toma en brazos.)</span> Vámonos -primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas.</p> - -<p class="acotj mt1">Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de -los senderos y atajos, va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no -cansar al abuelo, se desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen -en las lomas que separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la -aldea de este nombre y en una pobre casa de labor, les da generosa y -cordial hospitalidad un matrimonio dedicado a la cría de carneros y -vacas; gente sencilla; un par de viejos honradísimos y joviales, que -allí habían nacido, y allí moraban desde tiempo inmemorial; restos -nobilísimos, olvidados ya, del poderoso Estado de Laín. Amanece.</p> - -<p class="acotj">Al filo del mediodía, llega la pareja de la -Guardia civil con una carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice -así: «<i>Señor Conde, puesto que usted quiere a Dolly, y Dolly le -quiere, doy mi consentimiento para que viva en su compañía, por sus -días. Y que estos sean muchos desea ardientemente su hija</i>—<span -class="smcap">Lucrecia</span>.»</p> - -<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">entre helechos, -filosofando</span>.</p> - -<p>¿El mal... es el bien?</p> - - -<p class="fin">FIN DE LA NOVELA</p> - - -<p class="acotj mt3">Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de -1897.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <h2 class="nobreak">ÍNDICE</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<table class="toc" summary=""> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdrb smaller bb">Págs.</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch01">Prefacio</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_v">v</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch02">Dramatis Personæ</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_2">2</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA PRIMERA</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_1">Escena primera</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_3">3</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_2">Escena II</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_13">13</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_3">Escena III</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_29">29</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_4">Escena IV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_40">40</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_5">Escena V</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_44">44</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_6">Escena VI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_56">56</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_7">Escena VII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_57">57</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_8">Escena VIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_59">59</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_9">Escena IX</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_64">64</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_10">Escena X</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_68">68</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_11">Escena XI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_70">70</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch1_12">Escena XII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_74">74</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA SEGUNDA</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_1">Escena primera</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_81">81</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_2">Escena II</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_83">83</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_3">Escena III</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_90">90</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_4">Escena IV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_95">95</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_5">Escena V</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_118">118</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch2_6">Escena VI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_140">140</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA TERCERA</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_1">Escena primera</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_145">145</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_2">Escena II</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_158">158</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_3">Escena III</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_163">163</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_4">Escena IV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_169">169</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_5">Escena V</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_179">179</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_6">Escena VI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_183">183</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_7">Escena VII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_186">186</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_8">Escena VIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_192">192</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_9">Escena IX</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_215">215</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_10">Escena X</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_225">225</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_11">Escena XI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_227">227</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_12">Escena XII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_243">243</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch3_13">Escena XIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_247">247</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA CUARTA</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_1">Escena primera</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_251">251</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_2">Escena II</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_254">254</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_3">Escena III</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_260">260</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_4">Escena IV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_267">267</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_5">Escena V</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_270">270</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_6">Escena VI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_275">275</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_7">Escena VII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_280">280</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_8">Escena VIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_281">281</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_9">Escena IX</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_290">290</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_10">Escena X</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_294">294</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_11">Escena XI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_299">299</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_12">Escena XII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_302">302</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_13">Escena XIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_320">320</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_14">Escena XIV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_325">325</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch4_15">Escena XV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_332">332</a></td> - </tr> - <tr> - <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA QUINTA</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_1">Escena primera</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_341">341</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_2">Escena II</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_347">347</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_3">Escena III</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_351">351</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_4">Escena IV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_355">355</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_5">Escena V</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_365">365</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_6">Escena VI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_370">370</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_7">Escena VII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_374">374</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_8">Escena VIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_376">376</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_9">Escena IX</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_387">387</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_10">Escena X</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_389">389</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_11">Escena XI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_394">394</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_12">Escena XII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_397">397</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_13">Escena XIII</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_402">402</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_14">Escena XIV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_405">405</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_15">Escena XV</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_410">410</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_16">Escena XVI</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_412">412</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl"><a href="#Ch5_17">Escena última</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_417">417</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap" /> - - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state -visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Please check the Project Gutenberg web pages for current donation -methods and addresses. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/66488-h/images/cover.jpg b/old/66488-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 39b6e02..0000000 --- a/old/66488-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/66488-h/images/logo.jpg b/old/66488-h/images/logo.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3957043..0000000 --- a/old/66488-h/images/logo.jpg +++ /dev/null |
