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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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-The Project Gutenberg eBook of El abuelo, by Benito Pérez Galdós
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: El abuelo
- Novela en cinco jornadas
-
-Author: Benito Pérez Galdós
-
-Release Date: October 7, 2021 [eBook #66488]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS. Las acotaciones escénicas aparecen entre
- ~virgulillas~.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- * Se ha añadido un Índice al final del libro pese a que el original
- impreso no lo incluye.
-
-
-
-
-EL ABUELO
-
-
-
-
- Es propiedad. Queda hecho
- el depósito que marca la ley.
- Serán furtivos los ejemplares
- que no lleven el sello del
- autor.
-
-
-
-
- NOVELAS ESPAÑOLAS CONTEMPORÁNEAS
- POR
- B. PÉREZ GALDÓS
-
- EL ABUELO
-
- (NOVELA EN CINCO JORNADAS)
-
- [Ilustración]
-
- MADRID
- EST. TIP. DE LA VIUDA E HIJOS DE TELLO
- IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M.
- C. de San Francisco, 4
- 1897
-
-
-
-
-A los lectores que con tanta indulgencia como constancia me favorecen,
-debo manifestarles que en la composición de EL ABUELO he querido
-halagar mi gusto y el de ellos, dando el mayor desarrollo posible,
-por esta vez, al procedimiento dialogal, y contrayendo a proporciones
-mínimas las formas descriptiva y narrativa. Creerán, sin duda, como
-yo, que en esto de las formas artísticas o literarias _todo el monte
-es orégano_, y que solo debemos poner mal ceño a lo que resultare
-necio, inútil o fastidioso. Claro es que si de los pecados de
-tontería o vulgaridad fuese yo, en esta o en otra ocasión, culpable,
-sufriría resignado el desdén de los que me leen; pero al maldecir mi
-inhabilidad, no creería que el camino es malo, sino que yo no sé andar
-por él.
-
-El sistema dialogal, adoptado ya en _Realidad_, nos da la forja
-expedita y concreta de los caracteres. Estos se hacen, se componen,
-imitan más fácilmente, digámoslo así, a los seres vivos, cuando
-manifiestan su contextura moral con su propia palabra, y con ella,
-como en la vida, nos dan el relieve más o menos hondo y firme de sus
-acciones. La palabra del autor, narrando y describiendo, no tiene,
-en términos generales, tanta eficacia, ni da tan directamente la
-impresión de la verdad espiritual. Siempre es una referencia, algo
-como la _Historia_, que nos cuenta los acontecimientos y nos traza
-retratos y escenas. Con la virtud misteriosa del diálogo parece
-que vemos y oímos sin mediación extraña el suceso y sus actores, y
-nos olvidamos más fácilmente del artista oculto que nos ofrece una
-ingeniosa imitación de la naturaleza. Por más que se diga, el artista
-podrá estar más o menos oculto; pero no desaparece nunca, ni acaban de
-esconderle los bastidores del retablo, por bien construidos que estén.
-La impersonalidad del autor, preconizada hoy por algunos como sistema
-artístico, no es más que un vano emblema de banderas literarias, que si
-ondean triunfantes, es por la vigorosa personalidad de los capitanes
-que en su mano las llevan.
-
-El que compone un asunto y le da vida poética, así en la Novela como
-en el Teatro, está presente siempre: presente en los arrebatos de la
-lírica, presente en el relato de pasión o de análisis, presente en
-el Teatro mismo. Su espíritu es el fundente indispensable para que
-puedan entrar en el molde artístico los seres imaginados que remedan el
-palpitar de la vida.
-
-Aunque por su estructura y por la división en jornadas y escenas parece
-EL ABUELO obra teatral, no he vacilado en llamarla novela, sin dar a
-las denominaciones un valor absoluto, que en esto, como en todo lo
-que pertenece al reino infinito del arte, lo más prudente es huir de
-los encasillados, y de las clasificaciones catalogales de géneros y
-formas. En toda novela en que los personajes hablan, late una obra
-dramática. El Teatro no es más que la condensación y acopladura de todo
-aquello que en la Novela moderna constituye acciones y caracteres.
-
-El arte escénico, propiamente dicho, ha venido a encerrarse en nuestra
-época (por extravíos o cansancios del público, y aun por razones
-sociales y económicas que darían materia para un largo estudio)
-dentro de un módulo tan estrecho y pobre, que las obras capitales de
-los grandes dramáticos nos parecen _novelas habladas_. Saltando de
-nuestras pequeñeces a los grandes ejemplos, pregunto: el _Ricardo III_
-de Shakespeare, colosal cuadro de la vida y las pasiones humanas,
-¿puede ser hoy considerado como obra teatral _práctica_? Hace un siglo
-lo representaba Garrick íntegramente, y existía un público capaz de
-entenderlo, de sentirlo, y de asimilarse su intensísima savia poética.
-Hoy aquella y otras obras inmortales pertenecen al teatro ideal,
-leído, sin _ejecución_; arte que por la muchedumbre y variedad de sus
-inflexiones, por su intensidad pasional, en un grado que no resiste lo
-que llamamos público (mil señoras y mil caballeros sentaditos en una
-sala), difícilmente admite intermediario entre el ingenio creador y el
-ingenio leyente, que ambos creo han de ser ingenios para que resulte la
-emoción y el gusto fino de la belleza.
-
-Que me diga también el que lo sepa si la _Celestina_ es novela o drama.
-_Tragicomedia_ la llamó su autor; _drama de lectura_ es realmente, y,
-sin duda, la más grande y bella de las novelas habladas. Resulta que
-los nombres existentes nada significan, y en literatura la variedad
-de formas se sobrepondrá siempre a las nomenclaturas que hacen a su
-capricho los retóricos. Solo tengo que decir ya a mis buenos amigos,
-que sin cuidarse de _cómo se llama_ esta obra, humilde ensayo de
-una forma que creo muy apropiada a nuestra época, tan gustosa de lo
-sintético y ejecutivo, la acojan con benevolencia.
-
- B. P. G.
-
-
-
-
-EL ABUELO
-
-
-
-
-DRAMATIS PERSONÆ
-
-
- D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE ALBRIT, SEÑOR DE JERUSA Y DE
- POLAN, etc., abuelo de
- LEONOR (NELL), y
- DOROTEA (DOLLY).
- LUCRECIA, CONDESA DE LAÍN, madre de Nell y Dolly, y nuera del Conde.
- SENÉN, criado que fue de la casa de Laín; después, empleado.
- VENANCIO, antiguo colono de la Pardina; actualmente propietario.
- GREGORIA, su mujer.
- EL CURA DE JERUSA (D. Carmelo).
- EL MÉDICO (D. Salvador Angulo).
- EL ALCALDE (D. José M. Monedero).
- LA ALCALDESA (Vicenta).
- D. PÍO CORONADO, preceptor de las niñas Nell y Dolly.
- CONSUELO, viuda rica, chismosa.
- LA MARQUEZA, viuda campesina, pobre.
- EL PRIOR DE LOS JERÓNIMOS (Padre Maroto).
-
-
-~La acción se supone en la villa de _Jerusa_ y sus alrededores; las
-principales escenas en la _Pardina_, granja que perteneció a los
-Estados de Laín. Careciendo esta obra de colorido local, no tienen
-determinación geográfica el país ni el mar que lo baña. Todos los
-nombres de pueblos y lugares son imaginarios. Época contemporánea.~
-
-
-
-
-JORNADA PRIMERA
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-~Terraza en la _Pardina_. A la derecha, la casa; al fondo, frondosa
-arboleda de frutales; a lo lejos, el mar.~
-
-~GREGORIA, junto a una mesa de piedra, desgranando judías en la falda;
-VENANCIO, que viene por la huerta y se entretiene con un criado,
-observando los frutales. En la mesa una cesta de hortalizas.~
-
-GREGORIA
-
-¡Eh... Venancio!... Que estoy aquí.
-
-VENANCIO
-
-Voy... Más de cincuenta _duquesas_ se han caído con el ventoleo de
-anoche.
-
-GREGORIA
-
-¡Anda con Dios!... Deja las peras, y ven a contarme... ¿Es verdad
-que...?
-
-~(Entra _Venancio_, respirando fuerte, y limpiándose el sudor de la
-cabeza, trasquilada al rape. Gregoria espera impaciente la respuesta.~
-
-~Son marido y mujer, de más de cincuenta años, ambos regordetes y
-de talla corta, de cariz saludable, coloración sanguínea y mirar
-inexpresivo. Pertenecen a la clase ordinaria, que ha sabido ganar
-con paciencia, sordidez y astucia una holgada posición, y descansa
-en la indiferencia pasional, y en la santa ignorancia de los grandes
-problemas de la vida. El rostro de ella es como una manzana, y el de
-él como pera, de las de piel empañada y pecosa. No tienen hijos, y
-cansados de desearlos principian a alegrarse de que no hayan querido
-nacer. Se aman por rutina, y apenas se dan cuenta de su felicidad,
-que es un bienestar amasado en la sosería metódica y sin accidentes.
-Gruñen a veces, y rezongan por contrariedades menudas que alteran la
-normalidad de reloj de sus plácidas existencias. En edad madura viven
-donde han nacido, y son propietarios donde fueron colonos. Su única
-ambición es vivir, seguir viviendo, sin que ninguna piedrecilla estorbe
-el manso correr de la onda vital. El hoy es para ellos la serie de
-actos que tiene por objeto producir un mañana enteramente igual al
-ayer. Visten el traje corriente y general, así en pueblos como en
-ciudades, muy apañaditos, limpios, modestos. Gregoria es hacendosa,
-guisandera excelente, tocada del fanatismo económico, lo mismo que su
-marido. Este entiende de labranza y horticultura, de caza y pesca,
-de algunas industrias agrícolas, y no es lerdo en jurisprudencia
-hipotecaria, ni en todo lo tocante a propiedad, arrendamientos,
-servidumbres, etc. Para entrambos la Naturaleza es una contratista
-puntual, y una despensera honrada, como ellos prosaica, avarienta,
-guardadora.)~
-
-VENANCIO
-
-¡Brrr...!
-
-GREGORIA
-
-Pero, hombre, sácame de dudas. ¿Es cierto lo que han dicho? ¿Tendremos
-tarasca?
-
-VENANCIO
-
-Sí. ¿Has visto tú alguna vez que falle una mala noticia?
-
-GREGORIA, ~suspensa~.
-
-¿Y cuándo llega la señora Condesa?
-
-VENANCIO
-
-Hoy... Pero no te apures: se alojará en casa del señor Alcalde.
-
-GREGORIA
-
-Menos mal. ~(Volviendo a desgranar.)~ Pues otra... Si llega también el
-señor Conde, se juntarán aquí el agua y el fuego.
-
-VENANCIO
-
-Se pelearán, hoy como ayer... Suegro y nuera rabian de verse juntos.
-Si no quedaran de uno y otro más que los rabos, ¡qué alegría!... Por
-supuesto, al señor Conde habremos de alojarle.
-
-GREGORIA
-
-¿Qué duda tiene? No faltaba más... Yo digo: ¿vienen y se topan aquí
-por casualidad... o es que se dan cita para tratar de asuntos de la
-casa?... porque de resultas de la muerte del Condesito habrá enredos...
-
-VENANCIO
-
-¿Yo que sé? La Condesa Lucrecia vendrá, como siempre, a dar un vistazo
-a sus hijas.
-
-GREGORIA
-
-Y a pagarnos la anualidad vencida por el cuidado, manutención y
-servicio de las dos señoritas que puso a nuestro cargo... ¡Ah,
-ruin pécora...! Las tiene en este destierro para poder zancajear y
-divertirse sola por esos Parises y esas Ingalaterras de Dios... o del
-diablo... ¡Tunanta! Lo que yo te digo, Venancio: comprendo que su
-suegro, el señor Conde de Albrit, que es el primer caballero de España,
-¡y que lo digan! le tenga tan mala voluntad a esa condenada extranjera,
-de quien se enamoró como un tontaina su hijo (que esté en gloria)... Lo
-que no me cabe en la cabeza es que parezca por aquí, si sabe que ha de
-hocicar con ella... O será que lo ignora... ¿Qué piensas, hombre?
-
-VENANCIO, ~revolviendo en la cesta de hortalizas~.
-
-Pronto hemos de ver si vienen a posta los dos, o si la casualidad les
-hace empalmar en Jerusa... ¡Y que no traerán ella y él las uñas bien
-afiladas!... Créetelo... hemos de ver por tierra mechones de barbas
-blancas o de pelos rubios, y tiras de pellejo... porque si el Conde D.
-Rodrigo quiere a su hija política como a un dolor de muelas, ella en la
-misma moneda le paga.
-
-GREGORIA
-
-Yo digo lo que tú: el pobre D. Rodrigo viene a que le demos de comer.
-
-VENANCIO
-
-Así lo pensé cuando supe su viaje.
-
-GREGORIA
-
-Es cosa averiguada que no ha traído de América el polvo amarillo que
-fue a buscar.
-
-VENANCIO
-
-Ha traído el día y la noche. Cuando embarcó para allá, había
-desperdigado toda su fortuna... Esperaba recoger otra, que le ofreció
-el Gobierno del Perú por las minas de oro que allá tuvo su abuelo, el
-que fue Virrey... Pero no le dieron más que sofoquinas, y ha vuelto
-pobre como las ratas, enfermo y casi ciego, sin más cargamento que el
-de los años, que ya pasan de los setenta... Luego, se le muere el hijo,
-en quien adoraba...
-
-GREGORIA
-
-¡Infeliz señor!... Venancio, tenemos que ampararle.
-
-VENANCIO
-
-Sí, sí, no salgan diciendo que no es uno cristiano. ¡Quién lo había
-de pensar!... ¡Nosotros, Gregoria, dando de comer al Conde de Albrit,
-el grande, el poderoso, con una cáfila de reyes y príncipes en su
-parentela, el que no hace veinte años todavía era dueño de los términos
-de Laín, Jerusa y Polan!... Díganme luego que no da vueltas el mundo...
-
-GREGORIA, ~acentuando con un manojo de judías~.
-
-¿Oyes lo que te digo? Que tenemos que ampararle. Es nuestro deber.
-
-VENANCIO, ~filosofando con un tomate que coge de la cesta~.
-
-¡Qué caídas y tropezones, Gregoria; qué caer los de arriba, y qué
-empinarse los de abajo!... Claro, le ampararemos, le socorreremos.
-Ha sido nuestro señor, nuestro amo; en su casa hemos comido, hemos
-trabajado... Con las migajas de su mesa hemos ido amasando nuestro
-pasar. ~(Levántase con aire de protección.)~ Pues, sí: hay aquí
-cristianismo, delicadeza... ~(Coge otro tomate y admira su belleza
-y tamaño.)~ Estos son tomates, Gregoria... Que venga el Cura
-refregándonos los suyos por las narices... Pues, sí, mujer: me da
-lástima del buen D. Rodrigo.
-
-GREGORIA, ~contestando a la apología del tomate~.
-
-Pero las judías no granaron bien. ~(Mostrándolas.)~ Mira esto...
-También a mí me aflige ver tan caidito al señor Conde... Parece
-castigo... y si no castigo, enseñanza.
-
-VENANCIO
-
-Castigo, has dicho bien. Todo ello por no ser económico, y no pensar
-más que en darse la gran vida, sin mirar al día de mañana. Ahí tienes
-el caso, Gregoria, y pónselo delante a los que le critican a uno por
-la economía. En fiestas y viajes, en caballos y trenes, en convitazos
-y otras mil vanidades, se le escurrieron al señor los bienes de la
-casa de Albrit, y parte de los de Laín, que eran de su madre. La casa
-venía empeñada de atrás, pues dicen las historias que ningún Conde de
-Albrit supo arreglarse. Mira por dónde las culpas de todos las paga
-este desdichado. Ya ves, después que le dejan en cueros los acreedores,
-le falla el negocio de América; luego le quita Dios el hijo, y se
-encuentra mi hombre al fin de la vida, miserable, enfermo, sin ningún
-cariño... Es triste, ¿verdad?
-
-GREGORIA
-
-Ahora caigo en que viene a ver a sus nietas: sí, Venancio, anda en
-busca de un querer que dé consuelo a su alma solitaria...
-
-VENANCIO, ~cogiendo de la cesta una berenjena~.
-
-Puede ser... ¿Y qué tienes que decir de estas berenjenas?
-
-GREGORIA
-
-No son malas... Lo que digo es que al señor Conde le atrae el
-calorcillo de la familia.
-
-VENANCIO
-
-Pero ya verás: mi D. Rodrigo, buscando el agasajo, mete la mano en el
-nidal, y toca una cosa fría que resbala... ¡Ay! Es el culebrón de la
-madre, es la extranjera, la mala sombra de la familia, pues desde que
-el Conde D. Rafael casó con esa berganta, la casa empezó a hundirse...
-~(Poniendo en el cesto la berenjena con que acciona.)~ En fin, que
-en tomates y berenjenas no hay quien nos tosa... pero no sabemos qué
-vientos echan para acá al señor Conde de Albrit.
-
-GREGORIA
-
-Él nos lo dirá. Y si se lo calla, no callarán sus hechos. ~(Dando por
-terminada su tarea, y pasando de la falda a un cesto las judías.)~
-No te descuides, Gregoria; que venga por lo que venga, tienes que
-prepararle una buena mesa... Ya es un respiro que la extranjera no se
-nos meta en casa.
-
-VENANCIO
-
-Y aunque viniera... Nunca está más de dos días o tres. Jerusa es muy
-chica; y esa necesita tierra ancha para zancajear a gusto.
-
-GREGORIA, ~asaltada de una idea~.
-
-¡Ay, Venancio de mi alma, lo que se me ocurre! ¡No haber caído en ello
-ni tú ni yo! ¿Apostamos a que Doña Lucrecia viene a llevarse sus niñas?
-
-VENANCIO, ~permaneciendo largo rato con la boca abierta~.
-
-Puede que aciertes... Ya son grandecitas... mujercitas ya. Pues, mira,
-nos fastidia...
-
-GREGORIA
-
-¡Hijo de mi alma, cuándo nos caerá otra breva como esta!
-
-VENANCIO, ~paseándose meditabundo~.
-
-No es mucho lo que nos pasa cada trimestre por cuidarlas y mantenerlas;
-pero algo es algo: rentita puntual, saneada... No, no: verás como no se
-las lleva.
-
-GREGORIA
-
-Ea, no nos devanemos los sesos por adivinar hoy lo que sabremos mañana.
-~(Dispónese a pasar a la casa.)~
-
-VENANCIO
-
-¿Sabes tú quién nos lo va a decir? Pues Senén. Desde ayer está aquí.
-
-GREGORIA
-
-¿Senén?... ¿El de la Coscoja?... Sí: las niñas me dijeron que le habían
-visto, y que está hecho un caballero.
-
-VENANCIO
-
-Empleado público, funcionario, como quien dice, nada menos que en las
-oficinas de Hacienda de Durante[1]. Fue criado de la Condesa, que en
-premio de sus buenos servicios le ha dado credenciales, ascensos; en
-fin, que de un gaznápiro ha hecho un hombre.
-
- [1] La capital de la provincia.
-
-GREGORIA
-
-Le protege, según dicen, porque le servía de correveidile y de
-tapa-enredos en sus...
-
-VENANCIO
-
-Chist... Cuidado... puede llegar... Le espero. Ha quedado en traerme
-noticias.
-
-GREGORIA, ~bajando la voz~.
-
-De tapadera en sus trapisondas amorosas... Ello es que siempre que nos
-visita la señora, recala Senén, y no la deja vivir con su pordioseo
-impertinente: que si la recomendación; que si la tarjeta al Jefe; que
-si la carta al Ministro, o al demonio coronado... Y como la tal Condesa
-es persona de grandes influencias, y trae a los personajes de allá
-cogidos por el morro...
-
-VENANCIO
-
-Senén es listo, se cuela por el ojo de una aguja. Pues me ha contado
-que doña Lucrecia salió de Madrid el 12, y que de aquí irá a visitar a
-los señores de Donesteve en sus posesiones de Verola. Todo lo sabe el
-indino. Él es quien ha dicho al Alcalde que la señora llega hoy, y...
-¡Ah, pues se me olvidaba lo mejor! Le harán un gran recibimiento, por
-los grandes beneficios y mejoras que Jerusa le debe.
-
-GREGORIA
-
-¡Festejos! ¡Y aquí no sabíamos nada!... Y de esta visita del Conde,
-¿tenía Senén conocimiento?
-
-VENANCIO
-
-¡Pues no! Como que se le han respingado las narices de tanto olfatear,
-de tanto meterlas en todos los secreticos de la casa en que sirvió
-antes de andar en oficinas. Se cartea con marmitones y cocheros de la
-casa de Laín, y allí no vuela una mosca sin que él lo sepa.
-
-GREGORIA, ~alegre~.
-
-Pues ese, ese pachón de vidas ajenas nos ha de sacar de dudas.
-
-VENANCIO
-
-Ya tarda... Me dijo que a las diez. Ha ido a telegrafiar al jefe de la
-estación de Laín, y al Alcalde de Polan...
-
-GREGORIA, ~mirando a la huerta~.
-
-Me parece que está ahí... Alguien anda por la huerta llamándote.
-
-VENANCIO
-
-Él es... ~(Llama.)~ ¡Senén, Senén, chicooo...!
-
-
-ESCENA II
-
-~GREGORIA, VENANCIO; SENÉN, de veintiocho años, más bien más que menos,
-vestido a la moda, con afectada elegancia de plebeyo que ha querido
-cambiar rápidamente y sin estudio la grosería por las buenas formas.
-Su estatura es corta; sus facciones aniñadas, bonitas en detalle, pero
-formando un conjunto ferozmente antipático. Pelito rizado; chapas
-carminosas en las mejillas; bigote rubio retorcido en sortijilla. Lucha
-por su existencia en el terreno de la intriga, olfateando las ocasiones
-ventajosas, y utilizando la protección y gratitud de las personas a
-quienes ha prestado servicios de ínfima calidad, sobre los cuales
-guarda cuidadoso secreto. Ya no se acuerda de cuando andaba descalzo
-y harapiento por las mal empedradas calles de Jerusa. Nacido de la
-_Coscoja_, viuda pobre, que adormecía sus penas emborrachándose, Senén
-vivió de la caridad pública hasta que fue recogido por los Condes de
-Laín, que lo pusieron a la escuela, y después le tomaron a su servicio.
-Fue pinche de cocina, escribiente, ayuda de cámara, hasta que su
-agudeza, reforzada por ardiente ambición de dinero, le emancipó de la
-servidumbre. En diversos trabajos y granjerías, hubo de probar fortuna:
-viajante de comercio, corredor de vinos, administrador de periódicos, y
-por fin la Condesa le abrió los espacios de la Administración pública
-con un destinillo de Hacienda, al que siguieron ascensos, comisiones y
-otras gangas. Compensa la cortedad de su inteligencia con su constancia
-y sagacidad en la adulación, su olfato de las oportunidades, y su arte
-para el pordioseo de recomendaciones. Su egoísmo toma más bien formas
-solapadas que brutales, y para disimularlo, el instinto, más que la
-voluntad, le sugiere la economía, y todo el ahorro compatible con el
-lucimiento y afeite de su persona. Guarda su dinero, y se apropia
-todo lo que sin peligro puede apropiarse. En lo que no es ostensible,
-o sea en el comer, gasta lo indispensable, reservando casi todo su
-peculio para el _coram vobis_. Su vicio es la buena ropa, y su pasión
-las alhajas; lleva constantemente tres sortijas de piedras finas en el
-meñique de la mano izquierda, y al llegar a Jerusa ha sacado a relucir
-un alfiler de corbata, que es ¡ay! la desazón de sus compatriotas de
-ambos sexos.~
-
-SENÉN
-
-Allá voy. Estaba mirando las peras... ~(Entra en la terraza.)~ Hola,
-Gregoria; usted siempre tan famosa.
-
-GREGORIA
-
-¡Y tú qué guapo... y qué bien hueles, condenado! Estás hecho un
-príncipe.
-
-SENÉN
-
-Hay que pintarla un poquillo, Gregoria. Es uno esclavo de la posición.
-
-VENANCIO, ~impaciente~.
-
-Vengan pronto esas noticias.
-
-SENÉN
-
-La Condesa llegará a Laín en el tren de las doce y cinco. He tenido
-un parte. ~(Mostrándolo.)~ Se lo he llevado al Alcalde, que no estaba
-seguro de la hora de llegada.
-
-GREGORIA
-
-Y D. José irá a esperarla en su coche.
-
-VENANCIO
-
-Claro.
-
-SENÉN, ~sentándose con indolencia. (Se cuida mucho de emplear un
-lenguaje muy fino.)~
-
-Y el Municipio ¡oh! le prepara un gran recibimiento, una ovación
-entusiasta.
-
-GREGORIA
-
-¡A tu ama!
-
-SENÉN
-
-A la que fue mi ama. ¡Estaría bueno que no se hicieran los honores
-debidos a la ilustre señora, por cuya influencia ha obtenido Jerusa
-la estación telegráfica, la carretera de Forbes, amén de las dos
-condonaciones!
-
-GREGORIA
-
-Puede que, si hay festejos, tengamos aquí a Doña Lucrecia más tiempo
-del que acostumbra.
-
-SENÉN
-
-Creo que no; está invitada a pasar unos días en Verola con los señores
-de Donesteve.
-
-VENANCIO
-
-¿Y del Conde qué me dices?
-
-SENÉN
-
-Que Su Excelencia debió llegar a Laín anoche, o esta mañana en el
-primer tren. De modo que no me explico... digo que no me explico, mi
-querido Venancio, que no le tengas ya en tu casa.
-
-GREGORIA
-
-De fijo habrá ido a Polan a visitar el sepulcro de su esposa, la
-Condesa Adelaida.
-
-VENANCIO
-
-Bueno, Senén. Tú que todo lo sabes... naturalmente, has vivido en la
-intimidad de la familia, conoces sus costumbres, la manera de pensar de
-cada uno, sus discordias y zaragatas, dinos... ¿D. Rodrigo y su nuera
-se encontrarán aquí por casualidad, o es que...?
-
-SENÉN, ~seguro, dándose importancia.~
-
-No: se han dado cita en Jerusa.
-
-GREGORIA
-
-¿Cómo es eso? ¿Y para qué se citan los que se aborrecen? ¿Qué hacen?
-
-SENÉN
-
-Lo contrario de lo que hacen los que se aman. Los amantes se acarician;
-estos se muerden.
-
-VENANCIO
-
-Vamos, es al modo de un desafío... Dicen: «en tal parte, a tal hora,
-nos juntamos para rompernos el bautismo.»
-
-GREGORIA
-
-Será que el señor Conde, que no ha visto a su nuera desde que él
-embarcó para el Perú, querrá ajustar con ella alguna cuenta...
-
-VENANCIO
-
-De interés, o de cosas tocantes al honor de la familia, pues para nadie
-es un secreto... no te enfades, Senenillo... que tu protectora la
-señora Condesa... En fin, no está bien que yo repita...
-
-SENÉN
-
-Sí, que el repetir es cosa fea. ¿Qué les importa a ustedes, ni qué me
-importa a mí, que el señor Conde de Albrit y su nuera la Condesa viuda
-de Laín se peleen, se arañen y se tiren de los pelos por un pedacito
-así de honra, o por un pedazo grande...? pongamos que es un pedazo de
-honra tan grande como esta casa.
-
-VENANCIO
-
-Tiene razón Senén. _Haiga_ virtud o no la _haiga_, nada nos dan ni nada
-nos quitan.
-
-SENÉN
-
-Yo no sé sino que el viejo Albrit, que hasta ahora, desde la muerte de
-su hijo, no se ha movido de Valencia, escribió a la Condesa...
-
-VENANCIO, ~riendo~.
-
-Pidiéndole dinero.
-
-SENÉN
-
-Hombre, no: le proponía una entrevista para tratar de asuntos graves...
-
-GREGORIA
-
-De asuntos de familia. Y como la Condesa no quiere altercados en
-Madrid, porque allí puede haber escándalo, y se entera todo el mundo,
-y hasta lo sacan los papeles, le ha citado en este rincón de Jerusa,
-donde solo vivimos cuatro papanatas, y si hay zipizape aquí se queda, y
-la ropa sucia, en casita se lava. ¿Qué tal, señor cortesano, entiendo
-yo a mi gente?
-
-VENANCIO
-
-Dí que no es lista mi mujer.
-
-SENÉN, ~risueño y galante.~
-
-Sabe griego y latín. ¡Vaya un talento! Y para acabar de granjearse mi
-estimación, me va a traer un vasito de cerveza. Estoy abrasado.
-
-GREGORIA
-
-Ahora mismo: hubiéraslo dicho antes. ~(Entra en la casa, llevándose las
-hortalizas.)~
-
-VENANCIO
-
-Y tú, rey de las hormigas, ¿qué pretendes ahora de tu ama? ¿Otro
-ascenso, una plaza mejor?
-
-SENÉN
-
-Quiero adelantar, salir de esta miseria de la nómina, del triste jornal
-que el Gobierno nos da por aburrirnos, y aburrir al país que paga.
-
-VENANCIO
-
-Picas alto. Digan lo que quieran, chico, tú tienes mucho mérito. Yo te
-vi salir del lodo.
-
-SENÉN
-
-Y me verás subir, subir... El lodo, créeme, es un gran trampolín para
-dar el salto.
-
-~GREGORIA, que vuelve con la cerveza y copas, y les sirve.~
-
-Dime, Senenillo, ¿y para tus medros, no te agarras también a los
-faldones del señor Conde?
-
-SENÉN
-
-Albrit no tiene una peseta, y nadie le hace caso ya.
-
-VENANCIO
-
-Ese roble ya no da sombra, y solo sirve para leña.
-
-~GREGORIA, que sentándose entre los dos bebedores de cerveza, acaricia
-a Senén.~
-
-Vamos a ver, hijo, ¿por qué no nos cuentas el por qué y el cómo de que
-tan mal se quieran la Condesa viuda y el abuelo? Tú lo sabes todo.
-
-VENANCIO
-
-Vaya si lo sabe; pero no muerde el gozque a quien le da de comer.
-~(Senén paladea la cerveza, dándose aires de madrileño, y calla.)~
-
-GREGORIA
-
-Ya lo ves: callado como un besugo. Dinos otra cosa. Será cuento todo
-eso que se dice de tu señora... Es cuento, ¿verdad?
-
-SENÉN, ~enfático.~
-
-Me permitiréis, queridos amigos, que no hable mal de mi bienhechora.
-Os diré tan solo que es un corazón tierno, y una voluntad generosa y
-franca hasta dejárselo de sobra. No le pidáis gazmoñerías, eso no. Es
-mujer de muchísimo desahogo... Compadece a los desgraciados y consuela
-a los afligidos. Y como persona de instrucción, no hay otra: habla
-cuatro lenguas, y en todas ellas sabe decir cosas que encantan y
-enamoran.
-
-VENANCIO
-
-Todas esas lenguas, y más que supiera, no bastan para contar los
-horrores que acerca de ella corren en castellano neto.
-
-SENÉN, ~endilgando sabidurías que aprendió en los cafés.~
-
-¡Horrores!... No hagáis caso. La honradez y la no honradez, señores
-míos, son cosas tan elásticas, que cada país y cada civilización...
-cada civilización, digo, las aprecia de distinto modo. Pretendéis
-que la moralidad sea la misma en los pueblos patriarcales, digamos
-primitivos, como esta pobre Jerusa, y en los _grandes centros_...
-¿Habéis vivido vosotros en los _grandes centros_?
-
-VENANCIO
-
-Ni falta.
-
-SENÉN
-
-Pues en los _grandes centros_ veríais otro mundo, otras ideas, otra
-moralidad. La Condesa Lucrecia no es una mujer; es una dama, una gran
-señora. ¿Qué? ¿Que le gusta divertirse? Cierto que sí; se divierte por
-la noche, por la mañana y por la tarde... No, no me saquéis el Cristo
-de la moralidad. Yo os digo, y lo pruebo, que es cosa esencial en las
-sociedades que las damas se diviertan, porque del divertirse damas y
-galanes viene el lujo, que es cosa muy buena... ~(Riendo del asombro de
-sus interlocutores.)~ Ya... papanatas; creéis que es malo el lujo...
-Vivís en Babia. Pues os digo, y lo pruebo, que el lujo es lo que
-sostiene la industria... la industria de los _grandes centros_, por la
-cual y con la cual, lo pruebo, come todo el mundo. _Reasumiendo_: que
-si hubiera moralidad, tal y como vosotros la entendéis, la gente no se
-divertiría, y sin diversiones, no tendríamos lujo, y _por ende_, no
-habría industrias: la mitad de los que hoy comen se morirían de hambre,
-y la otra mitad mascarían tronchos de berzas.
-
-VENANCIO
-
-Vaya que eres parlanchín, y entiendes la aguja de marear.
-
-GREGORIA, ~imitando, sin saberlo, a las brujas de Macbeth.~
-
-¡Senén, tú serás ministro!
-
-SENÉN
-
-¿Ministro yo? No, no: mi ambición, como nacida del lodo, no quiere
-viento, sino barro, barro substancioso que amasar. _Mis tendencias_ son
-a lo positivo; _tiendo_ a ganar dinero, mucho dinero. No me conformo
-con un sueldo más o menos cuantioso; ambiciono más, ambiciono el
-trabajo libre...
-
-GREGORIA
-
-Manos libres, quieres decir.
-
-VENANCIO. ~(Da un cigarro a Senén, y fuman los dos.)~
-
-Lo que tú buscas, tunante, es una dote; andas a la husma de una rica
-heredera.
-
-GREGORIA
-
-Por eso vistes tan elegantito, y te quitas el pan de la boca para
-comprarte trapos... Por eso gastas anillos, y te echas esencia en el
-pañuelo. Vaya, que hueles bien. ~(Oliéndole.)~ ¿Qué es eso? ¿Heliotropo?
-
-SENÉN, ~reventando de fatuidad~.
-
-Es mi perfume favorito... Pues no he pensado en casarme, y lo pruebo.
-Claro, si se me presentase una buena ganga matrimonial, no la
-desperdiciaría. Estamos a la que salta.
-
-GREGORIA
-
-Por un camino o por otro, has de ser rico.
-
-VENANCIO
-
-A trabajar, se ha dicho. En la corte hay mil maneras de afanar el
-garbanzo.
-
-GREGORIA
-
-Allí donde hay bambolla, derroche, y donde los ricos por su casa
-gastan, según dicen, más de lo que tienen, el pobre allegador,
-económico y despabilado como tú, sabe encontrar piltrafa. Ahí tienes el
-caso del señor Conde. Toda su riqueza se ha repartido entre muchos que
-andaban quizás con los codos al aire.
-
-VENANCIO
-
-Prestamistas, curiales, cuervos y buitres, y todos los golosos de carne
-muerta.
-
-SENÉN, ~desdeñoso~.
-
-Mal fin ha tenido el prócer. Vaya usted preparando, Gregoria, las
-buenas calderadas de patatas, las sopitas de leche, para que se
-acostumbre a la frugalidad, y olvide sus hábitos gastronómicos.
-
-GREGORIA
-
-No, no: lo que es hoy, al menos, si viene, tengo que prepararle una
-buena comida.
-
-VENANCIO
-
-Como se entretenga en Polan y no coja el coche que ha salido de allí a
-las diez, no vendrá hasta mañana.
-
-SENÉN
-
-_Me inclino a creer_ que le veremos venir en carreta, porque el buen
-señor padece tal _tronitis_, que no tendrá para el coche.
-
-GREGORIA
-
-No exageres... Esos nobles arrumbados siempre guardan algo para sus
-últimas, y también te digo que suelen encontrar algún tonto que les
-alimente los vicios.
-
-SENÉN
-
-Albrit no tiene más vicios que la rabia de verse pobre, y el orgullo de
-casta, que se le ha recrudecido con la pobreza.
-
-GREGORIA, ~intranquila~.
-
-Dime, Senén, ¿y al señor Conde no le dará la ventolera de quitarnos a
-las niñas?
-
-SENÉN
-
-¿Para qué?... ¿Y a dónde las lleva?
-
-VENANCIO
-
-A un colegio de Francia.
-
-SENÉN
-
-No temáis perder esta ganga. El Conde no tiene con qué pagarles un buen
-colegio, y la mamá no está por esos gastos, que _dejarían indotado_ su
-presupuesto. Todo es poco para ella. Además, la presencia de las niñas
-en sociedad junto a ella, la envejece. _Su obsesión_ es ser joven, o
-parecerlo.
-
-VENANCIO
-
-Su... ¿qué has dicho? ¡Vaya unas palabras finas que te traes!
-
-GREGORIA, ~incomodándose~.
-
-Pero ya son creciditas, jinojo... Algún día tiene que presentarlas en
-la corte, casarlas...
-
-SENÉN
-
-¿Casarlas? Dificilillo es... y lo pruebo.
-
-GREGORIA
-
-¿Cómo no, si son tan monas?
-
-SENÉN
-
-Les concedo el buen palmito. Pero cualquiera carga con ellas, educadas
-en la ñoñería, con hábitos y maneras de pueblo, y, por añadidura,
-pobres... porque la Condesa está dando aire a la fortuna, y cuando
-toquen a liquidar, no habrá más que pagarés vencidos, cuentas no
-liquidadas, y el diluvio... Ya lo dijo Luis XV ~(estropeando el
-francés)~: _Apré muá, le diluch._
-
-GREGORIA, ~incomodándose más~.
-
-La madre será lo que quieran: una feróstica, una púa extranjera; pero
-Dorotea y Leonor a ella no salen, digo que no salen... y lo pruebo
-también.
-
-VENANCIO
-
-Son buenísimas, aunque algo traviesas; almas puras, ángeles de Dios,
-como dice D. Carmelo.
-
-GREGORIA
-
-Créelo, Senén; las quiero como si fueran mis hijas, y el día que se las
-lleven me ha de costar algunas lágrimas.
-
-SENÉN, ~con impertinencia~.
-
-¿Y de instrucción, qué tal?
-
-VENANCIO
-
-Poca cosa les enseña D. Pío, el maestro jubilado del pueblo. Sobre
-que él sabe poco, no tiene carácter, y las chicas le han tomado por
-monigote para divertirse.
-
-GREGORIA
-
-Todo el día se lo pasan enredando. Ya se ve: no están en su esfera,
-como dice Angulo, nuestro médico.
-
-VENANCIO, ~repitiendo una frase del Doctor~.
-
-Su institutriz es la Naturaleza, su elegancia la libertad, su salón el
-bosque. Bailan al compás de la mar con la orquesta del viento.
-
-SENÉN, ~que se levanta, recordando con inquietud algo que había
-olvidado~.
-
-¡Buena la hemos hecho!
-
-VENANCIO
-
-¿Qué te pasa?
-
-SENÉN
-
-Que con tanto charlar se me olvidó el encargo del señor Alcalde.
-
-GREGORIA
-
-¿Para nosotros?
-
-SENÉN
-
-Sí... ¡qué cabeza! Pues que inmediatamente le llevéis las niñas, para
-que la Condesa las vea en cuanto llegue.
-
-VENANCIO
-
-Es natural. Y comerán allí.
-
-SENÉN
-
-¿Están en casa?
-
-GREGORIA
-
-De paseo andan por el bosque. ~(Mirando hacia la izquierda.)~ No las
-veo.
-
-VENANCIO
-
-Correteando, y de juego en juego, se habrán ido a media legua de
-Jerusa.
-
-SENÉN
-
-¿Y las dejáis andar solas por el bosque?
-
-GREGORIA
-
-Solitas van. Todo el mundo las respeta.
-
-VENANCIO
-
-Hay que ir corriendo a buscarlas.
-
-SENÉN
-
-Si queréis, iré yo... ¿No saben todavía que hoy viene su mamá?
-
-GREGORIA
-
-No lo saben... ¡pobres hijas!
-
-SENÉN
-
-Pues yo se lo diré, y las traeré por delante, como un pavero de Navidad.
-
-VENANCIO
-
-Las encontrarás, de fijo, bosque arriba, en el sendero de Polan... Pero
-mira, chico, no les hagas la corte. Verdad que sería inútil.
-
-SENÉN, ~con ganas de irse pronto~.
-
-¿La corte yo?... ¿Yo, _este cura_? ¡Señoritas que no viven en _su
-elemento_ y reúnen todo lo malo, orgullo y pobreza...!
-
-GREGORIA
-
-Están verdes.
-
-SENÉN
-
-Que las madure quien quiera. ¿Decís que bosque adentro?...
-
-VENANCIO
-
-Vete, y tráelas pronto.
-
-GREGORIA
-
-Vivo... ~(Viéndole partir.)~ ¡Vaya un pájaro!
-
-VENANCIO
-
-¡Vaya un peje!
-
-
-ESCENA III
-
-~Bosque en las inmediaciones de Jerusa, formado de corpulentos robles,
-hayas y encinas. Lo atraviesa un tortuoso sendero, donde se ven los
-surcos trazados por los carros del país. Por el Norte, formidable
-cantil de roca y conglomerado, en cuyos cimientos baten las olas del
-mar; al Sur cierra el paisaje la espesura de la vegetación; hacia el
-Oeste serpentea y se subdivide el sendero, atravesando algunas calvas y
-espesos matorrales.~
-
-~LEONOR y DOROTEA, niñas de quince y catorce años respectivamente,
-lindas, graciosas, de tipo aristocrático, la tez bronceada por el
-aire marino y el sol. Son negros sus ojos, rasgados, melancólicos;
-negro también su cabello, peinado al descuido en moño alto. Se lo
-adornan con flores silvestres, que van clavando en él como se clavan
-los alfileres en un acerico. La diferencia de edad, un año y meses,
-apenas en ellas se distingue, y por gemelas las tienen muchos, viendo
-la semejanza de sus rostros, y la igualdad del talle y estatura. Son
-ágiles, correntonas, traviesas; dos diablillos encantadores. Visten,
-con sencillez graciosa y elegancia no aprendida, trajecitos claros,
-cortados y cosidos en Jerusa. La modestia da más realce a su gentileza
-vivaracha, y les imprime cierta gravedad dulce cuando están quietas.
-Desde la niñez, su madre, irlandesa, las nombraba con los diminutivos
-ingleses NELL y DOLLY, y estos nombres exóticos prevalecieron en Madrid
-como en Jerusa. Las acompaña y juega y brinca con ellas un perrito
-canelo, de pelo largo y fino, hocico muy inteligente, rabo que parece
-un abanico. Atiende por _Capitán_.~
-
-DOLLY
-
-Estoy cansada; yo me siento. ~(Se recuesta en el tronco de un roble.)~
-
-NELL
-
-Estoy entumecida; yo quiero correr. ~(Disparándose en carrera circular,
-vuelve al punto de partida.)~
-
-DOLLY, ~mirando a la copa del árbol~.
-
-¡Qué gusto poder subir, y posarse en una rama!... ¡Nell!
-
-NELL
-
-¿Qué quieres?
-
-DOLLY
-
-Decirte una cosa. ¿Qué te apuestas a que me subo a este árbol?
-
-NELL
-
-Te desgarrarás el vestido...
-
-DOLLY
-
-Lo coseré... sé coser tan bien como tú... ¿A que me subo?
-
-NELL
-
-No está bien. Nos tomarían por chiquillas de pueblo.
-
-DOLLY, ~que suspendiéndose de una rama, se balancea~.
-
-Pues ser chiquilla de pueblo o parecerlo, ¿crees tú que me importa
-algo? Dime, Nell, ¿andarías tú descalza?
-
-NELL
-
-Yo no.
-
-DOLLY
-
-Yo sí... Y me reiría de los zapateros. ~(Viendo que Nell se sienta y
-saca un librito.)~ ¿Qué haces?
-
-NELL
-
-Quiero repasar mi lección de Historia. Ya hemos corrido bastante;
-estudiemos ahora un poquito. Acuérdate, Dolly: ayer, D. Pío te dijo que
-no sabes jota de Historia antigua ni moderna, y en buenas formas te
-llamó burra.
-
-DOLLY
-
-Burro él... Yo sé una cosa mejor que él: sé que no sé nada, y D. Pío no
-sabe que no sabe ni pizca.
-
-NELL
-
-Eso es verdad... Pero debemos estudiar algo, aunque no sea más que por
-ver la cara que pone el maestrillo cuando le respondemos bien. Es un
-alma de Dios.
-
-DOLLY
-
-Mejor la pone cuando le damos alguna golosina, de las que guardamos
-para _Capitán_.
-
-NELL
-
-Anda, ven; estudiemos un poquito. ¿Sabes que es un lío tremendo esto de
-los Reyes godos?
-
-DOLLY
-
-El demonio cargue con ellos. Son ciento y la madre... y con unos
-nombres que pican como las zarzas, cuando una quiere metérselos en la
-memoria.
-
-NELL
-
-Ninguno tan antipático y majadero como este señor de Mauregato.
-
-DOLLY
-
-¡Valiente bruto!
-
-NELL
-
-Nada: que tenían que echarle cien doncellas por año para desenfadarle.
-
-DOLLY
-
-Para desengrasar, como dice D. Carmelo.
-
-NELL
-
-La verdad es que la Historia nos trae acá mil chismes y enredos que no
-nos importan nada.
-
-DOLLY. ~(Siéntase junto a su hermana. El perro se echa entre las dos.)~
-
-Figúrate qué tendremos que ver nosotras con que hubiera un señor que se
-llamaba Julio César, muy vivo de genio... Ni qué nos va ni nos viene
-con que le matara otro caballero, cuyo nombre de pila era Bruto... ¿A
-mí qué me cuenta usted, señora Historia?
-
-NELL
-
-Pero, hija, la ilustración... ¿A ti no te gustaría ser ilustrada?
-
-DOLLY, ~acariciando al perrito~.
-
-Ilústrate tú también, _Capitán_. La verdad: me carga la ilustración
-desde que he visto que también se ha hecho ilustrado Senén. ¿Te
-acuerdas de cuando estuvo aquí hace dos meses, creyendo que venía mamá?
-
-NELL
-
-Sí: a cada instante sacaba la Edad Media, y qué sé yo qué.
-
-DOLLY
-
-¡Qué tendremos nosotras que ver con las edades medias o partidas!... Y
-el mejor día nos salen con que a Cleopatra le dolían las muelas.
-
-NELL
-
-O que a Doña Urraca le salieron sabañones.
-
-DOLLY
-
-Pero, en fin, nos ilustraremos algo, puesto que mamá, en todas sus
-cartas, nos manda que aprendamos, que seamos aplicaditas.
-
-NELL
-
-Mamá nos idolatra; pero no nos lleva consigo. ~(Con tristeza.)~ ¿Por
-qué será esto?
-
-DOLLY
-
-Porque, porque... Ya nos lo ha dicho. Como nos criamos tan raquíticas,
-quiere que engordemos con los aires del campo. Ya sabe mamá lo que hace.
-
-NELL
-
-Mamá es muy buena. Pero que venga al campo con nosotras a robustecerse
-también.
-
-DOLLY
-
-Tonta, ¿no le oíste decir que se espanta de engordar, y que lo que
-quiere ahora es enflaquecer?
-
-NELL
-
-Gorda o flaca, mamá es guapísima.
-
-DOLLY
-
-Sí que lo es... Ya nos llevará consigo cuando seamos mayores. Yo no
-tengo prisa.
-
-NELL, ~rayando la tierra con su dedito~.
-
-Como prisa, yo tampoco.
-
-DOLLY
-
-Me gusta el campo.
-
-NELL
-
-Y la soledad, ¡que me gusta!
-
-DOLLY
-
-En la soledad piensa una mejor que entre personas.
-
-NELL
-
-¡Y esta libertad...!
-
-DOLLY, ~poniendo en dos patas al perrito~.
-
-Yo te digo una cosa: creo que cuanto más salvajes, más felices somos.
-
-NELL
-
-Eso no: la civilización, Dolly...
-
-DOLLY
-
-Me carga la civilización desde que oigo hablar tanto de ella a nuestro
-amigo el Alcalde, que se ha hecho rico y personaje fabricando fideos.
-
-NELL, ~mordiendo el palo de una florecita~.
-
-Salvaje no quiero yo ser... ni civilizada a estilo de D. José Monedero.
-También te digo que dentro de la civilización puede existir la soledad
-que tanto me agrada. ¿A ti no se te ha ocurrido alguna vez ser monjita?
-
-DOLLY
-
-¡Ay, no! Nunca he pensado en eso.
-
-NELL
-
-Yo sí, sobre todo cuando nos llevan a misa a las Dominicas. ¡Qué
-iglesita más mona y más sosegada! Me figuro yo que de aquellas rejas
-para dentro hay una paz, una tranquilidad...
-
-DOLLY, ~recogiendo piedrecitas~.
-
-La religión es cosa bonita... lo mejor entre lo bueno. El rezar
-consuela... Pero eso de estar siempre rezando, siempre, siempre...
-francamente, hija... Y metida entre rejas, como están las monjas, ni
-ves árboles, ni ves flores...
-
-NELL
-
-Tonta, si tienen huertas y jardines...
-
-DOLLY
-
-Pero no ves el mar.
-
-NELL
-
-¡Bah!... Veo a Dios, que es más grande.
-
-DOLLY
-
-¡Si Dios está en todas partes! ¿Crees que no está también aquí, oyendo
-todo lo que decimos?
-
-NELL
-
-Pero no le vemos ni le oímos nosotras.
-
-DOLLY
-
-Hay que mirar bien, Nell, y escuchar callandito.
-
-~(Pausa. Las dos, silenciosas y un tanto sobrecogidas, exploran con
-lento mirar el horizonte, mar y cielo, y la sombría espesura del
-bosque.)~
-
-NELL
-
-¿Qué oyes?
-
-DOLLY
-
-Como un aliento muy grande. ¿Y tú, qué ves?
-
-NELL
-
-Como una mirada grandísima. ~(Otra pausa larga. Bruscamente, como quien
-vuelve sobre sí, se incorpora.)~ Pero se nos va el tiempo charlando, y
-no hemos estudiado ni una letra.
-
-DOLLY
-
-¡Está el día tan hermoso!
-
-NELL
-
-Salimos con ganas de leer. Tú dijiste que estudiaríamos en el campo
-mejor que en casa.
-
-DOLLY
-
-Porque allí nos molestaban los berridos de Venancio.
-
-NELL, ~repitiendo una frase de su maestro~.
-
-¡Sus, valientes, y a los libros! ~(Dando a su hermana el manualito de
-Historia.)~ Mira, lees en alta voz, y así nos enteramos las dos a un
-tiempo.
-
-DOLLY. ~(Toma el libro y levántase de un brinco.)~
-
-Dame acá. ¿Sabes lo que se me ocurre? Que conviene que se instruyan
-también los pájaros... Toda la ciencia no ha de ser para nosotras.
-~(Lanzando el libro a los aires con fuerte impulso.)~
-
-NELL
-
-¿Qué haces, tonta? ~(El libro, abierto en el aire y dando al viento sus
-hojas, describe una curva, y se detiene al fin en una rama de encina,
-como pájaro que se posa.)~
-
-DOLLY
-
-Ya lo ves. ~(El perro se entrega al trajín inocente de cazar moscas.)~
-
-NELL
-
-¡Buena la has hecho! ¿Y cómo lo cogemos ahora?
-
-DOLLY
-
-De ninguna manera. Los pájaros se enterarán ahora de lo que hicieron D.
-Alejandro Magno, el señor de Atila y el moro Muza.
-
-NELL, ~riendo~.
-
-¡Si a los pajaritos todo eso les tiene sin cuidado!
-
-DOLLY
-
-Como a mí.
-
-NELL
-
-¡Vaya un compromiso! ¡Si pasara por ahí un chiquillo que se subiera a
-cogerlo!
-
-DOLLY
-
-Me subiré yo. ~(Disponiéndose a encaramarse en la encina.)~
-
-NELL, ~tirándole de la falda~.
-
-No, no, que te desnucas.
-
-DOLLY
-
-Espérate; le tiraré piedras a ver si se atonta y cae. ~(Hace lo que
-dice.)~
-
-NELL
-
-Hay viento... Puede que vuele el libro.
-
-DOLLY
-
-¡Ay, no, que es muy pesado! ~(Tirando piedras.)~ A mí, bribón; baja,
-ven acá... ~(El perro cree de su obligación ladrar fuertemente al libro
-para que baje.)~
-
-NELL, ~sintiendo pasos~.
-
-Basta, Dolly. Viene gente... ¡Qué vergüenza! Te tomarán por una
-desarrapada del pueblo.
-
-DOLLY
-
-¿Y qué me importa?
-
-NELL
-
-Que te estés quieta. ~(Mirando a lo largo del sendero.)~ Aquí viene un
-señor, un hombre... por el camino que baja de Polan, ¿ves?... Mira.
-~(Aparece por entre los robles el Conde de Albrit, con lento paso.)~
-
-DOLLY
-
-No le veo.
-
-NELL
-
-Mírale... Se ha parado al vernos, y allí le tienes como una estatua. No
-nos quita los ojos...
-
-
-ESCENA IV
-
-~NELL y DOLLY.--D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE ALBRIT, MARQUÉS
-DE LOS BAZTANES, SEÑOR DE JERUSA Y DE POLAN, GRANDE DE ESPAÑA, etc...
-Es un hermoso y noble anciano, de luenga barba blanca y corpulenta
-figura, ligeramente encorvado. Viste buena ropa de viaje, muy usada;
-calza gruesos zapatones, y se apoya en garrote nudoso. Revela en su
-empaque la desdichada ruina y acabamiento de una personalidad ilustre.~
-
-NELL, ~observándole medrosa~.
-
-Es un pobre viejo... ¿Por qué nos mira así? ¿Nos hará daño?
-
-DOLLY
-
-Parece el Santa Closs de los cuentos ingleses. Pero no trae saco a la
-espalda.
-
-NELL
-
-¿Sabes que tengo miedo, Dolly?
-
-DOLLY
-
-Yo también. ¿Será un mendigo?
-
-NELL
-
-Si tuviéramos cuartos, se los daríamos... ¡Ay, no se mueve!...
-
-DOLLY
-
-Y ahora, en nosotras clava los ojos...
-
-NELL, ~palideciendo~.
-
-Parece que habla solo... ¡Qué miedo!
-
-DOLLY, ~trémula~.
-
-Y no pasa un alma. Si llamamos, nadie nos oirá.
-
-NELL
-
-No nos hará nada, creo yo.
-
-DOLLY
-
-Lo mejor es hablarle.
-
-NELL
-
-Háblale tú... Dile: «Señor mendigo...»
-
-DOLLY
-
-Mendigo no es. Parece más bien una persona decente mal trajeada.
-~(Lánzase el perrillo con furiosos ladridos hacia el Conde.)~
-
-NELL
-
-_Capitán_, ven acá...
-
-DOLLY
-
-¡Ay, Nell, yo conozco esa cara!...
-
-NELL
-
-Y yo también. Yo le he visto en alguna parte... ¡Ay, ay! ~(Se juntan
-las dos, como para protegerse mutuamente.)~ Ahora se adelanta... Nos
-hace señas...
-
-DOLLY
-
-Parece que llora. ¡Pobre señor!...
-
-EL CONDE, ~con voz grave, avanzando~.
-
-Preciosas niñas, no me tengáis miedo. ¿Sois Leonor y Dorotea?
-
-NELL
-
-Sí, señor: así nos llamamos.
-
-EL CONDE, ~llegándose a ellas~.
-
-Pues abrazadme. Soy vuestro abuelo. ¿No me conocéis? ¡Ay! Han pasado
-algunos años desde que me visteis por última vez. Erais entonces
-chiquitinas, y tan monas... Me volvíais loco con vuestra gracia, con
-vuestra donosura angelical... ~(Las abraza, las besa en la frente.)~
-
-DOLLY
-
-¡Abuelito!
-
-NELL
-
-Yo decía: le conozco.
-
-DOLLY
-
-Por el retrato te conocemos.
-
-EL CONDE
-
-Y yo a vosotras por la voz. No sé qué hay en el timbre de vuestras
-vocecitas, que me remueve toda el alma. ¿Y como es que los dos sonidos
-me parecen uno solo? Dejadme que os mire bien: ¿serán iguales vuestras
-caritas como lo son vuestras voces?... No, no puedo veros bien, hijas
-de mi alma. Estoy casi ciego. Vamos, sigamos hacia Jerusa. ~(_Capitán_
-abre la marcha.)~
-
-NELL
-
-¡Qué sorpresa tan agradable, abuelito! Pues, mira, te tuvimos miedo.
-
-EL CONDE
-
-¿Miedo a mí, que os adoro?
-
-DOLLY
-
-Senén nos dijo anoche que venías; pero no creímos que llegaras tan
-pronto.
-
-NELL
-
-¿Y cómo no has venido en el coche?
-
-EL CONDE
-
-Me molesta horriblemente el traqueteo de ese armatoste... y el venir
-prensado entre personas groseras y estúpidas... No, no... He preferido
-venirme a pie, sin más compañía que la de este palo, que me ha regalado
-un pastor de mis tiempos, a quien encontré en Polan. ¡Figuraos si será
-viejo el hombre! Era yo un niño, y él un mocetón como un castillo que
-me llevaba a la pela por estos montes...
-
-NELL
-
-¿Pero vienes de Polan?
-
-EL CONDE
-
-Allí pasé la noche, en la cabaña de Martín Paz... Luego me he venido
-pasito a paso por el filo del cantil, recordando mis tiempos. ¡Ah!
-Todos los caminos y veredas de este país me conocen; conócenme las
-breñas, las rocas, los árboles... Hasta los pájaros creo que son los
-mismos de mi niñez... Esta hermosa Naturaleza fue mi nodriza. No
-podréis comprender, niñas inocentes que empezáis a vivir, cuán grato,
-y cuán triste al mismo tiempo, es para mí recorrer estos sitios, ni
-cuánto padezco y gozo haciendo revivir a mi paso cosas y personas. Todo
-lo que me rodea paréceme a mí que me ve y me reconoce... y que desde el
-mar grande al insecto casi invisible, todo cuanto aquí vive, se queda
-en suspenso... no sé cómo decirlo... se para y mira... para ver pasar
-al desdichado Conde de Albrit. ~(Las dos niñas suspiran.)~
-
-DOLLY
-
-Apóyate en mi brazo, abuelito.
-
-NELL
-
-En el mío.
-
-EL CONDE
-
-En los dos... Una por cada lado. Así... Me lleváis como en volandas.
-
-
-ESCENA V
-
-~NELL y DOLLY; EL CONDE; SENÉN, que ha presenciado de lejos, oculto
-tras un árbol, el encuentro del abuelo y sus nietas.~
-
-SENÉN
-
-¡Qué estropeado y qué caído está el viejo león de Albrit!... Hoy
-por hoy, no me conviene malquistarme con él. Nunca se sabe de qué
-cuadrante sopla la suerte. ~(Viendo avanzar el grupo, se adelanta
-sombrero en mano.)~ Señor Conde, bien venido sea, mil veces bien
-venido, a la tierra de sus mayores. ¡Qué hermosa figura hace Vuecencia
-en medio de estos dos ángeles!
-
-EL CONDE, ~parándose~.
-
-¿Quién me habla?
-
-NELL
-
-Es Senén, papá.
-
-DOLLY
-
-¿No te acuerdas?
-
-SENÉN
-
-Senén Corchado, señor, el que fue... no me avergüenzo de decirlo...
-criado del señor Conde de Laín.
-
-EL CONDE
-
-¡Ah, lacayo! ~(Con súbita cólera, requiriendo el garrote.)~ ¿Vienes a
-que te dé dos palos?
-
-SENÉN, ~retirándose~.
-
-¡Señor...!
-
-NELL
-
-Abuelito, ¿qué haces?
-
-DOLLY
-
-¡Si es de casa, si es nuestro amigo!
-
-EL CONDE, ~reportándose~.
-
-Perdonadme, niñas queridas... he confundido sin duda... Y tú, Séneca,
-Cenón, o como quiera que te llames, perdóname también... te he tomado
-por otro. Pensé que eras tú el infame que se permitió decirme... Ven
-acá, dame la mano. Tengo el genio poco sufrido...
-
-SENÉN, ~dándole la mano~.
-
-Siempre fue lo mismo Vuecencia.
-
-EL CONDE
-
-Luego, esta continua disminución de mi vista no me permite distinguir a
-los bribones de las personas honradas. La ceguera me hace irascible...
-¿Y qué tal? Ya recuerdo que me hablaron de ti: sé que estás hecho un
-hombre.
-
-SENÉN, ~con falsa humildad~.
-
-Aunque me iba muy bien en casa del señor Conde de Laín, me dio por
-abandonar la servidumbre y trabajar en cualquiera industria o negocio...
-
-EL CONDE
-
-Muy bien pensado. Así se hacen los hombres. ¿Y qué eres ahora?
-¿Zapatero?
-
-SENÉN
-
-Señor, no.
-
-NELL
-
-Papá, si es empleado.
-
-DOLLY
-
-Empleado de Hacienda con tantos miles de sueldo.
-
-EL CONDE
-
-Vamos, que tú querías ganar dinero a todo trance... El dinero lo ganan,
-Senén, todos aquellos que con paciencia y fina observación van detrás
-de los que lo pierden: fíjate en esto.
-
-SENÉN, ~inflándose~.
-
-La señora Condesa me consiguió un destinito...
-
-NELL
-
-Mamá le ha protegido y le protege, porque es buen muchacho...
-
-EL CONDE
-
-La Condesa es una gran potencia. Nadie le niega nada. Ya sabes tú,
-picaruelo, a qué aldabones te agarras.
-
-DOLLY
-
-Aquí donde le ves, papá, es la economía andando, y mira por su ropa
-como una mujer.
-
-EL CONDE
-
-Séneca, digo, Senén, tú pitarás. Y ahora, ¿estás aquí con licencia?
-
-SENÉN
-
-He venido de Durante para tener el honor de saludar al señor Conde de
-Albrit y a la señora Condesa de Laín, que también debe de llegar hoy.
-
-NELL
-
-¡Que viene mamá! ~(Despréndense las dos de los brazos de su abuelo, y
-saltan gozosas.)~
-
-DOLLY
-
-¡Jesús, qué alegría!
-
-NELL
-
-Pues no sabíamos nada. ¿Lo sabías tú, abuelito?
-
-EL CONDE, ~pensativo~.
-
-Sí.
-
-DOLLY, ~volviendo a coger el brazo de Albrit~.
-
-Vamos, a prisita.
-
-NELL, ~inquieta~.
-
-Tenemos que arreglarnos.
-
-SENÉN
-
-Las señoritas han de ir al _hotel_ del señor Alcalde, a esperar a su
-mamá.
-
-NELL
-
-¿Pero va mamá a casa del Alcalde?
-
-DOLLY
-
-¿Por qué no viene a la Pardina con nosotros, con Abuelito? ~(Senén se
-encoge de hombros.)~
-
-EL CONDE
-
-La Pardina no le parecerá a tu mamá bastante cómoda... En fin, no
-quiero que os detengáis por mí... Vamos, hijas mías.
-
-NELL
-
-¡Ah! Se me olvidaba... Amigo Senén, ¿querrías hacernos un favor?
-
-SENÉN
-
-Todo lo que las señoritas quieran. ¿Qué es?
-
-NELL
-
-Subirse a aquel árbol a coger la Historia.
-
-EL CONDE
-
-¡A coger la Historia!
-
-DOLLY
-
-El pícaro libro, que se echó a volar.
-
-NELL
-
-Jugando, lo tiramos al aire.
-
-EL CONDE, ~gozoso~.
-
-Comprendo, sí... Estudiáis mirando al cielo... Senén, intrépido Senén,
-sube pronto, hijo... Anda, que cuando eras muchacho ya treparías más de
-una vez para coger nidos.
-
-SENÉN ~(disimulando su disgusto, se quita la americana)~.
-
-Allá voy.
-
-NELL
-
-Ten cuidado no se te rompa el traje.
-
-SENÉN
-
-Que es nuevo... ya lo ven.
-
-DOLLY
-
-¡Vaya un alfiler de corbata que te traes!... Por Dios, no te caigas.
-
-EL CONDE
-
-No temáis: este sabe subir y agarrarse bien. Si cae, será porque le
-tiene cuenta.
-
-SENÉN
-
-Por ahora, señor Conde, me tiene más cuenta apoyarme bien en las ramas
-fuertes... Ajajá... Ya te cojo, Historia maldita.
-
-DOLLY
-
-Bájate pronto... ~(Desciende Senén a las ramas bajas, y se tira de un
-salto.)~
-
-NELL, ~cogiendo el libro~.
-
-Dios te lo pague. Vaya, sigamos.
-
-DOLLY
-
-¿No quiere el abuelito entrar por el pueblo?
-
-EL CONDE
-
-No, no: vamos por el atajo, que nos lleva directamente a la Pardina sin
-pisar las calles de Jerusa. No quiero ver gente, y menos jerusanos.
-
-SENÉN, ~poniéndose la americana~.
-
-¡Lástima no haber sabido antes que venía el señor Conde! El pueblo le
-habría preparado un buen recibimiento.
-
-EL CONDE, ~con desdén~.
-
-¿A mí?... ¿A mí Jerusa?... Brrr...
-
-SENÉN
-
-Habría salido la música, el orfeón... No faltaría el arquito de ramaje;
-y luego _lunch_ en la Casa Consistorial.
-
-EL CONDE
-
-Veo que eres un cursi tremendo. Conozco esos homenajes, que en otro
-tiempo, cuando los merecía y estaba en disposición de recibirlos, me
-halagaban, sí. Hoy me harían el efecto de una burla cruel. Antes de
-verme tan viejo y tan pobre como ahora, tuve ocasión de apreciar la
-villana ingratitud de mis compatriotas, los habitantes del Señorío de
-Jerusa. ~(Se detiene y suspira.)~ Veinte años ha, la última vez que
-aquí estuve, los colonos que habían llegado a ser ¡Dios sabe cómo!
-propietarios de mis tierras, los señoritingos nacidos de mis cocineras,
-o engendrados por mis mozos de cuadra, me recibieron con frío desdén,
-que me llenó de tristeza y amargura. Dijéronme que la villa se había
-civilizado. Era una civilización improvisada y postiza, como la levita
-que compra el patán en un bazar de ropas hechas.
-
-NELL
-
-Papaíto, no olvida tu pueblo los beneficios que de ti ha recibido.
-
-DOLLY
-
-No los olvida, no. La calle principal de Jerusa se llama _de Potestad_.
-
-NELL
-
-La fuente de los cinco caños, junto a la iglesia, se llama _del Buen
-Conde_.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí, mi abuelo paterno. Historia, cosas pasadas que solo dejan tras
-sí un letrero, una inscripción... Todo se borra, ¡ay! aun las piedras
-escritas. Cuando la roña y el musgo las empuercan, y se han criado en
-ellas cien generaciones de arañas y lagartijas, viene el progreso,
-y las manda picar para escribir otra cosa... o aprovecharlas en una
-alcantarilla. No me quejo, no. Ese es el mundo. Rodamos todos hacia lo
-infinito.
-
-SENÉN, ~enfáticamente~.
-
-Jerusa, por más que digan, no puede olvidar que debe su existencia a
-los Albrit de la Edad Media.
-
-EL CONDE, ~meditabundo~.
-
-Y a mis abuelos y a mí todo lo que en ella es de algún valor. La casa
-Ayuntamiento, que era el primitivo palacio de los Condes de Laín, fue
-donada por D. Martín de Potestad, capitán de las galeras de Nápoles. La
-calzada de Verola y el puente sobre el río Caudo, obra fue de mi madre.
-Mi abuelo materno hizo el hospital y la casa-cuna; y yo traje las aguas
-riquísimas de Santaorra; levanté el muro de contención que defiende
-al pueblo de las avenidas del Caudo; fundé y doté la hermandad de
-Pescadores, haciéndoles además una dársena para abrigo de sus lanchas;
-repoblé el monte comunal... sin contar otras mejoras de que ya no me
-acuerdo. ¿Y cómo pagaron mis paisanos tantos beneficios? Pues cuando me
-vieron mal de intereses, recargaban horrorosamente mis propiedades en
-todos los repartos de contribución, para obligarme a vendérselas... Y
-lo conseguían... En sus manos rapaces está todo.
-
-NELL
-
-Abuelito, no pienses cosas tristes.
-
-DOLLY
-
-¿No estás alegre de vernos y de tenernos a tu lado?
-
-EL CONDE, ~deteniéndose para abrazarlas y besarlas con efusión~.
-
-Sí, sí, ángeles inocentes. Soy feliz con vosotras, y lo demás nada me
-importa.
-
-SENÉN, ~con malicia indiscreta, que resulta más antipática por lo
-pedantesco de la expresión~.
-
-Y de que no seríamos justos achacando a Jerusa el pecado de la
-ingratitud, tenemos hoy una prueba elocuente, señor Conde, porque,
-sabida con antelación la llegada de la señora Condesa de Laín, se le
-prepara un recibimiento entusiasta, cual corresponde a quien tan grande
-fomento ha dado a los intereses materiales y morales de esta villa.
-Saldrá el Alcalde a la estación...
-
-EL CONDE
-
-Y se dispararán cohetes. Todo eso está muy en carácter.
-
-NELL, ~impaciente~.
-
-¡Cohetes, música...! Vamos, vamos pronto.
-
-DOLLY
-
-Abuelito, por aquí, si quieres que vayamos derechos a la Pardina.
-
-EL CONDE
-
-¿Estamos ya en la loma que llaman la _Asomada_?
-
-SENÉN
-
-Sí, señor: de aquí se ve toda la villa; y si Vuecencia quiere dar un
-vistazo a la población, en dos minutos estamos en la plaza.
-
-EL CONDE
-
-No, no. Gracias. Por esta otra calleja bajamos a la Pardina.
-~(Deteniéndose y mirando al pueblo, que en aquel punto se ve
-totalmente, rodeado de arboledas y verdes lomas.)~ Sí, sí... te
-conozco, Jerusa; distingo un montón de tejados rojos y de ventanales
-blancos... más allá manchas de verde lozano. Eres Jerusa; te siento
-bajo mis pies, te huelo al pisarte... Tu ingratitud me da en el olfato.
-Hiciste escarnio del que fue tu señor, aplicándole un mote burlesco...
-Pues ahora, el _león flaco de Albrit_, que nada te pide, que para nada
-te necesita, te manifiesta su desprecio con toda la efusión de su alma,
-no queriendo de ti ni un pedazo de tierra para sepultar sus pobres
-huesos. ~(Volviéndose hacia las niñas.)~ Si me muero aquí, que me
-lleven a enterrar a Polan, o que me tiren al mar.
-
-DOLLY
-
-Papaíto, no es hoy día de cosas tristes.
-
-NELL
-
-¡Si estamos muy contentas!
-
-EL CONDE, ~limpiándose una lágrima~.
-
-Sí, sí... Vamos, para que lleguéis a tiempo de presenciar los homenajes
-a vuestra mamá.
-
-SENÉN
-
-Por esta calleja llegamos en un instante a la Pardina.
-
-EL CONDE
-
-Conozco bien el camino... En este sitio, torciendo a la izquierda,
-dejamos de ver el mar. ~(Parándose a contemplar el Océano.)~ ¡Oh, qué
-hermosura! Es el amigo de mi infancia.
-
-NELL
-
-¡Y qué espléndido, qué azul! Hoy se viste de gala para recibirte.
-
-EL CONDE
-
-¿Sabéis por qué gozo tanto en mirarle? Porque le veo... es lo único que
-distingo bien, por razón de su magnitud. Desde que voy perdiendo la
-vista, hijas mías, mis pobres ojos no aprecian bien más que las cosas
-grandes... ¡Cuanto mayores son, mejor las veo! Quisiera que en el mundo
-fuera todo colosal, inmenso... Lo pequeño, creedlo, me entristece, me
-enfada...
-
-~(Se internan en la calleja.)~
-
-
-ESCENA VI
-
-~Sala baja en la Pardina. En paredes, techo y muebles, aspecto de
-venerable antigüedad, bien conservada.~
-
-GREGORIA, VENANCIO
-
-GREGORIA, ~asomándose a una ventana~.
-
-Ya está aquí _Capitán_... ¡Oh!... allí vienen. ~(Asustada.)~ ¡Jesús, lo
-que veo!
-
-VENANCIO
-
-¿Qué?
-
-GREGORIA
-
-¡El Conde con ellas, el señor Conde!
-
-VENANCIO
-
-Sin duda ha venido a pie por el atajo del bosque. Es gran andarín.
-
-GREGORIA
-
-¡Pero qué viejo está! Mira, mira.
-
-VENANCIO, ~mirando~.
-
-¡Y qué mal trajeado! Da pena verle... ¡Quien fue siempre la misma
-elegancia...!
-
-GREGORIA
-
-¿Sales a recibirle?
-
-VENANCIO, ~con prisa~.
-
-A escape... Prepárale café, que de fijo lo pide al entrar...
-
-GREGORIA
-
-Sí, sí...
-
-VENANCIO, ~desde la puerta~.
-
-Y manda un recado al señor Cura, que nos dijo que le avisáramos en
-cuanto el Conde llegase...
-
-GREGORIA, ~aturdida, sin saber a qué atender primero~.
-
-El café... recado al Cura... ¿Y la comida? Voy. ¡Pero si ya están aquí!
-¡Jesús me valga!...
-
-
-ESCENA VII
-
-GREGORIA, EL CONDE, LAS DOS NIÑAS, SENÉN, VENANCIO
-
-GREGORIA, ~besando la mano al Conde~.
-
-Bien venido sea mi señor...
-
-VENANCIO
-
-Y que entre en su casa con bendición.
-
-EL CONDE, ~con señoril bondad~.
-
-Gracias, gracias, mis buenos amigos Venancio y Gregoria. Me alegro
-de veros contentos y saludables... digo, como veros... ~(Mirándoles
-fijamente.)~ No, no veo bien más que las cosas grandes.
-
-VENANCIO
-
-¿Se sienta el señor aquí? ~(Conduciéndole a un sillón de vaqueta, junto
-a la mesa de nogal.)~
-
-EL CONDE
-
-Donde quieras.
-
-NELL
-
-Y ahora nosotras, abuelito, hemos de vestirnos a escape...
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí; no os detengáis.
-
-DOLLY
-
-Pronto volveremos, papaíto... Vendrá mamá con nosotras... supongo.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí... ~(Las besa.)~ Hasta luego...
-
-GREGORIA, ~dándoles prisa~.
-
-Vivo, vivo... Vais a llegar tarde.
-
-~(Vase Gregoria con las niñas.)~
-
-SENÉN
-
-Yo también, con permiso del señor Conde, me retiro.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí... Ve a disparar cohetes...
-
-SENÉN
-
-Si el señor me necesita...
-
-EL CONDE
-
-No... muchas gracias... Y me alegro de que te ausentes... No, no es por
-nada ofensivo para ti, Séneca... o Senén. ¿Te lo digo?
-
-SENÉN
-
-Nada que usía me diga puede ofenderme.
-
-EL CONDE
-
-Pues deseo que te marches, porque... Hijo, gastas un perfume que
-marea. Los aromas demasiado fuertes me dan vahídos... Dispénsame
-~(dándole la mano, y acariciando la de Senén)~, perdóname que te
-despida con una impertinencia.
-
-SENÉN, ~desconcertado~.
-
-Señor... unas gotitas de heliotropo...
-
-EL CONDE
-
-No he dicho nada... Abur.
-
-SENÉN, ~aparte, retirándose~.
-
-Malas pulgas trae el _león flaco de Albrit_.
-
-
-ESCENA VIII
-
-EL CONDE, VENANCIO
-
-~Larga pausa. El Conde inclina la cabeza sobre el pecho, y se cubre
-los ojos con la mano. Venancio permanece en pie, a bastante distancia,
-contemplándole.~
-
-EL CONDE, ~alzando la cabeza y llevándose la mano al pecho, en que
-siente opresión~.
-
-¡Ay, Venancio! La emoción que he sentido al entrar aquí, no me deja
-respirar... ~(Venancio suspira y calla.)~ No creí volver a verte, casa
-mía, casa bendita de mis mayores, de mi madre... No esperaba recibir en
-mi alma esta ola de vida, formada por los recuerdos, embate de calor y
-de salud, que al pronto reanima al ser caduco; pero después... mata,
-sí, mata. La memoria me abruma, el sentimiento me ahoga... ~(Vuelve a
-pasarse la mano por los ojos.)~ No debí venir, no, no.
-
-VENANCIO
-
-Señor, los recuerdos de la Pardina serán gratos para Vuecencia.
-
-EL CONDE, ~señalando a la derecha~.
-
-En esa alcoba nací yo... En ella nació también mi madre, y en la de
-arriba murió... No sé si es que me engaña mi poca vista; paréceme que
-nada ha variado, que los muebles son los mismos... ¡Qué ilusión!
-
-VENANCIO
-
-Poco hemos cambiado. Se conserva todo a fuerza de cuidado y aseo.
-
-EL CONDE, ~con profunda tristeza~.
-
-Aquí pasé mi infancia, al lado de mi madre, que enviudó a los pocos
-días de mi nacimiento... Heredero de los Condados de Albrit y de
-Laín, ¡cuántas veces, joven, en la plenitud de la vida, y con todo
-el verdor de las ilusiones fomentadas por la grandeza de mi linaje;
-cuántas veces, solo, con mi esposa, o con mis amigos, vine a pasar
-alegres temporadas en la Pardina! En aquel tiempo tú eras un niño. Tus
-padres, y otros padres de gentes ingratas que andan por esos mundos
-en diferentes oficios, eran entonces mis servidores. En mi veíais al
-señor, al rey de la Pardina, y hasta cierto punto, al amo de toda
-Jerusa... Pasó tiempo; creció mi hijo Rafael. Correspondiéronle por
-muerte de su madre, y según el fuero de Laín, este Condado y esta
-casa... Yo volví a la Pardina: ya no era el señor; mas era el padre
-del señor, y tú, ya grandecito, y los demás servidores de esta antigua
-casa, me mirábais con respeto, con cariño, con veneración. El Conde de
-Albrit, poderoso todavía, os remuneraba vuestros servicios con la noble
-largueza que era en él habitual.
-
-VENANCIO
-
-Siempre fue Vuecencia el primer caballero de España.
-
-EL CONDE, ~con melancólica dignidad, levantándose~.
-
-Pues hoy, el primer caballero de España, el generoso y grande, viene
-a pedirte hospitalidad. Vicisitudes y trastornos que no quisiera
-recordar, esta revolución crónica que hace y deshace los Estados y las
-familias, y todo lo trueca y baraja, te han dado a ti la propiedad de
-la Pardina. En ella entro yo a pedirte albergue, no como señor, sino
-como desvalido sin hogar, abandonado de todo el mundo. Si me la das,
-ya sabes que has de hacerlo por pura caridad, no por remuneración ni
-recompensa. Soy pobre; todo lo he perdido.
-
-VENANCIO
-
-El señor Conde viene siempre a su casa, y nosotros, hoy como ayer,
-somos sus criados.
-
-EL CONDE, ~se sienta~.
-
-Gracias... Te lo digo tranquilo y sin ninguna afectación, pues con la
-realidad no caben juegos de retórica. He llegado a los escalones más
-bajos de la pobreza; pero por mucho que descienda, no he llegado ni
-llegaré nunca al deshonor. Fuera de la decadencia material, soy y seré
-hasta el último día lo que fui.
-
-VENANCIO
-
-Y yo igualmente, hoy como ayer, servidor humilde del señor D. Rodrigo.
-
-EL CONDE
-
-Te lo agradezco, créeme que te lo agradezco en el alma... Pero... bien
-mirado, es tu obligación, y cumples como cristiano. Todo lo que eres y
-todo lo que tienes, me lo debes a mí.
-
-VENANCIO
-
-Sin duda.
-
-EL CONDE
-
-No haces nada de más en ampararme... en ver en mí a tu señor, y en
-respetar, no solo mi nombre y mi historia, sino mi ancianidad, mis
-achaques... Las desgracias, hijo mío, me han hecho algo quejumbroso,
-algo impertinente. Mi genio altivo se exacerba cada día más con la
-pérdida de la vista... No puedo sofocar mis ímpetus de absolutismo, de
-persona acostumbrada a mandar.
-
-VENANCIO
-
-Bien, señor.
-
-EL CONDE
-
-Y a ser obedecida.
-
-VENANCIO
-
-También tengo el hábito de la obediencia... Y ante todo, señor, ¿en qué
-aposento quiere vuecencia dormir?
-
-EL CONDE
-
-Arriba, en la alcoba que fue de mi madre.
-
-VENANCIO, ~contrariado~.
-
-¿La que da al pasillo grande? La tenemos llena de trastos.
-
-EL CONDE
-
-Pues sacas los trastos y me metes a mí.
-
-VENANCIO
-
-Señor, es un trastorno...
-
-EL CONDE, ~sulfurándose ligeramente~.
-
-¿Ya empezamos?
-
-VENANCIO
-
-La hemos convertido en secadero: allí colgamos las judías...
-
-EL CONDE, ~sulfurándose más~.
-
-Pon las judías en otra parte. ¿Vale tan poco mi persona que no
-merece... una molestia insignificante de las señoras hortalizas?
-
-VENANCIO, ~sin acabar de resignarse~.
-
-Bien, señor... Ello es que...
-
-EL CONDE
-
-¿Todavía refunfuñas? Debiste, desde que te lo dije, asentir con
-delicadeza obsequiosa. ¿Será preciso que te lo mande?... Por poco me
-apuras ~(golpeando el brazo del sillón.)~ ¡Oh, triste cosa es para mí
-ser huésped de mis inferiores! Venancio, quiero someterme al destino,
-quiero olvidarme de mí mismo, y no puedo, no puedo. La autoridad es
-esencial en mí. Por Cristo, súfreme o arrójame de mi casa, quiero
-decir, de la tuya.
-
-VENANCIO
-
-Eso no... ~(viendo venir al Cura.)~ Ya tiene vuecencia aquí a su amigo
-D. Carmelo.
-
-
-ESCENA IX
-
-~EL CONDE, VENANCIO; EL CURA, hombrachón de buen año; de aventajadas
-dimensiones, enormemente barrigudo, sin carecer por eso de cierta
-agilidad y soltura de miembros. Su cara es arrebolada, su boca risueña,
-su nariz como pico de garbanzo, sus ojos pillines. Usa gafas de un azul
-muy claro, que se le corren sobre el caballete. Viene a palo seco, es
-decir, sin balandrán, por ser buen tiempo. Es limpio, y la sarga de su
-sotana, pulcra y reluciente, ciñe y modela sin arrugas la redondez del
-abdomen, bien atacados todos los botoncitos que corren desde el cuello
-hasta la panza. Usa gorro negro alto, con caída de fleco, y paraguas de
-reglamento, que así le sirve para el sol como para la lluvia. Entra
-en la casa y en la habitación presuroso metiendo bulla, y se dirige al
-Conde con los brazos abiertos.~
-
-EL CURA
-
-¡Carísimo amigo y dueño, D. Rodrigo de mi alma!...
-
-EL CONDE, ~abrazándole~.
-
-¡_Pastor Curiambro_, ven a mis brazos!... Pero, hijo, ¡qué gordísimo
-estás!... No me cabes... ¿ves? no me cabes... Me cuesta trabajo poner
-en tu espalda las palmas de mis manos.
-
-EL CURA
-
-¡Qué sorpresa tan grata, qué alegría!
-
-EL CONDE, ~tocándole~.
-
-Pero, chico, ¿es tuyo todo esto? ¿Es esta tu barriga, o te has traído
-por delante el púlpito de tu iglesia?
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Es que en esta tierra, Sr. D. Rodrigo, de nada le sirve a uno hacer
-penitencia.
-
-EL CONDE
-
-¿Penitencia tú? ¡Hombre, qué cosa tan rara!... En fin, siempre que des
-gusto a tus feligreses...
-
-VENANCIO, ~lisonjero~.
-
-Tenemos un párroco que vale más que pesa.
-
-EL CONDE
-
-¿Y de salud, bravamente? Tu cara... ~(Observándole.)~ Pues, mira, te
-veo, te veo bien. ¡Como eres tan grandón! ¡Ah!... me permitirás que te
-tutee, a pesar del tiempo transcurrido.
-
-EL CURA, ~con modestia suma~.
-
-¡Señor Conde, por amor de Dios!...
-
-EL CONDE, ~muy cariñoso~.
-
-Bien, Carmelo; bien, _Pastor Curiambro_. Siéntate a mi lado. ¡Cómo
-corren, ¡ay! cómo se escabullen los pícaros años! Tú... a ver si
-acierto... andarás en los cincuenta.
-
-EL CURA
-
-Andaba en ellos... dos años ha.
-
-VENANCIO
-
-Como yo. Somos del mismo tiempo.
-
-EL CONDE
-
-No podía ser menos. Tenías veintiséis cuando...
-
-EL CURA
-
-Cuando murió mi padre. A la generosidad del señor Conde debí el poder
-terminar mi carrera de Teología y Derecho.
-
-EL CONDE, ~con natural delicadeza~.
-
-Pues, mira tú, de eso no me acordaba.
-
-EL CURA
-
-¡Ah, yo sí!
-
-EL CONDE
-
-¿Te acuerdas de aquellas merendonas del Soto de Aguillón? Desde
-entonces, te profeticé que serías _la première fourchette de l’Espagne_.
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Era un tenedor tremendo, sí, sí...
-
-EL CONDE
-
-¿Y sigues con la higiénica costumbre de comer copiosamente, y de
-digerir clavos?
-
-EL CURA
-
-Ya no soy ni sombra de lo que fui; pero todavía...
-
-VENANCIO
-
-Todavía... si el caso llega, no deja mal puesto el pabellón.
-
-EL CONDE
-
-¿Te acuerdas de cuando apostabas con Valentín, el escribano de Verola,
-a quién comía más?
-
-EL CURA, ~riendo a carcajadas~.
-
-Y siempre le gané, siempre.
-
-EL CONDE
-
-Un día de vigilia... Venancio, no lo creerás, pero es verdad... le vi
-comerse una langosta de este tamaño, entera y verdadera, detrás de un
-arroz con pescado y marisco... y delante de docena y media de torrijas.
-
-EL CURA
-
-Esos tiempos pasaron.
-
-VENANCIO
-
-Pero hasta hace poco... yo recuerdo el día de la jira en Novoa... su
-postre era un queso de bola, enterito.
-
-EL CONDE
-
-¡Lo que yo gozaba viéndole comer!
-
-EL CURA
-
-Me tranquiliza sobre ese punto la opinión de San Francisco de Sales,
-que dice: «Lo que entra por la boca no daña al alma.»
-
-EL CONDE
-
-Y tenía razón.
-
-
-ESCENA X
-
-~DICHOS; GREGORIA, vestida para salir. Trae servicio de café.~
-
-GREGORIA
-
-Aunque el señor no lo ha pedido, como sé que le gusta tanto el café...
-~(Lo pone en la mesa.)~
-
-EL CONDE
-
-¡Oh, qué bien!... Tu previsión, hija mía, es muy de alabar. Carmelo, te
-sirvo...
-
-GREGORIA
-
-Las señoritas están concluyendo de arreglarse. En seguida nos iremos.
-
-EL CONDE
-
-Que no se entretengan; ya será hora. ~(Al Cura, sirviéndole azúcar.)~ A
-ti te gusta dulzón, si no recuerdo mal.
-
-EL CURA
-
-¡Qué memoria tiene usted!
-
-EL CONDE
-
-No siendo para los favores que me hacen, también la pierdo, como la
-vista.
-
-GREGORIA
-
-¿Se le ofrece algo más al señor?
-
-EL CONDE
-
-No... Gracias. ~(Vase Gregoria.)~
-
-EL CURA, ~paladeando el café~.
-
-¿Y qué?... Señor Conde, ¿qué le parecen a usted sus nietecitas? ¿No las
-había visto después de su regreso de América?
-
-EL CONDE
-
-No.
-
-EL CURA
-
-Son angelicales... ¡Y qué lindas, qué graciosas! Se le meten a uno en
-el corazón... Verlas, tratarlas y no quererlas, es imposible. ~(El
-Conde, ensimismado, calla. Durante la pausa, D. Carmelo le observa.)~
-Dios ha hecho en ellas una parejita encantadora, para regocijo y
-orgullo de su madre... y de usted.
-
-EL CONDE, ~como volviendo en sí~.
-
-¿Decías?... ¡Ah! Sí, son hechiceras las chiquillas.
-
-EL CURA, ~queriendo sonsacarle el motivo de su estancia en Jerusa~.
-
-Comprendo la impaciencia de usted por verlas. Al santo anhelo de
-conocer a sus nietas y abrazarlas, debemos el honor de tenerle en
-Jerusa...
-
-EL CONDE
-
-Yo he venido a Jerusa, principalmente, por... ~(A Venancio, con
-autoridad, pero sin altanería.)~ Tú...
-
-VENANCIO
-
-¿Señor?...
-
-EL CONDE
-
-Haz el favor de dejarnos solos.
-
-~(Vase Venancio.)~
-
-
-ESCENA XI
-
-EL CONDE, EL CURA
-
-EL CURA
-
-Ya me dijo Senén que la Condesa y usted se habían citado aquí... ~(Su
-solapada curiosidad quiere apoderarse del pensamiento del Conde,
-tomándole las vueltas.)~ Aquí pueden ventilar con toda calma las
-cuestiones de intereses... ~(Pausa. El Conde no dice nada.)~ O las
-cuestiones de otra índole, cualesquiera que sean.
-
-EL CONDE
-
-Volviendo a las niñas, te diré, querido Carmelo, que han producido en
-mi alma una impresión hondísima.
-
-EL CURA
-
-¿De alegría?...
-
-EL CONDE
-
-Sí... Estas alegrías pronto las convierto yo en intensísima tristeza,
-agobiado como me veo por crueles desgracias, perseguido de pensamientos
-revoltosos, obra de esta fiebre de análisis que traen consigo la
-experiencia del mal, el excesivo tesón de mi carácter, los años, la
-ceguera misma... Figúrome que no me entiendes, mi buen Carmelo, y has
-de permitirme que por ahora no te diga más.
-
-EL CURA
-
-Francamente, me he quedado en ayunas.
-
-EL CONDE, ~con humorismo~.
-
-¿En ayunas tú?... No lo creo.
-
-EL CURA
-
-¿Tienen algo que ver esas tristezas, que sin duda son nerviosas, con el
-porvenir de las señoritas?
-
-EL CONDE, ~rehuyendo entrar en el asunto~.
-
-No sé... Déjame que te diga otra cosa. Mi primera impresión al verlas
-y oírlas, fue... claro que fue excelente, de gran regocijo y orgullo,
-como has dicho. Creí notar una perfecta consonancia, igualdad más
-bien, en el timbre de sus voces. Como no veo bien, sus rostros me han
-parecido como dos reproducciones exactas de un mismo tipo. ¿Serán, por
-ventura, iguales también sus caracteres, sus almas?
-
-EL CURA, ~después de un ratito de perplejidad~.
-
-¡Oh, no, Sr. D. Rodrigo! Ni son iguales sus voces, ni sus caras, ni
-menos sus caracteres.
-
-EL CONDE, ~con gran interés~.
-
-Pues siendo distintas, la una será forzosamente mejor que la otra.
-Dime, tú que las has tratado y visto bien, ¿cuál de las dos es la más
-inteligente; cuál la de corazón más puro, recto y generoso?...
-
-EL CURA
-
-Difícil es, a fe mía, la respuesta. Ambas son buenas, dóciles,
-inteligentes, de corazón hermoso y nobilísimo... algo traviesas, eso
-sí; pero observantes de la ley del pudor, muy firmes en los principios
-elementales, temerosas de Dios...
-
-EL CONDE
-
-Todo eso es lo que hay en ellas de común: comprendido. ¿Y qué las
-diferencia?
-
-EL CURA
-
-Pues discrepan... Verá usted... Dolly toma la iniciativa en las
-travesuras; Nell parece más inclinadita a las cosas graves, más
-previsora... Dolly es una imaginación viva, una voluntad impetuosa;
-Nell, una naturaleza reflexiva, más fija y constante que la otra en
-sus aficiones; Dolly, divagando, muestra pasmosas aptitudes para la
-vida práctica; Nell, haciendo diabluras, nos deslumbra con destellos
-de asombrosa inteligencia... ¿Pero qué he de decirle yo al señor D.
-Rodrigo, si en cuanto las trate familiar y diariamente, usted ha de
-conocerlas y diferenciarlas mejor que nadie?
-
-EL CONDE, ~dejándose llevar de su sinceridad~.
-
-De eso trato; a eso he venido.
-
-EL CURA
-
-¿Ha venido a...?
-
-EL CONDE
-
-A estudiarlas, a intentar un análisis detenido de sus caracteres...
-Las razones de esto no está bien que las sepas por ahora... ~(Variando
-de tono.)~ Oye, Carmelo, ¿por qué no te quedas hoy a comer conmigo?
-Gregoria no te tratará mal.
-
-EL CURA
-
-La conozco... y sé lo que vale. Pero sin perjuicio de tributar a
-Gregoria en otra ocasión los honores debidos, hoy, lo que es hoy, señor
-Conde de Albrit, se viene usted a mi casa, a hacer penitencia con _este
-cura_.
-
-EL CONDE
-
-Acepto; sí, señor, acepto... ¿A qué hora?
-
-EL CURA
-
-A la una y media en punto.
-
-
-ESCENA XII
-
-~EL CONDE, EL CURA; EL MÉDICO, joven, pequeñito, de conjunto simpático
-y mirar inteligente. Viene de levita y sombrero de copa, el cual revela
-en su forma ser prenda de respeto, usada tan solo de año en año, en
-ocasiones muy solemnes.~
-
-EL CURA
-
-¡Oh, mediquillo, ven!... ~(Presentándole.)~ Salvador Angulo, nuestro
-médico titular.
-
-EL CONDE, ~estrechándole la mano~.
-
-Muy señor mío.
-
-EL MÉDICO
-
-Vengo a ofrecer mis respetos al Señor de Jerusa y de Polan...
-
-EL CONDE, ~recordando~.
-
-Angulo, Angulo... espérese usted...
-
-EL CURA
-
-Es hijo de Bonifacio Angulo, aquel que llamaban aquí por mal nombre
-_Cachorro_, guarda de los montes de Laín.
-
-EL CONDE
-
-¡Oh, sí!... _Cachorro_, hombre sencillo y un tanto rudo... servidor
-fiel... Le recuerdo perfectamente. ~(Le da otra vez la mano, que el
-médico le besa.)~
-
-EL CURA
-
-Y no habrá olvidado el Sr. D. Rodrigo que a este chico le costeó la
-carrera en Valladolid.
-
-EL MÉDICO
-
-Por lo cual, debo al señor Conde lo poco que soy, y lo poco que valgo.
-
-EL CONDE
-
-De eso no me acordaba... mi palabra que no me acordaba.
-
-EL CURA
-
-Pues ha de saber usted... no es porque esté delante... que este chico
-es una notabilidad... pero una notabilidad, en la ciencia médica.
-
-EL MÉDICO
-
-Por Dios, D. Carmelo...
-
-EL CONDE, ~muy cariñoso~.
-
-Bien, hijo mío; dame un abrazo. ~(Le abraza.)~ Me permitirás que te
-tutee. No puedo corregir este hábito de familiaridad, desde que entro
-en Jerusa. ~(El médico asiente con mudas demostraciones de respeto.)~
-
-EL CURA
-
-Y ya, ya sé por qué vienes tan pitre, cañamoncito de Jerusa.
-
-EL MÉDICO
-
-Me han nombrado de la comisión que ha de recibir a la señora Condesa de
-Laín... Dispénseme, señor Conde, si después de saludarle con el debido
-respeto, me retiro...
-
-EL CURA
-
-Hijo, no hay prisa todavía.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí: ve, anda.
-
-EL CURA
-
-Oye, Salvador. En cuanto se acabe la función, una vez que el pueblo
-desfogue su entusiasmo con un poco de pólvora y cuatro berridos, y
-suene en los aires la última simpleza del discurso que ha de pronunciar
-D. José Monedero, te vienes corriendito a casa, y tendrás el honor de
-comer con el señor Conde y conmigo.
-
-EL MÉDICO
-
-Bien, bien. ¡Qué honra tan grande!
-
-EL CONDE, ~con alegría~.
-
-¡Qué feliz coyuntura para consultarle con toda calma...!
-
-EL MÉDICO
-
-¿Un padecimiento?
-
-EL CONDE
-
-No es eso. Tú conoces a mis nietecillas; las habrás asistido en alguna
-dolencia.
-
-EL MÉDICO
-
-Nell y Dolly disfrutan de una salud enteramente campesina y plebeya.
-Las he visitado para indisposiciones sin importancia.
-
-EL CONDE
-
-Pero que a ti, como perspicaz observador, te habrán bastado para
-conocer sus temperamentos, qué afecciones prevalecen en cada una, qué
-predisposiciones patológicas se marcan en una y otra naturaleza...
-porque de seguro habrá diferencia grande en la complexión, en la
-constitución anatómica y fisiológica de las dos chiquillas. No sé si me
-explico.
-
-EL MÉDICO
-
-Perfectamente. Pero hasta hoy no he tenido ocasión de determinar entre
-una y otra notorias diferencias.
-
-EL CURA
-
-En fin, ya tendrán ustedes ocasión de hablar largo y tendido. ~(Suena
-un cohete.)~
-
-EL CONDE, ~estremeciéndose~.
-
-Ya está aquí.
-
-EL MÉDICO, ~con mucha prisa~.
-
-Ya llega...
-
-EL CONDE
-
-Anda, hijo, anda.
-
-EL MÉDICO
-
-Con su permiso... No necesito decirle... Humildísimo, incondicional
-servidor... ~(Suenan más cohetes.)~
-
-EL CONDE, al Cura.
-
-¿Y tú, no vas, Carmelo?
-
-EL CURA
-
-Indefectiblemente tengo que asomar las narices por allí. No diga la
-Condesa que soy descortés...
-
-EL CONDE
-
-No eche de menos la población figura tan culminante en esta clase de
-ceremonias.
-
-EL CURA
-
-Si, sí... Me voy. Cuidado, señor Conde. A la una y media en punto.
-
-EL CONDE
-
-No faltaré. De las pocas cosas que me quedan, una es el respeto, la
-religión de la puntualidad. ~(Óyese música lejana.)~
-
-EL MÉDICO
-
-Hasta luego.
-
-EL CONDE
-
-Divertirse...
-
-~(Vanse el Cura y el Médico.)~
-
-EL CONDE, ~solo, meditabundo~.
-
-¿Me ayudarán estos en mis investigaciones?... ¿Se penetrarán del
-espíritu de rectitud, del sentimiento de justicia con que procedo?...
-~(Con desaliento.)~ Lo dudo... Viven en ambiente formado por las
-conveniencias, el egoísmo y la hipocresía, y cuando se les habla de la
-suprema ley de honor, ponen cara de asombro estúpido, como si oyeran
-referir cuentos de brujas. Si no me auxilian, trabajaré yo solo. El
-viejo Albrit se basta y se sobra. ~(Suenan más cerca la música y el
-rumor popular.)~ ¡Ah! Ya llega, ya entra en Jerusa Lucrecia Richmond...
-¡Ya estás aquí, bestia engalanada, estatua viva, deshonesta! ¡Cuánto
-deseaba yo esta ocasión!... ¡Tú y yo solos, frente a frente! ~(Se asoma
-a una ventana.)~ No sé quién es peor: si tú que paseas impune por el
-mundo tu desvergüenza, o un pueblo servil y degradado que te festeja
-y te adula. ~(Óyense campanas.)~ Repican por ti... y luego tocarán a
-la oración. ~(Furioso, gritando en la ventana, hacia afuera.)~ ¡Pueblo
-imbécil, esa que a ti llega es un monstruo de liviandad, una infame
-falsaria! No la victorees, no la agasajes. Apedréala, escúpela.
-
-
-FIN DE LA JORNADA PRIMERA
-
-
-
-
-JORNADA SEGUNDA
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-~Sala baja en la casa del señor Alcalde de Jerusa, D. José María
-Monedero, decorada con lujo barato, en toda la plenitud de la
-cursilería con dinero. Cubren las paredes paisajes al óleo, de los
-que en parejas, con marco y todo, se venden al aire libre en calles
-céntricas de Madrid, obra de artistas desdichados. _Hacen juego_ con
-estos mamarrachos, cromos de cacerías o de revistas navales, figuras
-de bazar, fruslerías bordadas, mil laborcillas fáciles de mujer, de
-esas cuya explicación y dibujo traen en su sección de recreos útiles
-los periódicos de modas. Flores de trapo, en tiestos de cartón, exhalan
-en los ángulos su fragancia de cola y tintes descompuestos. Piano
-desafinado, musiquero, retratos prendidos en esterillas japonesas,
-redoma de peces.~
-
-~NELL y DOLLY; LUCRECIA, CONDESA VIUDA DE LAÍN. Es mujer hermosa, de
-treinta y cuatro años, del tipo que comunmente llamamos _interesante_,
-mezcla feliz de belleza, dulzura y melancolía; castaño el cabello, el
-rostro alabastrino, de un perfil elegante, precioso modelo de raza
-anglo-sajona, recriada en América. Sus ojos son grandes, obscuros, con
-ráfagas de oro, y el mirar sereno y triste, como de tigre enjaulado que
-dormita sin acordarse de que es fiera. En su talle esbelto se inicia
-la gordura, fácil de corregir todavía con la ortopedia escultórica
-del corsé. Viste con elegancia traje de luto. En su habla, apenas se
-percibe el acento extranjero.~
-
-LUCRECIA, ~abrazando y besando a las niñas~.
-
-Hijas mías, no me harto de besaros. ¿Teníais ganitas de verme?
-
-NELL
-
-Figúrate...
-
-DOLLY
-
-Hemos venido a la carrera... ¡Cuánta gente! Creí que no podíamos
-entrar, y que nos atropellaban los coches.
-
-LUCRECIA
-
-¡Qué fastidio! Vengo a Jerusa solo por ver a mis niñas, y me encuentro
-con este horrible entorpecimiento del entusiasmo público.
-
-NELL
-
-Mamá, la gratitud del pueblo...
-
-LUCRECIA
-
-Creed que he pasado un sofoco y una vergüenza...
-
-DOLLY
-
-Te quieren.
-
-LUCRECIA
-
-Demostraciones tan molestas como ridículas. ¿Y a mí, por qué me
-aclaman?... En fin, ya hemos pasado el mal rato de la entrada
-triunfal... ~(Mirándolas cariñosamente.)~ Estáis muy bien... las caras
-tostaditas. Eso quiero: que se os ponga la tez como de manzanas pardas,
-señal de salud y buena sangre...
-
-NELL
-
-Mamá, tú sí que estás guapísima.
-
-LUCRECIA, ~besándolas otra vez~.
-
-Vosotras, mis ángeles salvajitos, sí que sois bellas y buenas, y...
-~(La interrumpe la Alcaldesa entrando de improviso.)~
-
-
-ESCENA II
-
-~DICHAS; LA ALCALDESA, señora enjuta y menudita, que no tiene en aquel
-momento más preocupación que parecer fina, y este singular estado de su
-espíritu, con la tirantez consiguiente, se revela en todos sus actos,
-en sus palabras melosas, y hasta en los mohines estudiados de su boca
-y nariz. Viste bata azul, elegante, que le han enviado de Madrid. Poco
-después de ella entra EL ALCALDE, señorón macizo, sanote y jovial que,
-al contrario de su mujer, pone todo su esmero en parecer muy bruto,
-dejando al descubierto, desnudo de toda gala retórica, su natural llano
-y la tosca armazón de su ser moral. Entiende que los hombres deben
-ser _claros_, cada cual mostrándose como Dios le ha hecho. De origen
-humildísimo, empezó a sacar el pie del lodo con la carretería; trabajó
-honradamente después en distintas industrias, hasta que halló su suerte
-en la fabricación de pastas para sopa. Su laboriosidad le hizo rico,
-y la herencia de un tío de América le ascendió a millonario. Viste
-levita, y su chistera, que usa con frecuencia por razón de su cargo,
-es sin disputa la mejor del pueblo. Su esposa cuida de renovar esta
-prenda con la precisa oportunidad para que no sea ridícula.~
-
-LA ALCALDESA, ~finísima~.
-
-Dispense usted, Condesa. Mi esposo y yo hemos tenido que convencer
-a los notables del pueblo de que usted, por razón de su luto y del
-cansancio del viaje, no puede recibir a nadie...
-
-NELL, ~asomándose a la ventana~.
-
-Mamá, mamá, si está la plaza llena de gente.
-
-DOLLY
-
-Quieren que te asomes para darte vivas.
-
-LUCRECIA
-
-Por Dios, Vicenta, líbreme usted de este compromiso... ¡Vivas a mí! Yo
-no salgo; no sirvo para eso... Por Dios, que se vayan, que me dejen. Yo
-lo agradezco en el alma...
-
-LA ALCALDESA
-
-Las ovaciones populares, por más que sean merecidas, molestan y
-fastidian... Jerusa no puede mostrarse ingrata, ni olvidar los
-beneficios que usted le prodigó....
-
-LUCRECIA, ~aterrada del rumor popular~.
-
-¿Qué beneficios ni qué niño muerto? Yo no he hecho nada, absolutamente
-nada. ¿Pero están locos aquí? Créalo usted, Vicenta, me da miedo _la
-voz pública_.
-
-NELL
-
-Mamá, que te asomes... Quieren despedirse de ti.
-
-DOLLY
-
-Hay pueblo y señores... y hasta curas... Mamita, ¿qué te importa que te
-victoreen? Mira que si no sales, nos darán los vivas a nosotras.
-
-LUCRECIA
-
-Que no salgo, vamos. Vicenta, por Dios, que su marido de usted me haga
-el favor de echarles una arenga, diciéndoles... que estoy enferma, y
-que les agradezco infinito sus manifestaciones... que no las merezco...
-En fin, él sabrá.
-
-EL ALCALDE, ~limpiándose el sudor de la frente, la levita desabrochada,
-el chaleco abotonado a medias~.
-
-Ya, ya se van... ¿Pero qué le costaba a usted, Condesa, asomarse un
-poquito? Con una inclinación de cabeza cumplía usted. Pero, en fin,
-respeto su repugnancia de las apoteosis. Lo mismo me pasa a mí. Siempre
-que me ovacionan me echo a llorar, y se me descompone el vientre.
-
-LUCRECIA
-
-¿Pero qué he hecho yo, Sr. D. José de mi alma, para estos obsequios,
-este entusiasmo?
-
-LA ALCALDESA
-
-Hija, la carretera de Forbes, la estación telegráfica... la
-condonación...
-
-LUCRECIA
-
-Me bastó pedírselo al Ministro...
-
-EL ALCALDE
-
-Más que todo eso vale el Instituto de segunda enseñanza, que nos
-disputaban los de Durante. Nada agradecen tanto los pueblos, señora
-mía, como el que les den algo que se le quita al vecino. Cuestión de
-amor propio: la entidad pueblo es lo mismo que la entidad persona.
-Fastidiar al vecino, y caiga el que caiga. Jerusa verá siempre en la
-ilustre Condesa de Laín una individualidad digna de todos nuestros
-respetos. Y yo, que llevo el corazón en la mano, que digo siempre
-la verdad llana y monda... soy así, muy bruto, muy francote... le
-aseguro a usted que la queremos aquí... como sabe querer Jerusa; y si
-lográramos que nos concedieran la Escuela de Comercio que pretenden los
-de Durante, no le quiero decir a usted... La apoteosis que le haríamos
-retumbaría en la China.
-
-LUCRECIA, ~sonriente~.
-
-Yo sí que no vuelvo de mi apoteosis.
-
-DOLLY, ~desde la ventana~.
-
-Ya, ya se retiran.
-
-NELL
-
-Parece que van descontentos. ¡Y cómo nos miran!
-
-LA ALCALDESA
-
-No extrañe usted, Condesa, las vehemencias de mi marido. Desde que es
-_edil_ ~(marcando bien la palabra)~, no vive. La fiebre de la cosa
-pública altera su genio pacífico. Verdad que no hay otro que mejor
-cumpla, ni que sepa consagrarse tan de lleno a los deberes de un cargo
-espinoso.
-
-LUCRECIA, ~por decir algo~.
-
-Estos son los hombres, estos son los grandes ciudadanos...
-
-UNA CRIADA, ~entrando con una bandeja de huevos moles~.
-
-Esto mandan a la señora Condesa las monjas Dominicas.
-
-NELL, ~corriendo a verlo~.
-
-¡Huevos moles! ¡Qué ricos!
-
-DOLLY
-
-¡Vaya un regalo, mamá!
-
-EL ALCALDE
-
-Para que diga usted que no se portan bien las monjitas de mi tierra.
-
-LUCRECIA
-
-¡Pobrecillas! Tendré que visitarlas.
-
-LA ALCALDESA
-
-Iremos. Son finísimas.
-
-OTRA CRIADA, ~entrando con un descomunal ramo de flores~.
-
-De parte de los capataces de la Granja modelo...
-
-LUCRECIA
-
-También tendré que hacerles una visita.
-
-EL ALCALDE
-
-Iremos; sí, señora. Verá usted los carneros moruecos, que han traído
-ahora para padres.
-
-LA ALCALDESA, ~que ha salido un momento, vuelve trayendo una labor de
-tapicería y mostacilla~.
-
-Mire usted, Lucrecia, lo que le manda la maestra del colegio de niñas.
-
-NELL
-
-¡Ay, qué precioso!
-
-DOLLY
-
-Mira, mamá. ¿Es un gorro?
-
-LUCRECIA
-
-No, hija: es un _cosy_ para cubrir las teteras...
-
-LA ALCALDESA, ~pesarosa de no haber acertado antes el uso de aquel
-chisme~.
-
-Es un adminículo extranjero. Aquí no lo usamos.
-
-EL ALCALDE
-
-Tiene usted que visitar el colegio.
-
-LA ALCALDESA
-
-¡Pobre Condesa! Ya le cayó quehacer.
-
-EL ALCALDE
-
-Y podrá decir que en ninguna parte del mundo ha visto usted labores
-tan primorosas como las que hacen las alumnas del colegio de Doña
-Severiana.
-
-LA ALCALDESA
-
-Bordan a maravilla... Ya lo ve usted... Y allí tiene usted a las
-chicuelas todo el santo día sobre los bastidores...
-
-EL ALCALDE, ~mirando su reloj, descomunal pieza de oro~.
-
-Y a todas estas, Vicenta, son las tantas y no comemos. Mi señora Doña
-Lucrecia tiene apetito... las niñas están desfallecidas. ¿Verdad,
-_Nelita_ y _Dolita_, que deseáis sentaros a la mesa?... y yo... ¿por
-qué no he de decirlo? estoy ladrando de hambre. Conque...
-
-LUCRECIA
-
-Me arreglaré en un momento.
-
-LA ALCALDESA
-
-Subamos a mi tocador. Mientras usted se arregla, dispondré que nos
-sirvan la comida.
-
-EL ALCALDE
-
-Y yo, si la señora Condesa me lo permite, voy a librarla de otra _lata_
-horrorosa.
-
-LUCRECIA
-
-¿Qué?
-
-EL ALCALDE
-
-El orfeón del pueblo quiere venir a cantar durante la comida.
-
-LUCRECIA
-
-¡No, por Dios!
-
-EL ALCALDE
-
-Ahí está el director. Voy a quitárselo de la cabeza...
-
-LUCRECIA
-
-Sí, sí; que lo agradezco, que siento mucho...
-
-LA ALCALDESA
-
-Que está muy fatigadita. Crea usted que no perdemos nada. Desafinan
-como perros.
-
-EL ALCALDE
-
-Y que, motivado al luto, no está usted para músicas... Ya, ya sabré
-despacharles... Y sobre todo, que lo mando yo, ea...
-
-~(Vase presuroso.)~
-
-
-ESCENA III
-
-~Tocador de la Alcaldesa.~
-
-~LUCRECIA, DOLLY y NELL; una criada extranjera que ayuda a vestir a su
-ama y no habla; después LA ALCALDESA.~
-
-LUCRECIA
-
-¡Qué descanso! Solas un momento. Prefiero una enfermedad a los
-entusiasmos de Jerusa.
-
-NELL
-
-Mamá, es que te quieren.
-
-LUCRECIA
-
-Sí, sí: cariños que reclaman la fuga inmediata, como quien escapa de
-una epidemia. Es violentísimo tener que mostrar gratitud ante estas
-mojigangas.
-
-DOLLY
-
-Mamá, ten paciencia.
-
-LUCRECIA, ~bajando la voz~.
-
-Lo mismo que soportar las amabilidades de estos pobres cursis... Son
-muy buenos, lo reconozco... y les aprecio verdaderamente. Pero en
-Jerusa no quiero ver a nadie más que a vosotras.
-
-NELL
-
-Mamá, ¿cuándo nos llevas contigo?
-
-LUCRECIA, ~meditabunda~.
-
-No sé... Tal vez muy pronto. Depende de circunstancias eventuales...
-
-DOLLY, ~vivamente~.
-
-Mamá, ¿no sabes? Ha llegado el abuelito.
-
-LUCRECIA, ~disimulando su disgusto, que solo se trasluce en rápidos
-destellos de sus pupilas rasgueadas de oro~.
-
-Ya, ya lo sé... Llegó esta mañana. ¿Y qué? Tan gruñón y desabrido como
-siempre.
-
-NELL
-
-A nosotras nos quiere mucho.
-
-DOLLY
-
-Irás a verle...
-
-LUCRECIA
-
-Sin duda. Ya sé que hoy come con D. Carmelo... ¿Y con vosotras ha
-estado muy expansivo? ¿Qué hacíais cuando llegó?
-
-DOLLY
-
-Le encontramos en el bosque. Primero tuvimos mucho miedo, porque no le
-conocíamos.
-
-LUCRECIA
-
-Y después de conocerle, más.
-
-NELL
-
-No, no: el pobrecito no acababa de hacernos cariños. Nos da mucha
-lástima de verle tan agobiado, viejecito, casi ciego.
-
-LUCRECIA
-
-Y en el camino del bosque a la Pardina, ¿no habló con nadie? ¿No le
-salió al encuentro alguna persona conocida?
-
-DOLLY
-
-Sí, mamá: Senén.
-
-LUCRECIA, ~disgustada~.
-
-Ya me han dicho que está aquí ese tábano. El tal marea... y pica. Os
-recomiendo el menor trato posible con él.
-
-LA ALCALDESA, ~entrando~.
-
-Cuando usted quiera.
-
-LUCRECIA
-
-Ya estoy.
-
-LA ALCALDESA, ~llevándola a la ventana, y mostrándole al Alcalde, que
-en la calle habla con un joven~.
-
-Vea usted, Lucrecia, los apuros que pasa mi esposo por defenderla
-a usted de impertinencias. Ese con quien habla es Pepito Cea, el
-periodista de Jerusa, que quiere colarse aquí para celebrar con usted
-una _interview_.
-
-LUCRECIA
-
-¡Una _interview_!... ¿Pero está loco ese hombre?
-
-LA ALCALDESA
-
-Mire usted... mire usted a José María, más colorado que un pavo...
-Parece que quiere romperle el bastón en la cabeza... Ahora le coge de
-las solapas... Al fin parece que le convence.
-
-LUCRECIA
-
-¿Pero qué quiere preguntarme ese tipo, ni qué tengo yo que decirle?
-
-LA ALCALDESA
-
-Pues nada: a qué hora entró en el tren; si le gustó el paisaje; si le
-prueba bien Jerusa; si quedó contenta de la ovación o le ha parecido
-poca, y, por fin, cuál es su actitud en el asunto de la Cámara de
-Comercio, es decir, si apoyará a raja-tabla en Madrid las pretensiones
-de esta villa.
-
-LUCRECIA
-
-¡Dios me ampare!
-
-LA ALCALDESA, ~mirando~.
-
-Ya, ya le ha despachado. Allá va el pobre Cea con viento fresco.
-Pondrá esta noche las paparruchas que le habrá encajado José María...
-Que usted adora al pueblo; que ha venido muy cansada y con dolores de
-reúma, y que se desvivirá por conseguirnos lo de la Cámara de Comercio,
-apabullando a los de Durante... Ya entra mi marido. Bajemos al comedor.
-
-LUCRECIA. ~(Salen las dos señoras, enlazadas del brazo; las niñas
-delante.)~
-
-Es delicioso. Pero no me hace ninguna gracia que ponga ese majadero la
-noticia falsa de mi reumatismo. Es una enfermedad que me desagrada más
-que otras, porque, no siendo grave, hace engordar.
-
-LA ALCALDESA, ~bajando la escalera~.
-
-Es muchacho fino, y dirá que está usted nerviosa.
-
-LUCRECIA
-
-Menos mal.
-
-~En la puerta del comedor encuentran al señor Alcalde, que ofrece su
-brazo a la Condesa. Sofocado, aunque de buen humor, da cuenta del
-gracioso _quite_ con que logró evitar la formidable tabarra con que
-les amenazaba el audaz foliculario. Debe decirse, tributando a la
-verdad los honores debidos, que fue excelente y copiosa la comida,
-feliz combinación del _estilo de fonda_ y del arte casero en casa
-rica; el servicio atropellado y lento, pues las pobrecitas criadas
-no acertaban a desenvolverse en aquel mete-y-saca y quita-y-pon de
-platos, fuentes y salseras. Sentáronse a la mesa, a más de la Condesa
-y sus hijas y los dueños de la casa, los dos niños de estos, escolares
-encogidos que se hallaban en plena _edad del pavo_, y eran de lo más
-desaborido que en tan lastimosa edad comunmente se ve. De personas
-extrañas solo había una, la que toda Jerusa conocía por CONSUELITO, de
-apodo la _Solitaria_, prima del Alcalde, viuda rica sin hijos, que en
-investigar vidas ajenas se pasaba mansamente la suya, y era, por tanto,
-un viviente archivo de historias, enredos y chismes. Amenizó el señor
-Alcalde la comida con un jaquecoso disertar sobre las mejoras pasadas,
-presentes y venideras de Jerusa, y a nadie dejaba meter baza. Pugnaba
-su esposa por intercalar observaciones finas en medio de la gárrula
-oratoria del buen Monedero: pero rara vez vio coronado por el éxito
-su laudable propósito. Cuando servían el café (que, entre paréntesis,
-llegó a la mesa mal hecho, recalentado y frío), entraron a saludar a la
-Condesa EL SEÑOR CURA, que ya la había visto, y SENÉN, que aún no había
-tenido el honor de besarle la mano.~
-
-
-ESCENA IV
-
-~Jardín que no necesita descripción, pues ya se comprende que es un
-afectado y ridículo plagio en pequeño del estilo inglés en grande;
-trazado en curvas, con praderas, macizos, bosquecillos y plantaciones
-ornamentales de variada coloración.~
-
-~LUCRECIA, NELL y DOLLY; EL ALCALDE, LA ALCALDESA, sus DOS HIJOS, que
-no hablan, y peor sería que hablaran; CONSUELITO, EL CURA, SENÉN.~
-
-~Fórmanse grupos distintos que cambian de figuras.~
-
-EL CURA, ~sentándose con la Condesa y la Alcaldesa en un banco
-_rústico_, de los muchos que hay en el jardín, alternando con los
-_civilizados_~.
-
-Ya comprenderá la señora Condesa que no he venido esta tarde solo por
-el gusto de verla, que siempre es grande, sino...
-
-LUCRECIA
-
-Ya, ya... Ha comido usted con _él_... y me trae algún mensaje; recadito
-por lo menos.
-
-EL CURA
-
-Dispénseme si le digo que se equivoca. El señor Conde no me ha dado
-ninguna comisión ni recado para la Condesa de Laín.
-
-LUCRECIA
-
-Entonces...
-
-EL CURA
-
-Lo que yo diga será por cuenta mía, por inspiración propia y consejo de
-amigo.
-
-LUCRECIA, ~a la Alcaldesa, que se aparta discretamente~.
-
-No, no se retire usted, Vicenta. No hablamos nada reservado. Puede
-usted oírlo... Siga, Don Carmelo. Mi ilustre papá político, como si lo
-viera, habrá dicho de mí... qué sé yo... horrores espeluznantes.
-
-EL CURA
-
-No, señora. Ni una sola vez la ha nombrado a usted durante la comida.
-
-LUCRECIA
-
-Permítame el Sr. D. Carmelo que no le crea, con todo el respeto debido.
-Es usted un santo, que en este instante no dice la verdad... por exceso
-de virtud. Se dan casos.
-
-EL CURA
-
-Habló mucho de su hijo muerto, dignísimo esposo de usted; ponderó sus
-virtudes, su mérito no común, lloró...
-
-LUCRECIA, ~que palidece, e intenta desviar la conversación~.
-
-También hablaría de su desdichado viaje a América. Lo emprendió atraído
-por la ilusión, por el espejismo de un caudal que allí dejó su abuelo
-el Virrey, y después de mil fatigas y trabajos, sufriendo desaires y
-persecuciones, ha vuelto descorazonado y sin una peseta. Al diantre
-se le ocurre plantarse en el Perú a reclamar las famosas minas de
-Hualgayoc, olvidadas durante un siglo.
-
-EL CURA
-
-También nos habló de eso... y de otras cosas. Demuestra un cariño
-ardiente a sus nietas. Oyéndole hablar de ellas, hemos observado
-Angulo y yo cierta exaltación del afecto paternal, y una tenacidad
-monomaníaca en el propósito de estudiar y desentrañar los caracteres de
-una y otra... Por la incoherencia con que se expresa, no hemos podido
-apoderarnos de su pensamiento, si es que alguno tiene. Angulo cree más
-bien que en aquella cabeza hay un desconcierto lastimoso, ideas de
-grandeza, ideas de venganza, el orgullo y la miseria, que rabian de
-verse juntos.
-
-LUCRECIA
-
-No será extraño que las desdichas, amargando su alma, toda soberbia y
-altanería, lleven al buen D. Rodrigo a la locura...
-
-EL CURA
-
-No diré yo tanto. Solo apunto la idea de que el señor Conde, por su
-ancianidad, por su pobreza, por el estado de amargura e irritación
-de su espíritu, merece y reclama exquisitos cuidados, y de esto
-precisamente quería que hablásemos usted y yo.
-
-LUCRECIA
-
-Por mí no ha de quedar. Pienso decir a Venancio que si el Conde
-permanece en la Pardina tenga con él toda clase de miramientos, le
-cuide, le agasaje, atienda con delicadeza a sus necesidades. Pero yo
-dudo que acepte estos beneficios dispuestos por mí. Usted le conoce...
-
-EL CURA
-
-Sí, y sé que es atrabiliario, descontentadizo, y que la exaltación de
-la dignidad le impulsará a rechazar el bien que usted le ofrezca.
-
-LUCRECIA, ~cruzándose de brazos~.
-
-Entonces, ¿qué debo hacer? Vicenta, dé usted su opinión.
-
-LA ALCALDESA, ~con finura~.
-
-Yo... ¿Qué quiere usted que le diga? Paréceme que no será difícil
-encontrar un medio de darle amparo decoroso, digno de su alcurnia, sin
-que la vidriosa dignidad de D. Rodrigo se sintiera ofendida.
-
-EL CURA, ~aprobando enfáticamente~.
-
-Mucho, mucho... Vicenta, con su talento admirable, nos indica el mejor
-camino. Pues bien: yo tengo una idea, que quiero someter al buen
-criterio de usted...
-
-EL ALCALDE, ~presuroso, hacia la Condesa~.
-
-Lucrecia, ahí tiene usted una visita. El Prior y dos Padres Jerónimos
-del convento de Zaratán vienen a ofrecer a usted sus respetos.
-
-LUCRECIA
-
-¡Ah!... Zaratán... Ya me acuerdo. Dí una cantidad para la
-restauración... y Rafael consiguió del Gobierno un dineral para que
-estos benditos pudieran instalarse.
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Están en la sala? Vamos un momento. No tema usted que la fastidien.
-Son finísimos.
-
-EL CURA
-
-Vamos allá... ¡Qué oportunidad, qué feliz coincidencia!
-
-~(Entran en la casa Lucrecia, el Cura, el Alcalde y su señora.)~
-
-SENÉN, ~en otro grupo, con Nell y Dolly, Consuelito y los niños del
-Alcalde, que no hablan ni a tiros~.
-
-¿Quieren ver la pajarera?
-
-NELL
-
-Lo que queremos ver es las sortijas que llevas tú en el dedo meñique.
-
-DOLLY
-
-Son preciosas. Ya podías regalárnoslas.
-
-SENÉN
-
-Están a su disposición.
-
-DOLLY
-
-¡Truhan! Ya sabes que no las tomaríamos.
-
-SENÉN
-
-¿Por qué no? Hagan la prueba.
-
-NELL
-
-Te morirías de rabia.
-
-CONSUELITO
-
-Las necesita para deslumbrar a las chicas del pueblo.
-
-DOLLY
-
-¿Cuántas novias tienes? Dinos la verdad.
-
-NELL
-
-Lo menos dos docenas.
-
-CONSUELITO
-
-Que yo conozca, tres... A mí no me lo negarás, pillo, engañador. Te he
-visto de telégrafos con Delfina, la del confitero; sé que te carteas
-con Amalia Ruiz, y es de dominio público que le mandas versitos a ese
-retaco de Hilaria Sevillano, y que ella te envía, con la mujer del peón
-caminero, peras de su huerta. Todo se sabe, amiguito.
-
-SENÉN
-
-Sí, y lo primero que sabemos es que se deja usted tamañita a _La
-Correspondencia_. Todo lo averigua y todo lo trabuca. Para que se
-entere, no han sido peras, sino abridores.
-
-CONSUELITO
-
-Y ahora te está preparando una calabaza de cabello de ángel. Es rica la
-niña, aunque cargadita de espaldas; pero los padres, que son plateros y
-conocen el oro falso, no te pasan... Tienes liga...
-
-~(No se oye lo que contesta Senén, porque Nell y Dolly, viendo pasar
-a un sujeto al través de la verja que da a la calle de Potestad, se
-abalanzan gozosas a llamarle.)~
-
-DOLLY
-
-¡D. Pío, Pío, Piito, venga, ven acá!... entra.
-
-CONSUELITO, ~dejando a Senén con la palabra en la boca~.
-
-¿Es Coronado, vuestro maestro?
-
-NELL, ~gritando~.
-
-Maestro, maestrillo, entra. Mamá quiere verte.
-
-DOLLY
-
-No seas vergonzoso... ven.
-
-SENÉN
-
-No entrará ni a tiros. Es muy corto de genio. ~(Se asoman los cuatro, y
-ven a un anciano que se aleja calle adelante, y risueño saluda con la
-mano.)~
-
-NELL
-
-¡Pobrecillo!... ¡Le queremos más...!
-
-~Los dos niños del Alcalde se dedican, con perseverancia digna de mejor
-causa, a untarse las manos de tierra mojada. La _Solitaria_, viendo
-salir a los frailes, y a las señoras, que en la verja de la plaza les
-despiden, corre a gulusmear. Fórmanse nuevos grupos: en un lado están
-el Cura, la Alcaldesa y Consuelito; en otro, el Alcalde, la Condesa,
-Senén y las niñas.~
-
-CONSUELITO, ~a la Alcaldesa~.
-
-¿Se puede saber a qué han venido los padricos de Zaratán?
-
-LA ALCALDESA
-
-Visita de parabién, y nada más. ~(Al Cura.)~ La verdad, D. Carmelo,
-aquí que nadie nos oye: ¿D. Rodrigo le dijo o no le dijo a usted los
-horrores que supone Lucrecia?
-
-EL CURA, ~escurriendo el bulto~.
-
-Psch... Exageraciones, monomanías... chocheces.
-
-CONSUELITO
-
-A esta buena señora no le vendría mal mirar un poquito por su
-reputación... Ella será buena; pero no puede hacerlo creer a nadie.
-
-LA ALCALDESA
-
-Chitón, Consuelo. Lucrecia está en mi casa.
-
-EL CURA
-
-De todas las historias que por ahí corren, descontemos lo que añaden la
-malicia, la envidia, el afán de los chistes, y...
-
-CONSUELITO
-
-Quite usted todo el _jierro_ que quiera, y siempre quedará lo que es
-público y notorio.
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Y quién te asegura que no sea invención?
-
-CONSUELITO
-
-No creo en las invenciones, ni siquiera en la de la pólvora... Esta
-Vicenta, cuando se pone a no querer entender las cosas...
-
-LA ALCALDESA
-
-Indicábamos que podría ser invención...
-
-CONSUELITO
-
-¿He inventado yo que esta buena señora no tenía ni pizca de amor a su
-marido... y que le dejó morir como un perro en una fonda de Valencia?
-
-LA ALCALDESA
-
-¡Consuelo, por Dios...!
-
-CONSUELITO
-
-Hija, en Madrid lo oí... Los chicos de la calle no sabían otra cosa.
-Bueno: que es mentira. ¿Queréis que diga y sostenga que miente todo
-el mundo? Pues lo digo: a benevolencia nadie me gana. Pero también os
-aseguro una cosa: en mi fuero interno creo que el Conde de Albrit tiene
-razón en odiar a su nuera, y lo pruebo, como diría Senén.
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Recomiéndele usted a su fuero interno que no sea tan malicioso.
-
-CONSUELITO
-
-Pero no puedo recomendar a mis ojos que no vean lo que ven; y han visto
-que la cara de la Condesa se queda como el mármol cuando le nombran a
-su suegro.
-
-EL CURA
-
-De mármol blanco. Es que tiene una tez que ya la quisiera usted para
-los días de fiesta.
-
-CONSUELITO
-
-Yo no presumo.
-
-EL CURA
-
-Podía...
-
-LA ALCALDESA, ~cortando la cuestión~.
-
-Basta. Mientras esta señora esté en mi casa, yo no tolero...
-
-CONSUELITO
-
-Claro... pero conste que ella viene a honrarse a tu casa... no eres tú
-quien se honra con recibirla y agasajarla. ¡Pues no le han dado hoy
-poquita ovación!... Y dice que no le gustan los vivas... A poco más
-revienta de orgullo.
-
-EL CURA
-
-Señora Doña Consuelito, no abre usted la boca sin decir algo en ofensa
-del prójimo. Haga caso de mí, que la quiero bien: ponga mesura en sus
-palabras, y enfrene un poco su curiosidad de las vidas ajenas.
-
-CONSUELITO
-
-¿Qué mal hay en saber lo que pasa, siendo verdad? La curiosidad es hija
-de Dios, y de la curiosidad nace la historia que usted cultiva, y nace
-la ciencia que descubre tantas cosas.
-
-EL CURA
-
-La curiosidad perdió a Eva.
-
-CONSUELITO
-
-Hay opiniones...
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Es dogma.
-
-CONSUELITO
-
-Bueno... lo creo por ser dogma, que si no, no lo creía. Una cosa
-siento, acordándome de lo del Paraíso... Sí, señor, siento no haberlo
-visto yo, para que nadie me lo contara.
-
-LA ALCALDESA, ~viendo llegar a la Condesa~.
-
-Silencio... Aquí viene.
-
-LUCRECIA
-
-¡Pobre Senén! Las chiquillas le traen loco.
-
-~La inopinada presencia del periodista en la verja de entrada exige
-nueva intervención de la muleta del señor Alcalde. Preséntase también
-el director del orfeón. La Alcaldesa se ve precisada a poner coto a los
-juegos inocentes de sus hijuelos, y acude al estanque, donde se lavan
-las manos, mojándose la ropita nueva. Nell y Dolly llaman a Consuelito
-y al Cura. Senén y la Condesa se encuentran un rato solos.~
-
-LUCRECIA, ~sentada a la sombra de una magnolia frondosísima~.
-
-Ya sé que has visto a ese hombre, que le has hablado.
-
-SENÉN, ~en pie, respetuoso~.
-
-Viene de malas.
-
-LUCRECIA, ~disimulando su miedo~.
-
-¿Y qué me importa? Forzoso es darle algo para que viva... Me dejará en
-paz.
-
-SENÉN
-
-Lo dudo... Como soberbio que es, no querrá limosna; como quisquilloso y
-camorrista, querrá escándalo.
-
-LUCRECIA, ~trémula~.
-
-¡Escándalo!... ¿Qué?... ¿te ha dicho algo?
-
-SENÉN, ~haciéndose el misterioso~.
-
-A mí, no... En Madrid, un amigo mío que vivió en Valencia con el señor
-Conde, me dijo que este, desde la muerte de su hijo (Dios le tenga
-en su gloria), no vive más que para un fin: revolver lo pasado, los
-desechos del pasado...
-
-LUCRECIA
-
-Como los traperos en los montones de basura.
-
-SENÉN
-
-Revolver para sacar... lo que encuentre.
-
-LUCRECIA, ~muy inquieta~.
-
-Y a ti te haría mil preguntas... Sabe que fuiste mi criado... y los
-criados siempre poseen algún secreto... digo mal, algún dato de las
-intimidades de sus amos.
-
-SENÉN, ~enfáticamente~.
-
-En mí tuvo y tendrá siempre la señora Condesa un servidor leal...
-
-LUCRECIA
-
-Lo sé... Confío en ti.
-
-SENÉN
-
-Y aunque no me obligaran a la lealtad los motivos de agradecimiento
-que me hacen esclavo de la señora, seré fiel y seguro porque tengo la
-honradez metida en las entrañas...
-
-LUCRECIA
-
-Lo sé... ~(Apuradísima por librar su olfato del insoportable perfume de
-heliotropo que Senén despide de su ropa, saca el pañuelo, y se acaricia
-con él la nariz, fingiendo constipación.)~
-
-SENÉN
-
-Sirvo a la Condesa de Laín desinteresadamente en todo aquello que guste
-mandarme, sea lo que fuere... Pero no olvide la señora que su humilde
-protegido, el pobre Senén, no merece quedarse a mitad del camino en su
-carrera.
-
-LUCRECIA, ~con hastío y desdén~.
-
-¿Pero qué... quieres más? ¿Solicitas otro ascenso? Ahora es imposible.
-
-SENÉN, ~quejumbroso~.
-
-No es eso. Por la administración a secas no se va a ninguna parte.
-
-LUCRECIA
-
-¿Pues qué pretendes?... Dilo pronto y acaba de una vez. ¿Quieres el
-arzobispado de Toledo, o la cruz laureada de San Fernando?
-
-SENÉN
-
-Aspiro a una posición obscura y de mucho trabajo, con lo cual podré
-asegurar mi subsistencia en lo que me quede de vida.
-
-LUCRECIA, ~impaciente, deseando que se vaya~.
-
-Bueno: la tendrás. ¿Es cosa que puedo hacer yo?
-
-SENÉN
-
-Facilísimamente, no dejando pasar la ocasión. Es cosa muy sencilla. Que
-me nombren agente ejecutivo para la cobranza de Derechos Reales.
-
-LUCRECIA
-
-¿Y eso da dinero?
-
-SENÉN
-
-¡Que si da!...
-
-LUCRECIA
-
-¿De modo que pidiéndolo al Ministro...?
-
-SENÉN
-
-Como tenerlo en la mano.
-
-LUCRECIA, ~levantándose, por huir del perfume y del perfumado~.
-
-Si es así, cuenta con ello.
-
-SENÉN
-
-Permítame la señora un momentito...
-
-LUCRECIA
-
-¡Insufrible pedigüeño! ¿Todavía más?
-
-SENÉN
-
-Se me olvidó decir a la señora que para desempeñar ese cargo necesito
-fianza.
-
-LUCRECIA, ~muy displicente~.
-
-¿También eso?
-
-SENÉN
-
-Una fuerte fianza.
-
-LUCRECIA, ~sofocando su ira~.
-
-Yo no puedo ponértela...
-
-SENÉN, ~dando un paso hacia ella~.
-
-Pero el señor Marqués de Pescara me la facilitará solo con que la
-señora se lo diga... o se lo mande.
-
-LUCRECIA
-
-¡Oh!... Esto ya es absurdo... Pides cosas difíciles, enfadosas.
-
-SENÉN, ~dando otro paso en seguimiento de la Condesa, que se aleja~.
-
-Si la señora no quiere molestarse para que yo salga de pobre, no he
-dicho nada... Se me olvidaba manifestarle que el dinero estará seguro,
-y el señor Marqués cobrará intereses de la Caja de Depósitos.
-
-LUCRECIA, ~deseando concluir~.
-
-Está bien... Pero es dudoso que yo pueda ver a Ricardo...
-
-SENÉN, ~con seguridad~.
-
-Le verá mañana o pasado.
-
-LUCRECIA, ~con súbito interés, aproximándose a él, sin temor a la
-fragancia heliotrópica~.
-
-¿Dónde?... ¿Qué dices?... ¿Dónde?
-
-SENÉN
-
-En Verola, a donde la señora va desde aquí.
-
-LUCRECIA
-
-¿Y cómo lo sabes?
-
-SENÉN
-
-Cuando lo digo, es porque lo sé... y lo pruebo.
-
-LUCRECIA
-
-¡Él también en Verola!... ¡Ah! lo sabes por su ayuda de cámara, que es
-tu primo. ¿Estás seguro?
-
-SENÉN
-
-Prométame la señora que si encuentra allí al señor Marqués le pedirá la
-fianza. Con eso me basta.
-
-LUCRECIA, ~rehaciéndose, avergonzada de sostener coloquio familiar con
-un inferior~.
-
-Yo veré... Ignoro en qué disposición encontraré a Ricardo.
-
-SENÉN, ~muy animado~.
-
-Prométame hablarle de mi fianza si le encuentra en buena disposición.
-Me conformo.
-
-LUCRECIA
-
-Te prometo no olvidar el asunto, mirarlo con interés... siempre que tú
-me asegures una lealtad a toda prueba...
-
-SENÉN, ~con aspavientos de adhesión~.
-
-¡Señora!...
-
-LUCRECIA, ~tapándose la nariz~.
-
-Retírate...
-
-SENÉN
-
-¿Qué... está la señora constipada?
-
-LUCRECIA, ~burlona~.
-
-No, hombre... Es que usas unos perfumes tan fuertes, que no se puede
-estar a tu lado... Vete ya.
-
-SENÉN, ~turbado~.
-
-Pues yo creía... No molesto más... ~(Saludando a distancia.)~ Señora...
-
-LUCRECIA, ~agitando con su pañuelo el aire, para alejar los miasmas
-olorosos~.
-
-¡Qué desgraciada soy, Dios mío! ¡Tener que soportar a ese animalejo, y
-oírle, y olerle... solo porque le temo!...
-
-LA ALCALDESA, ~que vuelve de meter en cintura a sus niños~.
-
-¿Qué hace usted, Lucrecia?
-
-LUCRECIA
-
-Limpiar la atmósfera de los perfumes que usa este imbécil.
-
-LA ALCALDESA, ~riendo~.
-
-Sí, sí: tiene infestada... toda la población.
-
-~(Entra en el jardín _Capitán_, el perrito de la Pardina, y corre hacia
-las niñas, brincando de alegría, y meneando el plumacho que tiene por
-cola.)~
-
-DOLLY, ~bajándose para cogerle de las patas delanteras~.
-
-Hola, pillo, ¿vienes a ver a tus niñas?
-
-NELL
-
-¿Qué trae por aquí el chiquitín de la casa? Tú no has venido solo,
-_Capitán_.
-
-DOLLY
-
-¿Con quién has venido?
-
-EL ALCALDE, ~a Lucrecia~.
-
-Ahí tiene usted a Venancio, con un recado del _León de Albrit_...
-Cuidado que no le llamo flaco ni gordo, ni hablo de sus pulgas.
-
-LUCRECIA, ~demudada~.
-
-Voy... ¿Qué será? ~(Entra en la casa, acompañada de la Alcaldesa.)~
-
-EL ALCALDE, ~a Consuelito, que ávida de noticias se le aproxima~.
-
-Esta tarde no podremos librarnos del orfeón. Ya le he dicho a Fandiño
-que con un par de cantatas nos daremos por bien servidos.
-
-CONSUELITO
-
-Y echarán, aplicándolo a tu amiga, el coro dedicado a Isabel la
-Católica, que dice: «Salve, matrona excelsa...» ~(Cantando.)~
-
-EL ALCALDE
-
-El tábano de Cea debiera celebrar su _interbú_ contigo. Pero como estás
-sorda, le encargaré que se traiga una trompetilla.
-
-CONSUELITO, ~amenazándole con su abanico~.
-
-¡Sorda yo!
-
-EL ALCALDE
-
-Quiero decir que debieras serlo... y muda.
-
-CONSUELITO
-
-Eso quisieras tú, para hacer mangas y capirotes en el Ayuntamiento.
-
-LUCRECIA, ~que vuelve de la casa, con la Alcaldesa y el Cura~.
-
-Mi noble suegro me pide hora y sitio para nuestra entrevista. He dicho
-a Venancio que le contestaré esta tarde.
-
-EL CURA
-
-Me parece bien que no se demore el careo. Sea usted humilde si él es
-orgulloso. Tiene usted la juventud, la fuerza, no sé si la razón... Él
-es anciano, infeliz... Merece indulgencia.
-
-LUCRECIA, ~mirando más al suelo que a los que la rodean~.
-
-No sé qué pretenderá... Lo sabremos mañana.
-
-EL ALCALDE
-
-Citémosle aquí. Verá usted cómo conmigo no se desmanda. ¡Leoncitos a
-mí!
-
-LUCRECIA, ~vacilando~.
-
-No sé... no sé...
-
-CONSUELITO
-
-Si quiere usted celebrar la entrevista en mi casa, pongo a su
-disposición una sala hermosísima... Con franqueza. Estarán ustedes
-solitos... Se cierran bien las puertas...
-
-LUCRECIA
-
-No, gracias... Iré a la Pardina.
-
-EL CURA
-
-Fije usted la hora, y yo le llevaré el recado.
-
-LUCRECIA
-
-Mañana, a las diez.
-
-LA ALCALDESA, ~desconsolada~.
-
-¡Mañana que pensaba yo llevármela a visitar a las monjitas!
-
-EL ALCALDE
-
-Y el colegio, y la fábrica, y el matadero, y los casinos de la _masa
-obrera_, y el hospital, y el instituto, y las escuelas... Condesa, que
-espere el león un día más.
-
-LUCRECIA
-
-No puede ser, mi querido D. José María, porque me voy mañana.
-
-LA ALCALDESA, ~con asombro y cierta indignación, de que participa su
-esposo~.
-
-¿Cómo es eso? ¡Lucrecia, por Dios...!
-
-EL ALCALDE, ~dando resoplidos~.
-
-¡Trómpolis! Eso no es lo tratado.
-
-LA ALCALDESA
-
-No, hija mía; no lo consentimos. Dijo usted que cuatro días.
-
-EL ALCALDE
-
-Me opongo. Saco la vara.
-
-EL CURA
-
-Y yo saco el Cristo.
-
-CONSUELITO
-
-¡Ingrata! ¡Dejarnos tan pronto!
-
-LUCRECIA, ~remilgada, suspirando~.
-
-Lo siento en el alma...
-
-EL CURA
-
-¿Pero tan mal la tratamos?
-
-CONSUELITO, ~poniendo morros~.
-
-Sin duda la tratan mejor en Verola, en el castillo de sus amigos los
-Donesteve.
-
-LUCRECIA
-
-Compromiso ineludible. Me esperan mañana. Pero no hay que apurarse...
-volveré.
-
-EL ALCALDE, ~con grosería~.
-
-¿De veras? ¡Cómo nos está tomando el pelo!
-
-LA ALCALDESA
-
-No, no nos engaña. Volverá.
-
-LUCRECIA
-
-Como que es muy probable que allí determine llevarme a las
-chiquillas... Francamente, me inquieta un poco dejarlas en Jerusa.
-
-EL CURA, ~frunciendo el ceño~.
-
-Tal vez...
-
-NELL, ~corriendo hacia su madre~.
-
-¡Mamá, el orfeón!
-
-DOLLY
-
-¡El orfeón! Ahí están.
-
-NELL, ~batiendo palmas~.
-
-¡Qué gusto!
-
-DOLLY
-
-¡Qué alegría!
-
-CONSUELITO, ~cantando bajito~.
-
-«Salve, matrona excelsa...»
-
-
-ESCENA V
-
-~Sala baja en la Pardina.~
-
-LUCRECIA, ~sentada, melancólica, mirando al suelo~; EL CONDE, ~que
-entra por el foro~.
-
-EL CONDE
-
-Señora Condesa... ~(Se inclina respetuosamente. Saluda ella con fría
-reverencia.)~ Agradezco a usted que haya tenido la bondad de concederme
-esta entrevista, aunque para merecer yo favor tan grande haya tenido
-que venir a Jerusa. ~(Toma una silla, y se sienta cerca de ella.)~
-
-LUCRECIA
-
-Es obligación sagrada para mí acceder a su ruego... aquí o en cualquier
-parte. Obligación digo: durante algún tiempo me ha llamado usted su
-hija.
-
-EL CONDE
-
-Pero ya no... Esos tiempos pasaron. Fue usted, como si dijéramos, una
-hija eventual... transitoria, una hija de paso...
-
-LUCRECIA, ~esforzándose en sonreír para engañar su miedo~.
-
-Y a las hijas de paso... cañazo.
-
-EL CONDE
-
-Extranjera por la nacionalidad, y más aún por los sentimientos, jamás
-se identificó usted con mi familia, ni con el carácter español.
-Contra mi voluntad, mi adorado Rafael eligió por esposa a la hija de
-un irlandés establecido en los Estados Unidos, el cual vino aquí a
-negocios de petróleo... ~(Suspirando.)~ ¡Funestísima ha sido para mí la
-América!... Pues bien: como todo el mundo sabe, me opuse al matrimonio
-del Conde de Laín; luché con su obstinación y ceguera... fui vencido.
-Me han dado la razón el tiempo y usted; usted, sí, haciendo infeliz a
-mi hijo, y acelerando su muerte.
-
-LUCRECIA, ~airada, y todavía medrosa~.
-
-Señor Conde... eso no es verdad.
-
-EL CONDE, ~fríamente autoritario~.
-
-Señora Condesa, es verdad lo que digo. Mi pobre hijo ha muerto de
-tristeza, de dolor, de vergüenza.
-
-LUCRECIA, ~sacando fuerzas de flaqueza~.
-
-No puedo tolerar...
-
-EL CONDE
-
-Calma, calma. No se acalore usted tan pronto... cuando apenas he
-comenzado...
-
-LUCRECIA
-
-Es monstruoso que se me pida una entrevista para mortificarme, para
-ultrajarme. ~(Afligida.)~ Señor Conde, usted nunca me ha querido.
-
-EL CONDE
-
-Nunca... Ya ve usted si soy sincero. Mi penetración, mi conocimiento
-del mundo no me engañaban. Desde que vi a Lucrecia Richmond la tuve
-por mala, y si en algo han fallado mis augurios ha sido en que... en
-que salió usted peor de lo que yo pensaba y temía.
-
-LUCRECIA, ~levantándose altanera~.
-
-Si esta conferencia, que yo no he solicitado, es para insultarme, me
-retiro.
-
-EL CONDE, ~sin alterarse~.
-
-Como usted guste. Si prefiere que lo que tengo que decirle lo diga
-a todo el mundo, retírese en buen hora. Por la cuenta que le tiene,
-preferirá sin duda oírlo sola, por mucho que le desagraden mi voz y
-mis acusaciones. ¿No es eso? El oprobio de que pienso hablarle quedará
-entre los dos. Nos lo repartiremos por igual, sin dejar nada para los
-extraños. ¿No es esto mejor que arrojarlo fuera, a puñados, sobre
-la multitud? ~(La Condesa, que vacila entre salir y quedarse, da un
-paso hacia su asiento.)~ ¿Ve usted cómo no le conviene dejarme con la
-palabra en la boca?... Así es mejor.
-
-LUCRECIA, ~angustiada, pasándose la mano por los ojos y la frente~.
-
-Sí, sí... Le suplico la brevedad... Lo que se propone decirme, dígalo
-pronto, pronto...
-
-EL CONDE
-
-Es un poquito largo... ~(Le señala el asiento.)~ ¿A qué tanta prisa?
-¡Cuánto mejor está usted aquí conmigo, oyendo las terribles verdades
-que salen de mi boca, que entre gentes aduladoras y embusteras,
-que públicamente la festejan, y en privado la denigran! ¿Acaso es
-usted tan candorosa que se paga de esa estúpida farsa de la ovación
-callejera, y los vivas y los cohetes? Todos los que se han quedado
-roncos aclamando a la Condesa de Laín, se aclaran la voz contando
-aventuras galantes, anécdotas maliciosas. Y también digo que, con ser
-usted mala, no lo es tanto como creen y afirman los imbéciles que ayer
-la vitorearon.
-
-LUCRECIA, ~queriendo serenarse~.
-
-Más vale así... Siempre es un consuelo ser mejor de lo que nos creen
-los amigos.
-
-EL CONDE
-
-Siéntese usted. Después de oír tantos embustes y lisonjas, no le viene
-mal oír la voz de la justicia, de la verdad... y oírla con paciencia
-cristiana.
-
-LUCRECIA
-
-¡Paciencia! Ya ve usted que la tengo, aunque no sea tanta como su
-malicia. Pero no hay que abusar, señor mío; no vea usted cobardía en lo
-que es respeto a la ancianidad, a los lazos que nos unen y que usted no
-puede desconocer, a sus terribles infortunios...
-
-EL CONDE, ~con gran abatimiento~.
-
-Sí, sí: soy muy desgraciado.
-
-LUCRECIA, ~envalentonándose al ver desmayar a su enemigo~.
-
-Pero usted, Sr. D. Rodrigo, no aprende nunca. Las desgracias, que
-son lecciones y avisos de la Providencia, doman al más soberbio, y
-suavizan al más atrabiliario. Esta ley, sin duda, no reza con usted.
-Francamente, yo creí que la pérdida total de su fortuna y el horrible
-desengaño de América, amansarían su orgullo... Veo que no. El león,
-caduco y pobre, vuelve a España más fiero.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué quiere usted?... Dios me ha hecho fiero, y fiero he de morir.
-
-LUCRECIA, ~intentando tomar una posición ofensiva~.
-
-Es usted, según creo, el hombre de las equivocaciones, y bien puede
-decirse que todo aquello en que pone la mano le sale mal. Le hacen
-creer que el Gobierno peruano está dispuesto a reconocerle la propiedad
-de las minas de Hualgayoc, y se embarca, la cabeza llena de viento,
-discurriendo cómo traerá la enorme carga de millones que allá le tenían
-muy guardaditos... Pero la realidad le deparó tan solo desprecios,
-cansancio inútil, humillaciones... Y no teniendo sobre quién descargar
-su despecho, se revuelve contra una pobre mujer, y la injuria y la
-maldice.
-
-EL CONDE
-
-Si al regresar de aquella excursión que consumó mi ruina hubiera yo
-encontrado a mi hijo vivo, su cariño me habría hecho olvidar mi triste
-situación. Pero la muerte de Rafael, acaecida hace cuatro meses, avivó
-en mí la irascibilidad, despecho si usted quiere, el sabor amargo que
-en mi alma dejaron las desdichas... y avivó también el odio a la
-persona que creo responsable de la infelicidad y de la muerte de aquel
-hombre tan bueno y leal.
-
-LUCRECIA, ~altanera~.
-
-¡Responsable yo de su muerte! Eso es una infamia, señor Conde.
-
-EL CONDE, ~con gran entereza~.
-
-Mi hijo ha muerto... del abatimiento, del bochorno a que le llevaron
-los escándalos de su esposa. Eso lo sabe todo el mundo.
-
-LUCRECIA, ~airada, levantándose~.
-
-Mire usted lo que dice. Se hace usted eco de viles calumnias. Tengo
-enemigos.
-
-EL CONDE
-
-Más que los enemigos, difaman a Lucrecia Richmond... sus amigos.
-
-LUCRECIA, ~desconcertada~.
-
-Repito que es calumnia.
-
-EL CONDE, ~levantándose también~.
-
-Ahora lo veremos... ~(Con cierta dulzura.)~ Lucrecia... aún podría
-suceder que yo me equivocara, que fuese usted mejor de lo que
-supongo... Este error mío lo confirmaría usted, dándome con ello una
-dura lección, si tuviera el arranque de confesarme la verdad...
-
-LUCRECIA, ~aturdida~.
-
-¿La verdad?...
-
-EL CONDE
-
-Sí... sobre un punto delicadísimo sobre el cual la interrogaré.
-
-LUCRECIA, ~medrosa~.
-
-¿Cuándo?
-
-EL CONDE
-
-Ahora mismo... sí, y contestándome sin pérdida de tiempo, me
-proporcionará el placer inefable de perdonarla. Crea usted que al fin
-de mi vida, quebrantado, triste, moribundo casi, el perdonar es gran
-consuelo para mí.
-
-LUCRECIA, ~con terror~.
-
-¡Interrogarme! ¿Soy acaso criminal?
-
-EL CONDE
-
-Sí.
-
-LUCRECIA, ~luchando con su conciencia, que anhela manifestarse~.
-
-Todos somos imperfectos... No me tengo por impecable... ¿Pero a
-usted... quién le ha hecho confesor... y juez?
-
-EL CONDE
-
-Me hago yo mismo... Quiero y debo serlo, como jefe de la familia de
-Albrit, y guardador de mi decoro.
-
-LUCRECIA, ~con pánico, queriendo huir~.
-
-Esto es insoportable... No puedo más...
-
-EL CONDE, ~deteniéndola por un brazo~.
-
-No, no. No puede usted negarse a responderme... al menos para
-demostrarme que no tengo razón, si en efecto no la tuviera y usted
-pudiese probarlo. Lo que voy a preguntar es grave, y el acto de
-preguntarlo yo, de contestarme usted, ha de revestir cierta solemnidad.
-Ahora no soy yo quien habla: es el marido de la que me escucha, es mi
-hijo, que resucita en mí... ~(Pausa.)~ Siéntese usted. ~(La lleva al
-sillón.)~
-
-LUCRECIA, ~cayendo desfallecida en el sillón~.
-
-Por piedad, señor... Me está usted martirizando.
-
-EL CONDE
-
-Perdóneme usted... Es preciso... Hay que sufrir algo, Lucrecia. No
-todo ha de ser gozar y divertirse. ~(Pausa. La Condesa, ansiosa,
-no se atreve a mirarle.)~ Al llegar a Cádiz de mi frustrado viaje,
-entregáronme una carta de Rafael, en la cual me manifestaba su dolor,
-su amargura hondísima. La vida había perdido para él todo interés.
-Hallábase enfermo, y en su desesperación no anhelaba curarse. Le
-consumía el desaliento, la pérdida de toda ilusión, la vergüenza de ver
-ultrajado su nombre...
-
-LUCRECIA, ~revolviéndose~.
-
-¡Señor Conde, por Dios...!
-
-EL CONDE
-
-Mi hijo vivía separado de su esposa desde el año anterior.
-
-LUCRECIA
-
-¿Y quién asegura que fue por culpa mía?
-
-EL CONDE
-
-Yo lo aseguro: por culpa de usted.
-
-LUCRECIA
-
-No es cierto.
-
-EL CONDE, ~colérico~.
-
-No me desmienta usted. Calle ahora y escuche. ~(Recobrando el tono
-narrativo.)~ Rafael no me decía nada concreto. Expresaba tan solo el
-estado de su espíritu, sin exponer las causas...
-
-LUCRECIA, ~con viveza~.
-
-No decía nada concreto. Luego...
-
-EL CONDE
-
-Pero, a poco de recibir la carta, me dio cuenta detallada de las
-aventuras de la Condesa de Laín un amigo mío queridísimo, persona de
-intachable veracidad, que no solo refería lo que era público y notorio,
-sino algo que por circunstancias excepcionales tuvo ocasión de conocer
-y comprobar; hombre que no ha mentido nunca, tan bueno y noble, que
-al hacerme la triste historia de aquellos escándalos, casi, casi los
-atenuaba... No necesito nombrarle. Usted le conoce.
-
-LUCRECIA, ~aterrada, casi sin voz~.
-
-Yo... no.
-
-EL CONDE
-
-Usted sabe quién es. Y no se atreve, no se atreve a sostener que ha
-mentido, porque su conciencia, Lucrecia, se sobrepone a su cinismo;
-y antes dudará usted de la luz que de la veracidad de ese hombre,
-venerado de todo el mundo, gloria de la magistratura...
-
-LUCRECIA, ~agarrándose a un clavo ardiendo~.
-
-El hombre más recto puede equivocarse... sobre todo si respira un
-ambiente malsano de hablillas y embustes...
-
-EL CONDE
-
-Sigo. Me refirió todo, todo... es decir, todo no. Falta algo, tan
-secreto, que solo usted lo sabe... y usted me lo va a decir.
-
-LUCRECIA, ~con angustias de muerte~.
-
-¡Qué suplicio, Dios mío!
-
-EL CONDE
-
-¡Suplicio! No se acuerda usted del de su esposo, fugitivo, solo,
-muriendo de melancolía, sin que ningún cariño le consolara... porque
-yo estaba ausente, y usted, que no le amaba, no hacía más que rebuscar
-pretextos para apartarse de su lado... Claro que al recibir la carta
-y al oír los informes de mi amigo, me faltó tiempo para correr al
-lado de Rafael. Tomé el tren, y sin parar en ninguna parte, me fui a
-Valencia...
-
-LUCRECIA
-
-¡Ay de mí!
-
-EL CONDE, ~con voz lúgubre~.
-
-Dos horas antes de llegar yo, mi adorado hijo había muerto. Agravose su
-enfermedad en aquellos días. Él no hacía caso... Un tremendo acceso de
-disnea, el espasmo... la muerte. Todo en unas cuantas horas... ~(Llora.
-Pausa.)~ Murió en el cuarto de una fonda... vestido sobre la cama...
-mal asistido de gente mercenaria... ¡Jesús... qué dolor...!
-
-LUCRECIA, ~muy conmovida, sollozando~.
-
-¡Oh! Señor Conde, aunque usted no lo crea, yo le amaba...
-
-EL CONDE, ~iracundo, limpiándose las lágrimas~.
-
-¡Mentira! Si le amaba usted, ¿por qué no corrió a su lado al saber que
-estaba enfermo?
-
-LUCRECIA, ~sin saber qué decir~.
-
-Porque... no sé... Complicaciones de la vida que no puedo explicar en
-breves palabras. Yo...
-
-EL CONDE
-
-Déjeme concluir... Fácilmente comprenderá mi desesperación al
-encontrarle muerto. ¡No escuchar de sus labios explicaciones que solo
-él podría darme! Terrible cosa era perderle; pero más terrible aún
-verle yerto, frío, mudo para siempre, como le vi yo... y no poder
-consolarle, no poder decirle: «cuéntame tus martirios, y tu padre te
-contará los suyos.» ~(Cruza las manos, sollozando.)~ ¡Oh, pena inmensa,
-agonía lenta de mi vejez, más espantosa que cuantos males en todo
-tiempo sufrí! Verle cadáver, hablarle sin obtener respuesta, sin que
-a mis caricias respondiese con un gesto, con una mirada, con una voz.
-¡Y sabiendo yo el infinito dolor que amargó sus últimos días, ver que
-todo se lo llevaba, todo, al abismo del silencio, la muerte, sin darme
-una parte, un poco del dolor suyo, que era su alma!... ~(La Condesa,
-agitada y poseída de profunda emoción, llora, apretándose el pañuelo
-contra los ojos.)~ ¡Horrible, pavoroso!... Usted no tiene corazón y no
-sabe lo que es esto. ~(La ve llorar. Pausa.)~ ¡Qué hermoso sería que en
-este instante pudiéramos llorar usted y yo por aquel ser querido!...
-~(La Condesa da algunos pasos hacia él; están a punto de abrazarse...
-vacilan... El Conde la rechaza secamente.)~ No... Tú, no... usted, no.
-
-LUCRECIA
-
-Sinceras son mis lágrimas.
-
-EL CONDE
-
-Naturalmente... Viendo mi pena... No es usted de bronce, no es usted
-una fiera... Pero no, no sostenga que amaba a su esposo; al hombre
-que se ama no se le engaña solapadamente, pisoteando su honra, y
-arrojando al escándalo y a la befa del público su nombre sin tacha.
-~(La Condesa inclina la cabeza, y fijos los ojos en el suelo, no dice
-nada.)~ Al fin calla usted. Ahora, ahora veo a la desdichada Lucrecia
-en el único terreno en que debe ponerse, que es el de la resignación
-sumisa, esperando un fallo de justicia. ~(Pausa.)~ ¿Declara usted que
-su conducta con mi hijo, al menos en determinadas épocas de su vida, no
-fue buena?
-
-LUCRECIA, ~tímidamente~.
-
-Lo declaro... Pero algo debo decir en descargo mío...
-
-EL CONDE
-
-Ya escucho.
-
-LUCRECIA
-
-Mis desavenencias con Rafael son antiguas.
-
-EL CONDE
-
-Lo sé... Datan de los primeros años del matrimonio, porque usted,
-penoso es decirlo, no hubo de esperar mucho tiempo para lanzarse por
-mal camino. ¿Lo niega usted?
-
-LUCRECIA, ~cohibida, abrumada, queriendo y no queriendo decirlo~.
-
-Acusada con tanta fiereza, no acierto a buscar razones, que algunas hay
-siempre en estos casos, para disculparme.
-
-EL CONDE
-
-Búsquelas usted... pero antes, ¿reconoce sus faltas?
-
-LUCRECIA, ~con gran esfuerzo~.
-
-Las reconozco. Sería una hipocresía indigna de mí negarlas en absoluto.
-Pero...
-
-EL CONDE
-
-¿Pero qué...?
-
-LUCRECIA
-
-Digo que Rafael, llevándome desde el principio, contra mi gusto, a la
-esfera social más favorable a la relajación del vínculo matrimonial,
-contribuyó a perderme. Me vi rodeada de gente frívola, de aduladores,
-de personas sin conciencia...
-
-EL CONDE
-
-¡Sin conciencia! Tuviérala usted, ¿y qué le importaban los demás?
-
-LUCRECIA, ~premiosa~.
-
-En aquel ambiente no supe o no pude combatir el mal. A mi lado no tenía
-un censor severo de mi propia debilidad, un guardián vigilante...
-
-EL CONDE
-
-Difícil es guardar a la que guardarse no quiere.
-
-LUCRECIA, ~batiéndose desesperadamente~.
-
-¡Oh, señor Conde: si hubiera usted encontrado vivo a su hijo, si
-hubiera podido escuchar de sus labios la confidencia o confesión que
-deseaba... estoy segura de ello, Rafael, que era sincero y justo,
-habría tenido la generosidad, la rectitud de decirle: «no solo es ella
-culpable; yo también...»!
-
-EL CONDE
-
-No lo habría dicho, no.
-
-LUCRECIA, ~con firmeza~.
-
-Creo, como esta es luz, que Rafael, al juzgarme, no habría sido
-extremadamente duro.
-
-EL CONDE
-
-Fue, más que duro, implacable.
-
-LUCRECIA
-
-¿En sus últimos momentos?
-
-EL CONDE
-
-En sus últimos momentos: fíjese usted en lo que afirmo.
-
-LUCRECIA, ~con estupor~.
-
-Pero si acaba usted de decirme...
-
-EL CONDE
-
-Que le encontré muerto... sí.
-
-LUCRECIA
-
-Entonces... ~(Pausa. Ambos se miran.)~
-
-EL CONDE
-
-Los muertos hablan.
-
-LUCRECIA, ~con terror~.
-
-¡Y Rafael...! ~(Vacilante entre la incredulidad y un miedo
-supersticioso.)~
-
-EL CONDE
-
-Desesperado, loco, permanecí... no sé cuántas horas... ante el cadáver
-de mi pobre hijo, sin darme cuenta de nada que no fuera él y el
-misterio inmenso de la muerte. Pasado algún tiempo, empecé a fijar
-mi atención en lo que me rodeaba, en sus ropas, en los objetos que
-le pertenecieron, en los muebles que había usado, en la estancia...
-~(Pausa. La Condesa le escucha con ansiosa expectación.)~ En la
-estancia había una mesa con varios libros y papeles, y entre ellos una
-carta...
-
-LUCRECIA, ~temblando~.
-
-¡Una carta...!
-
-EL CONDE
-
-Sí. Rafael estaba escribiéndola a las tres de la madrugada, cuando se
-sintió mal. Vino bruscamente la muerte, le atacó con furia, ¡ay!...
-El infeliz llamó; acudieron... Se le prestaron los auxilios más
-perentorios... Todo inútil... La carta allí quedó medio escrita... Allí
-estaba ¡hablando... y viva! hablando... ¡era él!... La leí sin cogerla,
-sin tocarla, inclinado sobre la mesa, como me habría inclinado sobre su
-lecho si le hubiera encontrado vivo... La carta dice...
-
-LUCRECIA, ~casi sin aliento, la boca seca~.
-
-¿Era para mí?
-
-EL CONDE
-
-Sí.
-
-LUCRECIA
-
-Démela usted. ~(El Conde deniega con la cabeza.)~ ¿Pues cómo he de
-enterarme...?
-
-EL CONDE
-
-Basta que yo repita su contenido. La sé de memoria.
-
-LUCRECIA
-
-No basta... Si me acusa, necesito leerla, reconocer su letra...
-
-EL CONDE
-
-No es preciso. Yo no miento. Bien lo sabe usted... Principia con un
-párrafo de amargas quejas que pintan la discordia matrimonial, lo
-inconciliable de los caracteres. Siguen estos gravísimos conceptos
-~(repitiéndolos palabra por palabra)~: «Te anuncio que si no me envías
-pronto a mi hija, la reclamaré. Quiero tenerla a mi lado. La otra...
-la que, según declaración tuya en la desdichada carta que escribiste a
-Eraul, y que pusieron en mi mano sus enemigos... no es hija mía... te
-la dejo, te la entrego, te la arrojo a la cara...» ~(Pausa silenciosa.)~
-
-LUCRECIA, ~con estupor, que casi es embrutecimiento~.
-
-¿Eso decía... eso dice...?
-
-EL CONDE
-
-Esto dice... ~(Repitiendo con pausa.)~ «La otra... la que no es mi
-hija, te la dejo, te la entrego, te la arrojo a la cara.» Y luego
-añade: «Ya sabes que lo sé. No puedes negármelo... Tengo pruebas.»
-
-LUCRECIA, ~buscando una salida~.
-
-¡Pruebas!... ¡Quiero ver la carta!
-
-EL CONDE
-
-¿Duda usted de lo que digo...?
-
-LUCRECIA
-
-No lo dudo... no sé... Pero la carta puede ser falsa. La escribiría
-algún enemigo mío para vilipendiarme.
-
-EL CONDE, ~con ademán de sacar la carta~.
-
-La escribió mi hijo.
-
-LUCRECIA, ~espantada~.
-
-No, no quiero verla... ¡Qué abominación!
-
-EL CONDE
-
-Luego, usted niega...
-
-LUCRECIA, ~maquinalmente~.
-
-Lo niego.
-
-EL CONDE
-
-Y yo ¡necio de mí! esperaba encontrar en usted la suficiente grandeza
-de alma para revelarme toda la verdad, sin ocultar nada, única manera
-de obtener el perdón. Llevado de este noble anhelo, solicité la
-entrevista, y aspiraba y aspiro a que la infeliz Lucrecia complete su
-revelación diciéndome...
-
-LUCRECIA, ~en el colmo del terror~.
-
-¿Qué... qué más...?
-
-EL CONDE, ~con austera frialdad~.
-
-Diciéndome... cuál de sus dos hijas es la que usurpa mi nombre, la que
-simboliza y personifica mi deshonor.
-
-LUCRECIA
-
-¡Infame idea!... No, no es verdad.
-
-EL CONDE, ~repitiendo las graves palabras~.
-
-«Ya sabes que lo sé... No puedes negármelo.»
-
-LUCRECIA, ~decidida a la negativa, y negando con ahinco~.
-
-Lo niego... Es falso...
-
-EL CONDE
-
-¿Niega usted que hizo... a Carlos Eraul, pintor, muerto hace un año...
-la grave revelación que ahora le pido?
-
-LUCRECIA, ~vivamente, sin poder contenerse~.
-
-¿La tiene usted?
-
-EL CONDE
-
-Luego existe...
-
-LUCRECIA, ~volviendo sobre sí~.
-
-Quiero decir que si la tiene usted, si posee algún papel que me
-comprometa, será falso... habrán imitado mi letra.
-
-EL CONDE
-
-Como no puedo mentir, diré que no poseo ese precioso documento. Lo he
-buscado inútilmente entre los papeles de mi hijo.
-
-LUCRECIA, ~respirando~.
-
-Todo esto es una farsa, una impostura, de la cual no culpo a nadie...
-solo acuso a mi destino.
-
-EL CONDE
-
-Ya que no satisface usted mi anhelo de la verdad, conteste al menos a
-esta otra pregunta: ¿Ama usted lo mismo a las dos niñas?...
-
-LUCRECIA, ~rabiosa, paseándose muy agitada~.
-
-No, lo mismo no... digo, sí... a las dos igual... Deseche usted esa
-torpe idea.
-
-EL CONDE
-
-Antes hará usted del día noche y de la noche día, que conseguir
-arrancarme de la mente la idea de que lo escrito por mi hijo es la pura
-verdad. ~(Con autoridad severa.)~ Dígame usted pronto, pronto, cuál
-de esas dos adorables niñas es la falsa... o cuál la verdadera: es lo
-mismo. Necesito saberlo, tengo derecho a saberlo, como jefe de la casa
-de Albrit, en la cual jamás hubo hijos espúreos, traídos por el vicio.
-Esta casa histórica, grande en su pasado, madre de reyes y príncipes en
-su origen, fecunda después en magnates y guerreros, en santas mujeres,
-ha mantenido incólume el honor de su nombre. Sin tacha lo he conservado
-yo en mi esplendor y en mi miseria... No puedo impedir hoy, ¡triste de
-mí! este caso vergonzoso de bastardía legal; no puedo impedir que la
-ley transmita mi nombre a mis dos herederas, esas niñas inocentes. Pero
-quiero hacer en favor de la auténtica, de la que es mi sangre, una
-exclusiva transmisión moral. Esa será la verdadera sucesora, esa será
-mi honor y mi alcurnia en la posteridad... La otra, no. Falsa rama de
-Albrit, la repudio, la maldigo... maldigo su extracción villana y su
-existencia usurpadora.
-
-LUCRECIA
-
-Por piedad... No puedo más. ~(Cae en el sillón consternada, sollozando.
-Pausa larga.)~
-
-EL CONDE
-
-Lucrecia, ¿reconoce usted al fin la razón que me asiste?... Llora
-usted... ~(Creyendo que los procedimientos de suavidad serán más
-eficaces.)~ Sin duda expongo mis quejas con demasiada severidad;
-sin duda interrogo con altanería... No puedo vencer la fiereza de
-mi carácter. Perdóneme usted. ~(Con dulzura.)~ Ahora no mando...
-no acuso... no soy el juez... soy el amigo... el padre, y como tal
-suplico a usted que me saque de esta horrible duda. ~(La Condesa calla,
-mordiendo su pañuelo.)~ Valor... Una palabra me basta... Después de
-oírla no he de decir nada desagradable... La verdad, Lucrecia, la
-verdad es lo que salva.
-
-LUCRECIA, ~que después de horrible lucha, se levanta bruscamente, y
-desesperada y como loca recorre la estancia~.
-
-¡Oh, no puedo más!... ¡Un balcón abierto para arrojarme!.. Huir, volar,
-esconderme... Este hombre me mata... ¡Favor!
-
-EL CONDE
-
-Bueno, bueno... Veo que no quiere usted entrar en razón... ¿No me
-contesta?...
-
-LUCRECIA, ~con fiereza, con resolución inquebrantable, parándose ante
-él~.
-
-¡Nunca!
-
-EL CONDE
-
-¿De veras?
-
-LUCRECIA, ~con más energía~.
-
-¡Nunca!... ¡Antes morir!
-
-EL CONDE
-
-Bien. ~(Se sienta, calmoso.)~ Pues lo que usted no quiere decirme, yo
-lo averiguaré.
-
-LUCRECIA
-
-¿Cómo?
-
-EL CONDE
-
-¡Ah!... yo me entiendo.
-
-LUCRECIA
-
-Está usted loco... Su demencia me inspira compasión.
-
-EL CONDE
-
-La de usted, a mí no me inspira lástima. No se compadece a los seres
-corrompidos, encenagados en el mal.
-
-LUCRECIA, ~iracunda~.
-
-Continúa injuriándome, ¡a mí, a la viuda de su hijo!
-
-EL CONDE, ~levantándose altanero~.
-
-La que me habla no es la viuda de mi hijo, pues aunque la ley, una ley
-imperfecta, así lo dispone, por encima de esa ley está la autoridad
-moral del jefe de la familia de Albrit, que la coge a usted, y la
-arranca, como cosa extraña y pegadiza, y la arroja a la podredumbre en
-que quiere vivir.
-
-LUCRECIA, ~furiosa, descompuesta~.
-
-¡Albrit!... raza de locos... caballería burlesca... honor de bambolla
-para encubrir la mendicidad. ¡Qué sería del viejo león si yo no le
-amparase! Soy generosa, le perdono sus injurias, y cuidaré de que no
-muera en un hospital, o arrastrando su melena gloriosa por los caminos.
-
-EL CONDE, ~con supremo desdén~.
-
-Lucrecia Richmond, quizás Dios te perdone. Yo... también te
-perdonaría... si pudieran ir juntos el perdón y el desprecio.
-
-LUCRECIA, ~dirigiéndose a la puerta~.
-
-Basta ya. ~(A las niñas, que entreabren la puerta, sin atreverse a
-entrar.)~ Podéis pasar.
-
-
-ESCENA VI
-
-~NELL y DOLLY, que corren a abrazar a su madre; tras ellas GREGORIA y
-VENANCIO. Poco después EL CURA y EL MÉDICO.~
-
-LUCRECIA
-
-Prendas queridas, dadme mil besos. ~(Se besan.)~
-
-NELL, ~observándole el rostro~.
-
-Mamita, tú has llorado.
-
-DOLLY
-
-Estás sofocadísima...
-
-LUCRECIA
-
-El abuelo y yo hemos evocado recuerdos tristes.
-
-NELL, ~mirando al Conde, que permanece sentado, inmóvil~.
-
-También el abuelito ha llorado. ~(Se acerca.)~
-
-EL CONDE
-
-Venid... abrazadme... ¡Os quiero tanto!
-
-~(Las dos acuden a él, y le abrazan y besan, cada una por un lado.)~
-
-LUCRECIA, ~hablando aparte con Gregoria y Venancio~.
-
-Le atenderéis, le cuidaréis como a mí misma. Pero no dejéis de
-vigilarle siempre, siempre...
-
-DOLLY, ~al Conde~.
-
-Esta tarde pasearemos.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí: no me separaré de vosotras... Charlaremos, estudiaremos.
-
-NELL
-
-Nos enseñarás la Aritmética, la Historia...
-
-EL CONDE
-
-La Historia... No, esa vosotras me la enseñaréis a mí.
-
-~(Entran por el foro el Cura y el Médico; ambos se dirigen a la
-Condesa.)~
-
-EL CURA
-
-¿Qué tal? ¿Tenemos reconciliación?
-
-LUCRECIA, ~en voz baja~.
-
-Calle usted... Encargo mucha vigilancia... ~(Al Médico.)~ Y a usted,
-Sr. Angulo, no me cansaré de recomendarle que le observe bien. ~(Dando
-a entender que padece desvarío mental.)~
-
-EL CURA
-
-Señor Conde... ~(Le saluda y sigue a su lado. A bastante distancia se
-agrupan la Condesa, el Médico, Gregoria y Venancio.)~
-
-EL MÉDICO
-
-Descuide usted... Le observaremos...
-
-LUCRECIA
-
-Y a mi regreso dispondré...
-
-EL MÉDICO
-
-¿Pero insiste usted en dejarnos hoy?
-
-LUCRECIA
-
-Volveré pronto... ~(El Médico pasa a saludar al Conde, y el Cura vuelve
-al lado de Lucrecia.)~
-
-EL CURA, ~en voz baja a la Condesa~.
-
-No se vaya usted.
-
-LUCRECIA
-
-Tengo que estar en Verola hoy mismo. Es para mí... no se cómo
-decirlo... cuestión de vida o muerte. Adiós.
-
-NELL
-
-Mamita, ¿te acompañamos a tu casa, o nos quedamos un rato con el abuelo?
-
-LUCRECIA
-
-Como queráis.
-
-DOLLY
-
-No, no: decídelo.
-
-LUCRECIA
-
-Lo que el abuelo disponga.
-
-EL CONDE
-
-Me parece natural que si vuestra mamá se va esta tarde, estéis a su
-lado hasta la hora de partir. ~(Besa a las niñas.)~ ¡Oh! no os veo
-bien, no os distingo; me parecéis una sola...
-
-EL MÉDICO
-
-¿Qué? ¿La vista no anda bien?
-
-EL CONDE. ~(Se levanta.)~
-
-Mal estamos hoy... Toda la mañana he notado una obscuridad, una
-vaguedad en los objetos... ~(Mirando en derredor, con ojos que se
-esfuerzan en ver.)~ No veo nada... apenas distingo... ~(Fijándose en
-la Condesa que, altanera, le clava la mirada.)~ No veo bien más que a
-Lucrecia... a esa, sí... la veo... allí está... Mi ceguera creciente
-no me permite ver más que las cosas grandes... el mar, la inmensidad...
-y ella es grande... enorme... la veo... como el mar... Es otro mar, un
-mar de... de... de... ~(Su voz se extingue. Queda inmóvil y rígido.
-Profundo silencio. Todos se miran.)~
-
-
-FIN DE LA JORNADA SEGUNDA
-
-
-
-
-JORNADA TERCERA
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-~NELL, DOLLY, D. PÍO CORONADO, sentados los tres alrededor de una mesa
-de estudio, donde se ven papeles, tintero, libros de texto.~
-
-~Es el maestro de las niñas de Albrit un anciano de estatura menguada,
-muy tieso de busto y cuello, y algo dobladito de cintura, las piernas
-muy cortas. La expresión bonachona de su rostro no lograron borrarla
-los años con todo su poder, ni los pesares domésticos con toda su
-gravedad. Guiña los ojuelos, y al mirar de cerca sin anteojos, los
-entorna, tomando un cariz de agudeza socarrona, puramente superficial,
-pues hombre más candoroso, puro y sin hiel no ha nacido de madre.
-Un rastrojo de bigote de varios colores, recortado como un cepillo,
-cubre su labio superior. Viste con pobreza limpia anticuadas ropas,
-recompuestas y vueltas del revés, atento siempre al decoro de la
-presencia en público.~
-
-~Maestro de escuela jubilado, desempeñó con eficacia su ministerio
-durante treinta años, distinguiéndose además como profesor privado de
-materias de la primera y segunda enseñanza. Su defecto era la flojedad
-del carácter, y la tolerancia excesiva con la niñez escolar. Sabía el
-hombre todo lo que saber necesita un maestro, y algo más; pero con la
-edad y las inauditas adversidades que le agobiaban, fue perdiendo los
-papeles, y hasta la afición. Su cabeza llegó a pertenecer al reino de
-los pájaros; su memoria era una casa ruinosa y desalojada, en la cual
-ninguna idea podía encontrar aposento; todo lo que perdía en ciencia
-lo ganaba en debilidad y relajación del carácter. En esta situación le
-designó D. Carmelo para maestro de las niñas de Albrit, teniendo en
-cuenta tres razones: que si no sabía mucho, no había en Jerusa quien le
-aventajara; que era honrado, honesto, absolutamente incapaz de enseñar
-a sus discípulos ninguna cosa contraria a la moral, y, por último, que
-al aceptarle para aquel cargo realizaba la Condesa un acto caritativo.
-Su bondad, la excesiva blandura de corazón, eran ya en Coronado un
-defecto, casi un vicio, por lo cual, lamentándose de sus acerbas
-desdichas, solía decir, elevando al cielo los ojos y las palmas de las
-manos: «¡Señor, qué malo es ser bueno!»~
-
-~Al comenzar la escena llevaba ya el maestro una hora de inútiles
-tentativas para introducir en las molleras de sus alumnas los
-conocimientos históricos, aritméticos y gramaticales.~
-
-DOLLY, ~dando un golpe en la mesa~.
-
-¿Que no sé una palabra? Mejor... Ni falta que me hace.
-
-D. PÍO, ~apelando a la emulación~.
-
-No dirá lo mismo Nell, que desea aprender.
-
-NELL
-
-Sí, señor, digo lo mismo: ni falta que me hace.
-
-D. PÍO, ~con severidad fingida, que no convence~.
-
-Está bien, muy bien. He aquí dos niñas finas, criadas para la alta
-sociedad, y que se empeñan en ser unas palurdas.
-
-DOLLY
-
-Sí, señor: queremos ser palurdas.
-
-NELL
-
-Salvajes, como quien dice.
-
-D. PÍO
-
-¡Anda, salero! ¡Salvajes las herederas de los condados de Albrit y Laín!
-
-DOLLY, ~tirándole suavemente de una oreja~.
-
-Sí, sí, maestrillo salado. ¿No eres tú muy ilustradito?
-
-NELL
-
-¿Y de qué te sirve?
-
-DOLLY
-
-¡Vaya un pelo que has echado con tu ilustración!
-
-D. PÍO, ~suspirando~.
-
-Puede que estéis en lo cierto, niñas de mi alma... Bueno, sigamos.
-Dolly, otra miajita de Historia... ¡Vamos allá!
-
-DOLLY ~(Apoyando los codos en la mesa y la cara en las manos, le
-contempla risueña.)~
-
-¡Piito, qué guapo eres!
-
-D. PÍO, ~tocando las castañuelas con los dedos~.
-
-Señorita Dolly, juicio.
-
-NELL
-
-Tu cara parece una rosa. Si no fueras viejo y no te conociéramos,
-diríamos que te pintabas.
-
-D. PÍO
-
-Juicio, Nell... ¡Pintarme yo!
-
-DOLLY
-
-Dime otra cosa: ¿es verdad que cuando eras pollo hacías muchas
-conquistas?
-
-D. PÍO, ~tocando con más rápido movimiento las castañuelas, que es su
-manera especial de llamar al orden~.
-
-Juicio, niñas. Sigamos la lección.
-
-NELL
-
-Nos han dicho que las matabas callando.
-
-DOLLY
-
-Y que tenías las novias por docenas.
-
-D. PÍO
-
-¿Novias...? Oh, no: quítenme allá eso... Son muy malas las mujeres.
-
-NELL, ~pegándole suavemente en el cuello~.
-
-Peores son los hombres. No hables mal de nosotras.
-
-D. PÍO
-
-Vaya, que estáis hoy juguetonas y desatinadas. ~(Queriendo enfadarse.)~
-¡Por vida de...! Si no dais la lección, os lo digo con toda mi alma, os
-lo juro...
-
-NELL
-
-¿Qué?
-
-D. PÍO, ~deseando enfadarse~.
-
-Que me enfado.
-
-DOLLY
-
-Ya lo había conocido. Estamos temblando.
-
-NELL
-
-Toca, toca las castañuelas.
-
-D. PÍO, ~decidido a tomar la lección~.
-
-Orden, juicio. A ver: decidme algo de Temístocles.
-
-DOLLY
-
-Sí: el que le cortó la cabeza a una mala mujer, que llamaban la Medusa.
-
-D. PÍO, ~llevándose las manos al cráneo~.
-
-¡Por Dios, por todos los santos de la corte celestial, no me confundáis
-la Historia con la Mitología!
-
-NELL
-
-Tan mentira es una como otra.
-
-DOLLY
-
-Y nos importan lo mismo.
-
-D. PÍO
-
-¡Ay, ay, cómo estáis hoy!... ¡Silencio, formalidad! Pronto, referidme
-los principales hechos de la vida de Temístocles.
-
-DOLLY
-
-No nos gusta meternos en vidas ajenas.
-
-D. PÍO
-
-Temístocles, grande hombre de la Grecia, natural de Tebas, vencedor
-de los lacedemonios. ~(Corrigiéndose.)~ ¡Ah! no... le confundo con
-Epaminondas... ¡Cómo tengo la cabeza!...
-
-NELL
-
-¡Ay, que no lo sabe, que no lo sabe!...
-
-DOLLY
-
-¡Vaya con el preceptor de pega!
-
-D. PÍO, ~afligido~.
-
-Es que me volvéis loco con vuestros juegos, con vuestras tonterías.
-~(Con gravedad.)~ Así no podemos seguir.
-
-NELL
-
-Digo lo mismo.
-
-DOLLY
-
-Queremos ser burras, y salir a los prados a comer yerba.
-
-D. PÍO
-
-Pero mi conciencia no me permite engañar a la Condesa, que sin duda
-cree que os enseño algo, y que vosotras lo aprendéis...
-
-DOLLY, ~poniéndose las antiparras de Coronado, que están sobre la mesa~.
-
-Piito, estamos aburridísimas.
-
-D. PÍO, ~queriendo recobrar sus anteojos~.
-
-¡Que me los rompes, hija!
-
-NELL
-
-Piito salado ¿no sería mejor que nos fuéramos los tres a dar un paseo
-por la playa?
-
-D. PÍO
-
-Está bien, muy bien. ¡Magnífico! ¡De pingo todo el santo día, aun las
-horas dedicadas a la educación! Muy bonito; sí, señoras, muy bonito...
-Y heme aquí de figurón, de monigote irrisorio; yo, que soy la ciencia;
-yo, yo, que estoy aquí para inculcaros...
-
-DOLLY
-
-Piito, no nos inculques nada, y vámonos.
-
-NELL
-
-En la playa seguiremos dando lección. Frente al mar, la del viaje de
-Colón a América.
-
-DOLLY
-
-Y el paso del Mar Rojo.
-
-D. PÍO, ~suspirando, desalentado~.
-
-¡Ay, qué niñas! ¡No hay quien pueda con ellas! Bueno, pues transijo...
-Pero antes pasemos un poco de Gramática.
-
-NELL, ~tocando las castañuelas~.
-
-¡Viva Coronado!
-
-DOLLY, ~de carrerilla~.
-
-La Gramática es el arte de hablar correctamente el castellano...
-
-D. PÍO
-
-Vamos más adelante. Dolly, dígame usted qué es participio.
-
-DOLLY, ~flemática~.
-
-No me da la gana.
-
-NELL
-
-Participio... Una cosa que se parte por el principio.
-
-D. PÍO, ~poniendo el paño al púlpito~.
-
-¡Tontas, casquivanas, que no tenéis aquel punto de amor propio que veo
-yo en otras niñas, ¡Señor!, en otras niñas aplicaditas y formales, que
-aprenden para lucirse en los exámenes, y para que a sus padres se les
-caiga la baba oyéndolas!
-
-DOLLY
-
-No queremos lucirnos, ni a mamá se le cae ninguna baba... ¡Vaya con el
-maestrillo este!
-
-NELL
-
-Coronadito, si no tienes juicio, te pondremos de rodillas.
-
-D. PÍO
-
-¡Anda, salero!... ¿Pero qué trabajo os cuesta retener en la memoria
-cosas tan fáciles? Luego seréis mujercitas aristocráticas, y cuando
-vuestra ilustre mamá os lleve a los salones, os vais a lucir, como hay
-Dios... Figuraos que en los saraos se habla del participio, y vosotras
-no sabéis lo que es. ¡Bonito papel harán mis niñas! Dirá la gente:
-«¿pero de qué monte ha traído la Condesa este par de mulas?» Eso dirán,
-y se reirán de vosotras, y no os querrán vuestros novios.
-
-DOLLY
-
-Los novios nos querrán aunque no sepamos el participio, ni la
-conjunción, ni nada.
-
-NELL
-
-Que seamos bonitas, que seamos elegantes, y verás tú si nos quieren.
-
-D. PÍO
-
-Sí, sí: lindas borriquitas seréis. Pues yo me planto, señoras mías; ya
-sabéis que soy atroz cuando me planto: tengo mal genio.
-
-NELL
-
-¡Terrible!
-
-DOLLY
-
-¡Ay, qué miedo!
-
-NELL, ~que, apoyada en la mesa con indolencia, le mira burlona~.
-
-¿Sabes, Piillo, que estoy observando una cosa? Tienes los ojos muy
-bonitos.
-
-DOLLY
-
-Parecen dos soles... pillines.
-
-D. PÍO, ~cruzándose de brazos~.
-
-Ea, burlaos de mí todo lo que queráis.
-
-NELL
-
-No es burla, es confianza.
-
-DOLLY
-
-Es que te queremos, maestrillo, porque eres muy bueno y no tienes
-malicia.
-
-NELL, ~acariciándole la barba~.
-
-¡Es un buenazo este D. Pío! Por eso te hacen rabiar las niñas de
-Albrit, que son y serán siempre tus amiguitas...
-
-D. PÍO, ~embobado~.
-
-¡Zalameras, melosas, carantoñeras!
-
-DOLLY
-
-Dí una cosa: ¿es verdad que tienes muchas hijas?
-
-D. PÍO, ~lanzando un suspiro muy hondo y fuerte. (Diríase que lo saca
-de los talones~.)
-
-Muchas, sí...
-
-NELL
-
-¿Son guapas?
-
-D. PÍO
-
-No tanto como lo presente.
-
-DOLLY
-
-¿Te quieren?
-
-D. PÍO, ~intentando sacar otro suspiro hondo, que se le queda
-atravesado en el pecho, cortándole la respiración~.
-
-¡Quererme... ellas!
-
-NELL
-
-Me han dicho que no. Si es así, no te importe, que bien te queremos
-nosotras.
-
-DOLLY
-
-¿Y tú, nos quieres? ~(D. Pío hace signos afirmativos.)~
-
-NELL
-
-Nos idolatra... Estudiamos cuando se nos antoja, y cuando no, jugamos.
-
-DOLLY
-
-Y eso haremos hoy: jugar, irnos a la playa.
-
-D. PÍO, ~vencido~.
-
-¡A la playa!
-
-NELL
-
-Está un día espléndido. ~(Mira por la ventana.)~
-
-DOLLY, ~tocando las castañuelas~.
-
-Y el cielo y la mar nos dicen: venid, volad, y traed a vuestro adorado
-preceptor.
-
-D. PÍO, ~deseando ir, pero no queriendo manifestarlo~.
-
-¿Yo... también yo?... ¡Viva la indisciplina!
-
-NELL
-
-Vendrás con nosotras, porque si no, Venancio no nos dejará salir ahora.
-Tú tienes que decirle: «hoy han estudiado tanto, que en premio de su
-aplicación las saco a dar una vuelta.»
-
-D. PÍO
-
-¡Anda, morena! ¡Vaya, que si la señora Condesa se enterara de cómo
-cumplo mis deberes profesionales!...
-
-DOLLY
-
-Lo que quiere mamá es que estemos siempre a la intemperie, y nos
-hagamos robustas como unas aldeanotas.
-
-D. PÍO
-
-¡Y qué diría vuestro abuelo!
-
-NELL
-
-El abuelito nos quiere lo mismo en bruto que pulimentadas.
-
-D. PÍO
-
-Os adora, sí. Como que sois sus nietas. Acompañadle, dadle palique,
-hacedle mimos: también él es niño. Y cuando le oigáis un disparate muy
-gordo, se lo contáis al señor Cura y al Médico.
-
-DOLLY, ~enojada~.
-
-No dice disparates el abuelo.
-
-D. PÍO
-
-Ayer me decía que vosotras dos no sois más que una para él...
-
-NELL
-
-Y eso, ¿por qué ha de ser disparate, maestrillo?
-
-DOLLY
-
-Quiere decir...
-
-NELL
-
-Que el grande amor que nos tiene nos iguala, y hace de las dos una sola.
-
-D. PÍO
-
-Esta chica es un portento.
-
-DOLLY
-
-Hola, hola; ¿y para mí no hay piropo?
-
-D. PÍO
-
-¿Te enfadas, ángel?
-
-DOLLY, ~riendo~.
-
-Está eso bueno. Mi hermana es un portento... y yo nada.
-
-D. PÍO
-
-Tú, otro portento... ¡Vivan las nenas de Albrit!
-
-NELL, ~alborotando~.
-
-¡Viva el más sabio profesor y catedrático de la antigüedad pagana,
-mitológica... y cosmopolita! En fin, ¿nos vamos o qué?
-
-D. PÍO, ~deteniéndolas~.
-
-Esperad. Parece que viene alguien.
-
-DOLLY
-
-Siento el vocerrón de D. Carmelo.
-
-D. PÍO, ~tomando el tonillo profesional~.
-
-¡Orden, formalidad! Pues hemos dado un repasito a la Gramática, venga
-ahora un buen jabón a la Historia. Niñas, el Papado y el Imperio... A
-ver...
-
-
-ESCENA II
-
-NELL y DOLLY, D. PÍO, EL SEÑOR CURA, VENANCIO
-
-EL CURA, ~riendo, en la puerta~.
-
-Presentes, mi general. Yo soy el Papado, y el Imperio es este.
-~(Entran.)~
-
-VENANCIO
-
-¿Cómo vamos de lección?
-
-EL CURA
-
-¿Saben, saben mucho estas picaruelas?
-
-D. PÍO
-
-Regular... Hoy, vamos, hoy, no lo han hecho del todo mal.
-
-EL CURA
-
-No me fío. Este Coronado es la pura manteca. ~(Saludando a las niñas y
-acariciando sus manos.)~ ¡Qué monada de criaturas!
-
-VENANCIO
-
-Muy monas, pero desaplicaditas... No quieren más que corretear por el
-campo.
-
-EL CURA
-
-Mejor... ¡Aire, aire!
-
-VENANCIO
-
-Y su abuelito, en vez de reprenderlas para que se apliquen, les
-dice que la señora Gramática y la señora Aritmética son unas viejas
-charlatanas, histéricas y mocosas, con las cuales no se debe tener
-ningún trato.
-
-EL CURA
-
-¡Qué bueno!... Si digo que el Conde...
-
-VENANCIO, ~a D. Pío~.
-
-¿Y anoche, cuál fue la tecla que nos tocó?
-
-D. PÍO
-
-Que no debo introducir más paja en la cabeza de las señoritas, pues lo
-que les conviene es educar la voluntad.
-
-EL CURA
-
-No está mal...
-
-DOLLY
-
-Por eso a mí no me gusta saber nada de libros, sino de cosas.
-
-EL CURA
-
-¡Brava!
-
-VENANCIO
-
-¿Y qué son cosas, señorita?
-
-NELL
-
-Pues cosas.
-
-DOLLY
-
-Cosas.
-
-EL CURA, ~comprendiendo~.
-
-Ya... Pero el arte de la vida ya lo iréis aprendiendo en la vida misma.
-
-VENANCIO
-
-Y eso no quita que estudien lo de los libros, ¿verdad, D. Pío? ~(El
-maestro hace signos afirmativos.)~ Tan distraídas están con el
-corretear continuo, que ya Dolly ni siquiera dibuja.
-
-EL CURA
-
-¡Qué lástima!... ~(A Dolly.)~ Y aquellos monigotitos, y aquellas
-vaquitas, y aquellos... ~(Dolly se encoge de hombros.)~
-
-NELL
-
-Ya no dibuja. Le gusta más cocinar.
-
-EL CURA
-
-¿De veras?... ¡Oh, serafín de los cielos!
-
-VENANCIO
-
-A lo mejor se nos mete en la cocina, se pone su delantal de arpillera,
-y allí la tiene usted entre cacerolas, tiznada, hecha una visión...
-
-EL CURA
-
-¡Divino!
-
-VENANCIO
-
-¡Miren que una señorita de la aristocracia, con las manos ásperas y
-llenas de pringue!
-
-EL CURA
-
-Eso es juego... Pero no está de más saber de todo... por lo que pueda
-tronar. ¿Y Nell, no cocina?
-
-DOLLY
-
-A mi hermana le gusta más lavar cristales... mojarse, fregotear, pegar
-cosas rotas, limpiar las jaulas de los pájaros, y echarles la comidita.
-
-EL CURA
-
-También es útil. Bien, bien, niñas saladísimas; seguid estudiando...
-
-NELL
-
-Es que...
-
-DOLLY
-
-D. Pío había dicho que... pues hoy hemos trabajado bárbaramente...
-podíamos pasear.
-
-D. PÍO
-
-¡Ah!... permítanme... dije que si acabábamos la Aritmética, saldríamos,
-y en el bosque les explicaría algo de Geografía.
-
-EL CURA
-
-Paseen, sí.
-
-VENANCIO
-
-Pero por el bosque no.
-
-DOLLY
-
-A la playa. ~(Las dos se quitan los delantales.)~
-
-VENANCIO, ~aparte a D. Pío~.
-
-El Conde suele pasear por el bosque. Llévelas usted a la playa... No se
-separe de ellas... ¿Se entera de lo que le digo?...
-
-D. PÍO
-
-Sí, hombre. A la playa...
-
-NELL, ~a Venancio~.
-
-¿Ha salido ya el abuelito?
-
-VENANCIO
-
-No; ni creo que salga. Vayan las señoritas con el maestro.
-
-NELL
-
-¿Y usted se queda, D. Carmelo?
-
-EL CURA
-
-Sí, hija mía: espero al amigo Angulo, con quien tengo que hablar.
-
-VENANCIO, ~mirando por la ventana~.
-
-Ya está aquí.
-
-EL CURA
-
-Pues bajemos todos. Las niñas por delante.
-
-DOLLY, ~que sale la primera, gozosa~.
-
-En marcha. ~(Llamando al perrito.)~ _¡Capitán!_
-
-NELL, ~detrás de su hermana~.
-
-_¡Capitán!_
-
-~(Salen los demás.)~
-
-
-ESCENA III
-
-~Sala baja en la Pardina.~
-
-~GREGORIA, EL MÉDICO; después VENANCIO, EL CURA~
-
-EL MÉDICO
-
-¿Cómo es que no ha salido aún a dar su paseo de la mañana?
-
-GREGORIA
-
-¿Yo qué sé?... Todavía le tiene usted en su cuarto. He mirado por el
-agujero de la llave, y está dando paseos arriba y abajo, con las manos
-en los bolsillos.
-
-EL MÉDICO
-
-¿Come bien?
-
-GREGORIA
-
-Regular.
-
-EL MÉDICO
-
-¿Sabe usted si duerme?
-
-GREGORIA
-
-Esta mañana, cuando le entré el desayuno, le dije... con todo el
-respeto del mundo, claro: «¿Qué tal ha pasado la noche el señor Conde?»
-y me contesto: «Bien;» pero en seco, y con un tonillo que, a mi
-parecer, era lo mismo que decir: «Mal.»
-
-EL CURA
-
-¿Qué? ¿Hay algo de nuevo?
-
-EL MÉDICO
-
-Nada. Hoy no le he visto aún. En la conversación que anoche tuvimos,
-pude, observar que a la exaltación del orgullo aristocrático, añade
-nuestro D. Rodrigo otra monomanía: la sutileza del honor y de la moral
-rígida, en un grado de rigidez casi imposible, y sin casi, en las
-sociedades modernas.
-
-EL CURA
-
-Lo mismo observé yo en nuestro paseo de ayer tarde. Por cierto que...
-me hizo pasar un mal rato.
-
-EL MÉDICO
-
-¿Qué ocurrió?
-
-EL CURA
-
-Nada... Es que por lo visto gusta de pasear solo... Desde que salimos,
-hube de comprender que le desagradaba mi compañía. Claro que no me
-despidió de mala manera: su buena educación no se desmiente nunca.
-Pero con perífrasis ingeniosas, me decía: «Mejor voy solo que mal
-acompañado.» Francamente, creía yo hacerle un favor dándole el brazo,
-entreteniéndole con una conversación grata...
-
-EL MÉDICO
-
-Pues mire usted, D. Carmelo: en esto no conviene contrariarle. ¿Quiere
-andar solo? Pues solo. No, no se cae. En mi opinión, ve bastante más
-de lo que dice. ~(A Venancio.)~ Lo que puede usted hacer es mandar un
-criado que le vigile a distancia...
-
-GREGORIA, ~de mal temple~.
-
-En esta época, Sr. de Angulo, no tenemos a nuestra gente tan
-desocupada...
-
-VENANCIO, ~arrancándose~.
-
-D. Carmelo, D. Salvador, yo que ustedes, diría a la Condesa que su
-señor suegro estará mejor en otra parte. Y esto no significa que
-queramos echarle. Es nuestro deber tenerle aquí; hemos sido... fuimos,
-como quien dice, sus criados...
-
-GREGORIA
-
-El cuento es que el Sr. D. Rodrigo, por haber venido tan a menos, no
-encaja en nuestras costumbres de gente pobre, ni se acomoda al trato
-modestito que le damos. Y es natural: yo me pongo en su caso.
-
-VENANCIO, ~rascándose la cabeza~.
-
-Hay que mirarlo todo, señores. Con la consignación que nos ha señalado
-la señora no podemos hacer milagros. A un grande de España, por más
-que ahora sea _chico_, no hemos de tenerle aquí como un estudiantón,
-hartándole de puchero, y... vamos, que con tanto extraordinario y tanta
-finura de cocina, se nos van nuestros ahorros que es un gusto.
-
-EL CURA
-
-En efecto...
-
-GREGORIA
-
-Y, por añadidura, vivimos siempre sobresaltados... Que si sale, que
-si tarda, que si le habrá pasado algo... Se necesita un regimiento de
-criados para servirle y atenderle.
-
-VENANCIO
-
-Tenemos aquí muchos trajines. Vivimos de nuestro trabajo.
-
-GREGORIA
-
-Atendemos a la tierra, a las plantas, al fruto. Hay que mirar a todo.
-
-VENANCIO
-
-Al ganado de pelo y de pluma.
-
-GREGORIA
-
-Ahora me tienen ustedes todo el santo día en la cocina; y que no
-trabajo menos con la cabeza que con las manos: ¡Señor, qué pondré
-hoy!... ¡Si le gustarán las manos de ternera!... ¡Si acertaré a freír
-el filete!... ¡Ay, Jesús!... Y a todas estas, mis judías sin coger, mis
-tomates pudriéndose en las ramas... y mis gallinitas olvidadas...
-
-VENANCIO
-
-Olvidadas, no, que aquí estoy yo para retorcerles el pescuezo... A este
-paso, señores míos, pronto liquidará la Pardina.
-
-EL CURA
-
-Vamos... siempre habéis de ser lo mismo... aldeanos que se ahogan,
-aunque naden en la abundancia.
-
-EL MÉDICO
-
-Siempre llorando... y escondiendo a la espalda las llaves del granero.
-
-EL CURA
-
-¡Avarientos, mezquinos!
-
-VENANCIO, ~achicándose~.
-
-Sr. D. Carmelo, no hemos dicho nada.
-
-GREGORIA, ~suspirando~.
-
-Sr. D. Salvador... ustedes mandan.
-
-EL CURA
-
-Por lo demás, yo creo también que el pobre león de Albrit estará mejor
-en otra leonera.
-
-EL MÉDICO
-
-A ver si ha pensado usted lo mismo que yo.
-
-EL CURA, ~enfatuado~.
-
-Tengo una idea...
-
-VENANCIO, ~adivinando~.
-
-Yo tengo también una idea...
-
-EL MÉDICO
-
-Llevarle a Zaratán.
-
-EL CURA
-
-Al convento de Jerónimos.
-
-VENANCIO, ~asintiendo con viveza, lo mismo que Gregoria~.
-
-Eso, eso.
-
-EL CURA
-
-Solución que debe ser la mejor, pues se aprueba por unanimidad.
-
-EL MÉDICO
-
-Allí estará como un príncipe. Falta que los reverendos quieran.
-
-EL CURA
-
-Deseándolo, querido Salvador, deseándolo. Locos de contento en cuanto
-les propuse...
-
-VENANCIO
-
-¿Pero habló usted con el Prior?...
-
-EL CURA
-
-¡Toma! ¿Creen que soy de los que cuando dan con una feliz idea, la
-están rumiando siete meses?... Y no solo he hablado con el Prior, sino
-que he escrito a la Condesa...
-
-GREGORIA, ~viendo llegar al Conde~.
-
-Cuidadito, que aquí viene.
-
-
-ESCENA IV
-
-~EL MÉDICO, EL CURA, VENANCIO, GREGORIA; EL CONDE, a paso lento,
-apoyado en su palo. Nótase más deterioro y descuido en su ropa. Avanza
-muy abstraído, sin parar mientes en las personas que están en la
-habitación.~
-
-EL CURA
-
-¿Señor Conde, cómo va ese valor?
-
-EL CONDE
-
-¡Ah! _pastor Curiambro_, ¿estás aquí? No te había visto... ~(Examinando
-las personas.)~ ¿Y este bulto...?
-
-EL CURA
-
-No es bulto, es nuestro gran médico...
-
-EL MÉDICO, ~saludándole~.
-
-Señor Conde...
-
-EL CONDE, ~muy afectuoso~.
-
-Perdona, hijo... ¡Veo tan poco!... Y aquel es Venancio... a ese le
-conozco sin verle... Y Gregoria... Ya está aquí todo el cónclave...
-Bien, bien... Antes de que me lo preguntes, médico ilustre, te digo
-que, fuera de este achaque de la vista, me encuentro muy bien... ¡Y
-qué contento vivo en la Pardina! Venancio, Gregoria, sabed que estoy
-contentísimo, y que tendréis la satisfacción de alojarme por mucho
-tiempo...
-
-VENANCIO
-
-Es lo que deseamos...
-
-EL MÉDICO
-
-¿Va el señor Conde a dar su paseo?...
-
-EL CONDE
-
-Si ustedes no disponen otra cosa... Pero me quedaré un poquito por
-hacer los honores debidos a las dignas personas que honran mi casa.
-~(Se sienta en el sillón.)~
-
-EL CURA
-
-Mil gracias, señor Conde. Veníamos...
-
-EL CONDE
-
-Ya me lo figuro: a pasar revista a la huerta y examinar los tomates, y
-armar las grandes peloteras con Gregoria sobre si son mejores los de
-allá o los de acá... ~(Todos ríen.)~
-
-EL CURA
-
-Los míos son así de gordos.
-
-GREGORIA
-
-Ya quisiera...
-
-EL CONDE
-
-Basta de polémicas, y si arrojáis en esta placentera reunión el tomate
-de la discordia, yo, deferente con el bello sexo, adjudico el premio a
-mi patrona... Gregoria, Venancio, Dios os colme de prosperidades... a
-ver si salís de pobres... ~(Con ironía sutil.)~ En ello voy ganando,
-porque de lo que tengáis, hijos míos, algo ha de participar siempre
-este pobre viejo... ¿Verdad que sí?...
-
-VENANCIO, ~secamente~.
-
-Sí, señor.
-
-EL MÉDICO, ~que, sentado a su lado, le pone la mano en el hombro~.
-
-¿Conque bien...?
-
-EL CONDE
-
-Pero no de la vista. Cada día se nublan más mis ojos.
-
-GREGORIA, ~con un alarde de osadía~.
-
-El señor se pondría bueno de la vista... y de la cabeza... ¿lo digo? si
-no tuviera tan mal genio.
-
-EL CONDE
-
-¡Mal genio yo! Si con la voluntad siempre en guardia he logrado
-dominarme, y ya no riño, ya no me oiréis gruñir...
-
-VENANCIO
-
-Nos dice palabras blandas, pero con intención dura... Entre flores
-esconde el látigo con que...
-
-EL CONDE
-
-¿Yo? No, hijo mío. Precisamente quería aprovechar esta ocasión para
-decirte que admiro y alabo tus hábitos de arreglo, y tus grandes dotes
-de administrador.
-
-VENANCIO, ~sobresaltado~.
-
-¿Qué quiere decir Vuecencia?
-
-EL CONDE
-
-Que eres un ejemplo digno de ser imitado por cuantos manejan intereses
-propios o ajenos. Así prosperan las casas. Si no eres ya rico,
-Venancio, yo te auguro que lo que posees en tomates y berenjenas, lo
-tendrás pronto en peluconas. Carmelo, Salvador, oigan este golpe:
-cuando llegué a la Pardina, este buen amigo mío y antiguo servidor puso
-a mis órdenes a un muchacho llamado Rogelio, inteligente, listo, para
-que fuese mi ayuda de cámara. Toda mi vida he tenido un servidor de
-esta clase. Mentira me parecía que pudiera pasarme sin él... Pero me
-paso, sí, señor, me paso... porque ayer me quitaron el criadito, y ya
-ven... estoy perfectamente.
-
-VENANCIO, ~mascando las palabras~.
-
-Señor, es que... Rogelio...
-
-GREGORIA
-
-Fue preciso mandarle a traer yerba... ~(El Médico y el Cura se miran,
-hablan con los ojos.)~
-
-EL CONDE, ~con ironía finísima~.
-
-Pero, tontos, si no os riño; si me parece bien lo que habéis hecho...
-si os lo agradezco, porque así me vais educando en la pobreza, y
-enseñándome a ser como vosotros, económico, administrativo... No quiero
-ser gravoso; quiero que prosperéis; y con medidas como esta claro es
-que habéis de llegar a ser riquísimos.
-
-VENANCIO
-
-Señor, díganos las cosas claras.
-
-EL CONDE
-
-Digo lo que siento. Y otra: tienes una mujer que no te la mereces. Esta
-Gregoria vale más que pesa, y con su instinto de gobernante de casa te
-ayudará, te empujará para que subas pronto a la cima de la opulencia.
-
-GREGORIA, ~asustada~.
-
-Señor, ¿por qué lo dice?
-
-EL CONDE
-
-Porque es verdad. ¡Cuánto siento no estar ya en edad de tomaros por
-modelo!
-
-EL CURA
-
-¿Pero qué...?
-
-EL CONDE
-
-Que esta Gregoria, con su arte sublime de mujer casera, me ha suprimido
-mi bebida favorita: el buen café.
-
-GREGORIA
-
-Señor, si se lo llevé esta mañana.
-
-EL CONDE
-
-Me serviste un cocimiento de achicoria, recalentado y frío, que...
-Pero no te riño, no. Si está muy bien. Siempre me dais mucho más de lo
-que merece este pobre viejo inútil, enfadoso... Prosperad, prosperad
-vosotros, y que os vea yo llenos de bienestar, desde el fondo de esta
-miseria en que he caído.
-
-VENANCIO
-
-No somos ricos, ni aspiramos a serlo.
-
-EL MÉDICO, ~con severidad~.
-
-Conviene que se sirva al señor Conde un café muy bueno. Yo lo mando.
-
-EL CURA
-
-Y yo... Y si no se le da como es debido, lo haré yo en casa, y se lo
-enviaré.
-
-EL CONDE
-
-Gracias... Pero ya veis que no me enfado... Soy pobre, y como a pobre
-quiero que me traten. Este Venancio, esta Gregoria, que tanto me
-quieren y no pueden olvidar los beneficios que de mí han recibido,
-desean hacerme a su imagen y semejanza, y que como ellos viva, y como
-ellos coma, para de este modo sujetarme y tenerme siempre a su lado.
-¿Verdad que es esto lo que anheláis? Pues me tendréis. De aquí no me
-muevo. Estad tranquilos, que vuestro huésped seré... tendréis Conde de
-Albrit para un rato.
-
-EL MÉDICO
-
-Seguramente. Estos aires le prueban bien.
-
-EL CONDE, ~con gravedad~.
-
-No me cuido yo de los aires, sino de la misión que tengo que cumplir.
-
-EL CURA, ~receloso~.
-
-¿Aquí precisamente?
-
-EL CONDE
-
-Aquí... al menos por ahora. ~(El Médico y el Cura se sientan junto al
-Conde, uno por cada lado. Venancio y Gregoria se retiran y vuelven de
-puntillas, poniéndose tras el sillón a escuchar lo que hablan.)~
-
-EL MÉDICO
-
-Pues si el señor Conde quiere oír un consejo de amigo y de médico...
-de médico más que de amigo, me permitiré decirle que la misión más
-adecuada a su edad y a sus achaquillos es darse buena vida.
-
-EL CURA
-
-Y no cuidarse de nada ni de nadie.
-
-EL CONDE
-
-La ancianidad da derecho al egoísmo; pero a mí, pásmense ustedes, me
-han rejuvenecido las desgracias, y tras las desgracias han venido las
-ideas a darme vigor. Por unas y otras, yo tengo aún que hacer algo en
-el mundo. ~(El Médico y el Cura se miran, comunicándose con los ojos
-sus impresiones.)~
-
-EL MÉDICO
-
-¿Sería tan amable el Sr. D. Rodrigo que nos dijera qué misión es esa?
-
-EL CONDE
-
-Misión que, en cierto modo, tiene cierto paralelismo con la tuya,
-Salvador, y con la tuya, Carmelo.
-
-EL CURA
-
-Tres misiones paralelas.
-
-EL CONDE
-
-Tú, _pastor Curiambro_, luchas en el terreno de la moral, disputando
-almas al pecado; tú, Salvador, te bates con la muerte en el terreno
-físico, tratando de arrancarle los pobres cuerpos humanos; yo combato
-en la esfera moral contra el deshonor ~(Pausa; D. Carmelo y Angulo
-se hacen guiños)~, que es lo mismo que decir: por el derecho, por la
-justicia... ~(Pausa. Sonríe benévolamente.)~ Veo poco, amigos míos;
-pero lo bastante para hacerme cargo de que os reís de mí.
-
-EL CURA
-
-¡Oh! no, Sr. D. Rodrigo...
-
-EL CONDE
-
-Si no me enfado, no. ¡Ay! El quijotismo inspira siempre más lástima
-que respeto. Si compadecéis el mío, yo compadeceré el vuestro: el
-religioso y el científico... ¡Cómo ha de ser! En la relajación a que
-hemos llegado, el honor ha venido a ser un sentimiento casi burlesco.
-
-EL CURA
-
-Reconozcamos, mi señor D. Rodrigo, que lo han desacreditado los
-duelistas...
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí, y los nobles presumidos. Aparte de eso, ¿no alcanzáis a ver
-la relación íntima del honor con la justicia, con el derecho público
-y privado? No, no la veis... Sin duda sois más ciegos que yo... Y
-decidme ahora, tontainas: ¿también os parecen cosa baladí la pureza de
-las razas, el lustre y grandeza de los nombres, bienes que no existen,
-que no pueden existir sin la virtud acrisolada de las personas que...?
-~(Sus interlocutores callan, observándole.)~ No, no me entendéis. Tú,
-clérigo, y tú, doctorcillo, vivís envenenados por los miasmas de la
-despreocupación actual, de ese asqueroso _lo mismo da_, de ese inmundo
-¿_y qué_?
-
-EL CURA
-
-Comprendemos la idea; pero...
-
-EL MÉDICO
-
-Es una idea feliz; pero...
-
-EL CONDE, ~irritándose~.
-
-¡Pero qué!... ~(Se calma y sonríe con desdén.)~ Si tuviera tiempo y
-ganas de entretenerme, os explicaría... ~(Sintiendo ruido detrás
-del sillón.)~ ¿Quién anda ahí? ~(Descubre a Venancio y su mujer.)~
-Venancio, Gregoria, ¿por qué andáis por ahí acechando como espías?
-Venid a mi lado, que lo que digo, decirlo puedo y quiero también
-delante de vosotros. Ya todos somos iguales. Venid. ~(Se acercan
-tímidamente.)~ Pues decía: a ti y a ti ~(por el Cura y el Médico)~,
-según veo, os importa un ardite que las familias honradas... y no me
-refiero solo a las aristocráticas, sino a toda familia pundonorosa
-y decente... conserven la limpieza del nombre y de la sangre... ~(A
-Venancio y Gregoria.)~ ¿Y vosotros, qué pensáis, papanatas? También
-a vosotros os tienen sin cuidado las usurpaciones ignominiosas de
-estado civil, nombre, riqueza... ~(Callan los cuatro, observándole
-compadecidos.)~ ¡Ah, todos lo mismo: el sabio, el ignorante, igualmente
-ciegos ante el sol de la moral pura, de la verdad!... ~(Bruscamente,
-levantándose.)~ Me voy... no quiero más conversación, no quiero...
-
-EL CURA, ~queriendo detenerle~.
-
-Pero, señor Conde...
-
-EL MÉDICO
-
-Señor, aguarde...
-
-EL CONDE, ~nervioso, rechazándoles~.
-
-No quiero, no... Me voy... Abur, abur.
-
-~(Sale.)~
-
-
-ESCENA V
-
-~EL CURA, EL MÉDICO, VENANCIO, GREGORIA~
-
-VENANCIO, ~viéndole alejarse~.
-
-Allá va: habla solo, golpea el suelo con su palo.
-
-GREGORIA
-
-¿Qué les parece a ustedes?
-
-EL CURA
-
-A mí, cosa perdida.
-
-VENANCIO
-
-A mí... peligroso.
-
-EL MÉDICO, ~más reflexivo que los otros~.
-
-No precipitarse a juzgar. Le tengo por uno de tantos. El hombre piensa;
-su idea le invade el espíritu; su voluntad aspira a la realización
-de la idea. Uno de tantos, digo, como usted y como yo, mi querido D.
-Carmelo.
-
-EL CURA
-
-¿No ves la demencia en ese pobre anciano?
-
-EL MÉDICO
-
-Veo la exaltación de un sentimiento, una inteligencia que trabaja
-sin desmayar nunca, una voluntad agitándose en el vacío, con fuerza
-hercúlea que no puede aplicarse...
-
-VENANCIO, ~desdeñoso~.
-
-Estos médicos siempre han de dar a las cosas nombres raros.
-
-GREGORIA
-
-Para que no entendamos.
-
-VENANCIO
-
-¿Es eso locura, o qué es?
-
-EL MÉDICO
-
-¿Queréis que os hable con toda sinceridad, como médico honrado? Pues no
-lo sé.
-
-EL CURA, ~confuso~.
-
-¿Es o no clara la monomanía?
-
-EL MÉDICO
-
-En toda monomanía hay una razón.
-
-EL CURA, ~mirando al techo en busca de una idea que se le escapa~.
-
-Bueno: yo veo...
-
-VENANCIO, ~rascándose el cráneo~.
-
-Sí: yo veo también...
-
-GREGORIA, ~más sincera que los demás~.
-
-Todos vemos que... Lo diré claro: las barrabasadas de la señora Condesa
-han influido en que nuestro D. Rodrigo esté tan perdido del caletre...
-
-EL CURA
-
-Exactamente... De ahí le viene la tos al gato.
-
-EL MÉDICO
-
-Porque... aquí que nadie nos oye, señores... la Condesa...
-
-EL CURA, ~limpiando sus gafas~.
-
-Todo lo que digas es poco.
-
-VENANCIO
-
-No siga usted, D. Salvador... La señora...
-
-GREGORIA
-
-Callamos por respeto; pero ello es que la tal Doña Lucrecia...
-
-EL CURA, ~sonriente~.
-
-Chitón...
-
-VENANCIO
-
-No chistamos...
-
-EL CURA, ~poniéndose las gafas~.
-
-Nos sale al encuentro un caso delicadísimo de la vida privada, y ante
-él cerramos nuestros picos, y nos lavamos nuestras manos. La misión de
-los que ahora estamos aquí reunidos no es enmendar los yerros de la
-Condesa de Laín, ni tampoco sacarla a la vergüenza pública. Nuestra
-misión... ~(Tosiendo, para tomar luego un tonillo oratorio.)~ nuestra
-misión, digo, es tan solo aliviar, en lo que de nosotros dependa, la
-triste situación física y moral de ese anciano desvalido, de ese
-prócer ilustre, verdadero mártir de la sociedad, amigos míos. Y
-recordando que en la época de su poderío y grandeza él nos tendió la
-mano y fue nuestro sostén, correspondámosle ahora con nuestra filial
-solicitud y cariñoso amparo.
-
-~(Demostraciones de asentimiento. Sigue a ellas amplísima y a ratos
-calurosa discusión. Aceptada en principio por los cuatro vocales la
-conveniencia de alojar al anciano Albrit en los Jerónimos de Zaratán,
-surgen criterios distintos acerca de la forma y manera de realizar
-lo que creen benéfica y santa obra. Mientras Venancio opina que debe
-conducírsele al Monasterio con toda la derechura y sencillez con que
-se traslada un buey de este al otro prado, Gregoria, más delicada y
-benigna, propone que los propios monjes vengan por él, y le conviden
-a una fiesta, y le hagan muchas carantoñas hasta llevársele; y una
-vez allí, que le trinquen bien y le pongan ronzal de seda. El Médico,
-por el contrario, niégase a autorizar nada que transcienda a forzado
-encierro, y sostiene que D. Rodrigo debe entrar en Zaratán voluntaria
-y libremente, y quedarse allí sin ninguna violencia, única manera de
-precaver un desorden mental verdaderamente grave. Y el Cura, hombre
-conciliador, que todo lo pesa y mide, se ofrece a buscar una fórmula
-que sea como resultante mecánica de las diversas opiniones expuestas,
-y a proponer un procedimiento que a unos y otros satisfaga. Nómbranle
-por unanimidad _Comisión ejecutiva_, y como él se pirra por todo lo
-que sea dirección y mangoneo, promete desplegar en el asunto toda su
-diplomacia, y el hábil manejo con que sabe acometer las empresas más
-arriesgadas y dificultosas.~
-
-~Despídese Angulo para continuar sus visitas, y Don Carmelo, con los
-dueños de la casa, se dirige al espacioso y bien poblado gallinero de
-la Pardina. Examinando huevos, pollos y echaduras, se pasa parte de
-la mañana, y, por último, se convida a comer. Gregoria le aconseja
-que prefiera la cena, y propone invitar también al Médico. Aprobación
-unánime.)~
-
-
-ESCENA VI
-
-~Bosque.~
-
-EL CONDE, ~solo, paseando lentamente~.
-
-¡Qué hermoso día!... aire manso y tibio, cielo claro, las nubes
-replegadas sobre el horizonte, el mar azul, tendido, adormilado...
-el bosque en silencio. ¡Qué solemne tranquilidad! El paso del hombre
-no ensucia este cuadro grandioso y puro... ~(Mira hacia el sendero
-que corta el bosque en dirección a Jerusa, y detiénese, creyendo
-sentir voces.)~ ¿Vendrán las nenas de paseo? Pareciome oír sus voces
-lejanas... El corazón me ha saltado en el pecho... No son ellas, no.
-Es que el bosque tiene ruidos extraños, modulaciones misteriosas
-que a veces semejan llanto de niños, a veces risotadas de muchachas
-que anduvieran volando entre el ramaje. ~(Óyense, en efecto, voces,
-risas.)~ ¡Ah! ¿Serán ellas? No... son insectos o no sé qué animaluchos,
-que remedan la voz humana. ~(Aparecen mujeres del campo, charlando y
-riendo.)~ Por allí vienen... Pero no son ellas. Esas voces ordinarias
-no son las de las graciosas niñas de Albrit. ~(Pasan las aldeanas y le
-saludan respetuosas; el Conde contesta con afecto paternal al saludo.)~
-Adiós, hijas; que os divirtáis mucho... ~(Sigue andando.)~ Ya estoy
-solo otra vez... No sé qué voz del alma me dice que no vendrán por
-aquí mis chiquillas. ¡Cómo han de venir las pobres, si toda la mañana
-las tienen encerradas con el preceptor, un simple, a quien se paga para
-embrutecerlas! Pero no conseguirán haceros idiotas, ¿verdad, hijas
-mías?... ~(Suspirando.)~ ¡Nell, Dolly! ¿cuál de vosotras es mi nieta,
-heredera de mi sangre y de mi nombre? ~(Deteniéndose y cruzando las
-manos, dolorido.)~ Señor, ¿las amo o las aborrezco? En mi corazón hay
-plétora de amor a mi descendencia. Pero la certidumbre de que una de
-las dos, una... no es de ley, me vuelve loco... No, no es esto locura,
-no puede serlo; esto es razón, derecho, justicia, el sentimiento
-del honor en toda su grandeza... ~(Desesperado.)~ Daría mi vida por
-ellas... las mataría... no sé. ~(Continúa andando, agitadísimo.)~
-No puedo, no debo consentir intrusos en mi linaje... Al fuego la
-hierba mala, traída a mi hogar con engaño, contrabando del vicio...
-Esa diabólica mujer no ha querido decirme cuál es la falsa; pero no
-importa... Verás, verás, infame, cómo yo lo averiguo sin ajeno auxilio,
-sin interrogar a los que seguramente conocen tus secretos... Dios me
-dé una intensa penetración para desentrañar la verdad; sabré leer la
-historia de mi deshonra en esas preciosas caras; y si por mi ceguera
-no acierto a descifrar los rostros, leeré la invisible cifra de los
-pensamientos, penetraré en la hondura de los caracteres, y no necesito
-más, pues los caracteres son el temperamento, la sangre, el organismo,
-la casta... Adelante, Rodrigo de Albrit... Voy a sentarme en aquel
-altozano del bosque que parece suspendido sobre el mar, y que está
-siempre seco y bien bañado del sol. ~(Apresura el paso.)~ No se qué
-tengo hoy, que no me canso nada, pero nada. Andaría mis dos leguas como
-un hombre...
-
-~Otra parte del bosque.~
-
-~Terreno quebrado, donde escasean los árboles, y abundan los chaparros
-y arbustería silvestre entre rocas musgosas. Al Norte, el cantil que
-desciende con rápido declive hasta la playa, la cual se extiende limpia
-y arenosa en toda la profundidad del paisaje. En una peña que le
-ofrece cómodo asiento se recuesta el anciano, meditabundo, y contempla
-abstraído la costa, y el oleaje manso y rumoroso.~
-
-¡Cómo pica el sol! Turbonada esta tarde... Allá lejos, en la playa,
-distingo unos bultitos blancos que se mueven... Dios mío, ¿serán ellas?
-~(Haciendo anteojo con su puño para ver mejor.)~ Sí, sí... juraría que
-son ellas... Aquel vagar rápido, aquel vuelo de mariposas... ~(Con
-súbita alegría.)~ Ellas son. Hasta me parece que oigo sus chillidos
-alegres. ~(Bajando un poco, entre las peñas.)~ Y distingo también un
-bulto negro, una especie de cigarrón que las persigue... Es el maestro,
-el pobre Coronado... ¿Qué haré? ¿Las llamo, les hago una seña con el
-pañuelo, voy a buscarlas? ~(Vuelve a sentarse, indeciso.)~ ¡Dios mío,
-estas lindas criaturas serían mi encanto, mi gloria, mi consuelo,
-si no me amargara la vida el convencimiento de que una de ellas es
-intrusa, fraudulenta, usurpadora! Quiero idolatrarlas; pero antes,
-urge separar la verdad de la mentira, para poder amar exclusivamente
-a la que lo merezca... ¿Cuál es, cuál de las dos, Señor? ~(Se golpea
-el cráneo con el puño cerrado.)~ Misterio terrible, ¿será posible que
-yo no pueda penetrar en ti?... ~(Pausa.)~ ¿Qué atracción es esta que
-hacia ellas me llama?... Fuerza superior a mi voluntad. No quiero ir,
-y voy... Atracción del enigma, el ansia inmensa del _¡qué será!_...
-~(Se levanta.)~ ¡Ah, parece que me han visto! Creo notar una agitación
-de cosas blancas, como si me saludaran con los pañuelos. Sí, sí: ya
-percibo sus vocecitas, más dulces, más musicales que cuantos sones hay
-en la Naturaleza... ~(Gritando.)~ Sí, sí, Nell, Dolly; aquí estoy...
-Ya os había visto... os veo en medio de la inmensidad... ¿Queréis que
-baje, o subís vosotras?... ~(Gozoso.)~ Ya, ya vienen. No corren, vuelan.
-
-
-ESCENA VII
-
-~EL CONDE, NELL, DOLLY, D. PÍO~
-
-NELL, ~cuya voz suena lejos~.
-
-¡Abuelo, abuelo!
-
-EL CONDE
-
-No corráis, hijas, que podéis caeros.
-
-DOLLY ~(Suena la voz menos lejana.)~
-
-Abuelo, te vimos, te vimos.
-
-NELL, ~cerca~.
-
-Yo fui la que primero te vi.
-
-DOLLY, ~más cerca~.
-
-No, que fui yo.
-
-EL CONDE
-
-Yo bajaría; pero este camino, lleno de zarzas, es tan quebrado que temo
-caerme.
-
-NELL, ~próxima~.
-
-No te muevas, que allá vamos.
-
-DOLLY, ~más próxima~.
-
-Por esta veredita, Nell.
-
-NELL
-
-Por aquí. ~(Llegan a un tiempo las dos, sofocadas, sin aliento, junto
-al anciano, que las abraza y las besa.)~
-
-EL CONDE
-
-¿Por qué habéis venido tan a prisa? Claro, como sois ángeles, nada os
-cuesta volar.
-
-NELL
-
-D. Pío no quería que viniésemos.
-
-DOLLY, ~sujetándose el cabello, que el viento le ha soltado~.
-
-Allá sube como una tortuga el pobre viejo... ¡Qué trabajo le cuesta
-seguirnos!
-
-EL CONDE
-
-Sentaos ya, y descansad aquí conmigo.
-
-DOLLY
-
-¿Estás ya contento?
-
-EL CONDE
-
-¿No lo ves? ¿Por qué me lo preguntas?
-
-NELL
-
-¡Como esta mañana estabas de tan mal humor!... ~(Sorpresa del
-anciano.)~ Sí, sí... y cuando entramos a darte los buenos días, nos
-asustaste.
-
-DOLLY
-
-Nos dijiste: «¡Idos; dejadme solo!»
-
-EL CONDE
-
-No hagáis caso. ¡Es que Gregoria me había servido tan mal...!
-
-DOLLY, ~con mimo~.
-
-De veras, ¿no estás enfadado con nosotras?
-
-EL CONDE
-
-Nunca. Os quiero, os idolatro.
-
-NELL, ~cariñosa~.
-
-Y como Gregoria y Venancio te sirvan mal, ya les ajustaremos las
-cuentas. ¡Vaya...!
-
-EL CONDE
-
-Niñas mías, la gente pequeña, cuando se hincha de vanidad y coge debajo
-a los que fueron grandes, es terrible, es peor que las fieras.
-
-D. PÍO, ~que llega jadeante, medio muerto de fatiga, y se arroja en el
-suelo~.
-
-Señor Conde, saludo a usía. Como soy viejo, no puedo seguir a estas
-criaturas, que tienen alas de mariposa.
-
-EL CONDE
-
-¡Pobre Coronado, cuánto le marean a usted! ¿Y qué tal? ¿Se han sabido
-la lección?
-
-D. PÍO, ~con suprema honradez~.
-
-Señor, ni palotada. Me lo puede creer.
-
-EL CONDE
-
-¡Habrá picaruelas...!
-
-D. PÍO
-
-Como usía es tan tolerante, puedo decírselo: hacen burla de la ciencia
-y de mí.
-
-EL CONDE, ~jovial~.
-
-¡Qué monas! ¡Ángeles divinos! Besadme otra vez, Nell y Dolly, amables
-borriquitas. Vuestro D. Pío, que os consiente todas las travesuras,
-y juega con vosotras cultivándoos en la ignorancia, demuestra ser un
-verdadero sabio.
-
-NELL, ~irónica~.
-
-Dí que queremos sorprenderle, y aprendemos sin que él lo note.
-
-DOLLY, ~maleante~.
-
-Le hacemos rabiar un poquito para amansarle el genio, porque este D.
-Pío, aquí donde le ves, tan suavecito, es un tigre.
-
-EL CONDE
-
-No, hijas mías, es un cordero, un santo cordero... ¿No le veis esa
-cara?... Dios le hizo santo, y su familia le ha hecho mártir. Yo le
-quiero. Seremos amigos.
-
-D. PÍO, ~con emoción~.
-
-Señor, usía me honra demasiado.
-
-NELL, ~con lástima~.
-
-¿Y por qué es mártir D. Pío?
-
-DOLLY
-
-¿No tiene muchas hijas?
-
-EL CONDE
-
-Pero no son buenas, como vosotras.
-
-NELL
-
-¡Ay, pobrecito, cuánto padecerá!
-
-DOLLY, ~compadecida~.
-
-Ya no volveremos a hacerle rabiar.
-
-EL CONDE, ~notando, por los hondos suspiros que exhala Coronado, su
-disgusto de aquella conversación~.
-
-No se hable más de eso. Y ahora que nos hemos encontrado y no necesita
-usted estar al cuidado de las señoritas, puede irse a descansar, Sr.
-Coronado.
-
-D. PÍO, ~tímidamente~.
-
-Señor Conde, yo no puedo dejar a las señoritas, porque el Sr. Venancio
-me encargó mucho que no les consintiera separarse de mí; que con ellas
-salía y con ellas tenía que volver a casa.
-
-EL CONDE, ~picado~.
-
-Ya que no es usted su maestro, porque ellas no aprenden, le mandan a
-usted que sea su pastor. Pues para pastorear este rebaño, me basto y me
-sobro, Sr. Coronado.
-
-D. PÍO
-
-No se incomode, señor. Yo no hago más que cumplir las órdenes de
-Venancio.
-
-EL CONDE, ~dominando su ira por hallarse frente a un ser débil e
-inofensivo~.
-
-¿Y mis órdenes no significan nada para usted? Ese bestia mandará en su
-casa, pero no en mi familia.
-
-NELL, ~asustada~.
-
-Abuelito, por amor de Dios, no te incomodes.
-
-DOLLY
-
-¡Si D. Pío se va!... ¿Qué tiene que hacer más que lo que tú le mandes?
-
-EL CONDE
-
-Ya ves cómo no lo hace, y me obligará a decirlo segunda vez, cuando
-estoy acostumbrado a que a la primera se me obedezca.
-
-NELL
-
-Váyase, D. Pío... Piito, lárgate.
-
-D. PÍO, ~levantándose perezoso~.
-
-Señor Conde, yo creí...
-
-EL CONDE, ~impaciente, sin poder contenerse~.
-
-Pronto... Retírese usted.
-
-D. PÍO, ~tocando las castañuelas~.
-
-Me retiro, puesto que lo manda usía con tanto imperio... Y si me riñen
-allá, que me riñan... Lo que yo digo: es malo ser bueno.
-
-~(Saluda y se aleja.)~
-
-
-ESCENA VIII
-
-EL CONDE, NELL, DOLLY
-
-NELL
-
-Ya estamos solitos los tres.
-
-DOLLY
-
-¡Qué gusto!
-
-EL CONDE
-
-Los dos, digo, los tres, porque vosotras, ¡ay! sois dos, aunque a mí me
-parezcáis una.
-
-NELL
-
-¡Que parecemos una!
-
-EL CONDE
-
-Lo he dicho al revés: sois una, aunque parezcáis dos... No está bien
-hoy mi cabeza... Quiero decir que en vosotras hay algo que sobra.
-
-DOLLY
-
-¿Algo que sobra? Ahora lo entiendo menos.
-
-NELL, ~con agudeza~.
-
-Quiere decir el abuelo que en nosotras, en las dos, no en una sola, hay
-lo malo y lo bueno.
-
-DOLLY
-
-Y lo malo es lo que sobra.
-
-EL CONDE
-
-Y debe quitarse, arrojarse fuera.
-
-NELL
-
-O será que una de nosotras es mala, y la otra buena. ~(Míranle atentas
-al rostro.)~
-
-EL CONDE
-
-Quizás...
-
-NELL, ~generosa~.
-
-En ese caso, la mala soy yo y la buena Dolly.
-
-DOLLY, ~correspondiendo~.
-
-No, no: la mala soy yo, que siempre estoy haciendo diabluras.
-
-EL CONDE, ~atormentado de una idea~.
-
-Chiquillas, acercaos más a mi; aproximad vuestros rostros para que os
-vea bien. ~(Se ponen una a cada lado, y él las abraza. Las tres cabezas
-resultan casi juntas.)~ Así, así... ~(Mirándolas fijamente y con
-profunda atención.)~ No veo, no veo bien... ~(Con desaliento.)~ Esta
-condenada vista se me va, se me escapa cuando más la necesito... Y por
-más que os miro, no hallo diferencia en vuestros semblantes.
-
-NELL
-
-Dicen que nos parecemos. Pero Dolly es un poquito más morena que yo,
-menos blanca.
-
-EL CONDE, ~con gran interés~.
-
-¿Y el cabello, lo tenéis negro las dos, muy negro, muy negro?
-
-DOLLY
-
-Sí, _estrepitosamente_ negro. El pelo castaño de mamá es más bonito.
-
-EL CONDE
-
-¡Qué ha de ser!
-
-DOLLY
-
-Otra diferencia tenemos. Mi nariz es un poquitín más gruesa.
-
-NELL
-
-Y mi boca más chica que la tuya.
-
-EL CONDE
-
-¿Y los dientes?
-
-NELL
-
-Las dos los tenemos preciosos; no es por alabarnos.
-
-DOLLY
-
-Pero yo tengo este colmillo un poquito encaramado... así, como
-retorcido. Toca, abuelito. ~(Llevándose a la boca el dedo del Conde.)~
-
-EL CONDE
-
-Es verdad... colmillo retorcido.
-
-NELL
-
-Otra diferencia tengo yo: un lunar en este hombro.
-
-DOLLY
-
-Yo tengo dos más abajo, así de grandes.
-
-EL CONDE, ~preocupado~.
-
-¿Dos?
-
-DOLLY
-
-Sí, señor: dos que parecen tres.
-
-EL CONDE, ~soltándolas de sus brazos.~
-
-Vuestros ojos, cuando los examino con mi corta vista, me parecen
-igualmente bellos. Nell, hazme el favor de mirar bien el color de los
-ojos de tu hermana... Y tú, Dolly, fíjate bien en los de Nell. Decidme
-el color... justo.
-
-NELL
-
-Los ojos de Dolly son negros.
-
-DOLLY
-
-Los de Nell son negros: pero los míos son más.
-
-EL CONDE, ~con interés ansioso.~
-
-¿Más? ¿Los tuyos, Dolly, tienen acaso un viso verde?
-
-NELL
-
-Me parece que sí... entre verde y azul.
-
-DOLLY, ~mirando de cerca los ojos de su hermana.~
-
-Lo que tienen los tuyos es rayitas doradas... Sí, sí, y también algo de
-verde.
-
-EL CONDE
-
-Pero son negros. Los de vuestro papá, mi querido hijo, negros eran como
-el ala del cuervo.
-
-NELL
-
-Era guapísimo papá.
-
-EL CONDE, ~suspirando~.
-
-¿Os acordáis de él?
-
-DOLLY
-
-¡Pues no hemos de acordarnos!
-
-NELL
-
-¡Pobrecito, cuánto nos quería!
-
-DOLLY
-
-Nos adoraba.
-
-EL CONDE
-
-¿Cuándo le visteis por última vez?
-
-NELL
-
-Hace... creo que dos años, cuando se fue a París. Entonces nos sacaron
-del colegio.
-
-EL CONDE, ~vivamente~.
-
-¿Se despidió de vosotras?
-
-DOLLY
-
-Sí, sí. Dijo que volvía pronto, y no volvió más. Después fue a Valencia.
-
-NELL
-
-Mamá salió también para París, pero se quedó en Barcelona. No nos llevó.
-
-DOLLY
-
-Al volver a Madrid estaba muy disgustada, sin duda por la ausencia de
-papá.
-
-EL CONDE
-
-¿Y en qué le conocíais su disgusto?
-
-NELL
-
-En que se aburría, y estaba siempre en la calle. Nosotras comíamos
-solas.
-
-EL CONDE
-
-¿Y en esa época os trajeron aquí?
-
-DOLLY
-
-Sí, señor.
-
-EL CONDE, ~con dulzura~.
-
-Decidme otra cosa. ¿Queríais mucho a vuestro papá?
-
-NELL
-
-Muchísimo.
-
-EL CONDE
-
-Me figuro que una de vosotras le quería menos que la otra.
-
-LAS DOS, ~protestando~.
-
-No, no, no... Las dos igual.
-
-EL CONDE, ~después de una pausa, clavando en ellas sus ojos, que poco
-ven~.
-
-¿Y creéis que él quería lo mismo a entrambas?
-
-DOLLY
-
-A las dos lo mismo.
-
-EL CONDE
-
-¿Estáis bien seguras?
-
-NELL
-
-Segurísimas. Desde París nos escribía cartitas.
-
-EL CONDE
-
-¿A cada una por separado?
-
-DOLLY
-
-No; a las dos en un solo papel, y nos decía: «Florecitas de mi alma,
-únicas estrellas de mi cielo...» Pero de Valencia no nos escribió
-nunca.
-
-NELL
-
-Ninguna carta recibimos de Valencia. Nosotras le escribíamos, y él no
-nos contestaba.
-
-~(Larga pausa. El Conde apoya la frente en sus manos, con las cuales
-empuña el palo, y permanece un rato en profunda meditación.)~
-
-DOLLY
-
-Abuelito, ¿te has dormido?
-
-EL CONDE. ~(Suspirando, alza la cabeza y se frota los ojos.)~
-
-¿Queréis que andemos un poquito?
-
-NELL
-
-Sí.
-
-~(Se ponen las dos en pie, le dan la mano, y le ayudan a levantarse.)~
-
-DOLLY
-
-¿A dónde quieres que vayamos?
-
-EL CONDE, ~indiferente~.
-
-Guiad vosotras.
-
-DOLLY
-
-Iremos hacia el Calvario y la gruta de Santorojo.
-
-NELL
-
-No nos alejaremos mucho.
-
-EL CONDE
-
-Nos alejaremos todo lo que queramos, y volveremos cuando nos dé la
-gana... Parece que sopla viento de turbonada... ¿Qué? ¿Se ha nublado el
-sol?
-
-DOLLY
-
-Sí, y de aquel lado vienen nubes gruesas. Lloverá.
-
-EL CONDE
-
-Si llueve, que llueva, y si nos mojamos, que nos mojemos.
-
-DOLLY
-
-¿Quieres que te demos el brazo?
-
-EL CONDE
-
-No, chiquillas, no quiero aprisionaros. Corred solas y con libertad...
-Ya estamos en sendero franco, y pisamos la finísima alfombra del bosque
-sombrío.
-
-NELL, ~a Dolly~.
-
-¿A que no me coges?
-
-~(Se alejan corriendo.)~
-
-EL CONDE, hablando solo, ~desalentado~.
-
-Las facciones nada me dicen... ~(Animándose.)~ Hablarán los
-caracteres... Ya se clarean, ya. Nell paréceme más grave, más reposada;
-Dolly más frívola y traviesa... Pero noto que cambian, permutan las
-cualidades de una y otra, de modo que aquella parece esta, y esta,
-aquella. Observemos mejor. ~(Las niñas juegan a cuál corre más.)~
-
-DOLLY, ~que vuelve triunfante, casi sin respiración~.
-
-No me has cogido, no.
-
-NELL, ~jadeante también~.
-
-Que sí... Corro yo más que tú.
-
-DOLLY
-
-Nunca.
-
-NELL
-
-Ayer te gané.
-
-DOLLY
-
-Mentira.
-
-NELL
-
-Yo digo la verdad.
-
-DOLLY. ~(Picadas las dos.)~
-
-Ahora no... Es que eres tú muy orgullosa.
-
-NELL
-
-Abuelo, me ha dicho que miento.
-
-EL CONDE
-
-Y tú no mientes nunca; no está en tu natural la mentira.
-
-DOLLY
-
-Ella me dijo ayer a mí... embustera.
-
-EL CONDE
-
-¿Y qué hiciste?
-
-DOLLY
-
-Echarme a reír.
-
-NELL
-
-Pues yo no consiento que me digan que miento. ~(Lloriquea.)~
-
-EL CONDE
-
-¿Lloras, Nell?
-
-DOLLY, ~riendo~.
-
-Tonterías, abuelo.
-
-NELL
-
-Soy muy delicada. Mi dignidad por la menor cosa se ofende.
-
-EL CONDE
-
-¡Tu dignidad!
-
-DOLLY
-
-Lo que tiene es envidia.
-
-EL CONDE
-
-¿De qué?
-
-DOLLY, ~con travesura jovial~.
-
-De que todos me quieren más a mí.
-
-NELL
-
-Yo no soy envidiosa.
-
-EL CONDE
-
-Vaya, Nell, no llores, pues no hay motivo para tanto. Y tú, Dolly, no
-te rías. ¿No ves que la has ofendido?
-
-NELL
-
-Siempre es así. Todo lo toma a risa.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-Nell tiene dignidad. Esta es la buena. ~(A Dolly, con un poquito de
-severidad.)~ Dolly, te he mandado que no te rías.
-
-DOLLY
-
-Es que me hace gracia.
-
-EL CONDE, ~a Nell, acariciándola~.
-
-Tú eres noble, Nell. En ti se revela la sangre, la raza... Vaya, haced
-las paces.
-
-NELL
-
-No quiero.
-
-DOLLY
-
-Ni yo...
-
-EL CONDE
-
-Esa risita, Dolly, es un poquito ordinaria.
-
-DOLLY, ~poniéndose seria~.
-
-Bueno.
-
-~(Súbitamente se lanza a la carrera.)~
-
-EL CONDE, a Nell.
-
-Estoy algo cansado. Dame el brazo.
-
-NELL
-
-Dolly está sentida... Le has dicho ordinaria, y esto le llega al alma.
-¡Pobrecilla!
-
-EL CONDE
-
-Dime, hija mía, ¿has notado otra vez en Dolly estos arranques...?
-
-NELL
-
-¿De qué?
-
-EL CONDE
-
-De naturaleza ordinaria.
-
-NELL
-
-No, papá... ¡Qué cosas tienes! Dolly no es ordinaria. Creo que se lo
-has dicho en broma. Dolly es muy buena.
-
-EL CONDE
-
-¿La quieres?
-
-NELL
-
-Muchísimo.
-
-EL CONDE
-
-¿Y no estás incomodada con ella porque te dijo que mentías?
-
-NELL
-
-Yo no... Cosas de nosotras. Reñimos, y en seguida hacemos las paces.
-Dolly es un ángel: le falta sentar un poquito la cabeza. Yo la quiero;
-nos queremos... ¡Ya tengo unas ganas de abrazarla y decirle que me
-perdone!
-
-EL CONDE, ~con júbilo~.
-
-¡Otro rasgo de nobleza! Nell, tú eres noble. Ven a mí... ~(La abraza.)~
-Y esa loca, ¿dónde está?
-
-NELL
-
-Ya viene.
-
-DOLLY, ~volviendo como una exhalación~.
-
-Abuelito, llueve. Me ha caído una gota de agua en la nariz.
-
-NELL, ~deseando coyuntura para hacer las paces~.
-
-Y a mí dos.
-
-DOLLY
-
-Papá, ¿quieres que nos metamos en la gruta de Santorojo? Has hecho mal
-en no traer paraguas.
-
-EL CONDE
-
-Es un chisme que no he usado nunca.
-
-DOLLY
-
-¡Ya... acostumbrado a andar siempre en coche! Pero ahora no tienes más
-remedio que andar a patita, como nosotras.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-Se burla de mí... ¡Qué innoble!
-
-NELL
-
-¡Ay, qué gotas tan gordas!
-
-DOLLY
-
-¡Menudo chaparrón nos viene encima!... Abuelito, ¿quieres que vaya a
-casa en cuatro brincos, y te traiga un capote de agua?
-
-EL CONDE
-
-No. ~(Para sí.)~ Ahora quiere desenojarme con sus zalamerías.
-
-NELL
-
-Nos meteremos en la gruta. Oiremos el eco. ~(Dirígense por un sendero
-áspero, entre peñas y zarzales.)~
-
-DOLLY
-
-Por aquí. Yo iré delante, apartando las zarzas para que el abuelo no se
-pinche... ¡Ay, ay, qué pinchazo me he dado! ~(Chupándose la herida.)~
-
-EL CONDE
-
-¿Te has hecho sangre?... Ya ves: por traviesa, por correntona.
-
-DOLLY
-
-Si ha sido por abrirte camino, para que no te hicieras daño. ¡Así me lo
-agradeces!
-
-EL CONDE
-
-Sí que te lo agradezco, tontuela.
-
-NELL, ~que soltando el brazo del anciano, y recogiéndose el vestido
-para no engancharse, se adelanta~.
-
-Dolly, da el brazo a papaíto, y tráele con cuidado.
-
-EL CONDE, ~dejándose guiar por Dolly, que continúa chupándose el dedito
-lastimado~.
-
-Chiquilla, ¿de veras te has hecho sangre?
-
-DOLLY
-
-Poca cosa. La he derramado por ti. Derramaría más: toda la que tengo.
-
-EL CONDE, ~parándose~.
-
-¿De veras?
-
-DOLLY
-
-¡Oh, sí!... Pruébalo... ¡Si pudiera probarse...!
-
-EL CONDE
-
-¿Tanto me amas?
-
-DOLLY
-
-Más de lo que crees.
-
-EL CONDE
-
-¿Me querrás más que tu hermana?
-
-DOLLY
-
-No, más no. Ofendería a Nell si dijera que ella te quiere menos que yo.
-Las dos somos tus nietas, y te queremos lo mismo.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-Pues esto es nobleza... y de la fina. ¿Resultará esta la legítima y la
-otra la falsa?... ¡Dios mío, luz, luz! ~(Alto.)~ ¿Dónde está Nell?
-
-DOLLY
-
-Ha dado un rodeo para no engancharse el vestido. Sabe sortear las púas.
-
-EL CONDE
-
-¿Y tú?
-
-DOLLY
-
-¿Yo? Tengo la piel mechada y endurecida de tanto aguijonazo, y una
-encarnadura que no me la merezco. Mi hermana es más delicada que yo.
-Por eso, cuando me has llamado ordinaria, dije para mí que tenías razón.
-
-EL CONDE, ~para sí, aturdido, sin saber qué pensar~.
-
-Razón... verdad... duda... problema.
-
-NELL, ~desde lejos, mirando hacia atrás~.
-
-Dolly, ¿por qué nos has traído por esta vereda? Es la peor.
-
-DOLLY
-
-¿Qué sabes tú...? Sigue, sigue, que a la vuelta tienes la entrada de la
-gruta.
-
-EL CONDE
-
-Llueve... Vamos a prisa.
-
-NELL, ~encontrando el paso fácil hacia la gruta~.
-
-Que os mojáis... Yo estoy en salvo ya.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-Paréceme Nell un poco egoísta... ¡Qué horrible duda, Señor! ¡Si
-resultará que Dolly es la buena! (Alto.) ¿Llegamos por fin?
-
-DOLLY
-
-Abuelo, por aquí... cuidado... Otro escaloncito, otro... ~(Llueve
-copiosamente.)~
-
-NELL, ~guarecida en la boca de la cueva~.
-
-Os habéis mojado; yo no.
-
-~Gruta de Santorojo.~
-
-~Cavidad ancha y profunda en la fragorosa peña. Festonean su boca
-parietarias viciosas, raíces de árboles cercanos, helechos y plantas
-mil de variado follaje. El interior se compone de masas cretáceas
-de variado color, con formas de una arquitectura de pesadilla. Las
-concreciones de la bóveda son como un sueño de bizarras magnificencias,
-labradas en cristal, azúcar y estearina.~
-
-EL CONDE, ~sentándose en una piedra~.
-
-¡Cuántas veces, niño, me he refugiado, como ahora, en esta soberbia
-estancia natural de Santorojo!
-
-NELL
-
-¿Y es cierto que aquí vivió y murió un ermitaño llamado Toronjillo, que
-hacía milagros?
-
-EL CONDE
-
-Es tradición que viene labrando en la mente popular desde el siglo
-XIII. Ejecutorias de la casa de Laín mencionan al santo Toronjillo, que
-desde este balcón amansaba las olas furibundas con un gesto... Aquí
-abajo, al pie de la pendiente llena de malezas, bate la mar.
-
-DOLLY, ~asomándose~.
-
-Ya se ven de aquí los espumarajos.
-
-EL CONDE
-
-¿Y esto no te da miedo? ¡Si te cayeras...!
-
-DOLLY
-
-Llegaría al mar en pedacitos así.
-
-NELL, ~cariñosa~.
-
-Por Dios, hermana, no te acerques al abismo.
-
-EL CONDE
-
-Dolly, no hagas tonterías... Una tarde, siendo Rafael niño, quiso
-descender por esta escarpa... Al primer salto que dio, ya no podía
-bajar ni subir. ¡Qué susto pasó su madre! ¡Nos costó un trabajo subirle!
-
-DOLLY
-
-¡Qué trance!...
-
-NELL
-
-De pensarlo, me da escalofríos.
-
-DOLLY
-
-Dicen que nuestra abuelita era muy hermosa... ~(Se sientan las dos
-junto al Conde.)~
-
-EL CONDE
-
-Sí: la figura más arrogante y noble que podríais imaginar.
-
-DOLLY
-
-Y que Nell se le parece mucho.
-
-EL CONDE, ~mirando a Nell~.
-
-No sé... no veo bien las facciones de tu hermana.
-
-NELL
-
-Por el retrato que hay en casa, más se parece a Dolly que a mí.
-
-DOLLY
-
-¡Si fuera verdad! ¡Qué gusto parecerse a una señora tan santa y tan...
-bonita! Abuelo, mírame bien, y haz memoria.
-
-EL CONDE
-
-Dime que haga vista.
-
-DOLLY
-
-¿Me parezco?
-
-EL CONDE, ~confuso, mirándola de cerca~.
-
-No sé... No veo...
-
-NELL, ~que se ha levantado para sentarse en mejor sitio, junto a la
-roca~.
-
-Eso no puede decirlo más que el abuelo.
-
-DOLLY
-
-Eso no puede decirlo más que el abuelo.
-
-EL CONDE, ~sobrecogido por la igualdad del timbre de las voces~.
-
-¿Quién habla?
-
-LAS DOS
-
-Yo.
-
-EL ECO, ~repitiendo la voz de Nell~.
-
-Yo.
-
-EL CONDE
-
-Ese _yo_ me ha sonado como si lo pronunciara mi pobre Adelaida, vuestra
-abuela.
-
-NELL, ~riendo~.
-
-Es el eco, papá. ~(Gritando.)~ Conde de Albrit, soy yo.
-
-DOLLY, ~que corre junto a su hermana y grita~.
-
-Soy yo... yo... ~(El eco repite la voz de entrambas.)~
-
-EL CONDE, ~tembloroso, profundamente excitado~.
-
-Venid aquí... No os apartéis de mi lado... No hagáis hablar al eco...
-Me asusta.
-
-DOLLY
-
-¿De veras?
-
-NELL
-
-No creas, a mí también me asusta un poquitín.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-¡Confusión horrible!... «Soy yo,» dice la Naturaleza... ¿Y quién
-eres tú?... ~(Reflexionando.)~ ¿Será Nell la mala?... ¿Será Dolly?
-~(Se clava los dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de
-meditación o somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de
-sonidos pavorosos.)~
-
-DOLLY
-
-¡Jesús, qué miedo!
-
-NELL
-
-¡María Santísima!
-
-EL CONDE, ~vivamente, creyendo hallar un dato~.
-
-¿Cuál de las dos se asusta de los truenos?
-
-NELL
-
-Yo.
-
-DOLLY
-
-Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-Carácter entero.
-
-NELL
-
-Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento.
-Cualidad de la familia, como decía papá.
-
-EL CONDE
-
-Es cierto... Ven acá, que yo te bese.
-
-DOLLY
-
-¿Y a mí no?
-
-EL CONDE
-
-También a ti. ~(Las besa y abraza.)~
-
-NELL, ~con efusión~.
-
-Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran.
-
-EL CONDE, ~asustado~.
-
-Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo
-puedo remediar.
-
-DOLLY
-
-¿Y los truenos no te impresionan? ~(Retumba otro.)~
-
-EL CONDE
-
-Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este.
-
-NELL
-
-Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos?
-
-EL CONDE, ~levantándose~.
-
-Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son mi
-propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen solas.
-
-DOLLY
-
-Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco minutos
-llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite, nos
-metemos en la casucha de la tía Marqueza.
-
-NELL
-
-Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la
-Pardina.
-
-EL CONDE
-
-Sí, vamos... Llevadme. ~(Salen de la gruta.)~
-
-
-ESCENA IX
-
-~Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola puerta, con dos
-ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por entre las tejas
-musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del caballete ostentan
-un jardín botánico en miniatura, colección lindísima de criptógamas y
-plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal cercado de pedruscos,
-con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo, varios girasoles con
-sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre del sol, y unas cuantas
-coles agujereadas por los gusanos. La fauna consiste en un cerdo libre,
-que hociquea en el charco formado por la lluvia; dos patos, gallinas, y
-todos los caracoles y babosas que se quieran poner. Las moscas, huyendo
-de la lluvia, han querido refugiarse en el interior de la casa, y como
-el humo las expulsa, voltejean en la puerta sin saber si entrar o
-salir.~
-
-~Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la menor ropa
-posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional naturaleza,
-nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su musculatura, en
-cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la Sibila de Cumas, obra
-de Miguel Ángel.~
-
-~LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS~
-
-LA MARQUEZA
-
-Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas?
-
-NIÑO
-
-Sí que son... madre, ellos... _Cá_ vienen.
-
-LA MARQUEZA, ~adelantándose a recibirles~.
-
-Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere
-descansar?
-
-NELL
-
-Sí: descansaremos un rato.
-
-DOLLY
-
-No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito.
-
-EL CONDE, ~muy complacido, mientras la anciana le besa la mano~.
-
-Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez?
-
-LA MARQUEZA
-
-¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses que
-me le quitó Dios...
-
-EL CONDE
-
-Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno para
-el trabajo, y honrado a carta cabal.
-
-LA MARQUEZA
-
-Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía...
-Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a casa.
-
-EL CONDE
-
-¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo, y
-se han caído algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que
-tú, mucho más, y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos,
-¿qué ha sido de ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos...
-
-LA MARQUEZA
-
-En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han
-muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo
-bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas
-son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas
-trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde;
-pero no tengo nada que ofrecerle.
-
-EL CONDE
-
-Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el tesoro
-del pobre. Estamos iguales.
-
-NELL
-
-Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas.
-
-DOLLY
-
-Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo que
-quieras. ~(Se van a jugar con los chicos junto a unos troncos.)~
-
-LA MARQUEZA
-
-Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde! Da
-gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué vieja soy,
-y cuánto he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito
-Rafael, padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina.
-Las dos le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará...
-
-EL CONDE
-
-Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo?
-
-LA MARQUEZA
-
-Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios.
-
-EL CONDE
-
-Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas?
-
-LA MARQUEZA, ~mirándolas detenidamente~.
-
-Se parece la señorita _Nela_. Es la misma cara.
-
-EL CONDE
-
-¿Y su hermana?
-
-LA MARQUEZA
-
-La señorita _Dola_ no... digo, sí, también tiene la pinta; pero cuando
-se ríe, nada más que cuando se ríe.
-
-EL CONDE, ~secamente~.
-
-Rafael era muy serio...
-
-LA MARQUEZA
-
-¡Y qué galán! Tan caballero y _respetoso_ que toda Jerusa se quitaba el
-sombrero cuando pasaba, y hasta la torre de la iglesia parecía como si
-le hiciera la reverencia.
-
-EL CONDE, ~que mira y no ve, impaciente~.
-
-Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero no
-las veo.
-
-LA MARQUEZA
-
-Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el pobre!
-La señorita _Nela_ quiere bailar con mi Narda, y la señorita _Dola_ y
-mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de la Pardina llevan la
-alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor las hubiera visto
-aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...!
-
-EL CONDE, ~sorprendido~.
-
-¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras?
-
-LA MARQUEZA
-
-Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues en
-un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta
-el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en
-persona.
-
-EL CONDE, ~excitadísimo, llamando~.
-
-Nell, Nell... Ven acá, hija... ~(Se acerca.)~ Oye lo que dice la
-Marqueza... ~(Esta repite lo del guarro.)~
-
-NELL
-
-Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas...
-
-EL CONDE, ~llamando~.
-
-Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... ~(Acércase esta, sofocada.)~
-¡Qué callado te lo tenías! ¡Tú pintora!
-
-DOLLY, ~con modestia~.
-
-Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser este
-el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa.
-
-NELL, ~que quiere congraciarse con Dolly~.
-
-Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos.
-
-DOLLY
-
-No valen nada, abuelito.
-
-NELL
-
-Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué preciosidades
-haría!
-
-DOLLY
-
-Quita, quita.
-
-EL CONDE, ~con profundo interés~.
-
-¿Quién te ha dado lecciones?
-
-DOLLY
-
-Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me
-gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar.
-
-LA MARQUEZA
-
-Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y traían
-unas cajas con trebejos y cartuchitos de pintura... vieron lo que
-hacía la señorita Dola, y se pasmaron...
-
-DOLLY, ~ruborizada~.
-
-No hagas caso, papá.
-
-NELL
-
-Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí
-que lo dijeron. No vengas ahora con farsas.
-
-EL CONDE, ~con gran agitación, que procura disimular~.
-
-¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes una
-afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo del
-alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la mano,
-y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo?
-
-DOLLY
-
-Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no puedo...
-
-EL CONDE
-
-¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don
-concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae
-de otro mundo, de...?
-
-DOLLY
-
-Me entró la afición... qué sé yo cuándo.
-
-NELL
-
-Desde niña hacía garabatos...
-
-EL CONDE
-
-Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los lápices.
-
-LA MARQUEZA
-
-¡Ángel de Dios!
-
-EL CONDE
-
-Y tú, Nell, ¿no dibujas?
-
-NELL
-
-¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro.
-
-EL CONDE, ~con viveza~.
-
-¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno,
-hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas
-tristes. ~(Nell y Dolly se alejan y continúan su juego.)~
-
-LA MARQUEZA
-
-¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. ~(El Conde no
-contesta. Mirando al suelo se sumerge en profunda abstracción.)~ ¿Qué
-tiene, mi señor, que está tan triste?
-
-EL CONDE, ~como quien vuelve de un letargo~.
-
-¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!
-
-LA MARQUEZA
-
-Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo yo,
-gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al morirse.
-
-EL CONDE, ~con tristeza~.
-
-¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de nacidos
-y crecidos, ya no hay remedio...
-
-LA MARQUEZA
-
-¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?
-
-EL CONDE
-
-Por algo estamos cuando estamos.
-
-LA MARQUEZA
-
-Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas se
-agarren y vivan.
-
-EL CONDE
-
-Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio.
-
-LA MARQUEZA
-
-¿Yo? ~(Pausa larga. El Conde vuelve a quedarse abstraído, cual si su
-espíritu se sumergiera en abismos profundos.)~ Señor... ¿qué le pasa
-que no habla?
-
-EL CONDE, ~después de otra pausa~.
-
-Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios me
-trajo a tu choza.
-
-LA MARQUEZA, ~confusa~.
-
-¿Qué dice que soy?
-
-EL CONDE
-
-Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste
-certidumbre...
-
-LA MARQUEZA, ~creyendo fundado lo que se dice del desorden mental del
-Señor de Jerusa~.
-
-¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno.
-
-EL CONDE
-
-No, gracias.
-
-LA MARQUEZA
-
-Lo que tiene mi Conde es debilidad.
-
-EL CONDE
-
-Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A veces
-el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que la
-duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si la
-duda o la verdad...
-
-LA MARQUEZA, ~con espontánea filosofía, por decir algo~.
-
-No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos? El
-cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. Todo
-es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el hoyo.
-
-EL CONDE, ~con ingenua indecisión~.
-
-¿Y qué debo hacer yo?
-
-LA MARQUEZA
-
-Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir...
-tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.
-
-EL CONDE
-
-Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré
-seguirla.
-
-NELL, ~corriendo hacia el anciano~.
-
-Abuelo, vienen a buscarnos.
-
-EL CONDE
-
-Sí, es Venancio; oigo su rebuzno.
-
-~(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de castaños.)~
-
-
-ESCENA X
-
-~LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y capotes.~
-
-VENANCIO
-
-Locos buscándole, señor Conde... En cuanto vi venir el nublado,
-salimos... Mira por aquí, mira por allá. Nos dicen que en el bosque...
-nos dicen que en la playa, nos dicen que en la gruta...
-
-EL CONDE
-
-Es muy de agradecer tu solicitud. Nos hemos mojado poco. Las chiquillas
-tan contentas.
-
-VENANCIO
-
-A casa. La humedad no es buena para usía. Lo ha dicho el médico.
-
-EL CONDE, ~con humorismo~.
-
-Pues si lo ha dicho el médico... boca abajo. Vamos a donde quieras. Tú
-mandas, Venancio.
-
-VENANCIO
-
-Yo no mando, señor.
-
-EL CONDE, ~levantándose~.
-
-Que sí. Eres el amo, y aquí estamos todos para obedecerte...
-
-DOLLY, ~displicente~.
-
-No necesitamos de tu oficiosidad, Venancio. Nada nos pasa, y sabemos
-volver a casa.
-
-EL CONDE, ~chancero~.
-
-Ya lo ves... Te riñe esta mocosa. Chiquilla, no: hay que respetar las
-jerarquías... Vaya, pongámonos en marcha, conforme al deseo del señor
-de la Pardina... Yo te digo, Venancio, que hoy has sido muy previsor...
-No, no quiero capote. Supongo que será tuyo... Póntelo tú.
-
-NELL, ~dando el brazo a su abuelo~.
-
-Yo contigo.
-
-EL CONDE
-
-Sí... y vayan delante Venancio y la pintora. Adelantaos todo lo que
-queráis. Esta y yo no tenemos prisa, ni hemos de perdernos. Adiós,
-Marqueza. Que prosperes... que vivas muchos años.
-
-LA MARQUEZA, ~despidiéndoles afectuosa~.
-
-Vayan con Dios... Señorita _Nela_, señorita _Dola_, la Virgen las
-acompañe.
-
-
-ESCENA XI
-
-~Comedor en la Pardina.~
-
-~EL CONDE, NELL, DOLLY, EL CURA, EL MÉDICO, sentados a la mesa;
-VENANCIO y GREGORIA, que les sirven.~
-
-~La cena toca a su fin. El Conde, en el sitial, a la cabecera de la
-mesa, tiene a su derecha a Nell; enfrente el Cura, teniendo a su
-derecha a Dolly. Entre las dos parejas el Médico.~
-
-EL CONDE
-
-¿Qué secretos son esos, _pastor Curiambro_? Toda la noche picoteando
-con Dolly.
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-¡Ah! son cosas nuestras. La señorita Dolly es muy simpática y
-ocurrente. Yo celebro infinito que el señor D. Rodrigo haya alterado
-esta noche la colocación de costumbre, y me haya cedido a una de sus
-nietas...
-
-EL CONDE
-
-Por variar. Cuando están las dos a mi lado me aturden.
-
-EL CURA
-
-A mí esta me encanta... ¡Qué pico, qué sal!
-
-DOLLY
-
-Como está tan desganadito, no sé cuántas cosas tengo que decirle para
-hacerle comer.
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-¡Si es ella la que no come, y tengo que partirle la comida en
-pedacitos, y dárselos envueltos en un poco de sermón para que no me
-desaire!
-
-DOLLY
-
-Yo me como el sermón y él los pedacitos. Cada uno lo que más le
-aprovecha.
-
-EL CURA, ~riendo más fuerte~.
-
-¿Te gustan mis sermones?
-
-DOLLY
-
-Si, padre; quiero enflaquecer. ~(Todos ríen.)~
-
-EL CONDE, ~deseando volver a un tema interrumpido~.
-
-Cuando acabes de reír las gracias de Dolly, continuaremos lo que
-hablábamos de los monjes de Zaratán, y del Prior...
-
-EL CURA, ~tragando a prisa para poder hablar~.
-
-¡Ah! sí... ahora voy...
-
-EL CONDE, ~al Médico~.
-
-¿Decís que el Prior desea verme?
-
-EL MÉDICO
-
-Sí, señor... quiere ofrecer sus respetos a D. Rodrigo de
-Arista-Potestad, cuyos antecesores fundaron aquel insigne Monasterio.
-
-EL CONDE
-
-Y lo dotaron espléndidamente. Después vinieron años malos, la
-exclaustración. Siendo yo niño vi frailes en Zaratán. Desde aquel
-tiempo hasta hace poco, ha permanecido el edificio como un panteón en
-ruinas.
-
-EL CURA
-
-Hasta que el Conde de Laín, Diputado por Durante, gestionó que se
-incluyera una partida para restauración, y que volvieran los monjes...
-
-EL MÉDICO
-
-No ha tenido poca parte en la resurrección del Monasterio el actual
-Prior, hombre de gran virtud, de una actividad asombrosa, conocedor del
-mundo...
-
-EL CURA
-
-Como que es de la escuela romana... hombre de mucha sociedad,
-instruidísimo. Treinta y tantos años ha estado en las oficinas _De
-Propaganda Fide._
-
-EL CONDE
-
-¿Y cómo se llama ese sujeto?
-
-EL MÉDICO
-
-Padre Baldomero Maroto...
-
-EL CONDE, ~festivo~.
-
-Baldomero... Maroto... Pues debiera llamarse con más propiedad _El
-abrazo de Vergara_.
-
-EL CURA
-
-Eso dice él... y se ríe... Su nombre y apellido no carecen de
-simbolismo, porque el hombre es el puro espíritu de la conciliación...
-
-EL MÉDICO
-
-Enlace entre las ideas que pasaron y las vigentes, siempre dentro del
-dogma...
-
-EL CURA, ~con énfasis en el elogio~.
-
-Y por su trato se diría que ha pasado la vida entre aristócratas...
-¡Que finura, qué tacto y delicadeza en la conversación!
-
-EL MÉDICO
-
-He oído que procede de una gran familia.
-
-EL CONDE
-
-¿Es navarro quizás?
-
-EL CURA
-
-No, señor, malagueño... Es punto muy fuerte en heráldica, y cuando se
-pone a hablar de linajes no acaba. Conoce el _Becerro_ como nadie.
-
-EL CONDE
-
-¡Ah!... pues sí, me gustaría charlar con él.
-
-NELL, ~bajito al Conde~.
-
-Abuelito, ¿qué _Becerro_ es ese?
-
-EL CONDE
-
-Un libro... ya te lo explicaré.
-
-DOLLY, ~por lo bajo al Cura~.
-
-D. Carmelo, ¿qué es el _Becerro_?
-
-EL CURA
-
-Ya te lo diré.
-
-NELL, ~a Dolly~.
-
-Un libro. Debe de ser como un Diccionario.
-
-EL CURA, ~encomiástico~.
-
-¡Ah! lo que tiene usted que ver, Sr. D. Rodrigo, es el Monasterio.
-
-EL MÉDICO
-
-Han hecho maravillas, en el año y medio escaso que llevan en él.
-
-EL CONDE
-
-Yo lo he conocido habitado por los lagartos.
-
-EL MÉDICO
-
-Pues ahora... ¡qué amplitud, qué comodidad! Luz y ambiente por los
-cuatro costados. No hay en toda la provincia lugar más higiénico.
-
-EL CONDE
-
-¿De veras...?
-
-EL CURA
-
-Resguardado de los vientos del Norte por el monte de Verola, disfruta
-de un temple meridional.
-
-EL MÉDICO
-
-Y la huerta, que propiamente es un extenso parque, rodeado de tapias,
-mide ochenta hectáreas.
-
-EL CURA, ~hiperbólico~.
-
-¡Oh! allí verá usted toda clase de cultivos, desde el naranjo al
-almendro.
-
-EL MÉDICO
-
-Son agrónomos de primera... Además, tienen vacas holandesas, faisanes,
-un palomar con más de quinientos pares, gallinas de famosas razas,
-colmenas... estanques con riquísimas carpas... y qué sé yo...
-
-EL CONDE, ~con donaire~.
-
-Convengamos, amigos míos, en que esos pobres frailecitos se dan una
-vida de perros.
-
-EL MÉDICO
-
-Ellos trabajan infatigables, eso sí, de sol a sol. Por la vida común,
-por la igualdad en el disfrute de los dones de la tierra, por el orden
-y la división del trabajo, vemos en el instituto religioso de Zaratán
-como un _esquema_ de las futuras organizaciones sociológicas...
-
-EL CURA
-
-¡Ah, ya te lo diré yo...!
-
-~(Arde en ganas de definir el verdadero papel de la Iglesia en la vida
-social; pero no conviniéndole abandonar el asunto que en aquel momento
-se trata, aplaza discretamente el punto evangélico-sociológico. Nell y
-Dolly atienden con toda su alma, sin chistar, a la conversación de los
-mayores.)~
-
-DOLLY, ~muy bajito~.
-
-D. Carmelo, ¿qué es _esquema_?
-
-EL CURA
-
-Es... ~(Con desdén.)~ Cosas de estos sabios... nada.
-
-~(Las dos niñas, de un lado a otro de la mesa, con visajes y alguna
-palabra suelta, se entienden, y comentan lo que oyen.)~
-
-EL CONDE
-
-Hermoso será sin duda.
-
-EL CURA
-
-De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme la
-cogulla y quedarme allí.
-
-EL CONDE
-
-¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones con
-el azadón.
-
-EL CURA, ~suspirando~.
-
-¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí,
-Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste.
-
-EL CONDE, ~vagamente, sin mirarles~.
-
-No es mala idea...
-
-EL MÉDICO, ~pensando que no es pertinente manifestar el deseo ni menos
-el propósito de llevarle a Zaratán~.
-
-El señor Conde no gustará quizás del excesivo regalo y _confort_ que
-allí tendría.
-
-EL CURA
-
-Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo y
-los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del Conde
-de Albrit.
-
-EL CONDE
-
-Según y conforme, amigos míos. ~(Con sutil malicia.)~ Antes de resolver
-nada en este delicado punto, la primera persona con quien debo
-consultar es Venancio, a quien debo generosa hospitalidad... Venancio,
-acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a
-Zaratán?
-
-VENANCIO. ~(Oportunamente aleccionado por el Médico y el Cura, contesta
-todo lo contrario de lo que tan ardientemente desea.)~
-
-Señor, en ninguna parte está usía como en su casa.
-
-EL CONDE, ~con finísima marrullería~.
-
-Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para mí...
-que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos de
-otra cosa.
-
-EL CURA, ~contrariado de que el Conde desvíe tan bruscamente la
-conversación~.
-
-Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior...
-
-EL MÉDICO
-
-Ni para que le pague la visita. Iremos todos. Yo quiero que se haga
-cargo de la organización admirable de Zaratán.
-
-NELL, ~gozosa~.
-
-¿Iremos, abuelito?
-
-DOLLY
-
-D. Carmelo... ¿iremos nosotras?
-
-EL CONDE, ~impaciente por pasar a otro asunto~.
-
-Veremos esa maravilla... Gregoria. ~(Adelántase Gregoria.)~ Ven acá,
-mujer... Quiero felicitarte delante de todos por la excelente cena que
-nos has dado. Sin necesidad de que yo te lo advirtiera, te has esmerado
-esta noche, porque tenemos dos buenos amigos a nuestra mesa. Así me
-gusta. El régimen de sobriedad y economía se guarda, naturalmente, para
-cuando estamos solos las niñas y yo.
-
-GREGORIA, ~azorada~.
-
-Señor...
-
-EL CONDE, ~envolviendo su sátira en formas exquisitas~.
-
-Yo alabo tu arreglo, y me parece muy bien que, cuando como solo con
-estas, no se conozca que eres buena cocinera, ni que tu despensa está
-bien surtida, ni que posees vajilla elegante y manteles limpios.
-Decidido a dejarme educar por vosotros en la sordidez y en la miseria,
-que tan bien cuadran a este tristísimo fin de mi vida, os daría la
-satisfacción, si lo quisiérais, de comer con vosotros en la cocina...
-~(Mutismo enojoso de Gregoria y Venancio. Este traga saliva muy amarga.
-El Cura y el Médico no saben qué decir.)~ Yo te felicito una y otra
-vez, porque distingues, con claro talento, entre mi persona humilde
-y la de mis amigos. Nos debemos a la sociedad. ~(Gregoria recoge las
-migajas y el servicio del postre sin decir una palabra. La procesión
-va por dentro. Venancio se retira.)~ Y estoy bien seguro, porque te
-conozco, de que el café de esta noche será excelente, como tú sabes
-hacerlo cuando no estamos en familia, en la santa llaneza a que os
-obligan vuestros escasos recursos...
-
-GREGORIA, ~tragándose la ira~.
-
-El Sr. Angulo toma té, ¿verdad?
-
-EL MÉDICO
-
-Sí: el café me desvela.
-
-EL CURA
-
-A mí, no: venga café.
-
-DOLLY
-
-Lo serviremos nosotras.
-
-NELL, ~levantándose~.
-
-Ponlo en aquella mesita.
-
-GREGORIA, ~poniendo el servicio donde se le indica~.
-
-Aquí está.
-
-~(El Cura saca su petaca, y da un cigarro al Conde. Ambos encienden. El
-Médico no fuma.)~
-
-EL CONDE
-
-Chiquillas, servidnos ya.
-
-NELL, ~vivamente~.
-
-Yo le sirvo al abuelo.
-
-DOLLY
-
-Le sirvo yo.
-
-NELL
-
-Yo...
-
-DOLLY
-
-A mí me corresponde.
-
-NELL
-
-¿A ti, por qué?
-
-DOLLY
-
-Porque no me senté a su lado. De algún modo se ha de compensar...
-
-NELL
-
-No me conformo. ~(Disputan con cierto calor sobre cuál servirá al
-abuelo.)~
-
-EL CURA
-
-Vaya, no reñir, niñas. ¿Qué más da?
-
-DOLLY, ~testaruda~.
-
-Sí da.
-
-EL MÉDICO
-
-Pues que lo echen a la suerte.
-
-NELL
-
-Eso es: dos pajitas.
-
-EL CURA
-
-Vaya... A la suerte. ~(Coge rabillos de guindas que han quedado en
-la mesa.)~ Una pajita grande y otra chica. ~(Las prepara y las da al
-Conde.)~ En manos del _león de Albrit_ está la suerte.
-
-EL CONDE
-
-Sea. Chiquillas, venid, y aquí tenéis la solución de vuestro destino.
-
-~(Van las niñas, y de los dedos del abuelo cada una saca un palito.)~
-
-NELL, ~con alegría~.
-
-Yo gané. ~(Muestra la pajita grande.)~
-
-DOLLY, ~retirándose corrida~.
-
-Ha habido trampa.
-
-NELL
-
-¿Qué?
-
-DOLLY, ~con ligereza, sin saber lo que dice~.
-
-El abuelo ha hecho trampa.
-
-EL CONDE
-
-¡Que yo hago trampas!
-
-DOLLY
-
-Porque no me quiere.
-
-EL CONDE, ~meditabundo, hablando solo~.
-
-¡Qué innoble! No hay duda, es la falsa, la mala, la intrusa.
-
-~(Las niñas llenan las tazas.)~
-
-EL CURA
-
-¡Si os quiere a las dos! Dolly, no te enfades.
-
-DOLLY
-
-Yo no me enfado. ~(Se ríe.)~
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-¡Se ríe... qué descarada... después de ofenderme!
-
-NELL, ~llevando al abuelo su taza~.
-
-Abuelo... ahí lo tienes como te gusta, amarguito.
-
-EL CURA
-
-Dolly me sirve a mí. Ya sabes: pónmelo dulzacho.
-
-DOLLY
-
-Ahí va. Ahora el té para el doctor.
-
-EL CONDE, ~para sí~.
-
-¡Y aún se ríe!... Carece de delicadeza... No le hacen mella los
-desaires. Epidermis moral muy gruesa... extracción villana. ~(Alto.)~
-¿Qué tal os sirve la pintora?
-
-EL CURA
-
-Divinamente.
-
-EL CONDE
-
-Siempre juguetona y atropellada.
-
-EL MÉDICO
-
-Señor Conde, un poquito de ron. ~(Ofreciéndole de una botella que acaba
-de traer Gregoria.)~ Es riquísimo; le probará bien.
-
-EL CONDE
-
-No me sientan bien los alcoholes. Pero si te empeñas... Y parece muy
-bueno. ~(Catándolo.)~ ¡Qué guardadito lo tenías, Gregoria! Así se hace:
-estas cosas ricas para las ocasiones.
-
-EL CURA, ~después de servirse ron~.
-
-Ahora, chicuelas, un poquito para vosotras.
-
-NELL, ~retirando su copa~.
-
-No, no... ¡qué asco!
-
-DOLLY
-
-Yo, sí... póngame media copa, D. Carmelo.
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Te emborrachas unas miajas, y a la camita.
-
-EL CONDE, ~para sí, mirándola beber~.
-
-¡También eso!... ¡Qué ordinaria! ¡Buena diferencia de esta mía, que
-en todo revela su origen noble!... ~(Bebe de un trago, y al instante
-siente desvanecimiento en su cabeza.)~
-
-EL MÉDICO, ~observando que cierra los ojos, y articula palabras
-ininteligibles~.
-
-¿Qué... qué es eso?
-
-EL CONDE
-
-Nada... se me va un poco la cabeza... Ya te dije... los alcohólicos...
-~(Se confunden sus ideas; aléjase la realidad; ve a los comensales y a
-sus nietas como sombras esfuminadas, y oye sus voces como un murmullo
-distante de hojas secas que arrastra el viento.)~
-
-EL CURA
-
-Parece que se aletarga.
-
-EL MÉDICO, ~sacudiéndole suavemente el brazo~.
-
-Sr. D. Rodrigo...
-
-NELL
-
-Está fatigado. ~(Llamándole.)~ ¡Abuelito!
-
-EL CONDE, ~volviendo en sí, y pasándose la mano por los ojos~.
-
-Lo he soñado.
-
-DOLLY
-
-¡Pero si no has tenido tiempo de soñar nada! Ha sido un instante.
-
-EL MÉDICO
-
-Medio minuto.
-
-EL CONDE, ~mirando detenidamente a todos~.
-
-Lo he soñado... ¡Qué imitación tan perfecta de la realidad!
-
-DOLLY, ~asustada~.
-
-¿Qué dices?
-
-EL CONDE
-
-Le he visto... como ahora te veo a ti.
-
-NELL
-
-¿A quién?
-
-EL CONDE
-
-A tu padre... Entró por aquella puerta. No le veíais, yo sí... Acercose
-a la mesa, y se sentó junto a Dolly... sin decir nada... A mí solo
-miraba.
-
-~(Vuelve a pasarse la mano por los ojos. Dolly, medrosa, no acierta a
-pronunciar palabra alguna. Venancio y Gregoria espían desde la puerta.)~
-
-NELL, ~abrazándole~.
-
-Papaíto, debes retirarte... Estás rendido.
-
-EL CURA
-
-Sí, sí: a la cama.
-
-EL MÉDICO
-
-Vamos. ~(Dispuesto a llevársele, le coge del brazo.)~ Sr. D. Rodrigo, a
-dormir.
-
-EL CONDE, ~levantándose con dificultad, ayudado de Nell y de Angulo~.
-
-No tengo sueño ya... Pero, pues tú lo quieres, Nell, vamos... Tú
-mandas, hija mía...
-
-NELL
-
-Señores, mi abuelito les pide permiso para retirarse.
-
-EL CURA
-
-Sin cumplidos... ¡No faltaba más!
-
-EL MÉDICO, ~viendo que el Conde suelta su brazo~.
-
-¿No quiere que le acompañe a su dormitorio?
-
-EL CONDE
-
-No es preciso. Gracias, querido Salvador. Estoy bien... muy bien.
-Carmelo, buenas noches.
-
-DOLLY, ~despidiéndose del Cura y del Médico~.
-
-Buenas noches. ~(Va tras de su abuelo, que, apoyado en Nell, avanza
-lentamente hacia la puerta.)~
-
-EL CONDE, ~volviéndose hacia ella bruscamente~.
-
-No vengas. ~(Con displicencia.)~ Acompaña a estos señores. Aprende a
-ser cortés. ~(Pausa.)~
-
-~(Retíranse despacio el Conde y Nell. Dolly vuelve al centro de la
-estancia, se sienta, apoya en la mesa los codos, la cara en las palmas
-de las manos.)~
-
-EL CURA
-
-¿Qué tienes, chiquilla?
-
-EL MÉDICO
-
-También la marea el ron.
-
-DOLLY, ~sollozando~.
-
-El... abuelo... no me quiere.
-
-
-ESCENA XII
-
-~Dormitorio del Conde. Es de noche. Una lamparilla de aceite, puesta
-en una rinconera, alumbra la estancia; la luz es chiquita, tímida,
-llorona, un punto de claridad que vagamente dibuja y pinta de tristeza
-los muebles viejos, las luengas y lúgubres cortinas del lecho y del
-balcón. Profundo silencio, que permite oír el mugido lejano del mar
-como los fabordones de un órgano. El viento, a ratos, gime, rascándose
-en los ángulos robustos de la casa.~
-
-EL CONDE, ~solo. (Después de un sueño breve y profundo, se viste
-precipitadamente, y se sienta en el borde de la cama.)~
-
-Bien despierto estoy, no puedo dudarlo... En vela, paréceme que duermo;
-dormido, veo y toco la realidad. ¿Qué es esto? Tan cierto como esa es
-luz, yo vi a Rafael entrar en el comedor, acercarse a la pequeña y...
-La primera vez no hizo más que mirarme... movimiento, ninguno: no tenía
-brazos. La segunda vez, Rafael tenía brazo derecho y mano... nada más
-que un brazo y una mano. No sé qué arma era la que llevaba. Solo sé
-que así, así... de un golpe, mató a Dolly. La pobre niña no dijo ¡ay!
-Murió calladita y risueña... como un ángel, cumpliendo la ley del
-destino, que ordena que las hijas paguen las culpas de las madres...
-~(Tratando de despejarse, da algunos pasos.)~ Sueño ha sido; mas no
-debemos despreciar los sueños como obra caprichosa de los sentidos,
-ni creer que estos, al dormirnos, se sueltan, se embriagan, se dan a
-la imitación burlesca y desenfrenada de los actos normales dictados
-por el juicio... No, no son los sueños un Carnaval en nuestro cerebro.
-Es que... bien claro lo veo ahora... es que el mundo espiritual,
-invisible, que en derredor nuestro vive y se extiende, posee la razón
-y la verdad, y por medio de imágenes, por medio de proyecciones de
-lo de allá sobre lo de acá, nos enseña, nos advierte lo que debemos
-hacer... ~(Se pasea vacilante, sin guardar la línea recta en sus idas
-y venidas.)~ ¡Cómo suena esta noche la mar! ¡Y yo, durmiendo, creía
-que ese _bum-bum_ eran mis ronquidos!... ¡Y es el mar el que ronca!
-~(Detiénese a escuchar.)~ ¡Qué silencio en la casa! Todos duermen: las
-niñas también, ignorantes de que urge expulsar a la intrusa. Ley de
-justicia es. No he inventado yo el honor, no he inventado la verdad. De
-Dios viene todo eso; de Dios viene también la muerte, fácil solución
-de los conflictos graves. Tiene razón Laín: el que usurpa, debe morir,
-debe ser separado... Rafael y yo separamos, apartamos lo que por
-fraude se ha introducido en el santuario de nuestra familia. ~(Coge
-maquinalmente su palo, por costumbre de andar con él.)~ Esto es más
-claro que la luz. Siempre lo has dicho, Albrit; siempre lo has dicho.
-La causa de que las sociedades estén tan podridas, la causa de que
-todo se desmorone es la bastardía infame... el injerto de la mentira
-en la verdad, de la villanía en la nobleza... Tú lo has dicho, Albrit;
-tú debes sostenerlo, Albrit...
-
-~(Sale de su cuarto cautelosamente, y tentando las paredes avanza
-por un largo pasillo. La claridad de la luna le permite llegar sin
-tropiezos insuperables basta una puerta, por cuyos resquicios se filtra
-luz. Es el cuarto donde duermen Nell y Dolly. Aproxímase, procurando
-evitar todo ruido, y aplica el oído a la cerradura.)~
-
-No duermen... Parece que rezan. Oigo confusas sus dos voces, que no son
-más que una. ~(Con súbita emoción afectiva.)~ ¡Oh, Dios! ¡Si me parece
-que las amo a las dos; que no puedo separarlas en mi amor; que la
-falsa se agarra a la verdadera y se hace con ella una sola persona...!
-Esto no puede ser; esto es una cobardía... Albrit, mira quién eres:
-la justicia, la verdad están en tu mano... ¡Oh! ahora distingo mejor
-las voces... ~(Poniendo toda su alma en el oído.)~ No, no hay cántico
-de ángeles que iguale a sus vocecitas... No rezan; ahora hablan. Nell
-parece que quiere consolar a Dolly... Oigo mi nombre... «el abuelo...»
-Dolly solloza... sin duda se aflige porque la reñí, porque le manifesté
-despego, diciéndole que no viniera conmigo, como de costumbre. ~(Con
-desesperación muda.)~ ¡Señor, Señor, haz que las dos sean legítimas!...
-Pero ni Dios, con todo su poder, puede impedir que Dolly sea falsa...
-La denuncia su carácter villano... es el contrabando infame introducido
-en mi casa por esa ladrona de mi honor... ~(Asaltado de una idea
-terrible, se clava en el cráneo las uñas de la mano derecha.)~ ¡Y si
-las dos son falsas, si las dos son...! ~(Pone la mano en la puerta, con
-intención de abrirla suavemente. Espantado de sí mismo, se aleja.)~
-No, no, Albrit; tú no puedes, no sabes... no sirves para la ejecución
-de estas obras crueles, por más que sean justas... ~(Volviendo a la
-puerta.)~ ¿Y de qué modo se amputa y arroja la maleza, si una ley
-torpe, inicua, ampara el fraude? ~(Nueva indecisión. Su voluntad,
-turbada, gira rápidamente a impulsos de un huracán.)~ ¡Pobrecitas, se
-asustarán si entro tan a deshora!... Y Nell me dirá... de seguro me lo
-dirá... «Abuelo, no mates a Dolly.» Tú lo has dicho también, Albrit;
-tú lo has dicho: «Todo ser humano que tiene vida debe vivir.» Dios se
-la dio... nosotros no debemos quitársela... ~(Se aleja pausadamente.)~
-Hasta podría ser... sí... podría suceder que la espúrea, que es Dolly,
-fuera buena... buena y espúrea, ¡qué sarcasmo!... ¡Así anda el mundo,
-así anda la justicia!... Pero de eso no tenemos culpa los pobres
-mortales: es el de arriba quien tiene la culpa, el que permite la
-rareza extravagante de que salga buena la falsa... ~(Avanza. En mitad
-del pasillo es sorprendido por Venancio.)~
-
-
-ESCENA XIII
-
-~EL CONDE, VENANCIO; después GREGORIA y CRIADOS~
-
-VENANCIO, ~con malos modos~.
-
-¿Por qué está levantado el señor Conde?
-
-EL CONDE, ~arrogante~.
-
-Porque quiero... ¿Quién eres tú para interrogarme en esa forma
-descortés?
-
-VENANCIO
-
-Nada tiene que hacer usía a estas horas en los pasillos obscuros,
-rondando como alma en pena.
-
-EL CONDE
-
-Si tengo o no tengo que hacer, eso no es cuenta tuya.
-
-VENANCIO, ~con autoridad~.
-
-Entre usía en su alcoba.
-
-EL CONDE
-
-¡Lacayo!... ¿te atreves a mandarme?
-
-VENANCIO
-
-Me atrevo a guardar el orden en mi casa, y a no permitir...
-
-EL CONDE, ~furioso~.
-
-Vil... vete de mi presencia.
-
-VENANCIO
-
-Estoy en mi casa.
-
-EL CONDE, ~que devora su ira, apretando los dientes y los puños~.
-
-¡En tu casa, sí!... Pero eso no es razón para que te insolentes con tu
-señor.
-
-VENANCIO
-
-No hay señor que valga. A mí solo me manda una persona, la señora
-Condesa de Laín.
-
-EL CONDE, ~con intenso coraje reconcentrado~.
-
-Es cierto... Eres un villano que dice la verdad... y yo estoy aquí de
-limosna... Pues bien: quiero mandar un recado a tu ama, dignísima reina
-de tal vasallo.
-
-VENANCIO
-
-¿Qué?
-
-EL CONDE
-
-Un mensaje de gratitud... ~(Con rápida acción enarbola el palo, y con
-la fuerza que le imprime su insensata cólera, lo descarga sobre la
-cabeza de Venancio, sin darle tiempo a esquivar el golpe. Es palo de
-ciego, palo nocturno. Formidable acierto.)~ Toma... De mi parte.
-
-VENANCIO
-
-¡Ay!... ¡Maldito viejo!
-
-GREGORIA, ~que acude en paños menores; tras ella, dos criados con un
-farol~.
-
-¡Sujetarle!... Ese hombre está loco.
-
-EL CONDE, ~cuadrándose fiero~.
-
-¡Villanos, al que se atreva a poner la mano en _el león de Albrit_, al
-que manche estas canas, al que toque estos huesos, le mato, le tiendo a
-mis pies, le despedazo!
-
-~(Inmóviles y mudos, no se atreven a llegar a él. Dirígese Albrit
-impávido a su estancia, y penetra en ella sin mirarles.)~
-
-VENANCIO, ~mientras se restaña con un pañuelo la herida, de que brota
-sangre~.
-
-¡Encerrarle, encerrarle!
-
-~(Un criado da vuelta a la llave y la quita.)~
-
-
-FIN DE LA JORNADA TERCERA
-
-
-
-
-JORNADA CUARTA
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-~Terraza en la Pardina.~
-
-~GREGORIA, disponiendo la mesa para servir al Conde su desayuno;
-VENANCIO, con la cabeza vendada; SENÉN, que entra por el fondo con una
-maletita de mano.~
-
-SENÉN
-
-Aquí me tenéis otra vez.
-
-VENANCIO, ~abrazándole~.
-
-Senén de todos los demonios, te juro que me alegro de verte.
-
-GREGORIA
-
-Muy pronto has vuelto de Verola.
-
-VENANCIO
-
-¿Qué?... ¿traes instrucciones de la Condesa?
-
-SENÉN
-
-Sí... lo primero, que me alojéis aquí... Descuidad: os molestaré muy
-poco.
-
-GREGORIA
-
-Te pondremos en el cuartito de arriba.
-
-VENANCIO
-
-Próximo al del Conde. Sin duda la señora quiere que nos ayudes a
-quitarle las pulgas al león.
-
-GREGORIA
-
-¡Y qué pulgas, Senén!
-
-SENÉN, ~fijándose en la venda de Venancio~.
-
-Ya, ya llegó a Verola la noticia de tu descalabradura. Una caricia de
-la fiera.
-
-VENANCIO, ~renegando~.
-
-¡Que uno aguante esto!
-
-SENÉN
-
-Es un viejo de cuidado. A los setenta años conserva los músculos de
-acero de sus buenos tiempos, y la voluntad de bronce. No hay quien le
-amanse. Te digo que más quiero verme ante un tigre hambriento que ante
-el Conde de Albrit irritado.
-
-VENANCIO, ~dando patadas~.
-
-Pues yo le juro que de mí no se ríe. Un hombre libre, que vive de
-su trabajo y paga contribución, no está en el caso de sufrir esas
-arrogancias de figurón de comedia.
-
-SENÉN
-
-Poco a poco, Venancio. La señora Condesa me encarga te diga que...
-tengas paciencia.
-
-VENANCIO
-
-¿Más paciencia, jinojo?
-
-SENÉN
-
-Y que sigáis guardándole las consideraciones que se le deben por su
-rango, por sus desgracias, sin perjuicio de vigilarle...
-
-GREGORIA
-
-Y si nos mata, que nos mate.
-
-VENANCIO
-
-Por si acaso, desde ayer le vigilo... con un revólver.
-
-SENÉN
-
-Calma... ~(Receloso, mirando.)~ ¿Vendrá por aquí?
-
-GREGORIA
-
-Me ha mandado que le sirva el desayuno en la terraza.
-
-SENÉN
-
-Pues le espero.
-
-VENANCIO
-
-¿También traes instrucciones para él?
-
-SENÉN
-
-No; pero necesito... sondearle. Ya sabéis: soy muy largo; me pierdo de
-vista. Conque... me tenéis de huésped.
-
-GREGORIA, ~cogiendo la maleta~.
-
-¿Vienes a tu cuarto?
-
-SENÉN
-
-Luego. Me atrevo a suplicar a mi simpática patrona que en el cuidado de
-esta maleta ponga sus cinco sentidos. La quiero como a las niñas de mis
-ojos.
-
-VENANCIO
-
-¿Qué traes ahí?
-
-GREGORIA
-
-Pues pesa, pesa...
-
-SENÉN
-
-Es mi relicario. Recuerdos, cositas que solo para mí tienen interés.
-Y juro por mi honor, que no la estimaría más si la trajera llena de
-brillantes del tamaño de almendras. En fin, Gregoria, usted me responde
-de ese tesoro.
-
-VENANCIO, ~mirando por la derecha~.
-
-El _león_ viene.
-
-GREGORIA
-
-Voy por el café.
-
-
-ESCENA II
-
-~VENANCIO, SENÉN, EL CONDE, GREGORIA~
-
-EL CONDE
-
-Buenos días... Hola, Senén, ¿qué traes por aquí?
-
-SENÉN
-
-¿Qué ha de traer el pobre más que las ganas de dejar de serlo?
-
-EL CONDE
-
-Y con las ganas, la decidida voluntad de enriquecerte. Eres joven;
-tienes estómago de buitre, epidermis de cocodrilo, tentáculos de pulpo:
-llegarás, llegarás... ¿Y tú, Venancio?... ¿Cómo va esa herida? Vamos,
-hombre, no es para tanto. Poco mal y bien quejado. Ya estarás bien.
-
-VENANCIO
-
-Todavía, todavía... El señor tiene un genio imposible.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí... Y tú crees que la miseria debe ser mordaza y grillete para
-este genio maldito que me ha dado Dios. No sé, no sé: gran domadora es
-la pobreza; pero soy yo muy bravo. Me propongo contenerme dentro de la
-humildad y sumisión; pero llega un momento de prueba... un insensato
-que con frase agresiva me ofende, echándome al rostro mi humillante
-miseria, y entonces... ¡ay! no soy dueño de mí, pierdo la cabeza...
-
-GREGORIA, ~poniendo en la mesa el servicio de café, que se compone de
-piezas de latón y loza ordinaria~.
-
-Aquí tiene, señor.
-
-EL CONDE, ~sentándose~.
-
-Pero no tardo en recobrar mi serenidad de persona bien nacida y bien
-educada; vuelvo a sentir la hidalga benevolencia con que he tratado
-siempre a los inferiores, y... ya tienes al león aplacado, y pesaroso
-de su fiereza...
-
-VENANCIO
-
-Pensara el señor esas cosas antes de levantar el palo...
-
-EL CONDE
-
-Es mi manera de aleccionar a los que quiero bien... En fin, Venancio,
-hoy, como ayer, te pido que me perdones. Yo no te faltaré... pero has
-de guardarme, fíjate bien en esto, la consideración que me debes... ~(A
-Senén.)~ ¿Quieres café?
-
-SENÉN
-
-Mil gracias, señor Conde. Me desayuné con aguardiente y buñuelos en el
-parador.
-
-EL CONDE, ~examinando el servicio con repugnancia~.
-
-¿Pero qué servicio es este?
-
-GREGORIA, ~para sí~.
-
-Fastídiate, viejo regañón.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué habéis hecho de la cafetera y del jarrito de plata en que me
-servísteis estos días?
-
-VENANCIO
-
-Mandamos que los limpiaran, y...
-
-GREGORIA
-
-Y para no hacer esperar al señor...
-
-EL CONDE
-
-¿Y aquellas tacitas de porcelana fina...? En fin, con tal que el café
-esté bueno... ~(Se sirve.)~ ¿Lo has hecho tú?
-
-GREGORIA
-
-Con muchísimo cuidado... Veremos si hoy está a su gusto.
-
-EL CONDE, probándolo.
-
-¿Qué es esto? ~(Con asco.)~ ¡Agua indecente de achicoria... y
-recalentada... y fría!... Vamos, las sobras del café de anoche, que ya
-era malo adrede... ~(Cogiendo el pan y tratando de partirlo.)~ ¿Y de
-dónde habéis sacado esta piedra que me dais por pan?... Con ser tan
-duro, no lo es tanto como vuestros corazones.
-
-VENANCIO
-
-Culpa del panadero, señor...
-
-EL CONDE
-
-Culpa de vuestra sordidez villana. ~(Les arroja el pan.)~ Echad esto a
-vuestros perros, y dadme a mí lo que para ellos tenéis, pues de fijo
-les dais trato mejor que a mí. Guardad esta preciosa vajilla, no se os
-deteriore, no se os desgaste en mi servicio. ~(Arroja al suelo todas
-las piezas de loza y latón.)~ ¡Queréis aburrirme, queréis hacerme
-imposible la vida! Al último pastor de cabras, al último mendigo
-que llegara con hambre a vuestra puerta, le haríais la limosna sin
-humillarle. ¿Por qué, ingratos, me humilláis a mí?
-
-VENANCIO, ~que aterrado, lo mismo que Gregoria, no sabe por dónde
-salir~.
-
-Se servirá otra vez... Nosotros...
-
-EL CONDE, ~con arrogancia~.
-
-No quiero. Me quedaré en ayunas.
-
-SENÉN
-
-Eso no. Mandaré traerlo del café...
-
-EL CONDE
-
-No te molestes... ~(A Venancio y Gregoria, con majestuosa
-indignación.)~ No tenéis ni un destello de generosidad en vuestras
-almas ennegrecidas por la avaricia; no sois cristianos; no sois nobles,
-que también los de origen humilde saben serlo; no sois delicados,
-porque en vez de dar un consuelo a mi grandeza caída, la pisoteáis,
-vosotros que en el calor, en el abrigo de mi casa, pasásteis de
-animales a personas. Sois ricos... pero no sabéis serlo. Yo sabré ser
-pobre, y puesto que con vuestras groserías me arrojáis, me iré de esta
-casa, en que no hay piedra que no llore las desgracias de Albrit.
-
-SENÉN, ~con afectada gravedad y adulación~.
-
-Los deseos de la Condesa son que se prodiguen al señor todas las
-atenciones que merece por su categoría...
-
-EL CONDE
-
-Ya lo veis: esa mujer liviana y sin pudor es más cristiana que
-vosotros, y más generosa y delicada.
-
-VENANCIO, ~turbadísimo, tragándose la ira~.
-
-La Condesa no puede mandarme... yo... digo, la Condesa es mi señora...
-dueña de todo...
-
-GREGORIA, ~vivamente~.
-
-De la Pardina no.
-
-VENANCIO
-
-La Pardina es mía.
-
-EL CONDE, ~arrogante~.
-
-Sea de quien fuere, y en tanto que decido si me quedo o me voy, no
-quiero veros. Idos de mi presencia.
-
-VENANCIO, ~dudando~.
-
-Decídalo pronto, porque...
-
-EL CONDE, ~despidiéndoles con gesto de autoridad~.
-
-Pronto.
-
-VENANCIO, ~saliendo con Gregoria~.
-
-Sufrámosle un día más, un solo día.
-
-GREGORIA
-
-Y es mucho... ¡jinojo!
-
-
-ESCENA III
-
-~EL CONDE, SENÉN~
-
-EL CONDE, ~serenándose~.
-
-Siéntate aquí, Senén... Tengo que hablar contigo.
-
-SENÉN, ~con fatuidad, sentándose~.
-
-Nada más temible que esta plebe hinchada, señor; estos patanes hartos
-de bazofia, que porque han logrado reunir cuatro cuartos se atreven a
-medirse con las personas _comilfot_...
-
-EL CONDE
-
-La villanía es perdonable; la ingratitud, no... En mi cuarto había un
-lavabo bastante bueno, muy cómodo para mí. Ayer me lo han quitado esos
-viles, poniendo una palangana de latón de este tamaño, como las que hay
-en los asilos...
-
-SENÉN, ~afectando indignación~.
-
-¡Qué atrocidad!
-
-EL CONDE
-
-Parece que escogen las servilletas y manteles más sucios para ponerlos
-en mi mesa. Saben que me gusta la mantelería limpia...
-
-SENÉN
-
-Pues, como he dicho, traigo instrucciones precisas de la Condesa...
-¡Oh! crea usía que si se entera de estas infamias, se pondrá furiosa.
-
-EL CONDE
-
-Sí. Me odia, como yo a ella; pero no desconoce que mi persona exige
-atenciones, respetos...
-
-SENÉN
-
-¡Qué duda tiene...!
-
-EL CONDE
-
-Y aunque obra suya es seguramente la intriga que se traen Carmelo y el
-Doctor para arreglarme una jaula en los Jerónimos...
-
-SENÉN, ~haciéndose de nuevas~.
-
-¡Oh! no sé... no tengo noticia...
-
-EL CONDE
-
-Pues sí: desde ayer andan de mucho trasteo conmigo. Yo les calo la
-intención... y me hago el tonto... Pero dejemos esto, Senén, que de
-cosa más grave y de mayor transcendencia para mí quiero hablarte.
-
-SENÉN
-
-Ya escucho.
-
-EL CONDE, ~receloso~.
-
-¿Nos oye alguien?
-
-SENÉN
-
-Nadie, señor. Estamos solos.
-
-EL CONDE
-
-Estos miserables se ponen en acecho tras de las puertas, oyendo lo que
-se habla.
-
-SENÉN, ~examinando las puertas~.
-
-Nadie nos oye. Puede hablar el Excelentísimo Sr. D. Rodrigo de
-Arista-Potestad.
-
-EL CONDE
-
-Dudo mucho que seas bastante afecto a mi persona para responder a todo
-lo que te pregunte.
-
-SENÉN
-
-Usía debe contar siempre con mi adhesión incondicional... ~(dándose
-importancia)~ como cuento yo con que el señor Conde no ha de pedirme
-nada contrario a mi dignidad.
-
-EL CONDE, ~asombrado~.
-
-¡Tu dignidad!... Dispénsame: creí que no la habías adquirido aún... Ya
-sé que estás en camino de adquirirla... vas muy bien... llegarás..
-
-SENÉN
-
-Señor Conde de Albrit, aunque humilde, yo... me parece.
-
-EL CONDE
-
-Nada, nada. Ya no te hago las preguntas.
-
-SENÉN
-
-¡Ah! puede usía interrogarme con toda confianza. ~(Queriendo
-familiarizarse.)~ Señor Conde... de usía para mí... ~(Se atreve a
-ponerle la mano en el hombro.)~ Entre amigos...
-
-EL CONDE
-
-No, no, porque si salimos ahora con que hay dignidad, o esta dignidad
-es incorruptible o es venal... En el primer caso, Senén, no me dirás
-nada... en el segundo... Soy pobre y no podré cotizarla en lo que vale.
-
-SENÉN, ~afectando seriedad~.
-
-Creo que nos hallaríamos en el primer caso.
-
-EL CONDE
-
-Pues, hijo... ~(despidiéndole)~. Adiós.
-
-SENÉN, ~queriendo provocarle a la interrogación, para conocer su
-pensamiento~.
-
-Si el señor Conde me lo permite, diré una palabra. Usía quiere
-preguntarme... algo referente a su hija política, en el tiempo en que
-tuve el honor de servirla.
-
-EL CONDE
-
-Y cuando aún no habías echado dignidad.
-
-SENÉN
-
-La eché después... Y ahora, sin faltar al respeto que debo a usía,
-tengo el sentimiento de manifestarle que por gratitud, por estimación
-de mí mismo, por mil razones, no puedo en manera alguna revelar
-secretos que no me pertenecen.
-
-EL CONDE, ~con vivo interés~.
-
-No se trata de secretos... que quizás no lo sean para mí. Quiero tan
-solo informaciones exactas acerca de una persona...
-
-SENÉN
-
-Ya...
-
-EL CONDE
-
-Íntimamente relacionada...
-
-SENÉN
-
-Comprendido.
-
-EL CONDE
-
-El pintor Carlos Eraul. Tú estuviste a su servicio algún tiempo,
-al dejar el de mi hijo; tú... ~(Con ardor.)~ Senén, por lo que más
-quieras, por la memoria de tu madre, revélame cuanto sepas.
-
-SENÉN, ~con pujos de delicadeza~.
-
-Sr. D. Rodrigo, por todos los gloriosos antepasados de usía, le ruego
-que nada me pregunte, pues antes perdería la vida que responderle.
-
-EL CONDE, ~con intenso afán~.
-
-Dame al menos alguna luz... sin ofender a nadie, sin faltar a los
-respetos que debes a tu ama. Dime: ese hombre era de baja extracción.
-
-SENÉN, ~secamente~.
-
-Sí.
-
-EL CONDE
-
-Hijo de un pobre vaquero de la ganadería de Eraul, en Navarra. ~(Senén
-responde afirmativamente con la cabeza.)~ El cual, despedido por mala
-conducta, se metió a contrabandista. ~(Con triste humorismo.)~ Carlos,
-el hijo, también despuntó por el contrabando...
-
-SENÉN
-
-¡Oh, no...!
-
-EL CONDE
-
-Sé lo que digo... Su genio pictórico le abrió camino. Fuera de la
-educación artística, que se debió a sí mismo y al estudio del natural,
-era un ignorante, un bruto...
-
-SENÉN
-
-Poco menos.
-
-EL CONDE
-
-Ni alto ni bajo, moreno, de ojos negros... vigoroso... voluntad
-potente... ~(Senén afirma.)~ Su apellido era Vicente, pero él firmaba
-con el nombre de la ganadería: Eraul.
-
-SENÉN
-
-Exacto.
-
-EL CONDE
-
-Le conoció Lucrecia en una de esas rifas o _kermessas_ que organizan
-las señoras para...
-
-SENÉN, ~interrumpiéndole~.
-
-Basta, señor Conde. No sé nada más.
-
-EL CONDE, ~imperioso~.
-
-Responde.
-
-SENÉN, ~inflado como un sapo~.
-
-No sé nada. Usía no me conoce.
-
-EL CONDE, ~rabioso~.
-
-Te conozco, sí. Tu discreción no es virtud; es... cobardía, servilismo,
-complicidad. No eres el hombre digno que calla la culpa ajena; eres el
-esclavo, obediente a los halagos o al látigo del amo que le compró.
-~(Apostrofándole con solemne acento.)~ ¡Maldígate Dios, villano! Que la
-luz que me niegas, a ti te falte. ¡Que enmudezca tu voz para siempre,
-que cieguen tus ojos! ¡Que vivas sin poseer la verdad, rodeado de
-tinieblas, en eterna y terrible duda, palpando en el vacío, tropezando
-en la realidad!... ¡Que busques la justicia, el honor, y encuentres
-mentira, infamia, dentro de un vacío tan grande como tu imbecilidad!...
-~(Con desprecio.)~ Vete, vete; no te acerques a mí.
-
-SENÉN, ~a distancia~.
-
-¡Demonio!... Saca las uñas el león... ¡Hola, hola!... ~(Vuelve el Conde
-a su asiento. Entra Nell con un servicio de café, elegante, en bandeja
-de plata.)~ ¡Ah!... señorita Nell... ~(Ofreciéndose a tomar de su mano
-la bandeja.)~ Deme acá.
-
-NELL
-
-No, no... ya puedo.
-
-SENÉN, ~aparte a la niña~.
-
-Cuidadito con él... Está de malas. ~(Vase.)~
-
-
-ESCENA IV
-
-~EL CONDE, NELL; después DOLLY.~
-
-EL CONDE
-
-¡Ah! Nell... ¿qué traes ahí?
-
-NELL
-
-¿Cómo habíamos de consentir que no te desayunaras? Hemos reñido a
-Gregoria.
-
-EL CONDE
-
-¡Oh! ¡qué ángel!... A ver... ¡Oh, esto sí que es bueno!... recién
-hecho... ¡qué aroma!... Dios te bendiga.
-
-NELL
-
-No merezco yo las bendiciones, sino Dolly, que es quien te lo ha hecho.
-
-EL CONDE
-
-Pero la idea habrá sido tuya. ~(Se sirve.)~
-
-NELL
-
-No quiero engalanarme con plumas ajenas. La idea fue de ella... Se ha
-puesto furiosa... Y a Venancio, le ha echado una buena peluca.
-
-EL CONDE
-
-¡Atrevidilla!
-
-NELL
-
-Le gusta cocinar... y sabe... ¿Qué tal está?
-
-EL CONDE
-
-Riquísimo... ¿Dices que Dolly sabe cocinar?
-
-NELL
-
-Le gusta. Quiere aprender. Pues ahora está preparando un guisote, y
-luego te hará fruta de sartén. Verás qué bueno.
-
-EL CONDE
-
-¡Qué criatura! Dile que venga.
-
-NELL
-
-Cree que estás enfadado con ella, y no se atreve a venir.
-
-EL CONDE, ~imperioso~.
-
-Que venga, digo.
-
-NELL, ~en la puerta de la casa, llamando~.
-
-A Dolly, que venga. Dolly, ven... Dice que no está enfadado.
-
-DOLLY, ~con mandil de arpillera, remangados los brazos~.
-
-Abuelito, con esta facha no quería presentarme a ti.
-
-EL CONDE
-
-Ven... no seas tonta... Gracias, chiquilla, por el excelente café que
-me has hecho.
-
-DOLLY
-
-Y si me dejase Gregoria, te haría un arroz... que te chupabas los
-dedos.
-
-EL CONDE, ~sonriendo benévolo~.
-
-Bien, bien... Vaya, posees el genio de dos artes muy difíciles: la
-pintura y la culinaria.
-
-DOLLY, ~haciendo una graciosa reverencia~.
-
-Para servir a usía, señor Conde.
-
-NELL
-
-Mientras nosotras estemos aquí, no te faltará nada, papaíto.
-
-EL CONDE, ~a Dolly~.
-
-Pues aplícate, hija, aplícate, y serás una excelente cocinera. Quizás
-te conviene más de lo que tú crees. ¿Y Nell, no guisa?
-
-NELL
-
-¡Ay! yo no sirvo para eso. Me da repugnancia... Además, no sé; vamos,
-que no me gusta.
-
-EL CONDE
-
-Cada cual según su temperamento.
-
-DOLLY, ~riendo~.
-
-Esta es tan _finústica_, que para fregar un plato, es preciso que el
-plato esté limpio.
-
-NELL, ~riendo~.
-
-Esta es tan a la pata la llana, que no lava las cosas sino cuando están
-muy sucias.
-
-DOLLY
-
-Claro.
-
-EL CONDE
-
-Cada cual, chiquillas, es como es, y no puede ser de otra manera. ¡Y
-yo que no veía diferencia entre vosotras! Ahora, no solo os distingo,
-sino que os considero con absoluta desigualdad. Ya separo vuestros
-caracteres, separo vuestras voces, separo vuestras almas... Sois el día
-y la noche, el alfa y la omega... la... No, no os digo lo que pienso,
-pobrecitas; no me entenderíais.
-
-
-ESCENA V
-
-~EL CONDE, NELL y DOLLY, EL CURA; después D. PÍO~
-
-EL CURA
-
-La paz sea en esta casa.
-
-EL CONDE
-
-_Curiambro_, buenos días... Yo bien, ¿y tú?
-
-EL CURA
-
-Pasando... Ya me enteré... Venancio y Gregoria se han llevado un
-mediano réspice. No se repetirá el disgusto; yo se lo aseguro al noble
-_león de Albrit_.
-
-EL CONDE
-
-_El león de Albrit_, que no teme las fieras, pero siente repugnancia de
-las alimañas inferiores, tendrá que buscar otra cueva.
-
-EL CURA
-
-A propósito de cuevas, el Prior de Zaratán, que, entre paréntesis,
-quedó ayer encantadísimo de la exquisita cordialidad con que usted le
-recibió, nos invita hoy a tomar un bocadillo en su Monasterio.
-
-EL CONDE
-
-¿A mí también?
-
-EL CURA
-
-A usted principalmente. Iremos Monedero, Angulo y yo, en calidad de
-séquito, de cortesanos o chambelanes de Vuestra Señoría, por no decir
-Majestad.
-
-EL CONDE
-
-Gracias... Pues no me opongo. A cortesía nadie me gana. Visitaré
-gustoso el Monasterio.
-
-EL CURA, ~a Nell, que le hace señas~.
-
-No, si vosotras no vais. No queremos estorbos. Además, Vicenta
-Monedero, por mi conducto, os invita a comer en su casa, y a pasar allá
-la tarde.
-
-EL CONDE
-
-¿La Alcaldesa?
-
-EL CURA
-
-Celebra su fiesta onomástica... Allí tendréis a toda la juventud
-florida de Jerusa.
-
-DOLLY
-
-Lo siento... Mejor me estaba yo todo el día en mi cocinita.
-
-NELL
-
-¡Tonta, si el abuelo no ha de comer aquí!
-
-EL CONDE
-
-¿Cómo no?
-
-EL CURA
-
-Seguramente, los señores frailes no nos soltarán a dos tirones. Me
-figuro el convitazo que habrán dispuesto, algo así como las bodas de
-Camacho, o los festines de Lúculo. Ea, chiquillas; hoy secuestro al
-león. Yo cuidaré de que no se aburra lejos de vosotras.
-
-DOLLY
-
-Malditas ganas tengo yo de festejo.
-
-NELL, ~gozosa~.
-
-Sí que iremos. Nos divertiremos mucho.
-
-EL CURA
-
-Nell es más sociable que Dolly... ~(A Dolly.)~ Pero, tonta, ¿no te
-avergüenzas de que te vean tiznada?... ¡Uy! ¡cómo apestas a cebolla!
-
-DOLLY
-
-Mejor. Pues a usted bien le gusta que le den comiditas buenas... y bien
-se regodea y se relame.
-
-EL CURA
-
-Veremos lo que te dura esa ventolera de los afanes domésticos... ~(Mira
-al Conde como pidiéndole su parecer; pero D. Rodrigo, profundamente
-abstraído, no atiende a la conversación.)~
-
-EL CONDE, ~con una idea fija~.
-
-Cada cual, según es...
-
-D. PÍO, ~con timidez, desde la puerta~.
-
-¿Dan permiso?
-
-EL CURA
-
-Adelante, gran Coronado.
-
-DOLLY
-
-Hoy no hay lección, Piito. Tengo mucho que hacer.
-
-NELL
-
-¡Qué gracia! El juego de las comiditas. ~(Al Cura.)~ Pues hoy me da a
-mí por estudiar de firme, ea.
-
-EL CURA
-
-¡Bravísimo!
-
-NELL, ~con estímulo de amor propio~.
-
-Quiero aprender, quiero instruirme. La ignorancia me avergüenza, y
-empieza a estorbarme. Hoy estudiaré por las dos. ¿Te gusta, abuelito?
-
-EL CONDE, ~divagando~.
-
-Cada una, según su natural...
-
-D. PÍO, ~a Nell~.
-
-¿Vamos?
-
-DOLLY
-
-Yo, a mis cacerolas.
-
-NELL
-
-Y yo, a darle la jaqueca a D. Pío.
-
-EL CURA
-
-Y yo, a ponerme de acuerdo con el Alcalde sobre la hora a que hemos de
-salir. ~(Dando su mano al Conde.)~ Vendremos por usted.
-
-EL CONDE
-
-Hasta luego, hijo.
-
-EL CURA, ~a las niñas~.
-
-Cuando terminen, la una sus lecciones, la otra su trajín, prepárense
-para la fiesta de Vicenta. Que os pongáis bien guapas, ¿eh?... Cuidado,
-chiquillas, que representáis en el mundo la gloria, la nobleza, la
-tradicional elegancia de Albrit.
-
-DOLLY
-
-Bueno, bueno. Estamos enteradas. ~(Se detiene, esperando que el abuelo
-le diga algo.)~
-
-EL CONDE
-
-Dolly...
-
-DOLLY, ~presentando su mejilla~.
-
-Abuelito...
-
-EL CONDE, ~besándola~.
-
-No estoy enfadado contigo. ¿Y tú conmigo?
-
-DOLLY
-
-Lo estuve... pero ya pasó... ~(Vase gozosa.)~
-
-EL CONDE, ~tomando el brazo de Nell~.
-
-Nell, aguarda... Quiero asistir a tu lección. Llévame, hija mía.
-
-~(Entran en la casa, seguidos de D. Pío.)~
-
-
-ESCENA VI
-
-~Dormitorio del Conde.~
-
-EL CONDE, ~que entra~; DOLLY, ~barriendo~.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué haces, chiquilla?
-
-DOLLY
-
-Ya lo ves: arreglándote la leonera. ¿No has reparado que esa bribona de
-Gregoria, ni limpia aquí, ni barre?... Toda la casa la tiene como una
-tacita de plata, menos esta alcoba tuya, que debiera ser el sagrario...
-
-EL CONDE
-
-Hija mía, como no veo bien...
-
-DOLLY
-
-Te digo que la maldad de esta gente me subleva... Entérate de lo que
-he dispuesto. Entre la Pacorrita y yo hemos traído el lavabo bueno,
-que esos indinos quitaron de aquí para ponerlo en nuestro cuarto. Luego
-te mudaremos la cama, poniéndola en aquel rincón, para que estés más
-resguardadito del aire que entra por las rendijas de la ventana.
-
-EL CONDE, ~embelesado~.
-
-¡Admirable! ¿Y a ti se te ha ocurrido todo eso?
-
-DOLLY
-
-Todito ha salido de esta cabeza.
-
-EL CONDE, ~besándola~.
-
-¿Y has acabado ya tus guisotes?
-
-DOLLY
-
-Como te vas a comer con los frailes, he suspendido lo que tenía
-preparado para hoy. Pero mañana te haré una cosa muy rica, que a ti te
-gusta mucho.
-
-EL CONDE. ~(Se sienta; la abraza.)~
-
-Eres un ángel... Lo uno no quita lo otro. Cabe en lo humano que seas
-lo que eres... y al propio tiempo criatura inocente, buena... quizás
-rematadamente buena. ¿Verdad que sí?
-
-DOLLY
-
-Pero tú no me quieres.
-
-EL CONDE, ~confuso~.
-
-Sí te quiero. Es que...
-
-DOLLY
-
-No vayas a creerte que hago yo estas cosas porque me quieras. Pégame, y
-haré lo mismo. Las hago porque es mi deber, porque soy tu nieta, y no
-puedo ver con calma que a un caballero como tú, poderoso en otro tiempo
-y dueño de toda esta comarca, le desatiendan gentes groseras, que no
-valen lo que el polvo que llevas en la suela de tus zapatos.
-
-EL CONDE, ~con viva emoción~.
-
-Deja que te bese una y mil veces, criatura. ¿Conque tú...?
-
-DOLLY
-
-Y a esos indecentes, que no se acuerdan de la miseria que tú les
-remediaste, ni de que crecieron, yerbecitas chuponas, en el tronco de
-Albrit; a esos puercos, arrastrados, canallas, les estaría yo dando en
-la cabeza con el palo de esta escoba, hasta que aprendieran a respetar
-al que honra su casa solo con pisar en ella.
-
-EL CONDE, ~empañada la voz por la emoción~.
-
-¡Y tú... tú piensas eso!
-
-DOLLY
-
-Y lo digo... y lo hago... Esta noche, cuando vuelva del convite, te
-arreglaré toda la ropa, que la tienes bien destrozadita. Esa pánfila de
-Gregoria no da una puntada en tu ropa. Fíjate en la de Venancio, que
-parece un Duque.
-
-EL CONDE. ~(Cruza las manos y la contempla extático, tratando de
-estimular la visión en sus ojos enfermos.)~
-
-¡Y lo haces por mí, por mí!
-
-DOLLY. ~(Se sienta a su lado, la escoba entre las manos.)~
-
-Sabiendo que me quieres menos que a Nell. Reconozco que Nell lo merece
-más que yo, porque es más fina... y además tan buena...
-
-EL CONDE, ~algo turbado~.
-
-Pero a ti... a ti te quiero también. Dime la verdad: ¿te incomodaste
-porque no te dejé subir conmigo?
-
-DOLLY
-
-¡Vaya con el desprecio que me has hecho... dos noches seguidas! La
-primera vez, D. Carmelo y el Médico, que cenaron aquí, me consolaban...
-Pero anoche... ¡ay! me entró tal tristeza, que no pude dormir, y los
-ratos que dormí tuve sueños muy malos.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué soñaste? A ver si lo recuerdas.
-
-DOLLY, ~con emoción un tanto picaresca~.
-
-Pues soñé... Primero soñé que tú eras malo... ¡Ya ves qué desatino!
-Después soñé que entraba en nuestro cuarto mi papá... con una cara tan
-triste, tan triste... y se llegaba a mi cama, y me daba muchos besos...
-
-EL CONDE
-
-Antes iría a la cama de Nell...
-
-DOLLY
-
-Ni antes ni después... Yo soñaba que Nell no dormía en mi cuarto. Ya
-ves. Otro desatino.
-
-EL CONDE
-
-¿Y no te dijo nada tu papá?
-
-DOLLY
-
-Sí: algo me dijo, juntando su cara con la mía; pero no puedo acordarme:
-de esto sí que no me acuerdo... ¡Luego hablaba tan bajito, tan
-bajito...!
-
-EL CONDE
-
-Es lástima...
-
-DOLLY, ~con donaire~.
-
-No hagas caso. Lo que soñamos es todo mentira, ilusión.
-
-EL CONDE
-
-No aseguro yo tanto. Mi vejez resulta más candorosa que tu infancia. Yo
-creo en los sueños.
-
-DOLLY
-
-¡Pues cuando tú lo dices...! ~(El anciano cae en profunda meditación.
-Dolly le observa cariñosa, esperando que reanude la conversación.)~
-¿Qué tienes, papaíto? ¿Por qué estás triste?
-
-EL CONDE
-
-Hija mía, tu charla inocente, tu ingenuidad, tu alma, que sale con
-tu voz, y aletea en tus resoluciones, hacen en mí el efecto de
-un tremendo huracán... ¿no entiendes?... sí, de un huracán que me
-envuelve, me arrebata, me arroja en medio de la mar...
-
-DOLLY
-
-¡Abuelo...!
-
-EL CONDE, ~levantándose, consternado~.
-
-Sí: aquí me tienes forcejeando en medio de este oleaje de la duda. Una
-onda me trae y otra me lleva... y yo... ahogándome sin morir en esta
-inmensidad negra y fría... ¡Oh, no puedo vivir, no quiero vivir!...
-Señor, o la verdad o la muerte... No te asustes, niña querida. Son
-arrebatos que me dan. Tras esta duda quizás venga la certidumbre que
-deseo, que pido a Dios con toda mi alma; certidumbre que no será la
-que perdí: será otra, qué sé yo... ~(Con intensa ternura.)~ Dolly,
-¿dónde estás? Ven a mí; suelta la escobita y abrázame. ~(La abraza
-estrechamente y la besa llorando.)~ Si eres tú, porque lo eres... si
-no, porque... no sé por qué... porque sí... no lo sé.
-
-
-ESCENA VII
-
-EL CONDE, DOLLY, EL CURA
-
-EL CURA, ~en la puerta~.
-
-Pero, señor _león de Albrit_, ¿se olvida de que abajo estamos
-esperándole?
-
-EL CONDE, ~limpiándose las lágrimas~.
-
-Voy... Perdona... me entretuvo esta chiquilla.
-
-EL CURA, ~dando prisa~.
-
-No nos sobrará el tiempo.
-
-DOLLY
-
-Adiós, abuelito. Toma tu palo y el gabán. ~(Le da ambas cosas.)~ El día
-está bueno. Te divertirás mucho.
-
-EL CONDE, ~resignado, dejándose llevar~.
-
-Adiós, hija mía. Quieren que vaya a Zaratán... Pues a Zaratán. Hasta la
-noche.
-
-
-ESCENA VIII
-
-~Monasterio de Zaratán (Jerónimos).~
-
-~Hállase situado en un fértil llano, con ligera inclinación y
-corriente de aguas hacia el Mediodía. Lo resguardan de los vientos
-septentrionales el verde muro de una selva espesísima, y la fortaleza
-de un monte, estribación de la sierra que por el Este se extiende en
-escalones hasta la mar. Rodéanlo frondosas arboledas de sombra, adorno
-y fruto, y tierras de cultivo y pasto, cerradas por tapia o setos
-vivos, en extensión considerable.~
-
-~La construcción románica de la iglesia y de parte del convento aparece
-bastardeada, y en algunos puntos ridículamente sustituida por horribles
-superfetaciones del pasado siglo, de una imbecilidad que causa enojo y
-tristeza. En el frontis de la iglesia, en distintas puertas y ventanas,
-campea el escudo de Albrit, león rampante con banderola en la garra, y
-el lema: _Potestas Virtus_.~
-
-~No lejos de la fachada de la iglesia, separado de ella por anchurosa
-calle de chopos viejos, podados, llenos de jorobas y arrugas, está el
-portalón de ingreso. En una plazoleta mal pavimentada de losetones
-verdinegros y resbaladizos, que fuera de él se extiende, se para el
-coche que conduce al Conde de Albrit y su acompañamiento. Sale toda la
-Comunidad a recibirle, con el Prior a la cabeza.~
-
-EL CONDE DE ALBRIT, EL CURA, EL MÉDICO, EL ALCALDE, EL PRIOR y MONJES.
-
-~Es el Padre Maroto varón tosco y agradabilísimo, con sesenta años
-que parecen cincuenta; ni bajo, ni flaco, ni gordo, admirablemente
-construido por dentro y por fuera, con equilibrio perfecto de músculos,
-hueso y cualidades espirituales. La ingeniosa Naturaleza supo armonizar
-en él, como en ninguno, la potente estructura corporal con la agudeza
-del entendimiento. Su índole nativa de organizador y gobernante en todo
-se revela; pero reviste tan hábilmente de dulzura y gracia el báculo de
-su autoridad, que ni siquiera duelen los estacazos que suele aplicar a
-los díscolos de su corto rebaño. Sin su energía, actividad y metimiento
-prodigioso, el fénix de Zaratán no habría renacido de sus cenizas.~
-
-EL CONDE, ~muy afectuoso, contestando con exquisita urbanidad al saludo
-de bienvenida que en el portalón le dirige el Prior~.
-
-Me anonada usted, señor Prior, saliendo a recibirme con la dignísima
-Comunidad... Vamos, que esto es hacer de mí un Emperador Carlos V.
-
-EL PRIOR
-
-Para nosotros, imperio ha sido la casa de Albrit, y las glorias de
-Zaratán se confunden en la historia con la grandeza de los Potestades.
-
-~(Entran en la calle de chopos jorobados; detrás, respetuosamente, el
-séquito civil y frailuno.)~
-
-EL CONDE, ~con tristeza~.
-
-¡Oh, grandezas desplomadas!... Albrit y Laín no son ya más que polvo
-y ruinas. ~(Pausa solemne.)~ Y agradezco más los honores que en esta
-ocasión se me tributan, porque veo en ellos un absoluto desinterés.
-Señor Prior de Zaratán, el último Albrit no puede corresponder a tan
-noble agasajo con ninguna clase de beneficios. Es pobre.
-
-EL PRIOR
-
-Nosotros también. En los tiempos que corren, no hay más riquezas que la
-virtud y el trabajo, y más vale así.
-
-EL CONDE, ~parándose con intento de admirar las hermosas campiñas que a
-un lado y otro de la chopera se ven~.
-
-Admirable cultivo. Esta santidad agricultora es un encanto... y un gran
-progreso, el único progreso verdad.
-
-EL PRIOR
-
-Trabajamos porque Dios lo manda. Dios quiere que no cultivemos solo el
-cielo, sino la tierra; la tierra, que es el complemento de la fe.
-
-EL CONDE
-
-Y, como la fe, la tierra no engaña. Ella nos alimenta vivos; muertos
-nos acoge...
-
-~(Entran en el convento, y pasan a una sala cuadrilonga, en cuyas
-paredes se ven rastros de un fresco decorativo, que borroso asoma por
-entre los remiendos de yeso. La sillería es moderna y ordinaria, porque
-los monjes no tienen para más. El Prior hace al Conde la presentación
-de los Padres más ancianos, o más significados por sus talentos. El uno
-es notable por su facultad oratoria; el otro despunta en la agronomía;
-aquel es teólogo insigne; estotro, arquitecto. No falta el organista
-ni el veterinario, que al propio tiempo es algo canonista, y muy buen
-castrador de colmenas. Terminadas las presentaciones, el Prior quiere
-obsequiar al Conde y acompañamiento con un Málaga superior, que le han
-enviado de su tierra para celebrar. Acéptalo el Conde con galantería,
-y D. Carmelo con júbilo. Sirve un lego, y catan todos del finísimo
-licor.)~
-
-EL ALCALDE, ~repantigado en un sillón~.
-
-¡Compadres, vaya una vida que se dan ustedes!
-
-EL CURA, ~repitiendo~.
-
-¡Bendita sea la cepa que da este caldo! Debe de ser la que plantó Noé.
-
-EL MÉDICO, ~en voz baja a un fraile, con quien platica~.
-
-Conviene que vea y aprecie las excelencias de Zaratán bajo el punto
-de vista de la vida orgánica y de las comodidades, porque, como buen
-aristócrata, se inclina al sibaritismo.
-
-EL ALCALDE, ~a un monje que despunta en la agronomía~.
-
-Dígame, compañero, ¿de dónde demonios han sacado ustedes la simiente de
-esa remolacha forrajera que he visto en algunos tablares?
-
-EL FRAILE, ~con acento italiano~.
-
-Es de Lombardía, y también el _grano turco_.
-
-EL ALCALDE
-
-¿Qué es eso?... ¡Ah!... el maíz... Buenas cañas. Me han de dar ustedes
-unas mazorcas. Pues ¿y la alfalfa? Dan ganas de comerla... También
-quiero simiente... Yo no ando con repulgos; soy muy francote... barro
-para adentro... Verdad que también doy cuanto tengo... el corazón
-inclusive... ~(Pasando junto al Conde.)~ Señor D. Rodrigo, yo que usía,
-francamente, me dejaría ya de hacer el caballero andante, y me vendría
-a vivir con estos compadres, que me parece... vamos... que no lo pasan
-mal.
-
-EL PRIOR, ~que, descuidándose a veces, emplea los tratamientos
-italianos~.
-
-¡Oh!... si _monseñor_ viviera con nosotros, nos honraría
-extraordinariamente.
-
-EL CURA, ~repitiendo~.
-
-Yo... se lo he dicho... ¡las veces que se lo he dicho!... Pero no
-quiere hacerme caso... Él se lo pierde.
-
-EL PRIOR
-
-_Eccellenza_, otra copita.
-
-EL CONDE
-
-No... muchísimas gracias.
-
-EL MÉDICO
-
-No puede desechar el recelo de que en Zaratán carecería de libertad.
-¿Verdad, señores, que aquí estaría tan libre como en su casa?
-
-EL PRIOR
-
-Viviría en la más hermosa y abrigada celda que tenemos; comería lo
-que más fuese de su agrado; se pasearía de largo a largo por nuestros
-plantíos y praderas, y estaría dispensado de asistir a los oficios, y
-de ayunos y penitencias. Si esto no es buena vida, que me traigan al
-que descubra otra mejor.
-
-EL CURA, _repitiendo_.
-
-Su edad exige cuidados exquisitos, que aquí tendría como en ninguna
-parte.
-
-EL CONDE, _con afabilidad_.
-
-Señores míos, yo agradezco infinito su solicitud, y me siento orgulloso
-del afecto que me muestran, deseando tenerme en su compañía. Lo
-agradezco en el alma; pero no puedo acceder a sus nobles deseos, no y
-no. Y rechazo la oferta, no por mí, sino por la Comunidad, por lo mucho
-que la quiero, la respeto y la admiro.
-
-EL MÉDICO, _aparte a un fraile_.
-
-¡Viejo más marrullero!...
-
-EL ALCALDE
-
-Veremos por dónde sale.
-
-EL CONDE
-
-Estoy bien seguro de que los señores monjes, a los pocos días de
-alojarme aquí, no me podrían aguantar, y renegarían de haberme traído.
-Créanlo: tengo un genio imposible.
-
-EL PRIOR
-
-¡_Eccellenza_... por Dios...!
-
-EL ALCALDE, ~volviendo al grupo distante~.
-
-¡Zorro de Albrit, remolón, pamplinero, si acabarás por venir aquí y
-tomar lo que te den, aunque sean sopas!
-
-EL CONDE
-
-Sí, soy inaguantable. Cuando no ha podido domarme el infortunio, ¿quién
-me domará?
-
-EL PRIOR, ~echándose a reír y palmeteándole en el hombro~.
-
-Yo... sí, _monseñor_, yo... ¡También suelo gastar un geniecillo!...
-
-EL CURA, ~repitiendo~.
-
-La dulzura, el tacto, el don de gentes del Padre Maroto, son una
-garantía de concordia... Vivirán en santa paz.
-
-EL CONDE
-
-Además, hay otro inconveniente. En mi vejez triste no puedo vivir
-sin afectos; me moriría de pena si no pudiera tener a mi lado a mis
-nietecillas, una de ellas por lo menos, la que escogiera yo para mi
-compañía.
-
-EL ALCALDE, ~en alta voz~.
-
-Pues que las traigan. Es lo único que falta en Zaratán para que esto
-sea completo: un par de niñas...
-
-EL PRIOR
-
-¡Ah! eso no. Aquí no pueden vivir mujeres. Las señoritas le escribirían
-con frecuencia.
-
-EL CURA, ~repitiendo, sin beber, y aplicándose, con finura, la palma de
-la mano a la boca~.
-
-Ya se iría _jaciendo_. Y alguna vez podrían las niñas venir a visitarle.
-
-EL CONDE, ~un poco molesto~.
-
-Que no me conformo. ¿Cuántas veces he de decirlo?
-
-EL PRIOR
-
-Sí, sí... No se hable más.
-
-EL CONDE, ~con fina marrullería~.
-
-No desconozco la fuerza de las razones expuestas para convencerme.
-Ni quiero que vean ustedes en mí un hombre terco, atrabiliario y
-desagradecido... No, Prior; no, amigos míos. Mal genio tengo; pero de
-las tempestades de mis nervios suele surgir el juicio sereno y claro.
-Hermoso es Zaratán, simpáticos y agradabilísimos el Prior y sus dignos
-cofrades. ¿Quieren tenerme por compañero y amigo? No digo que sí; no
-digo que no... No debo aparecer ingrato, ni tampoco ansioso de un bien
-que no merezco.
-
-EL PRIOR, ~repitiendo los palmetazos afectuosos~.
-
-¡Si al fin, _monseñor_, hemos de comer juntos muchos potajitos... y nos
-hemos de pelear aquí... como buenos hermanos!
-
-EL ALCALDE, ~dando resoplidos~.
-
-¡Si digo que...!
-
-~El Médico y el Cura cambian una mirada de satisfacción. Propone el
-Prior enseñar la sacristía, y dar un paseo por la huerta antes de
-comer, y a todos les parece idea felicísima. Aunque el buen Albrit ve
-poco, se presta con galana urbanidad a que le muestren prolijamente
-las imágenes, los ornamentos, los vasos sagrados. El pobre señor, en
-obsequio a los bondadosos frailes, hace como que lo ve todo, y con
-discreta lisonja de buena sociedad, todo lo admira y alaba, hasta que
-el Prior, abriendo un estuche, saca de él un cáliz y se lo enseña,
-diciéndole: «Esta hermosa pieza es donación de la Condesa de Laín.»
-Inmútase el anciano, y después de preguntar a Maroto si celebra en la
-_hermosa pieza_, y de responderle el fraile que sí, suelta un terno...
-y tras el terno una denominación que es escándalo y azoramiento de
-todos los que cerca están. Hace el Prior como que no ha oído nada, y
-siguen.~
-
-~Se sirve la suculentísima y abundante comida en una salita próxima al
-refectorio, mientras come la Comunidad, y solo asisten a ella, a más
-de los forasteros, el Prior y un monje anciano, el más calificado de
-la casa. Muéstrase, desde la sopa al café, decidor y jovial el buen
-Prior, arrancándose a contar salados chascarrillos andaluces de buena
-ley; y el Conde, aunque con pocas ganas de conversación, y como atacado
-de tristeza o nostalgia, se esfuerza en cumplir la tiránica ley de
-cortesía, riendo todos los chistes, incluso los del Alcalde, el cual,
-después de un impertinente disputar sobre cosas triviales, barre para
-su casa, sosteniendo la supremacía de las pastas españolas para sopa
-entre todas las del mundo, incluso las italianas. Termina despotricando
-contra el Gobierno, porque no protege la industria nacional recargando
-fuertemente en el Arancel... ¡el _fideo extranjero_!~
-
-~De sobremesa, propone el Prior un agradable plan para la tarde:
-siesta, el que quisiera dormirla; después, paseo hasta la casa de labor
-de abajo, que es la más interesante; visita a los corrales, establos y
-cabañas, y, por fin, solemnes vísperas con órgano, Salve, etc.~
-
-
-ESCENA IX
-
-~Coro de la iglesia conventual de Zaratán.~
-
-~EL PADRE MAROTO, en la silla prioral. A su lado EL CONDE DE ALBRIT.
-Siguen a derecha e izquierda los monjes, ocupando con sus venerables
-cuerpos más de la mitad de la sillería. En el centro, frente al
-facistol, los cantores. No hay verja que separe el coro de la iglesia,
-que es tenebrosa, sepulcral, cavidad cuyos límites y contornos se
-deslíen en un misterioso ambiente, tachonado por las luces de los
-cirios. En el fondo lejano se adivina, más que se ve, el altar mayor,
-disforme carpintería barroca y estofada. A la derecha un órgano
-pequeño, nuevecito, de excelente son. Toca con maestría el mismo fraile
-italiano que antes hablaba de la simiente de alfalfa y remolacha
-forrajera.~
-
-EL CONDE, ~que sin darse cuenta de ello, entrelaza y confunde su rezo
-con sus meditaciones~.
-
-Señor de los cielos y la tierra, ilumíname, dame la verdad que
-busco... No muera yo sin conocerla... Que acabe mi vida con mis dudas
-horribles... _Padre nuestro que estás_... Creí que la falsa es Dolly,
-y la legítima Nell... y ahora creo lo contrario: Dolly es la buena,
-Nell la mala, la intrusa... Señor, que no prevalezca en mi familia la
-usurpación infame... _El pan nuestro..._
-
-EL CORO
-
-_Recordare Domine quid acciderit nobis... Intuere et respice opprobrium
-nostrum._
-
-EL CONDE
-
-No me tengas, Señor, sobre esta zarza de las dudas... Me revuelvo en
-ella, y mi cuerpo es todo una llaga... Dame la verdad, y que la verdad
-sea puerta para entrar en la muerte... Líbrame del oprobio de mi
-nombre, y aparta de mi descendencia el deshonor.
-
-EL CORO
-
-_Hæreditas nostra versa est ad alienos, domus nostræ ad extraneos..._
-
-~Suena con dulcísimos acordes el órgano. Encantado de oírle, el Conde
-se inclina hacia el Prior para elogiar el instrumento y las hábiles
-manos que lo tocan.~
-
-EL PRIOR
-
-¡Excelente organito!... Regalo de su hijo de usted, el señor Conde de
-Laín, que nos lo mandó de París. La carta en que me anunciaba este
-obsequio fue la última que de él recibí.
-
-EL CONDE, ~que desvaría un poco, afectado de la solemnidad del lugar y
-ocasión, y de la lúgubre poesía que allí emana de todas las cosas~.
-
-Pues me lo había figurado... Como apenas veo, mi oído tiene una
-sutileza extremada, y en esos dulces acentos escuché la propia
-voz de mi pobre Rafael resonando en la iglesia... ¡Desdichado hijo
-mío! ¿Verdad, P. Maroto, que mi hijo merecía mejor suerte? Pero la
-felicidad no es para los buenos.
-
-~(El Prior contesta con cabeceos, por no creer que es ocasión de
-largas conversaciones, y continúa rezando. Pasa tiempo. La placidez
-del sitio, la suave temperatura, el monótono canto, determinan en el
-viejo Albrit una sedación dulcísima, y recostándose sobre la derecha
-en el amplio sitial, se adormece. A ratos se despabila, y perdida la
-noción de la realidad, olvidado de donde está, dirige al Prior palabras
-que este estima de una incongruencia absoluta. En aquel sopor, cuyas
-intercadencias no es posible apreciar, ve y oye el desdichado prócer
-extrañísimas cosas. Si al despertar tiene algunas por disparates, otras
-quedan en su mente como verdades incontrovertibles. No puede dudar que
-su hijo Rafael se aparece en el coro, viniendo de la iglesia, vestido
-de monje, y avanzando lentamente se llega a su padre, y le habla...
-Bien seguro está de que le dice algo, y más le dijera si su imagen no
-desapareciese súbitamente como una luz que el viento apaga.)~
-
-EL PRIOR
-
-¿Qué dice el señor D. Rodrigo?
-
-EL CONDE
-
-Me parece que hablo claro... La falsa es Nell. Me lo dice quien lo
-sabe... ~(Enteramente despabilado.)~ ¡Ah!... perdone usted... No he
-dicho nada. Estas cosas no deben decirse. ~(Mira en torno suyo, y nada
-ve. Pero advierte que han cesado los cánticos, y que el oficio ha
-concluido. La Comunidad se retira.)~
-
-EL PRIOR, ~levantándose~.
-
-_Eccellenza_... hemos terminado nuestro rezo. Tome usted mi brazo, y
-saldremos.
-
-EL CONDE, ~apoyado en el brazo del Prior~.
-
-Es hermoso poseer la verdad...
-
-EL PRIOR
-
-Cuando se posee.
-
-EL CONDE
-
-Yo la tengo.
-
-EL PRIOR
-
-Verdades hay, amigo mío, que no merecen que las poseamos. Vale más la
-duda que ciertas verdades. Lo que hay que tener es fe.
-
-EL CONDE
-
-También la tengo. A ella me acojo, y de ella tomo mi energía para esta
-batalla con la espantosa duda... ~(Con grande extrañeza.)~ Pero dígame,
-¿dónde se meten Carmelo y el Alcalde y el Médico de Jerusa? No les
-siento. ¿Es que están todavía examinando carneros y vacas?
-
-EL PRIOR, ~retardando la contestación, que supone ha de ser penosa para
-el anciano~.
-
-Pues D. Carmelo...
-
-EL CONDE
-
-¿Es que duerme aún la siesta para empalmar mejor la comida con la
-merienda? Me asombra que el Alcalde, que es tan beato... por dar
-ejemplo a las _masas_, como él dice... no haya venido a las vísperas.
-
-EL PRIOR, ~arrancándose, por aquello de «el mal camino andarlo pronto.»~
-
-Señor Conde de Albrit, esos señores se han vuelto a Jerusa.
-
-EL CONDE, ~parándose en firme, erguido. El estupor contiene aún el
-estallido de su ira~.
-
-¡Se han vuelto a Jerusa...!
-
-EL PRIOR, ~resuelto~.
-
-Esos caballeros piensan, como yo, que el señor Conde debe permanecer
-aquí.
-
-EL CONDE, ~airado~.
-
-Me han traído con engaño, me dejan con perfidia... se van... Me
-encierran como a una bestia dañina... ¡Me ponen en manos del carcelero,
-que es usted, la Comunidad... Zaratán maldito!
-
-
-ESCENA X
-
-~Atrio de la iglesia. Alameda. Portalón.~
-
-EL CONDE, EL PRIOR; algunos monjes, que a distancia se mantienen
-observando la escena, prontos a intervenir en ella, si lo ordena el
-Superior con seña o simple mirada.
-
-EL PRIOR
-
-Yo ruego al ilustre Albrit que se sosiegue, y que vea en esto un acto
-sencillísimo, dictado por la amistad, por el afecto que todos le
-profesamos.
-
-EL CONDE
-
-¡Encerrarme traidoramente, como a un loco, como a un criminal!
-
-EL PRIOR, ~empleando la persuasión y buenos modos, que estima más
-eficaces~.
-
-_Eccellenza_, considere que está en su casa... ¿No dice nada a
-su espíritu la paz de este santo instituto? Cuantos aquí vivimos
-consagrados al servicio de Dios y al trabajo de la tierra, somos sus
-amigos, no sus carceleros.
-
-EL CONDE
-
-Estimo la buena intención, señor mío; pero a mí no se me enjaula,
-atentando inicuamente a mi libertad.
-
-EL PRIOR
-
-¿Y para qué quiere usted esa libertad más que para calentarse los
-sesos, acometiendo empresas ideológicas en busca de una luz que no ha
-de encontrar? ~(Queriendo acariciarle.)~ Créame a mí, que soy su amigo.
-Esos señores dejan a mi cuidado al _león de Albrit_, y yo respondo
-de que, pasada esta efervescencia de amor propio, _monseñor_ nos lo
-agradecerá. Mi orden me manda acoger al desvalido, y practicar en todo
-caso las Obras de Misericordia.
-
-EL CONDE, ~decidido a partir~.
-
-Muy bien. La novena dice: «No encerrar al prójimo contra su
-voluntad...» Dígame usted por dónde se sale.
-
-EL PRIOR, ~dominándose, y persistiendo en los procedimientos de
-dulzura~.
-
-Por segunda vez, Sr. D. Rodrigo, le invito a considerar que es locura
-oponerse a esta santa reclusión, dispuesta por la familia, patrocinada
-por los amigos, aconsejada por la Facultad... En ninguna parte tendrá
-_monseñor_ la paz, la tranquilidad y los bienes materiales que aquí le
-prodigaremos sin tasa.
-
-EL CONDE, ~cada vez más colérico~.
-
-Maldigo a la familia, maldigo a los amigos, a la Facultad y a este
-endiablado laberinto de Zaratán, donde quieren que yo me vuelva loco...
-Pronto, señor Prior, mande usted que me franqueen la salida. ~(Avanza
-con paso resuelto por la alameda de chopos jorobados.)~
-
-EL PRIOR, ~tras él, suplicante~.
-
-Reflexione usía, señor Conde; considere que ofende a Dios renegando de
-este santo recogimiento, en que la Religión y la Naturaleza le ofrecen
-descanso y paz...
-
-EL CONDE, ~revolviéndose furioso~.
-
-No me hable usted de religión... Aquí no la quiero... ¡aquí, donde
-tendría que oír las misas que dice usted con ese cáliz!... ~(Con ligera
-inflexión humorística, que chisporrotea en medio de su indignación.)~
-Del cáliz nada tengo que decir, porque está consagrado... ¡Qué culpa
-tiene el pobre cáliz!... ¡Pero la misa... usted... esa _tal_!... No,
-no quiero vivir en Zaratán, no quiero estar preso... ¿Ni quién es esa
-_cual_ para encerrarme a mí?... Me encierra porque no haga públicas
-sus ignominias... ¡Y el Prior de Zaratán es su cómplice; el Prior de
-Zaratán dice misa en su cáliz; el Prior de Zaratán se presta a ser
-mi carcelero para que no hable, para que no investigue, para que no
-descubra la verdad odiosa!... Pero no les vale, no, porque ahora mismo,
-señor D. Maroto o señor don Diablo, va usted a mandar que me abran
-aquella puerta, que jamás, jamás ha de volver a abrirse para el Conde
-de Albrit.
-
-EL PRIOR, ~ya cargado, con fuertes ganas de meter mano al viejo prócer,
-y hacerle entrar en razón por el procedimiento más expedito~.
-
-Señor Conde, que ya me va faltando la paciencia.
-
-EL CONDE
-
-¡La salida... pronto, la salida!
-
-EL PRIOR, ~apretando los puños~.
-
-Le digo a usted que conmigo no se juega. Albrit es un niño, y como a
-tal habrá que tratarle. A los niños mañosos se les sujeta y se les...
-
-~(Acércanse varios frailes, a quienes el Prior ha hecho seña. El Conde,
-que en sus tiempos ha sido un excelente boxeador, se prepara de puños y
-brazos, dando a entender su propósito de romper cráneo o clavícula, si
-hay alguien tan osado que ponga la mano en su ancianidad venerable.)~
-
-EL CONDE, ~con bravura caballeresca~.
-
-Abusas tú, Prior, de la desigualdad de nuestras fuerzas, y porque me
-ves solo pretendes acoquinarme. Pero yo te aseguro que si me vence el
-número, no será sin que caiga al suelo alguno de estos bigardones, y
-bien podría suceder que el que caiga no se levante más.
-
-EL PRIOR.
-
-Ahora lo veremos. ¡Leoncitos a mí!...
-
-~(Aunque no ha boxeado nunca, es hombre de empuje; sus puños cerrados
-igualan a la maza de Fraga, y los músculos de su brazo compiten en
-elasticidad y fuerza con el acero. La actitud guerrera del anciano le
-saca de quicio, y su primer impulso es dar cuenta de él, sin ayuda de
-sus cofrades.)~
-
-EL CONDE, ~ciego de ira, poniéndose en guardia~.
-
-¡Aquí te espero!
-
-~(Rodean los frailes al Prior, haciéndole ver con gestos y palabras
-expresivas la inconveniencia de emplear la fuerza. Basta un momento de
-reflexión para que así lo comprenda Maroto; se domina: encuéntrase en
-la posesión plena de sus facultades perfectamente equilibradas; se ríe
-de sí mismo, se ríe del Conde con más lástima que menosprecio, y manda
-que se le abra la puerta.)~
-
-EL CONDE
-
-¡Ah! Se me obedece al fin... Abierta la jaula, el león recobra su
-libertad... ¡Ay del que quiera sujetarle!
-
-~(Sale presuroso, y se aleja con tal viveza, sacando bríos de sus
-piernas cansadas, que su rápido andar parece milagroso.)~
-
-EL PRIOR, ~rodeado de los frailes, viéndole partir~.
-
-¡Pobre demente! Te ofrecemos el descanso y lo rehúsas; te damos el
-olvido de lo pasado, y prefieres revolver las escorias inmundas de tu
-deshonrada familia. Rechazas nuestra dulce compañía por correr tras un
-enigma, cuya solución no has de encontrar... no, no la encontrarás,
-porque Dios no lo quiere... ~(Hablando para sí.)~ No, no lo quiere; yo,
-único mortal que sabe la verdad, no puedo decírtela, y aunque pudiera,
-menguado y díscolo viejo, no te la diría... ~(Alto.)~ Mirad, mirad cómo
-corre. Ni una sola vez ha mirado para atrás. La inseguridad de su paso
-denuncia el tumulto de sus ideas...
-
-UN FRAILE
-
-Toma la dirección del Páramo.
-
-EL PRIOR
-
-Quiere ir como hacia la mar.
-
-OTRO FRAILE
-
-Hacia el cantil de Santorojo.
-
-EL PRIOR
-
-Dios ataje sus pasos si van en busca de la muerte. Recémosle un
-Padrenuestro. ~(Rezan.)~ Ya no se le ve... Cae la tarde, hermanos:
-vámonos a cenar en paz y en gracia de Dios.
-
-
-ESCENA XI
-
-~Meseta árida, en la cual no crecen más que cardos y aliagas. A
-trechos, rocas de singulares formas que parecen cuerpos a medio salir
-del suelo arenoso. Termina la planicie por el Norte bruscamente, como
-si la tajaran de un golpe con arma formidable. Allí está el filo del
-cantil, colosal muralla que del mar se eleva, en algunos sitios con
-declive de peñas escalonadas, en otros con una verticalidad espantable,
-terrorífica. La altura varía, por la desigualdad de la rasante en la
-meseta; pero en ninguna parte deja de ser tal, que difícilmente la
-soporta sin vértigo la mirada. Sube de lo profundo el murmullo hondo
-y persistente de la mar, dando testarazos en la base del cantil.
-Anochece. El cielo es tempestuoso.~
-
-EL CONDE, ~solo, andando lenta y descompasadamente, fatigado ya de la
-carrera que emprendió en su fuga de Zaratán~.
-
-Ya me lo decía el corazón... Carmelo, el Mediquillo, y ese Alcalde que
-envenena a media humanidad con sus fideos falsificados, han vendido sus
-conciencias a la infame. ¡Hechuras mías habían de ser! Yo les favorecí,
-ellos me crucifican, me escarnecen, quieren enjaularme. ¡Dios mío, las
-veces que le he matado el hambre a ese Pepillo Monedero, cuando venían
-inviernos crudos y no podía trajinar con sus caballerías!... Con el
-vino que me ha robado, cuando me traía las tercerolas de Villarán, se
-podría emborrachar Carmelo, cuyo vientre es una bodega... Al padre de
-ese mediquejo le libré de presidio, cuando las talas de Laín. Era un
-hombre que siempre que Rafael o yo pasábamos por su lado, se ponía
-de rodillas, y teníamos que darle de palos para que se levantara...
-Y ahora ¡ay!... ¡Generación ingrata, generación descreída y que nada
-respetas, generación parricida, pues devoras el pasado, y menosprecias
-las grandezas que fueron! El honor, la pureza de los nombres, ¿qué
-son para estos menguados, que se pasan la vida hociqueando en el
-suelo, para recoger el pedazo de pan que la suerte les arroja? Son de
-vista baja, y no ven el cielo, ni el sol que nos alumbra... Y ahora,
-recobrada mi libertad, voy detrás de mi idea, como los Reyes Magos
-tras de la estrella que les guió al pesebre, en que acababa de nacer la
-verdad.
-
-~(Detiénese, un tanto sobrecogido del espantoso estruendo de la mar
-en aquel sitio. Retumba el suelo. Las olas, en pleamar, penetran en
-tortuosas cavernas, y se revuelven con furia en las profundidades
-tenebrosas.)~
-
-¡Cómo brama! Mal vino trae esta noche el agua... Y allá, el reventar de
-la ola suena como cañonazos... Desde este borde distingo el tremendo
-salivazo de espuma cuando lo escupe para arriba... ¡Hermoso, sublime!
-~(Continúa andando, no sin dificultad, porque va de cara al viento, que
-sopla del Oeste en rachas violentísimas.)~ Vaya con el aire... hay que
-ponerle la proa sin miramientos, y cortarlo con la cabeza, después de
-bien asegurado el sombrero. De nada me sirve el palo... ¡Qué soledad!
-O yo no veo absolutamente nada, o no pasa alma viviente por estos
-sitios... ¿Quién demonios, quién que no sea el estrafalario Albrit,
-este loco enjaulable, se ha de arriesgar por el horrible páramo en
-noche tempestuosa? ~(El viento le hace girar sobre sí mismo; tiene que
-acudir con ambas manos al sombrero; el palo se le cae.)~ Hola, hola,
-¿esas tenemos, señor vientecito? Pues ahora nos veremos las caras.
-Primero se cansará usted que yo. Recojo mi palo, y adelante. _Potestad_
-me llamo; no hay quien me rinda.
-
-~(Es ya noche cerrada, noche lúgubre, de cielo revuelto, invadido de
-negras nubes veloces, que corren hacia el Este, montando unas sobre
-otras, acometiéndose... Por entre sus vellones deshilachados, se deja
-ver, a ratos, la luna creciente, despavorida, que con su lividez
-ilumina el Páramo, y da siniestro relieve a los peñascos esparcidos,
-los cuales semejan aquí gatos en acecho, allí esfinges egipcias, más
-adentro esqueletos de ballenas.)~
-
-Vaya... parece que afloja la racha. No podía ser menos. ¡Vientecitos a
-mí...! Adelante... ~(Sorprendido de oír una voz, que parece humana.)~
-¿Qué voz es esa? Si no es que el viento se da a la imitación del
-graznido de los hombres, ha sonado una voz. ~(Parándose, para oír
-mejor.)~ Sí, hasta parece que oigo mi nombre... No, no: es el viento,
-que sabe pronunciar la última sílaba... _brit... brit..._
-
-~(En dirección contraria a la que lleva el Conde, avanza un hombre;
-pero como anda a favor del viento, más bien parece que vuela. Lo que en
-tan extraño sujeto aparenta alas, son faldones de un largo abrigo. Pasa
-veloz junto al Conde. Se para no sin gran esfuerzo, le llama... vuelve
-a llamarle.)~
-
-
-ESCENA XII
-
-~EL CONDE; D. PÍO, sin sombrero, que le ha sustraído el huracán; lleva
-bufanda al cuello, que se enrosca y desenrosca a cada instante; levitón
-largo, que se le pone por montera; los pantalones arremangados.~
-
-EL CONDE, ~con voz firme~.
-
-¿Quién es... quién me llama? Si es el viento... perdone, hermano, no
-llevo suelto.
-
-D. PÍO, ~que se ve obligado a agarrarse al Conde para no caer~.
-
-Soy yo, señor. ¿No me ha conocido? Soy Pío, el profesor de las niñas.
-
-EL CONDE
-
-¡Ah! Coronado... Acabáramos. ¿Y qué traes por estos sitios tan amenos,
-en noche tan deliciosa?
-
-D. PÍO
-
-En el momento de encontrar a usía buscaba mi sombrero, que me arrebató
-el viento.
-
-EL CONDE
-
-Pues no es fácil que te lo devuelva. Si temes constiparte sin sombrero,
-ponte el mío. En verdad, no me sirve más que de estorbo...
-
-D. PÍO
-
-Gracias, señor Conde. Estamos en el peor sitio. Agarrémonos bien el uno
-al otro, y vámonos a lugar más abrigado y seguro... Por aquí, señor...
-~(Se agarran y se internan, alejándose del cantil.)~
-
-EL CONDE
-
-Por lo visto, las revueltas del Páramo te son familiares.
-
-D. PÍO
-
-Sí, es mi paseo favorito. Esta soledad, esta aridez, este ruido de la
-mar me enamoran. Llega para mí un momento, al terminar el día, en que
-me hastían de tal modo las personas, que me arrimo a los animales;
-pero me hastían también los domésticos, y busco la compañía de los
-lagartos, de los saltamontes, de los cangrejos, y de todo lo que más se
-diferencia de nosotros.
-
-EL CONDE
-
-Comprendo tu odio al género humano, infeliz Pío. Dícenme que eres muy
-desgraciado en tu casa.
-
-D. PÍO, ~llevándole a un sitio resguardado del viento~.
-
-Sí, señor. Más de una vez he venido a estos cantiles con el propósito
-de arrojarme por el más empinado. Pero...
-
-EL CONDE
-
-Te ha faltado valor.
-
-D. PÍO, ~candoroso~.
-
-Sí, señor... Me faltan ánimos. Esta noche misma llegué decidido, tan
-decidido, que ya me estaba viendo cenado por los peces; pero en el
-momento crítico...
-
-EL CONDE
-
-¡Matarse, qué locura! Hay que luchar, luchar sin desmayo para aniquilar
-el mal.
-
-D. PÍO, ~con tristeza~.
-
-¡Ah! eso no es para mí. Luche quien pueda. Yo no sirvo; nací para dejar
-que todo el mundo haga de mí lo que quiera. Soy un niño, señor Conde, y
-no un niño de la raza humana, sino de la raza ovejuna; soy un cordero,
-aunque me esté mal el decirlo. Nací sin carácter, y sin carácter he
-llegado a viejo. Permítame que me alabe. Soy el hombre más bueno del
-mundo; tan bueno, tan bueno, que casi he llegado a despreciarme a mí
-mismo, y a _futrarme_, con perdón, en mi propia bondad.
-
-EL CONDE
-
-Y tuya es una frase que corre como proverbial en Jerusa: «¡Qué malo es
-ser bueno!»
-
-D. PÍO
-
-Porque de la bondad me vienen todas mis desgracias... parece mentira.
-En mí no encuentro fuerza para hacer daño a ningún ser, llámese
-mosquito, llámese mujer u hombre. Donde yo estoy, está el bien, la
-verdad, el perdón, la dulzura... y llueven sobre mí las desdichas como
-si mi bondad fuera un espigón de metal que atrae el rayo... Señor, he
-llegado a un extremo tal de sufrimiento, que ya no puedo más; quiero
-arrojar por ese cantil el fardo de mi bondad, que es mi vida. Mi vida,
-o sea mi bondad, ya me enfada, me apesta, me revuelve el estómago...
-¡Váyase a los profundos abismos, bendita de Dios!
-
-EL CONDE
-
-Ten paciencia, Pío. Si eres tan bueno, Dios te dará tu merecido... Pero
-si hemos de charlar, desahogando en la confianza y amistad recíprocas
-las penas de uno y otro, no será malo, bendito Coronado, que me lleves
-a un sitio cómodo donde pueda sentarme. Por mi nombre te juro que estoy
-cansado.
-
-D. PÍO, ~guiándole~.
-
-Precisamente llegamos a un recodo donde estaremos a cubierto del
-vendaval. Entre estas peñas enormes, que parecen dos formidables
-canónigos con sus sombreros de teja, he descabezado yo mis sueñecitos
-algunas noches que he dormido fuera de casa. Aquí podemos sentarnos,
-sobre esta limpia arena llena de caracolitos, y hablar todo lo que nos
-dé la gana. ~(Se sientan.)~
-
-EL CONDE
-
-Dime, Pío: ¿al fin se murió tu mujer?
-
-D. PÍO, ~tocando las castañuelas~.
-
-¡Al fin! sí, señor. Dos años hace ya que el infierno la quiso para sí.
-
-EL CONDE
-
-¡Cuánto habrás padecido, pobre Coronado! De veras te digo que no hay en
-la sociedad vicio más desorganizador ni de peores consecuencias que la
-infidelidad conyugal; y cuando ese atroz delito trae el falseamiento
-de la ley del matrimonio y el fraude de la sucesión, no hay palabra
-bastante dura para anatematizarlo. Pues bien: aquí donde me ves, yo
-estoy en el mundo para combatir y anular las usurpaciones de estado
-civil, producidas por el desacuerdo entre la Ley y la Naturaleza.
-Nuestros legisladores no han tenido valor para abordar este problema.
-Yo lo tengo. He declarado la guerra a la impureza de los nombres, y a
-todas las ilegitimidades producidas por el infame adulterio.
-
-D. PÍO, ~embobado~.
-
-Ya... ¿Y qué hace el señor Conde para...?
-
-EL CONDE
-
-Por de pronto, descubrir la usurpación... sacarla a la vergüenza
-pública... ¿Te parece poco? ~(D. Pío, ensimismado, no dice nada.)~ Pero
-no hablemos ahora de mis cuitas, sino de las tuyas. Tu mujer, según
-creo, te dejó un mediano surtido de hijas.
-
-D. PÍO, ~secamente, mirando al suelo~.
-
-Seis...
-
-EL CONDE
-
-Que son seis arpías, según se cuenta.
-
-D. PÍO, ~con aflicción~.
-
-Llámelas usía demonios o fieras infernales, pues arpías es poco. No me
-tienen ningún respeto, ni viven más que para martirizarme.
-
-EL CONDE
-
-¡Y lo aguantas! Tu bondad, pobre Coronado, raya en lo inverosímil,
-porque si no miente el vulgo... permíteme que te hable con una
-franqueza que resulta tan extremada como tu bondad... tus hijas... no
-son tus hijas.
-
-D. PÍO, ~después de una pausa~.
-
-Señor, por duro que sea declararlo, yo... En efecto, tan cierto como
-esta es noche, esas hijas... no me pertenecen.
-
-EL CONDE
-
-Y si de ello estás tan seguro, ¿cómo las tienes contigo?
-
-D. PÍO
-
-Por ley de la costumbre, que es la gran encubridora de las perrerías
-que hace la bondad. Desde que nacieron las tengo a mi lado. Me quito el
-pan de la boca para dárselo a ellas... Las he visto crecer, crecer...
-Lo peor es que de niñas me querían, y yo... ¿para qué negarlo?...
-las he querido, casi las quiero, no lo puedo remediar... ~(Albrit
-suspira.)~ No tengo vergüenza, ¿verdad, señor Conde? No soy digno de
-hablar con un caballero como usía.
-
-EL CONDE
-
-Eres un desgraciado, y yo quiero que seamos amigos. Dime otra cosa:
-esas tarascas, ¿permanecen solteras?
-
-D. PÍO
-
-Dos casaron con los primeros ladrones del pueblo. A una la abandonó
-el marido, y está otra vez en mi casa: empina el codo, y me dice las
-cosas más indecentes que se le pueden decir a un hombre. María y
-Rosario tienen por novios a dos perdidos: el uno barbero, el otro muy
-dado al matute. Esperanza es loca por los hombres, y se va tras ellos
-por calles y caminos, sin reparar que sean soldados, amoladores o
-titiriteros, y Prudencia, la más chica, me ha salido un poquito bruja.
-Echa las cartas, cura por salutaciones... y roba todo lo que puede.
-
-EL CONDE, ~con piadosa lástima~.
-
-No conozco otro ser más dejado de la mano de Dios. Sobre tu bondad caen
-todas las maldiciones del cielo. ¿Cómo en tantos años no has tenido un
-día, una hora de entereza de carácter, para echar de tu lado a esas
-hembras espúreas que te consumen la vida?
-
-D. PÍO
-
-No me pida el señor Conde que tenga carácter, que es como pedir a estas
-peñas que den uvas y manzanas. Soy bueno; me reconozco el mejor de los
-hombres. En un punto está que uno sea un santo o un mandria. Mi mujer,
-que de Satanás goce, me dominaba; me hacía temblar con solo mirarme. Yo
-hubiera tenido valor delante de una docena de tigres; delante de aquel
-monstruo no lo tenía. Tan grande como mi paciencia era su liviandad. Me
-traía los hijos; nacían en casa. Yo le decía verdades como puños; pero
-no me escuchaba. ¿Qué había de hacer yo con las pobres criaturas, ni
-qué culpa tenían ellas? ¡No las había de tirar en medio de la calle!
-Crecían, eran graciosas, se dejaban querer. El tiempo me alargaba la
-bondad, y yo era más bueno cada día... y me dejaba ir, me dejaba ir...
-Nunca tuve resolución... Mañana será otro día, decía yo, y, en efecto,
-señor, todos los días, en vez de ser otros, eran los mismos... El
-tiempo es muy malo, es como la bondad... Entre uno y otro hacen estas
-maldades que no tienen remedio.
-
-EL CONDE, ~meditabundo~.
-
-Buen Pío, tu filosofía resulta dañina; tu bondad siembra de males toda
-la tierra.
-
-D. PÍO
-
-Déjeme que siga contándole, para que acabe de despreciarme. Lo que
-sufro con esas culebronas a quienes llamo hijas, no hay palabras
-para decirlo. Ellas me pegan, ellas me insultan, ellas me matan de
-hambre; ellas gozan con mis dolores, con mi vergüenza... ¡Qué malas,
-qué malas son! Cada una es un demonio, y juntas el infierno. Y que
-no me vale huir de mi casa y abandonarlas, porque salen desaforadas a
-buscarme, y me cogen, y me llevan por fuerza, y me besuquean y hacen
-mil carantoñas. Tengo el corazón tan blando, que cuando veo llorar a
-alguien soy un río de lágrimas. Pues cuando alguna se pone mala, ¡si
-viera usía lo inquieto y apenado que estoy! Nada, que me falta tiempo
-para correr a casa del médico, a la botica...
-
-EL CONDE
-
-Eres cosa perdida. Vas al abismo, buen Coronado.
-
-D. PÍO, ~agitadísimo~.
-
-Lo sé, señor Conde... Por eso pido a Dios que me lleve pronto al cielo,
-porque allí, lo que es allí... supongo que podrá uno ser tierno de
-corazón y de voluntad sin perjudicarse... allí puede uno ser todo amor,
-sin que le descalabren, le pellizquen y le aporreen.
-
-EL CONDE
-
-El cielo, sí. Para ti no hay otro sitio. Aquel es tu mundo, y no
-debiste, no, Coronado, no debiste venir a este.
-
-D. PÍO, ~con desesperación~.
-
-¿Pero acaso yo me he traído?
-
-EL CONDE
-
-Si no te has traído, puedes volverte cuando quieras. Ahora comprendo la
-razón y excelente lógica de tus propósitos de suicidio.
-
-D. PÍO, ~con efusión~.
-
-Me suicido porque soy un ángel, y nada tengo que hacer en este mundo.
-
-EL CONDE, ~indicando la dirección del cantil~.
-
-Es verdad... Vete pronto al tuyo, al cielo. Por hacerme compañía no te
-entretengas.
-
-D. PÍO, ~que, sintiendo frío en la cabeza, se la cubre con el pañuelo,
-y anuda las puntas bajo la barba~.
-
-Si quisiera el señor Conde prestarme su pañuelo para sonarme, pues el
-mío me lo he puesto por la cabeza...
-
-EL CONDE
-
-Hijo, sí; tómalo y suénate todo lo que quieras... Me parece que debemos
-continuar andando, porque nos enfriamos. Yo estoy aterido.
-
-D. PÍO
-
-Como el señor Conde guste. ~(Levántase y le da la mano.)~ El viento
-afloja; ahora se descubre la luna.
-
-EL CONDE, ~andando los dos del brazo~.
-
-Pues en este momento, mi buen Coronado, se me ocurre una idea que puede
-ser tu salvación. Tú te librarás de todo el mal a que tu bondad te ha
-traído, y yo tendré el gusto de producir en ti el único bien que has
-disfrutado en tu vida.
-
-D. PÍO, ~algo inquieto~.
-
-¿Qué idea es esa, Sr. D. Rodrigo?
-
-EL CONDE
-
-Pues muy sencillo. Tú no tienes valor para lanzarte de este mundo al
-otro. El valor que a ti te falta, a mí me sobra. Te agarro, te arrojo
-por el cantil, y al llegar abajo ya eres cadáver y se han acabado tus
-sufrimientos. ~(Pausa.)~
-
-D. PÍO, ~que se rasca la cabeza, metiendo la mano por debajo del
-pañuelo~.
-
-Es una idea excelente. Por mi parte, no me opongo... Al contrario... Lo
-único que temo es que la muerte no sea muy rápida...
-
-EL CONDE
-
-¿Pero qué estás diciendo? Morirás en menos de cinco segundos. No,
-no encontrarás muerte mejor, ya emplees arma, veneno, o el ácido
-carbónico. Muerte instantánea, súbita entrada en la felicidad, en el
-Paraíso, del que nunca debiste salir. Si no me engaño, estamos en una
-parte del cantil que ni de encargo. Aquí la cortadura es vertical, la
-altura vertiginosa... Conque...
-
-D. PÍO, ~algo alelado~.
-
-Sí, sí... Pero ahora caigo en otro inconveniente, y este sí que es
-grave, gravísimo, señor Conde. Como alguien nos habrá visto venir
-hacia acá, fácil es que acusen a usía de mi muerte; y le metan en la
-cárcel... y causa criminal al canto, por homicidio, con nocturnidad,
-alevosía... No, no, señor Conde. ¡Cómo había yo de consentirlo!
-
-EL CONDE
-
-Nadie nos ha visto, ni es lógico que sospechen de mí... Decídete: ya
-ves qué fácil, ahora... ¿Oyes la mar que brama, como pidiendo que le
-arrojen algo con que entretenerse?... Pero hay más, carísimo Pío:
-figúrate tú el chasco que se llevarán tus hijas cuando vean que ya no
-tienen a quien martirizar, que se les ha escapado la víctima... ¡ja!
-¡ja!... Se revolverán unas contra otras, y furiosas, tirándose de los
-pelos, se enzarzarán con uñas y dientes...
-
-D. PÍO, ~riendo~.
-
-Sí, sí... y a ver quién les mantiene el pico... ¡Y que van a rabiar
-poco esas bribonas cuando yo me vaya! ¡Y con qué júbilo les diré yo
-desde allá: «Fastidiaos ahora, grandísimas puercas...!» Por supuesto,
-créame el Sr. D. Rodrigo, al recibir la noticia de que me ha tragado la
-mar, llorarán... porque, en medio de todo, me quieren... a su modo.
-
-EL CONDE
-
-Y tú a ellas también. Remachas tu bondad con el tremendo deshonor de
-amarlas. Para poner fin a tanta ignominia, es preciso... ~(Le agarra
-fuertemente por la cintura.)~
-
-D. PÍO, ~riendo, para disimular su temor~.
-
-Otro día, señor Conde, otro día... Esta noche me encuentro algo
-destemplado.
-
-EL CONDE, ~soltándole~.
-
-Como tú quieras.
-
-D. PÍO, ~alejándose del cantil~.
-
-No podemos, no podemos tomar esa determinación sin que yo escriba un
-papel en que diga que sucumbo de _motu proprio_.
-
-EL CONDE
-
-Bien. No está de más hacer las cosas con la preparación y formalidad
-debidas.
-
-D. PÍO, ~gravemente~.
-
-Otra noche, después de disponerlo todo muy bien, nos reuniremos aquí.
-
-EL CONDE
-
-Pues mira, ahora me alegro de que se quede la función para otra noche,
-porque así podrás darme algunas informaciones acerca de mis nietas...
-Dime: ¿en dónde estamos ya?
-
-D. PÍO
-
-Cerca del Calvario, en el lindero del bosque.
-
-EL CONDE
-
-Pues al pie de la cruz echaremos otra sentada... Me harás el favor de
-decirme...
-
-D. PÍO
-
-Todo lo que el señor Conde quiera.
-
-~(Despéjase un poco el cielo, y a la claridad de la luna andan los dos
-ancianos con menos lentitud. Llegan al Calvario, y se sientan en la
-meseta de granito que sustenta las cruces.)~
-
-EL CONDE
-
-Muy bien estamos aquí... Hablemos de Nell y Dolly. Dime, ante todo: ¿tú
-te sientes con el saber, con la suficiencia necesaria para instruir a
-mis nietas? ¿Te reconoces verdadero maestro de lo que ellas ignoran?
-
-D. PÍO
-
-Señor Conde, yo...
-
-EL CONDE
-
-Nada, nada: deja a un lado el amor propio, y respóndeme. Olvídate de
-quien soy y de quien eres. Somos dos amigos.
-
-D. PÍO, ~olvidando las categorías~.
-
-Pues amigo Albrit, diré a usted... digo, a usía que, tan cierto como
-ese astro es luna, yo no sé una palabra de nada. Sabía, sí, sabía
-mucho, aunque me esté mal el decirlo; pero las desgracias me han
-desconcertado horriblemente el magín. Mi memoria es un desván lleno
-de telarañas. Subo a él en busca de mi sabiduría, y solo encuentro
-retazos deshechos, trastos inútiles... Y como soy hombre de conciencia,
-más de una vez le he dicho a D. Carmelo que busque otro preceptor
-para las niñas... Una sola ciencia, o arte más bien, conservo en mi
-caletre. Es lo único que me queda, en esta dispersión tristísima de mis
-conocimientos.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué es?
-
-D. PÍO
-
-Pues la Mitología. Todo lo he olvidado, menos el admirable y poético
-simbolismo de los griegos... Es raro, ¿verdad? ¿Y a qué debo atribuir
-que se agarre a mi entendimiento la dichosa Mitología? Pues lo atribuyo
-a que en ella todo es falso. En conciencia, señor Conde, yo declaro que
-no puedo enseñar a las niñas más que dos cosas: la reforma de letra,
-por Torío, y la fábula mitológica.
-
-EL CONDE
-
-Ya no tendrás que enseñarles nada, bendito Coronado... Y ahora, vamos
-a mi asunto: tú que las has tratado íntimamente; tú que has vivido
-en contacto con sus inteligencias en capullo, con sus corazones
-virginales, dime: ¿cuál de las dos te parece más noble, más moralmente
-bella, más digna de ser amada?
-
-D. PÍO, ~meditabundo~.
-
-No es tan fácil determinar...
-
-EL CONDE
-
-Porque iguales no han de ser. En la Naturaleza no hay dos seres
-enteramente iguales.
-
-D. PÍO
-
-Igualdad, en efecto, no hay. Los caracteres son distintos. Vaya usted a
-saber si salen al padre, a la madre, o a los abuelos...
-
-EL CONDE
-
-Yo quiero que designes la mejor. Figúrate que una ley ineludible
-te obliga a tomar una y a sacrificar la otra. ~(D. Pío se muestra
-sorprendido y confuso.)~ Hazte cuenta de que no hay más remedio, de que
-no puedes evadir el dilema terrible.
-
-D. PÍO, ~rascándose la cabeza~.
-
-¡Vaya un compromiso! Pues si la cosa es tan por la tremenda, si
-no hay más solución que escoger una... ~(Decidiéndose, tras larga
-vacilación.)~ Pues... con todas sus travesurillas, con toda su
-inquietud diablesca, y, si se quiere, desvergonzada, la preferida es
-Dolly.
-
-EL CONDE
-
-¿Y en qué te fundas para tu preferencia?
-
-D. PÍO, ~lleno de confusiones~.
-
-No sé... Hay algo en Dolly que me parece superior a cuanto vemos en
-el mundo. O mucho me equivoco, señor de Albrit, o la engendraron los
-ángeles.
-
-EL CONDE, ~gozoso de encontrar una afirmación~.
-
-Mi Rafael era un ángel. Soy de tu opinión con respecto a Dolly,
-agudísimo Coronado. Veo que tu inteligencia sabe penetrar en la razón
-y fundamento de las cosas. Y me figuro que tu juicio se funda en
-observaciones...
-
-D. PÍO, ~con inocencia angelical~.
-
-Sí, señor... también. Cuando estuvo aquí toda la familia dos años ha,
-observé en el señor Conde de Laín la misma preferencia.
-
-EL CONDE, ~excitado~.
-
-¿De veras?... ¿Qué me dices?
-
-D. PÍO
-
-Cuando paseaban, que era las más de las tardes, Dolly iba colgadita del
-brazo de su papá.
-
-EL CONDE
-
-¡Oh, Coronado ilustre, qué consuelo me das!
-
-D. PÍO, ~apoyándose en la rodilla de Albrit~.
-
-Y Nell del de su madre. D. Rafael idolatraba a Dolly.
-
-EL CONDE
-
-¿Dices que hace dos años?
-
-D. PÍO
-
-Y antes lo mismo. Después no volvió por aquí.
-
-EL CONDE, ~animadísimo~.
-
-Pío, gran Pío, abrázame. La concordancia de tus ideas con las mías, me
-llena de júbilo.
-
-D. PÍO, ~con desaliento~.
-
-El señor Conde es feliz. Sus nietas le adoran y le dan mil consuelos.
-Yo, en cambio, tengo el infierno en mi casa.
-
-EL CONDE, ~gozoso~.
-
-Respira, hijo. Tus infortunios concluirán pronto, gracias a mí, y te
-hartarás de bienaventuranza, y tu bondad podrá explayarse, ser eficaz,
-y servir de ejemplo en el cielo mismo.
-
-D. PÍO, ~sorprendido de la animación de su amigo~.
-
-Parece que está contento el señor Conde.
-
-EL CONDE
-
-Sí... ¡Siento en mí una alegría...! Me río de pensar en la cara que
-pondrán Gregoria y Venancio cuando me vean entrar. Esta noche cenarás
-conmigo.
-
-D. PÍO, ~suspirando~.
-
-Bueno: así entraré más tarde en casa. Cuando llegue a las tantas, y
-cenado, será ella.
-
-EL CONDE
-
-Te acompaño, ¿quieres? y armados los dos con buenas estacas, daremos un
-recorrido a las bribonas de tus hijas.
-
-D. PÍO, ~contagiado del humor festivo del Conde~.
-
-Por Saturno, padre de los dioses, señor, que eso sería un lindo paso.
-Pero, ¡ay, cómo se vengarían después las muy perras!
-
-EL CONDE, ~en vena de hilaridad~.
-
-¡Y ese _bon vivant_ de Carmelo, y el Médico, que creen haberme dejado
-preso en los Jerónimos, figúrate la cara que pondrán...!
-
-D. PÍO, ~tocando las castañuelas~.
-
-Sí, sí: estará bueno el sainete.
-
-EL CONDE, ~impaciente~.
-
-Vamos, vamos, que ya es hora de que nos riamos tú y yo, para
-desenmohecer nuestros espíritus, quitándonos las murrias de esta noche
-lúgubre... Bendito Coronado, padre general de los pelmazos, compendio
-de todos los males que acarrea la bondad, ya mereces la alegría... Ven
-a mi casa.
-
-~(Se agarran del brazo, y apoyándose el uno en el otro, se dirigen con
-incierto paso a la Pardina.)~
-
-
-ESCENA XIII
-
-~Comedor en la Pardina.~
-
-~VENANCIO, GREGORIA, SENÉN, disponiéndose a cenar; después EL CONDE y
-D. PÍO. Gregoria pone la mesa.~
-
-VENANCIO
-
-Me parece mentira que estemos libres de ese estafermo insoportable.
-
-GREGORIA
-
-¡Ay qué descanso! Ya vivimos otra vez en la gloria. Cenaremos
-tranquilos, y nos acostaremos dando gracias a Dios.
-
-SENÉN
-
-¿Y estáis bien seguros de que se conformará con el encierro?
-
-GREGORIA
-
-Y si no se conforma, que llame a Cachán.
-
-VENANCIO
-
-Dice D. Carmelo que se quedó dormidito en el coro. Pues como se
-desmande y quiera escabullirse, no faltará quien le sujete; que el
-Prior de Zaratán no es hombre de mieles como nosotros, y las gasta
-pesadas. ~(Óyese la campana de la puerta.)~
-
-GREGORIA, ~temblando~.
-
-¡Jesús me valga!
-
-VENANCIO
-
-Ha sonado la campana... Alguien entra... ~(Se asoma a la ventana.)~
-Será José María...
-
-SENÉN, ~que también se asoma~.
-
-¡Qué chasco, si fuera Albrit!...
-
-GREGORIA, ~trémula~.
-
-Si me parece que he oído su voz diciendo: «¡Ah de casa!»
-
-VENANCIO
-
-No puede ser... ~(Mirando afuera.)~ ¡Rayos y jinojos, él es!
-
-GREGORIA
-
-Será un alma del otro mundo...
-
-SENÉN
-
-Se ha escapado el león...
-
-EL CONDE, ~entrando; tras él D. Pío, que, distraído, conserva su
-pañuelo a la cabeza~.
-
-Sí, aquí está la fiera... Soy yo, mis queridísimos Gregoria y Venancio;
-el propio Albrit, vuestro señor que fue, después vuestro huésped.
-~(Dirígese con calma al sillón que suele ocupar.)~ Y me acompaña mi
-buen amigo D. Pío Coronado, a quien veis en esa extraña facha porque el
-aire le privó de su sombrero.
-
-D. PÍO, ~con timidez, quitándose el pañuelo~.
-
-Perdón les pido... Me retiraré si estorbo.
-
-EL CONDE
-
-Aquí no estorba nadie... ~(A Venancio y Gregoria.)~ Ya comprenderéis
-que no vengo a pediros nuevamente hospitalidad. Con vuestras groserías
-me arrojásteis de la Pardina. No veáis en mí al pobre importuno que,
-despedido cien veces, cien veces vuelve. No; no entro en vuestra casa;
-entro en la casa de mis nietas, a quienes necesito ver esta noche.
-
-VENANCIO
-
-Señor... yo no he arrojado a usía... Es que se creyó que estaría mejor
-en los Jerónimos.
-
-EL CONDE
-
-¡Al diablo tú y los Jerónimos!
-
-GREGORIA
-
-La santa Virgen nos ampare.
-
-SENÉN, ~queriendo meter su cucharada~.
-
-Lo que quiere decir el señor Conde es que...
-
-EL CONDE, ~impaciente~.
-
-Lo que quiero decir es que necesito ver a mis nietas pronto. ¿Dónde
-están? ¿Por qué no han salido a recibirme?
-
-GREGORIA
-
-Ha olvidado el señor que las convidó la señora del Alcalde.
-
-EL CONDE, ~severo~.
-
-Que vayan a buscarlas inmediatamente. ~(Gregoria y Senén se ofrecen a
-traer a las niñas.)~ No, de ti no me fío... Tampoco tú eres de fiar...
-D. Pío, hágame el favor de traerme a Nell y Dolly.
-
-SENÉN, ~lisonjero~.
-
-Iré yo también, para que vea usía con qué solicitud ejecuto sus
-órdenes. ~(Vanse Senén y D. Pío.)~
-
-VENANCIO, ~haciendo de tripas corazón~.
-
-El señor querrá tomar algo.
-
-GREGORIA
-
-Como no contábamos con usía, nada hay preparado.
-
-EL CONDE
-
-Os lo agradezco. Cuando vengan mis nietas decidiré. Tú, Venancio, me
-harás el favor de ir a la Rectoral, y decir a Carmelo que deseo verle
-esta noche.
-
-VENANCIO
-
-El señor Cura estará cenando...
-
-EL CONDE
-
-Eso no es cuenta tuya. Haz lo que te digo.
-
-VENANCIO
-
-Bien, señor.
-
-GREGORIA
-
-¿Y a mi qué me manda usía?
-
-EL CONDE
-
-Que puedes irte a tus quehaceres. Deseo estar solo. ~(Apoyando en la
-mano su cabeza, quédase meditabundo.)~
-
-GREGORIA, ~a su marido, que, al retirarse, amenaza con un gesto
-furtivamente al Conde~.
-
-¡Por Dios, Venancio...!
-
-VENANCIO
-
-¡Otra vez en mi casa...! Yo te juro que mañana no habrá en la Pardina
-más que un león... el de piedra, que está en el escudo. ~(Se van.)~
-
-
-ESCENA XIV
-
-~Jardín y casa del Alcalde. Al llegar Senén y D. Pío, ven y admiran el
-jardín, iluminado con farolitos de colores colgados de los árboles.
-En la sala baja, cuyas ventanas están abiertas, suena el cascabeleo
-del piano. Óyense desde la calle alegres risotadas, cantos juveniles y
-pataditas de baile.~
-
-~LA ALCALDESA, SENÉN; después NELL; mucha y diversa gente, pollas y
-chicarrones de la localidad.~
-
-SENÉN, ~hablando con la Alcaldesa en la puerta de la sala baja, que
-está de bote en bote~.
-
-Sí, señora, que vayan al momento. Nos ha mandado a D. Pío y a mí con
-esta comisión. Al maestro le he dejado en el jardín como un palomino
-atontado. Esta y no otra es la razón de que vengamos a turbar el
-regocijo de su fiesta _monocrástica_.
-
-LA ALCALDESA, ~sofocando la risa~.
-
-Onomástica, Senén.
-
-SENÉN, ~sin dar su brazo a torcer~.
-
-En Madrid lo decimos de varios modos. Decimos también _fiesta
-morganática_.
-
-LA ALCALDESA
-
-Bien, hombre, no riñamos por una palabra... Pero no acabo de creer que
-el león se haya escapado de la espléndida jaula de Zaratán. Cuando lo
-sepa José María, ¡bueno se pondrá! ¡Y D. Carmelo tan confiado en que
-el Prior se daría sus mañas para retenerle!
-
-SENÉN
-
-_Me inclino a creer_ que no hay quien pueda con Albrit. Para su
-soberbia no se han inventado jaulas ni barrotes bastante fuertes.
-
-LA ALCALDESA
-
-Te advierto que las chicas no saben nada de esta conspiración para
-enjaular a su abuelo.
-
-SENÉN
-
-Conviene que lo ignoren.
-
-LA ALCALDESA
-
-Es un dolor que ese viejo extravagante las llame en lo mejor de la
-fiesta. ¡Están tan divertidas las pobres! Lo que han gozado esta
-tarde no puedes figurártelo. Entra, y tomarás un dulce y una copa.
-~(Senén da las gracias, y trata de ganar terreno dentro de la sala;
-pero el apretado gentío se lo impide.)~ Está esto imposible... Pues
-sí; ahora se ve que a estas infelices niñas de Albrit les gusta la
-sociedad, y que para la sociedad han nacido. Da pena verlas hechas unos
-saltamontes, del bosque a la playa y de la playa al bosque, cuando su
-centro, su atmósfera, como quien dice, es la buena sociedad, el dar
-broma con decoro, y el divertirse lícitamente. Esta tarde lo hemos
-visto. ¡Virgen, lo que han picoteado con Manolo y Serafín, los de la
-confitera! Ellos son saladísimos, llenos de picardía, eso sí; pero
-elegantitos. Estudian en Madrid.
-
-SENÉN, ~introduciéndose más~.
-
-Les conozco.
-
-LA ALCALDESA
-
-Van a los estrenos, frecuentan las reuniones, saben de memoria todas
-las tonadillas del género chico, montan en bicicleta...
-
-SENÉN
-
-Son chicos muy simpáticos... Allá veo a Dolly de conversación tirada
-con el tontaina de Tomasín, el del Registrador. Como hay Dios, que le
-está tomando el pelo.
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Esa? Es capaz de tomárselo al lucero del alba.
-
-SENÉN
-
-Procure usted, Doña Vicenta, echármelas para acá, y si no puede usted
-a las dos, cójame a la que pueda... que ya es tarde, y el león debe de
-estar impaciente, sacudiendo las melenas.
-
-~(Intérnase Vicenta. Nell, rompiendo por entre el gentío, sofocada,
-fulgurantes los ojos de la batahola del baile y de la excitación de
-tanto charloteo, va en busca del antiguo criado de su casa.)~
-
-SENÉN
-
-Señorita Nell, aquí estoy.
-
-NELL
-
-¡Vaya un fastidio, Senén! ¡Qué poco nos dura el contento! ¿Por qué
-no nos deja el abuelito cenar aquí? ¿Se ha puesto malo? ~(Senén
-deniega.)~ Pues nos iremos. Espérate un poquito... A ver dónde está
-Dolly.
-
-SENÉN, ~en tono de protección~.
-
-¡Es lástima que las señoritas no disfruten de la sociedad!... Pero,
-según mis _informes autorizados_, pronto se les acabará el aburrimiento
-y la sosería de este destierro de Jerusa.
-
-NELL, ~con vivo interés~.
-
-«Según tus noticias,» has dicho... Ah, Senén, tú has estado en Verola.
-¿Hablaste con mamá?
-
-SENÉN, ~haciéndose el discreto~.
-
-Vine esta mañana de Verola. Los vientos que allí corren son que la
-señora Condesa, cuando regrese a Madrid, no dejará a sus hijas en esta
-_villa provinciana_.
-
-LA ALCALDESA, ~en alta voz, en medio de la sala, dando palmadas~.
-
-Aquí no se cabe, señoritas y caballeros. Al jardín, a mi jardín, que
-para eso os lo he iluminado a la veneciana.
-
-~(Salida impetuosa de la muchedumbre juvenil de ambos sexos, y de las
-personas mayores. La juventud se precipita, toma la delantera a los
-viejos, y se desborda fuera del recinto, ávida de mayor y más fresco
-espacio en que producir su actividad bulliciosa: la oleada pasa junto a
-Senén, pero no le arrastra.)~
-
-NELL, ~que permanece en la sala, conteniendo su afán de correr también
-hacia el jardín~.
-
-Dime pronto. ¿Te habló mamá? ¿Nos llevará consigo? ~(Senén afirma.)~
-¿Pero es verdad, o suposiciones tuyas? ¿Vuelve mamá por aquí?
-
-SENÉN
-
-Seguramente. Dentro de unos días... Hay allí mucha grandeza, marqueses
-y duques.
-
-NELL
-
-¿Y eso qué...?
-
-SENÉN, ~como quien recela decir lo que sabe~.
-
-La señora no podrá... En fin, no sé. Eso depende...
-
-NELL, ~inquieta~.
-
-Habla pronto; dime lo que sepas, o me voy.
-
-SENÉN
-
-No podré _comunicar_ nada a la señorita si no tiene un poquitín de
-paciencia. ~(Nell quiere conducirle al jardín.)~ Mejor hablamos aquí.
-Ya ve la señorita que nos hemos quedado solos.
-
-NELL, ~en quien por el momento puede más la curiosidad que el anhelo de
-divertirse~.
-
-Bueno: pues aquí me estoy.
-
-SENÉN
-
-Por esta noche, me limito a _consignar_... y esta es noticia adquirida
-en los centros oficiales... que la señora Condesa ha decidido
-presentar a sus niñas en sociedad.
-
-NELL
-
-Tú me engañas, Senén maldito. ¡Oh! Pues si eso fuera verdad, y
-acertaras... vamos, te regalaría yo muy pronto un alfiler de corbata
-mejor que ese que llevas... ¿Hablas en broma?
-
-SENÉN, ~radiante de fatuidad~.
-
-Hablo con toda la seriedad propia de mi carácter. Y si la señorita me
-promete guardar secreto, le diré otra cosa. Pero ha de asegurarme que
-esto no saldrá de entre los dos... ¿Palabra?
-
-NELL
-
-Palabra... y el alfiler si resulta que no me engañas. ~(Senén remusga,
-haciéndose de rogar.)~ Maldito, habla de una vez... Vamos, no sé qué te
-haría.
-
-SENÉN
-
-Queda entre los dos... No fastidiar... Pues... quieren casar a la
-señorita...
-
-NELL, ~vivamente, poniéndose muy encarnada~.
-
-¡A mí!
-
-SENÉN
-
-A usted... con el primogénito de los Duques de Utrech... Ya sabe:
-Paquito Utrech, Marqués de Breda... lleva ese título hace seis meses.
-¡Vaya un partido! ¡Rico él, elegante él, guapo él!...
-
-NELL, ~afectando incredulidad y conteniendo la risa, para que no le
-salga al rostro el contento, que, no obstante, sale a borbotones~.
-
-¡Vaya unos embustes que te traes! Quita allá... ¿tú crees que yo soy
-tonta?... No me digas esas cosas si no quieres que te...
-
-LA ALCALDESA, ~llamando desde el jardín~.
-
-¡Nell, Nell!
-
-NELL
-
-Aquí estamos... Voy. ~(Corre al jardín, y Senén tras ella.)~
-
-LA ALCALDESA
-
-Hija, no sé dónde se ha metido tu hermana. Hace un momento estaba
-aquí...
-
-NELL, ~llamando~.
-
-¡Dolly!
-
-SENÉN
-
-Vámonos pronto.
-
-~(Preguntando en los corros, se averigua que Dolly hablaba momentos
-antes con D. Pío, y... no se sabía más.)~
-
-NELL
-
-Se habrá ido con él.
-
-SENÉN
-
-Sin duda. En la Pardina la encontraremos. ~(Despídese Nell, y sale con
-Senén, a punto que entra el señor Alcalde, bufando. Viene de la sesión
-del Ayuntamiento, que ha sido borrascosa. Sus colegas le han hecho el
-desaire de rechazar la moción, por él presentada, para que a la calle
-de _Potestad_ se le cambie el nombre, llamándola _Calle del Siglo
-XIX_.)~
-
-
-ESCENA XV
-
-~Comedor en la Pardina.~
-
-~EL CONDE, en la propia actitud en que quedó al final de la escena
-XIII. Llegan sucesivamente DOLLY con DON PÍO, NELL con SENÉN; VENANCIO
-y GREGORIA, EL CURA, EL ALCALDE.~
-
-EL CONDE, ~oyendo ruido~.
-
-Ya vienen.
-
-DOLLY, ~entrando presurosa~.
-
-¡Abuelito de mi alma... aquí, tan solito, y nosotras de fiesta!
-
-EL CONDE, ~besándola~.
-
-Alma mía, paréceme que hace un siglo que no te veo.
-
-D. PÍO, ~sofocadísimo~.
-
-En cuanto le dije que usía la llamaba, le faltó tiempo para echar a
-correr.
-
-EL CONDE
-
-¡Hija querida!
-
-D. PÍO
-
-Ni siquiera se despidió de Doña Vicenta. Me ha traído ¡ay! como si
-viniéramos a apagar un fuego.
-
-EL CONDE
-
-¿Y Nell?
-
-DOLLY
-
-Por no detenerme no me cuidé de buscarla entre el tumulto.
-
-D. PÍO
-
-Ya me parece que llega.
-
-NELL, ~entrando, seguida de Senén~.
-
-Albrit... ¿qué ocurre? ¿Qué le pasa al primer caballero de España, mi
-ilustre abuelo?
-
-~(Gregoria y Venancio aparecen por el fondo.)~
-
-EL CONDE, ~sorprendido del lenguaje ceremonioso que usa Nell~.
-
-Chiquilla, desde que no nos vemos has estudiado más de lo que creí...
-has adelantado prodigiosamente en la ciencia del mundo.
-
-NELL
-
-¿Has paseado mucho...?
-
-DOLLY, ~acariciando al abuelo~.
-
-Demasiado... ¡Pobrecito! ¡Cómo habíamos de permitir tal infamia si la
-hubiéramos sabido!
-
-NELL, ~sorprendida~.
-
-¿Pues qué ocurre?
-
-~(Entra el Cura, un tanto cohibido. No sabe a quién dirigirse primero,
-si a las niñas o al Conde.)~
-
-DOLLY
-
-D. Carmelo te lo dirá.
-
-EL CURA
-
-Niñas mías, podéis creer que al llevarle a Zaratán nos guiaba el deseo
-de aposentarle dignamente. Creía y sigo creyendo...
-
-EL CONDE, ~que sale generosamente a la defensa del Cura~.
-
-No te apures, Carmelo, por sincerarte. Estas tontuelas no están bien
-enteradas. Todo se reduce a que me llevásteis a dar un paseo en coche,
-y yo tuve la humorada de volverme a pie en compañía del buen Coronado.
-
-EL ALCALDE, ~que entra presuroso, dando resoplidos~.
-
-Me lo temía, sí... me lo temía. El señor Conde se nos ha vuelto un
-chiquillo...
-
-EL CURA, ~animándose con el refuerzo del Alcalde~.
-
-Y desconoce el grandísimo bien que hemos querido hacerle.
-
-EL ALCALDE, ~con petulancia~.
-
-¡Vamos, que fugarse del Monasterio! No he visto otra... ¡Desmentir así
-su respetabilidad!
-
-EL CONDE, ~con jovialidad desdeñosa~.
-
-Amigo Monedero, no es lo mismo hacer fideos que encerrar leones.
-
-EL ALCALDE, ~quemado~.
-
-En una y otra cosa, Sr. de Albrit, me tengo por hombre que sabe su
-obligación.
-
-EL CONDE
-
-No la sabe muy bien cuando tan mal le ha salido esta tentativa.
-
-EL CURA, ~interviniendo pacíficamente~.
-
-Permítame, señor Alcalde...
-
-EL ALCALDE, ~echando roncas~.
-
-Digo y repito que sé mi obligación, y que no necesito que nadie me
-enseñe a sujetar a los que no deben estar sueltos.
-
-EL CONDE, ~con desprecio~.
-
-No te conozco... No puedo ver en esas arrogancias al buen Pepe
-Monedero, servidor que fue de mi casa, cuando aquí, siguiendo las
-tradiciones de mi santa madre, consagrábamos parte de nuestra hacienda
-al socorro de los desvalidos.
-
-EL ALCALDE, ~desconcertado~.
-
-Pues si usted me desconoce, le diré...
-
-EL CONDE
-
-No te empeñes en ello. No te conozco. Sobre que no veo bien, la
-ingratitud desfigura los rostros...
-
-DOLLY
-
-No sea usted ingrato, D. José María.
-
-EL ALCALDE, ~reventando de vanidad~.
-
-Haga usted entender a su señor abuelo que soy el Alcalde de Jerusa.
-
-DOLLY, ~estallando en ira, con gallarda fiereza~.
-
-Pues al Alcalde de Jerusa, y al Cura de Jerusa, y a todos los alcaldes
-y a todos los curas habidos y por haber en el mundo, les digo yo que es
-una oficiosidad inicua lo que han querido hacer con mi abuelo...
-
-EL CURA
-
-¿Pero tú...?
-
-EL ALCALDE
-
-¡Esta mocosa...! Usted...
-
-DOLLY, ~creciéndose a cada palabra~.
-
-Sí, señor, yo... yo misma. Han faltado al respeto que merece el noble
-desvalido, el anciano, el padre de Jerusa, el que no debiera entrar en
-estos valles y en este pueblo sin que antes las piedras se levantaran
-para bendecirle, y hasta los árboles se arrodillaran para adorarle...
-¿Por qué queréis privarle de libertad? No padece más locura que el
-cariño que nos tiene; y si los que se han criado a su sombra le
-menosprecian o le ultrajan, aquí estamos nosotras, sus nietas, para
-enseñar a todo el mundo la veneración que se le debe.
-
-EL CONDE, ~en pie, cruzando las manos~. ~(La emoción le ahoga.)~
-
-¡Señor, Señor, ella es... es la mía...! Su noble fiereza lo declara...
-~(Vuélvese a Coronado, que está junto a él.)~ Esta, esta... la mía.
-
-EL CURA, ~que ha permanecido junto a Nell~.
-
-Cálmate, hija mía: tratábamos de mejorar su situación...
-
-EL MÉDICO
-
-¡Vaya un geniecillo!
-
-NELL, ~corriendo al lado del Conde~.
-
-Abuelito querido, sosiégate. Creyeron que en Zaratán tendrías mejor
-albergue que aquí... Y no me parece mala idea, francamente, porque si
-nosotras nos vamos con mamá...
-
-EL CONDE, ~con dulzura un poco seca, sin rechazar sus caricias~.
-
-Sí: tú, tú puedes marchar cuando quieras.
-
-NELL, ~sin comprender~.
-
-Se acabó la cuestión... Ahora descansas... Antes se te dispondrá la
-cena. Dolly, démosle de cenar.
-
-EL CURA
-
-Podría venir a mi casa...
-
-DOLLY
-
-¡Pero si está en la nuestra!
-
-EL CURA
-
-Dígolo porque... Bien sabéis que las desavenencias de estos días han
-creado cierta incompatibilidad entre el señor Conde y Venancio...
-
-NELL
-
-¡Incompatibilidad!... Estamos en nuestra casa.
-
-VENANCIO, ~adelantándose, seguido de Gregoria~.
-
-Perdone la señorita. Las señoritas, lo mismo que el señor Conde, están
-en mi casa.
-
-NELL, ~acobardada~.
-
-Es verdad; pero...
-
-DOLLY
-
-¿Qué dices...?
-
-VENANCIO
-
-Digo que, a pesar de todo, por esta noche le alojaremos y le serviremos.
-
-DOLLY, ~con brioso arranque~.
-
-¿Cómo se entiende? ¡Por esta noche! Por esta y por todas las noches del
-mundo, mientras nosotras estemos aquí. La casa es tuya, es verdad; pero
-somos tus amas nosotras, mi hermana y yo: somos tus amas, ¿lo entiendes
-bien? A excepción de esta huerta, las tierras que cultivas y que tienes
-en arrendamiento casi de balde, o en administración, nuestras son,
-nuestras. Somos las herederas de la casa de Laín, y tú, Venancio, y tú,
-Gregoria, servís a mi abuelo, no por caridad, que caridad está visto
-que no tenéis, sino porque yo os lo mando, ¿lo entendéis bien? yo os lo
-mando... ~(Repite el concepto con firme autoridad.)~
-
-VENANCIO
-
-La que manda... es...
-
-GREGORIA
-
-La señora Condesa.
-
-DOLLY, ~altanera~.
-
-Silencio. A disponer la cena... ~(A Gregoria.)~ Tú a la cocina... de
-cabeza... El Conde de Albrit vive con sus nietas. No nos tenéis de
-limosna... Cenará aquí, cenaremos los tres aquí ~(Da un fuerte golpe
-en la mesa)~, en esta mesa. Dormirá en su aposento, que para eso se lo
-arreglé yo misma esta tarde. Y si no queréis ir a la cocina, iré yo...
-Y si habéis descompuesto la alcoba, irá Nell a arreglarla... Pronto,
-vivo... ~(A Venancio y Gregoria.)~ A poner la mesa... Señores, se les
-convida.
-
-EL ALCALDE, ~con desvío~.
-
-Gracias.
-
-EL CURA
-
-Pero, chiquilla, tú...
-
-DOLLY
-
-Yo... Me basto y me sobro. Nieta soy de mi abuelo.
-
-EL CONDE, ~con inmensa ternura y entusiasmo, abrazándola~.
-
-¡Sí, sí!... ¡Sangre mía, corazón de Albrit!
-
-
-FIN DE LA JORNADA CUARTA
-
-
-
-
-JORNADA QUINTA
-
-
-ESCENA PRIMERA
-
-~Sala baja en la Pardina.~
-
-~EL CONDE, sentado; EL MÉDICO, que entra a visitarle, y se sienta a su
-lado.~
-
-EL MÉDICO
-
-¿Qué tal, señor Conde? ¿Ha pasado usted mala noche?
-
-EL CONDE
-
-Malísima... Insomnio, ideas lúgubres, ideas de exterminio; cosa nueva
-en mí, pues aunque de genio impetuoso y autoritario, nunca hice mal a
-nadie. Al contrario, mi ruina proviene del...
-
-EL MÉDICO, ~interrumpiéndole~.
-
-Ya lo sé: del altruismo desordenado, de no saber contenerse en la
-generosidad y protección a todo bicho viviente.
-
-EL CONDE, ~con amargura~.
-
-He cultivado la ingratitud. En el jardín de mi vida, las rosas que
-planté se me han convertido en zarzales, y entre ellos... no faltan
-culebras.
-
-EL MÉDICO, ~pulsándole~.
-
-Tenemos que enfrenar los nervios, y, sobre todo, cerrar la llave, el
-grifo de la ideación, demasiado afluente.
-
-EL CONDE
-
-Facilillo es eso... ¡Tasarle a uno las ideas o medírselas con
-cuenta-gotas!
-
-EL MÉDICO
-
-Todo depende de que usted trate de contener su vida cerebral en
-los límites de lo presente, de lo práctico, y, si se quiere, de lo
-prosaico. ¿Me explico?
-
-EL CONDE
-
-Sí, hijo, sí. Entiendes por poesía la idea exaltada del honor, de la
-justicia. Es un rodeo parabólico para evitar el empleo de la palabra
-locura. ~(El Médico deniega, risueño.)~ ¡Y queríais curarme con la
-prosa de Zaratán!
-
-EL MÉDICO, ~cortando todo motivo de excitación~.
-
-No se hable más de eso. Considérelo usted como una broma. Y si
-me apura, le diré que nos equivocamos... en el procedimiento, se
-entiende... ~(El Conde intenta decir algo; pero Angulo, que considera
-peligroso aquel tema, le quita la palabra cortesmente.)~ ¡Sí...
-la libertad, la preciosa libertad!... Estamos conformes... Ahora
-explíqueme usted por qué le encuentro hoy más desanimado y caviloso que
-otros días.
-
-EL CONDE
-
-¿Pero estás en Belén? ¿Ignoras que Lucrecia ha vuelto de Verola... y
-que viene de mal talante, y con la malvada intención de llevarse a las
-niñas?
-
-EL MÉDICO
-
-En su buen juicio, no desconocerá usted que las señoritas necesitan
-otro ambiente, otra sociedad...
-
-EL CONDE, ~afligidísimo~.
-
-¡Privarme del único consuelo de mi vida! No, no lo consiento, no puedo
-consentirlo. ~(Airado, golpea el brazo del sillón.)~ Me opongo, me
-opondré resueltamente, y por cualquier medio, al inicuo monopolio que
-esa perversa quiere hacer del cariño filial.
-
-EL MÉDICO
-
-Sosiéguese... Ya trataremos de arreglarlo.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí... ¡Buenos arregladores sois vosotros! ¡Qué amigos me han salido
-en esta tierra, donde creí haber arrojado a manos llenas simiente de
-bendiciones!... ¡Pero qué remedio!... No puedo hacer que las piedras se
-vuelvan amigos.
-
-EL CURA, ~entrando jovial, de rondón~.
-
-¿Qué... qué dice? ¡Ya nos está poniendo de hoja de perejil! ~(El Conde
-le mira y calla.)~ ¿Qué ocurre por aquí? Me dicen que el señor Conde
-desea verme...
-
-EL CONDE
-
-Sí, Carmelo... Caigo, me hundo, y en mi desolación me agarro a lo único
-que encuentro: a las piedras, a vosotros.
-
-EL CURA
-
-Comprendido: se agarra a lo firme, a lo que seguramente le sostendrá.
-
-EL CONDE, ~con tristeza~.
-
-No sois buenos, no... ~(El Cura sonríe, y hace señas al Médico.)~
-Pero no está el tiempo para disputas, Carmelo. No eres bueno; pero te
-necesito.
-
-EL CURA, ~risueño~.
-
-Quiere decir que soy un mal necesario.
-
-EL CONDE, ~impaciente por entrar en materia~.
-
-Dos palabras: te perdono lo de Zaratán, y a ti también, Angulo. Olvido
-la pesada broma, a condición...
-
-EL CURA
-
-A condición de que hagamos comprender a la Condesa que es una triste
-gracia arramblar con las niñas.
-
-EL CONDE, ~dolorido~.
-
-Es inicuo, cruel...
-
-EL CURA
-
-Pero como a Lucrecia no le faltan motivos razonables para presentar
-a sus hijas en sociedad, a las manifestaciones que le hagamos en el
-sentido que pretende nuestro arrogante león de Albrit, contestará
-mandándonos a paseo. La cosa es tan lógica, tan sencilla, tan
-racional...
-
-EL CONDE, ~vivamente~.
-
-Vete a verla, Carmelo; vete allá...
-
-EL CURA
-
-¡Si de allá vengo! Pero no ha querido recibirme. Ni las moscas pasan
-a verla. Según me ha contado Vicenta, viene la Condesa de Laín en un
-estado moral lastimoso. Algo ha ocurrido en Verola que la contraría,
-que la aflige profundamente. ¿Qué ha sido? Lo ignoramos. Dicen que está
-abatidísima, los ojos encendidos de tanto llorar, y la pena que agobia
-su alma la desahoga con los pobres pañuelos, haciéndolos trizas con los
-dientes.
-
-EL CONDE, ~con hondo interés~.
-
-¿Y qué creéis vosotros? ¿Ese estado de su ánimo será favorable o
-adverso a lo que yo pretendo?
-
-EL MÉDICO
-
-Antes de responder, sepamos la causa de ese duelo.
-
-EL CONDE
-
-Sea lo que quiera, tú, _pastor Curiambro_, vuelves allá. Le dices que
-vas de parte mía...
-
-EL CURA
-
-¿De parte del león?... Razón más para que me dé con la puerta en los
-hocicos.
-
-EL CONDE
-
-No lo creas. Vas como representante de Albrit, para proponerle una
-transacción o componenda.
-
-EL CURA
-
-Ya me figuro. Puesto que se disputan las dos niñas... a dividir. Es un
-juicio harto más fácil que el de Salomón.
-
-EL MÉDICO
-
-Partes iguales. No está mal pensado.
-
-EL CONDE, ~con gran viveza~.
-
-Ni puede concebirse solución más práctica y elemental. Una para ella,
-otra para mí... Pero es condición precisa que yo escoja la mía.
-
-EL CURA
-
-Sí, sí. Con proponérselo nada perdemos. Falta que se ponga al habla, y
-que yo pueda hoy dedicar mi tiempo a estos negocios. Señor Conde, esta
-noche predico.
-
-EL CONDE
-
-Ya tendrás tu sermón bien guisado... Preséntate a Lucrecia... pero
-pronto... No te descuides.
-
-
-ESCENA II
-
-~EL CONDE, EL CURA, EL MÉDICO, DOLLY~
-
-DOLLY, ~quitándose el sombrero~.
-
-Aquí me tienen otra vez.
-
-EL CURA
-
-¿Y tu mamá, está mejor?
-
-DOLLY
-
-Un poquito más sosegada. ~(Al Conde.)~ Como no podemos atender a las
-dos casas a un tiempo, hemos determinado partirnos.
-
-EL CONDE, ~con alborozo~.
-
-¿Os partís?... De eso hablábamos, hija mía.
-
-DOLLY
-
-Allá se queda Nell con mamá, y yo me vengo a la Pardina para cuidarte a
-ti.
-
-EL CONDE
-
-¿Lo veis? Su grande inteligencia, sin ninguna sugestión de mi parte,
-percibe y pone en ejecución la componenda lógica.
-
-EL CURA
-
-Yo dudo que...
-
-EL CONDE, ~inquietísimo~.
-
-¿Dudas?... Oh, Carmelo, no me quites la esperanza, no aumentes mi
-congoja. ¿Te ríes?
-
-EL CURA
-
-Sr. D. Rodrigo de mi alma, ni he dicho nada, ni me he reído, ni haré
-más que cumplir fielmente sus órdenes. Vuelvo allá.
-
-EL CONDE, ~desconcertado, variando de pensamiento a cada instante~.
-
-No, no vayas; aguarda... Sí, sí, vete y dile...
-
-EL CURA
-
-¿En qué quedamos?
-
-EL CONDE, ~decidiéndose~.
-
-En que vas. Pero te limitas a anunciarle que yo la visitaré hoy mismo
-para tratar con ella de un asunto de familia. Cosas tan delicadas
-no puedo fiarlas a nadie. _Tête à tête_ la pantera y el león, yo
-propondré...
-
-EL CURA
-
-Y puede que la convenza, sí, señor... Hay panteras razonables. ~(Se
-aparta y habla con Dolly.)~
-
-EL MÉDICO, ~despidiéndose~.
-
-Luego volveré. Supongo que seguirá usted en la Pardina.
-
-EL CONDE
-
-De ningún modo. No me faltará hospitalidad en cualquiera de las casas
-de labor, o de las cabañas que fueron mías. En Forbes, en Polan y
-Rocamor, todos mis antiguos colonos están deseando que el viejo Albrit
-llegue a su puerta, pidiéndoles un pedazo de pan y un albergue
-humilde. Verdad que en ninguna de estas casas hallaré las comodidades
-de la Pardina. Pero no me importa; prefiero guarecerme en la última
-choza de pastores, a soportar aquí la estolidez egoísta de estos
-ingratos. A otra parte con mis huesos. Iré de puerta en puerta, con la
-esperanza de encontrar un corazón noble, un alma cristiana...
-
-EL CURA
-
-Bueno; pues... ya vendré con la respuesta.
-
-EL CONDE
-
-Aquí te aguardo.
-
-EL MÉDICO
-
-Hasta luego.
-
-EL CURA, ~aparte al Médico, retirándose ambos~.
-
-Al fin, nuestra pobre fiera apencará con Zaratán.
-
-EL MÉDICO
-
-¡Si es lo mejor!
-
-EL CURA
-
-¡Lo único, señor, lo único! ~(Salen hablando.)~
-
-DOLLY
-
-Abuelito, tengo que decirte una cosa. Que te quiero mucho, mucho.
-
-EL CONDE, ~con viva ternura, abrazándola~.
-
-¡Corazón grande!
-
-DOLLY
-
-Y vas a saber otra cosa.
-
-EL CONDE, ~poniendo el oído~.
-
-¿Es también secreta?
-
-DOLLY, ~amorosa~.
-
-Sí, muy reservada... Que no se entere nadie. Quiero seguir tu suerte.
-Si pasas trabajos, yo también... Si vas de puerta en puerta, como
-dices, también yo... Yo contigo, siempre contigo.
-
-EL CONDE, ~con intensa emoción~.
-
-¡Señor, qué alegría!... ¡Compensación hermosa de mis infortunios! Todo
-lo que padecí, quebrantos de fortuna, humillaciones, pérdida de seres
-queridos, se contrapesa con este inmenso galardón de tu cariño, que
-Dios me da sin yo merecerlo... ~(Abrazándola y besándola con efusión.)~
-¿Pues qué merezco yo, que nada soy, que nada valgo ya?... Dios da la
-bienaventuranza en esta vida, ya lo veo... a mí me la da. No necesita
-uno morirse, no, para entrar en el cielo... ~(Pausa.)~
-
-DOLLY
-
-En la prosperidad o en la desgracia, abuelito, tu Dolly no te
-abandonará.
-
-EL CONDE, ~con majestuosa solemnidad, levantándose~.
-
-Y yo, por el nombre de Albrit, por los gloriosos emblemas de mi casa,
-por todos y cada uno de los varones insignes y de las santas mujeres
-que de ella salieron, asombro y orgullo de las generaciones; por la
-conciencia del honor y de la verdad que Dios puso en mi alma, por Dios
-mismo, juro que antes me harán pedazos que arrancar de mi lado a la que
-es luz, consuelo y gloria de mi vida.
-
-
-ESCENA III
-
-~Jardín del Alcalde.~
-
-~EL ALCALDE, en zapatillas, con batín de vistosos cordones, como un
-húsar; LA ALCALDESA, EL CURA, SENÉN.~
-
-EL CURA, ~que acaba de entrar~.
-
-Aquí otra vez; mas ahora no vengo por mi cuenta. _Mensajero soy,
-amigo..._
-
-EL ALCALDE
-
-Ya, ya... Alguna nueva _leonada_.
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Pero qué quiere ese hombre?
-
-EL ALCALDE, ~en jarras~.
-
-Ya me va cargando a mí ese fantasmón, que, después de todo, no es
-más que un desagradecido, pues bien podía mirar que, enchiquerándole
-en Zaratán, le dábamos más de lo que merece la polilla de sus
-pergaminos... Agradezca que da con un hombre de mi pasta... ~(No se
-refiere a la de sopa.)~
-
-EL CURA
-
-Amigo mío, hay que respetar las grandezas caídas.
-
-EL ALCALDE
-
-Pues digo... ¡los moños que se puso anoche, María Santísima!...
-
-LA ALCALDESA
-
-Hijo, como no somos aristócratas...
-
-EL ALCALDE
-
-Y hay más. Bien sabía el vejete que ayer celebrábamos tu fiesta
-_monástica_...
-
-LA ALCALDESA
-
-Onomástica.
-
-EL ALCALDE
-
-Y ni un recado de atención, ni una fineza... Pues digo, la niña
-segunda, esa Dolly, ha heredado el tupé y la caballería andante o
-cargante de todos los Albrites y Laínes del obscurantismo. ¿Pues no se
-me subió a las barbas la muy mocosa? ¡Si la hubieras oído, Vicenta!...
-Y todo ello cuando acabábamos de atracarla de dulces y de atenciones,
-aquí, en tu fiesta _numismática_.
-
-LA ALCALDESA
-
-Ono... mástica.
-
-EL ALCALDE, ~bufando~.
-
-Lo mismo da... Sacan ahora unas palabras que le vuelven a uno loco...
-Acabaremos por tener que hablar por señas.
-
-EL CURA
-
-Lo de anoche, mi querido Monedero, ha perdido su interés con la vuelta
-repentina de la Condesa en ese estado de tribulación que ustedes me
-pintaron esta mañana.
-
-EL ALCALDE
-
-Lo que digo a esta: menudo _jollín_ habrán armado en Verola los duques
-y marqueses...
-
-EL CURA, ~a la Alcaldesa~.
-
-¿Y no se espontanea con usted, no le cuenta...?
-
-LA ALCALDESA
-
-Ni una palabra.
-
-EL ALCALDE
-
-Este tunante de Senén debe de saber algo. Pero ahora, desde que ha
-dado en tener _bouquet_, como el vino de Burdeos, se nos ha vuelto tan
-reservadillo, que ni con saca-corchos se le destapa la boca. ~(Los
-tres miran hacia un cenador, cubierto de madreselvas, en cuyo interior
-está Senén, sentado, tristón, mirando al suelo.)~ Tú, funcionario, ven
-acá... o te voy a poner en mi jardín de estatua de la Hacienda pública
-esperando un ministro.
-
-LA ALCALDESA
-
-Desde las ocho de la mañana le tiene usted ahí, esperando audiencia de
-la que fue su ama.
-
-SENÉN, ~destemplado, acercándose~.
-
-Ya he dicho que no sé nada.
-
-EL ALCALDE
-
-No negarás que estuviste en Verola.
-
-EL CURA
-
-¿Qué personas de viso había en el castillo de Donesteve?
-
-SENÉN
-
-Anda, anda... ¿quién las puede contar?
-
-EL ALCALDE
-
-¿A que no faltaba el Marqués de Pescara?
-
-SENÉN
-
-Llegó el lunes, y con él los Duques de Utrech y sus hijos; y el martes
-otros, y otros...
-
-EL CURA
-
-¿Viste a la Condesa?
-
-SENÉN
-
-Sí, señor... Cuatro minutos nada más.
-
-EL CURA
-
-¿Qué cara tenía?
-
-SENÉN
-
-La de siempre: la bonita.
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Pues si no nos das más noticias, debemos decirte que nos devuelvas el
-dinero.
-
-EL ALCALDE
-
-Este es muy cuco y no se compromete.
-
-LA ALCALDESA, ~viendo entrar en el jardín a Consuelito con medio palmo
-de lengua fuera~.
-
-Aquí viene Consuelito, y en la cara le conozco que no ha perdido el
-tiempo. Trae comidilla.
-
-EL ALCALDE
-
-Con tal que no sea fiambre...
-
-
-ESCENA IV
-
-~LOS MISMOS; CONSUELITO~
-
-CONSUELITO, ~gozosa~.
-
-Ya estoy de vuelta, y con las alforjas bien repletas.
-
-EL CURA
-
-¿La de la espalda?
-
-CONSUELITO
-
-Las dos... Sois unos mandrias, que aguantáis sin rascaros la comezón de
-la curiosidad. Yo no puedo: o averiguo lo que no sé, o reviento.
-
-EL ALCALDE
-
-¿Sabes algo, maestra?
-
-CONSUELITO
-
-¿Cómo algo?
-
-EL CURA
-
-Y algos.
-
-CONSUELITO
-
-No me ofendáis suponiendo que sé las cosas a medias. No: Consuelo
-Briján, o las ignora por entero, o las sabe de cabo a rabo; y todo,
-todito lo que pasó ayer en Verola lo conoce ya... y vosotros...
-ni palabra... y estáis rabiando porque yo os lo cuente: de donde
-resulta que sois tan curiosones como yo; pero hipócritas al propio
-tiempo, porque os regaláis con la fruta que buscan los que llamáis
-chismosos... ¡Ay, dejadme que me siente!... estoy cansadísima... he
-venido volando para contaros... No, no: punto en boca. Ahora me vengo
-de los hipocritones, negándome a darles la golosina... ~(Gozándose en
-la ansiedad de los que la rodean.)~ No, no: no digo nada. Sois más
-fisgones que yo, y más ávidos del escándalo ajeno que yo... Mira,
-mira los ojos chispos del Alcaldillo... Y el curita... cómo se relame
-esperando el dulce... Pues me callo... Soy muy discreta... No me gusta
-meterme en vidas ajenas. ~(Con énfasis cómica.)~ Es pecado; es falta
-de caridad, de delicadeza... Cada cual se las arregle para buscar la
-comidilla, que a mí mi trabajito me ha costado sacarla de las entrañas
-de la tierra. ¡Ahora se fastidian, se fastidian!
-
-EL ALCALDE
-
-Vaya, no marees, y dinos lo que sepas.
-
-EL CURA
-
-¿Pero cómo puede usted saber...? ¿Acaso tiene espías en Verola?
-
-EL ALCALDE
-
-Los tiene en todas partes. Son corresponsales que le escriben, y hasta
-le ponen telegramas.
-
-CONSUELITO
-
-Espías, no; pero tengo mi representación en Verola. ¿Cómo no, habiendo
-allí tanta gente gorda de la que da que hablar, y estando además
-Lucrecia, que por sí se basta y se sobra para dar materia a setenta
-corresponsales?
-
-LA ALCALDESA
-
-Pues suelta la sin hueso. Abre la espita. ¿Qué ha ocurrido?
-
-CONSUELITO, ~sin poder contenerse~.
-
-Una bronca fenomenal. Lucrecia ha reñido con el Marqués de Pescara,
-el cual, en una entrevista que tuvieron en la estufa, debió de
-insultarla... ¡Cosas tremendas, señores, que ponen los pelos de punta!
-¡Qué tal habrá sido la gresca, que de ella resultó desafío...!
-
-EL CURA
-
-Dios nos asista.
-
-CONSUELITO
-
-La conducta del de Pescara no le pareció bien al Duquesito de
-Malinas... Que si esto, que si lo otro, que patatín y que patatán.
-Salieron desafiados para la frontera, donde a estas horas se habrán
-disparado el uno al otro la mar de tiros.
-
-LA ALCALDESA
-
-Pero la causa, el porqué de toda esa zaragata...
-
-EL ALCALDE
-
-Vete a saber. Probablemente celos...
-
-CONSUELITO
-
-Algún motivo daría Lucrecia para que el Marqués echara los pies por
-alto.
-
-SENÉN, ~vivamente~.
-
-No habrá sido la Condesa quien ha dado el motivo, sino el Marqués, que
-hace tiempo venía faltando...
-
-EL CURA
-
-¡Ah! tunante; luego tú sabes... Permítame la señora Doña
-Consuelo Briján que ponga en cuarentena todo ese folletín de _La
-Correspondencia_ que acá nos trae...
-
-CONSUELITO
-
-Mis informaciones, Sr. D. Carmelo, son siempre _competentemente
-autorizadas_, y proceden...
-
-EL CURA
-
-De chismes de lacayos o marmitones.
-
-EL ALCALDE
-
-Eso no: el corresponsal de mi prima en Verola es un punto que sabe su
-obligación.
-
-LA ALCALDESA, ~riendo~.
-
-Tadea, la planchadora de los Donesteve.
-
-EL ALCALDE
-
-Y que no se descuida. Larga unas cartas de seis pliegos, llenos de
-garabatos, que parecen una alambrera. Esta sola los entiende.
-
-CONSUELITO
-
-Y que no se le escapa nada. Antes de la gresca, los Donesteve y
-Lucrecia habían concertado casar a Nell con el Marquesito de Breda,
-primogénito de Utrech.
-
-EL CURA
-
-Buena boda. ¿Y a Dolly?
-
-CONSUELITO
-
-Seguían los tratos para apalabrarla con el hijo segundo.
-
-EL ALCALDE
-
-Eso se llama barrer para adentro.
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Y qué más?
-
-CONSUELITO
-
-La noticia gorda, la bomba final... ¡Ah! esa no te la digo si no me la
-pagas en lo mucho que vale.
-
-LA ALCALDESA, ~riendo~.
-
-¿Qué quieres por ella?
-
-CONSUELITO
-
-Me has de dar el tarro de dulce de coco con batata que recibiste ayer
-de la confitería. Ya sabes que me muero por el coco.
-
-EL CURA, ~a carcajadas~.
-
-Golosa había de ser.
-
-EL ALCALDE
-
-Está bueno. ¡Que le den el dulce por las mentiras!
-
-CONSUELITO, ~poniendo morros~.
-
-Pues si no me lo dan, no hay caso. No suelto una palabra.
-
-LA ALCALDESA
-
-Hija, no: lo que es el coco, no lo catas...
-
-CONSUELITO
-
-Pues no cataréis vosotros la miel que tanto os gusta... ¿Ves, ves al
-curita cómo se relame?...
-
-EL CURA, ~riendo~.
-
-Vicenta, dele usted el tarro, ¡por San Blas! porque si no se lo dan, no
-habla; y si no habla, revienta.
-
-LA ALCALDESA
-
-Bueno; le cederé la mitad.
-
-CONSUELITO
-
-Anda, cicatera... Pues la noticia es que a Lucrecia le dieron como unos
-siete ataques espasmódicos, seguiditos.
-
-EL ALCALDE
-
-Bah, bah...
-
-CONSUELITO
-
-Espérate... Y se tiró de los pelos, y se abofeteó a sí misma,
-diciéndose por su propia boca muchas más abominaciones que han dicho de
-ella las bocas de los demás.
-
-EL CURA
-
-Principio de arrepentimiento.
-
-CONSUELITO
-
-Como que reconocía que por haber sido ella tan alegre de cascos, pasan
-estas trifulcas. Y consternada, medrosa del infierno, volvió los ojos
-a la verdad, y... vamos, que se le ocurrió confesarse. ~(Estupor
-general.)~
-
-EL CURA, ~oficiosamente, a la Alcaldesa~.
-
-Pásele usted recado, Vicenta. Dígale que estoy a sus órdenes.
-
-CONSUELITO
-
-_Tarde piache._ Desde Verola mandó un propio a Zaratán.
-
-EL ALCALDE
-
-Sí, hombre... Hace dos años, se confesó también con Maroto. Por cierto
-que dijimos: «Ya no volverá a las andadas.» Pero al poco tiempo...
-¡trómpolis! Lo que hacen estas: vaciar de pecados viejos la conciencia,
-para hacer hueco, y poder ir estibando los pecados nuevos.
-
-EL CURA, ~desconcertado~.
-
-Pero entendámonos: ¿mandó aviso a Maroto anunciándole que ella iría a
-Zaratán, o le suplicaba que fuese él a Verola?
-
-CONSUELITO
-
-La carta no lo puntualiza. Está escrito en una postdata, momentos antes
-de salir el peatón.
-
-EL ALCALDE
-
-Bueno; y después de todo, ¿qué nos importa? La especie de la confesión
-apenas vale un cuarto kilo de dulce.
-
-EL CURA, ~cejijunto~.
-
-Sí vale, sí... En fin, Vicenta, hágame el favor de decir a la Condesa...
-
-LA ALCALDESA
-
-Al momento voy. ~(Entra en la casa.)~
-
-EL ALCALDE, ~oyendo la campana que anuncia entrada de visitante por la
-puerta principal del jardín, al lado opuesto de la casa~.
-
-¿Quién entra?
-
-SENÉN, ~que ha corrido a enterarse~.
-
-¡D. José, D. José!...
-
-EL ALCALDE
-
-¿Quién es?
-
-SENÉN
-
-El Prior de Zaratán.
-
-EL ALCALDE
-
-Que pase a la sala... ¡Y me coge en zapatillas!...
-
-EL CURA, ~de mal talante~.
-
-Yo le recibiré.
-
-~Momentos de confusión. El Padre Maroto y el cogulla que le acompaña
-son recibidos por D. Carmelo. Preséntase luego el Alcalde; baja la
-Alcaldesa; median las cortesanías usuales. Sube el Prior a la estancia
-de la Condesa. Salen nuevamente al jardín los demás personajes,
-entre ellos el monje, a quien anuncia Monedero que el señor Prior
-y la compañía comerán en su casa. Alega D. Carmelo mejor derecho
-y significación, que los Monederos reconocen. Después, Consuelito
-entretiene con ameno coloquio al monje.~
-
-LA ALCALDESA
-
-Yo espero que después de la confesión recibirá a los amigos.
-
-EL CURA, ~displicente~.
-
-¡Y si no los recibe, qué le hemos de hacer...! Yo predico esta noche.
-Comenzamos la novena de la Esperanza, y entre repasar el sermón y
-vestir un poquito la iglesia, se me va el día... Me parece que no podré
-volver.
-
-EL ALCALDE
-
-¿Y las niñas?
-
-LA ALCALDESA
-
-Nell estaba con su mamá... ¿Pero no sabes?... Dolly se ha vuelto a la
-Pardina, sin decirnos nada. La Condesa me encarga que la mande venir
-inmediatamente. Quiere que las dos estén a su lado.
-
-EL ALCALDE
-
-Lo que digo: es loca esa chicuela. Anda, Senén; vete a la Pardina, y
-te la traes. Dile que lo manda su mamá, y que también lo mando yo, el
-Presidente del Ayuntamiento. Ya le bajaremos los humos a esa leoncita...
-
-~La confesión dura cinco cuartos de hora, determinados reloj en mano
-por Consuelito y D. Carmelo. Este se lleva a su casa a los dos frailes,
-que resuelven quedarse en Jerusa hasta el día siguiente, porque el
-Prior tiene que solventar asuntos varios en el Ayuntamiento. Alégrase
-de esta detención el Cura, para que puedan oír y apreciar su sermón de
-aquella noche dos teólogos insignes.~
-
-~Vuelve Senén de la Pardina con la incumbencia de que Dolly no quiere
-salir de allí, y que ha hecho burla del Alcalde y de su vara, lo que
-saca de quicio a Monedero. Le calma su esposa con el razonamiento de
-que es muy natural que la chiquilla desee comer con su abuelo por
-última vez. Transige D. José María, asegurando que a la tarde, o viene
-la fierecilla, o va él a buscarla con la Guardia civil. Senén, que no
-se da por vencido con los repetidos desaires de la Condesa, se va a su
-casa, prometiendo volver al plantón a primera hora de la tarde. Es de
-los que se imponen por el terror.~
-
-~A la una comen los Monederos con Nell y Consuelito. A Lucrecia se le
-sirve en su cuarto. Dan las dos, las tres...~
-
-
-ESCENA V
-
-~Sala baja en casa del Alcalde.~
-
-~LA ALCALDESA; EL CONDE, que acaba de entrar; después NELL.~
-
-LA ALCALDESA, ~aturdida~.
-
-Ya me figuro, señor Conde de Albrit, a qué debo el honor de verle en mi
-casa.
-
-EL CONDE
-
-Deseo hablar con Lucrecia. Y no sé con qué palabras solicitar de usted
-la benevolencia que necesito por esta libertad, por esta osadía de mal
-gusto con que llego a su casa.
-
-LA ALCALDESA
-
-¡Oh, señor Conde...!
-
-EL CONDE
-
-Es que su esposo de usted y yo no hacemos buenas migas. Anoche hemos
-cruzado algunas palabras un tanto mordaces... Si el Sr. Monedero me
-arroja de su casa, lo llevaré con paciencia... ~(La Alcaldesa, sin
-saber qué decir, hace con ojos y boca diferentes muecas y monerías.)~
-Ya no me importa. En el conflicto en que me veo, la dignidad, ¿qué digo
-dignidad? la vergüenza, no significa nada para mí. Voy derecho a mi
-objeto con cara insensible, y mi objeto es...
-
-LA ALCALDESA, ~recobrando su aplomo~.
-
-Ver a Lucrecia, sí.
-
-EL CONDE
-
-Y me atrevo a rogar a usted que haga comprender a su amiga que solo me
-mueve a molestarla la necesidad imprescindible de tratar con ella, sin
-recriminaciones, un grave asunto de familia.
-
-LA ALCALDESA
-
-Yo se lo diré. No dude usted que hablaré a mi amiga con vivo interés.
-
-EL CONDE
-
-Gracias, millones de gracias, señora mía. Carmelo quedó en
-proporcionarme la entrevista; mas sin duda sus ocupaciones se lo han
-impedido. Cansado de esperarle, deshecho, ardiendo en impaciencia, no
-he podido refrenar mi temperamento ejecutivo, y arrostrando el disgusto
-del señor Alcalde, aquí me tiene usted...
-
-LA ALCALDESA, ~decidida a emplear un lenguaje extremadamente fino~.
-
-Abrigo la esperanza de ser afortunada en la misión que usted me
-confía. Pero no puedo evitar al señor Conde la molestia de esperar un
-ratito, porque Lucrecia, que ha venido malísima, en un estado nervioso
-imposible, ¡ay qué pena! ha podido al fin conciliar el sueño. La
-verdad, no me atrevo a despertarla.
-
-EL CONDE, ~alardeando de paciencia~.
-
-Aguardaré todo lo que usted quiera: tres días con sus noches, si fuere
-preciso. Para mí no es molestia esperar. Si para usted no lo es tener
-a este pobre viejo en su casa, aquí me estoy, sentadito, hasta que mi
-ilustre nuera se digne mejorar de sus nervios, y acuerde recibirme.
-
-NELL, ~entrando con timidez~.
-
-Abuelito, hasta ahora no me habían dicho que estabas aquí.
-
-EL CONDE, ~besándola~.
-
-Hija mía, vengo a ver a tu mamá.
-
-NELL
-
-¡Oh, cuánto sufre la pobre! Yo te ruego que no hables con ella más que
-un ratito. Y si pudieras dejar la conversación para mañana, mejor.
-
-EL CONDE
-
-Mañana... ¡ah! estoy muy viejo. Los viejos no pueden esperar tanto.
-
-NELL
-
-Lo he dicho pensando que sería lo mismo para ti. ~(El abuelo le
-da suavemente en la mejilla.)~ Porque mañana no estará mamá en
-disposición de que nos marchemos.
-
-EL CONDE
-
-¿Tienes prisa?
-
-NELL
-
-Ninguna. Lo que tengo es una penita de dejarte... ¡qué pena! Pero yo te
-aseguro, te doy mi palabra, ¿me crees?... de que siempre que podamos
-vendremos a verte.
-
-EL CONDE, ~con profunda tristeza~.
-
-¡Ojos que te vieron ir...!
-
-LA ALCALDESA
-
-En buena lógica, debemos suponer, y aun afirmar, que vendrán.
-
-EL CONDE
-
-¡Ah! Cuando os encontréis en ese mundo que ha de aprisionaros con sus
-mil atractivos y seducciones, no os acordaréis del viejo Albrit, a
-quien dejáis en Jerusa aposentado de limosna.
-
-NELL, ~abrazándole~.
-
-Papaíto de mi alma, no digas que te olvidamos, porque me enfadaré
-contigo. Ni yo ni Dolly podemos olvidarte. Las dos te queremos lo
-mismo. Te escribiremos cartitas, y tú a nosotras también, pidiéndonos
-lo que te haga falta. ¿Qué quieres, qué deseas?
-
-EL CONDE
-
-Por el momento, que despierte tu mamá.
-
-NELL
-
-¡Si está despierta! Apenas ha dormido veinte minutos.
-
-LA ALCALDESA
-
-Pues voy allá, oficiando de introductora de embajadores.
-
-EL CONDE
-
-Sí, señora, vaya usted... Se lo agradeceré toda mi vida. ~(Vase la
-Alcaldesa.)~
-
-NELL, ~mirando al jardín~.
-
-Desde esta mañana, tenemos aquí a ese cataplasma de Senén con la
-pretensión de que mamá le reciba.
-
-EL CONDE
-
-Por lo visto, hay cola. Senén y yo nos encontramos en igual situación
-de solicitantes de audiencia; pero como yo estoy en desgracia, pobre
-viejo que soy, y regañón insoportable, verás cómo tu madre atiende a
-ese lacayo antes que a mí. Tu abuelo será el último, lo verás... No me
-importa, no. Ya dijo nuestro Señor: «Los últimos serán los primeros.»
-Seamos humildes, aunque, la verdad, se necesita gran violencia y
-abnegación grande para ponerse en fila detrás de Senén. ~(Vuelve
-la Alcaldesa, y suplica al Conde que aguarde un ratito, pues antes
-recibirá Lucrecia a un postulante importuno.)~ ¿No te lo dije?
-
-LA ALCALDESA
-
-No: si es porque se vaya de una vez, y quitarnos de encima esa mosca.
-
-EL CONDE
-
-Bueno. Vaya delante la mosca. Luego pasará el moscardón... ~(Siente
-subir a Senén.)~ Ya sube ese hombre. Dios le dé lo que no tiene: la
-santa concisión.
-
-~(Asómase a la puerta el Alcalde, que, como ha vuelto a ponerse las
-zapatillas, puede aproximarse sin hacer ruido. Contempla con burlona
-sonrisa al Conde.)~
-
-
-ESCENA VI
-
-~Gabinete alto en la misma casa.~
-
-~LUCRECIA, recostada en un sofá con gatuna indolencia, sin corsé,
-suelto y en desorden el cabello. Su rostro desmejorado, y el centelleo
-insano de sus bellos ojos, son el rastro de la furiosa tempestad;
-SENÉN, que, respetuoso, permanece en la puerta.~
-
-LUCRECIA, ~impaciente y altanera~.
-
-Pasa y cierra... Pero no te acerques. Quédate ahí. Traerás, como
-siempre, tus endiablados perfumes.
-
-SENÉN
-
-Dispense la señora... He puesto mi ropa al aire...
-
-LUCRECIA, ~desdeñosa~.
-
-No te aproximes... ¿Qué quieres? Dímelo pronto. Ya ves qué mala estoy.
-
-SENÉN, ~con falsa humildad~.
-
-Ya debe suponer la señora que vengo a...
-
-LUCRECIA
-
-Aquello no ha podido ser.
-
-SENÉN
-
-Ya lo sé. Han nombrado a otro. Por eso digo que vengo a quejarme...
-
-LUCRECIA, ~con acritud~.
-
-¡A quejarte! ¿De qué? Pues eso me faltaba. ¿Crees que tengo yo en mi
-mano los destinos, las fianzas, y todo eso que ambicionas?
-
-SENÉN, ~sacando las uñas~.
-
-La señora no ha conseguido la fianza, que era lo principal, porque no
-ha querido. Teniendo la fianza, la plaza es lo de menos. Ya tenemos
-otra vacante de agente ejecutivo.
-
-LUCRECIA
-
-¿Y cómo había de conseguir yo la fianza?
-
-SENÉN, ~tragando saliva~.
-
-Ya, ya sé que al señorito Ricardo no podía pedírsela... No se enfade la
-señora: yo me pongo en lo razonable... A D. Ricardo no era posible...
-Pero con que la señora hubiera dicho al Duque de Utrech: «Señor Duque,
-quiero...»
-
-LUCRECIA, ~interrumpiéndole~.
-
-¿Pero de dónde sales tú? En ese mundo de tu ambición ridícula se
-pierde, por lo visto, toda noción de la realidad. Está bien: yo no
-tengo más que hacer que importunar a todos mis amigos, pidiendo
-fianzas para este gaznápiro.
-
-SENÉN, ~escondiendo las uñas~.
-
-Sí, ya sé... la señora no puede... ¡Qué le hemos de hacer! Es
-difícil... y además, ¿quién soy yo para que la señora se moleste por
-mí? No, no lo pretendo. Los servicios que he prestado a la Condesa de
-Laín, mi lealtad a toda prueba, ¿qué valen?
-
-LUCRECIA, ~con arrogancia~.
-
-Tus servicios bien pagados están. Ea, me canso ya de contemplaciones.
-Senén, no te debo nada.
-
-SENÉN, ~erizando el pelo~.
-
-Bueno... sea como la señora dice. Yo me callo. Eso he hecho yo toda mi
-vida, callarme; y de tanto callar, me veo tan atrasado en mi carrera...
-de tanto callar, sí, señora; y si quieren que lo pruebe, lo pruebo.
-
-LUCRECIA
-
-Tu silencio me importa ya tan poco, que no doy nada por él... No me
-tiene cuenta.
-
-SENÉN, ~agachándose para dar el salto, los verdes ojuelos centelleando~.
-
-Eso quiere decir que la señora en nada estima mi fidelidad, esta
-fidelidad de perro, que no tiene igual... y lo pruebo.
-
-LUCRECIA
-
-Lo que estás probando tú es mi paciencia.
-
-SENÉN, ~acobardado nuevamente, sin atreverse más que a desenvainar las
-uñas de sus patas delanteras~.
-
-No molesto más. Aunque la señora me da este pago, yo no le haré ningún
-perjuicio. Pero, en justicia, bien podría desquitarme. Como soy tan
-caballero, me he perjudicado por guardarle la consecuencia, por poner
-arrimos a su decoro, por custodiarle los secretos, por tapar la boca de
-todos los que hablaban de ella... lo que la señora no debiera oír...
-~(En su cobardía, no hace más que enseñar los colmillos, y tirar
-levemente la zarpa.)~ Vamos, que ni por su madre haría ningún hombre lo
-que yo he hecho. De suerte que si la señora dice que no le importa...
-
-LUCRECIA
-
-No me importa. Vete pronto.
-
-SENÉN
-
-Pues bien puedo jurar que a mí me importa menos.
-
-LUCRECIA
-
-Bastante tiempo he sufrido a este animalucho siniestro, con sus garras
-clavadas en mí. Ya no más. Si no sales pronto, llamaré para que te
-arrojen a escobazos.
-
-SENÉN
-
-No alborote, no alborote, que es peor.
-
-LUCRECIA, ~furiosa, tirando de la campanilla~.
-
-¿Cómo que es peor? ¡Trasto, si no te vas...!
-
-~(Entran precipitadamente una criada, la Alcaldesa, después el
-Alcalde.)~
-
-SENÉN, ~turbado por la rabia~.
-
-Si no digo nada; si yo... si es que...
-
-LUCRECIA
-
-Por favor, arrójenme de aquí a este hombre, y a su paso vayan echando
-ácido fénico.
-
-EL ALCALDE, ~con un castañeteo de lengua, como el que se emplea para
-despedir a un perro~.
-
-¡Eh... tú...!
-
-SENÉN, ~al salir, todo uñas, bufando~.
-
-Ácido fénico... Por donde ella vaya... hace más falta... y lo pruebo.
-
-
-ESCENA VII
-
-~LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA, después NELL.~
-
-LA ALCALDESA
-
-Hija, si llego yo a sospechar esto, cualquier día le dejo pasar.
-
-LUCRECIA, ~tranquilizándoles~.
-
-No; si es mejor así. Se me ha resuelto un absceso; me he sacado una
-muela, que me dolía horriblemente.
-
-EL ALCALDE
-
-Pues digo, lo que le espera a usted ahora, mi querida Lucrecia.
-
-LA ALCALDESA
-
-¡Ah! el león... Hija mía, no he podido evitarlo... ¿Qué había de
-decirle?
-
-EL ALCALDE
-
-Pues muy claro: que llamara a otra puerta. ¡Ah! si soy yo quien le
-recibe...
-
-LUCRECIA, ~sorprendiendo a todos con su inesperada serenidad y alegría~.
-
-¿Queréis que os diga la verdad? Pues mi ilustre suegro, que me
-inspiraba un pavor horrible, ya no... Es raro... Vamos, que ya no le
-temo.
-
-NELL, ~entrando a la carrera~.
-
-Mamita, por más que le digo al abuelo que mañana, insiste en que ha de
-verte hoy.
-
-LUCRECIA
-
-Hoy, sí...
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Le digo que...?
-
-LUCRECIA, a Nell.
-
-Ve tú, hija, y suéltame al león. ~(Sale Nell gozosa, y se precipita por
-la escalera.)~
-
-EL ALCALDE
-
-Nos pondremos todos en guardia detrás de esa puerta, ¡trómpolis! y en
-cuanto oigamos el menor rugido...
-
-LUCRECIA, ~con locuacidad nerviosa~.
-
-No es necesario... ¿No me ven tan tranquila? Me siento ahora muy bien,
-despejada, casi alegre, y con ganas de ver a mi papá político, y de
-pasarle la mano por la melena... Es que mi espíritu se ha refrescado,
-soy otra... aire nuevo en mí. ~(Óyese el tardo paso de Albrit en la
-escalera, y la vibrante voz de Nell.~) El león sube. ¡Pobre viejo!...
-Ya, ya está aquí... Ya llega... Déjenme sola con él.
-
-EL ALCALDE
-
-Por aquí.
-
-~(Vanse por la puerta de la alcoba.)~
-
-
-ESCENA VIII
-
-~LUCRECIA, EL CONDE~
-
-EL CONDE
-
-Siento infinito molestar a una persona que, según me dicen, no está
-bien de salud.
-
-LUCRECIA, ~que permanece en pie~.
-
-Me siento mejor. Tome usted asiento.
-
-EL CONDE
-
-¿Y usted en pie?
-
-LUCRECIA, ~un tanto cohibida~.
-
-Como por encanto se me ha quitado la pereza. Ya sabe usted que estos
-arrechuchos nerviosos... la epidemia de las señoras... de improviso nos
-acometen y de improviso también se nos pasan.
-
-EL CONDE, ~suspicaz~.
-
-Lo celebro mucho.
-
-LUCRECIA
-
-Enfermamos como heridas del rayo, y basta una vibración del aire para
-ponernos buenas. De la espantosa crisis solo me queda cierta alegría
-interna, y un deseo ardientísimo, irresistible...
-
-EL CONDE, ~suspenso~.
-
-¿Qué...?
-
-LUCRECIA
-
-El deseo de besarle a usted la mano... ~(Se arrodilla y le besa la mano
-una y otra vez)~ y de pedirle perdón por las injurias que en aquel día
-triste le dirigí.
-
-EL CONDE, ~queriendo levantarla~.
-
-Lucrecia... ¿qué es esto?... ~(Por un momento cree que es burla; pero
-no tarda en advertir la sincera emoción de la dama.)~
-
-LUCRECIA
-
-Mi única pena es que usted sospechará quizás... que le engaño.
-
-EL CONDE
-
-No, no; creo que es verdad...
-
-LUCRECIA, ~que se levanta, enjugando sus lágrimas~.
-
-Necesito explicar a usted cómo ha venido esta crisis... sacudimiento
-moral, revolución de todo mi ser... ~(Se sienta. Su lenguaje es
-cortado, febril.)~ Los temblores de tierra trastornan el suelo... Una
-catástrofe horrible en mis sentimientos me ha trastornado a mí, me ha
-hecho morir y revivir en menos de dos días... ¿Es esto nuevo? Yo creo
-que no. Ha ocurrido mil veces... Fácilmente lo comprenderá usted...
-Un desengaño de los que anonadan... la perfidia de un hombre...
-tempestades del alma que todo lo destruyen y todo lo iluminan. Mi dolor
-ha sido como un incendio entre las ruinas... He visto mi conciencia...
-la he visto. Ya sé que no debo ser la que he sido, y estoy decidida a
-ser otra.
-
-EL CONDE
-
-¡Bendito desengaño, bendita convulsión del alma, que trae el
-arrepentimiento!
-
-LUCRECIA
-
-Pero el arrepentimiento, lo reconozco, necesita probarse. Por eso digo:
-«Espere usted y verá...»
-
-EL CONDE, ~gozoso~.
-
-Pues lo veremos... y pronto... Si el arrepentimiento es verdad, nos lo
-dirán los hechos.
-
-LUCRECIA
-
-Y aguardando confiada los hechos, he querido dar a mi enmienda una
-sanción soberana, una garantía que asegure mi convicción y la de los
-demás. ~(Pausa.)~ Hoy he confesado con el Padre Maroto.
-
-EL CONDE, ~gratamente sorprendido~.
-
-¡Ah!... ya me dijo la niña que estuvo aquí el Prior... Mas no
-sospeché...
-
-LUCRECIA
-
-No tenía sosiego, no podía vivir mientras no descargara mi alma de la
-horrible balumba... ¡Qué alivio, qué consuelo!
-
-EL CONDE
-
-Me da usted una grande alegría... Por de pronto, ¡qué situación tan
-distinta de aquella... la última vez que hablamos en la Pardina!
-
-LUCRECIA
-
-En efecto, yo he variado radicalmente.
-
-EL CONDE
-
-Yo también.
-
-LUCRECIA
-
-¿Usted? ¡Ah! sí, se ha despejado su razón, y ya no piensa en hacerme
-las terribles preguntas que en aquella conferencia me hizo.
-
-EL CONDE
-
-Mi razón no ha estado nunca turbada. ¿Y por qué no había de repetir yo
-en esta ocasión la pregunta que usted llama terrible? Ya no lo es. Su
-estado de conciencia facilita la respuesta, que sería la confirmación
-de lo que sospecho, de lo que sé... porque al fin, Lucrecia, he podido
-descubrir...
-
-LUCRECIA, ~con serena frialdad~.
-
-Hoy no puedo incomodarme, señor Conde. No abuse usted de que estoy
-desarmada...
-
-EL CONDE
-
-Incomodarse... ¿por qué?
-
-LUCRECIA
-
-Porque viene usted a remover en mi corazón heces muy amargas, a
-trastornar de nuevo mi espíritu, queriendo penetrar los misterios
-más profundos del alma y de la Naturaleza... Eso, señor mío, eso que
-aun de nosotras mismas quisiéramos recatar, porque el pensarlo solo
-nos avergüenza, eso, a que no doy nombre, porque si lo tiene yo lo
-ignoro... ~(con solemnidad)~ ya lo he dicho a Dios, único a quien debo
-decirlo... Y crea usted que, para expresarlo, he tenido que violentar
-mi voluntad de un modo espantoso. Todo el que no sea Dios es un
-extraño, es un profano, sin derecho ninguno a recibir declaración tan
-grave. Ni una palabra más. ~(Pausa.)~
-
-EL CONDE, ~gravemente~.
-
-Sea. Ni una palabra más. Reconozco la extremada delicadeza del asunto,
-y no puedo menos de respetar el sosiego reparador en que hoy se halla
-su espíritu. No insisto. Ni es justo que la martirice exigiéndole una
-manifestación dolorosa, toda vez que lo que usted había de decirme...
-ya lo sé.
-
-LUCRECIA, ~desconcertada~.
-
-¡Que lo sabe!
-
-EL CONDE
-
-Sí.
-
-~(Pausa. Ambos se miran.)~
-
-LUCRECIA
-
-Pues si lo sabe, es más generoso no preguntármelo.
-
-EL CONDE, ~muy tranquilo~.
-
-Es verdad. A generoso no me gana nadie. Ahora conviene que haga
-usted alarde de hidalguía, Lucrecia. Si le satisface que crea yo en
-su arrepentimiento, empiece usted por ser magnánima, aceptando la
-proposición que voy a hacerle.
-
-LUCRECIA
-
-¡Proposición!
-
-EL CONDE
-
-No he venido a otra cosa. Su conformidad con mi deseo establecerá la
-concordia inalterable de nuestras almas... En suma, quiero que partamos
-el bien que Dios nos ha dado: las niñas. Una para usted, la otra para
-mí.
-
-LUCRECIA, ~con profunda intención, que disimula~.
-
-¡Para usted!... ~(Pausa.)~ ¿Cuál?
-
-EL CONDE
-
-Acceda usted a la partición, y después escogeré. ¿A las dos las quiere
-usted lo mismo?
-
-LUCRECIA
-
-Lo mismo: son mis hijas.
-
-EL CONDE
-
-Yo no puedo decir lo propio: las dos no son mis nietas.
-
-LUCRECIA, ~con temor~.
-
-Otra vez la tremenda interrogación.
-
-EL CONDE
-
-Otra vez, y siempre... Llévese usted a una de las dos, y déjeme a mí la
-otra, la que yo quiera.
-
-LUCRECIA
-
-¡Dejarla aquí, en poder de usted, y sola con usted! Señor Conde de
-Albrit, eso es imposible. Además, me hace falta el amor de mis hijas.
-
-EL CONDE, ~fríamente~.
-
-Y a mí el de mi nieta. Tengo derecho a ese consuelo.
-
-LUCRECIA
-
-Hoy es indispensable que las dos estén a mi lado, por muchas razones.
-No solo debo atender a su porvenir, sino a la salud de mi alma, a mi
-corrección, en una palabra. Como las plantas necesitan aire y luz, yo
-necesito el cariño de esas dos criaturas, que fundiré en un solo cariño.
-
-EL CONDE, ~vivamente~.
-
-No son iguales para usted.
-
-LUCRECIA, ~con firmeza~.
-
-Lo son... Otra vez clava usted los ojos de su alma en lo que para usted
-será siempre tremendo enigma... Son iguales, y si no lo fuesen, yo haré
-que lo sean. Por nada de este mundo me separo de ellas.
-
-EL CONDE, ~con desconsuelo~.
-
-¿Y yo...?
-
-LUCRECIA
-
-En ninguna situación será el Conde de Albrit un extraño para mí. Nell
-y Dolly vendrán conmigo a verle... en la temporadita de verano... y
-usted, como ahora, a las dos las querrá por igual... por igual. Esa es
-condición indispensable para la concordia de nuestras almas, de que
-usted me hablaba. Dejemos el misterio allá, ante Dios que lo ve, y
-atengámonos a la realidad... convencional, a la realidad de la ley.
-
-EL CONDE, ~con arranque~.
-
-No... ¡Maldita sea la ley...! La Naturaleza...
-
-LUCRECIA
-
-¡La Naturaleza, no... la ley!
-
-EL CONDE, ~encrespándose~.
-
-No, no. Abomino de una ley infame. Quiero a mi nieta; me pertenece, la
-reclamo, y usted me la dará.
-
-LUCRECIA
-
-A mí me pertenecen las dos: las he llevado en mi seno.
-
-EL CONDE, ~con desesperación, clavándose en el cráneo los dedos de
-ambas manos~.
-
-¡Triste de mí! Lucho con la ley, lucho con la madre... contienda
-imposible...
-
-LUCRECIA, ~con tesón, levantándose~.
-
-Y ni como madre, ni como tutora, puedo acceder a lo que mi padre
-político pretende.
-
-EL CONDE
-
-¿Será usted capaz de rechazar mi proposición, de desairarme, de negar
-lo que pide el infortunado Albrit?
-
-LUCRECIA
-
-Con grandísima pena me veo precisada a negarlo. Mis hijas son mis
-hijas. A ellas les conviene el calor maternal, y a mí el cariño y
-la presencia continua de entrambas para vivir en paz con Dios, y
-asegurarme la rectitud de mi alma. La una es mi deber, la otra mi
-error. Mi conciencia necesita los dos testigos, las dos presencias,
-para que yo pueda tener siempre entre mis brazos, sobre mi corazón, mis
-buenas y mis malas acciones.
-
-EL CONDE, ~atribulado~.
-
-Y entre mis brazos y en mi corazón, la soledad, el horrible vacío.
-~(Levantándose, altanero.)~ No, no, Lucrecia, no me conformo... Por
-Dios, no me lance usted a la desesperación.
-
-LUCRECIA
-
-Sea usted razonable.
-
-EL CONDE, ~suplicante~.
-
-Sea usted generosa.
-
-LUCRECIA
-
-Soy madre...
-
-EL CONDE, ~exaltándose~.
-
-Soy abuelo, soy viejo... Necesito familia, amor.
-
-LUCRECIA
-
-En mí y en mis hijas lo tendrá. ~(Con una idea feliz.)~ Última palabra:
-véngase usted con nosotras.
-
-EL CONDE
-
-¡Con usted... con las dos! ¡Nunca!
-
-LUCRECIA
-
-¡Loca obstinación!
-
-EL CONDE, ~brioso~.
-
-Entereza, sentimiento del honor.
-
-LUCRECIA
-
-Demencia.
-
-EL CONDE
-
-Si es demencia, maldita sea la razón.
-
-LUCRECIA
-
-Yo arreglaré la vida de usted... yo...
-
-EL CONDE, ~inflexible~.
-
-Sin lo que pido, sin mi nieta, no quiero nada.
-
-LUCRECIA
-
-No tardará el viejo Albrit en renegar de esa independencia, impropia de
-su edad y de su situación. Acójase a mí, o su vejez será muy triste.
-
-EL CONDE
-
-Nada me arredra... nada temo. Lo mismo me importa la vida que la
-muerte. ~(Implorando.)~ Lucrecia, por última vez...
-
-LUCRECIA
-
-No insista usted... Se cansa en vano...
-
-EL CONDE
-
-Bien: no diré nada más. Ni está en mi carácter extremar la súplica...
-Lucrecia, adiós para siempre.
-
-LUCRECIA
-
-Eso es locura.
-
-EL CONDE, ~trémulo, balbuciente~.
-
-Sí, sí... y los locos pacíficos... cuando no se les da lo que
-piden, hacen lo que yo... se van. Mas no saldré sin decir a usted
-que no veo, que no toco el cambio moral que debía ser resultado de
-su arrepentimiento. No. Lucrecia Richmond es siempre la misma...
-Confesada y sin confesar, la misma siempre... No creo que la haya
-perdonado Dios... ¡No la ha perdonado, no la ha perdonado, no, no!...
-
-~(Sale con vivísima agitación. Se siente su paso inseguro por la
-escalera. Baja agarrándose al pasamanos. Lucrecia, muy agitada, cae en
-el sofá llorosa. Acuden presurosos a ella Monedero y su esposa.)~
-
-
-ESCENA IX
-
-~LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA; después NELL~
-
-EL ALCALDE
-
-¿No lo decía yo? ¿Ha sacado la zarpa?... Si estoy por bajar, y
-aplacarle un poquito los humos.
-
-LUCRECIA
-
-No, no... ¡Pobre viejo!... Es muy sensible que no pueda yo acceder a lo
-que pretende. Dejarle. ~(Atendiendo al ruido de los pasos.)~ ¿Se caerá
-en la escalera? Vicenta, mande usted que le acompañe alguien. ~(Sale la
-Alcaldesa a dar órdenes.)~
-
-EL ALCALDE
-
-De veras, ¿no se ha desmandado?
-
-LUCRECIA
-
-No... Debemos compadecerle, cuidar de él con todo el cariño del mundo.
-
-LA ALCALDESA, ~que ha visto alejarse al Conde~.
-
-El pobrecito llora... Parece que no puede tenerse en pie. Pero se
-resiste a que le acompañe un criado. Quiere andar solo.
-
-LUCRECIA
-
-Solo... ¡Qué dolor! ¡Triste ancianidad!... ~(Sintiendo perturbado su
-espíritu.)~ ¡Oh, Dios mío! ¿dónde está la paz que diste a mi alma? Ese
-hombre me la quitó... Es el agitador de mi conciencia... ¡Otra vez el
-tumulto en mi mente... otra vez la ansiedad, el temor, la duda!...
-~(Consternada, alza los brazos, echa la cabeza hacia atrás, cierra los
-ojos.)~
-
-LA ALCALDESA
-
-¿Otra vez mal, amiga mía?
-
-EL ALCALDE
-
-Que venga el médico.
-
-LA ALCALDESA
-
-Al instante.
-
-LUCRECIA
-
-Los dos... Que vengan los dos médicos. Quiero ver al Prior... Que
-vuelva.
-
-EL ALCALDE, ~oficiosamente~.
-
-Mandar recado a la Rectoral: allí estará.
-
-LUCRECIA, ~agitadísima~.
-
-Sí... yo no quiero ser mala; no quiero padecer... quiero curarme. Se
-renueva la herida. Meteré la mano en ella, y si duele, que duela; y si
-con el dolor se me acaba la vida, que se acabe. ¿Dónde está mi hija?
-Nell, alma mía. ~(Entra Nell y se arroja en sus brazos llorando.)~ Ven,
-abrázame. ¿Verdad que no te separarás de mí, que no quieres separarte
-de mí?
-
-NELL, ~con emoción infantil~.
-
-Nunca, nunca.
-
-
-ESCENA X
-
-~Calle de Potestad, callejón del Cristo. Anochece.~
-
-~EL CONDE, que avanza con lentitud, vacilante, tentando las paredes;
-después D. PÍO.~
-
-EL CONDE
-
-Ya lo veo, ya lo veo; es lo único que veis, ojos míos... que estoy de
-más en el mundo. ¡Pobre Albrit, tu vida termina...! «Imposible, ha
-dicho esa mujer, imposible...» Y ese imposible cierra todo espacio a
-la esperanza... Ya no hay esperanza... Vida, te acabaste; alma, vete
-de aquí... El monstruo me ha negado mi consuelo, me roba el único bien
-de mi triste vejez... Señor, Dios mío, ¿qué delito he cometido para
-caerme en este abismo de desolación?... ¡No poder estrechar entre mis
-brazos a mi hija, a mi Dolly, retoño preciosísimo de mi raza, flor
-nueva de una familia que no debe extinguirse!... ¡Y se la lleva... se
-las lleva a las dos, quizás para envilecerlas!... Porque no creo en su
-arrepentimiento, no. Se siente abrumada por las terribles consecuencias
-de sus pecados... le duele el mal... y cuando el pecado duele, el
-pecador llora... Sus clamores quieren decir dolor, opresión, empacho
-del vicio; mas no quieren decir arrepentimiento. Cuando el glotón se
-indigesta, maldice la comida; pero pasa el mal, y vuelve a comer...
-No creo en tu enmienda, diablo harto de carne, ni creo que te haya
-perdonado Dios... No, a Dios no le engañas... ni tampoco al viejo
-Albrit... ¿Verdad, Señor, que no la has perdonado? ~(Detiénese bajo un
-farol, y vuelve los ojos al cielo.)~
-
-D. PÍO, ~parado en la acera de enfrente, contemplándole~.
-
-¡Albrit!
-
-EL CONDE
-
-¿Quién me llama? Conozco esa voz; es voz familiar.
-
-D. PÍO, ~acercándose~.
-
-Soy Coronado, tu amigo... quiero decir, el amigo de usía. ~(Le abraza.)~
-
-EL CONDE
-
-¡Ah! mi único amigo quizás... Ven, acompáñame. ¿En dónde estamos? Mi
-Jerusa también se vuelve contra mí, y me trastorna con el cariz nuevo
-de sus calles reformadas.
-
-D. PÍO, ~guiándole~.
-
-Por aquí. Si va usía a la Pardina, entremos por el callejón del Cristo.
-
-EL CONDE
-
-No sé a dónde voy... ¿Es de noche ya?
-
-D. PÍO
-
-Sí, señor. Júpiter está encendiendo los faroles.
-
-EL CONDE
-
-¿Quién es Júpiter?
-
-D. PÍO
-
-El farolero, señor. Se llama Jove, Pepe Jove, y yo por broma le llamo
-Júpiter, aunque más le cuadraría Baco, porque es el primer borracho de
-Jerusa.
-
-EL CONDE, ~abismado en sus reflexiones~.
-
-¡Noche triste, más triste que aquella en que nos reunimos en el Páramo!
-No hay humano juicio que pueda discernir esta noche cuál de los dos es
-más desgraciado.
-
-D. PÍO
-
-¡Ah, señor! ahora y siempre, Coronado se lleva la palma. Y lo
-comprendería el señor Conde, si ver pudiera las magulladuras y
-cardenales de mi cara, donde esas condenadas han escrito esta tarde,
-con sus uñas, la maldad de sus corazones.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué me dices?
-
-D. PÍO
-
-Me han insultado, clavándome sus garras en el rostro; me han herido en
-la cabeza con una palmatoria... me han tenido todo el día sin comer.
-Gracias que en casa de un amigo me dieron estos pedazos de pan...
-
-EL CONDE
-
-¿Y no las matas? Si malo es ser bueno, peor es no ser hombre.
-
-D. PÍO, ~con desprecio de sí mismo~.
-
-Albrit amigo, yo no soy hombre... yo no sé lo que soy.
-
-EL CONDE
-
-Mátalas.
-
-D. PÍO
-
-¿Matar yo?... Ni un mosquito ha recibido la muerte de mi mano. Que
-las espachurre Dios si quiere... Y usía, señor D. Rodrigo, tenga la
-dignación de acabar conmigo esta misma noche, porque ya no puedo más,
-ya no aguanto más. Coronado no ha de ver salir el sol de mañana,
-porque ese sol significaría más vida; significaría luz, aire, sonido,
-y yo quiero... ver las tinieblas, oír el silencio. ~(Pateando con
-desesperación.)~
-
-EL CONDE
-
-Así me gusta. ¿De modo que estás decidido?
-
-D. PÍO
-
-Tan decidido, que todo lo he dispuesto. Escribí la carta, en la que
-digo que a nadie se culpe de mi muerte, y no me he vestido de limpio,
-porque esas bribonas me han empeñado la ropa... ¿Pero qué me importa la
-ropa, si esta noche he de acabar? Ahora iba yo en busca de usía para
-que me cumpliera lo ofrecido.
-
-EL CONDE, ~cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con nerviosa fuerza~.
-
-Sí... lo haré, lo haré con toda el alma... Me siento esta noche... no
-sé... me siento criminal.
-
-D. PÍO
-
-No será crimen, sino favor.
-
-EL CONDE, ~con gran vehemencia~.
-
-Sí... morirás, Pío; caerás rodando por el cantil... antes de llegar
-al fondo del abismo, te harás pedazos... Morirás, sí. El hombre
-extremadamente bueno debe morir. Es una planta viciosa, estéril... Sí,
-bendito Coronado: verás con qué gracia y con qué denuedo te arrojo a la
-sombría inmensidad, como si lanzara una pelota. Aún tengo vigor para
-eso y para mucho más...
-
-D. PÍO, ~tocando las castañuelas~.
-
-Ahora mismo, si usía quiere...
-
-EL CONDE
-
-No, ahora no. Tengo que ver a mi Dolly, a mi adorada Dolly... quiero
-darle el último adiós, comérmela a besos... sí, lo que se llama
-comérmela... Abur, Coronado, no me sigas. Puedo andar solo.
-
-D. PÍO
-
-Espero a Vuecencia...
-
-EL CONDE
-
-En el Páramo.
-
-D. PÍO
-
-Más seguro será en las Tres Cruces, al extremo de la calleja que sube a
-Santorojo, a la entradita del bosque.
-
-EL CONDE
-
-Bueno... Iré. Déjame ahora.
-
-D. PÍO
-
-¿No quiere usía que le acompañe?
-
-EL CONDE
-
-No... ya estoy cerca.
-
-D. PÍO
-
-Todo seguido. Allí se ve una luz: es la Pardina... Adiós.
-
-EL CONDE
-
-Hasta luego. ~(Renqueando, se pierde en la obscuridad.)~
-
-~(Después de verle entrar en la Pardina, D. Pío se aleja.)~
-
-
-ESCENA XI
-
-~Habitación del Conde en la Pardina.~
-
-~EL CONDE, VENANCIO, GREGORIA; después SENÉN.~
-
-VENANCIO, ~que entra y ve al Conde revolviendo en su maleta~.
-
-¿Qué hace el señor Conde?
-
-EL CONDE
-
-Ya lo ves: recojo algunos papeles que deseo llevar siempre conmigo.
-
-GREGORIA, ~alarmada~.
-
-¿A dónde va usía?
-
-EL CONDE
-
-A donde a vosotros no os importa. ¿Por qué no viene Dolly? Dos veces la
-he mandado llamar.
-
-VENANCIO
-
-Ahora vendrá.
-
-EL CONDE
-
-Pues voy a donde quiero. A vosotros os bastará saber que os dejo en paz.
-
-VENANCIO, ~premioso, rascándose la cabeza~.
-
-Me alegro de que el señor Conde facilite la separación, porque yo vengo
-a decir a Vuecencia... que... que no puede seguir en mi casa.
-
-GREGORIA
-
-Nada más que por el carácter soberbio del señor Conde... que por lo
-demás...
-
-EL CONDE
-
-Sí: mi carácter altanero no se aviene con el vuestro, tan suave, tan
-pacífico.
-
-VENANCIO
-
-Por lo cual, he determinado que Su Excelencia se aloje en donde guste,
-fuera de mi casa... Por esta noche puede quedarse; pero mañana...
-
-EL CONDE, ~con dulzura, resignado y calmoso~.
-
-Esta noche misma: no te apures. Tú te quedas en tu Pardina, y yo me
-voy... a donde me acomode. No hablemos más. Al fin y a la postre, tengo
-que agradeceros la hospitalidad que me habéis dado.
-
-VENANCIO
-
-Nada tiene Vuecencia que agradecernos. Lo que me duele es que no
-hayamos podido hacer buenas migas.
-
-EL CONDE
-
-Las migas hacedlas vosotros... y que os aprovechen... Os pido el último
-favor. Traedme a Dolly. Los minutos que paso sin verla me parecen
-siglos.
-
-VENANCIO
-
-Vamos.
-
-EL CONDE, ~sintiendo ruido en la puerta~.
-
-¡Ah! ella es...
-
-SENÉN, ~entrando~.
-
-Soy yo, señor...
-
-EL CONDE
-
-¡Maldito seas! ~(Exaltado.)~ ¡Que venga Dolly, que venga al instante!
-
-SENÉN, ~aparte a Venancio y Gregoria~.
-
-Dejadle conmigo. No hará nada, y en todo caso, yo sabré ponerle como un
-guante.
-
-~(Se van Gregoria y Venancio.)~
-
-
-ESCENA XII
-
-~EL CONDE, SENÉN; después GREGORIA~
-
-EL CONDE, ~receloso, altanero~.
-
-¡Ah!... te dejan aquí, como de guardia, por temor de que yo...
-
-SENÉN
-
-No, señor: vengo... porque... es _de todo punto indispensable_ que
-hable dos palabras con usía.
-
-EL CONDE
-
-¿Conmigo?... ¿Palabritas tú? No: tú vienes a vigilarme. Creen que voy
-a pegar fuego a la casa... No, Senén; yo no hago mal a nadie, ~(Óyense
-gritos lejanos de Dolly, llorando, pidiendo socorro.)~ ¡Oh! ¿qué es
-eso?... ¡Dolly grita... llama! ¿Es su voz... o estoy yo loco y no sé lo
-que escucho?... Infames, ¿qué hacéis a mi hija, a mi Dolly? ~(Furioso,
-se precipita hacia la puerta. Cesan las voces.)~
-
-SENÉN, ~cortándole el paso~.
-
-Deténgase usía. Ya no puede evitarlo.
-
-EL CONDE
-
-¿Qué?
-
-SENÉN
-
-Que se la llevan. ~(Mira por la ventana.)~ Ya, ya salen con ella.
-~(Corre Albrit a la ventana.)~
-
-EL CONDE
-
-¡Bandidos, ladrones! ~(Vuelve a la puerta.)~
-
-SENÉN, ~sujetándole~.
-
-Deténgase, y óigame un instante. ~(Cierra la puerta y quita la llave.)~
-
-EL CONDE, ~amenazante~.
-
-¿Qué haces?... ¡Me encierras!
-
-SENÉN, ~agitadísimo~.
-
-Una palabra, señor Conde, una sola, y usía comprenderá que quiero
-prestarle un gran servicio... Yo le explicaré...
-
-EL CONDE
-
-Pronto.
-
-SENÉN
-
-La niña... Su madre la mandó llamar; no quiso ir... Ha venido el
-Alcalde con toda su fatuidad, y con una pareja de la Guardia civil, y
-se la ha llevado.
-
-EL CONDE, ~fuera de sí~.
-
-Ábreme esa puerta, o te mato ahora mismo. Ciego, aún tengo vigor para
-defenderme, para defender al ser amado. Ábreme te digo. ~(Coge una
-silla, decidido a estrellársela en la cabeza.)~
-
-SENÉN, ~trémulo~.
-
-Abriré... pero antes... quiero deshacer el grave error de usía.
-
-EL CONDE
-
-Habla... pronto.
-
-SENÉN
-
-Usía, movido del honor, ha pretendido descorrer el velo, señor;
-descorrer el velo...
-
-EL CONDE
-
-Acaba.
-
-SENÉN, ~sudando la gota gorda~.
-
-El velo ¡ay! para descubrir la verdad, el endiablado secreto de la
-familia.
-
-EL CONDE
-
-Sí.
-
-SENÉN
-
-Y usía no ha visto nada.
-
-EL CONDE
-
-Sí he visto.
-
-SENÉN
-
-Lucrecia no ha querido decir a su padre político la verdad... Ese
-secreto, señor Conde, no lo posee más que un hombre en el mundo, y ese
-hombre soy yo.
-
-EL CONDE
-
-¡Tú!
-
-SENÉN
-
-Yo, que lo oculté, y ahora lo revelo. La hija falsa, la hija espúrea...
-es Dolly.
-
-EL CONDE, ~aterrado~.
-
-¡Oh!... No, no... ¡Tú mientes! ~(Poseído súbitamente de un furor
-trágico.)~ Lacayo vil, tú mientes, y yo... ahora mismo ~(Se arroja
-sobre él, clavándole ambas manos en el cuello)~, ¡te ahogo, rufián!
-~(Forcejean. El Conde, aunque anciano, es mucho más vigoroso que
-Senén; le arroja al suelo, y oprimiéndole con el peso de su cuerpo,
-le acogota.)~ ¡Villano, serpiente!... te mato, te ahogo, te aplasto.
-~(Breve y formidable lucha.)~
-
-SENÉN, ~que al fin, con gran trabajo, logra desasirse del Conde~.
-
-¡Qué furor!... ¡Así paga mi servicio! Tengo pruebas.
-
-EL CONDE
-
-Tus pruebas son falsas.
-
-SENÉN
-
-Ahora lo veremos.
-
-EL CONDE
-
-¡Falsario, traidor! Dolly es mi sangre.
-
-SENÉN, ~trémulo, descompuesto el rostro y el cabello, registrándose los
-bolsillos~.
-
-Aquí, aquí la verdad, señor... Tan verdad, como que hay Dios. ~(Saca un
-paquetito de papeles.)~
-
-EL CONDE
-
-Venga. ~(Arrebata el paquete que muestra Senén, lo deshace, abre un
-pliego, intenta leer aproximándose a la luz.)~ No veo... no veo...
-~(Con desesperación.)~ ¡Dios mío, luz a mis ojos; quiero luz!... Este
-hombre me engaña.
-
-~(Llaman a la puerta. Óyese la voz de Gregoria.)~
-
-SENÉN
-
-Aguarde un poco.
-
-EL CONDE, ~consternado, indeciso~.
-
-No veo... Toma, toma tus papeles... ~(Se los da, y luego los retira.)~
-No... léemelo tú... pero no me engañes.
-
-GREGORIA, ~golpeando la puerta~.
-
-Abrir... Abre, Senén.
-
-EL CONDE
-
-¡Qué importunidad!
-
-SENÉN, ~recogiendo sus papeles de manos del Conde~.
-
-Luego los veremos.
-
-EL CONDE, ~a Gregoria, que sigue llamando~.
-
-¿Qué demonios quieres? ~(Gregoria dice dentro algo que Albrit no
-entiende. Senén aplica su oído a la cerradura.)~
-
-SENÉN
-
-Dice que han traído una carta de la Condesa.
-
-EL CONDE
-
-¿Para mí?... Venga pronto. ~(Abre Senén. Entra Gregoria, y da una carta
-al Conde, que la abre con temblorosa mano.)~ No veo... ~(A Senén,
-dándosela.)~ Léemela tú.
-
-SENÉN, ~leyendo, alumbrado por el farol que trae Gregoria~.
-
-«Señor Conde, por consejo de mi confesor, he autorizado a este para
-revelar a usted la verdad que desea saber.--Lucrecia.»
-
-EL CONDE
-
-¿Dice eso?
-
-GREGORIA, ~examinando la carta~.
-
-Eso dice.
-
-EL CONDE
-
-Basta.
-
-SENÉN
-
-El Prior está en la parroquia.
-
-EL CONDE, ~disparado~.
-
-Corro allá.
-
-
-ESCENA XIII
-
-~Iglesia parroquial de Jerusa, situada al Norte de la villa. Es
-irregular, conjunto inarmónico de nobles vestigios, y de restauraciones
-y enmiendas de fementido gusto. En el costado de Poniente, conserva
-un bello pórtico románico rodeado de poyos de piedra, muy cómodo para
-los que van a esperar la misa, o a ver salir la gente. La puerta, que
-por allí da ingreso a la nave lateral, es gótica, pintada de ocre, y
-sus gastadas esculturas, con las repetidas manos de cal, parecen obra
-de pastelería. En un ángulo del pórtico hay una puertecilla, de arco
-rebajado, que conduce a la sacristía. En diversas partes del edificio
-se ve el escudo de Laín: banda de cuarteles y un águila explayada con
-el lema en el pico: _Decor vinxit_. El interior ofrece escaso interés.~
-
-~Como primera noche de la novena de Nuestra Señora de la Esperanza, hay
-sermón, que predica D. Carmelo, y Manifiesto. Asisten al piadoso acto
-los dos monjes de Zaratán, ocupando los sitiales del presbiterio, en
-que antaño se sentaban los Condes de Laín y señores de Jerusa, y hogaño
-son para las autoridades y personas de viso. Ha querido D. Carmelo
-deslumbrar al Prior, prodigando las luces, con ayuda de las señoras
-piadosas de la villa. Cortinas de terciopelo baratito, ramos de dalias
-y guirnaldas de follaje, completan la vistosa decoración.~
-
-~Prevalece en Jerusa una costumbre que el progreso no ha podido
-destruir, y consiste en que las mujeres usan, para ir a la iglesia,
-unas mantellinas o caperuzas de franela, blancas, en forma de saco
-abierto por un lado, y ribeteado de estambre de color, con una motita
-en el vértice. Este tocado, que ha resistido valiente a las anuales
-acometidas de la moda, es extremadamente gracioso y pintoresco, y
-da a las multitudes un aspecto medieval. Úsanlo también las señoras
-principales, distinguiéndose por la finura de la franela y la mayor
-gala del adorno, comunmente de seda.~
-
-~Sube al púlpito D. Carmelo, y enjareta un sermón pesadito, recamado
-de retóricas de similor, y el indispensable latiguillo de latinajos al
-final de cada período. Óyenlo con gran recogimiento los feligreses, sin
-entender palabra, lo que les aumenta la devoción, que tira un poquito a
-somnolencia.~
-
-~EL CONDE, SENÉN, en la iglesia, fatigados del plantón y del
-kilométrico discurso.~
-
-EL CONDE, ~de mal talante~.
-
-Salgamos; esto es insoportable.
-
-UN HOMBRE DEL PUEBLO, ~abriendo paso al prócer~.
-
-¿Por qué no sube usía a su sitial, en el presbiterio? Por la sacristía
-puede pasar sin apreturas.
-
-EL CONDE
-
-Gracias, amigo... me voy fuera. Se ahoga uno aquí con tanto calor y
-tanta retórica. ~(Salen y esperan. Ambos permanecen silenciosos. El
-Conde da espacio a la ansiedad de su espíritu paseándose.)~
-
-SENÉN. ~(En el camino de la Pardina a la iglesia, le ha contado algo
-de las ocurrencias y zaragata de Verola, sin que el Conde demuestre
-interés alguno.)~
-
-Pues, señor, D. Carmelo lo ha tomado con gana. ¡Vaya una correa de
-sermón que se ha traído!
-
-EL CONDE
-
-Es pesadísimo. Todos estos que comen mucho hablan sin término. El
-chorro de palabras les facilita la digestión... ¡Y no es floja
-contrariedad para mí! ¿Pero esto, Dios mío, no se acaba nunca?... Sin
-duda, Carmelo quiere lucirse con el Prior, y no cae en la cuenta de que
-el pobre fraile estará tan aburrido como nosotros.
-
-~(Pasa tiempo. Como todo tiene fin en este mundo, se acaba el sermón
-carmelino. Óyense modulaciones de órgano, cantos... Media hora más, y
-empieza a salir la gente. Retírase Albrit al ángulo del pórtico, para
-dar paso a la multitud, y en esto sale por la puerta de la sacristía
-Nell, acompañada de Consuelito y de una criada del Alcalde. Lleva la
-niña de Albrit caperuza de franela, que le da aspecto de figura gótica,
-arrancada de las vitelas de un misal antiguo. Su rostro, de hermosas
-líneas, adquiere distinción severa. Caen sobre sus hombros los pliegues
-de la tela con suprema elegancia.~
-
-~Antes que vea Nell a su abuelo, Senén llama la atención de este sobre
-la aparición de la niña. Se estremece Albrit de sorpresa y emoción;
-la busca con su mirada incierta. Nell le ve al fin, y corriendo hacia
-él, le coge las manos y en ellas da sonoros besos. Al aproximarse la
-señorita, Senén se escabulle.)~
-
-
-ESCENA XIV
-
-~EL CONDE, NELL, CONSUELITO~
-
-NELL
-
-Abuelito mío, ¿tú también aquí? ¿Por qué no has pasado? Arriba, junto
-al altar, tienes tu silla.
-
-EL CONDE
-
-¡Nell, qué hermosa estás! Te veo; veo la caperuza blanca...
-
-CONSUELITO, ~oficiosamente~.
-
-Esta es una de las que usó su abuelita Adelaida, Condesa de Albrit. La
-conservo yo como recuerdo histórico.
-
-EL CONDE, ~con arrobamiento~.
-
-Nell, veo tu rostro. Una aureola de nobleza y majestad lo rodea...
-
-NELL, ~sorprendida de la emoción del anciano~.
-
-Albrit... ¿por qué me miras así? ¿Por qué tiemblan tus manos?...
-¿Lloras?
-
-EL CONDE. ~(Siente hondamente removida su alma. En ella entra una ola
-impetuosa. Es el convencimiento de que tiene entre sus manos las de la
-legítima sucesora de Laín y de Albrit.)~
-
-Hija mía, tu presencia me causa tanto regocijo como orgullo. Te
-reconozco. Eres mi descendencia, la continuidad gloriosa de mi sangre.
-¡Rama florida de Arista-Potestad, Dios te bendiga!
-
-NELL, ~apenada, atribuyendo las palabras del anciano a desconcierto de
-su razón~.
-
-Abuelo querido, ¿por qué has venido tan solo?
-
-CONSUELITO, ~radiante de oficiosidad~.
-
-¿Pero no hay en la Pardina quien le acompañe?
-
-EL CONDE
-
-Mejor estoy solo. Y tu hermana, ¿cómo no ha venido contigo?
-
-NELL
-
-Mamá me ha mandado a la iglesia, encargándome que rece por ella y por
-ti.
-
-EL CONDE
-
-Y harás bien en rezar... por ella más que por mí.
-
-NELL
-
-No ha querido que venga Dolly, porque está un poco mañosa.
-
-CONSUELITO, ~que rabia por hablar~.
-
-Como que fue preciso traerla a la fuerza de la Pardina.
-
-NELL
-
-La pobrecita quería estar más tiempo contigo. Mañana iremos las dos a
-verte.
-
-EL CONDE, ~muy agitado~.
-
-No vayáis, no vayáis, porque no me encontraréis.
-
-NELL
-
-¿Pues a dónde te vas?
-
-EL CONDE, ~velada la voz por la emoción~.
-
-Sucesora de Albrit, futura Marquesa de Breda... ya sé... ya lo sé...
-sigue tu camino lleno de luz, y déjame en el mío tenebroso.
-
-NELL, ~confusa~.
-
-Papaíto, ¿qué razón hay para tanta tristeza? ¡Si te queremos lo mismo!
-Yo te aseguro que vendremos a verte, y que nos enfadaremos con mamá si
-no nos trae.
-
-EL CONDE
-
-No os traerá... ¿Y para qué? ¿Qué soy yo? Un despojo miserable... El
-viejo tronco muere; pero quedas tú, gallardísimo árbol nuevo, que
-perpetuará mi nombre y mi raza.
-
-NELL, ~con mayor ternura~.
-
-Abuelo mío, si tanto me quieres, ¿por qué no haces lo que yo digo, lo
-que yo te mando? Eres un niño, y los que te aman deben... no digo
-mandarte... eso no... dirigirte. ¿Me permites que te dirija?
-
-EL CONDE
-
-Marquesa de Breda, tú mandas.
-
-NELL, ~envaneciéndose~.
-
-Pues si alguna autoridad tengo sobre ti, oye lo que te digo, y hazlo,
-hazlo por Dios... Acepta el recogimiento de Zaratán.
-
-EL CONDE, ~lastimado en lo más vivo~.
-
-Adiós, Nell... Vete con tu madre.
-
-NELL
-
-En Zaratán estarás muy bien.
-
-CONSUELITO, ~metiendo su cucharada~.
-
-Como un príncipe, como un emperador.
-
-NELL
-
-Vendremos a verte.
-
-EL CONDE
-
-Adiós, Nell... ~(Se retira tambaleándose.)~ ¿El Prior dónde está?
-
-NELL, ~gozosa, creyendo que su abuelo busca al Prior para tratar con él
-de su retiro en Zaratán~.
-
-En la sacristía... Por aquí.
-
-CONSUELITO, ~cogiendo a Nell de la mano y llevándosela~.
-
-Niña, vámonos... Ya le has dicho lo que debías decirle. ¡Pobre anciano!
-Es, en verdad, un niño... demente.
-
-NELL
-
-¡Qué pena, Dios mío!... ~(Llamándole.)~ ¡Abuelo, abuelo!...
-
-CONSUELITO
-
-Déjale ya... El león arrogante y fiero entra en la sacristía. No dudes
-que nuestro buen Prior le armará una bonita trampa... Verás, verás cómo
-cae... ~(Confundidas entre la multitud, se alejan de la parroquia.)~
-
-EL CONDE, ~que, tentando la pared, logra coger la puerta, y se
-precipita en las salas que conducen a la sacristía.~
-
-¡Horrible, horrible! Ni siquiera ha manifestado el deseo de vivir en
-mi compañía... Ni siquiera me ha dicho, como su madre: «Vente con
-nosotras.» Lo que quiere es encerrarme... Esto es dar con el pie al
-ser inútil, al ser caído, que estorba... La duda, oh Dios, me asalta
-otra vez; la duda sopla otra vez en mi alma como huracán, y de las
-pavesas que se iban apagando, levanta llamaradas... No, no es esta la
-legítima, no puede serlo. Todos me engañan... Nell no tiene corazón;
-su frialdad desdeñosa desmiente la noble sangre. No es, no es...
-~(Gritando.)~ ¡Padre Maroto! ¡Prior de Zaratán! ~(Tropezando, se abre
-camino. Un monaguillo le conduce. El Prior sale a su encuentro. Cambian
-algunas palabras. Para hablar a solas, se encierran en el camarín de la
-Virgen.)~
-
-~En la confusión del gentío que se retira, Senén busca al Conde dentro
-y fuera de la iglesia. Sospechando que estará en la Rectoral, corre
-hacia ella por un atajo. En la obscuridad se desvía; encuéntrase con un
-seto que le corta el camino; creyendo abreviar saltándolo, sube a unas
-piedras, pega un brinco, y cae en un montón de estiércol.~
-
-
-ESCENA XV
-
-~Calle del _Buen Conde_, que conduce de la iglesia a la subida del
-_Calvario_.~
-
-~EL CONDE, que anda como un ebrio, tropezando en el desigual piso; UN
-HOMBRE DEL PUEBLO, LA MARQUEZA.~
-
-EL CONDE, ~viendo venir un bulto~.
-
-Buen hombre, ¿por dónde se va al infierno?
-
-EL HOMBRE DEL PUEBLO, ~que no conoce al Conde~.
-
-¿Tabernas? Por aquí no las hay. ~(Sigue su camino.)~
-
-EL CONDE
-
-¿No hay un rayo del cielo que me haga ceniza? Nell es la verdadera; la
-falsa es Dolly, Dolly, ¡la que me quiere más! ¡Vanidades del mundo,
-grandezas del honor, con qué mueca tan horrible me miráis! ~(Parándose
-ante un machón de pared que permanece vertical entre montones de
-ruinas.)~ ¿Quién va? ¿Eres tú, Senén? Lo que me dijiste es verdad. Tu
-revelación traidora resulta verdadera. Es verdad. Maroto no miente.
-¿Ves qué burla?... Mis ideas me persiguen, no ya como águilas voraces,
-que quieren picotearme el cerebro, sino como cotorras charlatanas, que
-con su graznido, semejante al habla de hombres afeminados, se mofan
-de mí... ¡Maldito rufián, déjame! Eres una babosa perfumada... hueles
-horriblemente... y tu contacto da frío. No me toques.
-
-~(Avanza; pasa junto al último farol de Jerusa por aquella parte: sube
-por el sendero que conduce al Calvario. En dirección contraria viene
-una mujer del pueblo, corpulenta y descarnada, que no es otra que la
-anciana Sibila a quien llaman la Marqueza. Lleva una cesta al brazo.)~
-
-LA MARQUEZA, ~parándose y reconociéndole~.
-
-¡Señor, mi Conde, por aquí solito a estas horas!
-
-EL CONDE
-
-¿Quién eres? Soy Albrit, el último Albrit de la línea masculina. ¿Tú,
-quién eres? ~(La anciana se nombra.)~ ¡Ah! la Marqueza... Sibila de
-Jerusa, aquí me tienes. Ya no dudo: luego no existo... Esto que ves
-en mí, no es la persona de Arista-Potestad: es su esqueleto. No te
-asustes: los esqueletos no hacen daño. Asustan por el chocar de huesos,
-por el mirar burlón de sus ojos vacíos... pero nada más.
-
-LA MARQUEZA
-
-Señor, ¿qué le pasa? ¿Qué disparates dice? Voy a la Pardina con esta
-cesta de caracoles que me ha encargado el Sr. Venancio. ¿Quiere algo
-para allá? ¿Por qué no se viene conmigo?
-
-EL CONDE
-
-¿Yo a la Pardina?... ¿Has visto a las niñas de Albrit? ¡Qué feas
-son!... repugnantes como gusanos venenosos. La legítima no me quiere:
-me manda al manicomio. Dolly, que me ama, no es mi nieta. Es hija de
-un pintor vicioso y grosero... linaje de contrabandistas en el Alto
-Aragón. ~(Riendo sarcásticamente.)~ Dime, Sibila, ¿dónde está el hoyo
-más hondo de basura y lodo para meterme, y hacer en él mi cama eterna?
-Como escarabajo, allí labraré la nueva casa de Albrit, toda inmundicia.
-
-LA MARQUEZA
-
-Buen señor, no piense cosas malas.
-
-EL CONDE
-
-Vete, déjame. Si ves a Venancio, le dices que me arrodillo ante su
-radiante imbecilidad... Adiós, Sibila, adiós.
-
-~(Se aleja dando tumbos. La anciana sigue su camino.)~
-
-
-ESCENA XVI
-
-~Calvario de Santorojo. Tres cruces en un altozano.~
-
-~EL CONDE, D. PÍO.~
-
-D. PÍO, ~viéndole subir~.
-
-Albrit, hijo mío, ¿qué horas son estas de venir? Ya me cansaba de
-esperarte... digo, de esperar a usía.
-
-EL CONDE
-
-¿Quién me llama? Eres tú, excelso Coronado, mi amigo del alma. Gran
-filósofo, dame la mano: no puedo ya con mis huesos, que pesan como
-barras de plomo.
-
-D. PÍO, ~dándole el brazo~.
-
-Subamos un poco más, y nos sentaremos en la grada de las tres cruces.
-¿Qué tal? Yo vengo decidido... Como tenía mucha hambre, me he traído
-estos pedazos de pan.
-
-EL CONDE
-
-Dame un poco. También yo estoy desfallecido, hijo. Es cosa poco
-higiénica matarse con hambre.
-
-D. PÍO
-
-Claro, tomando algún alimento, podemos aguardar hasta la madrugada,
-hora la más propicia...
-
-EL CONDE
-
-Te arrojo a ti, y después yo.
-
-D. PÍO
-
-No, usía no; no lo consiento. Me sublevo; no hay trato.
-
-EL CONDE, ~comiendo pan~.
-
-Bueno; pues juntos, en amor y compaña.
-
-D. PÍO, ~muy apurado~.
-
-Usía no. Mire que aviso, y vienen los celadores. Arrójeme a mí, según
-lo tratado, y váyase usía tranquilo a su casa.
-
-EL CONDE
-
-¿Sabes que es amargo tu pan?
-
-D. PÍO, ~suspirando~.
-
-Lo que amarga es la boca.
-
-EL CONDE
-
-Soy todo amargura, y más desgraciado que tú. ¿Sabes una cosa? Mis
-nietas, que yo adoraba, se diferencian poco de tus hijas. Con buenas
-palabras, Nell me ha arañado el rostro. Espinas de rosas rasguñan
-lo mismo que espinas de zarza... Y con todo, Nell es mi legítima
-descendencia: lo sé por testimonio irrecusable. Dolly, que me ama, no
-es mi descendencia; es una intrusa, la cría infame de la traición, que
-con fraude se introdujo en mi casa, y se escondió entre los brocados de
-Albrit.
-
-D. PÍO, ~asustado~.
-
-Señor, mire lo que habla.
-
-EL CONDE
-
-Y yo quiero que me digas... antes de caer al abismo, lanzado por mí...
-quiero que me digas, gran filósofo: ¿qué piensas tú del honor?
-
-D. PÍO, ~lleno de confusiones~.
-
-El honor... pues el honor... Yo entendía que el honor era... algo así
-como las condecoraciones... Se dice también _honores fúnebres, el honor
-nacional, el campo del honor_... En fin, no sé lo que es.
-
-EL CONDE
-
-Hablo del honor de las familias, la pureza de las razas, el lustre de
-los nombres... Yo he llegado a creer esta noche... y te lo digo con
-toda franqueza... que si del honor pudiéramos hacer cosa material,
-sería muy bueno para abonar las tierras.
-
-D. PÍO
-
-Y criar la hermosa lechuga y el rico tomate. Para semilleros, he oído
-que no hay nada como la gallinaza y palomina.
-
-EL CONDE
-
-Y para la hortaliza social, para este mundo de ahora, nacido sobre
-acarreos, la mejor substancia es la ignominia, la impureza y mezcolanza
-de sangres nobles y sangres viles... Quedamos en que tú no aciertas
-a decirme lo que es el honor, ni te has encontrado nunca esa alimaña
-en tus excursiones filosóficas.
-
-~(Se sientan al pie de las cruces. La noche está plácida, y la luna, en
-creciente avanzado, platea el cielo y la mar, y baña en dulce claridad
-la tierra.)~
-
-D. PÍO, ~aguzando el entendimiento~.
-
-Pues el honor... Si no es la virtud, el amor al prójimo, y el no querer
-mal a nadie, ni a nuestros enemigos, juro por las barbas de Júpiter que
-no sé lo que es.
-
-EL CONDE, ~con triste sonrisa~.
-
-Ya sales con tu Mitología... Por cierto que en la fábula mitológica no
-figura para nada el honor: los dioses hacían el amor a las hijas del
-pueblo, así como las diosas se enamoriscaban de cualquier pastor de
-cabras.
-
-D. PÍO
-
-Como que no había más aristocracia que la hermosura.
-
-EL CONDE
-
-Pues mira, sería bueno que ahora, después de bien estrellados y
-deshechos contra las rocas, nos convirtiéramos tú y yo en dioses o
-semidioses mitológicos.
-
-D. PÍO
-
-Aunque fuera cuartos de dioses. Nos pondrían en el séquito de Neptuno.
-~(Un escalofrío mortal atraviesa todo su cuerpo, y lo estremece desde
-la nuca al tobillo.)~ ¡Abuelo, qué fría estará la mar!...
-
-EL CONDE
-
-Mejor. Así, fresquitos y bien desmenuzados, seremos más del gusto de
-los peces.
-
-D. PÍO, ~sintiendo un intenso pavor~.
-
-Es horrible... ¿Y qué hace uno en el estómago del pez?
-
-EL CONDE, ~con lúgubre humorismo~.
-
-Lo que haría probablemente Jonás en el vientre de la ballena:
-aburrirse... Porque no se dice que llevara periódicos que leer, ni
-baraja para hacer solitarios.
-
-D. PÍO, ~dando diente con diente~.
-
-Yo me figuro que cuando llegue a lo hondo del cantil, ya no estaré
-vivo... Y así es mejor, Albrit. No le gusta a uno padecer, ni aun en
-el momento crítico de poner fin a sus padecimientos... Esperemos a la
-madrugada, hora en que no pasa por aquí alma viviente. Hasta media
-noche, hay el peligro de que algún pescador rezagado pase, nos vea, y
-nos denuncie... ~(Descubriendo un bulto lejano.)~ ¡Ah! por allí viene
-alguien.
-
-EL CONDE
-
-Será un vagabundo... quizás un animal; que en las noches claras, como
-en días de brillante sol, suelen confundirse los cuadrúpedos con las
-personas.
-
-D. PÍO, ~observando atentamente~.
-
-Es una mujer.
-
-~(Pausa. En el silencio grave de la noche, suena como vibración intensa
-de la atmósfera la voz de Dolly gritando: _¡Abuelo!_)~
-
-
-ESCENA ÚLTIMA
-
-~EL CONDE, D. PÍO, DOLLY~
-
-EL CONDE, ~despavorido, agarrándose a D. Pío~.
-
-¡La voz de Dolly!... ¡Será una racha de viento!... Dios mío, ¡qué
-extraña sensación!
-
-D. PÍO
-
-Pues, sí, me parece que es Dolly. ~(Poniéndose en pie y llamando.)~
-Niña, estamos aquí.
-
-EL CONDE
-
-¡Dolly! ¿Pero qué...? ¿Se abre la tierra y me traga?
-
-DOLLY, ~andando hacia las cruces, sin correr, porque cojea un poco,
-como si le doliera un pie~.
-
-¡Abuelito querido... lo que me ha costado encontrarte! ¿Sabes? Me
-escapé de casa. Corrí a la Pardina, y en la puerta me encontré a la
-Marqueza con una cesta de caracoles, y me dijo que te había visto
-subir hacia el Calvario. ~(Acercándose.)~ ¿Pero qué haces? ¿Vuelves la
-cara? ~(El Conde se agarra tan fuertemente a D. Pío, que parece querer
-estrujarle.)~
-
-D. PÍO
-
-Cuenta, niña... Hemos oído mal. ¿Dices que te escapaste?
-
-DOLLY
-
-Tuve que saltar por la verja... Me lastimé un pie... A Monedero se le
-antojó ponerme presa en su despacho, porque dije a mamá que a todo
-trance quiero quedarme en Jerusa con el abuelo, y vivir siempre con
-él... ¡Ay, lo que he corrido!
-
-EL CONDE, ~con estupor terrorífico~.
-
-Veo la ignominia, veo la sublimidad, no sé lo que veo... ¿Se hunde el
-cielo, se acaba el mundo, o qué pasa aquí?
-
-DOLLY, ~acongojada~.
-
-Papaíto, ¿por qué no miras a tu Dolly?... ¿Qué dices?... ¿Ya no quieres
-a tu Dolly?
-
-EL CONDE, ~desconcertado~.
-
-Eres mi oprobio... Dolly... ¿por qué me amas?
-
-DOLLY
-
-¡Vaya una pregunta! ~(Acariciándole.)~ Ya te dije esta mañana en la
-Pardina que tu Dolly no se separará nunca de ti... A donde tú vayas,
-voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero compartir tu pobreza,
-cuidarte, ser la hijita de tu alma.
-
-EL CONDE, ~con grandísima agitación~.
-
-¡Oh, Dolly, Dolly!...
-
-DOLLY
-
-¿Qué tienes?...
-
-EL CONDE
-
-Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo, y
-se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no cabe...
-
-DOLLY
-
-Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita
-coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo.
-~(Le abraza y le besa.)~
-
-EL CONDE, ~alelado~.
-
-Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero pisotea
-el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido.
-
-DOLLY
-
-Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a
-donde quiera que vayas...
-
-EL CONDE, ~vivamente~.
-
-Si no te llevo, ¿qué?
-
-DOLLY
-
-Me moriré de pena.
-
-EL CONDE, ~elevando hacia el cielo las palmas de sus manos~.
-
-Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre debo
-dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?... Del
-seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que de nada
-valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser humano.
-Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es lo que
-permanece... El ánima no se oxida.
-
-D. PÍO, ~con hermosa ingenuidad~.
-
-Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor?
-¿En dónde está la verdad?
-
-EL CONDE, ~abrazando a Dolly~.
-
-Aquí... ~(Como quien vuelve de un desvanecimiento.)~ Dime, amigo
-Coronado, ¿he dicho muchos disparates? Porque siento que vuelve a mí la
-razón. Esta chiquilla, trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo,
-trepidando, recobro mi equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella
-sola me ama, y consagra a este pobre viejo su florida juventud.
-
-DOLLY, ~besándole~.
-
-Albrit, ¿quién te quiere?
-
-EL CONDE
-
-Tú sola.
-
-DOLLY
-
-No te llamaré Albrit, sino _Abuelo_.
-
-EL CONDE
-
-Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el sentido
-que quieras.
-
-D. PÍO, ~con unción~.
-
-Dios es el abuelo de todas las criaturas.
-
-EL CONDE
-
-Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo
-barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a
-escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás?
-
-D. PÍO, ~sollozando~.
-
-Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie me
-ha querido. Lo juro por la laguna Estigia.
-
-EL CONDE
-
-¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... ~(Con resolución,
-incorporándose.)~ Vámonos.
-
-D. PÍO
-
-¿A dónde?
-
-EL CONDE
-
-A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son pobres;
-pero a Dolly no le importa la pobreza.
-
-DOLLY
-
-Con mi cariño te haré yo rico.
-
-EL CONDE, ~con ardiente júbilo~.
-
-Coronado, ¿has oído esto?
-
-D. PÍO
-
-Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos.
-Ahora hablan.
-
-EL CONDE
-
-Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la amistad.
-Ven, síguenos.
-
-D. PÍO. ~señalando el cantil~.
-
-Pero...
-
-EL CONDE
-
-Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que me
-tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos.
-
-D. PÍO
-
-Escondámonos en cualquier aldea.
-
-EL CONDE
-
-Dios nos protege. ~(A Dolly.)~ ¿Está cojito mi ángel? Ven a mis brazos.
-Pesas poco, y yo aún tengo vigor para cargarte. ~(La toma en brazos.)~
-Vámonos primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas.
-
-~Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de los senderos y atajos,
-va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no cansar al abuelo, se
-desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen en las lomas que
-separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la aldea de este nombre
-y en una pobre casa de labor, les da generosa y cordial hospitalidad un
-matrimonio dedicado a la cría de carneros y vacas; gente sencilla; un
-par de viejos honradísimos y joviales, que allí habían nacido, y allí
-moraban desde tiempo inmemorial; restos nobilísimos, olvidados ya, del
-poderoso Estado de Laín. Amanece.~
-
-~Al filo del mediodía, llega la pareja de la Guardia civil con una
-carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice así: «_Señor Conde, puesto que
-usted quiere a Dolly, y Dolly le quiere, doy mi consentimiento para
-que viva en su compañía, por sus días. Y que estos sean muchos desea
-ardientemente su hija_--LUCRECIA.»~
-
-D. PÍO, ~entre helechos, filosofando~.
-
-¿El mal... es el bien?
-
-
-FIN DE LA NOVELA
-
-
-Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de 1897.
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Págs.
-
- Prefacio V
-
- Dramatis Personæ 2
-
- JORNADA PRIMERA
-
- Escena primera 3
- Escena II 13
- Escena III 29
- Escena IV 40
- Escena V 44
- Escena VI 56
- Escena VII 57
- Escena VIII 59
- Escena IX 64
- Escena X 68
- Escena XI 70
- Escena XII 74
-
- JORNADA SEGUNDA
-
- Escena primera 81
- Escena II 83
- Escena III 90
- Escena IV 95
- Escena V 118
- Escena VI 140
-
- JORNADA TERCERA
-
- Escena primera 145
- Escena II 158
- Escena III 163
- Escena IV 169
- Escena V 179
- Escena VI 183
- Escena VII 186
- Escena VIII 192
- Escena IX 215
- Escena X 225
- Escena XI 227
- Escena XII 243
- Escena XIII 247
-
- JORNADA CUARTA
-
- Escena primera 251
- Escena II 254
- Escena III 260
- Escena IV 267
- Escena V 270
- Escena VI 275
- Escena VII 280
- Escena VIII 281
- Escena IX 290
- Escena X 294
- Escena XI 299
- Escena XII 302
- Escena XIII 320
- Escena XIV 325
- Escena XV 332
-
- JORNADA QUINTA
-
- Escena primera 341
- Escena II 347
- Escena III 351
- Escena IV 355
- Escena V 365
- Escena VI 370
- Escena VII 374
- Escena VIII 376
- Escena IX 387
- Escena X 389
- Escena XI 394
- Escena XII 397
- Escena XIII 402
- Escena XIV 405
- Escena XV 410
- Escena XVI 412
- Escena última 417
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO ***
-
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-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
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-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
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-www.gutenberg.org
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
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-
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-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
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-
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-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without
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-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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-
-<body class="formato">
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of El abuelo, by Benito Pérez Galdós</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: El abuelo</p>
-<p style='display:block; margin-top:0; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:0;'>Novela en cinco jornadas</p>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Benito Pérez Galdós</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: October 7, 2021 [eBook #66488]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
-
- <li>Se ha añadido un <a href="#ToC">Índice</a> al final del libro pese a que el original
- impreso no lo incluye.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
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-</div>
-
-
-<div class="tit pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p>
- <h1 class="g1 ws1">EL ABUELO</h1>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <div class="legal">
- <p><span class="pagenum" id="Page_ii">p. ii</span>Es propiedad. Queda
- hecho el depósito que marca la ley. Serán furtivos los ejemplares
- que no lleven el sello del autor.</p>
- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <p class="ws1">NOVELAS ESPAÑOLAS CONTEMPORÁNEAS</p>
- <p class="fs60 mt05">POR</p>
- <p class="fs120 ws1">B. PÉREZ GALDÓS</p>
- <hr class="fil" />
-
- <p class="fs300 mt1">EL ABUELO</p>
- <p class="fs75 ws1 mt15">(NOVELA EN CINCO JORNADAS)</p>
-
- <div class="figcenter mt3">
- <img src="images/logo.jpg"
- style="width: 5em; height: auto;"
- alt="Logotipo del editor" />
- </div>
-
- <p class="lh150 g0 mt3">MADRID</p>
- <p class="fs75 lh150 ws1">EST. TIP. DE LA VIUDA E HIJOS DE TELLO</p>
- <p class="smaller lh150 asc ws1">IMPRESOR DE CÁMARA DE S. M.</p>
- <p class="fs80 lh150">C. de San Francisco, 4</p>
- <p class="lh150 g0">1897</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="section pt6" id="Ch01">
-<p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span>A los lectores que con
-tanta indulgencia como constancia me favorecen, debo manifestarles que
-en la composición de <span class="smcap">El Abuelo</span> he querido
-halagar mi gusto y el de ellos, dando el mayor desarrollo posible,
-por esta vez, al procedimiento dialogal, y contrayendo a proporciones
-mínimas las formas descriptiva y narrativa. Creerán, sin duda, como
-yo, que en esto de las formas artísticas o literarias <i>todo el
-monte es orégano</i>, y que solo debemos poner mal ceño a lo que
-resultare necio, inútil o fastidioso. Claro es que si de los pecados de
-tontería o vulgaridad fuese yo, en esta o en otra ocasión, culpable,
-sufriría resignado el desdén de los que me leen; pero al maldecir mi
-inhabilidad, no creería que el camino es malo, sino que yo no sé andar
-por él.</p>
-</div>
-
-<p>El sistema dialogal, adoptado ya en <i>Realidad</i>, nos da la
-forja expedita y concreta de los caracteres. Estos se hacen, se
-componen, imitan más fácilmente, digámoslo así, a los seres vivos,
-cuando manifiestan su contextura moral con su propia palabra, y con
-ella, como en la vida, nos dan el relieve más o menos hondo y firme
-de sus acciones. La palabra del<span class="pagenum" id="Page_vi">p.
-vi</span> autor, narrando y describiendo, no tiene, en términos
-generales, tanta eficacia, ni da tan directamente la impresión
-de la verdad espiritual. Siempre es una referencia, algo como la
-<i>Historia</i>, que nos cuenta los acontecimientos y nos traza
-retratos y escenas. Con la virtud misteriosa del diálogo parece
-que vemos y oímos sin mediación extraña el suceso y sus actores, y
-nos olvidamos más fácilmente del artista oculto que nos ofrece una
-ingeniosa imitación de la naturaleza. Por más que se diga, el artista
-podrá estar más o menos oculto; pero no desaparece nunca, ni acaban de
-esconderle los bastidores del retablo, por bien construidos que estén.
-La impersonalidad del autor, preconizada hoy por algunos como sistema
-artístico, no es más que un vano emblema de banderas literarias, que si
-ondean triunfantes, es por la vigorosa personalidad de los capitanes
-que en su mano las llevan.</p>
-
-<p>El que compone un asunto y le da vida poética, así en la Novela
-como en el Teatro, está presente siempre: presente en los arrebatos
-de la lírica, presente en el relato de pasión o de análisis, presente
-en el Teatro mismo. Su espíritu es el fundente indispensable para que
-puedan entrar en el molde artístico los seres imaginados que remedan el
-palpitar de la vida.</p>
-
-<p>Aunque por su estructura y por la división en jornadas y escenas
-parece <span class="smcap">El Abuelo</span> obra teatral, no he
-vacilado en llamarla novela, sin dar a las denominaciones un valor
-absoluto, que en esto, como en todo lo que pertenece al reino
-infinito del arte, lo más prudente es huir de los encasillados,
-y de las clasificaciones<span class="pagenum" id="Page_vii">p.
-vii</span> catalogales de géneros y formas. En toda novela en que los
-personajes hablan, late una obra dramática. El Teatro no es más que
-la condensación y acopladura de todo aquello que en la Novela moderna
-constituye acciones y caracteres.</p>
-
-<p>El arte escénico, propiamente dicho, ha venido a encerrarse en
-nuestra época (por extravíos o cansancios del público, y aun por
-razones sociales y económicas que darían materia para un largo estudio)
-dentro de un módulo tan estrecho y pobre, que las obras capitales
-de los grandes dramáticos nos parecen <i>novelas habladas</i>.
-Saltando de nuestras pequeñeces a los grandes ejemplos, pregunto:
-el <i>Ricardo III</i> de Shakespeare, colosal cuadro de la vida y
-las pasiones humanas, ¿puede ser hoy considerado como obra teatral
-<i>práctica</i>? Hace un siglo lo representaba Garrick íntegramente, y
-existía un público capaz de entenderlo, de sentirlo, y de asimilarse
-su intensísima savia poética. Hoy aquella y otras obras inmortales
-pertenecen al teatro ideal, leído, sin <i>ejecución</i>; arte que
-por la muchedumbre y variedad de sus inflexiones, por su intensidad
-pasional, en un grado que no resiste lo que llamamos público (mil
-señoras y mil caballeros sentaditos en una sala), difícilmente admite
-intermediario entre el ingenio creador y el ingenio leyente, que ambos
-creo han de ser ingenios para que resulte la emoción y el gusto fino de
-la belleza.</p>
-
-<p>Que me diga también el que lo sepa si la <i>Celestina</i> es novela
-o drama. <i>Tragicomedia</i> la llamó su autor; <i>drama de lectura</i>
-es realmente, y, sin duda, la más grande y bella de las novelas
-habladas. Resulta<span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span>
-que los nombres existentes nada significan, y en literatura la variedad
-de formas se sobrepondrá siempre a las nomenclaturas que hacen a su
-capricho los retóricos. Solo tengo que decir ya a mis buenos amigos,
-que sin cuidarse de <i>cómo se llama</i> esta obra, humilde ensayo de
-una forma que creo muy apropiada a nuestra época, tan gustosa de lo
-sintético y ejecutivo, la acojan con benevolencia.</p>
-
-<p class="firma ws1 mt2">B. P. G.</p>
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <p class="centra fs140 ws1">EL ABUELO</p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch02">
- <p><span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span></p>
- <h2 class="nobreak">DRAMATIS PERSONÆ</h2>
-</div>
-
-<ul class="elenco">
- <li>D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE ALBRIT, SEÑOR DE JERUSA Y
- DE POLAN, etc., abuelo de</li>
- <li>LEONOR (NELL), y</li>
- <li>DOROTEA (DOLLY).</li>
- <li>LUCRECIA, CONDESA DE LAÍN, madre de Nell y Dolly, y nuera del Conde.</li>
- <li>SENÉN, criado que fue de la casa de Laín; después, empleado.</li>
- <li>VENANCIO, antiguo colono de la Pardina; actualmente propietario.</li>
- <li>GREGORIA, su mujer.</li>
- <li>EL CURA DE JERUSA (D. Carmelo).</li>
- <li>EL MÉDICO (D. Salvador Angulo).</li>
- <li>EL ALCALDE (D. José M. Monedero).</li>
- <li>LA ALCALDESA (Vicenta).</li>
- <li>D. PÍO CORONADO, preceptor de las niñas Nell y Dolly.</li>
- <li>CONSUELO, viuda rica, chismosa.</li>
- <li>LA MARQUEZA, viuda campesina, pobre.</li>
- <li>EL PRIOR DE LOS JERÓNIMOS (Padre Maroto).</li>
-</ul>
-
-<hr class="sep" />
-
-<p class="acotj">La acción se supone en la villa de <i>Jerusa</i> y sus
-alrededores; las principales escenas en la <i>Pardina</i>, granja que
-perteneció a los Estados de Laín. Careciendo esta obra de colorido
-local, no tienen determinación geográfica el país ni el mar que lo
-baña. Todos los nombres de pueblos y lugares son imaginarios. Época
-contemporánea.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <h2 class="nobreak">JORNADA PRIMERA</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h3>ESCENA PRIMERA</h3>
-
-<p class="acotj">Terraza en la <i>Pardina</i>. A la derecha, la casa;
-al fondo, frondosa arboleda de frutales; a lo lejos, el mar.</p>
-
-<p class="acotj mt1">GREGORIA, junto a una mesa de piedra, desgranando
-judías en la falda; VENANCIO, que viene por la huerta y se entretiene
-con un criado, observando los frutales. En la mesa una cesta de
-hortalizas.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Eh... Venancio!... Que estoy aquí.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Voy... Más de cincuenta <i>duquesas</i> se han caído con el ventoleo
-de anoche.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Anda con Dios!... Deja las peras, y ven a contarme... ¿Es verdad
-que...?</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Entra <i>Venancio</i>, respirando fuerte, y
-limpiándose el sudor de la cabeza, trasquilada al rape. Gregoria espera
-impaciente la respuesta.</p>
-
-<p class="acotj">Son marido y mujer, de más de cincuenta años, ambos
-regordetes y de talla corta, de cariz saludable, coloración<span
-class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> sanguínea y mirar inexpresivo.
-Pertenecen a la clase ordinaria, que ha sabido ganar con paciencia,
-sordidez y astucia una holgada posición, y descansa en la indiferencia
-pasional, y en la santa ignorancia de los grandes problemas de la vida.
-El rostro de ella es como una manzana, y el de él como pera, de las
-de piel empañada y pecosa. No tienen hijos, y cansados de desearlos
-principian a alegrarse de que no hayan querido nacer. Se aman por
-rutina, y apenas se dan cuenta de su felicidad, que es un bienestar
-amasado en la sosería metódica y sin accidentes. Gruñen a veces, y
-rezongan por contrariedades menudas que alteran la normalidad de reloj
-de sus plácidas existencias. En edad madura viven donde han nacido,
-y son propietarios donde fueron colonos. Su única ambición es vivir,
-seguir viviendo, sin que ninguna piedrecilla estorbe el manso correr
-de la onda vital. El hoy es para ellos la serie de actos que tiene por
-objeto producir un mañana enteramente igual al ayer. Visten el traje
-corriente y general, así en pueblos como en ciudades, muy apañaditos,
-limpios, modestos. Gregoria es hacendosa, guisandera excelente,
-tocada del fanatismo económico, lo mismo que su marido. Este entiende
-de labranza y horticultura, de caza y pesca, de algunas industrias
-agrícolas, y no es lerdo en jurisprudencia hipotecaria, ni en todo lo
-tocante a propiedad, arrendamientos, servidumbres, etc. Para entrambos
-la Naturaleza es una contratista puntual, y una despensera honrada,
-como ellos prosaica, avarienta, guardadora.)</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¡Brrr...!</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Pero, hombre, sácame de dudas. ¿Es cierto lo que han dicho?
-¿Tendremos tarasca?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Sí. ¿Has visto tú alguna vez que falle una mala noticia?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">suspensa</span>.</p>
-
-<p>¿Y cuándo llega la señora Condesa?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Hoy... Pero no te apures: se alojará en casa del señor Alcalde.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Menos mal. <span class="acoti">(Volviendo a desgranar.)</span> Pues
-otra... Si llega también el señor Conde, se juntarán aquí el agua y el
-fuego.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Se pelearán, hoy como ayer... Suegro y nuera rabian de verse juntos.
-Si no quedaran de uno y otro más que los rabos, ¡qué alegría!... Por
-supuesto, al señor Conde habremos de alojarle.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Qué duda tiene? No faltaba más... Yo digo: ¿vienen y se topan
-aquí por casualidad... o es que se dan cita para tratar de asuntos
-de la casa?... porque de resultas de la muerte del Condesito habrá
-enredos...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Yo que sé? La Condesa Lucrecia vendrá, como siempre, a dar un
-vistazo a sus hijas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Y a pagarnos la anualidad vencida por el cuidado, manutención
-y servicio de las dos señoritas que puso a nuestro cargo... ¡Ah,
-ruin pécora...! Las tiene en este destierro para poder zancajear y
-divertirse sola por esos Parises y esas Ingalaterras de Dios... o del
-diablo... ¡Tunanta! Lo que yo te digo, Venancio: comprendo que su
-suegro, el señor Conde de Albrit, que es el primer caballero de España,
-¡y que lo digan! le tenga tan mala voluntad a esa condenada extranjera,
-de quien se enamoró como un tontaina su hijo (que esté en gloria)... Lo
-que no me cabe en la cabeza es que parezca por aquí, si sabe que ha de
-hocicar con ella... O será que lo ignora... ¿Qué piensas, hombre?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">revolviendo en la cesta de
-hortalizas</span>.</p>
-
-<p>Pronto hemos de ver si vienen a posta los dos, o si la casualidad
-les hace empalmar en Jerusa... ¡Y que no traerán ella y él las uñas
-bien afiladas!... Créetelo... hemos de ver por tierra mechones de
-barbas blancas o de pelos rubios, y tiras de pellejo... porque si el
-Conde D. Rodrigo quiere a su hija política como a un dolor de muelas,
-ella en la misma moneda le paga.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Yo digo lo que tú: el pobre D. Rodrigo viene a que le demos de
-comer.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Así lo pensé cuando supe su viaje.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Es cosa averiguada que no ha traído de América el polvo amarillo que
-fue a buscar.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Ha traído el día y la noche. Cuando embarcó para allá, había
-desperdigado toda su fortuna... Esperaba recoger otra, que le ofreció
-el Gobierno del Perú por las minas de oro que allá tuvo su abuelo, el
-que fue Virrey... Pero no le dieron más que sofoquinas, y ha vuelto
-pobre como las ratas, enfermo y casi ciego, sin más cargamento que el
-de los años, que ya pasan de los setenta... Luego, se le muere el hijo,
-en quien adoraba...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Infeliz señor!... Venancio, tenemos que ampararle.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Sí, sí, no salgan diciendo que no es uno cristiano. ¡Quién lo
-había de pensar!... ¡Nosotros, Gregoria, dando de comer al Conde de
-Albrit, el grande, el poderoso, con una cáfila de reyes y príncipes
-en su parentela, el que no hace veinte años todavía era dueño de los
-términos de Laín, Jerusa y Polan!... Díganme luego que no da vueltas el
-mundo...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">acentuando con un manojo de
-judías</span>.</p>
-
-<p>¿Oyes lo que te digo? Que tenemos que ampararle. Es nuestro
-deber.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span>VENANCIO,
-<span class="acoti">filosofando con un tomate que coge de la
-cesta</span>.</p>
-
-<p>¡Qué caídas y tropezones, Gregoria; qué caer los de arriba, y qué
-empinarse los de abajo!... Claro, le ampararemos, le socorreremos.
-Ha sido nuestro señor, nuestro amo; en su casa hemos comido, hemos
-trabajado... Con las migajas de su mesa hemos ido amasando nuestro
-pasar. <span class="acoti">(Levántase con aire de protección.)</span>
-Pues, sí: hay aquí cristianismo, delicadeza... <span class="acoti">(Coge
-otro tomate y admira su belleza y tamaño.)</span> Estos son tomates,
-Gregoria... Que venga el Cura refregándonos los suyos por las
-narices... Pues, sí, mujer: me da lástima del buen D. Rodrigo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">contestando a la apología
-del tomate</span>.</p>
-
-<p>Pero las judías no granaron bien. <span
-class="acot">(Mostrándolas.)</span> Mira esto... También a mí me aflige
-ver tan caidito al señor Conde... Parece castigo... y si no castigo,
-enseñanza.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Castigo, has dicho bien. Todo ello por no ser económico, y no pensar
-más que en darse la gran vida, sin mirar al día de mañana. Ahí tienes
-el caso, Gregoria, y pónselo delante a los que le critican a uno por
-la economía. En fiestas y viajes, en caballos y trenes, en convitazos
-y otras mil vanidades, se le escurrieron al señor los bienes de la
-casa de Albrit, y parte de los de Laín, que eran de su madre. La casa
-venía empeñada de atrás, pues dicen las historias que ningún Conde
-de Albrit supo arreglarse. Mira por dónde las culpas de todos las
-paga<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> este desdichado. Ya
-ves, después que le dejan en cueros los acreedores, le falla el negocio
-de América; luego le quita Dios el hijo, y se encuentra mi hombre al
-fin de la vida, miserable, enfermo, sin ningún cariño... Es triste,
-¿verdad?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ahora caigo en que viene a ver a sus nietas: sí, Venancio, anda en
-busca de un querer que dé consuelo a su alma solitaria...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">cogiendo de la cesta una
-berenjena</span>.</p>
-
-<p>Puede ser... ¿Y qué tienes que decir de estas berenjenas?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>No son malas... Lo que digo es que al señor Conde le atrae el
-calorcillo de la familia.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Pero ya verás: mi D. Rodrigo, buscando el agasajo, mete la mano
-en el nidal, y toca una cosa fría que resbala... ¡Ay! Es el culebrón
-de la madre, es la extranjera, la mala sombra de la familia, pues
-desde que el Conde D. Rafael casó con esa berganta, la casa empezó a
-hundirse... <span class="acoti">(Poniendo en el cesto la berenjena con
-que acciona.)</span> En fin, que en tomates y berenjenas no hay quien
-nos tosa... pero no sabemos qué vientos echan para acá al señor Conde
-de Albrit.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Él nos lo dirá. Y si se lo calla, no callarán sus hechos.
-<span class="acoti">(Dando por terminada su tarea, y pasando<span
-class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> de la falda a un cesto
-las judías.)</span> No te descuides, Gregoria; que venga por lo que
-venga, tienes que prepararle una buena mesa... Ya es un respiro que la
-extranjera no se nos meta en casa.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Y aunque viniera... Nunca está más de dos días o tres. Jerusa es muy
-chica; y esa necesita tierra ancha para zancajear a gusto.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">asaltada de una
-idea</span>.</p>
-
-<p>¡Ay, Venancio de mi alma, lo que se me ocurre! ¡No haber caído en
-ello ni tú ni yo! ¿Apostamos a que Doña Lucrecia viene a llevarse sus
-niñas?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">permaneciendo largo rato
-con la boca abierta</span>.</p>
-
-<p>Puede que aciertes... Ya son grandecitas... mujercitas ya. Pues,
-mira, nos fastidia...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Hijo de mi alma, cuándo nos caerá otra breva como esta!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">paseándose
-meditabundo</span>.</p>
-
-<p>No es mucho lo que nos pasa cada trimestre por cuidarlas y
-mantenerlas; pero algo es algo: rentita puntual, saneada... No, no:
-verás como no se las lleva.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ea, no nos devanemos los sesos por adivinar hoy lo que sabremos
-mañana. <span class="acoti">(Dispónese a pasar a la casa.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_11">p.
-11</span>VENANCIO</p>
-
-<p>¿Sabes tú quién nos lo va a decir? Pues Senén. Desde ayer está
-aquí.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Senén?... ¿El de la Coscoja?... Sí: las niñas me dijeron que le
-habían visto, y que está hecho un caballero.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Empleado público, funcionario, como quien dice, nada menos
-que en las oficinas de Hacienda de Durante<a id="FNanchor_1"
-href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>. Fue criado de la Condesa,
-que en premio de sus buenos servicios le ha dado credenciales,
-ascensos; en fin, que de un gaznápiro ha hecho un hombre.</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> La
-capital de la provincia.</p>
-
-</div>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Le protege, según dicen, porque le servía de correveidile y de
-tapa-enredos en sus...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Chist... Cuidado... puede llegar... Le espero. Ha quedado en traerme
-noticias.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">bajando la voz</span>.</p>
-
-<p>De tapadera en sus trapisondas amorosas... Ello es que siempre
-que nos visita la señora, recala Senén, y no la deja vivir con su
-pordioseo<span class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> impertinente:
-que si la recomendación; que si la tarjeta al Jefe; que si la carta al
-Ministro, o al demonio coronado... Y como la tal Condesa es persona de
-grandes influencias, y trae a los personajes de allá cogidos por el
-morro...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Senén es listo, se cuela por el ojo de una aguja. Pues me ha contado
-que doña Lucrecia salió de Madrid el 12, y que de aquí irá a visitar a
-los señores de Donesteve en sus posesiones de Verola. Todo lo sabe el
-indino. Él es quien ha dicho al Alcalde que la señora llega hoy, y...
-¡Ah, pues se me olvidaba lo mejor! Le harán un gran recibimiento, por
-los grandes beneficios y mejoras que Jerusa le debe.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Festejos! ¡Y aquí no sabíamos nada!... Y de esta visita del Conde,
-¿tenía Senén conocimiento?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¡Pues no! Como que se le han respingado las narices de tanto
-olfatear, de tanto meterlas en todos los secreticos de la casa en que
-sirvió antes de andar en oficinas. Se cartea con marmitones y cocheros
-de la casa de Laín, y allí no vuela una mosca sin que él lo sepa.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">alegre</span>.</p>
-
-<p>Pues ese, ese pachón de vidas ajenas nos ha de sacar de dudas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Ya tarda... Me dijo que a las diez. Ha ido a telegrafiar al jefe de
-la estación de Laín, y al Alcalde de Polan...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">mirando a la huerta</span>.</p>
-
-<p>Me parece que está ahí... Alguien anda por la huerta llamándote.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Él es... <span class="acoti">(Llama.)</span> ¡Senén, Senén,
-chicooo...!</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_2">ESCENA II</h3>
-
-<p class="acotj">GREGORIA, VENANCIO; SENÉN, de veintiocho años, más bien
-más que menos, vestido a la moda, con afectada elegancia de plebeyo
-que ha querido cambiar rápidamente y sin estudio la grosería por las
-buenas formas. Su estatura es corta; sus facciones aniñadas, bonitas
-en detalle, pero formando un conjunto ferozmente antipático. Pelito
-rizado; chapas carminosas en las mejillas; bigote rubio retorcido
-en sortijilla. Lucha por su existencia en el terreno de la intriga,
-olfateando las ocasiones ventajosas, y utilizando la protección y
-gratitud de las personas a quienes ha prestado servicios de ínfima
-calidad, sobre los cuales guarda cuidadoso secreto. Ya no se acuerda
-de cuando andaba descalzo y harapiento por las mal empedradas calles
-de Jerusa. Nacido de la <i>Coscoja</i>, viuda pobre, que adormecía
-sus penas emborrachándose, Senén vivió de la caridad pública hasta
-que fue recogido por los Condes de Laín, que lo pusieron a la
-escuela, y después le tomaron a su servicio. Fue pinche de cocina,
-escribiente,<span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> ayuda
-de cámara, hasta que su agudeza, reforzada por ardiente ambición
-de dinero, le emancipó de la servidumbre. En diversos trabajos y
-granjerías, hubo de probar fortuna: viajante de comercio, corredor de
-vinos, administrador de periódicos, y por fin la Condesa le abrió los
-espacios de la Administración pública con un destinillo de Hacienda,
-al que siguieron ascensos, comisiones y otras gangas. Compensa la
-cortedad de su inteligencia con su constancia y sagacidad en la
-adulación, su olfato de las oportunidades, y su arte para el pordioseo
-de recomendaciones. Su egoísmo toma más bien formas solapadas que
-brutales, y para disimularlo, el instinto, más que la voluntad, le
-sugiere la economía, y todo el ahorro compatible con el lucimiento y
-afeite de su persona. Guarda su dinero, y se apropia todo lo que sin
-peligro puede apropiarse. En lo que no es ostensible, o sea en el
-comer, gasta lo indispensable, reservando casi todo su peculio para el
-<i>coram vobis</i>. Su vicio es la buena ropa, y su pasión las alhajas;
-lleva constantemente tres sortijas de piedras finas en el meñique
-de la mano izquierda, y al llegar a Jerusa ha sacado a relucir un
-alfiler de corbata, que es ¡ay! la desazón de sus compatriotas de ambos
-sexos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Allá voy. Estaba mirando las peras... <span class="acoti">(Entra en
-la terraza.)</span> Hola, Gregoria; usted siempre tan famosa.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Y tú qué guapo... y qué bien hueles, condenado! Estás hecho un
-príncipe.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Hay que pintarla un poquillo, Gregoria. Es uno esclavo de la
-posición.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span>VENANCIO,
-<span class="acoti">impaciente</span>.</p>
-
-<p>Vengan pronto esas noticias.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>La Condesa llegará a Laín en el tren de las doce y cinco. He tenido
-un parte. <span class="acoti">(Mostrándolo.)</span> Se lo he llevado al
-Alcalde, que no estaba seguro de la hora de llegada.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Y D. José irá a esperarla en su coche.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Claro.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sentándose con indolencia.
-(Se cuida mucho de emplear un lenguaje muy fino.)</span></p>
-
-<p>Y el Municipio ¡oh! le prepara un gran recibimiento, una ovación
-entusiasta.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡A tu ama!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>A la que fue mi ama. ¡Estaría bueno que no se hicieran los honores
-debidos a la ilustre señora, por cuya influencia ha obtenido Jerusa
-la estación telegráfica, la carretera de Forbes, amén de las dos
-condonaciones!</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Puede que, si hay festejos, tengamos aquí a Doña Lucrecia más tiempo
-del que acostumbra.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span>SENÉN</p>
-
-<p>Creo que no; está invitada a pasar unos días en Verola con los
-señores de Donesteve.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Y del Conde qué me dices?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Que Su Excelencia debió llegar a Laín anoche, o esta mañana en el
-primer tren. De modo que no me explico... digo que no me explico, mi
-querido Venancio, que no le tengas ya en tu casa.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>De fijo habrá ido a Polan a visitar el sepulcro de su esposa, la
-Condesa Adelaida.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Bueno, Senén. Tú que todo lo sabes... naturalmente, has vivido en la
-intimidad de la familia, conoces sus costumbres, la manera de pensar de
-cada uno, sus discordias y zaragatas, dinos... ¿D. Rodrigo y su nuera
-se encontrarán aquí por casualidad, o es que...?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">seguro, dándose
-importancia.</span></p>
-
-<p>No: se han dado cita en Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Cómo es eso? ¿Y para qué se citan los que se aborrecen? ¿Qué
-hacen?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>SENÉN</p>
-
-<p>Lo contrario de lo que hacen los que se aman. Los amantes se
-acarician; estos se muerden.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Vamos, es al modo de un desafío... Dicen: «en tal parte, a tal hora,
-nos juntamos para rompernos el bautismo.»</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Será que el señor Conde, que no ha visto a su nuera desde que él
-embarcó para el Perú, querrá ajustar con ella alguna cuenta...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>De interés, o de cosas tocantes al honor de la familia, pues para
-nadie es un secreto... no te enfades, Senenillo... que tu protectora la
-señora Condesa... En fin, no está bien que yo repita...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sí, que el repetir es cosa fea. ¿Qué les importa a ustedes, ni qué
-me importa a mí, que el señor Conde de Albrit y su nuera la Condesa
-viuda de Laín se peleen, se arañen y se tiren de los pelos por un
-pedacito así de honra, o por un pedazo grande...? pongamos que es un
-pedazo de honra tan grande como esta casa.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Tiene razón Senén. <i>Haiga</i> virtud o no la <i>haiga</i>, nada
-nos dan ni nada nos quitan.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>SENÉN</p>
-
-<p>Yo no sé sino que el viejo Albrit, que hasta ahora, desde la muerte
-de su hijo, no se ha movido de Valencia, escribió a la Condesa...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Pidiéndole dinero.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Hombre, no: le proponía una entrevista para tratar de asuntos
-graves...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>De asuntos de familia. Y como la Condesa no quiere altercados en
-Madrid, porque allí puede haber escándalo, y se entera todo el mundo,
-y hasta lo sacan los papeles, le ha citado en este rincón de Jerusa,
-donde solo vivimos cuatro papanatas, y si hay zipizape aquí se queda, y
-la ropa sucia, en casita se lava. ¿Qué tal, señor cortesano, entiendo
-yo a mi gente?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Dí que no es lista mi mujer.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">risueño y galante.</span></p>
-
-<p>Sabe griego y latín. ¡Vaya un talento! Y para acabar de granjearse
-mi estimación, me va a traer un vasito de cerveza. Estoy abrasado.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ahora mismo: hubiéraslo dicho antes. <span class="acoti">(Entra en la
-casa, llevándose las hortalizas.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Y tú, rey de las hormigas, ¿qué pretendes ahora de tu ama? ¿Otro
-ascenso, una plaza mejor?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Quiero adelantar, salir de esta miseria de la nómina, del triste
-jornal que el Gobierno nos da por aburrirnos, y aburrir al país que
-paga.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Picas alto. Digan lo que quieran, chico, tú tienes mucho mérito. Yo
-te vi salir del lodo.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Y me verás subir, subir... El lodo, créeme, es un gran trampolín
-para dar el salto.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">que vuelve con la cerveza y
-copas, y les sirve.</span></p>
-
-<p>Dime, Senenillo, ¿y para tus medros, no te agarras también a los
-faldones del señor Conde?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Albrit no tiene una peseta, y nadie le hace caso ya.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Ese roble ya no da sombra, y solo sirve para leña.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">que sentándose entre los
-dos bebedores de cerveza, acaricia a Senén.</span></p>
-
-<p>Vamos a ver, hijo, ¿por qué no nos cuentas el por qué y el cómo
-de que tan mal se quieran la Condesa viuda y el abuelo? Tú lo sabes
-todo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Vaya si lo sabe; pero no muerde el gozque a quien le da de comer.
-<span class="acoti">(Senén paladea la cerveza, dándose aires de
-madrileño, y calla.)</span></p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ya lo ves: callado como un besugo. Dinos otra cosa. Será cuento todo
-eso que se dice de tu señora... Es cuento, ¿verdad?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">enfático.</span></p>
-
-<p>Me permitiréis, queridos amigos, que no hable mal de mi bienhechora.
-Os diré tan solo que es un corazón tierno, y una voluntad generosa y
-franca hasta dejárselo de sobra. No le pidáis gazmoñerías, eso no. Es
-mujer de muchísimo desahogo... Compadece a los desgraciados y consuela
-a los afligidos. Y como persona de instrucción, no hay otra: habla
-cuatro lenguas, y en todas ellas sabe decir cosas que encantan y
-enamoran.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Todas esas lenguas, y más que supiera, no bastan para contar los
-horrores que acerca de ella corren en castellano neto.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">endilgando sabidurías que
-aprendió en los cafés.</span></p>
-
-<p>¡Horrores!... No hagáis caso. La honradez y la no honradez, señores
-míos, son cosas tan elásticas, que cada país y cada civilización...
-cada civilización, digo, las aprecia de distinto modo. Pretendéis
-que la moralidad sea la misma<span class="pagenum" id="Page_21">p.
-21</span> en los pueblos patriarcales, digamos primitivos, como esta
-pobre Jerusa, y en los <i>grandes centros</i>... ¿Habéis vivido
-vosotros en los <i>grandes centros</i>?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Ni falta.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Pues en los <i>grandes centros</i> veríais otro mundo, otras
-ideas, otra moralidad. La Condesa Lucrecia no es una mujer; es una
-dama, una gran señora. ¿Qué? ¿Que le gusta divertirse? Cierto que sí;
-se divierte por la noche, por la mañana y por la tarde... No, no me
-saquéis el Cristo de la moralidad. Yo os digo, y lo pruebo, que es
-cosa esencial en las sociedades que las damas se diviertan, porque del
-divertirse damas y galanes viene el lujo, que es cosa muy buena...
-<span class="acoti">(Riendo del asombro de sus interlocutores.)</span>
-Ya... papanatas; creéis que es malo el lujo... Vivís en Babia. Pues os
-digo, y lo pruebo, que el lujo es lo que sostiene la industria... la
-industria de los <i>grandes centros</i>, por la cual y con la cual,
-lo pruebo, come todo el mundo. <i>Reasumiendo</i>: que si hubiera
-moralidad, tal y como vosotros la entendéis, la gente no se divertiría,
-y sin diversiones, no tendríamos lujo, y <i>por ende</i>, no habría
-industrias: la mitad de los que hoy comen se morirían de hambre, y la
-otra mitad mascarían tronchos de berzas.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Vaya que eres parlanchín, y entiendes la aguja de marear.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>GREGORIA,
-<span class="acoti">imitando, sin saberlo, a las brujas de
-Macbeth.</span></p>
-
-<p>¡Senén, tú serás ministro!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Ministro yo? No, no: mi ambición, como nacida del lodo, no
-quiere viento, sino barro, barro substancioso que amasar. <i>Mis
-tendencias</i> son a lo positivo; <i>tiendo</i> a ganar dinero, mucho
-dinero. No me conformo con un sueldo más o menos cuantioso; ambiciono
-más, ambiciono el trabajo libre...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Manos libres, quieres decir.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO. <span class="acoti">(Da un cigarro a Senén, y
-fuman los dos.)</span></p>
-
-<p>Lo que tú buscas, tunante, es una dote; andas a la husma de una rica
-heredera.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Por eso vistes tan elegantito, y te quitas el pan de la boca para
-comprarte trapos... Por eso gastas anillos, y te echas esencia en el
-pañuelo. Vaya, que hueles bien. <span class="acoti">(Oliéndole.)</span>
-¿Qué es eso? ¿Heliotropo?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">reventando de fatuidad</span>.</p>
-
-<p>Es mi perfume favorito... Pues no he pensado en casarme, y lo
-pruebo. Claro, si se me presentase una buena ganga matrimonial, no la
-desperdiciaría. Estamos a la que salta.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Por un camino o por otro, has de ser rico.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>A trabajar, se ha dicho. En la corte hay mil maneras de afanar el
-garbanzo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Allí donde hay bambolla, derroche, y donde los ricos por su casa
-gastan, según dicen, más de lo que tienen, el pobre allegador,
-económico y despabilado como tú, sabe encontrar piltrafa. Ahí tienes el
-caso del señor Conde. Toda su riqueza se ha repartido entre muchos que
-andaban quizás con los codos al aire.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Prestamistas, curiales, cuervos y buitres, y todos los golosos de
-carne muerta.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">desdeñoso</span>.</p>
-
-<p>Mal fin ha tenido el prócer. Vaya usted preparando, Gregoria,
-las buenas calderadas de patatas, las sopitas de leche, para que se
-acostumbre a la frugalidad, y olvide sus hábitos gastronómicos.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>No, no: lo que es hoy, al menos, si viene, tengo que prepararle una
-buena comida.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Como se entretenga en Polan y no coja el coche que ha salido de allí
-a las diez, no vendrá hasta mañana.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p><i>Me inclino a creer</i> que le veremos venir en carreta, porque el
-buen señor padece tal <i>tronitis</i>, que no tendrá para el coche.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>No exageres... Esos nobles arrumbados siempre guardan algo para sus
-últimas, y también te digo que suelen encontrar algún tonto que les
-alimente los vicios.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Albrit no tiene más vicios que la rabia de verse pobre, y el orgullo
-de casta, que se le ha recrudecido con la pobreza.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">intranquila</span>.</p>
-
-<p>Dime, Senén, ¿y al señor Conde no le dará la ventolera de quitarnos
-a las niñas?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Para qué?... ¿Y a dónde las lleva?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>A un colegio de Francia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span>SENÉN</p>
-
-<p>No temáis perder esta ganga. El Conde no tiene con qué pagarles
-un buen colegio, y la mamá no está por esos gastos, que <i>dejarían
-indotado</i> su presupuesto. Todo es poco para ella. Además, la
-presencia de las niñas en sociedad junto a ella, la envejece. <i>Su
-obsesión</i> es ser joven, o parecerlo.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Su... ¿qué has dicho? ¡Vaya unas palabras finas que te traes!</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">incomodándose</span>.</p>
-
-<p>Pero ya son creciditas, jinojo... Algún día tiene que presentarlas
-en la corte, casarlas...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Casarlas? Dificilillo es... y lo pruebo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Cómo no, si son tan monas?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Les concedo el buen palmito. Pero cualquiera carga con ellas,
-educadas en la ñoñería, con hábitos y maneras de pueblo, y, por
-añadidura, pobres... porque la Condesa está dando aire a la fortuna,
-y cuando toquen a liquidar, no habrá más que pagarés vencidos,
-cuentas no liquidadas, y el diluvio... Ya lo dijo Luis XV <span
-class="acot">(estropeando el francés)</span>: <i>Apré muá, le
-diluch.</i></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span>GREGORIA,
-<span class="acoti">incomodándose más</span>.</p>
-
-<p>La madre será lo que quieran: una feróstica, una púa extranjera;
-pero Dorotea y Leonor a ella no salen, digo que no salen... y lo pruebo
-también.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Son buenísimas, aunque algo traviesas; almas puras, ángeles de Dios,
-como dice D. Carmelo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Créelo, Senén; las quiero como si fueran mis hijas, y el día que se
-las lleven me ha de costar algunas lágrimas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con impertinencia</span>.</p>
-
-<p>¿Y de instrucción, qué tal?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Poca cosa les enseña D. Pío, el maestro jubilado del pueblo. Sobre
-que él sabe poco, no tiene carácter, y las chicas le han tomado por
-monigote para divertirse.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Todo el día se lo pasan enredando. Ya se ve: no están en su esfera,
-como dice Angulo, nuestro médico.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">repitiendo una frase del
-Doctor</span>.</p>
-
-<p>Su institutriz es la Naturaleza, su elegancia la libertad, su salón
-el bosque. Bailan al compás de la mar con la orquesta del viento.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span>SENÉN,
-<span class="acoti">que se levanta, recordando con inquietud algo que
-había olvidado</span>.</p>
-
-<p>¡Buena la hemos hecho!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Qué te pasa?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Que con tanto charlar se me olvidó el encargo del señor Alcalde.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Para nosotros?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sí... ¡qué cabeza! Pues que inmediatamente le llevéis las niñas,
-para que la Condesa las vea en cuanto llegue.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Es natural. Y comerán allí.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Están en casa?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>De paseo andan por el bosque. <span class="acoti">(Mirando hacia la
-izquierda.)</span> No las veo.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Correteando, y de juego en juego, se habrán ido a media legua de
-Jerusa.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Y las dejáis andar solas por el bosque?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Solitas van. Todo el mundo las respeta.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Hay que ir corriendo a buscarlas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Si queréis, iré yo... ¿No saben todavía que hoy viene su mamá?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>No lo saben... ¡pobres hijas!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Pues yo se lo diré, y las traeré por delante, como un pavero de
-Navidad.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Las encontrarás, de fijo, bosque arriba, en el sendero de Polan...
-Pero mira, chico, no les hagas la corte. Verdad que sería inútil.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con ganas de irse pronto</span>.</p>
-
-<p>¿La corte yo?... ¿Yo, <i>este cura</i>? ¡Señoritas que no viven en
-<i>su elemento</i> y reúnen todo lo malo, orgullo y pobreza...!</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Están verdes.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Que las madure quien quiera. ¿Decís que bosque adentro?...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Vete, y tráelas pronto.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Vivo... <span class="acoti">(Viéndole partir.)</span> ¡Vaya un
-pájaro!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¡Vaya un peje!</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_3">ESCENA III</h3>
-
-<p class="acotj">Bosque en las inmediaciones de Jerusa, formado de
-corpulentos robles, hayas y encinas. Lo atraviesa un tortuoso sendero,
-donde se ven los surcos trazados por los carros del país. Por el Norte,
-formidable cantil de roca y conglomerado, en cuyos cimientos baten las
-olas del mar; al Sur cierra el paisaje la espesura de la vegetación;
-hacia el Oeste serpentea y se subdivide el sendero, atravesando algunas
-calvas y espesos matorrales.</p>
-
-<p class="acotj mt1">LEONOR y DOROTEA, niñas de quince y catorce
-años respectivamente, lindas, graciosas, de tipo aristocrático, la tez
-bronceada por el aire marino y el sol. Son negros sus ojos, rasgados,
-melancólicos; negro también su cabello, peinado al descuido en moño
-alto. Se lo adornan con flores silvestres, que van clavando en él
-como se clavan los alfileres en un acerico. La diferencia de edad, un
-año y meses, apenas en ellas se distingue, y por gemelas las tienen
-muchos, viendo la semejanza de sus rostros,<span class="pagenum"
-id="Page_30">p. 30</span> y la igualdad del talle y estatura. Son
-ágiles, correntonas, traviesas; dos diablillos encantadores. Visten,
-con sencillez graciosa y elegancia no aprendida, trajecitos claros,
-cortados y cosidos en Jerusa. La modestia da más realce a su gentileza
-vivaracha, y les imprime cierta gravedad dulce cuando están quietas.
-Desde la niñez, su madre, irlandesa, las nombraba con los diminutivos
-ingleses NELL y DOLLY, y estos nombres exóticos prevalecieron en Madrid
-como en Jerusa. Las acompaña y juega y brinca con ellas un perrito
-canelo, de pelo largo y fino, hocico muy inteligente, rabo que parece
-un abanico. Atiende por <i>Capitán</i>.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Estoy cansada; yo me siento. <span class="acoti">(Se recuesta en el
-tronco de un roble.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Estoy entumecida; yo quiero correr. <span class="acoti">(Disparándose
-en carrera circular, vuelve al punto de partida.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">mirando a la copa del árbol</span>.</p>
-
-<p>¡Qué gusto poder subir, y posarse en una rama!... ¡Nell!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Qué quieres?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Decirte una cosa. ¿Qué te apuestas a que me subo a este árbol?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Te desgarrarás el vestido...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span>DOLLY</p>
-
-<p>Lo coseré... sé coser tan bien como tú... ¿A que me subo?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No está bien. Nos tomarían por chiquillas de pueblo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">que suspendiéndose de una
-rama, se balancea</span>.</p>
-
-<p>Pues ser chiquilla de pueblo o parecerlo, ¿crees tú que me importa
-algo? Dime, Nell, ¿andarías tú descalza?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo no.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo sí... Y me reiría de los zapateros. <span class="acoti">(Viendo
-que Nell se sienta y saca un librito.)</span> ¿Qué haces?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Quiero repasar mi lección de Historia. Ya hemos corrido bastante;
-estudiemos ahora un poquito. Acuérdate, Dolly: ayer, D. Pío te dijo que
-no sabes jota de Historia antigua ni moderna, y en buenas formas te
-llamó burra.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Burro él... Yo sé una cosa mejor que él: sé que no sé nada, y D. Pío
-no sabe que no sabe ni pizca.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Eso es verdad... Pero debemos estudiar algo, aunque no sea más
-que por ver la cara que pone<span class="pagenum" id="Page_32">p.
-32</span> el maestrillo cuando le respondemos bien. Es un alma de
-Dios.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Mejor la pone cuando le damos alguna golosina, de las que guardamos
-para <i>Capitán</i>.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Anda, ven; estudiemos un poquito. ¿Sabes que es un lío tremendo esto
-de los Reyes godos?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>El demonio cargue con ellos. Son ciento y la madre... y con unos
-nombres que pican como las zarzas, cuando una quiere metérselos en la
-memoria.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Ninguno tan antipático y majadero como este señor de Mauregato.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Valiente bruto!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Nada: que tenían que echarle cien doncellas por año para
-desenfadarle.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Para desengrasar, como dice D. Carmelo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>La verdad es que la Historia nos trae acá mil chismes y enredos que
-no nos importan nada.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span>DOLLY.
-<span class="acoti">(Siéntase junto a su hermana. El perro se echa entre
-las dos.)</span></p>
-
-<p>Figúrate qué tendremos que ver nosotras con que hubiera un señor que
-se llamaba Julio César, muy vivo de genio... Ni qué nos va ni nos viene
-con que le matara otro caballero, cuyo nombre de pila era Bruto... ¿A
-mí qué me cuenta usted, señora Historia?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Pero, hija, la ilustración... ¿A ti no te gustaría ser ilustrada?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">acariciando al perrito</span>.</p>
-
-<p>Ilústrate tú también, <i>Capitán</i>. La verdad: me carga la
-ilustración desde que he visto que también se ha hecho ilustrado Senén.
-¿Te acuerdas de cuando estuvo aquí hace dos meses, creyendo que venía
-mamá?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Sí: a cada instante sacaba la Edad Media, y qué sé yo qué.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Qué tendremos nosotras que ver con las edades medias o partidas!...
-Y el mejor día nos salen con que a Cleopatra le dolían las muelas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>O que a Doña Urraca le salieron sabañones.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>DOLLY</p>
-
-<p>Pero, en fin, nos ilustraremos algo, puesto que mamá, en todas sus
-cartas, nos manda que aprendamos, que seamos aplicaditas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá nos idolatra; pero no nos lleva consigo. <span
-class="acot">(Con tristeza.)</span> ¿Por qué será esto?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Porque, porque... Ya nos lo ha dicho. Como nos criamos tan
-raquíticas, quiere que engordemos con los aires del campo. Ya sabe mamá
-lo que hace.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá es muy buena. Pero que venga al campo con nosotras a
-robustecerse también.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Tonta, ¿no le oíste decir que se espanta de engordar, y que lo que
-quiere ahora es enflaquecer?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Gorda o flaca, mamá es guapísima.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí que lo es... Ya nos llevará consigo cuando seamos mayores. Yo no
-tengo prisa.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">rayando la tierra con su
-dedito</span>.</p>
-
-<p>Como prisa, yo tampoco.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>DOLLY</p>
-
-<p>Me gusta el campo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y la soledad, ¡que me gusta!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>En la soledad piensa una mejor que entre personas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Y esta libertad...!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">poniendo en dos patas al
-perrito</span>.</p>
-
-<p>Yo te digo una cosa: creo que cuanto más salvajes, más felices
-somos.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Eso no: la civilización, Dolly...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Me carga la civilización desde que oigo hablar tanto de ella a
-nuestro amigo el Alcalde, que se ha hecho rico y personaje fabricando
-fideos.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">mordiendo el palo de una
-florecita</span>.</p>
-
-<p>Salvaje no quiero yo ser... ni civilizada a estilo de D. José
-Monedero. También te digo que dentro de la civilización puede existir
-la soledad que tanto me agrada. ¿A ti no se te ha ocurrido alguna vez
-ser monjita?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span>DOLLY</p>
-
-<p>¡Ay, no! Nunca he pensado en eso.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo sí, sobre todo cuando nos llevan a misa a las Dominicas. ¡Qué
-iglesita más mona y más sosegada! Me figuro yo que de aquellas rejas
-para dentro hay una paz, una tranquilidad...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">recogiendo piedrecitas</span>.</p>
-
-<p>La religión es cosa bonita... lo mejor entre lo bueno. El rezar
-consuela... Pero eso de estar siempre rezando, siempre, siempre...
-francamente, hija... Y metida entre rejas, como están las monjas, ni
-ves árboles, ni ves flores...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Tonta, si tienen huertas y jardines...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Pero no ves el mar.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Bah!... Veo a Dios, que es más grande.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Si Dios está en todas partes! ¿Crees que no está también aquí,
-oyendo todo lo que decimos?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Pero no le vemos ni le oímos nosotras.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>DOLLY</p>
-
-<p>Hay que mirar bien, Nell, y escuchar callandito.</p>
-
-<p class="acot">(Pausa. Las dos, silenciosas y un tanto sobrecogidas,
-exploran con lento mirar el horizonte, mar y cielo, y la sombría
-espesura del&nbsp;bosque.)</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Qué oyes?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Como un aliento muy grande. ¿Y tú, qué ves?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Como una mirada grandísima. <span class="acoti">(Otra pausa larga.
-Bruscamente, como quien vuelve sobre sí, se incorpora.)</span> Pero se
-nos va el tiempo charlando, y no hemos estudiado ni una letra.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Está el día tan hermoso!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Salimos con ganas de leer. Tú dijiste que estudiaríamos en el campo
-mejor que en casa.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Porque allí nos molestaban los berridos de Venancio.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">repitiendo una frase de su
-maestro</span>.</p>
-
-<p>¡Sus, valientes, y a los libros! <span class="acoti">(Dando a su
-hermana el manualito de Historia.)</span> Mira, lees en alta voz, y así
-nos enteramos las dos a un tiempo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>DOLLY.
-<span class="acoti">(Toma el libro y levántase de un brinco.)</span></p>
-
-<p>Dame acá. ¿Sabes lo que se me ocurre? Que conviene que se instruyan
-también los pájaros... Toda la ciencia no ha de ser para nosotras.
-<span class="acoti">(Lanzando el libro a los aires con fuerte
-impulso.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Qué haces, tonta? <span class="acoti">(El libro, abierto en el aire
-y dando al viento sus hojas, describe una curva, y se detiene al fin en
-una rama de encina, como pájaro que se posa.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ya lo ves. <span class="acoti">(El perro se entrega al trajín
-inocente de cazar moscas.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Buena la has hecho! ¿Y cómo lo cogemos ahora?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>De ninguna manera. Los pájaros se enterarán ahora de lo que hicieron
-D. Alejandro Magno, el señor de Atila y el moro Muza.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>¡Si a los pajaritos todo eso les tiene sin cuidado!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Como a mí.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Vaya un compromiso! ¡Si pasara por ahí un chiquillo que se subiera
-a cogerlo!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>DOLLY</p>
-
-<p>Me subiré yo. <span class="acoti">(Disponiéndose a encaramarse en la
-encina.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">tirándole de la falda</span>.</p>
-
-<p>No, no, que te desnucas.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Espérate; le tiraré piedras a ver si se atonta y cae. <span
-class="acot">(Hace lo que dice.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Hay viento... Puede que vuele el libro.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Ay, no, que es muy pesado! <span class="acoti">(Tirando
-piedras.)</span> A mí, bribón; baja, ven acá... <span class="acoti">(El
-perro cree de su obligación ladrar fuertemente al libro para que
-baje.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sintiendo pasos</span>.</p>
-
-<p>Basta, Dolly. Viene gente... ¡Qué vergüenza! Te tomarán por una
-desarrapada del pueblo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Y qué me importa?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Que te estés quieta. <span class="acoti">(Mirando a lo largo del
-sendero.)</span> Aquí viene un señor, un hombre... por el camino que
-baja de Polan, ¿ves?... Mira. <span class="acoti">(Aparece por entre los
-robles el Conde de Albrit, con lento paso.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No le veo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mírale... Se ha parado al vernos, y allí le tienes como una estatua.
-No nos quita los ojos...</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_4">ESCENA IV</h3>
-
-<p class="acotj">NELL y DOLLY.—D. RODRIGO DE ARISTA-POTESTAD, CONDE DE
-ALBRIT, MARQUÉS DE LOS BAZTANES, SEÑOR DE JERUSA Y DE POLAN, GRANDE
-DE ESPAÑA, etc... Es un hermoso y noble anciano, de luenga barba
-blanca y corpulenta figura, ligeramente encorvado. Viste buena ropa
-de viaje, muy usada; calza gruesos zapatones, y se apoya en garrote
-nudoso. Revela en su empaque la desdichada ruina y acabamiento de una
-personalidad ilustre.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">observándole medrosa</span>.</p>
-
-<p>Es un pobre viejo... ¿Por qué nos mira así? ¿Nos hará daño?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Parece el Santa Closs de los cuentos ingleses. Pero no trae saco a
-la espalda.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Sabes que tengo miedo, Dolly?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo también. ¿Será un mendigo?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Si tuviéramos cuartos, se los daríamos... ¡Ay, no se mueve!...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>DOLLY</p>
-
-<p>Y ahora, en nosotras clava los ojos...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">palideciendo</span>.</p>
-
-<p>Parece que habla solo... ¡Qué miedo!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">trémula</span>.</p>
-
-<p>Y no pasa un alma. Si llamamos, nadie nos oirá.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No nos hará nada, creo yo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Lo mejor es hablarle.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Háblale tú... Dile: «Señor mendigo...»</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Mendigo no es. Parece más bien una persona decente mal trajeada.
-<span class="acoti">(Lánzase el perrillo con furiosos ladridos hacia el
-Conde.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p><i>Capitán</i>, ven acá...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Ay, Nell, yo conozco esa cara!...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y yo también. Yo le he visto en alguna parte... ¡Ay, ay! <span
-class="acot">(Se juntan las dos, como para protegerse<span
-class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> mutuamente.)</span> Ahora se
-adelanta... Nos hace señas...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Parece que llora. ¡Pobre señor!...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con voz grave, avanzando</span>.</p>
-
-<p>Preciosas niñas, no me tengáis miedo. ¿Sois Leonor y Dorotea?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Sí, señor: así nos llamamos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">llegándose a ellas</span>.</p>
-
-<p>Pues abrazadme. Soy vuestro abuelo. ¿No me conocéis? ¡Ay! Han pasado
-algunos años desde que me visteis por última vez. Erais entonces
-chiquitinas, y tan monas... Me volvíais loco con vuestra gracia, con
-vuestra donosura angelical... <span class="acoti">(Las abraza, las besa
-en la frente.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Abuelito!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo decía: le conozco.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Por el retrato te conocemos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y yo a vosotras por la voz. No sé qué hay en el timbre de vuestras
-vocecitas, que me remueve toda el alma. ¿Y como es que los dos
-sonidos me parecen uno solo? Dejadme que os mire bien: ¿serán iguales
-vuestras caritas como lo son<span class="pagenum" id="Page_43">p.
-43</span> vuestras voces?... No, no puedo veros bien, hijas de
-mi alma. Estoy casi ciego. Vamos, sigamos hacia Jerusa. <span
-class="acot">(<i>Capitán</i> abre la marcha.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Qué sorpresa tan agradable, abuelito! Pues, mira, te tuvimos
-miedo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Miedo a mí, que os adoro?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Senén nos dijo anoche que venías; pero no creímos que llegaras tan
-pronto.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Y cómo no has venido en el coche?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me molesta horriblemente el traqueteo de ese armatoste... y el venir
-prensado entre personas groseras y estúpidas... No, no... He preferido
-venirme a pie, sin más compañía que la de este palo, que me ha regalado
-un pastor de mis tiempos, a quien encontré en Polan. ¡Figuraos si será
-viejo el hombre! Era yo un niño, y él un mocetón como un castillo que
-me llevaba a la pela por estos montes...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Pero vienes de Polan?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Allí pasé la noche, en la cabaña de Martín Paz... Luego me he venido
-pasito a paso por el<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span>
-filo del cantil, recordando mis tiempos. ¡Ah! Todos los caminos y
-veredas de este país me conocen; conócenme las breñas, las rocas, los
-árboles... Hasta los pájaros creo que son los mismos de mi niñez...
-Esta hermosa Naturaleza fue mi nodriza. No podréis comprender, niñas
-inocentes que empezáis a vivir, cuán grato, y cuán triste al mismo
-tiempo, es para mí recorrer estos sitios, ni cuánto padezco y gozo
-haciendo revivir a mi paso cosas y personas. Todo lo que me rodea
-paréceme a mí que me ve y me reconoce... y que desde el mar grande al
-insecto casi invisible, todo cuanto aquí vive, se queda en suspenso...
-no sé cómo decirlo... se para y mira... para ver pasar al desdichado
-Conde de Albrit. <span class="acoti">(Las dos niñas suspiran.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Apóyate en mi brazo, abuelito.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>En el mío.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>En los dos... Una por cada lado. Así... Me lleváis como en
-volandas.</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch1_5">ESCENA V</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">NELL y DOLLY; EL CONDE; SENÉN, que ha presenciado de
-lejos, oculto tras un árbol, el&nbsp;encuentro del abuelo y sus nietas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¡Qué estropeado y qué caído está el viejo león de Albrit!... Hoy por
-hoy, no me conviene malquistarme<span class="pagenum" id="Page_45">p.
-45</span> con él. Nunca se sabe de qué cuadrante sopla la suerte.
-<span class="acoti">(Viendo avanzar el grupo, se adelanta sombrero en
-mano.)</span> Señor Conde, bien venido sea, mil veces bien venido, a la
-tierra de sus mayores. ¡Qué hermosa figura hace Vuecencia en medio de
-estos dos ángeles!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose</span>.</p>
-
-<p>¿Quién me habla?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Es Senén, papá.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿No te acuerdas?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Senén Corchado, señor, el que fue... no me avergüenzo de decirlo...
-criado del señor Conde de Laín.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah, lacayo! <span class="acoti">(Con súbita cólera, requiriendo el
-garrote.)</span> ¿Vienes a que te dé dos palos?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">retirándose</span>.</p>
-
-<p>¡Señor...!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Abuelito, ¿qué haces?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Si es de casa, si es nuestro amigo!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>EL CONDE,
-<span class="acoti">reportándose</span>.</p>
-
-<p>Perdonadme, niñas queridas... he confundido sin duda... Y tú,
-Séneca, Cenón, o como quiera que te llames, perdóname también... te he
-tomado por otro. Pensé que eras tú el infame que se permitió decirme...
-Ven acá, dame la mano. Tengo el genio poco sufrido...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">dándole la mano</span>.</p>
-
-<p>Siempre fue lo mismo Vuecencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Luego, esta continua disminución de mi vista no me permite
-distinguir a los bribones de las personas honradas. La ceguera me hace
-irascible... ¿Y qué tal? Ya recuerdo que me hablaron de ti: sé que
-estás hecho un hombre.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con falsa humildad</span>.</p>
-
-<p>Aunque me iba muy bien en casa del señor Conde de Laín, me dio
-por abandonar la servidumbre y trabajar en cualquiera industria o
-negocio...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Muy bien pensado. Así se hacen los hombres. ¿Y qué eres ahora?
-¿Zapatero?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Señor, no.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Papá, si es empleado.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span>DOLLY</p>
-
-<p>Empleado de Hacienda con tantos miles de sueldo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Vamos, que tú querías ganar dinero a todo trance... El dinero lo
-ganan, Senén, todos aquellos que con paciencia y fina observación van
-detrás de los que lo pierden: fíjate en esto.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">inflándose</span>.</p>
-
-<p>La señora Condesa me consiguió un destinito...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá le ha protegido y le protege, porque es buen muchacho...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>La Condesa es una gran potencia. Nadie le niega nada. Ya sabes tú,
-picaruelo, a qué aldabones te agarras.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Aquí donde le ves, papá, es la economía andando, y mira por su ropa
-como una mujer.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Séneca, digo, Senén, tú pitarás. Y ahora, ¿estás aquí con
-licencia?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>He venido de Durante para tener el honor de saludar al señor Conde
-de Albrit y a la señora Condesa de Laín, que también debe de llegar
-hoy.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>NELL</p>
-
-<p>¡Que viene mamá! <span class="acoti">(Despréndense las dos de los
-brazos de su abuelo, y saltan gozosas.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Jesús, qué alegría!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Pues no sabíamos nada. ¿Lo sabías tú, abuelito?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">pensativo</span>.</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">volviendo a coger el brazo de
-Albrit</span>.</p>
-
-<p>Vamos, a prisita.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">inquieta</span>.</p>
-
-<p>Tenemos que arreglarnos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Las señoritas han de ir al <i>hotel</i> del señor Alcalde, a esperar
-a su mamá.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Pero va mamá a casa del Alcalde?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Por qué no viene a la Pardina con nosotros, con Abuelito? <span
-class="acot">(Senén se encoge de hombros.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>La Pardina no le parecerá a tu mamá bastante cómoda... En fin, no
-quiero que os detengáis por mí... Vamos, hijas mías.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>NELL</p>
-
-<p>¡Ah! Se me olvidaba... Amigo Senén, ¿querrías hacernos un favor?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Todo lo que las señoritas quieran. ¿Qué es?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Subirse a aquel árbol a coger la Historia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡A coger la Historia!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>El pícaro libro, que se echó a volar.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Jugando, lo tiramos al aire.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gozoso</span>.</p>
-
-<p>Comprendo, sí... Estudiáis mirando al cielo... Senén, intrépido
-Senén, sube pronto, hijo... Anda, que cuando eras muchacho ya treparías
-más de una vez para coger nidos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN <span class="acoti">(disimulando su disgusto, se
-quita la americana)</span>.</p>
-
-<p>Allá voy.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Ten cuidado no se te rompa el traje.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Que es nuevo... ya lo ven.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>DOLLY</p>
-
-<p>¡Vaya un alfiler de corbata que te traes!... Por Dios, no te
-caigas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No temáis: este sabe subir y agarrarse bien. Si cae, será porque le
-tiene cuenta.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Por ahora, señor Conde, me tiene más cuenta apoyarme bien en las
-ramas fuertes... Ajajá... Ya te cojo, Historia maldita.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Bájate pronto... <span class="acoti">(Desciende Senén a las ramas
-bajas, y se tira de un salto.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cogiendo el libro</span>.</p>
-
-<p>Dios te lo pague. Vaya, sigamos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿No quiere el abuelito entrar por el pueblo?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, no: vamos por el atajo, que nos lleva directamente a la
-Pardina sin pisar las calles de Jerusa. No quiero ver gente, y menos
-jerusanos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">poniéndose la americana</span>.</p>
-
-<p>¡Lástima no haber sabido antes que venía el señor Conde! El pueblo
-le habría preparado un buen recibimiento.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desdén</span>.</p>
-
-<p>¿A mí?... ¿A mí Jerusa?... Brrr...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Habría salido la música, el orfeón... No faltaría el arquito de
-ramaje; y luego <i>lunch</i> en la Casa Consistorial.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Veo que eres un cursi tremendo. Conozco esos homenajes, que en otro
-tiempo, cuando los merecía y estaba en disposición de recibirlos, me
-halagaban, sí. Hoy me harían el efecto de una burla cruel. Antes de
-verme tan viejo y tan pobre como ahora, tuve ocasión de apreciar la
-villana ingratitud de mis compatriotas, los habitantes del Señorío de
-Jerusa. <span class="acoti">(Se detiene y suspira.)</span> Veinte años
-ha, la última vez que aquí estuve, los colonos que habían llegado a ser
-¡Dios sabe cómo! propietarios de mis tierras, los señoritingos nacidos
-de mis cocineras, o engendrados por mis mozos de cuadra, me recibieron
-con frío desdén, que me llenó de tristeza y amargura. Dijéronme que la
-villa se había civilizado. Era una civilización improvisada y postiza,
-como la levita que compra el patán en un bazar de ropas hechas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Papaíto, no olvida tu pueblo los beneficios que de ti ha
-recibido.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No los olvida, no. La calle principal de Jerusa se llama <i>de
-Potestad</i>.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>NELL</p>
-
-<p>La fuente de los cinco caños, junto a la iglesia, se llama <i>del
-Buen Conde</i>.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí, mi abuelo paterno. Historia, cosas pasadas que solo dejan
-tras sí un letrero, una inscripción... Todo se borra, ¡ay! aun las
-piedras escritas. Cuando la roña y el musgo las empuercan, y se han
-criado en ellas cien generaciones de arañas y lagartijas, viene el
-progreso, y las manda picar para escribir otra cosa... o aprovecharlas
-en una alcantarilla. No me quejo, no. Ese es el mundo. Rodamos todos
-hacia lo infinito.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">enfáticamente</span>.</p>
-
-<p>Jerusa, por más que digan, no puede olvidar que debe su existencia a
-los Albrit de la Edad Media.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">meditabundo</span>.</p>
-
-<p>Y a mis abuelos y a mí todo lo que en ella es de algún valor. La
-casa Ayuntamiento, que era el primitivo palacio de los Condes de
-Laín, fue donada por D. Martín de Potestad, capitán de las galeras de
-Nápoles. La calzada de Verola y el puente sobre el río Caudo, obra fue
-de mi madre. Mi abuelo materno hizo el hospital y la casa-cuna; y yo
-traje las aguas riquísimas de Santaorra; levanté el muro de contención
-que defiende al pueblo de las avenidas del Caudo; fundé y doté la
-hermandad de Pescadores, haciéndoles además una dársena para abrigo de
-sus<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> lanchas; repoblé
-el monte comunal... sin contar otras mejoras de que ya no me acuerdo.
-¿Y cómo pagaron mis paisanos tantos beneficios? Pues cuando me vieron
-mal de intereses, recargaban horrorosamente mis propiedades en todos
-los repartos de contribución, para obligarme a vendérselas... Y lo
-conseguían... En sus manos rapaces está todo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Abuelito, no pienses cosas tristes.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿No estás alegre de vernos y de tenernos a tu lado?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">deteniéndose para
-abrazarlas y besarlas con efusión</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí, ángeles inocentes. Soy feliz con vosotras, y lo demás nada
-me importa.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con malicia indiscreta, que
-resulta más antipática por lo pedantesco de la expresión</span>.</p>
-
-<p>Y de que no seríamos justos achacando a Jerusa el pecado de la
-ingratitud, tenemos hoy una prueba elocuente, señor Conde, porque,
-sabida con antelación la llegada de la señora Condesa de Laín, se le
-prepara un recibimiento entusiasta, cual corresponde a quien tan grande
-fomento ha dado a los intereses materiales y morales de esta villa.
-Saldrá el Alcalde a la estación...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y se dispararán cohetes. Todo eso está muy en carácter.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span>NELL,
-<span class="acoti">impaciente</span>.</p>
-
-<p>¡Cohetes, música...! Vamos, vamos pronto.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Abuelito, por aquí, si quieres que vayamos derechos a la Pardina.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Estamos ya en la loma que llaman la <i>Asomada</i>?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sí, señor: de aquí se ve toda la villa; y si Vuecencia quiere dar un
-vistazo a la población, en dos minutos estamos en la plaza.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, no. Gracias. Por esta otra calleja bajamos a la Pardina. <span
-class="acot">(Deteniéndose y mirando al pueblo, que en aquel punto se
-ve totalmente, rodeado de arboledas y verdes lomas.)</span> Sí, sí...
-te conozco, Jerusa; distingo un montón de tejados rojos y de ventanales
-blancos... más allá manchas de verde lozano. Eres Jerusa; te siento
-bajo mis pies, te huelo al pisarte... Tu ingratitud me da en el olfato.
-Hiciste escarnio del que fue tu señor, aplicándole un mote burlesco...
-Pues ahora, el <i>león flaco de Albrit</i>, que nada te pide, que para
-nada te necesita, te manifiesta su desprecio con toda la efusión de
-su alma, no queriendo de ti ni un pedazo de tierra para sepultar sus
-pobres huesos. <span class="acoti">(Volviéndose hacia las niñas.)</span>
-Si me muero aquí, que me lleven a enterrar a Polan, o que me tiren al
-mar.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>DOLLY</p>
-
-<p>Papaíto, no es hoy día de cosas tristes.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Si estamos muy contentas!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">limpiándose una
-lágrima</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí... Vamos, para que lleguéis a tiempo de presenciar los
-homenajes a vuestra mamá.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Por esta calleja llegamos en un instante a la Pardina.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Conozco bien el camino... En este sitio, torciendo a la izquierda,
-dejamos de ver el mar. <span class="acoti">(Parándose a contemplar el
-Océano.)</span> ¡Oh, qué hermosura! Es el amigo de mi infancia.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Y qué espléndido, qué azul! Hoy se viste de gala para recibirte.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Sabéis por qué gozo tanto en mirarle? Porque le veo... es lo único
-que distingo bien, por razón de su magnitud. Desde que voy perdiendo la
-vista, hijas mías, mis pobres ojos no aprecian bien más que las cosas
-grandes... ¡Cuanto mayores son, mejor las veo! Quisiera que en el mundo
-fuera todo colosal, inmenso... Lo pequeño, creedlo, me entristece, me
-enfada...</p>
-
-<p class="acot">(Se internan en la calleja.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_6" title="ESCENA VI"><span class="pagenum"
-id="Page_56">p. 56</span>ESCENA VI</h3>
-
-<p class="acotj">Sala baja en la Pardina. En paredes, techo y muebles,
-aspecto de venerable antigüedad, bien conservada.</p>
-
-<p class="acot">GREGORIA, VENANCIO</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">asomándose a una
-ventana</span>.</p>
-
-<p>Ya está aquí <i>Capitán</i>... ¡Oh!... allí vienen. <span
-class="acoti">(Asustada.)</span> ¡Jesús, lo que veo!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡El Conde con ellas, el señor Conde!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Sin duda ha venido a pie por el atajo del bosque. Es gran
-andarín.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Pero qué viejo está! Mira, mira.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mirando</span>.</p>
-
-<p>¡Y qué mal trajeado! Da pena verle... ¡Quien fue siempre la misma
-elegancia...!</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Sales a recibirle?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>VENANCIO,
-<span class="acoti">con prisa</span>.</p>
-
-<p>A escape... Prepárale café, que de fijo lo pide al entrar...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Sí, sí...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">desde la puerta</span>.</p>
-
-<p>Y manda un recado al señor Cura, que nos dijo que le avisáramos en
-cuanto el Conde llegase...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">aturdida, sin saber a qué
-atender primero</span>.</p>
-
-<p>El café... recado al Cura... ¿Y la comida? Voy. ¡Pero si ya están
-aquí! ¡Jesús me valga!...</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_7">ESCENA VII</h3>
-
-<p class="acot">GREGORIA, EL CONDE, LAS DOS NIÑAS, SENÉN, VENANCIO</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">besando la mano al
-Conde</span>.</p>
-
-<p>Bien venido sea mi señor...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Y que entre en su casa con bendición.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con señoril
-bondad</span>.</p>
-
-<p>Gracias, gracias, mis buenos amigos Venancio y Gregoria. Me
-alegro de veros contentos y saludables... digo, como veros... <span
-class="acoti">(Mirándoles fijamente.)</span> No, no veo bien más que
-las cosas grandes.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>VENANCIO</p>
-
-<p>¿Se sienta el señor aquí? <span class="acoti">(Conduciéndole a un
-sillón de vaqueta, junto a la mesa de nogal.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Donde quieras.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y ahora nosotras, abuelito, hemos de vestirnos a escape...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí; no os detengáis.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Pronto volveremos, papaíto... Vendrá mamá con nosotras...
-supongo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí... <span class="acoti">(Las besa.)</span> Hasta luego...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">dándoles prisa</span>.</p>
-
-<p>Vivo, vivo... Vais a llegar tarde.</p>
-
-<p class="acot">(Vase Gregoria con las niñas.)</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Yo también, con permiso del señor Conde, me retiro.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí... Ve a disparar cohetes...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Si el señor me necesita...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No... muchas gracias... Y me alegro de que te ausentes... No, no es
-por nada ofensivo para ti, Séneca... o Senén. ¿Te lo digo?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Nada que usía me diga puede ofenderme.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues deseo que te marches, porque... Hijo, gastas un perfume que
-marea. Los aromas demasiado fuertes me dan vahídos... Dispénsame <span
-class="acoti">(dándole la mano, y acariciando la de Senén)</span>,
-perdóname que te despida con una impertinencia.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p>
-
-<p>Señor... unas gotitas de heliotropo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No he dicho nada... Abur.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">aparte, retirándose</span>.</p>
-
-<p>Malas pulgas trae el <i>león flaco de Albrit</i>.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_8">ESCENA VIII</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, VENANCIO</p>
-
-<p class="acotj mt1">Larga pausa. El Conde inclina la cabeza sobre el
-pecho, y se cubre los ojos con la mano. Venancio permanece en pie, a
-bastante distancia, contemplándole.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">alzando la cabeza y
-llevándose la mano al pecho, en que siente opresión</span>.</p>
-
-<p>¡Ay, Venancio! La emoción que he sentido al entrar aquí, no me deja
-respirar... <span class="acoti">(Venancio suspira<span class="pagenum"
-id="Page_60">p. 60</span> y calla.)</span> No creí volver a verte, casa
-mía, casa bendita de mis mayores, de mi madre... No esperaba recibir
-en mi alma esta ola de vida, formada por los recuerdos, embate de
-calor y de salud, que al pronto reanima al ser caduco; pero después...
-mata, sí, mata. La memoria me abruma, el sentimiento me ahoga... <span
-class="acoti">(Vuelve a pasarse la mano por los ojos.)</span> No debí
-venir, no, no.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Señor, los recuerdos de la Pardina serán gratos para Vuecencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">señalando a la
-derecha</span>.</p>
-
-<p>En esa alcoba nací yo... En ella nació también mi madre, y en la de
-arriba murió... No sé si es que me engaña mi poca vista; paréceme que
-nada ha variado, que los muebles son los mismos... ¡Qué ilusión!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Poco hemos cambiado. Se conserva todo a fuerza de cuidado y aseo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con profunda
-tristeza</span>.</p>
-
-<p>Aquí pasé mi infancia, al lado de mi madre, que enviudó a los pocos
-días de mi nacimiento... Heredero de los Condados de Albrit y de Laín,
-¡cuántas veces, joven, en la plenitud de la vida, y con todo el verdor
-de las ilusiones fomentadas por la grandeza de mi linaje; cuántas
-veces, solo, con mi esposa, o con mis amigos, vine a pasar alegres
-temporadas en la Pardina! En aquel tiempo tú eras un niño. Tus padres,
-y otros padres de gentes ingratas que andan<span class="pagenum"
-id="Page_61">p. 61</span> por esos mundos en diferentes oficios, eran
-entonces mis servidores. En mi veíais al señor, al rey de la Pardina,
-y hasta cierto punto, al amo de toda Jerusa... Pasó tiempo; creció mi
-hijo Rafael. Correspondiéronle por muerte de su madre, y según el fuero
-de Laín, este Condado y esta casa... Yo volví a la Pardina: ya no era
-el señor; mas era el padre del señor, y tú, ya grandecito, y los demás
-servidores de esta antigua casa, me mirábais con respeto, con cariño,
-con veneración. El Conde de Albrit, poderoso todavía, os remuneraba
-vuestros servicios con la noble largueza que era en él habitual.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Siempre fue Vuecencia el primer caballero de España.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con melancólica dignidad,
-levantándose</span>.</p>
-
-<p>Pues hoy, el primer caballero de España, el generoso y grande,
-viene a pedirte hospitalidad. Vicisitudes y trastornos que no quisiera
-recordar, esta revolución crónica que hace y deshace los Estados y las
-familias, y todo lo trueca y baraja, te han dado a ti la propiedad de
-la Pardina. En ella entro yo a pedirte albergue, no como señor, sino
-como desvalido sin hogar, abandonado de todo el mundo. Si me la das,
-ya sabes que has de hacerlo por pura caridad, no por remuneración ni
-recompensa. Soy pobre; todo lo he perdido.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>El señor Conde viene siempre a su casa, y nosotros, hoy como ayer,
-somos sus criados.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>EL CONDE,
-<span class="acoti">se sienta</span>.</p>
-
-<p>Gracias... Te lo digo tranquilo y sin ninguna afectación, pues con
-la realidad no caben juegos de retórica. He llegado a los escalones más
-bajos de la pobreza; pero por mucho que descienda, no he llegado ni
-llegaré nunca al deshonor. Fuera de la decadencia material, soy y seré
-hasta el último día lo que fui.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Y yo igualmente, hoy como ayer, servidor humilde del señor D.
-Rodrigo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Te lo agradezco, créeme que te lo agradezco en el alma... Pero...
-bien mirado, es tu obligación, y cumples como cristiano. Todo lo que
-eres y todo lo que tienes, me lo debes a mí.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Sin duda.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No haces nada de más en ampararme... en ver en mí a tu señor, y en
-respetar, no solo mi nombre y mi historia, sino mi ancianidad, mis
-achaques... Las desgracias, hijo mío, me han hecho algo quejumbroso,
-algo impertinente. Mi genio altivo se exacerba cada día más con la
-pérdida de la vista... No puedo sofocar mis ímpetus de absolutismo, de
-persona acostumbrada a mandar.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Bien, señor.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Y a ser obedecida.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>También tengo el hábito de la obediencia... Y ante todo, señor, ¿en
-qué aposento quiere vuecencia dormir?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Arriba, en la alcoba que fue de mi madre.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">contrariado</span>.</p>
-
-<p>¿La que da al pasillo grande? La tenemos llena de trastos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues sacas los trastos y me metes a mí.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Señor, es un trastorno...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sulfurándose
-ligeramente</span>.</p>
-
-<p>¿Ya empezamos?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>La hemos convertido en secadero: allí colgamos las judías...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sulfurándose
-más</span>.</p>
-
-<p>Pon las judías en otra parte. ¿Vale tan poco mi persona que no
-merece... una molestia insignificante de las señoras hortalizas?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span>VENANCIO,
-<span class="acoti">sin acabar de resignarse</span>.</p>
-
-<p>Bien, señor... Ello es que...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Todavía refunfuñas? Debiste, desde que te lo dije, asentir con
-delicadeza obsequiosa. ¿Será preciso que te lo mande?... Por poco me
-apuras <span class="acoti">(golpeando el brazo del sillón.)</span> ¡Oh,
-triste cosa es para mí ser huésped de mis inferiores! Venancio, quiero
-someterme al destino, quiero olvidarme de mí mismo, y no puedo, no
-puedo. La autoridad es esencial en mí. Por Cristo, súfreme o arrójame
-de mi casa, quiero decir, de la tuya.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Eso no... <span class="acoti">(viendo venir al Cura.)</span> Ya
-tiene vuecencia aquí a su amigo D. Carmelo.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_9">ESCENA IX</h3>
-
-<p class="acotj">EL CONDE, VENANCIO; EL CURA, hombrachón de buen año;
-de aventajadas dimensiones, enormemente barrigudo, sin carecer por eso
-de cierta agilidad y soltura de miembros. Su cara es arrebolada, su
-boca risueña, su nariz como pico de garbanzo, sus ojos pillines. Usa
-gafas de un azul muy claro, que se le corren sobre el caballete. Viene
-a palo seco, es decir, sin balandrán, por ser buen tiempo. Es limpio, y
-la sarga de su sotana, pulcra y reluciente, ciñe y modela sin arrugas
-la redondez del abdomen, bien atacados todos los botoncitos que corren
-desde el cuello hasta la panza. Usa gorro negro alto, con caída de
-fleco, y paraguas de reglamento, que así le sirve<span class="pagenum"
-id="Page_65">p. 65</span> para el sol como para la lluvia. Entra en la
-casa y en la habitación presuroso metiendo bulla, y se dirige al Conde
-con los brazos abiertos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Carísimo amigo y dueño, D. Rodrigo de mi alma!...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p>
-
-<p>¡<i>Pastor Curiambro</i>, ven a mis brazos!... Pero, hijo, ¡qué
-gordísimo estás!... No me cabes... ¿ves? no me cabes... Me cuesta
-trabajo poner en tu espalda las palmas de mis manos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Qué sorpresa tan grata, qué alegría!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">tocándole</span>.</p>
-
-<p>Pero, chico, ¿es tuyo todo esto? ¿Es esta tu barriga, o te has
-traído por delante el púlpito de tu iglesia?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Es que en esta tierra, Sr. D. Rodrigo, de nada le sirve a uno hacer
-penitencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Penitencia tú? ¡Hombre, qué cosa tan rara!... En fin, siempre que
-des gusto a tus feligreses...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">lisonjero</span>.</p>
-
-<p>Tenemos un párroco que vale más que pesa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y de salud, bravamente? Tu cara... <span
-class="acoti">(Observándole.)</span> Pues, mira, te veo, te veo bien.
-¡Como eres tan grandón! ¡Ah!... me permitirás que te tutee, a pesar del
-tiempo transcurrido.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">con modestia
-suma</span>.</p>
-
-<p>¡Señor Conde, por amor de Dios!...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy cariñoso</span>.</p>
-
-<p>Bien, Carmelo; bien, <i>Pastor Curiambro</i>. Siéntate a mi lado.
-¡Cómo corren, ¡ay! cómo se escabullen los pícaros años! Tú... a ver si
-acierto... andarás en los cincuenta.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Andaba en ellos... dos años ha.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Como yo. Somos del mismo tiempo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No podía ser menos. Tenías veintiséis cuando...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Cuando murió mi padre. A la generosidad del señor Conde debí el
-poder terminar mi carrera de Teología y Derecho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con natural
-delicadeza</span>.</p>
-
-<p>Pues, mira tú, de eso no me acordaba.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Ah, yo sí!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Te acuerdas de aquellas merendonas del Soto de Aguillón? Desde
-entonces, te profeticé que serías <i>la première fourchette de
-l’Espagne</i>.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Era un tenedor tremendo, sí, sí...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y sigues con la higiénica costumbre de comer copiosamente, y de
-digerir clavos?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Ya no soy ni sombra de lo que fui; pero todavía...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Todavía... si el caso llega, no deja mal puesto el pabellón.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Te acuerdas de cuando apostabas con Valentín, el escribano de
-Verola, a quién comía más?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo a
-carcajadas</span>.</p>
-
-<p>Y siempre le gané, siempre.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Un día de vigilia... Venancio, no lo creerás, pero es verdad... le
-vi comerse una langosta de este tamaño, entera y verdadera, detrás
-de un arroz con pescado y marisco... y delante de docena y media de
-torrijas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>EL CURA</p>
-
-<p>Esos tiempos pasaron.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Pero hasta hace poco... yo recuerdo el día de la jira en Novoa... su
-postre era un queso de bola, enterito.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Lo que yo gozaba viéndole comer!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Me tranquiliza sobre ese punto la opinión de San Francisco de Sales,
-que dice: «Lo que entra por la boca no daña al alma.»</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y tenía razón.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_10">ESCENA X</h3>
-
-<p class="acot">DICHOS; GREGORIA, vestida para salir. Trae servicio de
-café.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Aunque el señor no lo ha pedido, como sé que le gusta tanto el
-café... <span class="acoti">(Lo pone en la mesa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Oh, qué bien!... Tu previsión, hija mía, es muy de alabar. Carmelo,
-te sirvo...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Las señoritas están concluyendo de arreglarse. En seguida nos
-iremos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Que no se entretengan; ya será hora. <span class="acoti">(Al Cura,
-sirviéndole azúcar.)</span> A ti te gusta dulzón, si no recuerdo
-mal.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Qué memoria tiene usted!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No siendo para los favores que me hacen, también la pierdo, como la
-vista.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Se le ofrece algo más al señor?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No... Gracias. <span class="acoti">(Vase Gregoria.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">paladeando el
-café</span>.</p>
-
-<p>¿Y qué?... Señor Conde, ¿qué le parecen a usted sus nietecitas? ¿No
-las había visto después de su regreso de América?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Son angelicales... ¡Y qué lindas, qué graciosas! Se le meten a
-uno en el corazón... Verlas, tratarlas y no quererlas, es imposible.
-<span class="acoti">(El Conde, ensimismado, calla. Durante la pausa,
-D. Carmelo le observa.)<span class="pagenum" id="Page_70">p.
-70</span></span> Dios ha hecho en ellas una parejita encantadora, para
-regocijo y orgullo de su madre... y de usted.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">como volviendo en
-sí</span>.</p>
-
-<p>¿Decías?... ¡Ah! Sí, son hechiceras las chiquillas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">queriendo sonsacarle el
-motivo de su estancia en Jerusa</span>.</p>
-
-<p>Comprendo la impaciencia de usted por verlas. Al santo anhelo de
-conocer a sus nietas y abrazarlas, debemos el honor de tenerle en
-Jerusa...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Yo he venido a Jerusa, principalmente, por... <span class="acoti">(A
-Venancio, con autoridad, pero sin altanería.)</span> Tú...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Señor?...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Haz el favor de dejarnos solos.</p>
-
-<p class="acot">(Vase Venancio.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_11">ESCENA XI</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, EL CURA</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Ya me dijo Senén que la Condesa y usted se habían citado aquí...
-<span class="acoti">(Su solapada curiosidad quiere apoderarse del
-pensamiento del Conde, tomándole las vueltas.)</span> Aquí pueden
-ventilar con toda calma<span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span>
-las cuestiones de intereses... <span class="acoti">(Pausa. El Conde no
-dice nada.)</span> O las cuestiones de otra índole, cualesquiera que
-sean.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Volviendo a las niñas, te diré, querido Carmelo, que han producido
-en mi alma una impresión hondísima.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿De alegría?...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí... Estas alegrías pronto las convierto yo en intensísima
-tristeza, agobiado como me veo por crueles desgracias, perseguido de
-pensamientos revoltosos, obra de esta fiebre de análisis que traen
-consigo la experiencia del mal, el excesivo tesón de mi carácter,
-los años, la ceguera misma... Figúrome que no me entiendes, mi buen
-Carmelo, y has de permitirme que por ahora no te diga más.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Francamente, me he quedado en ayunas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con humorismo</span>.</p>
-
-<p>¿En ayunas tú?... No lo creo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Tienen algo que ver esas tristezas, que sin duda son nerviosas, con
-el porvenir de las señoritas?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span>EL CONDE,
-<span class="acoti">rehuyendo entrar en el asunto</span>.</p>
-
-<p>No sé... Déjame que te diga otra cosa. Mi primera impresión al
-verlas y oírlas, fue... claro que fue excelente, de gran regocijo y
-orgullo, como has dicho. Creí notar una perfecta consonancia, igualdad
-más bien, en el timbre de sus voces. Como no veo bien, sus rostros me
-han parecido como dos reproducciones exactas de un mismo tipo. ¿Serán,
-por ventura, iguales también sus caracteres, sus almas?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">después de un ratito de
-perplejidad</span>.</p>
-
-<p>¡Oh, no, Sr. D. Rodrigo! Ni son iguales sus voces, ni sus caras, ni
-menos sus caracteres.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran
-interés</span>.</p>
-
-<p>Pues siendo distintas, la una será forzosamente mejor que la otra.
-Dime, tú que las has tratado y visto bien, ¿cuál de las dos es la más
-inteligente; cuál la de corazón más puro, recto y generoso?...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Difícil es, a fe mía, la respuesta. Ambas son buenas, dóciles,
-inteligentes, de corazón hermoso y nobilísimo... algo traviesas, eso
-sí; pero observantes de la ley del pudor, muy firmes en los principios
-elementales, temerosas de Dios...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Todo eso es lo que hay en ellas de común: comprendido. ¿Y qué las
-diferencia?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span>EL CURA</p>
-
-<p>Pues discrepan... Verá usted... Dolly toma la iniciativa en las
-travesuras; Nell parece más inclinadita a las cosas graves, más
-previsora... Dolly es una imaginación viva, una voluntad impetuosa;
-Nell, una naturaleza reflexiva, más fija y constante que la otra en
-sus aficiones; Dolly, divagando, muestra pasmosas aptitudes para la
-vida práctica; Nell, haciendo diabluras, nos deslumbra con destellos
-de asombrosa inteligencia... ¿Pero qué he de decirle yo al señor D.
-Rodrigo, si en cuanto las trate familiar y diariamente, usted ha de
-conocerlas y diferenciarlas mejor que nadie?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dejándose llevar de su
-sinceridad</span>.</p>
-
-<p>De eso trato; a eso he venido.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Ha venido a...?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>A estudiarlas, a intentar un análisis detenido de sus caracteres...
-Las razones de esto no está bien que las sepas por ahora... <span
-class="acoti">(Variando de tono.)</span> Oye, Carmelo, ¿por qué no te
-quedas hoy a comer conmigo? Gregoria no te tratará mal.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>La conozco... y sé lo que vale. Pero sin perjuicio de tributar a
-Gregoria en otra ocasión los honores debidos, hoy, lo que es hoy, señor
-Conde de Albrit, se viene usted a mi casa, a hacer penitencia con
-<i>este cura</i>.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Acepto; sí, señor, acepto... ¿A qué hora?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>A la una y media en punto.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch1_12">ESCENA XII</h3>
-
-<p class="acotj">EL CONDE, EL CURA; EL MÉDICO, joven, pequeñito, de
-conjunto simpático y mirar inteligente. Viene de levita y sombrero de
-copa, el cual revela en su forma ser prenda de respeto, usada tan solo
-de año en año, en ocasiones muy solemnes.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Oh, mediquillo, ven!... <span class="acoti">(Presentándole.)</span>
-Salvador Angulo, nuestro médico titular.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">estrechándole la
-mano</span>.</p>
-
-<p>Muy señor mío.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Vengo a ofrecer mis respetos al Señor de Jerusa y de Polan...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">recordando</span>.</p>
-
-<p>Angulo, Angulo... espérese usted...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Es hijo de Bonifacio Angulo, aquel que llamaban aquí por mal nombre
-<i>Cachorro</i>, guarda de los montes de Laín.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¡Oh, sí!... <i>Cachorro</i>, hombre sencillo y un tanto rudo...
-servidor fiel... Le recuerdo perfectamente. <span class="acoti">(Le da
-otra vez la mano, que el médico le besa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y no habrá olvidado el Sr. D. Rodrigo que a este chico le costeó la
-carrera en Valladolid.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Por lo cual, debo al señor Conde lo poco que soy, y lo poco que
-valgo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>De eso no me acordaba... mi palabra que no me acordaba.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Pues ha de saber usted... no es porque esté delante... que este
-chico es una notabilidad... pero una notabilidad, en la ciencia
-médica.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Por Dios, D. Carmelo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy cariñoso</span>.</p>
-
-<p>Bien, hijo mío; dame un abrazo. <span class="acoti">(Le
-abraza.)</span> Me permitirás que te tutee. No puedo corregir
-este hábito de familiaridad, desde que entro en Jerusa. <span
-class="acoti">(El médico asiente con mudas demostraciones de
-respeto.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y ya, ya sé por qué vienes tan pitre, cañamoncito de Jerusa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span>EL MÉDICO</p>
-
-<p>Me han nombrado de la comisión que ha de recibir a la señora Condesa
-de Laín... Dispénseme, señor Conde, si después de saludarle con el
-debido respeto, me retiro...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Hijo, no hay prisa todavía.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí: ve, anda.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Oye, Salvador. En cuanto se acabe la función, una vez que el pueblo
-desfogue su entusiasmo con un poco de pólvora y cuatro berridos, y
-suene en los aires la última simpleza del discurso que ha de pronunciar
-D. José Monedero, te vienes corriendito a casa, y tendrás el honor de
-comer con el señor Conde y conmigo.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Bien, bien. ¡Qué honra tan grande!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con alegría</span>.</p>
-
-<p>¡Qué feliz coyuntura para consultarle con toda calma...!</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Un padecimiento?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No es eso. Tú conoces a mis nietecillas; las habrás asistido en
-alguna dolencia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>EL MÉDICO</p>
-
-<p>Nell y Dolly disfrutan de una salud enteramente campesina y plebeya.
-Las he visitado para indisposiciones sin importancia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero que a ti, como perspicaz observador, te habrán bastado para
-conocer sus temperamentos, qué afecciones prevalecen en cada una, qué
-predisposiciones patológicas se marcan en una y otra naturaleza...
-porque de seguro habrá diferencia grande en la complexión, en la
-constitución anatómica y fisiológica de las dos chiquillas. No sé si me
-explico.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Perfectamente. Pero hasta hoy no he tenido ocasión de determinar
-entre una y otra notorias diferencias.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>En fin, ya tendrán ustedes ocasión de hablar largo y tendido. <span
-class="acoti">(Suena un cohete.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">estremeciéndose</span>.</p>
-
-<p>Ya está aquí.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">con mucha prisa</span>.</p>
-
-<p>Ya llega...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Anda, hijo, anda.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>EL MÉDICO</p>
-
-<p>Con su permiso... No necesito decirle... Humildísimo, incondicional
-servidor... <span class="acoti">(Suenan más cohetes.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, al Cura.</p>
-
-<p>¿Y tú, no vas, Carmelo?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Indefectiblemente tengo que asomar las narices por allí. No diga la
-Condesa que soy descortés...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No eche de menos la población figura tan culminante en esta clase de
-ceremonias.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Si, sí... Me voy. Cuidado, señor Conde. A la una y media en
-punto.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No faltaré. De las pocas cosas que me quedan, una es el respeto,
-la religión de la puntualidad. <span class="acoti">(Óyese música
-lejana.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Hasta luego.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Divertirse...</p>
-
-<p class="acot">(Vanse el Cura y el Médico.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo,
-meditabundo</span>.</p>
-
-<p>¿Me ayudarán estos en mis investigaciones?... ¿Se penetrarán
-del espíritu de rectitud, del sentimiento<span class="pagenum"
-id="Page_79">p. 79</span> de justicia con que procedo?... <span
-class="acoti">(Con desaliento.)</span> Lo dudo... Viven en ambiente
-formado por las conveniencias, el egoísmo y la hipocresía, y
-cuando se les habla de la suprema ley de honor, ponen cara de
-asombro estúpido, como si oyeran referir cuentos de brujas. Si
-no me auxilian, trabajaré yo solo. El viejo Albrit se basta y se
-sobra. <span class="acoti">(Suenan más cerca la música y el rumor
-popular.)</span> ¡Ah! Ya llega, ya entra en Jerusa Lucrecia Richmond...
-¡Ya estás aquí, bestia engalanada, estatua viva, deshonesta! ¡Cuánto
-deseaba yo esta ocasión!... ¡Tú y yo solos, frente a frente! <span
-class="acoti">(Se asoma a una ventana.)</span> No sé quién es peor: si
-tú que paseas impune por el mundo tu desvergüenza, o un pueblo servil
-y degradado que te festeja y te adula. <span class="acoti">(Óyense
-campanas.)</span> Repican por ti... y luego tocarán a la oración. <span
-class="acoti">(Furioso, gritando en la ventana, hacia afuera.)</span>
-¡Pueblo imbécil, esa que a ti llega es un monstruo de liviandad,
-una infame falsaria! No la victorees, no la agasajes. Apedréala,
-escúpela.</p>
-
-
-<p class="fin">FIN DE LA JORNADA PRIMERA</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch2_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span></p>
- <h2 class="nobreak">JORNADA SEGUNDA</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h3>ESCENA PRIMERA</h3>
-
-<p class="acotj">Sala baja en la casa del señor Alcalde de Jerusa, D.
-José María Monedero, decorada con lujo barato, en toda la plenitud de
-la cursilería con dinero. Cubren las paredes paisajes al óleo, de los
-que en parejas, con marco y todo, se venden al aire libre en calles
-céntricas de Madrid, obra de artistas desdichados. <i>Hacen juego</i>
-con estos mamarrachos, cromos de cacerías o de revistas navales,
-figuras de bazar, fruslerías bordadas, mil laborcillas fáciles de
-mujer, de esas cuya explicación y dibujo traen en su sección de recreos
-útiles los periódicos de modas. Flores de trapo, en tiestos de cartón,
-exhalan en los ángulos su fragancia de cola y tintes descompuestos.
-Piano desafinado, musiquero, retratos prendidos en esterillas
-japonesas, redoma de peces.</p>
-
-<p class="acotj mt1">NELL y DOLLY; LUCRECIA, CONDESA VIUDA DE LAÍN. Es
-mujer hermosa, de treinta y cuatro años, del tipo que comunmente
-llamamos <i>interesante</i>, mezcla feliz de belleza, dulzura y
-melancolía; castaño el cabello, el rostro alabastrino, de un perfil
-elegante, precioso modelo de raza anglo-sajona, recriada en América.
-Sus ojos son grandes, obscuros, con ráfagas de oro, y el mirar sereno
-y triste, como de tigre enjaulado que dormita sin acordarse de que
-es fiera. En su talle esbelto se inicia la gordura, fácil de<span
-class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> corregir todavía con la
-ortopedia escultórica del corsé. Viste con elegancia traje de luto. En
-su habla, apenas se percibe el acento extranjero.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">abrazando y besando a las
-niñas</span>.</p>
-
-<p>Hijas mías, no me harto de besaros. ¿Teníais ganitas de verme?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Figúrate...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Hemos venido a la carrera... ¡Cuánta gente! Creí que no podíamos
-entrar, y que nos atropellaban los coches.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Qué fastidio! Vengo a Jerusa solo por ver a mis niñas, y me
-encuentro con este horrible entorpecimiento del entusiasmo público.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá, la gratitud del pueblo...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Creed que he pasado un sofoco y una vergüenza...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Te quieren.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Demostraciones tan molestas como ridículas. ¿Y a mí, por qué
-me aclaman?... En fin, ya hemos pasado el mal rato de la entrada
-triunfal...<span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> <span
-class="acoti">(Mirándolas cariñosamente.)</span> Estáis muy bien... las
-caras tostaditas. Eso quiero: que se os ponga la tez como de manzanas
-pardas, señal de salud y buena sangre...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá, tú sí que estás guapísima.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">besándolas otra vez</span>.</p>
-
-<p>Vosotras, mis ángeles salvajitos, sí que sois bellas y buenas,
-y... <span class="acoti">(La interrumpe la Alcaldesa entrando de
-improviso.)</span></p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch2_2">ESCENA II</h3>
-
-<p class="acotj">DICHAS; LA ALCALDESA, señora enjuta y menudita, que
-no tiene en aquel momento más preocupación que parecer fina, y este
-singular estado de su espíritu, con la tirantez consiguiente, se
-revela en todos sus actos, en sus palabras melosas, y hasta en los
-mohines estudiados de su boca y nariz. Viste bata azul, elegante,
-que le han enviado de Madrid. Poco después de ella entra EL ALCALDE,
-señorón macizo, sanote y jovial que, al contrario de su mujer, pone
-todo su esmero en parecer muy bruto, dejando al descubierto, desnudo
-de toda gala retórica, su natural llano y la tosca armazón de su ser
-moral. Entiende que los hombres deben ser <i>claros</i>, cada cual
-mostrándose como Dios le ha hecho. De origen humildísimo, empezó a
-sacar el pie del lodo con la carretería; trabajó honradamente después
-en distintas industrias, hasta que halló su suerte en la fabricación
-de pastas para sopa. Su laboriosidad le hizo rico, y la herencia de un
-tío de América le ascendió a millonario. Viste levita, y su chistera,
-que usa con frecuencia por razón de su cargo,<span class="pagenum"
-id="Page_84">p. 84</span> es sin disputa la mejor del pueblo. Su esposa
-cuida de renovar esta prenda con la precisa oportunidad para que no sea
-ridícula.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">finísima</span>.</p>
-
-<p>Dispense usted, Condesa. Mi esposo y yo hemos tenido que convencer
-a los notables del pueblo de que usted, por razón de su luto y del
-cansancio del viaje, no puede recibir a nadie...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">asomándose a la
-ventana</span>.</p>
-
-<p>Mamá, mamá, si está la plaza llena de gente.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Quieren que te asomes para darte vivas.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Por Dios, Vicenta, líbreme usted de este compromiso... ¡Vivas a mí!
-Yo no salgo; no sirvo para eso... Por Dios, que se vayan, que me dejen.
-Yo lo agradezco en el alma...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Las ovaciones populares, por más que sean merecidas, molestan
-y fastidian... Jerusa no puede mostrarse ingrata, ni olvidar los
-beneficios que usted le prodigó....</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">aterrada del rumor
-popular</span>.</p>
-
-<p>¿Qué beneficios ni qué niño muerto? Yo no he hecho nada,
-absolutamente nada. ¿Pero están locos aquí? Créalo usted, Vicenta, me
-da miedo <i>la voz pública</i>.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span>NELL</p>
-
-<p>Mamá, que te asomes... Quieren despedirse de ti.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Hay pueblo y señores... y hasta curas... Mamita, ¿qué te importa que
-te victoreen? Mira que si no sales, nos darán los vivas a nosotras.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Que no salgo, vamos. Vicenta, por Dios, que su marido de usted
-me haga el favor de echarles una arenga, diciéndoles... que estoy
-enferma, y que les agradezco infinito sus manifestaciones... que no las
-merezco... En fin, él sabrá.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">limpiándose el
-sudor de la frente, la levita desabrochada, el chaleco abotonado a
-medias</span>.</p>
-
-<p>Ya, ya se van... ¿Pero qué le costaba a usted, Condesa, asomarse un
-poquito? Con una inclinación de cabeza cumplía usted. Pero, en fin,
-respeto su repugnancia de las apoteosis. Lo mismo me pasa a mí. Siempre
-que me ovacionan me echo a llorar, y se me descompone el vientre.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Pero qué he hecho yo, Sr. D. José de mi alma, para estos obsequios,
-este entusiasmo?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Hija, la carretera de Forbes, la estación telegráfica... la
-condonación...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Me bastó pedírselo al Ministro...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Más que todo eso vale el Instituto de segunda enseñanza, que nos
-disputaban los de Durante. Nada agradecen tanto los pueblos, señora
-mía, como el que les den algo que se le quita al vecino. Cuestión de
-amor propio: la entidad pueblo es lo mismo que la entidad persona.
-Fastidiar al vecino, y caiga el que caiga. Jerusa verá siempre en la
-ilustre Condesa de Laín una individualidad digna de todos nuestros
-respetos. Y yo, que llevo el corazón en la mano, que digo siempre
-la verdad llana y monda... soy así, muy bruto, muy francote... le
-aseguro a usted que la queremos aquí... como sabe querer Jerusa; y si
-lográramos que nos concedieran la Escuela de Comercio que pretenden los
-de Durante, no le quiero decir a usted... La apoteosis que le haríamos
-retumbaría en la China.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sonriente</span>.</p>
-
-<p>Yo sí que no vuelvo de mi apoteosis.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">desde la ventana</span>.</p>
-
-<p>Ya, ya se retiran.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Parece que van descontentos. ¡Y cómo nos miran!</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>No extrañe usted, Condesa, las vehemencias de mi marido. Desde
-que es <i>edil</i> <span class="acoti">(marcando bien la<span
-class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span> palabra)</span>, no vive.
-La fiebre de la cosa pública altera su genio pacífico. Verdad que no
-hay otro que mejor cumpla, ni que sepa consagrarse tan de lleno a los
-deberes de un cargo espinoso.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">por decir algo</span>.</p>
-
-<p>Estos son los hombres, estos son los grandes ciudadanos...</p>
-
-<p class="rol">UNA CRIADA, <span class="acoti">entrando con una bandeja
-de huevos moles</span>.</p>
-
-<p>Esto mandan a la señora Condesa las monjas Dominicas.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo a verlo</span>.</p>
-
-<p>¡Huevos moles! ¡Qué ricos!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Vaya un regalo, mamá!</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Para que diga usted que no se portan bien las monjitas de mi
-tierra.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Pobrecillas! Tendré que visitarlas.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Iremos. Son finísimas.</p>
-
-<p class="rol">OTRA CRIADA, <span class="acoti">entrando con un
-descomunal ramo de flores</span>.</p>
-
-<p>De parte de los capataces de la Granja modelo...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>También tendré que hacerles una visita.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Iremos; sí, señora. Verá usted los carneros moruecos, que han traído
-ahora para padres.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">que ha salido un
-momento, vuelve trayendo una labor de tapicería y mostacilla</span>.</p>
-
-<p>Mire usted, Lucrecia, lo que le manda la maestra del colegio de
-niñas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Ay, qué precioso!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Mira, mamá. ¿Es un gorro?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No, hija: es un <i>cosy</i> para cubrir las teteras...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">pesarosa de no haber
-acertado antes el uso de aquel chisme</span>.</p>
-
-<p>Es un adminículo extranjero. Aquí no lo usamos.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Tiene usted que visitar el colegio.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¡Pobre Condesa! Ya le cayó quehacer.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y podrá decir que en ninguna parte del mundo ha visto usted labores
-tan primorosas como<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> las
-que hacen las alumnas del colegio de Doña Severiana.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Bordan a maravilla... Ya lo ve usted... Y allí tiene usted a las
-chicuelas todo el santo día sobre los bastidores...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">mirando su reloj,
-descomunal pieza de oro</span>.</p>
-
-<p>Y a todas estas, Vicenta, son las tantas y no comemos. Mi señora
-Doña Lucrecia tiene apetito... las niñas están desfallecidas. ¿Verdad,
-<i>Nelita</i> y <i>Dolita</i>, que deseáis sentaros a la mesa?... y
-yo... ¿por qué no he de decirlo? estoy ladrando de hambre. Conque...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Me arreglaré en un momento.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Subamos a mi tocador. Mientras usted se arregla, dispondré que nos
-sirvan la comida.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y yo, si la señora Condesa me lo permite, voy a librarla de otra
-<i>lata</i> horrorosa.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>El orfeón del pueblo quiere venir a cantar durante la comida.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡No, por Dios!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>EL ALCALDE</p>
-
-<p>Ahí está el director. Voy a quitárselo de la cabeza...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Sí, sí; que lo agradezco, que siento mucho...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Que está muy fatigadita. Crea usted que no perdemos nada. Desafinan
-como perros.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y que, motivado al luto, no está usted para músicas... Ya, ya
-sabré despacharles... Y sobre todo, que lo mando yo, ea...</p>
-
-<p class="acot">(Vase presuroso.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch2_3">ESCENA III</h3>
-
-<p class="acot">Tocador de la Alcaldesa.</p>
-
-<p class="acotj mt1">LUCRECIA, DOLLY y NELL; una criada extranjera que
-ayuda a vestir a su ama y no habla; después LA ALCALDESA.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Qué descanso! Solas un momento. Prefiero una enfermedad a los
-entusiasmos de Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá, es que te quieren.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Sí, sí: cariños que reclaman la fuga inmediata, como quien escapa
-de una epidemia. Es<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span>
-violentísimo tener que mostrar gratitud ante estas mojigangas.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Mamá, ten paciencia.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">bajando la voz</span>.</p>
-
-<p>Lo mismo que soportar las amabilidades de estos pobres cursis...
-Son muy buenos, lo reconozco... y les aprecio verdaderamente. Pero en
-Jerusa no quiero ver a nadie más que a vosotras.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá, ¿cuándo nos llevas contigo?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">meditabunda</span>.</p>
-
-<p>No sé... Tal vez muy pronto. Depende de circunstancias
-eventuales...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>Mamá, ¿no sabes? Ha llegado el abuelito.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">disimulando su disgusto,
-que solo se trasluce en rápidos destellos de sus pupilas rasgueadas de
-oro</span>.</p>
-
-<p>Ya, ya lo sé... Llegó esta mañana. ¿Y qué? Tan gruñón y desabrido
-como siempre.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>A nosotras nos quiere mucho.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Irás a verle...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Sin duda. Ya sé que hoy come con D. Carmelo... ¿Y con vosotras ha
-estado muy expansivo? ¿Qué hacíais cuando llegó?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Le encontramos en el bosque. Primero tuvimos mucho miedo, porque no
-le conocíamos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Y después de conocerle, más.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No, no: el pobrecito no acababa de hacernos cariños. Nos da mucha
-lástima de verle tan agobiado, viejecito, casi ciego.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Y en el camino del bosque a la Pardina, ¿no habló con nadie? ¿No le
-salió al encuentro alguna persona conocida?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí, mamá: Senén.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">disgustada</span>.</p>
-
-<p>Ya me han dicho que está aquí ese tábano. El tal marea... y pica. Os
-recomiendo el menor trato posible con él.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">entrando</span>.</p>
-
-<p>Cuando usted quiera.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Ya estoy.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>LA
-ALCALDESA, <span class="acoti">llevándola a la ventana, y mostrándole
-al Alcalde, que en la calle habla con un joven</span>.</p>
-
-<p>Vea usted, Lucrecia, los apuros que pasa mi esposo por defenderla
-a usted de impertinencias. Ese con quien habla es Pepito Cea, el
-periodista de Jerusa, que quiere colarse aquí para celebrar con usted
-una <i>interview</i>.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Una <i>interview</i>!... ¿Pero está loco ese hombre?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Mire usted... mire usted a José María, más colorado que un pavo...
-Parece que quiere romperle el bastón en la cabeza... Ahora le coge de
-las solapas... Al fin parece que le convence.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Pero qué quiere preguntarme ese tipo, ni qué tengo yo que
-decirle?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Pues nada: a qué hora entró en el tren; si le gustó el paisaje; si
-le prueba bien Jerusa; si quedó contenta de la ovación o le ha parecido
-poca, y, por fin, cuál es su actitud en el asunto de la Cámara de
-Comercio, es decir, si apoyará a raja-tabla en Madrid las pretensiones
-de esta villa.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Dios me ampare!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>LA
-ALCALDESA, <span class="acoti">mirando</span>.</p>
-
-<p>Ya, ya le ha despachado. Allá va el pobre Cea con viento fresco.
-Pondrá esta noche las paparruchas que le habrá encajado José María...
-Que usted adora al pueblo; que ha venido muy cansada y con dolores
-de reúma, y que se desvivirá por conseguirnos lo de la Cámara de
-Comercio, apabullando a los de Durante... Ya entra mi marido. Bajemos
-al comedor.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA. <span class="acoti">(Salen las dos señoras,
-enlazadas del brazo; las niñas delante.)</span></p>
-
-<p>Es delicioso. Pero no me hace ninguna gracia que ponga ese majadero
-la noticia falsa de mi reumatismo. Es una enfermedad que me desagrada
-más que otras, porque, no siendo grave, hace engordar.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">bajando la
-escalera</span>.</p>
-
-<p>Es muchacho fino, y dirá que está usted nerviosa.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Menos mal.</p>
-
-<p class="acotj mt1">En la puerta del comedor encuentran al señor
-Alcalde, que ofrece su brazo a la Condesa. Sofocado, aunque de buen
-humor, da cuenta del gracioso <i>quite</i> con que logró evitar la
-formidable tabarra con que les amenazaba el audaz foliculario. Debe
-decirse, tributando a la verdad los honores debidos, que fue excelente
-y copiosa la comida, feliz combinación del <i>estilo de fonda</i> y del
-arte casero en casa rica; el servicio atropellado y lento, pues<span
-class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> las pobrecitas criadas
-no acertaban a desenvolverse en aquel mete-y-saca y quita-y-pon de
-platos, fuentes y salseras. Sentáronse a la mesa, a más de la Condesa
-y sus hijas y los dueños de la casa, los dos niños de estos, escolares
-encogidos que se hallaban en plena <i>edad del pavo</i>, y eran de lo
-más desaborido que en tan lastimosa edad comunmente se ve. De personas
-extrañas solo había una, la que toda Jerusa conocía por CONSUELITO, de
-apodo la <i>Solitaria</i>, prima del Alcalde, viuda rica sin hijos, que
-en investigar vidas ajenas se pasaba mansamente la suya, y era, por
-tanto, un viviente archivo de historias, enredos y chismes. Amenizó el
-señor Alcalde la comida con un jaquecoso disertar sobre las mejoras
-pasadas, presentes y venideras de Jerusa, y a nadie dejaba meter baza.
-Pugnaba su esposa por intercalar observaciones finas en medio de la
-gárrula oratoria del buen Monedero: pero rara vez vio coronado por
-el éxito su laudable propósito. Cuando servían el café (que, entre
-paréntesis, llegó a la mesa mal hecho, recalentado y frío), entraron a
-saludar a la Condesa EL SEÑOR CURA, que ya la había visto, y SENÉN, que
-aún no había tenido el honor de besarle la mano.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch2_4">ESCENA IV</h3>
-
-<p class="acotj">Jardín que no necesita descripción, pues ya se
-comprende que es un afectado y ridículo plagio en pequeño del
-estilo inglés en grande; trazado en curvas, con praderas, macizos,
-bosquecillos y plantaciones ornamentales de variada coloración.</p>
-
-<p class="acotj mt1">LUCRECIA, NELL y DOLLY; EL ALCALDE, LA ALCALDESA,
-sus DOS HIJOS, que no hablan, y peor sería que hablaran; CONSUELITO, EL
-CURA, SENÉN.</p>
-
-<p class="acotj">Fórmanse grupos distintos que cambian de figuras.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span>EL CURA,
-<span class="acoti">sentándose con la Condesa y la Alcaldesa en un
-banco <i>rústico</i>, de los muchos que hay en el jardín, alternando
-con los&nbsp;<i>civilizados</i></span>.</p>
-
-<p>Ya comprenderá la señora Condesa que no he venido esta tarde solo
-por el gusto de verla, que siempre es grande, sino...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Ya, ya... Ha comido usted con <i>él</i>... y me trae algún mensaje;
-recadito por lo menos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Dispénseme si le digo que se equivoca. El señor Conde no me ha dado
-ninguna comisión ni recado para la Condesa de Laín.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Entonces...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Lo que yo diga será por cuenta mía, por inspiración propia y consejo
-de amigo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">a la Alcaldesa, que se
-aparta discretamente</span>.</p>
-
-<p>No, no se retire usted, Vicenta. No hablamos nada reservado. Puede
-usted oírlo... Siga, Don Carmelo. Mi ilustre papá político, como si lo
-viera, habrá dicho de mí... qué sé yo... horrores espeluznantes.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>No, señora. Ni una sola vez la ha nombrado a usted durante la
-comida.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Permítame el Sr. D. Carmelo que no le crea, con todo el respeto
-debido. Es usted un santo, que en este instante no dice la verdad...
-por exceso de virtud. Se dan casos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Habló mucho de su hijo muerto, dignísimo esposo de usted; ponderó
-sus virtudes, su mérito no común, lloró...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que palidece, e intenta
-desviar la conversación</span>.</p>
-
-<p>También hablaría de su desdichado viaje a América. Lo emprendió
-atraído por la ilusión, por el espejismo de un caudal que allí dejó
-su abuelo el Virrey, y después de mil fatigas y trabajos, sufriendo
-desaires y persecuciones, ha vuelto descorazonado y sin una peseta. Al
-diantre se le ocurre plantarse en el Perú a reclamar las famosas minas
-de Hualgayoc, olvidadas durante un siglo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>También nos habló de eso... y de otras cosas. Demuestra un cariño
-ardiente a sus nietas. Oyéndole hablar de ellas, hemos observado
-Angulo y yo cierta exaltación del afecto paternal, y una tenacidad
-monomaníaca en el propósito de estudiar y desentrañar los caracteres de
-una y otra... Por la incoherencia con que se expresa, no hemos podido
-apoderarnos de su pensamiento, si es que alguno tiene. Angulo cree más
-bien que en aquella cabeza hay un desconcierto<span class="pagenum"
-id="Page_98">p. 98</span> lastimoso, ideas de grandeza, ideas de
-venganza, el orgullo y la miseria, que rabian de verse juntos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No será extraño que las desdichas, amargando su alma, toda soberbia
-y altanería, lleven al buen D. Rodrigo a la locura...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>No diré yo tanto. Solo apunto la idea de que el señor Conde, por
-su ancianidad, por su pobreza, por el estado de amargura e irritación
-de su espíritu, merece y reclama exquisitos cuidados, y de esto
-precisamente quería que hablásemos usted y yo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Por mí no ha de quedar. Pienso decir a Venancio que si el Conde
-permanece en la Pardina tenga con él toda clase de miramientos, le
-cuide, le agasaje, atienda con delicadeza a sus necesidades. Pero
-yo dudo que acepte estos beneficios dispuestos por mí. Usted le
-conoce...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Sí, y sé que es atrabiliario, descontentadizo, y que la exaltación
-de la dignidad le impulsará a rechazar el bien que usted le ofrezca.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">cruzándose de
-brazos</span>.</p>
-
-<p>Entonces, ¿qué debo hacer? Vicenta, dé usted su opinión.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span>LA
-ALCALDESA, <span class="acoti">con finura</span>.</p>
-
-<p>Yo... ¿Qué quiere usted que le diga? Paréceme que no será difícil
-encontrar un medio de darle amparo decoroso, digno de su alcurnia, sin
-que la vidriosa dignidad de D. Rodrigo se sintiera ofendida.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">aprobando
-enfáticamente</span>.</p>
-
-<p>Mucho, mucho... Vicenta, con su talento admirable, nos indica el
-mejor camino. Pues bien: yo tengo una idea, que quiero someter al buen
-criterio de usted...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">presuroso, hacia la
-Condesa</span>.</p>
-
-<p>Lucrecia, ahí tiene usted una visita. El Prior y dos Padres
-Jerónimos del convento de Zaratán vienen a ofrecer a usted sus
-respetos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Ah!... Zaratán... Ya me acuerdo. Dí una cantidad para la
-restauración... y Rafael consiguió del Gobierno un dineral para que
-estos benditos pudieran instalarse.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Están en la sala? Vamos un momento. No tema usted que la fastidien.
-Son finísimos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Vamos allá... ¡Qué oportunidad, qué feliz coincidencia!</p>
-
-<p class="acot">(Entran en la casa Lucrecia, el Cura, el Alcalde y su
-señora.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span>SENÉN,
-<span class="acoti">en otro grupo, con Nell y Dolly, Consuelito y los
-niños del Alcalde, que no hablan ni a tiros</span>.</p>
-
-<p>¿Quieren ver la pajarera?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Lo que queremos ver es las sortijas que llevas tú en el dedo
-meñique.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Son preciosas. Ya podías regalárnoslas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Están a su disposición.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Truhan! Ya sabes que no las tomaríamos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Por qué no? Hagan la prueba.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Te morirías de rabia.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Las necesita para deslumbrar a las chicas del pueblo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Cuántas novias tienes? Dinos la verdad.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Lo menos dos docenas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>CONSUELITO</p>
-
-<p>Que yo conozca, tres... A mí no me lo negarás, pillo, engañador. Te
-he visto de telégrafos con Delfina, la del confitero; sé que te carteas
-con Amalia Ruiz, y es de dominio público que le mandas versitos a ese
-retaco de Hilaria Sevillano, y que ella te envía, con la mujer del peón
-caminero, peras de su huerta. Todo se sabe, amiguito.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sí, y lo primero que sabemos es que se deja usted tamañita a <i>La
-Correspondencia</i>. Todo lo averigua y todo lo trabuca. Para que se
-entere, no han sido peras, sino abridores.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Y ahora te está preparando una calabaza de cabello de ángel. Es
-rica la niña, aunque cargadita de espaldas; pero los padres, que son
-plateros y conocen el oro falso, no te pasan... Tienes liga...</p>
-
-<p class="acotj mt1">(No se oye lo que contesta Senén, porque Nell y
-Dolly, viendo pasar a un sujeto al través de la verja que da a la calle
-de Potestad, se abalanzan gozosas a llamarle.)</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡D. Pío, Pío, Piito, venga, ven acá!... entra.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">dejando a Senén con la
-palabra en la boca</span>.</p>
-
-<p>¿Es Coronado, vuestro maestro?</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">gritando</span>.</p>
-
-<p>Maestro, maestrillo, entra. Mamá quiere verte.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_102">p.
-102</span>DOLLY</p>
-
-<p>No seas vergonzoso... ven.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>No entrará ni a tiros. Es muy corto de genio. <span
-class="acoti">(Se asoman los cuatro, y ven a un anciano que se aleja
-calle adelante, y risueño saluda con la mano.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Pobrecillo!... ¡Le queremos más...!</p>
-
-<p class="acotj mt1">Los dos niños del Alcalde se dedican, con
-perseverancia digna de mejor causa, a untarse las manos de tierra
-mojada. La <i>Solitaria</i>, viendo salir a los frailes, y a las
-señoras, que en la verja de la plaza les despiden, corre a gulusmear.
-Fórmanse nuevos grupos: en un lado están el Cura, la Alcaldesa y
-Consuelito; en otro, el Alcalde, la Condesa, Senén y las niñas.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">a la
-Alcaldesa</span>.</p>
-
-<p>¿Se puede saber a qué han venido los padricos de Zaratán?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Visita de parabién, y nada más. <span class="acoti">(Al
-Cura.)</span> La verdad, D. Carmelo, aquí que nadie nos oye: ¿D.
-Rodrigo le dijo o no le dijo a usted los horrores que supone
-Lucrecia?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">escurriendo el
-bulto</span>.</p>
-
-<p>Psch... Exageraciones, monomanías... chocheces.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span>CONSUELITO</p>
-
-<p>A esta buena señora no le vendría mal mirar un poquito por su
-reputación... Ella será buena; pero no puede hacerlo creer a nadie.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Chitón, Consuelo. Lucrecia está en mi casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>De todas las historias que por ahí corren, descontemos lo que añaden
-la malicia, la envidia, el afán de los chistes, y...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Quite usted todo el <i>jierro</i> que quiera, y siempre quedará lo
-que es público y notorio.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Y quién te asegura que no sea invención?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>No creo en las invenciones, ni siquiera en la de la pólvora... Esta
-Vicenta, cuando se pone a no querer entender las cosas...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Indicábamos que podría ser invención...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>¿He inventado yo que esta buena señora no tenía ni pizca de amor
-a su marido... y que le dejó morir como un perro en una fonda de
-Valencia?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>LA
-ALCALDESA</p>
-
-<p>¡Consuelo, por Dios...!</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Hija, en Madrid lo oí... Los chicos de la calle no sabían otra cosa.
-Bueno: que es mentira. ¿Queréis que diga y sostenga que miente todo
-el mundo? Pues lo digo: a benevolencia nadie me gana. Pero también os
-aseguro una cosa: en mi fuero interno creo que el Conde de Albrit tiene
-razón en odiar a su nuera, y lo pruebo, como diría Senén.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Recomiéndele usted a su fuero interno que no sea tan malicioso.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Pero no puedo recomendar a mis ojos que no vean lo que ven; y han
-visto que la cara de la Condesa se queda como el mármol cuando le
-nombran a su suegro.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>De mármol blanco. Es que tiene una tez que ya la quisiera usted para
-los días de fiesta.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Yo no presumo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Podía...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">cortando la
-cuestión</span>.</p>
-
-<p>Basta. Mientras esta señora esté en mi casa, yo no tolero...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_105">p.
-105</span>CONSUELITO</p>
-
-<p>Claro... pero conste que ella viene a honrarse a tu casa... no eres
-tú quien se honra con recibirla y agasajarla. ¡Pues no le han dado hoy
-poquita ovación!... Y dice que no le gustan los vivas... A poco más
-revienta de orgullo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Señora Doña Consuelito, no abre usted la boca sin decir algo
-en ofensa del prójimo. Haga caso de mí, que la quiero bien: ponga
-mesura en sus palabras, y enfrene un poco su curiosidad de las vidas
-ajenas.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>¿Qué mal hay en saber lo que pasa, siendo verdad? La curiosidad es
-hija de Dios, y de la curiosidad nace la historia que usted cultiva, y
-nace la ciencia que descubre tantas cosas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>La curiosidad perdió a Eva.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Hay opiniones...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Es dogma.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Bueno... lo creo por ser dogma, que si no, no lo creía. Una cosa
-siento, acordándome de lo del Paraíso... Sí, señor, siento no haberlo
-visto yo, para que nadie me lo contara.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span>LA
-ALCALDESA, <span class="acoti">viendo llegar a la Condesa</span>.</p>
-
-<p>Silencio... Aquí viene.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Pobre Senén! Las chiquillas le traen loco.</p>
-
-<p class="acotj mt1">La inopinada presencia del periodista en la verja
-de entrada exige nueva intervención de la muleta del señor Alcalde.
-Preséntase también el director del orfeón. La Alcaldesa se ve precisada
-a poner coto a los juegos inocentes de sus hijuelos, y acude al
-estanque, donde se lavan las manos, mojándose la ropita nueva. Nell y
-Dolly llaman a Consuelito y al Cura. Senén y la Condesa se encuentran
-un rato solos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sentada a la sombra de una
-magnolia frondosísima</span>.</p>
-
-<p>Ya sé que has visto a ese hombre, que le has hablado.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">en pie, respetuoso</span>.</p>
-
-<p>Viene de malas.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">disimulando su
-miedo</span>.</p>
-
-<p>¿Y qué me importa? Forzoso es darle algo para que viva... Me dejará
-en paz.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Lo dudo... Como soberbio que es, no querrá limosna; como
-quisquilloso y camorrista, querrá escándalo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">trémula</span>.</p>
-
-<p>¡Escándalo!... ¿Qué?... ¿te ha dicho algo?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>SENÉN,
-<span class="acoti">haciéndose el misterioso</span>.</p>
-
-<p>A mí, no... En Madrid, un amigo mío que vivió en Valencia con el
-señor Conde, me dijo que este, desde la muerte de su hijo (Dios le
-tenga en su gloria), no vive más que para un fin: revolver lo pasado,
-los desechos del pasado...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Como los traperos en los montones de basura.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Revolver para sacar... lo que encuentre.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">muy inquieta</span>.</p>
-
-<p>Y a ti te haría mil preguntas... Sabe que fuiste mi criado... y los
-criados siempre poseen algún secreto... digo mal, algún dato de las
-intimidades de sus amos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">enfáticamente</span>.</p>
-
-<p>En mí tuvo y tendrá siempre la señora Condesa un servidor leal...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Lo sé... Confío en ti.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Y aunque no me obligaran a la lealtad los motivos de agradecimiento
-que me hacen esclavo de la señora, seré fiel y seguro porque tengo la
-honradez metida en las entrañas...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_108">p.
-108</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Lo sé... <span class="acoti">(Apuradísima por librar su olfato
-del insoportable perfume de heliotropo que Senén despide de su
-ropa, saca el pañuelo, y se acaricia con él la nariz, fingiendo
-constipación.)</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sirvo a la Condesa de Laín desinteresadamente en todo aquello que
-guste mandarme, sea lo que fuere... Pero no olvide la señora que su
-humilde protegido, el pobre Senén, no merece quedarse a mitad del
-camino en su carrera.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con hastío y
-desdén</span>.</p>
-
-<p>¿Pero qué... quieres más? ¿Solicitas otro ascenso? Ahora es
-imposible.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">quejumbroso</span>.</p>
-
-<p>No es eso. Por la administración a secas no se va a ninguna
-parte.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Pues qué pretendes?... Dilo pronto y acaba de una vez. ¿Quieres el
-arzobispado de Toledo, o la cruz laureada de San Fernando?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Aspiro a una posición obscura y de mucho trabajo, con lo cual podré
-asegurar mi subsistencia en lo que me quede de vida.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">impaciente, deseando que
-se vaya</span>.</p>
-
-<p>Bueno: la tendrás. ¿Es cosa que puedo hacer yo?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>SENÉN</p>
-
-<p>Facilísimamente, no dejando pasar la ocasión. Es cosa muy sencilla.
-Que me nombren agente ejecutivo para la cobranza de Derechos Reales.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Y eso da dinero?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¡Que si da!...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿De modo que pidiéndolo al Ministro...?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Como tenerlo en la mano.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">levantándose, por huir del
-perfume y del perfumado</span>.</p>
-
-<p>Si es así, cuenta con ello.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Permítame la señora un momentito...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Insufrible pedigüeño! ¿Todavía más?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Se me olvidó decir a la señora que para desempeñar ese cargo
-necesito fianza.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">muy displicente</span>.</p>
-
-<p>¿También eso?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>SENÉN</p>
-
-<p>Una fuerte fianza.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sofocando su ira</span>.</p>
-
-<p>Yo no puedo ponértela...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">dando un paso hacia
-ella</span>.</p>
-
-<p>Pero el señor Marqués de Pescara me la facilitará solo con que la
-señora se lo diga... o se lo mande.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Oh!... Esto ya es absurdo... Pides cosas difíciles, enfadosas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">dando otro paso en
-seguimiento de la Condesa, que se aleja</span>.</p>
-
-<p>Si la señora no quiere molestarse para que yo salga de pobre, no he
-dicho nada... Se me olvidaba manifestarle que el dinero estará seguro,
-y el señor Marqués cobrará intereses de la Caja de Depósitos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">deseando concluir</span>.</p>
-
-<p>Está bien... Pero es dudoso que yo pueda ver a Ricardo...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con seguridad</span>.</p>
-
-<p>Le verá mañana o pasado.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con súbito interés,
-aproximándose a él, sin temor a la fragancia heliotrópica</span>.</p>
-
-<p>¿Dónde?... ¿Qué dices?... ¿Dónde?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>SENÉN</p>
-
-<p>En Verola, a donde la señora va desde aquí.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Y cómo lo sabes?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Cuando lo digo, es porque lo sé... y lo pruebo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Él también en Verola!... ¡Ah! lo sabes por su ayuda de cámara, que
-es tu primo. ¿Estás seguro?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Prométame la señora que si encuentra allí al señor Marqués le pedirá
-la fianza. Con eso me basta.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">rehaciéndose, avergonzada
-de sostener coloquio familiar con un inferior</span>.</p>
-
-<p>Yo veré... Ignoro en qué disposición encontraré a Ricardo.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">muy animado</span>.</p>
-
-<p>Prométame hablarle de mi fianza si le encuentra en buena
-disposición. Me conformo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Te prometo no olvidar el asunto, mirarlo con interés... siempre que
-tú me asegures una lealtad a toda prueba...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>SENÉN,
-<span class="acoti">con aspavientos de adhesión</span>.</p>
-
-<p>¡Señora!...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">tapándose la
-nariz</span>.</p>
-
-<p>Retírate...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Qué... está la señora constipada?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">burlona</span>.</p>
-
-<p>No, hombre... Es que usas unos perfumes tan fuertes, que no se puede
-estar a tu lado... Vete ya.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">turbado</span>.</p>
-
-<p>Pues yo creía... No molesto más... <span class="acoti">(Saludando a
-distancia.)</span> Señora...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">agitando con su pañuelo el
-aire, para alejar los miasmas olorosos</span>.</p>
-
-<p>¡Qué desgraciada soy, Dios mío! ¡Tener que soportar a ese animalejo,
-y oírle, y olerle... solo porque le temo!...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">que vuelve de meter en
-cintura a sus niños</span>.</p>
-
-<p>¿Qué hace usted, Lucrecia?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Limpiar la atmósfera de los perfumes que usa este imbécil.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí: tiene infestada... toda la población.</p>
-
-<p class="acotj mt1"><span class="pagenum" id="Page_113">p.
-113</span>(Entra en el jardín <i>Capitán</i>, el perrito de la Pardina,
-y corre hacia las niñas, brincando de alegría, y meneando el plumacho
-que tiene por cola.)</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">bajándose para cogerle de las patas
-delanteras</span>.</p>
-
-<p>Hola, pillo, ¿vienes a ver a tus niñas?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Qué trae por aquí el chiquitín de la casa? Tú no has venido solo,
-<i>Capitán</i>.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Con quién has venido?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">a Lucrecia</span>.</p>
-
-<p>Ahí tiene usted a Venancio, con un recado del <i>León de
-Albrit</i>... Cuidado que no le llamo flaco ni gordo, ni hablo de sus
-pulgas.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">demudada</span>.</p>
-
-<p>Voy... ¿Qué será? <span class="acoti">(Entra en la casa, acompañada
-de la Alcaldesa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">a Consuelito, que ávida
-de noticias se le aproxima</span>.</p>
-
-<p>Esta tarde no podremos librarnos del orfeón. Ya le he dicho a
-Fandiño que con un par de cantatas nos daremos por bien servidos.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Y echarán, aplicándolo a tu amiga, el coro dedicado a Isabel
-la Católica, que dice: «Salve, matrona excelsa...» <span
-class="acoti">(Cantando.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span>EL
-ALCALDE</p>
-
-<p>El tábano de Cea debiera celebrar su <i>interbú</i> contigo. Pero
-como estás sorda, le encargaré que se traiga una trompetilla.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">amenazándole con su
-abanico</span>.</p>
-
-<p>¡Sorda yo!</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Quiero decir que debieras serlo... y muda.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Eso quisieras tú, para hacer mangas y capirotes en el
-Ayuntamiento.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que vuelve de la casa, con
-la Alcaldesa y el Cura</span>.</p>
-
-<p>Mi noble suegro me pide hora y sitio para nuestra entrevista. He
-dicho a Venancio que le contestaré esta tarde.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Me parece bien que no se demore el careo. Sea usted humilde si él es
-orgulloso. Tiene usted la juventud, la fuerza, no sé si la razón... Él
-es anciano, infeliz... Merece indulgencia.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">mirando más al suelo que a
-los que la rodean</span>.</p>
-
-<p>No sé qué pretenderá... Lo sabremos mañana.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Citémosle aquí. Verá usted cómo conmigo no se desmanda. ¡Leoncitos a
-mí!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_115">p.
-115</span>LUCRECIA, <span class="acoti">vacilando</span>.</p>
-
-<p>No sé... no sé...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Si quiere usted celebrar la entrevista en mi casa, pongo a su
-disposición una sala hermosísima... Con franqueza. Estarán ustedes
-solitos... Se cierran bien las puertas...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No, gracias... Iré a la Pardina.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Fije usted la hora, y yo le llevaré el recado.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Mañana, a las diez.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">desconsolada</span>.</p>
-
-<p>¡Mañana que pensaba yo llevármela a visitar a las monjitas!</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y el colegio, y la fábrica, y el matadero, y los casinos de la
-<i>masa obrera</i>, y el hospital, y el instituto, y las escuelas...
-Condesa, que espere el león un día más.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No puede ser, mi querido D. José María, porque me voy mañana.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span>LA
-ALCALDESA, <span class="acoti">con asombro y cierta indignación, de que
-participa su esposo</span>.</p>
-
-<p>¿Cómo es eso? ¡Lucrecia, por Dios...!</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">dando resoplidos</span>.</p>
-
-<p>¡Trómpolis! Eso no es lo tratado.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>No, hija mía; no lo consentimos. Dijo usted que cuatro días.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Me opongo. Saco la vara.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y yo saco el Cristo.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>¡Ingrata! ¡Dejarnos tan pronto!</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">remilgada,
-suspirando</span>.</p>
-
-<p>Lo siento en el alma...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Pero tan mal la tratamos?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">poniendo
-morros</span>.</p>
-
-<p>Sin duda la tratan mejor en Verola, en el castillo de sus amigos los
-Donesteve.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Compromiso ineludible. Me esperan mañana. Pero no hay que
-apurarse... volveré.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>EL
-ALCALDE, <span class="acoti">con grosería</span>.</p>
-
-<p>¿De veras? ¡Cómo nos está tomando el pelo!</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>No, no nos engaña. Volverá.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Como que es muy probable que allí determine llevarme a las
-chiquillas... Francamente, me inquieta un poco dejarlas en Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">frunciendo el
-ceño</span>.</p>
-
-<p>Tal vez...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo hacia su madre</span>.</p>
-
-<p>¡Mamá, el orfeón!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡El orfeón! Ahí están.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">batiendo palmas</span>.</p>
-
-<p>¡Qué gusto!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Qué alegría!</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">cantando bajito</span>.</p>
-
-<p>«Salve, matrona excelsa...»</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch2_5" title="ESCENA V"><span class="pagenum"
- id="Page_118">p. 118</span>ESCENA V</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">Sala baja en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">LUCRECIA, sentada, melancólica, mirando al suelo; EL
-CONDE, que entra por el foro.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Señora Condesa... <span class="acoti">(Se inclina respetuosamente.
-Saluda ella con fría reverencia.)</span> Agradezco a usted que
-haya tenido la bondad de concederme esta entrevista, aunque para
-merecer yo favor tan grande haya tenido que venir a Jerusa. <span
-class="acoti">(Toma una silla, y se sienta cerca de ella.)</span></p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Es obligación sagrada para mí acceder a su ruego... aquí o en
-cualquier parte. Obligación digo: durante algún tiempo me ha llamado
-usted su hija.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero ya no... Esos tiempos pasaron. Fue usted, como si dijéramos,
-una hija eventual... transitoria, una hija de paso...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">esforzándose en sonreír
-para engañar su miedo</span>.</p>
-
-<p>Y a las hijas de paso... cañazo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Extranjera por la nacionalidad, y más aún por los sentimientos,
-jamás se identificó usted con mi familia, ni con el carácter español.
-Contra<span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> mi voluntad,
-mi adorado Rafael eligió por esposa a la hija de un irlandés
-establecido en los Estados Unidos, el cual vino aquí a negocios de
-petróleo... <span class="acoti">(Suspirando.)</span> ¡Funestísima ha
-sido para mí la América!... Pues bien: como todo el mundo sabe, me
-opuse al matrimonio del Conde de Laín; luché con su obstinación y
-ceguera... fui vencido. Me han dado la razón el tiempo y usted; usted,
-sí, haciendo infeliz a mi hijo, y acelerando su muerte.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">airada, y todavía
-medrosa</span>.</p>
-
-<p>Señor Conde... eso no es verdad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">fríamente
-autoritario</span>.</p>
-
-<p>Señora Condesa, es verdad lo que digo. Mi pobre hijo ha muerto de
-tristeza, de dolor, de vergüenza.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sacando fuerzas de
-flaqueza</span>.</p>
-
-<p>No puedo tolerar...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Calma, calma. No se acalore usted tan pronto... cuando apenas he
-comenzado...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Es monstruoso que se me pida una entrevista para mortificarme, para
-ultrajarme. <span class="acoti">(Afligida.)</span> Señor Conde, usted
-nunca me ha querido.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Nunca... Ya ve usted si soy sincero. Mi penetración, mi conocimiento
-del mundo no me<span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>
-engañaban. Desde que vi a Lucrecia Richmond la tuve por mala, y si en
-algo han fallado mis augurios ha sido en que... en que salió usted peor
-de lo que yo pensaba y temía.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">levantándose
-altanera</span>.</p>
-
-<p>Si esta conferencia, que yo no he solicitado, es para insultarme, me
-retiro.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sin alterarse</span>.</p>
-
-<p>Como usted guste. Si prefiere que lo que tengo que decirle lo diga
-a todo el mundo, retírese en buen hora. Por la cuenta que le tiene,
-preferirá sin duda oírlo sola, por mucho que le desagraden mi voz y
-mis acusaciones. ¿No es eso? El oprobio de que pienso hablarle quedará
-entre los dos. Nos lo repartiremos por igual, sin dejar nada para los
-extraños. ¿No es esto mejor que arrojarlo fuera, a puñados, sobre la
-multitud? <span class="acoti">(La Condesa, que vacila entre salir y
-quedarse, da un paso hacia su asiento.)</span> ¿Ve usted cómo no le
-conviene dejarme con la palabra en la boca?... Así es mejor.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">angustiada, pasándose la
-mano por los ojos y la frente</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí... Le suplico la brevedad... Lo que se propone decirme,
-dígalo pronto, pronto...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es un poquito largo... <span class="acoti">(Le señala el
-asiento.)</span> ¿A qué tanta prisa? ¡Cuánto mejor está usted aquí
-conmigo, oyendo las terribles verdades que salen de mi boca, que
-entre gentes aduladoras y embusteras, que públicamente la festejan,
-y en<span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> privado la
-denigran! ¿Acaso es usted tan candorosa que se paga de esa estúpida
-farsa de la ovación callejera, y los vivas y los cohetes? Todos los que
-se han quedado roncos aclamando a la Condesa de Laín, se aclaran la voz
-contando aventuras galantes, anécdotas maliciosas. Y también digo que,
-con ser usted mala, no lo es tanto como creen y afirman los imbéciles
-que ayer la vitorearon.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">queriendo
-serenarse</span>.</p>
-
-<p>Más vale así... Siempre es un consuelo ser mejor de lo que nos creen
-los amigos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Siéntese usted. Después de oír tantos embustes y lisonjas, no le
-viene mal oír la voz de la justicia, de la verdad... y oírla con
-paciencia cristiana.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Paciencia! Ya ve usted que la tengo, aunque no sea tanta como su
-malicia. Pero no hay que abusar, señor mío; no vea usted cobardía en lo
-que es respeto a la ancianidad, a los lazos que nos unen y que usted no
-puede desconocer, a sus terribles infortunios...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran
-abatimiento</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí: soy muy desgraciado.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">envalentonándose al ver
-desmayar a su enemigo</span>.</p>
-
-<p>Pero usted, Sr. D. Rodrigo, no aprende nunca. Las desgracias,
-que son lecciones y avisos<span class="pagenum" id="Page_122">p.
-122</span> de la Providencia, doman al más soberbio, y suavizan al
-más atrabiliario. Esta ley, sin duda, no reza con usted. Francamente,
-yo creí que la pérdida total de su fortuna y el horrible desengaño de
-América, amansarían su orgullo... Veo que no. El león, caduco y pobre,
-vuelve a España más fiero.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué quiere usted?... Dios me ha hecho fiero, y fiero he de
-morir.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">intentando tomar una
-posición ofensiva</span>.</p>
-
-<p>Es usted, según creo, el hombre de las equivocaciones, y bien puede
-decirse que todo aquello en que pone la mano le sale mal. Le hacen
-creer que el Gobierno peruano está dispuesto a reconocerle la propiedad
-de las minas de Hualgayoc, y se embarca, la cabeza llena de viento,
-discurriendo cómo traerá la enorme carga de millones que allá le tenían
-muy guardaditos... Pero la realidad le deparó tan solo desprecios,
-cansancio inútil, humillaciones... Y no teniendo sobre quién descargar
-su despecho, se revuelve contra una pobre mujer, y la injuria y la
-maldice.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si al regresar de aquella excursión que consumó mi ruina hubiera
-yo encontrado a mi hijo vivo, su cariño me habría hecho olvidar mi
-triste situación. Pero la muerte de Rafael, acaecida hace cuatro meses,
-avivó en mí la irascibilidad, despecho si usted quiere, el sabor
-amargo que en mi alma dejaron las desdichas... y<span class="pagenum"
-id="Page_123">p. 123</span> avivó también el odio a la persona que creo
-responsable de la infelicidad y de la muerte de aquel hombre tan bueno
-y leal.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">altanera</span>.</p>
-
-<p>¡Responsable yo de su muerte! Eso es una infamia, señor Conde.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran
-entereza</span>.</p>
-
-<p>Mi hijo ha muerto... del abatimiento, del bochorno a que le llevaron
-los escándalos de su esposa. Eso lo sabe todo el mundo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">airada, levantándose</span>.</p>
-
-<p>Mire usted lo que dice. Se hace usted eco de viles calumnias. Tengo
-enemigos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Más que los enemigos, difaman a Lucrecia Richmond... sus amigos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">desconcertada</span>.</p>
-
-<p>Repito que es calumnia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose
-también</span>.</p>
-
-<p>Ahora lo veremos... <span class="acoti">(Con cierta dulzura.)</span>
-Lucrecia... aún podría suceder que yo me equivocara, que fuese usted
-mejor de lo que supongo... Este error mío lo confirmaría usted, dándome
-con ello una dura lección, si tuviera el arranque de confesarme la
-verdad...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">aturdida</span>.</p>
-
-<p>¿La verdad?...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Sí... sobre un punto delicadísimo sobre el cual la interrogaré.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">medrosa</span>.</p>
-
-<p>¿Cuándo?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ahora mismo... sí, y contestándome sin pérdida de tiempo, me
-proporcionará el placer inefable de perdonarla. Crea usted que al fin
-de mi vida, quebrantado, triste, moribundo casi, el perdonar es gran
-consuelo para mí.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con terror</span>.</p>
-
-<p>¡Interrogarme! ¿Soy acaso criminal?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">luchando con su conciencia, que anhela
-manifestarse</span>.</p>
-
-<p>Todos somos imperfectos... No me tengo por impecable... ¿Pero a
-usted... quién le ha hecho confesor... y juez?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me hago yo mismo... Quiero y debo serlo, como jefe de la familia de
-Albrit, y guardador de mi decoro.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con pánico, queriendo huir</span>.</p>
-
-<p>Esto es insoportable... No puedo más...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">deteniéndola por un brazo</span>.</p>
-
-<p>No, no. No puede usted negarse a responderme... al menos para
-demostrarme que no tengo razón, si en efecto no la tuviera y usted
-pudiese probarlo. Lo que voy a preguntar es grave, y el acto de
-preguntarlo yo, de contestarme usted, ha de revestir cierta solemnidad.
-Ahora no soy yo quien habla: es el marido de la que me escucha, es
-mi hijo, que resucita en mí... <span class="acoti">(Pausa.)</span>
-Siéntese usted. <span class="acoti">(La lleva al sillón.)</span></p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">cayendo desfallecida en el
-sillón</span>.</p>
-
-<p>Por piedad, señor... Me está usted martirizando.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Perdóneme usted... Es preciso... Hay que sufrir algo, Lucrecia.
-No todo ha de ser gozar y divertirse. <span class="acoti">(Pausa. La
-Condesa, ansiosa, no se atreve a mirarle.)</span> Al llegar a Cádiz de
-mi frustrado viaje, entregáronme una carta de Rafael, en la cual me
-manifestaba su dolor, su amargura hondísima. La vida había perdido para
-él todo interés. Hallábase enfermo, y en su desesperación no anhelaba
-curarse. Le consumía el desaliento, la pérdida de toda ilusión, la
-vergüenza de ver ultrajado su nombre...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">revolviéndose</span>.</p>
-
-<p>¡Señor Conde, por Dios...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mi hijo vivía separado de su esposa desde el año anterior.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Y quién asegura que fue por culpa mía?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Yo lo aseguro: por culpa de usted.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No es cierto.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">colérico</span>.</p>
-
-<p>No me desmienta usted. Calle ahora y escuche. <span
-class="acoti">(Recobrando el tono narrativo.)</span> Rafael no me decía
-nada concreto. Expresaba tan solo el estado de su espíritu, sin exponer
-las causas...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con viveza</span>.</p>
-
-<p>No decía nada concreto. Luego...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero, a poco de recibir la carta, me dio cuenta detallada de las
-aventuras de la Condesa de Laín un amigo mío queridísimo, persona de
-intachable veracidad, que no solo refería lo que era público y notorio,
-sino algo que por circunstancias excepcionales tuvo ocasión de conocer
-y comprobar; hombre que no ha mentido nunca, tan bueno y noble, que
-al hacerme la triste historia de aquellos escándalos, casi, casi los
-atenuaba... No necesito nombrarle. Usted le conoce.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">aterrada, casi sin voz</span>.</p>
-
-<p>Yo... no.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Usted sabe quién es. Y no se atreve, no se atreve a sostener que ha
-mentido, porque su conciencia, Lucrecia, se sobrepone a su cinismo;
-y antes dudará usted de la luz que de la veracidad de ese hombre,
-venerado de todo el mundo, gloria de la magistratura...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">agarrándose a un clavo
-ardiendo</span>.</p>
-
-<p>El hombre más recto puede equivocarse... sobre todo si respira un
-ambiente malsano de hablillas y embustes...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sigo. Me refirió todo, todo... es decir, todo no. Falta algo, tan
-secreto, que solo usted lo sabe... y usted me lo va a decir.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con angustias de muerte</span>.</p>
-
-<p>¡Qué suplicio, Dios mío!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Suplicio! No se acuerda usted del de su esposo, fugitivo, solo,
-muriendo de melancolía, sin que ningún cariño le consolara... porque
-yo estaba ausente, y usted, que no le amaba, no hacía más que rebuscar
-pretextos para apartarse de su lado... Claro que al recibir la carta
-y al oír los informes de mi amigo, me faltó tiempo para correr al
-lado de Rafael. Tomé el tren, y sin parar en ninguna parte, me fui a
-Valencia...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Ay de mí!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con voz lúgubre</span>.</p>
-
-<p>Dos horas antes de llegar yo, mi adorado hijo había muerto. Agravose
-su enfermedad en aquellos días. Él no hacía caso... Un tremendo acceso
-de disnea, el espasmo... la muerte. Todo en unas cuantas horas... <span
-class="acoti">(Llora. Pausa.)</span> Murió en el cuarto de una fonda...
-vestido sobre la cama... mal asistido de gente mercenaria... ¡Jesús...
-qué dolor...!</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">muy conmovida, sollozando</span>.</p>
-
-<p>¡Oh! Señor Conde, aunque usted no lo crea, yo le amaba...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">iracundo, limpiándose las
-lágrimas</span>.</p>
-
-<p>¡Mentira! Si le amaba usted, ¿por qué no corrió a su lado al saber
-que estaba enfermo?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sin saber qué decir</span>.</p>
-
-<p>Porque... no sé... Complicaciones de la vida que no puedo explicar
-en breves palabras. Yo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Déjeme concluir... Fácilmente comprenderá mi desesperación al
-encontrarle muerto. ¡No escuchar de sus labios explicaciones que
-solo él podría darme! Terrible cosa era perderle; pero más terrible
-aún verle yerto, frío, mudo para siempre, como le vi yo... y no
-poder consolarle, no poder decirle: «cuéntame tus martirios,<span
-class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> y tu padre te contará los
-suyos.» <span class="acoti">(Cruza las manos, sollozando.)</span> ¡Oh,
-pena inmensa, agonía lenta de mi vejez, más espantosa que cuantos males
-en todo tiempo sufrí! Verle cadáver, hablarle sin obtener respuesta,
-sin que a mis caricias respondiese con un gesto, con una mirada, con
-una voz. ¡Y sabiendo yo el infinito dolor que amargó sus últimos días,
-ver que todo se lo llevaba, todo, al abismo del silencio, la muerte,
-sin darme una parte, un poco del dolor suyo, que era su alma!... <span
-class="acoti">(La Condesa, agitada y poseída de profunda emoción,
-llora, apretándose el pañuelo contra los ojos.)</span> ¡Horrible,
-pavoroso!... Usted no tiene corazón y no sabe lo que es esto. <span
-class="acoti">(La ve llorar. Pausa.)</span> ¡Qué hermoso sería que en
-este instante pudiéramos llorar usted y yo por aquel ser querido!...
-<span class="acoti">(La Condesa da algunos pasos hacia él; están a
-punto de abrazarse... vacilan... El Conde la rechaza secamente.)</span>
-No... Tú, no... usted, no.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Sinceras son mis lágrimas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Naturalmente... Viendo mi pena... No es usted de bronce, no es
-usted una fiera... Pero no, no sostenga que amaba a su esposo; al
-hombre que se ama no se le engaña solapadamente, pisoteando su honra,
-y arrojando al escándalo y a la befa del público su nombre sin tacha.
-<span class="acoti">(La Condesa inclina la cabeza, y fijos los ojos en
-el suelo, no dice nada.)</span> Al fin calla usted. Ahora, ahora veo
-a la desdichada Lucrecia en el único terreno en que debe ponerse, que
-es el de la resignación sumisa, esperando un fallo de justicia. <span
-class="acoti">(Pausa.)</span><span class="pagenum" id="Page_130">p.
-130</span> ¿Declara usted que su conducta con mi hijo, al menos en
-determinadas épocas de su vida, no fue buena?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">tímidamente</span>.</p>
-
-<p>Lo declaro... Pero algo debo decir en descargo mío...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya escucho.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Mis desavenencias con Rafael son antiguas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Lo sé... Datan de los primeros años del matrimonio, porque usted,
-penoso es decirlo, no hubo de esperar mucho tiempo para lanzarse por
-mal camino. ¿Lo niega usted?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">cohibida, abrumada, queriendo y no
-queriendo decirlo</span>.</p>
-
-<p>Acusada con tanta fiereza, no acierto a buscar razones, que algunas
-hay siempre en estos casos, para disculparme.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Búsquelas usted... pero antes, ¿reconoce sus faltas?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con gran esfuerzo</span>.</p>
-
-<p>Las reconozco. Sería una hipocresía indigna de mí negarlas en
-absoluto. Pero...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Pero qué...?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Digo que Rafael, llevándome desde el principio, contra mi gusto, a
-la esfera social más favorable a la relajación del vínculo matrimonial,
-contribuyó a perderme. Me vi rodeada de gente frívola, de aduladores,
-de personas sin conciencia...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Sin conciencia! Tuviérala usted, ¿y qué le importaban los demás?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">premiosa</span>.</p>
-
-<p>En aquel ambiente no supe o no pude combatir el mal. A mi lado
-no tenía un censor severo de mi propia debilidad, un guardián
-vigilante...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Difícil es guardar a la que guardarse no quiere.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">batiéndose desesperadamente</span>.</p>
-
-<p>¡Oh, señor Conde: si hubiera usted encontrado vivo a su hijo, si
-hubiera podido escuchar de sus labios la confidencia o confesión que
-deseaba... estoy segura de ello, Rafael, que era sincero y justo,
-habría tenido la generosidad, la rectitud de decirle: «no solo es ella
-culpable; yo también...»!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No lo habría dicho, no.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_132">p.
-132</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con firmeza</span>.</p>
-
-<p>Creo, como esta es luz, que Rafael, al juzgarme, no habría sido
-extremadamente duro.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Fue, más que duro, implacable.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿En sus últimos momentos?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>En sus últimos momentos: fíjese usted en lo que afirmo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con estupor</span>.</p>
-
-<p>Pero si acaba usted de decirme...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Que le encontré muerto... sí.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Entonces... <span class="acoti">(Pausa. Ambos se miran.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Los muertos hablan.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con terror</span>.</p>
-
-<p>¡Y Rafael...! <span class="acoti">(Vacilante entre la incredulidad y
-un miedo supersticioso.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Desesperado, loco, permanecí... no sé cuántas horas... ante el
-cadáver de mi pobre hijo,<span class="pagenum" id="Page_133">p.
-133</span> sin darme cuenta de nada que no fuera él y el misterio
-inmenso de la muerte. Pasado algún tiempo, empecé a fijar mi
-atención en lo que me rodeaba, en sus ropas, en los objetos que le
-pertenecieron, en los muebles que había usado, en la estancia...
-<span class="acoti">(Pausa. La Condesa le escucha con ansiosa
-expectación.)</span> En la estancia había una mesa con varios libros y
-papeles, y entre ellos una carta...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">temblando</span>.</p>
-
-<p>¡Una carta...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí. Rafael estaba escribiéndola a las tres de la madrugada, cuando
-se sintió mal. Vino bruscamente la muerte, le atacó con furia, ¡ay!...
-El infeliz llamó; acudieron... Se le prestaron los auxilios más
-perentorios... Todo inútil... La carta allí quedó medio escrita... Allí
-estaba ¡hablando... y viva! hablando... ¡era él!... La leí sin cogerla,
-sin tocarla, inclinado sobre la mesa, como me habría inclinado sobre su
-lecho si le hubiera encontrado vivo... La carta dice...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">casi sin aliento, la boca
-seca</span>.</p>
-
-<p>¿Era para mí?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Démela usted. <span class="acoti">(El Conde deniega con la
-cabeza.)</span> ¿Pues cómo he de enterarme...?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Basta que yo repita su contenido. La sé de memoria.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No basta... Si me acusa, necesito leerla, reconocer su letra...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No es preciso. Yo no miento. Bien lo sabe usted... Principia con
-un párrafo de amargas quejas que pintan la discordia matrimonial, lo
-inconciliable de los caracteres. Siguen estos gravísimos conceptos
-<span class="acoti">(repitiéndolos palabra por palabra)</span>: «Te
-anuncio que si no me envías pronto a mi hija, la reclamaré. Quiero
-tenerla a mi lado. La otra... la que, según declaración tuya en la
-desdichada carta que escribiste a Eraul, y que pusieron en mi mano sus
-enemigos... no es hija mía... te la dejo, te la entrego, te la arrojo a
-la cara...» <span class="acoti">(Pausa silenciosa.)</span></p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con estupor, que casi es
-embrutecimiento</span>.</p>
-
-<p>¿Eso decía... eso dice...?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Esto dice... <span class="acoti">(Repitiendo con pausa.)</span> «La
-otra... la que no es mi hija, te la dejo, te la entrego, te la arrojo
-a la cara.» Y luego añade: «Ya sabes que lo sé. No puedes negármelo...
-Tengo pruebas.»</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">buscando una salida</span>.</p>
-
-<p>¡Pruebas!... ¡Quiero ver la carta!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Duda usted de lo que digo...?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No lo dudo... no sé... Pero la carta puede ser falsa. La escribiría
-algún enemigo mío para vilipendiarme.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con ademán de sacar la
-carta</span>.</p>
-
-<p>La escribió mi hijo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">espantada</span>.</p>
-
-<p>No, no quiero verla... ¡Qué abominación!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Luego, usted niega...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">maquinalmente</span>.</p>
-
-<p>Lo niego.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y yo ¡necio de mí! esperaba encontrar en usted la suficiente
-grandeza de alma para revelarme toda la verdad, sin ocultar nada, única
-manera de obtener el perdón. Llevado de este noble anhelo, solicité la
-entrevista, y aspiraba y aspiro a que la infeliz Lucrecia complete su
-revelación diciéndome...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">en el colmo del terror</span>.</p>
-
-<p>¿Qué... qué más...?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con austera frialdad</span>.</p>
-
-<p>Diciéndome... cuál de sus dos hijas es la que usurpa mi nombre, la
-que simboliza y personifica mi deshonor.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Infame idea!... No, no es verdad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">repitiendo las graves
-palabras</span>.</p>
-
-<p>«Ya sabes que lo sé... No puedes negármelo.»</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">decidida a la negativa, y negando con
-ahinco</span>.</p>
-
-<p>Lo niego... Es falso...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Niega usted que hizo... a Carlos Eraul, pintor, muerto hace un
-año... la grave revelación que ahora le pido?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">vivamente, sin poder
-contenerse</span>.</p>
-
-<p>¿La tiene usted?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Luego existe...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">volviendo sobre sí</span>.</p>
-
-<p>Quiero decir que si la tiene usted, si posee algún papel que me
-comprometa, será falso... habrán imitado mi letra.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Como no puedo mentir, diré que no poseo ese precioso documento. Lo
-he buscado inútilmente entre los papeles de mi hijo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_137">p.
-137</span>LUCRECIA, <span class="acoti">respirando</span>.</p>
-
-<p>Todo esto es una farsa, una impostura, de la cual no culpo a
-nadie... solo acuso a mi destino.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya que no satisface usted mi anhelo de la verdad, conteste al menos
-a esta otra pregunta: ¿Ama usted lo mismo a las dos niñas?...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">rabiosa, paseándose muy
-agitada</span>.</p>
-
-<p>No, lo mismo no... digo, sí... a las dos igual... Deseche usted esa
-torpe idea.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Antes hará usted del día noche y de la noche día, que conseguir
-arrancarme de la mente la idea de que lo escrito por mi hijo es la
-pura verdad. <span class="acoti">(Con autoridad severa.)</span> Dígame
-usted pronto, pronto, cuál de esas dos adorables niñas es la falsa...
-o cuál la verdadera: es lo mismo. Necesito saberlo, tengo derecho a
-saberlo, como jefe de la casa de Albrit, en la cual jamás hubo hijos
-espúreos, traídos por el vicio. Esta casa histórica, grande en su
-pasado, madre de reyes y príncipes en su origen, fecunda después en
-magnates y guerreros, en santas mujeres, ha mantenido incólume el honor
-de su nombre. Sin tacha lo he conservado yo en mi esplendor y en mi
-miseria... No puedo impedir hoy, ¡triste de mí! este caso vergonzoso
-de bastardía legal; no puedo impedir que la ley transmita mi nombre a
-mis dos herederas, esas niñas inocentes. Pero quiero hacer en favor
-de la auténtica,<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>
-de la que es mi sangre, una exclusiva transmisión moral. Esa será la
-verdadera sucesora, esa será mi honor y mi alcurnia en la posteridad...
-La otra, no. Falsa rama de Albrit, la repudio, la maldigo... maldigo su
-extracción villana y su existencia usurpadora.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Por piedad... No puedo más. <span class="acoti">(Cae en el sillón
-consternada, sollozando. Pausa larga.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Lucrecia, ¿reconoce usted al fin la razón que me asiste?... Llora
-usted... <span class="acoti">(Creyendo que los procedimientos de
-suavidad serán más eficaces.)</span> Sin duda expongo mis quejas
-con demasiada severidad; sin duda interrogo con altanería... No
-puedo vencer la fiereza de mi carácter. Perdóneme usted. <span
-class="acoti">(Con dulzura.)</span> Ahora no mando... no acuso... no
-soy el juez... soy el amigo... el padre, y como tal suplico a usted que
-me saque de esta horrible duda. <span class="acoti">(La Condesa calla,
-mordiendo su pañuelo.)</span> Valor... Una palabra me basta... Después
-de oírla no he de decir nada desagradable... La verdad, Lucrecia, la
-verdad es lo que salva.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que después de horrible lucha,
-se levanta bruscamente, y desesperada y como loca recorre la
-estancia</span>.</p>
-
-<p>¡Oh, no puedo más!... ¡Un balcón abierto para arrojarme!.. Huir,
-volar, esconderme... Este hombre me mata... ¡Favor!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Bueno, bueno... Veo que no quiere usted entrar en razón... ¿No me
-contesta?...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_139">p.
-139</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con fiereza, con resolución
-inquebrantable, parándose ante él</span>.</p>
-
-<p>¡Nunca!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿De veras?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con más energía</span>.</p>
-
-<p>¡Nunca!... ¡Antes morir!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Bien. <span class="acoti">(Se sienta, calmoso.)</span> Pues lo que
-usted no quiere decirme, yo lo averiguaré.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Cómo?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah!... yo me entiendo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Está usted loco... Su demencia me inspira compasión.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>La de usted, a mí no me inspira lástima. No se compadece a los seres
-corrompidos, encenagados en el mal.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">iracunda</span>.</p>
-
-<p>Continúa injuriándome, ¡a mí, a la viuda de su hijo!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose
-altanero</span>.</p>
-
-<p>La que me habla no es la viuda de mi hijo, pues aunque la ley,
-una ley imperfecta, así lo<span class="pagenum" id="Page_140">p.
-140</span> dispone, por encima de esa ley está la autoridad moral del
-jefe de la familia de Albrit, que la coge a usted, y la arranca, como
-cosa extraña y pegadiza, y la arroja a la podredumbre en que quiere
-vivir.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">furiosa,
-descompuesta</span>.</p>
-
-<p>¡Albrit!... raza de locos... caballería burlesca... honor de
-bambolla para encubrir la mendicidad. ¡Qué sería del viejo león si yo
-no le amparase! Soy generosa, le perdono sus injurias, y cuidaré de
-que no muera en un hospital, o arrastrando su melena gloriosa por los
-caminos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con supremo
-desdén</span>.</p>
-
-<p>Lucrecia Richmond, quizás Dios te perdone. Yo... también te
-perdonaría... si pudieran ir juntos el perdón y el desprecio.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">dirigiéndose a la
-puerta</span>.</p>
-
-<p>Basta ya. <span class="acoti">(A las niñas, que entreabren la
-puerta, sin atreverse a entrar.)</span> Podéis pasar.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch2_6">ESCENA VI</h3>
-
-<p class="acotj">NELL y DOLLY, que corren a abrazar a su madre; tras
-ellas GREGORIA y VENANCIO. Poco después EL CURA y EL MÉDICO.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Prendas queridas, dadme mil besos. <span class="acoti">(Se
-besan.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">observándole el
-rostro</span>.</p>
-
-<p>Mamita, tú has llorado.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span>DOLLY</p>
-
-<p>Estás sofocadísima...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>El abuelo y yo hemos evocado recuerdos tristes.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">mirando al Conde, que
-permanece sentado, inmóvil</span>.</p>
-
-<p>También el abuelito ha llorado. <span class="acoti">(Se
-acerca.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Venid... abrazadme... ¡Os quiero tanto!</p>
-
-<p class="acot">(Las dos acuden a él, y le abrazan y besan, cada
-una por un lado.)</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">hablando aparte con
-Gregoria y Venancio</span>.</p>
-
-<p>Le atenderéis, le cuidaréis como a mí misma. Pero no dejéis de
-vigilarle siempre, siempre...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">al Conde</span>.</p>
-
-<p>Esta tarde pasearemos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí: no me separaré de vosotras... Charlaremos, estudiaremos.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Nos enseñarás la Aritmética, la Historia...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>La Historia... No, esa vosotras me la enseñaréis a mí.</p>
-
-<p class="acot">(Entran por el foro el Cura y el Médico; ambos se
-dirigen a la Condesa.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>EL CURA</p>
-
-<p>¿Qué tal? ¿Tenemos reconciliación?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">en voz baja</span>.</p>
-
-<p>Calle usted... Encargo mucha vigilancia... <span class="acoti">(Al
-Médico.)</span> Y a usted, Sr. Angulo, no me cansaré de recomendarle
-que le observe bien. <span class="acoti">(Dando a entender que padece
-desvarío mental.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Señor Conde... <span class="acoti">(Le saluda y sigue a su lado.
-A bastante distancia se agrupan la Condesa, el Médico, Gregoria y
-Venancio.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Descuide usted... Le observaremos...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Y a mi regreso dispondré...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Pero insiste usted en dejarnos hoy?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Volveré pronto... <span class="acoti">(El Médico pasa a saludar al
-Conde, y el Cura vuelve al lado de Lucrecia.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">en voz baja a la
-Condesa</span>.</p>
-
-<p>No se vaya usted.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Tengo que estar en Verola hoy mismo. Es para mí... no se cómo
-decirlo... cuestión de vida o muerte. Adiós.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_143">p. 143</span>NELL</p>
-
-<p>Mamita, ¿te acompañamos a tu casa, o nos quedamos un rato con el
-abuelo?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Como queráis.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No, no: decídelo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Lo que el abuelo disponga.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me parece natural que si vuestra mamá se va esta tarde, estéis
-a su lado hasta la hora de partir. <span class="acoti">(Besa a las
-niñas.)</span> ¡Oh! no os veo bien, no os distingo; me parecéis una
-sola...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Qué? ¿La vista no anda bien?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE. <span class="acoti">(Se levanta.)</span></p>
-
-<p>Mal estamos hoy... Toda la mañana he notado una obscuridad, una
-vaguedad en los objetos... <span class="acoti">(Mirando en derredor,
-con ojos que se esfuerzan en ver.)</span> No veo nada... apenas
-distingo... <span class="acoti">(Fijándose en la Condesa que, altanera,
-le clava la mirada.)</span> No veo bien más que a Lucrecia... a esa,
-sí...<span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> la veo...
-allí está... Mi ceguera creciente no me permite ver más que las cosas
-grandes... el mar, la inmensidad... y ella es grande... enorme... la
-veo... como el mar... Es otro mar, un mar de... de... de... <span
-class="acoti">(Su voz se extingue. Queda inmóvil y rígido. Profundo
-silencio. Todos se miran.)</span></p>
-
-<p class="fin">FIN DE LA JORNADA SEGUNDA</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_145">p. 145</span></p>
- <h2 class="nobreak">JORNADA TERCERA</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h3>ESCENA PRIMERA</h3>
-
-<p class="acotj">NELL, DOLLY, D. PÍO CORONADO, sentados los tres
-alrededor de una mesa de estudio, donde se ven papeles, tintero, libros
-de texto.</p>
-
-<p class="acotj">Es el maestro de las niñas de Albrit un anciano de
-estatura menguada, muy tieso de busto y cuello, y algo dobladito de
-cintura, las piernas muy cortas. La expresión bonachona de su rostro no
-lograron borrarla los años con todo su poder, ni los pesares domésticos
-con toda su gravedad. Guiña los ojuelos, y al mirar de cerca sin
-anteojos, los entorna, tomando un cariz de agudeza socarrona, puramente
-superficial, pues hombre más candoroso, puro y sin hiel no ha nacido
-de madre. Un rastrojo de bigote de varios colores, recortado como un
-cepillo, cubre su labio superior. Viste con pobreza limpia anticuadas
-ropas, recompuestas y vueltas del revés, atento siempre al decoro de la
-presencia en público.</p>
-
-<p class="acotj">Maestro de escuela jubilado, desempeñó con eficacia su
-ministerio durante treinta años, distinguiéndose además como profesor
-privado de materias de la primera y segunda enseñanza. Su defecto
-era la flojedad del carácter, y la tolerancia excesiva con la niñez
-escolar. Sabía el hombre todo lo que saber necesita un maestro, y algo
-más; pero con la edad y las inauditas adversidades que le agobiaban,
-fue perdiendo los papeles, y hasta la afición. Su cabeza<span
-class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> llegó a pertenecer al
-reino de los pájaros; su memoria era una casa ruinosa y desalojada,
-en la cual ninguna idea podía encontrar aposento; todo lo que perdía
-en ciencia lo ganaba en debilidad y relajación del carácter. En esta
-situación le designó D. Carmelo para maestro de las niñas de Albrit,
-teniendo en cuenta tres razones: que si no sabía mucho, no había en
-Jerusa quien le aventajara; que era honrado, honesto, absolutamente
-incapaz de enseñar a sus discípulos ninguna cosa contraria a la moral,
-y, por último, que al aceptarle para aquel cargo realizaba la Condesa
-un acto caritativo. Su bondad, la excesiva blandura de corazón, eran ya
-en Coronado un defecto, casi un vicio, por lo cual, lamentándose de sus
-acerbas desdichas, solía decir, elevando al cielo los ojos y las palmas
-de las manos: «¡Señor, qué malo es ser bueno!»</p>
-
-<p class="acotj">Al comenzar la escena llevaba ya el maestro una hora
-de inútiles tentativas para introducir en las molleras de sus alumnas
-los conocimientos históricos, aritméticos y gramaticales.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">dando un golpe en la
-mesa</span>.</p>
-
-<p>¿Que no sé una palabra? Mejor... Ni falta que me hace.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">apelando a la
-emulación</span>.</p>
-
-<p>No dirá lo mismo Nell, que desea aprender.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Sí, señor, digo lo mismo: ni falta que me hace.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con severidad fingida, que
-no convence</span>.</p>
-
-<p>Está bien, muy bien. He aquí dos niñas finas, criadas para la alta
-sociedad, y que se empeñan en ser unas palurdas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_147">p.
-147</span>DOLLY</p>
-
-<p>Sí, señor: queremos ser palurdas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Salvajes, como quien dice.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¡Anda, salero! ¡Salvajes las herederas de los condados de Albrit y
-Laín!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">tirándole suavemente de una
-oreja</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí, maestrillo salado. ¿No eres tú muy ilustradito?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Y de qué te sirve?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Vaya un pelo que has echado con tu ilustración!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando</span>.</p>
-
-<p>Puede que estéis en lo cierto, niñas de mi alma... Bueno, sigamos.
-Dolly, otra miajita de Historia... ¡Vamos allá!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY <span class="acoti">(Apoyando los codos en la mesa
-y la cara en las manos, le contempla risueña.)</span></p>
-
-<p>¡Piito, qué guapo eres!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando las castañuelas con
-los dedos</span>.</p>
-
-<p>Señorita Dolly, juicio.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Tu cara parece una rosa. Si no fueras viejo y no te conociéramos,
-diríamos que te pintabas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>D. PÍO</p>
-
-<p>Juicio, Nell... ¡Pintarme yo!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Dime otra cosa: ¿es verdad que cuando eras pollo hacías muchas
-conquistas?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando con más rápido
-movimiento las castañuelas, que es su manera especial de llamar al
-orden</span>.</p>
-
-<p>Juicio, niñas. Sigamos la lección.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Nos han dicho que las matabas callando.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y que tenías las novias por docenas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¿Novias...? Oh, no: quítenme allá eso... Son muy malas las
-mujeres.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">pegándole suavemente en el
-cuello</span>.</p>
-
-<p>Peores son los hombres. No hables mal de nosotras.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Vaya, que estáis hoy juguetonas y desatinadas. <span
-class="acoti">(Queriendo enfadarse.)</span> ¡Por vida de...! Si no dais
-la lección, os lo digo con toda mi alma, os lo juro...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">deseando
-enfadarse</span>.</p>
-
-<p>Que me enfado.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>DOLLY</p>
-
-<p>Ya lo había conocido. Estamos temblando.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Toca, toca las castañuelas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">decidido a tomar la
-lección</span>.</p>
-
-<p>Orden, juicio. A ver: decidme algo de Temístocles.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí: el que le cortó la cabeza a una mala mujer, que llamaban la
-Medusa.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">llevándose las manos al
-cráneo</span>.</p>
-
-<p>¡Por Dios, por todos los santos de la corte celestial, no me
-confundáis la Historia con la Mitología!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Tan mentira es una como otra.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y nos importan lo mismo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¡Ay, ay, cómo estáis hoy!... ¡Silencio, formalidad! Pronto,
-referidme los principales hechos de la vida de Temístocles.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No nos gusta meternos en vidas ajenas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Temístocles, grande hombre de la Grecia, natural de Tebas, vencedor
-de los lacedemonios.<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span>
-<span class="acoti">(Corrigiéndose.)</span> ¡Ah! no... le confundo con
-Epaminondas... ¡Cómo tengo la cabeza!...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Ay, que no lo sabe, que no lo sabe!...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Vaya con el preceptor de pega!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">afligido</span>.</p>
-
-<p>Es que me volvéis loco con vuestros juegos, con vuestras tonterías.
-<span class="acoti">(Con gravedad.)</span> Así no podemos seguir.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Digo lo mismo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Queremos ser burras, y salir a los prados a comer yerba.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Pero mi conciencia no me permite engañar a la Condesa, que sin duda
-cree que os enseño algo, y que vosotras lo aprendéis...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">poniéndose las antiparras de
-Coronado, que están sobre la mesa</span>.</p>
-
-<p>Piito, estamos aburridísimas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">queriendo recobrar sus
-anteojos</span>.</p>
-
-<p>¡Que me los rompes, hija!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Piito salado ¿no sería mejor que nos fuéramos los tres a dar un
-paseo por la playa?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span>D. PÍO</p>
-
-<p>Está bien, muy bien. ¡Magnífico! ¡De pingo todo el santo día, aun
-las horas dedicadas a la educación! Muy bonito; sí, señoras, muy
-bonito... Y heme aquí de figurón, de monigote irrisorio; yo, que soy la
-ciencia; yo, yo, que estoy aquí para inculcaros...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Piito, no nos inculques nada, y vámonos.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>En la playa seguiremos dando lección. Frente al mar, la del viaje de
-Colón a América.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y el paso del Mar Rojo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando,
-desalentado</span>.</p>
-
-<p>¡Ay, qué niñas! ¡No hay quien pueda con ellas! Bueno, pues
-transijo... Pero antes pasemos un poco de Gramática.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">tocando las
-castañuelas</span>.</p>
-
-<p>¡Viva Coronado!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">de carrerilla</span>.</p>
-
-<p>La Gramática es el arte de hablar correctamente el castellano...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Vamos más adelante. Dolly, dígame usted qué es participio.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span>DOLLY,
-<span class="acoti">flemática</span>.</p>
-
-<p>No me da la gana.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Participio... Una cosa que se parte por el principio.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">poniendo el paño al
-púlpito</span>.</p>
-
-<p>¡Tontas, casquivanas, que no tenéis aquel punto de amor propio que
-veo yo en otras niñas, ¡Señor!, en otras niñas aplicaditas y formales,
-que aprenden para lucirse en los exámenes, y para que a sus padres se
-les caiga la baba oyéndolas!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No queremos lucirnos, ni a mamá se le cae ninguna baba... ¡Vaya con
-el maestrillo este!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Coronadito, si no tienes juicio, te pondremos de rodillas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¡Anda, salero!... ¿Pero qué trabajo os cuesta retener en la memoria
-cosas tan fáciles? Luego seréis mujercitas aristocráticas, y cuando
-vuestra ilustre mamá os lleve a los salones, os vais a lucir, como hay
-Dios... Figuraos que en los saraos se habla del participio, y vosotras
-no sabéis lo que es. ¡Bonito papel harán mis niñas! Dirá la gente:
-«¿pero de qué monte ha traído la Condesa este par de mulas?» Eso dirán,
-y se reirán de vosotras, y no os querrán vuestros novios.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span>DOLLY</p>
-
-<p>Los novios nos querrán aunque no sepamos el participio, ni la
-conjunción, ni nada.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Que seamos bonitas, que seamos elegantes, y verás tú si nos
-quieren.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Sí, sí: lindas borriquitas seréis. Pues yo me planto, señoras mías;
-ya sabéis que soy atroz cuando me planto: tengo mal genio.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Terrible!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Ay, qué miedo!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que, apoyada en la mesa con
-indolencia, le mira burlona</span>.</p>
-
-<p>¿Sabes, Piillo, que estoy observando una cosa? Tienes los ojos muy
-bonitos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Parecen dos soles... pillines.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">cruzándose de
-brazos</span>.</p>
-
-<p>Ea, burlaos de mí todo lo que queráis.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No es burla, es confianza.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span>DOLLY</p>
-
-<p>Es que te queremos, maestrillo, porque eres muy bueno y no tienes
-malicia.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">acariciándole la
-barba</span>.</p>
-
-<p>¡Es un buenazo este D. Pío! Por eso te hacen rabiar las niñas de
-Albrit, que son y serán siempre tus amiguitas...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">embobado</span>.</p>
-
-<p>¡Zalameras, melosas, carantoñeras!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Dí una cosa: ¿es verdad que tienes muchas hijas?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">lanzando un suspiro muy
-hondo y fuerte. (Diríase que lo saca de los talones</span>.)</p>
-
-<p>Muchas, sí...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Son guapas?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>No tanto como lo presente.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Te quieren?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">intentando sacar otro
-suspiro hondo, que se le queda atravesado en el pecho, cortándole la
-respiración</span>.</p>
-
-<p>¡Quererme... ellas!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span>NELL</p>
-
-<p>Me han dicho que no. Si es así, no te importe, que bien te queremos
-nosotras.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Y tú, nos quieres? <span class="acoti">(D. Pío hace signos
-afirmativos.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Nos idolatra... Estudiamos cuando se nos antoja, y cuando no,
-jugamos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y eso haremos hoy: jugar, irnos a la playa.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">vencido</span>.</p>
-
-<p>¡A la playa!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Está un día espléndido. <span class="acoti">(Mira por la
-ventana.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">tocando las
-castañuelas</span>.</p>
-
-<p>Y el cielo y la mar nos dicen: venid, volad, y traed a vuestro
-adorado preceptor.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">deseando ir, pero no
-queriendo manifestarlo</span>.</p>
-
-<p>¿Yo... también yo?... ¡Viva la indisciplina!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Vendrás con nosotras, porque si no, Venancio no nos dejará salir
-ahora. Tú tienes que decirle: «hoy han estudiado tanto, que en premio
-de su aplicación las saco a dar una vuelta.»</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>D. PÍO</p>
-
-<p>¡Anda, morena! ¡Vaya, que si la señora Condesa se enterara de cómo
-cumplo mis deberes profesionales!...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Lo que quiere mamá es que estemos siempre a la intemperie, y nos
-hagamos robustas como unas aldeanotas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¡Y qué diría vuestro abuelo!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>El abuelito nos quiere lo mismo en bruto que pulimentadas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Os adora, sí. Como que sois sus nietas. Acompañadle, dadle palique,
-hacedle mimos: también él es niño. Y cuando le oigáis un disparate muy
-gordo, se lo contáis al señor Cura y al Médico.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">enojada</span>.</p>
-
-<p>No dice disparates el abuelo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Ayer me decía que vosotras dos no sois más que una para él...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y eso, ¿por qué ha de ser disparate, maestrillo?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>DOLLY</p>
-
-<p>Quiere decir...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Que el grande amor que nos tiene nos iguala, y hace de las dos una
-sola.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Esta chica es un portento.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Hola, hola; ¿y para mí no hay piropo?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¿Te enfadas, ángel?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Está eso bueno. Mi hermana es un portento... y yo nada.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Tú, otro portento... ¡Vivan las nenas de Albrit!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">alborotando</span>.</p>
-
-<p>¡Viva el más sabio profesor y catedrático de la antigüedad pagana,
-mitológica... y cosmopolita! En fin, ¿nos vamos o qué?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">deteniéndolas</span>.</p>
-
-<p>Esperad. Parece que viene alguien.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Siento el vocerrón de D. Carmelo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">tomando el tonillo profesional</span>.</p>
-
-<p>¡Orden, formalidad! Pues hemos dado un repasito a la Gramática,
-venga ahora un buen jabón a la Historia. Niñas, el Papado y el
-Imperio... A ver...</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_2">ESCENA II</h3>
-
-<p class="acot">NELL y DOLLY, D. PÍO, EL SEÑOR CURA, VENANCIO</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo, en la
-puerta</span>.</p>
-
-<p>Presentes, mi general. Yo soy el Papado, y el Imperio es este. <span
-class="acoti">(Entran.)</span></p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Cómo vamos de lección?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Saben, saben mucho estas picaruelas?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Regular... Hoy, vamos, hoy, no lo han hecho del todo mal.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>No me fío. Este Coronado es la pura manteca. <span
-class="acoti">(Saludando a las niñas y acariciando sus manos.)</span>
-¡Qué monada de criaturas!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Muy monas, pero desaplicaditas... No quieren más que corretear por
-el campo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>EL CURA</p>
-
-<p>Mejor... ¡Aire, aire!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Y su abuelito, en vez de reprenderlas para que se apliquen, les
-dice que la señora Gramática y la señora Aritmética son unas viejas
-charlatanas, histéricas y mocosas, con las cuales no se debe tener
-ningún trato.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Qué bueno!... Si digo que el Conde...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">a D. Pío</span>.</p>
-
-<p>¿Y anoche, cuál fue la tecla que nos tocó?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Que no debo introducir más paja en la cabeza de las señoritas, pues
-lo que les conviene es educar la voluntad.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>No está mal...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Por eso a mí no me gusta saber nada de libros, sino de cosas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Brava!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Y qué son cosas, señorita?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>NELL</p>
-
-<p>Pues cosas.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Cosas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">comprendiendo</span>.</p>
-
-<p>Ya... Pero el arte de la vida ya lo iréis aprendiendo en la vida
-misma.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Y eso no quita que estudien lo de los libros, ¿verdad, D. Pío?
-<span class="acoti">(El maestro hace signos afirmativos.)</span> Tan
-distraídas están con el corretear continuo, que ya Dolly ni siquiera
-dibuja.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Qué lástima!... <span class="acoti">(A Dolly.)</span> Y
-aquellos monigotitos, y aquellas vaquitas, y aquellos... <span
-class="acoti">(Dolly se encoge de hombros.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Ya no dibuja. Le gusta más cocinar.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿De veras?... ¡Oh, serafín de los cielos!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>A lo mejor se nos mete en la cocina, se pone su delantal de
-arpillera, y allí la tiene usted entre cacerolas, tiznada, hecha una
-visión...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Divino!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span>VENANCIO</p>
-
-<p>¡Miren que una señorita de la aristocracia, con las manos ásperas y
-llenas de pringue!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Eso es juego... Pero no está de más saber de todo... por lo que
-pueda tronar. ¿Y Nell, no cocina?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>A mi hermana le gusta más lavar cristales... mojarse, fregotear,
-pegar cosas rotas, limpiar las jaulas de los pájaros, y echarles la
-comidita.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>También es útil. Bien, bien, niñas saladísimas; seguid
-estudiando...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Es que...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>D. Pío había dicho que... pues hoy hemos trabajado bárbaramente...
-podíamos pasear.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¡Ah!... permítanme... dije que si acabábamos la Aritmética,
-saldríamos, y en el bosque les explicaría algo de Geografía.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Paseen, sí.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Pero por el bosque no.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>A la playa. <span class="acoti">(Las dos se quitan los
-delantales.)</span></p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">aparte a D. Pío</span>.</p>
-
-<p>El Conde suele pasear por el bosque. Llévelas usted a la playa... No
-se separe de ellas... ¿Se entera de lo que le digo?...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Sí, hombre. A la playa...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">a Venancio</span>.</p>
-
-<p>¿Ha salido ya el abuelito?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>No; ni creo que salga. Vayan las señoritas con el maestro.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Y usted se queda, D. Carmelo?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Sí, hija mía: espero al amigo Angulo, con quien tengo que hablar.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mirando por la ventana</span>.</p>
-
-<p>Ya está aquí.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Pues bajemos todos. Las niñas por delante.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>DOLLY,
-<span class="acoti">que sale la primera, gozosa</span>.</p>
-
-<p>En marcha. <span class="acoti">(Llamando al perrito.)</span>
-<i>¡Capitán!</i></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">detrás de su
-hermana</span>.</p>
-
-<p><i>¡Capitán!</i></p>
-
-<p class="acot">(Salen los demás.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_3">ESCENA III</h3>
-
-<p class="acot">Sala baja en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">GREGORIA, EL MÉDICO; después VENANCIO, EL CURA</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Cómo es que no ha salido aún a dar su paseo de la mañana?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Yo qué sé?... Todavía le tiene usted en su cuarto. He mirado por el
-agujero de la llave, y está dando paseos arriba y abajo, con las manos
-en los bolsillos.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Come bien?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Regular.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Sabe usted si duerme?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Esta mañana, cuando le entré el desayuno, le dije... con todo
-el respeto del mundo, claro: «¿Qué tal ha pasado la noche el señor
-Conde?» y me contesto: «Bien;» pero en seco, y con un tonillo que, a mi
-parecer, era lo mismo que decir: «Mal.»</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Qué? ¿Hay algo de nuevo?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Nada. Hoy no le he visto aún. En la conversación que anoche tuvimos,
-pude, observar que a la exaltación del orgullo aristocrático, añade
-nuestro D. Rodrigo otra monomanía: la sutileza del honor y de la moral
-rígida, en un grado de rigidez casi imposible, y sin casi, en las
-sociedades modernas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Lo mismo observé yo en nuestro paseo de ayer tarde. Por cierto
-que... me hizo pasar un mal rato.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Qué ocurrió?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Nada... Es que por lo visto gusta de pasear solo... Desde que
-salimos, hube de comprender que le desagradaba mi compañía. Claro que
-no me despidió de mala manera: su buena educación no se desmiente
-nunca. Pero con perífrasis<span class="pagenum" id="Page_165">p.
-165</span> ingeniosas, me decía: «Mejor voy solo que mal acompañado.»
-Francamente, creía yo hacerle un favor dándole el brazo,
-entreteniéndole con una conversación grata...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Pues mire usted, D. Carmelo: en esto no conviene contrariarle.
-¿Quiere andar solo? Pues solo. No, no se cae. En mi opinión, ve
-bastante más de lo que dice. <span class="acoti">(A Venancio.)</span>
-Lo que puede usted hacer es mandar un criado que le vigile a
-distancia...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">de mal temple</span>.</p>
-
-<p>En esta época, Sr. de Angulo, no tenemos a nuestra gente tan
-desocupada...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">arrancándose</span>.</p>
-
-<p>D. Carmelo, D. Salvador, yo que ustedes, diría a la Condesa que
-su señor suegro estará mejor en otra parte. Y esto no significa que
-queramos echarle. Es nuestro deber tenerle aquí; hemos sido... fuimos,
-como quien dice, sus criados...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>El cuento es que el Sr. D. Rodrigo, por haber venido tan a menos, no
-encaja en nuestras costumbres de gente pobre, ni se acomoda al trato
-modestito que le damos. Y es natural: yo me pongo en su caso.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">rascándose la
-cabeza</span>.</p>
-
-<p>Hay que mirarlo todo, señores. Con la consignación que nos ha
-señalado la señora no<span class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span>
-podemos hacer milagros. A un grande de España, por más que ahora sea
-<i>chico</i>, no hemos de tenerle aquí como un estudiantón, hartándole
-de puchero, y... vamos, que con tanto extraordinario y tanta finura de
-cocina, se nos van nuestros ahorros que es un gusto.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>En efecto...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Y, por añadidura, vivimos siempre sobresaltados... Que si sale, que
-si tarda, que si le habrá pasado algo... Se necesita un regimiento de
-criados para servirle y atenderle.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Tenemos aquí muchos trajines. Vivimos de nuestro trabajo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Atendemos a la tierra, a las plantas, al fruto. Hay que mirar a
-todo.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Al ganado de pelo y de pluma.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ahora me tienen ustedes todo el santo día en la cocina; y que no
-trabajo menos con la cabeza que con las manos: ¡Señor, qué pondré
-hoy!... ¡Si le gustarán las manos de ternera!... ¡Si acertaré a freír
-el filete!... ¡Ay, Jesús!... Y a todas estas, mis judías sin coger, mis
-tomates<span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span> pudriéndose
-en las ramas... y mis gallinitas olvidadas...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Olvidadas, no, que aquí estoy yo para retorcerles el pescuezo... A
-este paso, señores míos, pronto liquidará la Pardina.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Vamos... siempre habéis de ser lo mismo... aldeanos que se ahogan,
-aunque naden en la abundancia.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Siempre llorando... y escondiendo a la espalda las llaves del
-granero.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Avarientos, mezquinos!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">achicándose</span>.</p>
-
-<p>Sr. D. Carmelo, no hemos dicho nada.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">suspirando</span>.</p>
-
-<p>Sr. D. Salvador... ustedes mandan.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Por lo demás, yo creo también que el pobre león de Albrit estará
-mejor en otra leonera.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>A ver si ha pensado usted lo mismo que yo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span>EL
-CURA, <span class="acoti">enfatuado</span>.</p>
-
-<p>Tengo una idea...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">adivinando</span>.</p>
-
-<p>Yo tengo también una idea...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Llevarle a Zaratán.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Al convento de Jerónimos.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">asintiendo con viveza, lo
-mismo que Gregoria</span>.</p>
-
-<p>Eso, eso.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Solución que debe ser la mejor, pues se aprueba por unanimidad.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Allí estará como un príncipe. Falta que los reverendos quieran.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Deseándolo, querido Salvador, deseándolo. Locos de contento en
-cuanto les propuse...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Pero habló usted con el Prior?...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Toma! ¿Creen que soy de los que cuando dan con una feliz idea, la
-están rumiando siete meses?...<span class="pagenum" id="Page_169">p.
-169</span> Y no solo he hablado con el Prior, sino que he escrito a la
-Condesa...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">viendo llegar al Conde</span>.</p>
-
-<p>Cuidadito, que aquí viene.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_4">ESCENA IV</h3>
-
-<p class="acotj">EL MÉDICO, EL CURA, VENANCIO, GREGORIA; EL CONDE, a
-paso lento, apoyado en su palo. Nótase más deterioro y descuido en su
-ropa. Avanza muy abstraído, sin parar mientes en las personas que están
-en la habitación.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Señor Conde, cómo va ese valor?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah! <i>pastor Curiambro</i>, ¿estás aquí? No te había visto...
-<span class="acoti">(Examinando las personas.)</span> ¿Y este
-bulto...?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>No es bulto, es nuestro gran médico...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">saludándole</span>.</p>
-
-<p>Señor Conde...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy afectuoso</span>.</p>
-
-<p>Perdona, hijo... ¡Veo tan poco!... Y aquel es Venancio... a
-ese le conozco sin verle... Y Gregoria... Ya está aquí todo el
-cónclave... Bien, bien... Antes de que me lo preguntes, médico<span
-class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span> ilustre, te digo que, fuera
-de este achaque de la vista, me encuentro muy bien... ¡Y qué contento
-vivo en la Pardina! Venancio, Gregoria, sabed que estoy contentísimo, y
-que tendréis la satisfacción de alojarme por mucho tiempo...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Es lo que deseamos...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Va el señor Conde a dar su paseo?...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si ustedes no disponen otra cosa... Pero me quedaré un poquito por
-hacer los honores debidos a las dignas personas que honran mi casa.
-<span class="acoti">(Se sienta en el sillón.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Mil gracias, señor Conde. Veníamos...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya me lo figuro: a pasar revista a la huerta y examinar los tomates,
-y armar las grandes peloteras con Gregoria sobre si son mejores los de
-allá o los de acá... <span class="acoti">(Todos ríen.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Los míos son así de gordos.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ya quisiera...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Basta de polémicas, y si arrojáis en esta placentera reunión el
-tomate de la discordia, yo, deferente con el bello sexo, adjudico
-el premio a mi patrona... Gregoria, Venancio, Dios os colme de
-prosperidades... a ver si salís de pobres... <span class="acoti">(Con
-ironía sutil.)</span> En ello voy ganando, porque de lo que tengáis,
-hijos míos, algo ha de participar siempre este pobre viejo... ¿Verdad
-que sí?...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">secamente</span>.</p>
-
-<p>Sí, señor.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">que, sentado a su lado, le pone la
-mano en&nbsp;el&nbsp;hombro</span>.</p>
-
-<p>¿Conque bien...?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero no de la vista. Cada día se nublan más mis ojos.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">con un alarde de
-osadía</span>.</p>
-
-<p>El señor se pondría bueno de la vista... y de la cabeza... ¿lo digo?
-si no tuviera tan mal genio.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Mal genio yo! Si con la voluntad siempre en guardia he logrado
-dominarme, y ya no riño, ya no me oiréis gruñir...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Nos dice palabras blandas, pero con intención dura... Entre flores
-esconde el látigo con que...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Yo? No, hijo mío. Precisamente quería aprovechar esta ocasión para
-decirte que admiro y alabo tus hábitos de arreglo, y tus grandes dotes
-de administrador.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">sobresaltado</span>.</p>
-
-<p>¿Qué quiere decir Vuecencia?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Que eres un ejemplo digno de ser imitado por cuantos manejan
-intereses propios o ajenos. Así prosperan las casas. Si no eres ya
-rico, Venancio, yo te auguro que lo que posees en tomates y berenjenas,
-lo tendrás pronto en peluconas. Carmelo, Salvador, oigan este golpe:
-cuando llegué a la Pardina, este buen amigo mío y antiguo servidor puso
-a mis órdenes a un muchacho llamado Rogelio, inteligente, listo, para
-que fuese mi ayuda de cámara. Toda mi vida he tenido un servidor de
-esta clase. Mentira me parecía que pudiera pasarme sin él... Pero me
-paso, sí, señor, me paso... porque ayer me quitaron el criadito, y ya
-ven... estoy perfectamente.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mascando las
-palabras</span>.</p>
-
-<p>Señor, es que... Rogelio...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Fue preciso mandarle a traer yerba... <span class="acoti">(El Médico
-y el Cura se miran, hablan con los ojos.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con ironía finísima</span>.</p>
-
-<p>Pero, tontos, si no os riño; si me parece bien lo que habéis
-hecho... si os lo agradezco, porque así me vais educando en la pobreza,
-y enseñándome a ser como vosotros, económico, administrativo... No
-quiero ser gravoso; quiero que prosperéis; y con medidas como esta
-claro es que habéis de llegar a ser riquísimos.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Señor, díganos las cosas claras.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Digo lo que siento. Y otra: tienes una mujer que no te la mereces.
-Esta Gregoria vale más que pesa, y con su instinto de gobernante de
-casa te ayudará, te empujará para que subas pronto a la cima de la
-opulencia.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">asustada</span>.</p>
-
-<p>Señor, ¿por qué lo dice?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Porque es verdad. ¡Cuánto siento no estar ya en edad de tomaros por
-modelo!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Pero qué...?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Que esta Gregoria, con su arte sublime de mujer casera, me ha
-suprimido mi bebida favorita: el buen café.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_174">p. 174</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Señor, si se lo llevé esta mañana.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me serviste un cocimiento de achicoria, recalentado y frío, que...
-Pero no te riño, no. Si está muy bien. Siempre me dais mucho más de lo
-que merece este pobre viejo inútil, enfadoso... Prosperad, prosperad
-vosotros, y que os vea yo llenos de bienestar, desde el fondo de esta
-miseria en que he caído.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>No somos ricos, ni aspiramos a serlo.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">con severidad</span>.</p>
-
-<p>Conviene que se sirva al señor Conde un café muy bueno. Yo lo
-mando.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y yo... Y si no se le da como es debido, lo haré yo en casa, y se lo
-enviaré.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Gracias... Pero ya veis que no me enfado... Soy pobre, y como a
-pobre quiero que me traten. Este Venancio, esta Gregoria, que tanto
-me quieren y no pueden olvidar los beneficios que de mí han recibido,
-desean hacerme a su imagen y semejanza, y que como ellos viva, y como
-ellos coma, para de este modo sujetarme y tenerme siempre a su lado.
-¿Verdad que es esto lo que anheláis? Pues me tendréis. De aquí<span
-class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> no me muevo. Estad
-tranquilos, que vuestro huésped seré... tendréis Conde de Albrit para
-un rato.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Seguramente. Estos aires le prueban bien.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gravedad</span>.</p>
-
-<p>No me cuido yo de los aires, sino de la misión que tengo que
-cumplir.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">receloso</span>.</p>
-
-<p>¿Aquí precisamente?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Aquí... al menos por ahora.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(El Médico y el Cura se sientan junto al Conde,
-uno por cada lado. Venancio y Gregoria se retiran y vuelven de
-puntillas, poniéndose tras el sillón a escuchar lo que hablan.)</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Pues si el señor Conde quiere oír un consejo de amigo y de médico...
-de médico más que de amigo, me permitiré decirle que la misión más
-adecuada a su edad y a sus achaquillos es darse buena vida.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y no cuidarse de nada ni de nadie.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>La ancianidad da derecho al egoísmo; pero a mí, pásmense ustedes,
-me han rejuvenecido las desgracias, y tras las desgracias han venido
-las ideas a darme vigor. Por unas y otras,<span class="pagenum"
-id="Page_176">p. 176</span> yo tengo aún que hacer algo en el mundo.
-<span class="acoti">(El Médico y el Cura se miran, comunicándose con
-los ojos sus impresiones.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Sería tan amable el Sr. D. Rodrigo que nos dijera qué misión es
-esa?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Misión que, en cierto modo, tiene cierto paralelismo con la tuya,
-Salvador, y con la tuya, Carmelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Tres misiones paralelas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Tú, <i>pastor Curiambro</i>, luchas en el terreno de la moral,
-disputando almas al pecado; tú, Salvador, te bates con la muerte
-en el terreno físico, tratando de arrancarle los pobres cuerpos
-humanos; yo combato en la esfera moral contra el deshonor <span
-class="acoti">(Pausa; D. Carmelo y Angulo se hacen guiños)</span>,
-que es lo mismo que decir: por el derecho, por la justicia... <span
-class="acoti">(Pausa. Sonríe benévolamente.)</span> Veo poco, amigos
-míos; pero lo bastante para hacerme cargo de que os reís de mí.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Oh! no, Sr. D. Rodrigo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si no me enfado, no. ¡Ay! El quijotismo inspira siempre más lástima
-que respeto. Si compadecéis el mío, yo compadeceré el vuestro:
-el<span class="pagenum" id="Page_177">p. 177</span> religioso y el
-científico... ¡Cómo ha de ser! En la relajación a que hemos llegado, el
-honor ha venido a ser un sentimiento casi burlesco.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Reconozcamos, mi señor D. Rodrigo, que lo han desacreditado los
-duelistas...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí, y los nobles presumidos. Aparte de eso, ¿no alcanzáis a ver
-la relación íntima del honor con la justicia, con el derecho público
-y privado? No, no la veis... Sin duda sois más ciegos que yo... Y
-decidme ahora, tontainas: ¿también os parecen cosa baladí la pureza de
-las razas, el lustre y grandeza de los nombres, bienes que no existen,
-que no pueden existir sin la virtud acrisolada de las personas que...?
-<span class="acoti">(Sus interlocutores callan, observándole.)</span>
-No, no me entendéis. Tú, clérigo, y tú, doctorcillo, vivís envenenados
-por los miasmas de la despreocupación actual, de ese asqueroso <i>lo
-mismo da</i>, de ese inmundo ¿<i>y qué</i>?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Comprendemos la idea; pero...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Es una idea feliz; pero...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">irritándose</span>.</p>
-
-<p>¡Pero qué!... <span class="acoti">(Se calma y sonríe con
-desdén.)</span> Si tuviera tiempo y ganas de entretenerme,
-os<span class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> explicaría...
-<span class="acoti">(Sintiendo ruido detrás del sillón.)</span>
-¿Quién anda ahí? <span class="acoti">(Descubre a Venancio y su
-mujer.)</span> Venancio, Gregoria, ¿por qué andáis por ahí acechando
-como espías? Venid a mi lado, que lo que digo, decirlo puedo y
-quiero también delante de vosotros. Ya todos somos iguales. Venid.
-<span class="acoti">(Se acercan tímidamente.)</span> Pues decía:
-a ti y a ti <span class="acoti">(por el Cura y el Médico)</span>,
-según veo, os importa un ardite que las familias honradas... y
-no me refiero solo a las aristocráticas, sino a toda familia
-pundonorosa y decente... conserven la limpieza del nombre y de la
-sangre... <span class="acoti">(A Venancio y Gregoria.)</span> ¿Y
-vosotros, qué pensáis, papanatas? También a vosotros os tienen sin
-cuidado las usurpaciones ignominiosas de estado civil, nombre,
-riqueza... <span class="acoti">(Callan los cuatro, observándole
-compadecidos.)</span> ¡Ah, todos lo mismo: el sabio, el ignorante,
-igualmente ciegos ante el sol de la moral pura, de la verdad!... <span
-class="acoti">(Bruscamente, levantándose.)</span> Me voy... no quiero
-más conversación, no quiero...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">queriendo
-detenerle</span>.</p>
-
-<p>Pero, señor Conde...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Señor, aguarde...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">nervioso,
-rechazándoles</span>.</p>
-
-<p>No quiero, no... Me voy... Abur, abur.</p>
-
-<p class="acot">(Sale.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_5" title="ESCENA V"><span class="pagenum"
-id="Page_179">p. 179</span>ESCENA V</h3>
-
-<p class="acot">EL CURA, EL MÉDICO, VENANCIO, GREGORIA</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">viéndole
-alejarse</span>.</p>
-
-<p>Allá va: habla solo, golpea el suelo con su palo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Qué les parece a ustedes?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>A mí, cosa perdida.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>A mí... peligroso.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">más reflexivo que los
-otros</span>.</p>
-
-<p>No precipitarse a juzgar. Le tengo por uno de tantos. El hombre
-piensa; su idea le invade el espíritu; su voluntad aspira a la
-realización de la idea. Uno de tantos, digo, como usted y como yo, mi
-querido D. Carmelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿No ves la demencia en ese pobre anciano?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Veo la exaltación de un sentimiento, una inteligencia que trabaja
-sin desmayar nunca, una voluntad agitándose en el vacío, con fuerza
-hercúlea que no puede aplicarse...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_180">p.
-180</span>VENANCIO, <span class="acoti">desdeñoso</span>.</p>
-
-<p>Estos médicos siempre han de dar a las cosas nombres raros.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Para que no entendamos.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Es eso locura, o qué es?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Queréis que os hable con toda sinceridad, como médico honrado? Pues
-no lo sé.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">confuso</span>.</p>
-
-<p>¿Es o no clara la monomanía?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>En toda monomanía hay una razón.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">mirando al techo en busca
-de una idea que se le escapa</span>.</p>
-
-<p>Bueno: yo veo...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">rascándose el
-cráneo</span>.</p>
-
-<p>Sí: yo veo también...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">más sincera que los
-demás</span>.</p>
-
-<p>Todos vemos que... Lo diré claro: las barrabasadas de la señora
-Condesa han influido en que nuestro D. Rodrigo esté tan perdido del
-caletre...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span>EL CURA</p>
-
-<p>Exactamente... De ahí le viene la tos al gato.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Porque... aquí que nadie nos oye, señores... la Condesa...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">limpiando sus
-gafas</span>.</p>
-
-<p>Todo lo que digas es poco.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>No siga usted, D. Salvador... La señora...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Callamos por respeto; pero ello es que la tal Doña Lucrecia...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">sonriente</span>.</p>
-
-<p>Chitón...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>No chistamos...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">poniéndose las
-gafas</span>.</p>
-
-<p>Nos sale al encuentro un caso delicadísimo de la vida privada, y
-ante él cerramos nuestros picos, y nos lavamos nuestras manos. La
-misión de los que ahora estamos aquí reunidos no es enmendar los yerros
-de la Condesa de Laín, ni tampoco sacarla a la vergüenza pública.
-Nuestra misión... <span class="acoti">(Tosiendo, para tomar luego un
-tonillo oratorio.)</span> nuestra misión, digo, es tan solo aliviar,
-en lo que de nosotros dependa, la triste situación física y moral de
-ese anciano desvalido, de ese<span class="pagenum" id="Page_182">p.
-182</span> prócer ilustre, verdadero mártir de la sociedad, amigos
-míos. Y recordando que en la época de su poderío y grandeza él nos
-tendió la mano y fue nuestro sostén, correspondámosle ahora con nuestra
-filial solicitud y cariñoso amparo.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Demostraciones de asentimiento. Sigue a
-ellas amplísima y a ratos calurosa discusión. Aceptada en principio
-por los cuatro vocales la conveniencia de alojar al anciano Albrit
-en los Jerónimos de Zaratán, surgen criterios distintos acerca de
-la forma y manera de realizar lo que creen benéfica y santa obra.
-Mientras Venancio opina que debe conducírsele al Monasterio con toda
-la derechura y sencillez con que se traslada un buey de este al otro
-prado, Gregoria, más delicada y benigna, propone que los propios monjes
-vengan por él, y le conviden a una fiesta, y le hagan muchas carantoñas
-hasta llevársele; y una vez allí, que le trinquen bien y le pongan
-ronzal de seda. El Médico, por el contrario, niégase a autorizar nada
-que transcienda a forzado encierro, y sostiene que D. Rodrigo debe
-entrar en Zaratán voluntaria y libremente, y quedarse allí sin ninguna
-violencia, única manera de precaver un desorden mental verdaderamente
-grave. Y el Cura, hombre conciliador, que todo lo pesa y mide, se
-ofrece a buscar una fórmula que sea como resultante mecánica de las
-diversas opiniones expuestas, y a proponer un procedimiento que a unos
-y otros satisfaga. Nómbranle por unanimidad <i>Comisión ejecutiva</i>,
-y como él se pirra por todo lo que sea dirección y mangoneo, promete
-desplegar en el asunto toda su diplomacia, y el hábil manejo con que
-sabe acometer las empresas más arriesgadas y dificultosas.</p>
-
-<p class="acotj">Despídese Angulo para continuar sus visitas,
-y Don Carmelo, con los dueños de la casa, se dirige al espacioso
-y bien poblado gallinero de la Pardina. Examinando huevos,<span
-class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span> pollos y echaduras, se
-pasa parte de la mañana, y, por último, se convida a comer. Gregoria
-le aconseja que prefiera la cena, y propone invitar también al Médico.
-Aprobación unánime.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_6">ESCENA VI</h3>
-
-<p class="acot">Bosque.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo, paseando
-lentamente</span>.</p>
-
-<p>¡Qué hermoso día!... aire manso y tibio, cielo claro, las nubes
-replegadas sobre el horizonte, el mar azul, tendido, adormilado...
-el bosque en silencio. ¡Qué solemne tranquilidad! El paso del hombre
-no ensucia este cuadro grandioso y puro... <span class="acoti">(Mira
-hacia el sendero que corta el bosque en dirección a Jerusa, y
-detiénese, creyendo sentir voces.)</span> ¿Vendrán las nenas de paseo?
-Pareciome oír sus voces lejanas... El corazón me ha saltado en el
-pecho... No son ellas, no. Es que el bosque tiene ruidos extraños,
-modulaciones misteriosas que a veces semejan llanto de niños, a veces
-risotadas de muchachas que anduvieran volando entre el ramaje. <span
-class="acoti">(Óyense, en efecto, voces, risas.)</span> ¡Ah! ¿Serán
-ellas? No... son insectos o no sé qué animaluchos, que remedan la voz
-humana. <span class="acoti">(Aparecen mujeres del campo, charlando
-y riendo.)</span> Por allí vienen... Pero no son ellas. Esas voces
-ordinarias no son las de las graciosas niñas de Albrit. <span
-class="acoti">(Pasan las aldeanas y le saludan respetuosas; el Conde
-contesta con afecto paternal al saludo.)</span> Adiós, hijas; que os
-divirtáis mucho... <span class="acoti">(Sigue andando.)</span> Ya
-estoy solo otra vez... No sé qué voz del alma me<span class="pagenum"
-id="Page_184">p. 184</span> dice que no vendrán por aquí mis
-chiquillas. ¡Cómo han de venir las pobres, si toda la mañana las
-tienen encerradas con el preceptor, un simple, a quien se paga para
-embrutecerlas! Pero no conseguirán haceros idiotas, ¿verdad, hijas
-mías?... <span class="acoti">(Suspirando.)</span> ¡Nell, Dolly! ¿cuál
-de vosotras es mi nieta, heredera de mi sangre y de mi nombre? <span
-class="acoti">(Deteniéndose y cruzando las manos, dolorido.)</span>
-Señor, ¿las amo o las aborrezco? En mi corazón hay plétora de amor a
-mi descendencia. Pero la certidumbre de que una de las dos, una... no
-es de ley, me vuelve loco... No, no es esto locura, no puede serlo;
-esto es razón, derecho, justicia, el sentimiento del honor en toda
-su grandeza... <span class="acoti">(Desesperado.)</span> Daría mi
-vida por ellas... las mataría... no sé. <span class="acoti">(Continúa
-andando, agitadísimo.)</span> No puedo, no debo consentir intrusos en
-mi linaje... Al fuego la hierba mala, traída a mi hogar con engaño,
-contrabando del vicio... Esa diabólica mujer no ha querido decirme
-cuál es la falsa; pero no importa... Verás, verás, infame, cómo yo
-lo averiguo sin ajeno auxilio, sin interrogar a los que seguramente
-conocen tus secretos... Dios me dé una intensa penetración para
-desentrañar la verdad; sabré leer la historia de mi deshonra en esas
-preciosas caras; y si por mi ceguera no acierto a descifrar los
-rostros, leeré la invisible cifra de los pensamientos, penetraré en la
-hondura de los caracteres, y no necesito más, pues los caracteres son
-el temperamento, la sangre, el organismo, la casta... Adelante, Rodrigo
-de Albrit... Voy a sentarme en aquel altozano del bosque que parece
-suspendido sobre el mar, y que está siempre seco y bien bañado del sol.
-<span class="acoti">(Apresura<span class="pagenum" id="Page_185">p.
-185</span> el paso.)</span> No se qué tengo hoy, que no me canso nada,
-pero nada. Andaría mis dos leguas como un hombre...</p>
-
-<p class="acot">Otra parte del bosque.</p>
-
-<p class="acotj mt1">Terreno quebrado, donde escasean los árboles, y
-abundan los chaparros y arbustería silvestre entre rocas musgosas. Al
-Norte, el cantil que desciende con rápido declive hasta la playa, la
-cual se extiende limpia y arenosa en toda la profundidad del paisaje.
-En una peña que le ofrece cómodo asiento se recuesta el anciano,
-meditabundo, y contempla abstraído la costa, y el oleaje manso y
-rumoroso.</p>
-
-<p class="mt1">¡Cómo pica el sol! Turbonada esta tarde... Allá lejos,
-en la playa, distingo unos bultitos blancos que se mueven... Dios mío,
-¿serán ellas? <span class="acoti">(Haciendo anteojo con su puño para
-ver mejor.)</span> Sí, sí... juraría que son ellas... Aquel vagar
-rápido, aquel vuelo de mariposas... <span class="acoti">(Con súbita
-alegría.)</span> Ellas son. Hasta me parece que oigo sus chillidos
-alegres. <span class="acoti">(Bajando un poco, entre las peñas.)</span>
-Y distingo también un bulto negro, una especie de cigarrón que las
-persigue... Es el maestro, el pobre Coronado... ¿Qué haré? ¿Las
-llamo, les hago una seña con el pañuelo, voy a buscarlas? <span
-class="acoti">(Vuelve a sentarse, indeciso.)</span> ¡Dios mío, estas
-lindas criaturas serían mi encanto, mi gloria, mi consuelo, si no me
-amargara la vida el convencimiento de que una de ellas es intrusa,
-fraudulenta, usurpadora! Quiero idolatrarlas; pero antes, urge separar
-la verdad de la mentira, para poder amar exclusivamente a la que lo
-merezca... ¿Cuál es, cuál de las dos, Señor? <span class="acoti">(Se
-golpea el cráneo con el puño cerrado.)</span> Misterio terrible,
-¿será<span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> posible que
-yo no pueda penetrar en ti?... <span class="acoti">(Pausa.)</span>
-¿Qué atracción es esta que hacia ellas me llama?... Fuerza superior
-a mi voluntad. No quiero ir, y voy... Atracción del enigma, el
-ansia inmensa del <i>¡qué será!</i>... <span class="acoti">(Se
-levanta.)</span> ¡Ah, parece que me han visto! Creo notar una agitación
-de cosas blancas, como si me saludaran con los pañuelos. Sí, sí: ya
-percibo sus vocecitas, más dulces, más musicales que cuantos sones
-hay en la Naturaleza... <span class="acoti">(Gritando.)</span> Sí,
-sí, Nell, Dolly; aquí estoy... Ya os había visto... os veo en medio
-de la inmensidad... ¿Queréis que baje, o subís vosotras?... <span
-class="acoti">(Gozoso.)</span> Ya, ya vienen. No corren, vuelan.</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch3_7">ESCENA VII</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">EL CONDE, NELL, DOLLY, D. PÍO</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cuya voz suena
-lejos</span>.</p>
-
-<p>¡Abuelo, abuelo!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No corráis, hijas, que podéis caeros.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY <span class="acoti">(Suena la voz menos
-lejana.)</span></p>
-
-<p>Abuelo, te vimos, te vimos.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cerca</span>.</p>
-
-<p>Yo fui la que primero te vi.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">más cerca</span>.</p>
-
-<p>No, que fui yo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Yo bajaría; pero este camino, lleno de zarzas, es tan quebrado que
-temo caerme.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">próxima</span>.</p>
-
-<p>No te muevas, que allá vamos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">más próxima</span>.</p>
-
-<p>Por esta veredita, Nell.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Por aquí. <span class="acoti">(Llegan a un tiempo las dos,
-sofocadas, sin aliento, junto al anciano, que las abraza y las
-besa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Por qué habéis venido tan a prisa? Claro, como sois ángeles, nada
-os cuesta volar.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>D. Pío no quería que viniésemos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">sujetándose el cabello, que
-el viento le ha soltado</span>.</p>
-
-<p>Allá sube como una tortuga el pobre viejo... ¡Qué trabajo le cuesta
-seguirnos!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sentaos ya, y descansad aquí conmigo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Estás ya contento?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿No lo ves? ¿Por qué me lo preguntas?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_188">p. 188</span>NELL</p>
-
-<p>¡Como esta mañana estabas de tan mal humor!... <span
-class="acoti">(Sorpresa del anciano.)</span> Sí, sí... y cuando
-entramos a darte los buenos días, nos asustaste.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Nos dijiste: «¡Idos; dejadme solo!»</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No hagáis caso. ¡Es que Gregoria me había servido tan mal...!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con mimo</span>.</p>
-
-<p>De veras, ¿no estás enfadado con nosotras?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Nunca. Os quiero, os idolatro.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cariñosa</span>.</p>
-
-<p>Y como Gregoria y Venancio te sirvan mal, ya les ajustaremos las
-cuentas. ¡Vaya...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Niñas mías, la gente pequeña, cuando se hincha de vanidad y
-coge debajo a los que fueron grandes, es terrible, es peor que las
-fieras.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que llega jadeante, medio
-muerto de fatiga, y se arroja en el suelo</span>.</p>
-
-<p>Señor Conde, saludo a usía. Como soy viejo, no puedo seguir a estas
-criaturas, que tienen alas de mariposa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¡Pobre Coronado, cuánto le marean a usted! ¿Y qué tal? ¿Se han
-sabido la lección?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con suprema
-honradez</span>.</p>
-
-<p>Señor, ni palotada. Me lo puede creer.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Habrá picaruelas...!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Como usía es tan tolerante, puedo decírselo: hacen burla de la
-ciencia y de mí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">jovial</span>.</p>
-
-<p>¡Qué monas! ¡Ángeles divinos! Besadme otra vez, Nell y Dolly,
-amables borriquitas. Vuestro D. Pío, que os consiente todas las
-travesuras, y juega con vosotras cultivándoos en la ignorancia,
-demuestra ser un verdadero sabio.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">irónica</span>.</p>
-
-<p>Dí que queremos sorprenderle, y aprendemos sin que él lo note.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">maleante</span>.</p>
-
-<p>Le hacemos rabiar un poquito para amansarle el genio, porque este D.
-Pío, aquí donde le ves, tan suavecito, es un tigre.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, hijas mías, es un cordero, un santo cordero... ¿No le veis esa
-cara?... Dios le hizo santo,<span class="pagenum" id="Page_190">p.
-190</span> y su familia le ha hecho mártir. Yo le quiero. Seremos
-amigos.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con emoción</span>.</p>
-
-<p>Señor, usía me honra demasiado.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con lástima</span>.</p>
-
-<p>¿Y por qué es mártir D. Pío?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿No tiene muchas hijas?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero no son buenas, como vosotras.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Ay, pobrecito, cuánto padecerá!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">compadecida</span>.</p>
-
-<p>Ya no volveremos a hacerle rabiar.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">notando, por los
-hondos suspiros que exhala Coronado, su disgusto de aquella
-conversación</span>.</p>
-
-<p>No se hable más de eso. Y ahora que nos hemos encontrado y no
-necesita usted estar al cuidado de las señoritas, puede irse a
-descansar, Sr. Coronado.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tímidamente</span>.</p>
-
-<p>Señor Conde, yo no puedo dejar a las señoritas, porque el Sr.
-Venancio me encargó mucho que no les consintiera separarse de mí; que
-con ellas salía y con ellas tenía que volver a casa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">picado</span>.</p>
-
-<p>Ya que no es usted su maestro, porque ellas no aprenden, le mandan a
-usted que sea su pastor. Pues para pastorear este rebaño, me basto y me
-sobro, Sr. Coronado.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>No se incomode, señor. Yo no hago más que cumplir las órdenes de
-Venancio.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dominando su ira por
-hallarse frente a un ser débil e inofensivo</span>.</p>
-
-<p>¿Y mis órdenes no significan nada para usted? Ese bestia mandará en
-su casa, pero no en mi familia.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">asustada</span>.</p>
-
-<p>Abuelito, por amor de Dios, no te incomodes.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Si D. Pío se va!... ¿Qué tiene que hacer más que lo que tú le
-mandes?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya ves cómo no lo hace, y me obligará a decirlo segunda vez, cuando
-estoy acostumbrado a que a la primera se me obedezca.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Váyase, D. Pío... Piito, lárgate.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">levantándose
-perezoso</span>.</p>
-
-<p>Señor Conde, yo creí...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">impaciente, sin poder contenerse</span>.</p>
-
-<p>Pronto... Retírese usted.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando las
-castañuelas</span>.</p>
-
-<p>Me retiro, puesto que lo manda usía con tanto imperio... Y si me
-riñen allá, que me riñan... Lo que yo digo: es malo ser bueno.</p>
-
-<p class="acot">(Saluda y se aleja.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_8">ESCENA VIII</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, NELL, DOLLY</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Ya estamos solitos los tres.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Qué gusto!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Los dos, digo, los tres, porque vosotras, ¡ay! sois dos, aunque a mí
-me parezcáis una.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Que parecemos una!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Lo he dicho al revés: sois una, aunque parezcáis dos... No está bien
-hoy mi cabeza... Quiero decir que en vosotras hay algo que sobra.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span>DOLLY</p>
-
-<p>¿Algo que sobra? Ahora lo entiendo menos.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con agudeza</span>.</p>
-
-<p>Quiere decir el abuelo que en nosotras, en las dos, no en una sola,
-hay lo malo y lo bueno.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y lo malo es lo que sobra.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y debe quitarse, arrojarse fuera.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>O será que una de nosotras es mala, y la otra buena. <span
-class="acoti">(Míranle atentas al rostro.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Quizás...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">generosa</span>.</p>
-
-<p>En ese caso, la mala soy yo y la buena Dolly.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">correspondiendo</span>.</p>
-
-<p>No, no: la mala soy yo, que siempre estoy haciendo diabluras.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">atormentado de una
-idea</span>.</p>
-
-<p>Chiquillas, acercaos más a mi; aproximad vuestros rostros para
-que os vea bien. <span class="acoti">(Se ponen una a cada lado, y
-él las abraza. Las tres cabezas resultan casi juntas.)</span> Así,
-así... <span class="acoti">(Mirándolas fijamente y con profunda
-atención.)</span> No veo, no veo bien... <span class="acoti">(Con
-desaliento.)<span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span></span>
-Esta condenada vista se me va, se me escapa cuando más la necesito... Y
-por más que os miro, no hallo diferencia en vuestros semblantes.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Dicen que nos parecemos. Pero Dolly es un poquito más morena que yo,
-menos blanca.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran
-interés</span>.</p>
-
-<p>¿Y el cabello, lo tenéis negro las dos, muy negro, muy negro?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí, <i>estrepitosamente</i> negro. El pelo castaño de mamá es más
-bonito.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Qué ha de ser!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Otra diferencia tenemos. Mi nariz es un poquitín más gruesa.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y mi boca más chica que la tuya.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y los dientes?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Las dos los tenemos preciosos; no es por alabarnos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span>DOLLY</p>
-
-<p>Pero yo tengo este colmillo un poquito encaramado... así, como
-retorcido. Toca, abuelito. <span class="acoti">(Llevándose a la boca el
-dedo del Conde.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es verdad... colmillo retorcido.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Otra diferencia tengo yo: un lunar en este hombro.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo tengo dos más abajo, así de grandes.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">preocupado</span>.</p>
-
-<p>¿Dos?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí, señor: dos que parecen tres.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">soltándolas de sus
-brazos.</span></p>
-
-<p>Vuestros ojos, cuando los examino con mi corta vista, me parecen
-igualmente bellos. Nell, hazme el favor de mirar bien el color de los
-ojos de tu hermana... Y tú, Dolly, fíjate bien en los de Nell. Decidme
-el color... justo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Los ojos de Dolly son negros.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Los de Nell son negros: pero los míos son más.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con interés ansioso.</span></p>
-
-<p>¿Más? ¿Los tuyos, Dolly, tienen acaso un viso verde?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Me parece que sí... entre verde y azul.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">mirando de cerca los ojos de
-su hermana.</span></p>
-
-<p>Lo que tienen los tuyos es rayitas doradas... Sí, sí, y también algo
-de verde.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero son negros. Los de vuestro papá, mi querido hijo, negros eran
-como el ala del cuervo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Era guapísimo papá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">suspirando</span>.</p>
-
-<p>¿Os acordáis de él?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Pues no hemos de acordarnos!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Pobrecito, cuánto nos quería!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Nos adoraba.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Cuándo le visteis por última vez?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span>NELL</p>
-
-<p>Hace... creo que dos años, cuando se fue a París. Entonces nos
-sacaron del colegio.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>¿Se despidió de vosotras?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí, sí. Dijo que volvía pronto, y no volvió más. Después fue a
-Valencia.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá salió también para París, pero se quedó en Barcelona. No nos
-llevó.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Al volver a Madrid estaba muy disgustada, sin duda por la ausencia
-de papá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y en qué le conocíais su disgusto?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>En que se aburría, y estaba siempre en la calle. Nosotras comíamos
-solas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y en esa época os trajeron aquí?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí, señor.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con dulzura</span>.</p>
-
-<p>Decidme otra cosa. ¿Queríais mucho a vuestro papá?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span>NELL</p>
-
-<p>Muchísimo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me figuro que una de vosotras le quería menos que la otra.</p>
-
-<p class="rol">LAS DOS, <span class="acoti">protestando</span>.</p>
-
-<p>No, no, no... Las dos igual.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">después de una pausa,
-clavando en ellas sus ojos, que poco ven</span>.</p>
-
-<p>¿Y creéis que él quería lo mismo a entrambas?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>A las dos lo mismo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Estáis bien seguras?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Segurísimas. Desde París nos escribía cartitas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿A cada una por separado?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No; a las dos en un solo papel, y nos decía: «Florecitas de mi alma,
-únicas estrellas de mi cielo...» Pero de Valencia no nos escribió
-nunca.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>NELL</p>
-
-<p>Ninguna carta recibimos de Valencia. Nosotras le escribíamos, y él
-no nos contestaba.</p>
-
-<p class="acot">(Larga pausa. El Conde apoya la frente en sus manos,
-con las cuales empuña el palo, y permanece un rato en profunda
-meditación.)</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Abuelito, ¿te has dormido?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE. <span class="acoti">(Suspirando, alza la
-cabeza y se frota los ojos.)</span></p>
-
-<p>¿Queréis que andemos un poquito?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="acot">(Se ponen las dos en pie, le dan la mano, y le ayudan a
-levantarse.)</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿A dónde quieres que vayamos?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">indiferente</span>.</p>
-
-<p>Guiad vosotras.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Iremos hacia el Calvario y la gruta de Santorojo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No nos alejaremos mucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Nos alejaremos todo lo que queramos, y volveremos cuando nos dé la
-gana... Parece que sopla viento de turbonada... ¿Qué? ¿Se ha nublado el
-sol?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span>DOLLY</p>
-
-<p>Sí, y de aquel lado vienen nubes gruesas. Lloverá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si llueve, que llueva, y si nos mojamos, que nos mojemos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Quieres que te demos el brazo?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, chiquillas, no quiero aprisionaros. Corred solas y con
-libertad... Ya estamos en sendero franco, y pisamos la finísima
-alfombra del bosque sombrío.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">a Dolly</span>.</p>
-
-<p>¿A que no me coges?</p>
-
-<p class="acot">(Se alejan corriendo.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, hablando solo, <span
-class="acoti">desalentado</span>.</p>
-
-<p>Las facciones nada me dicen... <span
-class="acoti">(Animándose.)</span> Hablarán los caracteres... Ya
-se clarean, ya. Nell paréceme más grave, más reposada; Dolly más
-frívola y traviesa... Pero noto que cambian, permutan las cualidades
-de una y otra, de modo que aquella parece esta, y esta, aquella.
-Observemos mejor. <span class="acoti">(Las niñas juegan a cuál corre
-más.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">que vuelve triunfante, casi
-sin respiración</span>.</p>
-
-<p>No me has cogido, no.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>NELL,
-<span class="acoti">jadeante también</span>.</p>
-
-<p>Que sí... Corro yo más que tú.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Nunca.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Ayer te gané.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Mentira.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo digo la verdad.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY. <span class="acoti">(Picadas las dos.)</span></p>
-
-<p>Ahora no... Es que eres tú muy orgullosa.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Abuelo, me ha dicho que miento.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y tú no mientes nunca; no está en tu natural la mentira.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ella me dijo ayer a mí... embustera.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y qué hiciste?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Echarme a reír.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_202">p. 202</span>NELL</p>
-
-<p>Pues yo no consiento que me digan que miento. <span
-class="acoti">(Lloriquea.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Lloras, Nell?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Tonterías, abuelo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Soy muy delicada. Mi dignidad por la menor cosa se ofende.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Tu dignidad!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Lo que tiene es envidia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿De qué?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con travesura
-jovial</span>.</p>
-
-<p>De que todos me quieren más a mí.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo no soy envidiosa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Vaya, Nell, no llores, pues no hay motivo para tanto. Y tú, Dolly,
-no te rías. ¿No ves que la has ofendido?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_203">p. 203</span>NELL</p>
-
-<p>Siempre es así. Todo lo toma a risa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>Nell tiene dignidad. Esta es la buena. <span class="acoti">(A Dolly,
-con un poquito de severidad.)</span> Dolly, te he mandado que no te
-rías.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Es que me hace gracia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">a Nell,
-acariciándola</span>.</p>
-
-<p>Tú eres noble, Nell. En ti se revela la sangre, la raza... Vaya,
-haced las paces.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No quiero.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ni yo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Esa risita, Dolly, es un poquito ordinaria.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">poniéndose seria</span>.</p>
-
-<p>Bueno.</p>
-
-<p class="acot">(Súbitamente se lanza a la carrera.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, a Nell.</p>
-
-<p>Estoy algo cansado. Dame el brazo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Dolly está sentida... Le has dicho ordinaria, y esto le llega al
-alma. ¡Pobrecilla!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Dime, hija mía, ¿has notado otra vez en Dolly estos arranques...?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿De qué?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>De naturaleza ordinaria.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No, papá... ¡Qué cosas tienes! Dolly no es ordinaria. Creo que se lo
-has dicho en broma. Dolly es muy buena.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿La quieres?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Muchísimo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y no estás incomodada con ella porque te dijo que mentías?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo no... Cosas de nosotras. Reñimos, y en seguida hacemos las paces.
-Dolly es un ángel: le falta sentar un poquito la cabeza. Yo la quiero;
-nos queremos... ¡Ya tengo unas ganas de abrazarla y decirle que me
-perdone!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con júbilo</span>.</p>
-
-<p>¡Otro rasgo de nobleza! Nell, tú eres noble. Ven a mí... <span
-class="acoti">(La abraza.)</span> Y esa loca, ¿dónde está?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>NELL</p>
-
-<p>Ya viene.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">volviendo como una
-exhalación</span>.</p>
-
-<p>Abuelito, llueve. Me ha caído una gota de agua en la nariz.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">deseando coyuntura para hacer
-las paces</span>.</p>
-
-<p>Y a mí dos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Papá, ¿quieres que nos metamos en la gruta de Santorojo? Has hecho
-mal en no traer paraguas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es un chisme que no he usado nunca.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Ya... acostumbrado a andar siempre en coche! Pero ahora no tienes
-más remedio que andar a patita, como nosotras.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>Se burla de mí... ¡Qué innoble!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Ay, qué gotas tan gordas!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Menudo chaparrón nos viene encima!... Abuelito, ¿quieres que vaya a
-casa en cuatro brincos, y te traiga un capote de agua?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span>EL CONDE</p>
-
-<p>No. <span class="acoti">(Para sí.)</span> Ahora quiere desenojarme
-con sus zalamerías.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Nos meteremos en la gruta. Oiremos el eco. <span
-class="acoti">(Dirígense por un sendero áspero, entre peñas y
-zarzales.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Por aquí. Yo iré delante, apartando las zarzas para que el
-abuelo no se pinche... ¡Ay, ay, qué pinchazo me he dado! <span
-class="acoti">(Chupándose la herida.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Te has hecho sangre?... Ya ves: por traviesa, por correntona.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Si ha sido por abrirte camino, para que no te hicieras daño. ¡Así me
-lo agradeces!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí que te lo agradezco, tontuela.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que soltando el brazo
-del anciano, y recogiéndose el vestido para no engancharse, se
-adelanta</span>.</p>
-
-<p>Dolly, da el brazo a papaíto, y tráele con cuidado.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dejándose guiar por Dolly,
-que continúa chupándose el dedito lastimado</span>.</p>
-
-<p>Chiquilla, ¿de veras te has hecho sangre?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span>DOLLY</p>
-
-<p>Poca cosa. La he derramado por ti. Derramaría más: toda la que
-tengo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose</span>.</p>
-
-<p>¿De veras?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Oh, sí!... Pruébalo... ¡Si pudiera probarse...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Tanto me amas?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Más de lo que crees.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Me querrás más que tu hermana?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No, más no. Ofendería a Nell si dijera que ella te quiere menos que
-yo. Las dos somos tus nietas, y te queremos lo mismo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>Pues esto es nobleza... y de la fina. ¿Resultará esta la
-legítima y la otra la falsa?... ¡Dios mío, luz, luz! <span
-class="acoti">(Alto.)</span> ¿Dónde está Nell?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ha dado un rodeo para no engancharse el vestido. Sabe sortear las
-púas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y tú?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Yo? Tengo la piel mechada y endurecida de tanto aguijonazo, y una
-encarnadura que no me la merezco. Mi hermana es más delicada que yo.
-Por eso, cuando me has llamado ordinaria, dije para mí que tenías
-razón.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí, aturdido, sin
-saber qué pensar</span>.</p>
-
-<p>Razón... verdad... duda... problema.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">desde lejos, mirando hacia
-atrás</span>.</p>
-
-<p>Dolly, ¿por qué nos has traído por esta vereda? Es la peor.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Qué sabes tú...? Sigue, sigue, que a la vuelta tienes la entrada de
-la gruta.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Llueve... Vamos a prisa.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">encontrando el paso fácil
-hacia la gruta</span>.</p>
-
-<p>Que os mojáis... Yo estoy en salvo ya.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>Paréceme Nell un poco egoísta... ¡Qué horrible duda, Señor! ¡Si
-resultará que Dolly es la buena! (Alto.) ¿Llegamos por fin?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span>DOLLY</p>
-
-<p>Abuelo, por aquí... cuidado... Otro escaloncito, otro... <span
-class="acoti">(Llueve copiosamente.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">guarecida en la boca de la
-cueva</span>.</p>
-
-<p>Os habéis mojado; yo no.</p>
-
-<p class="acot">Gruta de Santorojo.</p>
-
-<p class="acotj mt1">Cavidad ancha y profunda en la fragorosa peña.
-Festonean su boca parietarias viciosas, raíces de árboles cercanos,
-helechos y plantas mil de variado follaje. El interior se compone de
-masas cretáceas de variado color, con formas de una arquitectura de
-pesadilla. Las concreciones de la bóveda son como un sueño de bizarras
-magnificencias, labradas en cristal, azúcar y estearina.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sentándose en una
-piedra</span>.</p>
-
-<p>¡Cuántas veces, niño, me he refugiado, como ahora, en esta soberbia
-estancia natural de Santorojo!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Y es cierto que aquí vivió y murió un ermitaño llamado Toronjillo,
-que hacía milagros?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es tradición que viene labrando en la mente popular desde el siglo
-<span class="asc">XIII</span>. Ejecutorias de la casa de Laín mencionan
-al santo Toronjillo, que desde este balcón amansaba las olas furibundas
-con un gesto... Aquí abajo, al pie de la pendiente llena de malezas,
-bate la mar.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>DOLLY,
-<span class="acoti">asomándose</span>.</p>
-
-<p>Ya se ven de aquí los espumarajos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y esto no te da miedo? ¡Si te cayeras...!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Llegaría al mar en pedacitos así.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">cariñosa</span>.</p>
-
-<p>Por Dios, hermana, no te acerques al abismo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dolly, no hagas tonterías... Una tarde, siendo Rafael niño, quiso
-descender por esta escarpa... Al primer salto que dio, ya no podía
-bajar ni subir. ¡Qué susto pasó su madre! ¡Nos costó un trabajo
-subirle!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Qué trance!...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>De pensarlo, me da escalofríos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Dicen que nuestra abuelita era muy hermosa... <span
-class="acoti">(Se sientan las dos junto al Conde.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí: la figura más arrogante y noble que podríais imaginar.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span>DOLLY</p>
-
-<p>Y que Nell se le parece mucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">mirando a Nell</span>.</p>
-
-<p>No sé... no veo bien las facciones de tu hermana.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Por el retrato que hay en casa, más se parece a Dolly que a mí.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Si fuera verdad! ¡Qué gusto parecerse a una señora tan santa y
-tan... bonita! Abuelo, mírame bien, y haz memoria.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dime que haga vista.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Me parezco?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">confuso, mirándola de
-cerca</span>.</p>
-
-<p>No sé... No veo...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que se ha levantado para
-sentarse en mejor sitio, junto&nbsp;a&nbsp;la&nbsp;roca</span>.</p>
-
-<p>Eso no puede decirlo más que el abuelo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Eso no puede decirlo más que el abuelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sobrecogido por la
-igualdad del timbre de las voces</span>.</p>
-
-<p>¿Quién habla?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span>LAS DOS</p>
-
-<p>Yo.</p>
-
-<p class="rol">EL ECO, <span class="acoti">repitiendo la voz de Nell</span>.</p>
-
-<p>Yo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ese <i>yo</i> me ha sonado como si lo pronunciara mi pobre Adelaida,
-vuestra abuela.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Es el eco, papá. <span class="acoti">(Gritando.)</span> Conde de
-Albrit, soy yo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">que corre junto a su hermana
-y grita</span>.</p>
-
-<p>Soy yo... yo... <span class="acoti">(El eco repite la voz de
-entrambas.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">tembloroso, profundamente
-excitado</span>.</p>
-
-<p>Venid aquí... No os apartéis de mi lado... No hagáis hablar al
-eco... Me asusta.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿De veras?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No creas, a mí también me asusta un poquitín.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>¡Confusión horrible!... «Soy yo,» dice la Naturaleza... ¿Y quién
-eres tú?... <span class="acoti">(Reflexionando.)</span> ¿Será
-Nell la mala?... ¿Será Dolly? <span class="acoti">(Se clava los
-dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de meditación o
-somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de sonidos
-pavorosos.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span>DOLLY</p>
-
-<p>¡Jesús, qué miedo!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡María Santísima!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente, creyendo hallar
-un dato</span>.</p>
-
-<p>¿Cuál de las dos se asusta de los truenos?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>Carácter entero.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento.
-Cualidad de la familia, como decía papá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es cierto... Ven acá, que yo te bese.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Y a mí no?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>También a ti. <span class="acoti">(Las besa y abraza.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>NELL,
-<span class="acoti">con efusión</span>.</p>
-
-<p>Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">asustado</span>.</p>
-
-<p>Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo
-puedo remediar.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Y los truenos no te impresionan? <span class="acoti">(Retumba
-otro.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose</span>.</p>
-
-<p>Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son
-mi propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen
-solas.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco
-minutos llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite,
-nos metemos en la casucha de la tía Marqueza.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la
-Pardina.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, vamos... Llevadme.</p>
-
-<p class="acot">(Salen de la gruta.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_9" title="ESCENA IX"><span class="pagenum"
-id="Page_215">p. 215</span>ESCENA IX</h3>
-
-<p class="acotj">Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola
-puerta, con dos ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por
-entre las tejas musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del
-caballete ostentan un jardín botánico en miniatura, colección lindísima
-de criptógamas y plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal
-cercado de pedruscos, con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo,
-varios girasoles con sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre
-del sol, y unas cuantas coles agujereadas por los gusanos. La fauna
-consiste en un cerdo libre, que hociquea en el charco formado por la
-lluvia; dos patos, gallinas, y todos los caracoles y babosas que se
-quieran poner. Las moscas, huyendo de la lluvia, han querido refugiarse
-en el interior de la casa, y como el humo las expulsa, voltejean en la
-puerta sin saber si entrar o salir.</p>
-
-<p class="acotj">Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la
-menor ropa posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional
-naturaleza, nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su
-musculatura, en cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la
-Sibila de Cumas, obra de Miguel Ángel.</p>
-
-<p class="acot">LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas?</p>
-
-<p class="rol">NIÑO</p>
-
-<p>Sí que son... madre, ellos... <i>Cá</i> vienen.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span>LA
-MARQUEZA, <span class="acoti">adelantándose a recibirles</span>.</p>
-
-<p>Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere
-descansar?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Sí: descansaremos un rato.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy complacido, mientras
-la anciana le besa la mano</span>.</p>
-
-<p>Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez?</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses
-que me le quitó Dios...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno
-para el trabajo, y honrado a carta cabal.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía...
-Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a
-casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo,
-y se han caído<span class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>
-algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que tú, mucho más,
-y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos, ¿qué ha sido de
-ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos...</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han
-muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo
-bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas
-son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas
-trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde;
-pero no tengo nada que ofrecerle.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el
-tesoro del pobre. Estamos iguales.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo
-que quieras. <span class="acoti">(Se van a jugar con los chicos junto a
-unos troncos.)</span></p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde!
-Da gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué
-vieja<span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span> soy, y cuánto
-he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito Rafael,
-padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina. Las dos
-le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo?</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas?</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">mirándolas detenidamente</span>.</p>
-
-<p>Se parece la señorita <i>Nela</i>. Es la misma cara.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y su hermana?</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>La señorita <i>Dola</i> no... digo, sí, también tiene la pinta; pero
-cuando se ríe, nada más que cuando se ríe.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">secamente</span>.</p>
-
-<p>Rafael era muy serio...</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>¡Y qué galán! Tan caballero y <i>respetoso</i> que toda Jerusa
-se quitaba el sombrero cuando pasaba,<span class="pagenum"
-id="Page_219">p. 219</span> y hasta la torre de la iglesia parecía como
-si le hiciera la reverencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que mira y no ve,
-impaciente</span>.</p>
-
-<p>Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero
-no las veo.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el
-pobre! La señorita <i>Nela</i> quiere bailar con mi Narda, y la
-señorita <i>Dola</i> y mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de
-la Pardina llevan la alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor
-las hubiera visto aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sorprendido</span>.</p>
-
-<p>¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras?</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues
-en un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta
-el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en
-persona.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">excitadísimo,
-llamando</span>.</p>
-
-<p>Nell, Nell... Ven acá, hija... <span class="acoti">(Se
-acerca.)</span> Oye lo que dice la Marqueza... <span
-class="acoti">(Esta repite lo del guarro.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">llamando</span>.</p>
-
-<p>Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... <span
-class="acoti">(Acércase esta, sofocada.)</span> ¡Qué callado te lo
-tenías! ¡Tú pintora!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con modestia</span>.</p>
-
-<p>Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser
-este el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">que quiere congraciarse con
-Dolly</span>.</p>
-
-<p>Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No valen nada, abuelito.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué
-preciosidades haría!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Quita, quita.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con profundo
-interés</span>.</p>
-
-<p>¿Quién te ha dado lecciones?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me
-gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y
-traían unas cajas con trebejos<span class="pagenum" id="Page_221">p.
-221</span> y cartuchitos de pintura... vieron lo que hacía la señorita
-Dola, y se pasmaron...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">ruborizada</span>.</p>
-
-<p>No hagas caso, papá.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí
-que lo dijeron. No vengas ahora con farsas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran agitación, que
-procura disimular</span>.</p>
-
-<p>¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes
-una afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo
-del alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la
-mano, y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no
-puedo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don
-concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae
-de otro mundo, de...?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Me entró la afición... qué sé yo cuándo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Desde niña hacía garabatos...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los
-lápices.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>¡Ángel de Dios!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y tú, Nell, ¿no dibujas?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con viveza</span>.</p>
-
-<p>¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno,
-hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas
-tristes. <span class="acoti">(Nell y Dolly se alejan y continúan su
-juego.)</span></p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. <span
-class="acoti">(El Conde no contesta. Mirando al suelo se sumerge en
-profunda abstracción.)</span> ¿Qué tiene, mi señor, que está tan
-triste?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">como quien vuelve de un
-letargo</span>.</p>
-
-<p>¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo
-yo, gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al
-morirse.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p>
-
-<p>¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de
-nacidos y crecidos, ya no hay remedio...</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por algo estamos cuando estamos.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas
-se agarren y vivan.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>¿Yo? <span class="acoti">(Pausa larga. El Conde vuelve a
-quedarse abstraído, cual si su espíritu se sumergiera en abismos
-profundos.)</span> Señor... ¿qué le pasa que no habla?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">después de otra
-pausa</span>.</p>
-
-<p>Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios
-me trajo a tu choza.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">confusa</span>.</p>
-
-<p>¿Qué dice que soy?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste
-certidumbre...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_224">p. 224</span>LA
-MARQUEZA, <span class="acoti">creyendo fundado lo que se dice del
-desorden mental del Señor de&nbsp;Jerusa</span>.</p>
-
-<p>¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, gracias.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Lo que tiene mi Conde es debilidad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A
-veces el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que
-la duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si
-la duda o la verdad...</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">con espontánea
-filosofía, por decir algo</span>.</p>
-
-<p>No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos?
-El cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras.
-Todo es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el
-hoyo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con ingenua
-indecisión</span>.</p>
-
-<p>¿Y qué debo hacer yo?</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir...
-tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré
-seguirla.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo hacia el
-anciano</span>.</p>
-
-<p>Abuelo, vienen a buscarnos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, es Venancio; oigo su rebuzno.</p>
-
-<p class="acot">(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de
-castaños.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_10">ESCENA X</h3>
-
-<p class="acot">LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y
-capotes.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Locos buscándole, señor Conde... En cuanto vi venir el nublado,
-salimos... Mira por aquí, mira por allá. Nos dicen que en el bosque...
-nos dicen que en la playa, nos dicen que en la gruta...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es muy de agradecer tu solicitud. Nos hemos mojado poco. Las
-chiquillas tan contentas.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>A casa. La humedad no es buena para usía. Lo ha dicho el médico.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con humorismo</span>.</p>
-
-<p>Pues si lo ha dicho el médico... boca abajo. Vamos a donde quieras.
-Tú mandas, Venancio.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Yo no mando, señor.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose</span>.</p>
-
-<p>Que sí. Eres el amo, y aquí estamos todos para obedecerte...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">displicente</span>.</p>
-
-<p>No necesitamos de tu oficiosidad, Venancio. Nada nos pasa, y sabemos
-volver a casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">chancero</span>.</p>
-
-<p>Ya lo ves... Te riñe esta mocosa. Chiquilla, no: hay que respetar
-las jerarquías... Vaya, pongámonos en marcha, conforme al deseo del
-señor de la Pardina... Yo te digo, Venancio, que hoy has sido muy
-previsor... No, no quiero capote. Supongo que será tuyo... Póntelo
-tú.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">dando el brazo a su
-abuelo</span>.</p>
-
-<p>Yo contigo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí... y vayan delante Venancio y la pintora. Adelantaos todo lo que
-queráis. Esta y yo no tenemos prisa, ni hemos de perdernos. Adiós,
-Marqueza. Que prosperes... que vivas muchos años.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">despidiéndoles
-afectuosa</span>.</p>
-
-<p>Vayan con Dios... Señorita <i>Nela</i>, señorita <i>Dola</i>, la
-Virgen las acompañe.</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch3_11" title="ESCENA XI"><span class="pagenum"
- id="Page_227">p. 227</span>ESCENA XI</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">Comedor en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, NELL, DOLLY, EL CURA, EL MÉDICO, sentados a
-la mesa; VENANCIO y GREGORIA, que les sirven.</p>
-
-<p class="acotj mt1">La cena toca a su fin. El Conde, en el sitial, a
-la cabecera de la mesa, tiene a su derecha a Nell; enfrente el Cura,
-teniendo a su derecha a Dolly. Entre las dos parejas el Médico.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué secretos son esos, <i>pastor Curiambro</i>? Toda la noche
-picoteando con Dolly.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>¡Ah! son cosas nuestras. La señorita Dolly es muy simpática y
-ocurrente. Yo celebro infinito que el señor D. Rodrigo haya alterado
-esta noche la colocación de costumbre, y me haya cedido a una de sus
-nietas...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por variar. Cuando están las dos a mi lado me aturden.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>A mí esta me encanta... ¡Qué pico, qué sal!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Como está tan desganadito, no sé cuántas cosas tengo que decirle
-para hacerle comer.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span>EL
-CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>¡Si es ella la que no come, y tengo que partirle la comida en
-pedacitos, y dárselos envueltos en un poco de sermón para que no me
-desaire!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo me como el sermón y él los pedacitos. Cada uno lo que más le
-aprovecha.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo más
-fuerte</span>.</p>
-
-<p>¿Te gustan mis sermones?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Si, padre; quiero enflaquecer. <span class="acoti">(Todos
-ríen.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">deseando volver a un tema
-interrumpido</span>.</p>
-
-<p>Cuando acabes de reír las gracias de Dolly, continuaremos lo que
-hablábamos de los monjes de Zaratán, y del Prior...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">tragando a prisa para poder
-hablar</span>.</p>
-
-<p>¡Ah! sí... ahora voy...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">al Médico</span>.</p>
-
-<p>¿Decís que el Prior desea verme?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Sí, señor... quiere ofrecer sus respetos a D. Rodrigo de
-Arista-Potestad, cuyos antecesores fundaron aquel insigne
-Monasterio.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Y lo dotaron espléndidamente. Después vinieron años malos, la
-exclaustración. Siendo yo niño vi frailes en Zaratán. Desde aquel
-tiempo hasta hace poco, ha permanecido el edificio como un panteón en
-ruinas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Hasta que el Conde de Laín, Diputado por Durante, gestionó que
-se incluyera una partida para restauración, y que volvieran los
-monjes...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>No ha tenido poca parte en la resurrección del Monasterio el actual
-Prior, hombre de gran virtud, de una actividad asombrosa, conocedor del
-mundo...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Como que es de la escuela romana... hombre de mucha sociedad,
-instruidísimo. Treinta y tantos años ha estado en las oficinas <i>De
-Propaganda Fide.</i></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y cómo se llama ese sujeto?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Padre Baldomero Maroto...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">festivo</span>.</p>
-
-<p>Baldomero... Maroto... Pues debiera llamarse con más propiedad <i>El
-abrazo de Vergara</i>.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span>EL CURA</p>
-
-<p>Eso dice él... y se ríe... Su nombre y apellido no carecen
-de simbolismo, porque el hombre es el puro espíritu de la
-conciliación...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Enlace entre las ideas que pasaron y las vigentes, siempre dentro
-del dogma...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">con énfasis en el
-elogio</span>.</p>
-
-<p>Y por su trato se diría que ha pasado la vida entre aristócratas...
-¡Que finura, qué tacto y delicadeza en la conversación!</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>He oído que procede de una gran familia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Es navarro quizás?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>No, señor, malagueño... Es punto muy fuerte en heráldica, y cuando
-se pone a hablar de linajes no acaba. Conoce el <i>Becerro</i> como
-nadie.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah!... pues sí, me gustaría charlar con él.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">bajito al Conde</span>.</p>
-
-<p>Abuelito, ¿qué <i>Becerro</i> es ese?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Un libro... ya te lo explicaré.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_231">p. 231</span>DOLLY,
-<span class="acoti">por lo bajo al Cura</span>.</p>
-
-<p>D. Carmelo, ¿qué es el <i>Becerro</i>?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Ya te lo diré.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">a Dolly</span>.</p>
-
-<p>Un libro. Debe de ser como un Diccionario.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">encomiástico</span>.</p>
-
-<p>¡Ah! lo que tiene usted que ver, Sr. D. Rodrigo, es el
-Monasterio.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Han hecho maravillas, en el año y medio escaso que llevan en él.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Yo lo he conocido habitado por los lagartos.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Pues ahora... ¡qué amplitud, qué comodidad! Luz y ambiente por los
-cuatro costados. No hay en toda la provincia lugar más higiénico.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿De veras...?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Resguardado de los vientos del Norte por el monte de Verola,
-disfruta de un temple meridional.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span>EL MÉDICO</p>
-
-<p>Y la huerta, que propiamente es un extenso parque, rodeado de
-tapias, mide ochenta hectáreas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">hiperbólico</span>.</p>
-
-<p>¡Oh! allí verá usted toda clase de cultivos, desde el naranjo al
-almendro.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Son agrónomos de primera... Además, tienen vacas holandesas,
-faisanes, un palomar con más de quinientos pares, gallinas de famosas
-razas, colmenas... estanques con riquísimas carpas... y qué sé yo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con donaire</span>.</p>
-
-<p>Convengamos, amigos míos, en que esos pobres frailecitos se dan una
-vida de perros.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Ellos trabajan infatigables, eso sí, de sol a sol. Por la vida
-común, por la igualdad en el disfrute de los dones de la tierra, por
-el orden y la división del trabajo, vemos en el instituto religioso
-de Zaratán como un <i>esquema</i> de las futuras organizaciones
-sociológicas...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Ah, ya te lo diré yo...!</p>
-
-<p class="acotj">(Arde en ganas de definir el verdadero papel de
-la Iglesia en la vida social; pero no conviniéndole abandonar el
-asunto que en aquel momento se trata, aplaza discretamente el punto
-evangélico-sociológico. Nell y Dolly atienden con toda su alma, sin
-chistar, a la conversación de los mayores.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_233">p. 233</span>DOLLY,
-<span class="acoti">muy bajito</span>.</p>
-
-<p>D. Carmelo, ¿qué es <i>esquema</i>?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Es... <span class="acoti">(Con desdén.)</span> Cosas de estos
-sabios... nada.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Las dos niñas, de un lado a otro de la mesa, con
-visajes y alguna palabra suelta, se entienden, y comentan lo que
-oyen.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hermoso será sin duda.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme
-la cogulla y quedarme allí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones
-con el azadón.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">suspirando</span>.</p>
-
-<p>¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí,
-Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vagamente, sin
-mirarles</span>.</p>
-
-<p>No es mala idea...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">pensando que no es
-pertinente manifestar el deseo ni menos el propósito de llevarle a
-Zaratán</span>.</p>
-
-<p>El señor Conde no gustará quizás del excesivo regalo y
-<i>confort</i> que allí tendría.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_234">p. 234</span>EL CURA</p>
-
-<p>Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo
-y los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del
-Conde de Albrit.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Según y conforme, amigos míos. <span class="acoti">(Con sutil
-malicia.)</span> Antes de resolver nada en este delicado punto, la
-primera persona con quien debo consultar es Venancio, a quien debo
-generosa hospitalidad... Venancio, acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo
-oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a Zaratán?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO. <span class="acoti">(Oportunamente aleccionado
-por el Médico y el Cura, contesta todo lo contrario de lo que tan
-ardientemente desea.)</span></p>
-
-<p>Señor, en ninguna parte está usía como en su casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con finísima
-marrullería</span>.</p>
-
-<p>Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para
-mí... que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos
-de otra cosa.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">contrariado de que el Conde
-desvíe tan bruscamente la conversación</span>.</p>
-
-<p>Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Ni para que le pague la visita. Iremos todos. Yo quiero que se haga
-cargo de la organización admirable de Zaratán.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span>NELL,
-<span class="acoti">gozosa</span>.</p>
-
-<p>¿Iremos, abuelito?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>D. Carmelo... ¿iremos nosotras?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente por pasar a
-otro asunto</span>.</p>
-
-<p>Veremos esa maravilla... Gregoria. <span class="acoti">(Adelántase
-Gregoria.)</span> Ven acá, mujer... Quiero felicitarte delante de todos
-por la excelente cena que nos has dado. Sin necesidad de que yo te
-lo advirtiera, te has esmerado esta noche, porque tenemos dos buenos
-amigos a nuestra mesa. Así me gusta. El régimen de sobriedad y economía
-se guarda, naturalmente, para cuando estamos solos las niñas y yo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">azorada</span>.</p>
-
-<p>Señor...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">envolviendo su sátira en
-formas exquisitas</span>.</p>
-
-<p>Yo alabo tu arreglo, y me parece muy bien que, cuando como solo
-con estas, no se conozca que eres buena cocinera, ni que tu despensa
-está bien surtida, ni que posees vajilla elegante y manteles limpios.
-Decidido a dejarme educar por vosotros en la sordidez y en la
-miseria, que tan bien cuadran a este tristísimo fin de mi vida, os
-daría la satisfacción, si lo quisiérais, de comer con vosotros en la
-cocina... <span class="acoti">(Mutismo enojoso de Gregoria y Venancio.
-Este traga saliva muy amarga. El Cura y el Médico no saben qué
-decir.)</span> Yo te felicito una y otra vez, porque distingues, con
-claro talento, entre mi persona<span class="pagenum" id="Page_236">p.
-236</span> humilde y la de mis amigos. Nos debemos a la sociedad.
-<span class="acoti">(Gregoria recoge las migajas y el servicio del
-postre sin decir una palabra. La procesión va por dentro. Venancio se
-retira.)</span> Y estoy bien seguro, porque te conozco, de que el café
-de esta noche será excelente, como tú sabes hacerlo cuando no estamos
-en familia, en la santa llaneza a que os obligan vuestros escasos
-recursos...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">tragándose la
-ira</span>.</p>
-
-<p>El Sr. Angulo toma té, ¿verdad?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Sí: el café me desvela.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>A mí, no: venga café.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Lo serviremos nosotras.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">levantándose</span>.</p>
-
-<p>Ponlo en aquella mesita.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">poniendo el servicio donde
-se le indica</span>.</p>
-
-<p>Aquí está.</p>
-
-<p class="acot">(El Cura saca su petaca, y da un cigarro al Conde.
-Ambos encienden. El Médico no fuma.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Chiquillas, servidnos ya.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>Yo le sirvo al abuelo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span>DOLLY</p>
-
-<p>Le sirvo yo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Yo...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>A mí me corresponde.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿A ti, por qué?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Porque no me senté a su lado. De algún modo se ha de compensar...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No me conformo. <span class="acoti">(Disputan con cierto calor sobre
-cuál servirá al abuelo.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Vaya, no reñir, niñas. ¿Qué más da?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">testaruda</span>.</p>
-
-<p>Sí da.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Pues que lo echen a la suerte.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Eso es: dos pajitas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_238">p. 238</span>EL CURA</p>
-
-<p>Vaya... A la suerte. <span class="acoti">(Coge rabillos de guindas
-que han quedado en la mesa.)</span> Una pajita grande y otra chica.
-<span class="acoti">(Las prepara y las da al Conde.)</span> En manos
-del <i>león de Albrit</i> está la suerte.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sea. Chiquillas, venid, y aquí tenéis la solución de vuestro
-destino.</p>
-
-<p class="acot">(Van las niñas, y de los dedos del abuelo cada una saca
-un palito.)</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con alegría</span>.</p>
-
-<p>Yo gané. <span class="acoti">(Muestra la pajita grande.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">retirándose
-corrida</span>.</p>
-
-<p>Ha habido trampa.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con ligereza, sin saber lo
-que dice</span>.</p>
-
-<p>El abuelo ha hecho trampa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Que yo hago trampas!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Porque no me quiere.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">meditabundo, hablando
-solo</span>.</p>
-
-<p>¡Qué innoble! No hay duda, es la falsa, la mala, la intrusa.</p>
-
-<p class="acot">(Las niñas llenan las tazas.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span>EL CURA</p>
-
-<p>¡Si os quiere a las dos! Dolly, no te enfades.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo no me enfado. <span class="acoti">(Se ríe.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>¡Se ríe... qué descarada... después de ofenderme!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">llevando al abuelo su
-taza</span>.</p>
-
-<p>Abuelo... ahí lo tienes como te gusta, amarguito.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Dolly me sirve a mí. Ya sabes: pónmelo dulzacho.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ahí va. Ahora el té para el doctor.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>¡Y aún se ríe!... Carece de delicadeza... No le hacen mella los
-desaires. Epidermis moral muy gruesa... extracción villana. <span
-class="acoti">(Alto.)</span> ¿Qué tal os sirve la pintora?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Divinamente.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Siempre juguetona y atropellada.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>EL MÉDICO</p>
-
-<p>Señor Conde, un poquito de ron. <span class="acoti">(Ofreciéndole
-de una botella que acaba de traer Gregoria.)</span> Es riquísimo; le
-probará bien.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No me sientan bien los alcoholes. Pero si te empeñas... Y parece
-muy bueno. <span class="acoti">(Catándolo.)</span> ¡Qué guardadito lo
-tenías, Gregoria! Así se hace: estas cosas ricas para las ocasiones.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">después de servirse
-ron</span>.</p>
-
-<p>Ahora, chicuelas, un poquito para vosotras.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">retirando su copa</span>.</p>
-
-<p>No, no... ¡qué asco!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo, sí... póngame media copa, D. Carmelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Te emborrachas unas miajas, y a la camita.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">para sí, mirándola
-beber</span>.</p>
-
-<p>¡También eso!... ¡Qué ordinaria! ¡Buena diferencia de esta mía, que
-en todo revela su origen noble!... <span class="acoti">(Bebe de un
-trago, y al instante siente desvanecimiento en su cabeza.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">observando que cierra los
-ojos, y articula palabras ininteligibles</span>.</p>
-
-<p>¿Qué... qué es eso?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Nada... se me va un poco la cabeza... Ya te dije... los
-alcohólicos... <span class="acoti">(Se confunden sus ideas; aléjase la
-realidad; ve a los comensales y a sus nietas como sombras esfuminadas,
-y oye sus voces como un murmullo distante de hojas secas que arrastra
-el viento.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Parece que se aletarga.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">sacudiéndole suavemente
-el brazo</span>.</p>
-
-<p>Sr. D. Rodrigo...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Está fatigado. <span class="acoti">(Llamándole.)</span>
-¡Abuelito!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">volviendo en sí, y
-pasándose la mano por los ojos</span>.</p>
-
-<p>Lo he soñado.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Pero si no has tenido tiempo de soñar nada! Ha sido un instante.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Medio minuto.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">mirando detenidamente a
-todos</span>.</p>
-
-<p>Lo he soñado... ¡Qué imitación tan perfecta de la realidad!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">asustada</span>.</p>
-
-<p>¿Qué dices?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_242">p. 242</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Le he visto... como ahora te veo a ti.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿A quién?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>A tu padre... Entró por aquella puerta. No le veíais, yo sí...
-Acercose a la mesa, y se sentó junto a Dolly... sin decir nada... A
-mí solo miraba. <span class="acotj">(Vuelve a pasarse la mano por los
-ojos. Dolly, medrosa, no acierta a pronunciar palabra alguna. Venancio
-y Gregoria espían desde la puerta.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p>
-
-<p>Papaíto, debes retirarte... Estás rendido.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Sí, sí: a la cama.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Vamos. <span class="acoti">(Dispuesto a llevársele, le coge del
-brazo.)</span> Sr. D. Rodrigo, a dormir.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose con
-dificultad, ayudado de Nell y de Angulo</span>.</p>
-
-<p>No tengo sueño ya... Pero, pues tú lo quieres, Nell, vamos... Tú
-mandas, hija mía...</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Señores, mi abuelito les pide permiso para retirarse.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Sin cumplidos... ¡No faltaba más!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span>EL
-MÉDICO, <span class="acoti">viendo que el Conde suelta su
-brazo</span>.</p>
-
-<p>¿No quiere que le acompañe a su dormitorio?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No es preciso. Gracias, querido Salvador. Estoy bien... muy bien.
-Carmelo, buenas noches.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">despidiéndose del Cura y del
-Médico</span>.</p>
-
-<p>Buenas noches. <span class="acoti">(Va tras de su abuelo, que,
-apoyado en Nell, avanza lentamente hacia la puerta.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">volviéndose hacia ella
-bruscamente</span>.</p>
-
-<p>No vengas. <span class="acoti">(Con displicencia.)</span>
-Acompaña a estos señores. Aprende a ser cortés. <span
-class="acoti">(Pausa.)</span></p>
-
-<p class="acotj mt1">(Retíranse despacio el Conde y Nell. Dolly vuelve
-al centro de la estancia, se sienta, apoya en la mesa los codos, la
-cara en las palmas de las manos.)</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Qué tienes, chiquilla?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>También la marea el ron.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">sollozando</span>.</p>
-
-<p>El... abuelo... no me quiere.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_12">ESCENA XII</h3>
-
-<p class="acotj">Dormitorio del Conde. Es de noche. Una lamparilla
-de aceite, puesta en una rinconera, alumbra la estancia; la luz
-es chiquita, tímida, llorona, un punto de claridad que vagamente
-dibuja y pinta de tristeza los muebles viejos,<span class="pagenum"
-id="Page_244">p. 244</span> las luengas y lúgubres cortinas del lecho y
-del balcón. Profundo silencio, que permite oír el mugido lejano del mar
-como los fabordones de un órgano. El viento, a ratos, gime, rascándose
-en los ángulos robustos de la casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo. (Después de un sueño
-breve y profundo, se viste precipitadamente, y se sienta en el borde de
-la cama.)</span></p>
-
-<p>Bien despierto estoy, no puedo dudarlo... En vela, paréceme que
-duermo; dormido, veo y toco la realidad. ¿Qué es esto? Tan cierto como
-esa es luz, yo vi a Rafael entrar en el comedor, acercarse a la pequeña
-y... La primera vez no hizo más que mirarme... movimiento, ninguno:
-no tenía brazos. La segunda vez, Rafael tenía brazo derecho y mano...
-nada más que un brazo y una mano. No sé qué arma era la que llevaba.
-Solo sé que así, así... de un golpe, mató a Dolly. La pobre niña no
-dijo ¡ay! Murió calladita y risueña... como un ángel, cumpliendo la
-ley del destino, que ordena que las hijas paguen las culpas de las
-madres... <span class="acoti">(Tratando de despejarse, da algunos
-pasos.)</span> Sueño ha sido; mas no debemos despreciar los sueños como
-obra caprichosa de los sentidos, ni creer que estos, al dormirnos, se
-sueltan, se embriagan, se dan a la imitación burlesca y desenfrenada
-de los actos normales dictados por el juicio... No, no son los sueños
-un Carnaval en nuestro cerebro. Es que... bien claro lo veo ahora...
-es que el mundo espiritual, invisible, que en derredor nuestro vive y
-se extiende, posee la razón y la verdad, y por medio de imágenes, por
-medio de proyecciones de lo de allá sobre lo de<span class="pagenum"
-id="Page_245">p. 245</span> acá, nos enseña, nos advierte lo que
-debemos hacer... <span class="acoti">(Se pasea vacilante, sin guardar
-la línea recta en sus idas y venidas.)</span> ¡Cómo suena esta noche
-la mar! ¡Y yo, durmiendo, creía que ese <i>bum-bum</i> eran mis
-ronquidos!... ¡Y es el mar el que ronca! <span class="acoti">(Detiénese
-a escuchar.)</span> ¡Qué silencio en la casa! Todos duermen: las niñas
-también, ignorantes de que urge expulsar a la intrusa. Ley de justicia
-es. No he inventado yo el honor, no he inventado la verdad. De Dios
-viene todo eso; de Dios viene también la muerte, fácil solución de
-los conflictos graves. Tiene razón Laín: el que usurpa, debe morir,
-debe ser separado... Rafael y yo separamos, apartamos lo que por
-fraude se ha introducido en el santuario de nuestra familia. <span
-class="acoti">(Coge maquinalmente su palo, por costumbre de andar
-con él.)</span> Esto es más claro que la luz. Siempre lo has dicho,
-Albrit; siempre lo has dicho. La causa de que las sociedades estén tan
-podridas, la causa de que todo se desmorone es la bastardía infame...
-el injerto de la mentira en la verdad, de la villanía en la nobleza...
-Tú lo has dicho, Albrit; tú debes sostenerlo, Albrit...</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Sale de su cuarto cautelosamente, y tentando
-las paredes avanza por un largo pasillo. La claridad de la luna le
-permite llegar sin tropiezos insuperables basta una puerta, por cuyos
-resquicios se filtra luz. Es el cuarto donde duermen Nell y Dolly.
-Aproxímase, procurando evitar todo ruido, y aplica el oído a la
-cerradura.)</p>
-
-<p class="mt1">No duermen... Parece que rezan. Oigo confusas sus dos
-voces, que no son más que una. <span class="acoti">(Con súbita emoción
-afectiva.)</span> ¡Oh, Dios! ¡Si me parece que las amo a las dos; que
-no puedo separarlas en mi amor; que la falsa se agarra a la verdadera
-y se hace con ella una sola persona...! Esto no puede ser; esto es
-una cobardía...<span class="pagenum" id="Page_246">p. 246</span>
-Albrit, mira quién eres: la justicia, la verdad están en tu mano...
-¡Oh! ahora distingo mejor las voces... <span class="acoti">(Poniendo
-toda su alma en el oído.)</span> No, no hay cántico de ángeles que
-iguale a sus vocecitas... No rezan; ahora hablan. Nell parece que
-quiere consolar a Dolly... Oigo mi nombre... «el abuelo...» Dolly
-solloza... sin duda se aflige porque la reñí, porque le manifesté
-despego, diciéndole que no viniera conmigo, como de costumbre. <span
-class="acoti">(Con desesperación muda.)</span> ¡Señor, Señor, haz que
-las dos sean legítimas!... Pero ni Dios, con todo su poder, puede
-impedir que Dolly sea falsa... La denuncia su carácter villano... es
-el contrabando infame introducido en mi casa por esa ladrona de mi
-honor... <span class="acoti">(Asaltado de una idea terrible, se clava
-en el cráneo las uñas de la mano derecha.)</span> ¡Y si las dos son
-falsas, si las dos son...! <span class="acoti">(Pone la mano en la
-puerta, con intención de abrirla suavemente. Espantado de sí mismo,
-se aleja.)</span> No, no, Albrit; tú no puedes, no sabes... no sirves
-para la ejecución de estas obras crueles, por más que sean justas...
-<span class="acoti">(Volviendo a la puerta.)</span> ¿Y de qué modo
-se amputa y arroja la maleza, si una ley torpe, inicua, ampara el
-fraude? <span class="acoti">(Nueva indecisión. Su voluntad, turbada,
-gira rápidamente a impulsos de un huracán.)</span> ¡Pobrecitas, se
-asustarán si entro tan a deshora!... Y Nell me dirá... de seguro me lo
-dirá... «Abuelo, no mates a Dolly.» Tú lo has dicho también, Albrit;
-tú lo has dicho: «Todo ser humano que tiene vida debe vivir.» Dios se
-la dio... nosotros no debemos quitársela... <span class="acoti">(Se
-aleja pausadamente.)</span> Hasta podría ser... sí... podría suceder
-que la espúrea, que es Dolly, fuera buena... buena y espúrea, ¡qué
-sarcasmo!... ¡Así anda el mundo, así anda la justicia!... Pero de eso
-no tenemos culpa los pobres<span class="pagenum" id="Page_247">p.
-247</span> mortales: es el de arriba quien tiene la culpa, el que
-permite la rareza extravagante de que salga buena la falsa... <span
-class="acoti">(Avanza. En mitad del pasillo es sorprendido por
-Venancio.)</span></p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch3_13">ESCENA XIII</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, VENANCIO; después GREGORIA y CRIADOS</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">con malos modos</span>.</p>
-
-<p>¿Por qué está levantado el señor Conde?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">arrogante</span>.</p>
-
-<p>Porque quiero... ¿Quién eres tú para interrogarme en esa forma
-descortés?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Nada tiene que hacer usía a estas horas en los pasillos obscuros,
-rondando como alma en pena.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si tengo o no tengo que hacer, eso no es cuenta tuya.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">con autoridad</span>.</p>
-
-<p>Entre usía en su alcoba.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Lacayo!... ¿te atreves a mandarme?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Me atrevo a guardar el orden en mi casa, y a no permitir...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">furioso</span>.</p>
-
-<p>Vil... vete de mi presencia.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Estoy en mi casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que devora su ira,
-apretando los dientes y los puños</span>.</p>
-
-<p>¡En tu casa, sí!... Pero eso no es razón para que te insolentes con
-tu señor.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>No hay señor que valga. A mí solo me manda una persona, la señora
-Condesa de Laín.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con intenso coraje
-reconcentrado</span>.</p>
-
-<p>Es cierto... Eres un villano que dice la verdad... y yo estoy aquí
-de limosna... Pues bien: quiero mandar un recado a tu ama, dignísima
-reina de tal vasallo.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Un mensaje de gratitud... <span class="acoti">(Con rápida acción
-enarbola el palo, y con la fuerza que le imprime su insensata cólera,
-lo descarga sobre la cabeza de Venancio, sin darle tiempo a esquivar
-el golpe. Es palo de ciego, palo nocturno. Formidable acierto.)</span>
-Toma... De mi parte.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¡Ay!... ¡Maldito viejo!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_249">p.
-249</span>GREGORIA, <span class="acoti">que acude en paños menores;
-tras ella, dos criados con un farol</span>.</p>
-
-<p>¡Sujetarle!... Ese hombre está loco.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">cuadrándose
-fiero</span>.</p>
-
-<p>¡Villanos, al que se atreva a poner la mano en <i>el león de
-Albrit</i>, al que manche estas canas, al que toque estos huesos, le
-mato, le tiendo a mis pies, le despedazo!</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Inmóviles y mudos, no se atreven a llegar a
-él. Dirígese Albrit impávido a su estancia, y penetra en ella sin
-mirarles.)</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mientras se restaña con un
-pañuelo la herida, de que brota sangre</span>.</p>
-
-<p>¡Encerrarle, encerrarle!</p>
-
-<p class="acot">(Un criado da vuelta a la llave y la quita.)</p>
-
-
-<p class="fin">FIN DE LA JORNADA TERCERA</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span></p>
- <h2 class="nobreak">JORNADA CUARTA</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h3>ESCENA PRIMERA</h3>
-
-<p class="acot">Terraza en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">GREGORIA, disponiendo la mesa para servir al Conde su
-desayuno; VENANCIO, con la cabeza vendada; SENÉN, que entra por el
-fondo con una maletita de mano.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Aquí me tenéis otra vez.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p>
-
-<p>Senén de todos los demonios, te juro que me alegro de verte.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Muy pronto has vuelto de Verola.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Qué?... ¿traes instrucciones de la Condesa?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sí... lo primero, que me alojéis aquí... Descuidad: os molestaré muy
-poco.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Te pondremos en el cuartito de arriba.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span>VENANCIO</p>
-
-<p>Próximo al del Conde. Sin duda la señora quiere que nos ayudes a
-quitarle las pulgas al león.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Y qué pulgas, Senén!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">fijándose en la venda de
-Venancio</span>.</p>
-
-<p>Ya, ya llegó a Verola la noticia de tu descalabradura. Una caricia
-de la fiera.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">renegando</span>.</p>
-
-<p>¡Que uno aguante esto!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Es un viejo de cuidado. A los setenta años conserva los músculos de
-acero de sus buenos tiempos, y la voluntad de bronce. No hay quien le
-amanse. Te digo que más quiero verme ante un tigre hambriento que ante
-el Conde de Albrit irritado.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">dando patadas</span>.</p>
-
-<p>Pues yo le juro que de mí no se ríe. Un hombre libre, que vive de
-su trabajo y paga contribución, no está en el caso de sufrir esas
-arrogancias de figurón de comedia.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Poco a poco, Venancio. La señora Condesa me encarga te diga que...
-tengas paciencia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_253">p. 253</span>VENANCIO</p>
-
-<p>¿Más paciencia, jinojo?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Y que sigáis guardándole las consideraciones que se le deben por su
-rango, por sus desgracias, sin perjuicio de vigilarle...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Y si nos mata, que nos mate.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Por si acaso, desde ayer le vigilo... con un revólver.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Calma... <span class="acoti">(Receloso, mirando.)</span> ¿Vendrá por
-aquí?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Me ha mandado que le sirva el desayuno en la terraza.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Pues le espero.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿También traes instrucciones para él?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>No; pero necesito... sondearle. Ya sabéis: soy muy largo; me pierdo
-de vista. Conque... me tenéis de huésped.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_254">p.
-254</span>GREGORIA, <span class="acoti">cogiendo la maleta</span>.</p>
-
-<p>¿Vienes a tu cuarto?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Luego. Me atrevo a suplicar a mi simpática patrona que en el cuidado
-de esta maleta ponga sus cinco sentidos. La quiero como a las niñas de
-mis ojos.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¿Qué traes ahí?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Pues pesa, pesa...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Es mi relicario. Recuerdos, cositas que solo para mí tienen interés.
-Y juro por mi honor, que no la estimaría más si la trajera llena de
-brillantes del tamaño de almendras. En fin, Gregoria, usted me responde
-de ese tesoro.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">mirando por la
-derecha</span>.</p>
-
-<p>El <i>león</i> viene.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Voy por el café.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_2">ESCENA II</h3>
-
-<p class="acot">VENANCIO, SENÉN, EL CONDE, GREGORIA</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Buenos días... Hola, Senén, ¿qué traes por aquí?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_255">p.
-255</span>SENÉN</p>
-
-<p>¿Qué ha de traer el pobre más que las ganas de dejar de serlo?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y con las ganas, la decidida voluntad de enriquecerte. Eres joven;
-tienes estómago de buitre, epidermis de cocodrilo, tentáculos de pulpo:
-llegarás, llegarás... ¿Y tú, Venancio?... ¿Cómo va esa herida? Vamos,
-hombre, no es para tanto. Poco mal y bien quejado. Ya estarás bien.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Todavía, todavía... El señor tiene un genio imposible.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí... Y tú crees que la miseria debe ser mordaza y grillete para
-este genio maldito que me ha dado Dios. No sé, no sé: gran domadora es
-la pobreza; pero soy yo muy bravo. Me propongo contenerme dentro de la
-humildad y sumisión; pero llega un momento de prueba... un insensato
-que con frase agresiva me ofende, echándome al rostro mi humillante
-miseria, y entonces... ¡ay! no soy dueño de mí, pierdo la cabeza...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">poniendo en la mesa
-el servicio de café, que se compone de piezas de latón y loza
-ordinaria</span>.</p>
-
-<p>Aquí tiene, señor.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">sentándose</span>.</p>
-
-<p>Pero no tardo en recobrar mi serenidad de persona bien nacida y bien
-educada; vuelvo a sentir la hidalga benevolencia con que he tratado
-siempre a los inferiores, y... ya tienes al león aplacado, y pesaroso
-de su fiereza...</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Pensara el señor esas cosas antes de levantar el palo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es mi manera de aleccionar a los que quiero bien... En fin,
-Venancio, hoy, como ayer, te pido que me perdones. Yo no te faltaré...
-pero has de guardarme, fíjate bien en esto, la consideración que me
-debes... <span class="acoti">(A Senén.)</span> ¿Quieres café?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Mil gracias, señor Conde. Me desayuné con aguardiente y buñuelos en
-el parador.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">examinando el servicio con
-repugnancia</span>.</p>
-
-<p>¿Pero qué servicio es este?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">para sí</span>.</p>
-
-<p>Fastídiate, viejo regañón.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué habéis hecho de la cafetera y del jarrito de plata en que me
-servísteis estos días?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Mandamos que los limpiaran, y...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_257">p. 257</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Y para no hacer esperar al señor...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y aquellas tacitas de porcelana fina...? En fin, con tal que el
-café esté bueno... <span class="acoti">(Se sirve.)</span> ¿Lo has hecho
-tú?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Con muchísimo cuidado... Veremos si hoy está a su gusto.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, probándolo.</p>
-
-<p>¿Qué es esto? <span class="acoti">(Con asco.)</span> ¡Agua indecente
-de achicoria... y recalentada... y fría!... Vamos, las sobras del café
-de anoche, que ya era malo adrede... <span class="acoti">(Cogiendo el
-pan y tratando de partirlo.)</span> ¿Y de dónde habéis sacado esta
-piedra que me dais por pan?... Con ser tan duro, no lo es tanto como
-vuestros corazones.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Culpa del panadero, señor...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Culpa de vuestra sordidez villana. <span class="acoti">(Les arroja
-el pan.)</span> Echad esto a vuestros perros, y dadme a mí lo que para
-ellos tenéis, pues de fijo les dais trato mejor que a mí. Guardad
-esta preciosa vajilla, no se os deteriore, no se os desgaste en mi
-servicio. <span class="acoti">(Arroja al suelo todas las piezas de loza
-y latón.)</span> ¡Queréis aburrirme, queréis hacerme imposible la vida!
-Al último pastor de<span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span>
-cabras, al último mendigo que llegara con hambre a vuestra puerta, le
-haríais la limosna sin humillarle. ¿Por qué, ingratos, me humilláis a
-mí?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">que aterrado, lo mismo que
-Gregoria, no sabe por dónde salir</span>.</p>
-
-<p>Se servirá otra vez... Nosotros...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con arrogancia</span>.</p>
-
-<p>No quiero. Me quedaré en ayunas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Eso no. Mandaré traerlo del café...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No te molestes... <span class="acoti">(A Venancio y Gregoria, con
-majestuosa indignación.)</span> No tenéis ni un destello de generosidad
-en vuestras almas ennegrecidas por la avaricia; no sois cristianos; no
-sois nobles, que también los de origen humilde saben serlo; no sois
-delicados, porque en vez de dar un consuelo a mi grandeza caída, la
-pisoteáis, vosotros que en el calor, en el abrigo de mi casa, pasásteis
-de animales a personas. Sois ricos... pero no sabéis serlo. Yo sabré
-ser pobre, y puesto que con vuestras groserías me arrojáis, me iré
-de esta casa, en que no hay piedra que no llore las desgracias de
-Albrit.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con afectada gravedad y
-adulación</span>.</p>
-
-<p>Los deseos de la Condesa son que se prodiguen al señor todas las
-atenciones que merece por su categoría...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_259">p. 259</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya lo veis: esa mujer liviana y sin pudor es más cristiana que
-vosotros, y más generosa y delicada.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">turbadísimo, tragándose la
-ira</span>.</p>
-
-<p>La Condesa no puede mandarme... yo... digo, la Condesa es mi
-señora... dueña de todo...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>De la Pardina no.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>La Pardina es mía.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">arrogante</span>.</p>
-
-<p>Sea de quien fuere, y en tanto que decido si me quedo o me voy, no
-quiero veros. Idos de mi presencia.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">dudando</span>.</p>
-
-<p>Decídalo pronto, porque...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">despidiéndoles con gesto
-de autoridad</span>.</p>
-
-<p>Pronto.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">saliendo con
-Gregoria</span>.</p>
-
-<p>Sufrámosle un día más, un solo día.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Y es mucho... ¡jinojo!</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_3" title="ESCENA III"><span class="pagenum"
-id="Page_260">p. 260</span>ESCENA III</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, SENÉN</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">serenándose</span>.</p>
-
-<p>Siéntate aquí, Senén... Tengo que hablar contigo.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con fatuidad,
-sentándose</span>.</p>
-
-<p>Nada más temible que esta plebe hinchada, señor; estos patanes
-hartos de bazofia, que porque han logrado reunir cuatro cuartos se
-atreven a medirse con las personas <i>comilfot</i>...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>La villanía es perdonable; la ingratitud, no... En mi cuarto había
-un lavabo bastante bueno, muy cómodo para mí. Ayer me lo han quitado
-esos viles, poniendo una palangana de latón de este tamaño, como las
-que hay en los asilos...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">afectando
-indignación</span>.</p>
-
-<p>¡Qué atrocidad!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Parece que escogen las servilletas y manteles más sucios para
-ponerlos en mi mesa. Saben que me gusta la mantelería limpia...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Pues, como he dicho, traigo instrucciones precisas de la Condesa...
-¡Oh! crea usía que si se entera de estas infamias, se pondrá
-furiosa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_261">p. 261</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Sí. Me odia, como yo a ella; pero no desconoce que mi persona exige
-atenciones, respetos...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¡Qué duda tiene...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y aunque obra suya es seguramente la intriga que se traen Carmelo y
-el Doctor para arreglarme una jaula en los Jerónimos...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">haciéndose de
-nuevas</span>.</p>
-
-<p>¡Oh! no sé... no tengo noticia...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues sí: desde ayer andan de mucho trasteo conmigo. Yo les calo la
-intención... y me hago el tonto... Pero dejemos esto, Senén, que de
-cosa más grave y de mayor transcendencia para mí quiero hablarte.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Ya escucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">receloso</span>.</p>
-
-<p>¿Nos oye alguien?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Nadie, señor. Estamos solos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Estos miserables se ponen en acecho tras de las puertas, oyendo lo
-que se habla.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span>SENÉN,
-<span class="acoti">examinando las puertas</span>.</p>
-
-<p>Nadie nos oye. Puede hablar el Excelentísimo Sr. D. Rodrigo de
-Arista-Potestad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dudo mucho que seas bastante afecto a mi persona para responder a
-todo lo que te pregunte.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Usía debe contar siempre con mi adhesión incondicional... <span
-class="acoti">(dándose importancia)</span> como cuento yo con que el
-señor Conde no ha de pedirme nada contrario a mi dignidad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">asombrado</span>.</p>
-
-<p>¡Tu dignidad!... Dispénsame: creí que no la habías adquirido
-aún... Ya sé que estás en camino de adquirirla... vas muy bien...
-llegarás..</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Señor Conde de Albrit, aunque humilde, yo... me parece.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Nada, nada. Ya no te hago las preguntas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¡Ah! puede usía interrogarme con toda confianza. <span
-class="acoti">(Queriendo familiarizarse.)</span> Señor Conde... de
-usía para mí... <span class="acoti">(Se atreve a ponerle la mano en el
-hombro.)</span> Entre amigos...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span>EL CONDE</p>
-
-<p>No, no, porque si salimos ahora con que hay dignidad, o esta
-dignidad es incorruptible o es venal... En el primer caso, Senén, no me
-dirás nada... en el segundo... Soy pobre y no podré cotizarla en lo que
-vale.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">afectando seriedad</span>.</p>
-
-<p>Creo que nos hallaríamos en el primer caso.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues, hijo... <span class="acoti">(despidiéndole)</span>. Adiós.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">queriendo provocarle a la
-interrogación, para conocer su pensamiento</span>.</p>
-
-<p>Si el señor Conde me lo permite, diré una palabra. Usía quiere
-preguntarme... algo referente a su hija política, en el tiempo en que
-tuve el honor de servirla.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y cuando aún no habías echado dignidad.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>La eché después... Y ahora, sin faltar al respeto que debo a usía,
-tengo el sentimiento de manifestarle que por gratitud, por estimación
-de mí mismo, por mil razones, no puedo en manera alguna revelar
-secretos que no me pertenecen.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con vivo
-interés</span>.</p>
-
-<p>No se trata de secretos... que quizás no lo sean para mí. Quiero tan
-solo informaciones exactas acerca de una persona...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>SENÉN</p>
-
-<p>Ya...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Íntimamente relacionada...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Comprendido.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>El pintor Carlos Eraul. Tú estuviste a su servicio algún tiempo,
-al dejar el de mi hijo; tú... <span class="acoti">(Con ardor.)</span>
-Senén, por lo que más quieras, por la memoria de tu madre, revélame
-cuanto sepas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con pujos de
-delicadeza</span>.</p>
-
-<p>Sr. D. Rodrigo, por todos los gloriosos antepasados de usía,
-le ruego que nada me pregunte, pues antes perdería la vida que
-responderle.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con intenso
-afán</span>.</p>
-
-<p>Dame al menos alguna luz... sin ofender a nadie, sin faltar
-a los respetos que debes a tu ama. Dime: ese hombre era de baja
-extracción.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">secamente</span>.</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hijo de un pobre vaquero de la ganadería de Eraul, en Navarra. <span
-class="acoti">(Senén responde afirmativamente con la cabeza.)</span>
-El cual, despedido por mala conducta,<span class="pagenum"
-id="Page_265">p. 265</span> se metió a contrabandista. <span
-class="acoti">(Con triste humorismo.)</span> Carlos, el hijo, también
-despuntó por el contrabando...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¡Oh, no...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sé lo que digo... Su genio pictórico le abrió camino. Fuera de la
-educación artística, que se debió a sí mismo y al estudio del natural,
-era un ignorante, un bruto...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Poco menos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ni alto ni bajo, moreno, de ojos negros... vigoroso... voluntad
-potente... <span class="acoti">(Senén afirma.)</span> Su apellido era
-Vicente, pero él firmaba con el nombre de la ganadería: Eraul.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Exacto.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Le conoció Lucrecia en una de esas rifas o <i>kermessas</i> que
-organizan las señoras para...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">interrumpiéndole</span>.</p>
-
-<p>Basta, señor Conde. No sé nada más.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">imperioso</span>.</p>
-
-<p>Responde.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_266">p. 266</span>SENÉN,
-<span class="acoti">inflado como un sapo</span>.</p>
-
-<p>No sé nada. Usía no me conoce.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">rabioso</span>.</p>
-
-<p>Te conozco, sí. Tu discreción no es virtud; es... cobardía,
-servilismo, complicidad. No eres el hombre digno que calla la culpa
-ajena; eres el esclavo, obediente a los halagos o al látigo del
-amo que le compró. <span class="acoti">(Apostrofándole con solemne
-acento.)</span> ¡Maldígate Dios, villano! Que la luz que me niegas, a
-ti te falte. ¡Que enmudezca tu voz para siempre, que cieguen tus ojos!
-¡Que vivas sin poseer la verdad, rodeado de tinieblas, en eterna y
-terrible duda, palpando en el vacío, tropezando en la realidad!... ¡Que
-busques la justicia, el honor, y encuentres mentira, infamia, dentro de
-un vacío tan grande como tu imbecilidad!... <span class="acoti">(Con
-desprecio.)</span> Vete, vete; no te acerques a mí.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">a distancia</span>.</p>
-
-<p>¡Demonio!... Saca las uñas el león... ¡Hola, hola!... <span
-class="acoti">(Vuelve el Conde a su asiento. Entra Nell con un servicio
-de café, elegante, en bandeja de plata.)</span> ¡Ah!... señorita
-Nell... <span class="acoti">(Ofreciéndose a tomar de su mano la
-bandeja.)</span> Deme acá.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No, no... ya puedo.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">aparte a la niña</span>.</p>
-
-<p>Cuidadito con él... Está de malas. <span
-class="acoti">(Vase.)</span></p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_4" title="ESCENA IV"><span class="pagenum"
-id="Page_267">p. 267</span>ESCENA IV</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, NELL; después DOLLY.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah! Nell... ¿qué traes ahí?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Cómo habíamos de consentir que no te desayunaras? Hemos reñido a
-Gregoria.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Oh! ¡qué ángel!... A ver... ¡Oh, esto sí que es bueno!... recién
-hecho... ¡qué aroma!... Dios te bendiga.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No merezco yo las bendiciones, sino Dolly, que es quien te lo ha
-hecho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pero la idea habrá sido tuya. <span class="acoti">(Se
-sirve.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No quiero engalanarme con plumas ajenas. La idea fue de ella... Se
-ha puesto furiosa... Y a Venancio, le ha echado una buena peluca.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Atrevidilla!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Le gusta cocinar... y sabe... ¿Qué tal está?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Riquísimo... ¿Dices que Dolly sabe cocinar?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Le gusta. Quiere aprender. Pues ahora está preparando un guisote, y
-luego te hará fruta de sartén. Verás qué bueno.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Qué criatura! Dile que venga.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Cree que estás enfadado con ella, y no se atreve a venir.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">imperioso</span>.</p>
-
-<p>Que venga, digo.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">en la puerta de la casa,
-llamando</span>.</p>
-
-<p>A Dolly, que venga. Dolly, ven... Dice que no está enfadado.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con mandil de arpillera,
-remangados los brazos</span>.</p>
-
-<p>Abuelito, con esta facha no quería presentarme a ti.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ven... no seas tonta... Gracias, chiquilla, por el excelente café
-que me has hecho.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y si me dejase Gregoria, te haría un arroz... que te chupabas los
-dedos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">sonriendo benévolo</span>.</p>
-
-<p>Bien, bien... Vaya, posees el genio de dos artes muy difíciles: la
-pintura y la culinaria.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">haciendo una graciosa
-reverencia</span>.</p>
-
-<p>Para servir a usía, señor Conde.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mientras nosotras estemos aquí, no te faltará nada, papaíto.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">a Dolly</span>.</p>
-
-<p>Pues aplícate, hija, aplícate, y serás una excelente cocinera.
-Quizás te conviene más de lo que tú crees. ¿Y Nell, no guisa?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Ay! yo no sirvo para eso. Me da repugnancia... Además, no sé;
-vamos, que no me gusta.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Cada cual según su temperamento.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Esta es tan <i>finústica</i>, que para fregar un plato, es preciso
-que el plato esté limpio.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Esta es tan a la pata la llana, que no lava las cosas sino cuando
-están muy sucias.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Claro.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_270">p. 270</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Cada cual, chiquillas, es como es, y no puede ser de otra manera. ¡Y
-yo que no veía diferencia entre vosotras! Ahora, no solo os distingo,
-sino que os considero con absoluta desigualdad. Ya separo vuestros
-caracteres, separo vuestras voces, separo vuestras almas... Sois el día
-y la noche, el alfa y la omega... la... No, no os digo lo que pienso,
-pobrecitas; no me entenderíais.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_5">ESCENA V</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, NELL y DOLLY, EL CURA; después D. PÍO</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>La paz sea en esta casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p><i>Curiambro</i>, buenos días... Yo bien, ¿y tú?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Pasando... Ya me enteré... Venancio y Gregoria se han llevado un
-mediano réspice. No se repetirá el disgusto; yo se lo aseguro al noble
-<i>león de Albrit</i>.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p><i>El león de Albrit</i>, que no teme las fieras, pero siente
-repugnancia de las alimañas inferiores, tendrá que buscar otra
-cueva.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_271">p. 271</span>EL CURA</p>
-
-<p>A propósito de cuevas, el Prior de Zaratán, que, entre paréntesis,
-quedó ayer encantadísimo de la exquisita cordialidad con que usted le
-recibió, nos invita hoy a tomar un bocadillo en su Monasterio.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿A mí también?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>A usted principalmente. Iremos Monedero, Angulo y yo, en calidad de
-séquito, de cortesanos o chambelanes de Vuestra Señoría, por no decir
-Majestad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Gracias... Pues no me opongo. A cortesía nadie me gana. Visitaré
-gustoso el Monasterio.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a Nell, que le hace
-señas</span>.</p>
-
-<p>No, si vosotras no vais. No queremos estorbos. Además, Vicenta
-Monedero, por mi conducto, os invita a comer en su casa, y a pasar allá
-la tarde.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿La Alcaldesa?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Celebra su fiesta onomástica... Allí tendréis a toda la juventud
-florida de Jerusa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span>DOLLY</p>
-
-<p>Lo siento... Mejor me estaba yo todo el día en mi cocinita.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Tonta, si el abuelo no ha de comer aquí!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Cómo no?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Seguramente, los señores frailes no nos soltarán a dos tirones. Me
-figuro el convitazo que habrán dispuesto, algo así como las bodas de
-Camacho, o los festines de Lúculo. Ea, chiquillas; hoy secuestro al
-león. Yo cuidaré de que no se aburra lejos de vosotras.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Malditas ganas tengo yo de festejo.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">gozosa</span>.</p>
-
-<p>Sí que iremos. Nos divertiremos mucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Nell es más sociable que Dolly... <span class="acoti">(A
-Dolly.)</span> Pero, tonta, ¿no te avergüenzas de que te vean
-tiznada?... ¡Uy! ¡cómo apestas a cebolla!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Mejor. Pues a usted bien le gusta que le den comiditas buenas... y
-bien se regodea y se relame.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>EL CURA</p>
-
-<p>Veremos lo que te dura esa ventolera de los afanes domésticos...
-<span class="acoti">(Mira al Conde como pidiéndole su parecer;
-pero D. Rodrigo, profundamente abstraído, no atiende a la
-conversación.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con una idea
-fija</span>.</p>
-
-<p>Cada cual, según es...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con timidez, desde la
-puerta</span>.</p>
-
-<p>¿Dan permiso?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Adelante, gran Coronado.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Hoy no hay lección, Piito. Tengo mucho que hacer.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Qué gracia! El juego de las comiditas. <span class="acoti">(Al
-Cura.)</span> Pues hoy me da a mí por estudiar de firme, ea.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Bravísimo!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con estímulo de amor
-propio</span>.</p>
-
-<p>Quiero aprender, quiero instruirme. La ignorancia me avergüenza,
-y empieza a estorbarme. Hoy estudiaré por las dos. ¿Te gusta,
-abuelito?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">divagando</span>.</p>
-
-<p>Cada una, según su natural...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">a Nell</span>.</p>
-
-<p>¿Vamos?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo, a mis cacerolas.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Y yo, a darle la jaqueca a D. Pío.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y yo, a ponerme de acuerdo con el Alcalde sobre la hora a que
-hemos de salir. <span class="acoti">(Dando su mano al Conde.)</span>
-Vendremos por usted.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hasta luego, hijo.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a las niñas</span>.</p>
-
-<p>Cuando terminen, la una sus lecciones, la otra su trajín, prepárense
-para la fiesta de Vicenta. Que os pongáis bien guapas, ¿eh?... Cuidado,
-chiquillas, que representáis en el mundo la gloria, la nobleza, la
-tradicional elegancia de Albrit.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Bueno, bueno. Estamos enteradas. <span class="acoti">(Se detiene,
-esperando que el abuelo le diga algo.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dolly...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">presentando su
-mejilla</span>.</p>
-
-<p>Abuelito...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p>
-
-<p>No estoy enfadado contigo. ¿Y tú conmigo?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Lo estuve... pero ya pasó... <span class="acoti">(Vase
-gozosa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">tomando el brazo de
-Nell</span>.</p>
-
-<p>Nell, aguarda... Quiero asistir a tu lección. Llévame, hija mía.</p>
-
-<p class="acot">(Entran en la casa, seguidos de D. Pío.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_6">ESCENA VI</h3>
-
-<p class="acot">Dormitorio del Conde.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, que entra; DOLLY, barriendo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué haces, chiquilla?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Ya lo ves: arreglándote la leonera. ¿No has reparado que esa bribona
-de Gregoria, ni limpia aquí, ni barre?... Toda la casa la tiene como
-una tacita de plata, menos esta alcoba tuya, que debiera ser el
-sagrario...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hija mía, como no veo bien...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Te digo que la maldad de esta gente me subleva... Entérate de lo que
-he dispuesto. Entre<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span>
-la Pacorrita y yo hemos traído el lavabo bueno, que esos indinos
-quitaron de aquí para ponerlo en nuestro cuarto. Luego te mudaremos la
-cama, poniéndola en aquel rincón, para que estés más resguardadito del
-aire que entra por las rendijas de la ventana.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">embelesado</span>.</p>
-
-<p>¡Admirable! ¿Y a ti se te ha ocurrido todo eso?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Todito ha salido de esta cabeza.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p>
-
-<p>¿Y has acabado ya tus guisotes?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Como te vas a comer con los frailes, he suspendido lo que tenía
-preparado para hoy. Pero mañana te haré una cosa muy rica, que a ti te
-gusta mucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE. <span class="acoti">(Se sienta; la
-abraza.)</span></p>
-
-<p>Eres un ángel... Lo uno no quita lo otro. Cabe en lo humano que seas
-lo que eres... y al propio tiempo criatura inocente, buena... quizás
-rematadamente buena. ¿Verdad que sí?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Pero tú no me quieres.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">confuso</span>.</p>
-
-<p>Sí te quiero. Es que...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span>DOLLY</p>
-
-<p>No vayas a creerte que hago yo estas cosas porque me quieras.
-Pégame, y haré lo mismo. Las hago porque es mi deber, porque soy tu
-nieta, y no puedo ver con calma que a un caballero como tú, poderoso
-en otro tiempo y dueño de toda esta comarca, le desatiendan gentes
-groseras, que no valen lo que el polvo que llevas en la suela de tus
-zapatos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con viva
-emoción</span>.</p>
-
-<p>Deja que te bese una y mil veces, criatura. ¿Conque tú...?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y a esos indecentes, que no se acuerdan de la miseria que tú les
-remediaste, ni de que crecieron, yerbecitas chuponas, en el tronco de
-Albrit; a esos puercos, arrastrados, canallas, les estaría yo dando en
-la cabeza con el palo de esta escoba, hasta que aprendieran a respetar
-al que honra su casa solo con pisar en ella.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">empañada la voz por la
-emoción</span>.</p>
-
-<p>¡Y tú... tú piensas eso!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Y lo digo... y lo hago... Esta noche, cuando vuelva del convite, te
-arreglaré toda la ropa, que la tienes bien destrozadita. Esa pánfila de
-Gregoria no da una puntada en tu ropa. Fíjate en la de Venancio, que
-parece un Duque.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_278">p. 278</span>EL
-CONDE. <span class="acoti">(Cruza las manos y la contempla extático,
-tratando de estimular la visión en sus ojos enfermos.)</span></p>
-
-<p>¡Y lo haces por mí, por mí!</p>
-
-<p class="rol">DOLLY. <span class="acoti">(Se sienta a su lado, la
-escoba entre las manos.)</span></p>
-
-<p>Sabiendo que me quieres menos que a Nell. Reconozco que Nell lo
-merece más que yo, porque es más fina... y además tan buena...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">algo turbado</span>.</p>
-
-<p>Pero a ti... a ti te quiero también. Dime la verdad: ¿te incomodaste
-porque no te dejé subir conmigo?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Vaya con el desprecio que me has hecho... dos noches seguidas! La
-primera vez, D. Carmelo y el Médico, que cenaron aquí, me consolaban...
-Pero anoche... ¡ay! me entró tal tristeza, que no pude dormir, y los
-ratos que dormí tuve sueños muy malos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué soñaste? A ver si lo recuerdas.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con emoción un tanto
-picaresca</span>.</p>
-
-<p>Pues soñé... Primero soñé que tú eras malo... ¡Ya ves qué desatino!
-Después soñé que entraba en nuestro cuarto mi papá... con una cara
-tan triste, tan triste... y se llegaba a mi cama, y me daba muchos
-besos...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Antes iría a la cama de Nell...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_279">p. 279</span>DOLLY</p>
-
-<p>Ni antes ni después... Yo soñaba que Nell no dormía en mi cuarto. Ya
-ves. Otro desatino.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y no te dijo nada tu papá?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Sí: algo me dijo, juntando su cara con la mía; pero no puedo
-acordarme: de esto sí que no me acuerdo... ¡Luego hablaba tan bajito,
-tan bajito...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es lástima...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con donaire</span>.</p>
-
-<p>No hagas caso. Lo que soñamos es todo mentira, ilusión.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No aseguro yo tanto. Mi vejez resulta más candorosa que tu infancia.
-Yo creo en los sueños.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Pues cuando tú lo dices...! <span class="acoti">(El anciano cae
-en profunda meditación. Dolly le observa cariñosa, esperando que
-reanude la conversación.)</span> ¿Qué tienes, papaíto? ¿Por qué estás
-triste?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hija mía, tu charla inocente, tu ingenuidad, tu alma, que sale
-con tu voz, y aletea en tus<span class="pagenum" id="Page_280">p.
-280</span> resoluciones, hacen en mí el efecto de un tremendo
-huracán... ¿no entiendes?... sí, de un huracán que me envuelve, me
-arrebata, me arroja en medio de la mar...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Abuelo...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">levantándose,
-consternado</span>.</p>
-
-<p>Sí: aquí me tienes forcejeando en medio de este oleaje de la
-duda. Una onda me trae y otra me lleva... y yo... ahogándome sin
-morir en esta inmensidad negra y fría... ¡Oh, no puedo vivir, no
-quiero vivir!... Señor, o la verdad o la muerte... No te asustes,
-niña querida. Son arrebatos que me dan. Tras esta duda quizás
-venga la certidumbre que deseo, que pido a Dios con toda mi alma;
-certidumbre que no será la que perdí: será otra, qué sé yo... <span
-class="acoti">(Con intensa ternura.)</span> Dolly, ¿dónde estás? Ven
-a mí; suelta la escobita y abrázame. <span class="acoti">(La abraza
-estrechamente y la besa llorando.)</span> Si eres tú, porque lo eres...
-si no, porque... no sé por qué... porque sí... no lo sé.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_7">ESCENA VII</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, DOLLY, EL CURA</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">en la puerta</span>.</p>
-
-<p>Pero, señor <i>león de Albrit</i>, ¿se olvida de que abajo estamos
-esperándole?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">limpiándose las
-lágrimas</span>.</p>
-
-<p>Voy... Perdona... me entretuvo esta chiquilla.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">dando prisa</span>.</p>
-
-<p>No nos sobrará el tiempo.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Adiós, abuelito. Toma tu palo y el gabán. <span class="acoti">(Le da
-ambas cosas.)</span> El día está bueno. Te divertirás mucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">resignado, dejándose
-llevar</span>.</p>
-
-<p>Adiós, hija mía. Quieren que vaya a Zaratán... Pues a Zaratán. Hasta
-la noche.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_8">ESCENA VIII</h3>
-
-<p class="acot">Monasterio de Zaratán (Jerónimos).</p>
-
-<p class="acotj mt1">Hállase situado en un fértil llano, con ligera
-inclinación y corriente de aguas hacia el Mediodía. Lo resguardan de
-los vientos septentrionales el verde muro de una selva espesísima, y
-la fortaleza de un monte, estribación de la sierra que por el Este se
-extiende en escalones hasta la mar. Rodéanlo frondosas arboledas de
-sombra, adorno y fruto, y tierras de cultivo y pasto, cerradas por
-tapia o setos vivos, en extensión considerable.</p>
-
-<p class="acotj">La construcción románica de la iglesia y de parte
-del convento aparece bastardeada, y en algunos puntos ridículamente
-sustituida por horribles superfetaciones del pasado siglo, de una
-imbecilidad que causa enojo y tristeza. En el frontis de la iglesia, en
-distintas puertas y ventanas, campea el escudo de Albrit, león rampante
-con banderola en la garra, y el lema: <i>Potestas Virtus</i>.</p>
-
-<p class="acotj">No lejos de la fachada de la iglesia, separado de
-ella por anchurosa calle de chopos viejos, podados, llenos de jorobas
-y arrugas, está el portalón de ingreso. En una<span class="pagenum"
-id="Page_282">p. 282</span> plazoleta mal pavimentada de losetones
-verdinegros y resbaladizos, que fuera de él se extiende, se para el
-coche que conduce al Conde de Albrit y su acompañamiento. Sale toda la
-Comunidad a recibirle, con el Prior a la cabeza.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE DE ALBRIT, EL CURA, EL MÉDICO, EL ALCALDE, EL
-PRIOR y&nbsp;MONJES.</p>
-
-<p class="acotj mt1">Es el Padre Maroto varón tosco y agradabilísimo,
-con sesenta años que parecen cincuenta; ni bajo, ni flaco, ni gordo,
-admirablemente construido por dentro y por fuera, con equilibrio
-perfecto de músculos, hueso y cualidades espirituales. La ingeniosa
-Naturaleza supo armonizar en él, como en ninguno, la potente estructura
-corporal con la agudeza del entendimiento. Su índole nativa de
-organizador y gobernante en todo se revela; pero reviste tan hábilmente
-de dulzura y gracia el báculo de su autoridad, que ni siquiera duelen
-los estacazos que suele aplicar a los díscolos de su corto rebaño. Sin
-su energía, actividad y metimiento prodigioso, el fénix de Zaratán no
-habría renacido de sus cenizas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy afectuoso, contestando
-con exquisita urbanidad al saludo de bienvenida que en el portalón le
-dirige el Prior</span>.</p>
-
-<p>Me anonada usted, señor Prior, saliendo a recibirme con la dignísima
-Comunidad... Vamos, que esto es hacer de mí un Emperador Carlos V.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Para nosotros, imperio ha sido la casa de Albrit, y las glorias
-de Zaratán se confunden en la historia con la grandeza de los
-Potestades.</p>
-
-<p class="acot">(Entran en la calle de chopos jorobados; detrás,
-respetuosamente, el séquito civil y frailuno.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p>
-
-<p>¡Oh, grandezas desplomadas!... Albrit y Laín no son ya más que polvo
-y ruinas. <span class="acoti">(Pausa solemne.)</span> Y agradezco más
-los honores que en esta ocasión se me tributan, porque veo en ellos un
-absoluto desinterés. Señor Prior de Zaratán, el último Albrit no puede
-corresponder a tan noble agasajo con ninguna clase de beneficios. Es
-pobre.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Nosotros también. En los tiempos que corren, no hay más riquezas que
-la virtud y el trabajo, y más vale así.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose con intento de
-admirar las hermosas campiñas que a un lado y otro de la chopera se
-ven</span>.</p>
-
-<p>Admirable cultivo. Esta santidad agricultora es un encanto... y un
-gran progreso, el único progreso verdad.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Trabajamos porque Dios lo manda. Dios quiere que no cultivemos solo
-el cielo, sino la tierra; la tierra, que es el complemento de la fe.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y, como la fe, la tierra no engaña. Ella nos alimenta vivos; muertos
-nos acoge...</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Entran en el convento, y pasan a una sala
-cuadrilonga, en cuyas paredes se ven rastros de un fresco decorativo,
-que borroso asoma por entre los remiendos de yeso. La sillería es
-moderna y ordinaria, porque los monjes no<span class="pagenum"
-id="Page_284">p. 284</span> tienen para más. El Prior hace al Conde la
-presentación de los Padres más ancianos, o más significados por sus
-talentos. El uno es notable por su facultad oratoria; el otro despunta
-en la agronomía; aquel es teólogo insigne; estotro, arquitecto.
-No falta el organista ni el veterinario, que al propio tiempo es
-algo canonista, y muy buen castrador de colmenas. Terminadas las
-presentaciones, el Prior quiere obsequiar al Conde y acompañamiento
-con un Málaga superior, que le han enviado de su tierra para celebrar.
-Acéptalo el Conde con galantería, y D. Carmelo con júbilo. Sirve un
-lego, y catan todos del finísimo licor.)</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">repantigado en un
-sillón</span>.</p>
-
-<p>¡Compadres, vaya una vida que se dan ustedes!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo</span>.</p>
-
-<p>¡Bendita sea la cepa que da este caldo! Debe de ser la que plantó
-Noé.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">en voz baja a un fraile,
-con quien platica</span>.</p>
-
-<p>Conviene que vea y aprecie las excelencias de Zaratán bajo el punto
-de vista de la vida orgánica y de las comodidades, porque, como buen
-aristócrata, se inclina al sibaritismo.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">a un monje que despunta en la
-agronomía</span>.</p>
-
-<p>Dígame, compañero, ¿de dónde demonios han sacado ustedes la simiente
-de esa remolacha forrajera que he visto en algunos tablares?</p>
-
-<p class="rol">EL FRAILE, <span class="acoti">con acento italiano</span>.</p>
-
-<p>Es de Lombardía, y también el <i>grano turco</i>.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span>EL ALCALDE</p>
-
-<p>¿Qué es eso?... ¡Ah!... el maíz... Buenas cañas. Me han de dar
-ustedes unas mazorcas. Pues ¿y la alfalfa? Dan ganas de comerla...
-También quiero simiente... Yo no ando con repulgos; soy muy francote...
-barro para adentro... Verdad que también doy cuanto tengo... el corazón
-inclusive... <span class="acoti">(Pasando junto al Conde.)</span>
-Señor D. Rodrigo, yo que usía, francamente, me dejaría ya de hacer el
-caballero andante, y me vendría a vivir con estos compadres, que me
-parece... vamos... que no lo pasan mal.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">que, descuidándose a veces, emplea los
-tratamientos italianos</span>.</p>
-
-<p>¡Oh!... si <i>monseñor</i> viviera con nosotros, nos honraría
-extraordinariamente.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo</span>.</p>
-
-<p>Yo... se lo he dicho... ¡las veces que se lo he dicho!... Pero no
-quiere hacerme caso... Él se lo pierde.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p><i>Eccellenza</i>, otra copita.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No... muchísimas gracias.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>No puede desechar el recelo de que en Zaratán carecería de libertad.
-¿Verdad, señores, que aquí estaría tan libre como en su casa?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>EL PRIOR</p>
-
-<p>Viviría en la más hermosa y abrigada celda que tenemos; comería lo
-que más fuese de su agrado; se pasearía de largo a largo por nuestros
-plantíos y praderas, y estaría dispensado de asistir a los oficios, y
-de ayunos y penitencias. Si esto no es buena vida, que me traigan al
-que descubra otra mejor.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <i>repitiendo</i>.</p>
-
-<p>Su edad exige cuidados exquisitos, que aquí tendría como en ninguna
-parte.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <i>con afabilidad</i>.</p>
-
-<p>Señores míos, yo agradezco infinito su solicitud, y me siento
-orgulloso del afecto que me muestran, deseando tenerme en su compañía.
-Lo agradezco en el alma; pero no puedo acceder a sus nobles deseos, no
-y no. Y rechazo la oferta, no por mí, sino por la Comunidad, por lo
-mucho que la quiero, la respeto y la admiro.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <i>aparte a un fraile</i>.</p>
-
-<p>¡Viejo más marrullero!...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Veremos por dónde sale.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Estoy bien seguro de que los señores monjes, a los pocos días de
-alojarme aquí, no me podrían<span class="pagenum" id="Page_287">p.
-287</span> aguantar, y renegarían de haberme traído. Créanlo: tengo un
-genio imposible.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>¡<i>Eccellenza</i>... por Dios...!</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">volviendo al grupo
-distante</span>.</p>
-
-<p>¡Zorro de Albrit, remolón, pamplinero, si acabarás por venir aquí y
-tomar lo que te den, aunque sean sopas!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, soy inaguantable. Cuando no ha podido domarme el infortunio,
-¿quién me domará?</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">echándose a reír y palmeteándole en el
-hombro</span>.</p>
-
-<p>Yo... sí, <i>monseñor</i>, yo... ¡También suelo gastar un
-geniecillo!...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo</span>.</p>
-
-<p>La dulzura, el tacto, el don de gentes del Padre Maroto, son una
-garantía de concordia... Vivirán en santa paz.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Además, hay otro inconveniente. En mi vejez triste no puedo vivir
-sin afectos; me moriría de pena si no pudiera tener a mi lado a mis
-nietecillas, una de ellas por lo menos, la que escogiera yo para mi
-compañía.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span>EL
-ALCALDE, <span class="acoti">en alta voz</span>.</p>
-
-<p>Pues que las traigan. Es lo único que falta en Zaratán para que esto
-sea completo: un par de niñas...</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>¡Ah! eso no. Aquí no pueden vivir mujeres. Las señoritas le
-escribirían con frecuencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">repitiendo, sin beber, y
-aplicándose, con finura, la palma de la mano a&nbsp;la&nbsp;boca</span>.</p>
-
-<p>Ya se iría <i>jaciendo</i>. Y alguna vez podrían las niñas venir a
-visitarle.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">un poco molesto</span>.</p>
-
-<p>Que no me conformo. ¿Cuántas veces he de decirlo?</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Sí, sí... No se hable más.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con fina
-marrullería</span>.</p>
-
-<p>No desconozco la fuerza de las razones expuestas para convencerme.
-Ni quiero que vean ustedes en mí un hombre terco, atrabiliario y
-desagradecido... No, Prior; no, amigos míos. Mal genio tengo; pero de
-las tempestades de mis nervios suele surgir el juicio sereno y claro.
-Hermoso es Zaratán, simpáticos y agradabilísimos el Prior y sus dignos
-cofrades. ¿Quieren tenerme por compañero y amigo? No digo que sí; no
-digo que no... No debo aparecer ingrato, ni tampoco ansioso de un bien
-que no merezco.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_289">p.
-289</span>EL PRIOR, <span class="acoti">repitiendo los palmetazos
-afectuosos</span>.</p>
-
-<p>¡Si al fin, <i>monseñor</i>, hemos de comer juntos muchos
-potajitos... y nos hemos de pelear aquí... como buenos hermanos!</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">dando resoplidos</span>.</p>
-
-<p>¡Si digo que...!</p>
-
-<p class="acotj mt1">El Médico y el Cura cambian una mirada de
-satisfacción. Propone el Prior enseñar la sacristía, y dar un paseo
-por la huerta antes de comer, y a todos les parece idea felicísima.
-Aunque el buen Albrit ve poco, se presta con galana urbanidad a que le
-muestren prolijamente las imágenes, los ornamentos, los vasos sagrados.
-El pobre señor, en obsequio a los bondadosos frailes, hace como que lo
-ve todo, y con discreta lisonja de buena sociedad, todo lo admira y
-alaba, hasta que el Prior, abriendo un estuche, saca de él un cáliz y
-se lo enseña, diciéndole: «Esta hermosa pieza es donación de la Condesa
-de Laín.» Inmútase el anciano, y después de preguntar a Maroto si
-celebra en la <i>hermosa pieza</i>, y de responderle el fraile que sí,
-suelta un terno... y tras el terno una denominación que es escándalo y
-azoramiento de todos los que cerca están. Hace el Prior como que no ha
-oído nada, y siguen.</p>
-
-<p class="acotj">Se sirve la suculentísima y abundante comida en
-una salita próxima al refectorio, mientras come la Comunidad, y solo
-asisten a ella, a más de los forasteros, el Prior y un monje anciano,
-el más calificado de la casa. Muéstrase, desde la sopa al café, decidor
-y jovial el buen Prior, arrancándose a contar salados chascarrillos
-andaluces de buena ley; y el Conde, aunque con pocas ganas de
-conversación, y como atacado de tristeza o nostalgia, se esfuerza
-en cumplir la tiránica ley de cortesía, riendo todos los chistes,
-incluso los del Alcalde, el cual, después de un impertinente disputar
-sobre cosas triviales, barre<span class="pagenum" id="Page_290">p.
-290</span> para su casa, sosteniendo la supremacía de las pastas
-españolas para sopa entre todas las del mundo, incluso las italianas.
-Termina despotricando contra el Gobierno, porque no protege la
-industria nacional recargando fuertemente en el Arancel... ¡el <i>fideo
-extranjero</i>!</p>
-
-<p class="acotj">De sobremesa, propone el Prior un agradable plan
-para la tarde: siesta, el que quisiera dormirla; después, paseo hasta
-la casa de labor de abajo, que es la más interesante; visita a los
-corrales, establos y cabañas, y, por fin, solemnes vísperas con órgano,
-Salve, etc.</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch4_9">ESCENA IX</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">Coro de la iglesia conventual de Zaratán.</p>
-
-<p class="acotj mt1">EL PADRE MAROTO, en la silla prioral. A su lado
-EL CONDE DE ALBRIT. Siguen a derecha e izquierda los monjes, ocupando
-con sus venerables cuerpos más de la mitad de la sillería. En el
-centro, frente al facistol, los cantores. No hay verja que separe el
-coro de la iglesia, que es tenebrosa, sepulcral, cavidad cuyos límites
-y contornos se deslíen en un misterioso ambiente, tachonado por las
-luces de los cirios. En el fondo lejano se adivina, más que se ve, el
-altar mayor, disforme carpintería barroca y estofada. A la derecha un
-órgano pequeño, nuevecito, de excelente son. Toca con maestría el mismo
-fraile italiano que antes hablaba de la simiente de alfalfa y remolacha
-forrajera.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que sin darse cuenta de
-ello, entrelaza y confunde su rezo con sus meditaciones</span>.</p>
-
-<p>Señor de los cielos y la tierra, ilumíname, dame la verdad que
-busco... No muera yo sin conocerla... Que acabe mi vida con mis dudas
-horribles... <i>Padre nuestro que estás</i>... Creí que la<span
-class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span> falsa es Dolly, y la
-legítima Nell... y ahora creo lo contrario: Dolly es la buena, Nell
-la mala, la intrusa... Señor, que no prevalezca en mi familia la
-usurpación infame... <i>El pan nuestro...</i></p>
-
-<p class="rol">EL CORO</p>
-
-<p><i>Recordare Domine quid acciderit nobis... Intuere et respice
-opprobrium nostrum.</i></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No me tengas, Señor, sobre esta zarza de las dudas... Me revuelvo
-en ella, y mi cuerpo es todo una llaga... Dame la verdad, y que la
-verdad sea puerta para entrar en la muerte... Líbrame del oprobio de mi
-nombre, y aparta de mi descendencia el deshonor.</p>
-
-<p class="rol">EL CORO</p>
-
-<p><i>Hæreditas nostra versa est ad alienos, domus nostræ ad
-extraneos...</i></p>
-
-<p class="acotj mt1">Suena con dulcísimos acordes el órgano. Encantado
-de oírle, el Conde se inclina hacia el Prior para elogiar el
-instrumento y las hábiles manos que lo tocan.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>¡Excelente organito!... Regalo de su hijo de usted, el señor Conde
-de Laín, que nos lo mandó de París. La carta en que me anunciaba este
-obsequio fue la última que de él recibí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que desvaría un poco,
-afectado de la solemnidad del lugar y ocasión, y de la lúgubre poesía
-que allí emana de todas las&nbsp;cosas</span>.</p>
-
-<p>Pues me lo había figurado... Como apenas veo, mi oído tiene una
-sutileza extremada, y<span class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span>
-en esos dulces acentos escuché la propia voz de mi pobre Rafael
-resonando en la iglesia... ¡Desdichado hijo mío! ¿Verdad, P. Maroto,
-que mi hijo merecía mejor suerte? Pero la felicidad no es para los
-buenos.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(El Prior contesta con cabeceos, por no creer
-que es ocasión de largas conversaciones, y continúa rezando. Pasa
-tiempo. La placidez del sitio, la suave temperatura, el monótono
-canto, determinan en el viejo Albrit una sedación dulcísima, y
-recostándose sobre la derecha en el amplio sitial, se adormece. A ratos
-se despabila, y perdida la noción de la realidad, olvidado de donde
-está, dirige al Prior palabras que este estima de una incongruencia
-absoluta. En aquel sopor, cuyas intercadencias no es posible apreciar,
-ve y oye el desdichado prócer extrañísimas cosas. Si al despertar
-tiene algunas por disparates, otras quedan en su mente como verdades
-incontrovertibles. No puede dudar que su hijo Rafael se aparece en el
-coro, viniendo de la iglesia, vestido de monje, y avanzando lentamente
-se llega a su padre, y le habla... Bien seguro está de que le dice
-algo, y más le dijera si su imagen no desapareciese súbitamente como
-una luz que el viento apaga.)</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>¿Qué dice el señor D. Rodrigo?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me parece que hablo claro... La falsa es Nell. Me lo dice quien lo
-sabe... <span class="acoti">(Enteramente despabilado.)</span> ¡Ah!...
-perdone usted... No he dicho nada. Estas cosas no deben decirse. <span
-class="acoti">(Mira en torno suyo, y nada ve. Pero advierte que han
-cesado los cánticos, y que el oficio ha concluido. La Comunidad se
-retira.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">levantándose</span>.</p>
-
-<p><i>Eccellenza</i>... hemos terminado nuestro rezo. Tome usted mi
-brazo, y saldremos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">apoyado en el brazo del Prior</span>.</p>
-
-<p>Es hermoso poseer la verdad...</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Cuando se posee.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Yo la tengo.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Verdades hay, amigo mío, que no merecen que las poseamos. Vale más
-la duda que ciertas verdades. Lo que hay que tener es fe.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>También la tengo. A ella me acojo, y de ella tomo mi energía para
-esta batalla con la espantosa duda... <span class="acoti">(Con grande
-extrañeza.)</span> Pero dígame, ¿dónde se meten Carmelo y el Alcalde y
-el Médico de Jerusa? No les siento. ¿Es que están todavía examinando
-carneros y vacas?</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">retardando la
-contestación, que supone ha de ser penosa para el anciano</span>.</p>
-
-<p>Pues D. Carmelo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Es que duerme aún la siesta para empalmar mejor la comida con
-la merienda? Me asombra que el Alcalde, que es tan beato... por dar
-ejemplo a las <i>masas</i>, como él dice... no haya venido a las
-vísperas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span>EL
-PRIOR, <span class="acoti">arrancándose, por aquello de «el mal camino
-andarlo pronto.»</span></p>
-
-<p>Señor Conde de Albrit, esos señores se han vuelto a Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">parándose en firme,
-erguido. El estupor contiene aún el estallido de su ira</span>.</p>
-
-<p>¡Se han vuelto a Jerusa...!</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">resuelto</span>.</p>
-
-<p>Esos caballeros piensan, como yo, que el señor Conde debe permanecer
-aquí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">airado</span>.</p>
-
-<p>Me han traído con engaño, me dejan con perfidia... se van... Me
-encierran como a una bestia dañina... ¡Me ponen en manos del carcelero,
-que es usted, la Comunidad... Zaratán maldito!</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_10">ESCENA X</h3>
-
-<p class="acot">Atrio de la iglesia. Alameda. Portalón.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, EL PRIOR; algunos monjes, que a distancia se
-mantienen observando la escena, prontos a intervenir en ella, si lo
-ordena el Superior con seña o simple mirada.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Yo ruego al ilustre Albrit que se sosiegue, y que vea en esto un
-acto sencillísimo, dictado por la amistad, por el afecto que todos le
-profesamos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¡Encerrarme traidoramente, como a un loco, como a un criminal!</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">empleando la persuasión y
-buenos modos, que estima más eficaces</span>.</p>
-
-<p><i>Eccellenza</i>, considere que está en su casa... ¿No dice nada
-a su espíritu la paz de este santo instituto? Cuantos aquí vivimos
-consagrados al servicio de Dios y al trabajo de la tierra, somos sus
-amigos, no sus carceleros.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Estimo la buena intención, señor mío; pero a mí no se me enjaula,
-atentando inicuamente a mi libertad.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>¿Y para qué quiere usted esa libertad más que para calentarse los
-sesos, acometiendo empresas ideológicas en busca de una luz que no
-ha de encontrar? <span class="acoti">(Queriendo acariciarle.)</span>
-Créame a mí, que soy su amigo. Esos señores dejan a mi cuidado al
-<i>león de Albrit</i>, y yo respondo de que, pasada esta efervescencia
-de amor propio, <i>monseñor</i> nos lo agradecerá. Mi orden me
-manda acoger al desvalido, y practicar en todo caso las Obras de
-Misericordia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">decidido a
-partir</span>.</p>
-
-<p>Muy bien. La novena dice: «No encerrar al prójimo contra su
-voluntad...» Dígame usted por dónde se sale.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span>EL
-PRIOR, <span class="acoti">dominándose, y persistiendo en los
-procedimientos de dulzura</span>.</p>
-
-<p>Por segunda vez, Sr. D. Rodrigo, le invito a considerar que es
-locura oponerse a esta santa reclusión, dispuesta por la familia,
-patrocinada por los amigos, aconsejada por la Facultad... En ninguna
-parte tendrá <i>monseñor</i> la paz, la tranquilidad y los bienes
-materiales que aquí le prodigaremos sin tasa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">cada vez más
-colérico</span>.</p>
-
-<p>Maldigo a la familia, maldigo a los amigos, a la Facultad y a
-este endiablado laberinto de Zaratán, donde quieren que yo me vuelva
-loco... Pronto, señor Prior, mande usted que me franqueen la salida.
-<span class="acoti">(Avanza con paso resuelto por la alameda de chopos
-jorobados.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">tras él,
-suplicante</span>.</p>
-
-<p>Reflexione usía, señor Conde; considere que ofende a Dios renegando
-de este santo recogimiento, en que la Religión y la Naturaleza le
-ofrecen descanso y paz...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">revolviéndose
-furioso</span>.</p>
-
-<p>No me hable usted de religión... Aquí no la quiero... ¡aquí, donde
-tendría que oír las misas que dice usted con ese cáliz!... <span
-class="acoti">(Con ligera inflexión humorística, que chisporrotea
-en medio de su indignación.)</span> Del cáliz nada tengo que decir,
-porque está consagrado... ¡Qué culpa tiene el pobre cáliz!... ¡Pero la
-misa... usted... esa <i>tal</i>!... No, no quiero vivir en Zaratán,
-no quiero estar preso... ¿Ni quién es esa <i>cual</i> para encerrarme
-a<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span> mí?... Me encierra
-porque no haga públicas sus ignominias... ¡Y el Prior de Zaratán es
-su cómplice; el Prior de Zaratán dice misa en su cáliz; el Prior de
-Zaratán se presta a ser mi carcelero para que no hable, para que no
-investigue, para que no descubra la verdad odiosa!... Pero no les vale,
-no, porque ahora mismo, señor D. Maroto o señor don Diablo, va usted
-a mandar que me abran aquella puerta, que jamás, jamás ha de volver a
-abrirse para el Conde de Albrit.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">ya cargado, con fuertes
-ganas de meter mano al viejo prócer, y hacerle entrar en razón por el
-procedimiento más expedito</span>.</p>
-
-<p>Señor Conde, que ya me va faltando la paciencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡La salida... pronto, la salida!</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">apretando los
-puños</span>.</p>
-
-<p>Le digo a usted que conmigo no se juega. Albrit es un niño, y como
-a tal habrá que tratarle. A los niños mañosos se les sujeta y se
-les...</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Acércanse varios frailes, a quienes el Prior ha
-hecho seña. El Conde, que en sus tiempos ha sido un excelente boxeador,
-se prepara de puños y brazos, dando a entender su propósito de romper
-cráneo o clavícula, si hay alguien tan osado que ponga la mano en su
-ancianidad venerable.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con bravura
-caballeresca</span>.</p>
-
-<p>Abusas tú, Prior, de la desigualdad de nuestras fuerzas, y porque
-me ves solo pretendes acoquinarme. Pero yo te aseguro que si me<span
-class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span> vence el número, no será
-sin que caiga al suelo alguno de estos bigardones, y bien podría
-suceder que el que caiga no se levante más.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR.</p>
-
-<p>Ahora lo veremos. ¡Leoncitos a mí!...</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Aunque no ha boxeado nunca, es hombre de empuje;
-sus puños cerrados igualan a la maza de Fraga, y los músculos de
-su brazo compiten en elasticidad y fuerza con el acero. La actitud
-guerrera del anciano le saca de quicio, y su primer impulso es dar
-cuenta de él, sin ayuda de sus cofrades.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">ciego de ira, poniéndose
-en guardia</span>.</p>
-
-<p>¡Aquí te espero!</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Rodean los frailes al Prior, haciéndole ver
-con gestos y palabras expresivas la inconveniencia de emplear la
-fuerza. Basta un momento de reflexión para que así lo comprenda
-Maroto; se domina: encuéntrase en la posesión plena de sus facultades
-perfectamente equilibradas; se ríe de sí mismo, se ríe del Conde con
-más lástima que menosprecio, y manda que se le abra la puerta.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah! Se me obedece al fin... Abierta la jaula, el león recobra su
-libertad... ¡Ay del que quiera sujetarle!</p>
-
-<p class="acot">(Sale presuroso, y se aleja con tal viveza,
-sacando bríos de sus piernas cansadas, que su rápido andar parece
-milagroso.)</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR, <span class="acoti">rodeado de los frailes,
-viéndole partir</span>.</p>
-
-<p>¡Pobre demente! Te ofrecemos el descanso y lo rehúsas; te damos
-el olvido de lo pasado, y prefieres revolver las escorias inmundas
-de tu deshonrada familia. Rechazas nuestra dulce compañía por correr
-tras un enigma, cuya solución<span class="pagenum" id="Page_299">p.
-299</span> no has de encontrar... no, no la encontrarás, porque Dios
-no lo quiere... <span class="acoti">(Hablando para sí.)</span> No, no
-lo quiere; yo, único mortal que sabe la verdad, no puedo decírtela,
-y aunque pudiera, menguado y díscolo viejo, no te la diría... <span
-class="acoti">(Alto.)</span> Mirad, mirad cómo corre. Ni una sola vez
-ha mirado para atrás. La inseguridad de su paso denuncia el tumulto de
-sus ideas...</p>
-
-<p class="rol">UN FRAILE</p>
-
-<p>Toma la dirección del Páramo.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Quiere ir como hacia la mar.</p>
-
-<p class="rol">OTRO FRAILE</p>
-
-<p>Hacia el cantil de Santorojo.</p>
-
-<p class="rol">EL PRIOR</p>
-
-<p>Dios ataje sus pasos si van en busca de la muerte. Recémosle un
-Padrenuestro. <span class="acoti">(Rezan.)</span> Ya no se le ve... Cae
-la tarde, hermanos: vámonos a cenar en paz y en gracia de Dios.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_11">ESCENA XI</h3>
-
-<p class="acotj">Meseta árida, en la cual no crecen más que cardos y
-aliagas. A trechos, rocas de singulares formas que parecen cuerpos
-a medio salir del suelo arenoso. Termina la planicie por el Norte
-bruscamente, como si la tajaran de un golpe con arma formidable.
-Allí está el filo del cantil, colosal muralla que del mar se eleva,
-en algunos sitios con declive de peñas escalonadas, en otros con una
-verticalidad espantable, terrorífica. La altura varía, por la<span
-class="pagenum" id="Page_300">p. 300</span> desigualdad de la rasante
-en la meseta; pero en ninguna parte deja de ser tal, que difícilmente
-la soporta sin vértigo la mirada. Sube de lo profundo el murmullo
-hondo y persistente de la mar, dando testarazos en la base del cantil.
-Anochece. El cielo es tempestuoso.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">solo, andando lenta y
-descompasadamente, fatigado ya de la carrera que emprendió en su fuga
-de Zaratán</span>.</p>
-
-<p>Ya me lo decía el corazón... Carmelo, el Mediquillo, y ese Alcalde
-que envenena a media humanidad con sus fideos falsificados, han vendido
-sus conciencias a la infame. ¡Hechuras mías habían de ser! Yo les
-favorecí, ellos me crucifican, me escarnecen, quieren enjaularme.
-¡Dios mío, las veces que le he matado el hambre a ese Pepillo
-Monedero, cuando venían inviernos crudos y no podía trajinar con sus
-caballerías!... Con el vino que me ha robado, cuando me traía las
-tercerolas de Villarán, se podría emborrachar Carmelo, cuyo vientre
-es una bodega... Al padre de ese mediquejo le libré de presidio,
-cuando las talas de Laín. Era un hombre que siempre que Rafael o yo
-pasábamos por su lado, se ponía de rodillas, y teníamos que darle de
-palos para que se levantara... Y ahora ¡ay!... ¡Generación ingrata,
-generación descreída y que nada respetas, generación parricida,
-pues devoras el pasado, y menosprecias las grandezas que fueron! El
-honor, la pureza de los nombres, ¿qué son para estos menguados, que
-se pasan la vida hociqueando en el suelo, para recoger el pedazo de
-pan que la suerte les arroja? Son de vista baja, y no ven el cielo,
-ni el sol que nos alumbra... Y ahora, recobrada mi libertad, voy
-detrás de<span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> mi idea,
-como los Reyes Magos tras de la estrella que les guió al pesebre,
-en que acababa de nacer la verdad.</p>
-
-<p class="acotj">(Detiénese, un tanto sobrecogido del espantoso
-estruendo de la mar en aquel sitio. Retumba el suelo. Las olas, en
-pleamar, penetran en tortuosas cavernas, y se revuelven con furia en
-las profundidades tenebrosas.)</p>
-
-<p>¡Cómo brama! Mal vino trae esta noche el agua... Y allá, el reventar
-de la ola suena como cañonazos... Desde este borde distingo el tremendo
-salivazo de espuma cuando lo escupe para arriba... ¡Hermoso, sublime!
-<span class="acoti">(Continúa andando, no sin dificultad, porque va de
-cara al viento, que sopla del Oeste en rachas violentísimas.)</span>
-Vaya con el aire... hay que ponerle la proa sin miramientos, y cortarlo
-con la cabeza, después de bien asegurado el sombrero. De nada me sirve
-el palo... ¡Qué soledad! O yo no veo absolutamente nada, o no pasa
-alma viviente por estos sitios... ¿Quién demonios, quién que no sea el
-estrafalario Albrit, este loco enjaulable, se ha de arriesgar por el
-horrible páramo en noche tempestuosa? <span class="acoti">(El viento
-le hace girar sobre sí mismo; tiene que acudir con ambas manos al
-sombrero; el palo se le cae.)</span> Hola, hola, ¿esas tenemos, señor
-vientecito? Pues ahora nos veremos las caras. Primero se cansará usted
-que yo. Recojo mi palo, y adelante. <i>Potestad</i> me llamo; no hay
-quien me rinda.</p>
-
-<p class="acotj">(Es ya noche cerrada, noche lúgubre, de cielo
-revuelto, invadido de negras nubes veloces, que corren hacia el Este,
-montando unas sobre otras, acometiéndose... Por entre sus vellones
-deshilachados, se deja ver, a ratos, la luna creciente, despavorida,
-que con su lividez ilumina el Páramo, y da siniestro relieve a los
-peñascos esparcidos, los cuales semejan aquí gatos en acecho, allí
-esfinges egipcias, más adentro esqueletos de ballenas.)</p>
-
-<p>Vaya... parece que afloja la racha. No podía ser menos. ¡Vientecitos
-a mí...! Adelante... <span class="acoti">(Sorprendido de oír una voz,
-que parece humana.)</span><span class="pagenum" id="Page_302">p.
-302</span> ¿Qué voz es esa? Si no es que el viento se da a la
-imitación del graznido de los hombres, ha sonado una voz. <span
-class="acoti">(Parándose, para oír mejor.)</span> Sí, hasta parece que
-oigo mi nombre... No, no: es el viento, que sabe pronunciar la última
-sílaba... <i>brit... brit...</i></p>
-
-<p class="acotj mt1">(En dirección contraria a la que lleva el Conde,
-avanza un hombre; pero como anda a favor del viento, más bien parece
-que vuela. Lo que en tan extraño sujeto aparenta alas, son faldones
-de un largo abrigo. Pasa veloz junto al Conde. Se para no sin gran
-esfuerzo, le llama... vuelve a llamarle.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_12">ESCENA XII</h3>
-
-<p class="acotj">EL CONDE; D. PÍO, sin sombrero, que le ha sustraído el
-huracán; lleva bufanda al cuello, que se enrosca y desenrosca a cada
-instante; levitón largo, que se le pone por montera; los pantalones
-arremangados.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con voz firme</span>.</p>
-
-<p>¿Quién es... quién me llama? Si es el viento... perdone, hermano, no
-llevo suelto.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que se ve obligado a
-agarrarse al Conde para no caer</span>.</p>
-
-<p>Soy yo, señor. ¿No me ha conocido? Soy Pío, el profesor de las
-niñas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah! Coronado... Acabáramos. ¿Y qué traes por estos sitios tan
-amenos, en noche tan deliciosa?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>En el momento de encontrar a usía buscaba mi sombrero, que me
-arrebató el viento.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Pues no es fácil que te lo devuelva. Si temes constiparte sin
-sombrero, ponte el mío. En verdad, no me sirve más que de estorbo...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Gracias, señor Conde. Estamos en el peor sitio. Agarrémonos bien
-el uno al otro, y vámonos a lugar más abrigado y seguro... Por aquí,
-señor... <span class="acoti">(Se agarran y se internan, alejándose del
-cantil.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por lo visto, las revueltas del Páramo te son familiares.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Sí, es mi paseo favorito. Esta soledad, esta aridez, este ruido de
-la mar me enamoran. Llega para mí un momento, al terminar el día, en
-que me hastían de tal modo las personas, que me arrimo a los animales;
-pero me hastían también los domésticos, y busco la compañía de los
-lagartos, de los saltamontes, de los cangrejos, y de todo lo que más se
-diferencia de nosotros.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Comprendo tu odio al género humano, infeliz Pío. Dícenme que eres
-muy desgraciado en tu casa.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">llevándole a un sitio
-resguardado del viento</span>.</p>
-
-<p>Sí, señor. Más de una vez he venido a estos cantiles con el
-propósito de arrojarme por el más empinado. Pero...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_304">p. 304</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Te ha faltado valor.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">candoroso</span>.</p>
-
-<p>Sí, señor... Me faltan ánimos. Esta noche misma llegué decidido,
-tan decidido, que ya me estaba viendo cenado por los peces; pero en el
-momento crítico...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Matarse, qué locura! Hay que luchar, luchar sin desmayo para
-aniquilar el mal.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p>
-
-<p>¡Ah! eso no es para mí. Luche quien pueda. Yo no sirvo; nací para
-dejar que todo el mundo haga de mí lo que quiera. Soy un niño, señor
-Conde, y no un niño de la raza humana, sino de la raza ovejuna; soy
-un cordero, aunque me esté mal el decirlo. Nací sin carácter, y sin
-carácter he llegado a viejo. Permítame que me alabe. Soy el hombre
-más bueno del mundo; tan bueno, tan bueno, que casi he llegado a
-despreciarme a mí mismo, y a <i>futrarme</i>, con perdón, en mi propia
-bondad.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y tuya es una frase que corre como proverbial en Jerusa: «¡Qué malo
-es ser bueno!»</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Porque de la bondad me vienen todas mis desgracias... parece
-mentira. En mí no encuentro<span class="pagenum" id="Page_305">p.
-305</span> fuerza para hacer daño a ningún ser, llámese mosquito,
-llámese mujer u hombre. Donde yo estoy, está el bien, la verdad, el
-perdón, la dulzura... y llueven sobre mí las desdichas como si mi
-bondad fuera un espigón de metal que atrae el rayo... Señor, he llegado
-a un extremo tal de sufrimiento, que ya no puedo más; quiero arrojar
-por ese cantil el fardo de mi bondad, que es mi vida. Mi vida, o sea mi
-bondad, ya me enfada, me apesta, me revuelve el estómago... ¡Váyase a
-los profundos abismos, bendita de Dios!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ten paciencia, Pío. Si eres tan bueno, Dios te dará tu merecido...
-Pero si hemos de charlar, desahogando en la confianza y amistad
-recíprocas las penas de uno y otro, no será malo, bendito Coronado, que
-me lleves a un sitio cómodo donde pueda sentarme. Por mi nombre te juro
-que estoy cansado.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">guiándole</span>.</p>
-
-<p>Precisamente llegamos a un recodo donde estaremos a cubierto del
-vendaval. Entre estas peñas enormes, que parecen dos formidables
-canónigos con sus sombreros de teja, he descabezado yo mis sueñecitos
-algunas noches que he dormido fuera de casa. Aquí podemos sentarnos,
-sobre esta limpia arena llena de caracolitos, y hablar todo lo que nos
-dé la gana. <span class="acoti">(Se sientan.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dime, Pío: ¿al fin se murió tu mujer?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_306">p. 306</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">tocando las castañuelas</span>.</p>
-
-<p>¡Al fin! sí, señor. Dos años hace ya que el infierno la quiso para
-sí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Cuánto habrás padecido, pobre Coronado! De veras te digo que no hay
-en la sociedad vicio más desorganizador ni de peores consecuencias que
-la infidelidad conyugal; y cuando ese atroz delito trae el falseamiento
-de la ley del matrimonio y el fraude de la sucesión, no hay palabra
-bastante dura para anatematizarlo. Pues bien: aquí donde me ves, yo
-estoy en el mundo para combatir y anular las usurpaciones de estado
-civil, producidas por el desacuerdo entre la Ley y la Naturaleza.
-Nuestros legisladores no han tenido valor para abordar este problema.
-Yo lo tengo. He declarado la guerra a la impureza de los nombres, y a
-todas las ilegitimidades producidas por el infame adulterio.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">embobado</span>.</p>
-
-<p>Ya... ¿Y qué hace el señor Conde para...?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por de pronto, descubrir la usurpación... sacarla a la vergüenza
-pública... ¿Te parece poco? <span class="acoti">(D. Pío, ensimismado,
-no dice nada.)</span> Pero no hablemos ahora de mis cuitas, sino de las
-tuyas. Tu mujer, según creo, te dejó un mediano surtido de hijas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">secamente, mirando al
-suelo</span>.</p>
-
-<p>Seis...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Que son seis arpías, según se cuenta.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con aflicción</span>.</p>
-
-<p>Llámelas usía demonios o fieras infernales, pues arpías es poco. No
-me tienen ningún respeto, ni viven más que para martirizarme.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Y lo aguantas! Tu bondad, pobre Coronado, raya en lo inverosímil,
-porque si no miente el vulgo... permíteme que te hable con una
-franqueza que resulta tan extremada como tu bondad... tus hijas... no
-son tus hijas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">después de una
-pausa</span>.</p>
-
-<p>Señor, por duro que sea declararlo, yo... En efecto, tan cierto como
-esta es noche, esas hijas... no me pertenecen.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y si de ello estás tan seguro, ¿cómo las tienes contigo?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Por ley de la costumbre, que es la gran encubridora de las perrerías
-que hace la bondad. Desde que nacieron las tengo a mi lado. Me quito el
-pan de la boca para dárselo a ellas... Las he visto crecer, crecer...
-Lo peor es que de niñas me querían, y yo... ¿para qué negarlo?...
-las he querido, casi las quiero, no lo puedo remediar...<span
-class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span> <span class="acoti">(Albrit
-suspira.)</span> No tengo vergüenza, ¿verdad, señor Conde? No soy digno
-de hablar con un caballero como usía.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Eres un desgraciado, y yo quiero que seamos amigos. Dime otra cosa:
-esas tarascas, ¿permanecen solteras?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Dos casaron con los primeros ladrones del pueblo. A una la abandonó
-el marido, y está otra vez en mi casa: empina el codo, y me dice las
-cosas más indecentes que se le pueden decir a un hombre. María y
-Rosario tienen por novios a dos perdidos: el uno barbero, el otro muy
-dado al matute. Esperanza es loca por los hombres, y se va tras ellos
-por calles y caminos, sin reparar que sean soldados, amoladores o
-titiriteros, y Prudencia, la más chica, me ha salido un poquito bruja.
-Echa las cartas, cura por salutaciones... y roba todo lo que puede.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con piadosa
-lástima</span>.</p>
-
-<p>No conozco otro ser más dejado de la mano de Dios. Sobre tu bondad
-caen todas las maldiciones del cielo. ¿Cómo en tantos años no has
-tenido un día, una hora de entereza de carácter, para echar de tu lado
-a esas hembras espúreas que te consumen la vida?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>No me pida el señor Conde que tenga carácter, que es como pedir a
-estas peñas que den<span class="pagenum" id="Page_309">p. 309</span>
-uvas y manzanas. Soy bueno; me reconozco el mejor de los hombres.
-En un punto está que uno sea un santo o un mandria. Mi mujer, que
-de Satanás goce, me dominaba; me hacía temblar con solo mirarme. Yo
-hubiera tenido valor delante de una docena de tigres; delante de aquel
-monstruo no lo tenía. Tan grande como mi paciencia era su liviandad. Me
-traía los hijos; nacían en casa. Yo le decía verdades como puños; pero
-no me escuchaba. ¿Qué había de hacer yo con las pobres criaturas, ni
-qué culpa tenían ellas? ¡No las había de tirar en medio de la calle!
-Crecían, eran graciosas, se dejaban querer. El tiempo me alargaba la
-bondad, y yo era más bueno cada día... y me dejaba ir, me dejaba ir...
-Nunca tuve resolución... Mañana será otro día, decía yo, y, en efecto,
-señor, todos los días, en vez de ser otros, eran los mismos... El
-tiempo es muy malo, es como la bondad... Entre uno y otro hacen estas
-maldades que no tienen remedio.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">meditabundo</span>.</p>
-
-<p>Buen Pío, tu filosofía resulta dañina; tu bondad siembra de males
-toda la tierra.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Déjeme que siga contándole, para que acabe de despreciarme. Lo que
-sufro con esas culebronas a quienes llamo hijas, no hay palabras para
-decirlo. Ellas me pegan, ellas me insultan, ellas me matan de hambre;
-ellas gozan con mis dolores, con mi vergüenza... ¡Qué malas, qué malas
-son! Cada una es un demonio,<span class="pagenum" id="Page_310">p.
-310</span> y juntas el infierno. Y que no me vale huir de mi casa y
-abandonarlas, porque salen desaforadas a buscarme, y me cogen, y me
-llevan por fuerza, y me besuquean y hacen mil carantoñas. Tengo el
-corazón tan blando, que cuando veo llorar a alguien soy un río de
-lágrimas. Pues cuando alguna se pone mala, ¡si viera usía lo inquieto
-y apenado que estoy! Nada, que me falta tiempo para correr a casa del
-médico, a la botica...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Eres cosa perdida. Vas al abismo, buen Coronado.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">agitadísimo</span>.</p>
-
-<p>Lo sé, señor Conde... Por eso pido a Dios que me lleve pronto al
-cielo, porque allí, lo que es allí... supongo que podrá uno ser tierno
-de corazón y de voluntad sin perjudicarse... allí puede uno ser todo
-amor, sin que le descalabren, le pellizquen y le aporreen.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>El cielo, sí. Para ti no hay otro sitio. Aquel es tu mundo, y no
-debiste, no, Coronado, no debiste venir a este.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con desesperación</span>.</p>
-
-<p>¿Pero acaso yo me he traído?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si no te has traído, puedes volverte cuando quieras. Ahora comprendo
-la razón y excelente lógica de tus propósitos de suicidio.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_311">p. 311</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">con efusión</span>.</p>
-
-<p>Me suicido porque soy un ángel, y nada tengo que hacer en este
-mundo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">indicando la dirección del
-cantil</span>.</p>
-
-<p>Es verdad... Vete pronto al tuyo, al cielo. Por hacerme compañía no
-te entretengas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que, sintiendo frío en
-la cabeza, se la cubre con el pañuelo, y anuda las puntas bajo la
-barba</span>.</p>
-
-<p>Si quisiera el señor Conde prestarme su pañuelo para sonarme, pues
-el mío me lo he puesto por la cabeza...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hijo, sí; tómalo y suénate todo lo que quieras... Me parece que
-debemos continuar andando, porque nos enfriamos. Yo estoy aterido.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Como el señor Conde guste. <span class="acoti">(Levántase y le da la
-mano.)</span> El viento afloja; ahora se descubre la luna.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">andando los dos del
-brazo</span>.</p>
-
-<p>Pues en este momento, mi buen Coronado, se me ocurre una idea que
-puede ser tu salvación. Tú te librarás de todo el mal a que tu bondad
-te ha traído, y yo tendré el gusto de producir en ti el único bien que
-has disfrutado en tu vida.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">algo inquieto</span>.</p>
-
-<p>¿Qué idea es esa, Sr. D. Rodrigo?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Pues muy sencillo. Tú no tienes valor para lanzarte de este mundo al
-otro. El valor que a ti te falta, a mí me sobra. Te agarro, te arrojo
-por el cantil, y al llegar abajo ya eres cadáver y se han acabado tus
-sufrimientos. <span class="acoti">(Pausa.)</span></p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">que se rasca la cabeza,
-metiendo la mano por debajo del pañuelo</span>.</p>
-
-<p>Es una idea excelente. Por mi parte, no me opongo... Al contrario...
-Lo único que temo es que la muerte no sea muy rápida...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Pero qué estás diciendo? Morirás en menos de cinco segundos. No,
-no encontrarás muerte mejor, ya emplees arma, veneno, o el ácido
-carbónico. Muerte instantánea, súbita entrada en la felicidad, en el
-Paraíso, del que nunca debiste salir. Si no me engaño, estamos en una
-parte del cantil que ni de encargo. Aquí la cortadura es vertical, la
-altura vertiginosa... Conque...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">algo alelado</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí... Pero ahora caigo en otro inconveniente, y este sí que
-es grave, gravísimo, señor Conde. Como alguien nos habrá visto venir
-hacia acá, fácil es que acusen a usía de mi muerte; y le metan en la
-cárcel... y causa criminal al canto, por homicidio, con nocturnidad,
-alevosía... No, no, señor Conde. ¡Cómo había yo de consentirlo!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Nadie nos ha visto, ni es lógico que sospechen de mí... Decídete:
-ya ves qué fácil, ahora... ¿Oyes la mar que brama, como pidiendo que
-le arrojen algo con que entretenerse?... Pero hay más, carísimo Pío:
-figúrate tú el chasco que se llevarán tus hijas cuando vean que ya no
-tienen a quien martirizar, que se les ha escapado la víctima... ¡ja!
-¡ja!... Se revolverán unas contra otras, y furiosas, tirándose de los
-pelos, se enzarzarán con uñas y dientes...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí... y a ver quién les mantiene el pico... ¡Y que van a rabiar
-poco esas bribonas cuando yo me vaya! ¡Y con qué júbilo les diré yo
-desde allá: «Fastidiaos ahora, grandísimas puercas...!» Por supuesto,
-créame el Sr. D. Rodrigo, al recibir la noticia de que me ha tragado la
-mar, llorarán... porque, en medio de todo, me quieren... a su modo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y tú a ellas también. Remachas tu bondad con el tremendo deshonor
-de amarlas. Para poner fin a tanta ignominia, es preciso... <span
-class="acoti">(Le agarra fuertemente por la cintura.)</span></p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">riendo, para disimular su
-temor</span>.</p>
-
-<p>Otro día, señor Conde, otro día... Esta noche me encuentro algo
-destemplado.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">soltándole</span>.</p>
-
-<p>Como tú quieras.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">alejándose del cantil</span>.</p>
-
-<p>No podemos, no podemos tomar esa determinación sin que yo escriba un
-papel en que diga que sucumbo de <i>motu proprio</i>.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Bien. No está de más hacer las cosas con la preparación y formalidad
-debidas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">gravemente</span>.</p>
-
-<p>Otra noche, después de disponerlo todo muy bien, nos reuniremos
-aquí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues mira, ahora me alegro de que se quede la función para otra
-noche, porque así podrás darme algunas informaciones acerca de mis
-nietas... Dime: ¿en dónde estamos ya?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Cerca del Calvario, en el lindero del bosque.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues al pie de la cruz echaremos otra sentada... Me harás el favor
-de decirme...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Todo lo que el señor Conde quiera.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Despéjase un poco el cielo, y a la claridad de la
-luna andan los dos ancianos con menos lentitud. Llegan al Calvario, y
-se sientan en la meseta de granito que sustenta las cruces.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_315">p. 315</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Muy bien estamos aquí... Hablemos de Nell y Dolly. Dime, ante
-todo: ¿tú te sientes con el saber, con la suficiencia necesaria para
-instruir a mis nietas? ¿Te reconoces verdadero maestro de lo que ellas
-ignoran?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Señor Conde, yo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Nada, nada: deja a un lado el amor propio, y respóndeme. Olvídate de
-quien soy y de quien eres. Somos dos amigos.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">olvidando las
-categorías</span>.</p>
-
-<p>Pues amigo Albrit, diré a usted... digo, a usía que, tan cierto
-como ese astro es luna, yo no sé una palabra de nada. Sabía, sí, sabía
-mucho, aunque me esté mal el decirlo; pero las desgracias me han
-desconcertado horriblemente el magín. Mi memoria es un desván lleno
-de telarañas. Subo a él en busca de mi sabiduría, y solo encuentro
-retazos deshechos, trastos inútiles... Y como soy hombre de conciencia,
-más de una vez le he dicho a D. Carmelo que busque otro preceptor
-para las niñas... Una sola ciencia, o arte más bien, conservo en mi
-caletre. Es lo único que me queda, en esta dispersión tristísima de mis
-conocimientos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué es?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_316">p. 316</span>D. PÍO</p>
-
-<p>Pues la Mitología. Todo lo he olvidado, menos el admirable y poético
-simbolismo de los griegos... Es raro, ¿verdad? ¿Y a qué debo atribuir
-que se agarre a mi entendimiento la dichosa Mitología? Pues lo atribuyo
-a que en ella todo es falso. En conciencia, señor Conde, yo declaro que
-no puedo enseñar a las niñas más que dos cosas: la reforma de letra,
-por Torío, y la fábula mitológica.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya no tendrás que enseñarles nada, bendito Coronado... Y ahora,
-vamos a mi asunto: tú que las has tratado íntimamente; tú que has
-vivido en contacto con sus inteligencias en capullo, con sus corazones
-virginales, dime: ¿cuál de las dos te parece más noble, más moralmente
-bella, más digna de ser amada?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">meditabundo</span>.</p>
-
-<p>No es tan fácil determinar...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Porque iguales no han de ser. En la Naturaleza no hay dos seres
-enteramente iguales.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Igualdad, en efecto, no hay. Los caracteres son distintos. Vaya
-usted a saber si salen al padre, a la madre, o a los abuelos...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_317">p. 317</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Yo quiero que designes la mejor. Figúrate que una ley ineludible te
-obliga a tomar una y a sacrificar la otra. <span class="acoti">(D. Pío
-se muestra sorprendido y confuso.)</span> Hazte cuenta de que no hay
-más remedio, de que no puedes evadir el dilema terrible.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">rascándose la
-cabeza</span>.</p>
-
-<p>¡Vaya un compromiso! Pues si la cosa es tan por la tremenda, si no
-hay más solución que escoger una... <span class="acoti">(Decidiéndose,
-tras larga vacilación.)</span> Pues... con todas sus travesurillas,
-con toda su inquietud diablesca, y, si se quiere, desvergonzada, la
-preferida es Dolly.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y en qué te fundas para tu preferencia?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">lleno de
-confusiones</span>.</p>
-
-<p>No sé... Hay algo en Dolly que me parece superior a cuanto vemos en
-el mundo. O mucho me equivoco, señor de Albrit, o la engendraron los
-ángeles.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gozoso de encontrar una
-afirmación</span>.</p>
-
-<p>Mi Rafael era un ángel. Soy de tu opinión con respecto a Dolly,
-agudísimo Coronado. Veo que tu inteligencia sabe penetrar en la razón
-y fundamento de las cosas. Y me figuro que tu juicio se funda en
-observaciones...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_318">p. 318</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">con inocencia angelical</span>.</p>
-
-<p>Sí, señor... también. Cuando estuvo aquí toda la familia dos años
-ha, observé en el señor Conde de Laín la misma preferencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">excitado</span>.</p>
-
-<p>¿De veras?... ¿Qué me dices?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Cuando paseaban, que era las más de las tardes, Dolly iba colgadita
-del brazo de su papá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Oh, Coronado ilustre, qué consuelo me das!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">apoyándose en la rodilla de
-Albrit</span>.</p>
-
-<p>Y Nell del de su madre. D. Rafael idolatraba a Dolly.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Dices que hace dos años?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Y antes lo mismo. Después no volvió por aquí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">animadísimo</span>.</p>
-
-<p>Pío, gran Pío, abrázame. La concordancia de tus ideas con las mías,
-me llena de júbilo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con desaliento</span>.</p>
-
-<p>El señor Conde es feliz. Sus nietas le adoran y le dan mil
-consuelos. Yo, en cambio, tengo el infierno en mi casa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_319">p. 319</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">gozoso</span>.</p>
-
-<p>Respira, hijo. Tus infortunios concluirán pronto, gracias a mí, y te
-hartarás de bienaventuranza, y tu bondad podrá explayarse, ser eficaz,
-y servir de ejemplo en el cielo mismo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sorprendido de la animación
-de su amigo</span>.</p>
-
-<p>Parece que está contento el señor Conde.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí... ¡Siento en mí una alegría...! Me río de pensar en la cara que
-pondrán Gregoria y Venancio cuando me vean entrar. Esta noche cenarás
-conmigo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando</span>.</p>
-
-<p>Bueno: así entraré más tarde en casa. Cuando llegue a las tantas, y
-cenado, será ella.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Te acompaño, ¿quieres? y armados los dos con buenas estacas, daremos
-un recorrido a las bribonas de tus hijas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">contagiado del humor festivo
-del Conde</span>.</p>
-
-<p>Por Saturno, padre de los dioses, señor, que eso sería un lindo
-paso. Pero, ¡ay, cómo se vengarían después las muy perras!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">en vena de
-hilaridad</span>.</p>
-
-<p>¡Y ese <i>bon vivant</i> de Carmelo, y el Médico, que creen haberme
-dejado preso en los Jerónimos, figúrate la cara que pondrán...!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">tocando las castañuelas</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí: estará bueno el sainete.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente</span>.</p>
-
-<p>Vamos, vamos, que ya es hora de que nos riamos tú y yo, para
-desenmohecer nuestros espíritus, quitándonos las murrias de esta noche
-lúgubre... Bendito Coronado, padre general de los pelmazos, compendio
-de todos los males que acarrea la bondad, ya mereces la alegría... Ven
-a mi casa.</p>
-
-<p class="acot">(Se agarran del brazo, y apoyándose el uno en el otro,
-se dirigen con incierto paso a&nbsp;la&nbsp;Pardina.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_13">ESCENA XIII</h3>
-
-<p class="acot">Comedor en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">VENANCIO, GREGORIA, SENÉN, disponiéndose a cenar;
-después EL CONDE y D. PÍO. Gregoria pone la mesa.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Me parece mentira que estemos libres de ese estafermo
-insoportable.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¡Ay qué descanso! Ya vivimos otra vez en la gloria. Cenaremos
-tranquilos, y nos acostaremos dando gracias a Dios.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>¿Y estáis bien seguros de que se conformará con el encierro?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>GREGORIA</p>
-
-<p>Y si no se conforma, que llame a Cachán.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Dice D. Carmelo que se quedó dormidito en el coro. Pues como se
-desmande y quiera escabullirse, no faltará quien le sujete; que el
-Prior de Zaratán no es hombre de mieles como nosotros, y las gasta
-pesadas. <span class="acoti">(Óyese la campana de la puerta.)</span></p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">temblando</span>.</p>
-
-<p>¡Jesús me valga!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Ha sonado la campana... Alguien entra... <span class="acoti">(Se
-asoma a la ventana.)</span> Será José María...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">que también se
-asoma</span>.</p>
-
-<p>¡Qué chasco, si fuera Albrit!...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">trémula</span>.</p>
-
-<p>Si me parece que he oído su voz diciendo: «¡Ah de casa!»</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>No puede ser... <span class="acoti">(Mirando afuera.)</span> ¡Rayos
-y jinojos, él es!</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Será un alma del otro mundo...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_322">p. 322</span>SENÉN</p>
-
-<p>Se ha escapado el león...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">entrando; tras él D. Pío,
-que, distraído, conserva su pañuelo a la cabeza</span>.</p>
-
-<p>Sí, aquí está la fiera... Soy yo, mis queridísimos Gregoria y
-Venancio; el propio Albrit, vuestro señor que fue, después vuestro
-huésped. <span class="acoti">(Dirígese con calma al sillón que suele
-ocupar.)</span> Y me acompaña mi buen amigo D. Pío Coronado, a quien
-veis en esa extraña facha porque el aire le privó de su sombrero.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con timidez, quitándose el
-pañuelo</span>.</p>
-
-<p>Perdón les pido... Me retiraré si estorbo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Aquí no estorba nadie... <span class="acoti">(A Venancio y
-Gregoria.)</span> Ya comprenderéis que no vengo a pediros nuevamente
-hospitalidad. Con vuestras groserías me arrojásteis de la Pardina. No
-veáis en mí al pobre importuno que, despedido cien veces, cien veces
-vuelve. No; no entro en vuestra casa; entro en la casa de mis nietas, a
-quienes necesito ver esta noche.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Señor... yo no he arrojado a usía... Es que se creyó que estaría
-mejor en los Jerónimos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Al diablo tú y los Jerónimos!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span>GREGORIA</p>
-
-<p>La santa Virgen nos ampare.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">queriendo meter su
-cucharada</span>.</p>
-
-<p>Lo que quiere decir el señor Conde es que...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente</span>.</p>
-
-<p>Lo que quiero decir es que necesito ver a mis nietas pronto. ¿Dónde
-están? ¿Por qué no han salido a recibirme?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Ha olvidado el señor que las convidó la señora del Alcalde.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">severo</span>.</p>
-
-<p>Que vayan a buscarlas inmediatamente. <span class="acoti">(Gregoria
-y Senén se ofrecen a traer a las niñas.)</span> No, de ti no me fío...
-Tampoco tú eres de fiar... D. Pío, hágame el favor de traerme a Nell y
-Dolly.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">lisonjero</span>.</p>
-
-<p>Iré yo también, para que vea usía con qué solicitud ejecuto sus
-órdenes. <span class="acoti">(Vanse Senén y D. Pío.)</span></p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">haciendo de tripas
-corazón</span>.</p>
-
-<p>El señor querrá tomar algo.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Como no contábamos con usía, nada hay preparado.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_324">p. 324</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Os lo agradezco. Cuando vengan mis nietas decidiré. Tú, Venancio, me
-harás el favor de ir a la Rectoral, y decir a Carmelo que deseo verle
-esta noche.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>El señor Cura estará cenando...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Eso no es cuenta tuya. Haz lo que te digo.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Bien, señor.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>¿Y a mi qué me manda usía?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Que puedes irte a tus quehaceres. Deseo estar solo.
-<span class="acoti">(Apoyando en la mano su cabeza, quédase
-meditabundo.)</span></p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">a su marido, que, al
-retirarse, amenaza con un gesto furtivamente al Conde</span>.</p>
-
-<p>¡Por Dios, Venancio...!</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>¡Otra vez en mi casa...! Yo te juro que mañana no habrá en la
-Pardina más que un león... el de piedra, que está en el escudo. <span
-class="acoti">(Se van.)</span></p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch4_14" title="ESCENA XIV"><span class="pagenum"
-id="Page_325">p. 325</span>ESCENA XIV</h3>
-
-<p class="acotj">Jardín y casa del Alcalde. Al llegar Senén y D. Pío,
-ven y admiran el jardín, iluminado con farolitos de colores colgados de
-los árboles. En la sala baja, cuyas ventanas están abiertas, suena el
-cascabeleo del piano. Óyense desde la calle alegres risotadas, cantos
-juveniles y pataditas de baile.</p>
-
-<p class="acot">LA ALCALDESA, SENÉN; después NELL; mucha y diversa
-gente, pollas y chicarrones de&nbsp;la&nbsp;localidad.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">hablando con la Alcaldesa en
-la puerta de la sala baja, que está de bote en bote</span>.</p>
-
-<p>Sí, señora, que vayan al momento. Nos ha mandado a D. Pío y a mí con
-esta comisión. Al maestro le he dejado en el jardín como un palomino
-atontado. Esta y no otra es la razón de que vengamos a turbar el
-regocijo de su fiesta <i>monocrástica</i>.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">sofocando la
-risa</span>.</p>
-
-<p>Onomástica, Senén.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sin dar su brazo a
-torcer</span>.</p>
-
-<p>En Madrid lo decimos de varios modos. Decimos también <i>fiesta
-morganática</i>.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Bien, hombre, no riñamos por una palabra... Pero no acabo de creer
-que el león se haya escapado de la espléndida jaula de Zaratán.
-Cuando lo sepa José María, ¡bueno se pondrá! ¡Y<span class="pagenum"
-id="Page_326">p. 326</span> D. Carmelo tan confiado en que el Prior se
-daría sus mañas para retenerle!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p><i>Me inclino a creer</i> que no hay quien pueda con Albrit. Para su
-soberbia no se han inventado jaulas ni barrotes bastante fuertes.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Te advierto que las chicas no saben nada de esta conspiración para
-enjaular a su abuelo.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Conviene que lo ignoren.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Es un dolor que ese viejo extravagante las llame en lo mejor de
-la fiesta. ¡Están tan divertidas las pobres! Lo que han gozado esta
-tarde no puedes figurártelo. Entra, y tomarás un dulce y una copa.
-<span class="acoti">(Senén da las gracias, y trata de ganar terreno
-dentro de la sala; pero el apretado gentío se lo impide.)</span> Está
-esto imposible... Pues sí; ahora se ve que a estas infelices niñas de
-Albrit les gusta la sociedad, y que para la sociedad han nacido. Da
-pena verlas hechas unos saltamontes, del bosque a la playa y de la
-playa al bosque, cuando su centro, su atmósfera, como quien dice, es la
-buena sociedad, el dar broma con decoro, y el divertirse lícitamente.
-Esta tarde lo hemos visto. ¡Virgen, lo que han picoteado con Manolo
-y Serafín, los de la confitera! Ellos son saladísimos, llenos de
-picardía, eso sí; pero elegantitos. Estudian en Madrid.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span>SENÉN,
-<span class="acoti">introduciéndose más</span>.</p>
-
-<p>Les conozco.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Van a los estrenos, frecuentan las reuniones, saben de memoria todas
-las tonadillas del género chico, montan en bicicleta...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Son chicos muy simpáticos... Allá veo a Dolly de conversación tirada
-con el tontaina de Tomasín, el del Registrador. Como hay Dios, que le
-está tomando el pelo.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Esa? Es capaz de tomárselo al lucero del alba.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Procure usted, Doña Vicenta, echármelas para acá, y si no
-puede usted a las dos, cójame a la que pueda... que ya es tarde,
-y el león debe de estar impaciente, sacudiendo las melenas.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Intérnase Vicenta. Nell, rompiendo por entre el
-gentío, sofocada, fulgurantes los ojos de la batahola del baile y de
-la excitación de tanto charloteo, va en busca del antiguo criado de su
-casa.)</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Señorita Nell, aquí estoy.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Vaya un fastidio, Senén! ¡Qué poco nos dura el contento! ¿Por
-qué no nos deja el abuelito<span class="pagenum" id="Page_328">p.
-328</span> cenar aquí? ¿Se ha puesto malo? <span class="acoti">(Senén
-deniega.)</span> Pues nos iremos. Espérate un poquito... A ver dónde
-está Dolly.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">en tono de
-protección</span>.</p>
-
-<p>¡Es lástima que las señoritas no disfruten de la sociedad!...
-Pero, según mis <i>informes autorizados</i>, pronto se les acabará el
-aburrimiento y la sosería de este destierro de Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con vivo interés</span>.</p>
-
-<p>«Según tus noticias,» has dicho... Ah, Senén, tú has estado en
-Verola. ¿Hablaste con mamá?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">haciéndose el
-discreto</span>.</p>
-
-<p>Vine esta mañana de Verola. Los vientos que allí corren son que la
-señora Condesa, cuando regrese a Madrid, no dejará a sus hijas en esta
-<i>villa provinciana</i>.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">en alta voz, en medio
-de la sala, dando palmadas</span>.</p>
-
-<p>Aquí no se cabe, señoritas y caballeros. Al jardín, a mi jardín, que
-para eso os lo he iluminado a la veneciana.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Salida impetuosa de la muchedumbre juvenil de
-ambos sexos, y de las personas mayores. La juventud se precipita, toma
-la delantera a los viejos, y se desborda fuera del recinto, ávida de
-mayor y más fresco espacio en que producir su actividad bulliciosa: la
-oleada pasa junto a Senén, pero no le arrastra.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span>NELL,
-<span class="acoti">que permanece en la sala, conteniendo su afán de
-correr también hacia el jardín</span>.</p>
-
-<p>Dime pronto. ¿Te habló mamá? ¿Nos llevará consigo? <span
-class="acoti">(Senén afirma.)</span> ¿Pero es verdad, o suposiciones
-tuyas? ¿Vuelve mamá por aquí?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Seguramente. Dentro de unos días... Hay allí mucha grandeza,
-marqueses y duques.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Y eso qué...?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">como quien recela decir lo
-que sabe</span>.</p>
-
-<p>La señora no podrá... En fin, no sé. Eso depende...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">inquieta</span>.</p>
-
-<p>Habla pronto; dime lo que sepas, o me voy.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>No podré <i>comunicar</i> nada a la señorita si no tiene un
-poquitín de paciencia. <span class="acoti">(Nell quiere conducirle al
-jardín.)</span> Mejor hablamos aquí. Ya ve la señorita que nos hemos
-quedado solos.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">en quien por el momento puede
-más la curiosidad que el anhelo de divertirse</span>.</p>
-
-<p>Bueno: pues aquí me estoy.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Por esta noche, me limito a <i>consignar</i>... y esta es
-noticia adquirida en los centros oficiales...<span class="pagenum"
-id="Page_330">p. 330</span> que la señora Condesa ha decidido presentar
-a sus niñas en sociedad.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Tú me engañas, Senén maldito. ¡Oh! Pues si eso fuera verdad, y
-acertaras... vamos, te regalaría yo muy pronto un alfiler de corbata
-mejor que ese que llevas... ¿Hablas en broma?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">radiante de
-fatuidad</span>.</p>
-
-<p>Hablo con toda la seriedad propia de mi carácter. Y si la señorita
-me promete guardar secreto, le diré otra cosa. Pero ha de asegurarme
-que esto no saldrá de entre los dos... ¿Palabra?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Palabra... y el alfiler si resulta que no me engañas. <span
-class="acoti">(Senén remusga, haciéndose de rogar.)</span> Maldito,
-habla de una vez... Vamos, no sé qué te haría.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Queda entre los dos... No fastidiar... Pues... quieren casar a la
-señorita...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">vivamente, poniéndose muy
-encarnada</span>.</p>
-
-<p>¡A mí!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>A usted... con el primogénito de los Duques de Utrech... Ya sabe:
-Paquito Utrech, Marqués de Breda... lleva ese título hace seis meses.
-¡Vaya un partido! ¡Rico él, elegante él, guapo él!...</p>
-
-<p class="rolh"><span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span>NELL,
-<span class="acoti">afectando incredulidad y conteniendo la risa,
-para que no le salga al rostro el contento, que, no obstante, sale a
-borbotones</span>.</p>
-
-<p>¡Vaya unos embustes que te traes! Quita allá... ¿tú crees que yo soy
-tonta?... No me digas esas cosas si no quieres que te...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">llamando desde el
-jardín</span>.</p>
-
-<p>¡Nell, Nell!</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Aquí estamos... Voy. <span class="acoti">(Corre al jardín, y Senén
-tras ella.)</span></p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Hija, no sé dónde se ha metido tu hermana. Hace un momento estaba
-aquí...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">llamando</span>.</p>
-
-<p>¡Dolly!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Vámonos pronto.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Preguntando en los corros, se averigua que Dolly
-hablaba momentos antes con D. Pío, y... no se sabía más.)</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Se habrá ido con él.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sin duda. En la Pardina la encontraremos.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Despídese Nell, y sale con Senén, a punto que
-entra el señor Alcalde, bufando. Viene de la sesión del Ayuntamiento,
-que ha sido borrascosa. Sus colegas le han hecho el desaire de rechazar
-la moción, por él presentada, para que a la calle de <i>Potestad</i> se
-le cambie el nombre, llamándola <i>Calle del Siglo XIX</i>.)</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch4_15" title="ESCENA XV"><span class="pagenum"
- id="Page_332">p. 332</span>ESCENA XV</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">Comedor en la Pardina.</p>
-
-<p class="acotj mt1">EL CONDE, en la propia actitud en que quedó al
-final de la escena XIII. Llegan sucesivamente DOLLY con DON PÍO, NELL
-con SENÉN; VENANCIO y GREGORIA, EL CURA, EL ALCALDE.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">oyendo ruido</span>.</p>
-
-<p>Ya vienen.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">entrando presurosa</span>.</p>
-
-<p>¡Abuelito de mi alma... aquí, tan solito, y nosotras de fiesta!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p>
-
-<p>Alma mía, paréceme que hace un siglo que no te veo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sofocadísimo</span>.</p>
-
-<p>En cuanto le dije que usía la llamaba, le faltó tiempo para echar a
-correr.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Hija querida!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Ni siquiera se despidió de Doña Vicenta. Me ha traído ¡ay! como si
-viniéramos a apagar un fuego.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y Nell?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_333">p. 333</span>DOLLY</p>
-
-<p>Por no detenerme no me cuidé de buscarla entre el tumulto.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Ya me parece que llega.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">entrando, seguida de
-Senén</span>.</p>
-
-<p>Albrit... ¿qué ocurre? ¿Qué le pasa al primer caballero de España,
-mi ilustre abuelo?</p>
-
-<p class="acot">(Gregoria y Venancio aparecen por el fondo.)</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sorprendido del lenguaje
-ceremonioso que usa Nell</span>.</p>
-
-<p>Chiquilla, desde que no nos vemos has estudiado más de lo que
-creí... has adelantado prodigiosamente en la ciencia del mundo.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Has paseado mucho...?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">acariciando al
-abuelo</span>.</p>
-
-<p>Demasiado... ¡Pobrecito! ¡Cómo habíamos de permitir tal infamia si
-la hubiéramos sabido!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sorprendida</span>.</p>
-
-<p>¿Pues qué ocurre?</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Entra el Cura, un tanto cohibido. No sabe a quién
-dirigirse primero, si a las niñas o al Conde.)</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>D. Carmelo te lo dirá.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_334">p. 334</span>EL CURA</p>
-
-<p>Niñas mías, podéis creer que al llevarle a Zaratán nos guiaba el
-deseo de aposentarle dignamente. Creía y sigo creyendo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que sale generosamente a
-la defensa del Cura</span>.</p>
-
-<p>No te apures, Carmelo, por sincerarte. Estas tontuelas no están
-bien enteradas. Todo se reduce a que me llevásteis a dar un paseo en
-coche, y yo tuve la humorada de volverme a pie en compañía del buen
-Coronado.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">que entra presuroso,
-dando resoplidos</span>.</p>
-
-<p>Me lo temía, sí... me lo temía. El señor Conde se nos ha vuelto un
-chiquillo...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">animándose con el refuerzo
-del Alcalde</span>.</p>
-
-<p>Y desconoce el grandísimo bien que hemos querido hacerle.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">con
-petulancia</span>.</p>
-
-<p>¡Vamos, que fugarse del Monasterio! No he visto otra... ¡Desmentir
-así su respetabilidad!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con jovialidad
-desdeñosa</span>.</p>
-
-<p>Amigo Monedero, no es lo mismo hacer fideos que encerrar leones.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">quemado</span>.</p>
-
-<p>En una y otra cosa, Sr. de Albrit, me tengo por hombre que sabe su
-obligación.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_335">p. 335</span>EL CONDE</p>
-
-<p>No la sabe muy bien cuando tan mal le ha salido esta tentativa.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">interviniendo
-pacíficamente</span>.</p>
-
-<p>Permítame, señor Alcalde...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">echando
-roncas</span>.</p>
-
-<p>Digo y repito que sé mi obligación, y que no necesito que nadie me
-enseñe a sujetar a los que no deben estar sueltos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desprecio</span>.</p>
-
-<p>No te conozco... No puedo ver en esas arrogancias al buen Pepe
-Monedero, servidor que fue de mi casa, cuando aquí, siguiendo las
-tradiciones de mi santa madre, consagrábamos parte de nuestra hacienda
-al socorro de los desvalidos.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p>
-
-<p>Pues si usted me desconoce, le diré...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No te empeñes en ello. No te conozco. Sobre que no veo bien, la
-ingratitud desfigura los rostros...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No sea usted ingrato, D. José María.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">reventando de
-vanidad</span>.</p>
-
-<p>Haga usted entender a su señor abuelo que soy el Alcalde de
-Jerusa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span>DOLLY,
-<span class="acoti">estallando en ira, con gallarda fiereza</span>.</p>
-
-<p>Pues al Alcalde de Jerusa, y al Cura de Jerusa, y a todos los
-alcaldes y a todos los curas habidos y por haber en el mundo, les
-digo yo que es una oficiosidad inicua lo que han querido hacer con mi
-abuelo...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Pero tú...?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>¡Esta mocosa...! Usted...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">creciéndose a cada
-palabra</span>.</p>
-
-<p>Sí, señor, yo... yo misma. Han faltado al respeto que merece el
-noble desvalido, el anciano, el padre de Jerusa, el que no debiera
-entrar en estos valles y en este pueblo sin que antes las piedras se
-levantaran para bendecirle, y hasta los árboles se arrodillaran para
-adorarle... ¿Por qué queréis privarle de libertad? No padece más locura
-que el cariño que nos tiene; y si los que se han criado a su sombra le
-menosprecian o le ultrajan, aquí estamos nosotras, sus nietas, para
-enseñar a todo el mundo la veneración que se le debe.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">en pie, cruzando las
-manos</span>. <span class="acoti">(La emoción le ahoga.)</span></p>
-
-<p>¡Señor, Señor, ella es... es la mía...! Su noble fiereza lo
-declara... <span class="acoti">(Vuélvese a Coronado, que está junto a
-él.)</span> Esta, esta... la mía.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_337">p. 337</span>EL
-CURA, <span class="acoti">que ha permanecido junto a Nell</span>.</p>
-
-<p>Cálmate, hija mía: tratábamos de mejorar su situación...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¡Vaya un geniecillo!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">corriendo al lado del
-Conde</span>.</p>
-
-<p>Abuelito querido, sosiégate. Creyeron que en Zaratán tendrías mejor
-albergue que aquí... Y no me parece mala idea, francamente, porque si
-nosotras nos vamos con mamá...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con dulzura un poco seca,
-sin rechazar sus caricias</span>.</p>
-
-<p>Sí: tú, tú puedes marchar cuando quieras.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sin comprender</span>.</p>
-
-<p>Se acabó la cuestión... Ahora descansas... Antes se te dispondrá la
-cena. Dolly, démosle de cenar.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Podría venir a mi casa...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Pero si está en la nuestra!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Dígolo porque... Bien sabéis que las desavenencias de estos días han
-creado cierta incompatibilidad entre el señor Conde y Venancio...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span>NELL</p>
-
-<p>¡Incompatibilidad!... Estamos en nuestra casa.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">adelantándose, seguido de
-Gregoria</span>.</p>
-
-<p>Perdone la señorita. Las señoritas, lo mismo que el señor Conde,
-están en mi casa.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">acobardada</span>.</p>
-
-<p>Es verdad; pero...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Qué dices...?</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Digo que, a pesar de todo, por esta noche le alojaremos y le
-serviremos.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">con brioso
-arranque</span>.</p>
-
-<p>¿Cómo se entiende? ¡Por esta noche! Por esta y por todas las noches
-del mundo, mientras nosotras estemos aquí. La casa es tuya, es verdad;
-pero somos tus amas nosotras, mi hermana y yo: somos tus amas, ¿lo
-entiendes bien? A excepción de esta huerta, las tierras que cultivas
-y que tienes en arrendamiento casi de balde, o en administración,
-nuestras son, nuestras. Somos las herederas de la casa de Laín, y
-tú, Venancio, y tú, Gregoria, servís a mi abuelo, no por caridad,
-que caridad está visto que no tenéis, sino porque yo os lo mando,
-¿lo entendéis bien? yo os lo mando... <span class="acoti">(Repite el
-concepto con firme autoridad.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span>VENANCIO</p>
-
-<p>La que manda... es...</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>La señora Condesa.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">altanera</span>.</p>
-
-<p>Silencio. A disponer la cena... <span class="acoti">(A
-Gregoria.)</span> Tú a la cocina... de cabeza... El Conde de Albrit
-vive con sus nietas. No nos tenéis de limosna... Cenará aquí,
-cenaremos los tres aquí <span class="acoti">(Da un fuerte golpe en la
-mesa)</span>, en esta mesa. Dormirá en su aposento, que para eso se lo
-arreglé yo misma esta tarde. Y si no queréis ir a la cocina, iré yo...
-Y si habéis descompuesto la alcoba, irá Nell a arreglarla... Pronto,
-vivo... <span class="acoti">(A Venancio y Gregoria.)</span> A poner la
-mesa... Señores, se les convida.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">con desvío</span>.</p>
-
-<p>Gracias.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Pero, chiquilla, tú...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Yo... Me basto y me sobro. Nieta soy de mi abuelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con inmensa ternura y
-entusiasmo, abrazándola</span>.</p>
-
-<p>¡Sí, sí!... ¡Sangre mía, corazón de Albrit!</p>
-
-
-<p class="fin">FIN DE LA JORNADA CUARTA</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch5_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span></p>
- <h2 class="nobreak">JORNADA QUINTA</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h3>ESCENA PRIMERA</h3>
-
-<p class="acot">Sala baja en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, sentado; EL MÉDICO, que entra a visitarle, y
-se sienta a su lado.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¿Qué tal, señor Conde? ¿Ha pasado usted mala noche?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Malísima... Insomnio, ideas lúgubres, ideas de exterminio; cosa
-nueva en mí, pues aunque de genio impetuoso y autoritario, nunca hice
-mal a nadie. Al contrario, mi ruina proviene del...</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span
-class="acoti">interrumpiéndole</span>.</p>
-
-<p>Ya lo sé: del altruismo desordenado, de no saber contenerse en la
-generosidad y protección a todo bicho viviente.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con amargura</span>.</p>
-
-<p>He cultivado la ingratitud. En el jardín de mi vida, las rosas que
-planté se me han convertido en zarzales, y entre ellos... no faltan
-culebras.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_342">p. 342</span>EL
-MÉDICO, <span class="acoti">pulsándole</span>.</p>
-
-<p>Tenemos que enfrenar los nervios, y, sobre todo, cerrar la llave, el
-grifo de la ideación, demasiado afluente.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Facilillo es eso... ¡Tasarle a uno las ideas o medírselas con
-cuenta-gotas!</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Todo depende de que usted trate de contener su vida cerebral en
-los límites de lo presente, de lo práctico, y, si se quiere, de lo
-prosaico. ¿Me explico?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, hijo, sí. Entiendes por poesía la idea exaltada del honor, de la
-justicia. Es un rodeo parabólico para evitar el empleo de la palabra
-locura. <span class="acoti">(El Médico deniega, risueño.)</span> ¡Y
-queríais curarme con la prosa de Zaratán!</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">cortando todo motivo de
-excitación</span>.</p>
-
-<p>No se hable más de eso. Considérelo usted como una broma. Y si
-me apura, le diré que nos equivocamos... en el procedimiento, se
-entiende... <span class="acoti">(El Conde intenta decir algo; pero
-Angulo, que considera peligroso aquel tema, le quita la palabra
-cortesmente.)</span> ¡Sí... la libertad, la preciosa libertad!...
-Estamos conformes... Ahora explíqueme usted por qué le encuentro hoy
-más desanimado y caviloso que otros días.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_343">p. 343</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Pero estás en Belén? ¿Ignoras que Lucrecia ha vuelto de Verola... y
-que viene de mal talante, y con la malvada intención de llevarse a las
-niñas?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>En su buen juicio, no desconocerá usted que las señoritas necesitan
-otro ambiente, otra sociedad...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">afligidísimo</span>.</p>
-
-<p>¡Privarme del único consuelo de mi vida! No, no lo consiento, no
-puedo consentirlo. <span class="acoti">(Airado, golpea el brazo del
-sillón.)</span> Me opongo, me opondré resueltamente, y por cualquier
-medio, al inicuo monopolio que esa perversa quiere hacer del cariño
-filial.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Sosiéguese... Ya trataremos de arreglarlo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí... ¡Buenos arregladores sois vosotros! ¡Qué amigos me han
-salido en esta tierra, donde creí haber arrojado a manos llenas
-simiente de bendiciones!... ¡Pero qué remedio!... No puedo hacer que
-las piedras se vuelvan amigos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">entrando jovial, de
-rondón</span>.</p>
-
-<p>¿Qué... qué dice? ¡Ya nos está poniendo de hoja de perejil! <span
-class="acoti">(El Conde le mira y calla.)</span> ¿Qué ocurre por aquí?
-Me dicen que el señor Conde desea verme...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_344">p. 344</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, Carmelo... Caigo, me hundo, y en mi desolación me agarro a lo
-único que encuentro: a las piedras, a vosotros.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Comprendido: se agarra a lo firme, a lo que seguramente le
-sostendrá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con tristeza</span>.</p>
-
-<p>No sois buenos, no... <span class="acoti">(El Cura sonríe, y hace
-señas al Médico.)</span> Pero no está el tiempo para disputas, Carmelo.
-No eres bueno; pero te necesito.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">risueño</span>.</p>
-
-<p>Quiere decir que soy un mal necesario.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">impaciente por entrar en
-materia</span>.</p>
-
-<p>Dos palabras: te perdono lo de Zaratán, y a ti también, Angulo.
-Olvido la pesada broma, a condición...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>A condición de que hagamos comprender a la Condesa que es una triste
-gracia arramblar con las niñas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">dolorido</span>.</p>
-
-<p>Es inicuo, cruel...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Pero como a Lucrecia no le faltan motivos razonables para presentar
-a sus hijas en sociedad,<span class="pagenum" id="Page_345">p.
-345</span> a las manifestaciones que le hagamos en el sentido que
-pretende nuestro arrogante león de Albrit, contestará mandándonos a
-paseo. La cosa es tan lógica, tan sencilla, tan racional...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>Vete a verla, Carmelo; vete allá...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Si de allá vengo! Pero no ha querido recibirme. Ni las moscas pasan
-a verla. Según me ha contado Vicenta, viene la Condesa de Laín en un
-estado moral lastimoso. Algo ha ocurrido en Verola que la contraría,
-que la aflige profundamente. ¿Qué ha sido? Lo ignoramos. Dicen que está
-abatidísima, los ojos encendidos de tanto llorar, y la pena que agobia
-su alma la desahoga con los pobres pañuelos, haciéndolos trizas con los
-dientes.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con hondo
-interés</span>.</p>
-
-<p>¿Y qué creéis vosotros? ¿Ese estado de su ánimo será favorable o
-adverso a lo que yo pretendo?</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Antes de responder, sepamos la causa de ese duelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sea lo que quiera, tú, <i>pastor Curiambro</i>, vuelves allá. Le
-dices que vas de parte mía...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_346">p. 346</span>EL CURA</p>
-
-<p>¿De parte del león?... Razón más para que me dé con la puerta en los
-hocicos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No lo creas. Vas como representante de Albrit, para proponerle una
-transacción o componenda.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Ya me figuro. Puesto que se disputan las dos niñas... a dividir. Es
-un juicio harto más fácil que el de Salomón.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Partes iguales. No está mal pensado.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran viveza</span>.</p>
-
-<p>Ni puede concebirse solución más práctica y elemental. Una para
-ella, otra para mí... Pero es condición precisa que yo escoja la
-mía.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Sí, sí. Con proponérselo nada perdemos. Falta que se ponga al habla,
-y que yo pueda hoy dedicar mi tiempo a estos negocios. Señor Conde,
-esta noche predico.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya tendrás tu sermón bien guisado... Preséntate a Lucrecia... pero
-pronto... No te descuides.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_2" title="ESCENA II"><span class="pagenum"
-id="Page_347">p. 347</span>ESCENA II</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, EL CURA, EL MÉDICO, DOLLY</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">quitándose el
-sombrero</span>.</p>
-
-<p>Aquí me tienen otra vez.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Y tu mamá, está mejor?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Un poquito más sosegada. <span class="acoti">(Al Conde.)</span>
-Como no podemos atender a las dos casas a un tiempo, hemos determinado
-partirnos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con alborozo</span>.</p>
-
-<p>¿Os partís?... De eso hablábamos, hija mía.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Allá se queda Nell con mamá, y yo me vengo a la Pardina para
-cuidarte a ti.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Lo veis? Su grande inteligencia, sin ninguna sugestión de mi parte,
-percibe y pone en ejecución la componenda lógica.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Yo dudo que...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">inquietísimo</span>.</p>
-
-<p>¿Dudas?... Oh, Carmelo, no me quites la esperanza, no aumentes mi
-congoja. ¿Te ríes?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span>EL
-CURA</p>
-
-<p>Sr. D. Rodrigo de mi alma, ni he dicho nada, ni me he reído, ni haré
-más que cumplir fielmente sus órdenes. Vuelvo allá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">desconcertado, variando de
-pensamiento a cada instante</span>.</p>
-
-<p>No, no vayas; aguarda... Sí, sí, vete y dile...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿En qué quedamos?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">decidiéndose</span>.</p>
-
-<p>En que vas. Pero te limitas a anunciarle que yo la visitaré hoy
-mismo para tratar con ella de un asunto de familia. Cosas tan delicadas
-no puedo fiarlas a nadie. <i>Tête à tête</i> la pantera y el león, yo
-propondré...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y puede que la convenza, sí, señor... Hay panteras razonables. <span
-class="acoti">(Se aparta y habla con Dolly.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO, <span class="acoti">despidiéndose</span>.</p>
-
-<p>Luego volveré. Supongo que seguirá usted en la Pardina.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>De ningún modo. No me faltará hospitalidad en cualquiera de las
-casas de labor, o de las cabañas que fueron mías. En Forbes, en Polan y
-Rocamor, todos mis antiguos colonos están deseando que el viejo Albrit
-llegue a su puerta,<span class="pagenum" id="Page_349">p. 349</span>
-pidiéndoles un pedazo de pan y un albergue humilde. Verdad que en
-ninguna de estas casas hallaré las comodidades de la Pardina. Pero
-no me importa; prefiero guarecerme en la última choza de pastores, a
-soportar aquí la estolidez egoísta de estos ingratos. A otra parte con
-mis huesos. Iré de puerta en puerta, con la esperanza de encontrar un
-corazón noble, un alma cristiana...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Bueno; pues... ya vendré con la respuesta.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Aquí te aguardo.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>Hasta luego.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">aparte al Médico,
-retirándose ambos</span>.</p>
-
-<p>Al fin, nuestra pobre fiera apencará con Zaratán.</p>
-
-<p class="rol">EL MÉDICO</p>
-
-<p>¡Si es lo mejor!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Lo único, señor, lo único! <span class="acoti">(Salen
-hablando.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Abuelito, tengo que decirte una cosa. Que te quiero mucho, mucho.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con viva ternura,
-abrazándola</span>.</p>
-
-<p>¡Corazón grande!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_350">p. 350</span>DOLLY</p>
-
-<p>Y vas a saber otra cosa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">poniendo el
-oído</span>.</p>
-
-<p>¿Es también secreta?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">amorosa</span>.</p>
-
-<p>Sí, muy reservada... Que no se entere nadie. Quiero seguir tu
-suerte. Si pasas trabajos, yo también... Si vas de puerta en puerta,
-como dices, también yo... Yo contigo, siempre contigo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con intensa
-emoción</span>.</p>
-
-<p>¡Señor, qué alegría!... ¡Compensación hermosa de mis infortunios!
-Todo lo que padecí, quebrantos de fortuna, humillaciones, pérdida de
-seres queridos, se contrapesa con este inmenso galardón de tu cariño,
-que Dios me da sin yo merecerlo... <span class="acoti">(Abrazándola y
-besándola con efusión.)</span> ¿Pues qué merezco yo, que nada soy, que
-nada valgo ya?... Dios da la bienaventuranza en esta vida, ya lo veo...
-a mí me la da. No necesita uno morirse, no, para entrar en el cielo...
-<span class="acoti">(Pausa.)</span></p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>En la prosperidad o en la desgracia, abuelito, tu Dolly no te
-abandonará.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con majestuosa solemnidad,
-levantándose</span>.</p>
-
-<p>Y yo, por el nombre de Albrit, por los gloriosos emblemas de
-mi casa, por todos y cada uno de los varones insignes y de las
-santas<span class="pagenum" id="Page_351">p. 351</span> mujeres que de
-ella salieron, asombro y orgullo de las generaciones; por la conciencia
-del honor y de la verdad que Dios puso en mi alma, por Dios mismo, juro
-que antes me harán pedazos que arrancar de mi lado a la que es luz,
-consuelo y gloria de mi vida.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_3">ESCENA III</h3>
-
-<p class="acot">Jardín del Alcalde.</p>
-
-<p class="acot">EL ALCALDE, en zapatillas, con batín de vistosos
-cordones, como un húsar; LA ALCALDESA, EL CURA, SENÉN.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">que acaba de
-entrar</span>.</p>
-
-<p>Aquí otra vez; mas ahora no vengo por mi cuenta. <i>Mensajero soy,
-amigo...</i></p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Ya, ya... Alguna nueva <i>leonada</i>.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Pero qué quiere ese hombre?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">en jarras</span>.</p>
-
-<p>Ya me va cargando a mí ese fantasmón, que, después de todo, no es
-más que un desagradecido, pues bien podía mirar que, enchiquerándole
-en Zaratán, le dábamos más de lo que merece la polilla de sus
-pergaminos... Agradezca que da con un hombre de mi pasta... <span
-class="acoti">(No se refiere a la de sopa.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span>EL CURA</p>
-
-<p>Amigo mío, hay que respetar las grandezas caídas.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Pues digo... ¡los moños que se puso anoche, María Santísima!...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Hijo, como no somos aristócratas...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y hay más. Bien sabía el vejete que ayer celebrábamos tu fiesta
-<i>monástica</i>...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Onomástica.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y ni un recado de atención, ni una fineza... Pues digo, la niña
-segunda, esa Dolly, ha heredado el tupé y la caballería andante o
-cargante de todos los Albrites y Laínes del obscurantismo. ¿Pues no se
-me subió a las barbas la muy mocosa? ¡Si la hubieras oído, Vicenta!...
-Y todo ello cuando acabábamos de atracarla de dulces y de atenciones,
-aquí, en tu fiesta <i>numismática</i>.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Ono... mástica.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_353">p. 353</span>EL
-ALCALDE, <span class="acoti">bufando</span>.</p>
-
-<p>Lo mismo da... Sacan ahora unas palabras que le vuelven a uno
-loco... Acabaremos por tener que hablar por señas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Lo de anoche, mi querido Monedero, ha perdido su interés con la
-vuelta repentina de la Condesa en ese estado de tribulación que ustedes
-me pintaron esta mañana.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Lo que digo a esta: menudo <i>jollín</i> habrán armado en Verola los
-duques y marqueses...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a la Alcaldesa</span>.</p>
-
-<p>¿Y no se espontanea con usted, no le cuenta...?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Ni una palabra.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Este tunante de Senén debe de saber algo. Pero ahora, desde que
-ha dado en tener <i>bouquet</i>, como el vino de Burdeos, se nos ha
-vuelto tan reservadillo, que ni con saca-corchos se le destapa la
-boca. <span class="acoti">(Los tres miran hacia un cenador, cubierto
-de madreselvas, en cuyo interior está Senén, sentado, tristón, mirando
-al suelo.)</span> Tú, funcionario, ven acá... o te voy a poner en mi
-jardín de estatua de la Hacienda pública esperando un ministro.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_354">p. 354</span>LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Desde las ocho de la mañana le tiene usted ahí, esperando audiencia
-de la que fue su ama.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">destemplado,
-acercándose</span>.</p>
-
-<p>Ya he dicho que no sé nada.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>No negarás que estuviste en Verola.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Qué personas de viso había en el castillo de Donesteve?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Anda, anda... ¿quién las puede contar?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>¿A que no faltaba el Marqués de Pescara?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Llegó el lunes, y con él los Duques de Utrech y sus hijos; y el
-martes otros, y otros...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Viste a la Condesa?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Sí, señor... Cuatro minutos nada más.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Qué cara tenía?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_355">p. 355</span>SENÉN</p>
-
-<p>La de siempre: la bonita.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Pues si no nos das más noticias, debemos decirte que nos devuelvas
-el dinero.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Este es muy cuco y no se compromete.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">viendo entrar en el
-jardín a Consuelito con medio palmo de&nbsp;lengua&nbsp;fuera</span>.</p>
-
-<p>Aquí viene Consuelito, y en la cara le conozco que no ha perdido el
-tiempo. Trae comidilla.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Con tal que no sea fiambre...</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_4">ESCENA IV</h3>
-
-<p class="acot">LOS MISMOS; CONSUELITO</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">gozosa</span>.</p>
-
-<p>Ya estoy de vuelta, y con las alforjas bien repletas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿La de la espalda?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Las dos... Sois unos mandrias, que aguantáis sin rascaros la comezón
-de la curiosidad. Yo no puedo: o averiguo lo que no sé, o reviento.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_356">p. 356</span>EL
-ALCALDE</p>
-
-<p>¿Sabes algo, maestra?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>¿Cómo algo?</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Y algos.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>No me ofendáis suponiendo que sé las cosas a medias. No: Consuelo
-Briján, o las ignora por entero, o las sabe de cabo a rabo; y todo,
-todito lo que pasó ayer en Verola lo conoce ya... y vosotros...
-ni palabra... y estáis rabiando porque yo os lo cuente: de donde
-resulta que sois tan curiosones como yo; pero hipócritas al propio
-tiempo, porque os regaláis con la fruta que buscan los que llamáis
-chismosos... ¡Ay, dejadme que me siente!... estoy cansadísima...
-he venido volando para contaros... No, no: punto en boca. Ahora me
-vengo de los hipocritones, negándome a darles la golosina... <span
-class="acoti">(Gozándose en la ansiedad de los que la rodean.)</span>
-No, no: no digo nada. Sois más fisgones que yo, y más ávidos del
-escándalo ajeno que yo... Mira, mira los ojos chispos del Alcaldillo...
-Y el curita... cómo se relame esperando el dulce... Pues me callo...
-Soy muy discreta... No me gusta meterme en vidas ajenas. <span
-class="acoti">(Con énfasis cómica.)</span> Es pecado; es falta de
-caridad, de delicadeza... Cada cual se las arregle para buscar la
-comidilla, que a mí mi trabajito me ha costado sacarla de las entrañas
-de la tierra. ¡Ahora se fastidian, se fastidian!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span>EL ALCALDE</p>
-
-<p>Vaya, no marees, y dinos lo que sepas.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¿Pero cómo puede usted saber...? ¿Acaso tiene espías en Verola?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Los tiene en todas partes. Son corresponsales que le escriben, y
-hasta le ponen telegramas.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Espías, no; pero tengo mi representación en Verola. ¿Cómo no,
-habiendo allí tanta gente gorda de la que da que hablar, y estando
-además Lucrecia, que por sí se basta y se sobra para dar materia a
-setenta corresponsales?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Pues suelta la sin hueso. Abre la espita. ¿Qué ha ocurrido?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">sin poder contenerse</span>.</p>
-
-<p>Una bronca fenomenal. Lucrecia ha reñido con el Marqués de Pescara,
-el cual, en una entrevista que tuvieron en la estufa, debió de
-insultarla... ¡Cosas tremendas, señores, que ponen los pelos de punta!
-¡Qué tal habrá sido la gresca, que de ella resultó desafío...!</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Dios nos asista.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_358">p. 358</span>CONSUELITO</p>
-
-<p>La conducta del de Pescara no le pareció bien al Duquesito de
-Malinas... Que si esto, que si lo otro, que patatín y que patatán.
-Salieron desafiados para la frontera, donde a estas horas se habrán
-disparado el uno al otro la mar de tiros.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Pero la causa, el porqué de toda esa zaragata...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Vete a saber. Probablemente celos...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Algún motivo daría Lucrecia para que el Marqués echara los pies por
-alto.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>No habrá sido la Condesa quien ha dado el motivo, sino el Marqués,
-que hace tiempo venía faltando...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>¡Ah! tunante; luego tú sabes... Permítame la señora Doña
-Consuelo Briján que ponga en cuarentena todo ese folletín de <i>La
-Correspondencia</i> que acá nos trae...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Mis informaciones, Sr. D. Carmelo, son siempre <i>competentemente
-autorizadas</i>, y proceden...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span>EL CURA</p>
-
-<p>De chismes de lacayos o marmitones.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Eso no: el corresponsal de mi prima en Verola es un punto que sabe
-su obligación.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Tadea, la planchadora de los Donesteve.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Y que no se descuida. Larga unas cartas de seis pliegos, llenos de
-garabatos, que parecen una alambrera. Esta sola los entiende.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Y que no se le escapa nada. Antes de la gresca, los Donesteve y
-Lucrecia habían concertado casar a Nell con el Marquesito de Breda,
-primogénito de Utrech.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Buena boda. ¿Y a Dolly?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Seguían los tratos para apalabrarla con el hijo segundo.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Eso se llama barrer para adentro.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Y qué más?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span>CONSUELITO</p>
-
-<p>La noticia gorda, la bomba final... ¡Ah! esa no te la digo si no me
-la pagas en lo mucho que vale.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>¿Qué quieres por ella?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Me has de dar el tarro de dulce de coco con batata que recibiste
-ayer de la confitería. Ya sabes que me muero por el coco.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">a carcajadas</span>.</p>
-
-<p>Golosa había de ser.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Está bueno. ¡Que le den el dulce por las mentiras!</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">poniendo morros</span>.</p>
-
-<p>Pues si no me lo dan, no hay caso. No suelto una palabra.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Hija, no: lo que es el coco, no lo catas...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Pues no cataréis vosotros la miel que tanto os gusta... ¿Ves, ves al
-curita cómo se relame?...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_361">p. 361</span>EL
-CURA, <span class="acoti">riendo</span>.</p>
-
-<p>Vicenta, dele usted el tarro, ¡por San Blas! porque si no se lo dan,
-no habla; y si no habla, revienta.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Bueno; le cederé la mitad.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Anda, cicatera... Pues la noticia es que a Lucrecia le dieron como
-unos siete ataques espasmódicos, seguiditos.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Bah, bah...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Espérate... Y se tiró de los pelos, y se abofeteó a sí misma,
-diciéndose por su propia boca muchas más abominaciones que han dicho de
-ella las bocas de los demás.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA</p>
-
-<p>Principio de arrepentimiento.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Como que reconocía que por haber sido ella tan alegre de cascos,
-pasan estas trifulcas. Y consternada, medrosa del infierno, volvió
-los ojos a la verdad, y... vamos, que se le ocurrió confesarse. <span
-class="acoti">(Estupor general.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">oficiosamente, a la
-Alcaldesa</span>.</p>
-
-<p>Pásele usted recado, Vicenta. Dígale que estoy a sus órdenes.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span>CONSUELITO</p>
-
-<p><i>Tarde piache.</i> Desde Verola mandó un propio a Zaratán.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Sí, hombre... Hace dos años, se confesó también con Maroto. Por
-cierto que dijimos: «Ya no volverá a las andadas.» Pero al poco
-tiempo... ¡trómpolis! Lo que hacen estas: vaciar de pecados viejos
-la conciencia, para hacer hueco, y poder ir estibando los pecados
-nuevos.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p>
-
-<p>Pero entendámonos: ¿mandó aviso a Maroto anunciándole que ella iría
-a Zaratán, o le suplicaba que fuese él a Verola?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>La carta no lo puntualiza. Está escrito en una postdata, momentos
-antes de salir el peatón.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Bueno; y después de todo, ¿qué nos importa? La especie de la
-confesión apenas vale un cuarto kilo de dulce.</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">cejijunto</span>.</p>
-
-<p>Sí vale, sí... En fin, Vicenta, hágame el favor de decir a la
-Condesa...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Al momento voy. <span class="acoti">(Entra en la casa.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span>EL
-ALCALDE, <span class="acoti">oyendo la campana que anuncia entrada
-de visitante por la puerta principal del jardín, al lado opuesto
-de&nbsp;la&nbsp;casa</span>.</p>
-
-<p>¿Quién entra?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">que ha corrido a
-enterarse</span>.</p>
-
-<p>¡D. José, D. José!...</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>¿Quién es?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>El Prior de Zaratán.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Que pase a la sala... ¡Y me coge en zapatillas!...</p>
-
-<p class="rol">EL CURA, <span class="acoti">de mal talante</span>.</p>
-
-<p>Yo le recibiré.</p>
-
-<p class="acotj mt1">Momentos de confusión. El Padre Maroto y el
-cogulla que le acompaña son recibidos por D. Carmelo. Preséntase luego
-el Alcalde; baja la Alcaldesa; median las cortesanías usuales. Sube el
-Prior a la estancia de la Condesa. Salen nuevamente al jardín los demás
-personajes, entre ellos el monje, a quien anuncia Monedero que el señor
-Prior y la compañía comerán en su casa. Alega D. Carmelo mejor derecho
-y significación, que los Monederos reconocen. Después, Consuelito
-entretiene con ameno coloquio al monje.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Yo espero que después de la confesión recibirá a los amigos.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span>EL
-CURA, <span class="acoti">displicente</span>.</p>
-
-<p>¡Y si no los recibe, qué le hemos de hacer...! Yo predico esta
-noche. Comenzamos la novena de la Esperanza, y entre repasar el sermón
-y vestir un poquito la iglesia, se me va el día... Me parece que no
-podré volver.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>¿Y las niñas?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Nell estaba con su mamá... ¿Pero no sabes?... Dolly se ha vuelto a
-la Pardina, sin decirnos nada. La Condesa me encarga que la mande venir
-inmediatamente. Quiere que las dos estén a su lado.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Lo que digo: es loca esa chicuela. Anda, Senén; vete a la Pardina,
-y te la traes. Dile que lo manda su mamá, y que también lo mando
-yo, el Presidente del Ayuntamiento. Ya le bajaremos los humos a esa
-leoncita...</p>
-
-<p class="acotj mt1">La confesión dura cinco cuartos de hora,
-determinados reloj en mano por Consuelito y D. Carmelo. Este se lleva
-a su casa a los dos frailes, que resuelven quedarse en Jerusa hasta el
-día siguiente, porque el Prior tiene que solventar asuntos varios en el
-Ayuntamiento. Alégrase de esta detención el Cura, para que puedan oír y
-apreciar su sermón de aquella noche dos teólogos insignes.</p>
-
-<p class="acotj">Vuelve Senén de la Pardina con la incumbencia
-de que Dolly no quiere salir de allí, y que ha hecho burla del Alcalde
-y de su vara, lo que saca de quicio a Monedero. Le calma su esposa con
-el razonamiento de que es muy<span class="pagenum" id="Page_365">p.
-365</span> natural que la chiquilla desee comer con su abuelo por
-última vez. Transige D. José María, asegurando que a la tarde, o viene
-la fierecilla, o va él a buscarla con la Guardia civil. Senén, que no
-se da por vencido con los repetidos desaires de la Condesa, se va a su
-casa, prometiendo volver al plantón a primera hora de la tarde. Es de
-los que se imponen por el terror.</p>
-
-<p class="acotj">A la una comen los Monederos con Nell y
-Consuelito. A Lucrecia se le sirve en su cuarto. Dan las dos, las
-tres...</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_5">ESCENA V</h3>
-
-<p class="acot">Sala baja en casa del Alcalde.</p>
-
-<p class="acot">LA ALCALDESA; EL CONDE, que acaba de entrar; después
-NELL.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">aturdida</span>.</p>
-
-<p>Ya me figuro, señor Conde de Albrit, a qué debo el honor de verle en
-mi casa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Deseo hablar con Lucrecia. Y no sé con qué palabras solicitar de
-usted la benevolencia que necesito por esta libertad, por esta osadía
-de mal gusto con que llego a su casa.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¡Oh, señor Conde...!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es que su esposo de usted y yo no hacemos buenas migas. Anoche hemos
-cruzado algunas palabras un tanto mordaces... Si el Sr. Monedero<span
-class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span> me arroja de su casa, lo
-llevaré con paciencia... <span class="acoti">(La Alcaldesa, sin saber
-qué decir, hace con ojos y boca diferentes muecas y monerías.)</span>
-Ya no me importa. En el conflicto en que me veo, la dignidad, ¿qué digo
-dignidad? la vergüenza, no significa nada para mí. Voy derecho a mi
-objeto con cara insensible, y mi objeto es...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">recobrando su
-aplomo</span>.</p>
-
-<p>Ver a Lucrecia, sí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y me atrevo a rogar a usted que haga comprender a su amiga que solo
-me mueve a molestarla la necesidad imprescindible de tratar con ella,
-sin recriminaciones, un grave asunto de familia.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Yo se lo diré. No dude usted que hablaré a mi amiga con vivo
-interés.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Gracias, millones de gracias, señora mía. Carmelo quedó en
-proporcionarme la entrevista; mas sin duda sus ocupaciones se lo han
-impedido. Cansado de esperarle, deshecho, ardiendo en impaciencia, no
-he podido refrenar mi temperamento ejecutivo, y arrostrando el disgusto
-del señor Alcalde, aquí me tiene usted...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">decidida a emplear un
-lenguaje extremadamente fino</span>.</p>
-
-<p>Abrigo la esperanza de ser afortunada en la misión que usted me
-confía. Pero no puedo evitar<span class="pagenum" id="Page_367">p.
-367</span> al señor Conde la molestia de esperar un ratito, porque
-Lucrecia, que ha venido malísima, en un estado nervioso imposible, ¡ay
-qué pena! ha podido al fin conciliar el sueño. La verdad, no me atrevo
-a despertarla.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">alardeando de
-paciencia</span>.</p>
-
-<p>Aguardaré todo lo que usted quiera: tres días con sus noches, si
-fuere preciso. Para mí no es molestia esperar. Si para usted no lo
-es tener a este pobre viejo en su casa, aquí me estoy, sentadito,
-hasta que mi ilustre nuera se digne mejorar de sus nervios, y acuerde
-recibirme.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">entrando con
-timidez</span>.</p>
-
-<p>Abuelito, hasta ahora no me habían dicho que estabas aquí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">besándola</span>.</p>
-
-<p>Hija mía, vengo a ver a tu mamá.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Oh, cuánto sufre la pobre! Yo te ruego que no hables con ella
-más que un ratito. Y si pudieras dejar la conversación para mañana,
-mejor.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mañana... ¡ah! estoy muy viejo. Los viejos no pueden esperar
-tanto.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Lo he dicho pensando que sería lo mismo para ti. <span
-class="acoti">(El abuelo le da suavemente en la mejilla.)</span>
-Porque<span class="pagenum" id="Page_368">p. 368</span> mañana no
-estará mamá en disposición de que nos marchemos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Tienes prisa?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Ninguna. Lo que tengo es una penita de dejarte... ¡qué pena! Pero yo
-te aseguro, te doy mi palabra, ¿me crees?... de que siempre que podamos
-vendremos a verte.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con profunda
-tristeza</span>.</p>
-
-<p>¡Ojos que te vieron ir...!</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>En buena lógica, debemos suponer, y aun afirmar, que vendrán.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah! Cuando os encontréis en ese mundo que ha de aprisionaros con
-sus mil atractivos y seducciones, no os acordaréis del viejo Albrit, a
-quien dejáis en Jerusa aposentado de limosna.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">abrazándole</span>.</p>
-
-<p>Papaíto de mi alma, no digas que te olvidamos, porque me enfadaré
-contigo. Ni yo ni Dolly podemos olvidarte. Las dos te queremos lo
-mismo. Te escribiremos cartitas, y tú a nosotras también, pidiéndonos
-lo que te haga falta. ¿Qué quieres, qué deseas?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por el momento, que despierte tu mamá.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_369">p. 369</span>NELL</p>
-
-<p>¡Si está despierta! Apenas ha dormido veinte minutos.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Pues voy allá, oficiando de introductora de embajadores.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, señora, vaya usted... Se lo agradeceré toda mi vida. <span
-class="acoti">(Vase la Alcaldesa.)</span></p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">mirando al jardín</span>.</p>
-
-<p>Desde esta mañana, tenemos aquí a ese cataplasma de Senén con la
-pretensión de que mamá le reciba.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por lo visto, hay cola. Senén y yo nos encontramos en igual
-situación de solicitantes de audiencia; pero como yo estoy en
-desgracia, pobre viejo que soy, y regañón insoportable, verás cómo tu
-madre atiende a ese lacayo antes que a mí. Tu abuelo será el último,
-lo verás... No me importa, no. Ya dijo nuestro Señor: «Los últimos
-serán los primeros.» Seamos humildes, aunque, la verdad, se necesita
-gran violencia y abnegación grande para ponerse en fila detrás de
-Senén. <span class="acoti">(Vuelve la Alcaldesa, y suplica al Conde
-que aguarde un ratito, pues antes recibirá Lucrecia a un postulante
-importuno.)</span> ¿No te lo dije?</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>No: si es porque se vaya de una vez, y quitarnos de encima esa
-mosca.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Bueno. Vaya delante la mosca. Luego pasará el moscardón... <span
-class="acoti">(Siente subir a Senén.)</span> Ya sube ese hombre. Dios
-le dé lo que no tiene: la santa concisión.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Asómase a la puerta el Alcalde, que, como ha
-vuelto a ponerse las zapatillas, puede aproximarse sin hacer ruido.
-Contempla con burlona sonrisa al Conde.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_6">ESCENA VI</h3>
-
-<p class="acot">Gabinete alto en la misma casa.</p>
-
-<p class="acotj mt1">LUCRECIA, recostada en un sofá con gatuna
-indolencia, sin corsé, suelto y en desorden el cabello. Su rostro
-desmejorado, y el centelleo insano de sus bellos ojos, son el rastro
-de la furiosa tempestad; SENÉN, que, respetuoso, permanece en la
-puerta.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">impaciente y
-altanera</span>.</p>
-
-<p>Pasa y cierra... Pero no te acerques. Quédate ahí. Traerás, como
-siempre, tus endiablados perfumes.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Dispense la señora... He puesto mi ropa al aire...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">desdeñosa</span>.</p>
-
-<p>No te aproximes... ¿Qué quieres? Dímelo pronto. Ya ves qué mala
-estoy.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">con falsa humildad</span>.</p>
-
-<p>Ya debe suponer la señora que vengo a...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_371">p. 371</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Aquello no ha podido ser.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Ya lo sé. Han nombrado a otro. Por eso digo que vengo a
-quejarme...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con acritud</span>.</p>
-
-<p>¡A quejarte! ¿De qué? Pues eso me faltaba. ¿Crees que tengo yo en mi
-mano los destinos, las fianzas, y todo eso que ambicionas?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sacando las uñas</span>.</p>
-
-<p>La señora no ha conseguido la fianza, que era lo principal, porque
-no ha querido. Teniendo la fianza, la plaza es lo de menos. Ya tenemos
-otra vacante de agente ejecutivo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Y cómo había de conseguir yo la fianza?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">tragando saliva</span>.</p>
-
-<p>Ya, ya sé que al señorito Ricardo no podía pedírsela... No se
-enfade la señora: yo me pongo en lo razonable... A D. Ricardo no era
-posible... Pero con que la señora hubiera dicho al Duque de Utrech:
-«Señor Duque, quiero...»</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span
-class="acoti">interrumpiéndole</span>.</p>
-
-<p>¿Pero de dónde sales tú? En ese mundo de tu ambición ridícula
-se pierde, por lo visto, toda noción de la realidad. Está bien: yo
-no tengo<span class="pagenum" id="Page_372">p. 372</span> más que
-hacer que importunar a todos mis amigos, pidiendo fianzas para este
-gaznápiro.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">escondiendo las
-uñas</span>.</p>
-
-<p>Sí, ya sé... la señora no puede... ¡Qué le hemos de hacer! Es
-difícil... y además, ¿quién soy yo para que la señora se moleste por
-mí? No, no lo pretendo. Los servicios que he prestado a la Condesa de
-Laín, mi lealtad a toda prueba, ¿qué valen?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con arrogancia</span>.</p>
-
-<p>Tus servicios bien pagados están. Ea, me canso ya de
-contemplaciones. Senén, no te debo nada.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">erizando el pelo</span>.</p>
-
-<p>Bueno... sea como la señora dice. Yo me callo. Eso he hecho yo
-toda mi vida, callarme; y de tanto callar, me veo tan atrasado en mi
-carrera... de tanto callar, sí, señora; y si quieren que lo pruebe, lo
-pruebo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Tu silencio me importa ya tan poco, que no doy nada por él... No me
-tiene cuenta.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">agachándose para dar el
-salto, los verdes ojuelos centelleando</span>.</p>
-
-<p>Eso quiere decir que la señora en nada estima mi fidelidad, esta
-fidelidad de perro, que no tiene igual... y lo pruebo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Lo que estás probando tú es mi paciencia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_373">p. 373</span>SENÉN,
-<span class="acoti">acobardado nuevamente, sin atreverse más que a
-desenvainar las uñas de sus patas delanteras</span>.</p>
-
-<p>No molesto más. Aunque la señora me da este pago, yo no le haré
-ningún perjuicio. Pero, en justicia, bien podría desquitarme. Como soy
-tan caballero, me he perjudicado por guardarle la consecuencia, por
-poner arrimos a su decoro, por custodiarle los secretos, por tapar la
-boca de todos los que hablaban de ella... lo que la señora no debiera
-oír... <span class="acoti">(En su cobardía, no hace más que enseñar
-los colmillos, y tirar levemente la zarpa.)</span> Vamos, que ni por
-su madre haría ningún hombre lo que yo he hecho. De suerte que si la
-señora dice que no le importa...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No me importa. Vete pronto.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Pues bien puedo jurar que a mí me importa menos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Bastante tiempo he sufrido a este animalucho siniestro, con sus
-garras clavadas en mí. Ya no más. Si no sales pronto, llamaré para que
-te arrojen a escobazos.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>No alborote, no alborote, que es peor.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">furiosa, tirando de la
-campanilla</span>.</p>
-
-<p>¿Cómo que es peor? ¡Trasto, si no te vas...!</p>
-
-<p class="acot">(Entran precipitadamente una criada, la Alcaldesa,
-después el Alcalde.)</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_374">p. 374</span>SENÉN,
-<span class="acoti">turbado por la rabia</span>.</p>
-
-<p>Si no digo nada; si yo... si es que...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Por favor, arrójenme de aquí a este hombre, y a su paso vayan
-echando ácido fénico.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">con un
-castañeteo de lengua, como el que se emplea para despedir
-a&nbsp;un&nbsp;perro</span>.</p>
-
-<p>¡Eh... tú...!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">al salir, todo uñas,
-bufando</span>.</p>
-
-<p>Ácido fénico... Por donde ella vaya... hace más falta... y lo
-pruebo.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_7">ESCENA VII</h3>
-
-<p class="acot">LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA, después NELL.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Hija, si llego yo a sospechar esto, cualquier día le dejo pasar.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span
-class="acoti">tranquilizándoles</span>.</p>
-
-<p>No; si es mejor así. Se me ha resuelto un absceso; me he sacado una
-muela, que me dolía horriblemente.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Pues digo, lo que le espera a usted ahora, mi querida Lucrecia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_375">p. 375</span>LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¡Ah! el león... Hija mía, no he podido evitarlo... ¿Qué había de
-decirle?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Pues muy claro: que llamara a otra puerta. ¡Ah! si soy yo quien le
-recibe...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">sorprendiendo a todos con
-su inesperada serenidad y alegría</span>.</p>
-
-<p>¿Queréis que os diga la verdad? Pues mi ilustre suegro, que me
-inspiraba un pavor horrible, ya no... Es raro... Vamos, que ya no le
-temo.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">entrando a la
-carrera</span>.</p>
-
-<p>Mamita, por más que le digo al abuelo que mañana, insiste en que ha
-de verte hoy.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Hoy, sí...</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Le digo que...?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, a Nell.</p>
-
-<p>Ve tú, hija, y suéltame al león. <span class="acoti">(Sale Nell
-gozosa, y se precipita por la escalera.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Nos pondremos todos en guardia detrás de esa puerta, ¡trómpolis! y
-en cuanto oigamos el menor rugido...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_376">p.
-376</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con locuacidad
-nerviosa</span>.</p>
-
-<p>No es necesario... ¿No me ven tan tranquila? Me siento ahora muy
-bien, despejada, casi alegre, y con ganas de ver a mi papá político,
-y de pasarle la mano por la melena... Es que mi espíritu se ha
-refrescado, soy otra... aire nuevo en mí. <span class="acoti">(Óyese el
-tardo paso de Albrit en la escalera, y la vibrante voz de Nell.</span>)
-El león sube. ¡Pobre viejo!... Ya, ya está aquí... Ya llega... Déjenme
-sola con él.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Por aquí.</p>
-
-<p class="acot">(Vanse por la puerta de la alcoba.)</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch5_8">ESCENA VIII</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">LUCRECIA, EL CONDE</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Siento infinito molestar a una persona que, según me dicen, no está
-bien de salud.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que permanece en
-pie</span>.</p>
-
-<p>Me siento mejor. Tome usted asiento.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y usted en pie?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">un tanto
-cohibida</span>.</p>
-
-<p>Como por encanto se me ha quitado la pereza. Ya sabe usted que estos
-arrechuchos nerviosos... la epidemia de las señoras... de improviso nos
-acometen y de improviso también se nos pasan.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_377">p. 377</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">suspicaz</span>.</p>
-
-<p>Lo celebro mucho.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Enfermamos como heridas del rayo, y basta una vibración del aire
-para ponernos buenas. De la espantosa crisis solo me queda cierta
-alegría interna, y un deseo ardientísimo, irresistible...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">suspenso</span>.</p>
-
-<p>¿Qué...?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>El deseo de besarle a usted la mano... <span class="acoti">(Se
-arrodilla y le besa la mano una y otra vez)</span> y de pedirle perdón
-por las injurias que en aquel día triste le dirigí.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">queriendo
-levantarla</span>.</p>
-
-<p>Lucrecia... ¿qué es esto?... <span class="acoti">(Por un momento
-cree que es burla; pero no tarda en advertir la sincera emoción de la
-dama.)</span></p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Mi única pena es que usted sospechará quizás... que le engaño.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, no; creo que es verdad...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">que se levanta, enjugando
-sus lágrimas</span>.</p>
-
-<p>Necesito explicar a usted cómo ha venido esta crisis... sacudimiento
-moral, revolución<span class="pagenum" id="Page_378">p. 378</span> de
-todo mi ser... <span class="acoti">(Se sienta. Su lenguaje es cortado,
-febril.)</span> Los temblores de tierra trastornan el suelo... Una
-catástrofe horrible en mis sentimientos me ha trastornado a mí, me ha
-hecho morir y revivir en menos de dos días... ¿Es esto nuevo? Yo creo
-que no. Ha ocurrido mil veces... Fácilmente lo comprenderá usted...
-Un desengaño de los que anonadan... la perfidia de un hombre...
-tempestades del alma que todo lo destruyen y todo lo iluminan. Mi dolor
-ha sido como un incendio entre las ruinas... He visto mi conciencia...
-la he visto. Ya sé que no debo ser la que he sido, y estoy decidida a
-ser otra.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Bendito desengaño, bendita convulsión del alma, que trae el
-arrepentimiento!</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Pero el arrepentimiento, lo reconozco, necesita probarse. Por eso
-digo: «Espere usted y verá...»</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gozoso</span>.</p>
-
-<p>Pues lo veremos... y pronto... Si el arrepentimiento es verdad, nos
-lo dirán los hechos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Y aguardando confiada los hechos, he querido dar a mi enmienda una
-sanción soberana, una garantía que asegure mi convicción y la de los
-demás. <span class="acoti">(Pausa.)</span> Hoy he confesado con el
-Padre Maroto.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">gratamente sorprendido</span>.</p>
-
-<p>¡Ah!... ya me dijo la niña que estuvo aquí el Prior... Mas no
-sospeché...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No tenía sosiego, no podía vivir mientras no descargara mi alma de
-la horrible balumba... ¡Qué alivio, qué consuelo!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Me da usted una grande alegría... Por de pronto, ¡qué situación tan
-distinta de aquella... la última vez que hablamos en la Pardina!</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>En efecto, yo he variado radicalmente.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Yo también.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¿Usted? ¡Ah! sí, se ha despejado su razón, y ya no piensa en hacerme
-las terribles preguntas que en aquella conferencia me hizo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mi razón no ha estado nunca turbada. ¿Y por qué no había de
-repetir yo en esta ocasión la pregunta que usted llama terrible? Ya
-no lo es. Su estado de conciencia facilita la respuesta, que sería
-la confirmación de lo que sospecho, de lo que sé... porque al fin,
-Lucrecia, he podido descubrir...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_380">p.
-380</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con serena frialdad</span>.</p>
-
-<p>Hoy no puedo incomodarme, señor Conde. No abuse usted de que estoy
-desarmada...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Incomodarse... ¿por qué?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Porque viene usted a remover en mi corazón heces muy amargas, a
-trastornar de nuevo mi espíritu, queriendo penetrar los misterios
-más profundos del alma y de la Naturaleza... Eso, señor mío, eso
-que aun de nosotras mismas quisiéramos recatar, porque el pensarlo
-solo nos avergüenza, eso, a que no doy nombre, porque si lo tiene yo
-lo ignoro... <span class="acoti">(con solemnidad)</span> ya lo he
-dicho a Dios, único a quien debo decirlo... Y crea usted que, para
-expresarlo, he tenido que violentar mi voluntad de un modo espantoso.
-Todo el que no sea Dios es un extraño, es un profano, sin derecho
-ninguno a recibir declaración tan grave. Ni una palabra más. <span
-class="acoti">(Pausa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">gravemente</span>.</p>
-
-<p>Sea. Ni una palabra más. Reconozco la extremada delicadeza del
-asunto, y no puedo menos de respetar el sosiego reparador en que
-hoy se halla su espíritu. No insisto. Ni es justo que la martirice
-exigiéndole una manifestación dolorosa, toda vez que lo que usted había
-de decirme... ya lo sé.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">desconcertada</span>.</p>
-
-<p>¡Que lo sabe!</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_381">p. 381</span>EL
-CONDE</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="acot">(Pausa. Ambos se miran.)</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Pues si lo sabe, es más generoso no preguntármelo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy tranquilo</span>.</p>
-
-<p>Es verdad. A generoso no me gana nadie. Ahora conviene que haga
-usted alarde de hidalguía, Lucrecia. Si le satisface que crea yo en
-su arrepentimiento, empiece usted por ser magnánima, aceptando la
-proposición que voy a hacerle.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Proposición!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No he venido a otra cosa. Su conformidad con mi deseo establecerá la
-concordia inalterable de nuestras almas... En suma, quiero que partamos
-el bien que Dios nos ha dado: las niñas. Una para usted, la otra para
-mí.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con profunda intención,
-que disimula</span>.</p>
-
-<p>¡Para usted!... <span class="acoti">(Pausa.)</span> ¿Cuál?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Acceda usted a la partición, y después escogeré. ¿A las dos las
-quiere usted lo mismo?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Lo mismo: son mis hijas.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_382">p. 382</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Yo no puedo decir lo propio: las dos no son mis nietas.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con temor</span>.</p>
-
-<p>Otra vez la tremenda interrogación.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Otra vez, y siempre... Llévese usted a una de las dos, y déjeme a mí
-la otra, la que yo quiera.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Dejarla aquí, en poder de usted, y sola con usted! Señor Conde
-de Albrit, eso es imposible. Además, me hace falta el amor de mis
-hijas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">fríamente</span>.</p>
-
-<p>Y a mí el de mi nieta. Tengo derecho a ese consuelo.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Hoy es indispensable que las dos estén a mi lado, por muchas
-razones. No solo debo atender a su porvenir, sino a la salud de mi
-alma, a mi corrección, en una palabra. Como las plantas necesitan aire
-y luz, yo necesito el cariño de esas dos criaturas, que fundiré en un
-solo cariño.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>No son iguales para usted.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_383">p.
-383</span>LUCRECIA, <span class="acoti">con firmeza</span>.</p>
-
-<p>Lo son... Otra vez clava usted los ojos de su alma en lo que para
-usted será siempre tremendo enigma... Son iguales, y si no lo fuesen,
-yo haré que lo sean. Por nada de este mundo me separo de ellas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desconsuelo</span>.</p>
-
-<p>¿Y yo...?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>En ninguna situación será el Conde de Albrit un extraño para mí.
-Nell y Dolly vendrán conmigo a verle... en la temporadita de verano...
-y usted, como ahora, a las dos las querrá por igual... por igual. Esa
-es condición indispensable para la concordia de nuestras almas, de que
-usted me hablaba. Dejemos el misterio allá, ante Dios que lo ve, y
-atengámonos a la realidad... convencional, a la realidad de la ley.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con arranque</span>.</p>
-
-<p>No... ¡Maldita sea la ley...! La Naturaleza...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡La Naturaleza, no... la ley!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">encrespándose</span>.</p>
-
-<p>No, no. Abomino de una ley infame. Quiero a mi nieta; me pertenece,
-la reclamo, y usted me la dará.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_384">p. 384</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>A mí me pertenecen las dos: las he llevado en mi seno.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con desesperación,
-clavándose en el cráneo los dedos de ambas manos</span>.</p>
-
-<p>¡Triste de mí! Lucho con la ley, lucho con la madre... contienda
-imposible...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">con tesón,
-levantándose</span>.</p>
-
-<p>Y ni como madre, ni como tutora, puedo acceder a lo que mi padre
-político pretende.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Será usted capaz de rechazar mi proposición, de desairarme, de
-negar lo que pide el infortunado Albrit?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Con grandísima pena me veo precisada a negarlo. Mis hijas son
-mis hijas. A ellas les conviene el calor maternal, y a mí el cariño
-y la presencia continua de entrambas para vivir en paz con Dios, y
-asegurarme la rectitud de mi alma. La una es mi deber, la otra mi
-error. Mi conciencia necesita los dos testigos, las dos presencias,
-para que yo pueda tener siempre entre mis brazos, sobre mi corazón, mis
-buenas y mis malas acciones.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">atribulado</span>.</p>
-
-<p>Y entre mis brazos y en mi corazón, la soledad, el horrible vacío.
-<span class="acoti">(Levantándose, altanero.)</span> No,<span
-class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span> no, Lucrecia, no me
-conformo... Por Dios, no me lance usted a la desesperación.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Sea usted razonable.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">suplicante</span>.</p>
-
-<p>Sea usted generosa.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Soy madre...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">exaltándose</span>.</p>
-
-<p>Soy abuelo, soy viejo... Necesito familia, amor.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>En mí y en mis hijas lo tendrá. <span class="acoti">(Con una idea
-feliz.)</span> Última palabra: véngase usted con nosotras.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Con usted... con las dos! ¡Nunca!</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>¡Loca obstinación!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">brioso</span>.</p>
-
-<p>Entereza, sentimiento del honor.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Demencia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Si es demencia, maldita sea la razón.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_386">p. 386</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Yo arreglaré la vida de usted... yo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">inflexible</span>.</p>
-
-<p>Sin lo que pido, sin mi nieta, no quiero nada.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No tardará el viejo Albrit en renegar de esa independencia, impropia
-de su edad y de su situación. Acójase a mí, o su vejez será muy
-triste.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Nada me arredra... nada temo. Lo mismo me importa la vida que la
-muerte. <span class="acoti">(Implorando.)</span> Lucrecia, por última
-vez...</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No insista usted... Se cansa en vano...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Bien: no diré nada más. Ni está en mi carácter extremar la
-súplica... Lucrecia, adiós para siempre.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Eso es locura.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">trémulo,
-balbuciente</span>.</p>
-
-<p>Sí, sí... y los locos pacíficos... cuando no se les da lo que
-piden, hacen lo que yo... se van. Mas no saldré sin decir a usted
-que no veo, que no toco el cambio moral que debía ser resultado de
-su arrepentimiento. No. Lucrecia Richmond<span class="pagenum"
-id="Page_387">p. 387</span> es siempre la misma... Confesada y sin
-confesar, la misma siempre... No creo que la haya perdonado Dios... ¡No
-la ha perdonado, no la ha perdonado, no, no!...</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Sale con vivísima agitación. Se siente su paso
-inseguro por la escalera. Baja agarrándose al pasamanos. Lucrecia, muy
-agitada, cae en el sofá llorosa. Acuden presurosos a ella Monedero y su
-esposa.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_9">ESCENA IX</h3>
-
-<p class="acot">LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA; después NELL</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>¿No lo decía yo? ¿Ha sacado la zarpa?... Si estoy por bajar, y
-aplacarle un poquito los humos.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No, no... ¡Pobre viejo!... Es muy sensible que no pueda yo acceder
-a lo que pretende. Dejarle. <span class="acoti">(Atendiendo al ruido
-de los pasos.)</span> ¿Se caerá en la escalera? Vicenta, mande usted
-que le acompañe alguien. <span class="acoti">(Sale la Alcaldesa a dar
-órdenes.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>De veras, ¿no se ha desmandado?</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>No... Debemos compadecerle, cuidar de él con todo el cariño del
-mundo.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA, <span class="acoti">que ha visto alejarse
-al Conde</span>.</p>
-
-<p>El pobrecito llora... Parece que no puede tenerse en pie. Pero se
-resiste a que le acompañe un criado. Quiere andar solo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_388">p. 388</span>LUCRECIA</p>
-
-<p>Solo... ¡Qué dolor! ¡Triste ancianidad!... <span
-class="acoti">(Sintiendo perturbado su espíritu.)</span> ¡Oh, Dios
-mío! ¿dónde está la paz que diste a mi alma? Ese hombre me la
-quitó... Es el agitador de mi conciencia... ¡Otra vez el tumulto
-en mi mente... otra vez la ansiedad, el temor, la duda!... <span
-class="acoti">(Consternada, alza los brazos, echa la cabeza hacia
-atrás, cierra los ojos.)</span></p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>¿Otra vez mal, amiga mía?</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE</p>
-
-<p>Que venga el médico.</p>
-
-<p class="rol">LA ALCALDESA</p>
-
-<p>Al instante.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA</p>
-
-<p>Los dos... Que vengan los dos médicos. Quiero ver al Prior... Que
-vuelva.</p>
-
-<p class="rol">EL ALCALDE, <span class="acoti">oficiosamente</span>.</p>
-
-<p>Mandar recado a la Rectoral: allí estará.</p>
-
-<p class="rol">LUCRECIA, <span class="acoti">agitadísima</span>.</p>
-
-<p>Sí... yo no quiero ser mala; no quiero padecer... quiero curarme.
-Se renueva la herida. Meteré la mano en ella, y si duele, que duela;
-y si con el dolor se me acaba la vida, que se<span class="pagenum"
-id="Page_389">p. 389</span> acabe. ¿Dónde está mi hija? Nell, alma
-mía. <span class="acoti">(Entra Nell y se arroja en sus brazos
-llorando.)</span> Ven, abrázame. ¿Verdad que no te separarás de mí, que
-no quieres separarte de mí?</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con emoción
-infantil</span>.</p>
-
-<p>Nunca, nunca.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_10">ESCENA X</h3>
-
-<p class="acot">Calle de Potestad, callejón del Cristo. Anochece.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, que avanza con lentitud, vacilante, tentando
-las paredes; después D. PÍO.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya lo veo, ya lo veo; es lo único que veis, ojos míos... que estoy
-de más en el mundo. ¡Pobre Albrit, tu vida termina...! «Imposible, ha
-dicho esa mujer, imposible...» Y ese imposible cierra todo espacio a
-la esperanza... Ya no hay esperanza... Vida, te acabaste; alma, vete
-de aquí... El monstruo me ha negado mi consuelo, me roba el único bien
-de mi triste vejez... Señor, Dios mío, ¿qué delito he cometido para
-caerme en este abismo de desolación?... ¡No poder estrechar entre mis
-brazos a mi hija, a mi Dolly, retoño preciosísimo de mi raza, flor
-nueva de una familia que no debe extinguirse!... ¡Y se la lleva...
-se las lleva a las dos, quizás para envilecerlas!... Porque no creo
-en su arrepentimiento, no. Se siente abrumada por las terribles
-consecuencias de sus pecados... le duele el mal... y cuando el pecado
-duele,<span class="pagenum" id="Page_390">p. 390</span> el pecador
-llora... Sus clamores quieren decir dolor, opresión, empacho del vicio;
-mas no quieren decir arrepentimiento. Cuando el glotón se indigesta,
-maldice la comida; pero pasa el mal, y vuelve a comer... No creo en tu
-enmienda, diablo harto de carne, ni creo que te haya perdonado Dios...
-No, a Dios no le engañas... ni tampoco al viejo Albrit... ¿Verdad,
-Señor, que no la has perdonado? <span class="acoti">(Detiénese bajo un
-farol, y vuelve los ojos al cielo.)</span></p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">parado en la acera de
-enfrente, contemplándole</span>.</p>
-
-<p>¡Albrit!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Quién me llama? Conozco esa voz; es voz familiar.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">acercándose</span>.</p>
-
-<p>Soy Coronado, tu amigo... quiero decir, el amigo de usía. <span
-class="acoti">(Le abraza.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Ah! mi único amigo quizás... Ven, acompáñame. ¿En dónde estamos? Mi
-Jerusa también se vuelve contra mí, y me trastorna con el cariz nuevo
-de sus calles reformadas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">guiándole</span>.</p>
-
-<p>Por aquí. Si va usía a la Pardina, entremos por el callejón del
-Cristo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No sé a dónde voy... ¿Es de noche ya?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span>D. PÍO</p>
-
-<p>Sí, señor. Júpiter está encendiendo los faroles.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Quién es Júpiter?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>El farolero, señor. Se llama Jove, Pepe Jove, y yo por broma le
-llamo Júpiter, aunque más le cuadraría Baco, porque es el primer
-borracho de Jerusa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">abismado en sus
-reflexiones</span>.</p>
-
-<p>¡Noche triste, más triste que aquella en que nos reunimos en el
-Páramo! No hay humano juicio que pueda discernir esta noche cuál de los
-dos es más desgraciado.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¡Ah, señor! ahora y siempre, Coronado se lleva la palma. Y lo
-comprendería el señor Conde, si ver pudiera las magulladuras y
-cardenales de mi cara, donde esas condenadas han escrito esta tarde,
-con sus uñas, la maldad de sus corazones.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué me dices?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Me han insultado, clavándome sus garras en el rostro; me han herido
-en la cabeza con una palmatoria... me han tenido todo el día sin comer.
-Gracias que en casa de un amigo me dieron estos pedazos de pan...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_392">p. 392</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Y no las matas? Si malo es ser bueno, peor es no ser hombre.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con desprecio de sí
-mismo</span>.</p>
-
-<p>Albrit amigo, yo no soy hombre... yo no sé lo que soy.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mátalas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¿Matar yo?... Ni un mosquito ha recibido la muerte de mi mano.
-Que las espachurre Dios si quiere... Y usía, señor D. Rodrigo,
-tenga la dignación de acabar conmigo esta misma noche, porque ya no
-puedo más, ya no aguanto más. Coronado no ha de ver salir el sol de
-mañana, porque ese sol significaría más vida; significaría luz, aire,
-sonido, y yo quiero... ver las tinieblas, oír el silencio. <span
-class="acoti">(Pateando con desesperación.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Así me gusta. ¿De modo que estás decidido?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Tan decidido, que todo lo he dispuesto. Escribí la carta, en la que
-digo que a nadie se culpe de mi muerte, y no me he vestido de limpio,
-porque esas bribonas me han empeñado la ropa... ¿Pero qué me importa la
-ropa, si esta noche he de acabar? Ahora iba yo en busca de usía para
-que me cumpliera lo ofrecido.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_393">p. 393</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con
-nerviosa fuerza</span>.</p>
-
-<p>Sí... lo haré, lo haré con toda el alma... Me siento esta noche...
-no sé... me siento criminal.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>No será crimen, sino favor.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con gran
-vehemencia</span>.</p>
-
-<p>Sí... morirás, Pío; caerás rodando por el cantil... antes de llegar
-al fondo del abismo, te harás pedazos... Morirás, sí. El hombre
-extremadamente bueno debe morir. Es una planta viciosa, estéril... Sí,
-bendito Coronado: verás con qué gracia y con qué denuedo te arrojo a la
-sombría inmensidad, como si lanzara una pelota. Aún tengo vigor para
-eso y para mucho más...</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">tocando las
-castañuelas</span>.</p>
-
-<p>Ahora mismo, si usía quiere...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No, ahora no. Tengo que ver a mi Dolly, a mi adorada Dolly...
-quiero darle el último adiós, comérmela a besos... sí, lo que se llama
-comérmela... Abur, Coronado, no me sigas. Puedo andar solo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Espero a Vuecencia...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>En el Páramo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_394">p. 394</span>D. PÍO</p>
-
-<p>Más seguro será en las Tres Cruces, al extremo de la calleja que
-sube a Santorojo, a la entradita del bosque.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Bueno... Iré. Déjame ahora.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¿No quiere usía que le acompañe?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No... ya estoy cerca.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Todo seguido. Allí se ve una luz: es la Pardina... Adiós.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Hasta luego. <span class="acoti">(Renqueando, se pierde en la
-obscuridad.)</span></p>
-
-<p class="acot">(Después de verle entrar en la Pardina, D. Pío se
-aleja.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_11">ESCENA XI</h3>
-
-<p class="acot">Habitación del Conde en la Pardina.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, VENANCIO, GREGORIA; después SENÉN.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">que entra y ve al Conde
-revolviendo en su maleta</span>.</p>
-
-<p>¿Qué hace el señor Conde?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Ya lo ves: recojo algunos papeles que deseo llevar siempre
-conmigo.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_395">p.
-395</span>GREGORIA, <span class="acoti">alarmada</span>.</p>
-
-<p>¿A dónde va usía?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>A donde a vosotros no os importa. ¿Por qué no viene Dolly? Dos veces
-la he mandado llamar.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Ahora vendrá.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues voy a donde quiero. A vosotros os bastará saber que os dejo en
-paz.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO, <span class="acoti">premioso, rascándose la
-cabeza</span>.</p>
-
-<p>Me alegro de que el señor Conde facilite la separación, porque yo
-vengo a decir a Vuecencia... que... que no puede seguir en mi casa.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA</p>
-
-<p>Nada más que por el carácter soberbio del señor Conde... que por lo
-demás...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí: mi carácter altanero no se aviene con el vuestro, tan suave, tan
-pacífico.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Por lo cual, he determinado que Su Excelencia se aloje en donde
-guste, fuera de mi casa... Por esta noche puede quedarse; pero
-mañana...</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_396">p. 396</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">con dulzura, resignado y calmoso</span>.</p>
-
-<p>Esta noche misma: no te apures. Tú te quedas en tu Pardina, y yo me
-voy... a donde me acomode. No hablemos más. Al fin y a la postre, tengo
-que agradeceros la hospitalidad que me habéis dado.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Nada tiene Vuecencia que agradecernos. Lo que me duele es que no
-hayamos podido hacer buenas migas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Las migas hacedlas vosotros... y que os aprovechen... Os pido el
-último favor. Traedme a Dolly. Los minutos que paso sin verla me
-parecen siglos.</p>
-
-<p class="rol">VENANCIO</p>
-
-<p>Vamos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">sintiendo ruido en la
-puerta</span>.</p>
-
-<p>¡Ah! ella es...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">entrando</span>.</p>
-
-<p>Soy yo, señor...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Maldito seas! <span class="acoti">(Exaltado.)</span> ¡Que venga
-Dolly, que venga al instante!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">aparte a Venancio y
-Gregoria</span>.</p>
-
-<p>Dejadle conmigo. No hará nada, y en todo caso, yo sabré ponerle como
-un guante.</p>
-
-<p class="acot">(Se van Gregoria y Venancio.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_12" title="ESCENA XII"><span class="pagenum"
-id="Page_397">p. 397</span>ESCENA XII</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, SENÉN; después GREGORIA</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">receloso,
-altanero</span>.</p>
-
-<p>¡Ah!... te dejan aquí, como de guardia, por temor de que yo...</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>No, señor: vengo... porque... es <i>de todo punto indispensable</i>
-que hable dos palabras con usía.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Conmigo?... ¿Palabritas tú? No: tú vienes a vigilarme. Creen que
-voy a pegar fuego a la casa... No, Senén; yo no hago mal a nadie, <span
-class="acoti">(Óyense gritos lejanos de Dolly, llorando, pidiendo
-socorro.)</span> ¡Oh! ¿qué es eso?... ¡Dolly grita... llama! ¿Es su
-voz... o estoy yo loco y no sé lo que escucho?... Infames, ¿qué hacéis
-a mi hija, a mi Dolly? <span class="acoti">(Furioso, se precipita hacia
-la puerta. Cesan las voces.)</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">cortándole el paso</span>.</p>
-
-<p>Deténgase usía. Ya no puede evitarlo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Qué?</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Que se la llevan. <span class="acoti">(Mira por la ventana.)</span>
-Ya, ya salen con ella. <span class="acoti">(Corre Albrit a la
-ventana.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Bandidos, ladrones! <span class="acoti">(Vuelve a la
-puerta.)</span></p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_398">p. 398</span>SENÉN,
-<span class="acoti">sujetándole</span>.</p>
-
-<p>Deténgase, y óigame un instante. <span class="acoti">(Cierra la
-puerta y quita la llave.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">amenazante</span>.</p>
-
-<p>¿Qué haces?... ¡Me encierras!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">agitadísimo</span>.</p>
-
-<p>Una palabra, señor Conde, una sola, y usía comprenderá que quiero
-prestarle un gran servicio... Yo le explicaré...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pronto.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>La niña... Su madre la mandó llamar; no quiso ir... Ha venido el
-Alcalde con toda su fatuidad, y con una pareja de la Guardia civil, y
-se la ha llevado.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">fuera de sí</span>.</p>
-
-<p>Ábreme esa puerta, o te mato ahora mismo. Ciego, aún tengo
-vigor para defenderme, para defender al ser amado. Ábreme te digo.
-<span class="acoti">(Coge una silla, decidido a estrellársela en la
-cabeza.)</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">trémulo</span>.</p>
-
-<p>Abriré... pero antes... quiero deshacer el grave error de usía.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Habla... pronto.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_399">p. 399</span>SENÉN</p>
-
-<p>Usía, movido del honor, ha pretendido descorrer el velo, señor;
-descorrer el velo...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Acaba.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">sudando la gota
-gorda</span>.</p>
-
-<p>El velo ¡ay! para descubrir la verdad, el endiablado secreto de la
-familia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Y usía no ha visto nada.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí he visto.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Lucrecia no ha querido decir a su padre político la verdad... Ese
-secreto, señor Conde, no lo posee más que un hombre en el mundo, y ese
-hombre soy yo.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Tú!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Yo, que lo oculté, y ahora lo revelo. La hija falsa, la hija
-espúrea... es Dolly.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_400">p. 400</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">aterrado</span>.</p>
-
-<p>¡Oh!... No, no... ¡Tú mientes! <span class="acoti">(Poseído
-súbitamente de un furor trágico.)</span> Lacayo vil, tú mientes,
-y yo... ahora mismo <span class="acoti">(Se arroja sobre él,
-clavándole ambas manos en el cuello)</span>, ¡te ahogo, rufián!
-<span class="acoti">(Forcejean. El Conde, aunque anciano, es mucho
-más vigoroso que Senén; le arroja al suelo, y oprimiéndole con el
-peso de su cuerpo, le acogota.)</span> ¡Villano, serpiente!... te
-mato, te ahogo, te aplasto. <span class="acoti">(Breve y formidable
-lucha.)</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">que al fin, con gran trabajo,
-logra desasirse del Conde</span>.</p>
-
-<p>¡Qué furor!... ¡Así paga mi servicio! Tengo pruebas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Tus pruebas son falsas.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Ahora lo veremos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Falsario, traidor! Dolly es mi sangre.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">trémulo, descompuesto el
-rostro y el cabello, registrándose los bolsillos</span>.</p>
-
-<p>Aquí, aquí la verdad, señor... Tan verdad, como que hay Dios. <span
-class="acoti">(Saca un paquetito de papeles.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Venga. <span class="acoti">(Arrebata el paquete que muestra Senén,
-lo deshace, abre un pliego, intenta leer aproximándose a<span
-class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span> la luz.)</span> No veo...
-no veo... <span class="acoti">(Con desesperación.)</span> ¡Dios mío,
-luz a mis ojos; quiero luz!... Este hombre me engaña.</p>
-
-<p class="acot">(Llaman a la puerta. Óyese la voz de Gregoria.)</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Aguarde un poco.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">consternado,
-indeciso</span>.</p>
-
-<p>No veo... Toma, toma tus papeles... <span class="acoti">(Se los da,
-y luego los retira.)</span> No... léemelo tú... pero no me engañes.</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">golpeando la
-puerta</span>.</p>
-
-<p>Abrir... Abre, Senén.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Qué importunidad!</p>
-
-<p class="rol">SENÉN, <span class="acoti">recogiendo sus papeles de
-manos del Conde</span>.</p>
-
-<p>Luego los veremos.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">a Gregoria, que sigue
-llamando</span>.</p>
-
-<p>¿Qué demonios quieres? <span class="acoti">(Gregoria dice
-dentro algo que Albrit no entiende. Senén aplica su oído a la
-cerradura.)</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>Dice que han traído una carta de la Condesa.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Para mí?... Venga pronto. <span class="acoti">(Abre Senén.
-Entra Gregoria, y da una carta al Conde, que la abre con
-temblorosa mano.)</span> No veo... <span class="acoti">(A Senén,
-dándosela.)</span> Léemela tú.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span>SENÉN,
-<span class="acoti">leyendo, alumbrado por el farol que trae
-Gregoria</span>.</p>
-
-<p>«Señor Conde, por consejo de mi confesor, he autorizado a este para
-revelar a usted la verdad que desea saber.—Lucrecia.»</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Dice eso?</p>
-
-<p class="rol">GREGORIA, <span class="acoti">examinando la
-carta</span>.</p>
-
-<p>Eso dice.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Basta.</p>
-
-<p class="rol">SENÉN</p>
-
-<p>El Prior está en la parroquia.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">disparado</span>.</p>
-
-<p>Corro allá.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_13">ESCENA XIII</h3>
-
-<p class="acotj">Iglesia parroquial de Jerusa, situada al Norte de
-la villa. Es irregular, conjunto inarmónico de nobles vestigios, y
-de restauraciones y enmiendas de fementido gusto. En el costado de
-Poniente, conserva un bello pórtico románico rodeado de poyos de
-piedra, muy cómodo para los que van a esperar la misa, o a ver salir la
-gente. La puerta, que por allí da ingreso a la nave lateral, es gótica,
-pintada de ocre, y sus gastadas esculturas, con las repetidas manos
-de cal, parecen obra de pastelería. En un ángulo del pórtico hay una
-puertecilla, de arco rebajado, que conduce a la sacristía. En diversas
-partes del edificio se ve el escudo de Laín: banda de cuarteles y
-un águila explayada con el lema en el pico: <i>Decor vinxit</i>. El
-interior ofrece escaso interés.</p>
-
-<p class="acotj"><span class="pagenum" id="Page_403">p. 403</span>Como
-primera noche de la novena de Nuestra Señora de la Esperanza, hay
-sermón, que predica D. Carmelo, y Manifiesto. Asisten al piadoso acto
-los dos monjes de Zaratán, ocupando los sitiales del presbiterio, en
-que antaño se sentaban los Condes de Laín y señores de Jerusa, y hogaño
-son para las autoridades y personas de viso. Ha querido D. Carmelo
-deslumbrar al Prior, prodigando las luces, con ayuda de las señoras
-piadosas de la villa. Cortinas de terciopelo baratito, ramos de dalias
-y guirnaldas de follaje, completan la vistosa decoración.</p>
-
-<p class="acotj">Prevalece en Jerusa una costumbre que el progreso no
-ha podido destruir, y consiste en que las mujeres usan, para ir a la
-iglesia, unas mantellinas o caperuzas de franela, blancas, en forma de
-saco abierto por un lado, y ribeteado de estambre de color, con una
-motita en el vértice. Este tocado, que ha resistido valiente a las
-anuales acometidas de la moda, es extremadamente gracioso y pintoresco,
-y da a las multitudes un aspecto medieval. Úsanlo también las señoras
-principales, distinguiéndose por la finura de la franela y la mayor
-gala del adorno, comunmente de seda.</p>
-
-<p class="acotj">Sube al púlpito D. Carmelo, y enjareta un sermón
-pesadito, recamado de retóricas de similor, y el indispensable
-latiguillo de latinajos al final de cada período. Óyenlo con gran
-recogimiento los feligreses, sin entender palabra, lo que les aumenta
-la devoción, que tira un poquito a somnolencia.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, SENÉN, en la iglesia, fatigados del plantón y
-del kilométrico discurso.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">de mal talante</span>.</p>
-
-<p>Salgamos; esto es insoportable.</p>
-
-<p class="rol">UN HOMBRE DEL PUEBLO, <span class="acoti">abriendo paso
-al prócer</span>.</p>
-
-<p>¿Por qué no sube usía a su sitial, en el presbiterio?<span
-class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span> Por la sacristía puede
-pasar sin apreturas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Gracias, amigo... me voy fuera. Se ahoga uno aquí con tanto calor y
-tanta retórica. <span class="acoti">(Salen y esperan. Ambos permanecen
-silenciosos. El Conde da espacio a la ansiedad de su espíritu
-paseándose.)</span></p>
-
-<p class="rol">SENÉN. <span class="acoti">(En el camino de la Pardina a
-la iglesia, le ha contado algo de las ocurrencias y zaragata de Verola,
-sin que el Conde demuestre interés alguno.)</span></p>
-
-<p>Pues, señor, D. Carmelo lo ha tomado con gana. ¡Vaya una correa de
-sermón que se ha traído!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Es pesadísimo. Todos estos que comen mucho hablan sin término.
-El chorro de palabras les facilita la digestión... ¡Y no es floja
-contrariedad para mí! ¿Pero esto, Dios mío, no se acaba nunca?... Sin
-duda, Carmelo quiere lucirse con el Prior, y no cae en la cuenta de que
-el pobre fraile estará tan aburrido como nosotros.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Pasa tiempo. Como todo tiene fin en este mundo,
-se acaba el sermón carmelino. Óyense modulaciones de órgano, cantos...
-Media hora más, y empieza a salir la gente. Retírase Albrit al ángulo
-del pórtico, para dar paso a la multitud, y en esto sale por la puerta
-de la sacristía Nell, acompañada de Consuelito y de una criada del
-Alcalde. Lleva la niña de Albrit caperuza de franela, que le da aspecto
-de figura gótica, arrancada de las vitelas de un misal antiguo. Su
-rostro, de hermosas líneas, adquiere distinción severa. Caen sobre sus
-hombros los pliegues de la tela con suprema elegancia.</p>
-
-<p class="acotj"><span class="pagenum" id="Page_405">p. 405</span>Antes
-que vea Nell a su abuelo, Senén llama la atención de este sobre la
-aparición de la niña. Se estremece Albrit de sorpresa y emoción; la
-busca con su mirada incierta. Nell le ve al fin, y corriendo hacia
-él, le coge las manos y en ellas da sonoros besos. Al aproximarse la
-señorita, Senén se escabulle.)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_14">ESCENA XIV</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, NELL, CONSUELITO</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Abuelito mío, ¿tú también aquí? ¿Por qué no has pasado? Arriba,
-junto al altar, tienes tu silla.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¡Nell, qué hermosa estás! Te veo; veo la caperuza blanca...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">oficiosamente</span>.</p>
-
-<p>Esta es una de las que usó su abuelita Adelaida, Condesa de Albrit.
-La conservo yo como recuerdo histórico.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con
-arrobamiento</span>.</p>
-
-<p>Nell, veo tu rostro. Una aureola de nobleza y majestad lo
-rodea...</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">sorprendida de la emoción del
-anciano</span>.</p>
-
-<p>Albrit... ¿por qué me miras así? ¿Por qué tiemblan tus manos?...
-¿Lloras?</p>
-
-<p class="rolh"><span class="pagenum" id="Page_406">p. 406</span>EL
-CONDE. <span class="acoti">(Siente hondamente removida su alma. En ella
-entra una ola impetuosa. Es el convencimiento de que tiene entre sus
-manos las de la legítima sucesora de Laín y de Albrit.)</span></p>
-
-<p>Hija mía, tu presencia me causa tanto regocijo como orgullo. Te
-reconozco. Eres mi descendencia, la continuidad gloriosa de mi sangre.
-¡Rama florida de Arista-Potestad, Dios te bendiga!</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">apenada, atribuyendo las
-palabras del anciano a desconcierto de su razón</span>.</p>
-
-<p>Abuelo querido, ¿por qué has venido tan solo?</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">radiante de
-oficiosidad</span>.</p>
-
-<p>¿Pero no hay en la Pardina quien le acompañe?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mejor estoy solo. Y tu hermana, ¿cómo no ha venido contigo?</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Mamá me ha mandado a la iglesia, encargándome que rece por ella y
-por ti.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y harás bien en rezar... por ella más que por mí.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>No ha querido que venga Dolly, porque está un poco mañosa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_407">p.
-407</span>CONSUELITO, <span class="acoti">que rabia por
-hablar</span>.</p>
-
-<p>Como que fue preciso traerla a la fuerza de la Pardina.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>La pobrecita quería estar más tiempo contigo. Mañana iremos las dos
-a verte.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">muy agitado</span>.</p>
-
-<p>No vayáis, no vayáis, porque no me encontraréis.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¿Pues a dónde te vas?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">velada la voz por la
-emoción</span>.</p>
-
-<p>Sucesora de Albrit, futura Marquesa de Breda... ya sé... ya lo sé...
-sigue tu camino lleno de luz, y déjame en el mío tenebroso.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">confusa</span>.</p>
-
-<p>Papaíto, ¿qué razón hay para tanta tristeza? ¡Si te queremos lo
-mismo! Yo te aseguro que vendremos a verte, y que nos enfadaremos con
-mamá si no nos trae.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>No os traerá... ¿Y para qué? ¿Qué soy yo? Un despojo miserable...
-El viejo tronco muere; pero quedas tú, gallardísimo árbol nuevo, que
-perpetuará mi nombre y mi raza.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">con mayor ternura</span>.</p>
-
-<p>Abuelo mío, si tanto me quieres, ¿por qué no haces lo que yo digo,
-lo que yo te mando? Eres<span class="pagenum" id="Page_408">p.
-408</span> un niño, y los que te aman deben... no digo mandarte... eso
-no... dirigirte. ¿Me permites que te dirija?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Marquesa de Breda, tú mandas.</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">envaneciéndose</span>.</p>
-
-<p>Pues si alguna autoridad tengo sobre ti, oye lo que te digo, y
-hazlo, hazlo por Dios... Acepta el recogimiento de Zaratán.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">lastimado en lo más
-vivo</span>.</p>
-
-<p>Adiós, Nell... Vete con tu madre.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>En Zaratán estarás muy bien.</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO, <span class="acoti">metiendo su
-cucharada</span>.</p>
-
-<p>Como un príncipe, como un emperador.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>Vendremos a verte.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Adiós, Nell... <span class="acoti">(Se retira tambaleándose.)</span>
-¿El Prior dónde está?</p>
-
-<p class="rol">NELL, <span class="acoti">gozosa, creyendo que su abuelo
-busca al Prior para tratar con él de su retiro en Zaratán</span>.</p>
-
-<p>En la sacristía... Por aquí.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_409">p.
-409</span>CONSUELITO, <span class="acoti">cogiendo a Nell de la mano y
-llevándosela</span>.</p>
-
-<p>Niña, vámonos... Ya le has dicho lo que debías decirle. ¡Pobre
-anciano! Es, en verdad, un niño... demente.</p>
-
-<p class="rol">NELL</p>
-
-<p>¡Qué pena, Dios mío!... <span class="acoti">(Llamándole.)</span>
-¡Abuelo, abuelo!...</p>
-
-<p class="rol">CONSUELITO</p>
-
-<p>Déjale ya... El león arrogante y fiero entra en la sacristía. No
-dudes que nuestro buen Prior le armará una bonita trampa... Verás,
-verás cómo cae... <span class="acoti">(Confundidas entre la multitud,
-se alejan de la parroquia.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">que, tentando la pared,
-logra coger la puerta, y se precipita en las salas que conducen a la
-sacristía.</span></p>
-
-<p>¡Horrible, horrible! Ni siquiera ha manifestado el deseo de vivir
-en mi compañía... Ni siquiera me ha dicho, como su madre: «Vente con
-nosotras.» Lo que quiere es encerrarme... Esto es dar con el pie al
-ser inútil, al ser caído, que estorba... La duda, oh Dios, me asalta
-otra vez; la duda sopla otra vez en mi alma como huracán, y de las
-pavesas que se iban apagando, levanta llamaradas... No, no es esta la
-legítima, no puede serlo. Todos me engañan... Nell no tiene corazón;
-su frialdad desdeñosa desmiente la noble sangre. No es, no es... <span
-class="acoti">(Gritando.)</span> ¡Padre Maroto! ¡Prior de Zaratán!</p>
-
-<p class="acotj">(Tropezando, se abre camino. Un monaguillo le conduce.
-El Prior sale a su encuentro. Cambian algunas palabras. Para hablar a
-solas, se encierran en el camarín de la Virgen.)</p>
-
-<p class="acotj mt1"><span class="pagenum" id="Page_410">p.
-410</span>En la confusión del gentío que se retira, Senén busca al
-Conde dentro y fuera de la iglesia. Sospechando que estará en la
-Rectoral, corre hacia ella por un atajo. En la obscuridad se desvía;
-encuéntrase con un seto que le corta el camino; creyendo abreviar
-saltándolo, sube a unas piedras, pega un brinco, y cae en un montón de
-estiércol.</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_15">ESCENA XV</h3>
-
-<p class="acot">Calle del <i>Buen Conde</i>, que conduce de la iglesia
-a la subida del <i>Calvario</i>.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, que anda como un ebrio, tropezando en el
-desigual piso; UN HOMBRE DEL PUEBLO, LA MARQUEZA.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">viendo venir un
-bulto</span>.</p>
-
-<p>Buen hombre, ¿por dónde se va al infierno?</p>
-
-<p class="rol">EL HOMBRE DEL PUEBLO, <span class="acoti">que no conoce
-al Conde</span>.</p>
-
-<p>¿Tabernas? Por aquí no las hay. <span class="acoti">(Sigue su
-camino.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿No hay un rayo del cielo que me haga ceniza? Nell es la verdadera;
-la falsa es Dolly, Dolly, ¡la que me quiere más! ¡Vanidades del mundo,
-grandezas del honor, con qué mueca tan horrible me miráis! <span
-class="acoti">(Parándose ante un machón de pared que permanece vertical
-entre montones de ruinas.)</span> ¿Quién va? ¿Eres tú, Senén? Lo que
-me dijiste es verdad. Tu revelación traidora resulta verdadera. Es
-verdad. Maroto no miente. ¿Ves qué burla?... Mis ideas me persiguen, no
-ya como águilas voraces, que quieren picotearme<span class="pagenum"
-id="Page_411">p. 411</span> el cerebro, sino como cotorras charlatanas,
-que con su graznido, semejante al habla de hombres afeminados, se mofan
-de mí... ¡Maldito rufián, déjame! Eres una babosa perfumada... hueles
-horriblemente... y tu contacto da frío. No me toques.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Avanza; pasa junto al último farol de Jerusa
-por aquella parte: sube por el sendero que conduce al Calvario.
-En dirección contraria viene una mujer del pueblo, corpulenta y
-descarnada, que no es otra que la anciana Sibila a quien llaman la
-Marqueza. Lleva una cesta al brazo.)</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA, <span class="acoti">parándose y
-reconociéndole</span>.</p>
-
-<p>¡Señor, mi Conde, por aquí solito a estas horas!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>¿Quién eres? Soy Albrit, el último Albrit de la línea masculina.
-¿Tú, quién eres? <span class="acoti">(La anciana se nombra.)</span>
-¡Ah! la Marqueza... Sibila de Jerusa, aquí me tienes. Ya no dudo: luego
-no existo... Esto que ves en mí, no es la persona de Arista-Potestad:
-es su esqueleto. No te asustes: los esqueletos no hacen daño. Asustan
-por el chocar de huesos, por el mirar burlón de sus ojos vacíos... pero
-nada más.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Señor, ¿qué le pasa? ¿Qué disparates dice? Voy a la Pardina con esta
-cesta de caracoles que me ha encargado el Sr. Venancio. ¿Quiere algo
-para allá? ¿Por qué no se viene conmigo?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_412">p. 412</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Yo a la Pardina?... ¿Has visto a las niñas de Albrit? ¡Qué feas
-son!... repugnantes como gusanos venenosos. La legítima no me quiere:
-me manda al manicomio. Dolly, que me ama, no es mi nieta. Es hija de
-un pintor vicioso y grosero... linaje de contrabandistas en el Alto
-Aragón. <span class="acoti">(Riendo sarcásticamente.)</span> Dime,
-Sibila, ¿dónde está el hoyo más hondo de basura y lodo para meterme, y
-hacer en él mi cama eterna? Como escarabajo, allí labraré la nueva casa
-de Albrit, toda inmundicia.</p>
-
-<p class="rol">LA MARQUEZA</p>
-
-<p>Buen señor, no piense cosas malas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Vete, déjame. Si ves a Venancio, le dices que me arrodillo ante su
-radiante imbecilidad... Adiós, Sibila, adiós.</p>
-
-<p class="acot">(Se aleja dando tumbos. La anciana sigue su camino.)</p>
-
-
-<div class="section">
- <h3 class="g0" id="Ch5_16">ESCENA XVI</h3>
-</div>
-
-<p class="acot">Calvario de Santorojo. Tres cruces en un altozano.</p>
-
-<p class="acot">EL CONDE, D. PÍO.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">viéndole subir</span>.</p>
-
-<p>Albrit, hijo mío, ¿qué horas son estas de venir? Ya me cansaba de
-esperarte... digo, de esperar a usía.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_413">p. 413</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Quién me llama? Eres tú, excelso Coronado, mi amigo del alma. Gran
-filósofo, dame la mano: no puedo ya con mis huesos, que pesan como
-barras de plomo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">dándole el brazo</span>.</p>
-
-<p>Subamos un poco más, y nos sentaremos en la grada de las tres
-cruces. ¿Qué tal? Yo vengo decidido... Como tenía mucha hambre, me he
-traído estos pedazos de pan.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Dame un poco. También yo estoy desfallecido, hijo. Es cosa poco
-higiénica matarse con hambre.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Claro, tomando algún alimento, podemos aguardar hasta la madrugada,
-hora la más propicia...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Te arrojo a ti, y después yo.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>No, usía no; no lo consiento. Me sublevo; no hay trato.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">comiendo pan</span>.</p>
-
-<p>Bueno; pues juntos, en amor y compaña.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">muy apurado</span>.</p>
-
-<p>Usía no. Mire que aviso, y vienen los celadores. Arrójeme a mí,
-según lo tratado, y váyase usía tranquilo a su casa.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_414">p. 414</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¿Sabes que es amargo tu pan?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">suspirando</span>.</p>
-
-<p>Lo que amarga es la boca.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Soy todo amargura, y más desgraciado que tú. ¿Sabes una cosa? Mis
-nietas, que yo adoraba, se diferencian poco de tus hijas. Con buenas
-palabras, Nell me ha arañado el rostro. Espinas de rosas rasguñan
-lo mismo que espinas de zarza... Y con todo, Nell es mi legítima
-descendencia: lo sé por testimonio irrecusable. Dolly, que me ama, no
-es mi descendencia; es una intrusa, la cría infame de la traición, que
-con fraude se introdujo en mi casa, y se escondió entre los brocados de
-Albrit.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">asustado</span>.</p>
-
-<p>Señor, mire lo que habla.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y yo quiero que me digas... antes de caer al abismo, lanzado por
-mí... quiero que me digas, gran filósofo: ¿qué piensas tú del honor?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">lleno de
-confusiones</span>.</p>
-
-<p>El honor... pues el honor... Yo entendía que el honor era... algo
-así como las condecoraciones... Se dice también <i>honores fúnebres, el
-honor nacional, el campo del honor</i>... En fin, no sé lo que es.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_415">p. 415</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Hablo del honor de las familias, la pureza de las razas, el lustre
-de los nombres... Yo he llegado a creer esta noche... y te lo digo con
-toda franqueza... que si del honor pudiéramos hacer cosa material,
-sería muy bueno para abonar las tierras.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Y criar la hermosa lechuga y el rico tomate. Para semilleros, he
-oído que no hay nada como la gallinaza y palomina.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Y para la hortaliza social, para este mundo de ahora, nacido sobre
-acarreos, la mejor substancia es la ignominia, la impureza y mezcolanza
-de sangres nobles y sangres viles... Quedamos en que tú no aciertas
-a decirme lo que es el honor, ni te has encontrado nunca esa alimaña
-en tus excursiones filosóficas.</p>
-
-<p class="acotj mt1">(Se sientan al pie de las cruces. La noche está
-plácida, y la luna, en creciente avanzado, platea el cielo y la mar, y
-baña en dulce claridad la tierra.)</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">aguzando el
-entendimiento</span>.</p>
-
-<p>Pues el honor... Si no es la virtud, el amor al prójimo, y el no
-querer mal a nadie, ni a nuestros enemigos, juro por las barbas de
-Júpiter que no sé lo que es.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con triste
-sonrisa</span>.</p>
-
-<p>Ya sales con tu Mitología... Por cierto que en la fábula mitológica
-no figura para nada el<span class="pagenum" id="Page_416">p.
-416</span> honor: los dioses hacían el amor a las hijas del pueblo, así
-como las diosas se enamoriscaban de cualquier pastor de cabras.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Como que no había más aristocracia que la hermosura.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Pues mira, sería bueno que ahora, después de bien estrellados y
-deshechos contra las rocas, nos convirtiéramos tú y yo en dioses o
-semidioses mitológicos.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Aunque fuera cuartos de dioses. Nos pondrían en el séquito de
-Neptuno. <span class="acoti">(Un escalofrío mortal atraviesa todo su
-cuerpo, y lo estremece desde la nuca al tobillo.)</span> ¡Abuelo, qué
-fría estará la mar!...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Mejor. Así, fresquitos y bien desmenuzados, seremos más del gusto de
-los peces.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sintiendo un intenso
-pavor</span>.</p>
-
-<p>Es horrible... ¿Y qué hace uno en el estómago del pez?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con lúgubre
-humorismo</span>.</p>
-
-<p>Lo que haría probablemente Jonás en el vientre de la ballena:
-aburrirse... Porque no se dice que llevara periódicos que leer, ni
-baraja para hacer solitarios.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_417">p. 417</span>D. PÍO,
-<span class="acoti">dando diente con diente</span>.</p>
-
-<p>Yo me figuro que cuando llegue a lo hondo del cantil, ya no estaré
-vivo... Y así es mejor, Albrit. No le gusta a uno padecer, ni aun
-en el momento crítico de poner fin a sus padecimientos... Esperemos
-a la madrugada, hora en que no pasa por aquí alma viviente. Hasta
-media noche, hay el peligro de que algún pescador rezagado pase, nos
-vea, y nos denuncie... <span class="acoti">(Descubriendo un bulto
-lejano.)</span> ¡Ah! por allí viene alguien.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Será un vagabundo... quizás un animal; que en las noches claras,
-como en días de brillante sol, suelen confundirse los cuadrúpedos con
-las personas.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">observando
-atentamente</span>.</p>
-
-<p>Es una mujer.</p>
-
-<p class="acot">(Pausa. En el silencio grave de la noche, suena
-como vibración intensa de la atmósfera la voz de Dolly gritando:
-<i>¡Abuelo!</i>)</p>
-
-
-<h3 class="g0" id="Ch5_17">ESCENA ÚLTIMA</h3>
-
-<p class="acot">EL CONDE, D. PÍO, DOLLY</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">despavorido, agarrándose a
-D. Pío</span>.</p>
-
-<p>¡La voz de Dolly!... ¡Será una racha de viento!... Dios mío, ¡qué
-extraña sensación!</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Pues, sí, me parece que es Dolly. <span class="acoti">(Poniéndose en
-pie y llamando.)</span> Niña, estamos aquí.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_418">p. 418</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¡Dolly! ¿Pero qué...? ¿Se abre la tierra y me traga?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">andando hacia las cruces, sin
-correr, porque cojea un poco, como si le doliera un&nbsp;pie</span>.</p>
-
-<p>¡Abuelito querido... lo que me ha costado encontrarte! ¿Sabes? Me
-escapé de casa. Corrí a la Pardina, y en la puerta me encontré a la
-Marqueza con una cesta de caracoles, y me dijo que te había visto subir
-hacia el Calvario. <span class="acoti">(Acercándose.)</span> ¿Pero qué
-haces? ¿Vuelves la cara? <span class="acoti">(El Conde se agarra tan
-fuertemente a D. Pío, que parece querer estrujarle.)</span></p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Cuenta, niña... Hemos oído mal. ¿Dices que te escapaste?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Tuve que saltar por la verja... Me lastimé un pie... A Monedero se
-le antojó ponerme presa en su despacho, porque dije a mamá que a todo
-trance quiero quedarme en Jerusa con el abuelo, y vivir siempre con
-él... ¡Ay, lo que he corrido!</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con estupor
-terrorífico</span>.</p>
-
-<p>Veo la ignominia, veo la sublimidad, no sé lo que veo... ¿Se hunde
-el cielo, se acaba el mundo, o qué pasa aquí?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">acongojada</span>.</p>
-
-<p>Papaíto, ¿por qué no miras a tu Dolly?... ¿Qué dices?... ¿Ya no
-quieres a tu Dolly?</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_419">p. 419</span>EL
-CONDE, <span class="acoti">desconcertado</span>.</p>
-
-<p>Eres mi oprobio... Dolly... ¿por qué me amas?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¡Vaya una pregunta! <span class="acoti">(Acariciándole.)</span> Ya
-te dije esta mañana en la Pardina que tu Dolly no se separará nunca
-de ti... A donde tú vayas, voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero
-compartir tu pobreza, cuidarte, ser la hijita de tu alma.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con grandísima
-agitación</span>.</p>
-
-<p>¡Oh, Dolly, Dolly!...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>¿Qué tienes?...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo,
-y se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no
-cabe...</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita
-coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo.
-<span class="acoti">(Le abraza y le besa.)</span></p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">alelado</span>.</p>
-
-<p>Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero
-pisotea el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_420">p. 420</span>DOLLY</p>
-
-<p>Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a
-donde quiera que vayas...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">vivamente</span>.</p>
-
-<p>Si no te llevo, ¿qué?</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Me moriré de pena.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">elevando hacia el cielo
-las palmas de sus manos</span>.</p>
-
-<p>Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre
-debo dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?...
-Del seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que
-de nada valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser
-humano. Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es
-lo que permanece... El ánima no se oxida.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con hermosa
-ingenuidad</span>.</p>
-
-<p>Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor?
-¿En dónde está la verdad?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">abrazando a
-Dolly</span>.</p>
-
-<p>Aquí... <span class="acoti">(Como quien vuelve de un
-desvanecimiento.)</span> Dime, amigo Coronado, ¿he dicho muchos
-disparates? Porque siento que vuelve a mí la razón.<span
-class="pagenum" id="Page_421">p. 421</span> Esta chiquilla,
-trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo, trepidando, recobro mi
-equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella sola me ama, y consagra
-a este pobre viejo su florida juventud.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY, <span class="acoti">besándole</span>.</p>
-
-<p>Albrit, ¿quién te quiere?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Tú sola.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>No te llamaré Albrit, sino <i>Abuelo</i>.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el
-sentido que quieras.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">con unción</span>.</p>
-
-<p>Dios es el abuelo de todas las criaturas.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo
-barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a
-escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">sollozando</span>.</p>
-
-<p>Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie
-me ha querido. Lo juro por la laguna Estigia.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_422">p. 422</span>EL CONDE</p>
-
-<p>¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... <span
-class="acoti">(Con resolución, incorporándose.)</span> Vámonos.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>¿A dónde?</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son
-pobres; pero a Dolly no le importa la pobreza.</p>
-
-<p class="rol">DOLLY</p>
-
-<p>Con mi cariño te haré yo rico.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE, <span class="acoti">con ardiente
-júbilo</span>.</p>
-
-<p>Coronado, ¿has oído esto?</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos.
-Ahora hablan.</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la
-amistad. Ven, síguenos.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO. <span class="acoti">señalando el
-cantil</span>.</p>
-
-<p>Pero...</p>
-
-<p class="rol">EL CONDE</p>
-
-<p>Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que
-me tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos.</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO</p>
-
-<p>Escondámonos en cualquier aldea.</p>
-
-<p class="rol"><span class="pagenum" id="Page_423">p. 423</span>EL CONDE</p>
-
-<p>Dios nos protege. <span class="acoti">(A Dolly.)</span> ¿Está
-cojito mi ángel? Ven a mis brazos. Pesas poco, y yo aún tengo vigor
-para cargarte. <span class="acoti">(La toma en brazos.)</span> Vámonos
-primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas.</p>
-
-<p class="acotj mt1">Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de
-los senderos y atajos, va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no
-cansar al abuelo, se desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen
-en las lomas que separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la
-aldea de este nombre y en una pobre casa de labor, les da generosa y
-cordial hospitalidad un matrimonio dedicado a la cría de carneros y
-vacas; gente sencilla; un par de viejos honradísimos y joviales, que
-allí habían nacido, y allí moraban desde tiempo inmemorial; restos
-nobilísimos, olvidados ya, del poderoso Estado de Laín. Amanece.</p>
-
-<p class="acotj">Al filo del mediodía, llega la pareja de la
-Guardia civil con una carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice
-así: «<i>Señor Conde, puesto que usted quiere a Dolly, y Dolly le
-quiere, doy mi consentimiento para que viva en su compañía, por sus
-días. Y que estos sean muchos desea ardientemente su hija</i>—<span
-class="smcap">Lucrecia</span>.»</p>
-
-<p class="rol">D. PÍO, <span class="acoti">entre helechos,
-filosofando</span>.</p>
-
-<p>¿El mal... es el bien?</p>
-
-
-<p class="fin">FIN DE LA NOVELA</p>
-
-
-<p class="acotj mt3">Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de
-1897.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <h2 class="nobreak">ÍNDICE</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table class="toc" summary="">
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdrb smaller bb">Págs.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch01">Prefacio</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_v">v</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch02">Dramatis Personæ</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_2">2</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA PRIMERA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_1">Escena primera</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_3">3</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_2">Escena II</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_13">13</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_3">Escena III</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_29">29</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_4">Escena IV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_40">40</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_5">Escena V</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_44">44</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_6">Escena VI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_56">56</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_7">Escena VII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_57">57</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_8">Escena VIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_59">59</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_9">Escena IX</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_64">64</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_10">Escena X</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_68">68</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_11">Escena XI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_70">70</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch1_12">Escena XII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_74">74</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA SEGUNDA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_1">Escena primera</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_81">81</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_2">Escena II</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_83">83</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_3">Escena III</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_90">90</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_4">Escena IV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_95">95</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_5">Escena V</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_118">118</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch2_6">Escena VI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_140">140</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA TERCERA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_1">Escena primera</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_145">145</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_2">Escena II</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_158">158</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_3">Escena III</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_163">163</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_4">Escena IV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_169">169</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_5">Escena V</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_179">179</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_6">Escena VI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_183">183</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_7">Escena VII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_186">186</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_8">Escena VIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_192">192</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_9">Escena IX</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_215">215</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_10">Escena X</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_225">225</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_11">Escena XI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_227">227</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_12">Escena XII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_243">243</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch3_13">Escena XIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_247">247</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA CUARTA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_1">Escena primera</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_251">251</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_2">Escena II</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_254">254</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_3">Escena III</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_260">260</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_4">Escena IV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_267">267</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_5">Escena V</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_270">270</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_6">Escena VI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_275">275</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_7">Escena VII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_280">280</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_8">Escena VIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_281">281</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_9">Escena IX</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_290">290</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_10">Escena X</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_294">294</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_11">Escena XI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_299">299</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_12">Escena XII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_302">302</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_13">Escena XIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_320">320</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_14">Escena XIV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_325">325</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch4_15">Escena XV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_332">332</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdc smaller pt1">JORNADA QUINTA</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_1">Escena primera</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_341">341</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_2">Escena II</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_347">347</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_3">Escena III</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_351">351</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_4">Escena IV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_355">355</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_5">Escena V</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_365">365</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_6">Escena VI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_370">370</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_7">Escena VII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_374">374</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_8">Escena VIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_376">376</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_9">Escena IX</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_387">387</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_10">Escena X</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_389">389</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_11">Escena XI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_394">394</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_12">Escena XII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_397">397</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_13">Escena XIII</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_402">402</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_14">Escena XIV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_405">405</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_15">Escena XV</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_410">410</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_16">Escena XVI</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_412">412</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl"><a href="#Ch5_17">Escena última</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_417">417</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL ABUELO ***</div>
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
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-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
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-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
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-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
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-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
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-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
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-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
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-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
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-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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-</div>
-
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
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-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
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-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
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-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
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Binary files differ
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