summaryrefslogtreecommitdiff
diff options
context:
space:
mode:
authornfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-01-22 06:38:58 -0800
committernfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-01-22 06:38:58 -0800
commit301fa6ffba440c0bb8f8d07f84aa1b763cdb84bf (patch)
treeacd4ff3c509aeec1999b5677a2354a4b2bf4efaf
parent947a5fed14e160467022b9eca5711511c0f27418 (diff)
NormalizeHEADmain
-rw-r--r--.gitattributes4
-rw-r--r--LICENSE.txt11
-rw-r--r--README.md2
-rw-r--r--old/67248-0.txt2470
-rw-r--r--old/67248-0.zipbin37480 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h.zipbin892910 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/67248-h.htm3014
-rw-r--r--old/67248-h/images/002.jpgbin26263 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/005.jpgbin81242 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/007.jpgbin96177 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/013.jpgbin57378 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/027.jpgbin16047 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/031.jpgbin29431 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/037.jpgbin87000 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/048.jpgbin16940 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/053.jpgbin64242 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/055.jpgbin42031 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/057.jpgbin10782 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/073.jpgbin81207 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/081.jpgbin28937 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/083.jpgbin77272 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/091.jpgbin68422 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/103.jpgbin13411 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/108.jpgbin20630 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/109.jpgbin14547 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/110.jpgbin11080 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/67248-h/images/cover.jpgbin64264 -> 0 bytes
27 files changed, 17 insertions, 5484 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes
new file mode 100644
index 0000000..d7b82bc
--- /dev/null
+++ b/.gitattributes
@@ -0,0 +1,4 @@
+*.txt text eol=lf
+*.htm text eol=lf
+*.html text eol=lf
+*.md text eol=lf
diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt
new file mode 100644
index 0000000..6312041
--- /dev/null
+++ b/LICENSE.txt
@@ -0,0 +1,11 @@
+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
+
+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
+
+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
diff --git a/README.md b/README.md
new file mode 100644
index 0000000..4ee91f0
--- /dev/null
+++ b/README.md
@@ -0,0 +1,2 @@
+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
+eBook #67248 (https://www.gutenberg.org/ebooks/67248)
diff --git a/old/67248-0.txt b/old/67248-0.txt
deleted file mode 100644
index 634db59..0000000
--- a/old/67248-0.txt
+++ /dev/null
@@ -1,2470 +0,0 @@
-The Project Gutenberg eBook of El clavo, by Pedro Antonio de Alarcón
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: El clavo
-
-Author: Pedro Antonio de Alarcón
-
-Release Date: January 25, 2022 [eBook #67248]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CLAVO ***
-
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * Algunas ilustraciones han sido desplazadas muy ligeramente para que
- no interrumpan un párrafo.
-
- * Una página en blanco ha sido eliminada.
-
- * Se ha añadido un Índice al final del libro pese a que el original
- impreso no lo incluye.
-
-
-
-
-[Ilustración: BIBLIOTECA MIGNON]
-
-
-
-
-EL CLAVO (Causa célebre.)
-
-
-
-
- BIBLIOTECA MIGNON
-
-
- OBRAS PUBLICADAS
-
- I. Vicente Medina.--_Aires murcianos._ -- Segunda edición.
-
- II. A. Palacio Valdés.--_¡Solo!_ -- Segunda edición.
-
- III. Clarín.--_Las dos cajas._
-
- IV. Ricardo Wagner.--_Historia de un músico en París._
-
- V. González Serrano.--_Siluetas._
-
- VI. J. Valera.--_El pájaro verde._
-
- VII. Luis Bonafoux.--_Risas y lágrimas._
-
- VIII. J. O. Picón.--_Cuentos._
-
- IX. R. Becerro de Bengoa.--_El recién nacido._
-
- X. J. O. y Munilla.--_Tremielga._
-
- XI. José M. de Pereda.--_Para ser buen arriero..._
-
- XII. Alfonso Daudet.--_Una anécdota del segundo Imperio._
-
- XIII. V. Blasco Ibáñez.--_La cencerrada._
-
- XIV. G. Martínez Sierra.--_Almas ausentes._
-
- XV. Enrique Menéndez y Pelayo.--_A la sombra de un roble._
-
- XVI. G. Nuñez de Arce.--_Sancho Gil_ (novela fantástica).
-
- XVII. Blanca de los Ríos.--_Melita Palma._
-
- XVIII. Arturo Reyes.--_Cuentos andaluces._
-
- XIX. Pedro A. de Alarcón.--_El clavo_ (causa célebre).
-
-
- EN PRENSA
-
- XX. M. Tolosa Latour.--_Hombradas._
-
-
-
-
- XIX
- _Biblioteca Mignon._
- --
- PEDRO A. DE ALARCÓN
- DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA
-
-
- EL CLAVO
-
- [Ilustración]
-
- MADRID
- --
- B. RODRÍGUEZ SERRA, DIRECTOR
- Flor baja, 9.
-
-
-
-
-Imp. de A. Marzo, Pozas, 12.
-
-[Ilustración: PEDRO A. DE ALARCÓN.]
-
-
-
-
-EL CLAVO
-
-(causa célebre)
-
-
-PRÓLOGO
-
- * * * * *
-
-Felipe encendió un cigarro y habló de esta manera:
-
-FIN DEL PRÓLOGO
-
-
-
-
-I
-
-El número 1.
-
-
-Lo que más ardientemente desea todo el que pone el pie en el estribo
-de una diligencia para emprender un largo viaje es que los compañeros
-de _departamento_ que le toquen en suerte sean de amena conversación
-y tengan sus mismos gustos, sus mismos vicios, pocas impertinencias,
-buena educación y una franqueza que no raye en familiaridad.
-
-Porque, como ya han dicho y demostrado Larra, Koch, Soulié y otros
-escritores de costumbres, es asunto muy serio esa improvisada e íntima
-reunión de dos o más personas, que nunca se han visto ni quizá han
-de volver a verse sobre la tierra, y destinadas, sin embargo, por un
-capricho del azar, a codearse dos o tres días, a almorzar, comer y
-cenar juntos, a dormir una encima de otra, a manifestarse, en fin,
-recíprocamente, con ese abandono y confianza que no concedemos ni aun a
-nuestros mayores amigos, esto es, con los hábitos y flaquezas de casa y
-de familia.
-
-Al abrir la portezuela acuden tumultuosos temores a la imaginación.
-Una vieja con asma, un fumador de mal tabaco, una fea que no tolere el
-humo del bueno, una nodriza que se maree de ir en carruaje, angelitos
-que lloren y demás, un hombre grave que ronque, una venerable matrona
-que ocupe asiento y medio, un inglés que no hable el español (supongo
-que vosotros no habláis el inglés), tales son, entre otros, los tipos
-que teméis encontrar.
-
-Alguna vez acariciáis la dulce esperanza de hallaros con una hermosa
-compañera de viaje; por ejemplo, con una viudita de veinte a treinta
-años (y aun de treinta y seis), con quien sobrellevar a medias las
-molestias del camino; pero no bien os ha sonreído esta idea cuando os
-apresuráis a desecharla melancólicamente, considerando que tal ventura
-sería demasiada para un simple mortal en este valle de lágrimas y
-despropósitos.
-
-Con tan amargos recelos ponía yo el pie en el estribo de la diligencia
-de Granada a Málaga, a las once menos cinco minutos de una noche de
-otoño de 1844, noche oscura y tempestuosa, por más señas.
-
-Al penetrar en el coche, con el billete número 2 en el bolsillo, mi
-primer pensamiento fue saludar a aquel incógnito número 1, que me traía
-inquieto antes de serme conocido.
-
-Es de advertir que el tercer asiento de la berlina no estaba tomado,
-según confesión del mayoral en jefe.
-
---¡Buenas noches! --dije, no bien me senté, enfilando la voz hacia el
-rincón en que suponía a mi compañero de jaula.
-
-Un silencio tan profundo como la oscuridad reinante siguió a mis
-buenas noches.
-
---¡Diantre! --pensé--: ¿si será sordo... o sorda mi epiceno cofrade?
-
-[Ilustración]
-
-Y alzando más la voz, repetí:
-
---¡Buenas noches!
-
-Igual silencio siguió a mi segunda salutación.
-
---¿Si será mudo? --me dije entonces.
-
-A todo esto, la diligencia había echado a andar, digo, a correr,
-arrastrada por diez briosos caballos.
-
-Mi perplejidad subía de punto.
-
-¿Con quién iba? ¿Con un varón? ¿Con una hembra? ¿Con una vieja? ¿Con
-una joven? -- ¿Quién, quién era aquel silencioso _número 1_?
-
-Y fuera quien fuese, ¿por qué callaba? ¿Por qué no respondía a mi
-saludo? ¿Estaría ebrio? ¿Se habría dormido? ¿Se habría muerto? ¿Sería
-un ladrón?
-
-Era cosa de encender luz. Pero yo no fumaba entonces, y no tenía
-fósforos...
-
-¿Qué hacer?
-
-Por aquí iba en mis reflexiones, cuando se me ocurrió apelar al
-sentido del tacto, pues que tan ineficaces eran el de la vista y el del
-oído.
-
-Con más tiento, pues, que emplea un pobre diablo para robarnos el
-pañuelo en la Puerta del Sol, extendí la mano derecha hacia aquel
-ángulo del coche.
-
-Mi dorado deseo era tropezar con una falda de seda o de lana, y aun de
-percal...
-
-Avancé, pues...
-
-¡Nada!
-
-Avancé más; extendí todo el brazo...
-
-¡Nada!
-
-Avancé de nuevo; palpé con entera resolución en un lado, en otro, en
-los cuatro rincones, debajo de los asientos, en las correas del techo...
-
-¡Nada..., nada!
-
-En este momento brilló un relámpago (ya he dicho que había tempestad),
-y a su luz sulfúrea vi... ¡que iba completamente solo!
-
-Solté una carcajada, burlándome de mí mismo, y precisamente en aquel
-instante se detuvo la diligencia.
-
-Estábamos en el primer relevo.
-
-Ya me disponía a preguntarle al mayoral por el viajero que faltaba,
-cuando se abrió la portezuela, y a la luz de un farol que llevaba el
-zagal vi... ¡Me pareció un sueño lo que vi!
-
-Vi poner el pie en el estribo de la berlina (¡de mi departamento!) a
-una hermosísima mujer, joven, elegante, pálida, sola, vestida de luto...
-
-Era el _número 1_; era mi antes epiceno compañero de viaje; era la
-viuda de mis esperanzas; era la realización del sueño que apenas había
-osado concebir; era el _non plus ultra_ de mis ilusiones de viajero...
-¡Era _ella_!
-
-Quiero decir, había de ser _ella_ con el tiempo.
-
-
-
-
-II
-
-Escaramuzas.
-
-
-Luego que hube dado la mano a la desconocida, para ayudarla a subir,
-y que ella tomó asiento a mi lado, murmurando un _Gracias... Buenas
-noches..._ que me llegó al corazón, ocurrióseme esta idea tristísima y
-desgarradora:
-
---¡De aquí a Málaga solo hay diez y ocho leguas! ¡Que no fuéramos a la
-península de Kamchatka!
-
-Entre tanto se cerró la portezuela y quedamos a oscuras.
-
-Esto significaba ¡_no verla_!
-
-Yo pedía relámpagos al cielo, como el Alfonso Munio de la señora
-Avellaneda cuando dice:
-
- ¡Horrible tempestad, mándame un rayo!
-
-Pero ¡oh dolor! la tormenta se retiraba ya hacia el mediodía...
-
-Y no era lo peor _no verla_, sino que el aire severo y triste de la
-gentil señora me había impuesto de tal modo, que no me atrevía a cosa
-ninguna.
-
-Sin embargo, pasados algunos minutos le hice aquellas primeras
-preguntas y observaciones _de cajón_ que establecen poco a poco cierta
-intimidad entre los viajeros:
-
---¿Va usted bien?
-
---¿Se dirige usted a Málaga?
-
---¿Le ha gustado a usted la Alhambra?
-
---¿Viene usted de Granada?
-
---¡Está la noche húmeda!
-
-A lo que respondió ella:
-
---Gracias.
-
---Sí.
-
---No, señor.
-
---¡Oh!
-
---¡Pchis!
-
-Seguramente, mi compañera de viaje tenía poca gana de conversación.
-
-Dediqueme, pues, a coordinar mejores preguntas, y viendo que no se me
-ocurrían, me puse a reflexionar.
-
-¿Por qué había subido aquella mujer en el primer relevo de tiro y no
-desde Granada?
-
-¿Por qué iba sola?
-
-¿Era casada?
-
-¿Era viuda?
-
-¿Era...?
-
-¿Y su tristeza? ¿_Quare causa_?
-
-Sin ser indiscreto no podía hallar la solución de estas cuestiones,
-y la viajera me gustaba demasiado para que yo corriese el riesgo de
-parecerle un hombre vulgar dirigiéndole necias preguntas.
-
-¡Cómo deseaba que amaneciera!
-
-De día se habla con justificada libertad... mientras que la
-conversación a oscuras tiene algo de tacto, va derecha al bulto, es un
-abuso de confianza.
-
-La desconocida no durmió en toda la noche, según deduje de su
-respiración y de los suspiros que lanzaba de vez en cuando...
-
-Creo inútil decir que yo tampoco pude coger el sueño.
-
---¿Está usted indispuesta? --le pregunté una de las veces que se quejó.
-
---No, señor; gracias. Ruego a usted que se duerma descuidado...
---respondió con seria afabilidad.
-
---¡Dormirme! --exclamé.
-
-Luego añadí:
-
---Creí que padecía usted.
-
---¡Oh! no..., no padezco --murmuró blandamente, pero con un acento en
-que llegué a percibir cierta amargura.
-
-El resto de la noche no dio de sí más que breves diálogos como el
-anterior.
-
-Amaneció al fin...
-
-¡Qué hermosa era!
-
-Pero ¡qué sello de dolor sobre su frente! ¡Qué lúgubre oscuridad en
-sus bellos ojos! ¡Qué trágica expresión en todo su semblante! Algo muy
-triste había en el fondo de su alma.
-
-Y, sin embargo, no era una de aquellas mujeres excepcionales,
-extravagantes, de corte romántico, que viven fuera del mundo devorando
-algún pesar o representando alguna tragedia...
-
-Era una mujer a la moda, una elegante mujer, de porte distinguido, cuya
-menor palabra dejaba traslucir una de esas reinas de la conversación
-y del buen gusto que tienen por trono una butaca de su gabinete, una
-carretela en el Prado o un palco en la Ópera; pero que callan fuera de
-su elemento, o sea fuera del círculo de sus iguales.
-
-Con la llegada del día se alegró algo la encantadora viajera, y ya
-consistiese en que mi circunspección de toda la noche y la gravedad de
-mi fisonomía le inspirasen buena idea de mi persona, ya en que quisiera
-recompensar al hombre a quien no había dejado dormir, fue el caso que
-inició a su vez las cuestiones de ordenanza:
-
---¿Dónde va usted?
-
---¡Va a hacer buen día!
-
---¡Qué hermoso paisaje!
-
-A lo que yo contesté más extensamente que ella me había contestado a mí.
-
-Almorzamos en Colmenar.
-
-Los viajeros del _interior_ y de la _rotonda_ eran personas poco
-tratables.
-
-Mi compañera se redujo a hablar conmigo.
-
-Excusado es decir que yo estuve enteramente consagrado a ella y que la
-atendí en la mesa como a una persona real.
-
-De vuelta en el coche, nos tratábamos ya con alguna confianza.
-
-En la mesa habíamos hablado de Madrid, y hablar bien de Madrid a
-una madrileña que se halla lejos de la corte, es la mejor de las
-recomendaciones.
-
-¡Porque nada es tan seductor como Madrid perdido!
-
---¡Ahora o nunca, Felipe! --me dije entonces--. Quedan ocho leguas.
-Abordemos la cuestión amorosa...
-
-
-
-
-III
-
-Catástrofe.
-
-
-¡Desventurado! No bien dije una palabra galante a la beldad, conocí que
-había puesto el dedo sobre una herida...
-
-En el momento perdí todo lo que había ganado en su opinión.
-
-Así me lo dijo una mirada indefinible que cortó la voz en mis labios.
-
---Gracias, señor, gracias --me dijo luego al ver que cambiaba de
-conversación.
-
---¿He enojado a usted, señora?
-
---Sí; el amor me horroriza. ¡Qué triste es inspirar lo que no se
-siente! ¿Qué haría yo para no agradar a nadie?
-
---¡Algo es menester que usted haga, si no se complace en el daño
-ajeno!... --repuse muy seriamente--. La prueba es que aquí me tiene
-pesaroso de haberla conocido... ¡Ya que no feliz, por lo menos yo vivía
-ayer en paz... y ya soy desgraciado, puesto que la amo a usted sin
-esperanza!
-
---Le queda a usted una satisfacción, amigo mío... --replicó ella
-sonriendo.
-
---¿Cuál?
-
---Que si no acojo su amor, no es por ser suyo, sino porque es amor.
-Puede usted, pues, estar seguro de que ni hoy, ni mañana, ni nunca...
-obtendrá otro hombre la correspondencia que le niego. ¡Yo no amaré
-jamás a nadie!
-
---Pero ¿por qué, señora?
-
---¡Porque el corazón no quiere, porque no puede, porque no debe luchar
-más! ¡Porque he amado hasta el delirio... y he sido engañada! En fin,
-porque aborrezco el amor.
-
-¡Magnífico discurso! Yo no estaba enamorado de aquella mujer.
-Inspirábame curiosidad y deseo, por lo distinguida y por lo bella; pero
-de esto a una pasión había todavía mucha distancia.
-
-Así, pues, al escuchar aquellas dolorosas y terminantes palabras,
-dejó la contienda mi corazón de hombre y entró en ejercicio mi
-imaginación de artista. Quiere esto decir que comencé a hablar a la
-desconocida un lenguaje filosófico y moral del mejor gusto, con el
-que logré conquistar su confianza, o sea que me dijese algunas otras
-generalidades melancólicas del género Balzac.
-
-Así llegamos a Málaga.
-
-Era el instante más oportuno para saber el nombre de aquella
-singularísima señora.
-
-Al despedirme de ella en la Administración, la dije cómo me llamaba, la
-casa donde iba a parar y mis señas en Madrid.
-
-Ella me contestó con un tono que nunca olvidaré.
-
---Doy a usted mil gracias por las amables atenciones que le he merecido
-durante el viaje, y le suplico que me dispense si le oculto mi nombre,
-en vez de darle uno fingido, que es con el que aparezco en la _hoja_.
-
---¡Ah! --respondí--; ¡luego nunca volveremos a vernos!
-
---¡Nunca!... Lo cual no debe pesarle.
-
-[Ilustración]
-
-Dicho esto, la joven sonrió sin alegría, tendiéndome una mano con
-exquisita gracia, y murmuró:
-
---Pida usted a Dios por mí.
-
-Yo estreché su mano, linda y delicada, y terminé con un saludo aquella
-escena, que empezaba a hacerme mucho daño.
-
-En esto llegó un elegante coche al parador.
-
-Un lacayo con librea negra avisó a la desconocida.
-
-Subió ella al carruaje, saludome de nuevo y desapareció por la Puerta
-del Mar.
-
- * * * * *
-
-Dos meses después volví a encontrarla.
-
-Sepamos dónde.
-
-
-
-
-IV
-
-Otro viaje.
-
-
-A las dos de la tarde del 1.º de noviembre de aquel mismo año, caminaba
-yo sobre un mal rocín de alquiler por el arrecife que conduce a ***,
-villa importante y cabeza de partido de la provincia de Córdoba.
-
-Mi criado y el equipaje iban en otro rocín mucho peor.
-
-Dirigíame a *** con objeto de arrendar unas tierras y permanecer
-tres o cuatro semanas en casa del Juez de primera instancia, íntimo
-amigo mío, a quien conocí en la Universidad de Granada cuando ambos
-estudiábamos Jurisprudencia y donde simpatizamos, contrajimos estrecha
-amistad y fuimos inseparables. Después no nos habíamos visto en siete
-años.
-
-Según iba aproximándome a la población, término de mi viaje, llegaba
-más distintamente a mis oídos el melancólico clamoreo de muchas
-campanas que tocaban a muerto...
-
-Maldita la gracia que me hizo tan lúgubre coincidencia...
-
-Sin embargo, aquel _doble_ no tenía nada de casual, y yo debí contar
-con él, en atención a ser víspera del día de difuntos.
-
-Llegué, con todo, muy de mal humor a los brazos de mi amigo, que me
-aguardaba en las afueras del pueblo.
-
-Él advirtió al momento mi preocupación y después de los primeros
-saludos:
-
---¿Qué tienes? --me dijo, dándome el brazo, en tanto que sus criados y
-el mío se alejaban con las cabalgaduras.
-
---Hombre, seré franco... --le contesté--. Nunca he merecido, ni pienso
-merecer, que me eleven arcos de triunfo; nunca he experimentado ese
-inmenso júbilo que llenará el corazón de un grande hombre en el momento
-que un pueblo alborozado sale a recibirlo, mientras que las campanas
-repican a vuelo; pero...
-
---¿Adónde vas a parar?
-
---A la segunda parte de mi discurso. Y es: que si en este pueblo no he
-experimentado los honores de la entrada triunfal, acabo de ser objeto
-de otros muy parecidos, aunque enteramente opuestos. ¡Confiesa, oh juez
-de palo, que esos clamores funerales que solemnizan mi entrada en ***
-hubieran contristado al hombre más jovial del universo!
-
-[Ilustración]
-
---¡Bravo, Felipe! --replicó el juez, a quien llamaremos Joaquín
-Zarco--. ¡Vienes muy a mi gusto! Esa melancolía cuadra perfectamente a
-mi tristeza.
-
---¡Tú triste!... ¿De cuándo acá?
-
-Joaquín se encogió de hombros, y no sin trabajo retuvo un gemido...
-
-Cuando dos amigos que se quieren de verdad, vuelven a verse después de
-larga separación, parece como que resucitan todas las penas que no han
-llorado juntos.
-
-Yo me hice el desentendido por el momento y hablé a Zarco de cosas
-indiferentes.
-
-En esto penetramos en su elegante casa.
-
---¡Diantre, amigo mío! --no pude menos de exclamar--. ¡Vives muy bien
-alojado!... ¡Qué orden, qué gusto en todo! ¡Necio de mí!... Ya caigo...
-Te habrás casado...
-
---No me he casado... --respondió el juez con la voz un poco turbada--.
-¡No me he casado ni me casaré nunca!...
-
---Que no te has casado, lo creo, supuesto que no me lo has escrito...
-¡y la cosa valía la pena de ser contada! Pero eso de que no te casarás
-nunca, no me parece tan fácil, ni tan creíble.
-
---Pues te lo juro --replicó Zarco solemnemente.
-
---¡Qué rara metamorfosis! --repuse yo--. Tú, tan partidario siempre del
-séptimo sacramento; tú, que hace dos años me escribías aconsejándome
-que me casara, ¡salir ahora con esa novedad!... Amigo mío, ¡a ti te ha
-sucedido algo, y algo muy penoso!
-
---¿A mí? --dijo Zarco estremeciéndose.
-
---¡A ti! --proseguí yo--. ¡Y vas a contármelo! Tú vives aquí solo,
-encerrado en la grave circunspección que exige tu destino, sin un amigo
-a quien referir tus debilidades de mortal... Pues bien; cuéntamelo todo
-y veamos si puedo servirte de algo.
-
-El juez me estrechó las manos, diciendo:
-
---Sí..., sí... ¡Lo sabrás todo, amigo mío! ¡Soy muy desventurado!
-
-Luego se serenó un poco y añadió secamente:
-
---Vístete. Hoy va todo el pueblo a visitar el cementerio, y parecería
-mal que yo faltase. Vendrás conmigo. La tarde está buena y te conviene
-andar a pie, para descansar del trote del rocín. El cementerio se halla
-situado en medio de un hermoso campo, y no te disgustará el paseo. Por
-el camino te contaré la historia que ha acibarado mi existencia, y
-verás si tengo o no tengo motivos para renegar de las mujeres.
-
-Una hora después caminábamos Zarco y yo en dirección al cementerio.
-
-Mi pobre amigo me habló de esta manera:
-
-
-
-
-V
-
-Memorias de un juez de primera instancia.
-
-
-I
-
-Hace dos años que, estando de promotor fiscal en ***, obtuve licencia
-para pasar un mes en Sevilla.
-
-En la fonda en que me hospedé vivía hacía algunas semanas cierta
-elegante y hermosísima joven, que pasaba por viuda, cuya procedencia,
-así como el objeto que la retenía en Sevilla, eran un misterio para los
-demás huéspedes.
-
-Su soledad, su lujo, su falta de relaciones y el aire de tristeza
-que la envolvía daban pie a mil conjeturas; todo lo cual, unido a su
-incomparable belleza y a la inspiración y gusto con que tocaba el piano
-y cantaba, no tardó en despertar en mi alma una invencible inclinación
-hacia aquella mujer.
-
-Sus habitaciones estaban exactamente encima de las mías; de modo que
-la oía cantar y tocar, ir y venir y hasta conocía cuándo se acostaba,
-cuándo se levantaba y cuándo pasaba la noche en vela, cosa muy
-frecuente. Aunque en lugar de comer en la mesa redonda se hacía servir
-en su cuarto, y no iba nunca al teatro, tuve ocasión de saludarla
-varias veces, ora en la escalera, ora en alguna tienda, ora de balcón a
-balcón, y al poco tiempo los dos estábamos seguros del placer con que
-nos veíamos.
-
-Tú lo sabes. Yo era grave, aunque no triste, y esta circunspección mía
-cuadraba perfectamente a la retraída existencia de aquella mujer; pues
-ni nunca la dirigí la palabra, ni procuré visitarla en su cuarto, ni la
-perseguí con enojosa curiosidad como otros habitantes de la fonda.
-
-[Ilustración]
-
-Este respeto a su melancolía debió de halagar su orgullo de paciente;
-dígolo, porque no tardó en mirarme con cierta deferencia, cual si ya
-nos hubiésemos revelado el uno al otro.
-
-Quince días habían transcurrido de esta manera, cuando la fatalidad...,
-nada más que la fatalidad..., me introdujo una noche en el cuarto de la
-desconocida.
-
-Como nuestras habitaciones ocupaban idéntica situación en el edificio,
-salvo el estar en pisos diferentes, eran sus entradas iguales. Dicha
-noche, pues, al volver del teatro, subí distraído más escaleras de las
-que debía, y abrí la puerta de su cuarto, creyendo que era la del mío.
-
-La hermosa estaba leyendo, y se sobresaltó al verme. Yo me aturdí
-de tal modo, que apenas pude disculparme; pero mi misma turbación
-y la prisa con que intenté irme, la convencieron de que aquella
-equivocación no era una farsa. Retúvome, pues, con exquisita amabilidad
-«_para demostrarme_ --dijo-- _que creía en mi buena fe y que no estaba
-incomodada conmigo_», acabando por suplicarme que _me equivocara otra
-vez deliberadamente_; pues no podía tolerar que una persona de mis
-condiciones de carácter pasase las noches en el balcón oyéndola cantar
-(_como ella me había visto_), cuando _su pobre habilidad se honraría
-con que yo le prestase atención más de cerca_.
-
-A pesar de todo, creí de mi deber no tomar asiento en aquella noche, y
-salí.
-
-Pasaron tres días, durante los cuales tampoco me atreví a aprovechar
-el amable ofrecimiento de la bella cantora, aun a riesgo de pasar por
-descortés a sus ojos. ¡Y era que estaba perdidamente enamorado de
-ella; era que conocía que en unos amores con aquella mujer no podía
-haber término medio, sino delirio de dolor o delirio de ventura; era
-que le temía, en fin, a la atmósfera de tristeza que la rodeaba!
-
-Sin embargo, después de aquellos tres días, subí al segundo.
-
-Permanecí allí toda la velada; la joven me dijo llamarse _Blanca_,
-y ser madrileña y viuda; tocó el piano, cantó, hízome mil preguntas
-acerca de mi persona, profesión, estado, familia, etc., y todas sus
-palabras y observaciones me complacieron y enajenaron... Mi alma fue
-desde aquella noche esclava de la suya.
-
-A la noche siguiente volví, y a la otra noche también, y después todas
-las noches y todos los días.
-
-Nos amábamos y ni una palabra de amor nos habíamos dicho.
-
-Pero, hablando del amor, habíale yo encarecido varias veces la
-importancia que daba a este sentimiento, la vehemencia de mis ideas y
-pasiones, y todo lo que necesitaba mi corazón para ser feliz.
-
-Ella, por su parte, me había manifestado que pensaba del mismo modo.
-
---Yo --dijo una noche-- me casé sin amor a mi marido. Poco tiempo
-después... lo odiaba. Hoy ha muerto. ¡Solo Dios sabe cuánto he sufrido!
-Yo comprendo el amor de esta suerte: es la gloria, o es el infierno. ¡Y
-para mí, hasta ahora, siempre ha sido el infierno!
-
-Aquella noche no dormí.
-
-La pasé analizando las últimas palabras de Blanca.
-
-¡Qué superstición la mía! Aquella mujer me daba miedo. ¿Llegaríamos a
-ser, yo su _gloria_ y ella mi _infierno_?
-
-Entretanto expiraba el mes de licencia.
-
-Podía pedir otro pretextando una enfermedad... Pero, ¿debía hacerlo?
-
-Consulté a Blanca.
-
---¿Por qué me lo pregunta usted _a mí_? --repuso ella cogiéndome una
-mano.
-
---Más claro, Blanca... --respondí--. Yo la amo a usted... ¿Hago mal en
-amarla?
-
---¡No! --respondió Blanca palideciendo.
-
-Y sus ojos negros dejaron escapar dos torrentes de luz y de
-voluptuosidad.
-
-
-II
-
-Pedí, pues, dos meses de licencia y me los concedieron... gracias a ti.
-¡Nunca me hubieras hecho aquel favor!
-
-Mis relaciones con Blanca no fueron amor; fueron delirio, locura,
-fanatismo.
-
-Lejos de atemperarse mi frenesí con la posesión de aquella mujer
-extraordinaria, se exacerbó más y más: cada día que pasaba descubría
-yo nuevas afinidades entre nosotros, nuevos tesoros de ventura, nuevos
-manantiales de felicidad.
-
-Pero en mi alma, como en la suya, brotaban al propio tiempo misteriosos
-temores.
-
-¡Temíamos perdernos!... Esta era la fórmula de nuestra inquietud.
-
-Los amores vulgares necesitan el miedo para alimentarse, para no
-decaer. Por eso se ha dicho que toda relación ilegítima es más
-vehemente que el matrimonio. Pero un amor como el nuestro hallaba
-recónditos pesares en su precario porvenir, en su inestabilidad, en su
-carencia de lazos indisolubles.
-
-Blanca me decía:
-
---Nunca esperé ser amada por un hombre como tú; y, después de ti,
-no veo amor ni dicha posibles para mi corazón. Joaquín, un amor como
-el tuyo era la necesidad de mi vida: moría ya sin él; sin él moriría
-mañana... Dime que nunca me olvidarás.
-
---¡Casémonos, Blanca! --respondía yo.
-
-Y Blanca inclinaba la cabeza con angustia.
-
---¡Sí, casémonos! --volvía yo a decir, sin comprender aquella muda
-desesperación.
-
---¡Cuánto me amas! --replicaba ella--. Otro hombre en tu lugar
-rechazaría esa idea si yo se la propusiese. Tú, por el contrario...
-
---Yo, Blanca, estoy orgulloso de ti; quiero ostentarte a los ojos del
-mundo; quiero perder toda zozobra acerca del tiempo que vendrá; quiero
-saber que eres mía para siempre. Además, tú conoces mi carácter, sabes
-que nunca transijo en materias de honra... Pues bien; la sociedad
-en que vivimos llama _crimen_ a nuestra dicha... ¿Por qué no hemos
-de redimirnos al pie del altar? ¡Te quiero pura, te quiero noble, te
-quiero santa! ¡Te amaré entonces más que hoy! ¡Acepta mi mano!
-
---¡No puedo! --respondía aquella mujer incomprensible.
-
-Y este debate se reprodujo mil veces.
-
-Un día que yo peroré largo rato contra el adulterio y contra toda
-inmoralidad, Blanca se conmovió extraordinariamente; lloró, me dio las
-gracias, y repitió lo de costumbre:
-
---¡Cuánto me amas! ¡Qué bueno, qué grande, qué noble eres!
-
-A todo esto expiraba la prórroga de mi licencia.
-
-Érame necesario volver a mi destino, y así se lo anuncié a Blanca.
-
---¡Separarnos! --gritó con infinita angustia.
-
---¡Tú lo has querido! --contesté.
-
---¡Eso es imposible!... Yo te idolatro, Joaquín.
-
---Blanca, yo te adoro.
-
---Abandona tu carrera... Yo soy rica... ¡Viviremos juntos!...
---exclamó, tapándome la boca para que no replicara.
-
-La besé la mano y respondí:
-
---De mi esposa aceptaría esa oferta, haciendo todavía un sacrificio...
-Pero de ti...
-
---¡De mí! --respondió llorando--. ¡De la madre de tu hijo!
-
---¿Quién? ¡Tú! ¡Blanca!...
-
---Sí... Dios acaba de decirme que soy madre... ¡Madre por primera vez!
-Tú has completado mi vida, Joaquín; y, no bien gusto la fruición de
-esta bienaventuranza absoluta, quieres desgajar el árbol de mi dicha.
-¡Me das un hijo, y me abandonas tú!...
-
---¡Sé mi esposa, Blanca! --fue mi única contestación--. Labremos la
-felicidad de ese ángel que llama a las puertas de la vida.
-
-Blanca permaneció mucho tiempo silenciosa.
-
-Luego levantó la cabeza con una tranquilidad indefinible, y murmuró:
-
---Seré tu esposa.
-
---¡Gracias! ¡Gracias, Blanca mía!
-
---Escucha --dijo al poco rato--, no quiero que abandones tu carrera...
-
---¡Ah! ¡Mujer sublime!
-
---Vete a tu Juzgado... ¿Cuánto tiempo tardarás en arreglar allí tus
-asuntos, solicitar del Gobierno más licencia y volver a Sevilla?
-
---Un mes.
-
---Un mes... --repuso Blanca--. ¡Bien! Aquí te espero. Vuelve dentro de
-un mes, y seré tu esposa. Hoy somos 15 de abril... ¡El 15 de mayo sin
-falta!
-
---Sin falta.
-
---¿Me lo juras?
-
--- Te lo juro.
-
---¡Aún otra vez! --replicó Blanca.
-
---Te lo juro.
-
---¿Me amas?
-
---Con toda mi vida.
-
---Pues vete y ¡vuelve! Adiós...
-
-Dijo y me suplicó que la dejara y que partiese sin perder momento.
-
-Despedime de ella, y partí a *** aquel mismo día.
-
-[Ilustración]
-
-
-III
-
-Llegué a ***.
-
-Preparé mi casa para recibir a mi esposa; solicité y obtuve, como
-sabes, otro mes de licencia, y arreglé todos mis asuntos con tal
-eficacia, que al cabo de quince días me vi en libertad de volver a
-Sevilla.
-
-Debo advertirte, que durante aquel medio mes no recibí ni una sola
-carta de Blanca, a pesar de haberle yo escrito seis. Esta circunstancia
-me tenía vivamente contrariado. Así fue que, aunque solo había
-transcurrido la mitad del plazo que mi amada me concediera, salí para
-Sevilla, adonde llegué el día 30 de abril.
-
-Inmediatamente me dirigí a la fonda que había sido nido de nuestros
-amores.
-
-Blanca había desaparecido dos días después de mi partida, sin dejar
-razón del punto a que se encaminaba.
-
-¡Imagínate el dolor de mi desengaño! ¡No escribirme que se marchaba!
-¡Marcharse sin dejar dicho a dónde se dirigía! ¡Hacerme perder
-completamente su rastro! ¡Evadirse, en fin, como una criminal cuyo
-delito se ha descubierto!
-
-Ni por un instante me ocurrió permanecer en Sevilla hasta el 15 de
-mayo aguardando a ver si regresaba Blanca... La violencia de mi dolor
-y de mi indignación, y el bochorno que sentía por haber aspirado a la
-mano de semejante aventurera, no dejaban lugar a ninguna esperanza,
-a ninguna ilusión, a ningún consuelo. Lo contrario hubiera sido
-ofender mi propia conciencia, que ya veía en Blanca el ser odioso y
-repugnante que el amor o el deseo habían disfrazado hasta entonces...
-¡Indudablemente era una mujer liviana e hipócrita que me amó
-sensualmente, pero que, previendo la habitual mudanza de su caprichoso
-corazón, no pensó nunca en que nos casáramos! Hostigada, al fin, por
-mi amor y mi honradez, había ejecutado una torpe comedia a fin de
-escaparse impunemente. ¡Y en cuanto a aquel hijo anunciado con tanto
-júbilo, tampoco me cabía ya duda de que era otra ficción, otro engaño,
-otra sangrienta burla!... Apenas se comprendía semejante perversidad en
-una criatura tan bella y tan inteligente.
-
-Tres días nada más estuve en Sevilla, y el 4 de mayo me marché a la
-corte, renunciando a mi destino, para ver si mi familia y el bullicio
-del mundo me hacían olvidar a aquella mujer, que sucesivamente había
-sido para mí la _gloria_ y el _infierno_.
-
-Por último, hace cosa de quince meses, que tuve que aceptar el Juzgado
-de este otro pueblo, donde, como has visto, no vivo muy contento que
-digamos; siendo lo peor de todo que, en medio de mi aborrecimiento a
-Blanca, detesto mucho más a las demás mujeres, por la sencilla razón de
-que no son _ella_.
-
-¿Te convences ahora de que nunca llegaré a casarme?
-
-
-
-
-VI
-
-El cuerpo del delito.
-
-
-Pocos segundos después de terminar mi amigo Zarco la relación de sus
-amores, llegamos al cementerio.
-
-El cementerio de *** no es otra cosa que un campo yermo y solitario,
-sembrado de cruces de madera, y rodeado por una tapia. Ni lápidas, ni
-sepulcros turban la monotonía de aquella mansión. Allí descansan en
-la fría tierra pobres y ricos, grandes y plebeyos, nivelados por la
-muerte.
-
-[Ilustración]
-
-En estos pobres cementerios, que tanto abundan en España, y que son
-acaso los más poéticos y los más propios de sus _moradores_, sucede con
-frecuencia que, para sepultar un cuerpo, es menester exhumar otro, o,
-mejor dicho, que cada dos años se echa una nueva capa de muertos sobre
-la tierra. Consiste esto en la pequeñez del recinto, y da por resultado
-que, alrededor de cada nueva zanja, hay mil blancos despojos que de
-tiempo en tiempo son conducidos al _osario común_.
-
-Yo he visto más de una vez estos osarios... ¡Y en verdad que merecen
-ser vistos! Figuraos, en un rincón del campo santo, una especie de
-pirámide de huesos, una colina de multiforme marfil, un cerro de
-cráneos, fémures, canillas, húmeros, clavículas rotas, columnas
-espinales desgranadas, dientes sembrados acá y allá, costillas que
-fueron armaduras de corazones, dedos diseminados... y todo ello seco,
-frío, muerto, árido... ¡Figuraos, figuraos aquel horror!
-
-Y, ¡qué contactos! Los enemigos, los rivales, los esposos, los padres
-y sus hijos están allí, no solo juntos, sino revueltos, mezclados por
-pedazos, como trillada mies, como rota paja. Y ¡qué desapacible ruido,
-cuando un cráneo choca con otro, o cuando baja rodando desde la cumbre
-por aquellas huecas astillas de antiguos hombres! Y ¡qué risa tan
-insultante tienen las calaveras!
-
-Pero volvamos a nuestra historia.
-
-[Ilustración]
-
-Andábamos Joaquín y yo dando sacrílegamente con el pie a tantos restos
-inanimados, ora pensando en el día que otros pies hollarían nuestros
-despojos, ora atribuyendo a cada hueso una historia; procurando
-hallar el secreto de la vida en aquellos cráneos, donde acaso moró el
-genio o bramó la pasión, y ya vacíos como celda de difunto fraile, o
-adivinando otras veces (por la configuración, por la dureza y por la
-dentadura) si tal calavera perteneció a una mujer, a su niño, o a un
-anciano, cuando las miradas del juez quedaron fijas en uno de aquellos
-globos de marfil...
-
---¿Qué es esto? --exclamó, retrocediendo un poco--. ¿Qué es esto, amigo
-mío? ¿No es un _clavo_?
-
-Y así hablando, daba vueltas con el bastón a un cráneo, bastante fresco
-todavía, que conservaba algunos espesos mechones de pelo negro.
-
-Miré y quedé tan asombrado como mi amigo... ¡Aquella calavera estaba
-atravesada por un clavo de hierro!...
-
-La chata cabeza de este clavo asomaba por la parte superior del hueso
-coronal, mientras que la punta salía por el que fue cielo de la boca.
-
-¿Qué podía significar aquello?
-
-De la extrañeza pasamos a las conjeturas y de las conjeturas al horror.
-
---¡Reconozco la Providencia! --exclamó finalmente Zarco--. ¡He aquí un
-espantoso crimen que iba a quedar impune y que se delata por sí mismo
-a la justicia! ¡Cumpliré con mi deber, tanto más cuanto que parece
-que el mismo Dios me lo ordena directamente al poner ante mis ojos la
-taladrada cabeza de la víctima! ¡Ah! Sí... ¡Juro no descansar hasta que
-el autor de este horrible delito expíe su maldad en el cadalso!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-VII
-
-Primeras diligencias.
-
-
-Mi amigo Zarco era un modelo de jueces.
-
-Recto, infatigable, aficionado, tanto como obligado, a la
-administración de justicia, vio en aquel asunto un campo vastísimo
-en que emplear toda su inteligencia, todo su celo, todo su fanatismo
-(perdonad la palabra) por el cumplimiento de la ley.
-
-Inmediatamente hizo buscar a un escribano y dio principio al proceso.
-
-Después de extendido testimonio de aquel hallazgo, llamó al enterrador.
-
-El lúgubre personaje se presentó ante la ley, pálido y tembloroso.
-
-¡A la verdad, entre aquellos dos hombres cualquiera escena tendría que
-ser horrible! Recuerdo literalmente su diálogo:
-
-_El juez._--¿De quién puede ser esta calavera?
-
-_El sepulturero._--¿Dónde la ha encontrado vuestra señoría?
-
-_El juez._--En este mismo sitio.
-
-_El sepulturero._--Pues entonces pertenece a un cadáver que, por estar
-ya _algo pasado_, desenterré ayer para sepultar a una vieja que murió
-anteanoche.
-
-_El juez._--¿Y por qué exhumó usted ese cadáver y no otro más antiguo?
-
-_El sepulturero._--Ya lo he dicho a vuestra señoría; para poner a la
-vieja en su lugar. ¡El Ayuntamiento no quiere convencerse que es muy
-chico este cementerio para tanta gente como se muere ahora! ¡Así es que
-no se deja a los muertos secarse en la tierra, y tengo que trasladarlos
-medio vivos al osario común!
-
-_El juez._--¿Y podrá saberse de quién es el cadáver a que corresponde
-esta cabeza?
-
-_El sepulturero._--No es muy fácil, señor.
-
-_El juez._--Sin embargo, ¡ello ha de ser! Conque piénselo usted
-despacio.
-
-_El sepulturero._--Encuentro un medio de saberlo...
-
-_El juez._--Dígalo usted.
-
-_El sepulturero._--La caja de aquel muerto se hallaba en regular estado
-cuando la saqué de la tierra, y me la llevé a mi habitación para
-aprovechar las tablas de la tapa. Acaso conserve alguna señal, como
-iniciales, como galones, o cualquiera otra de esas cosas que se estilan
-ahora para adornar los ataúdes...
-
-_El juez._--Veamos esas tablas.
-
-En tanto que el sepulturero traía los fragmentos del ataúd, Zarco mandó
-a un alguacil que envolviese el misterioso cráneo en un pañuelo, a fin
-de llevárselo a su casa.
-
-El enterrador llegó con las tablas.
-
-Como esperábamos, encontráronse en una de ellas algunos jirones de
-galón dorado que, sujetos a la madera con tachuelas de metal, habían
-formado letras y números...
-
-Pero el galón estaba roto, y era imposible restablecer aquellos
-caracteres.
-
-No desmayó, con todo, mi amigo, sino que hizo arrancar completamente
-el galón, y por las tachuelas, o por las punturas de otras que había
-habido en la tabla, recompuso las siguientes cifras:
-
- A. G. R.
- 1843
- R. I. P.
-
-Zarco radió en entusiasmo al hacer este descubrimiento.
-
---¡Es bastante! ¡Es demasiado! --exclamó gozosamente--. ¡Asido de esta
-hebra recorreré el laberinto y lo descubriré todo!
-
-Cargó el alguacil con la tabla, como había cargado con la calavera y
-regresamos a la población.
-
-Sin descansar un momento nos dirigimos a la parroquia más próxima.
-
-Zarco pidió al cura el _libro de sepelios_, de 1843.
-
-Recorriolo el escribano, hoja por hoja, partida por partida...
-
-Aquellas iniciales A. G. R. no correspondían a ningún difunto.
-
-Pasamos a otra parroquia.
-
-Cinco tiene la villa: a la cuarta que visitamos halló el escribano esta
-partida de sepelio:
-
-«_En la Iglesia parroquial de San... de la villa de *** a 4 de mayo de
-1843, se hicieron los oficios de funeral, conformes a entierro mayor
-en el cementerio común, a_ DON ALFONSO GUTIÉRREZ DEL ROMERAL, _natural
-y vecino que fue de esta población, el cual no recibió los Santos
-Sacramentos ni testó, por haber muerto de apoplejía fulminante en la
-noche anterior, a la edad de treinta y un años. Estuvo casado con doña
-Gabriela Zahara del Valle, natural de Madrid y no deja hijos. Y para
-que conste, etc._»
-
-Tomó Zarco un certificado de esta partida autorizado por el cura, y
-regresamos a nuestra casa.
-
-Por el camino me dijo el juez:
-
---Todo lo veo claro. Antes de ocho días habrá terminado este proceso
-que tan oscuro se presentaba hace dos horas. Ahí llevamos una
-_apoplejía fulminante_ de hierro que tiene cabeza y punta, y que dio
-muerte repentina, a un _D. Alfonso Gutiérrez del Romeral_. Es decir:
-tenemos el _clavo_... Ahora solo me falta encontrar el _martillo_.
-
-
-
-
-VIII
-
-Declaraciones.
-
-
-Un _vecino_ dijo:
-
---Que D. Alfonso Gutiérrez del Romeral, joven y rico propietario de
-aquella población, residió algunos años en Madrid, de donde volvió en
-1840, casado con una bellísima señora llamada doña Gabriela Zahara:
-
-Que el declarante había ido algunas noches de tertulia a casa de
-los recién casados, y tuvo ocasión de observar la paz y ventura que
-reinaban en el matrimonio:
-
-Que cuatro meses antes de la muerte de D. Alfonso, había marchado
-su esposa a pasar una temporada en Madrid con su familia, según
-explicación del mismo marido:
-
-Que la joven regresó en los últimos días de abril o sea tres meses y
-medio después de su partida:
-
-Que a los ocho días de su llegada ocurrió la muerte de D. Alfonso:
-
-Que habiendo enfermado la viuda, a consecuencia del sentimiento que
-la causó esta pérdida, manifestó a sus amigos que le era insoportable
-vivir en un pueblo donde todo le hablaba de su querido y malogrado
-esposo, y se marchó para siempre a mediados de mayo, diez o doce días
-después de la muerte de su esposo:
-
-Que era cuanto podía declarar, y la verdad, a cargo del juramento que
-había prestado, etc.
-
-Otros _vecinos_ prestaron declaraciones casi idénticas a la anterior.
-
-_Los criados_ del difunto Gutiérrez, dijeron:
-
-Después de repetir los datos de la vecindad:
-
-Que la paz del matrimonio no era tanta como se decía de público:
-
-Que la separación de tres meses y medio que precedió a los últimos
-ocho días que vivieron juntos los esposos, fue un tácito rompimiento,
-consecuencia de profundos y misteriosos disgustos que mediaban entre
-ambos jóvenes desde el principio de su matrimonio:
-
-Que la noche en que murió su amo, se reunieron los esposos en la alcoba
-nupcial, como lo verificaban desde la vuelta de la señora, contra su
-antigua costumbre de dormir cada uno en su respectivo cuarto:
-
-Que a media noche los criados oyeron sonar violentamente la campanilla,
-a cuyo repiqueteo se unían los desaforados gritos de la señora:
-
-Que acudieron, y vieron salir a esta de la cámara nupcial, con el
-cabello en desorden, pálida y convulsa, gritando entre amarguísimos
-sollozos:
-
-«¡Una apoplejía! ¡Un médico! ¡Alfonso mío! ¡El señor se muere!...»
-
-Que penetraron en la alcoba y vieron a su amo tendido sobre el lecho
-y ya cadáver; y que habiendo acudido un médico confirmó que D. Alfonso
-había muerto de una congestión cerebral.
-
-El _médico_: Preguntado al tenor de la cita que precede, dijo: Que era
-cierto en todas sus partes.
-
-El mismo _médico_ y otros dos facultativos:
-
-Habiéndoseles puesto de manifiesto la calavera de D. Alfonso, y
-preguntados sobre si la muerte recibida de aquel modo podía aparecer a
-los ojos de la ciencia como apoplejía, dijeron que _sí_.
-
-Entonces dictó mi amigo el siguiente auto:
-
-«Considerando que la muerte de D. Alfonso Gutiérrez del Romeral debió
-de ser instantánea y subsiguiente a la introducción del clavo en su
-cabeza:
-
-»Considerando que, cuando murió, estaba solo en la alcoba nupcial:
-
-»Considerando que es imposible atribuir a suicidio una muerte semejante
-por las dificultades materiales que ofrece su perpetración con mano
-propia:
-
-»Se declara reo de esta causa y autora de la muerte del D. Alfonso a su
-esposa doña Gabriela Zahara del Valle, para cuya captura se expedirán
-los oportunos exhortos, etcétera, etc.»
-
---Dime, Joaquín... --pregunté yo al juez--. ¿Crees que se capturará a
-Gabriela Zahara?
-
---¡Indudablemente!
-
---¿Y por qué lo aseguras?
-
---Porque en medio de estas rutinas judiciales, hay cierta fatalidad
-dramática que no perdona nunca. Más claro: cuando los huesos salen de
-la tumba a declarar, poco les queda que hacer a los Tribunales.
-
-
-
-
-IX
-
-El hombre propone.
-
-
-A pesar de las esperanzas de mi amigo Zarco, Gabriela Zahara no
-apareció.
-
-Exhortos, requisitorias, todo fue inútil.
-
-Pasaron tres meses.
-
-La causa se sentenció en rebeldía.
-
-Yo abandoné la villa de *** no sin prometerle a Zarco volver al año
-siguiente.
-
-
-
-
-X
-
-Un dúo en MI mayor.
-
-
-Aquel invierno lo pasé en Granada.
-
-Érase una noche en que había gran baile en casa de la riquísima señora
-de X... la cual había tenido la bondad de convidarme a la fiesta.
-
-A poco de llegar a aquella magnífica morada, donde estaban reunidas
-todas las célebres hermosuras de la aristocracia granadina, reparé en
-una bellísima mujer cuyo rostro habría distinguido entre mil otros
-semejantes, suponiendo que Dios hubiese formado alguno que se le
-pareciera.
-
-¡Era mi desconocida, mi mujer misteriosa, mi desengañada de la
-diligencia, mi compañera de viaje, el número uno de que os hablé al
-principio de esta relación!
-
-Corrí a saludarla, y ella me reconoció en el acto.
-
---Señora --le dije--, he cumplido a usted mi promesa de no buscarla.
-Hasta ignoraba que podía encontrar a usted aquí. A saberlo, acaso no
-hubiera venido por temor de ser a usted enojoso. Una vez ya delante
-de usted, espero que me diga si puedo reconocerla, si me es dado
-hablarle, si ha cesado el entredicho que me alejaba de usted.
-
---Veo que es usted vengativo... --me contestó graciosamente,
-alargándome la mano--. Pero yo le perdono. ¿Cómo está usted?
-
---¡En verdad que lo ignoro! --respondí--. Mi salud, la salud de mi
-alma, pues no es otra cosa me preguntará usted en medio de un baile,
-depende de la salud de su alma de usted. Esto quiere decir que mi dicha
-no puede ser sino un reflejo de la suya. ¿Ha sanado ese pobre corazón?
-
---Aunque la galantería le prescriba a usted desearlo --contestó la
-dama--, y mi aparente jovialidad haga suponerlo, usted sabe... lo mismo
-que yo... que las heridas del corazón no se curan.
-
---Pero se _tratan_, señora, como dicen los facultativos; se hacen
-llevaderas; se tiende una piel rosada sobre la roja cicatriz; se
-edifica una ilusión sobre un desengaño...
-
---Pero esa edificación es falsa...
-
---¡Como la primera, señora; como todas! _Querer creer, querer
-gozar_, he aquí la dicha. Mirabeau, moribundo, no aceptó el generoso
-ofrecimiento de un joven que quiso trasfundir toda su sangre en las
-empobrecidas arterias del grande hombre. ¡No sea usted como Mirabeau!
-¡Beba usted nueva vida en el primer corazón virgen que le ofrezca su
-rica savia! Y, pues no gusta usted de galantería, le añadiré, en abono
-de mi consejo, que, al hablar así, no defiendo mis intereses...
-
---¿Por qué dice usted eso último?
-
---Porque yo también tengo algo de Mirabeau, no en la cabeza, sino en la
-sangre. Necesito lo que usted... ¡una primavera que me vivifique!
-
---¡Somos muy desdichados! En fin... Usted tendrá la bondad de no huir
-de mí en adelante.
-
---Señora, iba a pedirla a usted permiso para visitarla.
-
-[Ilustración]
-
-Nos despedimos.
-
---¿Quién es esta mujer? --pregunté a un amigo mío.
-
---Una americana que se llama Mercedes de Meridanueva --me contestó--;
-es todo lo que sé y mucho más de lo que se sabe generalmente.
-
-
-
-
-XI
-
-Fatalidad.
-
-
-Al día siguiente fui a visitar a mi nueva amiga a la _Fonda de los
-Siete Suelos_ de la Alhambra.
-
-La encantadora Mercedes me trató como a un amigo íntimo, y me invitó a
-pasear con ella por aquel edén de la naturaleza y templo del arte, y
-acompañarla luego a comer.
-
-De muchas cosas hablamos durante las seis horas que estuvimos juntos; y
-como el tema a que siempre volvíamos era el de los desengaños amorosos,
-hube de contarle la historia de los amores de mi amigo Zarco.
-
-Ella la oyó muy atentamente, y, cuando terminé, se echó a reír, y me
-dijo:
-
---Sr. D. Felipe, sírvale a usted eso de lección para no enamorarse
-nunca de mujeres a quienes no conozca...
-
---¡No vaya usted a creer --respondí con viveza-- que he inventado esa
-historia, o se la he referido porque me figure que todas las damas
-misteriosas que se encuentra uno en viaje son como la que engañó a mi
-condiscípulo!...
-
---Muchas gracias... Pero no siga usted --replicó, levantándose de
-pronto--. ¿Quién duda que en la _Fonda de los Siete Suelos_ de
-Granada pueden alojarse mujeres que en nada se parezcan a esa que tan
-fácilmente se enamoró de su amigo de usted en la fonda de Sevilla? En
-cuanto a mí, no hay riesgo de que me enamore de nadie, puesto que nunca
-hablo tres veces con un mismo hombre...
-
---¡Señora! ¡Eso es decirme que no vuelva!...
-
---No; esto es anunciar a usted que mañana, al ser de día, me marcharé
-de Granada, y que, probablemente, no volveremos a vernos nunca.
-
---¡_Nunca_! Lo mismo me dijo usted en Málaga, después de nuestro famoso
-viaje...; y, sin embargo, nos hemos visto de nuevo.
-
---En fin; dejemos libre el campo a la fatalidad. Por mi parte, repito
-que esta es nuestra despedida... eterna.
-
-Dichas tan solemnes palabras, Mercedes me alargó la mano y me hizo un
-profundo saludo.
-
-Yo me alejé vivamente conmovido, no solo por las frías y desdeñosas
-frases con que aquella mujer había vuelto a descartarme de su vida
-(como cuando nos separamos en Málaga), sino ante el incurable dolor que
-vi pintarse en su rostro mientras que procuraba sonreírse al decirme
-_Adiós_ por última vez...
-
-¡Por última vez!...
-
---¡Ay! ¡Ojalá hubiera sido la última!
-
-Pero la fatalidad lo tenía dispuesto de otro modo.
-
-
-
-
-XII
-
-Travesuras del destino.
-
-
-Pocos días después, llamáronme de nuevo mis asuntos al lado de Joaquín
-Zarco.
-
-Llegué a la villa de ***.
-
-Mi amigo seguía triste y solo y se alegró mucho de verme.
-
-Nada había vuelto a saber de Blanca; pero tampoco había podido
-olvidarla ni siquiera un momento.
-
-Indudablemente aquella mujer era su predestinación... ¡Su _gloria_ o su
-_infierno_, como el desgraciado solía decir!
-
-Pronto veremos que no se equivocaba en este supersticioso juicio.
-
-La noche del mismo día de mi llegada, estábamos en su despacho leyendo
-las últimas diligencias practicadas para la captura de Gabriela Zahara
-del Valle, todas ellas inútiles por cierto, cuando entró un alguacil y
-entregó al joven juez un billete que decía de este modo:
-
-«_En la Fonda del León hay una señora que desea hablar con el señor
-Zarco._»
-
---¿Quién ha traído esto? --preguntó Joaquín.
-
---Un criado.
-
---¿De parte de quién?
-
---No me ha dicho nombre alguno.
-
---¿Y ese criado?
-
---Se fue al momento.
-
-Joaquín meditó, y dijo luego lúgubremente:
-
---¡Una señora! ¡A mí! ¡No sé por qué me da miedo esta cita! ¿Qué te
-parece, Felipe?
-
---Que tu deber de juez es asistir a ella. ¡Puede tratarse de Gabriela
-Zahara!
-
---Tienes razón... ¡Iré! --dijo Zarco, pasándose una mano por la frente.
-
-Y cogiendo un par de pistolas, envolviose en la capa y partió, sin
-permitir que lo acompañase.
-
-Dos horas después volvió.
-
-Venía agitado, trémulo, balbuciente.
-
-Pronto conocí que una vivísima alegría era la causa de aquella
-agitación.
-
-Zarco me estrechó convulsivamente entre sus brazos, exclamando a gritos
-entrecortados por el júbilo:
-
---¡Ah! ¡Si supieras!... ¡Si supieras, amigo mío!
-
---¡Nada sé! --respondí--. ¿Qué te ha pasado?
-
---¡Ya soy dichoso! ¡Ya soy el más feliz de los hombres!
-
---Pues ¿qué ocurre?
-
---La esquela en que me llamaban a la fonda...
-
---Continúa.
-
---¡Era de ella!
-
---¿De quién? ¿De Gabriela Zahara?
-
---¡Quita allá, hombre! ¿Quién piensa ahora en desventuras? ¡Era de
-ella! ¡De la otra!
-
---¿Pero quién es la otra?
-
---¿Quién ha de ser? ¡Blanca! ¡Mi amor! ¡Mi vida! ¡La madre de mi hijo!
-
---¿Blanca? --repliqué con asombro--. ¿Pero no decías que te había
-engañado?
-
---¡Ah! No, fue alucinación mía.
-
---¿La que padeces ahora?
-
---No; la que entonces padecía.
-
---Explícate.
-
---Escucha: Blanca me adora...
-
---Adelante. El que tú lo digas no prueba nada.
-
---Cuando nos separamos, Blanca y yo, el día 15 de abril, quedamos en
-reunimos en Sevilla para el 15 de mayo. A poco tiempo de mi marcha,
-recibió ella una carta en la que le decían que su presencia era
-necesaria en Madrid para asuntos de familia; y como podía disponer
-de un mes hasta mi vuelta, fue a la corte, y volvió a Sevilla muchos
-días antes del 15 de mayo. Pero, yo, más impaciente que ella, acudí a
-la cita con quince días de anticipación de la fecha estipulada, y no
-hallando a Blanca en la fonda, me creí engañado... Y no esperé... En
-fin, ¡he pasado dos años de tormento por una ligereza mía!
-
-[Ilustración]
-
---Pero una carta lo evitaba todo...
-
---Dice que había olvidado el nombre de aquel pueblo, cuya promotoría
-sabes que dejé inmediatamente, yéndome a Madrid.
-
---¡Ah! ¡Pobre amigo mío! --exclamé--. Veo que quieres convencerte; que
-te empeñas en consolarte. ¡Más vale así! Conque veamos; ¿cuándo te
-casas? Porque supongo que, una vez deshechas las nieblas de los celos,
-lucirá radiante el sol del matrimonio...
-
---¡No te rías! --exclamó Zarco--. Tú serás mi padrino.
-
---Con mucho gusto; ¡Ah! ¿Y el niño? ¿Y vuestro hijo?
-
---Murió.
-
---¡También eso! Pues señor... --dije aturdidamente--. ¡Dios haga un
-milagro!
-
---¡Cómo!
-
---¡Digo... que Dios te haga feliz!
-
-
-
-
-XIII
-
-Dios dispone.
-
-
-Por aquí íbamos en nuestra conversación, cuando oímos fuertes
-aldabonazos en la puerta de la calle.
-
-Eran las dos de la madrugada.
-
-Joaquín y yo nos estremecimos sin saber por qué...
-
-[Ilustración]
-
-Abrieron, y a los pocos segundos entró en el despacho un hombre
-que apenas podía respirar, y que exclamaba entrecortadamente con
-indescriptible júbilo:
-
---¡Albricias! ¡Albricias! Compañero, ¡hemos vencido!
-
-Era el promotor fiscal del Juzgado.
-
---Explíquese usted, compañero... --dijo Zarco, alargándole una silla--.
-¿Qué ocurre para que venga usted tan a deshora y tan contento?
-
---¡Ocurre! ¡Apenas es importante lo que ocurre! Ocurre que Gabriela
-Zahara...
-
---¿Cómo?... ¿Qué?... --interrumpimos a un mismo tiempo Zarco y yo.
-
---¡Acaba de ser presa!
-
---¡Presa! --gritó el juez lleno de alegría.
-
---Sí, señor, ¡presa! --repitió el fiscal--. La Guardia civil le seguía
-la pista hace un mes, y, según acaba de decirme el sereno que suele
-acompañarme desde el Casino hasta mi casa, ya la tenemos a buen recaudo
-en la cárcel de esta muy noble villa.
-
---Pues vamos allá... --replicó el juez--. Esta misma noche le tomaremos
-declaración. Hágame usted el favor de avisar al escribano de la causa.
-Usted mismo presenciará las actuaciones, atendida la gravedad del
-caso... Diga usted que manden a llamar también al sepulturero, a fin
-de que presente por sí propio la cabeza de D. Alfonso Gutiérrez, la
-cual obra en poder del alguacil. Hace tiempo que tengo excogitado
-este horrible _careo_ de los dos esposos, en la seguridad de que la
-parricida no podrá negar su crimen al ver aquel clavo de hierro que,
-en la boca de la calavera parece una lengua acusadora. En cuanto a
-ti --dijome luego Zarco--, harás el papel de _escribiente_, para que
-puedas presenciar, sin quebranto de la ley, escenas tan interesantes...
-
-Nada le contesté. Entregado mi infeliz amigo a su _alegría de juez_
-(permítaseme la frase), no había concebido la horrible sospecha que sin
-duda os agita ya a vosotros...; sospecha que penetró desde luego en mi
-corazón, taladrándolo con sus uñas de hierro... ¡Gabriela y Blanca,
-llegadas a aquella villa en una misma noche, podían ser una misma
-persona!
-
---Dígame usted --pregunté al promotor mientras que Zarco se preparaba
-para salir--: ¿En dónde estaba Gabriela cuando la prendieron los
-guardias?
-
---En la Fonda del León --me respondió el fiscal.
-
-¡Mi angustia no tuvo límites!
-
-Sin embargo, nada podía hacer, nada podía decir, sin comprometer a
-Zarco, como tampoco debía envenenar el alma de mi amigo, comunicándole
-aquella lúgubre conjetura, que acaso iban a desmentir los hechos.
-Además, suponiendo que Gabriela y Blanca fueran una misma persona, ¿de
-qué le valdría al desgraciado el que yo se lo indicase anticipadamente?
-¿Qué podía hacer en tan tremendo conflicto? ¿Huir? ¡Yo debía evitarlo,
-pues era declararse reo! ¿Delegar, fingiendo una indisposición
-repentina? ¡Equivaldría a desamparar a Blanca, en cuya defensa tanto
-podía hacer, si su causa le parecía defendible! ¡Mi obligación, por
-tanto, era guardar silencio y dejar paso a la justicia de Dios!
-
-Tal discurrí, por lo menos en aquel súbito lance, cuando no había
-tiempo ni espacio para soluciones inmediatas. ¡La catástrofe se venía
-encima con trágica premura!... El fiscal había dado ya las órdenes de
-Zarco a los alguaciles, y uno de estos había ido a la cárcel a fin
-de que dispusiesen la Sala de Audiencia para recibir al Juzgado. El
-comandante de la Guardia civil entraba en aquel momento a dar parte
-en persona (como muy satisfecho que estaba del caso) de la prisión de
-Gabriela Zahara... y algunos trasnochadores, socios del Casino y amigos
-del juez, noticiosos de la ocurrencia, iban acudiendo también allí,
-como a olfatear y presentir las emociones del terrible día en que dama
-tan principal y tan bella subiese al cadalso... En fin, no había más
-remedio que ir hasta el borde del abismo, pidiendo a Dios que Gabriela
-no fuese Blanca.
-
-Disimulé, pues, mi inquietud y callé mis recelos, y a eso de las cuatro
-de la mañana seguí al juez, al promotor, al escribano, al comandante
-de la Guardia y a un pelotón de curiosos y de alguaciles, que se
-trasladaron a la cárcel regocijadamente.
-
-
-
-
-XIV
-
-El Tribunal.
-
-
-Allí aguardaba ya el sepulturero.
-
-La Sala de la Audiencia estaba profusamente iluminada.
-
-Sobre la mesa veíase una caja de madera pintada de negro, que contenía
-la calavera de D. Alfonso Gutiérrez del Romeral.
-
-El juez ocupó su sillón: el promotor se sentó a su derecha, y el
-comandante de la Guardia, por respetos superiores a las prácticas
-forenses, fue invitado a presenciar también la indagatoria, visto
-el interés que, como a todos, le inspiraba aquel ruidoso proceso.
-El escribano y yo nos sentamos juntos a la izquierda del juez, y
-el alcalde y los alguaciles se agruparon a la puerta, no sin que
-se columbrasen detrás de ellos algunos curiosos a quienes su alta
-categoría pecuniaria había franqueado, para tal solemnidad, la entrada
-en el temido establecimiento, y que habrían de contentarse con ver a la
-acusada, por no consentir otra cosa el secreto del sumario.
-
-Constituida en esta forma la Audiencia, el juez tocó la campanilla, y
-dijo al alcaide:
-
---Que entre doña Gabriela Zahara.
-
-Yo me sentía morir, y, en vez de mirar a la puerta, miraba a Zarco,
-para leer en su rostro la solución del pavoroso problema que me
-agitaba...
-
-Pronto vi a mi amigo ponerse lívido, llevarse la mano a la garganta,
-como para ahogar un rugido de dolor, y volverse hacia mí en demanda de
-socorro...
-
---¡Calla! --le dije, llevándome el índice a los labios.
-
-Y luego añadí, con la mayor naturalidad, como respondiendo a alguna
-observación suya:
-
---Lo sabía...
-
-El desventurado quiso levantarse...
-
---¡Señor juez!... --le dije entonces con tal voz y con tal cara, que
-comprendió toda la enormidad de sus deberes y de los peligros que
-corría. Contrájose, pues, horriblemente, como quien trata de soportar
-un peso extraordinario, y, dominándose al fin por medio de aquel
-esfuerzo, su cara ostentó la inmovilidad de una piedra. A no ser por la
-calentura de sus ojos, hubiérase dicho que aquel hombre estaba muerto.
-
-[Ilustración]
-
-¡Y muerto estaba el hombre! ¡Ya no vivía en él más que el Magistrado!
-
-Cuando me hube convencido de ello, miré, como todos, a la acusada.
-
-Figuraos ahora mi sorpresa y mi espanto, casi iguales a los del
-infortunado juez... ¡_Gabriela Zahara_ no era solamente la Blanca
-de mi amigo, su querida de Sevilla, la mujer con quien acababa de
-reconciliarse en la Fonda del León, sino también mi desconocida de
-Málaga, mi amiga de Granada, la hermosísima americana Mercedes de
-Meridanueva!
-
-Todas aquellas fantásticas mujeres se resumían en una sola, en una
-indudable, en una real y positiva, en una sobre quien pesaba la
-acusación de haber matado a su marido, en una que estaba condenada a
-muerte en rebeldía...
-
-Ahora bien: esta acusada, esta sentenciada, ¿sería inocente? ¿Lograría
-sincerarse? ¿Se vería absuelta?
-
-Tal era mi única y suprema esperanza; tal debía ser también la de mi
-pobre amigo.
-
-
-
-
-XV
-
-El juicio.
-
-
- El juez es una ley que habla, y la ley un juez mudo.
-
- La ley debe ser como la muerte, que no perdona a nadie.
-
- _Montesquieu._
-
-Gabriela (llamémosla al fin por su verdadero nombre) estaba sumamente
-pálida; pero también muy tranquila. Aquella calma, ¿era señal de
-su inocencia, o comprobaba la insensibilidad propia de los grandes
-criminales? ¿Confiaba la viuda de don Alfonso en la fuerza de su
-derecho, o en la debilidad de su juez?
-
-Pronto salí de dudas.
-
-La acusada no había mirado hasta entonces más que a Zarco, no sé si
-para infundirle valor y enseñarle a disimular, si para amenazarle con
-peligrosas revelaciones, o si para darle mudo testimonio de que su
-_Blanca_ no podía haber cometido un asesinato... Pero, observando sin
-duda la tremenda impasibilidad del juez, debió de sentir miedo, y miró
-a los demás concurrentes, cual si buscase en otras simpatías auxilio
-moral para su buena o su mala causa.
-
-Entonces me vio a mí, y una llamarada de rubor, que me pareció de buen
-agüero, tiñó de escarlata su semblante.
-
-Pero muy luego se repuso, y tornó a su palidez y tranquilidad.
-
-Zarco salió al fin del estupor en que estaba sumido, y, con voz dura
-y áspera como la vara de la justicia, preguntó a su antigua amada y
-prometida esposa:
-
---¿Cómo se llama usted?
-
---Gabriela Zahara del Valle de Gutiérrez del Romeral --contestó la
-acusada con dulce y reposado acento.
-
-Zarco tembló ligeramente. Acababa de oír que su _Blanca_ no había
-existido nunca; y esto se lo decía ella misma. ¡Ella, con quien tres
-horas antes había concertado de nuevo el antiguo proyecto de matrimonio!
-
-Por fortuna nadie miraba al juez, sino que todos tenían fija la
-vista en Gabriela, cuya singular hermosura y suave y apacible voz
-considerábanse como indicios de inculpabilidad. ¡Hasta el sencillo
-traje negro que llevaba parecía declarar en su defensa!
-
-Repuesto Zarco de su turbación, dijo con formidable acento, y como
-quien juega de una vez todas sus esperanzas:
-
---Sepulturero: venga usted, y haga su oficio abriendo ese ataúd...
-
-Y le señalaba la caja negra en que estaba encerrado el cráneo de D.
-Alfonso.
-
---Usted, señora... --continuó, mirando a la acusada con ojos de
-fuego--, ¡acérquese y diga si reconoce esa cabeza!
-
-El sepulturero destapó la caja, y se la presentó abierta a la enlutada
-viuda.
-
-Esta, que había dado dos pasos adelante, fijó los ojos en el interior
-del llamado _ataúd_, y lo primero que vio fue la cabeza del _clavo_,
-destacándose sobre el marfil de la calavera...
-
-Un grito desgarrador, agudo, mudo, mortal, como los que arranca un
-miedo repentino, o como los que preceden a la locura, salió de las
-entrañas de Gabriela, la cual, retrocedió espantada, mesándose los
-cabellos y tartamudeando a media voz:
-
---¡Alfonso! ¡Alfonso!
-
-Y luego se quedó como estúpida.
-
---¡Ella es! --murmuramos todos, volviéndonos hacia Joaquín.
-
---¿Reconoce usted, pues, el _clavo_ que dio muerte a su marido?
---añadió el juez, levantándose con terrible ademán, como si él mismo
-saliese de la sepultura...
-
---Sí, señor... --respondió Gabriela maquinalmente, con entonación y
-gesto propios de la imbecilidad.
-
---¿Es decir, que declara usted haberlo asesinado? --preguntó el
-juez con tal angustia, que la acusada volvió en sí, estremeciéndose
-violentamente.
-
---Señor... --respondió entonces--, ¡no quiero vivir más! Pero, antes de
-morir, quiero ser oída...
-
-Zarco se dejó caer en el sillón como anonadado, y mirome cual si me
-preguntara: «¿Qué va a decir?»
-
-Yo estaba también lleno de terror.
-
-Gabriela arrojó un profundo suspiro, y continuó hablando de este modo:
-
---Voy a confesar, y en mi propia confesión consistirá mi defensa,
-bien que no sea bastante a librarme del patíbulo. Escuchad todos. ¿A
-qué negar lo evidente? Yo estaba sola con mi marido cuando murió. Los
-criados y el médico lo habrán declarado así. Por tanto, solo yo pude
-darle muerte del modo que ha venido a revelar su cabeza, saliendo para
-ello de la sepultura... ¡Me declaro, pues, autora de tan horrendo
-crimen!... Pero sabed que un hombre me obligó a cometerlo.
-
-Zarco tembló al escuchar estas palabras: dominó, sin embargo, su miedo,
-como había dominado su compasión, y exclamó valerosamente:
-
---¡Su nombre, señora! ¡Dígame pronto el nombre de ese desgraciado!
-
-Gabriela miró al juez con fanática adoración, como una madre a su
-atribulado hijo, y añadió con melancólico acento:
-
---¡Podría con una sola palabra arrastrarlo al abismo en que me ha hecho
-caer! ¡Podría arrastrarlo al cadalso, a fin de que no se quedase en el
-mundo, para maldecirme tal vez al casarse con otra! ¡Pero no quiero!
-¡Callaré su nombre, porque me ha amado y le amo! ¡Y le amo, aunque sé
-que no hará nada para impedir mi muerte!
-
-El juez extendió la mano derecha, cual si fuera a adelantarse...
-
-Ella le reprendió con una mirada cariñosa, como diciéndole: «¡Ve que
-te pierdes!»
-
-Zarco bajó la cabeza.
-
-Gabriela continuó:
-
---Casada a la fuerza con un hombre a quien aborrecía, con un hombre
-que se me hizo aún más aborrecible después de ser mi esposo, por su
-mal corazón y por su vergonzoso estado..., pasé tres años de martirio,
-sin amor, sin felicidad, pero resignada. Un día que daba vueltas por
-el purgatorio de mi existencia, buscando, a fuer de inocente, una
-salida, vi pasar a través de los hierros que me encarcelaban, a uno
-de esos Ángeles que libertan a las almas ya merecedoras del cielo...
-Asime a su túnica, diciéndole: _Dame la felicidad_... Y el Ángel me
-respondió: _¡Tú no puedes ser ya dichosa! ¿Por qué? Porque no lo eres_.
-¡Es decir, que el infame que hasta entonces me había martirizado,
-me impedía volar con aquel Ángel al cielo del amor y de la ventura!
-¿Concebís absurdo mayor que el de este razonamiento de mi destino?
-Lo diré más claramente. ¡Había encontrado un hombre digno de mí y
-de quien yo era digna; nos amábamos, nos adorábamos; pero él, que
-ignoraba la existencia de mi mal llamado esposo; él, que desde luego
-pensó en casarse conmigo; él, que no transigía con nada que fuese
-ilegal o impuro, me amenazaba con abandonarme si no nos casábamos!
-Érase un hombre excepcional, un dechado de honradez, un carácter
-severo y nobilísimo, cuya única falta en la vida consistía en haberme
-querido demasiado... Verdad es que íbamos a tener un hijo ilegítimo;
-pero también es cierto que ni por un solo instante había dejado de
-exigirme el cómplice de mi deshonra que nos uniéramos ante Dios...
-Tengo la seguridad de que si yo le hubiese dicho: _Te he engañado:
-no soy viuda: mi esposo vive_..., se habría alejado de mí, odiándome
-y maldiciéndome. Inventé mil excusas, mil sofismas, y a todo me
-respondía: ¡_Sé mi esposa_! Yo no podía serlo; creyó que no _quería_,
-y comenzó a odiarme. ¿Qué hacer? Resistí, lloré, supliqué; pero él,
-aun después de saber que teníamos un hijo, me repitió que no volvería
-a verme hasta que le otorgase mi mano. Ahora bien: mi mano estaba
-vinculada a la vida de un hombre ruin, y entre matarlo a él o causar la
-desventura de mi hijo, la del hombre que adoraba y la mía propia, opté
-por arrancar su inútil y miserable vida al que era nuestro verdugo.
-Maté, pues, a mi marido... creyendo ejecutar un acto de justicia en
-el criminal que me había engañado infamemente al casarse conmigo, y
-(¡castigo de Dios!) me abandonó mi amante... Después hemos vuelto a
-encontrarnos... ¿Para qué, Dios mío? ¡Ah! ¡que yo muera pronto! ¡Sí,
-que yo muera pronto!
-
-Gabriela calló un momento, ahogada por el llanto.
-
-Zarco había dejado caer la cabeza sobre las manos, cual si meditase;
-pero yo veía que temblaba como un epiléptico.
-
---¡Señor juez! --repitió Gabriela con renovada energía--, ¡que yo muera
-pronto!
-
-Zarco hizo una seña para que se llevasen a la acusada.
-
-Gabriela se alejó con paso firme, no sin dirigirme antes una mirada
-espantosa, en que había más orgullo que arrepentimiento.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-XVI
-
-La sentencia.
-
-
-Excuso referir la formidable lucha que se entabló en el corazón de
-Zarco, y que duró hasta el día en que volvió a fallar la causa.
-No tendría palabras con que haceros comprender aquellos horribles
-combates... Solo diré que el magistrado venció al hombre, y que Joaquín
-Zarco volvió a condenar a muerte a Gabriela Zahara.
-
-Al día siguiente fue remitido el proceso en consulta a la Audiencia
-de Sevilla, y al propio tiempo Zarco se despidió de mí, diciéndome
-estas palabras: «Aguárdame acá hasta que yo vuelva... Cuida de la
-infeliz, pero no la visites, pues tu presencia la humillaría en vez de
-consolarla. No me preguntes a dónde voy, ni temas que cometa el feo
-delito de suicidarme. Adiós, y perdóname las aflicciones que te he
-causado.»
-
- * * * * *
-
-Veinte días después la Audiencia del territorio confirmó la sentencia
-de muerte.
-
-Gabriela Zahara fue puesta en capilla.
-
-
-
-
-XVII
-
-Último viaje.
-
-
-Llegó la mañana de la ejecución, sin que Zarco hubiese regresado ni se
-tuvieran noticias de él.
-
-Un inmenso gentío aguardaba a la puerta de la cárcel la salida de la
-sentenciada.
-
-Yo estaba entre la multitud, pues si bien había acatado la voluntad
-de mi amigo, no visitando a Gabriela en su prisión, creía de mi deber
-representar a Zarco en aquel supremo trance, acompañando a su antigua
-amada hasta el pie del cadalso.
-
-Al verla aparecer, costome trabajo reconocerla. Había enflaquecido
-horriblemente, y apenas tenía fuerzas para llevar a sus labios el
-Crucifijo que besaba a cada momento.
-
---Aquí estoy, señora... ¿Puedo servir a usted de algo? --le pregunté
-cuando pasó cerca de mí.
-
-Clavó en mi faz sus marchitos ojos, y cuando me hubo reconocido,
-exclamó:
-
---¡Oh! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Qué consuelo tan grande me proporciona
-usted en mi última hora! ¡Padre! --añadió, volviéndose a su confesor--.
-¿Puedo hablar al paso algunas palabras con este generoso amigo?
-
---Sí, hija mía... --le respondió el sacerdote--; pero no deje usted de
-pensar en Dios...
-
-Gabriela me preguntó entonces:
-
---¿Y él?
-
---Está ausente.
-
---¡Hágalo Dios muy feliz! Dígale cuando le vea, que me perdone, para
-que me perdone Dios. Dígale que todavía le amo... aunque el amarle es
-causa de mi muerte...
-
---Quiero ver a usted resignada...
-
---¡Lo estoy! ¡Cuánto deseo llegar a la presencia de mi Eterno Padre!
-¡Cuántos siglos pienso pasar llorando a sus pies, hasta conseguir que
-me reconozca como hija suya y me perdone mis muchos pecados!
-
-Llegamos al pie de la escalera fatal.
-
-Allí fue preciso separamos.
-
-Una lágrima, tal vez la última que aún quedaba en aquel corazón,
-humedeció los ojos de Gabriela, mientras que sus labios balbucieron
-esta frase:
-
---Dígale usted que muero bendiciéndole...
-
-En aquel momento sintiose viva algazara entre el gentío..., hasta que
-al cabo percibiéronse claramente las voces de:
-
---_¡Perdón! ¡Perdón!_
-
-Y por la ancha calle que abría la muchedumbre, viose avanzar a un
-hombre a caballo, con un papel en una mano y un pañuelo blanco en la
-otra...
-
-[Ilustración]
-
-¡Era Zarco!...
-
---_¡Perdón! ¡Perdón!_ --venía gritando también él.
-
-Echó al fin pie a tierra, y, acompañado del jefe del cuadro, adelantose
-hacia el patíbulo.
-
-Gabriela, que había ya subido algunas gradas, se detuvo: miró
-intensamente a su amante, y murmuró:
-
---¡Bendito seas!
-
-En seguida perdió el conocimiento.
-
-Leído el perdón, y legalizado el acto, el sacerdote y Joaquín corrieron
-a desatar las manos de la indultada.
-
-[Ilustración]
-
-Pero toda piedad era ya inútil... Gabriela Zahara estaba muerta.
-
-
-
-
-XVIII
-
-Moraleja.
-
-
-Zarco es hoy uno de los mejores magistrados de la Habana.
-
-Se ha casado, y puede considerarse feliz, porque la tristeza no es
-desventura cuando no se ha hecho a sabiendas daño a nadie.
-
-El hijo que acaba de darle su amantísima esposa, disipará la vaga nube
-de melancolía que oscurece a ratos la frente de mi amigo.
-
-
-FIN
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Prólogo. 9
-
- I. El número 1. 9
-
- II. Escaramuzas. 17
-
- III. Catástrofe. 23
-
- IV. Otro viaje. 28
-
- V. Memorias de un juez de
- primera instancia. 35
-
- I 35
- II 42
- III 49
-
- VI. El cuerpo del delito. 52
-
- VII. Primeras diligencias. 58
-
- VIII. Declaraciones. 64
-
- IX. El hombre propone. 69
-
- X. Un dúo en MI mayor. 69
-
- XI. Fatalidad. 74
-
- XII. Travesuras del destino. 77
-
- XIII. Dios dispone. 82
-
- XIV. El Tribunal. 88
-
- XV. El juicio. 93
-
- XVI. La sentencia. 104
-
- XVII. El último viaje. 105
-
- XVIII. Moraleja. 109
-
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CLAVO ***
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the
-United States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you will have to check the laws of the country where
- you are located before using this eBook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that:
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation's website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without
-widespread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This website includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
diff --git a/old/67248-0.zip b/old/67248-0.zip
deleted file mode 100644
index 37d4821..0000000
--- a/old/67248-0.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h.zip b/old/67248-h.zip
deleted file mode 100644
index aedcc95..0000000
--- a/old/67248-h.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/67248-h.htm b/old/67248-h/67248-h.htm
deleted file mode 100644
index d7659f7..0000000
--- a/old/67248-h/67248-h.htm
+++ /dev/null
@@ -1,3014 +0,0 @@
-<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
- "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd">
-<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es">
- <head>
- <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8" />
- <meta http-equiv="Content-Style-Type" content="text/css" />
- <title>
- El clavo, by Pedro Antonio de Alarcón&mdash;A Project Gutenberg eBook
- </title>
- <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" />
- <style type="text/css">
-
-.formato { margin: 0 auto; width: 26em; max-width: 26em; font-size: 125%; }
-.x-ebookmaker.formato { width: 100%; max-width: 100%; font-size: medium; }
-
-p { margin: 0; text-align: justify; text-indent: 1.25em; line-height: 150%; }
-.x-ebookmaker p { line-height: normal; }
-
-h1, h2, h3 { text-align: center; font-weight: normal; text-indent: 0; }
-
-h1.faux { margin: 0; font-size: xx-small; visibility: hidden; }
-h2 { margin: 2em 0 0 0; font-size: 130%; }
-h2.nobreak { page-break-before: avoid; }
-.subh2 { margin: 1em 0 0 0; font-size: 120%; text-align: center; text-indent: 0;
- font-style: italic; }
-h3 { margin: 2em 0 1em 0; font-size: 110%; }
-
-.mt05 { margin-top: 0.5em; }
-.mt1 { margin-top: 1em; }
-.mt15 { margin-top: 1.5em; }
-.mt2 { margin-top: 2em; }
-.mt3 { margin-top: 3em; }
-
-.pt3 { padding-top: 0; }
-.x-ebookmaker .pt3 { padding-top: 3em; }
-.pt6 { padding-top: 0; }
-.x-ebookmaker .pt6 { padding-top: 6em; }
-
-.fs60 { font-size: 60%; }
-.fs150 { font-size: 150%; }
-.fs175 { font-size: 175%; }
-.fs200 { font-size: 200%; }
-.smaller { font-size: smaller; }
-
-.g0 { letter-spacing: 0.05em; margin-right: -0.05em; }
-.g1 { letter-spacing: 0.1em; margin-right: -0.1em; }
-
-.ws1 { word-spacing: 0.2em; }
-
-hr { width: 34%; margin-left: 33%; clear: both; }
-hr.full { width: 100%; margin: 3em 0; border: medium solid silver; }
-hr.chap { width: 20%; margin: 3em 0 3em 40%; }
-hr.tir { width: 8%; margin: 1em 0 1em 46%; }
-hr.fil { width: 80%; margin: 0.5em 0 0 10%; }
-
-.front { padding: 3em 0 0 0; page-break-before: always; }
-.front p { margin: 0; text-indent: 0; text-align: left; font-family: sans-serif;
- font-size: 90%; line-height: normal; }
-.tit { margin: 3em auto 0 auto; page-break-before: always; }
-.tit p { text-indent: 0; text-align: center; line-height: normal; }
-.negr { font-weight: bold; }
-.obras { margin: 0.5em 0 1em 0; list-style-type: none; }
-.obras li { text-align: left; text-indent: 1.25em; }
-.dotts { border-bottom: dotted thick black; margin: 0 0 1em 0; text-indent: 0; }
-.fin { margin-top: 2em; text-indent: 0; text-align: center; word-spacing: 0.2em;
- text-transform: lowercase; font-variant: small-caps; font-style: normal; }
-
-div.chapter { page-break-before: always; margin-bottom: 1.5em; }
-div.section { page-break-before: always; margin: 0; }
-
-.centra { text-align: center; text-indent: 0; }
-.smcap { font-variant: small-caps; font-style: normal; }
-.asc { text-transform: lowercase; font-variant: small-caps; font-style: normal; }
-.dcha { text-align: right; }
-.caja { margin: 1.5em 0 0 60%; font-size: smaller; }
-.caja p { margin: 0; }
-.fin { margin-top: 3em; text-indent: 0; text-align: center; word-spacing: 0.2em;
- text-transform: lowercase; font-variant: small-caps; font-style: normal; }
-
-.pagenum {
- position: absolute;
- left: 92%;
- font-size: small;
- text-align: right;
- font-family: serif;
- font-style: normal;
- font-weight: normal;
- font-variant: normal;
- letter-spacing: normal;
- color: #B0B0B0;
- text-indent: 0;
-}
-
-/* Tables */
-table { margin: 0 auto; }
-.toc { border-collapse: separate; border-spacing: 1em 0.3em; font-size: smaller; }
-
-.tdl { text-align: left; }
-
-.tdru { text-align: right; vertical-align: top; white-space: nowrap; }
-.tdlh { text-align: justify; padding-left: 1.25em; text-indent: -1.25em; vertical-align: top; }
-.tdrb { text-align: right; vertical-align: bottom; padding-left: 1em;
- white-space: nowrap; }
-
-/* Images */
-.figcenter { text-align: center; page-break-inside: avoid; }
-img { vertical-align: middle; }
-.thin { border: solid thin black; padding: 0; }
-.thick { border: solid medium black; padding: 0; }
-.caption { margin: 0.5em 0 0 0; padding: 0 1em; font-weight: normal; font-size: 90%;
- text-indent: 0; text-align: center; page-break-before: avoid; }
-.screenonly { display: block; }
-
-/* Poetry */
-.poetry-container { text-align: center; }
-.poetry { text-align: left; display: inline-block; font-size: smaller; }
-.poetry .stanza { margin: 1em auto; }
-.poetry .verse { padding-left: 3em; text-indent: -3em; }
-
-/* Transcriber's notes */
-.transnote { border: thin solid gray; background-color: #f8f8f8; font-family: sans-serif;
- font-size: smaller; margin: 2em 0; padding: 1em 0; }
-#tnote ul { list-style-type: inherit; margin: 0 0 0 1.5em; padding: 0 2em 0.5em 1em; }
-#tnote li { margin-top: 0.5em; text-align: justify; }
-.tnotetit { font-weight: bold; text-align: center; text-indent: 0; margin-bottom: 1em; }
-
-/* Poetry indents */
-.poetry .indent0 { text-indent: -3em; }
-
-
- </style>
- </head>
-
-<body class="formato">
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>El clavo</span>, by Pedro Antonio de Alarcón</p>
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>El clavo</span></p>
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Pedro Antonio de Alarcón</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: January 25, 2022 [eBook #67248]</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p>
- <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box</p>
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>EL CLAVO</span> ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <h1 class="faux">El clavo</h1>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
- las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>Algunas ilustraciones han sido desplazadas muy ligeramente para que
- no interrumpan un párrafo.</li>
-
- <li>Una página en blanco ha sido eliminada.</li>
-
- <li>Se ha añadido un Índice al final del libro pese a que el original
- impreso no lo incluye.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- style="width: 26em; height: auto;"
- src="images/cover.jpg"
- alt="Cubierta del libro" />
- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_2">p. 2</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img src="images/002.jpg"
- style="width: 8em; height: auto;"
- alt="Logotipo" />
- <p class="caption ws1 asc">BIBLIOTECA MIGNON</p>
- </div>
-</div>
-
-
-<div class="tit pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <p class="ws1">EL CLAVO &nbsp;(Causa célebre.)</p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p><span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span></p>
- <p class="fs150 asc negr ws1 centra">BIBLIOTECA MIGNON</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p class="smaller ws1 centra mt2">OBRAS PUBLICADAS</p>
-
-<ul class="obras">
- <li>I. &nbsp; Vicente Medina.—<i>Aires murcianos.</i> — Segunda edición.</li>
- <li>II. &nbsp; A. Palacio Valdés.—<i>¡Solo!</i> — Segunda edición.</li>
- <li>III. &nbsp; Clarín.—<i>Las dos cajas.</i></li>
- <li>IV. &nbsp; Ricardo Wagner.—<i>Historia de un músico en París.</i></li>
- <li>V. &nbsp; González Serrano.—<i>Siluetas.</i></li>
- <li>VI. &nbsp; J. Valera.—<i>El pájaro verde.</i></li>
- <li>VII. &nbsp; Luis Bonafoux.—<i>Risas y lágrimas.</i></li>
- <li>VIII. &nbsp; J. O. Picón.—<i>Cuentos.</i></li>
- <li>IX. &nbsp; R. Becerro de Bengoa.—<i>El recién nacido.</i></li>
- <li>X. &nbsp; J. O. y Munilla.—<i>Tremielga.</i></li>
- <li>XI. &nbsp; José M. de Pereda.—<i>Para ser buen arriero...</i></li>
- <li>XII. &nbsp; Alfonso Daudet.—<i>Una anécdota del segundo Imperio.</i></li>
- <li>XIII. &nbsp; V. Blasco Ibáñez.—<i>La cencerrada.</i></li>
- <li>XIV. &nbsp; G. Martínez Sierra.—<i>Almas ausentes.</i></li>
- <li>XV. &nbsp; Enrique Menéndez y Pelayo.—<i>A la sombra de un roble.</i></li>
- <li>XVI. &nbsp; G. Nuñez de Arce.—<i>Sancho Gil</i> (novela fantástica).</li>
- <li>XVII. &nbsp; Blanca de los Ríos.—<i>Melita Palma.</i></li>
- <li>XVIII. &nbsp; Arturo Reyes.—<i>Cuentos andaluces.</i></li>
- <li>XIX. &nbsp; Pedro A. de Alarcón.—<i>El clavo</i> (causa célebre).</li>
-</ul>
-
-<p class="smaller ws1 centra mt2">EN PRENSA</p>
-
-<ul class="obras">
- <li>XX. &nbsp; M. Tolosa Latour.—<i>Hombradas.</i></li>
-</ul>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p>
- <p class="smaller">XIX</p>
- <p class="smaller ws1 mt05"><i>Biblioteca Mignon.</i></p>
- <p class="smaller negr mt05">—</p>
- <p class="ws1 mt1">PEDRO A. DE ALARCÓN</p>
- <p class="fs60 ws1 mt1">DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA</p>
- <hr class="tir" />
-
- <p class="fs200 g1 mt1">EL CLAVO</p>
-
- <div class="figcenter mt1">
- <img src="images/005.jpg"
- style="width: 12em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
- </div>
-
-
- <p class="smaller g0 mt1">MADRID</p>
- <p class="smaller negr">—</p>
- <p class="smaller asc ws1">B. RODRÍGUEZ SERRA, DIRECTOR</p>
- <p class="smaller ws1 mt05">Flor baja, 9.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span></p>
- <hr class="fil" />
- <p class="centra ws1">Imp. de A. Marzo, Pozas, 12.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img src="images/007.jpg"
- style="width: 16em; height: auto;"
- alt="Retrato del autor" />
- <p class="caption ws1 smcap">Pedro A. de Alarcón.</p>
- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch0">
- <p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p>
- <p class="centra g0 ws1 fs175">EL CLAVO</p>
- <p class="centra asc ws1 mt05">(causa célebre)</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h2 class="nobreak g0">PRÓLOGO</h2>
-
-<p class="dotts">&nbsp;</p>
-
-<p>Felipe encendió un cigarro y habló de esta manera:</p>
-
-<p class="fin">FIN DEL PRÓLOGO</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch1">
- <h2 class="nobreak g0">I</h2>
- <p class="subh2">El número 1.</p>
-</div>
-
-<p>Lo que más ardientemente desea todo el que pone el pie en el
-estribo de una diligencia para emprender un largo viaje es que los
-compañeros de <i>departamento</i> que le toquen en suerte sean de amena
-conversación<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> y tengan
-sus mismos gustos, sus mismos vicios, pocas impertinencias, buena
-educación y una franqueza que no raye en familiaridad.</p>
-
-<p>Porque, como ya han dicho y demostrado Larra, Koch, Soulié y otros
-escritores de costumbres, es asunto muy serio esa improvisada e íntima
-reunión de dos o más personas, que nunca se han visto ni quizá han
-de volver a verse sobre la tierra, y destinadas, sin embargo, por un
-capricho del azar, a codearse dos o tres días, a almorzar, comer y
-cenar juntos, a dormir una encima de otra, a manifestarse, en fin,
-recíprocamente, con ese abandono y confianza que no concedemos ni aun a
-nuestros mayores amigos, esto es, con los hábitos y flaquezas de casa y
-de familia.</p>
-
-<p>Al abrir la portezuela acuden tumultuosos temores a la
-imaginación.<span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span> Una vieja
-con asma, un fumador de mal tabaco, una fea que no tolere el humo
-del bueno, una nodriza que se maree de ir en carruaje, angelitos que
-lloren y demás, un hombre grave que ronque, una venerable matrona que
-ocupe asiento y medio, un inglés que no hable el español (supongo que
-vosotros no habláis el inglés), tales son, entre otros, los tipos que
-teméis encontrar.</p>
-
-<p>Alguna vez acariciáis la dulce esperanza de hallaros con una hermosa
-compañera de viaje; por ejemplo, con una viudita de veinte a treinta
-años (y aun de treinta y seis), con quien sobrellevar a medias las
-molestias del camino; pero no bien os ha sonreído esta idea cuando os
-apresuráis a desecharla melancólicamente, considerando que tal ventura
-sería demasiada para un simple mortal en este valle de lágrimas y
-despropósitos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span>Con tan amargos
-recelos ponía yo el pie en el estribo de la diligencia de Granada a
-Málaga, a las once menos cinco minutos de una noche de otoño de 1844,
-noche oscura y tempestuosa, por más señas.</p>
-
-<p>Al penetrar en el coche, con el billete número 2 en el bolsillo, mi
-primer pensamiento fue saludar a aquel incógnito número 1, que me traía
-inquieto antes de serme conocido.</p>
-
-<p>Es de advertir que el tercer asiento de la berlina no estaba tomado,
-según confesión del mayoral en jefe.</p>
-
-<p>—¡Buenas noches! —dije, no bien me senté, enfilando la voz hacia el
-rincón en que suponía a mi compañero de jaula.</p>
-
-<p>Un silencio tan profundo como la oscuridad reinante siguió a mis
-buenas noches.</p>
-
-<p>—¡Diantre! —pensé—: ¿si será sordo... o sorda mi epiceno
-cofrade?</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <p><span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span></p>
- <img class="thick"
- src="images/013.jpg"
- style="width: 10em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15"><span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>Y
-alzando más la voz, repetí:</p>
-
-<p>—¡Buenas noches!</p>
-
-<p>Igual silencio siguió a mi segunda salutación.</p>
-
-<p>—¿Si será mudo? —me dije entonces.</p>
-
-<p>A todo esto, la diligencia había echado a andar, digo, a correr,
-arrastrada por diez briosos caballos.</p>
-
-<p>Mi perplejidad subía de punto.</p>
-
-<p>¿Con quién iba? ¿Con un varón? ¿Con una hembra? ¿Con una vieja? ¿Con
-una joven? — ¿Quién, quién era aquel silencioso <i>número 1</i>?</p>
-
-<p>Y fuera quien fuese, ¿por qué callaba? ¿Por qué no respondía a mi
-saludo? ¿Estaría ebrio? ¿Se habría dormido? ¿Se habría muerto? ¿Sería
-un ladrón?</p>
-
-<p>Era cosa de encender luz. Pero yo no fumaba entonces, y no tenía
-fósforos...</p>
-
-<p>¿Qué hacer?</p>
-
-<p>Por aquí iba en mis reflexiones,<span class="pagenum"
-id="Page_15">p. 15</span> cuando se me ocurrió apelar al sentido del
-tacto, pues que tan ineficaces eran el de la vista y el del oído.</p>
-
-<p>Con más tiento, pues, que emplea un pobre diablo para robarnos el
-pañuelo en la Puerta del Sol, extendí la mano derecha hacia aquel
-ángulo del coche.</p>
-
-<p>Mi dorado deseo era tropezar con una falda de seda o de lana, y aun
-de percal...</p>
-
-<p>Avancé, pues...</p>
-
-<p>¡Nada!</p>
-
-<p>Avancé más; extendí todo el brazo...</p>
-
-<p>¡Nada!</p>
-
-<p>Avancé de nuevo; palpé con entera resolución en un lado, en otro,
-en los cuatro rincones, debajo de los asientos, en las correas del
-techo...</p>
-
-<p>¡Nada..., nada!</p>
-
-<p>En este momento brilló un relámpago (ya he dicho que había
-tempestad),<span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span> y a su luz
-sulfúrea vi... ¡que iba completamente solo!</p>
-
-<p>Solté una carcajada, burlándome de mí mismo, y precisamente en aquel
-instante se detuvo la diligencia.</p>
-
-<p>Estábamos en el primer relevo.</p>
-
-<p>Ya me disponía a preguntarle al mayoral por el viajero que faltaba,
-cuando se abrió la portezuela, y a la luz de un farol que llevaba el
-zagal vi... ¡Me pareció un sueño lo que vi!</p>
-
-<p>Vi poner el pie en el estribo de la berlina (¡de mi departamento!)
-a una hermosísima mujer, joven, elegante, pálida, sola, vestida de
-luto...</p>
-
-<p>Era el <i>número 1</i>; era mi antes epiceno compañero de viaje; era
-la viuda de mis esperanzas; era la realización del sueño que apenas
-había osado concebir; era el <i>non plus ultra</i> de mis ilusiones de
-viajero... ¡Era <i>ella</i>!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>Quiero decir, había
-de ser <i>ella</i> con el tiempo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch2">
- <h2 class="nobreak g0">II</h2>
- <p class="subh2">Escaramuzas.</p>
-</div>
-
-<p>Luego que hube dado la mano a la desconocida, para ayudarla a subir,
-y que ella tomó asiento a mi lado, murmurando un <i>Gracias... Buenas
-noches...</i> que me llegó al corazón, ocurrióseme esta idea tristísima
-y desgarradora:</p>
-
-<p>—¡De aquí a Málaga solo hay diez y ocho leguas! ¡Que no fuéramos a
-la península de Kamchatka!</p>
-
-<p>Entre tanto se cerró la portezuela y quedamos a oscuras.</p>
-
-<p>Esto significaba ¡<i>no verla</i>!</p>
-
-<p>Yo pedía relámpagos al cielo, como el Alfonso Munio de la señora
-Avellaneda cuando dice:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0">¡Horrible tempestad, mándame un rayo!</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>Pero ¡oh dolor! la
-tormenta se retiraba ya hacia el mediodía...</p>
-
-<p>Y no era lo peor <i>no verla</i>, sino que el aire severo y triste
-de la gentil señora me había impuesto de tal modo, que no me atrevía a
-cosa ninguna.</p>
-
-<p>Sin embargo, pasados algunos minutos le hice aquellas primeras
-preguntas y observaciones <i>de cajón</i> que establecen poco a poco
-cierta intimidad entre los viajeros:</p>
-
-<p>—¿Va usted bien?</p>
-
-<p>—¿Se dirige usted a Málaga?</p>
-
-<p>—¿Le ha gustado a usted la Alhambra?</p>
-
-<p>—¿Viene usted de Granada?</p>
-
-<p>—¡Está la noche húmeda!</p>
-
-<p>A lo que respondió ella:</p>
-
-<p>—Gracias.</p>
-
-<p>—Sí.</p>
-
-<p>—No, señor.</p>
-
-<p>—¡Oh!</p>
-
-<p>—¡Pchis!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span>Seguramente, mi
-compañera de viaje tenía poca gana de conversación.</p>
-
-<p>Dediqueme, pues, a coordinar mejores preguntas, y viendo que no se
-me ocurrían, me puse a reflexionar.</p>
-
-<p>¿Por qué había subido aquella mujer en el primer relevo de tiro y no
-desde Granada?</p>
-
-<p>¿Por qué iba sola?</p>
-
-<p>¿Era casada?</p>
-
-<p>¿Era viuda?</p>
-
-<p>¿Era...?</p>
-
-<p>¿Y su tristeza? ¿<i>Quare causa</i>?</p>
-
-<p>Sin ser indiscreto no podía hallar la solución de estas cuestiones,
-y la viajera me gustaba demasiado para que yo corriese el riesgo de
-parecerle un hombre vulgar dirigiéndole necias preguntas.</p>
-
-<p>¡Cómo deseaba que amaneciera!</p>
-
-<p>De día se habla con justificada<span class="pagenum"
-id="Page_20">p. 20</span> libertad... mientras que la conversación
-a oscuras tiene algo de tacto, va derecha al bulto, es un abuso de
-confianza.</p>
-
-<p>La desconocida no durmió en toda la noche, según deduje de su
-respiración y de los suspiros que lanzaba de vez en cuando...</p>
-
-<p>Creo inútil decir que yo tampoco pude coger el sueño.</p>
-
-<p>—¿Está usted indispuesta? —le pregunté una de las veces que se
-quejó.</p>
-
-<p>—No, señor; gracias. Ruego a usted que se duerma descuidado...
-—respondió con seria afabilidad.</p>
-
-<p>—¡Dormirme! —exclamé.</p>
-
-<p>Luego añadí:</p>
-
-<p>—Creí que padecía usted.</p>
-
-<p>—¡Oh! no..., no padezco —murmuró blandamente, pero con un acento en
-que llegué a percibir cierta amargura.</p>
-
-<p>El resto de la noche no dio de sí<span class="pagenum"
-id="Page_21">p. 21</span> más que breves diálogos como el anterior.</p>
-
-<p>Amaneció al fin...</p>
-
-<p>¡Qué hermosa era!</p>
-
-<p>Pero ¡qué sello de dolor sobre su frente! ¡Qué lúgubre oscuridad en
-sus bellos ojos! ¡Qué trágica expresión en todo su semblante! Algo muy
-triste había en el fondo de su alma.</p>
-
-<p>Y, sin embargo, no era una de aquellas mujeres excepcionales,
-extravagantes, de corte romántico, que viven fuera del mundo devorando
-algún pesar o representando alguna tragedia...</p>
-
-<p>Era una mujer a la moda, una elegante mujer, de porte distinguido,
-cuya menor palabra dejaba traslucir una de esas reinas de la
-conversación y del buen gusto que tienen por trono una butaca de su
-gabinete, una carretela en el Prado o un palco en la Ópera; pero que
-callan<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span> fuera de su
-elemento, o sea fuera del círculo de sus iguales.</p>
-
-<p>Con la llegada del día se alegró algo la encantadora viajera, y ya
-consistiese en que mi circunspección de toda la noche y la gravedad de
-mi fisonomía le inspirasen buena idea de mi persona, ya en que quisiera
-recompensar al hombre a quien no había dejado dormir, fue el caso que
-inició a su vez las cuestiones de ordenanza:</p>
-
-<p>—¿Dónde va usted?</p>
-
-<p>—¡Va a hacer buen día!</p>
-
-<p>—¡Qué hermoso paisaje!</p>
-
-<p>A lo que yo contesté más extensamente que ella me había contestado a
-mí.</p>
-
-<p>Almorzamos en Colmenar.</p>
-
-<p>Los viajeros del <i>interior</i> y de la <i>rotonda</i> eran
-personas poco tratables.</p>
-
-<p>Mi compañera se redujo a hablar conmigo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>Excusado es decir que
-yo estuve enteramente consagrado a ella y que la atendí en la mesa como
-a una persona real.</p>
-
-<p>De vuelta en el coche, nos tratábamos ya con alguna confianza.</p>
-
-<p>En la mesa habíamos hablado de Madrid, y hablar bien de Madrid
-a una madrileña que se halla lejos de la corte, es la mejor de las
-recomendaciones.</p>
-
-<p>¡Porque nada es tan seductor como Madrid perdido!</p>
-
-<p>—¡Ahora o nunca, Felipe! —me dije entonces—. Quedan ocho leguas.
-Abordemos la cuestión amorosa...</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch3">
- <h2 class="nobreak g0">III</h2>
- <p class="subh2">Catástrofe.</p>
-</div>
-
-<p>¡Desventurado! No bien dije una palabra galante a la beldad, conocí
-que había puesto el dedo sobre una herida...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>En el momento perdí
-todo lo que había ganado en su opinión.</p>
-
-<p>Así me lo dijo una mirada indefinible que cortó la voz en mis
-labios.</p>
-
-<p>—Gracias, señor, gracias —me dijo luego al ver que cambiaba de
-conversación.</p>
-
-<p>—¿He enojado a usted, señora?</p>
-
-<p>—Sí; el amor me horroriza. ¡Qué triste es inspirar lo que no se
-siente! ¿Qué haría yo para no agradar a nadie?</p>
-
-<p>—¡Algo es menester que usted haga, si no se complace en el daño
-ajeno!... —repuse muy seriamente—. La prueba es que aquí me tiene
-pesaroso de haberla conocido... ¡Ya que no feliz, por lo menos yo vivía
-ayer en paz... y ya soy desgraciado, puesto que la amo a usted sin
-esperanza!</p>
-
-<p>—Le queda a usted una satisfacción, amigo mío... —replicó ella
-sonriendo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span>—¿Cuál?</p>
-
-<p>—Que si no acojo su amor, no es por ser suyo, sino porque es amor.
-Puede usted, pues, estar seguro de que ni hoy, ni mañana, ni nunca...
-obtendrá otro hombre la correspondencia que le niego. ¡Yo no amaré
-jamás a nadie!</p>
-
-<p>—Pero ¿por qué, señora?</p>
-
-<p>—¡Porque el corazón no quiere, porque no puede, porque no debe
-luchar más! ¡Porque he amado hasta el delirio... y he sido engañada! En
-fin, porque aborrezco el amor.</p>
-
-<p>¡Magnífico discurso! Yo no estaba enamorado de aquella mujer.
-Inspirábame curiosidad y deseo, por lo distinguida y por lo bella; pero
-de esto a una pasión había todavía mucha distancia.</p>
-
-<p>Así, pues, al escuchar aquellas dolorosas y terminantes palabras,
-dejó la contienda mi corazón de hombre y entró en ejercicio mi
-imaginación<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> de artista.
-Quiere esto decir que comencé a hablar a la desconocida un lenguaje
-filosófico y moral del mejor gusto, con el que logré conquistar su
-confianza, o sea que me dijese algunas otras generalidades melancólicas
-del género Balzac.</p>
-
-<p>Así llegamos a Málaga.</p>
-
-<p>Era el instante más oportuno para saber el nombre de aquella
-singularísima señora.</p>
-
-<p>Al despedirme de ella en la Administración, la dije cómo me llamaba,
-la casa donde iba a parar y mis señas en Madrid.</p>
-
-<p>Ella me contestó con un tono que nunca olvidaré.</p>
-
-<p>—Doy a usted mil gracias por las amables atenciones que le he
-merecido durante el viaje, y le suplico que me dispense si le oculto mi
-nombre, en vez de darle uno fingido, que es con el que aparezco en la
-<i>hoja</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span>—¡Ah! —respondí—;
-¡luego nunca volveremos a vernos!</p>
-
-<p>—¡Nunca!... Lo cual no debe pesarle.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/027.jpg"
- style="width: 14em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">Dicho esto, la joven sonrió sin alegría, tendiéndome una
-mano con exquisita gracia, y murmuró:</p>
-
-<p>—Pida usted a Dios por mí.</p>
-
-<p>Yo estreché su mano, linda y delicada, y terminé con un saludo
-aquella escena, que empezaba a hacerme mucho daño.</p>
-
-<p>En esto llegó un elegante coche al parador.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span></p>
-
-<p>Un lacayo con librea negra avisó a la desconocida.</p>
-
-<p>Subió ella al carruaje, saludome de nuevo y desapareció por la
-Puerta del Mar.</p>
-
-<p class="dotts">&nbsp;</p>
-
-<p>Dos meses después volví a encontrarla.</p>
-
-<p>Sepamos dónde.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch4">
- <h2 class="nobreak g0">IV</h2>
- <p class="subh2">Otro viaje.</p>
-</div>
-
-<p>A las dos de la tarde del 1.º de noviembre de aquel mismo año,
-caminaba yo sobre un mal rocín de alquiler por el arrecife que conduce
-a ***, villa importante y cabeza de partido de la provincia de
-Córdoba.</p>
-
-<p>Mi criado y el equipaje iban en otro rocín mucho peor.</p>
-
-<p>Dirigíame a *** con objeto de arrendar unas tierras y
-permanecer<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> tres o
-cuatro semanas en casa del Juez de primera instancia, íntimo amigo mío,
-a quien conocí en la Universidad de Granada cuando ambos estudiábamos
-Jurisprudencia y donde simpatizamos, contrajimos estrecha amistad y
-fuimos inseparables. Después no nos habíamos visto en siete años.</p>
-
-<p>Según iba aproximándome a la población, término de mi viaje, llegaba
-más distintamente a mis oídos el melancólico clamoreo de muchas
-campanas que tocaban a muerto...</p>
-
-<p>Maldita la gracia que me hizo tan lúgubre coincidencia...</p>
-
-<p>Sin embargo, aquel <i>doble</i> no tenía nada de casual, y yo debí
-contar con él, en atención a ser víspera del día de difuntos.</p>
-
-<p>Llegué, con todo, muy de mal humor a los brazos de mi amigo, que me
-aguardaba en las afueras del pueblo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span>Él advirtió al
-momento mi preocupación y después de los primeros saludos:</p>
-
-<p>—¿Qué tienes? —me dijo, dándome el brazo, en tanto que sus criados y
-el mío se alejaban con las cabalgaduras.</p>
-
-<p>—Hombre, seré franco... —le contesté—. Nunca he merecido, ni pienso
-merecer, que me eleven arcos de triunfo; nunca he experimentado ese
-inmenso júbilo que llenará el corazón de un grande hombre en el momento
-que un pueblo alborozado sale a recibirlo, mientras que las campanas
-repican a vuelo; pero...</p>
-
-<p>—¿Adónde vas a parar?</p>
-
-<p>—A la segunda parte de mi discurso. Y es: que si en este pueblo
-no he experimentado los honores de la entrada triunfal, acabo de ser
-objeto de otros muy parecidos, aunque enteramente opuestos. ¡Confiesa,
-oh juez de palo, que esos clamores funerales<span class="pagenum"
-id="Page_31">p. 31</span> que solemnizan mi entrada en *** hubieran
-contristado al hombre más jovial del universo!</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/031.jpg"
- style="width: 16em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">—¡Bravo, Felipe! —replicó el juez, a quien llamaremos
-Joaquín Zarco—. ¡Vienes muy a mi gusto! Esa melancolía cuadra
-perfectamente a mi tristeza.</p>
-
-<p>—¡Tú triste!... ¿De cuándo acá?</p>
-
-<p>Joaquín se encogió de hombros, y no sin trabajo retuvo un
-gemido...</p>
-
-<p>Cuando dos amigos que se quieren de verdad, vuelven a verse después
-de larga separación, parece<span class="pagenum" id="Page_32">p.
-32</span> como que resucitan todas las penas que no han llorado
-juntos.</p>
-
-<p>Yo me hice el desentendido por el momento y hablé a Zarco de cosas
-indiferentes.</p>
-
-<p>En esto penetramos en su elegante casa.</p>
-
-<p>—¡Diantre, amigo mío! —no pude menos de exclamar—. ¡Vives muy bien
-alojado!... ¡Qué orden, qué gusto en todo! ¡Necio de mí!... Ya caigo...
-Te habrás casado...</p>
-
-<p>—No me he casado... —respondió el juez con la voz un poco turbada—.
-¡No me he casado ni me casaré nunca!...</p>
-
-<p>—Que no te has casado, lo creo, supuesto que no me lo has escrito...
-¡y la cosa valía la pena de ser contada! Pero eso de que no te casarás
-nunca, no me parece tan fácil, ni tan creíble.</p>
-
-<p>—Pues te lo juro —replicó Zarco solemnemente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span>—¡Qué rara
-metamorfosis! —repuse yo—. Tú, tan partidario siempre del séptimo
-sacramento; tú, que hace dos años me escribías aconsejándome que
-me casara, ¡salir ahora con esa novedad!... Amigo mío, ¡a ti te ha
-sucedido algo, y algo muy penoso!</p>
-
-<p>—¿A mí? —dijo Zarco estremeciéndose.</p>
-
-<p>—¡A ti! —proseguí yo—. ¡Y vas a contármelo! Tú vives aquí solo,
-encerrado en la grave circunspección que exige tu destino, sin un amigo
-a quien referir tus debilidades de mortal... Pues bien; cuéntamelo todo
-y veamos si puedo servirte de algo.</p>
-
-<p>El juez me estrechó las manos, diciendo:</p>
-
-<p>—Sí..., sí... ¡Lo sabrás todo, amigo mío! ¡Soy muy desventurado!</p>
-
-<p>Luego se serenó un poco y añadió secamente:</p>
-
-<p>—Vístete. Hoy va todo el pueblo<span class="pagenum"
-id="Page_34">p. 34</span> a visitar el cementerio, y parecería mal que
-yo faltase. Vendrás conmigo. La tarde está buena y te conviene andar a
-pie, para descansar del trote del rocín. El cementerio se halla situado
-en medio de un hermoso campo, y no te disgustará el paseo. Por el
-camino te contaré la historia que ha acibarado mi existencia, y verás
-si tengo o no tengo motivos para renegar de las mujeres.</p>
-
-<p>Una hora después caminábamos Zarco y yo en dirección al
-cementerio.</p>
-
-<p>Mi pobre amigo me habló de esta manera:</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span></p>
- <h2 class="nobreak">V</h2>
- <p class="subh2">Memorias de un juez de primera instancia.</p>
-</div>
-
-
-<h3 id="Ch5_1">I</h3>
-
-<p>Hace dos años que, estando de promotor fiscal en ***, obtuve
-licencia para pasar un mes en Sevilla.</p>
-
-<p>En la fonda en que me hospedé vivía hacía algunas semanas cierta
-elegante y hermosísima joven, que pasaba por viuda, cuya procedencia,
-así como el objeto que la retenía en Sevilla, eran un misterio para los
-demás huéspedes.</p>
-
-<p>Su soledad, su lujo, su falta de relaciones y el aire de tristeza
-que la envolvía daban pie a mil conjeturas; todo lo cual, unido a su
-incomparable belleza y a la inspiración y gusto con que tocaba el
-piano y cantaba, no tardó en despertar en mi<span class="pagenum"
-id="Page_36">p. 36</span> alma una invencible inclinación hacia aquella
-mujer.</p>
-
-<p>Sus habitaciones estaban exactamente encima de las mías; de modo que
-la oía cantar y tocar, ir y venir y hasta conocía cuándo se acostaba,
-cuándo se levantaba y cuándo pasaba la noche en vela, cosa muy
-frecuente. Aunque en lugar de comer en la mesa redonda se hacía servir
-en su cuarto, y no iba nunca al teatro, tuve ocasión de saludarla
-varias veces, ora en la escalera, ora en alguna tienda, ora de balcón a
-balcón, y al poco tiempo los dos estábamos seguros del placer con que
-nos veíamos.</p>
-
-<p>Tú lo sabes. Yo era grave, aunque no triste, y esta circunspección
-mía cuadraba perfectamente a la retraída existencia de aquella mujer;
-pues ni nunca la dirigí la palabra, ni procuré visitarla en su cuarto,
-ni la perseguí con enojosa curiosidad como otros habitantes de la
-fonda.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <p><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span></p>
- <img class="thick"
- src="images/037.jpg"
- style="width: 10em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15"><span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>Este
-respeto a su melancolía debió de halagar su orgullo de paciente;
-dígolo, porque no tardó en mirarme con cierta deferencia, cual si ya
-nos hubiésemos revelado el uno al otro.</p>
-
-<p>Quince días habían transcurrido de esta manera, cuando la
-fatalidad..., nada más que la fatalidad..., me introdujo una noche en
-el cuarto de la desconocida.</p>
-
-<p>Como nuestras habitaciones ocupaban idéntica situación en el
-edificio, salvo el estar en pisos diferentes, eran sus entradas
-iguales. Dicha noche, pues, al volver del teatro, subí distraído más
-escaleras de las que debía, y abrí la puerta de su cuarto, creyendo que
-era la del mío.</p>
-
-<p>La hermosa estaba leyendo, y se sobresaltó al verme. Yo me aturdí
-de tal modo, que apenas pude disculparme; pero mi misma turbación y la
-prisa con que intenté irme, la<span class="pagenum" id="Page_39">p.
-39</span> convencieron de que aquella equivocación no era una farsa.
-Retúvome, pues, con exquisita amabilidad «<i>para demostrarme</i>
-—dijo— <i>que creía en mi buena fe y que no estaba incomodada
-conmigo</i>», acabando por suplicarme que <i>me equivocara otra vez
-deliberadamente</i>; pues no podía tolerar que una persona de mis
-condiciones de carácter pasase las noches en el balcón oyéndola cantar
-(<i>como ella me había visto</i>), cuando <i>su pobre habilidad se
-honraría con que yo le prestase atención más de cerca</i>.</p>
-
-<p>A pesar de todo, creí de mi deber no tomar asiento en aquella noche,
-y salí.</p>
-
-<p>Pasaron tres días, durante los cuales tampoco me atreví a aprovechar
-el amable ofrecimiento de la bella cantora, aun a riesgo de pasar por
-descortés a sus ojos. ¡Y era que estaba perdidamente enamorado de<span
-class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> ella; era que conocía que
-en unos amores con aquella mujer no podía haber término medio, sino
-delirio de dolor o delirio de ventura; era que le temía, en fin, a la
-atmósfera de tristeza que la rodeaba!</p>
-
-<p>Sin embargo, después de aquellos tres días, subí al segundo.</p>
-
-<p>Permanecí allí toda la velada; la joven me dijo llamarse
-<i>Blanca</i>, y ser madrileña y viuda; tocó el piano, cantó, hízome
-mil preguntas acerca de mi persona, profesión, estado, familia, etc., y
-todas sus palabras y observaciones me complacieron y enajenaron... Mi
-alma fue desde aquella noche esclava de la suya.</p>
-
-<p>A la noche siguiente volví, y a la otra noche también, y después
-todas las noches y todos los días.</p>
-
-<p>Nos amábamos y ni una palabra de amor nos habíamos dicho.</p>
-
-<p>Pero, hablando del amor, habíale yo encarecido varias veces la
-importancia<span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> que daba a
-este sentimiento, la vehemencia de mis ideas y pasiones, y todo lo que
-necesitaba mi corazón para ser feliz.</p>
-
-<p>Ella, por su parte, me había manifestado que pensaba del mismo
-modo.</p>
-
-<p>—Yo —dijo una noche— me casé sin amor a mi marido. Poco tiempo
-después... lo odiaba. Hoy ha muerto. ¡Solo Dios sabe cuánto he sufrido!
-Yo comprendo el amor de esta suerte: es la gloria, o es el infierno. ¡Y
-para mí, hasta ahora, siempre ha sido el infierno!</p>
-
-<p>Aquella noche no dormí.</p>
-
-<p>La pasé analizando las últimas palabras de Blanca.</p>
-
-<p>¡Qué superstición la mía! Aquella mujer me daba miedo. ¿Llegaríamos
-a ser, yo su <i>gloria</i> y ella mi <i>infierno</i>?</p>
-
-<p>Entretanto expiraba el mes de licencia.</p>
-
-<p>Podía pedir otro pretextando una<span class="pagenum"
-id="Page_42">p. 42</span> enfermedad... Pero, ¿debía hacerlo?</p>
-
-<p>Consulté a Blanca.</p>
-
-<p>—¿Por qué me lo pregunta usted <i>a mí</i>? —repuso ella cogiéndome
-una mano.</p>
-
-<p>—Más claro, Blanca... —respondí—. Yo la amo a usted... ¿Hago mal en
-amarla?</p>
-
-<p>—¡No! —respondió Blanca palideciendo.</p>
-
-<p>Y sus ojos negros dejaron escapar dos torrentes de luz y de
-voluptuosidad.</p>
-
-
-<h3 id="Ch5_2">II</h3>
-
-<p>Pedí, pues, dos meses de licencia y me los concedieron... gracias a
-ti. ¡Nunca me hubieras hecho aquel favor!</p>
-
-<p>Mis relaciones con Blanca no fueron amor; fueron delirio, locura,
-fanatismo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span>Lejos de atemperarse
-mi frenesí con la posesión de aquella mujer extraordinaria, se
-exacerbó más y más: cada día que pasaba descubría yo nuevas afinidades
-entre nosotros, nuevos tesoros de ventura, nuevos manantiales de
-felicidad.</p>
-
-<p>Pero en mi alma, como en la suya, brotaban al propio tiempo
-misteriosos temores.</p>
-
-<p>¡Temíamos perdernos!... Esta era la fórmula de nuestra inquietud.</p>
-
-<p>Los amores vulgares necesitan el miedo para alimentarse, para
-no decaer. Por eso se ha dicho que toda relación ilegítima es más
-vehemente que el matrimonio. Pero un amor como el nuestro hallaba
-recónditos pesares en su precario porvenir, en su inestabilidad, en su
-carencia de lazos indisolubles.</p>
-
-<p>Blanca me decía:</p>
-
-<p>—Nunca esperé ser amada por un hombre como tú; y, después de
-ti,<span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> no veo amor ni
-dicha posibles para mi corazón. Joaquín, un amor como el tuyo era la
-necesidad de mi vida: moría ya sin él; sin él moriría mañana... Dime
-que nunca me olvidarás.</p>
-
-<p>—¡Casémonos, Blanca! —respondía yo.</p>
-
-<p>Y Blanca inclinaba la cabeza con angustia.</p>
-
-<p>—¡Sí, casémonos! —volvía yo a decir, sin comprender aquella muda
-desesperación.</p>
-
-<p>—¡Cuánto me amas! —replicaba ella—. Otro hombre en tu lugar
-rechazaría esa idea si yo se la propusiese. Tú, por el contrario...</p>
-
-<p>—Yo, Blanca, estoy orgulloso de ti; quiero ostentarte a los ojos del
-mundo; quiero perder toda zozobra acerca del tiempo que vendrá; quiero
-saber que eres mía para siempre. Además, tú conoces mi carácter, sabes
-que nunca transijo en materias<span class="pagenum" id="Page_45">p.
-45</span> de honra... Pues bien; la sociedad en que vivimos llama
-<i>crimen</i> a nuestra dicha... ¿Por qué no hemos de redimirnos al pie
-del altar? ¡Te quiero pura, te quiero noble, te quiero santa! ¡Te amaré
-entonces más que hoy! ¡Acepta mi mano!</p>
-
-<p>—¡No puedo! —respondía aquella mujer incomprensible.</p>
-
-<p>Y este debate se reprodujo mil veces.</p>
-
-<p>Un día que yo peroré largo rato contra el adulterio y contra toda
-inmoralidad, Blanca se conmovió extraordinariamente; lloró, me dio las
-gracias, y repitió lo de costumbre:</p>
-
-<p>—¡Cuánto me amas! ¡Qué bueno, qué grande, qué noble eres!</p>
-
-<p>A todo esto expiraba la prórroga de mi licencia.</p>
-
-<p>Érame necesario volver a mi destino, y así se lo anuncié a
-Blanca.</p>
-
-<p>—¡Separarnos! —gritó con infinita angustia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>—¡Tú lo has querido!
-—contesté.</p>
-
-<p>—¡Eso es imposible!... Yo te idolatro, Joaquín.</p>
-
-<p>—Blanca, yo te adoro.</p>
-
-<p>—Abandona tu carrera... Yo soy rica... ¡Viviremos juntos!...
-—exclamó, tapándome la boca para que no replicara.</p>
-
-<p>La besé la mano y respondí:</p>
-
-<p>—De mi esposa aceptaría esa oferta, haciendo todavía un
-sacrificio... Pero de ti...</p>
-
-<p>—¡De mí! —respondió llorando—. ¡De la madre de tu hijo!</p>
-
-<p>—¿Quién? ¡Tú! ¡Blanca!...</p>
-
-<p>—Sí... Dios acaba de decirme que soy madre... ¡Madre por primera
-vez! Tú has completado mi vida, Joaquín; y, no bien gusto la fruición
-de esta bienaventuranza absoluta, quieres desgajar el árbol de mi
-dicha. ¡Me das un hijo, y me abandonas tú!...</p>
-
-<p>—¡Sé mi esposa, Blanca! —fue mi<span class="pagenum"
-id="Page_47">p. 47</span> única contestación—. Labremos la felicidad de
-ese ángel que llama a las puertas de la vida.</p>
-
-<p>Blanca permaneció mucho tiempo silenciosa.</p>
-
-<p>Luego levantó la cabeza con una tranquilidad indefinible, y
-murmuró:</p>
-
-<p>—Seré tu esposa.</p>
-
-<p>—¡Gracias! ¡Gracias, Blanca mía!</p>
-
-<p>—Escucha —dijo al poco rato—, no quiero que abandones tu
-carrera...</p>
-
-<p>—¡Ah! ¡Mujer sublime!</p>
-
-<p>—Vete a tu Juzgado... ¿Cuánto tiempo tardarás en arreglar allí tus
-asuntos, solicitar del Gobierno más licencia y volver a Sevilla?</p>
-
-<p>—Un mes.</p>
-
-<p>—Un mes... —repuso Blanca—. ¡Bien! Aquí te espero. Vuelve dentro de
-un mes, y seré tu esposa. Hoy somos 15 de abril... ¡El 15 de mayo sin
-falta!</p>
-
-<p>—Sin falta.</p>
-
-<p>—¿Me lo juras?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>— Te lo juro.</p>
-
-<p>—¡Aún otra vez! —replicó Blanca.</p>
-
-<p>—Te lo juro.</p>
-
-<p>—¿Me amas?</p>
-
-<p>—Con toda mi vida.</p>
-
-<p>—Pues vete y ¡vuelve! Adiós...</p>
-
-<p>Dijo y me suplicó que la dejara y que partiese sin perder
-momento.</p>
-
-<p>Despedime de ella, y partí a *** aquel mismo día.</p>
-
-<div class="figcenter mt3">
- <img src="images/048.jpg"
- style="width: 8em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-
-<div class="section pt3" id="Ch5_3">
- <h3 title="III"><span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>III</h3>
-</div>
-
-<p>Llegué a ***.</p>
-
-<p>Preparé mi casa para recibir a mi esposa; solicité y obtuve, como
-sabes, otro mes de licencia, y arreglé todos mis asuntos con tal
-eficacia, que al cabo de quince días me vi en libertad de volver a
-Sevilla.</p>
-
-<p>Debo advertirte, que durante aquel medio mes no recibí ni una sola
-carta de Blanca, a pesar de haberle yo escrito seis. Esta circunstancia
-me tenía vivamente contrariado. Así fue que, aunque solo había
-transcurrido la mitad del plazo que mi amada me concediera, salí para
-Sevilla, adonde llegué el día 30 de abril.</p>
-
-<p>Inmediatamente me dirigí a la fonda que había sido nido de nuestros
-amores.</p>
-
-<p>Blanca había desaparecido dos<span class="pagenum" id="Page_50">p.
-50</span> días después de mi partida, sin dejar razón del punto a que
-se encaminaba.</p>
-
-<p>¡Imagínate el dolor de mi desengaño! ¡No escribirme que se marchaba!
-¡Marcharse sin dejar dicho a dónde se dirigía! ¡Hacerme perder
-completamente su rastro! ¡Evadirse, en fin, como una criminal cuyo
-delito se ha descubierto!</p>
-
-<p>Ni por un instante me ocurrió permanecer en Sevilla hasta el 15 de
-mayo aguardando a ver si regresaba Blanca... La violencia de mi dolor
-y de mi indignación, y el bochorno que sentía por haber aspirado a la
-mano de semejante aventurera, no dejaban lugar a ninguna esperanza, a
-ninguna ilusión, a ningún consuelo. Lo contrario hubiera sido ofender
-mi propia conciencia, que ya veía en Blanca el ser odioso y repugnante
-que el amor o el deseo habían disfrazado hasta entonces...<span
-class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> ¡Indudablemente era una
-mujer liviana e hipócrita que me amó sensualmente, pero que, previendo
-la habitual mudanza de su caprichoso corazón, no pensó nunca en que
-nos casáramos! Hostigada, al fin, por mi amor y mi honradez, había
-ejecutado una torpe comedia a fin de escaparse impunemente. ¡Y en
-cuanto a aquel hijo anunciado con tanto júbilo, tampoco me cabía ya
-duda de que era otra ficción, otro engaño, otra sangrienta burla!...
-Apenas se comprendía semejante perversidad en una criatura tan bella y
-tan inteligente.</p>
-
-<p>Tres días nada más estuve en Sevilla, y el 4 de mayo me marché a la
-corte, renunciando a mi destino, para ver si mi familia y el bullicio
-del mundo me hacían olvidar a aquella mujer, que sucesivamente había
-sido para mí la <i>gloria</i> y el <i>infierno</i>.</p>
-
-<p>Por último, hace cosa de quince<span class="pagenum"
-id="Page_52">p. 52</span> meses, que tuve que aceptar el Juzgado de
-este otro pueblo, donde, como has visto, no vivo muy contento que
-digamos; siendo lo peor de todo que, en medio de mi aborrecimiento a
-Blanca, detesto mucho más a las demás mujeres, por la sencilla razón de
-que no son <i>ella</i>.</p>
-
-<p>¿Te convences ahora de que nunca llegaré a casarme?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch6">
- <h2 class="nobreak g0">VI</h2>
- <p class="subh2">El cuerpo del delito.</p>
-</div>
-
-<p>Pocos segundos después de terminar mi amigo Zarco la relación de sus
-amores, llegamos al cementerio.</p>
-
-<p>El cementerio de *** no es otra cosa que un campo yermo y solitario,
-sembrado de cruces de madera, y rodeado por una tapia. Ni lápidas,
-ni sepulcros turban la monotonía de aquella mansión. Allí descansan
-en la fría tierra pobres y ricos, grandes<span class="pagenum"
-id="Page_53">p. 53</span> y plebeyos, nivelados por la muerte.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/053.jpg"
- style="width: 16em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">En estos pobres cementerios, que tanto abundan en
-España, y que son acaso los más poéticos y los más propios de sus
-<i>moradores</i>, sucede con frecuencia que, para sepultar un cuerpo,
-es menester exhumar otro, o, mejor dicho, que cada dos años se echa una
-nueva capa de muertos sobre la tierra. Consiste esto en la pequeñez del
-recinto, y da por resultado que, alrededor de cada nueva zanja, hay mil
-blancos despojos<span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> que de
-tiempo en tiempo son conducidos al <i>osario común</i>.</p>
-
-<p>Yo he visto más de una vez estos osarios... ¡Y en verdad que merecen
-ser vistos! Figuraos, en un rincón del campo santo, una especie de
-pirámide de huesos, una colina de multiforme marfil, un cerro de
-cráneos, fémures, canillas, húmeros, clavículas rotas, columnas
-espinales desgranadas, dientes sembrados acá y allá, costillas que
-fueron armaduras de corazones, dedos diseminados... y todo ello seco,
-frío, muerto, árido... ¡Figuraos, figuraos aquel horror!</p>
-
-<p>Y, ¡qué contactos! Los enemigos, los rivales, los esposos, los
-padres y sus hijos están allí, no solo juntos, sino revueltos,
-mezclados por pedazos, como trillada mies, como rota paja. Y ¡qué
-desapacible ruido, cuando un cráneo choca con otro, o cuando baja
-rodando desde la cumbre<span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>
-por aquellas huecas astillas de antiguos hombres! Y ¡qué risa tan
-insultante tienen las calaveras!</p>
-
-<p>Pero volvamos a nuestra historia.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/055.jpg"
- style="width: 16em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">Andábamos Joaquín y yo dando sacrílegamente con el
-pie a tantos restos inanimados, ora pensando en el día que otros
-pies hollarían nuestros despojos, ora atribuyendo a cada hueso una
-historia; procurando hallar el secreto de la vida en aquellos cráneos,
-donde acaso moró el genio o bramó la pasión, y ya vacíos<span
-class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> como celda de difunto fraile,
-o adivinando otras veces (por la configuración, por la dureza y por la
-dentadura) si tal calavera perteneció a una mujer, a su niño, o a un
-anciano, cuando las miradas del juez quedaron fijas en uno de aquellos
-globos de marfil...</p>
-
-<p>—¿Qué es esto? —exclamó, retrocediendo un poco—. ¿Qué es esto, amigo
-mío? ¿No es un <i>clavo</i>?</p>
-
-<p>Y así hablando, daba vueltas con el bastón a un cráneo, bastante
-fresco todavía, que conservaba algunos espesos mechones de pelo
-negro.</p>
-
-<p>Miré y quedé tan asombrado como mi amigo... ¡Aquella calavera estaba
-atravesada por un clavo de hierro!...</p>
-
-<p>La chata cabeza de este clavo asomaba por la parte superior del
-hueso coronal, mientras que la punta salía por el que fue cielo de la
-boca.</p>
-
-<p>¿Qué podía significar aquello?</p>
-
-<p>De la extrañeza pasamos a las<span class="pagenum" id="Page_57">p.
-57</span> conjeturas y de las conjeturas al horror.</p>
-
-<p>—¡Reconozco la Providencia! —exclamó finalmente Zarco—. ¡He aquí un
-espantoso crimen que iba a quedar impune y que se delata por sí mismo
-a la justicia! ¡Cumpliré con mi deber, tanto más cuanto que parece
-que el mismo Dios me lo ordena directamente al poner ante mis ojos la
-taladrada cabeza de la víctima! ¡Ah! Sí... ¡Juro no descansar hasta que
-el autor de este horrible delito expíe su maldad en el cadalso!</p>
-
-<div class="figcenter mt3">
- <img src="images/057.jpg"
- style="width: 8em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch7">
- <p><span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">VII</h2>
- <p class="subh2">Primeras diligencias.</p>
-</div>
-
-<p>Mi amigo Zarco era un modelo de jueces.</p>
-
-<p>Recto, infatigable, aficionado, tanto como obligado, a la
-administración de justicia, vio en aquel asunto un campo vastísimo
-en que emplear toda su inteligencia, todo su celo, todo su fanatismo
-(perdonad la palabra) por el cumplimiento de la ley.</p>
-
-<p>Inmediatamente hizo buscar a un escribano y dio principio al
-proceso.</p>
-
-<p>Después de extendido testimonio de aquel hallazgo, llamó al
-enterrador.</p>
-
-<p>El lúgubre personaje se presentó ante la ley, pálido y
-tembloroso.</p>
-
-<p>¡A la verdad, entre aquellos dos hombres cualquiera escena
-tendría<span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span> que ser
-horrible! Recuerdo literalmente su diálogo:</p>
-
-<p><i>El juez.</i>—¿De quién puede ser esta calavera?</p>
-
-<p><i>El sepulturero.</i>—¿Dónde la ha encontrado vuestra señoría?</p>
-
-<p><i>El juez.</i>—En este mismo sitio.</p>
-
-<p><i>El sepulturero.</i>—Pues entonces pertenece a un cadáver que, por
-estar ya <i>algo pasado</i>, desenterré ayer para sepultar a una vieja
-que murió anteanoche.</p>
-
-<p><i>El juez.</i>—¿Y por qué exhumó usted ese cadáver y no otro más
-antiguo?</p>
-
-<p><i>El sepulturero.</i>—Ya lo he dicho a vuestra señoría; para poner
-a la vieja en su lugar. ¡El Ayuntamiento no quiere convencerse que es
-muy chico este cementerio para tanta gente como se muere ahora! ¡Así
-es que no se deja a los muertos secarse en la tierra, y tengo que
-trasladarlos medio vivos al osario común!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span><i>El juez.</i>—¿Y
-podrá saberse de quién es el cadáver a que corresponde esta cabeza?</p>
-
-<p><i>El sepulturero.</i>—No es muy fácil, señor.</p>
-
-<p><i>El juez.</i>—Sin embargo, ¡ello ha de ser! Conque piénselo usted
-despacio.</p>
-
-<p><i>El sepulturero.</i>—Encuentro un medio de saberlo...</p>
-
-<p><i>El juez.</i>—Dígalo usted.</p>
-
-<p><i>El sepulturero.</i>—La caja de aquel muerto se hallaba en regular
-estado cuando la saqué de la tierra, y me la llevé a mi habitación para
-aprovechar las tablas de la tapa. Acaso conserve alguna señal, como
-iniciales, como galones, o cualquiera otra de esas cosas que se estilan
-ahora para adornar los ataúdes...</p>
-
-<p><i>El juez.</i>—Veamos esas tablas.</p>
-
-<p>En tanto que el sepulturero traía los fragmentos del ataúd,
-Zarco mandó a un alguacil que envolviese el<span class="pagenum"
-id="Page_61">p. 61</span> misterioso cráneo en un pañuelo, a fin de
-llevárselo a su casa.</p>
-
-<p>El enterrador llegó con las tablas.</p>
-
-<p>Como esperábamos, encontráronse en una de ellas algunos jirones de
-galón dorado que, sujetos a la madera con tachuelas de metal, habían
-formado letras y números...</p>
-
-<p>Pero el galón estaba roto, y era imposible restablecer aquellos
-caracteres.</p>
-
-<p>No desmayó, con todo, mi amigo, sino que hizo arrancar completamente
-el galón, y por las tachuelas, o por las punturas de otras que había
-habido en la tabla, recompuso las siguientes cifras:</p>
-
-<p class="centra mt1">
-A. G. R.<br />
-1843<br />
-R. I. P.</p>
-
-<p class="mt1">Zarco radió en entusiasmo al hacer este
-descubrimiento.</p>
-
-<p>—¡Es bastante! ¡Es demasiado! —exclamó gozosamente—. ¡Asido de<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> esta hebra recorreré el
-laberinto y lo descubriré todo!</p>
-
-<p>Cargó el alguacil con la tabla, como había cargado con la calavera y
-regresamos a la población.</p>
-
-<p>Sin descansar un momento nos dirigimos a la parroquia más
-próxima.</p>
-
-<p>Zarco pidió al cura el <i>libro de sepelios</i>, de 1843.</p>
-
-<p>Recorriolo el escribano, hoja por hoja, partida por partida...</p>
-
-<p>Aquellas iniciales A. G. R. no correspondían a ningún difunto.</p>
-
-<p>Pasamos a otra parroquia.</p>
-
-<p>Cinco tiene la villa: a la cuarta que visitamos halló el escribano
-esta partida de sepelio:</p>
-
-<p class="mt1">«<i>En la Iglesia parroquial de San... de la villa de
-*** a 4 de mayo de 1843, se hicieron los oficios de funeral, conformes
-a entierro mayor en el cementerio común, a</i> <span class="smcap">Don
-Alfonso Gutiérrez del Romeral</span>, <i>natural y vecino que fue
-de<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> esta población, el
-cual no recibió los Santos Sacramentos ni testó, por haber muerto de
-apoplejía fulminante en la noche anterior, a la edad de treinta y un
-años. Estuvo casado con doña Gabriela Zahara del Valle, natural de
-Madrid y no deja hijos. Y para que conste, etc.</i>»</p>
-
-<p class="mt1">Tomó Zarco un certificado de esta partida autorizado por
-el cura, y regresamos a nuestra casa.</p>
-
-<p>Por el camino me dijo el juez:</p>
-
-<p>—Todo lo veo claro. Antes de ocho días habrá terminado este
-proceso que tan oscuro se presentaba hace dos horas. Ahí llevamos una
-<i>apoplejía fulminante</i> de hierro que tiene cabeza y punta, y que
-dio muerte repentina, a un <i>D. Alfonso Gutiérrez del Romeral</i>.
-Es decir: tenemos el <i>clavo</i>... Ahora solo me falta encontrar el
-<i>martillo</i>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch8">
- <p><span class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">VIII</h2>
- <p class="subh2">Declaraciones.</p>
-</div>
-
-<p>Un <i>vecino</i> dijo:</p>
-
-<p>—Que D. Alfonso Gutiérrez del Romeral, joven y rico propietario de
-aquella población, residió algunos años en Madrid, de donde volvió en
-1840, casado con una bellísima señora llamada doña Gabriela Zahara:</p>
-
-<p>Que el declarante había ido algunas noches de tertulia a casa de
-los recién casados, y tuvo ocasión de observar la paz y ventura que
-reinaban en el matrimonio:</p>
-
-<p>Que cuatro meses antes de la muerte de D. Alfonso, había marchado
-su esposa a pasar una temporada en Madrid con su familia, según
-explicación del mismo marido:</p>
-
-<p>Que la joven regresó en los últimos días de abril o sea tres meses y
-medio después de su partida:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>Que a los ocho días
-de su llegada ocurrió la muerte de D. Alfonso:</p>
-
-<p>Que habiendo enfermado la viuda, a consecuencia del sentimiento que
-la causó esta pérdida, manifestó a sus amigos que le era insoportable
-vivir en un pueblo donde todo le hablaba de su querido y malogrado
-esposo, y se marchó para siempre a mediados de mayo, diez o doce días
-después de la muerte de su esposo:</p>
-
-<p>Que era cuanto podía declarar, y la verdad, a cargo del juramento
-que había prestado, etc.</p>
-
-<p>Otros <i>vecinos</i> prestaron declaraciones casi idénticas a la
-anterior.</p>
-
-<p><i>Los criados</i> del difunto Gutiérrez, dijeron:</p>
-
-<p>Después de repetir los datos de la vecindad:</p>
-
-<p>Que la paz del matrimonio no era tanta como se decía de público:</p>
-
-<p>Que la separación de tres meses y medio que precedió a los
-últimos<span class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> ocho días que
-vivieron juntos los esposos, fue un tácito rompimiento, consecuencia
-de profundos y misteriosos disgustos que mediaban entre ambos jóvenes
-desde el principio de su matrimonio:</p>
-
-<p>Que la noche en que murió su amo, se reunieron los esposos en la
-alcoba nupcial, como lo verificaban desde la vuelta de la señora,
-contra su antigua costumbre de dormir cada uno en su respectivo
-cuarto:</p>
-
-<p>Que a media noche los criados oyeron sonar violentamente la
-campanilla, a cuyo repiqueteo se unían los desaforados gritos de la
-señora:</p>
-
-<p>Que acudieron, y vieron salir a esta de la cámara nupcial, con el
-cabello en desorden, pálida y convulsa, gritando entre amarguísimos
-sollozos:</p>
-
-<p>«¡Una apoplejía! ¡Un médico! ¡Alfonso mío! ¡El señor se
-muere!...»</p>
-
-<p>Que penetraron en la alcoba y<span class="pagenum" id="Page_67">p.
-67</span> vieron a su amo tendido sobre el lecho y ya cadáver; y que
-habiendo acudido un médico confirmó que D. Alfonso había muerto de una
-congestión cerebral.</p>
-
-<p>El <i>médico</i>: Preguntado al tenor de la cita que precede, dijo:
-Que era cierto en todas sus partes.</p>
-
-<p>El mismo <i>médico</i> y otros dos facultativos:</p>
-
-<p>Habiéndoseles puesto de manifiesto la calavera de D. Alfonso, y
-preguntados sobre si la muerte recibida de aquel modo podía aparecer a
-los ojos de la ciencia como apoplejía, dijeron que <i>sí</i>.</p>
-
-<p>Entonces dictó mi amigo el siguiente auto:</p>
-
-<p>«Considerando que la muerte de D. Alfonso Gutiérrez del Romeral
-debió de ser instantánea y subsiguiente a la introducción del clavo en
-su cabeza:</p>
-
-<p>»Considerando que, cuando murió,<span class="pagenum"
-id="Page_68">p. 68</span> estaba solo en la alcoba nupcial:</p>
-
-<p>»Considerando que es imposible atribuir a suicidio una muerte
-semejante por las dificultades materiales que ofrece su perpetración
-con mano propia:</p>
-
-<p>»Se declara reo de esta causa y autora de la muerte del D. Alfonso
-a su esposa doña Gabriela Zahara del Valle, para cuya captura se
-expedirán los oportunos exhortos, etcétera, etc.»</p>
-
-<p>—Dime, Joaquín... —pregunté yo al juez—. ¿Crees que se capturará a
-Gabriela Zahara?</p>
-
-<p>—¡Indudablemente!</p>
-
-<p>—¿Y por qué lo aseguras?</p>
-
-<p>—Porque en medio de estas rutinas judiciales, hay cierta fatalidad
-dramática que no perdona nunca. Más claro: cuando los huesos salen de
-la tumba a declarar, poco les queda que hacer a los Tribunales.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch9">
- <p><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">IX</h2>
- <p class="subh2">El hombre propone.</p>
-</div>
-
-<p>A pesar de las esperanzas de mi amigo Zarco, Gabriela Zahara no
-apareció.</p>
-
-<p>Exhortos, requisitorias, todo fue inútil.</p>
-
-<p>Pasaron tres meses.</p>
-
-<p>La causa se sentenció en rebeldía.</p>
-
-<p>Yo abandoné la villa de *** no sin prometerle a Zarco volver al año
-siguiente.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch10">
- <h2 class="nobreak g0">X</h2>
- <p class="subh2">Un dúo en <span class="asc">MI</span> mayor.</p>
-</div>
-
-<p>Aquel invierno lo pasé en Granada.</p>
-
-<p>Érase una noche en que había gran baile en casa de la riquísima
-señora de X... la cual había tenido la bondad de convidarme a la
-fiesta.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span>A poco de llegar a
-aquella magnífica morada, donde estaban reunidas todas las célebres
-hermosuras de la aristocracia granadina, reparé en una bellísima mujer
-cuyo rostro habría distinguido entre mil otros semejantes, suponiendo
-que Dios hubiese formado alguno que se le pareciera.</p>
-
-<p>¡Era mi desconocida, mi mujer misteriosa, mi desengañada de la
-diligencia, mi compañera de viaje, el número uno de que os hablé al
-principio de esta relación!</p>
-
-<p>Corrí a saludarla, y ella me reconoció en el acto.</p>
-
-<p>—Señora —le dije—, he cumplido a usted mi promesa de no buscarla.
-Hasta ignoraba que podía encontrar a usted aquí. A saberlo, acaso no
-hubiera venido por temor de ser a usted enojoso. Una vez ya delante
-de usted, espero que me diga si puedo reconocerla, si me es dado
-hablarle,<span class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> si ha cesado
-el entredicho que me alejaba de usted.</p>
-
-<p>—Veo que es usted vengativo... —me contestó graciosamente,
-alargándome la mano—. Pero yo le perdono. ¿Cómo está usted?</p>
-
-<p>—¡En verdad que lo ignoro! —respondí—. Mi salud, la salud de mi
-alma, pues no es otra cosa me preguntará usted en medio de un baile,
-depende de la salud de su alma de usted. Esto quiere decir que mi
-dicha no puede ser sino un reflejo de la suya. ¿Ha sanado ese pobre
-corazón?</p>
-
-<p>—Aunque la galantería le prescriba a usted desearlo —contestó la
-dama—, y mi aparente jovialidad haga suponerlo, usted sabe... lo mismo
-que yo... que las heridas del corazón no se curan.</p>
-
-<p>—Pero se <i>tratan</i>, señora, como dicen los facultativos; se
-hacen llevaderas; se tiende una piel rosada<span class="pagenum"
-id="Page_72">p. 72</span> sobre la roja cicatriz; se edifica una
-ilusión sobre un desengaño...</p>
-
-<p>—Pero esa edificación es falsa...</p>
-
-<p>—¡Como la primera, señora; como todas! <i>Querer creer, querer
-gozar</i>, he aquí la dicha. Mirabeau, moribundo, no aceptó el generoso
-ofrecimiento de un joven que quiso trasfundir toda su sangre en las
-empobrecidas arterias del grande hombre. ¡No sea usted como Mirabeau!
-¡Beba usted nueva vida en el primer corazón virgen que le ofrezca su
-rica savia! Y, pues no gusta usted de galantería, le añadiré, en abono
-de mi consejo, que, al hablar así, no defiendo mis intereses...</p>
-
-<p>—¿Por qué dice usted eso último?</p>
-
-<p>—Porque yo también tengo algo de Mirabeau, no en la cabeza, sino en
-la sangre. Necesito lo que usted... ¡una primavera que me vivifique!</p>
-
-<p>—¡Somos muy desdichados! En<span class="pagenum" id="Page_73">p.
-73</span> fin... Usted tendrá la bondad de no huir de mí en
-adelante.</p>
-
-<p>—Señora, iba a pedirla a usted permiso para visitarla.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/073.jpg"
- style="width: 16em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">Nos despedimos.</p>
-
-<p>—¿Quién es esta mujer? —pregunté a un amigo mío.</p>
-
-<p>—Una americana que se llama Mercedes de Meridanueva —me contestó—;
-es todo lo que sé y mucho más de lo que se sabe generalmente.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">XI</h2>
- <p class="subh2">Fatalidad.</p>
-</div>
-
-<p>Al día siguiente fui a visitar a mi nueva amiga a la <i>Fonda de los
-Siete Suelos</i> de la Alhambra.</p>
-
-<p>La encantadora Mercedes me trató como a un amigo íntimo, y me invitó
-a pasear con ella por aquel edén de la naturaleza y templo del arte, y
-acompañarla luego a comer.</p>
-
-<p>De muchas cosas hablamos durante las seis horas que estuvimos
-juntos; y como el tema a que siempre volvíamos era el de los desengaños
-amorosos, hube de contarle la historia de los amores de mi amigo
-Zarco.</p>
-
-<p>Ella la oyó muy atentamente, y, cuando terminé, se echó a reír, y me
-dijo:</p>
-
-<p>—Sr. D. Felipe, sírvale a usted eso de lección para no enamorarse
-nunca de mujeres a quienes no conozca...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span>—¡No vaya usted a
-creer —respondí con viveza— que he inventado esa historia, o se la
-he referido porque me figure que todas las damas misteriosas que se
-encuentra uno en viaje son como la que engañó a mi condiscípulo!...</p>
-
-<p>—Muchas gracias... Pero no siga usted —replicó, levantándose de
-pronto—. ¿Quién duda que en la <i>Fonda de los Siete Suelos</i> de
-Granada pueden alojarse mujeres que en nada se parezcan a esa que tan
-fácilmente se enamoró de su amigo de usted en la fonda de Sevilla? En
-cuanto a mí, no hay riesgo de que me enamore de nadie, puesto que nunca
-hablo tres veces con un mismo hombre...</p>
-
-<p>—¡Señora! ¡Eso es decirme que no vuelva!...</p>
-
-<p>—No; esto es anunciar a usted que mañana, al ser de día, me marcharé
-de Granada, y que, probablemente, no volveremos a vernos nunca.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span>—¡<i>Nunca</i>! Lo
-mismo me dijo usted en Málaga, después de nuestro famoso viaje...; y,
-sin embargo, nos hemos visto de nuevo.</p>
-
-<p>—En fin; dejemos libre el campo a la fatalidad. Por mi parte, repito
-que esta es nuestra despedida... eterna.</p>
-
-<p>Dichas tan solemnes palabras, Mercedes me alargó la mano y me hizo
-un profundo saludo.</p>
-
-<p>Yo me alejé vivamente conmovido, no solo por las frías y desdeñosas
-frases con que aquella mujer había vuelto a descartarme de su vida
-(como cuando nos separamos en Málaga), sino ante el incurable dolor que
-vi pintarse en su rostro mientras que procuraba sonreírse al decirme
-<i>Adiós</i> por última vez...</p>
-
-<p>¡Por última vez!...</p>
-
-<p>—¡Ay! ¡Ojalá hubiera sido la última!</p>
-
-<p>Pero la fatalidad lo tenía dispuesto de otro modo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch12">
- <p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">XII</h2>
- <p class="subh2">Travesuras del destino.</p>
-</div>
-
-<p>Pocos días después, llamáronme de nuevo mis asuntos al lado de
-Joaquín Zarco.</p>
-
-<p>Llegué a la villa de ***.</p>
-
-<p>Mi amigo seguía triste y solo y se alegró mucho de verme.</p>
-
-<p>Nada había vuelto a saber de Blanca; pero tampoco había podido
-olvidarla ni siquiera un momento.</p>
-
-<p>Indudablemente aquella mujer era su predestinación... ¡Su
-<i>gloria</i> o su <i>infierno</i>, como el desgraciado solía decir!</p>
-
-<p>Pronto veremos que no se equivocaba en este supersticioso juicio.</p>
-
-<p>La noche del mismo día de mi llegada, estábamos en su despacho
-leyendo las últimas diligencias practicadas para la captura de
-Gabriela<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span> Zahara del
-Valle, todas ellas inútiles por cierto, cuando entró un alguacil y
-entregó al joven juez un billete que decía de este modo:</p>
-
-<p class="mt1">«<i>En la Fonda del León hay una señora que desea hablar
-con el señor Zarco.</i>»</p>
-
-<p class="mt1">—¿Quién ha traído esto? —preguntó Joaquín.</p>
-
-<p>—Un criado.</p>
-
-<p>—¿De parte de quién?</p>
-
-<p>—No me ha dicho nombre alguno.</p>
-
-<p>—¿Y ese criado?</p>
-
-<p>—Se fue al momento.</p>
-
-<p>Joaquín meditó, y dijo luego lúgubremente:</p>
-
-<p>—¡Una señora! ¡A mí! ¡No sé por qué me da miedo esta cita! ¿Qué te
-parece, Felipe?</p>
-
-<p>—Que tu deber de juez es asistir a ella. ¡Puede tratarse de Gabriela
-Zahara!</p>
-
-<p>—Tienes razón... ¡Iré! —dijo Zarco, pasándose una mano por la
-frente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>Y cogiendo un par
-de pistolas, envolviose en la capa y partió, sin permitir que lo
-acompañase.</p>
-
-<p>Dos horas después volvió.</p>
-
-<p>Venía agitado, trémulo, balbuciente.</p>
-
-<p>Pronto conocí que una vivísima alegría era la causa de aquella
-agitación.</p>
-
-<p>Zarco me estrechó convulsivamente entre sus brazos, exclamando a
-gritos entrecortados por el júbilo:</p>
-
-<p>—¡Ah! ¡Si supieras!... ¡Si supieras, amigo mío!</p>
-
-<p>—¡Nada sé! —respondí—. ¿Qué te ha pasado?</p>
-
-<p>—¡Ya soy dichoso! ¡Ya soy el más feliz de los hombres!</p>
-
-<p>—Pues ¿qué ocurre?</p>
-
-<p>—La esquela en que me llamaban a la fonda...</p>
-
-<p>—Continúa.</p>
-
-<p>—¡Era de ella!</p>
-
-<p>—¿De quién? ¿De Gabriela Zahara?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span>—¡Quita allá, hombre!
-¿Quién piensa ahora en desventuras? ¡Era de ella! ¡De la otra!</p>
-
-<p>—¿Pero quién es la otra?</p>
-
-<p>—¿Quién ha de ser? ¡Blanca! ¡Mi amor! ¡Mi vida! ¡La madre de mi
-hijo!</p>
-
-<p>—¿Blanca? —repliqué con asombro—. ¿Pero no decías que te había
-engañado?</p>
-
-<p>—¡Ah! No, fue alucinación mía.</p>
-
-<p>—¿La que padeces ahora?</p>
-
-<p>—No; la que entonces padecía.</p>
-
-<p>—Explícate.</p>
-
-<p>—Escucha: Blanca me adora...</p>
-
-<p>—Adelante. El que tú lo digas no prueba nada.</p>
-
-<p>—Cuando nos separamos, Blanca y yo, el día 15 de abril, quedamos en
-reunimos en Sevilla para el 15 de mayo. A poco tiempo de mi marcha,
-recibió ella una carta en la que le decían que su presencia era
-necesaria en Madrid para asuntos de familia;<span class="pagenum"
-id="Page_81">p. 81</span> y como podía disponer de un mes hasta mi
-vuelta, fue a la corte, y volvió a Sevilla muchos días antes del 15 de
-mayo. Pero, yo, más impaciente que ella, acudí a la cita con quince
-días de anticipación de la fecha estipulada, y no hallando a Blanca en
-la fonda, me creí engañado... Y no esperé... En fin, ¡he pasado dos
-años de tormento por una ligereza mía!</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/081.jpg"
- style="width: 12em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">—Pero una carta lo evitaba todo...</p>
-
-<p>—Dice que había olvidado el nombre de aquel pueblo, cuya promotoría
-sabes que dejé inmediatamente, yéndome a Madrid.</p>
-
-<p>—¡Ah! ¡Pobre amigo mío! —exclamé—. Veo que quieres convencerte;
-que te empeñas en consolarte.<span class="pagenum" id="Page_82">p.
-82</span> ¡Más vale así! Conque veamos; ¿cuándo te casas? Porque
-supongo que, una vez deshechas las nieblas de los celos, lucirá
-radiante el sol del matrimonio...</p>
-
-<p>—¡No te rías! —exclamó Zarco—. Tú serás mi padrino.</p>
-
-<p>—Con mucho gusto; ¡Ah! ¿Y el niño? ¿Y vuestro hijo?</p>
-
-<p>—Murió.</p>
-
-<p>—¡También eso! Pues señor... —dije aturdidamente—. ¡Dios haga un
-milagro!</p>
-
-<p>—¡Cómo!</p>
-
-<p>—¡Digo... que Dios te haga feliz!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch13">
- <h2 class="nobreak g0">XIII</h2>
- <p class="subh2">Dios dispone.</p>
-</div>
-
-<p>Por aquí íbamos en nuestra conversación, cuando oímos fuertes
-aldabonazos en la puerta de la calle.</p>
-
-<p>Eran las dos de la madrugada.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span>Joaquín y yo nos
-estremecimos sin saber por qué...</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/083.jpg"
- style="width: 12em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">Abrieron, y a los pocos segundos entró en el despacho
-un hombre que apenas podía respirar, y que exclamaba entrecortadamente
-con indescriptible júbilo:</p>
-
-<p>—¡Albricias! ¡Albricias! Compañero, ¡hemos vencido!</p>
-
-<p>Era el promotor fiscal del Juzgado.</p>
-
-<p>—Explíquese usted, compañero... —dijo Zarco, alargándole una silla—.
-¿Qué ocurre para que venga usted tan a deshora y tan contento?</p>
-
-<p>—¡Ocurre! ¡Apenas es importante<span class="pagenum"
-id="Page_84">p. 84</span> lo que ocurre! Ocurre que Gabriela
-Zahara...</p>
-
-<p>—¿Cómo?... ¿Qué?... —interrumpimos a un mismo tiempo Zarco y yo.</p>
-
-<p>—¡Acaba de ser presa!</p>
-
-<p>—¡Presa! —gritó el juez lleno de alegría.</p>
-
-<p>—Sí, señor, ¡presa! —repitió el fiscal—. La Guardia civil le seguía
-la pista hace un mes, y, según acaba de decirme el sereno que suele
-acompañarme desde el Casino hasta mi casa, ya la tenemos a buen recaudo
-en la cárcel de esta muy noble villa.</p>
-
-<p>—Pues vamos allá... —replicó el juez—. Esta misma noche le tomaremos
-declaración. Hágame usted el favor de avisar al escribano de la causa.
-Usted mismo presenciará las actuaciones, atendida la gravedad del
-caso... Diga usted que manden a llamar también al sepulturero, a fin
-de que presente por sí propio la cabeza de D. Alfonso Gutiérrez, la
-cual<span class="pagenum" id="Page_85">p. 85</span> obra en poder del
-alguacil. Hace tiempo que tengo excogitado este horrible <i>careo</i>
-de los dos esposos, en la seguridad de que la parricida no podrá negar
-su crimen al ver aquel clavo de hierro que, en la boca de la calavera
-parece una lengua acusadora. En cuanto a ti —dijome luego Zarco—,
-harás el papel de <i>escribiente</i>, para que puedas presenciar, sin
-quebranto de la ley, escenas tan interesantes...</p>
-
-<p>Nada le contesté. Entregado mi infeliz amigo a su <i>alegría de
-juez</i> (permítaseme la frase), no había concebido la horrible
-sospecha que sin duda os agita ya a vosotros...; sospecha que penetró
-desde luego en mi corazón, taladrándolo con sus uñas de hierro...
-¡Gabriela y Blanca, llegadas a aquella villa en una misma noche, podían
-ser una misma persona!</p>
-
-<p>—Dígame usted —pregunté al promotor<span class="pagenum"
-id="Page_86">p. 86</span> mientras que Zarco se preparaba para salir—:
-¿En dónde estaba Gabriela cuando la prendieron los guardias?</p>
-
-<p>—En la Fonda del León —me respondió el fiscal.</p>
-
-<p>¡Mi angustia no tuvo límites!</p>
-
-<p>Sin embargo, nada podía hacer, nada podía decir, sin comprometer a
-Zarco, como tampoco debía envenenar el alma de mi amigo, comunicándole
-aquella lúgubre conjetura, que acaso iban a desmentir los hechos.
-Además, suponiendo que Gabriela y Blanca fueran una misma persona, ¿de
-qué le valdría al desgraciado el que yo se lo indicase anticipadamente?
-¿Qué podía hacer en tan tremendo conflicto? ¿Huir? ¡Yo debía evitarlo,
-pues era declararse reo! ¿Delegar, fingiendo una indisposición
-repentina? ¡Equivaldría a desamparar a Blanca, en cuya defensa tanto
-podía hacer, si<span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span> su
-causa le parecía defendible! ¡Mi obligación, por tanto, era guardar
-silencio y dejar paso a la justicia de Dios!</p>
-
-<p>Tal discurrí, por lo menos en aquel súbito lance, cuando no había
-tiempo ni espacio para soluciones inmediatas. ¡La catástrofe se venía
-encima con trágica premura!... El fiscal había dado ya las órdenes de
-Zarco a los alguaciles, y uno de estos había ido a la cárcel a fin
-de que dispusiesen la Sala de Audiencia para recibir al Juzgado. El
-comandante de la Guardia civil entraba en aquel momento a dar parte
-en persona (como muy satisfecho que estaba del caso) de la prisión
-de Gabriela Zahara... y algunos trasnochadores, socios del Casino y
-amigos del juez, noticiosos de la ocurrencia, iban acudiendo también
-allí, como a olfatear y presentir las emociones del terrible día en
-que dama<span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> tan principal
-y tan bella subiese al cadalso... En fin, no había más remedio que
-ir hasta el borde del abismo, pidiendo a Dios que Gabriela no fuese
-Blanca.</p>
-
-<p>Disimulé, pues, mi inquietud y callé mis recelos, y a eso de las
-cuatro de la mañana seguí al juez, al promotor, al escribano, al
-comandante de la Guardia y a un pelotón de curiosos y de alguaciles,
-que se trasladaron a la cárcel regocijadamente.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch14">
- <h2 class="nobreak g0">XIV</h2>
- <p class="subh2">El Tribunal.</p>
-</div>
-
-<p>Allí aguardaba ya el sepulturero.</p>
-
-<p>La Sala de la Audiencia estaba profusamente iluminada.</p>
-
-<p>Sobre la mesa veíase una caja de madera pintada de negro, que
-contenía la calavera de D. Alfonso Gutiérrez del Romeral.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span>El juez ocupó
-su sillón: el promotor se sentó a su derecha, y el comandante de
-la Guardia, por respetos superiores a las prácticas forenses, fue
-invitado a presenciar también la indagatoria, visto el interés que,
-como a todos, le inspiraba aquel ruidoso proceso. El escribano y
-yo nos sentamos juntos a la izquierda del juez, y el alcalde y los
-alguaciles se agruparon a la puerta, no sin que se columbrasen detrás
-de ellos algunos curiosos a quienes su alta categoría pecuniaria
-había franqueado, para tal solemnidad, la entrada en el temido
-establecimiento, y que habrían de contentarse con ver a la acusada, por
-no consentir otra cosa el secreto del sumario.</p>
-
-<p>Constituida en esta forma la Audiencia, el juez tocó la campanilla,
-y dijo al alcaide:</p>
-
-<p>—Que entre doña Gabriela Zahara.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>Yo me sentía morir,
-y, en vez de mirar a la puerta, miraba a Zarco, para leer en su rostro
-la solución del pavoroso problema que me agitaba...</p>
-
-<p>Pronto vi a mi amigo ponerse lívido, llevarse la mano a la garganta,
-como para ahogar un rugido de dolor, y volverse hacia mí en demanda de
-socorro...</p>
-
-<p>—¡Calla! —le dije, llevándome el índice a los labios.</p>
-
-<p>Y luego añadí, con la mayor naturalidad, como respondiendo a alguna
-observación suya:</p>
-
-<p>—Lo sabía...</p>
-
-<p>El desventurado quiso levantarse...</p>
-
-<p>—¡Señor juez!... —le dije entonces con tal voz y con tal cara,
-que comprendió toda la enormidad de sus deberes y de los peligros
-que corría. Contrájose, pues, horriblemente, como quien trata de
-soportar un peso extraordinario, y, dominándose <span class="pagenum"
-id="Page_92">p. 92</span>al fin por medio de aquel esfuerzo, su cara
-ostentó la inmovilidad de una piedra. A no ser por la calentura de sus
-ojos, hubiérase dicho que aquel hombre estaba muerto.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <p><span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span></p>
- <img src="images/091.jpg"
- style="width: 12em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">¡Y muerto estaba el hombre! ¡Ya no vivía en él más que el
-Magistrado!</p>
-
-<p>Cuando me hube convencido de ello, miré, como todos, a la
-acusada.</p>
-
-<p>Figuraos ahora mi sorpresa y mi espanto, casi iguales a los del
-infortunado juez... ¡<i>Gabriela Zahara</i> no era solamente la Blanca
-de mi amigo, su querida de Sevilla, la mujer con quien acababa de
-reconciliarse en la Fonda del León, sino también mi desconocida de
-Málaga, mi amiga de Granada, la hermosísima americana Mercedes de
-Meridanueva!</p>
-
-<p>Todas aquellas fantásticas mujeres se resumían en una sola, en
-una indudable, en una real y positiva, en una sobre quien pesaba
-la acusación<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span> de
-haber matado a su marido, en una que estaba condenada a muerte en
-rebeldía...</p>
-
-<p>Ahora bien: esta acusada, esta sentenciada, ¿sería inocente?
-¿Lograría sincerarse? ¿Se vería absuelta?</p>
-
-<p>Tal era mi única y suprema esperanza; tal debía ser también la de mi
-pobre amigo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch15">
- <h2 class="nobreak g0">XV</h2>
- <p class="subh2">El juicio.</p>
- <div class="caja mt15">
- <p>El juez es una ley que habla, y la ley un juez mudo.</p>
- <p>La ley debe ser como la muerte, que no perdona a nadie.</p>
- <p class="dcha"><i>Montesquieu.</i></p>
- </div>
-</div>
-
-<p>Gabriela (llamémosla al fin por su verdadero nombre) estaba
-sumamente pálida; pero también muy tranquila. Aquella calma, ¿era
-señal de su<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> inocencia,
-o comprobaba la insensibilidad propia de los grandes criminales?
-¿Confiaba la viuda de don Alfonso en la fuerza de su derecho, o en la
-debilidad de su juez?</p>
-
-<p>Pronto salí de dudas.</p>
-
-<p>La acusada no había mirado hasta entonces más que a Zarco, no sé
-si para infundirle valor y enseñarle a disimular, si para amenazarle
-con peligrosas revelaciones, o si para darle mudo testimonio de que su
-<i>Blanca</i> no podía haber cometido un asesinato... Pero, observando
-sin duda la tremenda impasibilidad del juez, debió de sentir miedo,
-y miró a los demás concurrentes, cual si buscase en otras simpatías
-auxilio moral para su buena o su mala causa.</p>
-
-<p>Entonces me vio a mí, y una llamarada de rubor, que me pareció de
-buen agüero, tiñó de escarlata su semblante.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>Pero muy luego se
-repuso, y tornó a su palidez y tranquilidad.</p>
-
-<p>Zarco salió al fin del estupor en que estaba sumido, y, con voz dura
-y áspera como la vara de la justicia, preguntó a su antigua amada y
-prometida esposa:</p>
-
-<p>—¿Cómo se llama usted?</p>
-
-<p>—Gabriela Zahara del Valle de Gutiérrez del Romeral —contestó la
-acusada con dulce y reposado acento.</p>
-
-<p>Zarco tembló ligeramente. Acababa de oír que su <i>Blanca</i> no
-había existido nunca; y esto se lo decía ella misma. ¡Ella, con quien
-tres horas antes había concertado de nuevo el antiguo proyecto de
-matrimonio!</p>
-
-<p>Por fortuna nadie miraba al juez, sino que todos tenían fija la
-vista en Gabriela, cuya singular hermosura y suave y apacible voz
-considerábanse como indicios de inculpabilidad. ¡Hasta el sencillo
-traje<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> negro que llevaba
-parecía declarar en su defensa!</p>
-
-<p>Repuesto Zarco de su turbación, dijo con formidable acento, y como
-quien juega de una vez todas sus esperanzas:</p>
-
-<p>—Sepulturero: venga usted, y haga su oficio abriendo ese ataúd...</p>
-
-<p>Y le señalaba la caja negra en que estaba encerrado el cráneo de D.
-Alfonso.</p>
-
-<p>—Usted, señora... —continuó, mirando a la acusada con ojos de
-fuego—, ¡acérquese y diga si reconoce esa cabeza!</p>
-
-<p>El sepulturero destapó la caja, y se la presentó abierta a la
-enlutada viuda.</p>
-
-<p>Esta, que había dado dos pasos adelante, fijó los ojos en el
-interior del llamado <i>ataúd</i>, y lo primero que vio fue la cabeza
-del <i>clavo</i>, destacándose sobre el marfil de la calavera...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>Un grito desgarrador,
-agudo, mudo, mortal, como los que arranca un miedo repentino, o como
-los que preceden a la locura, salió de las entrañas de Gabriela, la
-cual, retrocedió espantada, mesándose los cabellos y tartamudeando a
-media voz:</p>
-
-<p>—¡Alfonso! ¡Alfonso!</p>
-
-<p>Y luego se quedó como estúpida.</p>
-
-<p>—¡Ella es! —murmuramos todos, volviéndonos hacia Joaquín.</p>
-
-<p>—¿Reconoce usted, pues, el <i>clavo</i> que dio muerte a su marido?
-—añadió el juez, levantándose con terrible ademán, como si él mismo
-saliese de la sepultura...</p>
-
-<p>—Sí, señor... —respondió Gabriela maquinalmente, con entonación y
-gesto propios de la imbecilidad.</p>
-
-<p>—¿Es decir, que declara usted haberlo asesinado? —preguntó el
-juez con tal angustia, que la acusada volvió en sí, estremeciéndose
-violentamente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span>—Señor... —respondió
-entonces—, ¡no quiero vivir más! Pero, antes de morir, quiero ser
-oída...</p>
-
-<p>Zarco se dejó caer en el sillón como anonadado, y mirome cual si me
-preguntara: «¿Qué va a decir?»</p>
-
-<p>Yo estaba también lleno de terror.</p>
-
-<p>Gabriela arrojó un profundo suspiro, y continuó hablando de este
-modo:</p>
-
-<p>—Voy a confesar, y en mi propia confesión consistirá mi defensa,
-bien que no sea bastante a librarme del patíbulo. Escuchad todos. ¿A
-qué negar lo evidente? Yo estaba sola con mi marido cuando murió. Los
-criados y el médico lo habrán declarado así. Por tanto, solo yo pude
-darle muerte del modo que ha venido a revelar su cabeza, saliendo para
-ello de la sepultura... ¡Me declaro, pues, autora de tan horrendo
-crimen!... Pero sabed que un hombre me obligó a cometerlo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span>Zarco tembló al
-escuchar estas palabras: dominó, sin embargo, su miedo, como había
-dominado su compasión, y exclamó valerosamente:</p>
-
-<p>—¡Su nombre, señora! ¡Dígame pronto el nombre de ese desgraciado!</p>
-
-<p>Gabriela miró al juez con fanática adoración, como una madre a su
-atribulado hijo, y añadió con melancólico acento:</p>
-
-<p>—¡Podría con una sola palabra arrastrarlo al abismo en que me ha
-hecho caer! ¡Podría arrastrarlo al cadalso, a fin de que no se quedase
-en el mundo, para maldecirme tal vez al casarse con otra! ¡Pero no
-quiero! ¡Callaré su nombre, porque me ha amado y le amo! ¡Y le amo,
-aunque sé que no hará nada para impedir mi muerte!</p>
-
-<p>El juez extendió la mano derecha, cual si fuera a adelantarse...</p>
-
-<p>Ella le reprendió con una mirada<span class="pagenum"
-id="Page_100">p. 100</span> cariñosa, como diciéndole: «¡Ve que te
-pierdes!»</p>
-
-<p>Zarco bajó la cabeza.</p>
-
-<p>Gabriela continuó:</p>
-
-<p>—Casada a la fuerza con un hombre a quien aborrecía, con un hombre
-que se me hizo aún más aborrecible después de ser mi esposo, por su
-mal corazón y por su vergonzoso estado..., pasé tres años de martirio,
-sin amor, sin felicidad, pero resignada. Un día que daba vueltas por
-el purgatorio de mi existencia, buscando, a fuer de inocente, una
-salida, vi pasar a través de los hierros que me encarcelaban, a uno
-de esos Ángeles que libertan a las almas ya merecedoras del cielo...
-Asime a su túnica, diciéndole: <i>Dame la felicidad</i>... Y el Ángel
-me respondió: <i>¡Tú no puedes ser ya dichosa! ¿Por qué? Porque no
-lo eres</i>. ¡Es decir, que el infame que hasta entonces me había
-martirizado, me<span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>
-impedía volar con aquel Ángel al cielo del amor y de la ventura!
-¿Concebís absurdo mayor que el de este razonamiento de mi destino?
-Lo diré más claramente. ¡Había encontrado un hombre digno de mí y
-de quien yo era digna; nos amábamos, nos adorábamos; pero él, que
-ignoraba la existencia de mi mal llamado esposo; él, que desde luego
-pensó en casarse conmigo; él, que no transigía con nada que fuese
-ilegal o impuro, me amenazaba con abandonarme si no nos casábamos!
-Érase un hombre excepcional, un dechado de honradez, un carácter
-severo y nobilísimo, cuya única falta en la vida consistía en haberme
-querido demasiado... Verdad es que íbamos a tener un hijo ilegítimo;
-pero también es cierto que ni por un solo instante había dejado de
-exigirme el cómplice de mi deshonra que nos uniéramos ante Dios...
-Tengo la seguridad<span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>
-de que si yo le hubiese dicho: <i>Te he engañado: no soy viuda: mi
-esposo vive</i>..., se habría alejado de mí, odiándome y maldiciéndome.
-Inventé mil excusas, mil sofismas, y a todo me respondía: ¡<i>Sé mi
-esposa</i>! Yo no podía serlo; creyó que no <i>quería</i>, y comenzó a
-odiarme. ¿Qué hacer? Resistí, lloré, supliqué; pero él, aun después de
-saber que teníamos un hijo, me repitió que no volvería a verme hasta
-que le otorgase mi mano. Ahora bien: mi mano estaba vinculada a la
-vida de un hombre ruin, y entre matarlo a él o causar la desventura de
-mi hijo, la del hombre que adoraba y la mía propia, opté por arrancar
-su inútil y miserable vida al que era nuestro verdugo. Maté, pues,
-a mi marido... creyendo ejecutar un acto de justicia en el criminal
-que me había engañado infamemente al casarse conmigo, y (¡castigo de
-Dios!)<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span> me abandonó mi
-amante... Después hemos vuelto a encontrarnos... ¿Para qué, Dios mío?
-¡Ah! ¡que yo muera pronto! ¡Sí, que yo muera pronto!</p>
-
-<p>Gabriela calló un momento, ahogada por el llanto.</p>
-
-<p>Zarco había dejado caer la cabeza sobre las manos, cual si meditase;
-pero yo veía que temblaba como un epiléptico.</p>
-
-<p>—¡Señor juez! —repitió Gabriela con renovada energía—, ¡que yo muera
-pronto!</p>
-
-<p>Zarco hizo una seña para que se llevasen a la acusada.</p>
-
-<p>Gabriela se alejó con paso firme, no sin dirigirme antes una mirada
-espantosa, en que había más orgullo que arrepentimiento.</p>
-
-<div class="figcenter mt3">
- <img src="images/103.jpg"
- style="width: 8em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch16">
- <p><span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">XVI</h2>
- <p class="subh2">La sentencia.</p>
-</div>
-
-<p>Excuso referir la formidable lucha que se entabló en el corazón
-de Zarco, y que duró hasta el día en que volvió a fallar la causa.
-No tendría palabras con que haceros comprender aquellos horribles
-combates... Solo diré que el magistrado venció al hombre, y que Joaquín
-Zarco volvió a condenar a muerte a Gabriela Zahara.</p>
-
-<p>Al día siguiente fue remitido el proceso en consulta a la Audiencia
-de Sevilla, y al propio tiempo Zarco se despidió de mí, diciéndome
-estas palabras: «Aguárdame acá hasta que yo vuelva... Cuida de la
-infeliz, pero no la visites, pues tu presencia la humillaría en vez de
-consolarla. No me preguntes a dónde voy, ni temas que cometa el feo
-delito de<span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span> suicidarme.
-Adiós, y perdóname las aflicciones que te he causado.»</p>
-
-<p class="dotts">&nbsp;</p>
-
-<p>Veinte días después la Audiencia del territorio confirmó la
-sentencia de muerte.</p>
-
-<p>Gabriela Zahara fue puesta en capilla.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch17">
- <h2 class="nobreak g0">XVII</h2>
- <p class="subh2">Último viaje.</p>
-</div>
-
-<p>Llegó la mañana de la ejecución, sin que Zarco hubiese regresado ni
-se tuvieran noticias de él.</p>
-
-<p>Un inmenso gentío aguardaba a la puerta de la cárcel la salida de la
-sentenciada.</p>
-
-<p>Yo estaba entre la multitud, pues si bien había acatado la voluntad
-de mi amigo, no visitando a Gabriela en su prisión, creía de mi
-deber representar a Zarco en aquel supremo<span class="pagenum"
-id="Page_106">p. 106</span> trance, acompañando a su antigua amada
-hasta el pie del cadalso.</p>
-
-<p>Al verla aparecer, costome trabajo reconocerla. Había enflaquecido
-horriblemente, y apenas tenía fuerzas para llevar a sus labios el
-Crucifijo que besaba a cada momento.</p>
-
-<p>—Aquí estoy, señora... ¿Puedo servir a usted de algo? —le pregunté
-cuando pasó cerca de mí.</p>
-
-<p>Clavó en mi faz sus marchitos ojos, y cuando me hubo reconocido,
-exclamó:</p>
-
-<p>—¡Oh! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Qué consuelo tan grande me proporciona
-usted en mi última hora! ¡Padre! —añadió, volviéndose a su confesor—.
-¿Puedo hablar al paso algunas palabras con este generoso amigo?</p>
-
-<p>—Sí, hija mía... —le respondió el sacerdote—; pero no deje usted de
-pensar en Dios...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span>Gabriela me
-preguntó entonces:</p>
-
-<p>—¿Y él?</p>
-
-<p>—Está ausente.</p>
-
-<p>—¡Hágalo Dios muy feliz! Dígale cuando le vea, que me perdone, para
-que me perdone Dios. Dígale que todavía le amo... aunque el amarle es
-causa de mi muerte...</p>
-
-<p>—Quiero ver a usted resignada...</p>
-
-<p>—¡Lo estoy! ¡Cuánto deseo llegar a la presencia de mi Eterno Padre!
-¡Cuántos siglos pienso pasar llorando a sus pies, hasta conseguir que
-me reconozca como hija suya y me perdone mis muchos pecados!</p>
-
-<p>Llegamos al pie de la escalera fatal.</p>
-
-<p>Allí fue preciso separamos.</p>
-
-<p>Una lágrima, tal vez la última que aún quedaba en aquel corazón,
-humedeció los ojos de Gabriela, mientras que sus labios balbucieron
-esta frase:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span>—Dígale usted que
-muero bendiciéndole...</p>
-
-<p>En aquel momento sintiose viva algazara entre el gentío..., hasta
-que al cabo percibiéronse claramente las voces de:</p>
-
-<p>—<i>¡Perdón! ¡Perdón!</i></p>
-
-<p>Y por la ancha calle que abría la muchedumbre, viose avanzar a un
-hombre a caballo, con un papel en una mano y un pañuelo blanco en la
-otra...</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/108.jpg"
- style="width: 14em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">¡Era Zarco!...</p>
-
-<p>—<i>¡Perdón! ¡Perdón!</i> —venía gritando también él.</p>
-
-<p>Echó al fin pie a tierra, y, acompañado del jefe del cuadro,
-adelantose hacia el patíbulo.</p>
-
-<p>Gabriela, que había ya subido algunas gradas, se detuvo: miró
-intensamente<span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span> a su
-amante, y murmuró:</p>
-
-<p>—¡Bendito seas!</p>
-
-<p>En seguida perdió el conocimiento.</p>
-
-<p>Leído el perdón, y legalizado el acto, el sacerdote y Joaquín
-corrieron a desatar las manos de la indultada.</p>
-
-<div class="figcenter mt15">
- <img src="images/109.jpg"
- style="width: 20em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<p class="mt15">Pero toda piedad era ya inútil... Gabriela Zahara
-estaba muerta.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch18">
- <h2 class="nobreak g0">XVIII</h2>
- <p class="subh2">Moraleja.</p>
-</div>
-
-<p>Zarco es hoy uno de los mejores magistrados de la Habana.</p>
-
-<p>Se ha casado, y puede considerarse feliz, porque la tristeza no
-es<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span> desventura cuando
-no se ha hecho a sabiendas daño a nadie.</p>
-
-<p>El hijo que acaba de darle su amantísima esposa, disipará la vaga
-nube de melancolía que oscurece a ratos la frente de mi amigo.</p>
-
-<p class="fin">FIN</p>
-
-<div class="figcenter mt3">
- <img src="images/110.jpg"
- style="width: 8em; height: auto;"
- alt="Ilustración" />
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <h2 class="nobreak g1">ÍNDICE</h2>
-</div>
-
-<table class="toc" summary="">
- <tr>
- <td colspan="2" class="tdl"><a href="#Ch0">Prólogo</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_9">9</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch1">I.</a></td>
- <td class="tdlh">El número 1.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_9">9</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch2">II.</a></td>
- <td class="tdlh">Escaramuzas.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_17">17</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch3">III.</a></td>
- <td class="tdlh">Catástrofe.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_23">23</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch4">IV.</a></td>
- <td class="tdlh">Otro viaje.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_28">28</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch5">V.</a></td>
- <td class="tdlh">Memorias de un juez de primera instancia.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_35">35</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch5_1">I</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_35">35</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch5_2">II</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_42">42</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch5_3">III</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_49">49</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch6">VI.</a></td>
- <td class="tdlh">El cuerpo del delito.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_52">52</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch7">VII.</a></td>
- <td class="tdlh">Primeras diligencias.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_58">58</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch8">VIII.</a></td>
- <td class="tdlh">Declaraciones.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_64">64</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch9">IX.</a></td>
- <td class="tdlh">El hombre propone.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_69">69</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch10">X.</a></td>
- <td class="tdlh">Un dúo en <span class="asc">MI</span> mayor.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_69">69</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch11">XI.</a></td>
- <td class="tdlh">Fatalidad.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_74">74</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch12">XII.</a></td>
- <td class="tdlh">Travesuras del destino.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_77">77</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch13">XIII.</a></td>
- <td class="tdlh">Dios dispone.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_82">82</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch14">XIV.</a></td>
- <td class="tdlh">El Tribunal.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_88">88</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch15">XV.</a></td>
- <td class="tdlh">El juicio.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_93">93</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch16">XVI.</a></td>
- <td class="tdlh">La sentencia.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_104">104</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch17">XVII.</a></td>
- <td class="tdlh">El último viaje.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_105">105</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdru"><a href="#Ch18">XVIII.</a></td>
- <td class="tdlh">Moraleja.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_109">109</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>EL CLAVO</span> ***</div>
-<div style='text-align:left'>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Updated editions will replace the previous one&#8212;the old editions will
-be renamed.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg&#8482; electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG&#8482;
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-</div>
-
-<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br />
-<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br />
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span>
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-To protect the Project Gutenberg&#8482; mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase &#8220;Project
-Gutenberg&#8221;), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg&#8482; License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg&#8482;
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg&#8482; electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the person
-or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.B. &#8220;Project Gutenberg&#8221; is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg&#8482; electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg&#8482; electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg&#8482;
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation (&#8220;the
-Foundation&#8221; or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg&#8482; electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg&#8482; mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg&#8482;
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg&#8482; name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg&#8482; License when
-you share it without charge with others.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg&#8482; work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg&#8482; License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg&#8482; work (any work
-on which the phrase &#8220;Project Gutenberg&#8221; appears, or with which the
-phrase &#8220;Project Gutenberg&#8221; is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-</div>
-
-<blockquote>
- <div style='display:block; margin:1em 0'>
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
- other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
- whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
- of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
- at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
- are not located in the United States, you will have to check the laws
- of the country where you are located before using this eBook.
- </div>
-</blockquote>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg&#8482; electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase &#8220;Project
-Gutenberg&#8221; associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg&#8482;
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg&#8482; electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg&#8482; License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg&#8482;
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg&#8482;.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg&#8482; License.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg&#8482; work in a format
-other than &#8220;Plain Vanilla ASCII&#8221; or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg&#8482; website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original &#8220;Plain
-Vanilla ASCII&#8221; or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg&#8482; License as specified in paragraph 1.E.1.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg&#8482; works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg&#8482; electronic works
-provided that:
-</div>
-
-<div style='margin-left:0.7em;'>
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg&#8482; works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg&#8482; trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, &#8220;Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation.&#8221;
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg&#8482;
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg&#8482;
- works.
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg&#8482; works.
- </div>
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg&#8482; electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg&#8482; trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg&#8482; collection. Despite these efforts, Project Gutenberg&#8482;
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain &#8220;Defects,&#8221; such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the &#8220;Right
-of Replacement or Refund&#8221; described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg&#8482; trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg&#8482; electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you &#8216;AS-IS&#8217;, WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg&#8482;
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
-Defect you cause.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-</div>
-</body>
-</html>
diff --git a/old/67248-h/images/002.jpg b/old/67248-h/images/002.jpg
deleted file mode 100644
index de568d6..0000000
--- a/old/67248-h/images/002.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/005.jpg b/old/67248-h/images/005.jpg
deleted file mode 100644
index ffd7ae8..0000000
--- a/old/67248-h/images/005.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/007.jpg b/old/67248-h/images/007.jpg
deleted file mode 100644
index bb6b62c..0000000
--- a/old/67248-h/images/007.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/013.jpg b/old/67248-h/images/013.jpg
deleted file mode 100644
index a9fac39..0000000
--- a/old/67248-h/images/013.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/027.jpg b/old/67248-h/images/027.jpg
deleted file mode 100644
index 8d4ed8c..0000000
--- a/old/67248-h/images/027.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/031.jpg b/old/67248-h/images/031.jpg
deleted file mode 100644
index d5cec7f..0000000
--- a/old/67248-h/images/031.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/037.jpg b/old/67248-h/images/037.jpg
deleted file mode 100644
index 4b1a353..0000000
--- a/old/67248-h/images/037.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/048.jpg b/old/67248-h/images/048.jpg
deleted file mode 100644
index f199ba2..0000000
--- a/old/67248-h/images/048.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/053.jpg b/old/67248-h/images/053.jpg
deleted file mode 100644
index 26f3250..0000000
--- a/old/67248-h/images/053.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/055.jpg b/old/67248-h/images/055.jpg
deleted file mode 100644
index c477c92..0000000
--- a/old/67248-h/images/055.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/057.jpg b/old/67248-h/images/057.jpg
deleted file mode 100644
index 36c380d..0000000
--- a/old/67248-h/images/057.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/073.jpg b/old/67248-h/images/073.jpg
deleted file mode 100644
index 0cec0bb..0000000
--- a/old/67248-h/images/073.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/081.jpg b/old/67248-h/images/081.jpg
deleted file mode 100644
index 217f5af..0000000
--- a/old/67248-h/images/081.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/083.jpg b/old/67248-h/images/083.jpg
deleted file mode 100644
index f1c5710..0000000
--- a/old/67248-h/images/083.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/091.jpg b/old/67248-h/images/091.jpg
deleted file mode 100644
index a2c0a8f..0000000
--- a/old/67248-h/images/091.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/103.jpg b/old/67248-h/images/103.jpg
deleted file mode 100644
index 4195e47..0000000
--- a/old/67248-h/images/103.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/108.jpg b/old/67248-h/images/108.jpg
deleted file mode 100644
index 099192a..0000000
--- a/old/67248-h/images/108.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/109.jpg b/old/67248-h/images/109.jpg
deleted file mode 100644
index d1a525e..0000000
--- a/old/67248-h/images/109.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/110.jpg b/old/67248-h/images/110.jpg
deleted file mode 100644
index 7f00082..0000000
--- a/old/67248-h/images/110.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/67248-h/images/cover.jpg b/old/67248-h/images/cover.jpg
deleted file mode 100644
index 4bd97c6..0000000
--- a/old/67248-h/images/cover.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ