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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 11669 ***
+
+MANUEL ROMERO DE TERREROS Y VINENT
+MARQUES DE SAN FRANCISCO
+
+
+LA PUERTA DE BRONCE
+Y OTROS CUENTOS
+
+
+1922
+
+
+
+
+
+Sentado en un amplio sillón de velludo carmesí, al lado de ancha
+ventana, el Cardenal de Portinaris estaba dictando su testamento. A
+la primera cláusula que contenía su profesión de Fe, había logrado
+dar un giro distinto del acostumbrado, de manera que a la par de un
+compendio de la Religión Católica resultaba un verdadero opúsculo
+literario. El Prelado, muy satisfecho, prosiguió a enumerar cada uno
+de sus bienes, y al hacerlo, parecía que iban arrancándose las más
+hermosas páginas de la historia del arte. El notario escribía a toda
+prisa y, a pesar de estar muy acostumbrado a ese género de trabajos,
+se fatigaba en grado sumo, y gruesas gotas de sudor aparecían sobre
+su calva frente.
+
+Terminadas las cláusulas preliminares, el Cardenal hizo una pausa y
+dirigió la mirada vagamente a través de la ventana de su estudio. La
+Plaza del Duque era un hervidero de gente, y el Prelado seguía con
+la vista el ir y venir de carruajes y peatones. Transcurrió algún
+espacio de tiempo; el notario se pasó el pañuelo por la frente
+varias veces, y por fin observó tímidamente:
+
+--¿Sí, Eminencia?
+
+Pero el Cardenal permanecía callado.
+
+--¿Si, Eminencia? insinuó de nuevo el letrado.
+
+La verdad era que el Cardenal Diácono de la Basílica de Santa María
+de las Rosas estaba perplejo; no encontraba a quién nombrar
+heredero. Miembro de una de las más esclarecidas familias de
+Toscana, con él terminaba su ilustre progenie: su único sobrino, el
+Conde Fabricio de Portinaris, se había marchado a América hacía
+quince años y no se había vuelto a tener noticia de él. Ministros
+diplomáticos y agentes consulares, por más averiguaciones que
+hicieran, no habían podido proporcionar ningún informe, y todo el
+mundo consideraba que el Conde había muerto. Desde sus primeros
+años, don Fabricio había dado pruebas de un carácter indomable, su
+bolsillo fué siempre un pozo sin fondo, y no era secreto para nadie
+que sus locuras habían conducido a su madre a un sepulcro prematuro.
+
+Los ojos del Cardenal se empañaron de lágrimas y durante largo
+tiempo estuvo pensando a quién nombrar heredero. Sabía que las
+llamadas obras de beneficencia poco podrían aprovecharse de una
+fortuna que consistía mas bien en objetos de arte que en bienes
+materiales, y dolíale el alma al pensar que éstos fueran a parar a
+manos del anónimo e insípido personaje que se llama el Estado.
+
+Decidió por fin legar todo su caudal a algún amigo, y resolvió
+hacerlo a favor del Príncipe de Sant' Andrea, prócer bondadoso y
+magnánimo Mecenas.
+
+--Instituyo por mi único y universal heredero, empezaba a dictar el
+Cardenal, cuando sonó leve toque en una puerta.
+
+--¡Adelante! exclamó el Prelado, y apareció en el umbral un
+sirviente vestido de negro. Adelantóse éste y presentó en una
+salvilla de plata una tarjeta, que el Príncipe de la Iglesia tomó
+con cierto gesto de enfado. Si al leer en ella: "El Conde Fabricio
+de Portinaris" experimentó alguna sorpresa, pudo dominarla en
+seguida, pues con tono tranquilo dijo al notario:
+
+--Ramponelli, mañana terminaremos. Puede Vd. retirarse.
+
+El notario recogió sus papeles, metiólos dentro de un cartapacio, y
+con éste bajo el brazo, fué a besar el anillo cardenalicio, y salió
+de la estancia después de hacer profunda reverencia.
+
+En seguida ordenó a su camarero:
+
+--¡Que pase el Conde!
+
+Don Fabricio de Portinaris rayaba en los cincuenta años. Era
+extraordinariamente delgado y bajo de cuerpo; tenía la nariz
+aguileña, el cabello entrecano y el rostro tan lleno de arrugas, que
+a primera vista aparecía estar sonriendo continuamente.
+
+Al verlo entrar en el estudio, su tío ni se inmutó ni se puso de
+pie: sólo dijo secamente, dirigiendo involuntaria mirada al retrato
+de César Borgia que pendía en uno de los muros.
+
+--No esperaba veros más, sobrino. Creí que habíais muerto.
+
+--Aun vivo, Eminencia, repuso el Conde sonriendo, e hizo ademán de
+besar la mano del Prelado, pero éste la retiró disimuladamente
+indicando con ella una butaca cercana. Tomó asiento el Conde, y
+después de unos instantes de embarazoso silencio, dijo:
+
+--He llegado esta mañana, y creí de mi deber, antes que nada,
+saludar a vuestra Eminencia.
+
+--Os lo agradezco, contestó el Cardonal, tomando polvos de su
+tabaquera de oro. Y, decidme, prosiguió, ¿encontrásteis en el Nuevo
+Mundo todas aquejas cosas que aquí echábais de menos? ¿Aquella
+libertad, aquella cuantiosa fortuna, aquella igualdad encantadora
+entre los hombres, aquella (aquí sonrió el Cardenal) verdadera
+democracia?
+
+--Encontré en el Nuevo Mundo, Eminencia, lo mismo que en Europa.
+Quince años he vivido una vida angustiosa, y hoy vengo a impetrar
+vuestro perdón y a morir en mi país.
+
+Fué tal su acento de sinceridad, que el Cardenal se puso de pie
+solemnemente y bendijo a don Fabricio de Portinaris. Era la hora del
+ocaso y los rayos del sol que se ponía hacían más intensa la roja
+vestidura del prócer.
+
+Al principio el regreso del Conde fué escasamente comentado en la
+Ciudad, porque había casi, desaparecido su memoria. Pero pronto
+volvió a hablarse de él, porque el Cardenal de Portinaris, a pesar
+de su robusta salud y no avanzada edad, decaía notablemente, y un
+mes después se hallaba al borde del sepulcro. No faltó quien hablase
+en voz baja de sutiles venenos traídos de América y alguien recordó,
+en plena tertulia, que los Portinaris descendían de Cesar Borgia. Al
+fallecer el Prelado y abrirse su testamento, se supo que había
+legado todos sus bienes a Don Fabricio.
+
+El nuevo Príncipe se ausentó enseguida de la Capital, y estableció
+su residencia en una _villa_ cercana, en donde llevó una vida
+retirada y tranquila. A las pocas personas con quienes trataba,
+refería que estaba escribiendo sus memorias.
+
+Pero pasados algunos meses, decidió regresar a la Corte y allí se
+dijo que pensaba dar grandes recepciones en su palacio, pues deseaba
+contraer matrimonio y llevar la vida que correspondía a su clase.
+
+No viene al caso hacer una reseña del Palacio de Portinaris, porque
+ha sido descrito mil veces. En toda obra referente al Arte del
+Renacimiento ocupa preferente lugar, y es conocidísimo aún de las
+personas que jamás han visitado la Ciudad Ducal. Baste recordar que,
+entre las innumerables obras de arte que encierra, quizá sea la más
+notable la hermosa reja de entrada, labrada en bronce con tal
+maestría, que todos están acordes con atribuirla al autor de las
+puertas del bautisterio florentino. En los tableros inferiores se
+destaca, en alto relieve, la historia de aquel Hugo de Portinaris
+que, después de defender heroicamente la fortaleza del Borgo, fué
+degollado, junto con su mujer y sus dos hijas, por el victorioso y
+sanguinario Orlando Testaferrata. Gruesos, pero exquisitamente
+labrados, barrotes abalaustrados sostienen el medio punto que la
+remata, en cuyo centro campea orgullosamente, la puerta que
+constituye las armas parlantes de la familia, mientras que coronas,
+tiaras, espadas y llaves cruzadas, pregonan por doquier los grandes
+honores que ésta ha gozado desde tiempo inmemorial.
+
+Llegó el Príncipe a su palacio con las primeras sombras de la noche.
+Al ascender la escalera de honor, sintió un desmayo y hubiera caído
+al suelo, si no se apoyara en el pedestal de una estatua, que
+decoraba el primer descanso. Repúsose enseguida, y atravesó con paso
+rápido la larga galería del Poniente, seguido de su mayordomo, y
+entró en la cámara, llamada del Papa Calixto, que había sido
+dispuesta para su dormitorio. Era amplísima y, a diferencia de las
+demás estancias del palacio, relativamente sobria. Pocos pero ricos
+muebles la exornaban y el techo carecía de _plafond_ alegórico,
+motivo por el cual el Príncipe la prefirió a las demás, pues, como
+dijo sonriendo al mayordomo, no quería estar viendo los ángeles y
+mujeres desnudas de Julio Romano desde su lecho.
+
+Aquella noche, don Fabricio tomó ligerísima comida, y después se
+instaló en su gabinete, a escribir, hasta hora muy avanzada. El
+vasto edificio estaba sumido en el más profundo silencio, pues toda
+la servidumbre se había retirado a descansar, y sólo podía oírse el
+rasguear de la pluma sobre el papel. Larga fué la carta que escribió
+el Príncipe, y bastante tiempo tomó en leerla y hacerle algunas
+correcciones. Por fin la dobló cuidadosamente, y después de haberla
+metido dentro de un sobre grande, la dirigió a una persona de vulgar
+apellido, residente en la República del Pánuco. Se disponía a
+lacrarla y sellarla, cuando se dibujó en su rostro una expresión de
+sorpresa y de miedo. El gabinete se hallaba contiguo al estudio que
+había sido del Cardenal, y al alzar el Príncipe la cabeza en busca
+del sello, notó que por debajo de la puerta de comunicación con
+aquella estancia, se veía una brillante raya de luz.
+
+Don Fabricio, pasados algunos instantes de sobresalto, logró
+dominarse y hasta sonreir; y levantóse de su asiento para ir a
+apagar la luz, que inadvertidamente habría dejado algún criado
+encendida en el estudio. Abrió la puerta resueltamente, ... y ¡se
+heló su sangre! Sentada en el sillón, con su tabaquera abierta en la
+mano derecha, y los dedos de la izquierda en ademán de tomar unos
+polvos, hallábase la prócer figura del Cardenal de Portinaris.
+
+--No esperaba veros más, dijo lentamente. Creí que habíais muerto,
+sobrino.
+
+Presa del mayor terror, don Fabricio huyó, llamando en alta voz al
+mayordomo y otros sirvientes; pero nadie acudía en su auxilio, y
+recorrió las galerías dando voces que retumbaban en las bóvedas de
+la señorial mansión.
+
+--¡Antonio, Bernardo, Julio, Gilberto! gritaba, pero nadie quería
+contestar, y con verdadero pavor bajó, puede decirse que rodó, la
+escalera, y corrió a llamar al conserje. Grandes golpes dió en su
+puerta con ambas manos, pero nadie oía sus desesperadas voces
+de terror.
+
+Acercóse a la entrada de palacio y quiso abrir la puerta de bronce
+que la cerraba; pero por más esfuerzos que hizo, no pudo lograr
+moverla un milímetro, y por fin, en su desesperación, concibió la
+idea de salir por entre los barrotes, pues a toda costa quería
+abandonar aquella casa. Como hemos dicho, don Fabricio era
+extremadamente delgado, y decidió intentar pasar el cuerpo por
+aquella parte de la reja, en que los barrotes eran más esbeltos y,
+por consiguiente había mayor espacio entre ellos.
+
+A la madrugada siguiente, enorme concurso de curiosos se aglomeraba
+a la entrada del palacio. La cabeza del Príncipe, amoratada y
+descompuesta, se hallaba presa entre dos barrotes, y los ojos,
+saltándosele de las órbitas, parecían mirar con terror el tablero,
+en el cual Ghiberti había cincelado magistralmente la degollación de
+Hugo de Portinaris por el despiadado Orlando Testaferrata.
+
+
+
+
+
+UN HOMBRE PRACTICO
+
+ A AGUSTIN BASAVE.
+
+
+
+El Padre Ministro de la Casa de Novicios de la Compañía de Jesús en
+Espadal era pequeñín, de rostro colorado, cabello blanco y expresión
+risueña. Decíase que en su juventud tuvo trato con las Musas, pero
+si tal fué el caso, ningún resabio de ello adivinábase en el Padre
+Hurtado. El Padre Ministro, varón santo si los hay, era ante todo un
+hombre práctico; pruebas de serlo dió en mil ocasiones, al grado de
+hacerse esta cualidad suya proverbial, no sólo entre la comunidad,
+sino en toda la comarca. Inútil nos parece decir que aquel
+establecimiento marchaba admirablemente, como cuadraba a la gran
+Institución de que formaba parte.
+
+Una alegre mañana de junio, en que el Padre Ministro comprobaba con
+satisfacción que el consumo de patatas en el mes pasado había sido
+mucho menor que el del correspondiente del año anterior, un leve
+toque en su puerta vino a interrumpir su tarea.
+
+--¡Adelante! exclamó.
+
+El Hermano Fuente dió vuelta al picaporte y dijo:
+
+--Padre Ministro; un hombre desea hablarle.
+
+El Padre Hurtado, enemigo de antesalas, frunció ligeramente el
+entrecejo, pero contestó;
+
+--Que pase.
+
+Pocos momentos después, se presentaba un individuo, cuya descripción
+es ocioso hacer, pues era como miles otros: de cuarenta años, poco
+más o menos, sano al parecer, y pobre, puesto que el dinero, según
+reza el refrán, no puede estar disimulado.
+
+--Buenos días, Padre.
+
+--Buenos nos los dé Dios. ¿Qué se ofrece?
+
+Padre Hurtado, vengo a ver a usted porque me encuentro en situación
+difícil. No tengo qué comer. Desde que paró la fábrica....
+
+--Si os metéis en huelgas, interrumpió el religioso.
+
+--No podía yo nada en contra, y tuve que hacer lo que todos los
+compañeros. El caso es que el trabajo no se reanuda ni lleva trazas
+de serlo. Me muero de hambre, y aunque a Dios gracias, no tengo
+nadie que dependa de mí, necesito trabajar. Conozco algo de
+jardinería....
+
+--Amigo, dijo el Padre Hurtado, en esta casa no tenemos jardín.
+
+--He trabajado como albañil.
+
+--En esta casa, gracias a Dios, no hay reparaciones ni obras que
+hacer por el momento.
+
+--Padre, yo le ruego, yo le suplico que me proporcione algo. Usted
+que es un hombre tan práctico....
+
+Hay que advertir que todo este tiempo, el Padre Hurtado casi no
+había reparado en su interlocutor, pues mientras sostenía el
+diálogo, seguía haciendo números; pero al notar un leve acento de
+amargura o de reproche en la última frase del obrero, alzó la vista
+y lo miró fijamente por algunos instantes.
+
+--Repito, prosiguió, que no tengo trabajo que proporcionarle en esta
+casa. Pero si quiere usted acudir a nuestro Colegio en Carrión de la
+Vega, estoy seguro que su Rector, el Padre Rodríguez, le dará todo
+lo que le haga falta.
+
+--Padre, mil gracias, replicó el hombre. He confesado y comulgado
+esta mañana, y estaba seguro que usted me sacaría de apuros. Juan
+González le será siempre agradecido. ¿Quisiera usted darme, Padre
+Ministro, una carta o papel de recomendación?
+
+El Padre Hurtado tomó una cuartilla, la partió cuidadosamente en
+dos, guardando una mitad para uso futuro, y trazó en el papel breves
+renglones. La metió dentro de un sobre, lo cerró y dirigió, y lo
+entregó a Juan González.
+
+Despidióse éste, y al abrir la puerta para marcharse, lo detuvo el
+Padre Hurtado diciéndole:
+
+--Espere un momento, hermano.
+
+Abandonó su escritorio, mojó dos dedos en una pila de agua bendita
+que colgaba en la pared, y tocó con ellos la mano del obrero,
+diciéndole cariñosamente;
+
+--¡Vaya con Dios!
+
+El Rector de Carrión de la Vega abrió cuidadosamente el sobre que
+acababa de entregarle el portero, y extrajo la misiva del Padre
+Hurtado; la leyó, y sin alzar la cabeza, miró al Hermano por encima
+de sus espejuelos.
+
+--No entiendo esto, dijo. ¿Quién ha traído este papel?
+
+--Un hombre a quien no conozco. Parece obrero.
+
+--¿No trae ningún mensaje de palabra?
+
+--Nada me ha dicho, Padre.
+
+--¿En dónde está este hombre?
+
+--Espera en la portería.
+
+--Voy a verle.
+
+Ligeramente contrariado, el corpulento Padre Rodríguez se levantó
+trabajosamente de su asiento, no sin dirigir la mirada al cúmulo de
+cartas que había sobre el escritorio esperando contestación, y se
+encaminó a la portería.
+
+--Buenas tardes.
+
+--Buenas tardes, Padre, contestó Juan González, con el rostro
+iluminado por la esperanza.
+
+--¿Usted ha traído este billete del Padre Hurtado?
+
+-Sí, Señor.
+
+--Y ¿nada le indicó que me dijera de palabra?
+
+--Nada, Padre.
+
+--Es raro. Haga favor de esperar un momento.
+
+El Rector estaba sorprendido. Que un hombre como el Padre Hurtado
+hubiera escrito esas cuantas palabras, tan faltas de sentido común,
+era un absurdo. En las galerías immediatas a la portería encontró al
+Padre Procurador y al Primer Prefecto, quienes, al ver a su
+superior, levantaron sus birretes respetuosamente.
+
+--El Padre Hurtado se ha vuelto loco, dijo el Rector sin más
+preámbulo.
+
+--¡Imposible! exclamaron a un tiempo los otros dos.
+
+--Entónces, ¿cómo explican ustedes que me envíe este billete?
+preguntó, y alargó el papel al Prefecto, quien leyó en voz alta los
+siguientes renglones:
+
+--"Estimado Padre Rodríguez: Le ruego se sirva dar cristiana
+sepultura al portador de la presente. Su afmo. Hermano en Xto.
+_Alonso Hurtado, S.J._"
+
+Hubo un silencio. El Padre Ministro de Espadal, tenido por el hombre
+más cuerdo de la Provincia no podía haber escrito esas palabras.
+
+Instintivamente, los tres religiosos se dirigieron a la portería
+para interrogar a Juan González, seguros de que se trataba de
+una broma.
+
+Pero Juan González, yacía en el suelo, boca arriba, con los ojos muy
+abiertos. Dos hilos de sangre negra manchaban su labio superior, y
+tenía la mano izquierda crispada contra el pecho.
+
+
+
+
+
+SIMILIA SIMILIBUS
+
+ A LUIS CASTILLO LEDON.
+
+
+
+Como ya murió el célebre homeópata Dr. Idiáquez, puedo divulgar el
+secreto que me impuso bajo mi palabra.
+
+Hace precisamente diez años que principió la extraña dolencia que
+motivó mi visita a aquel facultativo, y cuya rápida curación fué el
+primer escalón de su fama. Desde pequeño fuí enfermizo y débil, por
+lo cual puedo decir, sin gran exageración, que toda mi niñez y la
+mitad de mi juventud las pasé en consultorios de doctores. En
+verdad, era una maravilla para todos mis allegados que fuese yo
+viviendo. Apenas cumplí los treinta años, empecé a sufrir los más
+agudos dolores de cabeza que puedan imaginarse, los cuales de día en
+día aumentaban al grado de hacerme la vida un verdadero martirio.
+Solamente descansaba yo de ellos cuando dormía, razón por la cual
+procuré cortejar a Morfeo incesantemente.
+
+Pero llegó el día en que ni aún el sueño pudo ahuyentar mis
+sufrimientos; y lo más extraño del caso era que, a medida que soñaba
+las cosas más fantásticas y hermosas, más agudos eran los dolores
+que me torturaban. Se comprenderá, por lo tanto, que entonces quise
+huir del sueño, apurando fuertes dosis de café: y esperaba yo la
+muerte como una ansiada liberación. Más, a pesar de todos mis
+esfuerzos para permanecer despierto y del horror con que veía yo
+llegar la noche, me vencía al fin el sueño, y en seguida
+presentábanse a mi mente las más peregrinas visiones que puedan
+imaginarse, aun en ese mundo inexplicable. Lluvias de estrellas,
+kaleidoscópicas auroras, extrañas floraciones, embargaban mi mente
+de continuo; a veces, sobre un mar fosforecente veía yo navegar
+hacia mí un galeón de oro con velamen de carmín y grana, mientras
+indescriptible armonía sonaba en mis oídos. Y a medida, repito, que
+aquellas visiones eran más hermosas, más agudo era el dolor que
+atormentaba mi cerebro. Y tal terror se posesionó de mi alma, que no
+comprendo cómo no fuí a parar a un manicomio.
+
+Ninguno de los facultativos que consulté encontraba remedio a mi
+mal, y no puse término a mis días con mi propia mano, gracias a mis
+principios religiosos. Por fin, siguiendo el consejo de no recuerdo
+qué médico famoso, determiné que varios de los doctores más
+eminentes de la ciudad se reunieran en consulta, y después de dos
+horas del más penoso interrogatorio, pronunciaron mi sentencia. Mi
+mal era incurable y degeneraría en locura; el tumor que se habia
+formado en mi cerebro era inoperable y la muerte se aproximaba,
+aunque lentamente.
+
+Salí de aquel consultorio como un hombre beodo. He dicho que muchas
+veces había deseado la muerte, y sin embargo, aquel día amaba yo la
+vida, a pesar de mis horribles sufrimientos. Embargada mi mente,
+como debe suponerse, caminé hacia mi casa por calles apartadas,
+temeroso de encontrar alguna persona conocida. Repentinamente, no sé
+qué impulso hizo fijar mi vista en una pequeña placa de metal sobre
+la puerta de una sucia habitación. Leí el letrero: "Dr. Idiáquez,
+homeópata", y casi sin pensar en lo que hacía, penetré en la casa y
+subí la destartalada escalera.
+
+El Dr. Idiáquez era un hombre vulgar y demacrado, y su consultorio
+una guardilla sucia y miserable. Ambos me recordaron, enseguida, la
+escena del boticario en «Romeo y Julieta».
+
+Expuse mi mal y la opinión de los facultativos a quienes consultara,
+y el Dr. Idiáquez me escuchó con la mayor atención.
+
+--La enfermedad de usted, me dijo al fin, es extraña,
+indudablemente, y proviene en efecto de un tumor que se ha formado
+en su cerebro; pero no sólo no es incurable, sino que puedo librarlo
+de ella en tres días.
+
+--¡Cómo! exclamé, no queriendo creer lo que escuchaba.
+
+--Sencillamente, respondió con mucha calma. Aquí tiene usted estos
+glóbulos que tomará usted cada tres horas: tres del frasco marcado
+A. y cuatro del marcado B., alternativamente. Hoy es lunes; el
+viernes próximo vendrá usted a verme, ya curado.
+
+Pagué su modesto honorario, y bajé la escalera rápidamente, como si
+volara en alas de la esperanza. La tarde estaba tibia y perfumada, y
+la puesta del sol parecía un incendio en los montes lejanos.
+
+Aquella noche, por primera vez, me abandonaron mis sufrimientos,
+pero los bellos sueños también huyeron, y fuí atormentado por
+horribles pesadillas. Estas aumentaron a tal grado en las dos noches
+siguientes, que puedo asegurar que ni el Dante pudiera imaginárselas
+en lo más profundo del Averno.
+
+Por fin llegó el ansiado viernes, y efectivamente, libre de todo
+sufrimiento físico y moral, subí la destartalada escalera que
+conducía al consultorio del Dr. Idiáquez. Este me recibió
+afablemente, y me aseguró que mi curación era definitiva. Ese día
+compré un busto de Hahnmann y lo coloqué en lugar prominente de mi
+biblioteca.
+
+Inútil me parece decir que la noticia de mi rápida curación se
+extendió por todo el país, y el nombre del Dr. Idiáquez en seguida
+se hizo célebre. De allí en adelante, efectuó las más sorprendentes
+curaciones, y al cabo de poco tiempo, reunió una fortuna
+considerable. Lo que más intrigaba a sus pacientes era que jamás
+recetaba, sino que él mismo proporcionaba las medicinas, marcándolas
+generalmente con letras, aunque a veces también con números.
+
+Naturalmente, contraje con él vínculos de estrecha amistad y lo
+visitaba a menudo en su nueva y lujosa casa. Un día me atreví
+a decirle:
+
+--Doctor, hace mucho tiempo que he querido hacerle una pregunta.
+
+--¿Cuál es?
+
+--¿De qué se componían los glóbulos que me proporcionaron mi
+maravillosa curación?
+
+--Amigo mío, ese es mi secreto; pero puesto que a usted le debo mi
+fortuna, se lo diré, si me promete, si me jura, no decirlo mientras
+yo viva. En cuanto muera, queda usted en libertad para proclamarlo a
+los cuatro vientos.
+
+Hice la promesa requerida, y con una sonrisa muy triste,--nunca he
+visto en la cara de un hombre una sonrisa más triste,--dijo el Dr.
+Idiáquez lentamente:
+
+--Los glóbulos marcados "A" se componían de agua y azúcar; los
+marcados "B" de azúcar y agua.
+
+
+
+
+
+EL AMO VIEJO
+
+ A LUIS GARCIA PIMENTEL
+
+
+
+La familia Hernández de Sandoval, opulenta hace diez años y hoy casi
+en la miseria, era una de las más respetables de la ciudad de
+México. Como base principal de su fortuna figuraban las extensas
+haciendas que poseía, desde los tiempos de la conquista, en el hoy
+denominado Estado de Morelos, comarca fertilísima, en donde se
+cultiva con preferencia la caña de azúcar. Conservan muchas de las
+haciendas mexicanas el carácter de fortalezas que supieron darles
+sus primeros poseedores, mientras que otras, que no se distinguen
+por su arquitectura, abundan, en cambio, en bellezas naturales; todo
+lo cual hace que una visita a una de estas fincas no carezca,
+generalmente, de interés.
+
+A pesar de la estrecha amistad que unía a los Hernández de Sandoval
+con mi familia, desde largos años, no había yo tenido ocasión de
+visitar ninguna de sus haciendas, aunque ellos sí habían pasado
+largas temporadas en la nuestra, situada en el centro del país; de
+manera que, en cuanto se ofreció la oportunidad de acompañar al hijo
+de la casa, Antonio, pudiendo desprenderme de mis no múltiples, pero
+sí imprescindibles quehaceres, la aproveché gustoso para ir en tan
+grata compañía a recorrer la finca principal de su casa, célebre por
+su riqueza y encantos naturales.
+
+Salimos de México en la noche de un diez de agosto, y llegamos en la
+madrugada a la histórica ciudad de la Puebla de los Angeles. Todo el
+día siguiente lo pasamos a bordo del ferrocarril, viaje molesto por
+el excesivo calor que se dejaba sentir y que nos quitó toda gana de
+admirar el trayecto, rico y variado en cultivos y panorama.
+
+Cansados y agobiados por la alta temperatura, llegamos a las
+primeras horas de la noche a una pequeña estación, de cuyo nombre
+indígena no quiero acordarme, y en donde nos esperaba el
+Administrador de la hacienda y varios mozos, con sendas caballerías.
+Emprendimos desde luego la caminata, y, ya fuera porque la noche en
+el campo se hallaba relativamente fresca, comparada con las
+molestias del ferrocarril, o porque veía yo próximo el fin de la
+jornada, el trayecto me pareció corto. A poco de abandonar la
+estación, ví dibujarse en las sombras de la noche la silueta de la
+enorme mole que constituía la famosa hacienda de San Javier. Y esta
+silueta, borrosa al principio, fué definiéndose rápidamente,
+permitiendo darme cuenta, primeramente, de la alta chimenea del
+ingenio, después, de la gallarda torre y esbelta cúpula de su
+iglesia, de las troneras de las azoteas y, en fin, de todos los
+principales detalles del edificio.
+
+Poco o nada habíamos hablado, y suponiendo que Antonio me enseñaría
+al día siguiente todos los pormenores de la hacienda, me abstuve de
+hacer preguntas; pero, al entrar en el enorme patio, o más bien
+plaza, que había delante del edificio, me sorprendió de tal manera
+la extraña silueta de un hombre sobre el pretil de la azotea, que no
+pude menos que exclamar:
+
+--¿Quién es ese individuo que espera tu llegada en tan estrambótica
+postura?
+
+Porque hay que advertir que estaba sentado sobre el pretil (con
+riesgo inminente de caerse), y cubierto con el más exagerado
+sombrero de alta copa.
+
+Antonio se rió y solamente dijo:
+
+--¡Ah! Mañana te lo presentaré.
+
+Nos apeamos de nuestras caballerías en un amplio portal, y después
+de las presentaciones del tenedor de libros y otros dependientes de
+la hacienda, en el "purgar", o sea oficina principal, subimos a
+tomar una ligerísima cena, para arrojarnos en seguida en los
+codiciados brazos de Morfeo.
+
+Una pequeña contrariedad se dibujó en el rostro de mi amigo, al
+informarle el administrador que la mayor parte de las estancias de
+la casa estaban en vías de reparaciones y de ser pintadas, por lo
+tanto, sólo había disponibles para dormir en ellas, dos
+habitaciones, una pequeña, y otra, al contrario, amplísima. Inútil
+me parece decir que ésta me fué cedida por mi amigo, y al penetrar
+en ella, grata fué mi sorpresa al encontrarla muy fresca, y ver que
+la cama se hallaba colocada al lado de una puerta-ventana que
+comunicaba con el corredor o galería abierta, que abarcaba todo el
+frente y un costado del piso superior de la casa. Medía este
+corredor unos cuatro metros de anchura por otros tantos de
+elevación, estaba abovedado, y por los amplios arcos se esbozaba el
+encantador paisaje, que en las sombras de la noche, poseía una
+dulzura y serenidad poco comunes, perfumado el ambiente con las
+diversas plantas de aquellos climas.
+
+A pesar del cansancio que sentía, permanecí no corto espacio de
+tiempo en la soledad de aquella galería, perdido en mis
+pensamientos, y con un leve zumbar de oídos, _oía el silencio_, que
+sólo interrumpía, de vez en cuando, el ladrar de un perro en el
+«real» no lejano.
+
+Por fin me metí entre sábanas, dejando la ventana abierta, y en
+seguida quedé dormido.
+
+No supe cuánto tiempo lo estuviera, cuando me despertó el fuerte
+toser de una persona. Esta parecía hallarse en el corredor, a pocos
+pasos de mí, y deduje en seguida que era el «velador», que en toda
+hacienda suele rondar de noche. Como la tos no cedía, sino, al
+contrario, agravábase de tal manera, que el pobre hombre parecía
+correr riesgo de ahogarse, salté del lecho para prestarle ayuda;
+pero ¿cuál no sería mi sorpresa, cuando salí a la galería, de hallar
+que no sólo cesó la tos, sino que el velador o lo que fuera, no se
+encontraba allí! Torné a acostarme, y a los pocos momentos, se
+repitió el suceso con idénticos resultados, y dos y tres veces más,
+hasta que llegué a suponer que el hombre se hallaría en algún
+apartado rincón del corredor, el cual, por ser abovedado,
+transmitiría el eco de la tos, haciéndola oírse como si fuese en la
+puerta misma de mi alcoba.
+
+A la mañana siguiente, relatado el desagradable incidente que
+interrumpió mi sueño, quiso Antonio averiguar quién fuera el velador
+que había pasado tan mala noche en la galería; pero el Administrador
+contestó rotundamente que nadie, pues en aquella época de completa
+tranquilidad era innecesaria la presencia de semejante sirviente. Y
+a las reiteradas instancias de que alguien tenía que haber sido, la
+contestación, después de ser interrogados todos los dependientes y
+criados, fué siempre la misma.
+
+Sin darle más importancia al asunto, pues en realidad poco tenía,
+emprendimos la visita del vasto edificio, remedo de fortaleza,
+convento y casa de campo, todo en uno, que databa del siglo XVI; la
+magnífica iglesia, cuya torre y cúpula reverberaban en sus azulejos
+los rayos del sol tropical; y la casa de calderas, o ingenio
+propiamente dicho, enorme edificio completamente moderno y, para mí,
+ayuno de interés. Al recorrer la azotea de la casa, Antonio hizo la
+presentación del curioso personaje que la víspera llamara mi
+atención. ¡Era una estatua de piedra! Y no pude menos que echarme a
+reír al verla: esculpida con la mayor rudeza, representaba a un
+individuo de anguloso y desproporcionado aspecto, sentado al borde
+de la azotea, con las piernas cruzadas, más abajo de las rodillas, y
+con las manos en actitud de batir palmas. Para que nada faltase a
+esta obra de arte, hallábase embadurnada, desde la punta del
+exagerado sombrero hasta los pies, de un brillante color de rosa.
+
+--Aquí tienes, dijo Antonio, a la persona que prometí presentarte.
+Como ves, es una obra de arte. Se llama Herrera Goya. Para que no te
+rías de un miembro de la familia, te contaré que Don Joaquín de
+Herrera Goya fué antepasado mío, aunque no en línea recta, pues
+murió soltero; su hermana, mi cuarta abuela, heredó de él esta
+hacienda y no sé si a ella se deba tan hermosa estatua. Es costumbre
+pintarla cada año; así como hoy la ves color de rosa, ha estado
+pintada de celeste, amarillo, verde, de todo menos de negro, pues
+hay aquí la creencia,--cosas de los indios,--que si llegara a
+pintarse de ese color, ocurriría alguna desgracia. La postura de sus
+manos indica, no que va a aplaudir, sino que la distancia que con
+ellos mide es el tamaño de los panes de azúcar que en su hacienda se
+fabricaban y que llenaron sus bolsillos de doblones. La tradición no
+cuenta cosas muy halagadoras para este señor; te las referiré
+algún día.
+
+No dejó de caerme en gracia el ridículo personaje, y al bajar al
+patio y verlo desde allí, noté que se hallaba emplazado sobre el
+corredor, precisamente encima del sitio en donde a aquel daba acceso
+a la puerta-ventana de mi dormitorio.
+
+La huerta de la finca, extensa y feraz, llamó mi atención por su
+aspecto oriental, debido en gran parte, a una alberca con surtidor
+que en ella había. A mi observación contestó Antonio:
+
+--Sí. Mi madre la llama «El Jardín de la Sultana». No te sientes
+ahí, agregó al ver que me disponía a hacerlo sobre un ancho banco, o
+poyo de piedra, cercano. Aquí estarás más cómodo.
+
+Y al borde mismo del estanque permanecimos algún tiempo, escuchando
+el suave rumor del agua.
+
+No viene al caso referir nuestra vida en aquella finca durante la
+semana que en ella pasamos; sólo diré que durante seis noches, y
+aproximadamente a la misma hora, se repitió el incidente de la
+primera, cosa que nos intrigó de tal modo, que nos propusimos
+descubrir al nocturno asmático. Juzgó Antonio lo más acertado
+ordenar a un tal Paulino, muy adicto suyo y hombre de toda
+confianza, que pasara la noche en mi estancia, en el umbral mismo de
+la puerta-ventana, para ayudar a aclarar el molesto, si bien un
+tanto ridículo misterio.
+
+Era la última noche que íbamos a pasar en San Javier, puesto que
+debíamos regresar a México el día siguiente, y me metí en cama con
+ánimo de descansar, indiferente al suceso que tan repetidas veces
+había turbado mi sueño.
+
+La tos, esa noche, me pareció más fuerte y rebelde que en las
+anteriores. Al saltar del lecho, ví con satisfacción que Paulino
+también la oía, pues estaba sentado sobre su estera, con asombro
+dibujado en sus facciones. Salimos los dos y recorrimos la galería,
+sin encontrar persona alguna, y con el extraño caso de que el hombre
+que tosía parecía seguirnos durante todo el trayecto.
+
+Cansados de buscar, regresamos a la estancia, y al traspasar el
+umbral, la tos que el misterioso personaje padecía, aumentó de tal
+manera que oímos claramente que se ahogaba; esa horrible tos
+degeneró en ronquido, en _estertor_, y repentinamente se oyeron
+maullar, chillar horriblemente, en todas las disonancias
+imaginables, un crecido número de gatos. Yo hubiera jurado que había
+un centenar de esos animales alrededor nuestro. Torné a salir al
+corredor con la seguridad de ver sus ojos fosforescentes entre las
+sombras de la arcada; pero nada se veía. Arreció el horrible
+desconcierto; oí algo se desplomaba, y al volver la mirada, ví que
+Paulino, hincado de rodillas en medio de la estancia, con los brazos
+en cruz, y el mayor terror dibujado en su rostro, exclamaba
+con pavor:
+
+--¡Virgen Santísima! ¡El amo viejo, el amo viejo!
+
+Hay sucesos en la vida, que cuando se recuerdan pasados los años y
+con espíritu sereno sólo presentan un aspecto risible. Pero yo jamás
+olvidaré que aquella noche, al oír el estertor de un hombre
+invisible, el horrible maullar de cien felinos y los acentos de
+terror de un pobre indio, la sangre se heló dentro de mis venas,
+erizáronse mis cabellos, se estremeció todo mi cuerpo, y--lo
+confieso--!tuve miedo!
+
+Salí de la estancia precipitadamente, seguido de Paulino, y
+tropezando con andamios y botes de pintura, fuimos a dar hasta la
+alcoba en donde Antonio dormía tranquilo.
+
+--¡Antonio, por Dios! exclamé. ¡Este lugar está embrujado!
+
+--¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¡Pero, hombre!, añadió Antonio, al
+encender la bujía y ver la expresión de nuestros rostros. ¿Qué
+tenéis? ¿Estáis locos?
+
+--Poco menos, te aseguro.
+
+Y le referí atropelladamente lo que acabábamos de oír.
+
+--¡Vamos, hombre! ¡No puede ser! Estáis soñando. Vamos allá, y verás
+como no hay nada.
+
+--¡No! ¡No vayamos!
+
+--Sí, dijo resueltamente, y emprendimos la marcha, él por delante.
+Al llegar a mi dormitorio y penetrar en él, reinaba el mayor silencio.
+
+--¿Lo ves? dijo mi amigo. Pero en ese instante se desató de nuevo el
+maullar horrible y Paulino sólo pudo exclamar, con acento de terror:
+
+--Niño, ¡es el amo viejo!
+
+--¡Vamos, vámonos de aquí!
+
+Y abandonamos aquel pavoroso recinto.
+
+El resto de la noche lo pasamos Antonio y yo sin proferir palabra,
+en sendas butacas de su alcoba, fumando cigarrillos y embargadas
+nuestras mentes con mil conjeturas, hasta que por la abierta ventana
+vimos desvanecerse las estrellas y dibujarse en el cielo la claridad
+de la ansiada aurora.
+
+Como debe suponerse, con la luz del día aumentaron mis deseos de
+aclarar el extraño suceso, y asedié a mi amigo con mil preguntas, a
+las que él se excusaba de contestar, diciendo que todo era también
+un misterio para él. Pero a pesar de ello, me convencí de que algo
+sabía que no quería comunicarme, y tanto le insté, que, al fin,
+requirió del Administrador unas vetustas llaves, y dijo
+lacónicamente:
+
+--Sígueme.
+
+Atravesamos todo el corredor, risueño con la luz matinal y el
+perfume de las plantas que allí había; bajamos escaleras, recorrimos
+pasillos, y, por fin, Antonio abrió una pequeña puerta, que, al
+girar en sus goznes, dejó escapar un fuerte olor a papel y badana
+viejos. En seguida comprendí que era el archivo de la casa. En
+efecto, hallábase aquella abovedada cámara repleta de legajos,
+infolios y libros, hacinados en varios estantes y cuidadosamente
+ordenados, según podía colegirse por los claros números y letreros
+que cada uno ostentaba. Detúvose un instante, y recorrió con la
+vista aquel vetusto arsenal de papel y pergamino. Extendió el brazo,
+y bajó de su sitio un legajo de no grandes dimensiones; lo desató
+cuidadosamente y repasó los expedientes que contenía, hasta dar con
+un edicto del Santo Oficio, escrito en recio papel de Génova y
+encabezado con la consabida fórmula de «_Nos los Inquisidores de la
+Fe contra la herética bravedad etc_». Algún tiempo tardé en
+descifrar su contenido, sacando en conclusión, que el 15 de Agosto
+del año de 1614, fué denunciado como brujo, ante el Santo Oficio de
+la Inquisición, el Señor don Joaquín de Herrera Goya, dueño de la
+«Hacienda de Moler azúcar de San Francisco Xavier, Obispado de la
+Puebla de los Angeles». El temido tribunal citaba a dicho señor a
+comparecer ante él, por tan horrible cargo, y, en caso de hallarse
+culpable, sufrir la pena consiguiente.
+
+--¡Mal lo pasaría Herrera Goya en el Santo Oficio! exclamé, al
+terminar la lectura del documento.
+
+--No compareció, dijo Antonio. El día en que recibió este edicto,
+murió.
+
+--¡Cómo! ¿De qué manera?
+
+--Yo creo que murió de viejo,--tenía ochenta años,--o del susto de
+hallarse en tan apurado trance; aunque te diré, puesto que todo
+quieres saberlo, que hay quien dice que su muerte fué trágica. Este
+Herrera Goya, según parece, era un ente raro, sobre todo para su
+época. Solía hacer experimentos con yerbas, coleccionaba insectos, y
+tenía hasta medio centenar de gatos, que lo seguían por todos lados.
+
+No dejó de causarme desagradable sorpresa este extremo, que
+relacioné en seguida con el misterio que deseábamos aclarar.
+
+--Comprendo tu sobresalto, continuó Antonio. Y has de saber que,
+según la tradición entre la gente de esta hacienda, Herrera
+Goya,--el Amo Viejo, como le llaman,--maltrataba sobremanera a su
+extraño séquito; es más, lo martirizaba a cada momento. Y aseguran
+que, cuando murió, fué porque todos sus gatos se le echaron encima,
+clavándole las uñas en el cuello, y desgarrándole la garganta en
+girones, hasta dejarlo, después de horribles sufrimientos, exánime
+en un charco de su propia sangre.
+
+Refirióme luego cómo el Santo Oficio de la Inquisición prohibió que
+se enterrase a Herrera en lugar sagrado y cómo fué inhumado el
+sangriento cadáver en la huerta, en donde marcaba su sepultura lo
+que yo había confundido con un asiento.
+
+En la tarde de ese día emprendimos el regreso a México, y durante
+todo el trayecto, no pude distraer de mi mente el suceso que tanto
+me había impresionado. Al llegar a la ciudad, mandé decir misas por
+el alma de aquel «amo viejo», a quien se le negó cristiana
+sepultura, aunque la halló poética, cobijada por manglares y
+palmeras, cerca del surtidor del «Jardín de la Sultana».
+
+Pasaron algunos meses. Un día me dijo Antonio:
+
+--¿Sabes que he escrito a San Javier, ordenando que este año se
+pinte a Herrera Goya de negro?
+
+--¡Hombre, no hagas eso! Ten prudencia.
+
+--¡Hola! ¿Eres supersticioso?
+
+Tres días después, la sociedad de México quedó consternada, al saber
+que las hordas rebeldes habían entrado a saco en la hacienda
+principal de los Hernández Sandoval, que habían prendido fuego a su
+ingenio, y volado con dinamita el vetusto edificio.
+
+San Javier ya no era más que un enorme montón de escombros.
+
+
+
+
+
+EL COFRE
+
+ A JESUS REYES FERREIRA
+
+
+
+Las trémulas llamaradas, que el fuego de la chimenea despedía,
+hacían oscilar fantásticamente, sobre las paredes del aposento, la
+sombra del viejo don Alejandro. Arrebujado éste en un sillón, al
+lado del ancho hogar, procuraba calentar su cuerpo, entumecido, no
+tanto por el mal tiempo que a la sazón hacía, cuanto por los años y
+penas que sobre él pesaban. Pero, a pesar de su proximidad al fuego,
+sentía frío.
+
+¡Cuántas noches pasara largas horas en el mismo sitio, fija la
+mirada en la rojiza lumbre! A veces, los encendidos leños asumían
+formas que su imaginación trocaba en personas y sucedidos reales, y
+de esa manera convertía aquel hogar en escenario, en el cual se
+representaba a menudo el tétrico drama de su vida.
+
+El primer acto, por decirlo así, era de escaso interés. Después de
+sus primeros años, pasados al lado de su madre, veía su vida de
+colegio, vida triste y sin amigos, que tanto influyó sobre su
+carácter, haciéndolo huraño y retraído.
+
+Empezaba el segundo acto con un cuadro pavoroso. Sobre el lecho de
+muerte yacía su madre, el único ser de él querido, y al lado, de
+pie, contemplábala un hombre severo, casi repugnante: su padre.
+
+Sucedíanse los demás actos del drama con toda fidelidad. Don
+Alejandro recorría las principales capitales del mundo, en busca de
+distracción; pero todos huían de él, como si fuese un ser infecto:
+con lo cual se agriaba su carácter más y más. Cuando volvía a su
+casa, encontraba que su padre se moría. Sin sentir dolor alguno,
+veía cómo se apagaba la existencia del autor de sus días. El médico
+indicaba que no había más recurso... Llegaba el sacerdote, pero el
+moribundo sólo lograba enunciar, con gran dificultad, las palabras:
+
+--¡El cofre...!
+
+El salón en que se hallaba don Alejandro guardaba muchas obras de
+arte y objetos antiguos. Entre ellos, en un rincón del aposento, se
+hallaba un gran cofre de hierro, cubierto, casi en su totalidad, con
+clavos y remaches de bronce. Este era, sin duda alguna, el cofre al
+cual el moribundo había querido referirse, pero la llave no había
+podido encontrarse y el secreto, si secreto había en él,
+permanecía ignorado.
+
+Por milésima vez, don Alejandro dirigió la mirada hacia el ángulo de
+la estancia, y se extremeció al ver que el cofre se hallaba abierto.
+La pesada tapa descansaba contra el muro, dejando ver el vetusto y
+complicado mecanismo de su cerradura.
+
+Mucho tiempo permaneció el anciano sin poder apartar de aquel sitio
+los espantados ojos. Por fin, haciendo un supremo esfuerzo, abandonó
+su sitial al lado de la chimenea, y con una sensación de espanto, se
+dirigió hacia el cofre. Al principio nada pudo distinguir en el
+interior, pero pocos momentos después, vió un rectángulo amarillento
+que yacía en el fondo. Hincóse de rodillas y con mano trémula
+extrajo aquel objeto. Era un sobre, manchado por el transcurso del
+tiempo, sin rótulo de ninguna especie.
+
+Repentino y formidable estrépito hízole volver el rostro
+amedrentado, y vió que la tapa del cofre había caido en su sitio,
+cerrándolo de nuevo.
+
+Volvió al lado del hogar, para leer el contenido del sobre: pero sus
+manos estaban de tal manera temblorosas, que no pudo verificarlo.
+Después de algunos instantes, logró conquistar relativa
+tranquilidad; abrió la cubierta y con ojos de terror, extrajo el
+pliego que contenía. Pero le daba vueltas la cabeza, y tuvo que
+apoyarse en la butaca para no caer al suelo. Fijó de nuevo la vista
+en el fuego del hogar, y vió claramente la pavorosa escena de la
+muerte de su madre. Anonadado, miró el anciano furtivamente a su
+alrededor, temiendo ser observado, y decidió hacer un esfuerzo para
+leer el pliego; pero el papel se escapó de sus temblorosas manos y
+cayó entre las llamas que lo consumieron vorazmente.
+
+Don Alejandro miró hacia el rincón en donde estaba el cerrado cofre
+y se acercó más aún a la chimenea, pero, a pesar de su proximidad al
+fuego sentía frío.
+
+
+
+
+
+TRISTIS IMAGO
+
+
+
+Hablabamos, mi amigo y yo, de cosas indiferentes y triviales. El
+sol, próximo a desaparecer, arrojaba sobre la tierra una luz cálida
+y rojiza, y el bochorno que entraba por la abierta ventana parecía
+esparcirse por todo el aposento. Las columnillas de humo de nuestros
+cigarros subían hasta juntarse en ligeras nubes que iban anidando en
+los casetones del artesonado, y el damasco que cubría las paredes
+tomaba un tinte de color más rico que de costumbre.
+
+La conversación empezó a languidecer, y llegó un momento en que
+ambos callamos, como si obedeciéramos algún misterioso mandato. Yo
+tenía cierto orgullo en aquella estancia, en que reuniera todo lo
+que poseía de mayor valor y más hondo afecto, y no era la primera
+vez que desde mi butaca paseaba la mirada sobre los muebles y
+cuadros que la adornaban. Rafael también gustaba de aquella
+colección y la elogiaba a menudo, de manera que no me sorprendió
+verlo recorrer con la vista aquel abigarrado conjunto de objetos.
+Enfrente de donde nos hallábamos sentados, pendía de la pared un
+retrato de busto de mi madre, ataviada según la moda del segundo
+Imperio. A pesar de la luz que por momentos iba apagándose, el
+retrato se destacaba muy bien, y se acentuaba en su rostro la
+inefable dulzura que el pintor había sabido reproducir fielmente.
+
+No sé cuánto tiempo permanecimos en silencio. Repentinamente sentí
+una como ráfaga de melancolía y dirigí la mirada hacia el retrato.
+Me estremecí al verlo, y noté que mi amigo sufrió idéntica
+impresión. Nos miramos ambos, y él, poniéndose de pie, dijo en
+voz muy baja:
+
+--¡Está llorando!
+
+Yo asentí con la cabeza, y mi compañero con paso quedo, salió de la
+estancia y cerró la puerta tras sí, cuidadosamente.
+
+Entonces yo, presa de grande angustia, me acerqué al retrato y ví
+que se animaba. Una nube de tristeza nubló el semblante de mi madre,
+y las lágrimas que brotaban de sus ojos cayeron con mayor
+abundancia. Se movieron sus labios y oí una vez más la voz que
+veinte años enmudeciera.
+
+--¡Hijo mío! ¡Siento una gran piedad por tí! El camino que tienes
+que recorrer es áspero y difícil, y grandes sufrimientos serán
+tuyos. Por eso es que siento tan grande piedad por tí. Nunca hagas a
+nadie partícipe de tus cuitas, ni a tu mejor amigo; guárdalas
+siempre para tí. Sé avaro de tus sentimientos; a nadie los digas.
+¡Hijo mío, cuánta piedad siento por tí!
+
+Las sombras de la noche penetraron casi repentinamente y pronto me
+envolvieron en densa obscuridad.
+
+Por fin, después de no corto espacio de tiempo, encendí la luz y
+abrí la puerta. Rafael se hallaba en la galería, en el hueco de una
+ventana, y al verme, pareció despertar de un sueño.
+
+--¡Rafael...! exclamé; pero él me interrumpió, diciendo:
+
+--¡No me digas nada; no, ni a mí que soy tu mejor amigo!
+
+Y silenciosamente entramos de nuevo en el aposento. Con la luz
+artificial, las cosas todas presentaban su aspecto de costumbre, y
+el retrato de mi madre la dulzura inafable de su rostro. Debajo de
+él, sobre una mesa, se hallaba mi último soneto; lo tomé para leerlo
+a Rafael, y encontré que estaba humedecido y emborronado.
+
+
+
+
+
+LOS JUGADORES DE AJEDREZ
+
+ A ROBERTO MONTENEGRO.
+
+
+
+I
+
+Angustias, india tarasca de raza pura, era maestra en el difícil
+arte de cuidar y entretener a los niños. Durante varios años sirvió
+en mi familia, prodigando sus cuidados, sucesivamente, a los cinco
+hermanos que éramos. Si nuestra casa era visitada por alguna
+enfermedad, Angustias se hallaba siempre a la cabecera de la cama, y
+cuando se trataba de enjugar lágrimas, consecuencia de alguna
+travesura de chiquillos, su palabra cariñosa nos proporcionaba
+pronto consuelo. Pero la ciencia de la bondadosa niñera era más
+patente cuando estábamos contentos. Inventando juegos nuevos,
+haciendo gestos verdaderamente estrambóticos, gracias a sus nada
+clásicas facciones, o contando cuentos jamás imaginados, nos hacía
+gratísimas las horas del atardecer y, llegada la hora, sabía
+conducirnos suavemente al mundo de los sueños. Otro don particular
+de Angustias era la pronta contestación que daba a las numerosas y
+peregrinas preguntas que solía hacerle la gente menuda. Era tal la
+espontaneidad de la respuesta y tan grande el aplomo con que la
+daba, que jamás pusimos en tela de juicio la solución por ella
+propuesta a cualquier problema que se presentaba a nuestros
+infantiles cerebros.
+
+Los recuerdos de mi infancia están estrechamente ligados con la
+Hacienda de San Isidro Labrador, en donde residíamos la mayor parte
+del año. La finca, cercana a la ciudad de México, fué propiedad de
+la Compañía de Jesús desde los tiempos más remotos de la Colonia, y
+cuando los célebres religiosos fueron expulsados de los dominios
+españoles, por las razones que Carlos III tuvo a bien guardar «en su
+real pecho», fué adquirida por un mi antepasado. Se comprenderá,
+pues, que la casa de la Hacienda tenía más carácter de monasterio
+que de finca de campo, y mi padre, siguiendo el ejemplo de sus
+mayores, quiso que conservara siempre el austero aspecto que desde
+un principio tuvo. Las estancias, todas abovedadas y de poca
+elevación; los interminables claustros con arquería de medio punto;
+los muros, gruesos como los de un castillo medioeval; y
+principalmente la comarca toda ayuna de encantos naturales,--pues
+ostentaba, como únicas galas, extensos magueyales y uno que otro
+eucalipto en medio de los campos de maíz y de cebada,--hacían de la
+Hacienda de San Isidro Labrador un sitio que a muchos repugnaba,
+pero que a otros, al contrario, atraía por su misma desnudez y
+severidad. Inútil me parece decir que para nosotros era un verdadero
+«buen retiro»; en aquellos tiempos todavía se conservaban muchas de
+las costumbres del Virreinato, y mi padre era para los peones y
+sirvientes, más que el amo a quien se debía respeto, el jefe de una
+dilatada familia.
+
+La capilla era quizá la estancia más interesante de la Hacienda. No
+era amplia, pero ostentaba enorme retablo de madera dorada, al
+estilo de churriguerra, zócalo de azulejos, y pavimento de mármol en
+locetas blancas y negras, alternadas. Lo que más me llamaba la
+atención eran los sepulcros de mis antepasados. Empotrados en ambas
+paredes laterales del presbiterio, hallábanse los nichos cubiertos
+con sendas placas de alabastro, grabados con largos epitafios; y más
+de una vez, desde que empecé a leer, me distraje durante la Misa o
+el Rosario, procurando descifrar aquellos letreros, para mí
+atravesados e inintelegibles.
+
+Una noche, camino de mi alcoba, ocurrióseme hacer esta pregunta:
+
+--Angustias, ¿Qué hacen los muertos de la capilla, en la noche?
+
+Y la india, sin titubear, contestó:
+
+--Juegan al ajedrez.
+
+Yo que casi todas las noches, al requerir la bendición de mi padre,
+lo encontraba en la biblioteca jugando al ajedrez con don Pepe
+Dávalos, Presidente Municipal del pueblo comarcano, no me sorprendí
+de la respuesta. Un juego en que dos señores se sentaban frente a
+frente, durante largo espacio de tiempo, sin proferir palabra y sin
+mover apenas las curiosas piezas de madera que entre sí tenían, y
+que se prestaban de manera tan admirable para jugar a los
+soldaditos; un juego así, repito, me parecía más apropósito para
+muertos que para vivos; y la contestación de Angustias fué
+convincente.
+
+--Sí; continuó el ama. Todas las noches, en cuanto tú te acuestas a
+dormir, ellos se ponen a jugar al ajedrez hasta que llega el Padre a
+decir misa. Entonces se vuelven a sus sepulcros, que son, como si
+dijéramos, sus camas, y duermen durante el día.
+
+Y dichas las oraciones de costumbre, por mis padres y hermanos, y
+otra, que para mi coleto decía, por mi caballo «El Confite», quedé
+al momento dormido.
+
+
+II
+
+Muchos años después, cuando regresé de España, casado ya con mujer
+de mi misma estirpe, hallé las cosas en San Isidro Labrador muy
+distintas de cuando me marchara. Mis padres, dos hermanos y
+Angustias habían desaparecido de la vida, y don Pepe Dávalos,
+depuesto de su cargo municipal, vagaba enfermo y viejo por los
+claustros, añorando las partidas de ajedrez con «su Merced el Señor
+don Alonso.» Noté que el respetuoso cariño de muchos sirvientes
+había amenguado, gracias a ciertos vientos de fronda que del Norte
+soplaban, y sentí desde un principio marcada repulsión por el nuevo
+administrador de la Hacienda, nombrado por el albacea de mi padre.
+Llamábase don Guadalupe Robles, y su aspecto insolente demostraba
+bien a las claras que había sido antaño guerrillero audaz y
+duro cacique.
+
+Mucho temí que la Hacienda tuviera pocos atractivos para mi mujer,
+pero Inés, acostumbrada a las austeridades de su torre castellana,
+encontró San Isidro Labrador muy de su agrado, y propuso ella misma
+que fijáramos allí nuestra residencia.
+
+Transcurridos pocos meses, y aproximándose la fiesta titular de la
+heredad, mi mujer, a fuer de buena madrileña propuso que la fiesta
+fuese celebrada con especial pompa. Preparó, pues, ropas para
+repartir a los pobres; encargó flores para el adorno de la casa y
+capilla; y convidó, para que cantara Misa Pontifical, a cierto
+Prelado, a quien, desde mi infancia, llamaba yo «el tío Obispo»,
+aunque en realidad carecíamos de parentesco alguno.
+
+Yo accedí gustoso, tanto por complacer a Inés, cuanto porque hallé
+la ocasión propicia para hacer lucir gran cantidad de objetos, de
+los cuales, como colector entusiasta de antiguallas, me
+vanagloriaba. Al caudal no despreciable de ornamentos y vasos
+sagrados, que a la Hacienda habían donado mis antepasados, añadí yo
+gran acopio de objetos, hallados algunos en vetustas ciudades del
+país, traídos otros de la Península. Era especialmente notable mi
+rica colección de plata labrada; componíase de varias docenas de
+candeleros, grandes y pequeños, atriles, vasos y macetones
+ornamentales; no pocos blandones; algunos cálices y copones; y una
+custodia que me complacía yo en atribuir a Juan de Arfe y Villafañe.
+Pero lo que más me agradaba y mostraba yo a mis amigos con el mayor
+orgullo, era un juego de pebeteros que adquirí en Cintra. Obra de
+portugueses de pleno siglo XVIII, se comprenderá desde luego que
+tales perfumadores tenían que ser extravagantes; en efecto, medían
+más de medio metro de altura, y afectaban la inusitada forma de
+pegasos, pero su labor era de tal forma acabada, que en verdad
+podían figurar en la mejor colección de objetos de arte.
+
+Con todos esos elementos, comprendí que el suntuoso retablo, cuya
+intrincada hojarasca cubría el muro frontero de la capilla con
+pilastras y columnas retorcidas, frontones interrumpidos, ménsulas
+de caprichosa forma, y nichos y doseles cobijando esculturas
+policromas, haría brillar el rico y si se quiere bárbaro conjunto de
+oro y plata, como un áscua refulgente; y empecé a hacer preparativos
+con no escaso entusiasmo.
+
+Llegada la víspera de la fiesta, entré en la capilla para disponer
+lo necesario, y vínoseme a mi mente un mundo de recuerdos.
+Contemplando las fúnebres alegorías, y leyendo los letreros de las
+lápidas, que tanto inquietaron mis años infantiles, ví de nuevo mil
+incidentes de mi niñez y escuché, una vez más, la voz de personas
+queridas, entre ellas Angustias, quien me aseguraba dogmáticamente
+que mis muertos jugaban al ajedrez todas las noches....
+
+Dirigía yo la colocación de los distintos ornamentos, sobre el altar
+y presbiterio, cuando acudió don Guadalupe Robles a la capilla, con
+pretexto de consultarme no acuerdo qué extremo de la administración
+de la hacienda; y al ver el caudal allí reunido, la codicia se
+reflejó en su semblante haciéndole dirigir la mirada, mientras
+conversaba conmigo, de uno en otro objeto, cuya existencia ni
+siquiera sospechaba. Entonces fué mayor mi repugnancia por aquel
+hombre, y tuve desde luego tal convicción de que intentaría robarme,
+que durante toda la noche no pude despedir este pensamiento de mi
+mente, y abandoné el lecho muy temprano, cuando aún dormían en
+silencio amos y sirvientes.
+
+Con la primera claridad del amanecer, penetré en la capilla. A
+primera vista, la mayor parte de los objetos permanecían en los
+sitios en que la víspera se colocaran, pero ¡júzguese cuál sería mi
+asombro, al ver que gran número de candeleros, jarrones y demás
+yacían diseminados por el suelo en el más completo desorden! Sólo
+quedaban en pie, arrinconados en un ángulo debajo del coro, cuatro
+objetos. Me aproximé, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¡Los
+muertos habían jugado una partida de ajedrez! Sí, allí en el rincón,
+sobre la loceta blanca, estaba un blandón, y enfrente de él, salvada
+una hilera de cuadros, y ocupando sus respectivas casillas, un
+jarrón, un candelero pequeño y uno de los perfumadores, éste el más
+próximo al muro. Sí, esas tres piezas--el alfil, el peón y el
+caballo,--habían dado jaque mate al blandón o sea, al Rey!
+
+Después de algún tiempo, pude dominarme, y con mano trémula repuse
+en sus sitios los diferentes objetos, para que nadie, más que yo, se
+diera cuenta del suceso.
+
+La fiesta fué celebrada debidamente, y tanto el Obispo como los
+amigos que acudieron a nuestra invitación, se hicieron lenguas de la
+hermosura y riqueza de mi colección. Pero yo prestaba escasa
+atención a tales elogios, embargada mi mente con el enigma y las
+sospechas que abrigaba contra don Guadalupe Robles. Estas
+aumentaron, cuando lo sorprendí, al atardecer, en la penumbra del
+corredor, hablando en voz baja con Joaquín, su mozo de estribo y
+hombre de toda confianza. Simulé no haberlos visto, y pasé de largo;
+pero resolví empaquetar mis antiguallas y remitirlas a México,
+cuanto antes, mientras encontraba yo la oportunidad de deshacerme
+del Administrador.
+
+No sé cuanto tiempo después de haber logrado conciliar el sueño,
+rasgó el silencio de aquella noche tal grito de terror, que sigue y
+seguirá retumbando en mis oídos, mientras yo viva. Lo oyó mi mujer y
+despertó asustada; lo oyeron los sirvientes todos, y en breves
+momentos, los claustros fueron poblándose de sombras, que inquirían
+con voces de miedo qué acontecía.
+
+Tomé una linterna, y seguido por los más resueltos, dirigí mis
+medrosos pasos hacia el sitio de donde el grito pareciera proceder.
+La puerta de la sacristía estaba abierta y comprendí que mis
+sospechas se habían confirmado. Entramos. Ni en la sacristía, ni en
+la capilla, había más luz que la escasa claridad que penetraba por
+cúpulas y ventanas, y al principio nada pudimos distinguir; pero, a
+poco, la trémula luz de la linterna nos hizo ver que todos los
+objetos de plata, absolutamente todos, se hallaban amontonados bajo
+el coro, cercando, aprisionando en el rincón, a don Guadalupe
+Robles, quien, con el cuerpo echado para atrás, como reculando,
+extendía ambos brazos contra los muros de aquel ángulo de la
+capilla. Tenía los ojos fuera de sus órbitas, y todo su semblante
+era imagen del terror. Lo llamé por su nombre, me miró fijamente y
+fué su contestación una carcajada.
+
+
+
+
+
+EL SOMBRERO DEL REY DE TIBOTU
+
+CUENTO PARA NIÑOS.
+
+ A JULIO TORR
+
+
+
+El Rey de Tibotú tenía (naturalmente) tres hijos. El mayor se
+llamaba Chapachapa, el segundo Chopochopo, y menor Chipichipi. El
+rey era muy rico: poseía diez y siete sombrillas de todos colores,
+un tapa-rabo verde y amarillo, muy gracioso, y un sombrero alto, tan
+alto que rayaba en lo monumental. La reina, Sabihonda, usaba medias
+azules y era políglota: cuando algo le caía muy en gracia, hablaba
+en chino, y cuando se enfadaba, gritaba en catalán.
+
+El reino se componía, además de la populosa ciudad de Tibotú, de dos
+islas. En una se cosechaba gran cantidad de café y había numerosas
+vacas de ordeña; en la otra se producía el cacao y habia muy buenos
+panaderos y reposteros. Las islas eran vulgarmente conocidas por
+«La-isla-de-café-con-leche», y «La-isla-de-chocolate-con-bollos».
+
+La familia real de Tibotú vivió feliz muchos años; pero una noche,
+el rey se comió, en la cena, todo un lechoncillo al horno, y
+falleció a las pocas horas, rodeado de su mujer e hijos.
+
+Transcurridos los nueve minutos, nueve segundos, que según el
+Ceremonial de aquella Corte, hay que esperar antes de abrir el
+testamento del monarca fallecido, se encontró que la última
+disposición del autócrata era que su populosa ciudad de Tibotú
+pasara a su amada esposa, y las islas del «Café-con-leche» y del
+«Chocolate-con-bollos» a sus dos hijos, Chapachapa y Chopochopo,
+respectivamente. En cuanto a Chipichipi, legábale su padre el
+sombrero de copa.
+
+Imagínese el júbilo de la cónyuge y de los hijos mayores, y el
+enfado del Benjamín de la casa. ¿Para qué quería él un sombrero
+viejo, sucio y de forma tan poco artística?
+
+Invadió el ánimo del príncipe tal furia, que echó al suelo la
+despreciada prenda y propinóle un fuerte puntapié. Pero al hacerlo,
+sintió un agudo dolor en el pie, como si hubiese chocado contra una
+piedra. Con mayor furia todavía, tomó el sombrero y empezó a
+despedazarlo con gran coraje, pero, he aquí, que encontró, entre el
+forro y la copa, algo duro, una piedra, efectivamente, más grande
+que un huevo de gallina, aunque no tanto como uno de avestruz; era
+roja como la sangra de un pichón y brillaba al sol de una manera
+sorprendente. Era nada menos que un rubí.
+
+No hay para qué referir la sensación que este hallazgo causó en todo
+el mundo. Baste decir que todas las testas coronadas, y muchas que
+no lo eran, se disputaban la posesión de tan magnífica joya. Los más
+interesados en obtenerla eran el Presidente de la República Inglesa,
+el Gran Duque de Texcoco y Mr. Elihu P Goggles, de Paradise, Texas.
+Inútil nos parece decir que este último y célebre millonario fué
+quien adquirió la piedra preciosa, pagando por ella diez y siete
+millones de dólares en oro, y diez y siete en «Liberty Bonds», de la
+décima séptima emisión, y haciéndose llamar, de allí en adelante,
+«The Ruby King», o sea, «El Rey del Rubí».
+
+Por supuesto, Chipichipi invirtió bien su dinero y se dió la gran
+vida. Compró un automóvil «Ford», un perro-policía, y un Diccionario
+de la Academia. En cambio sus hermanos se arruinaron: el café se
+perdió, y las vacas de ordeña se murieron; el cacao bajó de precio y
+los panaderos y reposteros se declararon en perpétua huelga.
+
+Y siempre que se hablaba del sombrero de copa de su difunto esposo,
+exclamaba la Reina Sabihonda, en portugués:
+
+«En todas las cosas, por despreciables que parezcan, hay algo de
+valor, para el que sabe encontrarlo.»
+
+
+
+
+
+EL REPORTAZGO
+
+
+
+Comprendo que ustedes los reporteros tengan deberes para con sus
+lectores y que, por lo tanto anden siempre a caza de noticias; pero,
+como soy enemigo de repeticiones, quiero que el diario que usted
+representa, por ser el de mayor importancia en el país, sea mi único
+portavoz en este asunto. Dentro de diez minutos llegará mi mujer;
+mientras tanto, pues, le suplico que escuche con atención y escriba
+a mi dictado. Yo le daré todos los pormenores del caso, que como
+verá, es cosa bien sencilla.
+
+Empezaré por decirle que contaba yo muy pocos años de edad, cuando
+murió mi padre, legándome una fortuna cuantiosa. Pero como el ocio
+nunca entró en mis cálculos, decidí estudiar una carrera, y elegí la
+carrera de médico-cirujano. Aquí, entre nos, le confesaré que
+siempre he considerado la medicina como la carabina de Ambrosio,
+pero la cirugía,--¡ah! eso es otra cosa. Por medio de la cirugía
+pueden curarse radicalmente todas las dolencias de la humanidad, y
+no está lejano el día en que hasta la misma muerte pueda evitarse
+por su medio.
+
+Mis profesores se quedaron asombrados de la extraordinaria pericia
+que adquirí desde un principio: el bisturí en mis manos era como el
+pincel en las de un artista. Cada corte mío era una maravilla de
+precisión y de arte, sí señor, de arte. Gané los primeros premios en
+la Academia, y cuando se me expidió el título de Cirujano, se hizo
+constar en él que jamás se habían obtenido calificaciones más altas.
+La primera operación de importancia que ejecuté, después de haber
+sido recibido, fué la amputación de ambas manos del célebre pianista
+Gerosltein. Por supuesto que era absolutamente innecesario que dicho
+señor perdiera las dos manos, pero como no me gustaba nada su manera
+de interpretar Beethoven, decidí cortar el mal de raíz; y perdóneme
+esta ligera _plaisanterie_.
+
+Por aquel tiempo conocí a Matilde. No recuerdo si fué en un baile en
+el palacio de la Princesa Dorodinski, o si fué en las carreras de
+caballos. Pero sí tengo muy presente que desde el primer momento que
+la ví, comprendí que era la mujer más hermosa que ha habido en el
+mundo, y por lo tanto, que tenía que ser mi esposa. Yo era entonces
+excesivamente romántico; no le llamará la atención saber que toda mi
+corte fué hecha a la luz de la luna. La orquesta del Conservatorio
+tocaba todas las noches música selecta debajo de su ventana, y hasta
+llegué a pagar a un poeta de fama para que le escribiera madrigales,
+que yo firmaba.
+
+Para no hacer largo este relato, le diré que mientras se llevaban a
+cabo los preparativos de nuestra boda, Matilde no hacía más que
+llorar, llorar... Lloraba de amor por mí, según me aseguró su
+madre... Matilde, he dicho, es y será la mujer más hermosa de la
+tierra. Pero, amigo mío, bien dice el refrán que no hay dicha
+completa en este mundo. Poco tiempo después de nuestro matrimonio,
+una terrible sospecha empezó a martirizarme. Matilde fué desde un
+principio una esposa modelo; pero los besos apasionados que yo le
+daba jamás eran correspondidos; jamás posaba su mirada sobre mí con
+cariño, y todos los pequeños sacrificios que por ella hacía ni
+siquiera eran notados, mucho menos agradecidos... En fin, llegó el
+día amargo en que la sospecha se tornó en certeza. Con pretexto de
+sentirme cansado y apoyar mi cabeza sobre su pecho, hice el terrible
+descubrimiento de que Matilde, la mujer más hermosa de la tierra,
+_no tenía corazón_. Mucho tiempo permanecí anonadado; pero
+súbitamente un rayo de luz iluminó mi mente.
+
+Casi todos los días acudía yo al anfiteatro de la Academia y
+presenciaba los cursos. Recordé que en la mañana de aquel día, se
+había recogido en la calle el cadáver de una joven del bajo pueblo
+que había sido atropellada por un tranvía. Tendría la misma edad,
+más o menos, que Matilde.
+
+Eran las diez de la noche, cuando me presenté al conserje de la
+Academia y le pedí las llaves del anfiteatro para recojer unos
+instrumentos que había yo dejado olvidados. El conserje me las
+franqueó en seguida y hasta ofreció acompañarme, pero yo le dispensé
+esa molestia, y penetré solo en el salón. Un cuarto de hora después,
+salía de allí llevando en la mano un estuche que mostré al conserje,
+para que viera que efectivamente era de mi propiedad, y en el fondo
+de la bolsa de mi abrigo un bulto pequeñísimo, envuelto en gasa. Eso
+naturalmente no lo vió el buen hombre.
+
+Matilde estaba ya en su lecho, cuando fuí a darle las buenas noches.
+Noté que se estremeció un poco al verme entrar en su alcoba; pero yo
+la tranquilicé con una sonrisa, y me acerqué a besar su casta
+frente. Todo lo tenía yo hábilmente preparado, y fué cuestión de
+medio segundo aplicarle el cloroformo y adormecerla. Una vez logrado
+esto, pude proseguir mi tarea con toda calma. En realidad, la
+operación fué sencillísima: se redujo a abrirle el pecho y colocar
+en el sitio correspondiente el corazón de la joven. Y aquí debo
+consignar una cosa extraordinaria. Apenas había yo comenzado la
+operación, cuando aparecieron sobre las sábanas dos o tres rosas
+rojas, que fueron multiplicándose, hasta cubrir casi todo el lecho.
+
+El éxito de la operación, no por previsto dejó de satisfacerme; al
+contrario, con el mayor gusto del mundo, me senté al lado de mi
+mujer esperando que despertara de su sueño. Su nuevo corazón latía
+tan regularmente, que cualquiera hubiera creído que era el tic-tac
+del reloj que se hallaba sobre la mesa de noche... Hasta mucho
+después del amanecer permanecí allí, admirando la peregrina belleza
+de mi mujer, que se destacaba espléndidamente sobre su lecho de
+rosas rojas.
+
+No sé qué hora sería, cuando entró la doncella en la alcoba. Como es
+una mujer muy lista, en seguida comprendió el prodigio y salió de la
+estancia dando gritos de admiración. Pocos momentos después,
+llegaron los hermanos de Matilde y muchas otras personas. Por más
+que hice para hacerlos comprender que la operación que había yo
+llevado a cabo era en realidad muy sencilla, se obstinaron en
+traerme, casi a la fuerza, a este palacio, en donde tienen su morada
+los hombres más eminentes de la tierra... En efecto, vea usted:
+aquel caballero del sombrero alto y la corbata amarilla es el Gran
+Khan de la China; el otro, que se pasea con las manos detrás de la
+espalda, es López, el famoso ingeniero López, quien logró construir
+el puente entre la tierra y el sol, obra reputada durante mucho
+tiempo como impracticable. El que está leyendo el periódico y tiene
+los zapatos rotos es el Emperador y Autócrata de todas las Américas,
+y aquel anciano a su lado que se mece la barba,--ese es, !ah! no me
+atrevo a decir a usted quién es. Pero me ha prometido que en cuanto
+llegue mi mujer y se arroje en mis brazos, formidable estruendo
+rasgará las nubes, y una bandada de alados serafines bajará para
+llevarnos, a Matilde y a mí, al paraíso.
+
+
+
+
+
+FRAY BALTASAR
+
+ A MARGARITA DE LA PEÑA
+
+
+
+Fray Baltasar estaba perplejo ante su pupitre, en el _scriptorium_
+del monasterio. Hora tras hora, había querido reproducir sobre el
+estirado trozo de vitela que tenía delante, aquellas iluminaciones
+que adornaban sus breviarios y misales y le proporcionaran renombre
+artístico. No hacía un año que terminara un _Libro de horas_ para la
+Reina de Francia, que fué asombro de aquella Corte, y ahora, ¡no
+podía trazar la más insignificante florecilla! ¡El, que había
+logrado pintar dentro de la inicial de _Stabat Mater_ el rostro de
+la Madre de Dios, con tanto primor y arte, que se veían rodar las
+lágrimas por las mejillas de la Dolorosa! ¡El, que había orlado los
+versículos del _Magníficat_ con follajes y roleos inconcebiblemente
+diminutos!
+
+Una y mil veces ensayó de nuevo, mas nada pudo lograr. Con un hondo
+suspiro, se dispuso a guardar sus péñolas, pinturas y pinceles, y en
+ese momento oyó la campana que llamaba a maitines.
+
+--¡Seis horas sin lograr nada, pensó. Dios me perdone esta pérdida
+de tiempo!
+
+Se encaminó al coro lentamente, pensando sin cesar en su facultad
+perdida. Entonaron los frailes los suaves cánticos rituales; nubes
+de incienso se difundieron por las naves del templo; pero aunque
+Fray Baltasar quiso concentrar su atención en el oficio, volaba su
+imaginación y sentía grande angustia al pensar que su arte, tan
+maravilloso que asombraba al mundo, había desaparecido, quizá
+para siempre.
+
+Terminó el oficio, y los frailes lenta y silenciosamente abandonaron
+el coro y atravesaron como sombras los vetustos claustros, para
+internarse en sus celdas, a descansar breves momentos. Fray
+Baltasar, cabizbajo, penetró en su retiro y se recostó en la dura
+tarima que le servía de lecho; la fatiga y la tristeza pesaron sobre
+sus párpados y el sueño le proporcionó momentáneo alivio.
+
+Pero pronto despertó con estremecimiento, y creyó oír una voz que
+decía:
+
+--¡Alabado seas, Señor, por nuestra hermana la luna y las estrellas,
+que en el cielo has formado claras, bellas y preciosas!
+
+El fraile se levantó de su duro lecho y se puso en oración, hasta
+que, a través de la ventanilla de su pobre celda, vió palidecer la
+luna y las estrellas.
+
+El día siguiente cumplió sus deberes con la mayor exactitud, pero el
+hermano Gilberto, el novicio, notó la tristeza de su rostro, y el
+prior lo miró a menudo en el refectorio.
+
+Cuando se halló, por fin, en la soledad del _Scriptorium_, tomó los
+pinceles con mano trémula y, sobre el estirado trozo de vitela,
+quiso reproducir una vez más las iluminaciones del misal del
+monasterio y del Libro de horas de la Reina de Francia; mas nada
+pudo lograr. Sus dibujos parecían los dibujos de un niño.
+
+Dejó caer los pinceles, y reclinando su tonsurada cabeza sobre los
+brazos, empezó a sollozar amargamente. Sus lágrimas cayeron sobre el
+pergamino, manchándolo lastimosamente y haciendo más borrones en sus
+malogrados dibujos.
+
+¡Cuántos días pasó Fray Baltasar en aquel amargo estado de ánimo!
+¡Cuántas noches sin pegar los ojos! Los diarios quehaceres de la
+vida conventual no pudieron hacerlo olvidar su pena: ni los
+versículos de los Salmos ni las oraciones del Oficio. Un día se
+encaminó a un prado, cercano al monasterio, en el cual crecía gran
+número de flores de diversas especies, y estas quizás, le recordaron
+las que tantas veces había trazado, idealizadas, en breviarios y
+misales, pues nuevas lágrimas de dolor nublaron sus ojos. Largo
+tiempo estuvo Fray Baltasar entregado a su honda pena y olvidado por
+completo de la regla monacal; de pronto, suave claridad pareció
+iluminar su mente, y postrándose de hinojos exclamó:
+
+--¡Oh, raza pigmea y miserable de mortales! ¿No has comprendido,
+pecador Baltasar, que si Dios te ha privado de tu arte, ha sido
+únicamente porque te recreabas en admirar tu obra y enorgullecerte
+de ella? ¡Oh, vanidad de vanidades!
+
+Después de haber cumplido la penitencia que el prior le impusiera
+por haber quebrantado la regla, penetró en su celda, para probar
+ligero descanso. Al poco tiempo, tocaron a maitines, y el fraile
+quiso levantarse de su duro lecho, mas se nubló su vista, y sintió
+desfallecer... Y su vida fué apagándose lentamente....
+
+Mientras los frailes daban sepultura al cadáver de Baltasar en la
+cripta del monasterio, el prior se encaminó al _scriptorium_, para
+recoger la obra del iluminador, suponiéndola no terminada. Pero
+halló la foja de pergamino orlada de exquisita y delicada labor, la
+más maravillosa, sin duda alguna, que trazaron los pinceles de
+Fray Baltasar.
+
+
+
+
+
+EL PAPAGAYO DE HUICHILOBOS
+
+ A MARIANO SILVA
+
+
+
+Cuando el Duque de Ayamonte me nombró bibliotecario y archivero de
+su ilustre casa, creí que mi vida iba a deslizarse tranquilamente en
+los bajos de su palacio de Madrid; y hasta ví en lontananza la
+publicación de varios trabajos de índole histórica, que desde hacía
+muchos años codiciaba, y los cuales, sin embargo, permanecen
+inéditos, su mayor parte todavía dentro de mi tintero. Todo lo
+contrario de lo que yo esperaba, el magnate resultó ser un
+investigador incansable, y mientras él dedicaba largas horas a
+explorar en los archivos de la Corte, me enviaba a menudo en busca
+de documentos a Provincias.
+
+Así fué que en el verano pasado dí con mis cansados huesos en la
+histórica y hoy muerta ciudad de Alcalá del Río, en lugar de
+marcharme, como hubiera deseado, a veranear a la costa. Estaba yo en
+vísperas de contraer matrimonio, y aunque el sueldo que disfrutaba
+no era corto, no desperdiciaba medio alguno de hacer economías. Por
+lo tanto no quise alojarme en el principal hotel de la localidad,
+que a pesar de ser malo era caro, sino que busqué más modesta
+vivienda. Después de recorrer varias fondas, decidí aceptar la
+habitación que en su casa me brindaba cierta viuda, mediante muy
+reducido estipendio. Era una pieza humildísima, sin duda alguna,
+pero limpia como una patena, y lo que más me atrajo fue el risueño
+aspecto de su balcón. Como soy ignorante en botánica, no podré decir
+con exactitud qué plantas eran las que tan profusamente lo
+adornaban, pero me parece que las que crecían en el viejo bote de
+petróleo eran azáleas, y estoy seguro que había hortensias en una
+barrica, geránios en varios cacharros desportillados, y
+«no-me-olvides» en una lata de sardinas. Desde el interior del
+cuarto, sólo se veía el muro de la torre de la Catedral, pues la
+calle que mediaba era sumamente estrecha; pero cuando me asomé al
+balcón, grata fué mi sorpresa al hallar que había delante del famoso
+templo una plazoleta con árboles, y que como aquella era la parte
+más alta de la ciudad, dominaba la vista las extensas y pintorescas
+vegas del contorno.
+
+Nunca he dormido tan bien como la primera noche que pasé en aquella
+modesta alcoba. A pesar de haber dejado abierta la ventana, pues lo
+permitía la temperatura, no sufrí ruido molesto de ninguna especie.
+Al contrario, creo que me arrulló suavemente el constante y sonoro
+toque de campanas.
+
+Desperté temprano, como es mi costumbre, y desde el lecho empecé a
+admirar de nuevo el grato aspecto de mi balcón florido: las
+hortensias, con sus esferas de azul y rosa; las azáleas y geránios,
+con sus variados tonos de rojo y blanco; mas ¿qué era esa flor
+maravillosa, en el centro de todas, en la cual no había yo reparado
+la víspera?
+
+Salté del lecho, y ví con sorpresa que no era flor alguna, sino un
+pájaro que se posaba en el barandal del balcón. Me acerqué con
+grandísima cautela, por miedo de auyentarlo. Al principio lo tomé
+por un loro, pero enseguida comprendí que era de mayor tamaño. No
+intentaré describir su maravilloso plumaje, porque no podría
+hacerlo. Sólo diré que me hizo la impresión de una joya inmensa,
+esmaltada con los colores más vivos que puedan imaginarse: verde,
+azul, rojo, amarillo....
+
+No sé cuanto tiempo permanecí asombrado. Sólo sé que repentinamente
+experimenté una sensación extraña, una codicia exagerada de poseer
+tan exótica ave. Sentí lo que debe sentir el ladrón cuando se
+propone apoderarse de lo ajeno, y me dí plena cuenta, en aquellos
+instantes, de que cometería cualquier crimen, con tal de hacerme con
+ese pájaro de rico plumaje. Largo espacio de tiempo permanecí
+inmóvil, pensando en la mejor manera de llevar a cabo mi intento. El
+ave movía ligeramente las alas, que brillaban fantásticamente como
+abanicos de esmeraldas; y con la certeza de que no podría yo asirla
+viva, decidí darle muerte. Con la mayor cautela, tomé un grueso
+bastón que solía acompañarme en mis viajes, y conteniendo la
+respiración y avanzando unos pasos, le asesté tremendo golpe sobre
+el ala izquierda, que sonó seco y lastimero contra el barandal de
+hierro. Cayó el pájaro a la calle y yo, por lo pronto, no me atreví
+a asomarme, temiendo que algún transeunte fuese testigo de mi acción
+nefanda. Un escalofrío recorrió mi cuerpo; me sentí culpable y
+avergonzado, como debió sentirse el viejo marinero del poema cuando
+dió muerte al albatros con su ballesta.
+
+Por fin me asomé. Ni el pájaro yacía en la casi desierta calle ni
+advertí trazas de sangre en el barandal de la ventana. A poco tuve
+todo aquello por una alucinación y quedé desconcertado. ¿Sería un
+preludio de locura?
+
+ * * * * *
+
+No pude encontrar en el Archivo de Protocolos de Alcalá del Río los
+documentos que el Duque de Ayamonte necesitaba, y el encargado de
+aquella oficina me indicó que quizá obrarían en el de la Catedral.
+Provisto de una carta de presentación para el Deán, me encaminé al
+famoso edificio, y desde el momento que penetré en él, olvidé por
+completo la misión que me llevaba allí. Del Presbiterio al Coro, y
+de capilla en capilla, fuí recorriendo el templo y admirando las
+múltiples bellezas que encierra. Como acontece siempre en los
+recintos históricos, varios guías se ofrecieron a acompañarme, pero
+yo los rechacé a todos, deseando saborear a solas tanta obra
+de arte.
+
+Repentinamente oí una exclamación de sorpresa y, volviendo el
+rostro, me encontré cara a cara con el Padre Montero, mi antiguo
+condiscípulo, a quien no había visto en cinco años. Fungía de
+Sacristán mayor de la Catedral y llevaba un manojo de enormes
+llaves, pues era hora de cerrar el templo, para volver a abrirlo a
+las tres de la tarde. Inútil me parece relatar el gusto que me dió
+volver a ver a tan buen amigo mío. Convidóme a almorzar y prometió
+enseñarme él mismo, después, las mil maravillas que poseía aquel
+cabildo y que raras veces se exponían al público.
+
+Sonaban las tres, cuando el Padre Montero y yo, empezamos a recorrer
+el salón de cabildos, las sacristías mayor y menor, la clavería, el
+camarín de Nuestra Señora de las Rosas, el vestuario y demás
+dependencias. Sólo con enumerar las múltiples bellezas que me mostró
+se llenaría un volumen; y cuando creí que había terminado mi visita,
+me anunció con cierta satisfacción:
+
+--Te falta ver lo principal: el tesoro.
+
+Ante una puerta de roble con remaches de hierro, que al principio
+creí daría acceso a la escalera de la torre, un canónigo nos
+esperaba rezando su oficio. Hechas las presentaciones del caso, el
+Tesorero abrió la pesada puerta de madera, y apareció otra, moderna,
+semejante a la de una caja fuerte. La abrió a su vez, y en seguida
+una fuerte reja, que todavía impedía el paso. Pero ni ese aparato de
+seguridad haría sospechar la riqueza que en aquel aposento se
+guardaba. Más de una hora permanecimos admirando custodias, cálices,
+atriles, estatuas y toda clase de joyas, cuyo interés acrecentaban
+los eruditos informes del canónigo. Súbitamente, dejé escapar un
+grito de sorpresa. ¡Allí, delante de mis ojos, encerrado dentro de
+una vitrina y posado dentro de una peaña de oro, se hallaba un
+pájaro idéntico a mi visitante de aquella mañana! Estaba cuajado de
+esmeraldas, rubíes, diamantes, en fin, de la más rica pedrería que
+pueda imaginarse; y labrado todo con tal arte, que a primera vista
+parecía estar vivo.
+
+Comprendo su emoción, dijo el canónigo. Está reputada esta joya como
+una de las más notables de que hay noticia. Con decir a usted
+que el Museo Británico ha ofrecido millones,--así como suena,
+millones,--por ella, se dará usted cuenta de su alto mérito
+artístico y valor intrínseco. Pero el Cabildo antes enagenaría todo
+lo que hemos visto que deshacerse de esta incomparable joya. Fué en
+un tiempo el adorno principal del templo mayor de los aztecas; uno
+de los conquistadores de México lo arrancó del altar mismo del
+famoso _Huichilobos_, y lo trajo a Carlos V, quien lo donó a esta
+Santa Iglesia.
+
+Viendo que permanecía yo estupefacto, quiso que mi admiración fuese
+mayor, y abrió la vitrina para que examinara a mis anchas aquel
+portento de orfebrería. Tomó la joya en sus manos, y al acercarla a
+la luz, para mejor mostrármela, exhaló una exclamación de espanto.
+
+--¡Dios me valga! ¿Qué es esto?
+
+¡El papagayo estaba lastimosamente maltratado en el ala izquierda,
+como si hubiese sido golpeado con un martillo! Imagínese la
+consternación del canónigo y del sacristán mayor. En cuanto a mí,
+sentí como si fuera el autor de aquel atentado y temí que lo
+revelara mi semblante. Pero mis compañeros estaban demasiado
+ocupados en examinar el desperfecto, para fijarse en mi persona.
+
+--¿Cómo ha podido ser esto? ¿Quién pudo llegar hasta aquí y cometer
+tan audaz sacrilegio? Exclamaban ambos admirados.
+
+El Tesorero ordenó al Padre Montero que avisase al Deán, y la nueva
+corrió rápidamente, pues a los pocos momentos acudieron varios
+canónigos y prebendados, quienes anunciaron que Su Eminencia en
+persona iría a comprobar con sus propios ojos el inexplicable y
+audaz atentado.
+
+
+ * * * * *
+
+Mientras se daban los pasos oportunos para descubrir al autor del
+delito, dispuso el Cardenal Arzobispo de Alcalá del Río que la
+maltratada joya fuera guardada dentro de un cofre fuerte que había
+en el Tesoro, y que hasta nueva orden se suspendiesen las visitas
+del público.
+
+Oprimido por la vergüenza y el temor, me despedí del Padre Montero,
+y olvidando por completo la búsqueda de documentos que a la Catedral
+me había llevado, dirigí mis pasos lentamente hacia mi alojamiento.
+
+Renuncio a describir mi estado de ánimo durante el resto de aquel
+día. Quise rechazar mi constante preocupación por medio de la
+lectura, pero dió la casualidad que la única obra que había llevado
+conmigo era la Historia de Bernal Díaz del Castillo, y ella, lejos
+de proporcionarme distracción, daba rienda suelta a los más extraños
+pensamientos. Dejé el libro y salí a pasear por las vegas, hasta el
+anochecer. Cuando regresé a mi alcoba me sentí calenturiento y me
+metí entre sábanas; pero sólo logré conciliar intranquilo y mil
+veces interrumpido sueño. Recuerdo que aquella noche fuí testigo de
+los episodios más sangrientos de la conquista de México. Los
+sacerdotes aztecas abrían el pecho de sus víctimas y arrancábanles
+el corazón, palpitante aún, para ofrecerlo al terrible Huichilobos,
+que presidía el Cu mayor... Constantemente se oía el rumor de la
+pelea y arroyos de sangre por todos lados me cercaban... Retumbó en
+mis oídos el «triste sonido» del tambor que, según Bernal Díaz,
+podía oírse a dos leguas de distancia, y desperté excitado. La
+Campana mayor de la Catedral sonaba lúgubremente.
+
+ * * * * *
+
+Con la codiciada aurora, recobré la tranquilidad de espíritu.
+Trabajé todo el día en el archivo del Cabildo, en donde pude hallar
+los documentos que buscaba, y hasta llegué a olvidar los extraños
+sucesos de la víspera.
+
+Pero al llegar a mi habitación en la tarde, encontré que me
+aguardaba allí el Padre Montero. Al verlo me sentí de nuevo
+avergonzado y culpable.
+
+--¡Hola! Dije, procurando demostrar completa tranquilidad. ¡Cuánto
+gusto de verte! ¿Quieres que demos un paseo por las márgenes del
+río, antes de que llegue la noche?
+
+--Rafael, exclamó, sin hacer caso de mi pregunta. ¿Te acuerdas del
+papagayo de Huichilobos que viste ayer?
+
+--Sí, dije casi como un reto. ¿Se descubrió ya el autor del
+atentado?
+
+--Eso no sería fácil en tan corto espacio de tiempo. Lo que quiero
+contarte, puesto que confío en tu discreción, es lo siguiente: Has
+de saber que Su Eminencia, que es hombre activo, envió ayer mismo un
+mensaje a la Corte, para que viniese en seguida uno de los mejores
+joyeros y restaurase cuanto antes el desperfecto causado al
+papagayo. Llegó en el tren del medio día y el Deán, el Tesorero y yo
+hemos ido esta tarde a recoger la joya para entregársela; pero,
+calcula ¡cuál sería nuestra sorpresa, al abrir el cofre y ver que el
+papagayo ha desaparecido! Cómo ha podido llegar hasta allí el
+ladrón, nadie ha podido explicárselo.
+
+Instintivamente nos habíamos acercado a la ventana, pues la puesta
+de sol prometía ser hermosísima aquella tarde. Las gárgolas y demás
+partes salientes de la enorme catedral tenían ya perfiles de fuego,
+y las copas de los árboles de la plazoleta y hasta las hortensias de
+mi balcón empezaban a teñirse de carmín.
+
+Súbitamente, mi compañero dió un grito de sorpresa. Dirigiendo la
+mirada hacia el lugar que febrilmente señalaba, ví al Papagayo de
+Huichilobos, a poca distancia de nosotros, posado sobre un saliente
+de la torre.
+
+--¡Es idéntico! exclamó.
+
+--No, dije con bastante calma. Es el mismo. Está vivo, pero tiene
+rota el ala izquierda. Yo mismo se la he roto.
+
+El Padre Montero me miró con extrañeza y ví que sus trémulos labios
+iban a formular una pregunta; pero en ese momento el ave movió las
+alas, que brillaron a la luz del ocaso, como si cayera una cascada
+de gemas dentro de una hoguera, y tendió el vuelo en dirección
+nuestra. Vino a posarse de nuevo sobre el barandal del balcón. ¡Sí,
+estaba allí el Papagayo de Huichilobos, al alcance de nuestras
+manos, y no osábamos tocarlo! Contuvimos la respiración y no nos
+movimos durante largo espacio de tiempo, fascinados por el
+inesperado suceso.
+
+Con no sé qué supremo esfuerzo de la voluntad, el Padre Montero
+súbitamente procuró apresarlo. Pero el ave se le escapó de entre las
+manos, y tendió el vuelo hacia el Occidente. Yo quedé extasiado,
+viendo al pájaro alejarse por los aires, lenta y majestuosamente,
+hasta convertirse en minúsculo punto de luz, hasta perderse en
+lontananza como si se hundiera con el sol en el horizonte.
+
+Al volver el rostro, advertí que el Padre Montero permanecía inmóvil
+con la mirada fija en la abierta palma de su mano. En ella brillaban
+cuatro esmeraldas y tres rubíes de gran tamaño.
+
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+
+LA PUERTA DE BRONCE
+UN HOMBRE PRACTICO
+SIMILIA SIMILIBUS
+EL AMO VIEJO
+EL COFRE
+TRISTIS IMAGO
+LOS JUGADORES DE AJEDREZ
+EL SOMBRERO DEL REY DE TIBOTÚ
+EL REPORTAZGO
+FRAY BALTASAR
+EL PAPAGAYO DE HUICHILOBOS
+INDICE
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+by Manuel Romero de Terreros, Marqu‚s de San Francisco
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 11669 ***
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+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
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+The Project Gutenberg EBook of La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+by Manuel Romero de Terreros, Marquís de San Francisco
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+
+Author: Manuel Romero de Terreros, Marquís de San Francisco
+
+Release Date: March 22, 2004 [EBook #11669]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA PUERTA DE BRONCE ***
+
+
+
+
+Produced by Stan Goodman, Miranda van de Heijning, Paz Barrios and
+PG Distributed Proofreaders
+
+
+
+
+
+
+
+MANUEL ROMERO DE TERREROS Y VINENT
+MARQUES DE SAN FRANCISCO
+
+
+LA PUERTA DE BRONCE
+Y OTROS CUENTOS
+
+
+1922
+
+
+
+
+
+Sentado en un amplio sillón de velludo carmesí, al lado de ancha
+ventana, el Cardenal de Portinaris estaba dictando su testamento. A
+la primera cláusula que contenía su profesión de Fe, había logrado
+dar un giro distinto del acostumbrado, de manera que a la par de un
+compendio de la Religión Católica resultaba un verdadero opúsculo
+literario. El Prelado, muy satisfecho, prosiguió a enumerar cada uno
+de sus bienes, y al hacerlo, parecía que iban arrancándose las más
+hermosas páginas de la historia del arte. El notario escribía a toda
+prisa y, a pesar de estar muy acostumbrado a ese género de trabajos,
+se fatigaba en grado sumo, y gruesas gotas de sudor aparecían sobre
+su calva frente.
+
+Terminadas las cláusulas preliminares, el Cardenal hizo una pausa y
+dirigió la mirada vagamente a través de la ventana de su estudio. La
+Plaza del Duque era un hervidero de gente, y el Prelado seguía con
+la vista el ir y venir de carruajes y peatones. Transcurrió algún
+espacio de tiempo; el notario se pasó el pañuelo por la frente
+varias veces, y por fin observó tímidamente:
+
+--¿Sí, Eminencia?
+
+Pero el Cardenal permanecía callado.
+
+--¿Si, Eminencia? insinuó de nuevo el letrado.
+
+La verdad era que el Cardenal Diácono de la Basílica de Santa María
+de las Rosas estaba perplejo; no encontraba a quién nombrar
+heredero. Miembro de una de las más esclarecidas familias de
+Toscana, con él terminaba su ilustre progenie: su único sobrino, el
+Conde Fabricio de Portinaris, se había marchado a América hacía
+quince años y no se había vuelto a tener noticia de él. Ministros
+diplomáticos y agentes consulares, por más averiguaciones que
+hicieran, no habían podido proporcionar ningún informe, y todo el
+mundo consideraba que el Conde había muerto. Desde sus primeros
+años, don Fabricio había dado pruebas de un carácter indomable, su
+bolsillo fué siempre un pozo sin fondo, y no era secreto para nadie
+que sus locuras habían conducido a su madre a un sepulcro prematuro.
+
+Los ojos del Cardenal se empañaron de lágrimas y durante largo
+tiempo estuvo pensando a quién nombrar heredero. Sabía que las
+llamadas obras de beneficencia poco podrían aprovecharse de una
+fortuna que consistía mas bien en objetos de arte que en bienes
+materiales, y dolíale el alma al pensar que éstos fueran a parar a
+manos del anónimo e insípido personaje que se llama el Estado.
+
+Decidió por fin legar todo su caudal a algún amigo, y resolvió
+hacerlo a favor del Príncipe de Sant' Andrea, prócer bondadoso y
+magnánimo Mecenas.
+
+--Instituyo por mi único y universal heredero, empezaba a dictar el
+Cardenal, cuando sonó leve toque en una puerta.
+
+--¡Adelante! exclamó el Prelado, y apareció en el umbral un
+sirviente vestido de negro. Adelantóse éste y presentó en una
+salvilla de plata una tarjeta, que el Príncipe de la Iglesia tomó
+con cierto gesto de enfado. Si al leer en ella: "El Conde Fabricio
+de Portinaris" experimentó alguna sorpresa, pudo dominarla en
+seguida, pues con tono tranquilo dijo al notario:
+
+--Ramponelli, mañana terminaremos. Puede Vd. retirarse.
+
+El notario recogió sus papeles, metiólos dentro de un cartapacio, y
+con éste bajo el brazo, fué a besar el anillo cardenalicio, y salió
+de la estancia después de hacer profunda reverencia.
+
+En seguida ordenó a su camarero:
+
+--¡Que pase el Conde!
+
+Don Fabricio de Portinaris rayaba en los cincuenta años. Era
+extraordinariamente delgado y bajo de cuerpo; tenía la nariz
+aguileña, el cabello entrecano y el rostro tan lleno de arrugas, que
+a primera vista aparecía estar sonriendo continuamente.
+
+Al verlo entrar en el estudio, su tío ni se inmutó ni se puso de
+pie: sólo dijo secamente, dirigiendo involuntaria mirada al retrato
+de César Borgia que pendía en uno de los muros.
+
+--No esperaba veros más, sobrino. Creí que habíais muerto.
+
+--Aun vivo, Eminencia, repuso el Conde sonriendo, e hizo ademán de
+besar la mano del Prelado, pero éste la retiró disimuladamente
+indicando con ella una butaca cercana. Tomó asiento el Conde, y
+después de unos instantes de embarazoso silencio, dijo:
+
+--He llegado esta mañana, y creí de mi deber, antes que nada,
+saludar a vuestra Eminencia.
+
+--Os lo agradezco, contestó el Cardonal, tomando polvos de su
+tabaquera de oro. Y, decidme, prosiguió, ¿encontrásteis en el Nuevo
+Mundo todas aquejas cosas que aquí echábais de menos? ¿Aquella
+libertad, aquella cuantiosa fortuna, aquella igualdad encantadora
+entre los hombres, aquella (aquí sonrió el Cardenal) verdadera
+democracia?
+
+--Encontré en el Nuevo Mundo, Eminencia, lo mismo que en Europa.
+Quince años he vivido una vida angustiosa, y hoy vengo a impetrar
+vuestro perdón y a morir en mi país.
+
+Fué tal su acento de sinceridad, que el Cardenal se puso de pie
+solemnemente y bendijo a don Fabricio de Portinaris. Era la hora del
+ocaso y los rayos del sol que se ponía hacían más intensa la roja
+vestidura del prócer.
+
+Al principio el regreso del Conde fué escasamente comentado en la
+Ciudad, porque había casi, desaparecido su memoria. Pero pronto
+volvió a hablarse de él, porque el Cardenal de Portinaris, a pesar
+de su robusta salud y no avanzada edad, decaía notablemente, y un
+mes después se hallaba al borde del sepulcro. No faltó quien hablase
+en voz baja de sutiles venenos traídos de América y alguien recordó,
+en plena tertulia, que los Portinaris descendían de Cesar Borgia. Al
+fallecer el Prelado y abrirse su testamento, se supo que había
+legado todos sus bienes a Don Fabricio.
+
+El nuevo Príncipe se ausentó enseguida de la Capital, y estableció
+su residencia en una _villa_ cercana, en donde llevó una vida
+retirada y tranquila. A las pocas personas con quienes trataba,
+refería que estaba escribiendo sus memorias.
+
+Pero pasados algunos meses, decidió regresar a la Corte y allí se
+dijo que pensaba dar grandes recepciones en su palacio, pues deseaba
+contraer matrimonio y llevar la vida que correspondía a su clase.
+
+No viene al caso hacer una reseña del Palacio de Portinaris, porque
+ha sido descrito mil veces. En toda obra referente al Arte del
+Renacimiento ocupa preferente lugar, y es conocidísimo aún de las
+personas que jamás han visitado la Ciudad Ducal. Baste recordar que,
+entre las innumerables obras de arte que encierra, quizá sea la más
+notable la hermosa reja de entrada, labrada en bronce con tal
+maestría, que todos están acordes con atribuirla al autor de las
+puertas del bautisterio florentino. En los tableros inferiores se
+destaca, en alto relieve, la historia de aquel Hugo de Portinaris
+que, después de defender heroicamente la fortaleza del Borgo, fué
+degollado, junto con su mujer y sus dos hijas, por el victorioso y
+sanguinario Orlando Testaferrata. Gruesos, pero exquisitamente
+labrados, barrotes abalaustrados sostienen el medio punto que la
+remata, en cuyo centro campea orgullosamente, la puerta que
+constituye las armas parlantes de la familia, mientras que coronas,
+tiaras, espadas y llaves cruzadas, pregonan por doquier los grandes
+honores que ésta ha gozado desde tiempo inmemorial.
+
+Llegó el Príncipe a su palacio con las primeras sombras de la noche.
+Al ascender la escalera de honor, sintió un desmayo y hubiera caído
+al suelo, si no se apoyara en el pedestal de una estatua, que
+decoraba el primer descanso. Repúsose enseguida, y atravesó con paso
+rápido la larga galería del Poniente, seguido de su mayordomo, y
+entró en la cámara, llamada del Papa Calixto, que había sido
+dispuesta para su dormitorio. Era amplísima y, a diferencia de las
+demás estancias del palacio, relativamente sobria. Pocos pero ricos
+muebles la exornaban y el techo carecía de _plafond_ alegórico,
+motivo por el cual el Príncipe la prefirió a las demás, pues, como
+dijo sonriendo al mayordomo, no quería estar viendo los ángeles y
+mujeres desnudas de Julio Romano desde su lecho.
+
+Aquella noche, don Fabricio tomó ligerísima comida, y después se
+instaló en su gabinete, a escribir, hasta hora muy avanzada. El
+vasto edificio estaba sumido en el más profundo silencio, pues toda
+la servidumbre se había retirado a descansar, y sólo podía oírse el
+rasguear de la pluma sobre el papel. Larga fué la carta que escribió
+el Príncipe, y bastante tiempo tomó en leerla y hacerle algunas
+correcciones. Por fin la dobló cuidadosamente, y después de haberla
+metido dentro de un sobre grande, la dirigió a una persona de vulgar
+apellido, residente en la República del Pánuco. Se disponía a
+lacrarla y sellarla, cuando se dibujó en su rostro una expresión de
+sorpresa y de miedo. El gabinete se hallaba contiguo al estudio que
+había sido del Cardenal, y al alzar el Príncipe la cabeza en busca
+del sello, notó que por debajo de la puerta de comunicación con
+aquella estancia, se veía una brillante raya de luz.
+
+Don Fabricio, pasados algunos instantes de sobresalto, logró
+dominarse y hasta sonreir; y levantóse de su asiento para ir a
+apagar la luz, que inadvertidamente habría dejado algún criado
+encendida en el estudio. Abrió la puerta resueltamente, ... y ¡se
+heló su sangre! Sentada en el sillón, con su tabaquera abierta en la
+mano derecha, y los dedos de la izquierda en ademán de tomar unos
+polvos, hallábase la prócer figura del Cardenal de Portinaris.
+
+--No esperaba veros más, dijo lentamente. Creí que habíais muerto,
+sobrino.
+
+Presa del mayor terror, don Fabricio huyó, llamando en alta voz al
+mayordomo y otros sirvientes; pero nadie acudía en su auxilio, y
+recorrió las galerías dando voces que retumbaban en las bóvedas de
+la señorial mansión.
+
+--¡Antonio, Bernardo, Julio, Gilberto! gritaba, pero nadie quería
+contestar, y con verdadero pavor bajó, puede decirse que rodó, la
+escalera, y corrió a llamar al conserje. Grandes golpes dió en su
+puerta con ambas manos, pero nadie oía sus desesperadas voces
+de terror.
+
+Acercóse a la entrada de palacio y quiso abrir la puerta de bronce
+que la cerraba; pero por más esfuerzos que hizo, no pudo lograr
+moverla un milímetro, y por fin, en su desesperación, concibió la
+idea de salir por entre los barrotes, pues a toda costa quería
+abandonar aquella casa. Como hemos dicho, don Fabricio era
+extremadamente delgado, y decidió intentar pasar el cuerpo por
+aquella parte de la reja, en que los barrotes eran más esbeltos y,
+por consiguiente había mayor espacio entre ellos.
+
+A la madrugada siguiente, enorme concurso de curiosos se aglomeraba
+a la entrada del palacio. La cabeza del Príncipe, amoratada y
+descompuesta, se hallaba presa entre dos barrotes, y los ojos,
+saltándosele de las órbitas, parecían mirar con terror el tablero,
+en el cual Ghiberti había cincelado magistralmente la degollación de
+Hugo de Portinaris por el despiadado Orlando Testaferrata.
+
+
+
+
+
+UN HOMBRE PRACTICO
+
+ A AGUSTIN BASAVE.
+
+
+
+El Padre Ministro de la Casa de Novicios de la Compañía de Jesús en
+Espadal era pequeñín, de rostro colorado, cabello blanco y expresión
+risueña. Decíase que en su juventud tuvo trato con las Musas, pero
+si tal fué el caso, ningún resabio de ello adivinábase en el Padre
+Hurtado. El Padre Ministro, varón santo si los hay, era ante todo un
+hombre práctico; pruebas de serlo dió en mil ocasiones, al grado de
+hacerse esta cualidad suya proverbial, no sólo entre la comunidad,
+sino en toda la comarca. Inútil nos parece decir que aquel
+establecimiento marchaba admirablemente, como cuadraba a la gran
+Institución de que formaba parte.
+
+Una alegre mañana de junio, en que el Padre Ministro comprobaba con
+satisfacción que el consumo de patatas en el mes pasado había sido
+mucho menor que el del correspondiente del año anterior, un leve
+toque en su puerta vino a interrumpir su tarea.
+
+--¡Adelante! exclamó.
+
+El Hermano Fuente dió vuelta al picaporte y dijo:
+
+--Padre Ministro; un hombre desea hablarle.
+
+El Padre Hurtado, enemigo de antesalas, frunció ligeramente el
+entrecejo, pero contestó;
+
+--Que pase.
+
+Pocos momentos después, se presentaba un individuo, cuya descripción
+es ocioso hacer, pues era como miles otros: de cuarenta años, poco
+más o menos, sano al parecer, y pobre, puesto que el dinero, según
+reza el refrán, no puede estar disimulado.
+
+--Buenos días, Padre.
+
+--Buenos nos los dé Dios. ¿Qué se ofrece?
+
+Padre Hurtado, vengo a ver a usted porque me encuentro en situación
+difícil. No tengo qué comer. Desde que paró la fábrica....
+
+--Si os metéis en huelgas, interrumpió el religioso.
+
+--No podía yo nada en contra, y tuve que hacer lo que todos los
+compañeros. El caso es que el trabajo no se reanuda ni lleva trazas
+de serlo. Me muero de hambre, y aunque a Dios gracias, no tengo
+nadie que dependa de mí, necesito trabajar. Conozco algo de
+jardinería....
+
+--Amigo, dijo el Padre Hurtado, en esta casa no tenemos jardín.
+
+--He trabajado como albañil.
+
+--En esta casa, gracias a Dios, no hay reparaciones ni obras que
+hacer por el momento.
+
+--Padre, yo le ruego, yo le suplico que me proporcione algo. Usted
+que es un hombre tan práctico....
+
+Hay que advertir que todo este tiempo, el Padre Hurtado casi no
+había reparado en su interlocutor, pues mientras sostenía el
+diálogo, seguía haciendo números; pero al notar un leve acento de
+amargura o de reproche en la última frase del obrero, alzó la vista
+y lo miró fijamente por algunos instantes.
+
+--Repito, prosiguió, que no tengo trabajo que proporcionarle en esta
+casa. Pero si quiere usted acudir a nuestro Colegio en Carrión de la
+Vega, estoy seguro que su Rector, el Padre Rodríguez, le dará todo
+lo que le haga falta.
+
+--Padre, mil gracias, replicó el hombre. He confesado y comulgado
+esta mañana, y estaba seguro que usted me sacaría de apuros. Juan
+González le será siempre agradecido. ¿Quisiera usted darme, Padre
+Ministro, una carta o papel de recomendación?
+
+El Padre Hurtado tomó una cuartilla, la partió cuidadosamente en
+dos, guardando una mitad para uso futuro, y trazó en el papel breves
+renglones. La metió dentro de un sobre, lo cerró y dirigió, y lo
+entregó a Juan González.
+
+Despidióse éste, y al abrir la puerta para marcharse, lo detuvo el
+Padre Hurtado diciéndole:
+
+--Espere un momento, hermano.
+
+Abandonó su escritorio, mojó dos dedos en una pila de agua bendita
+que colgaba en la pared, y tocó con ellos la mano del obrero,
+diciéndole cariñosamente;
+
+--¡Vaya con Dios!
+
+El Rector de Carrión de la Vega abrió cuidadosamente el sobre que
+acababa de entregarle el portero, y extrajo la misiva del Padre
+Hurtado; la leyó, y sin alzar la cabeza, miró al Hermano por encima
+de sus espejuelos.
+
+--No entiendo esto, dijo. ¿Quién ha traído este papel?
+
+--Un hombre a quien no conozco. Parece obrero.
+
+--¿No trae ningún mensaje de palabra?
+
+--Nada me ha dicho, Padre.
+
+--¿En dónde está este hombre?
+
+--Espera en la portería.
+
+--Voy a verle.
+
+Ligeramente contrariado, el corpulento Padre Rodríguez se levantó
+trabajosamente de su asiento, no sin dirigir la mirada al cúmulo de
+cartas que había sobre el escritorio esperando contestación, y se
+encaminó a la portería.
+
+--Buenas tardes.
+
+--Buenas tardes, Padre, contestó Juan González, con el rostro
+iluminado por la esperanza.
+
+--¿Usted ha traído este billete del Padre Hurtado?
+
+-Sí, Señor.
+
+--Y ¿nada le indicó que me dijera de palabra?
+
+--Nada, Padre.
+
+--Es raro. Haga favor de esperar un momento.
+
+El Rector estaba sorprendido. Que un hombre como el Padre Hurtado
+hubiera escrito esas cuantas palabras, tan faltas de sentido común,
+era un absurdo. En las galerías immediatas a la portería encontró al
+Padre Procurador y al Primer Prefecto, quienes, al ver a su
+superior, levantaron sus birretes respetuosamente.
+
+--El Padre Hurtado se ha vuelto loco, dijo el Rector sin más
+preámbulo.
+
+--¡Imposible! exclamaron a un tiempo los otros dos.
+
+--Entónces, ¿cómo explican ustedes que me envíe este billete?
+preguntó, y alargó el papel al Prefecto, quien leyó en voz alta los
+siguientes renglones:
+
+--"Estimado Padre Rodríguez: Le ruego se sirva dar cristiana
+sepultura al portador de la presente. Su afmo. Hermano en Xto.
+_Alonso Hurtado, S.J._"
+
+Hubo un silencio. El Padre Ministro de Espadal, tenido por el hombre
+más cuerdo de la Provincia no podía haber escrito esas palabras.
+
+Instintivamente, los tres religiosos se dirigieron a la portería
+para interrogar a Juan González, seguros de que se trataba de
+una broma.
+
+Pero Juan González, yacía en el suelo, boca arriba, con los ojos muy
+abiertos. Dos hilos de sangre negra manchaban su labio superior, y
+tenía la mano izquierda crispada contra el pecho.
+
+
+
+
+
+SIMILIA SIMILIBUS
+
+ A LUIS CASTILLO LEDON.
+
+
+
+Como ya murió el célebre homeópata Dr. Idiáquez, puedo divulgar el
+secreto que me impuso bajo mi palabra.
+
+Hace precisamente diez años que principió la extraña dolencia que
+motivó mi visita a aquel facultativo, y cuya rápida curación fué el
+primer escalón de su fama. Desde pequeño fuí enfermizo y débil, por
+lo cual puedo decir, sin gran exageración, que toda mi niñez y la
+mitad de mi juventud las pasé en consultorios de doctores. En
+verdad, era una maravilla para todos mis allegados que fuese yo
+viviendo. Apenas cumplí los treinta años, empecé a sufrir los más
+agudos dolores de cabeza que puedan imaginarse, los cuales de día en
+día aumentaban al grado de hacerme la vida un verdadero martirio.
+Solamente descansaba yo de ellos cuando dormía, razón por la cual
+procuré cortejar a Morfeo incesantemente.
+
+Pero llegó el día en que ni aún el sueño pudo ahuyentar mis
+sufrimientos; y lo más extraño del caso era que, a medida que soñaba
+las cosas más fantásticas y hermosas, más agudos eran los dolores
+que me torturaban. Se comprenderá, por lo tanto, que entonces quise
+huir del sueño, apurando fuertes dosis de café: y esperaba yo la
+muerte como una ansiada liberación. Más, a pesar de todos mis
+esfuerzos para permanecer despierto y del horror con que veía yo
+llegar la noche, me vencía al fin el sueño, y en seguida
+presentábanse a mi mente las más peregrinas visiones que puedan
+imaginarse, aun en ese mundo inexplicable. Lluvias de estrellas,
+kaleidoscópicas auroras, extrañas floraciones, embargaban mi mente
+de continuo; a veces, sobre un mar fosforecente veía yo navegar
+hacia mí un galeón de oro con velamen de carmín y grana, mientras
+indescriptible armonía sonaba en mis oídos. Y a medida, repito, que
+aquellas visiones eran más hermosas, más agudo era el dolor que
+atormentaba mi cerebro. Y tal terror se posesionó de mi alma, que no
+comprendo cómo no fuí a parar a un manicomio.
+
+Ninguno de los facultativos que consulté encontraba remedio a mi
+mal, y no puse término a mis días con mi propia mano, gracias a mis
+principios religiosos. Por fin, siguiendo el consejo de no recuerdo
+qué médico famoso, determiné que varios de los doctores más
+eminentes de la ciudad se reunieran en consulta, y después de dos
+horas del más penoso interrogatorio, pronunciaron mi sentencia. Mi
+mal era incurable y degeneraría en locura; el tumor que se habia
+formado en mi cerebro era inoperable y la muerte se aproximaba,
+aunque lentamente.
+
+Salí de aquel consultorio como un hombre beodo. He dicho que muchas
+veces había deseado la muerte, y sin embargo, aquel día amaba yo la
+vida, a pesar de mis horribles sufrimientos. Embargada mi mente,
+como debe suponerse, caminé hacia mi casa por calles apartadas,
+temeroso de encontrar alguna persona conocida. Repentinamente, no sé
+qué impulso hizo fijar mi vista en una pequeña placa de metal sobre
+la puerta de una sucia habitación. Leí el letrero: "Dr. Idiáquez,
+homeópata", y casi sin pensar en lo que hacía, penetré en la casa y
+subí la destartalada escalera.
+
+El Dr. Idiáquez era un hombre vulgar y demacrado, y su consultorio
+una guardilla sucia y miserable. Ambos me recordaron, enseguida, la
+escena del boticario en «Romeo y Julieta».
+
+Expuse mi mal y la opinión de los facultativos a quienes consultara,
+y el Dr. Idiáquez me escuchó con la mayor atención.
+
+--La enfermedad de usted, me dijo al fin, es extraña,
+indudablemente, y proviene en efecto de un tumor que se ha formado
+en su cerebro; pero no sólo no es incurable, sino que puedo librarlo
+de ella en tres días.
+
+--¡Cómo! exclamé, no queriendo creer lo que escuchaba.
+
+--Sencillamente, respondió con mucha calma. Aquí tiene usted estos
+glóbulos que tomará usted cada tres horas: tres del frasco marcado
+A. y cuatro del marcado B., alternativamente. Hoy es lunes; el
+viernes próximo vendrá usted a verme, ya curado.
+
+Pagué su modesto honorario, y bajé la escalera rápidamente, como si
+volara en alas de la esperanza. La tarde estaba tibia y perfumada, y
+la puesta del sol parecía un incendio en los montes lejanos.
+
+Aquella noche, por primera vez, me abandonaron mis sufrimientos,
+pero los bellos sueños también huyeron, y fuí atormentado por
+horribles pesadillas. Estas aumentaron a tal grado en las dos noches
+siguientes, que puedo asegurar que ni el Dante pudiera imaginárselas
+en lo más profundo del Averno.
+
+Por fin llegó el ansiado viernes, y efectivamente, libre de todo
+sufrimiento físico y moral, subí la destartalada escalera que
+conducía al consultorio del Dr. Idiáquez. Este me recibió
+afablemente, y me aseguró que mi curación era definitiva. Ese día
+compré un busto de Hahnmann y lo coloqué en lugar prominente de mi
+biblioteca.
+
+Inútil me parece decir que la noticia de mi rápida curación se
+extendió por todo el país, y el nombre del Dr. Idiáquez en seguida
+se hizo célebre. De allí en adelante, efectuó las más sorprendentes
+curaciones, y al cabo de poco tiempo, reunió una fortuna
+considerable. Lo que más intrigaba a sus pacientes era que jamás
+recetaba, sino que él mismo proporcionaba las medicinas, marcándolas
+generalmente con letras, aunque a veces también con números.
+
+Naturalmente, contraje con él vínculos de estrecha amistad y lo
+visitaba a menudo en su nueva y lujosa casa. Un día me atreví
+a decirle:
+
+--Doctor, hace mucho tiempo que he querido hacerle una pregunta.
+
+--¿Cuál es?
+
+--¿De qué se componían los glóbulos que me proporcionaron mi
+maravillosa curación?
+
+--Amigo mío, ese es mi secreto; pero puesto que a usted le debo mi
+fortuna, se lo diré, si me promete, si me jura, no decirlo mientras
+yo viva. En cuanto muera, queda usted en libertad para proclamarlo a
+los cuatro vientos.
+
+Hice la promesa requerida, y con una sonrisa muy triste,--nunca he
+visto en la cara de un hombre una sonrisa más triste,--dijo el Dr.
+Idiáquez lentamente:
+
+--Los glóbulos marcados "A" se componían de agua y azúcar; los
+marcados "B" de azúcar y agua.
+
+
+
+
+
+EL AMO VIEJO
+
+ A LUIS GARCIA PIMENTEL
+
+
+
+La familia Hernández de Sandoval, opulenta hace diez años y hoy casi
+en la miseria, era una de las más respetables de la ciudad de
+México. Como base principal de su fortuna figuraban las extensas
+haciendas que poseía, desde los tiempos de la conquista, en el hoy
+denominado Estado de Morelos, comarca fertilísima, en donde se
+cultiva con preferencia la caña de azúcar. Conservan muchas de las
+haciendas mexicanas el carácter de fortalezas que supieron darles
+sus primeros poseedores, mientras que otras, que no se distinguen
+por su arquitectura, abundan, en cambio, en bellezas naturales; todo
+lo cual hace que una visita a una de estas fincas no carezca,
+generalmente, de interés.
+
+A pesar de la estrecha amistad que unía a los Hernández de Sandoval
+con mi familia, desde largos años, no había yo tenido ocasión de
+visitar ninguna de sus haciendas, aunque ellos sí habían pasado
+largas temporadas en la nuestra, situada en el centro del país; de
+manera que, en cuanto se ofreció la oportunidad de acompañar al hijo
+de la casa, Antonio, pudiendo desprenderme de mis no múltiples, pero
+sí imprescindibles quehaceres, la aproveché gustoso para ir en tan
+grata compañía a recorrer la finca principal de su casa, célebre por
+su riqueza y encantos naturales.
+
+Salimos de México en la noche de un diez de agosto, y llegamos en la
+madrugada a la histórica ciudad de la Puebla de los Angeles. Todo el
+día siguiente lo pasamos a bordo del ferrocarril, viaje molesto por
+el excesivo calor que se dejaba sentir y que nos quitó toda gana de
+admirar el trayecto, rico y variado en cultivos y panorama.
+
+Cansados y agobiados por la alta temperatura, llegamos a las
+primeras horas de la noche a una pequeña estación, de cuyo nombre
+indígena no quiero acordarme, y en donde nos esperaba el
+Administrador de la hacienda y varios mozos, con sendas caballerías.
+Emprendimos desde luego la caminata, y, ya fuera porque la noche en
+el campo se hallaba relativamente fresca, comparada con las
+molestias del ferrocarril, o porque veía yo próximo el fin de la
+jornada, el trayecto me pareció corto. A poco de abandonar la
+estación, ví dibujarse en las sombras de la noche la silueta de la
+enorme mole que constituía la famosa hacienda de San Javier. Y esta
+silueta, borrosa al principio, fué definiéndose rápidamente,
+permitiendo darme cuenta, primeramente, de la alta chimenea del
+ingenio, después, de la gallarda torre y esbelta cúpula de su
+iglesia, de las troneras de las azoteas y, en fin, de todos los
+principales detalles del edificio.
+
+Poco o nada habíamos hablado, y suponiendo que Antonio me enseñaría
+al día siguiente todos los pormenores de la hacienda, me abstuve de
+hacer preguntas; pero, al entrar en el enorme patio, o más bien
+plaza, que había delante del edificio, me sorprendió de tal manera
+la extraña silueta de un hombre sobre el pretil de la azotea, que no
+pude menos que exclamar:
+
+--¿Quién es ese individuo que espera tu llegada en tan estrambótica
+postura?
+
+Porque hay que advertir que estaba sentado sobre el pretil (con
+riesgo inminente de caerse), y cubierto con el más exagerado
+sombrero de alta copa.
+
+Antonio se rió y solamente dijo:
+
+--¡Ah! Mañana te lo presentaré.
+
+Nos apeamos de nuestras caballerías en un amplio portal, y después
+de las presentaciones del tenedor de libros y otros dependientes de
+la hacienda, en el "purgar", o sea oficina principal, subimos a
+tomar una ligerísima cena, para arrojarnos en seguida en los
+codiciados brazos de Morfeo.
+
+Una pequeña contrariedad se dibujó en el rostro de mi amigo, al
+informarle el administrador que la mayor parte de las estancias de
+la casa estaban en vías de reparaciones y de ser pintadas, por lo
+tanto, sólo había disponibles para dormir en ellas, dos
+habitaciones, una pequeña, y otra, al contrario, amplísima. Inútil
+me parece decir que ésta me fué cedida por mi amigo, y al penetrar
+en ella, grata fué mi sorpresa al encontrarla muy fresca, y ver que
+la cama se hallaba colocada al lado de una puerta-ventana que
+comunicaba con el corredor o galería abierta, que abarcaba todo el
+frente y un costado del piso superior de la casa. Medía este
+corredor unos cuatro metros de anchura por otros tantos de
+elevación, estaba abovedado, y por los amplios arcos se esbozaba el
+encantador paisaje, que en las sombras de la noche, poseía una
+dulzura y serenidad poco comunes, perfumado el ambiente con las
+diversas plantas de aquellos climas.
+
+A pesar del cansancio que sentía, permanecí no corto espacio de
+tiempo en la soledad de aquella galería, perdido en mis
+pensamientos, y con un leve zumbar de oídos, _oía el silencio_, que
+sólo interrumpía, de vez en cuando, el ladrar de un perro en el
+«real» no lejano.
+
+Por fin me metí entre sábanas, dejando la ventana abierta, y en
+seguida quedé dormido.
+
+No supe cuánto tiempo lo estuviera, cuando me despertó el fuerte
+toser de una persona. Esta parecía hallarse en el corredor, a pocos
+pasos de mí, y deduje en seguida que era el «velador», que en toda
+hacienda suele rondar de noche. Como la tos no cedía, sino, al
+contrario, agravábase de tal manera, que el pobre hombre parecía
+correr riesgo de ahogarse, salté del lecho para prestarle ayuda;
+pero ¿cuál no sería mi sorpresa, cuando salí a la galería, de hallar
+que no sólo cesó la tos, sino que el velador o lo que fuera, no se
+encontraba allí! Torné a acostarme, y a los pocos momentos, se
+repitió el suceso con idénticos resultados, y dos y tres veces más,
+hasta que llegué a suponer que el hombre se hallaría en algún
+apartado rincón del corredor, el cual, por ser abovedado,
+transmitiría el eco de la tos, haciéndola oírse como si fuese en la
+puerta misma de mi alcoba.
+
+A la mañana siguiente, relatado el desagradable incidente que
+interrumpió mi sueño, quiso Antonio averiguar quién fuera el velador
+que había pasado tan mala noche en la galería; pero el Administrador
+contestó rotundamente que nadie, pues en aquella época de completa
+tranquilidad era innecesaria la presencia de semejante sirviente. Y
+a las reiteradas instancias de que alguien tenía que haber sido, la
+contestación, después de ser interrogados todos los dependientes y
+criados, fué siempre la misma.
+
+Sin darle más importancia al asunto, pues en realidad poco tenía,
+emprendimos la visita del vasto edificio, remedo de fortaleza,
+convento y casa de campo, todo en uno, que databa del siglo XVI; la
+magnífica iglesia, cuya torre y cúpula reverberaban en sus azulejos
+los rayos del sol tropical; y la casa de calderas, o ingenio
+propiamente dicho, enorme edificio completamente moderno y, para mí,
+ayuno de interés. Al recorrer la azotea de la casa, Antonio hizo la
+presentación del curioso personaje que la víspera llamara mi
+atención. ¡Era una estatua de piedra! Y no pude menos que echarme a
+reír al verla: esculpida con la mayor rudeza, representaba a un
+individuo de anguloso y desproporcionado aspecto, sentado al borde
+de la azotea, con las piernas cruzadas, más abajo de las rodillas, y
+con las manos en actitud de batir palmas. Para que nada faltase a
+esta obra de arte, hallábase embadurnada, desde la punta del
+exagerado sombrero hasta los pies, de un brillante color de rosa.
+
+--Aquí tienes, dijo Antonio, a la persona que prometí presentarte.
+Como ves, es una obra de arte. Se llama Herrera Goya. Para que no te
+rías de un miembro de la familia, te contaré que Don Joaquín de
+Herrera Goya fué antepasado mío, aunque no en línea recta, pues
+murió soltero; su hermana, mi cuarta abuela, heredó de él esta
+hacienda y no sé si a ella se deba tan hermosa estatua. Es costumbre
+pintarla cada año; así como hoy la ves color de rosa, ha estado
+pintada de celeste, amarillo, verde, de todo menos de negro, pues
+hay aquí la creencia,--cosas de los indios,--que si llegara a
+pintarse de ese color, ocurriría alguna desgracia. La postura de sus
+manos indica, no que va a aplaudir, sino que la distancia que con
+ellos mide es el tamaño de los panes de azúcar que en su hacienda se
+fabricaban y que llenaron sus bolsillos de doblones. La tradición no
+cuenta cosas muy halagadoras para este señor; te las referiré
+algún día.
+
+No dejó de caerme en gracia el ridículo personaje, y al bajar al
+patio y verlo desde allí, noté que se hallaba emplazado sobre el
+corredor, precisamente encima del sitio en donde a aquel daba acceso
+a la puerta-ventana de mi dormitorio.
+
+La huerta de la finca, extensa y feraz, llamó mi atención por su
+aspecto oriental, debido en gran parte, a una alberca con surtidor
+que en ella había. A mi observación contestó Antonio:
+
+--Sí. Mi madre la llama «El Jardín de la Sultana». No te sientes
+ahí, agregó al ver que me disponía a hacerlo sobre un ancho banco, o
+poyo de piedra, cercano. Aquí estarás más cómodo.
+
+Y al borde mismo del estanque permanecimos algún tiempo, escuchando
+el suave rumor del agua.
+
+No viene al caso referir nuestra vida en aquella finca durante la
+semana que en ella pasamos; sólo diré que durante seis noches, y
+aproximadamente a la misma hora, se repitió el incidente de la
+primera, cosa que nos intrigó de tal modo, que nos propusimos
+descubrir al nocturno asmático. Juzgó Antonio lo más acertado
+ordenar a un tal Paulino, muy adicto suyo y hombre de toda
+confianza, que pasara la noche en mi estancia, en el umbral mismo de
+la puerta-ventana, para ayudar a aclarar el molesto, si bien un
+tanto ridículo misterio.
+
+Era la última noche que íbamos a pasar en San Javier, puesto que
+debíamos regresar a México el día siguiente, y me metí en cama con
+ánimo de descansar, indiferente al suceso que tan repetidas veces
+había turbado mi sueño.
+
+La tos, esa noche, me pareció más fuerte y rebelde que en las
+anteriores. Al saltar del lecho, ví con satisfacción que Paulino
+también la oía, pues estaba sentado sobre su estera, con asombro
+dibujado en sus facciones. Salimos los dos y recorrimos la galería,
+sin encontrar persona alguna, y con el extraño caso de que el hombre
+que tosía parecía seguirnos durante todo el trayecto.
+
+Cansados de buscar, regresamos a la estancia, y al traspasar el
+umbral, la tos que el misterioso personaje padecía, aumentó de tal
+manera que oímos claramente que se ahogaba; esa horrible tos
+degeneró en ronquido, en _estertor_, y repentinamente se oyeron
+maullar, chillar horriblemente, en todas las disonancias
+imaginables, un crecido número de gatos. Yo hubiera jurado que había
+un centenar de esos animales alrededor nuestro. Torné a salir al
+corredor con la seguridad de ver sus ojos fosforescentes entre las
+sombras de la arcada; pero nada se veía. Arreció el horrible
+desconcierto; oí algo se desplomaba, y al volver la mirada, ví que
+Paulino, hincado de rodillas en medio de la estancia, con los brazos
+en cruz, y el mayor terror dibujado en su rostro, exclamaba
+con pavor:
+
+--¡Virgen Santísima! ¡El amo viejo, el amo viejo!
+
+Hay sucesos en la vida, que cuando se recuerdan pasados los años y
+con espíritu sereno sólo presentan un aspecto risible. Pero yo jamás
+olvidaré que aquella noche, al oír el estertor de un hombre
+invisible, el horrible maullar de cien felinos y los acentos de
+terror de un pobre indio, la sangre se heló dentro de mis venas,
+erizáronse mis cabellos, se estremeció todo mi cuerpo, y--lo
+confieso--!tuve miedo!
+
+Salí de la estancia precipitadamente, seguido de Paulino, y
+tropezando con andamios y botes de pintura, fuimos a dar hasta la
+alcoba en donde Antonio dormía tranquilo.
+
+--¡Antonio, por Dios! exclamé. ¡Este lugar está embrujado!
+
+--¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¡Pero, hombre!, añadió Antonio, al
+encender la bujía y ver la expresión de nuestros rostros. ¿Qué
+tenéis? ¿Estáis locos?
+
+--Poco menos, te aseguro.
+
+Y le referí atropelladamente lo que acabábamos de oír.
+
+--¡Vamos, hombre! ¡No puede ser! Estáis soñando. Vamos allá, y verás
+como no hay nada.
+
+--¡No! ¡No vayamos!
+
+--Sí, dijo resueltamente, y emprendimos la marcha, él por delante.
+Al llegar a mi dormitorio y penetrar en él, reinaba el mayor silencio.
+
+--¿Lo ves? dijo mi amigo. Pero en ese instante se desató de nuevo el
+maullar horrible y Paulino sólo pudo exclamar, con acento de terror:
+
+--Niño, ¡es el amo viejo!
+
+--¡Vamos, vámonos de aquí!
+
+Y abandonamos aquel pavoroso recinto.
+
+El resto de la noche lo pasamos Antonio y yo sin proferir palabra,
+en sendas butacas de su alcoba, fumando cigarrillos y embargadas
+nuestras mentes con mil conjeturas, hasta que por la abierta ventana
+vimos desvanecerse las estrellas y dibujarse en el cielo la claridad
+de la ansiada aurora.
+
+Como debe suponerse, con la luz del día aumentaron mis deseos de
+aclarar el extraño suceso, y asedié a mi amigo con mil preguntas, a
+las que él se excusaba de contestar, diciendo que todo era también
+un misterio para él. Pero a pesar de ello, me convencí de que algo
+sabía que no quería comunicarme, y tanto le insté, que, al fin,
+requirió del Administrador unas vetustas llaves, y dijo
+lacónicamente:
+
+--Sígueme.
+
+Atravesamos todo el corredor, risueño con la luz matinal y el
+perfume de las plantas que allí había; bajamos escaleras, recorrimos
+pasillos, y, por fin, Antonio abrió una pequeña puerta, que, al
+girar en sus goznes, dejó escapar un fuerte olor a papel y badana
+viejos. En seguida comprendí que era el archivo de la casa. En
+efecto, hallábase aquella abovedada cámara repleta de legajos,
+infolios y libros, hacinados en varios estantes y cuidadosamente
+ordenados, según podía colegirse por los claros números y letreros
+que cada uno ostentaba. Detúvose un instante, y recorrió con la
+vista aquel vetusto arsenal de papel y pergamino. Extendió el brazo,
+y bajó de su sitio un legajo de no grandes dimensiones; lo desató
+cuidadosamente y repasó los expedientes que contenía, hasta dar con
+un edicto del Santo Oficio, escrito en recio papel de Génova y
+encabezado con la consabida fórmula de «_Nos los Inquisidores de la
+Fe contra la herética bravedad etc_». Algún tiempo tardé en
+descifrar su contenido, sacando en conclusión, que el 15 de Agosto
+del año de 1614, fué denunciado como brujo, ante el Santo Oficio de
+la Inquisición, el Señor don Joaquín de Herrera Goya, dueño de la
+«Hacienda de Moler azúcar de San Francisco Xavier, Obispado de la
+Puebla de los Angeles». El temido tribunal citaba a dicho señor a
+comparecer ante él, por tan horrible cargo, y, en caso de hallarse
+culpable, sufrir la pena consiguiente.
+
+--¡Mal lo pasaría Herrera Goya en el Santo Oficio! exclamé, al
+terminar la lectura del documento.
+
+--No compareció, dijo Antonio. El día en que recibió este edicto,
+murió.
+
+--¡Cómo! ¿De qué manera?
+
+--Yo creo que murió de viejo,--tenía ochenta años,--o del susto de
+hallarse en tan apurado trance; aunque te diré, puesto que todo
+quieres saberlo, que hay quien dice que su muerte fué trágica. Este
+Herrera Goya, según parece, era un ente raro, sobre todo para su
+época. Solía hacer experimentos con yerbas, coleccionaba insectos, y
+tenía hasta medio centenar de gatos, que lo seguían por todos lados.
+
+No dejó de causarme desagradable sorpresa este extremo, que
+relacioné en seguida con el misterio que deseábamos aclarar.
+
+--Comprendo tu sobresalto, continuó Antonio. Y has de saber que,
+según la tradición entre la gente de esta hacienda, Herrera
+Goya,--el Amo Viejo, como le llaman,--maltrataba sobremanera a su
+extraño séquito; es más, lo martirizaba a cada momento. Y aseguran
+que, cuando murió, fué porque todos sus gatos se le echaron encima,
+clavándole las uñas en el cuello, y desgarrándole la garganta en
+girones, hasta dejarlo, después de horribles sufrimientos, exánime
+en un charco de su propia sangre.
+
+Refirióme luego cómo el Santo Oficio de la Inquisición prohibió que
+se enterrase a Herrera en lugar sagrado y cómo fué inhumado el
+sangriento cadáver en la huerta, en donde marcaba su sepultura lo
+que yo había confundido con un asiento.
+
+En la tarde de ese día emprendimos el regreso a México, y durante
+todo el trayecto, no pude distraer de mi mente el suceso que tanto
+me había impresionado. Al llegar a la ciudad, mandé decir misas por
+el alma de aquel «amo viejo», a quien se le negó cristiana
+sepultura, aunque la halló poética, cobijada por manglares y
+palmeras, cerca del surtidor del «Jardín de la Sultana».
+
+Pasaron algunos meses. Un día me dijo Antonio:
+
+--¿Sabes que he escrito a San Javier, ordenando que este año se
+pinte a Herrera Goya de negro?
+
+--¡Hombre, no hagas eso! Ten prudencia.
+
+--¡Hola! ¿Eres supersticioso?
+
+Tres días después, la sociedad de México quedó consternada, al saber
+que las hordas rebeldes habían entrado a saco en la hacienda
+principal de los Hernández Sandoval, que habían prendido fuego a su
+ingenio, y volado con dinamita el vetusto edificio.
+
+San Javier ya no era más que un enorme montón de escombros.
+
+
+
+
+
+EL COFRE
+
+ A JESUS REYES FERREIRA
+
+
+
+Las trémulas llamaradas, que el fuego de la chimenea despedía,
+hacían oscilar fantásticamente, sobre las paredes del aposento, la
+sombra del viejo don Alejandro. Arrebujado éste en un sillón, al
+lado del ancho hogar, procuraba calentar su cuerpo, entumecido, no
+tanto por el mal tiempo que a la sazón hacía, cuanto por los años y
+penas que sobre él pesaban. Pero, a pesar de su proximidad al fuego,
+sentía frío.
+
+¡Cuántas noches pasara largas horas en el mismo sitio, fija la
+mirada en la rojiza lumbre! A veces, los encendidos leños asumían
+formas que su imaginación trocaba en personas y sucedidos reales, y
+de esa manera convertía aquel hogar en escenario, en el cual se
+representaba a menudo el tétrico drama de su vida.
+
+El primer acto, por decirlo así, era de escaso interés. Después de
+sus primeros años, pasados al lado de su madre, veía su vida de
+colegio, vida triste y sin amigos, que tanto influyó sobre su
+carácter, haciéndolo huraño y retraído.
+
+Empezaba el segundo acto con un cuadro pavoroso. Sobre el lecho de
+muerte yacía su madre, el único ser de él querido, y al lado, de
+pie, contemplábala un hombre severo, casi repugnante: su padre.
+
+Sucedíanse los demás actos del drama con toda fidelidad. Don
+Alejandro recorría las principales capitales del mundo, en busca de
+distracción; pero todos huían de él, como si fuese un ser infecto:
+con lo cual se agriaba su carácter más y más. Cuando volvía a su
+casa, encontraba que su padre se moría. Sin sentir dolor alguno,
+veía cómo se apagaba la existencia del autor de sus días. El médico
+indicaba que no había más recurso... Llegaba el sacerdote, pero el
+moribundo sólo lograba enunciar, con gran dificultad, las palabras:
+
+--¡El cofre...!
+
+El salón en que se hallaba don Alejandro guardaba muchas obras de
+arte y objetos antiguos. Entre ellos, en un rincón del aposento, se
+hallaba un gran cofre de hierro, cubierto, casi en su totalidad, con
+clavos y remaches de bronce. Este era, sin duda alguna, el cofre al
+cual el moribundo había querido referirse, pero la llave no había
+podido encontrarse y el secreto, si secreto había en él,
+permanecía ignorado.
+
+Por milésima vez, don Alejandro dirigió la mirada hacia el ángulo de
+la estancia, y se extremeció al ver que el cofre se hallaba abierto.
+La pesada tapa descansaba contra el muro, dejando ver el vetusto y
+complicado mecanismo de su cerradura.
+
+Mucho tiempo permaneció el anciano sin poder apartar de aquel sitio
+los espantados ojos. Por fin, haciendo un supremo esfuerzo, abandonó
+su sitial al lado de la chimenea, y con una sensación de espanto, se
+dirigió hacia el cofre. Al principio nada pudo distinguir en el
+interior, pero pocos momentos después, vió un rectángulo amarillento
+que yacía en el fondo. Hincóse de rodillas y con mano trémula
+extrajo aquel objeto. Era un sobre, manchado por el transcurso del
+tiempo, sin rótulo de ninguna especie.
+
+Repentino y formidable estrépito hízole volver el rostro
+amedrentado, y vió que la tapa del cofre había caido en su sitio,
+cerrándolo de nuevo.
+
+Volvió al lado del hogar, para leer el contenido del sobre: pero sus
+manos estaban de tal manera temblorosas, que no pudo verificarlo.
+Después de algunos instantes, logró conquistar relativa
+tranquilidad; abrió la cubierta y con ojos de terror, extrajo el
+pliego que contenía. Pero le daba vueltas la cabeza, y tuvo que
+apoyarse en la butaca para no caer al suelo. Fijó de nuevo la vista
+en el fuego del hogar, y vió claramente la pavorosa escena de la
+muerte de su madre. Anonadado, miró el anciano furtivamente a su
+alrededor, temiendo ser observado, y decidió hacer un esfuerzo para
+leer el pliego; pero el papel se escapó de sus temblorosas manos y
+cayó entre las llamas que lo consumieron vorazmente.
+
+Don Alejandro miró hacia el rincón en donde estaba el cerrado cofre
+y se acercó más aún a la chimenea, pero, a pesar de su proximidad al
+fuego sentía frío.
+
+
+
+
+
+TRISTIS IMAGO
+
+
+
+Hablabamos, mi amigo y yo, de cosas indiferentes y triviales. El
+sol, próximo a desaparecer, arrojaba sobre la tierra una luz cálida
+y rojiza, y el bochorno que entraba por la abierta ventana parecía
+esparcirse por todo el aposento. Las columnillas de humo de nuestros
+cigarros subían hasta juntarse en ligeras nubes que iban anidando en
+los casetones del artesonado, y el damasco que cubría las paredes
+tomaba un tinte de color más rico que de costumbre.
+
+La conversación empezó a languidecer, y llegó un momento en que
+ambos callamos, como si obedeciéramos algún misterioso mandato. Yo
+tenía cierto orgullo en aquella estancia, en que reuniera todo lo
+que poseía de mayor valor y más hondo afecto, y no era la primera
+vez que desde mi butaca paseaba la mirada sobre los muebles y
+cuadros que la adornaban. Rafael también gustaba de aquella
+colección y la elogiaba a menudo, de manera que no me sorprendió
+verlo recorrer con la vista aquel abigarrado conjunto de objetos.
+Enfrente de donde nos hallábamos sentados, pendía de la pared un
+retrato de busto de mi madre, ataviada según la moda del segundo
+Imperio. A pesar de la luz que por momentos iba apagándose, el
+retrato se destacaba muy bien, y se acentuaba en su rostro la
+inefable dulzura que el pintor había sabido reproducir fielmente.
+
+No sé cuánto tiempo permanecimos en silencio. Repentinamente sentí
+una como ráfaga de melancolía y dirigí la mirada hacia el retrato.
+Me estremecí al verlo, y noté que mi amigo sufrió idéntica
+impresión. Nos miramos ambos, y él, poniéndose de pie, dijo en
+voz muy baja:
+
+--¡Está llorando!
+
+Yo asentí con la cabeza, y mi compañero con paso quedo, salió de la
+estancia y cerró la puerta tras sí, cuidadosamente.
+
+Entonces yo, presa de grande angustia, me acerqué al retrato y ví
+que se animaba. Una nube de tristeza nubló el semblante de mi madre,
+y las lágrimas que brotaban de sus ojos cayeron con mayor
+abundancia. Se movieron sus labios y oí una vez más la voz que
+veinte años enmudeciera.
+
+--¡Hijo mío! ¡Siento una gran piedad por tí! El camino que tienes
+que recorrer es áspero y difícil, y grandes sufrimientos serán
+tuyos. Por eso es que siento tan grande piedad por tí. Nunca hagas a
+nadie partícipe de tus cuitas, ni a tu mejor amigo; guárdalas
+siempre para tí. Sé avaro de tus sentimientos; a nadie los digas.
+¡Hijo mío, cuánta piedad siento por tí!
+
+Las sombras de la noche penetraron casi repentinamente y pronto me
+envolvieron en densa obscuridad.
+
+Por fin, después de no corto espacio de tiempo, encendí la luz y
+abrí la puerta. Rafael se hallaba en la galería, en el hueco de una
+ventana, y al verme, pareció despertar de un sueño.
+
+--¡Rafael...! exclamé; pero él me interrumpió, diciendo:
+
+--¡No me digas nada; no, ni a mí que soy tu mejor amigo!
+
+Y silenciosamente entramos de nuevo en el aposento. Con la luz
+artificial, las cosas todas presentaban su aspecto de costumbre, y
+el retrato de mi madre la dulzura inafable de su rostro. Debajo de
+él, sobre una mesa, se hallaba mi último soneto; lo tomé para leerlo
+a Rafael, y encontré que estaba humedecido y emborronado.
+
+
+
+
+
+LOS JUGADORES DE AJEDREZ
+
+ A ROBERTO MONTENEGRO.
+
+
+
+I
+
+Angustias, india tarasca de raza pura, era maestra en el difícil
+arte de cuidar y entretener a los niños. Durante varios años sirvió
+en mi familia, prodigando sus cuidados, sucesivamente, a los cinco
+hermanos que éramos. Si nuestra casa era visitada por alguna
+enfermedad, Angustias se hallaba siempre a la cabecera de la cama, y
+cuando se trataba de enjugar lágrimas, consecuencia de alguna
+travesura de chiquillos, su palabra cariñosa nos proporcionaba
+pronto consuelo. Pero la ciencia de la bondadosa niñera era más
+patente cuando estábamos contentos. Inventando juegos nuevos,
+haciendo gestos verdaderamente estrambóticos, gracias a sus nada
+clásicas facciones, o contando cuentos jamás imaginados, nos hacía
+gratísimas las horas del atardecer y, llegada la hora, sabía
+conducirnos suavemente al mundo de los sueños. Otro don particular
+de Angustias era la pronta contestación que daba a las numerosas y
+peregrinas preguntas que solía hacerle la gente menuda. Era tal la
+espontaneidad de la respuesta y tan grande el aplomo con que la
+daba, que jamás pusimos en tela de juicio la solución por ella
+propuesta a cualquier problema que se presentaba a nuestros
+infantiles cerebros.
+
+Los recuerdos de mi infancia están estrechamente ligados con la
+Hacienda de San Isidro Labrador, en donde residíamos la mayor parte
+del año. La finca, cercana a la ciudad de México, fué propiedad de
+la Compañía de Jesús desde los tiempos más remotos de la Colonia, y
+cuando los célebres religiosos fueron expulsados de los dominios
+españoles, por las razones que Carlos III tuvo a bien guardar «en su
+real pecho», fué adquirida por un mi antepasado. Se comprenderá,
+pues, que la casa de la Hacienda tenía más carácter de monasterio
+que de finca de campo, y mi padre, siguiendo el ejemplo de sus
+mayores, quiso que conservara siempre el austero aspecto que desde
+un principio tuvo. Las estancias, todas abovedadas y de poca
+elevación; los interminables claustros con arquería de medio punto;
+los muros, gruesos como los de un castillo medioeval; y
+principalmente la comarca toda ayuna de encantos naturales,--pues
+ostentaba, como únicas galas, extensos magueyales y uno que otro
+eucalipto en medio de los campos de maíz y de cebada,--hacían de la
+Hacienda de San Isidro Labrador un sitio que a muchos repugnaba,
+pero que a otros, al contrario, atraía por su misma desnudez y
+severidad. Inútil me parece decir que para nosotros era un verdadero
+«buen retiro»; en aquellos tiempos todavía se conservaban muchas de
+las costumbres del Virreinato, y mi padre era para los peones y
+sirvientes, más que el amo a quien se debía respeto, el jefe de una
+dilatada familia.
+
+La capilla era quizá la estancia más interesante de la Hacienda. No
+era amplia, pero ostentaba enorme retablo de madera dorada, al
+estilo de churriguerra, zócalo de azulejos, y pavimento de mármol en
+locetas blancas y negras, alternadas. Lo que más me llamaba la
+atención eran los sepulcros de mis antepasados. Empotrados en ambas
+paredes laterales del presbiterio, hallábanse los nichos cubiertos
+con sendas placas de alabastro, grabados con largos epitafios; y más
+de una vez, desde que empecé a leer, me distraje durante la Misa o
+el Rosario, procurando descifrar aquellos letreros, para mí
+atravesados e inintelegibles.
+
+Una noche, camino de mi alcoba, ocurrióseme hacer esta pregunta:
+
+--Angustias, ¿Qué hacen los muertos de la capilla, en la noche?
+
+Y la india, sin titubear, contestó:
+
+--Juegan al ajedrez.
+
+Yo que casi todas las noches, al requerir la bendición de mi padre,
+lo encontraba en la biblioteca jugando al ajedrez con don Pepe
+Dávalos, Presidente Municipal del pueblo comarcano, no me sorprendí
+de la respuesta. Un juego en que dos señores se sentaban frente a
+frente, durante largo espacio de tiempo, sin proferir palabra y sin
+mover apenas las curiosas piezas de madera que entre sí tenían, y
+que se prestaban de manera tan admirable para jugar a los
+soldaditos; un juego así, repito, me parecía más apropósito para
+muertos que para vivos; y la contestación de Angustias fué
+convincente.
+
+--Sí; continuó el ama. Todas las noches, en cuanto tú te acuestas a
+dormir, ellos se ponen a jugar al ajedrez hasta que llega el Padre a
+decir misa. Entonces se vuelven a sus sepulcros, que son, como si
+dijéramos, sus camas, y duermen durante el día.
+
+Y dichas las oraciones de costumbre, por mis padres y hermanos, y
+otra, que para mi coleto decía, por mi caballo «El Confite», quedé
+al momento dormido.
+
+
+II
+
+Muchos años después, cuando regresé de España, casado ya con mujer
+de mi misma estirpe, hallé las cosas en San Isidro Labrador muy
+distintas de cuando me marchara. Mis padres, dos hermanos y
+Angustias habían desaparecido de la vida, y don Pepe Dávalos,
+depuesto de su cargo municipal, vagaba enfermo y viejo por los
+claustros, añorando las partidas de ajedrez con «su Merced el Señor
+don Alonso.» Noté que el respetuoso cariño de muchos sirvientes
+había amenguado, gracias a ciertos vientos de fronda que del Norte
+soplaban, y sentí desde un principio marcada repulsión por el nuevo
+administrador de la Hacienda, nombrado por el albacea de mi padre.
+Llamábase don Guadalupe Robles, y su aspecto insolente demostraba
+bien a las claras que había sido antaño guerrillero audaz y
+duro cacique.
+
+Mucho temí que la Hacienda tuviera pocos atractivos para mi mujer,
+pero Inés, acostumbrada a las austeridades de su torre castellana,
+encontró San Isidro Labrador muy de su agrado, y propuso ella misma
+que fijáramos allí nuestra residencia.
+
+Transcurridos pocos meses, y aproximándose la fiesta titular de la
+heredad, mi mujer, a fuer de buena madrileña propuso que la fiesta
+fuese celebrada con especial pompa. Preparó, pues, ropas para
+repartir a los pobres; encargó flores para el adorno de la casa y
+capilla; y convidó, para que cantara Misa Pontifical, a cierto
+Prelado, a quien, desde mi infancia, llamaba yo «el tío Obispo»,
+aunque en realidad carecíamos de parentesco alguno.
+
+Yo accedí gustoso, tanto por complacer a Inés, cuanto porque hallé
+la ocasión propicia para hacer lucir gran cantidad de objetos, de
+los cuales, como colector entusiasta de antiguallas, me
+vanagloriaba. Al caudal no despreciable de ornamentos y vasos
+sagrados, que a la Hacienda habían donado mis antepasados, añadí yo
+gran acopio de objetos, hallados algunos en vetustas ciudades del
+país, traídos otros de la Península. Era especialmente notable mi
+rica colección de plata labrada; componíase de varias docenas de
+candeleros, grandes y pequeños, atriles, vasos y macetones
+ornamentales; no pocos blandones; algunos cálices y copones; y una
+custodia que me complacía yo en atribuir a Juan de Arfe y Villafañe.
+Pero lo que más me agradaba y mostraba yo a mis amigos con el mayor
+orgullo, era un juego de pebeteros que adquirí en Cintra. Obra de
+portugueses de pleno siglo XVIII, se comprenderá desde luego que
+tales perfumadores tenían que ser extravagantes; en efecto, medían
+más de medio metro de altura, y afectaban la inusitada forma de
+pegasos, pero su labor era de tal forma acabada, que en verdad
+podían figurar en la mejor colección de objetos de arte.
+
+Con todos esos elementos, comprendí que el suntuoso retablo, cuya
+intrincada hojarasca cubría el muro frontero de la capilla con
+pilastras y columnas retorcidas, frontones interrumpidos, ménsulas
+de caprichosa forma, y nichos y doseles cobijando esculturas
+policromas, haría brillar el rico y si se quiere bárbaro conjunto de
+oro y plata, como un áscua refulgente; y empecé a hacer preparativos
+con no escaso entusiasmo.
+
+Llegada la víspera de la fiesta, entré en la capilla para disponer
+lo necesario, y vínoseme a mi mente un mundo de recuerdos.
+Contemplando las fúnebres alegorías, y leyendo los letreros de las
+lápidas, que tanto inquietaron mis años infantiles, ví de nuevo mil
+incidentes de mi niñez y escuché, una vez más, la voz de personas
+queridas, entre ellas Angustias, quien me aseguraba dogmáticamente
+que mis muertos jugaban al ajedrez todas las noches....
+
+Dirigía yo la colocación de los distintos ornamentos, sobre el altar
+y presbiterio, cuando acudió don Guadalupe Robles a la capilla, con
+pretexto de consultarme no acuerdo qué extremo de la administración
+de la hacienda; y al ver el caudal allí reunido, la codicia se
+reflejó en su semblante haciéndole dirigir la mirada, mientras
+conversaba conmigo, de uno en otro objeto, cuya existencia ni
+siquiera sospechaba. Entonces fué mayor mi repugnancia por aquel
+hombre, y tuve desde luego tal convicción de que intentaría robarme,
+que durante toda la noche no pude despedir este pensamiento de mi
+mente, y abandoné el lecho muy temprano, cuando aún dormían en
+silencio amos y sirvientes.
+
+Con la primera claridad del amanecer, penetré en la capilla. A
+primera vista, la mayor parte de los objetos permanecían en los
+sitios en que la víspera se colocaran, pero ¡júzguese cuál sería mi
+asombro, al ver que gran número de candeleros, jarrones y demás
+yacían diseminados por el suelo en el más completo desorden! Sólo
+quedaban en pie, arrinconados en un ángulo debajo del coro, cuatro
+objetos. Me aproximé, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¡Los
+muertos habían jugado una partida de ajedrez! Sí, allí en el rincón,
+sobre la loceta blanca, estaba un blandón, y enfrente de él, salvada
+una hilera de cuadros, y ocupando sus respectivas casillas, un
+jarrón, un candelero pequeño y uno de los perfumadores, éste el más
+próximo al muro. Sí, esas tres piezas--el alfil, el peón y el
+caballo,--habían dado jaque mate al blandón o sea, al Rey!
+
+Después de algún tiempo, pude dominarme, y con mano trémula repuse
+en sus sitios los diferentes objetos, para que nadie, más que yo, se
+diera cuenta del suceso.
+
+La fiesta fué celebrada debidamente, y tanto el Obispo como los
+amigos que acudieron a nuestra invitación, se hicieron lenguas de la
+hermosura y riqueza de mi colección. Pero yo prestaba escasa
+atención a tales elogios, embargada mi mente con el enigma y las
+sospechas que abrigaba contra don Guadalupe Robles. Estas
+aumentaron, cuando lo sorprendí, al atardecer, en la penumbra del
+corredor, hablando en voz baja con Joaquín, su mozo de estribo y
+hombre de toda confianza. Simulé no haberlos visto, y pasé de largo;
+pero resolví empaquetar mis antiguallas y remitirlas a México,
+cuanto antes, mientras encontraba yo la oportunidad de deshacerme
+del Administrador.
+
+No sé cuanto tiempo después de haber logrado conciliar el sueño,
+rasgó el silencio de aquella noche tal grito de terror, que sigue y
+seguirá retumbando en mis oídos, mientras yo viva. Lo oyó mi mujer y
+despertó asustada; lo oyeron los sirvientes todos, y en breves
+momentos, los claustros fueron poblándose de sombras, que inquirían
+con voces de miedo qué acontecía.
+
+Tomé una linterna, y seguido por los más resueltos, dirigí mis
+medrosos pasos hacia el sitio de donde el grito pareciera proceder.
+La puerta de la sacristía estaba abierta y comprendí que mis
+sospechas se habían confirmado. Entramos. Ni en la sacristía, ni en
+la capilla, había más luz que la escasa claridad que penetraba por
+cúpulas y ventanas, y al principio nada pudimos distinguir; pero, a
+poco, la trémula luz de la linterna nos hizo ver que todos los
+objetos de plata, absolutamente todos, se hallaban amontonados bajo
+el coro, cercando, aprisionando en el rincón, a don Guadalupe
+Robles, quien, con el cuerpo echado para atrás, como reculando,
+extendía ambos brazos contra los muros de aquel ángulo de la
+capilla. Tenía los ojos fuera de sus órbitas, y todo su semblante
+era imagen del terror. Lo llamé por su nombre, me miró fijamente y
+fué su contestación una carcajada.
+
+
+
+
+
+EL SOMBRERO DEL REY DE TIBOTU
+
+CUENTO PARA NIÑOS.
+
+ A JULIO TORR
+
+
+
+El Rey de Tibotú tenía (naturalmente) tres hijos. El mayor se
+llamaba Chapachapa, el segundo Chopochopo, y menor Chipichipi. El
+rey era muy rico: poseía diez y siete sombrillas de todos colores,
+un tapa-rabo verde y amarillo, muy gracioso, y un sombrero alto, tan
+alto que rayaba en lo monumental. La reina, Sabihonda, usaba medias
+azules y era políglota: cuando algo le caía muy en gracia, hablaba
+en chino, y cuando se enfadaba, gritaba en catalán.
+
+El reino se componía, además de la populosa ciudad de Tibotú, de dos
+islas. En una se cosechaba gran cantidad de café y había numerosas
+vacas de ordeña; en la otra se producía el cacao y habia muy buenos
+panaderos y reposteros. Las islas eran vulgarmente conocidas por
+«La-isla-de-café-con-leche», y «La-isla-de-chocolate-con-bollos».
+
+La familia real de Tibotú vivió feliz muchos años; pero una noche,
+el rey se comió, en la cena, todo un lechoncillo al horno, y
+falleció a las pocas horas, rodeado de su mujer e hijos.
+
+Transcurridos los nueve minutos, nueve segundos, que según el
+Ceremonial de aquella Corte, hay que esperar antes de abrir el
+testamento del monarca fallecido, se encontró que la última
+disposición del autócrata era que su populosa ciudad de Tibotú
+pasara a su amada esposa, y las islas del «Café-con-leche» y del
+«Chocolate-con-bollos» a sus dos hijos, Chapachapa y Chopochopo,
+respectivamente. En cuanto a Chipichipi, legábale su padre el
+sombrero de copa.
+
+Imagínese el júbilo de la cónyuge y de los hijos mayores, y el
+enfado del Benjamín de la casa. ¿Para qué quería él un sombrero
+viejo, sucio y de forma tan poco artística?
+
+Invadió el ánimo del príncipe tal furia, que echó al suelo la
+despreciada prenda y propinóle un fuerte puntapié. Pero al hacerlo,
+sintió un agudo dolor en el pie, como si hubiese chocado contra una
+piedra. Con mayor furia todavía, tomó el sombrero y empezó a
+despedazarlo con gran coraje, pero, he aquí, que encontró, entre el
+forro y la copa, algo duro, una piedra, efectivamente, más grande
+que un huevo de gallina, aunque no tanto como uno de avestruz; era
+roja como la sangra de un pichón y brillaba al sol de una manera
+sorprendente. Era nada menos que un rubí.
+
+No hay para qué referir la sensación que este hallazgo causó en todo
+el mundo. Baste decir que todas las testas coronadas, y muchas que
+no lo eran, se disputaban la posesión de tan magnífica joya. Los más
+interesados en obtenerla eran el Presidente de la República Inglesa,
+el Gran Duque de Texcoco y Mr. Elihu P Goggles, de Paradise, Texas.
+Inútil nos parece decir que este último y célebre millonario fué
+quien adquirió la piedra preciosa, pagando por ella diez y siete
+millones de dólares en oro, y diez y siete en «Liberty Bonds», de la
+décima séptima emisión, y haciéndose llamar, de allí en adelante,
+«The Ruby King», o sea, «El Rey del Rubí».
+
+Por supuesto, Chipichipi invirtió bien su dinero y se dió la gran
+vida. Compró un automóvil «Ford», un perro-policía, y un Diccionario
+de la Academia. En cambio sus hermanos se arruinaron: el café se
+perdió, y las vacas de ordeña se murieron; el cacao bajó de precio y
+los panaderos y reposteros se declararon en perpétua huelga.
+
+Y siempre que se hablaba del sombrero de copa de su difunto esposo,
+exclamaba la Reina Sabihonda, en portugués:
+
+«En todas las cosas, por despreciables que parezcan, hay algo de
+valor, para el que sabe encontrarlo.»
+
+
+
+
+
+EL REPORTAZGO
+
+
+
+Comprendo que ustedes los reporteros tengan deberes para con sus
+lectores y que, por lo tanto anden siempre a caza de noticias; pero,
+como soy enemigo de repeticiones, quiero que el diario que usted
+representa, por ser el de mayor importancia en el país, sea mi único
+portavoz en este asunto. Dentro de diez minutos llegará mi mujer;
+mientras tanto, pues, le suplico que escuche con atención y escriba
+a mi dictado. Yo le daré todos los pormenores del caso, que como
+verá, es cosa bien sencilla.
+
+Empezaré por decirle que contaba yo muy pocos años de edad, cuando
+murió mi padre, legándome una fortuna cuantiosa. Pero como el ocio
+nunca entró en mis cálculos, decidí estudiar una carrera, y elegí la
+carrera de médico-cirujano. Aquí, entre nos, le confesaré que
+siempre he considerado la medicina como la carabina de Ambrosio,
+pero la cirugía,--¡ah! eso es otra cosa. Por medio de la cirugía
+pueden curarse radicalmente todas las dolencias de la humanidad, y
+no está lejano el día en que hasta la misma muerte pueda evitarse
+por su medio.
+
+Mis profesores se quedaron asombrados de la extraordinaria pericia
+que adquirí desde un principio: el bisturí en mis manos era como el
+pincel en las de un artista. Cada corte mío era una maravilla de
+precisión y de arte, sí señor, de arte. Gané los primeros premios en
+la Academia, y cuando se me expidió el título de Cirujano, se hizo
+constar en él que jamás se habían obtenido calificaciones más altas.
+La primera operación de importancia que ejecuté, después de haber
+sido recibido, fué la amputación de ambas manos del célebre pianista
+Gerosltein. Por supuesto que era absolutamente innecesario que dicho
+señor perdiera las dos manos, pero como no me gustaba nada su manera
+de interpretar Beethoven, decidí cortar el mal de raíz; y perdóneme
+esta ligera _plaisanterie_.
+
+Por aquel tiempo conocí a Matilde. No recuerdo si fué en un baile en
+el palacio de la Princesa Dorodinski, o si fué en las carreras de
+caballos. Pero sí tengo muy presente que desde el primer momento que
+la ví, comprendí que era la mujer más hermosa que ha habido en el
+mundo, y por lo tanto, que tenía que ser mi esposa. Yo era entonces
+excesivamente romántico; no le llamará la atención saber que toda mi
+corte fué hecha a la luz de la luna. La orquesta del Conservatorio
+tocaba todas las noches música selecta debajo de su ventana, y hasta
+llegué a pagar a un poeta de fama para que le escribiera madrigales,
+que yo firmaba.
+
+Para no hacer largo este relato, le diré que mientras se llevaban a
+cabo los preparativos de nuestra boda, Matilde no hacía más que
+llorar, llorar... Lloraba de amor por mí, según me aseguró su
+madre... Matilde, he dicho, es y será la mujer más hermosa de la
+tierra. Pero, amigo mío, bien dice el refrán que no hay dicha
+completa en este mundo. Poco tiempo después de nuestro matrimonio,
+una terrible sospecha empezó a martirizarme. Matilde fué desde un
+principio una esposa modelo; pero los besos apasionados que yo le
+daba jamás eran correspondidos; jamás posaba su mirada sobre mí con
+cariño, y todos los pequeños sacrificios que por ella hacía ni
+siquiera eran notados, mucho menos agradecidos... En fin, llegó el
+día amargo en que la sospecha se tornó en certeza. Con pretexto de
+sentirme cansado y apoyar mi cabeza sobre su pecho, hice el terrible
+descubrimiento de que Matilde, la mujer más hermosa de la tierra,
+_no tenía corazón_. Mucho tiempo permanecí anonadado; pero
+súbitamente un rayo de luz iluminó mi mente.
+
+Casi todos los días acudía yo al anfiteatro de la Academia y
+presenciaba los cursos. Recordé que en la mañana de aquel día, se
+había recogido en la calle el cadáver de una joven del bajo pueblo
+que había sido atropellada por un tranvía. Tendría la misma edad,
+más o menos, que Matilde.
+
+Eran las diez de la noche, cuando me presenté al conserje de la
+Academia y le pedí las llaves del anfiteatro para recojer unos
+instrumentos que había yo dejado olvidados. El conserje me las
+franqueó en seguida y hasta ofreció acompañarme, pero yo le dispensé
+esa molestia, y penetré solo en el salón. Un cuarto de hora después,
+salía de allí llevando en la mano un estuche que mostré al conserje,
+para que viera que efectivamente era de mi propiedad, y en el fondo
+de la bolsa de mi abrigo un bulto pequeñísimo, envuelto en gasa. Eso
+naturalmente no lo vió el buen hombre.
+
+Matilde estaba ya en su lecho, cuando fuí a darle las buenas noches.
+Noté que se estremeció un poco al verme entrar en su alcoba; pero yo
+la tranquilicé con una sonrisa, y me acerqué a besar su casta
+frente. Todo lo tenía yo hábilmente preparado, y fué cuestión de
+medio segundo aplicarle el cloroformo y adormecerla. Una vez logrado
+esto, pude proseguir mi tarea con toda calma. En realidad, la
+operación fué sencillísima: se redujo a abrirle el pecho y colocar
+en el sitio correspondiente el corazón de la joven. Y aquí debo
+consignar una cosa extraordinaria. Apenas había yo comenzado la
+operación, cuando aparecieron sobre las sábanas dos o tres rosas
+rojas, que fueron multiplicándose, hasta cubrir casi todo el lecho.
+
+El éxito de la operación, no por previsto dejó de satisfacerme; al
+contrario, con el mayor gusto del mundo, me senté al lado de mi
+mujer esperando que despertara de su sueño. Su nuevo corazón latía
+tan regularmente, que cualquiera hubiera creído que era el tic-tac
+del reloj que se hallaba sobre la mesa de noche... Hasta mucho
+después del amanecer permanecí allí, admirando la peregrina belleza
+de mi mujer, que se destacaba espléndidamente sobre su lecho de
+rosas rojas.
+
+No sé qué hora sería, cuando entró la doncella en la alcoba. Como es
+una mujer muy lista, en seguida comprendió el prodigio y salió de la
+estancia dando gritos de admiración. Pocos momentos después,
+llegaron los hermanos de Matilde y muchas otras personas. Por más
+que hice para hacerlos comprender que la operación que había yo
+llevado a cabo era en realidad muy sencilla, se obstinaron en
+traerme, casi a la fuerza, a este palacio, en donde tienen su morada
+los hombres más eminentes de la tierra... En efecto, vea usted:
+aquel caballero del sombrero alto y la corbata amarilla es el Gran
+Khan de la China; el otro, que se pasea con las manos detrás de la
+espalda, es López, el famoso ingeniero López, quien logró construir
+el puente entre la tierra y el sol, obra reputada durante mucho
+tiempo como impracticable. El que está leyendo el periódico y tiene
+los zapatos rotos es el Emperador y Autócrata de todas las Américas,
+y aquel anciano a su lado que se mece la barba,--ese es, !ah! no me
+atrevo a decir a usted quién es. Pero me ha prometido que en cuanto
+llegue mi mujer y se arroje en mis brazos, formidable estruendo
+rasgará las nubes, y una bandada de alados serafines bajará para
+llevarnos, a Matilde y a mí, al paraíso.
+
+
+
+
+
+FRAY BALTASAR
+
+ A MARGARITA DE LA PEÑA
+
+
+
+Fray Baltasar estaba perplejo ante su pupitre, en el _scriptorium_
+del monasterio. Hora tras hora, había querido reproducir sobre el
+estirado trozo de vitela que tenía delante, aquellas iluminaciones
+que adornaban sus breviarios y misales y le proporcionaran renombre
+artístico. No hacía un año que terminara un _Libro de horas_ para la
+Reina de Francia, que fué asombro de aquella Corte, y ahora, ¡no
+podía trazar la más insignificante florecilla! ¡El, que había
+logrado pintar dentro de la inicial de _Stabat Mater_ el rostro de
+la Madre de Dios, con tanto primor y arte, que se veían rodar las
+lágrimas por las mejillas de la Dolorosa! ¡El, que había orlado los
+versículos del _Magníficat_ con follajes y roleos inconcebiblemente
+diminutos!
+
+Una y mil veces ensayó de nuevo, mas nada pudo lograr. Con un hondo
+suspiro, se dispuso a guardar sus péñolas, pinturas y pinceles, y en
+ese momento oyó la campana que llamaba a maitines.
+
+--¡Seis horas sin lograr nada, pensó. Dios me perdone esta pérdida
+de tiempo!
+
+Se encaminó al coro lentamente, pensando sin cesar en su facultad
+perdida. Entonaron los frailes los suaves cánticos rituales; nubes
+de incienso se difundieron por las naves del templo; pero aunque
+Fray Baltasar quiso concentrar su atención en el oficio, volaba su
+imaginación y sentía grande angustia al pensar que su arte, tan
+maravilloso que asombraba al mundo, había desaparecido, quizá
+para siempre.
+
+Terminó el oficio, y los frailes lenta y silenciosamente abandonaron
+el coro y atravesaron como sombras los vetustos claustros, para
+internarse en sus celdas, a descansar breves momentos. Fray
+Baltasar, cabizbajo, penetró en su retiro y se recostó en la dura
+tarima que le servía de lecho; la fatiga y la tristeza pesaron sobre
+sus párpados y el sueño le proporcionó momentáneo alivio.
+
+Pero pronto despertó con estremecimiento, y creyó oír una voz que
+decía:
+
+--¡Alabado seas, Señor, por nuestra hermana la luna y las estrellas,
+que en el cielo has formado claras, bellas y preciosas!
+
+El fraile se levantó de su duro lecho y se puso en oración, hasta
+que, a través de la ventanilla de su pobre celda, vió palidecer la
+luna y las estrellas.
+
+El día siguiente cumplió sus deberes con la mayor exactitud, pero el
+hermano Gilberto, el novicio, notó la tristeza de su rostro, y el
+prior lo miró a menudo en el refectorio.
+
+Cuando se halló, por fin, en la soledad del _Scriptorium_, tomó los
+pinceles con mano trémula y, sobre el estirado trozo de vitela,
+quiso reproducir una vez más las iluminaciones del misal del
+monasterio y del Libro de horas de la Reina de Francia; mas nada
+pudo lograr. Sus dibujos parecían los dibujos de un niño.
+
+Dejó caer los pinceles, y reclinando su tonsurada cabeza sobre los
+brazos, empezó a sollozar amargamente. Sus lágrimas cayeron sobre el
+pergamino, manchándolo lastimosamente y haciendo más borrones en sus
+malogrados dibujos.
+
+¡Cuántos días pasó Fray Baltasar en aquel amargo estado de ánimo!
+¡Cuántas noches sin pegar los ojos! Los diarios quehaceres de la
+vida conventual no pudieron hacerlo olvidar su pena: ni los
+versículos de los Salmos ni las oraciones del Oficio. Un día se
+encaminó a un prado, cercano al monasterio, en el cual crecía gran
+número de flores de diversas especies, y estas quizás, le recordaron
+las que tantas veces había trazado, idealizadas, en breviarios y
+misales, pues nuevas lágrimas de dolor nublaron sus ojos. Largo
+tiempo estuvo Fray Baltasar entregado a su honda pena y olvidado por
+completo de la regla monacal; de pronto, suave claridad pareció
+iluminar su mente, y postrándose de hinojos exclamó:
+
+--¡Oh, raza pigmea y miserable de mortales! ¿No has comprendido,
+pecador Baltasar, que si Dios te ha privado de tu arte, ha sido
+únicamente porque te recreabas en admirar tu obra y enorgullecerte
+de ella? ¡Oh, vanidad de vanidades!
+
+Después de haber cumplido la penitencia que el prior le impusiera
+por haber quebrantado la regla, penetró en su celda, para probar
+ligero descanso. Al poco tiempo, tocaron a maitines, y el fraile
+quiso levantarse de su duro lecho, mas se nubló su vista, y sintió
+desfallecer... Y su vida fué apagándose lentamente....
+
+Mientras los frailes daban sepultura al cadáver de Baltasar en la
+cripta del monasterio, el prior se encaminó al _scriptorium_, para
+recoger la obra del iluminador, suponiéndola no terminada. Pero
+halló la foja de pergamino orlada de exquisita y delicada labor, la
+más maravillosa, sin duda alguna, que trazaron los pinceles de
+Fray Baltasar.
+
+
+
+
+
+EL PAPAGAYO DE HUICHILOBOS
+
+ A MARIANO SILVA
+
+
+
+Cuando el Duque de Ayamonte me nombró bibliotecario y archivero de
+su ilustre casa, creí que mi vida iba a deslizarse tranquilamente en
+los bajos de su palacio de Madrid; y hasta ví en lontananza la
+publicación de varios trabajos de índole histórica, que desde hacía
+muchos años codiciaba, y los cuales, sin embargo, permanecen
+inéditos, su mayor parte todavía dentro de mi tintero. Todo lo
+contrario de lo que yo esperaba, el magnate resultó ser un
+investigador incansable, y mientras él dedicaba largas horas a
+explorar en los archivos de la Corte, me enviaba a menudo en busca
+de documentos a Provincias.
+
+Así fué que en el verano pasado dí con mis cansados huesos en la
+histórica y hoy muerta ciudad de Alcalá del Río, en lugar de
+marcharme, como hubiera deseado, a veranear a la costa. Estaba yo en
+vísperas de contraer matrimonio, y aunque el sueldo que disfrutaba
+no era corto, no desperdiciaba medio alguno de hacer economías. Por
+lo tanto no quise alojarme en el principal hotel de la localidad,
+que a pesar de ser malo era caro, sino que busqué más modesta
+vivienda. Después de recorrer varias fondas, decidí aceptar la
+habitación que en su casa me brindaba cierta viuda, mediante muy
+reducido estipendio. Era una pieza humildísima, sin duda alguna,
+pero limpia como una patena, y lo que más me atrajo fue el risueño
+aspecto de su balcón. Como soy ignorante en botánica, no podré decir
+con exactitud qué plantas eran las que tan profusamente lo
+adornaban, pero me parece que las que crecían en el viejo bote de
+petróleo eran azáleas, y estoy seguro que había hortensias en una
+barrica, geránios en varios cacharros desportillados, y
+«no-me-olvides» en una lata de sardinas. Desde el interior del
+cuarto, sólo se veía el muro de la torre de la Catedral, pues la
+calle que mediaba era sumamente estrecha; pero cuando me asomé al
+balcón, grata fué mi sorpresa al hallar que había delante del famoso
+templo una plazoleta con árboles, y que como aquella era la parte
+más alta de la ciudad, dominaba la vista las extensas y pintorescas
+vegas del contorno.
+
+Nunca he dormido tan bien como la primera noche que pasé en aquella
+modesta alcoba. A pesar de haber dejado abierta la ventana, pues lo
+permitía la temperatura, no sufrí ruido molesto de ninguna especie.
+Al contrario, creo que me arrulló suavemente el constante y sonoro
+toque de campanas.
+
+Desperté temprano, como es mi costumbre, y desde el lecho empecé a
+admirar de nuevo el grato aspecto de mi balcón florido: las
+hortensias, con sus esferas de azul y rosa; las azáleas y geránios,
+con sus variados tonos de rojo y blanco; mas ¿qué era esa flor
+maravillosa, en el centro de todas, en la cual no había yo reparado
+la víspera?
+
+Salté del lecho, y ví con sorpresa que no era flor alguna, sino un
+pájaro que se posaba en el barandal del balcón. Me acerqué con
+grandísima cautela, por miedo de auyentarlo. Al principio lo tomé
+por un loro, pero enseguida comprendí que era de mayor tamaño. No
+intentaré describir su maravilloso plumaje, porque no podría
+hacerlo. Sólo diré que me hizo la impresión de una joya inmensa,
+esmaltada con los colores más vivos que puedan imaginarse: verde,
+azul, rojo, amarillo....
+
+No sé cuanto tiempo permanecí asombrado. Sólo sé que repentinamente
+experimenté una sensación extraña, una codicia exagerada de poseer
+tan exótica ave. Sentí lo que debe sentir el ladrón cuando se
+propone apoderarse de lo ajeno, y me dí plena cuenta, en aquellos
+instantes, de que cometería cualquier crimen, con tal de hacerme con
+ese pájaro de rico plumaje. Largo espacio de tiempo permanecí
+inmóvil, pensando en la mejor manera de llevar a cabo mi intento. El
+ave movía ligeramente las alas, que brillaban fantásticamente como
+abanicos de esmeraldas; y con la certeza de que no podría yo asirla
+viva, decidí darle muerte. Con la mayor cautela, tomé un grueso
+bastón que solía acompañarme en mis viajes, y conteniendo la
+respiración y avanzando unos pasos, le asesté tremendo golpe sobre
+el ala izquierda, que sonó seco y lastimero contra el barandal de
+hierro. Cayó el pájaro a la calle y yo, por lo pronto, no me atreví
+a asomarme, temiendo que algún transeunte fuese testigo de mi acción
+nefanda. Un escalofrío recorrió mi cuerpo; me sentí culpable y
+avergonzado, como debió sentirse el viejo marinero del poema cuando
+dió muerte al albatros con su ballesta.
+
+Por fin me asomé. Ni el pájaro yacía en la casi desierta calle ni
+advertí trazas de sangre en el barandal de la ventana. A poco tuve
+todo aquello por una alucinación y quedé desconcertado. ¿Sería un
+preludio de locura?
+
+ * * * * *
+
+No pude encontrar en el Archivo de Protocolos de Alcalá del Río los
+documentos que el Duque de Ayamonte necesitaba, y el encargado de
+aquella oficina me indicó que quizá obrarían en el de la Catedral.
+Provisto de una carta de presentación para el Deán, me encaminé al
+famoso edificio, y desde el momento que penetré en él, olvidé por
+completo la misión que me llevaba allí. Del Presbiterio al Coro, y
+de capilla en capilla, fuí recorriendo el templo y admirando las
+múltiples bellezas que encierra. Como acontece siempre en los
+recintos históricos, varios guías se ofrecieron a acompañarme, pero
+yo los rechacé a todos, deseando saborear a solas tanta obra
+de arte.
+
+Repentinamente oí una exclamación de sorpresa y, volviendo el
+rostro, me encontré cara a cara con el Padre Montero, mi antiguo
+condiscípulo, a quien no había visto en cinco años. Fungía de
+Sacristán mayor de la Catedral y llevaba un manojo de enormes
+llaves, pues era hora de cerrar el templo, para volver a abrirlo a
+las tres de la tarde. Inútil me parece relatar el gusto que me dió
+volver a ver a tan buen amigo mío. Convidóme a almorzar y prometió
+enseñarme él mismo, después, las mil maravillas que poseía aquel
+cabildo y que raras veces se exponían al público.
+
+Sonaban las tres, cuando el Padre Montero y yo, empezamos a recorrer
+el salón de cabildos, las sacristías mayor y menor, la clavería, el
+camarín de Nuestra Señora de las Rosas, el vestuario y demás
+dependencias. Sólo con enumerar las múltiples bellezas que me mostró
+se llenaría un volumen; y cuando creí que había terminado mi visita,
+me anunció con cierta satisfacción:
+
+--Te falta ver lo principal: el tesoro.
+
+Ante una puerta de roble con remaches de hierro, que al principio
+creí daría acceso a la escalera de la torre, un canónigo nos
+esperaba rezando su oficio. Hechas las presentaciones del caso, el
+Tesorero abrió la pesada puerta de madera, y apareció otra, moderna,
+semejante a la de una caja fuerte. La abrió a su vez, y en seguida
+una fuerte reja, que todavía impedía el paso. Pero ni ese aparato de
+seguridad haría sospechar la riqueza que en aquel aposento se
+guardaba. Más de una hora permanecimos admirando custodias, cálices,
+atriles, estatuas y toda clase de joyas, cuyo interés acrecentaban
+los eruditos informes del canónigo. Súbitamente, dejé escapar un
+grito de sorpresa. ¡Allí, delante de mis ojos, encerrado dentro de
+una vitrina y posado dentro de una peaña de oro, se hallaba un
+pájaro idéntico a mi visitante de aquella mañana! Estaba cuajado de
+esmeraldas, rubíes, diamantes, en fin, de la más rica pedrería que
+pueda imaginarse; y labrado todo con tal arte, que a primera vista
+parecía estar vivo.
+
+Comprendo su emoción, dijo el canónigo. Está reputada esta joya como
+una de las más notables de que hay noticia. Con decir a usted
+que el Museo Británico ha ofrecido millones,--así como suena,
+millones,--por ella, se dará usted cuenta de su alto mérito
+artístico y valor intrínseco. Pero el Cabildo antes enagenaría todo
+lo que hemos visto que deshacerse de esta incomparable joya. Fué en
+un tiempo el adorno principal del templo mayor de los aztecas; uno
+de los conquistadores de México lo arrancó del altar mismo del
+famoso _Huichilobos_, y lo trajo a Carlos V, quien lo donó a esta
+Santa Iglesia.
+
+Viendo que permanecía yo estupefacto, quiso que mi admiración fuese
+mayor, y abrió la vitrina para que examinara a mis anchas aquel
+portento de orfebrería. Tomó la joya en sus manos, y al acercarla a
+la luz, para mejor mostrármela, exhaló una exclamación de espanto.
+
+--¡Dios me valga! ¿Qué es esto?
+
+¡El papagayo estaba lastimosamente maltratado en el ala izquierda,
+como si hubiese sido golpeado con un martillo! Imagínese la
+consternación del canónigo y del sacristán mayor. En cuanto a mí,
+sentí como si fuera el autor de aquel atentado y temí que lo
+revelara mi semblante. Pero mis compañeros estaban demasiado
+ocupados en examinar el desperfecto, para fijarse en mi persona.
+
+--¿Cómo ha podido ser esto? ¿Quién pudo llegar hasta aquí y cometer
+tan audaz sacrilegio? Exclamaban ambos admirados.
+
+El Tesorero ordenó al Padre Montero que avisase al Deán, y la nueva
+corrió rápidamente, pues a los pocos momentos acudieron varios
+canónigos y prebendados, quienes anunciaron que Su Eminencia en
+persona iría a comprobar con sus propios ojos el inexplicable y
+audaz atentado.
+
+
+ * * * * *
+
+Mientras se daban los pasos oportunos para descubrir al autor del
+delito, dispuso el Cardenal Arzobispo de Alcalá del Río que la
+maltratada joya fuera guardada dentro de un cofre fuerte que había
+en el Tesoro, y que hasta nueva orden se suspendiesen las visitas
+del público.
+
+Oprimido por la vergüenza y el temor, me despedí del Padre Montero,
+y olvidando por completo la búsqueda de documentos que a la Catedral
+me había llevado, dirigí mis pasos lentamente hacia mi alojamiento.
+
+Renuncio a describir mi estado de ánimo durante el resto de aquel
+día. Quise rechazar mi constante preocupación por medio de la
+lectura, pero dió la casualidad que la única obra que había llevado
+conmigo era la Historia de Bernal Díaz del Castillo, y ella, lejos
+de proporcionarme distracción, daba rienda suelta a los más extraños
+pensamientos. Dejé el libro y salí a pasear por las vegas, hasta el
+anochecer. Cuando regresé a mi alcoba me sentí calenturiento y me
+metí entre sábanas; pero sólo logré conciliar intranquilo y mil
+veces interrumpido sueño. Recuerdo que aquella noche fuí testigo de
+los episodios más sangrientos de la conquista de México. Los
+sacerdotes aztecas abrían el pecho de sus víctimas y arrancábanles
+el corazón, palpitante aún, para ofrecerlo al terrible Huichilobos,
+que presidía el Cu mayor... Constantemente se oía el rumor de la
+pelea y arroyos de sangre por todos lados me cercaban... Retumbó en
+mis oídos el «triste sonido» del tambor que, según Bernal Díaz,
+podía oírse a dos leguas de distancia, y desperté excitado. La
+Campana mayor de la Catedral sonaba lúgubremente.
+
+ * * * * *
+
+Con la codiciada aurora, recobré la tranquilidad de espíritu.
+Trabajé todo el día en el archivo del Cabildo, en donde pude hallar
+los documentos que buscaba, y hasta llegué a olvidar los extraños
+sucesos de la víspera.
+
+Pero al llegar a mi habitación en la tarde, encontré que me
+aguardaba allí el Padre Montero. Al verlo me sentí de nuevo
+avergonzado y culpable.
+
+--¡Hola! Dije, procurando demostrar completa tranquilidad. ¡Cuánto
+gusto de verte! ¿Quieres que demos un paseo por las márgenes del
+río, antes de que llegue la noche?
+
+--Rafael, exclamó, sin hacer caso de mi pregunta. ¿Te acuerdas del
+papagayo de Huichilobos que viste ayer?
+
+--Sí, dije casi como un reto. ¿Se descubrió ya el autor del
+atentado?
+
+--Eso no sería fácil en tan corto espacio de tiempo. Lo que quiero
+contarte, puesto que confío en tu discreción, es lo siguiente: Has
+de saber que Su Eminencia, que es hombre activo, envió ayer mismo un
+mensaje a la Corte, para que viniese en seguida uno de los mejores
+joyeros y restaurase cuanto antes el desperfecto causado al
+papagayo. Llegó en el tren del medio día y el Deán, el Tesorero y yo
+hemos ido esta tarde a recoger la joya para entregársela; pero,
+calcula ¡cuál sería nuestra sorpresa, al abrir el cofre y ver que el
+papagayo ha desaparecido! Cómo ha podido llegar hasta allí el
+ladrón, nadie ha podido explicárselo.
+
+Instintivamente nos habíamos acercado a la ventana, pues la puesta
+de sol prometía ser hermosísima aquella tarde. Las gárgolas y demás
+partes salientes de la enorme catedral tenían ya perfiles de fuego,
+y las copas de los árboles de la plazoleta y hasta las hortensias de
+mi balcón empezaban a teñirse de carmín.
+
+Súbitamente, mi compañero dió un grito de sorpresa. Dirigiendo la
+mirada hacia el lugar que febrilmente señalaba, ví al Papagayo de
+Huichilobos, a poca distancia de nosotros, posado sobre un saliente
+de la torre.
+
+--¡Es idéntico! exclamó.
+
+--No, dije con bastante calma. Es el mismo. Está vivo, pero tiene
+rota el ala izquierda. Yo mismo se la he roto.
+
+El Padre Montero me miró con extrañeza y ví que sus trémulos labios
+iban a formular una pregunta; pero en ese momento el ave movió las
+alas, que brillaron a la luz del ocaso, como si cayera una cascada
+de gemas dentro de una hoguera, y tendió el vuelo en dirección
+nuestra. Vino a posarse de nuevo sobre el barandal del balcón. ¡Sí,
+estaba allí el Papagayo de Huichilobos, al alcance de nuestras
+manos, y no osábamos tocarlo! Contuvimos la respiración y no nos
+movimos durante largo espacio de tiempo, fascinados por el
+inesperado suceso.
+
+Con no sé qué supremo esfuerzo de la voluntad, el Padre Montero
+súbitamente procuró apresarlo. Pero el ave se le escapó de entre las
+manos, y tendió el vuelo hacia el Occidente. Yo quedé extasiado,
+viendo al pájaro alejarse por los aires, lenta y majestuosamente,
+hasta convertirse en minúsculo punto de luz, hasta perderse en
+lontananza como si se hundiera con el sol en el horizonte.
+
+Al volver el rostro, advertí que el Padre Montero permanecía inmóvil
+con la mirada fija en la abierta palma de su mano. En ella brillaban
+cuatro esmeraldas y tres rubíes de gran tamaño.
+
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+
+LA PUERTA DE BRONCE
+UN HOMBRE PRACTICO
+SIMILIA SIMILIBUS
+EL AMO VIEJO
+EL COFRE
+TRISTIS IMAGO
+LOS JUGADORES DE AJEDREZ
+EL SOMBRERO DEL REY DE TIBOTÚ
+EL REPORTAZGO
+FRAY BALTASAR
+EL PAPAGAYO DE HUICHILOBOS
+INDICE
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+by Manuel Romero de Terreros, Marqu‚s de San Francisco
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+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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--- /dev/null
+++ b/old/11669-8.zip
Binary files differ
diff --git a/old/11669.txt b/old/11669.txt
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--- /dev/null
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@@ -0,0 +1,2285 @@
+The Project Gutenberg EBook of La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+by Manuel Romero de Terreros, Marqu,s de San Francisco
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+
+Author: Manuel Romero de Terreros, Marqu,s de San Francisco
+
+Release Date: March 22, 2004 [EBook #11669]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ASCII
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA PUERTA DE BRONCE ***
+
+
+
+
+Produced by Stan Goodman, Miranda van de Heijning, Paz Barrios and
+PG Distributed Proofreaders
+
+
+
+
+
+
+
+MANUEL ROMERO DE TERREROS Y VINENT
+MARQUES DE SAN FRANCISCO
+
+
+LA PUERTA DE BRONCE
+Y OTROS CUENTOS
+
+
+1922
+
+
+
+
+
+Sentado en un amplio sillon de velludo carmesi, al lado de ancha
+ventana, el Cardenal de Portinaris estaba dictando su testamento. A
+la primera clausula que contenia su profesion de Fe, habia logrado
+dar un giro distinto del acostumbrado, de manera que a la par de un
+compendio de la Religion Catolica resultaba un verdadero opusculo
+literario. El Prelado, muy satisfecho, prosiguio a enumerar cada uno
+de sus bienes, y al hacerlo, parecia que iban arrancandose las mas
+hermosas paginas de la historia del arte. El notario escribia a toda
+prisa y, a pesar de estar muy acostumbrado a ese genero de trabajos,
+se fatigaba en grado sumo, y gruesas gotas de sudor aparecian sobre
+su calva frente.
+
+Terminadas las clausulas preliminares, el Cardenal hizo una pausa y
+dirigio la mirada vagamente a traves de la ventana de su estudio. La
+Plaza del Duque era un hervidero de gente, y el Prelado seguia con
+la vista el ir y venir de carruajes y peatones. Transcurrio algun
+espacio de tiempo; el notario se paso el panuelo por la frente
+varias veces, y por fin observo timidamente:
+
+--?Si, Eminencia?
+
+Pero el Cardenal permanecia callado.
+
+--?Si, Eminencia? insinuo de nuevo el letrado.
+
+La verdad era que el Cardenal Diacono de la Basilica de Santa Maria
+de las Rosas estaba perplejo; no encontraba a quien nombrar
+heredero. Miembro de una de las mas esclarecidas familias de
+Toscana, con el terminaba su ilustre progenie: su unico sobrino, el
+Conde Fabricio de Portinaris, se habia marchado a America hacia
+quince anos y no se habia vuelto a tener noticia de el. Ministros
+diplomaticos y agentes consulares, por mas averiguaciones que
+hicieran, no habian podido proporcionar ningun informe, y todo el
+mundo consideraba que el Conde habia muerto. Desde sus primeros
+anos, don Fabricio habia dado pruebas de un caracter indomable, su
+bolsillo fue siempre un pozo sin fondo, y no era secreto para nadie
+que sus locuras habian conducido a su madre a un sepulcro prematuro.
+
+Los ojos del Cardenal se empanaron de lagrimas y durante largo
+tiempo estuvo pensando a quien nombrar heredero. Sabia que las
+llamadas obras de beneficencia poco podrian aprovecharse de una
+fortuna que consistia mas bien en objetos de arte que en bienes
+materiales, y doliale el alma al pensar que estos fueran a parar a
+manos del anonimo e insipido personaje que se llama el Estado.
+
+Decidio por fin legar todo su caudal a algun amigo, y resolvio
+hacerlo a favor del Principe de Sant' Andrea, procer bondadoso y
+magnanimo Mecenas.
+
+--Instituyo por mi unico y universal heredero, empezaba a dictar el
+Cardenal, cuando sono leve toque en una puerta.
+
+--iAdelante! exclamo el Prelado, y aparecio en el umbral un
+sirviente vestido de negro. Adelantose este y presento en una
+salvilla de plata una tarjeta, que el Principe de la Iglesia tomo
+con cierto gesto de enfado. Si al leer en ella: "El Conde Fabricio
+de Portinaris" experimento alguna sorpresa, pudo dominarla en
+seguida, pues con tono tranquilo dijo al notario:
+
+--Ramponelli, manana terminaremos. Puede Vd. retirarse.
+
+El notario recogio sus papeles, metiolos dentro de un cartapacio, y
+con este bajo el brazo, fue a besar el anillo cardenalicio, y salio
+de la estancia despues de hacer profunda reverencia.
+
+En seguida ordeno a su camarero:
+
+--iQue pase el Conde!
+
+Don Fabricio de Portinaris rayaba en los cincuenta anos. Era
+extraordinariamente delgado y bajo de cuerpo; tenia la nariz
+aguilena, el cabello entrecano y el rostro tan lleno de arrugas, que
+a primera vista aparecia estar sonriendo continuamente.
+
+Al verlo entrar en el estudio, su tio ni se inmuto ni se puso de
+pie: solo dijo secamente, dirigiendo involuntaria mirada al retrato
+de Cesar Borgia que pendia en uno de los muros.
+
+--No esperaba veros mas, sobrino. Crei que habiais muerto.
+
+--Aun vivo, Eminencia, repuso el Conde sonriendo, e hizo ademan de
+besar la mano del Prelado, pero este la retiro disimuladamente
+indicando con ella una butaca cercana. Tomo asiento el Conde, y
+despues de unos instantes de embarazoso silencio, dijo:
+
+--He llegado esta manana, y crei de mi deber, antes que nada,
+saludar a vuestra Eminencia.
+
+--Os lo agradezco, contesto el Cardonal, tomando polvos de su
+tabaquera de oro. Y, decidme, prosiguio, ?encontrasteis en el Nuevo
+Mundo todas aquejas cosas que aqui echabais de menos? ?Aquella
+libertad, aquella cuantiosa fortuna, aquella igualdad encantadora
+entre los hombres, aquella (aqui sonrio el Cardenal) verdadera
+democracia?
+
+--Encontre en el Nuevo Mundo, Eminencia, lo mismo que en Europa.
+Quince anos he vivido una vida angustiosa, y hoy vengo a impetrar
+vuestro perdon y a morir en mi pais.
+
+Fue tal su acento de sinceridad, que el Cardenal se puso de pie
+solemnemente y bendijo a don Fabricio de Portinaris. Era la hora del
+ocaso y los rayos del sol que se ponia hacian mas intensa la roja
+vestidura del procer.
+
+Al principio el regreso del Conde fue escasamente comentado en la
+Ciudad, porque habia casi, desaparecido su memoria. Pero pronto
+volvio a hablarse de el, porque el Cardenal de Portinaris, a pesar
+de su robusta salud y no avanzada edad, decaia notablemente, y un
+mes despues se hallaba al borde del sepulcro. No falto quien hablase
+en voz baja de sutiles venenos traidos de America y alguien recordo,
+en plena tertulia, que los Portinaris descendian de Cesar Borgia. Al
+fallecer el Prelado y abrirse su testamento, se supo que habia
+legado todos sus bienes a Don Fabricio.
+
+El nuevo Principe se ausento enseguida de la Capital, y establecio
+su residencia en una _villa_ cercana, en donde llevo una vida
+retirada y tranquila. A las pocas personas con quienes trataba,
+referia que estaba escribiendo sus memorias.
+
+Pero pasados algunos meses, decidio regresar a la Corte y alli se
+dijo que pensaba dar grandes recepciones en su palacio, pues deseaba
+contraer matrimonio y llevar la vida que correspondia a su clase.
+
+No viene al caso hacer una resena del Palacio de Portinaris, porque
+ha sido descrito mil veces. En toda obra referente al Arte del
+Renacimiento ocupa preferente lugar, y es conocidisimo aun de las
+personas que jamas han visitado la Ciudad Ducal. Baste recordar que,
+entre las innumerables obras de arte que encierra, quiza sea la mas
+notable la hermosa reja de entrada, labrada en bronce con tal
+maestria, que todos estan acordes con atribuirla al autor de las
+puertas del bautisterio florentino. En los tableros inferiores se
+destaca, en alto relieve, la historia de aquel Hugo de Portinaris
+que, despues de defender heroicamente la fortaleza del Borgo, fue
+degollado, junto con su mujer y sus dos hijas, por el victorioso y
+sanguinario Orlando Testaferrata. Gruesos, pero exquisitamente
+labrados, barrotes abalaustrados sostienen el medio punto que la
+remata, en cuyo centro campea orgullosamente, la puerta que
+constituye las armas parlantes de la familia, mientras que coronas,
+tiaras, espadas y llaves cruzadas, pregonan por doquier los grandes
+honores que esta ha gozado desde tiempo inmemorial.
+
+Llego el Principe a su palacio con las primeras sombras de la noche.
+Al ascender la escalera de honor, sintio un desmayo y hubiera caido
+al suelo, si no se apoyara en el pedestal de una estatua, que
+decoraba el primer descanso. Repusose enseguida, y atraveso con paso
+rapido la larga galeria del Poniente, seguido de su mayordomo, y
+entro en la camara, llamada del Papa Calixto, que habia sido
+dispuesta para su dormitorio. Era amplisima y, a diferencia de las
+demas estancias del palacio, relativamente sobria. Pocos pero ricos
+muebles la exornaban y el techo carecia de _plafond_ alegorico,
+motivo por el cual el Principe la prefirio a las demas, pues, como
+dijo sonriendo al mayordomo, no queria estar viendo los angeles y
+mujeres desnudas de Julio Romano desde su lecho.
+
+Aquella noche, don Fabricio tomo ligerisima comida, y despues se
+instalo en su gabinete, a escribir, hasta hora muy avanzada. El
+vasto edificio estaba sumido en el mas profundo silencio, pues toda
+la servidumbre se habia retirado a descansar, y solo podia oirse el
+rasguear de la pluma sobre el papel. Larga fue la carta que escribio
+el Principe, y bastante tiempo tomo en leerla y hacerle algunas
+correcciones. Por fin la doblo cuidadosamente, y despues de haberla
+metido dentro de un sobre grande, la dirigio a una persona de vulgar
+apellido, residente en la Republica del Panuco. Se disponia a
+lacrarla y sellarla, cuando se dibujo en su rostro una expresion de
+sorpresa y de miedo. El gabinete se hallaba contiguo al estudio que
+habia sido del Cardenal, y al alzar el Principe la cabeza en busca
+del sello, noto que por debajo de la puerta de comunicacion con
+aquella estancia, se veia una brillante raya de luz.
+
+Don Fabricio, pasados algunos instantes de sobresalto, logro
+dominarse y hasta sonreir; y levantose de su asiento para ir a
+apagar la luz, que inadvertidamente habria dejado algun criado
+encendida en el estudio. Abrio la puerta resueltamente, ... y ise
+helo su sangre! Sentada en el sillon, con su tabaquera abierta en la
+mano derecha, y los dedos de la izquierda en ademan de tomar unos
+polvos, hallabase la procer figura del Cardenal de Portinaris.
+
+--No esperaba veros mas, dijo lentamente. Crei que habiais muerto,
+sobrino.
+
+Presa del mayor terror, don Fabricio huyo, llamando en alta voz al
+mayordomo y otros sirvientes; pero nadie acudia en su auxilio, y
+recorrio las galerias dando voces que retumbaban en las bovedas de
+la senorial mansion.
+
+--iAntonio, Bernardo, Julio, Gilberto! gritaba, pero nadie queria
+contestar, y con verdadero pavor bajo, puede decirse que rodo, la
+escalera, y corrio a llamar al conserje. Grandes golpes dio en su
+puerta con ambas manos, pero nadie oia sus desesperadas voces
+de terror.
+
+Acercose a la entrada de palacio y quiso abrir la puerta de bronce
+que la cerraba; pero por mas esfuerzos que hizo, no pudo lograr
+moverla un milimetro, y por fin, en su desesperacion, concibio la
+idea de salir por entre los barrotes, pues a toda costa queria
+abandonar aquella casa. Como hemos dicho, don Fabricio era
+extremadamente delgado, y decidio intentar pasar el cuerpo por
+aquella parte de la reja, en que los barrotes eran mas esbeltos y,
+por consiguiente habia mayor espacio entre ellos.
+
+A la madrugada siguiente, enorme concurso de curiosos se aglomeraba
+a la entrada del palacio. La cabeza del Principe, amoratada y
+descompuesta, se hallaba presa entre dos barrotes, y los ojos,
+saltandosele de las orbitas, parecian mirar con terror el tablero,
+en el cual Ghiberti habia cincelado magistralmente la degollacion de
+Hugo de Portinaris por el despiadado Orlando Testaferrata.
+
+
+
+
+
+UN HOMBRE PRACTICO
+
+ A AGUSTIN BASAVE.
+
+
+
+El Padre Ministro de la Casa de Novicios de la Compania de Jesus en
+Espadal era pequenin, de rostro colorado, cabello blanco y expresion
+risuena. Deciase que en su juventud tuvo trato con las Musas, pero
+si tal fue el caso, ningun resabio de ello adivinabase en el Padre
+Hurtado. El Padre Ministro, varon santo si los hay, era ante todo un
+hombre practico; pruebas de serlo dio en mil ocasiones, al grado de
+hacerse esta cualidad suya proverbial, no solo entre la comunidad,
+sino en toda la comarca. Inutil nos parece decir que aquel
+establecimiento marchaba admirablemente, como cuadraba a la gran
+Institucion de que formaba parte.
+
+Una alegre manana de junio, en que el Padre Ministro comprobaba con
+satisfaccion que el consumo de patatas en el mes pasado habia sido
+mucho menor que el del correspondiente del ano anterior, un leve
+toque en su puerta vino a interrumpir su tarea.
+
+--iAdelante! exclamo.
+
+El Hermano Fuente dio vuelta al picaporte y dijo:
+
+--Padre Ministro; un hombre desea hablarle.
+
+El Padre Hurtado, enemigo de antesalas, fruncio ligeramente el
+entrecejo, pero contesto;
+
+--Que pase.
+
+Pocos momentos despues, se presentaba un individuo, cuya descripcion
+es ocioso hacer, pues era como miles otros: de cuarenta anos, poco
+mas o menos, sano al parecer, y pobre, puesto que el dinero, segun
+reza el refran, no puede estar disimulado.
+
+--Buenos dias, Padre.
+
+--Buenos nos los de Dios. ?Que se ofrece?
+
+Padre Hurtado, vengo a ver a usted porque me encuentro en situacion
+dificil. No tengo que comer. Desde que paro la fabrica....
+
+--Si os meteis en huelgas, interrumpio el religioso.
+
+--No podia yo nada en contra, y tuve que hacer lo que todos los
+companeros. El caso es que el trabajo no se reanuda ni lleva trazas
+de serlo. Me muero de hambre, y aunque a Dios gracias, no tengo
+nadie que dependa de mi, necesito trabajar. Conozco algo de
+jardineria....
+
+--Amigo, dijo el Padre Hurtado, en esta casa no tenemos jardin.
+
+--He trabajado como albanil.
+
+--En esta casa, gracias a Dios, no hay reparaciones ni obras que
+hacer por el momento.
+
+--Padre, yo le ruego, yo le suplico que me proporcione algo. Usted
+que es un hombre tan practico....
+
+Hay que advertir que todo este tiempo, el Padre Hurtado casi no
+habia reparado en su interlocutor, pues mientras sostenia el
+dialogo, seguia haciendo numeros; pero al notar un leve acento de
+amargura o de reproche en la ultima frase del obrero, alzo la vista
+y lo miro fijamente por algunos instantes.
+
+--Repito, prosiguio, que no tengo trabajo que proporcionarle en esta
+casa. Pero si quiere usted acudir a nuestro Colegio en Carrion de la
+Vega, estoy seguro que su Rector, el Padre Rodriguez, le dara todo
+lo que le haga falta.
+
+--Padre, mil gracias, replico el hombre. He confesado y comulgado
+esta manana, y estaba seguro que usted me sacaria de apuros. Juan
+Gonzalez le sera siempre agradecido. ?Quisiera usted darme, Padre
+Ministro, una carta o papel de recomendacion?
+
+El Padre Hurtado tomo una cuartilla, la partio cuidadosamente en
+dos, guardando una mitad para uso futuro, y trazo en el papel breves
+renglones. La metio dentro de un sobre, lo cerro y dirigio, y lo
+entrego a Juan Gonzalez.
+
+Despidiose este, y al abrir la puerta para marcharse, lo detuvo el
+Padre Hurtado diciendole:
+
+--Espere un momento, hermano.
+
+Abandono su escritorio, mojo dos dedos en una pila de agua bendita
+que colgaba en la pared, y toco con ellos la mano del obrero,
+diciendole carinosamente;
+
+--iVaya con Dios!
+
+El Rector de Carrion de la Vega abrio cuidadosamente el sobre que
+acababa de entregarle el portero, y extrajo la misiva del Padre
+Hurtado; la leyo, y sin alzar la cabeza, miro al Hermano por encima
+de sus espejuelos.
+
+--No entiendo esto, dijo. ?Quien ha traido este papel?
+
+--Un hombre a quien no conozco. Parece obrero.
+
+--?No trae ningun mensaje de palabra?
+
+--Nada me ha dicho, Padre.
+
+--?En donde esta este hombre?
+
+--Espera en la porteria.
+
+--Voy a verle.
+
+Ligeramente contrariado, el corpulento Padre Rodriguez se levanto
+trabajosamente de su asiento, no sin dirigir la mirada al cumulo de
+cartas que habia sobre el escritorio esperando contestacion, y se
+encamino a la porteria.
+
+--Buenas tardes.
+
+--Buenas tardes, Padre, contesto Juan Gonzalez, con el rostro
+iluminado por la esperanza.
+
+--?Usted ha traido este billete del Padre Hurtado?
+
+-Si, Senor.
+
+--Y ?nada le indico que me dijera de palabra?
+
+--Nada, Padre.
+
+--Es raro. Haga favor de esperar un momento.
+
+El Rector estaba sorprendido. Que un hombre como el Padre Hurtado
+hubiera escrito esas cuantas palabras, tan faltas de sentido comun,
+era un absurdo. En las galerias immediatas a la porteria encontro al
+Padre Procurador y al Primer Prefecto, quienes, al ver a su
+superior, levantaron sus birretes respetuosamente.
+
+--El Padre Hurtado se ha vuelto loco, dijo el Rector sin mas
+preambulo.
+
+--iImposible! exclamaron a un tiempo los otros dos.
+
+--Entonces, ?como explican ustedes que me envie este billete?
+pregunto, y alargo el papel al Prefecto, quien leyo en voz alta los
+siguientes renglones:
+
+--"Estimado Padre Rodriguez: Le ruego se sirva dar cristiana
+sepultura al portador de la presente. Su afmo. Hermano en Xto.
+_Alonso Hurtado, S.J._"
+
+Hubo un silencio. El Padre Ministro de Espadal, tenido por el hombre
+mas cuerdo de la Provincia no podia haber escrito esas palabras.
+
+Instintivamente, los tres religiosos se dirigieron a la porteria
+para interrogar a Juan Gonzalez, seguros de que se trataba de
+una broma.
+
+Pero Juan Gonzalez, yacia en el suelo, boca arriba, con los ojos muy
+abiertos. Dos hilos de sangre negra manchaban su labio superior, y
+tenia la mano izquierda crispada contra el pecho.
+
+
+
+
+
+SIMILIA SIMILIBUS
+
+ A LUIS CASTILLO LEDON.
+
+
+
+Como ya murio el celebre homeopata Dr. Idiaquez, puedo divulgar el
+secreto que me impuso bajo mi palabra.
+
+Hace precisamente diez anos que principio la extrana dolencia que
+motivo mi visita a aquel facultativo, y cuya rapida curacion fue el
+primer escalon de su fama. Desde pequeno fui enfermizo y debil, por
+lo cual puedo decir, sin gran exageracion, que toda mi ninez y la
+mitad de mi juventud las pase en consultorios de doctores. En
+verdad, era una maravilla para todos mis allegados que fuese yo
+viviendo. Apenas cumpli los treinta anos, empece a sufrir los mas
+agudos dolores de cabeza que puedan imaginarse, los cuales de dia en
+dia aumentaban al grado de hacerme la vida un verdadero martirio.
+Solamente descansaba yo de ellos cuando dormia, razon por la cual
+procure cortejar a Morfeo incesantemente.
+
+Pero llego el dia en que ni aun el sueno pudo ahuyentar mis
+sufrimientos; y lo mas extrano del caso era que, a medida que sonaba
+las cosas mas fantasticas y hermosas, mas agudos eran los dolores
+que me torturaban. Se comprendera, por lo tanto, que entonces quise
+huir del sueno, apurando fuertes dosis de cafe: y esperaba yo la
+muerte como una ansiada liberacion. Mas, a pesar de todos mis
+esfuerzos para permanecer despierto y del horror con que veia yo
+llegar la noche, me vencia al fin el sueno, y en seguida
+presentabanse a mi mente las mas peregrinas visiones que puedan
+imaginarse, aun en ese mundo inexplicable. Lluvias de estrellas,
+kaleidoscopicas auroras, extranas floraciones, embargaban mi mente
+de continuo; a veces, sobre un mar fosforecente veia yo navegar
+hacia mi un galeon de oro con velamen de carmin y grana, mientras
+indescriptible armonia sonaba en mis oidos. Y a medida, repito, que
+aquellas visiones eran mas hermosas, mas agudo era el dolor que
+atormentaba mi cerebro. Y tal terror se posesiono de mi alma, que no
+comprendo como no fui a parar a un manicomio.
+
+Ninguno de los facultativos que consulte encontraba remedio a mi
+mal, y no puse termino a mis dias con mi propia mano, gracias a mis
+principios religiosos. Por fin, siguiendo el consejo de no recuerdo
+que medico famoso, determine que varios de los doctores mas
+eminentes de la ciudad se reunieran en consulta, y despues de dos
+horas del mas penoso interrogatorio, pronunciaron mi sentencia. Mi
+mal era incurable y degeneraria en locura; el tumor que se habia
+formado en mi cerebro era inoperable y la muerte se aproximaba,
+aunque lentamente.
+
+Sali de aquel consultorio como un hombre beodo. He dicho que muchas
+veces habia deseado la muerte, y sin embargo, aquel dia amaba yo la
+vida, a pesar de mis horribles sufrimientos. Embargada mi mente,
+como debe suponerse, camine hacia mi casa por calles apartadas,
+temeroso de encontrar alguna persona conocida. Repentinamente, no se
+que impulso hizo fijar mi vista en una pequena placa de metal sobre
+la puerta de una sucia habitacion. Lei el letrero: "Dr. Idiaquez,
+homeopata", y casi sin pensar en lo que hacia, penetre en la casa y
+subi la destartalada escalera.
+
+El Dr. Idiaquez era un hombre vulgar y demacrado, y su consultorio
+una guardilla sucia y miserable. Ambos me recordaron, enseguida, la
+escena del boticario en "Romeo y Julieta".
+
+Expuse mi mal y la opinion de los facultativos a quienes consultara,
+y el Dr. Idiaquez me escucho con la mayor atencion.
+
+--La enfermedad de usted, me dijo al fin, es extrana,
+indudablemente, y proviene en efecto de un tumor que se ha formado
+en su cerebro; pero no solo no es incurable, sino que puedo librarlo
+de ella en tres dias.
+
+--iComo! exclame, no queriendo creer lo que escuchaba.
+
+--Sencillamente, respondio con mucha calma. Aqui tiene usted estos
+globulos que tomara usted cada tres horas: tres del frasco marcado
+A. y cuatro del marcado B., alternativamente. Hoy es lunes; el
+viernes proximo vendra usted a verme, ya curado.
+
+Pague su modesto honorario, y baje la escalera rapidamente, como si
+volara en alas de la esperanza. La tarde estaba tibia y perfumada, y
+la puesta del sol parecia un incendio en los montes lejanos.
+
+Aquella noche, por primera vez, me abandonaron mis sufrimientos,
+pero los bellos suenos tambien huyeron, y fui atormentado por
+horribles pesadillas. Estas aumentaron a tal grado en las dos noches
+siguientes, que puedo asegurar que ni el Dante pudiera imaginarselas
+en lo mas profundo del Averno.
+
+Por fin llego el ansiado viernes, y efectivamente, libre de todo
+sufrimiento fisico y moral, subi la destartalada escalera que
+conducia al consultorio del Dr. Idiaquez. Este me recibio
+afablemente, y me aseguro que mi curacion era definitiva. Ese dia
+compre un busto de Hahnmann y lo coloque en lugar prominente de mi
+biblioteca.
+
+Inutil me parece decir que la noticia de mi rapida curacion se
+extendio por todo el pais, y el nombre del Dr. Idiaquez en seguida
+se hizo celebre. De alli en adelante, efectuo las mas sorprendentes
+curaciones, y al cabo de poco tiempo, reunio una fortuna
+considerable. Lo que mas intrigaba a sus pacientes era que jamas
+recetaba, sino que el mismo proporcionaba las medicinas, marcandolas
+generalmente con letras, aunque a veces tambien con numeros.
+
+Naturalmente, contraje con el vinculos de estrecha amistad y lo
+visitaba a menudo en su nueva y lujosa casa. Un dia me atrevi
+a decirle:
+
+--Doctor, hace mucho tiempo que he querido hacerle una pregunta.
+
+--?Cual es?
+
+--?De que se componian los globulos que me proporcionaron mi
+maravillosa curacion?
+
+--Amigo mio, ese es mi secreto; pero puesto que a usted le debo mi
+fortuna, se lo dire, si me promete, si me jura, no decirlo mientras
+yo viva. En cuanto muera, queda usted en libertad para proclamarlo a
+los cuatro vientos.
+
+Hice la promesa requerida, y con una sonrisa muy triste,--nunca he
+visto en la cara de un hombre una sonrisa mas triste,--dijo el Dr.
+Idiaquez lentamente:
+
+--Los globulos marcados "A" se componian de agua y azucar; los
+marcados "B" de azucar y agua.
+
+
+
+
+
+EL AMO VIEJO
+
+ A LUIS GARCIA PIMENTEL
+
+
+
+La familia Hernandez de Sandoval, opulenta hace diez anos y hoy casi
+en la miseria, era una de las mas respetables de la ciudad de
+Mexico. Como base principal de su fortuna figuraban las extensas
+haciendas que poseia, desde los tiempos de la conquista, en el hoy
+denominado Estado de Morelos, comarca fertilisima, en donde se
+cultiva con preferencia la cana de azucar. Conservan muchas de las
+haciendas mexicanas el caracter de fortalezas que supieron darles
+sus primeros poseedores, mientras que otras, que no se distinguen
+por su arquitectura, abundan, en cambio, en bellezas naturales; todo
+lo cual hace que una visita a una de estas fincas no carezca,
+generalmente, de interes.
+
+A pesar de la estrecha amistad que unia a los Hernandez de Sandoval
+con mi familia, desde largos anos, no habia yo tenido ocasion de
+visitar ninguna de sus haciendas, aunque ellos si habian pasado
+largas temporadas en la nuestra, situada en el centro del pais; de
+manera que, en cuanto se ofrecio la oportunidad de acompanar al hijo
+de la casa, Antonio, pudiendo desprenderme de mis no multiples, pero
+si imprescindibles quehaceres, la aproveche gustoso para ir en tan
+grata compania a recorrer la finca principal de su casa, celebre por
+su riqueza y encantos naturales.
+
+Salimos de Mexico en la noche de un diez de agosto, y llegamos en la
+madrugada a la historica ciudad de la Puebla de los Angeles. Todo el
+dia siguiente lo pasamos a bordo del ferrocarril, viaje molesto por
+el excesivo calor que se dejaba sentir y que nos quito toda gana de
+admirar el trayecto, rico y variado en cultivos y panorama.
+
+Cansados y agobiados por la alta temperatura, llegamos a las
+primeras horas de la noche a una pequena estacion, de cuyo nombre
+indigena no quiero acordarme, y en donde nos esperaba el
+Administrador de la hacienda y varios mozos, con sendas caballerias.
+Emprendimos desde luego la caminata, y, ya fuera porque la noche en
+el campo se hallaba relativamente fresca, comparada con las
+molestias del ferrocarril, o porque veia yo proximo el fin de la
+jornada, el trayecto me parecio corto. A poco de abandonar la
+estacion, vi dibujarse en las sombras de la noche la silueta de la
+enorme mole que constituia la famosa hacienda de San Javier. Y esta
+silueta, borrosa al principio, fue definiendose rapidamente,
+permitiendo darme cuenta, primeramente, de la alta chimenea del
+ingenio, despues, de la gallarda torre y esbelta cupula de su
+iglesia, de las troneras de las azoteas y, en fin, de todos los
+principales detalles del edificio.
+
+Poco o nada habiamos hablado, y suponiendo que Antonio me ensenaria
+al dia siguiente todos los pormenores de la hacienda, me abstuve de
+hacer preguntas; pero, al entrar en el enorme patio, o mas bien
+plaza, que habia delante del edificio, me sorprendio de tal manera
+la extrana silueta de un hombre sobre el pretil de la azotea, que no
+pude menos que exclamar:
+
+--?Quien es ese individuo que espera tu llegada en tan estrambotica
+postura?
+
+Porque hay que advertir que estaba sentado sobre el pretil (con
+riesgo inminente de caerse), y cubierto con el mas exagerado
+sombrero de alta copa.
+
+Antonio se rio y solamente dijo:
+
+--iAh! Manana te lo presentare.
+
+Nos apeamos de nuestras caballerias en un amplio portal, y despues
+de las presentaciones del tenedor de libros y otros dependientes de
+la hacienda, en el "purgar", o sea oficina principal, subimos a
+tomar una ligerisima cena, para arrojarnos en seguida en los
+codiciados brazos de Morfeo.
+
+Una pequena contrariedad se dibujo en el rostro de mi amigo, al
+informarle el administrador que la mayor parte de las estancias de
+la casa estaban en vias de reparaciones y de ser pintadas, por lo
+tanto, solo habia disponibles para dormir en ellas, dos
+habitaciones, una pequena, y otra, al contrario, amplisima. Inutil
+me parece decir que esta me fue cedida por mi amigo, y al penetrar
+en ella, grata fue mi sorpresa al encontrarla muy fresca, y ver que
+la cama se hallaba colocada al lado de una puerta-ventana que
+comunicaba con el corredor o galeria abierta, que abarcaba todo el
+frente y un costado del piso superior de la casa. Media este
+corredor unos cuatro metros de anchura por otros tantos de
+elevacion, estaba abovedado, y por los amplios arcos se esbozaba el
+encantador paisaje, que en las sombras de la noche, poseia una
+dulzura y serenidad poco comunes, perfumado el ambiente con las
+diversas plantas de aquellos climas.
+
+A pesar del cansancio que sentia, permaneci no corto espacio de
+tiempo en la soledad de aquella galeria, perdido en mis
+pensamientos, y con un leve zumbar de oidos, _oia el silencio_, que
+solo interrumpia, de vez en cuando, el ladrar de un perro en el
+"real" no lejano.
+
+Por fin me meti entre sabanas, dejando la ventana abierta, y en
+seguida quede dormido.
+
+No supe cuanto tiempo lo estuviera, cuando me desperto el fuerte
+toser de una persona. Esta parecia hallarse en el corredor, a pocos
+pasos de mi, y deduje en seguida que era el "velador", que en toda
+hacienda suele rondar de noche. Como la tos no cedia, sino, al
+contrario, agravabase de tal manera, que el pobre hombre parecia
+correr riesgo de ahogarse, salte del lecho para prestarle ayuda;
+pero ?cual no seria mi sorpresa, cuando sali a la galeria, de hallar
+que no solo ceso la tos, sino que el velador o lo que fuera, no se
+encontraba alli! Torne a acostarme, y a los pocos momentos, se
+repitio el suceso con identicos resultados, y dos y tres veces mas,
+hasta que llegue a suponer que el hombre se hallaria en algun
+apartado rincon del corredor, el cual, por ser abovedado,
+transmitiria el eco de la tos, haciendola oirse como si fuese en la
+puerta misma de mi alcoba.
+
+A la manana siguiente, relatado el desagradable incidente que
+interrumpio mi sueno, quiso Antonio averiguar quien fuera el velador
+que habia pasado tan mala noche en la galeria; pero el Administrador
+contesto rotundamente que nadie, pues en aquella epoca de completa
+tranquilidad era innecesaria la presencia de semejante sirviente. Y
+a las reiteradas instancias de que alguien tenia que haber sido, la
+contestacion, despues de ser interrogados todos los dependientes y
+criados, fue siempre la misma.
+
+Sin darle mas importancia al asunto, pues en realidad poco tenia,
+emprendimos la visita del vasto edificio, remedo de fortaleza,
+convento y casa de campo, todo en uno, que databa del siglo XVI; la
+magnifica iglesia, cuya torre y cupula reverberaban en sus azulejos
+los rayos del sol tropical; y la casa de calderas, o ingenio
+propiamente dicho, enorme edificio completamente moderno y, para mi,
+ayuno de interes. Al recorrer la azotea de la casa, Antonio hizo la
+presentacion del curioso personaje que la vispera llamara mi
+atencion. iEra una estatua de piedra! Y no pude menos que echarme a
+reir al verla: esculpida con la mayor rudeza, representaba a un
+individuo de anguloso y desproporcionado aspecto, sentado al borde
+de la azotea, con las piernas cruzadas, mas abajo de las rodillas, y
+con las manos en actitud de batir palmas. Para que nada faltase a
+esta obra de arte, hallabase embadurnada, desde la punta del
+exagerado sombrero hasta los pies, de un brillante color de rosa.
+
+--Aqui tienes, dijo Antonio, a la persona que prometi presentarte.
+Como ves, es una obra de arte. Se llama Herrera Goya. Para que no te
+rias de un miembro de la familia, te contare que Don Joaquin de
+Herrera Goya fue antepasado mio, aunque no en linea recta, pues
+murio soltero; su hermana, mi cuarta abuela, heredo de el esta
+hacienda y no se si a ella se deba tan hermosa estatua. Es costumbre
+pintarla cada ano; asi como hoy la ves color de rosa, ha estado
+pintada de celeste, amarillo, verde, de todo menos de negro, pues
+hay aqui la creencia,--cosas de los indios,--que si llegara a
+pintarse de ese color, ocurriria alguna desgracia. La postura de sus
+manos indica, no que va a aplaudir, sino que la distancia que con
+ellos mide es el tamano de los panes de azucar que en su hacienda se
+fabricaban y que llenaron sus bolsillos de doblones. La tradicion no
+cuenta cosas muy halagadoras para este senor; te las referire
+algun dia.
+
+No dejo de caerme en gracia el ridiculo personaje, y al bajar al
+patio y verlo desde alli, note que se hallaba emplazado sobre el
+corredor, precisamente encima del sitio en donde a aquel daba acceso
+a la puerta-ventana de mi dormitorio.
+
+La huerta de la finca, extensa y feraz, llamo mi atencion por su
+aspecto oriental, debido en gran parte, a una alberca con surtidor
+que en ella habia. A mi observacion contesto Antonio:
+
+--Si. Mi madre la llama "El Jardin de la Sultana". No te sientes
+ahi, agrego al ver que me disponia a hacerlo sobre un ancho banco, o
+poyo de piedra, cercano. Aqui estaras mas comodo.
+
+Y al borde mismo del estanque permanecimos algun tiempo, escuchando
+el suave rumor del agua.
+
+No viene al caso referir nuestra vida en aquella finca durante la
+semana que en ella pasamos; solo dire que durante seis noches, y
+aproximadamente a la misma hora, se repitio el incidente de la
+primera, cosa que nos intrigo de tal modo, que nos propusimos
+descubrir al nocturno asmatico. Juzgo Antonio lo mas acertado
+ordenar a un tal Paulino, muy adicto suyo y hombre de toda
+confianza, que pasara la noche en mi estancia, en el umbral mismo de
+la puerta-ventana, para ayudar a aclarar el molesto, si bien un
+tanto ridiculo misterio.
+
+Era la ultima noche que ibamos a pasar en San Javier, puesto que
+debiamos regresar a Mexico el dia siguiente, y me meti en cama con
+animo de descansar, indiferente al suceso que tan repetidas veces
+habia turbado mi sueno.
+
+La tos, esa noche, me parecio mas fuerte y rebelde que en las
+anteriores. Al saltar del lecho, vi con satisfaccion que Paulino
+tambien la oia, pues estaba sentado sobre su estera, con asombro
+dibujado en sus facciones. Salimos los dos y recorrimos la galeria,
+sin encontrar persona alguna, y con el extrano caso de que el hombre
+que tosia parecia seguirnos durante todo el trayecto.
+
+Cansados de buscar, regresamos a la estancia, y al traspasar el
+umbral, la tos que el misterioso personaje padecia, aumento de tal
+manera que oimos claramente que se ahogaba; esa horrible tos
+degenero en ronquido, en _estertor_, y repentinamente se oyeron
+maullar, chillar horriblemente, en todas las disonancias
+imaginables, un crecido numero de gatos. Yo hubiera jurado que habia
+un centenar de esos animales alrededor nuestro. Torne a salir al
+corredor con la seguridad de ver sus ojos fosforescentes entre las
+sombras de la arcada; pero nada se veia. Arrecio el horrible
+desconcierto; oi algo se desplomaba, y al volver la mirada, vi que
+Paulino, hincado de rodillas en medio de la estancia, con los brazos
+en cruz, y el mayor terror dibujado en su rostro, exclamaba
+con pavor:
+
+--iVirgen Santisima! iEl amo viejo, el amo viejo!
+
+Hay sucesos en la vida, que cuando se recuerdan pasados los anos y
+con espiritu sereno solo presentan un aspecto risible. Pero yo jamas
+olvidare que aquella noche, al oir el estertor de un hombre
+invisible, el horrible maullar de cien felinos y los acentos de
+terror de un pobre indio, la sangre se helo dentro de mis venas,
+erizaronse mis cabellos, se estremecio todo mi cuerpo, y--lo
+confieso--!tuve miedo!
+
+Sali de la estancia precipitadamente, seguido de Paulino, y
+tropezando con andamios y botes de pintura, fuimos a dar hasta la
+alcoba en donde Antonio dormia tranquilo.
+
+--iAntonio, por Dios! exclame. iEste lugar esta embrujado!
+
+--?Que pasa? ?Que sucede? iPero, hombre!, anadio Antonio, al
+encender la bujia y ver la expresion de nuestros rostros. ?Que
+teneis? ?Estais locos?
+
+--Poco menos, te aseguro.
+
+Y le referi atropelladamente lo que acababamos de oir.
+
+--iVamos, hombre! iNo puede ser! Estais sonando. Vamos alla, y veras
+como no hay nada.
+
+--iNo! iNo vayamos!
+
+--Si, dijo resueltamente, y emprendimos la marcha, el por delante.
+Al llegar a mi dormitorio y penetrar en el, reinaba el mayor silencio.
+
+--?Lo ves? dijo mi amigo. Pero en ese instante se desato de nuevo el
+maullar horrible y Paulino solo pudo exclamar, con acento de terror:
+
+--Nino, ies el amo viejo!
+
+--iVamos, vamonos de aqui!
+
+Y abandonamos aquel pavoroso recinto.
+
+El resto de la noche lo pasamos Antonio y yo sin proferir palabra,
+en sendas butacas de su alcoba, fumando cigarrillos y embargadas
+nuestras mentes con mil conjeturas, hasta que por la abierta ventana
+vimos desvanecerse las estrellas y dibujarse en el cielo la claridad
+de la ansiada aurora.
+
+Como debe suponerse, con la luz del dia aumentaron mis deseos de
+aclarar el extrano suceso, y asedie a mi amigo con mil preguntas, a
+las que el se excusaba de contestar, diciendo que todo era tambien
+un misterio para el. Pero a pesar de ello, me convenci de que algo
+sabia que no queria comunicarme, y tanto le inste, que, al fin,
+requirio del Administrador unas vetustas llaves, y dijo
+laconicamente:
+
+--Sigueme.
+
+Atravesamos todo el corredor, risueno con la luz matinal y el
+perfume de las plantas que alli habia; bajamos escaleras, recorrimos
+pasillos, y, por fin, Antonio abrio una pequena puerta, que, al
+girar en sus goznes, dejo escapar un fuerte olor a papel y badana
+viejos. En seguida comprendi que era el archivo de la casa. En
+efecto, hallabase aquella abovedada camara repleta de legajos,
+infolios y libros, hacinados en varios estantes y cuidadosamente
+ordenados, segun podia colegirse por los claros numeros y letreros
+que cada uno ostentaba. Detuvose un instante, y recorrio con la
+vista aquel vetusto arsenal de papel y pergamino. Extendio el brazo,
+y bajo de su sitio un legajo de no grandes dimensiones; lo desato
+cuidadosamente y repaso los expedientes que contenia, hasta dar con
+un edicto del Santo Oficio, escrito en recio papel de Genova y
+encabezado con la consabida formula de "_Nos los Inquisidores de la
+Fe contra la heretica bravedad etc_". Algun tiempo tarde en
+descifrar su contenido, sacando en conclusion, que el 15 de Agosto
+del ano de 1614, fue denunciado como brujo, ante el Santo Oficio de
+la Inquisicion, el Senor don Joaquin de Herrera Goya, dueno de la
+"Hacienda de Moler azucar de San Francisco Xavier, Obispado de la
+Puebla de los Angeles". El temido tribunal citaba a dicho senor a
+comparecer ante el, por tan horrible cargo, y, en caso de hallarse
+culpable, sufrir la pena consiguiente.
+
+--iMal lo pasaria Herrera Goya en el Santo Oficio! exclame, al
+terminar la lectura del documento.
+
+--No comparecio, dijo Antonio. El dia en que recibio este edicto,
+murio.
+
+--iComo! ?De que manera?
+
+--Yo creo que murio de viejo,--tenia ochenta anos,--o del susto de
+hallarse en tan apurado trance; aunque te dire, puesto que todo
+quieres saberlo, que hay quien dice que su muerte fue tragica. Este
+Herrera Goya, segun parece, era un ente raro, sobre todo para su
+epoca. Solia hacer experimentos con yerbas, coleccionaba insectos, y
+tenia hasta medio centenar de gatos, que lo seguian por todos lados.
+
+No dejo de causarme desagradable sorpresa este extremo, que
+relacione en seguida con el misterio que deseabamos aclarar.
+
+--Comprendo tu sobresalto, continuo Antonio. Y has de saber que,
+segun la tradicion entre la gente de esta hacienda, Herrera
+Goya,--el Amo Viejo, como le llaman,--maltrataba sobremanera a su
+extrano sequito; es mas, lo martirizaba a cada momento. Y aseguran
+que, cuando murio, fue porque todos sus gatos se le echaron encima,
+clavandole las unas en el cuello, y desgarrandole la garganta en
+girones, hasta dejarlo, despues de horribles sufrimientos, exanime
+en un charco de su propia sangre.
+
+Refiriome luego como el Santo Oficio de la Inquisicion prohibio que
+se enterrase a Herrera en lugar sagrado y como fue inhumado el
+sangriento cadaver en la huerta, en donde marcaba su sepultura lo
+que yo habia confundido con un asiento.
+
+En la tarde de ese dia emprendimos el regreso a Mexico, y durante
+todo el trayecto, no pude distraer de mi mente el suceso que tanto
+me habia impresionado. Al llegar a la ciudad, mande decir misas por
+el alma de aquel "amo viejo", a quien se le nego cristiana
+sepultura, aunque la hallo poetica, cobijada por manglares y
+palmeras, cerca del surtidor del "Jardin de la Sultana".
+
+Pasaron algunos meses. Un dia me dijo Antonio:
+
+--?Sabes que he escrito a San Javier, ordenando que este ano se
+pinte a Herrera Goya de negro?
+
+--iHombre, no hagas eso! Ten prudencia.
+
+--iHola! ?Eres supersticioso?
+
+Tres dias despues, la sociedad de Mexico quedo consternada, al saber
+que las hordas rebeldes habian entrado a saco en la hacienda
+principal de los Hernandez Sandoval, que habian prendido fuego a su
+ingenio, y volado con dinamita el vetusto edificio.
+
+San Javier ya no era mas que un enorme monton de escombros.
+
+
+
+
+
+EL COFRE
+
+ A JESUS REYES FERREIRA
+
+
+
+Las tremulas llamaradas, que el fuego de la chimenea despedia,
+hacian oscilar fantasticamente, sobre las paredes del aposento, la
+sombra del viejo don Alejandro. Arrebujado este en un sillon, al
+lado del ancho hogar, procuraba calentar su cuerpo, entumecido, no
+tanto por el mal tiempo que a la sazon hacia, cuanto por los anos y
+penas que sobre el pesaban. Pero, a pesar de su proximidad al fuego,
+sentia frio.
+
+iCuantas noches pasara largas horas en el mismo sitio, fija la
+mirada en la rojiza lumbre! A veces, los encendidos lenos asumian
+formas que su imaginacion trocaba en personas y sucedidos reales, y
+de esa manera convertia aquel hogar en escenario, en el cual se
+representaba a menudo el tetrico drama de su vida.
+
+El primer acto, por decirlo asi, era de escaso interes. Despues de
+sus primeros anos, pasados al lado de su madre, veia su vida de
+colegio, vida triste y sin amigos, que tanto influyo sobre su
+caracter, haciendolo hurano y retraido.
+
+Empezaba el segundo acto con un cuadro pavoroso. Sobre el lecho de
+muerte yacia su madre, el unico ser de el querido, y al lado, de
+pie, contemplabala un hombre severo, casi repugnante: su padre.
+
+Sucedianse los demas actos del drama con toda fidelidad. Don
+Alejandro recorria las principales capitales del mundo, en busca de
+distraccion; pero todos huian de el, como si fuese un ser infecto:
+con lo cual se agriaba su caracter mas y mas. Cuando volvia a su
+casa, encontraba que su padre se moria. Sin sentir dolor alguno,
+veia como se apagaba la existencia del autor de sus dias. El medico
+indicaba que no habia mas recurso... Llegaba el sacerdote, pero el
+moribundo solo lograba enunciar, con gran dificultad, las palabras:
+
+--iEl cofre...!
+
+El salon en que se hallaba don Alejandro guardaba muchas obras de
+arte y objetos antiguos. Entre ellos, en un rincon del aposento, se
+hallaba un gran cofre de hierro, cubierto, casi en su totalidad, con
+clavos y remaches de bronce. Este era, sin duda alguna, el cofre al
+cual el moribundo habia querido referirse, pero la llave no habia
+podido encontrarse y el secreto, si secreto habia en el,
+permanecia ignorado.
+
+Por milesima vez, don Alejandro dirigio la mirada hacia el angulo de
+la estancia, y se extremecio al ver que el cofre se hallaba abierto.
+La pesada tapa descansaba contra el muro, dejando ver el vetusto y
+complicado mecanismo de su cerradura.
+
+Mucho tiempo permanecio el anciano sin poder apartar de aquel sitio
+los espantados ojos. Por fin, haciendo un supremo esfuerzo, abandono
+su sitial al lado de la chimenea, y con una sensacion de espanto, se
+dirigio hacia el cofre. Al principio nada pudo distinguir en el
+interior, pero pocos momentos despues, vio un rectangulo amarillento
+que yacia en el fondo. Hincose de rodillas y con mano tremula
+extrajo aquel objeto. Era un sobre, manchado por el transcurso del
+tiempo, sin rotulo de ninguna especie.
+
+Repentino y formidable estrepito hizole volver el rostro
+amedrentado, y vio que la tapa del cofre habia caido en su sitio,
+cerrandolo de nuevo.
+
+Volvio al lado del hogar, para leer el contenido del sobre: pero sus
+manos estaban de tal manera temblorosas, que no pudo verificarlo.
+Despues de algunos instantes, logro conquistar relativa
+tranquilidad; abrio la cubierta y con ojos de terror, extrajo el
+pliego que contenia. Pero le daba vueltas la cabeza, y tuvo que
+apoyarse en la butaca para no caer al suelo. Fijo de nuevo la vista
+en el fuego del hogar, y vio claramente la pavorosa escena de la
+muerte de su madre. Anonadado, miro el anciano furtivamente a su
+alrededor, temiendo ser observado, y decidio hacer un esfuerzo para
+leer el pliego; pero el papel se escapo de sus temblorosas manos y
+cayo entre las llamas que lo consumieron vorazmente.
+
+Don Alejandro miro hacia el rincon en donde estaba el cerrado cofre
+y se acerco mas aun a la chimenea, pero, a pesar de su proximidad al
+fuego sentia frio.
+
+
+
+
+
+TRISTIS IMAGO
+
+
+
+Hablabamos, mi amigo y yo, de cosas indiferentes y triviales. El
+sol, proximo a desaparecer, arrojaba sobre la tierra una luz calida
+y rojiza, y el bochorno que entraba por la abierta ventana parecia
+esparcirse por todo el aposento. Las columnillas de humo de nuestros
+cigarros subian hasta juntarse en ligeras nubes que iban anidando en
+los casetones del artesonado, y el damasco que cubria las paredes
+tomaba un tinte de color mas rico que de costumbre.
+
+La conversacion empezo a languidecer, y llego un momento en que
+ambos callamos, como si obedecieramos algun misterioso mandato. Yo
+tenia cierto orgullo en aquella estancia, en que reuniera todo lo
+que poseia de mayor valor y mas hondo afecto, y no era la primera
+vez que desde mi butaca paseaba la mirada sobre los muebles y
+cuadros que la adornaban. Rafael tambien gustaba de aquella
+coleccion y la elogiaba a menudo, de manera que no me sorprendio
+verlo recorrer con la vista aquel abigarrado conjunto de objetos.
+Enfrente de donde nos hallabamos sentados, pendia de la pared un
+retrato de busto de mi madre, ataviada segun la moda del segundo
+Imperio. A pesar de la luz que por momentos iba apagandose, el
+retrato se destacaba muy bien, y se acentuaba en su rostro la
+inefable dulzura que el pintor habia sabido reproducir fielmente.
+
+No se cuanto tiempo permanecimos en silencio. Repentinamente senti
+una como rafaga de melancolia y dirigi la mirada hacia el retrato.
+Me estremeci al verlo, y note que mi amigo sufrio identica
+impresion. Nos miramos ambos, y el, poniendose de pie, dijo en
+voz muy baja:
+
+--iEsta llorando!
+
+Yo asenti con la cabeza, y mi companero con paso quedo, salio de la
+estancia y cerro la puerta tras si, cuidadosamente.
+
+Entonces yo, presa de grande angustia, me acerque al retrato y vi
+que se animaba. Una nube de tristeza nublo el semblante de mi madre,
+y las lagrimas que brotaban de sus ojos cayeron con mayor
+abundancia. Se movieron sus labios y oi una vez mas la voz que
+veinte anos enmudeciera.
+
+--iHijo mio! iSiento una gran piedad por ti! El camino que tienes
+que recorrer es aspero y dificil, y grandes sufrimientos seran
+tuyos. Por eso es que siento tan grande piedad por ti. Nunca hagas a
+nadie participe de tus cuitas, ni a tu mejor amigo; guardalas
+siempre para ti. Se avaro de tus sentimientos; a nadie los digas.
+iHijo mio, cuanta piedad siento por ti!
+
+Las sombras de la noche penetraron casi repentinamente y pronto me
+envolvieron en densa obscuridad.
+
+Por fin, despues de no corto espacio de tiempo, encendi la luz y
+abri la puerta. Rafael se hallaba en la galeria, en el hueco de una
+ventana, y al verme, parecio despertar de un sueno.
+
+--iRafael...! exclame; pero el me interrumpio, diciendo:
+
+--iNo me digas nada; no, ni a mi que soy tu mejor amigo!
+
+Y silenciosamente entramos de nuevo en el aposento. Con la luz
+artificial, las cosas todas presentaban su aspecto de costumbre, y
+el retrato de mi madre la dulzura inafable de su rostro. Debajo de
+el, sobre una mesa, se hallaba mi ultimo soneto; lo tome para leerlo
+a Rafael, y encontre que estaba humedecido y emborronado.
+
+
+
+
+
+LOS JUGADORES DE AJEDREZ
+
+ A ROBERTO MONTENEGRO.
+
+
+
+I
+
+Angustias, india tarasca de raza pura, era maestra en el dificil
+arte de cuidar y entretener a los ninos. Durante varios anos sirvio
+en mi familia, prodigando sus cuidados, sucesivamente, a los cinco
+hermanos que eramos. Si nuestra casa era visitada por alguna
+enfermedad, Angustias se hallaba siempre a la cabecera de la cama, y
+cuando se trataba de enjugar lagrimas, consecuencia de alguna
+travesura de chiquillos, su palabra carinosa nos proporcionaba
+pronto consuelo. Pero la ciencia de la bondadosa ninera era mas
+patente cuando estabamos contentos. Inventando juegos nuevos,
+haciendo gestos verdaderamente estramboticos, gracias a sus nada
+clasicas facciones, o contando cuentos jamas imaginados, nos hacia
+gratisimas las horas del atardecer y, llegada la hora, sabia
+conducirnos suavemente al mundo de los suenos. Otro don particular
+de Angustias era la pronta contestacion que daba a las numerosas y
+peregrinas preguntas que solia hacerle la gente menuda. Era tal la
+espontaneidad de la respuesta y tan grande el aplomo con que la
+daba, que jamas pusimos en tela de juicio la solucion por ella
+propuesta a cualquier problema que se presentaba a nuestros
+infantiles cerebros.
+
+Los recuerdos de mi infancia estan estrechamente ligados con la
+Hacienda de San Isidro Labrador, en donde residiamos la mayor parte
+del ano. La finca, cercana a la ciudad de Mexico, fue propiedad de
+la Compania de Jesus desde los tiempos mas remotos de la Colonia, y
+cuando los celebres religiosos fueron expulsados de los dominios
+espanoles, por las razones que Carlos III tuvo a bien guardar "en su
+real pecho", fue adquirida por un mi antepasado. Se comprendera,
+pues, que la casa de la Hacienda tenia mas caracter de monasterio
+que de finca de campo, y mi padre, siguiendo el ejemplo de sus
+mayores, quiso que conservara siempre el austero aspecto que desde
+un principio tuvo. Las estancias, todas abovedadas y de poca
+elevacion; los interminables claustros con arqueria de medio punto;
+los muros, gruesos como los de un castillo medioeval; y
+principalmente la comarca toda ayuna de encantos naturales,--pues
+ostentaba, como unicas galas, extensos magueyales y uno que otro
+eucalipto en medio de los campos de maiz y de cebada,--hacian de la
+Hacienda de San Isidro Labrador un sitio que a muchos repugnaba,
+pero que a otros, al contrario, atraia por su misma desnudez y
+severidad. Inutil me parece decir que para nosotros era un verdadero
+"buen retiro"; en aquellos tiempos todavia se conservaban muchas de
+las costumbres del Virreinato, y mi padre era para los peones y
+sirvientes, mas que el amo a quien se debia respeto, el jefe de una
+dilatada familia.
+
+La capilla era quiza la estancia mas interesante de la Hacienda. No
+era amplia, pero ostentaba enorme retablo de madera dorada, al
+estilo de churriguerra, zocalo de azulejos, y pavimento de marmol en
+locetas blancas y negras, alternadas. Lo que mas me llamaba la
+atencion eran los sepulcros de mis antepasados. Empotrados en ambas
+paredes laterales del presbiterio, hallabanse los nichos cubiertos
+con sendas placas de alabastro, grabados con largos epitafios; y mas
+de una vez, desde que empece a leer, me distraje durante la Misa o
+el Rosario, procurando descifrar aquellos letreros, para mi
+atravesados e inintelegibles.
+
+Una noche, camino de mi alcoba, ocurrioseme hacer esta pregunta:
+
+--Angustias, ?Que hacen los muertos de la capilla, en la noche?
+
+Y la india, sin titubear, contesto:
+
+--Juegan al ajedrez.
+
+Yo que casi todas las noches, al requerir la bendicion de mi padre,
+lo encontraba en la biblioteca jugando al ajedrez con don Pepe
+Davalos, Presidente Municipal del pueblo comarcano, no me sorprendi
+de la respuesta. Un juego en que dos senores se sentaban frente a
+frente, durante largo espacio de tiempo, sin proferir palabra y sin
+mover apenas las curiosas piezas de madera que entre si tenian, y
+que se prestaban de manera tan admirable para jugar a los
+soldaditos; un juego asi, repito, me parecia mas aproposito para
+muertos que para vivos; y la contestacion de Angustias fue
+convincente.
+
+--Si; continuo el ama. Todas las noches, en cuanto tu te acuestas a
+dormir, ellos se ponen a jugar al ajedrez hasta que llega el Padre a
+decir misa. Entonces se vuelven a sus sepulcros, que son, como si
+dijeramos, sus camas, y duermen durante el dia.
+
+Y dichas las oraciones de costumbre, por mis padres y hermanos, y
+otra, que para mi coleto decia, por mi caballo "El Confite", quede
+al momento dormido.
+
+
+II
+
+Muchos anos despues, cuando regrese de Espana, casado ya con mujer
+de mi misma estirpe, halle las cosas en San Isidro Labrador muy
+distintas de cuando me marchara. Mis padres, dos hermanos y
+Angustias habian desaparecido de la vida, y don Pepe Davalos,
+depuesto de su cargo municipal, vagaba enfermo y viejo por los
+claustros, anorando las partidas de ajedrez con "su Merced el Senor
+don Alonso." Note que el respetuoso carino de muchos sirvientes
+habia amenguado, gracias a ciertos vientos de fronda que del Norte
+soplaban, y senti desde un principio marcada repulsion por el nuevo
+administrador de la Hacienda, nombrado por el albacea de mi padre.
+Llamabase don Guadalupe Robles, y su aspecto insolente demostraba
+bien a las claras que habia sido antano guerrillero audaz y
+duro cacique.
+
+Mucho temi que la Hacienda tuviera pocos atractivos para mi mujer,
+pero Ines, acostumbrada a las austeridades de su torre castellana,
+encontro San Isidro Labrador muy de su agrado, y propuso ella misma
+que fijaramos alli nuestra residencia.
+
+Transcurridos pocos meses, y aproximandose la fiesta titular de la
+heredad, mi mujer, a fuer de buena madrilena propuso que la fiesta
+fuese celebrada con especial pompa. Preparo, pues, ropas para
+repartir a los pobres; encargo flores para el adorno de la casa y
+capilla; y convido, para que cantara Misa Pontifical, a cierto
+Prelado, a quien, desde mi infancia, llamaba yo "el tio Obispo",
+aunque en realidad careciamos de parentesco alguno.
+
+Yo accedi gustoso, tanto por complacer a Ines, cuanto porque halle
+la ocasion propicia para hacer lucir gran cantidad de objetos, de
+los cuales, como colector entusiasta de antiguallas, me
+vanagloriaba. Al caudal no despreciable de ornamentos y vasos
+sagrados, que a la Hacienda habian donado mis antepasados, anadi yo
+gran acopio de objetos, hallados algunos en vetustas ciudades del
+pais, traidos otros de la Peninsula. Era especialmente notable mi
+rica coleccion de plata labrada; componiase de varias docenas de
+candeleros, grandes y pequenos, atriles, vasos y macetones
+ornamentales; no pocos blandones; algunos calices y copones; y una
+custodia que me complacia yo en atribuir a Juan de Arfe y Villafane.
+Pero lo que mas me agradaba y mostraba yo a mis amigos con el mayor
+orgullo, era un juego de pebeteros que adquiri en Cintra. Obra de
+portugueses de pleno siglo XVIII, se comprendera desde luego que
+tales perfumadores tenian que ser extravagantes; en efecto, median
+mas de medio metro de altura, y afectaban la inusitada forma de
+pegasos, pero su labor era de tal forma acabada, que en verdad
+podian figurar en la mejor coleccion de objetos de arte.
+
+Con todos esos elementos, comprendi que el suntuoso retablo, cuya
+intrincada hojarasca cubria el muro frontero de la capilla con
+pilastras y columnas retorcidas, frontones interrumpidos, mensulas
+de caprichosa forma, y nichos y doseles cobijando esculturas
+policromas, haria brillar el rico y si se quiere barbaro conjunto de
+oro y plata, como un ascua refulgente; y empece a hacer preparativos
+con no escaso entusiasmo.
+
+Llegada la vispera de la fiesta, entre en la capilla para disponer
+lo necesario, y vinoseme a mi mente un mundo de recuerdos.
+Contemplando las funebres alegorias, y leyendo los letreros de las
+lapidas, que tanto inquietaron mis anos infantiles, vi de nuevo mil
+incidentes de mi ninez y escuche, una vez mas, la voz de personas
+queridas, entre ellas Angustias, quien me aseguraba dogmaticamente
+que mis muertos jugaban al ajedrez todas las noches....
+
+Dirigia yo la colocacion de los distintos ornamentos, sobre el altar
+y presbiterio, cuando acudio don Guadalupe Robles a la capilla, con
+pretexto de consultarme no acuerdo que extremo de la administracion
+de la hacienda; y al ver el caudal alli reunido, la codicia se
+reflejo en su semblante haciendole dirigir la mirada, mientras
+conversaba conmigo, de uno en otro objeto, cuya existencia ni
+siquiera sospechaba. Entonces fue mayor mi repugnancia por aquel
+hombre, y tuve desde luego tal conviccion de que intentaria robarme,
+que durante toda la noche no pude despedir este pensamiento de mi
+mente, y abandone el lecho muy temprano, cuando aun dormian en
+silencio amos y sirvientes.
+
+Con la primera claridad del amanecer, penetre en la capilla. A
+primera vista, la mayor parte de los objetos permanecian en los
+sitios en que la vispera se colocaran, pero ijuzguese cual seria mi
+asombro, al ver que gran numero de candeleros, jarrones y demas
+yacian diseminados por el suelo en el mas completo desorden! Solo
+quedaban en pie, arrinconados en un angulo debajo del coro, cuatro
+objetos. Me aproxime, y un escalofrio recorrio todo mi cuerpo. iLos
+muertos habian jugado una partida de ajedrez! Si, alli en el rincon,
+sobre la loceta blanca, estaba un blandon, y enfrente de el, salvada
+una hilera de cuadros, y ocupando sus respectivas casillas, un
+jarron, un candelero pequeno y uno de los perfumadores, este el mas
+proximo al muro. Si, esas tres piezas--el alfil, el peon y el
+caballo,--habian dado jaque mate al blandon o sea, al Rey!
+
+Despues de algun tiempo, pude dominarme, y con mano tremula repuse
+en sus sitios los diferentes objetos, para que nadie, mas que yo, se
+diera cuenta del suceso.
+
+La fiesta fue celebrada debidamente, y tanto el Obispo como los
+amigos que acudieron a nuestra invitacion, se hicieron lenguas de la
+hermosura y riqueza de mi coleccion. Pero yo prestaba escasa
+atencion a tales elogios, embargada mi mente con el enigma y las
+sospechas que abrigaba contra don Guadalupe Robles. Estas
+aumentaron, cuando lo sorprendi, al atardecer, en la penumbra del
+corredor, hablando en voz baja con Joaquin, su mozo de estribo y
+hombre de toda confianza. Simule no haberlos visto, y pase de largo;
+pero resolvi empaquetar mis antiguallas y remitirlas a Mexico,
+cuanto antes, mientras encontraba yo la oportunidad de deshacerme
+del Administrador.
+
+No se cuanto tiempo despues de haber logrado conciliar el sueno,
+rasgo el silencio de aquella noche tal grito de terror, que sigue y
+seguira retumbando en mis oidos, mientras yo viva. Lo oyo mi mujer y
+desperto asustada; lo oyeron los sirvientes todos, y en breves
+momentos, los claustros fueron poblandose de sombras, que inquirian
+con voces de miedo que acontecia.
+
+Tome una linterna, y seguido por los mas resueltos, dirigi mis
+medrosos pasos hacia el sitio de donde el grito pareciera proceder.
+La puerta de la sacristia estaba abierta y comprendi que mis
+sospechas se habian confirmado. Entramos. Ni en la sacristia, ni en
+la capilla, habia mas luz que la escasa claridad que penetraba por
+cupulas y ventanas, y al principio nada pudimos distinguir; pero, a
+poco, la tremula luz de la linterna nos hizo ver que todos los
+objetos de plata, absolutamente todos, se hallaban amontonados bajo
+el coro, cercando, aprisionando en el rincon, a don Guadalupe
+Robles, quien, con el cuerpo echado para atras, como reculando,
+extendia ambos brazos contra los muros de aquel angulo de la
+capilla. Tenia los ojos fuera de sus orbitas, y todo su semblante
+era imagen del terror. Lo llame por su nombre, me miro fijamente y
+fue su contestacion una carcajada.
+
+
+
+
+
+EL SOMBRERO DEL REY DE TIBOTU
+
+CUENTO PARA NINOS.
+
+ A JULIO TORR
+
+
+
+El Rey de Tibotu tenia (naturalmente) tres hijos. El mayor se
+llamaba Chapachapa, el segundo Chopochopo, y menor Chipichipi. El
+rey era muy rico: poseia diez y siete sombrillas de todos colores,
+un tapa-rabo verde y amarillo, muy gracioso, y un sombrero alto, tan
+alto que rayaba en lo monumental. La reina, Sabihonda, usaba medias
+azules y era poliglota: cuando algo le caia muy en gracia, hablaba
+en chino, y cuando se enfadaba, gritaba en catalan.
+
+El reino se componia, ademas de la populosa ciudad de Tibotu, de dos
+islas. En una se cosechaba gran cantidad de cafe y habia numerosas
+vacas de ordena; en la otra se producia el cacao y habia muy buenos
+panaderos y reposteros. Las islas eran vulgarmente conocidas por
+"La-isla-de-cafe-con-leche", y "La-isla-de-chocolate-con-bollos".
+
+La familia real de Tibotu vivio feliz muchos anos; pero una noche,
+el rey se comio, en la cena, todo un lechoncillo al horno, y
+fallecio a las pocas horas, rodeado de su mujer e hijos.
+
+Transcurridos los nueve minutos, nueve segundos, que segun el
+Ceremonial de aquella Corte, hay que esperar antes de abrir el
+testamento del monarca fallecido, se encontro que la ultima
+disposicion del autocrata era que su populosa ciudad de Tibotu
+pasara a su amada esposa, y las islas del "Cafe-con-leche" y del
+"Chocolate-con-bollos" a sus dos hijos, Chapachapa y Chopochopo,
+respectivamente. En cuanto a Chipichipi, legabale su padre el
+sombrero de copa.
+
+Imaginese el jubilo de la conyuge y de los hijos mayores, y el
+enfado del Benjamin de la casa. ?Para que queria el un sombrero
+viejo, sucio y de forma tan poco artistica?
+
+Invadio el animo del principe tal furia, que echo al suelo la
+despreciada prenda y propinole un fuerte puntapie. Pero al hacerlo,
+sintio un agudo dolor en el pie, como si hubiese chocado contra una
+piedra. Con mayor furia todavia, tomo el sombrero y empezo a
+despedazarlo con gran coraje, pero, he aqui, que encontro, entre el
+forro y la copa, algo duro, una piedra, efectivamente, mas grande
+que un huevo de gallina, aunque no tanto como uno de avestruz; era
+roja como la sangra de un pichon y brillaba al sol de una manera
+sorprendente. Era nada menos que un rubi.
+
+No hay para que referir la sensacion que este hallazgo causo en todo
+el mundo. Baste decir que todas las testas coronadas, y muchas que
+no lo eran, se disputaban la posesion de tan magnifica joya. Los mas
+interesados en obtenerla eran el Presidente de la Republica Inglesa,
+el Gran Duque de Texcoco y Mr. Elihu P Goggles, de Paradise, Texas.
+Inutil nos parece decir que este ultimo y celebre millonario fue
+quien adquirio la piedra preciosa, pagando por ella diez y siete
+millones de dolares en oro, y diez y siete en "Liberty Bonds", de la
+decima septima emision, y haciendose llamar, de alli en adelante,
+"The Ruby King", o sea, "El Rey del Rubi".
+
+Por supuesto, Chipichipi invirtio bien su dinero y se dio la gran
+vida. Compro un automovil "Ford", un perro-policia, y un Diccionario
+de la Academia. En cambio sus hermanos se arruinaron: el cafe se
+perdio, y las vacas de ordena se murieron; el cacao bajo de precio y
+los panaderos y reposteros se declararon en perpetua huelga.
+
+Y siempre que se hablaba del sombrero de copa de su difunto esposo,
+exclamaba la Reina Sabihonda, en portugues:
+
+"En todas las cosas, por despreciables que parezcan, hay algo de
+valor, para el que sabe encontrarlo."
+
+
+
+
+
+EL REPORTAZGO
+
+
+
+Comprendo que ustedes los reporteros tengan deberes para con sus
+lectores y que, por lo tanto anden siempre a caza de noticias; pero,
+como soy enemigo de repeticiones, quiero que el diario que usted
+representa, por ser el de mayor importancia en el pais, sea mi unico
+portavoz en este asunto. Dentro de diez minutos llegara mi mujer;
+mientras tanto, pues, le suplico que escuche con atencion y escriba
+a mi dictado. Yo le dare todos los pormenores del caso, que como
+vera, es cosa bien sencilla.
+
+Empezare por decirle que contaba yo muy pocos anos de edad, cuando
+murio mi padre, legandome una fortuna cuantiosa. Pero como el ocio
+nunca entro en mis calculos, decidi estudiar una carrera, y elegi la
+carrera de medico-cirujano. Aqui, entre nos, le confesare que
+siempre he considerado la medicina como la carabina de Ambrosio,
+pero la cirugia,--iah! eso es otra cosa. Por medio de la cirugia
+pueden curarse radicalmente todas las dolencias de la humanidad, y
+no esta lejano el dia en que hasta la misma muerte pueda evitarse
+por su medio.
+
+Mis profesores se quedaron asombrados de la extraordinaria pericia
+que adquiri desde un principio: el bisturi en mis manos era como el
+pincel en las de un artista. Cada corte mio era una maravilla de
+precision y de arte, si senor, de arte. Gane los primeros premios en
+la Academia, y cuando se me expidio el titulo de Cirujano, se hizo
+constar en el que jamas se habian obtenido calificaciones mas altas.
+La primera operacion de importancia que ejecute, despues de haber
+sido recibido, fue la amputacion de ambas manos del celebre pianista
+Gerosltein. Por supuesto que era absolutamente innecesario que dicho
+senor perdiera las dos manos, pero como no me gustaba nada su manera
+de interpretar Beethoven, decidi cortar el mal de raiz; y perdoneme
+esta ligera _plaisanterie_.
+
+Por aquel tiempo conoci a Matilde. No recuerdo si fue en un baile en
+el palacio de la Princesa Dorodinski, o si fue en las carreras de
+caballos. Pero si tengo muy presente que desde el primer momento que
+la vi, comprendi que era la mujer mas hermosa que ha habido en el
+mundo, y por lo tanto, que tenia que ser mi esposa. Yo era entonces
+excesivamente romantico; no le llamara la atencion saber que toda mi
+corte fue hecha a la luz de la luna. La orquesta del Conservatorio
+tocaba todas las noches musica selecta debajo de su ventana, y hasta
+llegue a pagar a un poeta de fama para que le escribiera madrigales,
+que yo firmaba.
+
+Para no hacer largo este relato, le dire que mientras se llevaban a
+cabo los preparativos de nuestra boda, Matilde no hacia mas que
+llorar, llorar... Lloraba de amor por mi, segun me aseguro su
+madre... Matilde, he dicho, es y sera la mujer mas hermosa de la
+tierra. Pero, amigo mio, bien dice el refran que no hay dicha
+completa en este mundo. Poco tiempo despues de nuestro matrimonio,
+una terrible sospecha empezo a martirizarme. Matilde fue desde un
+principio una esposa modelo; pero los besos apasionados que yo le
+daba jamas eran correspondidos; jamas posaba su mirada sobre mi con
+carino, y todos los pequenos sacrificios que por ella hacia ni
+siquiera eran notados, mucho menos agradecidos... En fin, llego el
+dia amargo en que la sospecha se torno en certeza. Con pretexto de
+sentirme cansado y apoyar mi cabeza sobre su pecho, hice el terrible
+descubrimiento de que Matilde, la mujer mas hermosa de la tierra,
+_no tenia corazon_. Mucho tiempo permaneci anonadado; pero
+subitamente un rayo de luz ilumino mi mente.
+
+Casi todos los dias acudia yo al anfiteatro de la Academia y
+presenciaba los cursos. Recorde que en la manana de aquel dia, se
+habia recogido en la calle el cadaver de una joven del bajo pueblo
+que habia sido atropellada por un tranvia. Tendria la misma edad,
+mas o menos, que Matilde.
+
+Eran las diez de la noche, cuando me presente al conserje de la
+Academia y le pedi las llaves del anfiteatro para recojer unos
+instrumentos que habia yo dejado olvidados. El conserje me las
+franqueo en seguida y hasta ofrecio acompanarme, pero yo le dispense
+esa molestia, y penetre solo en el salon. Un cuarto de hora despues,
+salia de alli llevando en la mano un estuche que mostre al conserje,
+para que viera que efectivamente era de mi propiedad, y en el fondo
+de la bolsa de mi abrigo un bulto pequenisimo, envuelto en gasa. Eso
+naturalmente no lo vio el buen hombre.
+
+Matilde estaba ya en su lecho, cuando fui a darle las buenas noches.
+Note que se estremecio un poco al verme entrar en su alcoba; pero yo
+la tranquilice con una sonrisa, y me acerque a besar su casta
+frente. Todo lo tenia yo habilmente preparado, y fue cuestion de
+medio segundo aplicarle el cloroformo y adormecerla. Una vez logrado
+esto, pude proseguir mi tarea con toda calma. En realidad, la
+operacion fue sencillisima: se redujo a abrirle el pecho y colocar
+en el sitio correspondiente el corazon de la joven. Y aqui debo
+consignar una cosa extraordinaria. Apenas habia yo comenzado la
+operacion, cuando aparecieron sobre las sabanas dos o tres rosas
+rojas, que fueron multiplicandose, hasta cubrir casi todo el lecho.
+
+El exito de la operacion, no por previsto dejo de satisfacerme; al
+contrario, con el mayor gusto del mundo, me sente al lado de mi
+mujer esperando que despertara de su sueno. Su nuevo corazon latia
+tan regularmente, que cualquiera hubiera creido que era el tic-tac
+del reloj que se hallaba sobre la mesa de noche... Hasta mucho
+despues del amanecer permaneci alli, admirando la peregrina belleza
+de mi mujer, que se destacaba esplendidamente sobre su lecho de
+rosas rojas.
+
+No se que hora seria, cuando entro la doncella en la alcoba. Como es
+una mujer muy lista, en seguida comprendio el prodigio y salio de la
+estancia dando gritos de admiracion. Pocos momentos despues,
+llegaron los hermanos de Matilde y muchas otras personas. Por mas
+que hice para hacerlos comprender que la operacion que habia yo
+llevado a cabo era en realidad muy sencilla, se obstinaron en
+traerme, casi a la fuerza, a este palacio, en donde tienen su morada
+los hombres mas eminentes de la tierra... En efecto, vea usted:
+aquel caballero del sombrero alto y la corbata amarilla es el Gran
+Khan de la China; el otro, que se pasea con las manos detras de la
+espalda, es Lopez, el famoso ingeniero Lopez, quien logro construir
+el puente entre la tierra y el sol, obra reputada durante mucho
+tiempo como impracticable. El que esta leyendo el periodico y tiene
+los zapatos rotos es el Emperador y Autocrata de todas las Americas,
+y aquel anciano a su lado que se mece la barba,--ese es, !ah! no me
+atrevo a decir a usted quien es. Pero me ha prometido que en cuanto
+llegue mi mujer y se arroje en mis brazos, formidable estruendo
+rasgara las nubes, y una bandada de alados serafines bajara para
+llevarnos, a Matilde y a mi, al paraiso.
+
+
+
+
+
+FRAY BALTASAR
+
+ A MARGARITA DE LA PENA
+
+
+
+Fray Baltasar estaba perplejo ante su pupitre, en el _scriptorium_
+del monasterio. Hora tras hora, habia querido reproducir sobre el
+estirado trozo de vitela que tenia delante, aquellas iluminaciones
+que adornaban sus breviarios y misales y le proporcionaran renombre
+artistico. No hacia un ano que terminara un _Libro de horas_ para la
+Reina de Francia, que fue asombro de aquella Corte, y ahora, ino
+podia trazar la mas insignificante florecilla! iEl, que habia
+logrado pintar dentro de la inicial de _Stabat Mater_ el rostro de
+la Madre de Dios, con tanto primor y arte, que se veian rodar las
+lagrimas por las mejillas de la Dolorosa! iEl, que habia orlado los
+versiculos del _Magnificat_ con follajes y roleos inconcebiblemente
+diminutos!
+
+Una y mil veces ensayo de nuevo, mas nada pudo lograr. Con un hondo
+suspiro, se dispuso a guardar sus penolas, pinturas y pinceles, y en
+ese momento oyo la campana que llamaba a maitines.
+
+--iSeis horas sin lograr nada, penso. Dios me perdone esta perdida
+de tiempo!
+
+Se encamino al coro lentamente, pensando sin cesar en su facultad
+perdida. Entonaron los frailes los suaves canticos rituales; nubes
+de incienso se difundieron por las naves del templo; pero aunque
+Fray Baltasar quiso concentrar su atencion en el oficio, volaba su
+imaginacion y sentia grande angustia al pensar que su arte, tan
+maravilloso que asombraba al mundo, habia desaparecido, quiza
+para siempre.
+
+Termino el oficio, y los frailes lenta y silenciosamente abandonaron
+el coro y atravesaron como sombras los vetustos claustros, para
+internarse en sus celdas, a descansar breves momentos. Fray
+Baltasar, cabizbajo, penetro en su retiro y se recosto en la dura
+tarima que le servia de lecho; la fatiga y la tristeza pesaron sobre
+sus parpados y el sueno le proporciono momentaneo alivio.
+
+Pero pronto desperto con estremecimiento, y creyo oir una voz que
+decia:
+
+--iAlabado seas, Senor, por nuestra hermana la luna y las estrellas,
+que en el cielo has formado claras, bellas y preciosas!
+
+El fraile se levanto de su duro lecho y se puso en oracion, hasta
+que, a traves de la ventanilla de su pobre celda, vio palidecer la
+luna y las estrellas.
+
+El dia siguiente cumplio sus deberes con la mayor exactitud, pero el
+hermano Gilberto, el novicio, noto la tristeza de su rostro, y el
+prior lo miro a menudo en el refectorio.
+
+Cuando se hallo, por fin, en la soledad del _Scriptorium_, tomo los
+pinceles con mano tremula y, sobre el estirado trozo de vitela,
+quiso reproducir una vez mas las iluminaciones del misal del
+monasterio y del Libro de horas de la Reina de Francia; mas nada
+pudo lograr. Sus dibujos parecian los dibujos de un nino.
+
+Dejo caer los pinceles, y reclinando su tonsurada cabeza sobre los
+brazos, empezo a sollozar amargamente. Sus lagrimas cayeron sobre el
+pergamino, manchandolo lastimosamente y haciendo mas borrones en sus
+malogrados dibujos.
+
+iCuantos dias paso Fray Baltasar en aquel amargo estado de animo!
+iCuantas noches sin pegar los ojos! Los diarios quehaceres de la
+vida conventual no pudieron hacerlo olvidar su pena: ni los
+versiculos de los Salmos ni las oraciones del Oficio. Un dia se
+encamino a un prado, cercano al monasterio, en el cual crecia gran
+numero de flores de diversas especies, y estas quizas, le recordaron
+las que tantas veces habia trazado, idealizadas, en breviarios y
+misales, pues nuevas lagrimas de dolor nublaron sus ojos. Largo
+tiempo estuvo Fray Baltasar entregado a su honda pena y olvidado por
+completo de la regla monacal; de pronto, suave claridad parecio
+iluminar su mente, y postrandose de hinojos exclamo:
+
+--iOh, raza pigmea y miserable de mortales! ?No has comprendido,
+pecador Baltasar, que si Dios te ha privado de tu arte, ha sido
+unicamente porque te recreabas en admirar tu obra y enorgullecerte
+de ella? iOh, vanidad de vanidades!
+
+Despues de haber cumplido la penitencia que el prior le impusiera
+por haber quebrantado la regla, penetro en su celda, para probar
+ligero descanso. Al poco tiempo, tocaron a maitines, y el fraile
+quiso levantarse de su duro lecho, mas se nublo su vista, y sintio
+desfallecer... Y su vida fue apagandose lentamente....
+
+Mientras los frailes daban sepultura al cadaver de Baltasar en la
+cripta del monasterio, el prior se encamino al _scriptorium_, para
+recoger la obra del iluminador, suponiendola no terminada. Pero
+hallo la foja de pergamino orlada de exquisita y delicada labor, la
+mas maravillosa, sin duda alguna, que trazaron los pinceles de
+Fray Baltasar.
+
+
+
+
+
+EL PAPAGAYO DE HUICHILOBOS
+
+ A MARIANO SILVA
+
+
+
+Cuando el Duque de Ayamonte me nombro bibliotecario y archivero de
+su ilustre casa, crei que mi vida iba a deslizarse tranquilamente en
+los bajos de su palacio de Madrid; y hasta vi en lontananza la
+publicacion de varios trabajos de indole historica, que desde hacia
+muchos anos codiciaba, y los cuales, sin embargo, permanecen
+ineditos, su mayor parte todavia dentro de mi tintero. Todo lo
+contrario de lo que yo esperaba, el magnate resulto ser un
+investigador incansable, y mientras el dedicaba largas horas a
+explorar en los archivos de la Corte, me enviaba a menudo en busca
+de documentos a Provincias.
+
+Asi fue que en el verano pasado di con mis cansados huesos en la
+historica y hoy muerta ciudad de Alcala del Rio, en lugar de
+marcharme, como hubiera deseado, a veranear a la costa. Estaba yo en
+visperas de contraer matrimonio, y aunque el sueldo que disfrutaba
+no era corto, no desperdiciaba medio alguno de hacer economias. Por
+lo tanto no quise alojarme en el principal hotel de la localidad,
+que a pesar de ser malo era caro, sino que busque mas modesta
+vivienda. Despues de recorrer varias fondas, decidi aceptar la
+habitacion que en su casa me brindaba cierta viuda, mediante muy
+reducido estipendio. Era una pieza humildisima, sin duda alguna,
+pero limpia como una patena, y lo que mas me atrajo fue el risueno
+aspecto de su balcon. Como soy ignorante en botanica, no podre decir
+con exactitud que plantas eran las que tan profusamente lo
+adornaban, pero me parece que las que crecian en el viejo bote de
+petroleo eran azaleas, y estoy seguro que habia hortensias en una
+barrica, geranios en varios cacharros desportillados, y
+"no-me-olvides" en una lata de sardinas. Desde el interior del
+cuarto, solo se veia el muro de la torre de la Catedral, pues la
+calle que mediaba era sumamente estrecha; pero cuando me asome al
+balcon, grata fue mi sorpresa al hallar que habia delante del famoso
+templo una plazoleta con arboles, y que como aquella era la parte
+mas alta de la ciudad, dominaba la vista las extensas y pintorescas
+vegas del contorno.
+
+Nunca he dormido tan bien como la primera noche que pase en aquella
+modesta alcoba. A pesar de haber dejado abierta la ventana, pues lo
+permitia la temperatura, no sufri ruido molesto de ninguna especie.
+Al contrario, creo que me arrullo suavemente el constante y sonoro
+toque de campanas.
+
+Desperte temprano, como es mi costumbre, y desde el lecho empece a
+admirar de nuevo el grato aspecto de mi balcon florido: las
+hortensias, con sus esferas de azul y rosa; las azaleas y geranios,
+con sus variados tonos de rojo y blanco; mas ?que era esa flor
+maravillosa, en el centro de todas, en la cual no habia yo reparado
+la vispera?
+
+Salte del lecho, y vi con sorpresa que no era flor alguna, sino un
+pajaro que se posaba en el barandal del balcon. Me acerque con
+grandisima cautela, por miedo de auyentarlo. Al principio lo tome
+por un loro, pero enseguida comprendi que era de mayor tamano. No
+intentare describir su maravilloso plumaje, porque no podria
+hacerlo. Solo dire que me hizo la impresion de una joya inmensa,
+esmaltada con los colores mas vivos que puedan imaginarse: verde,
+azul, rojo, amarillo....
+
+No se cuanto tiempo permaneci asombrado. Solo se que repentinamente
+experimente una sensacion extrana, una codicia exagerada de poseer
+tan exotica ave. Senti lo que debe sentir el ladron cuando se
+propone apoderarse de lo ajeno, y me di plena cuenta, en aquellos
+instantes, de que cometeria cualquier crimen, con tal de hacerme con
+ese pajaro de rico plumaje. Largo espacio de tiempo permaneci
+inmovil, pensando en la mejor manera de llevar a cabo mi intento. El
+ave movia ligeramente las alas, que brillaban fantasticamente como
+abanicos de esmeraldas; y con la certeza de que no podria yo asirla
+viva, decidi darle muerte. Con la mayor cautela, tome un grueso
+baston que solia acompanarme en mis viajes, y conteniendo la
+respiracion y avanzando unos pasos, le aseste tremendo golpe sobre
+el ala izquierda, que sono seco y lastimero contra el barandal de
+hierro. Cayo el pajaro a la calle y yo, por lo pronto, no me atrevi
+a asomarme, temiendo que algun transeunte fuese testigo de mi accion
+nefanda. Un escalofrio recorrio mi cuerpo; me senti culpable y
+avergonzado, como debio sentirse el viejo marinero del poema cuando
+dio muerte al albatros con su ballesta.
+
+Por fin me asome. Ni el pajaro yacia en la casi desierta calle ni
+adverti trazas de sangre en el barandal de la ventana. A poco tuve
+todo aquello por una alucinacion y quede desconcertado. ?Seria un
+preludio de locura?
+
+ * * * * *
+
+No pude encontrar en el Archivo de Protocolos de Alcala del Rio los
+documentos que el Duque de Ayamonte necesitaba, y el encargado de
+aquella oficina me indico que quiza obrarian en el de la Catedral.
+Provisto de una carta de presentacion para el Dean, me encamine al
+famoso edificio, y desde el momento que penetre en el, olvide por
+completo la mision que me llevaba alli. Del Presbiterio al Coro, y
+de capilla en capilla, fui recorriendo el templo y admirando las
+multiples bellezas que encierra. Como acontece siempre en los
+recintos historicos, varios guias se ofrecieron a acompanarme, pero
+yo los rechace a todos, deseando saborear a solas tanta obra
+de arte.
+
+Repentinamente oi una exclamacion de sorpresa y, volviendo el
+rostro, me encontre cara a cara con el Padre Montero, mi antiguo
+condiscipulo, a quien no habia visto en cinco anos. Fungia de
+Sacristan mayor de la Catedral y llevaba un manojo de enormes
+llaves, pues era hora de cerrar el templo, para volver a abrirlo a
+las tres de la tarde. Inutil me parece relatar el gusto que me dio
+volver a ver a tan buen amigo mio. Convidome a almorzar y prometio
+ensenarme el mismo, despues, las mil maravillas que poseia aquel
+cabildo y que raras veces se exponian al publico.
+
+Sonaban las tres, cuando el Padre Montero y yo, empezamos a recorrer
+el salon de cabildos, las sacristias mayor y menor, la claveria, el
+camarin de Nuestra Senora de las Rosas, el vestuario y demas
+dependencias. Solo con enumerar las multiples bellezas que me mostro
+se llenaria un volumen; y cuando crei que habia terminado mi visita,
+me anuncio con cierta satisfaccion:
+
+--Te falta ver lo principal: el tesoro.
+
+Ante una puerta de roble con remaches de hierro, que al principio
+crei daria acceso a la escalera de la torre, un canonigo nos
+esperaba rezando su oficio. Hechas las presentaciones del caso, el
+Tesorero abrio la pesada puerta de madera, y aparecio otra, moderna,
+semejante a la de una caja fuerte. La abrio a su vez, y en seguida
+una fuerte reja, que todavia impedia el paso. Pero ni ese aparato de
+seguridad haria sospechar la riqueza que en aquel aposento se
+guardaba. Mas de una hora permanecimos admirando custodias, calices,
+atriles, estatuas y toda clase de joyas, cuyo interes acrecentaban
+los eruditos informes del canonigo. Subitamente, deje escapar un
+grito de sorpresa. iAlli, delante de mis ojos, encerrado dentro de
+una vitrina y posado dentro de una peana de oro, se hallaba un
+pajaro identico a mi visitante de aquella manana! Estaba cuajado de
+esmeraldas, rubies, diamantes, en fin, de la mas rica pedreria que
+pueda imaginarse; y labrado todo con tal arte, que a primera vista
+parecia estar vivo.
+
+Comprendo su emocion, dijo el canonigo. Esta reputada esta joya como
+una de las mas notables de que hay noticia. Con decir a usted
+que el Museo Britanico ha ofrecido millones,--asi como suena,
+millones,--por ella, se dara usted cuenta de su alto merito
+artistico y valor intrinseco. Pero el Cabildo antes enagenaria todo
+lo que hemos visto que deshacerse de esta incomparable joya. Fue en
+un tiempo el adorno principal del templo mayor de los aztecas; uno
+de los conquistadores de Mexico lo arranco del altar mismo del
+famoso _Huichilobos_, y lo trajo a Carlos V, quien lo dono a esta
+Santa Iglesia.
+
+Viendo que permanecia yo estupefacto, quiso que mi admiracion fuese
+mayor, y abrio la vitrina para que examinara a mis anchas aquel
+portento de orfebreria. Tomo la joya en sus manos, y al acercarla a
+la luz, para mejor mostrarmela, exhalo una exclamacion de espanto.
+
+--iDios me valga! ?Que es esto?
+
+iEl papagayo estaba lastimosamente maltratado en el ala izquierda,
+como si hubiese sido golpeado con un martillo! Imaginese la
+consternacion del canonigo y del sacristan mayor. En cuanto a mi,
+senti como si fuera el autor de aquel atentado y temi que lo
+revelara mi semblante. Pero mis companeros estaban demasiado
+ocupados en examinar el desperfecto, para fijarse en mi persona.
+
+--?Como ha podido ser esto? ?Quien pudo llegar hasta aqui y cometer
+tan audaz sacrilegio? Exclamaban ambos admirados.
+
+El Tesorero ordeno al Padre Montero que avisase al Dean, y la nueva
+corrio rapidamente, pues a los pocos momentos acudieron varios
+canonigos y prebendados, quienes anunciaron que Su Eminencia en
+persona iria a comprobar con sus propios ojos el inexplicable y
+audaz atentado.
+
+
+ * * * * *
+
+Mientras se daban los pasos oportunos para descubrir al autor del
+delito, dispuso el Cardenal Arzobispo de Alcala del Rio que la
+maltratada joya fuera guardada dentro de un cofre fuerte que habia
+en el Tesoro, y que hasta nueva orden se suspendiesen las visitas
+del publico.
+
+Oprimido por la vergueenza y el temor, me despedi del Padre Montero,
+y olvidando por completo la busqueda de documentos que a la Catedral
+me habia llevado, dirigi mis pasos lentamente hacia mi alojamiento.
+
+Renuncio a describir mi estado de animo durante el resto de aquel
+dia. Quise rechazar mi constante preocupacion por medio de la
+lectura, pero dio la casualidad que la unica obra que habia llevado
+conmigo era la Historia de Bernal Diaz del Castillo, y ella, lejos
+de proporcionarme distraccion, daba rienda suelta a los mas extranos
+pensamientos. Deje el libro y sali a pasear por las vegas, hasta el
+anochecer. Cuando regrese a mi alcoba me senti calenturiento y me
+meti entre sabanas; pero solo logre conciliar intranquilo y mil
+veces interrumpido sueno. Recuerdo que aquella noche fui testigo de
+los episodios mas sangrientos de la conquista de Mexico. Los
+sacerdotes aztecas abrian el pecho de sus victimas y arrancabanles
+el corazon, palpitante aun, para ofrecerlo al terrible Huichilobos,
+que presidia el Cu mayor... Constantemente se oia el rumor de la
+pelea y arroyos de sangre por todos lados me cercaban... Retumbo en
+mis oidos el "triste sonido" del tambor que, segun Bernal Diaz,
+podia oirse a dos leguas de distancia, y desperte excitado. La
+Campana mayor de la Catedral sonaba lugubremente.
+
+ * * * * *
+
+Con la codiciada aurora, recobre la tranquilidad de espiritu.
+Trabaje todo el dia en el archivo del Cabildo, en donde pude hallar
+los documentos que buscaba, y hasta llegue a olvidar los extranos
+sucesos de la vispera.
+
+Pero al llegar a mi habitacion en la tarde, encontre que me
+aguardaba alli el Padre Montero. Al verlo me senti de nuevo
+avergonzado y culpable.
+
+--iHola! Dije, procurando demostrar completa tranquilidad. iCuanto
+gusto de verte! ?Quieres que demos un paseo por las margenes del
+rio, antes de que llegue la noche?
+
+--Rafael, exclamo, sin hacer caso de mi pregunta. ?Te acuerdas del
+papagayo de Huichilobos que viste ayer?
+
+--Si, dije casi como un reto. ?Se descubrio ya el autor del
+atentado?
+
+--Eso no seria facil en tan corto espacio de tiempo. Lo que quiero
+contarte, puesto que confio en tu discrecion, es lo siguiente: Has
+de saber que Su Eminencia, que es hombre activo, envio ayer mismo un
+mensaje a la Corte, para que viniese en seguida uno de los mejores
+joyeros y restaurase cuanto antes el desperfecto causado al
+papagayo. Llego en el tren del medio dia y el Dean, el Tesorero y yo
+hemos ido esta tarde a recoger la joya para entregarsela; pero,
+calcula icual seria nuestra sorpresa, al abrir el cofre y ver que el
+papagayo ha desaparecido! Como ha podido llegar hasta alli el
+ladron, nadie ha podido explicarselo.
+
+Instintivamente nos habiamos acercado a la ventana, pues la puesta
+de sol prometia ser hermosisima aquella tarde. Las gargolas y demas
+partes salientes de la enorme catedral tenian ya perfiles de fuego,
+y las copas de los arboles de la plazoleta y hasta las hortensias de
+mi balcon empezaban a tenirse de carmin.
+
+Subitamente, mi companero dio un grito de sorpresa. Dirigiendo la
+mirada hacia el lugar que febrilmente senalaba, vi al Papagayo de
+Huichilobos, a poca distancia de nosotros, posado sobre un saliente
+de la torre.
+
+--iEs identico! exclamo.
+
+--No, dije con bastante calma. Es el mismo. Esta vivo, pero tiene
+rota el ala izquierda. Yo mismo se la he roto.
+
+El Padre Montero me miro con extraneza y vi que sus tremulos labios
+iban a formular una pregunta; pero en ese momento el ave movio las
+alas, que brillaron a la luz del ocaso, como si cayera una cascada
+de gemas dentro de una hoguera, y tendio el vuelo en direccion
+nuestra. Vino a posarse de nuevo sobre el barandal del balcon. iSi,
+estaba alli el Papagayo de Huichilobos, al alcance de nuestras
+manos, y no osabamos tocarlo! Contuvimos la respiracion y no nos
+movimos durante largo espacio de tiempo, fascinados por el
+inesperado suceso.
+
+Con no se que supremo esfuerzo de la voluntad, el Padre Montero
+subitamente procuro apresarlo. Pero el ave se le escapo de entre las
+manos, y tendio el vuelo hacia el Occidente. Yo quede extasiado,
+viendo al pajaro alejarse por los aires, lenta y majestuosamente,
+hasta convertirse en minusculo punto de luz, hasta perderse en
+lontananza como si se hundiera con el sol en el horizonte.
+
+Al volver el rostro, adverti que el Padre Montero permanecia inmovil
+con la mirada fija en la abierta palma de su mano. En ella brillaban
+cuatro esmeraldas y tres rubies de gran tamano.
+
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+
+LA PUERTA DE BRONCE
+UN HOMBRE PRACTICO
+SIMILIA SIMILIBUS
+EL AMO VIEJO
+EL COFRE
+TRISTIS IMAGO
+LOS JUGADORES DE AJEDREZ
+EL SOMBRERO DEL REY DE TIBOTU
+EL REPORTAZGO
+FRAY BALTASAR
+EL PAPAGAYO DE HUICHILOBOS
+INDICE
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
+by Manuel Romero de Terreros, Marqu,s de San Francisco
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
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+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
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+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
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+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Each eBook is in a subdirectory of the same number as the eBook's
+eBook number, often in several formats including plain vanilla ASCII,
+compressed (zipped), HTML and others.
+
+Corrected EDITIONS of our eBooks replace the old file and take over
+the old filename and etext number. The replaced older file is renamed.
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+new filenames and etext numbers.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+EBooks posted prior to November 2003, with eBook numbers BELOW #10000,
+are filed in directories based on their release date. If you want to
+download any of these eBooks directly, rather than using the regular
+search system you may utilize the following addresses and just
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+filed in a different way. The year of a release date is no longer part
+of the directory path. The path is based on the etext number (which is
+identical to the filename). The path to the file is made up of single
+digits corresponding to all but the last digit in the filename. For
+example an eBook of filename 10234 would be found at:
+
+ https://www.gutenberg.org/1/0/2/3/10234
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+
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