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diff --git a/13210-0.txt b/13210-0.txt new file mode 100644 index 0000000..b251f41 --- /dev/null +++ b/13210-0.txt @@ -0,0 +1,7340 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13210 *** + +JUAN VALERA +NOVELAS + +El Comendador Mendoza + +OBRAS COMPLETAS TOMO VII + + + + +Á LA EXCMA. SEÑORA *DOÑA IDA DE BAUER* + +Nunca, estimada señora y bondadosa amiga, soñé con ser escritor popular. +No me explico la causa, pero es lo cierto que tengo y tendré siempre +pocos lectores. Mi afición á escribir es, sin embargo, tan fuerte, que +puede más que la indiferencia del público y que mis desengaños. + +Varias veces me dí ya por vencido y hasta por muerto; mas apenas dejé de +ser escritor, cuando reviví como tal bajo diversa forma. Primero fuí +poeta lírico, luego periodista, luego crítico, luego aspiré á filósofo, +luego tuve mis intenciones y conatos de dramaturgo zarzuelero, y al cabo +traté de figurar como novelista en el largo catálogo de nuestros +autores. + +Bajo esta última forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero +aun así, no las tengo todas conmigo. + +Mi musa es tan voluntariosa, que hace lo que quiere y no lo que yo le +mando. De aquí proviene que, si por dicha logro aplausos, es por falta +de previsión. + +Escribí mi primera novela sin caer hasta el fin en que era novela lo que +escribía. + +Acababa yo de leer multitud de libros devotos. + +Lo poético de aquellos libros me tenía hechizado, pero no cautivo. Mi +fantasía se exaltó con tales lecturas, pero mi frío corazón siguió en +libertad y mi seco espíritu se atuvo á la razón severa. + +Quise entonces recoger como en un ramillete todo lo más precioso, ó lo +que más precioso me parecía, de aquellas flores místicas y ascéticas, é +inventé un personaje que las recogiera con fe y entusiasmo, juzgándome +yo, por mí mismo, incapaz de tal cosa. Así brotó espontánea una novela, +cuando yo distaba tanto de querer ser novelista. + +Después me he puesto adrede á componer otras, y dicen que lo he hecho +peor. + +Esto me ha desanimado de tal suerte, que he estado á punto de no volver +á escribirlas. + +Entre las pocas personas que me han dado nuevo aliento descuella V., ora +por la indulgencia con que celebra mis obrillas, ora por el valor que +los elogios de V., si prescindimos por un instante de la bondad que los +inspira, deben tener para cuantos conocen su rara discreción, su +delicado gusto y el hondo y exquisito sentir con que percibe todo lo +bello. + +Aunque yo no hubiese seguido de antemano la sentencia de aquel sabio +alejandrino que afirmaba que sólo las personas hermosas entendían de +hermosura, V. me hubiera movido á seguirla, mostrándose luminoso y vivo +ejemplo y gentil prueba de su verdad. + +No extrañe V., pues, que, lleno de agradecimiento, le dedique este +libro. + +Por ir dedicado á V., quisiera yo que fuese mejor que _Pepita Jiménez_, +á quien V. tanto celebra; pero harto sabido es que las obras literarias, +y muy en particular las de carácter poético, sólo se dan bien en +momentos dichosos de inspiración, que los autores no renuevan á su +antojo. + +En esto como en otras mil cosas, la poesía se parece á la magia. +Requiere la intervención del cielo. + +Cuentan de Alberto Magno que, yendo en peregrinación de Roma á Alemania, +pasó una noche á las orillas del Po, en la cabaña de un pescador. +Agasajado allí muy bien, quiso el doctor probar su gratitud al huésped, +y le hizo y le dió un pez de madera, tan maravilloso que, puesto en la +red atraía á todos los peces vivos. No hay que ponderar la ventura del +pescador con su pez mágico. Cierto día, con todo, tuvo un descuido, y el +pez se le perdió. Entonces se puso en camino, fué á Alemania, buscó á +Alberto, y le rogó que le hiciera otro pez semejante al primero. Alberto +respondió que lo deseaba (también deseo yo hacer otra _Pepita Jiménez;_) +mas que, para hacer otro pez que tuviese todas las virtudes del antiguo, +era menester esperar á que el cielo presentase idéntico aspecto y +disposición en constelaciones, signos y planetas, que en la noche en que +el primer pez se hizo, lo cual no podía acontecer sino dentro de treinta +y seis mil y pico de años. + +Como yo no puedo esperar tanto tiempo, me resigno á dedicar á V. _El +Comendador Mendoza_. + +Este simpático personaje, antes de salir en público, no ya escondido y á +trozos, sino por completo y por sí solo, pasa, con la venia de Lucía, á +besar humildemente los lindos pies de V. y á ponerse bajo su amparo. +Remedando á un antiguo compañero mío, elige á V. por su madrina. No +desdeñe V. al nuevo ahijado que le presento, aunque no valga lo que +_Pepita_, y créame su afectísimo y respetuoso servidor. + +JUAN VALERA. + + + + +*El Comendador Mendoza.* + + + + +I + +Á pesar de los quehaceres y cuidados que me retienen en Madrid casi de +continuo, todavía suelo ir de vez en cuando á Villabermeja y á otros +lugares de Andalucía, á pasar cortas temporadas de uno á dos meses. + +La última vez que estuve en Villabermeja ya habían salido á luz _Las +Ilusiones del Doctor Faustino_. + +D. Juan Fresco me mostró en un principio algún enojo de que yo hubiese +sacado á relucir su vida y las de varios parientes suyos en un libro de +entretenimiento; pero al cabo, conociendo que yo no lo había hecho á mal +hacer, me perdonó la falta de sigilo. Es más: D. Juan aplaudió la idea +de escribir novelas fundadas en hechos reales, y me animó á que siguiese +cultivando el género. Esto nos movió á hablar del Comendador Mendoza. + +--¿El vulgo --dije yo,-- cree aún que el Comendador anda penando, +durante la noche, por los desvanes de la casa solariega de los +Mendozas, con su manto blanco del hábito de Santiago? + +--Amigo mío --contestó D. Juan,-- el vulgo lee ya _El Citador_ y otros +libros y periódicos librepensadores. En la incredulidad, además, está +como impregnado el aire que se respira. No faltan jornaleros escépticos; +pero las mujeres, por lo común, siguen creyendo á pie juntillas. Los +mismos jornaleros escépticos niegan de día y rodeados de gente, y de +noche, á solas, tienen más miedo que antes de lo sobrenatural, por lo +mismo que lo han negado durante el día. Resulta, pues, que, á pesar de +que vivimos ya en la edad de la razón y se supone que la de la fe ha +pasado, no hay mujer bermejina que se aventure á subir á los desvanes de +la casa de los Mendozas sin bajar gritando y afirmando á veces que ha +visto al Comendador, y apenas hay hombre que suba solo á dichos desvanes +sin hacer un grande esfuerzo de voluntad para vencer ó disimular el +miedo. El Comendador, por lo visto, no ha cumplido aún su tiempo de +purgatorio, y eso que murió al empezar este siglo. Algunos entienden que +no está en el purgatorio, sino en el infierno; pero no parece natural +que, si está en el infierno, se le deje salir de allí para que venga á +mortificar á sus paisanos. Lo más razonable y verosímil es que esté en +el purgatorio, y esto cree la generalidad de las gentes. + +--Lo que se infiere de todo, ora esté el Comendador en el infierno, ora +en el purgatorio, es que sus pecados debieron de ser enormes. + +--Pues, mire V. --replicó D. Juan Fresco,-- nada cuenta el vulgo de +terminante y claro con relación al Comendador. Cuenta, sí, mil confusas +patrañas. En Villabermeja se conoce que hirió más la imaginación popular +por su modo de ser y de pensar que por sus hechos. Sus hechos conocidos, +salvo algún extravío de la mocedad, más le califican de buena que de +mala persona. + +--De todos modos, ¿V. cree que el Comendador era una persona notable? + +--Y mucho que lo creo. Yo contaré á V. lo que sé de él, y V. juzgará. + +Don Juan Fresco me contó entonces lo que sabía acerca del Comendador +Mendoza. Yo no hago más que ponerlo ahora por escrito. + + + + +II + +Don Fadrique López de Mendoza, llamado comunmente el Comendador, fué +hermano de don José, el mayorazgo, abuelo de nuestro D. Faustino, á +quien supongo que conocen mis lectores. + +Nació D. Fadrique en 1744. + +Desde niño dicen que manifestó una inclinación perversa á reírse de todo +y á no tomar nada por lo serio. Esta cualidad es la que menos fácilmente +se perdona, cuando se entrevé que no proviene de ligereza, sino de tener +un hombre el espíritu tan serio, que apenas halla cosa terrena y humana +que merezca que él la considere con seriedad; por donde, en fuerza de la +seriedad misma, nacen el desdén y la risa burlona. + +Don Fadrique, según la general tradición, era un hombre de este género: +un hombre jocoso de puro serio. + +Claro está que hay dos clases de hombres jocosos de puro serios. Á una +clase, que es muy numerosa, pertenecen los que andan siempre tan serios, +que hacen reir á los demás, y sin quererlo son jocosos. Á otra clase, +que siempre cuenta pocos individuos, es á la que pertenecía D. Fadrique. +Don Fadrique se burlaba de la seriedad vulgar é inmotivada, en virtud de +una seriedad exquisita y superlativa; por lo cual era jocoso. + +Conviene advertir, no obstante, que la jocosidad de D. Fadrique rara vez +tocaba en la insolencia ó en la crueldad, ni se ensañaba en daño del +prójimo. Sus burlas eran benévolas y urbanas, y tenían á menudo cierto +barniz de dulce melancolía. + +El rasgo predominante en el carácter de D. Fadrique no se puede negar +que implicaba una mala condición: la falta de respeto. Como veía lo +ridículo y lo cómico en todo, resultaba que nada ó casi nada respetaba, +sin poderlo remediar. Sus maestros y superiores se lamentaron mucho de +esto. + +Don Fadrique era ágil y fuerte, y nada ni nadie le inspiró jamás temor, +más que su padre, á quien quiso entrañablemente. No por eso dejaba de +conocer y aun de decir en confianza, cuando recordaba á su padre, +después de muerto, que, si bien había sido un cumplido caballero, +honrado, pundonoroso, buen marido y lleno de caridad para con los +pobres, había sido también un _vándalo_. + +En comprobación de este aserto contaba D. Fadrique varias anécdotas, +entre las cuales ninguna le gustaba tanto como la del bolero. + +D. Fadrique bailaba muy bien este baile cuando era niño, y D. Diego, +que así se llamaba su padre, se complacía en que su hijo luciese su +habilidad cuando le llevaba de visitas ó las recibía con él en su casa. + +Un día llevó D. Diego á su hijo D. Fadrique á la pequeña ciudad, que +dista dos leguas de Villabermeja, cuyo nombre no he querido nunca decir, +y donde he puesto la escena de mi _Pepita Jiménez_. Para la mejor +inteligencia de todo, y á fin de evitar perífrasis, pido al lector que +siempre que en adelante hable yo de la ciudad entienda que hablo de la +pequeña ciudad ya mencionada. + +Don Diego, como queda dicho, llevó á D. Fadrique á la ciudad. Tenía D. +Fadrique trece años, pero estaba muy espigado. Como iba de visitas de +ceremonia, lucía casaca y chupa de damasco encarnado con botones de +acero bruñido, zapatos de hebilla y medias de seda blanca, de suerte que +parecía un sol. + +La ropa de viaje de D. Fadrique, que estaba muy traída y con algunas +manchas y desgarrones, se quedó en la posada, donde dejaron los +caballos. D. Diego quiso que su hijo le acompañase en todo su esplendor. +El muchacho iba contentísimo de verse tan guapo y con traje tan señoril +y lujoso. Pero la misma idea de la elegancia aristocrática del traje le +infundió un sentimiento algo exagerado del decoro y compostura que +debía tener quien le llevaba puesto. + +Por desgracia, en la primera visita que hizo Don Diego á una hidalga +viuda, que tenía dos hijas doncellas, se habló del niño Fadrique y de lo +crecido que estaba, y del talento que tenía para bailar el bolero. + +--Ahora --dijo D. Diego,-- baila el chico peor que el año pasado, porque +está en la _edad del pavo_; edad insufrible, entre la palmeta y el +barbero. Ya Vds. sabrán que en esa edad se ponen los chicos muy +empalagosos, porque empiezan á presumir de hombres y no lo son. Sin +embargo, ya que Vds. se empeñan, el chico lucirá su habilidad. + +Las señoras, que habían mostrado deseos de ver á D. Fadrique bailar, +repitieron sus instancias, y una de las doncellas tomó una guitarra y se +puso á tocar para que D. Fadrique bailase. + +--Baila, Fadrique, --dijo D. Diego, no bien empezó la música. + +Repugnancia invencible al baile, en aquella ocasión se apoderó de su +alma. Veía una contrariedad monstruosa, algo de lo que llaman ahora una +_antinomia_, entre el bolero y la casaca. Es de advertir que en aquel +día D. Fadrique llevaba casaca por primera vez: estrenaba la prenda, si +puede calificarse de estreno el aprovechamiento del arreglo ó +refundición de un vestido, usado primero por el padre y después por el +mayorazgo, á quien se le había quedado estrecho y corto. + +--Baila, Fadrique, --repitió D. Diego, bastante amostazado. + +Don Diego, cuyo traje de campo y camino, al uso de la tierra, estaba en +muy buen estado, no se había puesto casaca como su hijo. D. Diego iba +todo de estezado, con botas y espuelas, y en la mano llevaba el látigo +con que castigaba al caballo y á los podencos de una jauría numerosa que +tenía para cazar. + +--Baila, Fadrique, --exclamó D. Diego por tercera vez, notándose ya en +su voz cierta alteración, causada por la cólera y la sorpresa. + +Era tan elevado el concepto que tenía D. Diego de la autoridad paterna, +que se maravillaba de aquella rebeldía. + +--Déjele V., señor de Mendoza --dijo la hidalga viuda.-- El niño está +cansado del camino y no quiere bailar. + +--Ha de bailar ahora. + +--Déjele V.; otra vez le veremos, --dijo la que tocaba la guitarra. + +--Ha de bailar ahora --repitió D. Diego.-- Baila, Fadrique. + +--Yo no bailo con casaca, --respondió éste al cabo. + +Aquí fué Troya. D. Diego prescindió de las señoras y de todo. + +--¡Rebelde! ¡mal hijo! --gritó:-- te enviaré á los Toribios: baila ó te +desuello; y empezó á latigazos con D. Fadrique. + +La señorita de la guitarra paró un instante la música; pero D. Diego la +miró de modo tan terrible, que ella tuvo miedo de que la hiciese tocar +como quería hacer bailar á su hijo, y siguió tocando el bolero. + +Don Fadrique, después de recibir ocho ó diez latigazos, bailó lo mejor +que supo. + +Al pronto se le saltaron las lágrimas; pero después, considerando que +había sido su padre quien le había pegado, y ofreciéndose á su fantasía +de un modo cómico toda la escena, y viéndose él mismo bailar á latigazos +y con casaca, se rió, á pesar del dolor físico, y bailó con inspiración +y entusiasmo. + +Las señoras aplaudieron á rabiar. + +--Bien, bien --dijo D. Diego.-- ¡Por vida del diablo! ¿Te he hecho mal, +hijo mío? + +--No, padre --dijo D. Fadrique.-- Está visto: yo necesitaba hoy de doble +acompañamiento para bailar. + +--Hombre, disimula. ¿Por qué eres tonto? ¿Qué repugnancia podías tener, +si la casaca te va que ni pintada, y el bolero clásico y de buena +escuela es un baile muy señor? Estas damas me perdonarán. ¿No es verdad? +Yo soy algo vivo de genio. + +Así terminó el lance del bolero. + +Aquel día bailó otras cuatro veces D. Fadrique en otras tantas visitas, +á la más leve insinuación de su padre. + +Decía el cura Fernández, que conoció y trató á D. Fadrique, y de quien +sabía muchas de estas cosas mi amigo D. Juan Fresco, que D. Fadrique +refería con amor la anécdota del bolero, y que lloraba de ternura filial +y reía al mismo tiempo, diciendo _mi padre era un vándalo_, cuando se +acordaba de él, dándole de latigazos, y retraía á su memoria á las damas +aterradas, sin dejar una de ellas de tocar la guitarra, y á él mismo +bailando el bolero mejor que nunca. + +Parece que había en todo esto algo de orgullo de familia. El _mi padre +era un vándalo_ de D. Fadrique casi sonaba en sus labios como alabanza. +D. Fadrique, educado en el lugar y del mismo modo que su padre, D. +Fadrique cerril, hubiera sido más vándalo aún. + +La fama de sus travesuras de niño duró en el lugar muchos años después +de haberse él partido á servir al Rey. + +Huérfano de madre á los tres años de edad, había sido criado y mimado +por una tía solterona, que vivía en la casa, y á quien llamaban la +chacha Victoria. + +Tenía además otra tía, que si bien no vivía con la familia, sino en casa +aparte, había también permanecido soltera y competía en mimos y en +halagos con la chacha Victoria. Llamábase esta otra tía la chacha +Ramoncica. D. Fadrique era el ojito derecho de ambas señoras, cada una +de las cuales estaba ya en los cuarenta y pico de años cuando tenía doce +nuestro héroe. + +Las dos tías ó chachas se parecían en algo y se diferenciaban en mucho. + +Se parecían en cierto entono amable y benévolo de hidalgas, en la piedad +católica y en la profunda ignorancia. Esto último no provenía sólo de +que hubiesen sido educadas en el lugar, sino de una idea de entonces. Yo +me figuro que nuestros abuelos, hartos de la bachillería femenil, de las +cultas latini-parlas y de la desenvoltura pedantesca de las damas que +retratan Quevedo, Tirso y Calderón en sus obras, habían caído en el +extremo contrario de empeñarse en que las mujeres no aprendiesen nada. +La ciencia en la mujer hubo de considerarse como un manantial de +perversión. Así es que en los lugares, en las familias acomodadas y +nobles, cuando eran religiosas y morigeradas, se educaban las niñas para +que fuesen muy hacendosas, muy arregladas y muy señoras de su casa. +Aprendían á coser, á bordar y á hacer calceta; muchas sabían de cocina; +no pocas planchaban perfectamente; pero casi siempre se procuraba que no +aprendiesen á escribir, y apenas sí se les enseñaba á leer de corrido +en _El Año Cristiano_ ó en algún otro libro devoto. + +Las chachas Victoria y Ramoncica se habían educado así. La diversa +condición y carácter de cada una estableció después notables +diferencias. + +La chacha Victoria, alta, rubia, delgada y bien parecida, +había sido, y continuó siendo hasta la muerte, naturalmente sentimental +y curiosa. Á fuerza de deletrear, llegó á leer casi de corrido cuando +estaba ya muy granada; y sus lecturas no fueron sólo de vidas de santos, +sino que conoció también algunas historias profanas y las obras de +varios poetas. Sus autores favoritos fueron doña María de Zayas y +Gerardo Lobo. + +Se preciaba de experimentada y desengañada. Su conversación estaba +siempre como salpicada de estas dos exclamaciones: --¡Qué mundo éste! +--¡Lo que ve el que vive!-- La chacha Victoria se sentía como hastiada y +fatigada de haber visto tanto, y eso que sus viajes no se habían +extendido más allá de cinco ó seis leguas de distancia de Villabermeja. + +Una pasión, que hoy calificaríamos de romántica, había llenado toda la +vida de la chacha Victoria. Cuando apenas tenía diez y ocho años, +conoció y amó en una feria á un caballero cadete de infantería. El +cadete amó también á la chacha, que no lo era entonces; pero los dos +amantes, tan hidalgos como pobres, no se podían casar por falta de +dinero. Formaron, pues, el firme propósito de seguir amándose, se +juraron constancia eterna y decidieron aguardar para la boda á que +llegase á capitán el cadete. Por desgracia, entonces se caminaba con +pies de plomo en las carreras, no había guerras civiles ni +pronunciamientos, y el cadete, firme como una roca y fiel como un perro, +envejeció sin pasar de teniente nunca. + +Siempre que el servicio militar lo consentía, el cadete venía á +Villabermeja; hablaba por la ventana con la chacha Victoria, y se decían +ambos mil ternuras. En las largas ausencias se escribían cartas amorosas +cada ocho ó diez días; asiduidad y frecuencia extraordinarias entonces. + +Esta necesidad de escribir obligó á la chacha Victoria á hacerse +letrada. El amor fué su maestro de escuela, y le enseñó á trazar unos +garrapatos anárquicos y misteriosos, que por revelación de amor leía, +entendía y descifraba el cadete. + +De esta suerte, entre temporadas de pelar la pava en Villabermeja, y +otras más largas temporadas de estar ausentes, comunicándose por cartas, +se pasaron cerca de doce años. El cadete llegó á teniente. + +Hubo entonces un momento terrible: una despedida desgarradora. El +cadete, teniente ya, se fué á la guerra de Italia. Desde allí venían las +cartas muy de tarde en tarde. Al cabo cesaron del todo. La chacha +Victoria se llenó de presentimientos melancólicos. + +En 1747, firmada ya la paz de Aquisgrán, los soldados españoles +volvieron de Italia á España; pero nuestro cadete, que había esperado +volver de capitán, no parecía ni escribía. Sólo pareció, con la licencia +absoluta, su asistente, que era bermejino. + +El bueno del asistente, en el mejor lenguaje que pudo, y con los +preparativos y rodeos que le parecieron del caso para amortiguar el +golpe, dió á la chacha Victoria la triste noticia de que el cadete, +cuando iba ya á ver colmados sus deseos, cuando iba á ser ascendido á +capitán, en vísperas de la paz, en la rota de Trebia, había caído +atravesado por la lanza de un croata. + +No murió en el acto. Vivió aún dos ó tres días con la herida mortal, y +tuvo tiempo de entregar al asistente, para que trajese á su querida +Victoria, un rizo rubio que de ella llevaba sobre el pecho en un +guardapelo, las cartas y un anillo de oro con un bonito diamante. + +El pobre soldado cumplió fielmente su comisión. + +La chacha Victoria recibió y bañó en lágrimas las amadas reliquias. El +resto de su vida le pasó recordando al cadete, permaneciendo fiel á su +memoria y llorándole á veces. Cuanto había de amor en su alma fué +consumiéndose en devociones y transformándose en cariño por el sobrino +Fadriquito, el cual tenía tres años cuando supo la chacha Victoria la +muerte de su perpetuo y único novio. + +La pobre chacha Ramoncica había sido siempre pequeñuela y mal hecha de +cuerpo, sumamente morena y bastante fea de cara. Cierta dignidad natural +é instintiva le hizo comprender, desde que tenía quince años, que no +había nacido para el amor. Si algo del amor con que aman las mujeres á +los hombres había en germen en su alma, ella acertó á sofocarlo y no +brotó jamás. En cambio tuvo afecto para todos. Su caridad se extendía +hasta los animales. + +Desde la edad de veinticuatro años, en que la chacha Ramoncica se quedó +huérfana y vivía en casa propia, sola, le hacían compañía media docena +de gatos, dos ó tres perros y un grajo, que poseía varias habilidades. +Tenía asimismo Ramoncica un palomar lleno de palomos, y un corral +poblado de pavos, patos, gallinas y conejos. + +Una criada llamada Rafaela, que entró á servir á la chacha Ramoncica +cuando ésta vivía aún en casa de sus padres, siguió sirviéndola toda la +vida. Ama y criada eran de la misma edad y llegaron juntas á una extrema +vejez. + +Rafaela era más fea que la chacha, y, hasta por imitarla, permaneció +siempre soltera. + +En medio de su fealdad, había algo de noble y distinguido en la chacha +Ramoncica, que era una señora de muy cortas luces. Rafaela, por el +contrario, sobre ser fea, tenía el más innoble aspecto; pero estaba +dotada de un despejo natural grandísimo. + +Por lo demás, ama y criada, guardando siempre cada cual su posición y +grado en la jerarquía social, se identificaron por tal arte, que se +diría que no había en ellas sino una voluntad, los pensamientos mismos y +los mismos propósitos. + +Todo era orden, método y arreglo en aquella casa. Apenas se gastaba en +comer, porque ama y criada comían poquísimo. Un vestido, una saya, una +basquiña, cualquiera otra prenda, duraba años y años sobre el cuerpo de +la chacha Ramoncica ó guardada en el armario. Después, estando aún en +buen uso, pasaba á ser prenda de Rafaela. + +Los muebles eran siempre los mismos y se conservaban, como por encanto, +con un lustre y una limpieza que daban consuelo. + +Con tal modo de vivir, la chacha Ramoncica, si bien no tenía sino muy +escasas rentas, apenas gastaba de ellas una tercera parte. Iba, pues, +acumulando y atesorando, y pronto tuvo fama de rica. Sin embargo, jamás +se sentía con valor de ser despilfarrada sino por empeño de su sobrino +Fadrique, á quien, según hemos dicho, mimaba en competencia de la chacha +Victoria. + +Don Diego andaba siempre en el campo, de caza ó atendiendo á las +labores. Sus dos hijos, D. José y D. Fadrique, quedaban al cuidado de la +chacha Victoria y del P. Jacinto, fraile dominico, que pasaba por muy +docto en el lugar, y que les sirvió de ayo, enseñándoles las primeras +letras y el latín. + +Don José era bondadoso y reposado, D. Fadrique un diablo de travieso; +pero D. José no atinaba hacerse querer, y D. Fadrique era amado con +locura de ambas chachas, del feroz D. Diego y del ya citado P. Jacinto, +quien apenas tendría treinta y seis años de edad cuando enseñaba la +lengua de Cicerón á los dos pimpollos lozanos del glorioso y antiguo +tronco de los López de Mendoza bermejinos. + +Mientras que el apacible D. José se quedaba en casa estudiando, ó iba al +convento á ayudar á misa, ó empleaba su tiempo en otras tareas +tranquilas, D. Fadrique solía escaparse y promover mil alborotos en el +pueblo. + +Como segundón de la casa, D. Fadrique estaba condenado á vestirse de lo +que se quedaba estrecho ó corto para su hermano, el cual, á su vez, +solía vestirse de los desechos de su padre. La chacha Victoria hacía +estos arreglos y traspasos. Ya hemos hablado de la casaca y de la chupa +encarnadas, que vinieron á ser memorables por el lance del bolero; pero +mucho antes había heredado D. Fadrique una capa, que se hizo más +famosa, y que había servido sucesivamente á D. Diego y á D. José. La +capa era blanca, y cuando cayó en poder de D. Fadrique recibió el nombre +de la capa-paloma. + +La capa-paloma parecía que había dado alas al chico, quien se hizo más +inquieto y diabólico desde que la poseyó. D. Fadrique, cabeza de motín y +de bando entre los muchachos más desatinados del pueblo, se diría que +llevaba la capa-paloma como un estandarte, como un signo que todos +seguían, como un penacho blanco de Enrique IV. + +No era muy numeroso el bando de D. Fadrique, no por falta de simpatías, +sino porque él elegía á sus parciales y secuaces haciendo pruebas +análogas á las que hizo Gedeón para elegir ó desechar á sus soldados. De +esta suerte logró D. Fadrique tener unos cincuenta ó sesenta que le +seguían, tan atrevidos y devotos á su persona, que cada uno valía por +diez. + +Se formó un partido contrario, capitaneado por D. Casimirito, hijo del +hidalgo más rico del lugar. Este partido era de más gente; pero, así por +las prendas personales del capitán, como por el valor y decisión de los +soldados, quedaba siempre muy inferior á los fadriqueños. + +Varias veces llegaron á las manos ambos bandos, ya á puñadas y luchando +á brazo partido, ya en pedreas, de que era teatro un llanete que está +por bajo de un sitio llamado el Retamal. + +Siempre que había un lance de éstos, D. Fadrique era el primero en +acudir al lugar del peligro; pero es lo cierto que no bien corría la voz +de que _la capa-paloma iba por el Retamal abajo_, las calles y las +plazuelas se despoblaban de los más belicosos chiquillos, y todos +acudían en busca del capitán idolatrado. + +La victoria, en todas estas pendencias, quedó siempre por el bando de D. +Fadrique. Los de don Casimiro resistían poco y se ponían en un momento +en vergonzosa fuga: pero como D. Fadrique se aventuraba siempre más de +lo que conviene á la prudencia de un general, resultó que dos veces regó +los laureles con su sangre, quedando descalabrado. + +No sólo en batalla campal, sino en otros ejercicios y haciendo +travesuras de todo género, don Fadrique se había roto además la cabeza +otra tercera vez, se había herido el pecho con unas tijeras, se había +quemado una mano y se había dislocado un brazo: pero de todos estos +percances salía al cabo sano y salvo, merced á su robustez y á los +cuidados de la chacha Victoria, que decía, maravillada y santiguándose: +--¡Ay, hijo de mi alma, para muy grandes cosas quiere reservarte el +cielo, cuando vives de milagro y no mueres! + + + + +III + +Casimiro tenía tres años más de edad que don Fadrique, y era también más +fornido y alto. Irritado de verse vencido siempre como capitán, quiso +probarse con D. Fadrique en singular combate. Lucharon, pues, á puñadas +y á brazo partido, y el pobre Casimiro salió siempre acogotado y +pisoteado, á pesar de su superioridad aparente. + +Los frailes dominicos del lugar nunca quisieron bien á la familia de los +Mendozas. Á pesar de la piedad suma de las chachas Victoria y Ramoncica, +y de la devoción humilde de D. José, no podían tragar á D. Diego, y se +mostraban escandalizados de los desafueros é insolencias de D. Fadrique. + +Sólo el P. Jacinto, que amaba tiernamente á don Fadrique, le defendía de +las acusaciones y quejas de los otros frailes. + +Éstos, no obstante, le amenazaban á menudo con cogerle y enviarle á los +Toribios, ó con hacer que el propio hermano Toribio viniese por él y se +le llevase. + +Bien sabían los frailes que el bendito hermano Toribio había muerto +hacía más de veinte años; pero la institución creada por él florecía, +prestando al glorioso fundador una existencia inmortal y mitológica. +Hasta muy entrado el segundo tercio del siglo presente, el hermano +Toribio y los Toribios en general han sido el tema constante de todas +amenazas para infundir saludable terror á los chachos traviesos. + +En la mente de D. Fadrique no entraba la idea de la fervorosa caridad +con que el hermano Toribio, á fin de salvar y purificar las almas de +cuantos muchachos cogía, les martirizaba el cuerpo, dándoles rudos +azotes sobre las carnes desnudas. Así es que se presentaba en su +imaginación el bendito hermano Toribio como loco furioso y perverso, +enemigo de sí mismo para llagarse con cadenas ceñidas á los riñones, y +enemigo de todo el género humano, á quien desollaba y atormentaba en la +edad de la niñez y de la más temprana juventud cuando se abren al amor +las almas y cuando la naturaleza y el cielo debieran sonreír y acariciar +en vez de dar azotes. + +Como ya habían ocurrido casos de llevarse á los Toribios, contra la +voluntad de sus padres, á varios muchachos traviesos, y como el hermano +Toribio, durante su santa vida, había salido á caza de tales muchachos, +no sólo por toda Sevilla, sino por otras poblaciones de Andalucía, +desde donde los conducía á su terrible establecimiento, la amenaza de +los frailes pareció para broma harto pesada á D. Diego, y para veras le +pareció más pesada aún. Hizo, pues, decir á los frailes que se +abstuviesen de embromar á su hijo, y mucho más de amenazarle, que ya él +sabría castigar al chico cuando lo mereciese; pero que nadie más que él +había de ser osado á ponerle las manos encima. Añadió D. Diego que el +chico, aunque pequeño todavía, sabría defenderse y hasta ofender, si le +atacaban, y que además él volaría en su auxilio, en caso necesario, y +arrancaría las orejas á tirones á todos los Toribios que ha habido y hay +en el mundo. + +Con estas insinuaciones, que bien sabían todos cuán capaz era de hacer +efectivas D. Diego, los frailes se contuvieron en su malevolencia; pero +como D. Fadrique (fuerza es confesarlo, si hemos de ser imparciales) +seguía siendo peor que Pateta, los frailes, no atreviéndose ya á +esgrimir contra él armas terrenas y temporales, acudieron al arsenal de +las espirituales y eternas, y no cesaron de querer amedrentarle con el +infierno y el demonio. + +De este método de intimidación se ocasionó un mal gravísimo. D. +Fadrique, á pesar de sus chachas, se hizo impío, antes de pensar y de +reflexionar, por un sentimiento instintivo. La religión no se ofreció á +su mente por el lado del amor y de la ternura infinita, sino por el +lado del miedo, contra el cual su natural valeroso é independiente se +rebelaba. D. Fadrique no vió el objeto del amor insaciable del alma, y +el fin digno de su última aspiración, en los poderes sobrenaturales. D. +Fadrique no vió en ellos sino tiranos, verdugos ó espantajos sin +consistencia. + +Cada siglo tiene su espíritu, que se esparce y como que se diluye en el +aire que respiramos, infundiéndose tal vez en las almas de los hombres, +sin necesidad de que las ideas y teorías pasen de unos entendimientos á +otros por medio de la palabra escrita ó hablada. El siglo XVIII tal vez +no fué crítico, burlón, sensualista y descreído porque tuvo á Voltaire, +á Kant y á los enciclopedistas, sino porque fué crítico, burlón, +sensualista y descreído tuvo á dichos pensadores, quienes formularon en +términos precisos lo que estaba vago y difuso en el ambiente: el giro +del pensamiento humano en aquel período de su civilización progresiva. + +Sólo así se comprende que D. Fadrique viniese á ser impío sin leer ni +oir nada que á ello le llevase. + +Esta nueva calidad que apareció en él era bastante peligrosa en aquellos +tiempos. D. Diego mismo se espantó de ciertas ideas de su hijo. Por +dicha, el desenvolvimiento de tan mala inclinación coincidió casi con la +ida de D. Fadrique al Colegio de Guardias marinas, y se evitó así todo +escándalo y disgusto en Villabermeja. + +Las chachas Victoria y Ramoncica lloraron mucho la partida de D. +Fadrique; el P. Jacinto la sintió; D. Diego, que le llevó á la Isla, se +alegró de ver á su hijo puesto en carrera, casi más que se afligió al +separarse de él; y los frailes, y Casimirito sobre todo, tuvieron un día +de júbilo el día en que le perdieron de vista. + +D. Fadrique volvió al lugar de allí adelante, pero siempre por brevísimo +tiempo: una vez cuando salió del Colegio para ir á navegar; otra vez +siendo ya alférez de navío. Luego pasaron años y años sin que viese á D. +Fadrique ningún bermejino. Se sabía que estaba, ya en el Perú, ya en el +Asia, en el extremo Oriente. + + + + +IV + +De las cosas de D. Fadrique, durante tan larga ausencia, se tenía ó se +forjaba en el lugar el concepto más fantástico y absurdo. + +D. Diego y la chacha Victoria, que eran las personas de la familia más +instruidas é inteligentes, murieron á poco de hallarse D. Fadrique en el +Perú. Y lo que es á la cándida Ramoncica y al limitado D. José, no +escribía D. Fadrique sino muy de tarde en tarde, y cada carta tan breve +como una fe de vida. + +Al P. Jacinto, aunque D. Fadrique le estimaba y quería de veras, también +le escribía poco, por efecto de la repulsión y desconfianza que en +general le inspiraban los frailes. Así es que nada se sabía nunca á +ciencia cierta en el lugar de las andanzas y aventuras del ilustre +marino. + +Quien más supo de ello en su tiempo fué el cura Fernández, que, según +queda dicho, trató á don Fadrique y tuvo alguna amistad con él. Por el +cura Fernández se enteró D. Juan Fresco, en quien influyó mucho el +relato de las peregrinaciones y lances de fortuna de D. Fadrique para +que se hiciese piloto y siguiese en todo sus huellas. + +Recogiendo y ordenando yo ahora las esparcidas y vagas noticias, las +apuntaré aquí en resumen. + +D. Fadrique estuvo poco tiempo en el Colegio, donde mostró grande +disposición para el estudio. + +Pronto salió á navegar, y fué á la Habana en ocasión tristísima. España +estaba en guerra con los ingleses, y la capital de Cuba fué atacada por +el almirante Pocok. Echado á pique el navío en que se hallaba nuestro +bermejino, la gente de la tripulación, que pudo salvarse, fué destinada +á la defensa del castillo del Morro, bajo las órdenes del valeroso D. +Luis Velasco. + +Allí estuvo D. Fadrique haciendo estragos en la escuadra inglesa con sus +certeros tiros de cañón. Luego, durante el asalto, peleó como un héroe +en la brecha, y vió morir á su lado á D. Luis, su jefe. Por último, fué +de los pocos que lograron salvarse cuando, pasando sobre un montón de +cadáveres y haciendo prisioneros á los vivos, llegó el general inglés, +Conde de Albemarle, á levantar el pabellón británico sobre la principal +fortaleza de la Habana. + +D. Fadrique tuvo el disgusto de asistir á la capitulación de aquella +plaza importante, y, contado en el número de los que la guarnecían, fué +conducido á España en cumplimiento de lo capitulado. + +Entonces, ya de alférez de navío, vino á Villabermeja, y vió á su padre +la última vez. + +La reina de las Antillas, muchos millones de duros y lo mejor de +nuestros barcos de guerra habían quedado en poder de los ingleses. + +D. Fadrique no se descorazonó con tan trágico principio. Era hombre poco +dado á melancolías. Era optimista y no quejumbroso. Además, todos los +bienes de la casa los había de heredar el mayorazgo, y él ansiaba +adquirir honra, dinero y posición. + +Pocos días estuvo en Villabermeja. Se fué antes de que su licencia se +cumpliese. + +El rey Carlos III, después de la triste paz de París, á que le llevó el +desastroso _Pacto de familia_, trató de mejorar por todas partes la +administración de sus vastísimos Estados. En América era donde había más +abusos, escándalos, inmoralidad, tiranías y dilapidaciones. Á fin de +remediar tanto mal, envió el Rey á Gálvez de visitador á Méjico, y algo +más tarde envió al Perú, con la misma misión, á D. Juan Antonio de +Areche. En esta expedición fué á Lima D. Fadrique. + +Allí se encontraba cuando tuvo lugar la rebelión de Tupac-Amaru. En la +mente imparcial y filosófica del bermejino se presentaba como un +contrasentido espantoso el que su Gobierno tratase de ahogar en sangre +aquella rebelión, al mismo tiempo que estaba auxiliando la de Washington +y sus parciales contra los ingleses; pero D. Fadrique, murmurando y +censurando, sirvió con energía á su Gobierno, y contribuyó bastante á la +pacificación del Perú. + +Don Fadrique acompañó á Areche en su marcha al Cuzco, y desde allí, +mandando una de las seis columnas en que dividió sus fuerzas el general +Valle, siguió la campaña contra los indios, tomando gloriosa parte en +muchas refriegas, sufriendo con firmeza las privaciones, las lluvias y +los fríos en escabrosas alturas á la falda de los Andes, y no parando +hasta que Tupac-Amaru quedó vencido y cayó prisionero. + +Don Fadrique, con grande horror y disgusto, fué testigo ocular de los +tremendos castigos que hizo nuestro Gobierno en los rebeldes. Pensaba él +que las crueldades é infamias cometidas por los indios no justificaban +las de un Gobierno culto y europeo. Era bajar al nivel de aquella gente +semisalvaje. Así es que casi se arrepintió de haber contribuído al +triunfo cuando vió en la plaza del Cuzco morir á Tupac-Amaru, después de +un brutal martirio, que parecía invención de fieras y no de seres +humanos. + +Tupac-Amaru tuvo que presenciar la muerte de su mujer, de un hijo suyo +y de otros deudos y amigos: á otro hijo suyo de diez años le condenaron +á ver aquellos bárbaros suplicios de su padre y de su madre, y á él +mismo le cortaron la lengua y le ataron luego por los cuatro remos á +otros tantos caballos para que, saliendo á escape, le hiciesen pedazos. +Los caballos, aunque espoleados duramente por los que los montaban, no +tuvieron fuerza bastante para descuartizar al indio, y á éste, +descoyuntado, después de tirar de él un rato en distintas direcciones, +tuvieron que desatarle de los caballos y cortarle la cabeza. + +Á pesar de su optimismo, de su genio alegre y de su afición á tomar +muchos sucesos por el lado cómico, D. Fadrique, no pudiendo hallar nada +cómico en aquel suceso, cayó enfermo con fiebre y se desanimó mucho en +su afición á la carrera militar. + +Desde entonces se declaró más en él la manía de ser filántropo, especie +de secularización de la caridad, que empezó á estar muy en moda en el +siglo pasado. + +La impiedad precoz de D. Fadrique vino á fundarse en razones y en +discursos con el andar del tiempo y con la lectura de los malos libros +que en aquella época se publicaban en Francia. El carácter burlón y +regocijado de D. Fadrique se avenía mal con la misantropía tétrica de +Rousseau. Voltaire, en cambio, le encantaba. Sus obras más impías +parecíanle eco de su alma. + +La filosofía de D. Fadrique era el sensualismo de Condillac, que él +consideraba como el _non plus ultra_ de la especulación humana. + +En cuanto á la política, nuestro D. Fadrique era un liberal anacrónico +en España. Por los años de 1783, cuando vió morir á Tupac-Amaru, era +casi como un radical de ahora. + +Todo esto se encadenaba y se fundaba en una teodicea algo confusa y +somera, pero común entonces. D. Fadrique creía en Dios y se imaginaba +que tenía ciencia de Dios, representándosele como inteligencia suprema y +libre, que hizo el mundo porque quiso, y luego le ordenó y arregló según +los más profundos principios de la mecánica y de la física. Á pesar del +_Cándido_, novela que le hacía llorar de risa, D. Fadrique era casi tan +optimista como el Dr. Pangloss, y tenía por cierto que todo estaba +divinamente bien y que nada podía estar mejor de lo que estaba. El mal +le parecía un accidente, por más que á menudo se pasmase de que +ocurriera con tanta frecuencia y de que fuera tan grande, y el bien le +parecía lo substancial, positivo é importante que había en todo. + +Sobre el espíritu y la materia, sobre la vida ultra-mundana y sobre la +justificación de la Providencia, basada en compensaciones de eterna +duración, D. Fadrique estaba muy dudoso; pero su optimismo era tal, que +veía demostrada y hasta patente la bondad del cielo, sin salir de este +mundo sublunar y de la vida que vivimos. Verdad es que para ello había +adoptado una teoría, novísima entonces. Y decimos que la había adoptado, +y no que la había inventado, porque no nos consta, aunque bien pudo ser +que la inventase; ya que cuando llega el momento y suena la hora de que +nazca una idea y de que se formule un sistema, la idea nace y el sistema +se formula en mil cabezas á la vez, si bien la gloria de la invención se +la lleva aquel que por escrito ó de palabra le expone con más claridad, +precisión ó elegancia. + +La idea, ó mejor dicho, la teoría novísima, tal como estaba en la mente +de D. Fadrique, era en compendio la siguiente: + +Entendía el filósofo de Villabermeja que había una ley providencial y +eterna para la historia, tan indefectible como las leyes matemáticas, +según las cuales giran en sus órbitas los astros. En virtud de esta ley, +la humanidad iba adelantando siempre por un camino de perfectibilidad +indefinida; su ascensión hacia la luz, el bien, la verdad y la belleza, +no tenía pausa ni término. En esto, el humano linaje, en su conjunto, +seguía un impulso necesario. Toda la gloria del éxito era para el Ser +Supremo, que había dado aquel impulso; pero, dentro del providencial +movimiento que de él nacía, en toda acción, en toda idea, en todo +propósito, cada individuo era libre y responsable. El maravilloso +trabajo de la Providencia, el misterio más bello de su sabiduría +infinita, consistía en concertar con atinada armonía todos aquellos +resultados de la libertad humana á fin de que concurriesen al +cumplimiento de la ley eterna del progreso, ó en tenerlos previstos con +tan divina previsión y acierto, que no perturbasen lo que estaba +prescrito y ordenado; así como, aunque sea baja comparación, cuenta el +inventor y constructor perito de una máquina con los rozamientos y con +el medio ambiente. + +Tal manera de considerar los sucesos se avenía bien con el carácter de +D. Fadrique, corroborando su desdén hacia las menudencias, y su prurito +de calificar de menudencias lo que para los más de los hombres es +importante en grado sumo, y transformando su propensión á la alegría y á +la risa en serenidad olímpica, digna de los inmortales. + +En su moral no dejaba de ser severo. No había borrado de sus tablas de +la ley ni un tilde ni una coma de los mandamientos divinos. Lo único que +hacía era dar más vigor, si cabe, á toda prohibición de actos que +produzcan dolor, y relajar no poco las prohibiciones de todo aquello que +á él se le antojaba que sólo traía deleite ó bienestar consigo. + +En aquella edad, pensar así en España y en sus dominios ya hemos dicho +que era expuesto; pero D. Fadrique tenía el don de la mesura y del tino, +y sin hipocresía lograba no chocar ni lastimar opiniones ó creencias. + +Concurría á esto la buena gracia con que se ganaba las voluntades, no +con inspirar trivial afecto á todo el mundo, sino inspirándole muy vivo +á los pocos que él quería, los cuales valían siempre por muchos para +defenderle y encomiarle. + +En la primera mocedad, dotado D. Fadrique de tales prendas, y siendo +además bello y agraciado de rostro, de buen talle, atrevido y sigiloso, +consiguió que lloviesen sobre él las aventuras galantes, y tuvo alta +fama de afortunado en amores. + +Después de terminada la rebelión de Tupac-Amaru ascendió á capitán de +fragata, y su reputación de buen soldado y de sabio y hábil marino llegó +á su colmo. + +Casi cuando acababan de espirar en el Cuzco los últimos indios parciales +de la independencia de su patria, siendo atenaceados algunos con tenazas +candentes antes de ahorcarlos, llegó la nueva á Lima de que habíamos +hecho la paz con Inglaterra, logrando la independencia de su colonia, en +pro de la cual combatimos. + +Don Fadrique pudo entonces obtener licencia para navegar á las órdenes +de la Compañía de Filipinas, y salió para Calcuta mandando un navío +cargado de preciosas mercaderías. Tres viajes hizo de Lima á Calcuta y +de Calcuta á Lima; y como llevaba muy buena pacotilla y un sueldo +crecido, y alcanzó ventas muy ventajosas, se halló en poco tiempo +poseedor de algunos millones de reales. + +En las largas temporadas que D. Fadrique pasó en la India se aficionó +mucho á la dulzura de los indígenas de aquel país y tomó en mayor +aborrecimiento el fervor religioso y guerrero de otras naciones. Tippoo, +sultán de Misor, se había empeñado en convertir al islamismo á todos los +indostaníes y en dilatar su imperio hasta el Cabo Comorín, á donde nunca +habían penetrado las huestes de otros conquistadores musulmanes. La +horrible devastación del floreciente reino de Travancor, en las barbas +de los ingleses, fué la consecuencia de la ambición y del celo muslímico +del sultán mencionado. El Gobernador general de la India se resolvió al +cabo á vengar y á remediar lo que hubiera debido impedir, y partió de +Calcuta á Madrás con muchos soldados europeos y cipayos, y grandes +aprestos de guerra. En aquella ocasión D. Fadrique tuvo el gusto de +ganar bastantes rupias, sirviendo una buena causa y conduciendo á Madrás +en su navío, con la autorización debida, tropas, víveres y municiones. + +Parece que poco tiempo después de este suceso, y aun antes de que el +rajah de Travancor fuese restablecido en su trono, y el sultán Tippoo +vencido y obligado á hacer la paz, D. Fadrique, cansado ya de +peregrinaciones y trabajos, con la ambición apagada y con el deseo de +fortuna más que satisfecho, logró, de vuelta á Lima, obtener su retiro, +y se vino á Europa, anhelante de presenciar la gran revolución que en +Francia se estaba realizando, cuyos principios se hallaban tan en +concordancia con los suyos, y cuya fama llenaba el mundo de asombro. + +Don Fadrique, sin embargo, sólo estuvo en París algunos meses: desde +fines de 1791 hasta Septiembre de 1792. Este tiempo le bastó para +cansarse y hartarse de la gran revolución, desengañarse un poco de su +liberalismo y dudar de sus teorías de constante progreso. + +En Madrid vivió, por último, dos años, y también se desengañó de +muchísimas cosas. + +Entrado ya en los cincuenta de su edad, aunque sano y bueno, y +apareciendo en el semblante, en la robustez y gallardía del cuerpo, y en +la serenidad y viveza del espíritu mucho más joven, le entró la +nostalgia de que padecen casi todos los bermejinos, y tomó la +irrevocable resolución de retirarse á Villabermeja para acabar allí +tranquilamente su vida. + +Las cartas que escribió á su hermano D. José y á la chacha Ramoncica, +que vivían aún, anunciándoles su vuelta definitiva y para siempre, +fueron breves, aunque muy cariñosas. En cambio, escribió al P. Jacinto +una extensa carta, que se conserva aún y que debe ser trasladada á este +sitio. La carta es como sigue: + + + + +V + +Mi querido P. Jacinto: Ya sabrá V. por mi hermano y por la chacha +Ramoncica que estoy decidido á irme á ese lugar á acabar mi vida donde +pasé los mejores años y los más inocentes de ella (¡buena inocencia era +la mía!), jugando al hoyuelo, á las chapas, al salto de la comba y +algunas veces al cané, y andando á pedradas y á mojicones con mis +coetáneos y compatricios. + +Entonces estaba yo cerril; pero ya V. se hará cargo de que me he pulido +bastante peregrinando por esos mundos, y de que ahora son otras mis +aficiones y muy diversos mis cuidados. Los frailes compañeros de V. no +tendrán ya necesidad de amenazarme con los Toribios. + +Mi estancia en el lugar no traerá perturbación alguna; antes, por el +contrario, yo me lisonjeo de que reporte algunas ventajas. He hecho +dinero y emplearé ahí mucha parte en fomentar la agricultura. El vino que +ahí se produce es abominable y puede ser excelente. Trabajando se +logrará hacerle potable y bueno. + +Soñando estoy con las agradables veladas que vamos á pasar en el +invierno, jugando á la malilla y al tute, disputando sobre nuestras no +muy concordes teologías, y refiriendo yo á V. mis aventuras en el Perú, +en la India y en otras apartadas regiones. + +Sé que V., á pesar de los años, está firme como un roble, por lo cual me +prometo que ha de dar conmigo largos paseos á caballo y á pie, y ha de +acompañarme á cazar perdices. Tengo dos magníficas escopetas inglesas, +que compré en Calcuta, y con las cuales he cazado tigres, tan grandes +algunos de ellos como borricos. Ya verá V. qué bien le va tirando con +cualquiera de estas escopetas á las pacíficas y enamoradas perdices que +acuden al reclamo en la estación del celo. + +Á pesar de nuestra edad, hemos de emplearnos todavía, si V. no se opone, +en algunas cosas harto infantiles. Hemos de volver al Pozo de la Solana, +como hace cuarenta años, á cazar colorines y otros pajarillos, ya con la +red, ya con liga y esparto. Téngame V. preparado un buen par de +cimbeles. + +Todas las cosas de por ahí se me ofrecen á la memoria con el encanto de +los primeros años. Entiendo que voy á remozarme al verlas y gozarlas. +Tengo gana de volver á comer piñonate, salmorejo, hojuelas, gajorros, +pestiños, cordero en caldereta, cabrito en cochifrito, empanadas de +boquerones con chocolate, torta-maimón, gazpacho, longanizas y los demás +primores de cocina y repostería con que suelen regalarse los sibaritas +bermejinos. No por eso romperé con la costumbre contraída en otras +tierras, sino que pienso llevar en mí compañía á un gabacho que he +traído de París, el cual condimenta unos manjares que doy por cierto que +han de gustar á V., aunque tienen nombres imposibles casi de pronunciar +por una boca de Villabermeja; pero ya V. se convencerá de que, sin +pronunciarlos, los mastica, los saborea, se los traga y le saben á +gloria. + +Por más extraño que á V. le parezca, llevo también vino á esa tierra del +vino. Yo recuerdo que V. era un excelente catador; que V. tenía un +paladar muy fino y una nariz delicadísima. Espero, pues, que ha de +comprender y estimar el mérito de los vinos de _extranjis_ que yo lleve, +y que no caerán en su estómago como si cayesen en el sumidero. + +Estoy muy contento de que me viva aún la chacha Ramoncica. Me han dicho +que en su casa sigue todo como antes. Los mismos muebles, la misma +criada Rafaela, y hasta el grajo, bien sea el mismo también, que por +milagro de nuestro Santo Patrono vive aún, ó bien sea otro que le +reemplazó á tiempo, y parece el fénix renacido de sus cenizas. + +Mucha gana tengo de dar un abrazo á la chacha Ramoncica, aunque, dicho +sea entre nosotros, yo quería más á la pobre chacha Victoria. ¡Qué noble +mujer aquélla! Aseguro á V. que no he hallado igual mujer en el mundo. +Si la hubiera hallado, no sería yo solterón. + +En este punto he sido poco feliz. No he hallado más que mujeres ligeras, +casquivanas, frívolas y sin alma. Una sola, allá en Lima, me quiso de +veras con amor fervoroso, pero criminal. Yo también la quise, por mi +desgracia, porque tenía un genio de todos los diablos, y queriéndonos +mucho, la historia de nuestros amores se compuso de una serie de +peloteras diarias. Aquellos amores fueron pesadilla, y no deleite. Ella +era muy devota, había sido una santa y seguía en opinión de tal, porque +procedimos siempre con cautela y recato. Sin embargo, en el fondo de su +atribulada conciencia, en lo profundo de su mente, orgullosa y fanática +á la vez, sentía vergüenza de haber humillado ante mí su soberbia y de +haberse rendido á mi voluntad, y tenía miedo y horror de haber dejado +por mí el buen camino, ofendiendo á Dios y faltando á sus deberes. Todo +esto, sin darse ella mucha cuenta de lo que hacía, me lo quería hacer +pagar, considerándome en extremo culpado. Lo que yo tuve que aguantar +no tiene nombre. Créame V., P. Jacinto, en el pecado llevé la +penitencia. Así es que me harté de amores serios para años, y me dediqué +desde entonces á los ligeros. ¿Para qué atormentarse en un asunto que +debe ser todo de amenidad, regocijo y alegría? + +Quizás por esta razón, y no porque apenas se dé _in rerum natura_, no +alcancé nunca el amor de una chacha Victoria joven. Si le hubiera +alcanzado, poco tierno soy de corazón, pero no lo dude V., hubiera +muerto bendiciéndola, como murió el cadete, ó hubiera conquistado por +ella y para ella, no el grado de capitán, sino el mundo. + +En fin, ya pasó la mocedad, y no hay que pensar en novelerías. + +Yo estoy desengañado y aburrido, si bien con desengaño apacible y suave +aburrimiento. + +Se me acabó la ambición; no siento apetito de gloria; no aspiro á ser +del vano dedo señalado; tengo más bienes de fortuna de los que necesito; +estoy sediento de reposo, de obscuridad y de calma, y por todo esto me +retiro á Villabermeja; pero no para hacer penitencia, sino para darme +una vida regalada, tranquila, llena de orden y bienestar, cuidándome +mucho y viendo lo que dura un Comendador Mendoza bien conservado. Hasta +ahora lo estoy. No parece que tengo cincuenta años, sino menos de +cuarenta. Ni una cana. Ni una arruga. Todavía me llaman señorito, y no +señor, y no faltan hembras de garbo que me califiquen de real mozo, +ofendiendo mi modestia. + +Mi mayor desengaño ha sido en mis ideas y doctrinas, si bien no ha sido +bastante para hacerme variar. + +Dios me perdone si me equivoco á fuerza de creerle bueno. Yo, creyendo +en él y figurándomele como persona, tengo que figurármele todo lo bueno +que concibo que una persona puede ser. Por consiguiente, no completando +mi concepto de su bondad la gloria de la otra vida por inmensa que sea, +supongo en esta vida que vivimos, por más que sirva para ganar la otra, +un fin y un propósito en sí, y no sólo el ultramundano. Este fin, este +propósito es ir caminando hacia la perfección, y sin alcanzarla aquí +nunca, acercarse cada vez más á ella. Creo, pues, en el progreso; esto +es, en la mejora gradual y constante de la sociedad y del individuo, así +en lo material como en lo moral, y así en la ciencia especulativa como +en la que nace de la observación y la experiencia, y da ser á las artes +y á la industria. + +El mejor medio de este progreso, y al mismo tiempo su mejor resultado en +nuestros días, es, á mi ver, la libertad. La condición más esencial de +esta libertad es que todos seamos igualmente libres. + +Figúrese V. cuánto me encantaría la revolución francesa y su Asamblea +Constituyente, que propendía á realizar estos principios míos; que +proclamaba los derechos del hombre. + +Pedí mi retiro, dejé mi carrera, y vine, lleno de impaciencia, desde el +otro hemisferio á bañarme en la luz inmortal de la gran revolución y á +encender mi entusiasmo en el sagrado fuego que ardía en París, donde +imaginé que estaban el corazón y la mente del mundo. + +Pronto se desvanecieron mis ilusiones. Los apóstoles de la nueva ley me +parecieron, en su mayor parte, bribones infames ó frenéticos furiosos, +llenos de envidia y sedientos de sangre. Vi al talento, á la virtud, á +la belleza, al saber, á la elegancia, á todo lo que por algo sobresale +en la tierra, ser víctima de aquellos fanáticos ó de aquellos +envidiosos. Las hazañas de los soldados de la revolución contra los +reyes de Europa coligados no podían admirarme. No me parecían la defensa +serena del que confía en su valor y en su derecho, sino el brío febril +de la locura, excitada por la embriaguez de la sangre y por medio de +asesinatos horribles. París se me antojaba el infierno, y no atino ahora +á comprender cómo permanecí tanto tiempo en él. Todo estaba trocado: la +brutalidad se llamaba energía; sencillez el desaliño indecente; +franqueza la grosería, y virtud el no tener entrañas para la compasión. +Recordaba yo las épocas de mayor tiranía, y no hallaba época alguna +peor, sobre todo si se considera que estábamos en el centro de Europa y +que llevábamos tantos siglos de civilización y cultura. El tirano no era +uno, eran varios, y todos soeces y sucios de alma y de cuerpo. + +Huí de París y vine á Madrid. Otra desilusión. Si por allá creí +presenciar una abominable y bárbara trajedia, aquí me encontré en un +grotesco, asqueroso y lascivo sainete. Por allá sangre; por acá +inmundicia. + +No por eso apostaté de mi optimismo ni eché á un lado mi doctrina de +indefinido progreso. Lo que hice fué reconocer mi error en cálculos de +cronología, para los cuales no había contado yo con la feroz y +desgreñada revolución de Francia. + +En vista de esta revolución, el bien relativo, el estado de libertad y +de adelantamiento para las sociedades, que yo fantaseaba como inmediato, +se hundió hacia adentro, en los abismos del porvenir, lo menos dos ó +tres siglos. + +Como para entonces no viviré yo, y como en el estado presente del mundo +estoy ya harto de la vida práctica, he resuelto refugiarme en la +contemplación; y á fin de gozar del espectáculo de las cosas humanas, +mezclándome en ellas lo menos posible, voy á tomar asiento, como +espectador desapasionado, en la propia Villabermeja. + +Mi hermano, que tiene ya una hija casadera, á quien naturalmente desea +que salte un buen novio, se va á vivir á la vecina ciudad, donde ya +tiene casa tomada, y á mí me deja á mis anchas y solo en la casa +solariega de los Mendoza, donde le daré albergue siempre que venga al +lugar para sus negocios. + +Yo me atengo al refrán que dice _ó corte ó cortijo_; y ya que me fugo de +París y de Madrid, no quiero ciudad de provincia, sino aldea. + +En la gran casa de los Mendoza bermejinos voy á estar como garbanzo en +olla; pero se llenarán algunos cuartos con la multitud de libros que voy +á llevar. + +Vamos á tener una vida envidiable; y digo _vamos_, porque supongo y +espero que V. me hará compañía á menudo. + +Mi determinación es irrevocable, y me voy ahí, para no salir de ahí, +salvo cuando vaya como de paseo á caballo, á visitar á mi hermano y á su +familia, en la ciudad cercana, la cual, á pesar de su pomposo título de +ciudad, tiene también mucho de pueblo pequeño y rural, con perdón y en +paz sea dicho. + +Adiós, beatísimo padre. Encomiéndeme V. á Dios, con cuyo favor cuento +para escapar de esta confusión ridícula de la corte, y poder pronto +darle, en esa encantadora Villabermeja, un apretado abrazo. + + + + +VI + +Veinte días después de recibida esta carta por el P. Jacinto, se realizó +la entrada solemne en Villabermeja del ilustre Comendador Mendoza. + +Desde Madrid á la capital de la provincia, que entonces se llamaba +reino, nuestro héroe vino en coche de colleras y empleó nueve días. En +la capital de la provincia se encontró con su hermano D. José, con el P. +Jacinto y con otros amigos de la infancia, que le estaban aguardando. +Entre ellos sobresalía el tío Gorico, maestro pellejero, hábil +fabricador de corambres y notabilísimo en el difícil arte de echar +botanas á los pellejos rotos. Este había sido el muchacho más diabólico +del lugar después de D. Fadrique, y su teniente cuando las pendencias, +pedreas y demás hazañas contra el bando de D. Casimiro. + +El tío Gorico no tenía más defecto que el de haberse entregado con +sobrado cariño á la bebida blanca. El aguardiente anisado le encantaba. +Y como al asomar la aurora por el estrecho horizonte de Villabermeja el +tío Gorico, según su expresión, mataba el gusanillo, resultaba que casi +todo el día estaba calamocano, porque aquel fuego que encendía en su ser +con el primer fulgor matutino, se iba alimentando, durante el día, +merced á frecuentes libaciones. + +Por lo demás, el tío Gorico no perdía nunca la razón; lo que lograba era +envolver aquella luz del cielo en una gasa tenue, en un fanal primoroso, +que le hacía ver las cosas del mundo exterior y todo lo interno de su +alma y los tesoros de su memoria como al través de un vidrio mágico. +Jamás llegaba á la embriaguez completa; y una vez sola, decía él había +tenido en toda su vida alferecía en las piernas. Era, pues, hombre de +chispa en diversos sentidos, y nadie tenía mejores ocurrencias, ni +contaba más picantes chascarrillos, ni se mostraba más útil y agradable +compañero en una partida de caza. + +En el lugar gozaba de celebridad envidiable por mil motivos, y entre +otros, porque hacía el papel de Abraham en el paso de Jueves Santo por +la mañana, tan admirablemente bien, que nadie se le igualaba en muchas +leguas á la redonda. Con un vestido de mujer por túnica, una colcha de +cama por manto, su turbante y sus barbas de lino, tomaba un aspecto +venerable. Y cuando subía al monte Moria, que era un establo cubierto de +verdura, que se elevaba en medio de la plaza, adquiría la majestad +patética de un buen actor. Pero en lo que más se lucía, arrancando +gritos de entusiasmo, era cuando ofrecía á Isaac al Todopoderoso antes +de sacrificarle. Isaac era un chiquillo de diez años lo menos. Con la +mano derecha el tío Gorico le levantaba hacia el cielo, y así, extendido +el brazo, como si no fuera de hueso y carne, sino de acero firmísimo, +permanecía catorce ó quince minutos. Luego venía el momento de las más +vivas emociones; el terror trágico en toda su fuerza. Abraham ataba al +chiquillo al ara, y sacaba un truculento chafarote que llevaba al cinto. +Tres ó cuatro veces descargaba cuchilladas con una violencia increíble. +Las mujeres se tapaban los ojos y daban espantosos chillidos, creyendo +ya segada la garganta del muchacho que prefiguraba á Cristo; pero el tío +Gorico paraba el golpe antes de herir, como no atreviéndose á consumar +el sacrificio. Al fin aparecía un ángel, con alas de papel dorado, en el +balcón de las Casas Consistoriales, y cantaba el romance que empieza: + + "Detente, detente, Abraham; + No mates á tu hijo Isaac, + Que ya está mi Dios contento + Con tu buena voluntad." + +El sacrificio del cordero en vez del hijo, con lo demás del paso, lo +ejecutaba el tío Gorico con no menor maestría. + +En más de una ocasión trataron de ganarle, ofreciéndole mucho dinero +para que fuese á hacer de Abraham á otras poblaciones; pero él no quiso +jamás ser infiel á su patria y privarla de aquella gloria. + +Don José, el P. Jacinto, el tío Gorico y los demás amigos, muy contentos +de haber abrazado á D. Fadrique, contentísimo también de verse entre los +compañeros de su infancia, emprendieron á caballo el viaje á +Villabermeja, que, con madrugar y picar mucho, pudo hacerse en diez +horas, llegando todos al lugar al anochecer de un hermoso día de +primavera, en el año de 1794. + +Doña Antonia, mujer de D. José, y sus dos hijos, D. Francisco, de edad +de catorce años, y doña Lucía, que tenía ya diez y ocho, acompañados de +la chacha Ramoncica, recibieron con júbilo, con abrazos y otras mil +muestras de cariño al Comendador, quien ya tenía por suya la casa +solariega. D. José y su familia se habían establecido en la ciudad, y +sólo por dos días habían venido al pueblo para recibir al querido +pariente. + +Éste, como era de suyo muy modesto, se maravilló y complació en ver que +alcanzaba en Villabermeja más popularidad de lo que creía. Vinieron á +verle todos los frailes, desde los más encopetados hasta los legos, el +médico, el boticario, el maestro de escuela, el alcalde, el escribano y +mucha gente menuda. + +Al día siguiente de la llegada la chacha Ramoncica quiso lucirse, y se +lució, dando un magnífico _pipiripao_. D. Fadrique, cuando oyó esta +palabra, tuvo que preguntar qué significaba, y le dijeron que algo á +modo de festín. En cambio, se cuentan aún en Villabermeja los grandes +apuros en que estuvo aquella noche la chacha Ramoncica cuando volvió á +su casa, cavilando qué sería lo que su sobrino le había pedido para el +festín, y que ella ansiaba que le sirviesen, á fin de darle gusto en +todo. El vocablo, para ella inaudito, con que su sobrino había +significado la cosa que deseaba, casi se le había borrado de la mente. +Por último, consultando el caso con Rafaela, y haciendo un esfuerzo de +memoria, vino á recomponer el vocablo y á declarar que lo que su sobrino +había pedido era _economía_. + +--¿Qué es eso, Rafaela? --preguntó á su fiel criada. + +Y Rafaela contestó: + +--Señora, ¿qué ha de ser? ¡_Ajorro_! + +No le hubo, sin embargo. La chacha Ramoncica echó aquel día el bodegón +por la ventana. + +Al siguiente le tocó lucirse al Comendador, y á pesar de toda su +filosofía gozó en el alma de que sus deudos y paisanos viesen +maravillados su vajilla de porcelana, su plata y los demás objetos raros +ó bellos que de sus viajes había traído, y que había mandado por delante +de él con su criado de más confianza. Hasta la extraña fisonomía de +éste, que era un indio, pasmó á los bermejinos, con deleite y +satisfacción de D. Fadrique. Tuvo además un placer indescriptible en +contar sus aventuras y en hacer descripciones de países remotos, de +costumbres peregrinas y de casos singulares que había visto ó en los que +había tomado parte. + +Nada de esto debe movernos á rebajar el concepto que del Comendador +tenemos. Por más que parezca pueril, tal vanidad es más común de lo que +se cree. ¿Á quién no le agrada, cuando vuelve al lugar de su nacimiento, +darse cierto tono, sin ofender á nadie, manifestando cuán importante +papel ha hecho en el mundo? + +Gente hay que no espera para esto á ir á su lugar. Nacido en uno muy +pequeño de Andalucía tuve yo cierto amigo que, como llegase á ser +personaje de gran suposición y de muchas campanillas, cifraba su mayor +deleite en mandar á su pueblo todos los años un ejemplar de la _Guía de +forasteros_, con registro en las varias páginas en que estaba estampado +su nombre. Un año fué la _Guía_ con ocho registros, y el pasmo de los +lugareños, participado por carta á mi amigo, le dió un contento que +casi rayaba en beatitud ó bienaventuranza. + +No es menor el gusto que se tiene en contar lances y sucesos y en +describir prodigios. De aquí sin duda el refrán: _de luengas vías, +luengas mentiras_. Baste, pues, decir, en elogio de D. Fadrique, que el +refrán no rezó con él nunca, porque era la veracidad en persona. Lo que +no aseguraremos es que fuese siempre creído en cuanto refirió. Los +lugareños son maliciosos y desconfiados; suelen tener un criterio allá á +su manera, y á menudo las cosas más ciertas les parecen falsas ó +inverosímiles, y las mentiras, por el contrario, muy conformes con la +verdad. Recuerdo que un mayordomo andaluz de cierto inolvidable y +discreto Duque, que estuvo de embajador en Napóles, fué á su pueblo con +licencia. Cuando volvió le embromábamos suponiendo que habría contado +muchos embustes. El nos confesó que sí, y aún añadió, jactándose de +ello, que todo se lo habían creído, menos una cosa. + +--¿Qué cosa era esa? --le preguntamos. + +-Que cerca de Napóles --respondió,-- hay un monte que echa chispas por +la punta. + +De esta suerte pudo muy bien nuestro D. Fadrique, sin apartarse un ápice +de la verdad, dejar de ser creído en algo, sin que sus paisanos se +atreviesen á decirle, como decían al mayordomo del Duque cuando hablaba +del Vesubio: "¡Esa es grilla!" + +Al día tercero después de la llegada de D. Fadrique, su hermano D. José +y su familia se volvieron á la ciudad; y entonces, con más reposo, pudo +entregarse el Comendador á otro placer no menos grato: el de visitar y +recordar los sitios más queridos y frecuentados de su niñez, y aquéllos +en que le había ocurrido algo memorable. Estuvo en el Retamal y en el +Llanete, que está junto, donde le descalabraron dos veces; fué á la +fuente de Genazahar y al Pilar de Abajo; subió al Laderón y á la Nava, y +extendió sus excursiones hasta el cerro de Jilena y el monte de +Horquera, poblado entonces de corpulentas y seculares encinas. + +Tomó, por último, D. Fadrique verdadera posesión de su vivienda, +arrellanándose en ella, por decirlo así, poniendo en orden los muebles +que había traído, colocando los libros y colgando los cuadros. + +En estas faenas, dirigidas por él, casi siempre estaba presente el P. +Jacinto; y al cabo D. Fadrique quedó instalado, forjándose un retiro, +rústico á par que elegante, y una soledad amenísima en el lugar donde +había nacido. + + + + +VII + +Encantado estaba D. Fadrique con su modo de vivir. Ya leyendo, ya de +tertulia ó de paseo con el P. Jacinto, ya de expediciones campestres y +venatorias con el mismo padre y con el iluminado y ameno tío Gorico, el +tiempo se deslizaba del modo más grato. Ningún deseo sentía D. Fadrique +de ir á otro pueblo, abandonando á Villabermeja; pero D. José tenía +cuarto preparado para recibirle en su casa de la ciudad, y sus +instancias fueron tales, que no hubo más que ceder á ellas. + +El Comendador fué á la ciudad á pasar todo el mes de Mayo. Llegó en la +tarde del último día de Abril, y como el viaje es un paseo, aquella +noche estuvo de tertulia hasta cerca de las once, que en 1794 era ya +mucho velar. Dos ó tres hidalgos; otras tantas señoras machuchas; dos +jóvenes amiguitas de Lucía, sobrina de D. Fadrique; un respetable señor +cura y un caballerito forastero y muy elegante componían la reunión de +casa de D. José, que empezó antes de que anocheciera. + +Nadie llamó la atención de D. Fadrique, que era harto distraído. +Necesitaba que las personas le gustasen ó le disgustasen para fijarse en +ellas, y con gran dificultad acertaba la gente á gustarle, y mucho menos +á disgustarle. Así es que, mostrándose muy urbano con todos, apenas +reparó en ninguno. + +Al toque de oraciones sirvieron el refresco. + +Primero pasaron dos criadas repartiendo platos, servilletas y +cucharillas de plata; luego entraron otras dos criadas, que traían +sendas bandejas llenas de tacillas de cristal con almíbares diferentes. +Cada tertuliano fué tomando en su asiento una tacilla del almíbar que +más le gustaba. Las criadas de las bandejas pasaron de nuevo recogiendo +las tacillas vacías, y rogando á los señores que tomasen otra de otro +almíbar, como en efecto la tomaron muchos. + +La historia, prolija en este punto, cuenta que los almíbares eran de +nueces verdes, de cabellos de ángel, de tomate y de hoja de azahar. Hubo +también arrope de melocotón. + +Las ninfas fregonas, muy compuestas y con muchas flores en el moño, +sirvieron luego copitas de rosoli, del que sólo bebieron los caballeros; +y por último trajeron el chocolate con torta de bizcocho, polvorones, +pan de aceite y hojaldres. Terminó todo con el agua, que en vasos de +cristal y en búcaros olorosos repartieron asimismo las criadas. + +Duró esto hasta que dieron las ánimas. + +El refresco se tomó con toda ceremonia y con pocas palabras. Las sillas +pegadas á la pared, y todos sentados sin echar una pierna sobre otra, ni +inclinarse de ningún lado, ni recostarse mucho. + +Después de tomado el refresco, hubo alguna más libertad y expansión, y +Lucía se atrevió á rogar al caballerito que recitase unos versos. + +--Sí, sí --dijeron en coro casi todos los tertulianos;--que recite. + +--Recitaré algo de Meléndez, --dijo el joven. + +--No, de V. --replicó Lucía.-- Sepa V., tío, --añadió dirigiéndose al +Comendador,-- que este señor es muy poeta y gran estudiante. Ya verá +usted qué lindos versos compone. + +--V. es muy amable, Srta. Doña Lucía. La amistad que me tiene la engaña. +Su señor tío de V. va á salir chasqueado cuando me oiga. + +--Yo confío tanto en el fino gusto de mi sobrina --dijo el Comendador,-- +que dudo de que se equivoque, por ferviente que sea la amistad que V. le +inspire. Casi estoy convencido de que los versos serán buenos. + +--Vamos, recítelos V., D. Carlos. + +--No sé cuáles recitar que cansen menos, y que á V. que me fía, y á mí +que soy el autor, nos dejen airosos. + +--Recite V. --contestó Lucía,-- los últimos que ha compuesto á Clori. + +--Son largos. + +--No importa. + +Don Carlos no se hizo más de rogar, y con entonación mesurada y cierta +timidez que le hubiera hecho simpático, aunque ya por sí no lo fuese, +recitó lo que sigue: + + El plácido arroyuelo + Rompe el lazo de hielo, + Y desatado en onda cristalina + Fecunda la pradera. + Flora presta sus galas á Chiprina; + Reluce Febo en la celeste esfera, + Y en la noche callada + La casta diosa á su pastor dormido, + Con trémulo fulgor, besa extasiada. + Del techo antiguo á suspender su nido + Ha vuelto ya la golondrina errante; + Dulces trinos difunde Filomena; + El mar se calma, el cielo se serena; + Sólo Céfiro amante, + Oreando la hierba en los alcores. + Y acariciando las tempranas flores, + Con música y aroma el aire agita. + En la rica estación de los amores + Amor en todo corazón palpita; + Pero en el alma del zagal Mirtilo + Halla perpetuo asilo. + Allí ingenioso el dios labra un dechado + De gracia encantadora, + Donde con fiel esmero ha retratado + Á Clori bella, á la gentil pastora. + Por quien Mirtilo muere. + Clori, en tanto, amistosa y compasiva, + Quiere que el zagal viva, + Mas amarle no quiere; + Antes, dicen que piensa dar su mano + Á un rabadán anciano. + Con celos el zagal su pena aumenta, + Y así en la selva oculto se lamenta: + + --¡Tú no sabes de amor, encanto mío! + ¡Ah! Tu ignorancia virginal te engaña. + Seré merecedor de tu desvío, + Mas no comprendo la ilusión extraña + Que á dar tanta beldad te precipita, + Inútil don, tesoro inmaculado, + Á la vejez marchita. + La amapola del prado + No despliega la pompa de sus hojas, + De púdico amor rojas, + Hasta que el sol derrama + En su velado seno estiva llama; + Ni la rosa se atreve + Á abrir el cáliz entre escarcha y nieve. + No censurara yo que Galatea + Al cíclope adorase: la hermosura + Bien en la fuerza y el valor se emplea; + Bien con estrecho, cariñoso nudo, + La hiedra ciñe firme tronco rudo. + Mas nunca á quien apenas + Sostener puede el peso de la vida + Á llevar sus cadenas, + Si dulces, graves, el amor convida. + Huyen del mustio viejo las Camenas; + Si la flauta de Pan su labio toca, + Allí perece el desmayado aliento, + Sin convertirse en melodioso viento, + Y la risa del sátiro provoca. + Con vacilante pie mal en el coro + De ninfas entra; y el alegre giro + Y canto de las Ménades sonoro, + Ó con flébil suspiro, + Ó con dolientes ayes turba acaso; + Que, en el misterio de la santa orgía, + Ni el hierofante el tirso le confía, + Ni él llega hasta la cumbre del Parnaso. + ¡Ay Clori! ¿Qué demencia te extravía? + Ya que por tí se pierde + Mi tierno amor, mi juventud lozana, + De frescas rosas y de mirto verde + No ciñas ora una cabeza cana. + Trepa la vid al álamo frondoso, + Y á la punzante ortiga + Deja que adorne el murallón ruinoso. + ¿Qué riesgo, qué fatiga + No aceptará mi amor por agradarte? + Por tí en el bosque venceré las fieras; + Por tí el furor arrostraré de Marte; + Y el rey de las praderas, + Cuya bronceada frente + Arma ostenta terrible, que figura + De nueva luna el disco refulgente, + De mi garrocha dura + Sentirá en la cerviz la picadura. + El rabadán, por la vejez postrado, + Tu solícito afán reclamaría, + ¡Oh, Clori! mientras yo, por tu mandado, + Al abismo del mar descendería, + Sus perlas para ver en tu garganta, + Y acosaría al lobo carnicero, + Su hirsuta piel con plomo ó con acero + Ganando para alfombra de tu planta. + Alucinada ninfa candorosa, + Desecha ese delirio que te lleva + Á ser del viejo rabadán esposa. + Pues ¡qué! ¿te he dado en balde tanta prueba + De amor? Ya ves que por seguirte dejo + El templo de Minerva y los verjeles + Por do Betis copioso se dilata. + De mis padres me alejo, + Y huyo también de mis amigos fieles + Para sufrir crueldades de una ingrata. + No estriba tu desdén en mi pobreza, + Que no oculta tan bajo sentimiento + Tu noble corazón, y ni en riqueza + Me vence el rabadán, ni en nacimiento. + Sólo un funesto error, una locura, + ¡Oh, Clori! ¡Oh, rosa del pensil divino! + Le hará exhalar tu aroma y tu frescura + Entre las secas ramas del espino; + Te hará romper el broche delicado, + No para abril, para diciembre helado. + No así me hieras, si matarme quieres; + Mira que así te matas cuando hieres. + +No bien terminaron los versos, fueron estrepitosamente aplaudidos por el +benévolo auditorio; pero, si hemos de decir la verdad, ni D. José ni +doña Antonia prestaron atención durante la lectura; las señoras mayores +se adormecieron con el sonsonete; el señor cura halló la composición +sobrado materialista y mitológica y un poco pesada, y las amiguitas de +Lucía más se entusiasmaron con la buena presencia del poeta que con el +mérito literario de su obra. + +Don Carlos, en efecto, era un morenito muy salado de veintidós á +veintitrés años. Sus vivos y grandes ojos resplandecían con el fuego de +la inspiración. Su cabellera negra, ya sin polvos, lucía y daba reflejos +azulados como las alas del cuervo. Los movimientos de su boca al hablar +eran graciosos. Los dientes que dejaba ver, blancos é iguales; la nariz, +recta, y la frente, despejada y serena. + +Iba D. Carlos vestido con suma elegancia, á la última moda de París. Era +todo un petimetre. Parecía el príncipe de la juventud dorada, +transportado por arte mágica desde las orillas del Sena al riñón de +Andalucía. El cuello de su camisa y el lienzo con que formaba lazo en +torno de él, estaban bastante bajos para descubrir la garganta y la +cerviz robusta sobre que posaba airosamente la cabeza. La estatura, más +bien alta que mediana, y el talle, esbelto. El calzón ajustado de +casimir, la media de seda blanca y el zapato de hebilla de plata, daban +lugar á que mostrase el galán la bien formada pierna y un pie pequeño, +largo y levantado por el tarso. + +Sin duda las niñas contemplaron más todas estas cosas, y se deleitaron +más con la dulzura de la voz del señorito que con el que nos atreveremos +á calificar de idilio, la mitad de cuyas palabras estaba en griego para +ellas. + +Don Fadrique había reparado en todo. Como la mayor parte de los +distraídos, era muy observador, y prestaba atención intensa cuando se +dignaba prestarla. + +Los versos le parecieron regulares, no inferiores á los de Meléndez, +aunque, ni con mucho, tan buenos como los de Andrés Chénier, que había +oído en París. Lo que es el chico le pareció muy guapo. + +Advirtió también, con cierto gusto mezclado de zozobra, que Lucía, su +sobrina, había escuchado con ademán y gesto propios de quien entiende la +poesía, y con cierta afición, que no atinaba él á deslindar si era +meramente literaria, ó reconocía otra causa más personal y más honda. + +Por lo pronto, en consecuencia de tales observaciones, calificó á su +sobrina, de quien hasta entonces apenas había hecho caso, de bonita y de +discreta. Se puede decir que la miró concienzudamente por primera vez, y +vió que era rubia, blanca, con ojos azules, airosa de cuerpo y muy +distinguida. De todos estos descubrimientos no pudo menos de alegrarse, +como buen tío que era; pero hizo, ó creyó haber hecho, otros +descubrimientos, que le mortificaban algo. "Tal vez serán cavilaciones", +decía para sí. + +En punto de las diez se acabó la tertulia. + +Sola ya la familia, Doña Antonia convocó á los criados, y en compañía de +todos, y en alta voz, se rezó el rosario. + +Por último, no bastando el chocolate y el refresco, que pudiera pasar +por merienda, para gente que comía entonces poco después de mediodía, se +sirvió la indispensable cena. + +Durante este tiempo D. Fadrique buscó y encontró ocasión de tener un +aparte con su sobrina, y le habló de este modo: + +--Niña, veo que te gustan los versos más de lo que yo creía. + +Ella, poniéndose muy colorada y más bonita desde la primera palabra que +el tío pronunció, respondióle, algo cortada: + +--¿Y por qué no han de gustarme? Aunque criada en un lugar, no soy tan +ruda. + +--Basta con mirarte, hija mía, para conocer que no lo eres. Pero el que +te gusten los versos no se opone á que puedan gustarte los poetas. + +--Ya lo creo que me gustan. Fr. Luis de León y Garcilaso son mis +predilectos entre los líricos españoles, --dijo Lucía con suma +naturalidad. + +Casi se disipó la sospecha de D. Fadrique. Parecía inverosímil tanto +disimulo en una muchacha de diez y ocho años, que rezaba el rosario +todas las noches, iba á misa y se confesaba con frecuencia. + +Don Fadrique no tenía tiempo para rodeos y perífrasis, y se fué +bruscamente al asunto que le mortificaba. + +--Sobrina, con franqueza: ¿los versos que hemos oído los ha compuesto D. +Carlos para tí? + +--¡Qué disparate! --respondió Lucía, soltando una carcajada. + +--¿Y por qué había de ser disparate? + +--Porque nada de aquello me conviene: porque yo no soy Clori. + +--Bien pudieras serlo. El poeta no describe á Clori. Afirma vaga é +indeterminadamente que Clori es bella, y tú eres bella. + +--Gracias, tío; V. me favorece. + +--No; te hago justicia. + +--Sea como V. guste. Pero dígame V., ¿de dónde sacamos á mi viejo +rabadán? porque yo no doy con él. + +--Pues mira, yo creí haberle encontrado. + +--¿Cómo, tío, si no estaba en la tertulia más que el señor cura? + +--Y yo, ¿no soy nadie? + +--¿Qué quiere V. decir con eso? + +--Quiero decir que tengo cincuenta años, que te llevo treinta y dos, y +que no estoy loco para aspirar á que me quieran; pero los poetas fingen +lo que se les antoja, y el barbilindo de D. Carlos puede haber levantado +esa máquina de suposiciones absurdas para escribir su idilio. En tal +caso, no está muy conforme con la verdad todo aquello de que el viejo +rabadán no puede ya con sus huesos, ni baila, ni corre, ni guerrea, ni +es capaz de cazar lobos como el zagal. Con mi medio siglo encima, me +apuesto á todo con el tal D. Carlitos. Todavía, si me pongo á bailar el +bolero, estoy seguro de que he de bailarle mejor que cuando mi padre me +hizo que le bailara á latigazos. Y en punto á pulmones y á resuello, no +ya para encaramarme al Parnaso corriendo detrás de las bacantes, no ya +para tocar todas las flautas y clarinetes del mundo, sino para mover las +aspas de un molino, entiendo que tengo de sobra. + +--Pero, tío, si D. Carlos no ha soñado en V. ni ha pensado en mí. + +--Vamos, muchacha, no seas hipocritilla. Á mi se me ha metido en la +cabeza que ese chico te quiere, que ha sabido que yo venía á pasar aquí +un mes, que ha oído decir que yo era viejo, y, con estos datos, el +insolente ha supuesto lo demás. + +Don Fadrique decía todo esto con risa, para embromar á su sobrina; y, +aunque dudoso de su recelo, algo picado de la desvergüenza del poeta, +que por otra parte no había dejado de caerle en gracia. + +--Tío --dijo por último Lucía con la mayor gravedad que pudo,-- V. no es +el viejo rabadán. El viejo rabadán es de Villabermeja como V.: hace dos +años que está establecido aquí, y merece, en efecto, las calificaciones +que le prodiga el poeta, porque está muy asendereado y estropeado. El +viejo rabadán se llama D. Casimiro. V. debe de conocerle. + +--¡Ya lo creo! ¡Y vaya si le conozco! --dijo el Comendador recordando á +su antiguo adversario y víctima de la niñez. + +--Pero entonces, ¿quién es Clori? --añadió en seguida. + +--Clori es una linda señorita, muy amiga mía. Su madre vive con gran +recogimiento y no sale ni deja salir á su hija de noche. Por eso no ha +estado Clori de tertulia; pero es mi vecina, y su madre consiente en +que venga conmigo de paseo, en compañía de mi madre. Si mañana quiere V. +ser nuestro acompañante, iremos á las huertas, á las diez, después del +almuerzo, por sendas en que haya sombra. Clori vendrá, y V. conocerá á +Clori. + +--Iré con mucho gusto. + +--¡Ah, tío! Por amor de Dios, que no se le escape á V. lo de que D. +Carlos está enamorado de mi amiga y lo de que ella es Clori. Mire V. que +es un secreto. Nadie más que yo lo sabe en la población. Hay que tener +mucho recato, porque los padres de ella no quieren más que á D. Casimiro +y nada traslucen del amor de D. Carlos. Yo se lo he confiado á V. para +que no fuese V. á creer que yo era Clori y que sin razón de ningún +género habíamos convertido á V. en viejo rabadán enclenque, á fin de dar +motivo á los versos. + +--Quedo satisfecho, muchacha, y no diré nada. Te aseguro ya que me +interesa tu amiga Clori y que tengo curiosidad de verla. + +De esta suerte, de improviso, vino D. Fadrique á tener, apenas llegado, +un secreto con su sobrina, y á figurar en intrigas y lances de amor. + +Pensando en ello, se retiró á su cuarto, como los demás se retiraron +cada cual al suyo, y durmió hasta las ocho de la mañana, mejor que un +mozo de veinte años. + + + + +VIII + +Doña Antonia amaneció con un tremendo jaquecazo, enfermedad á que era +muy propensa. Tuvo, pues, que guardar cama y no pudo acompañar á paseo á +su hija Lucía; pero, como el mal no era de cuidado, y ya Lucía tenía +concertado el paseo con su amiga, se decidió que el Comendador las +acompañase. + +La amiga de Lucía vivía en la casa inmediata. Un muro separaba los +patios de una casa y otra. Á la hora convenida, en punto de las nueve y +media, pronta ya Lucía para salir y con su tío al lado, gritó desde el +patio, al pie del muro: + +--Clara (así se llamaba Clori en la vida real), ¿estás ya lista? + +No se hizo aguardar la contestación. + +Oyóse primero la voz de una criada que decía: + +--Señorita, señorita, Doña Lucía está llamando á su merced. + +Un momento más tarde sonó en el patio contiguo una voz argentina y +simpática, que respondía: + +--Allá voy; sal á la calle; ¿para qué he de entrar en tu casa? + +Salieron D. Fadrique y Doña Lucía, y hallaron ya á Doña Clara en la +puerta. + +El Comendador, á pesar de sus distracciones, miró á Doña Clara con +extraordinaria curiosidad. Era una niña de poco más de diez y seis años. +El color de su rostro, de un moreno limpio, teñido en las mejillas y en +los labios del más fresco carmín. La tez parecía tan suave, delicada y +transparente, que al través de ella se imaginaba ver circular la sangre +por las venas azules. Los ojos, negros y grandes, estaban casi siempre +dormidos y velados por los párpados y las largas y rizadas pestañas; si +bien, cuando fijaban la mirada y se abrían por completo, brotaban de +ellos dulce fuego y luz viva. Todo en Doña Clara manifestaba salud y +lozanía, y, sin embargo, en torno de sus ojos, fingiéndolos mayores y +acrecentando su brillantez, se notaba un cerco obscuro, como el morado +lirio. + +Era Doña Clara más alta que su amiga Lucía, bastante alta también, y, +aunque delgada, sus formas eran bellas y revelaban el precoz y completo +desenvolvimiento de la mujer. El cabello de Doña Clara era negrísimo, +las manos y el pie pequeños, la cabeza bien plantada y airosa. + +Ambas amigas iban vestidas de negro, con mantilla y basquiña, y algunas +rosas en el peinado. + +Lucía dijo á su amiga la indisposición de su madre, y que su tío el +Comendador, recién llegado de Villabermeja, las acompañaría en el paseo. +Salvos los cumplimientos y ceremonias de costumbre, no hubo en la +conversación nada memorable, hasta que los tres, que iban juntos, +salieron de la ciudad y llegaron al campo. + +La pequeña ciudad está por todas partes circundada de huertas. Muchas +sendas las cortan en diversas direcciones. Á un lado y otro de cada +senda hay una cerca de granados, zarza-moras, mimbres y otras plantas. +En muchas sendas hay un arroyo cristalino á cada lado; en otras, un solo +arroyo. Todas ellas gozan, en primavera, verano y otoño, de abundante +sombra, merced á los álamos corpulentos y frondosos nogales, y demás +árboles de todo género que en las huertas se crían. + +La tierra es allí tan generosa y feraz, que no puede imaginarse el +sinnúmero de flores y la masa de verdura que ciñen las márgenes de los +arroyos, esparciendo grato y campestre aroma. Campanillas, mosquetas, +violetas moradas y blancas, lirios y margaritas abren allí sus cálices y +lucen su hermosura. + +El sol radiante, que brilla en el cielo despejado y dora el aire +diáfano, hace más espléndida la escena. Increíble multitud de pájaros +la anima y alegra con sus trinos y gorjeos. En Andalucía, huyendo de la +tierra de secano, buscando el agua y la sombra, se refugian las aves en +estos oásis de regadío, donde hay frescura y tupidas enramadas. + +Tales eran los sitios por donde paseaba el Comendador con las dos +bonitas muchachas. Apenas salieron de la población, tomaron la senda que +llaman _del medio_. Ellas cogían flores, se deleitaban oyendo cantar los +colorines ó reían sin saber de qué. El Comendador meditaba, sentía gran +bienestar, gozaba de todo, aunque más tranquilamente que ellas. + +Al llegar á sitio más ancho, no ya á otra senda, sino á un camino, los +tres, que, por ser la senda casi siempre estrecha, habían ido uno en pos +de otro, se pusieron en la misma línea. Clara estaba en el centro. Lucía +dijo entonces, dirigiéndose á su tío: + +--Vamos, ya habrá satisfecho V. su curiosidad. Ésta es Clori. ¿No es +verdad que merece haber inspirado el idilio? + +Doña Clara, que si bien más moza que Lucía, era más reflexiva y grave, +sintió que su amiga hubiese confiado á su tío aquel secreto, y no pudo +reprimir las muestras de su disgusto, frunciendo el entrecejo, +poniéndose más seria y tiñéndose al mismo tiempo de grana sus mejillas +con la vergüenza y el enojo. + +Nada dijo Doña Clara, á pesar de ello; pero Lucía advirtió su disgusto y +prosiguió de esta suerte: + +--No te ofendas Clarita. No me motejes de parlanchina. Mi tío me puso +anoche entre la espada y la pared, y tuve que confesárselo todo. Tuve +que disculparme y que disculpar á D. Carlos. Á mi tío se le metió en la +cabeza que él era el viejo rabadán y que yo era Clori. Además, mi tío es +muy sigiloso y no dirá nada á nadie. ¿No es verdad tío? + +--Descuide V., señorita --respondió el Comendador, encarándose con Doña +Clara, que se puso más encarnada aún:-- nadie sabrá por mí quién ha +inspirado el idilio, que es, por cierto, precioso. + +El Comendador advirtió que Clara se tranquilizaba, si bien no acertó, +con la turbación, á pronunciar palabra alguna. + +Doña Lucía continuó: + +--¡Vaya si es precioso el idilio! Créame V., tío: desde Vicente Espinel +hasta nuestra edad, Ronda no ha producido más ingenioso poeta que +nuestro amigo D. Carlos de Atienza, ilustre mayorazgo de la mencionada +ciudad, el cual vive en Sevilla con sus padres, trata de tomar en +aquella Universidad la borla de doctor en ambos Derechos, y ahora +descuida bastante los estudios por seguir á Clori, que, desde Sevilla, +se ha venido aquí de asiento con su familia, á quien V. sin duda conoce. + +--Sobrina, yo no sé si tengo ó no la honra de conocer á la familia de +esta señorita, cuyo apellido no me has dicho. ¿Cómo un forastero recién +llegado ha de adivinar la familia de quien sólo sabe que se llama Clori +en poesía y Clara en prosa? + +--¡Ay, es verdad! ¡Qué distraída soy! No había yo dicho á V. cómo se +llamaba mi amiga. Pues bien, tío: esta señorita se llama Doña Clara de +Solís y Roldán. Y ahora, ¿qué dice V.? ¿Conoce V. ó no conoce á su +familia? + +Al oir en boca de Lucía el nombre y apellidos de su amiga y la última +inocente pregunta, el Comendador se estremeció, se turbó; el color rojo, +que había teñido antes las mejillas delicadas de Clarita, se diría que +había pasado con más fuerza á encender el rostro varonil de D. Fadrique, +curtido por el sol de India y por los vientos de los remotos mares. + +Lucía, sin advertir la turbación de su tío, siguió diciendo: + +--Pero ¿qué digo á su familia? Á la misma Clara es posible que V. la +conozca, sólo que ya no se acuerda. Cuando era ella chiquirritita, tal +vez cuando ella nació, estaba V. en Lima. Clara es limeña. + +Dominándose al cabo el Comendador, contestó á su sobrina: + +--Mal puedo acordarme y mal puedo haber olvidado á esta señorita, á +quien nunca he visto. Á quien sí he conocido y tratado mucho es á su +señor padre; y también, á pesar de la vida retirada y austera que +siempre ha hecho, tuve el gusto de tratar y ser amigo de mi señora Doña +Blanca Roldán. ¿Cómo está su señora madre de V., señorita? + +--Sigue bien de salud --contestó Doña Clara;-- pero, entregada como +nunca á sus devociones, apenas se deja ver de nadie. + +--¿Y el Sr. D. Valentín, está bueno? + +--Gracias á Dios, lo está, --dijo Clara. + +--Se ha retirado ya de la magistratura --añadió Lucía;-- ha heredado los +cuantiosos bienes de su hermano el mayor, que murió sin hijos, y vive +aquí, donde tiene su mejores fincas, de que Clarita es única heredera. + +Como una nueva oleada de sangre subió entonces á la cara del Comendador, +enrojeciéndola toda. Reportándose luego, dijo de la manera más natural á +su parlera sobrina: + +--¿Con que esta señorita, además de ser tan guapa, es muy rica? + +--Para estos lugares lo es. ¿No es verdad, tío, que es muy extraño que +la quieran casar con don Casimiro? ¡Si viera V. qué viejo y qué feo +está! Vamos, es ofender á Dios. Yo, si fuera el Papa, negaba la licencia +que habrá que pedirle. + +--Pues qué --exclamó D. Fadrique,-- ¿son ustedes parientes tan +cercanos? + +--Don Casimiro Solís es el pariente más cercano que tiene mi padre, +--contestó Clara. + +--Sería su inmediato heredero si Clara no viviese, --añadió Lucía, que +no dejaba por contar nada de cuanto sabía, cuando se hallaba entre +personas, como Clara y su tío, que le infundían tanta confianza y +cariño. + +Don Fadrique no llevó adelante la conversación. Quedó callado y como +pensativo y melancólico. + +En silencio continuaron, pues, paseando hasta que llegaron al +_nacimiento_. En mitad de un bosque de encinas y olivos, que pone +término á las huertas, se alza un monte escarpado, formado de riscos y +peñascos enormes, que parecen como suspendidos en el aire, amenazando +derrumbarse á cada momento. + +Higueras bravías, jaras de varias especies, romero y tomillo, musgo, +retama y otras mil hierbas, plantas y flores, nacen en las hendiduras de +aquellas peñas ó cubren los sitios en que no está pelada la roca viva, y +hallan alguna capa vegetal donde fijar y alimentar las raíces. + +Los peñascos horadados abren paso á diversas grutas ó cuevas en no pocos +sitios del cerro, á cuyo pie, más bajo aún que el nivel del camino, +están como socavadas las piedras, formando una gruta mayor y de más +grande entrada que las otras. En el fondo de esta gruta, que se ve todo +sin penetrar allí, brota de una grieta, sin hipérbole alguna, un +verdadero río. Por eso se llama aquel sitio el nacimiento del río, ó +sencillamente _el nacimiento_. + +El agua que mana de entre las peñas cae con grato estruendo en un +estanque natural, cuyo suelo está sembrado de blanquísimas y redondas +piedrezuelas. Por aquel estanque se extiende mansa el agua, creando y +desvaneciendo de continuo círculos fugaces; mas, á pesar de los +círculos, son las ondas de tal transparencia, que al través de ellas se +ve el fondo, aunque está á más de vara y media de profundidad, y en él +pueden contarse las guijas todas. + +En la margen del pequeño lago crecen juncos, juncia, berros y otras +plantas acuáticas. + +El estanque ó lago llena la gruta y se dilata buen espacio fuera de +ella, reflejando el cielo en su cristal. Á derecha y á izquierda hay dos +acequias, por donde el agua corre, dividiéndose después en infinitos +arroyuelos, y yendo á regar las mil y quinientas huertas que hacen del +término de aquella pequeña ciudad un verde y florido paraíso. + +Como todo por aquellas cercanías es terreno quebrado, el agua baja á las +hondonadas con ímpetu brioso: á veces se precipita en cascadas, y á +veces pone en movimiento aceñas, batanes y martinetes. No obstante, +cerca del nacimiento el agua va por tierra llana, con sosegada corriente +y apacible murmullo, sin que haya ruido mayor en aquella amena soledad +que el que produce el nacimiento mismo; el golpe del agua que brota de +la peña y cae dentro de la gruta. + +Á la orilla del estanque rústico hay varios sauces, y junto al tronco +del más alto y frondoso un poyo ó asiento de piedra. Allí estaba sentado +el poeta rondeño D. Carlos de Atienza cuando llegaron el Comendador, su +sobrina y Doña Clara. + +Don Fadrique, como si anhelase apartar de sí tristes y enojosos +pensamientos, impropios de su carácter y risueña filosofía, se pasó la +mano por la frente, y creyendo que recobraba su serena y alegre +condición, dijo en voz alta: + +--Hola, ilustre poeta, ¿qué nuevo idilio compone V. en estas soledades? + +Don Carlos se levantó del asiento, y yendo hacia los recién venidos, +dijo: + +--Buenos días, Sr. D. Fadrique. Beso los pies de Vds., señoritas. + +El Comendador le allanó el camino para que se viniese con él y con las +niñas y los acompañase un rato en el paseo. Habló á D. Carlos de sus +estudios, le ponderó lo mucho que le agradaba la poesía, le encomió el +idilio y se le hizo repetir. + +No podía haber dado mayor gusto á D. Carlos, ni mayor satisfacción de +amor propio; porque, como todos los que escriben, han escrito ó +escribirán versos en el mundo, era D. Carlos aficionadísimo á recitarlos +en presencia de un benévolo y discreto auditorio, y siempre se inclinaba +á calificarle de discreto, con tal de que fuese benévolo. + +Don Fadrique miró con disimulo, pero con mucha atención, á Clarita +mientras que D. Carlos recitó el idilio. Si aun le hubiera quedado la +menor duda de que Clara era Clori, la duda se hubiera disipado. Á +Clarita, valiéndonos de una expresión en extremo vulgar, si bien muy +pintoresca, un color se le iba y otro se le venía mientras los versos +duraron. Ya se ponía pálida, ya se cubrían de púrpura sus mejillas. +Hasta cuando exclamó D. Carlos recitando: + +"Pues¡qué! ¿te he dado en balde tanta prueba +De amor?" + +vió ó imaginó ver D. Fadrique que los párpados de Doña Clara se +contraían más de lo ordinario, como para recoger y ocultar indiscretas +lágrimas, que ansiaban por brotar de los hermosos ojos. + +Después de recitados los versos, D. Carlos, menos atrevido en prosa, +apenas se acercó á Clara, y no le dijo palabra que todos no oyesen. Sólo +con Lucía habló en voz baja y como en secreto. + +Los cuatro se internaron, prosiguiendo el paseo y volviendo á la ciudad +por otro camino, en medio de una frondosísima alameda. Allí Clara, ó +adelantándose ó quedándose atrás y dejando al Comendador con su sobrina, +hubiera podido hablar á su placer con D. Carlos; pero no parecía sino +que le tenía miedo, que temblaba de oir su voz sin testigo, y que +deseaba demostrar á los ojos del Comendador que no quería pertenecer á +D. Carlos, sino á D. Casimiro. Ello es que en los lugares más agrestes, +Clara no se apartaba del lado de D. Fadrique, como si temiese que +saliese una fiera á devorarla y buscase en él su amparo y defensa. + +¿Quién sabe lo que pasaba en aquellos instantes en el alma del +Comendador? Lo cierto es que casi no se atrevía á hablar á Clara; pero +de repente, en una ocasión en que D. Carlos y Lucía se adelantaron y se +perdieron de vista entre los árboles, el Comendador detuvo á Clara, la +contempló de un modo extraño y dulce, y tomando su semblante una +expresión solemne y en cierto modo venerable, exclamó: + +--¡Hija mía! Es V. muy buena, muy hermosa... inocente de todo; Dios +bendiga á V. y la haga tan feliz como merece. + +Y diciendo esto, alzó las manos como para bendecir á la muchacha, tomó +su cabeza entre ellas y le dió en la frente un beso. + +Clara halló, sin duda, muy raro todo aquello, fuera del uso y del +estilo común; pero la cara de D. Fadrique estaba tan seria, y su +expresión era tan simpática y noble, que, á pesar de las ideas con que +personajes devotos habían manchado precozmente la conciencia de la niña, +hablándole de pecados y faltas, Clara no pudo ver allí ningún +atrevimiento liviano. + +Más aún se afirmó en la idea de lo puro é impecable del extraño é +inesperado beso, cuando le dijo el Comendador: + +--Don Carlos me parece un mozo excelente. ¿Le ama V. mucho? + +Había en el acento de D. Fadrique un suave imperio, al que Clara no supo +resistir. + +--Le he amado mucho --contestó,-- pero yo acertaré á no amarle. He sido +muy culpada. Sin que lo sepa mi madre le he querido. En adelante no le +querré. Seré buena hija. Obedeceré á mi madre. Ella sabe mejor que yo lo +que me conviene. + +Don Fadrique no se atrevió á replicar ni á hacer un discurso subversivo +de la autoridad materna. + +Á poco volvieron á reunirse, en un solo grupo los cuatro. + +Antes de entrar de nuevo en la ciudad, D. Carlos se despidió del +Comendador y de las dos señoritas, y se fué por otros sitios. + +Apenas Lucía y su tío dejaron á Clara á la puerta de su casa, el tío +preguntó á la sobrina: + +--¿Qué te ha dicho D. Carlos? + +--¿Qué ha de decir? Que está desesperado; que Clara le desdeña, que le +rechaza, y que, por obedecer á su madre, se casará con D. Casimiro. + +--Y D. Valentín, ¿qué hace? + +--Nada. ¿Qué quiere V. que haga? Pues qué, ¿ignora V. que D. Valentín es +un gurrumino? Una mirada de Doña Blanca le confunde y aterra; una +palabra de enojo de aquella terrible mujer hace que tiemble D. Valentín +como un azogado. + +--De suerte que Doña Blanca es quien ha decidido el casamiento de Clara +con D. Casimiro. + +--Sí, tío; en esa casa Doña Blanca es quien lo decide todo. Ella manda y +los demás obedecen. No se atreven á respirar sin su licencia. No se +puede negar que Doña Blanca tiene mucho talento y es una santa. Sabe más +de las cosas de Dios que todos los predicadores juntos. Reza muchísimo; +lee y estudia libros piadosos; lleva una vida ejemplar y penitente, y +hace muchas limosnas á los pobres y á las iglesias; pero, á pesar de +tantas virtudes y excelentes prendas, nada tiene de amable. Antes al +contrario, es terrible. Á mí me pone miedo. + +--No lo dudo, sobrina; ya era como tú la describes cuando yo la conocí. + +--¡Ay, tío! ¿Y la veía V. con frecuencia? + +--No con frecuencia, sobrina; pero al fin la traté algo. + +--No extrañe V. que en una semana no vengan á casa, ni para cumplir. +Doña Blanca vive con la mente tan lejos de todo, y se resiste tanto á +que le cuenten cosas del mundo exterior que distraigan su espíritu de la +contemplación íntima en que vive, que de seguro ni ella ni su pobre +marido sabrán que V. ha llegado. D. Valentín no creo que sea hombre muy +interior, espiritual y contemplativo; pero como tiene tanto miedo á su +mujer y quiere darle gusto siempre, vive también á lo místico, apartado +del trato humano, y yo le juzgo capaz de azotarse con unas disciplinas, +no tanto por amor de Dios, cuanto por amor y por miedo de Doña Blanca. + +Don Fadrique escuchaba y callaba. No tenía humor de despegar los labios. +Lucía, que era aficionada á hablar, soltó la tarabilla y prosiguió +diciendo: + +--¡Pobre Clara! Figúrese V. lo divertida que estará. Yo no lo dudo; ella +se irá al cielo; pero ¡qué! ¿no puede ir uno al cielo con menos trabajo? +No acierto á ponderar á V. los prodigios de astucia, los portentos de +habilidad, aunque esté mal que yo me alabe, que he tenido que hacer para +ganarme un poco la voluntad y la confianza de Doña Blanca y lograr que +su hija se trate conmigo y salga á veces en mi compañía. Si no fuera por +mí, Clara estaría como enterrada en vida, entre cuatro paredes. No sé +cómo ha podido entenderse con D. Carlos. Gracias á que él es muy listo y +capaz de todo. Clara ha estado con él, no diré que en relaciones, sino +casi en relaciones. Ello es que Clara le amaba. Luego ha tenido +remordimientos de amar á un hombre á escondidas de su madre, y sobre +todo cuando su madre la destina para otro. Así es que ahora rechaza al +pobre D. Carlos, y el infeliz zagal Mirtilo se muere de pena. + +El Comendador oía con interés á su sobrina, y no ponía en la +conversación ni una exclamación siquiera. Parecía que se había quedado +mudo ó que no sabía qué decir. + +--Clara --prosiguió Lucía,-- ahora que cree pecado amar á D. Carlos, y +que no halla posible oponerse á la voluntad de su madre, piensa á veces +en ser monja; pero ni este deseo se atreve á confiar á su madre. +Considera ella, en primer lugar, que no es buena su vocación; que quiere +tomar el velo por despecho y como desesperada; y, por otra parte, cree +que decir á su madre que quiere ser monja es un acto de rebeldía, es +oponerse á su voluntad de casarla con D. Casimiro. ¿Qué piensa V. de la +situación de mi desgraciada amiga? + +Interrogado tan directamente el Comendador, tuvo al cabo que romper el +silencio; pero respondió con laconismo: + +--Mala es, en verdad, la situación; pero, ¿quién sabe? Todo tiene +remedio menos la muerte. Entre tanto --añadió D. Fadrique, hablando con +lentitud y bajo, dejando caer las palabras una á una, como si le +costasen grandes esfuerzos, y como si en vez de responder á su sobrina +hablase consigo mismo y á sí propio se respondiese;-- entre tanto, Doña +Blanca es discreta, es piadosa y es buena madre. Razones de mucho peso +tiene... sin duda... para querer casar á su hija con D. Casimiro. En +fin, muchacha, sigue siendo buena amiga de Clara; pero no caviles ni +formes juicios acerca de la conducta de Doña Blanca. Voy, además, á +hacerte otra súplica. + +--Mande V., tío. + +--Es algo difícil lo que exijo de tí. + +--¿Por qué? + +--Porque te gusta hablar, y lo que exijo es que calles. + +--¿Y qué he de callar? Ya verá V. cómo me callo. Yo no quiero que V. se +disguste y forme mal concepto de mí. + +--Pues bien; calla que me has puesto al corriente de los amores de D. +Carlos y Doña Clara, y calla también cuanto sabes acerca de estos +amores. + +--¡Tío, por amor de Dios! No me crea V. tan amiga de contarlo todo. El +pícaro idilio tiene la culpa. Sin el idilio, ni á V. le hubiera yo +confiado nada. + +Oído esto, sonrió el Comendador á su sobrina; y como ya estaban en la +casa, se apartó de la muchacha, yéndose algo meditabundo y ensimismado, +cual si procurase resolver un difícil problema. + + + + +IX + +Mientras el Comendador y Lucía tenían el diálogo de que acabamos de dar +cuenta, Clara había entrado en el cuarto de su madre. + +Doña Blanca estaba sentada en un sillón de brazos. Delante de ella había +un velador con libros y papeles. D. Valentín estaba allí, sentado en una +silla, y no muy distante de su mujer. + +El aspecto de Doña Blanca era noble y distinguido. Vestida con sencillez +y severidad, todavía se notaban en su traje cierta elegancia y cierto +señorío. Tendría Doña Blanca poco más de cuarenta años. Bastantes canas +daban ya un color ceniciento á la primitiva negrura de sus cabellos. Su +semblante, lleno de gravedad austera, era muy hermoso. Las facciones, +todas de la más perfecta regularidad. + +Era Doña Blanca alta y delgada. Sus manos, blancas, parecían +transparentes. Sus ojos, negros como los de su hija, tenían un fuego +singular é indefinible, como si todas las pasiones del cielo y de la +tierra y todos los sentimientos de ángeles y diablos hubiesen +concurrido á crearle. + +Don Valentín, tímido y pacífico, enamorado de su mujer en los primeros +años de matrimonio, y lleno después de consideración hacia ella, no se +atrevía á chistar en su presencia, si ella no le mandaba que hablase. + +Era D. Valentín un virtuoso caballero, pero débil y pusilánime. Había +sido, por amor y respeto á su honra, un magistrado íntegro. Nada había +podido apartarle del cumplimiento de su deber, y hasta había mostrado +admirable entereza fuera de casa, donde la entereza, por grande que deba +ser, basta con que dure un instante; pero en la casa, con la doméstica +tiranía de una mujer dotada de voluntad de hierro, cuya presión es +perpetua é incesante, D. Valentín no había sabido resistir, y había +abdicado por completo. La hacienda, los negocios, la educación de la +hija, todo dependía y todo era dirigido y gobernado por Doña Blanca. + +El aspecto de D. Valentín era insignificante y neutral. + +Ni alto ni bajo, ni pelinegro ni rubio, ni flaco ni gordo. Parecía, con +todo, un señor, por decirlo así, muy correcto en sus modales, en su +continente y en su habla. La devota sumisión á su mujer añadía á dicha +calidad de correcto una tintura de mansedumbre. + +Don Valentín había sido en su mocedad muy buen católico, pero sin +fervor penitente y sin inclinaciones místicas y contemplativas. Ahora, +por no desazonar á su mujer, se esforzaba por remedar á San Hilarión ó á +San Pacomio. + +Tenía D. Valentín cerca de sesenta años de edad, pero parecía mucho más +viejo, porque no hay cosa que envejezca y arruine más el brío y la +fortaleza de los hombres que esta servidumbre voluntaria y espantosa, á +que por raro misterio de la voluntad se someten muchos, cediendo á la +persistencia endemoniada de sus mujeres. + +No bien entró Clara en el cuarto, Doña Blanca le preguntó: + +--¿Dónde has estado, niña? + +--Mamá, en _el nacimiento_. + +--No sé cómo tiene pies mi señora Doña Antonia para dar paseos tan +disparatados. Con ir y volver, eso es andar cerca de una legua. + +--Doña Antonia no ha estado hoy con nosotras --dijo Clara, no +atreviéndose á mentir, ni siquiera á disimular. + +El rostro de Doña Blanca tomó cierta expresión de sorpresa y de notable +desagrado. + +--Entonces ¿quién os ha acompañado en el paseo? --preguntó Doña Blanca. + +--No se enoje V., mamá: hemos ido bien acompañadas. + +--Sí; pero ¿por quién? ¿Por alguna fregona? ¿Por alguna tía cualquiera? + +--Mire V., mamá, Doña Antonia tenía la jaqueca y no pudo acompañarnos. +En su lugar ha venido con nosotras el tío de Lucía. + +--¿Y quién es ese tío? + +--Un señor marino que estuvo en la India y en el Perú, que dice que +conoce á V., que hace poco ha venido á vivir á Villabermeja, y que +anoche llegó aquí á pasar una temporada. + +--Ese es el Comendador Mendoza --dijo D. Valentín, con cierto júbilo de +saber que había llegado un antiguo amigo. + +--Justamente, papá, así se llama: el Comendador Mendoza; un señor muy +fino, si bien algo raro. + +--Oye, Blanca, será menester que vayamos á ver al Comendador, que vive +sin duda en casa de su hermano --exclamó D. Valentín. + +--Cumpliremos con ese deber que la sociedad nos impone --dijo Doña +Blanca con reposo y dignidad serena--; pero tú, Clara, no debes volver á +salir de paseo ni tratarte con ese hombre malvado é impío. Si la santa +fe de nuestros padres no estuviera tan perdida; si las perversas +doctrinas del filosofismo francés no nos hubiesen inficionado, ese +hombre, en vez de vestir el honroso uniforme de la marina, vestiría el +sambenito; en vez de andar libre por ahí, piedra de escándalo, fermento +de impiedad, levadura del infierno, corrompiendo lo que aun en el +cuerpo social se conserva sano, estaría en los calabozos de la +Inquisición ó ya hubiera muerto en la hoguera. + +Clara se aterró al oir en boca de su madre aquella diatriba. Se +representó en su mente al Comendador como á un personaje endiablado; y, +acordándose del tierno beso que de él había recibido, se llenó toda de +espanto y de vergüenza. + +Don Valentín, con el recuerdo del Comendador, que le traía á la +imaginación mejores tiempos, cuando él estaba menos viejo y menos +sumiso, se sentía, contra su costumbre, con ánimo de contradecir y no +someterse del todo. Así es que dijo: + +--¡Válgame Dios, mujer, qué falta de caridad es esa! Eres injusta con +nuestro antiguo amigo. No te negaré yo que era algo _esprit fort_ en su +mocedad pero ya se habrá enmendado. Por lo demás, siempre fué el +Comendador pundonoroso, hidalgo y bueno. ¿Qué tienes tú que decir contra +su moralidad? + +--Cállate, Valentín, que no dices más que sandeces. Y las llamo +sandeces, por no calificarlas de blasfemias. ¿Qué moralidad, qué +hidalguía, qué virtud puede haber donde faltan la religión y las +creencias, que son su fundamento? Sin el santo temor de Dios toda virtud +es mentira y toda acción moral es un artificio del diablo para engañar á +los bobos que presumen de discretos y que no subordinan su juicio á los +que saben más que ellos. Ya lo he dicho y lo repito: el Comendador +Mendoza era un impío y un libertino, y seguirá siéndolo. Nosotros iremos +á visitarle para no chocar, procurando no hallarle en casa y ver sólo á +doña Antonia y á su bendito marido. En cuanto á Clarita, se buscará un +pretexto cualquiera para que no salga más con Lucía, exponiéndose á ir +en compañía de ese renegado, jacobino, volteriano y ateo. Primero +confiaría yo á Clara al cuidado de la más vil y pecadora de las mujeres. +Esta mujer, con el auxilio de la religión, puede regenerarse y llegar á +ser una santa; pero de quien niega á Dios ó le aborrece, del empedernido +de toda la vida, ¿qué esperanza es lícito concebir? + +Clarita y D. Valentín se compungieron y amilanaron con el sermón de Doña +Blanca, y nada supieron contestarle. + +Quedó, pues, resuelto que Clarita, por culpa del Comendador y para que +no se contaminase, no volvería á pasear con Lucía. + + + + +X + +Las resoluciones de Doña Blanca Roldán eran irrevocables y efectivas. +Ella sabía darles cumplimiento con calma persistente. + +Una mañana, después de oir misa con D. Valentín, estuvo Doña Blanca á +visitar á Doña Antonia y á felicitarla por la venida de su cuñado; y fué +con tal tino, que no se hallaba el Comendador en casa. + +Ni antes ni después de esta visita se dejaron ver Doña Blanca y D. +Valentín de sus vecinos y amigos. Retirados siempre en el fondo del +antiguo caserón en que vivían, y pretextando enfermedades, no recibían +visitas, á pesar de lo difícil y odioso que es negarse á recibir, +estando en casa, cuando se vive en un pueblo pequeño. + +En balde intentó repetidas veces Lucía sacar á paseo á Clara. Siempre +que envió recado, le contestaron que Clara estaba mal de salud ó muy +ocupada y que le era imposible salir. + +Lucía fué ella misma á ver á Clara, y sólo dos veces pudo verla, pero en +presencia de su madre. Estas pruebas de retraimiento y hasta de desvío +estaban suavizadas por una extremada cortesía de parte de Doña Blanca; +aunque bien se dejaba conocer que si esta señora ponía de su parte +cuantos medios le sugería su urbanidad á fin de no dar motivo de +agravio, preferiría agraviar, si por agraviado se daba alguien, á cejar +un punto en su propósito. + +Fuera del día en que visitó á Doña Antonia, no ponía Doña Blanca los +pies en la calle sino de madrugada, para ir á la iglesia, á misa y demás +devociones. D. Valentín la acompañaba casi siempre, como un lego ó +doctrino humilde, y Clara la acompañaba siempre, sin osar apenas +levantar los ojos del sueldo. + +Lucía, cavilando sobre las causas de aquella poco menos que completa +ruptura de relaciones, llegó á temer que Doña Blanca hubiese averiguado +los amores de Clara con D. Carlos de Atienza, la presencia de éste en la +ciudad y la entrada y protección con que contaba en su casa. + +Doña Clara no hablaba á solas ni escribía á su amiga; por los criados +nada podía averiguarse, porque los de Doña Blanca eran forasteros casi +todos, y ó no tenían confianza en la casa, ó hacían una vida devota y +apartada, imitando y complaciendo así á sus amos. + +Sólo podía afirmarse que la única persona que entraba de visita en casa +de D. Valentín era su cercano pariente D. Casimiro. + +De esta suerte se pasaron diez días, que á don Carlos, á Lucía y al +Comendador parecieron diez siglos, cuando al anochecer, en una hermosa +tarde, el Comendador estaba en el patio de la casa sólo con su sobrina. +Ésta traía con su tío una conversación muy animada, mostrándole las +plantas y las flores que en arriates y en multitud de tiestos adornaban +aquel patio, contiguo, como ya hemos dicho, al de la casa de D. +Valentín. Salvando el muro divisorio, la voz de ambos interlocutores +podía llegar al patio inmediato. La voz llegó, en efecto, porque en +medio de la conversación sintieron Lucía y el Comendador el ruido de un +pequeño objeto pesado que caía á sus pies. Lucía se bajó con prontitud á +recogerle, y no bien le tuvo en la mano, dijo á su tío, toda alborozada +y en voz baja: + +--Es una carta de Clarita. ¡Qué buena es! Me quiere de veras. Menester +es conocerla como yo la conozco, para estimar lo que vale esta fineza de +su amistad. ¡Burlar por mí la vigilancia de su madre! ¡Escribirme +furtivamente! Calle V... tío... si parece imposible. ¡Por mí, esa +infeliz, que es una santa, ha faltado á su deber de obediencia filial! +¿Y cómo, dónde, á qué hora habrá podido escribirme? Vamos ... si le digo +á V. que es un milagro de cariño. Y la picarita ¿con qué angustia habrá +estado espiando la ocasión de echarme la carta, segura de que yo la +recogería? ¡Benditas sean sus manos! + +Y diciendo esto había desatado el papel de la china en que venía liado +con un hilo, y se diría que quería comérsele á besos. + +--Ven á leer esa carta --dijo el Comendador,-- donde haya luz y donde no +vengan á interrumpirnos. En el despacho no hay nadie y ahora acaban de +encender el velón. Ven, que es ya de noche y aquí no verás. + +Lucía fué al despacho con su tío, y con acento conmovido, casi al oído +del Comendador, leyó lo siguiente: + +"Mi querida Lucía: De sobra conoces tú lo mucho que te quiero. +Considera, pues, cuánto me afligirá verte tan poco y no poder hablarte. +Mi madre lo exige, y una buena hija debe complacer á su madre. No creas +que mi madre ha sospechado nada de mis desenvolturas con D. Carlos de +Atienza. Me echo á temblar al representarme que hubiera podido +sospecharlo. Nadie sabe más que tú, el Comendador y yo, que D. Carlos me +pretende; pero Dios sabe mi pecado, del que estoy arrepentida. Ha sido +enorme perversidad en mí dar alas á ese galán con miradas dulces y +profanas sonrisas... casi involuntarias... te lo juro. No por eso me +pesan menos en la conciencia. Algo he hecho yo, ó arrastrada por mi +maldad nativa, ó seducida por el enemigo común de nuestro linaje, para +alborotar á ese mozo, hacerle abandonar su Universidad y sus estudios, y +moverle á venir aquí en persecución mía. En medio de todo, harto tengo +que agradecer á Jesús y á María Santísima, que se apiadan de mí, á pesar +de lo indigna que soy, y disponen que no se solemnice mi falta con el +escándalo. Favor sobrenatural del cielo es, sin duda, el que siga oculto +el móvil que ha impulsado á D. Carlos á venir aquí. La gente cree que +vino y está aquí por tí. ¡Cuánto debo agradecerte que cargues con esta +culpa! Si yo no hubiera sido atrevida, si yo no hubiera animado á D. +Carlos, si yo hubiera tenido la severidad y el recato convenientes, no +me vería ahora en tan amargo trance. ¡Ay, mi querida Lucía! El corazón +humano es un abismo de iniquidad ... y de contradicciones. ¿Quieres +creer que, si por un lado me desespero de haber dado ocasión para que D. +Carlos haya venido persiguiéndome, por otro lado me lisonjea, me encanta +que haya venido, y advierto que si no hubiera venido sería yo más +desgraciada? En medio de todo... no lo dudes... yo soy muy mala. Estoy +avergonzada de mi hipocresía. Estoy engañando á mi madre, que es tan +perspicaz. Mi madre me juzga demasiado buena... y vela por mí, como el +avaro por su tesoro, cuando el tesoro está ya perdido. No acierto á +decírtelo para que no te enojes, y, no obstante, quiero decírtelo. No +cumpliría con un deber de conciencia si no te lo dijese. La causa de +que mi madre me aparte de tí es tu tío. Á mí me pareció un caballero muy +fino, y bueno; pero mi madre asegura ¡qué horror! que no cree en Dios. +¿Es posible ¡hija mía! que hiera el demonio con tan abominable ceguedad +los ojos de algunas almas? ¿Se comprende que la copia, la imagen, la +semejanza, renieguen del original divino, que les presta el único valor +y noble ser que tienen? Si ello es cierto, si el Comendador está +obcecado en sus impiedades, ármate de prudencia y pide al cielo que te +salve. Procura también traer á tu tío al buen camino. Tú tienes +extraordinario despejo y don de expresarte con primor y entusiasmo. El +Altísimo, además, se vale á menudo de los débiles para sus grandes +victorias. Acuérdate de David, mancebo, que era un pastorcillo sin +fuerzas, y venció y derribó al gigante en el valle del Terebinto. +¿Cuántas hermanas, hijas, madres y esposas no han logrado convencer á +sus descarriados maridos, hermanos, hijos ó padres? Á gloria parecida +debes aspirar tú, y Dios te premiará y te dará brío para alcanzarla. En +cuanto á mí, aun siendo tan niña, soy una miserable pecadora, y bastante +tarea tengo con llorar mis locuras y apaciguar la tempestad de +encontrados sentimientos que me destrozan el pecho. Dame la última y +mayor prueba de amistad. Persuade á D. Carlos de que no le amo. Díle que +se vuelva á Sevilla y me deje. Convéncele de que soy fea, de que gusto +de D. Casimiro, de que mi ingratitud hacia él merece su desprecio. Yo +debiera haberle hablado en este sentido; pero soy tan débil y tan tonta, +que no hubiese atinado á decírselo, y tal vez le hubiera inducido +estúpidamente á que creyese todo lo contrario. Por amor de Dios, Lucía +de mi alma, despide por mí á D. Carlos. Yo no puedo, no debo ser suya. +Que se vaya; que no disguste por mí á sus padres; que no pierda sus +estudios; que no motive un escándalo cuando se sepa que vino por mí y +que yo soy una malvada, provocativa, seductora, quién sabe ... Adiós. +Estoy apuradísima. No tengo á nadie á quien confiar mis cosas, con quien +desahogar mis penas, á quien pedir consejo y remedio. Espero con ansia +la llegada del P. Jacinto, que es el oráculo de esta casa. Sé que lo que +yo le diga caerá como en un pozo, y que sus consejos son sanos. Es el +único hombre que tiene algún imperio sobre mi madre. ¿Cuándo vendrá de +Villabermeja? Adiós, repito, y ama y compadece á tu--CLARA." + + + + +XI + +Esta carta inocente, tan propia de una niña de diez y seis años, +discreta y educada con devoción y recogimiento, gustó mucho al +Comendador; pero también le dió no poco que pensar. No entraremos +nosotros en el fondo de su alma á escudriñar sus pensamientos, y nos +limitaremos á decir que tomó tres resoluciones, de resultas de aquella +lectura. + +Fué la primera buscar modo de ver y de hablar á la severísima Doña +Blanca; la segunda, sondear bien el ánimo de D. Carlos para conocer +hasta qué punto amaba de veras á la niña y merecía su amor, y la +tercera, tratar con el P. Jacinto y proporcionarse en él un aliado para +la guerra que tal vez tendría que declarar á la madre de Clarita. + +Á fin de conseguir lo primero, en vez de escribir pidiendo una +audiencia, que con cualquier pretexto y muy políticamente se le hubiera +negado, discurrió D. Fadrique levantarse al día siguiente de madrugada, +aguardar en la calle á Doña Blanca cuando ella saliese para acudir á la +iglesia, é ir derecho á hablarle, sin miedo alguno. + +Así lo hizo el Comendador. Doña Blanca, antes de las seis, apareció en +la calle con Clarita y don Valentín. Iban á misa á la Iglesia Mayor. +Apenas los vió salir D. Fadrique, se acercó muy determinado, y saludando +cortésmente con sombrero en mano, dijo: + +--Beso á V. los pies, mi señora Doña Blanca. Dichosos los ojos que +logran ver á V. y á su familia. Buenos días, amigo D. Valentín. Clarita, +buenos días. + +Don Valentín, al oírse llamar amigo tan blandamente y por una voz +conocida y simpática, no se pudo contener; no reflexionó, se dejó llevar +del primer ímpetu cariñoso y se fué hacia D. Fadrique con los brazos +abiertos. Por dicha, no obstante, D. Valentín tenía la inveterada +costumbre de no hacer la menor cosa sin mirar antes á su mujer para +notar la cara que ponía y si le retraía de consumar ó le alentaba á que +consumase su conato de acción. Á pesar, pues, de lo entusiasmado que iba +á abrazar á D. Fadrique, el instinto le indujo á que mecánicamente +volviera la cara hacia Doña Blanca antes de llegarse á dar el abrazo. +Indescriptible es lo que vió entonces en los fulminantes ojos de su +mujer. Casi no se puede describir el efecto que le produjo aquella +mirada. Creyó D. Valentín leer en ella el más profundo desdén, como si +le acusase de una humillación estólida, de una bajeza infame; y creyó +ver, al mismo tiempo, la ira y la prohibición imperiosa de que llevase á +cabo lo que se había lanzado á ejecutar. El terror sobrecogió de tal +suerte el ánimo de D. Valentín, que se paró, se quedó inmóvil de súbito, +como si se hubiera convertido en piedra. Sólo con voz apagada y apenas +perceptible exhaló, por último, como lánguido suspiro, un + +--Buenos días, Sr. D. Fadrique. + +--Buenos días, --dijo también Clara, no con más aliento que su padre. + +Doña Blanca miró de pies á cabeza al Comendador, y con reposo y suave +acento, sin alterarse ni descomponerse en lo más mínimo, le habló de +esta manera: + +--Caballero: Dios, que es infinitamente misericordioso, tenga á V. en su +santa guarda. No por amor suyo, de que V. carece, sino por el mundano +honor de que V. se jacta y por los respetos y consideraciones que todo +hombre bien nacido debe á las damas, ruego á V. que no nos distraiga del +camino que llevamos, ni perturbe nuestra vida retirada y devota. + +Y dicho esto, hizo Doña Blanca al Comendador una ceremoniosa y fría +reverencia, y echó á andar con sosegada gravedad, siguiéndola D. +Valentín y llevando delante á Clara. + +Don Fadrique pagó la reverencia con otra, se quedó algo atolondrado, y +dijo entre dientes: + +--Está visto: es menester acudir á otros medios. + +No bien la familia de Solís se hubo alejado treinta pasos del +Comendador, vió éste que Doña Blanca se volvía á hablar con su marido. + +Es evidente que el Comendador no oyó lo que le decía; pero el novelista +todo lo sabe y todo lo oye. Doña Blanca, que trataba siempre de V. y con +el mayor cumplimiento á su señor marido cuando le echaba un sermón ó +reprimenda, le habló así mientras Clara iba delante: + +--Mil veces se lo tengo dicho á V., Sr. D. Valentín. Ese hombre, que V. +se empeñó en introducir en casa, allá en Lima, es un libertino, impío y +grosero. Su trato, ya que no inficione, mancha ó puede manchar la +acrisolada reputación de cualquiera señora. Yo tuve necesidad poco menos +que de echarle de casa. Motivos hubo, en su falta de miramientos y hasta +de respeto, para que en otras edades bárbaras, olvidando la ley divina, +alguien le hubiera dado una severa lección, como solían darlas los +caballeros. Esto no había de ser: era imposible... Nada que más repugne +á mi conciencia; nada más contrario á mis principios; pero hay un justo +medio... Delito es matar á quien ha ofendido... pero es vileza +abrazarle. Sr. D. Valentín, V. no tiene sangre en las venas. + +Todo esto lo fué soltando, despacio y bajo, casi en el oído de D. +Valentín, su tremenda esposa Doña Blanca. + +Fueron tan duras y crueles las últimas frases, que D. Valentín estuvo á +punto de alzar bandera de rebelión, armar en la calle la de Dios es +Cristo y contestar á su mujer lo que merecía; pero el olor de mil flores +regalaba el olfato; la gente pasaba con alegre aspecto; el día estaba +hermosísimo; la paz reinaba en el cielo; un fresco vientecillo +primaveral oreaba y calmaba las sienes más ardorosas; la familia de +Solís iba al incruento sacrificio de la misa; Clara marchaba delante tan +linda y tan serena: ¿cómo turbar todo aquello con una disputa horrible? +D. Valentín apretó los puños y se limitó á exclamar con acento un si es +no es colérico: + +--¡Señora!... + +Luego añadió para sí, cuidando mucho de que no lo oyese Doña Blanca: + +--¡Maldita sea mi suerte! + +Y no bien lanzada la exclamación, se asustó don Valentín de la blasfema +rebeldía contra la Providencia que su exclamación implicaba, y se tuvo +un instante por primo hermano del propio Luzbel. + +Como se ve, el éxito del Comendador en este primer intento de reanudar +relaciones amistosas con la familia de Solís no pudo ser más +desgraciado. + + + + +XII + +No se arredró por eso nuestro héroe. + +Aguardó un rato en medio de la calle á fin de que no pudiese decir ni +pensar Doña Blanca que él la seguía, y al cabo se fué á la iglesia +Mayor, á donde sabía que la familia de Solís se había encaminado. + +Don Fadrique no iba allí, sin embargo, con el intento de acercarse á +Doña Blanca otra vez y de sufrir nueva repulsa, sino á fin de hallar á +D. Carlos, quien, á su parecer, no podía menos de estar en la iglesia, +ya que no había otro medio de ver á Clara. + +En efecto, D. Fadrique entró en la iglesia y se puso á buscar al poeta, +á la sombra de los pilares y en los sitios donde menos se nota la +presencia de alguien. Pronto le halló, detrás de un pilar y no lejos del +altar mayor. Parecía D. Carlos tan embebido en sus oraciones ó en sus +pensamientos, que nada del mundo exterior, salvo Clara, podía distraerle +ni llamarle la atención. + +Llegó, pues, D. Fadrique hasta ponerse á su lado. Entonces advirtió que +Clara estaba no muy lejos, de rodillas, al lado de su madre; que D. +Carlos la miraba, y que ella, si bien fijos casi siempre los ojos en su +libro de rezos, los alzaba de vez en cuando rápidamente, y miraba con +sobresalto y ternura hacia donde estaba el galán, declarando así que le +veía, que se alegraba de verle, y que tenía miedo y cierto terror de +profanar el templo y de pecar gravemente engañando á su madre y +alentando á aquel hombre, de quien decía que no podía ser esposa. + +No ha de extrañarse que todo esto se viera en las miradas de Clarita. +Eran miradas transparentes, en cuyo fondo fulguraba el alma como +diamante purísimo que por maravilla ardiese con luz propia en el seno de +un mar tranquilo. + +El Comendador estuvo un rato observando aquella escena muda, y se +convenció de que ni Doña Blanca ni D. Valentín recelaban nada de los +amores de la niña. Calculó, no obstante, que su presencia allí podría +atraer hacia él la mirada de Doña Blanca, excitar de nuevo su ira, +hacerle reparar en el gentil mancebo que estaba á su lado, y darle á +sospechar lo que no había sospechado todavía. + +Entonces, si bien con pena de interrumpir aquellos arrobos y éxtasis +contemplativos, tocó en el hombro á D. Carlos y le dijo casi á la oreja: + +--Perdóneme V. que le distraiga de sus devociones y que turbe la visión +beatífica de que sin duda goza; pero me urge hablar con V. Hágame el +favor de venir conmigo, que tengo que hablarle de cosas que le importan +muchísimo. + +Sin aguardar respuesta echó á andar D. Fadrique, y D. Carlos, si bien +con disgusto, no pudo menos de seguir sus pasos. + +Ya fuera de la iglesia, salió D. Fadrique al campo; D. Carlos fué en pos +de él; y cuando se hallaron en sitio solitario, donde nadie podía oirlos +ni interrumpir la conversación, D. Fadrique se explicó en estos +términos: + +--Vuelvo á pedir á V. perdón de mi atrevimiento en obligarle á abandonar +la iglesia, y más aún en mezclarme en asuntos de V. sin título bastante +para ello. Apenas conozco á V. Esta es la séptima ó la octava vez que le +hablo. Á Clarita la he visto hoy por segunda vez en mi vida. Sin +embargo, el bien de Clarita y el de V. me interesan mucho. Atribúyalo V. +á un absurdo sentimentalismo; al afecto que profeso á mi sobrina Lucía, +que llega á Vds. de rechazo; á lo que V. quiera. Lo que le ruego es que +me crea un hombre leal y franco, y no dude de mi buena voluntad y +mejores propósitos. Quiero y puedo hacer mucho en favor de usted. En +cambio, aspiro á que oiga V. mis consejos y á que los siga. + +Don Carlos oyó al Comendador atentamente y con muestras de respeto y +deferencia. Luego le contestó: + +--Sr. D. Fadrique, por V. y por ser V. el tío de la señorita Doña Lucía, +tan bondadosa y excelente, estoy dispuesto á oir á V. y hasta á +obedecerle en cuanto esté de mi parte, sin considerar el provecho que +por mi obediencia V. me promete. + +--No me he explicado bien --replicó D. Fadrique.--Yo no prometo premios +en pago de obediencias: lo que quiero significar es que de seguir V. +ciertos consejos míos se ha de alcanzar naturalmente lo que de otra +suerte se malogrará acaso, con gran pesar de todos. + +--Aclare V. su pensamiento, --dijo D. Carlos. + +--Quiero decir --prosiguió D. Fadrique,-- que este modo que tiene V. de +enamorar á Clarita no va, días hace, por buen camino. Hasta ahora nadie +sospecha en esta pequeña ciudad sus amores de V., gracias á mi sobrina. +Como ella estuvo, dos meses há, en Sevilla, donde V. la conoció, y V. ha +venido luego aquí, y V. va á su casa de tertulia todas las noches, y +habla V. mucho con ella, y no pocas veces en secreto; y como mi sobrina +es joven y graciosa y linda, si el amor de tío no me engaña, todos creen +que ha venido V. por ella, que V. la enamora, que V. es su novio. ¿Quién +había de imaginarse que chica tan mona y en tan verdes años se +limitaría á hacer el triste y poco airoso papel de confidenta? Por esto, +pues, se desorientan los curiosos, y sus amores de V. siguen secretos; +pero Lucía lo paga. Confiese V. que es mucha generosidad. + +--Yo... Sr. D. Fadrique... + +--No se disculpe V. No hablo de ello para que V. se disculpe, sino para +narrar los sucesos como son en sí. En este lugar creen todos que V. ha +venido, abandonando á sus padres, su casa y sus estudios, para pretender +á Lucía; pero este engaño no puede durar. Imagine V. el alboroto, los +chismes, las hablillas á que dará V. ocasión y motivo el día en que se +sepa, como no podrá menos de saberse, que V. pretende á Clarita, á quien +todos creen ya prometida esposa de D. Casimiro Solís. + +-Eso no será nunca mientras yo viva, --exclamó D. Carlos con grandes +bríos. + +--Tratemos de impedirlo --continuó con calma D. Fadrique.-- Yo le +ayudaré á V. cuanto pueda, y repito que algo puedo; pero toda la energía +de usted y toda la prudencia que yo emplee serán inútiles si desoye V. +mis advertencias y consejos. + +--Ya he dicho á V. que deseo seguirlos. + +--Pues bien, amigo D. Carlos, es menester que V. se persuada de que +Clarita, de cuyo amor hacia V. estoy convencido, está criada con tan +santo temor de Dios y con tan grande, y hasta si V. quiere exagerado é +irracional respeto á su madre, que por obedecerla, por no darle un +disgusto, por no rebelarse, será capaz de casarse con D. Casimiro, +aunque se muera de amor por V. al día siguiente de casada, aunque su +vestido de boda sea la mortaja con que la entierren. + +--Pero si Clara dice á su madre que no ama á D. Casimiro... + +--Clara no se atreverá á decirlo. + +--Si declara á su madre que me ama... + +--Antes morirá que confesar á su madre ese amor. + +--Y si tanto miedo tiene á su madre, ¿no podrá huir conmigo? + +--No creo que dé jamás tan mal paso. De todos modos, aunque tan mal paso +fuese posible, no se debía apelar á él sino apurados antes otros medios +más prudentes y juiciosos. Reitero, con todo, mi afirmación. Creo capaz +á Clarita de morir de dolor; pero no la creo capaz de prestarse al +escándalo de un rapto. + +--Entonces ¿qué quiere V. que yo haga? + +--Lo primero, volver á Sevilla con sus señores padres, y dejar á Doña +Clara tranquila con los suyos. + +--Bien se conoce que V. no ama. Á su edad de usted... + +--Dale... con la tontería... Caballerito poeta... yo no soy ni viejo ni +rabadán... ni me parezco en nada al del idilio. Váyase V. á Sevilla hoy +mismo. Salga V. de esta ciudad antes de que Doña Blanca se percate de +que hay moros en la costa. Yo velaré aquí por los intereses de V. Y si +peligran; si es menester apelar á medios violentos, cuente V. también +conmigo... hasta para el rapto. Á poco me aventuro prometiéndoselo á V., +porque doy por firme que no se dejará robar Clarita. + +--¿Y por qué, para qué he de irme á Sevilla? + +--¿Pues no se lo he dicho á V. ya? Porque aquí no hace V. sino +perjudicarse, sin gusto y sin ventaja. Estoy seguro de que no logrará V. +más que ver á Clara en la iglesia, con más angustia que deleite por +parte de la pobre muchacha. Y esto mientras Doña Blanca no descubra +nada. El día en que descubra Doña Blanca su juego de V., será para +Clarita un día tremendo y V. no volverá á verla. Váyase V., pues, á +Sevilla. + +--¿Y qué ganaré con irme? + +--Que yo trabaje con tranquilidad en favor de V. Usted me estorba para +mis planes. Si V. se queda, precipitará la boda de D. Casimiro y hará +que se envíe á escape por la licencia á Roma. Si V. se va, no afirmo yo +que evitaré la boda de Clara con el viejo rabadán y conseguiré que sea +para Mirtilo; pero, ó yo he de valer poco, ó he de lograr que se nos dé +tiempo y... quién sabe... Nada prometo. Sólo ruego á V. que se vaya. +Váyase V. hoy mismo. + +El interés que el Comendador le mostraba, su empeño de que se fuese, la +decisión con que se entrometía en sus asuntos, todo chocaba á D. Carlos +y le tenía desconfiado y descontento. + +El Comendador apuró todas las razones, empleó todos los tonos, pero +singularmente el de la súplica; D. Carlos le contestó varias veces de +mal humor, y fué menester la prudente superioridad del Comendador para +calmar y contener á D. Carlos y evitar que llegase á ofender á quien le +aconsejaba y casi le mandaba. + +Por último, tanto rogó, prometió y dijo D. Fadrique, que D. Carlos hubo +de someterse y salir aquel mismo día para Sevilla, si bien ofreciendo +sólo ausencia de poco más de un mes: hasta que llegasen las vacaciones +de verano. En cambio, exigió y obtuvo de D. Fadrique que le había de +escribir dándole noticias de Clara, y avisándole del menor peligro que +hubiese, para volar en seguida donde estaba ella. + +Don Carlos, aunque no era tímido ni torpe, no había obtenido jamás que +Clara recibiese carta suya, y menos aún que le escribiese. Pero ¿qué +mucho, si ni siquiera de palabra Clara le había dado á entender que le +amaba? Clara le amaba, sin embargo. Bien sabía el galán que era falso, +de puro modesto, aquello de que + + ... Amistosa y compasiva, + Quiere que el zagal viva, + Mas amarle no quiere. + +Clara le amaba, y á su despecho, contra su voluntad, había declarado su +amor; pero sólo con los ojos, por donde se le iba el alma en busca del +bizarro y gracioso estudiante, sin que todos sus escrúpulos religiosos v +filiales fuesen bastante poderosos para detenerla. + +Don Fadrique pudo convencerse, en el largo coloquio que tuvo con D. +Carlos, de que su pasión por Clara era verdadera y profunda. Del amor de +Clara por el poeta rondeño estaba más convencido aún. Con este doble +convencimiento, de que se alegraba, precipitó más la partida de D. +Carlos, y antes de mediodía consiguió que saliese del pueblo con +dirección á Sevilla. + +Don Carlos salió á caballo con un su criado; y D. Fadrique, á caballo +también, se unió con él en el ejido, y le acompañó más de una legua, +dándole esperanzas y hablándole de sus amores. Al llegar á una +encrucijada, D. Fadrique se despidió cariñosamente del joven, y tomó el +camino de Villabermeja con el intento de conferenciar con el padre +Jacinto. + +La sencillez y la modestia de este santo varón no habían dejado ver á D. +Fadrique la inmensa importancia que durante su larga ausencia había +adquirido. + +Como predicador, gozaba el padre de extraordinaria nombradía por toda +aquella comarca. Era igualmente celebrado por los tres estilos que tenía +de predicar. En el estilo llano ó de homilía encantaba á la gente +rústica y ponía la religión y la moral á su alcance, amenizando tan +graves lecciones con chistes y jocosidades que un severo crítico +condenaría, pero que eran muy del caso para que los zafios campesinos se +aficionasen á oirle y se deleitasen oyéndole. En sermones de empeño, en +días de gran función, el padre Jacinto era otro hombre: echaba muchos +latines, ahuecaba la voz y esmaltaba su discurso de un jardín de flores, +de un verdadero matorral de adornos exuberantes, que también gustaban á +los discretos y finos de aquellos lugares. Y tenía, por último, el +estilo patético de la Semana de Pasión y de la Semana Santa, durante las +cuales los sermones, más que hablados, eran en Villabermeja, y siguen +siendo aún, cantados, sin que gusten de otra manera. Sermón de Semana +Santa, sin lo que llaman allí el _tonillo_, no gusta á nadie ni se tiene +por sermón. Cuando en el día va á Villabermeja un cura forastero, tiene +que aprender el _tonillo_. En este _tonillo_ fué el padre Jacinto un +dechado de perfección, que nadie ha superado hasta ahora. Al oirle, +aunque sea reminiscencia gentílica, dicen que se comprendía cómo Cayo +Graco se hacía acompañar por un flautista cuando pronunciaba en el Foro +sus más apasionadas arengas. El P. Jacinto predicaba también en el Foro, +ó dígase en medio de la plaza pública, durante la Semana Santa. Allí se +hacían todos los pasos á lo vivo, y el padre los explicaba en el sermón +conforme iban ocurriendo. Así, había sermón que duraba tres horas, y +siempre sin dejar el tonillo, lo cual no obstaba para que el padre +expresase los más varios afectos, como piedad, dolor y cólera. Cuando +aparecía el pregonero en el balcón de las Casas Consistoriales y leía la +sentencia de muerte contra Jesucristo, ha quedado en la memoria de los +bermejinos el furor con que el padre se volvía contra él, gritando: + +"Calla, falso, ruin, necio y miserable pregonero, y oirás la voz del +Ángel que dice:" + +Y entonces salía un ángel muy vistoso por otro balcón de la plaza, y +cantaba el inefable misterio de la Redención, empezando: + +"Esta es la sentencia que manda cumplir el Eterno Padre..." y lo demás +que tantas veces hemos oído los que somos de por allí. + +Pero, volviendo al P. Jacinto, diré que su mérito como predicador era +quizás lo de menos. Su gran valer fué como director espiritual. Se +pasaba horas y horas en el confesionario. Desde el convento bermejino +tenía con frecuencia que ir al convento de la ciudad cercana, donde +tenía no pocas hijas de confesión entre el señorío. Era además hombre +de consejo y tino en los negocios mundanos, y acudían todos á +consultarle cuando se hallaban en tribulación, apuro ó dificultad. En +suma, el P. Jacinto era un gran médico de almas, aunque duro y feroz á +veces en los remedios. Gustaba de aplicarlos heroicos, como suelen hacer +los demás médicos de los lugares, que tal vez recetan á un hombre el +medicamento que convendría recetar á un caballo. Á pesar de esto, tenía +el padre tal autoridad y discreción; era tan ameno en su trato y tan +resuelto valedor y defensor de las mujeres, que gozaba de inmensa +popularidad entre ellas, y era fervorosamente reverenciado, así de las +jornaleras humildes como de las encopetadas hidalgas. + +Aunque tocaba en los setenta años, estaba firme y robusto aún, si bien +había perdido ciertos ímpetus juveniles, que le habían hecho famoso, +llevándole en ocasiones á imitar al Divino Redentor, más que en la +mansedumbre, en aquel arranque que tuvo cuando hizo azote de unos +cordeles y echó á latigazos á los mercaderes del templo. El P. Jacinto +había sido un jayán y había sacudido el polvo á algunos desalmados y +pecadores contumaces, sobre todo cuando eran maridos, que se +emborrachaban, gastaban el dinero en vino y juego y daban palizas á sus +mujeres. + +Contra esta clase de hombres había sido duro de veras el P. Jacinto. Ya +no tenía aquellos arrestos de la mocedad; pero su virtud y su fuerza +moral, unida al recuerdo de la física, infundían gran respeto entre los +rústicos. + +Tales eran las cualidades principales y la brillante posición del +antiguo maestro del Comendador, con quien éste iba ahora á consultar y +tratar negocios arduos, y de quien esperaba obtener poderoso auxilio. + + + + +XIII + +No bien llegó el Comendador á Villabermeja y dejó el caballo en su casa, +se dirigió al convento, que distaba pocos pasos, y como era la hora de +la siesta, halló en su celda al P. Jacinto, el cual no dormía, sino +estaba leyendo, sentado á la mesa. + +Mis lectores deben de formarse ya, por lo expuesto hasta aquí, cierta +idea bastante aproximada de la condición del mencionado fraile. Fáltame +añadir, para que sea completo el retrato, que era alto y seco; que veía +y oía bien; que tuteaba á todo el género humano, y que se preciaba de no +tener pelillos en la lengua, esto es, de decir cuanto se le ocurría, con +una franqueza que tocaba y hasta pasaba á menudo sus límites, entrando +con banderas desplegadas por la jurisdicción y término de la +desvergüenza. Sólo con D. Fadrique se mostraba el Padre respetuoso y +deferente, suponiendo que él tenía, sin poderlo remediar, un afecto por +su antiguo discípulo, que le hacía sobrado débil. + +--Muchacho --dijo á D. Fadrique, apenas le vió entrar,-- ¿qué buen +viento te trae por aquí de improviso? + +--Maestro --contestó el Comendador,-- he venido expresamente para +consultar á V. + +--¿Para consultarme á mí? ¿Y sobre qué? ¿Qué hay, que tú no sepas mejor +que yo y mejor que nadie? + +--Mi consulta es de suma importancia. + +--Vamos... ¿de qué se trata? + +--Se trata... se trata... nada menos que de un caso de conciencia. + +Al oir _caso de conciencia_, el padre miró fijamente al Comendador con +aire de incredulidad y de recelo, y exclamó al cabo: + +--Mira, hijo mío, si es que te aburres en estos lugares y quieres +chancearte y divertirte, toma una tabla y dos cuernos, y no te diviertas +ni te chancees conmigo. Ya está duro el alcacer para zampoñas. + +--¿Y de dónde infiere V. que me chanceo ó que me burlo? Hablo con +formalidad. ¿Por qué no he de exponer yo á V. formalmente un caso de +conciencia? + +--Porque todo hombre de cierta educación, criado en el seno de la +sociedad cristiana, aunque haya perdido la fe en Nuestro Señor +Jesucristo, tiene la conciencia tan clara como yo, y no hay caso que no +resuelva por sí, sin necesidad de consultarme. Si tuvieses fe, podrías +acudir á mí en busca de los consuelos que da la religión. No acudiendo +para esto, ¿qué podré yo decirte, que ignores? La moral tuya es idéntica +á la mía, aunque en sus fundamentos discrepe. Y al fin, harto lo conoces +tú, no hay caso de conciencia, meramente moral, cuya solución no sea +llana para todo entendimiento un poco cultivado. Sin duda que Dios, para +ejercitar nuestra actividad mental y aguzar nuestro ingenio, ó para dar +precio á nuestra fe, ha circundado de tinieblas los grandes problemas +metafísicos; los ha envuelto en misterios, impenetrables á veces; pero +en lo tocante á la moral, en lo que atañe al cumplimiento de nuestros +deberes no hay misterio alguno: todo está claro como el agua. El +soberano Señor, en su infinita bondad y misericordia, no ha querido, á +pesar de nuestras maldades, que nadie tenga que ser un Séneca para saber +perfectamente cuál es su obligación, ni mucho menos que nadie tenga que +ser un héroe estupendo para cumplirla. Ni para conocerla te falta +entendimiento, ni para cumplir con ella debe faltarte voluntad. ¿Qué es +lo que buscas, pues en mí? + +--Mucho pudiera argumentarse contra lo que V. dice; pero no quiero +disputar, sino consultar. Quiero convenir en que la moral no es ninguna +reconditez, y en que no es tan arduo cumplir con ella. + +--Se entiende --interrumpió el Padre,-- para todos aquellos pueblos +donde la luz del Evangelio ha penetrado. Tú imaginas que el natural +discurso ha bastado á los hombres para formar la ley moral: yo creo que +han necesitado de la revelación; pero tú y yo convenimos en que, una vez +presentada esa ley, la razón humana la acepta como evidente. Es gran +bellaquería suponer esa ley obscura y vaga, y forjarse casos terribles, +conflictos espantosos entre los sentimientos naturales y el sencillo +cumplimiento de un deber. Esto equivaldría á suponer la necesidad de ser +un pozo de ciencia y de sentirse capaz de sobrehumanos esfuerzos para +ser persona decente. Ya tú comprendes que esto sería disculpar y dar +casi la razón á los tunos. Al fin y al cabo, no todos los hombres son +sabios ni tienen las fibras de hierro ni el corazón de diamante. Realzar +así la moral es hacerla poco menos que imposible, salvo para algunos +seres privilegiados y de primera magnitud, más profundos que Crisipo y +más constantes que Régulo. + +--Mucho tiene que ver el caso que quiero presentar con todo lo que está +V. diciendo. No es curiosidad ociosa, sino interés muy respetable, el +que me induce á resolver una duda. + +--Imposible... tú no puedes dudar. + +--Déjeme V. que acabe. Yo no dudo sobre el caso... Tengo formado mi +juicio... que me parece de no menor certidumbre que este otro: dos y +tres son cinco. Mi duda está en si V., por razones que se fundan en la +inexhausta bondad divina, tiene la manga más ancha que yo, ó si por +razones de la ley positiva, en que cree, la tiene más estrecha. ¿Me +entiende V. ahora? + +--Te entiendo muy bien; y desde luego te declaro que no he de tener la +manga ni más ancha ni más estrecha que tú. Lo mismo calificaremos ambos +un pecado, una falta, un delito, y lo mismo marcaremos y determinaremos +la obligación que de él nazca. Las razones teológicas tienen que ver con +la penitencia, con la expiación, con el perdón, con la gloria ó el +infierno, allá en el otro mundo, y en esto para nada tienes tú que +meterte ahora. Veamos, pues, ese caso, ya que quieres consultarme. + +--Desde luego V. convendrá en que lo robado debe devolverse á su dueño. + +--Indudable. + +--Y cuando, por efecto de un engaño, algo que pertenece á uno viene á +pertenecer á otro, ¿qué debemos hacer? + +--Debemos poner fin al engaño para que lo que posee alguien sin derecho +pase á manos de su señor legítimo. + +--¿Y si al poner fin al engaño resultan males evidentemente mayores? + +--Aquí importa distinguir. Si tú tienes que hablar, no debes decir +jamás mentira por inmensos que sean los males que de decir la verdad +resulten. Condenada está la mentira oficiosa como la perniciosa. No +debes mentir ni por salvar la vida del prójimo, ni por salvar la honra +de nadie, ni por el bien de la religión; pero yo me atrevo á sostener +que debes callar la verdad cuando nadie la inquiere de tí y cuando de +decirla resultan más males que bienes. Pensar algo en contra es delirio. +Lo sostengo sin vacilación. Voy á explanar mi doctrina en breves +palabras. Tú cometes un pecado. Eres, por ejemplo, mentiroso. Los males +que nazcan de tu pecado debes remediarlos hasta donde te sea posible y +lícito, esto es, sin cometer pecado nuevo para remediar el antiguo. +Dios, para hacernos patente la enormidad de nuestras culpas, consiente á +veces en que nazcan de ellas males cuyos humanos remedios son peores. +Tratar tú de evitarlos ó de remediarlos entonces, no es humildad, sino +soberbia, orgullo satánico; es luchar contra Dios; es tomar el papel de +la Providencia; es dar palo de ciego; es querer enderezar el tuerto que +tú mismo hiciste, torciendo y ladeando lo que está recto, y tirando á +trastornar el orden natural de las cosas. + +--Hablando con franqueza --dijo el Comendador,-- la doctrina de V. me +parece muy cómoda. Veo que tiene V. la manga más ancha de lo que yo +pensaba. + +--Vete á paseo, Comendador --repuso el padre, bastante enojado.-- En +ninguna ocasión pasé yo por complaciente. Me diriges la acusación más +dura que á un confesor puede dirigirse. Un santo ha dicho: _Non est +pietas, sed impietas, tolerare peccata_, y yo disto mucho de ser impío. +Todo proviene, sin duda, de que tú confundes las cosas. Aquí no hablamos +de penitencia, de expiación, de castigo de la culpa. Sobre este punto no +tengo que decirte yo lo que exigiría de un penitente para absolverle. +Aquí hablamos sólo de la obligación de satisfacer el agravio que nace +del pecado ó del delito. Y á esto he respondido con sencillez. El +pecador ó delincuente debe ir hasta donde le sea posible y lícito. Si ha +de cometer nuevos pecados, si ha de hacer nuevas maldades y desatinos, +mejor es que lo deje y no se meta á remediar el mal que ha hecho. Pues +¡qué! ¿estaría bien, por ejemplo, que tú hirieses á uno, y luego, sin +saber de cirujía, tratases de curarle y le acabases de matar? Dices tú +que la tal doctrina es cómoda. ¿Dónde está la comodidad? Aunque yo te +excuse de poner el remedio, no te libro de la penitencia, del +remordimiento y del castigo. Antes al contrario, lo cómodo es lo otro: +remediar el mal de mala manera, y creerse ya horro y darse ya por +absuelto. Así un criado torpe te romperá un día el vaso más precioso de +los que has traído de la China, le pegará luego chapuceramente con cola, +y se quedará tan fresco como si no te hubiese causado el menor +perjuicio. Lo que debe hacer el criado es andar siempre muy cuidadoso +para no romper el vaso, y si le rompe, sentir mucho su falta, y ya que +no puede ni componer bien el vaso ni comprarte otro nuevo é igual, +sufrir con humildad la reprimenda que tú le eches. + +--Me complazco en ver que estamos de acuerdo en lo general de la +doctrina. En la aplicación á casos particulares es en lo que veo que +cabe mucha sutileza. Contra la opinión de V., el buen camino se presenta +muy anublado y confuso. ¿Cómo determinar á veces hasta dónde es posible +y lícito lo que quiero hacer para reparar el daño? + +--Es muy sencillo. Si para repararle causas otro daño mayor, deja +subsistir el primero, que es más pequeño; y esto aunque en el segundo +daño que causes no haya pecado de tu parte. Habiendo nuevo pecado, nueva +infracción de la ley moral en el remedio, aunque este segundo pecado sea +menor que el primero que cometiste, no debes cometerle. Dios, si quiere, +remediará el mal causado. + +--¿De suerte que no hay más que cruzarse de brazos; dejar rodar la bola? + +--No hay más que dejarla rodar, ya que deteniéndola puedes hacer que +todo ruede. Las Sagradas Letras vienen en mi apoyo con no pocos textos. +David dijo: _Abissus abyssum invocat_; Salomón, _Est processio in +malis_; el profeta Amos, _Si erit malum quod Dominus non fecerit?_ con +lo cual da á entender que Dios permite ú ordena el mal como pena del +pecado y escarmiento de las criaturas; y el mismo Salomón, antes citado, +dice, de modo más explícito, que no podemos añadir ni quitar de lo que +Dios hizo para ser temido: _Non possumus quidquam addere nec auferre +quae fecit Deus ut timeatur_. + +--Á pesar de los textos, á pesar de los latines me repugna esa cobarde +resignación. + +--¿Cómo cobarde? ¿Dónde viste tú que para con Dios haya cobardía? La +resignación á su voluntad no implica, por otra parte, el que te aquietes +y te llenes de contentamiento de tí propio. Sigue llorando tu culpa; +desuéllate el alma con el azote de la conciencia y el cuerpo con unas +disciplinas crueles; haz de tu vida en el mundo un durísimo purgatorio; +pero resígnate y no trates de remediar lo que sólo de Dios debe esperar +remedio. Hasta el sentido común está de acuerdo en esto, miradas las +acciones humanas por el lado de la utilidad y conveniencia, las cuales, +bien entendidas, concuerdan con la moralidad y con la justicia. ¡Qué +atinado es el refrán que reza: _No siento que mi hijo pierda, sino +que quiera desquitarse_! Si malo es jugar, peor es aún volver á jugar; +reincidir en el pecado para remediar el mal del pecado. Pero á todo +esto, tú no hablas sino de generalidades, y el caso de conciencia no +parece. + +--Voy al caso, --dijo el Comendador. + +--Soy todo oídos, --repuso el fraile. + +--¿Qué debe hacer el que no es hijo de quien pasa por su padre, según la +ley, y usurpa nombre, posición y bienes que no son suyos? + +[Nota del autor: Esta novela, que se ha publicado á pedacitos en el +periódico _El Campo_, tiene plan trazado en Noviembre de 1876. El drama +del Sr. Echegaray _Ó locura ó santidad_ no había sido representado aún. +Yo no tenía de él la menor noticia, dado que ya estuviese escrito. Ha +sido, pues, una coincidencia, para mí harto desagradable, la semejanza ó +analogía del asunto de tan aplaudido drama con el asunto de mi pobre +novela. Entiéndase que al hacer esta observación no quiero defenderme de +los que pudieran acusarme de imitar ó remedar, sino de aquéllos que se +inclinen á creer que yo, bajo la forma de un cuento, me entrometo en +censurar, impugnar ó controvertir las ideas ó doctrinas que en el citado +drama resplandecen.] + +--¡Hombre... tú eres famoso! ¿Después de tanto preámbulo te vienes con +una preguntilla tan baladí? Prescindo ahora de la dificultad ó +imposibilidad en que ese hijo postizo estaría de probar el delito de su +madre. Yo no sé de leyes; pero la razón natural me dicta que contra la +fe de bautismo, contra la serie de actos y documentos oficiales que te +han hecho pasar hasta hoy por un hijo de un determinado y conocido López +de Mendoza, no pueden valer testimonios sino de un orden excepcional y +casi imposible. Doy, con todo, de barato que posees tales testimonios. +Creo, decido que no debes valerte de ellos. ¿Sabes los mandamientos de +la ley de Dios? ¿Sabes que el orden en que están no es arbitrario? Pues +bien; ¿qué dice el séptimo? + +--No hurtar. + +--¿Y el cuarto? + +--Honrar padre y madre. + +--Es, pues, evidente que para quitarte de encima el pecado contra el +séptimo ibas á pecar contra el cuarto, deshonrando á tu madre y á tu +padre, que padre sería siempre el que te tuvo por hijo, te crió, te +alimentó y te educó, aunque no te engendrara. + +--Tiene V. razón, P. Jacinto. Y, sin embargo, los bienes que no son +míos, ¿cómo sigo gozando de ellos? + +--¿Y quién te dice que goces de ellos? Pues ¡qué! ¿es tan difícil dar +sin expresar la causa por qué se da? Dálos, pues, á quien debes. Ya los +tomarán... En el tomar no hay engaño. Y si, por extraño caso, hallares á +alguien en el tomar inverosímilmente escrupuloso, ingéniate para que +tome. Lejos de oponerme, pido, aplaudo la reparación, siempre que para +llevarla á cabo no sea menester hacer mayor barbaridad que la que +remedie. + +--Está bien... pero si no es el hijo, sino la madre culpada... ¿qué debe +hacer la madre culpada? + +--Lo mismo que el hijo... no deshonrar públicamente á su marido... no +amargarle la vida... no desengañarle con desengaño espantoso... no +añadir á su pecado de fragilidad el de una desvergüenza cruel y sin +entrañas. + +--La madre, no obstante, no tiene medios de devolver bienes que por su +culpa van á pasar ó han pasado á quien no corresponden. + +--Y si no los tiene, ¿qué se le ha de hacer? Ya lo he dicho. Que se +resigne. Que se someta á la voluntad de Dios. Todo eso lo debió prever +antes de pecar, y no pecar. Después del pecado no le incumbe el remedio +si implica pecado nuevo, sino la penitencia. ¿Has expuesto ya todo el +caso? + +--No, padre; tiene otras complicaciones y puntos de vista. + +--Dílos. + +--¿Qué piensa V. que debe hacer el hombre pecador, cómplice de la mujer, +en aquel delito cuya consecuencia es el hurto, la usurpación de que +hemos hablado? + +--Lo mismo que he dicho del hijo y de la madre. + +--¿Y si posee bienes para subsanar el daño causado á los herederos? + +--Subsanar ese daño, pero con tal recato, discreción y sigilo, que no se +sepa nada. En el libro de los Proverbios está escrito: _Melius est +nomen bonum quam divitiae multae_. Así es que por cuestión de +intereses no se debe perjudicar á nadie en su buen nombre. + +El historiador de estos sucesos escribe para narrar, y no para probar. +No decide, por lo tanto, si el P. Jacinto estaba atinado ó no en lo que +decía; si hablaba guiado por el sentido común ó por la doctrina moral +cristiana, ó por ambos criterios en consonancia completa; y no se +inclina tampoco á creer que dicho padre tenía una moral burda y grosera, +y el atrevimiento y la confianza de un rústico ignorante. Quédese esto +para que lo resuelva el discreto lector. Baste apuntar aquí que el +Comendador mostraba una satisfacción grandísima de ver que su maestro, +como él le llamaba, pensaba exactamente lo que él quería que pensase. + +El P. Jacinto, desconfiado como buen lugareño, no advertía el interés +vivísimo con que su antiguo discípulo le interrogaba; y temiendo siempre +una burla, una especie de examen hecho por el Comendador para pasar el +rato, volvió á hablar un tanto picado, diciendo: + +--Me parece que estoy archi-cándido. ¿Á dónde vas á parar con tanta +preguntilla? ¿Quieres examinarme? ¿Piensas retirarme la licencia de +confesar si no me crees bien instruido? + +--Nada de eso, maestro. Yo ignoro si está V. ó no de acuerdo con sus +librotes de teología moral; pero está V. de acuerdo conmigo, lo cual me +lisonjea, y lo está también con mis propósitos, lo cual me llena de +esperanza. Yo buscaba en V. un aliado. Contaba siempre con su amistad, +pero no sabía si podía contar también con su conciencia. Ahora comprendo +que su conciencia no se me opone. Su amistad, por consiguiente, libre de +todo obstáculo, vendrá en auxilio mío. + +El P. Jacinto conoció al fin que se trataba de un caso práctico, real, y +no imaginado, y se ofreció á auxiliar al Comendador en todo lo que fuese +justo. + +Aguardando, pues, una revelación importante, quiso tomar aliento +haciendo una pausa, y trató de solemnizar la revelación yendo á una +alacena, que no estaba lejos, y sacando de ella una limeta de vino y dos +cañas, que puso sobre la mesa, llenándolas hasta el borde. + +--Este vino no tiene aguardiente, ni botica, ni composición de ninguna +clase --dijo el padre al Comendador.-- Es puro, limpio y sin mácula. +Está como Dios le ha hecho. Bebe y confórtate con él, y cuéntame luego +lo que tengas que contar. + +--Bebo al buen éxito de mis planes, --contestó el Comendador, apurando +el vino de su caña. + +--Así sea, si Dios lo quiere, --replicó el fraile, bebiendo también, y +se dispuso á atender á don Fadrique con sus cinco sentidos. + + + + +XIV + +La celda no tenía mucho que llamase la atención. Sobre la mesa ó bufete, +que era de nogal, había recado de escribir, el Breviario y otros libros. +Dos sillones de brazos, frente el uno del otro, con la mesa de por +medio, y donde se sentaban nuestros interlocutores, eran de nogal +igualmente. Á más de los dos sillones, había cuatro sillas arrimadas á +la pared. Los asientos todos eran de enea. Un _Ecce-Homo_, al óleo, á +quien cuadraba el refrán de _á mal Cristo mucha sangre_, era la única +pintura que adornaba los muros de la celda. No faltaban, en cambio, +otros más naturales adornos. En la ventana, tomando el sol, se veían dos +floridos rosales; dentro del cuarto, cuatro macetas de brusco, y +colgadas en la pared cinco jaulas, dos con perdices cantoras, y tres con +colorines, excelentes reclamos. Otro bonito colorín, diestro cimbel, +asido á la varilla saliente que estaba fija á una tabla de pino, volaba +á cada momento hasta donde lo consentía el hilo largo que le +aprisionaba, y volvía con mucho donaire á posarse en la varilla. + +Los jilgueros cantaban de vez en cuando y animaban la habitación. + +Arrimadas á un ángulo había dos escopetas de caza. + +Y, por último, en una alcobita que apenas se descubría, por hallarse la +pequeña puerta casi tapada del todo por una cortina de bayeta verde, +estaba la cama del buen religioso. La alacena de donde éste sacó el vino +y que era bastante capaz, servía de bodega, ropero, despensa, caja ó +tesoro y biblioteca á la vez. + +Todo, aunque pobre, parecía muy aseado. + +El P. Jacinto, con el codo sobre la mesa, la mano en la mejilla y los +ojos clavados en D. Fadrique, aguardaba que hablase. + +Don Fadrique, en voz baja, habló de este modo: + +--Aunque yo no soy un penitente que vengo á confesarme, exijo el mismo +sigilo que si estuviese en el confesonario. + +El padre, sin responder de palabra, hizo con la cabeza un signo de +afirmación. + +Entonces prosiguió D. Fadrique: + +--El hombre de que he hablado á V., el pecador causa del engaño y del +hurto, soy yo mismo. La ligereza de mi carácter me había hecho olvidar +mi delito y no pensar en las fatales consecuencias que de él habían de +dimanar. El acaso... ¿qué digo el acaso?... Dios providente, en quien +creo, me ha vuelto á poner en presencia de mi cómplice y me ha hecho ver +todos los males que por mi culpa se originaron y amenazan originarse +aún. Dispuesto estoy á remediarlos y á evitarlos, de acuerdo con la +doctrina de V., hasta donde me sea posible y lícito. Es un consuelo para +mí el ver que está V. en concordancia conmigo. Yo no he de buscar +remedio peor que la enfermedad; pero hay una persona que le busca, y es +menester oponerse á toda costa á que le halle. Sería una abominación +sobre otra abominación. + +--¿Y quién es esa persona? --dijo el padre. + +--Mi cómplice, --contestó el Comendador. + +--¿Y quién es tu cómplice? + +--V. la conoce. V. es su director espiritual. V. debe tener grande +influjo sobre ella. Mi cómplice es... Cuenta, maestro, que jamás he +hecho á nadie esta revelación. Al menos nadie pudo jamás tildarme de +escandaloso. Pocas relaciones han sido más ocultas. La buena fama de +esta mujer aparece aún, después de diez y siete años, más +resplandeciente que el oro. + +--Acaba: ¿quién es tu cómplice? Haz cuenta que echas tu secreto en un +pozo. Yo sé callar. + +--Mi cómplice es Doña Blanca Roldán de Solís. + +El P. Jacinto se llenó de asombro, abrió los ojos y la boca y se +santiguó muy deprisa media docena de veces, soltando estas piadosas +interjecciones: + +--¡Ave María Purísima! ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento! ¡Jesús, +María y José! + +--¿De qué se admira V. tan desaforadamente? --dijo el Comendador, +pensando que el padre extrañaba que tan virtuosa y austera matrona +hubiese nunca sucumbido á una mala tentación. + +--¿De qué me admiro?... Muchacho... ¿De qué me admiro?... Pues ¿te +parece poco? Bien dicen... Vivir para ver... El demonio es el mismo +demonio. Miren... y no lo digo por ofender á nadie... ¡miren con qué +ramillete de claveles te acarició y te sedujo nuestro enemigo común!... +Con un manojo de aulagas. Suave flor trasplantaste al jardín de tus +amores... ¡Un cardo ajonjero! Hermosa debe haber sido Doña Blanca... +todavía lo es; pero ¡hombre! ¡si es un erizo! Yo... perdóneme su +ausencia... no la creía impecable, pero no la creía capaz de pecar por +amor. + +Don Fadrique respondió sólo con un suspiro, con una exclamación +inarticulada, que el padre creyó descifrar como si dijese que diez y +siete años antes Doña Blanca era muy otra, y que además la misma dureza +de su carácter y la briosa inflexibilidad de su genio hacían más +vehemente en ella toda pasión, incluso la del amor, una vez que llegaba +á sentirla. + +Repuesto un poco de su pasmo, dijo el P. Jacinto: + +--Y dime, hijo, ¿qué trata de hacer Doña Blanca para remediar el mal? +¿Qué proyectos son los suyos, que tanto te asustan? + +--¿Quién sería el inmediato heredero de su marido si ella no tuviese una +hija? --preguntó el Comendador. + +--Don Casimiro Solís, --fué la respuesta. + +--Pues por eso quiere casar á su hija con D. Casimiro. + +--¡Pecador de mí! ¡Estúpido y necio! --exclamó el padre, todo lleno de +violencia y dando en la mesa unos cuantos puñetazos.-- ¿Quieres creer +que soy tan egoísta, que el egoísmo me había cegado? Yo no había visto +en el plan de Doña Blanca ninguna mala traza. Me parecía natural que +casase á Clarita con su tío. Yo no miraba sino á mi pícaro interés: á +que nadie se llevase á Clarita lejos de estos lugares. Es menester que +lo sepas... Clarita me tiene embobado. Por ella, no más que por ella, +aguanto á su madre. Lo que yo quería, como un bribón de siete suelas, es +que se quedase por aquí... para ir á verla y para que ella me agasajase, +como me agasaja ahora, cuando voy á casa de su madre, sirviéndome, con +sus blancas y preciosas manos, jícaras de chocolate y tacillas de +almíbar. Se me antojó que Clarita era una muñeca para mi diversión. Yo +no caí en nada... no me hice cargo... pensé sólo en que, ya casada, +haría una excelente señora de su casa, y me recibiría al amor de la +lumbre, y yo le llevaría flores, frutas y pajaritos de regalo. ¡Si +vieses qué corza he hecho venir para ella de Sierra Morena! Es un +primor. La tengo abajo en el corral... y se la iba á llevar mañana. +Nada... ¿has visto qué bárbaro?... sin dar la menor importancia á lo del +casamiento. Ahora lo comprendo todo. ¡Qué monstruosidad! ¡Casar aquel +dije con semejante estafermo! Ya se ve... ella no lo repugna... no lo +entiende... ¿quién diablo sabe?... pero yo lo entiendo... y me +espeluzno... me horrorizo. + +--Razón tiene V. de horrorizarse... Ella lo repugna... lo entiende... +pero cree que no debe resistir á la autoridad materna. + +--Eso será lo que tase un sastre. ¡Pues no faltaba más! Obedecerá á su +madre; pero antes obedecerá á Dios. _Diligendus est genitor, sed +praeponendus est Creator_. Es sentencia de San Agustín. + +--Además --dijo el Comendador,-- Clarita ama á otro hombre. + +--¿Cómo es eso? ¿Qué me cuentas? ¿Qué mentira, qué enredo te han hecho +creer? Si amase á un galán, Clara me lo hubiera confesado. + +--Ella misma ignora casi que le ama; pero me consta que le ama. + +--Vamos, sí, ya doy en ello: ciertas miradas y sonrisas con un +estudiantillo... Me las ha confesado. Está arrepentida... ¡Con un +estudiantillo!... ¿Pues se había de ir Clarita á correr la tuna? + +--P. Jacinto, V. chochea. + +--¡Desvergonzado! ¿Cómo te atreves á decir que chocheo? + +--El estudiantillo no es de esos que van con el manteo roto y con la +cuchara puesta en el sombrero de tres picos, pidiendo limosna, sino que +es un caballero principal, un rico mayorazgo. + +--¿De veras? Ya eso es harina de otro costal. De eso no me había dicho +nada aquella cordera inocente. Oye... ¿y es buen mozo? + +--Como un pino de oro. + +--¿Buen cristiano? + +--Creo que sí. + +--¿Honrado? + +--Á carta cabal. + +--¿Y la quiere mucho? + +--Con toda su alma. + +--¿Y es discreto y valiente? + +--Como un Gonzalo de Córdoba. Además es poeta elegantísimo, monta bien á +caballo, posee otras mil habilidades, es muy leído y sabe de torear. + +--Me alegro, me alegro y me realegro. Le casaremos con Clarita, aunque +rabie Doña Blanca. + +--Sí, querido maestro. Le casaremos... pero es menester que seamos muy +prudentes. + +--_Prudentes sicut serpentes_... Pierde cuidado. Harto sé yo quién es +Doña Blanca. Es omnímodo el imperio que ejerce sobre su hija. El respeto +y el temor que le infunde exceden á todo encarecimiento. Y luego, ¡qué +brío, qué voluntad la de aquella señora! Á terca nadie le gana. + +--No soy yo menos terco... y no consentiré que Clara sea el precio del +rescate de nadie; que sobre ella, que no tiene culpa, pesen nuestras +culpas; que Doña Blanca la venda para conseguir su libertad. Sin +embargo, importa mucho la cautela. Doña Blanca, llevada al extremo, +pudiera hacer alguna locura. + +Después de esta larga conversación, y perfectamente de acuerdo el +Comendador y el P. Jacinto, el primero se volvió á la ciudad en aquel +mismo día para que su ausencia no se extrañase. + +El P. Jacinto quedó en ir á la ciudad al día siguiente de mañana. + +Los pormenores y trámites del plan que habían de seguir se dejaron para +que sobre el terreno se decidiesen. + +Sólo se concertó el mayor sigilo y circunspección en todo y disimular en +lo posible la íntima amistad que entre el fraile y el Comendador había, +á fin de no hacer sospechoso y aborrecible al fraile á los ojos de Doña +Blanca. + +Se convino, por último, en que, á pesar de la gravedad de la situación, +no era ninguna salida de tono, ni tenía una inoportunidad cómica ó +censurable, que el P. Jacinto llevase á Clarita la corza y se la +regalara. + + + + +XV + +Al volver aquella noche á la ciudad, el Comendador tuvo que sufrir un +ínterrogatorio en regla de su sobrina, que era la muchacha más curiosa y +preguntona de toda la comarca. Tenía además un estilo de preguntar, +afirmando ya lo mismo de que anhelaba cerciorarse, que hacía ineficaz la +doctrina del P. Jacinto de callar la verdad sin decir la mentira. Ó +había que mentir ó había que declarar: no quedaba término medio. + +--Tío --dijo Lucía apenas le vió á solas,-- V. ha estado en +Villabermeja. + +--Sí... he estado. + +--¿Á qué ha ido V. por allí? ¡Si le traerán á usted entusiasmado los +divinos ojos de Nicolasa! + +--No conozco á esa Nicolasa. + +--¿Que no la conoce V.?... ¡Bah!... ¿Quién no conoce á Nicolasa? Es un +prodigio de bonita. Muchos hidalgos y ricachos la han pretendido ya. + +--Pues yo no me cuento en ese número. Te repito que no la conozco. + +--Calle V., tío... ¿Cómo quiere V. hacerme creer que no conoce á la +hija de su amigo el tío Gorico? + +--Pues digo por tercera vez que no la conozco. + +--Entonces, ¿qué hay que ver en Villabermeja? ¿Ha estado V. para visitar +á la chacha Ramoncica? + +El Comendador tuvo que responder francamente. + +--No la he visitado. + +--Vamos, ya caigo. ¡Qué bueno es V.! + +--¿Por qué soy bueno?... ¿Porque no he visitado á la chacha Ramoncica, +que me quiere tanto? + +--No, tío. Es V. bueno... En primer lugar porque no es V. malo. + +--Lindo y discreto razonamiento. + +--Quiero decir que es V. bueno, porque no es como otros caballeros, que +por más que estén ya con un pie en el sepulcro, de lo que dista V. +mucho, á Dios gracias, andan siempre galanteando y soliviantando á las +hijas de los artesanos y jornaleros. Ahora no... por el noviazgo; pero +antes... bien visitaba D. Casimiro á Nicolasa. + +--Pues yo no la he visitado. + +--Pues esa es la primera razón por la que digo que es V. bueno. Nicolasa +es una muchacha honrada... y no está bien que los caballeros traten de +levantarla de cascos... + +--Apruebo tu rigidez. Y la segunda razón por la cual soy bueno, ¿quieres +decírmela? + +--La segunda razón es, que no habiendo ido V. ni á ver á Nicolasa ni á +ver la chacha Ramoncica, ¿á qué había V. de haber ido tan á escape como +no fuese á ver al P. Jacinto y á tratar de ganarle en favor de Mirtilo y +de Clori? ¿Vaya que ha ido V. á eso? + +--No puedo negártelo. + +--Gracias, tío. No es V. capaz de encarecer bastante lo orgullosa que +estoy. + +--¿Y por qué? + +--Toma... porque, por muy afectuoso que sea V. con todos, al fin no se +interesaría tanto por dos personas que le son casi extrañas, si no fuese +por el cariño que tiene V. á su sobrinita, que desea proteger á esas dos +personas. + +--Así es la verdad, --dijo el Comendador, dejando escapar una mentira +oficiosa, á pesar de la teoría del P. Jacinto. + +Lucía se puso colorada de orgullo y de satisfacción, y siguió hablando: + +--Apostaré á que ha ganado V. la voluntad del reverendo. ¿Está ya de +nuestra parte? + +--Sí, sobrina, está de nuestra parte; pero, por amor de Dios, calla, que +importa el secreto. Ya que lo adivinas todo, procura ser sigilosa. + +--No tendrá V. que censurarme. Seré sigilosa. V., en cambio, me tendrá +al corriente de todo. ¿Es verdad que me lo dirá V. todo? + +--Sí, --dijo el Comendador teniendo que mentir por segunda vez. Luego +prosiguió: + +--Lucía, tú has dicho una cosa que me interesa. ¿Qué clase de amoríos +das á entender que hubo ó hay entre D. Casimiro y esa bella Nicolasa? + +--Nada, tío... ¿No lo he dicho ya? Fueron antes del noviazgo con +Clarita. D. Casimiro no iba con buen fin... y Nicolasa le desdeñó +siempre; pero de esto informará á V. mejor que yo el P. Jacinto. Yo lo +único que añadiré es que el tal D. Casimiro me parece un hipocritón y un +bribón redomado. + +--No es malo saberlo --pensó el Comendador. + +--¡Ah! diga V., tío. Ya sé que se fué á Sevilla D, Carlos. Envió recado +despidiéndose y excusándose de no haberlo hecho en persona por la +priesa. Es evidente que V. le ha hablado al alma y le ha convencido para +que se vaya, asegurándole que esto convenía al logro de nuestro +propósito. ¿No es así, tío? + +--Así es, sobrina --respondió el Comendador--. Veo que nada se te +oculta. + + + + +XVI + +Cuando ocurrían los sucesos que vamos refiriendo, no había tantas +carreteras como ahora. Desde Villabermeja á la ciudad puede hoy irse en +coche. Entonces sólo se iba á pie ó á caballo. El camino no era camino, +sino vereda, abierta por las pisadas de los transeuntes racionales é +irracionales. Cuando había grandes lluvias, la vereda se hacía +intransitable: era lo que llaman en Andalucía un camino real de +perdices. + +Poseía el padre Jacinto una borrica modelo por lo grande, mansa y +segura. En esta borrica iba y venía siempre, como un patriarca, desde +Villabermeja á la ciudad y desde la ciudad á Villabermeja. Un robusto +lego le acompañaba á pie. En el viaje que hizo á la ciudad, al día +siguiente de su largo coloquio con el Comendador, le acompañó, á más del +lego, un rústico seglar ó profano, para que cuidase la corza. + +Seguido, pues, de su lego, de la corza y del rústico, y caballero en su +jigantesca borrica, el padre Jacinto entró sano y salvo en la ciudad á +las diez de la mañana. Como el convento de Santo Domingo está casi á la +entrada, no tuvo el padre que atravesar calles con aquel séquito. En el +convento se apeó, y apenas se reposó un poco, se dirigió á casa de D. +Valentín Solís, ó más bien á casa de Doña Blanca. El cuitado de D. +Valentín se había anulado de tal suerte, que nadie en el lugar llamaba á +su casa la casa de D. Valentín. Sus viñas, sus olivares, sus huertas y +sus cortijos eran conocidos por de Doña Blanca, y no por suyos. Aquella +anulación marital no había llegado, con todo, hasta el extremo de la de +algunos maridos de Madrid, á quienes apenas los conoce nadie sino por +sus mujeres, cuya notoriedad y cuya gloria se reflejan en ellos y los +hacen conspicuos. + +Pero dejemos á un lado ejemplos y comparaciones, que pueden tomar +ciertos visos y vislumbres de murmuración, y sigamos al P. Jacinto, y +penetremos con él en casa de Doña Blanca, donde tan difícil era entrar +para el vulgo de los mortales. + +Merced á la autoridad del reverendo, y siguiéndole invisibles, todas las +puertas se nos franquean. + +Ya estamos en el salón de Doña Blanca. Clara borda á su lado. D. +Valentín, á respetable distancia y sentado junto á una mesa, hace +paciencias con una baraja. D. Casimiro habla con la señora de la casa y +con su hija. + +Los lectores conocen ya á D. Casimiro, como si dijéramos de fama, de +nombre y hasta de apodo, pues no ignoran que para D. Carlos, Lucía, +Clara y el Comendador, era _el viejo rabadán_. Veamos ahora si logramos +hacer su corporal retrato. + +Era alto, flaco de brazos y piernas y muy desarrollado de abdomen; de +color trigueño, poca barba, que se afeitaba una vez á la semana, y los +ojos verde-claros y un poquito bizcos. Tenía ya bastantes arrugas en la +cara, y el vivo carmín de sus narices no armonizaba bien con la palidez +de los carrillos. En su propia persona se notaba poco esmero y aseo; +pero en el traje sí se descubrían el cuidado y la pulcritud que en la +persona faltaban, lo cual denotaba desde luego que D. Casimiro más se +cuidaba la ropa por ser ordenado, económico y aficionado á que las +prendas durasen, que por amor á la limpieza. Iba vestido muy de hidalgo +principal, si bien á la moda de hacía quince ó veinte años. Su casaca, +su chupa, sus calzones y medias de seda no tenían una mancha, y si +tenían alguna rotura, ésta se hallaba diestra y primorosamente zurcida. +Gastaba peluca con polvos y coleta, y lucía muchos dijes en las cadenas +de sendos relojes que llevaba en ambos bolsillos de la chupa. Su caja de +tabaco, que él mostraba de continuo, pues no cesaba de tomar rapé, era +un primor artístico, por los esmaltes y las piedras preciosas que le +servían de adorno. Al hablar usaba D. Casimiro de cierta solemnidad y +pausa muy entonada; pero su voz era ronca y desapacible, asegurándose +provenir esto en parte de que no le desagradaba el aguardiente, y más +aún de que en su casa y despojado de las galas de novio ó de +pretendiente amoroso, fumaba mucho tabaco negro. + +La expresión de su semblante, sus modales y gestos no eran antipáticos: +eran insignificantes; salvo que no podía menos de reconocerse por ellos +en D. Casimiro á una persona de clase, aunque criada en un lugar. + +Se advertía, por último, en todo su aspecto, que D. Casimiro debía de +padecer no pocos achaques. Su mala salud le hacía parecer más viejo. + +Dado á conocer así somera, y no favorablemente, por desgracia, podemos +ya lisonjearnos de conocer á cuantas personas ocupaban la sala cuando +entró en ella el padre Jacinto. + +Doña Blanca, Clarita, D. Valentín y D. Casimiro se levantaron para +recibirle, y todos le besaron humildemente la mano. El padre estuvo +sonriente y amabilísimo con ellos, y á Clarita le dió, como si no fuese +ya una mujer, como si fuese una niña de ocho años, y con la +respetabilidad que setenta bien cumplidos le prestaban, dos palmaditas +suaves en la fresca mejilla, diciéndole: + +--¡Bendito sea Dios, muchacha, que te ha hecho tan buena y tan hermosa! + +--Su merced me favorece y me honra --contestó Clarita. + +Doña Blanca se lamentó del mucho tiempo que el padre había estado sin +venir de Villabermeja, y todos le hicieron coro. Se trató de que el +padre tomase algo hasta la hora de comer, y el padre no quiso tomar +nada, salvo asiento cómodo. Desde su asiento habló de mil cosas con +animada y alegre conversación, resuelto á aguardar allí á que Don +Casimiro se fuese y á que D. Valentín y Doña Clara despejasen, para +hablar á solas con Doña Blanca. + +Doña Blanca adivinó la intención del fraile, entró en curiosidad, y +pronto halló modo de despedir á D. Casimiro y de echar de la sala á D. +Valentín y á Clarita. + +Verificado ya el despejo, dijo Doña Blanca: + +--Supongo y espero que, después de tan larga ausencia, honrará V. +nuestra mesa comiendo hoy con nosotros. + +El P. Jacinto aceptó el convite, y Doña Blanca prosiguió: + +--He creído advertir que estaba V. impaciente por hablarme á solas. Esto +ha picado mi curiosidad. Todo lo que V. me dice ó puede decirme me +inspira el mayor interés. Hable V., padre. + +--No eres lerda, hija mía --contestó éste.-- Nada se te escapa. En +efecto, deseaba hablarte á solas. Y lo deseaba tanto, que dejo para +después de tu comida, que acepto gustoso, dejo para sobremesa la +aparición de un objeto que traigo de presente á nuestra Clarita, y que +le va á encantar. Figúrate que es una lindísima corza, tan mansa y +doméstica, que come en la mano y sigue como un perro. Pero vamos al +caso: vamos á lo que tengo que decirte. Por Dios, que no te incomodes. +Tú tienes el genio muy vivo: eres una pólvora. + +--Es verdad; yo soy muy desgraciada, y los desgraciados no es fácil que +estén de buen humor. V., sin embargo, no tiene derecho á quejarse del +mío. ¿Cuándo estuve yo, desde que nos tratamos, desabrida y áspera con +V.? + +--Eso es muy verdad. Convendrás, con todo, en que yo no he dado motivo. +Yo no soy como otros frailes, que se meten á dar consejos que no les +piden, y quieren gobernar lo temporal y lo eterno, y dirigirlo todo en +cada casa donde entran. ¿No es así? + +--Así es. Más bien tengo yo que lamentarme de que V. me aconseja poco. + +--Pues hoy no te quejarás por ese lado. Tal vez te quejes de que te +aconsejo mucho y de que me meto en camisón de once varas. + +--Eso nunca. + +--Allá veremos. De todos modos, tengo disculpa. Tú sabes que Clarita es +mi encanto. Me tiene hecho un bobo. ¿Quién ignora mi predilección hacia +las mujeres? Menester ha sido de toda mi severidad para que allá cuando +mozo no me quitaran el pellejo los maldicientes. Hoy, hija mía (alguna +ventaja ha de traer el ser viejo), con treinta y cinco años en cada +pata, puedo, sin temor de censura, quereros á mi modo y trataros con la +íntima familiaridad que me deleita. Te confieso que para querer á los +hombres tengo que acordarme á menudo de que son prójimos y quererlos por +amor de Dios. Á las mujeres, por el contrario, las quiero, no ya sin +esfuerzo, sino por inclinación decidida. Sois dulces, benignas, +compasivas y muchísimo más religiosas que los hombres. Si no hubiera +sido por vosotras, lo doy por cierto, hubiérase perdido hasta la huella +de la primitiva cultura y revelación del Paraíso, y los hombres jamás +hubieran salido del estado salvaje. Si yo fuera un sabio, había de +componer un libro demostrando que todo este ser de la Europa del día, +que todos estos adelantamientos sociales de que el mundo se jacta, se +deben, en lo humano, principalmente á las mujeres. Calcula, pues, cuán +alto y lisonjero es el concepto que tengo de vosotras. Pues bien; en los +últimos años de mi vida, tu hija Clara ha venido á sublimar mucho más +aún este concepto de mi mente. En mi mente tenía yo como un tipo soñado +de perfección, al cual ninguna de las mujeres que he conocido se +acercaba ni en diez leguas. Clarita ha ido más allá. ¡Qué inocencia la +suya, tan rara por su enlace con la discreción y el despejo! ¡Qué fe +religiosa tan sana y atinada! ¡Qué amor á su madre y qué sumisión á sus +mandatos! Clara es una santita en este mundo, y al verla hay que alabar +á Dios, que la ha criado á fin de dejarnos rastrear y columbrar por ella +lo que serán en el cielo los angelitos y las bienaventuradas vírgenes. + +--Mucho lisonjean mi orgullo de madre --interpuso Doña Blanca,-- esos +encomios de Clarita que oigo en boca de V.; pero mi amor á la justicia +me induce á creerlos exagerados. Yo me los explico de cierto modo, que +voy á tener la sinceridad de declarar á V. En el puro amor que en +general profesa V. á las mujeres, hay algo del antiguo caballero +andante, algo del hechizo que tiene para todo ser fuerte dar protección +á los débiles y desvalidos. En el concepto superior á la realidad que de +las mujeres V. forma, hay gran bondad é instintiva poesía. Todos estos +nobles sentimientos de V. se han empleado, durante una larga y santa +vida, en lugareñas, jornaleras unas, é hidalgas ó ricachas otras, pero +toscas las más, en comparación con Clara, criada en grandes ciudades, +con otro barniz, con otra más elevada cultura, con mayor delicadeza y +refinamiento. Ventajas tales, meramente exteriores y debidas á la +casualidad, han sorprendido y alucinado á V., y le han hecho pensar que +lo que está en la superficie está en el fondo; que modales más +distinguidos, mayor tino y mesura en el hablar, y ciertas atenciones y +miramientos que nacen de más esmerada educación, y que llegan á tenerse +maquinalmente, gracias á la costumbre, son virtudes y excelencias que +brotan del centro mismo de un alma que se eleva sobre las otras. + +--No, hija mía; nada de eso basta á explicar mi predilección por +Clarita. + +--¿Cómo que no basta? Sea V. franco. ¿No quiere V. y estima casi tanto á +Lucía? + +--Las comparaciones son odiosas, y las del cariño más. Supongamos, á +pesar de todo, que estimo y quiero á Lucía casi tanto. Eso probaría sólo +que Lucía vale casi tanto como Clara. + +--Y que ambas están educadas con más esmero. + +--Bueno... ¿Y qué?... Concedo que así sea. ¿Quién te ha negado el poder +de la educación? Lo que niego es que la educación valga hasta ese punto +sobre un espíritu estéril é ingrato; y lo que niego también es que su +influjo no pase de la superficie y no penetre en el fondo, y no mejore +el ser de las personas. Es, pues, evidente que Clara debe mucho á Dios, +y luego á tí, que la has educado bien; pero esto que debe á tí no es +superficial y externo: los modales, las palabras, las atenciones y los +miramientos no son signos vanos. Cuando no hay en ellos afectación, es +porque brotan del alma misma, mejor criada por Dios ó por los hombres +que otras almas sus hermanas. Cierto que yo no he visto ni conocido más +gente en mi vida que la de esta ciudad y la de Villabermeja; pero +adivino y veo claramente que ha de haber duquesas y hasta princesas cuyo +barniz no me engañaría ni me alucinaría. Yo conocería al momento que era +falso y de relumbrón, y que en el fondo eran aquellas damas más vulgares +que tu cocinera. Conste, por consiguiente, que no me alucino al encomiar +á Clarita. + +--¿Y no provendrá la alucinación, --dijo Doña Blanca,-- de la cándida y +espontánea propensión de Clarita á hacerse agradable? + +--Sin duda que provendrá; pero esa misma propensión, siendo espontánea y +cándida, prueba la bondad de alma de quien la tiene. + +--¿V. no sabe, padre, que eso se califica con un vocablo novísimo en +castellano, y que suena mal y como censura? + +--¿Qué vocablo es ese? + +--Coquetería. + +--Pues bien; si la coquetería es sin malicia, si el afán de agradar y el +esfuerzo hecho para conseguirlo no traspasan ciertos límites, y si el +fin que se propone una mujer agradando no va más allá del puro deleite +de infundir cordial afecto y gratitud, digo que apruebo la coquetería. + +Doña Blanca y el P. Jacinto se tenían mutuamente miedo. Ella temía la +desvergüenza del fraile, y el fraile el genio violentísimo de ella. De +este miedo mutuo nacía el que se tratasen por lo común con extremada +finura y con el comedimiento más exquisito y circunspecto, á fin de no +terminar cualquier coloquio en pelea ó disputa. + +Llevada de esta consideración, Doña Blanca no impugnó la defensa de la +coquetería; dió por satisfecha su modestia de madre, y acabó por aceptar +como justos y merecidos los encomios de su hija Clara. + +Luego añadió: + +--En suma, mi hija es un prodigio. En las alabanzas de V. no toma parte +sino la justicia. Me alegro. ¿Qué mayor contento para una madre? +Imagino, con todo, que tan lisongero panegírico bien se podía haber +pronunciado en presencia de testigos. Lo que sigilosamente tenía V. que +decirme no ha salido aún de sus labios. + +El P. Jacinto se paró á reflexionar entonces, al verse tan directamente +interrogado, y casi se arrepintió de haber venido á tratar del asunto de +la boda de Clarita, dejándose llevar de un celo impaciente, sin ponerse +antes de acuerdo con el Comendador, según habían concertado; pero el +padre Jacinto no era hombre que cejaba una vez dado el primer paso, y +después de un instante de vacilación, que no dejó percibir á ojos tan +linces como los de su interlocutora, dijo de esta manera: + +--Allá voy, hija; ten calma que todo se andará. Mi encomio de Clarita +estaba muy en su lugar, porque de Clarita voy á hablarte. Me consta, +como su director espiritual que soy, que te obedecerá en todo; pero +dime, ¿no consideras tú que para algunas cosas, de la mayor importancia, +convendría consultar su voluntad? + +--¿Y quién ha informado á V. de que yo no la consulto cuando conviene? + +--¿Has preguntado, pues, á Clara si quiere casarse tan niña? + +--Sí, padre, y ha dicho que sí. + +--¿Le has preguntado si aceptará por marido á D. Casimiro? + +--Sí, padre, y también ha dicho que sí. + +--¿Y no serán parte el temor y el respeto que inspiras á tu hija en esas +respuestas? + +--Creo que no merezco sólo inspirar á mi hija respeto y temor, sino +también cariño y confianza. Prevaliéndose, pues, mi hija del cariño y de +la confianza que debo inspirarle, hubiera podido contestar que no quería +casarse con D. Casimiro. Nadie la ha violentado para que diga que +quiere. Querrá cuando lo dice. + +--Es cierto; querrá, cuando lo dice. No obstante, para que una decisión +de la voluntad sea válida, importa que la voluntad esté previamente +ilustrada por el entendimiento acerca de aquello sobre lo cual decide. +¿Crees tú que Clarita sabe lo que quiere y por qué lo quiere? + +--Acaba V. de hacer el encomio más extremado de mi hija, y ahora me +induce á pensar que la tiene por tonta, por incapaz de sacramento. ¿Cómo +quiere V. que una mujer de diez y seis años ignore los deberes que el +santo matrimonio trae consigo? + +--No los ignora... pero no me vengas con sofismas... una niña de diez y +seis años no sabe toda la transcendencia del sí que va á dar en los +altares. + +--Por eso tiene á su madre, para iluminarla, aconsejarla y dirigirla. + +--¿Y tú la has iluminado, aconsejado y dirigido según tu conciencia? + +--La menor duda sobre eso, la mera pregunta que me hace V. es una ofensa +terrible y gratuita. ¿Cómo presumir, sospechar, ni por un instante, que +había yo de aconsejar á mi hija en contra de lo que mi conciencia me +dictase? Tan mala me cree V.? + +--Perdona; me expliqué con torpeza. Yo no creo, ni puedo creer que hayas +aconsejado á tu hija contra tu conciencia; pero sí puedo creer que en +tu entendimiento cabe error, y que, llevada tú de algún error, induces á +tu hija á dar un paso deplorable. + +--Extraño muchísimo los razonamientos de usted en el día de hoy. ¡Qué +diferentes de lo que eran antes! ¿Qué cambio ha habido en V.? Seré yo +víctima de un error, y en virtud de ese error daré malos consejos y +tomaré funestas resoluciones; pero usted lo sabía tiempo há, y nada +había dicho en contra cuando no había aún compromiso alguno contraído. +¿Cómo ha venido de pronto á hacerse patente á los ojos de V. ese error, +que antes no percibía? ¿Qué luz del cielo le ha ilustrado á V. el alma? +¿Qué santo ó qué ángel bendito ha bajado á la tierra á descubrir á V. lo +bueno y á distinguirlo de lo malo? + +Doña Blanca, según se ve, iba ya perdiendo su aplomo y su dificultosa +dulzura. El P. Jacinto empezaba también á amostazarse; pero hizo un +esfuerzo heroico, y en vez de seguir adelante y de excitar la tempestad, +procuró calmarla por cuantos medios se le ocurrieron. + +--Tienes razón que te sobra --contestó con mucha humildad.-- Yo debí +disuadirte á tiempo de que concertaras esa boda. Del error que noto en +tí, confieso que he participado. Por lo menos, ha sido en mí un descuido +atroz, una ligereza imperdonable, el no hablarte antes como te estoy +hablando hoy. Pero si yo erré, con reconocerlo ya y con apartarme del +error, te induzco á que me imites, aunque te dé armas en contra mía. Lo +que afirmas, probará mi inconsecuencia, mas no prueba nada contra mi +consejo. + +--¿Cómo que no prueba nada? Quita á su consejo de V. toda la autoridad +que de otra suerte hubiera tenido. Consejo dado tan de repente... hasta +pudiera sospecharse... que no se funda en pensamiento propio del +consejero. + +Doña Blanca, al pronunciar esta última frase, lanzó al padre una +penetrante y escrutadora mirada. El padre, que no era tímido, se cortó +un poco y bajó los ojos. Serenándose al instante, repuso: + +--No se trata aquí de más autoridad que de la autoridad de la razón. +Para darte el consejo, válganme la amistad y el cariño que tengo á tu +persona y á los de tu familia: para que le aceptes ó le deseches, no +pretendo que valga sino el ingenio, que pido á Dios me conceda, para +llevar el convencimiento á tu alma. + +--Está bien. ¿Quiere V. decirme qué razones hay para que Clara no se +case con D. Casimiro? V. es el confesor de Clara. ¿Ama Clara á otro +hombre? + +--Por lo mismo que soy su confesor, si Clara amase á otro hombre y ella +me lo hubiera confiado, no te lo diría sin que ella me diese su venia, +que yo sabría pedir y exigir en caso necesario. Por dicha, para nada +tiene que entrar aquí la cuestión de si Clara ama ó no á otro hombre. + +--No me venga V. con rodeos y sutilezas. Yo he educado á mi hija con tal +rigidez y con tal recogimiento, que no tengo la menor duda de que no ha +tenido amoríos. Clara no ha mirado jamás con malicia á hombre alguno. + +--Así será. Pero ¿no podrá mirarle el día de mañana? ¿No podrá amar, si +no ama aún? + +--Amará á su marido. ¿Por qué no ha de amarle? + +--Vamos, señora --dijo el P. Jacinto ya con la paciencia perdida:-- no +amará á su marido, porque su marido es feo, viejo, enfermizo y +fastidioso. + +--Quiero suponer --contestó Doña Blanca con el reposado entono que +tomaba cuando más tremenda se ponía,-- quiero suponer que las +caritativas calificaciones de V. cuadran perfectamente al sujeto, á la +persona de mi familia, á quien V. honra con ellas. Su exquisito gusto de +V. en las artes del dibujo halla feo á D. Casimiro; sus conocimientos de +V. en la medicina le han hecho comprender que está el pobre mal de +salud, y la amenidad y discreción que en V. campean, es natural que le +induzcan á fastidiarse de todo ser humano que no sea tan ameno y tan +ingenioso como V., cosa, por desgracia, rarísima; pero V. no me negará +que mi hija, menos instruida en las proporciones y bellezas de la +figura del hombre, puede no hallar feo á D. Casimiro, como no le halla; +menos docta en ciencias médicas, puede creerle más sano, y menos +chistosa que V., puede muy bien hallar en D. Casimiro algún chiste y no +aburrirse de su conversación. Y por otra parte, aunque mi hija viese en +D. Casimiro los defectos que V. señala, ¿por qué no había de amarle? +Pues qué, ¿una mujer de honor, una buena cristiana, ha de amar sólo la +hermosura física y el desenfado en el hablar? ¿Será menester buscarle +para marido, no á un caballero de su clase, honrado, temeroso de Dios, +virtuoso lleno de atenciones y buenos deseos de hacerla dichosa, sino á +algún saltimbanquis robusto, á algún truhán divertido, que provoque en +ella con sus chocarrerías una risa indecorosa y un regocijo poco +honesto? + +--Mira, Doña Blanca --dijo el fraile, que jamás abandonaba el tuteo, +aunque se incomodara,-- no creas que se necesite ser un Apeles ó un +Fidias para conocer que es feo D. Casimiro. Su fealdad es tan patente y +somera, que no hay que ahondar mucho para descubrirla. Y en cuanto á su +ruin salud y escasa amenidad, te aseguro lo mismo. Sin haber cursado +medicina, sin ser un Hipócrates, ve cualquiera que D. Casimiro está por +demás estropeado. Y sin haber estudiado el _Examen de ingenios_, de +Huarte, se descubre en seguida que el de don Casimiro es romo y huero. +Yo no pretendo que busques para Clarita á Pitágoras y á Milón de Crotona +en una pieza; pero ¿qué diablura te lleva á darle por marido á Tersites? + +El P. Jacinto se abstenía de echar latines cuando hablaba á las mujeres; +pero no podía menos de citar en romance, siempre que se dirigía á damas +de distinción, hechos, personajes y sentencias de la antigüedad clásica +y de las Sagradas Escrituras. Por lo demás, era tan claro el sentido de +lo que decía, que Doña Blanca, aunque no hubiera sabido más ó menos +confusamente la condición de los personajes citados, no hubiera tenido +la menor duda sobre lo que el fraile quería significar. Así es que le +respondió: + +--Reverendo padre, esos son insultos y no consejos; pero jamás me +enojaré con V. Lo único que afirmo es que todos los defectos que pone V. +á mi futuro yerno han de estar menos al descubierto de lo que V. supone +ahora, cuando antes de ahora no los ha conocido V. Y si los conocía, +¿por qué antes no me los dijo? Repito que alguien ha venido á ilustrar +su claro entendimiento de V. Alguien le induce á dar este paso. No hay +que disimular. Sea V. leal y franco conmigo. V. ha hablado con alguien +acerca de la proyectada boda de Clarita. Sus consejos de V. no son +consejos, sino un mensaje solapado. + +El P. Jacinto era fresco de veras; pero con Doña Blanca no había +frescura que valiese. El pobre fraile estaba sofocado, rojo hasta las +orejas. Por él hubiera podido inventarse aquella frase con que se denota +que á alguien le han dado una buena descompostura: _tenía encarnadas las +orejas como fraile en visita_. + +Hasta su lengua, que por lo común estaba tan suelta, se le había trabado +un poco y no atinaba á contestar. + +Doña Blanca, notando aquel silencio, le excitaba á que se explicase y +añadía: + +--No me cabe duda. Está V. convicto y casi confeso. V. desaprueba hoy lo +que ayer aprobaba, porque un enemigo mío le ha llenado la cabeza de +ideas absurdas. Atrévase V. á negar la verdad. + +Interpelado, acusado con tan desmedida audacia y con tan ruda serenidad, +el P. Jacinto sacó fuerzas de flaqueza; puso á un lado la causa de su +inusitada timidez, que era sólo el recelo de perjudicar los intereses de +Clara y de su amigo y antiguo discípulo, y, ya libre de estorbos, +contestó tan enérgica y sabiamente, que su contestación, la réplica á +que dió lugar y todo el resto del diálogo tomaron un carácter distinto y +solemne, por donde merecen capítulo aparte, el cual será de los más +importantes de esta historia. + + + + +XVII + +El P. Jacinto, sin alterarse, imitando el entonado reposo de su ilustre +amiga, contestó lo que sigue: + +--Ya he confesado con ingenuidad que debí aconsejarte antes. No lo hice, +no porque aprobase tu plan, sino porque, llevado de ligereza vergonzosa +y de indiferencia villana y grosera, no advertí todo el horror de la +boda que tienes concertada. ¿Debo el advertirlo ahora á mi propio +espíritu, ó bien al de otra persona que me ha ilustrado? Punto es éste +que podrá interesarte sabe Dios por qué y que podrá afectar mi +reputación de hombre entendido; pero en nada altera el valor de mis +consejos. No quiero ni puedo justificar mi inconsecuencia. Puedo y debo, +con todo, mitigar un poco la rudeza de tu acusación, y lo haré al +exponer las razones en que fundo mis consejos de ahora. Sentiré +expresarme con impropiedad, aunque espero de tu buena fe que no me armes +disputa sobre las palabras, si entiendes la idea y la sana intención con +que la expreso. Tal vez está educada Clara con rigidez que raya en +extremos peligrosos. Temiendo tú que un día pueda caer, le has +exagerado los tropiezos. Temiendo tú que la nave pueda zozobrar é irse á +pique, has ponderado los escollos y bajíos que hay en el mar del mundo, +el ímpetu y violencia de los vientos que combaten la nave y hasta su +fragilidad y desgobierno. Esto tiene también sus peligros. Esto infunde +una desconfianza en las propias fuerzas que raya en cobardía. Esto nos +hace formar un concepto de la vida y del mundo mucho peor de lo que debe +ser. ¿Cómo ha de negar un creyente que de resultas de nuestros pecados +el mundo es un valle de lágrimas; que el demonio tiende su red de +continuo para perdernos; que nuestra flaca condición es propensa al mal, +y que es necesario el favor del cielo para no caer en las tentaciones? +Todo esto es innegable, pero conviene no exagerarlo. Una vez muy +exagerado, ó hay que huir al desierto y hacer la vida ascética de los +ermitaños, y entonces todo va bien, porque la belleza y la bondad que no +se ven en la tierra, se esperan, se presienten y casi se ven ya en el +cielo, en éxtasis y arrobos, ó hay que dar, faltando el amor divino, +faltando la caridad fervorosa, en un desesperado desprecio de uno mismo +y en tal desdén y odio á todo lo creado y á nuestros semejantes, que +hacen á quien así vive odioso y enojoso á sí y á los demás seres. Hija, +no sé si me explico, pero tú eres perspicaz y me irás entendiendo. Otro +grave peligro nace también de tu método de educar. La conciencia se +halla con él más apercibida y precabida para la lucha; pero al mancharlo +todo, se mancha; al inficionarlo todo, se inficiona; al presentir en +todo un delito, una impureza, provoca y hasta evoca las impurezas y los +delitos. Clarita tiene un entendimiento muy sano, un natural excelente: +pero, no lo dudes, á fuerza de dar tormento á su alma para que confiese +faltas en que no ha incurrido, pudiera un día torcer y dislocar los más +bellos sentimientos y convertirlos en sentimientos pecaminosos; pudiera +concebir del escrúpulo de su conciencia, inquisidora del pecado, el +pecado mismo que antes no existía. No tengo que asegurarte que yo por +mil motivos no he procurado relajar la rigidez de los principios que has +inculcado á Clarita, si bien mi modo de ser me lleva, por el contrario, +á la indulgencia; á ver en todo el lado bueno, y á tardar muchísimo en +ver el lado malo, y á no descubrirle sino después de larga meditación. +Así es que al principio, contrayéndonos al asunto de la boda, no vi sino +el lado bueno. Vi que D. Casimiro es un caballero de tu clase, honrado, +religioso, prendado de Clarita y deseando hacerla feliz. Vi que, +casándose con ella, seguiría ella aquí y no se la llevarían lejos de su +madre y de nosotros, que la queremos tanto. Vi que con su mucha hacienda +y la de su marido haría un bien inmenso en estos lugares, empleándose +en obras de caridad. Y vi en la misma austeridad con que está educada la +garantía de que para Clarita no podía ser el matrimonio el medio de +satisfacer y aun de santificar, merced á un lazo sagrado é indisoluble, +una pasión violenta, profana y algo impía, ya que consagra al hombre +cierta adoración y culto que á sólo Dios se debe, y una ilusión caduca, +efímera, que se disipa tanto más pronto cuanto más vivo y ardiente es el +resplandor con que la fantasía la finge y colora. Todo esto vi, y por +haberlo visto trato de cohonestar, ya que no disculpe, el no haberme +opuesto antes á la boda. Imaginaba yo, además, que Clarita no la +repugnaba. Clarita nada me ha dicho después; pero mis ojos se han +abierto, y ahora comprendo que la repugna con repugnancia invencible, +allá en el fondo de su alma. Ahora comprendo que Clarita no ve sólo en +el matrimonio un voto de devoción y sacrificio. Clarita quiere amar y +que el matrimonio sancione y purifique su amor. El matrimonio, por lo +tanto, no puede ser para ella el mero cumplimiento de un deber social, +un acto de abnegación, un padecimiento á que hay que resignarse, una +penitencia, una prueba, un castigo. El profundo respeto que te tiene, la +ciega obediencia con que se somete á tu voluntad, la creencia de que +casi todo es pecado, no consentirán que ella confiese nunca ni á sí +misma lo que te digo; pero yo no dudo ya que lo siente. Ahora bien; ¿es +merecedora Clarita de esa penitencia? ¿Es digna de ese castigo? ¿Qué +derecho tienes para imponérsele? Y si es prueba, ¿quién te da permiso +para poner á prueba su bondad? ¿Por qué, si lo grave y áspero de un +deber, como es el del matrimonio, puede mezclarse y combinarse con +lícitos contentos que aligeren la cruz y con satisfacciones y gustos que +suavicen la aspereza del camino, quieres tú sólo para tu hija la +aspereza del camino y la pesadumbre de la cruz, y no también la +permitida dulzura? + +Doña Blanca escuchó impasible, y al parecer muy sosegada, todo el sermón +del buen fraile. Al ver que no seguía, dijo, después de un instante de +silencio: + +--Aun conviniendo en que casarse con un hombre de bien, lleno de afecto +y de juicio, fuese una penitencia, fuese una cruz, Clarita la debiera +llevar y resignarse. La mujer no ha venido al mundo para su deleite y +para satisfacción de su voluntad y de su apetito, sino para servir á +Dios en esta vida temporal, á fin de gozarle en la eterna. Y V. +convendrá conmigo, si en estos días no ha tratado con gentes que han +perturbado su razón y le han apartado del camino recto, que el modo +mejor de servir á Dios es, en una hija, el obedecer á sus padres. Usted +mismo reconoce que el santo sacramento del matrimonio no fué instituido +para santificar devaneos. Cierto que es mejor casarse que quemarse; +pero aún es mejor casarse sin quemarse, á fin de ser la fiel compañera +de un varón justo y fundar ó perpetuar con él una familia cristiana, +ejemplar y piadosa. Este concepto puro, cristiano y honestísimo del +matrimonio no es fácil de realizar; mas para eso he educado yo tan +severamente á Clarita: para que con la gracia de Dios tenga la gloria de +realizarle, en vez de buscar en el casamiento un medio de hacer lícito y +tolerable el logro de mal regidos deseos y de impuras pasiones. Más +pudiera decir en mi abono acerca de este asunto, pero no se trata aquí +de una discusión académica. Yo carezco de estudios y de facilidad de +palabra para discutir con V. sobre la cuestión general de si el +matrimonio ha de ser un estado tan difícil y estrecho como otro +cualquiera que se toma para servir á Dios, y no un expediente mundanal +para disimular liviandades. Aquí debemos concretarnos al caso singular +de Clarita, y para ello vuelvo á lo dicho: necesito, exijo que sea usted +leal y sincero. ¿Quién envía á V. á que me hable? ¿Quién le aconseja +para que me aconseje? ¿Quién le ha abierto los ojos, que tenía V. tan +cerrados, y le ha hecho ver que Clarita, si no ama, amará? Vamos, +respóndame V. ¿Por qué disimularlo ó callarlo? Hay un hombre que ha +hablado á V. de todo eso. + +--No lo negaré, ya que te empeñas en que lo declare. + +--Ese hombre es el Comendador Mendoza. + +--Es el Comendador Mendoza--repitió el fraile. + +Tal declaración, aunque harto prevista, dejó silenciosos y como en honda +meditación á ambos interlocutores durante un largo minuto, que les +pareció un siglo. + +Doña Blanca, aunque sin precipitar sus palabras, mostrando ya, en lo +trémulo de la voz y en el brillo de los ojos, viva y dolorosa emoción +mal reprimida, habló luego así: + +--Todo lo sabe V. y me alegro. Quizás hice mal en no decírselo yo misma +la vez primera que me arrodillé ante V. en el tribunal de la penitencia. +Sírvame de excusa que ya mi mayor delito había sido varias veces +confesado, y la consideración de que cada vez que le confieso de nuevo +hago sabedora á una persona más del deshonor de quien me ha dado su +nombre. Todo lo sabe V. sin que yo se lo haya dicho. Bendito sea Dios, +que me humilla como merezco, sin que yo, tan culpada, cometa la nueva +culpa de infamar á mi pobre marido. Pues bien: sabiéndolo V. todo, ¿cómo +se atreve á aconsejarme lo que me aconseja? ¿Cómo quiere apartarme del +camino que llevo, único posible para una reparación, aunque incompleta? +Si contra su parecer de V., si contra la ley del decoro, manchásemos la +conciencia de Clara, descubriéndole su origen, ¿qué piensa V. que haría +ella? ¿No la despreciaría V. si no buscase la reparación? Y para ello, +sin hacer pública la infamia de su madre y de aquél á quien debe venerar +como á padre, ¿qué otro recurso tiene Clara sino entrar en un convento ó +dar la mano á D. Casimiro? ¿Por qué, dirá V., ha de pagar Clara la falta +que no cometió? Harto la pago yo, padre. Los remordimientos, la +vergüenza, me asesinan. Pero Clara también debe pagarla. Si esto parece +á V. inicuo, vuélvase usted impío y blasfemo contra la Providencia, y no +contra mí. La Providencia, en sus designios inescrutables, con ocasión +de mi culpa, ha puesto á mi hija en la alternativa ó de sacrificarse ó +de ser falsaria y poseedora indigna de riquezas que no le pertenecen. + +--No he de ser yo, por cierto --interrumpió el fraile--, quien disimule +ó atenúe lo difícil de la situación y la verdad que hay en lo que dices. +Convengo contigo. Sé la nobleza de alma de Clara. Si ella supiera quién +es... pero no, mejor es que no lo sepa. + +--¿Qué piensa V. que haría si lo supiese? + +--Sin vacilar... Clara se retiraría á un convento. Tu plan de casarla +con D. Casimiro le parecería absurdo, malo, no ya siendo feo y viejo D. +Casimiro, sino aunque fuese precioso y estuviese ella prendada de él. +Con ese casamiento ni se remedia el mal nacido del embuste ó la falsía, +ni se despoja tu hija de bienes que no son suyos. + +--Es, sin embargo, la única reparación posible, aunque incompleta, +ignorando Clara el motivo que hay para la reparación. Convengo en que +entrando Clara en un claustro el mal se remediaría mejor, menos +incompletamente. Pero ¿cómo la hija de un ateo ha de tener vocación para +esposa de Jesucristo? + +Al pronunciar estas últimas palabras, el rostro de Doña Blanca tomó una +expresión sublime de dolor; sus mejillas se tiñeron de carmín ominoso +como el de una fiebre aguda; dos gruesas lágrimas brotaron de repente de +sus ojos. + +El P. Jacinto vió á Doña Blanca transfigurada; reconoció en ella un +corazón de mujer que antes no había sospechado siguiera bajo la aspereza +de su mal genio, y le tuvo lástima y la miró con ojos compasivos. Ella +prosiguió: + +--He meditado en largas noches de insomnio sobre la resolución de este +problema, y no veo nada mejor que el casamiento de Clara con D. +Casimiro. No piense V. que me falte valor para otra cosa. No me falta +valor; me sobra piedad. Mil veces, ansiosa de que me matase, he estado á +punto de revelar mi pecado al hombre á quien ofendí cometiéndole. Yo +misma hubiera puesto gustosa el puñal en su mano; pero, le conozco, +¡infeliz! hubiera llorado como un niño; yo le hubiera muerto de pena, en +vez de recibir el merecido castigo; él, con mansedumbre evangélica, me +hubiera perdonado, y mi duro pecho y mi diabólico orgullo, lejos de +agradecer el perdón, hubieran despreciado más aún al hombre que me le +otorgaba. Manso, pacífico, benigno, Valentín hubiera apurado un cáliz de +hiel y veneno al oir mi revelación; no hubiera sido mi juez inexorable, +sino hubiera acabado de ser mi víctima, y yo, réproba, llena de satánica +soberbia, hubiera ahogado el manantial de la compasión y de la ternura +con desdén, hasta con asco, de una resignación santa, que el demonio +mismo me hubiera pintado como enervada flaqueza. Mi deber era, pues, +callar; hacer lo menos amarga posible la vida de este débil y dulce +compañero que el cielo me ha dado, disimular, ocultar, hasta donde +cabe... mi falta de amor... mi injusta, impía, irracional, involuntaria +falta de estimación. Así se explican el engaño y la persistencia en el +engaño; pero la vileza del hurto no cabe en mí. Mi alma no la sufre. +¿Pretende quizás ese ateo malvado que me envilezca yo con el hurto? ¿Qué +razón, qué derecho, qué sentimiento paternal invoca quien tan olvidado +tuvo durante años el fruto de su amor... y de la cólera divina? V. dice +bien: lo mejor sería que Clara se sepultase en un claustro, se +consagrase á Dios. Yo he hecho lo posible por disgustarla del mundo +pintándosele horroroso; pero en ella han podido, más que mis palabras, +la confianza juvenil, el brío maldito de la sangre, el deleite y la +exuberancia de la vida. ¿Qué arbitrio me queda sino casarla con D. +Casimiro? ¿Por qué la compadece V.? Pues qué, ¿no sale ganando? La hija +del pecado no debiera tener bienes, ni honra, ni nombre siquiera, y todo +esto conservará y de todo podrá gozar sin remordimientos, sin sonrojo. + +En la última parte de su discurso Doña Blanca estuvo hermosa, sublime +como una pantera irritada y mortalmente herida. Se había puesto de pie. +Al fraile se le figuraba que había crecido y que tocaba con la cabeza en +el techo. Hablaba bajo, pero cada una de sus palabras tenía punta +acerada como una saeta. + +El P. Jacinto conoció que había confiado por demás en su serenidad y en +su elocuencia. Se hizo un lío y no supo decir nada. Se encontró tan +apurado, que la vuelta de Clarita al salón le quitó un peso de encima y +le dió tregua para poder replicar en momentos más propicios y después de +meditarlo. + +Doña Blanca, no bien entró su hija, supo dominarse y recobrar su calma +habitual. + +Un poco más tarde vino el benigno D. Valentín, y todos fueron á comer +como si tal cosa. + +El P. Jacinto echó la bendición al empezar la comida, y rezó al +sentarse y al levantarse. + +Ya de sobremesa, tuvo efecto la grata sorpresa de la corza. Clarita la +halló encantadora. La corza se dejó besar por Clarita en un lucero +blanco que tenía en la frente, y se comió cuatro bizcochos que ella +misma le dió con su mano. + +Don Valentín se maravilló, simpatizó y hasta se enterneció con la +mansedumbre de aquel lindo animalejo. + +Cuando, terminado todo, salió el P. Jacinto de casa de Doña Blanca, se +apresuró á ir á ver al Comendador, quien le aguardaba impaciente, no +habiéndole visto al llegar de Villabermeja, porque el fraile había +adelantado más de una hora su venida á la ciudad. Excusándose de esto y +de su precipitación en dar pasos sin consultar al Comendador, el P. +Jacinto le relató cuanto había pasado. + +Don Fadrique López de Mendoza no era de los que condenan todo lo que se +hace cuando no se les consulta. Halló bien lo hecho por su maestro, y lo +aplaudió. Hasta la turbación y mutismo final del fraile le parecieron +convenientes, porque no habían traído compromiso, porque no se había +soltado prenda. Ya hemos dicho que el Comendador era optimista por +filosofía y alegre por naturaleza. + + + + +XVIII + +Después de haberse enterado de la conversación entre el fraile y Doña +Blanca, el Comendador se abstuvo de tomar una resolución precipitada. Se +contentó con rogar á su maestro que no se volviese á Villabermeja, que +siguiese frecuentando la casa de Doña Blanca y que tratase de desvanecer +todo recelo en dicha señora, prometiéndole no hablar con Clarita de la +proyectada boda ni decirle nada en contra de los deseos de su madre. + +El Comendador quería meditar, y meditó largamente, sobre el asunto. Sus +meditaciones (ya hemos dicho que el Comendador era descreído) no podían +ser muy piadosas. Era también el Comendador alegre, fino y sereno, y +nada podían tener de apasionadas sus meditaciones. Su espíritu analítico +le presentaba, sin embargo, todas las dificultades del caso. + +No cabía la menor duda. La criatura lindísima y simpática que á él debía +el ser estaba condenada, ó á vivir como usurpadora indigna de lo que no +le pertenecía, ó á casarse con D. Casimiro, ó á ser monja. Uno de estos +tres extremos era inevitable, á no causar un escándalo espantoso ó á no +realizar un difícil rescate. + +Doña Blanca tenía razón, salvo que para tenerla no era menester +mostrarse tan hosca y tan poco amena con todo el género humano, +empezando por su infeliz marido. + +Para D. Fadrique había un ideal económico más fundamental que el +político. Este ideal era que toda riqueza, todos los bienes de fortuna +llegasen á ser un día, cuando la sociedad tocase ya en la perfección +deseada, signo infalible de laboriosidad, de talento y de honradez en +quien los había adquirido; que el ser rico fuese como innegable título +de nobleza, ganado por uno mismo ó por el progenitor que le ha dejado +los bienes. + +Bien sabía D. Fadrique que este término estaba aun remotísimo, pero +sabía además que el mejor modo de acercarse á él era el de hacer todo +negocio suponiéndole ya llegado; esto es, como si no hubiese riqueza mal +adquirida en la tierra. Lo contrario sería conspirar á que prevaleciese +el villano refrán de que _quien roba á un ladrón tiene cien años de +perdón_, y contribuir á que la vida, la historia, el desenvolvimiento +civilizador de la sociedad sean una trama inacabable de bellaquerías. + +Fundado en estos principios, desechaba de sí D. Fadrique el pensamiento +de que en cada lugar del mundo habría de seguro un enjambre de madres +en el caso de Doña Blanca y una multitud de hijas ó de hijos en el caso +de Clarita, para los cuales el problema moral, de tan difícil solución, +que atormentaba á Doña Blanca, era como si no fuese, dejándolos +disfrutar de la hacienda que la suerte y la ley les otorgaban, sin el +menor escrúpulo y con la mayor frescura. Desechaba también la idea, algo +cómica, pero más que posible, de que el mismo D. Casimiro, por +circunstancias análogas, podría tener menos derecho que Clarita á la +herencia, aunque toda fuese vinculada; de que D. Valentín, su padre ó su +abuelo, podrían también no haber tenido derecho, y de que sólo Dios +sabe, aunque tal vez el diablo no lo ignore, por qué arcaduces +subterráneos y por qué intrincados caminos ha venido á cada cual lo que +por herencia disfruta. En estos casos la fe debe salvar; pero en el caso +de Doña Blanca no había fe que valiese contra la evidencia que ella +tenía. Cerrar los ojos, vendárselos y remedar fe era una infamia. D. +Fadrique, condenando en su corazón y en su inteligencia serena los +furores de Doña Blanca, la aplaudía y ensalzaba de que pensase con +rectitud y con nobleza. Vaya á quien vaya, merézcale ó no, tenga derecho +ó no le tenga aquel á quien un bien se destina, son cosas que importan +poco ante la superior consideración de que ese bien me consta que no es +mío y de que sólo le gozo por engaño, por delito y por mentir. + +Como D. Fadrique era persona de mucho seso y sentido común, aunque se +hallaba en época de reformas, sistemas y ensueños de toda clase, no +pensó en condenar la herencia. Sin el grandísimo deleite de dejar ricos +á nuestros hijos, se perdería el mayor estímulo para el trabajo, para el +buen orden, para la aplicación y para aguzar y ejercitar el ingenio. D. +Fadrique reconocía no obstante, que si estaba lejos aún el día en que +sea casi imposible adquirir mal lo que uno mismo adquiere, estaba aún +mucho más lejos el día en que sea casi imposible heredar mal lo que se +hereda. El modo de no empujar hacia más hondo porvenir la aurora de ese +día, era dar buen ejemplo en contra. La razón de Doña Blanca salía +siempre triunfante de cada laberinto de reflexiones en que D. Fadrique +se abismaba. + +Había un mal moral que pedía remedio. Hasta aquí iba D. Fadrique de +acuerdo con la idea de Doña Blanca. ¿Era el remedio peor que el mal? El +remedio era duro; pero D. Fadrique comprendía que no era peor que la +enfermedad, y que era menester aplicarle no habiendo otro. + +El remedio podía aplicarse de dos maneras. Ó casando á Clarita con D. +Casimiro, y esto era fácil, ó haciéndola tomar el velo. Esto segundo, á +pesar de lo mundano, impío y anti-religioso que era D. Fadrique, le +parecía mil veces mejor. Comprendía, no obstante, que para que Clarita +entrase en un convento sin saber ella por qué, era necesario que alguien +le infundiese la vocación. Tal trabajo no podía tomarle su madre. Sólo +el P. Jacinto podría persuadir á Clarita á que se retirase al claustro. + +Para un hombre lleno del espíritu del siglo XVIII, alimentado con la +lectura de los enciclopedistas, creyente en Dios, pero hablando siempre +de la naturaleza, no hay que exponer aquí cuán horrible aparecía el +sacrificio de la hermosura, de la vida, del brío juvenil, sintiendo ya +sin duda fervorosamente el amor y reclamándole, en aras de un +sentimiento misterioso, de un objeto, á su ver, impalpable y hasta +incomprensible. Al Comendador se le antojaba esto una nefanda +monstruosidad; pero la prefería á ver, á imaginar á Clara entre los +secos brazos de D. Casimiro; y en su orgullo de hidalgo, y en su afán de +no verse él mismo mentiroso y fullero, y de no pensar menos noblemente +que una mujer fanática y desatinada, lo prefería todo á que Clarita se +alzase en su día con los bienes de D. Valentín. + +El punto final de las meditaciones de D. Fadrique era siempre el mismo, +por cuantas sendas y rodeos tratase de llegar á él. No quería á Clara +poseedora de lo que le constaba que no era suyo; no la quería mujer de +D. Casimiro; no la quería monja tampoco, y no quería dar escándalo ni +amargar la vida de D. Valentín con afrentoso desengaño. Era, pues, +indispensable que él fuese el libertador, el rescatador de Clarita. + +Á pesar de tener preocupado el ánimo con estas cosas, el Comendador +ejercía tanto dominio sobre sí, que nada dejaba notar. + +Paseaba con Lucía por las huertas ó charlaba con ella y procuraba +esquivar sus preguntas inquisitoriales. + +Así transcurrieron ocho días. Durante ellos se informó el Comendador, +con el mayor secreto y diligencia, del valor exacto de todos los bienes +de D. Valentín. Pasaban de cuatro millones de reales. + +Bastante se apesadumbró, no debemos ocultarlo, de que D. Valentín +hubiese llegado á ser tan rico. El Comendador tenía poquísimo más +capital, sumando el valor de algunas finquillas que había comprado cerca +de Villabermeja, y lo que tenía en varias casas de banca en la Gran +Bretaña y en Madrid. Su decisión, á pesar de la pesadumbre, fué firme, +con todo. + +El Comendador sabía y estimaba cuánto vale el dinero. La vanidad de +haberle adquirido diestra y honradamente le daba para él mayor hechizo. +Pero ¿en qué mejor podía emplearse el caudal, la ganancia y el ahorro de +toda una vida activa, el fruto del brío, del trabajo y del ingenio, que +en salvar á un ser tan querido y que tan digno era de serlo? + +Suponiéndose ya el Comendador despojado de cuatro millones, se miraba +reducido á la triste condición de un hidalgo labriego, que ó tendría que +salir otra vez á buscar fortuna, ó tendría que acomodarse á vivir mal y +humildemente en Villabermeja. Esto no le arredró. + +Eliminadas, pues, varias soluciones, el problema quedó claro y sencillo. +La única dificultad que había que vencer era la de pasar á poder de D. +Casimiro, de modo tan natural, que apartase toda sospecha, una suma de +cuatro millones, y hacer valer y constar, como era justo, este +sacrificio cerca de Doña Blanca, para que la terrible señora reconociese +á su hija por libre de toda obligación y por apta para recibir, en su +día, los bienes todos de D. Valentín, como devolución, y no como +herencia. + + + + +XIX + +La familia de Solís continuaba incomunicada con sus vecinos. + +Sólo entraban en aquella casa D. Casimiro y el fraile. Éste, á pesar de +sus consejos, había sabido ingeniarse, volver á la gracia y recobrar la +confianza de aquella adusta señora. No es tan llano desechar á un +director espiritual, á quien se tiene por santo ó poco menos, aunque +este director nos contraríe, y sobre todo haga cosas opuestas á nuestro +modo de pensar. La mayor falta del padre Jacinto, lo que apenas acertaba +á explicarse Doña Blanca, era que aquel virtuoso varón, aquel hijo de +Santo Domingo de Guzmán, fuese tan íntimo amigo de un hombre á quien +debía más bien llevar á la hoguera, si los tiempos no estuviesen tan +pervertidos y la cristiandad tan relajada. + +Doña Blanca no se calló sobre este punto, y varias veces manifestó al +fraile su extrañeza; pero el fraile le contestaba: + +--Hija mía, piensa lo que se te antoje. Yo no quiero calentarme la +cabeza explicándotelo. Bástete saber que yo tengo á D. Fadrique por muy +amigo, aunque incrédulo, como él me tiene por muy amigo, aunque fraile. +Cavilando en ello me asusto, y prefiero no cavilar. No quiero dar por +seguro que haya en las almas humanas algo que, á pesar de la radical +oposición de creencias, sea lazo de unión amistosa y constante y +fundamento de alta estimación mutua. + +--Vaya si hace V. bien en no cavilar --contestaba Doña Blanca.-- No +cavile V., no venga á caer en herejía al cabo de sus años, fantaseando +algo más esencial, más sublime que la creencia religiosa. + +--No caeré en herejía --replicaba el fraile, que ya hemos dicho que era +muy desvergonzado;--no caeré en herejía cuando tú no caíste. Nunca mi +amistad será más inexplicable que lo fué tu amor. + +Con esto Doña Blanca exhalaba un suspiro, que tenía su poco de bufido, y +se amansaba y se callaba. + +Por lo demás, el padre Jacinto era leal y no abusó de su derecho de +hablar en secreto con Clarita para excitarla en contra de la boda con +Don Casimiro. + +Sólo una noticia se atrevió á dar á Clarita por instigación de D. +Fadrique: que D. Carlos, amonestado por el Comendador, se había vuelto á +Sevilla con sus padres. + +De esta suerte, Clarita hubo de tranquilizarse y no sobresaltarse de no +ver á D. Carlos por la mañana en la iglesia. Á quien vió varias veces +casi en el mismo lugar en que D. Carlos se colocaba fué al Comendador, +cuya maldad su madre le había ponderado, y que ella se inclinaba +irresistiblemente á creer bueno. + +El Comendador, como en desagravio de haber tenido olvidada tantos años +aquella prenda de su amor, no se contentaba con disponerse á hacer por +ella un gran sacrificio, sino que ansiaba verla y admirarla, aunque +fuese á distancia. + +Así iban lentamente los sucesos, cuando una mañana, en que Doña Antonia +había tenido una de sus jaquecas y no se hallaba con gana de salir, +Lucía fué á paseo sola con el Comendador. Ambos llegaron á la fuente ó +nacimiento del río que ya conocemos. Sentados á la sombra del sauce, +oyendo el murmullo del agua, hablaron de las estrellas, de las flores, +de mil diversas materias, hacia donde el tío procuraba llevar la +atención de su sobrina, para distraerla de su curiosidad sobre los +asuntos de Clara. + +Lucía, no llegando á distraerse lo bastante, dijo por último: + +--Tío, V. va á hacer de mí una sabia. Á veces me habla V. del sol y de +lo grande que es y de cómo atrae á los planetas y cometas; y á veces me +describe los abismos del cielo, y me señala las más hermosas estrellas, +y me declara sus nombres y la inmensa distancia á que están de nosotros, +y el tiempo que tardan los rayos alados de su luz en herir nuestras +pupilas. Todo esto me deleita y pasma, haciéndome concebir más adecuado +concepto del infinito poder de Dios. También me ha explicado V. +misterios extraños de las flores, y esto me ha interesado más, +infundiéndome en el alma superior idea de la bondad y sabiduría del +Altísimo. Pero desechando el disimulo, recelo que V. no me instruye +tanto sino para no responder á mis preguntas sobre sus proyectos de V. +acerca de Clarita. Tal sospecha, lo confieso, me quita las ganas de oir +las lecciones de V., que de otro modo me entusiasmarían; tal sospecha +disminuye el valor de dichas lecciones, que se me figuran interesadas y +maliciosas: más que medio de enseñarme, me parecen medio de embaucarme. + +--La malicia la pones tú, sobrina--respondió el Comendador.--Yo procedo +con la mayor sencillez. Cuanto hay que saber de Clarita lo sabes mejor +que yo. ¿Qué puedo añadir á lo que tú sabes? + +--Oiga V., tío: aunque niña, no soy tan fácil de engañar. Aquí hay +varios puntos obscuros, inexplicables, y yo no sosiego hasta que todo me +lo explico. + +--Pues ya estás aviada, hija mía, si no te sosiegas hasta que halles la +explicación de todo. Condenada estás á desasosiego perpetuo. + +--No confundamos las especies. Yo me aquieto sin explicación sobre +muchos puntos en que usted, por desgracia, no se aquieta. No hablo de +eso. Hablo de materias más llanas y más al alcance de mi inteligencia. +En éstas requiero explicación, y sin explicación no hay reposo. ¿Qué +diablo de palabra enrevesada fué aquélla de que se valió V. el otro día +para significar una suposición que se forja uno para explicar las cosas, +y que se da por cierta, cuando las explica? + +--Esa palabra es _hipótesis_. + +--Pues bien; yo no hago más que forjar hipótesis á ver si me explico +ciertas cosas. ¿Quiere usted que le exponga alguna de mis hipótesis? + +--Exponla. + +El Comendador respondió aparentando serena indiferencia al dar aquel +permiso; pero se puso colorado, y tuvo miedo de que Lucía, por arte +mágica ó poco menos, hubiese adivinado el lazo que unía á Clara con él. + +Lucía, prevaliéndose del permiso y animada con lo poco de turbación que +en su tío advirtió, expuso así una de sus hipótesis: + +--Pues, señor, yo me cegué al principio por exceso de vanidad. Pensé que +el cariño de tío que V. me tiene le llevaba, para complacerme, á mirar +con interés á Clori y á Mirtilo, y á procurar e buen fin de sus amores. +Ya he variado de opinión. Ya la hipótesis es otra. El interés de V. es +demasiado para ser de reflejo. Noto también que es muy desigual: menos +que mediano por Mirtilo; inmenso por Clori. ¡Ay, tío, tío! ¿Si querrá V. +jugar una mala pasada al pobre zagal? Todo se sabe. Pues qué, ¿cree V. +que no ha llegado á mi noticia que se ha hecho V. devoto (¡ojalá fuese +de buena ley la devoción!) y que toditas las mañanas de madrugada va V. +á la iglesia Mayor á misa primera? + +--Sobrina, no disparates, --interrumpió el Comendador. + +--Yo no disparato. Hallo extraña, para explicada sólo por una simpatía +cualquiera, esa devoción de V., y recelo que la santita que se la +infunde ha cautivado á V. con más dulces cadenas que las de la piedad. + +--Te repito que no disparates --volvió á decir el Comendador poniéndose +muy serio.-- Confieso que es difícil de explicar el extraordinario +cariño que Clarita me infunde. Aseguro, no obstante, por mi honor, que +nada tiene de lo que tú imaginas. Si me quieres tú un poco, y si me +respetas, te suplico, y si crees que puedo mandarte, te mando que +apartes de tí ese pensamiento. Yo quiero á Clarita, aunque entre ella y +yo no median los vínculos de la sangre, del mismo modo que te quiero á +tí, que eres mi sobrina: con amor casi paternal, con el amor que es +propio de los viejos. + +--¡Pero si V. no es viejo, tío! + +--Pues aunque no lo sea. No amo á Clarita de otro modo. Y si esto sigue +pareciéndote raro, no caviles ni busques más hipótesis para explicártelo +satisfactoriamente. + +--Está bien, tío. Suspenderé mis tareas de forjar hipótesis. + +--Eso es lo más prudente. + +--Ya que no valen las hipótesis, ¿vale hacer preguntas? + +--Hazlas. + +--¿Persiste V. en favorecer los amores de Mirtilo? + +--Persisto y persistiré mientras Clara crea yo que le ama. + +--¿Espera V. triunfar de la tenacidad de Doña Blanca é impedir la boda +con D. Casimiro? + +--Lo espero, aunque es difícil. + +--¿Me atreveré á preguntar de qué medios va V. á valerse para vencer esa +dificultad? + +--Atrévete; pero yo me atreveré también á decirte que esos medios no +tienes tú para qué saberlos. Confía en mí. + +-Aunque V., tío, está tan misterioso conmigo, que todo se lo calla, voy +á portarme con generosidad: voy á revelar á V. mis secretos. Sé que Don +Carlos de Atienza le escribe á V. También á mí me ha escrito. Pero V. no +ha hecho lo que yo. V. no ha puesto al pobre desterrado en comunicación +con Clara: yo sí. Yo he escrito á Clara tres cartas nada menos, y á +fuerzas de súplicas he logrado que el P. Jacinto se las entregue. En mis +cartas copio á Clara algunos párrafos de los que me ha escrito D. +Carlos. + +--Ese secreto le sabía en parte. El P. Jacinto me había dicho que había +entregado tus cartas. + +--Pues, ¿vaya que no sabe V. otra cosa? + +--¿Qué? + +--Que Clara me ha contestado. La contestación vino ayer por el aire, +como la carta primera que juntos leímos. + +--¿Tienes ahí la nueva carta? + +--Sí, tío. + +--¿Quieres leerla? + +--No lo merece V.; pero yo soy tan buena, que la leeré. + +Lucía sacó un papel de su seno. + +Antes de leer, dijo: + +--En verdad, tío, esto me pone muy cuidadosa y sobresaltada. Clara, en +los días que lleva de soledad, ha cambiado mucho. ¡Hay en su carta tan +singular exaltación, tan profunda tristeza, tan amargos pensamientos!... + +--Lee, lee --dijo el Comendador con viva emoción. Lucía leyó como +sigue: + +"Amada Lucía: Mil gracias por todo cuanto estás haciendo por mí. Sería +yo desleal si te ocultase nada de lo que siento. Ni al P. Jacinto me he +confiado hasta ahora; pero á tí todo te lo confío. En mi ser pasa algo +de extraño, que no acierto á entender. Quiero aún á D. Carlos. Y, no +obstante, conozco que no debo darle esperanzas; que no debo casarme con +él nunca; que me toca obedecer á mi madre, la cual anhela mi boda con D. +Casimiro. Pero lo singular es que ha entrado en mi alma, en estos días, +un sentimiento tan hondo de humildad, que hasta de D. Casimiro me hallo +indigna. Á solas conmigo he penetrado en el fondo de mi conciencia y me +he perdido allí en abismos tenebrosos. Cuando mi madre, que es buena y +me ama, encuentra en mí no sé qué levadura, no se qué germen de +perversión, no sé qué mancha más negra del pecado original que en las +demás criaturas, razón tendrá mi madre. Sí, Lucía: quizás en este pecho +mío, en apariencia tranquilo; bajo la inocencia y superficial sencillez +de mis pocos años, van adquiriendo ya ser y vida vehementes y malas +pasiones, como nido de víboras bajo apiñadas rosas. Lo conozco: mi madre +tiembla por mí; recela de mi porvenir, y tiene razón. Yo me examino, me +estudio y me asusto. Descubro en mí la propensión, difícil de resistir, +á todo lo malo. Veo mi maldad nativa y mi inclinación al pecado por +instinto. ¿Como comprender de otra suerte que yo, educada con tanto +recogimiento y en tan santa ignorancia de las cosas del mundo, haya +tenido la diabólica malicia de ponerme en relaciones con D. Carlos, de +hacerle creer que le amaba, mirándole sólo (figúrate con qué perversidad +le miraría), y de atraerle hasta aquí, obligándole á que me siguiera, y +todo con tan infernal disimulo, que mi madre nada sabe? Todavía, si es +posible, hay en mí algo peor. Lo noto, lo percibo y no sé, ni quiero, ni +me atrevo á examinarlo. Lo que sí te declararé es que para mí el mundo +ha de ser más peligroso que para otras mujeres, por naturaleza mejores. +Lo que no hay en mí por naturaleza debo pedirlo por gracia al cielo. En +él cifro mi esperanza. Procede, pues, que yo me aparte del mundo y +busque el favor del cielo. Ya sabes tú cuánto he repugnado hasta aquí +entrar en religión. No me juzgaba merecedora de ser esposa de Cristo. En +esto no he variado, sino para juzgarme aún menos merecedora. En lo que +sí he variado es en reconocer que, por mala que sea una persona, jamás +debe desesperar de la bondad de Dios. Su Divina Majestad, si hago una +vida santa, si me arrepiento, si me mortifico durante el noviciado, me +dará fuerzas y merecimientos después para tomar el velo, sin que sea +insolente audacia tomarle. Nada he dicho aún á nadie de esta reciente +resolución; pero estoy decidida. Hablaré de esto al padre Jacinto para +que él hable á mi madre, la convenza de que me conviene y quiero ser +monja, y en vista de mi resolución desengañe á D. Casimiro. Desengaña +tú, desde luego, al infeliz D. Carlos. No te niego que le he querido, +que le quiero aún; pero no se lo digas. Díle que quiero á otro; que en +mi corazón hay un inmenso vacío, donde reinan pavorosas tinieblas. No +basta D. Carlos á llenar ni á iluminar este vacío, y si Dios no le llena +y le ilumina, me moriré de miedo, y lo menos doloroso que ocurrirá será +que le llene mi perturbada imaginación con espectros horribles que +surgen de mi atribulada conciencia. Adiós." + + + + +XX + +La lectura de escrito tan melancólico aguó el contento del paseo del +Comendador y de su sobrina. Apenas se hablaron ya hasta volver á casa. + +Aquella crisis repentina del alma de Clara puso á D. Fadrique taciturno. + +Las ideas que acudían á su mente no eran para reveladas á su sobrina. + +Pensaba el Comendador que el perpetuo roce del espíritu de Doña Blanca +con el de su hija; que la presión que ejercía en aquella joven de diez y +seis años el severo y atrabiliario carácter de su madre, y que los +terrores de que había cargado su conciencia, tenían á la pobre Clara en +un estado de ánimo no muy distante del delirio. La carta á Lucía era la +señal alarmante que Clara daba de aquel estado. + +El Comendador, empero, aunque lleno de zozobra, decidió no intervenir +aún en nada. La resolución de la crisis podía ser favorable si él no +intervenía. Su intervención podía hacerla más peligrosa. + +La sinceridad de Clara era evidente. De súbito sin que el P. Jacinto, ni +nadie, se lo inspirase, había cambiado de propósito y se hallaba +resuelta á ser monja. Harto se comprende que para las creencias del +Comendador esta resolución era funesta; pero en virtud de esta +resolución era casi seguro que D. Casimiro sería despedido. Iba á +eliminarse un obstáculo; iba á descartarse un adversario. + +D. Fadrique determinó, pues, aguardar con calma, sin dejar de estar á la +mira. + +Al mismo P. Jacinto no le insinuó ningún aviso que pudiera servirle de +regla de conducta. Se fió por completo, de su buen natural, y le dejó +seguir libremente sus propias inspiraciones. + +La prudencia del Comendador se vió coronada del éxito al cabo de pocos +días. + +Doña Blanca, persuadida de que la súbita vocación de su hija era sincera +y profunda, tuvo con D. Casimiro una conversación muy afectuosa y grave, +y le dió sus pasaportes. + +El P. Jacinto ponderó el fervor de Clara y animó á Doña Blanca para que +á la mayor brevedad la dejase entrar de novicia en un convento de +carmelitas descalzas que en la ciudad había. + +D. Valentín se avino á todo sin chistar. + +Clarita hubiera, pues, entrado en seguida en el convento, como lo +deseaba y lo pedía; pero la crisis de su alma había influído +poderosamente sobre su hermoso cuerpo. Sus ojeras eran más obscuras y +extensas que de ordinario; había adelgazado mucho; la palidez de su +rostro hubiera inspirado miedo, si su rostro no hubiera sido tan +hermoso; su distracción y su embebecimiento parecían á veces más propios +de un ser del otro mundo que de una criatura de éste, y en su andar +vacilante y en el brillo momentáneo de sus ojos, seguido siempre del +prolongado adormecimiento de tan divinas luces, había como un mal +agüero, como un anuncio fatídico, que no pudo menos de perturbar la +férrea conciencia de Doña Blanca, de doblegar bastante su +inflexibilidad, y de aterrarla por último. + +Las causas del cambio de Clara eran vagas y confusas; pero Doña Blanca +reconocía que de su modo de educar á Clara, de su involuntario y tenaz +prurito de mortificarla y asustarla con los peligros del mundo y con su +propia condición de pecadora, y de aquel duro yugo que desde la infancia +había hecho pesar sobre la conciencia de su infeliz hija, provenía en +gran parte la situación en que se hallaba. El motivo, ó mejor dicho, la +ocasión de exacerbarse el mal y de aparecer de repente con tan medrosos +síntomas, era para todos un misterio. Esto no obstaba para que Doña +Blanca empezase á temer que pudiera caer sobre ella el crimen de +infanticidio por esquivar el delito de hurto. + +Doña Blanca procedió, pues, con inusitada blandura y exquisita +prudencia; pero sin desmentir su carácter y sin faltar á su más +importante propósito. + +No contenta con estar persuadida de la firme resolución que tenía Clara +de tomar el velo, hízola prometer que profesaría. Y esto de suerte que +la promesa no pareció arrancada por instigación de Doña Blanca, sino á +su despecho. Así se aseguraba Doña Blanca de que su hija, renunciando al +mundo, renunciaría á los bienes de D. Valentín y no podría transmitirlos +á nadie. + +Pero Doña Blanca no quería matar á su hija. Atormentábase previamente +con el remordimiento de que fuera al claustro desesperada y herida de +muerte. Deseaba verla profesar, pero alegre, lozana, llena de vida; no +apareciendo como una víctima, sino con el deleite, el gozo y la +satisfacción de una esposa que vuela á los brazos de su gallardo y feliz +prometido. + +Á fin de lograr que las cosas fueran así, Doña Blanca puso á un lado su +constante severidad; empezó á tratar á Clara hasta con mimo, y anhelante +de que recobrase la alegría y la salud, rompió el entredicho; abrió las +puertas de su casa para Lucía, y consintió en que Clara volviese á salir +con ella de paseo, aun á pesar del Comendador. + +Doña Blanca, no obstante, antes de dar este permiso, preparó á su hija +contra D. Fadrique, pintándosele como un monstruo de impiedad y de +infamia, y recomendándole mucho que hablase con él lo menos posible. + +Doña Blanca, entre tanto, se propuso seguir encastillada en su caserón, +sin ver á nadie más que al P. Jacinto, y á Lucía, si acaso. + + + + +XXI + +El destino de D. Casimiro es el más extraño y caprichoso entre los de +cuantos personajes figuran en esta historia. En el tejido de su vida +había puesto él un orden envidiable y gastado poquísimo. Así es que, por +más que D. Casimiro distase mucho de ser un águila en nada, había +atinado á darse tan buena traza con economía y juicio, que era un señor +acaudalado para lo que entonces se usaba en Villabermeja. Esto se lo +debía á sí mismo, y de ello podía estar con razón y estaba orgulloso. Lo +que debió á la casualidad, á un conjunto de hechos para él +inexplicables, fué el momentáneo encumbramiento á novio de su linda y +rica sobrina la señorita Doña Clara. + +Con cincuenta y seis años de edad, no pocos padecimientos y la facha que +ya hemos descrito, don Casimiro mismo, á pesar de su amor propio, que no +era flojo, había hallado, allá en el centro de su conciencia, un si es +no es inverosímil que le quisiesen casar con aquel pimpollo. El amor +propio, no obstante, es ingeniosísimo, estando casi siempre su ingenio +en razón inversa del ingenio de las personas; por donde D. Casimiro +imaginó pronto que en su alma había de haber tan escondidos tesoros de +bondad y de belleza, y que en sus modales y porte habían de transcender +tal distinción hidalga y tal elegancia ingénita, que, descubierto todo +por los ojos zahoríes de Doña Blanca, bastó y sobró para que ella +ansiase tener á D. Casimiro por yerno. Don Casimiro, pues, desde que +empezó á ser novio de Clara, se puso más orondo y satisfecho que antes. + +Terrible fué el desengaño cuando Doña Blanca le despidió. El enojo +interior de D. Casimiro no fué menos terrible; pero él era encogido y +muy torpe para expresarse; Doña Blanca hablaba bien y con autoridad é +imperio, y el Sr. D. Casimiro se tragó su enojo, y recibió los +pasaportes, hecho manso cordero. + +Como sucede á todas las personas débiles y soberbias á la par, la ira de +D. Casimiro se fué aglomerando después y poco á poco en el corazón, +cuando se detuvo á considerar el chasco que se le daba y el desaire +grandísimo que se le hacía. + +Cierto que el rival por quien Clara le dejaba era Dios mismo; pero D. +Casimiro no se aplacaba con esto. + +--¿Si querrá ser monja --decía,-- para no casarse conmigo? Valiera más +haberlo pensado con tiempo y no ponerme en ridículo ahora. Sin duda que +para mí es menos cruel que me deje por tan santo motivo que no que me +deje para casarse con otro mortal. Yo no hubiera consentido esto último. +Nos hubieran oído los sordos. Yo hubiera tenido un lance con mi rival. +Pero ¿contra Dios qué he de hacer? + +Don Casimiro se consolaba algo con la imposibilidad de tener un lance +con Dios, y hasta con la obligación piadosa en que se veía de +resignarse. + +Su encono contra Doña Blanca y contra Clarita no se mitigaba, á pesar de +todo. No había quedado perro ni gato, en diez leguas á la redonda, á +quien D. Casimiro no hubiera dado parte de su ventura. Ahora, su caída y +su desventura debían de ser é iban siendo no menos sonadas, y, por +desgracia, harto más aplaudidas. + +La vanidad del hidalgo bermejino recibía desaforados golpes. Pero ¿cómo +vengarse? + +--La venganza es el placer de los dioses --exclamaba á sus solas el +dichoso hidalgo;-- pero decididamente yo no soy un dios. ¿Qué me +conviene hacer? Es refrán frailuno, y muy discreto, que _la injuria que +no ha de ser bien vengada ha de ser bien disimulada_. Disimulemos pues. +También hay otro refrán que reza: _Cachaza y mala intención_. Sigamos lo +que prescriben dichos refranes. Lo primero que me importa es dejar ver +que no me afligen los desdenes de Clarita. Si ella no me quiere, otra +que vale tanto como ella, más que ella, estoy seguro de que me querrá. +Voy á volver á pretender á Nicolasa. No es rica, pero es mejor moza que +Clarita. + +Sin desistir, por consiguiente, de vengarse si se presentaba ocasión +cómoda para ello, D. Casimiro resolvió enamorar estrepitosamente á +Nicolasa, esperando que así daría picón á la futura carmelita, ó +probaría al menos que tenía por amiga una mujer de mucho mérito. + +Nicolasa, en efecto, lo era. Hija del tío Gorico y de su primera mujer, +alcanzaba fama en casi toda la provincia por su singular hermosura, +discreción y rumbo. Caballeros, ricos hacendados y hasta usías ó señores +de título, menos comunes entonces que ahora, habían suspirado en balde +por Nicolasa, la cual, con modesta dignidad, había respondido siempre en +prosa aquello que dice en verso cierta dama de una antigua comedia nada +menos que al Rey: + +Para vuestra dama, mucho; +Para vuestra esposa, poco. + +Nicolasa excitaba y provocaba con sus risas, con sus ojeadas lánguidas y +con su libertad y desenvoltura. Los hombres se prendaban de ella, la +perseguían y se llenaban de esperanzas; pero, no bien querían +propasarse para que se lograsen, Nicolasa se revestía de gravedad y +entono, propios de la mejor heroína de Calderón, hablaba de la +inestimable joya de su castidad y limpísima honra, y ponía á raya todo +atrevimiento, todo desmán y todo propósito amoroso algo positivo que no +llevasen por delante al padre cura. + +Nicolasa había heredado de su madre ciertas prendas que valen más que +los bienes de fortuna, porque los conservan, si los hay, y suelen +proporcionarlos, si no los hay. Tenía don de mando y don de gentes, +extraordinaria energía de voluntad y perseverancia en sus planes. Se +había propuesto ó ser una señorona principal ó quedarse para vestir +imágenes, y, sirviéndole esto de pauta, ajustaba á ella todos los actos +de su vida. + +Aunque el tío Gorico había contraído segundas nupcias, y Nicolasa tuvo +madrastra en vez de madre casi desde la infancia, lejos de contribuir +esto á que se criase con menos mimo, había ocasionado lo contrario. La +madre de Nicolasa había sido tremenda, dominante, feroz: una Doña Blanca +á lo rústico; mientras que Juana, la segunda mujer del tío Gorico, era +la propia dulzura, sometida siempre á su marido, quien á su vez no hacía +más que lo que á Nicolasa se le ocurría. Nicolasa lo podía y mandaba +todo en casa de su padre, menos impedir que el tío Gorico dejase de +beber bebida blanca. + +Los preliminares amorosos de Nicolasa, que estaba entre los veinte y +los treinta años de su edad, habían sido ya innumerables. Todos sus +amores habían muerto al nacer. Á los pretendientes encopetados los había +Nicolasa despedido, apelando al cura. Á los pretendientes de su clase +los había desdeñado cuando ya llegaban á lo serio y hablaban del cura +ellos mismos. + +Nicolasa, no obstante, como todas las mujeres frías, pensadoras y +traviesas, había sabido retener en sus redes, en este crepúsculo de +amor, que califican de platónico, á varios suspiradores perpetuos, de +los que llaman en Italia _patitos_. Uno, sobre todo, pudiera servir de +ejemplo portentoso por su pertinacia, resignación y fervor en las +incesantes adoraciones. Tal era el hijo del maestro herrador, Tomasuelo. + +Desde los diez y siete hasta los veinticinco años que ya tenía, estaba +como en cautiverio agridulce. Jamás Nicolasa le dijo que le amaba de +amor, y jamás le quitó la esperanza de que tal vez un día podría amarle. +En cambio, le declaraba de continuo que le amaba más de amistad que á +ningún otro ser humano; y cuando le declaraba esto, se le veía al chico +hasta la última muela, sentía una beatitud soberana, y daba por bien +empleados sus, para otras cosas, inútiles y perennes suspiros. + +Y no se crea que Tomasuelo era canijo, ruín y tonto. Tomasuelo era +listo, despejado y fuerte: el mozo más guapo del lugar; pero Nicolasa le +había hechizado. Con un rayo de luz de sus ojos podía darle una dosis de +aparente bienaventuranza que le durase una semana. Con una palabra sola +podía hacerle llorar como si fuese un niño de cuatro años. + +Las cadenas en que Tomasuelo gemía y gozaba á la vez de verse cautivo, +estaban suavizadas para el mozo, y en cierto modo justificadas para el +público, con notable habilidad y profundo instinto. Tomasuelo podía +entrar cuando se le antojase en casa del tío Gorico, ver á Nicolasa, +requebrarla, mirarla con amor, acompañarla cuando salía; en suma, +servirla y cuidarla, sin que nadie fuese osado á censurar lo más mínimo. +Aunque entre Nicolasa y el hijo del herrador no había el más remoto +grado de parentesco, Nicolasa había preconizado á Tomasuelo por su +hermano. Dios naturalmente no le había dado objeto en quien poner amor +fraternal; pero ella, que sentía con viveza y hondura este amor, se +proporcionó á Tomasuelo para consagrársele. Con frases sencillas y con +ánimo imperturbable, Nicolasa explicaba de esta manera sus extrañas +relaciones con Tomasuelo; y como Tomasuelo hacía gala de su adoración +espiritual y se lamentaba resignado de no ser querido de otra suerte, +todos en el lugar, lejos de censurar, se maravillaban de aquel purísimo +y angélico lazo que estrechaba así dos almas. + +Cuanto pretendiente se acercaba á Nicolasa era respetado por Tomasuelo, +quien no le ponía el menor estorbo, durante los preliminares y +coqueteos; pero si más tarde se extralimitaba y dejaba ver que venía con +mal fin, ya podía temer el enojo y las pesadas manos de aquel hermano +adoptivo, celoso de la honra de su familia. Asimismo Tomasuelo se ponía +zahareño y poco agradable en su trato con todo aquel rival que por +cualquier causa era despedido definitivamente y seguía importunando. + +Don Casimiro había estado, antes del noviazgo con Clara, en un largo +período de coqueteo con Nicolasa, la cual, con exquisita circunspección, +había sabido ir templando y moderando la máquina de los efectos, á fin +de no precipitar al hidalgo en declaraciones y demostraciones tales, que +no tuviesen ya más salida que la de ponerle en la disyuntiva de prometer +boda ó de abandonar la empresa. Gracias á esta conducta, que pasa de +hábil y raya en primorosa, D. Casimiro no había sido despedido; sus +amores con Nicolasa habían sido como aurora, como amanecer poético de un +día, que no llegó por haberse interpuesto el compromiso con Clarita. +Roto ya este compromiso, don Casimiro pudo volver, previo el perdón de +su inconsecuencia, pedido con humildad y concedido magnánimamente, al +mismo punto en que lo había dejado: al amanecer, á la aurora. + +Las cosas estaban dispuestas con tal arte, que en lugar de escamarse un +pretendiente con Tomasuelo, lo primero que tenía que hacer era como +impetrar el beneplácito de aquel espiritual hermano, tan celoso, +vigilante é interesado en el bien de su hermanita. D. Casimiro obtuvo la +confianza y venia de Tomasuelo, y lo consideró buena señal. + +Abandonada la ciudad, y vuelto D. Casimiro á reales de Villabermeja, se +puso á galantear á Nicolasa con la imprudencia y el ímpetu del +despechado. Ella era harto discreta para no conocer que entonces ó +nunca: que la fortuna le presentaba el copete y que importaba asirle. D. +Casimiro buscaba en Nicolasa refugio y compensación contra el desdén de +Clarita. D. Casimiro estaba en su poder. + +Nicolasa provocó la declaración seria y definitiva. Hecha ésta, planteó +los dos términos del fatal dilema: ó promesa formal de casamiento, ó +despedida y nuevas calabazas ruidosas. D. Casimiro no pudo resistir y +prometió casarse. + +Espantoso día de prueba fué aquel en que supo este triunfo el platónico +Tomasuelo. Hasta entonces no había tenido rival que fuese más dichoso +que él. Ya le tenía. La amargura de los celos le acibaró el corazón; +las lágrimas brotaron en abundancia de sus ojos. + +Cuando vió á solas á Nicolasa, con los ojos encarnados de llorar y con +voz trémula le dijo: + +--¿Conque cedes al amor de D. Casimiro? ¿Conque vas á casarte? ¿Conque +me matas? + +--Calla, tontito mío, contestó ella.--¿Á qué vienen esas quejas? ¿Te he +engañado yo jamás? + +--No; no me has engañado. + +--¿Querías que dejase pasar tan buena proporción de ser señora principal +y millonada? ¿Tan mal me quieres, egoísta? + +--No porque te quiero mal, sino porque te quiero á manta, lo siento y lo +lloro. + +Y Tomasuelo lloraba en efecto. + +--Anda, no llores, majadero. ¡Si vieses qué feo te pones! ¿Quién ha +visto llorar á un hombrón como un castillo? + +--Pero ¡si no puedo remediarlo! + +--Sí puedes; haz un esfuerzo, ten valor y sosiégate. Ten en cuenta que, +de aquí adelante, no sólo hallarás en mí á una hermana, sino á una +madrina y á una protectora muy pudiente. + +--¿Y á mí qué se me da todo eso? Nada. Lo que yo codiciaba era tu +cariño. + +--Y no lo tienes como antes, ingrato? Pues qué, ¿los buenos hermanitos +dejan de amarse aunque se case uno de ellos? + +--No seas tramayona, no me aturrulles. Ya sabes tú que la ley que yo te +tengo no puede sufrir... + +--Vamos, vamos; déjate de niñerías. ¿Quién crees tú que ocupa y llena el +lugar más bonito, principal y escondido de mi corazón? Tú. Mi alma es +tuya. Te la dí toda con el amor que en ella se cría; con afecto de +hermana. ¿Qué sombra puede hacerte que sea yo la mujer legítima de D. +Casimiro? ¿Por eso hemos de dejar de querernos como hasta aquí, más que +hasta aquí? Nos querremos cuanto tú quieras y cuanto sea posible +quererse, sin ofender á Dios. ¿Supongo que tú no querrás ofender á Dios? +Contesta. + +--No, mujer; ¿cómo he de querer yo ofender á Dios? Pues qué, ¿no soy +buen cristiano? + +--Lo eres. Es una de las partes que más aprecio en tí. Por eso confío en +que pienses que voy á ser esposa de otro y no desees nada. Sólo el deseo +es ya pecado. Acuérdate de los mandamientos. + +--Oye, ¿y está en mi poder no desear? + +--Sí. Cállate; no digas nada á nadie, ni á tí mismo, cuando desees, y el +silencio matará el deseo. + +--Me matará á mí antes. + +Tomasuelo lloró más fuerte que nunca. Las lágrimas caían á modo de +lluvia, acompañadas por tempestad de sollozos. + +--¡Por vida de los hombres endebles! --exclamó Nicolasa.-- ¿Qué locura +es ésta? Cálmate, por Dios y ten pecho ancho. + +Nicolasa, con suma blandura, enjugó las lágrimas del mozo con el propio +pañuelo de ella; luego le dió tres ó cuatro palmaditas en el grueso y +robusto cogote; luego le hizo unas cuantas muecas como remedando la +desconsolada cara que ponía, y, por último, le pegó un afectuoso y +archi-familiar tirón de las narices. + +Tomasuelo no supo resistir á tanto favor y regalo. Como rayos de sol +entre nubes, la alegría y la satisfacción aparecieron en sus ojos á +través de las lágrimas. La boca de Tomasuelo se abrió, enseñando la +blanca, completa y sana dentadura. No pudo sonreír, porque se quedó +boquiabierto y como traspuesto. + +Nicolasa entonces repitió los cogotazos; añadió al tirón de las narices +unos cuantos tirones de las orejas, y Tomasuelo pensó que se le llevaban +al paraíso y que era el más feliz de los mortales. + +En esta situación de ánimo convino en que Nicolasa debía casarse con D. +Casimiro; en que él debía seguir siendo su hermano, sin pensar, ó sin +decir al menos que pensaba en otra cosa; y concibió con claridad, más +que por el discurso y las razones, por los blandos cogotazos y por los +tirones de orejas, toda la suavidad, hechizo, consistencia y deleite del +amor espiritual que á Nicolasa le ligaba. + +Así venció Nicolasa los obstáculos todos y aseguró su proyectada boda +con D. Casimiro. + +La fama difundió al punto la noticia por toda Villabermeja; salvó luego +su término y la llevó á la ciudad, y á los oídos del Comendador, de su +familia y de los señores de Solís. + +El Comendador había sido visitado por D. Casimiro y le había pagado la +visita. No se habían hallado en casa y no se habían visto. La frialdad +de sus relaciones no hacía necesario más frecuente trato. + +No bien supo el Comendador el resuelto proyecto de boda entre D. +Casimiro y Nicolasa, fué á Villabermeja; visitó á la chacha Ramoncica y +tuvo una larga conferencia con ella, de cuyo objeto se enterará más +tarde el curioso lector. Después de esto se volvió á la ciudad D. +Fadrique. + + + + +XXII + +Clara había vuelto á salir de paseo con Lucía y acompañada del +Comendador y de Doña Antonia; pero Clara estaba cambiada. + +Su palidez y su debilidad eran para inspirar serios temores. Su +distracción continua asustaba también al Comendador. Cuando éste le +dirigía la palabra, Clara se estremecía como si la sacasen de un sueño, +como si cortasen el vuelo remontado de su espíritu y le hiciesen caer de +pronto del cielo á la tierra, á modo de pajarillo herido por el plomo +allá en lo sumo del aire. + +Á pesar de la benignidad y dulce condición de Clara, D. Fadrique +advertía con pena que aquella linda criatura esquivaba su conversación; +casi no le respondía sino con monosílabos, y hasta procuraba que él no +le hablase. + +Con Lucía era Clara más expansiva, y Lucía seguía siéndolo siempre con +el Comendador. Por medio, pues, de Lucía penetraba aún el Comendador en +el espíritu de aquel ser querido y comunicaba algo con él. + +Las nuevas que Lucía le daba eran en substancia siempre las mismas, si +bien más inquietantes cada vez. + +--No lo comprendo, tío --decía Lucía,-- pero á veces me doy á cavilar +que á Clara le han dado un bebedizo. ¡Tiene unos terrores tan +inmotivados! ¡Siente unos remordimientos tan fuera de razón!... No sé +qué sea ello. Doña Blanca le ha puesto tan feroces escrúpulos en el +alma, le ha hecho recelar tanto de su apasionada natural condición... +que la infeliz se cree un monstruo, y es un ángel. Tal vez imagina que +la persiguen las furias del infierno, los enemigos del alma, una legión +entera de diablos, y entonces no se considera en salvo sino acogiéndose +al pie del altar. Es menester que avisemos á D. Carlos que venga pronto, +á ver si liberta á Clara de este género de locura. + +El Comendador y Lucía escribieron con la misma fecha á D. Carlos de +Atienza, participándole la novedad de la despedida de D. Casimiro, de la +resolución de Clara de retirarse á un convento y del estado poco +satisfactorio de su salud. Don Carlos partió desatentado de Sevilla, y +estuvo en la ciudad á poco. + +Con el mismo recato y disimulo de siempre Don Carlos volvió á ver á +Clara en los paseos que ésta daba con Lucía; pero la delicada salud de +Clara le llenó de desconsuelo. Y más aún, si cabe, le atormentó y +afligió el ver á Clara esquiva, tímida como nunca, apartándose de él y +no queriendo apenas hablarle, aunque mirándole á veces con involuntarias +amorosas miradas, que se conocía que ella dejaba escapar á su despecho, +y con las cuales, más que amor, reclamaba piedad, conmiseración y hasta +perdón por su inconsecuencia de dejarle, de haber alentado sus +esperanzas, y de matarlas ahora entrando en el claustro. + +La desesperación de D. Carlos de Atienza llegó á su colmo. Con no poca +amargura echaba la culpa de todo al Comendador. + +--Para esto --decía-- me obligó V. á que me ausentase. En esto han +parado las promesas de arreglarlo todo en menos de un mes: en que Clara +se me esté muriendo, y en que además haya dejado de amarme y quiera ser +monja; en que acabe por tomar el velo... y luego la mortaja. Pero yo me +moriré también. Yo no quiero sobrevivir. Me mataré si no me muero. + +El Comendador no sabía qué responder á tales quejas. Procuraba consolar +á D. Carlos, que le juzgaba indiferente y extraño; que ignoraba que él +tenía mayor necesidad de consuelo. + +Iba D. Fadrique á buscarle en el P. Jacinto. Iba asimismo á buscar en él +alguna luz sobre aquel misterio; pero ¡caso extraño! el P. Jacinto, todo +franqueza y jovialidad antes, se había vuelto muy grave, muy misterioso +y muy callado. + +Don Fadrique entrevía, no obstante, que el padre Jacinto aprobaba la +resolución de Clara de ser monja. Esto le ponía fuera de sí, y á veces +estaba á punto de romper con el P. Jacinto y de mirarle como á amigo +desleal ó como á fanático sin entrañas. + +Con todo, en medio de sus tribulaciones el Comendador se reportaba y no +perdía la calma. Había tomado sus medidas. Su conducta estaba prescrita +y determinada con firmeza, y aguardaba sereno el resultado. + +Este no tardó mucho en venir. + +Era muy de mañana cuando trajo un criado desde Villabermeja una carta +para D. Fadrique. Don Fadrique la leyó rápidamente, estando en la cama +aún. Se levantó á escape, se vistió y se fué al convento de Santo +Domingo en busca de su maestro. + +El padre acababa de levantarse y recibió á Don Fadrique en su celda. +Sentados ambos, como en la otra celda de Villabermeja, hablaron de este +modo. + + + + +XXIII + +--Padre Jacinto --dijo el Comendador con aire de jubiloso triunfo--, +Clara es libre ya. No es menester que se case con D. Casimiro ni que sea +monja. + +--¿Cómo es eso, hijo mío? + +--He dado por ella una suma igual á todo el caudal de D. Valentín. + +--¿Á quién? + +--Á D. Casimiro. + +--¿Y con qué razón? ¿Con qué pretexto ha podido aceptarla? + +--La ha aceptado con una razón que promete callar; por un motivo +secreto. + +--¡Válgame Dios, hijo mío! ¡Qué delirio! ¡Qué sacrificio inútil: Y +dime... ese motivo secreto... ¡Confiar así á D. Casimiro la honra de una +familia ilustre!... + +--Yo no le he confiado nada. + +--¿Pues de qué medio te has valido? + +--De una mentira; pero mentira indispensable y con la cual nadie pierde. + +--¿Puedo saber esa mentira? + +--Todo lo va V. á saber. + +El padre prestó la mayor atención. Don Fadrique prosiguió diciendo: + +--De sobra sabe V. que Paca, la primera mujer del tío Gorico, fué una +mala pécora. + +--Es evidente. Dios la haya perdonado. + +--La buena reputación de Paca no tiene nada que perder. + +--Absolutamente nada. + +--Pues bien. Hay la feliz coincidencia de que Nicolasa nació pocos meses +después de mi ida de Villabermeja, cuando estuve allí de vuelta de la +Habana. + +--¿Y qué? + +--He hecho creer primero á la chacha Ramoncica, con el mayor sigilo, que +Nicolasa es hija mía. Le he dicho que un deber imperioso de conciencia +me obliga á dotarla, ahora, que ella se va á casar. La chacha entiende +poco de números. Se ha espantado, no obstante, de la enorme cantidad que +yo quería dar por dote; pero la he echado de espléndido y me he supuesto +más rico de lo que soy. Á las observaciones que la chacha me ha hecho, +he respondido que mi resolución era irrevocable. He persuadido, por +último, á la chacha de que no conviene que Nicolasa sepa los lazos que á +ella me unen, y que es más delicado y honesto que lo sepa sólo el +sujeto que va á ser su marido. He logrado, pues, que la chacha se +encargue de persuadir á D. Casimiro á que tome lo que libre, aunque +misteriosamente, quiero dar y doy á su futura. No creo que la chacha +haya tenido que hacer grandes gastos de elocuencia para convencer á D. +Casimiro de que debe aceptar. Don Casimiro me ha escrito esta carta, +donde me dice que acepta, me colma de elogios por mi generosidad, y me +promete callar el motivo de la donación que le hago, y la misma +donación, hasta donde sea posible. + +El P. Jacinto leyó la carta que le entregó D. Fadrique. Luego sacó éste +del bolsillo un paquete de papeles. Le puso sobre la mesa y dijo: + +--Aquí están los papeles todos que se requieren para formalizar la +donación, la cual deseo que se lleve á feliz término por medio de V. +Éste es el poder más amplio, otorgado ante un escribano de esta ciudad, +para que V. disponga, venda, enajene y haga lo que convenga con todo +cuanto me pertenece. Éstas son las cartas á los banqueros que tienen +fondos míos, poniéndolos todos á la orden de V. Ésta, por último, es la +lista, inventario, cuenta ó como quiera llamarse, de lo que en poder de +dichos banqueros tengo hasta ahora; y esta otra es la cuenta de lo que +valen los bienes de D. Valentín, justipreciados por peritos. Escasamente +llegará lo mío á cubrir el importe de lo que disfruta dicho señor; pero +V. sabe que poseo algunas finquillas, y, si fuere menester, supliré la +falta. Querido maestro, V. va á ser ejecutor fiel y pronto de mi +decidida voluntad, de la cual pretendo que dé V. noticia y testimonio á +Doña Blanca, exigiéndole en cambio de mi parte la libertad de mi hija. Y +digo exigiéndole la libertad de mi hija, porque si no le da libertad, si +no procura quitarle de la cabeza tanto insano delirio, si no determina +curarla de la mortal enfermedad de alma y de cuerpo, que su orgullo, su +fanatismo y sus remordimientos, mil veces más odiosos que el pecado, han +hecho nacer, yo me he de vengar, dando el más insolente escándalo que se +ha dado jamás en el mundo. Espero que aceptará V. gustoso mi encargo. + +--Le acepto, --respondió el padre;-- mas no sin condiciones. Yo no he de +ser el instrumento de tu ruína, si tu ruína es inútil. + +--¿Y por qué inútil? + +--Porque Clara, á mi ver, no desistirá ya de tomar el velo. + +--¿Cómo que no desistirá? Sobre Clara pesa el yugo férreo de su madre. +Quitémosle ese yugo, y Clara volverá á vivir, y volverá á amar á su +gallardo estudiante, y se casará con él, y será dichosa. + +--Lo dudo. + +--Yo no lo dudo. Lo que no me explico es cómo se ha vuelto V. tan +tétrico. + +--Me parece que es ya tarde, --dijo el P. Jacinto, suspirando. + +--Voto al mismo Satanás --replicó D. Fadrique:--no es tarde aún, si la +dicha es buena. Vaya usted hoy mismo á ver á Doña Blanca. Infórmela de +todo. Convénzala de que es libre Clara; de que los bienes que de D. +Valentín ha de heredar están ya pagados. Sepa Doña Blanca que yo rescato +misteriosamente á nuestra hija. Sepa también que si no admite el +rescate, romperé todo freno; lo diré todo; seré capaz de una villanía; +la deshonraré en público; leeré á D. Valentín cartas que aún de ella +conservo; haré doscientas mil barbaridades. + +--Vamos, hombre, modérate. En seguida iré á hablar con Doña Blanca. Ella +es madrugadora. Estará ya de punta y me recibirá. Aguárdame en tu casa, +y allá acudiré á referirte mi entrevista. + +--En casa aguardaré á V. Apresúrese, padre, porque estoy devorado por la +impaciencia. + +Dicho esto, el fraile y D. Fadrique se levantaron y salieron juntos de +la celda á la calle, por la cual caminaron en silencio, hasta que el uno +entró en casa de su hermano y el otro en casa de Doña Blanca Roldán. + +Dando paseos por su estancia; despidiendo desabridamente á la curiosa +Lucía, que asomó la rubia cabeza á la puerta, y preguntó, como de +costumbre, qué había de nuevo, y lleno todo de agitación, esperó D. +Fadrique más de hora y media. + +El fraile llegó al cabo; pero, antes de que abriese los labios, columbró +D. Fadrique, en lo melancólico que venía, que era portador de malas +nuevas. + +No bien entrado el fraile, cerró la puerta con llave el Comendador, para +que nadie viniese á interrumpirlos, y en voz baja dijo, mientras él y su +maestro tomaban asiento: + +--Cuente V. lo que ha pasado. No me oculte nada. + +--Hablaré en resumen, porque ha sido larga la discusión. Doña Blanca ha +celebrado tu generosidad. Dice que no atina á comprender cómo un impío +es capaz de acción tan noble. Supone que es obra del orgullo; pero al +fin la celebra. Mas no por eso te excita á que consumes el sacrificio. +Afirma que será inútil, y te ruega que no le hagas. Doña Blanca +considera que su hija tiene hoy una verdadera vocación; que Dios la +llama á ser su esposa; que Dios la quiere apartar de los peligros del +mundo; que Dios quiere salvarla, y que ella no puede, sin gravísima +culpa, retraer ahora á su hija de tan santos propósitos. + +--¡Hipocresía! ¡Refinamiento de maldad! --interrumpió D. Fadrique.-- ¿Y +V. no la ha amenazado con mi venganza? ¿No le ha dicho V. que estoy +determinado á todo; que le arrancaré la máscara; que se acordará de mí; +que la burla que de mí hace no quedará sin afrentoso castigo? + +--Se lo he dicho todo; pero Doña Blanca ha contestado que, si bien te +cree un hombre sin religión, todavía te tiene por caballero, y que no +teme de tí esas villanas é infames acciones con que en tu rabia la +amenazas. Añade, no obstante, que, aun cuando se engañase, aun cuando tú +te olvidases de la honra y te vengases así, lo sufriría todo antes de +disuadir á su hija contra lo que la conciencia le dicta. + +--Esa mujer está loca, P. Jacinto. Esa mujer está loca, y creo que su +locura es contagiosa; que á Clara y á V. los tiene ya enloquecidos, y +que falta poco para que yo también lo esté. Pero, lo juro por mi honor, +por Dios, por lo más sagrado: mi locura será de muy diversa índole. +Soñará con mi locura. Pues qué, ¿imagina que soy yo un segundo D. +Valentín? ¿Piensa que me someteré á sus monstruosos caprichos? ¿Entiende +que soy necio y que voy á creer lo que á ella se le antoje hacerme +creer? Clara tiene trastornada la cabeza, y por eso quiere ser monja de +repente. ¿Qué vocación ha de tener, cuando me consta que estaba, que +está aún, enamorada de ese muchacho rondeño, con quien podría ser +felicísima? Aquí hay algún misterio abominable. Algo se ha hecho para +infundir el delirio en Clara y perturbar su natural despejo. Yo ni +puedo, ni quiero, ni debo consentir extravagancias tan criminales. ¿No +comprende esa mujer de Satanás que la educación que ha dado á su hija, +que esos terrores que le ha infundido son como un veneno? ¿Quiere saciar +el odio que me tiene, asesinando á su hija, porque también es mi hija? + +--Comendador, ten sangre fría; mira que te engañas. Mira que Clara no +siente hoy la vocación religiosa por causa de su madre. + +--Me importa poco que sea hoy ó ayer cuando su madre le ha dado la +ponzoña. El corazón me dice que las rarezas, que los extravíos de Clara +provienen del tormento espiritual que le está dando su madre desde que +la niña tiene uso de razón. Esto es menester que acabe. Si Clara, cuando +esté en completa tranquilidad y serenidad de espíritu, sanos su cuerpo y +su alma, persiste en ser monja, que lo sea: yo no me opondré. Mi +sacrificio habrá sido inútil. No exhalaré una queja. Que disfrute de +todos mis bienes D. Casimiro. Pero mientras Clara esté enferma, casi +fuera de sí, con una especie de fiebre continua, no he de sufrir que se +tome ese estado febril por éxtasis místico, y esos ataques nerviosos por +llamamientos del cielo. Es mi hija, voto á quince mil demonios, y no +quiero que me la maten. Ahora mismo voy á ver á Doña Blanca. Romperé la +consigna para entrar. Romperé la cabeza á quien quiera oponerse á mi +entrada. Si no la veo y la hablo, estallo como una bomba. No me detenga +V., P. Jacinto. Déjeme V. salir. + +El Comendador había abierto la puerta, se había puesto el sombrero, y +forcejeaba por salir con el P. Jacinto, que procuraba detenerle. + +--Quien está desatinado eres tú --decía el padre.--¿Á dónde vas? ¿No +calculas el escándalo de lo que te propones hacer? + +--Déjeme V., Padre. Yo no calculo nada. + +--Esto es una perdición. Dios te ha dejado de su mano. Oye cuatro +palabras con reposo y haz luego lo que quieras. Carezco de fuerzas para +detenerte. + +El P. Jacinto cedió en su resistencia y el Comendador se paró á +escucharle. + +--Quieres ver á Doña Blanca, y la verás, pero con menos peligro de +lances y de escándalo. Pasado mañana va D. Valentín á la casería con el +aperador, á vender unas tinajas de vino. Entonces podrás ver y hablar á +Doña Blanca. Para evitar mayores males, te llevaré yo mismo. Yo +entretendré á Clara á fin de que hables á solas con Doña Blanca y le +digas cuanto tienes que decirle. Ya ves á lo que me allano. Ya ves á lo +que me comprometo. Vas á sorprender desagradablemente á Doña Blanca con +tu inesperada visita. Vuestra conversación va á tener algo de un duelo á +muerte; mas prefiero intervenir en él, ser cómplice en el delito de +vuestro espantoso diálogo, á que sucedan cosas peores. Por las ánimas +benditas, Comendador, aguarda hasta pasado mañana. Vendrás conmigo. +Verás á Doña Blanca. Por la amistad que me tienes, por la pasión y +muerte de Cristo te suplico que te calmes para entonces, y trates de que +sea lo menos cruel posible la entrevista que te voy á procurar. + +El Comendador cedió á todo, y agradeció al P. Jacinto los consejos que +le daba y la protección que le ofrecía. + + + + +XXIV + +Con febril impaciencia aguardó D. Fadrique el plazo que el padre le +había pedido. + +No hay plazo que no se cumpla, y dicho plazo se cumplió al cabo. +Cumpliéronse también los pronósticos del Padre. D. Valentín salió aquel +día muy de mañana con el aperador para ir á la casería, de donde no +pensaba volver hasta la noche. + +El Comendador, que lo espiaba todo, se preparó para la entrevista +prometida. El P. Jacinto no se hizo aguardar mucho tiempo y vino á +buscarle. + +Reconociendo que lo menos peligroso, lo menos ocasionado á males, era +que se viesen ambos cómplices, por si lograban entenderse y convenir en +algo acerca de la hermosa Clarita, no quiso el padre hablar con Doña +Blanca y proponerle una conferencia con el Comendador. Tenía por seguro +que se negaría, y que, ya sobre aviso, le haría más difícil, casi +imposible, el hacer entrar al Comendador hasta donde ella estuviese. +Así, pues, se resolvió por la sorpresa. Sabía las costumbres de la +casa, sabía las horas de todo, y todo lo dispuso con sencillez y +habilidad. + +Antes de las diez de la mañana, una hora después del almuerzo, Clara se +retiraba á su cuarto y Doña Blanca se quedaba sola en la sala donde +estaba de diario. + +El padre se puso en marcha en punto de las diez llevando al Comendador +en pos de sí. Entraron en el zaguán, y el padre dió dos aldabonazos. + +La voz de una criada gritó desde arriba: + +--¿Quién es? + +--Ave María purísima. Gente de paz, --contestó el padre. + +La moza, que reconoció la voz, tiró del cordel desde un balcón del piso +principal que daba al patio. Con este cordel se abría la puerta sin +bajar la escalera. + +La puerta se abrió, y entraron el Comendador y el fraile, sin que los +viese nadie, ni la misma criada que les había abierto, pues entre el +patio, á donde daba el balcón en que se hallaba la criada, y la puerta +de la calle, había otro zaguán, del cual arrancaba la escalera principal +ó de los señores. + +No bien entró el P. Jacinto con su compañero, cerró de nuevo la puerta y +dijo en alta voz: + +--Dios te guarde, muchacha. + +--Dios guarde á su merced, --contestó ella. + +Entonces el Comendador y su guía subieron rápidamente la escalera. Ya +en la antesala, donde tampoco había un alma, dijo el fraile á D. +Fadrique, señalándole una puerta: + +--Allí está Doña Blanca. Entra... háblale; pero ten juicio. + +Don Fadrique, con ánimo decidido, con verdadero denuedo, se dirigió á la +puerta señalada, entró, y la volvió á cerrar. + +No bien desapareció D. Fadrique, llegó la criada. + +--¡Hola! --dijo el P. Jacinto.-- ¿Está Doña Blanca sola? + +--Sí, padre. ¿No entra su merced á verla? + +--No; más tarde. Déjala tranquila. No entres ahora, que estará ocupada +en sus negocios. No la distraigamos. ¿Está Clarita en su cuarto? + +--Sí, padre. + +--Ea, vete á tus quehaceres, que yo voy á ver á Clarita. + +Y, en efecto, el P. Jacinto y la criada se fueron por su lado cada uno. + +Entre tanto, D. Fadrique se hallaba ya en presencia de Doña Blanca, +sorprendida, pasmada, enojada de tan imprevisto atrevimiento. Sentada en +un sillón de brazos, había levantado la cabeza al sonar el pestillo y la +puerta que se abría, había visto que la volvía á cerrar quien había +entrado, había reconocido al punto al Comendador, y aun casi inmóvil, +silenciosa, le miraba de hito en hito, sospechaba si estaría soñando, y +apenas si se atrevía á dar crédito á sus ojos. + +El Comendador se adelantó lentamente dos ó tres pasos. + +No saludó de palabra; no pronunció una sola: no hallaba, sin duda, +fórmula de saludo que no disonase en aquella ocasión; pero con el gesto, +con el ademán, con la expresión de toda su fisonomía, mostraba que era +un caballero respetuoso, que pedía humildemente perdón de la astucia y +de la audacia que se había visto obligado á emplear para llegar hasta +allí. En su rostro se veían las disculpas que de palabra no daba. Si +atropellaba respetos, lo hacía con razón suficiente. Á par de estas +cosas, se leía asimismo en el rostro varonil del Comendador la firme +resolución de no salir de allí hasta que se le oyese. + +Doña Blanca se hizo al punto cargo de todo esto. Conocía tan bien á +aquel hombre, que no necesitaba á veces oirle hablar para penetrar sus +intenciones y sus sentimientos. Doña Blanca comprendió que lo menos malo +era oirle; que no podía echarle, sin exponerse á dar el mayor de los +escándalos. No quiso, sin embargo, aparecer desde luego resignada. Se +alzó de su asiento, y antes de que el Comendador hablase, le dijo: + +--Váyase V., D. Fadrique, váyase V. ¿Qué palabras, qué explicaciones +pueden mediar entre nosotros, que no produzcan una tempestad, sobre todo +si nos hablamos sin testigos? ¿Para qué me busca V.? ¿Para qué me +provoca? No podemos hablarnos; apenas si podemos mirarnos sin herirnos +de muerte. ¿Es V. tan cruel, que desea matarme? + +--Señora --contestó el Comendador:-- si no creyese que cumplo un deber +imperioso viniendo hasta aquí, no hubiera venido. Cuando penetro +furtivamente en esta sala, es porque tengo razones suficientes para +ello. + +--¿Qué razones alega V. para venir á turbar mi reposo? + +--El interés que me inspira un ser á quien me une estrechísimo lazo. + +--Muy disimulado, muy oculto ha tenido V. ese interés durante diez y +seis años. No se ha acordado V. de ese ser hasta que por casualidad ha +tropezado con él en su camino. Ha sido menester que salga V. de paseo +con una sobrina suya, y que esta sobrina tenga una amiga, y que esta +amiga vaya con ella, para que el amor paternal, que vivía latente y ni +siquiera sospechado allá en las profundidades de su magnánimo corazón, +se revele de pronto y dé gallarda y briosa muestra de sí. Si el acaso no +nos hubiese traído á vivir en la misma población, ó si Clara no hubiese +sido amiga de Lucía, aunque en la misma población viviésemos, su +interés de V., su amor paternal, sus deberes imperiosos, confiéselo V., +dormirían tranquilos en el fondo de esa envidiable y harto cómoda +conciencia. + +--Justo es que me moteje V. No debo defenderme. Confieso mi culpa. Voy, +con todo, á tratar de explicarla y de atenuarla. Yo no podía sospechar +que al lado de V., bajo el amparo de una madre cariñosa, corriese mi +hija ningún peligro, hallase motivo para ser desventurada. + +--Su desventura no proviene de mí solamente. Su desventura proviene del +pecado en que fué concebida, y del cual ni V. ni yo, que somos los +pecadores, podemos salvarla ni redimirla. + +--Ella no es responsable: nadie es responsable de faltas que no comete. +Esa transmisión es un absurdo. Es una blasfemia contra la soberana +justicia y la bondad del Eterno. + +--No llevemos la conversación por ese camino, Sr. D. Fadrique. Si á V. +le parece blasfemia lo que yo creo, impiedad y blasfemia me parece á mí +cuanto V. dice y piensa. ¿Á qué, pues, hablar conmigo de Dios? Deje V. á +Dios tranquilo, si por dicha cree en Él, allá á su modo. La desventura +de mi hija, llámela V. fatal, llámela como guste, procede de su +nacimiento. Pues qué, ¿no ha reconocido V. mismo esa desventura, al +querer librar de ella á mi hija, haciendo un gran sacrificio, que yo le +agradezco, pero que juzgo ya inútil? + +--Alguna verdad hay en lo que V. dice. Yo reconozco que Clara, sin +culpa, estaba condenada por la suerte ó á sacrificarse ó á ser una +usurpadora indigna. + +--Estamos de acuerdo, salvo que donde V. dice por la suerte, digo yo por +el pecado, y no por el pecado de ella, sino por el pecado de otros. Esto +es inicuo para V., que no acata los inescrutables designios de la +Providencia. Esto es solo misterioso para mí. Por eso es lo mejor no +tocar tales cuestiones. Hablemos de aquello en que convenimos. +Convenimos en que Clara estaba, sin culpa suya, condenada á una pena. + +--Convenimos; pero convenga V. también en que yo la he libertado. + +--Si la ha libertado V., habrá sido por una serie de casos fortuitos: +porque vió V. á Clara y la reconoció; porque Clara es bonita, ya que, si +hubiera sido fea, no se hubiera V. entusiasmado tanto, ni la vanidad de +padre hubiera provocado con ímpetu el amor de padre, y porque, en suma, +tiene usted bastante dinero que dar, y halla V. un hidalgo con bastante +poca vergüenza para tomarle sin motivo justificado. + +--Á mi vez suplico yo también á V. que no entremos en cuestiones +inútiles. Yo no he venido aquí á discretear ni á filosofar. + +--Yo no discreteo ni filósofo. Digo lo que es cierto. El pecado no fué +un acaso; no fué algo independiente de nuestro libre albedrío. El que +usted haya encontrado á Clara; el que ella sea bonita, por donde juzga +V. que no debe casarse con D. Casimiro ni ser monja, y el que tenga V. +más de cuatro millones, no son cosas que de su voluntad de V. han +dependido. Para V. son casuales, aunque por Dios estuviesen previstas y +preparadas, como lo está cuanto ocurre en el universo. + +--Vamos, señora, no apure V. mi paciencia. Tan casual será todo eso, +como el haber yo encontrado á V. en Lima, el que fuese V. bonita y el +que yo no fuese un monstruo de feo. Lo que no fué casual, sino +voluntario, fué la caída; pero tampoco es casual, sino voluntario, el +rescate. Será casual, no dependerá de mi voluntad el tener cuatro +millones; pero es voluntario, es mi voluntad misma el darlos. Clara, no +por casualidad, sino por un acto libre, está ya rescatada del +cautiverio, al cual, según V. juzga, y no sin razón, se hallaba sometida +por otro acto, que no supongo que considere V. más voluntario, más +reflexionado, más meditado y más deliberado con perfecta claridad en la +conciencia. + +Hasta este punto el diálogo había sido de pie. Doña Blanca ni se sentaba +ni ofrecía asiento al Comendador. Éste, después de un momento de pausa, +porque Doña Blanca no respondió al punto á su último razonamiento, dijo +con serenidad: + +--Mire V., señora: yo no quiero que disertemos ni que divaguemos. +Tengo, no obstante, mucho que hablar; y para que la conferencia sea +breve, importa proceder sin desorden. El desorden no se evita sino con +la comodidad y el reposo. ¿No le parece á V., pues, que sería bueno que +nos sentásemos? + +Doña Blanca siguió silenciosa, lanzó una mirada al Comendador, entre +iracunda y despreciativa, y se dejó caer de nuevo en el sillón, como +aplanada. Entonces se sentó el Comendador en una silla, y prosiguió +hablando. + +--Mi resolución --dijo,-- es irrevocable. Sea por lo que sea: por un +capricho, porque Clara es bonita, porque he tropezado con ella +casualmente en mi camino, por lo que á V. se le antoje, yo la he +rescatado. Todo lo que herede ella por muerte de su marido de V. lo +gozará ya, con años de anticipación, el que debiera heredarle, si Clara +no viviese. Viva, pues, Clara. Vengo á pedir á V. su vida. + +--Á lo que viene V. es á insultarme. ¿Mato yo acaso á Clara? + +--Lejos de mí el propósito de insultar á V. Sin querer, podría V. acaso +matar á Clara, y esto es lo que vengo á evitar. Para ello estoy resuelto +á apelar á todos los medios. + +--¿Me amenaza V.? + +--No amenazo. Declaro mi pensamiento sin rebozo. + +--¿Y qué me toca hacer, según V., para evitar que Clara muera? + +--Disuadirla de que sea monja. + +--Eso es imposible. Yo no creo que entrar monja sea morir, sino seguir +la mejor vida. + +--Ya he dicho que no discuto, ni trato de teologías con V. Concedo, +pues, que la vida del claustro es la mejor vida; pero es cuando hay +vocación para seguirla; cuando no se va al claustro desesperada, casi +loca, llena de desatinados terrores. + +--Vuelvo á repetir á V. que me deje, Sr. D. Fadrique. ¿Para qué hablar? +Nos atormentaremos y no nos entenderemos. Usted llama terrores +desatinados al santo temor de Dios, desesperación al menosprecio del +mundo, y locura á la humildad cristiana y al recelo de caer en tentación +y de faltar á los deberes. Usted considera muerte la vida que en este +mundo se asemeja más al vivir de los ángeles. ¿Cómo, pues, hemos de +entendernos? Usted me honra más de lo que merezco, pensando que me +acusa, al suponer que yo he inspirado á mi hija tales ideas y tales +sentimientos. + +--Por amor del cielo, mi señora Doña Blanca, yo no sé por quién conjurar +á V., en nombre de quién suplicarle, que no involucre las cosas, que no +me oiga con prevención, que atienda al bien de su hija, y que no dude +de que yo vengo aquí, la molesto con mi presencia y la mortifico con mis +palabras, sin prevención también, y sólo por el deseo de ese bien +impulsado. ¿Cómo he de condenar yo el santo temor de Dios, el +menosprecio del mundo, si es razonable, y la humildad cristiana, que nos +lleva á desconfiar de nuestra flaca y pecadora naturaleza? Lo que yo +condeno es el delirio. Concedería que Clara tomase el velo aun cuando no +le tomase después de pensarlo reflexivamente; aun cuando lo tomase por +un rapto fervoroso de devoción; pero lo que no concedo, lo que no +consiento es que le tome en un arrebato de desesperación. Sería un +suicidio abominable y sacrilego. + +--¿Y de dónde infiere V. que Clara está desesperada? ¿Quién se lo ha +dicho á V.? ¿Qué motivos tiene ella para desesperarse? + +--Nadie me lo ha dicho. Basta mirar á Clara para conocerlo. Usted misma +lo conoce. No disimule V. que lo conoce. Si no temiese V. hasta por su +vida corporal, ¿no hubiera ya dejado que entrase en el convento? Al +darle ahora la libertad que le da, ¿no lo hace V. excitada por el deseo +de que su salud se mejore? En cuanto á los motivos de su desesperación, +concretamente yo los ignoro; pero los percibo de cierta manera confusa. +Usted la ha hecho dudar de sí más de lo que debiera: sin prever un +resultado tan funesto, ha infundido V. en su espíritu que está +predestinada á pecar si no busca asilo al pie de los altares. En suma, +V. la ha envenenado con tal desconfianza, que ella, al sentir los +latidos de su corazón juvenil y la lozanía de la vida en su verde +primavera; al ver el fuego, si puro, ardiente de sus ojos; al oir la voz +de la naturaleza, que la incita á que ame; al soñar acaso con lícitas +venturas, logradas en este mundo al lado de un ser de su misma humana +condición, se ha figurado que era presa de impuras pasiones, se ha +creído perseguida por los monstruos del infierno, y para no ser ella un +monstruo, ha querido refugiarse en el santuario. + +--Demos que todo eso sea exacto --replicó imperturbable Doña Blanca.-- +Demos que los hechos son los mismos para V. y para mí. La diferencia +subsistirá siempre en la manera de apreciarlos. Si Clara se va al +claustro, no ya por puro amor de Dios, sino por temor de ofenderle, por +considerarse sobrado frágil para resistir las tempestades del mundo y +por miedo de sí misma y del infierno, Clara, á mi ver, no desatina: +Clara procede con recto juicio y consumada prudencia. Los motivos de su +vocación para la vida religiosa, si no son los más elevados, son buenos. +Lejos de mí el tratar de disuadirla, aunque pudiese. Á fin de que goce +Clara una efímera é incierta dicha en la tierra, no he de oponerme yo á +que tome el camino que más derechamente pueda llevarla al cielo. No por +dar gusto á V. he de aconsejar yo á Clara, cuando la nave de su vida va +á entrar ya en el puerto segurísimo y abrigado, que vuelva la proa y que +se engolfe en el piélago borrascoso, donde puede zozobrar y hundirse con +eterno hundimiento. + +--Sí --interrumpió el Comendador, harto ya,--lo mejor es que se muera +para que se salve. + +--¿Y cómo negarlo? --respondió fuera de sí Doña Blanca.-- Más vale morir +que pecar. Si ha de vivir para ser pecadora, para su eterna condenación, +para su vergüenza y su oprobio, que muera. ¡Llévatela, Dios mío! Así me +hubiera muerto yo. ¡Cuánto más me valiera no haber nacido! + +--Los mismos furores de siempre. Está V. como atormentada de un espíritu +maligno. Yo me lo sabía. Yo tengo la culpa de todo. Yo hubiera debido +robar á mi hija de la casa de V., y criarla conmigo, y hacerla dichosa, +y darle mi nombre. + +--Bendito sea Dios porque no ha sido así. ¡Criada mi hija por un impío! +¿Qué hubiera sido de ella? ¡Debe de ser repugnante una mujer sin +religión! + +-No sé lo que será una mujer sin religión, ni hubiera sido mi propósito +que mi hija no la tuviera. Lo que sé es que una mujer exaltada por el +fanatismo religioso puede hacerse insufrible. + +--¡Qué feliz sería yo si tal hubiera aparecido á los ojos de V. desde +el principio! ¡Cuántos males se hubieran evitado! Pero V. pensaba +entonces de otra manera, y me persiguió con constancia, me pretendió con +terquedad, y no hubo medio de seducción, ni mentira, ni engaño, ni +blandura de regaladas palabras, ni encarecimiento de amante que muere de +amor, ni promesa de darme toda el alma, que V. no emplease para vencer +mi honrado desvío. Llegó V. á alucinarme hasta el extremo de anhelar yo +perderme por salvar á V. ¡Aquél sí que fué delirio! ¿Pues no llegué á +soñar con que, cayendo yo, iba á ganar su alma de V. y á sacarla de la +impiedad en que estaba sumida? ¿Pues no me desvanecí hasta el punto de +creer que, incurriendo con V. en el pecado, había de levantarle y +traerle luego conmigo en la purificación y en la penitencia? ¿De qué +artificios no se vale el demonio para envolvernos en sus redes? Yo +estaba ciega. Creí ver en V. un hombre extraviado que me enamoraba, que +estaba prendado de mí, á quien por amor mío iba yo á cautivar el alma, +haciéndola capaz de más altos amores. No advertí que ni siquiera era V. +capaz del bajo y criminal amor de la tierra. Usted buscaba sólo la +satisfacción de un capricho, un goce fácil, un triunfo de amor propio. +V. creyó que, una vez vencido mi desvío, que después de un instante de +pasión y de abandono, todo sería paz, todo lo olvidaría yo por V., para +que V. me hallase siempre sumisa, alegre, con la risa en los labios. V. +imaginó que yo iba á matar en mi alma todo remordimiento, toda +vergüenza, toda idea del deber á que había faltado, todo temor de Dios, +todo respeto á mi honra, todo sentimiento amargo de su pérdida, todo +miedo á las penas del infierno, todo aguijón en la conciencia. Se +equivocó V., y por eso le parecí insufrible. Era V. dueño de mi alma; +pero, así como en tierra de valientes y generosos, que jamás olvidan lo +que deben á su patria, sólo posee el feroz conquistador la tierra que +pisa, así V. no me poseía sino cuando hasta de mí misma me olvidaba. +Cuando no, me alzaba yo contra V., trataba de limpiar mi culpa con la +penitencia, y luchaba siempre por libertarme. ¿Cuánto, no obstante, +hubiera debido enorgullecer á V. cada una de sus victorias, aun siendo +impío, si hubiera V. acertado á comprender la grandeza sublime y +tempestuosa de las grandes pasiones? Horribles eran aquellas frecuentes +luchas; pero V., cuando triunfaba, triunfaba, no sólo de mí, sino de los +ángeles que me asistían; de mi fe profunda; del cielo, á quien yo +invocaba; del principio del honor arraigado en mi alma, y de mi +conciencia acusadora y severa contra mí misma. V., que sólo buscaba +alegría y deleite, se fatigó de luchar. Así me liberté del cautiverio +infame. Alabado sea Dios, que lo dispuso. Alabado sea Dios, que ha +castigado después tan justamente mi culpa; pero, se lo confieso á V., +el castigo que más me ha dolido siempre, el que más me duele todavía, es +el tener que despreciar al hombre que he amado. Ya lo sabe V. Usted me +halla insufrible: yo le hallo á V. despreciable. Váyase de aquí. Salga +de aquí, ó haré que le echen. ¿Quiere V. delatarme? ¿Quiere V. +declararme culpada? Hágalo. No temo ya desventura ni humillación, por +grande que sea. Sépalo V. de una vez para siempre: me alegro de que +Clara entre en un convento. No seré tan vil, que por miedo de V. falte á +mi deber inculcándole lo contrario. Ahora, márchese; salga de mi casa; +déjeme tranquila. + +Doña Blanca, puesta de pie otra vez, con ademán imperioso, señalando la +puerta con la mano, expulsaba al Comendador. ¿Qué había de hacer, qué +había de contestar éste? Doña Blanca pareció frenética á los ojos del +Comendador, lleno de piedad y casi de susto. Temió ser cruel y mal +caballero si respondía. Guardó silencio. Vió el asunto perdido, al menos +por aquel lado, y no quiso prolongar más el doble martirio. + +Don Fadrique inclinó la cabeza y salió de la sala harto apesadumbrado. +Apenas se vió en la antesala, bajó la escalera, abrió la puerta del +zaguán y se lanzó á la calle, respirando con delicia el ambiente, como +quien se está ahogando y logra sacar la cabeza del agua en que se +hallaba sumergido. + + + + +XXV + +Á pesar de su optimista y regocijada filosofía; á pesar de su propensión +natural á reir y á ver las cosas por el lado cómico, D. Fadrique estuvo +todo aquel día meditabundo, callado, con una seriedad melancólica harto +extraña en él. + +Á la hora de comer apenas probó bocado; apenas si habló con su hermano, +con su cuñada y con su sobrina, los cuales, cada uno por su estilo, le +agasajaban mucho. + +Don José era un señor excelente, que no hacía más que cuidar de su +hacienda, jugar á la malilla en la reunión de la botica y dar gusto á +Doña Antonia. + +Esta señora tenía una pasta de las mejores: cuidaba de la casa con +esmero, cosía y bordaba. Era buena cristiana, iba á misa todos los días +y rezaba el rosario con los criados todas las noches; pero en todo ello +había algo de maquinal, de fórmula, costumbre ó rutina, sin que Doña +Antonia se metiese en honduras religiosas. Sólo salía algo de sus +casillas y mostraba cierto entusiasmo apasionado en favor de la Virgen +de Araceli, de Lucena (Doña Antonia era lucentina), prefiriéndola á las +otras Vírgenes y hallándola más milagrosa. + +En cuanto á director espiritual, Doña Antonia tenía á un capuchino +fervoroso y elocuente, cuya fama eclipsaba entonces la del P. Jacinto, +el cual, como más tibio en el predicar y en el reprender, no hacía +tantas conversiones ni traía al redil tantas ovejas descarriadas como su +cofrade barbudo. + +Lucía tenía por confesor al P. Jacinto, y se llevaba tan bien con su +madre, que las únicas discusiones que había entre ellas eran sobre los +méritos de sus respectivos confesores. Por lo demás, como Doña Antonia +no tenía voluntad ni opinión, y de todo se le importaba lo mismo, +francamente no era gran prueba de sumisión y deferencia en Lucía el no +discutir nunca con su madre, salvo sobre el capuchino, y alguna que otra +vez, aunque raras, acerca de la Virgen de Araceli. Lucía no era muy +devota, y careciendo de otra Virgen predilecta, concedía pronto á su +madre la superior excelencia de la suya. + +La única causa de disidencia era, pues, el P. Jacinto, en quien Lucía +hallaba superior entendimiento é ilustración; mas al cabo, como buena +hija que era, y á fin de contentar á su madre, declaraba que el +capuchino había reunido á un sinnúmero de malos casados, que andaban +campando por sus respetos y viviendo aparte engolfados en mil +marimorenas, y había logrado que no pocos pecadores y pecadoras dejasen +las malas compañías y peores tratos, é hiciesen vida ejemplar y +penitente: de todo lo cual podía jactarse muchísimo menos el P. Jacinto; +de donde infería Lucía que el capuchino era mejor director espiritual de +los extraviados, y el P. Jacinto mejor director de los que estaban en el +buen sendero ó dentro del aprisco. El uno valía para vencer y reducir á +la obediencia á los rebeldes; el otro para gobernar sabia y blandamente +á los sumisos. + +Con esto se aquietaba Doña Antonia y vivía en santa y dulce paz con su +hija, á quien había enseñado todas sus habilidades caseras, reconociendo +la maestra, sin envidia y con júbilo, que casi siempre se le aventajaba +ya la discípula. Lucía bordaba con todo primor, en blanco, en seda y en +oro; hacía calados, pespuntes y vainicas como pocas, y en guisos y +dulces nadie se le ponía delante, que no saliera con la ceniza en la +frente. Sólo resplandecía aún la superioridad de Doña Antonia en las +faenas de la matanza. Era un prodigio de tino en el condimentar y +sazonar la masa de los chorizos, morcillas, longanizas y salchichas; en +adobar el lomo para conservarle frito todo el año, y en dar su +respectivo saborete, con la adecuada especiería, á las asaduras, que ya +compuestas llevan siempre el nombre de pajarillas, sin duda porque +alegran las pajarillas de quien las come, y á los riñones, mollejas, +hígado y bazo, que se preparan de diverso modo, con clavo, pimienta y +otras especies más finas, excluyendo el comino, el pimentón y el +orégano. + +El lector no ha de extrañar que entremos en estos pormenores. Convenía +decirlos, y, distraídos con la acción principal, no los habíamos dicho. + +El niño mayorazgo, hijo de D. José y de Doña Antonia, había ido, hacía +poco, al Colegio de guardias marinas de la isla, con buenas cartas de +recomendación de su señor tío. + +Doña Antonia andaba siempre con las llaves de una parte á otra, ya en la +repostería, ya en la despensa, ya en la bodega del aceite, ya en la del +vino, ya en la del vinagre. + +La casa tenía todo esto, como casa de labrador, á par que de señores, +pues D. José, al trasladarse á la ciudad, había traído á ella muchos de +sus frutos para venderlos con más estimación y darles más fácil salida. + +Don José, cuando no hacía cuentas con el aperador, ó bien oía á los +caseros, que venían á verle y á informarle de todo desde las caserías, ó +se largaba á la botica, donde había tertulia perpetua y juego por +mañana, tarde y noche. + +Resultaba, pues, que el Comendador, salvo á las horas de las tres +comidas, y un rato de noche, cuando había tertulia, á la cual no +faltaba jamás D. Carlos de Atienza, se hallaba en una grata y apacible +soledad, no interrumpida sino por la rubia sobrina, la cual le buscaba +siempre, preguntándole qué había de nuevo respecto á Clara. + +Don José y Doña Antonia, que estaban en Babia, nada sabían de los +disgustos y cuidados del Comendador. Lucía los sabía á medias; distando +infinito de presumir, á pesar de sus hipótesis, que Clara estaba ligada +á su tío con vínculo tan natural. + +Los criados de la casa y el público todo seguían desorientados en punto +á D. Carlos de Atienza. Viéndole joven, elegante y lindo, que venía con +frecuencia á la casa, y que cuchicheaba siempre con Lucía, supusieron +con visos de fundamento que era su novio, y ya en la casa le apellidaban +el novio de la señorita. + +Tal era la situación de cada uno de los personajes secundarios de esta +historia cuando el Comendador, después de su entrevista con Doña Blanca, +se hallaba tan desazonado. + +Durante la comida le colmaron de cuidados, creyéndole indispuesto. Doña +Antonia supuso que tendría jaqueca y le excitó á que fuese á reposar. D. +José, después de decirle lo mismo, se largó á la botica. Lucía, con más +vivo interés, trató de informarse mil veces de la causa del disgusto de +su tío; pero no consiguió nada. + +El Comendador, á sus solas, no hacía más que pensar sobre su diálogo +con Doña Blanca, y concebir los más encontrados pensamientos, aunque +siempre poco gratos. + +Ya se le figuraba que dicha señora tenía un orgullo satánico, un genio +infernal, y entonces se culpaba á sí mismo de no haberle robado á la +hija; de haberla dejado en su poder para que la enloqueciera y la +hiciera desgraciada. Ya imaginaba, por el contrario, que, desde su punto +de vista, Doña Blanca tenía razón en todo. + +El Comendador entonces calificaba su persecución en pos de Doña Blanca y +su victoria ulterior (que en otro tiempo había mirado como una ligereza +perdonable, como una bizarría de la mocedad) de conducta inicua y +malvada á todas luces, aun juzgada por su criterio moral, lleno de +laxitud en ciertas materias. + +--Por cierto que no merezco perdón --se decía D. Fadrique.-- La maldita +vanidad me hizo ser un infame. ¡Había tantas mujeres guapas cuando yo +era mozo, á quienes cuesta tan poco otro tropiezo, una caída más ó +menos! ¿Por qué, pues, no siendo arrastrado por una pasión vehemente, +que ni siquiera tengo esta excusa, ir á turbar la paz del alma de +aquella austera señora? Tiene razón sobrada. Soy digno de que me +aborrezca ó me desprecie. Lo único que mitiga un tanto la enormidad de +mi delito es la mala opinión que tenía yo entonces de casi todas las +mujeres. No me cabía en la cabeza que ninguna pudiera (después sobre +todo) tomar tan por lo serio los remordimientos, la culpa... En fin, yo +no preví lo que pasó después. Si lo hubiera previsto... me hubiera +guardado bien de pretender á Doña Blanca. Aunque no hubiera habido otra +mujer en la tierra... su corazón hubiera quedado entero para D. +Valentín, sin que yo se le robara. Pero nada... ¡esta picara costumbre +de reir de todo... de no ver sino el lado malo! Me gustó... me +enamoró... eso sí... yo estaba enamorado... y como creí que la +gazmoñería era sal y pimienta que haría más picante y sabroso el logro +de mi deseo, y que luego se disiparía, insistí, porfié, hice +diabluras... sí... hice diabluras: creé dentro de su conciencia un +infierno espantoso; por un liviano y fugitivo deleite dejé en su +espíritu un torcedor, una horrible máquina de tormento, que sin cesar le +destroza el pecho, diez y siete años hace. ¡Como tengo este carácter tan +jocoso!... Las cañas se volvieron lanzas. La burla fué pesada. Pero +¡Dios mío... si yo no podía sospecharlo! Aunque me lo hubieran asegurado +mil y mil personas, no lo hubiera creído. Lo repito, no cabía en mi +cabeza. Yo no comprendía arrepentimiento tan feroz y tan persistente, +simultáneo casi con el pecado. Yo no había medido toda la violencia de +una pasión que, á pesar del grito airado y fiero de la conciencia, que +á despecho del sangriento azote con que el espíritu la castiga, rompe +todo freno y sale vencedora. Cuando exclamaba ella, casi rendida ya á mi +voluntad, cayendo entre mis brazos, doblándose quebrantada al toque de +mis labios, recibiendo mis besos y mis caricias, cediendo á un impulso +irresistible, y no obstante luchando: "¡Dios mío, mátame antes que caiga +de tu gracia! ¡Prefiero morir á pecar!;" cuando decía esto, que hoy ha +repetido á propósito de su hija, no me inspiraba compasión, no me +apartaba de mi mal propósito; antes bien era espuela con que aguijoneaba +mi desbocado apetito. ¡Cuán hermosa me parecía entonces, al pronunciar, +con voz entrecortada por los sollozos, aquellas palabras, á las cuales +yo no prestaba sino un vago sentido poético, y en cuya verdad profunda +yo no creía! Hasta la dulzura de su misma religión se maleaba y viciaba +en mi mente, interpretada por mi concupiscencia, y quitaba á mis ojos +todo valor á aquella desolación suya, á aquella angustia con que miraba +y repugnaba la caída, sin hallar fuerzas para evitarla. Yo me atrevía á +decidir que no era tan gran mal el que tenía tan fácil remedio. Yo me +convertía en redentor del alma que cautivaba y en salvador del alma que +perdía, parodiando la sentencia divina y diciendo en mi interior: +"Levántate: estás perdonada, por lo mucho que has amado." ¡Ah, cielos! +¿Por qué ocultármelo? Procedí con villanía. Era yo tan bajo y tan vil, +que no comprendí nunca el vigor, la energía de la pasión que sin +merecerlo había excitado. Era yo como salvaje que, sin conocer un arma, +la dispara y hiere de muerte. La grandeza y la omnipotencia del amor me +eran tan desconocidas como la persistencia y el indómito poderío de una +conciencia recta, que acepta el deber y le cumple, ó jamás se perdona si +no le cumple. ¿Será que soy un miserable? ¿Tendrán razón los frailes y +los clérigos al sostener que no hay verdadera virtud sin religión +verdadera? + +De esta suerte se atormentaba D. Fadrique en afanoso soliloquio, en que +volvía cien y cien veces á repetirse lo mismo. + +El que no viniese el P. Jacinto á hablar con él inspiraba al Comendador +la mayor inquietud. Varias veces se asomó al balcón de su cuarto, que +daba á la calle, á ver si le veía salir de casa de Doña Blanca. Varias +veces salió á la calle y fué hasta el convento de Santo Domingo, aunque +estaba lejos, á preguntar si el P. Jacinto había vuelto. El P. Jacinto +no parecía en parte alguna. + +Á la caída de la tarde, estando D. Fadrique en su estancia, oyó pisadas +de caballos que paraban cerca. Salió al balcón y vió apearse á D. +Valentín, que volvía de la casería. + +Llegó la noche y no pareció el P. Jacinto. + +Don Fadrique echaba á volar su imaginación con vuelo siniestro. Hacía +las suposiciones más extrañas y dolorosas. --¿Qué habrá sucedido?-- se +preguntaba. + +Á las ocho de la noche, por último, el Comendador vió aparecer al P. +Jacinto bajo el dintel de la puerta de su cuarto. + +Al verle, le dió un vuelco el corazón. El padre traía la cara más grave +y melancólica que había tenido en su vida. + +--¿Qué es esto? ¿Qué pasa? --dijo el Comendador.--¿Dónde ha estado V. +hasta ahora? + +--¿Dónde he de haber estado? En casa de Doña Blanca, donde hice mal y +remal en introducirte traidoramente. ¡Buena la has hecho! ¿Qué demonios +te aconsejaron cuando hablabas? ¿Qué dijiste á la infeliz? ¡Vaya un +berrinche que ha tomado! Está mala. ¡Dios quiera que no se ponga peor! + +El Comendador se mostró consternado, se quedó mudo. El fraile añadió: + +--Clarita es una santa. Allí la dejo cuidando á su madre. No sé para qué +todas estas desazones. La chica está resuelta, firmemente resuelta. Todo +es inútil. Bien hubiera podido evitarse tu endemoniada conversación con +la madre. Tiempo es de evitar aún que te arruines á tontas y á locas. + +El Comendador, recobrando el habla, respondió: + +--Lo hecho, hecho está. Yo no gusto de arrepentirme. Yo no deshago mis +promesas. Yo no me vuelvo atrás nunca. Lo que prometí á D. Casimiro y él +ha aceptado, tiene que cumplirse. Pero, ¿qué enfermedad es esa de Doña +Blanca? ¿Sigue Clara poseída de su lúgubre locura? Voto á todos los +demonios y condenados que hay en el infierno, que jamás hubiera yo +podido soñar que iba á ser víctima de tan enrevesados sentimentalismos. + +El Comendador se paseaba á largos pasos por la estancia. El padre le +miraba con pena y algo aturdido. + +En esto, Lucía, que había visto entrar al padre, asomó la rubia y linda +cabeza á la puerta, que había quedado entornada, y dijo con dulce +ansiedad. + +--Tío, ¿qué hay de nuevo? + +--Nada, niña. Por Dios, déjanos en paz ahora que vamos á tratar asuntos +muy graves. + +Lucía se retiró, lastimada de inspirar tan poca confianza. + + + + +XXVI + +Cuando el padre y el Comendador se quedaron solos de nuevo, cerró éste +la puerta é interrogó al padre en voz baja sobre lo que había oído á +Doña Blanca, sobre lo que había hablado con Clarita; pero nada sacó en +limpio. + +El P. Jacinto parecía otro del que antes era. Mostrábase preocupado; +buscaba evasivas para no contestar á derechas: sus misterios y +reticencias daban á su interlocutor una confusa alarma. + +Al fin tuvo D. Fadrique que dejar partir al fraile, sin averiguar nada +más que lo que ya sabía. + +Aquella noche no salió de su cuarto; no quiso ver á nadie; pretextó +hallarse indispuesto, para encerrarse y aislarse. + +Se pasaron horas y horas, y aunque se tendió en la cama, no pudo dormir. +Mil tristes ideas le atormentaban y desvelaban. + +Rendido de la fatiga, se entregó al sueño por un momento; pero tuvo +visiones aterradoras. + +Soñó que había asesinado á Doña Blanca, y soñó que había asesinado á su +hija. Ambas le perdonaban con dulzura, después de muertas; pero este +perdón tan dulce le hacía más daño que las punzantes palabras que aquel +día había escuchado de boca de su antigua querida. Ésta y Clara se +ofrecían á su imaginación con la palidez de la muerte, con los ojos +fijos y vidriosos, pero como triunfantes y serenas, subiendo lentamente +por el aire, hacia la región del cielo, y entonando un antiguo himno +religioso, que siempre había atacado los nervios y contrariado los +sentimientos harto gentílicos del Comendador por su fúnebre ternura, por +su identificación del amor y de la muerte, y por su misantrópica +exaltación del ser del espíritu por cima de todo deleite, contento, +esperanza, consolación ó bien posible en la tierra. + +Las mujeres, que iban subiendo al cielo, cantaban; y D. Fadrique oía, á +través del ambiente tranquilo, los últimos versos del himno, que decían: + + _Mors piavit, mors sanavit + Insanatum animum_ + +Con estos dos versos en la mente se despertó D. Fadrique. + +Apenas se hubo vestido, oyó que daban golpecitos á la puerta. + +--¿Quién es? --preguntó? + +--Soy yo, tío --dijo la dulce voz de Lucía.-- Tengo que hablar con V. +¿Puedo entrar? + +--Entra, --contestó el Comendador con bastante zozobra de que Lucía +trajese malas noticias. + +La cara de Lucía estaba demudada. Los ojos algo encarnados, como si +hubiesen vertido lágrimas. + +--¿Qué hay? --dijo D. Fadrique. + +--Que Doña Blanca está muy mala. Clara me escribe diciéndomelo, y me +ruega que haga la caridad de ir á acompañarla. + +--¿Y se sabe qué tiene Doña Blanca? + +--Yo, tío, no lo sé. El mal ha venido de súbito. La criada, que me trajo +la carta de Clarita, dijo que su ama cayó enferma como herida por un +rayo; que eso es verdad, la señora estaba delicada, pero que al fin lo +pasaba regular, como casi todos, cuando de repente, cual si hubiera +tenido alguna aparición de los malos y hubiera peleado con ellos, cayó +en tal postración, que ha sido menester ponerla en la cama, donde está +aún con calentura. + +Don Fadrique sintió un frío repentino, que discurría por todo su cuerpo +y que hasta los huesos le penetraba. Imaginó que se le erizaban los +cabellos. Se inmutó; pero con habla interior dijo para sí: + +--En efecto, ¿habré sido tan brutal que la haya asesinado? + +Notando después que Lucía no tenía más que decir y aguardaba respuesta, +el Comendador hizo un esfuerzo para aparentar serenidad, y dijo á su +sobrina: + +--Ve, hija mía; ve á cumplir con ese deber de caridad y de amistad para +con Clarita. Procura consolarla. ¡Ojalá que el padecimiento de Doña +Blanca no tenga peores consecuencias! + +--Voy volando, --replicó Lucía. + +Y sin aguardar más, con la venia de su madre, que ya tenía, bajó la +escalera y se fué á la casa inmediata. + + + + +XXVII + +La sobrina del Comendador tenía tan alegre carácter como su tío. Era, +por naturaleza, tan optimista como él. Casi todo lo veía de color de +rosa; pero, compasiva y buena, tomaba pesar por los males y disgustos de +los otros, si bien procurando más consolarlos ó remediarlos que +compartirlos. + +Con esta disposición de ánimo entró Lucía á ver á Clara. Apenas se +vieron, se abrazaron estrechamente. + +Clara, al contrario de Lucía, era melancólica, vehemente y apasionada, +como su madre. Sobre esta condición del carácter, que era ingénita en +ella, la educación severísima de Doña Blanca, su continuo hablar de +nuestra perversidad nativa, su concepto del mundo y del vivir como valle +de lágrimas y tiempo de prueba, y su terror de la eterna condenación y +de lo fácil que es caer en el pecado, habían difundido por toda el alma +de Clara una sombra de amarga tristeza y de medrosa desconfianza. Por +dicha, Clara carecía de aquel orgullo, de aquel imperio de su madre, y +el lado obscuro y tenebroso de su espíritu estaba suavemente iluminado +por un rayo celeste de humildad, resignación y mansedumbre. + +Clara era mil veces más amante que su madre, y se abandonaba á la +dulzura de amar, si bien con recelo siempre de pecar amando. + +Ambas amigas se hallaban en un cuarto contiguo á la alcoba de Doña +Blanca. + +El cuitado de D. Valentín no sabía qué hacer: andaba inquieto; bullía de +un lado á otro, sin atreverse á entrar en la alcoba de su mujer para que +no le despidiese á gritos, porque venía á turbar su reposo, y sin +atreverse tampoco á no estar allí cerca para que su mujer no le acusase +de indiferente, egoísta y desalmado, que no miraba con interés sus +males, y ni siquiera preguntaba por su salud. En esta perplejidad, D. +Valentín entraba y salía; asomaba de vez en cuando la nariz á la alcoba, +á ver si le veía Doña Blanca y le decía que entrase, y, sin decidirse á +entrar, mientras no alcanzaba la venia, preguntaba á Clara por su madre, +ni en voz muy alta para que Doña Blanca se incomodase, ni en voz muy +baja para que fuera posible que Doña Blanca le oyese y comprendiese que +su marido cuidaba de ella y no era un hombre sin entrañas. + +Este procedimiento prudentísimo no le valió, sin embargo. Ya una vez, +como repitiese con harta frecuencia lo de asomar la nariz á la puerta +de la alcoba, Doña Blanca había dicho: + +--¿Qué haces ahí? ¿Vienes á molestarme? Pareces un buho que me espanta +con sus ojos. Déjame en paz, por Dios. + +Poco después se descuidó algo D. Valentín, alzó la voz demasiado al +preguntar á Clara por su madre, y ésta exclamó desde la alcoba: + +--¡Qué pesadilla de hombre! Se ha propuesto no dejarme descansar. ¡Si +parece que está hueco! Valentín, habla bajo y no me mates. + +D. Valentín salió entonces zapeado de la estancia en que se hallaban +Clara y Lucía, y las dejó solas. + +Aunque Doña Blanca era buena cristiana, estos raptos de mal humor contra +su marido se comprenden y explican como en cierto modo independientes de +su voluntad. Doña Blanca no había encontrado en él ni un átomo de la +poesía, ni una chispa de las sublimidades que había soñado hallar, en su +inexperiencia, en el hombre á quien dió su mano, siendo aún muy niña. +Luego, hacía diez y siete años, no veía ella en D. Valentín sino un +hombre cuya serenidad era el perpetuo sarcasmo de las borrascas de su +corazón; cuya unión con ella había hecho que lo que pudo ser un bien +lícito, una felicidad santificada, fuese un pecado abominable, y cuya +salud corporal parecía una burla de los achaques y padecimientos que á +ella la atormentaban. Hasta la paciencia con que D. Valentín la sufría +era odiosa á Doña Blanca, cual si implicase bajeza, gana de no +incomodarse por no molestarse, desdén ó menosprecio. + +En balde procuraba Doña Blanca formar mejor opinión de su marido, á fin +de respetarle, como reflexivamente conocía que era su deber: Doña Blanca +no lo lograba. Las mejores prendas de alma de D. Valentín, con +intervención quizás de algún demonio astuto, se trocaban, en el alma de +Doña Blanca, en defectos ridículos. En balde pedía á Dios Doña Blanca +que le concediese, ya que no amar, estimar á su marido. Dios no la oía. + +Zapeado, pues, D. Valentín, Doña Blanca quedó sola en la alcoba, +abismada, sin duda, en sus hondos y amargos pensamientos, y Clara y +Lucía, casi al oído la una de la otra, hablaron así: + +--¿Qué ha dicho el médico, Clara? ¿Qué tiene tu madre? --preguntó Lucía. + +--El médico hasta ahora --respondió Clara,--no ha dicho más que lo que +cualquiera de nosotros ve y comprende: que mi madre tiene calentura; +pero la calentura es sólo síntoma de un mal que el médico desconoce aún. +Anoche la calentura fué muy fuerte y nos asustamos mucho. Hoy de mañana +ha cedido. + +--Vamos, Clarita, ya veo que exageraste en tu carta y me alarmaste sin +motivo. Tu madre se curará pronto. Apuesto que la causa de toda su +indisposición ha sido alguna rabieta que ha tenido con D. Valentín. + +--Pues te equivocas. Mi madre no ha tenido la menor rabieta con nadie en +todo el día de ayer. Papá estuvo en el campo. + +--Entonces se concibe que no rabiase con él. ¿Y contigo no rabió? + +--Hace días que mi madre está dulcísima conmigo. Te repito que ayer no +se sofocó mamá con nadie; no riñó á ninguna criada; estuvo apacible y +silenciosa. + +Clara, si bien era una criatura de singular despejo, se forjaba la +extraña ilusión de que una buena madre de familia tenía forzosamente que +rabiar, y así no decía nada de lo dicho para censurar á su madre, sino +candorosamente. + +Lucía no insistió en buscar el origen del mal de Doña Blanca: se inclinó +á creer que este mal era pequeño, á fin de no tener que afligirse; y +volviendo la conversación hacia otros puntos, preguntó á su amiga: + +--Clara, ¿sigues firme en tu resolución de tomar el velo? + +--Estoy más resuelta que nunca. Una voz misteriosa me grita en el fondo +del alma que debo huir del mundo; que el mundo está sembrado de peligros +para mí. + +--Confieso que no te entiendo. ¿Qué peligros tendrá el mundo para tí, +que para los demás no tenga? + +--¡Ay, querida Lucía; el desorden de mi espíritu, los extraños impulsos +de mi corazón, la violencia de mis afectos! + +--Pero, muchacha, ¿qué violencia, ni qué desorden es ese? Yo no hallo +desordenado ni violento el que ames á D. Carlos, que es muy guapo y +joven, y el que no gustes de D. Casimiro, que es viejo y feo. Esto me +parece naturalísimo. + +--Será natural, porque la naturaleza es el pecado. + +--¿Dónde está el pecado? + +--En desobedecer á mi madre, en engañarla, en haber atraído á D. Carlos +con miradas amorosas y profanas, en complacerme en que guste de mí y en +que me persiga, en desear que siga queriéndome hasta en este instante, +cuando ya estoy decidida á no ser suya. En suma, Lucía, mi alma es un +tejido de marañas y de enredos, que el mismo diablo trama y revuelve. +Además, yo he prometido á mi madre que seré monja, y para que lo sea, ha +despedido ella á D. Casimiro. ¿Cómo faltar ahora á mi promesa, burlarme +de mi madre y hasta de Cristo, á quien he dado palabra de esposa? ¿Qué +infamia me propones? + +--Es verdad, hija mía: el caso es apurado; pero ¿quién te mandó que +dijeses que querías ser monja y que lo prometieses? ¿Por qué no +declaraste con valor á tu madre que no querías á D. Casimiro y que no +querías ser monja tampoco? + +--Bien sabe Dios --respondió Clara,-- que deseo desahogarme contigo, +depositar en tu amistoso corazón el secreto de mi infortunio, +confiártelo todo; pero yo misma no me comprendo sino de un modo +imperfecto, y lo que de mí misma comprendo está tan enmarañado, que no +encuentro palabras para explicártelo. Siento la razón y causa de todas +mis acciones, y no las percibo bien para exponerlas. Quiero, no +obstante, sincerarme y tratar de probarte que no es absurda mi conducta. +Voy á ver si lo consigo. Yo he amado, yo amo aún á D. Carlos de Atienza. +Yo detesto á D. Casimiro. Esto es verdad; pero mi amor por D. Carlos y +mi odio á D. Casimiro no han tenido jamás la suficiente energía para +hacerme arrostrar la cólera de mi madre, declarándole que amaba al uno y +odiaba al otro. Así, pues, te aseguro que durante meses he estado +resignada á sofocar en mi alma el naciente amor á D. Carlos y á casarme +con D. Casimiro para ser una hija obediente. Hubiera yo preferido á todo +ser esposa de Cristo; pero me consideraba indigna. Para ser mujer de D. +Casimiro me sentía con fuerzas. Yo esperaba vencer mi fatal inclinación +á D. Carlos, y, logrado esto, ser modelo de casadas: cuidar al achacoso +D. Casimiro, y hasta quererle, imponiéndome como deber el cariño. +Hallándome de esta suerte, nuevos y extraños sentimientos han combatido +mi alma y han hecho que mi espíritu dude más de sí. Me he llenado de +terror. En mi humildad, no me he creído digna ni de ser mujer de D. +Casimiro. Me he espantado de mi flaqueza, de la perversidad de mis +inclinaciones, y entonces he pensado en refugiarme en el claustro. +Juzgándome menos digna que antes de ser esposa de Cristo, he pensado en +la infinita bondad de aquel Soberano Señor, padre de las misericordias, +y he comprendido que, aun siendo yo indigna de todo, podía acudir á Él y +refugiarme en su seno, segura de que no me rechazaría, de que me +acogería amoroso, purificándome y santificándome con su gracia. + +--Tú me hablas de nuevos y extraños sentimientos, pero sin decir cuáles +son --dijo Lucía.-- Aquí hay un misterio que no me dejas penetrar. + +--¡Ay! --exclamó Clara,-- apenas si yo le penetro. ¿Cómo declarártele? +Mira, Lucía, yo conozco que amo siempre á D. Carlos. Si me finjo en +completa libertad de elegir mi vida, me parece que mi elección será ser +mujer de D. Carlos. Su talento, su bondad, su delicada ternura, me hacen +presentir que sería yo dichosa viviendo á su lado. Te lo confesaré. Á +pesar del horror que mi madre ha sabido inspirarme á la complacencia de +los sentidos, la imagen material de D. Carlos, su porte, la gallardía +de su cuerpo, la elegancia y pulcritud de su vestido, el fuego de sus +ojos y la viva animación de su semblante y la frescura de su boca me +atormentan y me hieren, y me distraen de mis piadosas meditaciones. + +--Te lo repito, Clarita: en nada de eso veo yo la obra del diablo; en +nada descubro influencias sobrenaturales: todo es naturalísimo. Y si, +como tú afirmas, la naturaleza es el pecado, bien es menester, ó que +Dios nos dé medios sobrenaturales para vencerla, ó que nos perdone con +muchísima generosidad cuando ella nos venza. ¿Dónde están esos +sentimientos singulares que te perturban? + +--Lucía, tú hablas con suma ligereza. Tus razones tienen no sé qué fondo +de impiedad. Me da miedo. Mi madre no se engañaba. El trato, la +conversación con tu tío debe de ser muy peligrosa. + +--No disparates, Clara. Á mi tío no se le ha ocurrido jamás darme +lecciones de impiedad. Si lo que yo sostengo es poco piadoso, la culpa +es completamente mía. Seré yo la que está endiablada. Pero dejemos á un +lado esas cuestiones: vamos á lo que importa. Dime qué raros +sentimientos te asaltan el alma, inspirándote esa humildad, esa +desconfianza profunda, que te induce á tomar el velo. + +--No acierto á decírtelo. Me falta valor. + +--Ea... ánimo... dí lo que es. + +--Mi madre no ha hecho más que hablarme de tu tío desde que apareció en +esta ciudad... desde que yo le vi y paseé con él una tarde. Me le ha +pintado como pudiera haberme pintado á Luzbel, rodeado aún de hermosos +fulgores de su primitiva naturaleza angélica, valeroso, audaz, +inteligente como pocos seres humanos. Me ha hecho creer que ejerce tal +imperio sobre las almas, que las atrae y las cautiva, y las pierde si +gusta. En su mirada hay una luz siniestra que ciega ó extravía. En su +palabra, una música seductora que embelesa los entendimientos y +ensordece la voz del deber en la conciencia. Según mi madre, tu tío es +la maldad personificada, el dechado de la irreligión, un rebelde contra +Dios, de quien conviene apartarse para no contaminarse. En resolución, +cuanto mi madre ha dicho de tu tío debiera infundirme hacia él un odio, +una aversión grandísima. Sé por mi madre que el Comendador es un +réprobo. No hay esperanza de que se salve. Está condenado. Es como +Luzbel. Y, sin embargo, lejos de producir en mí los discursos de mi +madre el horror hacia el Comendador que ella deseaba, tal es mi +perversidad, tan pecaminoso es mi espíritu de contradicción, que han +avivado mis simpatías hacia tu tío. Yo no debiera decírtelo, yo no sé +cómo tengo la desvergüenza de decírtelo. Apenas si á mi confesor le he +dejado entrever algo de lo que siento en el negro abismo de mi corazón. +Pero, si no te lo digo... ¿con quién me desahogo?... Lucía, tú eres mi +mejor amiga... Yo quiero al Comendador de un modo inexplicable. Me +siento arrastrada hacia él. Creo en todas sus maldades porque mi madre +me las ha dicho; y creo que Dios, á quien el Comendador es simpático, se +las va á perdonar, como yo se las perdono. ¿No es una monstruosidad, no +es una aberración este cariño hacia una persona casi desconocida? Yo me +condenaba antes por mi inclinación á D. Carlos, á despecho, á escondidas +de mi madre. Ahora me sucede casi lo mismo que á tí: mi inclinación á D. +Carlos me parece natural. Lo diabólico, lo abominable es mi inclinación +á tu tío. Es un sentimiento tan distinto, que no destruye ni aminora mi +afecto á D. Carlos. Esto prueba mi desordenada índole, mi pecadora y +perturbada manera de ser. No sé con qué pretexto, bajo qué título, con +qué nombre cariñoso he de acercarme á él, hablarle, llegar á su +intimidad, y lo deseo. Cuantas cualidades detestables mi madre le +atribuye, se me antoja que no lo son en él, porque es un ser de superior +natural jerarquía y está exento de la ley común para los demás mortales. + +Con la mirada fija, con el semblante no risueño, como le tenía de +costumbre, sino triste y grave, y sin acertar á contestar palabra, oyó +Lucía la inesperada confesión de Clara. + +Después de unos instantes de silencio Clara prosiguió: + +--Nada me respondes; nada observas; te callas; reconoces que soy un +monstruo. Será amor de otro género, será un sentimiento indefinido, que +carece de nombre en la clase é historia de las pasiones; pero yo quiero +á tu tío y le quiero por esa misma pintura con que mi madre ha procurado +que yo le aborrezca. + +Á este punto llegaba Clara, cuando vino á interrumpirla la voz de Doña +Blanca, que decía: + +--¡Hija, hija! + +Lucía y Clara se estremecieron. Aunque era imposible que Doña Blanca las +hubiese oído, imaginaron por un instante que milagrosamente las había +oído y que iba á terciar en la conversación por estilo terrible. + +--¿Qué manda V., mamá? --dijo Clara temblando. + +--Agua. Dame un poco de agua. ¡Me ahogo! + +Las dos amigas acudieron á la alcoba á dar agua á la enferma. Entonces +notaron con pena y sobresalto que la fiebre había crecido. Las +palpitaciones del corazón de Doña Blanca eran tan violentas, que se +hacían perceptibles al oído. + +--¿Qué siente V., señora? --preguntó Lucía... + +--Una ansiedad... una fatiga... --respondió Doña Blanca,-- el corazón me +late con tanta fuerza. + +Lucía posó suavemente la mano sobre el pecho de Doña Blanca. Entonces +notó con pena que los latidos de su corazón habían perdido el ritmo +natural: eran desordenados y anormales; pero no dijo nada por no asustar +á la paciente y á su hija. + +El cuidado que requería Doña Blanca no consintió que prosiguiese el +diálogo entre Clara y Lucía. + + + + +XXVIII + +Tantos años de pesares y de tormentos habían ido destruyendo la salud de +Doña Blanca. Su tristeza sin tregua; su oculta vergüenza, con la que de +continuo tenía que verse cara á cara, sin poder hallar alivio +comunicándola y confiándose á una persona amiga; sus luchas de compasión +y de desprecio por su marido y de amor y de odio por el Comendador; su +horror del pecado que creía sentir sobre ella y que le pesaba como lepra +asquerosa é incurable; su orgullo ofendido; su temor del infierno, al +que á veces se creía predestinada, y su preocupación incesante de la +suerte de Clara, á quien amaba con fervor y á quien en ocasiones +aborrecía, como vivo testimonio de su más grave falta y de su más +imperdonable humillación, habían influido lastimosamente sobre todos los +órganos de aquella vida corporal. + +Doña Blanca hacía mucho tiempo estaba sujeta á frecuentes paroxismos +histéricos. Había momentos en que le parecía que se ahogaba: un +obstáculo se le atravesaba en la garganta y le quitaba la respiración. +Entonces le daban convulsiones que terminaban en sollozos y lágrimas. +Después solía calmarse y quedar por algunos días tranquila, aunque +pálida y débil. + +El carácter violentísimo de aquella mujer, exacerbado por la continua +contemplación de una desgracia, que hacía mayor su melancólica fantasía, +la impulsaba á tratar á su marido, á su hija y á muchos de los que la +rodeaban, con un despego, con una dureza cruel, de la que en el fondo +del corazón, que era bueno, se arrepentía ella al cabo, no siendo +fecundo este arrepentimiento sino en nuevos motivos de disgustos y de +amarguras. + +La energía de las pasiones había así, poco á poco, fatigado +materialmente el corazón de Doña Blanca, excitándole á moverse con +impulso superior á sus fuerzas. No padecía sólo de las palpitaciones +nerviosas de que daba muestras en aquel instante. Tal vez (los médicos +al menos lo habían afirmado) Doña Blanca tenía una enfermedad crónica en +aquel órgano tan importante. + +Á pesar de su cansancio, tal vez el excesivo ejercicio había agrandado y +robustecido de una manera peligrosa aquel activo corazón. + +Como quiera que fuese, Doña Blanca hacía tiempo que estaba harta de +vivir. + +La única idea, el único propósito, el solo fin que en su vivir estimaba +era el de cumplir un deber terrible: el evitar que su hija heredase á +D. Valentín. + +Cuando su hija le prometió con solemne promesa entrar en el claustro, y +cuando después supo, de boca del P. Jacinto, y más tarde de los labios +del mismo D. Fadrique, el rescate de Clara, si bien le rechazó y le +juzgó inútil ya, se tranquilizó, creyendo su propósito cumplido en +cualquier evento, y considerándose desligada del mundo; sin nada que +hacer en él sino atormentarse, y sin razón alguna para desear, estimar y +conservar la vida. + +El reposo relativo del espíritu de Doña Blanca cuando pensó haber +hallado la solución de su difícil problema, la hizo caer en una +postración, en una atonía peligrosa. Por otro lado, no obstante, su +imaginación, fecunda en atormentarla, le ofrecía mil motivos de +aflicción y de ira. La generosidad del Comendador humillaba su orgullo, +y por más que trataba de empequeñecerla ó de afear y envilecer sus +causas fingiéndoselas vulgares, absurdas ó caprichosas, dicha +generosidad resplandecía siempre y la ofendía. + +La voluntad de Doña Blanca era de hierro: pocas personas más pertinaces +y firmes que ella; pero su espíritu vacilaba y no se aquietaba jamás. La +fuerza de cualquier encontrado pensamiento bastaba á descontentarla de +lo que había hecho, y no bastaba á hacerle cambiar y á moverla á hacer +otra cosa. No producía sino nueva mortificación estéril. + +Así es que Doña Blanca percibía vivamente la presión que había ejercido +sobre el alma de su hija, que, sin querer, acaso la había hecho infeliz, +y que su hija iba á encerrarse en un convento, no devota, sino +desesperada. Las rudas acusaciones del Comendador durante la fatal +entrevista, acusaciones contra las cuales se había ella defendido con +valor y tino, terminada aquella lucha de palabras, acudían á su mente +con mayor fuerza, sin que las dijera el Comendador, sin que se pudieran +rechazar merced al calor de la disputa, y labrando en su ánimo como una +honda llaga. + +El ardiente amor que el Comendador le había infundido, siendo causa de +que ella se humillase, se había convertido en espantoso aborrecimiento y +sin perder este carácter, sin volver á su ser primero, porque ya no era +posible, porque su alma tenía mucha hiel para poder amar, habíase +recrudecido en su seno durante la entrevista con el hombre que le +inspiraba. + +Todos estos dolores, tribulaciones y combates espirituales no es de +maravillar que produjesen en Doña Blanca una enfermedad aguda, +sobrexcitando sus males crónicos. + +Poco después de la conversación entre Clara y Lucía, de que acabamos de +dar cuenta, visitaron á la enferma los dos médicos mejores de la +ciudad. Ambos convinieron en que su dolencia era de cuidado. Ambos +reconocieron cierta alarmante alteración en la circulación de la sangre, +que por la fiebre sola no se explicaba. El corazón tenía una actividad, +enfermiza y un excesivo desarrollo. El pulso era vibrante y duro. El +lado izquierdo del pecho de la enferma se estremecía con las +palpitaciones. Un vivo carmín teñía las mejillas de Doña Blanca, de +ordinario pálidas. + +Los médicos auguraron mal de éstos y otros síntomas: la principal +dolencia estaba complicada con otras muchas. No hallando, pues, remedio +eficaz por lo pronto, recetaron algunos paliativos, y entre ellos la +digital en pequeñas dosis. + +Aunque disimularon bastante la gravedad y el carácter poco lisonjero de +sus observaciones y pronósticos, dejaron á las dos amigas en extremo +afectadas. + +Todo aquel día permaneció Lucía al lado de Clara, auxiliándola en sus +faenas y cuidados; pero ya no era ocasión propicia para volver á las +confidencias. + +Si bien Clara no volvió á hablar del estado de su alma, sin duda pensaba +en él, según lo preocupada que estaba. Lo que antes de confiarse á Lucía +había ella percibido en imágenes vagas y como borrosas, había adquirido, +en su propia mente, mayor ser, consistencia y determinada figura al +formularse en palabras. Así es que, en medio del afán y del dolor que +por su madre sentía, Clara se atormentaba con la idea de aquella +inclinación hacia un sujeto, á favor del cual, por extraordinario +hechizo, se trocaban en causas y motivos de simpatía y afecto todas las +razones que para aborrecerle le daban. + +Lucía, por su parte, también estaba meditabunda y triste en extremo. Su +taciturna tristeza, dado su carácter regocijado, parecía superior á la +pena que pudiera sentir por el mal de Doña Blanca, y aun al mismo +disgusto que los devaneos mentales y los dolores fantásticos de su amiga +debieran causarle. + +Don Valentín, combatido por los opuestos sentimientos de la compasión y +del terror que su mujer le inspiraba, seguía viniendo con frecuencia á +informarse del estado de la paciente; pero, en vez de entrar en el +cuarto y asomar la nariz á la alcoba, se quedaba fuera y asomaba sólo al +cuarto la nariz, preguntando á su hija: + +--¿Cómo está tu mamá? + +Clara respondía: --Lo mismo;-- y D. Valentín se iba. + +Fuera de la criada de más confianza, que ya venía á traer un recado, ya +á dar algún auxilio indispensable, nadie más que el P. Jacinto entraba +en la habitación donde se hallaban Clara y Lucía. + +Al anochecer subió de punto, llegó á su colmo la agitación febril de +Doña Blanca. El P. Jacinto estaba acompañando á las dos amigas y +asistiendo con ellas á la enferma. + +Ésta, que había estado por la tarde soñolienta y postrada, empezó á dar +señales de vivísima exaltación: se quejó de que le dolía la cabeza; +mostró en el semblante cierta movilidad convulsa; pronunció frases sin +orden ni concierto. Lo que más repetía era: + +--Vete, Valentín. Déjame, no me atormentes. --Sin duda la enferma tenía +la alucinación de ver á D. Valentín, que allí no estaba. + +Así permaneció Doña Blanca hasta cerca de las diez. Entonces se agravó +el mal: el delirio se declaró; estalló con ímpetu. + +El cerebro sintió por completo la reacción del mal que la infeliz tenía +en las entrañas. Los pensamientos todos, que durante años la +atormentaban, y que hacía más de treinta horas habían cobrado mayor +brío, se barajaron en tumulto; se rebelaron contra la voluntad, se +hicieron independientes de ella, rompieron todo freno; y, buscando y +hallando maquinal é instintivamente palabras adecuadas en que +formularse, salieron del pecho en descompuestas voces. + +Doña Blanca se incorporó en la cama; miró con ojos extraviados á Lucía y +á Clara y al fraile, y habló de esta manera: + +--¡Vete, Valentín! ¿Por qué quieres matarme con tu presencia? Mátame +con un puñal... con una pistola. Échame una soga al cuello y ahórcame. +No seas cobarde. Toma la debida venganza. + +--Sosiégate, Doña Blanca --interrumpió el fraile, á quien ella se +dirigía como si fuera D. Valentín.--Sosiégate; tu marido está fuera... +Idos, muchachas --añadió, dirigiéndose á las dos amigas.--Dejadme solo +con la enferma, á ver si logro que se sosiegue. + +Clara y Lucía, como si estuviesen allí clavadas, no se movieron. Doña +Blanca prosiguió: + +--Ten valor y mátame. Tu honra lo exige. Es necesario que mates también +al Comendador. Está condenado. Se irá al infierno y me llevará consigo. + +--¡Madre, madre, V. delira! --exclamó Clara. + +--No, no deliro --respondió Doña Blanca.-- Y tú, necio --añadió +dirigiéndose al fraile,-- ¿eres ciego? ¿no la ves? --y señalaba con el +dedo á su hija.-- ¡Cómo se le parece! ¡Dios mío! ¡Cómo se le parece! Es +un retrato suyo. ¡Apártate de mi vista, vivo testimonio de mi vergüenza! + +Clara, llena de horror y de ansiosa curiosidad á la vez, oía á su madre y +pugnaba por comprender todo él arcano tremendo. Al sonar las últimas +palabras, que iban dirigidas á ella, se cubrió Clara el rostro con ambas +manos. + +--Bien puedes estar satisfecha --continuó Doña Blanca.-- Te tenía +olvidada; pero al cabo se acordó de tí é hizo un gran sacrificio. Ya +pagó de antemano lo que has de heredar de mi marido. Te rescató de Dios +para entregarte al mundo. Quédate en el mundo. Tú no puedes ser monja. +La mala sangre del Comendador hierve en tus venas. ¿Cómo dudar que eres +la hija maldita de aquel impío? + +Clara, al oir estas últimas palabras, dió un grito inarticulado y cayó +desmayada entre los brazos de Lucía. + +Lucía sacó á Clara fuera de la alcoba, sosteniéndola por debajo de los +brazos y tirando de ella. + +Doña Blanca, entre tanto, no pudiendo resistir más á la honda emoción, +extenuada, rendida, cayó de nuevo en la cama, con temblor convulso y +rigidez de los tendones, lo cual fué cediendo con lentitud y dando lugar +á un desfallecimiento profundo. + +El P. Jacinto acudió entonces á donde estaba Clara, que Lucía había +recostado en un sofá. + +Clara volvió en sí del desmayo, exhaló un suspiro y rompió á llorar con +desatado y copioso llanto. + +--¡Clara, amiga querida! dijo Lucía. + +--Cálmate, niña, cálmate, --exclamó el P. Jacinto. + +--¡Dios santo y misericordioso! --dijo Clara.--Tu mano omnipotente me +hiere y me sana al propio tiempo. ¡Pobre madre mía de mi alma! ¡Cuán +infeliz has sido! Y él... ¡ay! él... no puede ser impío y perverso como +tú supones... ¡Ahora comprendo por qué y cómo yo le amaba! + + + + +XXIX + +La enfermedad siguió su curso ascendente. Tres días después de la escena +que hemos descrito, Doña Blanca estaba tan mal, que no había esperanza +de salvarla. + +Su hija y Lucía la habían cuidado, la habían velado con el mayor cariño +y esmero. + +Los accesos de delirio se habían renovado con largas intermitencias de +postración. + +La cabeza de Doña Blanca se despejó al cabo por completo; pero su estado +era digno de lástima: la respiración, corta y anhelante; la voz, +alterada y ronca; imposibilidad de estar acostada; necesidad de estar +incorporada. + +Los médicos declararon al P. Jacinto que había sobrevenido un grave +impedimento á la circulación de la sangre en el mismo corazón, y que, si +crecía el impedimento, se seguiría la muerte. + +El padre dejó percibir á Clara aquel terrible pronóstico, con la mayor +delicadeza que pudo, y confesó y administró á la paciente. + +En aquel momento supremo, á las puertas de la eternidad, Doña Blanca +depuso la dureza de su genio, su orgullo y su amargura, y no guardó en +el alma sino la fe vivísima, que hizo renacer en ella las esperanzas +ultramundanas y abrió el manantial de las más puras consolaciones. + +Doña Blanca llamó á D. Valentín, le abrazó y le suplicó que la +perdonase. D. Valentín, muy afligido y lloroso, y no menos humilde, +contestó que nada tenía que perdonar; que él era el culpado, pues no +había sabido hacer dichosa á una mujer tan santa y tan buena. + +El rostro macilento de Doña Blanca se tiñó entonces de ligero rubor. Sus +labios exhalaron un triste suspiro. + +Á Clara la llamó á sí Doña Blanca, le dió un beso en la frente, y le +dijo al oído con acento apenas perceptible: + +--Di á tu padre que le perdono. Tú, hija mía, sigue los impulsos de tu +corazón. Eres libre. Sé honrada. No te cases si no le amas mucho. Mira +no te engañes. Lo sé todo... Me lo ha dicho el padre Jacinto. Si le amas +y merece tu amor, cásate con él. + +Pocos instantes después exhaló Doña Blanca el último suspiro, diciendo +con ahogada y sumisa voz: + +--¡Jesús me valga! + +El dolor de Clara fué profundo. Silenciosamente lloró la muerte de su +madre. + +Lucía lloró también y trató de mitigar con su afecto el dolor de su +amiga. + +El P. Jacinto, acostumbrado al espectáculo de la muerte y familiarizado +con ella, cerró piadosamente los ojos y la boca de la difunta, que se +habían quedado abiertos; puso sus manos en cruz, y la extendió en el +lecho. + +El débil D. Valentín, cuando vió muerta á su mujer, sintió por un lado +una pena muy viva, porque todavía la amaba; pero, por otro lado, según +aseguran malas lenguas, que siempre están de sobra, advirtió cierto +alivio, cierto desahogo, cierto infame deleite en su alma, como si le +quitaran un enorme peso de encima, como si le libertaran de la +esclavitud. Tan opuestas pasiones, batallando dentro de su nerviosa y +débil constitución, le hicieron romper en risa sardónica. Después se +asustó de sí mismo; se creyó peor de lo que era, tuvo miedo del diablo; +tuvo vergüenza de que Dios, que todo lo ve, viese la sucia fealdad de su +conciencia, y se compungió y amilanó. Acudieron entonces á su memoria +los amores pasados, los dulces días de la ilusión, el tiempo en que su +mujer le quería; y todo ello enterneció por tal arte aquel pecho nada +varonil, que el desgraciado se deshizo en lágrimas, dando sollozos, +gemidos y hasta gritos, moviendo á gran compasión el verle y el oirle. + +El P. Jacinto llevó á D. Fadrique la noticia de la catástrofe. + +Don Fadrique, retirado en su cuarto, aguardaba siempre con ansiedad +noticias de la enferma. Esta vez, al mirar al P. Jacinto, el Comendador +leyó en su rostro lo que había ocurrido. + +--Ha muerto, --dijo el Comendador. + +--Ha muerto, --respondió el fraile. + +El Comendador no replicó palabra. Inmóvil, de pie, callado, sintió un +dolor mezclado de remordimiento. Dos gruesas y amargas lágrimas rodaron +por sus mejillas. + +--Te ha perdonado --dijo el P. Jacinto. + +--¡Ah, padre!... yo no me perdono... Me sería menos insufrible en la +memoria el recuerdo de una afrenta no vengada... de una vileza en que yo +hubiese incurrido... de una mancha en mi honor... En cualquiera otro +caso me sería más fácil conciliarme conmigo mismo. Aunque Dios me +perdone... yo no me perdono. + + + + +XXX + +Á los seis meses de la muerte de Doña Blanca, en pleno invierno, se +reunían todas las noches en torno del hogar, en el piso alto de la casa +del mayorazgo D. José López de Mendoza, á más de su mujer y de su hija +Lucía, el Comendador D. Fadrique, el viudo D. Valentín, Clara y á veces +el padre Jacinto. + +El joven D. Carlos de Atienza había estado dos ó tres veces en Sevilla á +ver á sus padres; pero en seguida se había vuelto. Tenía abandonada la +Universidad; no pensaba en los estudios ni en la carrera. Habíase +consagrado enteramente á idolatrar, á consolar, á adorar á Clarita, á +quien ya veía sin dificultad, de diario. + +Don Fadrique y el P. Jacinto iban y venían á Villabermeja; pero estaban +más tiempo en la ciudad. + +La donación de los bienes de D. Fadrique se había hecho en toda regla y +con el posible sigilo. + +Don Fadrique vivía modestamente de su paga de oficial retirado. +Habitaba, no obstante, en Villabermeja la casa del mayorazgo, alhajada +con los preciosos muebles que trajo cuando vino. + +El carácter de D. Fadrique no había cambiado, pero se había modificado. +Su optimismo natural sufría interrupciones frecuentes. Negra nube de +tristeza ofuscaba á menudo el resplandor de su abierta y franca +fisonomía. + +Aunque el dolor por la muerte de Doña Blanca se había ido mitigando en +todos aquellos corazones, Clara la recordaba con ternura melancólica, y +el Comendador con cariño y con penoso arrepentimiento á la vez. + +Sólo D. Valentín, que comía como un buitre, y que había engordado, y no +hallaba quien le riñese ni quien le dominase, se creía en la obligación +de llorar cuando menos ganas tenía. Entonces la consideración de aquello +á que se juzgaba obligado, y el ver que no le salían de adentro la +aflicción y el lloro, le compungían de nuevo y producían en él el +prurito y el flujo. D. Valentín era un mar de lágrimas dos ó tres veces +por semana. + +Clara, viendo ya á todas horas á D. Carlos y á D. Fadrique, había +penetrado la diferencia de los afectos que á ambos la ligaban, y cada +día los hallaba más compatibles. El Comendador le inspiraba cada día más +veneración, ternura y gratitud por su sacrificio generoso. D. Carlos le +parecía cada día más agraciado, bello, enamorado, ingenioso y poeta. + +Pasaron así algunos meses más. Vino la primavera. Llegó el verano. +Solemnizóse el primer aniversario de la muerte de Doña Blanca con llanto +y con misas y otras devociones. + +El escrúpulo de faltar á la promesa de ser monja se borró al fin de la +mente de Clarita. Su madre, al morir, la había absuelto de la promesa. +El amor inspirado y sentido la excitaba á no cumplirla. El bueno del P. +Jacinto, confesor de Clarita, le aseguraba que la promesa era nula. + +Clarita al cabo la anuló, haciendo otra promesa dulcísima para D. +Carlos. Le prometió darle su mano, confesándole al fin que le amaba. + +Una alambicada cavilación había detenido á Clara en dar el sí á D. +Carlos. Clara juzgaba probable que D. Casimiro muriese sin sucesión y +que alguna parte de los bienes del rescate viniese á ella; pero hasta +esta duda, que si bien delgada y sutil, la mortificaba, se disipó del +todo. + +Nicolasa, ó mejor dicho, la señora Doña Nicolasa Lobo de Solís, esposa +legítima de D. Casimiro, dió á luz un robusto infante. + +Cuando el Comendador, al volver un día de Villabermeja, trajo esta +noticia, fué Lucía la primera persona á quien se lo comunicó. + +--Calle V., tío --exclamó la muchacha;-- de seguro que el niño de D. +Casimiro será un escomendrijo; parecerá un gazapillo desollado. + +--No, sobrina --contestó el Comendador;-- el recién nacido Solís es +fuerte como un becerro. + +Así era la verdad, según hemos sabido después. El primogénito de los +Solises parecía, no un becerro, sino un toro. + +Don Casimiro era el varón más bienaventurado de la tierra. Estaba lleno +de satisfacción y de orgullo de verse tan amado de su mujer, y de tener +por hijo á un Hércules tebano, sin pensar en el Saturnio y sin mirarse +como Anfitrión, pues ignoraba la mitología. + +El tío Gorico, desde el casamiento de Nicolasa, había empezado á pugnar +porque le llamasen Don Gregorio; habíase jubilado del oficio de Abraham +y del de pellejero, y no se empleaba más que en beber aguardiente y +rosoli, y en ponderar la ventura y la grandeza de su hija, sus virtudes +y la vida beata que daba á su ilustre esposo. + +Después del bautismo de la criatura, iba el tío Gorico de casa en casa, +refiriendo el júbilo de su yerno, quien ya se volvía hacia la cama donde +estaba Nicolasa, ya hacia la cuna donde estaba el niño, y ya se paraba á +igual distancia de la cama y de la cuna, y exclamaba, levantando las +manos al cielo: + +--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Qué he hecho yo para ser tan dichoso? + +En efecto, la dicha pudo más que D. Casimiro, y pronto le hundió en la +sepultura. + +Aunque sea adelantar los sucesos, se dirá aquí que la viuda llevó una +vida retirada, sin recibir ni tratar, durante un año, sino al platónico +Tomasuelo, y que tuvo dos gemelos postumos, los cuales, si el +primogénito merecía llamarse Hércules, no merecían menos pasar por +Castor y Pólux. + +La rectitud de la conciencia de Doña Blanca y sus severos fallos, +hallando un leal y decidido ejecutor en D. Fadrique, daban así sus +resultados naturales, proporcionando pingüe herencia á aquellos +mitológicos angelitos, vástagos lozanos de la familia de Solís. + +Como quiera que fuese, toda persona delicada y noblemente orgullosa no +repara en las bajezas y bellaquerías del vulgo de los mortales y en la +utilidad que proporcionan: no acepta jamás, sino en sentido irónico y de +burla, la picaresca sentencia de la fábula: + + "Tómelo por su vida: considere + Que otro lo comerá, si no lo quiere." + +Así es que D. Fadrique se reía de las consecuencias de su +desprendimiento, y no por eso dejaba de aplaudirse de haberle tenido. Lo +que á él le importaba era que su pura y hermosa hija no disfrutase de +nada que no fuese suyo ó por lo que en compensación no hubiera él dado +lo equivalente con usura. + +La boda de Clara y D. Carlos de Atienza se celebró al cabo en un bello +día del mes de Octubre de 1795, año y medio después de morir Doña +Blanca. + +Los padres de D. Carlos vinieron de Sevilla para asistir á la boda. + +Los desposados se quedaron á vivir en la ciudad donde ha sido la escena +de nuestra historia. + +Durante el año y medio, que tan rápidamente hemos recorrido, el +Comendador había vivido, ya en Villabermeja, ya en la ciudad en casa de +su hermano; pero más en la ciudad que en Villabermeja. + +El afecto hacia Clara le atraía á la ciudad; pero, como Clara andaba muy +distraída en sus amores y era muy dichosa, no consolaba tanto las +melancolías del Comendador como su rubia sobrina. + +Ésta era la que llamaba al Comendador cuando se tardaba en volver de +Villabermeja; la que más le escribía diciéndole que viniese, y la que le +enviaba recados con el mulero y con el aperador para que dejase la +soledad bermejina. + +Como Lucía estaba ya enterada de todos los secretos de su amiga Clara, y +como tampoco ocurrían cosas importantes, no había motivo ni pretexto +para acudir á cada momento al tío, preguntándole, como en otro tiempo, +qué había de nuevo. En cambio Lucía, libre ya de los cuidados en que la +suerte de su amiga la había tenido, sintió despertarse en su alma la más +viva curiosidad científica. La astronomía y la botánica, que antes la +enojaban cuando había secretos de Clara que ansiaba penetrar, la +entusiasmaban ahora extraordinariamente, y nunca se cansaba de oir las +lecciones que su tío le daba, excitado por ella. No había lección que no +le pareciese corta. No había misterio de las flores que no quisiese +descubrir. No había estrella que no quisiese conocer. + +La discípula ponía en grandes apuros al maestro, porque si se trataba +del movimiento de los astros, de su magnitud, de la distancia á que se +hallaban de la tierra y de otras afirmaciones por el estilo, ella quería +saber la razón y el fundamento de las afirmaciones, y D. Fadrique +hallaba disparatado y hasta absurdo enseñar las matemáticas á una +sobrina tan guapa, tan alegre y graciosa; y, por el contrario, si se +trataba de flores, Lucía quería que le explicase su tío lo que era la +vida y lo que era el organismo, y aquí el Comendador hallaba que no +había ciencia que respondiese á las matemáticas y que explicase algo. +Sin querer se encumbraba entonces á una filosofía primera y fundamental, +y Lucía le escuchaba embebecida, y, como vulgarmente se dice, metía +también su cucharada, porque de filosofía habla, en queriendo, y no +habla mal, toda persona de imaginación y viveza. + +En suma, Lucía se iba haciendo una sabia. Mientras más aprendía, más iba +creciendo su afición y su empeño de saber. Las lecciones y conferencias +duraban horas y horas. + +El Comendador se acostumbró de tal suerte á aquel dulce magisterio, que +el día en que no daba lección le parecía que no había vivido. + +Sus días de Villabermeja fueron disminuyendo, y alargándose cada vez más +los que pasaba con la discípula. + +Siempre que volvía de Villabermeja, el Comendador traía á su discípula +libros de su biblioteca, flores y plantas de su huerto, y pájaros que +cazaba vivos. Lucía gustaba mucho de los pájaros, y, merced al +Comendador, no había ya casta de aves en toda la provincia, ora de paso, +ora permanentes, de que Lucía no tuviese un par de muestra en su +pajarera. + +Notado todo esto por Clara y D. Carlos, daba ocasión á bromas inocentes, +pero que turbaban algo al Comendador y que ponían á Lucía colorada como +la grana. + +Los novios hablaban á Lucía con cierto retintín de su excesivo amor á la +ciencia. + +En fin, aunque el Comendador y Lucía no se hubieran dado, ni hubieran +querido darse cuenta de lo que les pasaba, Clara y D. Carlos les +hubieran hecho reflexionar, pensar en ellos mismos y despejar la +incógnita. + +El Comendador y Lucía, á pesar de la diferencia de edad, estaban +perdidamente enamorados el uno del otro. + +Lucía admiraba en su tío la discreción, la nobleza de carácter, el saber +y la elegancia natural del porte y de los modales. Le encontraba +hermoso, de varonil hermosura, y no le parecía posible que hubiese otro +tal hombre como él en todo el mundo. + +Á D. Fadrique le parecía Lucía tan bonita, tan buena y tan inteligente +como Clara, que era todo cuanto él podía encarecer la alabanza, allá en +su pensamiento. La alegría de Lucía concordaba además muchísimo mejor +con el carácter del Comendador que la seriedad un poco triste que Clara +había heredado de su madre. + +El Comendador, que al fin no era una criatura inexperta, conoció pronto +que amaba á Lucía y que de ella era amado; pero, pensando en su edad y +en el idilio de D. Carlos, no se atrevía á declarar su amor, si bien le +manifestaba con su constante solicitud en servir á Lucía. + +Ella no atinaba, entre tanto, á comprender la timidez del Comendador, á +quien juzgaba enamorado. + +De aquí que se dijesen toda clase de requiebros y finezas, que +literalmente podrían tomarse por efecto de amistad tiernísima, pero que +ocultaban el fervoroso espíritu de verdadero amor. + +Don Fadrique, á más de sus años, creía tener otro inconveniente, que en +su delicadeza no le permitía aspirar á ser amado de Lucía. Este otro +inconveniente era su pobreza; pero Lucía, precisamente por esa pobreza y +por el motivo que la había causado, amaba y admiraba más al Comendador. +El descuidado desdén, la alegre calma y el nada trabajoso ni lamentado +abandono con que D. Fadrique se había desprendido de más de cuatro +millones, valían más de mil en la poética y generosa mente de Lucía. + +Ésta llegó á veces á preguntar á su tío (sabido es que tenía el defecto +de ser muy preguntona) que por qué no se casaba. + +Cuando el tío le contestaba que porque era viejo, Lucía le aseguraba que +era mozo ó que estaba mejor que los mejores mozos. Cuando el tío +contestaba que porque era pobre, Lucía afirmaba que la paga de oficial +retirado era más que suficiente; que además la chacha Ramoncica estaba +poderosísima con lo que había ahorrado, é iba á dejarle por heredero, y +que, por último, podía casarse con una rica. + +Todo esto lo decía Lucía con mil rodeos y disimulos; pero el Comendador, +si bien lo comprendía, juzgaba aún que ella podía engañarse y tomar por +amor otros sentimientos de respeto y afección casi filial; por donde no +hallaba justo ni honrado prevalerse tal vez de una alucinación de +aquella linda muchacha para lograr lo que consideraba una felicidad para +él. + +En esta situación se hallaban Lucía y el Comendador la noche en que se +celebró la boda de Clara y de D. Carlos en casa de D. Valentín. + +El Comendador estuvo alegre, aunque hondamente conmovido, en aquella +solemne ocasión, en que una persona tan querida de su alma se unía con +lazo indisoluble al hombre que debía hacerla dichosa. + +Don José y Doña Antonia se volvieron temprano á su casa. + +Lucía permaneció al lado de Clara hasta más tarde. También se quedó con +ella el Comendador. + +Juntos y solos volvieron ambos á la casa. La noche estaba hermosísima, +la calle silenciosa y solitaria, el ambiente tibio y perfumado, el, +cielo lleno de estrellas y sin luna. + +Lucía iba callada, contenta, pensado en la ventura de su amiga. + +No estaba D. Fadrique menos soñador é imaginativo. + +El tránsito de una casa á otra era cortísimo; pero, sin reflexionar, le +alargaron ellos, parándose en medio de la calle y contemplando la bóveda +inmensa del firmamento, como si quisiesen interrogar á las eternas +luces, que allí fulguraban, sobre la suerte de los recién casados y +quizá sobre la propia suerte. + +Lucía, dando un suspiro, dijo al fin: + +--¡No lo dude V... serán muy felices! + +--Alégrate sólo y no estés envidiosa --respondió el Comendador;-- tú +hallarás también un hombre que te merezca, que te ame y á quien ames tú +con toda la energía de tu corazón. + +--No, tío, no me amará --replicó Lucía.-- Yo soy muy desgraciada. + +Y Lucía suspiró de nuevo. El Comendador, á la dulce y escasa luz de los +astros, vió entonces que corrían dos hermosas lágrimas por las mejillas +de Lucía. La luz de los astros se quebraba en aquellos líquidos +diamantes y daba reflejos de iris. + +El Comendador no fué dueño de sí mismo. Acercó su rostro al de Lucía y +puso los labios en una de aquellas lágrimas. Luego exclamó: + +--¡Te amo! + +Lucía no contestó palabra. Echó á andar hacia su casa; llamó, abrieron, +y entró seguida del Comendador. + +Al llegar á la escalera, se volvió y le dijo: + +--Buenas noches, tío. Adiós, hasta mañana. Mamá me estará aguardando. + +El Comendador puso la cara más afligida del mundo, viendo que tan +secamente respondía la muchacha, ó mejor dicho, no respondía á su +repentina y vehemente declaración. + +Ella se apiadó entonces, sin duda, y añadió sonriendo: + +--Hable V. mañana con mamá... + +--¿Y qué?... --interrumpió D. Fadrique. + +--Y pida V. la licencia á Roma. + +Dicho esto, muy avergonzada, pero muy satisfecha, Lucía subió á brincos +la escalera, y dejó al Comendador no menos contento que ella iba. + +Cuando supo Clara que Lucía y el Comendador habían decidido casarse, se +alegró en extremo. + +Don Carlos de Atienza compartió la alegría de su mujer, y recordando que +debía una especie de satisfacción al Comendador, el cual se había creído +aludido cuando le oyó leer el idilio contra el viejo rabadán, compuso +otro idilio en defensa de un rabadán no tan viejo y en alabanza del amor +de los rabadanes. + +Este segundo idilio, que viene á ser como la palinodia del primero, se +conserva aún en los archivos de Villabermeja, de donde mi amigo D. Juan +Fresco me ha remitido copia exacta y fidedigna, que traslado aquí para +terminar. El idilio es como sigue: + + IDILIO + + En la vid, con sus pámpanos lozana, + Relucen cual topacio los racimos. + Quita lluvia temprana + Al alma tierra la aridez estiva, + Y los frutos opimos + Medran con nuevos jugos en la oliva + Y en el almendro que entre riscos brota. + Recobra el claro río + El caudal que perdiera en el estío; + Y el áspera bellota + Se madura y endulza entre el pomposo + Follaje, donde el viento, + Para las gentes de la edad primera, + Con fatídico acento + La voluntad de Júpiter dijera. + No como en primavera + El campo está de flores matizado; + Que el labrador cansado + En las flores cifraba su esperanza, + Y ora en cosecha sazonada alcanza + El premio de su afán y su cuidado. + Embalsama el membrillo con su aroma + Los céfiros ligeros; + Y en el limón y en la madura poma, + Y en los sabrosos peros + El oro luce y el carmín asoma. + Que brillaron en rosas y alelíes; + Mientras, por celos de su flor, empieza + Á romper la granada su corteza, + Descubriendo un tesoro de rubíes. + Con la otoñal frescura + Nace la nueva hierba, y su verdura + La palidez de los rastrojos cubre. + Serena está la esfera cristalina, + Y hacia el rojo Occidente el sol declina + En una hermosa tarde del Octubre. + Filis, la pastorcilla soñadora, + Bella como la luz de la alborada, + Abandonando ahora + Su tranquila morada, + Va de las ninfas á la sacra gruta; + Y en vez de flores, por presente lleva + Un canastillo de olorosa fruta. + Con que á vencer la resistencia prueba + Que hacen á sus amores + Las Ninfas que en el suelo + Á Cupidos traviesos y menores + Dan vida y ser contra el amor del Cielo. + No bien el antro con su planta huella, + Donde reinan las sombras y el reposo, + Con terror religioso + Se estremece la tímida doncella. + Su presente coloca + De las silvestres Ninfas en el era. + Y altas razones de prudencia rara, + Que pone el Numen en su fresca boca, + Con esmerada concisión declara: + "Ninfas, no os ofendáis de mi desvío; + No déis vuestro favor á los zagales + Que cautivar pretenden mi albedrío. + Son como los rosales, + Que lucen mucho en la estación florida + Y dan amarga fruta desabrida. + De su orgullosa mocedad el brío + Apetece y no ama; + Y con enojo en sus palabras leo + Que poética llama + Ni ennoblece ni ilustra su deseo; + Y que el conato que imprimió natura + En todo ser viviente, + No se acrisola allí ni se depura + Del Cielo con la luz resplandeciente. + Ya sé que los Cupidos, + Vuestros hijos queridos, + Dan á la tierra su vil tud creadora; + Mas el amor, que en el Empíreo mora. + Esa misma virtud en ellos vierte, + Y difunde do quier su vida arcana, + Vencedora del mal y de la muerte. + Pues bien; la que se afana + Los misterios ocultos y supremos + Por saber de este Amor, ¿lograrlo puede + Con un zagal sencillo y sin doctrina? + Las que tesoro tal gozar queremos, + ¿No es mejor que busquemos + Al varón sabio á quien el Dios concede + El vivo lampo de su luz divina? + Por esto, Ninfas, á mi Irenio adoro: + Como en arca sagrada, + Guarda dentro del alma inmaculada + Del Amor el tesoro; + Y arde su llama bajo el limpio hielo + Con que el tenaz trabajo de la mente + Corona ya su frente, + Como corona el cano Mongibelo. + Así Irenio recobra por la ciencia + Lo que roba del tiempo la inclemencia. + ¡Cuánto zagal con incansable mano + Toca el rabel en vano + Por carecer de gracia y maestría; + Mientras que Irenio, con su blando tino + Y su plectro divino, + Produce encantadora melodía, + Y hace sentir al alma lo que quiere, + No bien la cuerda hiere! + Si el zagal inexperto + Persigue al perdigón en la carrera, + Ó le pierde ó le coge medio muerto; + Mas la diestra certera + Pone Irenio prudente + En el oculto nido, + Do el pájaro reposa con descuido, + Y su pluma naciente + Sin destrozar, sus alas no fatiga, + Y le aprisiona al fin para su amiga. + Ni resplandece menos el ingenio + Del doctísimo Irenio + En componer cantares + Y en referir historias singulares. + Cuando me alcanza de la rama verde + La tierna nuez, la alloza delicada, + Elige lo mejor, sin tronchar nada. + Cuando algún corderillo se me pierde, + El le busca y á casa me le lleva; + Y de continuo me regala y prueba + Su cariño sincero, + Ó haciendo con esmero + De los huesos de guinda + Ya un barquichuelo, ya una cesta linda. + Ó enseñando á sacar á mi jilguero + El alpiste menudo + De entre mis labios con su pico agudo. + Tan sólo me perturba y me desvela + Que Irenio á veces con el alma vuela + Por donde de su amor terreno dudo. + Pero si Irenio de verdad me amara, + Mayor triunfo sería + El lograr la victoria, + No de pastoras de agraciada cara, + Sino de la poesía, + De la ciencia, del arte y de la gloria." + Irenio á Filis, escondido, oía; + Y apareciendo y dándole un abrazo, + Dijo con modestísima dulzura: + "Este amoroso lazo, + Que labra mi ventura, + En vano, Filis, explicar pretendes + Con tus alambicadas discreciones. + ¡Ay, candorosa Filis! ¿No comprendes + Que, á pesar del saber que en mi supones, + Amor no te infundiera + Tu rabadán si muy anciano fuera? + Cuando mi amor al del zagal prefieres + Por viejo no, por rabadán me quieres." + + + + +Madrid, 1876. + +ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN LA IMPRENTA ALEMANA EN MADRID Á XXXI +DÍAS DE AGOSTO DE MCMVI AÑOS + + + + + + + + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of El Comendador Mendoza, by Juan Valera + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13210 *** |
