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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13210 ***
+
+JUAN VALERA
+NOVELAS
+
+El Comendador Mendoza
+
+OBRAS COMPLETAS TOMO VII
+
+
+
+
+Á LA EXCMA. SEÑORA *DOÑA IDA DE BAUER*
+
+Nunca, estimada señora y bondadosa amiga, soñé con ser escritor popular.
+No me explico la causa, pero es lo cierto que tengo y tendré siempre
+pocos lectores. Mi afición á escribir es, sin embargo, tan fuerte, que
+puede más que la indiferencia del público y que mis desengaños.
+
+Varias veces me dí ya por vencido y hasta por muerto; mas apenas dejé de
+ser escritor, cuando reviví como tal bajo diversa forma. Primero fuí
+poeta lírico, luego periodista, luego crítico, luego aspiré á filósofo,
+luego tuve mis intenciones y conatos de dramaturgo zarzuelero, y al cabo
+traté de figurar como novelista en el largo catálogo de nuestros
+autores.
+
+Bajo esta última forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero
+aun así, no las tengo todas conmigo.
+
+Mi musa es tan voluntariosa, que hace lo que quiere y no lo que yo le
+mando. De aquí proviene que, si por dicha logro aplausos, es por falta
+de previsión.
+
+Escribí mi primera novela sin caer hasta el fin en que era novela lo que
+escribía.
+
+Acababa yo de leer multitud de libros devotos.
+
+Lo poético de aquellos libros me tenía hechizado, pero no cautivo. Mi
+fantasía se exaltó con tales lecturas, pero mi frío corazón siguió en
+libertad y mi seco espíritu se atuvo á la razón severa.
+
+Quise entonces recoger como en un ramillete todo lo más precioso, ó lo
+que más precioso me parecía, de aquellas flores místicas y ascéticas, é
+inventé un personaje que las recogiera con fe y entusiasmo, juzgándome
+yo, por mí mismo, incapaz de tal cosa. Así brotó espontánea una novela,
+cuando yo distaba tanto de querer ser novelista.
+
+Después me he puesto adrede á componer otras, y dicen que lo he hecho
+peor.
+
+Esto me ha desanimado de tal suerte, que he estado á punto de no volver
+á escribirlas.
+
+Entre las pocas personas que me han dado nuevo aliento descuella V., ora
+por la indulgencia con que celebra mis obrillas, ora por el valor que
+los elogios de V., si prescindimos por un instante de la bondad que los
+inspira, deben tener para cuantos conocen su rara discreción, su
+delicado gusto y el hondo y exquisito sentir con que percibe todo lo
+bello.
+
+Aunque yo no hubiese seguido de antemano la sentencia de aquel sabio
+alejandrino que afirmaba que sólo las personas hermosas entendían de
+hermosura, V. me hubiera movido á seguirla, mostrándose luminoso y vivo
+ejemplo y gentil prueba de su verdad.
+
+No extrañe V., pues, que, lleno de agradecimiento, le dedique este
+libro.
+
+Por ir dedicado á V., quisiera yo que fuese mejor que _Pepita Jiménez_,
+á quien V. tanto celebra; pero harto sabido es que las obras literarias,
+y muy en particular las de carácter poético, sólo se dan bien en
+momentos dichosos de inspiración, que los autores no renuevan á su
+antojo.
+
+En esto como en otras mil cosas, la poesía se parece á la magia.
+Requiere la intervención del cielo.
+
+Cuentan de Alberto Magno que, yendo en peregrinación de Roma á Alemania,
+pasó una noche á las orillas del Po, en la cabaña de un pescador.
+Agasajado allí muy bien, quiso el doctor probar su gratitud al huésped,
+y le hizo y le dió un pez de madera, tan maravilloso que, puesto en la
+red atraía á todos los peces vivos. No hay que ponderar la ventura del
+pescador con su pez mágico. Cierto día, con todo, tuvo un descuido, y el
+pez se le perdió. Entonces se puso en camino, fué á Alemania, buscó á
+Alberto, y le rogó que le hiciera otro pez semejante al primero. Alberto
+respondió que lo deseaba (también deseo yo hacer otra _Pepita Jiménez;_)
+mas que, para hacer otro pez que tuviese todas las virtudes del antiguo,
+era menester esperar á que el cielo presentase idéntico aspecto y
+disposición en constelaciones, signos y planetas, que en la noche en que
+el primer pez se hizo, lo cual no podía acontecer sino dentro de treinta
+y seis mil y pico de años.
+
+Como yo no puedo esperar tanto tiempo, me resigno á dedicar á V. _El
+Comendador Mendoza_.
+
+Este simpático personaje, antes de salir en público, no ya escondido y á
+trozos, sino por completo y por sí solo, pasa, con la venia de Lucía, á
+besar humildemente los lindos pies de V. y á ponerse bajo su amparo.
+Remedando á un antiguo compañero mío, elige á V. por su madrina. No
+desdeñe V. al nuevo ahijado que le presento, aunque no valga lo que
+_Pepita_, y créame su afectísimo y respetuoso servidor.
+
+JUAN VALERA.
+
+
+
+
+*El Comendador Mendoza.*
+
+
+
+
+I
+
+Á pesar de los quehaceres y cuidados que me retienen en Madrid casi de
+continuo, todavía suelo ir de vez en cuando á Villabermeja y á otros
+lugares de Andalucía, á pasar cortas temporadas de uno á dos meses.
+
+La última vez que estuve en Villabermeja ya habían salido á luz _Las
+Ilusiones del Doctor Faustino_.
+
+D. Juan Fresco me mostró en un principio algún enojo de que yo hubiese
+sacado á relucir su vida y las de varios parientes suyos en un libro de
+entretenimiento; pero al cabo, conociendo que yo no lo había hecho á mal
+hacer, me perdonó la falta de sigilo. Es más: D. Juan aplaudió la idea
+de escribir novelas fundadas en hechos reales, y me animó á que siguiese
+cultivando el género. Esto nos movió á hablar del Comendador Mendoza.
+
+--¿El vulgo --dije yo,-- cree aún que el Comendador anda penando,
+durante la noche, por los desvanes de la casa solariega de los
+Mendozas, con su manto blanco del hábito de Santiago?
+
+--Amigo mío --contestó D. Juan,-- el vulgo lee ya _El Citador_ y otros
+libros y periódicos librepensadores. En la incredulidad, además, está
+como impregnado el aire que se respira. No faltan jornaleros escépticos;
+pero las mujeres, por lo común, siguen creyendo á pie juntillas. Los
+mismos jornaleros escépticos niegan de día y rodeados de gente, y de
+noche, á solas, tienen más miedo que antes de lo sobrenatural, por lo
+mismo que lo han negado durante el día. Resulta, pues, que, á pesar de
+que vivimos ya en la edad de la razón y se supone que la de la fe ha
+pasado, no hay mujer bermejina que se aventure á subir á los desvanes de
+la casa de los Mendozas sin bajar gritando y afirmando á veces que ha
+visto al Comendador, y apenas hay hombre que suba solo á dichos desvanes
+sin hacer un grande esfuerzo de voluntad para vencer ó disimular el
+miedo. El Comendador, por lo visto, no ha cumplido aún su tiempo de
+purgatorio, y eso que murió al empezar este siglo. Algunos entienden que
+no está en el purgatorio, sino en el infierno; pero no parece natural
+que, si está en el infierno, se le deje salir de allí para que venga á
+mortificar á sus paisanos. Lo más razonable y verosímil es que esté en
+el purgatorio, y esto cree la generalidad de las gentes.
+
+--Lo que se infiere de todo, ora esté el Comendador en el infierno, ora
+en el purgatorio, es que sus pecados debieron de ser enormes.
+
+--Pues, mire V. --replicó D. Juan Fresco,-- nada cuenta el vulgo de
+terminante y claro con relación al Comendador. Cuenta, sí, mil confusas
+patrañas. En Villabermeja se conoce que hirió más la imaginación popular
+por su modo de ser y de pensar que por sus hechos. Sus hechos conocidos,
+salvo algún extravío de la mocedad, más le califican de buena que de
+mala persona.
+
+--De todos modos, ¿V. cree que el Comendador era una persona notable?
+
+--Y mucho que lo creo. Yo contaré á V. lo que sé de él, y V. juzgará.
+
+Don Juan Fresco me contó entonces lo que sabía acerca del Comendador
+Mendoza. Yo no hago más que ponerlo ahora por escrito.
+
+
+
+
+II
+
+Don Fadrique López de Mendoza, llamado comunmente el Comendador, fué
+hermano de don José, el mayorazgo, abuelo de nuestro D. Faustino, á
+quien supongo que conocen mis lectores.
+
+Nació D. Fadrique en 1744.
+
+Desde niño dicen que manifestó una inclinación perversa á reírse de todo
+y á no tomar nada por lo serio. Esta cualidad es la que menos fácilmente
+se perdona, cuando se entrevé que no proviene de ligereza, sino de tener
+un hombre el espíritu tan serio, que apenas halla cosa terrena y humana
+que merezca que él la considere con seriedad; por donde, en fuerza de la
+seriedad misma, nacen el desdén y la risa burlona.
+
+Don Fadrique, según la general tradición, era un hombre de este género:
+un hombre jocoso de puro serio.
+
+Claro está que hay dos clases de hombres jocosos de puro serios. Á una
+clase, que es muy numerosa, pertenecen los que andan siempre tan serios,
+que hacen reir á los demás, y sin quererlo son jocosos. Á otra clase,
+que siempre cuenta pocos individuos, es á la que pertenecía D. Fadrique.
+Don Fadrique se burlaba de la seriedad vulgar é inmotivada, en virtud de
+una seriedad exquisita y superlativa; por lo cual era jocoso.
+
+Conviene advertir, no obstante, que la jocosidad de D. Fadrique rara vez
+tocaba en la insolencia ó en la crueldad, ni se ensañaba en daño del
+prójimo. Sus burlas eran benévolas y urbanas, y tenían á menudo cierto
+barniz de dulce melancolía.
+
+El rasgo predominante en el carácter de D. Fadrique no se puede negar
+que implicaba una mala condición: la falta de respeto. Como veía lo
+ridículo y lo cómico en todo, resultaba que nada ó casi nada respetaba,
+sin poderlo remediar. Sus maestros y superiores se lamentaron mucho de
+esto.
+
+Don Fadrique era ágil y fuerte, y nada ni nadie le inspiró jamás temor,
+más que su padre, á quien quiso entrañablemente. No por eso dejaba de
+conocer y aun de decir en confianza, cuando recordaba á su padre,
+después de muerto, que, si bien había sido un cumplido caballero,
+honrado, pundonoroso, buen marido y lleno de caridad para con los
+pobres, había sido también un _vándalo_.
+
+En comprobación de este aserto contaba D. Fadrique varias anécdotas,
+entre las cuales ninguna le gustaba tanto como la del bolero.
+
+D. Fadrique bailaba muy bien este baile cuando era niño, y D. Diego,
+que así se llamaba su padre, se complacía en que su hijo luciese su
+habilidad cuando le llevaba de visitas ó las recibía con él en su casa.
+
+Un día llevó D. Diego á su hijo D. Fadrique á la pequeña ciudad, que
+dista dos leguas de Villabermeja, cuyo nombre no he querido nunca decir,
+y donde he puesto la escena de mi _Pepita Jiménez_. Para la mejor
+inteligencia de todo, y á fin de evitar perífrasis, pido al lector que
+siempre que en adelante hable yo de la ciudad entienda que hablo de la
+pequeña ciudad ya mencionada.
+
+Don Diego, como queda dicho, llevó á D. Fadrique á la ciudad. Tenía D.
+Fadrique trece años, pero estaba muy espigado. Como iba de visitas de
+ceremonia, lucía casaca y chupa de damasco encarnado con botones de
+acero bruñido, zapatos de hebilla y medias de seda blanca, de suerte que
+parecía un sol.
+
+La ropa de viaje de D. Fadrique, que estaba muy traída y con algunas
+manchas y desgarrones, se quedó en la posada, donde dejaron los
+caballos. D. Diego quiso que su hijo le acompañase en todo su esplendor.
+El muchacho iba contentísimo de verse tan guapo y con traje tan señoril
+y lujoso. Pero la misma idea de la elegancia aristocrática del traje le
+infundió un sentimiento algo exagerado del decoro y compostura que
+debía tener quien le llevaba puesto.
+
+Por desgracia, en la primera visita que hizo Don Diego á una hidalga
+viuda, que tenía dos hijas doncellas, se habló del niño Fadrique y de lo
+crecido que estaba, y del talento que tenía para bailar el bolero.
+
+--Ahora --dijo D. Diego,-- baila el chico peor que el año pasado, porque
+está en la _edad del pavo_; edad insufrible, entre la palmeta y el
+barbero. Ya Vds. sabrán que en esa edad se ponen los chicos muy
+empalagosos, porque empiezan á presumir de hombres y no lo son. Sin
+embargo, ya que Vds. se empeñan, el chico lucirá su habilidad.
+
+Las señoras, que habían mostrado deseos de ver á D. Fadrique bailar,
+repitieron sus instancias, y una de las doncellas tomó una guitarra y se
+puso á tocar para que D. Fadrique bailase.
+
+--Baila, Fadrique, --dijo D. Diego, no bien empezó la música.
+
+Repugnancia invencible al baile, en aquella ocasión se apoderó de su
+alma. Veía una contrariedad monstruosa, algo de lo que llaman ahora una
+_antinomia_, entre el bolero y la casaca. Es de advertir que en aquel
+día D. Fadrique llevaba casaca por primera vez: estrenaba la prenda, si
+puede calificarse de estreno el aprovechamiento del arreglo ó
+refundición de un vestido, usado primero por el padre y después por el
+mayorazgo, á quien se le había quedado estrecho y corto.
+
+--Baila, Fadrique, --repitió D. Diego, bastante amostazado.
+
+Don Diego, cuyo traje de campo y camino, al uso de la tierra, estaba en
+muy buen estado, no se había puesto casaca como su hijo. D. Diego iba
+todo de estezado, con botas y espuelas, y en la mano llevaba el látigo
+con que castigaba al caballo y á los podencos de una jauría numerosa que
+tenía para cazar.
+
+--Baila, Fadrique, --exclamó D. Diego por tercera vez, notándose ya en
+su voz cierta alteración, causada por la cólera y la sorpresa.
+
+Era tan elevado el concepto que tenía D. Diego de la autoridad paterna,
+que se maravillaba de aquella rebeldía.
+
+--Déjele V., señor de Mendoza --dijo la hidalga viuda.-- El niño está
+cansado del camino y no quiere bailar.
+
+--Ha de bailar ahora.
+
+--Déjele V.; otra vez le veremos, --dijo la que tocaba la guitarra.
+
+--Ha de bailar ahora --repitió D. Diego.-- Baila, Fadrique.
+
+--Yo no bailo con casaca, --respondió éste al cabo.
+
+Aquí fué Troya. D. Diego prescindió de las señoras y de todo.
+
+--¡Rebelde! ¡mal hijo! --gritó:-- te enviaré á los Toribios: baila ó te
+desuello; y empezó á latigazos con D. Fadrique.
+
+La señorita de la guitarra paró un instante la música; pero D. Diego la
+miró de modo tan terrible, que ella tuvo miedo de que la hiciese tocar
+como quería hacer bailar á su hijo, y siguió tocando el bolero.
+
+Don Fadrique, después de recibir ocho ó diez latigazos, bailó lo mejor
+que supo.
+
+Al pronto se le saltaron las lágrimas; pero después, considerando que
+había sido su padre quien le había pegado, y ofreciéndose á su fantasía
+de un modo cómico toda la escena, y viéndose él mismo bailar á latigazos
+y con casaca, se rió, á pesar del dolor físico, y bailó con inspiración
+y entusiasmo.
+
+Las señoras aplaudieron á rabiar.
+
+--Bien, bien --dijo D. Diego.-- ¡Por vida del diablo! ¿Te he hecho mal,
+hijo mío?
+
+--No, padre --dijo D. Fadrique.-- Está visto: yo necesitaba hoy de doble
+acompañamiento para bailar.
+
+--Hombre, disimula. ¿Por qué eres tonto? ¿Qué repugnancia podías tener,
+si la casaca te va que ni pintada, y el bolero clásico y de buena
+escuela es un baile muy señor? Estas damas me perdonarán. ¿No es verdad?
+Yo soy algo vivo de genio.
+
+Así terminó el lance del bolero.
+
+Aquel día bailó otras cuatro veces D. Fadrique en otras tantas visitas,
+á la más leve insinuación de su padre.
+
+Decía el cura Fernández, que conoció y trató á D. Fadrique, y de quien
+sabía muchas de estas cosas mi amigo D. Juan Fresco, que D. Fadrique
+refería con amor la anécdota del bolero, y que lloraba de ternura filial
+y reía al mismo tiempo, diciendo _mi padre era un vándalo_, cuando se
+acordaba de él, dándole de latigazos, y retraía á su memoria á las damas
+aterradas, sin dejar una de ellas de tocar la guitarra, y á él mismo
+bailando el bolero mejor que nunca.
+
+Parece que había en todo esto algo de orgullo de familia. El _mi padre
+era un vándalo_ de D. Fadrique casi sonaba en sus labios como alabanza.
+D. Fadrique, educado en el lugar y del mismo modo que su padre, D.
+Fadrique cerril, hubiera sido más vándalo aún.
+
+La fama de sus travesuras de niño duró en el lugar muchos años después
+de haberse él partido á servir al Rey.
+
+Huérfano de madre á los tres años de edad, había sido criado y mimado
+por una tía solterona, que vivía en la casa, y á quien llamaban la
+chacha Victoria.
+
+Tenía además otra tía, que si bien no vivía con la familia, sino en casa
+aparte, había también permanecido soltera y competía en mimos y en
+halagos con la chacha Victoria. Llamábase esta otra tía la chacha
+Ramoncica. D. Fadrique era el ojito derecho de ambas señoras, cada una
+de las cuales estaba ya en los cuarenta y pico de años cuando tenía doce
+nuestro héroe.
+
+Las dos tías ó chachas se parecían en algo y se diferenciaban en mucho.
+
+Se parecían en cierto entono amable y benévolo de hidalgas, en la piedad
+católica y en la profunda ignorancia. Esto último no provenía sólo de
+que hubiesen sido educadas en el lugar, sino de una idea de entonces. Yo
+me figuro que nuestros abuelos, hartos de la bachillería femenil, de las
+cultas latini-parlas y de la desenvoltura pedantesca de las damas que
+retratan Quevedo, Tirso y Calderón en sus obras, habían caído en el
+extremo contrario de empeñarse en que las mujeres no aprendiesen nada.
+La ciencia en la mujer hubo de considerarse como un manantial de
+perversión. Así es que en los lugares, en las familias acomodadas y
+nobles, cuando eran religiosas y morigeradas, se educaban las niñas para
+que fuesen muy hacendosas, muy arregladas y muy señoras de su casa.
+Aprendían á coser, á bordar y á hacer calceta; muchas sabían de cocina;
+no pocas planchaban perfectamente; pero casi siempre se procuraba que no
+aprendiesen á escribir, y apenas sí se les enseñaba á leer de corrido
+en _El Año Cristiano_ ó en algún otro libro devoto.
+
+Las chachas Victoria y Ramoncica se habían educado así. La diversa
+condición y carácter de cada una estableció después notables
+diferencias.
+
+La chacha Victoria, alta, rubia, delgada y bien parecida,
+había sido, y continuó siendo hasta la muerte, naturalmente sentimental
+y curiosa. Á fuerza de deletrear, llegó á leer casi de corrido cuando
+estaba ya muy granada; y sus lecturas no fueron sólo de vidas de santos,
+sino que conoció también algunas historias profanas y las obras de
+varios poetas. Sus autores favoritos fueron doña María de Zayas y
+Gerardo Lobo.
+
+Se preciaba de experimentada y desengañada. Su conversación estaba
+siempre como salpicada de estas dos exclamaciones: --¡Qué mundo éste!
+--¡Lo que ve el que vive!-- La chacha Victoria se sentía como hastiada y
+fatigada de haber visto tanto, y eso que sus viajes no se habían
+extendido más allá de cinco ó seis leguas de distancia de Villabermeja.
+
+Una pasión, que hoy calificaríamos de romántica, había llenado toda la
+vida de la chacha Victoria. Cuando apenas tenía diez y ocho años,
+conoció y amó en una feria á un caballero cadete de infantería. El
+cadete amó también á la chacha, que no lo era entonces; pero los dos
+amantes, tan hidalgos como pobres, no se podían casar por falta de
+dinero. Formaron, pues, el firme propósito de seguir amándose, se
+juraron constancia eterna y decidieron aguardar para la boda á que
+llegase á capitán el cadete. Por desgracia, entonces se caminaba con
+pies de plomo en las carreras, no había guerras civiles ni
+pronunciamientos, y el cadete, firme como una roca y fiel como un perro,
+envejeció sin pasar de teniente nunca.
+
+Siempre que el servicio militar lo consentía, el cadete venía á
+Villabermeja; hablaba por la ventana con la chacha Victoria, y se decían
+ambos mil ternuras. En las largas ausencias se escribían cartas amorosas
+cada ocho ó diez días; asiduidad y frecuencia extraordinarias entonces.
+
+Esta necesidad de escribir obligó á la chacha Victoria á hacerse
+letrada. El amor fué su maestro de escuela, y le enseñó á trazar unos
+garrapatos anárquicos y misteriosos, que por revelación de amor leía,
+entendía y descifraba el cadete.
+
+De esta suerte, entre temporadas de pelar la pava en Villabermeja, y
+otras más largas temporadas de estar ausentes, comunicándose por cartas,
+se pasaron cerca de doce años. El cadete llegó á teniente.
+
+Hubo entonces un momento terrible: una despedida desgarradora. El
+cadete, teniente ya, se fué á la guerra de Italia. Desde allí venían las
+cartas muy de tarde en tarde. Al cabo cesaron del todo. La chacha
+Victoria se llenó de presentimientos melancólicos.
+
+En 1747, firmada ya la paz de Aquisgrán, los soldados españoles
+volvieron de Italia á España; pero nuestro cadete, que había esperado
+volver de capitán, no parecía ni escribía. Sólo pareció, con la licencia
+absoluta, su asistente, que era bermejino.
+
+El bueno del asistente, en el mejor lenguaje que pudo, y con los
+preparativos y rodeos que le parecieron del caso para amortiguar el
+golpe, dió á la chacha Victoria la triste noticia de que el cadete,
+cuando iba ya á ver colmados sus deseos, cuando iba á ser ascendido á
+capitán, en vísperas de la paz, en la rota de Trebia, había caído
+atravesado por la lanza de un croata.
+
+No murió en el acto. Vivió aún dos ó tres días con la herida mortal, y
+tuvo tiempo de entregar al asistente, para que trajese á su querida
+Victoria, un rizo rubio que de ella llevaba sobre el pecho en un
+guardapelo, las cartas y un anillo de oro con un bonito diamante.
+
+El pobre soldado cumplió fielmente su comisión.
+
+La chacha Victoria recibió y bañó en lágrimas las amadas reliquias. El
+resto de su vida le pasó recordando al cadete, permaneciendo fiel á su
+memoria y llorándole á veces. Cuanto había de amor en su alma fué
+consumiéndose en devociones y transformándose en cariño por el sobrino
+Fadriquito, el cual tenía tres años cuando supo la chacha Victoria la
+muerte de su perpetuo y único novio.
+
+La pobre chacha Ramoncica había sido siempre pequeñuela y mal hecha de
+cuerpo, sumamente morena y bastante fea de cara. Cierta dignidad natural
+é instintiva le hizo comprender, desde que tenía quince años, que no
+había nacido para el amor. Si algo del amor con que aman las mujeres á
+los hombres había en germen en su alma, ella acertó á sofocarlo y no
+brotó jamás. En cambio tuvo afecto para todos. Su caridad se extendía
+hasta los animales.
+
+Desde la edad de veinticuatro años, en que la chacha Ramoncica se quedó
+huérfana y vivía en casa propia, sola, le hacían compañía media docena
+de gatos, dos ó tres perros y un grajo, que poseía varias habilidades.
+Tenía asimismo Ramoncica un palomar lleno de palomos, y un corral
+poblado de pavos, patos, gallinas y conejos.
+
+Una criada llamada Rafaela, que entró á servir á la chacha Ramoncica
+cuando ésta vivía aún en casa de sus padres, siguió sirviéndola toda la
+vida. Ama y criada eran de la misma edad y llegaron juntas á una extrema
+vejez.
+
+Rafaela era más fea que la chacha, y, hasta por imitarla, permaneció
+siempre soltera.
+
+En medio de su fealdad, había algo de noble y distinguido en la chacha
+Ramoncica, que era una señora de muy cortas luces. Rafaela, por el
+contrario, sobre ser fea, tenía el más innoble aspecto; pero estaba
+dotada de un despejo natural grandísimo.
+
+Por lo demás, ama y criada, guardando siempre cada cual su posición y
+grado en la jerarquía social, se identificaron por tal arte, que se
+diría que no había en ellas sino una voluntad, los pensamientos mismos y
+los mismos propósitos.
+
+Todo era orden, método y arreglo en aquella casa. Apenas se gastaba en
+comer, porque ama y criada comían poquísimo. Un vestido, una saya, una
+basquiña, cualquiera otra prenda, duraba años y años sobre el cuerpo de
+la chacha Ramoncica ó guardada en el armario. Después, estando aún en
+buen uso, pasaba á ser prenda de Rafaela.
+
+Los muebles eran siempre los mismos y se conservaban, como por encanto,
+con un lustre y una limpieza que daban consuelo.
+
+Con tal modo de vivir, la chacha Ramoncica, si bien no tenía sino muy
+escasas rentas, apenas gastaba de ellas una tercera parte. Iba, pues,
+acumulando y atesorando, y pronto tuvo fama de rica. Sin embargo, jamás
+se sentía con valor de ser despilfarrada sino por empeño de su sobrino
+Fadrique, á quien, según hemos dicho, mimaba en competencia de la chacha
+Victoria.
+
+Don Diego andaba siempre en el campo, de caza ó atendiendo á las
+labores. Sus dos hijos, D. José y D. Fadrique, quedaban al cuidado de la
+chacha Victoria y del P. Jacinto, fraile dominico, que pasaba por muy
+docto en el lugar, y que les sirvió de ayo, enseñándoles las primeras
+letras y el latín.
+
+Don José era bondadoso y reposado, D. Fadrique un diablo de travieso;
+pero D. José no atinaba hacerse querer, y D. Fadrique era amado con
+locura de ambas chachas, del feroz D. Diego y del ya citado P. Jacinto,
+quien apenas tendría treinta y seis años de edad cuando enseñaba la
+lengua de Cicerón á los dos pimpollos lozanos del glorioso y antiguo
+tronco de los López de Mendoza bermejinos.
+
+Mientras que el apacible D. José se quedaba en casa estudiando, ó iba al
+convento á ayudar á misa, ó empleaba su tiempo en otras tareas
+tranquilas, D. Fadrique solía escaparse y promover mil alborotos en el
+pueblo.
+
+Como segundón de la casa, D. Fadrique estaba condenado á vestirse de lo
+que se quedaba estrecho ó corto para su hermano, el cual, á su vez,
+solía vestirse de los desechos de su padre. La chacha Victoria hacía
+estos arreglos y traspasos. Ya hemos hablado de la casaca y de la chupa
+encarnadas, que vinieron á ser memorables por el lance del bolero; pero
+mucho antes había heredado D. Fadrique una capa, que se hizo más
+famosa, y que había servido sucesivamente á D. Diego y á D. José. La
+capa era blanca, y cuando cayó en poder de D. Fadrique recibió el nombre
+de la capa-paloma.
+
+La capa-paloma parecía que había dado alas al chico, quien se hizo más
+inquieto y diabólico desde que la poseyó. D. Fadrique, cabeza de motín y
+de bando entre los muchachos más desatinados del pueblo, se diría que
+llevaba la capa-paloma como un estandarte, como un signo que todos
+seguían, como un penacho blanco de Enrique IV.
+
+No era muy numeroso el bando de D. Fadrique, no por falta de simpatías,
+sino porque él elegía á sus parciales y secuaces haciendo pruebas
+análogas á las que hizo Gedeón para elegir ó desechar á sus soldados. De
+esta suerte logró D. Fadrique tener unos cincuenta ó sesenta que le
+seguían, tan atrevidos y devotos á su persona, que cada uno valía por
+diez.
+
+Se formó un partido contrario, capitaneado por D. Casimirito, hijo del
+hidalgo más rico del lugar. Este partido era de más gente; pero, así por
+las prendas personales del capitán, como por el valor y decisión de los
+soldados, quedaba siempre muy inferior á los fadriqueños.
+
+Varias veces llegaron á las manos ambos bandos, ya á puñadas y luchando
+á brazo partido, ya en pedreas, de que era teatro un llanete que está
+por bajo de un sitio llamado el Retamal.
+
+Siempre que había un lance de éstos, D. Fadrique era el primero en
+acudir al lugar del peligro; pero es lo cierto que no bien corría la voz
+de que _la capa-paloma iba por el Retamal abajo_, las calles y las
+plazuelas se despoblaban de los más belicosos chiquillos, y todos
+acudían en busca del capitán idolatrado.
+
+La victoria, en todas estas pendencias, quedó siempre por el bando de D.
+Fadrique. Los de don Casimiro resistían poco y se ponían en un momento
+en vergonzosa fuga: pero como D. Fadrique se aventuraba siempre más de
+lo que conviene á la prudencia de un general, resultó que dos veces regó
+los laureles con su sangre, quedando descalabrado.
+
+No sólo en batalla campal, sino en otros ejercicios y haciendo
+travesuras de todo género, don Fadrique se había roto además la cabeza
+otra tercera vez, se había herido el pecho con unas tijeras, se había
+quemado una mano y se había dislocado un brazo: pero de todos estos
+percances salía al cabo sano y salvo, merced á su robustez y á los
+cuidados de la chacha Victoria, que decía, maravillada y santiguándose:
+--¡Ay, hijo de mi alma, para muy grandes cosas quiere reservarte el
+cielo, cuando vives de milagro y no mueres!
+
+
+
+
+III
+
+Casimiro tenía tres años más de edad que don Fadrique, y era también más
+fornido y alto. Irritado de verse vencido siempre como capitán, quiso
+probarse con D. Fadrique en singular combate. Lucharon, pues, á puñadas
+y á brazo partido, y el pobre Casimiro salió siempre acogotado y
+pisoteado, á pesar de su superioridad aparente.
+
+Los frailes dominicos del lugar nunca quisieron bien á la familia de los
+Mendozas. Á pesar de la piedad suma de las chachas Victoria y Ramoncica,
+y de la devoción humilde de D. José, no podían tragar á D. Diego, y se
+mostraban escandalizados de los desafueros é insolencias de D. Fadrique.
+
+Sólo el P. Jacinto, que amaba tiernamente á don Fadrique, le defendía de
+las acusaciones y quejas de los otros frailes.
+
+Éstos, no obstante, le amenazaban á menudo con cogerle y enviarle á los
+Toribios, ó con hacer que el propio hermano Toribio viniese por él y se
+le llevase.
+
+Bien sabían los frailes que el bendito hermano Toribio había muerto
+hacía más de veinte años; pero la institución creada por él florecía,
+prestando al glorioso fundador una existencia inmortal y mitológica.
+Hasta muy entrado el segundo tercio del siglo presente, el hermano
+Toribio y los Toribios en general han sido el tema constante de todas
+amenazas para infundir saludable terror á los chachos traviesos.
+
+En la mente de D. Fadrique no entraba la idea de la fervorosa caridad
+con que el hermano Toribio, á fin de salvar y purificar las almas de
+cuantos muchachos cogía, les martirizaba el cuerpo, dándoles rudos
+azotes sobre las carnes desnudas. Así es que se presentaba en su
+imaginación el bendito hermano Toribio como loco furioso y perverso,
+enemigo de sí mismo para llagarse con cadenas ceñidas á los riñones, y
+enemigo de todo el género humano, á quien desollaba y atormentaba en la
+edad de la niñez y de la más temprana juventud cuando se abren al amor
+las almas y cuando la naturaleza y el cielo debieran sonreír y acariciar
+en vez de dar azotes.
+
+Como ya habían ocurrido casos de llevarse á los Toribios, contra la
+voluntad de sus padres, á varios muchachos traviesos, y como el hermano
+Toribio, durante su santa vida, había salido á caza de tales muchachos,
+no sólo por toda Sevilla, sino por otras poblaciones de Andalucía,
+desde donde los conducía á su terrible establecimiento, la amenaza de
+los frailes pareció para broma harto pesada á D. Diego, y para veras le
+pareció más pesada aún. Hizo, pues, decir á los frailes que se
+abstuviesen de embromar á su hijo, y mucho más de amenazarle, que ya él
+sabría castigar al chico cuando lo mereciese; pero que nadie más que él
+había de ser osado á ponerle las manos encima. Añadió D. Diego que el
+chico, aunque pequeño todavía, sabría defenderse y hasta ofender, si le
+atacaban, y que además él volaría en su auxilio, en caso necesario, y
+arrancaría las orejas á tirones á todos los Toribios que ha habido y hay
+en el mundo.
+
+Con estas insinuaciones, que bien sabían todos cuán capaz era de hacer
+efectivas D. Diego, los frailes se contuvieron en su malevolencia; pero
+como D. Fadrique (fuerza es confesarlo, si hemos de ser imparciales)
+seguía siendo peor que Pateta, los frailes, no atreviéndose ya á
+esgrimir contra él armas terrenas y temporales, acudieron al arsenal de
+las espirituales y eternas, y no cesaron de querer amedrentarle con el
+infierno y el demonio.
+
+De este método de intimidación se ocasionó un mal gravísimo. D.
+Fadrique, á pesar de sus chachas, se hizo impío, antes de pensar y de
+reflexionar, por un sentimiento instintivo. La religión no se ofreció á
+su mente por el lado del amor y de la ternura infinita, sino por el
+lado del miedo, contra el cual su natural valeroso é independiente se
+rebelaba. D. Fadrique no vió el objeto del amor insaciable del alma, y
+el fin digno de su última aspiración, en los poderes sobrenaturales. D.
+Fadrique no vió en ellos sino tiranos, verdugos ó espantajos sin
+consistencia.
+
+Cada siglo tiene su espíritu, que se esparce y como que se diluye en el
+aire que respiramos, infundiéndose tal vez en las almas de los hombres,
+sin necesidad de que las ideas y teorías pasen de unos entendimientos á
+otros por medio de la palabra escrita ó hablada. El siglo XVIII tal vez
+no fué crítico, burlón, sensualista y descreído porque tuvo á Voltaire,
+á Kant y á los enciclopedistas, sino porque fué crítico, burlón,
+sensualista y descreído tuvo á dichos pensadores, quienes formularon en
+términos precisos lo que estaba vago y difuso en el ambiente: el giro
+del pensamiento humano en aquel período de su civilización progresiva.
+
+Sólo así se comprende que D. Fadrique viniese á ser impío sin leer ni
+oir nada que á ello le llevase.
+
+Esta nueva calidad que apareció en él era bastante peligrosa en aquellos
+tiempos. D. Diego mismo se espantó de ciertas ideas de su hijo. Por
+dicha, el desenvolvimiento de tan mala inclinación coincidió casi con la
+ida de D. Fadrique al Colegio de Guardias marinas, y se evitó así todo
+escándalo y disgusto en Villabermeja.
+
+Las chachas Victoria y Ramoncica lloraron mucho la partida de D.
+Fadrique; el P. Jacinto la sintió; D. Diego, que le llevó á la Isla, se
+alegró de ver á su hijo puesto en carrera, casi más que se afligió al
+separarse de él; y los frailes, y Casimirito sobre todo, tuvieron un día
+de júbilo el día en que le perdieron de vista.
+
+D. Fadrique volvió al lugar de allí adelante, pero siempre por brevísimo
+tiempo: una vez cuando salió del Colegio para ir á navegar; otra vez
+siendo ya alférez de navío. Luego pasaron años y años sin que viese á D.
+Fadrique ningún bermejino. Se sabía que estaba, ya en el Perú, ya en el
+Asia, en el extremo Oriente.
+
+
+
+
+IV
+
+De las cosas de D. Fadrique, durante tan larga ausencia, se tenía ó se
+forjaba en el lugar el concepto más fantástico y absurdo.
+
+D. Diego y la chacha Victoria, que eran las personas de la familia más
+instruidas é inteligentes, murieron á poco de hallarse D. Fadrique en el
+Perú. Y lo que es á la cándida Ramoncica y al limitado D. José, no
+escribía D. Fadrique sino muy de tarde en tarde, y cada carta tan breve
+como una fe de vida.
+
+Al P. Jacinto, aunque D. Fadrique le estimaba y quería de veras, también
+le escribía poco, por efecto de la repulsión y desconfianza que en
+general le inspiraban los frailes. Así es que nada se sabía nunca á
+ciencia cierta en el lugar de las andanzas y aventuras del ilustre
+marino.
+
+Quien más supo de ello en su tiempo fué el cura Fernández, que, según
+queda dicho, trató á don Fadrique y tuvo alguna amistad con él. Por el
+cura Fernández se enteró D. Juan Fresco, en quien influyó mucho el
+relato de las peregrinaciones y lances de fortuna de D. Fadrique para
+que se hiciese piloto y siguiese en todo sus huellas.
+
+Recogiendo y ordenando yo ahora las esparcidas y vagas noticias, las
+apuntaré aquí en resumen.
+
+D. Fadrique estuvo poco tiempo en el Colegio, donde mostró grande
+disposición para el estudio.
+
+Pronto salió á navegar, y fué á la Habana en ocasión tristísima. España
+estaba en guerra con los ingleses, y la capital de Cuba fué atacada por
+el almirante Pocok. Echado á pique el navío en que se hallaba nuestro
+bermejino, la gente de la tripulación, que pudo salvarse, fué destinada
+á la defensa del castillo del Morro, bajo las órdenes del valeroso D.
+Luis Velasco.
+
+Allí estuvo D. Fadrique haciendo estragos en la escuadra inglesa con sus
+certeros tiros de cañón. Luego, durante el asalto, peleó como un héroe
+en la brecha, y vió morir á su lado á D. Luis, su jefe. Por último, fué
+de los pocos que lograron salvarse cuando, pasando sobre un montón de
+cadáveres y haciendo prisioneros á los vivos, llegó el general inglés,
+Conde de Albemarle, á levantar el pabellón británico sobre la principal
+fortaleza de la Habana.
+
+D. Fadrique tuvo el disgusto de asistir á la capitulación de aquella
+plaza importante, y, contado en el número de los que la guarnecían, fué
+conducido á España en cumplimiento de lo capitulado.
+
+Entonces, ya de alférez de navío, vino á Villabermeja, y vió á su padre
+la última vez.
+
+La reina de las Antillas, muchos millones de duros y lo mejor de
+nuestros barcos de guerra habían quedado en poder de los ingleses.
+
+D. Fadrique no se descorazonó con tan trágico principio. Era hombre poco
+dado á melancolías. Era optimista y no quejumbroso. Además, todos los
+bienes de la casa los había de heredar el mayorazgo, y él ansiaba
+adquirir honra, dinero y posición.
+
+Pocos días estuvo en Villabermeja. Se fué antes de que su licencia se
+cumpliese.
+
+El rey Carlos III, después de la triste paz de París, á que le llevó el
+desastroso _Pacto de familia_, trató de mejorar por todas partes la
+administración de sus vastísimos Estados. En América era donde había más
+abusos, escándalos, inmoralidad, tiranías y dilapidaciones. Á fin de
+remediar tanto mal, envió el Rey á Gálvez de visitador á Méjico, y algo
+más tarde envió al Perú, con la misma misión, á D. Juan Antonio de
+Areche. En esta expedición fué á Lima D. Fadrique.
+
+Allí se encontraba cuando tuvo lugar la rebelión de Tupac-Amaru. En la
+mente imparcial y filosófica del bermejino se presentaba como un
+contrasentido espantoso el que su Gobierno tratase de ahogar en sangre
+aquella rebelión, al mismo tiempo que estaba auxiliando la de Washington
+y sus parciales contra los ingleses; pero D. Fadrique, murmurando y
+censurando, sirvió con energía á su Gobierno, y contribuyó bastante á la
+pacificación del Perú.
+
+Don Fadrique acompañó á Areche en su marcha al Cuzco, y desde allí,
+mandando una de las seis columnas en que dividió sus fuerzas el general
+Valle, siguió la campaña contra los indios, tomando gloriosa parte en
+muchas refriegas, sufriendo con firmeza las privaciones, las lluvias y
+los fríos en escabrosas alturas á la falda de los Andes, y no parando
+hasta que Tupac-Amaru quedó vencido y cayó prisionero.
+
+Don Fadrique, con grande horror y disgusto, fué testigo ocular de los
+tremendos castigos que hizo nuestro Gobierno en los rebeldes. Pensaba él
+que las crueldades é infamias cometidas por los indios no justificaban
+las de un Gobierno culto y europeo. Era bajar al nivel de aquella gente
+semisalvaje. Así es que casi se arrepintió de haber contribuído al
+triunfo cuando vió en la plaza del Cuzco morir á Tupac-Amaru, después de
+un brutal martirio, que parecía invención de fieras y no de seres
+humanos.
+
+Tupac-Amaru tuvo que presenciar la muerte de su mujer, de un hijo suyo
+y de otros deudos y amigos: á otro hijo suyo de diez años le condenaron
+á ver aquellos bárbaros suplicios de su padre y de su madre, y á él
+mismo le cortaron la lengua y le ataron luego por los cuatro remos á
+otros tantos caballos para que, saliendo á escape, le hiciesen pedazos.
+Los caballos, aunque espoleados duramente por los que los montaban, no
+tuvieron fuerza bastante para descuartizar al indio, y á éste,
+descoyuntado, después de tirar de él un rato en distintas direcciones,
+tuvieron que desatarle de los caballos y cortarle la cabeza.
+
+Á pesar de su optimismo, de su genio alegre y de su afición á tomar
+muchos sucesos por el lado cómico, D. Fadrique, no pudiendo hallar nada
+cómico en aquel suceso, cayó enfermo con fiebre y se desanimó mucho en
+su afición á la carrera militar.
+
+Desde entonces se declaró más en él la manía de ser filántropo, especie
+de secularización de la caridad, que empezó á estar muy en moda en el
+siglo pasado.
+
+La impiedad precoz de D. Fadrique vino á fundarse en razones y en
+discursos con el andar del tiempo y con la lectura de los malos libros
+que en aquella época se publicaban en Francia. El carácter burlón y
+regocijado de D. Fadrique se avenía mal con la misantropía tétrica de
+Rousseau. Voltaire, en cambio, le encantaba. Sus obras más impías
+parecíanle eco de su alma.
+
+La filosofía de D. Fadrique era el sensualismo de Condillac, que él
+consideraba como el _non plus ultra_ de la especulación humana.
+
+En cuanto á la política, nuestro D. Fadrique era un liberal anacrónico
+en España. Por los años de 1783, cuando vió morir á Tupac-Amaru, era
+casi como un radical de ahora.
+
+Todo esto se encadenaba y se fundaba en una teodicea algo confusa y
+somera, pero común entonces. D. Fadrique creía en Dios y se imaginaba
+que tenía ciencia de Dios, representándosele como inteligencia suprema y
+libre, que hizo el mundo porque quiso, y luego le ordenó y arregló según
+los más profundos principios de la mecánica y de la física. Á pesar del
+_Cándido_, novela que le hacía llorar de risa, D. Fadrique era casi tan
+optimista como el Dr. Pangloss, y tenía por cierto que todo estaba
+divinamente bien y que nada podía estar mejor de lo que estaba. El mal
+le parecía un accidente, por más que á menudo se pasmase de que
+ocurriera con tanta frecuencia y de que fuera tan grande, y el bien le
+parecía lo substancial, positivo é importante que había en todo.
+
+Sobre el espíritu y la materia, sobre la vida ultra-mundana y sobre la
+justificación de la Providencia, basada en compensaciones de eterna
+duración, D. Fadrique estaba muy dudoso; pero su optimismo era tal, que
+veía demostrada y hasta patente la bondad del cielo, sin salir de este
+mundo sublunar y de la vida que vivimos. Verdad es que para ello había
+adoptado una teoría, novísima entonces. Y decimos que la había adoptado,
+y no que la había inventado, porque no nos consta, aunque bien pudo ser
+que la inventase; ya que cuando llega el momento y suena la hora de que
+nazca una idea y de que se formule un sistema, la idea nace y el sistema
+se formula en mil cabezas á la vez, si bien la gloria de la invención se
+la lleva aquel que por escrito ó de palabra le expone con más claridad,
+precisión ó elegancia.
+
+La idea, ó mejor dicho, la teoría novísima, tal como estaba en la mente
+de D. Fadrique, era en compendio la siguiente:
+
+Entendía el filósofo de Villabermeja que había una ley providencial y
+eterna para la historia, tan indefectible como las leyes matemáticas,
+según las cuales giran en sus órbitas los astros. En virtud de esta ley,
+la humanidad iba adelantando siempre por un camino de perfectibilidad
+indefinida; su ascensión hacia la luz, el bien, la verdad y la belleza,
+no tenía pausa ni término. En esto, el humano linaje, en su conjunto,
+seguía un impulso necesario. Toda la gloria del éxito era para el Ser
+Supremo, que había dado aquel impulso; pero, dentro del providencial
+movimiento que de él nacía, en toda acción, en toda idea, en todo
+propósito, cada individuo era libre y responsable. El maravilloso
+trabajo de la Providencia, el misterio más bello de su sabiduría
+infinita, consistía en concertar con atinada armonía todos aquellos
+resultados de la libertad humana á fin de que concurriesen al
+cumplimiento de la ley eterna del progreso, ó en tenerlos previstos con
+tan divina previsión y acierto, que no perturbasen lo que estaba
+prescrito y ordenado; así como, aunque sea baja comparación, cuenta el
+inventor y constructor perito de una máquina con los rozamientos y con
+el medio ambiente.
+
+Tal manera de considerar los sucesos se avenía bien con el carácter de
+D. Fadrique, corroborando su desdén hacia las menudencias, y su prurito
+de calificar de menudencias lo que para los más de los hombres es
+importante en grado sumo, y transformando su propensión á la alegría y á
+la risa en serenidad olímpica, digna de los inmortales.
+
+En su moral no dejaba de ser severo. No había borrado de sus tablas de
+la ley ni un tilde ni una coma de los mandamientos divinos. Lo único que
+hacía era dar más vigor, si cabe, á toda prohibición de actos que
+produzcan dolor, y relajar no poco las prohibiciones de todo aquello que
+á él se le antojaba que sólo traía deleite ó bienestar consigo.
+
+En aquella edad, pensar así en España y en sus dominios ya hemos dicho
+que era expuesto; pero D. Fadrique tenía el don de la mesura y del tino,
+y sin hipocresía lograba no chocar ni lastimar opiniones ó creencias.
+
+Concurría á esto la buena gracia con que se ganaba las voluntades, no
+con inspirar trivial afecto á todo el mundo, sino inspirándole muy vivo
+á los pocos que él quería, los cuales valían siempre por muchos para
+defenderle y encomiarle.
+
+En la primera mocedad, dotado D. Fadrique de tales prendas, y siendo
+además bello y agraciado de rostro, de buen talle, atrevido y sigiloso,
+consiguió que lloviesen sobre él las aventuras galantes, y tuvo alta
+fama de afortunado en amores.
+
+Después de terminada la rebelión de Tupac-Amaru ascendió á capitán de
+fragata, y su reputación de buen soldado y de sabio y hábil marino llegó
+á su colmo.
+
+Casi cuando acababan de espirar en el Cuzco los últimos indios parciales
+de la independencia de su patria, siendo atenaceados algunos con tenazas
+candentes antes de ahorcarlos, llegó la nueva á Lima de que habíamos
+hecho la paz con Inglaterra, logrando la independencia de su colonia, en
+pro de la cual combatimos.
+
+Don Fadrique pudo entonces obtener licencia para navegar á las órdenes
+de la Compañía de Filipinas, y salió para Calcuta mandando un navío
+cargado de preciosas mercaderías. Tres viajes hizo de Lima á Calcuta y
+de Calcuta á Lima; y como llevaba muy buena pacotilla y un sueldo
+crecido, y alcanzó ventas muy ventajosas, se halló en poco tiempo
+poseedor de algunos millones de reales.
+
+En las largas temporadas que D. Fadrique pasó en la India se aficionó
+mucho á la dulzura de los indígenas de aquel país y tomó en mayor
+aborrecimiento el fervor religioso y guerrero de otras naciones. Tippoo,
+sultán de Misor, se había empeñado en convertir al islamismo á todos los
+indostaníes y en dilatar su imperio hasta el Cabo Comorín, á donde nunca
+habían penetrado las huestes de otros conquistadores musulmanes. La
+horrible devastación del floreciente reino de Travancor, en las barbas
+de los ingleses, fué la consecuencia de la ambición y del celo muslímico
+del sultán mencionado. El Gobernador general de la India se resolvió al
+cabo á vengar y á remediar lo que hubiera debido impedir, y partió de
+Calcuta á Madrás con muchos soldados europeos y cipayos, y grandes
+aprestos de guerra. En aquella ocasión D. Fadrique tuvo el gusto de
+ganar bastantes rupias, sirviendo una buena causa y conduciendo á Madrás
+en su navío, con la autorización debida, tropas, víveres y municiones.
+
+Parece que poco tiempo después de este suceso, y aun antes de que el
+rajah de Travancor fuese restablecido en su trono, y el sultán Tippoo
+vencido y obligado á hacer la paz, D. Fadrique, cansado ya de
+peregrinaciones y trabajos, con la ambición apagada y con el deseo de
+fortuna más que satisfecho, logró, de vuelta á Lima, obtener su retiro,
+y se vino á Europa, anhelante de presenciar la gran revolución que en
+Francia se estaba realizando, cuyos principios se hallaban tan en
+concordancia con los suyos, y cuya fama llenaba el mundo de asombro.
+
+Don Fadrique, sin embargo, sólo estuvo en París algunos meses: desde
+fines de 1791 hasta Septiembre de 1792. Este tiempo le bastó para
+cansarse y hartarse de la gran revolución, desengañarse un poco de su
+liberalismo y dudar de sus teorías de constante progreso.
+
+En Madrid vivió, por último, dos años, y también se desengañó de
+muchísimas cosas.
+
+Entrado ya en los cincuenta de su edad, aunque sano y bueno, y
+apareciendo en el semblante, en la robustez y gallardía del cuerpo, y en
+la serenidad y viveza del espíritu mucho más joven, le entró la
+nostalgia de que padecen casi todos los bermejinos, y tomó la
+irrevocable resolución de retirarse á Villabermeja para acabar allí
+tranquilamente su vida.
+
+Las cartas que escribió á su hermano D. José y á la chacha Ramoncica,
+que vivían aún, anunciándoles su vuelta definitiva y para siempre,
+fueron breves, aunque muy cariñosas. En cambio, escribió al P. Jacinto
+una extensa carta, que se conserva aún y que debe ser trasladada á este
+sitio. La carta es como sigue:
+
+
+
+
+V
+
+Mi querido P. Jacinto: Ya sabrá V. por mi hermano y por la chacha
+Ramoncica que estoy decidido á irme á ese lugar á acabar mi vida donde
+pasé los mejores años y los más inocentes de ella (¡buena inocencia era
+la mía!), jugando al hoyuelo, á las chapas, al salto de la comba y
+algunas veces al cané, y andando á pedradas y á mojicones con mis
+coetáneos y compatricios.
+
+Entonces estaba yo cerril; pero ya V. se hará cargo de que me he pulido
+bastante peregrinando por esos mundos, y de que ahora son otras mis
+aficiones y muy diversos mis cuidados. Los frailes compañeros de V. no
+tendrán ya necesidad de amenazarme con los Toribios.
+
+Mi estancia en el lugar no traerá perturbación alguna; antes, por el
+contrario, yo me lisonjeo de que reporte algunas ventajas. He hecho
+dinero y emplearé ahí mucha parte en fomentar la agricultura. El vino que
+ahí se produce es abominable y puede ser excelente. Trabajando se
+logrará hacerle potable y bueno.
+
+Soñando estoy con las agradables veladas que vamos á pasar en el
+invierno, jugando á la malilla y al tute, disputando sobre nuestras no
+muy concordes teologías, y refiriendo yo á V. mis aventuras en el Perú,
+en la India y en otras apartadas regiones.
+
+Sé que V., á pesar de los años, está firme como un roble, por lo cual me
+prometo que ha de dar conmigo largos paseos á caballo y á pie, y ha de
+acompañarme á cazar perdices. Tengo dos magníficas escopetas inglesas,
+que compré en Calcuta, y con las cuales he cazado tigres, tan grandes
+algunos de ellos como borricos. Ya verá V. qué bien le va tirando con
+cualquiera de estas escopetas á las pacíficas y enamoradas perdices que
+acuden al reclamo en la estación del celo.
+
+Á pesar de nuestra edad, hemos de emplearnos todavía, si V. no se opone,
+en algunas cosas harto infantiles. Hemos de volver al Pozo de la Solana,
+como hace cuarenta años, á cazar colorines y otros pajarillos, ya con la
+red, ya con liga y esparto. Téngame V. preparado un buen par de
+cimbeles.
+
+Todas las cosas de por ahí se me ofrecen á la memoria con el encanto de
+los primeros años. Entiendo que voy á remozarme al verlas y gozarlas.
+Tengo gana de volver á comer piñonate, salmorejo, hojuelas, gajorros,
+pestiños, cordero en caldereta, cabrito en cochifrito, empanadas de
+boquerones con chocolate, torta-maimón, gazpacho, longanizas y los demás
+primores de cocina y repostería con que suelen regalarse los sibaritas
+bermejinos. No por eso romperé con la costumbre contraída en otras
+tierras, sino que pienso llevar en mí compañía á un gabacho que he
+traído de París, el cual condimenta unos manjares que doy por cierto que
+han de gustar á V., aunque tienen nombres imposibles casi de pronunciar
+por una boca de Villabermeja; pero ya V. se convencerá de que, sin
+pronunciarlos, los mastica, los saborea, se los traga y le saben á
+gloria.
+
+Por más extraño que á V. le parezca, llevo también vino á esa tierra del
+vino. Yo recuerdo que V. era un excelente catador; que V. tenía un
+paladar muy fino y una nariz delicadísima. Espero, pues, que ha de
+comprender y estimar el mérito de los vinos de _extranjis_ que yo lleve,
+y que no caerán en su estómago como si cayesen en el sumidero.
+
+Estoy muy contento de que me viva aún la chacha Ramoncica. Me han dicho
+que en su casa sigue todo como antes. Los mismos muebles, la misma
+criada Rafaela, y hasta el grajo, bien sea el mismo también, que por
+milagro de nuestro Santo Patrono vive aún, ó bien sea otro que le
+reemplazó á tiempo, y parece el fénix renacido de sus cenizas.
+
+Mucha gana tengo de dar un abrazo á la chacha Ramoncica, aunque, dicho
+sea entre nosotros, yo quería más á la pobre chacha Victoria. ¡Qué noble
+mujer aquélla! Aseguro á V. que no he hallado igual mujer en el mundo.
+Si la hubiera hallado, no sería yo solterón.
+
+En este punto he sido poco feliz. No he hallado más que mujeres ligeras,
+casquivanas, frívolas y sin alma. Una sola, allá en Lima, me quiso de
+veras con amor fervoroso, pero criminal. Yo también la quise, por mi
+desgracia, porque tenía un genio de todos los diablos, y queriéndonos
+mucho, la historia de nuestros amores se compuso de una serie de
+peloteras diarias. Aquellos amores fueron pesadilla, y no deleite. Ella
+era muy devota, había sido una santa y seguía en opinión de tal, porque
+procedimos siempre con cautela y recato. Sin embargo, en el fondo de su
+atribulada conciencia, en lo profundo de su mente, orgullosa y fanática
+á la vez, sentía vergüenza de haber humillado ante mí su soberbia y de
+haberse rendido á mi voluntad, y tenía miedo y horror de haber dejado
+por mí el buen camino, ofendiendo á Dios y faltando á sus deberes. Todo
+esto, sin darse ella mucha cuenta de lo que hacía, me lo quería hacer
+pagar, considerándome en extremo culpado. Lo que yo tuve que aguantar
+no tiene nombre. Créame V., P. Jacinto, en el pecado llevé la
+penitencia. Así es que me harté de amores serios para años, y me dediqué
+desde entonces á los ligeros. ¿Para qué atormentarse en un asunto que
+debe ser todo de amenidad, regocijo y alegría?
+
+Quizás por esta razón, y no porque apenas se dé _in rerum natura_, no
+alcancé nunca el amor de una chacha Victoria joven. Si le hubiera
+alcanzado, poco tierno soy de corazón, pero no lo dude V., hubiera
+muerto bendiciéndola, como murió el cadete, ó hubiera conquistado por
+ella y para ella, no el grado de capitán, sino el mundo.
+
+En fin, ya pasó la mocedad, y no hay que pensar en novelerías.
+
+Yo estoy desengañado y aburrido, si bien con desengaño apacible y suave
+aburrimiento.
+
+Se me acabó la ambición; no siento apetito de gloria; no aspiro á ser
+del vano dedo señalado; tengo más bienes de fortuna de los que necesito;
+estoy sediento de reposo, de obscuridad y de calma, y por todo esto me
+retiro á Villabermeja; pero no para hacer penitencia, sino para darme
+una vida regalada, tranquila, llena de orden y bienestar, cuidándome
+mucho y viendo lo que dura un Comendador Mendoza bien conservado. Hasta
+ahora lo estoy. No parece que tengo cincuenta años, sino menos de
+cuarenta. Ni una cana. Ni una arruga. Todavía me llaman señorito, y no
+señor, y no faltan hembras de garbo que me califiquen de real mozo,
+ofendiendo mi modestia.
+
+Mi mayor desengaño ha sido en mis ideas y doctrinas, si bien no ha sido
+bastante para hacerme variar.
+
+Dios me perdone si me equivoco á fuerza de creerle bueno. Yo, creyendo
+en él y figurándomele como persona, tengo que figurármele todo lo bueno
+que concibo que una persona puede ser. Por consiguiente, no completando
+mi concepto de su bondad la gloria de la otra vida por inmensa que sea,
+supongo en esta vida que vivimos, por más que sirva para ganar la otra,
+un fin y un propósito en sí, y no sólo el ultramundano. Este fin, este
+propósito es ir caminando hacia la perfección, y sin alcanzarla aquí
+nunca, acercarse cada vez más á ella. Creo, pues, en el progreso; esto
+es, en la mejora gradual y constante de la sociedad y del individuo, así
+en lo material como en lo moral, y así en la ciencia especulativa como
+en la que nace de la observación y la experiencia, y da ser á las artes
+y á la industria.
+
+El mejor medio de este progreso, y al mismo tiempo su mejor resultado en
+nuestros días, es, á mi ver, la libertad. La condición más esencial de
+esta libertad es que todos seamos igualmente libres.
+
+Figúrese V. cuánto me encantaría la revolución francesa y su Asamblea
+Constituyente, que propendía á realizar estos principios míos; que
+proclamaba los derechos del hombre.
+
+Pedí mi retiro, dejé mi carrera, y vine, lleno de impaciencia, desde el
+otro hemisferio á bañarme en la luz inmortal de la gran revolución y á
+encender mi entusiasmo en el sagrado fuego que ardía en París, donde
+imaginé que estaban el corazón y la mente del mundo.
+
+Pronto se desvanecieron mis ilusiones. Los apóstoles de la nueva ley me
+parecieron, en su mayor parte, bribones infames ó frenéticos furiosos,
+llenos de envidia y sedientos de sangre. Vi al talento, á la virtud, á
+la belleza, al saber, á la elegancia, á todo lo que por algo sobresale
+en la tierra, ser víctima de aquellos fanáticos ó de aquellos
+envidiosos. Las hazañas de los soldados de la revolución contra los
+reyes de Europa coligados no podían admirarme. No me parecían la defensa
+serena del que confía en su valor y en su derecho, sino el brío febril
+de la locura, excitada por la embriaguez de la sangre y por medio de
+asesinatos horribles. París se me antojaba el infierno, y no atino ahora
+á comprender cómo permanecí tanto tiempo en él. Todo estaba trocado: la
+brutalidad se llamaba energía; sencillez el desaliño indecente;
+franqueza la grosería, y virtud el no tener entrañas para la compasión.
+Recordaba yo las épocas de mayor tiranía, y no hallaba época alguna
+peor, sobre todo si se considera que estábamos en el centro de Europa y
+que llevábamos tantos siglos de civilización y cultura. El tirano no era
+uno, eran varios, y todos soeces y sucios de alma y de cuerpo.
+
+Huí de París y vine á Madrid. Otra desilusión. Si por allá creí
+presenciar una abominable y bárbara trajedia, aquí me encontré en un
+grotesco, asqueroso y lascivo sainete. Por allá sangre; por acá
+inmundicia.
+
+No por eso apostaté de mi optimismo ni eché á un lado mi doctrina de
+indefinido progreso. Lo que hice fué reconocer mi error en cálculos de
+cronología, para los cuales no había contado yo con la feroz y
+desgreñada revolución de Francia.
+
+En vista de esta revolución, el bien relativo, el estado de libertad y
+de adelantamiento para las sociedades, que yo fantaseaba como inmediato,
+se hundió hacia adentro, en los abismos del porvenir, lo menos dos ó
+tres siglos.
+
+Como para entonces no viviré yo, y como en el estado presente del mundo
+estoy ya harto de la vida práctica, he resuelto refugiarme en la
+contemplación; y á fin de gozar del espectáculo de las cosas humanas,
+mezclándome en ellas lo menos posible, voy á tomar asiento, como
+espectador desapasionado, en la propia Villabermeja.
+
+Mi hermano, que tiene ya una hija casadera, á quien naturalmente desea
+que salte un buen novio, se va á vivir á la vecina ciudad, donde ya
+tiene casa tomada, y á mí me deja á mis anchas y solo en la casa
+solariega de los Mendoza, donde le daré albergue siempre que venga al
+lugar para sus negocios.
+
+Yo me atengo al refrán que dice _ó corte ó cortijo_; y ya que me fugo de
+París y de Madrid, no quiero ciudad de provincia, sino aldea.
+
+En la gran casa de los Mendoza bermejinos voy á estar como garbanzo en
+olla; pero se llenarán algunos cuartos con la multitud de libros que voy
+á llevar.
+
+Vamos á tener una vida envidiable; y digo _vamos_, porque supongo y
+espero que V. me hará compañía á menudo.
+
+Mi determinación es irrevocable, y me voy ahí, para no salir de ahí,
+salvo cuando vaya como de paseo á caballo, á visitar á mi hermano y á su
+familia, en la ciudad cercana, la cual, á pesar de su pomposo título de
+ciudad, tiene también mucho de pueblo pequeño y rural, con perdón y en
+paz sea dicho.
+
+Adiós, beatísimo padre. Encomiéndeme V. á Dios, con cuyo favor cuento
+para escapar de esta confusión ridícula de la corte, y poder pronto
+darle, en esa encantadora Villabermeja, un apretado abrazo.
+
+
+
+
+VI
+
+Veinte días después de recibida esta carta por el P. Jacinto, se realizó
+la entrada solemne en Villabermeja del ilustre Comendador Mendoza.
+
+Desde Madrid á la capital de la provincia, que entonces se llamaba
+reino, nuestro héroe vino en coche de colleras y empleó nueve días. En
+la capital de la provincia se encontró con su hermano D. José, con el P.
+Jacinto y con otros amigos de la infancia, que le estaban aguardando.
+Entre ellos sobresalía el tío Gorico, maestro pellejero, hábil
+fabricador de corambres y notabilísimo en el difícil arte de echar
+botanas á los pellejos rotos. Este había sido el muchacho más diabólico
+del lugar después de D. Fadrique, y su teniente cuando las pendencias,
+pedreas y demás hazañas contra el bando de D. Casimiro.
+
+El tío Gorico no tenía más defecto que el de haberse entregado con
+sobrado cariño á la bebida blanca. El aguardiente anisado le encantaba.
+Y como al asomar la aurora por el estrecho horizonte de Villabermeja el
+tío Gorico, según su expresión, mataba el gusanillo, resultaba que casi
+todo el día estaba calamocano, porque aquel fuego que encendía en su ser
+con el primer fulgor matutino, se iba alimentando, durante el día,
+merced á frecuentes libaciones.
+
+Por lo demás, el tío Gorico no perdía nunca la razón; lo que lograba era
+envolver aquella luz del cielo en una gasa tenue, en un fanal primoroso,
+que le hacía ver las cosas del mundo exterior y todo lo interno de su
+alma y los tesoros de su memoria como al través de un vidrio mágico.
+Jamás llegaba á la embriaguez completa; y una vez sola, decía él había
+tenido en toda su vida alferecía en las piernas. Era, pues, hombre de
+chispa en diversos sentidos, y nadie tenía mejores ocurrencias, ni
+contaba más picantes chascarrillos, ni se mostraba más útil y agradable
+compañero en una partida de caza.
+
+En el lugar gozaba de celebridad envidiable por mil motivos, y entre
+otros, porque hacía el papel de Abraham en el paso de Jueves Santo por
+la mañana, tan admirablemente bien, que nadie se le igualaba en muchas
+leguas á la redonda. Con un vestido de mujer por túnica, una colcha de
+cama por manto, su turbante y sus barbas de lino, tomaba un aspecto
+venerable. Y cuando subía al monte Moria, que era un establo cubierto de
+verdura, que se elevaba en medio de la plaza, adquiría la majestad
+patética de un buen actor. Pero en lo que más se lucía, arrancando
+gritos de entusiasmo, era cuando ofrecía á Isaac al Todopoderoso antes
+de sacrificarle. Isaac era un chiquillo de diez años lo menos. Con la
+mano derecha el tío Gorico le levantaba hacia el cielo, y así, extendido
+el brazo, como si no fuera de hueso y carne, sino de acero firmísimo,
+permanecía catorce ó quince minutos. Luego venía el momento de las más
+vivas emociones; el terror trágico en toda su fuerza. Abraham ataba al
+chiquillo al ara, y sacaba un truculento chafarote que llevaba al cinto.
+Tres ó cuatro veces descargaba cuchilladas con una violencia increíble.
+Las mujeres se tapaban los ojos y daban espantosos chillidos, creyendo
+ya segada la garganta del muchacho que prefiguraba á Cristo; pero el tío
+Gorico paraba el golpe antes de herir, como no atreviéndose á consumar
+el sacrificio. Al fin aparecía un ángel, con alas de papel dorado, en el
+balcón de las Casas Consistoriales, y cantaba el romance que empieza:
+
+ "Detente, detente, Abraham;
+ No mates á tu hijo Isaac,
+ Que ya está mi Dios contento
+ Con tu buena voluntad."
+
+El sacrificio del cordero en vez del hijo, con lo demás del paso, lo
+ejecutaba el tío Gorico con no menor maestría.
+
+En más de una ocasión trataron de ganarle, ofreciéndole mucho dinero
+para que fuese á hacer de Abraham á otras poblaciones; pero él no quiso
+jamás ser infiel á su patria y privarla de aquella gloria.
+
+Don José, el P. Jacinto, el tío Gorico y los demás amigos, muy contentos
+de haber abrazado á D. Fadrique, contentísimo también de verse entre los
+compañeros de su infancia, emprendieron á caballo el viaje á
+Villabermeja, que, con madrugar y picar mucho, pudo hacerse en diez
+horas, llegando todos al lugar al anochecer de un hermoso día de
+primavera, en el año de 1794.
+
+Doña Antonia, mujer de D. José, y sus dos hijos, D. Francisco, de edad
+de catorce años, y doña Lucía, que tenía ya diez y ocho, acompañados de
+la chacha Ramoncica, recibieron con júbilo, con abrazos y otras mil
+muestras de cariño al Comendador, quien ya tenía por suya la casa
+solariega. D. José y su familia se habían establecido en la ciudad, y
+sólo por dos días habían venido al pueblo para recibir al querido
+pariente.
+
+Éste, como era de suyo muy modesto, se maravilló y complació en ver que
+alcanzaba en Villabermeja más popularidad de lo que creía. Vinieron á
+verle todos los frailes, desde los más encopetados hasta los legos, el
+médico, el boticario, el maestro de escuela, el alcalde, el escribano y
+mucha gente menuda.
+
+Al día siguiente de la llegada la chacha Ramoncica quiso lucirse, y se
+lució, dando un magnífico _pipiripao_. D. Fadrique, cuando oyó esta
+palabra, tuvo que preguntar qué significaba, y le dijeron que algo á
+modo de festín. En cambio, se cuentan aún en Villabermeja los grandes
+apuros en que estuvo aquella noche la chacha Ramoncica cuando volvió á
+su casa, cavilando qué sería lo que su sobrino le había pedido para el
+festín, y que ella ansiaba que le sirviesen, á fin de darle gusto en
+todo. El vocablo, para ella inaudito, con que su sobrino había
+significado la cosa que deseaba, casi se le había borrado de la mente.
+Por último, consultando el caso con Rafaela, y haciendo un esfuerzo de
+memoria, vino á recomponer el vocablo y á declarar que lo que su sobrino
+había pedido era _economía_.
+
+--¿Qué es eso, Rafaela? --preguntó á su fiel criada.
+
+Y Rafaela contestó:
+
+--Señora, ¿qué ha de ser? ¡_Ajorro_!
+
+No le hubo, sin embargo. La chacha Ramoncica echó aquel día el bodegón
+por la ventana.
+
+Al siguiente le tocó lucirse al Comendador, y á pesar de toda su
+filosofía gozó en el alma de que sus deudos y paisanos viesen
+maravillados su vajilla de porcelana, su plata y los demás objetos raros
+ó bellos que de sus viajes había traído, y que había mandado por delante
+de él con su criado de más confianza. Hasta la extraña fisonomía de
+éste, que era un indio, pasmó á los bermejinos, con deleite y
+satisfacción de D. Fadrique. Tuvo además un placer indescriptible en
+contar sus aventuras y en hacer descripciones de países remotos, de
+costumbres peregrinas y de casos singulares que había visto ó en los que
+había tomado parte.
+
+Nada de esto debe movernos á rebajar el concepto que del Comendador
+tenemos. Por más que parezca pueril, tal vanidad es más común de lo que
+se cree. ¿Á quién no le agrada, cuando vuelve al lugar de su nacimiento,
+darse cierto tono, sin ofender á nadie, manifestando cuán importante
+papel ha hecho en el mundo?
+
+Gente hay que no espera para esto á ir á su lugar. Nacido en uno muy
+pequeño de Andalucía tuve yo cierto amigo que, como llegase á ser
+personaje de gran suposición y de muchas campanillas, cifraba su mayor
+deleite en mandar á su pueblo todos los años un ejemplar de la _Guía de
+forasteros_, con registro en las varias páginas en que estaba estampado
+su nombre. Un año fué la _Guía_ con ocho registros, y el pasmo de los
+lugareños, participado por carta á mi amigo, le dió un contento que
+casi rayaba en beatitud ó bienaventuranza.
+
+No es menor el gusto que se tiene en contar lances y sucesos y en
+describir prodigios. De aquí sin duda el refrán: _de luengas vías,
+luengas mentiras_. Baste, pues, decir, en elogio de D. Fadrique, que el
+refrán no rezó con él nunca, porque era la veracidad en persona. Lo que
+no aseguraremos es que fuese siempre creído en cuanto refirió. Los
+lugareños son maliciosos y desconfiados; suelen tener un criterio allá á
+su manera, y á menudo las cosas más ciertas les parecen falsas ó
+inverosímiles, y las mentiras, por el contrario, muy conformes con la
+verdad. Recuerdo que un mayordomo andaluz de cierto inolvidable y
+discreto Duque, que estuvo de embajador en Napóles, fué á su pueblo con
+licencia. Cuando volvió le embromábamos suponiendo que habría contado
+muchos embustes. El nos confesó que sí, y aún añadió, jactándose de
+ello, que todo se lo habían creído, menos una cosa.
+
+--¿Qué cosa era esa? --le preguntamos.
+
+-Que cerca de Napóles --respondió,-- hay un monte que echa chispas por
+la punta.
+
+De esta suerte pudo muy bien nuestro D. Fadrique, sin apartarse un ápice
+de la verdad, dejar de ser creído en algo, sin que sus paisanos se
+atreviesen á decirle, como decían al mayordomo del Duque cuando hablaba
+del Vesubio: "¡Esa es grilla!"
+
+Al día tercero después de la llegada de D. Fadrique, su hermano D. José
+y su familia se volvieron á la ciudad; y entonces, con más reposo, pudo
+entregarse el Comendador á otro placer no menos grato: el de visitar y
+recordar los sitios más queridos y frecuentados de su niñez, y aquéllos
+en que le había ocurrido algo memorable. Estuvo en el Retamal y en el
+Llanete, que está junto, donde le descalabraron dos veces; fué á la
+fuente de Genazahar y al Pilar de Abajo; subió al Laderón y á la Nava, y
+extendió sus excursiones hasta el cerro de Jilena y el monte de
+Horquera, poblado entonces de corpulentas y seculares encinas.
+
+Tomó, por último, D. Fadrique verdadera posesión de su vivienda,
+arrellanándose en ella, por decirlo así, poniendo en orden los muebles
+que había traído, colocando los libros y colgando los cuadros.
+
+En estas faenas, dirigidas por él, casi siempre estaba presente el P.
+Jacinto; y al cabo D. Fadrique quedó instalado, forjándose un retiro,
+rústico á par que elegante, y una soledad amenísima en el lugar donde
+había nacido.
+
+
+
+
+VII
+
+Encantado estaba D. Fadrique con su modo de vivir. Ya leyendo, ya de
+tertulia ó de paseo con el P. Jacinto, ya de expediciones campestres y
+venatorias con el mismo padre y con el iluminado y ameno tío Gorico, el
+tiempo se deslizaba del modo más grato. Ningún deseo sentía D. Fadrique
+de ir á otro pueblo, abandonando á Villabermeja; pero D. José tenía
+cuarto preparado para recibirle en su casa de la ciudad, y sus
+instancias fueron tales, que no hubo más que ceder á ellas.
+
+El Comendador fué á la ciudad á pasar todo el mes de Mayo. Llegó en la
+tarde del último día de Abril, y como el viaje es un paseo, aquella
+noche estuvo de tertulia hasta cerca de las once, que en 1794 era ya
+mucho velar. Dos ó tres hidalgos; otras tantas señoras machuchas; dos
+jóvenes amiguitas de Lucía, sobrina de D. Fadrique; un respetable señor
+cura y un caballerito forastero y muy elegante componían la reunión de
+casa de D. José, que empezó antes de que anocheciera.
+
+Nadie llamó la atención de D. Fadrique, que era harto distraído.
+Necesitaba que las personas le gustasen ó le disgustasen para fijarse en
+ellas, y con gran dificultad acertaba la gente á gustarle, y mucho menos
+á disgustarle. Así es que, mostrándose muy urbano con todos, apenas
+reparó en ninguno.
+
+Al toque de oraciones sirvieron el refresco.
+
+Primero pasaron dos criadas repartiendo platos, servilletas y
+cucharillas de plata; luego entraron otras dos criadas, que traían
+sendas bandejas llenas de tacillas de cristal con almíbares diferentes.
+Cada tertuliano fué tomando en su asiento una tacilla del almíbar que
+más le gustaba. Las criadas de las bandejas pasaron de nuevo recogiendo
+las tacillas vacías, y rogando á los señores que tomasen otra de otro
+almíbar, como en efecto la tomaron muchos.
+
+La historia, prolija en este punto, cuenta que los almíbares eran de
+nueces verdes, de cabellos de ángel, de tomate y de hoja de azahar. Hubo
+también arrope de melocotón.
+
+Las ninfas fregonas, muy compuestas y con muchas flores en el moño,
+sirvieron luego copitas de rosoli, del que sólo bebieron los caballeros;
+y por último trajeron el chocolate con torta de bizcocho, polvorones,
+pan de aceite y hojaldres. Terminó todo con el agua, que en vasos de
+cristal y en búcaros olorosos repartieron asimismo las criadas.
+
+Duró esto hasta que dieron las ánimas.
+
+El refresco se tomó con toda ceremonia y con pocas palabras. Las sillas
+pegadas á la pared, y todos sentados sin echar una pierna sobre otra, ni
+inclinarse de ningún lado, ni recostarse mucho.
+
+Después de tomado el refresco, hubo alguna más libertad y expansión, y
+Lucía se atrevió á rogar al caballerito que recitase unos versos.
+
+--Sí, sí --dijeron en coro casi todos los tertulianos;--que recite.
+
+--Recitaré algo de Meléndez, --dijo el joven.
+
+--No, de V. --replicó Lucía.-- Sepa V., tío, --añadió dirigiéndose al
+Comendador,-- que este señor es muy poeta y gran estudiante. Ya verá
+usted qué lindos versos compone.
+
+--V. es muy amable, Srta. Doña Lucía. La amistad que me tiene la engaña.
+Su señor tío de V. va á salir chasqueado cuando me oiga.
+
+--Yo confío tanto en el fino gusto de mi sobrina --dijo el Comendador,--
+que dudo de que se equivoque, por ferviente que sea la amistad que V. le
+inspire. Casi estoy convencido de que los versos serán buenos.
+
+--Vamos, recítelos V., D. Carlos.
+
+--No sé cuáles recitar que cansen menos, y que á V. que me fía, y á mí
+que soy el autor, nos dejen airosos.
+
+--Recite V. --contestó Lucía,-- los últimos que ha compuesto á Clori.
+
+--Son largos.
+
+--No importa.
+
+Don Carlos no se hizo más de rogar, y con entonación mesurada y cierta
+timidez que le hubiera hecho simpático, aunque ya por sí no lo fuese,
+recitó lo que sigue:
+
+ El plácido arroyuelo
+ Rompe el lazo de hielo,
+ Y desatado en onda cristalina
+ Fecunda la pradera.
+ Flora presta sus galas á Chiprina;
+ Reluce Febo en la celeste esfera,
+ Y en la noche callada
+ La casta diosa á su pastor dormido,
+ Con trémulo fulgor, besa extasiada.
+ Del techo antiguo á suspender su nido
+ Ha vuelto ya la golondrina errante;
+ Dulces trinos difunde Filomena;
+ El mar se calma, el cielo se serena;
+ Sólo Céfiro amante,
+ Oreando la hierba en los alcores.
+ Y acariciando las tempranas flores,
+ Con música y aroma el aire agita.
+ En la rica estación de los amores
+ Amor en todo corazón palpita;
+ Pero en el alma del zagal Mirtilo
+ Halla perpetuo asilo.
+ Allí ingenioso el dios labra un dechado
+ De gracia encantadora,
+ Donde con fiel esmero ha retratado
+ Á Clori bella, á la gentil pastora.
+ Por quien Mirtilo muere.
+ Clori, en tanto, amistosa y compasiva,
+ Quiere que el zagal viva,
+ Mas amarle no quiere;
+ Antes, dicen que piensa dar su mano
+ Á un rabadán anciano.
+ Con celos el zagal su pena aumenta,
+ Y así en la selva oculto se lamenta:
+
+ --¡Tú no sabes de amor, encanto mío!
+ ¡Ah! Tu ignorancia virginal te engaña.
+ Seré merecedor de tu desvío,
+ Mas no comprendo la ilusión extraña
+ Que á dar tanta beldad te precipita,
+ Inútil don, tesoro inmaculado,
+ Á la vejez marchita.
+ La amapola del prado
+ No despliega la pompa de sus hojas,
+ De púdico amor rojas,
+ Hasta que el sol derrama
+ En su velado seno estiva llama;
+ Ni la rosa se atreve
+ Á abrir el cáliz entre escarcha y nieve.
+ No censurara yo que Galatea
+ Al cíclope adorase: la hermosura
+ Bien en la fuerza y el valor se emplea;
+ Bien con estrecho, cariñoso nudo,
+ La hiedra ciñe firme tronco rudo.
+ Mas nunca á quien apenas
+ Sostener puede el peso de la vida
+ Á llevar sus cadenas,
+ Si dulces, graves, el amor convida.
+ Huyen del mustio viejo las Camenas;
+ Si la flauta de Pan su labio toca,
+ Allí perece el desmayado aliento,
+ Sin convertirse en melodioso viento,
+ Y la risa del sátiro provoca.
+ Con vacilante pie mal en el coro
+ De ninfas entra; y el alegre giro
+ Y canto de las Ménades sonoro,
+ Ó con flébil suspiro,
+ Ó con dolientes ayes turba acaso;
+ Que, en el misterio de la santa orgía,
+ Ni el hierofante el tirso le confía,
+ Ni él llega hasta la cumbre del Parnaso.
+ ¡Ay Clori! ¿Qué demencia te extravía?
+ Ya que por tí se pierde
+ Mi tierno amor, mi juventud lozana,
+ De frescas rosas y de mirto verde
+ No ciñas ora una cabeza cana.
+ Trepa la vid al álamo frondoso,
+ Y á la punzante ortiga
+ Deja que adorne el murallón ruinoso.
+ ¿Qué riesgo, qué fatiga
+ No aceptará mi amor por agradarte?
+ Por tí en el bosque venceré las fieras;
+ Por tí el furor arrostraré de Marte;
+ Y el rey de las praderas,
+ Cuya bronceada frente
+ Arma ostenta terrible, que figura
+ De nueva luna el disco refulgente,
+ De mi garrocha dura
+ Sentirá en la cerviz la picadura.
+ El rabadán, por la vejez postrado,
+ Tu solícito afán reclamaría,
+ ¡Oh, Clori! mientras yo, por tu mandado,
+ Al abismo del mar descendería,
+ Sus perlas para ver en tu garganta,
+ Y acosaría al lobo carnicero,
+ Su hirsuta piel con plomo ó con acero
+ Ganando para alfombra de tu planta.
+ Alucinada ninfa candorosa,
+ Desecha ese delirio que te lleva
+ Á ser del viejo rabadán esposa.
+ Pues ¡qué! ¿te he dado en balde tanta prueba
+ De amor? Ya ves que por seguirte dejo
+ El templo de Minerva y los verjeles
+ Por do Betis copioso se dilata.
+ De mis padres me alejo,
+ Y huyo también de mis amigos fieles
+ Para sufrir crueldades de una ingrata.
+ No estriba tu desdén en mi pobreza,
+ Que no oculta tan bajo sentimiento
+ Tu noble corazón, y ni en riqueza
+ Me vence el rabadán, ni en nacimiento.
+ Sólo un funesto error, una locura,
+ ¡Oh, Clori! ¡Oh, rosa del pensil divino!
+ Le hará exhalar tu aroma y tu frescura
+ Entre las secas ramas del espino;
+ Te hará romper el broche delicado,
+ No para abril, para diciembre helado.
+ No así me hieras, si matarme quieres;
+ Mira que así te matas cuando hieres.
+
+No bien terminaron los versos, fueron estrepitosamente aplaudidos por el
+benévolo auditorio; pero, si hemos de decir la verdad, ni D. José ni
+doña Antonia prestaron atención durante la lectura; las señoras mayores
+se adormecieron con el sonsonete; el señor cura halló la composición
+sobrado materialista y mitológica y un poco pesada, y las amiguitas de
+Lucía más se entusiasmaron con la buena presencia del poeta que con el
+mérito literario de su obra.
+
+Don Carlos, en efecto, era un morenito muy salado de veintidós á
+veintitrés años. Sus vivos y grandes ojos resplandecían con el fuego de
+la inspiración. Su cabellera negra, ya sin polvos, lucía y daba reflejos
+azulados como las alas del cuervo. Los movimientos de su boca al hablar
+eran graciosos. Los dientes que dejaba ver, blancos é iguales; la nariz,
+recta, y la frente, despejada y serena.
+
+Iba D. Carlos vestido con suma elegancia, á la última moda de París. Era
+todo un petimetre. Parecía el príncipe de la juventud dorada,
+transportado por arte mágica desde las orillas del Sena al riñón de
+Andalucía. El cuello de su camisa y el lienzo con que formaba lazo en
+torno de él, estaban bastante bajos para descubrir la garganta y la
+cerviz robusta sobre que posaba airosamente la cabeza. La estatura, más
+bien alta que mediana, y el talle, esbelto. El calzón ajustado de
+casimir, la media de seda blanca y el zapato de hebilla de plata, daban
+lugar á que mostrase el galán la bien formada pierna y un pie pequeño,
+largo y levantado por el tarso.
+
+Sin duda las niñas contemplaron más todas estas cosas, y se deleitaron
+más con la dulzura de la voz del señorito que con el que nos atreveremos
+á calificar de idilio, la mitad de cuyas palabras estaba en griego para
+ellas.
+
+Don Fadrique había reparado en todo. Como la mayor parte de los
+distraídos, era muy observador, y prestaba atención intensa cuando se
+dignaba prestarla.
+
+Los versos le parecieron regulares, no inferiores á los de Meléndez,
+aunque, ni con mucho, tan buenos como los de Andrés Chénier, que había
+oído en París. Lo que es el chico le pareció muy guapo.
+
+Advirtió también, con cierto gusto mezclado de zozobra, que Lucía, su
+sobrina, había escuchado con ademán y gesto propios de quien entiende la
+poesía, y con cierta afición, que no atinaba él á deslindar si era
+meramente literaria, ó reconocía otra causa más personal y más honda.
+
+Por lo pronto, en consecuencia de tales observaciones, calificó á su
+sobrina, de quien hasta entonces apenas había hecho caso, de bonita y de
+discreta. Se puede decir que la miró concienzudamente por primera vez, y
+vió que era rubia, blanca, con ojos azules, airosa de cuerpo y muy
+distinguida. De todos estos descubrimientos no pudo menos de alegrarse,
+como buen tío que era; pero hizo, ó creyó haber hecho, otros
+descubrimientos, que le mortificaban algo. "Tal vez serán cavilaciones",
+decía para sí.
+
+En punto de las diez se acabó la tertulia.
+
+Sola ya la familia, Doña Antonia convocó á los criados, y en compañía de
+todos, y en alta voz, se rezó el rosario.
+
+Por último, no bastando el chocolate y el refresco, que pudiera pasar
+por merienda, para gente que comía entonces poco después de mediodía, se
+sirvió la indispensable cena.
+
+Durante este tiempo D. Fadrique buscó y encontró ocasión de tener un
+aparte con su sobrina, y le habló de este modo:
+
+--Niña, veo que te gustan los versos más de lo que yo creía.
+
+Ella, poniéndose muy colorada y más bonita desde la primera palabra que
+el tío pronunció, respondióle, algo cortada:
+
+--¿Y por qué no han de gustarme? Aunque criada en un lugar, no soy tan
+ruda.
+
+--Basta con mirarte, hija mía, para conocer que no lo eres. Pero el que
+te gusten los versos no se opone á que puedan gustarte los poetas.
+
+--Ya lo creo que me gustan. Fr. Luis de León y Garcilaso son mis
+predilectos entre los líricos españoles, --dijo Lucía con suma
+naturalidad.
+
+Casi se disipó la sospecha de D. Fadrique. Parecía inverosímil tanto
+disimulo en una muchacha de diez y ocho años, que rezaba el rosario
+todas las noches, iba á misa y se confesaba con frecuencia.
+
+Don Fadrique no tenía tiempo para rodeos y perífrasis, y se fué
+bruscamente al asunto que le mortificaba.
+
+--Sobrina, con franqueza: ¿los versos que hemos oído los ha compuesto D.
+Carlos para tí?
+
+--¡Qué disparate! --respondió Lucía, soltando una carcajada.
+
+--¿Y por qué había de ser disparate?
+
+--Porque nada de aquello me conviene: porque yo no soy Clori.
+
+--Bien pudieras serlo. El poeta no describe á Clori. Afirma vaga é
+indeterminadamente que Clori es bella, y tú eres bella.
+
+--Gracias, tío; V. me favorece.
+
+--No; te hago justicia.
+
+--Sea como V. guste. Pero dígame V., ¿de dónde sacamos á mi viejo
+rabadán? porque yo no doy con él.
+
+--Pues mira, yo creí haberle encontrado.
+
+--¿Cómo, tío, si no estaba en la tertulia más que el señor cura?
+
+--Y yo, ¿no soy nadie?
+
+--¿Qué quiere V. decir con eso?
+
+--Quiero decir que tengo cincuenta años, que te llevo treinta y dos, y
+que no estoy loco para aspirar á que me quieran; pero los poetas fingen
+lo que se les antoja, y el barbilindo de D. Carlos puede haber levantado
+esa máquina de suposiciones absurdas para escribir su idilio. En tal
+caso, no está muy conforme con la verdad todo aquello de que el viejo
+rabadán no puede ya con sus huesos, ni baila, ni corre, ni guerrea, ni
+es capaz de cazar lobos como el zagal. Con mi medio siglo encima, me
+apuesto á todo con el tal D. Carlitos. Todavía, si me pongo á bailar el
+bolero, estoy seguro de que he de bailarle mejor que cuando mi padre me
+hizo que le bailara á latigazos. Y en punto á pulmones y á resuello, no
+ya para encaramarme al Parnaso corriendo detrás de las bacantes, no ya
+para tocar todas las flautas y clarinetes del mundo, sino para mover las
+aspas de un molino, entiendo que tengo de sobra.
+
+--Pero, tío, si D. Carlos no ha soñado en V. ni ha pensado en mí.
+
+--Vamos, muchacha, no seas hipocritilla. Á mi se me ha metido en la
+cabeza que ese chico te quiere, que ha sabido que yo venía á pasar aquí
+un mes, que ha oído decir que yo era viejo, y, con estos datos, el
+insolente ha supuesto lo demás.
+
+Don Fadrique decía todo esto con risa, para embromar á su sobrina; y,
+aunque dudoso de su recelo, algo picado de la desvergüenza del poeta,
+que por otra parte no había dejado de caerle en gracia.
+
+--Tío --dijo por último Lucía con la mayor gravedad que pudo,-- V. no es
+el viejo rabadán. El viejo rabadán es de Villabermeja como V.: hace dos
+años que está establecido aquí, y merece, en efecto, las calificaciones
+que le prodiga el poeta, porque está muy asendereado y estropeado. El
+viejo rabadán se llama D. Casimiro. V. debe de conocerle.
+
+--¡Ya lo creo! ¡Y vaya si le conozco! --dijo el Comendador recordando á
+su antiguo adversario y víctima de la niñez.
+
+--Pero entonces, ¿quién es Clori? --añadió en seguida.
+
+--Clori es una linda señorita, muy amiga mía. Su madre vive con gran
+recogimiento y no sale ni deja salir á su hija de noche. Por eso no ha
+estado Clori de tertulia; pero es mi vecina, y su madre consiente en
+que venga conmigo de paseo, en compañía de mi madre. Si mañana quiere V.
+ser nuestro acompañante, iremos á las huertas, á las diez, después del
+almuerzo, por sendas en que haya sombra. Clori vendrá, y V. conocerá á
+Clori.
+
+--Iré con mucho gusto.
+
+--¡Ah, tío! Por amor de Dios, que no se le escape á V. lo de que D.
+Carlos está enamorado de mi amiga y lo de que ella es Clori. Mire V. que
+es un secreto. Nadie más que yo lo sabe en la población. Hay que tener
+mucho recato, porque los padres de ella no quieren más que á D. Casimiro
+y nada traslucen del amor de D. Carlos. Yo se lo he confiado á V. para
+que no fuese V. á creer que yo era Clori y que sin razón de ningún
+género habíamos convertido á V. en viejo rabadán enclenque, á fin de dar
+motivo á los versos.
+
+--Quedo satisfecho, muchacha, y no diré nada. Te aseguro ya que me
+interesa tu amiga Clori y que tengo curiosidad de verla.
+
+De esta suerte, de improviso, vino D. Fadrique á tener, apenas llegado,
+un secreto con su sobrina, y á figurar en intrigas y lances de amor.
+
+Pensando en ello, se retiró á su cuarto, como los demás se retiraron
+cada cual al suyo, y durmió hasta las ocho de la mañana, mejor que un
+mozo de veinte años.
+
+
+
+
+VIII
+
+Doña Antonia amaneció con un tremendo jaquecazo, enfermedad á que era
+muy propensa. Tuvo, pues, que guardar cama y no pudo acompañar á paseo á
+su hija Lucía; pero, como el mal no era de cuidado, y ya Lucía tenía
+concertado el paseo con su amiga, se decidió que el Comendador las
+acompañase.
+
+La amiga de Lucía vivía en la casa inmediata. Un muro separaba los
+patios de una casa y otra. Á la hora convenida, en punto de las nueve y
+media, pronta ya Lucía para salir y con su tío al lado, gritó desde el
+patio, al pie del muro:
+
+--Clara (así se llamaba Clori en la vida real), ¿estás ya lista?
+
+No se hizo aguardar la contestación.
+
+Oyóse primero la voz de una criada que decía:
+
+--Señorita, señorita, Doña Lucía está llamando á su merced.
+
+Un momento más tarde sonó en el patio contiguo una voz argentina y
+simpática, que respondía:
+
+--Allá voy; sal á la calle; ¿para qué he de entrar en tu casa?
+
+Salieron D. Fadrique y Doña Lucía, y hallaron ya á Doña Clara en la
+puerta.
+
+El Comendador, á pesar de sus distracciones, miró á Doña Clara con
+extraordinaria curiosidad. Era una niña de poco más de diez y seis años.
+El color de su rostro, de un moreno limpio, teñido en las mejillas y en
+los labios del más fresco carmín. La tez parecía tan suave, delicada y
+transparente, que al través de ella se imaginaba ver circular la sangre
+por las venas azules. Los ojos, negros y grandes, estaban casi siempre
+dormidos y velados por los párpados y las largas y rizadas pestañas; si
+bien, cuando fijaban la mirada y se abrían por completo, brotaban de
+ellos dulce fuego y luz viva. Todo en Doña Clara manifestaba salud y
+lozanía, y, sin embargo, en torno de sus ojos, fingiéndolos mayores y
+acrecentando su brillantez, se notaba un cerco obscuro, como el morado
+lirio.
+
+Era Doña Clara más alta que su amiga Lucía, bastante alta también, y,
+aunque delgada, sus formas eran bellas y revelaban el precoz y completo
+desenvolvimiento de la mujer. El cabello de Doña Clara era negrísimo,
+las manos y el pie pequeños, la cabeza bien plantada y airosa.
+
+Ambas amigas iban vestidas de negro, con mantilla y basquiña, y algunas
+rosas en el peinado.
+
+Lucía dijo á su amiga la indisposición de su madre, y que su tío el
+Comendador, recién llegado de Villabermeja, las acompañaría en el paseo.
+Salvos los cumplimientos y ceremonias de costumbre, no hubo en la
+conversación nada memorable, hasta que los tres, que iban juntos,
+salieron de la ciudad y llegaron al campo.
+
+La pequeña ciudad está por todas partes circundada de huertas. Muchas
+sendas las cortan en diversas direcciones. Á un lado y otro de cada
+senda hay una cerca de granados, zarza-moras, mimbres y otras plantas.
+En muchas sendas hay un arroyo cristalino á cada lado; en otras, un solo
+arroyo. Todas ellas gozan, en primavera, verano y otoño, de abundante
+sombra, merced á los álamos corpulentos y frondosos nogales, y demás
+árboles de todo género que en las huertas se crían.
+
+La tierra es allí tan generosa y feraz, que no puede imaginarse el
+sinnúmero de flores y la masa de verdura que ciñen las márgenes de los
+arroyos, esparciendo grato y campestre aroma. Campanillas, mosquetas,
+violetas moradas y blancas, lirios y margaritas abren allí sus cálices y
+lucen su hermosura.
+
+El sol radiante, que brilla en el cielo despejado y dora el aire
+diáfano, hace más espléndida la escena. Increíble multitud de pájaros
+la anima y alegra con sus trinos y gorjeos. En Andalucía, huyendo de la
+tierra de secano, buscando el agua y la sombra, se refugian las aves en
+estos oásis de regadío, donde hay frescura y tupidas enramadas.
+
+Tales eran los sitios por donde paseaba el Comendador con las dos
+bonitas muchachas. Apenas salieron de la población, tomaron la senda que
+llaman _del medio_. Ellas cogían flores, se deleitaban oyendo cantar los
+colorines ó reían sin saber de qué. El Comendador meditaba, sentía gran
+bienestar, gozaba de todo, aunque más tranquilamente que ellas.
+
+Al llegar á sitio más ancho, no ya á otra senda, sino á un camino, los
+tres, que, por ser la senda casi siempre estrecha, habían ido uno en pos
+de otro, se pusieron en la misma línea. Clara estaba en el centro. Lucía
+dijo entonces, dirigiéndose á su tío:
+
+--Vamos, ya habrá satisfecho V. su curiosidad. Ésta es Clori. ¿No es
+verdad que merece haber inspirado el idilio?
+
+Doña Clara, que si bien más moza que Lucía, era más reflexiva y grave,
+sintió que su amiga hubiese confiado á su tío aquel secreto, y no pudo
+reprimir las muestras de su disgusto, frunciendo el entrecejo,
+poniéndose más seria y tiñéndose al mismo tiempo de grana sus mejillas
+con la vergüenza y el enojo.
+
+Nada dijo Doña Clara, á pesar de ello; pero Lucía advirtió su disgusto y
+prosiguió de esta suerte:
+
+--No te ofendas Clarita. No me motejes de parlanchina. Mi tío me puso
+anoche entre la espada y la pared, y tuve que confesárselo todo. Tuve
+que disculparme y que disculpar á D. Carlos. Á mi tío se le metió en la
+cabeza que él era el viejo rabadán y que yo era Clori. Además, mi tío es
+muy sigiloso y no dirá nada á nadie. ¿No es verdad tío?
+
+--Descuide V., señorita --respondió el Comendador, encarándose con Doña
+Clara, que se puso más encarnada aún:-- nadie sabrá por mí quién ha
+inspirado el idilio, que es, por cierto, precioso.
+
+El Comendador advirtió que Clara se tranquilizaba, si bien no acertó,
+con la turbación, á pronunciar palabra alguna.
+
+Doña Lucía continuó:
+
+--¡Vaya si es precioso el idilio! Créame V., tío: desde Vicente Espinel
+hasta nuestra edad, Ronda no ha producido más ingenioso poeta que
+nuestro amigo D. Carlos de Atienza, ilustre mayorazgo de la mencionada
+ciudad, el cual vive en Sevilla con sus padres, trata de tomar en
+aquella Universidad la borla de doctor en ambos Derechos, y ahora
+descuida bastante los estudios por seguir á Clori, que, desde Sevilla,
+se ha venido aquí de asiento con su familia, á quien V. sin duda conoce.
+
+--Sobrina, yo no sé si tengo ó no la honra de conocer á la familia de
+esta señorita, cuyo apellido no me has dicho. ¿Cómo un forastero recién
+llegado ha de adivinar la familia de quien sólo sabe que se llama Clori
+en poesía y Clara en prosa?
+
+--¡Ay, es verdad! ¡Qué distraída soy! No había yo dicho á V. cómo se
+llamaba mi amiga. Pues bien, tío: esta señorita se llama Doña Clara de
+Solís y Roldán. Y ahora, ¿qué dice V.? ¿Conoce V. ó no conoce á su
+familia?
+
+Al oir en boca de Lucía el nombre y apellidos de su amiga y la última
+inocente pregunta, el Comendador se estremeció, se turbó; el color rojo,
+que había teñido antes las mejillas delicadas de Clarita, se diría que
+había pasado con más fuerza á encender el rostro varonil de D. Fadrique,
+curtido por el sol de India y por los vientos de los remotos mares.
+
+Lucía, sin advertir la turbación de su tío, siguió diciendo:
+
+--Pero ¿qué digo á su familia? Á la misma Clara es posible que V. la
+conozca, sólo que ya no se acuerda. Cuando era ella chiquirritita, tal
+vez cuando ella nació, estaba V. en Lima. Clara es limeña.
+
+Dominándose al cabo el Comendador, contestó á su sobrina:
+
+--Mal puedo acordarme y mal puedo haber olvidado á esta señorita, á
+quien nunca he visto. Á quien sí he conocido y tratado mucho es á su
+señor padre; y también, á pesar de la vida retirada y austera que
+siempre ha hecho, tuve el gusto de tratar y ser amigo de mi señora Doña
+Blanca Roldán. ¿Cómo está su señora madre de V., señorita?
+
+--Sigue bien de salud --contestó Doña Clara;-- pero, entregada como
+nunca á sus devociones, apenas se deja ver de nadie.
+
+--¿Y el Sr. D. Valentín, está bueno?
+
+--Gracias á Dios, lo está, --dijo Clara.
+
+--Se ha retirado ya de la magistratura --añadió Lucía;-- ha heredado los
+cuantiosos bienes de su hermano el mayor, que murió sin hijos, y vive
+aquí, donde tiene su mejores fincas, de que Clarita es única heredera.
+
+Como una nueva oleada de sangre subió entonces á la cara del Comendador,
+enrojeciéndola toda. Reportándose luego, dijo de la manera más natural á
+su parlera sobrina:
+
+--¿Con que esta señorita, además de ser tan guapa, es muy rica?
+
+--Para estos lugares lo es. ¿No es verdad, tío, que es muy extraño que
+la quieran casar con don Casimiro? ¡Si viera V. qué viejo y qué feo
+está! Vamos, es ofender á Dios. Yo, si fuera el Papa, negaba la licencia
+que habrá que pedirle.
+
+--Pues qué --exclamó D. Fadrique,-- ¿son ustedes parientes tan
+cercanos?
+
+--Don Casimiro Solís es el pariente más cercano que tiene mi padre,
+--contestó Clara.
+
+--Sería su inmediato heredero si Clara no viviese, --añadió Lucía, que
+no dejaba por contar nada de cuanto sabía, cuando se hallaba entre
+personas, como Clara y su tío, que le infundían tanta confianza y
+cariño.
+
+Don Fadrique no llevó adelante la conversación. Quedó callado y como
+pensativo y melancólico.
+
+En silencio continuaron, pues, paseando hasta que llegaron al
+_nacimiento_. En mitad de un bosque de encinas y olivos, que pone
+término á las huertas, se alza un monte escarpado, formado de riscos y
+peñascos enormes, que parecen como suspendidos en el aire, amenazando
+derrumbarse á cada momento.
+
+Higueras bravías, jaras de varias especies, romero y tomillo, musgo,
+retama y otras mil hierbas, plantas y flores, nacen en las hendiduras de
+aquellas peñas ó cubren los sitios en que no está pelada la roca viva, y
+hallan alguna capa vegetal donde fijar y alimentar las raíces.
+
+Los peñascos horadados abren paso á diversas grutas ó cuevas en no pocos
+sitios del cerro, á cuyo pie, más bajo aún que el nivel del camino,
+están como socavadas las piedras, formando una gruta mayor y de más
+grande entrada que las otras. En el fondo de esta gruta, que se ve todo
+sin penetrar allí, brota de una grieta, sin hipérbole alguna, un
+verdadero río. Por eso se llama aquel sitio el nacimiento del río, ó
+sencillamente _el nacimiento_.
+
+El agua que mana de entre las peñas cae con grato estruendo en un
+estanque natural, cuyo suelo está sembrado de blanquísimas y redondas
+piedrezuelas. Por aquel estanque se extiende mansa el agua, creando y
+desvaneciendo de continuo círculos fugaces; mas, á pesar de los
+círculos, son las ondas de tal transparencia, que al través de ellas se
+ve el fondo, aunque está á más de vara y media de profundidad, y en él
+pueden contarse las guijas todas.
+
+En la margen del pequeño lago crecen juncos, juncia, berros y otras
+plantas acuáticas.
+
+El estanque ó lago llena la gruta y se dilata buen espacio fuera de
+ella, reflejando el cielo en su cristal. Á derecha y á izquierda hay dos
+acequias, por donde el agua corre, dividiéndose después en infinitos
+arroyuelos, y yendo á regar las mil y quinientas huertas que hacen del
+término de aquella pequeña ciudad un verde y florido paraíso.
+
+Como todo por aquellas cercanías es terreno quebrado, el agua baja á las
+hondonadas con ímpetu brioso: á veces se precipita en cascadas, y á
+veces pone en movimiento aceñas, batanes y martinetes. No obstante,
+cerca del nacimiento el agua va por tierra llana, con sosegada corriente
+y apacible murmullo, sin que haya ruido mayor en aquella amena soledad
+que el que produce el nacimiento mismo; el golpe del agua que brota de
+la peña y cae dentro de la gruta.
+
+Á la orilla del estanque rústico hay varios sauces, y junto al tronco
+del más alto y frondoso un poyo ó asiento de piedra. Allí estaba sentado
+el poeta rondeño D. Carlos de Atienza cuando llegaron el Comendador, su
+sobrina y Doña Clara.
+
+Don Fadrique, como si anhelase apartar de sí tristes y enojosos
+pensamientos, impropios de su carácter y risueña filosofía, se pasó la
+mano por la frente, y creyendo que recobraba su serena y alegre
+condición, dijo en voz alta:
+
+--Hola, ilustre poeta, ¿qué nuevo idilio compone V. en estas soledades?
+
+Don Carlos se levantó del asiento, y yendo hacia los recién venidos,
+dijo:
+
+--Buenos días, Sr. D. Fadrique. Beso los pies de Vds., señoritas.
+
+El Comendador le allanó el camino para que se viniese con él y con las
+niñas y los acompañase un rato en el paseo. Habló á D. Carlos de sus
+estudios, le ponderó lo mucho que le agradaba la poesía, le encomió el
+idilio y se le hizo repetir.
+
+No podía haber dado mayor gusto á D. Carlos, ni mayor satisfacción de
+amor propio; porque, como todos los que escriben, han escrito ó
+escribirán versos en el mundo, era D. Carlos aficionadísimo á recitarlos
+en presencia de un benévolo y discreto auditorio, y siempre se inclinaba
+á calificarle de discreto, con tal de que fuese benévolo.
+
+Don Fadrique miró con disimulo, pero con mucha atención, á Clarita
+mientras que D. Carlos recitó el idilio. Si aun le hubiera quedado la
+menor duda de que Clara era Clori, la duda se hubiera disipado. Á
+Clarita, valiéndonos de una expresión en extremo vulgar, si bien muy
+pintoresca, un color se le iba y otro se le venía mientras los versos
+duraron. Ya se ponía pálida, ya se cubrían de púrpura sus mejillas.
+Hasta cuando exclamó D. Carlos recitando:
+
+"Pues¡qué! ¿te he dado en balde tanta prueba
+De amor?"
+
+vió ó imaginó ver D. Fadrique que los párpados de Doña Clara se
+contraían más de lo ordinario, como para recoger y ocultar indiscretas
+lágrimas, que ansiaban por brotar de los hermosos ojos.
+
+Después de recitados los versos, D. Carlos, menos atrevido en prosa,
+apenas se acercó á Clara, y no le dijo palabra que todos no oyesen. Sólo
+con Lucía habló en voz baja y como en secreto.
+
+Los cuatro se internaron, prosiguiendo el paseo y volviendo á la ciudad
+por otro camino, en medio de una frondosísima alameda. Allí Clara, ó
+adelantándose ó quedándose atrás y dejando al Comendador con su sobrina,
+hubiera podido hablar á su placer con D. Carlos; pero no parecía sino
+que le tenía miedo, que temblaba de oir su voz sin testigo, y que
+deseaba demostrar á los ojos del Comendador que no quería pertenecer á
+D. Carlos, sino á D. Casimiro. Ello es que en los lugares más agrestes,
+Clara no se apartaba del lado de D. Fadrique, como si temiese que
+saliese una fiera á devorarla y buscase en él su amparo y defensa.
+
+¿Quién sabe lo que pasaba en aquellos instantes en el alma del
+Comendador? Lo cierto es que casi no se atrevía á hablar á Clara; pero
+de repente, en una ocasión en que D. Carlos y Lucía se adelantaron y se
+perdieron de vista entre los árboles, el Comendador detuvo á Clara, la
+contempló de un modo extraño y dulce, y tomando su semblante una
+expresión solemne y en cierto modo venerable, exclamó:
+
+--¡Hija mía! Es V. muy buena, muy hermosa... inocente de todo; Dios
+bendiga á V. y la haga tan feliz como merece.
+
+Y diciendo esto, alzó las manos como para bendecir á la muchacha, tomó
+su cabeza entre ellas y le dió en la frente un beso.
+
+Clara halló, sin duda, muy raro todo aquello, fuera del uso y del
+estilo común; pero la cara de D. Fadrique estaba tan seria, y su
+expresión era tan simpática y noble, que, á pesar de las ideas con que
+personajes devotos habían manchado precozmente la conciencia de la niña,
+hablándole de pecados y faltas, Clara no pudo ver allí ningún
+atrevimiento liviano.
+
+Más aún se afirmó en la idea de lo puro é impecable del extraño é
+inesperado beso, cuando le dijo el Comendador:
+
+--Don Carlos me parece un mozo excelente. ¿Le ama V. mucho?
+
+Había en el acento de D. Fadrique un suave imperio, al que Clara no supo
+resistir.
+
+--Le he amado mucho --contestó,-- pero yo acertaré á no amarle. He sido
+muy culpada. Sin que lo sepa mi madre le he querido. En adelante no le
+querré. Seré buena hija. Obedeceré á mi madre. Ella sabe mejor que yo lo
+que me conviene.
+
+Don Fadrique no se atrevió á replicar ni á hacer un discurso subversivo
+de la autoridad materna.
+
+Á poco volvieron á reunirse, en un solo grupo los cuatro.
+
+Antes de entrar de nuevo en la ciudad, D. Carlos se despidió del
+Comendador y de las dos señoritas, y se fué por otros sitios.
+
+Apenas Lucía y su tío dejaron á Clara á la puerta de su casa, el tío
+preguntó á la sobrina:
+
+--¿Qué te ha dicho D. Carlos?
+
+--¿Qué ha de decir? Que está desesperado; que Clara le desdeña, que le
+rechaza, y que, por obedecer á su madre, se casará con D. Casimiro.
+
+--Y D. Valentín, ¿qué hace?
+
+--Nada. ¿Qué quiere V. que haga? Pues qué, ¿ignora V. que D. Valentín es
+un gurrumino? Una mirada de Doña Blanca le confunde y aterra; una
+palabra de enojo de aquella terrible mujer hace que tiemble D. Valentín
+como un azogado.
+
+--De suerte que Doña Blanca es quien ha decidido el casamiento de Clara
+con D. Casimiro.
+
+--Sí, tío; en esa casa Doña Blanca es quien lo decide todo. Ella manda y
+los demás obedecen. No se atreven á respirar sin su licencia. No se
+puede negar que Doña Blanca tiene mucho talento y es una santa. Sabe más
+de las cosas de Dios que todos los predicadores juntos. Reza muchísimo;
+lee y estudia libros piadosos; lleva una vida ejemplar y penitente, y
+hace muchas limosnas á los pobres y á las iglesias; pero, á pesar de
+tantas virtudes y excelentes prendas, nada tiene de amable. Antes al
+contrario, es terrible. Á mí me pone miedo.
+
+--No lo dudo, sobrina; ya era como tú la describes cuando yo la conocí.
+
+--¡Ay, tío! ¿Y la veía V. con frecuencia?
+
+--No con frecuencia, sobrina; pero al fin la traté algo.
+
+--No extrañe V. que en una semana no vengan á casa, ni para cumplir.
+Doña Blanca vive con la mente tan lejos de todo, y se resiste tanto á
+que le cuenten cosas del mundo exterior que distraigan su espíritu de la
+contemplación íntima en que vive, que de seguro ni ella ni su pobre
+marido sabrán que V. ha llegado. D. Valentín no creo que sea hombre muy
+interior, espiritual y contemplativo; pero como tiene tanto miedo á su
+mujer y quiere darle gusto siempre, vive también á lo místico, apartado
+del trato humano, y yo le juzgo capaz de azotarse con unas disciplinas,
+no tanto por amor de Dios, cuanto por amor y por miedo de Doña Blanca.
+
+Don Fadrique escuchaba y callaba. No tenía humor de despegar los labios.
+Lucía, que era aficionada á hablar, soltó la tarabilla y prosiguió
+diciendo:
+
+--¡Pobre Clara! Figúrese V. lo divertida que estará. Yo no lo dudo; ella
+se irá al cielo; pero ¡qué! ¿no puede ir uno al cielo con menos trabajo?
+No acierto á ponderar á V. los prodigios de astucia, los portentos de
+habilidad, aunque esté mal que yo me alabe, que he tenido que hacer para
+ganarme un poco la voluntad y la confianza de Doña Blanca y lograr que
+su hija se trate conmigo y salga á veces en mi compañía. Si no fuera por
+mí, Clara estaría como enterrada en vida, entre cuatro paredes. No sé
+cómo ha podido entenderse con D. Carlos. Gracias á que él es muy listo y
+capaz de todo. Clara ha estado con él, no diré que en relaciones, sino
+casi en relaciones. Ello es que Clara le amaba. Luego ha tenido
+remordimientos de amar á un hombre á escondidas de su madre, y sobre
+todo cuando su madre la destina para otro. Así es que ahora rechaza al
+pobre D. Carlos, y el infeliz zagal Mirtilo se muere de pena.
+
+El Comendador oía con interés á su sobrina, y no ponía en la
+conversación ni una exclamación siquiera. Parecía que se había quedado
+mudo ó que no sabía qué decir.
+
+--Clara --prosiguió Lucía,-- ahora que cree pecado amar á D. Carlos, y
+que no halla posible oponerse á la voluntad de su madre, piensa á veces
+en ser monja; pero ni este deseo se atreve á confiar á su madre.
+Considera ella, en primer lugar, que no es buena su vocación; que quiere
+tomar el velo por despecho y como desesperada; y, por otra parte, cree
+que decir á su madre que quiere ser monja es un acto de rebeldía, es
+oponerse á su voluntad de casarla con D. Casimiro. ¿Qué piensa V. de la
+situación de mi desgraciada amiga?
+
+Interrogado tan directamente el Comendador, tuvo al cabo que romper el
+silencio; pero respondió con laconismo:
+
+--Mala es, en verdad, la situación; pero, ¿quién sabe? Todo tiene
+remedio menos la muerte. Entre tanto --añadió D. Fadrique, hablando con
+lentitud y bajo, dejando caer las palabras una á una, como si le
+costasen grandes esfuerzos, y como si en vez de responder á su sobrina
+hablase consigo mismo y á sí propio se respondiese;-- entre tanto, Doña
+Blanca es discreta, es piadosa y es buena madre. Razones de mucho peso
+tiene... sin duda... para querer casar á su hija con D. Casimiro. En
+fin, muchacha, sigue siendo buena amiga de Clara; pero no caviles ni
+formes juicios acerca de la conducta de Doña Blanca. Voy, además, á
+hacerte otra súplica.
+
+--Mande V., tío.
+
+--Es algo difícil lo que exijo de tí.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque te gusta hablar, y lo que exijo es que calles.
+
+--¿Y qué he de callar? Ya verá V. cómo me callo. Yo no quiero que V. se
+disguste y forme mal concepto de mí.
+
+--Pues bien; calla que me has puesto al corriente de los amores de D.
+Carlos y Doña Clara, y calla también cuanto sabes acerca de estos
+amores.
+
+--¡Tío, por amor de Dios! No me crea V. tan amiga de contarlo todo. El
+pícaro idilio tiene la culpa. Sin el idilio, ni á V. le hubiera yo
+confiado nada.
+
+Oído esto, sonrió el Comendador á su sobrina; y como ya estaban en la
+casa, se apartó de la muchacha, yéndose algo meditabundo y ensimismado,
+cual si procurase resolver un difícil problema.
+
+
+
+
+IX
+
+Mientras el Comendador y Lucía tenían el diálogo de que acabamos de dar
+cuenta, Clara había entrado en el cuarto de su madre.
+
+Doña Blanca estaba sentada en un sillón de brazos. Delante de ella había
+un velador con libros y papeles. D. Valentín estaba allí, sentado en una
+silla, y no muy distante de su mujer.
+
+El aspecto de Doña Blanca era noble y distinguido. Vestida con sencillez
+y severidad, todavía se notaban en su traje cierta elegancia y cierto
+señorío. Tendría Doña Blanca poco más de cuarenta años. Bastantes canas
+daban ya un color ceniciento á la primitiva negrura de sus cabellos. Su
+semblante, lleno de gravedad austera, era muy hermoso. Las facciones,
+todas de la más perfecta regularidad.
+
+Era Doña Blanca alta y delgada. Sus manos, blancas, parecían
+transparentes. Sus ojos, negros como los de su hija, tenían un fuego
+singular é indefinible, como si todas las pasiones del cielo y de la
+tierra y todos los sentimientos de ángeles y diablos hubiesen
+concurrido á crearle.
+
+Don Valentín, tímido y pacífico, enamorado de su mujer en los primeros
+años de matrimonio, y lleno después de consideración hacia ella, no se
+atrevía á chistar en su presencia, si ella no le mandaba que hablase.
+
+Era D. Valentín un virtuoso caballero, pero débil y pusilánime. Había
+sido, por amor y respeto á su honra, un magistrado íntegro. Nada había
+podido apartarle del cumplimiento de su deber, y hasta había mostrado
+admirable entereza fuera de casa, donde la entereza, por grande que deba
+ser, basta con que dure un instante; pero en la casa, con la doméstica
+tiranía de una mujer dotada de voluntad de hierro, cuya presión es
+perpetua é incesante, D. Valentín no había sabido resistir, y había
+abdicado por completo. La hacienda, los negocios, la educación de la
+hija, todo dependía y todo era dirigido y gobernado por Doña Blanca.
+
+El aspecto de D. Valentín era insignificante y neutral.
+
+Ni alto ni bajo, ni pelinegro ni rubio, ni flaco ni gordo. Parecía, con
+todo, un señor, por decirlo así, muy correcto en sus modales, en su
+continente y en su habla. La devota sumisión á su mujer añadía á dicha
+calidad de correcto una tintura de mansedumbre.
+
+Don Valentín había sido en su mocedad muy buen católico, pero sin
+fervor penitente y sin inclinaciones místicas y contemplativas. Ahora,
+por no desazonar á su mujer, se esforzaba por remedar á San Hilarión ó á
+San Pacomio.
+
+Tenía D. Valentín cerca de sesenta años de edad, pero parecía mucho más
+viejo, porque no hay cosa que envejezca y arruine más el brío y la
+fortaleza de los hombres que esta servidumbre voluntaria y espantosa, á
+que por raro misterio de la voluntad se someten muchos, cediendo á la
+persistencia endemoniada de sus mujeres.
+
+No bien entró Clara en el cuarto, Doña Blanca le preguntó:
+
+--¿Dónde has estado, niña?
+
+--Mamá, en _el nacimiento_.
+
+--No sé cómo tiene pies mi señora Doña Antonia para dar paseos tan
+disparatados. Con ir y volver, eso es andar cerca de una legua.
+
+--Doña Antonia no ha estado hoy con nosotras --dijo Clara, no
+atreviéndose á mentir, ni siquiera á disimular.
+
+El rostro de Doña Blanca tomó cierta expresión de sorpresa y de notable
+desagrado.
+
+--Entonces ¿quién os ha acompañado en el paseo? --preguntó Doña Blanca.
+
+--No se enoje V., mamá: hemos ido bien acompañadas.
+
+--Sí; pero ¿por quién? ¿Por alguna fregona? ¿Por alguna tía cualquiera?
+
+--Mire V., mamá, Doña Antonia tenía la jaqueca y no pudo acompañarnos.
+En su lugar ha venido con nosotras el tío de Lucía.
+
+--¿Y quién es ese tío?
+
+--Un señor marino que estuvo en la India y en el Perú, que dice que
+conoce á V., que hace poco ha venido á vivir á Villabermeja, y que
+anoche llegó aquí á pasar una temporada.
+
+--Ese es el Comendador Mendoza --dijo D. Valentín, con cierto júbilo de
+saber que había llegado un antiguo amigo.
+
+--Justamente, papá, así se llama: el Comendador Mendoza; un señor muy
+fino, si bien algo raro.
+
+--Oye, Blanca, será menester que vayamos á ver al Comendador, que vive
+sin duda en casa de su hermano --exclamó D. Valentín.
+
+--Cumpliremos con ese deber que la sociedad nos impone --dijo Doña
+Blanca con reposo y dignidad serena--; pero tú, Clara, no debes volver á
+salir de paseo ni tratarte con ese hombre malvado é impío. Si la santa
+fe de nuestros padres no estuviera tan perdida; si las perversas
+doctrinas del filosofismo francés no nos hubiesen inficionado, ese
+hombre, en vez de vestir el honroso uniforme de la marina, vestiría el
+sambenito; en vez de andar libre por ahí, piedra de escándalo, fermento
+de impiedad, levadura del infierno, corrompiendo lo que aun en el
+cuerpo social se conserva sano, estaría en los calabozos de la
+Inquisición ó ya hubiera muerto en la hoguera.
+
+Clara se aterró al oir en boca de su madre aquella diatriba. Se
+representó en su mente al Comendador como á un personaje endiablado; y,
+acordándose del tierno beso que de él había recibido, se llenó toda de
+espanto y de vergüenza.
+
+Don Valentín, con el recuerdo del Comendador, que le traía á la
+imaginación mejores tiempos, cuando él estaba menos viejo y menos
+sumiso, se sentía, contra su costumbre, con ánimo de contradecir y no
+someterse del todo. Así es que dijo:
+
+--¡Válgame Dios, mujer, qué falta de caridad es esa! Eres injusta con
+nuestro antiguo amigo. No te negaré yo que era algo _esprit fort_ en su
+mocedad pero ya se habrá enmendado. Por lo demás, siempre fué el
+Comendador pundonoroso, hidalgo y bueno. ¿Qué tienes tú que decir contra
+su moralidad?
+
+--Cállate, Valentín, que no dices más que sandeces. Y las llamo
+sandeces, por no calificarlas de blasfemias. ¿Qué moralidad, qué
+hidalguía, qué virtud puede haber donde faltan la religión y las
+creencias, que son su fundamento? Sin el santo temor de Dios toda virtud
+es mentira y toda acción moral es un artificio del diablo para engañar á
+los bobos que presumen de discretos y que no subordinan su juicio á los
+que saben más que ellos. Ya lo he dicho y lo repito: el Comendador
+Mendoza era un impío y un libertino, y seguirá siéndolo. Nosotros iremos
+á visitarle para no chocar, procurando no hallarle en casa y ver sólo á
+doña Antonia y á su bendito marido. En cuanto á Clarita, se buscará un
+pretexto cualquiera para que no salga más con Lucía, exponiéndose á ir
+en compañía de ese renegado, jacobino, volteriano y ateo. Primero
+confiaría yo á Clara al cuidado de la más vil y pecadora de las mujeres.
+Esta mujer, con el auxilio de la religión, puede regenerarse y llegar á
+ser una santa; pero de quien niega á Dios ó le aborrece, del empedernido
+de toda la vida, ¿qué esperanza es lícito concebir?
+
+Clarita y D. Valentín se compungieron y amilanaron con el sermón de Doña
+Blanca, y nada supieron contestarle.
+
+Quedó, pues, resuelto que Clarita, por culpa del Comendador y para que
+no se contaminase, no volvería á pasear con Lucía.
+
+
+
+
+X
+
+Las resoluciones de Doña Blanca Roldán eran irrevocables y efectivas.
+Ella sabía darles cumplimiento con calma persistente.
+
+Una mañana, después de oir misa con D. Valentín, estuvo Doña Blanca á
+visitar á Doña Antonia y á felicitarla por la venida de su cuñado; y fué
+con tal tino, que no se hallaba el Comendador en casa.
+
+Ni antes ni después de esta visita se dejaron ver Doña Blanca y D.
+Valentín de sus vecinos y amigos. Retirados siempre en el fondo del
+antiguo caserón en que vivían, y pretextando enfermedades, no recibían
+visitas, á pesar de lo difícil y odioso que es negarse á recibir,
+estando en casa, cuando se vive en un pueblo pequeño.
+
+En balde intentó repetidas veces Lucía sacar á paseo á Clara. Siempre
+que envió recado, le contestaron que Clara estaba mal de salud ó muy
+ocupada y que le era imposible salir.
+
+Lucía fué ella misma á ver á Clara, y sólo dos veces pudo verla, pero en
+presencia de su madre. Estas pruebas de retraimiento y hasta de desvío
+estaban suavizadas por una extremada cortesía de parte de Doña Blanca;
+aunque bien se dejaba conocer que si esta señora ponía de su parte
+cuantos medios le sugería su urbanidad á fin de no dar motivo de
+agravio, preferiría agraviar, si por agraviado se daba alguien, á cejar
+un punto en su propósito.
+
+Fuera del día en que visitó á Doña Antonia, no ponía Doña Blanca los
+pies en la calle sino de madrugada, para ir á la iglesia, á misa y demás
+devociones. D. Valentín la acompañaba casi siempre, como un lego ó
+doctrino humilde, y Clara la acompañaba siempre, sin osar apenas
+levantar los ojos del sueldo.
+
+Lucía, cavilando sobre las causas de aquella poco menos que completa
+ruptura de relaciones, llegó á temer que Doña Blanca hubiese averiguado
+los amores de Clara con D. Carlos de Atienza, la presencia de éste en la
+ciudad y la entrada y protección con que contaba en su casa.
+
+Doña Clara no hablaba á solas ni escribía á su amiga; por los criados
+nada podía averiguarse, porque los de Doña Blanca eran forasteros casi
+todos, y ó no tenían confianza en la casa, ó hacían una vida devota y
+apartada, imitando y complaciendo así á sus amos.
+
+Sólo podía afirmarse que la única persona que entraba de visita en casa
+de D. Valentín era su cercano pariente D. Casimiro.
+
+De esta suerte se pasaron diez días, que á don Carlos, á Lucía y al
+Comendador parecieron diez siglos, cuando al anochecer, en una hermosa
+tarde, el Comendador estaba en el patio de la casa sólo con su sobrina.
+Ésta traía con su tío una conversación muy animada, mostrándole las
+plantas y las flores que en arriates y en multitud de tiestos adornaban
+aquel patio, contiguo, como ya hemos dicho, al de la casa de D.
+Valentín. Salvando el muro divisorio, la voz de ambos interlocutores
+podía llegar al patio inmediato. La voz llegó, en efecto, porque en
+medio de la conversación sintieron Lucía y el Comendador el ruido de un
+pequeño objeto pesado que caía á sus pies. Lucía se bajó con prontitud á
+recogerle, y no bien le tuvo en la mano, dijo á su tío, toda alborozada
+y en voz baja:
+
+--Es una carta de Clarita. ¡Qué buena es! Me quiere de veras. Menester
+es conocerla como yo la conozco, para estimar lo que vale esta fineza de
+su amistad. ¡Burlar por mí la vigilancia de su madre! ¡Escribirme
+furtivamente! Calle V... tío... si parece imposible. ¡Por mí, esa
+infeliz, que es una santa, ha faltado á su deber de obediencia filial!
+¿Y cómo, dónde, á qué hora habrá podido escribirme? Vamos ... si le digo
+á V. que es un milagro de cariño. Y la picarita ¿con qué angustia habrá
+estado espiando la ocasión de echarme la carta, segura de que yo la
+recogería? ¡Benditas sean sus manos!
+
+Y diciendo esto había desatado el papel de la china en que venía liado
+con un hilo, y se diría que quería comérsele á besos.
+
+--Ven á leer esa carta --dijo el Comendador,-- donde haya luz y donde no
+vengan á interrumpirnos. En el despacho no hay nadie y ahora acaban de
+encender el velón. Ven, que es ya de noche y aquí no verás.
+
+Lucía fué al despacho con su tío, y con acento conmovido, casi al oído
+del Comendador, leyó lo siguiente:
+
+"Mi querida Lucía: De sobra conoces tú lo mucho que te quiero.
+Considera, pues, cuánto me afligirá verte tan poco y no poder hablarte.
+Mi madre lo exige, y una buena hija debe complacer á su madre. No creas
+que mi madre ha sospechado nada de mis desenvolturas con D. Carlos de
+Atienza. Me echo á temblar al representarme que hubiera podido
+sospecharlo. Nadie sabe más que tú, el Comendador y yo, que D. Carlos me
+pretende; pero Dios sabe mi pecado, del que estoy arrepentida. Ha sido
+enorme perversidad en mí dar alas á ese galán con miradas dulces y
+profanas sonrisas... casi involuntarias... te lo juro. No por eso me
+pesan menos en la conciencia. Algo he hecho yo, ó arrastrada por mi
+maldad nativa, ó seducida por el enemigo común de nuestro linaje, para
+alborotar á ese mozo, hacerle abandonar su Universidad y sus estudios, y
+moverle á venir aquí en persecución mía. En medio de todo, harto tengo
+que agradecer á Jesús y á María Santísima, que se apiadan de mí, á pesar
+de lo indigna que soy, y disponen que no se solemnice mi falta con el
+escándalo. Favor sobrenatural del cielo es, sin duda, el que siga oculto
+el móvil que ha impulsado á D. Carlos á venir aquí. La gente cree que
+vino y está aquí por tí. ¡Cuánto debo agradecerte que cargues con esta
+culpa! Si yo no hubiera sido atrevida, si yo no hubiera animado á D.
+Carlos, si yo hubiera tenido la severidad y el recato convenientes, no
+me vería ahora en tan amargo trance. ¡Ay, mi querida Lucía! El corazón
+humano es un abismo de iniquidad ... y de contradicciones. ¿Quieres
+creer que, si por un lado me desespero de haber dado ocasión para que D.
+Carlos haya venido persiguiéndome, por otro lado me lisonjea, me encanta
+que haya venido, y advierto que si no hubiera venido sería yo más
+desgraciada? En medio de todo... no lo dudes... yo soy muy mala. Estoy
+avergonzada de mi hipocresía. Estoy engañando á mi madre, que es tan
+perspicaz. Mi madre me juzga demasiado buena... y vela por mí, como el
+avaro por su tesoro, cuando el tesoro está ya perdido. No acierto á
+decírtelo para que no te enojes, y, no obstante, quiero decírtelo. No
+cumpliría con un deber de conciencia si no te lo dijese. La causa de
+que mi madre me aparte de tí es tu tío. Á mí me pareció un caballero muy
+fino, y bueno; pero mi madre asegura ¡qué horror! que no cree en Dios.
+¿Es posible ¡hija mía! que hiera el demonio con tan abominable ceguedad
+los ojos de algunas almas? ¿Se comprende que la copia, la imagen, la
+semejanza, renieguen del original divino, que les presta el único valor
+y noble ser que tienen? Si ello es cierto, si el Comendador está
+obcecado en sus impiedades, ármate de prudencia y pide al cielo que te
+salve. Procura también traer á tu tío al buen camino. Tú tienes
+extraordinario despejo y don de expresarte con primor y entusiasmo. El
+Altísimo, además, se vale á menudo de los débiles para sus grandes
+victorias. Acuérdate de David, mancebo, que era un pastorcillo sin
+fuerzas, y venció y derribó al gigante en el valle del Terebinto.
+¿Cuántas hermanas, hijas, madres y esposas no han logrado convencer á
+sus descarriados maridos, hermanos, hijos ó padres? Á gloria parecida
+debes aspirar tú, y Dios te premiará y te dará brío para alcanzarla. En
+cuanto á mí, aun siendo tan niña, soy una miserable pecadora, y bastante
+tarea tengo con llorar mis locuras y apaciguar la tempestad de
+encontrados sentimientos que me destrozan el pecho. Dame la última y
+mayor prueba de amistad. Persuade á D. Carlos de que no le amo. Díle que
+se vuelva á Sevilla y me deje. Convéncele de que soy fea, de que gusto
+de D. Casimiro, de que mi ingratitud hacia él merece su desprecio. Yo
+debiera haberle hablado en este sentido; pero soy tan débil y tan tonta,
+que no hubiese atinado á decírselo, y tal vez le hubiera inducido
+estúpidamente á que creyese todo lo contrario. Por amor de Dios, Lucía
+de mi alma, despide por mí á D. Carlos. Yo no puedo, no debo ser suya.
+Que se vaya; que no disguste por mí á sus padres; que no pierda sus
+estudios; que no motive un escándalo cuando se sepa que vino por mí y
+que yo soy una malvada, provocativa, seductora, quién sabe ... Adiós.
+Estoy apuradísima. No tengo á nadie á quien confiar mis cosas, con quien
+desahogar mis penas, á quien pedir consejo y remedio. Espero con ansia
+la llegada del P. Jacinto, que es el oráculo de esta casa. Sé que lo que
+yo le diga caerá como en un pozo, y que sus consejos son sanos. Es el
+único hombre que tiene algún imperio sobre mi madre. ¿Cuándo vendrá de
+Villabermeja? Adiós, repito, y ama y compadece á tu--CLARA."
+
+
+
+
+XI
+
+Esta carta inocente, tan propia de una niña de diez y seis años,
+discreta y educada con devoción y recogimiento, gustó mucho al
+Comendador; pero también le dió no poco que pensar. No entraremos
+nosotros en el fondo de su alma á escudriñar sus pensamientos, y nos
+limitaremos á decir que tomó tres resoluciones, de resultas de aquella
+lectura.
+
+Fué la primera buscar modo de ver y de hablar á la severísima Doña
+Blanca; la segunda, sondear bien el ánimo de D. Carlos para conocer
+hasta qué punto amaba de veras á la niña y merecía su amor, y la
+tercera, tratar con el P. Jacinto y proporcionarse en él un aliado para
+la guerra que tal vez tendría que declarar á la madre de Clarita.
+
+Á fin de conseguir lo primero, en vez de escribir pidiendo una
+audiencia, que con cualquier pretexto y muy políticamente se le hubiera
+negado, discurrió D. Fadrique levantarse al día siguiente de madrugada,
+aguardar en la calle á Doña Blanca cuando ella saliese para acudir á la
+iglesia, é ir derecho á hablarle, sin miedo alguno.
+
+Así lo hizo el Comendador. Doña Blanca, antes de las seis, apareció en
+la calle con Clarita y don Valentín. Iban á misa á la Iglesia Mayor.
+Apenas los vió salir D. Fadrique, se acercó muy determinado, y saludando
+cortésmente con sombrero en mano, dijo:
+
+--Beso á V. los pies, mi señora Doña Blanca. Dichosos los ojos que
+logran ver á V. y á su familia. Buenos días, amigo D. Valentín. Clarita,
+buenos días.
+
+Don Valentín, al oírse llamar amigo tan blandamente y por una voz
+conocida y simpática, no se pudo contener; no reflexionó, se dejó llevar
+del primer ímpetu cariñoso y se fué hacia D. Fadrique con los brazos
+abiertos. Por dicha, no obstante, D. Valentín tenía la inveterada
+costumbre de no hacer la menor cosa sin mirar antes á su mujer para
+notar la cara que ponía y si le retraía de consumar ó le alentaba á que
+consumase su conato de acción. Á pesar, pues, de lo entusiasmado que iba
+á abrazar á D. Fadrique, el instinto le indujo á que mecánicamente
+volviera la cara hacia Doña Blanca antes de llegarse á dar el abrazo.
+Indescriptible es lo que vió entonces en los fulminantes ojos de su
+mujer. Casi no se puede describir el efecto que le produjo aquella
+mirada. Creyó D. Valentín leer en ella el más profundo desdén, como si
+le acusase de una humillación estólida, de una bajeza infame; y creyó
+ver, al mismo tiempo, la ira y la prohibición imperiosa de que llevase á
+cabo lo que se había lanzado á ejecutar. El terror sobrecogió de tal
+suerte el ánimo de D. Valentín, que se paró, se quedó inmóvil de súbito,
+como si se hubiera convertido en piedra. Sólo con voz apagada y apenas
+perceptible exhaló, por último, como lánguido suspiro, un
+
+--Buenos días, Sr. D. Fadrique.
+
+--Buenos días, --dijo también Clara, no con más aliento que su padre.
+
+Doña Blanca miró de pies á cabeza al Comendador, y con reposo y suave
+acento, sin alterarse ni descomponerse en lo más mínimo, le habló de
+esta manera:
+
+--Caballero: Dios, que es infinitamente misericordioso, tenga á V. en su
+santa guarda. No por amor suyo, de que V. carece, sino por el mundano
+honor de que V. se jacta y por los respetos y consideraciones que todo
+hombre bien nacido debe á las damas, ruego á V. que no nos distraiga del
+camino que llevamos, ni perturbe nuestra vida retirada y devota.
+
+Y dicho esto, hizo Doña Blanca al Comendador una ceremoniosa y fría
+reverencia, y echó á andar con sosegada gravedad, siguiéndola D.
+Valentín y llevando delante á Clara.
+
+Don Fadrique pagó la reverencia con otra, se quedó algo atolondrado, y
+dijo entre dientes:
+
+--Está visto: es menester acudir á otros medios.
+
+No bien la familia de Solís se hubo alejado treinta pasos del
+Comendador, vió éste que Doña Blanca se volvía á hablar con su marido.
+
+Es evidente que el Comendador no oyó lo que le decía; pero el novelista
+todo lo sabe y todo lo oye. Doña Blanca, que trataba siempre de V. y con
+el mayor cumplimiento á su señor marido cuando le echaba un sermón ó
+reprimenda, le habló así mientras Clara iba delante:
+
+--Mil veces se lo tengo dicho á V., Sr. D. Valentín. Ese hombre, que V.
+se empeñó en introducir en casa, allá en Lima, es un libertino, impío y
+grosero. Su trato, ya que no inficione, mancha ó puede manchar la
+acrisolada reputación de cualquiera señora. Yo tuve necesidad poco menos
+que de echarle de casa. Motivos hubo, en su falta de miramientos y hasta
+de respeto, para que en otras edades bárbaras, olvidando la ley divina,
+alguien le hubiera dado una severa lección, como solían darlas los
+caballeros. Esto no había de ser: era imposible... Nada que más repugne
+á mi conciencia; nada más contrario á mis principios; pero hay un justo
+medio... Delito es matar á quien ha ofendido... pero es vileza
+abrazarle. Sr. D. Valentín, V. no tiene sangre en las venas.
+
+Todo esto lo fué soltando, despacio y bajo, casi en el oído de D.
+Valentín, su tremenda esposa Doña Blanca.
+
+Fueron tan duras y crueles las últimas frases, que D. Valentín estuvo á
+punto de alzar bandera de rebelión, armar en la calle la de Dios es
+Cristo y contestar á su mujer lo que merecía; pero el olor de mil flores
+regalaba el olfato; la gente pasaba con alegre aspecto; el día estaba
+hermosísimo; la paz reinaba en el cielo; un fresco vientecillo
+primaveral oreaba y calmaba las sienes más ardorosas; la familia de
+Solís iba al incruento sacrificio de la misa; Clara marchaba delante tan
+linda y tan serena: ¿cómo turbar todo aquello con una disputa horrible?
+D. Valentín apretó los puños y se limitó á exclamar con acento un si es
+no es colérico:
+
+--¡Señora!...
+
+Luego añadió para sí, cuidando mucho de que no lo oyese Doña Blanca:
+
+--¡Maldita sea mi suerte!
+
+Y no bien lanzada la exclamación, se asustó don Valentín de la blasfema
+rebeldía contra la Providencia que su exclamación implicaba, y se tuvo
+un instante por primo hermano del propio Luzbel.
+
+Como se ve, el éxito del Comendador en este primer intento de reanudar
+relaciones amistosas con la familia de Solís no pudo ser más
+desgraciado.
+
+
+
+
+XII
+
+No se arredró por eso nuestro héroe.
+
+Aguardó un rato en medio de la calle á fin de que no pudiese decir ni
+pensar Doña Blanca que él la seguía, y al cabo se fué á la iglesia
+Mayor, á donde sabía que la familia de Solís se había encaminado.
+
+Don Fadrique no iba allí, sin embargo, con el intento de acercarse á
+Doña Blanca otra vez y de sufrir nueva repulsa, sino á fin de hallar á
+D. Carlos, quien, á su parecer, no podía menos de estar en la iglesia,
+ya que no había otro medio de ver á Clara.
+
+En efecto, D. Fadrique entró en la iglesia y se puso á buscar al poeta,
+á la sombra de los pilares y en los sitios donde menos se nota la
+presencia de alguien. Pronto le halló, detrás de un pilar y no lejos del
+altar mayor. Parecía D. Carlos tan embebido en sus oraciones ó en sus
+pensamientos, que nada del mundo exterior, salvo Clara, podía distraerle
+ni llamarle la atención.
+
+Llegó, pues, D. Fadrique hasta ponerse á su lado. Entonces advirtió que
+Clara estaba no muy lejos, de rodillas, al lado de su madre; que D.
+Carlos la miraba, y que ella, si bien fijos casi siempre los ojos en su
+libro de rezos, los alzaba de vez en cuando rápidamente, y miraba con
+sobresalto y ternura hacia donde estaba el galán, declarando así que le
+veía, que se alegraba de verle, y que tenía miedo y cierto terror de
+profanar el templo y de pecar gravemente engañando á su madre y
+alentando á aquel hombre, de quien decía que no podía ser esposa.
+
+No ha de extrañarse que todo esto se viera en las miradas de Clarita.
+Eran miradas transparentes, en cuyo fondo fulguraba el alma como
+diamante purísimo que por maravilla ardiese con luz propia en el seno de
+un mar tranquilo.
+
+El Comendador estuvo un rato observando aquella escena muda, y se
+convenció de que ni Doña Blanca ni D. Valentín recelaban nada de los
+amores de la niña. Calculó, no obstante, que su presencia allí podría
+atraer hacia él la mirada de Doña Blanca, excitar de nuevo su ira,
+hacerle reparar en el gentil mancebo que estaba á su lado, y darle á
+sospechar lo que no había sospechado todavía.
+
+Entonces, si bien con pena de interrumpir aquellos arrobos y éxtasis
+contemplativos, tocó en el hombro á D. Carlos y le dijo casi á la oreja:
+
+--Perdóneme V. que le distraiga de sus devociones y que turbe la visión
+beatífica de que sin duda goza; pero me urge hablar con V. Hágame el
+favor de venir conmigo, que tengo que hablarle de cosas que le importan
+muchísimo.
+
+Sin aguardar respuesta echó á andar D. Fadrique, y D. Carlos, si bien
+con disgusto, no pudo menos de seguir sus pasos.
+
+Ya fuera de la iglesia, salió D. Fadrique al campo; D. Carlos fué en pos
+de él; y cuando se hallaron en sitio solitario, donde nadie podía oirlos
+ni interrumpir la conversación, D. Fadrique se explicó en estos
+términos:
+
+--Vuelvo á pedir á V. perdón de mi atrevimiento en obligarle á abandonar
+la iglesia, y más aún en mezclarme en asuntos de V. sin título bastante
+para ello. Apenas conozco á V. Esta es la séptima ó la octava vez que le
+hablo. Á Clarita la he visto hoy por segunda vez en mi vida. Sin
+embargo, el bien de Clarita y el de V. me interesan mucho. Atribúyalo V.
+á un absurdo sentimentalismo; al afecto que profeso á mi sobrina Lucía,
+que llega á Vds. de rechazo; á lo que V. quiera. Lo que le ruego es que
+me crea un hombre leal y franco, y no dude de mi buena voluntad y
+mejores propósitos. Quiero y puedo hacer mucho en favor de usted. En
+cambio, aspiro á que oiga V. mis consejos y á que los siga.
+
+Don Carlos oyó al Comendador atentamente y con muestras de respeto y
+deferencia. Luego le contestó:
+
+--Sr. D. Fadrique, por V. y por ser V. el tío de la señorita Doña Lucía,
+tan bondadosa y excelente, estoy dispuesto á oir á V. y hasta á
+obedecerle en cuanto esté de mi parte, sin considerar el provecho que
+por mi obediencia V. me promete.
+
+--No me he explicado bien --replicó D. Fadrique.--Yo no prometo premios
+en pago de obediencias: lo que quiero significar es que de seguir V.
+ciertos consejos míos se ha de alcanzar naturalmente lo que de otra
+suerte se malogrará acaso, con gran pesar de todos.
+
+--Aclare V. su pensamiento, --dijo D. Carlos.
+
+--Quiero decir --prosiguió D. Fadrique,-- que este modo que tiene V. de
+enamorar á Clarita no va, días hace, por buen camino. Hasta ahora nadie
+sospecha en esta pequeña ciudad sus amores de V., gracias á mi sobrina.
+Como ella estuvo, dos meses há, en Sevilla, donde V. la conoció, y V. ha
+venido luego aquí, y V. va á su casa de tertulia todas las noches, y
+habla V. mucho con ella, y no pocas veces en secreto; y como mi sobrina
+es joven y graciosa y linda, si el amor de tío no me engaña, todos creen
+que ha venido V. por ella, que V. la enamora, que V. es su novio. ¿Quién
+había de imaginarse que chica tan mona y en tan verdes años se
+limitaría á hacer el triste y poco airoso papel de confidenta? Por esto,
+pues, se desorientan los curiosos, y sus amores de V. siguen secretos;
+pero Lucía lo paga. Confiese V. que es mucha generosidad.
+
+--Yo... Sr. D. Fadrique...
+
+--No se disculpe V. No hablo de ello para que V. se disculpe, sino para
+narrar los sucesos como son en sí. En este lugar creen todos que V. ha
+venido, abandonando á sus padres, su casa y sus estudios, para pretender
+á Lucía; pero este engaño no puede durar. Imagine V. el alboroto, los
+chismes, las hablillas á que dará V. ocasión y motivo el día en que se
+sepa, como no podrá menos de saberse, que V. pretende á Clarita, á quien
+todos creen ya prometida esposa de D. Casimiro Solís.
+
+-Eso no será nunca mientras yo viva, --exclamó D. Carlos con grandes
+bríos.
+
+--Tratemos de impedirlo --continuó con calma D. Fadrique.-- Yo le
+ayudaré á V. cuanto pueda, y repito que algo puedo; pero toda la energía
+de usted y toda la prudencia que yo emplee serán inútiles si desoye V.
+mis advertencias y consejos.
+
+--Ya he dicho á V. que deseo seguirlos.
+
+--Pues bien, amigo D. Carlos, es menester que V. se persuada de que
+Clarita, de cuyo amor hacia V. estoy convencido, está criada con tan
+santo temor de Dios y con tan grande, y hasta si V. quiere exagerado é
+irracional respeto á su madre, que por obedecerla, por no darle un
+disgusto, por no rebelarse, será capaz de casarse con D. Casimiro,
+aunque se muera de amor por V. al día siguiente de casada, aunque su
+vestido de boda sea la mortaja con que la entierren.
+
+--Pero si Clara dice á su madre que no ama á D. Casimiro...
+
+--Clara no se atreverá á decirlo.
+
+--Si declara á su madre que me ama...
+
+--Antes morirá que confesar á su madre ese amor.
+
+--Y si tanto miedo tiene á su madre, ¿no podrá huir conmigo?
+
+--No creo que dé jamás tan mal paso. De todos modos, aunque tan mal paso
+fuese posible, no se debía apelar á él sino apurados antes otros medios
+más prudentes y juiciosos. Reitero, con todo, mi afirmación. Creo capaz
+á Clarita de morir de dolor; pero no la creo capaz de prestarse al
+escándalo de un rapto.
+
+--Entonces ¿qué quiere V. que yo haga?
+
+--Lo primero, volver á Sevilla con sus señores padres, y dejar á Doña
+Clara tranquila con los suyos.
+
+--Bien se conoce que V. no ama. Á su edad de usted...
+
+--Dale... con la tontería... Caballerito poeta... yo no soy ni viejo ni
+rabadán... ni me parezco en nada al del idilio. Váyase V. á Sevilla hoy
+mismo. Salga V. de esta ciudad antes de que Doña Blanca se percate de
+que hay moros en la costa. Yo velaré aquí por los intereses de V. Y si
+peligran; si es menester apelar á medios violentos, cuente V. también
+conmigo... hasta para el rapto. Á poco me aventuro prometiéndoselo á V.,
+porque doy por firme que no se dejará robar Clarita.
+
+--¿Y por qué, para qué he de irme á Sevilla?
+
+--¿Pues no se lo he dicho á V. ya? Porque aquí no hace V. sino
+perjudicarse, sin gusto y sin ventaja. Estoy seguro de que no logrará V.
+más que ver á Clara en la iglesia, con más angustia que deleite por
+parte de la pobre muchacha. Y esto mientras Doña Blanca no descubra
+nada. El día en que descubra Doña Blanca su juego de V., será para
+Clarita un día tremendo y V. no volverá á verla. Váyase V., pues, á
+Sevilla.
+
+--¿Y qué ganaré con irme?
+
+--Que yo trabaje con tranquilidad en favor de V. Usted me estorba para
+mis planes. Si V. se queda, precipitará la boda de D. Casimiro y hará
+que se envíe á escape por la licencia á Roma. Si V. se va, no afirmo yo
+que evitaré la boda de Clara con el viejo rabadán y conseguiré que sea
+para Mirtilo; pero, ó yo he de valer poco, ó he de lograr que se nos dé
+tiempo y... quién sabe... Nada prometo. Sólo ruego á V. que se vaya.
+Váyase V. hoy mismo.
+
+El interés que el Comendador le mostraba, su empeño de que se fuese, la
+decisión con que se entrometía en sus asuntos, todo chocaba á D. Carlos
+y le tenía desconfiado y descontento.
+
+El Comendador apuró todas las razones, empleó todos los tonos, pero
+singularmente el de la súplica; D. Carlos le contestó varias veces de
+mal humor, y fué menester la prudente superioridad del Comendador para
+calmar y contener á D. Carlos y evitar que llegase á ofender á quien le
+aconsejaba y casi le mandaba.
+
+Por último, tanto rogó, prometió y dijo D. Fadrique, que D. Carlos hubo
+de someterse y salir aquel mismo día para Sevilla, si bien ofreciendo
+sólo ausencia de poco más de un mes: hasta que llegasen las vacaciones
+de verano. En cambio, exigió y obtuvo de D. Fadrique que le había de
+escribir dándole noticias de Clara, y avisándole del menor peligro que
+hubiese, para volar en seguida donde estaba ella.
+
+Don Carlos, aunque no era tímido ni torpe, no había obtenido jamás que
+Clara recibiese carta suya, y menos aún que le escribiese. Pero ¿qué
+mucho, si ni siquiera de palabra Clara le había dado á entender que le
+amaba? Clara le amaba, sin embargo. Bien sabía el galán que era falso,
+de puro modesto, aquello de que
+
+ ... Amistosa y compasiva,
+ Quiere que el zagal viva,
+ Mas amarle no quiere.
+
+Clara le amaba, y á su despecho, contra su voluntad, había declarado su
+amor; pero sólo con los ojos, por donde se le iba el alma en busca del
+bizarro y gracioso estudiante, sin que todos sus escrúpulos religiosos v
+filiales fuesen bastante poderosos para detenerla.
+
+Don Fadrique pudo convencerse, en el largo coloquio que tuvo con D.
+Carlos, de que su pasión por Clara era verdadera y profunda. Del amor de
+Clara por el poeta rondeño estaba más convencido aún. Con este doble
+convencimiento, de que se alegraba, precipitó más la partida de D.
+Carlos, y antes de mediodía consiguió que saliese del pueblo con
+dirección á Sevilla.
+
+Don Carlos salió á caballo con un su criado; y D. Fadrique, á caballo
+también, se unió con él en el ejido, y le acompañó más de una legua,
+dándole esperanzas y hablándole de sus amores. Al llegar á una
+encrucijada, D. Fadrique se despidió cariñosamente del joven, y tomó el
+camino de Villabermeja con el intento de conferenciar con el padre
+Jacinto.
+
+La sencillez y la modestia de este santo varón no habían dejado ver á D.
+Fadrique la inmensa importancia que durante su larga ausencia había
+adquirido.
+
+Como predicador, gozaba el padre de extraordinaria nombradía por toda
+aquella comarca. Era igualmente celebrado por los tres estilos que tenía
+de predicar. En el estilo llano ó de homilía encantaba á la gente
+rústica y ponía la religión y la moral á su alcance, amenizando tan
+graves lecciones con chistes y jocosidades que un severo crítico
+condenaría, pero que eran muy del caso para que los zafios campesinos se
+aficionasen á oirle y se deleitasen oyéndole. En sermones de empeño, en
+días de gran función, el padre Jacinto era otro hombre: echaba muchos
+latines, ahuecaba la voz y esmaltaba su discurso de un jardín de flores,
+de un verdadero matorral de adornos exuberantes, que también gustaban á
+los discretos y finos de aquellos lugares. Y tenía, por último, el
+estilo patético de la Semana de Pasión y de la Semana Santa, durante las
+cuales los sermones, más que hablados, eran en Villabermeja, y siguen
+siendo aún, cantados, sin que gusten de otra manera. Sermón de Semana
+Santa, sin lo que llaman allí el _tonillo_, no gusta á nadie ni se tiene
+por sermón. Cuando en el día va á Villabermeja un cura forastero, tiene
+que aprender el _tonillo_. En este _tonillo_ fué el padre Jacinto un
+dechado de perfección, que nadie ha superado hasta ahora. Al oirle,
+aunque sea reminiscencia gentílica, dicen que se comprendía cómo Cayo
+Graco se hacía acompañar por un flautista cuando pronunciaba en el Foro
+sus más apasionadas arengas. El P. Jacinto predicaba también en el Foro,
+ó dígase en medio de la plaza pública, durante la Semana Santa. Allí se
+hacían todos los pasos á lo vivo, y el padre los explicaba en el sermón
+conforme iban ocurriendo. Así, había sermón que duraba tres horas, y
+siempre sin dejar el tonillo, lo cual no obstaba para que el padre
+expresase los más varios afectos, como piedad, dolor y cólera. Cuando
+aparecía el pregonero en el balcón de las Casas Consistoriales y leía la
+sentencia de muerte contra Jesucristo, ha quedado en la memoria de los
+bermejinos el furor con que el padre se volvía contra él, gritando:
+
+"Calla, falso, ruin, necio y miserable pregonero, y oirás la voz del
+Ángel que dice:"
+
+Y entonces salía un ángel muy vistoso por otro balcón de la plaza, y
+cantaba el inefable misterio de la Redención, empezando:
+
+"Esta es la sentencia que manda cumplir el Eterno Padre..." y lo demás
+que tantas veces hemos oído los que somos de por allí.
+
+Pero, volviendo al P. Jacinto, diré que su mérito como predicador era
+quizás lo de menos. Su gran valer fué como director espiritual. Se
+pasaba horas y horas en el confesionario. Desde el convento bermejino
+tenía con frecuencia que ir al convento de la ciudad cercana, donde
+tenía no pocas hijas de confesión entre el señorío. Era además hombre
+de consejo y tino en los negocios mundanos, y acudían todos á
+consultarle cuando se hallaban en tribulación, apuro ó dificultad. En
+suma, el P. Jacinto era un gran médico de almas, aunque duro y feroz á
+veces en los remedios. Gustaba de aplicarlos heroicos, como suelen hacer
+los demás médicos de los lugares, que tal vez recetan á un hombre el
+medicamento que convendría recetar á un caballo. Á pesar de esto, tenía
+el padre tal autoridad y discreción; era tan ameno en su trato y tan
+resuelto valedor y defensor de las mujeres, que gozaba de inmensa
+popularidad entre ellas, y era fervorosamente reverenciado, así de las
+jornaleras humildes como de las encopetadas hidalgas.
+
+Aunque tocaba en los setenta años, estaba firme y robusto aún, si bien
+había perdido ciertos ímpetus juveniles, que le habían hecho famoso,
+llevándole en ocasiones á imitar al Divino Redentor, más que en la
+mansedumbre, en aquel arranque que tuvo cuando hizo azote de unos
+cordeles y echó á latigazos á los mercaderes del templo. El P. Jacinto
+había sido un jayán y había sacudido el polvo á algunos desalmados y
+pecadores contumaces, sobre todo cuando eran maridos, que se
+emborrachaban, gastaban el dinero en vino y juego y daban palizas á sus
+mujeres.
+
+Contra esta clase de hombres había sido duro de veras el P. Jacinto. Ya
+no tenía aquellos arrestos de la mocedad; pero su virtud y su fuerza
+moral, unida al recuerdo de la física, infundían gran respeto entre los
+rústicos.
+
+Tales eran las cualidades principales y la brillante posición del
+antiguo maestro del Comendador, con quien éste iba ahora á consultar y
+tratar negocios arduos, y de quien esperaba obtener poderoso auxilio.
+
+
+
+
+XIII
+
+No bien llegó el Comendador á Villabermeja y dejó el caballo en su casa,
+se dirigió al convento, que distaba pocos pasos, y como era la hora de
+la siesta, halló en su celda al P. Jacinto, el cual no dormía, sino
+estaba leyendo, sentado á la mesa.
+
+Mis lectores deben de formarse ya, por lo expuesto hasta aquí, cierta
+idea bastante aproximada de la condición del mencionado fraile. Fáltame
+añadir, para que sea completo el retrato, que era alto y seco; que veía
+y oía bien; que tuteaba á todo el género humano, y que se preciaba de no
+tener pelillos en la lengua, esto es, de decir cuanto se le ocurría, con
+una franqueza que tocaba y hasta pasaba á menudo sus límites, entrando
+con banderas desplegadas por la jurisdicción y término de la
+desvergüenza. Sólo con D. Fadrique se mostraba el Padre respetuoso y
+deferente, suponiendo que él tenía, sin poderlo remediar, un afecto por
+su antiguo discípulo, que le hacía sobrado débil.
+
+--Muchacho --dijo á D. Fadrique, apenas le vió entrar,-- ¿qué buen
+viento te trae por aquí de improviso?
+
+--Maestro --contestó el Comendador,-- he venido expresamente para
+consultar á V.
+
+--¿Para consultarme á mí? ¿Y sobre qué? ¿Qué hay, que tú no sepas mejor
+que yo y mejor que nadie?
+
+--Mi consulta es de suma importancia.
+
+--Vamos... ¿de qué se trata?
+
+--Se trata... se trata... nada menos que de un caso de conciencia.
+
+Al oir _caso de conciencia_, el padre miró fijamente al Comendador con
+aire de incredulidad y de recelo, y exclamó al cabo:
+
+--Mira, hijo mío, si es que te aburres en estos lugares y quieres
+chancearte y divertirte, toma una tabla y dos cuernos, y no te diviertas
+ni te chancees conmigo. Ya está duro el alcacer para zampoñas.
+
+--¿Y de dónde infiere V. que me chanceo ó que me burlo? Hablo con
+formalidad. ¿Por qué no he de exponer yo á V. formalmente un caso de
+conciencia?
+
+--Porque todo hombre de cierta educación, criado en el seno de la
+sociedad cristiana, aunque haya perdido la fe en Nuestro Señor
+Jesucristo, tiene la conciencia tan clara como yo, y no hay caso que no
+resuelva por sí, sin necesidad de consultarme. Si tuvieses fe, podrías
+acudir á mí en busca de los consuelos que da la religión. No acudiendo
+para esto, ¿qué podré yo decirte, que ignores? La moral tuya es idéntica
+á la mía, aunque en sus fundamentos discrepe. Y al fin, harto lo conoces
+tú, no hay caso de conciencia, meramente moral, cuya solución no sea
+llana para todo entendimiento un poco cultivado. Sin duda que Dios, para
+ejercitar nuestra actividad mental y aguzar nuestro ingenio, ó para dar
+precio á nuestra fe, ha circundado de tinieblas los grandes problemas
+metafísicos; los ha envuelto en misterios, impenetrables á veces; pero
+en lo tocante á la moral, en lo que atañe al cumplimiento de nuestros
+deberes no hay misterio alguno: todo está claro como el agua. El
+soberano Señor, en su infinita bondad y misericordia, no ha querido, á
+pesar de nuestras maldades, que nadie tenga que ser un Séneca para saber
+perfectamente cuál es su obligación, ni mucho menos que nadie tenga que
+ser un héroe estupendo para cumplirla. Ni para conocerla te falta
+entendimiento, ni para cumplir con ella debe faltarte voluntad. ¿Qué es
+lo que buscas, pues en mí?
+
+--Mucho pudiera argumentarse contra lo que V. dice; pero no quiero
+disputar, sino consultar. Quiero convenir en que la moral no es ninguna
+reconditez, y en que no es tan arduo cumplir con ella.
+
+--Se entiende --interrumpió el Padre,-- para todos aquellos pueblos
+donde la luz del Evangelio ha penetrado. Tú imaginas que el natural
+discurso ha bastado á los hombres para formar la ley moral: yo creo que
+han necesitado de la revelación; pero tú y yo convenimos en que, una vez
+presentada esa ley, la razón humana la acepta como evidente. Es gran
+bellaquería suponer esa ley obscura y vaga, y forjarse casos terribles,
+conflictos espantosos entre los sentimientos naturales y el sencillo
+cumplimiento de un deber. Esto equivaldría á suponer la necesidad de ser
+un pozo de ciencia y de sentirse capaz de sobrehumanos esfuerzos para
+ser persona decente. Ya tú comprendes que esto sería disculpar y dar
+casi la razón á los tunos. Al fin y al cabo, no todos los hombres son
+sabios ni tienen las fibras de hierro ni el corazón de diamante. Realzar
+así la moral es hacerla poco menos que imposible, salvo para algunos
+seres privilegiados y de primera magnitud, más profundos que Crisipo y
+más constantes que Régulo.
+
+--Mucho tiene que ver el caso que quiero presentar con todo lo que está
+V. diciendo. No es curiosidad ociosa, sino interés muy respetable, el
+que me induce á resolver una duda.
+
+--Imposible... tú no puedes dudar.
+
+--Déjeme V. que acabe. Yo no dudo sobre el caso... Tengo formado mi
+juicio... que me parece de no menor certidumbre que este otro: dos y
+tres son cinco. Mi duda está en si V., por razones que se fundan en la
+inexhausta bondad divina, tiene la manga más ancha que yo, ó si por
+razones de la ley positiva, en que cree, la tiene más estrecha. ¿Me
+entiende V. ahora?
+
+--Te entiendo muy bien; y desde luego te declaro que no he de tener la
+manga ni más ancha ni más estrecha que tú. Lo mismo calificaremos ambos
+un pecado, una falta, un delito, y lo mismo marcaremos y determinaremos
+la obligación que de él nazca. Las razones teológicas tienen que ver con
+la penitencia, con la expiación, con el perdón, con la gloria ó el
+infierno, allá en el otro mundo, y en esto para nada tienes tú que
+meterte ahora. Veamos, pues, ese caso, ya que quieres consultarme.
+
+--Desde luego V. convendrá en que lo robado debe devolverse á su dueño.
+
+--Indudable.
+
+--Y cuando, por efecto de un engaño, algo que pertenece á uno viene á
+pertenecer á otro, ¿qué debemos hacer?
+
+--Debemos poner fin al engaño para que lo que posee alguien sin derecho
+pase á manos de su señor legítimo.
+
+--¿Y si al poner fin al engaño resultan males evidentemente mayores?
+
+--Aquí importa distinguir. Si tú tienes que hablar, no debes decir
+jamás mentira por inmensos que sean los males que de decir la verdad
+resulten. Condenada está la mentira oficiosa como la perniciosa. No
+debes mentir ni por salvar la vida del prójimo, ni por salvar la honra
+de nadie, ni por el bien de la religión; pero yo me atrevo á sostener
+que debes callar la verdad cuando nadie la inquiere de tí y cuando de
+decirla resultan más males que bienes. Pensar algo en contra es delirio.
+Lo sostengo sin vacilación. Voy á explanar mi doctrina en breves
+palabras. Tú cometes un pecado. Eres, por ejemplo, mentiroso. Los males
+que nazcan de tu pecado debes remediarlos hasta donde te sea posible y
+lícito, esto es, sin cometer pecado nuevo para remediar el antiguo.
+Dios, para hacernos patente la enormidad de nuestras culpas, consiente á
+veces en que nazcan de ellas males cuyos humanos remedios son peores.
+Tratar tú de evitarlos ó de remediarlos entonces, no es humildad, sino
+soberbia, orgullo satánico; es luchar contra Dios; es tomar el papel de
+la Providencia; es dar palo de ciego; es querer enderezar el tuerto que
+tú mismo hiciste, torciendo y ladeando lo que está recto, y tirando á
+trastornar el orden natural de las cosas.
+
+--Hablando con franqueza --dijo el Comendador,-- la doctrina de V. me
+parece muy cómoda. Veo que tiene V. la manga más ancha de lo que yo
+pensaba.
+
+--Vete á paseo, Comendador --repuso el padre, bastante enojado.-- En
+ninguna ocasión pasé yo por complaciente. Me diriges la acusación más
+dura que á un confesor puede dirigirse. Un santo ha dicho: _Non est
+pietas, sed impietas, tolerare peccata_, y yo disto mucho de ser impío.
+Todo proviene, sin duda, de que tú confundes las cosas. Aquí no hablamos
+de penitencia, de expiación, de castigo de la culpa. Sobre este punto no
+tengo que decirte yo lo que exigiría de un penitente para absolverle.
+Aquí hablamos sólo de la obligación de satisfacer el agravio que nace
+del pecado ó del delito. Y á esto he respondido con sencillez. El
+pecador ó delincuente debe ir hasta donde le sea posible y lícito. Si ha
+de cometer nuevos pecados, si ha de hacer nuevas maldades y desatinos,
+mejor es que lo deje y no se meta á remediar el mal que ha hecho. Pues
+¡qué! ¿estaría bien, por ejemplo, que tú hirieses á uno, y luego, sin
+saber de cirujía, tratases de curarle y le acabases de matar? Dices tú
+que la tal doctrina es cómoda. ¿Dónde está la comodidad? Aunque yo te
+excuse de poner el remedio, no te libro de la penitencia, del
+remordimiento y del castigo. Antes al contrario, lo cómodo es lo otro:
+remediar el mal de mala manera, y creerse ya horro y darse ya por
+absuelto. Así un criado torpe te romperá un día el vaso más precioso de
+los que has traído de la China, le pegará luego chapuceramente con cola,
+y se quedará tan fresco como si no te hubiese causado el menor
+perjuicio. Lo que debe hacer el criado es andar siempre muy cuidadoso
+para no romper el vaso, y si le rompe, sentir mucho su falta, y ya que
+no puede ni componer bien el vaso ni comprarte otro nuevo é igual,
+sufrir con humildad la reprimenda que tú le eches.
+
+--Me complazco en ver que estamos de acuerdo en lo general de la
+doctrina. En la aplicación á casos particulares es en lo que veo que
+cabe mucha sutileza. Contra la opinión de V., el buen camino se presenta
+muy anublado y confuso. ¿Cómo determinar á veces hasta dónde es posible
+y lícito lo que quiero hacer para reparar el daño?
+
+--Es muy sencillo. Si para repararle causas otro daño mayor, deja
+subsistir el primero, que es más pequeño; y esto aunque en el segundo
+daño que causes no haya pecado de tu parte. Habiendo nuevo pecado, nueva
+infracción de la ley moral en el remedio, aunque este segundo pecado sea
+menor que el primero que cometiste, no debes cometerle. Dios, si quiere,
+remediará el mal causado.
+
+--¿De suerte que no hay más que cruzarse de brazos; dejar rodar la bola?
+
+--No hay más que dejarla rodar, ya que deteniéndola puedes hacer que
+todo ruede. Las Sagradas Letras vienen en mi apoyo con no pocos textos.
+David dijo: _Abissus abyssum invocat_; Salomón, _Est processio in
+malis_; el profeta Amos, _Si erit malum quod Dominus non fecerit?_ con
+lo cual da á entender que Dios permite ú ordena el mal como pena del
+pecado y escarmiento de las criaturas; y el mismo Salomón, antes citado,
+dice, de modo más explícito, que no podemos añadir ni quitar de lo que
+Dios hizo para ser temido: _Non possumus quidquam addere nec auferre
+quae fecit Deus ut timeatur_.
+
+--Á pesar de los textos, á pesar de los latines me repugna esa cobarde
+resignación.
+
+--¿Cómo cobarde? ¿Dónde viste tú que para con Dios haya cobardía? La
+resignación á su voluntad no implica, por otra parte, el que te aquietes
+y te llenes de contentamiento de tí propio. Sigue llorando tu culpa;
+desuéllate el alma con el azote de la conciencia y el cuerpo con unas
+disciplinas crueles; haz de tu vida en el mundo un durísimo purgatorio;
+pero resígnate y no trates de remediar lo que sólo de Dios debe esperar
+remedio. Hasta el sentido común está de acuerdo en esto, miradas las
+acciones humanas por el lado de la utilidad y conveniencia, las cuales,
+bien entendidas, concuerdan con la moralidad y con la justicia. ¡Qué
+atinado es el refrán que reza: _No siento que mi hijo pierda, sino
+que quiera desquitarse_! Si malo es jugar, peor es aún volver á jugar;
+reincidir en el pecado para remediar el mal del pecado. Pero á todo
+esto, tú no hablas sino de generalidades, y el caso de conciencia no
+parece.
+
+--Voy al caso, --dijo el Comendador.
+
+--Soy todo oídos, --repuso el fraile.
+
+--¿Qué debe hacer el que no es hijo de quien pasa por su padre, según la
+ley, y usurpa nombre, posición y bienes que no son suyos?
+
+[Nota del autor: Esta novela, que se ha publicado á pedacitos en el
+periódico _El Campo_, tiene plan trazado en Noviembre de 1876. El drama
+del Sr. Echegaray _Ó locura ó santidad_ no había sido representado aún.
+Yo no tenía de él la menor noticia, dado que ya estuviese escrito. Ha
+sido, pues, una coincidencia, para mí harto desagradable, la semejanza ó
+analogía del asunto de tan aplaudido drama con el asunto de mi pobre
+novela. Entiéndase que al hacer esta observación no quiero defenderme de
+los que pudieran acusarme de imitar ó remedar, sino de aquéllos que se
+inclinen á creer que yo, bajo la forma de un cuento, me entrometo en
+censurar, impugnar ó controvertir las ideas ó doctrinas que en el citado
+drama resplandecen.]
+
+--¡Hombre... tú eres famoso! ¿Después de tanto preámbulo te vienes con
+una preguntilla tan baladí? Prescindo ahora de la dificultad ó
+imposibilidad en que ese hijo postizo estaría de probar el delito de su
+madre. Yo no sé de leyes; pero la razón natural me dicta que contra la
+fe de bautismo, contra la serie de actos y documentos oficiales que te
+han hecho pasar hasta hoy por un hijo de un determinado y conocido López
+de Mendoza, no pueden valer testimonios sino de un orden excepcional y
+casi imposible. Doy, con todo, de barato que posees tales testimonios.
+Creo, decido que no debes valerte de ellos. ¿Sabes los mandamientos de
+la ley de Dios? ¿Sabes que el orden en que están no es arbitrario? Pues
+bien; ¿qué dice el séptimo?
+
+--No hurtar.
+
+--¿Y el cuarto?
+
+--Honrar padre y madre.
+
+--Es, pues, evidente que para quitarte de encima el pecado contra el
+séptimo ibas á pecar contra el cuarto, deshonrando á tu madre y á tu
+padre, que padre sería siempre el que te tuvo por hijo, te crió, te
+alimentó y te educó, aunque no te engendrara.
+
+--Tiene V. razón, P. Jacinto. Y, sin embargo, los bienes que no son
+míos, ¿cómo sigo gozando de ellos?
+
+--¿Y quién te dice que goces de ellos? Pues ¡qué! ¿es tan difícil dar
+sin expresar la causa por qué se da? Dálos, pues, á quien debes. Ya los
+tomarán... En el tomar no hay engaño. Y si, por extraño caso, hallares á
+alguien en el tomar inverosímilmente escrupuloso, ingéniate para que
+tome. Lejos de oponerme, pido, aplaudo la reparación, siempre que para
+llevarla á cabo no sea menester hacer mayor barbaridad que la que
+remedie.
+
+--Está bien... pero si no es el hijo, sino la madre culpada... ¿qué debe
+hacer la madre culpada?
+
+--Lo mismo que el hijo... no deshonrar públicamente á su marido... no
+amargarle la vida... no desengañarle con desengaño espantoso... no
+añadir á su pecado de fragilidad el de una desvergüenza cruel y sin
+entrañas.
+
+--La madre, no obstante, no tiene medios de devolver bienes que por su
+culpa van á pasar ó han pasado á quien no corresponden.
+
+--Y si no los tiene, ¿qué se le ha de hacer? Ya lo he dicho. Que se
+resigne. Que se someta á la voluntad de Dios. Todo eso lo debió prever
+antes de pecar, y no pecar. Después del pecado no le incumbe el remedio
+si implica pecado nuevo, sino la penitencia. ¿Has expuesto ya todo el
+caso?
+
+--No, padre; tiene otras complicaciones y puntos de vista.
+
+--Dílos.
+
+--¿Qué piensa V. que debe hacer el hombre pecador, cómplice de la mujer,
+en aquel delito cuya consecuencia es el hurto, la usurpación de que
+hemos hablado?
+
+--Lo mismo que he dicho del hijo y de la madre.
+
+--¿Y si posee bienes para subsanar el daño causado á los herederos?
+
+--Subsanar ese daño, pero con tal recato, discreción y sigilo, que no se
+sepa nada. En el libro de los Proverbios está escrito: _Melius est
+nomen bonum quam divitiae multae_. Así es que por cuestión de
+intereses no se debe perjudicar á nadie en su buen nombre.
+
+El historiador de estos sucesos escribe para narrar, y no para probar.
+No decide, por lo tanto, si el P. Jacinto estaba atinado ó no en lo que
+decía; si hablaba guiado por el sentido común ó por la doctrina moral
+cristiana, ó por ambos criterios en consonancia completa; y no se
+inclina tampoco á creer que dicho padre tenía una moral burda y grosera,
+y el atrevimiento y la confianza de un rústico ignorante. Quédese esto
+para que lo resuelva el discreto lector. Baste apuntar aquí que el
+Comendador mostraba una satisfacción grandísima de ver que su maestro,
+como él le llamaba, pensaba exactamente lo que él quería que pensase.
+
+El P. Jacinto, desconfiado como buen lugareño, no advertía el interés
+vivísimo con que su antiguo discípulo le interrogaba; y temiendo siempre
+una burla, una especie de examen hecho por el Comendador para pasar el
+rato, volvió á hablar un tanto picado, diciendo:
+
+--Me parece que estoy archi-cándido. ¿Á dónde vas á parar con tanta
+preguntilla? ¿Quieres examinarme? ¿Piensas retirarme la licencia de
+confesar si no me crees bien instruido?
+
+--Nada de eso, maestro. Yo ignoro si está V. ó no de acuerdo con sus
+librotes de teología moral; pero está V. de acuerdo conmigo, lo cual me
+lisonjea, y lo está también con mis propósitos, lo cual me llena de
+esperanza. Yo buscaba en V. un aliado. Contaba siempre con su amistad,
+pero no sabía si podía contar también con su conciencia. Ahora comprendo
+que su conciencia no se me opone. Su amistad, por consiguiente, libre de
+todo obstáculo, vendrá en auxilio mío.
+
+El P. Jacinto conoció al fin que se trataba de un caso práctico, real, y
+no imaginado, y se ofreció á auxiliar al Comendador en todo lo que fuese
+justo.
+
+Aguardando, pues, una revelación importante, quiso tomar aliento
+haciendo una pausa, y trató de solemnizar la revelación yendo á una
+alacena, que no estaba lejos, y sacando de ella una limeta de vino y dos
+cañas, que puso sobre la mesa, llenándolas hasta el borde.
+
+--Este vino no tiene aguardiente, ni botica, ni composición de ninguna
+clase --dijo el padre al Comendador.-- Es puro, limpio y sin mácula.
+Está como Dios le ha hecho. Bebe y confórtate con él, y cuéntame luego
+lo que tengas que contar.
+
+--Bebo al buen éxito de mis planes, --contestó el Comendador, apurando
+el vino de su caña.
+
+--Así sea, si Dios lo quiere, --replicó el fraile, bebiendo también, y
+se dispuso á atender á don Fadrique con sus cinco sentidos.
+
+
+
+
+XIV
+
+La celda no tenía mucho que llamase la atención. Sobre la mesa ó bufete,
+que era de nogal, había recado de escribir, el Breviario y otros libros.
+Dos sillones de brazos, frente el uno del otro, con la mesa de por
+medio, y donde se sentaban nuestros interlocutores, eran de nogal
+igualmente. Á más de los dos sillones, había cuatro sillas arrimadas á
+la pared. Los asientos todos eran de enea. Un _Ecce-Homo_, al óleo, á
+quien cuadraba el refrán de _á mal Cristo mucha sangre_, era la única
+pintura que adornaba los muros de la celda. No faltaban, en cambio,
+otros más naturales adornos. En la ventana, tomando el sol, se veían dos
+floridos rosales; dentro del cuarto, cuatro macetas de brusco, y
+colgadas en la pared cinco jaulas, dos con perdices cantoras, y tres con
+colorines, excelentes reclamos. Otro bonito colorín, diestro cimbel,
+asido á la varilla saliente que estaba fija á una tabla de pino, volaba
+á cada momento hasta donde lo consentía el hilo largo que le
+aprisionaba, y volvía con mucho donaire á posarse en la varilla.
+
+Los jilgueros cantaban de vez en cuando y animaban la habitación.
+
+Arrimadas á un ángulo había dos escopetas de caza.
+
+Y, por último, en una alcobita que apenas se descubría, por hallarse la
+pequeña puerta casi tapada del todo por una cortina de bayeta verde,
+estaba la cama del buen religioso. La alacena de donde éste sacó el vino
+y que era bastante capaz, servía de bodega, ropero, despensa, caja ó
+tesoro y biblioteca á la vez.
+
+Todo, aunque pobre, parecía muy aseado.
+
+El P. Jacinto, con el codo sobre la mesa, la mano en la mejilla y los
+ojos clavados en D. Fadrique, aguardaba que hablase.
+
+Don Fadrique, en voz baja, habló de este modo:
+
+--Aunque yo no soy un penitente que vengo á confesarme, exijo el mismo
+sigilo que si estuviese en el confesonario.
+
+El padre, sin responder de palabra, hizo con la cabeza un signo de
+afirmación.
+
+Entonces prosiguió D. Fadrique:
+
+--El hombre de que he hablado á V., el pecador causa del engaño y del
+hurto, soy yo mismo. La ligereza de mi carácter me había hecho olvidar
+mi delito y no pensar en las fatales consecuencias que de él habían de
+dimanar. El acaso... ¿qué digo el acaso?... Dios providente, en quien
+creo, me ha vuelto á poner en presencia de mi cómplice y me ha hecho ver
+todos los males que por mi culpa se originaron y amenazan originarse
+aún. Dispuesto estoy á remediarlos y á evitarlos, de acuerdo con la
+doctrina de V., hasta donde me sea posible y lícito. Es un consuelo para
+mí el ver que está V. en concordancia conmigo. Yo no he de buscar
+remedio peor que la enfermedad; pero hay una persona que le busca, y es
+menester oponerse á toda costa á que le halle. Sería una abominación
+sobre otra abominación.
+
+--¿Y quién es esa persona? --dijo el padre.
+
+--Mi cómplice, --contestó el Comendador.
+
+--¿Y quién es tu cómplice?
+
+--V. la conoce. V. es su director espiritual. V. debe tener grande
+influjo sobre ella. Mi cómplice es... Cuenta, maestro, que jamás he
+hecho á nadie esta revelación. Al menos nadie pudo jamás tildarme de
+escandaloso. Pocas relaciones han sido más ocultas. La buena fama de
+esta mujer aparece aún, después de diez y siete años, más
+resplandeciente que el oro.
+
+--Acaba: ¿quién es tu cómplice? Haz cuenta que echas tu secreto en un
+pozo. Yo sé callar.
+
+--Mi cómplice es Doña Blanca Roldán de Solís.
+
+El P. Jacinto se llenó de asombro, abrió los ojos y la boca y se
+santiguó muy deprisa media docena de veces, soltando estas piadosas
+interjecciones:
+
+--¡Ave María Purísima! ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento! ¡Jesús,
+María y José!
+
+--¿De qué se admira V. tan desaforadamente? --dijo el Comendador,
+pensando que el padre extrañaba que tan virtuosa y austera matrona
+hubiese nunca sucumbido á una mala tentación.
+
+--¿De qué me admiro?... Muchacho... ¿De qué me admiro?... Pues ¿te
+parece poco? Bien dicen... Vivir para ver... El demonio es el mismo
+demonio. Miren... y no lo digo por ofender á nadie... ¡miren con qué
+ramillete de claveles te acarició y te sedujo nuestro enemigo común!...
+Con un manojo de aulagas. Suave flor trasplantaste al jardín de tus
+amores... ¡Un cardo ajonjero! Hermosa debe haber sido Doña Blanca...
+todavía lo es; pero ¡hombre! ¡si es un erizo! Yo... perdóneme su
+ausencia... no la creía impecable, pero no la creía capaz de pecar por
+amor.
+
+Don Fadrique respondió sólo con un suspiro, con una exclamación
+inarticulada, que el padre creyó descifrar como si dijese que diez y
+siete años antes Doña Blanca era muy otra, y que además la misma dureza
+de su carácter y la briosa inflexibilidad de su genio hacían más
+vehemente en ella toda pasión, incluso la del amor, una vez que llegaba
+á sentirla.
+
+Repuesto un poco de su pasmo, dijo el P. Jacinto:
+
+--Y dime, hijo, ¿qué trata de hacer Doña Blanca para remediar el mal?
+¿Qué proyectos son los suyos, que tanto te asustan?
+
+--¿Quién sería el inmediato heredero de su marido si ella no tuviese una
+hija? --preguntó el Comendador.
+
+--Don Casimiro Solís, --fué la respuesta.
+
+--Pues por eso quiere casar á su hija con D. Casimiro.
+
+--¡Pecador de mí! ¡Estúpido y necio! --exclamó el padre, todo lleno de
+violencia y dando en la mesa unos cuantos puñetazos.-- ¿Quieres creer
+que soy tan egoísta, que el egoísmo me había cegado? Yo no había visto
+en el plan de Doña Blanca ninguna mala traza. Me parecía natural que
+casase á Clarita con su tío. Yo no miraba sino á mi pícaro interés: á
+que nadie se llevase á Clarita lejos de estos lugares. Es menester que
+lo sepas... Clarita me tiene embobado. Por ella, no más que por ella,
+aguanto á su madre. Lo que yo quería, como un bribón de siete suelas, es
+que se quedase por aquí... para ir á verla y para que ella me agasajase,
+como me agasaja ahora, cuando voy á casa de su madre, sirviéndome, con
+sus blancas y preciosas manos, jícaras de chocolate y tacillas de
+almíbar. Se me antojó que Clarita era una muñeca para mi diversión. Yo
+no caí en nada... no me hice cargo... pensé sólo en que, ya casada,
+haría una excelente señora de su casa, y me recibiría al amor de la
+lumbre, y yo le llevaría flores, frutas y pajaritos de regalo. ¡Si
+vieses qué corza he hecho venir para ella de Sierra Morena! Es un
+primor. La tengo abajo en el corral... y se la iba á llevar mañana.
+Nada... ¿has visto qué bárbaro?... sin dar la menor importancia á lo del
+casamiento. Ahora lo comprendo todo. ¡Qué monstruosidad! ¡Casar aquel
+dije con semejante estafermo! Ya se ve... ella no lo repugna... no lo
+entiende... ¿quién diablo sabe?... pero yo lo entiendo... y me
+espeluzno... me horrorizo.
+
+--Razón tiene V. de horrorizarse... Ella lo repugna... lo entiende...
+pero cree que no debe resistir á la autoridad materna.
+
+--Eso será lo que tase un sastre. ¡Pues no faltaba más! Obedecerá á su
+madre; pero antes obedecerá á Dios. _Diligendus est genitor, sed
+praeponendus est Creator_. Es sentencia de San Agustín.
+
+--Además --dijo el Comendador,-- Clarita ama á otro hombre.
+
+--¿Cómo es eso? ¿Qué me cuentas? ¿Qué mentira, qué enredo te han hecho
+creer? Si amase á un galán, Clara me lo hubiera confesado.
+
+--Ella misma ignora casi que le ama; pero me consta que le ama.
+
+--Vamos, sí, ya doy en ello: ciertas miradas y sonrisas con un
+estudiantillo... Me las ha confesado. Está arrepentida... ¡Con un
+estudiantillo!... ¿Pues se había de ir Clarita á correr la tuna?
+
+--P. Jacinto, V. chochea.
+
+--¡Desvergonzado! ¿Cómo te atreves á decir que chocheo?
+
+--El estudiantillo no es de esos que van con el manteo roto y con la
+cuchara puesta en el sombrero de tres picos, pidiendo limosna, sino que
+es un caballero principal, un rico mayorazgo.
+
+--¿De veras? Ya eso es harina de otro costal. De eso no me había dicho
+nada aquella cordera inocente. Oye... ¿y es buen mozo?
+
+--Como un pino de oro.
+
+--¿Buen cristiano?
+
+--Creo que sí.
+
+--¿Honrado?
+
+--Á carta cabal.
+
+--¿Y la quiere mucho?
+
+--Con toda su alma.
+
+--¿Y es discreto y valiente?
+
+--Como un Gonzalo de Córdoba. Además es poeta elegantísimo, monta bien á
+caballo, posee otras mil habilidades, es muy leído y sabe de torear.
+
+--Me alegro, me alegro y me realegro. Le casaremos con Clarita, aunque
+rabie Doña Blanca.
+
+--Sí, querido maestro. Le casaremos... pero es menester que seamos muy
+prudentes.
+
+--_Prudentes sicut serpentes_... Pierde cuidado. Harto sé yo quién es
+Doña Blanca. Es omnímodo el imperio que ejerce sobre su hija. El respeto
+y el temor que le infunde exceden á todo encarecimiento. Y luego, ¡qué
+brío, qué voluntad la de aquella señora! Á terca nadie le gana.
+
+--No soy yo menos terco... y no consentiré que Clara sea el precio del
+rescate de nadie; que sobre ella, que no tiene culpa, pesen nuestras
+culpas; que Doña Blanca la venda para conseguir su libertad. Sin
+embargo, importa mucho la cautela. Doña Blanca, llevada al extremo,
+pudiera hacer alguna locura.
+
+Después de esta larga conversación, y perfectamente de acuerdo el
+Comendador y el P. Jacinto, el primero se volvió á la ciudad en aquel
+mismo día para que su ausencia no se extrañase.
+
+El P. Jacinto quedó en ir á la ciudad al día siguiente de mañana.
+
+Los pormenores y trámites del plan que habían de seguir se dejaron para
+que sobre el terreno se decidiesen.
+
+Sólo se concertó el mayor sigilo y circunspección en todo y disimular en
+lo posible la íntima amistad que entre el fraile y el Comendador había,
+á fin de no hacer sospechoso y aborrecible al fraile á los ojos de Doña
+Blanca.
+
+Se convino, por último, en que, á pesar de la gravedad de la situación,
+no era ninguna salida de tono, ni tenía una inoportunidad cómica ó
+censurable, que el P. Jacinto llevase á Clarita la corza y se la
+regalara.
+
+
+
+
+XV
+
+Al volver aquella noche á la ciudad, el Comendador tuvo que sufrir un
+ínterrogatorio en regla de su sobrina, que era la muchacha más curiosa y
+preguntona de toda la comarca. Tenía además un estilo de preguntar,
+afirmando ya lo mismo de que anhelaba cerciorarse, que hacía ineficaz la
+doctrina del P. Jacinto de callar la verdad sin decir la mentira. Ó
+había que mentir ó había que declarar: no quedaba término medio.
+
+--Tío --dijo Lucía apenas le vió á solas,-- V. ha estado en
+Villabermeja.
+
+--Sí... he estado.
+
+--¿Á qué ha ido V. por allí? ¡Si le traerán á usted entusiasmado los
+divinos ojos de Nicolasa!
+
+--No conozco á esa Nicolasa.
+
+--¿Que no la conoce V.?... ¡Bah!... ¿Quién no conoce á Nicolasa? Es un
+prodigio de bonita. Muchos hidalgos y ricachos la han pretendido ya.
+
+--Pues yo no me cuento en ese número. Te repito que no la conozco.
+
+--Calle V., tío... ¿Cómo quiere V. hacerme creer que no conoce á la
+hija de su amigo el tío Gorico?
+
+--Pues digo por tercera vez que no la conozco.
+
+--Entonces, ¿qué hay que ver en Villabermeja? ¿Ha estado V. para visitar
+á la chacha Ramoncica?
+
+El Comendador tuvo que responder francamente.
+
+--No la he visitado.
+
+--Vamos, ya caigo. ¡Qué bueno es V.!
+
+--¿Por qué soy bueno?... ¿Porque no he visitado á la chacha Ramoncica,
+que me quiere tanto?
+
+--No, tío. Es V. bueno... En primer lugar porque no es V. malo.
+
+--Lindo y discreto razonamiento.
+
+--Quiero decir que es V. bueno, porque no es como otros caballeros, que
+por más que estén ya con un pie en el sepulcro, de lo que dista V.
+mucho, á Dios gracias, andan siempre galanteando y soliviantando á las
+hijas de los artesanos y jornaleros. Ahora no... por el noviazgo; pero
+antes... bien visitaba D. Casimiro á Nicolasa.
+
+--Pues yo no la he visitado.
+
+--Pues esa es la primera razón por la que digo que es V. bueno. Nicolasa
+es una muchacha honrada... y no está bien que los caballeros traten de
+levantarla de cascos...
+
+--Apruebo tu rigidez. Y la segunda razón por la cual soy bueno, ¿quieres
+decírmela?
+
+--La segunda razón es, que no habiendo ido V. ni á ver á Nicolasa ni á
+ver la chacha Ramoncica, ¿á qué había V. de haber ido tan á escape como
+no fuese á ver al P. Jacinto y á tratar de ganarle en favor de Mirtilo y
+de Clori? ¿Vaya que ha ido V. á eso?
+
+--No puedo negártelo.
+
+--Gracias, tío. No es V. capaz de encarecer bastante lo orgullosa que
+estoy.
+
+--¿Y por qué?
+
+--Toma... porque, por muy afectuoso que sea V. con todos, al fin no se
+interesaría tanto por dos personas que le son casi extrañas, si no fuese
+por el cariño que tiene V. á su sobrinita, que desea proteger á esas dos
+personas.
+
+--Así es la verdad, --dijo el Comendador, dejando escapar una mentira
+oficiosa, á pesar de la teoría del P. Jacinto.
+
+Lucía se puso colorada de orgullo y de satisfacción, y siguió hablando:
+
+--Apostaré á que ha ganado V. la voluntad del reverendo. ¿Está ya de
+nuestra parte?
+
+--Sí, sobrina, está de nuestra parte; pero, por amor de Dios, calla, que
+importa el secreto. Ya que lo adivinas todo, procura ser sigilosa.
+
+--No tendrá V. que censurarme. Seré sigilosa. V., en cambio, me tendrá
+al corriente de todo. ¿Es verdad que me lo dirá V. todo?
+
+--Sí, --dijo el Comendador teniendo que mentir por segunda vez. Luego
+prosiguió:
+
+--Lucía, tú has dicho una cosa que me interesa. ¿Qué clase de amoríos
+das á entender que hubo ó hay entre D. Casimiro y esa bella Nicolasa?
+
+--Nada, tío... ¿No lo he dicho ya? Fueron antes del noviazgo con
+Clarita. D. Casimiro no iba con buen fin... y Nicolasa le desdeñó
+siempre; pero de esto informará á V. mejor que yo el P. Jacinto. Yo lo
+único que añadiré es que el tal D. Casimiro me parece un hipocritón y un
+bribón redomado.
+
+--No es malo saberlo --pensó el Comendador.
+
+--¡Ah! diga V., tío. Ya sé que se fué á Sevilla D, Carlos. Envió recado
+despidiéndose y excusándose de no haberlo hecho en persona por la
+priesa. Es evidente que V. le ha hablado al alma y le ha convencido para
+que se vaya, asegurándole que esto convenía al logro de nuestro
+propósito. ¿No es así, tío?
+
+--Así es, sobrina --respondió el Comendador--. Veo que nada se te
+oculta.
+
+
+
+
+XVI
+
+Cuando ocurrían los sucesos que vamos refiriendo, no había tantas
+carreteras como ahora. Desde Villabermeja á la ciudad puede hoy irse en
+coche. Entonces sólo se iba á pie ó á caballo. El camino no era camino,
+sino vereda, abierta por las pisadas de los transeuntes racionales é
+irracionales. Cuando había grandes lluvias, la vereda se hacía
+intransitable: era lo que llaman en Andalucía un camino real de
+perdices.
+
+Poseía el padre Jacinto una borrica modelo por lo grande, mansa y
+segura. En esta borrica iba y venía siempre, como un patriarca, desde
+Villabermeja á la ciudad y desde la ciudad á Villabermeja. Un robusto
+lego le acompañaba á pie. En el viaje que hizo á la ciudad, al día
+siguiente de su largo coloquio con el Comendador, le acompañó, á más del
+lego, un rústico seglar ó profano, para que cuidase la corza.
+
+Seguido, pues, de su lego, de la corza y del rústico, y caballero en su
+jigantesca borrica, el padre Jacinto entró sano y salvo en la ciudad á
+las diez de la mañana. Como el convento de Santo Domingo está casi á la
+entrada, no tuvo el padre que atravesar calles con aquel séquito. En el
+convento se apeó, y apenas se reposó un poco, se dirigió á casa de D.
+Valentín Solís, ó más bien á casa de Doña Blanca. El cuitado de D.
+Valentín se había anulado de tal suerte, que nadie en el lugar llamaba á
+su casa la casa de D. Valentín. Sus viñas, sus olivares, sus huertas y
+sus cortijos eran conocidos por de Doña Blanca, y no por suyos. Aquella
+anulación marital no había llegado, con todo, hasta el extremo de la de
+algunos maridos de Madrid, á quienes apenas los conoce nadie sino por
+sus mujeres, cuya notoriedad y cuya gloria se reflejan en ellos y los
+hacen conspicuos.
+
+Pero dejemos á un lado ejemplos y comparaciones, que pueden tomar
+ciertos visos y vislumbres de murmuración, y sigamos al P. Jacinto, y
+penetremos con él en casa de Doña Blanca, donde tan difícil era entrar
+para el vulgo de los mortales.
+
+Merced á la autoridad del reverendo, y siguiéndole invisibles, todas las
+puertas se nos franquean.
+
+Ya estamos en el salón de Doña Blanca. Clara borda á su lado. D.
+Valentín, á respetable distancia y sentado junto á una mesa, hace
+paciencias con una baraja. D. Casimiro habla con la señora de la casa y
+con su hija.
+
+Los lectores conocen ya á D. Casimiro, como si dijéramos de fama, de
+nombre y hasta de apodo, pues no ignoran que para D. Carlos, Lucía,
+Clara y el Comendador, era _el viejo rabadán_. Veamos ahora si logramos
+hacer su corporal retrato.
+
+Era alto, flaco de brazos y piernas y muy desarrollado de abdomen; de
+color trigueño, poca barba, que se afeitaba una vez á la semana, y los
+ojos verde-claros y un poquito bizcos. Tenía ya bastantes arrugas en la
+cara, y el vivo carmín de sus narices no armonizaba bien con la palidez
+de los carrillos. En su propia persona se notaba poco esmero y aseo;
+pero en el traje sí se descubrían el cuidado y la pulcritud que en la
+persona faltaban, lo cual denotaba desde luego que D. Casimiro más se
+cuidaba la ropa por ser ordenado, económico y aficionado á que las
+prendas durasen, que por amor á la limpieza. Iba vestido muy de hidalgo
+principal, si bien á la moda de hacía quince ó veinte años. Su casaca,
+su chupa, sus calzones y medias de seda no tenían una mancha, y si
+tenían alguna rotura, ésta se hallaba diestra y primorosamente zurcida.
+Gastaba peluca con polvos y coleta, y lucía muchos dijes en las cadenas
+de sendos relojes que llevaba en ambos bolsillos de la chupa. Su caja de
+tabaco, que él mostraba de continuo, pues no cesaba de tomar rapé, era
+un primor artístico, por los esmaltes y las piedras preciosas que le
+servían de adorno. Al hablar usaba D. Casimiro de cierta solemnidad y
+pausa muy entonada; pero su voz era ronca y desapacible, asegurándose
+provenir esto en parte de que no le desagradaba el aguardiente, y más
+aún de que en su casa y despojado de las galas de novio ó de
+pretendiente amoroso, fumaba mucho tabaco negro.
+
+La expresión de su semblante, sus modales y gestos no eran antipáticos:
+eran insignificantes; salvo que no podía menos de reconocerse por ellos
+en D. Casimiro á una persona de clase, aunque criada en un lugar.
+
+Se advertía, por último, en todo su aspecto, que D. Casimiro debía de
+padecer no pocos achaques. Su mala salud le hacía parecer más viejo.
+
+Dado á conocer así somera, y no favorablemente, por desgracia, podemos
+ya lisonjearnos de conocer á cuantas personas ocupaban la sala cuando
+entró en ella el padre Jacinto.
+
+Doña Blanca, Clarita, D. Valentín y D. Casimiro se levantaron para
+recibirle, y todos le besaron humildemente la mano. El padre estuvo
+sonriente y amabilísimo con ellos, y á Clarita le dió, como si no fuese
+ya una mujer, como si fuese una niña de ocho años, y con la
+respetabilidad que setenta bien cumplidos le prestaban, dos palmaditas
+suaves en la fresca mejilla, diciéndole:
+
+--¡Bendito sea Dios, muchacha, que te ha hecho tan buena y tan hermosa!
+
+--Su merced me favorece y me honra --contestó Clarita.
+
+Doña Blanca se lamentó del mucho tiempo que el padre había estado sin
+venir de Villabermeja, y todos le hicieron coro. Se trató de que el
+padre tomase algo hasta la hora de comer, y el padre no quiso tomar
+nada, salvo asiento cómodo. Desde su asiento habló de mil cosas con
+animada y alegre conversación, resuelto á aguardar allí á que Don
+Casimiro se fuese y á que D. Valentín y Doña Clara despejasen, para
+hablar á solas con Doña Blanca.
+
+Doña Blanca adivinó la intención del fraile, entró en curiosidad, y
+pronto halló modo de despedir á D. Casimiro y de echar de la sala á D.
+Valentín y á Clarita.
+
+Verificado ya el despejo, dijo Doña Blanca:
+
+--Supongo y espero que, después de tan larga ausencia, honrará V.
+nuestra mesa comiendo hoy con nosotros.
+
+El P. Jacinto aceptó el convite, y Doña Blanca prosiguió:
+
+--He creído advertir que estaba V. impaciente por hablarme á solas. Esto
+ha picado mi curiosidad. Todo lo que V. me dice ó puede decirme me
+inspira el mayor interés. Hable V., padre.
+
+--No eres lerda, hija mía --contestó éste.-- Nada se te escapa. En
+efecto, deseaba hablarte á solas. Y lo deseaba tanto, que dejo para
+después de tu comida, que acepto gustoso, dejo para sobremesa la
+aparición de un objeto que traigo de presente á nuestra Clarita, y que
+le va á encantar. Figúrate que es una lindísima corza, tan mansa y
+doméstica, que come en la mano y sigue como un perro. Pero vamos al
+caso: vamos á lo que tengo que decirte. Por Dios, que no te incomodes.
+Tú tienes el genio muy vivo: eres una pólvora.
+
+--Es verdad; yo soy muy desgraciada, y los desgraciados no es fácil que
+estén de buen humor. V., sin embargo, no tiene derecho á quejarse del
+mío. ¿Cuándo estuve yo, desde que nos tratamos, desabrida y áspera con
+V.?
+
+--Eso es muy verdad. Convendrás, con todo, en que yo no he dado motivo.
+Yo no soy como otros frailes, que se meten á dar consejos que no les
+piden, y quieren gobernar lo temporal y lo eterno, y dirigirlo todo en
+cada casa donde entran. ¿No es así?
+
+--Así es. Más bien tengo yo que lamentarme de que V. me aconseja poco.
+
+--Pues hoy no te quejarás por ese lado. Tal vez te quejes de que te
+aconsejo mucho y de que me meto en camisón de once varas.
+
+--Eso nunca.
+
+--Allá veremos. De todos modos, tengo disculpa. Tú sabes que Clarita es
+mi encanto. Me tiene hecho un bobo. ¿Quién ignora mi predilección hacia
+las mujeres? Menester ha sido de toda mi severidad para que allá cuando
+mozo no me quitaran el pellejo los maldicientes. Hoy, hija mía (alguna
+ventaja ha de traer el ser viejo), con treinta y cinco años en cada
+pata, puedo, sin temor de censura, quereros á mi modo y trataros con la
+íntima familiaridad que me deleita. Te confieso que para querer á los
+hombres tengo que acordarme á menudo de que son prójimos y quererlos por
+amor de Dios. Á las mujeres, por el contrario, las quiero, no ya sin
+esfuerzo, sino por inclinación decidida. Sois dulces, benignas,
+compasivas y muchísimo más religiosas que los hombres. Si no hubiera
+sido por vosotras, lo doy por cierto, hubiérase perdido hasta la huella
+de la primitiva cultura y revelación del Paraíso, y los hombres jamás
+hubieran salido del estado salvaje. Si yo fuera un sabio, había de
+componer un libro demostrando que todo este ser de la Europa del día,
+que todos estos adelantamientos sociales de que el mundo se jacta, se
+deben, en lo humano, principalmente á las mujeres. Calcula, pues, cuán
+alto y lisonjero es el concepto que tengo de vosotras. Pues bien; en los
+últimos años de mi vida, tu hija Clara ha venido á sublimar mucho más
+aún este concepto de mi mente. En mi mente tenía yo como un tipo soñado
+de perfección, al cual ninguna de las mujeres que he conocido se
+acercaba ni en diez leguas. Clarita ha ido más allá. ¡Qué inocencia la
+suya, tan rara por su enlace con la discreción y el despejo! ¡Qué fe
+religiosa tan sana y atinada! ¡Qué amor á su madre y qué sumisión á sus
+mandatos! Clara es una santita en este mundo, y al verla hay que alabar
+á Dios, que la ha criado á fin de dejarnos rastrear y columbrar por ella
+lo que serán en el cielo los angelitos y las bienaventuradas vírgenes.
+
+--Mucho lisonjean mi orgullo de madre --interpuso Doña Blanca,-- esos
+encomios de Clarita que oigo en boca de V.; pero mi amor á la justicia
+me induce á creerlos exagerados. Yo me los explico de cierto modo, que
+voy á tener la sinceridad de declarar á V. En el puro amor que en
+general profesa V. á las mujeres, hay algo del antiguo caballero
+andante, algo del hechizo que tiene para todo ser fuerte dar protección
+á los débiles y desvalidos. En el concepto superior á la realidad que de
+las mujeres V. forma, hay gran bondad é instintiva poesía. Todos estos
+nobles sentimientos de V. se han empleado, durante una larga y santa
+vida, en lugareñas, jornaleras unas, é hidalgas ó ricachas otras, pero
+toscas las más, en comparación con Clara, criada en grandes ciudades,
+con otro barniz, con otra más elevada cultura, con mayor delicadeza y
+refinamiento. Ventajas tales, meramente exteriores y debidas á la
+casualidad, han sorprendido y alucinado á V., y le han hecho pensar que
+lo que está en la superficie está en el fondo; que modales más
+distinguidos, mayor tino y mesura en el hablar, y ciertas atenciones y
+miramientos que nacen de más esmerada educación, y que llegan á tenerse
+maquinalmente, gracias á la costumbre, son virtudes y excelencias que
+brotan del centro mismo de un alma que se eleva sobre las otras.
+
+--No, hija mía; nada de eso basta á explicar mi predilección por
+Clarita.
+
+--¿Cómo que no basta? Sea V. franco. ¿No quiere V. y estima casi tanto á
+Lucía?
+
+--Las comparaciones son odiosas, y las del cariño más. Supongamos, á
+pesar de todo, que estimo y quiero á Lucía casi tanto. Eso probaría sólo
+que Lucía vale casi tanto como Clara.
+
+--Y que ambas están educadas con más esmero.
+
+--Bueno... ¿Y qué?... Concedo que así sea. ¿Quién te ha negado el poder
+de la educación? Lo que niego es que la educación valga hasta ese punto
+sobre un espíritu estéril é ingrato; y lo que niego también es que su
+influjo no pase de la superficie y no penetre en el fondo, y no mejore
+el ser de las personas. Es, pues, evidente que Clara debe mucho á Dios,
+y luego á tí, que la has educado bien; pero esto que debe á tí no es
+superficial y externo: los modales, las palabras, las atenciones y los
+miramientos no son signos vanos. Cuando no hay en ellos afectación, es
+porque brotan del alma misma, mejor criada por Dios ó por los hombres
+que otras almas sus hermanas. Cierto que yo no he visto ni conocido más
+gente en mi vida que la de esta ciudad y la de Villabermeja; pero
+adivino y veo claramente que ha de haber duquesas y hasta princesas cuyo
+barniz no me engañaría ni me alucinaría. Yo conocería al momento que era
+falso y de relumbrón, y que en el fondo eran aquellas damas más vulgares
+que tu cocinera. Conste, por consiguiente, que no me alucino al encomiar
+á Clarita.
+
+--¿Y no provendrá la alucinación, --dijo Doña Blanca,-- de la cándida y
+espontánea propensión de Clarita á hacerse agradable?
+
+--Sin duda que provendrá; pero esa misma propensión, siendo espontánea y
+cándida, prueba la bondad de alma de quien la tiene.
+
+--¿V. no sabe, padre, que eso se califica con un vocablo novísimo en
+castellano, y que suena mal y como censura?
+
+--¿Qué vocablo es ese?
+
+--Coquetería.
+
+--Pues bien; si la coquetería es sin malicia, si el afán de agradar y el
+esfuerzo hecho para conseguirlo no traspasan ciertos límites, y si el
+fin que se propone una mujer agradando no va más allá del puro deleite
+de infundir cordial afecto y gratitud, digo que apruebo la coquetería.
+
+Doña Blanca y el P. Jacinto se tenían mutuamente miedo. Ella temía la
+desvergüenza del fraile, y el fraile el genio violentísimo de ella. De
+este miedo mutuo nacía el que se tratasen por lo común con extremada
+finura y con el comedimiento más exquisito y circunspecto, á fin de no
+terminar cualquier coloquio en pelea ó disputa.
+
+Llevada de esta consideración, Doña Blanca no impugnó la defensa de la
+coquetería; dió por satisfecha su modestia de madre, y acabó por aceptar
+como justos y merecidos los encomios de su hija Clara.
+
+Luego añadió:
+
+--En suma, mi hija es un prodigio. En las alabanzas de V. no toma parte
+sino la justicia. Me alegro. ¿Qué mayor contento para una madre?
+Imagino, con todo, que tan lisongero panegírico bien se podía haber
+pronunciado en presencia de testigos. Lo que sigilosamente tenía V. que
+decirme no ha salido aún de sus labios.
+
+El P. Jacinto se paró á reflexionar entonces, al verse tan directamente
+interrogado, y casi se arrepintió de haber venido á tratar del asunto de
+la boda de Clarita, dejándose llevar de un celo impaciente, sin ponerse
+antes de acuerdo con el Comendador, según habían concertado; pero el
+padre Jacinto no era hombre que cejaba una vez dado el primer paso, y
+después de un instante de vacilación, que no dejó percibir á ojos tan
+linces como los de su interlocutora, dijo de esta manera:
+
+--Allá voy, hija; ten calma que todo se andará. Mi encomio de Clarita
+estaba muy en su lugar, porque de Clarita voy á hablarte. Me consta,
+como su director espiritual que soy, que te obedecerá en todo; pero
+dime, ¿no consideras tú que para algunas cosas, de la mayor importancia,
+convendría consultar su voluntad?
+
+--¿Y quién ha informado á V. de que yo no la consulto cuando conviene?
+
+--¿Has preguntado, pues, á Clara si quiere casarse tan niña?
+
+--Sí, padre, y ha dicho que sí.
+
+--¿Le has preguntado si aceptará por marido á D. Casimiro?
+
+--Sí, padre, y también ha dicho que sí.
+
+--¿Y no serán parte el temor y el respeto que inspiras á tu hija en esas
+respuestas?
+
+--Creo que no merezco sólo inspirar á mi hija respeto y temor, sino
+también cariño y confianza. Prevaliéndose, pues, mi hija del cariño y de
+la confianza que debo inspirarle, hubiera podido contestar que no quería
+casarse con D. Casimiro. Nadie la ha violentado para que diga que
+quiere. Querrá cuando lo dice.
+
+--Es cierto; querrá, cuando lo dice. No obstante, para que una decisión
+de la voluntad sea válida, importa que la voluntad esté previamente
+ilustrada por el entendimiento acerca de aquello sobre lo cual decide.
+¿Crees tú que Clarita sabe lo que quiere y por qué lo quiere?
+
+--Acaba V. de hacer el encomio más extremado de mi hija, y ahora me
+induce á pensar que la tiene por tonta, por incapaz de sacramento. ¿Cómo
+quiere V. que una mujer de diez y seis años ignore los deberes que el
+santo matrimonio trae consigo?
+
+--No los ignora... pero no me vengas con sofismas... una niña de diez y
+seis años no sabe toda la transcendencia del sí que va á dar en los
+altares.
+
+--Por eso tiene á su madre, para iluminarla, aconsejarla y dirigirla.
+
+--¿Y tú la has iluminado, aconsejado y dirigido según tu conciencia?
+
+--La menor duda sobre eso, la mera pregunta que me hace V. es una ofensa
+terrible y gratuita. ¿Cómo presumir, sospechar, ni por un instante, que
+había yo de aconsejar á mi hija en contra de lo que mi conciencia me
+dictase? Tan mala me cree V.?
+
+--Perdona; me expliqué con torpeza. Yo no creo, ni puedo creer que hayas
+aconsejado á tu hija contra tu conciencia; pero sí puedo creer que en
+tu entendimiento cabe error, y que, llevada tú de algún error, induces á
+tu hija á dar un paso deplorable.
+
+--Extraño muchísimo los razonamientos de usted en el día de hoy. ¡Qué
+diferentes de lo que eran antes! ¿Qué cambio ha habido en V.? Seré yo
+víctima de un error, y en virtud de ese error daré malos consejos y
+tomaré funestas resoluciones; pero usted lo sabía tiempo há, y nada
+había dicho en contra cuando no había aún compromiso alguno contraído.
+¿Cómo ha venido de pronto á hacerse patente á los ojos de V. ese error,
+que antes no percibía? ¿Qué luz del cielo le ha ilustrado á V. el alma?
+¿Qué santo ó qué ángel bendito ha bajado á la tierra á descubrir á V. lo
+bueno y á distinguirlo de lo malo?
+
+Doña Blanca, según se ve, iba ya perdiendo su aplomo y su dificultosa
+dulzura. El P. Jacinto empezaba también á amostazarse; pero hizo un
+esfuerzo heroico, y en vez de seguir adelante y de excitar la tempestad,
+procuró calmarla por cuantos medios se le ocurrieron.
+
+--Tienes razón que te sobra --contestó con mucha humildad.-- Yo debí
+disuadirte á tiempo de que concertaras esa boda. Del error que noto en
+tí, confieso que he participado. Por lo menos, ha sido en mí un descuido
+atroz, una ligereza imperdonable, el no hablarte antes como te estoy
+hablando hoy. Pero si yo erré, con reconocerlo ya y con apartarme del
+error, te induzco á que me imites, aunque te dé armas en contra mía. Lo
+que afirmas, probará mi inconsecuencia, mas no prueba nada contra mi
+consejo.
+
+--¿Cómo que no prueba nada? Quita á su consejo de V. toda la autoridad
+que de otra suerte hubiera tenido. Consejo dado tan de repente... hasta
+pudiera sospecharse... que no se funda en pensamiento propio del
+consejero.
+
+Doña Blanca, al pronunciar esta última frase, lanzó al padre una
+penetrante y escrutadora mirada. El padre, que no era tímido, se cortó
+un poco y bajó los ojos. Serenándose al instante, repuso:
+
+--No se trata aquí de más autoridad que de la autoridad de la razón.
+Para darte el consejo, válganme la amistad y el cariño que tengo á tu
+persona y á los de tu familia: para que le aceptes ó le deseches, no
+pretendo que valga sino el ingenio, que pido á Dios me conceda, para
+llevar el convencimiento á tu alma.
+
+--Está bien. ¿Quiere V. decirme qué razones hay para que Clara no se
+case con D. Casimiro? V. es el confesor de Clara. ¿Ama Clara á otro
+hombre?
+
+--Por lo mismo que soy su confesor, si Clara amase á otro hombre y ella
+me lo hubiera confiado, no te lo diría sin que ella me diese su venia,
+que yo sabría pedir y exigir en caso necesario. Por dicha, para nada
+tiene que entrar aquí la cuestión de si Clara ama ó no á otro hombre.
+
+--No me venga V. con rodeos y sutilezas. Yo he educado á mi hija con tal
+rigidez y con tal recogimiento, que no tengo la menor duda de que no ha
+tenido amoríos. Clara no ha mirado jamás con malicia á hombre alguno.
+
+--Así será. Pero ¿no podrá mirarle el día de mañana? ¿No podrá amar, si
+no ama aún?
+
+--Amará á su marido. ¿Por qué no ha de amarle?
+
+--Vamos, señora --dijo el P. Jacinto ya con la paciencia perdida:-- no
+amará á su marido, porque su marido es feo, viejo, enfermizo y
+fastidioso.
+
+--Quiero suponer --contestó Doña Blanca con el reposado entono que
+tomaba cuando más tremenda se ponía,-- quiero suponer que las
+caritativas calificaciones de V. cuadran perfectamente al sujeto, á la
+persona de mi familia, á quien V. honra con ellas. Su exquisito gusto de
+V. en las artes del dibujo halla feo á D. Casimiro; sus conocimientos de
+V. en la medicina le han hecho comprender que está el pobre mal de
+salud, y la amenidad y discreción que en V. campean, es natural que le
+induzcan á fastidiarse de todo ser humano que no sea tan ameno y tan
+ingenioso como V., cosa, por desgracia, rarísima; pero V. no me negará
+que mi hija, menos instruida en las proporciones y bellezas de la
+figura del hombre, puede no hallar feo á D. Casimiro, como no le halla;
+menos docta en ciencias médicas, puede creerle más sano, y menos
+chistosa que V., puede muy bien hallar en D. Casimiro algún chiste y no
+aburrirse de su conversación. Y por otra parte, aunque mi hija viese en
+D. Casimiro los defectos que V. señala, ¿por qué no había de amarle?
+Pues qué, ¿una mujer de honor, una buena cristiana, ha de amar sólo la
+hermosura física y el desenfado en el hablar? ¿Será menester buscarle
+para marido, no á un caballero de su clase, honrado, temeroso de Dios,
+virtuoso lleno de atenciones y buenos deseos de hacerla dichosa, sino á
+algún saltimbanquis robusto, á algún truhán divertido, que provoque en
+ella con sus chocarrerías una risa indecorosa y un regocijo poco
+honesto?
+
+--Mira, Doña Blanca --dijo el fraile, que jamás abandonaba el tuteo,
+aunque se incomodara,-- no creas que se necesite ser un Apeles ó un
+Fidias para conocer que es feo D. Casimiro. Su fealdad es tan patente y
+somera, que no hay que ahondar mucho para descubrirla. Y en cuanto á su
+ruin salud y escasa amenidad, te aseguro lo mismo. Sin haber cursado
+medicina, sin ser un Hipócrates, ve cualquiera que D. Casimiro está por
+demás estropeado. Y sin haber estudiado el _Examen de ingenios_, de
+Huarte, se descubre en seguida que el de don Casimiro es romo y huero.
+Yo no pretendo que busques para Clarita á Pitágoras y á Milón de Crotona
+en una pieza; pero ¿qué diablura te lleva á darle por marido á Tersites?
+
+El P. Jacinto se abstenía de echar latines cuando hablaba á las mujeres;
+pero no podía menos de citar en romance, siempre que se dirigía á damas
+de distinción, hechos, personajes y sentencias de la antigüedad clásica
+y de las Sagradas Escrituras. Por lo demás, era tan claro el sentido de
+lo que decía, que Doña Blanca, aunque no hubiera sabido más ó menos
+confusamente la condición de los personajes citados, no hubiera tenido
+la menor duda sobre lo que el fraile quería significar. Así es que le
+respondió:
+
+--Reverendo padre, esos son insultos y no consejos; pero jamás me
+enojaré con V. Lo único que afirmo es que todos los defectos que pone V.
+á mi futuro yerno han de estar menos al descubierto de lo que V. supone
+ahora, cuando antes de ahora no los ha conocido V. Y si los conocía,
+¿por qué antes no me los dijo? Repito que alguien ha venido á ilustrar
+su claro entendimiento de V. Alguien le induce á dar este paso. No hay
+que disimular. Sea V. leal y franco conmigo. V. ha hablado con alguien
+acerca de la proyectada boda de Clarita. Sus consejos de V. no son
+consejos, sino un mensaje solapado.
+
+El P. Jacinto era fresco de veras; pero con Doña Blanca no había
+frescura que valiese. El pobre fraile estaba sofocado, rojo hasta las
+orejas. Por él hubiera podido inventarse aquella frase con que se denota
+que á alguien le han dado una buena descompostura: _tenía encarnadas las
+orejas como fraile en visita_.
+
+Hasta su lengua, que por lo común estaba tan suelta, se le había trabado
+un poco y no atinaba á contestar.
+
+Doña Blanca, notando aquel silencio, le excitaba á que se explicase y
+añadía:
+
+--No me cabe duda. Está V. convicto y casi confeso. V. desaprueba hoy lo
+que ayer aprobaba, porque un enemigo mío le ha llenado la cabeza de
+ideas absurdas. Atrévase V. á negar la verdad.
+
+Interpelado, acusado con tan desmedida audacia y con tan ruda serenidad,
+el P. Jacinto sacó fuerzas de flaqueza; puso á un lado la causa de su
+inusitada timidez, que era sólo el recelo de perjudicar los intereses de
+Clara y de su amigo y antiguo discípulo, y, ya libre de estorbos,
+contestó tan enérgica y sabiamente, que su contestación, la réplica á
+que dió lugar y todo el resto del diálogo tomaron un carácter distinto y
+solemne, por donde merecen capítulo aparte, el cual será de los más
+importantes de esta historia.
+
+
+
+
+XVII
+
+El P. Jacinto, sin alterarse, imitando el entonado reposo de su ilustre
+amiga, contestó lo que sigue:
+
+--Ya he confesado con ingenuidad que debí aconsejarte antes. No lo hice,
+no porque aprobase tu plan, sino porque, llevado de ligereza vergonzosa
+y de indiferencia villana y grosera, no advertí todo el horror de la
+boda que tienes concertada. ¿Debo el advertirlo ahora á mi propio
+espíritu, ó bien al de otra persona que me ha ilustrado? Punto es éste
+que podrá interesarte sabe Dios por qué y que podrá afectar mi
+reputación de hombre entendido; pero en nada altera el valor de mis
+consejos. No quiero ni puedo justificar mi inconsecuencia. Puedo y debo,
+con todo, mitigar un poco la rudeza de tu acusación, y lo haré al
+exponer las razones en que fundo mis consejos de ahora. Sentiré
+expresarme con impropiedad, aunque espero de tu buena fe que no me armes
+disputa sobre las palabras, si entiendes la idea y la sana intención con
+que la expreso. Tal vez está educada Clara con rigidez que raya en
+extremos peligrosos. Temiendo tú que un día pueda caer, le has
+exagerado los tropiezos. Temiendo tú que la nave pueda zozobrar é irse á
+pique, has ponderado los escollos y bajíos que hay en el mar del mundo,
+el ímpetu y violencia de los vientos que combaten la nave y hasta su
+fragilidad y desgobierno. Esto tiene también sus peligros. Esto infunde
+una desconfianza en las propias fuerzas que raya en cobardía. Esto nos
+hace formar un concepto de la vida y del mundo mucho peor de lo que debe
+ser. ¿Cómo ha de negar un creyente que de resultas de nuestros pecados
+el mundo es un valle de lágrimas; que el demonio tiende su red de
+continuo para perdernos; que nuestra flaca condición es propensa al mal,
+y que es necesario el favor del cielo para no caer en las tentaciones?
+Todo esto es innegable, pero conviene no exagerarlo. Una vez muy
+exagerado, ó hay que huir al desierto y hacer la vida ascética de los
+ermitaños, y entonces todo va bien, porque la belleza y la bondad que no
+se ven en la tierra, se esperan, se presienten y casi se ven ya en el
+cielo, en éxtasis y arrobos, ó hay que dar, faltando el amor divino,
+faltando la caridad fervorosa, en un desesperado desprecio de uno mismo
+y en tal desdén y odio á todo lo creado y á nuestros semejantes, que
+hacen á quien así vive odioso y enojoso á sí y á los demás seres. Hija,
+no sé si me explico, pero tú eres perspicaz y me irás entendiendo. Otro
+grave peligro nace también de tu método de educar. La conciencia se
+halla con él más apercibida y precabida para la lucha; pero al mancharlo
+todo, se mancha; al inficionarlo todo, se inficiona; al presentir en
+todo un delito, una impureza, provoca y hasta evoca las impurezas y los
+delitos. Clarita tiene un entendimiento muy sano, un natural excelente:
+pero, no lo dudes, á fuerza de dar tormento á su alma para que confiese
+faltas en que no ha incurrido, pudiera un día torcer y dislocar los más
+bellos sentimientos y convertirlos en sentimientos pecaminosos; pudiera
+concebir del escrúpulo de su conciencia, inquisidora del pecado, el
+pecado mismo que antes no existía. No tengo que asegurarte que yo por
+mil motivos no he procurado relajar la rigidez de los principios que has
+inculcado á Clarita, si bien mi modo de ser me lleva, por el contrario,
+á la indulgencia; á ver en todo el lado bueno, y á tardar muchísimo en
+ver el lado malo, y á no descubrirle sino después de larga meditación.
+Así es que al principio, contrayéndonos al asunto de la boda, no vi sino
+el lado bueno. Vi que D. Casimiro es un caballero de tu clase, honrado,
+religioso, prendado de Clarita y deseando hacerla feliz. Vi que,
+casándose con ella, seguiría ella aquí y no se la llevarían lejos de su
+madre y de nosotros, que la queremos tanto. Vi que con su mucha hacienda
+y la de su marido haría un bien inmenso en estos lugares, empleándose
+en obras de caridad. Y vi en la misma austeridad con que está educada la
+garantía de que para Clarita no podía ser el matrimonio el medio de
+satisfacer y aun de santificar, merced á un lazo sagrado é indisoluble,
+una pasión violenta, profana y algo impía, ya que consagra al hombre
+cierta adoración y culto que á sólo Dios se debe, y una ilusión caduca,
+efímera, que se disipa tanto más pronto cuanto más vivo y ardiente es el
+resplandor con que la fantasía la finge y colora. Todo esto vi, y por
+haberlo visto trato de cohonestar, ya que no disculpe, el no haberme
+opuesto antes á la boda. Imaginaba yo, además, que Clarita no la
+repugnaba. Clarita nada me ha dicho después; pero mis ojos se han
+abierto, y ahora comprendo que la repugna con repugnancia invencible,
+allá en el fondo de su alma. Ahora comprendo que Clarita no ve sólo en
+el matrimonio un voto de devoción y sacrificio. Clarita quiere amar y
+que el matrimonio sancione y purifique su amor. El matrimonio, por lo
+tanto, no puede ser para ella el mero cumplimiento de un deber social,
+un acto de abnegación, un padecimiento á que hay que resignarse, una
+penitencia, una prueba, un castigo. El profundo respeto que te tiene, la
+ciega obediencia con que se somete á tu voluntad, la creencia de que
+casi todo es pecado, no consentirán que ella confiese nunca ni á sí
+misma lo que te digo; pero yo no dudo ya que lo siente. Ahora bien; ¿es
+merecedora Clarita de esa penitencia? ¿Es digna de ese castigo? ¿Qué
+derecho tienes para imponérsele? Y si es prueba, ¿quién te da permiso
+para poner á prueba su bondad? ¿Por qué, si lo grave y áspero de un
+deber, como es el del matrimonio, puede mezclarse y combinarse con
+lícitos contentos que aligeren la cruz y con satisfacciones y gustos que
+suavicen la aspereza del camino, quieres tú sólo para tu hija la
+aspereza del camino y la pesadumbre de la cruz, y no también la
+permitida dulzura?
+
+Doña Blanca escuchó impasible, y al parecer muy sosegada, todo el sermón
+del buen fraile. Al ver que no seguía, dijo, después de un instante de
+silencio:
+
+--Aun conviniendo en que casarse con un hombre de bien, lleno de afecto
+y de juicio, fuese una penitencia, fuese una cruz, Clarita la debiera
+llevar y resignarse. La mujer no ha venido al mundo para su deleite y
+para satisfacción de su voluntad y de su apetito, sino para servir á
+Dios en esta vida temporal, á fin de gozarle en la eterna. Y V.
+convendrá conmigo, si en estos días no ha tratado con gentes que han
+perturbado su razón y le han apartado del camino recto, que el modo
+mejor de servir á Dios es, en una hija, el obedecer á sus padres. Usted
+mismo reconoce que el santo sacramento del matrimonio no fué instituido
+para santificar devaneos. Cierto que es mejor casarse que quemarse;
+pero aún es mejor casarse sin quemarse, á fin de ser la fiel compañera
+de un varón justo y fundar ó perpetuar con él una familia cristiana,
+ejemplar y piadosa. Este concepto puro, cristiano y honestísimo del
+matrimonio no es fácil de realizar; mas para eso he educado yo tan
+severamente á Clarita: para que con la gracia de Dios tenga la gloria de
+realizarle, en vez de buscar en el casamiento un medio de hacer lícito y
+tolerable el logro de mal regidos deseos y de impuras pasiones. Más
+pudiera decir en mi abono acerca de este asunto, pero no se trata aquí
+de una discusión académica. Yo carezco de estudios y de facilidad de
+palabra para discutir con V. sobre la cuestión general de si el
+matrimonio ha de ser un estado tan difícil y estrecho como otro
+cualquiera que se toma para servir á Dios, y no un expediente mundanal
+para disimular liviandades. Aquí debemos concretarnos al caso singular
+de Clarita, y para ello vuelvo á lo dicho: necesito, exijo que sea usted
+leal y sincero. ¿Quién envía á V. á que me hable? ¿Quién le aconseja
+para que me aconseje? ¿Quién le ha abierto los ojos, que tenía V. tan
+cerrados, y le ha hecho ver que Clarita, si no ama, amará? Vamos,
+respóndame V. ¿Por qué disimularlo ó callarlo? Hay un hombre que ha
+hablado á V. de todo eso.
+
+--No lo negaré, ya que te empeñas en que lo declare.
+
+--Ese hombre es el Comendador Mendoza.
+
+--Es el Comendador Mendoza--repitió el fraile.
+
+Tal declaración, aunque harto prevista, dejó silenciosos y como en honda
+meditación á ambos interlocutores durante un largo minuto, que les
+pareció un siglo.
+
+Doña Blanca, aunque sin precipitar sus palabras, mostrando ya, en lo
+trémulo de la voz y en el brillo de los ojos, viva y dolorosa emoción
+mal reprimida, habló luego así:
+
+--Todo lo sabe V. y me alegro. Quizás hice mal en no decírselo yo misma
+la vez primera que me arrodillé ante V. en el tribunal de la penitencia.
+Sírvame de excusa que ya mi mayor delito había sido varias veces
+confesado, y la consideración de que cada vez que le confieso de nuevo
+hago sabedora á una persona más del deshonor de quien me ha dado su
+nombre. Todo lo sabe V. sin que yo se lo haya dicho. Bendito sea Dios,
+que me humilla como merezco, sin que yo, tan culpada, cometa la nueva
+culpa de infamar á mi pobre marido. Pues bien: sabiéndolo V. todo, ¿cómo
+se atreve á aconsejarme lo que me aconseja? ¿Cómo quiere apartarme del
+camino que llevo, único posible para una reparación, aunque incompleta?
+Si contra su parecer de V., si contra la ley del decoro, manchásemos la
+conciencia de Clara, descubriéndole su origen, ¿qué piensa V. que haría
+ella? ¿No la despreciaría V. si no buscase la reparación? Y para ello,
+sin hacer pública la infamia de su madre y de aquél á quien debe venerar
+como á padre, ¿qué otro recurso tiene Clara sino entrar en un convento ó
+dar la mano á D. Casimiro? ¿Por qué, dirá V., ha de pagar Clara la falta
+que no cometió? Harto la pago yo, padre. Los remordimientos, la
+vergüenza, me asesinan. Pero Clara también debe pagarla. Si esto parece
+á V. inicuo, vuélvase usted impío y blasfemo contra la Providencia, y no
+contra mí. La Providencia, en sus designios inescrutables, con ocasión
+de mi culpa, ha puesto á mi hija en la alternativa ó de sacrificarse ó
+de ser falsaria y poseedora indigna de riquezas que no le pertenecen.
+
+--No he de ser yo, por cierto --interrumpió el fraile--, quien disimule
+ó atenúe lo difícil de la situación y la verdad que hay en lo que dices.
+Convengo contigo. Sé la nobleza de alma de Clara. Si ella supiera quién
+es... pero no, mejor es que no lo sepa.
+
+--¿Qué piensa V. que haría si lo supiese?
+
+--Sin vacilar... Clara se retiraría á un convento. Tu plan de casarla
+con D. Casimiro le parecería absurdo, malo, no ya siendo feo y viejo D.
+Casimiro, sino aunque fuese precioso y estuviese ella prendada de él.
+Con ese casamiento ni se remedia el mal nacido del embuste ó la falsía,
+ni se despoja tu hija de bienes que no son suyos.
+
+--Es, sin embargo, la única reparación posible, aunque incompleta,
+ignorando Clara el motivo que hay para la reparación. Convengo en que
+entrando Clara en un claustro el mal se remediaría mejor, menos
+incompletamente. Pero ¿cómo la hija de un ateo ha de tener vocación para
+esposa de Jesucristo?
+
+Al pronunciar estas últimas palabras, el rostro de Doña Blanca tomó una
+expresión sublime de dolor; sus mejillas se tiñeron de carmín ominoso
+como el de una fiebre aguda; dos gruesas lágrimas brotaron de repente de
+sus ojos.
+
+El P. Jacinto vió á Doña Blanca transfigurada; reconoció en ella un
+corazón de mujer que antes no había sospechado siguiera bajo la aspereza
+de su mal genio, y le tuvo lástima y la miró con ojos compasivos. Ella
+prosiguió:
+
+--He meditado en largas noches de insomnio sobre la resolución de este
+problema, y no veo nada mejor que el casamiento de Clara con D.
+Casimiro. No piense V. que me falte valor para otra cosa. No me falta
+valor; me sobra piedad. Mil veces, ansiosa de que me matase, he estado á
+punto de revelar mi pecado al hombre á quien ofendí cometiéndole. Yo
+misma hubiera puesto gustosa el puñal en su mano; pero, le conozco,
+¡infeliz! hubiera llorado como un niño; yo le hubiera muerto de pena, en
+vez de recibir el merecido castigo; él, con mansedumbre evangélica, me
+hubiera perdonado, y mi duro pecho y mi diabólico orgullo, lejos de
+agradecer el perdón, hubieran despreciado más aún al hombre que me le
+otorgaba. Manso, pacífico, benigno, Valentín hubiera apurado un cáliz de
+hiel y veneno al oir mi revelación; no hubiera sido mi juez inexorable,
+sino hubiera acabado de ser mi víctima, y yo, réproba, llena de satánica
+soberbia, hubiera ahogado el manantial de la compasión y de la ternura
+con desdén, hasta con asco, de una resignación santa, que el demonio
+mismo me hubiera pintado como enervada flaqueza. Mi deber era, pues,
+callar; hacer lo menos amarga posible la vida de este débil y dulce
+compañero que el cielo me ha dado, disimular, ocultar, hasta donde
+cabe... mi falta de amor... mi injusta, impía, irracional, involuntaria
+falta de estimación. Así se explican el engaño y la persistencia en el
+engaño; pero la vileza del hurto no cabe en mí. Mi alma no la sufre.
+¿Pretende quizás ese ateo malvado que me envilezca yo con el hurto? ¿Qué
+razón, qué derecho, qué sentimiento paternal invoca quien tan olvidado
+tuvo durante años el fruto de su amor... y de la cólera divina? V. dice
+bien: lo mejor sería que Clara se sepultase en un claustro, se
+consagrase á Dios. Yo he hecho lo posible por disgustarla del mundo
+pintándosele horroroso; pero en ella han podido, más que mis palabras,
+la confianza juvenil, el brío maldito de la sangre, el deleite y la
+exuberancia de la vida. ¿Qué arbitrio me queda sino casarla con D.
+Casimiro? ¿Por qué la compadece V.? Pues qué, ¿no sale ganando? La hija
+del pecado no debiera tener bienes, ni honra, ni nombre siquiera, y todo
+esto conservará y de todo podrá gozar sin remordimientos, sin sonrojo.
+
+En la última parte de su discurso Doña Blanca estuvo hermosa, sublime
+como una pantera irritada y mortalmente herida. Se había puesto de pie.
+Al fraile se le figuraba que había crecido y que tocaba con la cabeza en
+el techo. Hablaba bajo, pero cada una de sus palabras tenía punta
+acerada como una saeta.
+
+El P. Jacinto conoció que había confiado por demás en su serenidad y en
+su elocuencia. Se hizo un lío y no supo decir nada. Se encontró tan
+apurado, que la vuelta de Clarita al salón le quitó un peso de encima y
+le dió tregua para poder replicar en momentos más propicios y después de
+meditarlo.
+
+Doña Blanca, no bien entró su hija, supo dominarse y recobrar su calma
+habitual.
+
+Un poco más tarde vino el benigno D. Valentín, y todos fueron á comer
+como si tal cosa.
+
+El P. Jacinto echó la bendición al empezar la comida, y rezó al
+sentarse y al levantarse.
+
+Ya de sobremesa, tuvo efecto la grata sorpresa de la corza. Clarita la
+halló encantadora. La corza se dejó besar por Clarita en un lucero
+blanco que tenía en la frente, y se comió cuatro bizcochos que ella
+misma le dió con su mano.
+
+Don Valentín se maravilló, simpatizó y hasta se enterneció con la
+mansedumbre de aquel lindo animalejo.
+
+Cuando, terminado todo, salió el P. Jacinto de casa de Doña Blanca, se
+apresuró á ir á ver al Comendador, quien le aguardaba impaciente, no
+habiéndole visto al llegar de Villabermeja, porque el fraile había
+adelantado más de una hora su venida á la ciudad. Excusándose de esto y
+de su precipitación en dar pasos sin consultar al Comendador, el P.
+Jacinto le relató cuanto había pasado.
+
+Don Fadrique López de Mendoza no era de los que condenan todo lo que se
+hace cuando no se les consulta. Halló bien lo hecho por su maestro, y lo
+aplaudió. Hasta la turbación y mutismo final del fraile le parecieron
+convenientes, porque no habían traído compromiso, porque no se había
+soltado prenda. Ya hemos dicho que el Comendador era optimista por
+filosofía y alegre por naturaleza.
+
+
+
+
+XVIII
+
+Después de haberse enterado de la conversación entre el fraile y Doña
+Blanca, el Comendador se abstuvo de tomar una resolución precipitada. Se
+contentó con rogar á su maestro que no se volviese á Villabermeja, que
+siguiese frecuentando la casa de Doña Blanca y que tratase de desvanecer
+todo recelo en dicha señora, prometiéndole no hablar con Clarita de la
+proyectada boda ni decirle nada en contra de los deseos de su madre.
+
+El Comendador quería meditar, y meditó largamente, sobre el asunto. Sus
+meditaciones (ya hemos dicho que el Comendador era descreído) no podían
+ser muy piadosas. Era también el Comendador alegre, fino y sereno, y
+nada podían tener de apasionadas sus meditaciones. Su espíritu analítico
+le presentaba, sin embargo, todas las dificultades del caso.
+
+No cabía la menor duda. La criatura lindísima y simpática que á él debía
+el ser estaba condenada, ó á vivir como usurpadora indigna de lo que no
+le pertenecía, ó á casarse con D. Casimiro, ó á ser monja. Uno de estos
+tres extremos era inevitable, á no causar un escándalo espantoso ó á no
+realizar un difícil rescate.
+
+Doña Blanca tenía razón, salvo que para tenerla no era menester
+mostrarse tan hosca y tan poco amena con todo el género humano,
+empezando por su infeliz marido.
+
+Para D. Fadrique había un ideal económico más fundamental que el
+político. Este ideal era que toda riqueza, todos los bienes de fortuna
+llegasen á ser un día, cuando la sociedad tocase ya en la perfección
+deseada, signo infalible de laboriosidad, de talento y de honradez en
+quien los había adquirido; que el ser rico fuese como innegable título
+de nobleza, ganado por uno mismo ó por el progenitor que le ha dejado
+los bienes.
+
+Bien sabía D. Fadrique que este término estaba aun remotísimo, pero
+sabía además que el mejor modo de acercarse á él era el de hacer todo
+negocio suponiéndole ya llegado; esto es, como si no hubiese riqueza mal
+adquirida en la tierra. Lo contrario sería conspirar á que prevaleciese
+el villano refrán de que _quien roba á un ladrón tiene cien años de
+perdón_, y contribuir á que la vida, la historia, el desenvolvimiento
+civilizador de la sociedad sean una trama inacabable de bellaquerías.
+
+Fundado en estos principios, desechaba de sí D. Fadrique el pensamiento
+de que en cada lugar del mundo habría de seguro un enjambre de madres
+en el caso de Doña Blanca y una multitud de hijas ó de hijos en el caso
+de Clarita, para los cuales el problema moral, de tan difícil solución,
+que atormentaba á Doña Blanca, era como si no fuese, dejándolos
+disfrutar de la hacienda que la suerte y la ley les otorgaban, sin el
+menor escrúpulo y con la mayor frescura. Desechaba también la idea, algo
+cómica, pero más que posible, de que el mismo D. Casimiro, por
+circunstancias análogas, podría tener menos derecho que Clarita á la
+herencia, aunque toda fuese vinculada; de que D. Valentín, su padre ó su
+abuelo, podrían también no haber tenido derecho, y de que sólo Dios
+sabe, aunque tal vez el diablo no lo ignore, por qué arcaduces
+subterráneos y por qué intrincados caminos ha venido á cada cual lo que
+por herencia disfruta. En estos casos la fe debe salvar; pero en el caso
+de Doña Blanca no había fe que valiese contra la evidencia que ella
+tenía. Cerrar los ojos, vendárselos y remedar fe era una infamia. D.
+Fadrique, condenando en su corazón y en su inteligencia serena los
+furores de Doña Blanca, la aplaudía y ensalzaba de que pensase con
+rectitud y con nobleza. Vaya á quien vaya, merézcale ó no, tenga derecho
+ó no le tenga aquel á quien un bien se destina, son cosas que importan
+poco ante la superior consideración de que ese bien me consta que no es
+mío y de que sólo le gozo por engaño, por delito y por mentir.
+
+Como D. Fadrique era persona de mucho seso y sentido común, aunque se
+hallaba en época de reformas, sistemas y ensueños de toda clase, no
+pensó en condenar la herencia. Sin el grandísimo deleite de dejar ricos
+á nuestros hijos, se perdería el mayor estímulo para el trabajo, para el
+buen orden, para la aplicación y para aguzar y ejercitar el ingenio. D.
+Fadrique reconocía no obstante, que si estaba lejos aún el día en que
+sea casi imposible adquirir mal lo que uno mismo adquiere, estaba aún
+mucho más lejos el día en que sea casi imposible heredar mal lo que se
+hereda. El modo de no empujar hacia más hondo porvenir la aurora de ese
+día, era dar buen ejemplo en contra. La razón de Doña Blanca salía
+siempre triunfante de cada laberinto de reflexiones en que D. Fadrique
+se abismaba.
+
+Había un mal moral que pedía remedio. Hasta aquí iba D. Fadrique de
+acuerdo con la idea de Doña Blanca. ¿Era el remedio peor que el mal? El
+remedio era duro; pero D. Fadrique comprendía que no era peor que la
+enfermedad, y que era menester aplicarle no habiendo otro.
+
+El remedio podía aplicarse de dos maneras. Ó casando á Clarita con D.
+Casimiro, y esto era fácil, ó haciéndola tomar el velo. Esto segundo, á
+pesar de lo mundano, impío y anti-religioso que era D. Fadrique, le
+parecía mil veces mejor. Comprendía, no obstante, que para que Clarita
+entrase en un convento sin saber ella por qué, era necesario que alguien
+le infundiese la vocación. Tal trabajo no podía tomarle su madre. Sólo
+el P. Jacinto podría persuadir á Clarita á que se retirase al claustro.
+
+Para un hombre lleno del espíritu del siglo XVIII, alimentado con la
+lectura de los enciclopedistas, creyente en Dios, pero hablando siempre
+de la naturaleza, no hay que exponer aquí cuán horrible aparecía el
+sacrificio de la hermosura, de la vida, del brío juvenil, sintiendo ya
+sin duda fervorosamente el amor y reclamándole, en aras de un
+sentimiento misterioso, de un objeto, á su ver, impalpable y hasta
+incomprensible. Al Comendador se le antojaba esto una nefanda
+monstruosidad; pero la prefería á ver, á imaginar á Clara entre los
+secos brazos de D. Casimiro; y en su orgullo de hidalgo, y en su afán de
+no verse él mismo mentiroso y fullero, y de no pensar menos noblemente
+que una mujer fanática y desatinada, lo prefería todo á que Clarita se
+alzase en su día con los bienes de D. Valentín.
+
+El punto final de las meditaciones de D. Fadrique era siempre el mismo,
+por cuantas sendas y rodeos tratase de llegar á él. No quería á Clara
+poseedora de lo que le constaba que no era suyo; no la quería mujer de
+D. Casimiro; no la quería monja tampoco, y no quería dar escándalo ni
+amargar la vida de D. Valentín con afrentoso desengaño. Era, pues,
+indispensable que él fuese el libertador, el rescatador de Clarita.
+
+Á pesar de tener preocupado el ánimo con estas cosas, el Comendador
+ejercía tanto dominio sobre sí, que nada dejaba notar.
+
+Paseaba con Lucía por las huertas ó charlaba con ella y procuraba
+esquivar sus preguntas inquisitoriales.
+
+Así transcurrieron ocho días. Durante ellos se informó el Comendador,
+con el mayor secreto y diligencia, del valor exacto de todos los bienes
+de D. Valentín. Pasaban de cuatro millones de reales.
+
+Bastante se apesadumbró, no debemos ocultarlo, de que D. Valentín
+hubiese llegado á ser tan rico. El Comendador tenía poquísimo más
+capital, sumando el valor de algunas finquillas que había comprado cerca
+de Villabermeja, y lo que tenía en varias casas de banca en la Gran
+Bretaña y en Madrid. Su decisión, á pesar de la pesadumbre, fué firme,
+con todo.
+
+El Comendador sabía y estimaba cuánto vale el dinero. La vanidad de
+haberle adquirido diestra y honradamente le daba para él mayor hechizo.
+Pero ¿en qué mejor podía emplearse el caudal, la ganancia y el ahorro de
+toda una vida activa, el fruto del brío, del trabajo y del ingenio, que
+en salvar á un ser tan querido y que tan digno era de serlo?
+
+Suponiéndose ya el Comendador despojado de cuatro millones, se miraba
+reducido á la triste condición de un hidalgo labriego, que ó tendría que
+salir otra vez á buscar fortuna, ó tendría que acomodarse á vivir mal y
+humildemente en Villabermeja. Esto no le arredró.
+
+Eliminadas, pues, varias soluciones, el problema quedó claro y sencillo.
+La única dificultad que había que vencer era la de pasar á poder de D.
+Casimiro, de modo tan natural, que apartase toda sospecha, una suma de
+cuatro millones, y hacer valer y constar, como era justo, este
+sacrificio cerca de Doña Blanca, para que la terrible señora reconociese
+á su hija por libre de toda obligación y por apta para recibir, en su
+día, los bienes todos de D. Valentín, como devolución, y no como
+herencia.
+
+
+
+
+XIX
+
+La familia de Solís continuaba incomunicada con sus vecinos.
+
+Sólo entraban en aquella casa D. Casimiro y el fraile. Éste, á pesar de
+sus consejos, había sabido ingeniarse, volver á la gracia y recobrar la
+confianza de aquella adusta señora. No es tan llano desechar á un
+director espiritual, á quien se tiene por santo ó poco menos, aunque
+este director nos contraríe, y sobre todo haga cosas opuestas á nuestro
+modo de pensar. La mayor falta del padre Jacinto, lo que apenas acertaba
+á explicarse Doña Blanca, era que aquel virtuoso varón, aquel hijo de
+Santo Domingo de Guzmán, fuese tan íntimo amigo de un hombre á quien
+debía más bien llevar á la hoguera, si los tiempos no estuviesen tan
+pervertidos y la cristiandad tan relajada.
+
+Doña Blanca no se calló sobre este punto, y varias veces manifestó al
+fraile su extrañeza; pero el fraile le contestaba:
+
+--Hija mía, piensa lo que se te antoje. Yo no quiero calentarme la
+cabeza explicándotelo. Bástete saber que yo tengo á D. Fadrique por muy
+amigo, aunque incrédulo, como él me tiene por muy amigo, aunque fraile.
+Cavilando en ello me asusto, y prefiero no cavilar. No quiero dar por
+seguro que haya en las almas humanas algo que, á pesar de la radical
+oposición de creencias, sea lazo de unión amistosa y constante y
+fundamento de alta estimación mutua.
+
+--Vaya si hace V. bien en no cavilar --contestaba Doña Blanca.-- No
+cavile V., no venga á caer en herejía al cabo de sus años, fantaseando
+algo más esencial, más sublime que la creencia religiosa.
+
+--No caeré en herejía --replicaba el fraile, que ya hemos dicho que era
+muy desvergonzado;--no caeré en herejía cuando tú no caíste. Nunca mi
+amistad será más inexplicable que lo fué tu amor.
+
+Con esto Doña Blanca exhalaba un suspiro, que tenía su poco de bufido, y
+se amansaba y se callaba.
+
+Por lo demás, el padre Jacinto era leal y no abusó de su derecho de
+hablar en secreto con Clarita para excitarla en contra de la boda con
+Don Casimiro.
+
+Sólo una noticia se atrevió á dar á Clarita por instigación de D.
+Fadrique: que D. Carlos, amonestado por el Comendador, se había vuelto á
+Sevilla con sus padres.
+
+De esta suerte, Clarita hubo de tranquilizarse y no sobresaltarse de no
+ver á D. Carlos por la mañana en la iglesia. Á quien vió varias veces
+casi en el mismo lugar en que D. Carlos se colocaba fué al Comendador,
+cuya maldad su madre le había ponderado, y que ella se inclinaba
+irresistiblemente á creer bueno.
+
+El Comendador, como en desagravio de haber tenido olvidada tantos años
+aquella prenda de su amor, no se contentaba con disponerse á hacer por
+ella un gran sacrificio, sino que ansiaba verla y admirarla, aunque
+fuese á distancia.
+
+Así iban lentamente los sucesos, cuando una mañana, en que Doña Antonia
+había tenido una de sus jaquecas y no se hallaba con gana de salir,
+Lucía fué á paseo sola con el Comendador. Ambos llegaron á la fuente ó
+nacimiento del río que ya conocemos. Sentados á la sombra del sauce,
+oyendo el murmullo del agua, hablaron de las estrellas, de las flores,
+de mil diversas materias, hacia donde el tío procuraba llevar la
+atención de su sobrina, para distraerla de su curiosidad sobre los
+asuntos de Clara.
+
+Lucía, no llegando á distraerse lo bastante, dijo por último:
+
+--Tío, V. va á hacer de mí una sabia. Á veces me habla V. del sol y de
+lo grande que es y de cómo atrae á los planetas y cometas; y á veces me
+describe los abismos del cielo, y me señala las más hermosas estrellas,
+y me declara sus nombres y la inmensa distancia á que están de nosotros,
+y el tiempo que tardan los rayos alados de su luz en herir nuestras
+pupilas. Todo esto me deleita y pasma, haciéndome concebir más adecuado
+concepto del infinito poder de Dios. También me ha explicado V.
+misterios extraños de las flores, y esto me ha interesado más,
+infundiéndome en el alma superior idea de la bondad y sabiduría del
+Altísimo. Pero desechando el disimulo, recelo que V. no me instruye
+tanto sino para no responder á mis preguntas sobre sus proyectos de V.
+acerca de Clarita. Tal sospecha, lo confieso, me quita las ganas de oir
+las lecciones de V., que de otro modo me entusiasmarían; tal sospecha
+disminuye el valor de dichas lecciones, que se me figuran interesadas y
+maliciosas: más que medio de enseñarme, me parecen medio de embaucarme.
+
+--La malicia la pones tú, sobrina--respondió el Comendador.--Yo procedo
+con la mayor sencillez. Cuanto hay que saber de Clarita lo sabes mejor
+que yo. ¿Qué puedo añadir á lo que tú sabes?
+
+--Oiga V., tío: aunque niña, no soy tan fácil de engañar. Aquí hay
+varios puntos obscuros, inexplicables, y yo no sosiego hasta que todo me
+lo explico.
+
+--Pues ya estás aviada, hija mía, si no te sosiegas hasta que halles la
+explicación de todo. Condenada estás á desasosiego perpetuo.
+
+--No confundamos las especies. Yo me aquieto sin explicación sobre
+muchos puntos en que usted, por desgracia, no se aquieta. No hablo de
+eso. Hablo de materias más llanas y más al alcance de mi inteligencia.
+En éstas requiero explicación, y sin explicación no hay reposo. ¿Qué
+diablo de palabra enrevesada fué aquélla de que se valió V. el otro día
+para significar una suposición que se forja uno para explicar las cosas,
+y que se da por cierta, cuando las explica?
+
+--Esa palabra es _hipótesis_.
+
+--Pues bien; yo no hago más que forjar hipótesis á ver si me explico
+ciertas cosas. ¿Quiere usted que le exponga alguna de mis hipótesis?
+
+--Exponla.
+
+El Comendador respondió aparentando serena indiferencia al dar aquel
+permiso; pero se puso colorado, y tuvo miedo de que Lucía, por arte
+mágica ó poco menos, hubiese adivinado el lazo que unía á Clara con él.
+
+Lucía, prevaliéndose del permiso y animada con lo poco de turbación que
+en su tío advirtió, expuso así una de sus hipótesis:
+
+--Pues, señor, yo me cegué al principio por exceso de vanidad. Pensé que
+el cariño de tío que V. me tiene le llevaba, para complacerme, á mirar
+con interés á Clori y á Mirtilo, y á procurar e buen fin de sus amores.
+Ya he variado de opinión. Ya la hipótesis es otra. El interés de V. es
+demasiado para ser de reflejo. Noto también que es muy desigual: menos
+que mediano por Mirtilo; inmenso por Clori. ¡Ay, tío, tío! ¿Si querrá V.
+jugar una mala pasada al pobre zagal? Todo se sabe. Pues qué, ¿cree V.
+que no ha llegado á mi noticia que se ha hecho V. devoto (¡ojalá fuese
+de buena ley la devoción!) y que toditas las mañanas de madrugada va V.
+á la iglesia Mayor á misa primera?
+
+--Sobrina, no disparates, --interrumpió el Comendador.
+
+--Yo no disparato. Hallo extraña, para explicada sólo por una simpatía
+cualquiera, esa devoción de V., y recelo que la santita que se la
+infunde ha cautivado á V. con más dulces cadenas que las de la piedad.
+
+--Te repito que no disparates --volvió á decir el Comendador poniéndose
+muy serio.-- Confieso que es difícil de explicar el extraordinario
+cariño que Clarita me infunde. Aseguro, no obstante, por mi honor, que
+nada tiene de lo que tú imaginas. Si me quieres tú un poco, y si me
+respetas, te suplico, y si crees que puedo mandarte, te mando que
+apartes de tí ese pensamiento. Yo quiero á Clarita, aunque entre ella y
+yo no median los vínculos de la sangre, del mismo modo que te quiero á
+tí, que eres mi sobrina: con amor casi paternal, con el amor que es
+propio de los viejos.
+
+--¡Pero si V. no es viejo, tío!
+
+--Pues aunque no lo sea. No amo á Clarita de otro modo. Y si esto sigue
+pareciéndote raro, no caviles ni busques más hipótesis para explicártelo
+satisfactoriamente.
+
+--Está bien, tío. Suspenderé mis tareas de forjar hipótesis.
+
+--Eso es lo más prudente.
+
+--Ya que no valen las hipótesis, ¿vale hacer preguntas?
+
+--Hazlas.
+
+--¿Persiste V. en favorecer los amores de Mirtilo?
+
+--Persisto y persistiré mientras Clara crea yo que le ama.
+
+--¿Espera V. triunfar de la tenacidad de Doña Blanca é impedir la boda
+con D. Casimiro?
+
+--Lo espero, aunque es difícil.
+
+--¿Me atreveré á preguntar de qué medios va V. á valerse para vencer esa
+dificultad?
+
+--Atrévete; pero yo me atreveré también á decirte que esos medios no
+tienes tú para qué saberlos. Confía en mí.
+
+-Aunque V., tío, está tan misterioso conmigo, que todo se lo calla, voy
+á portarme con generosidad: voy á revelar á V. mis secretos. Sé que Don
+Carlos de Atienza le escribe á V. También á mí me ha escrito. Pero V. no
+ha hecho lo que yo. V. no ha puesto al pobre desterrado en comunicación
+con Clara: yo sí. Yo he escrito á Clara tres cartas nada menos, y á
+fuerzas de súplicas he logrado que el P. Jacinto se las entregue. En mis
+cartas copio á Clara algunos párrafos de los que me ha escrito D.
+Carlos.
+
+--Ese secreto le sabía en parte. El P. Jacinto me había dicho que había
+entregado tus cartas.
+
+--Pues, ¿vaya que no sabe V. otra cosa?
+
+--¿Qué?
+
+--Que Clara me ha contestado. La contestación vino ayer por el aire,
+como la carta primera que juntos leímos.
+
+--¿Tienes ahí la nueva carta?
+
+--Sí, tío.
+
+--¿Quieres leerla?
+
+--No lo merece V.; pero yo soy tan buena, que la leeré.
+
+Lucía sacó un papel de su seno.
+
+Antes de leer, dijo:
+
+--En verdad, tío, esto me pone muy cuidadosa y sobresaltada. Clara, en
+los días que lleva de soledad, ha cambiado mucho. ¡Hay en su carta tan
+singular exaltación, tan profunda tristeza, tan amargos pensamientos!...
+
+--Lee, lee --dijo el Comendador con viva emoción. Lucía leyó como
+sigue:
+
+"Amada Lucía: Mil gracias por todo cuanto estás haciendo por mí. Sería
+yo desleal si te ocultase nada de lo que siento. Ni al P. Jacinto me he
+confiado hasta ahora; pero á tí todo te lo confío. En mi ser pasa algo
+de extraño, que no acierto á entender. Quiero aún á D. Carlos. Y, no
+obstante, conozco que no debo darle esperanzas; que no debo casarme con
+él nunca; que me toca obedecer á mi madre, la cual anhela mi boda con D.
+Casimiro. Pero lo singular es que ha entrado en mi alma, en estos días,
+un sentimiento tan hondo de humildad, que hasta de D. Casimiro me hallo
+indigna. Á solas conmigo he penetrado en el fondo de mi conciencia y me
+he perdido allí en abismos tenebrosos. Cuando mi madre, que es buena y
+me ama, encuentra en mí no sé qué levadura, no se qué germen de
+perversión, no sé qué mancha más negra del pecado original que en las
+demás criaturas, razón tendrá mi madre. Sí, Lucía: quizás en este pecho
+mío, en apariencia tranquilo; bajo la inocencia y superficial sencillez
+de mis pocos años, van adquiriendo ya ser y vida vehementes y malas
+pasiones, como nido de víboras bajo apiñadas rosas. Lo conozco: mi madre
+tiembla por mí; recela de mi porvenir, y tiene razón. Yo me examino, me
+estudio y me asusto. Descubro en mí la propensión, difícil de resistir,
+á todo lo malo. Veo mi maldad nativa y mi inclinación al pecado por
+instinto. ¿Como comprender de otra suerte que yo, educada con tanto
+recogimiento y en tan santa ignorancia de las cosas del mundo, haya
+tenido la diabólica malicia de ponerme en relaciones con D. Carlos, de
+hacerle creer que le amaba, mirándole sólo (figúrate con qué perversidad
+le miraría), y de atraerle hasta aquí, obligándole á que me siguiera, y
+todo con tan infernal disimulo, que mi madre nada sabe? Todavía, si es
+posible, hay en mí algo peor. Lo noto, lo percibo y no sé, ni quiero, ni
+me atrevo á examinarlo. Lo que sí te declararé es que para mí el mundo
+ha de ser más peligroso que para otras mujeres, por naturaleza mejores.
+Lo que no hay en mí por naturaleza debo pedirlo por gracia al cielo. En
+él cifro mi esperanza. Procede, pues, que yo me aparte del mundo y
+busque el favor del cielo. Ya sabes tú cuánto he repugnado hasta aquí
+entrar en religión. No me juzgaba merecedora de ser esposa de Cristo. En
+esto no he variado, sino para juzgarme aún menos merecedora. En lo que
+sí he variado es en reconocer que, por mala que sea una persona, jamás
+debe desesperar de la bondad de Dios. Su Divina Majestad, si hago una
+vida santa, si me arrepiento, si me mortifico durante el noviciado, me
+dará fuerzas y merecimientos después para tomar el velo, sin que sea
+insolente audacia tomarle. Nada he dicho aún á nadie de esta reciente
+resolución; pero estoy decidida. Hablaré de esto al padre Jacinto para
+que él hable á mi madre, la convenza de que me conviene y quiero ser
+monja, y en vista de mi resolución desengañe á D. Casimiro. Desengaña
+tú, desde luego, al infeliz D. Carlos. No te niego que le he querido,
+que le quiero aún; pero no se lo digas. Díle que quiero á otro; que en
+mi corazón hay un inmenso vacío, donde reinan pavorosas tinieblas. No
+basta D. Carlos á llenar ni á iluminar este vacío, y si Dios no le llena
+y le ilumina, me moriré de miedo, y lo menos doloroso que ocurrirá será
+que le llene mi perturbada imaginación con espectros horribles que
+surgen de mi atribulada conciencia. Adiós."
+
+
+
+
+XX
+
+La lectura de escrito tan melancólico aguó el contento del paseo del
+Comendador y de su sobrina. Apenas se hablaron ya hasta volver á casa.
+
+Aquella crisis repentina del alma de Clara puso á D. Fadrique taciturno.
+
+Las ideas que acudían á su mente no eran para reveladas á su sobrina.
+
+Pensaba el Comendador que el perpetuo roce del espíritu de Doña Blanca
+con el de su hija; que la presión que ejercía en aquella joven de diez y
+seis años el severo y atrabiliario carácter de su madre, y que los
+terrores de que había cargado su conciencia, tenían á la pobre Clara en
+un estado de ánimo no muy distante del delirio. La carta á Lucía era la
+señal alarmante que Clara daba de aquel estado.
+
+El Comendador, empero, aunque lleno de zozobra, decidió no intervenir
+aún en nada. La resolución de la crisis podía ser favorable si él no
+intervenía. Su intervención podía hacerla más peligrosa.
+
+La sinceridad de Clara era evidente. De súbito sin que el P. Jacinto, ni
+nadie, se lo inspirase, había cambiado de propósito y se hallaba
+resuelta á ser monja. Harto se comprende que para las creencias del
+Comendador esta resolución era funesta; pero en virtud de esta
+resolución era casi seguro que D. Casimiro sería despedido. Iba á
+eliminarse un obstáculo; iba á descartarse un adversario.
+
+D. Fadrique determinó, pues, aguardar con calma, sin dejar de estar á la
+mira.
+
+Al mismo P. Jacinto no le insinuó ningún aviso que pudiera servirle de
+regla de conducta. Se fió por completo, de su buen natural, y le dejó
+seguir libremente sus propias inspiraciones.
+
+La prudencia del Comendador se vió coronada del éxito al cabo de pocos
+días.
+
+Doña Blanca, persuadida de que la súbita vocación de su hija era sincera
+y profunda, tuvo con D. Casimiro una conversación muy afectuosa y grave,
+y le dió sus pasaportes.
+
+El P. Jacinto ponderó el fervor de Clara y animó á Doña Blanca para que
+á la mayor brevedad la dejase entrar de novicia en un convento de
+carmelitas descalzas que en la ciudad había.
+
+D. Valentín se avino á todo sin chistar.
+
+Clarita hubiera, pues, entrado en seguida en el convento, como lo
+deseaba y lo pedía; pero la crisis de su alma había influído
+poderosamente sobre su hermoso cuerpo. Sus ojeras eran más obscuras y
+extensas que de ordinario; había adelgazado mucho; la palidez de su
+rostro hubiera inspirado miedo, si su rostro no hubiera sido tan
+hermoso; su distracción y su embebecimiento parecían á veces más propios
+de un ser del otro mundo que de una criatura de éste, y en su andar
+vacilante y en el brillo momentáneo de sus ojos, seguido siempre del
+prolongado adormecimiento de tan divinas luces, había como un mal
+agüero, como un anuncio fatídico, que no pudo menos de perturbar la
+férrea conciencia de Doña Blanca, de doblegar bastante su
+inflexibilidad, y de aterrarla por último.
+
+Las causas del cambio de Clara eran vagas y confusas; pero Doña Blanca
+reconocía que de su modo de educar á Clara, de su involuntario y tenaz
+prurito de mortificarla y asustarla con los peligros del mundo y con su
+propia condición de pecadora, y de aquel duro yugo que desde la infancia
+había hecho pesar sobre la conciencia de su infeliz hija, provenía en
+gran parte la situación en que se hallaba. El motivo, ó mejor dicho, la
+ocasión de exacerbarse el mal y de aparecer de repente con tan medrosos
+síntomas, era para todos un misterio. Esto no obstaba para que Doña
+Blanca empezase á temer que pudiera caer sobre ella el crimen de
+infanticidio por esquivar el delito de hurto.
+
+Doña Blanca procedió, pues, con inusitada blandura y exquisita
+prudencia; pero sin desmentir su carácter y sin faltar á su más
+importante propósito.
+
+No contenta con estar persuadida de la firme resolución que tenía Clara
+de tomar el velo, hízola prometer que profesaría. Y esto de suerte que
+la promesa no pareció arrancada por instigación de Doña Blanca, sino á
+su despecho. Así se aseguraba Doña Blanca de que su hija, renunciando al
+mundo, renunciaría á los bienes de D. Valentín y no podría transmitirlos
+á nadie.
+
+Pero Doña Blanca no quería matar á su hija. Atormentábase previamente
+con el remordimiento de que fuera al claustro desesperada y herida de
+muerte. Deseaba verla profesar, pero alegre, lozana, llena de vida; no
+apareciendo como una víctima, sino con el deleite, el gozo y la
+satisfacción de una esposa que vuela á los brazos de su gallardo y feliz
+prometido.
+
+Á fin de lograr que las cosas fueran así, Doña Blanca puso á un lado su
+constante severidad; empezó á tratar á Clara hasta con mimo, y anhelante
+de que recobrase la alegría y la salud, rompió el entredicho; abrió las
+puertas de su casa para Lucía, y consintió en que Clara volviese á salir
+con ella de paseo, aun á pesar del Comendador.
+
+Doña Blanca, no obstante, antes de dar este permiso, preparó á su hija
+contra D. Fadrique, pintándosele como un monstruo de impiedad y de
+infamia, y recomendándole mucho que hablase con él lo menos posible.
+
+Doña Blanca, entre tanto, se propuso seguir encastillada en su caserón,
+sin ver á nadie más que al P. Jacinto, y á Lucía, si acaso.
+
+
+
+
+XXI
+
+El destino de D. Casimiro es el más extraño y caprichoso entre los de
+cuantos personajes figuran en esta historia. En el tejido de su vida
+había puesto él un orden envidiable y gastado poquísimo. Así es que, por
+más que D. Casimiro distase mucho de ser un águila en nada, había
+atinado á darse tan buena traza con economía y juicio, que era un señor
+acaudalado para lo que entonces se usaba en Villabermeja. Esto se lo
+debía á sí mismo, y de ello podía estar con razón y estaba orgulloso. Lo
+que debió á la casualidad, á un conjunto de hechos para él
+inexplicables, fué el momentáneo encumbramiento á novio de su linda y
+rica sobrina la señorita Doña Clara.
+
+Con cincuenta y seis años de edad, no pocos padecimientos y la facha que
+ya hemos descrito, don Casimiro mismo, á pesar de su amor propio, que no
+era flojo, había hallado, allá en el centro de su conciencia, un si es
+no es inverosímil que le quisiesen casar con aquel pimpollo. El amor
+propio, no obstante, es ingeniosísimo, estando casi siempre su ingenio
+en razón inversa del ingenio de las personas; por donde D. Casimiro
+imaginó pronto que en su alma había de haber tan escondidos tesoros de
+bondad y de belleza, y que en sus modales y porte habían de transcender
+tal distinción hidalga y tal elegancia ingénita, que, descubierto todo
+por los ojos zahoríes de Doña Blanca, bastó y sobró para que ella
+ansiase tener á D. Casimiro por yerno. Don Casimiro, pues, desde que
+empezó á ser novio de Clara, se puso más orondo y satisfecho que antes.
+
+Terrible fué el desengaño cuando Doña Blanca le despidió. El enojo
+interior de D. Casimiro no fué menos terrible; pero él era encogido y
+muy torpe para expresarse; Doña Blanca hablaba bien y con autoridad é
+imperio, y el Sr. D. Casimiro se tragó su enojo, y recibió los
+pasaportes, hecho manso cordero.
+
+Como sucede á todas las personas débiles y soberbias á la par, la ira de
+D. Casimiro se fué aglomerando después y poco á poco en el corazón,
+cuando se detuvo á considerar el chasco que se le daba y el desaire
+grandísimo que se le hacía.
+
+Cierto que el rival por quien Clara le dejaba era Dios mismo; pero D.
+Casimiro no se aplacaba con esto.
+
+--¿Si querrá ser monja --decía,-- para no casarse conmigo? Valiera más
+haberlo pensado con tiempo y no ponerme en ridículo ahora. Sin duda que
+para mí es menos cruel que me deje por tan santo motivo que no que me
+deje para casarse con otro mortal. Yo no hubiera consentido esto último.
+Nos hubieran oído los sordos. Yo hubiera tenido un lance con mi rival.
+Pero ¿contra Dios qué he de hacer?
+
+Don Casimiro se consolaba algo con la imposibilidad de tener un lance
+con Dios, y hasta con la obligación piadosa en que se veía de
+resignarse.
+
+Su encono contra Doña Blanca y contra Clarita no se mitigaba, á pesar de
+todo. No había quedado perro ni gato, en diez leguas á la redonda, á
+quien D. Casimiro no hubiera dado parte de su ventura. Ahora, su caída y
+su desventura debían de ser é iban siendo no menos sonadas, y, por
+desgracia, harto más aplaudidas.
+
+La vanidad del hidalgo bermejino recibía desaforados golpes. Pero ¿cómo
+vengarse?
+
+--La venganza es el placer de los dioses --exclamaba á sus solas el
+dichoso hidalgo;-- pero decididamente yo no soy un dios. ¿Qué me
+conviene hacer? Es refrán frailuno, y muy discreto, que _la injuria que
+no ha de ser bien vengada ha de ser bien disimulada_. Disimulemos pues.
+También hay otro refrán que reza: _Cachaza y mala intención_. Sigamos lo
+que prescriben dichos refranes. Lo primero que me importa es dejar ver
+que no me afligen los desdenes de Clarita. Si ella no me quiere, otra
+que vale tanto como ella, más que ella, estoy seguro de que me querrá.
+Voy á volver á pretender á Nicolasa. No es rica, pero es mejor moza que
+Clarita.
+
+Sin desistir, por consiguiente, de vengarse si se presentaba ocasión
+cómoda para ello, D. Casimiro resolvió enamorar estrepitosamente á
+Nicolasa, esperando que así daría picón á la futura carmelita, ó
+probaría al menos que tenía por amiga una mujer de mucho mérito.
+
+Nicolasa, en efecto, lo era. Hija del tío Gorico y de su primera mujer,
+alcanzaba fama en casi toda la provincia por su singular hermosura,
+discreción y rumbo. Caballeros, ricos hacendados y hasta usías ó señores
+de título, menos comunes entonces que ahora, habían suspirado en balde
+por Nicolasa, la cual, con modesta dignidad, había respondido siempre en
+prosa aquello que dice en verso cierta dama de una antigua comedia nada
+menos que al Rey:
+
+Para vuestra dama, mucho;
+Para vuestra esposa, poco.
+
+Nicolasa excitaba y provocaba con sus risas, con sus ojeadas lánguidas y
+con su libertad y desenvoltura. Los hombres se prendaban de ella, la
+perseguían y se llenaban de esperanzas; pero, no bien querían
+propasarse para que se lograsen, Nicolasa se revestía de gravedad y
+entono, propios de la mejor heroína de Calderón, hablaba de la
+inestimable joya de su castidad y limpísima honra, y ponía á raya todo
+atrevimiento, todo desmán y todo propósito amoroso algo positivo que no
+llevasen por delante al padre cura.
+
+Nicolasa había heredado de su madre ciertas prendas que valen más que
+los bienes de fortuna, porque los conservan, si los hay, y suelen
+proporcionarlos, si no los hay. Tenía don de mando y don de gentes,
+extraordinaria energía de voluntad y perseverancia en sus planes. Se
+había propuesto ó ser una señorona principal ó quedarse para vestir
+imágenes, y, sirviéndole esto de pauta, ajustaba á ella todos los actos
+de su vida.
+
+Aunque el tío Gorico había contraído segundas nupcias, y Nicolasa tuvo
+madrastra en vez de madre casi desde la infancia, lejos de contribuir
+esto á que se criase con menos mimo, había ocasionado lo contrario. La
+madre de Nicolasa había sido tremenda, dominante, feroz: una Doña Blanca
+á lo rústico; mientras que Juana, la segunda mujer del tío Gorico, era
+la propia dulzura, sometida siempre á su marido, quien á su vez no hacía
+más que lo que á Nicolasa se le ocurría. Nicolasa lo podía y mandaba
+todo en casa de su padre, menos impedir que el tío Gorico dejase de
+beber bebida blanca.
+
+Los preliminares amorosos de Nicolasa, que estaba entre los veinte y
+los treinta años de su edad, habían sido ya innumerables. Todos sus
+amores habían muerto al nacer. Á los pretendientes encopetados los había
+Nicolasa despedido, apelando al cura. Á los pretendientes de su clase
+los había desdeñado cuando ya llegaban á lo serio y hablaban del cura
+ellos mismos.
+
+Nicolasa, no obstante, como todas las mujeres frías, pensadoras y
+traviesas, había sabido retener en sus redes, en este crepúsculo de
+amor, que califican de platónico, á varios suspiradores perpetuos, de
+los que llaman en Italia _patitos_. Uno, sobre todo, pudiera servir de
+ejemplo portentoso por su pertinacia, resignación y fervor en las
+incesantes adoraciones. Tal era el hijo del maestro herrador, Tomasuelo.
+
+Desde los diez y siete hasta los veinticinco años que ya tenía, estaba
+como en cautiverio agridulce. Jamás Nicolasa le dijo que le amaba de
+amor, y jamás le quitó la esperanza de que tal vez un día podría amarle.
+En cambio, le declaraba de continuo que le amaba más de amistad que á
+ningún otro ser humano; y cuando le declaraba esto, se le veía al chico
+hasta la última muela, sentía una beatitud soberana, y daba por bien
+empleados sus, para otras cosas, inútiles y perennes suspiros.
+
+Y no se crea que Tomasuelo era canijo, ruín y tonto. Tomasuelo era
+listo, despejado y fuerte: el mozo más guapo del lugar; pero Nicolasa le
+había hechizado. Con un rayo de luz de sus ojos podía darle una dosis de
+aparente bienaventuranza que le durase una semana. Con una palabra sola
+podía hacerle llorar como si fuese un niño de cuatro años.
+
+Las cadenas en que Tomasuelo gemía y gozaba á la vez de verse cautivo,
+estaban suavizadas para el mozo, y en cierto modo justificadas para el
+público, con notable habilidad y profundo instinto. Tomasuelo podía
+entrar cuando se le antojase en casa del tío Gorico, ver á Nicolasa,
+requebrarla, mirarla con amor, acompañarla cuando salía; en suma,
+servirla y cuidarla, sin que nadie fuese osado á censurar lo más mínimo.
+Aunque entre Nicolasa y el hijo del herrador no había el más remoto
+grado de parentesco, Nicolasa había preconizado á Tomasuelo por su
+hermano. Dios naturalmente no le había dado objeto en quien poner amor
+fraternal; pero ella, que sentía con viveza y hondura este amor, se
+proporcionó á Tomasuelo para consagrársele. Con frases sencillas y con
+ánimo imperturbable, Nicolasa explicaba de esta manera sus extrañas
+relaciones con Tomasuelo; y como Tomasuelo hacía gala de su adoración
+espiritual y se lamentaba resignado de no ser querido de otra suerte,
+todos en el lugar, lejos de censurar, se maravillaban de aquel purísimo
+y angélico lazo que estrechaba así dos almas.
+
+Cuanto pretendiente se acercaba á Nicolasa era respetado por Tomasuelo,
+quien no le ponía el menor estorbo, durante los preliminares y
+coqueteos; pero si más tarde se extralimitaba y dejaba ver que venía con
+mal fin, ya podía temer el enojo y las pesadas manos de aquel hermano
+adoptivo, celoso de la honra de su familia. Asimismo Tomasuelo se ponía
+zahareño y poco agradable en su trato con todo aquel rival que por
+cualquier causa era despedido definitivamente y seguía importunando.
+
+Don Casimiro había estado, antes del noviazgo con Clara, en un largo
+período de coqueteo con Nicolasa, la cual, con exquisita circunspección,
+había sabido ir templando y moderando la máquina de los efectos, á fin
+de no precipitar al hidalgo en declaraciones y demostraciones tales, que
+no tuviesen ya más salida que la de ponerle en la disyuntiva de prometer
+boda ó de abandonar la empresa. Gracias á esta conducta, que pasa de
+hábil y raya en primorosa, D. Casimiro no había sido despedido; sus
+amores con Nicolasa habían sido como aurora, como amanecer poético de un
+día, que no llegó por haberse interpuesto el compromiso con Clarita.
+Roto ya este compromiso, don Casimiro pudo volver, previo el perdón de
+su inconsecuencia, pedido con humildad y concedido magnánimamente, al
+mismo punto en que lo había dejado: al amanecer, á la aurora.
+
+Las cosas estaban dispuestas con tal arte, que en lugar de escamarse un
+pretendiente con Tomasuelo, lo primero que tenía que hacer era como
+impetrar el beneplácito de aquel espiritual hermano, tan celoso,
+vigilante é interesado en el bien de su hermanita. D. Casimiro obtuvo la
+confianza y venia de Tomasuelo, y lo consideró buena señal.
+
+Abandonada la ciudad, y vuelto D. Casimiro á reales de Villabermeja, se
+puso á galantear á Nicolasa con la imprudencia y el ímpetu del
+despechado. Ella era harto discreta para no conocer que entonces ó
+nunca: que la fortuna le presentaba el copete y que importaba asirle. D.
+Casimiro buscaba en Nicolasa refugio y compensación contra el desdén de
+Clarita. D. Casimiro estaba en su poder.
+
+Nicolasa provocó la declaración seria y definitiva. Hecha ésta, planteó
+los dos términos del fatal dilema: ó promesa formal de casamiento, ó
+despedida y nuevas calabazas ruidosas. D. Casimiro no pudo resistir y
+prometió casarse.
+
+Espantoso día de prueba fué aquel en que supo este triunfo el platónico
+Tomasuelo. Hasta entonces no había tenido rival que fuese más dichoso
+que él. Ya le tenía. La amargura de los celos le acibaró el corazón;
+las lágrimas brotaron en abundancia de sus ojos.
+
+Cuando vió á solas á Nicolasa, con los ojos encarnados de llorar y con
+voz trémula le dijo:
+
+--¿Conque cedes al amor de D. Casimiro? ¿Conque vas á casarte? ¿Conque
+me matas?
+
+--Calla, tontito mío, contestó ella.--¿Á qué vienen esas quejas? ¿Te he
+engañado yo jamás?
+
+--No; no me has engañado.
+
+--¿Querías que dejase pasar tan buena proporción de ser señora principal
+y millonada? ¿Tan mal me quieres, egoísta?
+
+--No porque te quiero mal, sino porque te quiero á manta, lo siento y lo
+lloro.
+
+Y Tomasuelo lloraba en efecto.
+
+--Anda, no llores, majadero. ¡Si vieses qué feo te pones! ¿Quién ha
+visto llorar á un hombrón como un castillo?
+
+--Pero ¡si no puedo remediarlo!
+
+--Sí puedes; haz un esfuerzo, ten valor y sosiégate. Ten en cuenta que,
+de aquí adelante, no sólo hallarás en mí á una hermana, sino á una
+madrina y á una protectora muy pudiente.
+
+--¿Y á mí qué se me da todo eso? Nada. Lo que yo codiciaba era tu
+cariño.
+
+--Y no lo tienes como antes, ingrato? Pues qué, ¿los buenos hermanitos
+dejan de amarse aunque se case uno de ellos?
+
+--No seas tramayona, no me aturrulles. Ya sabes tú que la ley que yo te
+tengo no puede sufrir...
+
+--Vamos, vamos; déjate de niñerías. ¿Quién crees tú que ocupa y llena el
+lugar más bonito, principal y escondido de mi corazón? Tú. Mi alma es
+tuya. Te la dí toda con el amor que en ella se cría; con afecto de
+hermana. ¿Qué sombra puede hacerte que sea yo la mujer legítima de D.
+Casimiro? ¿Por eso hemos de dejar de querernos como hasta aquí, más que
+hasta aquí? Nos querremos cuanto tú quieras y cuanto sea posible
+quererse, sin ofender á Dios. ¿Supongo que tú no querrás ofender á Dios?
+Contesta.
+
+--No, mujer; ¿cómo he de querer yo ofender á Dios? Pues qué, ¿no soy
+buen cristiano?
+
+--Lo eres. Es una de las partes que más aprecio en tí. Por eso confío en
+que pienses que voy á ser esposa de otro y no desees nada. Sólo el deseo
+es ya pecado. Acuérdate de los mandamientos.
+
+--Oye, ¿y está en mi poder no desear?
+
+--Sí. Cállate; no digas nada á nadie, ni á tí mismo, cuando desees, y el
+silencio matará el deseo.
+
+--Me matará á mí antes.
+
+Tomasuelo lloró más fuerte que nunca. Las lágrimas caían á modo de
+lluvia, acompañadas por tempestad de sollozos.
+
+--¡Por vida de los hombres endebles! --exclamó Nicolasa.-- ¿Qué locura
+es ésta? Cálmate, por Dios y ten pecho ancho.
+
+Nicolasa, con suma blandura, enjugó las lágrimas del mozo con el propio
+pañuelo de ella; luego le dió tres ó cuatro palmaditas en el grueso y
+robusto cogote; luego le hizo unas cuantas muecas como remedando la
+desconsolada cara que ponía, y, por último, le pegó un afectuoso y
+archi-familiar tirón de las narices.
+
+Tomasuelo no supo resistir á tanto favor y regalo. Como rayos de sol
+entre nubes, la alegría y la satisfacción aparecieron en sus ojos á
+través de las lágrimas. La boca de Tomasuelo se abrió, enseñando la
+blanca, completa y sana dentadura. No pudo sonreír, porque se quedó
+boquiabierto y como traspuesto.
+
+Nicolasa entonces repitió los cogotazos; añadió al tirón de las narices
+unos cuantos tirones de las orejas, y Tomasuelo pensó que se le llevaban
+al paraíso y que era el más feliz de los mortales.
+
+En esta situación de ánimo convino en que Nicolasa debía casarse con D.
+Casimiro; en que él debía seguir siendo su hermano, sin pensar, ó sin
+decir al menos que pensaba en otra cosa; y concibió con claridad, más
+que por el discurso y las razones, por los blandos cogotazos y por los
+tirones de orejas, toda la suavidad, hechizo, consistencia y deleite del
+amor espiritual que á Nicolasa le ligaba.
+
+Así venció Nicolasa los obstáculos todos y aseguró su proyectada boda
+con D. Casimiro.
+
+La fama difundió al punto la noticia por toda Villabermeja; salvó luego
+su término y la llevó á la ciudad, y á los oídos del Comendador, de su
+familia y de los señores de Solís.
+
+El Comendador había sido visitado por D. Casimiro y le había pagado la
+visita. No se habían hallado en casa y no se habían visto. La frialdad
+de sus relaciones no hacía necesario más frecuente trato.
+
+No bien supo el Comendador el resuelto proyecto de boda entre D.
+Casimiro y Nicolasa, fué á Villabermeja; visitó á la chacha Ramoncica y
+tuvo una larga conferencia con ella, de cuyo objeto se enterará más
+tarde el curioso lector. Después de esto se volvió á la ciudad D.
+Fadrique.
+
+
+
+
+XXII
+
+Clara había vuelto á salir de paseo con Lucía y acompañada del
+Comendador y de Doña Antonia; pero Clara estaba cambiada.
+
+Su palidez y su debilidad eran para inspirar serios temores. Su
+distracción continua asustaba también al Comendador. Cuando éste le
+dirigía la palabra, Clara se estremecía como si la sacasen de un sueño,
+como si cortasen el vuelo remontado de su espíritu y le hiciesen caer de
+pronto del cielo á la tierra, á modo de pajarillo herido por el plomo
+allá en lo sumo del aire.
+
+Á pesar de la benignidad y dulce condición de Clara, D. Fadrique
+advertía con pena que aquella linda criatura esquivaba su conversación;
+casi no le respondía sino con monosílabos, y hasta procuraba que él no
+le hablase.
+
+Con Lucía era Clara más expansiva, y Lucía seguía siéndolo siempre con
+el Comendador. Por medio, pues, de Lucía penetraba aún el Comendador en
+el espíritu de aquel ser querido y comunicaba algo con él.
+
+Las nuevas que Lucía le daba eran en substancia siempre las mismas, si
+bien más inquietantes cada vez.
+
+--No lo comprendo, tío --decía Lucía,-- pero á veces me doy á cavilar
+que á Clara le han dado un bebedizo. ¡Tiene unos terrores tan
+inmotivados! ¡Siente unos remordimientos tan fuera de razón!... No sé
+qué sea ello. Doña Blanca le ha puesto tan feroces escrúpulos en el
+alma, le ha hecho recelar tanto de su apasionada natural condición...
+que la infeliz se cree un monstruo, y es un ángel. Tal vez imagina que
+la persiguen las furias del infierno, los enemigos del alma, una legión
+entera de diablos, y entonces no se considera en salvo sino acogiéndose
+al pie del altar. Es menester que avisemos á D. Carlos que venga pronto,
+á ver si liberta á Clara de este género de locura.
+
+El Comendador y Lucía escribieron con la misma fecha á D. Carlos de
+Atienza, participándole la novedad de la despedida de D. Casimiro, de la
+resolución de Clara de retirarse á un convento y del estado poco
+satisfactorio de su salud. Don Carlos partió desatentado de Sevilla, y
+estuvo en la ciudad á poco.
+
+Con el mismo recato y disimulo de siempre Don Carlos volvió á ver á
+Clara en los paseos que ésta daba con Lucía; pero la delicada salud de
+Clara le llenó de desconsuelo. Y más aún, si cabe, le atormentó y
+afligió el ver á Clara esquiva, tímida como nunca, apartándose de él y
+no queriendo apenas hablarle, aunque mirándole á veces con involuntarias
+amorosas miradas, que se conocía que ella dejaba escapar á su despecho,
+y con las cuales, más que amor, reclamaba piedad, conmiseración y hasta
+perdón por su inconsecuencia de dejarle, de haber alentado sus
+esperanzas, y de matarlas ahora entrando en el claustro.
+
+La desesperación de D. Carlos de Atienza llegó á su colmo. Con no poca
+amargura echaba la culpa de todo al Comendador.
+
+--Para esto --decía-- me obligó V. á que me ausentase. En esto han
+parado las promesas de arreglarlo todo en menos de un mes: en que Clara
+se me esté muriendo, y en que además haya dejado de amarme y quiera ser
+monja; en que acabe por tomar el velo... y luego la mortaja. Pero yo me
+moriré también. Yo no quiero sobrevivir. Me mataré si no me muero.
+
+El Comendador no sabía qué responder á tales quejas. Procuraba consolar
+á D. Carlos, que le juzgaba indiferente y extraño; que ignoraba que él
+tenía mayor necesidad de consuelo.
+
+Iba D. Fadrique á buscarle en el P. Jacinto. Iba asimismo á buscar en él
+alguna luz sobre aquel misterio; pero ¡caso extraño! el P. Jacinto, todo
+franqueza y jovialidad antes, se había vuelto muy grave, muy misterioso
+y muy callado.
+
+Don Fadrique entrevía, no obstante, que el padre Jacinto aprobaba la
+resolución de Clara de ser monja. Esto le ponía fuera de sí, y á veces
+estaba á punto de romper con el P. Jacinto y de mirarle como á amigo
+desleal ó como á fanático sin entrañas.
+
+Con todo, en medio de sus tribulaciones el Comendador se reportaba y no
+perdía la calma. Había tomado sus medidas. Su conducta estaba prescrita
+y determinada con firmeza, y aguardaba sereno el resultado.
+
+Este no tardó mucho en venir.
+
+Era muy de mañana cuando trajo un criado desde Villabermeja una carta
+para D. Fadrique. Don Fadrique la leyó rápidamente, estando en la cama
+aún. Se levantó á escape, se vistió y se fué al convento de Santo
+Domingo en busca de su maestro.
+
+El padre acababa de levantarse y recibió á Don Fadrique en su celda.
+Sentados ambos, como en la otra celda de Villabermeja, hablaron de este
+modo.
+
+
+
+
+XXIII
+
+--Padre Jacinto --dijo el Comendador con aire de jubiloso triunfo--,
+Clara es libre ya. No es menester que se case con D. Casimiro ni que sea
+monja.
+
+--¿Cómo es eso, hijo mío?
+
+--He dado por ella una suma igual á todo el caudal de D. Valentín.
+
+--¿Á quién?
+
+--Á D. Casimiro.
+
+--¿Y con qué razón? ¿Con qué pretexto ha podido aceptarla?
+
+--La ha aceptado con una razón que promete callar; por un motivo
+secreto.
+
+--¡Válgame Dios, hijo mío! ¡Qué delirio! ¡Qué sacrificio inútil: Y
+dime... ese motivo secreto... ¡Confiar así á D. Casimiro la honra de una
+familia ilustre!...
+
+--Yo no le he confiado nada.
+
+--¿Pues de qué medio te has valido?
+
+--De una mentira; pero mentira indispensable y con la cual nadie pierde.
+
+--¿Puedo saber esa mentira?
+
+--Todo lo va V. á saber.
+
+El padre prestó la mayor atención. Don Fadrique prosiguió diciendo:
+
+--De sobra sabe V. que Paca, la primera mujer del tío Gorico, fué una
+mala pécora.
+
+--Es evidente. Dios la haya perdonado.
+
+--La buena reputación de Paca no tiene nada que perder.
+
+--Absolutamente nada.
+
+--Pues bien. Hay la feliz coincidencia de que Nicolasa nació pocos meses
+después de mi ida de Villabermeja, cuando estuve allí de vuelta de la
+Habana.
+
+--¿Y qué?
+
+--He hecho creer primero á la chacha Ramoncica, con el mayor sigilo, que
+Nicolasa es hija mía. Le he dicho que un deber imperioso de conciencia
+me obliga á dotarla, ahora, que ella se va á casar. La chacha entiende
+poco de números. Se ha espantado, no obstante, de la enorme cantidad que
+yo quería dar por dote; pero la he echado de espléndido y me he supuesto
+más rico de lo que soy. Á las observaciones que la chacha me ha hecho,
+he respondido que mi resolución era irrevocable. He persuadido, por
+último, á la chacha de que no conviene que Nicolasa sepa los lazos que á
+ella me unen, y que es más delicado y honesto que lo sepa sólo el
+sujeto que va á ser su marido. He logrado, pues, que la chacha se
+encargue de persuadir á D. Casimiro á que tome lo que libre, aunque
+misteriosamente, quiero dar y doy á su futura. No creo que la chacha
+haya tenido que hacer grandes gastos de elocuencia para convencer á D.
+Casimiro de que debe aceptar. Don Casimiro me ha escrito esta carta,
+donde me dice que acepta, me colma de elogios por mi generosidad, y me
+promete callar el motivo de la donación que le hago, y la misma
+donación, hasta donde sea posible.
+
+El P. Jacinto leyó la carta que le entregó D. Fadrique. Luego sacó éste
+del bolsillo un paquete de papeles. Le puso sobre la mesa y dijo:
+
+--Aquí están los papeles todos que se requieren para formalizar la
+donación, la cual deseo que se lleve á feliz término por medio de V.
+Éste es el poder más amplio, otorgado ante un escribano de esta ciudad,
+para que V. disponga, venda, enajene y haga lo que convenga con todo
+cuanto me pertenece. Éstas son las cartas á los banqueros que tienen
+fondos míos, poniéndolos todos á la orden de V. Ésta, por último, es la
+lista, inventario, cuenta ó como quiera llamarse, de lo que en poder de
+dichos banqueros tengo hasta ahora; y esta otra es la cuenta de lo que
+valen los bienes de D. Valentín, justipreciados por peritos. Escasamente
+llegará lo mío á cubrir el importe de lo que disfruta dicho señor; pero
+V. sabe que poseo algunas finquillas, y, si fuere menester, supliré la
+falta. Querido maestro, V. va á ser ejecutor fiel y pronto de mi
+decidida voluntad, de la cual pretendo que dé V. noticia y testimonio á
+Doña Blanca, exigiéndole en cambio de mi parte la libertad de mi hija. Y
+digo exigiéndole la libertad de mi hija, porque si no le da libertad, si
+no procura quitarle de la cabeza tanto insano delirio, si no determina
+curarla de la mortal enfermedad de alma y de cuerpo, que su orgullo, su
+fanatismo y sus remordimientos, mil veces más odiosos que el pecado, han
+hecho nacer, yo me he de vengar, dando el más insolente escándalo que se
+ha dado jamás en el mundo. Espero que aceptará V. gustoso mi encargo.
+
+--Le acepto, --respondió el padre;-- mas no sin condiciones. Yo no he de
+ser el instrumento de tu ruína, si tu ruína es inútil.
+
+--¿Y por qué inútil?
+
+--Porque Clara, á mi ver, no desistirá ya de tomar el velo.
+
+--¿Cómo que no desistirá? Sobre Clara pesa el yugo férreo de su madre.
+Quitémosle ese yugo, y Clara volverá á vivir, y volverá á amar á su
+gallardo estudiante, y se casará con él, y será dichosa.
+
+--Lo dudo.
+
+--Yo no lo dudo. Lo que no me explico es cómo se ha vuelto V. tan
+tétrico.
+
+--Me parece que es ya tarde, --dijo el P. Jacinto, suspirando.
+
+--Voto al mismo Satanás --replicó D. Fadrique:--no es tarde aún, si la
+dicha es buena. Vaya usted hoy mismo á ver á Doña Blanca. Infórmela de
+todo. Convénzala de que es libre Clara; de que los bienes que de D.
+Valentín ha de heredar están ya pagados. Sepa Doña Blanca que yo rescato
+misteriosamente á nuestra hija. Sepa también que si no admite el
+rescate, romperé todo freno; lo diré todo; seré capaz de una villanía;
+la deshonraré en público; leeré á D. Valentín cartas que aún de ella
+conservo; haré doscientas mil barbaridades.
+
+--Vamos, hombre, modérate. En seguida iré á hablar con Doña Blanca. Ella
+es madrugadora. Estará ya de punta y me recibirá. Aguárdame en tu casa,
+y allá acudiré á referirte mi entrevista.
+
+--En casa aguardaré á V. Apresúrese, padre, porque estoy devorado por la
+impaciencia.
+
+Dicho esto, el fraile y D. Fadrique se levantaron y salieron juntos de
+la celda á la calle, por la cual caminaron en silencio, hasta que el uno
+entró en casa de su hermano y el otro en casa de Doña Blanca Roldán.
+
+Dando paseos por su estancia; despidiendo desabridamente á la curiosa
+Lucía, que asomó la rubia cabeza á la puerta, y preguntó, como de
+costumbre, qué había de nuevo, y lleno todo de agitación, esperó D.
+Fadrique más de hora y media.
+
+El fraile llegó al cabo; pero, antes de que abriese los labios, columbró
+D. Fadrique, en lo melancólico que venía, que era portador de malas
+nuevas.
+
+No bien entrado el fraile, cerró la puerta con llave el Comendador, para
+que nadie viniese á interrumpirlos, y en voz baja dijo, mientras él y su
+maestro tomaban asiento:
+
+--Cuente V. lo que ha pasado. No me oculte nada.
+
+--Hablaré en resumen, porque ha sido larga la discusión. Doña Blanca ha
+celebrado tu generosidad. Dice que no atina á comprender cómo un impío
+es capaz de acción tan noble. Supone que es obra del orgullo; pero al
+fin la celebra. Mas no por eso te excita á que consumes el sacrificio.
+Afirma que será inútil, y te ruega que no le hagas. Doña Blanca
+considera que su hija tiene hoy una verdadera vocación; que Dios la
+llama á ser su esposa; que Dios la quiere apartar de los peligros del
+mundo; que Dios quiere salvarla, y que ella no puede, sin gravísima
+culpa, retraer ahora á su hija de tan santos propósitos.
+
+--¡Hipocresía! ¡Refinamiento de maldad! --interrumpió D. Fadrique.-- ¿Y
+V. no la ha amenazado con mi venganza? ¿No le ha dicho V. que estoy
+determinado á todo; que le arrancaré la máscara; que se acordará de mí;
+que la burla que de mí hace no quedará sin afrentoso castigo?
+
+--Se lo he dicho todo; pero Doña Blanca ha contestado que, si bien te
+cree un hombre sin religión, todavía te tiene por caballero, y que no
+teme de tí esas villanas é infames acciones con que en tu rabia la
+amenazas. Añade, no obstante, que, aun cuando se engañase, aun cuando tú
+te olvidases de la honra y te vengases así, lo sufriría todo antes de
+disuadir á su hija contra lo que la conciencia le dicta.
+
+--Esa mujer está loca, P. Jacinto. Esa mujer está loca, y creo que su
+locura es contagiosa; que á Clara y á V. los tiene ya enloquecidos, y
+que falta poco para que yo también lo esté. Pero, lo juro por mi honor,
+por Dios, por lo más sagrado: mi locura será de muy diversa índole.
+Soñará con mi locura. Pues qué, ¿imagina que soy yo un segundo D.
+Valentín? ¿Piensa que me someteré á sus monstruosos caprichos? ¿Entiende
+que soy necio y que voy á creer lo que á ella se le antoje hacerme
+creer? Clara tiene trastornada la cabeza, y por eso quiere ser monja de
+repente. ¿Qué vocación ha de tener, cuando me consta que estaba, que
+está aún, enamorada de ese muchacho rondeño, con quien podría ser
+felicísima? Aquí hay algún misterio abominable. Algo se ha hecho para
+infundir el delirio en Clara y perturbar su natural despejo. Yo ni
+puedo, ni quiero, ni debo consentir extravagancias tan criminales. ¿No
+comprende esa mujer de Satanás que la educación que ha dado á su hija,
+que esos terrores que le ha infundido son como un veneno? ¿Quiere saciar
+el odio que me tiene, asesinando á su hija, porque también es mi hija?
+
+--Comendador, ten sangre fría; mira que te engañas. Mira que Clara no
+siente hoy la vocación religiosa por causa de su madre.
+
+--Me importa poco que sea hoy ó ayer cuando su madre le ha dado la
+ponzoña. El corazón me dice que las rarezas, que los extravíos de Clara
+provienen del tormento espiritual que le está dando su madre desde que
+la niña tiene uso de razón. Esto es menester que acabe. Si Clara, cuando
+esté en completa tranquilidad y serenidad de espíritu, sanos su cuerpo y
+su alma, persiste en ser monja, que lo sea: yo no me opondré. Mi
+sacrificio habrá sido inútil. No exhalaré una queja. Que disfrute de
+todos mis bienes D. Casimiro. Pero mientras Clara esté enferma, casi
+fuera de sí, con una especie de fiebre continua, no he de sufrir que se
+tome ese estado febril por éxtasis místico, y esos ataques nerviosos por
+llamamientos del cielo. Es mi hija, voto á quince mil demonios, y no
+quiero que me la maten. Ahora mismo voy á ver á Doña Blanca. Romperé la
+consigna para entrar. Romperé la cabeza á quien quiera oponerse á mi
+entrada. Si no la veo y la hablo, estallo como una bomba. No me detenga
+V., P. Jacinto. Déjeme V. salir.
+
+El Comendador había abierto la puerta, se había puesto el sombrero, y
+forcejeaba por salir con el P. Jacinto, que procuraba detenerle.
+
+--Quien está desatinado eres tú --decía el padre.--¿Á dónde vas? ¿No
+calculas el escándalo de lo que te propones hacer?
+
+--Déjeme V., Padre. Yo no calculo nada.
+
+--Esto es una perdición. Dios te ha dejado de su mano. Oye cuatro
+palabras con reposo y haz luego lo que quieras. Carezco de fuerzas para
+detenerte.
+
+El P. Jacinto cedió en su resistencia y el Comendador se paró á
+escucharle.
+
+--Quieres ver á Doña Blanca, y la verás, pero con menos peligro de
+lances y de escándalo. Pasado mañana va D. Valentín á la casería con el
+aperador, á vender unas tinajas de vino. Entonces podrás ver y hablar á
+Doña Blanca. Para evitar mayores males, te llevaré yo mismo. Yo
+entretendré á Clara á fin de que hables á solas con Doña Blanca y le
+digas cuanto tienes que decirle. Ya ves á lo que me allano. Ya ves á lo
+que me comprometo. Vas á sorprender desagradablemente á Doña Blanca con
+tu inesperada visita. Vuestra conversación va á tener algo de un duelo á
+muerte; mas prefiero intervenir en él, ser cómplice en el delito de
+vuestro espantoso diálogo, á que sucedan cosas peores. Por las ánimas
+benditas, Comendador, aguarda hasta pasado mañana. Vendrás conmigo.
+Verás á Doña Blanca. Por la amistad que me tienes, por la pasión y
+muerte de Cristo te suplico que te calmes para entonces, y trates de que
+sea lo menos cruel posible la entrevista que te voy á procurar.
+
+El Comendador cedió á todo, y agradeció al P. Jacinto los consejos que
+le daba y la protección que le ofrecía.
+
+
+
+
+XXIV
+
+Con febril impaciencia aguardó D. Fadrique el plazo que el padre le
+había pedido.
+
+No hay plazo que no se cumpla, y dicho plazo se cumplió al cabo.
+Cumpliéronse también los pronósticos del Padre. D. Valentín salió aquel
+día muy de mañana con el aperador para ir á la casería, de donde no
+pensaba volver hasta la noche.
+
+El Comendador, que lo espiaba todo, se preparó para la entrevista
+prometida. El P. Jacinto no se hizo aguardar mucho tiempo y vino á
+buscarle.
+
+Reconociendo que lo menos peligroso, lo menos ocasionado á males, era
+que se viesen ambos cómplices, por si lograban entenderse y convenir en
+algo acerca de la hermosa Clarita, no quiso el padre hablar con Doña
+Blanca y proponerle una conferencia con el Comendador. Tenía por seguro
+que se negaría, y que, ya sobre aviso, le haría más difícil, casi
+imposible, el hacer entrar al Comendador hasta donde ella estuviese.
+Así, pues, se resolvió por la sorpresa. Sabía las costumbres de la
+casa, sabía las horas de todo, y todo lo dispuso con sencillez y
+habilidad.
+
+Antes de las diez de la mañana, una hora después del almuerzo, Clara se
+retiraba á su cuarto y Doña Blanca se quedaba sola en la sala donde
+estaba de diario.
+
+El padre se puso en marcha en punto de las diez llevando al Comendador
+en pos de sí. Entraron en el zaguán, y el padre dió dos aldabonazos.
+
+La voz de una criada gritó desde arriba:
+
+--¿Quién es?
+
+--Ave María purísima. Gente de paz, --contestó el padre.
+
+La moza, que reconoció la voz, tiró del cordel desde un balcón del piso
+principal que daba al patio. Con este cordel se abría la puerta sin
+bajar la escalera.
+
+La puerta se abrió, y entraron el Comendador y el fraile, sin que los
+viese nadie, ni la misma criada que les había abierto, pues entre el
+patio, á donde daba el balcón en que se hallaba la criada, y la puerta
+de la calle, había otro zaguán, del cual arrancaba la escalera principal
+ó de los señores.
+
+No bien entró el P. Jacinto con su compañero, cerró de nuevo la puerta y
+dijo en alta voz:
+
+--Dios te guarde, muchacha.
+
+--Dios guarde á su merced, --contestó ella.
+
+Entonces el Comendador y su guía subieron rápidamente la escalera. Ya
+en la antesala, donde tampoco había un alma, dijo el fraile á D.
+Fadrique, señalándole una puerta:
+
+--Allí está Doña Blanca. Entra... háblale; pero ten juicio.
+
+Don Fadrique, con ánimo decidido, con verdadero denuedo, se dirigió á la
+puerta señalada, entró, y la volvió á cerrar.
+
+No bien desapareció D. Fadrique, llegó la criada.
+
+--¡Hola! --dijo el P. Jacinto.-- ¿Está Doña Blanca sola?
+
+--Sí, padre. ¿No entra su merced á verla?
+
+--No; más tarde. Déjala tranquila. No entres ahora, que estará ocupada
+en sus negocios. No la distraigamos. ¿Está Clarita en su cuarto?
+
+--Sí, padre.
+
+--Ea, vete á tus quehaceres, que yo voy á ver á Clarita.
+
+Y, en efecto, el P. Jacinto y la criada se fueron por su lado cada uno.
+
+Entre tanto, D. Fadrique se hallaba ya en presencia de Doña Blanca,
+sorprendida, pasmada, enojada de tan imprevisto atrevimiento. Sentada en
+un sillón de brazos, había levantado la cabeza al sonar el pestillo y la
+puerta que se abría, había visto que la volvía á cerrar quien había
+entrado, había reconocido al punto al Comendador, y aun casi inmóvil,
+silenciosa, le miraba de hito en hito, sospechaba si estaría soñando, y
+apenas si se atrevía á dar crédito á sus ojos.
+
+El Comendador se adelantó lentamente dos ó tres pasos.
+
+No saludó de palabra; no pronunció una sola: no hallaba, sin duda,
+fórmula de saludo que no disonase en aquella ocasión; pero con el gesto,
+con el ademán, con la expresión de toda su fisonomía, mostraba que era
+un caballero respetuoso, que pedía humildemente perdón de la astucia y
+de la audacia que se había visto obligado á emplear para llegar hasta
+allí. En su rostro se veían las disculpas que de palabra no daba. Si
+atropellaba respetos, lo hacía con razón suficiente. Á par de estas
+cosas, se leía asimismo en el rostro varonil del Comendador la firme
+resolución de no salir de allí hasta que se le oyese.
+
+Doña Blanca se hizo al punto cargo de todo esto. Conocía tan bien á
+aquel hombre, que no necesitaba á veces oirle hablar para penetrar sus
+intenciones y sus sentimientos. Doña Blanca comprendió que lo menos malo
+era oirle; que no podía echarle, sin exponerse á dar el mayor de los
+escándalos. No quiso, sin embargo, aparecer desde luego resignada. Se
+alzó de su asiento, y antes de que el Comendador hablase, le dijo:
+
+--Váyase V., D. Fadrique, váyase V. ¿Qué palabras, qué explicaciones
+pueden mediar entre nosotros, que no produzcan una tempestad, sobre todo
+si nos hablamos sin testigos? ¿Para qué me busca V.? ¿Para qué me
+provoca? No podemos hablarnos; apenas si podemos mirarnos sin herirnos
+de muerte. ¿Es V. tan cruel, que desea matarme?
+
+--Señora --contestó el Comendador:-- si no creyese que cumplo un deber
+imperioso viniendo hasta aquí, no hubiera venido. Cuando penetro
+furtivamente en esta sala, es porque tengo razones suficientes para
+ello.
+
+--¿Qué razones alega V. para venir á turbar mi reposo?
+
+--El interés que me inspira un ser á quien me une estrechísimo lazo.
+
+--Muy disimulado, muy oculto ha tenido V. ese interés durante diez y
+seis años. No se ha acordado V. de ese ser hasta que por casualidad ha
+tropezado con él en su camino. Ha sido menester que salga V. de paseo
+con una sobrina suya, y que esta sobrina tenga una amiga, y que esta
+amiga vaya con ella, para que el amor paternal, que vivía latente y ni
+siquiera sospechado allá en las profundidades de su magnánimo corazón,
+se revele de pronto y dé gallarda y briosa muestra de sí. Si el acaso no
+nos hubiese traído á vivir en la misma población, ó si Clara no hubiese
+sido amiga de Lucía, aunque en la misma población viviésemos, su
+interés de V., su amor paternal, sus deberes imperiosos, confiéselo V.,
+dormirían tranquilos en el fondo de esa envidiable y harto cómoda
+conciencia.
+
+--Justo es que me moteje V. No debo defenderme. Confieso mi culpa. Voy,
+con todo, á tratar de explicarla y de atenuarla. Yo no podía sospechar
+que al lado de V., bajo el amparo de una madre cariñosa, corriese mi
+hija ningún peligro, hallase motivo para ser desventurada.
+
+--Su desventura no proviene de mí solamente. Su desventura proviene del
+pecado en que fué concebida, y del cual ni V. ni yo, que somos los
+pecadores, podemos salvarla ni redimirla.
+
+--Ella no es responsable: nadie es responsable de faltas que no comete.
+Esa transmisión es un absurdo. Es una blasfemia contra la soberana
+justicia y la bondad del Eterno.
+
+--No llevemos la conversación por ese camino, Sr. D. Fadrique. Si á V.
+le parece blasfemia lo que yo creo, impiedad y blasfemia me parece á mí
+cuanto V. dice y piensa. ¿Á qué, pues, hablar conmigo de Dios? Deje V. á
+Dios tranquilo, si por dicha cree en Él, allá á su modo. La desventura
+de mi hija, llámela V. fatal, llámela como guste, procede de su
+nacimiento. Pues qué, ¿no ha reconocido V. mismo esa desventura, al
+querer librar de ella á mi hija, haciendo un gran sacrificio, que yo le
+agradezco, pero que juzgo ya inútil?
+
+--Alguna verdad hay en lo que V. dice. Yo reconozco que Clara, sin
+culpa, estaba condenada por la suerte ó á sacrificarse ó á ser una
+usurpadora indigna.
+
+--Estamos de acuerdo, salvo que donde V. dice por la suerte, digo yo por
+el pecado, y no por el pecado de ella, sino por el pecado de otros. Esto
+es inicuo para V., que no acata los inescrutables designios de la
+Providencia. Esto es solo misterioso para mí. Por eso es lo mejor no
+tocar tales cuestiones. Hablemos de aquello en que convenimos.
+Convenimos en que Clara estaba, sin culpa suya, condenada á una pena.
+
+--Convenimos; pero convenga V. también en que yo la he libertado.
+
+--Si la ha libertado V., habrá sido por una serie de casos fortuitos:
+porque vió V. á Clara y la reconoció; porque Clara es bonita, ya que, si
+hubiera sido fea, no se hubiera V. entusiasmado tanto, ni la vanidad de
+padre hubiera provocado con ímpetu el amor de padre, y porque, en suma,
+tiene usted bastante dinero que dar, y halla V. un hidalgo con bastante
+poca vergüenza para tomarle sin motivo justificado.
+
+--Á mi vez suplico yo también á V. que no entremos en cuestiones
+inútiles. Yo no he venido aquí á discretear ni á filosofar.
+
+--Yo no discreteo ni filósofo. Digo lo que es cierto. El pecado no fué
+un acaso; no fué algo independiente de nuestro libre albedrío. El que
+usted haya encontrado á Clara; el que ella sea bonita, por donde juzga
+V. que no debe casarse con D. Casimiro ni ser monja, y el que tenga V.
+más de cuatro millones, no son cosas que de su voluntad de V. han
+dependido. Para V. son casuales, aunque por Dios estuviesen previstas y
+preparadas, como lo está cuanto ocurre en el universo.
+
+--Vamos, señora, no apure V. mi paciencia. Tan casual será todo eso,
+como el haber yo encontrado á V. en Lima, el que fuese V. bonita y el
+que yo no fuese un monstruo de feo. Lo que no fué casual, sino
+voluntario, fué la caída; pero tampoco es casual, sino voluntario, el
+rescate. Será casual, no dependerá de mi voluntad el tener cuatro
+millones; pero es voluntario, es mi voluntad misma el darlos. Clara, no
+por casualidad, sino por un acto libre, está ya rescatada del
+cautiverio, al cual, según V. juzga, y no sin razón, se hallaba sometida
+por otro acto, que no supongo que considere V. más voluntario, más
+reflexionado, más meditado y más deliberado con perfecta claridad en la
+conciencia.
+
+Hasta este punto el diálogo había sido de pie. Doña Blanca ni se sentaba
+ni ofrecía asiento al Comendador. Éste, después de un momento de pausa,
+porque Doña Blanca no respondió al punto á su último razonamiento, dijo
+con serenidad:
+
+--Mire V., señora: yo no quiero que disertemos ni que divaguemos.
+Tengo, no obstante, mucho que hablar; y para que la conferencia sea
+breve, importa proceder sin desorden. El desorden no se evita sino con
+la comodidad y el reposo. ¿No le parece á V., pues, que sería bueno que
+nos sentásemos?
+
+Doña Blanca siguió silenciosa, lanzó una mirada al Comendador, entre
+iracunda y despreciativa, y se dejó caer de nuevo en el sillón, como
+aplanada. Entonces se sentó el Comendador en una silla, y prosiguió
+hablando.
+
+--Mi resolución --dijo,-- es irrevocable. Sea por lo que sea: por un
+capricho, porque Clara es bonita, porque he tropezado con ella
+casualmente en mi camino, por lo que á V. se le antoje, yo la he
+rescatado. Todo lo que herede ella por muerte de su marido de V. lo
+gozará ya, con años de anticipación, el que debiera heredarle, si Clara
+no viviese. Viva, pues, Clara. Vengo á pedir á V. su vida.
+
+--Á lo que viene V. es á insultarme. ¿Mato yo acaso á Clara?
+
+--Lejos de mí el propósito de insultar á V. Sin querer, podría V. acaso
+matar á Clara, y esto es lo que vengo á evitar. Para ello estoy resuelto
+á apelar á todos los medios.
+
+--¿Me amenaza V.?
+
+--No amenazo. Declaro mi pensamiento sin rebozo.
+
+--¿Y qué me toca hacer, según V., para evitar que Clara muera?
+
+--Disuadirla de que sea monja.
+
+--Eso es imposible. Yo no creo que entrar monja sea morir, sino seguir
+la mejor vida.
+
+--Ya he dicho que no discuto, ni trato de teologías con V. Concedo,
+pues, que la vida del claustro es la mejor vida; pero es cuando hay
+vocación para seguirla; cuando no se va al claustro desesperada, casi
+loca, llena de desatinados terrores.
+
+--Vuelvo á repetir á V. que me deje, Sr. D. Fadrique. ¿Para qué hablar?
+Nos atormentaremos y no nos entenderemos. Usted llama terrores
+desatinados al santo temor de Dios, desesperación al menosprecio del
+mundo, y locura á la humildad cristiana y al recelo de caer en tentación
+y de faltar á los deberes. Usted considera muerte la vida que en este
+mundo se asemeja más al vivir de los ángeles. ¿Cómo, pues, hemos de
+entendernos? Usted me honra más de lo que merezco, pensando que me
+acusa, al suponer que yo he inspirado á mi hija tales ideas y tales
+sentimientos.
+
+--Por amor del cielo, mi señora Doña Blanca, yo no sé por quién conjurar
+á V., en nombre de quién suplicarle, que no involucre las cosas, que no
+me oiga con prevención, que atienda al bien de su hija, y que no dude
+de que yo vengo aquí, la molesto con mi presencia y la mortifico con mis
+palabras, sin prevención también, y sólo por el deseo de ese bien
+impulsado. ¿Cómo he de condenar yo el santo temor de Dios, el
+menosprecio del mundo, si es razonable, y la humildad cristiana, que nos
+lleva á desconfiar de nuestra flaca y pecadora naturaleza? Lo que yo
+condeno es el delirio. Concedería que Clara tomase el velo aun cuando no
+le tomase después de pensarlo reflexivamente; aun cuando lo tomase por
+un rapto fervoroso de devoción; pero lo que no concedo, lo que no
+consiento es que le tome en un arrebato de desesperación. Sería un
+suicidio abominable y sacrilego.
+
+--¿Y de dónde infiere V. que Clara está desesperada? ¿Quién se lo ha
+dicho á V.? ¿Qué motivos tiene ella para desesperarse?
+
+--Nadie me lo ha dicho. Basta mirar á Clara para conocerlo. Usted misma
+lo conoce. No disimule V. que lo conoce. Si no temiese V. hasta por su
+vida corporal, ¿no hubiera ya dejado que entrase en el convento? Al
+darle ahora la libertad que le da, ¿no lo hace V. excitada por el deseo
+de que su salud se mejore? En cuanto á los motivos de su desesperación,
+concretamente yo los ignoro; pero los percibo de cierta manera confusa.
+Usted la ha hecho dudar de sí más de lo que debiera: sin prever un
+resultado tan funesto, ha infundido V. en su espíritu que está
+predestinada á pecar si no busca asilo al pie de los altares. En suma,
+V. la ha envenenado con tal desconfianza, que ella, al sentir los
+latidos de su corazón juvenil y la lozanía de la vida en su verde
+primavera; al ver el fuego, si puro, ardiente de sus ojos; al oir la voz
+de la naturaleza, que la incita á que ame; al soñar acaso con lícitas
+venturas, logradas en este mundo al lado de un ser de su misma humana
+condición, se ha figurado que era presa de impuras pasiones, se ha
+creído perseguida por los monstruos del infierno, y para no ser ella un
+monstruo, ha querido refugiarse en el santuario.
+
+--Demos que todo eso sea exacto --replicó imperturbable Doña Blanca.--
+Demos que los hechos son los mismos para V. y para mí. La diferencia
+subsistirá siempre en la manera de apreciarlos. Si Clara se va al
+claustro, no ya por puro amor de Dios, sino por temor de ofenderle, por
+considerarse sobrado frágil para resistir las tempestades del mundo y
+por miedo de sí misma y del infierno, Clara, á mi ver, no desatina:
+Clara procede con recto juicio y consumada prudencia. Los motivos de su
+vocación para la vida religiosa, si no son los más elevados, son buenos.
+Lejos de mí el tratar de disuadirla, aunque pudiese. Á fin de que goce
+Clara una efímera é incierta dicha en la tierra, no he de oponerme yo á
+que tome el camino que más derechamente pueda llevarla al cielo. No por
+dar gusto á V. he de aconsejar yo á Clara, cuando la nave de su vida va
+á entrar ya en el puerto segurísimo y abrigado, que vuelva la proa y que
+se engolfe en el piélago borrascoso, donde puede zozobrar y hundirse con
+eterno hundimiento.
+
+--Sí --interrumpió el Comendador, harto ya,--lo mejor es que se muera
+para que se salve.
+
+--¿Y cómo negarlo? --respondió fuera de sí Doña Blanca.-- Más vale morir
+que pecar. Si ha de vivir para ser pecadora, para su eterna condenación,
+para su vergüenza y su oprobio, que muera. ¡Llévatela, Dios mío! Así me
+hubiera muerto yo. ¡Cuánto más me valiera no haber nacido!
+
+--Los mismos furores de siempre. Está V. como atormentada de un espíritu
+maligno. Yo me lo sabía. Yo tengo la culpa de todo. Yo hubiera debido
+robar á mi hija de la casa de V., y criarla conmigo, y hacerla dichosa,
+y darle mi nombre.
+
+--Bendito sea Dios porque no ha sido así. ¡Criada mi hija por un impío!
+¿Qué hubiera sido de ella? ¡Debe de ser repugnante una mujer sin
+religión!
+
+-No sé lo que será una mujer sin religión, ni hubiera sido mi propósito
+que mi hija no la tuviera. Lo que sé es que una mujer exaltada por el
+fanatismo religioso puede hacerse insufrible.
+
+--¡Qué feliz sería yo si tal hubiera aparecido á los ojos de V. desde
+el principio! ¡Cuántos males se hubieran evitado! Pero V. pensaba
+entonces de otra manera, y me persiguió con constancia, me pretendió con
+terquedad, y no hubo medio de seducción, ni mentira, ni engaño, ni
+blandura de regaladas palabras, ni encarecimiento de amante que muere de
+amor, ni promesa de darme toda el alma, que V. no emplease para vencer
+mi honrado desvío. Llegó V. á alucinarme hasta el extremo de anhelar yo
+perderme por salvar á V. ¡Aquél sí que fué delirio! ¿Pues no llegué á
+soñar con que, cayendo yo, iba á ganar su alma de V. y á sacarla de la
+impiedad en que estaba sumida? ¿Pues no me desvanecí hasta el punto de
+creer que, incurriendo con V. en el pecado, había de levantarle y
+traerle luego conmigo en la purificación y en la penitencia? ¿De qué
+artificios no se vale el demonio para envolvernos en sus redes? Yo
+estaba ciega. Creí ver en V. un hombre extraviado que me enamoraba, que
+estaba prendado de mí, á quien por amor mío iba yo á cautivar el alma,
+haciéndola capaz de más altos amores. No advertí que ni siquiera era V.
+capaz del bajo y criminal amor de la tierra. Usted buscaba sólo la
+satisfacción de un capricho, un goce fácil, un triunfo de amor propio.
+V. creyó que, una vez vencido mi desvío, que después de un instante de
+pasión y de abandono, todo sería paz, todo lo olvidaría yo por V., para
+que V. me hallase siempre sumisa, alegre, con la risa en los labios. V.
+imaginó que yo iba á matar en mi alma todo remordimiento, toda
+vergüenza, toda idea del deber á que había faltado, todo temor de Dios,
+todo respeto á mi honra, todo sentimiento amargo de su pérdida, todo
+miedo á las penas del infierno, todo aguijón en la conciencia. Se
+equivocó V., y por eso le parecí insufrible. Era V. dueño de mi alma;
+pero, así como en tierra de valientes y generosos, que jamás olvidan lo
+que deben á su patria, sólo posee el feroz conquistador la tierra que
+pisa, así V. no me poseía sino cuando hasta de mí misma me olvidaba.
+Cuando no, me alzaba yo contra V., trataba de limpiar mi culpa con la
+penitencia, y luchaba siempre por libertarme. ¿Cuánto, no obstante,
+hubiera debido enorgullecer á V. cada una de sus victorias, aun siendo
+impío, si hubiera V. acertado á comprender la grandeza sublime y
+tempestuosa de las grandes pasiones? Horribles eran aquellas frecuentes
+luchas; pero V., cuando triunfaba, triunfaba, no sólo de mí, sino de los
+ángeles que me asistían; de mi fe profunda; del cielo, á quien yo
+invocaba; del principio del honor arraigado en mi alma, y de mi
+conciencia acusadora y severa contra mí misma. V., que sólo buscaba
+alegría y deleite, se fatigó de luchar. Así me liberté del cautiverio
+infame. Alabado sea Dios, que lo dispuso. Alabado sea Dios, que ha
+castigado después tan justamente mi culpa; pero, se lo confieso á V.,
+el castigo que más me ha dolido siempre, el que más me duele todavía, es
+el tener que despreciar al hombre que he amado. Ya lo sabe V. Usted me
+halla insufrible: yo le hallo á V. despreciable. Váyase de aquí. Salga
+de aquí, ó haré que le echen. ¿Quiere V. delatarme? ¿Quiere V.
+declararme culpada? Hágalo. No temo ya desventura ni humillación, por
+grande que sea. Sépalo V. de una vez para siempre: me alegro de que
+Clara entre en un convento. No seré tan vil, que por miedo de V. falte á
+mi deber inculcándole lo contrario. Ahora, márchese; salga de mi casa;
+déjeme tranquila.
+
+Doña Blanca, puesta de pie otra vez, con ademán imperioso, señalando la
+puerta con la mano, expulsaba al Comendador. ¿Qué había de hacer, qué
+había de contestar éste? Doña Blanca pareció frenética á los ojos del
+Comendador, lleno de piedad y casi de susto. Temió ser cruel y mal
+caballero si respondía. Guardó silencio. Vió el asunto perdido, al menos
+por aquel lado, y no quiso prolongar más el doble martirio.
+
+Don Fadrique inclinó la cabeza y salió de la sala harto apesadumbrado.
+Apenas se vió en la antesala, bajó la escalera, abrió la puerta del
+zaguán y se lanzó á la calle, respirando con delicia el ambiente, como
+quien se está ahogando y logra sacar la cabeza del agua en que se
+hallaba sumergido.
+
+
+
+
+XXV
+
+Á pesar de su optimista y regocijada filosofía; á pesar de su propensión
+natural á reir y á ver las cosas por el lado cómico, D. Fadrique estuvo
+todo aquel día meditabundo, callado, con una seriedad melancólica harto
+extraña en él.
+
+Á la hora de comer apenas probó bocado; apenas si habló con su hermano,
+con su cuñada y con su sobrina, los cuales, cada uno por su estilo, le
+agasajaban mucho.
+
+Don José era un señor excelente, que no hacía más que cuidar de su
+hacienda, jugar á la malilla en la reunión de la botica y dar gusto á
+Doña Antonia.
+
+Esta señora tenía una pasta de las mejores: cuidaba de la casa con
+esmero, cosía y bordaba. Era buena cristiana, iba á misa todos los días
+y rezaba el rosario con los criados todas las noches; pero en todo ello
+había algo de maquinal, de fórmula, costumbre ó rutina, sin que Doña
+Antonia se metiese en honduras religiosas. Sólo salía algo de sus
+casillas y mostraba cierto entusiasmo apasionado en favor de la Virgen
+de Araceli, de Lucena (Doña Antonia era lucentina), prefiriéndola á las
+otras Vírgenes y hallándola más milagrosa.
+
+En cuanto á director espiritual, Doña Antonia tenía á un capuchino
+fervoroso y elocuente, cuya fama eclipsaba entonces la del P. Jacinto,
+el cual, como más tibio en el predicar y en el reprender, no hacía
+tantas conversiones ni traía al redil tantas ovejas descarriadas como su
+cofrade barbudo.
+
+Lucía tenía por confesor al P. Jacinto, y se llevaba tan bien con su
+madre, que las únicas discusiones que había entre ellas eran sobre los
+méritos de sus respectivos confesores. Por lo demás, como Doña Antonia
+no tenía voluntad ni opinión, y de todo se le importaba lo mismo,
+francamente no era gran prueba de sumisión y deferencia en Lucía el no
+discutir nunca con su madre, salvo sobre el capuchino, y alguna que otra
+vez, aunque raras, acerca de la Virgen de Araceli. Lucía no era muy
+devota, y careciendo de otra Virgen predilecta, concedía pronto á su
+madre la superior excelencia de la suya.
+
+La única causa de disidencia era, pues, el P. Jacinto, en quien Lucía
+hallaba superior entendimiento é ilustración; mas al cabo, como buena
+hija que era, y á fin de contentar á su madre, declaraba que el
+capuchino había reunido á un sinnúmero de malos casados, que andaban
+campando por sus respetos y viviendo aparte engolfados en mil
+marimorenas, y había logrado que no pocos pecadores y pecadoras dejasen
+las malas compañías y peores tratos, é hiciesen vida ejemplar y
+penitente: de todo lo cual podía jactarse muchísimo menos el P. Jacinto;
+de donde infería Lucía que el capuchino era mejor director espiritual de
+los extraviados, y el P. Jacinto mejor director de los que estaban en el
+buen sendero ó dentro del aprisco. El uno valía para vencer y reducir á
+la obediencia á los rebeldes; el otro para gobernar sabia y blandamente
+á los sumisos.
+
+Con esto se aquietaba Doña Antonia y vivía en santa y dulce paz con su
+hija, á quien había enseñado todas sus habilidades caseras, reconociendo
+la maestra, sin envidia y con júbilo, que casi siempre se le aventajaba
+ya la discípula. Lucía bordaba con todo primor, en blanco, en seda y en
+oro; hacía calados, pespuntes y vainicas como pocas, y en guisos y
+dulces nadie se le ponía delante, que no saliera con la ceniza en la
+frente. Sólo resplandecía aún la superioridad de Doña Antonia en las
+faenas de la matanza. Era un prodigio de tino en el condimentar y
+sazonar la masa de los chorizos, morcillas, longanizas y salchichas; en
+adobar el lomo para conservarle frito todo el año, y en dar su
+respectivo saborete, con la adecuada especiería, á las asaduras, que ya
+compuestas llevan siempre el nombre de pajarillas, sin duda porque
+alegran las pajarillas de quien las come, y á los riñones, mollejas,
+hígado y bazo, que se preparan de diverso modo, con clavo, pimienta y
+otras especies más finas, excluyendo el comino, el pimentón y el
+orégano.
+
+El lector no ha de extrañar que entremos en estos pormenores. Convenía
+decirlos, y, distraídos con la acción principal, no los habíamos dicho.
+
+El niño mayorazgo, hijo de D. José y de Doña Antonia, había ido, hacía
+poco, al Colegio de guardias marinas de la isla, con buenas cartas de
+recomendación de su señor tío.
+
+Doña Antonia andaba siempre con las llaves de una parte á otra, ya en la
+repostería, ya en la despensa, ya en la bodega del aceite, ya en la del
+vino, ya en la del vinagre.
+
+La casa tenía todo esto, como casa de labrador, á par que de señores,
+pues D. José, al trasladarse á la ciudad, había traído á ella muchos de
+sus frutos para venderlos con más estimación y darles más fácil salida.
+
+Don José, cuando no hacía cuentas con el aperador, ó bien oía á los
+caseros, que venían á verle y á informarle de todo desde las caserías, ó
+se largaba á la botica, donde había tertulia perpetua y juego por
+mañana, tarde y noche.
+
+Resultaba, pues, que el Comendador, salvo á las horas de las tres
+comidas, y un rato de noche, cuando había tertulia, á la cual no
+faltaba jamás D. Carlos de Atienza, se hallaba en una grata y apacible
+soledad, no interrumpida sino por la rubia sobrina, la cual le buscaba
+siempre, preguntándole qué había de nuevo respecto á Clara.
+
+Don José y Doña Antonia, que estaban en Babia, nada sabían de los
+disgustos y cuidados del Comendador. Lucía los sabía á medias; distando
+infinito de presumir, á pesar de sus hipótesis, que Clara estaba ligada
+á su tío con vínculo tan natural.
+
+Los criados de la casa y el público todo seguían desorientados en punto
+á D. Carlos de Atienza. Viéndole joven, elegante y lindo, que venía con
+frecuencia á la casa, y que cuchicheaba siempre con Lucía, supusieron
+con visos de fundamento que era su novio, y ya en la casa le apellidaban
+el novio de la señorita.
+
+Tal era la situación de cada uno de los personajes secundarios de esta
+historia cuando el Comendador, después de su entrevista con Doña Blanca,
+se hallaba tan desazonado.
+
+Durante la comida le colmaron de cuidados, creyéndole indispuesto. Doña
+Antonia supuso que tendría jaqueca y le excitó á que fuese á reposar. D.
+José, después de decirle lo mismo, se largó á la botica. Lucía, con más
+vivo interés, trató de informarse mil veces de la causa del disgusto de
+su tío; pero no consiguió nada.
+
+El Comendador, á sus solas, no hacía más que pensar sobre su diálogo
+con Doña Blanca, y concebir los más encontrados pensamientos, aunque
+siempre poco gratos.
+
+Ya se le figuraba que dicha señora tenía un orgullo satánico, un genio
+infernal, y entonces se culpaba á sí mismo de no haberle robado á la
+hija; de haberla dejado en su poder para que la enloqueciera y la
+hiciera desgraciada. Ya imaginaba, por el contrario, que, desde su punto
+de vista, Doña Blanca tenía razón en todo.
+
+El Comendador entonces calificaba su persecución en pos de Doña Blanca y
+su victoria ulterior (que en otro tiempo había mirado como una ligereza
+perdonable, como una bizarría de la mocedad) de conducta inicua y
+malvada á todas luces, aun juzgada por su criterio moral, lleno de
+laxitud en ciertas materias.
+
+--Por cierto que no merezco perdón --se decía D. Fadrique.-- La maldita
+vanidad me hizo ser un infame. ¡Había tantas mujeres guapas cuando yo
+era mozo, á quienes cuesta tan poco otro tropiezo, una caída más ó
+menos! ¿Por qué, pues, no siendo arrastrado por una pasión vehemente,
+que ni siquiera tengo esta excusa, ir á turbar la paz del alma de
+aquella austera señora? Tiene razón sobrada. Soy digno de que me
+aborrezca ó me desprecie. Lo único que mitiga un tanto la enormidad de
+mi delito es la mala opinión que tenía yo entonces de casi todas las
+mujeres. No me cabía en la cabeza que ninguna pudiera (después sobre
+todo) tomar tan por lo serio los remordimientos, la culpa... En fin, yo
+no preví lo que pasó después. Si lo hubiera previsto... me hubiera
+guardado bien de pretender á Doña Blanca. Aunque no hubiera habido otra
+mujer en la tierra... su corazón hubiera quedado entero para D.
+Valentín, sin que yo se le robara. Pero nada... ¡esta picara costumbre
+de reir de todo... de no ver sino el lado malo! Me gustó... me
+enamoró... eso sí... yo estaba enamorado... y como creí que la
+gazmoñería era sal y pimienta que haría más picante y sabroso el logro
+de mi deseo, y que luego se disiparía, insistí, porfié, hice
+diabluras... sí... hice diabluras: creé dentro de su conciencia un
+infierno espantoso; por un liviano y fugitivo deleite dejé en su
+espíritu un torcedor, una horrible máquina de tormento, que sin cesar le
+destroza el pecho, diez y siete años hace. ¡Como tengo este carácter tan
+jocoso!... Las cañas se volvieron lanzas. La burla fué pesada. Pero
+¡Dios mío... si yo no podía sospecharlo! Aunque me lo hubieran asegurado
+mil y mil personas, no lo hubiera creído. Lo repito, no cabía en mi
+cabeza. Yo no comprendía arrepentimiento tan feroz y tan persistente,
+simultáneo casi con el pecado. Yo no había medido toda la violencia de
+una pasión que, á pesar del grito airado y fiero de la conciencia, que
+á despecho del sangriento azote con que el espíritu la castiga, rompe
+todo freno y sale vencedora. Cuando exclamaba ella, casi rendida ya á mi
+voluntad, cayendo entre mis brazos, doblándose quebrantada al toque de
+mis labios, recibiendo mis besos y mis caricias, cediendo á un impulso
+irresistible, y no obstante luchando: "¡Dios mío, mátame antes que caiga
+de tu gracia! ¡Prefiero morir á pecar!;" cuando decía esto, que hoy ha
+repetido á propósito de su hija, no me inspiraba compasión, no me
+apartaba de mi mal propósito; antes bien era espuela con que aguijoneaba
+mi desbocado apetito. ¡Cuán hermosa me parecía entonces, al pronunciar,
+con voz entrecortada por los sollozos, aquellas palabras, á las cuales
+yo no prestaba sino un vago sentido poético, y en cuya verdad profunda
+yo no creía! Hasta la dulzura de su misma religión se maleaba y viciaba
+en mi mente, interpretada por mi concupiscencia, y quitaba á mis ojos
+todo valor á aquella desolación suya, á aquella angustia con que miraba
+y repugnaba la caída, sin hallar fuerzas para evitarla. Yo me atrevía á
+decidir que no era tan gran mal el que tenía tan fácil remedio. Yo me
+convertía en redentor del alma que cautivaba y en salvador del alma que
+perdía, parodiando la sentencia divina y diciendo en mi interior:
+"Levántate: estás perdonada, por lo mucho que has amado." ¡Ah, cielos!
+¿Por qué ocultármelo? Procedí con villanía. Era yo tan bajo y tan vil,
+que no comprendí nunca el vigor, la energía de la pasión que sin
+merecerlo había excitado. Era yo como salvaje que, sin conocer un arma,
+la dispara y hiere de muerte. La grandeza y la omnipotencia del amor me
+eran tan desconocidas como la persistencia y el indómito poderío de una
+conciencia recta, que acepta el deber y le cumple, ó jamás se perdona si
+no le cumple. ¿Será que soy un miserable? ¿Tendrán razón los frailes y
+los clérigos al sostener que no hay verdadera virtud sin religión
+verdadera?
+
+De esta suerte se atormentaba D. Fadrique en afanoso soliloquio, en que
+volvía cien y cien veces á repetirse lo mismo.
+
+El que no viniese el P. Jacinto á hablar con él inspiraba al Comendador
+la mayor inquietud. Varias veces se asomó al balcón de su cuarto, que
+daba á la calle, á ver si le veía salir de casa de Doña Blanca. Varias
+veces salió á la calle y fué hasta el convento de Santo Domingo, aunque
+estaba lejos, á preguntar si el P. Jacinto había vuelto. El P. Jacinto
+no parecía en parte alguna.
+
+Á la caída de la tarde, estando D. Fadrique en su estancia, oyó pisadas
+de caballos que paraban cerca. Salió al balcón y vió apearse á D.
+Valentín, que volvía de la casería.
+
+Llegó la noche y no pareció el P. Jacinto.
+
+Don Fadrique echaba á volar su imaginación con vuelo siniestro. Hacía
+las suposiciones más extrañas y dolorosas. --¿Qué habrá sucedido?-- se
+preguntaba.
+
+Á las ocho de la noche, por último, el Comendador vió aparecer al P.
+Jacinto bajo el dintel de la puerta de su cuarto.
+
+Al verle, le dió un vuelco el corazón. El padre traía la cara más grave
+y melancólica que había tenido en su vida.
+
+--¿Qué es esto? ¿Qué pasa? --dijo el Comendador.--¿Dónde ha estado V.
+hasta ahora?
+
+--¿Dónde he de haber estado? En casa de Doña Blanca, donde hice mal y
+remal en introducirte traidoramente. ¡Buena la has hecho! ¿Qué demonios
+te aconsejaron cuando hablabas? ¿Qué dijiste á la infeliz? ¡Vaya un
+berrinche que ha tomado! Está mala. ¡Dios quiera que no se ponga peor!
+
+El Comendador se mostró consternado, se quedó mudo. El fraile añadió:
+
+--Clarita es una santa. Allí la dejo cuidando á su madre. No sé para qué
+todas estas desazones. La chica está resuelta, firmemente resuelta. Todo
+es inútil. Bien hubiera podido evitarse tu endemoniada conversación con
+la madre. Tiempo es de evitar aún que te arruines á tontas y á locas.
+
+El Comendador, recobrando el habla, respondió:
+
+--Lo hecho, hecho está. Yo no gusto de arrepentirme. Yo no deshago mis
+promesas. Yo no me vuelvo atrás nunca. Lo que prometí á D. Casimiro y él
+ha aceptado, tiene que cumplirse. Pero, ¿qué enfermedad es esa de Doña
+Blanca? ¿Sigue Clara poseída de su lúgubre locura? Voto á todos los
+demonios y condenados que hay en el infierno, que jamás hubiera yo
+podido soñar que iba á ser víctima de tan enrevesados sentimentalismos.
+
+El Comendador se paseaba á largos pasos por la estancia. El padre le
+miraba con pena y algo aturdido.
+
+En esto, Lucía, que había visto entrar al padre, asomó la rubia y linda
+cabeza á la puerta, que había quedado entornada, y dijo con dulce
+ansiedad.
+
+--Tío, ¿qué hay de nuevo?
+
+--Nada, niña. Por Dios, déjanos en paz ahora que vamos á tratar asuntos
+muy graves.
+
+Lucía se retiró, lastimada de inspirar tan poca confianza.
+
+
+
+
+XXVI
+
+Cuando el padre y el Comendador se quedaron solos de nuevo, cerró éste
+la puerta é interrogó al padre en voz baja sobre lo que había oído á
+Doña Blanca, sobre lo que había hablado con Clarita; pero nada sacó en
+limpio.
+
+El P. Jacinto parecía otro del que antes era. Mostrábase preocupado;
+buscaba evasivas para no contestar á derechas: sus misterios y
+reticencias daban á su interlocutor una confusa alarma.
+
+Al fin tuvo D. Fadrique que dejar partir al fraile, sin averiguar nada
+más que lo que ya sabía.
+
+Aquella noche no salió de su cuarto; no quiso ver á nadie; pretextó
+hallarse indispuesto, para encerrarse y aislarse.
+
+Se pasaron horas y horas, y aunque se tendió en la cama, no pudo dormir.
+Mil tristes ideas le atormentaban y desvelaban.
+
+Rendido de la fatiga, se entregó al sueño por un momento; pero tuvo
+visiones aterradoras.
+
+Soñó que había asesinado á Doña Blanca, y soñó que había asesinado á su
+hija. Ambas le perdonaban con dulzura, después de muertas; pero este
+perdón tan dulce le hacía más daño que las punzantes palabras que aquel
+día había escuchado de boca de su antigua querida. Ésta y Clara se
+ofrecían á su imaginación con la palidez de la muerte, con los ojos
+fijos y vidriosos, pero como triunfantes y serenas, subiendo lentamente
+por el aire, hacia la región del cielo, y entonando un antiguo himno
+religioso, que siempre había atacado los nervios y contrariado los
+sentimientos harto gentílicos del Comendador por su fúnebre ternura, por
+su identificación del amor y de la muerte, y por su misantrópica
+exaltación del ser del espíritu por cima de todo deleite, contento,
+esperanza, consolación ó bien posible en la tierra.
+
+Las mujeres, que iban subiendo al cielo, cantaban; y D. Fadrique oía, á
+través del ambiente tranquilo, los últimos versos del himno, que decían:
+
+ _Mors piavit, mors sanavit
+ Insanatum animum_
+
+Con estos dos versos en la mente se despertó D. Fadrique.
+
+Apenas se hubo vestido, oyó que daban golpecitos á la puerta.
+
+--¿Quién es? --preguntó?
+
+--Soy yo, tío --dijo la dulce voz de Lucía.-- Tengo que hablar con V.
+¿Puedo entrar?
+
+--Entra, --contestó el Comendador con bastante zozobra de que Lucía
+trajese malas noticias.
+
+La cara de Lucía estaba demudada. Los ojos algo encarnados, como si
+hubiesen vertido lágrimas.
+
+--¿Qué hay? --dijo D. Fadrique.
+
+--Que Doña Blanca está muy mala. Clara me escribe diciéndomelo, y me
+ruega que haga la caridad de ir á acompañarla.
+
+--¿Y se sabe qué tiene Doña Blanca?
+
+--Yo, tío, no lo sé. El mal ha venido de súbito. La criada, que me trajo
+la carta de Clarita, dijo que su ama cayó enferma como herida por un
+rayo; que eso es verdad, la señora estaba delicada, pero que al fin lo
+pasaba regular, como casi todos, cuando de repente, cual si hubiera
+tenido alguna aparición de los malos y hubiera peleado con ellos, cayó
+en tal postración, que ha sido menester ponerla en la cama, donde está
+aún con calentura.
+
+Don Fadrique sintió un frío repentino, que discurría por todo su cuerpo
+y que hasta los huesos le penetraba. Imaginó que se le erizaban los
+cabellos. Se inmutó; pero con habla interior dijo para sí:
+
+--En efecto, ¿habré sido tan brutal que la haya asesinado?
+
+Notando después que Lucía no tenía más que decir y aguardaba respuesta,
+el Comendador hizo un esfuerzo para aparentar serenidad, y dijo á su
+sobrina:
+
+--Ve, hija mía; ve á cumplir con ese deber de caridad y de amistad para
+con Clarita. Procura consolarla. ¡Ojalá que el padecimiento de Doña
+Blanca no tenga peores consecuencias!
+
+--Voy volando, --replicó Lucía.
+
+Y sin aguardar más, con la venia de su madre, que ya tenía, bajó la
+escalera y se fué á la casa inmediata.
+
+
+
+
+XXVII
+
+La sobrina del Comendador tenía tan alegre carácter como su tío. Era,
+por naturaleza, tan optimista como él. Casi todo lo veía de color de
+rosa; pero, compasiva y buena, tomaba pesar por los males y disgustos de
+los otros, si bien procurando más consolarlos ó remediarlos que
+compartirlos.
+
+Con esta disposición de ánimo entró Lucía á ver á Clara. Apenas se
+vieron, se abrazaron estrechamente.
+
+Clara, al contrario de Lucía, era melancólica, vehemente y apasionada,
+como su madre. Sobre esta condición del carácter, que era ingénita en
+ella, la educación severísima de Doña Blanca, su continuo hablar de
+nuestra perversidad nativa, su concepto del mundo y del vivir como valle
+de lágrimas y tiempo de prueba, y su terror de la eterna condenación y
+de lo fácil que es caer en el pecado, habían difundido por toda el alma
+de Clara una sombra de amarga tristeza y de medrosa desconfianza. Por
+dicha, Clara carecía de aquel orgullo, de aquel imperio de su madre, y
+el lado obscuro y tenebroso de su espíritu estaba suavemente iluminado
+por un rayo celeste de humildad, resignación y mansedumbre.
+
+Clara era mil veces más amante que su madre, y se abandonaba á la
+dulzura de amar, si bien con recelo siempre de pecar amando.
+
+Ambas amigas se hallaban en un cuarto contiguo á la alcoba de Doña
+Blanca.
+
+El cuitado de D. Valentín no sabía qué hacer: andaba inquieto; bullía de
+un lado á otro, sin atreverse á entrar en la alcoba de su mujer para que
+no le despidiese á gritos, porque venía á turbar su reposo, y sin
+atreverse tampoco á no estar allí cerca para que su mujer no le acusase
+de indiferente, egoísta y desalmado, que no miraba con interés sus
+males, y ni siquiera preguntaba por su salud. En esta perplejidad, D.
+Valentín entraba y salía; asomaba de vez en cuando la nariz á la alcoba,
+á ver si le veía Doña Blanca y le decía que entrase, y, sin decidirse á
+entrar, mientras no alcanzaba la venia, preguntaba á Clara por su madre,
+ni en voz muy alta para que Doña Blanca se incomodase, ni en voz muy
+baja para que fuera posible que Doña Blanca le oyese y comprendiese que
+su marido cuidaba de ella y no era un hombre sin entrañas.
+
+Este procedimiento prudentísimo no le valió, sin embargo. Ya una vez,
+como repitiese con harta frecuencia lo de asomar la nariz á la puerta
+de la alcoba, Doña Blanca había dicho:
+
+--¿Qué haces ahí? ¿Vienes á molestarme? Pareces un buho que me espanta
+con sus ojos. Déjame en paz, por Dios.
+
+Poco después se descuidó algo D. Valentín, alzó la voz demasiado al
+preguntar á Clara por su madre, y ésta exclamó desde la alcoba:
+
+--¡Qué pesadilla de hombre! Se ha propuesto no dejarme descansar. ¡Si
+parece que está hueco! Valentín, habla bajo y no me mates.
+
+D. Valentín salió entonces zapeado de la estancia en que se hallaban
+Clara y Lucía, y las dejó solas.
+
+Aunque Doña Blanca era buena cristiana, estos raptos de mal humor contra
+su marido se comprenden y explican como en cierto modo independientes de
+su voluntad. Doña Blanca no había encontrado en él ni un átomo de la
+poesía, ni una chispa de las sublimidades que había soñado hallar, en su
+inexperiencia, en el hombre á quien dió su mano, siendo aún muy niña.
+Luego, hacía diez y siete años, no veía ella en D. Valentín sino un
+hombre cuya serenidad era el perpetuo sarcasmo de las borrascas de su
+corazón; cuya unión con ella había hecho que lo que pudo ser un bien
+lícito, una felicidad santificada, fuese un pecado abominable, y cuya
+salud corporal parecía una burla de los achaques y padecimientos que á
+ella la atormentaban. Hasta la paciencia con que D. Valentín la sufría
+era odiosa á Doña Blanca, cual si implicase bajeza, gana de no
+incomodarse por no molestarse, desdén ó menosprecio.
+
+En balde procuraba Doña Blanca formar mejor opinión de su marido, á fin
+de respetarle, como reflexivamente conocía que era su deber: Doña Blanca
+no lo lograba. Las mejores prendas de alma de D. Valentín, con
+intervención quizás de algún demonio astuto, se trocaban, en el alma de
+Doña Blanca, en defectos ridículos. En balde pedía á Dios Doña Blanca
+que le concediese, ya que no amar, estimar á su marido. Dios no la oía.
+
+Zapeado, pues, D. Valentín, Doña Blanca quedó sola en la alcoba,
+abismada, sin duda, en sus hondos y amargos pensamientos, y Clara y
+Lucía, casi al oído la una de la otra, hablaron así:
+
+--¿Qué ha dicho el médico, Clara? ¿Qué tiene tu madre? --preguntó Lucía.
+
+--El médico hasta ahora --respondió Clara,--no ha dicho más que lo que
+cualquiera de nosotros ve y comprende: que mi madre tiene calentura;
+pero la calentura es sólo síntoma de un mal que el médico desconoce aún.
+Anoche la calentura fué muy fuerte y nos asustamos mucho. Hoy de mañana
+ha cedido.
+
+--Vamos, Clarita, ya veo que exageraste en tu carta y me alarmaste sin
+motivo. Tu madre se curará pronto. Apuesto que la causa de toda su
+indisposición ha sido alguna rabieta que ha tenido con D. Valentín.
+
+--Pues te equivocas. Mi madre no ha tenido la menor rabieta con nadie en
+todo el día de ayer. Papá estuvo en el campo.
+
+--Entonces se concibe que no rabiase con él. ¿Y contigo no rabió?
+
+--Hace días que mi madre está dulcísima conmigo. Te repito que ayer no
+se sofocó mamá con nadie; no riñó á ninguna criada; estuvo apacible y
+silenciosa.
+
+Clara, si bien era una criatura de singular despejo, se forjaba la
+extraña ilusión de que una buena madre de familia tenía forzosamente que
+rabiar, y así no decía nada de lo dicho para censurar á su madre, sino
+candorosamente.
+
+Lucía no insistió en buscar el origen del mal de Doña Blanca: se inclinó
+á creer que este mal era pequeño, á fin de no tener que afligirse; y
+volviendo la conversación hacia otros puntos, preguntó á su amiga:
+
+--Clara, ¿sigues firme en tu resolución de tomar el velo?
+
+--Estoy más resuelta que nunca. Una voz misteriosa me grita en el fondo
+del alma que debo huir del mundo; que el mundo está sembrado de peligros
+para mí.
+
+--Confieso que no te entiendo. ¿Qué peligros tendrá el mundo para tí,
+que para los demás no tenga?
+
+--¡Ay, querida Lucía; el desorden de mi espíritu, los extraños impulsos
+de mi corazón, la violencia de mis afectos!
+
+--Pero, muchacha, ¿qué violencia, ni qué desorden es ese? Yo no hallo
+desordenado ni violento el que ames á D. Carlos, que es muy guapo y
+joven, y el que no gustes de D. Casimiro, que es viejo y feo. Esto me
+parece naturalísimo.
+
+--Será natural, porque la naturaleza es el pecado.
+
+--¿Dónde está el pecado?
+
+--En desobedecer á mi madre, en engañarla, en haber atraído á D. Carlos
+con miradas amorosas y profanas, en complacerme en que guste de mí y en
+que me persiga, en desear que siga queriéndome hasta en este instante,
+cuando ya estoy decidida á no ser suya. En suma, Lucía, mi alma es un
+tejido de marañas y de enredos, que el mismo diablo trama y revuelve.
+Además, yo he prometido á mi madre que seré monja, y para que lo sea, ha
+despedido ella á D. Casimiro. ¿Cómo faltar ahora á mi promesa, burlarme
+de mi madre y hasta de Cristo, á quien he dado palabra de esposa? ¿Qué
+infamia me propones?
+
+--Es verdad, hija mía: el caso es apurado; pero ¿quién te mandó que
+dijeses que querías ser monja y que lo prometieses? ¿Por qué no
+declaraste con valor á tu madre que no querías á D. Casimiro y que no
+querías ser monja tampoco?
+
+--Bien sabe Dios --respondió Clara,-- que deseo desahogarme contigo,
+depositar en tu amistoso corazón el secreto de mi infortunio,
+confiártelo todo; pero yo misma no me comprendo sino de un modo
+imperfecto, y lo que de mí misma comprendo está tan enmarañado, que no
+encuentro palabras para explicártelo. Siento la razón y causa de todas
+mis acciones, y no las percibo bien para exponerlas. Quiero, no
+obstante, sincerarme y tratar de probarte que no es absurda mi conducta.
+Voy á ver si lo consigo. Yo he amado, yo amo aún á D. Carlos de Atienza.
+Yo detesto á D. Casimiro. Esto es verdad; pero mi amor por D. Carlos y
+mi odio á D. Casimiro no han tenido jamás la suficiente energía para
+hacerme arrostrar la cólera de mi madre, declarándole que amaba al uno y
+odiaba al otro. Así, pues, te aseguro que durante meses he estado
+resignada á sofocar en mi alma el naciente amor á D. Carlos y á casarme
+con D. Casimiro para ser una hija obediente. Hubiera yo preferido á todo
+ser esposa de Cristo; pero me consideraba indigna. Para ser mujer de D.
+Casimiro me sentía con fuerzas. Yo esperaba vencer mi fatal inclinación
+á D. Carlos, y, logrado esto, ser modelo de casadas: cuidar al achacoso
+D. Casimiro, y hasta quererle, imponiéndome como deber el cariño.
+Hallándome de esta suerte, nuevos y extraños sentimientos han combatido
+mi alma y han hecho que mi espíritu dude más de sí. Me he llenado de
+terror. En mi humildad, no me he creído digna ni de ser mujer de D.
+Casimiro. Me he espantado de mi flaqueza, de la perversidad de mis
+inclinaciones, y entonces he pensado en refugiarme en el claustro.
+Juzgándome menos digna que antes de ser esposa de Cristo, he pensado en
+la infinita bondad de aquel Soberano Señor, padre de las misericordias,
+y he comprendido que, aun siendo yo indigna de todo, podía acudir á Él y
+refugiarme en su seno, segura de que no me rechazaría, de que me
+acogería amoroso, purificándome y santificándome con su gracia.
+
+--Tú me hablas de nuevos y extraños sentimientos, pero sin decir cuáles
+son --dijo Lucía.-- Aquí hay un misterio que no me dejas penetrar.
+
+--¡Ay! --exclamó Clara,-- apenas si yo le penetro. ¿Cómo declarártele?
+Mira, Lucía, yo conozco que amo siempre á D. Carlos. Si me finjo en
+completa libertad de elegir mi vida, me parece que mi elección será ser
+mujer de D. Carlos. Su talento, su bondad, su delicada ternura, me hacen
+presentir que sería yo dichosa viviendo á su lado. Te lo confesaré. Á
+pesar del horror que mi madre ha sabido inspirarme á la complacencia de
+los sentidos, la imagen material de D. Carlos, su porte, la gallardía
+de su cuerpo, la elegancia y pulcritud de su vestido, el fuego de sus
+ojos y la viva animación de su semblante y la frescura de su boca me
+atormentan y me hieren, y me distraen de mis piadosas meditaciones.
+
+--Te lo repito, Clarita: en nada de eso veo yo la obra del diablo; en
+nada descubro influencias sobrenaturales: todo es naturalísimo. Y si,
+como tú afirmas, la naturaleza es el pecado, bien es menester, ó que
+Dios nos dé medios sobrenaturales para vencerla, ó que nos perdone con
+muchísima generosidad cuando ella nos venza. ¿Dónde están esos
+sentimientos singulares que te perturban?
+
+--Lucía, tú hablas con suma ligereza. Tus razones tienen no sé qué fondo
+de impiedad. Me da miedo. Mi madre no se engañaba. El trato, la
+conversación con tu tío debe de ser muy peligrosa.
+
+--No disparates, Clara. Á mi tío no se le ha ocurrido jamás darme
+lecciones de impiedad. Si lo que yo sostengo es poco piadoso, la culpa
+es completamente mía. Seré yo la que está endiablada. Pero dejemos á un
+lado esas cuestiones: vamos á lo que importa. Dime qué raros
+sentimientos te asaltan el alma, inspirándote esa humildad, esa
+desconfianza profunda, que te induce á tomar el velo.
+
+--No acierto á decírtelo. Me falta valor.
+
+--Ea... ánimo... dí lo que es.
+
+--Mi madre no ha hecho más que hablarme de tu tío desde que apareció en
+esta ciudad... desde que yo le vi y paseé con él una tarde. Me le ha
+pintado como pudiera haberme pintado á Luzbel, rodeado aún de hermosos
+fulgores de su primitiva naturaleza angélica, valeroso, audaz,
+inteligente como pocos seres humanos. Me ha hecho creer que ejerce tal
+imperio sobre las almas, que las atrae y las cautiva, y las pierde si
+gusta. En su mirada hay una luz siniestra que ciega ó extravía. En su
+palabra, una música seductora que embelesa los entendimientos y
+ensordece la voz del deber en la conciencia. Según mi madre, tu tío es
+la maldad personificada, el dechado de la irreligión, un rebelde contra
+Dios, de quien conviene apartarse para no contaminarse. En resolución,
+cuanto mi madre ha dicho de tu tío debiera infundirme hacia él un odio,
+una aversión grandísima. Sé por mi madre que el Comendador es un
+réprobo. No hay esperanza de que se salve. Está condenado. Es como
+Luzbel. Y, sin embargo, lejos de producir en mí los discursos de mi
+madre el horror hacia el Comendador que ella deseaba, tal es mi
+perversidad, tan pecaminoso es mi espíritu de contradicción, que han
+avivado mis simpatías hacia tu tío. Yo no debiera decírtelo, yo no sé
+cómo tengo la desvergüenza de decírtelo. Apenas si á mi confesor le he
+dejado entrever algo de lo que siento en el negro abismo de mi corazón.
+Pero, si no te lo digo... ¿con quién me desahogo?... Lucía, tú eres mi
+mejor amiga... Yo quiero al Comendador de un modo inexplicable. Me
+siento arrastrada hacia él. Creo en todas sus maldades porque mi madre
+me las ha dicho; y creo que Dios, á quien el Comendador es simpático, se
+las va á perdonar, como yo se las perdono. ¿No es una monstruosidad, no
+es una aberración este cariño hacia una persona casi desconocida? Yo me
+condenaba antes por mi inclinación á D. Carlos, á despecho, á escondidas
+de mi madre. Ahora me sucede casi lo mismo que á tí: mi inclinación á D.
+Carlos me parece natural. Lo diabólico, lo abominable es mi inclinación
+á tu tío. Es un sentimiento tan distinto, que no destruye ni aminora mi
+afecto á D. Carlos. Esto prueba mi desordenada índole, mi pecadora y
+perturbada manera de ser. No sé con qué pretexto, bajo qué título, con
+qué nombre cariñoso he de acercarme á él, hablarle, llegar á su
+intimidad, y lo deseo. Cuantas cualidades detestables mi madre le
+atribuye, se me antoja que no lo son en él, porque es un ser de superior
+natural jerarquía y está exento de la ley común para los demás mortales.
+
+Con la mirada fija, con el semblante no risueño, como le tenía de
+costumbre, sino triste y grave, y sin acertar á contestar palabra, oyó
+Lucía la inesperada confesión de Clara.
+
+Después de unos instantes de silencio Clara prosiguió:
+
+--Nada me respondes; nada observas; te callas; reconoces que soy un
+monstruo. Será amor de otro género, será un sentimiento indefinido, que
+carece de nombre en la clase é historia de las pasiones; pero yo quiero
+á tu tío y le quiero por esa misma pintura con que mi madre ha procurado
+que yo le aborrezca.
+
+Á este punto llegaba Clara, cuando vino á interrumpirla la voz de Doña
+Blanca, que decía:
+
+--¡Hija, hija!
+
+Lucía y Clara se estremecieron. Aunque era imposible que Doña Blanca las
+hubiese oído, imaginaron por un instante que milagrosamente las había
+oído y que iba á terciar en la conversación por estilo terrible.
+
+--¿Qué manda V., mamá? --dijo Clara temblando.
+
+--Agua. Dame un poco de agua. ¡Me ahogo!
+
+Las dos amigas acudieron á la alcoba á dar agua á la enferma. Entonces
+notaron con pena y sobresalto que la fiebre había crecido. Las
+palpitaciones del corazón de Doña Blanca eran tan violentas, que se
+hacían perceptibles al oído.
+
+--¿Qué siente V., señora? --preguntó Lucía...
+
+--Una ansiedad... una fatiga... --respondió Doña Blanca,-- el corazón me
+late con tanta fuerza.
+
+Lucía posó suavemente la mano sobre el pecho de Doña Blanca. Entonces
+notó con pena que los latidos de su corazón habían perdido el ritmo
+natural: eran desordenados y anormales; pero no dijo nada por no asustar
+á la paciente y á su hija.
+
+El cuidado que requería Doña Blanca no consintió que prosiguiese el
+diálogo entre Clara y Lucía.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+Tantos años de pesares y de tormentos habían ido destruyendo la salud de
+Doña Blanca. Su tristeza sin tregua; su oculta vergüenza, con la que de
+continuo tenía que verse cara á cara, sin poder hallar alivio
+comunicándola y confiándose á una persona amiga; sus luchas de compasión
+y de desprecio por su marido y de amor y de odio por el Comendador; su
+horror del pecado que creía sentir sobre ella y que le pesaba como lepra
+asquerosa é incurable; su orgullo ofendido; su temor del infierno, al
+que á veces se creía predestinada, y su preocupación incesante de la
+suerte de Clara, á quien amaba con fervor y á quien en ocasiones
+aborrecía, como vivo testimonio de su más grave falta y de su más
+imperdonable humillación, habían influido lastimosamente sobre todos los
+órganos de aquella vida corporal.
+
+Doña Blanca hacía mucho tiempo estaba sujeta á frecuentes paroxismos
+histéricos. Había momentos en que le parecía que se ahogaba: un
+obstáculo se le atravesaba en la garganta y le quitaba la respiración.
+Entonces le daban convulsiones que terminaban en sollozos y lágrimas.
+Después solía calmarse y quedar por algunos días tranquila, aunque
+pálida y débil.
+
+El carácter violentísimo de aquella mujer, exacerbado por la continua
+contemplación de una desgracia, que hacía mayor su melancólica fantasía,
+la impulsaba á tratar á su marido, á su hija y á muchos de los que la
+rodeaban, con un despego, con una dureza cruel, de la que en el fondo
+del corazón, que era bueno, se arrepentía ella al cabo, no siendo
+fecundo este arrepentimiento sino en nuevos motivos de disgustos y de
+amarguras.
+
+La energía de las pasiones había así, poco á poco, fatigado
+materialmente el corazón de Doña Blanca, excitándole á moverse con
+impulso superior á sus fuerzas. No padecía sólo de las palpitaciones
+nerviosas de que daba muestras en aquel instante. Tal vez (los médicos
+al menos lo habían afirmado) Doña Blanca tenía una enfermedad crónica en
+aquel órgano tan importante.
+
+Á pesar de su cansancio, tal vez el excesivo ejercicio había agrandado y
+robustecido de una manera peligrosa aquel activo corazón.
+
+Como quiera que fuese, Doña Blanca hacía tiempo que estaba harta de
+vivir.
+
+La única idea, el único propósito, el solo fin que en su vivir estimaba
+era el de cumplir un deber terrible: el evitar que su hija heredase á
+D. Valentín.
+
+Cuando su hija le prometió con solemne promesa entrar en el claustro, y
+cuando después supo, de boca del P. Jacinto, y más tarde de los labios
+del mismo D. Fadrique, el rescate de Clara, si bien le rechazó y le
+juzgó inútil ya, se tranquilizó, creyendo su propósito cumplido en
+cualquier evento, y considerándose desligada del mundo; sin nada que
+hacer en él sino atormentarse, y sin razón alguna para desear, estimar y
+conservar la vida.
+
+El reposo relativo del espíritu de Doña Blanca cuando pensó haber
+hallado la solución de su difícil problema, la hizo caer en una
+postración, en una atonía peligrosa. Por otro lado, no obstante, su
+imaginación, fecunda en atormentarla, le ofrecía mil motivos de
+aflicción y de ira. La generosidad del Comendador humillaba su orgullo,
+y por más que trataba de empequeñecerla ó de afear y envilecer sus
+causas fingiéndoselas vulgares, absurdas ó caprichosas, dicha
+generosidad resplandecía siempre y la ofendía.
+
+La voluntad de Doña Blanca era de hierro: pocas personas más pertinaces
+y firmes que ella; pero su espíritu vacilaba y no se aquietaba jamás. La
+fuerza de cualquier encontrado pensamiento bastaba á descontentarla de
+lo que había hecho, y no bastaba á hacerle cambiar y á moverla á hacer
+otra cosa. No producía sino nueva mortificación estéril.
+
+Así es que Doña Blanca percibía vivamente la presión que había ejercido
+sobre el alma de su hija, que, sin querer, acaso la había hecho infeliz,
+y que su hija iba á encerrarse en un convento, no devota, sino
+desesperada. Las rudas acusaciones del Comendador durante la fatal
+entrevista, acusaciones contra las cuales se había ella defendido con
+valor y tino, terminada aquella lucha de palabras, acudían á su mente
+con mayor fuerza, sin que las dijera el Comendador, sin que se pudieran
+rechazar merced al calor de la disputa, y labrando en su ánimo como una
+honda llaga.
+
+El ardiente amor que el Comendador le había infundido, siendo causa de
+que ella se humillase, se había convertido en espantoso aborrecimiento y
+sin perder este carácter, sin volver á su ser primero, porque ya no era
+posible, porque su alma tenía mucha hiel para poder amar, habíase
+recrudecido en su seno durante la entrevista con el hombre que le
+inspiraba.
+
+Todos estos dolores, tribulaciones y combates espirituales no es de
+maravillar que produjesen en Doña Blanca una enfermedad aguda,
+sobrexcitando sus males crónicos.
+
+Poco después de la conversación entre Clara y Lucía, de que acabamos de
+dar cuenta, visitaron á la enferma los dos médicos mejores de la
+ciudad. Ambos convinieron en que su dolencia era de cuidado. Ambos
+reconocieron cierta alarmante alteración en la circulación de la sangre,
+que por la fiebre sola no se explicaba. El corazón tenía una actividad,
+enfermiza y un excesivo desarrollo. El pulso era vibrante y duro. El
+lado izquierdo del pecho de la enferma se estremecía con las
+palpitaciones. Un vivo carmín teñía las mejillas de Doña Blanca, de
+ordinario pálidas.
+
+Los médicos auguraron mal de éstos y otros síntomas: la principal
+dolencia estaba complicada con otras muchas. No hallando, pues, remedio
+eficaz por lo pronto, recetaron algunos paliativos, y entre ellos la
+digital en pequeñas dosis.
+
+Aunque disimularon bastante la gravedad y el carácter poco lisonjero de
+sus observaciones y pronósticos, dejaron á las dos amigas en extremo
+afectadas.
+
+Todo aquel día permaneció Lucía al lado de Clara, auxiliándola en sus
+faenas y cuidados; pero ya no era ocasión propicia para volver á las
+confidencias.
+
+Si bien Clara no volvió á hablar del estado de su alma, sin duda pensaba
+en él, según lo preocupada que estaba. Lo que antes de confiarse á Lucía
+había ella percibido en imágenes vagas y como borrosas, había adquirido,
+en su propia mente, mayor ser, consistencia y determinada figura al
+formularse en palabras. Así es que, en medio del afán y del dolor que
+por su madre sentía, Clara se atormentaba con la idea de aquella
+inclinación hacia un sujeto, á favor del cual, por extraordinario
+hechizo, se trocaban en causas y motivos de simpatía y afecto todas las
+razones que para aborrecerle le daban.
+
+Lucía, por su parte, también estaba meditabunda y triste en extremo. Su
+taciturna tristeza, dado su carácter regocijado, parecía superior á la
+pena que pudiera sentir por el mal de Doña Blanca, y aun al mismo
+disgusto que los devaneos mentales y los dolores fantásticos de su amiga
+debieran causarle.
+
+Don Valentín, combatido por los opuestos sentimientos de la compasión y
+del terror que su mujer le inspiraba, seguía viniendo con frecuencia á
+informarse del estado de la paciente; pero, en vez de entrar en el
+cuarto y asomar la nariz á la alcoba, se quedaba fuera y asomaba sólo al
+cuarto la nariz, preguntando á su hija:
+
+--¿Cómo está tu mamá?
+
+Clara respondía: --Lo mismo;-- y D. Valentín se iba.
+
+Fuera de la criada de más confianza, que ya venía á traer un recado, ya
+á dar algún auxilio indispensable, nadie más que el P. Jacinto entraba
+en la habitación donde se hallaban Clara y Lucía.
+
+Al anochecer subió de punto, llegó á su colmo la agitación febril de
+Doña Blanca. El P. Jacinto estaba acompañando á las dos amigas y
+asistiendo con ellas á la enferma.
+
+Ésta, que había estado por la tarde soñolienta y postrada, empezó á dar
+señales de vivísima exaltación: se quejó de que le dolía la cabeza;
+mostró en el semblante cierta movilidad convulsa; pronunció frases sin
+orden ni concierto. Lo que más repetía era:
+
+--Vete, Valentín. Déjame, no me atormentes. --Sin duda la enferma tenía
+la alucinación de ver á D. Valentín, que allí no estaba.
+
+Así permaneció Doña Blanca hasta cerca de las diez. Entonces se agravó
+el mal: el delirio se declaró; estalló con ímpetu.
+
+El cerebro sintió por completo la reacción del mal que la infeliz tenía
+en las entrañas. Los pensamientos todos, que durante años la
+atormentaban, y que hacía más de treinta horas habían cobrado mayor
+brío, se barajaron en tumulto; se rebelaron contra la voluntad, se
+hicieron independientes de ella, rompieron todo freno; y, buscando y
+hallando maquinal é instintivamente palabras adecuadas en que
+formularse, salieron del pecho en descompuestas voces.
+
+Doña Blanca se incorporó en la cama; miró con ojos extraviados á Lucía y
+á Clara y al fraile, y habló de esta manera:
+
+--¡Vete, Valentín! ¿Por qué quieres matarme con tu presencia? Mátame
+con un puñal... con una pistola. Échame una soga al cuello y ahórcame.
+No seas cobarde. Toma la debida venganza.
+
+--Sosiégate, Doña Blanca --interrumpió el fraile, á quien ella se
+dirigía como si fuera D. Valentín.--Sosiégate; tu marido está fuera...
+Idos, muchachas --añadió, dirigiéndose á las dos amigas.--Dejadme solo
+con la enferma, á ver si logro que se sosiegue.
+
+Clara y Lucía, como si estuviesen allí clavadas, no se movieron. Doña
+Blanca prosiguió:
+
+--Ten valor y mátame. Tu honra lo exige. Es necesario que mates también
+al Comendador. Está condenado. Se irá al infierno y me llevará consigo.
+
+--¡Madre, madre, V. delira! --exclamó Clara.
+
+--No, no deliro --respondió Doña Blanca.-- Y tú, necio --añadió
+dirigiéndose al fraile,-- ¿eres ciego? ¿no la ves? --y señalaba con el
+dedo á su hija.-- ¡Cómo se le parece! ¡Dios mío! ¡Cómo se le parece! Es
+un retrato suyo. ¡Apártate de mi vista, vivo testimonio de mi vergüenza!
+
+Clara, llena de horror y de ansiosa curiosidad á la vez, oía á su madre y
+pugnaba por comprender todo él arcano tremendo. Al sonar las últimas
+palabras, que iban dirigidas á ella, se cubrió Clara el rostro con ambas
+manos.
+
+--Bien puedes estar satisfecha --continuó Doña Blanca.-- Te tenía
+olvidada; pero al cabo se acordó de tí é hizo un gran sacrificio. Ya
+pagó de antemano lo que has de heredar de mi marido. Te rescató de Dios
+para entregarte al mundo. Quédate en el mundo. Tú no puedes ser monja.
+La mala sangre del Comendador hierve en tus venas. ¿Cómo dudar que eres
+la hija maldita de aquel impío?
+
+Clara, al oir estas últimas palabras, dió un grito inarticulado y cayó
+desmayada entre los brazos de Lucía.
+
+Lucía sacó á Clara fuera de la alcoba, sosteniéndola por debajo de los
+brazos y tirando de ella.
+
+Doña Blanca, entre tanto, no pudiendo resistir más á la honda emoción,
+extenuada, rendida, cayó de nuevo en la cama, con temblor convulso y
+rigidez de los tendones, lo cual fué cediendo con lentitud y dando lugar
+á un desfallecimiento profundo.
+
+El P. Jacinto acudió entonces á donde estaba Clara, que Lucía había
+recostado en un sofá.
+
+Clara volvió en sí del desmayo, exhaló un suspiro y rompió á llorar con
+desatado y copioso llanto.
+
+--¡Clara, amiga querida! dijo Lucía.
+
+--Cálmate, niña, cálmate, --exclamó el P. Jacinto.
+
+--¡Dios santo y misericordioso! --dijo Clara.--Tu mano omnipotente me
+hiere y me sana al propio tiempo. ¡Pobre madre mía de mi alma! ¡Cuán
+infeliz has sido! Y él... ¡ay! él... no puede ser impío y perverso como
+tú supones... ¡Ahora comprendo por qué y cómo yo le amaba!
+
+
+
+
+XXIX
+
+La enfermedad siguió su curso ascendente. Tres días después de la escena
+que hemos descrito, Doña Blanca estaba tan mal, que no había esperanza
+de salvarla.
+
+Su hija y Lucía la habían cuidado, la habían velado con el mayor cariño
+y esmero.
+
+Los accesos de delirio se habían renovado con largas intermitencias de
+postración.
+
+La cabeza de Doña Blanca se despejó al cabo por completo; pero su estado
+era digno de lástima: la respiración, corta y anhelante; la voz,
+alterada y ronca; imposibilidad de estar acostada; necesidad de estar
+incorporada.
+
+Los médicos declararon al P. Jacinto que había sobrevenido un grave
+impedimento á la circulación de la sangre en el mismo corazón, y que, si
+crecía el impedimento, se seguiría la muerte.
+
+El padre dejó percibir á Clara aquel terrible pronóstico, con la mayor
+delicadeza que pudo, y confesó y administró á la paciente.
+
+En aquel momento supremo, á las puertas de la eternidad, Doña Blanca
+depuso la dureza de su genio, su orgullo y su amargura, y no guardó en
+el alma sino la fe vivísima, que hizo renacer en ella las esperanzas
+ultramundanas y abrió el manantial de las más puras consolaciones.
+
+Doña Blanca llamó á D. Valentín, le abrazó y le suplicó que la
+perdonase. D. Valentín, muy afligido y lloroso, y no menos humilde,
+contestó que nada tenía que perdonar; que él era el culpado, pues no
+había sabido hacer dichosa á una mujer tan santa y tan buena.
+
+El rostro macilento de Doña Blanca se tiñó entonces de ligero rubor. Sus
+labios exhalaron un triste suspiro.
+
+Á Clara la llamó á sí Doña Blanca, le dió un beso en la frente, y le
+dijo al oído con acento apenas perceptible:
+
+--Di á tu padre que le perdono. Tú, hija mía, sigue los impulsos de tu
+corazón. Eres libre. Sé honrada. No te cases si no le amas mucho. Mira
+no te engañes. Lo sé todo... Me lo ha dicho el padre Jacinto. Si le amas
+y merece tu amor, cásate con él.
+
+Pocos instantes después exhaló Doña Blanca el último suspiro, diciendo
+con ahogada y sumisa voz:
+
+--¡Jesús me valga!
+
+El dolor de Clara fué profundo. Silenciosamente lloró la muerte de su
+madre.
+
+Lucía lloró también y trató de mitigar con su afecto el dolor de su
+amiga.
+
+El P. Jacinto, acostumbrado al espectáculo de la muerte y familiarizado
+con ella, cerró piadosamente los ojos y la boca de la difunta, que se
+habían quedado abiertos; puso sus manos en cruz, y la extendió en el
+lecho.
+
+El débil D. Valentín, cuando vió muerta á su mujer, sintió por un lado
+una pena muy viva, porque todavía la amaba; pero, por otro lado, según
+aseguran malas lenguas, que siempre están de sobra, advirtió cierto
+alivio, cierto desahogo, cierto infame deleite en su alma, como si le
+quitaran un enorme peso de encima, como si le libertaran de la
+esclavitud. Tan opuestas pasiones, batallando dentro de su nerviosa y
+débil constitución, le hicieron romper en risa sardónica. Después se
+asustó de sí mismo; se creyó peor de lo que era, tuvo miedo del diablo;
+tuvo vergüenza de que Dios, que todo lo ve, viese la sucia fealdad de su
+conciencia, y se compungió y amilanó. Acudieron entonces á su memoria
+los amores pasados, los dulces días de la ilusión, el tiempo en que su
+mujer le quería; y todo ello enterneció por tal arte aquel pecho nada
+varonil, que el desgraciado se deshizo en lágrimas, dando sollozos,
+gemidos y hasta gritos, moviendo á gran compasión el verle y el oirle.
+
+El P. Jacinto llevó á D. Fadrique la noticia de la catástrofe.
+
+Don Fadrique, retirado en su cuarto, aguardaba siempre con ansiedad
+noticias de la enferma. Esta vez, al mirar al P. Jacinto, el Comendador
+leyó en su rostro lo que había ocurrido.
+
+--Ha muerto, --dijo el Comendador.
+
+--Ha muerto, --respondió el fraile.
+
+El Comendador no replicó palabra. Inmóvil, de pie, callado, sintió un
+dolor mezclado de remordimiento. Dos gruesas y amargas lágrimas rodaron
+por sus mejillas.
+
+--Te ha perdonado --dijo el P. Jacinto.
+
+--¡Ah, padre!... yo no me perdono... Me sería menos insufrible en la
+memoria el recuerdo de una afrenta no vengada... de una vileza en que yo
+hubiese incurrido... de una mancha en mi honor... En cualquiera otro
+caso me sería más fácil conciliarme conmigo mismo. Aunque Dios me
+perdone... yo no me perdono.
+
+
+
+
+XXX
+
+Á los seis meses de la muerte de Doña Blanca, en pleno invierno, se
+reunían todas las noches en torno del hogar, en el piso alto de la casa
+del mayorazgo D. José López de Mendoza, á más de su mujer y de su hija
+Lucía, el Comendador D. Fadrique, el viudo D. Valentín, Clara y á veces
+el padre Jacinto.
+
+El joven D. Carlos de Atienza había estado dos ó tres veces en Sevilla á
+ver á sus padres; pero en seguida se había vuelto. Tenía abandonada la
+Universidad; no pensaba en los estudios ni en la carrera. Habíase
+consagrado enteramente á idolatrar, á consolar, á adorar á Clarita, á
+quien ya veía sin dificultad, de diario.
+
+Don Fadrique y el P. Jacinto iban y venían á Villabermeja; pero estaban
+más tiempo en la ciudad.
+
+La donación de los bienes de D. Fadrique se había hecho en toda regla y
+con el posible sigilo.
+
+Don Fadrique vivía modestamente de su paga de oficial retirado.
+Habitaba, no obstante, en Villabermeja la casa del mayorazgo, alhajada
+con los preciosos muebles que trajo cuando vino.
+
+El carácter de D. Fadrique no había cambiado, pero se había modificado.
+Su optimismo natural sufría interrupciones frecuentes. Negra nube de
+tristeza ofuscaba á menudo el resplandor de su abierta y franca
+fisonomía.
+
+Aunque el dolor por la muerte de Doña Blanca se había ido mitigando en
+todos aquellos corazones, Clara la recordaba con ternura melancólica, y
+el Comendador con cariño y con penoso arrepentimiento á la vez.
+
+Sólo D. Valentín, que comía como un buitre, y que había engordado, y no
+hallaba quien le riñese ni quien le dominase, se creía en la obligación
+de llorar cuando menos ganas tenía. Entonces la consideración de aquello
+á que se juzgaba obligado, y el ver que no le salían de adentro la
+aflicción y el lloro, le compungían de nuevo y producían en él el
+prurito y el flujo. D. Valentín era un mar de lágrimas dos ó tres veces
+por semana.
+
+Clara, viendo ya á todas horas á D. Carlos y á D. Fadrique, había
+penetrado la diferencia de los afectos que á ambos la ligaban, y cada
+día los hallaba más compatibles. El Comendador le inspiraba cada día más
+veneración, ternura y gratitud por su sacrificio generoso. D. Carlos le
+parecía cada día más agraciado, bello, enamorado, ingenioso y poeta.
+
+Pasaron así algunos meses más. Vino la primavera. Llegó el verano.
+Solemnizóse el primer aniversario de la muerte de Doña Blanca con llanto
+y con misas y otras devociones.
+
+El escrúpulo de faltar á la promesa de ser monja se borró al fin de la
+mente de Clarita. Su madre, al morir, la había absuelto de la promesa.
+El amor inspirado y sentido la excitaba á no cumplirla. El bueno del P.
+Jacinto, confesor de Clarita, le aseguraba que la promesa era nula.
+
+Clarita al cabo la anuló, haciendo otra promesa dulcísima para D.
+Carlos. Le prometió darle su mano, confesándole al fin que le amaba.
+
+Una alambicada cavilación había detenido á Clara en dar el sí á D.
+Carlos. Clara juzgaba probable que D. Casimiro muriese sin sucesión y
+que alguna parte de los bienes del rescate viniese á ella; pero hasta
+esta duda, que si bien delgada y sutil, la mortificaba, se disipó del
+todo.
+
+Nicolasa, ó mejor dicho, la señora Doña Nicolasa Lobo de Solís, esposa
+legítima de D. Casimiro, dió á luz un robusto infante.
+
+Cuando el Comendador, al volver un día de Villabermeja, trajo esta
+noticia, fué Lucía la primera persona á quien se lo comunicó.
+
+--Calle V., tío --exclamó la muchacha;-- de seguro que el niño de D.
+Casimiro será un escomendrijo; parecerá un gazapillo desollado.
+
+--No, sobrina --contestó el Comendador;-- el recién nacido Solís es
+fuerte como un becerro.
+
+Así era la verdad, según hemos sabido después. El primogénito de los
+Solises parecía, no un becerro, sino un toro.
+
+Don Casimiro era el varón más bienaventurado de la tierra. Estaba lleno
+de satisfacción y de orgullo de verse tan amado de su mujer, y de tener
+por hijo á un Hércules tebano, sin pensar en el Saturnio y sin mirarse
+como Anfitrión, pues ignoraba la mitología.
+
+El tío Gorico, desde el casamiento de Nicolasa, había empezado á pugnar
+porque le llamasen Don Gregorio; habíase jubilado del oficio de Abraham
+y del de pellejero, y no se empleaba más que en beber aguardiente y
+rosoli, y en ponderar la ventura y la grandeza de su hija, sus virtudes
+y la vida beata que daba á su ilustre esposo.
+
+Después del bautismo de la criatura, iba el tío Gorico de casa en casa,
+refiriendo el júbilo de su yerno, quien ya se volvía hacia la cama donde
+estaba Nicolasa, ya hacia la cuna donde estaba el niño, y ya se paraba á
+igual distancia de la cama y de la cuna, y exclamaba, levantando las
+manos al cielo:
+
+--¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Qué he hecho yo para ser tan dichoso?
+
+En efecto, la dicha pudo más que D. Casimiro, y pronto le hundió en la
+sepultura.
+
+Aunque sea adelantar los sucesos, se dirá aquí que la viuda llevó una
+vida retirada, sin recibir ni tratar, durante un año, sino al platónico
+Tomasuelo, y que tuvo dos gemelos postumos, los cuales, si el
+primogénito merecía llamarse Hércules, no merecían menos pasar por
+Castor y Pólux.
+
+La rectitud de la conciencia de Doña Blanca y sus severos fallos,
+hallando un leal y decidido ejecutor en D. Fadrique, daban así sus
+resultados naturales, proporcionando pingüe herencia á aquellos
+mitológicos angelitos, vástagos lozanos de la familia de Solís.
+
+Como quiera que fuese, toda persona delicada y noblemente orgullosa no
+repara en las bajezas y bellaquerías del vulgo de los mortales y en la
+utilidad que proporcionan: no acepta jamás, sino en sentido irónico y de
+burla, la picaresca sentencia de la fábula:
+
+ "Tómelo por su vida: considere
+ Que otro lo comerá, si no lo quiere."
+
+Así es que D. Fadrique se reía de las consecuencias de su
+desprendimiento, y no por eso dejaba de aplaudirse de haberle tenido. Lo
+que á él le importaba era que su pura y hermosa hija no disfrutase de
+nada que no fuese suyo ó por lo que en compensación no hubiera él dado
+lo equivalente con usura.
+
+La boda de Clara y D. Carlos de Atienza se celebró al cabo en un bello
+día del mes de Octubre de 1795, año y medio después de morir Doña
+Blanca.
+
+Los padres de D. Carlos vinieron de Sevilla para asistir á la boda.
+
+Los desposados se quedaron á vivir en la ciudad donde ha sido la escena
+de nuestra historia.
+
+Durante el año y medio, que tan rápidamente hemos recorrido, el
+Comendador había vivido, ya en Villabermeja, ya en la ciudad en casa de
+su hermano; pero más en la ciudad que en Villabermeja.
+
+El afecto hacia Clara le atraía á la ciudad; pero, como Clara andaba muy
+distraída en sus amores y era muy dichosa, no consolaba tanto las
+melancolías del Comendador como su rubia sobrina.
+
+Ésta era la que llamaba al Comendador cuando se tardaba en volver de
+Villabermeja; la que más le escribía diciéndole que viniese, y la que le
+enviaba recados con el mulero y con el aperador para que dejase la
+soledad bermejina.
+
+Como Lucía estaba ya enterada de todos los secretos de su amiga Clara, y
+como tampoco ocurrían cosas importantes, no había motivo ni pretexto
+para acudir á cada momento al tío, preguntándole, como en otro tiempo,
+qué había de nuevo. En cambio Lucía, libre ya de los cuidados en que la
+suerte de su amiga la había tenido, sintió despertarse en su alma la más
+viva curiosidad científica. La astronomía y la botánica, que antes la
+enojaban cuando había secretos de Clara que ansiaba penetrar, la
+entusiasmaban ahora extraordinariamente, y nunca se cansaba de oir las
+lecciones que su tío le daba, excitado por ella. No había lección que no
+le pareciese corta. No había misterio de las flores que no quisiese
+descubrir. No había estrella que no quisiese conocer.
+
+La discípula ponía en grandes apuros al maestro, porque si se trataba
+del movimiento de los astros, de su magnitud, de la distancia á que se
+hallaban de la tierra y de otras afirmaciones por el estilo, ella quería
+saber la razón y el fundamento de las afirmaciones, y D. Fadrique
+hallaba disparatado y hasta absurdo enseñar las matemáticas á una
+sobrina tan guapa, tan alegre y graciosa; y, por el contrario, si se
+trataba de flores, Lucía quería que le explicase su tío lo que era la
+vida y lo que era el organismo, y aquí el Comendador hallaba que no
+había ciencia que respondiese á las matemáticas y que explicase algo.
+Sin querer se encumbraba entonces á una filosofía primera y fundamental,
+y Lucía le escuchaba embebecida, y, como vulgarmente se dice, metía
+también su cucharada, porque de filosofía habla, en queriendo, y no
+habla mal, toda persona de imaginación y viveza.
+
+En suma, Lucía se iba haciendo una sabia. Mientras más aprendía, más iba
+creciendo su afición y su empeño de saber. Las lecciones y conferencias
+duraban horas y horas.
+
+El Comendador se acostumbró de tal suerte á aquel dulce magisterio, que
+el día en que no daba lección le parecía que no había vivido.
+
+Sus días de Villabermeja fueron disminuyendo, y alargándose cada vez más
+los que pasaba con la discípula.
+
+Siempre que volvía de Villabermeja, el Comendador traía á su discípula
+libros de su biblioteca, flores y plantas de su huerto, y pájaros que
+cazaba vivos. Lucía gustaba mucho de los pájaros, y, merced al
+Comendador, no había ya casta de aves en toda la provincia, ora de paso,
+ora permanentes, de que Lucía no tuviese un par de muestra en su
+pajarera.
+
+Notado todo esto por Clara y D. Carlos, daba ocasión á bromas inocentes,
+pero que turbaban algo al Comendador y que ponían á Lucía colorada como
+la grana.
+
+Los novios hablaban á Lucía con cierto retintín de su excesivo amor á la
+ciencia.
+
+En fin, aunque el Comendador y Lucía no se hubieran dado, ni hubieran
+querido darse cuenta de lo que les pasaba, Clara y D. Carlos les
+hubieran hecho reflexionar, pensar en ellos mismos y despejar la
+incógnita.
+
+El Comendador y Lucía, á pesar de la diferencia de edad, estaban
+perdidamente enamorados el uno del otro.
+
+Lucía admiraba en su tío la discreción, la nobleza de carácter, el saber
+y la elegancia natural del porte y de los modales. Le encontraba
+hermoso, de varonil hermosura, y no le parecía posible que hubiese otro
+tal hombre como él en todo el mundo.
+
+Á D. Fadrique le parecía Lucía tan bonita, tan buena y tan inteligente
+como Clara, que era todo cuanto él podía encarecer la alabanza, allá en
+su pensamiento. La alegría de Lucía concordaba además muchísimo mejor
+con el carácter del Comendador que la seriedad un poco triste que Clara
+había heredado de su madre.
+
+El Comendador, que al fin no era una criatura inexperta, conoció pronto
+que amaba á Lucía y que de ella era amado; pero, pensando en su edad y
+en el idilio de D. Carlos, no se atrevía á declarar su amor, si bien le
+manifestaba con su constante solicitud en servir á Lucía.
+
+Ella no atinaba, entre tanto, á comprender la timidez del Comendador, á
+quien juzgaba enamorado.
+
+De aquí que se dijesen toda clase de requiebros y finezas, que
+literalmente podrían tomarse por efecto de amistad tiernísima, pero que
+ocultaban el fervoroso espíritu de verdadero amor.
+
+Don Fadrique, á más de sus años, creía tener otro inconveniente, que en
+su delicadeza no le permitía aspirar á ser amado de Lucía. Este otro
+inconveniente era su pobreza; pero Lucía, precisamente por esa pobreza y
+por el motivo que la había causado, amaba y admiraba más al Comendador.
+El descuidado desdén, la alegre calma y el nada trabajoso ni lamentado
+abandono con que D. Fadrique se había desprendido de más de cuatro
+millones, valían más de mil en la poética y generosa mente de Lucía.
+
+Ésta llegó á veces á preguntar á su tío (sabido es que tenía el defecto
+de ser muy preguntona) que por qué no se casaba.
+
+Cuando el tío le contestaba que porque era viejo, Lucía le aseguraba que
+era mozo ó que estaba mejor que los mejores mozos. Cuando el tío
+contestaba que porque era pobre, Lucía afirmaba que la paga de oficial
+retirado era más que suficiente; que además la chacha Ramoncica estaba
+poderosísima con lo que había ahorrado, é iba á dejarle por heredero, y
+que, por último, podía casarse con una rica.
+
+Todo esto lo decía Lucía con mil rodeos y disimulos; pero el Comendador,
+si bien lo comprendía, juzgaba aún que ella podía engañarse y tomar por
+amor otros sentimientos de respeto y afección casi filial; por donde no
+hallaba justo ni honrado prevalerse tal vez de una alucinación de
+aquella linda muchacha para lograr lo que consideraba una felicidad para
+él.
+
+En esta situación se hallaban Lucía y el Comendador la noche en que se
+celebró la boda de Clara y de D. Carlos en casa de D. Valentín.
+
+El Comendador estuvo alegre, aunque hondamente conmovido, en aquella
+solemne ocasión, en que una persona tan querida de su alma se unía con
+lazo indisoluble al hombre que debía hacerla dichosa.
+
+Don José y Doña Antonia se volvieron temprano á su casa.
+
+Lucía permaneció al lado de Clara hasta más tarde. También se quedó con
+ella el Comendador.
+
+Juntos y solos volvieron ambos á la casa. La noche estaba hermosísima,
+la calle silenciosa y solitaria, el ambiente tibio y perfumado, el,
+cielo lleno de estrellas y sin luna.
+
+Lucía iba callada, contenta, pensado en la ventura de su amiga.
+
+No estaba D. Fadrique menos soñador é imaginativo.
+
+El tránsito de una casa á otra era cortísimo; pero, sin reflexionar, le
+alargaron ellos, parándose en medio de la calle y contemplando la bóveda
+inmensa del firmamento, como si quisiesen interrogar á las eternas
+luces, que allí fulguraban, sobre la suerte de los recién casados y
+quizá sobre la propia suerte.
+
+Lucía, dando un suspiro, dijo al fin:
+
+--¡No lo dude V... serán muy felices!
+
+--Alégrate sólo y no estés envidiosa --respondió el Comendador;-- tú
+hallarás también un hombre que te merezca, que te ame y á quien ames tú
+con toda la energía de tu corazón.
+
+--No, tío, no me amará --replicó Lucía.-- Yo soy muy desgraciada.
+
+Y Lucía suspiró de nuevo. El Comendador, á la dulce y escasa luz de los
+astros, vió entonces que corrían dos hermosas lágrimas por las mejillas
+de Lucía. La luz de los astros se quebraba en aquellos líquidos
+diamantes y daba reflejos de iris.
+
+El Comendador no fué dueño de sí mismo. Acercó su rostro al de Lucía y
+puso los labios en una de aquellas lágrimas. Luego exclamó:
+
+--¡Te amo!
+
+Lucía no contestó palabra. Echó á andar hacia su casa; llamó, abrieron,
+y entró seguida del Comendador.
+
+Al llegar á la escalera, se volvió y le dijo:
+
+--Buenas noches, tío. Adiós, hasta mañana. Mamá me estará aguardando.
+
+El Comendador puso la cara más afligida del mundo, viendo que tan
+secamente respondía la muchacha, ó mejor dicho, no respondía á su
+repentina y vehemente declaración.
+
+Ella se apiadó entonces, sin duda, y añadió sonriendo:
+
+--Hable V. mañana con mamá...
+
+--¿Y qué?... --interrumpió D. Fadrique.
+
+--Y pida V. la licencia á Roma.
+
+Dicho esto, muy avergonzada, pero muy satisfecha, Lucía subió á brincos
+la escalera, y dejó al Comendador no menos contento que ella iba.
+
+Cuando supo Clara que Lucía y el Comendador habían decidido casarse, se
+alegró en extremo.
+
+Don Carlos de Atienza compartió la alegría de su mujer, y recordando que
+debía una especie de satisfacción al Comendador, el cual se había creído
+aludido cuando le oyó leer el idilio contra el viejo rabadán, compuso
+otro idilio en defensa de un rabadán no tan viejo y en alabanza del amor
+de los rabadanes.
+
+Este segundo idilio, que viene á ser como la palinodia del primero, se
+conserva aún en los archivos de Villabermeja, de donde mi amigo D. Juan
+Fresco me ha remitido copia exacta y fidedigna, que traslado aquí para
+terminar. El idilio es como sigue:
+
+ IDILIO
+
+ En la vid, con sus pámpanos lozana,
+ Relucen cual topacio los racimos.
+ Quita lluvia temprana
+ Al alma tierra la aridez estiva,
+ Y los frutos opimos
+ Medran con nuevos jugos en la oliva
+ Y en el almendro que entre riscos brota.
+ Recobra el claro río
+ El caudal que perdiera en el estío;
+ Y el áspera bellota
+ Se madura y endulza entre el pomposo
+ Follaje, donde el viento,
+ Para las gentes de la edad primera,
+ Con fatídico acento
+ La voluntad de Júpiter dijera.
+ No como en primavera
+ El campo está de flores matizado;
+ Que el labrador cansado
+ En las flores cifraba su esperanza,
+ Y ora en cosecha sazonada alcanza
+ El premio de su afán y su cuidado.
+ Embalsama el membrillo con su aroma
+ Los céfiros ligeros;
+ Y en el limón y en la madura poma,
+ Y en los sabrosos peros
+ El oro luce y el carmín asoma.
+ Que brillaron en rosas y alelíes;
+ Mientras, por celos de su flor, empieza
+ Á romper la granada su corteza,
+ Descubriendo un tesoro de rubíes.
+ Con la otoñal frescura
+ Nace la nueva hierba, y su verdura
+ La palidez de los rastrojos cubre.
+ Serena está la esfera cristalina,
+ Y hacia el rojo Occidente el sol declina
+ En una hermosa tarde del Octubre.
+ Filis, la pastorcilla soñadora,
+ Bella como la luz de la alborada,
+ Abandonando ahora
+ Su tranquila morada,
+ Va de las ninfas á la sacra gruta;
+ Y en vez de flores, por presente lleva
+ Un canastillo de olorosa fruta.
+ Con que á vencer la resistencia prueba
+ Que hacen á sus amores
+ Las Ninfas que en el suelo
+ Á Cupidos traviesos y menores
+ Dan vida y ser contra el amor del Cielo.
+ No bien el antro con su planta huella,
+ Donde reinan las sombras y el reposo,
+ Con terror religioso
+ Se estremece la tímida doncella.
+ Su presente coloca
+ De las silvestres Ninfas en el era.
+ Y altas razones de prudencia rara,
+ Que pone el Numen en su fresca boca,
+ Con esmerada concisión declara:
+ "Ninfas, no os ofendáis de mi desvío;
+ No déis vuestro favor á los zagales
+ Que cautivar pretenden mi albedrío.
+ Son como los rosales,
+ Que lucen mucho en la estación florida
+ Y dan amarga fruta desabrida.
+ De su orgullosa mocedad el brío
+ Apetece y no ama;
+ Y con enojo en sus palabras leo
+ Que poética llama
+ Ni ennoblece ni ilustra su deseo;
+ Y que el conato que imprimió natura
+ En todo ser viviente,
+ No se acrisola allí ni se depura
+ Del Cielo con la luz resplandeciente.
+ Ya sé que los Cupidos,
+ Vuestros hijos queridos,
+ Dan á la tierra su vil tud creadora;
+ Mas el amor, que en el Empíreo mora.
+ Esa misma virtud en ellos vierte,
+ Y difunde do quier su vida arcana,
+ Vencedora del mal y de la muerte.
+ Pues bien; la que se afana
+ Los misterios ocultos y supremos
+ Por saber de este Amor, ¿lograrlo puede
+ Con un zagal sencillo y sin doctrina?
+ Las que tesoro tal gozar queremos,
+ ¿No es mejor que busquemos
+ Al varón sabio á quien el Dios concede
+ El vivo lampo de su luz divina?
+ Por esto, Ninfas, á mi Irenio adoro:
+ Como en arca sagrada,
+ Guarda dentro del alma inmaculada
+ Del Amor el tesoro;
+ Y arde su llama bajo el limpio hielo
+ Con que el tenaz trabajo de la mente
+ Corona ya su frente,
+ Como corona el cano Mongibelo.
+ Así Irenio recobra por la ciencia
+ Lo que roba del tiempo la inclemencia.
+ ¡Cuánto zagal con incansable mano
+ Toca el rabel en vano
+ Por carecer de gracia y maestría;
+ Mientras que Irenio, con su blando tino
+ Y su plectro divino,
+ Produce encantadora melodía,
+ Y hace sentir al alma lo que quiere,
+ No bien la cuerda hiere!
+ Si el zagal inexperto
+ Persigue al perdigón en la carrera,
+ Ó le pierde ó le coge medio muerto;
+ Mas la diestra certera
+ Pone Irenio prudente
+ En el oculto nido,
+ Do el pájaro reposa con descuido,
+ Y su pluma naciente
+ Sin destrozar, sus alas no fatiga,
+ Y le aprisiona al fin para su amiga.
+ Ni resplandece menos el ingenio
+ Del doctísimo Irenio
+ En componer cantares
+ Y en referir historias singulares.
+ Cuando me alcanza de la rama verde
+ La tierna nuez, la alloza delicada,
+ Elige lo mejor, sin tronchar nada.
+ Cuando algún corderillo se me pierde,
+ El le busca y á casa me le lleva;
+ Y de continuo me regala y prueba
+ Su cariño sincero,
+ Ó haciendo con esmero
+ De los huesos de guinda
+ Ya un barquichuelo, ya una cesta linda.
+ Ó enseñando á sacar á mi jilguero
+ El alpiste menudo
+ De entre mis labios con su pico agudo.
+ Tan sólo me perturba y me desvela
+ Que Irenio á veces con el alma vuela
+ Por donde de su amor terreno dudo.
+ Pero si Irenio de verdad me amara,
+ Mayor triunfo sería
+ El lograr la victoria,
+ No de pastoras de agraciada cara,
+ Sino de la poesía,
+ De la ciencia, del arte y de la gloria."
+ Irenio á Filis, escondido, oía;
+ Y apareciendo y dándole un abrazo,
+ Dijo con modestísima dulzura:
+ "Este amoroso lazo,
+ Que labra mi ventura,
+ En vano, Filis, explicar pretendes
+ Con tus alambicadas discreciones.
+ ¡Ay, candorosa Filis! ¿No comprendes
+ Que, á pesar del saber que en mi supones,
+ Amor no te infundiera
+ Tu rabadán si muy anciano fuera?
+ Cuando mi amor al del zagal prefieres
+ Por viejo no, por rabadán me quieres."
+
+
+
+
+Madrid, 1876.
+
+ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO EN LA IMPRENTA ALEMANA EN MADRID Á XXXI
+DÍAS DE AGOSTO DE MCMVI AÑOS
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El Comendador Mendoza, by Juan Valera
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13210 ***