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diff --git a/15206-8.txt b/15206-8.txt new file mode 100644 index 0000000..56fb65c --- /dev/null +++ b/15206-8.txt @@ -0,0 +1,6903 @@ +The Project Gutenberg EBook of Torquemada en la hoguera, by B. Pérez Galdos + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Torquemada en la hoguera + El artículo de fondo; La mula y el buey; La pluma en el viento; La + conjuración de las palabras; Un tribunal literario; La princesa y + el granuja; Junio + + +Author: B. Pérez Galdos + +Release Date: February 28, 2005 [EBook #15206] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TORQUEMADA EN LA HOGUERA *** + + + + +Produced by Stan Goodman, Mariano Cecowski, Miranda van de Heijning +and the Online Distributed Proofreading Team. + + + + + + +B. PÉREZ GALDOS + + +TORQUEMADA EN LA HOGUERA + + +MADRID + +1920 + + + +ÍNDICE + + +Torquemada en la hoguera. +El artículo de fondo. +La mula y el buey. +La pluma en el viento. +La conjuración de las palabras. +Un tribunal literario. +La princesa y el granuja. +Junio. + + + + +_Reproduzco en este tomo, á continuación de la novela_ TORQUEMADA EN LA +HOGUERA, _recientemente escrita, varias composiciones hace tiempo +publicadas, y que no me atrevo á clasificar ahora, pues, no pudiendo en +rigor de verdad llamarlas novelas, no sé qué nombre darles. Algunas +podrían nombrarse cuentos, más que por su brevedad, por el sello de +infancia que sus páginas llevan; otras son como ensayos narrativos ó +descriptivos, con un desarrollo artificioso que oculta la escasez de +asunto real; en otras resulta una tendencia crítica, que hoy parece +falsa, pero que sin duda respondía, aunque vagamente, á ideas ó +preocupaciones del tiempo en que fueron escritas, y en todas ellas el +estudio de la realidad apenas se manifiesta en contados pasajes, como +tentativa realizada con desconfianza y timidez. + +Fue mi propósito durante mucho tiempo no sacar nuevamente á luz estas +primicias, anticuadas ya y fastidiosas; pero he tenido que hacerlo al +fin cediendo al ruego de cariñosos amigos míos. Al incluirlas en el +presente tomo, declaro que no está mi conciencia tranquila, y que me +acuso de no haber tenido suficiente energía de carácter para seguir +rechazando las sugestiones de indulgencia, en favor de estas obrillas. +Temo mucho que el juicio del público concuerde con el que yo tenía +formado, y que mis lectores las sentencien á volver á la región del +olvido, de donde imprudentemente las saco, y que las manden allá otra +vez, por tránsitos de la_ guardia critica. _Si así resultase, á mi y á +mis amigos nos estará la lección bien merecida. + +_Lo único que debo hacer, en descargo de mi conciencia, es marcar al pie +de cada una de estas composiciones la fecha en que fueron escritas; y no +porque yo quiera darlas un valor documental, á falta del literario, sino +para atenuar, hasta donde conseguirlo pueda, el desaliño, trivialidad, +escasez de observación é inconsistencia de ideas que en ellas han de +encontrar aún los que las lean con intención más benévola._ + +B.P.G. + +MADRID, Junio de 1889. + +TORQUEMADA EN LA HOGUERA + + + + +TORQUEMADA EN LA HOGUERA + +I + +Voy á contar cómo fue al quemadero el inhumano que tantas vidas +infelices consumió en llamas; que á unos les traspasó los hígados con un +hierro candente; á otros les puso en cazuela bien mechados, y á los +demás les achicharró por partes; á fuego lento, con rebuscada y metódica +saña. Voy á contar como vino el fiero sayón á ser víctima; cómo los +odios que provocó se le volvieron lástima, y las nubes de maldiciones +arrojaron sobre él lluvia de piedad; caso patético, caso muy ejemplar, +señores, digno de contarse para enseñanza de todos, aviso de condenados +y escarmiento de inquisidores. + +Mis amigos conocen ya, por lo que de él se me antojó referirles, á D. +Francisco Torquemada, á quien algunos historiadores inéditos de estos +tiempos llaman _Torquemada el Peor_. ¡Ay de mis buenos lectores si +conocen al implacable fogonero de vidas y haciendas por tratos de otra +clase, no tan sin malicia, no tan desinteresados como estas inocentes +relaciones entre narrador y lector! Porque si han tenido algo que ver +con él en cosa de más cuenta; si le han ido á pedir socorro en las +pataletas de la agonía pecuniaria, más les valiera encomendarse á Dios y +dejarse morir. Es Torquemada el habilitado de aquel infierno en que +fenecen desnudos y fritos los deudores; hombres de más necesidades que +posibles; empleados con más hijos que sueldo; otros ávidos de la nómina +tras larga cesantía; militares trasladados de residencia, con familión y +suegra de añadidura; personajes de flaco espíritu, poseedores de un buen +destino, pero, con la carcoma de una mujercita que da tés y empeña el +verbo para comprar las pastas; viudas lloronas que cobran del Montepío +civil ó militar y se ven en mil apuros; sujetos diversos que no aciertan +á resolver el problema aritmético en que se funda la existencia social, +y otros muy perdidos, muy faltones, muy destornillados de cabeza ó rasos +de moral, tramposos y embusteros. + +Pues todos éstos, el bueno y el malo, el desgraciado y el pillo, cada +uno por su arte propio, pero siempre con su sangre y sus huesos, le +amasa ron al sucio de Torquemada una fortunita que ya la quisieran +muchos que se dan lustre en Madrid, muy estirados de guantes, +estrenando ropa en todas las estaciones, y preguntando, como quien no +pregunta nada: «Diga usted, ¿á cómo han quedado hoy los fondos?» + +El año de la Revolución, compró Torquemada una casa de corredor en la +calle de San Blas, con vuelta á la de la Leche; finca muy aprovechada, +con veinticuatro habitacioncitas, que daban, descontando insolvencias +inevitables, reparaciones, contribución, etc., una renta de 1.300 reales +al mes, equivalente á un siete ó siete y medio por ciento del capital. +Todos los domingos se personaba en ella mi D. Francisco para hacer la +cobranza, los recibos en una mano, en otra el bastón con puño de asta de +ciervo; y los pobres inquilinos que tenían la desgracia de no poder ser +puntuales, andaban desde el sábado por la tarde con él estómago +descompuesto, porque la adusta cara, el carácter férreo del propietario, +no concordaban con la idea que tenemos del día de fiesta, del día del +Señor, todo descanso y alegría. El año de la Restauración, ya había +duplicado Torquemada la pella con que 13 cogió la _gloriosa_, y el +radical cambio político proporcionóle bonitos préstamos y anticipos. +Situación nueva, nóminas frescas, pagas saneadas, negocio limpio. Los +gobernadores flamantes que tenían que hacerse ropa, los funcionarios +diversos que salían de la obscuridad, famélicos, le hicieron un buen +Agosto. Toda la época de los conservadores fué regularcita; como que +estos le daban juego con las esplendideces propias de la dominación, y +los liberales también con sus ansias y necesidades no satisfechas. Al +entrar en el gobierno, en 1881, los que tanto tiempo estuvieron sin +catarlo, otra vez Torquemada en alza: préstamos de lo fino, adelantos de +lo gordo, y vamos viviendo. Total, que ya le estaba echando el ojo á +otra casa, no de corredor, sino de buena vecindad, casi nueva, bien +acondicionada para inquilinos modestos, y que si no rentaba más que un +tres y medio á todo tirar en cambio su administración y cobranza no +darían las jaquecas de la cansada finca dominguera. + +Todo iba como una seda para aquella feroz hormiga, cuando de súbito le +afligió el cielo con tremenda desgracia: se murió su mujer. Perdónenme +mis lectores si les doy la noticia sin la preparación conveniente, pues +sé que apreciaban á Doña Silvia, como la apreciábamos todos los que +tuvimos el honor de tratarla, y conocíamos sus excelentes prendas y +circunstancias. Falleció de cólico miserere, y he de decir, en aplauso +de Torquemada, que no se omitió gasto de médico y botica para salvarle +la vida á la pobre señora. Esta pérdida fue un golpe cruel para Don +Francisco, pues habiendo vivido el matrímonio en santa y laboriosa paz +durante más de cuatro lustros, los caracteres de ambos cónyuges se +habían compenetrado de un modo perfecto, llegando á ser ella otro él, y +él como cifra y refundición de ambos. Doña Silvia no sólo gobernaba la +casa con magistral economía, sino que asesoraba á su pariente en los +negocios difíciles, auxiliándole con sus luces y su experiencia para el +préstamo. Ella defendiendo el céntimo en casa para que no se fuera á la +calle, y él barriendo para adentro á fin de traer todo lo que pasara, +formaron un matrimonio sin desperdicio, pareja que podría servir de +modelo á cuantas hormigas hay debajo de la tierra y encima de ella. + +Estuvo Torquemada el _Peor_, los primeros días de su viudez, sin saber +lo que le pasaba, dudando que pudiera sobrevivir á su cara mitad. Púsose +más amarillo de lo que comunmente estaba, y le salieron algunas canas en +el pelo y en la perilla. Pero el tiempo cumplió como suele cumplir +siempre, endulzando lo amargo, limando con insensible diente las +asperezas de la vida, y aunque el recuerdo de su esposa no se extinguió +en el alma del usurero, el dolor hubo de calmarse; los días fueron +perdiendo lentamente su fúnebre tristeza; despejóse el sol del alma, +iluminando de nuevo las variadas combinaciones numéricas que en ella +había; los negocios distrajeron al aburrido negociante, y á los dos años +Torquemada parecía consolado; pero, entiéndase bien y repítase en honor +suyo, sin malditas ganas de volver á casarse. + +Dos hijos le quedaron: Rufinita, cuyo nombre no es nuevo para mis +amigos; y Valentinito, que ahora sale por primera vez. Entre la edad de +uno y otro hallamos diez años de diferencia, pues á mi Doña Silvia se le +malograron más ó menos prematuramente todas las crías intermedias, +quedándole sólo la primera y la última. En la época en que cae lo que +voy á referir, Rufinita había cumplido los veintidós, y Valentín andaba +al ras de los doce. Y para que se vea la buena estrella de aquel animal +de D. Francisco, sus dos hijos eran, cada cual por su estilo, verdaderas +joyas, ó como bendiciones de Dios que llovían sobre él para consolarle +en su soledad. Rufina había sacado todas las capacidades domésticas de +su madre, y gobernaba el hogar casi tan bien como ella. Claro que no +tenía el alto tino de los negocios, ni la consumada trastienda, ni el +golpe de vista, ni otras aptitudes entre morales y olfativas de aquella +insigne matrona; pero en formalidad, en honesta compostura y buen +parecer, ninguna chica de su edad le echaba el pie adelante. No era +presumida, ni tampoco descuidada en su persona; no se la podía tachar de +desenvuelta, ni tampoco de huraña. Coqueterías, jamás en ella se +conocieron. Un solo novio tuvo desde la edad en que apunta el querer +hasta los días en que la presento; el cual, después de mucho rondar y +suspiretear, mostrando por mil medios la rectitud de sus fines, fué +admitido en la casa en los últimos tiempos de Doña Silvia, y siguió +después, con asentimiento del papá, en la misma honrada y amorosa +costumbre. Era un _chico de Medicina_, chico en toda la extensión de la +palabra, pues levantaba del suelo lo menos que puede levantar un hombre; +estudiosillo, inocente, bonísimo y manchego por más señas. Desde el +cuarto año empezaron aquellas castas relaciones; y en los días de este +relato, concluída ya la carrera y lanzado Quevedito (que así se llamaba) +á la práctica de la facultad, tocaban ya á casarse. Satisfecho el _Peor_ +de la elección de la niña, alababa su discreción, su desprecio de las +vanas apariencias, para atender sólo á lo sólido y práctico. + +Pues digo, si de Rufina volvemos los ojos al tierno vastago de +Torquemada, encontraremos mejor explicación de la vanidad que le +infundía su prole, porque (lo digo sinceramente) no he conocido criatura +más mona que aquel Valentín, ni precocidad tan extraordinaria como la +suya. ¡Cosa más rara! No obstante el parecido con su antipático papá, +era el chiquillo guapísimo, con tal expresión de inteligencia en aquella +cara, que se quedaba uno embobado mirándole; con tales encantos en su +persona y carácter, y rasgos de conducta tan superiores á su edad, que +verle, hablarle y quererle vivamente, era todo uno. ¡Y qué hechicera +gravedad la suya, no incompatible con la inquietud propia de la +infancia! ¡Que gracia mezclada de no sé qué aplomo inexplicable á sus +años! ¡Qué rayo divino en sus ojos algunas veces, y otras qué misteriosa +y dulce tristeza! Espigadillo de cuerpo, tenía las piernas delgadas, +pero de buena forma; la cabeza más grande de lo regular, con alguna +deformidad en el cráneo. En cuanto á su aptitud para el estudio, +llamémosla verdadero prodigio, asombro de la escuela, y orgullo y gala +de los maestros. De esto hablaré más adelante. Sólo he de afirmar ahora +que el _Peor_ no merecía tal joya, ¡que había de merecerla! y que si +fuese hombre capaz de alabar á Dios por los bienes con que le agraciaba, +motivos tenía el muy tuno para estarse, como Moisés, tantísimas horas +con los brazos levantados al cielo. No los levantaba, porque sabía que +del cielo no había de caerle ninguna breva de las que á él le gustaban. + + +II + +Vamos á otra cosa: Torquemada no era de esos usureros que se pasan la +vida multiplicando caudales por el gustazo platónico de poseerlos; que +viven sórdidamente para no gastarlos, y al morirse, quisieran, ó bien +llevárselos consigo á la tierra, ó esconderlos donde alma viviente no +los pueda encontrar. No: D. Francisco habría sido así en otra época; +pero no pudo eximirse de la influencia de esta segunda mitad del siglo +XIX, que casi ha hecho una religión de las materialidades decorosas de +la existencia. Aquellos avaros de antiguo caño, que afanaban riquezas y +vivían como mendigos y se morían como perros en un camastro lleno de +pulgas y de billetes de Banco metidos entre la paja, eran los místicos ó +metafísicos de la usura; su egoísmo se sutilizaba en la idea pura del +negocio; adoraban la santísima, la inefable cantidad, sacrificando á +ella su material existencia, las necesidades del cuerpo y de la vida, +como el místico lo pospone todo á la absorbente idea de salvarse. +Viviendo el _Peor_ en una época que arranca de la desamortización, +sufrió, sin comprenderlo, la metamorfosis que ha desnaturalizado la +usura metafísica, convirtiéndola en positivista, y si bien es cierto, +como lo acredita la historia, que desde el 51 al 68, su verdadera época +de aprendizaje, andaba muy mal trajeado y con afectación de pobreza, la +cara y las manos sin lavar, rascándose á cada instante en brazos y +piernas cual si llevase miseria, el sombrero con grasa, la capa +deshilachada; si bien consta también en las crónicas de la vecindad que +en su casa se comía de vigilia casi todo el año, y que la señora salía á +sus negocios con una toquilla agujereada y unas botas viejas de su +marido, no es menos cierto que, alrededor del 70, la casa estaba ya en +otro pie; que mi Doña Silvia se ponía muy maja en ciertos días; que D. +Francisco se mudaba de camisa más de una vez por quincena; que en la +comida había menos carnero que vaca, y los domingos se añadía al cocido +un despojito de gallina; que aquello de judias á todo pasto y algunos +días pan seco y salchicha cruda, fué pasando á la historia; que el +estofado de contra apareció en determinadas fechas, por las noches, y +también pescados, sobre todo en tiempo de blandura, que iban baratos; +que se iniciaron en aquella mesa las chuletas de ternera y la cabeza de +cerdo, salada en casa por el propio Torquemada, el cual era un famoso +salador; que, en suma y para no cansar, la familia toda empezaba á +tratarse como Dios manda. + +Pues en los últimos años de Doña Silvia, la transformación acentuóse +más. Por aquella época cató la familia los colchones de muelles; +Torquemada empezó á usar chistera de cincuenta reales; disfrutaba dos +capas, una muy buena, con embozos colorados; los hijos iban bien +apañaditos; Rufina tenía un lavabo de los de mírame y no me toques, con +jofaina y jarro de cristal azul, que no se usaba nunca por no +estropearlo; Doña Silvia se engalanó con un abrigo de pieles que +parecían de conejo, y dejaba bizca á toda la calle de Tudescos y +callejón del Perro cuando salía con la _visita_ guarnecida de abalorio; +en fin, que pasito á paso y á codazo limpio, se habían, ido metiendo en +la clase media, en nuestra bonachona clase media, toda necesidades y +pretensiones, y que crece tanto, tanto, ¡ay dolor! que nos estamos +quedando sin pueblo. + +Pues señor, revienta Doña Silvia, y empuñadas por Rufina las riendas del +gobierno de la casa, la metamorfosis se marca mucho más. A reinados +nuevos, principios nuevos. Comparando lo pequeño con lo grande y lo +privado con lo público, diré que aquello se me parecía á la entrada de +los liberales, con su poquito de sentido revolucionario en lo que hacen +y dicen. Torquemada representaba la idea conservadora; pero transigía, +¡pues no había de transigir! doblegándose á la lógica de los tiempos. +Apechugó con la camisa limpia cada media semana; con el abandono de la +capa número dos para de día, relegándola al servicio nocturno; con el +destierro absoluto del hongo número tres, que no podía ya con más sebo; +aceptó, sin viva protesta, la renovación de manteles entre semana, el +vino á pasto, el cordero con guisantes (en su tiempo), los pescados +finos en Cuaresma y el pavo en Navidad; toleró la vajilla nueva para +ciertos días; el chaquet con trencilla, que en él era un refinamiento de +etiqueta, y no tuvo nada que decir de las modestas galas de Rufina y de +su hermanito, ni de la alfombra del gabinete, ni de otros muchos +progresos que se fueron metiendo en la casa á modo de contrabando. + +Y vió muy pronto D. Francisco que aquellas novedades eran buenas y que +su hija tenía mucho talento, porque... vamos, parecía cosa del otro +jueves... echábase mi hombre á la calle y se sentía, con la buena ropa, +más persona que antes; hasta le salían mejores negocios, más amigos +útiles y explotables. Pisaba más fuerte, tosía más recio, hablaba más +alto y atrevíase á levantar el gallo en la tertulia del café, notándose +con bríos para sustentar una opinión cualquiera, cuando antes, por +efecto sin duda del mal pelaje y de su rutinaria afectación de pobreza, +siempre era de la opinión de los demás. Poco á poco llegó á advertir en +sí los alientos propios de su capacidad social y financiera; se tocaba, +y el sonido le advertía que era propietario y rentista. Pero la vanidad +no le cegó nunca. Hombre de composición homogénea, compacta y dura, no +podía incurrir en la tontería de estirar el pie más del largo de la +sábana. En su carácter había algo resistente á las mudanzas de forma +impuestas por la época; y así como no varió nunca su manera de hablar, +tampoco ciertas ideas y prácticas del oficio se modificaron. Prevaleció +el amaneramiento de decir siempre que los tiempos eran muy malos, pero +muy malos; el lamentarse de la desproporción entre sus míseras ganancias +y su mucho trabajar; subsistió aquella melosidad de dicción y aquella +costumbre de preguntar por la familia siempre que saludaba á alguien, y +el decir que no andaba bien de salud, haciendo un mohín de hastío de la +vida. Tenía ya la perilla amarillenta, el bigote más negro que blanco, +ambos adornos de la cara tan recortaditos que antes parecían pegados que +nacidos allí. Fuera de la ropa, mejorada en calidad, si no en la manera +de llevarla, era el mismo que conocimos en casa de Doña Lupe _la de los +pavos_; en su cara la propia confusión extraña de lo militar y lo +eclesiástico, el color bilioso, los ojos negros y algo soñadores, el +gesto y los modales expresando lo mismo afeminación que hipocresía, la +calva más despoblada y más limpia, y todo el craso, resbaladizo y +repulsivo, muy pronto siempre, cuando se le saluda, á dar la mano, por +cierto bastante sudada. + +De la precoz inteligencia de Valentinito estaba tan orgulloso, que no +cabía en su pellejo. Á medida que el chico avanzaba en sus estudios, Don +Francisco sentía crecer el amor paterno, hasta llegar á la ciega pasión. +En honor del tacaño, debe decirse que, si se conceptuaba reproducido +físicamente en aquel pedazo de su propia naturaleza, sentía la +superioridad del hijo, y por esto se congratulaba más de haberle dado el +ser. Porque Valentinito era el prodigio de los prodigios, un jirón +excelso de la Divinidad caído en la tierra. Y Torquemada, pensando en el +porvenir, en lo que su hijo había de ser, si viviera, no se conceptuaba +digno de haberle engendrado, y sentía ante él la ingénita cortedad de lo +que es materia frente á lo que es espíritu. + +En lo que digo de las inauditas dotes intelectuales de aquella criatura, +no se crea que hay la más mínima exageración. Afirmo con toda ingenuidad +que el chico era de lo más estupendo que se puede ver, y que se presentó +en el campo de la enseñanza como esos extraordinarios ingenios que nacen +de tarde en tarde destinados á abrir nuevos caminos á la humanidad. A +más de la inteligencia, que en edad temprana despuntaba en él como +aurora de un día espléndido, poseía todos los encantos de la infancia: +dulzura, gracejo y amabilidad. El chiquillo, en suma, enamoraba y no es +de extrañar que D. Francisco y su hija estuvieran loquitos con él. +Pasados los primeros años, no fué preciso castigarle nunca, ni aun +siquiera reprenderle. Aprendió á leer por arte milagroso, en pocos días, +como si lo trajera sabido ya del claustro materno. A los cinco años, +sabía muchas cosas que otros chicos aprenden dificilmente á los doce. Un +día me hablaron de él dos profesores amigos míos que tienen colegio de +primera y segunda enseñanza, lleváronme á verle, y me quedé asombrado. +Jamás vi precocidad semejante ni un apuntar de inteligencia tan +maravilloso. Porque si algunas respuestas las endilgó de taravilla, +demostrando el vigor y riqueza de su memoria, en el tono con que decía +otras se echaba de ver cómo comprendía y apreciaba el sentido. + +La Gramática la sabía de carretilla; pero la Geografía la dominaba como +un hombre. Fuera del terreno escolar, pasmaba ver la seguridad de sus +respuestas y observaciones, sin asomos de arrogancia pueril. Tímido y +discreto, no parecía comprender que hubiese mérito en las habilidades +que lucía, y se asombraba de que se las ponderasen y aplaudiesen tanto. +Contáronme que en su casa daba muy poco que hacer. Estudiaba las +lecciones con tal rapidez y facilidad, que le sobraba tiempo para sus +juegos, siempre muy sosos é inocentes. No le hablaran á él de bajar á +la calle para enredar con los chiquillos de la vecindad. Sus travesuras +eran pacíficas, y consistieron, hasta los cinco años, en llenar de +monigotes y letras el papel de las habitaciones ó arrancarle algún +cacho; en echar desde el balcón á la calle una cuerda muy larga con la +tapa de una cafetera, arriándola hasta tocar el sombrero de un +transeúnte, y recogiéndola después á toda prisa. A obediente y humilde +no le ganaba ningún niño, y por tener todas las perfecciones, hasta +maltrataba la ropa lo menos que maltratarse puede. + +Pero sus inauditas facultades no se habían mostrado todavía: iniciáronse +cuando estudió la Aritmética, y se revelaron más adelante en la segunda +enseñanza. Ya desde sus primeros años, al recibir las nociones +elementales de la ciencia de la cantidad, sumaba y restaba de memoria +decenas altas y aun centenas. Calculaba con tino infalible, y su padre +mismo, que era un águila para hacer, en el filo de la imaginación, +cuentas por la regla de interés, le consultaba no pocas veces. Comenzar +Valentín el estudio de las matemáticas de Instituto y revelar de golpe +toda la grandeza de su numen aritmético, fué todo uno. No aprendía las +cosas, las sabía ya, y el libro no hacía más que despertarle las ideas, +abrírselas, digámoslo así, como si fueran capullos que al calor +primaveral se despliegan en flores. Para él no había nada difícil, ni +problema que le causara miedo. Un día fué el profesor á su padre y le +dijo: «Ese niño es cosa inexplicable, Sr. Torquemada: ó tiene el diablo +en el cuerpo, ó es el pedazo de Divinidad más hermoso que ha caido en la +tierra. Dentro de poco no tendré nada que enseñarle. Es Newton +resucitado, Sr. D. Francisco; una organización excepcional para las +matemáticas, un genio que sin duda se trae fórmulas nuevas debajo del +brazo para ensanchar el campo de la ciencia. Acuérdese usted de lo que +digo: cuando este chico sea hombre, asombrará y trastornará el mundo.» + +Cómo se quedó Torquemada al oir esto, se comprenderá fácilmente. Abrazó +al profesor, y la satisfacción le rebosaba por ojos y boca en forma de +lágrimas y babas. Desde aquel día, el hombre no cabía en sí: trataba á +su hijo, no ya con amor, sino con cierto respeto supersticioso. Cuidaba +de él como de un ser sobrenatural, puesto en sus manos por especial +privilegio. Vigilaba sus comidas, asustándose mucho si no mostraba +apetito; al verle estudiando, recorría las ventanas para que no entrase +aire, se enteraba de la temperatura exterior antes de dejarle salir, +para determinar si debía ponerse bufanda, ó el _carric_ gordo, ó las +botas de agua; cuando dormía, andaba de puntillas; le llevaba á paseo +los domingos, ó al teatro; y si el angelito hubiese mostrado afición á +juguetes extraños y costosos, Torquemada, vencida su sordidez, se los +hubiera comprado. Pero el fenómeno aquél no mostraba afición sino á los +libros: leía rápidamente y como por magia, enterándose de cada página en +un abrir y cerrar de ojos. Su papá le compró una obra de viajes con +mucha estampa de ciudades europeas y de comarcas salvajes. La seriedad +del chico pasmaba á todos los amigos de la casa, y no faltó quien dijera +de él que parecía un viejo. En cosas de malicia era de una pureza +excepcional: no aprendía ningún dicho ni acto feo de los que saben á su +edad los retoños desvergonzados de la presente generación. Su inocencia +y celestial donosura casi nos permitían conocer á los ángeles como si +los hubiéramos tratado, y su reflexión rayaba en lo maravilloso. Otros +niños, cuando les preguntan lo que quieren ser, responden que obispos ó +generales si despuntan por la vanidad; los que pican por la destreza +corporal, dicen que cocheros, atletas ó payasos de circo; los inclinados +á la imitación, actores, pintores... Valentinito, al oir la pregunta, +alzaba los hombros y no respondía nada. Cuando más, decía «no sé», y al +decirlo, clavaba en su interlocutor una mirada luminosa y penetrante, +vago destello del sin fin de ideas que tenía en aquel cerebrazo, y que +en su día habían de iluminar toda la tierra. + +Mas el _Peor_, aun reconociendo que no había carrera á la altura de su +milagroso niño, pensaba dedicarlo á ingeniero, porque la abogacía es +cosa de charlatanes. Ingeniero; pero ¿de qué? ¿civil ó militar? Pronto +notó que á Valentín no le entusiasmaba la tropa, y que, contra la ley +general de las aficiones infantiles, veía con indiferencia los +uniformes. Pues ingeniero de caminos. Por dictamen del profesor del +colegio, fué puesto Valentín, antes de concluir los años del +bachillerato, en manos de un profesor de estudios preparatorios para +carreras especiales, el cual, luego que tanteó su colosal inteligencia, +quedóse atónito, y un día salió asustado, con las manos en la cabeza, y +corriendo en busca de otros maestros de matemáticas superiores, les +dijo: «Voy á presentarles á ustedes el monstruo de la edad presente.» Y +le presentó, y se maravillaron, pues fué el chico á la pizarra, y como +quien garabatea por enredar y gastar tiza, resolvió problemas +dificilísimos. Luego hizo de memoria diferentes cálculos y operaciones, +que aun para los más peritos no son coser y cantar. Uno de aquellos +maestrazos, queriendo apurarle, le echó el cálculo de radicales +numéricos, y como si le hubieran echado almendras. Lo mismo era para él +la raíz _enésima_ que para otros dar un par de brincos. Los tíos +aquéllos tan sabios se miraban absortos, declarando no haber visto caso +ni remotamente parecido. + +Era en verdad interesante aquel cuadro, y digno de figurar en los +anales de la ciencia: cuatro varones de más de cincuenta años, calvos y +medio ciegos de tanto estudiar, maestros de maestros, congregábanse +delante de aquel mocoso que tenía que hacer sus cálculos en la parte +baja del encerado, y la admiración les tenía mudos y perplejos, pues ya +le podían echar dificultades al angelito, que se las bebía como agua. +Otro de los examinadores propuso las _homologías_ creyendo que Valentín +estaba raso de ellas; y cuando vieron que no, los tales no pudieron +contener su entusiasmo: uno le llamó el Anticristo; otro le cogió en +brazos y se lo puso á la pela, y todos se disputaban sobre quién se le +llevaría, ansiosos de completar la educación del primer matemático del +siglo. Valentín les miraba sin orgullo ni cortedad, inocente y dueño de +si, como Cristo niño entre los doctores. + + +III + +Basta de matemáticas, digo yo ahora, pues me urge apuntar que Torquemada +vivía en la misma casa de la calle de Tudescos donde le conocimos cuando +fué á verle la de Bringas para pedirle no recuerdo que favor, allá por +el 68; y tengo prisa por presentar á cierto sujeto que conozco hace +tiempo, y que hasta ahora nunca menté para nada: un D. José Bailón, que +iba todas las noches á la casa de nuestro D. Francisco á jugar con él la +partida de damas ó de mus, y cuya intervención en mi cuento es necesaria +ya para que se desarrolle con lógica. Este Sr. Bailón es un clérigo que +ahorcó los hábitos el 69, en Málaga echándose á revolucionario y á +librecultista con tan furibundo ardor, que ya no pudo volver al rebaño, +ni aunque quisiera le habían de admitir. Lo primero que hizo el +condenado fué dejarse crecer las barbas, despotricarse en los clubs, +escribir tremendas catilinarias contra los de su oficio, y, por fin, +operando _verbo et gladio,_ se lanzó á las barricadas con un trabuco +naranjero que tenía la boca lo mismo que una tompeta. Vencido y dado á +los demonios, le catequizaron los protestantes, ajustándole para +predicar y dar lecciones en la capilla, lo que él hacía de malísima gana +y sólo por el arrastrado garbanzo. A Madrid vino cuando aquella gentil +pareja, Don Horacio y Doña Malvina, puso su establecimiento evangélico +en Chamberí. Por un regular estipendio, Bailón les ayudaba en los +oficios, echando unos sermones agridulces, estrafalarios y fastidiosos. +Pero al año de estos tratos, yo no sé lo que pasó... ello fué cosa de +algún atrevimiento apostólico de Bailón con las neófitas: lo cierto es +que Doña Malvina, que era persona muy mirada, le dijo en mal español +cuatro frescas; intervino D. Horacio, denostando también á su coadjutor, +y entonces Bailón, que era hombre de muchísima sal para tales casos, +sacó una navaja tamaña como hoy y mañana, y se dejó decir que si no se +quitaban de delante les echaba fuera el mondongo. Fué tal el pánico de +los pobres ingleses, que echaron á correr pegando gritos y no pararon +hasta el tejado. Resumen: que tuvo que abandonar Bailón aquel acomodo, y +después de rodar por ahí dando sablazos, fue á parar á la redacción de +un periódico muy atrevidillo; como que su misión era echar chinitas de +fuego á toda autoridad: á los curas, á los obispos y al mismo Papa. Esto +ocurría el 73, y de aquella época datan los opúsculos políticos de +actualidad que publicó el clerizonte en el folletín, y de los cuales +hizo tiraditas aparte; bobadas escritas en estilo bíblico, y que +tuvieron, aunque parezca mentira, sus días de éxito. Como que se vendían +bien, y sacaron á su endiablado autor de más de un apuro. + +Pero todo aquello pasó, la fiebre revolucionaria, los folletos, y Bailón +tuvo que esconderse, afeitándose para disfrazarse y poder huir al +extranjero. A los dos años asomó por aquí otra vez, de bigotes +larguísimos, aumentados con parte de la barba, como los que gastaba +Víctor Manuel; y por si traía ó no traía chismes y mensajes de los +emigrados, metiéronle mano y le tuvieron en el Saladero tres meses. Al +año siguiente, sobreseída la causa, vivía el hombre en Chamberí, y según +la cháchara del barrio, muy á lo bíblico, amancebado con una viuda rica +que tenía rebaño de cabras y además un establecimiento de burras de +leche. Cuento todo esto como me lo contaron, reconociendo que en esta +parte de la historia patriarcal de Bailón hay gran obscuridad. Lo +público y notorio es que la viuda aquélla cascó, y que Bailón apareció +al poco tiempo con dinero. El establecimiento y las burras y cabras le +pertenecían. Arrendólo todo; se fué á vivir al centro de Madrid, +dedicándose á _inglés,_ y no necesito decir más para que se comprenda de +donde vinieron su conocimiento y tratos con Torquemada, porque bien se +ve que éste fué su maestro, le inició en los misterios del oficio, y le +manejó parte de sus capitales como había manejado los de Doña Lupe _la +Magnífica,_ más conocida por _la de los pavos_. + +Era D. José Bailón un animalote de gran alzada, atlético, de formas +robustas y muy recalcado de facciones, verdadero y vivo estudio +anatómico por su riqueza muscular. Ultimamente había dado otra vez en +afeitarse; pero no tenía cara de cura, ni de fraile, ni de torero. Era +más bien un Dante echado á perder. Dice un amigo mío, que por sus +pecados ha tenido que vérselas con Bailón, que éste es el vivo retrato +de la sibila de Cumas, pintada por Miguel Angel, con las demás señoras +sibilas y los Profetas en el maravilloso techo de la Capilla Sixtina. +Parece, en efecto, una vieja de raza titánica que lleva en su ceño todas +las iras celestiales. El perfil de Bailón, y el brazo y pierna, como +troncos añosos; el forzudo tórax, y las posturas que sabía tomar, +alzando una pataza y enarcando el brazo, le asemejaban á esos figurones +que andan por los techos de las catedrales, espatarrados sobre una nube. +Lástima que no fuera moda que anduviéramos en cueros, para que luciese +en toda su gallardía académica este ángel de cornisa. En la época en que +lo presento ahora, pasaba de los cincuenta años. + +Torquemada lo estimaba mucho, porque en sus relaciones de negocios, +Bailon hacía gala de gran formalidad y aun de delicadeza. Y como el +clérigo renegado tenía una historia tan variadita y dramática, y sabía +contarla con mucho aquél, adornándola con mentiras, D. Francisco se +embelesaba oyéndole, y en todas las cuestiones de un orden elevado le +tenía por oráculo. D. José era de los que con cuatro ideas y pocas más +palabras se las componen para aparentar que saben lo que ignoran y +deslumbrar á los ignorantes sin malicia. El más deslumbrado era D. +Francisco, y además el único mortal que leía los folletos bailónicos á +los diez años de publicarse; literatura envejecida casi al nacer, y cuyo +fugaz éxito no comprendemos sino recordando que la democracia +sentimental, á estilo de Jeremías, tuvo también sus quince. + +Escribía Bailón aquellas necedades en parrafitos cortos, y á veces +rompía con una cosa muy santa; verbigracia: «Gloria á Dios en las +alturas y paz», etc... para salir luego por este registro: + +«Los tiempos se acercan, tiempos de redención en que el hijo del Hombre +será dueño de la tierra. + +»El Verbo depositó hace diez y ocho siglos la semilla divina. En noche +tenebrosa fructificó. He aquí las flores. + +»¿Cómo se llaman? Los derechos del pueblo.» + +Y á lo mejor, cuando el lector estaba más descuidado, les soltaba ésta: + +«He ahí al tirano. ¡Maldito sea! + +»Aplicad el oído y decidme de dónde viene ese rumor vago, confuso, +extraño. + +»Posad la mano en la tierra y decidme, por qué se ha estremecido. + +»Es el hijo del Hombre que avanza, decidido á recobrar su primogenitura. + +»¿Por qué palidece la faz del tirano? ¡Ah! el tirano ve que sus horas +están contadas...» + +Otras veces empezaba diciendo aquello de: «Joven soldado, ¿á dónde vas?» +Y por fin, después de mucho marear, quedábase el lector sin saber á +dónde iba el soldadito, como no fueran todos, autor y público, á +Leganés. + +Todo esto le parecía de perlas á D. Francisco, hombre de escasa lectura. +Algunas tardes se iban á pasear juntos los dos tacaños, charla que te +charla; y si en negocios era Torquemada la sibila, en otra clase de +conocimientos no había más sibila que el Sr. de Bailón. En política, +sobre todo, el ex-clérigo se las echaba de muy entendido, principiando +por decir que ya no le daba la gana de conspirar; como que tenía la olla +asegurada y no quería exponer su pelleja para hacer el caldo gordo á +cuatro silbantes. Luego pintaba á todos los políticos, desde el más alto +al más obscuro, como un atajo de pilletes, y les sacaba la cuenta, al +céntimo, de cuanto habían rapiñado... Platicaban mucho también de +reformas urbanas, y como Bailón había estado en París y Londres, podía +comparar. La higiene pública les preocupaba á entrambos: el clérigo le +echaba la culpa de todo á los miasmas, y formulaba unas teorías +biológicas que eran lo que había que oir. De astronomía y música también +se le alcanzaba algo, no era lego en botánica, ni en veterinaria, ni en +el arte de escoger melones. Pero en nada lucía tanto su enciclopédico +saber como en cosas de religión. Sus meditaciones y estudios le habían +permitido sondear el grande y temerario problema de nuestro destino +total. «¿A dónde vamos a parar cuando nos morimos? Pues volvemos a +nacer: esto es claro como el agua. Yo me acuerdo--decía mirando +fijamente á su amigo y turbándole con el tono solemne que daba á sus +palabras,--yo me acuerdo de haber vivido antes de ahora. He tenido en mi +mocedad un recuerdo vago de aquella vida, y ahora, á fuerza de meditar, +puedo verla clara. Yo fui sacerdote en Egipto, ¿se entera usted? allá +por los años de que sé yo cuántos... sí, señor, sacerdote en Egipto. Me +parece que me estoy viendo con una sotana ó vestimenta de color de +azafrán, y unas al modo de orejeras que me caían por los lados de la +cara. Me quemaron vivo, porque... verá usted... había en aquella +iglesia, digo, templo, una sacerdotisita que me gustaba... de lo más +barbián, ¿se entera usted?... ¡y con unos ojos... así, y un golpe de +caderas, Sr. D. Francisco...! En fin, que aquello se enredó, y la diosa +Isis y el buey Apis lo llevaron muy á mal. Alborotóse todo aquel +cleriguicio, y nos quemaron vivos á la chávala y á mí... Lo que le +cuento es verdad, como ese es sol. Fijese usted bien, amigo; revuelva en +su memoria; rebusque bien en el sótano y en los desvanes de su sér, y +encontrará la certeza de que también usted ha vivido en tiempos lejanos. +Su niño de usted, ese prodigio, debe de haber sido antes el propio +Newton, ó Galileo, ó Euclides. Y por lo que hace á otras cosas, mis +ideas son bien claras. Infierno y cielo no existen: papas simbólicas y +nada más. Infierno y cielo están aquí. Aquí pagamos tarde ó temprano +todas las que hemos hecho; aquí recibimos, si no hoy, mañana, nuestro +premio, si lo merecemos, y quien dice mañana, dice el siglo que viene +... Dios, ¡oh! la idea de Dios tiene mucho busilis... y para +comprenderla hay que devanarse los sesos, como me los he devanado yo, +dale que dale sobre los libros, y meditando luego. Pues Dios... +(poniendo unos ojazos muy reventones y haciendo con ambas manos el gesto +expresivo de abarcar un grande espacio) es la Humanidad, la Humanidad, +¿se entera usted? lo cual no quiere decir que deje de ser personal... +¿Qué cosa es personal? Fijese bien. Personal es lo que es uno. Y el gran +Conjunto, amigo Don Francisco, el gran Conjunto... es uno, porque no +hay más, y tiene los atributos de un ser infinitamente infinito. +Nosotros, en montón, componemos la humanidad: somos los átomos que +forman el gran todo; somos parte mínima de Dios, parte minúscula, y nos +renovamos como en nuestro cuerpo se renuevan los átomos de la cochina +materia... ¿se va usted enterando?... + +Torquemada no se iba enterando ni poco ni mucho; pero el otro se metía +en un laberinto del cual no salía sino callándose. Lo único que Don +Francisco sacaba de toda aquella monserga, era que _Dios es la +Humanidad_, y que la Humanidad es la que nos hace pagar nuestras +picardías ó nos premia por nuestras buenas obras. Lo demás no lo +entendía así le ahorcaran. El sentimiento católico de Torquemada no +había sido nunca muy vivo. Cierto que en tiempos de Doña Silvia iban los +dos á misa, por rutina; pero nada más. Pues después de viudo, las pocas +ideas del Catecismo que el _Peor_ conservaba en su mente, como papeles ó +apuntes inútiles, las barajó con todo aquel fárrago de la +Humanidad-Dios, haciendo un lío de mil demonios. + +A decir verdad, ninguna de estas teologías ocupaba largo tiempo el magín +del tacaño, siempre atento á la baja realidad de sus negocios. Pero +llegó un día, mejor dicho, una noche en que tales ideas hubieron de +posesionarse de su mente con cierta tenacidad, por lo que ahorita mismo +voy á referir. Entraba mi hombre en su casa al caer de una tarde del mes +de Febrero, evacuadas mil diligencias con diverso éxito, discurriendo +los pasos que daría al día siguiente, cuando su hija, que le abrió la +puerta, le dijo estas palabras: «No te asustes, papá, no es nada... +Valentín ha venido malo de la escuela.» + +Las desazones del _monstruo_ ponían á D. Francisco en gran sobresalto. +La que se le anunciaba podía ser insignificante, como otras. No +obstante, en la voz de Rufina había cierto temblor, una veladura, un +timbre extraño, que dejaron á Torquemada frío y suspenso. + +«Yo creo que no es cosa mayor--prosiguió la señorita.--Parece que le dió +un vahido. El maestro fué quien lo trajo... en brazos.» + +El _Peor_ seguía clavado en el recibimiento, sin acertar á decir nada ni +á dar un paso. + +«Le acosté en seguida, y mandé un recado á Quevedo para que viniera á +escape.» + +D. Francisco, saliendo de su estupor como si le hubiesen dado un +latigazo, corrió al cuarto del chico, á quien vió en el lecho, con tanto +abrigo encima que parecía sofocado. Tenía la cara encendida, los ojos +dormilones. Su quietud más era de modorra dolorosa que de sueño +tranquilo. El padre aplicó su mano á las sienes del inocente montruo, +que abrasaban. + +--Pero ese trasto de Quevedillo.... Así reventara.... No sé en qué +piensa.... Mira, mejor será llamar otro médico que sepa más. + +Su hija procuraba tranquilizarle; pero él se resistía al consuelo. Aquel +hijo no era un hijo cualquiera, y no podía enfermar sin que se alterara +el orden del universo. No probó el afligido padre la comida; no hacía +más que dar vueltas por la casa, esperando al maldito médico, y sin +cesar iba de su cuarto al del niño, y de aquí al comedor, donde se le +presentaba ante los ojos, oprimiéndole el corazón, el encerado en que +Valentín trazaba con tiza sus problemas matemáticos. Aún subsistía lo +pintado por la mañana: garabatos que Torquemada no entendió, pero que +casi le hicieron llorar como una música triste: el signo de raíz, letras +por arriba y por abajo, y en otra parte una red de líneas, formando como +estrella de muchos picos con numeritos en las puntas. + +Por fin, alabado sea Dios, llegó el dichoso Quevedito, y D. Francisco le +echó la correspondiente chillería, pues ya le trataba como á yerno. +Visto y examinado el niño, no puso el médico muy buena cara. A +Torquemada se le podía ahogar con un cabello, cuando el doctorcillo, +arrimándole contra la pared y poniéndole ambas manos en los hombros, le +dijo: «No me gusta nada esto; pero hay que esperar á mañana, á ver si +brota alguna erupción. La fiebre es bastante alta. Ya le he dicho á +usted que tuviera mucho cuidado con este fenómeno del chico. ¡Tanto +estudiar, tanto saber, un desarrollo cerebral disparatado! Lo que hay +que hacer con Valentín es ponerle un cencerro al pescuezo, soltarle en +el campo en medio de un ganado, y no traerle á Madrid hasta que esté +bien bruto.» + +Torquemada odiaba el campo y no podía comprender que en él hubiese nada +bueno. Pero hizo propósito, si el niño se curaba, de llevarle á una +dehesa á que bebiera leche á pasto y respirase aires puros. Los aires +puros, bien lo decía Bailón, eran cosa muy buena. ¡Ah! los malditos +miasmas tenían la culpa de lo que estaba pasando. Tanta rabia sintió D. +Francisco, que si coge un miasma en aquel momento lo parte por el eje. +Fué la sibila aquella noche á pasar un rato con su amigo, y mira por +donde se repitió la matraca de la Humanidad, pareciéndole á Torquemada +el clérigo más enigmático y _latero_ que nunca, sus brazos más largos, +su cara más dura y temerosa. Al quedarse sólo, el usurero no se acostó. +Puesto que Rufina y Quevedo se quedaban á velar, el también velaría. +Contigua á la alcoba del padre estaba la de los hijos, y en ésta el +lecho de Valentín, que pasó la noche inquietísimo, sofocado, echando +lumbre de su piel, los ojos atónitos y chispeantes, el habla insegura, +las ideas desenhebradas, como cuentas de un rosario cuyo hilo se rompe. + + +IV + +El día siguiente fué todo sobresalto y amargura. Quevedo opinó que la +enfermedad era _inflamación de las meninges_, y que el chico estaba en +peligro de muerte. Esto no se lo dijo al padre, sino á Bailón para que +le fuese preparando. Torquemada y él se encerraron, y de la conferencia +resultó que por poco se pegan, pues D. Francisco, trastornado por el +dolor, llamó á su amigo embustero y farsante. El desasosiego, la +inquietud nerviosa, el desvario del tacaño sin ventura, no se pueden +describir. Tuvo que salir á varias diligencias de su penoso oficio, y á +cada instante tornaba á casa, jadeante, con medio palmo de lengua fuera, +el hongo echado hacia atrás. Entraba, daba un vistazo, vuelta á salir. +Él mismo traía las medicinas, y en la botica contaba toda la historia +... «un vahído estando en clase; después calentura horrible... ¿para +qué sirven los médicos?» Por consejo del mismo Quevedito, mandó venir á +uno de los más eminentes, el cual calificó el caso de _meningitis +aguda._ + +La noche del segundo día, Torquemada, rendido de cansancio, se embutió +en uno de los sillones de la sala, y allí se estuvo como media liorita, +dando vueltas á una picara idea, ¡ayí dura y con muchas esquinas, que se +le había metido en el cerebro. «He faltado á la Humanidad, y esa muy tal +y cual me las cobra ahora con los creditos atrasados.... No: pues si +Dios, ó quien quiera que sea, me lleva mi hijo, ¡me voy á volver más +malo, más perro...! Ya verán entonces lo que es canela fina. Pues no +faltaba otra cosa.... Conmigo no juegan.... Pero no, ¡qué disparates +digo! No me le quitará, porque yo.... Eso que dicen de que no he hecho +bien á nadie, es mentira. Que me lo prueben... porque no basta decirlo. +¿Y los tantísimos á quien he sacado de apuros?... ¿pues y eso? Porque si +á la Humanidad le han ido con cuentos de mí; que si aprieto, que si no +aprieto... yo probaré.... Ea, que ya me voy cargando: si no he hecho +ningún bien, ahora lo haré, ahora, pues por algo se ha dicho que nunca +para el bien es tarde. Vamos á ver: ¿y si yo me pusiera ahora á rezar, +qué dirían allá arriba? Bailón me parece á mí que está equivocado, y la +Humanidad no debe de ser Dios, sino la Virgen.... Claro, es hembra, +señora.... No, no, no... no nos fijemos en el materialismo de la +palabra. La Humanidad es Dios, la Virgen y todos los santos juntos.... +Tente, hombre, tente, que te vuelves loco.... Tan sólo saco en limpio +que no habiendo buenas obras, todo es, como si dijéramos, basura... ¡Ay +Dios, qué pena, qué pena...! Si me pones bueno á mi hijo, yo no sé qué +cosas haría; ¡pero qué cosas tan magníficas y tan...! ¿Pero quién es el +sinvergüenza que dice que no tengo apuntada ninguna buena obra? Es que +me quieren perder, me quieren quitar á mi hijo, al que ha nacido para +enseñar á todos los sabios y dejarles tamañitos. Y me tienen envidia +porque soy su padre, porque de estos huesos y de esta sangre salió +aquela, gloria del mundo.... Envidia; pero ¡qué envidiosa es esta +puerca Humanidad! Digo, la Humanidad no, porque es Dios... los hombres, +los prójimos, nosotros, que somos todos muy pillos, y por eso nos pasa +lo que nos pasa.... Bien merecido nos está... bien merecido nos está.» + +Acordóse entonces de que al día siguiente era domingo y no había +extendido los recibos para cobrar los alquileres de su casa. Después de +dedicar á esta operación una media hora, descansó algunos ratos, +estirándose en el sofá de la sala. Por la mañana, entre nueve y diez, +fue á la cobranza dominguera. Con el no comer y el mal dormir y la +acerbísima pena que le destrozaba el alma, estaba el hombre _mismamente_ +del color de una aceituna. Su andar era vacilante, y sus miradas vagaban +inciertas, perdidas, tan pronto barriendo el suelo como disparándose á +las alturas. Cuando el remendón, que en el sucio portal tenia su taller, +vió entrar al casero y reparó en su cara descompuesta y en aquel andar +de beodo, asustóse tanto que se le cayó el martillo con que clavaba las +tachuelas. La presencia de Torquemada en el patio, que todos los +domingos era una desagradabilísima aparición, produjo aquel día +verdadero pánico; y mientras algunas mujeres corrieron á refugiarse en +sus respectivos aposentos, otras, que debían de ser malas pagadoras, y +que observaron la cara que traía la fiera, se fueron á la calle. La +cobranza empezó por por los cuartos bajos, y pagaron sin chistar el +albañil y las dos pitilleras, deseando que se les quitase de delante la +aborrecida estampa de Don Francisco. Algo desusado y anormal notaron en +él, pues tomaba el dinero maquinalmente y sin examinarlo con roñosa +nimiedad, como otras veces, cual si tuviera el pensamiento á cien leguas +del acto importantísimo que estaba realizando; no se le oían aquellos +refunfuños de perro mordelón, ni inspeccionó las habitaciones buscando +el baldosín roto o el pedazo de revoco caído, para echar los tiempos á +la inquilina. + +Al llegar al cuarto de la Rumalda, planchadora, viuda, con su madre +enferma en un camastro y tres niños menores que andaban en el patio +enseñando las carnes por los agujeros de la ropa, Torquemada soltó el +gruñido de ordenanza, y la pobre mujer, con afligida y trémula voz, cual +si tuviera que confesar ante el juez un negro delito, soltó la frase de +reglamento: «D. Francisco, por hoy no se puede. Otro día cumpliré.» No +puedo dar idea del estupor de aquella mujer y de las dos vecinas, que +presentes estaban, cuando vieron que el tacaño no escupió por aquella +boca ninguna maldición ni herejía, cuando le oyeron decir con la voz más +empañada y llorosa del mundo: «No, hija, si no te digo nada... si no te +apuro... si no se me ha pasado por la cabeza reñirte... ¡Qué le hemos +de hacer, si no puedes...!» + +--D. Francisco, es que...--murmuró la otra, creyendo que la fiera se +expresaba con sarcasmo, y que tras el sarcasmo vendría la mordida. + +--No, hija, si no he chistado... ¿Cómo se han de decir las cosas? Es +que á ustedes no hay quien las apee de que yo soy un hombre, como quien +dice, tirano... ¿De dónde sacáis que no hay en mí compasión, ni... ni +caridad? En vez de agradecerme lo que hago por vosotras, me calumniáis +... No, no: entendámonos. Tú, Rumalda, estate tranquila: sé que tienes +necesidades, que los tiempos están malos... Cuando los tiempos están +malos, hijas, ¿qué hemos de hacer sino ayudarnos los unos á los otros? + +Siguió adelante, y en el principal dió con una inquilina muy mal +pagadora, pero de muchísimo corazón para afrontar á la fiera, y así que +le vió llegar, juzgando por el cáriz que venía más enfurruñado que +nunca, salió al encuentro de su aspereza con estas arrogantes +expresiones: + +«Oiga usté, á mi no me venga con apreturas. Ya sabe que no lo hay. _Ese_ +está sin trabajo. ¿Quiere que salga á un camino? ¿No ve la casa sin +muebles, como un hospital prestao? ¿De dónde quiere que lo saque?... +Maldita sea su alma... + +--¿Y quién te dice á tí, grandísima tal, deslenguada y bocona, que yo +vengo á sofocarte? A ver si hay alguna tarasca de éstas que sostenga que +yo no tengo humanidad. Atrévase á decírmelo....» + +Eriarboló el garrote, símbolo de su autoridad y de su mal genio, y en +el corrillo que se había formado sólo se veían bocas abiertas y miradas +de estupefacción. + +«Pues á tí y á todas les digo que no me importa un rábano que no me +paguéis hoy. ¡Vaya! ¿Cómo lo he de decir para que lo entiendan?... ¡Con +que estando tu marido sin trabajar te iba yo á poner el dogal al +cuello?... Yo sé que me pagarás cuando puedas, verdad? Porque lo que es +intención de pagar, tú la tienes. Pues entonces, ¿á qué tanto +enfurruñarse?... ¡Tontas, malas cabezas! (esforzándose en producir una +sonrisa); ¡vosotras creyéndome á mí más duro que las peñas, y yo +dejándooslo creer, porque me convenía, porque me convenía, claro, pues +Dios manda que no echemos facha con nuestra humanidad...! Vaya, que sois +todas unos grandísimos peines.... Abur, tú, no te sofoques. Y no creas +que hago esto para que me eches bendiciones. Pero conste que no te +ahogo; y para que veas lo bueno que soy....» + +Se detuvo y meditó un momento, llevándose la mano al bolsillo y mirando +al suelo. + +«Nada, nada.... Quédate con Dios.» + +Y á otra. Cobró en las tres puertas siguientes sin ninguna dificultad. +«D. Francisco, que me ponga usted piedra nueva en la ornilla, que aquí +no se puede guisar....» En otras circunstancias, esta reclamación +habría sido el principio de una chillería tremenda, verbigracia: «Pon el +traspontín en la hornilla, sinvergüenza, y arma el fuego +encima.»--«Miren el tío manguitillas, así se le vuelvan veneno los +cuartos.» Pero aquel día todo era paz y concordia, y Torquemada concedía +cuanto le demandaban. + +«¡Ay, D. Francisco!--le dijo otra en el número 11,--tenga los jeringados +cincuenta reales. Para poderlos juntar, no hemos comido más que dos +cuartos de gallineja y otros dos de hígado con pan seco.... Pero por no +verle el carácter de esa cara y no oirle, me mantendría yo con puntas de +París. + +--Pues mira, eso es un insulto, una injusticia, porque si las he +sofocado otras veces no ha sido por el materialismo del dinero, sino +porque me gusta ver cumplir á la gente... para que no se diga.... Debe +haber dignidad en todos. ¡A fe que tienes buena idea de mi!... ¿Iba yo á +consentir que tus hijos, estos borregos de Dios, tuviesen hambre?... +Deja, déjate el dinero.... O mejor, para que no lo tomes á desaire: +partámoslo y quédate con veinticinco reales.... Ya me los darás otro +día.... ¡Bribonazas, cuando debíais confesar que soy para vosotras como +un padre, me tachais de inhumano y de qué sé yo qué! No, yo les aseguro +á todas que respeto á la humanidad, que la considero, que la estimo, que +ahora y siempre haré todo el bien que pueda y un poquito más.... ¡Hala!» + +Asombro, confusión. Tras de él iba el parlero grupo, chismorreando asi: +«A este condenado le ha pasado algún desavío.... D. Francisco no está +bueno de la cafetera. Mirad qué cara de patíbulo se ha traído. ¡D. +Francisco con humanidad! Ahí tenéis por qué esta saliendo todas las +noches en el cielo esa estrella con rabo. Es que el mundo se va á +acabar.» + +En el número 16: + +«Pero hija de mi alma, so tunanta, ¿tenías á tu niña mala y no me habías +dicho nada? ¿Pues para qué estoy yo en el mundo? Francamente, eso es un +agravio que no te perdono, no te lo perdono. Eres una indecente; y en +prueba de que no tienes ni pizca de sentido, ¿apostamos á que no +adivinas lo que voy á hacer? ¿Cuánto va á que no lo adivinas?... Pues +voy á darte para que pongas un puchero.... ¡ea! Toma, y di ahora que yo +no tengo humanidad. Pero sois tan mal agradecidas, que me pondréis como +chupa de dómine, y hasta puede que me echéis alguna maldición. Abur.» + +En el cuarto de la señá Casiana, una vecina se aventuró á decirle: «D. +Francisco, á nosotras no nos la da usted.... A usted le pasa algo. ¿Que +demonios tiene en esa cabeza ó en ese corazón de cal y canto?» + +Dejóse el afligido casero caer en una silla, y quitándose el hongo se +pasó la mano por la amarilla frente y la calva sebosa, diciendo tan sólo +entre suspiros: «¡No es de cal y canto, puñales, no es de cal y canto!» + +Como observasen que sus ojos se humedecían, y que, mirando al suelo, y +apoyado con ambas manos en el bastón, cargaba sobre éste todo el peso +del cuerpo, meciéndose, le instaron para que se desahogara; pero él no +debió creerlas dignas de ser confidentes de su inmensa, desgarradora +pena. Tomando el dinero, dijo con voz cavernosa: «Si no lo tuvieras, +Casiana, lo mismo sería. Repito que yo no ahogo al pobre... como que yo +también soy pobre.... Quien dijese (levantándose con zozobra y enfado) +que soy inhumano, miente más que la _Gaceta_. Yo soy humano; yo +compadezco á los desgraciados; yo les ayudo en lo que puedo, porque así +nos lo manda la Humanidad; y bien sabéis todas que como faltéis á la +Humanidad, lo pagaréis tarde ó temprano, y que si sois buenas tendréis +vuestra recompensa. Yo os juro por esa imagen de la Virgen de las +Angustias con el Hijo muerto en los brazos (señalando una lámina), yo os +juro que si no os he parecido caritativo y bueno, no quiere esto decir +que no lo sea, ¡puñales! y que si son menester pruebas, pruebas se +darán. Dale, que no lo creen... pues váyanse todas con doscientos mil +pares de demonios, que á mí, con ser bueno me basta.... No necesito que +nadie me dé bombo. Piojosas, para nada quiero vuestras gratitudes.... Me +paso por las narices vuestras bendiciones.» + +Dicho esto salió de estampía. Todas le miraban por la escalera abajo, y +por el patio adelante, y por el portal afuera, haciendo unos gestos +tales que parecía el mismo demonio persignándose. + + +V + +Corrió hacia su casa, y contra su costumbre (pues era hombre que +comunmente prefería despernarse á gastar una peseta), tomó un coche para +llegar más pronto. El corazón dió en decirle que encontraría buenas +noticias, el enfermo aliviado, la cara de Rufina sonriente al abrir la +puerta; y en su impaciencia loca, parecíale que el carruaje no se movía, +que el caballo cojeaba y que el cochero no sacudía bastantes palos al +pobre animal.... «Arrea, hombre. ¡Maldito jaco! Leña en él--le +gritaba.--Mira que tengo mucha prisa.» + +Llegó por fin; y al subir jadeante la escalera de su casa, razonaba sus +esperanzas de esta manera: «No salgan ahora diciendo que es por mis +maldades, pues de todo hay...» ¡Qué desengaño al ver la cara de Rufina +tan triste, y al oir aquel _lo mismo, papá_, que sonó en sus oídos como +fúnebre campanada! Acercóse de puntillas al enfermo y le examinó. Como +el pobre niño se hallara en aquel momento amodorrado, pudo Don Francisco +observarle con relativa calma, pues cuando deliraba y quería echarse del +lecho, revolviendo en torno los espantados ojos, el padre no tenía valor +para presenciar tan doloroso espectáculo y huía de la alcoba trémulo y +despavorido. Era hombre que carecía de valor para afrontar penas de tal +magnitud, sin duda por causa de su deficiencia moral; se sentía medroso, +consternado, y como responsable de tanta desventura y dolor tan grande. +Seguro de la esmeradísima asistencia de Rufina, ninguna falta hacía el +afligido padre junto al lecho de Valentín: al contrario, más bien era +estorbo, pues si le asistiera, de fijo, en su turbación, equivocaría las +medicinas, dándole á beber algo que acelerara su muerte. Lo que hacía +era vigilar sin descanso, acercarse á menudo á la puerta de la alcoba, y +ver lo que ocurría, oir la voz del niño delirando ó quejándose; pero si +los ayes eran muy lastimeros y el delirar muy fuerte, lo que sentía +Torquemada era un deseo instintivo de echar á correr y ocultarse con su +dolor en el último rincón del mundo. Aquella tarde le acompañaron un +rato Bailón, el carnicero de abajo, el sastre del principal y el +fotógrafo de arriba, esforzándose todos en consolarle con las frases de +reglamento; mas no acertando Torquemada á sostener la conversación sobre +tema tan triste les daba las gracias con desatenta sequedad. Todo se le +volvia suspirar con bramidos, pasearse á trancos, beber buches de agua y +dar algún puñetazo ea la pared. ¡Tremendo caso aquel! ¡Cuántas +esperanzas desvanecidas!... ¡Aquella flor del mundo segada y marchita! +Esto era para volverse loco. Mas natural sería el desquiciamiento +universal, que la muerte del portentoso niño que había venido á la +tierra para iluminarla con el fanal de su talento... ¡Bonitas cosas +hacia Dios, la Humanidad, ó quien quiera que fuese el muy tal y cual que +inventó el mundo y nos puso en él! Porque si habían de llevarse á +Valentín, ¿para qué le trajeron acá, dándole á él, al buen Torquemada, +el privilegio de engendrar tamaño prodigio? ¡Bonito negocio hacía la +Providencia, la Humanidad, ó el arrastrado Conjunto, como decía Bailón! +¡Llevarse al niño aquél, lumbrera de la ciencia, y dejar acá todos los +tontos! ¿Tenía esto sentido común? ¿No había motivo para rebelarse +contra los de arriba, ponerle como ropa de pascua y mandarles á +paseo?... Si Valentín se moría, ¿qué quedaba en el mundo obscuridad, +ignorancia. Y para el padre, ¡que golpe! ¡Porque figurémonos todos lo +que sería D. Francisco cuando su hijo, ya hombre, empezase á figurar, á +confundir á todos los sabios, á volver patas arriba la ciencia toda!... +Torquemada sería en tal caso la segunda persona de la Humanidad: y sólo +por la gloria de haber engendrado al gran matemático, sería cosa de +plantarle en un trono. ¡Vaya un ingeniero que sería Valentín si viviese! +Como que había de hacer unos ferrocarriles que irían de aquí á Pekín en +cinco minutos, y globos para navegar por los aires, y barcos para andar +por debajito del agua, y otras cosas nunca vistas ni siquiera soñadas. +¡Y el planeta se iba á perder estas gangas por una estúpida sentencia de +los que dan y quitan la vida!... Nada, nada, envidia pura, envidia. Allá +arriba, en las invisibles cavidades de los altos cielos, alguien se +había propuesto _fastidiar_ á Torquemada. Pero... pero.... ¿y si no +fuese envidia, sino castigo? ¿Si se había dispuesto así para anonadar al +tacaño cruel, al casero tiránico, al prestamista sin entrañas? ¡Ah! +cuando esta idea entraba en turno, Torquemada sentía impulsos de correr +hacia la pared más próxima y estrellarse contra ella. Pronto se +reaccionaba y volvía sobre sí. No, no podía ser castigo, porque él no +era malo, y si lo fue, ya se enmendaría. Era envidiable, tirria y +malquerencia que le tenían, por ser autor de tan soberana eminencia. +Querían truncarle su porvenir y arrebatarle aquella alegría y fortuna +inmensa de sus últimos años.... Porque su hijo, si viviese, había de +ganar muchísimo dinero, pero muchísimo, y de aquí la celestial intriga. +Pero él (lo pensaba lealmente) renunciaría á las ganancias, pecuniarias +del hijo, con tal que le dejaran la gloria, ¡la gloria! pues para +negocios, le bastaba con los suyos propios.... El último paroxismo de su +exaltada mente fue renunciar á todo el _materialismo_ de la ciencia del +niño, con tal que le dejasen la gloria. + +Cuando se quedó solo con él, Bailón le dijo que era preciso tuviese +filosofía; y como Torquemada no entendiese bien el significado y +aplicación de tal palabra, explanó la sibila su idea en esta forma: +«Conviene resignarse, considerando nuestra pequeñez ante estas grandes +evoluciones de la materia... pues, ó substancia vital. Somos átomos, +amigo D. Francisco, nada más que unos tontos de átomos. Respetemos las +disposiciones del grandísimo Todo á que pertenecemos, y vengan penas. +Para eso está la filosofía, ó si se quiere, la religión: para hacer +pecho á la adversidad. Pues si no fuera asi, no podríamos vivir.» Todo, +lo aceptaba Torquemada menos resignarse. No tenía en su alma la fuente +de donde tal consuelo pudiera salir, y ni siquiera lo comprendía. Como +el otro, después de haber comido bien, insistiera en aquellas ideas, á +D. Francisco se le pasaron ganas de darle un par de trompadas, +destruyendo en un punto el perfil más enérgico que dibujara Miguel +Ángel. Pero no hizo más que mirarle con ojos terroríficos, y el otro se +asustó y puso punto en sus teologías. + +A prima noche, Quevedito y el otro médico hablaron á Torquemada en +términos desconsoladores. Tenían poca ó ninguna esperanza, aunque no se +atrevían á decir en absoluto que la habían perdido, y dejaban abierta la +puerta á las reparaciones de la naturaleza y á la misericordia de Dios. +Noche horrible fué aquélla. El pobre Valentín se abrasaba en invisible +fuego. Su cara encendida y seca, sus ojos iluminados por esplendor +siniestro, su inquietud ansiosa, sus bruscos saltos en el lecho, cual si +quisiera huir de algo que le asustaba, eran espectáculo tristísimo que +oprimía el corazón. Cuando D. Francisco, transido de dolor, se acercaba +á la abertura de las entornadas batientes de la puerta y echaba hacia +adentro una mirada tímida, creía escuchar, con la respiración premiosa +del niño, algo como el chirrido de su carne tostándose en el fuego de la +calentura. Puso atención á las expresiones incoherentes del delirio, y +le oyó decir: _«Equis elevado al cuadrado, menos uno, partido por dos, +más cinco equis menos dos, partido por cuatro, igual equis por equis más +dos, partido por doce.... Papa, papá, la característica del logaritmo de +un entero tiene tantas unidades menos una como_....» Ningún tormento de +la Inquisición iguala al que sufría Torquemada oyendo estas cosas. Eran +las pavesas del asombroso entendimiento de su hijo, revolando sobre las +llamas en que éste se consumía. Huyó de allí por no oir la dulce +vocecita, y estuvo más de media hora echado en el sofá de la sala, +agarrándose con ambas manos la cabeza como si se le quisiese escapar. De +improviso se levantó, sacudido por una idea; fué al escritorio donde +tenía el dinero; sacó un cartucho de monedas que debían de ser +calderilla, y vacíandoselo en el bolsillo del pantalón, púsose capa y +sombrero, cogió el llavín, y á la calle. + +Salió como si fuera en persecución de un deudor. Después de mucho andar, +parábase en una esquina, miraba con azoramiento á una parte y otra, y +vuelta á correr calle adelante, con paso inglés tras de su víctima. Al +compás de la marcha, sonaba en la pierna derecha el retintín de las +monedas.... Grandes eran su impaciencia y desazón por no encontrar +aquella noche lo que otras le salía tan á menudo al paso, molestándole y +aburriéndole. Por fin... gracias á Dios... acercósele un pobre. «Toma +hombre, toma: ¿dónde diablos os metéis esta noche? Cuando no hacéis +falta, salís como moscas, y cuando se os busca, para socorreros, nada +...» Apareció luego uno de esos mendigos decentes que piden, sombrero en +mano, con lacrimosa cortesía. «Señor, un pobre cesante.--Tenga, tenga +más. Aquí estamos los hombres caritativos para acudir á las miserias.... +Dígame: ¿no me pidió usted noches pasadas? Pues sepa que no le di porque +iba muy de prisa. Y la otra noche y la otra, tampoco le dí porque no +llevaba suelto: lo que es voluntad la tuve, bien, que la tuve.» Claro es +que el cesante pordiosero se quedaba viendo visiones, y no sabía cómo +expresar su gratitud. Más allá, salió de un callejón la fantasma. Era +una mujer que pide en la parte baja de la calle de la Salud, vestida de +negro, con un velo espesísimo que le tapa la cara. «Tome, tome, +señora.... Y que me digan ahora que yo jamás he dado una limosna. ¿Le +parece á usted qué calumnia? Vaya, que ya habrá usted reunido bastantes +cuartos esta noche. Como que hay quien dice que pidiendo así, y con ese +velo por la cara, ha reunido usted un capitalito. Retírese ya, que hace +mucho frío... y ruegue á Dios por mí.» En la calle del Carmen, en la de +Preciados y Puerta del Sol, á todos los chiquillos que salían dió su +perro por barba. «¡Eh! niño, ¿tú pides ó que haces ahí, como un bobo?» +Esto se lo dijo á un chicuelo que estaba arrimado á la pared, con las +manos á la espalda, descalzos los pies, el pescuezo envuelto en una +bufanda. El muchacho alargó la mano aterida. «Toma... Pues qué, ¿no te +decía el corazón que yo había de venir á socorrerte? ¿Tienes frío y +hambre? Toma más, y lárgate á tu casa, si la tienes. Aquí estoy yo para +sacarte de un apuro; digo, para partir contigo un pedazo de pan, porque +yo también soy pobre y más desgraciado que tú, ¿sabes? porque el frío, +el hambre, se soportan; pero ¡ay! otras cosas....» Apretó el paso sin +reparar en la cara burlona de su favorecido, y siguió dando, dando, +hasta que le quedaron pocas piezas en el bolsillo. Corriendo hacia su +casa, en retirada, miraba al cielo, cosa en él muy contraria á la +costumbre, pues si alguna vez lo miró para enterarse del tiempo, jamás, +hasta aquella noche, lo había contemplado. ¡Cuantísima estrella! Y qué +claras y resplandecientes, cada una en su sitio, hermosas y graves, +millones de millones de miradas que no aciertan á ver nuestra pequeñez. +Lo que más suspendía el ánimo del tacaño era la idea de que todo aquel +cielo estuviese indiferente á su gran dolor, ó más bien ignorante de él. +Por lo demás, como bonitas, ¡vaya si eran bonitas las estrellas! Las +había chicas, medianas y grandes; algo así como pesetas, medios duros y +duros. Al insigne prestamista le pasó por la cabeza lo siguiente: «Como +se ponga bueno, me ha de ajustar esta cuenta: si acuñáramos todas las +estrellas del cielo, ¿cuánto producirían al 5 por 100 de interés +compuesto en los siglos que van desde que todo eso existe?» + +Entró en su casa cerca de la una, sintiendo algún alivio en las +congojas de su alma; se adormeció vestido, y á la mañana del día +siguiente la fiebre de Valentín había remitido bastante. ¿Habría +esperanzas? Los médicos no las daban sino muy vagas, y subordinando su +fallo al recargo de la tarde. El usurero, excitadísimo, se abrazó á tan +débil esperanza como el náufrago se agarra á la flotante astilla. +Viviría, ¡pues no había de vivir! + +--Papá--le dijo Rufina llorando,--pídeselo á la Virgen del Carmen, y +déjate de Humanidades. + +--¿Crees tú?... Por mí no ha de quedar. Pero te advierto que no habiendo +buenas obras no hay que fiarse de la Virgen. Y acciones cristianas +habrá, cueste lo que cueste: yo te lo aseguro. En las obras de +misericordia está todo el intríngulis. Yo vestiré desnudos, visitare +enfermos, consolaré tristes.... Bien sabe Dios que esa es mi voluntad +bien lo sabe.... No salgamos después con la peripecia de que no lo +sabía.... Digo, como saberlo, lo sabe.... Falta que quiera. + +Vino por la noche el recargo, muy fuerte. Los calomelanos y revulsivos +no daban resultado alguno. Tenía el pobre niño las piernas abrasadas á +sinapismos, y la cabeza hecha una lástima con las embrocaciones para +obtener la erupción artificial. Cuando Rufina le cortó el pelito por la +tarde, con objeto de despejar el cráneo, Torquemada oía los tijeretazos +como si se los dieran á él en el corazón. Fué preciso comprar más hielo +para ponersolo en vejigas en la cabeza, y después hubo que traer el +iodoformo; recados que el _Peor_ desempeñaba con ardiente actividad, +saliendo y entrando cada poco tiempo. De vuelta á casa, ya anochecido, +encontró, al doblar la esquina de la calle de Hita, un anciano mendigo y +haraposo, con pantalones de soldado, la cabeza al aire, un andrajo de +chaqueta por los hombros, y mostrando el pecho desnudo. Cara más +venerable no se podía encontrar sino en las estampas del _Año +cristiano_. Tenía la barba erizada y la frente llena de arrugas, como +San Pedro; el cráneo terso, y dos rizados mechones blancos en las +sienes. «Señor, señor--decía con el temblor de un frío intenso,--mire +cómo estoy, míreme.» Torquemada pasó de largo, y se detuvo á poca +distancia; volvió hacia atrás, estuvo un rato vacilando, y al fin siguió +su camino. En el cerebro le fulguró esta idea: «Si conforme traigo la +capa nueva, trajera la vieja....» + + +VI + +Y al entrar en su casa: + +--¡Maldito de mí! No debí dejar escapar aquel acto de cristiandad. + +Dejó la medicina que traía, y, cambiando de capa, volvió á echarse á la +calle. Al poco rato, Rufinita, viéndole entrar en cuerpo, le dijo +asustada: + +--Pero, papá, ¡cómo tienes la cabeza!... ¿En dónde has dejado la capa? + +--Hija de mi alma--contestó el tacaño bajando la voz y poniendo una cara +muy compungida,--tú no comprendes lo que es un buen rasgo de caridad, de +humanidad.... ¿Preguntas por la capa? Ahí te quiero ver.... Pues se la +he dado á un pobre viejo, casi desnudo y muerto de frío. Yo soy así: no +ando con bromas cuando me compadezco del pobre. Podre parecer duro +algunas veces; pero como me ablande.... Veo que te asustas. ¿Qué vale un +triste pedazo de paño? + +--¿Era la nueva? + +--No, la vieja.... Y ahora, créemelo, me remuerde la conciencia por no +haberle dado la nueva... y se me alborota también por habértelo dicho. +La caridad no se debe pregonar. + +No se habló más de aquello, porque de cosas más graves debían ambos +ocuparse. Rendida de cansancio, Rufina no podía ya con su cuerpo: cuatro +noches hacía que no se acostaba; pero su valeroso espíritu la sostenía +siempre en pie, diligente y amorosa como una hermana de la caridad. +Gracias á la asistenta que tenían en casa; la señorita podía descansar +algunos ratos; y para ayudar á la asistenta en los trabajos de la +cocina, quedábase allí por las tardes la trapera de la casa, viejecita +que recogía las basuras y los pocos desperdicios de la comida, _ab +initio_, ó sea desde que Torquemada y Doña Silvia se casaron, y lo mismo +había hecho en la casa de los padres de Doña Silvia. Llamábanla la _tía +Roma_, no sé por qué (me inclino á creer que este nombre es corrupción +de Jerónima), y era tan vieja, tan vieja y tan fea, que su cara parecía +un puñado de telarañas revueltas con ceniza; su nariz de corcho ya no +tenía forma; su boca redonda y sin dientes, menguaba ó crecía, según la +distensión de las arrugas que la formaban. Más arriba, entre aquel +revoltijo de piel polvorosa, lucían los ojos de pescado, dentro de un +cerco de pimentón húmedo. Lo demás de la persona desaparecía bajo un +envoltorio de trapos y dentro de la remendada falda, en la cual había +restos de un traje de la madre de Doña Silvia, cuando era polla. Esta +pobre mujer tenía gran apego á la casa, cuyas barreduras había recogido +diariamente durante luengos años; tuvo en gran estimación á Doña Silvia, +la cual nunca quiso dar á nadie más que á ella los huesos, mendrugos y +piltrafas sobrantes, y amaba entrañablemente á los niños, principalmente +á Valentín, delante de quien se prosternaba con admiración +supersticiosa. Al verle con aquella enfermedad tan mala, que era, según +ella, una reventazón del talento en la cabeza, la tía roma no tenía +sosiego: iba mañana y tarde á enterarse; penetraba en la alcoba del +chico, y permanecía largo rato sentada junto al lecho, mirándole +silenciosa, sus ojos como dos fuentes inagotables que inundaban de +lágrimas los flácidos pergaminos de la cara y pescuezo. + +Salió la trapera del cuarto para volverse á la cocina, y en el comedor +se encontró al amo que, sentado junto á la mesa y de bruces en ella, +parecía entregarse á profundas meditaciones. La tía Roma, con el largo +trato y su metimiento en la familia, se tomaba confianzas con él.... +«Rece, rece--le dijo, poniéndose delante y dando vueltas al pañuelo con +que pensaba enjugar el llanto caudaloso,--rece, que buena falta le +hace.... ¡Pobre hijo de mis entrañas, qué malito está!... Mire, mire +(señalando al encerado) las cosas tan guapas que escribió en ese +bastidor negro. Yo no entiendo lo que dice... pero á cuenta que dirá +que debemos ser buenos.... ¡Sabe más ese ángel!... Como que por eso Dios +no nos le quiere dejar.... + +--¿Qué sabes tú, tía Roma?--dijo Torquemada poniéndose lívido.--Nos le +dejará. ¿Acaso piensas tú que yo soy tirano y perverso, como creen los +tontos y algunos perdidos, malos pagadores?... Si uno se descuida, le +forman la reputación más perra del mundo.... Pero Dios sabe la +verdad.... Si he hecho ó no he hecho caridades en estos días, eso no es +cuenta de nadie: no me gusta que me averigüen y pongan en carteles mis +buenas acciones.... Reza tú también, reza mucho hasta que se te seque la +boca, que tú debes de ser allá muy bien mirada, porque en tu vida has +tenido una peseta.... Yo me vuelvo loco, y me pregunto qué culpa tengo +yo de haber ganado algunos jeringados reales.... ¡Ay, tía Roma, si +vieras cómo tengo mi alma! Pídele á Dios que se nos conserve Valentín, +porque si se nos muere, yo no sé lo que pasará: yo me volveré loco, +saldré á la calle y mataré á alguien. Mi hijo es mío, ¡puñales! y la +gloria del mundo. ¡Al que me le quite...! + +--¡Ay qué pena!--murmuró la vieja ahogándose.--Pero quien sabe... puede +que la Virgen haga el milagro.... Yo se lo estoy pidiendo con muchísima +devoción. Empuje usted por su lado y prometa ser tan siquiera regular. + +--Pues por prometido no quedará.... Tía Roma déjame... déjame sólo. No +quiero ver á nadie. Me entiendo mejor solo con mi afán.» + +La anciana salió gimiendo, y D. Francisco, puestas las manos sobre la +mesa, apoyó en ellas su frente ardorosa. Así estuvo no sé cuánto tiempo, +hasta que le hizo variar de postura su amigo Bailón, dándole palmadas en +el hombro y diciéndole: «No hay que amilanarse. Pongamos cara de vaqueta +a la desgracia, y no permitamos que nos acoquine la muy... Déjese para +las mujeres la cobardía. Ante la Naturaleza, ante el sublime Conjunto, +somos unos pedazos de átomos que no sabemos de la misa la media. + +--Váyase usted al rábano con sus Conjuntos y sus papás,--le dijo +Torquemada echando lumbre por los ojos.» + +Bailón no insistió; y juzgando que lo mejor era distraerle, apartando su +pensamiento de aquellas sombrías tristezas, pasado un ratito le habló de +cierto negocio que traía en la mollera. + +Como quiera que el arrendatario de sus ganados asnales y cabríos hubiese +rescindido el contrato, Bailón decidió explotar aquella industria en +gran escala, poniendo un gran establecimiento de leches á estilo moderno +con servicio puntual á domicilio, precios arreglados, local elegante, +teléfono, etc.... Lo había estudiado, y.... Créame usted amigo D. +Francisco, es un negocio seguro, mayormente si añadimos el ramo de +vacas, porque en Madrid las leches.... + +--Déjeme usted á mí de leches y de.... ¿Qué tengo yo que ver con burras +ni con vacas?--gritó el _Peor_ poniéndose en pie y mirándole con +desprecio.--Me ve cómo estoy, ¡puñales! muerto de pena, y me viene á +hablar de la condenada leche.... Hábleme de cómo se consigue que Dios +nos haga caso cuando pedimos lo que necesitamos, hábleme de lo que... +no sé cómo explicarlo... de lo que significa ser bueno y ser malo... +porque, ó yo soy un zote, ó ésta es de las cosas que tienen más +busilis.... + +--¡Vaya si lo tienen, vaya si lo tienen, carambita!» dijo la sibila con +expresión de suficiencia, moviendo la cabeza y entornando los ojos. + +En aquel momento tenía el hombre actitud muy diferente de la de su +similar en la Capilla Sixtina: sentado, las manos sobre el puño del +bastón, éste entre las piernas, las piernas dobladas con igualdad: el +sombrero caído para atrás, el cuerpo atlético desfigurado dentro del +gabán de solapas aceitosas, los hombros y cuello plagados de caspa. Y +sin embargo de estas prosas, el muy arrastrado se parecía al Dante y +¡había sido sacerdote en Egipto! Cosas de la picara humanidad.... + +«Vaya si lo tienen--repitió la sibila, preparándose á ilustrar á su +amigo con una opinión cardinal.--¡Lo bueno y lo malo... como quien +dice, luz y tinieblas!» + +Bailón hablaba de muy distinta manera de como escribía. Esto es muy +común. Pero aquella vez la solemnidad del caso exaltó tanto su magín, +que se le vinieron a la bocalos conceptos en la forma propia de su +escuela literaria. «He aquí que el hombre vacila y se confunde ante el +gran problema. ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? Hijo mío, abre tus oídos +a la verdad y tus ojos a la luz. El bien es amar a nuestros semejantes. +Amemos y sabremos lo que es el bien; aborrezcamos y sabremos lo que es +el mal. Hagamos bien a los que nos aborrecen, y las espinas se nos +volverán flores. Esto dijo el justo, esto digo yo... Sabiduría de +sabidurías, y ciencia de ciencias». + +--Sabidurías y armas al hombro--gruñó Torquemada con abatimiento.--Eso +ya lo sabía yo... pues lo de _al prójimo contra una esquina_ siempre me +ha parecido una barbaridad. No hablemos más de eso.... No quiero pensar +en cosas tristes. No digo más sino que si se me muere el hijo... vamos, +no quiero pensarlo... si se me muere, lo mismo me da lo blanco que lo +negro.... + +En aquél momento oyóse un grito áspero, estridente, lanzado por +Valentín, y que á entrambos los dejó suspensos de terror. Era el grito +meníngeo, semejante al alarido del pavo real. Este extraño síntoma +encefálico se había iniciado aquel día por la mañana, y revelaba el +gravísimo y pavoroso curso de la enfermedad del pobre niño matemático. +Torquemada se hubiera escondido en el centro de la tierra para no oír +tal grito: metióse en su despacho sin hacer caso de las exhortaciones de +Bailón, y dando á éste con la puerta en el hocico dantesco. Desde el +pasillo le sintieron abriendo el cajón de su mesa, y al poco rato +apareció guardando algo en el bolsillo interior de la americana. Cogió +el sombrero, y sin decir nada se fue á la calle. + +Explicaré lo que esto significaba y á dónde iba con su cuerpo aquella +tarde el desventurado Don Francisco. El día mismo en que cayó malo +Valentín, recibió su padre carta de un antiguo y sacrificado cliente ó +deudor suyo, pidiéndole préstamo con garantía de los muebles de la casa. +Las relaciones entre la víctima y el inquisidor databan de larga fecha, +y las ganancias obtenidas por éste habían sido enormes, porque el otro +era débil, muy delicado, y se dejaba desollar, freir y escabechar como +si hubiera nacido para eso. Hay personas así. Pero llegaron tiempos +penosísimos, y el señor aquél no podía recoger su papel. Cada lunes y +cada martes, el _Peor_ le embestía, le mareaba, le ponía la cuerda al +cuello y tiraba muy fuerte, sin conseguir sacarle ni los intereses +vencidos. Fácilmente se comprenderá la ira del tacaño al recibir la +cartita pidiendo un nuevo préstamo. ¡Qué atroz insolencia! Le habría +contestado mandándole á paseo, si la enfermedad del niño no le trajera +tan afligido y sin ganas de pensar en negocios. Pasaron dos días, y allá +te va otra esquela angustiosa, de _in exiremis_, como pidiendo la +Unción. En aquellas cortas líneas en que víctima invocaba los _hidalgas +sentimientos_ de verdugo, se hablaba de un compromiso de honor, +proponíanse las condiciones más espantosas, pasaba por todo con tal de +ablandar el corazon de bronce del usurero, y obtener de él la +afirmativa. Pues cogió mi hombre la carta, y hecha pedazos la tiró á la +cesta de papeles, no volvido á acordarse más de semejante cosa. ¡Buena +tenía él la cabeza para pensar en los compromisos y apuros de nadie, +aunque fueran los del mismísimo Verbo? + +Pero llegó la ocasión aquélla antes descrita, el coloquio con la tía +Roma y con D. José, el grito de Valentín, y he aquí que al judío le da +como una corazonada, se le enciende en la mollera fuego de inspiración, +trinca el sombrero y se va derecho en busca de su desdichado cliente. El +cual era apreciable persona, sólo que de cortos alcances, con un +familión sin fin, y una señora á quien le daba el hipo por lo elegante. +Había desempeñado el tal buenos destinos en la Península, y en Ultramar, +y lo que trajo de allá, no mucho, porque era hombre de bien, se lo afanó +el usurero en menos de un año. Después le cayó la herencia de un tío; +pero como la señora tenía unos condenados _jueves_ para reunir y +agasajar á la mejor sociedad, los cuartos de la herencia se escurrían de +lo lindo, y sin saber cómo ni cuándo, fueron á parar al bolsón de +Torquemada. Yo no sé qué demonios tenía el dinero de aquella casa, que +era como un acero para correr hacia el imán del maldecido prestamista. +Lo peor del caso es que aun después de hallarse la familia con el agua +al pescuezo, todavía la tarasca aquella tan _fashionable_ encargaba +vestidos á París, invitaba a sus amigas para un _five o'clock tea_, ó +imaginaba cualquier otra majadería por el estilo. + +Pues, señor, ahí va D. Francisco hacia la casa del señor aquél, que, á +juzgar por los términos aflictivos de la carta, debía de estar á punto +de caer, con toda su elegancia y sus tés, en los tribunales, y de +exponer á la burla y á la deshonra un nombre respetable. Por el camino +sintió el tacaño que le tiraban de la capa. Volvióse... ¿y quién creéis +que era? Pues una mujer que parecía la Magdalena por su cara dolorida y +por su hermoso pelo, mal encubierto con pañuelo de cuadros rojos y +azules. El palmito era de la mejor ley; pero muy ajado ya por fatigosas +campañas. Bien se conocía en ella á la mujer que sabe vestirse, aunque +iba en aquella ocasión hecha un pingo, casi indecente, con falda +remendada, mantón de ala de mosca y unas botas.... ¡Dios, qué botas, y +cómo desfiguraban aquel pie tan bonito. + +--¡Isidora!...--exclamó D. Francisco, poniendo cara de regocijo, cosa en +él muy desusada.--¿A dónde va usted con ese ajetreado cuerpo? + +--Iba a su casa. Sr. D. Francisco, tenga compasión de nosotros... ¿Por +qué es usted tan tirano y tan de piedra? ¿No ve cómo estamos? ¿No tiene +tan siquiera un poquito de humanidad? + +--Hija de mi alma, usted me juzga mal... ¿Y si yo le dijera ahora que +iba pensando en usted... que me acordaba del recado que me mandó ayer +por el hijo de la portera... y de lo que usted misma me dijo anteayer +en la calle? + +--¡Vaya, que no hacerse cargo de nuestra situación!--dijo la mujer +echándose á llorar.--Martín muriéndose... el pobrecito... en aquel +buhardillón helado.... Ni cama, ni medicinas, ni con qué poner un triste +puchero para darle una taza de caldo.... ¡Qué dolor! Don Francisco, +tenga cristiandad y no nos abandone. Cierto que no tenemos crédito; pero +á Martín le quedan media docena de estudios muy bonitos.... Verá usted +... el de la sierra de Guadarrama, precioso... el de La Granja, con +aquellos arbolitos... también, y el de... qué sé yo qué. Todos muy +bonitos: Se los llevaré... pero no sea malo y compadézcase del pobre +artista.... + +--Eh... eh... no llore, mujer.... Mire que yo estoy montado á pelo... +tengo una aflicción tal dentro de mi alma, Isidora, que... si sigue +usted llorando, también yo soltaré el trapo. Vayase á su casa, y +espéreme allí. Iré dentro de un ratito.... ¿Qué... duda de mi palabra? + +--¿Pero de veras que va? No me engañe, por la Virgen Santísima. + +--¿Pero la he engañado yo alguna vez? Otra queja podrá tener de mí; pero +lo que es esa.... + +--¿Le espero de verdad?... ¡Qué bueno será usted si va y nos socorre!... +¡Martín se pondrá más contento cuando se lo diga! + +--Vayase tranquila.... Aguárdeme, y mientras llego pídale á Dios por mí +con todo el fervor que pueda. + + +VII + +No tardó en llegar á la casa del cliente, la cual era un principal muy +bueno, amueblado con mucho lujo y elegancia, con _vistas á San +Bernardino_. Mientras aguardaba á ser introducido, el _Peor_ contempló +el hermoso perchero y los soberbios cortinajes de la sala, que por la +entornada puerta se alcanzaban á ver, y tanta magnificencia le sugirió +estas reflexiones: «En lo tocante á los muebles, como buenos lo son... +vaya si lo son.» Recibióle el amigo en su despacho; y apenas Torquemada +le preguntó por la familia, dejóse caer en una silla con muestras de +gran consternación. «¿Pero qué le pasa?--le dijo el otro. + +--No me hable usted, no me hable usted, señor D. Juan. Estoy con el alma +en un hilo.... ¡Mi hijo...! + +--¡Pobrecito! Sé que está muy malo.... ¿Pero no tiene usted esperanzas? + +--No, señor.... Digo, esperanzas, lo que se llama esperanzas.... No sé; +estoy loco; mi cabeza es un volcán.... + +--¡Sé lo que es eso!--observó el otro con tristeza.--He perdido dos +hijos que eran mi encanto: el uno de cuatro años, el otro de once. + +--Pero su dolor de usted no puede ser como el mío. Yo padre, no me +parezco á los demás padres, porque mi hijo no es como los demás hijos: +es un milagro de sabiduría.... ¡Ay, D. Juan, Don Juan de mi alma, tenga +usted compasión de mí! Pues verá usted.... Al recibir su carta primera, +no pude ocuparme.... La aflicción no me dejaba pensar... Pero me +acordaba de usted y decía: «Aquel pobre D. Juan, ¡qué amarguras estará +pasando!...» Recibo la segunda esquela y entonces digo: «Ea, pues lo que +es yo no le dejo en ese pantano. Debemos ayudarnos los unos á los otros +en nuestras desgracias.» Así pensé; sólo que con la batahola que hay en +casa, no tuve tiempo de venir ni de contestar.... Pero hoy, aunque +estaba medio muerto de pena, dije: «Voy, voy al momento á sacar del +purgatorio á ese buen amigo D. Juan...» y aquí estoy para decirle que +aunque me debe usted setenta y tantos mil reales, que hacen más de +noventa con los intereses no percibidos, y aunque he tenido que darle +varias prórrogas, y... francamente... me temo tener que darle alguna +más, estoy decidido á hacerle á usted ese préstamo sobre los muebles +para que evite la peripecia que se le viene encima. + +--Ya está evitada--replicó D. Juan, mirando al prestamista con la mayor +frialdad.--Ya no necesito el préstamo. + +--¡Que no lo necesita!--exclamó el tacaño desconcertado.--Repare usted +una cosa, D. Juan. Se lo hago á usted... al doce por ciento. + +Y viendo que el otro hacía signos negativos, levantóse, y recogiendo la +capa, que se le caía, dió algunos pasos hacia D. Juan, le puso la mano +en el hombro y le dijo: + +«Es que usted no quiere tratar conmigo, por aquello de si soy ó no soy +agarrado. ¡Me parece á mí que un doce! ¿Cuándo las habrá visto usted más +gordas! + +--Me parece muy razonable el interés; pero, lo repito, ya no me hace +falta. + +--¿Se ha sacado usted el premio gordo, por vida de...!--exclamó +Torquemada con grosería--D. Juan, no gaste usted bromas conmigo.... ¿Es +que duda de que le hable con seriedad? Porque eso de que no le hace +falta.... ¡rábano!... ¡á usted que sería capaz de tragarse, no digo yo +este pico, sino la Casa de la Moneda enterita... D. Juan. Don Juan, +sepa usted, si no lo sabe, que yo tan bién tengo mi humanidad como +cualquier hijo de vecino, que me intereso por el prójimo hasta que +favorezco á los que me aborrecen. Usted me odia, D. Juan, usted me +detesta, no me lo niegue, porque no me puede pagar: esto es claro. Pues +bien: para que vea usted de lo que soy capaz, se lo doy al cinco... ¡al +cinco!» + +Y como el otro repitiera con la cabeza los signos negativos, Torquemada +se desconcertó más, y alzando los brazos, con lo cual dicho se está que +la capa fué á parar al suelo, soltó esta andanada: + +«¡Tampoco al cinco!... Pues, hombre, menos que el cinco, ¡caracoles!... +á no ser que quiera que le dé también la camisa que llevo puesta.... +¿Cuando se ha visto usted en otra?... Pues no sé qué quiere el ángel de +Dios.... De esta hecha, me vuelvo loco. Para que vea, para que vea hasta +dónde llega mi generosidad: se lo doy sin interés. + +--Muchas gracias, amigo D. Francisco. No dudo de sus buenas intenciones. +Pero ya nos hemos arreglado. Viendo que usted no me contestaba, me fuí á +dar con un pariente, y tuve ánimos para contarle mi triste situación. +¡Ojalá lo hubiera hecho antes! + +--Pues aviado está el pariente.... Ya puede decir que ha hecho un pan +como unas hostias.... Con muchos negocios de esos.... En fin, usted no +lo ha querido de mí, usted se lo pierde. Vaya diciendo ahora que no +tengo buen corazón, quien no lo tiene es usted.... + +--¿Yo? Esa sí que es salada. + +--Sí, usted, usted (con despecho). En fin, me las guillo, que me +aguardan en otra parte donde hago muchísima falta, donde me están +esperando como agua de Mayo. Aquí estoy de más. Abur....» + +Despidióle D. Juan en la puerta, y Torquemada bajó la escalera +refunfuñando: «No se puede tratar con gente mal agradecida. Voy á +entenderme con aquellos pobrecitos.... ¡Qué será de ellos sin mí!» + +No tardó en llegar á la otra casa, donde le aguardaban con tanta +ansiedad. Era en la calle de la Luna, edificio de buena apariencia, que +albergaba en el principal á un aristócrata; más arriba familias +modestas, y en el techo un enjambre de pobres. Torquemada recorrió el +pasillo obscuro buscando una puerta. Los números de éstas eran inútiles, +porque no se veían. La suerte fué que Isidora le sintió los pasos y +abrió. + +«¡Ah! vivan los hombres de palabra. Pase, pase.» + +Hallose D. Francisco dentro de una estancia cuyo inclinado techo tocaba +al piso por la parte contraria a la puerta; arriba, un ventanón con +algunos de sus vidrios rotos, tapados con trapos y papeles; el suelo, de +baldosín, cubierto a trechos de pedazos de alfombra; a un lado un baúl +abierto, dos sillas, un anafre con lumbre; a otro, una cama, sobre la +cual, entre mantas y ropas diversas, medio vestido y medio abrigado, +yacía un hombre como de treinta años, guapo, de barba puntiaguda, ojos +grandes, frente hermosa, demacrado y con los pómulos ligeramente +encendidos; en las sienes una depresión verdosa, y las orejas +transparentes como la cera de los devotos que se cuelgan en los altares. +Torquemada le miró sin contestar al saludo y pensaba así: «El pobre está +más tísico que la Traviatta. ¡Lástima de muchacho! Tan buen pintor y tan +mala cabeza... ¡Habría podido ganar tanto dinero!». + +--Ya ve usted, D. Francisco, cómo estoy... con este catarrazo que no me +quiere dejar. Siéntese.... ¡Cuanto le agradezco su bondad! + +--No hay que agradecer nada.... Pues no faltaba más. ¿No nos manda Dios +vestir á los enfermos, dar de beber al triste, visitar al desnudo?... +¡Ay! todo lo trabuco. ¡Qué cabeza!... Decía que para aliviar las +desgracias estamos los hombres de corazón blando... sí, señor.» + +Miró las paredes del buhardillón, cubiertas en gran parte por multitud +de estudios de paisajes, algunos con el cielo para abajo, clavados en la +pared ó arrimados á ella. + +«Bonitas cosas hay todavía por aquí. + +--En cuanto suelte el constipado, voy á salir al campo--dijo el enfermo, +los ojos iluminados por la fiebre.--¡Tengo una idea, qué idea!... Creo +que me pondré bueno de ocho á diez días, si usted me socorre, D. +Francisco; y en seguida al campo, al campo.... + +--Al camposanto es á donde tu vas prontito--pensó Torquemada; y luego en +alta voz:--Sí, eso es cuestión de ocho ó diez días... nada más.... +Luego, saldrá usted por ahí... en un coche.... ¿Sabe usted que la +buhardilla es fresquecita?... ¡Caramba! Déjeme embozar en la capa. + +--Pues asómbrese usted--dijo el enfermo incorporándose.--Aquí me he +puesto algo mejor. Los últimos días que pasamos en el estudio... que se +lo cuente á usted Isidora... estuve malísimo; como que nos asustamos, +y....» + +Le entró tan fuerte golpe de tos, que parecía que se ahogaba. Isidora +acudió á incorporarle, levantando las almohadas. Los ojos del infeliz +parecía que se saltaban, sus deshechos pulmones agitábanse +trabajosamente como fuelles rotos que no pueden expeler ni aspirar el +aire; crispaba los dedos, quedando al fin postrado y como sin vida. +Isidora le enjugó el sudor de la frente, puso en orden la ropa que por +ambos lados del angosto lecho se caía, y le dió á beber un calmante. + +«¡Pero qué pasmo tan atroz he cogido!...--exclamó el artista al +reponerse del acceso. + +--Habla lo menos posible--le aconsejó Isidora. + +--Yo me entenderé con D. Francisco: verás cómo nos arreglamos. Este D. +Francisco es más bueno de lo que parece: es un santo disfrazado de +diablo, ¿verdad?» + +Al reirse mostró su dentadura incomparable una de las pocas gracias que +le quedaban en su decadencia triste. Torquemada, echándose el de +bondadoso, la hizo sentar á su lado y le puso la mano en el hombro, +diciéndole: «Ya lo creo que nos arreglaremos.... Como que con usted se +puede entender uno fácilmente; porque usted, Isidorita, no es como esas +otras mujeronas que no tienen educación. Usted es una persona decente +que ha venido á menos, y tiene todo el aquél de mujer fina, como hija +neta de marqueses.... Bien lo sé... y que le quitaron la posición que +le corresponde esos pillos de la curia.... + +--¡Ay, Jesús!--exclamó Isidora, exhalando en un suspiro todas las +remembranzas tristes y alegres de su novelesco pasado.--No hablemos de +eso.... Pongámonos en la realidad. D. Francisco, ¿se ha hecho cargo de +nuestra situación? A Martín le embargaron el estudio. Las deudas eran +tantas, que no pudimos salvar más que lo que usted ve aquí. Después +hemos tenido que empeñar toda su ropa y la mía para poder comer.... No +me queda más que lo puesto... ¡mire usted qué facha! y á él nada, lo +que ve usted sobre la cama. Necesitamos desempeñar lo preciso; tomar una +habitacioncita más abrigada, la del tercero, que está con papeles; +encender lumbre, comprar medicinas, poner siquiera un buen cocido todos +los días.... Un señor de la beneficencia domiciliaria me trajo ayer dos +bonos, y me mandó ir allá, a donde está la oficina; pero tengo vergüenza +de presentarme con esta facha.... Los que hemos nacido en cierta +posición, Sr. D. Francisco, por mucho que caigamos, nunca caemos hasta +lo hondo.... Pero vamos al caso: para todo eso que le he dicho, y para +que Martín se reponga y pueda salir al campo, necesitamos tres mil +reales... y no digo cuatro porque no se asuste. Es lo último. Sí, D. +Francisquito de mi alma, y confiamos en su buen corazón. + +--¡Tres mil reales!--dijo el usurero poniendo la cara de duda reflexiva +que para los casos de benevolencia tenía; cara que era ya en él como una +fórmula dilatoria, de las que se usan en diplomacia.--¡Tres mil +realetes!... Hija de mi alma, mire usted.» + +Y haciendo con los dedos pulgar é índice una perfecta rosquilla, se la +presentó á Isidora, y prosiguió así: «No sé si podré disponer de los +tres mil reales en el momento. De todos modos, me parece que podrían +ustedes arreglarse con menos. Piénselo bien, y ajuste sus cuentas. Yo +estoy decidido á protegerles y ayudarles para que mejoren de suerte.... +llegaré hasta el sacrificio hasta quitarme el pan de la boca para que +ustedes maten el hambre; pero... pero reparen que debo mirar también +por mis intereses.... + +--Pongamos el interés que quiera, D. Francisco--dijo con énfasis el +enfermo, que por lo visto, deseaba acabar pronto. + +--No me refiero al materialismo del rédito dinero, sino á mis +intereses, claro, á mis intereses. Y doy por hecho que ustedes piensan +pagarme algún día. + +--Pues claro--replicaron á una Martín á Isidora.» + +Y Torquemada para su coleto: «El día del Juicio por la tarde me +pagaréis: ya sé que éste es dinero perdido.» + +El enfermo se incorporó en su lecho, y con cierta exaltación dijo al +prestamista: + +«Amigo, ¿cree usted que mi tía, la que está en Puerto Rico, ha de +dejarme en esta situación cuando se entere? Ya estoy viendo la letra de +cuatrocientos ó quinientos pesos que me ha de mandar. Le escribí por el +correo pasado. + +--Como no te mande tu tía quinientos puñales--pensó Torquemada. Y en voz +alta:--Y alguna garantía me han de dar ustedes también... digo, me +parece que.... + +--¡Toma! los estudios. Escoja los que quiera.» + +Echando en redondo una mirada pericial, Torquemada explanó su +pensamiento en esta forma: «Bueno, amigos míos: voy á decirles una cosa +que les va á dejar turulatos. Me he compadecido de tanta miseria; yo no +puedo ver una desgracia semejante sin acudir al instante á remediarla. +¡Ah! ¿qué idea teníais de mí? Porque otra vez me debieron un pico y les +apuré y les ahogué, ¿creen que soy de mármol? Tontos, era porque +entonces les ví triunfando y gastando, y francamente, el dinero que yo +gano con tanto afán no es para tirado en francachelas. No me conocéis, +os aseguro que no me conocéis. Comparen la tiranía de esos chupones que +les embargaron el estudio y os dejaron en cueros vivos; comparen eso, +digo, con mi generosidad, y con este corazón tierno que me ha dado +Dios.... Soy tan bueno, tan bueno, que yo mismo me tengo que alabar y +darme las gracias por el bien que hago. Pues verán qué golpe. Miren....» + +Volvió á aparecer la rosquilla, acompañada de estas graves palabras: +«Les voy á dar los tres mil reales, y se los voy á dar ahora mismo... +pero no es eso lo más gordo, sino que se los voy á dar sin intereses.... +Qué tal, ¿es esto rasgo ó no es rasgo? + +--D. Francisco--exclamó Isidora con efusión,--déjeme que le dé un +abrazo. + +--Y yo le daré otro si viene acá--gritó el enfermo queriendo echarse +fuera de la cama. + +--Sí, vengan todos los cariños que queráis--dijo el tacaño, dejándose +abrazar por ambos.--Pero no me alaben mucho, porque estas acciones son +deber de toda persona que mire por la Humanidad, y no tienen gran +mérito.... Abrécenme otra vez, como si fuera vuestro padre, y +compadézcanme, que yo también lo necesito.... En fe que se me saltan las +lágrimas si me descuido porque soy tan compasivo... tan.... + +--D. Francisco de mis entretelas--declaró el tísico arropándose bien +otra vez con aquellos andrajos,--es usted la persona más cristiana, más +completa y más humanitaria que hay bajo el sol. Isidora, trae el +tintero, la pluma y el papel sellado que compraste ayer, que voy á hacer +un pagaré.» + +La otra le llevó lo pedido; y mientras el desgraciado joven escribía, +Torquemada, meditabundo y con la frente apoyada en un solo dedo, fijaba +en el suelo su mirar reflexivo. Al coger el documento que Isidora le +presentaba, miró á sus deudores con expresión paternal, y echó el +registro afeminado y dulzón de su voz para decirles: «Hijos de mi alma, +no me conocéis, repito que no me conocéis. Pensáis sin duda que voy à +guardarme este pagaré.... Sois unos bobalicones. Cuando yo hago una obra +de caridad, allá te va de veras, con el alma y con la vida. No os presto +los tres mil reales, os los regalo, por vuestra linda cara. Mirad lo que +hago: ras, ras....» + +Rompió el papel. Isidora y Martín lo creyeron porque lo estaban viendo; +que si no, no lo hubieran creído. + +«Eso se llama hombre cabal.... D. Francisco, muchísimas gracias--dijo +Isidora conmovida. Y el otro, tapándose la boca con las sábanas para +contener el acceso de tos que se iniciaba: + +--¡María Santísima, qué hombre tan bueno! + +--Lo único que haré--dijo D. Francisco levantándose y examinando de +cerca los cuadros,--es aceptar un par de estudios, como recuerdo.... +Este de las montañas nevadas y aquél de los burros pastando.... Mire +usted, Martín, también me llevaré, si le parece, aquella marinita y este +puente con hiedra....» + +A Martín le había entrado el acceso y se asfixiaba. Isidora, acudiendo á +auxiliarle, dirigió una mirada furtiva á las tablas y al escrutinio y +elección que de ellas hacía el aprovechado prestamista. + +«Los acepto como recuerdo--dijo éste apartándolos;--y si les parece +bien, también me llevaré este otro.... Una cosa tengo que advertirles: +si temen que con las mudanzas se estropeen estas pinturas, llévenmelas á +casa, que allí las guardaré y pueden recogerlas el día que quieran.... +Vaya? ¿va pasando esa condenada tos? La semana que entra ya no toserá +usted nada, pero nada. Irá usted al campo... allá por el puente de San +Isidro.... Pero ¡que cabeza la mía...! se me olvidaba lo principal, que +es darles los tres mil reales. + +Venga acá, Isidorita, entérese bien... Un billete de cien pesetas, +otro, otro... (Los iba contando mojaba los dedos con saliva á cada +billete, para que no se pegaran.) Setecientas pesetas... tengo billete +de cincuenta, hija. Otro día lo da. + +Tienen ahí ciento cuarenta duros, ó sean dos ochocientos reales....» + + +VIII + +Al ver el dinero, Isidora casi lloraba de gusto, y el enfermo se animó +tanto que parecía haber recobrado la salud. ¡Pobrecillos, estaban tan +mal, habían pasado tan horribles escaseces y miserias! Dos años antes se +conocieron en casa de un prestamista que á entrambos les desollaba +vivos. Se confiaron su situación respectiva, se compadecieron y se +amaron: aquella misma noche durmió Isidora en el estudio. El desgraciado +artista y la mujer perdida hicieron el pacto de fundir sus miserias en +una sola, y de ahogar sus penas en el dulce licor de una confianza +enteramente conyugal. El amor les hizo llevadera la desgracia. Se +casaron en el ara del amancebamiento, y á los dos dias de unión se +querían de veras y hallábanse dispuestos á morirse juntos y á partir lo +poco bueno y lo mucho malo que la vida pudiera traerles. Lucharon contra +la pobreza, contra la usura, y sucumbieron sin dejar de quererse: él +siempre amante, solícita y cariñosa ella; ejemplo ambos de abnegación, +de esas altas virtudes que se esconden avergonzadas para que no las vean +la ley y la religión, como el noble haraposo se esconde de sus iguales +bien vestidos. + +Volvió á abrazarles Torquemada, diciéndoles con melosa voz: «Hijos míos, +sed buenos y que os aproveche el ejemplo que os doy. Favoreced al pobre, +amad al prójimo, y así como yo os he compadecido, compadecedme á mí, +porque soy muy desgraciado. + +--Ya sé--dijo Isidora, desprendiéndose de los brazos del avaro,--que +tiene usted al niño malo. ¡Pobrecito! Verá usted cómo se le pone bueno +ahora.... + +--¡Ahora! ¿Por qué ahora?--preguntó Torquemada con ansiedad muy viva. + +--Pues... qué sé yo.... Me parece que Dios le ha de favorecer, le ha de +premiar sus buenas obras.... + +--¡Oh! si mi hijo se muere--afirmó D. Francisco con desesperación,--no +sé qué va á ser de mí. + +--No hay que hablar de morirse--gritó el enfermo, á quien la posesión de +los santos cuartos había despabilado y excitado cual si fuera una toma +del estimulante más enérgico.--¿Qué es eso de morirse? Aquí no se muere +nadie. D. Francisco, el niño no se muere. Pues no faltaba mas. ¿Qué +tiene? ¿Meningitis? Yo tuve una muy fuerte á los diez años; y ya me +daban por muerto, cuando entré en reacción, y viví y aquí me tiene usted +dispuesto á llegar á viejo, y llegaré, porque lo que es el catarro, +ahora lo largo. Vivirá el niño, D. Francisco, no tenga duda; vivirá. + +--Vivirá--repitió Isidora:--yo se lo voy á pedir á la Virgencita del +Carmen. + +--Sí, hija, á la Virgen del Carmen--dijo Torquemada llevándose el +pañuelo á los ojos.--Me parece muy bien. Cada uno empuje por su lado, á +ver si entre todos...» + +El artista, loco de contento, quería comunicárselo al atribulado padre, +y medio se echó de la cama para decirle: «D. Francisco, no llore, que el +chico vive.... Me lo dice el corazón, me lo dice una voz secreta.... +Viviremos todos y seremos felices. + +--¡Ay, hijo de mi alma!--exclamó el _Peor_; y abrazándole otra +vez:--Dios le oiga á usted. ¡Qué consuelo tan grande me da! + +--También usted nos ha consolado á nosotros. Dios se lo tiene que +premiar. Viviremos, sí, sí. Mire, mire: el día en que yo pueda salir, +nos vamos todos al campo, el niño también, de merienda. Isidora nos hará +la comida, y pasaremos un día muy agrabable, celebrando nuestro +restablecimiento. + +--Iremos, iremos--dijo el tacaño con efusión, olvidándose de lo que +antes había pensado respecto al _campo_ á que iría Martín muy +pronto.--Sí, y nos divertiremos mucho, y daremos limosnas á todos los +pobres que nos salgan.... ¡Qué alivio siento en mi interior desde que +he hecho ese beneficio!... No, no me lo alaben.... Pues verán: se me +ocurre que aún les puedo hacer otro mucho mayor. + +¿Cuál?... A ver, D. Francisquito. + +--Pues se me ha ocurrido... no es idea de ahora, que la tengo hace +tiempo.... Se me ha ocurrido que si la Isidora conserva los papales de +su herencia y sucesión de la casa de Aransis, hemos de intentar sacar +eso....» + +Isidora le miró entre aturdida y asombrada «¿Otra vez eso?» fué lo único +que dijo. + +«Sí, sí, tiene razón D. Francisco--afirmó el pobre tisico, que estaba de +buenas, entregándose con embriaguez á un loco optimismo.--Se +intentará.... Eso no puede quedar asi. + +--Tengo el recelo--añadió Torquemada,--de que los que intervinieron en +la acción la otra vez no anduvieron muy listos, ó se vendieron a la +Marquesa vieja.... Lo hemos de ver, lo hemos de ver. + +--En cuantito que yo suelte el catarro. Isidora; mi ropa; ve al momento +á traer mi ropa, que me quiero levantar.... ¡Qué bien me siento ahora! +Me dan ganas de ponerme á pintar, D. Francisco. En cuanto el niño se +levante de la cama quiero hacerle el retrato. + +--Gracias, gracia... sois muy buenos... los tres somos muy buenos, +¿verdad? Venga un abrazo, y pedid a Dios por mí. Tengo que irme, porque +estoy con una zozobra que no puedo vivir. + +--Nada, nada, que el niño está mejor, que se salva--repitió el artista +cada vez más exaltado.--Si le estoy viendo, si no me puedo equivocar.» + +Isidora se dispuso á salir, con parte del dinero, camino de la casa de +préstamos; pero al pobre artista le acometió la tos y disnea con mayor +fuerza y tuvo que quedarse. D. Francisco se despidió con las expresiones +más cariñosas que sabía y cogiendo los cuadritos salió con ellos debajo +de la capa. Por la escalera iba diciendo: «¡Vaya, que es bueno ser +bueno!... ¡Siento en mi interior una cosa, un consuelo...! ¡Si tendrá +razón Martín! ¡Si se me pondrá bueno aquel pedazo de mi vida!... Vamos +corriendo allá. No me fío, no me fío. Este botarate tiene las ilusiones +de los tísicos en último grado. Pero ¡quién sabe! se engaña de seguro +respecto á sí mismo, y acierta en lo demás. A donde él va pronto es al +nicho.... Pero los moribundos suelen tener doble vista, y puede que haya +_visto_ la mejoría de Valentín... voy corriendo, corriendo. ¡Cuánto me +estorban estos malditos cuadros! ¡No dirán ahora que soy tirano y judío, +pues rasgos de estos entran pocos en libra!... No me dirán que me cobro +en pinturas, pues por estos apuntes, en venta, no me darían ni la mitad +de lo que yo dí. Verdad que si se muere valdrán más, porque aquí, +cuando un artista está vivo, nadie le hace maldito caso, y en cuanto se +muere de miseria ó de cansancio, le ponen en las nubes, le llaman genio +y qué sé yo qué... Me parece que no llego nunca á mi casa. ¡Qué lejos +está, estando tan cerca!» + +Subió de tres en tres peldaños la escalera de su casa, y le abrió la +puerta la tía Roma, disparándole á boca de jarro estas palabras: «Señor, +el niño parece que está un poquito más tranquilo.» Oirlo D. Francisco y +soltar los cuadros y abrazar á la vieja, fué todo uno. La trapera +lloraba, y el _Peor_ le dió tres besos en la frente. Después fué +derechito á la alcoba del enfermo y miró desde la puerta. Rufina se +abalanzó hacia él para decirle: «Está desde mediodía más sosegado... +¿Ves? Parece que duerme el pobre ángel. Quién sabe. Puede que se salve. +Pero no me atrevo á tener esperanzas, no sea que las perdamos esta +tarde. + +Torquemada no cabía en sí de sobresalto y ansiedad. Estaba el hombre con +los nervios tirantes, sin poder permanecer quieto ni un momento, tan +pronto con ganas de echarse á llorar como de soltar la risa. Iba y venía +del comedor á la puerta de la alcoba, de ésta á su despacho, y del +despacho al gabinete. En una de estas volteretas, llamó á la tía Roma, y +metiéndose con ella en la alcoba la hizo sentar, y le dijo: + +--Tía Roma, ¿crees tú que se salva el niño? + +--Señor, será lo que Dios quiera, y nada más. Yo se lo he pedido anoche +y esta mañana á la Virgen del Carmen, con tanta devoción que más no +puede ser, llorando á moco y baba. ¿No me ve cómo tengo los ojos? + +--¿Y crees tú...? + +--Yo tengo esperanza, señor. Mientras no sea cadáver, esperanzas ha de +haber, aunque digan los médicos lo que dijeren. Si la Virgen lo manda, +los médicos se van á hacer puñales.... Otra: anoche me quedé dormida +rezando, y me pareció que la Virgen bajaba hasta delantito de mí, y que +me decía que sí con la cabeza... Otra: ¿no ha rezado usted? + +--Sí, mujer; ¡qué preguntas haces! Voy á decirte una cosa importante. +Verás.» + +Abrió un vargueño, en cuyos cajoncillos guardaba papeles y alhajas de +gran valor que habían ido á sus manos en garantía de préstamos +usurarios: algunas no eran todavía suyas; otras, sí. Un rato estuvo +abriendo estuches, y á la tía Roma, que jamás había visto cosa +semejante, se le encandilaban los ojos de pez con los resplandores que +de las cajas salían. Eran, según ella, esmeraldas como nueces, diamantes +que arrojaban pálidos rayos, rubíes como pepitas de granada, y oro +finísimo, oro de la mejor ley, que valía cientos de miles.... +Torquemada, después de abrir y cerrar estuches, encontró lo que +buscaba: una perla enorme, del tamaño de una avellana, de hermosísimo +oriente; y cogiéndola entre los dedos, la mostró á la vieja. + +«¿Qué te parece esta perla, tía Roma?» + +--Bonita de veras. Yo no lo entiendo. Valdrá miles de millones. ¿Verdá +usté? + +--Pues esta perla--dijo Torquemada en tono triunfal,--es para la señora +Virgen del Carmen. Para ella es, si pone bueno á mi hijo. Te la enseño, +y pongo en tu conocimiento la intención, para que se lo digas. Si se lo +digo yo, de seguro no me lo cree. + +--D. Francisco (mirándole con profunda lástima), usted está malo de la +jícara. Dígame, por su vida, ¿para qué quiere ese requilorio la Virgen +del Carmen? + +--Toma, para que se lo pongan el día de su santo, el 16 de Julio. ¡Pues +no estará poco maja con esto! Fué regalo de boda de la excelentísima +señora Marquesa de Tellería. Créelo, como ésta hay pocas. + +--Pero, D. Francisco, ¡usted piensa que la Virgen le va á conceder...! +paice bobo... ¡por ese piazo de cualquier cosa! + +--Mira qué oriente. Se puede hacer un alfiler y ponérselo a ella en el +pecho, o al Niño. + +--¡Un rayo! ¡Valiente caso hace la Virgen de perlas y pindonguerías!... +Créame á mí: véndala y dele á los pobres el dinero. + +Mira tú, no es mala idea--dijo el tacaño guardando la joya.--Tú sabes +mucho. Seguiré tu consejo, aunque, si he de serte franco, eso de dar á +los pobres viene á ser una tontería, porque cuanto les das se lo gastan +en aguardiente. Pero ya lo arreglaremos de modo que el dinero de la +perla no vaya á parar á las tabernas... Y ahora quiero hablarte de otra +cosa. Pon muchísima atención: ¿te acuerdas de cuando mi hija, paseando +una tarde por las afueras con Quevedo y las de Morejón, fué á dar allá, +por donde tú vives, hacia los Tejares del Aragonés, y entró en tu choza +y vino contándome, horrorizada, la pobreza y escasez que allí vió? ¿Te +acuerdas de eso? Contóme Rufina que tu vivienda es un cubil, una +inmundicia hecha con adobes, tablas viejas y planchas de hierro, el +techo de paja y tierra; me dijo que ni tú ni tus nietos tenéis cama, y +dormís sobre un montón de trapos; que los cerdos y las gallinas que +criáis con la basura son allí las personas; y vosotros los animales. Sí: +Rufina me contó esto, y yo debí tenerte lástima y no te la tuve. Debí +regalarte una cama, pues nos has servido bien, querías mucho á mi mujer, +quieres á mis hijos, y en tantos años que entras aquí jamás nos has +robado ni el valor de un triste clavo. Pues bien: si entonces no se me +pasó por la cabeza socorrerte, ahora sí.» + +Diciendo esto, se aproximó al lecho y dió en él un fuerte palmetazo con +ambas manos, como el que se suele dar para sacudir los colchones al +hacer las camas. + +«Tía Roma, ven acá, toca aquí. Mira qué blandura. ¿Ves este colchón de +lana encima de un colchón de muelles? Pues es para tí, para ti, para que +descanses tus huesos duros y te espatarres á tus anchas.» + +Esperaba el tacaño una explosión de gratitud por dádiva tan espléndida, +y ya le parecía estar oyendo las bendiciones de la tía Roma, cuando ésta +salió por un registro muy diferente. Su cara telarañosa se dilató, y de +aquellas úlceras con vista que se abrían en el lugar de los ojos, salió +un resplandor de azoramiento y susto, mientras volvía la espalda al +lecho, dirigiéndose hacia la puerta. + +«Quite, quite allá--dijo:--vaya con lo que se le ocurre... ¡Darme á mí +los colchones, que ni tan siquiera caben por la puerta de mi casa!... Y +aunque cupieran... ¡rayo! A cuenta que he vivido tantismos años +durmiendo en duro como una reina, y en estas blanduras no pegaría los +ojos. Dios me libre de tenderme ahí. ¿Sabe lo que le digo? Que quiero +morirme en paz. Cuando venga la de la cara fea me encontrará sin una +mota, pero con la conciencia como los chorros de la plata. No, no quiero +los colchones, que dentro de ellos está su idea... porque aquí duerme +usted, y por la noche, cuando se pone á cavilar, las ideas se meten por +la tela adentro y por los muelles, y ahí estarán como las chinches +cuando no hay limpieza. ¡Rayo con el hombre, y la que me quería +encajar!... + +Accionaba la viejecilla de una manera gráfica, expresando tan bien, con +el mover de las manos y de los flexibles dedos, cómo la cama del tacaño +se contaminaba de sus ruines pensamientos, que Torquemada la oía con +verdadero furor, asombrado de tanta ingratitud; pero ella, firme y +arisca, continuó despreciando el regalo: «Pos vaya un premio gordo que +me caía, Santo Dios... ¡Pa que yo durmiera en eso! Ni que estuviera +boba, D. Francisco. ¡Pa que á media noche me salga toda la gusanera de +las ideas de usted, y se me meta por los oídos y por los ojos, +volviéndome loca y dándome una mala muerte...! Porque, bien lo sé yo... +á mí no me la da usted.... ahí dentro, ahí dentro, están todos sus +pecados, la guerra que le hace al pobre, su tacañería, los réditos que +mama, y todos los números que le andan por la sesera para ajuntar +dinero.... Si yo me durmiera ahí, á la hora de la muerte me saldrían por +un lado y por otro unos sapos con la boca muy grande, unos culebrones +asquerosos que se me enroscarían en el cuerpo, unos diablos muy feos con +bigotazos y con orejas de murciélago, y me cogerían entre todos para +llevarme á rastras á los infiernos. Váyase al rayo, y guárdese sus +colchones, que yo tengo un camastro hecho de sacos de trapo, con una +manta por encima, que es la gloria divina.... Ya lo quisiera usted.... +Aquéllo sí que es rico para dormir á pierna suelta.... + +--Pues dámelo, dámelo, tía Roma--dijo el avaro con aflicción.--Si mi +hijo se salva, me comprometo á dormir en él lo que me queda de vida, y á +no comer más que las bazofias que tú comes. + +--A buenas horas y con sol. Usted quiere ahora poner un puño en el +cielo. ¡Ay, señor, á cada paje su ropaje! A usted le sienta eso como á +la burra las arracadas. Y todo ello es porque está afligido; pero si se +pone bueno el niño, volverá usted á ser más malo que Holofernes. Mire +que ya va para viejo; mire que el mejor día se pone delante la de la +cara pelada, y a ésta sí que no le da usted el timo. + +--¿Pero de dónde sacas tú, estampa de la sura--replicó Torquemada con +ira, agarrándola por el pescuezo y sacudiéndola,--de dónde sacás tú que +yo soy malo, ni lo he sido nunca? + +--Déjeme, suélteme, no me menée, que no soy ninguna pandereta. Mire que +soy más vieja que Jerusalén y he visto mucho mundo y le conozco a usted +desde que se quiso casar con la Silvia. Y bien le aconsejé á ella que +no se casara... y le anuncié las hambres que había de pasar. Ahora que +está rico no se acuerda de cuando empezaba á ganarlo. Yo sí me acuerdo, +y me paice que fué ayer cuando le contaba los garbanzos á la cuitada de +Silvia y todo lo tenía usted bajo llave, y la pobre estaba descomida, +trashijada y ladrando de hambre. Como que si no es por mí, que le traía +algún huevo de ocultis, se hubiera muerto cien veces. ¿Se acuerda de +cuando se levantaba usted á media noche para registrar la cocina á ver +si descubría algo de condumio, que la Silvia hubiera escondido para +comérselo sola? ¿Se acuerda de cuando encontró un pedazo de jamón en +dulce y un medio pastel que me dieron á mí en cas de la Marquesa, y que +yo le traje á la Silvia para que se lo zampara ella sola, sin darle á +usted ni tanto así? ¿Recuerda que al otro día estaba usted hecho un +león, y que cuando entré me tiró al suelo y me estuvo pateando? Y yo no +me enfadé, y volví, y todos los días le traía algo á la Silvia. Como +usted era el que iba á la compra, no le podíamos sisar, y la infeliz no +tenía una triste chambra que ponerse. Era una mártira, D. Francisco, una +mártira; ¡y usted guardando el dinero y dándolo á peseta por duro al +mes! Y mientre tanto, no comían más que mojama cruda con pan seco y +ensalada. Gracias que yo partía con ustedes lo que me daban en las casas +ricas, y una noche, ¿se acuerda? traje un hueso de jabalí que lo estuvo +usted echando en el puchero seis días seguidos, hasta que se quedó mas +seco que su alma puñalera. Yo no tenía obligación de traer nada: lo +hacía por la Silvia, á quien cogí en brazos cuando nació de señá +Rufinica, la del callejón del Perro. Y lo que á usted le ponía furioso +era que yo le guardase las cosas á ella y no se las diera á usted, ¡un +rayo! Como si tuviera yo obligación de llenarle á usted el buche, perro, +más que perro.... Y dígame ahora, ¿me ha dado alguna vez el valor de un +real? Ella sí me daba lo que podía, á la chita callando; pero usted, el +muy capigorrón, ¿qué me ha dado? Clavos torcidos, y las barreduras de la +casa. ¡Véngase ahora con jipíos y farsa!... Valiente caso le van á +hacer. + +--Mira, vieja de todos los demonios--le dijo Torquemada furioso,--por +respeto á tu edad no te reviento de una patada. Eres una embustera, una +diabla, con todo el cuerpo lleno de mentiras y enredos. Ahora te da por +desacreditarme después de haber estado más de veinte años comiendo mi +pan. ¡Pero si te conozco, zurrón de veneno; si eso que has dicho nadie +te lo va a creer: ni arriba ni abajo! El demonio está contigo, y maldita +tú eres entre todas las brujas y esperpentos que hay en el cielo... +digo, en el infierno.» + + +IX + +Estaba el hombre fuera de sí, delirante; y sin echar de ver que la vieja +se había largado á buen paso de la habitación, siguió hablando como si +delante la tuviera. «Espantajo, madre de las telarañas, si te cojo, +verás.... ¡Desacreditarme así!» Iba de una parte á otra en la estrecha +alcoba, y de ésta al gabinete, cual si le persiguieran sombras; daba +cabezadas contra la pared, algunas tan fuertes que resonaban en toda la +casa. + +Caía la tarde, y la obscuridad reinaba ya en torno del infeliz tacaño, +cuando éste oyó claro y distinto el grito de pavo real que Valentín daba +en el paroxismo de su altísima fiebre. «¡Y decían que estaba mejor!... +Hijo de mi alma.... Nos han vendido, nos han engañado.» + +Rufina entró llorando en la estancia de la fiera, y le dijo: «¡Ay, papá, +qué malito se ha puesto; pero qué malito! + +--¡Ese trasto de Quevedo!--gritó Torquemada llevándose un puño á la boca +y mordiéndoselo con rabia.--Le voy á sacar las entrañas.... Él nos le ha +matado. + +--Papá, por Dios, no seas así.... No te rebeles contra la voluntad de +Dios.... Si Él lo dispone.... + +--Yo no me rebelo, ¡puñales! yo no me rebelo. Es que no quiero, no +quiero dar á mi hijo, porque es mío, sangre de mi sangre y hueso de mis +huesos.... + +--Resígnate, resígnate, y tengamos conformidad--exclamó la hija, hecha +un mar de lágrimas. + +--No puedo, no me da la gana de resignarme. Esto es un robo.... Envidia, +pura envidia. ¿Qué tiene que hacer Valentín en el cielo? Nada, digan lo +que dijeren; pero nada.... Dios, ¡cuánta mentira, cuánto embuste! Que si +cielo, que si infierno, que si Dios, que si diablo, que si... tres mil +rábanos. ¡Y la muerte, esa muy pindonga de la muerte, que no se acuerda +de tanto pillo, de tanto farsante, de tanto imbécil, y se le antoja mi +niño, por ser lo mejor que hay en el mundo!... Todo está mal, y el mundo +es un asco, una grandísima porquería.» + +Rufina se fue y entró Bailón, trayéndose una cara muy compungida. Venía +de ver al enfermito, que estaba ya agonizando, rodeado de algunas +vecinas y amigos de la casa. Disponíase el clerizonte a confortar al +afligido padre en aquel trance doloroso, y empezó por darle un abrazo, +diciéndole con empañada voz: «Valor, amigo mío, valor. En estos casos se +conocen las almas fuertes. Acuérdese usted de aquel gran filósofo que +expiró en una cruz dejando consagrados los principios de la Humanidad. + +--¡Qué principios ni qué...! ¿quiere usted marcharse de aquí, so +chinche?... Vaya que es de lo más pelmazo y cargante y apestoso que he +visto. Siempre que estoy angustiado me sale con esos retruécanos. + +--Amigo mío, mucha calma. Ante los designios de la Naturaleza, de la +Humanidad, del gran Todo, ¿qué puede el hombre? ¡El hombre! esa hormiga, +menos aún, esa pulga... todavía mucho menos. + +--Ese coquito... menos aún, ese... ¡puñales!--agregó Torquemada con +sarcasmo horrible, remedando la voz de la sibila y enarbolando después +el puño cerrado.--Si no se calla le rompo la cara.... Lo mismo me da á +mí el grandísimo todo que la grandísima nada y el muy piojoso que la +inventó. Déjeme, suélteme, por la condenada alma de su madre, ó....» + +Entró Rufina otra vez, traída por dos amigas suyas, para apartarla del +tristísimo espectáculo de la alcoba. La pobre joven no podía sostenerse. +Cayó de rodillas exhalando gemidos, y al ver á su padre forcejeando con +Bailón, le dijo: «Papá, por Dios, no te pongas así. Resígnate... yo +estoy resignada, ¿no me ves?... El pobrecito... cuando yo entré... +tuvo un instante ¡ay! en que recobró el conocimiento. Habló con voz +clara, y dijo que veía á los ángeles que le estaban llamando. + +--¡Hijo de mi alma, hijo de mi vida!--gritó Torquemada con toda la +fuerza de sus pulmones, hecho un salvaje, un demente--no vayas, no hagas +caso; que esos son unos pillos que te quieren engañar.... Quédate con +nosotros....» + +Dicho esto, cayó redondo al suelo, estiró una pierna, contrajo la otra y +un brazo. Bailón, con toda su fuerza no podía sujetarle, pues +desarrollaba un vigor muscular inverosímil. Al propio tiempo soltaba de +su fruncida boca un rugido feroz y espumarajos. Las contracciones de las +extremidades y el pataleo eran en verdad horrible espectáculo: se +clavaba las uñas en el cuello hasta hacerse sangre. Así estuvo largo +rato, sujetado por Bailón y el carnicero, mientras Rufina, transida de +dolor, pero en sus cinco sentidos, era consolada y atendida por +Quevedito y el fotógrafo. Llenóse la casa de vecinos y amigos, que en +tales trances suelen acudir compadecidos y serviciales. Por fin tuvo +término el patatús de Torquemada, y caído en profundo sopor que á la +misma muerte, por lo quieto, se asemejaba, le cargaron entre cuatro y le +arrojaron en su lecho. La tía Roma, por acuerdo de Quevedito, le daba +friegas con un cepillo, rasca que te rasca, como si le estuviera sacando +lustre. + +Valentín había espirado ya. Su hermana, que quieras que no, allá se +fué, le dió mil besos, y, ayudada de las amigas, se dispuso á cumplir +los últimos deberes con el pobre niño. Era valiente, mucho más valiente +que su padre, el cual cuando volvió en sí de aquel tremendo sincope, y +pudo enterarse de la completa extinción de sus esperanzas, cayó en +profundísimo abatimiento físico y moral. Lloraba en silencio, y daba +unos suspiros que se oían en toda la casa. Transcurrido un buen rato, +pidió que le llevaran café con media tostada, porque sentía debilidad +horrible. La pérdida absoluta de la esperanza le trajo la sedación +nerviosa, y la sedación, estímulos apremiantes de reparar el fatigado +organismo. Á media noche fué preciso administrarle un substancioso +potingue, que fabricaron la hermana del fotógrafo de arriba y la mujer +del carnicero de abajo, con huevos, Jerez y caldo de puchero. «No sé qué +me pasa--decía el _Peor_;--pero ello es que parece que se me quiere ir +la vida.» El suspirar hondo y el llanto comprimido le duraron hasta +cerca del día, hora en que fué atacado de un nuevo paroxismo de dolor, +diciendo que quería ver á su hijo; _resucitarle, costara lo que +costase_, é intentaba salirse del lecho, contra los combinados esfuerzos +de Bailón, del carnicero y de los demás amigos que contenerle y calmarle +querían. Por fin lograron que se estuviera quieto, resultado en que no +tuvieron poca parte las filosóficas amonestaciones del clerigucho, y +las sabias cosas que echó por aquella boca el carnicero, hombre de pocas +letras, pero muy buen cristiano. «Tienen razón--dijo D. Francisco, +agobiado y sin aliento.--¿Qué remedio queda más que conformarse? +¡Conformarse! Es un viaje para el que no se necesitan alforjas. Vean de +qué le vale á uno ser más bueno que el pan, y sacrificarse por los +desgraciados, y hacer bien á los que no nos pueden ver ni en pintura.... +Total, que lo que pensaba emplear en favorecer á cuatro pillos... ¡mal +empleado dinero, que había de ir á parar á las tabernas, á los garitos y +á las casas de empeño!... digo que esos dinerales los voy á gastar en +hacerle á mi hijo del alma, á esa gloria, á ese prodigio que no parecía +de este mundo, el entierro más lucido que en Madrid se ha visto. ¡Ah, +qué hijo! ¿No es dolor que me le hayan quitado? Aquello no era hijo: era +un diosecito que engendramos á medias el Padre Eterno y yo.... ¿No creen +ustedes que debo hacerle un entierro magnífico? Ea, ya es de día. Que me +traigan muestras de carros fúnebres... y vengan papeleta negras para +convidar á todos los profesores.» + +Con estos proyectos de vanidad, excitóse el hombre, y á eso de las nueve +de la mañana, levantado y vestido, daba sus disposiciones con aplomo y +serenidad. Almorzó bien, recibía cuantos amigos llegaban á verle, y á +todos les endilgaba la consabida historia: «Conformidad.... ¡Qué le hemos +de hacer!... Está visto: lo mismo da que usted se vuelva santo, que se +vuelva usted Judas, para el caso de que le escuchen y le tengan +misericordia.... ¡Ah, misericordia!... Lindo anzuelo sin cebo para que +se lo traguen los tontos.» + +Y se hizo el lujoso entierro, y acudió á él mucha y lucida gente, lo que +fué para Torquemada motivo de satisfacción y orgullo, único bálsamo de +su hondísima pena. Aquella lúgubre tarde, después que se llevaron el +cadáver del admirable niño, ocurrieron en la casa escenas lastimosas. +Rufina, que iba y venía sin consuelo, vió á su padre salir del comedor +con todo el bigote blanco, y se espantó creyendo que en un instante se +había llenado de canas. Lo ocurrido fué lo siguiente: fuera de sí, y +acometido de un espasmo de tribulación, el inconsolable padre fué al +comedor y descolgó el encerado en que estaban aún escritos los problemas +matemáticos, y tomándolo por retrato, que fielmente le reproducía las +facciones del adorado hijo, estuvo larguísimo rato dando besos sobre la +fría tela negra, y estrujándose la cara contra ella, con lo que la tiza +se le pegó al bigote mojado de lágrimas, y el infeliz usurero parecía +haber envejecido súbitamente. Todos los presentes se maravillaron de +esto, y hasta se echaron á llorar. Llevóse D. Francisco á su cuarto el +encerado, y encargó á un dorador un marco de todo lujo para ponérselo, y +colgarlo en el mejor sitio de aquella estancia. + +Al día siguiente, el hombre fue acometido, desde que abrió los ojos, de +la fiebre de los negocios terrenos. Como la señorita había quedado muy +quebrantada por los insomnios y el dolor, no podía atender á las cosas +de la casa: la asistenta y la incansable tía Roma la sustituyeron hasta +donde sustituirla era posible. Y he aquí que cuando la tía Roma entró á +llevarle el chocolate al gran inquisidor, ya estaba éste en planta, +sentado á la mesa de su despacho, escribiendo números con mano febril. Y +como la bruja aquélla tenía tanta confianza con el señor de la casa, +permitiéndose tratarle como á igual, se llegó á él, le puso sobre el +hombro su descarnada y fría mano, y le dijo: «Nunca aprende... Ya está +otra vez preparando los trastos de ahorcar. Mala muerte va usted á +tener, condenado de Dios, si no se enmienda.» Y Torquemada arrojó sobre +ella una mirada que resultaba enteramente amarilla, por ser en él de +este color lo que en los demás humanos ojos es blanco, y le respondió de +esta manera: «Yo hago lo que me da mi santísima gana, so mamarracho, +vieja más vieja que la Biblia. Lucido estaría si consultara con tu +necedad lo que debo hacer.» Contemplando un momento el encerado de las +matemáticas, exhaló un suspiro y prosiguió así: «Si preparo los +trastos, eso no es cuenta tuya ni de nadie, que yo me sé cuanto hay que +saber de tejas abajo y aun de tejas arriba, ¡puñales! Ya sé que me vas á +salir con el materialismo de la misericordia.... A eso te respondo que +si buenos memoriales eché, buenas y gordas calabazas me dieron. La +misericordia que yo tenga, ¡...ñales! que me la claven en la frente.» + +Madrid, Febrero de 1889. + +FIN DE LA NOVELA + + + + + +EL ARTÍCULO DE FONDO + + +I + +«Basta de contemplaciones. Basta de contubernios. Basta de flaquezas. Ha +sonado la hora de las energías. Creíamos que los hechos, tan claros ya +en la mente de todo el mundo, se presentarían al fin en su espantosa +gravedad á los ojos del insensato poder, que dirige los negocios +públicos. Juzgando que toda obcecación, por grande que sea, ha de tener +su límite, creíamos que el Gobierno no podría resistir á la evidencia de +su descrédito; creíamos que, deponiendo la terquedad propia de todos los +poderes que no se apoyan en la opinión, se resolvería al fin á entrar +por más despejado y seguro camino, si no consideraba como la mejor de +las enmiendas el abandonar la vida pública. Esperábamos inquietos, antes +los grandes males que afligen á la patria; esperábamos callando, sin +dejar de conocer los diarios y cada vez más graves errores «de este +insensato Gobierno. Hemos esperado hasta lo último, hasta que los +escándalos han sido intolerables. Hemos callado, mientras el callar no +fué gravísima falta. Ya no hay esperanza. Es preciso no ocultar la +verdad al país, y nosotros faltaríamos al primero de nuestros deberes, +si un momento más permaneciéramos en esta actitud. Nuestro patriotismo +nos impele á obrar de este modo; y como sabemos que la opinión pública +es la única....» + +Al llegar aquí, el autor del artículo se paró. La inspiración, si así +puede decirse, se le había concluido; y como si el esfuerzo hecho para +crear los párrafos que anteceden produjera fatiga en su imaginación, se +detuvo, con ánimo de proseguir, cuando las varias ideas, que +repentinamente y en tropel vinieron a su imaginación, se disparan. + +Era su entendimiento tan pobre, que no hay noticia de que produjera +nunca cosas de provecho, pues no han de tenerse por tales sus +lucubraciones soporíferas sobre el origen de los poderes públicos y el +equilibrio de las fuerzas sociales; era, además de corto, díscolo; +porque jamás pudo adquirir ni sombra de método. Descollaba en las +digresiones, y cuando se ocupaba en desarrollar una tesis cualquiera, no +había fuerzas humanas que le concretaran al asunto, impidiendo sus +escapadas, ya al campo de la historia, ya a la selva de la moral, ya a +los vericuetos de la arqueología o de la numismática. Por todos estos +campos, cerros y collados corría complaciente y alborozada la +imaginación del autor del artículo de fondo, cuando interrumpido el hilo +lógico de éste, y olvidado el asunto y desbaratado el plan, ocuparon su +mente, apoderándose de ella de un modo atropellado, violento y como de +sorpresa, las intrusas ideas de que se ha hecho mérito. + +Procedían éstas de todos los objetos, de todas las ilusiones, de todos +los recuerdos, de mil fuentes diversas que manaban á un tiempo una +corriente sin fin. Vínole al pensamiento no sé qué fragmento de +historia, con el cual se unía la imagen de un obispo de Astorga, tan +testarudo clérigo como intrépido soldado. Acordábase de las torres +muzárabes que había contemplado en una ciudad antigua, y al mismo tiempo +se le ofrecían á la vista lagos y jardines, no sin que de pronto afease +este espectáculo algún animal de corpulenta forma y repugnante fealdad. +Tan pronto se le representaban los versos de algún romance que hacía +tiempo leyera en amarillos y arrugados códices, como sentía el rumor de +lejana música de órgano, dulcísima y misteriosa. + +¡Con cuánto abandono se entrega la imaginación á este cómodo vagar, +suelta y libre, sin las trabas del árido razonamiento, sin que una +voluntad firme la sujete ni la enfrene para elaborar difícilmente el +producto literario, uno, lógico, de forma determinada y con especial +contextura! La imaginación del pobre periodista había logrado escaparse +en aquellos momentos, cuando el artículo no había pasado aún de su edad +infantil, y sólo contaba escaso número de renglones. La imaginación del +menguado escritor, después de correr de aquí para allí, con la +alborozada inquietud de un pájaro que, viendo rotas la cañas de su +jaula, se escapa y vuela á todas partes sin fijarse en ninguna, se +concretó al fin, se fijó, se regularizó poco á poco. + +De entre los escasos renglones del artículo interrumpido poco después +de haber sedado a luz su primera idea, surgen las líneas; las sombras y +luces de una inmensa catedral gótica. Crecen sus haces de columnas, +teñidas de suave matiz pardo, hasta llegar a enorme altura, +desparramándose después los retorcidos tallos para formar las bóvedas. +Descienden del techo, cual si estuvieran suspendidas de elásticas y casi +invisibles cuerdas, lámparas de oro, cuyas luces oscilantes no bastan a +eclipsar el diáfano colorido de las vidrieras, que llenas de santos y +figuras resplandecientes, parecen comunicar con el cielo el interior del +templo. Mil figuras van destacándose en la pared, como si una mano +invisible las tallara en la piedra con sobrenatural prontitud, y lozana +flora crece portentosamente a lo largo de las columnas, llevando en sus +cálices animales grotescos o inverosímiles, que parecen haber sido +producidos por ignorado germen en las entrañas mismas de la piedra. Las +estatuas aplastadas sobre los muros se multiplican, aparecen en filas, +en series, en ciclos sin fin, y son todas rígidas, tiesas retratando en +sus semblantes el fastidio del Limbo ó la placidez del Paraíso. Alternan +con ellas los seres simbólicos creados por la estatuaria cristiana, y +que parecen engendro sacrílego del paganismo y la teología. Los +dragones, las sibilas, los monstruos bíblicos que para representar +sutiles abstracciones ideó el genio de la Edad Media, refundiendo los +despojos de las sirenas y los centauros antiguos, muestran sus +heterogéneos miembros, en que la figura humana se une á las más raras +formas de la fantástica zoología, ya religiosa, ya heráldica, inventada +por embriagados escultores. Vense en las paredes blasones de brillantes +tintas, sobre suntuosos sepulcros, en que duermen el sueño del mármol +arzobispos y condestables, príncipes y guerreros, empuñando báculos ó +espadas. Los perros y leoncillos en que apoyan sus pies, parecen prestar +atento oído á todo rumor que en el templo suena. Resplandece en el fondo +el estofado riquísimo del altar, semejante á inmensa ascua de oro +cuajada de diminutos ángeles y querubes que aletean quemándose en el +seno de aquella nube incandescente, y como si la combustión les diera +vida. Graves y barbudos santos, alineados con la compostura propia de +los círculos celestes aparecen en el centro de este gran Apocalipsis de +madera dorada, terminando tan portentosa máquina un Cristo colosal, +cuyos brazos, que se abren contraídos por los dolores corporales, parece +van á estrechar en supremo abrazo á todo el linaje humano. + +Se sienten rezos tenues y confusos, no interrumpidos por pausa alguna, +como si la atmósfera interior del edificio, afectada de una vibración +inherente á su esencia física, modulara un monólogo sin fin. Todo es +calma y respeto. La claridad, las sombras, las formas esculturales, la +gallardía de las líneas, el recóndito sonido que se creería producido +por la oscilación de la masa arquitectónica; aquel sonido, que hace +pensar en la respiración de algún misterioso espíritu, habitante en las +grandes cavidades de piedra; la variedad de objetos, la majestad de los +sepulcros, el idealismo de los efectos de luz, todo esto produce estupor +y recogimiento. Se piensa en Dios y se trata de medir la inmensidad de +la idea que ha dado existencia á tan hermoso conjunto; se siente la más +grande admiración hacia los tiempos que tuvieron fe, corazón y arte para +expresar con símbolos inagotables su arraigada creencia.... + +Hallábase el menguado autor como en éxtasis comtemplando en su mente +estas hermosuras del arte y de la fe, cuando un ruido de pasos primero, +la inusitada aparición de un hombre después, le trajeron bruscamente á +la realidad, haciéndole fijar la vista en las cuartillas del artículo de +fondo que olvidado yacía sobre la mesa. + +El sér que tenía delante era un monstruo, un vestiglo. Aborrecíale en +aquellos momentos más que si viniera á darle la muerte; y le inspiraba +más pavor que si fuese satanás en persona. El monstruo miró al autor de +un modo que le hizo temblar; alargó la mano pronunciando palabras que +aterraron al infeliz, cual si fueran anatemas de la Iglesia ó sentencia +de inquisidores. Estremecióse en su asiento, erizósele el cabello y miró +con angustia y bañado en sudor frio las incorrectas líneas del +interrumpido articulejo. + + +II + +Aquel vestiglo, ó en otros términos, pedazo de bárbaro, venía cubierto +de sudor, como si hubiese hecho una larga y precipitada carrera; y lo +mismo su cara que su andrajoso y mugrienta ropa parecian teñidas de un +ligero barniz obscuro. La tinta manaba de sus poros. Se diferenciaba de +un carbonero en que su tizne era más consistente y como si le saliera de +dentro. Enteramente igual á un cíclope, si no tuviera dos ojos, era el +tal una de las más poderosas palancas de la civilización moderna, porque +había recibido de la Providencia la alta misión de mover el manubrio de +una máquina de imprimir, que daba á luz diariamente millones de millones +de palabras. Viviendo la mayor parte del día en el sótano donde la +máquina civilizadora funciona, aquel hombre se había identificado con +ella; formaba parte de su mecanismo; y la armazón ingeniosa, pero +inerte, obra pura de las matemáticas, se convertía en ser inteligente +cuando al impulso del monstruo movía sus ruedas, ejes y cilindros como +si fueran órganos animados por recóndita vida. Ambos se entusiasmaban, +se confundían: ella crujiendo convulsamente y con acompasada celeridad; +él, jadeante y lleno de sudor, describiendo curvas y más curvas con su +brazo; ella recibiendo el papel para lanzarle fuera despues de haber +extendido en su superficie un mundo de ideas, y él entonando algún +cantar para hacer más llevadero su trabajo. Horas y horas pasaban de +este modo: la máquina, remedo de la naturaleza, reproduciendo en +millones de ejemplares un mismo tipo y una misma forma; el hombre, +determinando la fuerza impulsora, semejante al soplo vital en los +organismos animales. Cuando uno y otro se completaban de aquel modo, +difícil era suponerlos desunidos; y después de admirar el pasmoso +resultado de la combinación de los dos elementos, no habría sido fácil +tampoco decir cuál de los dos era más inteligente. + +Pero aquel hombre desempeñaba aún otras altas funciones igualmente +encaminadas á la propagación de las luces. ¿Qué sería del pensamiento +humano si aquel bruto no tuviera la misión de arreglar la tinta de +imprimir, haciéndola más espesa ó más clara según la intensidad que se +quiera dar á la impresión? Cuando los ejemplares de los periódicos +habían sido dados á luz por la máquina; cuando ésta se paraba fatigada +del alumbramiento y hacía rechinar sus tornillos como si le dolieran; +cuando los ejemplares recién nacidos, húmedos, pegajosos y mal olientes, +eran apilados sobre una gran mesa, el vestiglo los doblaba +cariñosamente, les ponía las fajas, les daba la forma con que circulan +por toda la redondez de la tierra, llevando la idea á las más apartadas +regiones, vivificando cuanto existe; los transportaba al correo, los +pesaba, los franqueaba, tratábalos con el cariño de un padre y creía que +él sólo era autor de tanta maravilla. + +No se limitaban á esto sus funciones: él pegaba carteles, complaciéndose +sobremanera en vestir de colorines las esquinas de Madrid, coadyuvando +de este modo á una de las grandes cosas de nuestro siglo, que es la +publicidad. Y si tenía un arte especial para poner cataplasmas á las +calles, no era mejor su aptitud para echarse á cuestas enormes resmas de +papel, que allá en su fuero interno consideraba como el alimento, pienso +ó forraje de la máquina. Pues, digo también era insustituíble para +cargar moldes ó formas que llenas de letras desafían los puños de los +hombres más vigorosos; y además le destinaban á traer y llevar original +y pruebas, misión que cumplía puntualmente al presentarse ante el joven +autor de quien hablo, y decirle que venía _á por el artículo_, añadiendo +que hacia mucha falta por estar parados y mano sobre mano los señores +cajistas. + +El apuro del autor no es para pintarse, y ved aquí explicado el horror, +la indignación, los escalofríos y trasudores que la presencia del +mocetón de la imprenta le produjo. Era preciso acabar el artículo, y +antes de acabarlo, era menester seguirlo, empresa de dificultad colosal, +por hallarse la imaginación del escritor sin ventura á 100.000 leguas +del asunto. El desdichado mandó al mozo que volviera dentro de un breve +rato; tomó la pluma, y recogiendo sus ideas lo mejor que pudo, después +de trazar muchos garabatos en un papelejo, y mirar al techo cuatro +veces y al papel otras tantas, escribió lo siguiente: + +«... Y como sabemos que la opinión pública es la única norma de la +política; como sabemos que los gobiernos que no se guían por la opinión +pública elaboran su propia ruína con la ruína del país, nos decidimos +hoy á alzar nuestra voz para indicar el peligro. El principal error del +Gobierno, preciso es decirlo muy alto, es su empeño en destruir nuestras +instituciones tradicionales, en realizar una _abolición completa de lo +pasado_. ¿Son las conquistas de la civilización incompatibles con la +historia? ¡Ah! El Gobierno se esfuerza en extirpar los restos de la fe +de nuestros padres, de aquella fe poderosa de que vemos exacta expresión +en las soberbias catedrales de la Edad Media, que subsisten y +subsistirán para asombro de las generaciones. ¡Mezquina edad presente! +¡Ah! ¡Cómo se engrandece el ánimo al contemplar las prodigiosas obras +que levantó el sentimiento religioso! ¿El espíritu que de tal manera se +reproduce, no debe conservarse en la sociedad, mediante la acción +previsora de los Gobiernos encargados de velar por los grandes y eternos +principios?» + +No bien concluído este párrafo, que á nuestro autor le pareció de +perlas, fué interrumpido por un tremendo golpe que sintió en el hombro. +Alzó los ojos y vió ¡cielos! á un importuno amigo que tenía la mala +costumbre de insinuarse dando grandes espaldarazos y pellizcos. + +Aunque el periodista tenía bastante intimidad con el recién venido, en +aquel momento le fué más antipático que si viera en él á un alguacil +encargado de prenderle. Le miró, apartando la vista del artículo, +nuevamente interrunpido, y esperó con paciencia las palabras de su +amigote. + + +III + +El cual era en extremo pesado, y tenía un mirar tan parecido á la +estupefacción inalterable de las estatuas, que al verle y oirle venían á +la memoría los solemnes discursos de las esfinges ó los augurios de +cualquier oráculo ó pitonisa. Hablaba en voz baja y en tono algo +cavernoso, lo que no dejaba de estar en armonía con la amarillez de su +semblante y con los cabellos largos que entrambos lados de la cabeza le +caían. Era además tan lúgubre en su carácter y en sus costumbres, que no +faltaba razón á los que habían dado en llamarle _sepulturero_. + +Con el desdichado autor de quien nos venimos ocupando, tenía este hombre +amistad antigua: ambos habían corrido juntos multitud de aventuras, y +sin separarse navegaron por los revueltos golfos del periodismo hasta +encallar en los arrecifes de una oficina, de donde no tardó en +arrojarlos un cambio ministerial, y se embarcaron de nuevo en la prensa +en busca de posición social. Comunicábanse sus desgracias y placeres, +partiendo unos y otros fraternalmente, y se ayudaban en sus respectivas +crisis financieras, haciéndose mutuos empréstitos, y girando el uno +contra el otro cuantiosas letras, á pagar noventa días después del +Juicio final. El lúgubre, principálmente, era un gran Ministro de +Hacienda, y resolvía todos sus apuros por medio de grandes acometidas al +bolsillo del joven escritor, que tenía, entre otras cualidades, la de +despreciar las vanas riquezas. + +En cambio de estos servicios, el _sepulturero_ ayudaba en sus amores al +escritor, que era por extremo sensible, idealista de la clase más +anticuada, si bien esto se compensaba por su habilidad en escribir +billetes amorosos, manifestación literaria á que sólo sus artículos +políticos podían igualarse. También se consagraba el otro á tales +entretenimientos; pero en su calidad de gran financiero, jamás le pasó +por las mientes, como al escritorcillo, la insensata idea de casarse. + +--Vengo a ponerte sobre aviso--dijo con su hueca, apagada y profunda +voz el lúgubre.--Ha llegado. + +Los dos amigos eran asiduos concurrentes á la ópera, y solían amenizar +sus conversaciones con los cantos y romanzas de que tenían llena la +cabeza; y á veces, cuando en el diálogo encajaba bien, soltaban algún +recitativo. Por eso cuando el lúgubre dijo: _Ha venido_, el periodista +cantó con afectación de sobresalto: + +--_¿L'incógnito amante della Rossina?_ + +--_Apunto quello_,--contestó el otro. + +--¡Qué contrariedad! ¿Pues no decían que ese hombre no vendría, que +habia ya renunciado á sus proyectos de matrimonio? ¿No estaban, lo mismo +Juanita que su madre, convencidas de que la familia de ese gaznápiro no +podía consentir en semejante boda? + +--Ahí verás. Él se ha escapado de su casa y dice que viene resuelto á +dar su blanca mano. Ya sabes que la pécora de Doña Lorenza bebe los +vientos por atraparle, porque parece ha de heredar cuando muera su tía, +el título de Marqués de los Cuatro Vientos. Es rico: Doña Lorenza sabe +de memoria el número de carneros, bueyes y asnos que posee en sus +dehesas _il tuo rivale_, y está loca de contento. Si no casa á su hija +con él, creo que revienta. + +--¡Pero Juanita, Juanita!--exclamó el escritor, mirando al +techo.--Juanita no puede ceder á las despóticas exigencias de esa +tarasca de su madre. + +--_La ragazza_ te quiere; pero si su madre se emperra en que no, y que +no... Yo creo que de esta vez te quedas con tres palmos de narices. +Cuando todas las contrariedades estaban allanadas, viene ese antiguo +pretendiente, que si no agrada á la hija, agrada á la mamá, y esto +basta. _¡Poverino!_ + +--¡Quita allá!... yo no lo puedo creer. La chica se resistirá; ha jurado +no tener más esposo que yo. + +--Sí. Pero tanto la sermonean.... La madre es una rata de Iglesia; +frecuentan su casa, como sabes, multitud de clérigos que, según dicen, +le tienen trastornado el juicio. Le han llevado el cuento de que tú eres +un revolucionario impío; que insultas á Dios y á la Virgen en tus +artículos; que estás excomulgado, y que debes de tener rabo, como los +judíos. Doña Lorenza, que oye siete misas al día y se confiesa dos veces +por semana, te detesta como si fueras el mismo Judas. Ella infundirá +este odio á su niña, haciéndole creer que eres descendiente de Caifás, y +que se va á condenar si se casa contigo. + +--¡Monstruoso, inconcebible! + +--Esa familia, chico, es la madriguera del obscurantismo. ¡Qué rancias +ideas y costumbres! En vano un espíritu fuerte, como Juanita, se +esfuerza en romper los nudos de la tutela estúpida con que se la quiere +oprimir. Tendrá que dejarte, y se casará con ese alcornoque, á quien +los clérigos y beatas que pululan en aquella casa, elogian sin cesar, +encomiando sus virtudes, su religiosidad, su grande amor á la causa +carlista y sus inmensos ganados. + +--¡Maldito sea el fariseísmo!--exclamó el otro, indignado contra la +teocracia que así se introduce en el seno de las familias para torcer +los más nobles propósitos y amoldarlos á fines mundanos. + +Desahogaba su ira en furibundos apóstrofes, anatemas y dicterios, +golpeando la mesa, lívido y descompuesto, cuando sintióse ruido de pasos +y apareció la fatídica estampa del mozo de la imprenta, que volvía en +busca del comenzado fondo. + +--¡El artículo!--suspiró nuestro escritor, echando mano á las +cuartillas, mojando la pluma con detestable humor y echando pestes +contra todos los periódicos y todos los clérigos del orbe. + +Pasados algunos segundos, pudo fijar sus ideas, y continuó su +interrumpida obra del modo siguiente: + +«Meditemos. Si bien es cierto que el Gobierno tiene la misión de velar +por la conservación y prestigio de los principios morales y religiosos, +también está fuera de toda duda que el más grave error en que pueden +incurrir los poderes públicos es apegarse demasiado á las instituciones +pasadas, protegiendo la teocracia y permitiendo que los apóstoles del +obscurantismo extiendan su hipócrita y solapado dominio á toda la +sociedad. ¡Oh! la más espantosa lepra de las naciones es esa masonería +clerical, que, ansiando allegar para su causa mundada toda clase de +recursos, no vacila en apoderarse de la voluntad de las mujeres indoctas +y tímidas para entronizarse mañosamente en las familias, organizarlas á +su manera, intervenir en sus actos más secretos, atar y desatar sus +vínculos, y crear de este modo un influjo universal que, á poco de +extendido, no podrá destruirse sino con una sangrienta hecatombe. ¡Ah! +¡oh! ¡les conocemos bien! + +«¿No es notorio para todo el mundo que el actual Gabinete lejos de +oponerse á tan grave mal, hace cuanto está en su mano para que tome +proporciones? ¿No estamos viendo que los órganos del obscurantismo +aplauden todos los actos del Gobierno, y que existe un pacto tácito +entre la teocracia y el poder, una comunidad de aspiraciones tal, que +parecen confundirse los poderes eclesiástico y civil, cual si viviéramos +en los tiempos del más brutal absolutismo? ¡Ah! ¡Es preciso ya decir la +verdad al país! ¡Oh! ¡Es preciso hablar muy alto y poner las cosas en su +lugar, exigiendo la responsabilidad á quien realmente la tenga!» + +Aquí se paró el escritor, mil veces desdichado, porque se le acabaron +las ideas; y no pudo _decirla verdad al país_, porque su imaginación no +se apartaba de Juanita, de la impertinente y mojigata mamá, de los +clerizontes y monagos que influían en la casa, de los carneros, bueyes, +cabras y asnos del futuro Marqués de los Cuatro Vientos. + + +IV + +Aprovechándose de este intermedio, trató el lúgubre de entablar de nuevo +el consabido palique. + +--Pero la situación no es desesperada--dijo.--Con ingenio puedes vencer +y dejar á ese señor de las vacas y carneros con un palmo de boca +abierta. + +--Si yo pudiera.... _Le mié nozze colei meglio á affretare._ + +--_Io dentr' oggi á finir vo questo affare_.... Mira, tengo un plan.... +¿Sabes que me comprometería á arreglar el asunto empleando ciertos +medios...? + +--A ver, ¿qué plan, qué medios son esos? Cualesquiera que sean, ponlos +en práctica inmédiatamente. Tú eres hombre de ingenio. + +--Pero no basta el ingenio--dijo el lúgubre. + +--Para ello es preciso otra cosa... es necesario dinero. + +--¡Dinero! _¡Dovizie!_ ¿Pero que papel va á hacer aquí el dichoso +dinero? + +--Eso lo veremos. Es un plan vasto y difícil de explicar ahora. + +--¿Pero se trata de raptos, escalamientos, sobornos? Todo eso está muy +bien en las novelas de á cuarto la entrega. + +--No es nada de eso. Tú has de ser el principal actor en esta trama que +preparo.... Es preciso que me des _guita_ y te sometas á cuanto yo te +mande. + +--En cuanto á lo segundo, no veo inconveniente ninguno; lo primero es +mucho más difícil, por una razón muy sencilla.... + +--Si no se tiene, se busca. + +--¡Se busca! _¿e dove, sciagurato?_ Pero explícame tus planes.... Ya me +figuro.... ¿Quieres hacerme pasar por rico...? Hombre, tiene gracia. + +--Tú dame el _cumquibus_ y cállate. No es preciso mucho: basta con unos +cuantos miles de reales, cinco ó seis mil. + +--¡Cinco ó seis mil! ¡Anda, anda! ¡Si tú supieras cuál es la situación +del tesoro! Chico, yo pensaba pedirte para una cajetilla. + +--Pero, hombre, busca bien--dijo el gran financiero con expresión de +angustia, que indicaba lo triste que era para él hallar tan vacío el +bolsillo del contribuyente.--¡Y yo que necesitaba ahora un pico...! +nada más que un piquito. + +--¡Piquitos á mí! + +--Es una gran contrariedad que te halles en tal situación--dijo el +lúgubre en tono de responso.--Yo que contaba.... Además me había +propuesto sacarte en bien de la aventura y hacer que Doña Lorenza +plantara en la calle al de los Cuatro Vientos, para que tu Juanita.... + +--¡Maldita sea tu estampa y mi miseria!--exclamó el articulista con +desesperación.--Cuando uno se propone un fin noble y elevado, como es el +del matrimonio, y no puede conseguirlo á causa de un cochino déficit, +reniega de la existencia y.... + +No pudo concluir la frase, porque ante sus ojos se presentó un espectro +que avanzaba lentamente, con expresión siniestra y aterradora. Aquel +fantasma era el monstruo tipográfico, horrible caricatura de Guttenberg, +que puntual como el diablo cuando suena la hora de llevarse su alma, +venía en busca del condenado artículo. + +--¡El artículo! ¡Mal rayo me parta! ¡Es preciso acabarlo! + +Y devorado por la ansiedad, trémulo y medio loco, trincó la pluma y +¡hala! + +«Fácil es comprender, escribió, que esta situación no puede prolongarse +mucho, por el aflictivo estado de la Hacienda. Los apuros del Erario +son tales, que se nos llena el corazón de tristeza cuando hacemos un +examen detenido de las rentas públicas. Los ingresos disminuyen de un +modo aterrador; aumentan los gastos. Todas las corporaciones carecen de +lo más necesario para cubrir sus atenciones. La miseria cunde por todas +partes, y el ánimo se abate al considerar nuestra situación. Nos es +imposible aspirar á nobles fines, porque en la vida moderna nada puede +lograrse; todas las mejoras materiales y morales son ilusorias cuando el +Estado se halla próximo á una vergonzosa ruina. ¡Ah! Es preciso llamar +sobre esto la atención del país. El Tesoro público está exhausto. La +situación es angustiosa, insostenible, desesperada. ¡Oh! Hay que exigir +la responsabilidad á quien corresponda apartando de la gestión de los +negocios públicos á los hombres funestos....» + +No pudo seguir, porque su amigo, que se había asomado al balcón mientras +él escribía, le llamaba con grandes voces. + +--¡Ven, ven... _eccola_! Por la calle pasa _la ragazza_ con Doña +Lorenza y el futuro Marquesito. ¡_Oh terribil momento_! + +El desdichado escritor levantóse de su asiento, tiró papel y plumas, sin +cuidarse de que _aquellos hombres funestos_ siguieran ó no encargados de +la gestión de los negocios públicos. + +Los dos fijaron la vista con ansiosa curiosidad en un grupo que por la +calle iba, compuesto de tres personas, á saber: una vieja por extremo +tiesa y con un aire presuntuoso que indicaba su adoración de todas las +cosas tradicionales y venerandas; una joven, de cuya hermosura no podían +tenerse bastantes datos desde el balcón, si bien no era difícil apreciar +la esbeltez de su cuerpo, su andar airoso y su traje, en que la +elegancia y la modestia habían conseguido hermanarse; y por ultimo, un +mozalbete, cuyo semblante no era fácil distinguir, pues sólo se veía +algo de patillas, su poco de lentes y unas miajas de nariz. + +El desesperado articulista estuvo á punto de gritar, de arrojar el +objeto que hallara más á mano sobre la inocente pareja que cruzaba la +calle. Púsose lívido al notar que se hablaban con una confianza parecida +á la intimidad, y hasta le pareció escuchar algunas tiernas y +conmovedoras frases. Apretó los puños y echó por aquella boca sapos y +culebras, apartándose del balcón por no presenciar más tiempo un +espectáculo que le enloquecía. Al volverse, su mirada se cruzó con la +mirada del bruto de la imprenta, que inmóvil en medio de la sala, más +feo, más horrible y siniestro que nunca, reclamaba las nefandas +cuartillas. ¡Nada, nada, á rematar el artículo! Ciego de furor, pálido +como la muerte, trémulo, y con extraviados ojos, se sentó, tomó la pluma +y salpicando á diestra y siniestra grandes manchurrones de tinta, +acribillando el papel con los picotazos de la pluma, enjaretó lo +siguiente: + +«Sí: hay que apartar de la gestión de los negocios públicos á esos +hombres funestos, que han usurpado el poder de una manera nunca vista en +los anales de la ambición; á esos hombres inmorales, que han extendido á +todas las esferas administrativas sus viciosas costumbres; á esos +hombres que escarnecen al país con sus improvisadas fortunas. Todo el +mundo ve con indignación los abusos, la audacia, el cinismo de tales +hombres, y nosotros participamos de esa patriótica indignación. ¡Oh! no +podemos contenernos. Señalamos á la execración de todas las gentes +honradas á esos Ministros funestos é inmorales--lo repetimos sin +cesar--que han traído á nuestra patria al estado en que hoy se halla, +irritando los ánimos y estableciendo en todo el país el reinado de la +desconfianza, del miedo, de la cólera, de la venganza. Sí: ¡¡castigo, +venganza!! he aquí las palabras que sintetizan la aspiración nacional en +el actual momento histórico.» + +Hubiera seguido desahogando las hieles de su alma, si alguien no le +interrumpiera inopinadamente en aquel crítico momento histórico, +entregándole una carta, cuyo sobre, escrito por mano femenina, le +produjo extraordinaria conmoción. Abrióla con frenesí, rasgando el +papel, y leyó lo que sigue, trazado con lápiz, apresuradamente: + +«No puedo pintar mi martirio desde que este alcornoque de los Cuatro +Vientos ha venido de Extremadura, con la pretensión de casarse conmigo. +Mamá es _partidaria de esta solución_, como tu dices; pero yo me +mantengo y me mantendré siempre en la más resuelta oposición. Nada ni +nadie me hará desistir, tontín, y yo te respondo que mi _actitud_, +¡vivan las actitudes! será tan firme, que ha de causarte admiración. El +suplicio de tener que oir las simplezas y ver el antipático semblante de +Cuatro Vientos me dará fuerza para resistir al _sistema arbitrario y á +las medidas preventivas_ de mamá.» + +La alegría del autor fué tan grande en aquel _momento histórico_, que +por poco se desmaya en los brazos de su amigo. Recobró repentinamente su +buen humor, volviendo los colores á su rostro demacrado. Pero la +presencia del siniestro gañán de la imprenta, que inmóvil permanecía en +medio de la sala, le hizo comprender la necesidad de concluir su obra, +que reclamaban con furor los irritados cajistas y el inexorable regente. +Tomó la pluma, y con facilidad notoria terminó de esta manera. + +«Pero en honor de la verdad, y penetrándonos de un alto espíritu de +imparcialidad, deponiendo pasiones bastardas y hablando el lenguaje de +la más estricta justicia, debemos decir que no tiene el Gobierno toda la +culpa de lo que hoy pasa. Sería obcecación negarle el buen deseo y la +aspiración al acierto. ¡Ah! Su gestión tropieza con los obstáculos que +la insensata oposición de los partidos revolucionarios hace de continuo; +y los males que sufre el país no proceden, por lo general, de las altas +regiones. Todos los Ministros tienen muchísimo talento, y se inspiran ¿á +qué negarlo? en el más puro patriotismo. ¡Ah! nuestro deber es excitar á +todo el mundo para que, por medio de hábiles transacciones, por medio de +sabios temperamentos, puedan el pueblo y el poder hermanarse, +inaugurando la serie de felicidades, de inefables dichas, de +prosperidades sin cuento que la Providencia nos destina.» + +Madrid, Abril de 1872. + + + + +LA MULA Y EL BUEY + +CUENTO DE NAVIDAD + + +I + +Cesó de quejarse la pobrecita; movió la cabeza, fijando los tristes ojos +en las personas que rodeaban su lecho; extinguióse poco á poco su +aliento, y expiró. El Ángel de la Guarda, dando un suspiro, alzó el +vuelo y se fué. + +La infeliz madre no creía tanta desventura; pero el lindísimo rostro de +Celinina se fué poniendo amarillo y diáfano como cera; enfriáronse sus +miembros, y quedó rígida y dura como el cuerpo de una muñeca. Entonces +llevaron fuera de la alcoba á la madre, al padre y á los más inmediatos +parientes, y dos ó tres amigas y las criadas se ocuparon en cumplir el +último deber con la pobre niña muerta. + +La vistieron con riquísimo traje de batista, la falda blanca y ligera +como una nube, toda llena de encajes y rizos que la asemejaban á espuma. +Pusiéronle los zapatos, blancos también y apenas ligeramente gastada la +suela, señal de haber dado pocos pasos, y después tejieron, con sus +admirables cabellos de color castaño obscuro, graciosas trenzas +enlazadas con cintas azules. Buscaron flores naturales; mas no +hallándolas, por ser tan impropia de ellas la estación, tejieron una +linda corona con flores de tela, escogiendo las más bonitas y las que +más se parecían á verdaderas rosas frescas traídas del jardín. + +Un hombre antipático trajo una caja algo mayor que la de un violín, +forrada de seda azul con galones de plata, y por dentro guarnecida de +raso blanco. Colocaron dentro á Celinina, sosteniendo su cabeza en +preciosa y blanda almohada, para que no estuviese en postura violenta, y +después que la acomodaron bien en su fúnebre lecho, cruzaron sus +manecitas, atándolas con una cinta, y entre ellas pusiéronle un ramo de +rosas blancas, tan hábilmente hechas por el artista, que parecían hijas +del mismo Abril. + +Luego las mujeres aquellas cubrieron de vistosos paños una mesa, +arreglándola como un altar, y sobre ella fué colocada la caja. En breve +tiempo armaron unos al modo de doseles de iglesia, con ricas cortinas +blancas, que se recogían gallardamente á un lado y otro; trajeron de +otras piezas cantidad de santos é imágenes, que ordenadamente +distribuyeron sobre el altar, como formando la corte funeraria del ángel +difunto, y, sin pérdida de tiempo, encendieron algunas docenas de luces +en los grandes candelabros de la sala, los cuales, en torno á Celinina, +derramaban tristísimas claridades. Después de besar repetidas veces las +heladas mejillas de la pobre niña, dieron por terminada su piadosa obra. + + +II + +Allá, en lo más hondo de la casa, sonaban gemidos de hombres y mujeres. +Era el triste lamentar de los padres, que no podían convencerse de la +verdad del aforismo _angelitos al cielo_, que los amigos administran +como calmante moral en tales trances. Los padres creían entonces que la +verdadera y más propia morada de los angelitos es la tierra; y tampoco +podían admitir la teoría de que es mucho más lamentable y desastrosa la +muerte de los grandes que la de los pequeños. Sentían, mezclada á su +dolor, la profundísima lástima que inspira la agonía de un niño, y no +comprendían que ninguna pena superase á aquélla que destrozaba sus +entrañas. + +Mil recuerdos é imágenes dolorosas les herían, tomando forma de +agudísimos puñales que les traspasaban el corazón. La madre oía sin +cesar la encantadora media lengua de Celinina, diciendo las cosas al +revés, y haciendo de las palabras de nuestro idioma graciosas +caricaturas filológicas que afluían de su linda boca como la música más +tierna que puede conmover el corazón de una madre. Nada caracteriza á un +niño como su estilo, aquel genuino modo de expresarse y decirlo todo con +cuatro letras, y aquella gramática prehistórica, como los primeros +vagidos de la palabra en los albores de la humanidad, y su sencillo arte +de declinar y conjugar, que parece la rectificación inocente de los +idiomas regularizados por el uso. El vocabulario de un niño de tres +años, como Celinina, constituye el verdadero tesoro literario de las +familias. ¿Cómo había de olvidar la madre aquella lengüecita de trapo, +que llamaba al sombrero _tumeyo_ y al garbanzo _babancho_? + +Para colmo de aflicción, vió la buena señora por todas partes los +objetos con que Celinina había alborozado sus últimos días; y como éstos +eran los que preceden á Navidad, rodaban por el suelo pavos de barro con +patas de alambre; un San José sin manos; un pesebre con el Niño Dios, +semejante á una bolita de color de rosa; un Rey Mago montado en +arrogante camello sin cabeza. Lo que habían padecido aquellas pobres +figuras en los últimos días, arrastradas de aquí para allí, puestas en +ésta ó en la otra forma, sólo Dios, la mamá y el purísimo espíritu que +había volado al cielo lo sabían. + +Estaban las rotas esculturas impregnadas, digámoslo así, del alma de +Celinina, ó vestidas, si se quiere, de una singular claridad muy triste, +que era la claridad de ella. La pobre madre, al mirarlas, temblaba toda, +sintiéndose herida en lo más delicado y sensible de su íntimo ser. +¡Extraña alianza de las cosas! ¡Cómo lloraban aquellos pedazos de barro! +¡Llenos parecían de una aflicción intensa, y tan doloridos, que su vista +sola producía tanta amargura como el espectáculo de la misma criatura +moribunda, cuando miraba con suplicantes ojos á sus padres y les pedía +que le quitasen aquel horrible dolor de su frente abrasada! La más +triste cosa del mundo era para la madre aquel pavo con patas de alambre +clavadas en tablilla de barro, y que en sus frecuentes cambios de +postura había perdido el pico y el moco. + + +III + +Pero si era aflictiva la situación de espíritu de la madre, éralo mucho +más la del padre. Aquélla estaba traspasada de dolor; en éste, el dolor +se agravaba con un remordimiento agudísimo. Contaremos brevemente el +peregrino caso advirtiendo que esto quizás parecerá en extremo pueril á +algunos, pero á los que tal crean, les recordaremos que nada es tan +ocasionado á puerilidades como un íntimo y puro dolor, de esos en que no +existe mezcla alguna de intereses de la tierra, ni el desconsuelo +secundario del egoísmo no satisfecho. + +Desde que Celinina cayó enferma, sintió el afán de las poéticas fiestas +que más alegran á los niños: las fiestas de Navidad. Ya se sabe con +cuánta ansia desean la llegada de estos risueños días, y cómo les +trastorna el febril anhelo de los regalitos, de los nacimientos, y las +esperanzas del mucho comer y del atracarse de pavo, mazapan, peladillas +y turrón. Algunos se creen capaces, con la mayor ingenuidad, de embuchar +en sus estómagos cuanto ostentan la Plaza Mayor y calles adyacentes. + +Celinina, en sus ratos de mejoría, no dejaba de la boca el tema de la +Pascua; y como sus primitos, que iban á acompañarla, eran de más edad y +sabían cuanto hay que saber en punto á regalos y nacimientos, se +alborotaba más la fantasía de la pobre niña oyéndoles, y más se +encendían sus afanes de poseer golosinas y juguetes. Delirando, cuando +la metía en su horno de martirios la fiebre, no cesaba de nombrar lo que +de tal modo ocupaba su espíritu, y todo era golpear tambores, tañer +zambombas, cantar villancicos. En la esfera tenebrosa que rodeaba su +mente, no había sino pavos haciendo _clau clau_; pollos que gritaban +_pío pío_; montes de turrón que llegaban al cielo formando un Guadarrama +de almendras; nacimientos llenos de luces y que tenían lo menos +cincuenta mil millones de figuras; ramos de dulce, árboles cargados de +cuantos juguetes puede idear la más fecunda imaginación tirolesa; el +estanque del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban á +las cocineras con sus ojos cuajados, naranjas que llovían del cielo, +cayendo en más abundancia que las gotas de agua en día de temporal, y +otros mil prodigios que no tienen número ni medida. + + +IV + +El padre, por no tener más chicos que Celinina, no cabía en sí de +inquieto y desasosegado. Sus negocios le llamaban fuera de la casa; pero +muy á menudo entraba en ella para ver como iba la enfermita. El mal +seguía su marcha con alternativas traidoras: unas veces dando esperanzas +de remedio, otras quitándolas. + +El buen hombre tenía presentimientos tristes. El lecho de Celinina, con +la tierna persona agobiada en él por la fiebre y los dolores, no se +apartaba de su imaginación. Atento á lo que pudiera contribuir á +regocijar el espíritu de la niña, todas las noches, cuando regresaba á +la casa, le traía algún regalito de Pascua, variando siempre de objeto y +especie, pero prescindiendo siempre de toda golosina. Trájole un día una +manada de pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba más que graznar; +otro día sacó de sus bolsillos la mitad de la Sacra Familia, y al +siguiente á San José con el pesebre y portal de Belén. Después vino con +unas preciosas ovejas, á quien conducían gallardos pastores, y luego se +hizo acompañar de unas lavanderas que lavaban, y de un choricero que +vendía chorizos, y de un Rey Mago negro, al cual sucedió otro de barba +blanca y corona de oro. Por traer, hasta trajo una vieja que daba azotes +en cierta parte á un chico por no saber la lección. + +Conocedora Celinina, por lo que charlaban sus primos, de todo lo +necesario á la buena composición de un nacimiento, conoció que aquella +obra estaba incompleta por la falta de dos figuras muy principales: la +mula y el buey. Ella no sabía lo que significaba la tal mula ni el tal +buey; pero atenta á que todas las cosas fuesen perfectas, reclamó una y +otra vez del solícito padre el par de animales que se había quedado en +Santa Cruz. + +Él prometió traerlos, y en su corazón hizo propósito firmísimo de no +volver sin ambas bestias; pero aquel día, que era el 23, los asuntos y +quehaceres se le aumentaron de tal modo, que no tuvo un punto de reposo. +Además de esto, quiso el Cielo que se sacase la lotería, que tuviera +noticia de haber ganado un pleito, que dos amigos cariñosos le +embarazaran toda la mañana... en fin, el padre entró en la casa sin la +mula, pero también sin el buey. + +Gran desconsuelo mostró Celinina al ver que no venían á completar su +tesoro las dos únicas joyas que en él faltaban. El padre quiso al punto +remediar su falta; mas la nena se había agravado considerablemente +durante el día; vino el médico, y como sus palabras no eran +tranquilizadoras, nadie pensó en bueyes, mas tampoco en mulas. + +El 24 resolvió el pobre señor no moverse de la casa. Celinina tuvo por +breve rato un alivio tan patente, que todos concibieron esperanzas, y +lleno de alegría, dijo el padre: «Voy al punto á buscar eso.» + +Pero como cae rápidamente un ave herida al remontar el vuelo á lo más +alto, así cayó Celinina en las honduras de una fiebre muy intensa. Se +agitaba trémula y sofocada en los brazos ardientes de la enfermedad, que +la constreñía sacudiéndola para expulsar la vida. En la confusión de su +delirio, y sobre el revuelto oleaje de su pensamiento, flotaba, como el +único objeto salvado de un cataclismo, la idea fija del deseo que no +había sido satisfecho; de aquella codiciada mula y de aquel suspirado +buey, que aún proseguían en estado de esperanza. + +El papá salió medio loco, corrió por las calles; pero en mitad de una de +ellas se detuvo y dijo: «¿Quién piensa ahora en figuras de nacimiento?» + +Y corriendo de aquí para allí, subió escaleras, y tocó campanillas, y +abrió puertas sin reposar un instante, hasta que hubo juntado siete ú +ocho médicos, y les llevó á su casa. Era preciso salvar á Celinina. + + +V + +Pero Dios no quiso que los siete ú ocho (pues la cifra no se sabe á +punto fijo) alumnos de Esculapio contraviniesen la sentencia que él +había dado, y Celinina fué cayendo, cayendo más á cada hora, y llegó á +estar abatida, abrasada, luchando con indescriptibles congojas, como la +mariposa que ha sido golpeada y tiembla sobre el suelo con las alas +rotas. Los padres se inclinaban junto á ella con afán insensato, cual si +quisieran con la sola fuerza del mirar detener aquella existencia que se +iba, suspender la rápida desorganización humana, y con su aliento +renovar el aliento de la pobre mártir que se desvanecía en un suspiro. + +Sonaron en la calle tambores y zambombas y alegre chasquido de panderos. +Celinina abrió los ojos, que ya parecían cerrados para siempre; miró á +su padre, y con la mirada tan sólo y un grave murmullo que no parecía +venir ya de lenguas de este mundo, pidió á su padre lo que éste no había +querido traerle. Traspasados de dolor padre y madre, quisieron +engañarla, para que tuviese una alegría en aquel instante de suprema +aflicción, y presentándole los pavos, le dijeron:--«Mira, hija de mi +alma, aquí tienes la mulita y el bueyecito.» + +Pero Celinina, aun acabándose, tuvo suficiente claridad en su +entendimiento para ver que los pavos no eran otra cosa que pavos, y los +rechazó con agraciado gesto. Después siguió con la vista fija en sus +padres, y ambas manos en la cabeza señalando sus agudos dolores. Poco á +poco fué extinguiéndose en ella aquel acompasado son, que es el último +vibrar de la vida, y al fin todo calló, como calla la máquina del reloj +que se para; y la linda Celinina fué un gracioso bulto, inerte y frío +como mármol, blanco y transparente como la purificada cera que arde en +los altares. + +¿Se comprende ahora el remordimiento del padre? Porque Celinina tornara +á la vida, hubiera él recorrido la tierra entera para recoger todos los +bueyes y todas, absolutamente todas las mulas que en ella hay. La idea +de no haber satisfecho aquel inocente deseo era la espada más aguda y +fría que traspasaba su corazón. En vano con el raciocinio quería +arrancársela; pero ¿de qué servía la razón, si era tan niño entonces +como la que dormía en el ataúd, y daba más importancia á un juguete que +á todas las cosas de la tierra y del cielo? + + +VI + +En la casa se apagaron al fin los rumores de la desesperación, como si +el dolor, internándose en el alma, que es su morada propia, cerrara las +puertas de los sentidos para estar más solo y recrearse en sí mismo. + +Era Noche-Buena, y si todo callaba en la triste vivienda recién visitada +de la muerte, fuera, en las calles de la ciudad, y en todas las demás +casas, resonaban placenteras bullangas de groseros instrumentos músicos, +y vocería de chiquillos y adultos cantando la venida del Mesías. Desde +la sala donde estaba la niña difunta, las piadosas mujeres que le hacían +compañía oyeron espantosa algazara, que al través del pavimento del piso +superior llegaba hasta ellas, conturbándolas en su pena y devoto +recogimiento. Allá arriba, muchos niños chicos, congregados con mayor +número de niños grandes y felices papás y alborozados tíos y tías, +celebraban la Pascua, locos de alegría ante el más admirable nacimiento +que era dado imaginar, y atentos al fruto de juguetes y dulces que en +sus ramas llevaba un frondoso árbol con mil vistosas candilejas +alumbrado. + +Hubo momentos en que con el grande estrépito de arriba, parecía que +retemblaba el techo de la sala, y que la pobre muerta se estremecía en +su caja azul, y que las luces todas oscilaban, cual si, á su manera, +quisieran dar á entender también que estaban algo peneques. De las tres +mujeres que velaban, se retiraron dos; quedó una sola, y ésta, sintiendo +en su cabeza grandísimo peso, á causa sin duda del cansancio producido +por tantas vigilias, tocó el pecho con la barba y se durmió. + +Las luces siguieron oscilando y moviéndose mucho, á pesar de que no +entraba aire en la habitación. Creeríase que invisibles alas se agitaban +en el espacio ocupado por el altar. Los encajes del vestido de Celinina +se movieron también, y las hojas de sus flores de trapo anunciaban el +paso de una brisa juguetona ó de manos muy suaves. Entonces Celinina +abrió los ojos. + +Sus ojos negros llenaron la sala con una mirada viva y afanosa que +echaron en derredor y de arriba abajo. Inmediatamente después, separó +las manos sin que opusiera resistencia la cinta que las ataba, y +cerrando ambos puños se frotó con ellos los ojos, como es costumbre en +los niños al despertarse. Luego se incorporó con rápido movimiento, sin +esfuerzo alguno, y mirando al techo, se echó á reir; pero su risa, +sensible á la vista, no podía oirse. El único rumor que fácilmente se +percibió era una bullanga de alas vivamente agitadas, cual si todas las +palomas del mundo estuvieran entrando y saliendo en la sala mortuoria y +rozaran con sus plumas el techo y las paredes. + +Celinina se puso en pie, extendió los brazos hacia arriba, y al punto le +nacieron unas alitas cortas y blancas. Batiendo con ellas el aire, +levantó el vuelo y desapareció. + +Todo continuaba lo mismo: las luces ardiendo, derramando en copiosos +chorros la blanca cera sobre las arandelas; las imágenes en el propio +sitio, sin mover brazo ni pierna ni desplegar sus austeros labios; la +mujer sumida plácidamente en un sueño que debía saberle á gloria; todo +seguía lo mismo, menos la caja azul, que se había quedado vacía. + + +VII + +¡Hermosa fiesta la de esta noche en casa de los señores de-----! + +Los tambores atruenan la sala. No hay quien haga comprender á esos +endiablados chicos que se divertirán más renunciando á la infernal bulla +de aquel instrumento de guerra. Para que ningún humano oído quede en +estado de funcionar al día siguiente, añaden al tambor esa invención del +Averno, llamada zambomba, cuyo ruido semeja á gruñidos de Satanás. +Completa la sinfonía el pandero, cuyo atroz chirrido de calderetería +vieja alborota los nervios más tranquilos. Y sin embargo, esta discorde +algazara sin melodía y sin ritmo, más primitiva que la música de los +salvajes, es alegre en aquesta singular noche, y tiene cierto sonsonete +lejano de coro celestial. + +El Nacimiento no es una obra de arte á los ojos de los adultos; pero los +chicos encuentran tanta belleza en las figuras, expresión tan mística en +el semblante de todas ellas, y propiedad tanta en sus trajes, que no +creen haya salido de manos de los hombres obra más perfecta, y la +atribuyen á la industria peculiar de ciertos ángeles dedicados á ganarse +la vida trabajando en barro. El portal de corcho, imitando un arco +romano en ruinas, es monísimo, y el riachuelo representado por un +espejillo con manchas verdes que remedan acuáticas yerbas y el musgo de +las márgenes, parece que corre por la mesa adelante con plácido +murmurio. El puente por donde pasan los pastores es tal, que nunca se ha +visto el cartón tan semejante á la piedra; al contrario de lo que pasa +en muchas obras de nuestros ingenieros modernos, los cuales hacen +puentes de piedra que parecen de cartón. El monte que ocupa el centro +se confundiría con un pedazo de los Pirineos, y sus lindas casitas, más +pequeñas que las figuras, y sus árboles figurados con ramitas de +evónimus, dejan atrás á la misma Naturaleza. + +En el llano es donde está lo más bello y las figuras más +características: las lavanderas que lavan en el arroyo; los paveros y +polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos +granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al +camello de un Rey Mago, y Perico el ciego tocando la guitarra en un +corrillo donde curiosean los pastores que han vuelto del Portal. Por +medio á medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio Salamanca, y +como tiene dos _rails_ y sus ruedas, á cada instante le hacen correr de +Oriente á Occidente con gran asombro del Rey Negro, que no sabe qué +endiablada máquina es aquella. + +Delante del Portal hay una lindísima plazoleta, cuyo centro lo ocupa una +redoma de peces, y no lejos de allí vende un chico _La Correspondencia_, +y bailan gentilmente dos majos. La vieja que vende buñuelos y la +castañera de la esquina son las piezas más graciosas de este maravilloso +pueblo de barro, y ellas solas atraen con preferencia las miradas de la +infantil muchedumbre. Sobre todo, aquel chicuelo andrajosa que en una +mano tiene un billete de lotería, y con la otra le roba bonitamente las +castañas del cesto á la tía Lambrijas, hace desternillar de risa á +todos. + +En suma: el Nacimiento _número uno_ de Madrid es el de aquella casa, una +de las más principales, y ha reunido en sus salones á los niños más +lindos y más juiciosos de veinte calles á la redonda. + + +VIII + +Pues ¿y el árbol? Está formado de ramas de encina y cedro. El solícito +amigo de la casa que lo ha compuesto con gran trabajo, declara que jamás +salió de sus manos obra tan acabada y perfecta. No se pueden contar los +regalos pendientes de sus hojas. Son, según la suposición de un +chiquitín allí presente, en mayor número que las arenas del mar. Dulces +envueltos en cáscaras de papel rizado; mandarinas, que son los niños de +pecho de las naranjas; castañas arropadas en mantillas de papel de +plata; cajitas que contienen glóbulos de confitería homeopática; +figurillas diversas á pie y á caballo: cuanto Dios crió para que lo +perfeccionase luego la Mahonesa ó lo vendiese Scropp, ha sido puesto +allí por una mano tan generosa como hábil. Alumbraban aquel árbol de la +vida candilejas en tal abundancia, que, según la relación de un +convidado de cuatro años, hay allí más lucecitas que estrellas en el +cielo. + +El gozo de la caterva infantil no puede compararse á ningún sentimiento +humano: es el gozo inefable de los coros celestiales en presencia del +Sumo Bien y de la Belleza Suma. La superabundancia de satisfacción casi +les hace juiciosos, y están como perplejos, en seráfico arrobamiento, +con todo el alma en los ojos, saboreando de antemano lo que han de +comer, y nadando, como los ángeles bienaventurados, en éter puro de +cosas dulces y deliciosas, en olor de flores y de canela, en la esencia +increada del juego y de la golosina. + + +IX + +Mas de repente sintieron un rumor que no provenía de ellos. Todos +miraron al techo, y como no veían nada, se contemplaban los unos á los +otros, riendo. Oíase gran murmullo de alas rozando contra la pared y +chocando en el techo. Si estuvieran ciegos, habrían creído que todas las +palomas de todos los palomares del universo se habían metido en la +sala. Pero no veían nada, absolutamente nada. + +Notaron, sí, de súbito, una cosa inexplicable y fenomenal. Todas las +figurillas del Nacimiento se movieron, todas variaron de sitio sin +ruido. El coche del tranvía subió á lo alto de los montes, y los Reyes +se metieron de patas en el arroyo. Los pavos se colaron sin permiso +dentro del Portal, y San José salió todo turbado, cual si quisiera saber +el origen de tan rara confusión. Después, muchas figuras quedaron +tendidas en el suelo. Si al principio las traslaciones se hicieron sin +desorden, después se armó una baraúnda tal, que parecían andar por allí +cien mil manos afanosas de revolverlo todo. Era un cataclismo universal +en miniatura. El monte se venía abajo, faltándole sus cimientos +seculares; el riachuelo variaba de curso, y echando fuera del cauce sus +espejillos, inundaba espantosamente la llanura; las casas hundían el +tejado en la arena; el Portal se estremecía cual si fuera combatido de +horribles vientos, y como se apagaron muchas luces resultó nublado el +sol y obscurecidas las luminarias del día y de la noche. + +Entre el estupor que tal fenómeno producía algunos pequeñuelos reían +locamente y otros lloraban. Una vieja supersticiosa les dijo: + +«¿No sabéis quién hace este trastorno? Hácenlo los niños muertos que +están en el cielo, y los cuales permite Padre Dios, esta noche, que +vengan á jugar con los Nacimientos.» + +Todo aquello tuvo fin, y se sintió otra vez el batir de alas alejándose. + +Acudieron muchos de los presentes á examinar los estragos, y un señor +dijo: + +«Es que se ha hundido la mesa y todas las figuras se han revuelto.» + +Empezaron á recoger las figuras y á ponerlas en orden. Después del +minucioso recuento y de reconocer una por una todas las piezas, se echó +de menos algo. Buscaron y rebuscaron; pero sin resultado. Faltaban dos +figuras: la Mula y el Buey. + + +X + +Ya cercano el día, iban los alborotadores camino del cielo, más +contentos que unas Pascuas, dando brincos por esas nubes, y eran +millones de millones, todos preciosos, puros, divinos, con alas blancas +y cortas que batían más rápidamente que los más veloces pájaros de la +tierra. La bandada que formaban era más grande que cuanto pueden abarcar +los ojos en el espacio visible, y cubría la luna y las estrellas, como +cuando el firmamento se llena de nubes. + +«A prisa, á prisa, caballeritos, que va á ser de día--dijo uno,--y el +Abuelo nos va á reñir si llegamos tarde. No valen nada los Nacimientos +de este año.... ¡Cuando uno recuerda aquellos tiempos...!» + +Celinina iba con ellos, y como por primera vez andaba en aquellas +altitudes, se atolondraba un poco. + +«Ven acá--le dijo uno,--dame la mano y volarás más derecha.... Pero ¿qué +llevas ahí? + +--Esto--repuso Celinina oprimiendo contra su pecho dos groseros animales +de barro.--Son pa mí, pa mí. + +--Mira, chiquilla, tira esos muñecos. Bien se conoce que sales ahora de +la tierra. Has de saber que aunque en el Cielo tenemos juegos eternos; +siempre deliciosos, el Abuelo nos manda al mundo esta noche para que +enredemos un poco en los Nacimientos. Allá arriba se divierten también +esta noche, y yo creo que nos mandan abajo por que les mareamos con el +gran ruido que metemos.... Pero si Padre Dios nos deja bajar y andar por +las casas, es á condición de que no hemos de coger nada, y tú has +afanado eso.» + +Celinina no se hacía cargo de estas poderosas razones, y apretando más +contra su pecho los dos animales, repitió: + +--Pa mí, pa mí. + +--Mira, tonta,--añadió el otro,--que si no haces caso nos vas á dar un +disgusto. Baja en un vuelo, y deja eso, que es de la tierra y en la +tierra debe quedar. En un momento vas y vuelves, tonta. Yo te espero en +esta nube.» + +Al fin Celinina cedió, y bajando, entregó á la tierra su hurto. + + +XI + +Por eso observaron que el precioso cadáver de Celinina, aquello que fué +su persona visible, tenía en las manos, en vez del ramo de flores, dos +animalillos de barro. Ni las mujeres que la velaron, ni el padre, ni la +madre, supieron explicarse esto; pero la linda niña, tan llorada de +todos, entró en la tierra apretando en sus frías manecitas la Mula y el +Buey. + +Diciembre de 1876. + + + + + +LA PLUMA EN EL VIENTO + +Ó + +EL VIAJE DE LA VIDA + + +Poe....[1] + + +INTRODUCCIÓN + +Sobre el apelmazado suelo de un corral, entre un cascarón de huevo y una +hoja de rábano, cerca del medio plato donde bebían los pollos y como á +dos pulgadas del jaramago que se había nacido en aquel sitio sin pedir +permiso á nadie, yacía una pequeña y ligerísima pluma, caída al parecer +del cuello de cierta paloma vecina, que diez minutos antes se había +dejado acariciar ¡oh femenil condescendencia! por un D. Juan que hacía +estragos en los tejados de aquellos contornos. + +El corral era triste, feo y solitario. Desde donde estaba la pluma no +se veía otra cosa que la copa de algunos castaños plantados fuera de la +tapia; el campanario de la iglesia con su remate abollado, á manera de +sombrero viejo; la vara enorme y deslucida de un chopo inválido y casi +moribundo, y las tejas dé la casa adyacente, que en días de temporal +regaban con abundante lloro el corral y la huerta. La vid, la zarza +trepadora y la madreselva, apenas cubrían entre las tres toda la +extensión de la tapia, erizada de vidrios rotos en su parte superior, +que servía de baluarte inexpugnable contra zorras y chicuelos. + +A esto se reducía el paisaje, amén del inmenso y siempre hermoso cielo, +tan espléndido de día, como imponente y misterioso de noche. + +La pluma (¿por qué no hemos de darle vida?) yacía, como dijimos, en +compañía de varios objetos bastante innobles, propios del lugar, y +constantemente expuesta a ser hollada por la bárbara planta de los +gansos, de los pollos y aun de otros animalejos menos limpios y decentes +que tenían habitación en algún lodazal cercano. + +No hay para qué decir que la pluma debía de estar muy aburrida; pues +suponiendo un alma en han delicado, aéreo y flexible cuerpo, la +consecuencia es que esta alma no podía vivir contenta en el corral +descrito. Por una misteriosa armonía entre los elementos constitutivos +de aquel ser, si el cuerpo parecía un espectro de materia, el alma había +sido creada para volar y remontarse a las alturas, elevándose a la mayor +distancia, posible sobra el suelo, en cuyo fango jamás debieran tocar +los encajes casi imperceptibles de su sutil vestidura. Para esto había +nacido ciertamente; pero en ella, como en nosotros los hombres, la +predestinación continuaba siendo una vana palabra. Estaba la pobre en el +corral, lamentando su suerte, con la vista fija en el cielo, sin más +distracción que ver agitados por el viento los blancos festones de su +ropa inmaculada, y diciendo en la ignota lengua de las plumas: «No sé +cómo aguanto esta vida fastidiosa. Más valdría cien veces morir.» + +Otras muchas cosas igualmente tristes dijo; pero en el mismo instante +una ráfaga de viento que puso en conmoción todas las pajas y objetos +menudos arrojados en el corral, la suspendió, ¡oh inesperada alegría! +alzándola sobre el suelo más de media vara. Por breve espacio de tiempo +estuvo fluctuando de aquí para allí, amenazando caer unas veces y +remontándose otras, con gran algazara de los pollos, quienes al ver +aquella cosa blanca que se paseaba por los aires con tanta majestad, +iban tras ella aguardándola en su caída, con la esperanza de que fuera +algo de comer. Pero el viento sopló más recio, y haciendo un fuerte +remolino en todo el recinto del corral, la sacó fuera velozmente. Cuando +ella se vió más alta que la tapia, más alta que la casa, que los +castaños, que la cúspide del chopo, tembló toda de entusiasmo y +admiración. Allá arribita, el viento la meció, sosteniéndola sin +violentas sacudidas: parecía balancearse en visible hamaca ó en los +brazos de algún cariñoso genio. Desde allí ¡qué espectáculo! Abajo el +corral con sus inquietos pollos escarbando sin cesar; la huerta, la +casa, los castaños, el chopo, ¡qué pequeño lo que antes parecía tan +grande! Después, toda la extensión del hermoso valle poblado de casas, +de árboles, de flores, de ganados; a lo lejos las montañas con sus +laderas cubiertas de bosques, sus eminencias rojizas y azules y sus +cúspides encaperuzadas con una blancura en la cual nuestra viajera creyó +ver enormes montones de plumas, encima el cielo sin fin, el sol de la +mañana dando vivos colores a todo el paisaje, garabateando el agua con +rayos de luz, produciendo temblorosos reflejos en el follaje de los +olmos, y reverberando en las sementeras pajizas, salpicadas aquí y allí +de manchas de amapolas. ¡Esto sí que se llama vivir! Tremenda cosa sería +caer otra vez en el corral. + +La pluma, en el colmo de su regocijo, no halló medio mejor de expresarlo +que dando vueltas sobre su eje, para que se orearan bien sus miembros +húmedos y ateridos: se bañó en el sol y se esponjó, ahuecando con cierta +vanidad los flecos diminutos de que se componía su cuerpo. El sol +penetraba por entre los mil intersticios de aquel encaje prodigioso, y +nuestra viajera se vió vestida de hilos de cristal más tenues que los +que tienden las arañas de rama en rama, y cubierta de diamantes, +esmeraldas y rubíes que variaban de luces á cada movimiento, y tan +menudos, que los granos de arena parecerían montañas á su lado. + +Extender la vista por el valle, por las montañas, por el horizonte, y +querer recorrerlo todo hasta el fin, fué en la pluma obra de un momento. +Su estupor y alborozo no tenían límites, y si al pronto la sorpresa la +mantuvo en aquella altura, divagando, sin apartarse de su situación +primera, después serenada un poco y sintiendo en su pecho (?) el fuego +del entusiasmo, se lanzó en el inmenso espacio, en brazos del +geniecillo. Desaparecieron corral, casa, aldea; la torre de la iglesia, +como gigante despavorido, caminaba también con grandes zancajos hasta +perderse de vista. En la agitación de aquel vuelo vertiginoso, la pluma +subía á veces á tanta altura, que apenas podía distinguir los objetos; +otras descendía hasta rozar con la tierra, y contemplaba su imagen +fugitiva en la superficie verdosa de los charcos. A veces se remontaba +tanto, que parecía confundirse con las nubes y perderse en los inmensos +océanos del espacio; á veces descendía tanto, que casi casi tocaba á la +tierra, y en su lenguaje ignoto decía al viento: «Bájame un poco, amigo, +que me mareo en estas alturas,» ó «levántame por favor, amiguito, que +voy á caer en ese lodazal.» + +El viento, dócil vehículo, la subía y la bajaba según su deseo, andando +siempre, y pasaban valles, ríos, montes, colinas, pueblos, sin parar +nunca. En su viaje, la pluma no cesaba de admirar cuanto veía. Los +pájaros pasaban cantando junto á ella; las mariposas se detenían, +mirandola con asombro, no acertando á comprender si era cosa viva o un +objeto arrastrado por el viento. Cuando iban cerca de tierra y pasaban +rozando por encima de zarzales y plantas espinosas, creeríase que todas +las púas se erizaban como garras para cogerla, y al volar por encima de +un charco, los gansos de la orilla volvían de medio lado la cabeza +mirándola, y con la esperanza de verla caer, corrían graznando tras +ella:-«Súbeme, amiguito-gritaba-, para no oír a estos bárbaros». + + +CANTO PRIMERO + +Y subían hasta lo alto de la montaña; pasaban la divisoria, y recorrían +otro valle, y así todo el camino, sin detenerse nunca. Tanto anduvieron +que la pluma, sintiendo satisfecha su curiosidad, se arremolinó, dió +varias vueltas sobre sí misma, y dijo al genio que la conducía: + +«¿Sabes que hemos corrido bastante? ¿No convendría elegir sitio para +descansar un rato? ¡Ay, amigo! Aunque deseaba salir del corral recorrer +el mundo, puedes creer que lo que á mí me gusta es la vida tranquila y +reposada. Por un instante pensé que la felicidad es volar de aquí para +allí, viendo cosas distintas cada minuto, y recibiendo impresiones +diferentes. Ya me voy convenciendo de que es mejor estarse una +quietecita en un paraje que no sea tan feo como el corral, viviendo sin +sobresalto ni peligro. Allí veo, cerca del río, unos grandes árboles, +que me parecen el lugar más hermoso que hemos encontrado en nuestro +viaje.» + +Acercáronse y vieron, efectivamente, que á la sombra de aquellos árboles +había el sitio más apetecible y delicioso que podría ambicionar una +pluma para pasar sus días. Césped finísimo cubría el suelo; el río +cercano corría con mansa corriente, ni tan rápida que arrastrara y +revolviera la tierra de las verdes márgenes, ni tan pausada que se +enturbiaran sus aguas: fácil era contar todas las piedrecillas del +fondo; mas no la muchedumbre de peces que divagaban por su transparente +cristal. Las ramas de los árboles, cerniendo la viva luz del sol, +mantenían en templada penumbra el pequeño prado; y de allí habían huído +todos los insectos importunos y sucios, así como todas las aves +impertinentes y casquivanas. Los pocos seres que allí estaban de paso ó +con residencia fija, eran lo más culto y distinguido de la creación: +insectos vestidos de oro y condecorados con admirables pedrerías; aves +sentimentales y discretas que cantaban sus amores en cortesano estilo, y +sólo á ciertas horas de la mañana ó de la tarde. Era el mediodía, y +todas callaban en lo alto de las ramas, entreteniendo el espíritu en +abstractas meditaciones. + +«¡Fresco y bonito lugar es éste!--dijo la pluma erizándose de entusiasmo +al verse allí.--Aquí quiero pasar toda mi vida, toda, toda, lo repito +con seguridad completa de no variar de propósito. + +Vagaba á la sombra de los árboles, resbalando sobre el fresco césped, +cuando vió que se acercaba una pastora, guiando dos docenas de ovejas +con alguno que otro cordero, y un perro que le servía de custodia y +compañía. La pastora se ocupaba, andando, en tejer una corona de flores +que traía en la falda, y era tanta su hermosura, donaire y elegancia, +que la pluma se quedó absorta. + +Sentose la joven, y la pluma remontándose de nuevo por los aires, +empezó a dar vueltas en torno suyo, admirando de cerca y, de lejos, ya +la blancura del cutis, ya la expresión y brillo de los ojos, ya los +cabellos negros, ya sus labios encendidos, todas y cada una de las +perfecciones de tan ejemplar criatura. + +«Aquí me he de estar toda la vida--exclamaba la viajera en su enrevesado +idioma.--Esto sí que es vivir. Nunca me cansaré de mirarla, aunque viva +mil años. ¡Qué bien he hecho en establecerme aquí... y qué gran cosa es +el amor! Gracias á Dios que he encontrado la felicidad. ¡Cuan dulcemente +se pasa el tiempo mirándola, ahora y después y siempre! ¿Qué placer +iguala al de pasar rozando sus cabellos, y acariciarle la frente con mis +flequitos? ¿Qué mayor ambición puedo tener que dejarme resbalar por su +cuello hasta escurrirme... qué sé yo dónde, ó esconderme entre su ropa +y su carne para estarme allí haciéndole cosquillas _per saecula +saeculorum_? Esto me vuelve loca... y de veras que estoy loca de amor. +Aquí y sin apartarme de ella un instante, he de pasar toda la vida.» + +La pluma volaba y revolaba alrededor de la pastora, hasta que fué á +posarse sutilmente sobre su hombro, y en él hizo mil morisquetas y +remilgos con sus flecos. Vió la muchacha aquel objeto blanco, que al +principio juzgó ser cosa menos delicada caída de las ramas del árbol, y +tomándola, la estrujó entre sus dedos y la arrojó lejos de sí con +indiferencia desdeñosa. Un rato después convocó á su rebaño y se fué. + +Mucho tardó nuestra infortunada viajera en volver de su desmayo. Al +abrir los ojos, en vano buscó al objeto de su tierna pasión; +reconociendo el sitio, sacudió sus encajes magullados y rotos, y dió al +viento sus quejas en esta forma: + +«Ay, vientecillo, sácame de aquí, por las ánimas benditas; levántame, +que me muero de tristeza. Quiero correr otra vez, pues ahora comprendo +que la felicidad no existe en lo que yo creía. ¡Buena tonta he sido! El +amor, no es más que fatigas y dolores. Basta de amor, que harto conozco +ya lo que trae consigo. Volemos otra vez, y vamos a donde tú quieras, +amiguito. De veras te digo que me cargan estos árboles y este río: estoy +ya hasta la corona de céspedes, prados, arroyos y pajarillos. Démonos +una vueltecita por esos mundos. Levántame: quiero subir hasta las nubes. +Eso es; así me gusta: súbeme todo lo que puedas. Mira, allí a lo lejos +se alcanza a ver una casa que ha de ser muy grande: ¿ves cómo brilla a +los rayos del sol, cual si fuese de plata, y a su lado hay otra y otra, +muchas, muchísimas casas? Sin duda aquello es lo que llaman una ciudad. +Eso, eso es lo que yo deseo ver. Gracias a Dios que encuentro lo que me +gusta. Vámonos derechos allá, y dejémonos de montes y valles, que son +lugares impropios para este genio mío... Ya, ya se ve de cerca la +ciudad. En aquel magnífico palacio que vimos primero nos hemos de meter. +Corre, corre más, que me parece que no llegamos nunca. + +NOTA: + +[1] Perdón ¡oh lector! iba á cometer la irreverencia de llamar á esto +_poema_. + + +CANTO SEGUNDO + +Pronto se hallaron muy cerca de un soberbio palacio de mármol, tan +grande y bello que hasta el mismo genio misterioso, que conducía á +nuestra amiga, se quedó absorto ante tanta magnificencia. Oíanse por +allí algazaras como de baile ó festín, y músicas sorprendentes. Flotaban +banderas en los minaretes y azoteas, y por las ventanas se veía +discurrir la gente alegre y bulliciosa. + +«Adentro, amiguito--dijo la pluma;--colémonos por este balcón que está +de par en par abierto.» + +Así lo hicieron, encontrándose dentro de una gran sala en la cual había +hasta cien personas sentadas alrededor de vasta mesa, llena de ricos +manjares y adornada de flores, todo puesto con arte y soberana +magnificencia. Era igual el número de hombres al de mujeres; y si entre +aquéllos los había de distintas edades, éstas eran todas jóvenes y +hermosas. Los criados vestían riquísimos trajes, y un sin fin de músicos +tocaban armoniosas sonatas en lo alto de una gran tribuna. + +Los convidados estaban tendidos sobre cojines cubiertos de vistosos +tapices; ellas adornadas con flores, y tan ligera y graciosamente +vestidas, que su hermosura no podía menos de aparecer realzada con +atavíos tan indiscretos. Las carcajadas, las voces y la música, +impresionando el oído; el aroma de las flores y el olor aperitivo de las +comidas y licores, hiriendo el olfato; la viveza de las miradas, la +variedad de colores, afectando la vista, producían en aquel recinto una +fascinación que habría dado al traste con la fortaleza de todos los +ermitaños de la Tebaida. + +La pluma, divagando por la bóveda del salón sintió que desde la mesa +subían á acariciar sus sentidos los dulces vapores de la mesa, y se +embriagaba con la fragancia de los vinos, escanciados sin cesar en copas +de oro. Su entusiasmo y alegría no tenían límites, y la lengua se le +soltó de tal modo, que no cesó de hablar en todo el día, diciendo a su +compañero y conductor: + +«Esto si que es delicioso, amiguito; esto sí que es vivir. ¡Bien te +decía yo que aquí habíamos de encontrar la felicidad; bien me lo +anunciaba el corazón! Me están volviendo tarumba las emanaciones de esas +aves, de esas especias, de esas frutas, de esos licores que parecen, +llevar en sí gérmenes de vida y nos infunden aliento y júbilo. Repara en +la incitante belleza do esas mujeres: ¡qué miradas! ¡qué senos! ¡qué +admirable configuración la de sus cuerpos! ¡qué encantadora risa en sus +labios! Pero ¿no te vuelves loco como yo? Aquí he de estarme toda la +vida, ¿sabes? No hay duda que la vida es el placer, y buenos tontos +serán los que se anden por ahí discurriendo insulsamente por montes y +valles. ¡Y yo fuí tan imbécil que vi la felicidad en el amor insípido +que me inspiró aquella pastora! ¡Qué fácilmente nos equivocamos!... pero +ya he conocido mi error, y tengo la seguridad de no equivocarme más. Es +que ya voy teniendo mucha experiencia, no te creas, y de aquí en +adelante ya sé lo que tengo que hacer. Gracias á Dios que encontré lo +definitivo: aquí, aquí hasta que me muera. ¡Qué placer, y qué +embriaguez, y qué mareo tan deliciosos! ¡Sublime es esto, y cuan +desgraciados los que no lo conocen!» + +La comida avanzaba, y la locura de los comensales tocaba á su límite: +las ánforas habían dado ya su última ofrenda de vino; los convidados las +habían hecho llenar de nuevo, y hasta las mujeres, aturdidas, ó gritaban +como furias ó callaban con perezoso recogimiento. + +La pluma se sintió también atontada: empezó á dar vueltas y más vueltas +en el aire, hasta que poco á poco perdió la conciencia de lo que allí +ocurría. Conservando un resto de vago conocimiento, sintió que las voces +se alejaban; que caían los muebles; que se rompían con estrépito los +vasos; que callaban los músicos; que, obscurecido el sol, lo sustituía +una débil claridad de antorchas; que éstas se extinguían después; que +todo quedaba en silencio. Entonces se sintió caer, abandonada de su +misterioso genio amigo: vió las flores marchitas y pisoteadas por el +suelo, los restos de la comida arrojados en desorden y exhalando +repugnante olor; todo revuelto y disperso, y ningún ser vivo en la sala. +En su desmayo juzgó que pasaban lentamente horas y más horas, que luego +amanecía, y que por fin alguien daba señales de vida en aquel palacio, +ayer del regocijo y hoy de la tristeza. Los pasos se acercaban, y manos +desconocidas intentaron poner en orden los restos del festín. Luego se +sintió arrastrada violentamente á impulsos de un objeto áspero: abrió +los ojos, ya con la cabeza despejada, y vió que era impelida por una +escoba. La barrían juntamente con multitud de objetos despreciables, +ajados, repugnantes y pestíferos: hojas de flores pisoteadas, pedazos de +cristal aún mojados en vino, huesos de frutas aún cubiertos de saliva, +cortezas de pan, espinas de salmón con alguna hilacha de carne, una +cinta manchada de salsa, fresas espachurradas, entre las cuales lucía un +alfiler teñido del zumo rojizo y que semejaba el puñal de un asesino, +piltrafas de jamón, cascaritas de hojaldre y algunos ojos de pescado que +aún fijos á sus rotas cabezas, parecían contemplar con asombro y terror +semejante espectáculo. + +Entre estos objetos, rodando todos en tropel, fue nuestra pluma empujada +por la escoba hasta parar á un gran cesto, de donde la arrojaron á un +corral mil veces más inmundo que aquel de donde había salido. Al verse +entre tanta basura, magullada, rota, sucia, oliendo á vino, á especias, +á grasa, á saliva, empezó á lamentarse con estas patéticas frases: + +«¡Ay, vientecillo de mi alma, levántame y sácame de aquí, por Dios y +todos los santos! Me muero en este montón de inmundicia; yo quiero ser +libre y pura como antes. A fe que te has lucido, plumita. ¡Qué error tan +grosero! En buena parte has venido á concluir aquella brillante jornada +de placer y felicidad. Que no me digan á mí que el placer lleva consigo +otra cosa que degradaciones, bajezas, dolores y miserias. ¡Por un ratito +de gozo, cuánta amargura! Y gracias á Dios que he salido con vida. +Afortunadamente no seré yo quien vuelva á caer. Sácame de aquí, amigo, +así te dé Dios todos los reinos de la tierra y del mar; sácame ó me +muero en esta podredumbre.» + +El geniecillo la levantó con rapidez á grandísima altura, y allá arriba +se ahuecó toda, llena de contento, para purificarse y orear su cuerpo. +Apartó la vista del palacio y de la ciudad, y ambos siguieron luego su +camino sin saber a dónde iban. + +«Ni los campos tranquilamente fastidiosos; ni los palacios, que son +mansión del hastío, me hacen a mi maldita gracia--decía la pluma.--Por +fuerza hemos de encontrar pronto lo que cuadra a mi genio. ¿Ves? O yo me +engaño mucho, o aquel gentío que ocupa la llanura que tenemos delante, +nos va a detener allí con el espectáculo de algún acto sublime. Vamos +pronto, que ya siento viva curiosidad. O yo no sé lo que son ejércitos, +o lo que allí se divisa son dos que van a encontrarse y a reñir. +¡Sublime acontecimiento! ¡Bendito sea Dios que nos ha deparado ocasión +de presenciar una batalla! He aquí una cosa que me entusiasma. Me pirro +yo por las batallas. ¡La gloria! Te digo que se me va la cabeza cuando +hablo de esto. Tarde ha sido, amigo, pero al fin he encontrado la norma +de mi destino. Mira, ya van a empezar. Coloquémonos encima de aquellos +que parecen ser los caudillos de uno de los dos ejércitos, y veamos la +que se va a armar aquí. + + +CANTO TERCERO + +Efectivamente, dos grandes y poderosas huestes iban a chocar en aquella +planicie. ¿A qué describir el brillo de las armas, las empresas de los +escudos, el ardor de los combatientes; el relinchar de los corceles y +demás accidentes de la empellada refriega? La pluma, palpitando de +emoción, vió los primeros encuentros, y no apartaba los ojos del que +parecía ser rey del ejército por quien más tarde se decidió la victoria. +El tal rey llevaba un casco de oro, armadura de bruñido acero, y oprimía +los lomos de soberbio caballo tordo. Ninguno le igualaba en furor y +osadía, razón por la cual su gente, entusiasmada con tal ejemplo, +arrollaba á los contrarios cual si fuesen manadas de carneros. + +Nuestra viajera no sabía cómo expresar su frenético alborozo ante la +sublime tragedia. + +«¡La gloria! ¡Qué gran cosa es la gloria!--exclamaba, siguiendo lo más +cerca posible al rey victorioso.--Estoy en mi centro: ésta es la vida, +esto es lo que cuadra á mi genio, esto es la felicidad: gracias á Dios +que he encontrado lo que quería. ¡Y fuí tan imbécil que perdí el tiempo +en frívolos amores y en livianos placeres! ¡La verdad es que se equivoca +uno tontamente! Pero ya voy teniendo experiencia, y no me equivocaré +más. La gloria es lo que más enaltece el alma. Mira, amiguito mío, cómo +vencen los de aquí. Ya van los otros en retirada. ¡Grande y poderoso +rey! Daría la mitad de mi vida por ponerme encima de su casco, de aquel +áureo yelmo, ante cuya cimera se inclinarán con pavura todos los +monarcas y naciones de la tierra. Vamos, esto me enajena. ¿No oyes cómo +crujen las armas, cómo relinchan los caballos y cómo blasfeman los +combatientes, encendidos en marcial coraje? ¡Gloriosa muerte la de los +unos, y gloriosísima victoria la de los otros!» + +Ésta fue decisiva para el rey del áureo casco y del caballo tordo. Su +ejército triunfante persiguió en veloz carrera al enemigo, y la pluma +siguió la triunfal marcha revoloteando sobre la cabeza del héroe. +Corrían sin fatigarse hasta que llegó la noche. Luego se detuvieron, +satisfechos de haber aniquilado en su fuga al ejército contrario. +Acamparon los vencederos, se armó la tienda del Rey, preparósele comida +y lecho; y en aquella hora de la reflexión y del reposo, pasada la +exaltación primera, hasta la pluma bajó a la tierra cubierta de +cadáveres, de sangre, de ruinas. + +Entonces la viajera sintió frío glacial, extraordinaria fatiga y una +modorra que no pudo vencer evocando los recuerdos del épico combate. En +su letargo, creyó sentir los lamentos de los heridos, mezclados con +horrorosas imprecaciones. No tardaron en venir las madres, las hermanas, +los tiernos hijos, sosteniéndose entre sí, porque el dolor aflojaba sus +desmayados cuerpos, alumbrándose con triste linterna para buscar al +padre, al hijo, al esposo, al hermano. Hombres horribles, tipo medio +entre el sayón y el sepulturero, cavaban la profunda y holgada fosa, +donde eran arrojados los infelices muertos de ambos ejércitos. Las +santas mujeres buscaban aún entre aquellos despojos, mal cubiertos por +la tierra, á los seres queridos, y hasta hubieran escarbado para +sacarlos de nuevo, si las voces y los lamentos que más allá se oían no +les dieran la esperanza de que en otro lugar estarían quizás los que +buscaban. Graznando lúgubremente, bajaron los buitres y demás aves que +tienen su festín en los campos de batalla; la lluvia encharcó el piso, +amasando lechos de fango y sangre para los pobres difuntos, y el frío +remató á los heridos que esperaban escapar á la muerte. ¡Tremenda noche! +Volviendo de su letargo, pudo observar la pluma que cuanto había visto +no era alucinación, sino realidad clarísima. Quiso huir; pero se detuvo +sobrecogida, porque en la cercana tienda del rey sonaron gritos y +juramentos y fuerte choque de armas. Varios hombres salieron de allí +luchando, y una voz dijo: «muera el tirano,» y otras exclamaron: «¡han +asesinado al rey!» En efecto, así era: el héroe victorioso había sido +sacrificado por sus ambiciosos generales, ávidos de repartirse el botín +y apoderarse del reino. + +«Viento querido, amigo mío, sácame de aquí--gritó la pluma agitando su +fleco para volar.--Levántame; llévame por esos aires de Dios, que no +quiero ver tantos horrores. ¡Maldita sea la gloria y malditos los +pícaros que la inventaron! Parece mentira que me haya dejado alucinar +por tan craso disparate. Ya ves que de la gloria no se saca cosa alguna, +si no es la desesperación, el odio, la envidia y todas las bajezas de la +ambición. ¡Cuánto más valen la dulce modestia y una apacible obscuridad! +Gracias á Dios que he salido de las tinieblas del error. Tres veces me +equivoqué; pero al fin la luz ha entrado en mi cabeza y ya tengo la +certeza de no equivocarme más ¡Cuán claro veo ahora todo! ¡Qué bien +considero y profundizo la verdad de las cosas! No, no volveré á incurrir +en tales tonterías. Por supuesto, siempre es conveniente equivocarse +para adquirir experiencia y estudiar y conocer la vida. Felizmente, ya +sé á qué atenerme. Dichosos los que han pasado tantas amarguras y visto +tantísimo mundo.... Pero si no tengo telarañas en los ojos, amigo +vientecillo, allá á lo lejos se distingue una altísima torre que debe de +ser de alguna catedral. Sí: á medida que nos acercamos se va destacando +la mole del edificio.... No parece sino que Dios nos ha encaminado á +este sitio para que nos arrepintamos de nuestras culpas y aprendamos que +El es la única verdad, la única vida y el camino único, fuente de todas +las cosas, consuelo de todas las aflicciones, asilo de todos los +extraviados.... ¡Ay! vamos pronto, que ya tengo deseo de entrar allí: +¿no oyes repicar de las campanas? ¿no ves cómo el perfila con rayos de +oro las mil estatuas erigidas en los pináculos y agujas que rematan el +grandioso monumento por una y otra parte? Date prisa y lleguemos pronto, +amiguito; ¡qué pesado te has vuelto! A ver si encontramos un agujerito +por donde introducirnos.» + + +CANTO CUARTO + +Dieron vueltas alrededor del templo, que era ojival y de sorprendente +hermosura, y al fin, hallando un vidrio roto, se colaron dentro sin +pedir permiso al sacristán. Soberbio espectáculo se ofreció á las +miradas de nuestros dos viajeros. La vasta nave y sus haces de columnas +delicadísimas, que remataban en palmeras, entretejiéndose para formar la +bóveda; las ventanas rasgadas en toda la extensión del pavimento y +cubiertas con el diáfano muro de cristales de colores; la multitud de +figuras representativas; la fauna, la flora; la riqueza de los altares, +las luces, los resplandecientes trajes de los sacerdotes; el incienso, +formando azuladas nubes; el son del órgano, á veces suave y apagado como +la respiración de un niño que duerme, después fuerte y estentóreo como +el resoplido de un gigante colérico; el coro grave, y los rezos +quejumbrosos, todo esto impresionó de tal modo á nuestra viajera, que +estuvo un buen rato pegada á la bóveda, sin, atreverse á descender, +sobrecogida de admiración, piedad y respeto. + +«Me falta poco para llorar, amigo vientecillo--dijo.--Aunque un poco +tardío, mi arrepentimiento es seguro. ¡Con cuánto gozo abro mis ojos á +la luz de la verdad! ¿Y habrá quien sostenga que puede haber dicha, +reposo y paz fuera de la religión sacratísima? Santa y sublime fe: á tí +vengo fatigada de las luchas del mundo, el alma llena de congojas y +atormentada por el recuerdo de mis pasados extravíos. Inexperta y +alucinada, juzgué que el mejor empleo y ocupación de mi ser era el amor, +los goces ó la incitante gloria, cosas ¡ay! de liviana realidad que se +desvanecen pasada la ilusión primera. Mi alma está pura, y anhela +reposarse en el bien. Aborrezco el mundo; pienso sólo en Dios, imán de +nuestros corazones, fuente de toda salud, principio de toda +inteligencia. Aquí, en este santo y bello asilo, creado por el arte y la +fe, he de pasar lo que me resta de vida. Segurísima estoy ahora de no +variar de inclinaciones ni de pensamiento. Aquí, siempre aquí. Dulce es, +entre todas las dulzuras, zambullir el pensamiento en la idea de Dios, +adorarle, contemplarle, confundirnos ante su presencia como granos de +polvo ó frágiles plumas que somos las criaturas Vientecillo, puedes +marcharte, que yo me quedo aquí para toda la vida. ¡Cuán feliz soy!» + +Calló la pluma y se acurrucó con devota compostura en la punta de una de +las espinas que ceñían la frente del dorado Cristo suspendido en lo más +alto del retablo. Cesaron los cantos, apagáronse las luces. Rumores +extraños de misales que se cierran, de goznes rechinantes, de papeles de +música que se arrollan, de cortinas que se corren tapando un santo, de +llaves que crujen en la enmohecida cerradura, de acólitos que tropiezan +corriendo hacia la sacristía, de rosarios que se guardan, sustituyeron á +la imponente salmodia de antes; y las pisadas de los hombres y las +faldas de las mujeres levantaron ligera nube de polvo que subió á +confundirse con los desgarrados celajes del incienso, vagabundos aún por +las altas bóvedas, como los jirones de nubes que corren por el cielo +después de una tempestad. + +Vino la noche, y los vidrios se obscurecieron, tomando tintas suaves y +misteriosas. La gran nave quedó por fin en completa sombra; mas en lo +alto de sus muros velaban, como espectros de moribundo resplandor, las +pintadas efigies de cristal. En el centro del lóbrego santuario lucía un +punto de luz: era la lámpara del altar, que como un alma despierta y +vigilante oraba en el recinto. Su débil claridad apenas iluminaba los +pies del Santo Cristo próximo, y el blanco cuerpo de un obispo de +mármol que, tendido en su mausoleo, parecía como que á ratos abría la +boca para bostezar. + +Pasaron horas y más horas, que por lo largas parecían noches empalmadas, +sin días que las separasen, y la pluma acabó sus rezos y los volvió á +empezar, y acabados de nuevo, y agotado todo el repertorio de oraciones +que sabía, dijo otras que sacaba de su cabeza, hasta que al fin, no +ocurriéndosele nada, aburrida de aburrirse, se dejó decir: + +«Vientecillo, me alegro de que no te hayas ido. Ven acá un momento: +¿sabes que siento así como ganas de dar un paseíto por ahí fuera? No es +que quiera abandonar este sitio, pues lo dicho dicho: aquí he de estarme +toda la vida. Es que, hablando con sinceridad, esto es bastante triste, +no sé, no sé... las horas tienen una longitud desmesurada. Si me +apuras, te diré con mi habitual franqueza que me aburro soberanamente. +¿Por qué no hemos de salir á refrescarnos la cabeza y a ver el cielo? +pues por mucha que sea nuestra devoción, no hemos de estar siempre reza +que te reza, y conviene dar al ánimo esparcimiento para cobrar fuerzas y +... ya me entiendes. Salgamos, que en realidad no tiene maldita gracia +que nos estemos aquí hechos unos pasmarotes. Y repara que después que +aquellos señores acabaron de cantar, esto está tan solo y obscuro que +antes impone miedo que piedad. Larguémonos fuera un ratito, que una cosa +es la fe y otra el saludable recreo del cuerpo y del alma. + + +CANTO QUINTO + +Salieron por donde habían entrado, y al hallarse fuera, la pluma +prorrumpió en exclamaciones: + +«¡Oh, gracias á Dios que veo otra vez el profundo cielo, las altas +estrellas y la luna! ¡Qué hermosura! Paréceme que hace años que no he +visto este admirable espectáculo, siempre nuevo y seductor. Mira, +alarguemos nuestro paseíto, que en nada se admira tanto á Dios como en +la naturaleza, ni nada es en ésta tan bello como la noche. Vaya, con +franqueza, amigo viento: ¿no es esto más hermoso que el antro sombrío y +estrecho de la catedral? Compara aquella lámpara con estas luminarias +celestiales que tenemos encima de nuestras cabezas.... Sigamos un +poquitín más allá; que si no volviéramos, ya encontraríamos otra +catedral en que meternos. Hay muchas, mientras que cielos no hay más que +uno.... ¡Cuánto se aprende viviendo! ¿Sabes lo que se me ha ocurrido? +Pues que la religión es cosa admirable; pero que consagrarse enteramente +á ella sin pensar en nada más, me parece una gran majadería. Ya voy +teniendo experiencia, y veo todas las cosas con mucha claridad. Para +alabar á Dios y honrarle, me parece á mí que antes que pasarnos la vida +metidas en las iglesias, debemos las plumas emplear constantemente +nuestro pensamiento en conocer y apreciar las leyes por el mismo Dios +creadas. Yo, si quieres que te hable con el corazón en la mano, no tengo +muchas ganas de volver á la catedral, fuera de que ya hemos perdido el +camino y no lo encontraremos fácilmente. ¿No te parece que debemos +lanzarnos por esos espacios anchísimos buscando en ellos la razón de +todas las cosas? Siento tal curiosidad, que no sé qué haría por +satisfacerla. ¡Saber! Ese es el objeto de nuestra vida; en saber +consiste la felicidad. No negaré yo que la Fe es muy estimable; pero la +Ciencia, amigo mío, ¡cuánto más estimable es! Por consiguiente, te +confieso con toda ingenuidad que he variado de ideas, pero con el firme +propósito de que ésta sea la última vez. Quiero, á fe de pluma de origen +divino, examinar cómo y por qué se mueven esos astros; á qué distancia +están unos de otros; qué tamaño y qué cantidad de agua tienen los mares; +qué hay dentro de la tierra; cómo se hacen la lluvia, el rayo, el +granizo; de qué diablos está compuesto el sol; qué cosa es la luz y qué +el calor, etcétera, etc. Me da la gana de saber todas esas cosas. +Gracias á Dios que he encontrado la verdadera y legítima ocupación de mi +espíritu. Ni el amor pastoril, ni los placeres sensuales, ni la terrible +y estúpida gloria, ni el misticismo estéril, enaltecen al ser. ¡El +conocimiento! ahí tienes la vida, la verdadera vida, amigo vientecillo. +Bendigo mis errores, de cuyas tinieblas saqué la luz de mi experiencia y +la certeza del destino que tenemos las plumas. Llévame, amigo, llévame +por ahí, pronto, que hay mucho que ver y mucho que estudiar.» + +Corrieron, volaron, y la pluma no se cansaba de sus observaciones +especulativas. Estudió la marcha de los astros y las distancias á que +están de la tierra; atravesó el inmenso Océano de una orilla á otra; +hízose cargo de la configuración y trazado de las costas; midió el +globo, fijando la atención en la diversidad de sus climas y habitantes; +penetró en las cavernas profundas, donde existen los indescifrables +documentos de la Mineralogía, y leyó el gran libro Geológico, en cuyas +páginas ó capas hablan idioma parecido al de los jeroglíficos la +multitud de fósiles, siglos muertos que tan bien saben contar el +misterio de las pasadas vidas; todo lo estudió, lo conoció y se lo metió +en el magín, y entre tanto no cesaba de repetir: + +«¡Gran cosa es la Ciencia! ¡Y cuánto me felicito de haber entrado por +este camino, el único digno de nuestro noble origen!... Pero lo que me +enfada es que nunca llegamos al fin: á medida que voy aprendiendo, se me +presentan nuevos misterios y enigmas. Yo quisiera aprendérmelo todo de +una vez. Es mucho cuento éste de que nunca se le ve el fondo al odre de +la sabiduría. ¡Ay! Vientecillo perezoso, corre más, á ver si conseguimos +llegar á un punto donde no haya más tierra, ni más mar, ni más cielo, ni +más estrellas.... Esto no se acaba nunca. Corramos, volemos, que no ha +de haber cosa que yo no vea ni examine, ni arcano que no se me revele. +He de saber cómo es Dios, cómo es el alma humana, de dónde salimos las +plumas y á dónde volvemos, después de dar nuestro último vuelo e el +viaje de la existencia.» + + * * * * * + +Y así transcurrió un lapso de tiempo indeterminable, y ni se veía el fin +de la Ciencia, ni la sed de saber encontraba donde saciarse por +completo. Ya habían recorrido toda la atmósfera que rodea nuestro +planeta; y la buena pluma, cansada y aburrida, sin fuerzas para avanzar +más, giraba alrededor de su eje con desorden y aturdimiento, como un +astro que se vuelve loco y olvida la ley de su rotación. + +«¡Ay! vientecillo--exclamaba lánguidamente,--ya estoy confusa, ya estoy +mareada. ¿De qué vale la ciencia, si al fin, después de tanto investigar +más me espanta lo que ignoro que me satisface lo que sé ¡Ay! compañero +mío de desengaños, _sólo sé que no se una condenada palabra de nada._ +Esto es para volverse una loca. Llévame á un sitio recóndito donde +encuentre el consuelo del olvido. Quiero aniquilarme; quiero reposar en +completa calma, dando paz al pensamiento y á la imaginación siempre +ambiciosa. ¡Cuántas equivocaciones en tan breve tiempo! Ni el amor, ni +el placer, ni la gloria, ni la religión, ni la ciencia me satisfacen. El +lugar de paz y de contento perdurable con que soñaba para pasar la vida, +no se encuentra en parte alguna. Experiencia lenta y dolorosa, ¿de qué +sirves? Si ese lugar que busco no existe por aquí, forzosamente ha de +existir en alguna otra región. Busquémoslo, amigo leal y ya +inseparable.... Veo que no estás menos aburrido y desilusionado que yo. +¡Ay! yo desfallezco; apenas puedo sostenerme en tus brazos; todo me +desagrada: el aire, la luz, los árboles, la mar, el espacio, las +estrellas, el sol.» + +Fijaron la vista en la tierra, de la cual muy cerca estaban, y vieron +una como procesión que se dirigía á un bosquecillo frondoso, entre cuya +verdura se destacaban objetos de blanquísimo mármol. Era un cementerio, +y la procesión un entierro. Observaron nuestros viajeros que sobre la +tierra había sido colocado un ataúd pequeño y azul. Abriéronlo algunos +de los circunstantes, y todos los demás se agruparon en derredor para +ver las facciones de la muerta: era una niña como de diez años, coronada +de flores, las manecitas cruzadas en actitud de rezar no se sabe qué y +semejante á un ángel de cera, tan bonito y puro, que al verle todos se +admiraban de que se hubiera tomado el trabajo de vivir. + +«Aquí, aquí quiero estar siempre, querido vientecillo. Suéltame, déjame +caer»--dijo la pluma, desasiéndose de los brazos de su amado conductor, +para caer dentro del ataúd. + +Este se cerró, y el vientecillo, que empezaba á dar revoloteos para +sacarla con maña, no pudo conseguirlo, y la pluma quedó dentro. + +¿Acabarán con esto tus paseos, oh alma humana? + +Abril de 1872. + + + + + +LA CONJURACIÓN DE LAS PALABRAS + + +Erase un gran edificio llamado _Diccionario de la Lengua Castellana_, de +tamaño tan colosal y fuera de medida, que, al decir de los cronistas, +ocupaba casi la cuarta parte de una mesa, de estas que, destinadas á +varios usos, vemos en las casas de los hombres. Si hemos de creer á un +viejo documento hallado en viejísimo pupitre, cuando ponían al tal +edificio en el estante de su dueño, la tabla que lo sostenía amenazaba +desplomarse, con detrimento de todo lo que había en ella. Formábanlo dos +anchos murallones de cartón, forrados en piel de becerro jaspeado, y en +la fachada, que era también de cuero, se veía un ancho cartel con +doradas letras, que decían al mundo y á la posteridad el nombre y +significación de aquel gran monumento. + +Por dentro era un laberinto tan maravilloso, que ni el mismo de Creta se +le igualara. Dividíanlo hasta seiscientas paredes de papel con sus +numeros llamados páginas. Cada espacio estaba subdividido en tres +corredores ó crujías muy grandes, y en estas crujías se hallaban +innumerables celdas, ocupadas por los ochocientos ó novecientos mil +seres que en aquel vastísimo recinto tenían su habitación. Estos seres +se llamaban palabras. + + * * * * * + +Una mañana sintióse gran ruido de voces, patadas, choque de armas, roce +de vestidos, llamamientos y relinchos, como si un numeroso ejército se +levantara y vistiese á toda prisa, apercibiéndose para una tremenda +batalla. Y á la verdad, cosa de guerra debía de ser, porque á poco rato +salieron todas ó casi todas las palabras del _Diccionario_, con fuertes +y relucientes armas, formando un escuadrón tan grande que no cupiera en +la misma Biblioteca Nacional. Magnífico y sorprendente era el +espectáculo que este ejército presentaba, según me dijo el testigo +ocular que lo presenció todo desde un escondrijo inmediato, el cual +testigo ocular era un viejísimo _Flos sanctorum_, forrado en pergamino +que en el propio estante se hallaba á la sazón. + +Avanzó la comitiva hasta que estuvieron todas las palabras fuera del +edificio. Trataré de describir el orden y aparato de aquel ejército +siguiendo fielmente la veraz, escrupulosa y auténtica narración de mi +amigo el _Flos sanctorum_. Delante marchaban unos heraldos llamados +Artículos, vestidos con magníficas dalmáticas y cotas de finísimo acero: +no llevaban armas, y sí los escudos de sus señores los Sustantivos que +venían un poco más atrás. Estos, en número casi infinito, eran tan +vistosos y gallardos que daba gozo verlos. Unos llevaban +resplandecientes armas del más puro metal, y cascos en cuya cimera +ondeaban plumas y festones; otros vestían lorigas de cuero finísimo, +recamadas de oro y plata; otros cubrían sus cuerpos con luengos trajes +talares, á modo de senadores venecianos. Aquellos montaban poderosos +potros ricamente enjaezados, y otros iban á pie. Algunos parecían menos +ricos y lujosos que los demás; y aun puede asegurarse que había +bastantes pobremente vestidos, si bien éstos eran poco vistos, porque el +brillo y elegancia de los otros como que les ocultaba y obscurecía. +Junto á los Sustantivos marchaban los Pronombres; que iban á pie y +delante, llevando la brida de los caballos, ó detrás, sosteniendo la +cola del vestido de sus amos, ya guiándoles á guisa de lazarillos, ya +dándoles el brazo para sostén de sus flacos cuerpos, porque, sea dicho +de paso, también había Sustantivos muy valetudinarios y decrépitos, y +algunos parecían próximos á morir. También se veían no pocos Pronombres +representando á sus amos, que se quedaron en cama por enfermos ó +perezosos, y estos Pronombres formaban en la línea de los Sustantivos +como si de tales hubieran categoría. No es necesario decir que los había +de ambos sexos; y las damas cabalgaban con igual donaire que los +hombres, y aun esgrimían las armas con tanto desenfado como ellos. + +Detrás venían los Adjetivos, todos á pie; y eran como servidores ó +satélites de los Sustantivos, porque formaban al lado de ellos, +atendiendo á sus órdenes para obedecerlas. Era cosa sabida que ningún +caballero Sustantivo podía hacer cosa derecha sin el auxilio de un buen +escudero de la honrada familia de los Adjetivos; pero éstos, á pesar de +la fuerza y significación que prestaban á sus amos, no valían solos ni +un ardite, y se aniquilaban completamente en cuanto quedaban solos. Eran +brillantes y caprichosos adornos y trajes, de colores vivos y formas muy +determinadas; y era de notar que cuando se acercaban al amo, este tomaba +el color y la forma de aquellos, quedando transformado al exterior +aunque en esencia el mismo. + +Como a diez varas de distancia venían los Verbos, que eran unos señores +de lo más extraño y maravilloso que puede concebir la fantasía. + +No es posible decir su sexo, ni medir su estatura, ni pintar sus +facciones, ni contar su edad, ni describirlos con precisión y exactitud. +Basta saber que se movían mucho y á todos lados, y tan pronto iban +hacia atrás como hacia adelante y se juntaban dos para andar +emparejados. Lo cierto del caso, según me aseguró el _Flos sanctorum_, +es que sin los tales personajes no se hacía cosa á derechas en aquella +República, y si bien los Sustantivos eran muy útiles, no podían hacer +nada por sí, y eran como instrumentos ciegos cuando algún señor Verbo no +los dirigía. Tras éstos venían los Adverbios, que tenían cataduras de +pinches de cocina; como que su oficio era prepararles la comida á los +Verbos y servirles en todo. Es fama que eran parientes de los Adjetivos, +como lo acreditaban viejísimos pergaminos genealógicos, y aun había +Adjetivos que desempeñaban en comisión la plaza de Adverbios, para lo +cual bastaba ponerles una cola ó falda que decía: _mente_. + +Las Preposiciones eran enanas, y más que personas parecían cosas, +moviéndose automáticamente: iban junto á los Sustantivos para llevar +recado á algún Verbo, ó viceversa. Las Conjunciones andaban por todos +lados metiendo bulla; y una de ellas especialmente, llamada _que_, era +el mismo enemigo y á todos los tenía revueltos y alborotados, porque +indisponía á un señor Sustantivo con un señor Verbo, y á veces +trastornaba lo que éste decía, variando completamente el sentido. Detrás +de todos marchaban las Interjecciones, que no tenían cuerpo, sino tan +sólo cabeza, con gran boca siempre abierta. No se metían con nadie, y +se manejaban solas; que aunque pocas en número es fama que sabían +hacerse valer. + +De estas palabras, algunas eran nobilísimas, y llevaban en sus escudos +delicadas empresas, por donde se venía en conocimiento de su abolengo +latino o árabe; otras, sin alcurnia antigua de que vanagloriarse, eran +nuevecillas, plebeyas o de poco más o menos. Las nobles las trataban con +desprecio. Algunas había también en calidad de emigradas de Francia, +esperando el tiempo de adquirir nacionalidad. Otras, en cambio, +indígenas hasta la pared de enfrente, se caían de puro viejas, y yacían +arrinconadas, aunque las demás guardaran consideración a sus arrugas; y +las había tan petulantes y presumidas, que despreciaban a las demás +mirándolas enfáticamente. + +Llegaron á la plaza del Estante la ocuparon de punta á punta. El verbo +_Ser_ hizo una especie de cadalso ó tribuna con dos admiraciones y +algunas comas que por allí rodaban, y subió á él con intención de +despotricarse; pero le quitó la palabra un Sustantivo muy travieso y +hablador llamado _Hombre_, el cual, subiendo á los hombros de sus +edecanes, los simpáticos Adjetivos _Racional_ y _Libre_, saludó á la +multitud, quitándose la H, que á guisa de sombrero le cubría, empezó á +hablar en estos ó parecidos términos: + +«Señores: la osadía de los escritores españoles ha irritado nuestros +ánimos, y es preciso darles les justo y pronto castigo. Ya no les basta +introducir en sus libros contrabando francés, con gran detrimento de la +riqueza nacional, sino que cuando por casualidad se nos emplea, +trastornan nuestro sentido y nos hacen decir lo contrario de nuestra +intención. (_Bien, bien_.) De nada sirve nuestro noble origen latino, +para que esos tales respeten nuestro significado. Se nos desfigura de un +modo que da grima y dolor. Así, permitidme que me conmueva, porque las +lágrimas brotan de mis ojos y no puedo reprimir la emoción.» _(Nutridos +aplausos.)_ + +El orador se enjugó las lágrimas con la punta de la _e_, que de faldón +le servía, y ya se preparaba á continuar, cuando le distrajo el rumor de +una disputa que no lejos se había entablado. + +Era que el Sustantivo _Sentido_ estaba dando de mojicones al Adjetivo +_Común_, y le decía: + +«Perro, follón y sucio vocablo, por tí me traen asendereado, y me ponen +como salvaguardia de toda clase de destinos. Desde que cualquier +escritor no entiende palotada de una ciencia, se escuda con el _Sentido +Común_, y ya le parece que es el más sabio de la tierra. Vete, negro y +pestífero Adjetivo, lejos de mi, ó te juro que no saldrás con vida de +mis manos.» + +Y al decir esto, el _Sentido_ enarbóló la _t_, y dándole un garrotazo +con ella á su escudero, le dejó tan mal parado, que tuvieron que ponerle +un vendaje en la _o_, y bizmarle las costillas de la _m_ porque se iba +desangrando por allí á toda prisa. + +«Haya paz, señores--dijo un Sustantivo Femenino llamado _Filosofía_, que +con dueñescas tocas blancas apareció entre el tumulto. Mas en cuanto le +vió otra palabra llamada _Música_, se echó sobre ella y empezó á mesarla +los cabellos y á darle coces, cantando así: + +--Miren la bellaca, la sandia, la loca; ¿pues no quiere llevarme +encadenada con una Preposición, diciendo que yo tengo Filosofía? Yo no +tengo sino Música, hermana. Déjeme en paz y púdrase de vieja en compañía +de la _Alemana_ que es otra vieja loca. + +--Quita allá, bullanguera--dijo la _Filosofía_ arrancándole a la +_Música_ el penacho ó acento que muy erguido sobre la _u_ llevaba;--que +allá, que para nada vales, ni sirves más que de pasatiempo pueril. + +--Poco á poco, señoras mías--gritó un Sustantivo, alto, delgado, flaco y +medio tísico, llamado el _Sentimiento_.--A ver, señora _Filosofía_ si no +me dice usted esas cosas á mi hermana tendremos que vernos las caras. +Estése usted quieta y deje á Perico en su casa, porque todos tenemos +trapitos que lavar, y si yo saco los suyos, ni con colada habrán de +quedar limpios. + +--Miren el mocoso--dijo la _Razón_ que andaba por allí en paños menores +y un poquillo desmelenada,--¿qué sería de esos badulaques sin mí? No +reñir, y cada uno á su puesto, que si me incomodo.... + +--No ha de ser--dijo el Sustantivo _Mal_, que en todo había de meterse. + +--¿Quién le ha dado á usted vela en este entierro, tío _Mal_? Váyase al +Infierno, que ya está de más en el mundo. + +--No, señoras; perdonen usías, que no estoy sino muy retebien. Un poco +decaidillo andaba; pero después que tomé este lacayo, que ahora me +sirve, me voy remediando.--Y mostró un lacayo, que era el Adjetivo +_Necesario_. + +--Quítenmela, que la mato--chillaba la _Religión_, que había venido á +las manos con la _Política_;--quítenmela, que me ha usurpado el nombre +para disimular en el mundo sus socaliñas y gatuperios. + +--Basta de indirectas. ¡Orden!--dijo el Sustantivo _Gobierno_, que se +presentó para poner paz en el asunto. + +-Déjelas que se arañen, hermano--observó la _Justicia_;--déjelas que se +arañen, que ya sabe vuecencia que rabian de verse juntas. Procuremos +nosotros no andar también á la greña, y adelante con los faroles.» + +Mientras esto ocurría, se presentó un gallardo Sustantivo, vestido con +relucientes armas, y trayendo un escudo con peregrinas figuras y lema +de plata y oro. Llamábase el _Honor_, y venía a quejarse de los +innumerables desatinos que hacían los humanos en su nombre, dándole las +más raras aplicaciones, y haciéndole significar lo que más les venía á +cuento. Pero el sustantivo _Moral_, que estaba en un rincón atándose un +hilo en la que se le había roto en la anterior refriega, se presentó, +atrayendo la atención general. Quejóse de que se le subían á las barbas +ciertos Adjetivos advenedizos, y concluyó diciendo que no le gustaban +ciertas compañías, y que más le valia andar solo; de lo cual se rieron +otros muchos Sustantivos fachendosos que no llevaban nunca menos de seis +Adjetivos de servidumbre. + +Entre tanto, la _Inquisición_, una viejecilla que no se podía tener, +estaba pegando fuego á la hoguera que había hecho con interrogantes +gastados, palos de _T_ y paréntesis rotos, en la cual hoguera dicen que +queria quemar á la _Libertad_ que andaba dando zancajos por allí con +muchísima gracia y desenvoltura. Por otro lado estaba el Verbo _Matar_, +dando grandes voces, y cerrando el puño con rabia, decía de vez en +cuando: + +«¡Si me conjugo...!» + +Oyendo lo cual el Sustantivo _Paz_, acudió corriendo tan á prisa, que +tropezó en la _z_ con que venía calzada, y cayó cuan larga era, dando un +gran batacazo. + +«Allá voy--gritó el Sustantivo _Arte_, que ya se había metido á +zapatero.--Allá voy á componer este zapato, que es cosa de mi +incumbencia.» + +Y con unas comas, le clavó la _z_ á la _Paz_, que tomó vuelo, y se fué á +hacer cabriolas ante el Sustantivo _Cañón_, de quien dicen estaba +perdidamente enamorada. + +No pudiendo ni el Verbo _Ser_, ni el Sustantivo _Hombre_, ni el Adjetivo +_Racional_, poner en orden á aquella gente, y comprendiendo que de +aquella manera iban á ser vencidos en la desigual batalla que con los +escritores españoles tendrían que emprender, resolvieron volverse á su +casa. Dieron orden de que cada cual entrara en su celda, y así se +cumplió, costando gran trabajo encerrar á algunas camorristas, que se +empeñaban en alborotar y hacer el coco. + +Resultaron de este tumulto bastantes heridos, que aún están en el +hospital de sangre, ó sea _Fe de erratas_ del _Diccionario_. Han +determinado congregarse de nuevo para examinar los medios de imponerse á +la gente de letras. Se está redactando las pragmáticas, que establecerán +el orden en las discusiones. No tuvo resultado el pronunciamiento, por +gastar el tiempo los conjurados en estériles debates y luchas de amor +propio, en vez de congregarse para combatir al enemigo común; así es que +concluyó aquello como el Rosario de la Aurora. + +El _Flos sanctorum_ me asegura que la _Gramática_ había mandado al +_Diccionario_ una embajada de géneros, números y casos, para ver si por +las buenas, y sin derramamiento de sangre, se arreglaban los +trastornados asuntos de la _Lengua Castellana_. + +Madrid, Abril de 1868. + + + + + +UN TRIBUNAL LITERARIO + + +I + +«Me gustaría enteramente sentimental, que llegase al alma, que hiciera +llorar.... Yo, cuando leo y no lloro, me parece que no he leído. ¿Qué +quiere usted? Yo soy así--me dijo el Duque de Cantarranas, haciendo con +frente, boca y narices uno de aquellos gestos nerviosos que le +distinguen de los demás duques y de todos los mortales. + +Yo le aseguro á usted que será sentimental, será de esas que dan +convulsiones y síncopes; hará llorar á todo el género humano, querido +señor Duque--le contesté abriendo el manuscrito por la primera página. + +--Eso es lo que hace falta, amigo mío: sentimiento, sentimiento. En este +siglo materialista, conviene al arte despertar los nobles afectos. Es +preciso hacer llorar á las muchedumbres, cuyo corazón está endurecido +por la pasión política, cuya mente está extraviada por las ideas de +vanidad que les han imbuído los socialistas. Si no pone usted ahí mucho +lloro, mucho suspiro, mucho amor contrariado, mucha terneza, mucha +languidez, mucha tórtola y mucha codorniz, le auguro un éxito triste, y +lo que es peor, el tremendo fallo de reprobación y anatema de la +posteridad enfurecida. + +Dijo; y afectando la gravedad de un Mecenas, miróme el Duque de +Cantarranas con expresión de superioridad, no sin hacer otro gesto +nervioso que parecía hundirle la nariz, romperle la boca y rasgarle el +cuero de la frente, de su frente olímpica en que resplandecía el genio +apacible, dulzón y melancólico de la poesía sentimental. + +Aquello me turbó. ¡Tal autoridad tenía para mí el prócer insigne! Cerré +y abrí el manuscrito varias veces; pasé fuertemente el dedo por el +interior de la parte cosida, queriendo obligar á las hojas á estar +abiertas sin necesidad de sujetarlas con la mano; paseé la vista por los +primeros renglones; leí el título, tosí, moví la silla, y, con franqueza +lo declaro, habría deseado en aquel momento que un pretexto cualquiera, +_verbi gracia_, un incendio en la casa vecina, un hundimiento ó +terremoto, me hubieran impedido leer, porque, á la verdad, me hallaba +sobrecogido ante el respetable auditorio que á escucharme iba. +Componíase de cuatro ilustres personajes de tanto peso y autoridad en +la república de las letras, que apenas comprendo hoy cómo fuí capaz de +convocarles para una lectura de cosa mía, naturalmente pobre y sin +valor. Aterrábame, sobre todo, el mencionado Duque de los gestos +nerviosos, el más eminente crítico de mi tiempo, según opinión de amigos +y adversarios. + +Sin embargo, Su Excelencia había ido allí como los demás, para oírme +leer aquel mal parto de mi infecundo ingenio, y era preciso hacer un +esfuerzo. Me llené, pues, de resolución, y empecé á leer. + +Pero permitidme, antes de referir lo que leí, que os dé alguna noticia +del grande, del ilustre, del imponderable Duque de Cantarranas. + +Era un hidalguillo de poco más ó menos, atendida su fortuna, que +consistía en una _posesión_ enclavada en Meco, dos casas en Alcobendas y +un coto en la Puebla de Montalbán; también disfrutaba de unos censos en +el mismo lugar y de unos dinerillos dados á rédito. A esto habían venido +los estados de los Cantarranas, ducado cuyo origen es de los mas +empingorotados. Así es que el buen Duque era pobre de solemnidad, porque +la posesión no le daba más que unos dos mil reales, y esos mal pagados; +las casas no producían tres maravedises, porque la una estaba +destechada, y la otra, la solariega por más señas, era un palacio +destartalado, que no esperaba sino un pretexto para venirse al suelo +con escudo y todo. Nadie lo quería alquilar, porque tenía fama de estar +habitado por brujas, y los alcobendanos decían que allí se aparecían de +noche las irritadas sombras de los Cantarranas difuntos. + +El coto no tenía más que catorce árboles, y esos malos. En cuanto á +caza, ni con hurones se encontraba, por atravesar la finca una +servidumbre desde principios del siglo, en que huyó de allí el último +conejo de que hay noticia. Los dinerillos le producían, salvos +disgustos, apremios y tardanzas, unos tres mil realejos. Así es que Su +Excelencia no poseía más que gloria y un inmenso caudal de metáforas, +que gastaba con la prodigalidad de un millonario. Su ciencia era mucha, +su fortuna escasa, su corazón bueno, su alma una retórica viviente, su +persona... su persona merece párrafo aparte. + +Frisaba en los cuarenta y cinco años; y esto que sé por casualidad, se +confía aquí como sagrado secreto, porque él ni á tirones pasaba de los +treinta y nueve. Era colorado y barbipuntiagudo, con lentes que parecían +haber echado raíces en lo alto de su nariz. Estas llamaron siempre la +atención de los frenólogos por una especial configuración en que se +traslucía lo que él llamaba _exquisito olfato moral_. Para la ciencia +eran magnífico ejemplar de estudio, un tesoro; para el vulgo eran +meramente grandes. Pero lo más table de su cáriz era la afección +nerviosa que padecía, pues no pasaban dos minutos sin que hiciese tantos +y tan violentos visajes, que sólo por respeto á tan alta persona no se +morían de risa los que le miraban. + +Su vestido era lección ó tratado de economía doméstica. Describir cómo +variaba los cortes de sus chalecos para que siempre pareciesen de moda, +no es empresa de plumas vulgares. Decir con qué prolijo esmero cepillaba +todas las mañanas sus dos levitas, y con qué amor profundo les daba +aguardiente en la tapa del cuello, cuidando siempre de cogerlas con las +puntas de los dedos para que no se le rompieran, es hazaña reservada á +más puntuales cronistas. + +¿Pues y la escrupulosa revista de roturas que pasaba cada día á sus dos +pantalones, y los remojos, planchados y frotamientos con que martirizaba +su gabán, prenda inocente que había encontrado un purgatorio en este +mundo? En cuanto á su sombrero, basta decir que era un problema de +longevidad. Se ignora qué talismán poseía el Duque para que ni un átomo +de polvo, ni una gota de agua manchasen nunca sus inmaculados pelos. +Añádase á esto que siempre fué un misterio profundo la salud inalterable +de un paraguas de ballena que le conocí toda la vida, y que mejor que el +Observatorio podría dar cuenta de todos los temporales que se han +sucedido en veinte años. Por lo que hace á los guantes, que habían +paseado por Madrid durante cinco abriles su demacrada amarillez, puede +asegurarse que la alquimia doméstica tomaba mucha parte en aquel +prodigio. Además, el Duque tenía un modo singularísimo de poner las +manos, y á esto, más que á nada, se debe la vida perdurable de aquellas +prendas, que él, usando una de sus figuras predilectas, llamaba _el +coturno de las manos_. Puede formarse idea de su modo de andar +recordando que las botas me visitaron tres años seguidos, después de +tres remontas; y sólo á un sistema de locomoción tan ingenioso como +prudente, se deben las etapas de vida que tuvieron las que, valiéndonos +de la retórica del Duque, podremos llamar _las quirotecas de los pies_. + +Usaba joyas, muchos anillos, prefiriendo siempre uno, donde campeaba una +esmeralda del tamaño de media peseta, tan disforme, que parecía falsa, y +lo era, en efecto, según testimonio de los más reputados cronistas que +de la casa de Cantarranas han escrito. No reina la misma uniformidad de +pareceres, y aun son muy distintas las versiones respecto á cierta +cadena que hermoseaba su chaleco, pues aunque todos convienen en que era +de _double_, hay quien asegura ser alhaja de familia, y haber +pertenecido á un magnate de la casa, que fué virrey de Napóles, donde +la compró á unos genoveses por un grueso puñado de maravedises. + +Corría, con visos de muy autorizada, la voz de que el Duque de +Cantarranas era un _cursi_ (ya podemos escribir la palabrilla sin +remordimientos; gracias á la condescendencia del _Diccionario_ de la +Academia); pero esto no sirve sino para probar que los tiros de la +envidia se asestan siempre á lo más alto, del mismo modo que los +huracanes hacen mayores estragos en las corpulentas encinas. + +El Duque, por su parte, despreciaba estas hablillas, como cumple á las +almas grandes. Pero llegaron tiempos en que salía poco de día, porque en +su levita había descubierto la astronomía vulgar no sé qué manchas. En +esto se parecía al sol, aunque, por raro fenómeno, era un sol que no +lucía sino por las noches. Frecuentaba varias tertulias, tomaba café, +iba tres veces al año al teatro, paseaba en invierno por el Prado y en +verano por la Montaña, y se retiraba á su casa después de conversar un +rato con el sereno. + +La índole de su talento le inclinaba á la contemplación. Leía mucho, +deleitándose sobremanera con las novelas sentimentales, que tanta boga +tuvieron hace cuarenta años. En esto, es fuerza confesar que vivía un +poco atrasadillo, pero los grandes ingenios tienen esa ventaja sobre el +común de las gentes, es decir, pueden quedarse allí donde les conviene, +venciendo el oleaje revolucionario, que también arrastra á las letras. +Para él, las novelas de Mad. Genlis eran el prototipo, y siempre creyó +que ni antiguos ni modernos habían llegado al zancajo de Mad. de Staël +en su _Corina_. No le agradaba tanto, aunque sí la tenía en gran +aprecio, _La nueva Eloísa_, de Rousseau, porque decía que sus +pretensiones eruditas y filosóficas atenuaban en parte el puro encanto +de la acción sentimental. Pero lo que le sacaba de sus casillas eran +_Las noches de Young_, traducidas por Escóiquiz; y él se sumergía en +aquél océano de tristezas, identificándose de tal modo con el personaje, +que á veces le encontraban por las mañanas pálido, extenuado y sin +acertar á pronunciar palabra que no fuera lúgubre y sombría como un +responso. En su conversación se dejaba ver esta influencia, porque +empleaba frecuentemente la quincalla de figuras retóricas que sus +autores favoritos le habían depositado en el cerebro. Su imagen +predilecta era el sauce entre los vegetales, y la codorniz entre los +vertebrados. Cuando veía una higuera, la llamaba sauce; todos los chopos +eran para él cipreses; las gallinas antojábansele palomas y no hubo +jilguero ni calandria que él con la fuerza de su fantasía, no trocara en +ruiseñor. Más de una vez le oí nombrar Pamela á su criada, y sé que +únicamente dejó de llamar Clarisa á su lavandera señá Clara, cuando +ésta manifestó que no gustaba de que la pusiesen motes. + +¿Será necesario afirmar que, aun concretado á una especialidad, el Duque +de Cantarranas era un excelente crítico? Baste decir que sus consejos +tenían fuerza de ley y sus dictámenes eran tan decisivos, que jamás se +apeló contra ellos al tribunal augusto de la opinión pública. Por eso le +cité, en unión de los otros tres personajes que describiré luego, para +que juzgase mi obrilla. + +Era ésta una novela mal concebida y peor hilvanada, incapaz, por lo +tanto, de hombrearse con las muchas que, por tantos y tan preclaros +ingenios producidas, enaltecen actualmente las letras en este afortunado +país. Luego que los cuatro ilustres senadores que formaban mi auditorio +se colocaron bien en sus sillas, saqué fuerzas de flaqueza, tosí, miré á +todos lados con angustia, respiré con fuerza, y con voz apagada y +temblorosa, empecé de esta manera: + +«_Capítulo primero_.--Alejo era un joven bastante feo, hijo de honrados +padres, chico de estudio, de sanas y muy honestas costumbres, pobre de +solemnidad, y bueno como una manzana. Vivía encajonado en su buhardilla, +y desde allí contemplaba los gorriones que iban á pararse en la chimenea +y los gatos que retozaban por el tejado. Miraba de vez en cuando al +cielo, y de vez en cuando á la tierra, para ver, ya las estrellas, ya +los simones. Alejo estudiaba abogacía, lo cual le aburría mucho, y no +tenía más distracción que asomarse al ventanillo de su tugurio. +¿Describiré la habitación de esta desventurada excrecencia de la +sociedad? Sí: voy á describirla. + +«Imaginaos cuatro sucias paredes sosteniendo un inclinado techo, al +través del cual el agua del invierno por innumerables goteras se +escurre. Andrajos de uno á modo de papel azul, pendían de los muros; y +la cama, enclavada en un rincón, era paralela al techo, es decir, +inclinada por los pies. Una mesa que no los tenía completos, sostenía +apenas dos docenas de libros muy usados, un tintero y una sombrerera. +Allí formaban estrecho consorcio dos babuchas en muy mal estado, con una +guitarra, de la cual habían huido á toda prisa las cuatro cuerdas, +quedando una sola, con que Alejo se acompañaba cierta seguidilla que +sabía desde muy niño. Allí alternaban dos pares y medio de guantes +descosidos, restos de una conquista, con un tarro de betún y un frasco +de agua de Colonia, al cual los vaivenes de la suerte convirtieron en +botella de tinta, después de haber sido mucho tiempo alcuza de aceite. +De inválida percha pendían una capa, una cartuchera de miliciano (1854), +dos chalecos de rayas encarnadas y una faja que parecía soga. Un clavo +sostenía el sombrero perteneciente á la anterior generación, y un baúl +guardaba en sus antros algunas piezas de ropa, en las cuales los +remiendos, aunque muchos y diversos, no eran tantos ni tan pintorescos +como los agujeros no remendados. + +»Pero asomémonos á la ventana. Desde ella se ve el tejado de enfrente, +con sus buhardillas, sus chimeneas y sus misifuces. Más abajo se divisa +el tercer piso de la casa; bajando más la vista, el segundo, y, por fin +el principal. En éste hay un cierro de cristales con flores, pájaros y +...¡otra cosa! Alejo miraba continuamente la _otra cosa_, que contenía +el cierro. ¿Diremos lo que era? Pues era una dama. Alejo la contemplaba +todos los días, y por un singular efecto de imaginación, estaba viéndola +después toda la noche, despierto y en sueños: si escribía, en el fondo +del tintero; si meditaba, revoloteando como espectro de mariposa +alrededor de la macilenta luz que hacía veces de astro en el paraíso del +estudiante. + +»Mirando desde allí hacia el piso principal de enfrente, se distinguía +en primer término una mano; después un brazo, el cual estaba adherido á +un admirable busto alabastrino, que sustentaba la cabeza de la joven, +singularmente hermosa ¿Me atreveré á describirla? ¿Me atreveré á decir +que era una de las damas más bellas, de más alto origen, de más +distinguido trato que ha dado á la sociedad esta raza humana, tan +fecunda en duquesas y marquesas? Sí, me atrevo. + +»Desde arriba, Alejo devoraba con sus ojos una gran cabellera negra, +espléndida, profusa; un río de cabellos, como diría mi amigo el ilustre +Cantarranas. (Al oir este símil en que yo rendía público tributo de +admiración al esclarecido prócer, éste se inclinó con modestia y se +ruborizó unas miajas.) Debajo de estos cabellos, Alejo admiraba un arco +blanco en forma de media luna: era la frente, que desde tan alto punto +de vista afectaba esta singular forma. De la nariz y barba sólo asomaba +la punta. Pero lo que se podía contemplar entero, magnífico, eran los +hombros, admirable muestra de escultura humana, que la tela no podía +disimular. Suavemente caía el cabello sobre la espalda; el color de su +rostro al mismo mármol semejaba, y no ha existido cuello de cisne más +blanco, airoso y suave que el suyo ni seno como aquél, en que parecían +haberse dado cita todos los deleites. La gracia de sus movimientos era +tal, que á nuestro joven se le derretía el cerebro siempre que la +consideraba saludando á un traseunte ó á la amiga de enfrente. Cuando no +estaba puesta al balcón, las voces de un soberbio piano la llevaban, +trocada en armonías, á la zahúrda del pobre estudiante. Si no la +admiraba, la oía: tal poder tiene el amor que se vale de todos los +sentidos para consolidar su dominio pérfido. Pero, ¡extraño caso! jamás +en el largo espacio de un trienio alzó la vista hacia el nido de Alejo, +no observar aquella cosa fea que desde tan alto la miraba y la escuchaba +con el puro fervor del idealismo. + + +»Añadamos que Alejo era miope: el estudio y las vigilias habían +aumentado esta flaqueza que no le permitía distinguir tres sobre un +asno. Felizmente, el autor de este libro goza una vista admirable, y, +por lo tanto, puede ver desde la buhardilla de Alejo lo que éste no +podía: la dama, tal cual era en su forma real, despojada de todos los +encantos con que la fantasía de un miope la había revestido; las máculas +que le salpicaban el rostro bastante empañado después de su quinto +parto; podía advertir (y para esto hubo de reunir datos que facilitó +cierta doncella) que para formar aquella sorprendente cabellera habían +intervenido, primero Dios, que la creó no sabemos en qué cabeza, y +después un peluquero muy hábil que se la arregló á la señora. También +hubo de notar que no era su talle tan airoso como desde las boreales +regiones de Alejo parecía, y que la nariz estaba teñida de un ligero +rosicler, no suficiente á disimular su magnitud. En cuanto al piano, +juraría que la dama no tocó en tres años otra cosa que un _pot-pourri_ +que empezaba en _Norma_ y acababa en _Barba Azul_, pieza extravagante +que su inhabilidad había compuesto de lo que oyó al maestro; y por +último, por lo que respecta al seno, sería capaz de apostar que...» + +Al llegar aquí me interrumpieron. Desde que leí lo de las máculas, +notaba yo ciertos murmullos mal contenidos. Fueron en crescendo, hasta +que, llegando al citado pasaje, una exclamación de horror me cortó la +palabra y me hizo suspender la lectura. + +Cantarranas estaba nervioso, y la poetisa se abanicaba con furia, ciega +de enojo y hecha un basilisco. No sé si he dicho que una de las cuatro +personas de mi auditorio, era una poetisa. Creo llegada la ocasión de +describir á esta ilustre hembra. + + +II + +La cual pasaba por literata muy docta y de mucha fama en todo el mundo, +por haber escrito varios tomos de poesía, y borronado madrigales en +todos los álbumes de la humanidad. Cumpliendo cierta misteriosa ley +fisionómica, era rubia como todas las poetisas, y obedeciendo a la misma +fatalidad, alta y huesuda. La adornaba una muy picuda y afilada nariz, y +una boca hecha de encargo para respirar por ella, pues no eran sus +órganos respiratorios los más fáciles y expeditos. No sé qué tenían sus +obras, que llevaban siempre el sello de su nariz, visión que me +persiguió en sueños varias noches; y el mismo efecto de pesadilla me +causaban dos rizos tan largos como poco frondosos, que de una y otra +sien le colgaban. Por lo que el traje, dejaba traslucir, era fácil +suponer su cuerpo como de lo más flaco, amojamado y pobrecillo que en +Safos se acostumbra. + +Era viuda, casada y soltera. Expliquémonos. Siempre se la oyó decir que +era viuda; todos la tenían por casada, y era en realidad soltera. En una +ocasión vivió en cierto lugar con un periodista provinciano, y allí +pasaban por esposos. El infeliz consorte fué un mártir. Llamaba ella á +las piernas _columnas del orden social_, lo cual no era sino gallarda +figura retórica, que cubría su mortal aversión á coser pantalones. Ella +no cogia los puntos á los calcetines, porque, poco fuerte en toda clase +de ortografías, siempre tenía en boca aquella sabia máxima: _no se vive +sólo de pan_, apotegma con que quería disimular su absoluta ignorancia +en materia de guisados. La novela era su pasión: en el folletín del +periódico de su marido, publicó una que éste, aunque enemigo de prodigar +elogios, calificaba de piramidal. Yo leí tres hojas, y confieso que no +me pareció muy católica. También escribió otra que ella llamaba +_eminentemente moral_. No quise moralizarme leyéndola, y regalé el +ejemplar á mi criado, el cual lo traspasó á no sé quién. + +Excuso reiterar la veneración que me infundía la tal señora por su +competencia en el arte de novelar. Me había dicho repetidas veces que +quería inculcarme alguno de sus elevados principios, y con este fin +asistía como inexorable juez á la lectura. + +La buena de la poetisa se escandalizó viendo el giro que yo daba á la +acción. Rabiosamente idealista, como pretendían demostrar sus rizos y su +nariz, no podía tolerar que en una ficción novelesca entrasen damas que +no fueran la misma hermosura, galanes que no fueran la caballerosidad en +persona. Por eso, saliendo á defender los fueros del idealismo, tomó la +palabra, y con áspera y chillona voz, me dijo: + +«¿Pero está usted loco? ¿Qué arte, qué ideal, qué estilo es ése? Usted +escribirá sin duda para gente soez y sin delicadeza, no para espíritus +distinguidos. Yo creí que se me había llamado para oír cosas más cultas, +más elegantes. ¡Oh! No comprendo yo así la novela. Ya veo el sesgo que +va usted a dar a eso: terminará con burlas indignas, como ha empezado. +¡Ay! ¡Encanallar una cosa que empezaba tan bien! Ahí está el germen de +una alta obra moralizadora. ¡Qué lastima! Esa bohardilla, ese joven +pobre que vive en ella, melancólicamente entretenido en contemplar a la +dama del mirador... y pasan días, y la mira... y pasan noches, y la +mira... ¡Que me maten si con eso no era yo capaz de hacer dos tomos! Y +esa dama misteriosa... yo no diría quién era hasta el trigésimo +capítulo. Tenía usted admirablemente preparado el terreno para componer +una obra de largo aliento. ¡Qué lastima! + +Al oir esto, no sé qué pasó por mí. Puesto que debo hacer confesión +franca de mis impresiones, aunque me sean desfavorables, me veo +precisado a decir que el dictamen de persona tan perita me desconcertó, +de modo que en mucho tiempo no acerté á decir palabra. Sirva el rubor +con que lo confieso de expiación á mi singular audacia y á la petulante +idea de convocar tan esclarecido jurado, para dar á conocer uno de los +más ridículos abortos que de mente humana han podido salir. Al fin me +serené, gracias á algunas frases bondadosas del siempre magnífico Duque, +y haciendo un esfuerzo, respondí á la poetisa: + +«Y dado el principio de la novela; dados los dos personajes, la +buhardilla, el cierro y lo demás, ¿qué discurría usted? ¿Cómo +desarrollaría la acción? (Inútil es decir que al hacer estas preguntas +sólo me guiaba el deseo de aprender, apoderándome de las recetas que +para componer sus artificios literarios usaba aquella incomparable +sibila.) + +--¡Oh! ¿Qué haría yo, dice usted?--repuso acercándose á mí con tal +violencia, que pensé que me iba á saltar los ojos con su nariz,--qué +haría yo? Seguramente había de _tirar_ mucho partido de esos elementos. +Supongamos que soy la autora: ese joven pobre es muy hermoso, es moreno +é interesante, un tipo meridional, tórrido, un hijo del desierto. Desde +su ventana mira constantemente á la joven, y pasa la noche oyendo el +triste mayar de los tigres (así llamaremos por ahora á los gatos, hasta +encontrar otro animal más poético), y desde allí se aniquila en el loco +amor que le inspira aquella dama misteriosa, misteriooooosa... ¿Qué +haré? ¡Dios mío! Primero describiría á la dama muy poética... +ticamente, muy lánguida, con cabellos rubios, muy rubios y flotantes, y +una cintura así.... (Al decir esto, hizo un ademán usual, determinando +con los dedos pulgar é índice de ambas manos un circulo no más grande +que la periferia de una cebolla.) La pintaría muy triste, vestida +siempre de blanco, apoyada día y noche en el barandal, la mano en la +mejilla, y contemplando la enredadera que, trepando como vegetal +lagartija por los balcones, hasta sus mismos hombros llegaba. + +--Le advierto á usted--dije con timidez--que yo no he puesto jardín, +sino calle. + +--No importa--respondió;--yo quito la calle y pongo pensiles. Continúo: +la supondría siempre muy triste, y de vez en cuando una lágrima +_asomaba_ á sus ojos azules, semejando errante gota de rocío que se +detiene á descansar en el cáliz de un jacinto. El joven mira á la dama; +la dama no mira al joven. ¿Quién es aquella dama? ¿Es una esposa +víctima, una hija mártir, una doncella pura, lanzada al torbellino de la +sociedad por la furia de las pasiones? ¿Ama ó aborrece? ¿Espera ó teme? +¡Ah! Esto es lo que yo me guardaría muy bien de decir hasta el capítulo +trigésimo, donde pondría el gran _golge teatral_ de la obra. Veamos cómo +desarrollaría la acción para lograr que se vieran y se conocieran los +dos personajes. Un día la dama llora más que nunca, y mira más fijamente +al jardín; su vestido es más blanco que nunca, y más rubios que nunca +sus cabellos. Un pajarito que juguetea entre las matas viene á apoyarse +en la enredadera, junto á la mano de la dama, y como al ver la yema del +dedo gordo crea que es una cereza, la pica. La joven da un grito, y en +el mismo momento el pajarillo _se salva_ asustado, remonta el vuelo, y +va á posarse en la buhardilla de enfrente. La dama alza la vista +siguiendo al diminuto volátil, y ve... ¿á quién creeréis que ve? Al +joven que ha estado doce capítulos comiéndosela con los ojos sin que +ésta se dignara mirarle. Desde entonces, una corriente eléctrica se +establece entre los dos amantes. ¡Se habían contemplado! ¡Ay!» + +Al llegar aquí, volvíme casualmente hacia el Duque de Cantarranas: +estaba pálido de emoción, una _lágrima se asomaba_ á sus ojos verdes, +semejando viajera gota de rocío que se detiene á reposar en el cáliz de +una lechuga. Sentíame yo confundido, anonadado ante la pasmosa +inventiva, la originalidad, el ingenio de aquella mujer, junto á quien +las Safos y Staëlas eran literatas de tres al cuarto. De los demás +personajes de mi auditorio, nada diré todavía. + +«¡Bravo, soberbio!--exclamó Cantarranas aplaudiendo con fuerza y +entusiasmándose, de tal modo, que se le saltó el mal pegado botón de la +camisa, y las puntas del cuello postizo quedaron en el aire.» + +--¿Le gusta á usted mi pensamiento?--preguntó la poetisa. Esto es el +_canevas_ tan sólo; después viene el estilo y.... + +--Me entusiasma la idea--repliqué, apuntando con lápiz lo que ella con +el mágico pincel de su fantasía dibujara. + +--Ese es el camino que usted debe seguir añadió, dando á Cantarranas un +alfiler para que afirmase el cuello. + +--¡Oh! el recurso del pajarillo es encantador. + +--El pajarillo--dijo Cantarranas--debe ser el intermediario entre la +dama blanca y el joven meridional. + +--Pues yo continuaría desarrollando la acción del modo +siguiente--prosiguió ella.--Veamos: el joven tomó el pajarillo con sus +delicados dedos y dándole algunas miguitas de pan, le alimentó varios +días, consiguiendo domesticarle á fuerza de paciencia. Verá usted qué +raro: le tenía suelto en el cuarto sin que intentara evadirse. Un día le +ató un hilito en la pata y le echó á volar; el pájaro fué á posarse al +balcón en donde estaba la dama, que le acarició mucho y le obsequió con +migajitas de bizcocho mojadas en leche. Volvió después á la buhardilla; +el joven le puso un billete atado al cuello, y el ave se lo llevó á la +dama. Así se estableció una rápida, apasionada y volátil +correspondencia, que duró tres meses. Aquí copiaría yo la +correspondencia, que ocuparía medio libro, de lo más delicado y +elegante. Él empezaba diciendo: «Ignorada señora: Los alados caracteres +que le envío á usted, le dirán, etc...» Y ella contestaría: +«Desconocido caballero: Con rubor y sobresalto he leído su epístola y +mentiría si no le asegurara que desde luego he creído encontrar un leal +amigo, un amigo nada más...» Por esto de los amigos nada más se +empieza. Así se prepara al lector á los grandes aspavientos amorosos que +han de venir después. + +--¡Qué ternura, qué suavidad, qué delicadeza!--dijo el Duque en el colmo +de la admiración! + +--Acepto el pensamiento--manifesté, anotando todo aquel discreto +artificio para encajarlo después en mi obra como mejor me conviniese. + +Después que la poetisa hubo mostrado en todo su esplendor, adornándole +con las galanuras del estilo, su incomparable ingenio; después que me +dejó corrido y vergonzoso por la diferencia que resultaba entre su +inventiva maravillosa y el seco, estéril y encanijado parto de mi +caletre, ¿cómo había de atreverme á continuar leyendo? Ni á dos tirones +me harían despegar los labios; y allí mismo hubiera roto el manuscrito, +si el Duque, que era la misma benevolencia, no me obligase á proseguir, +con ruegos y cortesanías, que vencieron mi modestia y trocaron en valor +mis fundados temores. Busqué, pues, en mi manuscrito el punto donde +había quedado, y leí lo siguiente: + +«El joven Alejo era pobre, muy pobre. (Bien--dijo la poetisa.) Sus +padres habían muerto hacía algunos años, y sólo con lo que le pasaba una +tía suya, residente en Alicante, vivía, si vivir era aquello. La mala +sopa y el peor cocido con que Doña Antonia de Trastamara y Peransúrez le +alimentaba eran tales, que no bastarían para mantener en pie á un +cartujo. Y aún así, Doña Antonia de Trastamara y Peransúrez, tan noble +de apellido como fea de catadura, solía quejarse de que el huésped no +pagaba; horrible acusación que hiela la sangre en las venas, pero que es +cierta. (La poetisa articuló una censura que me resonó en el corazón +como un eco siniestro.) Así es que con los doscientos reales que de +Alicante venían, el pobre no tenía más que para palillos que era, en +verdad, la cosa que menos necesitara. Luego las deudas se lo comían, y +no podía echarse á la calle sin ver salir de cada adoquín un acreedor. +Como era miope, las monedas falsas parece que le buscaban. ¡Singular +atracción del bolsillo raras veces ocupado! En cuanto á distracciones, +no tenía, aparte la dama citada, sino las murgas que en bandadas venían +todas las noches, por entretener á la gente colgada de los balcones. + +--¡Ay! ¡ay!--observó la poetisa;--eso de las murgas es deplorable. Ya ha +vuelto usted á caer en la sentina.» + +Al oir esto, otro de los personajes que me escuchaban rompió por primera +vez su silencio, y con atronadora voz, dando en la mesa un puñetazo que +nos asustó á todos, dijo: + +«No está sino muy bien, magnífico, sorprendente. Pues qué, ¿todo ha de +ser lloriqueos, blanduras, dengues, melosidades y tonterías? ¿Se escribe +para doncellas de labor y viejas verdes, ó para hombres formales y +gentes de sentido común?» + +Quien así hablaba era la tercera eminencia que componía el jurado, y me +parece llegada la ocasión de describirlo. + + +III + +D. Marcos había sido novelista. Desde que se casó con la comercianta en +paños de la calle de Postas, dejó las musas, que no le produjeron nunca +gran cosa ni le ayudaron á sacar el vientre de mal año. Continuaba, sin +embargo, con sus aficiones; y ya que no se entregara al penoso trabajo +de la creación, solía dedicarse al de la crítica, más fácil y llevadero. +Siempre en sus novelas (la más célebre se titulaba _El Candil de +Anastasio_) brillaba la realidad desnuda. De las muchas diferencias que +existían entre su musa y la de Virgilio, la principal era que la de D. +Marcos huía de las sencillas y puras escenas de la naturaleza; y así +como el pez no puede vivir fuera del agua, la musa susodicha no se +encontraba en su centro fuera de las infectas buhardillas, de los +húmedos sótanos, de todos los sitios desapacibles y repugnantes. Sus +pinturas eran descarnados cuadros, y sus tipos predilectos los más +extraños y deformes seres. Un curioso aficionado á la estadística, hizo +constar que en una de sus novelas salían veintiocho jorobados, ochenta +tuertos, sesenta mujeres _de estas que llaman del partido_, hasta dos +docenas y media de viejos verdes, y otras tantas viejas embaucadoras. Su +teatro era la alcantarilla, y un fango espeso y mal oliente cubría todos +sus personajes. Y tal era el temperamento de aquel hombre insigne, que +cuanto Dios crió lo veía feo, repugnante y asqueroso. Estos epítetos los +encajaba en cada página, ensartados como cuentas de rosario. Era prolijo +en las descripciones, deteniéndose más cuando el objeto reproducido +estaba lleno de telarañas, habitado por las chinches ó colonizado por la +ilustre familia de las ratas, y su estilo tenía un desaliño sublime, +remedio fiel del desorden de la tempestad. ¿Será preciso decir que usaba +de mano maestra los más negros colores, y que sus personajes, sin +excepción, morían ahogados en algún sumidero, asfixiados en laguna +pestilencial, ó asesinados con hacha, sierra ú otra herramienta +estrambótica? No es preciso, no, pues andan por el mundo, fatigando las +prensas, más de tres docenas de novelas suyas, que pienso son leídas en +toda la redondez del globo. + +De su vida privada, se contaban mil aventuras á cual más interesantes. +Mientras fué literato, su fama era grande, su hambre mucha, su peculio +escaso, su porte de esos que llamamos de mal traer. El editor que +compraba y publicaba sus lucubraciones, no era tan resuelto en el pagar +como en el imprimir, achaque propio de quien comercia con el talento; y +D. Marcos, cuyo nombre sonaba desde las márgenes del Guadalete hasta las +del Llobregat, desfallecía cubierto de laureles, sin más oro que el de +su fantasía, ni otro caudal que el de su gloria. Pero quiso la suerte +que la persona del insigne autor no pareciese costal de paja á una viuda +que tenía comercio de lana y otros excesos en la calle de Postas; hubo +tierna correspondencia, corteses visitas, honesto trato; y al fin +uniólos Himeneo, no sin que todo aquel barrio murmurara sobre el por +qué, cómo y cuándo de la boda. Lo que las musas lloraron este enlace, no +es para contado; porque viéndose en la holgura, trocó el escritor los +poco nutritivos laureles por la prosáica hartura de su nueva vida; y +cuéntase que colgó su pluma de una espetera, como Cide Hamete, para que +de ningún ramplón novelista fuera en lo sucesivo tocada. Después de +larga luna de miel, cual nunca se ha visto en comerciantes de tela, se +afirma que no reinó siempre en el hogar la paz más octaviana. No están +conformes los biógrafos de D. Marcos en la causa de ciertas riñas, que +pusieron á la esposa en peligro de morir á manos de su esposo: unos lo +atribuyen á veleidades del escritor; otros más concienzudos, y buscando +siempre las causas recónditas de los sucesos humanos, á que el pesimismo +adquirido cultivando las letras infiltróse de tal modo en su +pensamiento, que llenó su vida de melancolía y fastidio. ¡Tal influjo +tienen las grandes ideas en las grandes almas! + +A los ojos del profano vulgo, D. Marcos era siempre el mismo. Aconsejaba +á los jóvenes, procurando guiarles por el camino de la alcantarilla. +Daba su opinión siempre que se la pidieran, y no negaba elogios á los +escritores noveles, siempre que fuesen de su escuela colorista, que era +la escuela del betún. + +Este es el tercer personaje de los cuatro que formaban mi auditorio, y +éste el que expuso su modo de pensar, diciendo: + +«No está sino muy bien. Hay que pintar la vida tal como es: repugnante, +soez, grosera. El mundo es así: no nos toca á nosotros reformarlo, +suponiéndolo á nuestro capricho y antojo; nos cumple sólo retratar las +cosas como son, y las cosas son feas. Ese joven que usted ha pintado ahí +tiene demasiada luz, y le hace falta una buena dosis de negro. Hoy no +saben dar claro-obscuro al estilo, y desde que han dejado de escribir +ciertas personas que yo me sé, está la novela por los suelos. Si usted +quiere hacer una obra ejemplar, rodee á ese caballerito de toda clase de +lástimas y miserias; arroje usted sobre él la sombra siniestra de la +sociedad, y la tal sociedad es de lo más repugnante, asqueroso é inmundo +que yo me he echado á la cara. Y después, si le conviene ofrecer una +lección moral á sus lectores, haga que el chico se trueque de la noche á +la mañana, por la sola fuerza del hambre y del hastío, en un ser +abyecto, revelando así el fondo de inmundicia que en el corazón de todo +ser humano existe. Preséntele usted con toda la negra realidad de la +vida, braceando en este océano de cieno, sin poder flotar, y ahogándose, +ahogándose, ahogándose.... Pero, eso sí, déjele usted que se enamore con +hidrofobia de la dama de enfrente, porque en ese gran recurso dramático +ha de cimentarse todo el edificio novelesco. Si yo me encargara de +desarrollar el plan, lo haría de ingenioso modo, nunca visto ni en +novelas ni en dramas. + +--¿A ver, á ver?--interrogamos todos, yo por afán de penetrar los +pensamientos literarios mi amigo; los demás por curiosidad y deseo de +ver en todo su horror la cloaca intelectual de aquel atroz ingenio. + +--Yo haría lo siguiente--continuó:--le supondría muy desesperado, sin +saber qué hace para comunicarse y entablar relaciones con la dama de +enfrente. Suprimo eso del pajarito, que es insufrible. (La poetisa dejó +traslucir, con un movimiento de indignación, su ultrajado amor de +madre.) Él piensa unas veces meterse a bandido para robar a la dama; +otras se le ocurre quemar la casa para sacar a la señora en brazos. +Entre tanto se pone flaco, amarillo, cadavérico, con aspecto de loco o +de brujo: la casa se cae a pedazos, y en su miseria se ve obligado a +comer ratas. (Cantarranas cerró los ojos después de mirar al cielo con +angustia.) Un día se le pasa por las mientes un ardid ingenioso, y para +esto tengo que suponer que vive, no en la casa de enfrente, sino en la +buhardilla de la misma casa. Modificada de este modo la escena, fácil es +comprender su plan, que consiste en introducirse por el cañón de la +chimenea y colarse hasta el piso principal. + +--¡Qué horror!--exclamó la poetisa tapándose la cara con las manos.--¡Se +va á tiznar! ¡Si al menos tuviera donde lavarse antes de presentarse á +ella!... + +--No importa que se tizne--continuó el novelista.--Yo pintaría á la dama +muy hermosa, sí, pero con una contracción en el rostro que denotara sus +feroces instintos. Ha tenido muchos amantes; es mujer caprichosa: uno de +esos caracteres corrompidos que tanto abundan en la sociedad, marcando +los distintos grados de relajacion á que llega en cada etapa la especie +humana. Ha tenido, como decía, muchísimos querindangos, y al fin viene á +enamorarse de un negro traído de Cuba por cierto banquero, que es un +agiotista inicuo, un bandolero de frac. + +Con estos antecedentes, ya puedo desarrollar la situación dramática, de +un efecto horriblemente sublime. Veamos: ella está en su cuarto, +lánguidamente sentada junto á un veladorcillo, y piensa en el Apolo de +Azabache, charolado objeto de su pasión. Hojea un álbum, y de tiempo en +tiempo su rostro se contrae con aquel siniestro mohín que la hace tan +espantablemente guapa. De repente se siente ruido en la chimenea: la +dama tiembla, mira, y ve que de ella sale saltando por encima de los +leños encendidos, un hombre tiznado: en su delirio cree que es el negro: +domínanla al mismo tiempo el estupor y la concupiscencia. La luz se +apaga. ¡Pataplum!... ¿Qué les parece á ustedes esta situación? + +--Digo que es usted el mismo demonio o tiene algún mágico encantador que +lo inspire tan admirables cosas-respondí confuso ante la donosa +invención de D. Marcos, que me parecía en aquel momento superior +cuantos, entre antiguos y modernos, habían imaginado las más sutiles +trazas de novela. + +La poetisa estaba un tanto cabizbaja, no se si porque le parecía mejor +lo suyo ó porque, teniendo por detestable el engendro de D. Marcos, +consideraba á qué límite de fatal extravío pueden llegar los más +esclarecidos entendimientos. No estará de más que con la mayor reserva +diga yo aquí, para ilustrar á mis lectores, que la poetisa tenía, entre +otros, un defecto que suele ser cosa corriente entre las hembras que +agarran la pluma cuando sólo para la aguja sirven, es decir, la envidia. + +«Pues verán ustedes ahora--continuó D. Marcos--cómo armo yo el desenlace +de tan estupendo suceso. A la mañana siguiente hállase la dama en su +tocador, y ha gastado dos pastas de jabón en quitarse el tizne de la +cara. Su rabia es inmensa: está furiosa; ha descubierto el engaño, y en +su desesperación da unos chillidos que se oyen desde la calle. El joven, +por su parte, trata de huir, al ver el enojo de la que adora. Quiere +matar al desconocido mandinga, de quien está celosísimo; pero en lugar +de bajar la escalera, se ve obligado á subir por el mismo cañón de la +chimenea para no ser visto de cierto Conde que entra á la sazón en la +casa. + +La fatalidad hace que no pueda subir por el cañón, habiendo sido tan +fácil la bajada; y mientras forcejea trabajosamente para ascender, +resbala y cae al sótano, y de allí, sin saber cómo, á un sumidero, yendo +á parar á la alcantarilla, donde se ahoga como una rata. La ronda le +encuentra al día siguiente, y le llevan, en los carros de la basura, al +cementerio. Como aquí no tenemos _Morgue_, es preciso renunciar á un +buen efecto final.» + +Así habló el realista D. Marcos. Cantarranas estaba más nervioso que +nunca, y la poetisa sacó un pomito de esencias, para aplicarlo al +cartucho que tenía por nariz: este singular pomito era el _flacon_ que +había visto en todas las novelas francesas. Es la verdad que D. Marcos +le inspiraba profunda repugnancia, y por eso le llamaba ella _barril de +prosa_, sin duda por vengarse del otro, que en cierto artículo critico +la llamó una vez _espuerta de tonterías_. + +Yo no sabía qué hacer en presencia de dos fallos tan autorizados y al +mismo tiempo tan contradictorios. Vacilaba entre figurar á mi héroe +dando migajas de pan al pajarito, ó metiendo la cabeza en los sumideros +del palacio de su amada. Miré al magnífico Duque, y le ví con la cabeza +gacha y colgante, como higo maduro. La poetisa se hallaba en un +paroxismo de furor secreto. ¿Cómo podía yo decidirme por una solución +contraria á las ideas de Cantarranas, cuando éste era mi Mecenas, ó, +para valerme de una de sus más queridas figuras, corpulento roble que +daba sombra á este modesto hisopo de los campos literarios? Y al mismo +tiempo, ¿cómo desairar á Don Marcos, tan experimentado en artes de +novela? ¿Cómo renunciar á su plan, que era el más nuevo, el más extraño, +el más atrevido, el más sorprendente de cuántos había concebido la +humana fantasía? En tan crítica situación me hallaba con el manuscrito +en las manos, la boca abierta, los ojos asombrados, indeciso el magín y +agitado el pecho, cuando vino á sacarme de mi estupor y á cortar el +hilo de mis dudas la voz del cuarto de los personajes que el jurado +componían. Hasta entonces había permanecido mudo, en una butaca vieja, +cuyas crines por innumerables agujeros se salían: allí estaba, con +aspecto de esfinge, acentuado por la singular expresión de su rostro +severo. Creo que ha llegado la ocasión de describir á este personaje, el +más importante sin duda de los cuatro, y voy á hacerlo. + + +IV + +Si cuarenta años de incansable laboriosidad, de continuos servicios +prestados al arte, á las letras y á la juventud, son título bastante +para elevar á un hombre sobre sus contemporáneos, ninguno debiera estar +más por cima de la vulgar muchedumbre que D. Severiano Carranza, +conocido entre los árcades de Roma por _Flavonio Mastodontiano_. Era +casi académico, porque siempre que vacaba un sillón se presentaba +candidato, aunque nunca quisieron elegirle. Su fuerte era la erudición; +espigaba en todos los campos: en la historia, en la poesía, en las artes +bellas, en la filosofía, en la numismática, en la indumentaria. Recuerdo +su última obra, que estremeció al mundo de polo á polo, por tratar de +una cuestión grave, á saber: de si el Arcipreste de Hita tenía ó no la +costumbre de ponerse las medias al revés, decidiéndose nuestro autor por +la negativa, con gran escándalo y algazara de las Academias de Leipsick, +Gottinga, Edimburgo y Ratisbona, las cuales dijeron que el célebre +Carranza era un alma de cántaro al atreverse á negar un hecho que +formaba parte del tesoro de creencias de la humanidad. ¿Pues y su +disertación sobre los colmillos del jabalí de Erymantho, que fué causa +de un sin fin de mordiscadas entre los más famosos eruditos? No diré +nada, pues corre en manos de todo el mundo, de su famoso discurso sobre +el modo de combinar las _tes_ y las _des_ en el metro de Arte Mayor, el +cual le alzara á los cuernos de la luna, si antes, para gloria de España +y enaltecimiento de sí propio, no hubiera escrito y dado á la estampa la +nunca bastante encarecida _Oda á la invención de la pólvora_, en que +llamaba á este producto químico _atmósfera flamínea_. Esta es su única +obra de fantasía. Las demás son todas eruditas, porque vive consagrado á +los apuntes. Como crítico, no se le igualaba ni el mismo Cantarranas, +aunque no faltan biógrafos que le equiparan á él, y hubo alguno que +aseguró le aventajaba en muchas cosas. Basta decir que Carranza había +leído cuanto salió de plumas humanas, siendo de notar que todo libro +que pasase por su memoria dejaba en ella un pequeño sedimento ó +depósito, aunque no fuera más grande que una gota de agua. + +No había fecha que él no supiera, ni nombre que ignorara, ni dato que le +fuera desconocido, ni coincidencia que se escapase á su penetración y +colosal memoria. Bien es verdad que de este almacén sacaba el cargamento +de sus críticas, las cuales tenían más de indigestas que de sabrosas, +porque no existe cosa antigua que no sacara á colación, ni autor clásico +que no desenterrara á cada paso para llevarle y traerle como á los +gigantones en día de Corpus. Escribiendo, era prolijo: su estilo se +componía de las más crespas y ensortijadas frases que es dado imaginar. +Pulía de tal modo su prosa, que parecía una cabellera con cosmético y +bandolina, pudiendo servir de espejo; y sus versos eran tales, que se +les creerían rizados con tenacillas. Nunca repitió una palabra en un +mismo pliego de papel, por miedo á las redundancias y sonsonetes. En +cierta ocasión, habiendo hablado en un artículo del mondadientes de +marfil de una dama, viéndose obligado á repetirlo por la fuerza de la +sintaxis y pareciéndole vulgar la palabra palillo, llamó á aquel objeto +el _ebúrneo estilete_. Por esta razón aparecían en sus escritos unas +palabrejas que sus enemigos, en el furor de la envidia, llamaban +estrambóticas. Tratarle á él de pedante era cosa corriente entre los +malignos gaceterillos, que molestan siempre á los grandes hombres, como +las pulgas al león. + +La persona del erudito Carranza era tan notable como sus obras. +Componíase de un destroncado cuerpo sobre dos no muy iguales piernas, +brazos pequeños y los hombros cansadísimos; exornando todo el edificio +un sombrero monumental, bajo el cual solía verse, en días despejados, la +cabeza más arqueológica que ha existido. Después de la corbata, que +afectaba cierto desaliño, lo que más descollaba era la boca, donde en un +tiempo moraron todas las gracias, y ahora no quedaba ni un diente; y la +nariz hubiera sido lo más inverosímil de aquel rostro si no ocuparan el +primer lugar unos espejuelos voluminosos tras los cuales el ojo +perspicaz y certero del crítico fulguraba. + +Estos ojos fueron los que me miraron con severidad que me turbó; esta +boca fue la que con voz tan solemne como cascada, tomó la palabra y +dijo: + +«¡Oh extravío de las imaginaciones juveniles! ¡Oh ruindad de +sentimientos! ¡Oh corrupción del siglo! ¡Oh bajeza de ideas! ¡Oh pérdida +del buen gusto! ¡Oh aniquilamiento de las clásicas reglas! ¿Hay más +formidable máquina de disparates que la que usted escribió ni mayor +balumba de despropósitos que la que esa señora y ese caballero han +dicho? ¿En qué tiempos vivimos? ¿Qué república tenemos? Vaya usted, +señora, á coser sus calcetas y á espumar el puchero, y usted D. Marcos, +á cuidar sus hijos si los há, y usted, joven, á aprender un oficio, que +más cuenta le tiene cualquier ocupación, aunque sea ingrata y vil, que +componer libros. Pues qué, ¿es el campo de las letras dehesa de pasto +para toda clase de _pecus_, ó jardín frondosísimo donde sólo los más +delicados ingenios pueden hallar deleites y amenidades? Id, cocineros +del pensamiento, á condimentar vulgares sopas y no sabrosos platos; que +no es dado á tan groseras manos preparar los exquisitos manjares que se +sirven en el ágape de los dioses.» + +Como Semíramis cuando ve aparecer la sombra de Nino para echarle en cara +sus trapicheos; como Hamlet cuando oye al espectro de su padre +revelándole los delitos de la señá Gertrudis; como Moisés cuando +vislumbra á Jehová en la zarza ardiente, así nos quedamos todos: mudos, +fríos, petrificados de espanto. El apóstrofe de aquel hombre, tenido por +un oráculo; su singular aspecto, su severa mirada y el eco de su +vocecilla, nos infundieron tal pavor, que hubo de transcurrir buen +espacio de tiempo antes que yo tomase aliento, y sacara la poetisa su +_flacon_, y cerrara la boca el excelente Duque. + +Al fin nos repusimos del terror, y Carranza, advirtiendo el buen efecto +que sus palabras habían producido, arremetió de nuevo contra nosotros, y +de tal modo se ensañó con D. Marcos, que pienso no le quedara hueso +sano. La poetisa estaba turulata y no hacía más que abanicarse para +disimular su enojo, mientras Cantarranas parecía inclinado, en fuerza de +su natural bondad, á ponerse de parte del tremendo crítico. + +«¡Y para esto me han llamado!--decía éste.--La culpa tiene quien, +dejando serias ocupaciones y la sabrosa compañía de las musas, asiste á +estas lecturas, donde le hacen echar los bofes con tantísimo desatino.» + +Entonces yo, desafiando con un arrojo que ahora me espanta la cólera del +Aristarco, le dije: + +«Pero ya que he tenido la osadía de traerle a usted aquí, oh varón +insigne, ¿no me será permitido pedirle la más gran merced que hacerme +pudiera, ayudando con sus luces á mejorar este engendro mío que con tan +mala estrella viene al mundo? + +--Sí, lo haré de muy buen grado--contestó el sabio, trocándose +repentinamente en el hombre más suave y meloso de la tierra.--Voy á +decir cómo desarrollaría yo mi pensamiento; pero han de prometerme que +no he de ser interrumpido por aplausos ni otra manifestación semejante. +Empezaré, pues, declarando que yo colocaría la acción de mi obra en +tiempos remotos, en los tiempos pintorescos é interesantes, cuando no +había alumbrado público, y sí muchas rondas y gran número de corchetes; +cuando los galanes se abrían en canal por una palabrilla, y las damas +andaban con manto por esas callejuelas, seguidas de Celestinas y +rodrigones; cuando se guardaba con siete llaves el honor, sin que eso +quiera decir que no se perdiese en un santiamén. Yo no sé cómo hay +ingenios tan romos que novelan con cosas y personas de la época +presente, donde no existen elementos literarios, según todos los hombres +doctos hemos probado plenamente. Al demonio no se le ocurriría pintar +aventuras en una calle empedrada y con faroles de gas. Por Dios y por +los santos, ¿cabe nada más ridículo que un diálogo amoroso, en que +aparece á cada momento la palabra _usted_, hecha para preguntar cómo +está el tiempo, los precios de la carne, etc.?... Pues bien: yo +figuraría mis personajes en el siglo XVII, y abriría la escena con gran +ruido de cuchilladas y muchos _pardieces_ y _voto á sanes_; después el +ir y venir de los alguaciles, y, por último, la voz cascada de una vieja +alcahueta que acude con su farolito á reconocer la cara del muerto.» + +Todos nos mirábamos, sorprendidos ante el pintoresco cuadro que en un +periquete habia trazado aquel maestro incomparable. + +«El joven pobre que ha puesto usted en la buhardilla, donde está muy +retebién, le figuraría yo un hidalgo de provincias, sin blanca y con +malísima estrella. Ha llegado á Madrid en busca de fortuna, y solicita +que le hagan capitán de Tercios, para lo cual anda de ceca en meca, sin +poder conseguir otra cosa que desprecios. La dama de enfrente es de la +más alta nobleza, hija de algún montero mayor de la Casa Real, ó cosa +por el estilo, lo cual hace que tenga entrada en Palacio, y sea bien +quista de Reyes, Príncipes é Infantes. Meteremos en el ajo algún +rapabarbas o criado socarrón que haga de tercero, porque novela ó +comedia sin rapista charlatán y enredador, es olla sin tocino y sermón +sin agustino. ¡Y cómo había yo de pintar las escenas de tabernas, las +cuchilladas, las pendencias que dirige siempre un tal Maese Blas ó Maese +Pedrillo! ¿Pues y las escenas de amor? ¡Qué discreción, qué ternezas, +qué riqueza metafórica había yo de poner allí! Carta acá, carta allá, y +entrevista en las Descalzas todos los días, porque la Condesa vieja es +tan devota, que no se mueve un clérigo ni fraile en las iglesias de +Madrid sin que ella vaya á meter sus narices en la función. El +hidalguillo tañe su laúd que se las pela, y la dama le manda décimas y +quintillas. Ambos están muy amartelados. Pero cata aquí que el padre, +que es un Condazo muy serio, con su gorguera de encajes que parece un +sol, gran talabarte de pieles y unos gregüescos como dos colchones, +quiere que se case con Don Gaspar Hinojosa, Afán de Rivera, etc., etc., +etc., que es Contralor, hijo del Virrey de Nápoles, y Secretario del +general _qué sé yo cuántos_, que ha tomado á Amberes, Ostende, Maestrich +ú otra plaza cualquiera. El Rey tiene gran empeño en estas nupcias, y la +Reina dice que quiere ser madrina del bodorrio. Ahora es ella. La dama +está fuera de sí, y el hidalguillo se rompe la cabeza para inventar un +ardid cualquiera que le saque de tan espantoso laberinto. ¡Oh terrible +obstáculo! ¡Oh inesperado suceso! ¡Oh veleidades del destino! ¡Oh +amargor de la vida! Lo peor y más trágico del caso es que el padre se ha +enterado de que hay un galán que corteja á la niña, y se enfurece de tal +modo, que si le coge, le parte la cabeza en dos con su espada toledana. +Cuenta al Rey lo que pasa; la Reina le echa fuerte reprimenda á nuestra +heroína, y todos convienen en que el galán aquél es un majagranzas, que +no merece ni descalzarle el chapín á la doncella. El mozo ya no rasca +laúdes ni vihuelas, y se pasea por el Cerrillo de San Blas muy cabizbajo +y melancólico. Los criados del Conde le andan buscando para darle una +paliza; pero escapa de ella, gracias á las tretas del socarrón de su +lacayo, que no por estar muerto de hambre deja de ser maestro en +artimañas y sutilezas. Los amantes van á ser separados para siempre. Y +lo peor es que el D. Gaspar se enfurruña, y ya no quiere casarse, y +dice que si topa en la calle al pobre hidalgo, le pondrá como nuevo. +¿Qué hacer? ¡Tate!... Aquí está el _quid_ de la dificultad ¿Cómo +desenredar esta enmarañada madeja? Pues verán ustedes de qué manera +ingeniosa, con qué donosura y originalidad desato yo este intrincado +nudo, en que el lector, suspenso de los imaginarios hechos, los mira +como si fuesen reales y efectivos. ¿Que les parece á ustedes que voy á +inventar? ¿A ver?» + +Todos nos quedamos con la boca abierta, sin saber qué contestarle. Yo, +sobre todo, ¿cómo había de imaginar cosa alguna que igualara á los +profundos pensamientos de aquel pozo de ciencia? + +«Pues verán ustedes--prosiguió.--Hallándose las cosas como he dicho, de +repente... ¡Que novedad! ¡Qué agudísima é inesperada anagnórisis!... +Pues es el caso que el muchacho tiene un tío, oidor en Indias. Este tío +oidor, que es todo un letrado y persona de pro, muere legando un caudal +inmenso; de modo que cuando menos se lo piensa, el hidalguillo se ve con +doscientos mil escudos en el arca, y es más rico que el Conde de +enfrente. Cátate que en un momento le obsequian todos y le guardan más +miramientos que si fuera el mismo Duque de Lerma, Ministro universal. El +padre de la dama se ablanda; ésta se marcha á Platerías diciendo que va +á comprar unas arracadas, pero con el disimulado fin de ver al +hidalguillo y oir de sus mismo labios la noticia de la herencia; la +Reina se desenoja; el Rey dice que les ha de casar, ó deja de ser quien +es. D. Gaspar se va furioso á las guerras de la Valtellina, donde le +matan de un arcabuzazo, y, por fin, los dos jóvenes se casan, son muy +obsequiados, y viven luengos años en paz y en gracia de Dios. Así, +señores, desarrollaría yo el pensamiento de esta novela, que, expuesta +de tal modo, pienso no seria igualada por ninguna de cuantas en lengua +italiana ó española se han escrito, desde Bocaccio hasta Vicente +Espinel, que yo las he leído todas, y aquí pudiera referirlas _ce_ por +_be_, sin que me quedara una en la cuenta.» + +Aquí terminó el dictamen de D. Severiano Carranza, fénix de los +literatos. Esta lección tercera era ya demasiado carga de bochorno y +humillación para mí. Y ¿cómo había yo de continuar leyendo, si en un dos +por tres me habian mostrado aquellos personajes la flaqueza de mi +entendimiento, apto tan sólo para bajas empresas? Me afrentaron, y de +sus enseñanzas saque menos provecho que vergüenza. Sí: lo digo con la +entereza del que ya ha desistido de caminar por el escabroso sendero de +la literatura, y confiesa todos sus yerros y ridiculeces. Cuando D. +Severiano acabó, la poetisa hizo un mohín de fastidio, señal de que el +discurso no le había parecido de perlas, D. Marcos se reía del insigne +erudito, y el Duque de Cantarranas... (rubor me cuesta el confesarlo, +porque le estimo sobremanera, y desearía ocultar todo lo que le +menoscabase; pero la imparcialidad me obliga á decirlo) el Duque se +había dormido, cosa inexplicable en quien siempre fué la misma cortesía. + +Otro suceso doloroso tengo que referir, y sabe Dios cuánto me cuesta +revelar cosas que puedan obscurecer algún tanto la fama que rodea á +estas cuatro venerandas personas. ¿Revelaré este funesto incidente? +¿Llevaré la mundanal consideración y el efecto particular hasta el +extremo de callar la verdad, hija de Dios, sin la cual ninguna cosa va á +derechas en este mundo? No; que antes que nada es mi conciencia, y +además, si enseño una flaqueza de mis cuatro amigos, no por eso van á +perder la estimación general quienes tantos y tan grandes merecimientos +y títulos de gloria reúnen. Hay momentos en que los más rutilantes +espíritus sufren pasajero eclipse, y entonces, mostrándose la naturaleza +en toda su desnudez, aparecen las malas pasiones que bullen siempre en +el fondo del alma humana. + +Esto fué lo que pasó á mis cuatro jueces en aquella noche funesta. +Sucedió que unas palabras de D. Marcos, que fué siempre algo +deslenguado, irritaron al augusto crítico. Quiso intervenir +Cantarranas, y como la poetisa dijese no sé qué tontería de las muchas +que tenía en la cabeza, D. Marcos la increpó duramente; salió á +defenderla con singular tesón el Duque, y recibió de pasada, y como sin +querer, un furibundo sopapo. Desde entonces fué aquello un campo de +Agramante, y es imposible pintar el jaleo que se armó. Daba el erudito á +D. Marcos, D. Marcos al Duque, este al erudito, el cual se vengaba en la +poetisa, que arañaba á todos y chillaba como un estornino, siendo tal la +baraúnda, que no parecía sino que una legión de demonios se había metido +en mi casa. No pararon los irritados combatientes hasta que D. Marcos no +derramó sangre á raudales, rasguñado por la poetisa; hasta que ésta no +se desmayó, dejando caer sus postizos bucles, y haciéndome en la frente +un chichón del tamaño de una nuez; hasta que el Duque no se le fraccionó +en dos pedazos completos la mejor levita que tenía; hasta que Carranza +no perdió sus espejuelos y la peluca, que era bermeja y muy sebosa. + +Así terminó la sesión que ha dejado en mí recuerdos pavorosos. He +revelado esta lamentable escena por amor á la verdad y porque debo ser +severo con aquellos que más valen y más fama gozan. De todos modos, si +hago esta confesión, no es con ánimo de publicar debilidades, sino por +hacer patente lo miserable de la naturaleza humana, que aún en los más +elevados caracteres deja ver alguna ocasión su fondo de perversidad. + + +V + +De la novela, inocente causa de tan reñida controversia y desbarajuste +final, ¿que he de decir, sino que salió cual engendrada en aciaga noche +de escándalo? Como quise adoptar las ideas de cada uno, por parecerme +todas excelentes, mi obra resultó análoga á esas capas tan llenas de +remiendos y pegotes, que no se puede saber cuál es el color y la tela +primitivos. Después de la introdución que he leído, adopté el +pensamiento del pajarito y le puse de intermediario entre los dos +amantes. Luego, pareciéndome de perlas el incidente de la chimenea, hice +que Alejo mudara á la casa de enfrente, y que una noche se deslizara muy +callandito por el interior del ennegrecido tubo, apareciéndose á la dama +cuando ésta se percataba menos. Lo del negro no me fué posible +introducirlo; pero sí el magnífico desenlace del tío en Indias, ideado +por el fénix de los críticos, aunque no pude suponerle oidor sino +tabernero, diferencia que importa poco para el caso. Así la novela, +como hija de distintos progenitores, venía á ser la cosa más pintoresca, +variada y original del mundo, y bien podía decir su autor: _«yo, el +menor padre de todos....»_ Imprimía, porque ningún editor la quería +tomar, aunque yo, llevando mi modestia hasta lo sublime, la daba por +ochenta reales al contado, y otros ochenta, pagaderos á plazos de dos +duros en dos años. + +La puse á la venta en las principales librerías, y en un lustro que ha +corrido llevo despachada la friolera de tres ejemplares, con más los que +me tomaron al fiado, y que espero cobrar, si la cosecha es buena, en el +próximo otoño. Un librero de Sevilla me ha prometido comprarme un +ejemplar, si le hago una rebaja de dos reales; y este pedido, con otras +proposiciones que me dirigen de lejanas tierras, me hace esperar que +venderé hasta diez en todo lo que queda de año. No puedo quejarme, en +verdad, porque yo sé que si las cosas estuvieran mejor y sobrase dinero +en el país, no había de quedar un ejemplar para muestra. + +De todos modos, me consuela la singular protección que me dispensa, +ahora como antes, el Duque de Cantarranas, mi ilustre Mecenas, quien ha +podido conseguir de un amigo suyo, dueño de una tienda de ultramarinos, +que me compre media edición al peso, y á veinticinco reales la arroba. +Si, merced á la solicitud del prócer ilustre, consigo realizar este +negocio, me servirá de estímulo para proseguir por el fatigoso camino de +las letras, que si tiene toda clase de espinas y zarzales en su largo +trayecto, también nos conduce, como sin querer, á la holgura, á la +satisfacción y á la gloria. + +Madrid, Septiembre de 1872. + + + + +LA PRINCESA Y EL GRANUJA + + +I + +Pacorrito Migajas era un gran personaje. Alzaba del suelo poco más de +tres cuartas, y su edad apenas pasaba de los siete años. Tenía la piel +curtida del sol y del aire, y una carilla avejentada que más bien le +hacía parecer enano que niño. Sus ojos eran negros y vividores, con +grandes pestañas como alambres y resplandor de pillería. Pero su boca +daba miedo de puro fea, y sus orejas, al modo de aventadores, antes +parecían pegadas que nacidas. Vestía gallardamente una camisa de todos +colores, por lo sucia, y pantalón hecho de remiendos, sostenido con un +solo tirante. En invierno abrigábase con una chaqueta que fué de su +señor abuelo, la cual, después de cortadas las mangas por el codo, á +Pacorrito le venía que ni pintada para gabán. En el cuello le daba +varias vueltas, á manera de serpiente, un guiñapo con aspiraciones de +bufanda, y cubría la mollera con una gorrita que afanó en el Rastro. No +usaba zapatos, por serle esta prenda de grandísimo estorbo, ni tampoco +medias, porque le molestaba el punto. + +La familia de Pacorrito Migajas no podía ser más ilustre. Su padre, +acusado de intentar un escalo por la alcantarilla, fué á tomar aires á +Ceuta, donde murió. Su madre, una señora muy apersonada que por muchos +años tuvo puesto de castañas en la Cava de San Miguel, fué también +metida en líos de justicia, y después de muchos embrollos, y dimes y +diretes con jueces y escribanos, me la empaquetaron para el penal de +Alcalá. Aún quedaba á Pacorrito su hermana, pero ésta, abandonando su +plaza en la Fábrica de Tabacos, corrió á Sevilla en amoroso seguimiento +de un cabo de Artillería, y esta es la hora en que no ha vuelto. Estaba, +pues, Migajas solo en el mundo, sin más familia que él mismo, sin más +amparo que el de Dios, ni otro guía que su propia voluntad. + + +II + +¿Pero creerá el pío lector que Pacorrito se acobardó al verse solo? Ni +por pienso. Había tenido ocasión, en su breve existencia, de conocer los +vaivenes del mundo, y algo de lo falso y mentiroso que encierra esta +vida miserable. Llenándose de energía, afrontó la situación como un +héroe. Afortunadamente, tenía buenas relaciones con diversa gente de su +estofa y aun con hombres barbudos que parecían dispuestos á protegerle, +y bulle que bulle, aquí me meto y allí me saco, consiguió dominar su +triste estado. + +Vendía fósforos, periódicos y algún billete de Lotería, tres ramos +mercantiles que, explotados con inteligencia, podían asegurarle honradas +ganancias; así es que á Pacorrito nunca le faltaban cuatro cuartos en el +bolsillo para sacar de un apuro á un compañero, ó para obsequiar á las +amigas. + +No le inquietaban gran cosa ni las molestias del domicilio ni las +exigencias del casero. Sus palacios eran el Prado en verano, y en +invierno los portales de la casa Panadería. Varón sobrio y enemigo de +pompas mundanas, se contentaba con un rincón cualquiera donde pasar la +noche. Comía, como los pájaros, lo que encontraba, sin que jamás se +apurase por esto, á causa de la conformidad religiosa que existía en su +alma, y de su instintiva fe en los misteriosos auxilios de la +Providencia, que á ningún ser grande ni chico desampara. + +Los que esto lean creerán que Migajas era feliz. Parece natural que lo +fuese. Si carecía de familia, gozaba de preciosísima libertad, y como +sus necesidades eran escasas, vivía holgadamente de su trabajo, sin +deber nada á nadie, sin que le quitaran el sueño cuidados ni ambiciones; +pobre, pero tranquilo; desnudo el cuerpo, pero lleno de paz sabrosa el +espíritu. Pues á pesar de esto, el señor de Migajas no era feliz. ¿Por +qué? Porque estaba enamorado hasta las gachas, como suele decirse. + +Sí, señores: aquel Pacorrito tan pequeño y tan feo y tan pobre y tan +solo, amaba. ¡Ley inexorable de la vida, que no permite á ningún sér, +cualquiera que sea, redimirse del despótico yugo del amor. + +Amaba nuestro héroe con soñador idealismo, libre de todo pensamiento +impuro, á veces con ardoroso fuego que en sus venas ponía un hervor de +todos los demonios. Su corazón volcánico tenía sensaciones de todas +clases para el objeto amado, ora dulces y platónicas como las de +Petrarca, ora arrebatadas como las de Romeo. + +¿Y quién había inspirado á Pacorrito pasión tan terrible? Pues una dama +que arrastraba vestidos de seda y terciopelo con vistosas pieles; una +dama de cabellos rubios, que en bucles descendían sobre su alabastrino +cuello. La tal solía gastar quevedos de oro, y á veces estaba sentada al +piano tres días seguidos. + + +III + +Sabed cómo la conoció Pacorro y quién era aquélla celestial hermosura. + +Extendía el chico la esfera de sus operaciones mercantiles por la mitad +de una de las calles que afluyen á la Puerta del Sol, calle muy +concurrida y con hermosas tiendas, que de día ostentan en sus +escaparates mil prodigios de la industria, y por las noches se iluminan +con la resplandeciente claridad del gas. Entre estas tiendas, la más +bonita es una que pertenece á un alemán, siempre llena de bagatelas +preciosísimas destinadas á grandes y pequeños. Es el bazar de la +infancia infantil y de la adulta. Por Carnaval se llena de caretas +burlescas; en Semana Santa de figuras piadosas; hacia Navidad de +Nacimientos y árboles cargados de juguetes, y por Año Nuevo de +magníficos objetos para regalos. + +La pasión frenética de Pacorrito empezó cuando el alemán puso en su +vitrina una encantadora colección de damas vestidas con los ricos trajes +que imagina la fantasía parisiense. Casi todas tenían más de media vara +de estatura. Sus rostros eran de fina y purificada cera, y ningún carmín +de frescas rosas se igualaba al rubor de sus castas mejillas. Sus azules +ojos de vidrio brillaban inmóviles con más fulgor que la pupila humana. +Sus cabellos, de suavísima lana rizada, podían compararse, con más razón +que los de muchas damas, á los rayos del sol; y las fresas de Abril, las +cerezas de Mayo y el coral de los hondos mares, parecían cosa fea en +comparación de sus labios rojos. + +Eran tan juiciosas, que jamás se movían del sitio en que las colocaban. +Sólo crujía el gozne de madera de sus rodillas, hombros y codos, cuando +el alemán las sentaba al piano, ó las hacía tomar los lentes para mirar +á la calle. De resto, no daban nada que hacer, y jamás se les oyó decir +esta boca es mía. + +Entre ellas había ¡ay qué hembra! la más hermosa, la más alta, la más +simpática, la más esbelta, la mejor vestida, la más señora. Debía de ser +mujer de elevada categoría, á juzgar por su ademán grave y pomposo, y +cierto airecillo de protección que á maravilla le sentaba. + +--¡Gran mujer!--dijo Pacorrito la primera vez que la vió; y más de una +hora estuvo plantado ante el escaparate, contemplando tan seductora +belleza. + + +IV + +Nuestro personaje se hallaba en ese estado particular de exaltación y +desvarío en que aparecen los héroes de las novelas amatorias. _Su +cerebro hervía; en su corazón se enrroscaban culebras mordedoras; su +pensamiento era un volcán; deseaba la muerte; aborrecía la vida; hablaba +sin cesar consigo mismo; miraba á la luna; se remontaba al quinto +cielo_, etc. + +¡Cuántas veces le sorprendió la noche en melancólico éxtasis delante del +cristal, olvidado de todo, hasta de su propio comercio y modo de vivir! +Mas no era por cierto muy desairada la situación del buen Migajas, +quiero decir, que era hasta cierto punto correspondido en su loca +pasión. ¿Quién puede medir la intensidad amorosa de un corazón de estopa +ó serrín? El mundo está lleno de misterios. La ciencia es vana y jamás +llegará á lo íntimo de las cosas. ¡Oh, Dios! ¿será posible algún día +demarcar fijamente la esfera de lo inanimado? ¿Lo inanimado, dónde +empieza? Atrás los pedantes que, deteniéndose delante de una piedra ó de +un corcho, le dicen: «Tú no tienes alma.» Sólo Dios sabe cuáles son las +verdaderas dimensiones de ese Limbo invisible donde yace todo lo que no +ama. + +Bien seguro estaba Pacorrito de haber hecho tilín á la dama. Esta le +miraba, y sin moverse ni pestañear ni abrir la boca, decíale mil cosas +deleitables, ya dulces como la esperanza, ya tristes como el +presentimiento de sucesos infaustos. Con esto se encendía más y más en +el corazón del amigo Migajas la llama que le devoraba, y su atrevida +mente concebía dramáticos planes de seducción, rapto y aun de +matrimonio. + +Una noche, el amartelado galán acudió puntual á la cita. La señora +estaba sentada al piano, las manos suspendidas sobre las teclas, y el +divino rostro vuelto hacia la calle. El granuja y ella se miraron. ¡Ay! +¡Cuánto idealismo, cuánta pasión en aquella mirada! Los suspiros +sucedieron á los suspiros, y las ternezas á las ternezas, hasta que un +suceso imprevisto cortó el hilo de tan dulce comunicación, truncando de +un golpe la felicidad de los amantes. Fué como esas súbitas catástrofes +que hieren mortalmente los corazones, originando suicidios, tragedias y +otros lamentables casos. + +Una mano penetró en el escaparate, por la parte de la tienda, y +cogiendo á la señora por la cintura, se la llevó dentro. Al asombro de +Migajas sucedió una pena tan viva, que deseó morirse en aquel mismo +instante. ¡Ver desaparecer al objeto amado, cual si se lo tragara la +insaciable tumba, y no poder detener aquella existencia que se escapa, y +no poder seguirla aunque fuera al mismo infierno! ¡Desgracia superior á +las fuerzas de un mortal! Migajas estuvo á punto de caer al suelo; pensó +en el suicidio; invocó á Dios y al diablo.... + +--¡La han vendido!--murmuró sordamente. + +Y se arrancó los cabellos, y se arañó el rostro; y en las pataletas de +su desesperación, se le cayeron al suelo los fósforos, los periódicos y +los billetes de Lotería. ¡Intereses del mundo, no valéis lo que un +suspiro! + + +V + +Repuesto al cabo de su violenta emoción, el rapaz miró hacia el interior +de la tienda, y vio á unas niñas y á dos ó tres personas mayores +hablando con el alemán. Una de las chicas sostenía en sus brazos á la +dama de los pensamientos de Migajas. Hubiérase lanzado éste con ímpetu +salvaje dentro del local; pero se detuvo, temeroso de que, viendo su +facha estrambótica, le adjudicaran una paliza ó le entregasen á una +pareja. + +Fijo en la puerta, consideraba los horrores de la trata de blancos, de +aquella nefanda institución tirolesa, en la cual unos cuantos duros +deciden la suerte de honradas criaturas, entregándolas á la destructora +ferocidad de niños mal criados. ¡Ay! ¡Cuán miserable le parecía á +Pacorrito la naturaleza humana! + +Los que habían comprado á la señora salieron de la tienda y entraron en +un coche de lujo. ¡Cómo reían los tunantes! Hasta el más pequeño, que +era el más mimoso, se permitía tirar de los brazos á la desgraciada +muñeca, á pesar de tener él para su exclusivo goce variedad de +juguetillos propios de su edad. Las personas mayores también parecían +muy satisfechas de la adquisición. + +Mientras el lacayo recibía órdenes, Pacorrito, que era hombre de +resoluciones heróicas y audaces, concibió la idea de colgarse á la zaga +del coche. Así lo hizo, con la agilidad cuadrumana que emplean los +granujas cuando quieren pasear en carruaje de un cabo á otro de la +villa. + +Alargando el hocico hacia la derecha, veía asomar por la portezuela uno +de los brazos de la dama sacrificada al vil metal. Aquel brazo rígido y +aquel puño de rosa hablaban enérgico lenguaje á la imaginación de +Migajas, que en medio del estrépito de las ruedas oía estas palabras: +--¡Sálvame, Pacorrito mío, sálvame! + + +VI + +En el pórtico de la casa grande, donde se detuvo el coche, cesaron las +ilusiones del granuja, porque un criado le dijo que si manchaba el piso +con sus pies enlodados, le rompería el espinazo. Ante esta abrumadora +razón, Migajas se retiró, lleno el corazón de un ardiente anhelo de +venganza. + +Su fogoso temperamento le impulsaba á seguir adelante, arrojándose en +brazos de la fortuna, y en las tinieblas de lo imprevisto. Su alma se +adaptaba á las ruidosas y dramáticas aventuras. ¿Qué hizo el muy pillo? +Pues concertarse con los que iban á recoger la basura á la casa donde +estaba en esclavitud su adorada, y por tal medio, que podrá no ser +poético, pero que revela agudeza de ingenio, y un corazón como la copa +de un pino, Migajas se introdujo en el palacio. + +¡Cómo le palpitaba el corazón cuando subía y penetraba en la cocina! La +idea de estar cerca de _ella_ le confundía de tal suerte, que más de una +vez se le cayó la espuerta de la mano, derramándose en la escalera. Pero +de ningún modo podía saciar la ardiente sed de sus ojos, que anhelaban +ver á la hermosa dama. Sintió lejanos chillidos de niños juguetones; +pero nada más. La gran señora por ninguna parte aparecía. + +Los criados de la casa, viéndole tan pequeño y tan feo, le hacían mil +burlas; más uno de ello, que era algo compasivo, le daba golosinas. Una +mañana muy fría, el cocinero, ya fuese por lástima, ya por maldad, le +dio á beber de un vino áspero y picón como demonios. El granuja sintió +dulcísimo calor en todo el cuerpo, y un vapor ardiente que á la cabeza +le subía. Sus piernas flaqueaban; sus brazos desmayados caían con +abandono voluptuoso. Del pecho le brotaba una risa juguetona, que iba +afluyendo de su boca, cual arroyo sin fin, y Pacorrito reía y se +agarraba con ambas manos á la pared para no caer. + +Un puntapié vigoroso, aplicado en semejante parte, modificó un tanto la +risa, y puesta la mano en la parte dolorida, Pacorrito salió de la +cocina. Su cabeza seguía trastornada. Él no sabía á dónde le conducían +sus pasos. Corrió tambaleándose y riendo de nuevo; pisó fríos ladrillos, +y después suave entarimado, y luego tibias alfombras. + +De repente sus ojos se detuvieron en un objeto que en el suelo yacía. +¡Cielos!... Migajas exhaló un rugido de dolor, y cayó de rodillas. + +Allí, tendida como un cadáver, los vestidos rasgados y en desorden, +partida la frente alabastrina, roto uno de los brazos, desgreñado el +pelo, estaba la señora de sus pensamientos ¡Lastimoso cuadro que partía +el corazón! + +Nuestro héroe, durante un rato, no pudo articular palabra. La voz se +ahogaba en su garganta. Estrechó contra su corazón aquél frío cuerpo +inanimado, cubriéndolo de besos ardientes. La señora tenía abiertos los +ojos, y miraba con melancólica dulzura á su fiel adorador. A pesar de +sus horribles heridas y del lastimoso estado de su cuerpo, la noble dama +vivía. Pacorrito lo conoció en la luz singular de sus quietos ojos +azules, que despedían llamaradas de amor y gratitud. + +--Señora, ¿quién os trajo á tan triste estado?--exclamó en tono +patético, angustioso. + +Pero pronto al dolor agudísimo sucedió la ira, y Pacorrito pensó tomar +venganza de aquel descomunal agravio. + +Como en el mismo instante sintiera pasos, cargó en sus brazos á la +gentil dama, echando á correr con ella fuera de la casa. Bajó la +escalera, atravesó el patio, salió á la calle con tanta velocidad. Su +carrera era como la del pájaro que, al robar su grano, oye el tiro del +cazador, y sintiéndose ileso, quiere poner entre su persona y la +escopeta toda la distancia posible. + +Corrió por una, dos, tres, diez calles, hasta que creyéndose bastante +lejos, descansó, poniendo sobre sus rodillas el precioso objeto de su +insensato amor. + + +VII + +Vino la noche, y Pacorrito vió con placer las dulces sombras que +envolvían el atrevido rapto, protegiendo sus honestos amores. Examinando +atentamente las heridas del descalabrado cuerpo de su adorada, observó +que no eran de gravedad, aunque por los agujeros del cráneo se le verían +los sesos, si los tuviera, y toda la estopa del corazón se salía á +borbotones por diferentes heridas. El traje estaba hecho girones, y +parte de la cabellera se había quedado en el camino durante la veloz +corrida. Inundósele el alma de pena al considerar que carecía de fondos +para hacer frente á situación tan apurada. Con el abandono de su +comercio se le habían vaciado los bolsillos, y una mujer amada, +mayormente si no está bien de salud, es fuente inagotable de gastos. +Migajas se tentó aquella parte de su andrajosa ropa donde solía tener +la calderilla, y no halló ni tampoco un triste ochavo. + +--Ahora--pensó--ahora necesitaré casa, cama, la mar de médicos y +cirujanos, modista, mucha comida, un buen fuego... y nada tengo. + +Pero como estaba tan fatigado, recostó la cabeza sobre el cuerpo de su +ídolo, y se durmió como un ángel. + +Entonces, ¡oh prodigio! la señora se fué reanimando, y levantándose al +fin, mostró á Pacorrito su risueño semblante, su noble frente sin +ninguna herida, su cuerpo esbelto sin la más leve rotura, su vestido +completo y limpio, su cabellera rizosa y perfumada, su sombrero +coquetón, que adornaban diminutas flores; en suma, se mostró perfecta y +acabadamente hermosa, tal como la conoció el muchacho en la vitrina. + +¡Ay! Migajas se quedó deslumhrado, atónito, suspenso, sin habla. Púsose +de rodillas y adoró á la señora como á una divinidad. Entonces ella tomó +la mano al granuja, y con voz entera, más dulce que el canto de los +ruiseñores, le dijo: + +--Pacorrito, sígueme, ven conmigo. Quiero demostrarte mi agradecimiento +y el sublime amor que has sabido inspirarme. Has sido constante, leal, +generoso y heróico, porque me has salvado del poder de aquellos vándalos +que me martirizaban. Mereces mi corazón y mi mano. Ven, sígueme y no +seas bobo, ni te creas inferior á mí porque estás vestido de pingos. + +Observó Migajas la deslumbradora apostura de la dama, el lujo con que +vestía, y lleno de pena exclamó: + +--Señora, ¿á dónde he de ir yo con esta facha? + +La hermosa dama no contestó, y tirando de la mano á Pacorrito, le llevó +por misteriosa región de sombras. + + +VIII + +El granuja vió al cabo una gran sala iluminada y llena de preciosidades, +cuya forma no pudo precisar bien en el primer momento. Al poco rato, +comenzó á percibir con claridad mil figurillas diversas, como las que +poblaban la tienda donde había conocido á su adorada. Lo que más llamó +su atención fué ver que salieron á recibirles, luciendo sus flamantes +vestidos, todas las damas que acompañaban en el escaparate á la gran +señora. + +La cual contestó con una grave y ceremoniosa cortesía á los saludos de +todas ellas. Parecía ser de superior condición, algo como princesa, +reina ó emperatriz. Su gesto soberano y su gallardo continente, sin +altanería, revelaban dominio sobre las demás. Al instante presentó á +Pacorrito. Este se quedó todo turbado y más rojo que una amapola cuando +la Princesa, tomándole de la mano, dijo: + +--Presento á ustedes al Sr. D. Pacorro de las Migajas, que viene á +honrarnos esta noche. + +Al pobre chico se le cayeron las alas del corazón cuando observó el +desmedido lujo que allí reinaba, comparándolo con su pobreza, sus pies +desnudos, sus calzones sujetos con un tirante y su chaqueta cortada por +los codos. + +«Ya adivino lo que piensas--manifestó la Princesa con disimulo.--Tu +traje no es el más conveniente para una fiesta como la de esta noche. En +rigor, de verdad, no estás presentable. + +--Señora, mi pícaro sastre--murmuró Pacorrito, creyendo que una +mentirilla pondría á salvo su decoro,--no me ha acabado la condenada +ropa. + +--Aquí te vestiremos--indicó la noble dama. + +Los lacayos de aquella extraña mansión eran monos pequeños y +graciosísimos. De pajes hacían unos loros diminutos, de esos que llaman +_Pericos_, y varias pajaritas de papel. Estas no se apartaban un momento +de la señora. + +La servidumbre se ocupó al punto de arreglar un poco la desgraciada +figura del buen Migajas. Con unas fosforeras doradas y muy monas en +forma de zapatos, le calzaron al momento. Por gorguera le pusieron +medio farolillo de papel encarnado, y de una jardinera de mimbres +hiciéronle una especie de sombrerete pastoril, con graciosas flores +adornado. Al cuello le colgaron, á modo de condecoraciones, la chapa de +un kepis elegantísimo, una fosforera redonda que parecía reloj y el +tapón de cristal de un frasquito de esencias. Las pajaritas tuvieron la +buena ocurrencia de ponerle en la cintura, á guisa de espada ó daga, una +lujosa plegadera de marfil. Con éstas y otras invenciones para ocultar +sus haraposos vestidos, el vendedor de periódicos quedó tan guapo que no +parecía el mismo. Mucho se vanaglorió de su persona cuando le pusieron +ante el espejo de un estuche de costura para que se mirase. Estaba el +chico deslumbrador. + + +IX + +En seguida principió el baile. Varios canarios cantaban en sus jaulas +walses y habaneras, y las cajas de música tocaban solas, así como los +clarinetes y cornetines, que se movían á sí mismos sus llaves con gran +destreza. Los violines también se las componían de un modo extraño para +pulsarse á sí propios sus cuerdas, y las trompetas se soplaban unas á +otras. La música era un poco discordante; pero Migajas, en la exaltación +de su espíritu, la hallaba encantadora. + +No es necesario decir que la Princesa bailó con nuestro héroe. Las otras +damas tenían por pareja á militares de alta graduación, ó á soberanos +que habían dejado sus caballos á la puerta. Entre aquellas figuras +interesantísimas se veía á Bismarck, al Emperador do Alemania, á +Napoleón y á otros grandes hombres. Migajas no cabía en su pellejo de +puro orgulloso. + +Pintar las emociones de su alma cuando se lanzaba á las vertiginosas +curvas del wals con su amada en brazos, fuera imposible. La dulce +respiración de la Princesa y sus cabellos de oro acariciaban blandamente +la cara de Pacorrito, haciéndole cosquillas y causándole cierta +embriaguez. La mirada amorosa de la gentil dama ó un suave quejido de +cansancio acababan de enloquecerle. + +En lo mejor del baile, los monos anunciaron que la cena estaba servida, +y al punto se desconcertó el cotarro. Ya nadie pensó más que en comer, y +al bueno de Migajas se le alegraron los espíritus, porque, sin perjuicio +de la espiritualidad de su amor, tenía un hambre de mil demonios. + + +X + +El comedor era precioso, y la mesa magnífica; las vajillas y toda la +loza de lo mejor que se ha fabricado para muñecas, y multitud de +ramilletes esparcían su fragancia y mostraban sus colores en pequeños +búcaros, en hueveras, y algunos en dedales. + +Pacorrito ocupó el asiento á la derecha de la Princesa. Empezaron á +comer. Servían los pericos y las pajaritas tan bien y con tanta +precisión como los soldados que maniobran en una parada á la orden de su +General. Los platos eran exquisitos, y todos crudos ó fiambres. Si la +comida no disgustó á Migajas al comenzar, pronto empezó á producirle +cierto empacho, aun antes de haber tragado como un buitre. Componían el +festín pedacitos de mazapán, pavos más chicos que pájaros y que se +engullían de un solo bocado, filetes y besugos como almendras, un rico +principio de cañamones y un pastel de alpiste _á la canaria_, albóndigas +de miga de pan á la _perdigona_, fricasé de ojos de faisán en salsa de +moras silvestres, ensalada de musgo, dulces riquísimos y frutas de todas +clases, que los pericos habían cosechado en un tapiz donde estaban +bordadas, siendo los melones como uvas y las uvas como lentejas. + +Durante la comida, todos charlaban por los codos, excepto Pacorrito, que +por ser muy corto de genio no desplegaba sus labios. La presencia de +aquellos personajes de uniforme y entorchados le tenían perplejo, y se +asombraba mucho de ver tan charlatanes y retozones á los que en el +escaparate estaban tiesos y mudos cual si fuesen de barro. + +Principalmente el llamado Bismarck no paraba. Decía mil chirigotas, daba +manotadas sobre la mesa, y arrojaba á la Princesa bolitas de pan. Movía +sus brazos como atolondrado, cual si los goznes de éstos tuviesen un +hilo, y oculta mano tirase de él por debajo de la mesa. + +«¡Cómo me estoy divirtiendo!--decía el Canciller.--Querida Princesa, +cuando uno se pasa la vida adornando una chimenea, entre un reloj, una +figura de bronce y un tiesto de begonia, estas fiestas le rejuvenecen y +le dan alegría para todo el año. + +--¡Ay! dichosos mil veces--dijo la señora con melancólico acento--los +que no tienen otro oficio que adornar chimeneas y entredoses. Esos se +aburren, pero no padecen como nosotras, que vivimos en continuo +martirio, destinadas á servir de juguete á los hombres chicos. No podré +pintar á usted, señor de Bismarck, lo que se sufre cuando uno nos tira +del brazo derecho, otro del izquierdo; cuando éste nos rompe la cabeza y +aquél nos descuartiza, ó nos pone de remojo, ó nos abre en canal para +ver lo que tenemos dentro del cuerpo. + +--Ya lo supongo--contestó el Canciller abriendo los brazos; cerrándolos +repetidas veces. + +--¡Oh, desgraciados, desgraciados!--exclamaron en coro los Emperadores, +Espartero y demás personajes. + +--Y menos desgraciada yo--añadió la dama,--que encontré un protector y +amigo en el valeroso y constante Migajas, que supo librarme del bárbaro +suplicio.» + +Pacorro se puso colorado hasta la raíz del pelo. + +«Valeroso y constante--repitieron á una las muñecas todas, en tono de +admiración. + +--Por eso--continuó la Princesa--esta noche, en que nuestro Genio +Creador nos permite reunimos para celebrar el primer día del año, he +querido obsequiarle, trayéndole conmigo, y dándole mi mano de esposa, en +señal de alianza y reconciliación entre el linaje muñequil y los niños +juiciosos y compasivos. + + +XI + +Cuando esto decía, el señor de Bismarck miraba á Pacorrito con expresión +de burla tan picante y maligna, que nuestro insigne héroe se llenó de +coraje. En el mismo instante, el tuno del Canciller disparó una bolita +de pan con tanta puntería, que por poco deja ciego á Migajas. Pero éste, +como era tan prudente y el prototipo de la circunspección, calló y +disimuló. + +La Princesa le dirigía miradas de amor y gratitud. + +«¡Cómo me estoy divirtiendo!--repitió Bismarck dando palmadas con sus +manos de madera.--Mientras llega la hora de volver junto al reloj y de +oir su incesante tic-tac, divirtámonos, embriaguémonos, seamos felices. +Si el caballero Pacorrito quisiera pregonar _La Correspondencia_, nos +reiríamos un rato. + +--El señor de Migajas--dijo la Princesa mirándole con benevolencia--no +ha venido aquí á divertirnos. Eso no quita que le oigamos con gusto +pregonar _La Correspondencia_ y los fósforos si quiere hacerlo.» + +Hallaba el granuja esta proposición tan contraria á su dignidad y +decoro, que se llenó de aflicción y no supo qué contestar á su adorada. + +«¡Qué baile!--gritó el Canciller con desparpajo,--que baile encima de la +mesa. Y si no lo quiere hacer, pido que se le quiten los adornos que se +le han puesto, dejándole cubierto de andrajos y descalzo, como cuando +entró aquí.» + +Migajas sintió que afluía toda su sangre al corazón. Su cólera impetuosa +no le permitió pronunciar una sola sílaba. + +«No seáis cruel, mi querido Príncipe--dijo la señora sonriendo.--Por lo +demás, yo espero quitarle al buen Migajas esos humos que está echando.» + +Una carcajada general acogió estas palabras, y allí era de ver todas las +muñecas, y los más celebres generales y emperadores del mundo, dándose +simultáneamente cachiporrazos en la cabeza como las figuras de Guignol. + +«¡Qué baile! ¡Que pregone _La Correspondencia_»--clamaron todos. + +Migajas se sintió desfallecer. Era en él tan poderoso el sentimiento de +la dignidad, que antes muriera que pasar por la degradación que se le +proponía. Iba á contestar, cuando el maligno Canciller tomó una paja +larga y fina, sacada al parecer de una costilla de labores, y mojando la +punta en saliva se la metió por una oreja á Pacorrito con tanta +presteza, que éste no se enteró de la grosera familiaridad hasta que +hubo experimentado la sacudida nerviosa que tales chanzas ocasionan. + +Ciego de furor, echó mano al cinto y blandió la plegadera. Las damas +prorrumpieron en gritos, y la Princesa se desmayó. Pero no aplacado con +esto el fiero Migajas, sino, por el contrario más rabioso, arremetió +contra los insolentes, y, empezó á repartir estacazos á diestra y +siniestra, rompiendo cabezas que era un primor. Oíanse alaridos, ternos, +amenazas. Hasta los pericos graznaban, y las pajaritas movían sus colas +de papel en señal de pánico. + +Un momento después, nadie se burlaba del bravo Migajas. El Canciller +andaba recogiendo del suelo sus dos brazos y sus dos piernas (caso raro +que no puede explicarse), y todos los emperadores se habían quedado sin +nariz. Poco á poco, con saliva y cierta destreza ingénita, se iban +curando todos los desperfectos; que esta ventaja tiene la cirugía +muñequil. La Princesa, repuesta de su desmayo con las esencias que en un +casco de avellana le trajeron sus pajes, llamó aparte al granuja, y +llevándole á su camarín reservado, le habló á solas de esta manera: + + +XII + +«Inclito Migajas, lo que acabas de hacer, lejos le amenguar el amor que +puse en tí, lo aumenta, porque me has probado tu valor indómito, +triunfando con facilidad de toda esa caterva de muñecos bufones, la peor +casta de seres que conozco. Movida por los dulces afectos que me +impulsan hacia tí, te propongo ahora solemnemente que seas mi esposo, +sin pérdida de tiempo.» + +Pacorrito cayó de rodillas. + +«Cuando nos casemos--continuó la señora--no habrá uno solo de esos +emperadorcillos y cancilleretes que no te acate y reverencie como á mí +misma, porque has de saber que yo soy la Reina de todos los que en +aquesta parte del mundo existen, y mis títulos no son usurpados, sino +transmitidos por la divina Ley muñequil que estableciera el Supremo +Genio que nos creó y nos gobierna. + +--Señora, señora mía--dijo, ó quiso decir Migajas--mi dicha es tanta que +no puedo expresarla. + +--Pues bien--manifestó la señora con majestad--puesto que quieres ser mi +esposo, y por consiguiente, Príncipe y señor de estos monigotiles +reinos, debo advertirte que para ello es necesario que renuncies á tu +personalidad humana. + +--No comprendo lo que quiere decir Vuestra Alteza. + +--Tú perteneces al linaje humano, yo no. Siendo distintas nuestras +naturalezas, no podemos unirnos. Es preciso que tú cambies la tuya por +la mía, lo cual puedes hacer fácilmente con sólo quererlo. Respóndeme, +pues. Pacorrito Migajas, hijo del hombre, ¿quieres ser muñeco? + +La singularidad de esta pregunta tuvo en suspenso al granuja durante +breve rato. + +«¿Y qué es eso de ser muñeco?--preguntó al fin. + +--Ser como yo. La naturaleza nuestra es quizás más perfecta que la +humana. Nosotros carecemos de vida, aparentemente; pero la tenemos +grande en nosotros mismos. Para los imperfectos sentidos de los hombres, +carecemos de movimiento, de afectos y de palabra; pero no es así. Ya ves +cómo nos movemos, cómo sentimos y cómo hablamos. Nuestro destino no es, +en verdad, muy lisonjero por ahora, porque servimos para entretener á +los niños de tu linaje, y aun á los hombres del mismo; pero, en cambio +de esta desventaja, somos eternos. + +--¡Eternos! + +--Sí, nosotros vivimos eternamente. Si nos rompen esos crueles +chiquillos, renacemos de nuestra destrucción y tornamos á vivir, +describiendo sin cesar un tenebroso círculo desde la tienda á las manos +de los niños, y de las manos de los niños á la fábrica tirolesa, y de la +fábrica á la tienda, por los siglos de los siglos. + +--¡Por los siglos de los siglos!--repitió Migajas absorto. + +--Pasamos malísimos ratos, eso sí--añadió la señora;--pero en cambio no +conocemos el morir, y nuestro Genio Creador nos permite reunirnos en +ciertas festividades para celebrar las glorias de la estirpe, tal como +lo hacemos esta noche. No podemos evadir ninguna de las leyes de nuestra +naturaleza; no nos es dado pasar al reino humano, á pesar de que á los +hombres se les permite venir al nuestro, convirtiéndose en monigotes +netos. + +--¡Cosa más particular!--exclamó Migajas lleno de asombro. + +--Ya sabes todo lo necesario para la iniciación muñequillesca. Nuestros +dogmas son muy sencillos. Ahora medítalo y responde á mi pregunta: +¿quieres ser muñeco? + +La Princesa tenía unos desplantes de sacerdotisa antigua, que cautivaron +más á Pacorrito. + +«Quiero ser muñeco,» afirmó el granuja con aplomo. + +Y al punto la Princesa trazó unos endiablados signos en el espacio, +pronunciando palabrotas que Pacorro no sabia si eran latín, chino ó +caldeo, pero que de seguro serían tirolés. Después la dama dio un +estrecho abrazo al bravo Migajas, y le dijo: + +«Ahora ya eres mi esposo. Yo tengo poder para casar, así como lo tengo +para recibir neófitos en nuestra gran Ley. Amado Principillo mío, +bendito seas por los siglos de los siglos.» + +Toda la corte de figurillas entró de repente, cantando con música de +canarios y ruiseñores: «Por los siglos de los siglos.» + + +XIII + +Discurrieron por los salones en parejas. Migajas daba el brazo á su +consorte. + +«¡Es lástima--dijo ésta--que nuestras horas de placer sean tan breves! +Pronto tendremos que volver á nuestros puestos.» + +El Serenísimo Migajas experimentaba, desde el instante de su +transformación, sensaciones peregrinas. La más extraña era haber perdido +por completo el sentido del paladar y la noción del alimento. Todo lo +que había comido era para él como si su estómago fuese una cesta ó una +caja, y hubiera encerrado en ella mil manjares de cartón que ni se +digerían, ni alimentaban, ni tenían peso, substancia ni gusto. + +Además, no se sentía dueño de sus movimientos, y tenía que andar con +cierto compás difícil. Notaba en su cuerpo una gran dureza, como si todo +él fuese hueso, madera ó barro. Al tentarse, su persona sonaba á +porcelana. Hasta la ropa era dura, y nada diferente del cuerpo. + +Cuando, solo ya con su mujercita, la estrechó entre sus brazos, no +experimentó sensación alguna de placer divino ni humano, sino el choque +áspero de dos cuerpos duros y fríos. Besóla en las mejillas, y las +encontró heladas. En vano su espíritu, sediento de goces, llamaba con +furor á la naturaleza. La naturaleza en él era cosa de cacharrería. +Sintió palpitar su corazón como una máquina de reloj Sus pensamientos +subsistían, pero todo lo restante era insensible materia. + +La Princesa se mostraba muy complacida. + +«¿Qué tienes, amor mío?--preguntó á Pacorrito viendo su expresión de +desconsuelo. + +--Me aburro soberanamente, chica--dijo el galán, adquiriendo confianza. + +--Ya te irás acostumbrando. ¡Oh deliciosos instantes! Si durárais mucho, +no podríamos vivir. + +--¡A esto llama delicioso tu Alteza!--exclamó Migajas.--¡Dios mío, qué +frialdad, qué dureza, qué vacío, qué rigidez! + +--Tienes aún los resabios humanos, y el vicio de los estragados +sentidos del hombre. Pacorrito, modera tus arrebatos ó trastornarás con +tu mal ejemplo á todo el muñequismo viviente. + +--¡Vida, vida, sangre, calor, pellejo!--gritó Migajas con desesperación, +agitándose como un insensato.--¿Qué es esto que pasa en mí?» + +La Princesa le estrechó en sus brazos, y besándole con sus rojos labios +de cera, exclamó: + +«Eres mío, mío por los siglos de los siglos.» + +En aquel instante oyóse gran bulla y muchas voces que decían: «¡La hora, +la hora!» + +Doce campanadas saludaron la entrada del Año Nuevo. Todo desapareció de +súbito á los ojos de Pacorrito: Princesa, palacio, muñecos, emperadores, +y se quedó solo. + + +XIV + +Se quedó solo y en obscuridad profunda. + +Quiso gritar y no tenía voz. Quiso moverse y carecía de movimiento. Era +piedra. + +Lleno de congoja esperó. Vino por fin el día, y entonces Pacorrito se +vió en su antigua forma; pero todo de un color, y al parecer de una +misma materia: cara, brazos, ropa, cabello y hasta los periódicos que +en la mano tenía. + +»Ya no me queda duda--exclamó llorando por dentro.--Soy mismamente como +un ladrillo. + +Vió que frente á él había un gran cristal con algunas letras del revés. +A un lado multitud de figurillas y objetos de capricho le acompañaban. + +«¡Estoy en el escaparate!... ¡Horror!» + +Un mozo le tomó cuidadosamente en la mano, y después de limpiarle el +polvo volvió á ponerle en su sitio. + +Su Alteza Serenísima vió que en el pedestal donde estaba colocado, había +una tarjeta con esta cifra: 240 _reales_. + +«Dios mío, es un tesoro lo que valgo. Esto al menos le consuela á uno.» + +Y la gente se detenía por la parte de afuera del cristal, para ver la +graciosa escultura de barro amarillo representando un vendedor de +periódicos y cerillas. Todos alababan la destreza del artista, todos se +reían observando la chusca fisonomía y la chavacana figura del gran +Migajas, mientras éste, en lo íntimo de su insensible barro, no cesaba +de exclamar con angustia: + +«Muñeco, muñeco, por los siglos de los siglos!» + +Enero de 1879. + + + + +JUNIO[2] + + +I + +En el jardín. + + +Mayo se enojará, lo sé; pero rindiendo culto á la verdad, es preciso +decírselo en sus barbas. Sí: el imperio de las flores en nuestro clima, +no le corresponde. + +¡Tunante! ¿Qué dirán de él en la otra vida las almas de aquellas +pobrecitas á quienes dejó morir de frío después de abrasarlas con +importunos calores? En cambio, Junio, si alguna vez las calienta con +demasiado celo (porque es algo brusco, llanote y toma muy á pecho sus +obligaciones), también las orea delicadamente con abanico, no con el +atronador fuelle de los vientos septentrionales; se desvive por tenerlas +en templada atmósfera, las abriga y las refresca, todo con esmerado +pulso y medida; dales savia fecunda, primorosa luz, sustento benéfico, +frescas y transparentes aguas. Hay que ver cómo derrocha este +capitalista sus tesoros, calor, luz, frescura y aire, humedad y lumbre. +Se parecería á muchos ricos de la tierra si no empleara toda su fortuna +en hacer bien. + +Aquí están sus obras. + +Ved los pensamientos, con sus caritas amarillas y sus caperuzas de +terciopelo. Miran á un lado y á otro, mecidos por el delicioso aliento +de la mañana, y tiemblan de gozo contemplándose tan guapos, tan +saludables, tan vividores. Los ojuelos negros de estos enanos, que, á +semejanza de los ángeles menores, no tienen sino cabeza y alas, nos +miran con picaresca malicia, y hasta parece que se ríen, los muy pillos, +cuando el viento les hace dar cabezadas unos contra otros, agitándolos +en toda la extensión de su inmensa falanje. Los hay pálidos y +linfáticos; los hay sanguíneos y mofletudos; unos se calan el gorrito +hasta las cejas; otros lo echan hacia atrás; éstos parecen calvos; de +aquéllos se diría que gastan barbas, y todos están más alegres que unas +pascuas, y en su charlar ignoto exclaman sin duda: «Compañeros, á vivir +se ha dicho. ¡Buena panzada de aire, de luz y de agua nos estamos +dando!» + +Más juiciosas son esas chiquillas que llaman minutisas, pues si las han +puesto en compañía de tales granujas, saben ellas formar grupos +encantadores, ramilletes que parecen corrillos, y jugando á la rueda sin +admitir á ningún intruso, se entienden solas. Estas lindas estrellas de +la tierra, que esmaltan los jardines con su púrpura risueña, son +parientas lejanas del orgulloso clavel. ¡Nadie lo diría, porque son tan +modestas...! + +Allí está. ¡Qué noblemente pliega el aromático turbante blanco y rojo de +mil rizos! Salud al califa espléndido, magnífico, soberano. La +embriagadora poesía que de él brota incita al sibaritismo, á las +ardientes pasiones. ¡Ah calaverón!... Este vicioso es tan popular, que +hasta los pobres más pobres lo crían, aunque sea en una olla rota. +Parece que hace soñar, como el opio, felicidades imposibles. Su fuerte +aroma sensual es como una visión. + +No son así las rosas, que aparecen en este mes en primoroso estado de +madurez. Las de Mayo eran niñas, éstas son damas, y en sus abiertas +hojas ahuecadas, blandas, puras, tenues, hay no sé qué magistral arte +del mundo. Si Dios les concediera un soplo más de vida, uno no más, +hablarían seguramente; pero más vale que estén mudas. Una gracia +infinita, una delicadeza incomparable, una hermosura ideal, hacen de +esta flor la sonrisa de la Naturaleza. Cuando las rosas mueren, el +mundo se pone serio. + +Allá lejos, encaramado sobre la tapia ó al arrimo de la antigua pared, +buscando la soledad, buscando la altura, esperando con ansia la sosegada +noche, está el galán, el poeta sentimental, el romántico jazmín, en una +palabra. Pálido y pequeño, toda su vida es alma. Le tocan, y cae del +tallo. Vive del sentimiento, ama la noche, y si los aromas fueran +música, el jazmín seria el ruiseñor. + +Fijemos la vista en las gallardas peonías. No se necesitan ciertamente +anteojos para verlas, según son de abultadas y presumidas. No merecen +mis simpatías estas enfáticas señoras que todo lo gastan en trapos; y si +está fuera de duda que son bellas, ello es que antes admiran que +enamoran, y su hermosura más tiene de aparente que de real. Nada, nada; +aquí hay algo postizo: estas señoras se pintan. + +Grande y vistosa es también aquélla. Saludemos á la magnolia, princesa +india que ha venido de viaje y se ha quedado en nuestro clima. No está +bien de salud la señora; pero ¡qué aristocrática, qué regia es esta +amazona! No se contenta con ser fragante y deliciosa flor, sino que +quiere ser árbol, es decir, hombre. Ved cómo cabalga en la alta rama, y +atrevida mira cara á cara al olmo corpulento, al castaño de mil flores y +al quijotesco eucaliptus. + +Por el suelo rastrea muchedumbre de pajes y espoliques, alelíes, +espuelas de caballero, gentezuela menuda que vive de la adulación, á la +sombra de los grandes señores, y el bíblico lirio, vestido siempre de +Nazareno. La madreselva, arisca y melancólica por la nostalgia que la +perturba, busca el campo de donde contra su voluntad la han traído; mira +ansiosa á todos lados para orientarse; se va arrastrando por los +troncos, por las barandillas, por las escalinatas, hasta que logra tocar +con su crispada mano la cerca; sube; va trepando, trepando, y se asoma +para ver horizontes y el libre espacio y hacerse la ilusión de que es +libre. Esta flor, como muchas personas, no tiene más que manos, y son +blancas, finas, aromáticas; pero aunque contrae sus finos dedos, cual si +fuera á coger alguna cosa, jamás coge nada. + +¡Paso al pueblo! La inmensa república de geranios todo lo llena. Parece +que no hay tierra bastante para estos gorros colorados que se reproducen +con facilidad maravillosa, y crecen como la plebe, duran como la +ignorancia, y resisten fríos y soles como la pobreza. Para que nada +falte, hasta los cactus, caterva de repugnantes bufones, se engalanan +con gorritos de vistosas plumas; otros se ponen gregüescos amarillos, y +algunos se encargan vestidos completos de Mefistófeles, como estudiantes +en Carnaval, y tienen el descaro de vestir con ellos sus ventrudos +cuerpos. Otros, flacos y verrugosos, siguen con las manos en los +bolsillos, riéndose de todo y agitando el bastón con borlas de +escarlata. Pero á nadie hacen gracia estas caricaturas vegetales, flores +que parecen lagartos, sapos que parecen plantas, y viven aislados, sin +sociedad, visitados tan sólo de las abejas, que á menudo vienen á +decirles un secreto al oído. + +Si las violetas no hubiesen exhalado su último aroma en Mayo; si los +jacintos no estuvieran ya en el limbo de sus jóvenes cebolletas; si las +dalias, por el contrario, no durmiesen aún en el vientre de sus batatas; +si las petunias no se hallaran en estado de lactancia, y las campanillas +dando los primeros pasos; si las francesillas no hubiesen bajado también +al frío sepulcro de sus arañuelas, y las extrañas no estuvieran aún +cortando sus múltiples gasas de bailarina para presentarse en el Otoño, +el panorama floreal de Junio sería completo. + +NOTA: + +[2] Escribióse este artículo para la serie descriptiva de los doce meses +del año, publicada por la _Ilustración Española y Americana_ en su +_Almanaque_ de 1877. + + +II + +En el campo. + + +Un monstruo, un gigante, un figurón, que parece hombre y no es más que +espantajo, bracea y gesticula en medio del campo. Es el funcionario +inamovible encargado de advertir á los gorriones que el trigo no se ha +sembrado para ellos. ¡Ah! los gorriones, lo más canalla de la creación, +la casta de pillos y rateros más desvergonzados que hay sobre la tierra. +Cuando hicieron sus nidos, se metían en las casas para robar, de los +costureros de las señoras, hilachas y trapos, de que luego, con la mayor +destreza, hacían sábanas, almohadas y edredones para sus hijuelos. +Ahora, estos graciosos bandidos andan por esos mundos ejerciendo su +depravada rapacidad en los trigos y en las hortalizas. Todo se lo comen, +todo lo pican, todo lo han de catar, como si fuese preciso que dieran su +opinión sobre cuanto Dios cría en esta época. Si al menos fueran como +las amapolas, que aunque se meten en todas partes, no toman nada... ¡Qué +hermosos están los trigos! Llovió tan á tiempo, que la espiga ha salido +robusta y cuajada de corpulentos granos. Ya se está poniendo rubio, y +como continúe el tiempo seco y tibio (pues la lluvia, por San Juan, +quita vino y no da pan) pronto se le podrá meter la hoz. + +El labrador no le quita los ojos sino para mirar al cielo. Este es el +mes crítico, el mes de las esperanzas, el resumen del año, la cifra +adicional de esta larga cuenta de gastos y beneficios que doce meses +dura. El labrador está contento, y espera pagar la contribución, los +intereses del préstamo que le hizo el judío de la localidad; comprar +aperos nuevos, remendar la casa, regalarse por San Juan, y aun guardar +en el bolso tal cual pieza de á cinco duros para lo que pueda +sobrevenir. + +Escarda los trigos y los garbanzos, las lechugas, las habas; aporca las +patatas, y todas las siembras de primavera. Pasa revista á los árboles +frutales, á ver cómo van cuajando. Las cerezas abundan. En cuanto á los +perales, todavía no se sabe á punto fijo lo que darán; pero esta noble +familia, que es sumamente cortés y atenta, manda en este mes, como +regalo extraordinario, unas peritas sabrosas, que aceptamos con júbilo. +San Juan las trae, las apadrina y les da su nombre. El mismo santo, al +venir con su puntualidad acostumbrada, ha traído en el morral excelentes +brevas, y es tan fino y liberal, que dice que para el año que viene +traerá lo mismo. + +El labrador azufra las viñas, y después las aporca y arrodriga, dándoles +unos bastoncitos para que se apoyen y estiren sus entumecidos brazos. +Luego se ocupa en sembrar al aire libre zanahorias, perifollos, +escarolas diversas, coles de Milán rizadas, brécoles, malpicas, perejil +y otras muchas clases que constituyen la jerarquía ensaladesca, y entre +las cuales hay excelentes personas que nos acompañan á la mesa y se +dejan comer. + +También atiende á una faena tan interesante como útil. Llama á las +ovejas y les dice: «Con el calor que se ha entrado, señoras, para nada +necesitáis esos gabanes de invierno.» ¡Es admirable el equipo de la +muchedumbre pecuaria! Carnero hay que ostenta un carrik con el cual se +envanecerían muchos hombres; otros llevan luengo capote ruso de +blanquísima y espesa lana.--«Venga todo eso, y al fresco, +caballeritos--añade el ganadero--que vuestro próvido sastre os vestirá +gratis el año que viene, mientras yo tengo que arreglarme con vuestra +ropa de desecho.» Suenan las tijeras y empieza la operación de descortar +gabanes, paletós y bufandas. Hasta las ovejas más enseñoradas se quedan +sin sus manteletas, y los corderillos pierden sus chaquetitas de +astracán. + +En el corral aparece un día la gallina, muy satisfecha. Allá, como Dios +le da á entender, con sus cacareos sonoros, le dice al amo que ya tiene +_veinte criados más que le sirvan_. Y es buena casta de chicuelos: no +será preciso ponerles ama de cría, que ya saben ellos buscarse la vida. +Con el cuerpecillo cubierto de pelos y algo de cascarón adherido aún á +semejante parte, corren alrededor de su madre, asombrados de todo: del +cielo, de la luz, del aire, dándose el parabién por haber sabido escapar +de aquel lóbrego huevo donde los tenían encerrados contra toda justicia +y razón. Los patitos ven un charco, sienten bullir en su mente el genio +de Colón, y zás... al agua. Cuando regresan, la gallina les echa una +reprimenda por su osadía; pero son tan mal criados, que al poco rato +vuelven á hacer lo mismo. + +Los pavos grandecitos se ponen las corbatas rojas y la monterilla, y se +van al campo en manadas, sin juntarse con nadie más que con los de la +familia, porque estos fatuos son muy linajudos, y andan á compás, +gravemente, pronunciando palabrotas huecas y aun echando unos +discursazos, como los de ciertos oradores, llenos de apóstrofes y +epifonemas, pero sin pizca de sentido. + +Allá en el monte, entre las negras encinas y los tomillos, una escena +lamentable ocurre. Millares de señoras enfurecidas zumban y pican, +defendiendo el fruto de su maravillosa industria. Son las más diestras y +más pulcras fabricantes de mermeladas, almíbares y caramelos que hay en +la creación, y es por demás lastimoso que de la riquísima confitería con +tanto afán y labor tan prolija formada en largos días, venga á +incautarse un zafio ganapán, que con sus manos lavadas (ó sucias) se +apropia el delicioso néctar. Y no trate de disculparse el desvergonzado +gorrón diciendo que con la miel va á hacer medicinas, y con la cera +velas para los santos... «Aquí no se admiten subterfugios. Atrás, pillo, +ladrón, descamisado, demagogo. Pero todo es inútil. Se lleva, se lleva +nuestra cosecha, nuestro bienestar, nuestra riqueza. Pobres hermanas +arruinadas, ¿qué haremos para recobrar la perdida colmena?» Empezar +otra. + +Más allá.... Pero no: ya no se oye aquel persistente chasquido de hojas +magulladas; ya no percibimos el rumor de los voraces dientes. +¡Silencio!... Industriales de la tierra, fabricantes, obreros, +tejedores, artífices, todo el mundo de rodillas. El gusano de seda ha +empezado su capullo. + + +III + +En la cocina. + + +Como los prados están tan apetitosos para los ganados, la carne de este +mes es la mejor del año. La vaca y el carnero hacen honor á su alto +renombre. + +Todavía hay fresa abundante, y las cerezas entran enredadas unas en +otras, porque no les gusta ir solas; que bien se conoce su cortedad de +genio en el vivo rubor que enciende sus mejillas. Las uvas y melones no +vienen aún; pero Toledo nos manda sabrosos albaricoques. + +Los guisantes, los rabanitos y las alcachofas se presentan en la plaza +todos los días, acompañados de algún espárrago tardío, que pide mil +perdones por no haber venido antes. + +Los pollos nuevos, que hasta ahora no servían más que para guisados, +entran, y con mucha urbanidad nos piden que los asemos con setas. +Galantemente recomiendan, previa presentación, á sus primos los patitos +y á sus parientes las palomas silvestres. + +Un caballero, un prócer, un lord, aparece, sombrero en mano, suplicando +que lo metan de una vez en la cazuela, sin olvidarse de advertir que +aquélla ha de ser grande. Es talludo y obeso; viste impermeable blanco, +y su rosada piel indica que tenemos en casa á un caballero inglés. Es el +señor de Salmón. ¡Adelante! + +Tras él aparecen, pidiendo fuego y aceite y aromáticas especias, los +primeros lenguados, y traen afectuosos recaditos de las ostras, que no +pueden venir mientras los meses carezcan de _r_; y también asoman +algunos rodaballos y menudos pajeles. + +¿Quién más llega? La señora anguila, que viene en embajada de parte del +agua dulce... ¡Adelante! + + +IV + +En la religión. + + +Por más prisa que se da el pobrecito, no puede llegar hasta el día 13. +Viene jadeante, fatigado, los desnudos pies llenos de sangre por los +picotazos de las zarzas. En el camino ha estado predicando á las aves y +á los peces, y por eso no ha podido venir más pronto. Además, trae gran +pesadumbre sobre sus manos, que sustentan un libro, y sobre el libro un +divino Niño, que es el Redentor del mundo. Trae también una vara de +azucenas. + +Su humilde hábito franciscano está lleno de remiendos, señal inequívoca +de pobreza. Es su semblante juvenil, pálido, ardoroso, calenturiento, +porque la devoción le inflama, y sublime, místico amor le espiritualiza. + +Tiénele preocupado y melancólico el sinnúmero de matrimonios que le +piden y que no puede dar, así como el mal éxito de los que concedió +generosamente el año pasado. Prepárase á recibir cantidad mediana de +solicitudes pidiendo novios y no pocas demandas de buenas novias. ¡Ay! +él es tan bueno que está dispuesto á darlas, y las daría si las hubiera. + +¡Salve, santo de la juventud, de la inocencia, de los tiernos amores, +de las esperanzas risueñas! ¡Salve, adorno preciosísimo de los ciclos +celestiales, joven sublime, gran soldado de Cristo, apóstol de la +humanidad, amor del pobre, huésped cariñoso de las moradas modestas! +¡Salve, encarnación de la fe sencilla, de las creencias puras á que +debieron paz y consuelo las edades todas! Al poner tu descalzo pie en el +rústico altar del pobre, parece que las lóbregas estancias se llenan de +celeste luz. Rosadas nubes te circundan, y de tus azucenas se desprenden +finísimos aromas que embelesan el alma, dándole á conocer el puro +ambiente que en la mansión de los justos se respira. + +Recibe las piadosas ofrendas del pobre; acepta el fulgor de esas luces +de aceite, que palidecen entre los torrentes de claridad divina que +traes contigo, y presta oídos á los ruegos, á las recomendaciones y +solicitudes hechas con limpio corazón. + +En algunos pueblos son tan impíos, tan ingratos los labradores (esto lo +he visto), que cuando San Antonio no accede al suministro de novios, le +vuelven de espaldas en el altar, poniéndole con la cara hacia la pared, +y sé que una doncella desesperada le metió en el pozo atándole una +cuerda al cuello; pero estas excepciones irreverentes y sacrílegas no +merman en general la devoción y popularidad del santo paduano, ideal +figura del catolicismo, y uno de los seres más perfectos y menos +imitados, mientras anduvo en carne mortal por la tierra. + +Tras él viene otro no menos grande. Se ha detenido administrando el +primer Sacramento; pero ya está ahí: sólo que no gusta de entrar hasta +el día 24, y ni un solo año ha faltado á la costumbre. Recíbele, como á +San Antonio, la hueste frescachona de albahacas, unas plantas humildes, +olorosas, con olor de huerto más que de jardín, y muy frescas y +diminutas. Las hay como avellanas, en tiestecitos del tamaño de +almendras. + +Acompáñanle ciertos heraldos que se llaman las rosquillas de la tía +Javiera, y á su paso, el suelo está empedrado de buñuelos. Blanquecinas +hojas del árbol del Paraíso embalsaman la atmósfera en torno suyo. Todas +las flores de la estación salen á relucir sus lindas personas en +graciosos grupos que se llaman ramos. Matas diversas adornan las casas, +y los altares parece que reverdecen y se cubren de vegetación. En las +calles, en los campos, en el cerro, en la cabaña, en el monte, no se +encuentra un medio bastante expresivo para declarar la alegría que +inunda el mundo, y en vez de poner flores, encienden hogueras. Rosas y +llamas saludan al enviado de Dios. + +Inefable contento llena los pueblos; lo que no es extraño, porque todo +el mundo se llama Juan. La madrugada del 24 es la más poética de las +365 que hay en el año. No amanece, no, como en los demás días. Hay +playas donde aparecen fantásticas ciudades. El sol no se presenta sobre +el horizonte con la circunspección que parece inherente á sujeto de +tanto peso y calidad, no. Su Majestad entra bailando, haciendo graciosas +cabriolas y volteretas, cual si hubiera perdido el juicio ó empinado el +codo. En las puertas de todas las casas, pucheros, palanganas, barreños +llenos de agua reflejan las locuras del Rey de los astros, y los dibujos +que la juguetona luz hace en el líquido espejo son representaciones más +ó menos claras del destino individual. + +El rocío de esta madrugada tiene una misión tan singular como +interesante: sirve para conservar la belleza, y hasta las feas se lavan +en él, seguras de hermosear durante el año. Una clara de huevo puesta en +vaso de agua la noche anterior toma las más extrañas formas, y es +jeroglífico cuyos signos hablan, cuyas figuras emblemáticas anuncian las +contingencias de la vida. Si la caprichosa albúmina fabrica un ataúd, la +muerte está cerca. + +El santo ha perdido mucho tiempo la noche anterior recorriendo á la +calladita las casas para dejar juguetes en los zapatos de los chicos; +después ha puesto ramos en las ventanas de las mozas; y como éstas son +tantas y no es prudente desenojar á ninguna de ellas, el primo de Jesús +llega un poco tarde á la iglesia. Verdad es que tenemos misa mayor, la +cual no exige extraordinario madrugar. ¡Qué solemnidad, qué alegría, qué +exaltado entusiasmo respira la iglesia! El sermón versa sobre la +infancia de Jesús, asunto que no puede ser más bonito; y oyendo las +palabras del cura, parece que es el santo quien habla, porque alza el +dedo y su boca entreabierta expresa muy al vivo la emisión de la +palabra. + +Como el año ha sido bueno, la procesión no deja nada que desear en punto +á brincos, cohetes, vivas, cantares, piporrazos, aleluyas, flores, +ramos, tortas, plegarias. Por la tarde, algunas cabezas dan en el suelo +ó se estrellan contra la esquina. Es el alcohol que sube al pulpito. + +De noche, sobre el negro cielo, surgen las más hermosas especies de una +flora rutilante, tallos de fuego que se elevan rápidamente, y alla +arriba echan de improviso cantidad de flores, de luz, que duran un +momento y se deshojan cayendo en chispas: son los cohetes. Flores +gigantescas dan vueltas, como las imágenes luminosas del sueño +calenturiento; y torres fabricadas con arena de estrellas destácanse +imponentes, hasta que un soplo las destruye, cual si fueran ilusiones, y +todo queda más obscuro que antes. Una ráfaga luminosa flota en el negro +espacio, última chispa de la pólvora moribunda, que sonríe al espirar. +Es una cinta que pasa veloz: el gallardete de la cruz del santo. San +Juan se marcha. + +Los días pasan alegremente, y el 29 aparecen dos grandes llaves; tras de +las llaves, una mano que las empuña; tras de la mano, un brazo; después +una hermosa cabeza calva, un cuerpo robusto, un hombre con humilde saya +y los pies desnudos. Es el Príncipe de los Apóstoles, el primero de +todos los santos, el Pescador, Pedro, la piedra, el cimiento, la cabeza +de la Iglesia. Mucho hay que decir de él, muchísimo; pero el mismo santo +nos lo estorba, porque frunce el ceño, adelanta un paso, empuña la +llave, da vuelta... ¡charrás! y nos cierra este capítulo. + + +V + +En las escuelas. + + +Suspenso. Suspenso. Suspenso. Suspenso. + +Los campos se llenan de amapolas, el aire de mariposas, de flores el +jardín y la Universidad de calabazas. + +Muchos rapaces, sin embargo, se inflan al recibir la nota de +_sobresaliente_, en señal de que han salido del aula hechos unos pozos +de ciencia, y así se lo creen los papás. La estación da bachilleres en +artes con más abundancia que trigo, y es un contento ver tanto sabio +como sale á las anchas esferas del mundo. Por todas partes, matemáticos +jugando al trompo, químicos que saltan en la comba, y filósofos que +cabalgan en un palo. + +Los abogadillos en ciernes inundan los pueblos, y al verles, los autos +agitan alegres sus macilentas hojas. Los mediquillos de veintiún años +salen á tomar el pulso á la vida, con gran regocijo de la muerte. ¡Oh! +mes prolífico entre todos los meses; mes de los frutos, de las flores, +de las colmenas, de los mosquitos, de los exámenes; principal delegado +del Criador, porque todo lo crías, hasta los licenciados, falanje +infinita de donde sale el bullidor enjambre de los políticos, semillero +de pretendientes, de empleados, cesantes y agitadores. + + +VI + +En la Historia. + + +Pero también nos trajiste cosecha de grandes hombres. El día 3 nos diste +al Marqués de la Concordia (1743); el 5 al economista Adam Smith (1723); +el 6 creaste al gran Corneille, Príncipe de los trágicos franceses +(1606), y bautizaste á Velázquez, rey de nuestros pintores (1599); el +día 8 no te pareció bien dar uno solo, y nos echaste dos: el ingeniero +inglés Stephenson (1781), y el orador español Olózaga (1805). El 10 +vinieron un marino francés, Duguay-Trouin (1673), y el predicador +Flechier (1632). El 11, entre la opulencia de la primavera andaluza, +llena de luz, flores, aires tibios, arroyos murmuradores y poesía, +Córdoba sonrió, y le diste á Góngora (1561). El 12 aumentaste con Arjona +(1771) el número de los poetas menores. El 13 concediste á Young, +melancólico cantor de las _Noches_ (1773). Pero estos dones te parecían +mezquinos, y el 15 dijiste con orgullo: «allá va eso,» y nació en +Holanda Rembrandt (1606). Para que los españoles no nos enojáramos, nos +regalaste el 17 á Espoz y Mina (1781). Los ingleses, que no querían ser +menos, recibieron el 18 á Castelreagh (1769). Pero tú querías halagar á +Francia en aquella semana, y en un solo día, el 19, le diste á su primer +prosista, Pascal (1623), y á Lamennais (1782), y el 20 á Leconte (1812) +y el 21 á RoyerCollard (1763) y el 22 á Delille (1758). ¡Ay! +Comprendiste que á Alemania no le habías dado nada, y el mismo día 22 la +obsequiaste con Guillermo Humboldt (1767). Mehul (1763) y Malborough +(1650) fueron regalitos del día 24; Carlos XII (1682) del 27. + +Reservabas, sin embargo, tus mejores dones para los últimos días, y el +28 dijiste á la humanidad: «Ahí tienes á Rousseau» (1712). En un solo +día, el 29, ¡fecundidad asombrosa! hiciste tres obras maestras, que se +llamaron: Rubens (1577), Leopardi (1798) y Bastiat (1801). El mundo +insaciable pedía más, y el 30 le otorgaste un Emperador, Pedro el Grande +(1672), y un artista, Horacio Vernet (1789). + +Problema: dada tu fecundidad para producir grandes hombres, ¡oh Junio! +si hubieras tenido treinta y un días, ¿á quién nos hubieras dado en el +último? Ese hombre que no ha nacido, ¿quién es? ó mejor, ¿quién sería? + + * * * * * + +Pero también has matado gente. El 1.° te llevaste á Berthier; el 2 á D. +Alvaro de Luna; el 4 á Laura, la novia de Petrarca; el 5 á Egmongt y +Horn; el 8 á Jorge Sand; el 10 á Camôens; el 11 á Bacon; el 12 á Xavier +de Maistre; el 14 á Kleber; el 17 á D. Fermín Caballero; el 21 á +Moratín; el 24 á Zumalacárregui; el 25 á Monseñor D'Affre; el 26 á +Pizarro; el 27 al Marqués del Duero, y el 28 á Guillén de Castro. Has +segado, hermanito, has segado bastante. Esto prueba que tienes días +tristes. Muchos cayeron en ellos. En cuanto á mi, deseo que me dejes +para tu 31. + +Madrid, 1876. + + + + + + +End of Project Gutenberg's Torquemada en la hoguera, by B. Pérez Galdos + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TORQUEMADA EN LA HOGUERA *** + +***** This file should be named 15206-8.txt or 15206-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/5/2/0/15206/ + +Produced by Stan Goodman, Mariano Cecowski, Miranda van de Heijning +and the Online Distributed Proofreading Team. + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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