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+The Project Gutenberg EBook of Torquemada en la hoguera, by B. Pérez Galdos
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Torquemada en la hoguera
+ El artículo de fondo; La mula y el buey; La pluma en el viento; La
+ conjuración de las palabras; Un tribunal literario; La princesa y
+ el granuja; Junio
+
+
+Author: B. Pérez Galdos
+
+Release Date: February 28, 2005 [EBook #15206]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TORQUEMADA EN LA HOGUERA ***
+
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+
+Produced by Stan Goodman, Mariano Cecowski, Miranda van de Heijning
+and the Online Distributed Proofreading Team.
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+
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+B. PÉREZ GALDOS
+
+
+TORQUEMADA EN LA HOGUERA
+
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+MADRID
+
+1920
+
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+ÍNDICE
+
+
+Torquemada en la hoguera.
+El artículo de fondo.
+La mula y el buey.
+La pluma en el viento.
+La conjuración de las palabras.
+Un tribunal literario.
+La princesa y el granuja.
+Junio.
+
+
+
+
+_Reproduzco en este tomo, á continuación de la novela_ TORQUEMADA EN LA
+HOGUERA, _recientemente escrita, varias composiciones hace tiempo
+publicadas, y que no me atrevo á clasificar ahora, pues, no pudiendo en
+rigor de verdad llamarlas novelas, no sé qué nombre darles. Algunas
+podrían nombrarse cuentos, más que por su brevedad, por el sello de
+infancia que sus páginas llevan; otras son como ensayos narrativos ó
+descriptivos, con un desarrollo artificioso que oculta la escasez de
+asunto real; en otras resulta una tendencia crítica, que hoy parece
+falsa, pero que sin duda respondía, aunque vagamente, á ideas ó
+preocupaciones del tiempo en que fueron escritas, y en todas ellas el
+estudio de la realidad apenas se manifiesta en contados pasajes, como
+tentativa realizada con desconfianza y timidez.
+
+Fue mi propósito durante mucho tiempo no sacar nuevamente á luz estas
+primicias, anticuadas ya y fastidiosas; pero he tenido que hacerlo al
+fin cediendo al ruego de cariñosos amigos míos. Al incluirlas en el
+presente tomo, declaro que no está mi conciencia tranquila, y que me
+acuso de no haber tenido suficiente energía de carácter para seguir
+rechazando las sugestiones de indulgencia, en favor de estas obrillas.
+Temo mucho que el juicio del público concuerde con el que yo tenía
+formado, y que mis lectores las sentencien á volver á la región del
+olvido, de donde imprudentemente las saco, y que las manden allá otra
+vez, por tránsitos de la_ guardia critica. _Si así resultase, á mi y á
+mis amigos nos estará la lección bien merecida.
+
+_Lo único que debo hacer, en descargo de mi conciencia, es marcar al pie
+de cada una de estas composiciones la fecha en que fueron escritas; y no
+porque yo quiera darlas un valor documental, á falta del literario, sino
+para atenuar, hasta donde conseguirlo pueda, el desaliño, trivialidad,
+escasez de observación é inconsistencia de ideas que en ellas han de
+encontrar aún los que las lean con intención más benévola._
+
+B.P.G.
+
+MADRID, Junio de 1889.
+
+TORQUEMADA EN LA HOGUERA
+
+
+
+
+TORQUEMADA EN LA HOGUERA
+
+I
+
+Voy á contar cómo fue al quemadero el inhumano que tantas vidas
+infelices consumió en llamas; que á unos les traspasó los hígados con un
+hierro candente; á otros les puso en cazuela bien mechados, y á los
+demás les achicharró por partes; á fuego lento, con rebuscada y metódica
+saña. Voy á contar como vino el fiero sayón á ser víctima; cómo los
+odios que provocó se le volvieron lástima, y las nubes de maldiciones
+arrojaron sobre él lluvia de piedad; caso patético, caso muy ejemplar,
+señores, digno de contarse para enseñanza de todos, aviso de condenados
+y escarmiento de inquisidores.
+
+Mis amigos conocen ya, por lo que de él se me antojó referirles, á D.
+Francisco Torquemada, á quien algunos historiadores inéditos de estos
+tiempos llaman _Torquemada el Peor_. ¡Ay de mis buenos lectores si
+conocen al implacable fogonero de vidas y haciendas por tratos de otra
+clase, no tan sin malicia, no tan desinteresados como estas inocentes
+relaciones entre narrador y lector! Porque si han tenido algo que ver
+con él en cosa de más cuenta; si le han ido á pedir socorro en las
+pataletas de la agonía pecuniaria, más les valiera encomendarse á Dios y
+dejarse morir. Es Torquemada el habilitado de aquel infierno en que
+fenecen desnudos y fritos los deudores; hombres de más necesidades que
+posibles; empleados con más hijos que sueldo; otros ávidos de la nómina
+tras larga cesantía; militares trasladados de residencia, con familión y
+suegra de añadidura; personajes de flaco espíritu, poseedores de un buen
+destino, pero, con la carcoma de una mujercita que da tés y empeña el
+verbo para comprar las pastas; viudas lloronas que cobran del Montepío
+civil ó militar y se ven en mil apuros; sujetos diversos que no aciertan
+á resolver el problema aritmético en que se funda la existencia social,
+y otros muy perdidos, muy faltones, muy destornillados de cabeza ó rasos
+de moral, tramposos y embusteros.
+
+Pues todos éstos, el bueno y el malo, el desgraciado y el pillo, cada
+uno por su arte propio, pero siempre con su sangre y sus huesos, le
+amasa ron al sucio de Torquemada una fortunita que ya la quisieran
+muchos que se dan lustre en Madrid, muy estirados de guantes,
+estrenando ropa en todas las estaciones, y preguntando, como quien no
+pregunta nada: «Diga usted, ¿á cómo han quedado hoy los fondos?»
+
+El año de la Revolución, compró Torquemada una casa de corredor en la
+calle de San Blas, con vuelta á la de la Leche; finca muy aprovechada,
+con veinticuatro habitacioncitas, que daban, descontando insolvencias
+inevitables, reparaciones, contribución, etc., una renta de 1.300 reales
+al mes, equivalente á un siete ó siete y medio por ciento del capital.
+Todos los domingos se personaba en ella mi D. Francisco para hacer la
+cobranza, los recibos en una mano, en otra el bastón con puño de asta de
+ciervo; y los pobres inquilinos que tenían la desgracia de no poder ser
+puntuales, andaban desde el sábado por la tarde con él estómago
+descompuesto, porque la adusta cara, el carácter férreo del propietario,
+no concordaban con la idea que tenemos del día de fiesta, del día del
+Señor, todo descanso y alegría. El año de la Restauración, ya había
+duplicado Torquemada la pella con que 13 cogió la _gloriosa_, y el
+radical cambio político proporcionóle bonitos préstamos y anticipos.
+Situación nueva, nóminas frescas, pagas saneadas, negocio limpio. Los
+gobernadores flamantes que tenían que hacerse ropa, los funcionarios
+diversos que salían de la obscuridad, famélicos, le hicieron un buen
+Agosto. Toda la época de los conservadores fué regularcita; como que
+estos le daban juego con las esplendideces propias de la dominación, y
+los liberales también con sus ansias y necesidades no satisfechas. Al
+entrar en el gobierno, en 1881, los que tanto tiempo estuvieron sin
+catarlo, otra vez Torquemada en alza: préstamos de lo fino, adelantos de
+lo gordo, y vamos viviendo. Total, que ya le estaba echando el ojo á
+otra casa, no de corredor, sino de buena vecindad, casi nueva, bien
+acondicionada para inquilinos modestos, y que si no rentaba más que un
+tres y medio á todo tirar en cambio su administración y cobranza no
+darían las jaquecas de la cansada finca dominguera.
+
+Todo iba como una seda para aquella feroz hormiga, cuando de súbito le
+afligió el cielo con tremenda desgracia: se murió su mujer. Perdónenme
+mis lectores si les doy la noticia sin la preparación conveniente, pues
+sé que apreciaban á Doña Silvia, como la apreciábamos todos los que
+tuvimos el honor de tratarla, y conocíamos sus excelentes prendas y
+circunstancias. Falleció de cólico miserere, y he de decir, en aplauso
+de Torquemada, que no se omitió gasto de médico y botica para salvarle
+la vida á la pobre señora. Esta pérdida fue un golpe cruel para Don
+Francisco, pues habiendo vivido el matrímonio en santa y laboriosa paz
+durante más de cuatro lustros, los caracteres de ambos cónyuges se
+habían compenetrado de un modo perfecto, llegando á ser ella otro él, y
+él como cifra y refundición de ambos. Doña Silvia no sólo gobernaba la
+casa con magistral economía, sino que asesoraba á su pariente en los
+negocios difíciles, auxiliándole con sus luces y su experiencia para el
+préstamo. Ella defendiendo el céntimo en casa para que no se fuera á la
+calle, y él barriendo para adentro á fin de traer todo lo que pasara,
+formaron un matrimonio sin desperdicio, pareja que podría servir de
+modelo á cuantas hormigas hay debajo de la tierra y encima de ella.
+
+Estuvo Torquemada el _Peor_, los primeros días de su viudez, sin saber
+lo que le pasaba, dudando que pudiera sobrevivir á su cara mitad. Púsose
+más amarillo de lo que comunmente estaba, y le salieron algunas canas en
+el pelo y en la perilla. Pero el tiempo cumplió como suele cumplir
+siempre, endulzando lo amargo, limando con insensible diente las
+asperezas de la vida, y aunque el recuerdo de su esposa no se extinguió
+en el alma del usurero, el dolor hubo de calmarse; los días fueron
+perdiendo lentamente su fúnebre tristeza; despejóse el sol del alma,
+iluminando de nuevo las variadas combinaciones numéricas que en ella
+había; los negocios distrajeron al aburrido negociante, y á los dos años
+Torquemada parecía consolado; pero, entiéndase bien y repítase en honor
+suyo, sin malditas ganas de volver á casarse.
+
+Dos hijos le quedaron: Rufinita, cuyo nombre no es nuevo para mis
+amigos; y Valentinito, que ahora sale por primera vez. Entre la edad de
+uno y otro hallamos diez años de diferencia, pues á mi Doña Silvia se le
+malograron más ó menos prematuramente todas las crías intermedias,
+quedándole sólo la primera y la última. En la época en que cae lo que
+voy á referir, Rufinita había cumplido los veintidós, y Valentín andaba
+al ras de los doce. Y para que se vea la buena estrella de aquel animal
+de D. Francisco, sus dos hijos eran, cada cual por su estilo, verdaderas
+joyas, ó como bendiciones de Dios que llovían sobre él para consolarle
+en su soledad. Rufina había sacado todas las capacidades domésticas de
+su madre, y gobernaba el hogar casi tan bien como ella. Claro que no
+tenía el alto tino de los negocios, ni la consumada trastienda, ni el
+golpe de vista, ni otras aptitudes entre morales y olfativas de aquella
+insigne matrona; pero en formalidad, en honesta compostura y buen
+parecer, ninguna chica de su edad le echaba el pie adelante. No era
+presumida, ni tampoco descuidada en su persona; no se la podía tachar de
+desenvuelta, ni tampoco de huraña. Coqueterías, jamás en ella se
+conocieron. Un solo novio tuvo desde la edad en que apunta el querer
+hasta los días en que la presento; el cual, después de mucho rondar y
+suspiretear, mostrando por mil medios la rectitud de sus fines, fué
+admitido en la casa en los últimos tiempos de Doña Silvia, y siguió
+después, con asentimiento del papá, en la misma honrada y amorosa
+costumbre. Era un _chico de Medicina_, chico en toda la extensión de la
+palabra, pues levantaba del suelo lo menos que puede levantar un hombre;
+estudiosillo, inocente, bonísimo y manchego por más señas. Desde el
+cuarto año empezaron aquellas castas relaciones; y en los días de este
+relato, concluída ya la carrera y lanzado Quevedito (que así se llamaba)
+á la práctica de la facultad, tocaban ya á casarse. Satisfecho el _Peor_
+de la elección de la niña, alababa su discreción, su desprecio de las
+vanas apariencias, para atender sólo á lo sólido y práctico.
+
+Pues digo, si de Rufina volvemos los ojos al tierno vastago de
+Torquemada, encontraremos mejor explicación de la vanidad que le
+infundía su prole, porque (lo digo sinceramente) no he conocido criatura
+más mona que aquel Valentín, ni precocidad tan extraordinaria como la
+suya. ¡Cosa más rara! No obstante el parecido con su antipático papá,
+era el chiquillo guapísimo, con tal expresión de inteligencia en aquella
+cara, que se quedaba uno embobado mirándole; con tales encantos en su
+persona y carácter, y rasgos de conducta tan superiores á su edad, que
+verle, hablarle y quererle vivamente, era todo uno. ¡Y qué hechicera
+gravedad la suya, no incompatible con la inquietud propia de la
+infancia! ¡Que gracia mezclada de no sé qué aplomo inexplicable á sus
+años! ¡Qué rayo divino en sus ojos algunas veces, y otras qué misteriosa
+y dulce tristeza! Espigadillo de cuerpo, tenía las piernas delgadas,
+pero de buena forma; la cabeza más grande de lo regular, con alguna
+deformidad en el cráneo. En cuanto á su aptitud para el estudio,
+llamémosla verdadero prodigio, asombro de la escuela, y orgullo y gala
+de los maestros. De esto hablaré más adelante. Sólo he de afirmar ahora
+que el _Peor_ no merecía tal joya, ¡que había de merecerla! y que si
+fuese hombre capaz de alabar á Dios por los bienes con que le agraciaba,
+motivos tenía el muy tuno para estarse, como Moisés, tantísimas horas
+con los brazos levantados al cielo. No los levantaba, porque sabía que
+del cielo no había de caerle ninguna breva de las que á él le gustaban.
+
+
+II
+
+Vamos á otra cosa: Torquemada no era de esos usureros que se pasan la
+vida multiplicando caudales por el gustazo platónico de poseerlos; que
+viven sórdidamente para no gastarlos, y al morirse, quisieran, ó bien
+llevárselos consigo á la tierra, ó esconderlos donde alma viviente no
+los pueda encontrar. No: D. Francisco habría sido así en otra época;
+pero no pudo eximirse de la influencia de esta segunda mitad del siglo
+XIX, que casi ha hecho una religión de las materialidades decorosas de
+la existencia. Aquellos avaros de antiguo caño, que afanaban riquezas y
+vivían como mendigos y se morían como perros en un camastro lleno de
+pulgas y de billetes de Banco metidos entre la paja, eran los místicos ó
+metafísicos de la usura; su egoísmo se sutilizaba en la idea pura del
+negocio; adoraban la santísima, la inefable cantidad, sacrificando á
+ella su material existencia, las necesidades del cuerpo y de la vida,
+como el místico lo pospone todo á la absorbente idea de salvarse.
+Viviendo el _Peor_ en una época que arranca de la desamortización,
+sufrió, sin comprenderlo, la metamorfosis que ha desnaturalizado la
+usura metafísica, convirtiéndola en positivista, y si bien es cierto,
+como lo acredita la historia, que desde el 51 al 68, su verdadera época
+de aprendizaje, andaba muy mal trajeado y con afectación de pobreza, la
+cara y las manos sin lavar, rascándose á cada instante en brazos y
+piernas cual si llevase miseria, el sombrero con grasa, la capa
+deshilachada; si bien consta también en las crónicas de la vecindad que
+en su casa se comía de vigilia casi todo el año, y que la señora salía á
+sus negocios con una toquilla agujereada y unas botas viejas de su
+marido, no es menos cierto que, alrededor del 70, la casa estaba ya en
+otro pie; que mi Doña Silvia se ponía muy maja en ciertos días; que D.
+Francisco se mudaba de camisa más de una vez por quincena; que en la
+comida había menos carnero que vaca, y los domingos se añadía al cocido
+un despojito de gallina; que aquello de judias á todo pasto y algunos
+días pan seco y salchicha cruda, fué pasando á la historia; que el
+estofado de contra apareció en determinadas fechas, por las noches, y
+también pescados, sobre todo en tiempo de blandura, que iban baratos;
+que se iniciaron en aquella mesa las chuletas de ternera y la cabeza de
+cerdo, salada en casa por el propio Torquemada, el cual era un famoso
+salador; que, en suma y para no cansar, la familia toda empezaba á
+tratarse como Dios manda.
+
+Pues en los últimos años de Doña Silvia, la transformación acentuóse
+más. Por aquella época cató la familia los colchones de muelles;
+Torquemada empezó á usar chistera de cincuenta reales; disfrutaba dos
+capas, una muy buena, con embozos colorados; los hijos iban bien
+apañaditos; Rufina tenía un lavabo de los de mírame y no me toques, con
+jofaina y jarro de cristal azul, que no se usaba nunca por no
+estropearlo; Doña Silvia se engalanó con un abrigo de pieles que
+parecían de conejo, y dejaba bizca á toda la calle de Tudescos y
+callejón del Perro cuando salía con la _visita_ guarnecida de abalorio;
+en fin, que pasito á paso y á codazo limpio, se habían, ido metiendo en
+la clase media, en nuestra bonachona clase media, toda necesidades y
+pretensiones, y que crece tanto, tanto, ¡ay dolor! que nos estamos
+quedando sin pueblo.
+
+Pues señor, revienta Doña Silvia, y empuñadas por Rufina las riendas del
+gobierno de la casa, la metamorfosis se marca mucho más. A reinados
+nuevos, principios nuevos. Comparando lo pequeño con lo grande y lo
+privado con lo público, diré que aquello se me parecía á la entrada de
+los liberales, con su poquito de sentido revolucionario en lo que hacen
+y dicen. Torquemada representaba la idea conservadora; pero transigía,
+¡pues no había de transigir! doblegándose á la lógica de los tiempos.
+Apechugó con la camisa limpia cada media semana; con el abandono de la
+capa número dos para de día, relegándola al servicio nocturno; con el
+destierro absoluto del hongo número tres, que no podía ya con más sebo;
+aceptó, sin viva protesta, la renovación de manteles entre semana, el
+vino á pasto, el cordero con guisantes (en su tiempo), los pescados
+finos en Cuaresma y el pavo en Navidad; toleró la vajilla nueva para
+ciertos días; el chaquet con trencilla, que en él era un refinamiento de
+etiqueta, y no tuvo nada que decir de las modestas galas de Rufina y de
+su hermanito, ni de la alfombra del gabinete, ni de otros muchos
+progresos que se fueron metiendo en la casa á modo de contrabando.
+
+Y vió muy pronto D. Francisco que aquellas novedades eran buenas y que
+su hija tenía mucho talento, porque... vamos, parecía cosa del otro
+jueves... echábase mi hombre á la calle y se sentía, con la buena ropa,
+más persona que antes; hasta le salían mejores negocios, más amigos
+útiles y explotables. Pisaba más fuerte, tosía más recio, hablaba más
+alto y atrevíase á levantar el gallo en la tertulia del café, notándose
+con bríos para sustentar una opinión cualquiera, cuando antes, por
+efecto sin duda del mal pelaje y de su rutinaria afectación de pobreza,
+siempre era de la opinión de los demás. Poco á poco llegó á advertir en
+sí los alientos propios de su capacidad social y financiera; se tocaba,
+y el sonido le advertía que era propietario y rentista. Pero la vanidad
+no le cegó nunca. Hombre de composición homogénea, compacta y dura, no
+podía incurrir en la tontería de estirar el pie más del largo de la
+sábana. En su carácter había algo resistente á las mudanzas de forma
+impuestas por la época; y así como no varió nunca su manera de hablar,
+tampoco ciertas ideas y prácticas del oficio se modificaron. Prevaleció
+el amaneramiento de decir siempre que los tiempos eran muy malos, pero
+muy malos; el lamentarse de la desproporción entre sus míseras ganancias
+y su mucho trabajar; subsistió aquella melosidad de dicción y aquella
+costumbre de preguntar por la familia siempre que saludaba á alguien, y
+el decir que no andaba bien de salud, haciendo un mohín de hastío de la
+vida. Tenía ya la perilla amarillenta, el bigote más negro que blanco,
+ambos adornos de la cara tan recortaditos que antes parecían pegados que
+nacidos allí. Fuera de la ropa, mejorada en calidad, si no en la manera
+de llevarla, era el mismo que conocimos en casa de Doña Lupe _la de los
+pavos_; en su cara la propia confusión extraña de lo militar y lo
+eclesiástico, el color bilioso, los ojos negros y algo soñadores, el
+gesto y los modales expresando lo mismo afeminación que hipocresía, la
+calva más despoblada y más limpia, y todo el craso, resbaladizo y
+repulsivo, muy pronto siempre, cuando se le saluda, á dar la mano, por
+cierto bastante sudada.
+
+De la precoz inteligencia de Valentinito estaba tan orgulloso, que no
+cabía en su pellejo. Á medida que el chico avanzaba en sus estudios, Don
+Francisco sentía crecer el amor paterno, hasta llegar á la ciega pasión.
+En honor del tacaño, debe decirse que, si se conceptuaba reproducido
+físicamente en aquel pedazo de su propia naturaleza, sentía la
+superioridad del hijo, y por esto se congratulaba más de haberle dado el
+ser. Porque Valentinito era el prodigio de los prodigios, un jirón
+excelso de la Divinidad caído en la tierra. Y Torquemada, pensando en el
+porvenir, en lo que su hijo había de ser, si viviera, no se conceptuaba
+digno de haberle engendrado, y sentía ante él la ingénita cortedad de lo
+que es materia frente á lo que es espíritu.
+
+En lo que digo de las inauditas dotes intelectuales de aquella criatura,
+no se crea que hay la más mínima exageración. Afirmo con toda ingenuidad
+que el chico era de lo más estupendo que se puede ver, y que se presentó
+en el campo de la enseñanza como esos extraordinarios ingenios que nacen
+de tarde en tarde destinados á abrir nuevos caminos á la humanidad. A
+más de la inteligencia, que en edad temprana despuntaba en él como
+aurora de un día espléndido, poseía todos los encantos de la infancia:
+dulzura, gracejo y amabilidad. El chiquillo, en suma, enamoraba y no es
+de extrañar que D. Francisco y su hija estuvieran loquitos con él.
+Pasados los primeros años, no fué preciso castigarle nunca, ni aun
+siquiera reprenderle. Aprendió á leer por arte milagroso, en pocos días,
+como si lo trajera sabido ya del claustro materno. A los cinco años,
+sabía muchas cosas que otros chicos aprenden dificilmente á los doce. Un
+día me hablaron de él dos profesores amigos míos que tienen colegio de
+primera y segunda enseñanza, lleváronme á verle, y me quedé asombrado.
+Jamás vi precocidad semejante ni un apuntar de inteligencia tan
+maravilloso. Porque si algunas respuestas las endilgó de taravilla,
+demostrando el vigor y riqueza de su memoria, en el tono con que decía
+otras se echaba de ver cómo comprendía y apreciaba el sentido.
+
+La Gramática la sabía de carretilla; pero la Geografía la dominaba como
+un hombre. Fuera del terreno escolar, pasmaba ver la seguridad de sus
+respuestas y observaciones, sin asomos de arrogancia pueril. Tímido y
+discreto, no parecía comprender que hubiese mérito en las habilidades
+que lucía, y se asombraba de que se las ponderasen y aplaudiesen tanto.
+Contáronme que en su casa daba muy poco que hacer. Estudiaba las
+lecciones con tal rapidez y facilidad, que le sobraba tiempo para sus
+juegos, siempre muy sosos é inocentes. No le hablaran á él de bajar á
+la calle para enredar con los chiquillos de la vecindad. Sus travesuras
+eran pacíficas, y consistieron, hasta los cinco años, en llenar de
+monigotes y letras el papel de las habitaciones ó arrancarle algún
+cacho; en echar desde el balcón á la calle una cuerda muy larga con la
+tapa de una cafetera, arriándola hasta tocar el sombrero de un
+transeúnte, y recogiéndola después á toda prisa. A obediente y humilde
+no le ganaba ningún niño, y por tener todas las perfecciones, hasta
+maltrataba la ropa lo menos que maltratarse puede.
+
+Pero sus inauditas facultades no se habían mostrado todavía: iniciáronse
+cuando estudió la Aritmética, y se revelaron más adelante en la segunda
+enseñanza. Ya desde sus primeros años, al recibir las nociones
+elementales de la ciencia de la cantidad, sumaba y restaba de memoria
+decenas altas y aun centenas. Calculaba con tino infalible, y su padre
+mismo, que era un águila para hacer, en el filo de la imaginación,
+cuentas por la regla de interés, le consultaba no pocas veces. Comenzar
+Valentín el estudio de las matemáticas de Instituto y revelar de golpe
+toda la grandeza de su numen aritmético, fué todo uno. No aprendía las
+cosas, las sabía ya, y el libro no hacía más que despertarle las ideas,
+abrírselas, digámoslo así, como si fueran capullos que al calor
+primaveral se despliegan en flores. Para él no había nada difícil, ni
+problema que le causara miedo. Un día fué el profesor á su padre y le
+dijo: «Ese niño es cosa inexplicable, Sr. Torquemada: ó tiene el diablo
+en el cuerpo, ó es el pedazo de Divinidad más hermoso que ha caido en la
+tierra. Dentro de poco no tendré nada que enseñarle. Es Newton
+resucitado, Sr. D. Francisco; una organización excepcional para las
+matemáticas, un genio que sin duda se trae fórmulas nuevas debajo del
+brazo para ensanchar el campo de la ciencia. Acuérdese usted de lo que
+digo: cuando este chico sea hombre, asombrará y trastornará el mundo.»
+
+Cómo se quedó Torquemada al oir esto, se comprenderá fácilmente. Abrazó
+al profesor, y la satisfacción le rebosaba por ojos y boca en forma de
+lágrimas y babas. Desde aquel día, el hombre no cabía en sí: trataba á
+su hijo, no ya con amor, sino con cierto respeto supersticioso. Cuidaba
+de él como de un ser sobrenatural, puesto en sus manos por especial
+privilegio. Vigilaba sus comidas, asustándose mucho si no mostraba
+apetito; al verle estudiando, recorría las ventanas para que no entrase
+aire, se enteraba de la temperatura exterior antes de dejarle salir,
+para determinar si debía ponerse bufanda, ó el _carric_ gordo, ó las
+botas de agua; cuando dormía, andaba de puntillas; le llevaba á paseo
+los domingos, ó al teatro; y si el angelito hubiese mostrado afición á
+juguetes extraños y costosos, Torquemada, vencida su sordidez, se los
+hubiera comprado. Pero el fenómeno aquél no mostraba afición sino á los
+libros: leía rápidamente y como por magia, enterándose de cada página en
+un abrir y cerrar de ojos. Su papá le compró una obra de viajes con
+mucha estampa de ciudades europeas y de comarcas salvajes. La seriedad
+del chico pasmaba á todos los amigos de la casa, y no faltó quien dijera
+de él que parecía un viejo. En cosas de malicia era de una pureza
+excepcional: no aprendía ningún dicho ni acto feo de los que saben á su
+edad los retoños desvergonzados de la presente generación. Su inocencia
+y celestial donosura casi nos permitían conocer á los ángeles como si
+los hubiéramos tratado, y su reflexión rayaba en lo maravilloso. Otros
+niños, cuando les preguntan lo que quieren ser, responden que obispos ó
+generales si despuntan por la vanidad; los que pican por la destreza
+corporal, dicen que cocheros, atletas ó payasos de circo; los inclinados
+á la imitación, actores, pintores... Valentinito, al oir la pregunta,
+alzaba los hombros y no respondía nada. Cuando más, decía «no sé», y al
+decirlo, clavaba en su interlocutor una mirada luminosa y penetrante,
+vago destello del sin fin de ideas que tenía en aquel cerebrazo, y que
+en su día habían de iluminar toda la tierra.
+
+Mas el _Peor_, aun reconociendo que no había carrera á la altura de su
+milagroso niño, pensaba dedicarlo á ingeniero, porque la abogacía es
+cosa de charlatanes. Ingeniero; pero ¿de qué? ¿civil ó militar? Pronto
+notó que á Valentín no le entusiasmaba la tropa, y que, contra la ley
+general de las aficiones infantiles, veía con indiferencia los
+uniformes. Pues ingeniero de caminos. Por dictamen del profesor del
+colegio, fué puesto Valentín, antes de concluir los años del
+bachillerato, en manos de un profesor de estudios preparatorios para
+carreras especiales, el cual, luego que tanteó su colosal inteligencia,
+quedóse atónito, y un día salió asustado, con las manos en la cabeza, y
+corriendo en busca de otros maestros de matemáticas superiores, les
+dijo: «Voy á presentarles á ustedes el monstruo de la edad presente.» Y
+le presentó, y se maravillaron, pues fué el chico á la pizarra, y como
+quien garabatea por enredar y gastar tiza, resolvió problemas
+dificilísimos. Luego hizo de memoria diferentes cálculos y operaciones,
+que aun para los más peritos no son coser y cantar. Uno de aquellos
+maestrazos, queriendo apurarle, le echó el cálculo de radicales
+numéricos, y como si le hubieran echado almendras. Lo mismo era para él
+la raíz _enésima_ que para otros dar un par de brincos. Los tíos
+aquéllos tan sabios se miraban absortos, declarando no haber visto caso
+ni remotamente parecido.
+
+Era en verdad interesante aquel cuadro, y digno de figurar en los
+anales de la ciencia: cuatro varones de más de cincuenta años, calvos y
+medio ciegos de tanto estudiar, maestros de maestros, congregábanse
+delante de aquel mocoso que tenía que hacer sus cálculos en la parte
+baja del encerado, y la admiración les tenía mudos y perplejos, pues ya
+le podían echar dificultades al angelito, que se las bebía como agua.
+Otro de los examinadores propuso las _homologías_ creyendo que Valentín
+estaba raso de ellas; y cuando vieron que no, los tales no pudieron
+contener su entusiasmo: uno le llamó el Anticristo; otro le cogió en
+brazos y se lo puso á la pela, y todos se disputaban sobre quién se le
+llevaría, ansiosos de completar la educación del primer matemático del
+siglo. Valentín les miraba sin orgullo ni cortedad, inocente y dueño de
+si, como Cristo niño entre los doctores.
+
+
+III
+
+Basta de matemáticas, digo yo ahora, pues me urge apuntar que Torquemada
+vivía en la misma casa de la calle de Tudescos donde le conocimos cuando
+fué á verle la de Bringas para pedirle no recuerdo que favor, allá por
+el 68; y tengo prisa por presentar á cierto sujeto que conozco hace
+tiempo, y que hasta ahora nunca menté para nada: un D. José Bailón, que
+iba todas las noches á la casa de nuestro D. Francisco á jugar con él la
+partida de damas ó de mus, y cuya intervención en mi cuento es necesaria
+ya para que se desarrolle con lógica. Este Sr. Bailón es un clérigo que
+ahorcó los hábitos el 69, en Málaga echándose á revolucionario y á
+librecultista con tan furibundo ardor, que ya no pudo volver al rebaño,
+ni aunque quisiera le habían de admitir. Lo primero que hizo el
+condenado fué dejarse crecer las barbas, despotricarse en los clubs,
+escribir tremendas catilinarias contra los de su oficio, y, por fin,
+operando _verbo et gladio,_ se lanzó á las barricadas con un trabuco
+naranjero que tenía la boca lo mismo que una tompeta. Vencido y dado á
+los demonios, le catequizaron los protestantes, ajustándole para
+predicar y dar lecciones en la capilla, lo que él hacía de malísima gana
+y sólo por el arrastrado garbanzo. A Madrid vino cuando aquella gentil
+pareja, Don Horacio y Doña Malvina, puso su establecimiento evangélico
+en Chamberí. Por un regular estipendio, Bailón les ayudaba en los
+oficios, echando unos sermones agridulces, estrafalarios y fastidiosos.
+Pero al año de estos tratos, yo no sé lo que pasó... ello fué cosa de
+algún atrevimiento apostólico de Bailón con las neófitas: lo cierto es
+que Doña Malvina, que era persona muy mirada, le dijo en mal español
+cuatro frescas; intervino D. Horacio, denostando también á su coadjutor,
+y entonces Bailón, que era hombre de muchísima sal para tales casos,
+sacó una navaja tamaña como hoy y mañana, y se dejó decir que si no se
+quitaban de delante les echaba fuera el mondongo. Fué tal el pánico de
+los pobres ingleses, que echaron á correr pegando gritos y no pararon
+hasta el tejado. Resumen: que tuvo que abandonar Bailón aquel acomodo, y
+después de rodar por ahí dando sablazos, fue á parar á la redacción de
+un periódico muy atrevidillo; como que su misión era echar chinitas de
+fuego á toda autoridad: á los curas, á los obispos y al mismo Papa. Esto
+ocurría el 73, y de aquella época datan los opúsculos políticos de
+actualidad que publicó el clerizonte en el folletín, y de los cuales
+hizo tiraditas aparte; bobadas escritas en estilo bíblico, y que
+tuvieron, aunque parezca mentira, sus días de éxito. Como que se vendían
+bien, y sacaron á su endiablado autor de más de un apuro.
+
+Pero todo aquello pasó, la fiebre revolucionaria, los folletos, y Bailón
+tuvo que esconderse, afeitándose para disfrazarse y poder huir al
+extranjero. A los dos años asomó por aquí otra vez, de bigotes
+larguísimos, aumentados con parte de la barba, como los que gastaba
+Víctor Manuel; y por si traía ó no traía chismes y mensajes de los
+emigrados, metiéronle mano y le tuvieron en el Saladero tres meses. Al
+año siguiente, sobreseída la causa, vivía el hombre en Chamberí, y según
+la cháchara del barrio, muy á lo bíblico, amancebado con una viuda rica
+que tenía rebaño de cabras y además un establecimiento de burras de
+leche. Cuento todo esto como me lo contaron, reconociendo que en esta
+parte de la historia patriarcal de Bailón hay gran obscuridad. Lo
+público y notorio es que la viuda aquélla cascó, y que Bailón apareció
+al poco tiempo con dinero. El establecimiento y las burras y cabras le
+pertenecían. Arrendólo todo; se fué á vivir al centro de Madrid,
+dedicándose á _inglés,_ y no necesito decir más para que se comprenda de
+donde vinieron su conocimiento y tratos con Torquemada, porque bien se
+ve que éste fué su maestro, le inició en los misterios del oficio, y le
+manejó parte de sus capitales como había manejado los de Doña Lupe _la
+Magnífica,_ más conocida por _la de los pavos_.
+
+Era D. José Bailón un animalote de gran alzada, atlético, de formas
+robustas y muy recalcado de facciones, verdadero y vivo estudio
+anatómico por su riqueza muscular. Ultimamente había dado otra vez en
+afeitarse; pero no tenía cara de cura, ni de fraile, ni de torero. Era
+más bien un Dante echado á perder. Dice un amigo mío, que por sus
+pecados ha tenido que vérselas con Bailón, que éste es el vivo retrato
+de la sibila de Cumas, pintada por Miguel Angel, con las demás señoras
+sibilas y los Profetas en el maravilloso techo de la Capilla Sixtina.
+Parece, en efecto, una vieja de raza titánica que lleva en su ceño todas
+las iras celestiales. El perfil de Bailón, y el brazo y pierna, como
+troncos añosos; el forzudo tórax, y las posturas que sabía tomar,
+alzando una pataza y enarcando el brazo, le asemejaban á esos figurones
+que andan por los techos de las catedrales, espatarrados sobre una nube.
+Lástima que no fuera moda que anduviéramos en cueros, para que luciese
+en toda su gallardía académica este ángel de cornisa. En la época en que
+lo presento ahora, pasaba de los cincuenta años.
+
+Torquemada lo estimaba mucho, porque en sus relaciones de negocios,
+Bailon hacía gala de gran formalidad y aun de delicadeza. Y como el
+clérigo renegado tenía una historia tan variadita y dramática, y sabía
+contarla con mucho aquél, adornándola con mentiras, D. Francisco se
+embelesaba oyéndole, y en todas las cuestiones de un orden elevado le
+tenía por oráculo. D. José era de los que con cuatro ideas y pocas más
+palabras se las componen para aparentar que saben lo que ignoran y
+deslumbrar á los ignorantes sin malicia. El más deslumbrado era D.
+Francisco, y además el único mortal que leía los folletos bailónicos á
+los diez años de publicarse; literatura envejecida casi al nacer, y cuyo
+fugaz éxito no comprendemos sino recordando que la democracia
+sentimental, á estilo de Jeremías, tuvo también sus quince.
+
+Escribía Bailón aquellas necedades en parrafitos cortos, y á veces
+rompía con una cosa muy santa; verbigracia: «Gloria á Dios en las
+alturas y paz», etc... para salir luego por este registro:
+
+«Los tiempos se acercan, tiempos de redención en que el hijo del Hombre
+será dueño de la tierra.
+
+»El Verbo depositó hace diez y ocho siglos la semilla divina. En noche
+tenebrosa fructificó. He aquí las flores.
+
+»¿Cómo se llaman? Los derechos del pueblo.»
+
+Y á lo mejor, cuando el lector estaba más descuidado, les soltaba ésta:
+
+«He ahí al tirano. ¡Maldito sea!
+
+»Aplicad el oído y decidme de dónde viene ese rumor vago, confuso,
+extraño.
+
+»Posad la mano en la tierra y decidme, por qué se ha estremecido.
+
+»Es el hijo del Hombre que avanza, decidido á recobrar su primogenitura.
+
+»¿Por qué palidece la faz del tirano? ¡Ah! el tirano ve que sus horas
+están contadas...»
+
+Otras veces empezaba diciendo aquello de: «Joven soldado, ¿á dónde vas?»
+Y por fin, después de mucho marear, quedábase el lector sin saber á
+dónde iba el soldadito, como no fueran todos, autor y público, á
+Leganés.
+
+Todo esto le parecía de perlas á D. Francisco, hombre de escasa lectura.
+Algunas tardes se iban á pasear juntos los dos tacaños, charla que te
+charla; y si en negocios era Torquemada la sibila, en otra clase de
+conocimientos no había más sibila que el Sr. de Bailón. En política,
+sobre todo, el ex-clérigo se las echaba de muy entendido, principiando
+por decir que ya no le daba la gana de conspirar; como que tenía la olla
+asegurada y no quería exponer su pelleja para hacer el caldo gordo á
+cuatro silbantes. Luego pintaba á todos los políticos, desde el más alto
+al más obscuro, como un atajo de pilletes, y les sacaba la cuenta, al
+céntimo, de cuanto habían rapiñado... Platicaban mucho también de
+reformas urbanas, y como Bailón había estado en París y Londres, podía
+comparar. La higiene pública les preocupaba á entrambos: el clérigo le
+echaba la culpa de todo á los miasmas, y formulaba unas teorías
+biológicas que eran lo que había que oir. De astronomía y música también
+se le alcanzaba algo, no era lego en botánica, ni en veterinaria, ni en
+el arte de escoger melones. Pero en nada lucía tanto su enciclopédico
+saber como en cosas de religión. Sus meditaciones y estudios le habían
+permitido sondear el grande y temerario problema de nuestro destino
+total. «¿A dónde vamos a parar cuando nos morimos? Pues volvemos a
+nacer: esto es claro como el agua. Yo me acuerdo--decía mirando
+fijamente á su amigo y turbándole con el tono solemne que daba á sus
+palabras,--yo me acuerdo de haber vivido antes de ahora. He tenido en mi
+mocedad un recuerdo vago de aquella vida, y ahora, á fuerza de meditar,
+puedo verla clara. Yo fui sacerdote en Egipto, ¿se entera usted? allá
+por los años de que sé yo cuántos... sí, señor, sacerdote en Egipto. Me
+parece que me estoy viendo con una sotana ó vestimenta de color de
+azafrán, y unas al modo de orejeras que me caían por los lados de la
+cara. Me quemaron vivo, porque... verá usted... había en aquella
+iglesia, digo, templo, una sacerdotisita que me gustaba... de lo más
+barbián, ¿se entera usted?... ¡y con unos ojos... así, y un golpe de
+caderas, Sr. D. Francisco...! En fin, que aquello se enredó, y la diosa
+Isis y el buey Apis lo llevaron muy á mal. Alborotóse todo aquel
+cleriguicio, y nos quemaron vivos á la chávala y á mí... Lo que le
+cuento es verdad, como ese es sol. Fijese usted bien, amigo; revuelva en
+su memoria; rebusque bien en el sótano y en los desvanes de su sér, y
+encontrará la certeza de que también usted ha vivido en tiempos lejanos.
+Su niño de usted, ese prodigio, debe de haber sido antes el propio
+Newton, ó Galileo, ó Euclides. Y por lo que hace á otras cosas, mis
+ideas son bien claras. Infierno y cielo no existen: papas simbólicas y
+nada más. Infierno y cielo están aquí. Aquí pagamos tarde ó temprano
+todas las que hemos hecho; aquí recibimos, si no hoy, mañana, nuestro
+premio, si lo merecemos, y quien dice mañana, dice el siglo que viene
+... Dios, ¡oh! la idea de Dios tiene mucho busilis... y para
+comprenderla hay que devanarse los sesos, como me los he devanado yo,
+dale que dale sobre los libros, y meditando luego. Pues Dios...
+(poniendo unos ojazos muy reventones y haciendo con ambas manos el gesto
+expresivo de abarcar un grande espacio) es la Humanidad, la Humanidad,
+¿se entera usted? lo cual no quiere decir que deje de ser personal...
+¿Qué cosa es personal? Fijese bien. Personal es lo que es uno. Y el gran
+Conjunto, amigo Don Francisco, el gran Conjunto... es uno, porque no
+hay más, y tiene los atributos de un ser infinitamente infinito.
+Nosotros, en montón, componemos la humanidad: somos los átomos que
+forman el gran todo; somos parte mínima de Dios, parte minúscula, y nos
+renovamos como en nuestro cuerpo se renuevan los átomos de la cochina
+materia... ¿se va usted enterando?...
+
+Torquemada no se iba enterando ni poco ni mucho; pero el otro se metía
+en un laberinto del cual no salía sino callándose. Lo único que Don
+Francisco sacaba de toda aquella monserga, era que _Dios es la
+Humanidad_, y que la Humanidad es la que nos hace pagar nuestras
+picardías ó nos premia por nuestras buenas obras. Lo demás no lo
+entendía así le ahorcaran. El sentimiento católico de Torquemada no
+había sido nunca muy vivo. Cierto que en tiempos de Doña Silvia iban los
+dos á misa, por rutina; pero nada más. Pues después de viudo, las pocas
+ideas del Catecismo que el _Peor_ conservaba en su mente, como papeles ó
+apuntes inútiles, las barajó con todo aquel fárrago de la
+Humanidad-Dios, haciendo un lío de mil demonios.
+
+A decir verdad, ninguna de estas teologías ocupaba largo tiempo el magín
+del tacaño, siempre atento á la baja realidad de sus negocios. Pero
+llegó un día, mejor dicho, una noche en que tales ideas hubieron de
+posesionarse de su mente con cierta tenacidad, por lo que ahorita mismo
+voy á referir. Entraba mi hombre en su casa al caer de una tarde del mes
+de Febrero, evacuadas mil diligencias con diverso éxito, discurriendo
+los pasos que daría al día siguiente, cuando su hija, que le abrió la
+puerta, le dijo estas palabras: «No te asustes, papá, no es nada...
+Valentín ha venido malo de la escuela.»
+
+Las desazones del _monstruo_ ponían á D. Francisco en gran sobresalto.
+La que se le anunciaba podía ser insignificante, como otras. No
+obstante, en la voz de Rufina había cierto temblor, una veladura, un
+timbre extraño, que dejaron á Torquemada frío y suspenso.
+
+«Yo creo que no es cosa mayor--prosiguió la señorita.--Parece que le dió
+un vahido. El maestro fué quien lo trajo... en brazos.»
+
+El _Peor_ seguía clavado en el recibimiento, sin acertar á decir nada ni
+á dar un paso.
+
+«Le acosté en seguida, y mandé un recado á Quevedo para que viniera á
+escape.»
+
+D. Francisco, saliendo de su estupor como si le hubiesen dado un
+latigazo, corrió al cuarto del chico, á quien vió en el lecho, con tanto
+abrigo encima que parecía sofocado. Tenía la cara encendida, los ojos
+dormilones. Su quietud más era de modorra dolorosa que de sueño
+tranquilo. El padre aplicó su mano á las sienes del inocente montruo,
+que abrasaban.
+
+--Pero ese trasto de Quevedillo.... Así reventara.... No sé en qué
+piensa.... Mira, mejor será llamar otro médico que sepa más.
+
+Su hija procuraba tranquilizarle; pero él se resistía al consuelo. Aquel
+hijo no era un hijo cualquiera, y no podía enfermar sin que se alterara
+el orden del universo. No probó el afligido padre la comida; no hacía
+más que dar vueltas por la casa, esperando al maldito médico, y sin
+cesar iba de su cuarto al del niño, y de aquí al comedor, donde se le
+presentaba ante los ojos, oprimiéndole el corazón, el encerado en que
+Valentín trazaba con tiza sus problemas matemáticos. Aún subsistía lo
+pintado por la mañana: garabatos que Torquemada no entendió, pero que
+casi le hicieron llorar como una música triste: el signo de raíz, letras
+por arriba y por abajo, y en otra parte una red de líneas, formando como
+estrella de muchos picos con numeritos en las puntas.
+
+Por fin, alabado sea Dios, llegó el dichoso Quevedito, y D. Francisco le
+echó la correspondiente chillería, pues ya le trataba como á yerno.
+Visto y examinado el niño, no puso el médico muy buena cara. A
+Torquemada se le podía ahogar con un cabello, cuando el doctorcillo,
+arrimándole contra la pared y poniéndole ambas manos en los hombros, le
+dijo: «No me gusta nada esto; pero hay que esperar á mañana, á ver si
+brota alguna erupción. La fiebre es bastante alta. Ya le he dicho á
+usted que tuviera mucho cuidado con este fenómeno del chico. ¡Tanto
+estudiar, tanto saber, un desarrollo cerebral disparatado! Lo que hay
+que hacer con Valentín es ponerle un cencerro al pescuezo, soltarle en
+el campo en medio de un ganado, y no traerle á Madrid hasta que esté
+bien bruto.»
+
+Torquemada odiaba el campo y no podía comprender que en él hubiese nada
+bueno. Pero hizo propósito, si el niño se curaba, de llevarle á una
+dehesa á que bebiera leche á pasto y respirase aires puros. Los aires
+puros, bien lo decía Bailón, eran cosa muy buena. ¡Ah! los malditos
+miasmas tenían la culpa de lo que estaba pasando. Tanta rabia sintió D.
+Francisco, que si coge un miasma en aquel momento lo parte por el eje.
+Fué la sibila aquella noche á pasar un rato con su amigo, y mira por
+donde se repitió la matraca de la Humanidad, pareciéndole á Torquemada
+el clérigo más enigmático y _latero_ que nunca, sus brazos más largos,
+su cara más dura y temerosa. Al quedarse sólo, el usurero no se acostó.
+Puesto que Rufina y Quevedo se quedaban á velar, el también velaría.
+Contigua á la alcoba del padre estaba la de los hijos, y en ésta el
+lecho de Valentín, que pasó la noche inquietísimo, sofocado, echando
+lumbre de su piel, los ojos atónitos y chispeantes, el habla insegura,
+las ideas desenhebradas, como cuentas de un rosario cuyo hilo se rompe.
+
+
+IV
+
+El día siguiente fué todo sobresalto y amargura. Quevedo opinó que la
+enfermedad era _inflamación de las meninges_, y que el chico estaba en
+peligro de muerte. Esto no se lo dijo al padre, sino á Bailón para que
+le fuese preparando. Torquemada y él se encerraron, y de la conferencia
+resultó que por poco se pegan, pues D. Francisco, trastornado por el
+dolor, llamó á su amigo embustero y farsante. El desasosiego, la
+inquietud nerviosa, el desvario del tacaño sin ventura, no se pueden
+describir. Tuvo que salir á varias diligencias de su penoso oficio, y á
+cada instante tornaba á casa, jadeante, con medio palmo de lengua fuera,
+el hongo echado hacia atrás. Entraba, daba un vistazo, vuelta á salir.
+Él mismo traía las medicinas, y en la botica contaba toda la historia
+... «un vahído estando en clase; después calentura horrible... ¿para
+qué sirven los médicos?» Por consejo del mismo Quevedito, mandó venir á
+uno de los más eminentes, el cual calificó el caso de _meningitis
+aguda._
+
+La noche del segundo día, Torquemada, rendido de cansancio, se embutió
+en uno de los sillones de la sala, y allí se estuvo como media liorita,
+dando vueltas á una picara idea, ¡ayí dura y con muchas esquinas, que se
+le había metido en el cerebro. «He faltado á la Humanidad, y esa muy tal
+y cual me las cobra ahora con los creditos atrasados.... No: pues si
+Dios, ó quien quiera que sea, me lleva mi hijo, ¡me voy á volver más
+malo, más perro...! Ya verán entonces lo que es canela fina. Pues no
+faltaba otra cosa.... Conmigo no juegan.... Pero no, ¡qué disparates
+digo! No me le quitará, porque yo.... Eso que dicen de que no he hecho
+bien á nadie, es mentira. Que me lo prueben... porque no basta decirlo.
+¿Y los tantísimos á quien he sacado de apuros?... ¿pues y eso? Porque si
+á la Humanidad le han ido con cuentos de mí; que si aprieto, que si no
+aprieto... yo probaré.... Ea, que ya me voy cargando: si no he hecho
+ningún bien, ahora lo haré, ahora, pues por algo se ha dicho que nunca
+para el bien es tarde. Vamos á ver: ¿y si yo me pusiera ahora á rezar,
+qué dirían allá arriba? Bailón me parece á mí que está equivocado, y la
+Humanidad no debe de ser Dios, sino la Virgen.... Claro, es hembra,
+señora.... No, no, no... no nos fijemos en el materialismo de la
+palabra. La Humanidad es Dios, la Virgen y todos los santos juntos....
+Tente, hombre, tente, que te vuelves loco.... Tan sólo saco en limpio
+que no habiendo buenas obras, todo es, como si dijéramos, basura... ¡Ay
+Dios, qué pena, qué pena...! Si me pones bueno á mi hijo, yo no sé qué
+cosas haría; ¡pero qué cosas tan magníficas y tan...! ¿Pero quién es el
+sinvergüenza que dice que no tengo apuntada ninguna buena obra? Es que
+me quieren perder, me quieren quitar á mi hijo, al que ha nacido para
+enseñar á todos los sabios y dejarles tamañitos. Y me tienen envidia
+porque soy su padre, porque de estos huesos y de esta sangre salió
+aquela, gloria del mundo.... Envidia; pero ¡qué envidiosa es esta
+puerca Humanidad! Digo, la Humanidad no, porque es Dios... los hombres,
+los prójimos, nosotros, que somos todos muy pillos, y por eso nos pasa
+lo que nos pasa.... Bien merecido nos está... bien merecido nos está.»
+
+Acordóse entonces de que al día siguiente era domingo y no había
+extendido los recibos para cobrar los alquileres de su casa. Después de
+dedicar á esta operación una media hora, descansó algunos ratos,
+estirándose en el sofá de la sala. Por la mañana, entre nueve y diez,
+fue á la cobranza dominguera. Con el no comer y el mal dormir y la
+acerbísima pena que le destrozaba el alma, estaba el hombre _mismamente_
+del color de una aceituna. Su andar era vacilante, y sus miradas vagaban
+inciertas, perdidas, tan pronto barriendo el suelo como disparándose á
+las alturas. Cuando el remendón, que en el sucio portal tenia su taller,
+vió entrar al casero y reparó en su cara descompuesta y en aquel andar
+de beodo, asustóse tanto que se le cayó el martillo con que clavaba las
+tachuelas. La presencia de Torquemada en el patio, que todos los
+domingos era una desagradabilísima aparición, produjo aquel día
+verdadero pánico; y mientras algunas mujeres corrieron á refugiarse en
+sus respectivos aposentos, otras, que debían de ser malas pagadoras, y
+que observaron la cara que traía la fiera, se fueron á la calle. La
+cobranza empezó por por los cuartos bajos, y pagaron sin chistar el
+albañil y las dos pitilleras, deseando que se les quitase de delante la
+aborrecida estampa de Don Francisco. Algo desusado y anormal notaron en
+él, pues tomaba el dinero maquinalmente y sin examinarlo con roñosa
+nimiedad, como otras veces, cual si tuviera el pensamiento á cien leguas
+del acto importantísimo que estaba realizando; no se le oían aquellos
+refunfuños de perro mordelón, ni inspeccionó las habitaciones buscando
+el baldosín roto o el pedazo de revoco caído, para echar los tiempos á
+la inquilina.
+
+Al llegar al cuarto de la Rumalda, planchadora, viuda, con su madre
+enferma en un camastro y tres niños menores que andaban en el patio
+enseñando las carnes por los agujeros de la ropa, Torquemada soltó el
+gruñido de ordenanza, y la pobre mujer, con afligida y trémula voz, cual
+si tuviera que confesar ante el juez un negro delito, soltó la frase de
+reglamento: «D. Francisco, por hoy no se puede. Otro día cumpliré.» No
+puedo dar idea del estupor de aquella mujer y de las dos vecinas, que
+presentes estaban, cuando vieron que el tacaño no escupió por aquella
+boca ninguna maldición ni herejía, cuando le oyeron decir con la voz más
+empañada y llorosa del mundo: «No, hija, si no te digo nada... si no te
+apuro... si no se me ha pasado por la cabeza reñirte... ¡Qué le hemos
+de hacer, si no puedes...!»
+
+--D. Francisco, es que...--murmuró la otra, creyendo que la fiera se
+expresaba con sarcasmo, y que tras el sarcasmo vendría la mordida.
+
+--No, hija, si no he chistado... ¿Cómo se han de decir las cosas? Es
+que á ustedes no hay quien las apee de que yo soy un hombre, como quien
+dice, tirano... ¿De dónde sacáis que no hay en mí compasión, ni... ni
+caridad? En vez de agradecerme lo que hago por vosotras, me calumniáis
+... No, no: entendámonos. Tú, Rumalda, estate tranquila: sé que tienes
+necesidades, que los tiempos están malos... Cuando los tiempos están
+malos, hijas, ¿qué hemos de hacer sino ayudarnos los unos á los otros?
+
+Siguió adelante, y en el principal dió con una inquilina muy mal
+pagadora, pero de muchísimo corazón para afrontar á la fiera, y así que
+le vió llegar, juzgando por el cáriz que venía más enfurruñado que
+nunca, salió al encuentro de su aspereza con estas arrogantes
+expresiones:
+
+«Oiga usté, á mi no me venga con apreturas. Ya sabe que no lo hay. _Ese_
+está sin trabajo. ¿Quiere que salga á un camino? ¿No ve la casa sin
+muebles, como un hospital prestao? ¿De dónde quiere que lo saque?...
+Maldita sea su alma...
+
+--¿Y quién te dice á tí, grandísima tal, deslenguada y bocona, que yo
+vengo á sofocarte? A ver si hay alguna tarasca de éstas que sostenga que
+yo no tengo humanidad. Atrévase á decírmelo....»
+
+Eriarboló el garrote, símbolo de su autoridad y de su mal genio, y en
+el corrillo que se había formado sólo se veían bocas abiertas y miradas
+de estupefacción.
+
+«Pues á tí y á todas les digo que no me importa un rábano que no me
+paguéis hoy. ¡Vaya! ¿Cómo lo he de decir para que lo entiendan?... ¡Con
+que estando tu marido sin trabajar te iba yo á poner el dogal al
+cuello?... Yo sé que me pagarás cuando puedas, verdad? Porque lo que es
+intención de pagar, tú la tienes. Pues entonces, ¿á qué tanto
+enfurruñarse?... ¡Tontas, malas cabezas! (esforzándose en producir una
+sonrisa); ¡vosotras creyéndome á mí más duro que las peñas, y yo
+dejándooslo creer, porque me convenía, porque me convenía, claro, pues
+Dios manda que no echemos facha con nuestra humanidad...! Vaya, que sois
+todas unos grandísimos peines.... Abur, tú, no te sofoques. Y no creas
+que hago esto para que me eches bendiciones. Pero conste que no te
+ahogo; y para que veas lo bueno que soy....»
+
+Se detuvo y meditó un momento, llevándose la mano al bolsillo y mirando
+al suelo.
+
+«Nada, nada.... Quédate con Dios.»
+
+Y á otra. Cobró en las tres puertas siguientes sin ninguna dificultad.
+«D. Francisco, que me ponga usted piedra nueva en la ornilla, que aquí
+no se puede guisar....» En otras circunstancias, esta reclamación
+habría sido el principio de una chillería tremenda, verbigracia: «Pon el
+traspontín en la hornilla, sinvergüenza, y arma el fuego
+encima.»--«Miren el tío manguitillas, así se le vuelvan veneno los
+cuartos.» Pero aquel día todo era paz y concordia, y Torquemada concedía
+cuanto le demandaban.
+
+«¡Ay, D. Francisco!--le dijo otra en el número 11,--tenga los jeringados
+cincuenta reales. Para poderlos juntar, no hemos comido más que dos
+cuartos de gallineja y otros dos de hígado con pan seco.... Pero por no
+verle el carácter de esa cara y no oirle, me mantendría yo con puntas de
+París.
+
+--Pues mira, eso es un insulto, una injusticia, porque si las he
+sofocado otras veces no ha sido por el materialismo del dinero, sino
+porque me gusta ver cumplir á la gente... para que no se diga.... Debe
+haber dignidad en todos. ¡A fe que tienes buena idea de mi!... ¿Iba yo á
+consentir que tus hijos, estos borregos de Dios, tuviesen hambre?...
+Deja, déjate el dinero.... O mejor, para que no lo tomes á desaire:
+partámoslo y quédate con veinticinco reales.... Ya me los darás otro
+día.... ¡Bribonazas, cuando debíais confesar que soy para vosotras como
+un padre, me tachais de inhumano y de qué sé yo qué! No, yo les aseguro
+á todas que respeto á la humanidad, que la considero, que la estimo, que
+ahora y siempre haré todo el bien que pueda y un poquito más.... ¡Hala!»
+
+Asombro, confusión. Tras de él iba el parlero grupo, chismorreando asi:
+«A este condenado le ha pasado algún desavío.... D. Francisco no está
+bueno de la cafetera. Mirad qué cara de patíbulo se ha traído. ¡D.
+Francisco con humanidad! Ahí tenéis por qué esta saliendo todas las
+noches en el cielo esa estrella con rabo. Es que el mundo se va á
+acabar.»
+
+En el número 16:
+
+«Pero hija de mi alma, so tunanta, ¿tenías á tu niña mala y no me habías
+dicho nada? ¿Pues para qué estoy yo en el mundo? Francamente, eso es un
+agravio que no te perdono, no te lo perdono. Eres una indecente; y en
+prueba de que no tienes ni pizca de sentido, ¿apostamos á que no
+adivinas lo que voy á hacer? ¿Cuánto va á que no lo adivinas?... Pues
+voy á darte para que pongas un puchero.... ¡ea! Toma, y di ahora que yo
+no tengo humanidad. Pero sois tan mal agradecidas, que me pondréis como
+chupa de dómine, y hasta puede que me echéis alguna maldición. Abur.»
+
+En el cuarto de la señá Casiana, una vecina se aventuró á decirle: «D.
+Francisco, á nosotras no nos la da usted.... A usted le pasa algo. ¿Que
+demonios tiene en esa cabeza ó en ese corazón de cal y canto?»
+
+Dejóse el afligido casero caer en una silla, y quitándose el hongo se
+pasó la mano por la amarilla frente y la calva sebosa, diciendo tan sólo
+entre suspiros: «¡No es de cal y canto, puñales, no es de cal y canto!»
+
+Como observasen que sus ojos se humedecían, y que, mirando al suelo, y
+apoyado con ambas manos en el bastón, cargaba sobre éste todo el peso
+del cuerpo, meciéndose, le instaron para que se desahogara; pero él no
+debió creerlas dignas de ser confidentes de su inmensa, desgarradora
+pena. Tomando el dinero, dijo con voz cavernosa: «Si no lo tuvieras,
+Casiana, lo mismo sería. Repito que yo no ahogo al pobre... como que yo
+también soy pobre.... Quien dijese (levantándose con zozobra y enfado)
+que soy inhumano, miente más que la _Gaceta_. Yo soy humano; yo
+compadezco á los desgraciados; yo les ayudo en lo que puedo, porque así
+nos lo manda la Humanidad; y bien sabéis todas que como faltéis á la
+Humanidad, lo pagaréis tarde ó temprano, y que si sois buenas tendréis
+vuestra recompensa. Yo os juro por esa imagen de la Virgen de las
+Angustias con el Hijo muerto en los brazos (señalando una lámina), yo os
+juro que si no os he parecido caritativo y bueno, no quiere esto decir
+que no lo sea, ¡puñales! y que si son menester pruebas, pruebas se
+darán. Dale, que no lo creen... pues váyanse todas con doscientos mil
+pares de demonios, que á mí, con ser bueno me basta.... No necesito que
+nadie me dé bombo. Piojosas, para nada quiero vuestras gratitudes.... Me
+paso por las narices vuestras bendiciones.»
+
+Dicho esto salió de estampía. Todas le miraban por la escalera abajo, y
+por el patio adelante, y por el portal afuera, haciendo unos gestos
+tales que parecía el mismo demonio persignándose.
+
+
+V
+
+Corrió hacia su casa, y contra su costumbre (pues era hombre que
+comunmente prefería despernarse á gastar una peseta), tomó un coche para
+llegar más pronto. El corazón dió en decirle que encontraría buenas
+noticias, el enfermo aliviado, la cara de Rufina sonriente al abrir la
+puerta; y en su impaciencia loca, parecíale que el carruaje no se movía,
+que el caballo cojeaba y que el cochero no sacudía bastantes palos al
+pobre animal.... «Arrea, hombre. ¡Maldito jaco! Leña en él--le
+gritaba.--Mira que tengo mucha prisa.»
+
+Llegó por fin; y al subir jadeante la escalera de su casa, razonaba sus
+esperanzas de esta manera: «No salgan ahora diciendo que es por mis
+maldades, pues de todo hay...» ¡Qué desengaño al ver la cara de Rufina
+tan triste, y al oir aquel _lo mismo, papá_, que sonó en sus oídos como
+fúnebre campanada! Acercóse de puntillas al enfermo y le examinó. Como
+el pobre niño se hallara en aquel momento amodorrado, pudo Don Francisco
+observarle con relativa calma, pues cuando deliraba y quería echarse del
+lecho, revolviendo en torno los espantados ojos, el padre no tenía valor
+para presenciar tan doloroso espectáculo y huía de la alcoba trémulo y
+despavorido. Era hombre que carecía de valor para afrontar penas de tal
+magnitud, sin duda por causa de su deficiencia moral; se sentía medroso,
+consternado, y como responsable de tanta desventura y dolor tan grande.
+Seguro de la esmeradísima asistencia de Rufina, ninguna falta hacía el
+afligido padre junto al lecho de Valentín: al contrario, más bien era
+estorbo, pues si le asistiera, de fijo, en su turbación, equivocaría las
+medicinas, dándole á beber algo que acelerara su muerte. Lo que hacía
+era vigilar sin descanso, acercarse á menudo á la puerta de la alcoba, y
+ver lo que ocurría, oir la voz del niño delirando ó quejándose; pero si
+los ayes eran muy lastimeros y el delirar muy fuerte, lo que sentía
+Torquemada era un deseo instintivo de echar á correr y ocultarse con su
+dolor en el último rincón del mundo. Aquella tarde le acompañaron un
+rato Bailón, el carnicero de abajo, el sastre del principal y el
+fotógrafo de arriba, esforzándose todos en consolarle con las frases de
+reglamento; mas no acertando Torquemada á sostener la conversación sobre
+tema tan triste les daba las gracias con desatenta sequedad. Todo se le
+volvia suspirar con bramidos, pasearse á trancos, beber buches de agua y
+dar algún puñetazo ea la pared. ¡Tremendo caso aquel! ¡Cuántas
+esperanzas desvanecidas!... ¡Aquella flor del mundo segada y marchita!
+Esto era para volverse loco. Mas natural sería el desquiciamiento
+universal, que la muerte del portentoso niño que había venido á la
+tierra para iluminarla con el fanal de su talento... ¡Bonitas cosas
+hacia Dios, la Humanidad, ó quien quiera que fuese el muy tal y cual que
+inventó el mundo y nos puso en él! Porque si habían de llevarse á
+Valentín, ¿para qué le trajeron acá, dándole á él, al buen Torquemada,
+el privilegio de engendrar tamaño prodigio? ¡Bonito negocio hacía la
+Providencia, la Humanidad, ó el arrastrado Conjunto, como decía Bailón!
+¡Llevarse al niño aquél, lumbrera de la ciencia, y dejar acá todos los
+tontos! ¿Tenía esto sentido común? ¿No había motivo para rebelarse
+contra los de arriba, ponerle como ropa de pascua y mandarles á
+paseo?... Si Valentín se moría, ¿qué quedaba en el mundo obscuridad,
+ignorancia. Y para el padre, ¡que golpe! ¡Porque figurémonos todos lo
+que sería D. Francisco cuando su hijo, ya hombre, empezase á figurar, á
+confundir á todos los sabios, á volver patas arriba la ciencia toda!...
+Torquemada sería en tal caso la segunda persona de la Humanidad: y sólo
+por la gloria de haber engendrado al gran matemático, sería cosa de
+plantarle en un trono. ¡Vaya un ingeniero que sería Valentín si viviese!
+Como que había de hacer unos ferrocarriles que irían de aquí á Pekín en
+cinco minutos, y globos para navegar por los aires, y barcos para andar
+por debajito del agua, y otras cosas nunca vistas ni siquiera soñadas.
+¡Y el planeta se iba á perder estas gangas por una estúpida sentencia de
+los que dan y quitan la vida!... Nada, nada, envidia pura, envidia. Allá
+arriba, en las invisibles cavidades de los altos cielos, alguien se
+había propuesto _fastidiar_ á Torquemada. Pero... pero.... ¿y si no
+fuese envidia, sino castigo? ¿Si se había dispuesto así para anonadar al
+tacaño cruel, al casero tiránico, al prestamista sin entrañas? ¡Ah!
+cuando esta idea entraba en turno, Torquemada sentía impulsos de correr
+hacia la pared más próxima y estrellarse contra ella. Pronto se
+reaccionaba y volvía sobre sí. No, no podía ser castigo, porque él no
+era malo, y si lo fue, ya se enmendaría. Era envidiable, tirria y
+malquerencia que le tenían, por ser autor de tan soberana eminencia.
+Querían truncarle su porvenir y arrebatarle aquella alegría y fortuna
+inmensa de sus últimos años.... Porque su hijo, si viviese, había de
+ganar muchísimo dinero, pero muchísimo, y de aquí la celestial intriga.
+Pero él (lo pensaba lealmente) renunciaría á las ganancias, pecuniarias
+del hijo, con tal que le dejaran la gloria, ¡la gloria! pues para
+negocios, le bastaba con los suyos propios.... El último paroxismo de su
+exaltada mente fue renunciar á todo el _materialismo_ de la ciencia del
+niño, con tal que le dejasen la gloria.
+
+Cuando se quedó solo con él, Bailón le dijo que era preciso tuviese
+filosofía; y como Torquemada no entendiese bien el significado y
+aplicación de tal palabra, explanó la sibila su idea en esta forma:
+«Conviene resignarse, considerando nuestra pequeñez ante estas grandes
+evoluciones de la materia... pues, ó substancia vital. Somos átomos,
+amigo D. Francisco, nada más que unos tontos de átomos. Respetemos las
+disposiciones del grandísimo Todo á que pertenecemos, y vengan penas.
+Para eso está la filosofía, ó si se quiere, la religión: para hacer
+pecho á la adversidad. Pues si no fuera asi, no podríamos vivir.» Todo,
+lo aceptaba Torquemada menos resignarse. No tenía en su alma la fuente
+de donde tal consuelo pudiera salir, y ni siquiera lo comprendía. Como
+el otro, después de haber comido bien, insistiera en aquellas ideas, á
+D. Francisco se le pasaron ganas de darle un par de trompadas,
+destruyendo en un punto el perfil más enérgico que dibujara Miguel
+Ángel. Pero no hizo más que mirarle con ojos terroríficos, y el otro se
+asustó y puso punto en sus teologías.
+
+A prima noche, Quevedito y el otro médico hablaron á Torquemada en
+términos desconsoladores. Tenían poca ó ninguna esperanza, aunque no se
+atrevían á decir en absoluto que la habían perdido, y dejaban abierta la
+puerta á las reparaciones de la naturaleza y á la misericordia de Dios.
+Noche horrible fué aquélla. El pobre Valentín se abrasaba en invisible
+fuego. Su cara encendida y seca, sus ojos iluminados por esplendor
+siniestro, su inquietud ansiosa, sus bruscos saltos en el lecho, cual si
+quisiera huir de algo que le asustaba, eran espectáculo tristísimo que
+oprimía el corazón. Cuando D. Francisco, transido de dolor, se acercaba
+á la abertura de las entornadas batientes de la puerta y echaba hacia
+adentro una mirada tímida, creía escuchar, con la respiración premiosa
+del niño, algo como el chirrido de su carne tostándose en el fuego de la
+calentura. Puso atención á las expresiones incoherentes del delirio, y
+le oyó decir: _«Equis elevado al cuadrado, menos uno, partido por dos,
+más cinco equis menos dos, partido por cuatro, igual equis por equis más
+dos, partido por doce.... Papa, papá, la característica del logaritmo de
+un entero tiene tantas unidades menos una como_....» Ningún tormento de
+la Inquisición iguala al que sufría Torquemada oyendo estas cosas. Eran
+las pavesas del asombroso entendimiento de su hijo, revolando sobre las
+llamas en que éste se consumía. Huyó de allí por no oir la dulce
+vocecita, y estuvo más de media hora echado en el sofá de la sala,
+agarrándose con ambas manos la cabeza como si se le quisiese escapar. De
+improviso se levantó, sacudido por una idea; fué al escritorio donde
+tenía el dinero; sacó un cartucho de monedas que debían de ser
+calderilla, y vacíandoselo en el bolsillo del pantalón, púsose capa y
+sombrero, cogió el llavín, y á la calle.
+
+Salió como si fuera en persecución de un deudor. Después de mucho andar,
+parábase en una esquina, miraba con azoramiento á una parte y otra, y
+vuelta á correr calle adelante, con paso inglés tras de su víctima. Al
+compás de la marcha, sonaba en la pierna derecha el retintín de las
+monedas.... Grandes eran su impaciencia y desazón por no encontrar
+aquella noche lo que otras le salía tan á menudo al paso, molestándole y
+aburriéndole. Por fin... gracias á Dios... acercósele un pobre. «Toma
+hombre, toma: ¿dónde diablos os metéis esta noche? Cuando no hacéis
+falta, salís como moscas, y cuando se os busca, para socorreros, nada
+...» Apareció luego uno de esos mendigos decentes que piden, sombrero en
+mano, con lacrimosa cortesía. «Señor, un pobre cesante.--Tenga, tenga
+más. Aquí estamos los hombres caritativos para acudir á las miserias....
+Dígame: ¿no me pidió usted noches pasadas? Pues sepa que no le di porque
+iba muy de prisa. Y la otra noche y la otra, tampoco le dí porque no
+llevaba suelto: lo que es voluntad la tuve, bien, que la tuve.» Claro es
+que el cesante pordiosero se quedaba viendo visiones, y no sabía cómo
+expresar su gratitud. Más allá, salió de un callejón la fantasma. Era
+una mujer que pide en la parte baja de la calle de la Salud, vestida de
+negro, con un velo espesísimo que le tapa la cara. «Tome, tome,
+señora.... Y que me digan ahora que yo jamás he dado una limosna. ¿Le
+parece á usted qué calumnia? Vaya, que ya habrá usted reunido bastantes
+cuartos esta noche. Como que hay quien dice que pidiendo así, y con ese
+velo por la cara, ha reunido usted un capitalito. Retírese ya, que hace
+mucho frío... y ruegue á Dios por mí.» En la calle del Carmen, en la de
+Preciados y Puerta del Sol, á todos los chiquillos que salían dió su
+perro por barba. «¡Eh! niño, ¿tú pides ó que haces ahí, como un bobo?»
+Esto se lo dijo á un chicuelo que estaba arrimado á la pared, con las
+manos á la espalda, descalzos los pies, el pescuezo envuelto en una
+bufanda. El muchacho alargó la mano aterida. «Toma... Pues qué, ¿no te
+decía el corazón que yo había de venir á socorrerte? ¿Tienes frío y
+hambre? Toma más, y lárgate á tu casa, si la tienes. Aquí estoy yo para
+sacarte de un apuro; digo, para partir contigo un pedazo de pan, porque
+yo también soy pobre y más desgraciado que tú, ¿sabes? porque el frío,
+el hambre, se soportan; pero ¡ay! otras cosas....» Apretó el paso sin
+reparar en la cara burlona de su favorecido, y siguió dando, dando,
+hasta que le quedaron pocas piezas en el bolsillo. Corriendo hacia su
+casa, en retirada, miraba al cielo, cosa en él muy contraria á la
+costumbre, pues si alguna vez lo miró para enterarse del tiempo, jamás,
+hasta aquella noche, lo había contemplado. ¡Cuantísima estrella! Y qué
+claras y resplandecientes, cada una en su sitio, hermosas y graves,
+millones de millones de miradas que no aciertan á ver nuestra pequeñez.
+Lo que más suspendía el ánimo del tacaño era la idea de que todo aquel
+cielo estuviese indiferente á su gran dolor, ó más bien ignorante de él.
+Por lo demás, como bonitas, ¡vaya si eran bonitas las estrellas! Las
+había chicas, medianas y grandes; algo así como pesetas, medios duros y
+duros. Al insigne prestamista le pasó por la cabeza lo siguiente: «Como
+se ponga bueno, me ha de ajustar esta cuenta: si acuñáramos todas las
+estrellas del cielo, ¿cuánto producirían al 5 por 100 de interés
+compuesto en los siglos que van desde que todo eso existe?»
+
+Entró en su casa cerca de la una, sintiendo algún alivio en las
+congojas de su alma; se adormeció vestido, y á la mañana del día
+siguiente la fiebre de Valentín había remitido bastante. ¿Habría
+esperanzas? Los médicos no las daban sino muy vagas, y subordinando su
+fallo al recargo de la tarde. El usurero, excitadísimo, se abrazó á tan
+débil esperanza como el náufrago se agarra á la flotante astilla.
+Viviría, ¡pues no había de vivir!
+
+--Papá--le dijo Rufina llorando,--pídeselo á la Virgen del Carmen, y
+déjate de Humanidades.
+
+--¿Crees tú?... Por mí no ha de quedar. Pero te advierto que no habiendo
+buenas obras no hay que fiarse de la Virgen. Y acciones cristianas
+habrá, cueste lo que cueste: yo te lo aseguro. En las obras de
+misericordia está todo el intríngulis. Yo vestiré desnudos, visitare
+enfermos, consolaré tristes.... Bien sabe Dios que esa es mi voluntad
+bien lo sabe.... No salgamos después con la peripecia de que no lo
+sabía.... Digo, como saberlo, lo sabe.... Falta que quiera.
+
+Vino por la noche el recargo, muy fuerte. Los calomelanos y revulsivos
+no daban resultado alguno. Tenía el pobre niño las piernas abrasadas á
+sinapismos, y la cabeza hecha una lástima con las embrocaciones para
+obtener la erupción artificial. Cuando Rufina le cortó el pelito por la
+tarde, con objeto de despejar el cráneo, Torquemada oía los tijeretazos
+como si se los dieran á él en el corazón. Fué preciso comprar más hielo
+para ponersolo en vejigas en la cabeza, y después hubo que traer el
+iodoformo; recados que el _Peor_ desempeñaba con ardiente actividad,
+saliendo y entrando cada poco tiempo. De vuelta á casa, ya anochecido,
+encontró, al doblar la esquina de la calle de Hita, un anciano mendigo y
+haraposo, con pantalones de soldado, la cabeza al aire, un andrajo de
+chaqueta por los hombros, y mostrando el pecho desnudo. Cara más
+venerable no se podía encontrar sino en las estampas del _Año
+cristiano_. Tenía la barba erizada y la frente llena de arrugas, como
+San Pedro; el cráneo terso, y dos rizados mechones blancos en las
+sienes. «Señor, señor--decía con el temblor de un frío intenso,--mire
+cómo estoy, míreme.» Torquemada pasó de largo, y se detuvo á poca
+distancia; volvió hacia atrás, estuvo un rato vacilando, y al fin siguió
+su camino. En el cerebro le fulguró esta idea: «Si conforme traigo la
+capa nueva, trajera la vieja....»
+
+
+VI
+
+Y al entrar en su casa:
+
+--¡Maldito de mí! No debí dejar escapar aquel acto de cristiandad.
+
+Dejó la medicina que traía, y, cambiando de capa, volvió á echarse á la
+calle. Al poco rato, Rufinita, viéndole entrar en cuerpo, le dijo
+asustada:
+
+--Pero, papá, ¡cómo tienes la cabeza!... ¿En dónde has dejado la capa?
+
+--Hija de mi alma--contestó el tacaño bajando la voz y poniendo una cara
+muy compungida,--tú no comprendes lo que es un buen rasgo de caridad, de
+humanidad.... ¿Preguntas por la capa? Ahí te quiero ver.... Pues se la
+he dado á un pobre viejo, casi desnudo y muerto de frío. Yo soy así: no
+ando con bromas cuando me compadezco del pobre. Podre parecer duro
+algunas veces; pero como me ablande.... Veo que te asustas. ¿Qué vale un
+triste pedazo de paño?
+
+--¿Era la nueva?
+
+--No, la vieja.... Y ahora, créemelo, me remuerde la conciencia por no
+haberle dado la nueva... y se me alborota también por habértelo dicho.
+La caridad no se debe pregonar.
+
+No se habló más de aquello, porque de cosas más graves debían ambos
+ocuparse. Rendida de cansancio, Rufina no podía ya con su cuerpo: cuatro
+noches hacía que no se acostaba; pero su valeroso espíritu la sostenía
+siempre en pie, diligente y amorosa como una hermana de la caridad.
+Gracias á la asistenta que tenían en casa; la señorita podía descansar
+algunos ratos; y para ayudar á la asistenta en los trabajos de la
+cocina, quedábase allí por las tardes la trapera de la casa, viejecita
+que recogía las basuras y los pocos desperdicios de la comida, _ab
+initio_, ó sea desde que Torquemada y Doña Silvia se casaron, y lo mismo
+había hecho en la casa de los padres de Doña Silvia. Llamábanla la _tía
+Roma_, no sé por qué (me inclino á creer que este nombre es corrupción
+de Jerónima), y era tan vieja, tan vieja y tan fea, que su cara parecía
+un puñado de telarañas revueltas con ceniza; su nariz de corcho ya no
+tenía forma; su boca redonda y sin dientes, menguaba ó crecía, según la
+distensión de las arrugas que la formaban. Más arriba, entre aquel
+revoltijo de piel polvorosa, lucían los ojos de pescado, dentro de un
+cerco de pimentón húmedo. Lo demás de la persona desaparecía bajo un
+envoltorio de trapos y dentro de la remendada falda, en la cual había
+restos de un traje de la madre de Doña Silvia, cuando era polla. Esta
+pobre mujer tenía gran apego á la casa, cuyas barreduras había recogido
+diariamente durante luengos años; tuvo en gran estimación á Doña Silvia,
+la cual nunca quiso dar á nadie más que á ella los huesos, mendrugos y
+piltrafas sobrantes, y amaba entrañablemente á los niños, principalmente
+á Valentín, delante de quien se prosternaba con admiración
+supersticiosa. Al verle con aquella enfermedad tan mala, que era, según
+ella, una reventazón del talento en la cabeza, la tía roma no tenía
+sosiego: iba mañana y tarde á enterarse; penetraba en la alcoba del
+chico, y permanecía largo rato sentada junto al lecho, mirándole
+silenciosa, sus ojos como dos fuentes inagotables que inundaban de
+lágrimas los flácidos pergaminos de la cara y pescuezo.
+
+Salió la trapera del cuarto para volverse á la cocina, y en el comedor
+se encontró al amo que, sentado junto á la mesa y de bruces en ella,
+parecía entregarse á profundas meditaciones. La tía Roma, con el largo
+trato y su metimiento en la familia, se tomaba confianzas con él....
+«Rece, rece--le dijo, poniéndose delante y dando vueltas al pañuelo con
+que pensaba enjugar el llanto caudaloso,--rece, que buena falta le
+hace.... ¡Pobre hijo de mis entrañas, qué malito está!... Mire, mire
+(señalando al encerado) las cosas tan guapas que escribió en ese
+bastidor negro. Yo no entiendo lo que dice... pero á cuenta que dirá
+que debemos ser buenos.... ¡Sabe más ese ángel!... Como que por eso Dios
+no nos le quiere dejar....
+
+--¿Qué sabes tú, tía Roma?--dijo Torquemada poniéndose lívido.--Nos le
+dejará. ¿Acaso piensas tú que yo soy tirano y perverso, como creen los
+tontos y algunos perdidos, malos pagadores?... Si uno se descuida, le
+forman la reputación más perra del mundo.... Pero Dios sabe la
+verdad.... Si he hecho ó no he hecho caridades en estos días, eso no es
+cuenta de nadie: no me gusta que me averigüen y pongan en carteles mis
+buenas acciones.... Reza tú también, reza mucho hasta que se te seque la
+boca, que tú debes de ser allá muy bien mirada, porque en tu vida has
+tenido una peseta.... Yo me vuelvo loco, y me pregunto qué culpa tengo
+yo de haber ganado algunos jeringados reales.... ¡Ay, tía Roma, si
+vieras cómo tengo mi alma! Pídele á Dios que se nos conserve Valentín,
+porque si se nos muere, yo no sé lo que pasará: yo me volveré loco,
+saldré á la calle y mataré á alguien. Mi hijo es mío, ¡puñales! y la
+gloria del mundo. ¡Al que me le quite...!
+
+--¡Ay qué pena!--murmuró la vieja ahogándose.--Pero quien sabe... puede
+que la Virgen haga el milagro.... Yo se lo estoy pidiendo con muchísima
+devoción. Empuje usted por su lado y prometa ser tan siquiera regular.
+
+--Pues por prometido no quedará.... Tía Roma déjame... déjame sólo. No
+quiero ver á nadie. Me entiendo mejor solo con mi afán.»
+
+La anciana salió gimiendo, y D. Francisco, puestas las manos sobre la
+mesa, apoyó en ellas su frente ardorosa. Así estuvo no sé cuánto tiempo,
+hasta que le hizo variar de postura su amigo Bailón, dándole palmadas en
+el hombro y diciéndole: «No hay que amilanarse. Pongamos cara de vaqueta
+a la desgracia, y no permitamos que nos acoquine la muy... Déjese para
+las mujeres la cobardía. Ante la Naturaleza, ante el sublime Conjunto,
+somos unos pedazos de átomos que no sabemos de la misa la media.
+
+--Váyase usted al rábano con sus Conjuntos y sus papás,--le dijo
+Torquemada echando lumbre por los ojos.»
+
+Bailón no insistió; y juzgando que lo mejor era distraerle, apartando su
+pensamiento de aquellas sombrías tristezas, pasado un ratito le habló de
+cierto negocio que traía en la mollera.
+
+Como quiera que el arrendatario de sus ganados asnales y cabríos hubiese
+rescindido el contrato, Bailón decidió explotar aquella industria en
+gran escala, poniendo un gran establecimiento de leches á estilo moderno
+con servicio puntual á domicilio, precios arreglados, local elegante,
+teléfono, etc.... Lo había estudiado, y.... Créame usted amigo D.
+Francisco, es un negocio seguro, mayormente si añadimos el ramo de
+vacas, porque en Madrid las leches....
+
+--Déjeme usted á mí de leches y de.... ¿Qué tengo yo que ver con burras
+ni con vacas?--gritó el _Peor_ poniéndose en pie y mirándole con
+desprecio.--Me ve cómo estoy, ¡puñales! muerto de pena, y me viene á
+hablar de la condenada leche.... Hábleme de cómo se consigue que Dios
+nos haga caso cuando pedimos lo que necesitamos, hábleme de lo que...
+no sé cómo explicarlo... de lo que significa ser bueno y ser malo...
+porque, ó yo soy un zote, ó ésta es de las cosas que tienen más
+busilis....
+
+--¡Vaya si lo tienen, vaya si lo tienen, carambita!» dijo la sibila con
+expresión de suficiencia, moviendo la cabeza y entornando los ojos.
+
+En aquel momento tenía el hombre actitud muy diferente de la de su
+similar en la Capilla Sixtina: sentado, las manos sobre el puño del
+bastón, éste entre las piernas, las piernas dobladas con igualdad: el
+sombrero caído para atrás, el cuerpo atlético desfigurado dentro del
+gabán de solapas aceitosas, los hombros y cuello plagados de caspa. Y
+sin embargo de estas prosas, el muy arrastrado se parecía al Dante y
+¡había sido sacerdote en Egipto! Cosas de la picara humanidad....
+
+«Vaya si lo tienen--repitió la sibila, preparándose á ilustrar á su
+amigo con una opinión cardinal.--¡Lo bueno y lo malo... como quien
+dice, luz y tinieblas!»
+
+Bailón hablaba de muy distinta manera de como escribía. Esto es muy
+común. Pero aquella vez la solemnidad del caso exaltó tanto su magín,
+que se le vinieron a la bocalos conceptos en la forma propia de su
+escuela literaria. «He aquí que el hombre vacila y se confunde ante el
+gran problema. ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? Hijo mío, abre tus oídos
+a la verdad y tus ojos a la luz. El bien es amar a nuestros semejantes.
+Amemos y sabremos lo que es el bien; aborrezcamos y sabremos lo que es
+el mal. Hagamos bien a los que nos aborrecen, y las espinas se nos
+volverán flores. Esto dijo el justo, esto digo yo... Sabiduría de
+sabidurías, y ciencia de ciencias».
+
+--Sabidurías y armas al hombro--gruñó Torquemada con abatimiento.--Eso
+ya lo sabía yo... pues lo de _al prójimo contra una esquina_ siempre me
+ha parecido una barbaridad. No hablemos más de eso.... No quiero pensar
+en cosas tristes. No digo más sino que si se me muere el hijo... vamos,
+no quiero pensarlo... si se me muere, lo mismo me da lo blanco que lo
+negro....
+
+En aquél momento oyóse un grito áspero, estridente, lanzado por
+Valentín, y que á entrambos los dejó suspensos de terror. Era el grito
+meníngeo, semejante al alarido del pavo real. Este extraño síntoma
+encefálico se había iniciado aquel día por la mañana, y revelaba el
+gravísimo y pavoroso curso de la enfermedad del pobre niño matemático.
+Torquemada se hubiera escondido en el centro de la tierra para no oír
+tal grito: metióse en su despacho sin hacer caso de las exhortaciones de
+Bailón, y dando á éste con la puerta en el hocico dantesco. Desde el
+pasillo le sintieron abriendo el cajón de su mesa, y al poco rato
+apareció guardando algo en el bolsillo interior de la americana. Cogió
+el sombrero, y sin decir nada se fue á la calle.
+
+Explicaré lo que esto significaba y á dónde iba con su cuerpo aquella
+tarde el desventurado Don Francisco. El día mismo en que cayó malo
+Valentín, recibió su padre carta de un antiguo y sacrificado cliente ó
+deudor suyo, pidiéndole préstamo con garantía de los muebles de la casa.
+Las relaciones entre la víctima y el inquisidor databan de larga fecha,
+y las ganancias obtenidas por éste habían sido enormes, porque el otro
+era débil, muy delicado, y se dejaba desollar, freir y escabechar como
+si hubiera nacido para eso. Hay personas así. Pero llegaron tiempos
+penosísimos, y el señor aquél no podía recoger su papel. Cada lunes y
+cada martes, el _Peor_ le embestía, le mareaba, le ponía la cuerda al
+cuello y tiraba muy fuerte, sin conseguir sacarle ni los intereses
+vencidos. Fácilmente se comprenderá la ira del tacaño al recibir la
+cartita pidiendo un nuevo préstamo. ¡Qué atroz insolencia! Le habría
+contestado mandándole á paseo, si la enfermedad del niño no le trajera
+tan afligido y sin ganas de pensar en negocios. Pasaron dos días, y allá
+te va otra esquela angustiosa, de _in exiremis_, como pidiendo la
+Unción. En aquellas cortas líneas en que víctima invocaba los _hidalgas
+sentimientos_ de verdugo, se hablaba de un compromiso de honor,
+proponíanse las condiciones más espantosas, pasaba por todo con tal de
+ablandar el corazon de bronce del usurero, y obtener de él la
+afirmativa. Pues cogió mi hombre la carta, y hecha pedazos la tiró á la
+cesta de papeles, no volvido á acordarse más de semejante cosa. ¡Buena
+tenía él la cabeza para pensar en los compromisos y apuros de nadie,
+aunque fueran los del mismísimo Verbo?
+
+Pero llegó la ocasión aquélla antes descrita, el coloquio con la tía
+Roma y con D. José, el grito de Valentín, y he aquí que al judío le da
+como una corazonada, se le enciende en la mollera fuego de inspiración,
+trinca el sombrero y se va derecho en busca de su desdichado cliente. El
+cual era apreciable persona, sólo que de cortos alcances, con un
+familión sin fin, y una señora á quien le daba el hipo por lo elegante.
+Había desempeñado el tal buenos destinos en la Península, y en Ultramar,
+y lo que trajo de allá, no mucho, porque era hombre de bien, se lo afanó
+el usurero en menos de un año. Después le cayó la herencia de un tío;
+pero como la señora tenía unos condenados _jueves_ para reunir y
+agasajar á la mejor sociedad, los cuartos de la herencia se escurrían de
+lo lindo, y sin saber cómo ni cuándo, fueron á parar al bolsón de
+Torquemada. Yo no sé qué demonios tenía el dinero de aquella casa, que
+era como un acero para correr hacia el imán del maldecido prestamista.
+Lo peor del caso es que aun después de hallarse la familia con el agua
+al pescuezo, todavía la tarasca aquella tan _fashionable_ encargaba
+vestidos á París, invitaba a sus amigas para un _five o'clock tea_, ó
+imaginaba cualquier otra majadería por el estilo.
+
+Pues, señor, ahí va D. Francisco hacia la casa del señor aquél, que, á
+juzgar por los términos aflictivos de la carta, debía de estar á punto
+de caer, con toda su elegancia y sus tés, en los tribunales, y de
+exponer á la burla y á la deshonra un nombre respetable. Por el camino
+sintió el tacaño que le tiraban de la capa. Volvióse... ¿y quién creéis
+que era? Pues una mujer que parecía la Magdalena por su cara dolorida y
+por su hermoso pelo, mal encubierto con pañuelo de cuadros rojos y
+azules. El palmito era de la mejor ley; pero muy ajado ya por fatigosas
+campañas. Bien se conocía en ella á la mujer que sabe vestirse, aunque
+iba en aquella ocasión hecha un pingo, casi indecente, con falda
+remendada, mantón de ala de mosca y unas botas.... ¡Dios, qué botas, y
+cómo desfiguraban aquel pie tan bonito.
+
+--¡Isidora!...--exclamó D. Francisco, poniendo cara de regocijo, cosa en
+él muy desusada.--¿A dónde va usted con ese ajetreado cuerpo?
+
+--Iba a su casa. Sr. D. Francisco, tenga compasión de nosotros... ¿Por
+qué es usted tan tirano y tan de piedra? ¿No ve cómo estamos? ¿No tiene
+tan siquiera un poquito de humanidad?
+
+--Hija de mi alma, usted me juzga mal... ¿Y si yo le dijera ahora que
+iba pensando en usted... que me acordaba del recado que me mandó ayer
+por el hijo de la portera... y de lo que usted misma me dijo anteayer
+en la calle?
+
+--¡Vaya, que no hacerse cargo de nuestra situación!--dijo la mujer
+echándose á llorar.--Martín muriéndose... el pobrecito... en aquel
+buhardillón helado.... Ni cama, ni medicinas, ni con qué poner un triste
+puchero para darle una taza de caldo.... ¡Qué dolor! Don Francisco,
+tenga cristiandad y no nos abandone. Cierto que no tenemos crédito; pero
+á Martín le quedan media docena de estudios muy bonitos.... Verá usted
+... el de la sierra de Guadarrama, precioso... el de La Granja, con
+aquellos arbolitos... también, y el de... qué sé yo qué. Todos muy
+bonitos: Se los llevaré... pero no sea malo y compadézcase del pobre
+artista....
+
+--Eh... eh... no llore, mujer.... Mire que yo estoy montado á pelo...
+tengo una aflicción tal dentro de mi alma, Isidora, que... si sigue
+usted llorando, también yo soltaré el trapo. Vayase á su casa, y
+espéreme allí. Iré dentro de un ratito.... ¿Qué... duda de mi palabra?
+
+--¿Pero de veras que va? No me engañe, por la Virgen Santísima.
+
+--¿Pero la he engañado yo alguna vez? Otra queja podrá tener de mí; pero
+lo que es esa....
+
+--¿Le espero de verdad?... ¡Qué bueno será usted si va y nos socorre!...
+¡Martín se pondrá más contento cuando se lo diga!
+
+--Vayase tranquila.... Aguárdeme, y mientras llego pídale á Dios por mí
+con todo el fervor que pueda.
+
+
+VII
+
+No tardó en llegar á la casa del cliente, la cual era un principal muy
+bueno, amueblado con mucho lujo y elegancia, con _vistas á San
+Bernardino_. Mientras aguardaba á ser introducido, el _Peor_ contempló
+el hermoso perchero y los soberbios cortinajes de la sala, que por la
+entornada puerta se alcanzaban á ver, y tanta magnificencia le sugirió
+estas reflexiones: «En lo tocante á los muebles, como buenos lo son...
+vaya si lo son.» Recibióle el amigo en su despacho; y apenas Torquemada
+le preguntó por la familia, dejóse caer en una silla con muestras de
+gran consternación. «¿Pero qué le pasa?--le dijo el otro.
+
+--No me hable usted, no me hable usted, señor D. Juan. Estoy con el alma
+en un hilo.... ¡Mi hijo...!
+
+--¡Pobrecito! Sé que está muy malo.... ¿Pero no tiene usted esperanzas?
+
+--No, señor.... Digo, esperanzas, lo que se llama esperanzas.... No sé;
+estoy loco; mi cabeza es un volcán....
+
+--¡Sé lo que es eso!--observó el otro con tristeza.--He perdido dos
+hijos que eran mi encanto: el uno de cuatro años, el otro de once.
+
+--Pero su dolor de usted no puede ser como el mío. Yo padre, no me
+parezco á los demás padres, porque mi hijo no es como los demás hijos:
+es un milagro de sabiduría.... ¡Ay, D. Juan, Don Juan de mi alma, tenga
+usted compasión de mí! Pues verá usted.... Al recibir su carta primera,
+no pude ocuparme.... La aflicción no me dejaba pensar... Pero me
+acordaba de usted y decía: «Aquel pobre D. Juan, ¡qué amarguras estará
+pasando!...» Recibo la segunda esquela y entonces digo: «Ea, pues lo que
+es yo no le dejo en ese pantano. Debemos ayudarnos los unos á los otros
+en nuestras desgracias.» Así pensé; sólo que con la batahola que hay en
+casa, no tuve tiempo de venir ni de contestar.... Pero hoy, aunque
+estaba medio muerto de pena, dije: «Voy, voy al momento á sacar del
+purgatorio á ese buen amigo D. Juan...» y aquí estoy para decirle que
+aunque me debe usted setenta y tantos mil reales, que hacen más de
+noventa con los intereses no percibidos, y aunque he tenido que darle
+varias prórrogas, y... francamente... me temo tener que darle alguna
+más, estoy decidido á hacerle á usted ese préstamo sobre los muebles
+para que evite la peripecia que se le viene encima.
+
+--Ya está evitada--replicó D. Juan, mirando al prestamista con la mayor
+frialdad.--Ya no necesito el préstamo.
+
+--¡Que no lo necesita!--exclamó el tacaño desconcertado.--Repare usted
+una cosa, D. Juan. Se lo hago á usted... al doce por ciento.
+
+Y viendo que el otro hacía signos negativos, levantóse, y recogiendo la
+capa, que se le caía, dió algunos pasos hacia D. Juan, le puso la mano
+en el hombro y le dijo:
+
+«Es que usted no quiere tratar conmigo, por aquello de si soy ó no soy
+agarrado. ¡Me parece á mí que un doce! ¿Cuándo las habrá visto usted más
+gordas!
+
+--Me parece muy razonable el interés; pero, lo repito, ya no me hace
+falta.
+
+--¿Se ha sacado usted el premio gordo, por vida de...!--exclamó
+Torquemada con grosería--D. Juan, no gaste usted bromas conmigo.... ¿Es
+que duda de que le hable con seriedad? Porque eso de que no le hace
+falta.... ¡rábano!... ¡á usted que sería capaz de tragarse, no digo yo
+este pico, sino la Casa de la Moneda enterita... D. Juan. Don Juan,
+sepa usted, si no lo sabe, que yo tan bién tengo mi humanidad como
+cualquier hijo de vecino, que me intereso por el prójimo hasta que
+favorezco á los que me aborrecen. Usted me odia, D. Juan, usted me
+detesta, no me lo niegue, porque no me puede pagar: esto es claro. Pues
+bien: para que vea usted de lo que soy capaz, se lo doy al cinco... ¡al
+cinco!»
+
+Y como el otro repitiera con la cabeza los signos negativos, Torquemada
+se desconcertó más, y alzando los brazos, con lo cual dicho se está que
+la capa fué á parar al suelo, soltó esta andanada:
+
+«¡Tampoco al cinco!... Pues, hombre, menos que el cinco, ¡caracoles!...
+á no ser que quiera que le dé también la camisa que llevo puesta....
+¿Cuando se ha visto usted en otra?... Pues no sé qué quiere el ángel de
+Dios.... De esta hecha, me vuelvo loco. Para que vea, para que vea hasta
+dónde llega mi generosidad: se lo doy sin interés.
+
+--Muchas gracias, amigo D. Francisco. No dudo de sus buenas intenciones.
+Pero ya nos hemos arreglado. Viendo que usted no me contestaba, me fuí á
+dar con un pariente, y tuve ánimos para contarle mi triste situación.
+¡Ojalá lo hubiera hecho antes!
+
+--Pues aviado está el pariente.... Ya puede decir que ha hecho un pan
+como unas hostias.... Con muchos negocios de esos.... En fin, usted no
+lo ha querido de mí, usted se lo pierde. Vaya diciendo ahora que no
+tengo buen corazón, quien no lo tiene es usted....
+
+--¿Yo? Esa sí que es salada.
+
+--Sí, usted, usted (con despecho). En fin, me las guillo, que me
+aguardan en otra parte donde hago muchísima falta, donde me están
+esperando como agua de Mayo. Aquí estoy de más. Abur....»
+
+Despidióle D. Juan en la puerta, y Torquemada bajó la escalera
+refunfuñando: «No se puede tratar con gente mal agradecida. Voy á
+entenderme con aquellos pobrecitos.... ¡Qué será de ellos sin mí!»
+
+No tardó en llegar á la otra casa, donde le aguardaban con tanta
+ansiedad. Era en la calle de la Luna, edificio de buena apariencia, que
+albergaba en el principal á un aristócrata; más arriba familias
+modestas, y en el techo un enjambre de pobres. Torquemada recorrió el
+pasillo obscuro buscando una puerta. Los números de éstas eran inútiles,
+porque no se veían. La suerte fué que Isidora le sintió los pasos y
+abrió.
+
+«¡Ah! vivan los hombres de palabra. Pase, pase.»
+
+Hallose D. Francisco dentro de una estancia cuyo inclinado techo tocaba
+al piso por la parte contraria a la puerta; arriba, un ventanón con
+algunos de sus vidrios rotos, tapados con trapos y papeles; el suelo, de
+baldosín, cubierto a trechos de pedazos de alfombra; a un lado un baúl
+abierto, dos sillas, un anafre con lumbre; a otro, una cama, sobre la
+cual, entre mantas y ropas diversas, medio vestido y medio abrigado,
+yacía un hombre como de treinta años, guapo, de barba puntiaguda, ojos
+grandes, frente hermosa, demacrado y con los pómulos ligeramente
+encendidos; en las sienes una depresión verdosa, y las orejas
+transparentes como la cera de los devotos que se cuelgan en los altares.
+Torquemada le miró sin contestar al saludo y pensaba así: «El pobre está
+más tísico que la Traviatta. ¡Lástima de muchacho! Tan buen pintor y tan
+mala cabeza... ¡Habría podido ganar tanto dinero!».
+
+--Ya ve usted, D. Francisco, cómo estoy... con este catarrazo que no me
+quiere dejar. Siéntese.... ¡Cuanto le agradezco su bondad!
+
+--No hay que agradecer nada.... Pues no faltaba más. ¿No nos manda Dios
+vestir á los enfermos, dar de beber al triste, visitar al desnudo?...
+¡Ay! todo lo trabuco. ¡Qué cabeza!... Decía que para aliviar las
+desgracias estamos los hombres de corazón blando... sí, señor.»
+
+Miró las paredes del buhardillón, cubiertas en gran parte por multitud
+de estudios de paisajes, algunos con el cielo para abajo, clavados en la
+pared ó arrimados á ella.
+
+«Bonitas cosas hay todavía por aquí.
+
+--En cuanto suelte el constipado, voy á salir al campo--dijo el enfermo,
+los ojos iluminados por la fiebre.--¡Tengo una idea, qué idea!... Creo
+que me pondré bueno de ocho á diez días, si usted me socorre, D.
+Francisco; y en seguida al campo, al campo....
+
+--Al camposanto es á donde tu vas prontito--pensó Torquemada; y luego en
+alta voz:--Sí, eso es cuestión de ocho ó diez días... nada más....
+Luego, saldrá usted por ahí... en un coche.... ¿Sabe usted que la
+buhardilla es fresquecita?... ¡Caramba! Déjeme embozar en la capa.
+
+--Pues asómbrese usted--dijo el enfermo incorporándose.--Aquí me he
+puesto algo mejor. Los últimos días que pasamos en el estudio... que se
+lo cuente á usted Isidora... estuve malísimo; como que nos asustamos,
+y....»
+
+Le entró tan fuerte golpe de tos, que parecía que se ahogaba. Isidora
+acudió á incorporarle, levantando las almohadas. Los ojos del infeliz
+parecía que se saltaban, sus deshechos pulmones agitábanse
+trabajosamente como fuelles rotos que no pueden expeler ni aspirar el
+aire; crispaba los dedos, quedando al fin postrado y como sin vida.
+Isidora le enjugó el sudor de la frente, puso en orden la ropa que por
+ambos lados del angosto lecho se caía, y le dió á beber un calmante.
+
+«¡Pero qué pasmo tan atroz he cogido!...--exclamó el artista al
+reponerse del acceso.
+
+--Habla lo menos posible--le aconsejó Isidora.
+
+--Yo me entenderé con D. Francisco: verás cómo nos arreglamos. Este D.
+Francisco es más bueno de lo que parece: es un santo disfrazado de
+diablo, ¿verdad?»
+
+Al reirse mostró su dentadura incomparable una de las pocas gracias que
+le quedaban en su decadencia triste. Torquemada, echándose el de
+bondadoso, la hizo sentar á su lado y le puso la mano en el hombro,
+diciéndole: «Ya lo creo que nos arreglaremos.... Como que con usted se
+puede entender uno fácilmente; porque usted, Isidorita, no es como esas
+otras mujeronas que no tienen educación. Usted es una persona decente
+que ha venido á menos, y tiene todo el aquél de mujer fina, como hija
+neta de marqueses.... Bien lo sé... y que le quitaron la posición que
+le corresponde esos pillos de la curia....
+
+--¡Ay, Jesús!--exclamó Isidora, exhalando en un suspiro todas las
+remembranzas tristes y alegres de su novelesco pasado.--No hablemos de
+eso.... Pongámonos en la realidad. D. Francisco, ¿se ha hecho cargo de
+nuestra situación? A Martín le embargaron el estudio. Las deudas eran
+tantas, que no pudimos salvar más que lo que usted ve aquí. Después
+hemos tenido que empeñar toda su ropa y la mía para poder comer.... No
+me queda más que lo puesto... ¡mire usted qué facha! y á él nada, lo
+que ve usted sobre la cama. Necesitamos desempeñar lo preciso; tomar una
+habitacioncita más abrigada, la del tercero, que está con papeles;
+encender lumbre, comprar medicinas, poner siquiera un buen cocido todos
+los días.... Un señor de la beneficencia domiciliaria me trajo ayer dos
+bonos, y me mandó ir allá, a donde está la oficina; pero tengo vergüenza
+de presentarme con esta facha.... Los que hemos nacido en cierta
+posición, Sr. D. Francisco, por mucho que caigamos, nunca caemos hasta
+lo hondo.... Pero vamos al caso: para todo eso que le he dicho, y para
+que Martín se reponga y pueda salir al campo, necesitamos tres mil
+reales... y no digo cuatro porque no se asuste. Es lo último. Sí, D.
+Francisquito de mi alma, y confiamos en su buen corazón.
+
+--¡Tres mil reales!--dijo el usurero poniendo la cara de duda reflexiva
+que para los casos de benevolencia tenía; cara que era ya en él como una
+fórmula dilatoria, de las que se usan en diplomacia.--¡Tres mil
+realetes!... Hija de mi alma, mire usted.»
+
+Y haciendo con los dedos pulgar é índice una perfecta rosquilla, se la
+presentó á Isidora, y prosiguió así: «No sé si podré disponer de los
+tres mil reales en el momento. De todos modos, me parece que podrían
+ustedes arreglarse con menos. Piénselo bien, y ajuste sus cuentas. Yo
+estoy decidido á protegerles y ayudarles para que mejoren de suerte....
+llegaré hasta el sacrificio hasta quitarme el pan de la boca para que
+ustedes maten el hambre; pero... pero reparen que debo mirar también
+por mis intereses....
+
+--Pongamos el interés que quiera, D. Francisco--dijo con énfasis el
+enfermo, que por lo visto, deseaba acabar pronto.
+
+--No me refiero al materialismo del rédito dinero, sino á mis
+intereses, claro, á mis intereses. Y doy por hecho que ustedes piensan
+pagarme algún día.
+
+--Pues claro--replicaron á una Martín á Isidora.»
+
+Y Torquemada para su coleto: «El día del Juicio por la tarde me
+pagaréis: ya sé que éste es dinero perdido.»
+
+El enfermo se incorporó en su lecho, y con cierta exaltación dijo al
+prestamista:
+
+«Amigo, ¿cree usted que mi tía, la que está en Puerto Rico, ha de
+dejarme en esta situación cuando se entere? Ya estoy viendo la letra de
+cuatrocientos ó quinientos pesos que me ha de mandar. Le escribí por el
+correo pasado.
+
+--Como no te mande tu tía quinientos puñales--pensó Torquemada. Y en voz
+alta:--Y alguna garantía me han de dar ustedes también... digo, me
+parece que....
+
+--¡Toma! los estudios. Escoja los que quiera.»
+
+Echando en redondo una mirada pericial, Torquemada explanó su
+pensamiento en esta forma: «Bueno, amigos míos: voy á decirles una cosa
+que les va á dejar turulatos. Me he compadecido de tanta miseria; yo no
+puedo ver una desgracia semejante sin acudir al instante á remediarla.
+¡Ah! ¿qué idea teníais de mí? Porque otra vez me debieron un pico y les
+apuré y les ahogué, ¿creen que soy de mármol? Tontos, era porque
+entonces les ví triunfando y gastando, y francamente, el dinero que yo
+gano con tanto afán no es para tirado en francachelas. No me conocéis,
+os aseguro que no me conocéis. Comparen la tiranía de esos chupones que
+les embargaron el estudio y os dejaron en cueros vivos; comparen eso,
+digo, con mi generosidad, y con este corazón tierno que me ha dado
+Dios.... Soy tan bueno, tan bueno, que yo mismo me tengo que alabar y
+darme las gracias por el bien que hago. Pues verán qué golpe. Miren....»
+
+Volvió á aparecer la rosquilla, acompañada de estas graves palabras:
+«Les voy á dar los tres mil reales, y se los voy á dar ahora mismo...
+pero no es eso lo más gordo, sino que se los voy á dar sin intereses....
+Qué tal, ¿es esto rasgo ó no es rasgo?
+
+--D. Francisco--exclamó Isidora con efusión,--déjeme que le dé un
+abrazo.
+
+--Y yo le daré otro si viene acá--gritó el enfermo queriendo echarse
+fuera de la cama.
+
+--Sí, vengan todos los cariños que queráis--dijo el tacaño, dejándose
+abrazar por ambos.--Pero no me alaben mucho, porque estas acciones son
+deber de toda persona que mire por la Humanidad, y no tienen gran
+mérito.... Abrécenme otra vez, como si fuera vuestro padre, y
+compadézcanme, que yo también lo necesito.... En fe que se me saltan las
+lágrimas si me descuido porque soy tan compasivo... tan....
+
+--D. Francisco de mis entretelas--declaró el tísico arropándose bien
+otra vez con aquellos andrajos,--es usted la persona más cristiana, más
+completa y más humanitaria que hay bajo el sol. Isidora, trae el
+tintero, la pluma y el papel sellado que compraste ayer, que voy á hacer
+un pagaré.»
+
+La otra le llevó lo pedido; y mientras el desgraciado joven escribía,
+Torquemada, meditabundo y con la frente apoyada en un solo dedo, fijaba
+en el suelo su mirar reflexivo. Al coger el documento que Isidora le
+presentaba, miró á sus deudores con expresión paternal, y echó el
+registro afeminado y dulzón de su voz para decirles: «Hijos de mi alma,
+no me conocéis, repito que no me conocéis. Pensáis sin duda que voy à
+guardarme este pagaré.... Sois unos bobalicones. Cuando yo hago una obra
+de caridad, allá te va de veras, con el alma y con la vida. No os presto
+los tres mil reales, os los regalo, por vuestra linda cara. Mirad lo que
+hago: ras, ras....»
+
+Rompió el papel. Isidora y Martín lo creyeron porque lo estaban viendo;
+que si no, no lo hubieran creído.
+
+«Eso se llama hombre cabal.... D. Francisco, muchísimas gracias--dijo
+Isidora conmovida. Y el otro, tapándose la boca con las sábanas para
+contener el acceso de tos que se iniciaba:
+
+--¡María Santísima, qué hombre tan bueno!
+
+--Lo único que haré--dijo D. Francisco levantándose y examinando de
+cerca los cuadros,--es aceptar un par de estudios, como recuerdo....
+Este de las montañas nevadas y aquél de los burros pastando.... Mire
+usted, Martín, también me llevaré, si le parece, aquella marinita y este
+puente con hiedra....»
+
+A Martín le había entrado el acceso y se asfixiaba. Isidora, acudiendo á
+auxiliarle, dirigió una mirada furtiva á las tablas y al escrutinio y
+elección que de ellas hacía el aprovechado prestamista.
+
+«Los acepto como recuerdo--dijo éste apartándolos;--y si les parece
+bien, también me llevaré este otro.... Una cosa tengo que advertirles:
+si temen que con las mudanzas se estropeen estas pinturas, llévenmelas á
+casa, que allí las guardaré y pueden recogerlas el día que quieran....
+Vaya? ¿va pasando esa condenada tos? La semana que entra ya no toserá
+usted nada, pero nada. Irá usted al campo... allá por el puente de San
+Isidro.... Pero ¡que cabeza la mía...! se me olvidaba lo principal, que
+es darles los tres mil reales.
+
+Venga acá, Isidorita, entérese bien... Un billete de cien pesetas,
+otro, otro... (Los iba contando mojaba los dedos con saliva á cada
+billete, para que no se pegaran.) Setecientas pesetas... tengo billete
+de cincuenta, hija. Otro día lo da.
+
+Tienen ahí ciento cuarenta duros, ó sean dos ochocientos reales....»
+
+
+VIII
+
+Al ver el dinero, Isidora casi lloraba de gusto, y el enfermo se animó
+tanto que parecía haber recobrado la salud. ¡Pobrecillos, estaban tan
+mal, habían pasado tan horribles escaseces y miserias! Dos años antes se
+conocieron en casa de un prestamista que á entrambos les desollaba
+vivos. Se confiaron su situación respectiva, se compadecieron y se
+amaron: aquella misma noche durmió Isidora en el estudio. El desgraciado
+artista y la mujer perdida hicieron el pacto de fundir sus miserias en
+una sola, y de ahogar sus penas en el dulce licor de una confianza
+enteramente conyugal. El amor les hizo llevadera la desgracia. Se
+casaron en el ara del amancebamiento, y á los dos dias de unión se
+querían de veras y hallábanse dispuestos á morirse juntos y á partir lo
+poco bueno y lo mucho malo que la vida pudiera traerles. Lucharon contra
+la pobreza, contra la usura, y sucumbieron sin dejar de quererse: él
+siempre amante, solícita y cariñosa ella; ejemplo ambos de abnegación,
+de esas altas virtudes que se esconden avergonzadas para que no las vean
+la ley y la religión, como el noble haraposo se esconde de sus iguales
+bien vestidos.
+
+Volvió á abrazarles Torquemada, diciéndoles con melosa voz: «Hijos míos,
+sed buenos y que os aproveche el ejemplo que os doy. Favoreced al pobre,
+amad al prójimo, y así como yo os he compadecido, compadecedme á mí,
+porque soy muy desgraciado.
+
+--Ya sé--dijo Isidora, desprendiéndose de los brazos del avaro,--que
+tiene usted al niño malo. ¡Pobrecito! Verá usted cómo se le pone bueno
+ahora....
+
+--¡Ahora! ¿Por qué ahora?--preguntó Torquemada con ansiedad muy viva.
+
+--Pues... qué sé yo.... Me parece que Dios le ha de favorecer, le ha de
+premiar sus buenas obras....
+
+--¡Oh! si mi hijo se muere--afirmó D. Francisco con desesperación,--no
+sé qué va á ser de mí.
+
+--No hay que hablar de morirse--gritó el enfermo, á quien la posesión de
+los santos cuartos había despabilado y excitado cual si fuera una toma
+del estimulante más enérgico.--¿Qué es eso de morirse? Aquí no se muere
+nadie. D. Francisco, el niño no se muere. Pues no faltaba mas. ¿Qué
+tiene? ¿Meningitis? Yo tuve una muy fuerte á los diez años; y ya me
+daban por muerto, cuando entré en reacción, y viví y aquí me tiene usted
+dispuesto á llegar á viejo, y llegaré, porque lo que es el catarro,
+ahora lo largo. Vivirá el niño, D. Francisco, no tenga duda; vivirá.
+
+--Vivirá--repitió Isidora:--yo se lo voy á pedir á la Virgencita del
+Carmen.
+
+--Sí, hija, á la Virgen del Carmen--dijo Torquemada llevándose el
+pañuelo á los ojos.--Me parece muy bien. Cada uno empuje por su lado, á
+ver si entre todos...»
+
+El artista, loco de contento, quería comunicárselo al atribulado padre,
+y medio se echó de la cama para decirle: «D. Francisco, no llore, que el
+chico vive.... Me lo dice el corazón, me lo dice una voz secreta....
+Viviremos todos y seremos felices.
+
+--¡Ay, hijo de mi alma!--exclamó el _Peor_; y abrazándole otra
+vez:--Dios le oiga á usted. ¡Qué consuelo tan grande me da!
+
+--También usted nos ha consolado á nosotros. Dios se lo tiene que
+premiar. Viviremos, sí, sí. Mire, mire: el día en que yo pueda salir,
+nos vamos todos al campo, el niño también, de merienda. Isidora nos hará
+la comida, y pasaremos un día muy agrabable, celebrando nuestro
+restablecimiento.
+
+--Iremos, iremos--dijo el tacaño con efusión, olvidándose de lo que
+antes había pensado respecto al _campo_ á que iría Martín muy
+pronto.--Sí, y nos divertiremos mucho, y daremos limosnas á todos los
+pobres que nos salgan.... ¡Qué alivio siento en mi interior desde que
+he hecho ese beneficio!... No, no me lo alaben.... Pues verán: se me
+ocurre que aún les puedo hacer otro mucho mayor.
+
+¿Cuál?... A ver, D. Francisquito.
+
+--Pues se me ha ocurrido... no es idea de ahora, que la tengo hace
+tiempo.... Se me ha ocurrido que si la Isidora conserva los papales de
+su herencia y sucesión de la casa de Aransis, hemos de intentar sacar
+eso....»
+
+Isidora le miró entre aturdida y asombrada «¿Otra vez eso?» fué lo único
+que dijo.
+
+«Sí, sí, tiene razón D. Francisco--afirmó el pobre tisico, que estaba de
+buenas, entregándose con embriaguez á un loco optimismo.--Se
+intentará.... Eso no puede quedar asi.
+
+--Tengo el recelo--añadió Torquemada,--de que los que intervinieron en
+la acción la otra vez no anduvieron muy listos, ó se vendieron a la
+Marquesa vieja.... Lo hemos de ver, lo hemos de ver.
+
+--En cuantito que yo suelte el catarro. Isidora; mi ropa; ve al momento
+á traer mi ropa, que me quiero levantar.... ¡Qué bien me siento ahora!
+Me dan ganas de ponerme á pintar, D. Francisco. En cuanto el niño se
+levante de la cama quiero hacerle el retrato.
+
+--Gracias, gracia... sois muy buenos... los tres somos muy buenos,
+¿verdad? Venga un abrazo, y pedid a Dios por mí. Tengo que irme, porque
+estoy con una zozobra que no puedo vivir.
+
+--Nada, nada, que el niño está mejor, que se salva--repitió el artista
+cada vez más exaltado.--Si le estoy viendo, si no me puedo equivocar.»
+
+Isidora se dispuso á salir, con parte del dinero, camino de la casa de
+préstamos; pero al pobre artista le acometió la tos y disnea con mayor
+fuerza y tuvo que quedarse. D. Francisco se despidió con las expresiones
+más cariñosas que sabía y cogiendo los cuadritos salió con ellos debajo
+de la capa. Por la escalera iba diciendo: «¡Vaya, que es bueno ser
+bueno!... ¡Siento en mi interior una cosa, un consuelo...! ¡Si tendrá
+razón Martín! ¡Si se me pondrá bueno aquel pedazo de mi vida!... Vamos
+corriendo allá. No me fío, no me fío. Este botarate tiene las ilusiones
+de los tísicos en último grado. Pero ¡quién sabe! se engaña de seguro
+respecto á sí mismo, y acierta en lo demás. A donde él va pronto es al
+nicho.... Pero los moribundos suelen tener doble vista, y puede que haya
+_visto_ la mejoría de Valentín... voy corriendo, corriendo. ¡Cuánto me
+estorban estos malditos cuadros! ¡No dirán ahora que soy tirano y judío,
+pues rasgos de estos entran pocos en libra!... No me dirán que me cobro
+en pinturas, pues por estos apuntes, en venta, no me darían ni la mitad
+de lo que yo dí. Verdad que si se muere valdrán más, porque aquí,
+cuando un artista está vivo, nadie le hace maldito caso, y en cuanto se
+muere de miseria ó de cansancio, le ponen en las nubes, le llaman genio
+y qué sé yo qué... Me parece que no llego nunca á mi casa. ¡Qué lejos
+está, estando tan cerca!»
+
+Subió de tres en tres peldaños la escalera de su casa, y le abrió la
+puerta la tía Roma, disparándole á boca de jarro estas palabras: «Señor,
+el niño parece que está un poquito más tranquilo.» Oirlo D. Francisco y
+soltar los cuadros y abrazar á la vieja, fué todo uno. La trapera
+lloraba, y el _Peor_ le dió tres besos en la frente. Después fué
+derechito á la alcoba del enfermo y miró desde la puerta. Rufina se
+abalanzó hacia él para decirle: «Está desde mediodía más sosegado...
+¿Ves? Parece que duerme el pobre ángel. Quién sabe. Puede que se salve.
+Pero no me atrevo á tener esperanzas, no sea que las perdamos esta
+tarde.
+
+Torquemada no cabía en sí de sobresalto y ansiedad. Estaba el hombre con
+los nervios tirantes, sin poder permanecer quieto ni un momento, tan
+pronto con ganas de echarse á llorar como de soltar la risa. Iba y venía
+del comedor á la puerta de la alcoba, de ésta á su despacho, y del
+despacho al gabinete. En una de estas volteretas, llamó á la tía Roma, y
+metiéndose con ella en la alcoba la hizo sentar, y le dijo:
+
+--Tía Roma, ¿crees tú que se salva el niño?
+
+--Señor, será lo que Dios quiera, y nada más. Yo se lo he pedido anoche
+y esta mañana á la Virgen del Carmen, con tanta devoción que más no
+puede ser, llorando á moco y baba. ¿No me ve cómo tengo los ojos?
+
+--¿Y crees tú...?
+
+--Yo tengo esperanza, señor. Mientras no sea cadáver, esperanzas ha de
+haber, aunque digan los médicos lo que dijeren. Si la Virgen lo manda,
+los médicos se van á hacer puñales.... Otra: anoche me quedé dormida
+rezando, y me pareció que la Virgen bajaba hasta delantito de mí, y que
+me decía que sí con la cabeza... Otra: ¿no ha rezado usted?
+
+--Sí, mujer; ¡qué preguntas haces! Voy á decirte una cosa importante.
+Verás.»
+
+Abrió un vargueño, en cuyos cajoncillos guardaba papeles y alhajas de
+gran valor que habían ido á sus manos en garantía de préstamos
+usurarios: algunas no eran todavía suyas; otras, sí. Un rato estuvo
+abriendo estuches, y á la tía Roma, que jamás había visto cosa
+semejante, se le encandilaban los ojos de pez con los resplandores que
+de las cajas salían. Eran, según ella, esmeraldas como nueces, diamantes
+que arrojaban pálidos rayos, rubíes como pepitas de granada, y oro
+finísimo, oro de la mejor ley, que valía cientos de miles....
+Torquemada, después de abrir y cerrar estuches, encontró lo que
+buscaba: una perla enorme, del tamaño de una avellana, de hermosísimo
+oriente; y cogiéndola entre los dedos, la mostró á la vieja.
+
+«¿Qué te parece esta perla, tía Roma?»
+
+--Bonita de veras. Yo no lo entiendo. Valdrá miles de millones. ¿Verdá
+usté?
+
+--Pues esta perla--dijo Torquemada en tono triunfal,--es para la señora
+Virgen del Carmen. Para ella es, si pone bueno á mi hijo. Te la enseño,
+y pongo en tu conocimiento la intención, para que se lo digas. Si se lo
+digo yo, de seguro no me lo cree.
+
+--D. Francisco (mirándole con profunda lástima), usted está malo de la
+jícara. Dígame, por su vida, ¿para qué quiere ese requilorio la Virgen
+del Carmen?
+
+--Toma, para que se lo pongan el día de su santo, el 16 de Julio. ¡Pues
+no estará poco maja con esto! Fué regalo de boda de la excelentísima
+señora Marquesa de Tellería. Créelo, como ésta hay pocas.
+
+--Pero, D. Francisco, ¡usted piensa que la Virgen le va á conceder...!
+paice bobo... ¡por ese piazo de cualquier cosa!
+
+--Mira qué oriente. Se puede hacer un alfiler y ponérselo a ella en el
+pecho, o al Niño.
+
+--¡Un rayo! ¡Valiente caso hace la Virgen de perlas y pindonguerías!...
+Créame á mí: véndala y dele á los pobres el dinero.
+
+Mira tú, no es mala idea--dijo el tacaño guardando la joya.--Tú sabes
+mucho. Seguiré tu consejo, aunque, si he de serte franco, eso de dar á
+los pobres viene á ser una tontería, porque cuanto les das se lo gastan
+en aguardiente. Pero ya lo arreglaremos de modo que el dinero de la
+perla no vaya á parar á las tabernas... Y ahora quiero hablarte de otra
+cosa. Pon muchísima atención: ¿te acuerdas de cuando mi hija, paseando
+una tarde por las afueras con Quevedo y las de Morejón, fué á dar allá,
+por donde tú vives, hacia los Tejares del Aragonés, y entró en tu choza
+y vino contándome, horrorizada, la pobreza y escasez que allí vió? ¿Te
+acuerdas de eso? Contóme Rufina que tu vivienda es un cubil, una
+inmundicia hecha con adobes, tablas viejas y planchas de hierro, el
+techo de paja y tierra; me dijo que ni tú ni tus nietos tenéis cama, y
+dormís sobre un montón de trapos; que los cerdos y las gallinas que
+criáis con la basura son allí las personas; y vosotros los animales. Sí:
+Rufina me contó esto, y yo debí tenerte lástima y no te la tuve. Debí
+regalarte una cama, pues nos has servido bien, querías mucho á mi mujer,
+quieres á mis hijos, y en tantos años que entras aquí jamás nos has
+robado ni el valor de un triste clavo. Pues bien: si entonces no se me
+pasó por la cabeza socorrerte, ahora sí.»
+
+Diciendo esto, se aproximó al lecho y dió en él un fuerte palmetazo con
+ambas manos, como el que se suele dar para sacudir los colchones al
+hacer las camas.
+
+«Tía Roma, ven acá, toca aquí. Mira qué blandura. ¿Ves este colchón de
+lana encima de un colchón de muelles? Pues es para tí, para ti, para que
+descanses tus huesos duros y te espatarres á tus anchas.»
+
+Esperaba el tacaño una explosión de gratitud por dádiva tan espléndida,
+y ya le parecía estar oyendo las bendiciones de la tía Roma, cuando ésta
+salió por un registro muy diferente. Su cara telarañosa se dilató, y de
+aquellas úlceras con vista que se abrían en el lugar de los ojos, salió
+un resplandor de azoramiento y susto, mientras volvía la espalda al
+lecho, dirigiéndose hacia la puerta.
+
+«Quite, quite allá--dijo:--vaya con lo que se le ocurre... ¡Darme á mí
+los colchones, que ni tan siquiera caben por la puerta de mi casa!... Y
+aunque cupieran... ¡rayo! A cuenta que he vivido tantismos años
+durmiendo en duro como una reina, y en estas blanduras no pegaría los
+ojos. Dios me libre de tenderme ahí. ¿Sabe lo que le digo? Que quiero
+morirme en paz. Cuando venga la de la cara fea me encontrará sin una
+mota, pero con la conciencia como los chorros de la plata. No, no quiero
+los colchones, que dentro de ellos está su idea... porque aquí duerme
+usted, y por la noche, cuando se pone á cavilar, las ideas se meten por
+la tela adentro y por los muelles, y ahí estarán como las chinches
+cuando no hay limpieza. ¡Rayo con el hombre, y la que me quería
+encajar!...
+
+Accionaba la viejecilla de una manera gráfica, expresando tan bien, con
+el mover de las manos y de los flexibles dedos, cómo la cama del tacaño
+se contaminaba de sus ruines pensamientos, que Torquemada la oía con
+verdadero furor, asombrado de tanta ingratitud; pero ella, firme y
+arisca, continuó despreciando el regalo: «Pos vaya un premio gordo que
+me caía, Santo Dios... ¡Pa que yo durmiera en eso! Ni que estuviera
+boba, D. Francisco. ¡Pa que á media noche me salga toda la gusanera de
+las ideas de usted, y se me meta por los oídos y por los ojos,
+volviéndome loca y dándome una mala muerte...! Porque, bien lo sé yo...
+á mí no me la da usted.... ahí dentro, ahí dentro, están todos sus
+pecados, la guerra que le hace al pobre, su tacañería, los réditos que
+mama, y todos los números que le andan por la sesera para ajuntar
+dinero.... Si yo me durmiera ahí, á la hora de la muerte me saldrían por
+un lado y por otro unos sapos con la boca muy grande, unos culebrones
+asquerosos que se me enroscarían en el cuerpo, unos diablos muy feos con
+bigotazos y con orejas de murciélago, y me cogerían entre todos para
+llevarme á rastras á los infiernos. Váyase al rayo, y guárdese sus
+colchones, que yo tengo un camastro hecho de sacos de trapo, con una
+manta por encima, que es la gloria divina.... Ya lo quisiera usted....
+Aquéllo sí que es rico para dormir á pierna suelta....
+
+--Pues dámelo, dámelo, tía Roma--dijo el avaro con aflicción.--Si mi
+hijo se salva, me comprometo á dormir en él lo que me queda de vida, y á
+no comer más que las bazofias que tú comes.
+
+--A buenas horas y con sol. Usted quiere ahora poner un puño en el
+cielo. ¡Ay, señor, á cada paje su ropaje! A usted le sienta eso como á
+la burra las arracadas. Y todo ello es porque está afligido; pero si se
+pone bueno el niño, volverá usted á ser más malo que Holofernes. Mire
+que ya va para viejo; mire que el mejor día se pone delante la de la
+cara pelada, y a ésta sí que no le da usted el timo.
+
+--¿Pero de dónde sacas tú, estampa de la sura--replicó Torquemada con
+ira, agarrándola por el pescuezo y sacudiéndola,--de dónde sacás tú que
+yo soy malo, ni lo he sido nunca?
+
+--Déjeme, suélteme, no me menée, que no soy ninguna pandereta. Mire que
+soy más vieja que Jerusalén y he visto mucho mundo y le conozco a usted
+desde que se quiso casar con la Silvia. Y bien le aconsejé á ella que
+no se casara... y le anuncié las hambres que había de pasar. Ahora que
+está rico no se acuerda de cuando empezaba á ganarlo. Yo sí me acuerdo,
+y me paice que fué ayer cuando le contaba los garbanzos á la cuitada de
+Silvia y todo lo tenía usted bajo llave, y la pobre estaba descomida,
+trashijada y ladrando de hambre. Como que si no es por mí, que le traía
+algún huevo de ocultis, se hubiera muerto cien veces. ¿Se acuerda de
+cuando se levantaba usted á media noche para registrar la cocina á ver
+si descubría algo de condumio, que la Silvia hubiera escondido para
+comérselo sola? ¿Se acuerda de cuando encontró un pedazo de jamón en
+dulce y un medio pastel que me dieron á mí en cas de la Marquesa, y que
+yo le traje á la Silvia para que se lo zampara ella sola, sin darle á
+usted ni tanto así? ¿Recuerda que al otro día estaba usted hecho un
+león, y que cuando entré me tiró al suelo y me estuvo pateando? Y yo no
+me enfadé, y volví, y todos los días le traía algo á la Silvia. Como
+usted era el que iba á la compra, no le podíamos sisar, y la infeliz no
+tenía una triste chambra que ponerse. Era una mártira, D. Francisco, una
+mártira; ¡y usted guardando el dinero y dándolo á peseta por duro al
+mes! Y mientre tanto, no comían más que mojama cruda con pan seco y
+ensalada. Gracias que yo partía con ustedes lo que me daban en las casas
+ricas, y una noche, ¿se acuerda? traje un hueso de jabalí que lo estuvo
+usted echando en el puchero seis días seguidos, hasta que se quedó mas
+seco que su alma puñalera. Yo no tenía obligación de traer nada: lo
+hacía por la Silvia, á quien cogí en brazos cuando nació de señá
+Rufinica, la del callejón del Perro. Y lo que á usted le ponía furioso
+era que yo le guardase las cosas á ella y no se las diera á usted, ¡un
+rayo! Como si tuviera yo obligación de llenarle á usted el buche, perro,
+más que perro.... Y dígame ahora, ¿me ha dado alguna vez el valor de un
+real? Ella sí me daba lo que podía, á la chita callando; pero usted, el
+muy capigorrón, ¿qué me ha dado? Clavos torcidos, y las barreduras de la
+casa. ¡Véngase ahora con jipíos y farsa!... Valiente caso le van á
+hacer.
+
+--Mira, vieja de todos los demonios--le dijo Torquemada furioso,--por
+respeto á tu edad no te reviento de una patada. Eres una embustera, una
+diabla, con todo el cuerpo lleno de mentiras y enredos. Ahora te da por
+desacreditarme después de haber estado más de veinte años comiendo mi
+pan. ¡Pero si te conozco, zurrón de veneno; si eso que has dicho nadie
+te lo va a creer: ni arriba ni abajo! El demonio está contigo, y maldita
+tú eres entre todas las brujas y esperpentos que hay en el cielo...
+digo, en el infierno.»
+
+
+IX
+
+Estaba el hombre fuera de sí, delirante; y sin echar de ver que la vieja
+se había largado á buen paso de la habitación, siguió hablando como si
+delante la tuviera. «Espantajo, madre de las telarañas, si te cojo,
+verás.... ¡Desacreditarme así!» Iba de una parte á otra en la estrecha
+alcoba, y de ésta al gabinete, cual si le persiguieran sombras; daba
+cabezadas contra la pared, algunas tan fuertes que resonaban en toda la
+casa.
+
+Caía la tarde, y la obscuridad reinaba ya en torno del infeliz tacaño,
+cuando éste oyó claro y distinto el grito de pavo real que Valentín daba
+en el paroxismo de su altísima fiebre. «¡Y decían que estaba mejor!...
+Hijo de mi alma.... Nos han vendido, nos han engañado.»
+
+Rufina entró llorando en la estancia de la fiera, y le dijo: «¡Ay, papá,
+qué malito se ha puesto; pero qué malito!
+
+--¡Ese trasto de Quevedo!--gritó Torquemada llevándose un puño á la boca
+y mordiéndoselo con rabia.--Le voy á sacar las entrañas.... Él nos le ha
+matado.
+
+--Papá, por Dios, no seas así.... No te rebeles contra la voluntad de
+Dios.... Si Él lo dispone....
+
+--Yo no me rebelo, ¡puñales! yo no me rebelo. Es que no quiero, no
+quiero dar á mi hijo, porque es mío, sangre de mi sangre y hueso de mis
+huesos....
+
+--Resígnate, resígnate, y tengamos conformidad--exclamó la hija, hecha
+un mar de lágrimas.
+
+--No puedo, no me da la gana de resignarme. Esto es un robo.... Envidia,
+pura envidia. ¿Qué tiene que hacer Valentín en el cielo? Nada, digan lo
+que dijeren; pero nada.... Dios, ¡cuánta mentira, cuánto embuste! Que si
+cielo, que si infierno, que si Dios, que si diablo, que si... tres mil
+rábanos. ¡Y la muerte, esa muy pindonga de la muerte, que no se acuerda
+de tanto pillo, de tanto farsante, de tanto imbécil, y se le antoja mi
+niño, por ser lo mejor que hay en el mundo!... Todo está mal, y el mundo
+es un asco, una grandísima porquería.»
+
+Rufina se fue y entró Bailón, trayéndose una cara muy compungida. Venía
+de ver al enfermito, que estaba ya agonizando, rodeado de algunas
+vecinas y amigos de la casa. Disponíase el clerizonte a confortar al
+afligido padre en aquel trance doloroso, y empezó por darle un abrazo,
+diciéndole con empañada voz: «Valor, amigo mío, valor. En estos casos se
+conocen las almas fuertes. Acuérdese usted de aquel gran filósofo que
+expiró en una cruz dejando consagrados los principios de la Humanidad.
+
+--¡Qué principios ni qué...! ¿quiere usted marcharse de aquí, so
+chinche?... Vaya que es de lo más pelmazo y cargante y apestoso que he
+visto. Siempre que estoy angustiado me sale con esos retruécanos.
+
+--Amigo mío, mucha calma. Ante los designios de la Naturaleza, de la
+Humanidad, del gran Todo, ¿qué puede el hombre? ¡El hombre! esa hormiga,
+menos aún, esa pulga... todavía mucho menos.
+
+--Ese coquito... menos aún, ese... ¡puñales!--agregó Torquemada con
+sarcasmo horrible, remedando la voz de la sibila y enarbolando después
+el puño cerrado.--Si no se calla le rompo la cara.... Lo mismo me da á
+mí el grandísimo todo que la grandísima nada y el muy piojoso que la
+inventó. Déjeme, suélteme, por la condenada alma de su madre, ó....»
+
+Entró Rufina otra vez, traída por dos amigas suyas, para apartarla del
+tristísimo espectáculo de la alcoba. La pobre joven no podía sostenerse.
+Cayó de rodillas exhalando gemidos, y al ver á su padre forcejeando con
+Bailón, le dijo: «Papá, por Dios, no te pongas así. Resígnate... yo
+estoy resignada, ¿no me ves?... El pobrecito... cuando yo entré...
+tuvo un instante ¡ay! en que recobró el conocimiento. Habló con voz
+clara, y dijo que veía á los ángeles que le estaban llamando.
+
+--¡Hijo de mi alma, hijo de mi vida!--gritó Torquemada con toda la
+fuerza de sus pulmones, hecho un salvaje, un demente--no vayas, no hagas
+caso; que esos son unos pillos que te quieren engañar.... Quédate con
+nosotros....»
+
+Dicho esto, cayó redondo al suelo, estiró una pierna, contrajo la otra y
+un brazo. Bailón, con toda su fuerza no podía sujetarle, pues
+desarrollaba un vigor muscular inverosímil. Al propio tiempo soltaba de
+su fruncida boca un rugido feroz y espumarajos. Las contracciones de las
+extremidades y el pataleo eran en verdad horrible espectáculo: se
+clavaba las uñas en el cuello hasta hacerse sangre. Así estuvo largo
+rato, sujetado por Bailón y el carnicero, mientras Rufina, transida de
+dolor, pero en sus cinco sentidos, era consolada y atendida por
+Quevedito y el fotógrafo. Llenóse la casa de vecinos y amigos, que en
+tales trances suelen acudir compadecidos y serviciales. Por fin tuvo
+término el patatús de Torquemada, y caído en profundo sopor que á la
+misma muerte, por lo quieto, se asemejaba, le cargaron entre cuatro y le
+arrojaron en su lecho. La tía Roma, por acuerdo de Quevedito, le daba
+friegas con un cepillo, rasca que te rasca, como si le estuviera sacando
+lustre.
+
+Valentín había espirado ya. Su hermana, que quieras que no, allá se
+fué, le dió mil besos, y, ayudada de las amigas, se dispuso á cumplir
+los últimos deberes con el pobre niño. Era valiente, mucho más valiente
+que su padre, el cual cuando volvió en sí de aquel tremendo sincope, y
+pudo enterarse de la completa extinción de sus esperanzas, cayó en
+profundísimo abatimiento físico y moral. Lloraba en silencio, y daba
+unos suspiros que se oían en toda la casa. Transcurrido un buen rato,
+pidió que le llevaran café con media tostada, porque sentía debilidad
+horrible. La pérdida absoluta de la esperanza le trajo la sedación
+nerviosa, y la sedación, estímulos apremiantes de reparar el fatigado
+organismo. Á media noche fué preciso administrarle un substancioso
+potingue, que fabricaron la hermana del fotógrafo de arriba y la mujer
+del carnicero de abajo, con huevos, Jerez y caldo de puchero. «No sé qué
+me pasa--decía el _Peor_;--pero ello es que parece que se me quiere ir
+la vida.» El suspirar hondo y el llanto comprimido le duraron hasta
+cerca del día, hora en que fué atacado de un nuevo paroxismo de dolor,
+diciendo que quería ver á su hijo; _resucitarle, costara lo que
+costase_, é intentaba salirse del lecho, contra los combinados esfuerzos
+de Bailón, del carnicero y de los demás amigos que contenerle y calmarle
+querían. Por fin lograron que se estuviera quieto, resultado en que no
+tuvieron poca parte las filosóficas amonestaciones del clerigucho, y
+las sabias cosas que echó por aquella boca el carnicero, hombre de pocas
+letras, pero muy buen cristiano. «Tienen razón--dijo D. Francisco,
+agobiado y sin aliento.--¿Qué remedio queda más que conformarse?
+¡Conformarse! Es un viaje para el que no se necesitan alforjas. Vean de
+qué le vale á uno ser más bueno que el pan, y sacrificarse por los
+desgraciados, y hacer bien á los que no nos pueden ver ni en pintura....
+Total, que lo que pensaba emplear en favorecer á cuatro pillos... ¡mal
+empleado dinero, que había de ir á parar á las tabernas, á los garitos y
+á las casas de empeño!... digo que esos dinerales los voy á gastar en
+hacerle á mi hijo del alma, á esa gloria, á ese prodigio que no parecía
+de este mundo, el entierro más lucido que en Madrid se ha visto. ¡Ah,
+qué hijo! ¿No es dolor que me le hayan quitado? Aquello no era hijo: era
+un diosecito que engendramos á medias el Padre Eterno y yo.... ¿No creen
+ustedes que debo hacerle un entierro magnífico? Ea, ya es de día. Que me
+traigan muestras de carros fúnebres... y vengan papeleta negras para
+convidar á todos los profesores.»
+
+Con estos proyectos de vanidad, excitóse el hombre, y á eso de las nueve
+de la mañana, levantado y vestido, daba sus disposiciones con aplomo y
+serenidad. Almorzó bien, recibía cuantos amigos llegaban á verle, y á
+todos les endilgaba la consabida historia: «Conformidad.... ¡Qué le hemos
+de hacer!... Está visto: lo mismo da que usted se vuelva santo, que se
+vuelva usted Judas, para el caso de que le escuchen y le tengan
+misericordia.... ¡Ah, misericordia!... Lindo anzuelo sin cebo para que
+se lo traguen los tontos.»
+
+Y se hizo el lujoso entierro, y acudió á él mucha y lucida gente, lo que
+fué para Torquemada motivo de satisfacción y orgullo, único bálsamo de
+su hondísima pena. Aquella lúgubre tarde, después que se llevaron el
+cadáver del admirable niño, ocurrieron en la casa escenas lastimosas.
+Rufina, que iba y venía sin consuelo, vió á su padre salir del comedor
+con todo el bigote blanco, y se espantó creyendo que en un instante se
+había llenado de canas. Lo ocurrido fué lo siguiente: fuera de sí, y
+acometido de un espasmo de tribulación, el inconsolable padre fué al
+comedor y descolgó el encerado en que estaban aún escritos los problemas
+matemáticos, y tomándolo por retrato, que fielmente le reproducía las
+facciones del adorado hijo, estuvo larguísimo rato dando besos sobre la
+fría tela negra, y estrujándose la cara contra ella, con lo que la tiza
+se le pegó al bigote mojado de lágrimas, y el infeliz usurero parecía
+haber envejecido súbitamente. Todos los presentes se maravillaron de
+esto, y hasta se echaron á llorar. Llevóse D. Francisco á su cuarto el
+encerado, y encargó á un dorador un marco de todo lujo para ponérselo, y
+colgarlo en el mejor sitio de aquella estancia.
+
+Al día siguiente, el hombre fue acometido, desde que abrió los ojos, de
+la fiebre de los negocios terrenos. Como la señorita había quedado muy
+quebrantada por los insomnios y el dolor, no podía atender á las cosas
+de la casa: la asistenta y la incansable tía Roma la sustituyeron hasta
+donde sustituirla era posible. Y he aquí que cuando la tía Roma entró á
+llevarle el chocolate al gran inquisidor, ya estaba éste en planta,
+sentado á la mesa de su despacho, escribiendo números con mano febril. Y
+como la bruja aquélla tenía tanta confianza con el señor de la casa,
+permitiéndose tratarle como á igual, se llegó á él, le puso sobre el
+hombro su descarnada y fría mano, y le dijo: «Nunca aprende... Ya está
+otra vez preparando los trastos de ahorcar. Mala muerte va usted á
+tener, condenado de Dios, si no se enmienda.» Y Torquemada arrojó sobre
+ella una mirada que resultaba enteramente amarilla, por ser en él de
+este color lo que en los demás humanos ojos es blanco, y le respondió de
+esta manera: «Yo hago lo que me da mi santísima gana, so mamarracho,
+vieja más vieja que la Biblia. Lucido estaría si consultara con tu
+necedad lo que debo hacer.» Contemplando un momento el encerado de las
+matemáticas, exhaló un suspiro y prosiguió así: «Si preparo los
+trastos, eso no es cuenta tuya ni de nadie, que yo me sé cuanto hay que
+saber de tejas abajo y aun de tejas arriba, ¡puñales! Ya sé que me vas á
+salir con el materialismo de la misericordia.... A eso te respondo que
+si buenos memoriales eché, buenas y gordas calabazas me dieron. La
+misericordia que yo tenga, ¡...ñales! que me la claven en la frente.»
+
+Madrid, Febrero de 1889.
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+
+
+
+
+EL ARTÍCULO DE FONDO
+
+
+I
+
+«Basta de contemplaciones. Basta de contubernios. Basta de flaquezas. Ha
+sonado la hora de las energías. Creíamos que los hechos, tan claros ya
+en la mente de todo el mundo, se presentarían al fin en su espantosa
+gravedad á los ojos del insensato poder, que dirige los negocios
+públicos. Juzgando que toda obcecación, por grande que sea, ha de tener
+su límite, creíamos que el Gobierno no podría resistir á la evidencia de
+su descrédito; creíamos que, deponiendo la terquedad propia de todos los
+poderes que no se apoyan en la opinión, se resolvería al fin á entrar
+por más despejado y seguro camino, si no consideraba como la mejor de
+las enmiendas el abandonar la vida pública. Esperábamos inquietos, antes
+los grandes males que afligen á la patria; esperábamos callando, sin
+dejar de conocer los diarios y cada vez más graves errores «de este
+insensato Gobierno. Hemos esperado hasta lo último, hasta que los
+escándalos han sido intolerables. Hemos callado, mientras el callar no
+fué gravísima falta. Ya no hay esperanza. Es preciso no ocultar la
+verdad al país, y nosotros faltaríamos al primero de nuestros deberes,
+si un momento más permaneciéramos en esta actitud. Nuestro patriotismo
+nos impele á obrar de este modo; y como sabemos que la opinión pública
+es la única....»
+
+Al llegar aquí, el autor del artículo se paró. La inspiración, si así
+puede decirse, se le había concluido; y como si el esfuerzo hecho para
+crear los párrafos que anteceden produjera fatiga en su imaginación, se
+detuvo, con ánimo de proseguir, cuando las varias ideas, que
+repentinamente y en tropel vinieron a su imaginación, se disparan.
+
+Era su entendimiento tan pobre, que no hay noticia de que produjera
+nunca cosas de provecho, pues no han de tenerse por tales sus
+lucubraciones soporíferas sobre el origen de los poderes públicos y el
+equilibrio de las fuerzas sociales; era, además de corto, díscolo;
+porque jamás pudo adquirir ni sombra de método. Descollaba en las
+digresiones, y cuando se ocupaba en desarrollar una tesis cualquiera, no
+había fuerzas humanas que le concretaran al asunto, impidiendo sus
+escapadas, ya al campo de la historia, ya a la selva de la moral, ya a
+los vericuetos de la arqueología o de la numismática. Por todos estos
+campos, cerros y collados corría complaciente y alborozada la
+imaginación del autor del artículo de fondo, cuando interrumpido el hilo
+lógico de éste, y olvidado el asunto y desbaratado el plan, ocuparon su
+mente, apoderándose de ella de un modo atropellado, violento y como de
+sorpresa, las intrusas ideas de que se ha hecho mérito.
+
+Procedían éstas de todos los objetos, de todas las ilusiones, de todos
+los recuerdos, de mil fuentes diversas que manaban á un tiempo una
+corriente sin fin. Vínole al pensamiento no sé qué fragmento de
+historia, con el cual se unía la imagen de un obispo de Astorga, tan
+testarudo clérigo como intrépido soldado. Acordábase de las torres
+muzárabes que había contemplado en una ciudad antigua, y al mismo tiempo
+se le ofrecían á la vista lagos y jardines, no sin que de pronto afease
+este espectáculo algún animal de corpulenta forma y repugnante fealdad.
+Tan pronto se le representaban los versos de algún romance que hacía
+tiempo leyera en amarillos y arrugados códices, como sentía el rumor de
+lejana música de órgano, dulcísima y misteriosa.
+
+¡Con cuánto abandono se entrega la imaginación á este cómodo vagar,
+suelta y libre, sin las trabas del árido razonamiento, sin que una
+voluntad firme la sujete ni la enfrene para elaborar difícilmente el
+producto literario, uno, lógico, de forma determinada y con especial
+contextura! La imaginación del pobre periodista había logrado escaparse
+en aquellos momentos, cuando el artículo no había pasado aún de su edad
+infantil, y sólo contaba escaso número de renglones. La imaginación del
+menguado escritor, después de correr de aquí para allí, con la
+alborozada inquietud de un pájaro que, viendo rotas la cañas de su
+jaula, se escapa y vuela á todas partes sin fijarse en ninguna, se
+concretó al fin, se fijó, se regularizó poco á poco.
+
+De entre los escasos renglones del artículo interrumpido poco después
+de haber sedado a luz su primera idea, surgen las líneas; las sombras y
+luces de una inmensa catedral gótica. Crecen sus haces de columnas,
+teñidas de suave matiz pardo, hasta llegar a enorme altura,
+desparramándose después los retorcidos tallos para formar las bóvedas.
+Descienden del techo, cual si estuvieran suspendidas de elásticas y casi
+invisibles cuerdas, lámparas de oro, cuyas luces oscilantes no bastan a
+eclipsar el diáfano colorido de las vidrieras, que llenas de santos y
+figuras resplandecientes, parecen comunicar con el cielo el interior del
+templo. Mil figuras van destacándose en la pared, como si una mano
+invisible las tallara en la piedra con sobrenatural prontitud, y lozana
+flora crece portentosamente a lo largo de las columnas, llevando en sus
+cálices animales grotescos o inverosímiles, que parecen haber sido
+producidos por ignorado germen en las entrañas mismas de la piedra. Las
+estatuas aplastadas sobre los muros se multiplican, aparecen en filas,
+en series, en ciclos sin fin, y son todas rígidas, tiesas retratando en
+sus semblantes el fastidio del Limbo ó la placidez del Paraíso. Alternan
+con ellas los seres simbólicos creados por la estatuaria cristiana, y
+que parecen engendro sacrílego del paganismo y la teología. Los
+dragones, las sibilas, los monstruos bíblicos que para representar
+sutiles abstracciones ideó el genio de la Edad Media, refundiendo los
+despojos de las sirenas y los centauros antiguos, muestran sus
+heterogéneos miembros, en que la figura humana se une á las más raras
+formas de la fantástica zoología, ya religiosa, ya heráldica, inventada
+por embriagados escultores. Vense en las paredes blasones de brillantes
+tintas, sobre suntuosos sepulcros, en que duermen el sueño del mármol
+arzobispos y condestables, príncipes y guerreros, empuñando báculos ó
+espadas. Los perros y leoncillos en que apoyan sus pies, parecen prestar
+atento oído á todo rumor que en el templo suena. Resplandece en el fondo
+el estofado riquísimo del altar, semejante á inmensa ascua de oro
+cuajada de diminutos ángeles y querubes que aletean quemándose en el
+seno de aquella nube incandescente, y como si la combustión les diera
+vida. Graves y barbudos santos, alineados con la compostura propia de
+los círculos celestes aparecen en el centro de este gran Apocalipsis de
+madera dorada, terminando tan portentosa máquina un Cristo colosal,
+cuyos brazos, que se abren contraídos por los dolores corporales, parece
+van á estrechar en supremo abrazo á todo el linaje humano.
+
+Se sienten rezos tenues y confusos, no interrumpidos por pausa alguna,
+como si la atmósfera interior del edificio, afectada de una vibración
+inherente á su esencia física, modulara un monólogo sin fin. Todo es
+calma y respeto. La claridad, las sombras, las formas esculturales, la
+gallardía de las líneas, el recóndito sonido que se creería producido
+por la oscilación de la masa arquitectónica; aquel sonido, que hace
+pensar en la respiración de algún misterioso espíritu, habitante en las
+grandes cavidades de piedra; la variedad de objetos, la majestad de los
+sepulcros, el idealismo de los efectos de luz, todo esto produce estupor
+y recogimiento. Se piensa en Dios y se trata de medir la inmensidad de
+la idea que ha dado existencia á tan hermoso conjunto; se siente la más
+grande admiración hacia los tiempos que tuvieron fe, corazón y arte para
+expresar con símbolos inagotables su arraigada creencia....
+
+Hallábase el menguado autor como en éxtasis comtemplando en su mente
+estas hermosuras del arte y de la fe, cuando un ruido de pasos primero,
+la inusitada aparición de un hombre después, le trajeron bruscamente á
+la realidad, haciéndole fijar la vista en las cuartillas del artículo de
+fondo que olvidado yacía sobre la mesa.
+
+El sér que tenía delante era un monstruo, un vestiglo. Aborrecíale en
+aquellos momentos más que si viniera á darle la muerte; y le inspiraba
+más pavor que si fuese satanás en persona. El monstruo miró al autor de
+un modo que le hizo temblar; alargó la mano pronunciando palabras que
+aterraron al infeliz, cual si fueran anatemas de la Iglesia ó sentencia
+de inquisidores. Estremecióse en su asiento, erizósele el cabello y miró
+con angustia y bañado en sudor frio las incorrectas líneas del
+interrumpido articulejo.
+
+
+II
+
+Aquel vestiglo, ó en otros términos, pedazo de bárbaro, venía cubierto
+de sudor, como si hubiese hecho una larga y precipitada carrera; y lo
+mismo su cara que su andrajoso y mugrienta ropa parecian teñidas de un
+ligero barniz obscuro. La tinta manaba de sus poros. Se diferenciaba de
+un carbonero en que su tizne era más consistente y como si le saliera de
+dentro. Enteramente igual á un cíclope, si no tuviera dos ojos, era el
+tal una de las más poderosas palancas de la civilización moderna, porque
+había recibido de la Providencia la alta misión de mover el manubrio de
+una máquina de imprimir, que daba á luz diariamente millones de millones
+de palabras. Viviendo la mayor parte del día en el sótano donde la
+máquina civilizadora funciona, aquel hombre se había identificado con
+ella; formaba parte de su mecanismo; y la armazón ingeniosa, pero
+inerte, obra pura de las matemáticas, se convertía en ser inteligente
+cuando al impulso del monstruo movía sus ruedas, ejes y cilindros como
+si fueran órganos animados por recóndita vida. Ambos se entusiasmaban,
+se confundían: ella crujiendo convulsamente y con acompasada celeridad;
+él, jadeante y lleno de sudor, describiendo curvas y más curvas con su
+brazo; ella recibiendo el papel para lanzarle fuera despues de haber
+extendido en su superficie un mundo de ideas, y él entonando algún
+cantar para hacer más llevadero su trabajo. Horas y horas pasaban de
+este modo: la máquina, remedo de la naturaleza, reproduciendo en
+millones de ejemplares un mismo tipo y una misma forma; el hombre,
+determinando la fuerza impulsora, semejante al soplo vital en los
+organismos animales. Cuando uno y otro se completaban de aquel modo,
+difícil era suponerlos desunidos; y después de admirar el pasmoso
+resultado de la combinación de los dos elementos, no habría sido fácil
+tampoco decir cuál de los dos era más inteligente.
+
+Pero aquel hombre desempeñaba aún otras altas funciones igualmente
+encaminadas á la propagación de las luces. ¿Qué sería del pensamiento
+humano si aquel bruto no tuviera la misión de arreglar la tinta de
+imprimir, haciéndola más espesa ó más clara según la intensidad que se
+quiera dar á la impresión? Cuando los ejemplares de los periódicos
+habían sido dados á luz por la máquina; cuando ésta se paraba fatigada
+del alumbramiento y hacía rechinar sus tornillos como si le dolieran;
+cuando los ejemplares recién nacidos, húmedos, pegajosos y mal olientes,
+eran apilados sobre una gran mesa, el vestiglo los doblaba
+cariñosamente, les ponía las fajas, les daba la forma con que circulan
+por toda la redondez de la tierra, llevando la idea á las más apartadas
+regiones, vivificando cuanto existe; los transportaba al correo, los
+pesaba, los franqueaba, tratábalos con el cariño de un padre y creía que
+él sólo era autor de tanta maravilla.
+
+No se limitaban á esto sus funciones: él pegaba carteles, complaciéndose
+sobremanera en vestir de colorines las esquinas de Madrid, coadyuvando
+de este modo á una de las grandes cosas de nuestro siglo, que es la
+publicidad. Y si tenía un arte especial para poner cataplasmas á las
+calles, no era mejor su aptitud para echarse á cuestas enormes resmas de
+papel, que allá en su fuero interno consideraba como el alimento, pienso
+ó forraje de la máquina. Pues, digo también era insustituíble para
+cargar moldes ó formas que llenas de letras desafían los puños de los
+hombres más vigorosos; y además le destinaban á traer y llevar original
+y pruebas, misión que cumplía puntualmente al presentarse ante el joven
+autor de quien hablo, y decirle que venía _á por el artículo_, añadiendo
+que hacia mucha falta por estar parados y mano sobre mano los señores
+cajistas.
+
+El apuro del autor no es para pintarse, y ved aquí explicado el horror,
+la indignación, los escalofríos y trasudores que la presencia del
+mocetón de la imprenta le produjo. Era preciso acabar el artículo, y
+antes de acabarlo, era menester seguirlo, empresa de dificultad colosal,
+por hallarse la imaginación del escritor sin ventura á 100.000 leguas
+del asunto. El desdichado mandó al mozo que volviera dentro de un breve
+rato; tomó la pluma, y recogiendo sus ideas lo mejor que pudo, después
+de trazar muchos garabatos en un papelejo, y mirar al techo cuatro
+veces y al papel otras tantas, escribió lo siguiente:
+
+«... Y como sabemos que la opinión pública es la única norma de la
+política; como sabemos que los gobiernos que no se guían por la opinión
+pública elaboran su propia ruína con la ruína del país, nos decidimos
+hoy á alzar nuestra voz para indicar el peligro. El principal error del
+Gobierno, preciso es decirlo muy alto, es su empeño en destruir nuestras
+instituciones tradicionales, en realizar una _abolición completa de lo
+pasado_. ¿Son las conquistas de la civilización incompatibles con la
+historia? ¡Ah! El Gobierno se esfuerza en extirpar los restos de la fe
+de nuestros padres, de aquella fe poderosa de que vemos exacta expresión
+en las soberbias catedrales de la Edad Media, que subsisten y
+subsistirán para asombro de las generaciones. ¡Mezquina edad presente!
+¡Ah! ¡Cómo se engrandece el ánimo al contemplar las prodigiosas obras
+que levantó el sentimiento religioso! ¿El espíritu que de tal manera se
+reproduce, no debe conservarse en la sociedad, mediante la acción
+previsora de los Gobiernos encargados de velar por los grandes y eternos
+principios?»
+
+No bien concluído este párrafo, que á nuestro autor le pareció de
+perlas, fué interrumpido por un tremendo golpe que sintió en el hombro.
+Alzó los ojos y vió ¡cielos! á un importuno amigo que tenía la mala
+costumbre de insinuarse dando grandes espaldarazos y pellizcos.
+
+Aunque el periodista tenía bastante intimidad con el recién venido, en
+aquel momento le fué más antipático que si viera en él á un alguacil
+encargado de prenderle. Le miró, apartando la vista del artículo,
+nuevamente interrunpido, y esperó con paciencia las palabras de su
+amigote.
+
+
+III
+
+El cual era en extremo pesado, y tenía un mirar tan parecido á la
+estupefacción inalterable de las estatuas, que al verle y oirle venían á
+la memoría los solemnes discursos de las esfinges ó los augurios de
+cualquier oráculo ó pitonisa. Hablaba en voz baja y en tono algo
+cavernoso, lo que no dejaba de estar en armonía con la amarillez de su
+semblante y con los cabellos largos que entrambos lados de la cabeza le
+caían. Era además tan lúgubre en su carácter y en sus costumbres, que no
+faltaba razón á los que habían dado en llamarle _sepulturero_.
+
+Con el desdichado autor de quien nos venimos ocupando, tenía este hombre
+amistad antigua: ambos habían corrido juntos multitud de aventuras, y
+sin separarse navegaron por los revueltos golfos del periodismo hasta
+encallar en los arrecifes de una oficina, de donde no tardó en
+arrojarlos un cambio ministerial, y se embarcaron de nuevo en la prensa
+en busca de posición social. Comunicábanse sus desgracias y placeres,
+partiendo unos y otros fraternalmente, y se ayudaban en sus respectivas
+crisis financieras, haciéndose mutuos empréstitos, y girando el uno
+contra el otro cuantiosas letras, á pagar noventa días después del
+Juicio final. El lúgubre, principálmente, era un gran Ministro de
+Hacienda, y resolvía todos sus apuros por medio de grandes acometidas al
+bolsillo del joven escritor, que tenía, entre otras cualidades, la de
+despreciar las vanas riquezas.
+
+En cambio de estos servicios, el _sepulturero_ ayudaba en sus amores al
+escritor, que era por extremo sensible, idealista de la clase más
+anticuada, si bien esto se compensaba por su habilidad en escribir
+billetes amorosos, manifestación literaria á que sólo sus artículos
+políticos podían igualarse. También se consagraba el otro á tales
+entretenimientos; pero en su calidad de gran financiero, jamás le pasó
+por las mientes, como al escritorcillo, la insensata idea de casarse.
+
+--Vengo a ponerte sobre aviso--dijo con su hueca, apagada y profunda
+voz el lúgubre.--Ha llegado.
+
+Los dos amigos eran asiduos concurrentes á la ópera, y solían amenizar
+sus conversaciones con los cantos y romanzas de que tenían llena la
+cabeza; y á veces, cuando en el diálogo encajaba bien, soltaban algún
+recitativo. Por eso cuando el lúgubre dijo: _Ha venido_, el periodista
+cantó con afectación de sobresalto:
+
+--_¿L'incógnito amante della Rossina?_
+
+--_Apunto quello_,--contestó el otro.
+
+--¡Qué contrariedad! ¿Pues no decían que ese hombre no vendría, que
+habia ya renunciado á sus proyectos de matrimonio? ¿No estaban, lo mismo
+Juanita que su madre, convencidas de que la familia de ese gaznápiro no
+podía consentir en semejante boda?
+
+--Ahí verás. Él se ha escapado de su casa y dice que viene resuelto á
+dar su blanca mano. Ya sabes que la pécora de Doña Lorenza bebe los
+vientos por atraparle, porque parece ha de heredar cuando muera su tía,
+el título de Marqués de los Cuatro Vientos. Es rico: Doña Lorenza sabe
+de memoria el número de carneros, bueyes y asnos que posee en sus
+dehesas _il tuo rivale_, y está loca de contento. Si no casa á su hija
+con él, creo que revienta.
+
+--¡Pero Juanita, Juanita!--exclamó el escritor, mirando al
+techo.--Juanita no puede ceder á las despóticas exigencias de esa
+tarasca de su madre.
+
+--_La ragazza_ te quiere; pero si su madre se emperra en que no, y que
+no... Yo creo que de esta vez te quedas con tres palmos de narices.
+Cuando todas las contrariedades estaban allanadas, viene ese antiguo
+pretendiente, que si no agrada á la hija, agrada á la mamá, y esto
+basta. _¡Poverino!_
+
+--¡Quita allá!... yo no lo puedo creer. La chica se resistirá; ha jurado
+no tener más esposo que yo.
+
+--Sí. Pero tanto la sermonean.... La madre es una rata de Iglesia;
+frecuentan su casa, como sabes, multitud de clérigos que, según dicen,
+le tienen trastornado el juicio. Le han llevado el cuento de que tú eres
+un revolucionario impío; que insultas á Dios y á la Virgen en tus
+artículos; que estás excomulgado, y que debes de tener rabo, como los
+judíos. Doña Lorenza, que oye siete misas al día y se confiesa dos veces
+por semana, te detesta como si fueras el mismo Judas. Ella infundirá
+este odio á su niña, haciéndole creer que eres descendiente de Caifás, y
+que se va á condenar si se casa contigo.
+
+--¡Monstruoso, inconcebible!
+
+--Esa familia, chico, es la madriguera del obscurantismo. ¡Qué rancias
+ideas y costumbres! En vano un espíritu fuerte, como Juanita, se
+esfuerza en romper los nudos de la tutela estúpida con que se la quiere
+oprimir. Tendrá que dejarte, y se casará con ese alcornoque, á quien
+los clérigos y beatas que pululan en aquella casa, elogian sin cesar,
+encomiando sus virtudes, su religiosidad, su grande amor á la causa
+carlista y sus inmensos ganados.
+
+--¡Maldito sea el fariseísmo!--exclamó el otro, indignado contra la
+teocracia que así se introduce en el seno de las familias para torcer
+los más nobles propósitos y amoldarlos á fines mundanos.
+
+Desahogaba su ira en furibundos apóstrofes, anatemas y dicterios,
+golpeando la mesa, lívido y descompuesto, cuando sintióse ruido de pasos
+y apareció la fatídica estampa del mozo de la imprenta, que volvía en
+busca del comenzado fondo.
+
+--¡El artículo!--suspiró nuestro escritor, echando mano á las
+cuartillas, mojando la pluma con detestable humor y echando pestes
+contra todos los periódicos y todos los clérigos del orbe.
+
+Pasados algunos segundos, pudo fijar sus ideas, y continuó su
+interrumpida obra del modo siguiente:
+
+«Meditemos. Si bien es cierto que el Gobierno tiene la misión de velar
+por la conservación y prestigio de los principios morales y religiosos,
+también está fuera de toda duda que el más grave error en que pueden
+incurrir los poderes públicos es apegarse demasiado á las instituciones
+pasadas, protegiendo la teocracia y permitiendo que los apóstoles del
+obscurantismo extiendan su hipócrita y solapado dominio á toda la
+sociedad. ¡Oh! la más espantosa lepra de las naciones es esa masonería
+clerical, que, ansiando allegar para su causa mundada toda clase de
+recursos, no vacila en apoderarse de la voluntad de las mujeres indoctas
+y tímidas para entronizarse mañosamente en las familias, organizarlas á
+su manera, intervenir en sus actos más secretos, atar y desatar sus
+vínculos, y crear de este modo un influjo universal que, á poco de
+extendido, no podrá destruirse sino con una sangrienta hecatombe. ¡Ah!
+¡oh! ¡les conocemos bien!
+
+«¿No es notorio para todo el mundo que el actual Gabinete lejos de
+oponerse á tan grave mal, hace cuanto está en su mano para que tome
+proporciones? ¿No estamos viendo que los órganos del obscurantismo
+aplauden todos los actos del Gobierno, y que existe un pacto tácito
+entre la teocracia y el poder, una comunidad de aspiraciones tal, que
+parecen confundirse los poderes eclesiástico y civil, cual si viviéramos
+en los tiempos del más brutal absolutismo? ¡Ah! ¡Es preciso ya decir la
+verdad al país! ¡Oh! ¡Es preciso hablar muy alto y poner las cosas en su
+lugar, exigiendo la responsabilidad á quien realmente la tenga!»
+
+Aquí se paró el escritor, mil veces desdichado, porque se le acabaron
+las ideas; y no pudo _decirla verdad al país_, porque su imaginación no
+se apartaba de Juanita, de la impertinente y mojigata mamá, de los
+clerizontes y monagos que influían en la casa, de los carneros, bueyes,
+cabras y asnos del futuro Marqués de los Cuatro Vientos.
+
+
+IV
+
+Aprovechándose de este intermedio, trató el lúgubre de entablar de nuevo
+el consabido palique.
+
+--Pero la situación no es desesperada--dijo.--Con ingenio puedes vencer
+y dejar á ese señor de las vacas y carneros con un palmo de boca
+abierta.
+
+--Si yo pudiera.... _Le mié nozze colei meglio á affretare._
+
+--_Io dentr' oggi á finir vo questo affare_.... Mira, tengo un plan....
+¿Sabes que me comprometería á arreglar el asunto empleando ciertos
+medios...?
+
+--A ver, ¿qué plan, qué medios son esos? Cualesquiera que sean, ponlos
+en práctica inmédiatamente. Tú eres hombre de ingenio.
+
+--Pero no basta el ingenio--dijo el lúgubre.
+
+--Para ello es preciso otra cosa... es necesario dinero.
+
+--¡Dinero! _¡Dovizie!_ ¿Pero que papel va á hacer aquí el dichoso
+dinero?
+
+--Eso lo veremos. Es un plan vasto y difícil de explicar ahora.
+
+--¿Pero se trata de raptos, escalamientos, sobornos? Todo eso está muy
+bien en las novelas de á cuarto la entrega.
+
+--No es nada de eso. Tú has de ser el principal actor en esta trama que
+preparo.... Es preciso que me des _guita_ y te sometas á cuanto yo te
+mande.
+
+--En cuanto á lo segundo, no veo inconveniente ninguno; lo primero es
+mucho más difícil, por una razón muy sencilla....
+
+--Si no se tiene, se busca.
+
+--¡Se busca! _¿e dove, sciagurato?_ Pero explícame tus planes.... Ya me
+figuro.... ¿Quieres hacerme pasar por rico...? Hombre, tiene gracia.
+
+--Tú dame el _cumquibus_ y cállate. No es preciso mucho: basta con unos
+cuantos miles de reales, cinco ó seis mil.
+
+--¡Cinco ó seis mil! ¡Anda, anda! ¡Si tú supieras cuál es la situación
+del tesoro! Chico, yo pensaba pedirte para una cajetilla.
+
+--Pero, hombre, busca bien--dijo el gran financiero con expresión de
+angustia, que indicaba lo triste que era para él hallar tan vacío el
+bolsillo del contribuyente.--¡Y yo que necesitaba ahora un pico...!
+nada más que un piquito.
+
+--¡Piquitos á mí!
+
+--Es una gran contrariedad que te halles en tal situación--dijo el
+lúgubre en tono de responso.--Yo que contaba.... Además me había
+propuesto sacarte en bien de la aventura y hacer que Doña Lorenza
+plantara en la calle al de los Cuatro Vientos, para que tu Juanita....
+
+--¡Maldita sea tu estampa y mi miseria!--exclamó el articulista con
+desesperación.--Cuando uno se propone un fin noble y elevado, como es el
+del matrimonio, y no puede conseguirlo á causa de un cochino déficit,
+reniega de la existencia y....
+
+No pudo concluir la frase, porque ante sus ojos se presentó un espectro
+que avanzaba lentamente, con expresión siniestra y aterradora. Aquel
+fantasma era el monstruo tipográfico, horrible caricatura de Guttenberg,
+que puntual como el diablo cuando suena la hora de llevarse su alma,
+venía en busca del condenado artículo.
+
+--¡El artículo! ¡Mal rayo me parta! ¡Es preciso acabarlo!
+
+Y devorado por la ansiedad, trémulo y medio loco, trincó la pluma y
+¡hala!
+
+«Fácil es comprender, escribió, que esta situación no puede prolongarse
+mucho, por el aflictivo estado de la Hacienda. Los apuros del Erario
+son tales, que se nos llena el corazón de tristeza cuando hacemos un
+examen detenido de las rentas públicas. Los ingresos disminuyen de un
+modo aterrador; aumentan los gastos. Todas las corporaciones carecen de
+lo más necesario para cubrir sus atenciones. La miseria cunde por todas
+partes, y el ánimo se abate al considerar nuestra situación. Nos es
+imposible aspirar á nobles fines, porque en la vida moderna nada puede
+lograrse; todas las mejoras materiales y morales son ilusorias cuando el
+Estado se halla próximo á una vergonzosa ruina. ¡Ah! Es preciso llamar
+sobre esto la atención del país. El Tesoro público está exhausto. La
+situación es angustiosa, insostenible, desesperada. ¡Oh! Hay que exigir
+la responsabilidad á quien corresponda apartando de la gestión de los
+negocios públicos á los hombres funestos....»
+
+No pudo seguir, porque su amigo, que se había asomado al balcón mientras
+él escribía, le llamaba con grandes voces.
+
+--¡Ven, ven... _eccola_! Por la calle pasa _la ragazza_ con Doña
+Lorenza y el futuro Marquesito. ¡_Oh terribil momento_!
+
+El desdichado escritor levantóse de su asiento, tiró papel y plumas, sin
+cuidarse de que _aquellos hombres funestos_ siguieran ó no encargados de
+la gestión de los negocios públicos.
+
+Los dos fijaron la vista con ansiosa curiosidad en un grupo que por la
+calle iba, compuesto de tres personas, á saber: una vieja por extremo
+tiesa y con un aire presuntuoso que indicaba su adoración de todas las
+cosas tradicionales y venerandas; una joven, de cuya hermosura no podían
+tenerse bastantes datos desde el balcón, si bien no era difícil apreciar
+la esbeltez de su cuerpo, su andar airoso y su traje, en que la
+elegancia y la modestia habían conseguido hermanarse; y por ultimo, un
+mozalbete, cuyo semblante no era fácil distinguir, pues sólo se veía
+algo de patillas, su poco de lentes y unas miajas de nariz.
+
+El desesperado articulista estuvo á punto de gritar, de arrojar el
+objeto que hallara más á mano sobre la inocente pareja que cruzaba la
+calle. Púsose lívido al notar que se hablaban con una confianza parecida
+á la intimidad, y hasta le pareció escuchar algunas tiernas y
+conmovedoras frases. Apretó los puños y echó por aquella boca sapos y
+culebras, apartándose del balcón por no presenciar más tiempo un
+espectáculo que le enloquecía. Al volverse, su mirada se cruzó con la
+mirada del bruto de la imprenta, que inmóvil en medio de la sala, más
+feo, más horrible y siniestro que nunca, reclamaba las nefandas
+cuartillas. ¡Nada, nada, á rematar el artículo! Ciego de furor, pálido
+como la muerte, trémulo, y con extraviados ojos, se sentó, tomó la pluma
+y salpicando á diestra y siniestra grandes manchurrones de tinta,
+acribillando el papel con los picotazos de la pluma, enjaretó lo
+siguiente:
+
+«Sí: hay que apartar de la gestión de los negocios públicos á esos
+hombres funestos, que han usurpado el poder de una manera nunca vista en
+los anales de la ambición; á esos hombres inmorales, que han extendido á
+todas las esferas administrativas sus viciosas costumbres; á esos
+hombres que escarnecen al país con sus improvisadas fortunas. Todo el
+mundo ve con indignación los abusos, la audacia, el cinismo de tales
+hombres, y nosotros participamos de esa patriótica indignación. ¡Oh! no
+podemos contenernos. Señalamos á la execración de todas las gentes
+honradas á esos Ministros funestos é inmorales--lo repetimos sin
+cesar--que han traído á nuestra patria al estado en que hoy se halla,
+irritando los ánimos y estableciendo en todo el país el reinado de la
+desconfianza, del miedo, de la cólera, de la venganza. Sí: ¡¡castigo,
+venganza!! he aquí las palabras que sintetizan la aspiración nacional en
+el actual momento histórico.»
+
+Hubiera seguido desahogando las hieles de su alma, si alguien no le
+interrumpiera inopinadamente en aquel crítico momento histórico,
+entregándole una carta, cuyo sobre, escrito por mano femenina, le
+produjo extraordinaria conmoción. Abrióla con frenesí, rasgando el
+papel, y leyó lo que sigue, trazado con lápiz, apresuradamente:
+
+«No puedo pintar mi martirio desde que este alcornoque de los Cuatro
+Vientos ha venido de Extremadura, con la pretensión de casarse conmigo.
+Mamá es _partidaria de esta solución_, como tu dices; pero yo me
+mantengo y me mantendré siempre en la más resuelta oposición. Nada ni
+nadie me hará desistir, tontín, y yo te respondo que mi _actitud_,
+¡vivan las actitudes! será tan firme, que ha de causarte admiración. El
+suplicio de tener que oir las simplezas y ver el antipático semblante de
+Cuatro Vientos me dará fuerza para resistir al _sistema arbitrario y á
+las medidas preventivas_ de mamá.»
+
+La alegría del autor fué tan grande en aquel _momento histórico_, que
+por poco se desmaya en los brazos de su amigo. Recobró repentinamente su
+buen humor, volviendo los colores á su rostro demacrado. Pero la
+presencia del siniestro gañán de la imprenta, que inmóvil permanecía en
+medio de la sala, le hizo comprender la necesidad de concluir su obra,
+que reclamaban con furor los irritados cajistas y el inexorable regente.
+Tomó la pluma, y con facilidad notoria terminó de esta manera.
+
+«Pero en honor de la verdad, y penetrándonos de un alto espíritu de
+imparcialidad, deponiendo pasiones bastardas y hablando el lenguaje de
+la más estricta justicia, debemos decir que no tiene el Gobierno toda la
+culpa de lo que hoy pasa. Sería obcecación negarle el buen deseo y la
+aspiración al acierto. ¡Ah! Su gestión tropieza con los obstáculos que
+la insensata oposición de los partidos revolucionarios hace de continuo;
+y los males que sufre el país no proceden, por lo general, de las altas
+regiones. Todos los Ministros tienen muchísimo talento, y se inspiran ¿á
+qué negarlo? en el más puro patriotismo. ¡Ah! nuestro deber es excitar á
+todo el mundo para que, por medio de hábiles transacciones, por medio de
+sabios temperamentos, puedan el pueblo y el poder hermanarse,
+inaugurando la serie de felicidades, de inefables dichas, de
+prosperidades sin cuento que la Providencia nos destina.»
+
+Madrid, Abril de 1872.
+
+
+
+
+LA MULA Y EL BUEY
+
+CUENTO DE NAVIDAD
+
+
+I
+
+Cesó de quejarse la pobrecita; movió la cabeza, fijando los tristes ojos
+en las personas que rodeaban su lecho; extinguióse poco á poco su
+aliento, y expiró. El Ángel de la Guarda, dando un suspiro, alzó el
+vuelo y se fué.
+
+La infeliz madre no creía tanta desventura; pero el lindísimo rostro de
+Celinina se fué poniendo amarillo y diáfano como cera; enfriáronse sus
+miembros, y quedó rígida y dura como el cuerpo de una muñeca. Entonces
+llevaron fuera de la alcoba á la madre, al padre y á los más inmediatos
+parientes, y dos ó tres amigas y las criadas se ocuparon en cumplir el
+último deber con la pobre niña muerta.
+
+La vistieron con riquísimo traje de batista, la falda blanca y ligera
+como una nube, toda llena de encajes y rizos que la asemejaban á espuma.
+Pusiéronle los zapatos, blancos también y apenas ligeramente gastada la
+suela, señal de haber dado pocos pasos, y después tejieron, con sus
+admirables cabellos de color castaño obscuro, graciosas trenzas
+enlazadas con cintas azules. Buscaron flores naturales; mas no
+hallándolas, por ser tan impropia de ellas la estación, tejieron una
+linda corona con flores de tela, escogiendo las más bonitas y las que
+más se parecían á verdaderas rosas frescas traídas del jardín.
+
+Un hombre antipático trajo una caja algo mayor que la de un violín,
+forrada de seda azul con galones de plata, y por dentro guarnecida de
+raso blanco. Colocaron dentro á Celinina, sosteniendo su cabeza en
+preciosa y blanda almohada, para que no estuviese en postura violenta, y
+después que la acomodaron bien en su fúnebre lecho, cruzaron sus
+manecitas, atándolas con una cinta, y entre ellas pusiéronle un ramo de
+rosas blancas, tan hábilmente hechas por el artista, que parecían hijas
+del mismo Abril.
+
+Luego las mujeres aquellas cubrieron de vistosos paños una mesa,
+arreglándola como un altar, y sobre ella fué colocada la caja. En breve
+tiempo armaron unos al modo de doseles de iglesia, con ricas cortinas
+blancas, que se recogían gallardamente á un lado y otro; trajeron de
+otras piezas cantidad de santos é imágenes, que ordenadamente
+distribuyeron sobre el altar, como formando la corte funeraria del ángel
+difunto, y, sin pérdida de tiempo, encendieron algunas docenas de luces
+en los grandes candelabros de la sala, los cuales, en torno á Celinina,
+derramaban tristísimas claridades. Después de besar repetidas veces las
+heladas mejillas de la pobre niña, dieron por terminada su piadosa obra.
+
+
+II
+
+Allá, en lo más hondo de la casa, sonaban gemidos de hombres y mujeres.
+Era el triste lamentar de los padres, que no podían convencerse de la
+verdad del aforismo _angelitos al cielo_, que los amigos administran
+como calmante moral en tales trances. Los padres creían entonces que la
+verdadera y más propia morada de los angelitos es la tierra; y tampoco
+podían admitir la teoría de que es mucho más lamentable y desastrosa la
+muerte de los grandes que la de los pequeños. Sentían, mezclada á su
+dolor, la profundísima lástima que inspira la agonía de un niño, y no
+comprendían que ninguna pena superase á aquélla que destrozaba sus
+entrañas.
+
+Mil recuerdos é imágenes dolorosas les herían, tomando forma de
+agudísimos puñales que les traspasaban el corazón. La madre oía sin
+cesar la encantadora media lengua de Celinina, diciendo las cosas al
+revés, y haciendo de las palabras de nuestro idioma graciosas
+caricaturas filológicas que afluían de su linda boca como la música más
+tierna que puede conmover el corazón de una madre. Nada caracteriza á un
+niño como su estilo, aquel genuino modo de expresarse y decirlo todo con
+cuatro letras, y aquella gramática prehistórica, como los primeros
+vagidos de la palabra en los albores de la humanidad, y su sencillo arte
+de declinar y conjugar, que parece la rectificación inocente de los
+idiomas regularizados por el uso. El vocabulario de un niño de tres
+años, como Celinina, constituye el verdadero tesoro literario de las
+familias. ¿Cómo había de olvidar la madre aquella lengüecita de trapo,
+que llamaba al sombrero _tumeyo_ y al garbanzo _babancho_?
+
+Para colmo de aflicción, vió la buena señora por todas partes los
+objetos con que Celinina había alborozado sus últimos días; y como éstos
+eran los que preceden á Navidad, rodaban por el suelo pavos de barro con
+patas de alambre; un San José sin manos; un pesebre con el Niño Dios,
+semejante á una bolita de color de rosa; un Rey Mago montado en
+arrogante camello sin cabeza. Lo que habían padecido aquellas pobres
+figuras en los últimos días, arrastradas de aquí para allí, puestas en
+ésta ó en la otra forma, sólo Dios, la mamá y el purísimo espíritu que
+había volado al cielo lo sabían.
+
+Estaban las rotas esculturas impregnadas, digámoslo así, del alma de
+Celinina, ó vestidas, si se quiere, de una singular claridad muy triste,
+que era la claridad de ella. La pobre madre, al mirarlas, temblaba toda,
+sintiéndose herida en lo más delicado y sensible de su íntimo ser.
+¡Extraña alianza de las cosas! ¡Cómo lloraban aquellos pedazos de barro!
+¡Llenos parecían de una aflicción intensa, y tan doloridos, que su vista
+sola producía tanta amargura como el espectáculo de la misma criatura
+moribunda, cuando miraba con suplicantes ojos á sus padres y les pedía
+que le quitasen aquel horrible dolor de su frente abrasada! La más
+triste cosa del mundo era para la madre aquel pavo con patas de alambre
+clavadas en tablilla de barro, y que en sus frecuentes cambios de
+postura había perdido el pico y el moco.
+
+
+III
+
+Pero si era aflictiva la situación de espíritu de la madre, éralo mucho
+más la del padre. Aquélla estaba traspasada de dolor; en éste, el dolor
+se agravaba con un remordimiento agudísimo. Contaremos brevemente el
+peregrino caso advirtiendo que esto quizás parecerá en extremo pueril á
+algunos, pero á los que tal crean, les recordaremos que nada es tan
+ocasionado á puerilidades como un íntimo y puro dolor, de esos en que no
+existe mezcla alguna de intereses de la tierra, ni el desconsuelo
+secundario del egoísmo no satisfecho.
+
+Desde que Celinina cayó enferma, sintió el afán de las poéticas fiestas
+que más alegran á los niños: las fiestas de Navidad. Ya se sabe con
+cuánta ansia desean la llegada de estos risueños días, y cómo les
+trastorna el febril anhelo de los regalitos, de los nacimientos, y las
+esperanzas del mucho comer y del atracarse de pavo, mazapan, peladillas
+y turrón. Algunos se creen capaces, con la mayor ingenuidad, de embuchar
+en sus estómagos cuanto ostentan la Plaza Mayor y calles adyacentes.
+
+Celinina, en sus ratos de mejoría, no dejaba de la boca el tema de la
+Pascua; y como sus primitos, que iban á acompañarla, eran de más edad y
+sabían cuanto hay que saber en punto á regalos y nacimientos, se
+alborotaba más la fantasía de la pobre niña oyéndoles, y más se
+encendían sus afanes de poseer golosinas y juguetes. Delirando, cuando
+la metía en su horno de martirios la fiebre, no cesaba de nombrar lo que
+de tal modo ocupaba su espíritu, y todo era golpear tambores, tañer
+zambombas, cantar villancicos. En la esfera tenebrosa que rodeaba su
+mente, no había sino pavos haciendo _clau clau_; pollos que gritaban
+_pío pío_; montes de turrón que llegaban al cielo formando un Guadarrama
+de almendras; nacimientos llenos de luces y que tenían lo menos
+cincuenta mil millones de figuras; ramos de dulce, árboles cargados de
+cuantos juguetes puede idear la más fecunda imaginación tirolesa; el
+estanque del Retiro lleno de sopa de almendras; besugos que miraban á
+las cocineras con sus ojos cuajados, naranjas que llovían del cielo,
+cayendo en más abundancia que las gotas de agua en día de temporal, y
+otros mil prodigios que no tienen número ni medida.
+
+
+IV
+
+El padre, por no tener más chicos que Celinina, no cabía en sí de
+inquieto y desasosegado. Sus negocios le llamaban fuera de la casa; pero
+muy á menudo entraba en ella para ver como iba la enfermita. El mal
+seguía su marcha con alternativas traidoras: unas veces dando esperanzas
+de remedio, otras quitándolas.
+
+El buen hombre tenía presentimientos tristes. El lecho de Celinina, con
+la tierna persona agobiada en él por la fiebre y los dolores, no se
+apartaba de su imaginación. Atento á lo que pudiera contribuir á
+regocijar el espíritu de la niña, todas las noches, cuando regresaba á
+la casa, le traía algún regalito de Pascua, variando siempre de objeto y
+especie, pero prescindiendo siempre de toda golosina. Trájole un día una
+manada de pavos, tan al vivo hechos, que no les faltaba más que graznar;
+otro día sacó de sus bolsillos la mitad de la Sacra Familia, y al
+siguiente á San José con el pesebre y portal de Belén. Después vino con
+unas preciosas ovejas, á quien conducían gallardos pastores, y luego se
+hizo acompañar de unas lavanderas que lavaban, y de un choricero que
+vendía chorizos, y de un Rey Mago negro, al cual sucedió otro de barba
+blanca y corona de oro. Por traer, hasta trajo una vieja que daba azotes
+en cierta parte á un chico por no saber la lección.
+
+Conocedora Celinina, por lo que charlaban sus primos, de todo lo
+necesario á la buena composición de un nacimiento, conoció que aquella
+obra estaba incompleta por la falta de dos figuras muy principales: la
+mula y el buey. Ella no sabía lo que significaba la tal mula ni el tal
+buey; pero atenta á que todas las cosas fuesen perfectas, reclamó una y
+otra vez del solícito padre el par de animales que se había quedado en
+Santa Cruz.
+
+Él prometió traerlos, y en su corazón hizo propósito firmísimo de no
+volver sin ambas bestias; pero aquel día, que era el 23, los asuntos y
+quehaceres se le aumentaron de tal modo, que no tuvo un punto de reposo.
+Además de esto, quiso el Cielo que se sacase la lotería, que tuviera
+noticia de haber ganado un pleito, que dos amigos cariñosos le
+embarazaran toda la mañana... en fin, el padre entró en la casa sin la
+mula, pero también sin el buey.
+
+Gran desconsuelo mostró Celinina al ver que no venían á completar su
+tesoro las dos únicas joyas que en él faltaban. El padre quiso al punto
+remediar su falta; mas la nena se había agravado considerablemente
+durante el día; vino el médico, y como sus palabras no eran
+tranquilizadoras, nadie pensó en bueyes, mas tampoco en mulas.
+
+El 24 resolvió el pobre señor no moverse de la casa. Celinina tuvo por
+breve rato un alivio tan patente, que todos concibieron esperanzas, y
+lleno de alegría, dijo el padre: «Voy al punto á buscar eso.»
+
+Pero como cae rápidamente un ave herida al remontar el vuelo á lo más
+alto, así cayó Celinina en las honduras de una fiebre muy intensa. Se
+agitaba trémula y sofocada en los brazos ardientes de la enfermedad, que
+la constreñía sacudiéndola para expulsar la vida. En la confusión de su
+delirio, y sobre el revuelto oleaje de su pensamiento, flotaba, como el
+único objeto salvado de un cataclismo, la idea fija del deseo que no
+había sido satisfecho; de aquella codiciada mula y de aquel suspirado
+buey, que aún proseguían en estado de esperanza.
+
+El papá salió medio loco, corrió por las calles; pero en mitad de una de
+ellas se detuvo y dijo: «¿Quién piensa ahora en figuras de nacimiento?»
+
+Y corriendo de aquí para allí, subió escaleras, y tocó campanillas, y
+abrió puertas sin reposar un instante, hasta que hubo juntado siete ú
+ocho médicos, y les llevó á su casa. Era preciso salvar á Celinina.
+
+
+V
+
+Pero Dios no quiso que los siete ú ocho (pues la cifra no se sabe á
+punto fijo) alumnos de Esculapio contraviniesen la sentencia que él
+había dado, y Celinina fué cayendo, cayendo más á cada hora, y llegó á
+estar abatida, abrasada, luchando con indescriptibles congojas, como la
+mariposa que ha sido golpeada y tiembla sobre el suelo con las alas
+rotas. Los padres se inclinaban junto á ella con afán insensato, cual si
+quisieran con la sola fuerza del mirar detener aquella existencia que se
+iba, suspender la rápida desorganización humana, y con su aliento
+renovar el aliento de la pobre mártir que se desvanecía en un suspiro.
+
+Sonaron en la calle tambores y zambombas y alegre chasquido de panderos.
+Celinina abrió los ojos, que ya parecían cerrados para siempre; miró á
+su padre, y con la mirada tan sólo y un grave murmullo que no parecía
+venir ya de lenguas de este mundo, pidió á su padre lo que éste no había
+querido traerle. Traspasados de dolor padre y madre, quisieron
+engañarla, para que tuviese una alegría en aquel instante de suprema
+aflicción, y presentándole los pavos, le dijeron:--«Mira, hija de mi
+alma, aquí tienes la mulita y el bueyecito.»
+
+Pero Celinina, aun acabándose, tuvo suficiente claridad en su
+entendimiento para ver que los pavos no eran otra cosa que pavos, y los
+rechazó con agraciado gesto. Después siguió con la vista fija en sus
+padres, y ambas manos en la cabeza señalando sus agudos dolores. Poco á
+poco fué extinguiéndose en ella aquel acompasado son, que es el último
+vibrar de la vida, y al fin todo calló, como calla la máquina del reloj
+que se para; y la linda Celinina fué un gracioso bulto, inerte y frío
+como mármol, blanco y transparente como la purificada cera que arde en
+los altares.
+
+¿Se comprende ahora el remordimiento del padre? Porque Celinina tornara
+á la vida, hubiera él recorrido la tierra entera para recoger todos los
+bueyes y todas, absolutamente todas las mulas que en ella hay. La idea
+de no haber satisfecho aquel inocente deseo era la espada más aguda y
+fría que traspasaba su corazón. En vano con el raciocinio quería
+arrancársela; pero ¿de qué servía la razón, si era tan niño entonces
+como la que dormía en el ataúd, y daba más importancia á un juguete que
+á todas las cosas de la tierra y del cielo?
+
+
+VI
+
+En la casa se apagaron al fin los rumores de la desesperación, como si
+el dolor, internándose en el alma, que es su morada propia, cerrara las
+puertas de los sentidos para estar más solo y recrearse en sí mismo.
+
+Era Noche-Buena, y si todo callaba en la triste vivienda recién visitada
+de la muerte, fuera, en las calles de la ciudad, y en todas las demás
+casas, resonaban placenteras bullangas de groseros instrumentos músicos,
+y vocería de chiquillos y adultos cantando la venida del Mesías. Desde
+la sala donde estaba la niña difunta, las piadosas mujeres que le hacían
+compañía oyeron espantosa algazara, que al través del pavimento del piso
+superior llegaba hasta ellas, conturbándolas en su pena y devoto
+recogimiento. Allá arriba, muchos niños chicos, congregados con mayor
+número de niños grandes y felices papás y alborozados tíos y tías,
+celebraban la Pascua, locos de alegría ante el más admirable nacimiento
+que era dado imaginar, y atentos al fruto de juguetes y dulces que en
+sus ramas llevaba un frondoso árbol con mil vistosas candilejas
+alumbrado.
+
+Hubo momentos en que con el grande estrépito de arriba, parecía que
+retemblaba el techo de la sala, y que la pobre muerta se estremecía en
+su caja azul, y que las luces todas oscilaban, cual si, á su manera,
+quisieran dar á entender también que estaban algo peneques. De las tres
+mujeres que velaban, se retiraron dos; quedó una sola, y ésta, sintiendo
+en su cabeza grandísimo peso, á causa sin duda del cansancio producido
+por tantas vigilias, tocó el pecho con la barba y se durmió.
+
+Las luces siguieron oscilando y moviéndose mucho, á pesar de que no
+entraba aire en la habitación. Creeríase que invisibles alas se agitaban
+en el espacio ocupado por el altar. Los encajes del vestido de Celinina
+se movieron también, y las hojas de sus flores de trapo anunciaban el
+paso de una brisa juguetona ó de manos muy suaves. Entonces Celinina
+abrió los ojos.
+
+Sus ojos negros llenaron la sala con una mirada viva y afanosa que
+echaron en derredor y de arriba abajo. Inmediatamente después, separó
+las manos sin que opusiera resistencia la cinta que las ataba, y
+cerrando ambos puños se frotó con ellos los ojos, como es costumbre en
+los niños al despertarse. Luego se incorporó con rápido movimiento, sin
+esfuerzo alguno, y mirando al techo, se echó á reir; pero su risa,
+sensible á la vista, no podía oirse. El único rumor que fácilmente se
+percibió era una bullanga de alas vivamente agitadas, cual si todas las
+palomas del mundo estuvieran entrando y saliendo en la sala mortuoria y
+rozaran con sus plumas el techo y las paredes.
+
+Celinina se puso en pie, extendió los brazos hacia arriba, y al punto le
+nacieron unas alitas cortas y blancas. Batiendo con ellas el aire,
+levantó el vuelo y desapareció.
+
+Todo continuaba lo mismo: las luces ardiendo, derramando en copiosos
+chorros la blanca cera sobre las arandelas; las imágenes en el propio
+sitio, sin mover brazo ni pierna ni desplegar sus austeros labios; la
+mujer sumida plácidamente en un sueño que debía saberle á gloria; todo
+seguía lo mismo, menos la caja azul, que se había quedado vacía.
+
+
+VII
+
+¡Hermosa fiesta la de esta noche en casa de los señores de-----!
+
+Los tambores atruenan la sala. No hay quien haga comprender á esos
+endiablados chicos que se divertirán más renunciando á la infernal bulla
+de aquel instrumento de guerra. Para que ningún humano oído quede en
+estado de funcionar al día siguiente, añaden al tambor esa invención del
+Averno, llamada zambomba, cuyo ruido semeja á gruñidos de Satanás.
+Completa la sinfonía el pandero, cuyo atroz chirrido de calderetería
+vieja alborota los nervios más tranquilos. Y sin embargo, esta discorde
+algazara sin melodía y sin ritmo, más primitiva que la música de los
+salvajes, es alegre en aquesta singular noche, y tiene cierto sonsonete
+lejano de coro celestial.
+
+El Nacimiento no es una obra de arte á los ojos de los adultos; pero los
+chicos encuentran tanta belleza en las figuras, expresión tan mística en
+el semblante de todas ellas, y propiedad tanta en sus trajes, que no
+creen haya salido de manos de los hombres obra más perfecta, y la
+atribuyen á la industria peculiar de ciertos ángeles dedicados á ganarse
+la vida trabajando en barro. El portal de corcho, imitando un arco
+romano en ruinas, es monísimo, y el riachuelo representado por un
+espejillo con manchas verdes que remedan acuáticas yerbas y el musgo de
+las márgenes, parece que corre por la mesa adelante con plácido
+murmurio. El puente por donde pasan los pastores es tal, que nunca se ha
+visto el cartón tan semejante á la piedra; al contrario de lo que pasa
+en muchas obras de nuestros ingenieros modernos, los cuales hacen
+puentes de piedra que parecen de cartón. El monte que ocupa el centro
+se confundiría con un pedazo de los Pirineos, y sus lindas casitas, más
+pequeñas que las figuras, y sus árboles figurados con ramitas de
+evónimus, dejan atrás á la misma Naturaleza.
+
+En el llano es donde está lo más bello y las figuras más
+características: las lavanderas que lavan en el arroyo; los paveros y
+polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos
+granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al
+camello de un Rey Mago, y Perico el ciego tocando la guitarra en un
+corrillo donde curiosean los pastores que han vuelto del Portal. Por
+medio á medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio Salamanca, y
+como tiene dos _rails_ y sus ruedas, á cada instante le hacen correr de
+Oriente á Occidente con gran asombro del Rey Negro, que no sabe qué
+endiablada máquina es aquella.
+
+Delante del Portal hay una lindísima plazoleta, cuyo centro lo ocupa una
+redoma de peces, y no lejos de allí vende un chico _La Correspondencia_,
+y bailan gentilmente dos majos. La vieja que vende buñuelos y la
+castañera de la esquina son las piezas más graciosas de este maravilloso
+pueblo de barro, y ellas solas atraen con preferencia las miradas de la
+infantil muchedumbre. Sobre todo, aquel chicuelo andrajosa que en una
+mano tiene un billete de lotería, y con la otra le roba bonitamente las
+castañas del cesto á la tía Lambrijas, hace desternillar de risa á
+todos.
+
+En suma: el Nacimiento _número uno_ de Madrid es el de aquella casa, una
+de las más principales, y ha reunido en sus salones á los niños más
+lindos y más juiciosos de veinte calles á la redonda.
+
+
+VIII
+
+Pues ¿y el árbol? Está formado de ramas de encina y cedro. El solícito
+amigo de la casa que lo ha compuesto con gran trabajo, declara que jamás
+salió de sus manos obra tan acabada y perfecta. No se pueden contar los
+regalos pendientes de sus hojas. Son, según la suposición de un
+chiquitín allí presente, en mayor número que las arenas del mar. Dulces
+envueltos en cáscaras de papel rizado; mandarinas, que son los niños de
+pecho de las naranjas; castañas arropadas en mantillas de papel de
+plata; cajitas que contienen glóbulos de confitería homeopática;
+figurillas diversas á pie y á caballo: cuanto Dios crió para que lo
+perfeccionase luego la Mahonesa ó lo vendiese Scropp, ha sido puesto
+allí por una mano tan generosa como hábil. Alumbraban aquel árbol de la
+vida candilejas en tal abundancia, que, según la relación de un
+convidado de cuatro años, hay allí más lucecitas que estrellas en el
+cielo.
+
+El gozo de la caterva infantil no puede compararse á ningún sentimiento
+humano: es el gozo inefable de los coros celestiales en presencia del
+Sumo Bien y de la Belleza Suma. La superabundancia de satisfacción casi
+les hace juiciosos, y están como perplejos, en seráfico arrobamiento,
+con todo el alma en los ojos, saboreando de antemano lo que han de
+comer, y nadando, como los ángeles bienaventurados, en éter puro de
+cosas dulces y deliciosas, en olor de flores y de canela, en la esencia
+increada del juego y de la golosina.
+
+
+IX
+
+Mas de repente sintieron un rumor que no provenía de ellos. Todos
+miraron al techo, y como no veían nada, se contemplaban los unos á los
+otros, riendo. Oíase gran murmullo de alas rozando contra la pared y
+chocando en el techo. Si estuvieran ciegos, habrían creído que todas las
+palomas de todos los palomares del universo se habían metido en la
+sala. Pero no veían nada, absolutamente nada.
+
+Notaron, sí, de súbito, una cosa inexplicable y fenomenal. Todas las
+figurillas del Nacimiento se movieron, todas variaron de sitio sin
+ruido. El coche del tranvía subió á lo alto de los montes, y los Reyes
+se metieron de patas en el arroyo. Los pavos se colaron sin permiso
+dentro del Portal, y San José salió todo turbado, cual si quisiera saber
+el origen de tan rara confusión. Después, muchas figuras quedaron
+tendidas en el suelo. Si al principio las traslaciones se hicieron sin
+desorden, después se armó una baraúnda tal, que parecían andar por allí
+cien mil manos afanosas de revolverlo todo. Era un cataclismo universal
+en miniatura. El monte se venía abajo, faltándole sus cimientos
+seculares; el riachuelo variaba de curso, y echando fuera del cauce sus
+espejillos, inundaba espantosamente la llanura; las casas hundían el
+tejado en la arena; el Portal se estremecía cual si fuera combatido de
+horribles vientos, y como se apagaron muchas luces resultó nublado el
+sol y obscurecidas las luminarias del día y de la noche.
+
+Entre el estupor que tal fenómeno producía algunos pequeñuelos reían
+locamente y otros lloraban. Una vieja supersticiosa les dijo:
+
+«¿No sabéis quién hace este trastorno? Hácenlo los niños muertos que
+están en el cielo, y los cuales permite Padre Dios, esta noche, que
+vengan á jugar con los Nacimientos.»
+
+Todo aquello tuvo fin, y se sintió otra vez el batir de alas alejándose.
+
+Acudieron muchos de los presentes á examinar los estragos, y un señor
+dijo:
+
+«Es que se ha hundido la mesa y todas las figuras se han revuelto.»
+
+Empezaron á recoger las figuras y á ponerlas en orden. Después del
+minucioso recuento y de reconocer una por una todas las piezas, se echó
+de menos algo. Buscaron y rebuscaron; pero sin resultado. Faltaban dos
+figuras: la Mula y el Buey.
+
+
+X
+
+Ya cercano el día, iban los alborotadores camino del cielo, más
+contentos que unas Pascuas, dando brincos por esas nubes, y eran
+millones de millones, todos preciosos, puros, divinos, con alas blancas
+y cortas que batían más rápidamente que los más veloces pájaros de la
+tierra. La bandada que formaban era más grande que cuanto pueden abarcar
+los ojos en el espacio visible, y cubría la luna y las estrellas, como
+cuando el firmamento se llena de nubes.
+
+«A prisa, á prisa, caballeritos, que va á ser de día--dijo uno,--y el
+Abuelo nos va á reñir si llegamos tarde. No valen nada los Nacimientos
+de este año.... ¡Cuando uno recuerda aquellos tiempos...!»
+
+Celinina iba con ellos, y como por primera vez andaba en aquellas
+altitudes, se atolondraba un poco.
+
+«Ven acá--le dijo uno,--dame la mano y volarás más derecha.... Pero ¿qué
+llevas ahí?
+
+--Esto--repuso Celinina oprimiendo contra su pecho dos groseros animales
+de barro.--Son pa mí, pa mí.
+
+--Mira, chiquilla, tira esos muñecos. Bien se conoce que sales ahora de
+la tierra. Has de saber que aunque en el Cielo tenemos juegos eternos;
+siempre deliciosos, el Abuelo nos manda al mundo esta noche para que
+enredemos un poco en los Nacimientos. Allá arriba se divierten también
+esta noche, y yo creo que nos mandan abajo por que les mareamos con el
+gran ruido que metemos.... Pero si Padre Dios nos deja bajar y andar por
+las casas, es á condición de que no hemos de coger nada, y tú has
+afanado eso.»
+
+Celinina no se hacía cargo de estas poderosas razones, y apretando más
+contra su pecho los dos animales, repitió:
+
+--Pa mí, pa mí.
+
+--Mira, tonta,--añadió el otro,--que si no haces caso nos vas á dar un
+disgusto. Baja en un vuelo, y deja eso, que es de la tierra y en la
+tierra debe quedar. En un momento vas y vuelves, tonta. Yo te espero en
+esta nube.»
+
+Al fin Celinina cedió, y bajando, entregó á la tierra su hurto.
+
+
+XI
+
+Por eso observaron que el precioso cadáver de Celinina, aquello que fué
+su persona visible, tenía en las manos, en vez del ramo de flores, dos
+animalillos de barro. Ni las mujeres que la velaron, ni el padre, ni la
+madre, supieron explicarse esto; pero la linda niña, tan llorada de
+todos, entró en la tierra apretando en sus frías manecitas la Mula y el
+Buey.
+
+Diciembre de 1876.
+
+
+
+
+
+LA PLUMA EN EL VIENTO
+
+
+EL VIAJE DE LA VIDA
+
+
+Poe....[1]
+
+
+INTRODUCCIÓN
+
+Sobre el apelmazado suelo de un corral, entre un cascarón de huevo y una
+hoja de rábano, cerca del medio plato donde bebían los pollos y como á
+dos pulgadas del jaramago que se había nacido en aquel sitio sin pedir
+permiso á nadie, yacía una pequeña y ligerísima pluma, caída al parecer
+del cuello de cierta paloma vecina, que diez minutos antes se había
+dejado acariciar ¡oh femenil condescendencia! por un D. Juan que hacía
+estragos en los tejados de aquellos contornos.
+
+El corral era triste, feo y solitario. Desde donde estaba la pluma no
+se veía otra cosa que la copa de algunos castaños plantados fuera de la
+tapia; el campanario de la iglesia con su remate abollado, á manera de
+sombrero viejo; la vara enorme y deslucida de un chopo inválido y casi
+moribundo, y las tejas dé la casa adyacente, que en días de temporal
+regaban con abundante lloro el corral y la huerta. La vid, la zarza
+trepadora y la madreselva, apenas cubrían entre las tres toda la
+extensión de la tapia, erizada de vidrios rotos en su parte superior,
+que servía de baluarte inexpugnable contra zorras y chicuelos.
+
+A esto se reducía el paisaje, amén del inmenso y siempre hermoso cielo,
+tan espléndido de día, como imponente y misterioso de noche.
+
+La pluma (¿por qué no hemos de darle vida?) yacía, como dijimos, en
+compañía de varios objetos bastante innobles, propios del lugar, y
+constantemente expuesta a ser hollada por la bárbara planta de los
+gansos, de los pollos y aun de otros animalejos menos limpios y decentes
+que tenían habitación en algún lodazal cercano.
+
+No hay para qué decir que la pluma debía de estar muy aburrida; pues
+suponiendo un alma en han delicado, aéreo y flexible cuerpo, la
+consecuencia es que esta alma no podía vivir contenta en el corral
+descrito. Por una misteriosa armonía entre los elementos constitutivos
+de aquel ser, si el cuerpo parecía un espectro de materia, el alma había
+sido creada para volar y remontarse a las alturas, elevándose a la mayor
+distancia, posible sobra el suelo, en cuyo fango jamás debieran tocar
+los encajes casi imperceptibles de su sutil vestidura. Para esto había
+nacido ciertamente; pero en ella, como en nosotros los hombres, la
+predestinación continuaba siendo una vana palabra. Estaba la pobre en el
+corral, lamentando su suerte, con la vista fija en el cielo, sin más
+distracción que ver agitados por el viento los blancos festones de su
+ropa inmaculada, y diciendo en la ignota lengua de las plumas: «No sé
+cómo aguanto esta vida fastidiosa. Más valdría cien veces morir.»
+
+Otras muchas cosas igualmente tristes dijo; pero en el mismo instante
+una ráfaga de viento que puso en conmoción todas las pajas y objetos
+menudos arrojados en el corral, la suspendió, ¡oh inesperada alegría!
+alzándola sobre el suelo más de media vara. Por breve espacio de tiempo
+estuvo fluctuando de aquí para allí, amenazando caer unas veces y
+remontándose otras, con gran algazara de los pollos, quienes al ver
+aquella cosa blanca que se paseaba por los aires con tanta majestad,
+iban tras ella aguardándola en su caída, con la esperanza de que fuera
+algo de comer. Pero el viento sopló más recio, y haciendo un fuerte
+remolino en todo el recinto del corral, la sacó fuera velozmente. Cuando
+ella se vió más alta que la tapia, más alta que la casa, que los
+castaños, que la cúspide del chopo, tembló toda de entusiasmo y
+admiración. Allá arribita, el viento la meció, sosteniéndola sin
+violentas sacudidas: parecía balancearse en visible hamaca ó en los
+brazos de algún cariñoso genio. Desde allí ¡qué espectáculo! Abajo el
+corral con sus inquietos pollos escarbando sin cesar; la huerta, la
+casa, los castaños, el chopo, ¡qué pequeño lo que antes parecía tan
+grande! Después, toda la extensión del hermoso valle poblado de casas,
+de árboles, de flores, de ganados; a lo lejos las montañas con sus
+laderas cubiertas de bosques, sus eminencias rojizas y azules y sus
+cúspides encaperuzadas con una blancura en la cual nuestra viajera creyó
+ver enormes montones de plumas, encima el cielo sin fin, el sol de la
+mañana dando vivos colores a todo el paisaje, garabateando el agua con
+rayos de luz, produciendo temblorosos reflejos en el follaje de los
+olmos, y reverberando en las sementeras pajizas, salpicadas aquí y allí
+de manchas de amapolas. ¡Esto sí que se llama vivir! Tremenda cosa sería
+caer otra vez en el corral.
+
+La pluma, en el colmo de su regocijo, no halló medio mejor de expresarlo
+que dando vueltas sobre su eje, para que se orearan bien sus miembros
+húmedos y ateridos: se bañó en el sol y se esponjó, ahuecando con cierta
+vanidad los flecos diminutos de que se componía su cuerpo. El sol
+penetraba por entre los mil intersticios de aquel encaje prodigioso, y
+nuestra viajera se vió vestida de hilos de cristal más tenues que los
+que tienden las arañas de rama en rama, y cubierta de diamantes,
+esmeraldas y rubíes que variaban de luces á cada movimiento, y tan
+menudos, que los granos de arena parecerían montañas á su lado.
+
+Extender la vista por el valle, por las montañas, por el horizonte, y
+querer recorrerlo todo hasta el fin, fué en la pluma obra de un momento.
+Su estupor y alborozo no tenían límites, y si al pronto la sorpresa la
+mantuvo en aquella altura, divagando, sin apartarse de su situación
+primera, después serenada un poco y sintiendo en su pecho (?) el fuego
+del entusiasmo, se lanzó en el inmenso espacio, en brazos del
+geniecillo. Desaparecieron corral, casa, aldea; la torre de la iglesia,
+como gigante despavorido, caminaba también con grandes zancajos hasta
+perderse de vista. En la agitación de aquel vuelo vertiginoso, la pluma
+subía á veces á tanta altura, que apenas podía distinguir los objetos;
+otras descendía hasta rozar con la tierra, y contemplaba su imagen
+fugitiva en la superficie verdosa de los charcos. A veces se remontaba
+tanto, que parecía confundirse con las nubes y perderse en los inmensos
+océanos del espacio; á veces descendía tanto, que casi casi tocaba á la
+tierra, y en su lenguaje ignoto decía al viento: «Bájame un poco, amigo,
+que me mareo en estas alturas,» ó «levántame por favor, amiguito, que
+voy á caer en ese lodazal.»
+
+El viento, dócil vehículo, la subía y la bajaba según su deseo, andando
+siempre, y pasaban valles, ríos, montes, colinas, pueblos, sin parar
+nunca. En su viaje, la pluma no cesaba de admirar cuanto veía. Los
+pájaros pasaban cantando junto á ella; las mariposas se detenían,
+mirandola con asombro, no acertando á comprender si era cosa viva o un
+objeto arrastrado por el viento. Cuando iban cerca de tierra y pasaban
+rozando por encima de zarzales y plantas espinosas, creeríase que todas
+las púas se erizaban como garras para cogerla, y al volar por encima de
+un charco, los gansos de la orilla volvían de medio lado la cabeza
+mirándola, y con la esperanza de verla caer, corrían graznando tras
+ella:-«Súbeme, amiguito-gritaba-, para no oír a estos bárbaros».
+
+
+CANTO PRIMERO
+
+Y subían hasta lo alto de la montaña; pasaban la divisoria, y recorrían
+otro valle, y así todo el camino, sin detenerse nunca. Tanto anduvieron
+que la pluma, sintiendo satisfecha su curiosidad, se arremolinó, dió
+varias vueltas sobre sí misma, y dijo al genio que la conducía:
+
+«¿Sabes que hemos corrido bastante? ¿No convendría elegir sitio para
+descansar un rato? ¡Ay, amigo! Aunque deseaba salir del corral recorrer
+el mundo, puedes creer que lo que á mí me gusta es la vida tranquila y
+reposada. Por un instante pensé que la felicidad es volar de aquí para
+allí, viendo cosas distintas cada minuto, y recibiendo impresiones
+diferentes. Ya me voy convenciendo de que es mejor estarse una
+quietecita en un paraje que no sea tan feo como el corral, viviendo sin
+sobresalto ni peligro. Allí veo, cerca del río, unos grandes árboles,
+que me parecen el lugar más hermoso que hemos encontrado en nuestro
+viaje.»
+
+Acercáronse y vieron, efectivamente, que á la sombra de aquellos árboles
+había el sitio más apetecible y delicioso que podría ambicionar una
+pluma para pasar sus días. Césped finísimo cubría el suelo; el río
+cercano corría con mansa corriente, ni tan rápida que arrastrara y
+revolviera la tierra de las verdes márgenes, ni tan pausada que se
+enturbiaran sus aguas: fácil era contar todas las piedrecillas del
+fondo; mas no la muchedumbre de peces que divagaban por su transparente
+cristal. Las ramas de los árboles, cerniendo la viva luz del sol,
+mantenían en templada penumbra el pequeño prado; y de allí habían huído
+todos los insectos importunos y sucios, así como todas las aves
+impertinentes y casquivanas. Los pocos seres que allí estaban de paso ó
+con residencia fija, eran lo más culto y distinguido de la creación:
+insectos vestidos de oro y condecorados con admirables pedrerías; aves
+sentimentales y discretas que cantaban sus amores en cortesano estilo, y
+sólo á ciertas horas de la mañana ó de la tarde. Era el mediodía, y
+todas callaban en lo alto de las ramas, entreteniendo el espíritu en
+abstractas meditaciones.
+
+«¡Fresco y bonito lugar es éste!--dijo la pluma erizándose de entusiasmo
+al verse allí.--Aquí quiero pasar toda mi vida, toda, toda, lo repito
+con seguridad completa de no variar de propósito.
+
+Vagaba á la sombra de los árboles, resbalando sobre el fresco césped,
+cuando vió que se acercaba una pastora, guiando dos docenas de ovejas
+con alguno que otro cordero, y un perro que le servía de custodia y
+compañía. La pastora se ocupaba, andando, en tejer una corona de flores
+que traía en la falda, y era tanta su hermosura, donaire y elegancia,
+que la pluma se quedó absorta.
+
+Sentose la joven, y la pluma remontándose de nuevo por los aires,
+empezó a dar vueltas en torno suyo, admirando de cerca y, de lejos, ya
+la blancura del cutis, ya la expresión y brillo de los ojos, ya los
+cabellos negros, ya sus labios encendidos, todas y cada una de las
+perfecciones de tan ejemplar criatura.
+
+«Aquí me he de estar toda la vida--exclamaba la viajera en su enrevesado
+idioma.--Esto sí que es vivir. Nunca me cansaré de mirarla, aunque viva
+mil años. ¡Qué bien he hecho en establecerme aquí... y qué gran cosa es
+el amor! Gracias á Dios que he encontrado la felicidad. ¡Cuan dulcemente
+se pasa el tiempo mirándola, ahora y después y siempre! ¿Qué placer
+iguala al de pasar rozando sus cabellos, y acariciarle la frente con mis
+flequitos? ¿Qué mayor ambición puedo tener que dejarme resbalar por su
+cuello hasta escurrirme... qué sé yo dónde, ó esconderme entre su ropa
+y su carne para estarme allí haciéndole cosquillas _per saecula
+saeculorum_? Esto me vuelve loca... y de veras que estoy loca de amor.
+Aquí y sin apartarme de ella un instante, he de pasar toda la vida.»
+
+La pluma volaba y revolaba alrededor de la pastora, hasta que fué á
+posarse sutilmente sobre su hombro, y en él hizo mil morisquetas y
+remilgos con sus flecos. Vió la muchacha aquel objeto blanco, que al
+principio juzgó ser cosa menos delicada caída de las ramas del árbol, y
+tomándola, la estrujó entre sus dedos y la arrojó lejos de sí con
+indiferencia desdeñosa. Un rato después convocó á su rebaño y se fué.
+
+Mucho tardó nuestra infortunada viajera en volver de su desmayo. Al
+abrir los ojos, en vano buscó al objeto de su tierna pasión;
+reconociendo el sitio, sacudió sus encajes magullados y rotos, y dió al
+viento sus quejas en esta forma:
+
+«Ay, vientecillo, sácame de aquí, por las ánimas benditas; levántame,
+que me muero de tristeza. Quiero correr otra vez, pues ahora comprendo
+que la felicidad no existe en lo que yo creía. ¡Buena tonta he sido! El
+amor, no es más que fatigas y dolores. Basta de amor, que harto conozco
+ya lo que trae consigo. Volemos otra vez, y vamos a donde tú quieras,
+amiguito. De veras te digo que me cargan estos árboles y este río: estoy
+ya hasta la corona de céspedes, prados, arroyos y pajarillos. Démonos
+una vueltecita por esos mundos. Levántame: quiero subir hasta las nubes.
+Eso es; así me gusta: súbeme todo lo que puedas. Mira, allí a lo lejos
+se alcanza a ver una casa que ha de ser muy grande: ¿ves cómo brilla a
+los rayos del sol, cual si fuese de plata, y a su lado hay otra y otra,
+muchas, muchísimas casas? Sin duda aquello es lo que llaman una ciudad.
+Eso, eso es lo que yo deseo ver. Gracias a Dios que encuentro lo que me
+gusta. Vámonos derechos allá, y dejémonos de montes y valles, que son
+lugares impropios para este genio mío... Ya, ya se ve de cerca la
+ciudad. En aquel magnífico palacio que vimos primero nos hemos de meter.
+Corre, corre más, que me parece que no llegamos nunca.
+
+NOTA:
+
+[1] Perdón ¡oh lector! iba á cometer la irreverencia de llamar á esto
+_poema_.
+
+
+CANTO SEGUNDO
+
+Pronto se hallaron muy cerca de un soberbio palacio de mármol, tan
+grande y bello que hasta el mismo genio misterioso, que conducía á
+nuestra amiga, se quedó absorto ante tanta magnificencia. Oíanse por
+allí algazaras como de baile ó festín, y músicas sorprendentes. Flotaban
+banderas en los minaretes y azoteas, y por las ventanas se veía
+discurrir la gente alegre y bulliciosa.
+
+«Adentro, amiguito--dijo la pluma;--colémonos por este balcón que está
+de par en par abierto.»
+
+Así lo hicieron, encontrándose dentro de una gran sala en la cual había
+hasta cien personas sentadas alrededor de vasta mesa, llena de ricos
+manjares y adornada de flores, todo puesto con arte y soberana
+magnificencia. Era igual el número de hombres al de mujeres; y si entre
+aquéllos los había de distintas edades, éstas eran todas jóvenes y
+hermosas. Los criados vestían riquísimos trajes, y un sin fin de músicos
+tocaban armoniosas sonatas en lo alto de una gran tribuna.
+
+Los convidados estaban tendidos sobre cojines cubiertos de vistosos
+tapices; ellas adornadas con flores, y tan ligera y graciosamente
+vestidas, que su hermosura no podía menos de aparecer realzada con
+atavíos tan indiscretos. Las carcajadas, las voces y la música,
+impresionando el oído; el aroma de las flores y el olor aperitivo de las
+comidas y licores, hiriendo el olfato; la viveza de las miradas, la
+variedad de colores, afectando la vista, producían en aquel recinto una
+fascinación que habría dado al traste con la fortaleza de todos los
+ermitaños de la Tebaida.
+
+La pluma, divagando por la bóveda del salón sintió que desde la mesa
+subían á acariciar sus sentidos los dulces vapores de la mesa, y se
+embriagaba con la fragancia de los vinos, escanciados sin cesar en copas
+de oro. Su entusiasmo y alegría no tenían límites, y la lengua se le
+soltó de tal modo, que no cesó de hablar en todo el día, diciendo a su
+compañero y conductor:
+
+«Esto si que es delicioso, amiguito; esto sí que es vivir. ¡Bien te
+decía yo que aquí habíamos de encontrar la felicidad; bien me lo
+anunciaba el corazón! Me están volviendo tarumba las emanaciones de esas
+aves, de esas especias, de esas frutas, de esos licores que parecen,
+llevar en sí gérmenes de vida y nos infunden aliento y júbilo. Repara en
+la incitante belleza do esas mujeres: ¡qué miradas! ¡qué senos! ¡qué
+admirable configuración la de sus cuerpos! ¡qué encantadora risa en sus
+labios! Pero ¿no te vuelves loco como yo? Aquí he de estarme toda la
+vida, ¿sabes? No hay duda que la vida es el placer, y buenos tontos
+serán los que se anden por ahí discurriendo insulsamente por montes y
+valles. ¡Y yo fuí tan imbécil que vi la felicidad en el amor insípido
+que me inspiró aquella pastora! ¡Qué fácilmente nos equivocamos!... pero
+ya he conocido mi error, y tengo la seguridad de no equivocarme más. Es
+que ya voy teniendo mucha experiencia, no te creas, y de aquí en
+adelante ya sé lo que tengo que hacer. Gracias á Dios que encontré lo
+definitivo: aquí, aquí hasta que me muera. ¡Qué placer, y qué
+embriaguez, y qué mareo tan deliciosos! ¡Sublime es esto, y cuan
+desgraciados los que no lo conocen!»
+
+La comida avanzaba, y la locura de los comensales tocaba á su límite:
+las ánforas habían dado ya su última ofrenda de vino; los convidados las
+habían hecho llenar de nuevo, y hasta las mujeres, aturdidas, ó gritaban
+como furias ó callaban con perezoso recogimiento.
+
+La pluma se sintió también atontada: empezó á dar vueltas y más vueltas
+en el aire, hasta que poco á poco perdió la conciencia de lo que allí
+ocurría. Conservando un resto de vago conocimiento, sintió que las voces
+se alejaban; que caían los muebles; que se rompían con estrépito los
+vasos; que callaban los músicos; que, obscurecido el sol, lo sustituía
+una débil claridad de antorchas; que éstas se extinguían después; que
+todo quedaba en silencio. Entonces se sintió caer, abandonada de su
+misterioso genio amigo: vió las flores marchitas y pisoteadas por el
+suelo, los restos de la comida arrojados en desorden y exhalando
+repugnante olor; todo revuelto y disperso, y ningún ser vivo en la sala.
+En su desmayo juzgó que pasaban lentamente horas y más horas, que luego
+amanecía, y que por fin alguien daba señales de vida en aquel palacio,
+ayer del regocijo y hoy de la tristeza. Los pasos se acercaban, y manos
+desconocidas intentaron poner en orden los restos del festín. Luego se
+sintió arrastrada violentamente á impulsos de un objeto áspero: abrió
+los ojos, ya con la cabeza despejada, y vió que era impelida por una
+escoba. La barrían juntamente con multitud de objetos despreciables,
+ajados, repugnantes y pestíferos: hojas de flores pisoteadas, pedazos de
+cristal aún mojados en vino, huesos de frutas aún cubiertos de saliva,
+cortezas de pan, espinas de salmón con alguna hilacha de carne, una
+cinta manchada de salsa, fresas espachurradas, entre las cuales lucía un
+alfiler teñido del zumo rojizo y que semejaba el puñal de un asesino,
+piltrafas de jamón, cascaritas de hojaldre y algunos ojos de pescado que
+aún fijos á sus rotas cabezas, parecían contemplar con asombro y terror
+semejante espectáculo.
+
+Entre estos objetos, rodando todos en tropel, fue nuestra pluma empujada
+por la escoba hasta parar á un gran cesto, de donde la arrojaron á un
+corral mil veces más inmundo que aquel de donde había salido. Al verse
+entre tanta basura, magullada, rota, sucia, oliendo á vino, á especias,
+á grasa, á saliva, empezó á lamentarse con estas patéticas frases:
+
+«¡Ay, vientecillo de mi alma, levántame y sácame de aquí, por Dios y
+todos los santos! Me muero en este montón de inmundicia; yo quiero ser
+libre y pura como antes. A fe que te has lucido, plumita. ¡Qué error tan
+grosero! En buena parte has venido á concluir aquella brillante jornada
+de placer y felicidad. Que no me digan á mí que el placer lleva consigo
+otra cosa que degradaciones, bajezas, dolores y miserias. ¡Por un ratito
+de gozo, cuánta amargura! Y gracias á Dios que he salido con vida.
+Afortunadamente no seré yo quien vuelva á caer. Sácame de aquí, amigo,
+así te dé Dios todos los reinos de la tierra y del mar; sácame ó me
+muero en esta podredumbre.»
+
+El geniecillo la levantó con rapidez á grandísima altura, y allá arriba
+se ahuecó toda, llena de contento, para purificarse y orear su cuerpo.
+Apartó la vista del palacio y de la ciudad, y ambos siguieron luego su
+camino sin saber a dónde iban.
+
+«Ni los campos tranquilamente fastidiosos; ni los palacios, que son
+mansión del hastío, me hacen a mi maldita gracia--decía la pluma.--Por
+fuerza hemos de encontrar pronto lo que cuadra a mi genio. ¿Ves? O yo me
+engaño mucho, o aquel gentío que ocupa la llanura que tenemos delante,
+nos va a detener allí con el espectáculo de algún acto sublime. Vamos
+pronto, que ya siento viva curiosidad. O yo no sé lo que son ejércitos,
+o lo que allí se divisa son dos que van a encontrarse y a reñir.
+¡Sublime acontecimiento! ¡Bendito sea Dios que nos ha deparado ocasión
+de presenciar una batalla! He aquí una cosa que me entusiasma. Me pirro
+yo por las batallas. ¡La gloria! Te digo que se me va la cabeza cuando
+hablo de esto. Tarde ha sido, amigo, pero al fin he encontrado la norma
+de mi destino. Mira, ya van a empezar. Coloquémonos encima de aquellos
+que parecen ser los caudillos de uno de los dos ejércitos, y veamos la
+que se va a armar aquí.
+
+
+CANTO TERCERO
+
+Efectivamente, dos grandes y poderosas huestes iban a chocar en aquella
+planicie. ¿A qué describir el brillo de las armas, las empresas de los
+escudos, el ardor de los combatientes; el relinchar de los corceles y
+demás accidentes de la empellada refriega? La pluma, palpitando de
+emoción, vió los primeros encuentros, y no apartaba los ojos del que
+parecía ser rey del ejército por quien más tarde se decidió la victoria.
+El tal rey llevaba un casco de oro, armadura de bruñido acero, y oprimía
+los lomos de soberbio caballo tordo. Ninguno le igualaba en furor y
+osadía, razón por la cual su gente, entusiasmada con tal ejemplo,
+arrollaba á los contrarios cual si fuesen manadas de carneros.
+
+Nuestra viajera no sabía cómo expresar su frenético alborozo ante la
+sublime tragedia.
+
+«¡La gloria! ¡Qué gran cosa es la gloria!--exclamaba, siguiendo lo más
+cerca posible al rey victorioso.--Estoy en mi centro: ésta es la vida,
+esto es lo que cuadra á mi genio, esto es la felicidad: gracias á Dios
+que he encontrado lo que quería. ¡Y fuí tan imbécil que perdí el tiempo
+en frívolos amores y en livianos placeres! ¡La verdad es que se equivoca
+uno tontamente! Pero ya voy teniendo experiencia, y no me equivocaré
+más. La gloria es lo que más enaltece el alma. Mira, amiguito mío, cómo
+vencen los de aquí. Ya van los otros en retirada. ¡Grande y poderoso
+rey! Daría la mitad de mi vida por ponerme encima de su casco, de aquel
+áureo yelmo, ante cuya cimera se inclinarán con pavura todos los
+monarcas y naciones de la tierra. Vamos, esto me enajena. ¿No oyes cómo
+crujen las armas, cómo relinchan los caballos y cómo blasfeman los
+combatientes, encendidos en marcial coraje? ¡Gloriosa muerte la de los
+unos, y gloriosísima victoria la de los otros!»
+
+Ésta fue decisiva para el rey del áureo casco y del caballo tordo. Su
+ejército triunfante persiguió en veloz carrera al enemigo, y la pluma
+siguió la triunfal marcha revoloteando sobre la cabeza del héroe.
+Corrían sin fatigarse hasta que llegó la noche. Luego se detuvieron,
+satisfechos de haber aniquilado en su fuga al ejército contrario.
+Acamparon los vencederos, se armó la tienda del Rey, preparósele comida
+y lecho; y en aquella hora de la reflexión y del reposo, pasada la
+exaltación primera, hasta la pluma bajó a la tierra cubierta de
+cadáveres, de sangre, de ruinas.
+
+Entonces la viajera sintió frío glacial, extraordinaria fatiga y una
+modorra que no pudo vencer evocando los recuerdos del épico combate. En
+su letargo, creyó sentir los lamentos de los heridos, mezclados con
+horrorosas imprecaciones. No tardaron en venir las madres, las hermanas,
+los tiernos hijos, sosteniéndose entre sí, porque el dolor aflojaba sus
+desmayados cuerpos, alumbrándose con triste linterna para buscar al
+padre, al hijo, al esposo, al hermano. Hombres horribles, tipo medio
+entre el sayón y el sepulturero, cavaban la profunda y holgada fosa,
+donde eran arrojados los infelices muertos de ambos ejércitos. Las
+santas mujeres buscaban aún entre aquellos despojos, mal cubiertos por
+la tierra, á los seres queridos, y hasta hubieran escarbado para
+sacarlos de nuevo, si las voces y los lamentos que más allá se oían no
+les dieran la esperanza de que en otro lugar estarían quizás los que
+buscaban. Graznando lúgubremente, bajaron los buitres y demás aves que
+tienen su festín en los campos de batalla; la lluvia encharcó el piso,
+amasando lechos de fango y sangre para los pobres difuntos, y el frío
+remató á los heridos que esperaban escapar á la muerte. ¡Tremenda noche!
+Volviendo de su letargo, pudo observar la pluma que cuanto había visto
+no era alucinación, sino realidad clarísima. Quiso huir; pero se detuvo
+sobrecogida, porque en la cercana tienda del rey sonaron gritos y
+juramentos y fuerte choque de armas. Varios hombres salieron de allí
+luchando, y una voz dijo: «muera el tirano,» y otras exclamaron: «¡han
+asesinado al rey!» En efecto, así era: el héroe victorioso había sido
+sacrificado por sus ambiciosos generales, ávidos de repartirse el botín
+y apoderarse del reino.
+
+«Viento querido, amigo mío, sácame de aquí--gritó la pluma agitando su
+fleco para volar.--Levántame; llévame por esos aires de Dios, que no
+quiero ver tantos horrores. ¡Maldita sea la gloria y malditos los
+pícaros que la inventaron! Parece mentira que me haya dejado alucinar
+por tan craso disparate. Ya ves que de la gloria no se saca cosa alguna,
+si no es la desesperación, el odio, la envidia y todas las bajezas de la
+ambición. ¡Cuánto más valen la dulce modestia y una apacible obscuridad!
+Gracias á Dios que he salido de las tinieblas del error. Tres veces me
+equivoqué; pero al fin la luz ha entrado en mi cabeza y ya tengo la
+certeza de no equivocarme más ¡Cuán claro veo ahora todo! ¡Qué bien
+considero y profundizo la verdad de las cosas! No, no volveré á incurrir
+en tales tonterías. Por supuesto, siempre es conveniente equivocarse
+para adquirir experiencia y estudiar y conocer la vida. Felizmente, ya
+sé á qué atenerme. Dichosos los que han pasado tantas amarguras y visto
+tantísimo mundo.... Pero si no tengo telarañas en los ojos, amigo
+vientecillo, allá á lo lejos se distingue una altísima torre que debe de
+ser de alguna catedral. Sí: á medida que nos acercamos se va destacando
+la mole del edificio.... No parece sino que Dios nos ha encaminado á
+este sitio para que nos arrepintamos de nuestras culpas y aprendamos que
+El es la única verdad, la única vida y el camino único, fuente de todas
+las cosas, consuelo de todas las aflicciones, asilo de todos los
+extraviados.... ¡Ay! vamos pronto, que ya tengo deseo de entrar allí:
+¿no oyes repicar de las campanas? ¿no ves cómo el perfila con rayos de
+oro las mil estatuas erigidas en los pináculos y agujas que rematan el
+grandioso monumento por una y otra parte? Date prisa y lleguemos pronto,
+amiguito; ¡qué pesado te has vuelto! A ver si encontramos un agujerito
+por donde introducirnos.»
+
+
+CANTO CUARTO
+
+Dieron vueltas alrededor del templo, que era ojival y de sorprendente
+hermosura, y al fin, hallando un vidrio roto, se colaron dentro sin
+pedir permiso al sacristán. Soberbio espectáculo se ofreció á las
+miradas de nuestros dos viajeros. La vasta nave y sus haces de columnas
+delicadísimas, que remataban en palmeras, entretejiéndose para formar la
+bóveda; las ventanas rasgadas en toda la extensión del pavimento y
+cubiertas con el diáfano muro de cristales de colores; la multitud de
+figuras representativas; la fauna, la flora; la riqueza de los altares,
+las luces, los resplandecientes trajes de los sacerdotes; el incienso,
+formando azuladas nubes; el son del órgano, á veces suave y apagado como
+la respiración de un niño que duerme, después fuerte y estentóreo como
+el resoplido de un gigante colérico; el coro grave, y los rezos
+quejumbrosos, todo esto impresionó de tal modo á nuestra viajera, que
+estuvo un buen rato pegada á la bóveda, sin, atreverse á descender,
+sobrecogida de admiración, piedad y respeto.
+
+«Me falta poco para llorar, amigo vientecillo--dijo.--Aunque un poco
+tardío, mi arrepentimiento es seguro. ¡Con cuánto gozo abro mis ojos á
+la luz de la verdad! ¿Y habrá quien sostenga que puede haber dicha,
+reposo y paz fuera de la religión sacratísima? Santa y sublime fe: á tí
+vengo fatigada de las luchas del mundo, el alma llena de congojas y
+atormentada por el recuerdo de mis pasados extravíos. Inexperta y
+alucinada, juzgué que el mejor empleo y ocupación de mi ser era el amor,
+los goces ó la incitante gloria, cosas ¡ay! de liviana realidad que se
+desvanecen pasada la ilusión primera. Mi alma está pura, y anhela
+reposarse en el bien. Aborrezco el mundo; pienso sólo en Dios, imán de
+nuestros corazones, fuente de toda salud, principio de toda
+inteligencia. Aquí, en este santo y bello asilo, creado por el arte y la
+fe, he de pasar lo que me resta de vida. Segurísima estoy ahora de no
+variar de inclinaciones ni de pensamiento. Aquí, siempre aquí. Dulce es,
+entre todas las dulzuras, zambullir el pensamiento en la idea de Dios,
+adorarle, contemplarle, confundirnos ante su presencia como granos de
+polvo ó frágiles plumas que somos las criaturas Vientecillo, puedes
+marcharte, que yo me quedo aquí para toda la vida. ¡Cuán feliz soy!»
+
+Calló la pluma y se acurrucó con devota compostura en la punta de una de
+las espinas que ceñían la frente del dorado Cristo suspendido en lo más
+alto del retablo. Cesaron los cantos, apagáronse las luces. Rumores
+extraños de misales que se cierran, de goznes rechinantes, de papeles de
+música que se arrollan, de cortinas que se corren tapando un santo, de
+llaves que crujen en la enmohecida cerradura, de acólitos que tropiezan
+corriendo hacia la sacristía, de rosarios que se guardan, sustituyeron á
+la imponente salmodia de antes; y las pisadas de los hombres y las
+faldas de las mujeres levantaron ligera nube de polvo que subió á
+confundirse con los desgarrados celajes del incienso, vagabundos aún por
+las altas bóvedas, como los jirones de nubes que corren por el cielo
+después de una tempestad.
+
+Vino la noche, y los vidrios se obscurecieron, tomando tintas suaves y
+misteriosas. La gran nave quedó por fin en completa sombra; mas en lo
+alto de sus muros velaban, como espectros de moribundo resplandor, las
+pintadas efigies de cristal. En el centro del lóbrego santuario lucía un
+punto de luz: era la lámpara del altar, que como un alma despierta y
+vigilante oraba en el recinto. Su débil claridad apenas iluminaba los
+pies del Santo Cristo próximo, y el blanco cuerpo de un obispo de
+mármol que, tendido en su mausoleo, parecía como que á ratos abría la
+boca para bostezar.
+
+Pasaron horas y más horas, que por lo largas parecían noches empalmadas,
+sin días que las separasen, y la pluma acabó sus rezos y los volvió á
+empezar, y acabados de nuevo, y agotado todo el repertorio de oraciones
+que sabía, dijo otras que sacaba de su cabeza, hasta que al fin, no
+ocurriéndosele nada, aburrida de aburrirse, se dejó decir:
+
+«Vientecillo, me alegro de que no te hayas ido. Ven acá un momento:
+¿sabes que siento así como ganas de dar un paseíto por ahí fuera? No es
+que quiera abandonar este sitio, pues lo dicho dicho: aquí he de estarme
+toda la vida. Es que, hablando con sinceridad, esto es bastante triste,
+no sé, no sé... las horas tienen una longitud desmesurada. Si me
+apuras, te diré con mi habitual franqueza que me aburro soberanamente.
+¿Por qué no hemos de salir á refrescarnos la cabeza y a ver el cielo?
+pues por mucha que sea nuestra devoción, no hemos de estar siempre reza
+que te reza, y conviene dar al ánimo esparcimiento para cobrar fuerzas y
+... ya me entiendes. Salgamos, que en realidad no tiene maldita gracia
+que nos estemos aquí hechos unos pasmarotes. Y repara que después que
+aquellos señores acabaron de cantar, esto está tan solo y obscuro que
+antes impone miedo que piedad. Larguémonos fuera un ratito, que una cosa
+es la fe y otra el saludable recreo del cuerpo y del alma.
+
+
+CANTO QUINTO
+
+Salieron por donde habían entrado, y al hallarse fuera, la pluma
+prorrumpió en exclamaciones:
+
+«¡Oh, gracias á Dios que veo otra vez el profundo cielo, las altas
+estrellas y la luna! ¡Qué hermosura! Paréceme que hace años que no he
+visto este admirable espectáculo, siempre nuevo y seductor. Mira,
+alarguemos nuestro paseíto, que en nada se admira tanto á Dios como en
+la naturaleza, ni nada es en ésta tan bello como la noche. Vaya, con
+franqueza, amigo viento: ¿no es esto más hermoso que el antro sombrío y
+estrecho de la catedral? Compara aquella lámpara con estas luminarias
+celestiales que tenemos encima de nuestras cabezas.... Sigamos un
+poquitín más allá; que si no volviéramos, ya encontraríamos otra
+catedral en que meternos. Hay muchas, mientras que cielos no hay más que
+uno.... ¡Cuánto se aprende viviendo! ¿Sabes lo que se me ha ocurrido?
+Pues que la religión es cosa admirable; pero que consagrarse enteramente
+á ella sin pensar en nada más, me parece una gran majadería. Ya voy
+teniendo experiencia, y veo todas las cosas con mucha claridad. Para
+alabar á Dios y honrarle, me parece á mí que antes que pasarnos la vida
+metidas en las iglesias, debemos las plumas emplear constantemente
+nuestro pensamiento en conocer y apreciar las leyes por el mismo Dios
+creadas. Yo, si quieres que te hable con el corazón en la mano, no tengo
+muchas ganas de volver á la catedral, fuera de que ya hemos perdido el
+camino y no lo encontraremos fácilmente. ¿No te parece que debemos
+lanzarnos por esos espacios anchísimos buscando en ellos la razón de
+todas las cosas? Siento tal curiosidad, que no sé qué haría por
+satisfacerla. ¡Saber! Ese es el objeto de nuestra vida; en saber
+consiste la felicidad. No negaré yo que la Fe es muy estimable; pero la
+Ciencia, amigo mío, ¡cuánto más estimable es! Por consiguiente, te
+confieso con toda ingenuidad que he variado de ideas, pero con el firme
+propósito de que ésta sea la última vez. Quiero, á fe de pluma de origen
+divino, examinar cómo y por qué se mueven esos astros; á qué distancia
+están unos de otros; qué tamaño y qué cantidad de agua tienen los mares;
+qué hay dentro de la tierra; cómo se hacen la lluvia, el rayo, el
+granizo; de qué diablos está compuesto el sol; qué cosa es la luz y qué
+el calor, etcétera, etc. Me da la gana de saber todas esas cosas.
+Gracias á Dios que he encontrado la verdadera y legítima ocupación de mi
+espíritu. Ni el amor pastoril, ni los placeres sensuales, ni la terrible
+y estúpida gloria, ni el misticismo estéril, enaltecen al ser. ¡El
+conocimiento! ahí tienes la vida, la verdadera vida, amigo vientecillo.
+Bendigo mis errores, de cuyas tinieblas saqué la luz de mi experiencia y
+la certeza del destino que tenemos las plumas. Llévame, amigo, llévame
+por ahí, pronto, que hay mucho que ver y mucho que estudiar.»
+
+Corrieron, volaron, y la pluma no se cansaba de sus observaciones
+especulativas. Estudió la marcha de los astros y las distancias á que
+están de la tierra; atravesó el inmenso Océano de una orilla á otra;
+hízose cargo de la configuración y trazado de las costas; midió el
+globo, fijando la atención en la diversidad de sus climas y habitantes;
+penetró en las cavernas profundas, donde existen los indescifrables
+documentos de la Mineralogía, y leyó el gran libro Geológico, en cuyas
+páginas ó capas hablan idioma parecido al de los jeroglíficos la
+multitud de fósiles, siglos muertos que tan bien saben contar el
+misterio de las pasadas vidas; todo lo estudió, lo conoció y se lo metió
+en el magín, y entre tanto no cesaba de repetir:
+
+«¡Gran cosa es la Ciencia! ¡Y cuánto me felicito de haber entrado por
+este camino, el único digno de nuestro noble origen!... Pero lo que me
+enfada es que nunca llegamos al fin: á medida que voy aprendiendo, se me
+presentan nuevos misterios y enigmas. Yo quisiera aprendérmelo todo de
+una vez. Es mucho cuento éste de que nunca se le ve el fondo al odre de
+la sabiduría. ¡Ay! Vientecillo perezoso, corre más, á ver si conseguimos
+llegar á un punto donde no haya más tierra, ni más mar, ni más cielo, ni
+más estrellas.... Esto no se acaba nunca. Corramos, volemos, que no ha
+de haber cosa que yo no vea ni examine, ni arcano que no se me revele.
+He de saber cómo es Dios, cómo es el alma humana, de dónde salimos las
+plumas y á dónde volvemos, después de dar nuestro último vuelo e el
+viaje de la existencia.»
+
+ * * * * *
+
+Y así transcurrió un lapso de tiempo indeterminable, y ni se veía el fin
+de la Ciencia, ni la sed de saber encontraba donde saciarse por
+completo. Ya habían recorrido toda la atmósfera que rodea nuestro
+planeta; y la buena pluma, cansada y aburrida, sin fuerzas para avanzar
+más, giraba alrededor de su eje con desorden y aturdimiento, como un
+astro que se vuelve loco y olvida la ley de su rotación.
+
+«¡Ay! vientecillo--exclamaba lánguidamente,--ya estoy confusa, ya estoy
+mareada. ¿De qué vale la ciencia, si al fin, después de tanto investigar
+más me espanta lo que ignoro que me satisface lo que sé ¡Ay! compañero
+mío de desengaños, _sólo sé que no se una condenada palabra de nada._
+Esto es para volverse una loca. Llévame á un sitio recóndito donde
+encuentre el consuelo del olvido. Quiero aniquilarme; quiero reposar en
+completa calma, dando paz al pensamiento y á la imaginación siempre
+ambiciosa. ¡Cuántas equivocaciones en tan breve tiempo! Ni el amor, ni
+el placer, ni la gloria, ni la religión, ni la ciencia me satisfacen. El
+lugar de paz y de contento perdurable con que soñaba para pasar la vida,
+no se encuentra en parte alguna. Experiencia lenta y dolorosa, ¿de qué
+sirves? Si ese lugar que busco no existe por aquí, forzosamente ha de
+existir en alguna otra región. Busquémoslo, amigo leal y ya
+inseparable.... Veo que no estás menos aburrido y desilusionado que yo.
+¡Ay! yo desfallezco; apenas puedo sostenerme en tus brazos; todo me
+desagrada: el aire, la luz, los árboles, la mar, el espacio, las
+estrellas, el sol.»
+
+Fijaron la vista en la tierra, de la cual muy cerca estaban, y vieron
+una como procesión que se dirigía á un bosquecillo frondoso, entre cuya
+verdura se destacaban objetos de blanquísimo mármol. Era un cementerio,
+y la procesión un entierro. Observaron nuestros viajeros que sobre la
+tierra había sido colocado un ataúd pequeño y azul. Abriéronlo algunos
+de los circunstantes, y todos los demás se agruparon en derredor para
+ver las facciones de la muerta: era una niña como de diez años, coronada
+de flores, las manecitas cruzadas en actitud de rezar no se sabe qué y
+semejante á un ángel de cera, tan bonito y puro, que al verle todos se
+admiraban de que se hubiera tomado el trabajo de vivir.
+
+«Aquí, aquí quiero estar siempre, querido vientecillo. Suéltame, déjame
+caer»--dijo la pluma, desasiéndose de los brazos de su amado conductor,
+para caer dentro del ataúd.
+
+Este se cerró, y el vientecillo, que empezaba á dar revoloteos para
+sacarla con maña, no pudo conseguirlo, y la pluma quedó dentro.
+
+¿Acabarán con esto tus paseos, oh alma humana?
+
+Abril de 1872.
+
+
+
+
+
+LA CONJURACIÓN DE LAS PALABRAS
+
+
+Erase un gran edificio llamado _Diccionario de la Lengua Castellana_, de
+tamaño tan colosal y fuera de medida, que, al decir de los cronistas,
+ocupaba casi la cuarta parte de una mesa, de estas que, destinadas á
+varios usos, vemos en las casas de los hombres. Si hemos de creer á un
+viejo documento hallado en viejísimo pupitre, cuando ponían al tal
+edificio en el estante de su dueño, la tabla que lo sostenía amenazaba
+desplomarse, con detrimento de todo lo que había en ella. Formábanlo dos
+anchos murallones de cartón, forrados en piel de becerro jaspeado, y en
+la fachada, que era también de cuero, se veía un ancho cartel con
+doradas letras, que decían al mundo y á la posteridad el nombre y
+significación de aquel gran monumento.
+
+Por dentro era un laberinto tan maravilloso, que ni el mismo de Creta se
+le igualara. Dividíanlo hasta seiscientas paredes de papel con sus
+numeros llamados páginas. Cada espacio estaba subdividido en tres
+corredores ó crujías muy grandes, y en estas crujías se hallaban
+innumerables celdas, ocupadas por los ochocientos ó novecientos mil
+seres que en aquel vastísimo recinto tenían su habitación. Estos seres
+se llamaban palabras.
+
+ * * * * *
+
+Una mañana sintióse gran ruido de voces, patadas, choque de armas, roce
+de vestidos, llamamientos y relinchos, como si un numeroso ejército se
+levantara y vistiese á toda prisa, apercibiéndose para una tremenda
+batalla. Y á la verdad, cosa de guerra debía de ser, porque á poco rato
+salieron todas ó casi todas las palabras del _Diccionario_, con fuertes
+y relucientes armas, formando un escuadrón tan grande que no cupiera en
+la misma Biblioteca Nacional. Magnífico y sorprendente era el
+espectáculo que este ejército presentaba, según me dijo el testigo
+ocular que lo presenció todo desde un escondrijo inmediato, el cual
+testigo ocular era un viejísimo _Flos sanctorum_, forrado en pergamino
+que en el propio estante se hallaba á la sazón.
+
+Avanzó la comitiva hasta que estuvieron todas las palabras fuera del
+edificio. Trataré de describir el orden y aparato de aquel ejército
+siguiendo fielmente la veraz, escrupulosa y auténtica narración de mi
+amigo el _Flos sanctorum_. Delante marchaban unos heraldos llamados
+Artículos, vestidos con magníficas dalmáticas y cotas de finísimo acero:
+no llevaban armas, y sí los escudos de sus señores los Sustantivos que
+venían un poco más atrás. Estos, en número casi infinito, eran tan
+vistosos y gallardos que daba gozo verlos. Unos llevaban
+resplandecientes armas del más puro metal, y cascos en cuya cimera
+ondeaban plumas y festones; otros vestían lorigas de cuero finísimo,
+recamadas de oro y plata; otros cubrían sus cuerpos con luengos trajes
+talares, á modo de senadores venecianos. Aquellos montaban poderosos
+potros ricamente enjaezados, y otros iban á pie. Algunos parecían menos
+ricos y lujosos que los demás; y aun puede asegurarse que había
+bastantes pobremente vestidos, si bien éstos eran poco vistos, porque el
+brillo y elegancia de los otros como que les ocultaba y obscurecía.
+Junto á los Sustantivos marchaban los Pronombres; que iban á pie y
+delante, llevando la brida de los caballos, ó detrás, sosteniendo la
+cola del vestido de sus amos, ya guiándoles á guisa de lazarillos, ya
+dándoles el brazo para sostén de sus flacos cuerpos, porque, sea dicho
+de paso, también había Sustantivos muy valetudinarios y decrépitos, y
+algunos parecían próximos á morir. También se veían no pocos Pronombres
+representando á sus amos, que se quedaron en cama por enfermos ó
+perezosos, y estos Pronombres formaban en la línea de los Sustantivos
+como si de tales hubieran categoría. No es necesario decir que los había
+de ambos sexos; y las damas cabalgaban con igual donaire que los
+hombres, y aun esgrimían las armas con tanto desenfado como ellos.
+
+Detrás venían los Adjetivos, todos á pie; y eran como servidores ó
+satélites de los Sustantivos, porque formaban al lado de ellos,
+atendiendo á sus órdenes para obedecerlas. Era cosa sabida que ningún
+caballero Sustantivo podía hacer cosa derecha sin el auxilio de un buen
+escudero de la honrada familia de los Adjetivos; pero éstos, á pesar de
+la fuerza y significación que prestaban á sus amos, no valían solos ni
+un ardite, y se aniquilaban completamente en cuanto quedaban solos. Eran
+brillantes y caprichosos adornos y trajes, de colores vivos y formas muy
+determinadas; y era de notar que cuando se acercaban al amo, este tomaba
+el color y la forma de aquellos, quedando transformado al exterior
+aunque en esencia el mismo.
+
+Como a diez varas de distancia venían los Verbos, que eran unos señores
+de lo más extraño y maravilloso que puede concebir la fantasía.
+
+No es posible decir su sexo, ni medir su estatura, ni pintar sus
+facciones, ni contar su edad, ni describirlos con precisión y exactitud.
+Basta saber que se movían mucho y á todos lados, y tan pronto iban
+hacia atrás como hacia adelante y se juntaban dos para andar
+emparejados. Lo cierto del caso, según me aseguró el _Flos sanctorum_,
+es que sin los tales personajes no se hacía cosa á derechas en aquella
+República, y si bien los Sustantivos eran muy útiles, no podían hacer
+nada por sí, y eran como instrumentos ciegos cuando algún señor Verbo no
+los dirigía. Tras éstos venían los Adverbios, que tenían cataduras de
+pinches de cocina; como que su oficio era prepararles la comida á los
+Verbos y servirles en todo. Es fama que eran parientes de los Adjetivos,
+como lo acreditaban viejísimos pergaminos genealógicos, y aun había
+Adjetivos que desempeñaban en comisión la plaza de Adverbios, para lo
+cual bastaba ponerles una cola ó falda que decía: _mente_.
+
+Las Preposiciones eran enanas, y más que personas parecían cosas,
+moviéndose automáticamente: iban junto á los Sustantivos para llevar
+recado á algún Verbo, ó viceversa. Las Conjunciones andaban por todos
+lados metiendo bulla; y una de ellas especialmente, llamada _que_, era
+el mismo enemigo y á todos los tenía revueltos y alborotados, porque
+indisponía á un señor Sustantivo con un señor Verbo, y á veces
+trastornaba lo que éste decía, variando completamente el sentido. Detrás
+de todos marchaban las Interjecciones, que no tenían cuerpo, sino tan
+sólo cabeza, con gran boca siempre abierta. No se metían con nadie, y
+se manejaban solas; que aunque pocas en número es fama que sabían
+hacerse valer.
+
+De estas palabras, algunas eran nobilísimas, y llevaban en sus escudos
+delicadas empresas, por donde se venía en conocimiento de su abolengo
+latino o árabe; otras, sin alcurnia antigua de que vanagloriarse, eran
+nuevecillas, plebeyas o de poco más o menos. Las nobles las trataban con
+desprecio. Algunas había también en calidad de emigradas de Francia,
+esperando el tiempo de adquirir nacionalidad. Otras, en cambio,
+indígenas hasta la pared de enfrente, se caían de puro viejas, y yacían
+arrinconadas, aunque las demás guardaran consideración a sus arrugas; y
+las había tan petulantes y presumidas, que despreciaban a las demás
+mirándolas enfáticamente.
+
+Llegaron á la plaza del Estante la ocuparon de punta á punta. El verbo
+_Ser_ hizo una especie de cadalso ó tribuna con dos admiraciones y
+algunas comas que por allí rodaban, y subió á él con intención de
+despotricarse; pero le quitó la palabra un Sustantivo muy travieso y
+hablador llamado _Hombre_, el cual, subiendo á los hombros de sus
+edecanes, los simpáticos Adjetivos _Racional_ y _Libre_, saludó á la
+multitud, quitándose la H, que á guisa de sombrero le cubría, empezó á
+hablar en estos ó parecidos términos:
+
+«Señores: la osadía de los escritores españoles ha irritado nuestros
+ánimos, y es preciso darles les justo y pronto castigo. Ya no les basta
+introducir en sus libros contrabando francés, con gran detrimento de la
+riqueza nacional, sino que cuando por casualidad se nos emplea,
+trastornan nuestro sentido y nos hacen decir lo contrario de nuestra
+intención. (_Bien, bien_.) De nada sirve nuestro noble origen latino,
+para que esos tales respeten nuestro significado. Se nos desfigura de un
+modo que da grima y dolor. Así, permitidme que me conmueva, porque las
+lágrimas brotan de mis ojos y no puedo reprimir la emoción.» _(Nutridos
+aplausos.)_
+
+El orador se enjugó las lágrimas con la punta de la _e_, que de faldón
+le servía, y ya se preparaba á continuar, cuando le distrajo el rumor de
+una disputa que no lejos se había entablado.
+
+Era que el Sustantivo _Sentido_ estaba dando de mojicones al Adjetivo
+_Común_, y le decía:
+
+«Perro, follón y sucio vocablo, por tí me traen asendereado, y me ponen
+como salvaguardia de toda clase de destinos. Desde que cualquier
+escritor no entiende palotada de una ciencia, se escuda con el _Sentido
+Común_, y ya le parece que es el más sabio de la tierra. Vete, negro y
+pestífero Adjetivo, lejos de mi, ó te juro que no saldrás con vida de
+mis manos.»
+
+Y al decir esto, el _Sentido_ enarbóló la _t_, y dándole un garrotazo
+con ella á su escudero, le dejó tan mal parado, que tuvieron que ponerle
+un vendaje en la _o_, y bizmarle las costillas de la _m_ porque se iba
+desangrando por allí á toda prisa.
+
+«Haya paz, señores--dijo un Sustantivo Femenino llamado _Filosofía_, que
+con dueñescas tocas blancas apareció entre el tumulto. Mas en cuanto le
+vió otra palabra llamada _Música_, se echó sobre ella y empezó á mesarla
+los cabellos y á darle coces, cantando así:
+
+--Miren la bellaca, la sandia, la loca; ¿pues no quiere llevarme
+encadenada con una Preposición, diciendo que yo tengo Filosofía? Yo no
+tengo sino Música, hermana. Déjeme en paz y púdrase de vieja en compañía
+de la _Alemana_ que es otra vieja loca.
+
+--Quita allá, bullanguera--dijo la _Filosofía_ arrancándole a la
+_Música_ el penacho ó acento que muy erguido sobre la _u_ llevaba;--que
+allá, que para nada vales, ni sirves más que de pasatiempo pueril.
+
+--Poco á poco, señoras mías--gritó un Sustantivo, alto, delgado, flaco y
+medio tísico, llamado el _Sentimiento_.--A ver, señora _Filosofía_ si no
+me dice usted esas cosas á mi hermana tendremos que vernos las caras.
+Estése usted quieta y deje á Perico en su casa, porque todos tenemos
+trapitos que lavar, y si yo saco los suyos, ni con colada habrán de
+quedar limpios.
+
+--Miren el mocoso--dijo la _Razón_ que andaba por allí en paños menores
+y un poquillo desmelenada,--¿qué sería de esos badulaques sin mí? No
+reñir, y cada uno á su puesto, que si me incomodo....
+
+--No ha de ser--dijo el Sustantivo _Mal_, que en todo había de meterse.
+
+--¿Quién le ha dado á usted vela en este entierro, tío _Mal_? Váyase al
+Infierno, que ya está de más en el mundo.
+
+--No, señoras; perdonen usías, que no estoy sino muy retebien. Un poco
+decaidillo andaba; pero después que tomé este lacayo, que ahora me
+sirve, me voy remediando.--Y mostró un lacayo, que era el Adjetivo
+_Necesario_.
+
+--Quítenmela, que la mato--chillaba la _Religión_, que había venido á
+las manos con la _Política_;--quítenmela, que me ha usurpado el nombre
+para disimular en el mundo sus socaliñas y gatuperios.
+
+--Basta de indirectas. ¡Orden!--dijo el Sustantivo _Gobierno_, que se
+presentó para poner paz en el asunto.
+
+-Déjelas que se arañen, hermano--observó la _Justicia_;--déjelas que se
+arañen, que ya sabe vuecencia que rabian de verse juntas. Procuremos
+nosotros no andar también á la greña, y adelante con los faroles.»
+
+Mientras esto ocurría, se presentó un gallardo Sustantivo, vestido con
+relucientes armas, y trayendo un escudo con peregrinas figuras y lema
+de plata y oro. Llamábase el _Honor_, y venía a quejarse de los
+innumerables desatinos que hacían los humanos en su nombre, dándole las
+más raras aplicaciones, y haciéndole significar lo que más les venía á
+cuento. Pero el sustantivo _Moral_, que estaba en un rincón atándose un
+hilo en la que se le había roto en la anterior refriega, se presentó,
+atrayendo la atención general. Quejóse de que se le subían á las barbas
+ciertos Adjetivos advenedizos, y concluyó diciendo que no le gustaban
+ciertas compañías, y que más le valia andar solo; de lo cual se rieron
+otros muchos Sustantivos fachendosos que no llevaban nunca menos de seis
+Adjetivos de servidumbre.
+
+Entre tanto, la _Inquisición_, una viejecilla que no se podía tener,
+estaba pegando fuego á la hoguera que había hecho con interrogantes
+gastados, palos de _T_ y paréntesis rotos, en la cual hoguera dicen que
+queria quemar á la _Libertad_ que andaba dando zancajos por allí con
+muchísima gracia y desenvoltura. Por otro lado estaba el Verbo _Matar_,
+dando grandes voces, y cerrando el puño con rabia, decía de vez en
+cuando:
+
+«¡Si me conjugo...!»
+
+Oyendo lo cual el Sustantivo _Paz_, acudió corriendo tan á prisa, que
+tropezó en la _z_ con que venía calzada, y cayó cuan larga era, dando un
+gran batacazo.
+
+«Allá voy--gritó el Sustantivo _Arte_, que ya se había metido á
+zapatero.--Allá voy á componer este zapato, que es cosa de mi
+incumbencia.»
+
+Y con unas comas, le clavó la _z_ á la _Paz_, que tomó vuelo, y se fué á
+hacer cabriolas ante el Sustantivo _Cañón_, de quien dicen estaba
+perdidamente enamorada.
+
+No pudiendo ni el Verbo _Ser_, ni el Sustantivo _Hombre_, ni el Adjetivo
+_Racional_, poner en orden á aquella gente, y comprendiendo que de
+aquella manera iban á ser vencidos en la desigual batalla que con los
+escritores españoles tendrían que emprender, resolvieron volverse á su
+casa. Dieron orden de que cada cual entrara en su celda, y así se
+cumplió, costando gran trabajo encerrar á algunas camorristas, que se
+empeñaban en alborotar y hacer el coco.
+
+Resultaron de este tumulto bastantes heridos, que aún están en el
+hospital de sangre, ó sea _Fe de erratas_ del _Diccionario_. Han
+determinado congregarse de nuevo para examinar los medios de imponerse á
+la gente de letras. Se está redactando las pragmáticas, que establecerán
+el orden en las discusiones. No tuvo resultado el pronunciamiento, por
+gastar el tiempo los conjurados en estériles debates y luchas de amor
+propio, en vez de congregarse para combatir al enemigo común; así es que
+concluyó aquello como el Rosario de la Aurora.
+
+El _Flos sanctorum_ me asegura que la _Gramática_ había mandado al
+_Diccionario_ una embajada de géneros, números y casos, para ver si por
+las buenas, y sin derramamiento de sangre, se arreglaban los
+trastornados asuntos de la _Lengua Castellana_.
+
+Madrid, Abril de 1868.
+
+
+
+
+
+UN TRIBUNAL LITERARIO
+
+
+I
+
+«Me gustaría enteramente sentimental, que llegase al alma, que hiciera
+llorar.... Yo, cuando leo y no lloro, me parece que no he leído. ¿Qué
+quiere usted? Yo soy así--me dijo el Duque de Cantarranas, haciendo con
+frente, boca y narices uno de aquellos gestos nerviosos que le
+distinguen de los demás duques y de todos los mortales.
+
+Yo le aseguro á usted que será sentimental, será de esas que dan
+convulsiones y síncopes; hará llorar á todo el género humano, querido
+señor Duque--le contesté abriendo el manuscrito por la primera página.
+
+--Eso es lo que hace falta, amigo mío: sentimiento, sentimiento. En este
+siglo materialista, conviene al arte despertar los nobles afectos. Es
+preciso hacer llorar á las muchedumbres, cuyo corazón está endurecido
+por la pasión política, cuya mente está extraviada por las ideas de
+vanidad que les han imbuído los socialistas. Si no pone usted ahí mucho
+lloro, mucho suspiro, mucho amor contrariado, mucha terneza, mucha
+languidez, mucha tórtola y mucha codorniz, le auguro un éxito triste, y
+lo que es peor, el tremendo fallo de reprobación y anatema de la
+posteridad enfurecida.
+
+Dijo; y afectando la gravedad de un Mecenas, miróme el Duque de
+Cantarranas con expresión de superioridad, no sin hacer otro gesto
+nervioso que parecía hundirle la nariz, romperle la boca y rasgarle el
+cuero de la frente, de su frente olímpica en que resplandecía el genio
+apacible, dulzón y melancólico de la poesía sentimental.
+
+Aquello me turbó. ¡Tal autoridad tenía para mí el prócer insigne! Cerré
+y abrí el manuscrito varias veces; pasé fuertemente el dedo por el
+interior de la parte cosida, queriendo obligar á las hojas á estar
+abiertas sin necesidad de sujetarlas con la mano; paseé la vista por los
+primeros renglones; leí el título, tosí, moví la silla, y, con franqueza
+lo declaro, habría deseado en aquel momento que un pretexto cualquiera,
+_verbi gracia_, un incendio en la casa vecina, un hundimiento ó
+terremoto, me hubieran impedido leer, porque, á la verdad, me hallaba
+sobrecogido ante el respetable auditorio que á escucharme iba.
+Componíase de cuatro ilustres personajes de tanto peso y autoridad en
+la república de las letras, que apenas comprendo hoy cómo fuí capaz de
+convocarles para una lectura de cosa mía, naturalmente pobre y sin
+valor. Aterrábame, sobre todo, el mencionado Duque de los gestos
+nerviosos, el más eminente crítico de mi tiempo, según opinión de amigos
+y adversarios.
+
+Sin embargo, Su Excelencia había ido allí como los demás, para oírme
+leer aquel mal parto de mi infecundo ingenio, y era preciso hacer un
+esfuerzo. Me llené, pues, de resolución, y empecé á leer.
+
+Pero permitidme, antes de referir lo que leí, que os dé alguna noticia
+del grande, del ilustre, del imponderable Duque de Cantarranas.
+
+Era un hidalguillo de poco más ó menos, atendida su fortuna, que
+consistía en una _posesión_ enclavada en Meco, dos casas en Alcobendas y
+un coto en la Puebla de Montalbán; también disfrutaba de unos censos en
+el mismo lugar y de unos dinerillos dados á rédito. A esto habían venido
+los estados de los Cantarranas, ducado cuyo origen es de los mas
+empingorotados. Así es que el buen Duque era pobre de solemnidad, porque
+la posesión no le daba más que unos dos mil reales, y esos mal pagados;
+las casas no producían tres maravedises, porque la una estaba
+destechada, y la otra, la solariega por más señas, era un palacio
+destartalado, que no esperaba sino un pretexto para venirse al suelo
+con escudo y todo. Nadie lo quería alquilar, porque tenía fama de estar
+habitado por brujas, y los alcobendanos decían que allí se aparecían de
+noche las irritadas sombras de los Cantarranas difuntos.
+
+El coto no tenía más que catorce árboles, y esos malos. En cuanto á
+caza, ni con hurones se encontraba, por atravesar la finca una
+servidumbre desde principios del siglo, en que huyó de allí el último
+conejo de que hay noticia. Los dinerillos le producían, salvos
+disgustos, apremios y tardanzas, unos tres mil realejos. Así es que Su
+Excelencia no poseía más que gloria y un inmenso caudal de metáforas,
+que gastaba con la prodigalidad de un millonario. Su ciencia era mucha,
+su fortuna escasa, su corazón bueno, su alma una retórica viviente, su
+persona... su persona merece párrafo aparte.
+
+Frisaba en los cuarenta y cinco años; y esto que sé por casualidad, se
+confía aquí como sagrado secreto, porque él ni á tirones pasaba de los
+treinta y nueve. Era colorado y barbipuntiagudo, con lentes que parecían
+haber echado raíces en lo alto de su nariz. Estas llamaron siempre la
+atención de los frenólogos por una especial configuración en que se
+traslucía lo que él llamaba _exquisito olfato moral_. Para la ciencia
+eran magnífico ejemplar de estudio, un tesoro; para el vulgo eran
+meramente grandes. Pero lo más table de su cáriz era la afección
+nerviosa que padecía, pues no pasaban dos minutos sin que hiciese tantos
+y tan violentos visajes, que sólo por respeto á tan alta persona no se
+morían de risa los que le miraban.
+
+Su vestido era lección ó tratado de economía doméstica. Describir cómo
+variaba los cortes de sus chalecos para que siempre pareciesen de moda,
+no es empresa de plumas vulgares. Decir con qué prolijo esmero cepillaba
+todas las mañanas sus dos levitas, y con qué amor profundo les daba
+aguardiente en la tapa del cuello, cuidando siempre de cogerlas con las
+puntas de los dedos para que no se le rompieran, es hazaña reservada á
+más puntuales cronistas.
+
+¿Pues y la escrupulosa revista de roturas que pasaba cada día á sus dos
+pantalones, y los remojos, planchados y frotamientos con que martirizaba
+su gabán, prenda inocente que había encontrado un purgatorio en este
+mundo? En cuanto á su sombrero, basta decir que era un problema de
+longevidad. Se ignora qué talismán poseía el Duque para que ni un átomo
+de polvo, ni una gota de agua manchasen nunca sus inmaculados pelos.
+Añádase á esto que siempre fué un misterio profundo la salud inalterable
+de un paraguas de ballena que le conocí toda la vida, y que mejor que el
+Observatorio podría dar cuenta de todos los temporales que se han
+sucedido en veinte años. Por lo que hace á los guantes, que habían
+paseado por Madrid durante cinco abriles su demacrada amarillez, puede
+asegurarse que la alquimia doméstica tomaba mucha parte en aquel
+prodigio. Además, el Duque tenía un modo singularísimo de poner las
+manos, y á esto, más que á nada, se debe la vida perdurable de aquellas
+prendas, que él, usando una de sus figuras predilectas, llamaba _el
+coturno de las manos_. Puede formarse idea de su modo de andar
+recordando que las botas me visitaron tres años seguidos, después de
+tres remontas; y sólo á un sistema de locomoción tan ingenioso como
+prudente, se deben las etapas de vida que tuvieron las que, valiéndonos
+de la retórica del Duque, podremos llamar _las quirotecas de los pies_.
+
+Usaba joyas, muchos anillos, prefiriendo siempre uno, donde campeaba una
+esmeralda del tamaño de media peseta, tan disforme, que parecía falsa, y
+lo era, en efecto, según testimonio de los más reputados cronistas que
+de la casa de Cantarranas han escrito. No reina la misma uniformidad de
+pareceres, y aun son muy distintas las versiones respecto á cierta
+cadena que hermoseaba su chaleco, pues aunque todos convienen en que era
+de _double_, hay quien asegura ser alhaja de familia, y haber
+pertenecido á un magnate de la casa, que fué virrey de Napóles, donde
+la compró á unos genoveses por un grueso puñado de maravedises.
+
+Corría, con visos de muy autorizada, la voz de que el Duque de
+Cantarranas era un _cursi_ (ya podemos escribir la palabrilla sin
+remordimientos; gracias á la condescendencia del _Diccionario_ de la
+Academia); pero esto no sirve sino para probar que los tiros de la
+envidia se asestan siempre á lo más alto, del mismo modo que los
+huracanes hacen mayores estragos en las corpulentas encinas.
+
+El Duque, por su parte, despreciaba estas hablillas, como cumple á las
+almas grandes. Pero llegaron tiempos en que salía poco de día, porque en
+su levita había descubierto la astronomía vulgar no sé qué manchas. En
+esto se parecía al sol, aunque, por raro fenómeno, era un sol que no
+lucía sino por las noches. Frecuentaba varias tertulias, tomaba café,
+iba tres veces al año al teatro, paseaba en invierno por el Prado y en
+verano por la Montaña, y se retiraba á su casa después de conversar un
+rato con el sereno.
+
+La índole de su talento le inclinaba á la contemplación. Leía mucho,
+deleitándose sobremanera con las novelas sentimentales, que tanta boga
+tuvieron hace cuarenta años. En esto, es fuerza confesar que vivía un
+poco atrasadillo, pero los grandes ingenios tienen esa ventaja sobre el
+común de las gentes, es decir, pueden quedarse allí donde les conviene,
+venciendo el oleaje revolucionario, que también arrastra á las letras.
+Para él, las novelas de Mad. Genlis eran el prototipo, y siempre creyó
+que ni antiguos ni modernos habían llegado al zancajo de Mad. de Staël
+en su _Corina_. No le agradaba tanto, aunque sí la tenía en gran
+aprecio, _La nueva Eloísa_, de Rousseau, porque decía que sus
+pretensiones eruditas y filosóficas atenuaban en parte el puro encanto
+de la acción sentimental. Pero lo que le sacaba de sus casillas eran
+_Las noches de Young_, traducidas por Escóiquiz; y él se sumergía en
+aquél océano de tristezas, identificándose de tal modo con el personaje,
+que á veces le encontraban por las mañanas pálido, extenuado y sin
+acertar á pronunciar palabra que no fuera lúgubre y sombría como un
+responso. En su conversación se dejaba ver esta influencia, porque
+empleaba frecuentemente la quincalla de figuras retóricas que sus
+autores favoritos le habían depositado en el cerebro. Su imagen
+predilecta era el sauce entre los vegetales, y la codorniz entre los
+vertebrados. Cuando veía una higuera, la llamaba sauce; todos los chopos
+eran para él cipreses; las gallinas antojábansele palomas y no hubo
+jilguero ni calandria que él con la fuerza de su fantasía, no trocara en
+ruiseñor. Más de una vez le oí nombrar Pamela á su criada, y sé que
+únicamente dejó de llamar Clarisa á su lavandera señá Clara, cuando
+ésta manifestó que no gustaba de que la pusiesen motes.
+
+¿Será necesario afirmar que, aun concretado á una especialidad, el Duque
+de Cantarranas era un excelente crítico? Baste decir que sus consejos
+tenían fuerza de ley y sus dictámenes eran tan decisivos, que jamás se
+apeló contra ellos al tribunal augusto de la opinión pública. Por eso le
+cité, en unión de los otros tres personajes que describiré luego, para
+que juzgase mi obrilla.
+
+Era ésta una novela mal concebida y peor hilvanada, incapaz, por lo
+tanto, de hombrearse con las muchas que, por tantos y tan preclaros
+ingenios producidas, enaltecen actualmente las letras en este afortunado
+país. Luego que los cuatro ilustres senadores que formaban mi auditorio
+se colocaron bien en sus sillas, saqué fuerzas de flaqueza, tosí, miré á
+todos lados con angustia, respiré con fuerza, y con voz apagada y
+temblorosa, empecé de esta manera:
+
+«_Capítulo primero_.--Alejo era un joven bastante feo, hijo de honrados
+padres, chico de estudio, de sanas y muy honestas costumbres, pobre de
+solemnidad, y bueno como una manzana. Vivía encajonado en su buhardilla,
+y desde allí contemplaba los gorriones que iban á pararse en la chimenea
+y los gatos que retozaban por el tejado. Miraba de vez en cuando al
+cielo, y de vez en cuando á la tierra, para ver, ya las estrellas, ya
+los simones. Alejo estudiaba abogacía, lo cual le aburría mucho, y no
+tenía más distracción que asomarse al ventanillo de su tugurio.
+¿Describiré la habitación de esta desventurada excrecencia de la
+sociedad? Sí: voy á describirla.
+
+«Imaginaos cuatro sucias paredes sosteniendo un inclinado techo, al
+través del cual el agua del invierno por innumerables goteras se
+escurre. Andrajos de uno á modo de papel azul, pendían de los muros; y
+la cama, enclavada en un rincón, era paralela al techo, es decir,
+inclinada por los pies. Una mesa que no los tenía completos, sostenía
+apenas dos docenas de libros muy usados, un tintero y una sombrerera.
+Allí formaban estrecho consorcio dos babuchas en muy mal estado, con una
+guitarra, de la cual habían huido á toda prisa las cuatro cuerdas,
+quedando una sola, con que Alejo se acompañaba cierta seguidilla que
+sabía desde muy niño. Allí alternaban dos pares y medio de guantes
+descosidos, restos de una conquista, con un tarro de betún y un frasco
+de agua de Colonia, al cual los vaivenes de la suerte convirtieron en
+botella de tinta, después de haber sido mucho tiempo alcuza de aceite.
+De inválida percha pendían una capa, una cartuchera de miliciano (1854),
+dos chalecos de rayas encarnadas y una faja que parecía soga. Un clavo
+sostenía el sombrero perteneciente á la anterior generación, y un baúl
+guardaba en sus antros algunas piezas de ropa, en las cuales los
+remiendos, aunque muchos y diversos, no eran tantos ni tan pintorescos
+como los agujeros no remendados.
+
+»Pero asomémonos á la ventana. Desde ella se ve el tejado de enfrente,
+con sus buhardillas, sus chimeneas y sus misifuces. Más abajo se divisa
+el tercer piso de la casa; bajando más la vista, el segundo, y, por fin
+el principal. En éste hay un cierro de cristales con flores, pájaros y
+...¡otra cosa! Alejo miraba continuamente la _otra cosa_, que contenía
+el cierro. ¿Diremos lo que era? Pues era una dama. Alejo la contemplaba
+todos los días, y por un singular efecto de imaginación, estaba viéndola
+después toda la noche, despierto y en sueños: si escribía, en el fondo
+del tintero; si meditaba, revoloteando como espectro de mariposa
+alrededor de la macilenta luz que hacía veces de astro en el paraíso del
+estudiante.
+
+»Mirando desde allí hacia el piso principal de enfrente, se distinguía
+en primer término una mano; después un brazo, el cual estaba adherido á
+un admirable busto alabastrino, que sustentaba la cabeza de la joven,
+singularmente hermosa ¿Me atreveré á describirla? ¿Me atreveré á decir
+que era una de las damas más bellas, de más alto origen, de más
+distinguido trato que ha dado á la sociedad esta raza humana, tan
+fecunda en duquesas y marquesas? Sí, me atrevo.
+
+»Desde arriba, Alejo devoraba con sus ojos una gran cabellera negra,
+espléndida, profusa; un río de cabellos, como diría mi amigo el ilustre
+Cantarranas. (Al oir este símil en que yo rendía público tributo de
+admiración al esclarecido prócer, éste se inclinó con modestia y se
+ruborizó unas miajas.) Debajo de estos cabellos, Alejo admiraba un arco
+blanco en forma de media luna: era la frente, que desde tan alto punto
+de vista afectaba esta singular forma. De la nariz y barba sólo asomaba
+la punta. Pero lo que se podía contemplar entero, magnífico, eran los
+hombros, admirable muestra de escultura humana, que la tela no podía
+disimular. Suavemente caía el cabello sobre la espalda; el color de su
+rostro al mismo mármol semejaba, y no ha existido cuello de cisne más
+blanco, airoso y suave que el suyo ni seno como aquél, en que parecían
+haberse dado cita todos los deleites. La gracia de sus movimientos era
+tal, que á nuestro joven se le derretía el cerebro siempre que la
+consideraba saludando á un traseunte ó á la amiga de enfrente. Cuando no
+estaba puesta al balcón, las voces de un soberbio piano la llevaban,
+trocada en armonías, á la zahúrda del pobre estudiante. Si no la
+admiraba, la oía: tal poder tiene el amor que se vale de todos los
+sentidos para consolidar su dominio pérfido. Pero, ¡extraño caso! jamás
+en el largo espacio de un trienio alzó la vista hacia el nido de Alejo,
+no observar aquella cosa fea que desde tan alto la miraba y la escuchaba
+con el puro fervor del idealismo.
+
+
+»Añadamos que Alejo era miope: el estudio y las vigilias habían
+aumentado esta flaqueza que no le permitía distinguir tres sobre un
+asno. Felizmente, el autor de este libro goza una vista admirable, y,
+por lo tanto, puede ver desde la buhardilla de Alejo lo que éste no
+podía: la dama, tal cual era en su forma real, despojada de todos los
+encantos con que la fantasía de un miope la había revestido; las máculas
+que le salpicaban el rostro bastante empañado después de su quinto
+parto; podía advertir (y para esto hubo de reunir datos que facilitó
+cierta doncella) que para formar aquella sorprendente cabellera habían
+intervenido, primero Dios, que la creó no sabemos en qué cabeza, y
+después un peluquero muy hábil que se la arregló á la señora. También
+hubo de notar que no era su talle tan airoso como desde las boreales
+regiones de Alejo parecía, y que la nariz estaba teñida de un ligero
+rosicler, no suficiente á disimular su magnitud. En cuanto al piano,
+juraría que la dama no tocó en tres años otra cosa que un _pot-pourri_
+que empezaba en _Norma_ y acababa en _Barba Azul_, pieza extravagante
+que su inhabilidad había compuesto de lo que oyó al maestro; y por
+último, por lo que respecta al seno, sería capaz de apostar que...»
+
+Al llegar aquí me interrumpieron. Desde que leí lo de las máculas,
+notaba yo ciertos murmullos mal contenidos. Fueron en crescendo, hasta
+que, llegando al citado pasaje, una exclamación de horror me cortó la
+palabra y me hizo suspender la lectura.
+
+Cantarranas estaba nervioso, y la poetisa se abanicaba con furia, ciega
+de enojo y hecha un basilisco. No sé si he dicho que una de las cuatro
+personas de mi auditorio, era una poetisa. Creo llegada la ocasión de
+describir á esta ilustre hembra.
+
+
+II
+
+La cual pasaba por literata muy docta y de mucha fama en todo el mundo,
+por haber escrito varios tomos de poesía, y borronado madrigales en
+todos los álbumes de la humanidad. Cumpliendo cierta misteriosa ley
+fisionómica, era rubia como todas las poetisas, y obedeciendo a la misma
+fatalidad, alta y huesuda. La adornaba una muy picuda y afilada nariz, y
+una boca hecha de encargo para respirar por ella, pues no eran sus
+órganos respiratorios los más fáciles y expeditos. No sé qué tenían sus
+obras, que llevaban siempre el sello de su nariz, visión que me
+persiguió en sueños varias noches; y el mismo efecto de pesadilla me
+causaban dos rizos tan largos como poco frondosos, que de una y otra
+sien le colgaban. Por lo que el traje, dejaba traslucir, era fácil
+suponer su cuerpo como de lo más flaco, amojamado y pobrecillo que en
+Safos se acostumbra.
+
+Era viuda, casada y soltera. Expliquémonos. Siempre se la oyó decir que
+era viuda; todos la tenían por casada, y era en realidad soltera. En una
+ocasión vivió en cierto lugar con un periodista provinciano, y allí
+pasaban por esposos. El infeliz consorte fué un mártir. Llamaba ella á
+las piernas _columnas del orden social_, lo cual no era sino gallarda
+figura retórica, que cubría su mortal aversión á coser pantalones. Ella
+no cogia los puntos á los calcetines, porque, poco fuerte en toda clase
+de ortografías, siempre tenía en boca aquella sabia máxima: _no se vive
+sólo de pan_, apotegma con que quería disimular su absoluta ignorancia
+en materia de guisados. La novela era su pasión: en el folletín del
+periódico de su marido, publicó una que éste, aunque enemigo de prodigar
+elogios, calificaba de piramidal. Yo leí tres hojas, y confieso que no
+me pareció muy católica. También escribió otra que ella llamaba
+_eminentemente moral_. No quise moralizarme leyéndola, y regalé el
+ejemplar á mi criado, el cual lo traspasó á no sé quién.
+
+Excuso reiterar la veneración que me infundía la tal señora por su
+competencia en el arte de novelar. Me había dicho repetidas veces que
+quería inculcarme alguno de sus elevados principios, y con este fin
+asistía como inexorable juez á la lectura.
+
+La buena de la poetisa se escandalizó viendo el giro que yo daba á la
+acción. Rabiosamente idealista, como pretendían demostrar sus rizos y su
+nariz, no podía tolerar que en una ficción novelesca entrasen damas que
+no fueran la misma hermosura, galanes que no fueran la caballerosidad en
+persona. Por eso, saliendo á defender los fueros del idealismo, tomó la
+palabra, y con áspera y chillona voz, me dijo:
+
+«¿Pero está usted loco? ¿Qué arte, qué ideal, qué estilo es ése? Usted
+escribirá sin duda para gente soez y sin delicadeza, no para espíritus
+distinguidos. Yo creí que se me había llamado para oír cosas más cultas,
+más elegantes. ¡Oh! No comprendo yo así la novela. Ya veo el sesgo que
+va usted a dar a eso: terminará con burlas indignas, como ha empezado.
+¡Ay! ¡Encanallar una cosa que empezaba tan bien! Ahí está el germen de
+una alta obra moralizadora. ¡Qué lastima! Esa bohardilla, ese joven
+pobre que vive en ella, melancólicamente entretenido en contemplar a la
+dama del mirador... y pasan días, y la mira... y pasan noches, y la
+mira... ¡Que me maten si con eso no era yo capaz de hacer dos tomos! Y
+esa dama misteriosa... yo no diría quién era hasta el trigésimo
+capítulo. Tenía usted admirablemente preparado el terreno para componer
+una obra de largo aliento. ¡Qué lastima!
+
+Al oir esto, no sé qué pasó por mí. Puesto que debo hacer confesión
+franca de mis impresiones, aunque me sean desfavorables, me veo
+precisado a decir que el dictamen de persona tan perita me desconcertó,
+de modo que en mucho tiempo no acerté á decir palabra. Sirva el rubor
+con que lo confieso de expiación á mi singular audacia y á la petulante
+idea de convocar tan esclarecido jurado, para dar á conocer uno de los
+más ridículos abortos que de mente humana han podido salir. Al fin me
+serené, gracias á algunas frases bondadosas del siempre magnífico Duque,
+y haciendo un esfuerzo, respondí á la poetisa:
+
+«Y dado el principio de la novela; dados los dos personajes, la
+buhardilla, el cierro y lo demás, ¿qué discurría usted? ¿Cómo
+desarrollaría la acción? (Inútil es decir que al hacer estas preguntas
+sólo me guiaba el deseo de aprender, apoderándome de las recetas que
+para componer sus artificios literarios usaba aquella incomparable
+sibila.)
+
+--¡Oh! ¿Qué haría yo, dice usted?--repuso acercándose á mí con tal
+violencia, que pensé que me iba á saltar los ojos con su nariz,--qué
+haría yo? Seguramente había de _tirar_ mucho partido de esos elementos.
+Supongamos que soy la autora: ese joven pobre es muy hermoso, es moreno
+é interesante, un tipo meridional, tórrido, un hijo del desierto. Desde
+su ventana mira constantemente á la joven, y pasa la noche oyendo el
+triste mayar de los tigres (así llamaremos por ahora á los gatos, hasta
+encontrar otro animal más poético), y desde allí se aniquila en el loco
+amor que le inspira aquella dama misteriosa, misteriooooosa... ¿Qué
+haré? ¡Dios mío! Primero describiría á la dama muy poética...
+ticamente, muy lánguida, con cabellos rubios, muy rubios y flotantes, y
+una cintura así.... (Al decir esto, hizo un ademán usual, determinando
+con los dedos pulgar é índice de ambas manos un circulo no más grande
+que la periferia de una cebolla.) La pintaría muy triste, vestida
+siempre de blanco, apoyada día y noche en el barandal, la mano en la
+mejilla, y contemplando la enredadera que, trepando como vegetal
+lagartija por los balcones, hasta sus mismos hombros llegaba.
+
+--Le advierto á usted--dije con timidez--que yo no he puesto jardín,
+sino calle.
+
+--No importa--respondió;--yo quito la calle y pongo pensiles. Continúo:
+la supondría siempre muy triste, y de vez en cuando una lágrima
+_asomaba_ á sus ojos azules, semejando errante gota de rocío que se
+detiene á descansar en el cáliz de un jacinto. El joven mira á la dama;
+la dama no mira al joven. ¿Quién es aquella dama? ¿Es una esposa
+víctima, una hija mártir, una doncella pura, lanzada al torbellino de la
+sociedad por la furia de las pasiones? ¿Ama ó aborrece? ¿Espera ó teme?
+¡Ah! Esto es lo que yo me guardaría muy bien de decir hasta el capítulo
+trigésimo, donde pondría el gran _golge teatral_ de la obra. Veamos cómo
+desarrollaría la acción para lograr que se vieran y se conocieran los
+dos personajes. Un día la dama llora más que nunca, y mira más fijamente
+al jardín; su vestido es más blanco que nunca, y más rubios que nunca
+sus cabellos. Un pajarito que juguetea entre las matas viene á apoyarse
+en la enredadera, junto á la mano de la dama, y como al ver la yema del
+dedo gordo crea que es una cereza, la pica. La joven da un grito, y en
+el mismo momento el pajarillo _se salva_ asustado, remonta el vuelo, y
+va á posarse en la buhardilla de enfrente. La dama alza la vista
+siguiendo al diminuto volátil, y ve... ¿á quién creeréis que ve? Al
+joven que ha estado doce capítulos comiéndosela con los ojos sin que
+ésta se dignara mirarle. Desde entonces, una corriente eléctrica se
+establece entre los dos amantes. ¡Se habían contemplado! ¡Ay!»
+
+Al llegar aquí, volvíme casualmente hacia el Duque de Cantarranas:
+estaba pálido de emoción, una _lágrima se asomaba_ á sus ojos verdes,
+semejando viajera gota de rocío que se detiene á reposar en el cáliz de
+una lechuga. Sentíame yo confundido, anonadado ante la pasmosa
+inventiva, la originalidad, el ingenio de aquella mujer, junto á quien
+las Safos y Staëlas eran literatas de tres al cuarto. De los demás
+personajes de mi auditorio, nada diré todavía.
+
+«¡Bravo, soberbio!--exclamó Cantarranas aplaudiendo con fuerza y
+entusiasmándose, de tal modo, que se le saltó el mal pegado botón de la
+camisa, y las puntas del cuello postizo quedaron en el aire.»
+
+--¿Le gusta á usted mi pensamiento?--preguntó la poetisa. Esto es el
+_canevas_ tan sólo; después viene el estilo y....
+
+--Me entusiasma la idea--repliqué, apuntando con lápiz lo que ella con
+el mágico pincel de su fantasía dibujara.
+
+--Ese es el camino que usted debe seguir añadió, dando á Cantarranas un
+alfiler para que afirmase el cuello.
+
+--¡Oh! el recurso del pajarillo es encantador.
+
+--El pajarillo--dijo Cantarranas--debe ser el intermediario entre la
+dama blanca y el joven meridional.
+
+--Pues yo continuaría desarrollando la acción del modo
+siguiente--prosiguió ella.--Veamos: el joven tomó el pajarillo con sus
+delicados dedos y dándole algunas miguitas de pan, le alimentó varios
+días, consiguiendo domesticarle á fuerza de paciencia. Verá usted qué
+raro: le tenía suelto en el cuarto sin que intentara evadirse. Un día le
+ató un hilito en la pata y le echó á volar; el pájaro fué á posarse al
+balcón en donde estaba la dama, que le acarició mucho y le obsequió con
+migajitas de bizcocho mojadas en leche. Volvió después á la buhardilla;
+el joven le puso un billete atado al cuello, y el ave se lo llevó á la
+dama. Así se estableció una rápida, apasionada y volátil
+correspondencia, que duró tres meses. Aquí copiaría yo la
+correspondencia, que ocuparía medio libro, de lo más delicado y
+elegante. Él empezaba diciendo: «Ignorada señora: Los alados caracteres
+que le envío á usted, le dirán, etc...» Y ella contestaría:
+«Desconocido caballero: Con rubor y sobresalto he leído su epístola y
+mentiría si no le asegurara que desde luego he creído encontrar un leal
+amigo, un amigo nada más...» Por esto de los amigos nada más se
+empieza. Así se prepara al lector á los grandes aspavientos amorosos que
+han de venir después.
+
+--¡Qué ternura, qué suavidad, qué delicadeza!--dijo el Duque en el colmo
+de la admiración!
+
+--Acepto el pensamiento--manifesté, anotando todo aquel discreto
+artificio para encajarlo después en mi obra como mejor me conviniese.
+
+Después que la poetisa hubo mostrado en todo su esplendor, adornándole
+con las galanuras del estilo, su incomparable ingenio; después que me
+dejó corrido y vergonzoso por la diferencia que resultaba entre su
+inventiva maravillosa y el seco, estéril y encanijado parto de mi
+caletre, ¿cómo había de atreverme á continuar leyendo? Ni á dos tirones
+me harían despegar los labios; y allí mismo hubiera roto el manuscrito,
+si el Duque, que era la misma benevolencia, no me obligase á proseguir,
+con ruegos y cortesanías, que vencieron mi modestia y trocaron en valor
+mis fundados temores. Busqué, pues, en mi manuscrito el punto donde
+había quedado, y leí lo siguiente:
+
+«El joven Alejo era pobre, muy pobre. (Bien--dijo la poetisa.) Sus
+padres habían muerto hacía algunos años, y sólo con lo que le pasaba una
+tía suya, residente en Alicante, vivía, si vivir era aquello. La mala
+sopa y el peor cocido con que Doña Antonia de Trastamara y Peransúrez le
+alimentaba eran tales, que no bastarían para mantener en pie á un
+cartujo. Y aún así, Doña Antonia de Trastamara y Peransúrez, tan noble
+de apellido como fea de catadura, solía quejarse de que el huésped no
+pagaba; horrible acusación que hiela la sangre en las venas, pero que es
+cierta. (La poetisa articuló una censura que me resonó en el corazón
+como un eco siniestro.) Así es que con los doscientos reales que de
+Alicante venían, el pobre no tenía más que para palillos que era, en
+verdad, la cosa que menos necesitara. Luego las deudas se lo comían, y
+no podía echarse á la calle sin ver salir de cada adoquín un acreedor.
+Como era miope, las monedas falsas parece que le buscaban. ¡Singular
+atracción del bolsillo raras veces ocupado! En cuanto á distracciones,
+no tenía, aparte la dama citada, sino las murgas que en bandadas venían
+todas las noches, por entretener á la gente colgada de los balcones.
+
+--¡Ay! ¡ay!--observó la poetisa;--eso de las murgas es deplorable. Ya ha
+vuelto usted á caer en la sentina.»
+
+Al oir esto, otro de los personajes que me escuchaban rompió por primera
+vez su silencio, y con atronadora voz, dando en la mesa un puñetazo que
+nos asustó á todos, dijo:
+
+«No está sino muy bien, magnífico, sorprendente. Pues qué, ¿todo ha de
+ser lloriqueos, blanduras, dengues, melosidades y tonterías? ¿Se escribe
+para doncellas de labor y viejas verdes, ó para hombres formales y
+gentes de sentido común?»
+
+Quien así hablaba era la tercera eminencia que componía el jurado, y me
+parece llegada la ocasión de describirlo.
+
+
+III
+
+D. Marcos había sido novelista. Desde que se casó con la comercianta en
+paños de la calle de Postas, dejó las musas, que no le produjeron nunca
+gran cosa ni le ayudaron á sacar el vientre de mal año. Continuaba, sin
+embargo, con sus aficiones; y ya que no se entregara al penoso trabajo
+de la creación, solía dedicarse al de la crítica, más fácil y llevadero.
+Siempre en sus novelas (la más célebre se titulaba _El Candil de
+Anastasio_) brillaba la realidad desnuda. De las muchas diferencias que
+existían entre su musa y la de Virgilio, la principal era que la de D.
+Marcos huía de las sencillas y puras escenas de la naturaleza; y así
+como el pez no puede vivir fuera del agua, la musa susodicha no se
+encontraba en su centro fuera de las infectas buhardillas, de los
+húmedos sótanos, de todos los sitios desapacibles y repugnantes. Sus
+pinturas eran descarnados cuadros, y sus tipos predilectos los más
+extraños y deformes seres. Un curioso aficionado á la estadística, hizo
+constar que en una de sus novelas salían veintiocho jorobados, ochenta
+tuertos, sesenta mujeres _de estas que llaman del partido_, hasta dos
+docenas y media de viejos verdes, y otras tantas viejas embaucadoras. Su
+teatro era la alcantarilla, y un fango espeso y mal oliente cubría todos
+sus personajes. Y tal era el temperamento de aquel hombre insigne, que
+cuanto Dios crió lo veía feo, repugnante y asqueroso. Estos epítetos los
+encajaba en cada página, ensartados como cuentas de rosario. Era prolijo
+en las descripciones, deteniéndose más cuando el objeto reproducido
+estaba lleno de telarañas, habitado por las chinches ó colonizado por la
+ilustre familia de las ratas, y su estilo tenía un desaliño sublime,
+remedio fiel del desorden de la tempestad. ¿Será preciso decir que usaba
+de mano maestra los más negros colores, y que sus personajes, sin
+excepción, morían ahogados en algún sumidero, asfixiados en laguna
+pestilencial, ó asesinados con hacha, sierra ú otra herramienta
+estrambótica? No es preciso, no, pues andan por el mundo, fatigando las
+prensas, más de tres docenas de novelas suyas, que pienso son leídas en
+toda la redondez del globo.
+
+De su vida privada, se contaban mil aventuras á cual más interesantes.
+Mientras fué literato, su fama era grande, su hambre mucha, su peculio
+escaso, su porte de esos que llamamos de mal traer. El editor que
+compraba y publicaba sus lucubraciones, no era tan resuelto en el pagar
+como en el imprimir, achaque propio de quien comercia con el talento; y
+D. Marcos, cuyo nombre sonaba desde las márgenes del Guadalete hasta las
+del Llobregat, desfallecía cubierto de laureles, sin más oro que el de
+su fantasía, ni otro caudal que el de su gloria. Pero quiso la suerte
+que la persona del insigne autor no pareciese costal de paja á una viuda
+que tenía comercio de lana y otros excesos en la calle de Postas; hubo
+tierna correspondencia, corteses visitas, honesto trato; y al fin
+uniólos Himeneo, no sin que todo aquel barrio murmurara sobre el por
+qué, cómo y cuándo de la boda. Lo que las musas lloraron este enlace, no
+es para contado; porque viéndose en la holgura, trocó el escritor los
+poco nutritivos laureles por la prosáica hartura de su nueva vida; y
+cuéntase que colgó su pluma de una espetera, como Cide Hamete, para que
+de ningún ramplón novelista fuera en lo sucesivo tocada. Después de
+larga luna de miel, cual nunca se ha visto en comerciantes de tela, se
+afirma que no reinó siempre en el hogar la paz más octaviana. No están
+conformes los biógrafos de D. Marcos en la causa de ciertas riñas, que
+pusieron á la esposa en peligro de morir á manos de su esposo: unos lo
+atribuyen á veleidades del escritor; otros más concienzudos, y buscando
+siempre las causas recónditas de los sucesos humanos, á que el pesimismo
+adquirido cultivando las letras infiltróse de tal modo en su
+pensamiento, que llenó su vida de melancolía y fastidio. ¡Tal influjo
+tienen las grandes ideas en las grandes almas!
+
+A los ojos del profano vulgo, D. Marcos era siempre el mismo. Aconsejaba
+á los jóvenes, procurando guiarles por el camino de la alcantarilla.
+Daba su opinión siempre que se la pidieran, y no negaba elogios á los
+escritores noveles, siempre que fuesen de su escuela colorista, que era
+la escuela del betún.
+
+Este es el tercer personaje de los cuatro que formaban mi auditorio, y
+éste el que expuso su modo de pensar, diciendo:
+
+«No está sino muy bien. Hay que pintar la vida tal como es: repugnante,
+soez, grosera. El mundo es así: no nos toca á nosotros reformarlo,
+suponiéndolo á nuestro capricho y antojo; nos cumple sólo retratar las
+cosas como son, y las cosas son feas. Ese joven que usted ha pintado ahí
+tiene demasiada luz, y le hace falta una buena dosis de negro. Hoy no
+saben dar claro-obscuro al estilo, y desde que han dejado de escribir
+ciertas personas que yo me sé, está la novela por los suelos. Si usted
+quiere hacer una obra ejemplar, rodee á ese caballerito de toda clase de
+lástimas y miserias; arroje usted sobre él la sombra siniestra de la
+sociedad, y la tal sociedad es de lo más repugnante, asqueroso é inmundo
+que yo me he echado á la cara. Y después, si le conviene ofrecer una
+lección moral á sus lectores, haga que el chico se trueque de la noche á
+la mañana, por la sola fuerza del hambre y del hastío, en un ser
+abyecto, revelando así el fondo de inmundicia que en el corazón de todo
+ser humano existe. Preséntele usted con toda la negra realidad de la
+vida, braceando en este océano de cieno, sin poder flotar, y ahogándose,
+ahogándose, ahogándose.... Pero, eso sí, déjele usted que se enamore con
+hidrofobia de la dama de enfrente, porque en ese gran recurso dramático
+ha de cimentarse todo el edificio novelesco. Si yo me encargara de
+desarrollar el plan, lo haría de ingenioso modo, nunca visto ni en
+novelas ni en dramas.
+
+--¿A ver, á ver?--interrogamos todos, yo por afán de penetrar los
+pensamientos literarios mi amigo; los demás por curiosidad y deseo de
+ver en todo su horror la cloaca intelectual de aquel atroz ingenio.
+
+--Yo haría lo siguiente--continuó:--le supondría muy desesperado, sin
+saber qué hace para comunicarse y entablar relaciones con la dama de
+enfrente. Suprimo eso del pajarito, que es insufrible. (La poetisa dejó
+traslucir, con un movimiento de indignación, su ultrajado amor de
+madre.) Él piensa unas veces meterse a bandido para robar a la dama;
+otras se le ocurre quemar la casa para sacar a la señora en brazos.
+Entre tanto se pone flaco, amarillo, cadavérico, con aspecto de loco o
+de brujo: la casa se cae a pedazos, y en su miseria se ve obligado a
+comer ratas. (Cantarranas cerró los ojos después de mirar al cielo con
+angustia.) Un día se le pasa por las mientes un ardid ingenioso, y para
+esto tengo que suponer que vive, no en la casa de enfrente, sino en la
+buhardilla de la misma casa. Modificada de este modo la escena, fácil es
+comprender su plan, que consiste en introducirse por el cañón de la
+chimenea y colarse hasta el piso principal.
+
+--¡Qué horror!--exclamó la poetisa tapándose la cara con las manos.--¡Se
+va á tiznar! ¡Si al menos tuviera donde lavarse antes de presentarse á
+ella!...
+
+--No importa que se tizne--continuó el novelista.--Yo pintaría á la dama
+muy hermosa, sí, pero con una contracción en el rostro que denotara sus
+feroces instintos. Ha tenido muchos amantes; es mujer caprichosa: uno de
+esos caracteres corrompidos que tanto abundan en la sociedad, marcando
+los distintos grados de relajacion á que llega en cada etapa la especie
+humana. Ha tenido, como decía, muchísimos querindangos, y al fin viene á
+enamorarse de un negro traído de Cuba por cierto banquero, que es un
+agiotista inicuo, un bandolero de frac.
+
+Con estos antecedentes, ya puedo desarrollar la situación dramática, de
+un efecto horriblemente sublime. Veamos: ella está en su cuarto,
+lánguidamente sentada junto á un veladorcillo, y piensa en el Apolo de
+Azabache, charolado objeto de su pasión. Hojea un álbum, y de tiempo en
+tiempo su rostro se contrae con aquel siniestro mohín que la hace tan
+espantablemente guapa. De repente se siente ruido en la chimenea: la
+dama tiembla, mira, y ve que de ella sale saltando por encima de los
+leños encendidos, un hombre tiznado: en su delirio cree que es el negro:
+domínanla al mismo tiempo el estupor y la concupiscencia. La luz se
+apaga. ¡Pataplum!... ¿Qué les parece á ustedes esta situación?
+
+--Digo que es usted el mismo demonio o tiene algún mágico encantador que
+lo inspire tan admirables cosas-respondí confuso ante la donosa
+invención de D. Marcos, que me parecía en aquel momento superior
+cuantos, entre antiguos y modernos, habían imaginado las más sutiles
+trazas de novela.
+
+La poetisa estaba un tanto cabizbaja, no se si porque le parecía mejor
+lo suyo ó porque, teniendo por detestable el engendro de D. Marcos,
+consideraba á qué límite de fatal extravío pueden llegar los más
+esclarecidos entendimientos. No estará de más que con la mayor reserva
+diga yo aquí, para ilustrar á mis lectores, que la poetisa tenía, entre
+otros, un defecto que suele ser cosa corriente entre las hembras que
+agarran la pluma cuando sólo para la aguja sirven, es decir, la envidia.
+
+«Pues verán ustedes ahora--continuó D. Marcos--cómo armo yo el desenlace
+de tan estupendo suceso. A la mañana siguiente hállase la dama en su
+tocador, y ha gastado dos pastas de jabón en quitarse el tizne de la
+cara. Su rabia es inmensa: está furiosa; ha descubierto el engaño, y en
+su desesperación da unos chillidos que se oyen desde la calle. El joven,
+por su parte, trata de huir, al ver el enojo de la que adora. Quiere
+matar al desconocido mandinga, de quien está celosísimo; pero en lugar
+de bajar la escalera, se ve obligado á subir por el mismo cañón de la
+chimenea para no ser visto de cierto Conde que entra á la sazón en la
+casa.
+
+La fatalidad hace que no pueda subir por el cañón, habiendo sido tan
+fácil la bajada; y mientras forcejea trabajosamente para ascender,
+resbala y cae al sótano, y de allí, sin saber cómo, á un sumidero, yendo
+á parar á la alcantarilla, donde se ahoga como una rata. La ronda le
+encuentra al día siguiente, y le llevan, en los carros de la basura, al
+cementerio. Como aquí no tenemos _Morgue_, es preciso renunciar á un
+buen efecto final.»
+
+Así habló el realista D. Marcos. Cantarranas estaba más nervioso que
+nunca, y la poetisa sacó un pomito de esencias, para aplicarlo al
+cartucho que tenía por nariz: este singular pomito era el _flacon_ que
+había visto en todas las novelas francesas. Es la verdad que D. Marcos
+le inspiraba profunda repugnancia, y por eso le llamaba ella _barril de
+prosa_, sin duda por vengarse del otro, que en cierto artículo critico
+la llamó una vez _espuerta de tonterías_.
+
+Yo no sabía qué hacer en presencia de dos fallos tan autorizados y al
+mismo tiempo tan contradictorios. Vacilaba entre figurar á mi héroe
+dando migajas de pan al pajarito, ó metiendo la cabeza en los sumideros
+del palacio de su amada. Miré al magnífico Duque, y le ví con la cabeza
+gacha y colgante, como higo maduro. La poetisa se hallaba en un
+paroxismo de furor secreto. ¿Cómo podía yo decidirme por una solución
+contraria á las ideas de Cantarranas, cuando éste era mi Mecenas, ó,
+para valerme de una de sus más queridas figuras, corpulento roble que
+daba sombra á este modesto hisopo de los campos literarios? Y al mismo
+tiempo, ¿cómo desairar á Don Marcos, tan experimentado en artes de
+novela? ¿Cómo renunciar á su plan, que era el más nuevo, el más extraño,
+el más atrevido, el más sorprendente de cuántos había concebido la
+humana fantasía? En tan crítica situación me hallaba con el manuscrito
+en las manos, la boca abierta, los ojos asombrados, indeciso el magín y
+agitado el pecho, cuando vino á sacarme de mi estupor y á cortar el
+hilo de mis dudas la voz del cuarto de los personajes que el jurado
+componían. Hasta entonces había permanecido mudo, en una butaca vieja,
+cuyas crines por innumerables agujeros se salían: allí estaba, con
+aspecto de esfinge, acentuado por la singular expresión de su rostro
+severo. Creo que ha llegado la ocasión de describir á este personaje, el
+más importante sin duda de los cuatro, y voy á hacerlo.
+
+
+IV
+
+Si cuarenta años de incansable laboriosidad, de continuos servicios
+prestados al arte, á las letras y á la juventud, son título bastante
+para elevar á un hombre sobre sus contemporáneos, ninguno debiera estar
+más por cima de la vulgar muchedumbre que D. Severiano Carranza,
+conocido entre los árcades de Roma por _Flavonio Mastodontiano_. Era
+casi académico, porque siempre que vacaba un sillón se presentaba
+candidato, aunque nunca quisieron elegirle. Su fuerte era la erudición;
+espigaba en todos los campos: en la historia, en la poesía, en las artes
+bellas, en la filosofía, en la numismática, en la indumentaria. Recuerdo
+su última obra, que estremeció al mundo de polo á polo, por tratar de
+una cuestión grave, á saber: de si el Arcipreste de Hita tenía ó no la
+costumbre de ponerse las medias al revés, decidiéndose nuestro autor por
+la negativa, con gran escándalo y algazara de las Academias de Leipsick,
+Gottinga, Edimburgo y Ratisbona, las cuales dijeron que el célebre
+Carranza era un alma de cántaro al atreverse á negar un hecho que
+formaba parte del tesoro de creencias de la humanidad. ¿Pues y su
+disertación sobre los colmillos del jabalí de Erymantho, que fué causa
+de un sin fin de mordiscadas entre los más famosos eruditos? No diré
+nada, pues corre en manos de todo el mundo, de su famoso discurso sobre
+el modo de combinar las _tes_ y las _des_ en el metro de Arte Mayor, el
+cual le alzara á los cuernos de la luna, si antes, para gloria de España
+y enaltecimiento de sí propio, no hubiera escrito y dado á la estampa la
+nunca bastante encarecida _Oda á la invención de la pólvora_, en que
+llamaba á este producto químico _atmósfera flamínea_. Esta es su única
+obra de fantasía. Las demás son todas eruditas, porque vive consagrado á
+los apuntes. Como crítico, no se le igualaba ni el mismo Cantarranas,
+aunque no faltan biógrafos que le equiparan á él, y hubo alguno que
+aseguró le aventajaba en muchas cosas. Basta decir que Carranza había
+leído cuanto salió de plumas humanas, siendo de notar que todo libro
+que pasase por su memoria dejaba en ella un pequeño sedimento ó
+depósito, aunque no fuera más grande que una gota de agua.
+
+No había fecha que él no supiera, ni nombre que ignorara, ni dato que le
+fuera desconocido, ni coincidencia que se escapase á su penetración y
+colosal memoria. Bien es verdad que de este almacén sacaba el cargamento
+de sus críticas, las cuales tenían más de indigestas que de sabrosas,
+porque no existe cosa antigua que no sacara á colación, ni autor clásico
+que no desenterrara á cada paso para llevarle y traerle como á los
+gigantones en día de Corpus. Escribiendo, era prolijo: su estilo se
+componía de las más crespas y ensortijadas frases que es dado imaginar.
+Pulía de tal modo su prosa, que parecía una cabellera con cosmético y
+bandolina, pudiendo servir de espejo; y sus versos eran tales, que se
+les creerían rizados con tenacillas. Nunca repitió una palabra en un
+mismo pliego de papel, por miedo á las redundancias y sonsonetes. En
+cierta ocasión, habiendo hablado en un artículo del mondadientes de
+marfil de una dama, viéndose obligado á repetirlo por la fuerza de la
+sintaxis y pareciéndole vulgar la palabra palillo, llamó á aquel objeto
+el _ebúrneo estilete_. Por esta razón aparecían en sus escritos unas
+palabrejas que sus enemigos, en el furor de la envidia, llamaban
+estrambóticas. Tratarle á él de pedante era cosa corriente entre los
+malignos gaceterillos, que molestan siempre á los grandes hombres, como
+las pulgas al león.
+
+La persona del erudito Carranza era tan notable como sus obras.
+Componíase de un destroncado cuerpo sobre dos no muy iguales piernas,
+brazos pequeños y los hombros cansadísimos; exornando todo el edificio
+un sombrero monumental, bajo el cual solía verse, en días despejados, la
+cabeza más arqueológica que ha existido. Después de la corbata, que
+afectaba cierto desaliño, lo que más descollaba era la boca, donde en un
+tiempo moraron todas las gracias, y ahora no quedaba ni un diente; y la
+nariz hubiera sido lo más inverosímil de aquel rostro si no ocuparan el
+primer lugar unos espejuelos voluminosos tras los cuales el ojo
+perspicaz y certero del crítico fulguraba.
+
+Estos ojos fueron los que me miraron con severidad que me turbó; esta
+boca fue la que con voz tan solemne como cascada, tomó la palabra y
+dijo:
+
+«¡Oh extravío de las imaginaciones juveniles! ¡Oh ruindad de
+sentimientos! ¡Oh corrupción del siglo! ¡Oh bajeza de ideas! ¡Oh pérdida
+del buen gusto! ¡Oh aniquilamiento de las clásicas reglas! ¿Hay más
+formidable máquina de disparates que la que usted escribió ni mayor
+balumba de despropósitos que la que esa señora y ese caballero han
+dicho? ¿En qué tiempos vivimos? ¿Qué república tenemos? Vaya usted,
+señora, á coser sus calcetas y á espumar el puchero, y usted D. Marcos,
+á cuidar sus hijos si los há, y usted, joven, á aprender un oficio, que
+más cuenta le tiene cualquier ocupación, aunque sea ingrata y vil, que
+componer libros. Pues qué, ¿es el campo de las letras dehesa de pasto
+para toda clase de _pecus_, ó jardín frondosísimo donde sólo los más
+delicados ingenios pueden hallar deleites y amenidades? Id, cocineros
+del pensamiento, á condimentar vulgares sopas y no sabrosos platos; que
+no es dado á tan groseras manos preparar los exquisitos manjares que se
+sirven en el ágape de los dioses.»
+
+Como Semíramis cuando ve aparecer la sombra de Nino para echarle en cara
+sus trapicheos; como Hamlet cuando oye al espectro de su padre
+revelándole los delitos de la señá Gertrudis; como Moisés cuando
+vislumbra á Jehová en la zarza ardiente, así nos quedamos todos: mudos,
+fríos, petrificados de espanto. El apóstrofe de aquel hombre, tenido por
+un oráculo; su singular aspecto, su severa mirada y el eco de su
+vocecilla, nos infundieron tal pavor, que hubo de transcurrir buen
+espacio de tiempo antes que yo tomase aliento, y sacara la poetisa su
+_flacon_, y cerrara la boca el excelente Duque.
+
+Al fin nos repusimos del terror, y Carranza, advirtiendo el buen efecto
+que sus palabras habían producido, arremetió de nuevo contra nosotros, y
+de tal modo se ensañó con D. Marcos, que pienso no le quedara hueso
+sano. La poetisa estaba turulata y no hacía más que abanicarse para
+disimular su enojo, mientras Cantarranas parecía inclinado, en fuerza de
+su natural bondad, á ponerse de parte del tremendo crítico.
+
+«¡Y para esto me han llamado!--decía éste.--La culpa tiene quien,
+dejando serias ocupaciones y la sabrosa compañía de las musas, asiste á
+estas lecturas, donde le hacen echar los bofes con tantísimo desatino.»
+
+Entonces yo, desafiando con un arrojo que ahora me espanta la cólera del
+Aristarco, le dije:
+
+«Pero ya que he tenido la osadía de traerle a usted aquí, oh varón
+insigne, ¿no me será permitido pedirle la más gran merced que hacerme
+pudiera, ayudando con sus luces á mejorar este engendro mío que con tan
+mala estrella viene al mundo?
+
+--Sí, lo haré de muy buen grado--contestó el sabio, trocándose
+repentinamente en el hombre más suave y meloso de la tierra.--Voy á
+decir cómo desarrollaría yo mi pensamiento; pero han de prometerme que
+no he de ser interrumpido por aplausos ni otra manifestación semejante.
+Empezaré, pues, declarando que yo colocaría la acción de mi obra en
+tiempos remotos, en los tiempos pintorescos é interesantes, cuando no
+había alumbrado público, y sí muchas rondas y gran número de corchetes;
+cuando los galanes se abrían en canal por una palabrilla, y las damas
+andaban con manto por esas callejuelas, seguidas de Celestinas y
+rodrigones; cuando se guardaba con siete llaves el honor, sin que eso
+quiera decir que no se perdiese en un santiamén. Yo no sé cómo hay
+ingenios tan romos que novelan con cosas y personas de la época
+presente, donde no existen elementos literarios, según todos los hombres
+doctos hemos probado plenamente. Al demonio no se le ocurriría pintar
+aventuras en una calle empedrada y con faroles de gas. Por Dios y por
+los santos, ¿cabe nada más ridículo que un diálogo amoroso, en que
+aparece á cada momento la palabra _usted_, hecha para preguntar cómo
+está el tiempo, los precios de la carne, etc.?... Pues bien: yo
+figuraría mis personajes en el siglo XVII, y abriría la escena con gran
+ruido de cuchilladas y muchos _pardieces_ y _voto á sanes_; después el
+ir y venir de los alguaciles, y, por último, la voz cascada de una vieja
+alcahueta que acude con su farolito á reconocer la cara del muerto.»
+
+Todos nos mirábamos, sorprendidos ante el pintoresco cuadro que en un
+periquete habia trazado aquel maestro incomparable.
+
+«El joven pobre que ha puesto usted en la buhardilla, donde está muy
+retebién, le figuraría yo un hidalgo de provincias, sin blanca y con
+malísima estrella. Ha llegado á Madrid en busca de fortuna, y solicita
+que le hagan capitán de Tercios, para lo cual anda de ceca en meca, sin
+poder conseguir otra cosa que desprecios. La dama de enfrente es de la
+más alta nobleza, hija de algún montero mayor de la Casa Real, ó cosa
+por el estilo, lo cual hace que tenga entrada en Palacio, y sea bien
+quista de Reyes, Príncipes é Infantes. Meteremos en el ajo algún
+rapabarbas o criado socarrón que haga de tercero, porque novela ó
+comedia sin rapista charlatán y enredador, es olla sin tocino y sermón
+sin agustino. ¡Y cómo había yo de pintar las escenas de tabernas, las
+cuchilladas, las pendencias que dirige siempre un tal Maese Blas ó Maese
+Pedrillo! ¿Pues y las escenas de amor? ¡Qué discreción, qué ternezas,
+qué riqueza metafórica había yo de poner allí! Carta acá, carta allá, y
+entrevista en las Descalzas todos los días, porque la Condesa vieja es
+tan devota, que no se mueve un clérigo ni fraile en las iglesias de
+Madrid sin que ella vaya á meter sus narices en la función. El
+hidalguillo tañe su laúd que se las pela, y la dama le manda décimas y
+quintillas. Ambos están muy amartelados. Pero cata aquí que el padre,
+que es un Condazo muy serio, con su gorguera de encajes que parece un
+sol, gran talabarte de pieles y unos gregüescos como dos colchones,
+quiere que se case con Don Gaspar Hinojosa, Afán de Rivera, etc., etc.,
+etc., que es Contralor, hijo del Virrey de Nápoles, y Secretario del
+general _qué sé yo cuántos_, que ha tomado á Amberes, Ostende, Maestrich
+ú otra plaza cualquiera. El Rey tiene gran empeño en estas nupcias, y la
+Reina dice que quiere ser madrina del bodorrio. Ahora es ella. La dama
+está fuera de sí, y el hidalguillo se rompe la cabeza para inventar un
+ardid cualquiera que le saque de tan espantoso laberinto. ¡Oh terrible
+obstáculo! ¡Oh inesperado suceso! ¡Oh veleidades del destino! ¡Oh
+amargor de la vida! Lo peor y más trágico del caso es que el padre se ha
+enterado de que hay un galán que corteja á la niña, y se enfurece de tal
+modo, que si le coge, le parte la cabeza en dos con su espada toledana.
+Cuenta al Rey lo que pasa; la Reina le echa fuerte reprimenda á nuestra
+heroína, y todos convienen en que el galán aquél es un majagranzas, que
+no merece ni descalzarle el chapín á la doncella. El mozo ya no rasca
+laúdes ni vihuelas, y se pasea por el Cerrillo de San Blas muy cabizbajo
+y melancólico. Los criados del Conde le andan buscando para darle una
+paliza; pero escapa de ella, gracias á las tretas del socarrón de su
+lacayo, que no por estar muerto de hambre deja de ser maestro en
+artimañas y sutilezas. Los amantes van á ser separados para siempre. Y
+lo peor es que el D. Gaspar se enfurruña, y ya no quiere casarse, y
+dice que si topa en la calle al pobre hidalgo, le pondrá como nuevo.
+¿Qué hacer? ¡Tate!... Aquí está el _quid_ de la dificultad ¿Cómo
+desenredar esta enmarañada madeja? Pues verán ustedes de qué manera
+ingeniosa, con qué donosura y originalidad desato yo este intrincado
+nudo, en que el lector, suspenso de los imaginarios hechos, los mira
+como si fuesen reales y efectivos. ¿Que les parece á ustedes que voy á
+inventar? ¿A ver?»
+
+Todos nos quedamos con la boca abierta, sin saber qué contestarle. Yo,
+sobre todo, ¿cómo había de imaginar cosa alguna que igualara á los
+profundos pensamientos de aquel pozo de ciencia?
+
+«Pues verán ustedes--prosiguió.--Hallándose las cosas como he dicho, de
+repente... ¡Que novedad! ¡Qué agudísima é inesperada anagnórisis!...
+Pues es el caso que el muchacho tiene un tío, oidor en Indias. Este tío
+oidor, que es todo un letrado y persona de pro, muere legando un caudal
+inmenso; de modo que cuando menos se lo piensa, el hidalguillo se ve con
+doscientos mil escudos en el arca, y es más rico que el Conde de
+enfrente. Cátate que en un momento le obsequian todos y le guardan más
+miramientos que si fuera el mismo Duque de Lerma, Ministro universal. El
+padre de la dama se ablanda; ésta se marcha á Platerías diciendo que va
+á comprar unas arracadas, pero con el disimulado fin de ver al
+hidalguillo y oir de sus mismo labios la noticia de la herencia; la
+Reina se desenoja; el Rey dice que les ha de casar, ó deja de ser quien
+es. D. Gaspar se va furioso á las guerras de la Valtellina, donde le
+matan de un arcabuzazo, y, por fin, los dos jóvenes se casan, son muy
+obsequiados, y viven luengos años en paz y en gracia de Dios. Así,
+señores, desarrollaría yo el pensamiento de esta novela, que, expuesta
+de tal modo, pienso no seria igualada por ninguna de cuantas en lengua
+italiana ó española se han escrito, desde Bocaccio hasta Vicente
+Espinel, que yo las he leído todas, y aquí pudiera referirlas _ce_ por
+_be_, sin que me quedara una en la cuenta.»
+
+Aquí terminó el dictamen de D. Severiano Carranza, fénix de los
+literatos. Esta lección tercera era ya demasiado carga de bochorno y
+humillación para mí. Y ¿cómo había yo de continuar leyendo, si en un dos
+por tres me habian mostrado aquellos personajes la flaqueza de mi
+entendimiento, apto tan sólo para bajas empresas? Me afrentaron, y de
+sus enseñanzas saque menos provecho que vergüenza. Sí: lo digo con la
+entereza del que ya ha desistido de caminar por el escabroso sendero de
+la literatura, y confiesa todos sus yerros y ridiculeces. Cuando D.
+Severiano acabó, la poetisa hizo un mohín de fastidio, señal de que el
+discurso no le había parecido de perlas, D. Marcos se reía del insigne
+erudito, y el Duque de Cantarranas... (rubor me cuesta el confesarlo,
+porque le estimo sobremanera, y desearía ocultar todo lo que le
+menoscabase; pero la imparcialidad me obliga á decirlo) el Duque se
+había dormido, cosa inexplicable en quien siempre fué la misma cortesía.
+
+Otro suceso doloroso tengo que referir, y sabe Dios cuánto me cuesta
+revelar cosas que puedan obscurecer algún tanto la fama que rodea á
+estas cuatro venerandas personas. ¿Revelaré este funesto incidente?
+¿Llevaré la mundanal consideración y el efecto particular hasta el
+extremo de callar la verdad, hija de Dios, sin la cual ninguna cosa va á
+derechas en este mundo? No; que antes que nada es mi conciencia, y
+además, si enseño una flaqueza de mis cuatro amigos, no por eso van á
+perder la estimación general quienes tantos y tan grandes merecimientos
+y títulos de gloria reúnen. Hay momentos en que los más rutilantes
+espíritus sufren pasajero eclipse, y entonces, mostrándose la naturaleza
+en toda su desnudez, aparecen las malas pasiones que bullen siempre en
+el fondo del alma humana.
+
+Esto fué lo que pasó á mis cuatro jueces en aquella noche funesta.
+Sucedió que unas palabras de D. Marcos, que fué siempre algo
+deslenguado, irritaron al augusto crítico. Quiso intervenir
+Cantarranas, y como la poetisa dijese no sé qué tontería de las muchas
+que tenía en la cabeza, D. Marcos la increpó duramente; salió á
+defenderla con singular tesón el Duque, y recibió de pasada, y como sin
+querer, un furibundo sopapo. Desde entonces fué aquello un campo de
+Agramante, y es imposible pintar el jaleo que se armó. Daba el erudito á
+D. Marcos, D. Marcos al Duque, este al erudito, el cual se vengaba en la
+poetisa, que arañaba á todos y chillaba como un estornino, siendo tal la
+baraúnda, que no parecía sino que una legión de demonios se había metido
+en mi casa. No pararon los irritados combatientes hasta que D. Marcos no
+derramó sangre á raudales, rasguñado por la poetisa; hasta que ésta no
+se desmayó, dejando caer sus postizos bucles, y haciéndome en la frente
+un chichón del tamaño de una nuez; hasta que el Duque no se le fraccionó
+en dos pedazos completos la mejor levita que tenía; hasta que Carranza
+no perdió sus espejuelos y la peluca, que era bermeja y muy sebosa.
+
+Así terminó la sesión que ha dejado en mí recuerdos pavorosos. He
+revelado esta lamentable escena por amor á la verdad y porque debo ser
+severo con aquellos que más valen y más fama gozan. De todos modos, si
+hago esta confesión, no es con ánimo de publicar debilidades, sino por
+hacer patente lo miserable de la naturaleza humana, que aún en los más
+elevados caracteres deja ver alguna ocasión su fondo de perversidad.
+
+
+V
+
+De la novela, inocente causa de tan reñida controversia y desbarajuste
+final, ¿que he de decir, sino que salió cual engendrada en aciaga noche
+de escándalo? Como quise adoptar las ideas de cada uno, por parecerme
+todas excelentes, mi obra resultó análoga á esas capas tan llenas de
+remiendos y pegotes, que no se puede saber cuál es el color y la tela
+primitivos. Después de la introdución que he leído, adopté el
+pensamiento del pajarito y le puse de intermediario entre los dos
+amantes. Luego, pareciéndome de perlas el incidente de la chimenea, hice
+que Alejo mudara á la casa de enfrente, y que una noche se deslizara muy
+callandito por el interior del ennegrecido tubo, apareciéndose á la dama
+cuando ésta se percataba menos. Lo del negro no me fué posible
+introducirlo; pero sí el magnífico desenlace del tío en Indias, ideado
+por el fénix de los críticos, aunque no pude suponerle oidor sino
+tabernero, diferencia que importa poco para el caso. Así la novela,
+como hija de distintos progenitores, venía á ser la cosa más pintoresca,
+variada y original del mundo, y bien podía decir su autor: _«yo, el
+menor padre de todos....»_ Imprimía, porque ningún editor la quería
+tomar, aunque yo, llevando mi modestia hasta lo sublime, la daba por
+ochenta reales al contado, y otros ochenta, pagaderos á plazos de dos
+duros en dos años.
+
+La puse á la venta en las principales librerías, y en un lustro que ha
+corrido llevo despachada la friolera de tres ejemplares, con más los que
+me tomaron al fiado, y que espero cobrar, si la cosecha es buena, en el
+próximo otoño. Un librero de Sevilla me ha prometido comprarme un
+ejemplar, si le hago una rebaja de dos reales; y este pedido, con otras
+proposiciones que me dirigen de lejanas tierras, me hace esperar que
+venderé hasta diez en todo lo que queda de año. No puedo quejarme, en
+verdad, porque yo sé que si las cosas estuvieran mejor y sobrase dinero
+en el país, no había de quedar un ejemplar para muestra.
+
+De todos modos, me consuela la singular protección que me dispensa,
+ahora como antes, el Duque de Cantarranas, mi ilustre Mecenas, quien ha
+podido conseguir de un amigo suyo, dueño de una tienda de ultramarinos,
+que me compre media edición al peso, y á veinticinco reales la arroba.
+Si, merced á la solicitud del prócer ilustre, consigo realizar este
+negocio, me servirá de estímulo para proseguir por el fatigoso camino de
+las letras, que si tiene toda clase de espinas y zarzales en su largo
+trayecto, también nos conduce, como sin querer, á la holgura, á la
+satisfacción y á la gloria.
+
+Madrid, Septiembre de 1872.
+
+
+
+
+LA PRINCESA Y EL GRANUJA
+
+
+I
+
+Pacorrito Migajas era un gran personaje. Alzaba del suelo poco más de
+tres cuartas, y su edad apenas pasaba de los siete años. Tenía la piel
+curtida del sol y del aire, y una carilla avejentada que más bien le
+hacía parecer enano que niño. Sus ojos eran negros y vividores, con
+grandes pestañas como alambres y resplandor de pillería. Pero su boca
+daba miedo de puro fea, y sus orejas, al modo de aventadores, antes
+parecían pegadas que nacidas. Vestía gallardamente una camisa de todos
+colores, por lo sucia, y pantalón hecho de remiendos, sostenido con un
+solo tirante. En invierno abrigábase con una chaqueta que fué de su
+señor abuelo, la cual, después de cortadas las mangas por el codo, á
+Pacorrito le venía que ni pintada para gabán. En el cuello le daba
+varias vueltas, á manera de serpiente, un guiñapo con aspiraciones de
+bufanda, y cubría la mollera con una gorrita que afanó en el Rastro. No
+usaba zapatos, por serle esta prenda de grandísimo estorbo, ni tampoco
+medias, porque le molestaba el punto.
+
+La familia de Pacorrito Migajas no podía ser más ilustre. Su padre,
+acusado de intentar un escalo por la alcantarilla, fué á tomar aires á
+Ceuta, donde murió. Su madre, una señora muy apersonada que por muchos
+años tuvo puesto de castañas en la Cava de San Miguel, fué también
+metida en líos de justicia, y después de muchos embrollos, y dimes y
+diretes con jueces y escribanos, me la empaquetaron para el penal de
+Alcalá. Aún quedaba á Pacorrito su hermana, pero ésta, abandonando su
+plaza en la Fábrica de Tabacos, corrió á Sevilla en amoroso seguimiento
+de un cabo de Artillería, y esta es la hora en que no ha vuelto. Estaba,
+pues, Migajas solo en el mundo, sin más familia que él mismo, sin más
+amparo que el de Dios, ni otro guía que su propia voluntad.
+
+
+II
+
+¿Pero creerá el pío lector que Pacorrito se acobardó al verse solo? Ni
+por pienso. Había tenido ocasión, en su breve existencia, de conocer los
+vaivenes del mundo, y algo de lo falso y mentiroso que encierra esta
+vida miserable. Llenándose de energía, afrontó la situación como un
+héroe. Afortunadamente, tenía buenas relaciones con diversa gente de su
+estofa y aun con hombres barbudos que parecían dispuestos á protegerle,
+y bulle que bulle, aquí me meto y allí me saco, consiguió dominar su
+triste estado.
+
+Vendía fósforos, periódicos y algún billete de Lotería, tres ramos
+mercantiles que, explotados con inteligencia, podían asegurarle honradas
+ganancias; así es que á Pacorrito nunca le faltaban cuatro cuartos en el
+bolsillo para sacar de un apuro á un compañero, ó para obsequiar á las
+amigas.
+
+No le inquietaban gran cosa ni las molestias del domicilio ni las
+exigencias del casero. Sus palacios eran el Prado en verano, y en
+invierno los portales de la casa Panadería. Varón sobrio y enemigo de
+pompas mundanas, se contentaba con un rincón cualquiera donde pasar la
+noche. Comía, como los pájaros, lo que encontraba, sin que jamás se
+apurase por esto, á causa de la conformidad religiosa que existía en su
+alma, y de su instintiva fe en los misteriosos auxilios de la
+Providencia, que á ningún ser grande ni chico desampara.
+
+Los que esto lean creerán que Migajas era feliz. Parece natural que lo
+fuese. Si carecía de familia, gozaba de preciosísima libertad, y como
+sus necesidades eran escasas, vivía holgadamente de su trabajo, sin
+deber nada á nadie, sin que le quitaran el sueño cuidados ni ambiciones;
+pobre, pero tranquilo; desnudo el cuerpo, pero lleno de paz sabrosa el
+espíritu. Pues á pesar de esto, el señor de Migajas no era feliz. ¿Por
+qué? Porque estaba enamorado hasta las gachas, como suele decirse.
+
+Sí, señores: aquel Pacorrito tan pequeño y tan feo y tan pobre y tan
+solo, amaba. ¡Ley inexorable de la vida, que no permite á ningún sér,
+cualquiera que sea, redimirse del despótico yugo del amor.
+
+Amaba nuestro héroe con soñador idealismo, libre de todo pensamiento
+impuro, á veces con ardoroso fuego que en sus venas ponía un hervor de
+todos los demonios. Su corazón volcánico tenía sensaciones de todas
+clases para el objeto amado, ora dulces y platónicas como las de
+Petrarca, ora arrebatadas como las de Romeo.
+
+¿Y quién había inspirado á Pacorrito pasión tan terrible? Pues una dama
+que arrastraba vestidos de seda y terciopelo con vistosas pieles; una
+dama de cabellos rubios, que en bucles descendían sobre su alabastrino
+cuello. La tal solía gastar quevedos de oro, y á veces estaba sentada al
+piano tres días seguidos.
+
+
+III
+
+Sabed cómo la conoció Pacorro y quién era aquélla celestial hermosura.
+
+Extendía el chico la esfera de sus operaciones mercantiles por la mitad
+de una de las calles que afluyen á la Puerta del Sol, calle muy
+concurrida y con hermosas tiendas, que de día ostentan en sus
+escaparates mil prodigios de la industria, y por las noches se iluminan
+con la resplandeciente claridad del gas. Entre estas tiendas, la más
+bonita es una que pertenece á un alemán, siempre llena de bagatelas
+preciosísimas destinadas á grandes y pequeños. Es el bazar de la
+infancia infantil y de la adulta. Por Carnaval se llena de caretas
+burlescas; en Semana Santa de figuras piadosas; hacia Navidad de
+Nacimientos y árboles cargados de juguetes, y por Año Nuevo de
+magníficos objetos para regalos.
+
+La pasión frenética de Pacorrito empezó cuando el alemán puso en su
+vitrina una encantadora colección de damas vestidas con los ricos trajes
+que imagina la fantasía parisiense. Casi todas tenían más de media vara
+de estatura. Sus rostros eran de fina y purificada cera, y ningún carmín
+de frescas rosas se igualaba al rubor de sus castas mejillas. Sus azules
+ojos de vidrio brillaban inmóviles con más fulgor que la pupila humana.
+Sus cabellos, de suavísima lana rizada, podían compararse, con más razón
+que los de muchas damas, á los rayos del sol; y las fresas de Abril, las
+cerezas de Mayo y el coral de los hondos mares, parecían cosa fea en
+comparación de sus labios rojos.
+
+Eran tan juiciosas, que jamás se movían del sitio en que las colocaban.
+Sólo crujía el gozne de madera de sus rodillas, hombros y codos, cuando
+el alemán las sentaba al piano, ó las hacía tomar los lentes para mirar
+á la calle. De resto, no daban nada que hacer, y jamás se les oyó decir
+esta boca es mía.
+
+Entre ellas había ¡ay qué hembra! la más hermosa, la más alta, la más
+simpática, la más esbelta, la mejor vestida, la más señora. Debía de ser
+mujer de elevada categoría, á juzgar por su ademán grave y pomposo, y
+cierto airecillo de protección que á maravilla le sentaba.
+
+--¡Gran mujer!--dijo Pacorrito la primera vez que la vió; y más de una
+hora estuvo plantado ante el escaparate, contemplando tan seductora
+belleza.
+
+
+IV
+
+Nuestro personaje se hallaba en ese estado particular de exaltación y
+desvarío en que aparecen los héroes de las novelas amatorias. _Su
+cerebro hervía; en su corazón se enrroscaban culebras mordedoras; su
+pensamiento era un volcán; deseaba la muerte; aborrecía la vida; hablaba
+sin cesar consigo mismo; miraba á la luna; se remontaba al quinto
+cielo_, etc.
+
+¡Cuántas veces le sorprendió la noche en melancólico éxtasis delante del
+cristal, olvidado de todo, hasta de su propio comercio y modo de vivir!
+Mas no era por cierto muy desairada la situación del buen Migajas,
+quiero decir, que era hasta cierto punto correspondido en su loca
+pasión. ¿Quién puede medir la intensidad amorosa de un corazón de estopa
+ó serrín? El mundo está lleno de misterios. La ciencia es vana y jamás
+llegará á lo íntimo de las cosas. ¡Oh, Dios! ¿será posible algún día
+demarcar fijamente la esfera de lo inanimado? ¿Lo inanimado, dónde
+empieza? Atrás los pedantes que, deteniéndose delante de una piedra ó de
+un corcho, le dicen: «Tú no tienes alma.» Sólo Dios sabe cuáles son las
+verdaderas dimensiones de ese Limbo invisible donde yace todo lo que no
+ama.
+
+Bien seguro estaba Pacorrito de haber hecho tilín á la dama. Esta le
+miraba, y sin moverse ni pestañear ni abrir la boca, decíale mil cosas
+deleitables, ya dulces como la esperanza, ya tristes como el
+presentimiento de sucesos infaustos. Con esto se encendía más y más en
+el corazón del amigo Migajas la llama que le devoraba, y su atrevida
+mente concebía dramáticos planes de seducción, rapto y aun de
+matrimonio.
+
+Una noche, el amartelado galán acudió puntual á la cita. La señora
+estaba sentada al piano, las manos suspendidas sobre las teclas, y el
+divino rostro vuelto hacia la calle. El granuja y ella se miraron. ¡Ay!
+¡Cuánto idealismo, cuánta pasión en aquella mirada! Los suspiros
+sucedieron á los suspiros, y las ternezas á las ternezas, hasta que un
+suceso imprevisto cortó el hilo de tan dulce comunicación, truncando de
+un golpe la felicidad de los amantes. Fué como esas súbitas catástrofes
+que hieren mortalmente los corazones, originando suicidios, tragedias y
+otros lamentables casos.
+
+Una mano penetró en el escaparate, por la parte de la tienda, y
+cogiendo á la señora por la cintura, se la llevó dentro. Al asombro de
+Migajas sucedió una pena tan viva, que deseó morirse en aquel mismo
+instante. ¡Ver desaparecer al objeto amado, cual si se lo tragara la
+insaciable tumba, y no poder detener aquella existencia que se escapa, y
+no poder seguirla aunque fuera al mismo infierno! ¡Desgracia superior á
+las fuerzas de un mortal! Migajas estuvo á punto de caer al suelo; pensó
+en el suicidio; invocó á Dios y al diablo....
+
+--¡La han vendido!--murmuró sordamente.
+
+Y se arrancó los cabellos, y se arañó el rostro; y en las pataletas de
+su desesperación, se le cayeron al suelo los fósforos, los periódicos y
+los billetes de Lotería. ¡Intereses del mundo, no valéis lo que un
+suspiro!
+
+
+V
+
+Repuesto al cabo de su violenta emoción, el rapaz miró hacia el interior
+de la tienda, y vio á unas niñas y á dos ó tres personas mayores
+hablando con el alemán. Una de las chicas sostenía en sus brazos á la
+dama de los pensamientos de Migajas. Hubiérase lanzado éste con ímpetu
+salvaje dentro del local; pero se detuvo, temeroso de que, viendo su
+facha estrambótica, le adjudicaran una paliza ó le entregasen á una
+pareja.
+
+Fijo en la puerta, consideraba los horrores de la trata de blancos, de
+aquella nefanda institución tirolesa, en la cual unos cuantos duros
+deciden la suerte de honradas criaturas, entregándolas á la destructora
+ferocidad de niños mal criados. ¡Ay! ¡Cuán miserable le parecía á
+Pacorrito la naturaleza humana!
+
+Los que habían comprado á la señora salieron de la tienda y entraron en
+un coche de lujo. ¡Cómo reían los tunantes! Hasta el más pequeño, que
+era el más mimoso, se permitía tirar de los brazos á la desgraciada
+muñeca, á pesar de tener él para su exclusivo goce variedad de
+juguetillos propios de su edad. Las personas mayores también parecían
+muy satisfechas de la adquisición.
+
+Mientras el lacayo recibía órdenes, Pacorrito, que era hombre de
+resoluciones heróicas y audaces, concibió la idea de colgarse á la zaga
+del coche. Así lo hizo, con la agilidad cuadrumana que emplean los
+granujas cuando quieren pasear en carruaje de un cabo á otro de la
+villa.
+
+Alargando el hocico hacia la derecha, veía asomar por la portezuela uno
+de los brazos de la dama sacrificada al vil metal. Aquel brazo rígido y
+aquel puño de rosa hablaban enérgico lenguaje á la imaginación de
+Migajas, que en medio del estrépito de las ruedas oía estas palabras:
+--¡Sálvame, Pacorrito mío, sálvame!
+
+
+VI
+
+En el pórtico de la casa grande, donde se detuvo el coche, cesaron las
+ilusiones del granuja, porque un criado le dijo que si manchaba el piso
+con sus pies enlodados, le rompería el espinazo. Ante esta abrumadora
+razón, Migajas se retiró, lleno el corazón de un ardiente anhelo de
+venganza.
+
+Su fogoso temperamento le impulsaba á seguir adelante, arrojándose en
+brazos de la fortuna, y en las tinieblas de lo imprevisto. Su alma se
+adaptaba á las ruidosas y dramáticas aventuras. ¿Qué hizo el muy pillo?
+Pues concertarse con los que iban á recoger la basura á la casa donde
+estaba en esclavitud su adorada, y por tal medio, que podrá no ser
+poético, pero que revela agudeza de ingenio, y un corazón como la copa
+de un pino, Migajas se introdujo en el palacio.
+
+¡Cómo le palpitaba el corazón cuando subía y penetraba en la cocina! La
+idea de estar cerca de _ella_ le confundía de tal suerte, que más de una
+vez se le cayó la espuerta de la mano, derramándose en la escalera. Pero
+de ningún modo podía saciar la ardiente sed de sus ojos, que anhelaban
+ver á la hermosa dama. Sintió lejanos chillidos de niños juguetones;
+pero nada más. La gran señora por ninguna parte aparecía.
+
+Los criados de la casa, viéndole tan pequeño y tan feo, le hacían mil
+burlas; más uno de ello, que era algo compasivo, le daba golosinas. Una
+mañana muy fría, el cocinero, ya fuese por lástima, ya por maldad, le
+dio á beber de un vino áspero y picón como demonios. El granuja sintió
+dulcísimo calor en todo el cuerpo, y un vapor ardiente que á la cabeza
+le subía. Sus piernas flaqueaban; sus brazos desmayados caían con
+abandono voluptuoso. Del pecho le brotaba una risa juguetona, que iba
+afluyendo de su boca, cual arroyo sin fin, y Pacorrito reía y se
+agarraba con ambas manos á la pared para no caer.
+
+Un puntapié vigoroso, aplicado en semejante parte, modificó un tanto la
+risa, y puesta la mano en la parte dolorida, Pacorrito salió de la
+cocina. Su cabeza seguía trastornada. Él no sabía á dónde le conducían
+sus pasos. Corrió tambaleándose y riendo de nuevo; pisó fríos ladrillos,
+y después suave entarimado, y luego tibias alfombras.
+
+De repente sus ojos se detuvieron en un objeto que en el suelo yacía.
+¡Cielos!... Migajas exhaló un rugido de dolor, y cayó de rodillas.
+
+Allí, tendida como un cadáver, los vestidos rasgados y en desorden,
+partida la frente alabastrina, roto uno de los brazos, desgreñado el
+pelo, estaba la señora de sus pensamientos ¡Lastimoso cuadro que partía
+el corazón!
+
+Nuestro héroe, durante un rato, no pudo articular palabra. La voz se
+ahogaba en su garganta. Estrechó contra su corazón aquél frío cuerpo
+inanimado, cubriéndolo de besos ardientes. La señora tenía abiertos los
+ojos, y miraba con melancólica dulzura á su fiel adorador. A pesar de
+sus horribles heridas y del lastimoso estado de su cuerpo, la noble dama
+vivía. Pacorrito lo conoció en la luz singular de sus quietos ojos
+azules, que despedían llamaradas de amor y gratitud.
+
+--Señora, ¿quién os trajo á tan triste estado?--exclamó en tono
+patético, angustioso.
+
+Pero pronto al dolor agudísimo sucedió la ira, y Pacorrito pensó tomar
+venganza de aquel descomunal agravio.
+
+Como en el mismo instante sintiera pasos, cargó en sus brazos á la
+gentil dama, echando á correr con ella fuera de la casa. Bajó la
+escalera, atravesó el patio, salió á la calle con tanta velocidad. Su
+carrera era como la del pájaro que, al robar su grano, oye el tiro del
+cazador, y sintiéndose ileso, quiere poner entre su persona y la
+escopeta toda la distancia posible.
+
+Corrió por una, dos, tres, diez calles, hasta que creyéndose bastante
+lejos, descansó, poniendo sobre sus rodillas el precioso objeto de su
+insensato amor.
+
+
+VII
+
+Vino la noche, y Pacorrito vió con placer las dulces sombras que
+envolvían el atrevido rapto, protegiendo sus honestos amores. Examinando
+atentamente las heridas del descalabrado cuerpo de su adorada, observó
+que no eran de gravedad, aunque por los agujeros del cráneo se le verían
+los sesos, si los tuviera, y toda la estopa del corazón se salía á
+borbotones por diferentes heridas. El traje estaba hecho girones, y
+parte de la cabellera se había quedado en el camino durante la veloz
+corrida. Inundósele el alma de pena al considerar que carecía de fondos
+para hacer frente á situación tan apurada. Con el abandono de su
+comercio se le habían vaciado los bolsillos, y una mujer amada,
+mayormente si no está bien de salud, es fuente inagotable de gastos.
+Migajas se tentó aquella parte de su andrajosa ropa donde solía tener
+la calderilla, y no halló ni tampoco un triste ochavo.
+
+--Ahora--pensó--ahora necesitaré casa, cama, la mar de médicos y
+cirujanos, modista, mucha comida, un buen fuego... y nada tengo.
+
+Pero como estaba tan fatigado, recostó la cabeza sobre el cuerpo de su
+ídolo, y se durmió como un ángel.
+
+Entonces, ¡oh prodigio! la señora se fué reanimando, y levantándose al
+fin, mostró á Pacorrito su risueño semblante, su noble frente sin
+ninguna herida, su cuerpo esbelto sin la más leve rotura, su vestido
+completo y limpio, su cabellera rizosa y perfumada, su sombrero
+coquetón, que adornaban diminutas flores; en suma, se mostró perfecta y
+acabadamente hermosa, tal como la conoció el muchacho en la vitrina.
+
+¡Ay! Migajas se quedó deslumhrado, atónito, suspenso, sin habla. Púsose
+de rodillas y adoró á la señora como á una divinidad. Entonces ella tomó
+la mano al granuja, y con voz entera, más dulce que el canto de los
+ruiseñores, le dijo:
+
+--Pacorrito, sígueme, ven conmigo. Quiero demostrarte mi agradecimiento
+y el sublime amor que has sabido inspirarme. Has sido constante, leal,
+generoso y heróico, porque me has salvado del poder de aquellos vándalos
+que me martirizaban. Mereces mi corazón y mi mano. Ven, sígueme y no
+seas bobo, ni te creas inferior á mí porque estás vestido de pingos.
+
+Observó Migajas la deslumbradora apostura de la dama, el lujo con que
+vestía, y lleno de pena exclamó:
+
+--Señora, ¿á dónde he de ir yo con esta facha?
+
+La hermosa dama no contestó, y tirando de la mano á Pacorrito, le llevó
+por misteriosa región de sombras.
+
+
+VIII
+
+El granuja vió al cabo una gran sala iluminada y llena de preciosidades,
+cuya forma no pudo precisar bien en el primer momento. Al poco rato,
+comenzó á percibir con claridad mil figurillas diversas, como las que
+poblaban la tienda donde había conocido á su adorada. Lo que más llamó
+su atención fué ver que salieron á recibirles, luciendo sus flamantes
+vestidos, todas las damas que acompañaban en el escaparate á la gran
+señora.
+
+La cual contestó con una grave y ceremoniosa cortesía á los saludos de
+todas ellas. Parecía ser de superior condición, algo como princesa,
+reina ó emperatriz. Su gesto soberano y su gallardo continente, sin
+altanería, revelaban dominio sobre las demás. Al instante presentó á
+Pacorrito. Este se quedó todo turbado y más rojo que una amapola cuando
+la Princesa, tomándole de la mano, dijo:
+
+--Presento á ustedes al Sr. D. Pacorro de las Migajas, que viene á
+honrarnos esta noche.
+
+Al pobre chico se le cayeron las alas del corazón cuando observó el
+desmedido lujo que allí reinaba, comparándolo con su pobreza, sus pies
+desnudos, sus calzones sujetos con un tirante y su chaqueta cortada por
+los codos.
+
+«Ya adivino lo que piensas--manifestó la Princesa con disimulo.--Tu
+traje no es el más conveniente para una fiesta como la de esta noche. En
+rigor, de verdad, no estás presentable.
+
+--Señora, mi pícaro sastre--murmuró Pacorrito, creyendo que una
+mentirilla pondría á salvo su decoro,--no me ha acabado la condenada
+ropa.
+
+--Aquí te vestiremos--indicó la noble dama.
+
+Los lacayos de aquella extraña mansión eran monos pequeños y
+graciosísimos. De pajes hacían unos loros diminutos, de esos que llaman
+_Pericos_, y varias pajaritas de papel. Estas no se apartaban un momento
+de la señora.
+
+La servidumbre se ocupó al punto de arreglar un poco la desgraciada
+figura del buen Migajas. Con unas fosforeras doradas y muy monas en
+forma de zapatos, le calzaron al momento. Por gorguera le pusieron
+medio farolillo de papel encarnado, y de una jardinera de mimbres
+hiciéronle una especie de sombrerete pastoril, con graciosas flores
+adornado. Al cuello le colgaron, á modo de condecoraciones, la chapa de
+un kepis elegantísimo, una fosforera redonda que parecía reloj y el
+tapón de cristal de un frasquito de esencias. Las pajaritas tuvieron la
+buena ocurrencia de ponerle en la cintura, á guisa de espada ó daga, una
+lujosa plegadera de marfil. Con éstas y otras invenciones para ocultar
+sus haraposos vestidos, el vendedor de periódicos quedó tan guapo que no
+parecía el mismo. Mucho se vanaglorió de su persona cuando le pusieron
+ante el espejo de un estuche de costura para que se mirase. Estaba el
+chico deslumbrador.
+
+
+IX
+
+En seguida principió el baile. Varios canarios cantaban en sus jaulas
+walses y habaneras, y las cajas de música tocaban solas, así como los
+clarinetes y cornetines, que se movían á sí mismos sus llaves con gran
+destreza. Los violines también se las componían de un modo extraño para
+pulsarse á sí propios sus cuerdas, y las trompetas se soplaban unas á
+otras. La música era un poco discordante; pero Migajas, en la exaltación
+de su espíritu, la hallaba encantadora.
+
+No es necesario decir que la Princesa bailó con nuestro héroe. Las otras
+damas tenían por pareja á militares de alta graduación, ó á soberanos
+que habían dejado sus caballos á la puerta. Entre aquellas figuras
+interesantísimas se veía á Bismarck, al Emperador do Alemania, á
+Napoleón y á otros grandes hombres. Migajas no cabía en su pellejo de
+puro orgulloso.
+
+Pintar las emociones de su alma cuando se lanzaba á las vertiginosas
+curvas del wals con su amada en brazos, fuera imposible. La dulce
+respiración de la Princesa y sus cabellos de oro acariciaban blandamente
+la cara de Pacorrito, haciéndole cosquillas y causándole cierta
+embriaguez. La mirada amorosa de la gentil dama ó un suave quejido de
+cansancio acababan de enloquecerle.
+
+En lo mejor del baile, los monos anunciaron que la cena estaba servida,
+y al punto se desconcertó el cotarro. Ya nadie pensó más que en comer, y
+al bueno de Migajas se le alegraron los espíritus, porque, sin perjuicio
+de la espiritualidad de su amor, tenía un hambre de mil demonios.
+
+
+X
+
+El comedor era precioso, y la mesa magnífica; las vajillas y toda la
+loza de lo mejor que se ha fabricado para muñecas, y multitud de
+ramilletes esparcían su fragancia y mostraban sus colores en pequeños
+búcaros, en hueveras, y algunos en dedales.
+
+Pacorrito ocupó el asiento á la derecha de la Princesa. Empezaron á
+comer. Servían los pericos y las pajaritas tan bien y con tanta
+precisión como los soldados que maniobran en una parada á la orden de su
+General. Los platos eran exquisitos, y todos crudos ó fiambres. Si la
+comida no disgustó á Migajas al comenzar, pronto empezó á producirle
+cierto empacho, aun antes de haber tragado como un buitre. Componían el
+festín pedacitos de mazapán, pavos más chicos que pájaros y que se
+engullían de un solo bocado, filetes y besugos como almendras, un rico
+principio de cañamones y un pastel de alpiste _á la canaria_, albóndigas
+de miga de pan á la _perdigona_, fricasé de ojos de faisán en salsa de
+moras silvestres, ensalada de musgo, dulces riquísimos y frutas de todas
+clases, que los pericos habían cosechado en un tapiz donde estaban
+bordadas, siendo los melones como uvas y las uvas como lentejas.
+
+Durante la comida, todos charlaban por los codos, excepto Pacorrito, que
+por ser muy corto de genio no desplegaba sus labios. La presencia de
+aquellos personajes de uniforme y entorchados le tenían perplejo, y se
+asombraba mucho de ver tan charlatanes y retozones á los que en el
+escaparate estaban tiesos y mudos cual si fuesen de barro.
+
+Principalmente el llamado Bismarck no paraba. Decía mil chirigotas, daba
+manotadas sobre la mesa, y arrojaba á la Princesa bolitas de pan. Movía
+sus brazos como atolondrado, cual si los goznes de éstos tuviesen un
+hilo, y oculta mano tirase de él por debajo de la mesa.
+
+«¡Cómo me estoy divirtiendo!--decía el Canciller.--Querida Princesa,
+cuando uno se pasa la vida adornando una chimenea, entre un reloj, una
+figura de bronce y un tiesto de begonia, estas fiestas le rejuvenecen y
+le dan alegría para todo el año.
+
+--¡Ay! dichosos mil veces--dijo la señora con melancólico acento--los
+que no tienen otro oficio que adornar chimeneas y entredoses. Esos se
+aburren, pero no padecen como nosotras, que vivimos en continuo
+martirio, destinadas á servir de juguete á los hombres chicos. No podré
+pintar á usted, señor de Bismarck, lo que se sufre cuando uno nos tira
+del brazo derecho, otro del izquierdo; cuando éste nos rompe la cabeza y
+aquél nos descuartiza, ó nos pone de remojo, ó nos abre en canal para
+ver lo que tenemos dentro del cuerpo.
+
+--Ya lo supongo--contestó el Canciller abriendo los brazos; cerrándolos
+repetidas veces.
+
+--¡Oh, desgraciados, desgraciados!--exclamaron en coro los Emperadores,
+Espartero y demás personajes.
+
+--Y menos desgraciada yo--añadió la dama,--que encontré un protector y
+amigo en el valeroso y constante Migajas, que supo librarme del bárbaro
+suplicio.»
+
+Pacorro se puso colorado hasta la raíz del pelo.
+
+«Valeroso y constante--repitieron á una las muñecas todas, en tono de
+admiración.
+
+--Por eso--continuó la Princesa--esta noche, en que nuestro Genio
+Creador nos permite reunimos para celebrar el primer día del año, he
+querido obsequiarle, trayéndole conmigo, y dándole mi mano de esposa, en
+señal de alianza y reconciliación entre el linaje muñequil y los niños
+juiciosos y compasivos.
+
+
+XI
+
+Cuando esto decía, el señor de Bismarck miraba á Pacorrito con expresión
+de burla tan picante y maligna, que nuestro insigne héroe se llenó de
+coraje. En el mismo instante, el tuno del Canciller disparó una bolita
+de pan con tanta puntería, que por poco deja ciego á Migajas. Pero éste,
+como era tan prudente y el prototipo de la circunspección, calló y
+disimuló.
+
+La Princesa le dirigía miradas de amor y gratitud.
+
+«¡Cómo me estoy divirtiendo!--repitió Bismarck dando palmadas con sus
+manos de madera.--Mientras llega la hora de volver junto al reloj y de
+oir su incesante tic-tac, divirtámonos, embriaguémonos, seamos felices.
+Si el caballero Pacorrito quisiera pregonar _La Correspondencia_, nos
+reiríamos un rato.
+
+--El señor de Migajas--dijo la Princesa mirándole con benevolencia--no
+ha venido aquí á divertirnos. Eso no quita que le oigamos con gusto
+pregonar _La Correspondencia_ y los fósforos si quiere hacerlo.»
+
+Hallaba el granuja esta proposición tan contraria á su dignidad y
+decoro, que se llenó de aflicción y no supo qué contestar á su adorada.
+
+«¡Qué baile!--gritó el Canciller con desparpajo,--que baile encima de la
+mesa. Y si no lo quiere hacer, pido que se le quiten los adornos que se
+le han puesto, dejándole cubierto de andrajos y descalzo, como cuando
+entró aquí.»
+
+Migajas sintió que afluía toda su sangre al corazón. Su cólera impetuosa
+no le permitió pronunciar una sola sílaba.
+
+«No seáis cruel, mi querido Príncipe--dijo la señora sonriendo.--Por lo
+demás, yo espero quitarle al buen Migajas esos humos que está echando.»
+
+Una carcajada general acogió estas palabras, y allí era de ver todas las
+muñecas, y los más celebres generales y emperadores del mundo, dándose
+simultáneamente cachiporrazos en la cabeza como las figuras de Guignol.
+
+«¡Qué baile! ¡Que pregone _La Correspondencia_»--clamaron todos.
+
+Migajas se sintió desfallecer. Era en él tan poderoso el sentimiento de
+la dignidad, que antes muriera que pasar por la degradación que se le
+proponía. Iba á contestar, cuando el maligno Canciller tomó una paja
+larga y fina, sacada al parecer de una costilla de labores, y mojando la
+punta en saliva se la metió por una oreja á Pacorrito con tanta
+presteza, que éste no se enteró de la grosera familiaridad hasta que
+hubo experimentado la sacudida nerviosa que tales chanzas ocasionan.
+
+Ciego de furor, echó mano al cinto y blandió la plegadera. Las damas
+prorrumpieron en gritos, y la Princesa se desmayó. Pero no aplacado con
+esto el fiero Migajas, sino, por el contrario más rabioso, arremetió
+contra los insolentes, y, empezó á repartir estacazos á diestra y
+siniestra, rompiendo cabezas que era un primor. Oíanse alaridos, ternos,
+amenazas. Hasta los pericos graznaban, y las pajaritas movían sus colas
+de papel en señal de pánico.
+
+Un momento después, nadie se burlaba del bravo Migajas. El Canciller
+andaba recogiendo del suelo sus dos brazos y sus dos piernas (caso raro
+que no puede explicarse), y todos los emperadores se habían quedado sin
+nariz. Poco á poco, con saliva y cierta destreza ingénita, se iban
+curando todos los desperfectos; que esta ventaja tiene la cirugía
+muñequil. La Princesa, repuesta de su desmayo con las esencias que en un
+casco de avellana le trajeron sus pajes, llamó aparte al granuja, y
+llevándole á su camarín reservado, le habló á solas de esta manera:
+
+
+XII
+
+«Inclito Migajas, lo que acabas de hacer, lejos le amenguar el amor que
+puse en tí, lo aumenta, porque me has probado tu valor indómito,
+triunfando con facilidad de toda esa caterva de muñecos bufones, la peor
+casta de seres que conozco. Movida por los dulces afectos que me
+impulsan hacia tí, te propongo ahora solemnemente que seas mi esposo,
+sin pérdida de tiempo.»
+
+Pacorrito cayó de rodillas.
+
+«Cuando nos casemos--continuó la señora--no habrá uno solo de esos
+emperadorcillos y cancilleretes que no te acate y reverencie como á mí
+misma, porque has de saber que yo soy la Reina de todos los que en
+aquesta parte del mundo existen, y mis títulos no son usurpados, sino
+transmitidos por la divina Ley muñequil que estableciera el Supremo
+Genio que nos creó y nos gobierna.
+
+--Señora, señora mía--dijo, ó quiso decir Migajas--mi dicha es tanta que
+no puedo expresarla.
+
+--Pues bien--manifestó la señora con majestad--puesto que quieres ser mi
+esposo, y por consiguiente, Príncipe y señor de estos monigotiles
+reinos, debo advertirte que para ello es necesario que renuncies á tu
+personalidad humana.
+
+--No comprendo lo que quiere decir Vuestra Alteza.
+
+--Tú perteneces al linaje humano, yo no. Siendo distintas nuestras
+naturalezas, no podemos unirnos. Es preciso que tú cambies la tuya por
+la mía, lo cual puedes hacer fácilmente con sólo quererlo. Respóndeme,
+pues. Pacorrito Migajas, hijo del hombre, ¿quieres ser muñeco?
+
+La singularidad de esta pregunta tuvo en suspenso al granuja durante
+breve rato.
+
+«¿Y qué es eso de ser muñeco?--preguntó al fin.
+
+--Ser como yo. La naturaleza nuestra es quizás más perfecta que la
+humana. Nosotros carecemos de vida, aparentemente; pero la tenemos
+grande en nosotros mismos. Para los imperfectos sentidos de los hombres,
+carecemos de movimiento, de afectos y de palabra; pero no es así. Ya ves
+cómo nos movemos, cómo sentimos y cómo hablamos. Nuestro destino no es,
+en verdad, muy lisonjero por ahora, porque servimos para entretener á
+los niños de tu linaje, y aun á los hombres del mismo; pero, en cambio
+de esta desventaja, somos eternos.
+
+--¡Eternos!
+
+--Sí, nosotros vivimos eternamente. Si nos rompen esos crueles
+chiquillos, renacemos de nuestra destrucción y tornamos á vivir,
+describiendo sin cesar un tenebroso círculo desde la tienda á las manos
+de los niños, y de las manos de los niños á la fábrica tirolesa, y de la
+fábrica á la tienda, por los siglos de los siglos.
+
+--¡Por los siglos de los siglos!--repitió Migajas absorto.
+
+--Pasamos malísimos ratos, eso sí--añadió la señora;--pero en cambio no
+conocemos el morir, y nuestro Genio Creador nos permite reunirnos en
+ciertas festividades para celebrar las glorias de la estirpe, tal como
+lo hacemos esta noche. No podemos evadir ninguna de las leyes de nuestra
+naturaleza; no nos es dado pasar al reino humano, á pesar de que á los
+hombres se les permite venir al nuestro, convirtiéndose en monigotes
+netos.
+
+--¡Cosa más particular!--exclamó Migajas lleno de asombro.
+
+--Ya sabes todo lo necesario para la iniciación muñequillesca. Nuestros
+dogmas son muy sencillos. Ahora medítalo y responde á mi pregunta:
+¿quieres ser muñeco?
+
+La Princesa tenía unos desplantes de sacerdotisa antigua, que cautivaron
+más á Pacorrito.
+
+«Quiero ser muñeco,» afirmó el granuja con aplomo.
+
+Y al punto la Princesa trazó unos endiablados signos en el espacio,
+pronunciando palabrotas que Pacorro no sabia si eran latín, chino ó
+caldeo, pero que de seguro serían tirolés. Después la dama dio un
+estrecho abrazo al bravo Migajas, y le dijo:
+
+«Ahora ya eres mi esposo. Yo tengo poder para casar, así como lo tengo
+para recibir neófitos en nuestra gran Ley. Amado Principillo mío,
+bendito seas por los siglos de los siglos.»
+
+Toda la corte de figurillas entró de repente, cantando con música de
+canarios y ruiseñores: «Por los siglos de los siglos.»
+
+
+XIII
+
+Discurrieron por los salones en parejas. Migajas daba el brazo á su
+consorte.
+
+«¡Es lástima--dijo ésta--que nuestras horas de placer sean tan breves!
+Pronto tendremos que volver á nuestros puestos.»
+
+El Serenísimo Migajas experimentaba, desde el instante de su
+transformación, sensaciones peregrinas. La más extraña era haber perdido
+por completo el sentido del paladar y la noción del alimento. Todo lo
+que había comido era para él como si su estómago fuese una cesta ó una
+caja, y hubiera encerrado en ella mil manjares de cartón que ni se
+digerían, ni alimentaban, ni tenían peso, substancia ni gusto.
+
+Además, no se sentía dueño de sus movimientos, y tenía que andar con
+cierto compás difícil. Notaba en su cuerpo una gran dureza, como si todo
+él fuese hueso, madera ó barro. Al tentarse, su persona sonaba á
+porcelana. Hasta la ropa era dura, y nada diferente del cuerpo.
+
+Cuando, solo ya con su mujercita, la estrechó entre sus brazos, no
+experimentó sensación alguna de placer divino ni humano, sino el choque
+áspero de dos cuerpos duros y fríos. Besóla en las mejillas, y las
+encontró heladas. En vano su espíritu, sediento de goces, llamaba con
+furor á la naturaleza. La naturaleza en él era cosa de cacharrería.
+Sintió palpitar su corazón como una máquina de reloj Sus pensamientos
+subsistían, pero todo lo restante era insensible materia.
+
+La Princesa se mostraba muy complacida.
+
+«¿Qué tienes, amor mío?--preguntó á Pacorrito viendo su expresión de
+desconsuelo.
+
+--Me aburro soberanamente, chica--dijo el galán, adquiriendo confianza.
+
+--Ya te irás acostumbrando. ¡Oh deliciosos instantes! Si durárais mucho,
+no podríamos vivir.
+
+--¡A esto llama delicioso tu Alteza!--exclamó Migajas.--¡Dios mío, qué
+frialdad, qué dureza, qué vacío, qué rigidez!
+
+--Tienes aún los resabios humanos, y el vicio de los estragados
+sentidos del hombre. Pacorrito, modera tus arrebatos ó trastornarás con
+tu mal ejemplo á todo el muñequismo viviente.
+
+--¡Vida, vida, sangre, calor, pellejo!--gritó Migajas con desesperación,
+agitándose como un insensato.--¿Qué es esto que pasa en mí?»
+
+La Princesa le estrechó en sus brazos, y besándole con sus rojos labios
+de cera, exclamó:
+
+«Eres mío, mío por los siglos de los siglos.»
+
+En aquel instante oyóse gran bulla y muchas voces que decían: «¡La hora,
+la hora!»
+
+Doce campanadas saludaron la entrada del Año Nuevo. Todo desapareció de
+súbito á los ojos de Pacorrito: Princesa, palacio, muñecos, emperadores,
+y se quedó solo.
+
+
+XIV
+
+Se quedó solo y en obscuridad profunda.
+
+Quiso gritar y no tenía voz. Quiso moverse y carecía de movimiento. Era
+piedra.
+
+Lleno de congoja esperó. Vino por fin el día, y entonces Pacorrito se
+vió en su antigua forma; pero todo de un color, y al parecer de una
+misma materia: cara, brazos, ropa, cabello y hasta los periódicos que
+en la mano tenía.
+
+»Ya no me queda duda--exclamó llorando por dentro.--Soy mismamente como
+un ladrillo.
+
+Vió que frente á él había un gran cristal con algunas letras del revés.
+A un lado multitud de figurillas y objetos de capricho le acompañaban.
+
+«¡Estoy en el escaparate!... ¡Horror!»
+
+Un mozo le tomó cuidadosamente en la mano, y después de limpiarle el
+polvo volvió á ponerle en su sitio.
+
+Su Alteza Serenísima vió que en el pedestal donde estaba colocado, había
+una tarjeta con esta cifra: 240 _reales_.
+
+«Dios mío, es un tesoro lo que valgo. Esto al menos le consuela á uno.»
+
+Y la gente se detenía por la parte de afuera del cristal, para ver la
+graciosa escultura de barro amarillo representando un vendedor de
+periódicos y cerillas. Todos alababan la destreza del artista, todos se
+reían observando la chusca fisonomía y la chavacana figura del gran
+Migajas, mientras éste, en lo íntimo de su insensible barro, no cesaba
+de exclamar con angustia:
+
+«Muñeco, muñeco, por los siglos de los siglos!»
+
+Enero de 1879.
+
+
+
+
+JUNIO[2]
+
+
+I
+
+En el jardín.
+
+
+Mayo se enojará, lo sé; pero rindiendo culto á la verdad, es preciso
+decírselo en sus barbas. Sí: el imperio de las flores en nuestro clima,
+no le corresponde.
+
+¡Tunante! ¿Qué dirán de él en la otra vida las almas de aquellas
+pobrecitas á quienes dejó morir de frío después de abrasarlas con
+importunos calores? En cambio, Junio, si alguna vez las calienta con
+demasiado celo (porque es algo brusco, llanote y toma muy á pecho sus
+obligaciones), también las orea delicadamente con abanico, no con el
+atronador fuelle de los vientos septentrionales; se desvive por tenerlas
+en templada atmósfera, las abriga y las refresca, todo con esmerado
+pulso y medida; dales savia fecunda, primorosa luz, sustento benéfico,
+frescas y transparentes aguas. Hay que ver cómo derrocha este
+capitalista sus tesoros, calor, luz, frescura y aire, humedad y lumbre.
+Se parecería á muchos ricos de la tierra si no empleara toda su fortuna
+en hacer bien.
+
+Aquí están sus obras.
+
+Ved los pensamientos, con sus caritas amarillas y sus caperuzas de
+terciopelo. Miran á un lado y á otro, mecidos por el delicioso aliento
+de la mañana, y tiemblan de gozo contemplándose tan guapos, tan
+saludables, tan vividores. Los ojuelos negros de estos enanos, que, á
+semejanza de los ángeles menores, no tienen sino cabeza y alas, nos
+miran con picaresca malicia, y hasta parece que se ríen, los muy pillos,
+cuando el viento les hace dar cabezadas unos contra otros, agitándolos
+en toda la extensión de su inmensa falanje. Los hay pálidos y
+linfáticos; los hay sanguíneos y mofletudos; unos se calan el gorrito
+hasta las cejas; otros lo echan hacia atrás; éstos parecen calvos; de
+aquéllos se diría que gastan barbas, y todos están más alegres que unas
+pascuas, y en su charlar ignoto exclaman sin duda: «Compañeros, á vivir
+se ha dicho. ¡Buena panzada de aire, de luz y de agua nos estamos
+dando!»
+
+Más juiciosas son esas chiquillas que llaman minutisas, pues si las han
+puesto en compañía de tales granujas, saben ellas formar grupos
+encantadores, ramilletes que parecen corrillos, y jugando á la rueda sin
+admitir á ningún intruso, se entienden solas. Estas lindas estrellas de
+la tierra, que esmaltan los jardines con su púrpura risueña, son
+parientas lejanas del orgulloso clavel. ¡Nadie lo diría, porque son tan
+modestas...!
+
+Allí está. ¡Qué noblemente pliega el aromático turbante blanco y rojo de
+mil rizos! Salud al califa espléndido, magnífico, soberano. La
+embriagadora poesía que de él brota incita al sibaritismo, á las
+ardientes pasiones. ¡Ah calaverón!... Este vicioso es tan popular, que
+hasta los pobres más pobres lo crían, aunque sea en una olla rota.
+Parece que hace soñar, como el opio, felicidades imposibles. Su fuerte
+aroma sensual es como una visión.
+
+No son así las rosas, que aparecen en este mes en primoroso estado de
+madurez. Las de Mayo eran niñas, éstas son damas, y en sus abiertas
+hojas ahuecadas, blandas, puras, tenues, hay no sé qué magistral arte
+del mundo. Si Dios les concediera un soplo más de vida, uno no más,
+hablarían seguramente; pero más vale que estén mudas. Una gracia
+infinita, una delicadeza incomparable, una hermosura ideal, hacen de
+esta flor la sonrisa de la Naturaleza. Cuando las rosas mueren, el
+mundo se pone serio.
+
+Allá lejos, encaramado sobre la tapia ó al arrimo de la antigua pared,
+buscando la soledad, buscando la altura, esperando con ansia la sosegada
+noche, está el galán, el poeta sentimental, el romántico jazmín, en una
+palabra. Pálido y pequeño, toda su vida es alma. Le tocan, y cae del
+tallo. Vive del sentimiento, ama la noche, y si los aromas fueran
+música, el jazmín seria el ruiseñor.
+
+Fijemos la vista en las gallardas peonías. No se necesitan ciertamente
+anteojos para verlas, según son de abultadas y presumidas. No merecen
+mis simpatías estas enfáticas señoras que todo lo gastan en trapos; y si
+está fuera de duda que son bellas, ello es que antes admiran que
+enamoran, y su hermosura más tiene de aparente que de real. Nada, nada;
+aquí hay algo postizo: estas señoras se pintan.
+
+Grande y vistosa es también aquélla. Saludemos á la magnolia, princesa
+india que ha venido de viaje y se ha quedado en nuestro clima. No está
+bien de salud la señora; pero ¡qué aristocrática, qué regia es esta
+amazona! No se contenta con ser fragante y deliciosa flor, sino que
+quiere ser árbol, es decir, hombre. Ved cómo cabalga en la alta rama, y
+atrevida mira cara á cara al olmo corpulento, al castaño de mil flores y
+al quijotesco eucaliptus.
+
+Por el suelo rastrea muchedumbre de pajes y espoliques, alelíes,
+espuelas de caballero, gentezuela menuda que vive de la adulación, á la
+sombra de los grandes señores, y el bíblico lirio, vestido siempre de
+Nazareno. La madreselva, arisca y melancólica por la nostalgia que la
+perturba, busca el campo de donde contra su voluntad la han traído; mira
+ansiosa á todos lados para orientarse; se va arrastrando por los
+troncos, por las barandillas, por las escalinatas, hasta que logra tocar
+con su crispada mano la cerca; sube; va trepando, trepando, y se asoma
+para ver horizontes y el libre espacio y hacerse la ilusión de que es
+libre. Esta flor, como muchas personas, no tiene más que manos, y son
+blancas, finas, aromáticas; pero aunque contrae sus finos dedos, cual si
+fuera á coger alguna cosa, jamás coge nada.
+
+¡Paso al pueblo! La inmensa república de geranios todo lo llena. Parece
+que no hay tierra bastante para estos gorros colorados que se reproducen
+con facilidad maravillosa, y crecen como la plebe, duran como la
+ignorancia, y resisten fríos y soles como la pobreza. Para que nada
+falte, hasta los cactus, caterva de repugnantes bufones, se engalanan
+con gorritos de vistosas plumas; otros se ponen gregüescos amarillos, y
+algunos se encargan vestidos completos de Mefistófeles, como estudiantes
+en Carnaval, y tienen el descaro de vestir con ellos sus ventrudos
+cuerpos. Otros, flacos y verrugosos, siguen con las manos en los
+bolsillos, riéndose de todo y agitando el bastón con borlas de
+escarlata. Pero á nadie hacen gracia estas caricaturas vegetales, flores
+que parecen lagartos, sapos que parecen plantas, y viven aislados, sin
+sociedad, visitados tan sólo de las abejas, que á menudo vienen á
+decirles un secreto al oído.
+
+Si las violetas no hubiesen exhalado su último aroma en Mayo; si los
+jacintos no estuvieran ya en el limbo de sus jóvenes cebolletas; si las
+dalias, por el contrario, no durmiesen aún en el vientre de sus batatas;
+si las petunias no se hallaran en estado de lactancia, y las campanillas
+dando los primeros pasos; si las francesillas no hubiesen bajado también
+al frío sepulcro de sus arañuelas, y las extrañas no estuvieran aún
+cortando sus múltiples gasas de bailarina para presentarse en el Otoño,
+el panorama floreal de Junio sería completo.
+
+NOTA:
+
+[2] Escribióse este artículo para la serie descriptiva de los doce meses
+del año, publicada por la _Ilustración Española y Americana_ en su
+_Almanaque_ de 1877.
+
+
+II
+
+En el campo.
+
+
+Un monstruo, un gigante, un figurón, que parece hombre y no es más que
+espantajo, bracea y gesticula en medio del campo. Es el funcionario
+inamovible encargado de advertir á los gorriones que el trigo no se ha
+sembrado para ellos. ¡Ah! los gorriones, lo más canalla de la creación,
+la casta de pillos y rateros más desvergonzados que hay sobre la tierra.
+Cuando hicieron sus nidos, se metían en las casas para robar, de los
+costureros de las señoras, hilachas y trapos, de que luego, con la mayor
+destreza, hacían sábanas, almohadas y edredones para sus hijuelos.
+Ahora, estos graciosos bandidos andan por esos mundos ejerciendo su
+depravada rapacidad en los trigos y en las hortalizas. Todo se lo comen,
+todo lo pican, todo lo han de catar, como si fuese preciso que dieran su
+opinión sobre cuanto Dios cría en esta época. Si al menos fueran como
+las amapolas, que aunque se meten en todas partes, no toman nada... ¡Qué
+hermosos están los trigos! Llovió tan á tiempo, que la espiga ha salido
+robusta y cuajada de corpulentos granos. Ya se está poniendo rubio, y
+como continúe el tiempo seco y tibio (pues la lluvia, por San Juan,
+quita vino y no da pan) pronto se le podrá meter la hoz.
+
+El labrador no le quita los ojos sino para mirar al cielo. Este es el
+mes crítico, el mes de las esperanzas, el resumen del año, la cifra
+adicional de esta larga cuenta de gastos y beneficios que doce meses
+dura. El labrador está contento, y espera pagar la contribución, los
+intereses del préstamo que le hizo el judío de la localidad; comprar
+aperos nuevos, remendar la casa, regalarse por San Juan, y aun guardar
+en el bolso tal cual pieza de á cinco duros para lo que pueda
+sobrevenir.
+
+Escarda los trigos y los garbanzos, las lechugas, las habas; aporca las
+patatas, y todas las siembras de primavera. Pasa revista á los árboles
+frutales, á ver cómo van cuajando. Las cerezas abundan. En cuanto á los
+perales, todavía no se sabe á punto fijo lo que darán; pero esta noble
+familia, que es sumamente cortés y atenta, manda en este mes, como
+regalo extraordinario, unas peritas sabrosas, que aceptamos con júbilo.
+San Juan las trae, las apadrina y les da su nombre. El mismo santo, al
+venir con su puntualidad acostumbrada, ha traído en el morral excelentes
+brevas, y es tan fino y liberal, que dice que para el año que viene
+traerá lo mismo.
+
+El labrador azufra las viñas, y después las aporca y arrodriga, dándoles
+unos bastoncitos para que se apoyen y estiren sus entumecidos brazos.
+Luego se ocupa en sembrar al aire libre zanahorias, perifollos,
+escarolas diversas, coles de Milán rizadas, brécoles, malpicas, perejil
+y otras muchas clases que constituyen la jerarquía ensaladesca, y entre
+las cuales hay excelentes personas que nos acompañan á la mesa y se
+dejan comer.
+
+También atiende á una faena tan interesante como útil. Llama á las
+ovejas y les dice: «Con el calor que se ha entrado, señoras, para nada
+necesitáis esos gabanes de invierno.» ¡Es admirable el equipo de la
+muchedumbre pecuaria! Carnero hay que ostenta un carrik con el cual se
+envanecerían muchos hombres; otros llevan luengo capote ruso de
+blanquísima y espesa lana.--«Venga todo eso, y al fresco,
+caballeritos--añade el ganadero--que vuestro próvido sastre os vestirá
+gratis el año que viene, mientras yo tengo que arreglarme con vuestra
+ropa de desecho.» Suenan las tijeras y empieza la operación de descortar
+gabanes, paletós y bufandas. Hasta las ovejas más enseñoradas se quedan
+sin sus manteletas, y los corderillos pierden sus chaquetitas de
+astracán.
+
+En el corral aparece un día la gallina, muy satisfecha. Allá, como Dios
+le da á entender, con sus cacareos sonoros, le dice al amo que ya tiene
+_veinte criados más que le sirvan_. Y es buena casta de chicuelos: no
+será preciso ponerles ama de cría, que ya saben ellos buscarse la vida.
+Con el cuerpecillo cubierto de pelos y algo de cascarón adherido aún á
+semejante parte, corren alrededor de su madre, asombrados de todo: del
+cielo, de la luz, del aire, dándose el parabién por haber sabido escapar
+de aquel lóbrego huevo donde los tenían encerrados contra toda justicia
+y razón. Los patitos ven un charco, sienten bullir en su mente el genio
+de Colón, y zás... al agua. Cuando regresan, la gallina les echa una
+reprimenda por su osadía; pero son tan mal criados, que al poco rato
+vuelven á hacer lo mismo.
+
+Los pavos grandecitos se ponen las corbatas rojas y la monterilla, y se
+van al campo en manadas, sin juntarse con nadie más que con los de la
+familia, porque estos fatuos son muy linajudos, y andan á compás,
+gravemente, pronunciando palabrotas huecas y aun echando unos
+discursazos, como los de ciertos oradores, llenos de apóstrofes y
+epifonemas, pero sin pizca de sentido.
+
+Allá en el monte, entre las negras encinas y los tomillos, una escena
+lamentable ocurre. Millares de señoras enfurecidas zumban y pican,
+defendiendo el fruto de su maravillosa industria. Son las más diestras y
+más pulcras fabricantes de mermeladas, almíbares y caramelos que hay en
+la creación, y es por demás lastimoso que de la riquísima confitería con
+tanto afán y labor tan prolija formada en largos días, venga á
+incautarse un zafio ganapán, que con sus manos lavadas (ó sucias) se
+apropia el delicioso néctar. Y no trate de disculparse el desvergonzado
+gorrón diciendo que con la miel va á hacer medicinas, y con la cera
+velas para los santos... «Aquí no se admiten subterfugios. Atrás, pillo,
+ladrón, descamisado, demagogo. Pero todo es inútil. Se lleva, se lleva
+nuestra cosecha, nuestro bienestar, nuestra riqueza. Pobres hermanas
+arruinadas, ¿qué haremos para recobrar la perdida colmena?» Empezar
+otra.
+
+Más allá.... Pero no: ya no se oye aquel persistente chasquido de hojas
+magulladas; ya no percibimos el rumor de los voraces dientes.
+¡Silencio!... Industriales de la tierra, fabricantes, obreros,
+tejedores, artífices, todo el mundo de rodillas. El gusano de seda ha
+empezado su capullo.
+
+
+III
+
+En la cocina.
+
+
+Como los prados están tan apetitosos para los ganados, la carne de este
+mes es la mejor del año. La vaca y el carnero hacen honor á su alto
+renombre.
+
+Todavía hay fresa abundante, y las cerezas entran enredadas unas en
+otras, porque no les gusta ir solas; que bien se conoce su cortedad de
+genio en el vivo rubor que enciende sus mejillas. Las uvas y melones no
+vienen aún; pero Toledo nos manda sabrosos albaricoques.
+
+Los guisantes, los rabanitos y las alcachofas se presentan en la plaza
+todos los días, acompañados de algún espárrago tardío, que pide mil
+perdones por no haber venido antes.
+
+Los pollos nuevos, que hasta ahora no servían más que para guisados,
+entran, y con mucha urbanidad nos piden que los asemos con setas.
+Galantemente recomiendan, previa presentación, á sus primos los patitos
+y á sus parientes las palomas silvestres.
+
+Un caballero, un prócer, un lord, aparece, sombrero en mano, suplicando
+que lo metan de una vez en la cazuela, sin olvidarse de advertir que
+aquélla ha de ser grande. Es talludo y obeso; viste impermeable blanco,
+y su rosada piel indica que tenemos en casa á un caballero inglés. Es el
+señor de Salmón. ¡Adelante!
+
+Tras él aparecen, pidiendo fuego y aceite y aromáticas especias, los
+primeros lenguados, y traen afectuosos recaditos de las ostras, que no
+pueden venir mientras los meses carezcan de _r_; y también asoman
+algunos rodaballos y menudos pajeles.
+
+¿Quién más llega? La señora anguila, que viene en embajada de parte del
+agua dulce... ¡Adelante!
+
+
+IV
+
+En la religión.
+
+
+Por más prisa que se da el pobrecito, no puede llegar hasta el día 13.
+Viene jadeante, fatigado, los desnudos pies llenos de sangre por los
+picotazos de las zarzas. En el camino ha estado predicando á las aves y
+á los peces, y por eso no ha podido venir más pronto. Además, trae gran
+pesadumbre sobre sus manos, que sustentan un libro, y sobre el libro un
+divino Niño, que es el Redentor del mundo. Trae también una vara de
+azucenas.
+
+Su humilde hábito franciscano está lleno de remiendos, señal inequívoca
+de pobreza. Es su semblante juvenil, pálido, ardoroso, calenturiento,
+porque la devoción le inflama, y sublime, místico amor le espiritualiza.
+
+Tiénele preocupado y melancólico el sinnúmero de matrimonios que le
+piden y que no puede dar, así como el mal éxito de los que concedió
+generosamente el año pasado. Prepárase á recibir cantidad mediana de
+solicitudes pidiendo novios y no pocas demandas de buenas novias. ¡Ay!
+él es tan bueno que está dispuesto á darlas, y las daría si las hubiera.
+
+¡Salve, santo de la juventud, de la inocencia, de los tiernos amores,
+de las esperanzas risueñas! ¡Salve, adorno preciosísimo de los ciclos
+celestiales, joven sublime, gran soldado de Cristo, apóstol de la
+humanidad, amor del pobre, huésped cariñoso de las moradas modestas!
+¡Salve, encarnación de la fe sencilla, de las creencias puras á que
+debieron paz y consuelo las edades todas! Al poner tu descalzo pie en el
+rústico altar del pobre, parece que las lóbregas estancias se llenan de
+celeste luz. Rosadas nubes te circundan, y de tus azucenas se desprenden
+finísimos aromas que embelesan el alma, dándole á conocer el puro
+ambiente que en la mansión de los justos se respira.
+
+Recibe las piadosas ofrendas del pobre; acepta el fulgor de esas luces
+de aceite, que palidecen entre los torrentes de claridad divina que
+traes contigo, y presta oídos á los ruegos, á las recomendaciones y
+solicitudes hechas con limpio corazón.
+
+En algunos pueblos son tan impíos, tan ingratos los labradores (esto lo
+he visto), que cuando San Antonio no accede al suministro de novios, le
+vuelven de espaldas en el altar, poniéndole con la cara hacia la pared,
+y sé que una doncella desesperada le metió en el pozo atándole una
+cuerda al cuello; pero estas excepciones irreverentes y sacrílegas no
+merman en general la devoción y popularidad del santo paduano, ideal
+figura del catolicismo, y uno de los seres más perfectos y menos
+imitados, mientras anduvo en carne mortal por la tierra.
+
+Tras él viene otro no menos grande. Se ha detenido administrando el
+primer Sacramento; pero ya está ahí: sólo que no gusta de entrar hasta
+el día 24, y ni un solo año ha faltado á la costumbre. Recíbele, como á
+San Antonio, la hueste frescachona de albahacas, unas plantas humildes,
+olorosas, con olor de huerto más que de jardín, y muy frescas y
+diminutas. Las hay como avellanas, en tiestecitos del tamaño de
+almendras.
+
+Acompáñanle ciertos heraldos que se llaman las rosquillas de la tía
+Javiera, y á su paso, el suelo está empedrado de buñuelos. Blanquecinas
+hojas del árbol del Paraíso embalsaman la atmósfera en torno suyo. Todas
+las flores de la estación salen á relucir sus lindas personas en
+graciosos grupos que se llaman ramos. Matas diversas adornan las casas,
+y los altares parece que reverdecen y se cubren de vegetación. En las
+calles, en los campos, en el cerro, en la cabaña, en el monte, no se
+encuentra un medio bastante expresivo para declarar la alegría que
+inunda el mundo, y en vez de poner flores, encienden hogueras. Rosas y
+llamas saludan al enviado de Dios.
+
+Inefable contento llena los pueblos; lo que no es extraño, porque todo
+el mundo se llama Juan. La madrugada del 24 es la más poética de las
+365 que hay en el año. No amanece, no, como en los demás días. Hay
+playas donde aparecen fantásticas ciudades. El sol no se presenta sobre
+el horizonte con la circunspección que parece inherente á sujeto de
+tanto peso y calidad, no. Su Majestad entra bailando, haciendo graciosas
+cabriolas y volteretas, cual si hubiera perdido el juicio ó empinado el
+codo. En las puertas de todas las casas, pucheros, palanganas, barreños
+llenos de agua reflejan las locuras del Rey de los astros, y los dibujos
+que la juguetona luz hace en el líquido espejo son representaciones más
+ó menos claras del destino individual.
+
+El rocío de esta madrugada tiene una misión tan singular como
+interesante: sirve para conservar la belleza, y hasta las feas se lavan
+en él, seguras de hermosear durante el año. Una clara de huevo puesta en
+vaso de agua la noche anterior toma las más extrañas formas, y es
+jeroglífico cuyos signos hablan, cuyas figuras emblemáticas anuncian las
+contingencias de la vida. Si la caprichosa albúmina fabrica un ataúd, la
+muerte está cerca.
+
+El santo ha perdido mucho tiempo la noche anterior recorriendo á la
+calladita las casas para dejar juguetes en los zapatos de los chicos;
+después ha puesto ramos en las ventanas de las mozas; y como éstas son
+tantas y no es prudente desenojar á ninguna de ellas, el primo de Jesús
+llega un poco tarde á la iglesia. Verdad es que tenemos misa mayor, la
+cual no exige extraordinario madrugar. ¡Qué solemnidad, qué alegría, qué
+exaltado entusiasmo respira la iglesia! El sermón versa sobre la
+infancia de Jesús, asunto que no puede ser más bonito; y oyendo las
+palabras del cura, parece que es el santo quien habla, porque alza el
+dedo y su boca entreabierta expresa muy al vivo la emisión de la
+palabra.
+
+Como el año ha sido bueno, la procesión no deja nada que desear en punto
+á brincos, cohetes, vivas, cantares, piporrazos, aleluyas, flores,
+ramos, tortas, plegarias. Por la tarde, algunas cabezas dan en el suelo
+ó se estrellan contra la esquina. Es el alcohol que sube al pulpito.
+
+De noche, sobre el negro cielo, surgen las más hermosas especies de una
+flora rutilante, tallos de fuego que se elevan rápidamente, y alla
+arriba echan de improviso cantidad de flores, de luz, que duran un
+momento y se deshojan cayendo en chispas: son los cohetes. Flores
+gigantescas dan vueltas, como las imágenes luminosas del sueño
+calenturiento; y torres fabricadas con arena de estrellas destácanse
+imponentes, hasta que un soplo las destruye, cual si fueran ilusiones, y
+todo queda más obscuro que antes. Una ráfaga luminosa flota en el negro
+espacio, última chispa de la pólvora moribunda, que sonríe al espirar.
+Es una cinta que pasa veloz: el gallardete de la cruz del santo. San
+Juan se marcha.
+
+Los días pasan alegremente, y el 29 aparecen dos grandes llaves; tras de
+las llaves, una mano que las empuña; tras de la mano, un brazo; después
+una hermosa cabeza calva, un cuerpo robusto, un hombre con humilde saya
+y los pies desnudos. Es el Príncipe de los Apóstoles, el primero de
+todos los santos, el Pescador, Pedro, la piedra, el cimiento, la cabeza
+de la Iglesia. Mucho hay que decir de él, muchísimo; pero el mismo santo
+nos lo estorba, porque frunce el ceño, adelanta un paso, empuña la
+llave, da vuelta... ¡charrás! y nos cierra este capítulo.
+
+
+V
+
+En las escuelas.
+
+
+Suspenso. Suspenso. Suspenso. Suspenso.
+
+Los campos se llenan de amapolas, el aire de mariposas, de flores el
+jardín y la Universidad de calabazas.
+
+Muchos rapaces, sin embargo, se inflan al recibir la nota de
+_sobresaliente_, en señal de que han salido del aula hechos unos pozos
+de ciencia, y así se lo creen los papás. La estación da bachilleres en
+artes con más abundancia que trigo, y es un contento ver tanto sabio
+como sale á las anchas esferas del mundo. Por todas partes, matemáticos
+jugando al trompo, químicos que saltan en la comba, y filósofos que
+cabalgan en un palo.
+
+Los abogadillos en ciernes inundan los pueblos, y al verles, los autos
+agitan alegres sus macilentas hojas. Los mediquillos de veintiún años
+salen á tomar el pulso á la vida, con gran regocijo de la muerte. ¡Oh!
+mes prolífico entre todos los meses; mes de los frutos, de las flores,
+de las colmenas, de los mosquitos, de los exámenes; principal delegado
+del Criador, porque todo lo crías, hasta los licenciados, falanje
+infinita de donde sale el bullidor enjambre de los políticos, semillero
+de pretendientes, de empleados, cesantes y agitadores.
+
+
+VI
+
+En la Historia.
+
+
+Pero también nos trajiste cosecha de grandes hombres. El día 3 nos diste
+al Marqués de la Concordia (1743); el 5 al economista Adam Smith (1723);
+el 6 creaste al gran Corneille, Príncipe de los trágicos franceses
+(1606), y bautizaste á Velázquez, rey de nuestros pintores (1599); el
+día 8 no te pareció bien dar uno solo, y nos echaste dos: el ingeniero
+inglés Stephenson (1781), y el orador español Olózaga (1805). El 10
+vinieron un marino francés, Duguay-Trouin (1673), y el predicador
+Flechier (1632). El 11, entre la opulencia de la primavera andaluza,
+llena de luz, flores, aires tibios, arroyos murmuradores y poesía,
+Córdoba sonrió, y le diste á Góngora (1561). El 12 aumentaste con Arjona
+(1771) el número de los poetas menores. El 13 concediste á Young,
+melancólico cantor de las _Noches_ (1773). Pero estos dones te parecían
+mezquinos, y el 15 dijiste con orgullo: «allá va eso,» y nació en
+Holanda Rembrandt (1606). Para que los españoles no nos enojáramos, nos
+regalaste el 17 á Espoz y Mina (1781). Los ingleses, que no querían ser
+menos, recibieron el 18 á Castelreagh (1769). Pero tú querías halagar á
+Francia en aquella semana, y en un solo día, el 19, le diste á su primer
+prosista, Pascal (1623), y á Lamennais (1782), y el 20 á Leconte (1812)
+y el 21 á RoyerCollard (1763) y el 22 á Delille (1758). ¡Ay!
+Comprendiste que á Alemania no le habías dado nada, y el mismo día 22 la
+obsequiaste con Guillermo Humboldt (1767). Mehul (1763) y Malborough
+(1650) fueron regalitos del día 24; Carlos XII (1682) del 27.
+
+Reservabas, sin embargo, tus mejores dones para los últimos días, y el
+28 dijiste á la humanidad: «Ahí tienes á Rousseau» (1712). En un solo
+día, el 29, ¡fecundidad asombrosa! hiciste tres obras maestras, que se
+llamaron: Rubens (1577), Leopardi (1798) y Bastiat (1801). El mundo
+insaciable pedía más, y el 30 le otorgaste un Emperador, Pedro el Grande
+(1672), y un artista, Horacio Vernet (1789).
+
+Problema: dada tu fecundidad para producir grandes hombres, ¡oh Junio!
+si hubieras tenido treinta y un días, ¿á quién nos hubieras dado en el
+último? Ese hombre que no ha nacido, ¿quién es? ó mejor, ¿quién sería?
+
+ * * * * *
+
+Pero también has matado gente. El 1.° te llevaste á Berthier; el 2 á D.
+Alvaro de Luna; el 4 á Laura, la novia de Petrarca; el 5 á Egmongt y
+Horn; el 8 á Jorge Sand; el 10 á Camôens; el 11 á Bacon; el 12 á Xavier
+de Maistre; el 14 á Kleber; el 17 á D. Fermín Caballero; el 21 á
+Moratín; el 24 á Zumalacárregui; el 25 á Monseñor D'Affre; el 26 á
+Pizarro; el 27 al Marqués del Duero, y el 28 á Guillén de Castro. Has
+segado, hermanito, has segado bastante. Esto prueba que tienes días
+tristes. Muchos cayeron en ellos. En cuanto á mi, deseo que me dejes
+para tu 31.
+
+Madrid, 1876.
+
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Torquemada en la hoguera, by B. Pérez Galdos
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TORQUEMADA EN LA HOGUERA ***
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+ gbnewby@pglaf.org
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+Literary Archive Foundation
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+spread public support and donations to carry out its mission of
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+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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+where we have not received written confirmation of compliance. To
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
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+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
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+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+
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