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+The Project Gutenberg EBook of Genio y figura, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Genio y figura
+
+Author: Juan Valera
+
+Release Date: December 16, 2005 [EBook #17317]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GENIO Y FIGURA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+Genio y figura
+
+Por
+
+Juan Valera
+
+Librería de Fernando Fé
+
+Madrid
+
+1897
+
+ _Medio de fonte leporum_
+ _Surgit amari aliquid, quod in ipsis floribus augat_.
+
+ (Lucretii. _De nat. rer._ _libr. IV_).
+
+
+
+
+-I-
+
+
+En tres distintas y muy apartadas épocas de mi vida, peregrinando yo
+por diversos países de Europa y América, o residiendo en las capitales,
+he tratado al vizconde de Goivo-Formoso, diplomático portugués, con
+quien he tenido amistad afectuosa y constante. En nuestras
+conversaciones, cuando estábamos en el mismo punto, y por cartas, cuando
+estábamos en punto distinto, discutíamos no poco, sosteniendo las más
+opuestas opiniones, lo cual, lejos de desatar los lazos de nuestra
+amistad, contribuía a estrecharlos, porque siempre teníamos qué
+decirnos, y nuestras conversaciones y disputas nos parecían animadas y
+amenas.
+
+Firme creyente yo en el libre albedrío, aseguraba que todo ser humano,
+ya por naturaleza, ya por gracia, que Dios le concede si de ella se hace
+merecedor, puede vencer las más perversas inclinaciones, domar el
+carácter más avieso y no incurrir ni en falta ni en pecado. El Vizconde,
+por el contrario, lo explicaba todo por el determinismo; aseguraba que
+toda persona era como Dios o el diablo la había hecho, y que no había
+poder en su alma para modificar su carácter y para que las acciones de
+su vida no fuesen sin excepción efecto lógico e inevitable de ese
+carácter mismo.
+
+Los ejemplos, en mi sentir, nada prueban. De ningún caso particular
+pueden inferirse reglas generales. Por esto creo yo que siempre es falsa
+o es vana cualquier moraleja que de una novela, de un cuento o de una
+historia se saca.
+
+Mi amigo quería sacarla de los sucesos de la vida de cierta dama que
+ambos hemos conocido y tratado con alguna intimidad, y quería probar su
+tesis y la verdad trascendente del refrán que dice: _genio y figura,
+hasta la sepultura_.
+
+Yo no quiero probar nada, y menos aún dejarme convencer; pero la vida,
+el carácter y los varios lances, acciones y pasiones de la persona que
+mi amigo ponía como muestra son tan curiosos y singulares, que me
+inspiran el deseo de relatarlos aquí, contándolos como quien cuenta un
+cuento.
+
+Voy, pues, a ver si los relato, y si consigo, no adoctrinar ni enseñar
+nada, sino divertir algunos momentos o interesar a quien me lea.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+Hace ya muchos años, el vizconde y yo, jóvenes entonces ambos,
+vivíamos en la hermosa ciudad de Río de Janeiro, capital del Brasil, de
+la que estábamos encantados y se nos antojaba un paraíso, a pesar de
+ciertos inconvenientes, faltas y aun sobras.
+
+La fiebre amarilla, recién establecida en aquellas regiones, solía
+ensañarse con los forasteros.
+
+Las _baratas_, que así llaman allí a ciertas asquerosas cucarachas con
+alas, nos daban muchísimo asco, sobre todo en los instantes que preceden
+a la lluvia, porque dichos animalitos buscan refugio en las
+habitaciones, las invaden, cuajan el aire formando espesas nubes, se
+posan en los muebles, en las manos y en las caras y esparcen un olor
+empalagoso y algo nauseabundo.
+
+Otros inconvenientes y sobras había también por allí, aunque no hablo de
+ellos por no pecar de prolijo. Pero en cambio, ¡cuánta hermosura y
+cuánta magnificencia! El Bósforo de Tracia, el risueño golfo de Nápoles
+y la dilatada extensión del Tajo frente de Lisboa, son mezquinos, feos y
+pobres, comparados con la gran bahía de Río sembrada de islas
+fertilísimas siempre floridas y verdes, y cuyos árboles llegan y se
+inclinan hasta el mar y bañan los frondosos ramos en las ondas azules.
+Los bosques de naranjos y de limoneros, con fruto y con flor a la vez,
+embalsaman el aire. Los pintados pajarillos, las mariposas y las
+libélulas de resplandecientes colores esmaltan y alegran el ambiente
+diáfano. Por la noche, el cielo parece más hondo que en Europa, no negro
+sino azul, y todo él lleno de estrellas más luminosas y grandes que las
+que se ven en nuestro hemisferio.
+
+Confieso que es lástima que la vista de todo aquello no despierte en
+nuestra alma recuerdos históricos muy ricos de poesía, y que las
+montañas que circundan la bahía tengan nombres tan vulgares. No es allí,
+por ejemplo, como en Nápoles y en sus alrededores, donde cada piedra,
+cada escollo y cada gruta tiene su leyenda y evoca las sombras de uno o
+de muchos personajes históricos o míticos: Ulises, las Sirenas, Eneas,
+la Sibila de Cumas, los héroes de Roma, los sabios de la magna Grecia,
+Aníbal olvidándose de sus triunfos en las delicias de Capua, Alfonso de
+Aragón el Magnánimo haciendo renacer y florecer la antigua clásica
+cultura, todo esto acude a la mente del que vive en Nápoles y hasta se
+pone en consonancia con los nombres sonoros y nobles que conservan los
+sitios: el Posilipo, el Vómero, Capri, Ischia, Sorrento, el Vesubio,
+Capua, Pestum, Cumas, Amalfi y Salerno.
+
+En cambio, los nombres de los alrededores de Río no pueden ser más
+vulgares ni más vacíos de todo poético significado: la Sierra de los
+Órganos, el Corcobado, el Pan de Azúcar, Botafogo, las Larangeiras y la
+Tejuca.
+
+La falta, no obstante, de sonoridad y nobleza en los nombres, y de altos
+recuerdos históricos en los sitios, está más que compensada por la
+espléndida pompa y por la gala inmarcesible que la fértil naturaleza
+despliega allí y difunde por todos lados.
+
+Nuestro mayor recreo campestre era ir a caballo a la Tejuca, con la
+fresca, casi al anochecer. Pasábamos la noche en una buena fonda que
+allí había, donde nunca faltaba gente alegre que jugaba a los naipes y
+cenaba ya tarde. También se solía bailar cuando había mujeres.
+
+Aquel sitio era delicioso. El fresco y abundante caudal de agua
+cristalina que traía un riachuelo se lanzaba desde la altura de unos
+cuantos metros y formaba una cascada espumosa y resonante. Por todas
+partes había gran espesura de siempre verdes árboles; palmas, cocoteros,
+mangueras y enormes matas de bambúes. Innumerable multitud de
+luciérnagas o cocuyos volaban y bullían por donde quiera, durante la
+noche, e iluminaban con sus fugaces y fantásticos resplandores hasta lo
+más esquivo y umbrío de las enramadas.
+
+De las frecuentes expediciones a la Tejuca, ya volvíamos a altas horas
+de la noche, formando alegre cabalgata, ya volvíamos al rayar el alba.
+
+No se crea con todo, que las expediciones a la Tejuca eran el mayor
+encanto que Río tenía para nosotros. Había otro encanto mucho mayor, la
+casa de la Sra. de Figueredo, centro brillantísimo de la _high life_
+_fluminense_.
+
+La Sra. de Figueredo tendría entonces de veinticinco a treinta años: era
+una de las mujeres más hermosas, elegantes y amables que he conocido. Su
+marido, ya muy viejo, era quizá el más rico capitalista de todo el
+Brasil. Prendado de su mujer, gustaba de que luciese, y lejos de
+escatimar, prodigaba el dinero que dicho fin requería.
+
+Su vivienda era un hotel espacioso, amueblado con primor y con lujo, en
+el centro de un bello jardín, bastante dilatado para que por su
+extensión casi pudiera llamarse parque.
+
+Menos en las temporadas en que había teatro, la Sra. de Figueredo
+recibía todas las noches. Cuando había teatro recibía también, pero no
+siempre. Sus tertulias eran animadísimas y solían durar hasta después de
+la una. Bien podía afirmarse que empezaban a las siete, porque la Sra.
+de Figueredo rara vez dejaba de tener convidados a comer, agasajándolos
+con cuantas delicadezas gastronómicas puede inventar y condimentar un
+buen cocinero, sin freno ni tasa en el gasto. Pero lo que sobre todo
+hacía agradable aquella casa, era la misma Sra. de Figueredo, que unía a
+su elegancia, discreción y hermosura, el carácter más franco y
+regocijado. Del sitio en que ella se presentaba, salía huyendo la
+tristeza. En torno suyo y en su presencia, no había más que
+conversaciones apacibles o jocosas, risas y burlas inocentes, sin
+mordacidad ni grave perjuicio del prójimo. Natural era, pues, que el
+primer obsequio que, no bien llegase a Río, se podía hacer a un
+forastero, era presentarle a una dama tan hospitalaria y divertida.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+En el tiempo de que voy hablando, aportó a Río, como secretario de
+la Legación de Su Majestad Británica, un inglesito joven y guapo;
+probablemente tendría ya cerca de treinta años, pero su rostro era muy
+aniñado y parecía de mucha menor edad. Era blanco, rubio, con ojos
+azules y con poquísima barba, que llevaba muy afeitada, salvo el
+bigotillo, tan suave, que parecía bozo y que era más rubio que el
+cabello. Era alto y esbelto, pero distaba no poco de ser un alfeñique.
+En realidad era fuerte y muy ágil y adiestrado en todos los ejercicios
+corporales. Tenía talento e instrucción, y hablaba bien francés, español
+e italiano, aunque todo con el acento de su tierra. Tenía modales
+finísimos, aire aristocrático y conversación muy amena cuando tomaba
+confianza, pues en general parecía tímido y vergonzoso, y a cada paso,
+por cualquier motivo y a veces sin aparente motivo, se ponía colorado
+como la grana.
+
+No está bien que se declare aquí el verdadero nombre de este inglesito.
+Para designarle le daré un nombre cualquiera. El apellido Maury es muy
+común. Hay Maurys en Francia, Inglaterra y España. Supongamos, pues, que
+nuestro inglesito se llamaba Juan Maury.
+
+El Vizconde y yo nos hicimos en seguida muy amigos suyos, y los tres
+íbamos juntos a todas partes. Claro está que una de las primeras a donde
+le llevamos fue a la tertulia de la Sra. de Figueredo, la cual le
+recibió con extremada afabilidad, y dejó conocer desde luego que el
+inglesito no le había parecido saco de paja. Él también, a pesar de ser
+muy reservado, como tomó con nosotros grandísima confianza, nos confesó
+que la Sra. de Figueredo era muy de su gusto, y se nos mostró
+curiosísimo de saber sus antecedentes; su vida y milagros, como si
+dijéramos. El Vizconde, que estaba bien informado de todo, y si no de
+todo, de mucho, le contó cuanto sabía, haciendo una relación, que vamos
+a reproducir aquí, poco más o menos como el Vizconde la hizo.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Hace ya mucho tiempo que ciertas niñas españolas, y particularmente
+las andaluzas, acuden a la gran ciudad de Lisboa, en busca de mejor
+suerte. Los señoritos de por allí, los _janotas_, que es como si
+dijéramos los jóvenes elegantes, _dandies_ o _gomosos_ de Portugal, se
+pirran y despepitan por las tales niñas españolas. De ellas aprenden a
+hablar un castellano muy chusco y andaluzado: _flamenco_, como ahora se
+dice no sé porqué. Ignoro si persisten estas costumbres; pero sí diré
+que, hace veinte años, todavía el vocablo españolita era en Lisboa
+sinónimo de lo que por aquí pudiéramos llamar _hetera, suripanta_ o
+_moza de rumbo_. La afición decidida a las españolitas era entonces el
+más pronunciado síntoma y el más elocuente indicio de la posible unión
+ibérica.
+
+El Vizconde, al empezar su narración, sostenía sin rodeos ni disimulos
+que ocho años antes del momento en que hablaba, había conocido a la Sra.
+de Figueredo, soltera aún y figurando y descollando entre las
+españolitas de Lisboa.
+
+La llamaban Rafaela, y por sus altas prendas y rarísimas cualidades la
+apellidaban _la Generosa_.
+
+Rafaela apenas tenía entonces veinte abriles. Era gaditana, y hubiera
+podido decirse que se había traído a Lisboa todo el salero, la gracia y
+el garabato de Andalucía.
+
+--Yo la vi por vez primera, decía el Vizconde, en aquella plaza de toros.
+Al aparecer en un palco, con otras tres amigas, los cinco o seis mil
+espectadores que había en la plaza, clavaron la vista en Rafaela y
+rompieron en gritos de admiración y entusiasmo. Venía ella con vestido
+de seda muy ceñido, que revelaba todas las airosas curvas de su cuerpo
+juvenil, y en la graciosa cabeza, sobre el pelo negro como el azabache,
+llevaba claveles rojos y una mantilla blanca de rica blonda catalana.
+
+La función hacía tiempo que había empezado. Un diestro caballero en
+plaza sobre fogoso caballo, que hacía caracolear con pasmosa maestría,
+se aprestaba a poner un par de banderillas a un soberbio toro _puro_,
+que de esta suerte califican en Portugal los toros que nunca han sido
+lidiados.
+
+Pero todo se suspendió y durante uno o dos minutos, nadie prestó
+atención ni al diestro de las banderillas ni al toro _puro_ tampoco,
+distraída y embelesada la gente por la aparición de Rafaela la Generosa.
+En el brazo izquierdo llevaba ella un enorme pañolón de seda roja,
+cubierto de lindas flores prolijamente bordadas en el Imperio Celeste;
+y, según es uso en Lisboa, lo extendió como colgadura sobre el antepecho
+del palco. En otros muchos había colgaduras por el estilo, lo cual daba
+a la plaza apariencia vistosa y alegre, pero ningún pañolón era más
+bonito que el de Rafaela ni había sido extendido con mayor garbo y
+desenfado.
+
+Así recordaba el Vizconde este y otros muchos triunfos de Rafaela; pero
+no sin razón la llamaban la Generosa.
+
+Su magnanimidad y su desprendimiento eran tales que siempre los ingresos
+resultaban para ella muy inferiores a los gastos y el auge de su fortuna
+distaba muchísimo de corresponder a sus triunfos.
+
+Los _janotas_ que frecuentaban más a Rafaela, aseguraban que era toda
+ella corazón. De aquí que sus negocios económicos fuesen de mal en peor
+en Lisboa, donde llegó a tener mil desazones y apuros.
+
+En ellos la socorrió generosamente cierto caballero principal,
+entusiasta del arte y de la belleza, pero no bastante rico para ser muy
+dadivoso. Rafaela además tenía estrecha conciencia, y aunque parezca
+inverosímil en mujeres de su clase, no exigía ni pedía y hasta rehusaba
+las dádivas de sus buenos amigos cuando pensaba que eran superiores a
+sus medios y recursos.
+
+En esta situación, el caballero que tanto se interesaba por ella, formó
+un proyecto algo aventurado, pero que daba esperanzas de buen éxito.
+
+En su sentir, la hermosura corporal no era el único mérito de la
+muchacha. Aunque poco o nada cultivado, poseía además gran talento
+artístico, que aquel su protector tal vez exageraba deslumbrado por el
+cariño. Como quiera que fuese, él imaginaba que Rafaela tenía una voz
+dulce y simpática; que cantaba lindamente canciones andaluzas y que
+bailaba el fandango, el vito y el jaleo de Jerez por estilo admirable.
+No había aprendido ni la música ni la danza, pero la misma carencia de
+arte y de estudio prestaba a su baile y a su canto cierta originalidad
+espontánea, llena de singular hechizo.
+
+¿Porqué no había de ir Rafaela a un país remoto y presentarse allí no
+como aventurera sino como artista?
+
+El protector decidió, pues, que Rafaela fuese a Río de Janeiro a cantar
+y a bailar.
+
+Los brasileños son muy aficionados a la música, y asimismo muy músicos.
+Sus _modinhas_ y sus _londums_ merecen la fama de que gozan, por lo
+inspirados y graciosos, prestándoles singular carácter el elemento o
+fondo que en ellos se nota de la música de los negros. Grande es mi
+ignorancia del arte musical y temo incurrir en error; pero valiéndome de
+una comparación, he de decir lo que me parece.
+
+Figurémonos que hay en una pipa una solera de vino generoso, muy
+exquisito y rancio; que se reparte la solera entre tres vinicultores, y
+que cada uno de ellos aliña su vino y le da valor con el vino exquisito
+que en su parte de la solera le ha tocado. Los tres vinos tendrán
+distintas cualidades, pero habrá en los tres algo de común y de
+idéntico, precisamente en lo de más valer y en lo más sustancioso. Así
+encuentro yo que en las guajiras y en otros cantares y músicas de la
+isla de Cuba, en los de los _minstrels_ de los Estados Unidos y en los
+cantos y bailes populares del Brasil, hay un fondo idéntico que les da
+singular carácter, y que proviene de la inspiración musical de la raza
+camítica.
+
+Si Rafaela iba al Brasil y cantaba y bailaba allí con originalidad de
+muy distinto género, ya que el elemento o fondo primitivo de sus
+canciones o era indígena de nuestra Península o provenía acaso de Arabia
+o del Indostán por medio de los gitanos, Rafaela, sin duda, iba a pasmar
+agradablemente a los brasileños por la exótica extrañeza de sus cantos y
+de sus bailes.
+
+Aprobó la muchacha el plan que su protector le propuso. Este, aunque no
+sin fatiga y esfuerzo, le prestó dinero para el viaje y logró darle
+también una muy valiosa carta de recomendación, dirigida con el mayor
+empeño y ahínco y por persona de grande influjo al más rico capitalista
+de Río de Janeiro, que era el Sr. de Figueredo, a quien ya conocemos.
+
+El Sr. de Figueredo, sin embargo, era entonces un personaje muy distinto
+del que más tarde fue. Sin dejar de enriquecerse, acometiendo, movido
+por la codicia, las más atrevidas empresas, debía principalmente sus
+grandes bienes de fortuna a una economía tan severa que rayaba en lo
+sórdido, y al ejercicio de la usura prestando dinero sobre buenas
+hipotecas y a interés muy alto.
+
+Habitaba, se trataba y se vestía casi como un pordiosero, y exhalaba un
+millón de suspiros y daba cincuenta vueltas a un _cruzado_ antes de
+gastarle. Tales prendas y condiciones no eran las más apropósito para
+que en Río le quisiesen y le respetasen. El Sr. de Figueredo era más
+bien despreciado y aborrecido, y por lo tanto, el sujeto menos idóneo
+para patrocinar e introducir ante el público a una artista que aspirase
+a hacerse aplaudir.
+
+Consternado recibió la carta, porque debía favores a quien se la
+escribía, tenía obligación de complacerle y no se consideraba muy apto
+para tan difícil empeño.
+
+Rafaela era además tan mona, tan insinuante y tan dulce, que el Sr. de
+Figueredo, a pesar de lo arisco e invulnerable que había sido toda su
+vida, que por entonces contaba ya sesenta y cinco años de duración, se
+sintió muy propenso a favorecer a la muchacha en cuanto estuviera a su
+alcance. Así es que hizo muchas gestiones y consiguió que el periódico
+de mayor circulación de Río, _O Jornal do comercio_, anunciase con bombo
+y platillos la feliz llegada y próxima aparición en el teatro de la
+famosa artista española, y consiguió también que el empresario la oyese,
+la viese y la ajustase para dar un concierto con intermedios sabrosos de
+danza andaluza. Pronto llegó la noche de la función. El teatro estaba de
+bote en bote. El público había acudido, excitado por la curiosidad, mas
+no por la benevolencia. Al contrario, el odio y el desprecio que el Sr.
+de Figueredo inspiraba, tocaron como por carambola y se estrellaron
+contra la pobre Rafaela. La mayoría de los oyentes sostuvo que Rafaela
+desentonaba y daba feroces gallipavos, y las damas severas y virtuosas y
+los honrados padres de familia clamaron contra el escándalo, e hicieron
+que su pudor ofendido tocase a somatén. El resultado de todo fue una
+espantosa silba, acompañada de variados proyectiles, con los que en
+aquel fecundo suelo brinda Pomona. Sobre la pobre Rafaela cayó un
+diluvio de aguacates, tomates, naranjas, bananas, cambucás y mantecosas
+chirimoyas. Rafaela estaba dotada de un estoicismo, no sólo a prueba de
+fruta, sino a prueba de bomba. Sufrió con calma el descalabro y hasta lo
+tomó a risa, calificando de majaderos a los que suponían que cantaba mal
+y de hipócritas a los que censuraban sus evoluciones y meneos
+coreográficos.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Las burlas y los chistes con que Rafaela se vengaba de la silba,
+hacían mucha gracia al señor de Figueredo, quien se consideraba también
+vejado, lastimado, silbado y rechazado por la sociedad elegante de Río.
+Entendía además el señor de Figueredo que Rafaela cantaba como un
+_sabía_ o como un _gaturramo_, que son la calandria y el ruiseñor de por
+allí, y que en punto a danzar echaba la zancadilla a la propia
+Terpsícore. La silba, por consiguiente, de que Rafaela había sido
+víctima, parecía injusta al viejo usurero y motivada por el odio que a
+él le tenían, por donde imaginaba que debía consolar a Rafaela e
+indemnizarla del daño que le había causado.
+
+El oficio de darle consuelo le parecía gratísimo y en su modestia llegó
+a creer que él, y no ella, era el verdadero consolado.
+
+Cada día simpatizaba más con Rafaela. Se ponía melancólico cuando estaba
+lejos de ella. Y no bien despachaba los asuntos de su casa, se iba a
+acompañarla en la fonda donde ella vivía.
+
+Con rapidez extraordinaria tomó Rafaela sobre el viejo omnímodo
+ascendiente y le ejerció con discreción y provecho. El Sr. de Figueredo
+estaba en borrador, y Rafaela se propuso y consiguió ponerle en limpio,
+realizando en él una transfiguración de las más milagrosas.
+
+Ella misma sabía por experiencia lo que era y valía transfigurarse. No
+recordaba de dónde había salido ni cómo había crecido. En Cádiz, en el
+Puerto, en Sevilla y en otros lugares andaluces, había pasado su primera
+mocedad, tratándose con majos, contrabandistas, chalanes y otra gente
+menuda, sin picar al principio muy alto y sin elevarse sino muy rara vez
+hasta los señoritos. Así es, que en dicha primera mocedad, había sido
+algo descuidadilla. En Lisboa fue donde se aristocratizó, se encumbró, y
+con el trato de los _janotas_, acabó por asearse, pulirse, adobarse y
+llegar en el esmero con que cuidaba su persona hasta el refinamiento más
+exquisito.
+
+El desaliño y la suciedad de los sujetos que andaban cerca de ella, como
+ella era tan pulcra, le causaban repugnancia. Puso pues, en prensa su
+claro y apremiante entendimiento para insinuar el concepto y el apetito
+de la limpieza en la mente obscura y en la aletargada voluntad del Sr.
+de Figueredo. Con mil perífrasis sutiles y con diez mil ingeniosos
+rodeos le hizo conocer, sin decírselo, que era lo que vulgarmente
+llamamos un cochino, y logró hacer en él, con la magia de su persuasiva
+elocuencia, lo contrario de lo que hizo Circe en los compañeros de
+Ulises, a quienes dio la forma del mencionado paquidermo. Tanto habló de
+lo conveniente para la salud que eran los baños diarios, y el frotarse,
+fregarse y escamondarse con jabón y con un guante áspero, que infundió
+al Sr. de Figueredo la gana de hacer todas aquellas operaciones. Y las
+hizo, y ya parecía otro y tan remozado como si él no fuese él sino su
+hijo. Luego fue Rafaela a la _rua do Ouvidor_, donde están las mejores
+tiendas, y en la perfumería de moda, compró cepillos de dientes y pelo,
+polvos y loción vegetal para limpiárselos, y aguas olorosas, cosméticos,
+peines y otros utensilios de tocador. Este fue el primer regalo que hizo
+Rafaela a D. Joaquín, que tal era el nombre de pila del Sr. de
+Figueredo. Y bueno será advertir en este lugar, porque yo soy muy
+escrupuloso y no quiero apartarme un ápice de la verdad, que pongo el
+Don antes del Joaquín por acomodarme al uso y lenguaje de España, porque
+en Portugal, y más aún en el Brasil, son rarísimos los Dones y sólo le
+llevan los hombres de pocas familias. Cuando yo estuve en el Brasil, si
+no recuerdo mal, sólo habría media docena de Dones en todo el Imperio.
+Las señoras en cambio tienen todas, no sólo Don sino excelencia, y hasta
+la más humilde es la Excma. Sra. doña Fulana: prueba inequívoca de la
+extremada galantería de los portugueses.
+
+A pesar de lo dicho, se justifica el que yo llame _Don_ al Sr. de
+Figueredo, porque, como al fin se casó con Rafaela que era española, y
+esta dio en llamarle mi D. Joaquín, todos los amigos y conocidos, y
+llegó a tener enjambres de ellos, aunque le suprimieron el _mi_, le
+dejaron el _Don_, y él acabó por ser universalmente _donificado_. Pero
+no adelantemos los sucesos.
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+Mucho se ha discutido, se discute y se discutirá, sobre si la amena
+literatura y otras artes del deleite, estéticas o bellas, deben o no ser
+docentes. Afirman muchos que basta con que sean decentes, sin procurar
+fuera de ellas fin alguno, y sin enseñar nada: pero es lo cierto, que la
+creación de la belleza, y su contemplación, una vez creada, elevan el
+alma de los hombres y los mejora, por donde casi siempre las bellas
+artes enseñan sin querer, y tienen eficacia para convertir en buenas y
+hasta en excelentes las almas que por su rudeza y por los fines vulgares
+a que antes se habían consagrado eran menos que medianas, ya que no
+malas. Algo de este influjo benéfico ejercieron en el espíritu de don
+Joaquín las bellas artes de Rafaela. No me atreveré yo a calificarlas de
+decentes por completo, pero no puede negarse que fueron docentes. Ella
+las ejerció con certero instinto, superior a toda reflexión y a todo
+cálculo. Procedió con lentitud prudentísima para que la transfiguración
+no chocase, ni sorprendiese en extremo, ni al público que había de
+verla, ni al transfigurado que en su propio ser había de realizarla.
+
+Escamondado ya interiormente D. Joaquín, Rafaela le obligó a que se
+afeitase casi de diario y a que se cortase bien las canas, que limpias,
+lustrosas y alisadas tomaron apariencia de venerables.
+
+A fin de que todas estas reformas fuesen persistentes y no efímeras,
+buscó Rafaela para su amigo, en vez del negro ignorante que antes le
+servía, un excelente ayuda de cámara, gallego desbastado, ágil y listo.
+
+Después, y siempre poquito a poco, fue modificando el traje de D.
+Joaquín, empezando por los pantalones, que, como se los pisaba por
+detrás, los tenía con flecos o pingajos, que solían rebozarse en el lodo
+de las calles. Después declaró Rafaela guerra a muerte a toda mancha o
+lamparón que sus ojos de lince descubrían en el traje de D. Joaquín,
+resultando de esta guerra la desaparición completa del antiguo
+vestuario, que apenas pudo servir ya para los negros desvalidos, y la
+adquisición de otro nuevo, hecho en Río con menos que mediana elegancia.
+Pero Rafaela era insaciable en su anhelo de perfección; y, deseosa de
+que D. Joaquín estuviese, no sólo aseado, sino _chic_, y como ella le
+decía, hablando en portugués, _muito tafulo_ o _casquilho_, hizo que le
+tomasen las medidas y escribió a París y Londres encargándole ropa, que
+no tardaron en enviarle. Como por los pantalones era por donde más había
+claudicado, mandó Rafaela que se los hiciese en adelante un famoso
+sastre especialista, _culottier_, que por entonces había en París, _rue
+de la Paix_, llamado Spiegelhalter. De los fracs y de las levitas se
+encargaron en competencia Cheuvreuil, en París, y Poole, en Londres. Las
+camisas, bien cortadas, sin bordados ni primores de mal gusto, pero
+también sin buches, vinieron de las mejores casas parisienses que a la
+sazón había, correspondientes a las de Charvet y Tremlett de ahora. Y
+por último, como Rafaela aspiraba a que todo estuviese en consonancia,
+hizo venir de París el calzado de D. Joaquín, encomendando al Hellstern
+o al Costa, que florecía en aquel momento histórico, que reforzase con
+clavitos los tacones y que pusiese los contrafuertes debidos, para que
+D. Joaquín perdiese la perversa maña de torcer y deformar, como solía,
+botines y zapatos.
+
+En resolución, y para no cansar más a mis lectores, diré que antes de
+cumplirse el año de conocerse y tratarse D. Joaquín y la bella Rafaela,
+él, con asombro general de sus compatriotas, parecía un hombre nuevo:
+era como la oruga, asquerosa y fea durante el período de nutrición y
+crecimiento, que por milagroso misterio de Amor, y para que se cumplan
+sus altos fines, transforma la mencionada deidad en brillante y pintada
+mariposa.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Como aún me queda no sé qué escozor y desasosiego de no haber dado,
+a pesar de todo lo dicho, concepto cabal de la transfiguración visible y
+palpable que en D. Joaquín se había verificado, quiero hablar aquí de un
+solo perfil o toque, a fin de que por él se infiera, rastree y calcule
+el cambio radical de aquel hombre. Era algo miope y tenía además la
+vista un poco fatigada. Para remediar esta falta, usaba antiparras, que
+en el Brasil y en Portugal llaman _cangalhas_. Siempre las tenía
+prendidas en las orejas, y cuando no necesitaba de ellas para ver, se
+las apartaba de los ojos y se las levantaba apoyadas sobre la frente, lo
+cual no era nada bonito. Así es que Rafaela hizo que suprimiese las
+_cangalhas_ y que, en lugar de ellas, gastase monóculo. Todo, pues,
+contribuía a que tuviese el aspecto _fashionable_, atildado y digno de
+un antiguo diplomático jubilado.
+
+A su rara discreción y al entrañable afecto que había inspirado debió
+Rafaela los mencionados triunfos; pero los debió también a sus lisonjas,
+llenas de sinceridad y fundadas en fe _altruista_. Esto requiere
+explicación, y voy a darla.
+
+Seriamente no es lícito afirmar que Rafaela se enamorase de D. Joaquín;
+pero sí puede, y debe afirmarse, que le cobró grande amistad y le estimó
+en mucho, considerándole casi un genio para todo aquello que a la
+crematística se refiere. Y como se lo decía, dándole encarecidas
+alabanzas, le adulaba, le enamoraba y le animaba a la vez, todo sin el
+menor artificio. Así el imperio que sobre él había adquirido se hizo más
+firme y más completo.
+
+No se vaya a creer que presentamos aquí a Rafaela como un pozo de
+sabiduría. Su educación había sido descuidadísima, o mejor dicho,
+Rafaela no había recibido ninguna educación; pero naturalmente era muy
+lista. En sus ratos de ocio, había aprendido a leer y a escribir, aunque
+escribía sin reglas y apenas leía de corrido. Sólo había leído algunas
+novelas y los periódicos. Como tenía buen oído, excelente memoria y
+notable facundia, hablaba, sin embargo, la lengua castellana con primor
+y gracia, si bien con acento andaluz muy marcado. Y en Lisboa además,
+con el trato constante de la gente fina, se había soltado a hablar en
+portugués y hasta a chapurrear el francés un poquito. Pero lo que mejor
+adquirió, no en escuelas ni en academias, ni menos con lecturas asiduas,
+sino en la conversación y trato de personas de mérito, fue un temprano y
+pasmoso conocimiento de los hombres, de la vida social y de los asuntos
+que se llaman vulgarmente positivos. Para todo esto Rafaela tenía
+disposición maravillosa. Era una mujer de prendas naturales nada
+comunes.
+
+Comprendido así el carácter y el entendimiento de Rafaela, no parecerá
+inverosímil lo que tenemos que contar ahora y podremos contarlo en
+resumen rápido, sin entrar en pormenores.
+
+Luego que consiguió informarse con exactitud de lo que importaba todo el
+caudal de don Joaquín, concibió un plan económico muy hábil, e hizo que
+él le adoptase, cambiando enteramente su manera de vivir, como había
+cambiado la apariencia de su persona. Rafaela dividió en dos partes los
+cuantiosos bienes de D. Joaquín. A la parte más pequeña, aunque
+suficiente para el fin a que ella la destinaba, llamó capital triunfante
+y beatífico. Y a la otra parte, muchísimo mayor, llamó capital
+militante.
+
+El capital triunfante y beatífico estaba compuesto de predios rústicos y
+urbanos y de valores públicos muy seguros; todo ello, hasta donde cabe
+en la inestabilidad de los casos, al abrigo de los vaivenes, golpes y
+reveses de la fortuna.
+
+De la renta de dicho capital, que no había de ser ni alterado ni
+mermado, viviría D. Joaquín con grande esplendor y lujo, y cuanto
+sobrase, sin hacer ahorros mezquinos, se dedicaría a obras de caridad y
+a socorrer y a aupar a los parientes pobres y menesterosos, de quienes
+en manera alguna debe avergonzarse quien los tenga, si bien ha de
+procurar ponerlos en situación de poder alternar con ellos sin el
+disgusto que causa el alternar con gente zafia, hambrienta y mal
+vestida.
+
+Hecho esto, y asegurada ya una vida holgada, cómoda y generosa, D.
+Joaquín quedaba con un gran capital militante para no tenerle ocioso ni
+estarlo él, sino para emplearle y emplearse en empresas, no mezquinas y
+ruines, sino grandiosas, y tanto para él como para la nación a que él
+pertenecía, y aun para la sociedad entera bienhechoras o productivas.
+Hasta entonces D. Joaquín, según Rafaela le hizo notar y comprender, no
+había creado riqueza alguna: no había hecho más que dislocar la de los
+otros, absorbiéndola y acumulándola por medios ingeniosos, más o menos
+de acuerdo con la moral, pero que no infringían el menor precepto de los
+códigos.
+
+En esto se empeñó y consiguió Rafaela que D. Joaquín cambiase de método
+y conducta. En adelante no había él de ganar un solo _rei_ que
+presupusiese que otro le había perdido, sino que había de ser un _rei_
+nuevo, si añadido a su caudal, añadido también a todo el acervo de la
+riqueza de su nación y hasta del género humano.
+
+En ninguna región del mundo mejor que en el Brasil podía entonces
+conseguirse esta creación de la riqueza, aplicándose a tareas agrícolas,
+industriales, mercantiles y constructoras. El territorio dilatado y
+fertilísimo, la coexistencia en él de todos los climas y de las
+producciones más varias, la apenas explotada virtud productiva del suelo
+y del subsuelo, la carencia de vías de comunicación que convenía abrir,
+los ríos caudalosos de curso dilatadísimo que se podían navegar, y las
+risueñas y pomposas florestas vírgenes, bellísimas, pero inútiles al
+hombre, que convidaban a que su codicia y su trabajo las trocase en
+plantíos y sembrados ubérrimos, todo esto más que indicio era prueba
+evidente de que, si D. Joaquín consagraba su ingenio, su actividad y el
+capital ya acumulado a producir objetos provechosos a la generalidad de
+los seres de su especie, podría hacerse mucho más rico de lo que ya era,
+mereciendo, en vez de ser aborrecido, que sus conciudadanos le mirasen
+como a un bienhechor con gratitud y con respeto.
+
+No bien Rafaela trazó este plan, el obediente y sumiso Sr. de Figueredo
+le aceptó y empezó a realizarle.
+
+En la parte primera del plan había un punto que Rafaela no quiso tocar,
+ni menos señalar, no por hábil, sino por modesta y desprendida. Este
+punto le adivinó, le tocó y le señaló el propio D. Joaquín, impulsado
+por el afecto y por la admiración que Rafaela le infundía. Sin duda para
+animar y alegrar su magnífico hotel, necesitaba D. Joaquín de mujer
+propia y elegante que en él viviera. ¿Y quién había de hacer este papel
+y ejercer este cargo mejor que Rafaela? Es cierto que ella, aunque nos
+sea muy simpática y nos duela decirlo, era lo que ruda, cruel y
+groseramente se llama una perdida. Pero D. Joaquín nada tenía que perder
+tampoco en lo que toca a buen nombre y fama. No eran en esto dos
+nulidades o ceros cuya suma es siempre cero, sino dos cantidades
+negativas que se convierten en positivas al multiplicarse.
+
+Rafaela no empleó ni ardid, ni astucia, ni embustes, ni retrechería, ni
+ningún otro artificio de los que suelen emplear las mujeres para
+proveerse de un marido y sobre todo de un marido rico. Él fue quien
+solicitó y quien rogó para el casamiento. Ella consintió al cabo, porque
+le deseaba y le convenía, pero en todo puso y lució su lealtad, su
+franqueza y su desprendimiento. Y no fueron menos dignos de aplauso la
+moderación y el talento con que ella supo, ya que no evitar, amortiguar
+el escándalo y el ruido. Para que no hubiese la cencerrada moral de las
+hablillas, tomaron ambos, sin asesorarse con persona alguna, la
+resolución de casarse, y se casaron luego, al año de conocerse, sin
+boato ni fiestas y como si dijéramos a cencerros tapados.
+
+Rafaela fue desde la fonda a instalarse en la casa de su marido: en el
+hotel que ella le había hecho comprar y amueblar con el mejor gusto.
+Ella eligió para la servidumbre los criados blancos que más convenían, y
+los esclavos negros más hábiles y de mejor facha. El jefe de la cocina
+era gallego, como el ayuda de cámara del señor, pero tan diestro e
+inspirado artista como en las edades pretéritas pudo serlo Ruperto de
+Nola y como puede serlo en el día el más aventajado y brillante
+discípulo de Gouffé o del glorioso Antonio María Carême, más que
+_oficial_, príncipe _de boca_.
+
+El cocinero de los Sres. de Figueredo era cosmopolita en su arte,
+poseyendo el de la clásica cocina francesa y lo más selecto de la
+antigua y hoy degenerada cocina española. Se pintaba solo además para
+confeccionar guisos y _acepipes_ a la brasileña, y para preparar ciertas
+legumbres del país, como _palmito_ y _quinbombó_, haciendo deliciosos
+_quitutes_, según en Río de Janeiro se llaman.
+
+Con tales aprestos, D. Joaquín, mejorado de facha, empezó a ganar
+amigos; y Rafaela, bien vestida, mejor hablada, decorosa e insinuante,
+fue haciendo olvidar su vida pasada, se introdujo poco a poco entre la
+flor y la crema de la sociedad, abrió sus salones y convidó a su mesa a
+lo más encopetado y aristocrático de todo el Imperio: a los poetas, a
+los Ministros, a los oradores, a los diplomáticos y a los militares.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+Todas las anteriores noticias sobre la Sra. de Figueredo y algunas
+otras que se omiten en obsequio de la brevedad, se las dio al inglesito
+mi amigo el Vizconde de Goivo-Formoso, cuyo conocimiento y amistad con
+Rafaela tenían ya fecha muy larga. La había conocido y tratado desde su
+primera humilde aparición en la gran ciudad de Lisboa, cuando ella no
+desdeñaba aún, sino que estimaba como el más delicado obsequio y regalo,
+que algún amigo generoso la llevase al _Retiro de Camoens_, taberna,
+_casa de pasto_ o figón muy frecuentado y celebrado, a comer los
+excelentes _petiscos_ que allí se hacían y a beber los deliciosos vinos
+de Colares y de Bucelas que allí se escanciaban.
+
+Enteramente cambiadas las cosas en el momento de que vamos hablando,
+Rafaela tenía toda la traza de una dama de muy alto copete, y, sin
+aparecer orgullosa y soberbia, mostraba cierta dulce majestad y
+aristocrático decoro.
+
+No frecuentaban mucho su casa ni su tertulia las señoronas del país;
+pero esto le importaba poco y nada hacía para conseguirlo. De lo que
+ella gustaba, era de reunir en torno suyo lo más selecto de los
+caballeros, y lo había conseguido. Sus salones parecían un club, que
+tenía a una mujer por presidenta, o regio alcázar donde figuraba ella
+como reina en día de besamanos. Las señoras, por lo general de medio
+pelo, que se allanaban a ir a la tertulia, no parecían sus iguales, sino
+las acompañantas y servidumbre de una princesa o las figurantas y
+coristas que rodean en el escenario a la encumbrada y aplaudida _prima
+donna_. Manifestó Juan Maury no pequeña curiosidad y deseo de enterarse
+de cuanto se traslucía y decía acerca de cierto punto un tanto
+escabroso. ¿Cuál había sido y cuál era la conducta de la señora de
+Figueredo desde que se casó hasta aquellos días? El Vizconde de
+Goivo-Formoso quiso indudablemente satisfacer con franqueza la
+curiosidad del joven inglés; pero, como hay cosas que no se ven a las
+claras y que suelen quedar en la penumbra o envueltas en más o menos
+densa nube de misterio, el Vizconde no atinó a poner en claro la
+certidumbre de los hechos, y se limitó a presentar hipótesis, no
+fundadas en pruebas fehacientes, sino en sospechas y en indicios vagos.
+
+Como quiera que ello sea, yo voy a dejar hablar al Vizconde. Oigamos lo
+que sobre este particular decía:
+
+--Rafaela es, a mi ver, una mezcla de extrañas cualidades. Las
+espontáneas, las que debe a la naturaleza inculta, sin modificación ni
+mejora, tienen cierta bondad radical. Sobre las que debe al arte hay que
+decir no poco, empezando por hacer una distinción.
+
+Por naturaleza Rafaela es leal, sincera y agradecida. Ni quiere mentir
+ni pagar los beneficios con ofensas. El afecto y la gratitud que muestra
+al Sr. de Figueredo, no pueden ser más verdaderos. Están además
+sancionados y como santificados por las creencias religiosas. Rafaela es
+católica ferviente. El anciano padre cura que la casó, el Padre García,
+español como ella, no sólo es su confesor, sino su consultor para los
+asuntos más arduos, en los seis años que lleva ya de matrimonio. Y a lo
+que parece, no sólo discurre Rafaela con este padre sobre los casos de
+moral y de conducta que en la vida práctica se presentan, sino que
+también se eleva a disquisiciones metafísicas sobre lo divino y lo
+eterno, pensando y hablando del cielo, de Dios, y del origen y fin de
+las cosas creadas con notable acierto, elevación y ortodoxia. El Padre,
+que es un excelente varón, y además instruido y discreto, la celebra
+mucho. Y hay que dar crédito a sus alabanzas, porque el hombre es
+desinteresado.
+
+Si todo el ser de Rafaela consistiese en lo dicho, Penélope, Lucrecia y
+cuantos modelos de perfectas casadas hubo después en el mundo hasta el
+día de hoy, quedarían eclipsados y por su virtud conyugal
+resplandecerían menos que Rafaela. Pero la mayor parte de los seres
+humanos, y Rafaela entra en esta cuenta, no son sólo de un modo sino de
+varios: se diría que no tienen un alma sola, sino dos almas con opuestas
+propensiones y hasta con principios, conceptos y doctrinas filosóficas,
+tal vez no aprendidas, sino nacidas en el alma, como en la tierra nacen
+los hongos, los cuales conceptos, propensiones y doctrinas, acaso malas,
+se insurreccionan contra las buenas y suelen dominarlos.
+
+Como yo soy ferviente admirador de Rafaela, no se ha de extrañar que vea
+y note cierta bondad ingénita hasta en aquella parte de su alma que la
+induce e impulsa hacia lo malo. Si ella peca, según se murmura, a pesar
+del honesto recato con que lo encubre, su pecado, en mi sentir, nace de
+ciertas virtudes originales, que no sé cómo demonios se tuercen y se
+ladean. Su generosidad y su piadosa misericordia son tan grandes que a
+veces no sabe decir que no a quien ella cree verdaderamente necesitado y
+a quien le pide con ahínco. Al mismo tiempo su comprensión de la
+hermosura es clara y sublime, y se combina con la caridad, y está en su
+mente unida en apretado lazo con la idea de un fin y de un propósito.
+Ella, a no dudarlo, debe ver y reconocer su gallardo cuerpo, y sobre
+todo ahora que se halla en la plenitud de su florecimiento, en el punto
+culminante de su esplendidez y de su gala, como el sol en el meridiano.
+Y de seguro que dice para sí, en misteriosos soliloquios: ¿Para qué
+sirve, para qué vale todo esto, si no lo comunico y si lo escondo?
+Cuando de mí depende la bienaventuranza de alguien, ¿cómo negarme a que
+sea bienaventurado? ¿Del chico mal que causo a mi D. Joaquín, sin que él
+lo sienta ni lo vea, no resulta un bien grandísimo para otros sujetos?
+¿Qué cosa sustancial, qué tesoro, qué joya quito yo a mi D. Joaquín para
+que un extraño la disfrute? ¿Por qué no regalar a quien lo merece y
+puede con lo que mi D. Joaquín ya no sabe ni puede regalarse?
+
+Tales son los execrables raciocinios que han de acudir en ocasiones a la
+mente de Rafaela, y que, corroborados por la compasión y la ternura,
+pueden haber dado al traste con todos sus propósitos de honestidad, en
+tal cual deplorable momento.
+
+Yo estoy segurísimo de que Rafaela se ha arrepentido después, ha llorado
+como una Magdalena, ha confesado su culpa, ha hecho penitencia y
+propósito de la enmienda; pero recelo que ha reincidido más tarde con
+lastimosa flaqueza.
+
+Ya que no para disculparla, para atenuar su falta y su responsabilidad
+moral deben valer el descuido de su vida pasada; el nunca conocido por
+ella vergonzoso temor de las niñas que se crían vigiladas por madres
+virtuosas; los ejemplos, siempre desaforados, que ha visto en torno
+suyo, en vez de verlos buenos, y hasta la carencia del orgullo señoril,
+que no podía perder, porque nunca le había tenido, y que sólo podía
+contrahacer para la generalidad de los hombres que le eran indiferentes,
+mas no para aquellos cuyo talento, gallardía o elegancia le
+entusiasmaban. Para estos no acertaba a ser arisca, y el escudo que
+ponía contra ellos delante de su corazón se derretía como la escarcha
+cuando se levanta el sol en el Oriente en las mañanas del mes de Mayo.
+
+Así disertaba el Vizconde con profundidad filosófica, elevándose a las
+causas sin determinar los efectos. Dejaba entrever, examinando las
+causas, cuál había podido ser la conducta de Rafaela, pero no declaraba
+cuál en realidad había sido. Esto me hace pensar que el método con que
+hasta ahora voy escribiendo esta narración, más que de novela, es propio
+de historia. Y como la historia, por falta de testigos, documentos
+justificativos y otras pruebas, quedaría en no pocas interioridades
+incompleta y obscura, voy en adelante a prescindir del método histórico
+y a seguir el método novelesco, penetrando, con el auxilio del numen que
+inspira a los novelistas, si logro que también me inspire, así en el
+alma de los personajes como en los más apartados sitios donde ellos
+viven, sin atenerme sólo a lo que el Vizconde o yo podríamos averiguar
+vulgar y humanamente.
+
+En lo sucesivo, además, yo me retiro de la escena, donde, como actor,
+nada tengo que hacer. De esta suerte podré contar con menos dificultades
+y tropiezos lo que hagan los otros. En cuanto a mi amigo el Vizconde, yo
+no le retiro, sino que le dejo en la escena, porque es uno de los
+principales actores.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Todavía, antes de proseguir contando la vida y milagros de Rafaela,
+me incumbe hacer una aclaración. Voy a penetrar, no ya como mero
+historiador, sino como novelista, así en los más apartados rincones de
+la casa de Rafaela, como en el centro más recóndito de su alma; pero por
+ningún estilo quiero fingir nada, y sólo penetraré en las profundidades
+donde el novelista penetra, cuando lo que yo muestre en dichas
+profundidades sea tan lógica consecuencia de la verdad históricamente
+demostrada que no pueda menos de ser también la verdad. Y sobre aquello
+de que yo no esté seguro, sino dudoso, no imaginaré ni bordaré nada,
+dejándolo en cierta penumbra y como entre nubes.
+
+Es innegable que Rafaela pagaba a D. Joaquín la posición que le había
+dado. Por ella andaba él aseado, elegantemente vestido y empleado en
+negocios importantes que le daban honra y provecho. Ella le cuidaba, le
+mimaba, mostraba quererle, y, sin duda, le quería. Lograba que fuera de
+su casa olvidara o prescindiera el vulgo de los antecedentes de D.
+Joaquín, no le quisiera mal y casi le respetara. Y lo que es en casa,
+con sus mimos y con su dulzura, Rafaela le hacía dichoso, arrebolando y
+dorando con luz alegre los días de su vejez y colmándolos de
+satisfacción y de ventura.
+
+De las coqueterías de Rafaela no había nadie que no tuviese certidumbre;
+pero, si estas coqueterías no pasaban de cierto límite, más que ofender
+a D. Joaquín lisonjeaban su amor propio. Lo que es él, estaba convencido
+o se empeñaba en estar convencido de la fidelidad de Rafaela.
+
+Los maldicientes y murmuradores tenían sus hablillas, pero con
+certidumbre nada malo se dijo durante los tres primeros años del
+matrimonio de los Sres. de Figueredo. Sólo se propalaban vagas
+acusaciones.
+
+Don Joaquín, entre las diversas empresas que había acometido, contaba
+también la de agricultor en grande. No lejos de Petrópolis había
+comprado extensísimos terrenos y había formado en ellos una magnífica
+_fazenda_ de diversos plantíos y sembrados, donde empleaba para la
+dirección y los más delicados trabajos a bastantes colonos alemanes y
+para las faenas más rudas multitud de esclavos negros. En el sitio más
+pintoresco de la propiedad, al borde de un riachuelo de agua cristalina
+y cercada de ameno jardín, se parecía la _chácara_ o casa de campo, con
+vivienda muy cómoda para señores. Allí iba D. Joaquín a menudo, ya para
+inspeccionar la finca, ya para solazarse con algunos viejos amigos en el
+ejercicio de la caza, a lo que convidaba no corta porción de la tierra
+que poseía, inculta aún y formando risueña e intrincada floresta, en
+cuyo seno abundaban los pájaros y no pocos otros animales silvestres,
+como grandes lagartos y _tatúes_ o armadillos.
+
+Aquel bosque, aun sin el aliciente de la caza, era delicioso, tanto por
+los gigantescos árboles que le daban sombra y frescura, como por las
+olorosas y variadas flores que cubrían el suelo, por las orquídeas que
+crecían parásitas en los añosos troncos, y por las plantas enredaderas
+que, formando guirnaldas y festones, entrelazaban los árboles, haciendo
+a veces impenetrable la espesura, si un negro no caminaba delante con
+una hoz abriendo camino.
+
+Rafaela era poco campestre. Rara vez iba a la _chácara_. Y como D.
+Joaquín iba a menudo y pasaba en ella tres o cuatro días seguidos y en
+ocasiones hasta una semana, el vulgo malicioso murmuraba que, durante
+estas ausencias, Rafaela usaba y hasta abusaba de la libertad en que la
+dejaba su marido.
+
+Como quiera que ello fuese, al menos durante los tres primeros años,
+según ya queda dicho siempre fue de maravillar o la virtud de Rafaela o
+su prudencia sigilosa. A pesar de la jactancia de muchos hombres que
+gustan de hacer creer que son favorecidos, ninguna acusación terminante
+hubo contra Rafaela. D. Joaquín, atendidas sus circunstancias y las de
+su señora, podía pasar, por inverosímil milagro, como marido venturoso y
+respetadísimo.
+
+La primera sospecha que vino poco a poco a tomar cuerpo, adquiriendo
+visos y trazas de certidumbre, fue de inusitada y singular importancia.
+Se supuso que un egregio personaje, sin par en todo el imperio por su
+elevación, en noches en que Rafaela no recibía a sus tertulianos por
+tener jaqueca, penetraba en la casa de ella y permanecía allí no pocas
+horas.
+
+Hasta llegó a contarse una muy curiosa particularidad, que prueba cómo
+el vulgo lo atisba, lo huele y lo descubre todo.
+
+En las noches en que el personaje egregio penetraba o se suponía que
+penetraba con misterioso recato en casa de Rafaela, se cuenta que poco
+antes venía un sujeto de honrosa servidumbre trayendo en su coche dos
+tatarretes.
+
+¿Qué pensará el curioso lector que dichos tatarretes contenían? La gente
+lo declaraba como si lo hubiese visto y probado. En el uno había leche,
+y manteca de vacas en el otro. Es rareza inexplicable que en toda
+nuestra península ibérica, y probablemente en sus colonias hasta tiempos
+novísimos, apenas haya habido nunca vacas de leche ni con la leche de
+vacas se haya hecho manteca. Tal vez, hará cuatro o cinco siglos, la
+manteca de vacas se hacía en España y se llamaba _butiro_. Si la palabra
+cayó en desuso fue porque antes dejó de usarse la sustancia que con la
+palabra se significa. Apenas se comprende, pero es lo cierto, que cosa
+tan primitiva no se haya hecho nunca o haya dejado de hacerse en España
+durante cuatro o cinco siglos. Lejos de ser el _butiro_ una novedad,
+traída por el progreso humano, parece que ya las hijas de los primitivos
+arios, en las faldas del Parapamiso, ordeñaban las vacas y de su leche
+sacaban exquisita y fresca manteca, tomando ellas nombre de este mismo
+oficio o arte en que se empleaban, pues afirman los sabios etimólogos
+que la palabra hija, en el lenguaje de los vedas, equivale a la que
+ordeña las vacas y hace la manteca.
+
+Pero pongamos a un lado estas sabias disquisiciones y contentémonos con
+declarar que, allá por el tiempo en que ocurría lo que voy contando, era
+punto menos que imposible proveerse en el Brasil de leche de vacas y
+_butiro_ fresco para tomar el té, por donde, cuando un egregio personaje
+quería tomarle en compañía de alguna dama muy querida, enviaba él de
+antemano a la casa de ella la leche de vacas y la manteca.
+
+Supuesto lo que antecede, murmuraban unos y celebraban otros que,
+avergonzada Rafaela de no tener en su casa ni leche de vacas ni _butiro_
+fresco, había inducido a D. Joaquín a fundar una buena casa de vacas en
+la _chácara_ de Petrópolis, donde había ricos y abundantes pastos: un
+_capim_ exquisito. D. Joaquín hizo venir, de Inglaterra, de Holanda y de
+Suiza, vacas de leche de las mejores castas, y pronto tuvo _butiro_
+fresco en abundancia y crema deliciosa.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Harto notarán los que lean con atención este relato, que el más
+marcado rasgo del carácter de Rafaela era su propensión invencible a ser
+didáctica. Y no puede negarse que para educar y perfeccionar a cuantos
+seres la rodeaban poseía aptitud pasmosa. Ya hemos visto los milagros
+que obró en su D. Joaquín.
+
+En su confidenta, que las malas lenguas suponían su Enone, hizo también
+maravillas. Era una francesa que antes de entrar en su casa se había
+sustentado dando lecciones del propio idioma y del inglés, que sabía
+casi con igual perfección. Rafaela, que la había tomado primero por
+maestra, acabó por tomarla por acompañanta. La sentaba a su mesa, la
+llevaba consigo a misa, a tiendas y a paseo, ya a pie, ya en coche, y en
+sus tertulias le encomendaba que sirviese el té y que diese conversación
+a los tertulianos más fastidiosos y ordinarios.
+
+_Madame_ Duval, que así se llamaba la confidenta, por afirmar ella misma
+que era viuda de un Comandante francés de caballería, muerto
+heroicamente en Argelia matando moros, tenía cualidades excelentes, pero
+era remilgadísima y empalagosamente afectada, y empleaba al hablar tres
+o cuatro muletillas y frases sentimentales, que apenas se podían sufrir
+y pervertían y maleaban todas las virtudes y excelencias de la buena
+señora. Rafaela acertó a curarla de estos resabios, por tal arte, que, a
+los pocos meses de tener a _Madame_ Duval a su servicio, se había esta
+convertido en persona natural y sencilla, de trato franco y agradable,
+el cual ya como antes no se quebraba de puro fino.
+
+Tenía Rafaela la habilidad de insinuarse en los espíritus, de dominar
+las voluntades y de hacer eficaces sus amonestaciones educadoras sin
+ofender el amor propio de los educandos. De aquí que los criados de su
+casa, blancos y negros, la respetasen y la amasen, resultando todos más
+instruidos y hábiles a poco de entrar a servirla. El cocinero guisaba
+mejor. El cochero mulato era un verdadero automedonte, y sentado en el
+pescante del landó tenía la mejor facha: hubiera podido pasar por el
+cochero del Príncipe de Gales, untada la cara con tizne. El jardinero
+negro había llegado a saber casi tanta botánica como Spix y Martius,
+doctísimos investigadores de la Flora brasílica. Entre los mozos de
+caballeriza descollaba, cual hábil palafrenero, el ínclito y triunfador
+Trajano, negro _mina_ que tenía singularmente a su cuidado los dos
+hermosos caballos ingleses en que solía pasear la señora. El
+maestresala, que era asturiano, se había pulido tanto en su oficio, que
+hubiera podido escribir, en consonancia con los adelantos de la época
+presente, una _Arte cisoria_ más bonita que la de D. Enrique de Villena.
+Y por último, los otros criados de comedor, aunque eran negros, servían
+con primor en los banquetes, y todos se habían acostumbrado a llevar
+zapatos de continuo, y a no ir descalzos de pie y pierna, según la común
+usanza de entonces.
+
+El benéfico prurito de educar y de corregir que había en el alma de
+Rafaela, llegó a tener influjo hasta en su confesor y director
+espiritual el Padre García.
+
+Era este un venerable siervo de Dios, diserto y suave en sus coloquios,
+notable teólogo dogmático y severo moralista, cuyos consejos y
+advertencias valieron mucho a Rafaela, aunque a menudo, y muy a pesar
+suyo, no los seguía: culpa acaso del irresistible ímpetu de su
+apasionado carácter.
+
+Sólo deslustraba el indiscutible mérito del Padre García una inveterada
+y perversa maña, que desde la infancia había en él, y que le había
+valido entre sus condiscípulos del seminario el farmacéutico apodo de
+_Pildorillas_. Era prodigiosa la inagotable fecundidad del filón de
+donde el Padre García las sacaba y las fabricaba. Sus narices eran
+venero inexhausto. Eran como los encantados cubiletes del
+prestidigitador más aplaudido. En cuanto cabe en lo humano, daban una
+idea aproximada del milagro de pan y peces. ¡Pues bien: apenas parece
+creíble! Rafaela, con gracioso talento, con amistosa delicadeza, sin dar
+a conocer que notaba en el Padre aquel vicio y censurándole sólo en los
+otros, logró curarle de él radicalmente, y esto, hasta tal extremo de
+perfecta curación, que, según los informes que he podido adquirir, el
+Padre García en los muchos años, que para bien y provecho de las almas,
+ha vivido después, no ha fabricado una sola píldora siquiera.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Mientras mejor dotado de brillantes cualidades entendía Rafaela que
+estaba un sujeto, y mientras mayores simpatías le inspiraba, mayor y más
+vehemente era en ella el deseo de corregir sus faltas, haciendo de él un
+dechado de perfección, hasta donde la perfección es dable a nuestra
+decaída humana naturaleza. Por esto me atrevo a asegurar que con nadie
+anheló más fervorosamente ejercer su eficaz magisterio que con el
+ilustre Pedro Lobo, Ayudante de campo de Juan Manuel Rosas, dictador de
+la República Argentina.
+
+En 1850, Pedro Lobo había venido a Río con el carácter oficial de
+Agregado militar a la Legación de su patria, si bien se susurraba que
+tenía instrucciones secretas del dictador, cuyo favorito era.
+
+La fama había precedido en Río a Pedro Lobo, refiriendo sus
+extraordinarias hazañas contra los indios del extremo Sur de la Pampa,
+más allá de Carmen de Patagones, y contra los unitarios refugiados en
+Montevideo, dando cuenta, con mil novelescos pormenores, de sus
+correrías por las más apartadas regiones de la misma Pampa, de los
+Andes, y de la Patagonia, y ensalzando sus raras prendas de carácter, su
+brío indómito y su agilidad y destreza en todos los ejercicios del
+cuerpo. Nadie desbravaba mejor que él el más fogoso potro no domado;
+nadie disparaba mejor las bolas ni detenía con el lazo, ya a los toros
+bravos, ya a los ligeros avestruces o ñandúes, ni nadie manejaba mejor
+el puñal y el machete, ni tenía tino más certero con la carabina.
+
+Mil lances extraños y no pocos actos de inaudito arrojo habían dado a
+Pedro Lobo fama de hábil y astuto capitán y de valeroso soldado,
+sirviendo, durante seis años, en la República Oriental del Uruguay, en
+favor de Rosas y a las órdenes de Oribe. Pedro Lobo se jactaba, y no sin
+fundamento, de haberse hallado en cien combates, y de haber sido el más
+rudo adversario de la valerosa legión italiana mandada por Garibaldi.
+
+Sabedor Juan Manuel Rosas de los grandes servicios y del raro mérito de
+Pedro Lobo, le llamó a su lado y le prestó toda su confianza.
+
+Era Pedro Lobo fanático de americanismo. Nunca fue Rosas tan lejos como
+él en su amor y en su entusiasmo por América y en su aborrecimiento de
+los europeos.
+
+Allá a su manera, no sabré decir si de su propio caletre, o de oídas, o
+por lecturas de algunos libros, Pedro Lobo había sacado o construido una
+singular filosofía de la historia. Según él era evidentísimo el progreso
+del linaje humano, viniendo a realizarle sucesivamente razas cada vez
+más nobles. Fue primero la raza negra: vino después la raza amarilla. Y
+cuando la raza amarilla alcanzó el término de su cultura y puso en
+práctica todo su ideal, apareció la raza blanca con su gloriosa historia
+de persas, babilonios y fenicios, griegos y romanos, y naciones
+cristianas, medioevales y modernas. Pero el fin de la civilización de
+Europa tocaba ya a su término. De su propio seno habían de surgir sus
+destructores: un proletariado inculto, hambriento, esclavo de la
+miseria, atormentado por el trabajo continuo, y ofendido por el
+desprecio, había de levantarse lleno de ira y acabar con todo. Las
+abultadas noticias de las recientes luchas revolucionarias, promovidas
+por el socialismo, corroboraban a Pedro Lobo en su opinión. Aquello era
+para él el principio del fin. La evolución total de la cultura europea
+vendría al cabo a terminar en espantosa tragedia; pero en América estaba
+el porvenir del mundo. Una nueva raza, la americana, debía ya mostrar en
+flor la aurora de más alta, sana, poderosa y duradera civilización, en
+aquel nuevo continente. La audaz empresa de Colón y la venida de los
+españoles habían retardado este florecimiento y aun puesto en peligro de
+que se secara o se destruyera la planta en que había de darse. Según
+Pedro Lobo, los españoles habían sido como venenoso reptil que trepa a
+lo alto de la roca donde el cóndor tiene su nido, y devora o mutila a
+los polluelos antes de que les crezcan las alas para enseñorearse del
+espacio sin límites, remontarse más allá de las nubes, y mirar el sol de
+hito en hito. Los españoles habían sido, cuando aportaron a América,
+como granizo destructor que cae en fértil suelo, al empezar la
+primavera, y rompe y destroza las yemas y los brotes de los árboles,
+impidiendo que se revistan de flores y verdura, y que den más tarde
+frutas sabrosas y dulces. En todas las tribus y lenguas que cubrían y
+animaban el Nuevo Mundo, en el Anahuac, en el Yucatán, en Guatemala, en
+la risueña meseta de los Andes, donde moraban los chibchas y en el resto
+de la América del Sur, sobre todo, entre los quichúas y los guaraníes,
+germinaba y estaba ya pronta a abrirse como flor hermosa una
+civilización original e indígena que los españoles arrancaron de cuajo,
+borrando sus huellas, aniquilando hasta su recuerdo, y, ora destruyendo
+la raza que iba a dar al mundo esa civilización llena de novedad
+inaudita, ora sumiendo en la abyección a esa raza por medio de la
+servidumbre, del oprobio, de rudos trabajos y de inhumanos castigos.
+
+Pedro Lobo tenía en sus venas mucha sangre india, pero también tenía en
+sus venas sangre española. La sangre india, sin embargo, se sublevaba
+furiosa contra todo cuanto había en él de español. Aún esperaba él el
+remedio de tantos males: que manase de nuevo con abundancia el represado
+manantial americano; que se regenerasen los pueblos del Nuevo Mundo, y
+que su comprimida superior cultura retoñase y apareciese espléndida
+antes de que desapareciese la civilización europea en medio de las
+convulsiones de un horroroso cataclismo.
+
+A veces columbraba Pedro Lobo, en visión profética, a toda Europa tan
+arruinada ya y tan desierta como contemplamos hoy el centro de Asia. Se
+figuraba a París, Londres y Viena, como contemplamos hoy los amontonados
+escombros de Nínive y de Babilonia. Lo que es de Madrid afirmaba que
+apenas quedaría rastro: sólo quedarían tal vez algunos cimientos del
+Palacio Real. Y como estos cimientos estarían tan solos, los hombres de
+las futuras edades imaginarían que había habitado en aquel alcázar un
+tirano anacoreta, un monarca misántropo y amigo de la soledad, que había
+ido a buscar para su vivienda un yermo inhospitable, feo y estéril.
+
+Después de trazar de tan linda manera el cuadro de la Europa del
+porvenir, Pedro Lobo pintaba en su imaginación una América
+resplandeciente y dichosa, con artes y ciencias superiores a las
+europeas, originalísimas y casi sin antecedentes. Y como ciudad
+principal, centro y cabeza de este nuevo mundo, ponía él a Buenos Aires,
+su patria, en cuya ingente plaza mayor se levantaría grandioso
+monumento, más alto que la más alta de las pirámides, a la memoria de
+Juan Manuel Rosas, precursor y fundador de la nueva era y tremendo
+nivelador y constructor del camino por donde el linaje humano en América
+había de subir a tamaña altura.
+
+El profeta filósofo, sustentador de las teorías que aquí se ponen en
+resumen, se hizo pronto uno de los más asiduos tertulianos de la señora
+de Figueredo.
+
+Apenas tendría él treinta y cinco años. A pesar de su odio a España,
+tenía más apariencias de español que de indio. Parecía un andaluz
+moreno, esbelto y gracioso, con un no sé qué de extraño que le
+diferenciaba y distinguía. Y a pesar de su odio contra la civilización
+europea y a pesar de su vida y hábitos de gaucho, se allanaba y se
+resignaba, con naturalidad y sin esfuerzo, a aparecer, en la vida y
+trato de las ciudades, como un caballero atildado, pulcro y bien
+vestido, ya de frac, ya de levita, a la última moda, con botas de
+charol, y por las noches con corbata blanca y guantes amarillos o lilas.
+Rafaela le encontraba muy fino, y lo que es el señor de Figueredo aún
+ponderaba más su finura.
+
+Con lo único que Rafaela no podía transigir era con el fanatismo
+anti-europeo y sobre todo anti-español de sus doctrinas históricas.
+
+Rafaela se empeñó, pues, en convertir a Pedro Lobo, haciendo de él una
+persona razonable.
+
+Este empeño no podía ser más natural ni más propio de las mujeres.
+¿Cuántas de ellas no han soñado con traer o han traído, ya herejes o
+paganos al gremio de la cristiandad, ya desaforados criminales a una
+vida penitente, y ya a la templanza, a la paz y a las costumbres
+morigeradas a hombres crapulosos, jugadores y pendencieros?
+
+La tentación de Rafaela era difícil de vencer. Rafaela se propuso hacer
+de Pedro Lobo otro hombre. Y para ello decidió emplear su buena maña y
+sus suaves rodeos; pero como Rafaela profesaba con ardor una filosofía
+de la historia totalmente contraria a la del gaucho y era además una
+española llena del más ardiente patriotismo, siempre le faltaban la
+paciencia y el disimulo para no impugnar con violenta furia los asertos
+del gaucho, que ella juzgaba intolerables errores y desaforadas
+blasfemias.
+
+De aquí que muy a menudo sus conversaciones con Pedro Lobo, más
+frecuentes cada día, fuesen una acalorada disputa.
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Soliviantado el espíritu de Rafaela por la contradicción, extremaba
+su doctrina casi tanto como extremaba la suya el gallardo gaucho. Según
+ella todos los pueblos y tribus del Nuevo Mundo habían degenerado y se
+habían depravado hasta tal punto, que jamás ellos solos hubieran podido
+salir del tenebroso abismo en que se habían sumido. Fue menester que
+vinieran los españoles y que para sacarlos de él les tendiesen la mano.
+Aunque tarde, llegaron a tiempo. Si hubieran llegado pocos años después,
+las semicivilizaciones que encontraron en Méjico, en Bogotá y en el
+vasto dominio de los Incas, hubieran ya desaparecido. Todo hubiera caído
+en el estado salvaje, y tal vez los sacrificios humanos, el canibalismo
+y las guerras constantes de unas tribus con otras hubieran barrido de
+sobre la faz de aquel inmenso continente la degradada especie humana.
+Los indios, por lo tanto, debían estar eternamente agradecidos a los
+españoles que los habían levantado de la abyección y que les habían
+devuelto el ser de criaturas racionales que casi habían perdido.
+
+Los razonamientos empleados por Rafaela para sostener su tesis excitaban
+la cólera de Pedro Lobo y hacían brotar de sus labios feroces discursos
+en contra.
+
+Solían verificarse tales controversias después de la comida, cuando
+Pedro Lobo estaba convidado a comer en casa de los Sres. de Figueredo.
+
+A menudo, arrullado por los gritos de los contendientes, el Anfitrión se
+quedaba dormido; pero cuando no se dormía, o bien cuando despertaba y
+veía a su mujer y a Pedro Lobo enfurecidos ambos y en la más encarnizada
+contienda, se apuraba y hasta se asustaba, porque era hombre conciliador
+y benigno; procuraba ponerlos en paz; y agarraba la mano de él y la mano
+de ella y los atraía para que se las diesen, aconsejándoles que echasen
+pelillos a la mar, para lo cual pronunciaba también su discurso,
+buscando y quizás hallando un juicioso término medio entre las dos
+opuestas doctrinas.
+
+--Confesemos--decía--que los españoles fueron unos heroicos desalmados, lo
+peor de cada casa, y que, cuando el descubrimiento y la conquista,
+hicieron infinidad de barbaridades; pero confesemos también que los
+indios en su mayor parte estaban empecatados y entregados a todos los
+diablos. Su ignorancia era tal que no sabían escribir ni leer, ni
+alumbrarse con un candil durante la noche, ni valerse de más bestias de
+carga que de ellos mismos, ni criar animales domésticos, ni ser pastores
+siquiera. En cambio se sacrificaban a millares a sus ídolos y estaban
+corroídos por la gangrena de los vicios más nefandos, y sobre todo por
+la afición de comerse unos a otros. Los españoles vinieron a remediar
+todo esto, y aunque trajeron inquisición, intolerancia religiosa, cruel
+codicia, malos tratamientos y trabajos forzados para los indios que se
+les _encomendaban_, todavía puede asegurarse que trajeron más bienes que
+males; animales de carga para que el indio no lo fuese, animales
+sabrosos para que el indio se los comiese en vez de comerse a otro
+indio, y otras muchísimas cosas, que sería prolijo enumerar, así para
+bienestar del cuerpo como para solaz y consuelo del alma. Y en cuanto a
+la ruina de Europa que mi amigo Lobo presiente, yo no la veo tan
+cercana. Por allá son listos y ya irán pasteleando y allanando
+dificultades, hasta que todos los hombres, a fuerza de máquinas,
+ingeniaturas y otras invenciones sutiles, coman mejor, vivan más
+cómodamente y luzcan trapitos de cristianar de diario. Esto no obsta
+para que progresemos también por aquí, sin que nuestra prosperidad nazca
+de la ruina del mundo viejo, sino que, al contrario, por allá y por acá
+prosperemos en competencia y nos amemos como hermanos. Así pues, hija
+mía, tú y el Sr. D. Pedro Lobo debéis empezar por dar el ejemplo, y tú
+como representante de Europa y singularmente de España, y él como si
+fuera el propio genio de América, lejos de pelearos y de maltrataros con
+insultantes recriminaciones, debéis formar estrecha alianza fraternal y
+ser clarísimo espejo de amistad y de concordia.
+
+Con tal discurso y con otros de la misma laya sosegaba D. Joaquín los
+ánimos exaltados de su gentil esposa y del fanático americano.
+
+Estos, en efecto, ya que no perpetua paz, tenían largos momentos y aun
+horas de tregua agradabilísima; se hablaban al oído sin disputarse
+cuando así hablaban; y solían salir juntos a caballo y dar deliciosos
+paseos, galopando y trotando por los fértiles y pintorescos alrededores
+de la ciudad, ya cuando se ponía el sol a la caída de la tarde, ya en
+noches apacibles de luna.
+
+Cierto egregio personaje no tuvo noticia de las disputas
+histórico-filosóficas, pero la tuvo pronto de las intimidades y de los
+paseos. En su dignidad, jamás quiso darse por entendido ni mostrarse
+quejoso, pero desistió por completo de acudir y aun de pedir nuevas
+citas, dado que las antiguas hubiesen sido realidad y no invención o
+fábula de desocupados maldicientes.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+Aunque dicen que de la discusión sale la luz, fuerza es confesar
+aquí que no salió luz ninguna de la discusión constante que Rafaela y el
+gaucho tenían, y en la que a veces tomaban parte varios tertulianos de
+la casa, diputados, senadores, hombres políticos y poetas, que siempre
+en el Brasil los hubo eminentes, descollando entonces entre todos
+Magalhaens, Gonzálvez Díaz y Araujo Portoalegre, los cuales eran
+comensales de la casa, complaciéndose Rafaela en tratarlos y
+agasajarlos.
+
+Gustaba ella de lucir por todos estilos y de dar a sus salones cierto
+tinte de sabiduría y refinamiento aristocráticos.
+
+Había educado tan bien a D. Joaquín, espoleándole para aquellos trotes,
+que él había ido, en su carrera desenfrenada, más allá de la meta que
+ella le puso. De aquí algunos percances y desengaños, que aguaron algo
+el contento con que D. Joaquín vivía, pero que a Rafaela no le
+importaron un comino.
+
+D. Joaquín había prestado al gobierno Imperial muy notables servicios,
+en premio de los cuales, le habían dado la encomienda de la Rosa y hasta
+se habló de que acaso le darían un título, si bien el título no llegó
+nunca.
+
+Para no hacer ruido y para no dar qué decir, D. Joaquín pretendió con
+mucho disimulo, tentando antes el vado, que Rafaela fuese presentada a
+la emperatriz; pero la augusta señora no quiso recibirla, ya pensando en
+la vida que se decía que Rafaela había hecho en España y en Lisboa, ya
+recordando que en el gran teatro de Río la habían silbado cuando ella
+bailaba el vito o cantaba canciones del maestro Iradier, muy celebradas
+entonces.
+
+Ella rabió algo, riñó a D. Joaquín por haber andado en tales
+pretensiones sin consultarla antes, y, al fin, olvidó el desaire y se
+quedó tan fresca. ¿Qué necesidad tenía ella de emperatrices, cuando era
+en su casa la Emperatriz de la hermosura, de la discreción, de la
+elegancia y del buen tono: una princesa de Lieven o una _madame_
+Recamier de entretrópicos?
+
+D. Joaquín fue el que se sintió quemado del desaire, originándose de la
+quema ciertos humos nobiliarios, que antes nadie había notado en él y
+que aparecieron de repente.
+
+Hasta entonces D. Joaquín había sido despreocupadísimo, pero, con el
+boato y magnificencia de su casa, se desenvolvieron en su espíritu los
+instintos de nobleza, combinados con la afición a la poesía. En suma, D.
+Joaquín hizo saber a todos sus amigos que descendía nada menos que del
+heroico trovador Güesto Ansures, el cual machucó a un enjambre de moros
+con un ramo de higuera, por donde tomó el apellido de Figueredo, que D.
+Joaquín todavía llevaba.
+
+Aunque Rafaela lo repugnó, D. Joaquín no quiso ceder nunca: no la
+obedeció contra su costumbre, e hizo bordar en los tapices, reposteros y
+cortinas de su antecámara, y pintar en sus coches, el escudo de armas de
+los Figueredos, con las cinco hojas de higuera, en memoria de las cinco
+doncellas que Güesto Ansures había libertado, cuando las llevaban a la
+morería para pagar el feudo de ciento a que se obligó al rey Mauregato.
+
+A regañadientes aguantó Rafaela este capricho de su esposo, pero no pudo
+resistir a la tentación de reírse un poco de él. Y para ello aseguraba
+que, según el antiquísimo romance, que escribió Güesto Ansures, las
+doncellas que iban cautivas eran seis, y cinco nada más las hojas de
+higuera del escudo. Lo cual significaba que tres o cuatro de aquellos
+malditos moros pudieron escaparse, huyendo a uña de caballo del
+machucador ramo de higuera del ascendiente de don Joaquín, y se llevaron
+a Andalucía a una de las seis niñas gallegas, la cual vino a ser pronto
+la sultana favorita del Miramamolín. De esta sultana afirmaba Rafaela
+que descendía ella, de suerte que su nobleza era tal para cual y no
+menos antigua que la de su marido. En prueba de esto, si él tenía por
+apellido Figueredo, ella, a pesar de lo nebuloso y recóndito de su
+origen, había llegado a averiguar, por claros y evidentes indicios, que
+su estirpe, prosapia, abolengo y apellido era Benjumea, que equivale a
+Ben Humeya, apellido de los califas de Córdoba, estropeado y mal
+pronunciado por los ignorantes.
+
+Un argumento presentaba Rafaela a veces contra las pretensiones de D.
+Joaquín, pero éste refutaba victoriosamente el argumento. Decía Rafaela
+que no eran los Figueredos de Portugal, sino los Vargas Machucas de
+Castilla, los que machucaron a los moros y acabaron con el feudo de las
+cien doncellas. Y D. Joaquín contestaba que los Vargas Machucas, en
+efecto, descendían también de Güesto Ansures, si bien la rama principal
+y legítima era la de los Figueredos, mientras que los Vargas Machucas
+eran una rama secundaria, y en su sentir, bastarda, ya que, según D.
+Joaquín había oído explicar a una persona muy docta en la ciencia del
+blasón, a la que aplicaba como auxiliar la ciencia etimológica, Vargas o
+Bargas, que es como debiera escribirse, es una contracción de los
+vocablos _Barragana_ y _Barragania_. Por fortuna, ningún caballero que
+tuviese el apellido de Vargas asistió jamás a la tertulia de Rafaela, y
+D. Joaquín pudo sostener su tesis, poco lisonjera para los Vargas, sin
+promover el menor altercado.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+Salva la discrepancia en que solían estar marido y mujer sobre este
+punto de la nobleza, don Joaquín se mostraba siempre en perfecto acuerdo
+con Rafaela, gustando de lo que ella gustaba, y ensalzando y aplaudiendo
+lo que ella ensalzaba y aplaudía.
+
+Pedro Lobo, pues, vino a ser el encanto de D. Joaquín, quien siempre
+quería tenerle en su casa, de suerte que, cuando Pedro Lobo, retenido
+por sus quehaceres, dejaba algún día de venir o retardaba su venida, D.
+Joaquín iba a buscarle y no paraba ni descansaba hasta que se le traía
+consigo. Todo esto daba ocasión a no pocos chistes, que cundían por la
+ciudad, pero que por fortuna jamás llegaban a los oídos de don Joaquín,
+víctima de ellos.
+
+Algo más de un año duró esta armonía y constante convivencia entre D.
+Joaquín, Rafaela y Pedro Lobo.
+
+No hubo de ser éste tan afortunado como en otras cosas en su secreta
+misión política. El Brasil, más enemigo cada día del dictador Rosas,
+conspiró contra su poder, hizo un tratado secreto con la República
+Oriental del Uruguay, se concertó con el general Justo José Urquiza,
+gobernador de Entreríos, y suministró toda clase de recursos para el
+levantamiento contra el tirano.
+
+El representante diplomático de Rosas en Río de Janeiro pidió entonces
+sus pasaportes. Y retirada la Legación argentina, Pedro Lobo se marchó
+con ella, volviendo a Buenos Aires, para dar al dictador auxilio de más
+valer como soldado que como agente secreto.
+
+Rafaela sintió la partida de Pedro Lobo, pero como su carácter era tan
+alegre, logró consolarse pronto. Pedro Lobo además no se dejaba
+convencer, y esto mortificaba a Rafaela, y como él tenía un carácter
+dominante y ella también le tenía, procurando avasallar y repugnando que
+la avasallasen, sus relaciones con el gaucho nada tuvieron de apacibles
+y no pocas veces la enojaban y desesperaban. El prurito de romper
+aquellas relaciones, que ella en el fondo de su alma calificaba de
+cadenas, estimulaba entonces su voluntad, pero, aunque era muy valerosa
+y apenas conocía el miedo, no se atrevía a intentar la ruptura. Puede,
+por lo tanto, conjeturarse que Rafaela vio con oculta satisfacción las
+circunstancias políticas que, si por una parte la privaban del agradable
+trato de una persona de tanto mérito como Pedro Lobo, la libertaban por
+otra, sin rebelión ni pendencias, de lo que se le figuraba en ocasiones
+que tenía traza de yugo y de servidumbre.
+
+Rafaela, aunque aparentó sentir, no sintió demasiado, por lo que ya
+queda dicho, la partida de Pedro Lobo. Quien la sintió con todo su
+corazón, y la lamentó y la lloró, fue D. Joaquín, que era muy tierno,
+pudiendo asegurarse que poseía el _don de lágrimas_.
+
+A poco de la partida del gaucho, ocurrió en Río cierta novedad, que, aun
+suponiendo a Rafaela muy melancólica, hubiera distraído sus melancolías.
+
+El Sr. Gregorio Machado era el más rico propietario de todo el Brasil,
+dueño de muchos fondos públicos y de acciones del Banco, de magníficas
+_fazendas_ en las provincias de San Pablo y Pernambuco y de florestas
+dilatadas, donde abundaban las maderas preciosas, en la interior
+provincia de Mato-Grosso. Centenares de esclavos cultivaban sus
+posesiones; y sus rentas y ganancias eran tres o cuatro veces mayores
+que las de D. Joaquín, con ser éste uno de los más acaudalados
+brasileños.
+
+Viudo el Sr. Machado, tenía un hijo, llamado Arturo, de veintiséis años
+de edad y muy lindo mozo.
+
+Arturo había estudiado leyes en la Universidad de San Pablo, donde las
+mujeres son guapísimas. En todo el Brasil alcanzan fama de seductoras y
+de que tienen misteriosas cualidades y encantados lazos con que saben
+cautivar a los hombres. De San Pablo han salido mujeres que, por su
+belleza y por otros atractivos, han llegado al pináculo de la fortuna.
+
+Arturito, que era muy enamorado, estudió poquísimo e hizo en San Pablo
+doscientos mil disparates. Su padre creyó prudente sacarle y le sacó de
+aquella Pafos del Brasil y le envió a Olinda, donde hay también escuela
+de Derecho. Allí, bien o mal, tomó la borla de doctor el joven Arturo.
+
+Ya doctorado, nada más natural que ir a Europa para acabar de
+civilizarse y conocer por experiencia hasta los más delicados perfiles y
+las más recientes conquistas del espíritu humano. Arturo fue, pues, a
+París, haciendo de París su residencia habitual y el centro de sus
+excursiones. Desde allí salió a recorrer con rapidez y por pocos meses
+la Alemania y la Italia, y desde allí fue a solazarse, durante los
+veranos, en Baden, Wiesbaden y Homburgo, donde había _treinta y
+cuarenta_ y ruleta, y donde asistía multitud de ninfas sabias y
+elegantes, más aptas que Egeria para adoctrinar, pulir y dar charol a
+los modernos Numas.
+
+No se descuidó Arturo, aprendió cuanto hay que aprender y supo
+aprovechar las lecciones que le dieron; pero las lecciones salieron
+extremadamente caras. A los dos años de haber estado Arturo en Europa,
+había ya gastado a su padre, perdiéndolo al juego o en obsequio de las
+ninfas, cerca de 400 millones o _contos_ de reis.
+
+No hay que asustarse ni considerar monstruosa la suma, porque los _reis_
+del Brasil son _fracos_, y cada uno vale la mitad de un _rei_ de
+Portugal o _rei gordo_. Arturo, por lo tanto, no gastó una enormidad;
+pero, como cada _conto de reis fracos_ equivale sobre poco más o menos a
+2.500 francos, siempre resultó que su gasto, a pesar de las grandes
+riquezas del Sr. Gregorio Machado, había sido excesivo, elevándose a un
+millón de francos en moneda francesa.
+
+El padre se hartó de enviar dinero, sitió por hambre a su hijo, y éste
+tuvo que volver a los patrios lares harto desconsolado y mohíno, pero
+convertido en el caballerete más elegante que había pisado el suelo del
+Brasil desde los tiempos de Pedro Cabral y de Diego Correa, apellidado
+_Carumurú_ y fundador de Bahía.
+
+Acostumbrado Arturito a las exquisiteces, primores y alambicadas quintas
+esencias de las mujeres de París, volvió muy desdeñoso, encontrando a
+sus compatriotas feas, zafias y mal vestidas. En ninguna de ellas
+descubría un átomo de _chic_. La misma princesa de los Tupinambas, la
+divina Paraguassú, heroína de la epopeya nacional, si hubiera resucitado
+y se le hubiera presentado, le hubiera parecido un adefesio.
+
+Cuando Rafaela se enteró de todas estas cosas, concibió el propósito de
+vindicar al Brasil de aquellos injustificados desdenes, volviendo por el
+honor de su patria adoptiva y probando a Arturito que todas las heteras
+parisinas no valían un pitoche comparadas con ella, y que ella las
+vencía en beldad, ingenio, sal y garabato.
+
+Acudió a reforzar su patriótico intento el prurito didáctico que había
+en su alma y que jamás la abandonaba. Se propuso mejorar la condición de
+aquel extraviado mancebo, hacerle aborrecer el desorden y el despilfarro
+absurdo, y hacerle amar el orden y la economía.
+
+Impulsada por tan benéficas miras, pronto atrajo Rafaela a su casa al
+joven Arturo; y pronto también logró que olvidase los devaneos de París
+y que reconociese que ella era por todos estilos más guapa que cuantas
+mujeres habían ido a cenar con él en el _Café Inglés_, en la _Maison
+Dorée_ o en los _kursaals_ que regocijaban y animaban, en aquellos días,
+las inmediaciones del Taunus y de la Selva Negra.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+El poder didáctico de Rafaela jamás realizó en nadie tan rápidas y
+provechosas mudanzas como en el ánimo y en todo el ser de Arturo
+Machado.
+
+Las _saudades_ que él tenía de París, y que le hacían fastidioso a él
+mismo y a las demás personas, se disiparon por completo. Arturito volvió
+a gustar de su patria como cuando era estudiante y no había vivido aún
+en el _corazón y en el cerebro del mundo_, como llama a París Víctor
+Hugo. Se hizo ordenado y económico y ni gastaba ni sabía en qué gastar
+su dinero. No pensaba ya en francachelas ni en vigilias tempestuosas. Y
+con su vida regular y morigerada recobró la salud, que nunca había sido
+muy fuerte y que habían estragado las excitaciones constantes de la
+existencia de calavera, para la cual no había nacido. Porque, si bien
+era lindo mozo, agraciado y simpático, tenía más de enclenque que de
+robusto. Era de genio manso, suave e inclinado a la quietud y a la paz.
+Y sólo el mal ejemplo, las perversas compañías y hasta la propia
+docilidad con que cedía él y dejaba que le guiasen habían sido causa de
+sus travesuras y derroches pasados. Para Rafaela, hecha ya esta
+conversión, se desvaneció por desgracia casi todo el atractivo de
+Arturito. Empezó a hallarle poco ameno, y después soso, y por último
+llegó a encontrarle empalagosísimo a causa de su dulzura.
+
+Entonces sentía Rafaela grandes veleidades de plantarle; pero, como era
+caritativa y estimaba además como gloriosa producción de su ingenio y de
+la energía de su voluntad todos los progresos y mejoras de un espíritu
+cultivado por ella, resistía a la tentación de plantar a Arturito. Allá
+en sus adentros se comparaba a la vara que sostiene en el aire a una
+planta rastrera a fin de que no caiga al suelo y se ensucie y pudra en
+el fango. Temía Rafaela que Arturito cayese si le dejaba ella, y por eso
+no le dejaba. A menudo solía lamentar que aquel muchacho hubiera sido
+tan dócil y se hubiera convertido tan pronto. Lo conforme a su gusto
+hubiera sido una educación más larga y difícil, así porque, durando la
+educación, también hubiera durado el prestigio que hacia Arturito la
+había atraído como porque la misma tardanza en educarse y en cambiar de
+condición hubiera sido garantía de lo seguro y firme del cambio.
+
+En estas cavilaciones hubiera persistido largo tiempo Rafaela sin
+atreverse a despedir a Arturito, a no ser porque ella tenía a veces
+crisis extrañas en el corazón y en la mente. Religioso fervor la
+dominaba. Iba a confesarse o tenía largos y piadosos coloquios con el
+Padre García, su director espiritual. Sus remordimientos de engañar a D.
+Joaquín no la mortificaban demasiado, pues, aunque ella repugnaba el
+engaño y nunca había engañado a nadie sino a D. Joaquín, todavía se
+figuraba ella que en realidad no había tal engaño. Nada disimuló ni
+ocultó al casarse, y su marido por lo tanto debió comprender desde luego
+a lo que había de atenerse. Ella le hizo confesión general anticipada.
+Fue como si de una vez le confesase y descubriese todas sus culpas,
+pasadas y futuras. ¿Para qué, pues, molerle y atormentarle
+confesándoselas después una a una según iban sobreviviendo? Esto no
+hubiera sido noble franqueza sino crueldad insensata. No era, pues, por
+D. Joaquín sino por ella misma por lo que el pecado le dolía. Le dolía
+el pecado porque en su anhelo de toda clase de perfección, para ella y
+para los otros, soñaba con una vida honrada y limpia.
+
+Por rara coincidencia, estos sueños de limpieza y de honradez acudían en
+tropel a su mente, y más amenudo que nunca, desde que empezó a visitarla
+Juan Maury.
+
+Sus facultades críticas y analíticas, sin poderlo remediar ella, se
+aplicaban a la comparación. Y comparando al joven inglés con Arturo,
+Arturo salía siempre muy mal parado. Arturo era de menos que mediana
+estatura y estrecho de hombros. El inglés alto, sin dejar de ser bien
+proporcionado, y ancho de espaldas, sin que la esbeltez y la elegancia
+le faltasen. Era el uno moreno pálido, casi cetrino, blanco y sonrosado
+el otro y rubio como las candelas. Y por último, en lo tocante a las
+prendas intelectuales y morales, al ingenio, al saber y a la energía de
+voluntad que en medio de su aparente timidez en el inglesito se notaba,
+la diferencia aparecía enorme en la mente escrutadora de Rafaela.
+
+Empezó, pues, a tener vergüenza del afecto que Arturito le había
+inspirado. La compasión hacia él fue disminuyéndose casi hasta
+desaparecer. Y el anhelo de elevarse hasta la virtud más sólida, de
+consagrarse fielmente a D. Joaquín y de ser modelo de casadas y señora
+muy respetable vino a ser la constante obsesión de su alma. Aunque ella
+era un lince para notar los defectos de las personas que trataba, no sé
+cómo se las compuso que no halló el menor defecto en el inglesito. Todo
+él le pareció una perfección. Y en vez de pensar en educarle para
+elevarle a su altura, pensó en educarse a sí misma para subir a la
+altura en que le veía colocado.
+
+Bullían todos estos pensamientos en la mente de Rafaela de modo harto
+confuso. Lejos de ella el imaginarse enamorada del inglesito. El
+propósito de enamorarle más lejos aún. Sólo meditaba entonces virtud,
+abnegación y toda clase de sublimidades.
+
+La única determinación firme que nacía de todo ello era la de despedir a
+Arturito, que ya le parecía insufrible.
+
+Pero Rafaela era la bondad misma y, antes de hacer la herida que
+consideraba indispensable hacer, preparaba bálsamos para curarla.
+
+Pensó en que el término dichoso, honesto y santo de la educación que a
+Arturito había dado, era casarle con la más linda señorita que hubiese
+en Río de Janeiro, cristiana y recatadamente educada, bonita y amable y
+de distinguida familia, en quien Arturito hallase una compañera digna y
+fiel y lograse dar a su padre el Sr. D. Gregorio algunos graciosos y
+queridísimos nietos, que fueran el hechizo y el consuelo de su cansada
+senectud.
+
+No acierto a encarecer cuánto se deleitó Rafaela al concebir este
+proyecto y el arte delicado y el impaciente afán con que trató de
+realizarle.
+
+Rafaela, que gustaba tanto de educar a los otros, no se había descuidado
+en aquellos últimos años, y singularmente desde que era gran señora, en
+formar su corazón y su espíritu, leyendo no pocos libros, sobre todo de
+novelas y poesías. Según vulgarmente se dice, se había hecho bastante
+_licurga_ o marisabidilla. Con el inglesito hablaba de artes, de
+religión, de historia y hasta de filosofía. Arturito estaba presente a
+estas conversaciones, que nada tenían de misteriosas, pero no entendía
+palabra y no tomaba parte en ellas.
+
+Así mientras duraban estos coloquios, como después al retraerlos a la
+memoria, Rafaela lo veía todo tan pulcro, tan acicalado y tan moralmente
+pulido y lustroso, que se desesperaba de sus amistosas relaciones con
+Arturito como si fuesen fea mancha en medio de tanto resplandor, nitidez
+y aseo. En suma, no había ya remedio; era menester borrar aquella
+mancha, pero sin rasgar la tela; era menester dar a Arturito su
+pasaporte, pero en forma de cucurucho repleto de delicadísimos confites.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+Llegó por fin el día prefijado por Rafaela para tomar la cruel
+resolución, inevitable ya según su atormentada conciencia, de decir al
+pobre Arturito: hasta aquí llegó, no sigamos adelante.
+
+D. Joaquín se había ido a la _chácara_ por una semana en compañía de
+tres o cuatro amigos.
+
+Rafaela no recibía a sus tertulianos, pretextando frecuentes jaquecas,
+única enfermedad que solía alterar levemente su salud envidiable.
+
+En las noches de jaqueca muchos tertulianos acrecentaban el mal de
+Rafaela, pero la visita de uno sólo podía aliviarla.
+
+Arturito acudió, pues, aquella noche, esperando tener la satisfacción de
+dar el alivio mencionado. Como de costumbre, el portero negro que
+guardaba la puerta de la verja de hierro que rodeaba el jardín, le dio
+paso franco sin sonar la campana, porque estaba industriado y al
+corriente de todo y sabía bien su oficio.
+
+_Madame_ Duval, que aún sabía mejor el suyo y que tenía ojos de lince y
+oído de liebre, se hallaba atisbando a la hora convenida, abrió la
+puerta y, sin hacer ruido, introdujo al joven brasileño en el
+confortable y primoroso _boudoir_ de su señora.
+
+Lo primero que notó Arturito, con desagradable sorpresa, aunque parezca
+extraño y nada compasivo, fue que la Sra. de Figueredo debía de estar
+aquella noche muy poco atormentada por la jaqueca, porque en vez de
+hallarla en vaporoso _deshabillé_, de bata, peinada muy al descuido y
+recostada o casi tendida en su _chaise-longue_, la encontró bastante
+atildada y compuesta, con traje casi de ceremonia, y sentada en un
+sillón, como si fuese a recibir una visita de mucho cumplido.
+
+El recibimiento correspondió al traje y aumentó la sorpresa y el
+disgusto del joven visitante.
+
+Rafaela le alargó, sin duda, cariñosamente la mano, si bien con cierta
+tibia y lánguida indiferencia. Y luego, como él se acercase mucho, ella
+le rechazó con suave dignidad y casi le obligó a que se sentase en una
+silla frente de ella.
+
+Después de algunas frases que entre ambos mediaron, Arturito empezó a
+dar sentidas quejas de recibimiento tan frío. Ella entonces, con el
+incontrastable imperio que tenía sobre él, le cortó la palabra, y sobre
+poco más o menos, pronunció las siguientes, que casi podemos calificar
+de discurso:
+
+--Días ha, mi querido Arturito, que tengo la conciencia muy escrupulosa y
+atribulada. Es infame mi modo de proceder con D. Joaquín. Indigno pago
+estoy dando a sus grandes beneficios, a su entrañable afecto, a la
+sublime confianza que en mí tiene. Dios podrá perdonarme porque es todo
+misericordia; mi marido es tan bueno que también me perdonaría si
+supiese lo que pasa, aunque sería muy capaz de morirse de pena: yo soy
+quien no me perdono, quien necesita romper este lazo criminal que nos
+une, si he de vivir en paz y si no he de seguir aumentando las causas de
+mi remordimiento y de mi vergüenza. Todo se lo he confesado al Padre
+García, mi confesor, que es un santo, severo consigo mismo y con sus
+prójimos indulgente. Pero, a pesar de su indulgencia, se resiste a darme
+la absolución si no me aparto para siempre del mal camino. Es, pues,
+necesario que nuestras relaciones concluyan.
+
+Al llegar a este punto, Arturito se puso tan enternecido que las
+lágrimas asomaron a sus ojos. Rafaela lo notó y siguió hablando con
+mayor dulzura:
+
+--Ten valor, hijo mío. Acaso no me expresé bien, o tú no me entendiste.
+Yo no quiero dejar de ser tu amiga. Tú tienes y tendrás siempre
+preferente lugar en mi corazón. Te he querido, te quiero y te querré
+toda mi vida. Huérfano tú desde la infancia, no has gozado del afecto
+puro y santo de una madre. Yo te ofrezco hoy un amor que debe
+purificarse y adquirir la apariencia, si no el ser de amor maternal. No
+le desdeñes con perversión soberbia, seducido por amor vicioso y lleno
+de liviandades. Hoy que te amo yo con amistad inmaculada, entiendo que
+te amo más que te he amado nunca y no hago sino pensar en tu dicha.
+Considera que tu padre es ya muy anciano, que pronto acaso tendrá que
+rendir el inevitable tributo que a la naturaleza rendimos todos, y que
+te dejará dueño de un nombre respetadísimo en este país y de cuantiosos
+bienes de fortuna. ¡Cuánto se alegraría tu padre de ver, en vida,
+asegurada en más extenso porvenir su sucesión y en contemplar y
+acariciar a los legítimos y preciosos nietos que tú puedes y debes
+darle!
+
+Aquí se enterneció más Arturito y pasó de las lágrimas a los sollozos.
+Rafaela, algo conmovida y muy piadosa, se levantó de su asiento, se
+llegó a él y le dio para animarle tres o cuatro blandos cogotacitos con
+la blanca y linda mano. Volvió luego a sentarse lejos de él y con grave
+autoridad le informó de que andaba buscándole novia y aun le citó los
+nombres y le habló de las condiciones de tres o cuatro muchachas de la
+ciudad en quienes ella había puesto ya la mira.
+
+--Tú eres muy buena, muy buena, decía Arturito; pero es inútil el trabajo
+que estás tomando. Yo no quiero casarme. Yo sólo me casaría contigo.
+
+--Sí... hombre del diablo--exclamó Rafaela riendo--. ¿Qué crimen meditas?
+¿Quieres matar a mi excelente D. Joaquín?
+
+--Guárdeme Dios de semejante pecado--contestó Arturito--; pero si él
+buenamente se muriera....
+
+--No pienses ni digas tan abominable desatino. Es horroroso desear la
+muerte de alguien, y más aún la de una persona que tanto te quiere.
+
+En efecto, D. Joaquín, según su constante modo de ser, había concebido
+por Arturito la amistad más entrañable. Bien había querido al gaucho
+Pedro Lobo, pero a Arturito le quería mil veces más, por lo manso y
+apacible que era, por paisano y hasta por hijo del Sr. Gregorio, con
+quien tenía, desde hacía muchos años, estrechos lazos de amistoso
+compañerismo.
+
+Conoció Arturito que no debía desear la muerte de D. Joaquín y se
+compungió del improvisado deseo que había asaltado su corazón en un
+instante de descuido.
+
+Entonces apeló a otros medios para disuadir a Rafaela de la ruptura. Le
+dijo que ella le sostenía y guiaba por la senda de orden y de conducta
+juiciosa que él había emprendido, y que, no bien ella le dejase,
+descarrilaría él de nuevo, y sólo Dios o el diablo sabía en qué
+infernales abismos podría él hundirse.
+
+A esto replicó Rafaela, que pecar era detestable medio de prevenir el
+pecado; le aseguró que velaría sobre él para que no se extraviase, y
+reiterándole repetidas veces la seguridad y la promesa de que aún le
+amaba con la amistad más pura, y de que seguiría amándole siempre, se
+quejó de dolor de cabeza, dijo que necesitaba estar sola y hasta le
+empujó con maternal familiaridad para que se largase, llamando a
+_Madame_ Duval, a fin de que le acompañara hasta la misma puerta del
+hotel. Arturito tuvo que irse muy triste y desolado.
+
+No se le ocurrió, ni por un momento, dudar de la sinceridad de Rafaela
+ni de su reciente empeño de volverse santa. A todos los hombres nos
+ciega algo la vanidad y no acertamos a ver, en ocasiones, al rival que
+aparece, ni a descubrir en él mayor mérito que en nosotros, ni más
+seductores recursos. Y por otra parte, los diálogos entre Rafaela y Juan
+Maury, que Arturito había oído, y que versaban sobre historia,
+metafísica y otros objetos profundos, apartaban del pensamiento de
+Arturito toda sospecha de que los interlocutores pudieran enamorarse. Lo
+que es él ni con las mujeres de San Pablo, ni con las de Olinda, ni por
+último, con las ninfas que había tratado en París, se había engolfado
+nunca en tales honduras y discreteos. En París, dígase lo que se diga,
+no abundan las Aspasias. Al menos él no las había encontrado, o bien
+ellas, considerándole profano, le habían ocultado su retórica y su
+filosofía, guardándolas para los Pericles y los Sócrates, y luciendo, a
+lo más, su ingenio en _calembours_ más o menos desvergonzados y burdos.
+
+Dicho sea en honor de la verdad y en alabanza de Rafaela, su sinceridad
+en todo aquello era completísima. Rafaela creía en la propia contrición,
+en su horror al pecado y en su firme propósito de la enmienda que la
+movían a despedir a Arturito. Lejos, muy lejos de ella la idea de que
+Juan Maury diese o pudiese dar el menor impulso para aquel acto.
+
+Si algún cálculo extraño a la contrición y al arrepentimiento era parte
+en la resolución que Rafaela había tomado, este cálculo la honraba,
+demostrando que era prudente y buena.
+
+La noche en que Rafaela despidió a Arturito, era el 5 de Febrero de
+1852. Rafaela acababa de saber, con no pequeño sobresalto, que el
+dictador Juan Manuel Rosas, al frente de sus parciales, había presentado
+la batalla en Monte Casero a los coligados que habían acudido para
+despojarle de la dictadura. La derrota del dictador había sido completa.
+Disfrazado de gaucho, se había refugiado en el barco de vapor inglés
+_Locusta_ y navegaba ya con rumbo a Inglaterra.
+
+Rafaela tenía claro presentimiento de que si Pedro Lobo no había muerto
+en la pelea, no habría querido ni podido permanecer en territorio
+argentino y también se habría expatriado. Estaba además segura de su
+poderoso atractivo y de que él no se iría a Europa sin pasar por Río y
+sin venir a verla. Le creía apasionado, celoso y tal vez enterado de
+todo, porque nunca falta gente chismosa que se deleite en dar ciertas
+noticias. Derrotado y huido de su patria, Pedro Lobo debía de estar más
+feroz que nunca, y Rafaela temía, sino ponía en salvo a Arturito,
+apartándole de sí, que ocurriese a éste un lastimoso percance. Su
+propósito, perseverando en su plan de enmienda y santificación, era
+despedir también a Pedro Lobo, pero, por lo mismo, tenía mayor empeño en
+despedir antes a Arturo, para que ni remotamente imaginase el otro que
+aquel infeliz muchacho era causa de su despedida.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+
+Rafaela no se había engañado. Dos días después de haber despedido
+a Arturito, supo que Pedro Lobo acababa de desembarcar en Río de Janeiro
+y que pretendía venir a verla.
+
+Ausente D. Joaquín y víctima Rafaela de jaquecas continuas, Rafaela no
+recibía entonces ni salía de su casa.
+
+Pedro Lobo buscó en la calle a _Madame_ Duval, le habló, y le pidió y
+casi le exigió que le diese una cita con su señora.
+
+_Madame_ Duval se excusó como pudo, pero, cediendo a la terca
+insistencia del gaucho, tuvo que encargarse de una carta que éste le dio
+para Rafaela. Ella la recibió y la leyó con hondo disgusto, y, si no
+tuvo miedo, fue porque de nada le tenía.
+
+Era, sin embargo, prudente y rehuía comprometerse escribiendo. No tenía
+gana tampoco de recibir al gaucho para despedirle y para tener con él
+una escena violenta y acaso trágica.
+
+Se valió, pues, de _Madame_ Duval como mensajera. La instruyó
+detenidamente en todo cuanto había de decir: en la resolución que había
+tomado de seguir nueva vida, en sus remordimientos y en su firme
+propósito de no reanudar con él las pasadas relaciones y de no recibirle
+en secreto.
+
+Bramó de ira el gaucho al recibir el mensaje, pero disimuló la ira y
+hasta aparentó cierta conformidad, meditando y proyectando una venganza.
+
+Aunque no dijo a _Madame_ Duval que lo sabía, Pedro Lobo era sabedor de
+la ventura del joven Arturo. No habían faltado amigos oficiosos que le
+escribiesen a Buenos Aires informándole de cuanto se sabía o se presumía
+como evidente.
+
+Arturito supo también la llegada de Pedro Lobo no bien éste llegó. Y si
+hemos de decir la verdad, allá en el fondo de su alma pacífica y
+humilde, se alegró entonces de que le hubiese despedido Rafaela. Así se
+creyó libre y exento de tener un lance con el gaucho, que alcanzaba fama
+de brutal y grosero.
+
+Entre tanto, a fin de mostrar a Rafaela que por ella sólo había sido
+ordenada y juiciosa su vida; a fin de hacerle notar que se consolaba de
+su desdén volviendo a sus antiguas travesuras y locos deportes; y a fin
+acaso de que el mismo Pedro Lobo comprendiese que nada tenía él que ver
+con Rafaela, y que Rafaela no le importaba nada, decidió y concertó con
+los más alegres jóvenes de Río una regocijada partida de campo para el
+día siguiente, o mejor diremos para la siguiente noche. Era entonces el
+mes de Febrero, el más caluroso del año en aquellos climas, y sólo de
+noche podía disfrutarse algún fresco.
+
+Estaba ya preparado un _pick-nick_ en la Tejuca. Cuantos amigos
+quisiesen, podían ir inscribiéndose para ello en el casino y pagando
+después su cuota. Sólo las damas irían convidadas y sin pagar. Arturito
+había formado lista de ellas y dispuesto que las hubiese de todas
+procedencias y de todos colores: desde la alemana Catalina, apellidada
+por su cándida y sonrosada tez y por su dulce y buena pasta el _Merengue
+de fresa_, hasta lo que llaman en el Brasil café con leche más o menos
+cargado y café puro; esto es, que había tres o cuatro mulatas convidadas
+a la función y una negra gentilísima a quien llamaban la Venus de
+bronce. No faltarían tampoco dos garridas mozas, importación de las
+Islas Canarias, y algunas nacidas en las márgenes del Piratininga,
+fecundas en hermosas mujeres, una de las cuales descollaba por su
+aptitud y habilidad para cantar las _modinhas_ más chuscas y amorosas.
+
+La cena había de ser espléndida, y como el fondín de la Tejuca era pobre
+y se prestaba mal al esplendor, y aun al regalo, se discurrió llevar de
+Río algunos platos fiambres, el _champagne_ y otros buenos vinos, y a un
+hábil mozo de comedor que lo ordenase y dirigiese todo. Nadie más
+apropósito para esto que un esclavo negro de Arturo Machado, que fue el
+elegido. Según costumbre brasileña o por rara inclinación que allí
+había, los negros, cuando se bautizaban, sobre todo si se bautizaban
+adultos, y no eran criollos sino traídos de África, solían tomar nombres
+pomposos de héroes, emperadores y príncipes de la clásica antigüedad
+greco-latina. No ha de extrañarse, pues, que el maestresala que había de
+ir a la Tejuca se llamase Octaviano. Era alto y fornido, y, aunque tenía
+ya más de cincuenta años, parecía joven. Procedía este negro de un
+territorio del interior del África, cercano aunque independiente de las
+posesiones portuguesas. Y la gente afirmaba que en su país no era un
+cualquiera. Hasta que le cautivaron y le trajeron al Brasil, siendo él
+de edad de dieciséis años, se había criado con mucho mimo y cercado de
+profundo respeto, pues era hijo nada menos que del rey de los _Bundas_.
+Sobre esta particularidad el lector podrá creer lo que quiera. Yo
+refiero lo que se decía sin detenerme en averiguaciones. Sólo añadiré
+que el aire majestuoso y digno de Octaviano inducía a cuantos le miraban
+a no tener por fabulosa su regia estirpe. Resignado estoicamente a su
+ineluctable servidumbre, aprendió pronto cuanto le enseñaron, porque
+tenía mucho despejo. Y como era tan hábil y bien mandado, el látigo o
+chicote jamás hirió sus espaldas. Ni era conveniente para él tan rudo y
+degradante castigo. Si incurría en falta, la menor reprensión bastaba.
+Él la sufría con modesta paciencia y luego se corregía. Mas si por acaso
+la reprensión era injusta, en sus ojos relampagueaba el coraje, y el
+reprensor, con cierta consideración temerosa, medía el alcance de sus
+palabras y dulcificaba y mitigaba su acritud y dureza. Aun sin notar en
+sus ojos el citado relámpago, se conocía cuando estaba enojado por un
+muy raro y singular aviso. Octaviano, que era limpísimo en su persona y
+que vendía salud, jamás olía mal, ni aun en la fuga de las mayores
+faenas; pero no bien se irritaba, era como si se abriese de súbito un
+pomo de concentrados aromas, esparciéndose en el aire la fragancia. La
+_catinga_, represada y latente en los largos períodos de placidez, se
+alborotaba y se desbordaba entonces, brotando por todos los poros y
+trascendiendo a muchos metros de distancia, como los proyectiles de una
+ametralladora.
+
+Hacemos aquí tan particular y detenida mención de Octaviano por lo mucho
+que amaba a Arturito, de quien había tenido especial cuidado y con quien
+había jugado cuando niño, llevándole a paseo y a la escuela, y
+acompañándole luego cuando fue a estudiar a las Universidades de San
+Pablo y de Olinda. Arturito no llevó a París a Octaviano por no llamar
+la atención. Y no porque Octaviano fuese negro, sino por la singularidad
+de ciertos indelebles adornos que le distinguían, y que sin duda le
+hicieron y trajo de su país como señales de su categoría principesca.
+Ello es, que desde la punta de la nariz, subiendo por el caballete,
+atravesando el entrecejo y por medio de la frente hasta el nacimiento de
+sus cabellos crespos, tenía como una ristra de burujoncillos que
+parecían repulgos de empanada, y en las negras y relucientes mejillas
+llevaba un laberinto de incisiones, formando caprichosos dibujos, que
+sólo Dios sabe si serían expresión simbólica de la Teogonía y de la
+Cosmogonía de su tierra. Para averiguarlo, acaso no hubiera sido
+suficiente que sabios profundísimos empleasen más tiempo en estudiar su
+cara que Juan Francisco Champollion en estudiar la piedra de Roseta o
+que León de Rosny en estudiar los enmarañados códices cortesiano y
+troano.
+
+Así se preparó la fiesta, que prometía ser notabilísima por todo; hasta
+por la singularidad del maestresala.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+
+Todo el tiempo de la larga residencia de Pedro Lobo en Río,
+Arturito había estado en París y no había tenido ocasión de conocer y de
+tratar al gaucho. Esto no ofrecía, sin embargo, el menor inconveniente
+para que el gaucho fuese a la fiesta. Era un _pick-nick_ donde Arturito
+no figuraba importando más que cualquiera de los otros jóvenes
+brasileños y extranjeros que habían de ser de la partida, y a quienes el
+gaucho conocía y trataba. Deseoso de asistir a la fiesta y aun excitado
+a asistir por los ruegos de dichos jóvenes y con el fin de divertirse y
+de distraer sus penas, Pedro Lobo fue como uno de tantos.
+
+Por lo pronto, sólo pensó en el placer que aquello podría traerle, y no
+formó proyecto alguno de armar escándalo y camorra. Llegó a la Tejuca a
+caballo, con tres o cuatro de los que eran más amigos suyos, y se hizo
+presentar a Arturito del modo más correcto. Arturito le acogió con la
+debida cortesía.
+
+No pasó por las mientes de nadie que pudiera sobrevenir un lance entre
+ambos.
+
+Al anochecer, llegaron en un ómnibus las niñas, figurando como la
+capitana el Merengue de fresa.
+
+Todos la aclamaron reina de la función, así por su calidad de
+extranjera, como por ser la más hermosa, y, sin duda, la de más
+encumbrada jerarquía entre las de su oficio. Casi, casi, era una
+señorita. Vivía con su papá, que tenía no poco de respetable, que se
+ganaba la vida componiendo relojes, y que era fervoroso cristiano,
+aunque protestante, leyendo mucho la Biblia en sus horas de asueto. Ni
+se le podía acusar de excitación, connivencia o tolerancia en las
+transgresiones de su hija. Se oponía a ellas, pero como nada lograba con
+oponerse, acababa por aguantarlas, si bien con hondo dolor, para cuyo
+alivio apelaba a la bebida, de suerte que el ver al relojero alemán un
+tanto cuanto tomado del aguardiente, era indicio infalible de que
+Catalina no estaba en casa y andaba corriendo aventuras. Porque eso sí,
+ella respetaba la casa paterna y jamás allí las tenía, como no fuese con
+mil sigilosas precauciones y a furto del severo autor de su existencia.
+
+Catalina, al acudir a fiesta tan numerosa y estruendosa, daba un paso
+atrevido e inusitado, y atropellaba un poco su decoro, y, si no su
+buena, su mediana fama: todo por devoción a Arturito, cuya munificencia
+la encantaba y seducía.
+
+Hasta la una de la noche, aunque la animación y la alegría fueron
+grandes, bien se puede afirmar que en la reunión apenas hubo el menor
+incidente digno de censura. Al contrario, todo fue estético, artístico y
+literario. Las piratininganas recitaron lindamente sentidos versos de la
+Marilia de Dirceo; las muchachas de Canarias cantaron seguidillas y
+coplas de fandango; cantaron _londums_ las mulatas; la negra bailó con
+gran primor y salero, y entonó, por último, Catalina tan afinada y
+primorosamente varias canciones alemanas, que por unanimidad confirmaron
+todos su nombramiento de reina de la fiesta. Llegó la hora de cenar, y
+Catalina, como tal reina, dio el brazo a Pedro Lobo para ir al salón del
+banquete. Ella iba a presidirle, y, por extranjero y persona de más
+cumplimiento y ceremonia, sentó a su derecha a Pedro Lobo, mas no sin
+decir a Arturito que al otro lado suyo tomase asiento en la mesa. Él no
+dejó de tomarle, y todos cenaron con apetito y regocijo. Hubo platos a
+la francesa, varios _quitutes_ brasileños, y Jerez, Madera, _Champagne_
+y Oporto en abundancia.
+
+De resultas de las frecuentes libaciones, hirvió la sangre, se
+acaloraron las cabezas, las dulces pláticas se convirtieron en confusión
+y bullicio, y el banquete empezó a tener carácter de orgía. Podría
+decirse, si la mitología clásica no hubiera pasado de moda, que un
+enjambre de cupidillos menores revoloteaba, cerniéndose sobre la mesa,
+disparaba flechas sutiles e invisibles y desasosegaba y punzaba con
+ellas a los galanes y a las damas.
+
+No por eso se alteraba la paz. Todos se arreglaban, acoplaban y
+componían. Nadie se sentía desairado ni se mostraba descontento.
+
+Tal era la situación general; pero había dos sujetos, que acaso habían
+bebido más que los otros, que estaban más acalorados y que empezaron a
+mirarse con malos ojos por aspirar a lo mismo.
+
+Pedro Lobo y Arturito se empeñaron ambos en querer Merengue de fresa.
+
+La conciliadora y benigna alemana tenía dulzura para los dos;
+alternativamente se inclinaba a un lado y a otro y procuraba contener y
+complacer a ambos. Pero por más que hizo, no logró que ninguno de ellos
+aceptase la simultaneidad ni el turno pacífico.
+
+El juego terminó mal. Las cañas se volvieron lanzas. Pedro Lobo vio en
+aquella rivalidad, si no motivo, ocasión y pretexto para vengarse de
+otra rivalidad que infinitamente más le dolía. De súbito, pues, y cuando
+todos los concurrentes menos lo preveían, lanzó el gaucho varios feroces
+reniegos, se levantó de la mesa, agarró del brazo a Catalina e intentó
+llevársela consigo a tirones y poco menos que arrastrando. Llena de
+susto y lastimada por la violencia, la muchacha dio chillidos. Acudió
+Arturito a defenderla, pero el gaucho, más fuerte y más decidido, le dio
+un empellón y le apartó de sí bastante maltrecho. Todavía se lanzó sobre
+Arturito, decidido a darle de golpes; pero unas manos poderosas que
+parecían dos garras le asieron por ambos brazos, le zarandearon y
+sacudieron como si fuera un pelele y le derribaron por tierra con
+desprecio. Era el negro Octaviano que intervenía briosamente en defensa
+de su señor. Animado Arturito con aquel auxilio y enojado por los
+insultos y por la afrenta que Pedro Lobo le había hecho, prorrumpió en
+injurias contra él, le llamó satélite del sanguinario tirano Rosas y le
+calificó de derrotado y forajido. Los señores jóvenes que allí había
+consiguieron, no sin grande esfuerzo, separar a Octaviano de su
+intervención en la contienda e interponerse entre los dos principales
+contendientes, reteniendo sus manos y refrenando sus lenguas.
+
+Completamente se acibaró el contento que allí reinaba. Antes de que
+amaneciese se expidieron en el ómnibus el Merengue de fresa y las demás
+niñas. Algunos caballeros se eclipsaron también. Contra Octaviano hubo
+una verdadera conjura, y medio por persuasión, medio por violencia, le
+encerraron en un cuarto para evitar que escandalizara, tratando de
+inculcar en su mente que por mucho que se sintiese, era ya ineludible un
+encuentro muy serio entre Pedro Lobo y su amo. A Pedro Lobo no le
+faltaron dos testigos. Con otros dos que nombró Arturito concertaron un
+lance, el cual, por hallarse muy embravecidos los dos contrarios, no
+podía menos de ser serio.
+
+Arturito no sabía manejar el sable, ni esgrimir la espada, ni tirar a la
+pistola. Era menester procurar para él la menor desventaja posible,
+equilibrando las fuerzas y buscando iguales probabilidades de triunfo.
+
+Se hallaron dos pistolas de arzón que, muy cargadas, habían de levantar
+mucho y enviar la bala harto lejos del punto de mira.
+
+Se concertó que los combatientes se colocasen a cuarenta y cinco pasos
+de distancia. Al dar una palmada podrían marchar ambos, el uno contra el
+otro, hasta que sólo quince pasos los separasen. Durante la marcha cada
+uno podía tirar cuando quisiera.
+
+No bien fue de día claro, combatientes y padrinos fueron a un sitio
+apartado y esquivo, a más de dos kilómetros de la fonda, a una pradera
+sin árboles, en medio del bosque. Todo se hizo allí como estaba
+concertado. Arturito, sostenido por el pundonor, disimulaba su
+abatimiento: conocía que el duelo era inevitable, sopena de quedar para
+siempre humillado, pero presentía el desenlace más triste.
+
+El gaucho estaba muy sobre sí, ansioso de satisfacer su rabia y
+confiando en su destreza en las armas.
+
+Ambos ya en el sitio y con la pistola en la mano, marcharon el uno
+contra el otro. Inseguro Arturito de su puntería, no quiso disparar
+hasta llegar a la raya que se le había marcado. El gaucho, más seguro,
+disparó al dar el quinto paso. Todos los testigos tenían el
+convencimiento, la casi seguridad de que, no sólo el tiro de Arturito,
+sino también el del gaucho, tan malas y tan cargadas estaban las
+pistolas, iban a perderse en el aire. Esperaban que terminase el lance
+en reconciliación, y ya que no en almuerzo, porque la cena estaba
+reciente y no tenían gana, en otra nueva cena aquella noche en el mejor
+restaurante de Río de Janeiro.
+
+Pero el hombre propone, y no siempre Dios sino el diablo dispone. Nadie
+imaginó, por bien que en su sentir el gaucho tirase, que lo que ocurrió
+fue el resultado de su tino. Lo que ocurrió fue el resultado de la
+fatalidad más deplorable. La bala que disparó el gaucho penetró por la
+sien derecha en la cabeza del pobre joven y le dejó muerto en el acto.
+
+Grande fue el pasmo y profunda la lástima de todos los cómplices en
+aquel horror. El mismo Pedro Lobo, disipada de pronto su cólera, se
+sintió afligido.
+
+El caso, de común acuerdo, se ocultó o se disimuló para con el público.
+La fiebre amarilla hacía entonces muchas víctimas en Río. En la Tejuca
+no atacaba nunca aquella enfermedad, pero si alguien la traía a la
+Tejuca desde Río, la muerte era inevitable y rápida.
+
+Para el público se supuso que Arturito había muerto en la Tejuca de la
+fiebre amarilla.
+
+
+
+
+-XIX-
+
+
+Rafaela tuvo pronta y exacta noticia de cuanto había ocurrido, y su
+dolor fue muy hondo. Ella tendría sus defectos, pero no se puede negar
+que era leal y verídica, y que abominaba del embuste. Lo que había dicho
+a Arturito cuando le despidió era la verdad misma. Al dejar de quererle,
+como amante, había seguido queriéndole como si fuera su hijo: como
+criatura de su espíritu, ya que le había iluminado y mejorado. De aquí
+que la función de la Tejuca, triste prueba de la recaída del joven,
+abandonado por ella, bastó para afligirla; pero lo que la desoló, por no
+ofrecer ya remedio ni esperanza, fue la muerte violenta tan estúpida y
+brutalmente motivada.
+
+Rafaela, distando mucho de ser merengue de fresa, sin tener nada de
+empalagoso sino de brioso, atesoraba en el centro de su corazón un
+inexhausto manantial de cariño. No por reflexión ni por estudiadas
+teorías, sino por ciego e indomable instinto, era la mujer filántropa.
+El Padre García se lo había dicho muchas veces: ¡Ay, hija mía, sí tú
+amases a Dios la mitad siquiera que a los hombres, no estarías ya en la
+tierra, sino en el cielo, en el ardiente coro de los más enamorados
+serafines que coronan cual nimbo luminoso el trono del Altísimo! Lo
+conveniente, añadía el Padre en otra ocasión, es que tu filantropía se
+trueque en caridad cristiana: que ames a Dios sobre todas las cosas.
+Considera lo encaramada y elevada que estás ya en el amor, y calcula, si
+puedes, hasta dónde te encumbrarías en cuanto pusieses sobre todo ello
+tu amor divino.
+
+Por desgracia, esta deseada y aconsejada superposición no había llegado
+a verificarse, aunque Rafaela a menudo la apetecía.
+
+Indudablemente, sin ninguna intención y sin oculto propósito, sin
+descubrir ni reconocer ella como causa de su cambio la impresión que
+Juan Maury le había hecho, y creyéndose impulsada por las amonestaciones
+y piadosos discursos del Padre García, no sólo había despedido a
+Arturito, sino que también se propuso no volver a recibir al gaucho y
+romper para siempre con él, aunque bien notaba, con cierto sentimiento
+entre lisonjero y penoso, que la segunda venida del gaucho a Río había
+sido por ella.
+
+Y como ella jamás desechaba la gratitud ni la amistad, aunque desechase
+el amor, todavía, al despedir resueltamente al gaucho por medio de
+_Madame_ Duval, conservaba por él estimación y afecto. Sólo cuando supo
+la tragedia de la Tejuca, obra sin duda del injustificado rencor de
+Pedro Lobo, su amistad y su estimación hacia él se trocaron en
+aborrecimiento.
+
+La insistencia pertinaz que mostró Pedro Lobo en volver a verla,
+exacerbó este odio, agotó su paciencia y le hizo perder los estribos.
+
+Ella no recibía entonces, ni salía de casa; pero _Madame_ Duval era
+perseguida y detenida por Pedro Lobo, y ora por su medio, ora
+imprudentemente, valiéndose de un criado cualquiera, Pedro Lobo la
+inquietaba y la atormentaba con cartas pidiéndole, casi exigiéndole una
+cita.
+
+A las cuatro primeras cartas, dos al día, nada contestó Rafaela. A la
+quinta, en la mañana del día tercero, Rafaela se puso fuera de sí,
+perdió toda su circunspección, desechó recelos, resolvió arrostrar
+cualquier peligro que sobreviniese y contestó al gaucho, sin rasgar el
+papel, aunque bien pudiera decirse, citando el antiguo romance, que le
+escribió:
+
+_Con tanta cólera y rabia_,
+_que donde pone la pluma_
+_el delgado papel rasga_.
+
+La carta de Rafaela era como sigue:
+
+«Sr. D. Pedro Lobo: Ni usted tiene, ni yo he dado a usted el menor
+derecho para lo que hace, inquietándome, afligiéndome y desesperándome.
+Jamás prometí ni exigí a usted que me prometiera fidelidad ni
+constancia. No hay lazo que nos ate ni obligación que nos encadene.
+Libre es usted y yo también lo soy de querer a quien se nos antoje. Con
+plena libertad, aun después de haber arrojado de mi alma, por motivos de
+que no tengo que darle cuenta, todo tierno afecto hacia usted, le
+consagraba yo aún estimación amistosa. Esta se ha perdido también por la
+tremenda culpa de usted cometida hace pocos días. Ya ni amor, ni
+amistad, ni estimación le tengo. No diré que le odio, porque no odio a
+nadie, y si le odiase haría de usted excepción honrosa. Me es usted
+indiferente, pero me aburren y me atacan los nervios sus persecuciones.
+Váyase usted de Río y déjeme en paz. Como no gusto de frases pomposas,
+cuyo contenido pudiera alguien poner en duda, no me meto en decir que
+soy una dama y que usted es un caballero: diré sólo que soy una buena
+mujer, aunque pecadora, y que espero que sea usted un hombre bueno para
+mí y que como tal se conduzca. Con dicha esperanza escribo esta carta, y
+confío en que no me comprometerá usted abusando de ella; mas aunque
+desconfiase, de nada tendría miedo. Podría usted causarme el mayor daño
+y me sería menos insufrible que su empeño de reanudar relaciones. Rotas
+están para siempre y nada temo por mí. Temo por usted y le aconsejo que
+se vaya cuanto antes a Europa. Por nada del mundo quisiera yo más
+tragedia. Yo no soy vengativa, pero hay personas que lo son. Guárdese
+usted de ellas, y póngase en salvo.»
+
+Así terminaba la carta, firmada sólo con la inicial R.
+
+_Madame_ Duval la llevó a la fonda donde el gaucho vivía, y estuvo
+presente a su lectura.
+
+No bien acabó de leer, Pedro Lobo dijo furioso:
+
+--Me insulta y hasta se atreve a amenazarme. Sin duda tiene nuevo galán y
+con él es con quien me amenaza. Yo me río. Morirá a mis manos como
+Arturito ha muerto.
+
+--Sosiéguese usted--dijo _Madame_ Duval con mucho reposo--. No es amenaza
+sino aviso lo que da mi señora. Ella dista mucho de tener nuevo galán.
+Créame usted. Hablo sinceramente. Mi señora se ha entrado por la
+devoción y lleva camino de ser una santa.
+
+--¿Pues entonces quién es la persona de quien dice que debo salvarme? Yo
+no quiero salvarme de nadie. La buscaré y nos veremos las caras.
+
+--No se exalte usted, señor Pedro Lobo--replicó la dueña--. No hay motivo
+ni posibilidad de que usted tenga nuevo lance. El aviso de mi señora se
+funda....
+
+--¿En qué se funda?
+
+--Tal vez en que ha irritado usted a un hombre rico y poderoso
+arrebatándole su único hijo, a quien idolatraba.
+
+--¿Cree Rafaela acaso que el viejo Machado es capaz de pagar sicarios
+para que me asesinen?
+
+--Muy lejos está de creerlo, pero tal vez haya quien, sin esperar ni
+recibir salarios, ponga a usted asechanzas y atente contra su vida.
+
+--¿Y quién puede ser ese guapo?
+
+--Pues bien, señor Pedro Lobo, voy a decírselo a usted para su gobierno.
+No digo que sea, pero puede ser el negro Octaviano. Acusarle sería
+inútil y hasta peligroso porque se pondría cierto lance en conocimiento
+de la justicia y porque no hay prueba alguna contra Octaviano. Yo sólo
+sé que él es rencoroso y fuerte, que sabe disimular sus propósitos y que
+amaba en extremo a su niño, como él llamaba al señorito Arturo. El brío
+del tal negro es para aterrar a cualquiera. Todos los otros negros le
+reconocen como el más diestro y pujante en la _carnerada_.
+
+--¿Y qué diantre de _carnerada_ es esa?--preguntó Pedro Lobo riendo,
+aunque preocupado y un tanto cuanto con la risa del conejo.
+
+--La _carnerada_--contestó _Madame_ Duval--, es un raro arte de esgrima que
+los negros aprenden y ejercen. Como tienen la cabeza más dura que
+hierro, hacen de ella un arma y llegan a dar topetadas feroces y a veces
+mortales. A menudo, ni la ley puede castigarlos por este crimen, porque
+una fiebre o un delirio, que también se llama _carnerada_, se apodera de
+ellos, les quita la responsabilidad y el juicio y los impulsa a correr
+frenéticos por las calles y a chocar con el primero que más a propósito
+se les antoja, dándole a veces tan tremendo golpe en el pecho, que le
+causa la muerte. Ni mi señora ni yo podemos saber de fijo que Octaviano
+quiera emplear en usted la _carnerada_; pero todo es posible, y tenga
+usted entendido que Octaviano no es solamente audaz, sino también
+precavido y astuto, por lo cual, si se propone _topar_ contra usted, no
+le bastaría fiar en su destreza, aunque es mucho lo que en ella fía, y
+de seguro que habrá juramentado a varios de sus amigos y discípulos en
+el arte, para que si él malogra la empresa, ellos la terminen.
+
+Al oír esta relación, Pedro Lobo no pudo aguantar más, montó en cólera y
+dijo a la dueña:
+
+--Ea, basta ya, doña Duval o doña Marisápalos, y no pretenda burlarse de
+mí e intimidarme con mentiras o con ridiculeces. Pronto, largo de aquí,
+si no quiere usted que me olvide de que es mujer y... vieja.
+
+Lo de vieja dolió en extremo a _Madame_ Duval, porque se consideraba
+joven y casi lo era. Aún no había cumplido cuarenta años; gozaba de muy
+buena salud; si bien algo chata, no tenía mal ver, y estaba rolliza y
+sonrosada, y con la tez tersa y jugosa.
+
+Al llamarla vieja, Pedro Lobo procedía con injusticia notoria y con
+falta bestial de galantería, pero, como estaba tan enojado, algo debemos
+perdonarle.
+
+Lo que es _Madame_ Duval no le perdonó nada. Tuvo, sí, miedo de su furia
+y puso pies en polvorosa. Sin embargo, al llegar a la puerta de la sala,
+y antes de apresurar el paso y aun de echar a correr, no pudo resistir a
+la tentación de imitar a los partos y de disparar huyendo la más
+emponzoñada flecha.
+
+--Señor valiente--dijo--. No disimule usted su miedo con la cólera. El caso
+es grave. No morirá usted de cornada de burro, pero puede morir de
+topetada de negro. Esté sobre aviso.
+
+Pedro Lobo quedó bramando de coraje. Hallaba ridículo que le amenazasen
+con la _carnerada_, y más ridículo aún que él la temiese. Pedro Lobo, no
+obstante, la temía, aunque trataba de disipar el temor y de ocultarle a
+su propia conciencia.
+
+Harto sabía él que lo de la fiebre o delirio de la _carnerada_ no era
+fábula. Por otra parte ¿qué adelantaba con seguir en Río? La carta de
+Rafaela era feroz, pero él desistía de vengarse de ella villanamente. Y
+pretender o exigir de nuevo reconciliación, ya con súplicas, ya con
+intimidaciones, estaba convencido de que era inútil.
+
+En Río, además, donde el Sr. Gregorio Machado era bastante querido, casi
+toda la gente de la sociedad miraba al gaucho con disgusto mal
+disimulado como a matador de un mozo que en medio de todos sus extravíos
+siempre había sido dulce y afable.
+
+Pedro Lobo revolvió mil cosas en su mente, formó mil desatinados
+proyectos: hasta pensó en ir de mano armada a buscar a Octaviano,
+adelantándose a matarle antes de que él le matara; pero al cabo, después
+de muchos desvaríos, prevaleció la determinación más juiciosa; y, cuatro
+días después de la conversación que tuvo con _Madame_ Duval, Pedro Lobo
+se embarcó en un vapor inglés que iba a Southampton y libró de su odiada
+presencia a Rafaela, a _Madame_ Duval, al señor Gregorio Machado, a
+Octaviano, y a casi toda la sociedad _fluminense_.
+
+
+
+
+-XX-
+
+
+Grosero y pesimista es el refrán que dice: el muerto al hoyo y el
+vivo al bollo. El refrán, con todo, tiene por desgracia mucho de verdad.
+A los siete u ocho días de muerto Arturito y a los tres o cuatro de ido
+Pedro Lobo, nadie se acordaba ya de Arturito, salvo su padre, Octaviano,
+Rafaela y el Sr. D. Joaquín, que le amaba y le lloraba como a su mejor
+amigo. Porque D. Joaquín, cual fruto almibarado y sabroso con cáscara
+amarga, no bien quedó despojado por el amor y el arte de su mujer de la
+cáscara de usurero en que durante muchos años se había parapetado y
+escondido, apareció como el ser más tierno y angelical entre todos los
+seres humanos.
+
+En Río se seguía la vida de costumbre, si bien muchos caballeros y la
+elegante juventud dorada echaban de menos la tertulia de Rafaela, la
+cual andaba retraída y triste, y no recibía.
+
+Muchos jóvenes de la buena sociedad acudían con frecuencia al casino
+como único recurso. Nuestros amigos, o por lo menos conocidos ya del
+lector, el vizconde de Goivoformoso y Juan Maury, eran de los que allí
+más acudían.
+
+Hubo, a la sazón, un incidente que tiene trazas de insignificante, pero
+del cual importa dar cuenta ahora, porque contribuye algo a la claridad
+y al proceso de esta historia, quizás más verdadera que divertida.
+
+En sus ademanes, en su conversación, en su modo de vestir, de
+presentarse y hasta de andar, era tan sencillo Juan Maury y carecía
+tanto de afectación y estudio, o los disimulaba tan bien, que las
+personas ordinarias no caían en la cuenta de su aristocrática y natural
+distinción, y sólo las personas que, si no tenían la misma distinción,
+eran dignas y capaces de tenerla, comprendían y estimaban en todos sus
+quilates la del inglesito: pero ni a unas ni a otras personas
+deslumbraba él ni hería o lastimaba con elegancias de relumbrón. Era
+todo lo contrario de lo que había sido Arturito al volver de París. La
+ropa, los dijes y los primores de Arturito habían excitado la admiración
+y la envidia. Su _dandinismo_ había hecho estruendosa irrupción en la
+mente de sus maravillados compatriotas, mientras que el _dandinismo_ de
+Juan Maury, casi a despecho de su poseedor, sólo se insinuaba con suave
+lentitud en el espíritu de la gente más delicada. Evidentemente, Juan
+Maury ni tenía en Río, ni hubiera tenido en parte alguna, el menor
+propósito de llamar la atención, y menos que por nada por adornos o
+perfiles que pueden comprarse en una tienda. Pero aún era muchacho y
+solía tener caprichos casi infantiles. Por uno, pues, había llamado la
+atención a pesar suyo. Nadie había reparado en que sus fracs y sus
+levitas tenían corte más elegante, ni que en todo lo demás de su traje
+había el sello de la perfección que cabe en lo humano; pero el bastón
+que llevaba de diario excitó la admiración e hizo el encanto de todos,
+porque entonces era objeto de altísima novedad, y de invención tan
+reciente, que tal vez no se contaría aún por todo el mundo media docena
+de semejantes bastones, los cuales, con el andar del tiempo, se han
+emplebeyecido y divulgado tanto, que ya nadie los lleva, a no ser algún
+cursi frenético y atrasado de moda.
+
+El bastón de Juan Maury era un bambú como cualquiera otro. Por donde
+descollaba y pasmaba, era por el puño, hecho de marfil en forma de
+cabeza semi-humana, semi-perruna, bastante bien tallada. Los ojos eran
+de vidrio, imitando los naturales, y muy luminosos. La parte que
+figuraba el pelo estaba teñida de negro; en las mejillas había un tinte
+sonrosado, y en la boca vivísimo color rojo. Se tocaba un resorte o
+botoncito, y la figura entonces bajaba y subía los párpados, abría mucho
+la boca y sacaba y enseñaba una lengua muy larga y puntiaguda.
+
+Las muecas de la cabeza esculpida, al moverse por medio del resorte de
+la manera ya indicada, divirtieron mucho a los jóvenes brasileños, y no
+pocos se apresuraron a ser presentados a Juan Maury para que les
+enseñara el bastón, cuyo éxito fue tan grande que le pidieron las señas
+de la ciudad y de la tienda donde le había comprado, y pidieron una
+buena remesa de ellos para Río.
+
+Mucho distaba aún de llegar la remesa, cuando, en aquellos mismos días
+del lance entre Arturito y el gaucho, notó la gente que Juan Maury no
+llevaba ya el bastón. Le preguntaron por su paradero y él contestó que
+no sabía. El bastón se le había perdido. No había quedado rastro de él.
+Era como si la tierra se le hubiese tragado.
+
+Tres puntos fueron los que en aquellos días se tocaron en las
+conversaciones en que la política o la literatura no entraban por nada.
+La muerte de Arturito y la pérdida del bastón, aunque pronto empezaron a
+olvidarse ambas cosas, y por último la aparición de la famosa contralto
+Rosina Stolz, que iba a estrenarse en el teatro principal, en la
+Semíramis de Rossini, donde ella era admirable, como actriz y como
+cantora, haciendo el papel de Arsaces.
+
+Los filarmónicos, que en los ensayos la habían oído, estaban
+entusiasmados y referían maravillas, lo cual acrecentaba la envidiable
+fama que la había precedido antes de llegar de Europa y estimulaba en
+todas las personas de buen gusto la curiosidad y el anhelo de verla y de
+oírla.
+
+Daba mayor interés a la aparición de la Stolz en el teatro de Río, el
+que se había formado un terrible partido contra ella, impulsado por el
+sentimiento patriótico. Y no porque nadie imaginase que podía existir
+rivalidad entre las _modinhas_ del país y la música de los grandes
+maestros italianos, ni entre las indígenas y populares cantoras y una
+_diva_ tan eminente y tan aplaudida en los principales teatros europeos.
+Todo era por culpa de un desaforado crítico francés, que no ha dejado de
+tener imitadores más tarde. Anticipándose a Julio Lemaître, que publicó
+un artículo en los periódicos dando consejos a Sara Bernhardt cuando fue
+a América, el referido crítico había dado y publicado también consejos a
+la Stolz antes de que se embarcase en un puerto de Europa para ir a la
+conquista del Nuevo Mundo.
+
+Muy de veras me aflige no conservar el artículo de los consejos
+dirigidos a la Stolz para poder copiar aquí un trocito; pero como Julio
+Lemaître, en caso parecido, si no idéntico, vino a decir lo propio,
+pondré aquí algo de lo que dijo:
+
+«Vais--le dijo, yo supongo que dirigiéndose a la Stolz--, a mostraros a
+hombres de poco arte y de menos literatura, que os comprenderán mal, que
+os mirarán con el asombro que se mira una ternera de cinco patas, que
+verán en vos un ser extravagante y estruendoso, y no la artista
+infinitamente seductora; y que no reconocerán vuestro talento sino
+porque les costará caro el oíros».
+
+Para remachar el clavo con que el crítico hería el orgullo de la América
+latina, como ahora se dice, había en el artículo algunas amonestaciones
+a la artista, a fin de que no se dejase enternecer por las ardientes
+adoraciones de los entusiastas americanos, a quienes el articulista
+calificaba de sensuales y de candorosos, y que, inflamados de amor,
+irían a ponerse de hinojos ante ella.
+
+Este arranque de la _outrecuidance_ parisina enojó en extremo a los
+brasileños más patriotas, faltando poco para que no le produjese a la
+Stolz el amargo fruto de una silba. Por fortuna la filarmonía pudo más
+en esta ocasión que el patriotismo vidrioso, y la Stolz fue aplaudida
+frenéticamente, y llevada a su casa en triunfo, con música, antorchas y
+faroles encendidos. Hubo, no obstante, algún poeta satírico y
+avinagrado, que se vengó en la Stolz de la insolencia del crítico
+francés, y todavía conservo yo en la memoria algo de una graciosísima
+sátira que le compuso, donde después de afirmar que la artista era un
+desecho del viejo mundo y ella también vieja, justifica irónicamente los
+aplausos que le han dado con razones y comparaciones como las contenidas
+en los siguientes versos:
+
+_Um velho poema de capa extragada_
+_Nao perde por isso o interno valor_,
+_E a veces de baixo da pranta pisada_
+_Descóbrense ainda vestigios da flor_.
+
+Pero no adelantemos los sucesos; prescindamos de este episodio que
+apenas tiene relación con nuestra historia, y volvamos a la noche en que
+Rosina Stolz apareció en el teatro de Río por vez primera.
+
+
+
+
+-XXI-
+
+
+Rafaela, que era generosa de todo, lo era también de aplausos y de
+alabanzas. Por nada del mundo hubiera gustado de que silbasen a la Stolz
+como la habían silbado a ella, a no tener a la mano otro D. Joaquín para
+consolarla de la silba. Rafaela quiso, pues, que la Stolz triunfase, y
+se propuso contribuir a su triunfo. Y como Rafaela además era
+aficionadísima a la música, no se resignó a dejar de oír a tan egregia
+cantarina. De aquí que saliese del retraimiento en que por la pena de la
+reciente muerte de Arturito se encontraba y apareciese en su palco, en
+el teatro, la primera noche en que la Stolz cantó en la _Semíramis_. Don
+Joaquín fue también, aunque estaba tan apesadumbrado como si hubiese
+perdido un hijo.
+
+En el entreacto, el vizconde de Goivoformoso y Juan Maury, que estaban
+en butacas contiguas, subieron juntos a visitar a Rafaela.
+
+Muy impresionado estaba el vizconde, así por el canto como por la acción
+y la mímica de la Stolz, pero casi le borró aquella impresión una
+sorpresa que D. Joaquín, sin pensarlo ni quererlo, acertó a dar a él, y
+también a Juan Maury y a Rafaela.
+
+No sabemos cómo se habló de Arturito y se lamentó su muerte. Don Joaquín
+se conmovió, hizo tres o cuatro pucheritos y se le saltaron las
+lágrimas.
+
+--Toda mi vida--exclamó--, conservaré como recuerdo una prenda suya, que,
+sin duda, _Madame_ Duval llevó a la alcoba de mi mujer, donde yo la
+encontré hace dos o tres días. Esta es la prenda.
+
+Y levantando la mano del puño del bastón en que la tenía apoyada, dejó
+ver la cabecita de marfil que ya hemos descrito. Y llorando todavía por
+el difunto, tocó el resorte y movió la cabecita para que bajase y
+subiese los párpados, abriese la boca y sacase la lengua, luciendo sus
+habilidades. Al ver aquello, el vizconde se sonrió con malicia mirando a
+Juan Maury; éste se puso rojo como la grana, y Rafaela, sin poder
+reprimirse, empezó a reír a carcajadas. Don Joaquín hubo de imaginar que
+a Rafaela le hacían mucha gracia las muecas de aquel muñeco, y le movió
+más, poniéndosele delante. Rafaela rió entonces con carcajadas más
+sonoras, y, para no llamar la atención del público, se retiró al fondo
+del palco. Allí siguió la risa, y siguió, hasta que D. Joaquín, que
+había cesado ya de mover el resorte, acabó por alarmarse. También se
+alarmaron Juan Maury y el vizconde, únicos allí presentes. La risa, por
+caso extraño, se convirtió en ataque de nervios. Fue menester que
+Rafaela se retirase a su casa a media función, sin contribuir al triunfo
+de la famosa cantarina y sin presenciarle.
+
+Sólo el vizconde, testigo de aquella escena, pudo comprender sus causas
+y explicar su significado.
+
+Don Joaquín no volvió a servirse del bastón, porque Rafaela le dijo que
+el verle le hacía daño.
+
+En efecto; Rafaela era una criatura muy singular. Al principio halló
+chistosa la equivocación de su marido y se rió de todas veras, con
+placer semejante al que produce la representación de un grotesco
+sainete; pero la tenaz persistencia de la escultura en sus muecas y
+visajes le produjo un efecto muy raro. Del mismo modo que al restregar
+un fósforo se hace brotar la llama, se diría que aquella figura, con sus
+persistentes y fantásticos movimientos, le restregó las telas del
+cerebro, y barriendo de allí las imágenes ridículas, hizo aparecer el
+cuadro vivo de tristes sucesos a que ella había dado ocasión, cuando no
+causa, y la no menos viva representación de la deplorable facilidad con
+que ella, casi sin saber cómo, había abandonado, en un momento de
+alucinación, los sinceros propósitos y los excelentes planes que le
+había hecho concebir el Padre García. Tal vez en la misma noche en que
+Arturito y el gaucho reñían un duelo a muerte, ella con el inglesito se
+había olvidado de todo. El puño del bastón, con su monstruosa y
+semi-humana figura, de repente se trocó en un espectro para ella; en un
+espectro que acudía a atormentarla con burlas espantosas.
+
+La señora de Figueredo, con todo, no se ahogaba en poca agua ni se
+asustaba por cualquier niñería. El ahogo y el susto pasaron pronto.
+Todas las cosas volvieron al ser que tenían.
+
+El inglesito llegó a ser íntimo en casa de Rafaela. Don Joaquín concibió
+por él mucho más cariño que el que tuvo al gaucho, y casi estamos por
+afirmar que un poco más que el que tuvo a Arturito. Hasta la propia
+_Madame_ Duval le cobró mayor amistad, le consideró más que a nadie y le
+miró como si fuese el señorito hijo de la casa, hablándole siempre en
+inglés y dándole el tratamiento de Master John.
+
+Pasado este incidente, advertido sólo por el vizconde de Goivoformoso y
+por los tres actores principales, empezó y transcurrió una época
+brillantísima para el hotel de los señores de Figueredo y famosa en los
+anales de la _high life_ fluminense. Banquetes, animadas tertulias,
+bailes, lucidas cabalgatas y hasta giras de campo se sucedían con corta
+interrupción. El inglesito no faltaba jamás en estas diversiones. Y
+Rafaela, como el sol en el meridiano, resplandecía por su hermosura y
+elegancia y parecía dichosa. Lo que es D. Joaquín no se mostraba menos
+elegante ni menos satisfecho, aunque sí harto menos bonito, y dejando
+notar en la flojedad de sus piernas y en el temblor de sus manos que lo
+que llaman vulgarmente el _bajón_ iba llegando para él, y que así para
+él como para los demás mortales, no pasan en balde los años.
+
+
+
+
+-XXII-
+
+
+Pronto pasó uno más, cuando ocurrió algo que, si bien hubiera
+debido preverse, fue muy doloroso para Rafaela. Juan Maury, trasladado
+por su gobierno con ascenso a una Legación de Europa, tuvo que abandonar
+a Río de Janeiro. Rafaela sintió sin duda grandísimo pesar, pero no le
+faltó energía para disimularle, y a los ojos del público apareció
+impasible y serena, así en los días que precedieron a la partida de Juan
+Maury como después de su partida.
+
+Lo que pasó, durante aquellos días, en el corazón de Rafaela, no lo supo
+más que una persona. Rafaela no se lo podía ni se lo quería decir a
+_Madame_ Duval, por juzgar sobrado sublime su secreto para hacer
+partícipe de él a tan vulgar personaje. Ni podía ni quería tampoco
+confesarle al Padre García, por considerar su secreto profano y por no
+ver en él culpa acompañada de arrepentimiento.
+
+Rafaela, no obstante, sentía la necesidad de desahogar con alguien su
+corazón, hablando de sus penas. Y como su único, constante y muy íntimo
+amigo en la ciudad era el Vizconde de Goivoformoso, a quien trataba
+desde que ella había llegado a Lisboa, Rafaela reconoció que sólo el
+Vizconde era su posible confidente, y habló con él de todo, si bien con
+mayor seriedad, con el mismo desenfado y con la misma franqueza que
+empleaba para hablar con él cuando, hacía ya más de diez años, él y ella
+iban a merendar o a cenar juntos en el _Retiro de Camoens_.
+
+Después de la ida de Juan Maury, Rafaela, a fin de evitar las hablillas
+y para que no se burlasen de ella afectando compadecerla como a mujer
+abandonada, siguió recibiendo por las noches y procurando que su
+tertulia no estuviese menos concurrida ni menos alegre que antes.
+
+Las expediciones campestres de D. Joaquín a la _chácara_ y las
+frecuentes jaquecas de que ella padecía, eran recursos de que no se
+había desprendido ni quería desprenderse. De estos recursos se valió
+entonces, no en pro del amor, sino en pro de una antigua y constante
+amistad, de la que esperaba consuelo y alivio en sus penas. Deseosa de
+hablar reposadamente con el Vizconde, le citó para una noche en que no
+recibía a los demás tertulianos, y tuvo con él el coloquio que vamos a
+reproducir aquí.
+
+Después de los amistosos saludos de costumbre, con la inveterada
+familiaridad de siempre, y tuteando al Vizconde como solía, Rafaela le
+dijo:
+
+--Tú eres mi mejor amigo, lleno para mí de amabilidad y de indulgencia. A
+solas contigo, no sé disimular: todo lo confieso: pienso alto. No me lo
+agradezcas. Yo soy quien debe mostrarte su gratitud. Si yo no pudiera
+decir a alguien lo que siento, si no te tuviera a ti para decirlo, creo
+que mi corazón estallaría como una bomba.
+
+--Pues, hija mía, di cuanto se te ocurra, que pronto estoy a escucharte y
+a consolarte si puedo.
+
+--De sobra--replicó ella--sabes mis relaciones con Juan Maury. Lo que no
+sabes es lo que ha habido de singular y de nuevo en estas relaciones.
+Otros hombres me han inspirado simpatías más o menos vehementes. Por
+ellos he sentido lo que se llama amistad. A caer en sus brazos me ha
+impulsado no sé qué extraña misericordia, no sé qué endiablada
+generosidad, que califico de perversa, y no sé qué vanidosa estimación
+de mi propia hermosura. He sido como engreído artista que anhela mostrar
+la linda joya que ha cincelado al que juzga delicado conocedor y buen
+perito. He sido como el poeta que, por más esfuerzos que hace, no sabe
+resistir a la tentación de recitar sus versos a quien juzga persona de
+gusto exquisito, capaz de estimar y de tasar el valor de ellos y los
+quilates de perfección y de belleza que contienen. Esta soberbia mía y
+el benigno afán de conceder yo venturas, sin pena para mí, sino tal vez
+con deleite, han sido la causa de no pocos extravíos y ligerezas que
+deploro. La gente me calificará de mujer galante y enamorada. Pero, si
+bien se mira, yo no he conocido el amor, como este no sea una
+combinación de amistad, aprecio, deseo de agradar y de embelesar, y
+empeño vanidoso en mostrar a quien se aprecia y a quien se profesa
+cierto cariño, todo el valer, toda la lozanía y toda la potencia
+deleitable y beatífica de la propia persona. Pero esto no es el
+verdadero amor. Si no fuese por los versos y las novelas que he leído,
+yo no tendría de él ni noticia ni presentimiento. En mi alma ha habido
+predilección no pocas veces. Tú, por ejemplo, y no quiero lisonjearte,
+has sido uno de mis predilectos. Lo que no ha habido en mi alma ha sido
+el amor perfectísimo de que nos habla la poesía. Mi alma ha tenido sus
+predilectos. Nunca ha llegado a tener al amado: al único, al verdadero y
+legítimo esposo; al que exclusivamente y para siempre se rinde la
+voluntad y se entrega y se abandona la vida. Sin él no se concibe goce.
+Las aspiraciones todas del espíritu, la fe en el mérito y excelencia de
+un ser extraño, el ansia de inefables placeres, todo, según dicen, se
+pone y se busca en el amado, el cual sólo podría tener rival en Dios, si
+lográsemos mortificar y aniquilar nuestro cuerpo y convertirnos en
+espíritu puro. Para la mujer amante no tiene, pues, ni puede tener en la
+tierra, rival el amado. Yo no había llegado ni me consideraba capaz de
+llegar a tan gentil idolatría. Sólo he entrevisto y columbrado así la
+capacidad de sentirla como el hechizo que debe de haber en ella, desde
+que fui de Juan Maury. Pero él, bondadoso, agradecido, con notable
+afecto hacia mí, porque yo no puedo ni quiero quejarme de su tibieza ni
+de su egoísmo, siempre me consideró como a una buena mujer, aunque harto
+ligera, y ese amor verdadero, ese apretado lazo de unión completa e
+indisoluble entre dos corazones humanos, jamás imaginó que pudiera
+enlazar su corazón con el mío. Yo entiendo que esto no llega a
+conseguirse jamás con súplicas y excitaciones de una parte. En ambas,
+para que prevalezca, ha de nacer de un modo espontáneo. Además, yo soy
+orgullosa y detesto la ficción y la mentira, aunque la piedad las
+motive. De aquí que al amor ideal, al amor exclusivo y único, que iba a
+brotar en mi alma, por primera vez y como flor tardía, le corté yo las
+alas antes de que remontase el vuelo. Juan Maury se ha ido. Yo no le
+censuro. Ha hecho bien. Ni él podía darme ni yo podía exigirle amor
+constante y para siempre. Deploro el amor ahogado antes de nacer, mas no
+el que ya vivía y ha muerto. Hasta en mi propia alma había obstáculos
+invencibles contra el nacimiento del amor, obstáculos que hubieran
+combatido contra él para darle muerte apenas nacido. La amistad que me
+inspira Joaquín Figueredo, mi gratitud hacia él, la estimación que le
+tengo, al ver en él un conjunto de nobles prendas, oculto y sepultado
+antes bajo las ruines condiciones de su sórdida existencia primera, y
+que yo he descubierto después, así para mí como para la generalidad de
+los hombres, todo esto no ha podido vencer la inclinación viciosa de mi
+naturaleza, la vehemencia de mis pasiones y la licencia y el desenfreno
+en que me he criado. Inútiles han sido mis propósitos de serle fiel;
+pero, me parece que no puede haber fuerza en el mundo que me impulse a
+serle inconstante, a abandonarle, a causarle inmenso dolor dejándole ver
+con claridad mi desvío, siendo con él cruelmente ingrata. Tengo por
+cierto que si mi amor hubiera nacido y se hubiera manifestado con la
+mayor vehemencia y si Juan Maury hubiera participado de él por completo,
+todavía hubiera yo preferido morir a dejar solo a Joaquín Figueredo, sin
+los cuidados y la ternura que hoy más que nunca necesita y que yo le
+dedico. Por esta consideración, casi me alegro de que Juan Maury me haya
+dejado y se haya ido muy lejos. Más vale que amor no nazca que no que
+muera en terrible lucha con una obligación que juzgo sagrada. Acaso
+halles tú harto alambicado y sutil lo que estoy diciendo, pero digo lo
+que siento aunque te parezca inverosímil. Hoy, perdido para mí Juan
+Maury y demostrada mi imposibilidad de amor, queda cual único fin de mi
+vida el propósito de hacer feliz a Figueredo, de mirar por su salud y
+bienestar, de endulzar y de prolongar su vida hasta donde sea posible,
+y, si le sobrevivo, de cerrar piadosamente sus ojos y de llorar su
+muerte.
+
+El Vizconde oyó con placer este en su sentir bello discurso, y le oyó
+también con asombro, porque apenas había hablado íntimamente con Rafaela
+desde que, en la aurora de la vida de ella y de él, tuvieron ambos
+frecuentes y encantadores coloquios en el famoso figón de Lisboa,
+llamado _Retiro de Camoens_.
+
+En extremo se pasmó el Vizconde del extraordinario progreso del espíritu
+de Rafaela en agudeza y en profundidad, y de su corazón en elevaciones
+morales. Él pensó, no obstante, que estas elevaciones, la gratitud de
+Rafaela y su reconocido deber de hacer dichoso a D. Joaquín, no se
+habían opuesto hasta entonces, ni se opondrían en lo futuro, a ciertos
+dulces, misteriosos y fugaces abandonos. Pensó también que Rafaela
+estaba afligidísima porque no había podido nacer en ella el amor puro. Y
+pensó, por último, que para consolación de tantas cuitas, y vista y
+declarada la imposibilidad del amor puro, aún podría servir el mixto,
+tal como Rafaela le entendía y le había descrito, o sea la combinación
+de la amistad, del aprecio, del anhelo de lucir generosidad y gallardía
+y de la sed del deleite.
+
+Rafaela estaba bellísima: incomparablemente más bella que allá en
+Lisboa, en la plaza de toros o en el _Retiro de Camoens_. Entonces era
+diamante en bruto: ahora diamante pulimentado y primorosamente engarzado
+en cerco de oro. Entonces era como planta silvestre de flor menuda y
+desabrido fruto, y ahora como planta cultivada con el mayor esmero, rica
+en flores odorantes y pomposas y en los frutos más exquisitos y
+sazonados.
+
+Hechas estas reflexiones, que asaltaron con rapidez y en tumulto la
+mente del Vizconde, y movido además por el deseo, por el cariño y hasta
+por la obligación en que se creía de ofrecer consuelo, a fin de no pasar
+por descortés y por sandio, el Vizconde recordó con viveza las antiguas
+intimidades y mostró con mayor viveza aún el prurito de renovarlas. Pero
+se llevó chasco y se quedó frío.
+
+Rafaela, sin menguar en nada su amistad hacia el Vizconde, y sin
+descomponerse con violencia y con enojo, le rechazó de modo tan resuelto
+y tan firme, que se disiparon las ilusiones que él se había forjado y
+reconoció que sólo con amistad podía consolar a Rafaela y ella quería
+ser consolada por él.
+
+El Vizconde tuvo el buen gusto de acomodarse a las circunstancias e hizo
+bien el papel de confidente y amigo. Así el coloquio duró aún más de una
+hora. Rafaela volvió a hablar de su pena, de su aspiración no cumplida
+de amor verdadero y de la desesperanza que de este amor tenía,
+celebrando y llorando a la vez por ello la partida de Juan Maury.
+Declaró por último su firme propósito de consagrarse en adelante a la
+amistad sólo; a la amistad sin combinaciones y llena de limpieza. Para
+esto, para que fuese su íntimo amigo, había citado al Vizconde. El otro
+amigo predilecto, cuya vida, mejorada por ella, quería seguir endulzando
+hasta que llegase a su fin e iluminándola con luz hechicera, era el
+señor de Figueredo.
+
+Terminadas todas estas revelaciones y apasionados discreteos, Rafaela
+tocó la campanilla, vino _Madame_ Duval y sirvió el té con bizcochos,
+pastas y tostadas, y ya con excelente crema de las vacas que había en la
+_chácara_ de Petrópolis.
+
+El Vizconde tuvo que irse después por donde había venido, con el
+contento de que se hubiese reanudado y estrechado tan dulce amistad, y
+con la melancolía de que fuese ya otra su forma, harto más sutil,
+depurada y etérea que en lo antiguo.
+
+
+
+
+-XXIII-
+
+
+Nada, durante los dos o tres meses que se siguieron pudo notar la
+persona más lince ni propalar la más maldiciente, que en la conducta de
+Rafaela contradijese los propósitos expresados por ella en su coloquio
+con el Vizconde. Se diría, por el contrario, que ella se extremaba en
+realizarlos. Sus mimos, sus cuidados hacia D. Joaquín eran incesantes.
+Entonces aún no había ferrocarril hasta Petrópolis. D. Joaquín, que
+había envejecido, aunque gustaba de ir allí, se fatigaba mucho y Rafaela
+se opuso a que fuese. Si iba alguna vez, Rafaela le acompañaba y
+compartía con él la fatiga. Jamás se quejaba ya de jaqueca, ni enviaba
+al campo a D. Joaquín cuando estaba jaquecosa. Casi siempre, sin
+jaqueca, y aun cuando por acaso la padeciese, se complacía en tener a D.
+Joaquín a su lado. Y al mismo tiempo no se mostraba ni triste ni más
+seria que en lo pasado; su buen humor y su alegría eran como siempre.
+Sus concurridas tertulias se hicieron diarias y sin interrupción. Nadie
+hubiera podido declarar con fundamento que la partida de Juan Maury
+había modificado el ser de Rafaela.
+
+Su amistad hacia el Vizconde siguió tan fina y tan estrecha como en el
+coloquio, pero sin que el coloquio se repitiese. Ella seguía hablando
+con el Vizconde, si bien delante de todos y sin dar que sospechar. Su
+conversación amistosa la consolaba y la deleitaba.
+
+No tardó Rafaela en perder también este consuelo y este deleite.
+
+El Vizconde tuvo que irse a Berlín a ocupar otro puesto diplomático.
+
+Sufrió Rafaela con calma la nueva contrariedad, y aún siguió, durante
+algunas semanas, el mismo género de vida.
+
+De repente, y sin que nadie pudiera atribuirlo a otra causa que a una
+enfermedad, Rafaela dejó de recibir, se retiró y se aisló. Nadie la veía
+ni en visitas, ni en paseos, ni en teatros.
+
+Este eclipse, aunque largo, terminó al fin, cuando pasaron otros cuatro
+o cinco meses.
+
+Rafaela reapareció entonces, lozana, bella y refulgente como un astro, y
+volvió a ser, durante más de un año, el delicioso centro de las
+elegancias de Río.
+
+Quien enfermó después fue el pobre D. Joaquín. D. Joaquín enfermó muy de
+veras y de la última enfermedad, que fue larga y penosa. En ella le
+atendió, le veló y le cuidó Rafaela como la más santa, más fiel, más
+devota y más apasionada de las mujeres. Hubo tal sinceridad, abnegación
+y fervor en ella, que hasta las personas más incrédulas y mal pensadas
+la miraron como modelo de cariñosas enfermeras. D. Joaquín exhaló en la
+hermosa cara de ella el último suspiro, y ella con la dulzura de su
+mirada mitigó el terror que infunde el ángel de la muerte, y en la
+herida con que mata derramó el bálsamo de sus lágrimas.
+
+Rafaela, por bondad y por orgullo, era generosa y desprendida. En
+aquella ocasión lo fue de suerte que dejó maravillados a todos los
+brasileños. Pudo disponer y dispuso de la última voluntad de D. Joaquín
+como de la suya propia. Todo D. Joaquín era suyo.
+
+Ella, no obstante, en vez de quedarse con el inmenso caudal de D.
+Joaquín, se enorgulleció y hasta cierto punto se consoló con repartirle
+en legados a todos los parientes pobres de él, que eran muchos, y a
+varios establecimientos de beneficencia del imperio. A casi todos los
+esclavos, en recompensa de sus servicios, les concedió libertad. Sólo
+guardó consigo, aunque también beneficiados por el testamento de D.
+Joaquín, a _Madame_ Duval, a dos doncellas, y a tres negros de los más
+fieles, hechos también libertos.
+
+La gente profana decía, entre admiración y broma, que jamás había habido
+en el mundo aventurera más rumbosa, ni más bizarra y espléndida mujer
+galante.
+
+Claro está que la esplendidez de Rafaela no llegó hasta el necio extremo
+de quedar ella a pedir limosna o en estrechez tal que la obligase a
+vivir muy en desacuerdo con la magnificencia de que, durante años, había
+gozado. Rafaela conservó para sí una pequeña parte, en fondos
+extranjeros, del gran capital de su difunto marido; conservó lo bastante
+para que le produjese de setenta a ochenta mil francos de renta, con los
+que decidió irse de Río y venir a vivir en Europa.
+
+Así lo hizo, a los pocos meses de viuda.
+
+De los posteriores sucesos de su vida, por espacio de mucho tiempo, ni
+tenemos noticias circunstanciadas ni nos convendría darlas aquí aunque
+las tuviésemos.
+
+Sólo veinte años después por medio del Vizconde de Goivoformoso, he
+vuelto yo a saber de Rafaela, reanudándose su historia en lo más
+esencial con lo que contaré en adelante.
+
+
+
+
+-XXIV-
+
+
+Entre no echar de menos a una persona y olvidarla por completo hay
+una enorme distancia. Si el Vizconde de Goivoformoso hubiera seguido
+siempre en Río de Janeiro, todo en torno de él, no sólo le hubiera
+recordado a Rafaela, si no le hubiera hecho desear su presencia y
+lamentar la falta de su trato y de su vista. Pero el Vizconde anduvo
+peregrinando por muy diversos y distantes países, viendo objetos nuevos,
+penetrando en el seno de muy diversas sociedades, hablando y oyendo
+hablar lenguas distintas y corriendo no pocas y variadas aventuras.
+Estuvo en Constantinopla, en Roma, en San Petersburgo, en Berlín y en
+Viena; y, aunque la nación a quien servía, así por su posición
+geográfica, como por la decadencia a que ha venido, no se mezclaba
+activamente en los grandes sucesos, él, por afición natural y también
+por su oficio, tuvo que enterarse circunstanciadamente de todos y
+mirarlos con interés. Ocurrieron casos extraordinarios que no pudieron
+menos de cautivar su atención poderosamente. Acabaron muchas dinastías,
+se hundieron muchos tronos; Italia logró al fin su unidad, en balde
+deseada durante trece o catorce siglos; se deshizo la confederación
+germánica; Austria perdió la hegemonía; Prusia, vencedora, se puso al
+frente de casi todos los pueblos germánicos; y por último, en tremenda
+lucha con Francia, Prusia la venció y la desmembró, apoderándose de
+algunas de sus hermosas ciudades y de parte de su fértil territorio y
+obligándola, desde su misma capital, de que se había apoderado, a pagar
+suma enormísima por su rescate.
+
+La vida del Vizconde, que permaneció soltero, fue, a su modo, y aunque
+por estilo apacible, no menos rica de acontecimientos que la del mundo.
+No faltaron en ella lances de honor y fortuna que no nos incumbe relatar
+aquí. Baste saber que, durante veinte años, sobre pocos más o menos,
+pues no creo que importe mucho una gran exactitud cronológica, el
+Vizconde no volvió a ver en parte alguna a Rafaela, y ésta, si bien
+siguió presente en su memoria, fue como imagen aérea y algo confusa,
+velada como entre nubes de vagos recuerdos y de agradables antiguas
+emociones.
+
+En los primeros días del año 1873, el Vizconde de Goivoformoso vino a
+París a pasar una larga temporada.
+
+Vencida Francia, despojada de ricas provincias, desquiciado el primer
+imperio entre anárquicas convulsiones, y cruelmente multada ella,
+todavía se repuso o más bien no tuvo necesidad de reponerse, porque no
+decayó, permaneciendo robusta y firme en medio de tantos males y
+conservando su poder y su riqueza gracias a la constancia y a la energía
+de sus hijos. La fertilidad de su suelo y más aún el talento de los que
+en él nacen y viven para todas las artes que hermosean, hechizan o
+consuelan la vida humana, su industria y su comercio, su fecunda
+habilidad para producir objetos de lujo y de regalo y su virtud
+económica para crear riqueza y para conservarla, todo esto concurrió a
+que Francia siguiese siendo, si no la primera en poderío material, la
+más querida, la más admirada, la más respetada, y fuera de Inglaterra,
+la más rica nación de Europa. Francia siguió dando la moda, enseñando la
+elegancia y siendo escuela y centro de toda cortesía. La más brillante
+antorcha de la moderna cultura se diría que siguió ardiendo en París y
+que desde allí iluminaba al mundo y atraía amorosamente a las almas.
+Sabios, poetas, dramaturgos y novelistas hay, sin duda, en otras
+naciones, pero los que más se leen, se celebran y se admiran en todas
+son los franceses. Apenas hay doctrina flamante, buena o mala, ni
+filosofía, ni sistema político, social o religioso, ni corriente que
+arrebate y lleve por nuevo camino las creaciones de la literatura y del
+arte que no nazca en Francia o que desde Francia no sea difundida y
+divulgada por todo el mundo. El francés sigue siendo, por donde quiera,
+la lengua diplomática y el idioma universal de los refinados y de los
+ilustrados. Las gentes de otros países de Europa, y más aún las de
+América, si tienen medios para ello, acuden a París, como las mariposas
+acuden a la luz, cegadas por su brillo. Allí creen las mujeres que,
+sobre las prendas que en el suelo natal debieron a la naturaleza, van a
+adquirir otras prendas artísticas y en cierto modo sobrenaturales, con
+las cuales, cuando vuelvan a su tierra, pasmarán a sus compatriotas,
+matando de amor a los hombres y de envidia a las mujeres. Los mancebos,
+que van allí desde apartadas regiones, imaginan que van a probar
+alambicadísimos deleites, ignorados y apenas columbrados en sueños en
+los lugares de donde vienen, y que van a trocar su primitiva rudeza en
+tan raro y gentil atildamiento que parecerán otros, y que, al salir del
+baño de París, resplandecerán como seres punto menos que divinos; y los
+hombres inclinados a las ciencias, a las letras o a las artes, entienden
+que en París van a dar a su educación los últimos y más delicados toques
+y van a hacerse dignos y capaces de la gloria, difundiéndola desde allí,
+si es que la consiguen, con mayor facilidad y prontitud que desde su
+misma patria o desde cualquier otro punto del planeta.
+
+No es de extrañar, en atención a lo expuesto, que los aspirantes a
+_high-life_, en todos sentidos, vayan en peregrinación a París como van
+a la Meca los musulmanes. Las mujeres van a comprarse dijes, afeites y
+mudas, a vestirse con Worth y a aprender a saludar, a andar y moverse
+con suprema distinción y según el último estilo; los seres humanos de
+ambos sexos, que presumen de discreción, van allí a adquirir desenfado y
+soltura fina y a ejercitarse en lo que llaman la _causerie_, o dígase en
+cierto linaje de amenísima y sutilísima charla, que, según afirman los
+franceses, y casi todos los que no son franceses creen, sólo en Francia
+y en francés es posible; y los jóvenes, por último, que sienten arder en
+su cabeza, ora el volcán de la inspiración poética o artística, ora el
+fuego sagrado y creador de las especulaciones filosóficas o de las
+ciencias experimentales, van a París a iniciarse en ellas, a inspirarse,
+a saturarse bien de civilización, ya frecuentando la Sorbona, ya
+asistiendo a los teatros, ya paseándose por los _boulevards_, ya
+conversando con las _heteras_, como Sócrates, Alcibíades y Pericles
+conversaban con Aspasia.
+
+Claro está que estos peregrinos de la cultura procuran visitar y tratar
+a los ídolos a quienes mayor devoción consagran. Para el que se precia
+en su país de hidalgo y linajudo, ¿qué mayor triunfo que introducirse en
+algunas casas y en el seno de algunas ilustres familias del _Faubourg
+Saint Germain_? Para el novicio o recluta de la sabiduría, ¿qué honra
+más superfina y disparatada que la de ser presentado y bien recibido,
+por ejemplo, en el año 1873 a que nos referimos, por el sabio Ernesto
+Renan o por el espiritualista Caro, almibarado filósofo y maestro de
+filosofía para las damas? ¿Y qué mayor encanto en el mismo año de 1873
+que el de hablar con Víctor Hugo o con Flaubert que aún vivían? Si el
+que era presentado a ellos componía versos, pongamos por caso, impresos
+o manuscritos podía llevárselos al ídolo, el cual tal vez tenía la
+dignación de aparentar que los leía y que los entendía, aunque no los
+leyese ni los entendiese. Y si por dicha llegaba a celebrarlos con
+olímpica benevolencia, el poeta peregrino se llenaba de entusiasmo, de
+fe y de aliento para atreverse a mayores cosas y ser en su tierra
+trasunto, arrendajo, o copia en menor escala, guardando siempre la
+proporción debida, de aquel a modo de numen tutelar de que había
+acertado a proveerse. Pero, ¿qué mucho si hasta menos altas facultades y
+virtudes, cuando están en potencia, se actúan, se acicalan, se templan,
+se bruñen y se aguzan en París como la espada en la oficina del armero?
+
+En París, no sólo el entendimiento, la imaginación y la sensibilidad, no
+sólo los sentidos estéticos, o sea la vista y el oído, sino también los
+otros tres sentidos, se educan y se perfeccionan.
+
+El olfato se adiestra para atinar con los perfumes distinguidos y para
+no confundirlos con los que sahúman o aromatizan a la gente ordinaria;
+el tacto adquiere perspicacia asombrosa para reconocer y disfrutar lo
+suave, aterciopelado, tibio y madoroso; y el paladar, por último, deja
+de estar embotado por los groseros guisotes patrios, se limpia y se
+despeja y llega a penetrarse de cuantos deliciosos sabores dan a sus
+guisos los más inspirados cocineros del mundo.
+
+De lo exterior y somero de todas estas cosas goza el peregrino que llega
+a París con dinero bastante; mas para entrar bien en París, para
+naturalizarse allí de veras, y no en los bajos y obscuros círculos, sino
+en los más eminentes y luminosos, el dinero no basta. Se necesita además
+saber muy bien la lengua, poseer notables prendas de entendimiento o de
+carácter, tener alguna habilidad rara que pueda manifestarse fácilmente,
+estar dotado de cierta desenvoltura y atrevimiento, y sobre todo, caer
+en gracia, lo cual suele depender, más que del mérito, de la suerte. Si
+esta elevada naturalización no se consigue, el que va a París no goza en
+París sino de lo que se paga; se queda aislado o desnivelado, sin llegar
+a vencer la prevención, si a veces algo justificada, siempre fatua, de
+que él es un ser retrasado en la marcha ascendente de la humanidad hacia
+las regiones de la luz: un individuo de una casta o nacionalidad
+inferior, y un bárbaro en suma. Verdad es, que siempre que un feliz
+mortal, viniendo de tierras extrañas, logra vencer la prevención
+susodicha, su triunfo es completísimo, su propia calidad de exótico le
+da mayor precio, y los más encumbrados parisienses le ponen sobre el
+pedestal en que ellos mismos están o se creen colocados. Así sucedió,
+por ejemplo, con el célebre Enrique Heine, y así sucedía en el año a que
+nos referimos con el famoso novelista ruso Ivan Turgueneff.
+
+Harto difícil y muy raro es el mencionado triunfo; de suerte que la
+mayoría de los extranjeros que van a París, sobre todo si son
+portugueses, españoles o hispano-americanos, a fin de gozar en París de
+algo más que de aquello que se paga, forman sociedad aparte, y son como
+una colonia, y están como en un teatro, cuyas magníficas decoraciones
+son la gran ciudad de las orillas del Sena, pero entre cuyos personajes
+apenas hay un francés de cierta importancia, a no ser alguno que por
+curiosidad cruce el escenario de pasada y tome parte en la acción sin
+premeditarlo y casualmente.
+
+Claro está que el Vizconde de Goivoformoso, aunque sólo fuera por su
+posición diplomática, podía aspirar a más honda penetración en París y a
+trato más íntimo con las varias aristocracias indígenas; pero, como
+recién llegado, empezó por visitar y frecuentar los círculos
+hispano-americano, español, portugués y brasileño.
+
+La acaudalada señora de Pinto, rica propietaria de Bahía de Todos los
+Santos, que hacía cuatro años vivía en París con gran lujo, no bien se
+informó de la llegada del Vizconde, a quien había conocido en Río, le
+escribió un billetito, convidándole a los tés musicales y a veces
+danzantes que tenía todos los viernes, y donde la mayor de sus hijas,
+que eran dos, y ambas bonitas, mostraba su habilidad y hechizaba con su
+voz melodiosa, cantando alternativamente, ya las _modinhas_ de su país,
+ya las canciones más sentimentales y melancólicas de Alemania, Italia y
+Francia.
+
+El Vizconde de Goivoformoso aceptó gustosísimo aquella amable
+invitación, y casi puede decirse que la primera tertulia a que asistió,
+después de su llegada, fue a un té en casa de la mencionada dama
+brasileña.
+
+
+
+
+-XXV-
+
+
+Vivía la señora de Pinto en una de las mejores calles que cortan
+perpendicularmente la calle de la Universidad: en la parte menos
+bulliciosa de las dos en que la ciudad está dividida por el Sena. La
+casa de la dama brasileña era nueva y tenía hermoso aspecto. La señora
+de Pinto habitaba en un piso principal, cómodo y espacioso.
+
+Ella tenía buen gusto y había amueblado su estancia, valiéndose de los
+mejores tapiceros, con muebles elegantes y hasta lujosos, pero sin
+relumbrón alguno. Nadie hubiera podido criticar sus salones por lo
+chillón y lo dorado de los adornos, pero hubiera habido en ellos algo de
+trivial y sin carácter propio, si la mencionada dama, o por reflexión o
+por instinto, no hubiera acudido a ponerles un sello de originalidad
+peregrina, un tinte marcado de distinción semi-aristocrática,
+semi-americana. Había en la antesala tapices y reposteros, donde se
+veían bordados los complicadísimos escudos de la gloriosa e histórica
+familia de los Pintos; y en el centro, frente a la puerta de entrada,
+resplandecía, en gran cuadro al óleo, al parecer antiguo, la reverenda
+imagen de Fernán-Méndez, tan célebre por sus estupendas peregrinaciones,
+y uno de los más brillantes antepasados de que aquella familia se
+jactaba. Y como si fueran reliquias de los mil curiosos objetos que
+Fernán-Méndez Pinto hubo sin duda de traer cuando volvió a Europa, se
+admiraban en aquella antesala broqueles, armaduras, lanzas y sables
+chinos, japoneses e indostaníes, combinado todo en las panoplias con
+flechas y cuchillos de pedernal de los tupinambas, de los tupíes y de
+otras tribus guerreras del imperio brasílico. En dos salas contiguas
+apenas había nada de exótico, pero sí muchos primorcitos y antiguallas
+de porcelana, bronce y plata, estatuetas, esmaltes y vasos colocados en
+rinconeras, anaqueles y repisas, o ya sobre los mismos muebles, ya
+custodiados en _vitrinas_ de prolija talla y gracioso dibujo. El salón
+de baile era de la más sencilla elegancia, estilo Luis XVI; sin más
+adornos que grandes espejos. Los marcos y demás ornamentación, aljabas,
+palomitas, lazos y flores, todo de madera charolada o más bien esmaltada
+de blanco con filetes azules. En los ricos aparadores del comedor y en
+sus armarios de roble esculpido, había mucha plata labrada, y en las
+paredes se veía suspendida multitud de platos de diversas épocas y
+procedencias, muestras escogidas del arte cerámica.
+
+La señora de Pinto, por último, había echado el resto en su _boudoir_ y
+marcádole más hondamente con el sello de su originalidad brasileña.
+Allí, sobre un fondo de muebles cómodos y bonitos, de lo más perfecto y
+refinado que en París se construye, había en urnas de cristal lindos
+pajaritos disecados, mariposas e insectos de vivísimos colores; pájaros
+vivos en doradas jaulas, y lozanas plantas de entre trópicos criadas en
+invernáculo con atinado esmero.
+
+Todas estas preciosidades y otras muchas que aquí no se ponen para que
+no parezca inventario este escrito, no evitaban que los maldicientes,
+los descontentadizos y los muy preciados de pertenecer a la flor y nata
+de la _high-life_ o de la _smart-set_, calificasen de _interlopes_ y de
+_rastaquouères_, tanto la escena que acabamos de presentar, como las
+personas que en ella aparecían.
+
+Contribuían no poco a que se formase este mal juicio las dos señoritas
+de la casa, cuyo prurito de señalarse entre las demás mujeres y de
+llamar la atención era harto extremado. No se contentaban con ser
+elegantes y con andar bien vestidas como las mujeres parisienses, sino
+que gustaban de añadir a las galas europeas, rasgos y perfiles del
+remoto país en que habían nacido y de otras apartadas regiones.
+
+La noche de la tertulia a que asistió por primera vez el Vizconde de
+Goivoformoso, la mayor de las señoritas de Pinto, que se llamaba Julia,
+tenía un collar de brillantes coleópteros, cuyos élitros, heridos por la
+luz de lámparas y bujías, lanzaban deslumbradores y tornasolados
+reflejos; y la segunda, que se llamaba Flora, llevaba zarcillos y collar
+de uñas de tigre, muy lustrosas y acicaladas, engarzadas en oro. Atado
+además de sutilísima cadenilla, pendiente de un brazalete, llevaba esta
+señorita, para colmo de distinción caprichosa y rara, un magnífico
+escarabajo vivo, que se le paseaba por el brazo, el talle y la desnuda
+garganta y cuyo refulgente color verde oscuro le hacía parecer animada
+esmeralda.
+
+La mamá nada tenía de extraño en su tocado y vestido. En sus modales, si
+por algo pecaba, era por sobra de naturalidad y franqueza. La señora de
+Pinto, con relación a los remilgos afectados y a las ceremonias de
+París, era por demás llanota y campechana. Como ya frisaba en sesenta
+años, aunque se conservaba muy bien, no tenía para qué reportarse, ni se
+reportaba y refrenaba en sus manifestaciones de cariño; de modo que
+recibió al Vizconde materialmente con los brazos abiertos. Sus salones
+estaban ya llenos de gente, pero no impidió esto que el Vizconde fuese
+por ella abrazado y casi besado. Ella decía que era como una hermana
+que, después de largos años de ausencia, vuelve a ver a su hermano; pero
+él entendía que la suposición hubiera estado mejor hecha figurando ella
+como madre y él como hijo. La verdad era, que si bien el Vizconde tenía
+más de cincuenta años, estaba tan bien, que parecía un muchacho, un buen
+mozo, atildado, gallardo y fino.
+
+
+
+
+-XXVI-
+
+
+Creyendo la señora de Pinto cumplir con un deber y deseosa además
+de presentar al Vizconde a los más notables personajes de su tertulia,
+se apoyo en su brazo y recorrió con él los salones. La concurrencia era
+verdaderamente cosmopolita, y, al parecer, de lo más selecto y
+encopetado. Verdad es que la señora de Pinto no nombraba sino a las
+personas que más notables le parecían, y sólo a las archinotables
+presentaba al Vizconde. Había allí cuatro príncipes rusos y dos o tres
+griegos, varios marqueses italianos, un miembro del Parlamento inglés,
+un célebre poeta rumano, algunos señores polacos y seis o siete condes
+de Alemania y de Austria, todos _hof-fähig_, o dígase capaces de asistir
+en la corte, con dieciséis cuarteles cabales, y sin el menor menoscabo
+ni deterioro en ninguno de ellos. Las esposas, hijas o hermanas de todo
+aquel señorío masculino daban a los salones gracia, hermosura y
+lucimiento.
+
+Había allí también literatos franceses, aunque de quinto o sexto orden,
+o de aquellos cuya celebridad y gloria estaban aún en ciernes o en
+capullo, sin acabar de florecer y de abrirse a la clara luz del día;
+periodistas de varios partidos y media docena de banqueros o aprendices
+de banqueros, unos israelitas y otros católicos.
+
+No se habla aquí de los españoles, portugueses y americanos, porque
+estos eran muchos y formaban la gran mayoría de tan híbrida asamblea.
+
+Entre los varios sujetos a quienes la señora de Pinto presentó al
+Vizconde, ninguno llamó más su atención, atrajo más su curiosidad ni le
+inspiró mayor simpatía que un caballero gascón, llamado el Barón de
+Castel-Bourdac. Sin ver en ello el menor rasgo de caricatura, y sin
+poner ironía en el tono o en el giro de la frase, podíase afirmar de
+este Barón, tanto a primera vista, como después de hablarle y tratarle,
+que en su porte, en sus modales, en su conversación y en su traza, era
+todo un gentil hombre: un caballero muy distinguido. Algo había en él de
+ridículo, pero estaba tan hondo y bien disimulado, que era menester
+penetrar mucho para que se descubriese. Tenía él cerca de setenta años,
+pero no estaba ni muy grueso ni muy flaco, era ágil y esbelto, no se
+pintaba la cara ni se teñía la barba ni el pelo, cuya limpia blancura
+despedía resplandor argentino. Su traje, sin nada que se contrapusiese a
+la ancianidad de la persona, era sencillo y elegante. Nada de dijes.
+Sólo botoncillos de nácar cerraban la bien planchada pechera. El lazo de
+la corbata blanca estaba improvisado sin artificio. El chaleco era
+negro.
+
+Pasaba el Barón por persona de conversación amenísima. Sus chistes eran
+repentinos, frescos y no recalentados ni preparados en casa. Todo el
+mundo sabía que era pobre, y él distaba infinito de ocultarlo, aunque
+nunca se lamentaba de su pobreza. No adulaba a nadie, pero no hablaba
+mal de nadie tampoco. Estaba lleno de ingénita benignidad y de natural
+indulgencia. Era gracioso y hacía reír con sus ocurrencias, sin poderlo
+remediar: de la manera más espontánea, sin chocarrerías ni bufonadas, y
+sin que ni remotamente se descubriera en él el propósito de ganarse por
+aquel mérito las voluntades y de adquirir reputación y valimiento.
+
+Lo más censurable que en él había, estaba fundado en el consorcio
+estrecho, en la combinación fecunda de su imaginación y de su memoria.
+Se diría que recordaba cuanto inventaba y que inventaba cuanto
+recordaba. Siempre que contaba algo, lo soñado y lo vivido eran como si
+fuesen idénticos, apareciendo él de resultas, no embustero, sino poeta.
+Pero en sus cuentos, ora fuesen ficción, ora historia verdadera, nada
+había nunca en perjuicio del prójimo, y a veces había mucho de verdad,
+aunque exagerada y bordada. Las telas de su cerebro eran como mapa
+confuso, donde estaban muy borrosos los límites entre lo real y lo
+ideal, lo fantástico y lo positivo.
+
+De todos modos, era innegable y notorio que el Barón había poseído
+bastantes bienes de fortuna que en su mocedad había disipado; que hacía
+treinta o cuarenta años había figurado como joven muy gallardo e
+interesante, conquistador de no pocos corazones femeninos, y que por su
+nacimiento y familia bien se podía jactar de ser muy ilustre. Él
+ponderaba y encarecía sus perdidas riquezas, sus antiguas conquistas, lo
+glorioso de su cuna y su clarísima prosapia. Sin duda, él elevaba todo
+esto a la cuarta o a la quinta potencia, pero tenía por raíz exacta la
+verdad, y nadie lo desconocía.
+
+Puestos ya en comunicación el Barón y el Vizconde, la señora de Pinto
+dijo a éste:
+
+--Ahora voy a dar a usted una muy agradable sorpresa; voy a llevarle a la
+presencia de la que por su beldad, discreción y elegancia, es reina de
+estos salones y lo sería de cualesquiera otros en que se hallase.
+
+--¿Y por qué ha de ser eso una sorpresa?--preguntó el Vizconde.
+
+--Es una sorpresa--replicó la señora de Pinto--, porque la dama de que
+hablo es una antigua, íntima y constante amiga de usted, a quien tiene
+usted muy olvidada.
+
+Y sin más explicaciones, llevó al Vizconde al _boudoir_, donde no habían
+entrado aún.
+
+Cercada allí de seis o siete caballeros y en muy animada conversación,
+había una dama, en cuyo traje y adornos nada se notaba de llamativo ni
+de extraordinario, pero en quien todo sujeto inteligente y perito en
+cosas del gran mundo hubiera notado en seguida valer superior a cuanto
+en torno tenía. Hubiera podido imaginarse que era un ser de más fina y
+noble naturaleza, como caído de las nubes, en medio de aquella sociedad
+de distinción más aparente que real.
+
+La dama llevaba un traje de seda negra. En su blanca garganta lucía un
+magnífico collar de gruesas y redondas perlas. Y perlas adornaban
+también sus negrísimos cabellos. Su edad, nadie hubiera acertado a
+determinarla. Parecía no tener edad, como las diosas o como las
+inmortales obras del arte. En sus expresivos y negros ojos ardía la
+llama de perdurable primavera y en sus mejillas tersas, sin el menor
+afeite, florecían las rosas de juventud sana, inmarcesible y sin
+término. Grande era la serena majestad que se notaba en sus movimientos
+y en los gestos y expresión de su cara, aunque hablaba y reía con la
+mayor animación, naturalidad y desenfado, no dejando traslucir, ni por
+un leve instante, el afán de excitar la admiración y de obtener el
+encomio. Ella parecía como olvidada de sí misma, deleitándose en hablar
+sin oírse y sin pensar en el efecto que su figura corporal, su voz y su
+palabra producirían.
+
+Inmenso fue el asombro del Vizconde cuando reconoció en aquella dama a
+su excelente amiga Rafaela la generosa, bellísima como en el _Retiro de
+Camoens_, elegantísima y no menos bella que en Río de Janeiro, pero
+perfeccionada, refinada y elevada a un grado supremo de cultura, gracias
+a los muchos años que en la sabia escuela de París había cursado. Si
+vale y cabe la comparación, Rafaela se asemejaba, en lo vivo y en lo
+natural, a la obra maestra de un arte exquisito que con el tiempo gana y
+se mejora: a pasmosa e inspirada pintura, a la que presta suavidad
+apacible y aterciopelado realce la pátina del tiempo.
+
+No bien la Sra. de Pinto presentó o mejor diremos _representó_ al
+Vizconde a la Sra. de Figueredo, ésta le recibió con efusión vivísima y
+con la alegría franca y cordial de quien vuelve a ver, después de cerca
+de veinte años de ausencia, a un bueno y cariñoso amigo.
+
+No tuvo, sin embargo, Rafaela, a quien pronto dejaron sola con el
+Vizconde los que antes la rodeaban, ni una sola palabra de queja por el
+olvido y por la indiferencia que al parecer él había tenido para con
+ella.
+
+Rafaela pasó con rapidez deslizándose sobre toda la serie de años que
+ella y el Vizconde habían estado sin verse.
+
+Habló con él como habló Fray Luis de León con sus discípulos después de
+salir de la cárcel. Rafaela dijo también: _decíamos ayer_; esto es,
+habló con el Vizconde como si reanudase con él la conversación de la
+víspera. Si algo se aludió al tiempo pasado, fue para afirmar él, con
+admiración y con insistencia, que ese tiempo no había pasado por ella
+sino para mejorarla, o que al menos, durante todo ese tiempo, ella había
+estado como las encantadas princesas de los cuentos de hadas, sin que el
+tiempo, al pasar, las toque con sus alas, ni las ofenda, ni las huelle.
+El tiempo las deja en el mismo ser que tienen, ya que al empezar el
+encantamiento y al ponerse en ellas no les preste algo de sobrenatural y
+divino. Con la obligada y casi indispensable modestia, que en ocasiones
+tales se usa, Rafaela trató de probar que había envejecido; pero al
+cabo, tal vez porque no lo creía, o tal vez para evitar enojosas
+discusiones, convino en que estaba tan bien o mejor que nunca. Después,
+ella y el Vizconde charlaron muy largo rato y ambos volvieron a sentirse
+tan amigos como veinte años antes en Río de Janeiro, y como cerca de
+treinta años antes en Lisboa.
+
+
+
+
+-XXVII-
+
+
+Muy lisonjeado estaba el Vizconde al notar el contento y la
+satisfacción que al volver a verle y al hablar con él sentía la señora
+de Figueredo; pero el Vizconde no era presumido ni fatuo, sino razonable
+y juicioso. Como todos los que lo son, receló que, si abusaba de la
+ventaja de reanudar aquellas relaciones amistosas después de tanto
+tiempo, prolongando mucho el coloquio, no era difícil que en el alma de
+Rafaela se desbaratase o se disipase el hechizo de la novedad y que el
+gusto se convirtiese en enfado. Quien tiene en rico vaso un licor
+exquisito, no le apura de un sorbo, sino que le contempla, le paladea y
+poco a poco le va bebiendo. En suma, el Vizconde no quiso apurar hasta
+las heces el deleite de hablar aquella noche con Rafaela, exponiéndose a
+cansarla y a hartarla con la mera conversación, aburriendo, marchitando
+y hasta secando, en el alma de ella, el deseo que tal vez pudiera nacer
+de que la conversación dejase de ser término y llegase a ser medio y
+camino para mayores y más dulces intimidades. Rafaela, en verdad, hacía
+involuntariamente que las deseara el Vizconde, porque estaba más guapa y
+más interesante que nunca.
+
+Hechas en lo interior de su espíritu todas estas consideraciones y
+forjando mil propósitos vagos, el Vizconde, después de preguntar a
+Rafaela las señas de su casa, insinuó la pretensión de no ir sólo a
+dejarle tarjeta, sino de hallar a Rafaela y de ser recibido.
+
+Rafaela le contestó que ella vivía más desordenadamente que nunca; que
+para recibir a sus amigos no había fijado ni día ni hora; pero que a él,
+por excepción, le recibiría cuando a ella le fuese posible y él fuese a
+verla.
+
+Todo esto, por virtud de un arte o de un instinto que suelen tener las
+mujeres, quedó indeciso y como flotando en el aire, sin que el Vizconde,
+que no quería tampoco tocar por lo insistente en pesado, lograse
+conseguir una cita, sin calificarla de cita: una cita implícita,
+disimulada y vergonzante, que era lo que él ansiaba.
+
+Algo le contuvo también cierta ligera sonrisa burlona, que imaginó dos o
+tres veces ver pasar como un relámpago sobre el rostro de Rafaela, la
+cual harto bien sabía él que nunca había gustado de disimulos y rodeos,
+sino de prometer, conceder o negar, por estilo franco, sin el menor
+rebozo en la promesa. El Vizconde, además, no osaba pedir nada y nada
+pedía. ¿Con qué título, con qué motivo, había de pedir algo? ¿Era afecto
+renaciente, era liviano capricho, qué era lo que en aquel momento
+agitaba su corazón? Él mismo lo ignoraba. Sólo notaba, en el fondo de su
+alma, repentinos anhelos de deleite y una resucitada admiración, más
+vehemente que nunca, hacia aquella extraña mujer que sobre la lozana y
+alegre condición natural de la moza de Lisboa y sobre la graciosa
+pomposidad de la señora hacendada de entretrópicos, había logrado poner
+todos los perfiles, realces y filigranas de la parisiense más curtida y
+docta en el arte de los amores. El Vizconde, al menos, imaginaba todo
+esto, aunque nosotros no podamos asegurar que era real y exacto lo que
+imaginaba. Lo cierto es, que, en aquella noche, habló de todo con
+Rafaela: de teatros, de música, de libros recién publicados, de política
+y hasta de filosofía, pero no se atrevió o no halló ocasión oportuna
+para decirle, de sopetón y muy por lo serio, que de nuevo la amaba. Se
+limitó, pues, a echarle piropos, si bien con sobriedad, por miedo de
+hacerla reír, o lo que es peor, de fastidiarla. Así llegó la hora en que
+Rafaela tenía costumbre de retirarse. El Barón de Castell-Bourdac, su
+reconocido _cavaliere servente_, vino en su busca, le dio el brazo, y se
+fue con ella, sin duda en el mismo coche, acompañándola hasta su casa,
+antes de retirarse a la suya.
+
+
+
+
+-XXVIII-
+
+
+Al día siguiente el Vizconde fue a visitar a Rafaela, que vivía
+en el primer piso de una magnífica casa, no lejos del Arco de la
+Estrella, en calle y barrio nuevos y elegantes. Rafaela no estaba en
+casa o no recibía. El Vizconde volvió casi de diario, pero siempre en
+balde.
+
+Así transcurrió, no sin grande impaciencia del Vizconde, una semana
+entera, y llegó otro viernes, día en que la señora de Pinto tenía su
+tertulia.
+
+El Vizconde acudió tan temprano, que sólo encontró a la señora y
+señoritas de la casa y a tres o cuatro amigos íntimos que habían estado
+a comer con ellas. Tuvo, pues, ocasión de ir pasando revista, según
+entraban, a todas las personas que fueron a la tertulia aquella noche.
+
+Rafaela no aparecía y el Vizconde casi había perdido la esperanza de que
+apareciese, cuando al fin la anunció en voz alta un criado, diciendo
+desde la antesala:
+
+--La señora de Figueredo y el Barón de Castell-Bourdac.
+
+Se diría que el Barón era el indispensable complemento de Rafaela.
+
+El Vizconde la saludó al entrar y cruzó con ella algunas palabras; pero
+acertó a contenerse durante más de una hora, para que ella se cansase de
+charlar con sus admiradores y amigos y de recibir adoraciones, y espió
+la ocasión propicia en que ella estaba menos rodeada, a fin de osear
+fácilmente a los interlocutores enojosos y poder hablar con ella sin que
+nadie interviniese en la conversación ni le molestase.
+
+Harto difícil era esto, pero al cabo lo consiguió. Creyó notar además,
+con íntima alegría, que para conseguirlo, si el amor propio no le
+alucinaba, Rafaela había puesto mucho de su parte, haciendo que
+desmayase la conversación, no dando cuerda a los que hablaban con ella y
+disimulando poco su fastidio.
+
+En suma, el Vizconde pudo hablar con Rafaela en medio de aquel bullicio,
+como si estuviesen ambos a solas.
+
+Aunque pequemos de entrometidos, acerquémonos al sofá del _boudoir_ en
+que ambos están sentados y oigamos algo de lo que dicen. Sin duda habían
+hablado ya de muchas cosas, cuando Rafaela prosiguió diciendo:
+
+--Ahora soy independiente y libre como el aire. Alguna compensación ha de
+tener lo melancólico de mi aislamiento. Ni el deber, ni la gratitud, ni
+el amor me enlazan hoy, por manera singular, fuerte y exclusiva, con
+ningún ser humano. Esta paz y este sosiego de que gozo fomentan mi
+egoísmo, y cada día se acrecienta más mi temor de perder ese sosiego y
+esa paz que me son tan gratos y tan caros en medio de la agitación y del
+tumulto de esta ciudad populosa. ¿Por qué pretende usted privarme de mi
+tranquilidad y despertar mi corazón que se reposa y está como dormido?
+Desecharé la modestia y convendré con usted en que el tiempo no ha hecho
+estragos en mi ser corporal.
+
+--Está usted más hermosa, más interesante, más lozana que
+nunca,--interrumpió el Vizconde.
+
+--Sea así,--replicó ella--. Muy lisonjeada me siento de que usted lo crea y
+muy inclinada a creer y muy satisfecha de creer que usted no se engaña;
+pero si el cuerpo permanece como si hubiera vivido encantado o como si
+no hubiera vivido, el alma mía ha envejecido de una manera horrible. Se
+me figura que mi alma vive, piensa, padece y ama desde hace miles de
+años. Mi alma está fatigadísima. Déjela usted que se repose. No me la
+inquiete. Seamos buenos amigos, mejores amigos que nunca; pero nada más.
+
+--Hoy menos que nunca puedo yo resignarme a no ser más que buen amigo de
+usted. Esa necesidad de reposo que usted me dice que siente me parece
+fingida. Cuando el cuerpo, que es mortal, está brioso y floreciente
+¿cómo quiere usted que crea yo que el alma está fatigada? A veces
+sospecho que tiene usted otros amores. Comprendo entonces que usted no
+me ame; pero si no tiene usted otros amores, ámeme a mí y sean estos los
+últimos amores de usted y míos. Busca usted el reposo, pero el reposo no
+se halla en la negación del amor. El reposo y la dicha no están en que
+el alma ame sin objeto, o en que combata para vencer un amor naciente, o
+en que muerto en ella el amor de todo lo visible y asequible, se forje
+para satisfacción de su amor siempre vivo un objeto ideal, que jamás se
+realiza en la tierra. Mi alma también se siente como la de usted triste
+y fatigada; mas por eso mismo, y conociendo que la soledad no disiparía
+su tristeza ni aliviaría su fatiga, quiere el dulce apoyo de una
+compañera, no para lanzarse con ella en busca de violentas emociones,
+sino para hallar en ella la paz que le falta y el bien y el regalo que
+sólo pueden calmar la sed que siente de inefables venturas.
+
+--Muy sutil y poético está usted esta noche--dijo Rafaela sonriendo--. Y lo
+peor es que está usted muy razonador y dialéctico; y vamos, empiezo a
+tener miedo de que usted me convenza. Para huir del peligro me decido a
+poner término a este coloquio. Déme usted el brazo.
+
+Rafaela se levantó del sofá, tomó el brazo del Vizconde, recorrió las
+salas y fue saludando y hablando a multitud de personas.
+
+El Vizconde, a pesar de tantos saludos y conversaciones diversas, no
+dejaba de insistir en su pretensión. De vez en cuando, en los
+intermedios, esto es, siempre que Rafaela dejaba de hablar a una persona
+para ir a hablar con otra, el Vizconde, con palabras rápidas, dichas
+casi al oído de ella, le rogaba que le amase. Ella parecía no oír o no
+entender y no le daba respuesta.
+
+Llegó por último la hora de partir, sin que Rafaela cediese, sin que al
+menos diese esperanza.
+
+Vio Rafaela al Barón de Castell-Bourdac y le encargó que fuese a buscar
+su abrigo. Se despidió luego de la Sra. de Pinto, y, siempre del brazo
+del Vizconde, se dirigió a la antesala.
+
+Aquella noche había en la tertulia mucha gente, y el Barón tardó
+bastante en volver con el abrigo, a pesar de lo habilidoso que era para
+tales menesteres. Las súplicas del Vizconde fueron entonces más
+fervorosas y reiteradas. Rafaela se quedó un momento pensativa y como
+vacilante. Al fin dijo al Vizconde en voz muy baja:
+
+--Sea; usted lo quiere y el diablo lo quiere también.
+
+--¿Y cuándo?--dijo con ansia el Vizconde.
+
+--Dentro de doce días, el 20 de este mes--contestó ella--, hasta entonces
+ni nos hablaremos ni nos veremos.
+
+--¿Y por qué tan largo plazo?--exclamó él.
+
+--Porque quiero--dijo ella--imitar con usted lo que hizo Ninon de Lenclos
+con el abate Gedoyn.
+
+--¿Y qué hizo Ninon con el abate?
+
+--Aguardó para hacerle dichoso y le hizo dichoso el día de su cumpleaños.
+Trazas tiene de fábula, pero afirman las historias que Ninon cumplió
+ochenta aquel día. Mucho disto yo de ser tan anciana, pero el 20 de este
+mes cumpliré los cincuenta. Quiero que al terminar el primer medio siglo
+de mi vida, la cual no sé si tema o espere yo que dure todo un siglo,
+empiecen mis más serios, constantes y últimos amores. No me engañe
+usted, Vizconde; ¿quiere usted como yo que estos últimos amores nuestros
+sean serios y constantes?
+
+--No me basta con desear que sean para toda la vida; quiero que sean
+inmortales.
+
+--Pues a fin de entrar solemnemente, y como en nueva era, en la
+inmortalidad de esos amores, vaya usted a mi casa el 20, a las cinco de
+la tarde. Estaré sola.
+
+En esto volvía ya el Barón de Castell-Bourdac, muy diligente y
+apresurado, con el abrigo de Rafaela. Trató de disculpar su tardanza,
+puso el abrigo a la dama, le dio el brazo, bajó con ella la escalera y
+sin duda la acompañó en coche a su casa.
+
+El Vizconde apenas se dignó reparar en esta intimidad de Rafaela y del
+Barón, a quien había calificado de tan simpático como inofensivo.
+
+Refrenando con dificultad su impaciencia, el Vizconde sintió pasar los
+días con lentitud hasta que llegó el 20 al cabo.
+
+Aún no habían dado las diez de la mañana, cuando le trajeron un grueso
+pliego cerrado y sellado. Rompió el sobre y halló dentro un precioso
+librito, encuadernado con buen gusto y esmero en cuero de Rusia, al cual
+estaban asidos tres _No me olvides_ y un trébol de cuatro hojas, en oro
+esmaltado. Un broche de oro, esmaltado también, cerraba el librito.
+Separadamente había un papel, donde el Vizconde leyó estas palabras:
+
+--Antes de que vengas a verme y antes de que tu alma llegue a unirse en
+estrecho lazo con la mía, quiero que la conozcas bien y que penetres en
+los abismos que en ella hay.
+
+Hasta el día en que te fuiste de Río, nadie mejor que tú conoce mi vida.
+Después han sobrevenido en ella sucesos que profundamente la modifican.
+Ni para confiarlos, ni para decir las penas y los sentimientos que estos
+sucesos han causado en mi alma, he encontrado un amigo a propósito hasta
+que hará cerca de veinte días te encontré en casa de la señora de Pinto.
+Mi alegría fue grande al verte de nuevo. No pensé aún en que por amor
+iba a volver a ser tuya, pero pensé en nuestra antigua amistad y me
+propuse renovarla, estrecharla y hacerla ya más constante y sin
+interrupciones. Pensé también confiarme en ti y desahogar mi corazón
+diciéndote todos mis disgustos y mis dolores todos. Con este intento,
+sin orden, según las ideas y los recuerdos acudían a mi mente, me puse a
+escribirlos con precipitación en el libro que te remito adjunto.
+Escritos están ya, léelos y queda así apercibido para que no te
+sorprenda lo más extraordinario ni lo más raro.
+
+Lleno el Vizconde de curiosa ansiedad, después de leer esta advertencia,
+abrió el libro, le leyó y vio que decía de esta suerte:
+
+
+
+
+Confidencias
+
+
+Mucho de lo que voy a escribir ha de parecerte singular y raro, pero
+apenas hay en ello otra rareza que la sinceridad con que yo lo digo.
+Como poseedora de un maravilloso instrumento óptico, escudriñaré cuanto
+se oculta en los más hondos senos de mi alma y te lo contaré todo. Lo
+contaré en resumen para no cansarte ni cansarme.
+
+No quiero ponderar aquí la devoción, la dulzura y el incesante desvelo
+con que cuidé de mi D. Joaquín durante su larga enfermedad hasta el día
+de su muerte. Piadosamente cerré sus ojos, y no por carencia de dolor,
+sino por vigor y constancia de ánimo, quise y pude amortajarle.
+
+Te aseguro que lamenté y lloré mi viudez con no menor abundancia de
+lágrimas que las que vertería la más fiel y enamorada de las esposas a
+quien se le muriese, en la flor de la juventud, su idolatrado y gentil
+marido. No se afligió más que yo Artemisa con la muerte de Mausolo, ni
+Victoria Colonna con la del Marqués de Pescara, ni la propia Venus con
+la de Adonis. Y esto se explica muy bien. Las mencionadas señoras
+perdían algo de muy querido, perdían su encanto, sus delicias, pero, al
+cabo, no perdían nada que fuese como el propio ser de ellas mismas. Yo
+sí que le perdía, porque mi D. Joaquín, tal como le había yo
+transformado y mejorado, era primorosa producción y criatura de mi
+ingenio. Para afligirse como yo hubiera sido menester que, con los
+respectivos amados, perdiesen la Colonna sus canciones y sonetos,
+Artemisa su famoso y monumental sepulcro, y Venus el cinto donde están
+en germen sus virtudes y milagros.
+
+El espíritu no es extenso, y por consiguiente no tiene lados, pero yo me
+le represento con lados para comprenderle mejor. Así es, que, cuando
+miraba yo mi espíritu por el lado de mi profundo dolor de viuda, veía
+lúgubre y tristísima noche; pero, al mismo tiempo, por el lado
+contrario, empezaba a clarear, como cuando por el Oriente nace el alba,
+y hasta pensaba oír yo el leve susurro del viento matutino y allá más
+lejos el melodioso canto de los pájaros. Será contradictorio, pero nada
+más natural que las contradicciones. Había dado yo cima al cumplimiento
+de un penoso deber y podía reposarme: había acabado la obligación que
+contraje y había acabado también, aunque dorada y fácil, la servidumbre
+en que yo había vivido. Me sentía de nuevo en plena libertad y esto me
+alegraba. El susurro del viento, el canto melodioso de los pájaros y la
+luz de la aurora, eran la vida del porvenir que venía a consolarme, a
+desvanecer mi tristeza y a convidarme a nuevos goces.
+
+Yo me hallaba, además, satisfecha y hasta engreída de mi conducta, lo
+cual basta y sobra para aliviar y calmar todo dolor por grande que sea.
+Pude lícita y honradamente ser millonaria y no quise. Con pasmosa
+generosidad repartí entre parientes, amigos y paisanos los cuantiosos
+bienes de mi marido. Sólo guardé para mí, relativamente, una pequeñísima
+parte: menos, mucho menos de lo ganado durante la sociedad conyugal:
+mucho menos de lo que por derecho me pertenecía. Mi estupenda
+generosidad tenía pasmados a todos los brasileños. No había quien no me
+celebrase y aplaudiese. Buena ocasión me pareció esta para responder al
+aplauso con un finísimo saludo de despedida y buscar otros horizontes,
+otras escenas y otras gentes, según correspondía a la vida nueva que iba
+a empezar para mí.
+
+En efecto, no bien embarqué en Río, levó anclas el barco de vapor y
+empezó a andar, dejando un surco de espuma, si por una parte la vista de
+la ciudad y de la fértil y risueña costa que iba desvaneciéndose, y el
+recuerdo de las personas queridas, hicieron brotar de mis ojos algunas
+lágrimas, por otra parte sentí que se me ensanchaba el pecho, que surgía
+para mí como una nueva juventud, y hasta imaginé que el fresco
+vientecillo que corría, húmedo y salado, agitaba mis recuerdos tristes,
+como si fuesen las hojas secas de un árbol, y los arrojaba en el surco
+que la nave iba formando, a fin de que en el árbol, libre de aquel peso
+enojoso, brotasen con premura nuevas hojas y nuevas flores.
+
+En resolución (¿y para qué te lo he de negar?), antes de salir de la
+bahía de Río de Janeiro me sentí y me reconocí yo, en el centro de mi
+ser, como la viuda más sentimental y llorosa, y más regocijada y alegre
+al mismo tiempo, que sin dificultad puede concebirse, pero que con gran
+dificultad suele confesarse.
+
+La navegación, que duró dieciocho días, no pudo ser más próspera. Nos
+detuvimos y desembarcamos en Bahía de Todos los Santos, antigua capital
+del Imperio, y en la hermosa ciudad de Pernambuco. Al abandonar luego
+las costas de América, tal vez para siempre, sentí nueva aunque dulce
+melancolía. Era al ponerse el sol entre nubes de carmín y de oro. El
+cielo despejado parecía sobre nuestras cabezas y todo alrededor bóveda
+de zafiro limpio y claro. Y la risueña costa iba alejándose, esfumándose
+en el aire, y, por último, sepultando sus cocoteros, sus palmas y toda
+la pomposa lozanía de sus ricos campos y de su perenne verdura en áureo
+piélago de líquidos rubíes, que tal era el aspecto del mar al sepultarse
+también el sol en el ocaso.
+
+Durante ocho días no vimos después sino mar y cielo. En mal sitio
+aportamos al antiguo mundo. Aportamos a la fea y desolada isla de San
+Vicente de Cabo Verde. Fuimos luego a Tenerife y, como quien saluda a su
+patria después de larga ausencia, saludé desde lejos el majestuoso pico
+de Teide. En Tenerife no pudimos desembarcar por precaución sanitaria.
+Ni desembarcamos tampoco, aunque nos detuvimos en Funchal un día entero.
+Cuando de allí nos alejamos, toda la hermosa isla de Madera, con su
+montaña cubierta hasta la cima de pomposos árboles, me parecía rico y
+gracioso canastillo de flores, que los Genios del mar sacaban al aire
+claro, al más diáfano ambiente, desde el fresco seno de las azules
+ondas.
+
+En fin, para que no te rías y para que no pienses que pretendo lucir mi
+estilo poético, te diré que llegué a Lisboa.
+
+Durante la navegación, sin embargo, tuve una aventura harto notable. Y
+como este escrito tiene trazas de confesión general, no me parece bien
+que se quede en el tintero, y voy a contártelo aquí aunque me exponga a
+tu reprobación y a tu censura.
+
+Venían muchos pasajeros a bordo, pero tan vulgares todos que no merecen
+que yo te los describa aquí, ni aunque quisiera podría describirlos
+porque los he olvidado por completo. Sólo había uno que excitó mi
+curiosidad y me inspiró interés y simpatía. Extraño personaje de los que
+no se usan ni se ven con frecuencia en el mundo. Aunque iba aseado y
+vestido a la europea, yo me lo representé, no bien supe su nombre y su
+origen, como si fuera el propio Adán que acababa de ser echado por
+segunda vez del Paraíso. Y no era quien le echaba un querubín con espada
+de fuego, sino su tío el doctor López.
+
+Para no tenerte más largo tiempo suspenso te diré sin más preámbulos que
+el tal personaje se llamaba Pepito Domínguez, joven paraguayo, que
+acababa de cumplir dieciocho abriles, y a quien el mencionado doctor,
+Presidente de la República, enviaba de Secretario de la Legación ubicua
+que ya tenía en todas las capitales de Europa y de la que su hijo, el
+segundo doctor López, era jefe.
+
+Sabido es que, imitando a su antecesor el doctor Francia, como éste
+había imitado a su vez a los padres jesuitas, el doctor López había
+tenido a toda la población del Paraguay separada del mundo y apartada
+del trato humano a fin de que conservase su dichosa y primitiva
+inocencia. Y llegó a tal punto el aislamiento, que se cuenta que un
+sabio francés, llamado Bonpland, que entró por allí a herborizar, fue
+detenido por fuerza y tuvo que residir en el Paraguay muchos años. En
+virtud de este modo de gobierno, dicen que los paraguayos fueron
+felices, y como su tierra es hermosa y fértil, imaginaron vivir en el
+paraíso, con celestial candor y envidiable ignorancia de las cosas
+terrenales. Poco a poco se fue relajando aquella clausura en que vivía
+toda la nación. El doctor López consintió en que fuesen a su capital
+varios Cónsules extranjeros. Y el más ladino de todos, que era el
+_yankee_, hizo allí papel semejante al de la serpiente en el primitivo
+Paraíso, induciendo a la mujer del doctor López, y por medio de ella al
+mismo doctor, a quebrantar la clausura y a ponerse al habla y en
+relación con el resto del humano linaje. Así lo decretó el doctor López,
+y de resultas y como corolario de su decreto, envió a su hijo con cartas
+credenciales para todos los Soberanos de Europa, proponiéndose celebrar
+con ellos sendos tratados de paz, alianza, navegación y comercio. Y no
+contento el doctor López con esta novedad, resolvió a los seis meses
+enviar cerca de su hijo, para secretario de la Legación, a su ya
+nombrado sobrino Pepito Domínguez.
+
+Acertado fue el nombramiento. Ni los más maldicientes hubieran podido
+calificarle de acto de nepotismo. El flamante secretario podría muy bien
+figurar en Europa como exquisita muestra de lo mejor que produce el
+cruzamiento de las razas. La sangre guaraní corría por sus venas
+mezclada con la sangre española. Y esta mezcla o combinación había
+tenido un resultado excelente. El mozo era por su traza un andalucito
+muy agraciado, si bien con un no sé qué de peregrino, que borraba de su
+fisonomía, de su ademán y de sus movimientos toda huella de vulgaridad,
+dándole distinción y atrayendo hacia él las miradas curiosas de cuantos
+sujetos gustan de lo que no se tiene a todo pasto ni se encuentra al
+revolver de una esquina.
+
+Pepito Domínguez parecía, además, naturalmente listo: dotado de rápida y
+clara comprensión y muy expedito para todo. Las esperanzas del doctor
+López no eran infundadas. El Cónsul _yankee_ le había hecho comprender o
+creer que, por culpa de aquella clausura y de aquella incomunicación en
+que los paraguayos habían vivido, todos ellos se habían quedado, salvo
+la moral y el dogma de Cristo, que conocían aunque de un modo burdo, en
+inmenso atraso con relación a lo restante de la humanidad; y que todo
+cuanto esta había descubierto, inventado, experimentado, fabricado y
+averiguado durante ocho mil o nueve mil años, era para los paraguayos
+asunto desconocido, arcano tenebroso, libro de siete sellos.--Menester es
+ilustrarse, pensaba ya el doctor López: menester es alcanzar con rapidez
+la civilización de Europa; dar un brinco audaz y saltar de este solo
+brinco los nueve mil años que de la civilización nos separan. Y nadie
+más a propósito que Pepito Domínguez para tan arriesgada empresa. El
+muchacho es tan ágil que, en un santiamén, en menos que se persigna un
+cura loco, va a enterarse de cuanto ocurre por esos mundos, y va a
+aprender a escape y sin la menor fatiga todo lo substancial de lo que a
+fuerza de seculares cavilaciones han llegado nuestros prójimos a poner
+en claro.
+
+Esto o algo por el estilo había pensado el doctor López, y con esta
+misión, a más de la misión diplomática, enviaba a Europa a Pepito
+Domínguez. Su inteligencia era, sin duda, tabla rasa, pero tabla
+bruñida, tersa y maravillosamente adecuada para que los conceptos se
+grabasen en ella con prontitud, se ordenasen allí sin confusión y
+distintamente y persistiesen luego como indelebles signos, sin borrarse
+ni alterarse nunca. La vanidad y el afecto de tío movían al doctor López
+a pensar así de su sobrino D. Pepito. Y lo que es él no tenía menos
+favorable opinión de sí propio; pero el candor y la ignorancia hacían
+amable y chistoso su presumido atrevimiento. La petulancia infantil de
+D. Pepito era encantadora.
+
+Yo, que hablé con él desde el primer día que ambos estuvimos juntos y
+nos vimos a bordo, hallaba en la susodicha petulancia irresistible
+hechizo.
+
+De sobra conoces tú, mi querido Vizconde, la propensión didáctica que he
+tenido siempre. Aquel chico que tan confiada y valerosamente se proponía
+aprender y saber como por ensalmo, que aspiraba a poner la atrevida mano
+en el árbol de la ciencia, coger su fruto, que había tardado noventa
+siglos en madurar, estrujarle en la pujante prensa de su entendimiento,
+alambicar el zumo y bebérsele luego de un trago sin temor de embriaguez
+ni de trastorno, te confieso que me divirtió mucho y que despertó y
+estimuló en mí la antigua manía didáctica que siempre he tenido.
+¿Porqué, me decía yo, no he de hacer con este muchacho el papel de
+Minerva o de Sabiduría personificada? ¿No podía yo darle a beber en
+mágico cáliz la sublimada quinta esencia de todo lo sabido hasta ahora?
+
+Difícil de vencer era mi tentación. El mal disimulado asombro con que D.
+Pepito me miraba hacía mi tentación más fuerte. D. Pepito veía en mí el
+sobrenatural y más complicado producto de esa civilización de noventa
+siglos de que él quería apoderarse. Yo era para él como resumen y
+compendio de todas las ciencias, artes e industrias. Algo como
+enciclopedia viva. Entendió D. Pepito que si llegaba a entenderme y a
+saberme a mí, todo lo entendería y lo sabría. Y persuadido de esto, él
+me lo explicaba a su manera, y yo me sentía muy lisonjeada cuando él me
+lo explicaba. Sus explicaciones eran por lo común en castellano, pero de
+vez en cuando se empeñaba él en dármelas en guaraní. Yo no comprendía
+palabra, y él, entonces, quería enseñarme su lengua, asegurándome que
+para tratar de no pocos asuntos y sobre todo para el amor era mil veces
+más expresiva y eficaz que el habla de Castilla. Para complacerle le
+solía yo pedir que me dijese algo en guaraní y hasta que me enseñase a
+contestarle. Él entonces me decía:
+
+--_Nde cuñá porá. Che-r-ayhub-i_, esto es: tú eres mujer bonita. Ámame.
+
+Adiestrada luego por él en la pronunciación, casi me obligaba a decir y
+yo decía riendo:
+
+--_Nde-hayhú_, o sea: te amo.
+
+Él en seguida se ponía contentísimo, me miraba con unos ojos muy dulces
+y con un mirar muy intenso y fijo, y aseguraba que toda su ventura se
+cifraba en ser mi _o-hayhú-bae_, o, como si dijéramos, mi amante. Con
+esto me reía yo mucho más: me reía como una loca: y, para excitarle más
+por la contradicción, añadía:
+
+--Hijo mío, todo eso está muy bien: tus vocablos guaraníes son musicales
+y sonoros, pero yo no veo por dónde han de ser más expresivos ni más
+eficaces que los correspondientes vocablos castellanos.
+
+D. Pepito entonces procuraba realzar y fortificar la eficacia de sus
+vocablos; y en su entusiasmo filológico, sin maliciosa premeditación,
+apelaba a la mímica.
+
+--Modérese usted, tenía yo que decirle, y advierta que con ese auxilio no
+hay idioma que no sea tan eficaz y expresivo como el guaraní. Con ese
+auxilio hasta sin hablar se expresa cualquiera con primor, claridad y
+eficacia. Lo malo está en que yo no acepto ese lenguaje auxiliar, y
+menos aún en esta ocasión y en este sitio.
+
+Estábamos sentados sobre cubierta y rodeados de multitud de pasajeros.
+Anhelaba yo mostrarme severa y grave, pero apenas me lo consentía la
+risa que me retozaba en el cuerpo, porque D. Pepito ponía una cara
+cómicamente triste, y que por cierto no me parecía mal. En fin, yo
+vencía los estorbos que a mi severidad se oponían, me mostraba entonada
+y digna y conseguía que el joven se arredrase y estuviese respetuoso.
+
+Reportado ya y muy compungido, suspiraba él y decía en guaraní:
+
+--_Che rací-hayhub-guasú_.
+
+--¿Qué significa ese a modo de gruñido que usted exhala?--le preguntaba
+yo.
+
+Y él me contestaba con tono lastimero:
+
+--Pues significa: estoy enfermo de amor grande. De la voluntad de usted
+depende que yo me muera o me cure.
+
+Muy extremoso me parecía el dilema que don Pepito me ponía. Algo, no
+obstante, podía tener de cierto. Siempre fui compasiva y el tal dilema
+me atribulaba. Calamitoso hubiera sido que don Pepito se hubiera muerto
+en vez de volver al Paraguay, al cabo de dos o tres años, con todo lo
+esencial de la civilización, puesto en cifra y bien estampado en el
+meollo.
+
+Pasaban días, el barco iba adelantando, y, si no recuerdo mal, estábamos
+ya cerca de las Islas Canarias.
+
+Bueno es que advierta yo aquí, para que mi erudición no te sorprenda,
+que mi prurito de enseñar ha estimulado mucho mi prurito de estudiar y
+de saber, desde que en el _Retiro de Camoens_ nos conocimos y tratamos
+íntimamente. No te maraville, pues, que yo me muestre en algunas
+ocasiones algo erudita.
+
+A D. Pepito, que quería enseñarme el guaraní ¿cómo no había yo en pago
+de enseñarle un poco de lo que sabía?
+
+De aquí que, cuando él no me hablaba de su amor, y a menudo para
+distraerle e impedir que me hablase, solía yo darle lecciones y contarle
+historias. Estas, por antiguas y sabidas que fuesen, siempre eran nuevas
+para él. ¿Qué mayor deleite para mí que esta ignorancia suya, que
+prestaba a cuanto yo le decía el aliciente de lo inaudito y la magia de
+lo no sabido, ni siquiera soñado?
+
+No puedes figurarte cuánto me complací yo refiriendo y cuánto se deleitó
+D. Pepito oyéndome referir, a vista de las Canarias, todo lo que
+aconteció a Rinaldo en los jardines de Armida y el regalo, la elegancia
+y el cariño con que en ellos le recibió y le agasajó aquella voluptuosa
+maga.
+
+Con tales pláticas no es de maravillar que cada día fuese yo cobrando
+más afición a D. Pepito.
+
+Pero no fue esto lo más escabroso ni lo más ocasionado a deslices. Lo
+peor fue que allá en mis adentros discurrí yo de esta suerte, cuando
+íbamos llegando ya a la isla de Madera:
+
+--Las historias que yo cuento y las doctrinas que expongo a D. Pepito son
+desatados fragmentos, hojas rotas arrancadas de un libro sin orden y sin
+método, carecen de conjunto, no tienen unidad, ni principio, ni fin, ni
+objeto. Al pobre muchacho, en vez de servirle de algo cuanto yo le digo,
+va a armarle en la cabeza una confusa maraña, un enredo, un caos
+inextricable. ¿No sería más natural y más conveniente ser su maestra por
+estilo sintético? Ariadna, que no poseía plano del Laberinto, no se
+empeñó en manifestar a Teseo sus reconditeces y revueltas, con lo cual
+le hubiera calentado el cerebro sin la menor ventaja, sino que le dio el
+hilo para que se guiase por él y saliese airoso de aquella aventura,
+diciéndole probablemente: Dios te la depare buena. Y yo he leído, no
+recuerdo bien en qué libro tan docto como ameno, que el joven Anacarsis,
+el cual era escita, o como si dijéramos un paraguayo de las edades
+clásicas, cuando quiso iniciarse en los misterios de Ceres eleusina,
+acudió a una sacerdotisa tan avisada como discreta, de las que dependían
+del hierofante principal, y esta sacerdotisa se guardó muy bien de
+perder su tiempo tratando de comunicarle punto por punto las ocultas
+doctrinas de los iniciados, sino sencillamente le abrió de par en par la
+puerta del camino que iba al santuario y le dio la antorcha luminosa y
+ardiente que hasta él había de conducirle. Estas parábolas o símbolos se
+presentaban a mi mente y me tenían obsesa, vacilante, casi rendida.
+
+Ya te he dicho que D. Pepito era guapo. Y por la mañana, cuando antes
+del almuerzo, estando yo sobre cubierta, le veía venir hacia mí, se me
+ocurría, ya que era el joven Teseo que acudía a pedirme el hilo, ya que
+era el joven Anacarsis que requería la antorcha para penetrar en las
+profundidades y descubrir los misterios.
+
+La verdad sea dicha: mi alma anhelaba entonces prestarle la antorcha y
+darle el hilo.
+
+Y este anhelo subía de punto al notar yo o al imaginar que notaba que D.
+Pepito estaba pálido y triste. Y yo me ponía triste también, pero no
+pálida, sino encendida como la grana, y sintiendo traidora compasión y
+suave quebranto. Llegaba él luego cerca de mí, se sentaba a mi lado, y
+aproximando su boca a mi oído, decía en voz bajita, dulce y suplicante:
+
+--_Che rací-hayhub-guasú_, o sea estoy enfermo de amor grande.
+
+Al cabo, me faltaron las fuerzas para defenderme. Cité a D. Pepito, en
+el obscuro silencio de la noche, y él vino a mí y yo le di el remedio
+que apetecía.
+
+Aquello fue para él una revelación, antes ni en sueños presentida. El
+pasmo, el embeleso, la sorpresa inefable y beatífica que todo, todo,
+todo le causaba, inundaron mi alma de satisfacción y de orgullo. Yo fui
+mil y mil veces más dichosa de su dicha que de la mía. Se me figuró que
+le abría con llave de oro las puertas del Edén; que amasaba yo entre mis
+manos el árbol de la ciencia y el árbol de la vida y sacaba de ambos un
+filtro poderoso, que, vertido sobre el corazón de aquel muchacho, le
+magnificaba y ensalzaba, y que vertido sobre su cabeza llenaba su mente
+de alegría y de una luz riquísima penetrando todos los arcanos.
+
+Al siguiente día llegamos al puerto de Lisboa, término de mi viaje. D.
+Pepito continuó el suyo hasta Inglaterra. Gran ventura fue ésta para mí.
+No hubo tiempo para desengaño, cansancio ni hastío.
+
+Dejé el barco de vapor y salté en tierra, como quien sale a escape del
+teatro, donde ha visto una _féerie_, un precioso baile de hadas, antes
+de que se disipe la ilusión escénica y no se vean sino los oropeles, la
+ruda maquinaria, los telones y bambalinas y los comparsas y figurantes
+untados de colorete, que la han promovido.
+
+Entonces me afligió separarme de D. Pepito. Más tarde, he pensado a
+veces, ¿estuvo en la realidad toda aquella poesía o brotó de mi alma,
+exuberante a la sazón de represada y viciosa lozanía, y de ocios y
+ensueños de mi por largo tiempo no empleada ternura?
+
+No lo supe ni lo sé. Me place seguir dudando. Y a fin de que no termine
+la duda, he procurado no informarme jamás ni saber el paradero del joven
+paraguayo, como si hubiera sido un ser peregrino que estuvo algunos
+instantes en nuestro planeta, y en seguida se desvaneció para siempre.
+
+ * * * * *
+
+Quise detenerme y me detuve en Lisboa, porque yo tenía _saudades_ de
+Lisboa. Aunque tan otra de la que me fui, ansiaba ver a los antiguos
+amigos, y singularmente al que me proporcionó recursos para ir al Brasil
+y me dio las cartas de recomendación para Figueredo, que causaron el
+cambio de mi fortuna.
+
+Los más de estos antiguos amigos se me mostraron muy amables. Con
+algunos estuve yo amabilísima.
+
+Todo, no obstante, había variado con el transcurso del tiempo, a pesar
+de la lentitud y reposo con que en Portugal todo camina.
+
+Los regocijados _janotas_ que habían formado mi sociedad, se hallaban
+convertidos en personajes muy serios. Unos eran Pares, diputados otros,
+y no faltaban entre ellos altos funcionarios y hasta Ministros cesantes
+o militantes. Los más eran padres de familia, con señora encopetada y
+con prole.
+
+Ni ellos ni yo queríamos, debíamos ni podíamos volver a la vida pasada,
+salvo el hacer resurgir del seno de lo que fue, y por evocación mágica,
+una fugaz apariencia que, no bien se dejaba columbrar, mostraba
+marchitas y ajadas las lindas galas que en el recuerdo había conservado.
+Se asemejaba a brillante mariposa custodiada muchos años bajo un fanal,
+y que se deshace y convierte en ceniza, no bien se levanta el fanal y
+una ligera ráfaga de viento toca en ella y la mueve.
+
+No podía yo tampoco, en Lisboa menos que en parte alguna, porque en
+Lisboa era muy conocida, intentar, sin peligro de desdenes y de
+sofiones, penetrar en lo que se llama la buena sociedad y hacer bien el
+papel de la señora viuda de Figueredo.
+
+La melancolía se apoderó de mi espíritu. Para distraerla, siguiendo mis
+aficiones didácticas, me entretuve en hacer cerca de _Madame_ Duval el
+papel de _cicerone_. _Madame_ Duval seguía a mi servicio y jamás se
+había detenido en las orillas del Tajo. Yo gocé inocentemente en hacerle
+ver y admirar todas sus bellezas; las espléndidas vistas que desde la
+Patriarcal quemada se admiran; la plaza del Rocío y las anchas calles
+paralelas que después del terremoto hizo construir Pombal; el espléndido
+Terreiro do Pazo; la soberbia anchura con que frente de él se dilata el
+Tajo, como para recibir todas las escuadras del mundo; el risueño camino
+que va por su orilla derecha, llena de quintas, palacios y graciosos
+jardines, hasta la desembocadura, cerca de Pazo de Arcos; y sobre todo,
+el admirable templo de Belén, con sus esbeltos y aéreos pilares,
+exquisita muestra de la original arquitectura _manuelina_ y digno
+monumento de la más noble hazaña de los portugueses, cuando, en edades
+para nosotros más dichosas, competimos en descubrir y recorrer el mundo
+y en dilatar por mares y por tierras remotas o ignoradas la civilización
+de Europa y la fe de Cristo.
+
+Mi papel de _cicerone_ me agradaba y divertía. Hice, pues, algunas
+pequeñas excursiones con _Madame_ Duval. La llevé a Cintra, a Colares, a
+Cascaes y a Mafra.
+
+En Cintra, aun viniendo como veníamos del Brasil, nos extasiamos
+contemplando la fertilidad y hermosura de aquellas montañas, con sus
+bosques floridos de magnolias y de camelias. El castillo reedificado por
+el rey D. Fernando, o, mejor dicho, creado por él con estupenda
+inspiración artística, me pareció más encantador que nunca, y procuré,
+aunque lo conseguí sólo a medias, infundir en el alma de _Madame_ Duval
+una admiración igual a la mía. Ella prefería a todo, recordándolos con
+entusiasmo, los jardines de _Mabille_ y la _Closerie des Lilas_, donde
+había bailado el _cancán_ en sus verdes años, muy por lo alto, y siendo
+a veces frenéticamente aplaudida.
+
+Nunca pude fijar la cronología de estos triunfos de _Madame_ Duval, y
+saber a punto fijo si los alcanzó de soltera, o ya de casada, mientras
+su marido combatía en Argel, o si le valieron como consuelo y desahogo
+después de viuda. En fin, _Madame_ Duval gustó también de Cintra, aunque
+no tanto como yo y como Lord Byron.
+
+Es inexplicable el sentimiento que llaman patriotismo. Sábete, Vizconde,
+si ya no lo sabes, que mi madre se llamaba la Pascuala, celebradísima
+como única en el cante gitano y en bailar el vito. Siendo yo muy niña
+todavía, me dejó huérfana y menesterosa. Bien sabe el diablo cómo
+después me he criado y he crecido. Nada debo a España. No recuerdo haber
+dejado por allí una sola deuda de gratitud. ¿Qué me va ni qué me viene
+con la decadencia o con la prosperidad de esa patria, donde sólo tuve de
+balde, o sea sin ganarlo yo, el aire que respiré, y obscuridad y
+desprecio? Y sin embargo no acierto a ponderarte lo muy patriota que
+soy. No lo son más las Duquesas y las Princesas que en Madrid viven y a
+quienes tantos respetan y adulan.
+
+Digo todo esto, porque en Lisboa se recrudeció mi patriotismo. ¡Qué gran
+Capital para nuestra gran nación, señora de dos mundos, hubiera sido
+aquella ciudad espléndida y hermosa, si D. Felipe el Prudente hubiera
+sido D. Felipe el Previsor y hubiera tenido más elevadas miras!
+
+Pero ya basta. No nos engolfemos en cosas que no son ahora del caso. A
+pesar de todos sus esplendores, Lisboa se me caía encima. A las dos
+semanas de estar allí, abandoné a Lisboa.
+
+Viajaba yo con no pequeño acompañamiento. Además de la Duval, que era y
+sigue siendo mi dama de compañía, estaba conmigo y está aún mi
+_mucamba_, o sea mi primera doncella, mulata muy ágil, llamada
+Petronila, que me peina con primor y buen gusto, que cose y borda y
+tiene otras mil habilidades; una segunda doncella, dos fieles criados
+negros, y por último, la mujer que cuidaba y alimentaba a mi tesoro.
+
+Aquí conviene que te imponga yo de algo, en extremo importante para mí,
+y que tal vez ignores.
+
+Mi alma ha sentido no pocas veces inclinación amistosa, compasión,
+aprecio y cariño a los seres humanos; pero lo desaforado y suelto de los
+primeros años de mi vida ha impedido acaso que llegue yo a amar a un
+solo hombre con aquel amor exclusivo, persistente y celoso, con que
+deben amar y aman las mujeres honestas criadas con recato. He tenido
+muchos amoríos y casi no me atrevo a decir que he tenido amor. Una vez
+sola en mi vida me parece que entreví, que columbré a lo lejos la
+celestial aparición del verdadero amor, que benigno me sonreía y que
+ansiaba penetrar en mi alma, llenarla de su divina beatitud y
+purificarla e iluminarla.
+
+Fue esto cuando tuve relaciones con Juan Maury. Tú estabas en Río y
+debes acordarte de todo.
+
+Contra Juan Maury no tengo yo la menor queja. Era un cumplido caballero.
+Me quiso todo lo que podía quererme. Me respetó todo lo que podía
+respetarme. Me atendió, me obsequió, me consideró como atiende, obsequia
+y considera el galán más delicado a la más noble dama. Pero hubiera sido
+absurdo que hubiese tratado yo de inspirar a Juan Maury más hondos
+sentimientos y más apasionado afecto que los de la amistad y la
+galantería. Yo misma tuve miedo de sentir hacia él verdadero amor.
+
+Yo casi me atrevo a afirmar que no he engañado a D. Joaquín. Para evitar
+el medio engaño en que le tenía, hubiera sido menester hacerle infeliz
+con revelaciones feroces y con el más amargo de los desengaños. El amor
+mío, si hubiese llegado a ser hacia Juan Maury exclusivo y profundo,
+hubiera tenido que romper dolorosamente el lazo que a mi bienhechor y
+protector me ligaba; hubiera sido para D. Joaquín horrible infortunio:
+todo el bien, todo el contento y el reposo y toda la superior serenidad
+hasta donde había yo logrado elevar su espíritu, hubieran venido a
+desvanecerse o a hundirse en negro abismo. Por otra parte, aunque yo
+debo ser humilde, y aunque lo soy, soy también muy orgullosa en cierto
+sentido. Es el orgullo que nace de mi propia humildad. Si por la vileza
+de mi origen, si por el ruin desorden de mi primera vida no merezco ni
+soy digna de ciertas cosas, me repugna reclamarlas, solicitarlas de
+nadie y hasta insinuarme para que se me concedan por favor ya que para
+ellas no tengo el menor derecho.
+
+De aquí que yo, más bien que mostrar a Juan Maury toda la vehemencia y
+la elevación de mi afecto, traté de disimularlas. Quise aparecer y
+aparecí a sus ojos como la más fina y complaciente de las amigas, como
+bastante capaz de entender y de apreciar el valer y las excelentes
+prendas de toda su persona y como no indigna de obtener su amistad y su
+aprecio; pero todo, sin llegar a ser y sin mostrarme siquiera
+profundamente enamorada, y sin propender a infundirle de mí otro
+concepto que el de una mujer alegre, fácil y galante.
+
+Si el verdadero amor, si el hijo divino de la Venus del cielo revoloteó
+cerca de mí en aquellos días, yo huí de él por indigna y le ahuyenté por
+peligroso.
+
+Juan Maury se fue de Río y me abandonó sin gran pena. Nada más natural.
+No le culpo. Sólo me lisonjea y me contenta el figurarme que él ha de
+guardar dulce recuerdo de las dulces horas que pasó conmigo; de nuestros
+íntimos coloquios y de nuestra ternura.
+
+Fue tal la ligereza de aquellas efímeras relaciones, que ni yo le rogué
+que me escribiese ni él me ha escrito. De estas relaciones, sin embargo,
+me dejó él una prenda preciosa. Suya era, pero era mía más que suya; y
+yo apenas la sentí en mi seno, me propuse con firme resolución que no
+fuese sino mía.
+
+Hasta donde alcanza mi memoria, desde que tengo uso de razón, en el
+libre abandono de los años primeros de mi vida, no me remuerde la
+conciencia de hurto, de estafa, ni de engaño o embuste para medrar.
+Escudriñando yo hasta los más obscuros rincones de mi vida pasada, no
+encuentro en ellos ni asomo de ruin bellaquería. Esto me consuela. De
+ciertos pecados, en que con frecuencia he incurrido, después de
+absolverme el confesor, me he absuelto yo también. De aquellos otros,
+tal es el inflexible y recto tribunal de mi conciencia, jamás me hubiera
+absuelto yo aun después de recibir la absolución en el confesonario.
+Espantoso torcedor hubieran sido para mí, humillándome y abatiéndome.
+Faltas, pues, en que yo no había incurrido cuando desamparada y
+menesterosa, no habían de ser cometidas por mí cuando ya estaba próspera
+y rica.
+
+Por otro lado, lo que era mío, lo que yo esperaba y yo me figuraba ya
+que iba a ser un primor, un asombro de gracia y de belleza, por nada del
+mundo quería yo atribuírselo en parte a alguien de quien no era. ¿Y qué
+aliciente había para el engaño? Usurpar para el fruto de mis entrañas la
+hacienda que no le pertenecía y además un nombre cualquiera. ¿Quién sabe
+si un nombre ilustre y glorioso, si un título histórico me hubieran
+seducido y me hubieran hecho faltar? ¿Pero cómo había de seducirme que
+lo que iba a nacer se apellidase Figueredo a secas, a pesar de la
+supuesta descendencia de Güesto Ansures de que yo misma me había
+burlado?
+
+Con persistente disimulo, con firme y enérgica voluntad, con raras
+precauciones e incesante recato, sin dejarme ver de nadie y fingiéndome
+enferma, dejé pasar los meses.
+
+Llegó la hora y sólo _Madame_ Duval, mi _mucamba_ y el médico, de
+quienes tuve que valerme y me valí, exigiendo el mayor sigilo, supieron
+que fui madre.
+
+Mi hija, a quien di por nombre Lucía, se crió lejos de mí, aunque yo
+velaba sobre ella e iba a verla a menudo.
+
+Muerto D. Joaquín, procuré no poner en ridículo su memoria, dejando
+conocer en Río que tenía yo una niña de cerca de dos años. Casi de
+oculto hice que se embarcara y me la traje conmigo cuando vine para
+Europa.
+
+Quisiera yo escribir a escape estas confidencias: no contarte sino lo
+más esencial: pero tal vez dejo correr la pluma y tal vez divago.
+
+Lo que yo principalmente quiero que comprendas, es que en mi espíritu
+hay como dos focos distintos de actividad, de donde brotan dos
+corrientes también harto distintas, si bien la una y la otra están
+alegremente iluminadas por la luz clarísima con que yo veo y entiendo
+todo lo creado. Jamás se me ha ocurrido hallar mal lo hecho por la madre
+naturaleza, ni echar la culpa a la sociedad mal organizada de ningún
+caso adverso que me haya ocurrido, ni de ninguna contrariedad o percance
+angustioso en que yo me haya encontrado. Y no quejándome yo ni de la
+naturaleza, ni del orden social tal como los hombres han ido
+disponiéndole, muchísimo menos puedo quejarme de la divina providencia,
+que acato, adoro y bendigo. Apenas hay objeto que no vea yo de color de
+rosa, y siempre que se ennegrece, me culpo a mí y a nadie culpo. Como
+soy muy indulgente para con los otros, no es tan de censurar que lo sea
+también para conmigo misma. Por eso me dejo llevar de mis generosos
+afectos, harto poco en consonancia con una moral rígida, y de mi
+inclinación irresistible a lucir las prendas de que me dotó el cielo y a
+dar con ellas a los seres que me son caros ventura y deleite. Hay en mí
+asimismo un tenaz empeño de progreso, de adelanto en el camino de la
+perfección. Y tanto lo que creo realizado en mí, cuanto lo que en mí no
+está realizado ni puede realizarse nunca, anhelo yo con vehemencia
+ponerlo y realizarlo en un ser predilecto, en quien brillen, a par de
+cuanto hay en mí de que puedo con razón ufanarme, todas las excelencias
+y virtudes de que carezco y que no son pocas. Por esto, desde que nació
+mi hija, desde que por primera vez la vi y presentí que iba a ser
+hermosa, me propuse y ansié que su hermosura eclipsase la mía, que en
+discreción, elegancia y saber me aventajase, y que estuviese exenta de
+todos los defectos y manchas que en mí hay. Me propuse criarla con
+esmerado desvelo para que fuese tan casta y tan pura como bella, y para
+que no columbrase sólo el verdadero y exclusivo amor, hijo del cielo,
+sino para que fuese capaz de poseerle, de gozarle y de recibirle en su
+alma inmaculada como en su propio y consagrado templo.
+
+Y para que veas lo extraño y contradictorio de mi condición, o más bien
+lo extraño y contradictorio de la decaída condición humana, mi alma, que
+tan altos propósitos tuvo y que a tan alta misión quiso consagrarse, se
+dejaba arrastrar de sus regocijados ímpetus, de su perversión bondadosa
+y de su liviandad inveterada, hasta el extremo de buscar y de forjar
+aventuras como la que te conté ya del paraguayo y como varias otras que
+he tenido después y sobre las cuales prefiero callarme.
+
+ * * * * *
+
+No pude refrenar mi deseo de volver a mi patria. Desde Lisboa fui a
+Sevilla y a Cádiz.
+
+Mi antiguo confesor, el Padre García, había hecho algunos ahorros y
+había heredado también a un hermano suyo que se había enriquecido. Harto
+el Padre de rodar por el mundo, vivía retirado en el lugar de su
+nacimiento, no lejos de Sevilla. Le anuncié mi llegada y él vino a
+verme.
+
+Para descargo de mi conciencia, en este punto muy escrupulosa, quise,
+viéndome rica y convertida en toda una señorona, no desdeñar a mis
+parientes, si los tenía, y hasta favorecerlos y socorrerlos si se
+hallaban en la abyección y en la miseria. El Padre García me sirvió en
+esto muy bien. Buscó con tino y diligencia a mis parientes, y no los
+halló sino dudosos y muy lejanos. Yo había sido la única hija de la
+Pascuala.
+
+En Río de Janeiro, no recuerdo bien con qué tramoya, suplió D. Joaquín
+la falta de mi fe de bautismo, que para nuestro casamiento se requería.
+Hasta que el Padre García me la sacó, jamás había tenido yo ni visto
+semejante documento.
+
+Considerando yo que mis parientes más seguros habían de estar en los
+hospicios, en las inclusas y en los conventos de mujeres recogidas, di
+al Padre García pródigamente todos mis ahorros para que en aquellas
+santas casas los repartiera. Él cumplió mi encargo y me trajo los
+recibos que conservo aún, donde constan las donaciones de una dama
+brasileña, cuyo nombre se calla.
+
+A decir verdad, a pesar de todo mi patriotismo y de mi amistad hacia el
+Padre García, me repugnaba permanecer en España. Dicen algunos autores
+que las mujeres como yo suelen tener _nostalgia del fango_. No sé qué
+quieren decir con esto; pero si es lo que yo entiendo, declaro que no he
+tenido jamás semejante nostalgia. Al contrario, yo recordaba bien todos
+los sitios, y al pasar por algunos se me encendía la cara de vergüenza.
+Por fortuna, estaba yo tan encumbrada y en posición tan diferente de la
+que allí tuve, que nadie me reconoció ni reconocí a nadie. Hice en mi
+patria el papel de peregrina misteriosa.
+
+Fuera del Padre García, con nadie quise tratar. Después de separarme de
+él, estuve en Granada, Córdoba, Madrid, Toledo, Burgos y otros puntos,
+visitando los monumentos en compañía de _Madame_ Duval, que detestaba
+las antiguallas y suspiraba por los _boulevards_ de París. Allí fui por
+último, y pronto me instalé comprando muebles y poniendo casa.
+
+He vivido desde entonces con comodidad y hasta con lujo, pero sin el
+menor empeño de llamar la atención ni de brillar, y con tanto arreglo y
+economía que, a pesar de no pocos gastos extraordinarios y de viajes de
+recreo que he hecho por Alemania y por Italia, he doblado mi capital y
+mi renta. Hoy casi puedo asegurar que soy rica.
+
+ * * * * *
+
+Mi vida de París ha sido alegre, desenfadada y modesta. Expondré aquí,
+en pocas palabras, cómo concierto yo la modestia con la alegría y el
+desenfado. Mi modestia ha consistido en no desear ni aspirar a hacerme
+conocida, celebrada y famosa. Más he huido que buscado que nadie me
+señale con el dedo, que la atención pública se fije en mí, y que la
+gloria infame de que algunas mujeres gozan, gloria que yo me jacto de
+poder adquirir fácilmente, me circunde con sus resplandores. En vez de
+mostrarme, puedo afirmar que me he ocultado.
+
+Como la soledad me entristece, he ido a reuniones y tertulias, pero
+nunca he pretendido salir de la colonia ibero-americana. Y aun dentro de
+esta colonia no he sido asidua en el trato ni he intimado mucho, sobre
+todo con mujeres. Hasta que mi hija llegó a tener ocho años, como apenas
+exigía otro cuidado que el de su corporal desarrollo, cuidado harto leve
+porque mi hija se ha criado con excelente salud, ora pensando yo en
+distraerme, ora anhelando hacerme apta para contribuir a su educación,
+he leído muchísimo y casi sin sentir me he convertido en marisabidilla.
+
+Soy franca admiradora de la literatura francesa. Me parece esta nación
+fecundísima en ingenios de toda clase. Yo los admiro y quiero seguir
+admirándolos sin tropiezo. Acaso te parezca extravagante modo de
+discurrir, mas es lo cierto que, a fin de no tropezar y conseguir que la
+tal admiración salga rodando por el suelo, me he abstenido de buscar la
+sociedad literaria parisina. Al conocer los libros, he conocido lo más
+noble, depurado y selecto de cada autor. ¿Para qué conocer lo restante?
+He recelado desilusionarme al conocerlo. ¿Quién me asegura que los
+escritores franceses no sean presumidos y fatuos? ¿Qué necesidad tengo
+yo de extremar mis amabilidades y de hacer esfuerzos para insinuar en la
+mente de esos señores que no soy una salvaje, que estoy al nivel de
+ellos, que comprendo sus profundidades y sutilezas, y que, aun
+suponiendo que en España, en Portugal y en el Brasil esté la gente muy
+atrasada y hasta sea de casta inferior, yo, por excepción fenomenal y
+monstruosa, he podido elevarme hasta hombrearme con ellos?
+
+Ahora comprenderás en qué sentido digo yo que mi vida en París ha sido
+modesta. En cuanto a su desenfado y a su alegría, no es menester que
+entre yo en pormenores para que tú lo comprendas. El cielo, el infierno,
+la naturaleza, un poder sobrenatural, lo que tú quieras o supongas, no
+parece sino que me ha dotado de imperecedera lozanía de cuerpo y de alma
+y de una bondad y de una ternura inagotables y prontas, pero que han
+hallado siempre obstáculos insuperables para el verdadero y definitivo
+amor, y se han quedado en mitad del camino.
+
+ * * * * *
+
+Voy a contarte una curiosa aventura, que, si bien tiene mucho de
+ridículo, no puedo ni debo pasar en silencio, porque sus consecuencias
+fueron serias para mí y han influido bastante en los ulteriores sucesos
+de mi vida. De esta aventura hace ya mucho tiempo, pero la tengo tan
+presente como si ayer hubiera sido.
+
+El Barón de Castell-Bourdac es el personaje más inverosímil y complejo
+de cuantos he conocido. Sus excentricidades mueven a risa, sus chistes,
+sus exageraciones y sus embustes involuntarios nos divierten a par que
+rebajan el concepto que de él formamos; pero cuantos le conocen y tratan
+y penetran bien en el fondo de su alma, no pueden menos de quererle y de
+estimarle. La fantasía del Barón ha bordado su vida sencilla y honrada,
+desfigurándola con falsos adornos. Sobre la historia ha venido a
+sobreponerse la leyenda: pero aunque por la leyenda aparezca el Barón
+como personaje cómico, por la historia es siempre digno de respeto. No
+pretendamos tasar y aquilatar con exactitud lo egregio y lo rancio de su
+nobleza. Él cree, y esto me basta, que es nobilísimo. Apenas hubo
+Cruzada en que un Castell-Bourdac no figurase. La importancia de los
+Castell-Bourdac ha sido grande desde entonces hasta la caída del antiguo
+régimen en 1789. La revolución los arruinó. Y desde entonces hasta ahora
+la inflexible energía de sus opiniones legitimistas ha impedido que
+salgan de la obscuridad. Ni durante la Restauración intervinieron en
+nada, porque hallaron a Luis XVIII y a Carlos X sobrado transigentes con
+las ideas nuevas.
+
+Aunque el Barón de Castell-Bourdac, restablecida en gran parte la
+hacienda de su casa, poseyó por entonces bastantes bienes de fortuna,
+que hubieran podido servirle de sostén y aun de resorte para su
+elevación en la política, por desgracia e no quiso mezclarse en nada, y
+no acertó a emplear mejor su actividad que en disipar alegremente sus
+bienes y volver a quedarse pobre.
+
+Desde el año de treinta en adelante, fue imposible que el Barón pusiese
+mano en los negocios públicos. Si él hubiera querido ceder, humillarse,
+renegar hasta cierto punto de las creencias y de la misión de sus
+antepasados, hubiera sido Diputado, Senador, Embajador, Ministro y
+cuanto le hubiera dado la gana; él al menos así lo creía; pero como el
+Barón no había querido ceder ni renegar, había tenido que limitarse y
+resignarse a ser un caballero, si bien encopetado, viviendo de sus
+rentas, que eran cortísimas.
+
+En este punto de la situación económica, ya no entra por nada la
+fantasía del Barón. La pura verdad acude en su abono y le concede justa
+alabanza.
+
+El Barón es un prodigio de arreglo y de economía. No disimula su
+pobreza, pero tampoco la deplora. En los círculos más elegantes se
+presenta siempre con el decoro propio de su clase. No juega, ni bebe.
+Por no tener vicio alguno, no fuma, y también porque el fumar le parece
+plebeyo, apestoso, impropio de un Castell-Bourdac y en plena disonancia
+con el ideal del atildado y noble cortesano del antiguo régimen tal como
+él se le representa.
+
+El Barón no debe nada a nadie y nadie puede jactarse de que él le haya
+pedido dinero prestado.
+
+Cada día come en una casa distinta. Es muy buscado y está convidado a
+las mejores mesas, así por su divertida conversación, como por su
+extraordinaria fama de hondo conocedor y perito en todas las artes del
+deleite. El Barón pasa por el _gourmet_ más delicado que hoy vive,
+paladea y olfatea en Francia. No es rico para pagar unos convites con
+otros, ni es zafio tampoco para pagarlos de otra manera sin el menor
+disimulo; pero, quizás sin pensarlo, paga los obsequios que recibe y no
+hay quien le tilde de _pique-assiette_ o de parásito. Los cumpleaños,
+las bodas y otras festividades le ofrecen ocasión, que él aprovecha, de
+pagar cumplidamente cuantos obsequios recibe. En suma, y en mi opinión,
+que creo fundada, el Barón es un modelo de cortesanía. Sólo han podido
+los maldicientes echarle en cara un defecto, del que, a mi ver, se ha
+corregido. El defecto, si lo es, consiste en su extremada galantería,
+muy en desacuerdo para muchos con la edad provecta a que ha llegado.
+Conceden sus críticos censores que él, en su juventud, hizo brillantes
+conquistas y cautivó no pocos corazones indómitos y soberbios, pero
+añaden que hace ya más de veinte años que debe el Barón recogerse a buen
+vivir y reposarse sobre sus laureles.
+
+Mucho disto yo de seguir semejante parecer. Desde que conocí al Barón,
+trece o catorce años ha, he opinado lo contrario. Hay belleza, elegancia
+y distinción para todas las edades, con tal de que no falten la salud y
+el aseo. Y como el Barón está saludable y es aseado y pulcro, yo le
+hallé y le hallo siempre muy agradable persona y además un hermoso
+viejo. Por otra parte, como el alma humana es inmortal, no hay vejez que
+valga contra ella, mientras no se destruyan o deterioren en extremo los
+aparatos y órganos que la ponen en relación con el mundo y le sirven de
+medio para pensar y sentir y para expresar lo que piensa y siente
+mientras en el cuerpo está encerrada. Sea como sea, y a fin de que no
+digas que me quiebro de sutil, prescindiré de más aclaraciones, y te
+diré con llaneza que el Barón se prendó de mí y me hizo muy respetuosa y
+finamente la corte.
+
+Yo me lisonjeo de no haber tenido jamás ciertos defectos que se
+atribuyen, así a los que llaman en Francia _parvenus_ como a los que en
+España llaman cursis. Sin duda a la aparición en mí de estos defectos se
+ha opuesto el orgullo. No he anhelado ni buscado para darme tono el
+trato y la amistad de personas encumbradas por nacimiento, educación y
+riqueza. Naturalmente me he encontrado yo y me encuentro tan distinguida
+como si hubiera nacido en la púrpura y no me hubiera echado al mundo la
+Pascuala, sabe Dios en qué zahurda. No podía yo esperar, por
+consiguiente, que el influjo o el arrimo de sujetos aristocráticos
+viniese a prestarme como un reflejo de su valer. Creía yo y creo tener
+luz propia, digámoslo así, y que no la necesito prestada. No sé si
+aplaudirás o censurarás esta vanidad mía. Yo te confieso que la tengo
+para confesarte además que el Barón me aduló esta vanidad, sin artificio
+y por manera irresistible. El Barón procuraba demostrarme con evidencia,
+empleando para ello muy elocuentes palabras, que yo, sobre ser hermosa,
+poseía tal majestad en el gesto, en los modales y en todo, que más
+parecía una princesa o una emperatriz que una perdida plebeya, puesta
+casualmente en zancos por su enlace con un ricacho usurero.
+
+El arte y el ingenio con que el Barón iba insinuando en mi alma estas
+lisonjas me tenían cada vez más hechizada. El Barón me comprende bien,
+pensaba yo, y cuando tan bien me comprende señal es, y prueba es
+clarísima, de la elevación y de la agudeza de su entendimiento. Así
+infundió el Barón en mi pecho la amistad más acendrada hacia él.
+
+Hízose mi _cavaliere servente_, y yo me deleitaba y hasta me
+enorgullecía de que me acompañara y me sirviera.
+
+Con modesta timidez, que de su ancianidad se originaba, el Barón empezó
+con suavísimo tiento y cautela a mostrarse enamorado de mí, pero sin
+persistir en sus manifestaciones para no cansarme, refrenando su
+vehemencia para evitar mi enojo, y haciéndolas, cuando las hacía, como
+por un arranque involuntario y muy a despecho suyo.
+
+¿Quieres creer que con tal proceder el Barón me enterneció, y cautivó en
+cierto modo mi espíritu? Mi estimación y mi amistad se las tenía ya
+ganadas por completo. Después, poco a poco y al compás que él iba siendo
+más atrevido y más explícito, fueron despertándose en mí aquellas ideas,
+pasiones o inclinaciones, pues no sé cómo las llame, que siempre, a
+pesar del freno religioso y a falta del freno del orgullo y del decoro
+en este particular, han hecho de mí lo que rudamente podemos llamar una
+mujer liviana, o más bien han impedido que yo no quiera, ni pueda, ni
+logre nunca desechar de mí la liviandad primitiva. Consideré al Barón
+herido, y tuve piedad de él y pensé en el bálsamo que podía curarle. Mi
+generosa piedad fue aguijoneada por algo a modo de remordimientos. Me di
+a cavilar que con mis favores amistosos, aunque concedidos sin malicia,
+con mi dulce abandono cuando le tenía a mi lado, con el mal disimulado
+placer con que yo oía sus requiebros, y hasta con mi reír y burlar
+cuando me hablaba de su cariño, había sido yo una desalmada coqueta, que
+había robado la tranquilidad de aquel señor excelente y había levantado
+en el mar pacífico de su ya fatigado corazón la más deshecha borrasca.
+Casi o sin casi, me creí en la ineludible obligación de apaciguarla para
+descargo de mi conciencia. En fin, y sin más preámbulos, en una tarde de
+invierno, a las cinco, hora en que suele tomarse el té, cité al Barón,
+como recientemente te tengo citado a ti, para que viniese a tomarle
+conmigo a solas. Mis jaquecas un tanto cuanto imaginarias han persistido
+siempre. Aquella tarde para todos tuve jaqueca menos para el Barón. Este
+acudió a la hora justa, lleno de gratitud, contento y ufanía. Parecía
+remozado por virtud de una poción mágica o por hechizos del amor. Entró,
+me saludó y se llegó a mí con la gracia, desenfado y ligereza de un
+pollo o _gomoso_, no de nuestro siglo decadente, sino de otras edades
+caballerescas en que fueron los hombres de temple más recio y más fino.
+Yo, con el pretexto de la jaqueca, estaba en el más cuidadoso y esmerado
+_négligé_. Mi vestidura era una elegantísima bata de flexible seda.
+
+Pocas mujeres pueden hacer lo que yo hice entonces y puedo hacer y hago
+todavía. Cuando el corsé me enoja no le llevo, y nada, absolutamente
+nada, se humilla falto de sostén y baja de su sitio: todo permanece
+firme como el mármol y el bronce. Perdona que entre en estas
+menudencias. Mi presunción tiene alguna disculpa por lo no comunes que
+son las cualidades de que me jacto. Importa además consignar esta
+circunstancia de mi _toilette_ para que se entienda lo que ocurrió en
+seguida.
+
+No estaría bien que yo paso a paso te lo refiriese todo. Baste decir que
+pronto noté, en medio de las vivas muestras de cariño que el Barón
+quería darme, no sé qué disgusto, no sé qué penoso rubor en su cara.
+Creí entender lo que aquello significaba y me apesadumbré por él. En
+esto se abrió un poco mi bata y hubo de descubrirse mi garganta: no
+mucho más que lo que en un baile o en una recepción de etiqueta se deja
+ver al público. El sonrojo y la turbación de mi amigo subieron entonces
+de punto. Pero ¡qué imaginación tan poderosa y tan socorrida la suya!
+
+Por dicha llevaba yo, pendiente del cuello en una cadenita de oro muy
+sutil, una pequeña medalla de plata, representando la Virgen de Araceli,
+patrona de la ciudad de Lucena.
+
+Fijó el Barón la vista en la medalla y la tomó entre sus dedos, para
+examinarla mejor.
+
+--¿De dónde procede esta medalla?--preguntó con curiosidad tal, que
+parecía embargar su espíritu y distraerle de los otros objetos.
+
+--Es el único recuerdo que conservo de mi madre, contesté yo, como era la
+verdad.
+
+--¿Y cómo se llamaba tu madre?
+
+--Pascuala, le dije.
+
+--¡Oh inescrutables designios del cielo!, exclamó el Barón, arrancando de
+su pecho un hondo suspiro que se diría que le desahogaba.
+
+--¿Qué pasa?--pregunté yo imaginando que el Barón iba a desmayarse.
+
+--Esa medalla, dijo el Barón, se la di yo a tu madre cuando estuve en
+Andalucía hace cuarenta y pico de años. Entonces... fuimos muy amigos...
+¿no me comprendes?
+
+Me entró al oír esta pregunta tan feroz gana de reír, que a duras penas
+pude contenerme, temerosa de que el Barón se ofendiera.
+
+--¡Ah!, sí, te comprendo, dije al cabo, y di rienda suelta a mi alegría,
+riendo ya sin temor.
+
+--¡Hija del alma!--dijo el Barón con tan profundo acento y con tantas
+apariencias de estar convencido, que sin duda empezó desde aquel punto a
+dar por cierto y por evidente lo que de improviso había imaginado. Ello
+es que ambos salimos muy agradablemente de aquel a modo de apuro,
+trocándose de súbito nuestra amistad y nuestro conato de amor anacrónico
+en el santo y puro afecto de un padre y de una hija.
+
+--¡Padre mío!--dije yo y eché al Barón los brazos al cuello.
+
+Después de esta dulcísima expansión, llamé a _Madame_ Duval para que nos
+hiciese compañía. Con el debido sigilo le revelé nuestro parentesco, de
+que ella se maravilló y holgó mucho. Luego charlamos los tres a
+cántaros. Con lo ameno de la conversación se nos olvidó tomar el té y
+llegó la hora de la comida.
+
+La imprevista anagnórisis, como el Barón la llamaba, fue solemnizada con
+un exquisito _petit diner fin_ en que se lució mi cocinera, _cordon
+bleu_ de primera fuerza, y brindamos los tres a la persistencia del
+santo lazo recién descubierto y reanudado, primero con _Chateau Iquem_,
+y a los postres con tintilla de Rota, mi casi paisana. No hubo
+_champagne_, porque ni el Barón ni yo gustamos de ese vino, con algún
+pesar de _Madame_ Duval, que gusta de él más que de nada.
+
+Mi pobrecita hija Lucía, que apenas contaba entonces siete años,
+inocente como un ángel, luminosa, bella y serena como el lucero del
+alba, fue la cuarta persona que estuvo en la mesa y comió con nosotros.
+Con ojos algo espantados y sin comprender nada, se alegró de hallarse
+repentinamente con un abuelito, y más aun cuando el Barón, que es bueno
+e ingenioso y muy a propósito para divertir a los niños, le contó tres o
+cuatro cuentos fantásticos e infantiles, y le hizo varios juegos de
+prestidigitación con no escasa maestría.
+
+Admirable es el encadenamiento de las cosas, y cómo de ciertas causas
+nacen a veces los efectos más imprevistos. ¿Quién hubiera podido
+imaginar que del descubrimiento de mi padre y de su aparición algo
+cómica, habían de resultar tan serias modificaciones y hasta cambios en
+la dirección de mi vida? Sin embargo, así aconteció. Lo que para salir
+de su atolladero inventó de súbito el Barón y yo acepté con risa,
+hallándolo disparatadamente gracioso, él y yo lo fuimos tomando más por
+lo serio cada día, y por virtud de nuestra voluntad atamos nuestras
+almas con lazo tan limpio y tan fuerte como si él fuese en realidad mi
+padre y yo su hija.
+
+De esta ficción, que apenas ya me lo parecía, brotó en mi espíritu un
+sentimiento jamás experimentado por mí: algo de más fervoroso que la
+amistad; algo en que no entraba por nada el vehemente anhelo de los
+sentidos y algo que no era tampoco eso que llaman amor platónico y puro.
+Este sentimiento llegó a ser más puro y más grave que el amor platónico.
+Olvidada yo de que nacía de una mentira, le vi nacer en mí con sorpresa
+y deleite, y le cuidé con esmero para que creciese y floreciese.
+
+Yo no niego ni afirmo la existencia de lo que llaman amor platónico;
+pero, si existe, hallo en él, mientras vivimos esta vida mortal y
+tenemos el alma en el cuerpo, y cuando son los que se aman mujer y
+hombre, un no sé qué de incompleto y aun de monstruoso.
+
+No es, en verdad, amor, ni merece tan santo nombre, lo que yo he sentido
+y conocido desde la bajeza impura en que nací hasta el día de hoy. Sólo
+es amor, cumplido y entero, el que yo columbré remotamente entre los
+brazos de Juan Maury, y que por mi indignidad o por mi desgracia no pude
+alcanzar nunca.
+
+Del amor cumplido y entero, exclusivo y honrado desistí desde entonces,
+considerándole para mí imposible.
+
+El lazo afectuoso que hace años al Barón me une, no es amor ni amistad,
+porque es más apretado lazo que el que ata a los amigos, y porque es más
+espiritual y cae menos bajo el influjo de los sentidos que el amor más
+platónico y más puro.
+
+Yo he leído y aprendido mucho en estos últimos años. Pocos escritos me
+han encantado más, como divino ensueño poético, que las últimas áureas
+páginas del libro de Baltasar Castiglione, titulado _El Cortesano_. Allí
+explica el ingenioso, sutil y elocuente Pedro Bembo cómo se complace y
+cuánto goza el amante en la contemplación de la mujer amada, viéndola,
+oyéndola y hasta mereciendo de ella ciertos delicados e inocentes
+favores, entre los cuales pone el de abandonar por largo rato en las
+manos de él las manos de ella, y hasta el de dar y recibir, con mero
+contentamiento espiritual y sin sensualidad alguna, besos en la boca, a
+fin de que allí acudan las almas y se unan y compenetren, como cuentan
+que le sucedió a Platón con su amiga, que hubo de ser la linda
+Arqueanasa.
+
+Sin duda que esto es muy bonito, pero no veo yo cómo ha de ser el medio
+para encumbrarse a la contemplación, primero de la belleza universal,
+donde se encierran y cifran todas las bellezas individuales, y después a
+la eterna y perenne fuente de la belleza creada e increada, en cuyas
+llamas arda nuestro espíritu como ardió Alcides en la cumbre del monte
+Oeta, y por cuyo fuego seamos arrebatados al empíreo como Enoch y Elías.
+
+Repito que todo esto me parece muy bien para leído en el libro que he
+citado, pero no en la práctica. Por eso doy gracias al cielo de que el
+Barón haya inventado tan a tiempo su paternidad. Dios me preserve de que
+él, por la contemplación estática de mi hermosura, y de que yo,
+prodigándole los referidos favores, aspiremos también a remontarnos al
+empíreo. Más fácil sería resbalar por este camino y caer en inmundicia,
+que subir, purificados y gloriosos, como el solitario del Carmelo, en el
+ardiente carro.
+
+En suma, lo excelente que tuvieron mis relaciones con el Barón desde que
+se convirtió en mi padre, fue lo neutral, lo apacible, lo manso y lo sin
+sexo ni siquiera platónico, con que se señalaron. El Barón casi dejó de
+admirarme como hermosa, a fin de quererme, de atenderme y de servirme
+como buena.
+
+ * * * * *
+
+No soy yo alegre y regocijada por mera y espontánea energía de mi
+espíritu. Lo he sido y lo soy también porque me impongo, porque me
+decreto la alegría. Las cosas no pueden estar mejor de lo que están. Me
+parecería ingratitud para con Dios, si yo me quejase. Desde lo más hondo
+de la abyección impura he logrado elevarme a una esfera brillante y
+relativamente limpia. Soy rica, libre, respetada, a pesar de mis
+extravíos, y considerada y atendida en cierta sociedad, que tendrá sus
+máculas, pero a la que algún respeto se concede. Claro está que yo,
+aspirando siempre a lo más perfecto, ora supongo que hay, ora si no hay,
+gustaría de que hubiese, una sociedad más escogida, elegante y honrada,
+un círculo de gente más selecta, dentro del cual fuese yo digna de
+colocarme. Pero jamás me conformaría yo a ser recibida en ese círculo
+por indulgente piedad; a que ese círculo descendiese de su nivel para
+recibirme, a que entendiesen los que viven en él que con su trato me
+purificaban o me realzaban. Para esto prefiero estar donde estoy, y aun
+me resignaría a estar mucho más abajo.
+
+Completa es, por lo tanto, mi conformidad con mi posición y con mi
+suerte.
+
+Tengo además grandes motivos de satisfacción y contento. Mi salud es
+inmejorable y mi mocedad se diría que no acaba. ¿Para qué he de fingir
+modestia contigo? Me encuentro ahora más bella, más lozana, que cuando
+nos veíamos en el _Retiro de Camoens_. Imagíname entonces como mata de
+azalea sin flor aún y toda verde, e imagíname ahora como la misma planta
+con toda la pompa y las galas de sus abiertas flores.
+
+Aduladora es mi _mucamba_, que sigue siempre llamándome su niña; pero no
+creo que me adula cuando salgo del baño y me enjuga y me mira con
+agradable pasmo, y suele decirme:
+
+--¡Ay, niña, niña!, cada día estás más hermosa. ¡Bienaventurado el que
+así te vea!
+
+Lo que es yo me miro también con complacencia en grandes y opuestos
+espejos y me siento en perfecta consonancia con el parecer de Petronila.
+
+Te lo confesaré todo: cuando Petronila me deja sola, incurro en una
+puerilidad que no sé decidir si es inocente o viciosa. Sólo sé que es
+acto meramente contemplativo; que es desinteresada admiración de la
+belleza; No es grosería sensual, sino platonismo estético lo que hago.
+Imito a Narciso; y sobre el haz fría del espejo aplico los labios y beso
+mi imagen. Esto sí que es platonismo, me digo entonces. Esto es el amor
+de la hermosura por la hermosura: la expresión del cariño y del afecto
+hacia lo que Dios hizo manifestada en un beso candoroso que en el vano e
+incorpóreo reflejo se estampa.
+
+Ya ves tú que te hablo hasta de mi sencilla fatuidad y que te declaro
+todas mis venturas. Bien es que sepas también lo que durante mucho
+tiempo he procurado ocultarme a mí misma, lo que yo veo distintamente
+con susto y con pena y lo que me duele confesarte.
+
+Como si de un lago tranquilo surgiese de repente un monstruo, como si en
+una pradera cubierta de olorosas hierbas y flores viese yo bullir, por
+bajo de ellas, multitud de escorpiones y de víboras, así, en medio de
+mis alegrías y placeres, surge a menudo, desde hace tiempo y desde lo
+más intrínseco de mi ser, un desconsuelo, una melancolía, una amargura
+que me esfuerzo por ahogar o remediar y no lo consigo.
+
+No es hastío: yo no estoy ni fatigada ni hastiada. No es desilusión: las
+ilusiones, si alguna vez las he tenido, jamás me han contentado con su
+falacia y antes he celebrado que deplorado el perderlas. La causa de mi
+mal es mi ambición trascendente; mi empeño de ir en busca de un ideal
+para mí inasequible; el vano propósito de borrar de mi ser las
+indelebles manchas, con cuyo germen al menos nací manchada. Este mal,
+que en mí no tiene cura ni remedio, quise curarle y remediarle yo en
+otro ser amado, que me pertenece, que ha nacido de mis entrañas.
+
+Mi propósito de educar altamente a mi hija fue corroborándose cada vez
+más. De él hice el más noble fin de mi vida. Lucía, si mi deseo se
+realizaba, había de ser limpio dechado de castidad, de pureza y de
+cuantas excelencias y virtudes pueden sublimar y glorificar a un alma
+humana en esta baja tierra.
+
+Preví un peligro, preví para mí el más enorme de los infortunios, pero
+arrostré el peligro con valor porque sobre todo prevalecía mi afán de
+que ella fuese perfecta, inmaculada, tan hermosa como yo de cuerpo y mil
+y mil veces más hermosa de alma; conseguido esto, me sentía yo con
+fortaleza bastante para sufrir que ella, desde la elevación moral en que
+iba a verse, tuviera harto involuntariamente que despreciarme y que
+avergonzarse de mí. Movida yo por esta pasión, tuve por principal empleo
+hasta que Lucía cumplió doce años, el cultivar su corazón y su mente con
+el más activo desvelo. Yo misma, ocultándole con recato cuidadoso cuanto
+yo pensaba y sabía de malo, la instruí en todo lo bueno y santo que mi
+alma había conservado o aprendido.
+
+Mi fe religiosa, profunda en mi mocedad y consuelo en mi abyección de
+entonces, o había sido combatida por dudas o se había bastardeado,
+combinándose con ideas filosóficas que tal vez quebrantaban su entereza
+con el pretexto de ensanchar un estrecho molde donde imaginaban que su
+grandeza no tenía cabida. Así es que busqué y hallé a un virtuoso e
+ilustrado sacerdote que completase la educación moral y religiosa de
+Lucía sin inficionarla con los elementos heterodoxos con que mi fe se
+había pervertido.
+
+No acierto a ponderarte el miedo que tenía yo de que Lucía descubriese
+mi indignidad; el recato con que viví para que no comprendiese ella o
+para que tardase en comprender mis faltas y pecados, y cuánto vigilé
+para que ningún pensamiento impuro penetrase en la mente de ella; y, lo
+que es imposible cuando un ser humano es inteligente, para perpetuar en
+su espíritu la ignorancia de lo malo y de lo vicioso.
+
+Recelando yo que esta ignorancia de Lucía se disipase y que ella abriese
+los ojos y me viese tal como soy, no me sosegué hasta que, haciendo un
+inmenso sacrificio en separarme de ella, la hice entrar, desde poco
+después que cumplió doce años, en el convento del Sagrado Corazón de
+Jesús, donde permaneció hasta los diecisiete.
+
+ * * * * *
+
+Muchas veces salía mi hija del convento y venía a pasar algunos días
+conmigo. Con más frecuencia iba yo al convento a visitarla y a hablar
+con ella.
+
+Mi amor y mi vanidad de madre estaban cada día más lisonjeados. Lucía
+iba creciendo en hermosura y en natural elegancia. Algo había en ella de
+parecido a mí, pero se parecía mucho más a su padre. No envidiosa sino
+encantada notaba yo que había en todo su ser corporal algo de más
+aristocrático que en el mío. Era además blanca y rubia, mientras que yo
+soy pelinegra y trigueña. Mis ojos son verdi-oscuros; los suyos azules
+como el cielo. Yo soy alta y esbelta: ella es más esbelta y más alta que
+yo, aunque igualmente bien proporcionada. Para que comprendas bien la
+diferencia que hay entre nosotras, te diré, aunque peque yo de
+presumida, que mi estampa retrae al pensamiento la de una diosa del
+gentilismo, y la suya la de una _madonna_ de antes de Rafael.
+
+Las caricias y las alabanzas, que yo le prodigaba, eran siempre
+tiernamente recibidas y pagadas por ella. Había, sin embargo, entre
+nosotras no poco que limitaba la expansión. No me atrevía yo a hablarle
+de ciertos puntos. Le decía que era su madre, pero no le decía de qué
+suerte era su madre, como deseando que lo ignorara. Y salvo en lo
+indiferente y en las relaciones entre ella y yo desde que nació ella,
+ponía yo en toda mi vida, cuando con ella hablaba, un sigilo harto
+embarazoso.
+
+Intenciones tuve a veces de confesarme con ella: de decirle mis faltas
+para que ella las perdonase. Pero pronto un orgullo, en mi sentir bien
+entendido, me hacía desechar aquella tentación. Era preferible que ella
+supiese por otras personas quién yo era y no que lo supiese por mí
+misma. Yo no me podría resistir al deseo de justificarme o al menos de
+disculparme; y de aquí podrían originarse dos casos que igualmente me
+horrorizaban. O bien que, al disculparme yo, ella aceptase como buena y
+como plausible mi disculpa, y entonces la elevación de su moralidad se
+relajaría, siendo yo su maestra y su iniciadora en liviandades; o bien
+que ella, con severo criterio, allá en el centro de su alma y aunque no
+me lo dijese, rechazara mis disculpas, y tal vez sospechara, a pesar
+suyo, que yo le daba lecciones infames, y que, acaso sin querer, pero
+arrastrada por mis instintos perversos, ansiaba rebajarla a mi nivel,
+aunque sólo fuese para que ella mejor me amase.
+
+Tales cavilaciones fueron la causa de mi silencio.
+
+Por mi desdicha, es absurdo imaginar que una virgen, una santa, una
+criatura inmaculada y purísima, si no es tonta, permanezca siempre a
+obscuras y con los ojos del alma completamente cerrados para todo cuanto
+hay en el mundo que no es honesto. La honestidad, la castidad y hasta la
+inocencia más columbina, consisten en abominar de lo malo y no en
+ignorarlo del todo, como si no existiera. Lucía, pues, austera, virtuosa
+y sin ningún pensamiento feo, y sin ninguna imagen impura que enturbiase
+el claro espejo de su conciencia, reflejándose en él, no pudo menos de
+saber al cabo y supo del mal, y fue conociendo poco a poco todo cuanto
+de este mal en mí había. Callándome siempre, pero con mirada
+escrutadora, procuraba yo, con curiosidad irresistible, penetrar en el
+centro de su alma, y ver el progreso que iba haciendo allí el
+conocimiento del mal y los estragos y la ruina que este conocimiento
+hacía en el buen concepto que ella de mí tenía formado. Grandísimo pesar
+me causaba lo que acabo de querer explicarte. El amor maternal, no
+obstante, y casi tanto como el amor maternal uno a modo de orgullo de
+artista que se deleita en su obra, siempre me impidieron desear, en el
+juicio de Lucía, la menor indulgencia que implicase relajación o
+quebranto en la ley por cuya virtud su espíritu había de dictar un
+fallo.
+
+Ya se entiende que todo esto lo veía o lo creía ver yo como si mi mirada
+penetrase en los más abismados pensamientos de mi hija. Lo que es ella,
+nunca dejaba de mostrarse tan cariñosa conmigo como con ella yo, y tan
+respetuosa como la hija más cristianamente educada.
+
+Después de nuestros deberes para con Dios, los mandamientos de su ley
+ordenan que respetemos y honremos a nuestros padres. ¿Cómo hubiera
+podido Lucía faltar nunca en lo más mínimo a este mandamiento? Ella,
+además, me amaba y me ama, porque ha nacido de mis entrañas y porque es
+mi sangre y porque recuerda y agradece mis mimos, mi ternura, el esmero
+con que la he criado, y hasta esa misma elevación moral y religiosa a
+que he procurado elevarla, quedándome yo tan lejos y tan por bajo de
+ella.
+
+ * * * * *
+
+Jamás he tenido la tentación de destruir mi obra; de hacer que Lucía
+baje hasta mí desde la altura en que la he puesto. Pero, a veces me
+pregunto: ¿no fue delirio ponerla en esa altura?
+
+A este propósito recordaba yo ciertas palabras de una dama andaluza que
+conocí un verano en Biarritz cuando Lucía no contaba aún sino ocho años
+de edad. Tenía esta dama una hija de la misma edad que Lucía. Las niñas
+se conocieron y jugaron juntas en el _Port Vieux_. Y por esto, y por ser
+españolas ambas madres, y por lo franco y fácil del trato en los lugares
+de baños, trabé yo cierta amistad con la madre de la niña, que se
+llamaba la señora de Benítez. Su marido, D. Ambrosio, era un personaje
+político de cuarta o quinta magnitud, si bien con esperanzas más o menos
+fundadas de llegar a serlo de primera, ya que poseía notable desenfado,
+gran facilidad de palabra y otras brillantes prendas. Por lo pronto, D.
+Ambrosio estaba como parado, por no decir extraviado en su carrera. O
+por haberse comprometido en conjuraciones y pronunciamientos, o sin
+necesidad y sólo para contraer méritos y darse tono, gemía en la
+emigración. Verdad es que no era muy lastimero el gemido, porque cuando
+los suyos estuvieron en el poder, le habían enviado a Cuba de vista de
+una Aduana o no sé bien con qué otro empleo en Hacienda. Al año y medio
+cayó su partido y le dejaron cesante, pero él no se había dormido ni
+descuidado y había aprovechado tan bien el tiempo, que pudo volver y
+volvió, con no despreciables ahorros. Así podía esperar y esperaba sin
+sobrada angustia la vuelta al poder de su partido, para que le hiciese
+Director general, Ministro y quién sabe si Conde. Sus esperanzas eran
+grandes. Su mujer era quien no se las prometía tan felices. La señora de
+Benítez tenía un carácter apocado y siempre pronosticaba males y no
+bienes. Ella era lo contrario de D. Ambrosio, que veía el porvenir de
+color de rosa y que soñaba con todos los refinamientos y primores del
+lujo y de la distinción suprema. La señora de Benítez, a pesar de lo
+tétrica que era en el pronosticar, tenía mil excelentes cualidades.
+Desde que, siendo estudiante D. Ambrosio y ella hija de la pupilera en
+cuya casa D. Ambrosio se hospedaba, ambos se amaron y se casaron, había
+sido fiel, sufrida y hacendosa compañera de aquel hombre, gobernando la
+casa y cuidando de todo con ordenada economía y dando a D. Ambrosio, sin
+molestarle ni ofender su orgullo, los más juiciosos consejos. Ella se
+esforzaba, sobre todo, en esfumar los ensueños de grandeza de su marido,
+y en procurar que éste no viniese a ser un Faetonte del _chic_, y
+acabase por caer despeñado.
+
+En el invierno que siguió al verano y al otoño en que los conocí,
+vinieron a París ambos esposos a pasar una corta temporada. A ellos y a
+su niña los obsequié cuanto pude. Un día en que estaban los tres
+comiendo a mi mesa, mi cocinera estuvo inspirada. Don Ambrosio, que era
+francote a pesar de su vanidad, se entusiasmó con todos los platos que
+se sirvieron, y singularmente con un _chaud-froid_ de _ortolans_, que en
+realidad fue una obra maestra. Mas ¡oh, desgracia!, la niña del Sr.
+Benítez comió muy poco de todo. Lo que es el _chaud-froid_, por culpa de
+la gelatina que le envolvía y por lo frío que estaba, le dio mucho asco
+y no consintió en llevársele a la boca. Don Ambrosio perdió con esto los
+estribos; no acertó a contenerse y deploró en mi presencia con acerbas
+frases la ingénita ordinariez de su hija, que no gustaba sino de
+alboronía, chanfaina, pepitoria y sobrehúsa de bacalao. Herido con esto
+el orgullo maternal de la señora de Benítez, habló con elocuencia y
+refutó el parecer de su marido, diciéndole para concluir:
+
+--Pues debieras dar gracias a Dios y no lamentarte de que sea así tu
+hija, porque tal vez se quede para vestir santos, o bien se case con
+algún pobretón que, en vez de darle a comer pajaritos sin hueso y
+rellenos de trufas, tenga que alimentarla, y gracias, con esos guisotes
+que tú desdeñas, aunque con ellos te has alimentado y bien robusto te
+has criado.
+
+Ya comprenderás tú de qué manera aplicaba yo este caso a Lucía y a mí.
+Y, sin embargo, aunque me parecía atinado y juicioso lo que con relación
+al refinamiento material decía la señora de Benítez, yo seguía
+hallándolo vil y grosero aplicado al refinamiento del alma. Lo que es en
+esto persistía yo y me aferraba en ser más exquisita que D. Ambrosio.
+
+ * * * * *
+
+Mi entendimiento vacila, cambia y duda mucho. Suele mirar las cosas por
+diversos lados, y según el lado por donde las mira, las ve con aspecto
+distinto.
+
+Me inclino a creer que a todo el mundo le sucede lo mismo. La diferencia
+está en que yo lo confieso, y son raras las personas que lo confiesan.
+
+Digo esto porque hasta en los momentos de mi mayor entusiasmo por la
+sublimidad moral y religiosa de Lucía, asaltaban mi mente no pocas
+consideraciones que propendían a echar por tierra el entusiasmo
+mencionado.
+
+Siempre me figuraba yo como legítimo y bueno el andamio, la escala, la a
+modo de Torre de Babel que el alma construye a veces para encaramarse
+por ella y subir al cielo de su ideal más alto; pero importa que esta
+torre, andamio o lo que sea se construya sobre firme y sólido cimiento
+de sentido común. De lo contrario, es casi seguro que cuando ya esté muy
+alta la torre y nos complazcamos y ufanemos en contemplarla, se cuartee
+por culpa de la base y acabe por hundirse lastimosamente en el ancho
+foso de tontería que la rodea.
+
+Así pensaba yo y así me atormentaba al penetrar cada vez más en la mente
+de Lucía y al recelar que en la dirección que yo había dado al vuelo de
+su espíritu, había acaso falta de tino. Pues qué, ¿no podía ella ser
+todo lo santa que quisiese sin avergonzarse de mí, aunque fuese de un
+modo involuntario? ¿Si ella se hubiese criado en el abandono en que yo
+me crié, hubiera sido más que yo virtuosa y honrada?
+
+En el abismo de mi alma ocultaba yo mis cavilaciones. No hallaba
+términos con que declarárselas a Lucía, ni con qué darle al menos leve
+indicio de ellas. Ignoro hasta qué hondura penetraría Lucía en mi
+conciencia y leería lo que allí pasaba. Lo que sé es que yo leía en la
+conciencia de ella como en un libro abierto, donde las sanas doctrinas
+del ilustrado sacerdote que la había educado, y las no menos sanas de
+las benditas madres del convento habían venido a combinarse con los
+rumores del mundo y con las malévolas insinuaciones de las compañeras de
+colegio a quienes la envidia movía, y habían formado un amargo conjunto
+que menoscababa el respeto y que acibaraba y aun emponzoñaba el amor de
+la hija a la madre.
+
+Sin duda en la mente de Lucía había llegado a formarse un concepto de mí
+harto peor que el merecido. Ella hubo de creerse hija de un padre hasta
+de mí misma ignorado.
+
+No creas tú por lo que aquí manifiesto que Lucía me mostrase el menor
+desvío. Antes era cada vez para mí más entrañablemente afectuosa. Por
+gratitud, por deber y por natural inclinación Lucía me amaba.
+
+Modelo de cristiana humildad para con Dios, Lucía era tan orgullosa o
+más orgullosa que yo en sus relaciones con el prójimo, salvo que mi
+vileza primitiva había cortado las alas de mi orgullo y su orgullo tenía
+alas, aunque estaba herido por mi culpa y por mi vergüenza.
+
+Una tristeza dulce y al parecer sin causa se pintaba en su rostro desde
+que salió del convento. La llevé a paseos y tertulias, la vestí y la
+adorné con los más elegantes trajes de moda, y procuré distraerla y
+alegrarla, pero todo fue en balde. Ella me confesó al cabo que tenía la
+más decidida vocación de abandonar el mundo y de entrar en el claustro.
+Inútiles fueron todas mis amonestaciones en contra; inútil la pintura
+que reiteradamente le hice de un porvenir brillante, honrado y tan
+dichoso y tan digno cuanto en este bajo mundo es posible. ¿Por qué no
+había ella de inspirar a un hombre y de sentir por un hombre que la
+mereciese el único y persistente amor que al pie de los altares se
+purifica y que un sacramento religioso ennoblece y ensalza?
+
+Todo por mi parte fue empeño vano. Lucía persistió en no ser esposa sino
+de Cristo, y fue tan resuelto su propósito que no pude atajar los
+primeros pasos que quiso dar para lograrle, y, harto a despecho mío,
+hube de consentir en que se volviese al convento.
+
+ * * * * *
+
+Sobre lo que tengo que contarte ahora, voy a pasar con rapidez como
+sobre ascuas. Aun así me quemará la sangre el recordarlo.
+
+Por amor, por devoción a mi hija, concebí un proyecto tan sentimental
+como descabellado. A fin de realizarle me expuse a la más dura de las
+humillaciones.
+
+Mi efímero amante, el joven Secretario de la Legación inglesa en Río de
+Janeiro, no era ya Master John, era _Sir_ John. Se había transformado en
+un señor respetabilísimo de cuyas circunstancias había yo tomado exactos
+informes. Era un personaje rico, notable e influyente en la política de
+su patria.
+
+Bien podía afirmarse que dominaba fuera de su casa y que dentro de ella
+estaba dominado. Trece años hacía que había contraído matrimonio con una
+noble _Lady_, bella, muy aristocrática y tan dotada de virtudes como de
+soberbia. Juan Maury tenía de esta mujer tres hijos legítimos; y, según
+me contaron, si a ellos los amaba como padre, a ella la obedecía y la
+acataba como rendido adorador a una diosa.
+
+Allá en mis adentros, allá en lo más hondo y oculto de mi corazón, aún
+descubría yo rastros del verdadero amor que, por única vez en mi vida y
+evocado por Juan Maury, había pasado por mi alma, tocándola con sus alas
+e iluminándola toda. Juan Maury nunca lo supo, ni lo presumió siquiera.
+Durante el corto tiempo que me poseyó me tuvo por una mujer galante: muy
+agradable, muy divertida, y nada más. Para él aquellos nuestros amores
+no fueron más que amoríos.
+
+¿Cómo pues me atreví a considerar posible que Juan Maury, dieciocho o
+diecinueve años después, había de llegar a saber que había tenido de mí
+una hija y había de estar tan seguro de ello que se allanase a
+reconocerla?
+
+Sin embargo, fue tan grande mi deseo de que mi hija supiese quién era su
+padre y de que él declarase que lo era, que yo vencí mi repugnancia,
+humillé mi soberbia y acudí a Juan Maury con mi pretensión. Le escribí
+varias cartas a las que no se dignó contestar, y yo sufrí y devoré su
+desprecio. Apelé entonces al confesor de mi hija, le puse en el secreto
+de todo y le di la comisión de ir a Inglaterra, de buscar a Juan Maury,
+de hablar con él, de reiterarle mi pretensión y de exponerle mis planes.
+
+Mi hija era suya, y yo lo juraba por lo más sagrado. No necesitaba de la
+hacienda de él. Yo era bastante rica y estaba dispuesta a dar desde
+luego más de la mitad de la mía y el resto a mi muerte. Yo me conformaba
+asimismo con renegar de mi maternidad o con ocultarla, para que Juan
+Maury buscase y fingiese, para su hija, al reconocerla por tal, más
+decorosa madre que yo, y no casada sino soltera. Yo me comprometía, si
+era necesario, a no volver a ver a mi hija para no contaminarla con mi
+contacto. A ella, si Juan Maury no quería tenerla en su casa, la podría
+tener bajo la custodia y autoridad de una ilustre y anciana parienta
+suya, viuda y sin hijos, y de quien sabía yo que le amaba en extremo. De
+la virtud, de la limpieza y santidad de costumbres y del recato de Lucía
+fácil era que pudiese informarse Juan Maury. De su hermosura, de su
+distinción y de su talento, él mismo podía juzgar, viniendo a visitarla
+en el convento en que ella estaba. Tal vez (en mi concepto casi de
+seguro) notaría él viéndola, por los rasgos de su fisonomía y por todo
+su aspecto, que era ella de su casta y de su sangre. ¿Qué recelo, qué
+temor podía impedir a Juan Maury confesar a su mujer una culpa suya
+cometida cuatro o cinco años antes de su casamiento, e impetrar su
+beneplácito para expiar en parte dicha culpa reconociendo por hija y
+dando su nombre a la que de la culpa había nacido? Ni los bienes de
+fortuna de Juan Maury sufrirían con esto menoscabo, porque Lucía era
+rica de por sí y nunca le sería gravosa.
+
+Pero Juan Maury era más egoísta de lo que yo había imaginado. Era además
+tan gurrumino que tenía más miedo de su mujer que de una espada desnuda;
+y _Lady_ Maury era quizás la más severa, la más entonada, la más en sus
+puntos y la más enemiga de lo escandaloso e incorrecto de cuantas
+_Ladies_ vestían y calzaban a la sazón en todo el Reino Unido de la Gran
+Bretaña.
+
+Por otra parte, yo soy muy imparcial, y cuando hay disculpa, la hallo
+aunque sea contra mí. Mi pretensión pecaba de extemporánea, era harto
+sospechosa y carecía de documentos fehacientes en que fundarse.
+
+Mi orgullo maternal y mi altivo menosprecio de las consideraciones y
+respetos sociales, en época en que estaba yo más sobre mí y muy
+engreída, me habían inducido a ser imprevisora y a no desear ni buscar
+con oportunidad mayor el reconocimiento de mi hija por quien
+evidentemente era su padre.
+
+Mi empeño fue ya tardío. A fuerza de gestiones mi embajador clérigo
+consiguió ver en secreto a Juan Maury y exponerle el objeto de su
+embajada; pero Juan Maury, lleno de desconfianza, le despidió sin
+hacerle caso.
+
+Todavía, con humillante terquedad, persistí yo en mis ruegos y escribí
+varias cartas a mi antiguo y descastado amante. El único resultado que
+obtuve fue infundir en su ánimo un miserable terror de que su _Lady_
+sorprendiese mi correspondencia a medias y pusiese el grito en el cielo.
+Para salvarse de tamaña calamidad, Juan Maury me envió como mensajero a
+un hombre de negocios de toda su confianza, quien, más que a convenir en
+nada, vino a imponerme silencio. Aunque era inglés y no hablaba la
+lengua francesa muy de corrido, yo no he visto ni oído nunca a nadie más
+fresco, circunspecto y reposado en su hablar, ni que acertase a decir
+mayores crudezas y enormidades, sin descomponerse y sin manifestar en la
+forma y combinación de sus palabras nada de _shocking_ ni de feo.
+Traducido lo que me dijo en rudas frases era como sigue: que si Juan
+Maury, que había sido guapo y muy querido de las damas, tuviese que
+aceptar un hijo por cada uno de los extravíos o ligerezas de su primera
+juventud, se expondría a poder formar un batallón con su prole; que sus
+relaciones conmigo habían sido de lo más ligeras, sin compromiso
+ninguno, y de duración muy corta; y que él no tenía ningún motivo
+justificado para afirmar con pleno convencimiento que durante dichas
+relaciones había sido el único, porque entonces había también un marido
+legítimo, y había además dos rivales que con grave escándalo y por celos
+riñeron en desafío, resultando muerto uno de ellos. En suma, el
+mensajero inglés me amonestó para que abandonase mi empeño absurdo, del
+cual sólo podría originarse la perturbación de la paz doméstica en el
+seno de una honrada y nobilísima familia.
+
+No he de negarte aquí que el discurso de aquel mensajero inglés me
+revolvió ferozmente la bilis: estuvo a punto de restaurar en mí las
+bizarrías de mis verdes años y mis arrestos de chula. En mis manos,
+cuidadas ahora con el esmero de las manos de una princesa, sentí bullir
+la comezón y el prurito de hartar a aquel inglés de bofetadas y de
+arañazos. Pero su corrección, su calma y su serenidad impasible me
+contuvieron y lo aguanté todo. Lo que sí hice fue derribar con ira y
+hasta con asco el ídolo de Juan Maury del altar que misteriosamente le
+había yo erigido en el templo de mis recuerdos. Y aunque mis manos
+permanecieron ociosas e inertes, no le sucedió lo mismo a mi lengua. La
+esgrimí como puñal buido. Si no calenté bien con mis manos la cara del
+inglés, con la lengua le calenté las orejas. En contestación de lo que
+él insinuó acerca del nombre ilustre que anhelaba yo dar a mi hija,
+llegué a decir al inglés que ya prefería yo hacerla hija de un zapatero
+remendón a que fuese hija de su amo. En suma, yo me desahogué de veras y
+despedí al inglés con cajas destempladas.
+
+Para siempre deseché la esperanza y abandoné el propósito de que mi hija
+tuviera padre en la tierra. Casi creí juiciosa la idea extravagante del
+sansimoniano Padre Enfantín de no conceder sino madres a los seres
+humanos y de suponerles un padre ideal para que imitasen mejor a Cristo.
+
+No era Lucía de este parecer. No poco traslució de los pasos que había
+yo dado y del mal éxito que habían tenido. Su amargura hubo de ser
+grande. La opinión que de mí tenía hubo también de malearse mucho. No
+dejó por eso de mostrarme sino que extremó más que antes su cariño y su
+respeto hacia mí; pero cada día ponderó más lo decidido y lo invencible
+de su vocación.
+
+En balde fueron mis razonamientos y mis súplicas para que Lucía
+desistiera. Al fin tuve que ceder y que consentir.
+
+Hace ya más de un año que Lucía tomó el velo y se encerró para siempre
+en el claustro.
+
+Nada diría yo si creyese su determinación enteramente nacida de fervor
+religioso; pero yo me atormentaba y aún me atormento sospechando que la
+desesperada soberbia de mi hija y la lucha interior entre el respetuoso
+cariño que me tenía y me debía y el pésimo concepto que de mí formaba,
+la habían llevado a sacrificarse.
+
+Aun así la grandeza del sacrificio la ennoblecía a mis ojos. Por orgullo
+había desdeñado la riqueza, las galas, los deleites y los triunfos que a
+pesar de la impureza de su origen, hubiera ella podido lograr en el
+mundo.
+
+Sin embargo, yo cavilo mucho y de vez en cuando hago suposiciones y
+consideraciones que rebajan el mérito de Lucía y con las cuales también
+me culpo y miro mi desgracia como natural resultado de mi imprudente
+necedad. Me comparo entonces a cierto aprendiz de mago de una antigua
+leyenda, que se propuso evocar y llamar a sí a un ser etéreo, a una
+sílfide, a una diosa beatificante, y equivocó las fórmulas, los
+procedimientos y los conjuros, y suscitó un vestiglo que cayó sobre él,
+le derribó por tierra y le pisoteó el cuerpo y el alma.
+
+Mi propensión a reír y a burlar, aunque sea a costa mía, me induce en
+ocasiones a ver este asunto por el lado cómico, pero no sazono el acerbo
+chiste con sal y pimienta, sino con hiel y vinagre. La cualidad de
+_snob_, me digo, puede encumbrarse a un grado heroico. Para probarlo
+acude a mi memoria lo que ocurrió a mis amigas la señora y las señoritas
+de Pinto. Vinieron a París, desde la provincia brasílica de Minas
+Geraes, tres sobrinos de la madre, primos hermanos de las hijas. Se
+habían enriquecido cultivando una magnífica _fazenda_, pero eran
+ordinarios y medio salvajes y chapurreaban el francés por detestable
+estilo. Llevaban, además, en el rostro el indeleble signo de su plebeyo
+e híbrido origen. Estaba patente en ellos la mezcla de la sangre europea
+con la del _caboclo_ y aun con la del negro. No puedes figurarte la
+consternación que produjo en las de Pinto la llegada de estos señores.
+Para colmo de horror acertaron ellos a presentarse en casa de las de
+Pinto una tarde en que dichas señoras tenían un _five o'clock tea_, más
+subido de punto que nunca por lo aristocrático. Allí estaban el Barón de
+Castell-Bourdac, quien casi o sin casi es del _Faubourg_; dos príncipes
+rusos, descendiente uno de Gengiskan y otro de un compañero de Rurik;
+tres marqueses italianos; y una condesa polaca, de la clarísima estirpe
+de los Jaguelones. También estaba yo, aunque plebeya, considerada como
+muy elegante. ¿Qué hubiera sido del crédito de las de Pinto si llegan a
+entrar en la sala aquellos salvajes, tuteándolas y abrazándolas como a
+primas? Por fortuna ellas acudieron a tiempo de evitar la catástrofe.
+Los Pintos exóticos fueron introducidos y enchiquerados en un salón
+vacío. ¡Pero cuánto sobresalto, cuánta angustia, divinos cielos!
+Aquellas señoras iban y venían por turno de un salón a otro para dar
+conversación a los inoportunos y descomunales parientes. A mí no
+pudieron menos de ponerme en el secreto y también me enviaron con
+disimulo a darles un poco de conversación.
+
+En suma, para qué cansarte: las angustias y los apuros de las señoras de
+Pinto fueron inefables e innumerables durante cerca de dos meses que
+permanecieron sus parientes en la capital de Francia. Por dicha se
+marearon estos de oír tanto ruido como hay en estas calles de París, de
+estropear la lengua de Voltaire y de que nadie les hiciera caso sino los
+que les sacaban el dinero. Se largaron, pues, no sé dónde, y las de
+Pinto respiraron. Segura estoy de que si no llegan a irse, atribuladas y
+compungidas las de Pinto por una perpetua y abominable obsesión, las
+tres abandonan el mundo y se meten monjas.
+
+Valiéndome del recuerdo de este lance como término de comparación,
+pugnaba yo por achicar en mi pensamiento la mística heroicidad y el
+desprendimiento de Lucía; pero mi obstinado amor hacia ella y mi juicio
+favorable a sus nobles prendas la amparaban contra la ridiculez que mi
+despecho quería lanzar sobre ella. Sólo conseguía yo mortificarme más y
+desesperarme.
+
+A pesar de lo apacible y alegre de mi carácter durante toda mi vida,
+empecé a sentir entonces, con enojosa persistencia, odio y desprecio
+hacia mí misma y hacia la gente que me rodeaba y miedo de verme tan
+sola, sin haber obtenido nunca sino fugaces amistades y sin contar con
+persona alguna en quien poner mi confianza y mi profundo y verdadero
+afecto. Apenas tenía yo más amigos que el Barón; y yo no desconocía, por
+más que estimase su fidelidad perruna y su devoción hacia mí, cuánto
+había de cómico en todo ello. Las ganas de morir asediaron mi espíritu
+con la contemplación de tales miserias.
+
+ * * * * *
+
+Para distraer mis penas, para aturdirme, me lancé entonces al mundo con
+mayor ímpetu y frenesí que nunca. Te confieso que llegué a sentir
+veleidades de conquistar cierta extraña clase de nombradía; de echar mi
+modestia a un lado y de obtener palma y corona en el certamen de la
+hermosura. No fue el sentido moral quien detuvo mis arranques e impidió
+que cayese yo en aquel precipicio: fue mi soberano desdén hacia el
+juicio y la estimación de los hombres. Parodiando en mi pensamiento una
+sentencia evangélica, me decía yo que para cebar a los cerdos bastan
+afrecho y bellotas, y que es lástima arrojar perlas en la pocilga.
+
+Con todo, otro sentir menos soberbio y de purificante delicadeza agitó
+por entonces mi pecho. Imaginé posible todavía, cuando no el amor
+verdadero, fiel, único y sin mancha que pudiese unir mi ser con el de un
+hombre, un apacible y amoroso afecto que, sin poseer ya la vehemencia
+del amor juvenil, tuviese su limpieza, su persistente duración y su
+fidelidad exclusiva. ¿Pero dónde hallar este amigo, este amante, este
+esposo con quien yo aún atrevidamente soñaba? ¿Cómo podría yo
+desprenderme de lo pasado para ser digna de ser suya? Y si de lo pasado
+no me desprendía, ¿cómo enredarle en mi imaginado lazo sin rebajarle
+hasta mi nivel y sin hundirle en la abyección en que yo estaba?
+
+Mis alambicados pensamientos y el ensueño ideal que repentinamente,
+tarde y fuera de sazón, movían y embriagaban mi alma, la llenaban de
+desesperanza y de anhelo de muerte, aunque yo seguía hallando hermoso el
+mundo, y rico en encantos, en curiosos misterios y en amena variedad de
+casos el espléndido tejido de la vida humana.
+
+ * * * * *
+
+Deseo hacerte comprender las vacilaciones de mi espíritu, y de qué
+suerte, con incesantes alternativas, paso de la tranquilidad apacible al
+dolor desesperado. Nunca engañé, ni ofendí, ni robé, ni herí a nadie. En
+nada de esto pequé ni tengo de qué arrepentirme. En ocasiones, la fe
+perdida renace en mí. Recuerdo y reconozco como mortales muchos pecados
+míos, pero confiando en la infinita misericordia de Dios, creo que me
+los perdona. Siento la contrición y yo misma me absuelvo. El
+remordimiento ya no me atosiga, pero hay un sentir poco cristiano, hay
+en mi ser un cruelísimo orgullo, que, más que todo remordimiento,
+atormenta y mata. La humillación y la vileza de mis primeros años se
+representan en mi memoria y me cubren de oprobio. No hay penitencia, ni
+conjuro, ni sacramento, ni palabra mágica, diabólica o divina, que borre
+ciertas manchas indelebles. La vergüenza que inspiro a mi hija se vuelve
+contra mí. La misma consideración de mi riqueza, de mi material
+bienestar, de mi salud y de mi elegancia, se contrapone al estado de mi
+espíritu y me impulsa a contemplarle con mayor espanto y repugnancia. Mi
+cuerpo está sano y hermoso, pero mi alma, cuando caen los recuerdos
+sobre ella, está como Job en el muladar. Imposible apartar de ella y
+raer la ponzoña de sus úlceras, a no despojarla de una de sus
+principales potencias, a no privarla para siempre de la memoria.
+
+ * * * * *
+
+Tal era el estado de mi alma cuando, después de tanto tiempo, volví a
+verte en casa de las de Pinto. Te lo digo sin lisonja: me pareciste muy
+bien. Tu presencia y tu conversación me confirmaron en la idea que he
+tenido siempre de que el hombre de naturaleza sana y robusta, si el
+vicio no le deprava, va creciendo en valer y como completándose hasta
+llegar a la edad de cincuenta años, que es sobre poco más o menos la que
+tú debes de tener ahora. Hay en su aspecto, en su ademán y en todo él
+una majestad y un brío reposado que están muy por cima de la
+intranquilidad y de la petulante inconsistencia de la primera juventud.
+En fin, ¿para qué buscar aquí los motivos? Bástete saber que te encontré
+muy de mi gusto, y que aquella noche volví a casa harto imaginativa y
+soñadora.
+
+Después, a solas conmigo, se apacentó mi espíritu en los lejanos
+recuerdos que desde Lisboa guardaba yo de ti, profundamente sepultados,
+bajo otra multitud de recuerdos, allá en los abismos de mi memoria. Y no
+contenta yo con exhumar recuerdos tan distantes, me complací en
+combinarlos, empleando para ello un arte sibarítica, con las recientes
+impresiones que de ti había recibido. Entonces los traviesos y
+regocijados amores que en mi seno dormían se despertaron en tumulto y se
+pusieron a tocar diana, como si saliese para ellos la aurora de un nuevo
+día, con cuyo anuncio querían levantar y alborozar mis sentidos y
+potencias.
+
+En mi pensamiento ya no podía yo estar más rendida ni ser de nuevo más
+tuya. Pensé o imaginé, no obstante, multitud de cosas que vinieron a
+complicar aquel sentir sencillo y alegre. Anhelaba yo y buscaba desde
+hacía tiempo formar o estrechar vínculos de amistad con alguien que me
+comprendiese y en quien yo pudiese poner toda mi confianza y desahogar
+mi pecho. También para este oficio te elegí en seguida, e impaciente y
+deseosa de que le ejercieras, empecé aquella misma noche a escribir
+estas _confidencias_ que pronto leerás.
+
+Al mismo tiempo, brotó en mi mente otra aspiración, otro propósito,
+apenas hasta entonces concebido por mí, que mucho me turbaba y me
+inquietaba. No aspiré ya al logro de fugaces deleites. Forjé un raro y
+para mí inverosímil cuento de amores; la unión apacible y duradera de
+dos voluntades humanas; algo de muy semejante a la historia de Filemón y
+Baucis.
+
+Por desgracia, la concepción de este último propósito cayó con violencia
+sobre los propósitos anteriores, y pugnó por desbaratarlos.
+
+No; aunque tú lo quisieras, aunque movido tú por amor vehementísimo, que
+yo con todas las energías de mi alma lograse inspirarte, te humillaras
+hasta el extremo de convertir el rápido capricho y el pasajero enlace en
+persistente unión, y aunque te complacieras en ser mi constante y único
+compañero y en consagrarme tu vida, yo no podría ni debería aceptar el
+sacrificio, y aunque lo aceptara, no se conseguiría mi objeto. Al
+hacerte tú mío, completamente y para siempre mío, perderías el valer, el
+encanto y el mérito que me lleva a desearte como mío para siempre.
+
+Harto comprenderás por lo que te indico los encontrados anhelos que
+combaten dentro de mi alma. No has de extrañar, pues, que en medio de
+esta lucha, brote de lo hondo y como de la raíz de mi existencia, en mí
+que amo tanto el mundo y la vida, la imagen de la muerte, rica de
+hermosura y de poderosos atractivos, y trayendo en su mano paz y reposo.
+
+A menudo, independientemente del renovado y repentino afecto que me
+inspiras y de las otras consideraciones que dejo expuestas, me aflijo y
+me mortifico haciendo lamentables pronósticos. Yo, según has podido
+entrever y pronto es probable que veas, he empleado tal fuerza de
+voluntad y me he esmerado con tal sabiduría en cuidarme, que si mis ojos
+y el amor propio no me engañan, estoy como el sol que culmina en el
+meridiano; estoy, como nunca, lozana y bella. Pero esto mismo aumenta mi
+terror de una pronta caída. Me espanta descender con precipitación del
+único pedestal que me sostiene. ¿Qué será de mí cuando sea yo vieja y
+fea? ¿Qué me quedará de respetable y de digno y de simpático cuando
+vengan la vejez y las enfermedades y poco a poco me vayan destruyendo y
+matando? Hasta la distinción, hasta la traza de mujer elegante y hasta
+el señorío majestuoso que muchas personas hallan hoy y celebran en mí,
+todo me abandonará para siempre. Ya lo he notado yo con espanto en no
+pocas mujeres de mi laya que han envejecido. Su aristocrática distinción
+era formal y somera; no procedía de lo íntimo y de lo esencial, sino de
+la forma exterior y de los atavíos que la engalanaban. Para mujeres
+tales, la vejez no llega sola, sino que viene acompañada de la vileza y
+de la ruindad en que nacieron y en que vivieron hasta envolverse en el
+alucinador artificio de que al fin la vejez las desnuda. Pensando en
+todo esto me amedrenta la vejez, de tal suerte, que deseo morir antes.
+
+ * * * * *
+
+Vas a tenerme por presa de un delirio. No importa. Es menester que lo
+sepas, y te lo contaré todo. Se acerca el día en que has de venir a esta
+casa; en que he de cumplirte lo ofrecido. A menudo lo deseo, más todavía
+que puedes tú desearlo. Y sin condición, sin promesa, sin seguridad de
+que dure mi dicha, me propongo gozar de ella con tan reconcentrada
+intensidad, que encierre y cifre yo siglos y siglos en pocas horas.
+
+Y con todo, aquí no puedo menos de hacerte la confesión que me
+apesadumbra por el temor de que te lastime.
+
+Tienes un rival que se interpone entre tú y yo, y quiere y manda que yo
+no te cumpla lo ofrecido. Pretende guardarme para sí; que a ti te
+desdeñe y que sea yo para él solo. De subidísimo precio son las joyas y
+dones con que él me brinda y trata de ganarme la voluntad. Con un beso
+suyo se jacta de infiltrar en mis venas llama sutil que las purifique.
+Su abrazo será para mí como crisol candente en que mi ser se funda, y en
+que el metal de que está forjado deseche las escorias y salga limpio
+como el oro. Así seré digna de él, y él me hará suya para siempre. El
+entregarme a él con rendido y confiado abandono será la efusión de todo
+mi ser en lo infinito. Él me traerá completa hartura para mis anhelos de
+deleite, bálsamo para mis dolores, y eterno olvido para todas mis penas.
+Cuando pose él su mano sobre mi frente, borrará de allí el signo o la
+mancha que me desdora. En su regazo me dormiré en largo sueño que
+disipará y ahuyentará de mí para siempre todos los recuerdos vergonzosos
+de cuantas vilezas y ruindades me atormentan hoy. Prodigiosa es la
+hermosura de este rival que me solicita en tu daño. Su poder es inmenso.
+
+Imaginan las gentes que el Amor y la Muerte son hermanos. Yo me inclino
+ya a creer que el Genio de la muerte es el amor mismo. Morir es el
+supremo acto de amor que puede hacer toda criatura. La que se rinde y
+entrega enamorada a otra criatura mortal como ella, da su vida y su ser,
+pero limitadamente, con egoísmo, con abnegación fugitiva, recobrándose
+pronto y casi sin perderse ni por un instante. Pero el consorcio con el
+Genio de la muerte, que es el mismo amor, es eterno e indisoluble.
+
+La sustancia individual apenas tiene ya valer ni significado. Lo penetra
+y lo lleva todo, se diluye por la amplitud inmensa del éter y se
+prolonga en lo pasado y en lo venidero por el tiempo sin término que con
+la eternidad se confunde.
+
+Ya ves tú cuán seductor es el rival que tienes, rival que me persigue y
+a quien no quisiera yo dar los miserables restos de que la cansada vejez
+no me despoje; divinidad en cuyas aras no quisiera yo hacer ruin
+libación, vertiendo las heces del cáliz de mi vida, sino derramarle
+allí, generosa y hasta pródiga, cuando aún está lleno hasta la orla del
+filtro ardiente de pasiones y anhelos.
+
+ * * * * *
+
+Es más de media noche. Ha empezado el día de mi cumpleaños. Hoy vendrás
+a verme y yo debo recibirte.
+
+El empeño contra ti de tu rival prosigue con ímpetu. Mi egoísta amor de
+la vida, el terror que infunden lo desconocido, lo inmenso y lo obscuro
+que hay más allá, y todas mis aficiones a los materiales regalos y
+dulzuras, luchan en favor tuyo y me encadenan y tratan de retenerme
+cautiva para ti. Y por otra parte, mi imposible propósito de amor
+verdadero y único en la tierra, de purificación de culpas y de olvido de
+afrentas, me arrebata y pugna por echarme en brazos de la muerte. Hoy,
+como hace ya muchos años, no repruebo yo ni censuro las obras divinas
+que en torno mío resplandecen y cuya imagen se graba en mi alma. Todo,
+sin duda, está ordenado, perfecto, hermoso hoy como antes y como
+siempre. No exhalo la menor queja. En mí hay admiración y
+agradecimiento. La providencia, la fortuna, lo que quiera que sea, me ha
+mimado y me ha acariciado en vez de herirme. ¿Qué habrá sido de cuantas
+en Cádiz y en Sevilla fueron las compañeras de mi primera mocedad?
+Muchas habrán muerto; otras gemirán aún despreciadas y miserables en el
+hospital o en la reclusión de las delincuentes o de las arrepentidas, y
+otras se revolcarán en el lodo de las más hondas y negras capas
+sociales. ¡Cuántas gracias no me incumbe dar al cielo por la excepcional
+elevación en que estoy! Nada de protesta por parte mía ni de acusación
+contra él. Hasta el resultado de la santa educación que he dado a mi
+hija y que me ha valido que ella, sin poderlo remediar, de mí se
+avergüence, me parece natural y justo. Si me voy, pues, del haz de la
+tierra, no será por ira ni por enojo contra el cielo, será por el ansia
+impaciente de buscar y de hallar el amor que en la tierra no hallo.
+
+Años ha que esta sed de amor supremo acude a mi alma y me excita a
+buscarle fuera de la vida que hoy vivo. Pero antes había un fuerte lazo
+que a esta vida me ligaba, y ahora está desatado. Lucía me abandonó para
+unirse con su esposo eterno. ¿Por qué no he de volar yo también a unirme
+con mi eterno esposo?
+
+ * * * * *
+
+Mil veces antes de ahora han surgido en mi alma pensamientos y deseos de
+muerte. En otro tiempo, la fe viva los sofocaba. Hoy, muerta la fe, aún
+combate contra esos deseos y contra esos pensamientos mi natural
+discurso. Sin duda, me digo, existe una inteligencia soberana, presente
+en todo y que todo lo ordena y encamina a fin alto y dichoso. Don suyo
+es mi vida. Mi vida, hasta en medio de su vileza y de su
+insignificancia, tiene un objeto y concurre al orden natural de las
+cosas y al término y al desenlace de todas ellas prescritos en el plan
+divino. Despojarme yo de la vida sería rechazar con sacrílega soberbia
+el don que el cielo me ha otorgado: sería infringir monstruosamente la
+ley eterna y romper el orden natural con la energía de mi voluntad
+rebelde. No me disculpa el ansia de llegar al bien supremo. No debo ir a
+él violentamente: debo aguardar a que me llame. Soy impura, pero no es
+mi sangre, son mis lágrimas las que deben limpiar las impurezas de mi
+pecado. Hago mal en temer la vejez, la fealdad y las enfermedades que
+han de sobrevenirme. Hago mal en temer el abandono y el aislamiento en
+que voy a encontrarme y el desprecio con que me mirarán cuantos seres
+humanos me rodeen. De la soledad y del abismo de abyección en que yo
+caiga, mi alma podrá levantarse hermosa y feliz si la resignación la
+purifica. Así, y no en virtud de un acto de feroz violencia, podré
+elevarme hasta lo infinito a que aspiro.
+
+De esta suerte discurro yo por momentos, pero no tardo en burlarme de mi
+discurso y en imaginarle nacido de mi cobardía: del mísero egoísmo, del
+ruin apego a todo mi ser material, que me hace preferir su pausada
+decadencia en medio del desdén y del olvido de mis semejantes a su
+desaparición rápida y completa, que me lance de súbito en otro mundo
+mejor y perdurable y más amplia vida.
+
+ * * * * *
+
+Tiempo ha que adquirí, a costa de mucho oro, la poción libertadora.
+Contenida está en este lindísimo pomo que pongo sobre mi bufete. El
+sabio que me la vendió aseguraba que, sin dolor ninguno, en medio de un
+sueño delicioso, para con suavidad el movimiento del corazón y en las
+arterias y en las venas cuaja la sangre. La poción está compuesta de
+láudano y del jugo calmante de varias flores y plantas. Tal vez hay en
+la poción el refinado zumo de aquella hierba que gustó Glauco y le
+convirtió en Dios.
+
+Aún estoy vacilante, pero por momentos creo oír lejana música y voces
+suaves que desde una región desconocida y llena de misterios me llaman,
+me atraen y promueven en mí embriaguez y furor y apetito de ir a unirme
+con ellas.
+
+Adiós. Me pesan los párpados y van a cerrarse mis ojos. Aún persisto en
+la indecisión; no sé si beberé del pomo y mis ojos quedarán cerrados
+para siempre.
+
+De todos modos, hoy, antes de las diez, recibirás y leerás este libro.
+
+
+
+
+Conclusión
+
+
+El Vizconde de Goivoformoso le leyó en efecto, sintiendo sucesivamente
+dudas, sorpresa, susto e indecible angustia. Tenía por Rafaela cuanta
+estimación, cuanta amistad y cuanto cariño puede tener un gentil
+caballero por una mujer fácil y alegre, aunque por otra parte de corazón
+noble y leal y de muy buena pasta. Esperaba terminar una aventura
+amorosa, gratísima, bastante sentimental para que no fuese grosera, y lo
+menos trágica y lúgubre de cuantas aventuras puede haber en el mundo.
+Así es que el Vizconde pensó, primero, que Rafaela quería embromarle con
+todo aquello, aunque la broma era harto pesada. Imaginó luego que
+Rafaela se había vuelto loca: que los desdenes místicos de su hija
+habían perturbado su razón. Tal vez pensó también que la asidua lectura
+de libros malos e impíos había arrancado del alma de Rafaela las
+creencias cristianas que fueron su consuelo y la había inducido a tan
+horrendas abominaciones. En extremo le pasmó el deseo concebido y
+formulado por Rafaela de poner término y corona a la larga serie de sus
+livianos amores con un amor puro, fiel y constante. No quiso el Vizconde
+perder la esperanza. Aun aceptando como sinceramente sentido todo lo
+escrito por Rafaela, notó su indecisión hasta lo último, y se complació
+en suponer que el amor de la vida y del mundo había triunfado al fin, y
+que Rafaela le aguardaba, viva, lozana y amorosa. Dada esta suposición,
+él se prometía quitarle de la cabeza los romanticismos funestos y los
+ideales absurdos.
+
+--Dicen--exclamaba atribulado el Vizconde--que nuestro siglo carece de
+ideal. Las personas que presumen de poéticas y delicadas deploran mucho
+esta carencia. ¿Puede imaginarse mayor majadería? Al contrario: en
+nuestro siglo hay plaga de ideales. Son una epidemia, casi estoy por
+llamarlos una epizootia, causa de mil infortunios, guerras, revoluciones
+y muertes.
+
+Todo esto y mucho más lo discurría el Vizconde, sin sosiego, casi
+temblando de emoción, tomando a escape el sombrero, bajando
+precipitadamente las escaleras y entrando en el primer _fiacre_ que vio
+pasar para que le llevase a todo correr, y mucho antes de la hora
+convenida, en casa de la Sra. de Figueredo.
+
+Todavía en el camino, aunque le hizo el caballo a todo correr, pugnó el
+Vizconde por fortalecer su espíritu y por creer que lo que había leído
+no podía tener mal resultado y era sólo conjunto de burlas o de
+declamaciones, inventado por Rafaela para lucirse y hacer gala de las
+muchísimas cosas que había aprendido durante su larga estancia en París
+y de lo acicalado y agudo que había llegado a ponerse su ingenio.
+
+--Me va a recibir con risa. Va a soltar una sonora carcajada al ver mi
+inquietud. Es evidente... ella me ha enviado el libro para que yo acuda
+a la cita algunas horas antes... impaciente de verme... deseosa de que
+pasemos todo el día en amor y compaña.
+
+Fueron, no obstante, inútiles todos estos discursos del Vizconde. No
+consiguió tranquilizarse. Subió de dos en dos los escalones de la casa
+de Rafaela, y brincándole aceleradamente el corazón en el pecho, llamó a
+la puerta.
+
+El Barón de Castell-Bourdac, que acababa de llegar, fue quien le abrió.
+El espanto y el dolor estaban pintados en su cara.
+
+--Rafaela ha muerto, dijo, y lloró como un niño.
+
+Grande fue también la pena y el horror del Vizconde.
+
+_Madame_ Duval y la _mucamba_ estaban en la alcoba de la muerta, y ésta
+yacía tendida en la cama, pálida, inmóvil y hermosa. La última sonrisa
+plegaba aún suavemente sus labios. Sus ojos estaban cerrados, como si
+los tuviese así para ver interiormente con el espíritu prodigios y
+visiones de más altas esferas.
+
+ * * * * *
+
+Aquella extraña mujer había premeditado el suicidio desde mucho tiempo
+antes. Todo lo había dejado bien dispuesto, sin olvidar pormenores.
+Lucía quedaba por principal heredera, pero había cuantiosos legados para
+varios establecimientos de beneficencia en Andalucía, para _madame_
+Duval, la _mucamba_ y los demás criados.
+
+Al Barón, para no ofenderle y segura de que daría a los pobres lo que
+ella le dejase y no querría conservándolo pasar por interesado, nada le
+dejó sino la autorización de tomar de sus prendas y joyas todo cuanto
+quisiese como recuerdo. El Barón se limitó a tomar la sutil cadenita de
+oro y la medalla de la Virgen de Araceli, patrona de la ciudad de
+Lucena, que en su imaginación creadora le había pertenecido cincuenta
+años antes, cuando la hermosa Rafaela fue concebida.
+
+No acierto a ponderar el profundísimo dolor, la tristeza y el asombro
+que este trágico suceso produjo en el ánimo de mi buen amigo el Vizconde
+de Goivoformoso, que, más bien que como hombre maduro, como apasionado y
+vehemente mancebo había esperado y soñado en los regocijos y deleites de
+aquel día.
+
+Rafaela, además del testamento, había dejado instrucciones hasta sobre
+su entierro y sepultura, que el Barón y el Vizconde religiosamente
+cumplieron.
+
+El entierro fue modesto, como la señora de Figueredo lo había
+determinado. La enterraron en el cementerio del _Père_ Lachaise. Sobre
+la losa se grabó este epitafio que ella misma había escrito:
+
+_Aquí yace Rafaela la generosa, a quien Dios perdone por lo mucho que ha
+amado_.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Genio y figura, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK GENIO Y FIGURA ***
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+Produced by Chuck Greif
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+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
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+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
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+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
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+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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