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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 01:46:08 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of Misericordia, by Benito Pérez Galdós
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Misericordia
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+Release Date: June 14, 2007 [EBook #21831]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MISERICORDIA ***
+
+
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+Produced by Chuck Greif
+
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+
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+
+Misericordia
+
+Benito Pérez Galdós
+
+
+
+
+I
+
+
+Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián...
+mejor será decir la iglesia... dos caras que seguramente son más
+graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos
+por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la Plaza
+del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más
+puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan
+maravillosamente. En la cara del Sur campea, sobre una puerta chabacana,
+la imagen barroca del santo mártir, retorcida, en actitud más bien
+danzante que religiosa; en la del Norte, desnuda de ornatos, pobre y
+vulgar, se alza la torre, de la cual podría creerse que se pone en
+jarras, soltándole cuatro frescas a la Plaza del Ángel. Por una y otra
+banda, las caras o fachadas tienen anchuras, quiere decirse, patios
+cercados de verjas mohosas, y en ellos tiestos con lindos arbustos, y un
+mercadillo de flores que recrea la vista. En ninguna parte como aquí
+advertiréis el encanto, la simpatía, el _ángel_, dicho sea en andaluz,
+que despiden de sí, como tenue fragancia, las cosas vulgares, o algunas
+de las infinitas cosas vulgares que hay en el mundo. Feo y pedestre como
+un pliego de aleluyas o como los romances de ciego, el edificio
+bifronte, con su torre _barbiana_, el cupulín de la capilla de la
+Novena, los irregulares techos y cortados muros, con su afeite barato de
+ocre, sus patios floridos, sus hierros mohosos en la calle y en el alto
+campanario, ofrece un conjunto gracioso, picante, _majo_, por decirlo de
+una vez. Es un rinconcito de Madrid que debemos conservar cariñosamente,
+como anticuarios coleccionistas, porque la caricatura monumental también
+es un arte. Admiremos en este San Sebastián, heredado de los tiempos
+viejos, la estampa ridícula y tosca, y guardémoslo como un lindo
+mamarracho.
+
+Con tener honores de puerta principal, la del Sur es la menos favorecida
+de fieles en días ordinarios, mañana y tarde. Casi todo el señorío entra
+por la del Norte, que más parece puerta excusada o familiar. Y no
+necesitaremos hacer estadística de los feligreses que acuden al sagrado
+culto por una parte y otra, porque tenemos un _contador_ infalible: los
+pobres. Mucho más numerosa y formidable que por el Sur es por el Norte
+la cuadrilla de miseria, que acecha el paso de la caridad, al modo de
+guardia de alcabaleros que cobra humanamente el portazgo en la frontera
+de lo divino, o la contribución impuesta a las conciencias impuras que
+van a donde lavan.
+
+Los que hacen la guardia por el Norte ocupan distintos puestos en el
+patinillo y en las dos entradas de este por las calles de las Huertas y
+San Sebastián, y es tan estratégica su colocación, que no puede
+escaparse ningún feligrés como no entre en la iglesia por el tejado. En
+rigurosos días de invierno, la lluvia o el frío glacial no permiten a
+los intrépidos soldados de la miseria destacarse al aire libre (aunque
+los hay constituidos milagrosamente para aguantar a pie firme las
+inclemencias de la atmósfera), y se repliegan con buen orden al túnel o
+pasadizo que sirve de ingreso al templo parroquial, formando en dos alas
+a derecha e izquierda. Bien se comprende que con esta formidable
+ocupación del terreno y táctica exquisita, no se escapa un cristiano, y
+forzar el túnel no es menos difícil y glorioso que el memorable paso de
+las Termópilas. Entre ala derecha y ala izquierda, no baja de docena y
+media el aguerrido contingente, que componen ancianos audaces, indómitas
+viejas, ciegos machacones, reforzados por niños de una acometividad
+irresistible (entiéndase que se aplican estos términos al arte de la
+postulación), y allí se están desde que Dios amanece hasta la hora de
+comer, pues también aquel ejército se raciona metódicamente, para volver
+con nuevos bríos a la campaña de la tarde. Al caer de la noche, si no
+hay Novena con sermón, Santo Rosario con meditación y plática, o
+Adoración Nocturna, se retira el ejército, marchándose cada combatiente
+a su olivo con tardo paso. Ya le seguiremos en su interesante regreso al
+escondrijo donde mal vive. Por de pronto, observémosle en su rudo luchar
+por la pícara existencia, y en el terrible campo de batalla, en el cual
+no hemos de encontrar charcos de sangre ni militares despojos, sino
+pulgas y otras feroces alimañas.
+
+Una mañana de Marzo, ventosa y glacial, en que se helaban las palabras
+en la boca, y azotaba el rostro de los transeúntes un polvo que por lo
+frío parecía nieve molida, se replegó el ejército al interior del
+pasadizo, quedando sólo en la puerta de hierro de la calle de San
+Sebastián un ciego entrado en años, de nombre Pulido, que debía de
+tener cuerpo de bronce, y por sangre alcohol o mercurio, según resistía
+las temperaturas extremas, siempre fuerte, sano, y con unos colores que
+daban envidia a las flores del cercano puesto. La florista se replegó
+también en el interior de su garita, y metiendo consigo los tiestos y
+manojos de siemprevivas, se puso a tejer coronas para niños muertos. En
+el patio, que fue _Zementerio de S. Sebastián_, como declara el azulejo
+empotrado en la pared sobre la puerta, no se veían más seres vivientes
+que las poquísimas señoras que a la carrera lo atravesaban para entrar
+en la iglesia o salir de ella, tapándose la boca con la misma mano en
+que llevaban el libro de oraciones, o algún clérigo que se encaminaba a
+la sacristía, con el manteo arrebatado del viento, como pájaro negro que
+ahueca las plumas y estira las alas, asegurando con su mano crispada la
+teja, que también quería ser pájaro y darse una vuelta por encima de la
+torre.
+
+Ninguno de los entrantes o salientes hacía caso del pobre Pulido, porque
+ya tenían costumbre de verle impávido en su guardia, tan insensible a la
+nieve como al calor sofocante, con su mano extendida, mal envuelto en
+raída capita de paño pardo, modulando sin cesar palabras tristes, que
+salían congeladas de sus labios. Aquel día, el viento jugaba con los
+pelos blancos de su barba, metiéndoselos por la nariz y pegándoselos al
+rostro, húmedo por el lagrimeo que el intenso frío producía en sus
+muertos ojos. Eran las nueve, y aún no se había estrenado el hombre. Día
+más _perro_ que aquel no se había visto en todo el año, que desde Reyes
+venía siendo un año fulastre, pues el día del santo patrono (20 de
+Enero) sólo _se habían hecho_ doce _chicas_, la mitad aproximadamente que
+el año anterior, y la Candelaria y la novena del bendito San Blas, que
+otros años fueron tan de provecho, vinieron en aquel con diarios de
+siete _chicas_, de cinco _chicas_: ¡valiente puñado! «Y me _paice_ a
+mí--decía para sus andrajos el buen Pulido, bebiéndose las lágrimas y
+escupiendo los pelos de su barba--, que el amigo San José también nos
+vendrá con mala pata... ¡Quién se acuerda del San José del primer año de
+Amadeo!... Pero ya ni los santos del cielo son como es debido. Todo se
+acaba, Señor, hasta _el fruto de la festividá_, o, como quien dice, la
+_probeza honrada_. Todo es por tanto pillo como hay en la política
+_pulpitante_, y el aquel de las suscriciones para las _vítimas_. Yo que
+Dios, mandaría a los ángeles que reventaran a todos esos que en los
+papeles andan siempre inventando _vítimas_, al cuento de jorobarnos a
+los pobres _de tanda_. Limosna hay, buenas almas hay; pero liberales por
+un lado, el _Congrieso_ dichoso, y por otro las _congriogaciones_, los
+_metingos_ y _discursiones_ y tantas cosas de imprenta, quitan la
+voluntad a los más cristianos... Lo que digo: quieren que no _haiga_
+pobres, y se saldrán con la suya. Pero _pa_ entonces, yo quiero saber
+quién es el guapo que saca las ánimas del Purgatorio... Ya, ya se
+pudrirán allá las señoras almas, sin que la cristiandad se acuerde de
+ellas, porque... a mí que no me digan: el rezo de los ricos, con la
+barriga bien llena y las carnes bien abrigadas, no vale... por Dios vivo
+que no vale».
+
+Al llegar aquí en su meditación, acercósele un sujeto de baja estatura,
+con luenga capa que casi le arrastraba, rechoncho, como de sesenta años,
+de dulce mirar, la barba cana y recortada, vestido con desaliño; y
+poniéndole en la mano una perra grande, que sacó de un cartucho que sin
+duda destinaba a las limosnas del día, le dijo: «No te la esperabas hoy:
+di la verdad. ¡Con este día!...
+
+---Sí que la esperaba, mi Sr. D. Carlos--replicó el ciego besando la
+moneda--, porque hoy es el _universario_, y usted no había de faltar,
+aunque se helara el cero de los _terremotos_ (sin duda quería decir
+_termómetros_).
+
+--Es verdad. Yo no falto. Gracias a Dios, me voy defendiendo, que no es
+flojo milagro con estas heladas y este pícaro viento Norte, capaz de
+encajarle una pulmonía al caballo de la Plaza Mayor. Y tú, Pulido, ten
+cuidado. ¿Por qué no te vas adentro?
+
+--Yo soy de bronce, Sr. D. Carlos, y a mí ni la muerte me quiere. Mejor
+se está aquí con la ventisca, que en los interiores, alternando con esas
+viejas charlatanas, que no tienen educación... Lo que yo digo: la
+educación es lo primero, y sin educación, ¿cómo quieren que _haiga_
+caridad?... D. Carlos, que el Señor se lo aumente, y se lo dé de
+gloria...».
+
+Antes de que concluyera la frase, el D. Carlos voló; y lo digo así,
+porque el terrible huracán hizo presa en su desmedida capa, y allá
+veríais al hombre, con todo el paño arremolinado en la cabeza, dando
+tumbos y giros, como un rollo de tela o un pedazo de alfombra
+arrebatados por el viento, hasta que fue a dar de golpe contra la
+puerta, y entró ruidosa y atropelladamente, desembarazando su cabeza del
+trapo que la envolvía. «¡Qué día... vaya con el día de porra!»--exclamaba
+el buen señor, rodeado del enjambre de pobres, que con chillidos
+plañideros le saludaron; y las flacas manos de las viejas le ayudaban a
+componer y estirar sobre sus hombros la capa. Acto continuo repartió las
+perras, que iba sacando del cartucho una a una, sobándolas un poquito
+antes de entregarlas, para que no se le escurriesen dos pegadas; y
+despidiéndose al fin de la pobretería con un sermoncillo gangoso,
+exhortándoles a la paciencia y humildad, guardó el cartucho, que aún
+tenía monedas para los de la puerta del frontis de Atocha, y se metió en
+la iglesia.
+
+
+
+
+II
+
+
+Tomada el agua bendita, don Carlos Moreno Trujillo se dirigió a la
+capilla de Nuestra Señora de la Blanca. Era hombre tan extremadamente
+metódico, que su vida entera encajaba dentro de un programa
+irreductible, determinante de sus actos todos, así morales como físicos,
+de las graves resoluciones, así como de los pasatiempos insignificantes,
+y hasta del moverse y del respirar. Con un solo ejemplo se demuestra el
+poder de la rutinaria costumbre en aquel santo varón, y es que, viviendo
+en aquellos días de su ancianidad en la calle de Atocha, entraba siempre
+por la verja de la calle de San Sebastián y puerta del Norte, sin que
+hubiera para ello otra razón que la de haber usado dicha entrada en los
+treinta y siete años que vivió en su renombrada casa de comercio de la
+Plazuela del Ángel. Salía invariablemente por la calle de Atocha, aunque
+a la salida tuviera que visitar a su hija, habitante en la calle de la
+Cruz.
+
+Humillado ante el altar de los Dolores, y después ante la imagen de San
+Lesmes, permanecía buen rato en abstracción mística; despacito recorría
+todas las capillas y retablos, guardando un orden que en ninguna ocasión
+se alteraba; oía luego dos misitas, siempre dos, ni una más ni una
+menos; hacía otro recorrido de altares, terminando infaliblemente en la
+capilla del Cristo de la Fe; pasaba un ratito a la sacristía, donde con
+el coadjutor o el sacristán se permitía una breve charla, tratando del
+tiempo, o de _lo malo que está todo_, o bien de comentar el cómo y el
+por qué de que viniera turbia el agua del Lozoya, y se marchaba por la
+puerta que da a la calle de Atocha, donde repartía las últimas monedas
+del cartucho. Tal era su previsión, que rara vez dejaba de llevar la
+cantidad necesaria para los pobres de uno y otro costado: como
+aconteciera el caso inaudito de faltarle una pieza, ya sabía el mendigo
+que la tenía segura al día siguiente; y si sobraba, se corría el buen
+señor al oratorio de la calle del Olivar en busca de una mano desdichada
+en que ponerla.
+
+Pues señor, entró D. Carlos en la iglesia, como he dicho, por la puerta
+que llamaremos del Cementerio de San Sebastián, y las ancianas y ciegos
+de ambos sexos que acababan de recibir de él la limosna, se pusieron a
+picotear, pues mientras no entrara o saliera alguien a quien acometer,
+¿qué habían de hacer aquellos infelices más que engañar su inanición y
+sus tristes horas, regalándose con la comidilla que nada les cuesta, y
+que, picante o desabrida, siempre tienen a mano para con ella saciarse?
+En esto son iguales a los ricos: quizás les llevan ventaja, porque
+cuando tocan a charlar, no se ven cohibidos por las conveniencias
+usuales de la conversación, que poniendo entre el pensamiento y la
+palabra gruesa costra etiquetera y gramatical, embotan el gusto inefable
+del dime y direte.
+
+«¿No _vus_ dije que D. Carlos no faltaba hoy? Ya lo habéis visto. Decir
+ahora si yo me equivoco y no estoy al tanto.
+
+--Yo también lo dije... Toma... como que es el _aniversario del mes_, día
+24; quiere decir que cumple mes la defunción de su esposa, y Don Carlos
+bendito no falta este día, aunque lluevan ruedas de molino, porque otro
+más cristiano, sin agraviar, no lo hay en Madrid.
+
+--Pues yo me temía que no viniera, motivado al frío que hace, y pensé
+que, por ser día de perra gorda, el buen señor suprimía la _festividá_.
+
+--Hubiéralo dado mañana, bien lo sabes, Crescencia, que D. Carlos sabe
+cumplir y paga lo que debe.
+
+--Hubiéranos dado mañana la gorda de hoy, eso sí; pero quitándonos la
+chica de mañana. Pues ¿qué crees tú, que aquí no sabemos de cuentas? Sin
+agraviar, yo sé ajustarlas como la misma luz, y sé que el D. Carlos,
+cuando se le hace mucho lo que nos da, se pone malo por ahorrarse
+algunos días, lo cual que ha de saberle mal a la difunta.
+
+--Cállate, mala lengua.
+
+--Mala lengua tú, y... ¿quieres que te lo diga?... ¡adulona!
+
+--¡Lenguaza!».
+
+Eran tres las que así chismorreaban, sentaditas a la derecha, según se
+entra, formando un grupo separado de los demás pobres, una de ellas
+ciega, o por lo menos cegata; las otras dos con buena vista, todas
+vestidas de andrajos, y abrigadas con pañolones negros o grises. La
+_señá_ Casiana, alta y huesuda, hablaba con cierta arrogancia, como quien
+tiene o cree tener autoridad; y no es inverosímil que la tuviese, pues
+en donde quiera que para cualquier fin se reúnen media docena de seres
+humanos, siempre hay uno que pretende imponer su voluntad a los demás,
+y, en efecto, la impone. Crescencia se llamaba la ciega o cegata,
+siempre hecha un ovillo, mostrando su rostro diminuto, y sacando del
+envoltorio que con su arrollado cuerpo formaba, la flaca y rugosa mano
+de largas uñas. La que en el anterior coloquio pronunciara frases
+altaneras y descorteses tenía por nombre _Flora_ y por apodo _la
+Burlada_, cuyo origen y sentido se ignora, y era una viejecilla pequeña
+y vivaracha, irascible, parlanchina, que resolvía y alborotaba el
+miserable cotarro, indisponiendo a unos con otros, pues siempre tenía
+que decir algo picante y malévolo cuando los demás _repartijaban_, y
+nunca distinguía de pobres y ricos en sus críticas acerbas. Sus ojuelos
+sagaces, lacrimosos, gatunos, irradiaban la desconfianza y la malicia.
+Su nariz estaba reducida a una bolita roja, que bajaba y subía al mover
+de labios y lengua en su charla vertiginosa. Los dos dientes que en sus
+encías quedaban, parecían correr de un lado a otro de la boca,
+asomándose tan pronto por aquí, tan pronto por allá, y cuando terminaba
+su perorata con un gesto de desdén supremo o de terrible sarcasmo,
+cerrábase de golpe la boca, los labios se metían uno dentro de otro, y
+la barbilla roja, mientras callaba la lengua, seguía expresando las
+ideas con un temblor insultante.
+
+Tipo contrario al de _la Burlada_ era el de _señá_ Casiana: alta,
+huesuda, flaca, si bien no se apreciaba fácilmente su delgadez por
+llevar, según dicho de la gente maliciosa, mucha y buena ropa debajo de
+los pingajos. Su cara larguísima como si por máquina se la estiraran
+todos los días, oprimiéndole los carrillos, era de lo más desapacible y
+feo que puede imaginarse, con los ojos reventones, espantados, sin
+brillo ni expresión, ojos que parecían ciegos sin serlo; la nariz de
+gancho, desairada; a gran distancia de la nariz, la boca, de labios
+delgadísimos, y, por fin, el maxilar largo y huesudo. Si vale comparar
+rostros de personas con rostros de animales, y si para conocer a _la
+Burlada_ podríamos imaginarla como un gato que hubiera perdido el pelo
+en una riña, seguida de un chapuzón, digamos que era la Casiana como un
+caballo viejo, y perfecta su semejanza con los de la plaza de toros,
+cuando se tapaba con venda oblicua uno de los ojos, quedándose con el
+otro libre para el fisgoneo y vigilancia de sus cofrades. Como en toda
+región del mundo hay clases, sin que se exceptúen de esta división
+capital las más ínfimas jerarquías, allí no eran todos los pobres lo
+mismo. Las viejas, principalmente, no permitían que se alterase el
+principio de distinción capital. Las _antiguas_, o sea las que llevaban
+ya veinte o más años de pedir en aquella iglesia, disfrutaban de
+preeminencias que por todos eran respetadas, y las _nuevas_ no tenían
+más remedio que conformarse. Las _antiguas_ disfrutaban de los mejores
+puestos, y a ellas solas se concedía el derecho de pedir dentro, junto
+a la pila de agua bendita. Como el sacristán o el coadjutor alterasen
+esta jurisprudencia en beneficio de alguna _nueva_, ya les había caído
+que hacer. Armábase tal tumulto, que en muchas ocasiones era forzoso
+acudir a la ronda o a la pareja de vigilancia. En las limosnas
+colectivas y en los repartos de bonos, llevaban preferencia las
+_antiguas_; y cuando algún parroquiano daba una cantidad cualquiera para
+que fuese distribuida entre todos, la antigüedad reclamaba el derecho a
+la repartición, apropiándose la cifra mayor, si la cantidad no era
+fácilmente divisible en partes iguales. Fuera de esto, existían la
+preponderancia moral, la autoridad tácita adquirida por el largo
+dominio, la fuerza invisible de la anterioridad. Siempre es fuerte el
+antiguo, como el novato siempre es débil, con las excepciones que pueden
+determinar en algunos casos los caracteres. La Casiana, carácter duro,
+dominante, de un egoísmo elemental, era la más antigua de las antiguas;
+_la Burlada_, levantisca, revoltosilla, picotera y maleante, era la más
+nueva de las nuevas; y con esto queda dicho que cualquier suceso trivial
+o palabra baladí eran el fulminante que hacía brotar entre ellas la
+chispa de la discordia.
+
+La disputilla referida anteriormente fue cortada por la entrada o
+salida de fieles. Pero _la Burlada_ no podía refrenar su reconcomio, y
+en la primera ocasión, viendo que la Casiana y el ciego Almudena (de
+quien se hablará después) recibían aquel día más limosna que los demás,
+se deslenguó nuevamente con la _antigua_, diciéndole: «Adulona, más que
+adulona, ¿crees que no sé que estás rica, y que en Cuatro Caminos tienes
+casa con muchas gallinas, y muchas palomas, y conejos muchos? Todo se
+sabe.
+
+--Cállate la boca, si no quieres que dé parte a D. Senén para que te
+enseñe la educación.
+
+--¡A ver!...
+
+--No vociferes, que ya oyes la campanilla de alzar la Majestad.
+
+--Pero, señoras, por Dios--dijo un lisiado que en pie ocupaba el sitio más
+próximo a la iglesia--. Arreparen que están alzando el Santísimo
+Sacramento.
+
+--Es esta habladora, escorpionaza.
+
+--Es esta dominanta... ¡A ver!... Pues, hija, ya que eres _caporala_, no
+tires tanto de la cuerda, y deja que las _nuevas_ alcancemos algo de la
+limosna, que todas _semos_ hijas de Dios... ¡A ver!
+
+--¡Silencio, digo!
+
+--¡Ay, hija... ni que _fuas_ Cánovas!».
+
+
+
+
+III
+
+
+Más adentro, como a la mitad del pasadizo, a la izquierda, había otro
+grupo, compuesto de un ciego, sentado; una mujer, también sentada, con
+dos niñas pequeñuelas, y junto a ella, en pie, silenciosa y rígida, una
+vieja con traje y manto negros. Algunos pasos más allá, a corta
+distancia de la iglesia, se apoyaba en la pared, cargando el cuerpo
+sobre las muletas, el cojo y manco Elíseo Martínez, que gozaba el
+privilegio de vender en aquel sitio _La Semana Católica_. Era, después
+de Casiana, la persona de más autoridad y mangoneo en la cuadrilla, y
+como su lugarteniente o mayor general.
+
+Total: siete reverendos mendigos, que espero han de quedar bien
+registrados aquí, con las convenientes distinciones de figura, palabra y
+carácter. Vamos con ellos.
+
+La mujer de negro vestida, más que vieja, envejecida prematuramente,
+era, además de _nueva_, temporera, porque acudía a la mendicidad por
+lapsos de tiempo más o menos largos, y a lo mejor desaparecía, sin duda
+por encontrar un buen acomodo o almas caritativas que la socorrieran.
+Respondía al nombre de la _señá Benina_ (de lo cual se infiere que
+Benigna se llamaba), y era la más callada y humilde de la comunidad, si
+así puede decirse; bien criada, modosa y con todas las trazas de
+perfecta sumisión a la divina voluntad. Jamás importunaba a los
+_parroquianos_ que entraban o salían; en los _repartos_, aun siendo
+leoninos, nunca formuló protesta, ni se la vio siguiendo de cerca ni de
+lejos la bandera turbulenta y demagógica de la _Burlada_. Con todas y
+con todos hablaba el mismo lenguaje afable y comedido; trataba con
+miramiento a la Casiana, con respeto al cojo, y únicamente se permitía
+trato confianzudo, aunque sin salirse de los términos de la decencia,
+con el ciego llamado Almudena, del cual, por el pronto, no diré más sino
+que es árabe, del Sus, tres días de jornada más allá de Marrakesh.
+Fijarse bien.
+
+Tenía la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena
+educación, y su rostro moreno no carecía de cierta gracia interesante
+que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas
+perceptible. Más de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos,
+grandes y obscuros, apenas tenían el ribete rojo que imponen la edad y
+los fríos matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compañeras
+de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no
+terminaban en uñas de cernícalo. Eran sus manos como de lavandera, y aún
+conservaban hábitos de aseo. Usaba una venda negra bien ceñida en la
+frente; sobre ella pañuelo negro, y negros el manto y vestido, algo
+mejor apañaditos que los de las otras ancianas. Con este pergenio y la
+expresión sentimental y dulce de su rostro, todavía bien compuesto de
+líneas, parecía una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en
+penitencia. Faltábanle sólo el crucifijo y la llaga en la frente, si
+bien podría creerse que hacía las veces de esta el lobanillo del tamaño
+de un garbanzo, redondo, cárdeno, situado como a media pulgada más
+arriba del entrecejo.
+
+A eso de las diez, la Casiana salió al patio para ir a la sacristía
+(donde tenía gran metimiento, como _antigua_), para tratar con D. Senén
+de alguna incumbencia desconocida para los compañeros y por lo mismo muy
+comentada. Lo mismo fue salir la _caporala_, que correrse la Burlada
+hacia el otro grupo, como un envoltorio que se echara a rodar por el
+pasadizo, y sentándose entre la mujer que pedía con dos niñas, llamada
+Demetria, y el ciego marroquí, dio suelta a la lengua, más cortante y
+afilada que las diez uñas lagartijeras de sus dedos negros y rapantes.
+
+«¿Pero qué, no creéis lo que vos dije? La _caporala_ es rica, mismamente
+rica, tal como lo estáis oyendo, y todo lo que coge aquí nos lo quita a
+las que _semos_ de verdadera _solenidá_, porque no tenemos más que el
+día y la noche.
+
+--Vive por allá arriba--indicó la Crescencia--, _orilla en ca los Paúles_.
+
+--¡Quiá, no, señora! Eso era antes. Yo lo sé todo--prosiguió la Burlada,
+haciendo presa en el aire con sus uñas--. A mí no me la da ésa, y he
+tomado lenguas. Vive en Cuatro Caminos, donde tiene corral, y en él
+cría, con perdón, un cerdo; sin agraviar a nadie, el mejor cerdo de
+Cuatro Caminos.
+
+--¿Ha visto usted la jorobada que viene por ella?
+
+--¿Que si la he visto? Esa cree que _semos_ bobas. La corcovada es su
+hija, y por más señas costurera, ¿sabes?, y con achaque de la joroba,
+pide también. Pero es modista, y gana dinero para casa... Total, que
+allí son ricos, el Señor me perdone; ricos sinvergonzonazos, que engañan
+a nosotras y a la Santa Iglesia católica, apostólica. Y como no gasta
+nada en comer, porque tiene dos o tres casas de donde le traen todos los
+días los cazolones de cocido, que es la gloria de Dios... ¡a ver!
+
+--Ayer--dijo Demetria quitándole la teta a la niña--, bien lo _vide_. Le
+trajeron...
+
+--¿Qué?
+
+--Pues un arroz con almejas, que lo menos había para siete personas.
+
+--¡A ver!... ¿Estás segura de que era con almejas? ¿Y qué, _golía_ bien?
+
+--¡Vaya si _golía_!... Los cazolones los tiene en _ca_ el sacristán. Allí
+vienen y se los llenan, y hala con todo para Cuatro Caminos.
+
+--El marido...--añadió la Burlada echando lumbre por los ojos--, es uno que
+vende teas y perejil... Ha sido _melitar_, y tiene siete cruces sencillas
+y una con cinco _riales_... Ya ves qué familia. Y aquí me tienes que hoy
+no he comido más que un corrusco de pan; y si esta noche no me da cobijo
+la Ricarda en el cajón de Chamberí, tendré que quedarme al santo raso.
+¿Tú qué dices, Almudena?
+
+El ciego murmuraba. Preguntado segunda vez, dijo con áspera y
+dificultosa lengua:
+
+--¿Hablar vos del _Piche_? Conocierle mí. No ser marido la Casiana con
+casarmiento, por la luz bendita, no. Ser quirido, por la bendita luz,
+quirido.
+
+--¿Conócesle tú?
+
+--Conocierle mí, comprarmi dos rosarios él... de mi tierra dos rosarios,
+y una pieldra imán. Diniero él, mucho diniero... Ser capatazo de la sopa
+en el Sagriado Corazón de allá... y en toda la probieza de allá,
+mandando él, con garrota él... barrio Salmanca... capatazo... Malo, mu
+malo, y no dejar comer... Ser un criado del Goberno, del Goberno malo de
+Ispania, y de los del Banco, aonde estar tuda el diniero en cajas
+soterranas. Guardar él, matarnos de hambre él...
+
+--Es lo que faltaba--dijo la Burlada con aspavientos de oficiosa ira--; que
+también tuvieran dinero en las arcas del Banco esos hormigonazos.
+
+--¡Tanto como eso!... Vaya usted a saber--indicó la Demetria, volviendo a
+dar la teta a la criatura, que había empezado a chillar--. ¡Calla,
+tragona!
+
+--¡A ver!... Con tanto _chupío_, no sé cómo vives, hija... Y usted, señá
+Benina, ¿qué cree?
+
+--¿Yo?... ¿De qué?
+
+--De si _tien_ o no _tien_ dinero en el Banco.
+
+--¿Y a mí qué? Con su pan se lo coman.
+
+--Con el nuestro, ¡ja, ja!... y encima codillo de jamón.
+
+--¡A callar se ha dicho!--gritó el cojo, vendedor de _La Semana_--. Aquí se
+viene a lo que se viene, y a guardar la _circuspición_.
+
+--Ya callamos, hombre, ya callamos. ¡A ver!... ¡Ni que _fuas_ Vítor
+Manuel, el que puso preso al Papa!
+
+--Callar, digo, y tengan más religión.
+
+--Religión tengo, aunque no como con la Iglesia como tú, pues yo vivo en
+compañía del hambre, y mi negocio es miraros tragar y ver los
+_papelaos_ de cosas ricas que vos traen de las casas. Pero no tenemos
+envidia, ¿sabes, Eliseo? y nos alegramos de ser pobres y de morirnos de
+flato, para irnos en globo al cielo, mientras que tú...
+
+--Yo ¿qué?
+
+--¡A ver!... Pues que estás rico, Eliseo; no niegues que estás rico...
+Con la _Semana_, y lo que te dan D. Senén y el señor cura... Ya sabemos:
+el que parte y reparte... No es por murmurar: Dios me libre. Bendita sea
+nuestra santa miseria... El Señor te lo aumente. Dígolo porque te estoy
+agradecida, Eliseo. Cuando me cogió el coche en la calle de la Luna...
+fue el día que llevaron a ese Sr. de Zorrilla... pues, como digo, mes y
+medio estuve en el _espital_, y cuando salí, tú, viéndome sola y
+desamparada, me dijiste: «_Señá_ Flora, ¿por qué no se pone a pedir en
+un templo, quitándose de la _santimperie_, y arrimándose al cisco de la
+religión? Véngase conmigo y verá cómo puede sacar un diario, sin rodar
+por las calles, y tratando con pobres decentes». Eso me dijiste, Eliseo,
+y yo me eché a llorar, y me vine acá contigo. De lo cual vino el estar
+yo aquí, y muy agradecida a tu _conduta_ fina y de caballero. Sabes que
+rezo un Padrenuestro por ti todos los días, y le pido al Señor que te
+haga más rico de lo que eres; que vendas _sinfinidá_ de _Semanas_, y
+que te traigan buen bodrio del café y de la casa de los señores condes,
+para que te hartes tú y la _carreterona_ de tu mujer. ¿Qué importa que
+Crescencia y yo, y este pobre Almudena, nos desayunemos a las _doce del
+mediodía_ con un mendrugo, que serviría para empedrar las santas calles?
+Yo le pido al Señor que no te falte para el aguardentazo. Tú lo
+necesitas para vivir; yo me moriría si lo catara... ¡Y ojalá que tus dos
+hijos lleguen a duques! Al uno le tienes de aprendiz de tornero, y te
+mete en casa seis reales cada semana; al otro le tienes en una taberna
+de las Maldonadas, y saca buenas propinillas de las golfas, con
+perdón... El Señor te los conserve, y te los aumente cada año, y véate
+yo vestido de terciopelo y con una pata nueva de palo santo, y a tu
+tarasca véala yo con sombrero de plumas. Soy agradecida: se me ha
+olvidado el comer, de las hambres que paso; pero no tengo malos
+quereres, Eliseo de mi alma, y lo que a mí me falta tenlo tú, y come y
+bebe, y emborráchate; y ten casa de balcón con mesas de _de noche_, y
+camas de hierro con sus colchas rameadas, tan limpias como las del Rey;
+y ten hijos que lleven boina nueva y alpargata de suela, y niña que
+gaste toquilla rosa y zapatito de charol los domingos, y ten un buen
+anafre, y buenos felpudos para delante de las camas, y cocina de _co_,
+con papeles nuevos, y una batería que da gloria con _tantismas_
+cazoletas; y buenas láminas del Cristo de la Caña y Santa Bárbara
+bendita, y una cómoda llena de ropa blanca; y pantallas con flores, y
+hasta máquina de coser que no sirve, pero encima de ella pones la pila
+de _Semanas_; ten también muchos amigos y vecinos buenos, y las grandes
+casas de acá, con señores que por verte inválido te dan barreduras del
+almacén de azúcar, y _papelaos_ del café de _la moca_, y de arroz de
+tres pasadas; ten también metimiento con las señoras de la Conferencia,
+para que te paguen la casa o la cédula, y den plancha de fino a tu
+mujer... ten eso y más, y más, Eliseo...
+
+Cortó los despotriques vertiginosos de la Burlada, produciendo un
+silencio terrorífico en el pasadizo, la repentina aparición de la _señá_
+Casiana por la puerta de la iglesia.
+
+--Ya salen de misa mayor--dijo; y encarándose después con la habladora,
+echó sobre ella toda su autoridad con estas despóticas palabras:
+«Burlada, pronto a tu puesto, y cerrar el pico, que estamos en la casa
+de Dios».
+
+Empezaba a salir gente, y caían algunas limosnas, pocas. Los casos de
+ronda total, dando igual cantidad a todos, eran muy raros, y aquel día
+las escasas moneditas de cinco y dos céntimos iban a parar a las manos
+diligentes de Eliseo o de la _caporala_, y algo le tocó también a la
+Demetria y a _señá_ Benina. Los demás poco o nada lograron, y la ciega
+Crescencia se lamentó de no haberse estrenado. Mientras Casiana hablaba
+en voz baja con Demetria, la Burlada pegó la hebra con Crescencia en el
+rincón próximo a la puerta del patio.
+
+--¡Qué le estará diciendo a la Demetria!
+
+--A saber... Cosas de ellas.
+
+--Me ha _golido_ a bonos por el funeral _de presencia_ que tenemos mañana.
+A Demetria le dan más, por ser _arrecomendada_ de ese que celebra la
+primera misa, el D. Rodriguito de las medias moradas, que dicen es
+secretario del Papa.
+
+--Le darán toda la carne, y a nosotras los huesos.
+
+--¡A ver!... Siempre lo mismo. No hay como andar con dos o tres criaturas
+a cuestas para sacar tajada. Y no miran a la decencia, porque estas
+holgazanotas, como Demetria, sobre ser unas grandísimas pendonazas,
+hacen luego del vicio su comercio. Ya ves: cada año se trae una
+lechigada, y criando a uno, ya tiene en el buche los huesos del año que
+viene.
+
+--¿Y es casada?
+
+--Como tú y como yo. De mí nada dirán, pues en San Andrés bendito me casé
+con mi Roque, que está en gloria, de la consecuencia de una caída del
+andamio. Esta dice que tiene el marido en _Celiplinas_, y será que
+desde allá le hace los chiquillos... por carta... ¡Ay, qué mundo! Te
+digo que sin criaturas no se saca nada: los señores no miran a la
+_dinidá_ de una, sino a si da el pecho o no da el pecho. Les da lástima
+de las criaturas, sin reparar en que más _honrás_ somos las que no las
+tenemos, las que estamos en la _senetú_, hartas de trabajos y sin poder
+valernos. Pero vete tú ahora a _golver_ del revés el mundo, y a gobernar
+la compasión de los señores. Por eso se dice que todo anda trastornado y
+al revés, hasta los cielos benditos, y lleva razón Pulido cuando habla
+de la _rigolución mu_ gorda, _mu_ gorda, que ha de venir para meter en
+cintura a ricos miserables y a pobres _ensalzaos_».
+
+Concluía la charlatana vieja su perorata, cuando ocurrió un suceso tan
+extraño, fenomenal e inaudito, que no podría ser comparado sino a la
+súbita caída de un rayo en medio de la comunidad mendicante, o a la
+explosión de una bomba: tales fueron el estupor y azoramiento que en
+toda la caterva mísera produjo. Los más antiguos no recordaban nada
+semejante; los nuevos no sabían lo que les pasaba. Quedáronse todos
+mudos, perplejos, espantados. ¿Y qué fue, en suma? Pues nada: que Don
+Carlos Moreno Trujillo, que toda la vida, desde que _el mundo era
+mundo_, salía infaliblemente por la puerta de la calle de Atocha... no
+alteró aquel día su inveterada costumbre; pero a los pocos pasos volvió
+adentro, para salir por la calle de las Huertas, hecho singularísimo,
+absurdo, equivalente a un retroceso del sol en su carrera.
+
+Pero no fue principal causa de la sorpresa y confusión la desusada
+salida por aquella parte, sino que D. Carlos se paró en medio de los
+pobres (que se agruparon en torno a él, creyendo que les iba a repartir
+otra perra por barba), les miró como pasándoles revista, y dijo: «Eh,
+señoras ancianas, ¿quién de vosotras es la que llaman la _señá_ Benina?».
+
+--Yo, señor, yo soy--dijo la que así se llamaba, adelantándose temerosa de
+que alguna de sus compañeras le quitase el nombre y el estado civil.
+
+--Esa es--añadió la Casiana con sequedad oficiosa, como si creyese que
+hacía falta su _exequatur_ de caporala para conocimiento o certificación
+de la personalidad de sus inferiores.
+
+--Pues, _señá_ Benina--agregó D. Carlos embozándose hasta los ojos para
+afrontar el frío de la calle--, mañana, a las ocho y media, se pasa usted
+por casa; tenemos que hablar. ¿Sabe usted dónde vivo?
+
+--Yo la acompañaré--dijo Eliseo echándosela de servicial y diligente en
+obsequio del señor y de la mendiga.
+
+--Bueno. La espero a usted, _señá_ Benina.
+
+--Descuide el señor.
+
+--A las ocho y media en punto. Fíjese bien--añadió D. Carlos a gritos, que
+resultaron apagados porque le tapaban la boca las felpas húmedas del
+embozo raído--. Si va usted antes, tendrá que esperarse, y si va después,
+no me encuentra... Ea, con Dios. Mañana es 25: me toca en Montserrat, y
+después, al cementerio. Con que...
+
+
+
+
+IV
+
+
+¡María Santísima, San José bendito, qué comentarios, qué febril
+curiosidad, qué ansia de investigar y sorprender los propósitos del buen
+D. Carlos! En los primeros momentos, la misma intensidad de la sorpresa
+privó a todos de la palabra. Por los rincones del cerebro de cada cual
+andaba la procesión... dudas, temores, envidia, curiosidad ardiente. La
+_señá_ Benina, queriendo sin duda librarse de un fastidioso hurgoneo, se
+despidió afectuosamente, como siempre lo hacía, y se fue. Siguiola, con
+minutos de diferencia, el ciego Almudena. Entre los restantes empezaron
+a saltar, como chispas, las frasecillas primeras de su sorpresa y
+confusión: «Ya lo sabremos mañana... Será por desempeñarla... Tiene más
+de cuarenta papeletas.
+
+--Aquí todas nacen de pie--dijo _la Burlada_ a Crescencia--, menos
+nosotras, que hemos caído en el mundo como talegos».
+
+Y la Casiana, afilando más su cara caballuna, hasta darle proporciones
+monstruosas, dijo con acento de compasión lúgubre: «¡Pobre Don Carlos!
+Está más loco que una cabra».
+
+A la mañana siguiente, aprovechando la comunidad el hecho feliz de no
+haber ido a la parroquia ni la _señá_ Benina ni el ciego Almudena,
+menudearon los comentarios del extraño suceso. La Demetria expuso
+tímidamente la opinión de que D. Carlos quería llevar a la Benina a su
+servicio, pues gozaba ésta fama de gran cocinera, a lo que agregó Eliseo
+que, en efecto, la tal había sido maestra de cocina; pero no la querían
+en ninguna parte por vieja.
+
+«Y por sisona--afirmó la Casiana, recalcando con saña el término--. Habéis
+de saber que ha sido una sisona tremenda, y por ese vicio se ve ahora
+como se ve, teniendo que pedir para una rosca. De todas las casas en que
+estuvo la echaron por ser tan larga de uñas, y si ella _hubiá_ tenido
+_conduta_, no le faltarían casas buenas en que acabar tranquila...
+
+--Pues yo--declaró _la Burlada_ con negro escepticismo--, _vos_ digo que si
+ha venido a pedir es porque fue honrada; que las muy sisonas juntan
+dinero para su vejez y se hacen ricas... que las hay, vaya si las hay.
+Hasta con coche las he conocido yo.
+
+--Aquí no se habla mal de _naide_.
+
+--No es hablar mal. ¡A ver!... La que habla pestes es _bueycencia_,
+señora presidenta de ministros.
+
+--¿Yo?
+
+--Sí... Vuestra Eminencia Ilustrísima es la que ha dicho que la Benina
+sisaba; lo cual que no es verdad, porque si sisara tuviera, y si tuviera
+no vendría a pedir. Tómate esa.
+
+--Por _bocona_ te has de condenar tú.
+
+--No se condena una por bocona, sino por rica, mayormente cuando quita la
+limosna a los pobres de buena ley, a los que tienen hambre y duermen al
+raso.
+
+--Ea, que estamos en la casa de Dios, _señoras_--dijo Eliseo dando golpes
+en el suelo con su pata de palo--. Guarden respeto y decencia unas para
+otras, como manda la santísima _dotrina_».
+
+Con esto se produjo el recogimiento y tranquilidad que la vehemencia de
+algunos alteraba tan a menudo, y entre pedir gimiendo y rezar
+bostezando se les pasaban las tristes horas.
+
+Ahora conviene decir que la ausencia de la _señá_ Benina y del ciego
+Almudena no era casual aquel día, por lo cual allá van las explicaciones
+de un suceso que merece mención en esta verídica historia. Salieron
+ambos, como se ha dicho, uno tras otro, con diferencia de algunos
+minutos; pero como la anciana se detuvo un ratito en la verja, hablando
+con Pulido, el ciego marroquí se le juntó, y ambos emprendieron juntos
+el camino por las calles de San Sebastián y Atocha.
+
+«Me detuve a charlar con Pulido por esperarte, amigo Almudena. Tengo que
+hablar contigo».
+
+Y agarrándole por el brazo con solicitud cariñosa, le pasó de una acera
+a otra. Pronto ganaron la calle de las Urosas, y parados en la esquina,
+a resguardo de coches y transeúntes, volvió a decirle: «Tengo que hablar
+contigo, porque tú solo puedes sacarme de un gran compromiso; tú solo,
+porque los demás _conocimientos_ de la parroquia para nada me sirven.
+¿Te enteras tú? Son unos egoístas, corazones de pedernal... El que
+tiene, porque tiene; el que no tiene, porque no tiene. Total, que la
+dejarán a una morirse de vergüenza, y si a mano viene, se gozarán en
+ver a una pobre mendicante por los suelos».
+
+Almudena volvió hacia ella su rostro, y hasta podría decirse que la
+miró, si mirar es dirigir los ojos hacia un objeto, poniendo en ellos,
+ya que no la vista, la intención, y en cierto modo la atención, tan
+sostenida como ineficaz. Apretándole la mano, le dijo: «_Amri_, saber tú
+que servirte Almudena él, Almudena mí, como _pierro_. _Amri_, _dicermi_
+cosas tú... de cosas _tigo_.
+
+--Sigamos para abajo, y hablaremos por el camino. ¿Vas a tu casa?
+
+--Voy a do _quierer_ tú.
+
+--Paréceme que te cansas. Vamos muy a prisa. ¿Te parece bien que nos
+sentemos un rato en la Plazuela del Progreso para poder hablar con
+tranquilidad?».
+
+Sin duda respondió el ciego afirmativamente, porque cinco minutos
+después se les veía sentados, uno junto a otro, en el zócalo de la verja
+que rodea la estatua de Mendizábal. El rostro de Almudena, de una
+fealdad expresiva, moreno cetrino, con barba rala, negra como el ala del
+cuervo, se caracterizaba principalmente por el desmedido grandor de la
+boca, que, cuando sonreía, afectaba una curva cuyos extremos, replegando
+la floja piel de los carrillos, se ponían muy cerca de las orejas. Los
+ojos eran como llagas ya secas e insensibles, rodeados de manchas
+sanguinosas; la talla mediana, torcidas las piernas. Su cuerpo había
+perdido la conformación airosa por la costumbre de andar a ciegas, y de
+pasar largas horas sentado en el suelo con las piernas dobladas a la
+morisca. Vestía con relativa decencia, pues su ropa, aunque vieja y
+llena de mugre, no tenía desgarrón ni avería que no estuvieran
+enmendados por un zurcido inteligente, o por aplicaciones de parches y
+retazos. Calzaba zapatones negros, muy rozados, pero perfectamente
+defendidos con costurones y remiendos habilísimos. El sombrero hongo
+revelaba servicios dilatados en diferentes cabezas, hasta venir a
+prestarlos en aquella, que quizás no sería la última, pues las
+abolladuras del fieltro no eran tales que impidieran la defensa material
+del cráneo que cubría. El palo era duro y lustroso; la mano con que lo
+empuñaba, nerviosa, por fuera de color morenísimo, tirando a etiópico,
+la palma blanquecina, con tono y blanduras que la asemejaban a una rueda
+de merluza cruda; las uñas bien cortadas; el cuello de la camisa lo
+menos sucio que es posible imaginar en la mísera condición y vida
+vagabunda del desgraciado hijo de Sus.
+
+«Pues a lo que íbamos, Almudena--dijo la _señá_ Benina, quitándose el
+pañuelo para volver a ponérselo, como persona desasosegada y nerviosa
+que quiere ventilarse la cabeza--. Tengo un grave compromiso, y tú, nada
+más que tú, puedes sacarme de él.
+
+--_Dicermi_ ella, tú...
+
+--¿Qué pensabas hacer esta tarde?
+
+--En casa mí, _mocha_ que jacer mí: lavar ropa mí, coser _mocha_,
+remendar _mocha_.
+
+--Eres el hombre más apañado que hay en el mundo. No he visto otro como
+tú. Ciego y pobre, te arreglas tú mismo tu ropita; enhebras una aguja
+con la lengua más pronto que yo con mis dedos; coses a la perfección;
+eres tu sastre, tu zapatero, tu lavandera... Y después de pedir en la
+parroquia por la mañana, y por las tardes en la calle, te sobra tiempo
+para ir un ratito al café... Eres de lo que no hay; y si en el mundo
+hubiera justicia y las cosas estuvieran dispuestas con razón, debieran
+darte un premio... Bueno, hijo: pues lo que es esta tarde no te dejo
+trabajar, porque tienes que hacerme un servicio... Para las ocasiones
+son los amigos.
+
+--¿Qué _sucieder_ ti?
+
+--Una cosa tremenda. Estoy que no vivo. Soy tan desgraciada, que si tú no
+me amparas me tiro por el viaducto... Como lo oyes.
+
+--_Amri_... tirar no.
+
+--Es que hay compromisos tan grandes, tan grandes, que parece imposible
+que se pueda salir de ellos. Te lo diré de una vez para que te hagas
+cargo: necesito un duro...
+
+--¡Un _durro_!--exclamó Almudena, expresando con la súbita gravedad del
+rostro y la energía del acento el espanto que le causaba la magnitud de
+la cantidad.
+
+--Sí, hijo, sí... un duro, y no puedo ir a casa si antes no lo consigo.
+Es preciso que yo tenga ese duro: discurre tú, pues hay que sacarlo de
+debajo de las piedras, buscarlo como quiera que sea.
+
+--Es _mocha_... _mocha_...--murmuraba el ciego volviendo su rostro hacia
+el suelo.
+
+--No es tanto--observó la otra, queriendo engañar su pena con ideas
+optimistas--. ¿Quién no tiene un duro? Un duro, amigo Almudena, lo tiene
+cualquiera... Con que ¿puedes buscármelo tú, sí o no?».
+
+Algo dijo el ciego en su extraña lengua que Benina tradujo por la
+palabra «imposible», y lanzando un suspiro profundo, al cual contestó
+Almudena con otro no menos hondo y lastimero, quedose un rato en
+meditación dolorosa, mirando al suelo y después al cielo y a la estatua
+de Mendizábal, aquel verdinegro señor de bronce que ella no sabía quién
+era ni por qué le habían puesto allí. Con ese mirar vago y distraído que
+es, en los momentos de intensa amargura, como un giro angustioso del
+alma sobre sí misma, veía pasar por una y otra banda del jardín gentes
+presurosas o indolentes. Unos llevaban un duro, otros iban a buscarlo.
+Pasaban cobradores del Banco con el taleguillo al hombro; carricoches
+con botellas de cerveza y gaseosa; carros fúnebres, en el cual era
+conducido al cementerio alguno a quien nada importaban ya los duros. En
+las tiendas entraban compradores que salían con paquetes. Mendigos
+haraposos importunaban a los señores. Con rápida visión, Benina pasó
+revista a los cajones de tanta tienda, a los distintos cuartos de todas
+las casas, a los bolsillos de todos los transeúntes bien vestidos,
+adquiriendo la certidumbre de que en ninguno de aquellos repliegues de
+la vida faltaba un duro. Después pensé que sería un paso muy salado que
+se presentase ella en la cercana casa de Céspedes diciendo que hicieran
+el favor de darle un duro, siquiera se lo diesen a préstamo.
+Seguramente, se reirían de tan absurda pretensión, y la pondrían
+bonitamente en la calle. Y no obstante, natural y justo parecía que en
+cualquier parte donde un duro no representaba más que un valor
+insignificante, se lo diesen a ella, para quien la tal suma era... como
+un _átomo inmenso_. Y si la ansiada moneda pasara de las manos que con
+otras muchas la poseían, a las suyas, no se notaría ninguna alteración
+sensible en la distribución de la riqueza, y todo seguiría lo mismo:
+los ricos, ricos; pobre ella, y pobres los demás de su condición. Pues
+siendo esto así, ¿por qué no venía a sus manos el duro? ¿Qué razón había
+para que veinte personas de las que pasaban no se privasen de un real, y
+para que estos veinte reales no pasaran por natural trasiego a sus
+manos? ¡Vaya con las cosas de este desarreglado mundo! La pobre Benina
+se contentaba con una gota de agua, y delante del estanque del Retiro no
+podía tenerla. Vamos a cuentas, cielo y tierra: ¿perdería algo el
+estanque del Retiro porque se sacara de él una gota de agua?
+
+
+
+
+V
+
+
+Esto pensaba, cuando Almudena, volviendo de una meditación calculista,
+que debía de ser muy triste por la cara que ponía, te dijo:
+
+«¿No tenier tú cosa que _peinar_?
+
+--No, hijo: todo empeñado ya, hasta las papeletas.
+
+--¿No haber persona que _priestar ti_?
+
+--No hay nadie que me fíe ya. No doy un paso sin encontrar una mala
+cara.
+
+--Señor Carlos llamar ti mañana.
+
+--Mañana está muy lejos, y yo necesito el duro hoy, y pronto, Almudena,
+pronto. Cada minuto que pasa es una mano que me aprieta más el dogal que
+tengo en la garganta.
+
+--No llorar, _amri_. Tú ser buena _migo_; yo arremediando ti... Veslo
+ahora.
+
+--¿Qué se te ocurre? Dímelo pronto.
+
+--Yo _peinar_ ropa.
+
+--¿El traje que compraste en el Rastro? ¿Y cuánto crees que te darán?
+
+--Dos _piesetas_ y media.
+
+--Yo haré por sacar tres. ¿Y lo demás?
+
+--Vamos a casa _migo_--dijo Almudena levantándose con resolución.
+
+--Prontito, hijo, que no hay tiempo que perder. Es muy tarde. ¡Pues no
+hay poquito que andar de aquí a la posada de Santa Casilda!».
+
+Emprendieron su camino presurosos por la calle de Mesón de Paredes,
+hablando poco. Benina, más sofocada por la ansiedad que por la viveza
+del paso, echaba lumbre de su rostro, y cada vez que oía campanadas de
+relojes hacía una mueca de desesperación. El viento frío del Norte les
+empujaba por la calle abajo, hinchando sus ropas como velas de un barco.
+Las manos de uno y otro eran de hielo; sus narices rojas destilaban.
+Enronquecían sus voces; las palabras sonaban con oquedad fría y triste.
+
+No lejos del punto en que Mesón de Paredes desemboca en la Ronda de
+Toledo, hallaron el parador de Santa Casilda, vasta colmena de viviendas
+baratas alineadas en corredores sobrepuestos. Entrase a ella por un
+patio o corralón largo y estrecho, lleno de montones de basura,
+residuos, despojos y desperdicios de todo lo humano. El cuarto que
+habitaba Almudena era el último del piso bajo, al ras del suelo, y no
+había que franquear un solo escalón para penetrar en él. Componíase la
+vivienda de dos piezas separadas por una estera pendiente del techo: a
+un lado la cocina, a otro la sala, que también era alcoba o gabinete,
+con piso de tierra bien apisonado, paredes blancas, no tan sucias como
+otras del mismo caserón o humana madriguera. Una silla era el único
+mueble, pues la cama consistía en un jergón y mantas pardas, arrimado
+todo a un ángulo. La cocinilla no estaba desprovista de pucheros,
+cacerolas, botellas, ni tampoco de víveres. En el centro de la
+habitación, vio Benina un bulto negro, algo como un lío de ropa, o un
+costal abandonado. A la escasa luz que entraba después de cerrada la
+puerta, pudo observar que aquel bulto tenía vida. Por el tacto, más que
+por la vista, comprendió que era una persona.
+
+«Ya estar aquí la _Pedra_ borracha.
+
+--¡Ah! ¡qué cosas! Es esa que te ayuda a pagar el cuarto... Borrachona,
+sinvergüenzonaza... Pero no perdamos tiempo, hijo; dame el traje, que yo
+lo llevaré... y con la ayuda de Dios, sacaré siquiera dos ochenta. Ve
+pensando en buscarme lo que falta. La Virgen Santísima te lo dará, y yo
+he de rezarle para que te lo dé doblado, que a mí seguro es que no
+quiere darme cosa ninguna».
+
+Haciéndose cargo de la impaciencia de su amiga, el ciego descolgó de un
+clavo el traje que él llamaba nuevo, por un convencionalismo muy
+corriente en las combinaciones mercantiles, y lo entregó a su amiga, que
+en cuatro zancajos se puso en el patio y en la Ronda, tirando luego
+hacia el llamado Campillo de Manuela. El mendigo, en tanto, pronunciando
+palabras coléricas, que no es fácil al narrador reproducir, por ser en
+lengua arábiga, palpaba el bulto de la mujer embriagada, que como cuerpo
+muerto en mitad del cuartucho yacía. A las expresiones airadas del
+ciego, sólo contestó con ásperos gruñidos, y dio media vuelta,
+espatarrándose y estirando los brazos para caer de nuevo en sopor más
+hondo y en más brutal inercia.
+
+Almudena metía mano por entre las ropas negras, cuyos pliegues,
+revueltos con los del mantón, formaban un lío inextricable, y
+acompañando su registro de exclamaciones furibundas, exploró también el
+fláccido busto, como si amasara pellejos con trapos. Tan nervioso estaba
+el hombre, que descubría lo que debe estar cubierto, y tapaba lo que
+gusta de ver la luz del día. Allí sacó rosarios, escapularios, un fajo
+de papeletas de empeño envuelto en un pedazo de periódico, trozos de
+herradura recogidos en las calles, muelas de animales o de personas, y
+otras baratijas. Terminado el registro, entró la Benina, de vuelta ya de
+su diligencia, la cual había despachado con tanta presteza, como si la
+hubieran llevado y traído en volandas los angelitos del cielo. Venía la
+pobre mujer sofocadísima del veloz correr por las calles; apenas podía
+respirar, y su rostro sudoroso despedía fuego, sus ojos alegría.
+
+«Me han dado tres--dijo mostrando las monedas--, una en cuartos. No he
+tenido poca suerte en que estuviera allí Valeriano; que a llegar a estar
+el ama, la Reimunda, trabajo que costara sacarle dos y pico».
+
+Respondiendo al contento de la anciana, Almudena, con cara de regocijo y
+triunfo, le mostró entre los dedos una peseta.
+
+«Encuentrarla aquí, en el _piecho_ de esta... Cogerla _tigo_.
+
+--¡Oh, qué suerte! ¿Y no tendrá más? Busca bien, hijo.
+
+--No tenier más. Mi regolver cosas _piecho_».
+
+Benina sacudía las ropas de la borracha esperando ver saltar una moneda.
+Pero no saltaron más que dos horquillas, y algunos pedacitos de carbón.
+
+«No tenier más».
+
+Siguió parloteando el ciego, y por las explicaciones que le dio del
+carácter y costumbres de la mujerona, pudo comprender que si se hubieran
+encontrado a esta en estado de normal despejo, les habría dado la peseta
+con sólo pedirla. Con una breve frase sintetizó Almudena a su compañera
+de hospedaje: «Ser güena, ser mala... Coger ella _tudo_, dar ella
+_tudo_».
+
+Acto continuo levantó el colchón, y escarbando en la tierra, sacó una
+petaca vieja y sucia, que cuidadosamente escondía entre trapos y
+cartones, y metiendo los dedos en ella, como quien saca un cigarro,
+extrajo un papelejo, que desenvuelto mostró una monedita de dos reales,
+nueva y reluciente. La cogió Benina, mientras Almudena sacaba de su
+bolsillo, donde tenía multitud de herramientas, tijeras, canuto de
+agujas, navaja, etc., otro envoltorio con dos perras gordas. Añadió a
+ellas la que había recibido de D. Carlos, y lo dio todo a la pobre
+anciana, diciéndole: «_Amri_, arriglar así tigo.
+
+--Sí, sí... Pongo lo mío de hoy, y ya falta tan poco, que no quiero
+molestarte más. ¡Gracias a Dios! Me parece mentira. ¡Ay, hijo, qué
+bueno eres! Mereces que te caiga la lotería, y si no te cae, es porque
+no hay justicia en la tierra ni en el cielo... Adiós, hijo, no puedo
+detenerme ni un momento más... Dios te lo pague... Estoy en ascuas. Me
+voy volando a casa... Quédate en la tuya... y a esta pobre desgraciada,
+cuando despierte, no la pegues, hijo, ¡pobrecita! Cada uno, por el aquel
+de no sufrir, se emborracha con lo que puede: esta con el aguardentazo,
+otros con otra cosa. Yo también las cojo; pero no así: las mías son de
+cosa de más adentro... Ya te contaré, ya te contaré».
+
+Y salió disparada, las monedas metidas en el seno, temerosa de que
+alguien se las quitara por el camino, o de que se le escaparan volando,
+arrastradas de sus tumultuosos pensamientos. Al quedarse solo, Almudena
+fue a la cocina, donde, entre otros cachivaches, tenía una palanganita
+de estaño y un cántaro de agua. Se lavó las manos y los ojos; después
+cogió un cazuelo en que había cenizas y carbones apagados, y pasando a
+una de las casas vecinas, volvió al poco rato con lumbre, sobre la cual
+derramó un puñadito de cierta substancia que en un envoltorio de papel
+tenía junto a la cama. Levantose del fuego humareda muy densa y un olor
+penetrante. Era el sahumerio de benjuí, única remembranza material de la
+tierra nativa que Almudena se permitía en su destierro vagabundo. El
+aroma especial, característico de casa mora, era su consuelo, su placer
+más vivo, práctica juntamente casera y religiosa, pues envuelto en aquel
+humo se puso a rezar cosas que ningún cristiano podía entender.
+
+Con el humazo, la borracha gruñía más, y carraspeaba, y tosía, como
+queriendo dar acuerdo de sí. El ciego no le hacía más caso que a un
+perro, atento sólo a sus rezos en lengua que no sabemos si era arábiga o
+hebrea, tapándose un ojo con cada mano, y bajándolas después sobre la
+boca para besárselas. Mediano rato empleó en sus meditaciones, y al
+terminarlas, vio sentada ante sí a la mujerzuela que con ojos esquivos y
+lloricones, a causa del picor producido por el espeso sahumerio, le
+miraba. Presentándole gravemente las palmas de las manos, Almudena le
+soltó estas palabras:
+
+«Gran púa, no haber más que un Dios... _b'rracha_, _b'rrachona_, no
+haber más que un Dios... un Dios, un Dios solo, solo».
+
+Soltó la otra sonora carcajada, y llevándose la mano al pecho, quería
+arreglar el desorden que la mano inquieta de su compañero de vivienda
+había causado en aquella parte interesantísima de su persona. Tan torpe
+salía del sueño alcohólico, que no acertaba a poner cada cosa en su
+sitio, ni a cubrir las que la honestidad quiere y ha querido siempre
+que se cubran. «_Jai_, tú me has _arregistrao_.
+
+--Sí... No haber más que un Dios, un Dios solo.
+
+--¿Y a mí, qué? Por mí que _haigan_ dos o cuarenta, todos los que ellos
+mesmos quieran haberse... Pero di, gorrón, me has quitado la peseta. No
+me importa. _Pa_ ti era.
+
+--¡Un Dios solo!».
+
+Y viéndole coger el palo, se puso la mujer en guardia, diciéndole: «Ea,
+no pegues, _Jai_. Basta ya de sahumerio, y ponte a hacer la cena.
+¿Cuánto dinero tienes? ¿Qué quieres que te traiga?...
+
+--_¡B'rrachona!_ no haber diniero... Llevarlo los _embaixos_, tú dormida.
+
+--¿Qué te traigo?--murmuró la mujer negra tambaleándose y cerrando los
+ojos--. Aguárdate un poquitín. Tengo sueño, _Jai_».
+
+Cayó nuevamente en profundo sopor, y Almudena, que había requerido el
+palo con intenciones de usarlo como infalible remedio de la embriaguez,
+tuvo lástima y suspiró fuerte, mascullando estas o parecidas palabras:
+«Pegar ti otro día».
+
+
+
+
+VI
+
+
+Casi no es hipérbole decir que la _señá_ Benina, al salir de Santa
+Casilda, poseyendo el incompleto duro que calmaba sus mortales
+angustias, iba por rondas, travesías y calles como una flecha. Con
+sesenta años a la espalda, conservaba su agilidad y viveza, unidas a una
+perseverancia inagotable. Se había pasado lo mejor de la vida en un
+ajetreo afanoso, que exigía tanta actividad como travesura, esfuerzos
+locos de la mente y de los músculos, y en tal enseñanza se había
+fortificado de cuerpo y espíritu, formándose en ella el temple
+extraordinario de mujer que irán conociendo los que lean esta puntual
+historia de su vida. Con increíble presteza entró en una botica de la
+calle de Toledo; recogió medicinas que había encargado muy de mañana;
+después hizo parada en la carnicería y en la tienda de ultramarinos,
+llevando su compra en distintos envoltorios de papel, y, por fin, entró
+en una casa de la calle Imperial, próxima a la rinconada en que está el
+Almotacén y Fiel Contraste. Deslizose a lo largo del portal angosto,
+obstruido y casi intransitable por los colgajos de un comercio de
+cordelería que en él existe; subió la escalera, con rápidos andares
+hasta el principal, con moderado paso hasta el segundo; llegó jadeante
+al tercero, que era el último, con honores de sotabanco. Dio vuelta a un
+patio grande, por galería de emplomados cristales, de suelo desigual, a
+causa de los hundimientos y desniveles de la vieja fábrica, y al fin
+llegó a una puerta de cuarterones, despintada; llamó... Era su casa, la
+casa de su señora, la cual, en persona, tentando las paredes, salió al
+ruido de la campanilla, o más bien afónico cencerreo, y abrió, no sin la
+precaución de preguntar por la mirilla, cuadrada, defendida por una cruz
+de hierro.
+
+«Gracias a Dios, mujer...--le dijo en la misma puerta--. ¡Vaya unas horas!
+Creí que te había cogido un coche, o que te había dado un accidente».
+
+Sin chistar siguió Benina a su señora hasta un gabinetillo próximo, y
+ambas se sentaron. Excusó la criada las explicaciones de su tardanza por
+el miedo que sentía de darlas, y se puso a la defensiva, esperando a ver
+por dónde salía doña Paca, y qué posiciones tomaba en su irascible
+genio. Algo la tranquilizó el tono de las primeras palabras con que fue
+recibida; esperaba una fuerte reprimenda, vocablos displicentes. Pero
+la señora parecía estar de buenas, domado, sin duda, el áspero carácter
+por la intensidad del sufrimiento. Benina se proponía, como siempre,
+acomodarse al son que le tocara la otra, y a poco de estar junto a ella,
+cambiadas las primeras frases, se tranquilizó. «¡Ay, señora, qué día! Yo
+estaba deshecha; pero no me dejaban, no me dejaban salir de aquella
+bendita casa.
+
+--No me lo expliques--dijo la señora, cuyo acentillo andaluz persistía,
+aunque muy atenuado, después de cuarenta años de residencia en Madrid--.
+Ya estoy al tanto. Al oír las doce, la una, las dos, me decía yo: 'Pero,
+Señor, por qué tarda tanto la Nina?'. Hasta que me acordé...
+
+--Justo.
+
+--Me acordé... como tengo en mi cabeza todo el almanaque... de que hoy es
+San Romualdo, confesor y obispo de Farsalia...
+
+--Cabal.
+
+--Y son los días del señor sacerdote en cuya casa estás de asistenta.
+
+--Si yo pensara que usted lo había de adivinar, habría estado más
+tranquila--afirmó la criada, que en su extraordinaria capacidad para
+forjar y exponer mentiras, supo aprovechar el sólido cable que su ama le
+arrojaba--. ¡Y que no ha sido floja la tarea!
+
+--Habrás tenido que dar un gran almuerzo. Ya me lo figuro. ¡Y que no
+serán cortos de tragaderas los curánganos de San Sebastián, compañeros y
+amigos de tu D. Romualdo!
+
+--Todo lo que le diga es poco.
+
+--Cuéntame: ¿qué les has puesto?--preguntó ansiosa la señora, que gustaba
+de saber lo que se comía en las casas ajenas--. Ya estoy al tanto. Les
+harías una mayonesa.
+
+--Lo primero un arroz, que me quedó muy a punto. ¡Ay, Señor, cuánto lo
+alabaron! Que si era yo la primera cocinera de toda la Europa... que si
+por vergüenza no se chupaban los dedos...
+
+--¿Y después?
+
+--Una pepitoria que ya la quisieran para sí los ángeles del cielo. Luego,
+calamares en su tinta... luego...
+
+--Pues aunque te tengo dicho que no me traigas sobras de ninguna casa,
+pues prefiero la miseria que me ha enviado Dios, a chupar huesos de
+otras mesas... como te conozco, no dudo que habrás traído algo. ¿Dónde
+tienes la cesta?».
+
+Viéndose cogida, Benina vacilé un instante; mas no era mujer que se
+arredraba ante ningún peligro, y su maestría para el embuste le sugirió
+pronto el hábil quite: «Pues, señora, dejé la cesta, con lo que traje,
+en casa de la señorita Obdulia, que lo necesita más que nosotras.
+
+--Has hecho bien. Te alabo la idea, Nina. Cuéntame más. ¿Y un buen
+solomillo, no pusiste?
+
+--¡Anda, anda! Dos kilos y medio, señora. Sotero Rico me lo dio de lo
+superior.
+
+--¿Y postres, bebidas?...
+
+--Hasta _Champaña de la Viuda_. Son el diantre los curas, y de nada se
+privan... Pero vámonos adentro, que es muy tarde, y estará la señora
+desfallecida.
+
+--Lo estaba; pero... no sé: parece que me he comido todo eso de que has
+hablado... En fin, dame de almorzar.
+
+--¿Qué ha tomado? ¿El poquito de cocido que le aparté anoche?
+
+--Hija, no pude pasarlo. Aquí me tienes con media onza de chocolate
+crudo.
+
+--Vamos, vamos allá. Lo peor es que hay que encender lumbre. Pero pronto
+despacho... ¡Ah! también le traigo las medicinas. Eso lo primero.
+
+--¿Hiciste todo lo que te mandé?--preguntó la señora, en marcha las dos
+hacia la cocina--. ¿Empeñaste mis dos enaguas?
+
+--¿Cómo no? Con las dos pesetas que saqué, y otras dos que me dio D.
+Romualdo por ser su santo, he podido atender a todo.
+
+--¿Pagaste el aceite de ayer?
+
+--¡Pues no!
+
+--¿Y la tila y la sanguinaria?
+
+--Todo, todo... Y aún me ha sobrado, después de la compra, para mañana.
+
+--¿Querrá Dios traernos mañana un buen día?--dijo con honda tristeza la
+señora, sentándose en la cocina, mientras la criada, con nerviosa
+prontitud, reunía astillas y carbones.
+
+--¡Ay! sí, señora: téngalo por cierto.
+
+--¿Por qué me lo aseguras, Nina?
+
+--Porque lo sé. Me lo dice el corazón. Mañana tendremos un buen día,
+estoy por decir que un gran día.
+
+--Cuando lo veamos te diré si aciertas... No me fío de tus corazonadas.
+Siempre estás con que mañana, que mañana...
+
+--Dios es bueno.
+
+--Conmigo no lo parece. No se cansa de darme golpes: me apalea, no me
+deja respirar. Tras un día malo, viene otro peor. Pasan años aguardando
+el remedio, y no hay ilusión que no se me convierta en desengaño. Me
+canso de sufrir, me canso también de esperar. Mi esperanza es traidora,
+y como me engaña siempre, ya no quiero esperar cosas buenas, y las
+espero malas para que vengan... siquiera regulares.
+
+--Pues yo que la señora--dijo Benina dándole al fuelle--, tendría confianza
+en Dios, y estaría contenta... Ya ve que yo lo estoy... ¿no me ve? Yo
+siempre creo que cuando menos lo pensemos nos vendrá el golpe de suerte,
+y estaremos tan ricamente, acordándonos de estos días de apuros, y
+desquitándonos de ellos con la gran vida que nos vamos a dar.
+
+--Ya no aspiro a la buena vida, Nina--declaró casi llorando la señora--:
+sólo aspiro al descanso.
+
+--¿Quién piensa en la muerte? Eso no: yo me encuentro muy a gusto en este
+mundo fandanguero, y hasta le tengo ley a los trabajillos que paso.
+Morirse no.
+
+--¿Te conformas con esta vida?
+
+--Me conformo, porque no está en mi mano el darme otra. Venga todo antes
+que la muerte, y padezcamos con tal que no falte un pedazo de pan, y
+pueda uno comérselo con dos salsas muy buenas: el hambre y la esperanza.
+
+--¿Y soportas, además de la miseria, la vergüenza, tanta humillación,
+deber a todo el mundo, no pagar a nadie, vivir de mil enredos, trampas y
+embustes, no encontrar quien te fíe valor de dos reales, vernos
+perseguidos de tenderos y vendedores?
+
+--¡Vaya si lo soporto!... Cada cual, en esta vida, se defiende como
+puede. ¡Estaría bueno que nos dejáramos morir de hambre, estando las
+tiendas tan llenas de cosas de substancia! Eso no: Dios no quiere que a
+nadie se le enfríe el cielo de la boca por no comer, y cuando no nos da
+dinero, un suponer, nos da la sutileza del caletre para inventar modos
+de allegar lo que hace falta, sin robarlo... eso no. Porque yo prometo
+pagar, y pagaré cuando lo tengamos. Ya saben que somos pobres... que hay
+formalidad en casa, ya que no _haigan_ otras cosas. ¡Estaría bueno que
+nos afligiéramos porque los tenderos no cobran estas miserias, sabiendo,
+como sabemos, que están ricos!...
+
+--Es que tú no tienes vergüenza, Nina; quiero decir, decoro; quiero
+decir, dignidad.
+
+--Yo no sé si tengo eso; pero tengo boca y estómago natural, y sé también
+que Dios me ha puesto en el mundo para que viva, y no para que me deje
+morir de hambre. Los gorriones, un suponer, ¿tienen vergüenza? ¡Quia!...
+lo que tienen es pico... Y mirando las cosas como deben mirarse, yo digo
+que Dios, no tan sólo ha criado la tierra y el mar, sino que son obra
+suya mismamente las tiendas de ultramarinos, el Banco de España, las
+casas donde vivimos y, pongo por caso, los puestos de verdura... Todo es
+de Dios.
+
+--Y la moneda, la indecente moneda, ¿de quién es?--preguntó con lastimero
+acento la señora--. Contéstame.
+
+--También es de Dios, porque Dios hizo el oro y la plata... Los billetes,
+no sé... Pero también, también.
+
+--Lo que yo digo, Nina, es que las cosas son del que las tiene... y las
+tiene todo el mundo menos nosotras... ¡Ea! date prisa, que siento
+debilidad. ¿En dónde me pusiste las medicinas?... Ya: están sobre la
+cómoda. Tomaré una papeleta de salicilato antes de comer... ¡Ay, qué
+trabajo me dan estas piernas! En vez de llevarme ellas a mí, tengo yo
+que tirar de ellas. _(Levantándose con gran esfuerzo.)_ Mejor andaría yo
+con muletas. ¿Pero has visto lo que hace Dios conmigo? ¡Si esto parece
+burla! Me ha enfermado de la vista, de las piernas, de la cabeza, de los
+riñones, de todo menos del estómago. Privándome de recursos, dispone que
+yo digiera como un buitre.
+
+--Lo mismo hace conmigo. Pero yo no lo llevo a mal, señora. ¡Bendito sea
+el Señor, que nos da el bien más grande de nuestros cuerpos: el hambre
+santísima!».
+
+
+
+
+VII
+
+
+Ya pasaba de los sesenta la por tantos títulos infeliz Doña Francisca
+Juárez de Zapata, conocida en los años de aquella su decadencia
+lastimosa por _doña Paca_, a secas, con lacónica y plebeya
+familiaridad. Ved aquí en qué paran las glorias y altezas de este mundo,
+y qué pendiente hubo de recorrer la tal señora, rodando hacia la
+profunda miseria, desde que ataba los perros con longaniza, por los años
+59 y 60, hasta que la encontramos viviendo inconscientemente de limosna,
+entre agonías, dolores y vergüenzas mil. Ejemplos sin número de estas
+caídas nos ofrecen las poblaciones grandes, más que ninguna esta de
+Madrid, en que apenas existen hábitos de orden, pero a todos los
+ejemplos supera el de doña Francisca Juárez, tristísimo juguete del
+destino. Bien miradas estas cosas y el subir y bajar de las personas en
+la vida social, resulta gran tontería echar al destino la culpa de lo
+que es obra exclusiva de los propios caracteres y temperamentos, y buena
+muestra de ello es doña Paca, que en su propio ser desde el nacimiento
+llevaba el desbarajuste de todas las cosas materiales. Nacida en Ronda,
+su vista se acostumbró desde la niñez a las vertiginosas depresiones del
+terreno; y cuando tenía pesadillas, soñaba que se caía a la profundísima
+hondura de aquella grieta que llaman _Tajo_. Los nacidos en Ronda deben
+de tener la cabeza muy firme y no padecer de vértigos ni cosa tal,
+hechos a contemplar abismos espantosos. Pero doña Paca no sabía
+mantenerse firme en las alturas: instintivamente se despeñaba; su
+cabeza no era buena para esto ni para el gobierno de la vida, que es la
+seguridad de vista en el orden moral.
+
+El vértigo de Paquita Juárez fue un estado crónico desde que la casaron,
+muy joven, con D. Antonio María Zapata, que le doblaba la edad,
+intendente de ejército, excelente persona, de holgada posición por su
+casa, como la novia, que también poseía bienes raíces de mucha cuenta.
+Sirvió Zapata en el ejército de África, división de Echagüe, y después
+de Wad-Ras pasó a la Dirección del ramo. Establecido el matrimonio en
+Madrid, le faltó tiempo a la señora para poner su casa en un pie de vida
+frívola y aparatosa que, si empezó ajustando las vanidades al marco de
+las rentas y sueldos, pronto se salió de todo límite de prudencia, y no
+tardaron en aparecer los atrasos, las irregularidades, las deudas.
+Hombre ordenadísimo era Zapata; pero de tal modo le dominaba su esposa,
+que hasta le hizo perder sus cualidades eminentes; y el que tan bien
+supo administrar los caudales del ejército, veía perderse los suyos,
+olvidado del arte para conservarlos. Paquita no se ponía tasa en el
+vestir elegante, ni en el lujo de mesa, ni en el continuo zarandeo de
+bailes y reuniones, ni en los dispendiosos caprichos. Tan notorio fue ya
+el desorden, que Zapata, aterrado, viendo venir el trueno gordo, hubo
+de vencer la modorra en que su cara mitad le tenía, y se puso a hacer
+números y a querer establecer método y razón en el gobierno de su
+hacienda; pero ¡oh triste sino de la familia! cuando más engolfado
+estaba el hombre en su aritmética, de la que esperaba su salvación,
+cogió una pulmonía, y pasó a mejor vida el Viernes Santo por la tarde,
+dejando dos hijos de corta edad: Antoñito y Obdulia.
+
+Administradora y dueña del caudal activo y pasivo, Francisca no tardó en
+demostrar su ineptitud para el manejo de aquellas enredosas materias, y
+a su lado surgieron, como los gusanos en cuerpo corrupto, infinitas
+personas que se la comían por dentro y por fuera, devorándola sin
+compasión. En esta época desastrosa, entró a su servicio Benigna, que si
+desde el primer día se acreditó de cocinera excelente, a las pocas
+semanas hubo de revelarse como la más intrépida sisona de Madrid. Qué
+tal sería la moza en este terreno, que la misma doña Francisca, de una
+miopía radical para la inspección de sus intereses, pudo apreciar la
+rapacidad minuciosa de la sirviente, y aun se determinó a corregirla. En
+justicia, debo decir que Benigna (entre los suyos llamada _Benina_, y
+_Nina_ simplemente por la señora) tenía cualidades muy buenas que, en
+cierto modo, compensaban, en los desequilibrios de su carácter, aquel
+defecto grave de la sisa. Era muy limpia, de una actividad pasmosa, que
+producía el milagro de agrandar las horas y los días. Además de esto,
+Doña Francisca estimaba en ella el amor intenso a los niños de la casa;
+amor sincero y, si se quiere, positivo, que se revelaba en la vigilancia
+constante, en los exquisitos cuidados con que sanos o enfermos les
+atendía. Pero las cualidades no fueron bastante eficaces para impedir
+que el defecto promoviera cuestiones agrias entre ama y sirviente, y en
+una de estas, Benina fue despedida. Los niños la echaron muy de menos, y
+lloraban por su Nina graciosa y soboncita.
+
+A los tres meses se presentó de visita en la casa. No podía olvidar a la
+señora ni a los nenes. Estos eran su amor, y la casa, todo lo material
+de ella, la encariñaba y atraía. Paquita Juárez también tenía especial
+gusto en charlar con ella, pues algo (no sabían qué) existía entre las
+dos que secretamente las enlazaba, algo de común en la extraordinaria
+diversidad de sus caracteres. Menudearon las visitas. ¡Ay! la Benina no
+se encontraba a gusto en la casa donde a la sazón servía. En fin, que ya
+la tenemos otra vez en la domesticidad de Doña Francisca; y tan contenta
+ella, y satisfecha la señora, y los pequeñuelos locos de alegría.
+Sobrevino en aquel tiempo un aumento de las dificultades y ahogos de la
+familia en el orden administrativo: las deudas roían con diente voraz el
+patrimonio de la casa; se perdían fincas valiosas, pasando sin saber
+cómo, por artes de usura infame, a las manos de los prestamistas. Como
+carga preciosa que se arroja de la embarcación al mar en los apuros del
+naufragio, salían de la casa los mejores muebles, cuadros, alfombras
+riquísimas: las alhajas habían salido ya... Pero por más que se
+aligeraba el buque, la familia continuaba en peligro de zozobra y de
+sumergirse en los negros abismos sociales.
+
+Para mayor desdicha, en aquel funesto periodo del 70 al 80, los dos
+niños padecieron gravísimas enfermedades: tifoidea el uno; eclampsia y
+epilepsia la otra. Benina les asistió con tal esmero y solicitud tan
+amorosa, que se pudo creer que les arrancaba de las uñas de la muerte.
+Ellos le pagaban, es verdad, estos cuidados con un afecto ardiente. Por
+amor de Benina, más que por el de su madre, se prestaban a tomar las
+medicinas, a callar y estarse quietecitos, a sudar sin ganas, y a no
+comer antes de tiempo: todo lo cual no impidió que entre ama y criada
+surgiesen cuestiones y desavenencias, que trajeron una segunda
+despedida. En un arrebato de ira o de amor propio, Benina salió
+disparada, jurando y perjurando que no volvería a poner los pies en
+aquella casa, y que al partir sacudía sus zapatos para no llevarse
+pegado en ellos el polvo de las esteras... pues lo que es alfombras, ya
+no las había.
+
+En efecto: antes del año, apareciose Benina en la casa. Entró, anegado
+en lágrimas el rostro, diciendo: «Yo no sé qué tiene la señora; yo no sé
+qué tiene esta casa, y estos niños, y estas paredes, y todas las cosas
+que aquí hay: yo no sé más sino que no me hallo en ninguna parte. En
+casa rica estoy, con buenos amos que no reparan en dos reales más o
+menos; seis duros de salario... Pues no me hallo, señora, y paso la
+noche y el día acordándome de esta familia, y pensando si estarán bien o
+no estarán bien. Me ven suspirar, y creen que tengo hijos. Yo no tengo a
+nadie en el mundo más que a la señora, y sus hijos son mis hijos, pues
+como a tales les quiero...». Otra vez Benina al servicio de Doña
+Francisca Juárez, como criada única y para todo, pues la familia había
+dado un bajón tremendo en aquel año, siendo tan notorias las señales de
+ruina, que la criada no podía verlas sin sentir aflicción profunda.
+Llegó la ocasión ineludible de cambiar el cuarto en que vivían por otro
+más modesto y barato. Doña Francisca, apegada a las rutinas y sin
+determinación para nada, vacilaba. La criada, quitándole en momentos tan
+críticos las riendas del gobierno, decidió la mudanza, y desde la calle
+de Claudio Coello saltaron a la del Olmo. Por cierto que hubo no pocas
+dificultades para evitar un desahucio vergonzoso: todo se arregló con la
+generosa ayuda de Benina, que sacó del Monte sus economías, importantes
+tres mil y pico de reales, y las entregó a la señora, estableciéndose
+desde entonces comunidad de intereses en la adversa como en la próspera
+fortuna. Pero ni aun en aquel rasgo de caridad hermosa desmintió la
+pobre mujer sus hábitos de sisa, y descontó un pico para guardarlo
+cuidadosamente en su baúl, como base de un nuevo montepío, que era para
+ella necesidad de su temperamento y placer de su alma.
+
+Como se ve, tenía el vicio del descuento, que en cierto modo, por otro
+lado, era la virtud del ahorro. Difícil expresar dónde se empalmaban y
+confundían la virtud y el vicio. La costumbre de escatimar una parte
+grande o chica de lo que se le daba para la compra, el gusto de
+guardarla, de ver cómo crecía lentamente su caudal de perras, se
+sobreponían en su espíritu a todas las demás costumbres, hábitos y
+placeres. Había llegado a ser el sisar y el reunir como cosa instintiva,
+y los actos de este linaje se diferenciaban poco de las rapiñas y
+escondrijos de la urraca. En aquella tercera época, del 80 al 85, sisaba
+como antes, aunque guardando medida proporcional con los mezquinos
+haberes de Doña Francisca. Sucediéronse en aquellos días grandes
+desventuras y calamidades. La pensión de la señora, como viuda de
+intendente, había sido retenida en dos tercios por los prestamistas; los
+empeños sucedían a los empeños, y por librarse de un ahogo, caía pronto
+en mayores apreturas. Su vida llegó a ser un continuo afán: las
+angustias de una semana, engendraban las de la semana siguiente: raros
+eran los días de relativo descanso. Para atenuar las horas tristes,
+sacaban fuerzas de flaqueza, alegrando con afectadas fantasmagorías los
+ratos de la noche, cuando se veían libres de acreedores molestos y de
+reclamaciones enfadosas. Fue preciso hacer nuevas mudanzas, buscando la
+baratura, y del _Olmo_ pasaron al _Saúco_, y del _Saúco_ al _Almendro_.
+Por esta fatalidad de los nombres de árboles en las calles donde
+vivieron, parecían pájaros que volaban de rama en rama, dispersados por
+las escopetas de los cazadores o las pedradas de los chicos.
+
+En una de las tremendas crisis de aquel tiempo, tuvo Benina que acudir
+nuevamente al fondo de su cofre, donde escondía el _gato_ o montepío,
+producto de sus descuentos y sisas. Ascendía el montón a diez y siete
+duros. No pudiendo decir a su señora la verdad, salió con el cuento de
+que una prima suya, la Rosaura, que comerciaba en miel alcarreña, le
+había dado unos duros para que se los guardara. «Dame, dame todo lo que
+tengas, Benina, así Dios te conceda la gloria eterna, que yo te lo
+devolveré doblado cuando los primos de Ronda me paguen lo del pejugar...
+ya sabes... es cosa de días... ya viste la carta».
+
+Y revolviendo en el fondo del baúl, entre mil baratijas y líos de
+trapos, sacó la sisona doce duros y medio y los dio a su ama diciéndole:
+«Es todo lo que tengo. No hay más: puede creerlo; es tan verdad como que
+nos hemos de morir».
+
+No podía remediarlo. Descontaba su propia caridad, y sisaba en su
+limosna.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Tantas desdichas, parecerá mentira, no eran más que el preámbulo del
+infortunio grande, aterrador, en que el infeliz linaje de los Juárez y
+Zapatas había de caer, la boca del abismo en que sumergido le hallamos
+al referir su historia. Desde que vivían en la calle del Olmo, Doña
+Francisca fue abandonada de la sociedad que la ayudó a dar al viento su
+fortuna, y en las calles del Saúco y Almendro desaparecieron las pocas
+amistades que le restaban. Por entonces la gente de la vecindad, los
+tenderos chasqueados y las personas que de ella tenían lástima empezaron
+a llamarla _Doña Paca_, y ya no hubo forma de designarla con otro
+nombre. Gentezuelas desconsideradas y groseras solían añadir al nombre
+familiar algún mote infamante: _Doña Paca la tramposa_, _la Marquesa del
+infundio_.
+
+Está visto que Dios quería probar a la dama rondeña, porque a las
+calamidades del orden económico añadió la grande amargura de que sus
+hijos, en vez de consolarla, despuntando por buenos y sumisos, agobiaran
+su espíritu con mayores mortificaciones, y clavaran en su corazón
+espinas muy punzantes. Antoñito, defraudando las esperanzas de su mamá,
+y esterilizando los sacrificios que se habían hecho para encarrilarle en
+los estudios, salió de la piel del diablo. En vano su madre y Benina,
+sus dos madres más bien, se desvivían por quitarle de la cabeza las
+malas ideas: ni el rigor ni las blanduras daban resultado. Se repetía el
+caso de que, cuando ellas creían tenerle conquistado con carantoñas y
+mimos, él las engañaba con fingida sumisión, y escamoteándoles la
+voluntad, se alzaba con el santo y la limosna. Era muy listo para el
+mal, y hallábase dotado de seducciones raras para hacerse perdonar sus
+travesuras. Sabía esconder su astuta malicia bajo apariencias
+agradables; a los diez y seis años engañaba a sus madres como si fueran
+niñas; traía falsos certificados de exámenes; estudiaba por apuntes de
+los compañeros, porque vendía los libros que se le habían comprado. A
+los diez y nueve años, las malas compañías dieron ya carácter grave a
+sus diabluras; desaparecía de la casa por dos o tres días, se
+embriagaba, se quedó en los huesos. Uno de los principales cuidados de
+las dos madres era esconder en las entrañas de la tierra la poca moneda
+que tenían, porque con él no había dinero seguro. La sacaba con arte
+exquisito del seno de Doña Paca, o del bolso mugriento de Benina.
+Arramblaba por todo, fuera poco, fuera mucho. Las dos mujeres no sabían
+qué escondrijos inventar, ni en qué profundidades de la cocina o de la
+despensa esconder sus mezquinos tesoros.
+
+Y a pesar de esto, su madre le quería entrañablemente, y Benina le
+adoraba, porque no había otro con más arte y más refinado histrionismo
+para fingir el arrepentimiento. A sus delirios seguían comúnmente días
+de recogimiento solitario en la casa, derroche de lágrimas y suspiros,
+protestas de enmienda, acompañadas de un febril besuqueo de las caras de
+las dos madres burladas... El blando corazón de estas, engañado por tan
+bonitas demostraciones, se dejaba adormecer en la confianza cómoda y
+fácil, hasta que, de improviso, del fondo de aquellas zalamerías,
+verdaderas o falsas, saltaba el ladronzuelo, como diablillo de trampa en
+el centro de una caja de dulces, y... otra vez el muchacho a sus
+correrías infames, y las pobres mujeres a su desesperación.
+
+Por desgracia o por fortuna (y vaya usted a saber si era fortuna o
+desgracia), ya no había en la casa cubiertos de plata, ni objeto alguno
+de metal valioso. El demonio del chico hacía presa en cuanto encontraba,
+sin despreciar las cosas de valor ínfimo; y después de arramblar por los
+paraguas y sombrillas, la emprendió con la ropa interior, y un día, al
+levantarse de la mesa, aprovechando un momento de descuido de sus madres
+y hermana, escamoteó el mantel y dos servilletas. De su propia ropa no
+se diga: en pleno invierno andaba por las calles sin abrigo ni capa,
+respetado de las pulmonías, protegido sin duda contra ellas por el fuego
+interior de su perversidad. Ya no sabían Doña Paca y Benina dónde
+esconder las cosas, pues temían que les arrebatara hasta la camisa que
+llevaban puesta. Baste decir que desaparecieron en una noche las
+vinajeras, y un estuchito de costura de Obdulia; otra noche dos planchas
+y unas tenacillas, y sucesivamente elásticas usadas, retazos de tela, y
+multitud de cosas útiles aunque de valor insignificante. Libros no
+había ya en la casa, y Doña Paca no se atrevía ni a pedirlos prestados,
+temerosa de no poder devolverlos. Hasta los de misa habían volado, y
+tras ellos, o antes que ellos, gemelos de teatro, guantes en buen uso, y
+una jaula sin pájaro.
+
+Por otro estilo, y con organismo totalmente distinto del de su hermano,
+la niña daba también mucha guerra. Desde los doce años se desarrolló en
+ella el neurosismo en un grado tal, que las dos madres no sabían cómo
+templar aquella gaita. Si la trataban con rigor, malo; si con mimos,
+peor. Ya mujer, pasaba sin transición de las inquietudes epilépticas a
+una languidez mortecina. Sus melancolías intensas aburrían a las pobres
+mujeres tanto como sus excitaciones, determinantes de una gran actividad
+muscular y mental. La alimentación de Obdulia llegó a ser el problema
+capital de la casa, y entre las desganas y los caprichos famélicos de la
+niña, las madres perdían su tiempo, y la paciencia que Dios les había
+concedido al por mayor. Un día le daban, a costa de grandes sacrificios,
+manjares ricos y substanciosos, y la niña los tiraba por la ventana;
+otro, se hartaba de bazofias que le producían horroroso flato. Por
+temporadas se pasaba días y noches llorando, sin que pudiera averiguarse
+la causa de su duelo; otras veces se salía con un geniecillo
+displicente y quisquilloso que era el mayor suplicio de las dos mujeres.
+Según opinión de un médico que por lástima las visitaba, y de otros que
+tenían consulta gratuita, todo el desorden nervioso y psicológico de la
+niña era cuestión de anemia, y contra esto no había más terapéutica que
+el tratamiento ferruginoso, los buenos filetes y los baños fríos.
+
+Era Obdulia bonita, de facciones delicadas, tez opalina, cabello
+castaño, talle sutil y esbelto, ojos dulces, habla modosita y dengosa
+cuando no estaba de morros. No puede imaginarse ambiente menos adecuado
+a semejante criatura, mañosa y enfermiza, que la miseria en que había
+crecido y vivía. Por intervalos se notaban en ella síntomas de
+presunción, anhelos de agradar, preferencias por estas o las otras
+personas, algo que indicaba las inquietudes o anuncios del cambio de
+vida, de lo cual se alegraba Doña Paca, porque tenía sus proyectos
+referentes a la niña. La buena señora se habría desvivido por
+realizarlos, si Obdulia se equilibrara, si atendiera al complemento de
+su educación, bastante descuidada, pues escribía muy mal, e ignoraba los
+rudimentos del saber que poseen casi todas las niñas de la clase media.
+La ilusión de Doña Paca era casarla con uno de los hijos de su primo
+Matías, propietario rondeño, chicos guapines y bien criados, que
+seguían carrera en Sevilla, y alguna vez venían a Madrid por San
+Isidro. Uno de ellos, Currito Zapata, gustaba de Obdulia: casi se
+entablaron relaciones amorosas que por el carácter de la niña y sus
+extravagancias melindrosas no llegaron a formalizarse. Pero la madre no
+abandonaba la idea, o al menos, acariciándola en su mente, con ella se
+consolaba de tantas desdichas.
+
+De la noche a la mañana, viviendo la familia en la calle del Olmo, se
+iniciaron, sin saber cómo, no sé qué relaciones telegráficas entre
+Obdulia y un chico de enfrente, cuyo padre administraba una empresa de
+servicios fúnebres. El bigardón aquel no carecía de atractivos:
+estudiaba en la Universidad y sabía mil cosas bonitas que Obdulia
+ignoraba, y fueron para ella como una revelación. Literatura y poesía,
+versitos, mil baratijas del humano saber pasaron de él a ella en
+cartitas, entrevistas y honestos encuentros.
+
+No miraba esto con buenos ojos Doña Paca, atenta a su plan de casarla
+con el rondeño; pero la niña, que tomado había en aquellos tratos no
+pocas lecciones de romanticismo elemental, se puso como loca viéndose
+contrariada en su espiritual querencia. Le daban por mañana y tarde
+furiosos ataques epilépticos, en los que se golpeaba la cara y se
+arañaba las manos; y, por fin, un día Benina la sorprendió preparando
+una ración de cabezas de fósforos con aguardiente para ponérsela entre
+pecho y espalda. La marimorena que se armó en la casa no es para
+referida. Doña Paca era un mar de lágrimas; la niña bailaba el
+zapateado, tocando el techo con las manos, y Benina pensaba dar parte al
+administrador de _entierros_ para que, mediante una buena paliza u otra
+medicina eficaz, le quitase a su hijo aquella pasión de _cosas de
+muertos_, _cipreses_ y _cementerios_ de que había contagiado a la pobre
+señorita.
+
+Pasado algún tiempo sin conseguir apartar a la descarriada Obdulia del
+trato amoroso con _el chico de la funebridad_, consintiéndoselo a veces
+por vía de transacción con la epilepsia, y por evitar mayores males,
+Dios quiso que el conflicto se resolviera de un modo repentino y fácil;
+y la verdad, con tal solución se ahorraban unas y otros muchos
+quebraderos de cabeza, porque también la _familia fúnebre_ andaba a
+mojicones con el chico para apartarle del abismo en que arrojarse
+quería. Pues sucedió que una mañanita la niña supo burlar la vigilancia
+de sus dos madres y se escapó de la casa; el mancebo hizo lo propio.
+Juntáronse en la calle, con propósito firme de ir a algún poético lugar
+donde pudieran quitarse la miserable vida, bien abrazaditos, expirando
+al mismo tiempo, sin que el uno pudiera sobrevivir al otro. Así lo
+determinaron en los primeros momentos, y echaron a correr pensando
+simultáneamente en cuál sería la mejor manera de matarse, de golpe y
+porrazo, sin sufrimiento alguno, y pasando en un tris a la región pura
+de las almas libres. Lejos de la calle del Almendro, se modificaron
+repentinamente sus ideas, y con perfecta concordancia pensaron cosas muy
+distintas de la muerte. Por fortuna, el chico tenía dinero, pues había
+cobrado la tarde anterior una factura de _féretro doble de zinc_ y otra
+de un _servicio completo de cama imperial y conducción con seis
+caballos_, _etc_... La posesión del dinero realizó el prodigio de
+cambiar las ideas de suicidio en ideas de prolongación de la existencia;
+y variando de rumbo se fueron a almorzar a un café, y después a una casa
+cercana, de la cual, ya tarde, pasaron a otra donde escribieron a sus
+respectivas familias, notificándoles que _ya estaban casados_.
+
+Como casados, propiamente hablando, no lo estaban aún; pero el trámite
+que faltaba tenía que venir necesariamente. El padre del chico se
+personó en casa de Doña Paca, y allí se convino, llorando ella y
+pateando él, que no había más remedio que reconocer y acatar los hechos
+consumados. Y puesto que Doña Francisca no podía dar a su niña dinero o
+efectos, ni aun en mínima cantidad para ayuda de un catre, él daría a
+_Luquitas_ alojamiento en lo alto del depósito de ataúdes, y un
+sueldecillo en la sección de _Propaganda_. Con esto, y el corretaje que
+pudiera corresponderle por _trabajar el género_ en las _casas
+mortuorias_, colocación de _artículos de lujo_, o por agencia de
+embalsamamientos, podría vivir el flamante matrimonio con honrada
+modestia.
+
+
+
+
+IX
+
+
+No se había consolado aún la desventurada señora de la pena que el
+desatino de su hija le causara, y se pasaba las horas lamentándose de su
+suerte, cuando entró en quintas Antoñito. La pobre señora no sabía si
+sentirlo o alegrarse. Triste cosa era verle soldado, con el chopo a
+cuestas: al fin era señorito, y se le despegaba la vida de los
+cuarteles. Pero también pensaba que la disciplina militar le vendría muy
+bien para corregir sus malas mañas. Por fortuna o por desgracia del
+joven, sacó un número muy alto, y quedó de reserva. Pasado algún tiempo,
+y después de una ausencia de cuatro días, presentose a su madre y le
+dijo que se casaba, que quería casarse, y que si no le daba su
+consentimiento él se lo tomaría.
+
+«Hijo mío, sí, sí--dijo la madre prorrumpiendo en llanto--. Vete con Dios,
+y solitas Benina y yo, viviremos con alguna tranquilidad. Puesto que has
+encontrado quien cargue contigo, y tienes ya quien te cuide y te
+aguante, allá te las hayas. Yo no puedo más».
+
+A la pregunta de cajón sobre el nombre, linaje y condiciones de la
+novia, replicó el silbante que la conceptuaba muy rica, y tan buena que
+no había más que pedir. Pronto se supo que era hija de una sastra, que
+pespuntaba con primor, y que no tenía más dote que su dedal.
+
+«Bien, niño, bien--le dijo una tarde Doña Paca--. Me he lucido con mis
+hijos. Al menos Obdulia, viviendo entre ataúdes, tiene sobre qué caerse
+muerta... Pero tú, ¿de qué vas a vivir? ¿Del dedal y las puntadas de ese
+prodigio? Verdad que como eres tan trabajador y tan económico,
+aumentarás las ganancias de ella con tu arreglo. ¡Dios mío, qué
+maldición ha caído sobre mí y sobre los míos! Que me muera pronto para
+no ver los horrores que han de sobrevenir».
+
+Debe notarse, la verdad ante todo, que desde que empezó el noviazgo de
+Antoñito con la hija de la sastra, se fue corrigiendo de sus mañas
+rapaces, hasta que se le vio completamente curado de ellas. Su carácter
+sufrió un cambio radical: mostrándose afectuoso con su madre y con
+Benina, resignábase a no tener más dinero que el poquísimo que le daban,
+y hasta en su lenguaje se conocía el trato de personas más honradas y
+decentes que las de antaño. Esto fue parte a que Doña Paca le concediera
+el consentimiento, sin conocer a la novia ni mostrar ganas de conocerla.
+Charlando con su señora de estas cosas, Benina aventuró la idea de que
+tal vez por aquel torcido sendero de la boda del mequetrefe, vendría la
+suerte a la casa, pues la suerte, ya se sabe, no viene nunca por donde
+lógicamente se la espera, sino por curvas y vericuetos increíbles. No se
+daba por convencida Doña Paca, que sintiéndose minada de una melancolía
+corrosiva, no veía ya en la existencia ningún horizonte que no fuera
+ceñudo y tempestuoso. Con hallarse ya las dos mujeres, por la colocación
+de los hijos, en mejores condiciones de reposo y de vida, no se avenían
+con su soledad, y echaban de menos a _la familia menuda_; cosa en verdad
+muy natural, porque es ley que los mayores conserven el afecto a la
+descendencia, aunque esta les martirice, les maltrate y les deshonre.
+
+A poco de celebrarse las dos bodas, trasladose Doña Paca de la calle del
+Almendro a la Imperial, buscando siempre baraturas, que al fin y al cabo
+no le resolvían el problema de vivir sin recursos. Estos se habían
+reducido a cero, porque el resto disponible de la pensión apenas bastaba
+para tapar la boca a los acreedores menudos. Casi todos los días del mes
+se pasaban en angustiosos arbitrios para reunir cuartos, cosa en extremo
+difícil ya, porque no había en la casa objetos de valor. El crédito en
+tiendas o en cajones de la plazuela, habíase agotado. De los hijos nada
+podía esperarse, y bastante hacían los pobres con asegurar malamente su
+propia subsistencia. La situación era, pues, desesperada, de naufragio
+irremediable, flotando los cuerpos entre las bravas olas, sin tabla o
+madero a que poder agarrarse. Por aquellos días, hizo la Benina
+prodigiosas combinaciones para vencer las dificultades, y dar de comer a
+su ama gastando inverosímiles cantidades metálicas. Como tenía
+conocimiento en las plazuelas, por haber sido en tiempos mejores
+excelente parroquiana, no le era difícil adquirir comestibles a precio
+ínfimo, y gratuitamente huesos para el caldo, trozos de lombardas o
+repollos averiados, y otras menudencias. En los comercios para pobres,
+que ocupan casi toda la calle de la Ruda, también tenía buenas amistades
+y relaciones, y con poquísimo dinero, o sin ninguno a veces, tomando al
+fiado, adquiría huevos chicos, rotos y viejos, puñados de garbanzos o
+lentejas, azúcar morena de restos de almacén, y diversas porquerías que
+presentaba a la señora como artículo de mediana clase.
+
+Por ironía de su destino, Doña Paca, afligida de diversas enfermedades,
+conservaba su buen apetito y el gusto de los manjares selectos; gusto y
+apetito que en cierto modo venían a ser también enfermedad, en aquel
+caso de las más rebeldes, porque en las farmacias, llamadas tiendas de
+comestibles, no despachan sin dinero. Con esfuerzos sobrehumanos,
+empleando la actividad corpórea, la atención intensa y la inteligente
+travesura, Benina le daba de comer lo mejor posible, a veces muy bien,
+con delicadezas refinadas. Un profundo sentimiento de caridad la movía,
+y además el ardiente cariño que a la triste señora profesaba, como para
+compensarla, a su manera, de tantas desdichas y amarguras. Conformábase
+ella con chupar algunos huesos y catar desperdicios, siempre y cuando
+Doña Paca quedase satisfecha. Pero no por caritativa y cariñosa perdía
+sus mañas instintivas; siempre ocultaba a su señora una parte del
+dinero, trabajosamente reunido, y la guardaba para formar nuevo fondo y
+capital nuevo.
+
+Al año del casorio, los hijos, que habían entrado en la vida matrimonial
+con regular desahogo, empezaron a recibir golpes de la suerte, como si
+heredaran la maldición recaída sobre la pobre madre. Obdulia, que no
+pudo habituarse a vivir entre cajas de muerto, enfermó de hipocondría;
+malparió; sus nervios se desataron; la pobreza y las negligencias de su
+marido, que de ella no se cuidaba, agravaron sus males constitutivos.
+Mezquinamente socorrida por sus suegros, vivía en un sotabanco de la
+calle de la Cabeza, mal abrigada y peor comida, indiferente a su esposo,
+consumiéndose en letal ociosidad, que fomentaba los desvaríos de su
+imaginación.
+
+En cambio, Antoñito se había hecho hombre formal después de casado, tal
+vez por obra y gracia de la virtud, buen juicio y laboriosidad de su
+mujer, que salió verdadera alhaja. Pero todos estos méritos, que habían
+producido el milagro de la redención moral de Antonio Zapata, no
+bastaban a defenderle de la pobreza. Vivía el matrimonio en un cuartito
+de la calle de San Carlos, que parecía el interior de una bombonera, y
+apenas se entraba en él se veía en todo una mano hacendosa. Para mayor
+dicha, el que en otro tiempo perteneció a la clase de los llamados
+_golfos_, adquiría el hábito y el gusto del trabajo productivo, y no
+habiendo cosa mejor en que ocuparse, se había hecho corredor de
+anuncios. Todo el santo día le teníais como un azacán, de comercio en
+comercio, de periódico en periódico, y aunque de sus comisiones había
+que descontar el considerable gasto de calzado, siempre le quedaba para
+ayuda del cocido, y para aliviar a la Juliana de su enorme tarea en la
+_Singer_. Y que la moza no se andaba en chiquitas: su fecundidad no era
+inferior a su disposición casera, porque en el primer parto se trajo dos
+gemelos. No hubo más remedio que poner ama, y una boca más en la casa
+obligó a duplicar los movimientos de la _Singer_ y las correrías de
+Antoñito por las calles de Madrid. Antes de la venida de los gemelos, el
+_ex-golfo_ solía sorprender a su madre con esplendideces y rasgos de
+amor filial, que eran las únicas alegrías saboreadas por la infeliz
+señora en mucho tiempo: le llevaba una peseta, dos pesetas, a veces
+medio duro, y Doña Paca lo agradecía más que si sus parientes de Ronda
+le regalaran un cortijo. Pero desde que se posesionaron de la casa los
+mellizos, ávidos de vida y de leche, que había que formar con buenos
+alimentos, el dichoso y asendereado padre no pudo obsequiar a la
+abuelita con los sobrantes de su ganancia, porque no los tenía. Más que
+para dar estaba para que le dieran.
+
+Al contrario de este matrimonio, el de los _funerarios_, Luquitas y
+Obdulia, iba mal, porque el esposo se distraía de sus obligaciones
+domésticas y de su trabajo; frecuentaba demasiado el café, y quizás
+lugares menos honestos, por lo cual se le privó de la cobranza de
+facturas de servicios mortuorios. Obdulia no tenía ni asomos de
+arreglo; pronto se vio agobiada de deudas; cada lunes y cada martes
+enviaba recaditos a su madre con la portera, pidiéndole cuartos, que
+Doña Paca no podía darle. Todo esto era ocasión de nuevos afanes y
+cavilaciones para Benina, que amaba entrañablemente a la señorita de la
+casa, y no podía verla con hambre y necesidad, sin tratar al instante de
+socorrerla según sus medios. No sólo tenía que atender a su casa, sino a
+la de Obdulia, cuidando de que lo más preciso no faltase en ella. ¡Qué
+vida, qué fatigas horrorosas, qué pugilato con el destino, en las
+sombras tétricas de la miseria vergonzante, que tiene que guardar el
+crédito, mirar por el decoro! La situación llegó a ser un día tan
+extremadamente angustiosa, que la heroica anciana, cansada de mirar a
+cielo y tierra por si inopinadamente caía algún socorro, perdido el
+crédito en las tiendas, cerrados todos los caminos, no vio más arbitrio
+para continuar la lucha que poner su cara en vergüenza saliendo a pedir
+limosna. Hízolo una mañana, creyendo que lo haría por única vez, y
+siguió luego todos los días, pues la fiera necesidad le impuso el triste
+oficio mendicante, privándola en absoluto de todo otro medio de atender
+a los suyos. Llegó por sus pasos contados, y no podía menos de llegar y
+permanecer allí hasta la muerte, por ley social, económica, si es que
+así se dice. Mas no queriendo que su señora se enterase de tanta
+desventura, armó el enredo de que le había salido una buena _proporción_
+de asistenta, en casa de un señor eclesiástico, alcarreño, tan piadoso
+como adinerado. Con su presteza imaginativa bautizó al fingido
+personaje, dándole, para engañar mejor a la señora, el nombre de D.
+Romualdo. Todo se lo creyó Doña Paca, que rezaba algunos Padrenuestros
+para que Dios aumentase la piedad y las rentas del buen sacerdote, por
+quien Benina tenía algo que traer a casa. Deseaba conocerle, y por las
+noches, engañando las dos su tristeza con charlas y cuentos, le pedía
+noticias de él y de sus sobrinas y hermanas, de cómo estaba puesta la
+casa, y del gasto que hacían; a lo que contestaba Benina con detalladas
+referencias y pormenores, simulacro perfecto de la verdad.
+
+
+
+
+X
+
+
+Pues señor, atando ahora el cabo de esta narración, sigo diciendo que
+aquel día comió la señora con buen apetito, y mientras tomaba los
+alimentos adquiridos con el duro del ciego Almudena, digería fácilmente
+los piadosos engaños que su criada y compañera le iba metiendo en el
+cuerpo. Había llegado a tener Doña Paca tal confianza en la disposición
+de Benina, que apenas se inquietaba ya por las dificultades del mañana,
+segura de que la otra las había de vencer con su diligencia y
+conocimiento del mundo, valiéndole de mucho la protección del bendito D.
+Romualdo. Ama y criada comieron juntas, y de sobremesa Doña Paca le
+decía: «No debes escatimar el tiempo a esos señores; y aunque tu
+obligación es servirles no más que hasta las doce, si algún día quieren
+que te estés allí por la tarde, estate, mujer, que ya me entenderé yo
+aquí como pueda.
+
+--Eso no--respondió Benina--, que tiempo hay para todo, y yo no puedo
+faltar de aquí. Ellos son gente buena, y se hacen cargo...
+
+--Bien se les conoce. Yo le pido al Señor que les premie el buen trato
+que te dan, y mi mayor alegría hoy sería saber que a D. Romualdo me le
+hacían obispo.
+
+--Pues ya suena el run run de que van a proponerle; sí, señora, obispo de
+no sé qué punto, allá en las islas de Filipinas.
+
+--¿Tan lejos? No, eso no. Por acá tienen que dejarle para que haga mucho
+bien.
+
+--Lo mismo piensa la Patros, ¿sabe? la mayor de las sobrinas.
+
+--¿Esa que me has dicho tiene el pelo entrecano y bizca un poco?
+
+--No; esa es la otra.
+
+--Ya, ya... Patros es la que tartamudea, y padece de temblores.
+
+--Esa. Pues dice que a dónde van ellas por esos mares de tan lejos... No,
+no; más vale simple cura por aquí, que arzobispo allá, donde, según
+dicen, son las doce del día cuando aquí tenemos las doce de la noche.
+
+--En los antípodas.
+
+--Pero la hermana, Doña Josefa, dice que venga la mitra, y sea donde Dios
+quisiere, que ella no teme ir al fin del mundo, con tal de ver al
+reverendísimo en el puesto que le corresponde.
+
+--Puede que tenga razón. ¿Y qué hemos de hacer nosotras más que
+conformarnos con la voluntad del Señor, si nos llevan tan lejos al que,
+amparándote a ti, a mí también me ampara? Ya sabe Dios lo que hace, y
+hasta podría suceder que lo que creemos un mal fuera un bien, y que el
+buen D. Romualdo, al marcharse, nos dejara bien recomendadas a un obispo
+de acá, o al propio Nuncio...
+
+--Yo creo que sí. En fin, allá veremos».
+
+No pasó de aquí la conversación referente al imaginario sacerdote, a
+quien Doña Paca conocía ya como si le hubiera visto y tratado,
+forjándose en su mente un tipo real con los elementos descriptivos y
+pintorescos que Benina un día y otro le daba. Pero lo demás que
+picotearon se queda en el tintero para dar lugar a cosas de mayor
+importancia.
+
+«Cuéntame, mujer. Y Obdulia ¿qué dice?
+
+--Pues nada. ¿Qué ha de decir la pobre? El pillo de Luquitas no parece
+por allí hace dos días. Asegura la niña que tiene dinero, que cobró de
+un _embalsamado_, y se lo gasta con unas pendangas de la calle del
+Bonetillo.
+
+--¡Jesús me valga! Y su padre, ¿qué hace?
+
+--Reprenderle, castigarle, si le coge a mano. Lo que es a ese no le
+enderezan ya. A la niña le mandan comida de casa de los padres; pero tan
+tasada, que no le llega al colmillo. Se moriría de hambre si no le
+llevara yo lo que le llevo. ¡Pobre ángel! Pues verá usted: estos días me
+la he encontrado contenta. Ya sabe usted que la niña es así. Cuando hay
+más motivos para que esté alegre, se pone a llorar; cuando debiera estar
+triste, se pone como unas castañuelas. Sólo Dios entiende aquella
+zampoña y la manera de templarla. Pues la he visto contenta, sí señora,
+y es porque da en figurarse cosas buenas. Más vale así. Es de las que se
+creen todo lo que fabrican ellas mismas en su cabeza. De este modo, son
+felices cuando debieran ser desgraciadas.
+
+--Pues si le da por lo contrario, ayúdame tú a sentir... ¿Y estaba sola,
+enteramente sola con la chica?
+
+--No, señora: allí estaba ese caballero tan fino que la acompaña algunas
+mañanas; ese que es de la familia de los Delgados, paisanos de usted.
+
+--Ya... Frasquito Ponte. Figúrate si lo conoceré. Es de mi tierra, o de
+Algeciras, que viene a ser lo mismo. Ha sido elegantón y se empeña en
+serlo todavía... porque te advierto que es más viejo que un palmar...
+Buena persona, caballero de principios, y que sabe tratar con damas, de
+estos que no se estilan ya, pues ahora todo es grosería y mala
+educación. Viene a ser Ponte cuñado de unas primas de mi esposo, porque
+su hermana casó con... en fin, ya no me acuerdo del parentesco. Me
+alegro de que trate a mi hija, pues a esta le convienen relaciones de
+sujetos dignos, decentes y de buena posición.
+
+--Pues la posición del tal D. Frasquito me parece a mí que es como la del
+que está montado al aire, lo mismo que los brillantes.
+
+--En mis tiempos era un solterón que se daba buena vida. Tenía un buen
+empleo, comía en casas grandes, y se pasaba las noches en el Casino.
+
+--Pues debe de estar ahora más pobre que una rata, porque las noches se
+las pasa...
+
+--¿Dónde?
+
+--En los palacios encantados de la _señá_ Bernarda, calle de Mediodía
+Grande... la casa de dormir, ¿sabe?
+
+--¿Qué me cuentas?
+
+--Ese Ponte duerme allí cuando tiene los tres reales que cuesta la cama,
+en el dormitorio de primera.
+
+--Tú estás trastornada, Benina.
+
+--Le he visto, señora. La Bernarda es amiga mía. Fue la que nos prestó
+los ocho duros aquellos, ¿sabe? cuando la señora tuvo que sacar cédula
+con recargo, y pagar un poder para mandarlo a Ronda.
+
+--Ya... la que venía todos los días a reclamar la deuda y nos freía la
+sangre.
+
+--La misma. Pues con todo, es buena mujer. No nos hubiera reclamado _por
+justicia_, aunque nos amenazaba. Otras son peores. Sepa usted que está
+rica, y con las seis casas de dormir que tiene, no le baja de cuarenta
+mil duros lo que ha ganado, sí señora, y todo ello lo ha puesto en el
+Banco, y vive del interés.
+
+--¡Qué cosas se ven! Bueno está el mundo... Pues volviendo al _caballero
+Ponte_, que así le llamaban en Andalucía, si es tan pobre como dices,
+dará lástima verle... Y más vale así, porque la reputación de la niña
+podría sufrir algo, si en vez de ser el tal una ruina, un pobre mendigo
+de levita, fuera un galán de posibles, aunque viejo.
+
+--Yo creo--dijo Benina riendo, pues su condición jovial se mostraba en
+cuantito que los afanes de la vida le daban un respiro--, que va allá...
+para que le embalsamen... Buena falta le hace. Y que se den prisa, antes
+que esté _corruto_».
+
+Doña Paca se rió un poco con aquellas ocurrencias, y después pidió
+informes de la otra familia.
+
+«Al niño no le he visto ni hoy ni ayer--respondió Benina--; pero me ha
+dicho la Juliana que anda corriendo ahora como las mismas exhalaciones,
+porque, con esto del trancazo, le han salido muchos anunciantes de
+medicinas. Piensa ganar mucho dinero y _echar_ él un periódico, todo de
+cosas de tienda, poniendo, un suponer, dónde venden este artículo o el
+otro artículo. Los dos mellizos parecen dos rollos de manteca; pero
+buenos cocidos y buenos guisados les cuestan, que el ama se sabe cuándo
+empieza a comer, pero no cuándo acaba. La Juliana me dijo que probaremos
+algo de la _matanza_ que le ha de mandar su tío el día del santo, y
+además dos cortes de botinas, de las echadas a perder en la zapatería
+para donde ella pespunta.
+
+--Es buena esa chica--dijo con gravedad Doña Paca--, aunque tan ordinaria,
+que no empareja ni emparejará nunca conmigo. Sus regalos me ofenden,
+pero se los agradezco por la buena voluntad... En fin, es hora de que
+nos acostemos. Pues ya me parece que va medio hecha la digestión,
+prepárame la medicina para dentro de media hora. Esta noche me siento
+más cargada de las piernas, y con la vista muy perdida. ¡Santo Dios, si
+me quedaré ciega! Yo no sé qué es esto. Como bien, gracias a Dios, y la
+vista se me va de día en día, sin que me duelan los ojos. Ya no paso las
+noches en vela, gracias a ti, que todo lo discurres por mí, y al
+despertar, veo las cosas borradas y las piernas se me hacen de algodón.
+Yo digo: ¿qué tiene que ver el reúma con la visual? Me mandan que pasee.
+¿Pero a dónde voy yo con esta facha, sin ropa decente, temiendo
+tropezarme a cada paso con personas que me conocieron en otra posición,
+o con esos tipos ordinarios y soeces a quien se debe alguna cantidad?».
+
+Acordose al oír esto Benina de lo más importante que tenía que decir a
+su señora aquella noche, y no queriendo dejarlo para última hora, por
+temor a que se desvelara, antes de que salieran de la cocina, y mientras
+una y otra recogían las escasas piezas de loza para fregarlas, no
+desdeñándose Doña Francisca de este bajo servicio, le dijo en el tono
+más natural que usar sabía:
+
+«¡Ah! ya no me acordaba... ¡qué cabeza tengo! Hoy me encontré al Sr. D.
+Carlos Moreno Trujillo».
+
+Quedose Doña Paca suspensa, y poco faltó para que se le cayera de las
+manos el plato que estaba lavando.
+
+«D. Carlos... Pero ¿has dicho D. Carlos? Y qué... ¿te habló, te preguntó
+por mí?
+
+--Naturalmente, y con un interés que...
+
+--¿Es de veras? A buenas horas se acuerda de mí ese avaro, que me ha
+visto caer en la miseria, a mí, a la cuñada de su mujer... pues Purita y
+mi Antonio eran hermanos, ya sabes... y no ha sido para tenderme una
+mano...
+
+--El año pasado, tal día como hoy, cuando se quedó viudo, mandó a la
+señora un socorrito.
+
+--¡Seis duros! ¡Qué vergüenza!--exclamó Doña Paca, dando vueltas a su
+indignación y a la inquina y despecho acumulados en su alma durante
+tantos años de oprobio y escasez--. La cara se me pone como fuego al
+decirlo. ¡Seis duros! y unos pingajos de Purita, guantes sucios, faldas
+rotas, y un traje de sociedad, antiquísimo, de cuando se casó la
+Reina... ¿Para qué me sirvieron aquellas porquerías?... En fin, sigue
+contando: le encontraste, ¿a qué hora, en qué sitio?
+
+--Serían las doce y media. Él salía de San Sebastián...
+
+--Ya sé que se pasa toda la mañana de iglesia en iglesia, royendo peanas.
+¿Dices que a las doce y media? ¡Pues si a esa hora estabas tú sirviendo
+el almuerzo a D. Romualdo!».
+
+No era Benina mujer que se acobardaba por esta cogida. Su mente, fecunda
+para el embuste, y su memoria felicísima para ordenar las mentiras que
+antes había dicho y hacerlas valer en apoyo de la mentira nueva, la
+sacaron del apuro.
+
+«¿Pero no dije a usted que cuando ya habían puesto la mesa, faltaba una
+ensaladera, y tuve que ir a comprarla de prisa y corriendo a la plaza
+del Ángel, esquina a Espoz y Mina?
+
+--Si me lo dijiste, no me acuerdo. ¿Pero cómo dejabas la cocina momentos
+antes de servir el almuerzo?
+
+--Porque la zagala que tenemos no sabe las calles, y además, no entiende
+de compras. Hubiera tardado un siglo, y de fijo nos trae una jofaina en
+vez de una ensaladera... Yo fui volando, mientras la Patros se quedaba
+en la cocina... que lo entiende, crea usted que lo entiende tanto como
+yo, o más... En fin, que me encontré al vejestorio de D. Carlos.
+
+--Pero si para ir de la calle de la Greda a Espoz y Mina no tenías que
+pasar por San Sebastián, mujer.
+
+--Digo que él salía de San Sebastián. Le vi venir de allá, mirando al
+reloj de Canseco. Yo estaba en la tienda. El tendero salió a saludarle.
+D. Carlos me vio; hablamos...
+
+--¿Y qué te dijo? Cuéntame qué te dijo.
+
+--¡Ah!... Me dijo, me dijo... Preguntome por la señora y por los niños.
+
+--¡Qué le importarán a ese corazón de piedra la madre ni los hijos! ¡Un
+hombre que tiene en Madrid treinta y cuatro casas, según dicen, tantas
+como la edad de Cristo y una más; un hombre que ha ganado dinerales
+haciendo contrabando de géneros, untando a los de la Aduana y engañando
+a medio mundo, venirse ahora con cariñitos! A buenas horas, mangas
+verdes... Le dirías que le desprecio, que estoy por demás orgullosa con
+mi miseria, si miseria es una barrera entre él y yo... Porque ese no se
+acerca a los pobres sino con su cuenta y razón. Cree que repartiendo
+limosnas de ochavo, y proporcionándose por poco precio las oraciones de
+los humildes, podrá engañar al de arriba y estafar la gloria eterna, o
+colarse en el cielo de contrabando, haciéndose pasar por lo que no es,
+como introducía el hilo de Escocia declarándolo percal de a real y medio
+la vara, con marchamos falsos, facturas falsas, certificados de origen
+falsos también... ¿Le has dicho eso? Di, ¿se lo has dicho?
+
+
+
+
+XI
+
+
+--No le he dicho eso, señora, ni había para qué--replicó Benina, viendo
+que Doña Francisca se excitaba demasiado, y que toda la sangre al rostro
+se le subía.
+
+--Pero tú no recordarás lo que hicieron conmigo él y su mujer, que
+también era _Alejandro en puño_. Pues cuando empezaron mis desastres, se
+aprovechaban de mis apuros para hacer su negocio. En vez de ayudarme,
+tiraban de la cuerda para estrangularme más pronto. Me veían devorada
+por la usura, y no eran para ofrecerme un préstamo en buenas
+condiciones. Ellos pudieron salvarme y me dejaron perecer. Y cuando me
+veía yo obligada a vender mis muebles, ellos me compraban, por un pedazo
+de pan, la sillería dorada de la sala y los cortinones de seda...
+Estaban al acecho de las gangas, y al verme perdida, amenazada de un
+embargo, claro... se presentaban como salvadores... ¿Qué me dieron por
+el San Nicolás de Tolentino, de escuela sevillana, que era la joya de la
+casa de mi esposo, un cuadro que él estimaba más que su propia vida?
+¿Qué me dieron? ¡Veinticuatro duros, Benina de mi alma, veinticuatro
+duros! Como que me cogieron en una hora tonta, y yo, muerta de ansiedad
+y de susto, no sabía lo que me hacía. Pues un señor del Museo me dijo
+después que el cuadro no valía menos de diez mil reales... ¡Ya ves qué
+gente! No sólo desconocieron siempre la verdadera caridad, sino que ni
+por el forro conocían la delicadeza. De todo lo que recibíamos de Ronda,
+peros, piñonate y alfajores, le mandábamos a Pura una buena parte. Pues
+ellos cumplían con una bandejita de dulces el día de San Antonio, y
+alguna cursilería de bazar en mi cumpleaños. D. Carlos era tan gorrón,
+que casi todos los días se dejaba caer en casa a la hora a que tomábamos
+café... ¡y cómo se relamía! Ya sabes que el de su casa no era más que
+agua de fregar. Y si íbamos al teatro juntos, convidados a mi palco,
+siempre se arreglaban de modo que comprase Antonio las entradas... De la
+grosería con que utilizaban a todas horas nuestro coche, nada te digo.
+Ya recordarás que el mismo día en que ajustamos la venta de la sillería,
+se estuvieron paseando en él todita la tarde, dándose un pisto
+estrepitoso en la Castellana y Retiro».
+
+No quiso Benina quitarle la cuerda con interrupciones y negativas,
+porque sabía que cuando se disparaba en aquel tema, era mejor dejar que
+le diese todas las vueltas. Hasta que no puso la señora el punto,
+sofocada y casi sin aliento, no se aventuró a decirle: «Pues D. Carlos
+me mandó que fuera a su casa mañana.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para hablar conmigo...
+
+--Como si lo viera. Querrá mandarme una limosna... Justamente: hoy es el
+aniversario de la muerte de Pura... Se saldrá con alguna porquería.
+
+--¡Quién sabe, señora! Puede que se arranque...
+
+--¿Ese? Ya estoy viendo que te pone en la mano un par de pesetas o un par
+de duros, creyendo que por este rasgo han de bajar los ángeles, tocando
+violines y guitarras, a ensalzar su caridad. Yo que tú, rechazaría la
+limosna. Mientras tengamos a nuestro D. Romualdo, podemos permitirnos un
+poquito de dignidad, Nina.
+
+--No nos conviene. Podría incomodarse y decir, un suponer, que es usted
+orgullosa y qué sé yo qué.
+
+--Que lo diga. ¿Y a quién se lo va a decir?
+
+--Al propio D. Romualdo, de quien es amigote. Todos los días le oye la
+misa, y después echan un parrafito en la sacristía.
+
+--Pues haz lo que quieras. Y por lo que pueda sobrevenir, cuéntale a D.
+Romualdo quién es D. Carlos, y hazle ver que sus devociones de última
+hora no son de recibo. En fin, yo sé que no has de dejarme mal, y ya me
+contarás mañana lo que saques de la visita, que será lo que el negro del
+sermón».
+
+Algo más hablaron. Benina procuraba extinguir y enfriar la conversación,
+evitando las réplicas y dando a estas tono conciliador. Pero la señora
+tardó en dormirse, y la criada también, pasándose parte de la noche en
+la preparación mental de sus planes estratégicos para el día siguiente,
+que sería, sin duda, muy dificultoso, si no tenía la suerte de que D.
+Carlos le pusiera en la mano una buena porrada de duros... que bien
+podría ser.
+
+A la hora fijada por el Sr. de Moreno Trujillo, ni minuto más ni minuto
+menos, llamaba Benina a la puerta del principal de la calle de Atocha, y
+una criada la introdujo en el despacho, que era muy elegante, todos los
+muebles igualitos en color y hechura. Mesa de ministro ocupaba el
+centro, y en ella había muchos libros y fajos de papeles. Los libros no
+eran _de leer_, sino de cuentas, todo muy limpio y ordenadito. La pared
+del centro ostentaba el retrato de Doña Pura, cubierto con una gasa
+negra, en marco que parecía de oro puro. Otros retratos de fotografía,
+que debían de ser de las hijas, yernos y nietecillos de D. Carlos,
+veíanse en diversas partes de la estancia. Junto al cuadro grande, y
+pegadas a él, como las ofrendas o ex-votos en el altar, pendían multitud
+de coronas de trapo con figuradas rosas, violetas y narcisos, y luengas
+cintas negras con letras de oro. Eran las coronas que había llevado la
+señora en su entierro, y que D. Carlos quiso conservar en casa, porque
+no se estropeasen en la intemperie del camposanto. Sobre la chimenea,
+nunca encendida, había un reloj de bronce con figuras, que no andaba, y
+no lejos de allí un almanaque americano, en la fecha del día anterior.
+
+Al medio minuto de espera entró D. Carlos, arrastrando los pies, con
+gorro de terciopelo calado hasta las orejas, y la capa de _andar por
+casa_, bastante más vieja que la que usaba para salir. El uso continuo
+de esta prenda, aun más allá del 40 de Mayo, se explica por su
+aborrecimiento de estufas y braseros que, según él, son la causa de
+tanta mortandad. Como no estaba embozado, pudo Benina observar que traía
+cuellos y puños limpios, y gruesa cadena de reloj, galas que sin duda
+respondían a la etiqueta del aniversario. Con un inconmensurable pañuelo
+de cuadros se limpiaba la continua destilación de ojos y narices;
+después se sonó con estrépito dos o tres veces, y viendo a Benina en
+pie, la mandó sentar con un gesto, y él ocupó gravemente su sitio en el
+sillón, compañero de la mesa, el cual era de respaldo alto y tallado,
+al modo de sitial de coro. Benina descansó en el filo de una silla, como
+todo lo demás, de roble con blando asiento de terciopelo verde.
+
+«Pues la he llamado a usted para decirle...».
+
+Pausa. La cabeza de D. Carlos hallábase afectada de un crónico temblor
+nervioso, movimiento lateral como el que usamos para la denegación. Este
+_tic_ se acentuaba o era casi imperceptible, según los grados de
+excitación del individuo.
+
+«Para decirle...».
+
+Otra pausa, motivada por un golpe de destilación. D. Carlos se limpió
+los ojos ribeteados de rojo, y se frotó la recortada barba, la cual no
+tenía más razón de ser que la pereza de afeitarse. Desde la muerte de su
+esposa, el buen señor, que sólo por ella y para ella se rapaba la cara,
+quiso añadir a tantas demostraciones de duelo el luto de su rostro,
+dejándolo cubrir, como de una gasa, de pelos blancos, negros y
+amarillos.
+
+«Pues para decirle a usted que lo que le pasa a la Francisca, y el
+encontrarse ahora en condición tan baja, es por no haber querido llevar
+cuentas. Sin buen arreglo, no hay riqueza que no venga a parar en la
+mendicidad. Con orden, los pobres se hacen ricos. Sin orden, los
+ricos...
+
+--Paran en pobres, sí, señor,--dijo humildemente Benina, que, aunque ya
+sabía todo aquello, quiso recibir la máxima como si fuera descubrimiento
+reciente de D. Carlos.
+
+--Francisca ha sido siempre una mala cabeza. Bien se lo decíamos mi
+señora y yo: «Francisca, que te pierdes, que te vas a ver en la
+miseria», y ella... tan tranquila. Nunca pudimos conseguir que apuntara
+sus gastos y sus ingresos. ¿Hacer ella un número? Antes la mataran. Y el
+que no hace números, está perdido. ¡Con decirle a usted que no supo
+jamás lo que debía, ni en qué fecha vencían los pagarés!
+
+--Verdad, señor, mucha verdad--dijo Benina suspirando, en expectativa de
+lo que D. Carlos le daría después de aquel sermón.
+
+--Porque usted calcule... si yo tengo en mi vejez un buen pasar para mí y
+para mis hijos; si no me falta una misa en sufragio del alma de mi
+querida esposa, es porque llevé siempre con método y claridad los
+negocios de mi casa. Hoy mismo, retirado del comercio, llevo al día la
+contabilidad de mis gastos particulares, y no me acuesto sin pasar todos
+los apuntes a la agenda, y luego, en los ratitos libres, lo paso al
+Mayor. Vea usted, véalo para que se convenza--añadió marcando más el
+temblor negativo--. Lo que yo quisiera es que Francisca pudiera
+aprovechar esta lección. Aún no es tarde... Entérese usted».
+
+Y cogió un libro, y después otro, y los fue mostrando a la Benina, que
+se acercó para ver tanta maravilla numérica.
+
+«Fíjese usted. Aquí apunto el gasto de la casa, sin que se me pase nada,
+ni aun los cinco céntimos de una caja de fósforos; los cuartos del
+cartero, todo, todo... En este otro chiquitín, las limosnas que hago y
+lo que empleo en sufragios. Limosnas diarias, tanto. Limosnas mensuales,
+cuánto. Después lo paso todo al Mayor, donde se puede saber, día por
+día, lo que gasto, y hacer el balance... Usted calcule: si Francisca
+hubiera hecho balance, no estaría como está.
+
+--Cierto, señor, muy cierto. Y yo le digo a la señora que haga balance,
+que lleve todo por apuntación, lo que entra como lo que sale. Mas ella,
+como ya no es niña, no puede apencar por la buena costumbre. Pero es un
+ángel, señor, y no hay que reparar en si apunta o no apunta para
+socorrerla.
+
+--Nunca es tarde para entrar por el aro, como quien dice. Yo le aseguro a
+usted que si hubiera visto en Francisca siquiera intenciones o deseos de
+llevar sus cuentas en regla, le hubiera prestado... prestar no, le
+hubiera facilitado medios de llegar a la nivelación. Pero es una cabeza
+destornillada; convenga usted conmigo en que es una cabeza
+destornillada.
+
+--Sí, señor, convengo en ello.
+
+--Y se me ha ocurrido... para eso la he llamado a usted... se me ha
+ocurrido que el mejor donativo que puedo hacer a esa desgraciada es
+este».
+
+Diciéndolo, D. Carlos cogió un libro largo y estrecho, nuevecito, y lo
+puso delante de sí para que Benina lo cogiera. Era una agenda.
+
+«Vea usted--dijo el buen señor hojeando el libro--: aquí están todos los
+días de la semana. Fíjese bien: a un lado, la columna del _Debe_; a
+otro, la del _Haber_. Vea cómo en los gastos se marcan los artículos:
+carbón, aceite, leña, etc... Pues ¿qué trabajo cuesta ir poniendo aquí
+lo que se gasta, y en esta otra parte lo que ingresa?
+
+--Pero si a la señora no le ingresa nada.
+
+--¡Caramelos!--exclamó Trujillo dando una palmada sobre el libro--. Algo
+habrá, porque su poco de consumo hacen ustedes, y para ese consumo
+alguna cantidad, corta o larga, chica o grande, han de tener. Y lo que
+usted saca de las limosnas, ¿por qué no ha de anotarse? Vamos a ver,
+¿por qué no ha de anotarse?».
+
+Benina le miró entre colérica y compadecida. Pero más pudo la ira que la
+lástima, y hubo un momento, un segundo no más, en que le faltó poco para
+coger el libro y estampárselo en la cabeza al Sr. D. Carlos. Conteniendo
+su furor, y para que el monomaníaco de la contabilidad no se lo
+conociera, le dijo con forzada sonrisa: «De modo que el señor apunta las
+perras que nos da a los pobres de San Sebastián.
+
+--Día por día--replicó el anciano con orgullo, moviendo más la cabeza--. Y
+puedo decirle a usted, si quiere saberlo, lo que he dado en tres meses,
+en seis, en un año.
+
+--No, no se moleste, señor--indicó Benina, sintiendo otra vez ganas de
+darle un papirotazo--. Llevaré el libro, si usted quiere. La señora se lo
+agradece mucho, y yo también. Pero no tenemos pluma ni lápiz para un
+remedio.
+
+--Todo sea por Dios. ¿En qué casa, por pobre que esté, no hay recado de
+escribir? Se ofrece echar una firma, tomar una cuenta, apuntar un nombre
+o señas de casa para que no se olviden... Tome usted este lápiz, que ya
+está afilado, y lléveselo también, y cuando se le gaste la punta, se la
+saca usted con el cuchillo de la cocina».
+
+Y a todas estas, D. Carlos no hablaba de darle ningún socorro positivo,
+concretando su caridad a la ofrenda del libro, que debía ser fundamento
+del orden administrativo en la desquiciada hacienda de Doña Francisca
+Juárez. Al verle mover los labios para seguir hablando, y echar mano a
+la llave puesta en el cajón de la izquierda, Benina sintió grande
+alegría.
+
+«No hay ni puede haber prosperidad sin administración--afirmó D. Carlos,
+abriendo la gaveta y mirando dentro de ella--. Yo quiero que Francisca
+administre, y cuando administre...
+
+--Cuando administre, ¿qué?--dijo Benina con el pensamiento--. ¿Qué nos va
+usted a dar, viejo loco, más loco que los que están en Leganés? Así se
+te pudra todo el dinero que guardas, y se te convierta en pus dentro del
+cuerpo para que revientes, zurrón de avaricia.
+
+--Coja usted el libro y el lápiz, y lléveselo con mucho cuidado... no se
+le pierda por el camino. Bueno: ¿se ha hecho usted cargo? ¿Me responde
+de que apuntarán todo?
+
+--Sí, señor... no se escapará ni un verbo.
+
+--Bueno. Pues ahora, para que Francisca se acuerde de mi pobre Pura y
+rece por ella... ¿Me promete usted que rezarán por ella y por mí?
+
+--Sí, señor: rezaremos a voces, hasta que se nos caiga la campanilla.
+
+--Pues aquí tengo doce duros, que destino al socorro de los necesitados
+que no se determinan a pedir limosna porque les da vergüenza...
+¡pobrecitos! son los más dignos de conmiseración».
+
+Al oír _doce duros_, Benina abrió cada ojo como la puerta de una casa.
+¡Cristo, lo que ella haría con doce duros! Ya estaba viendo el descanso
+de muchos días, atender a tantas necesidades, tapar algunas bocas,
+vivir, respirar, dando de mano al petitorio humillante, y al suplicio de
+la busca por medios tan fatigosos. La pobre mujer vio el cielo abierto,
+y por el hueco la docena de pesos, compendio hermosísimo de su felicidad
+en aquellos días.
+
+«Doce duros--repitió D. Carlos pasando las monedas de una mano a otra--;
+pero no se los doy en junto, porque sería fomentar el despilfarro: se
+los asigno...».
+
+A Benina se le cayeron las alas del corazón.
+
+«Si se los diera, mañana a estas horas no tendría ya ni un céntimo. Le
+señalo dos duros al mes, y todos los días 24 puede usted venir a
+recogerlos, hasta que se cumplan los seis meses, y pasado Septiembre yo
+veré si debo aumentar o no la asignación. Eso depende, fíjese usted, de
+que yo me entere, tocante a si se administra o no se administra, si hay
+orden o sigue el... el caos. Mucho cuidado con el caos.
+
+--Bien, señor--manifestó Benina con humildad, pensando que más cuenta le
+tenía conformarse, y coger lo que se le daba, sin meterse en cuestiones
+con el estrafalario y ruin vejete--. Yo le respondo de que se llevarán
+los apuntes con _ministración_, y no se nos escapará ni una hilacha...
+¿Con que pasaré los días 24? Nos viene bien para ayuda de la casa. El
+Señor se lo aumente, y a la señora difunta téngala en su santo
+descanso... por jamás amén».
+
+D. Carlos, después de anotar, gozando mucho en ello, la cantidad
+desembolsada, despidió a Benina con un gesto, y mudándose de capa y
+encasquetándose el sombrero nuevo, prenda que no salía de la caja sino
+en días solemnes, se dispuso a salir y emprender con voluntad segura y
+firme pie las devociones de aquel día, que empezaban en Montserrat y
+terminaban en la Sacramental de San Justo.
+
+
+
+
+XII
+
+
+«El demontre del viejo--se decía la _señá_ Benina, metiéndose a buen andar
+por la calle de las Urosas--, no puede hacer más que lo que le manda su
+natural. Válgate Dios: si cosas muy raras cría Nuestro Señor en el aquel
+de plantas y animales, más raras las hace en el aquel de personas. No
+acaba una de ver verdades que parecen mentiras... En fin, otros son
+peores que este D. Carlos, que al cabo da algo, aunque sea por cuenta y
+apuntación... Peores los hay, y tan peores... que ni apuntan ni dan...
+El cuento es que con estos dos duros no se me arregla el día, porque
+quiero devolverle a Almudena el suyo, que bueno es tener con él palabra.
+Vendrán días malos, y él me servirá... Me quedan veinte reales, de los
+cuales habré de dar parte a _la niña_, que está pereciendo, y lo demás
+para comer hoy, y... Tendré que decirle a la señora que su pariente no
+me ha dado más que el libro de cuentas, con el cual y el lápiz pondremos
+un puchero que será muy rico... caldo de números y substancia de
+imprenta... ¡qué risa!... En fin, para las mentiras que he de decirla a
+Doña Paca, Dios me iluminará, como siempre, y vamos tirando. A ver si
+encuentro a Almudena por el camino, que esta es la hora de subir él a la
+iglesia. Y si no nos tropezamos en la calle, de fijo está en el café de
+la Cruz del Rastro».
+
+Dirigiose allá, y en la calle de la Encomienda se encontraron: «Hijo, en
+tu busca iba--le dijo la Benina cogiéndole por el brazo--. Aquí tienes tu
+duro. Ya ves que sé cumplir.
+
+--_Amri_, no tener priesa.
+
+--No te debo nada... Y hasta otra, Almudenilla, que días vendrán en que
+yo carezca y tú me sirvas, como te serviré yo viceversa... ¿Vienes del
+café?
+
+--Sí, y _golvier_ si querer tú _migo_. Convidar _tigo_».
+
+Asintió Benina al convite, y un rato después hallábanse los dos
+sentaditos en el _café económico_, tomándose sendos vasos de a diez
+céntimos. El local era una taberna retocada, con ridículas elegancias
+entre pueblo y señorío; dorados chillones; las paredes pintorreadas de
+marinas y paisajes; ambiente fétido, y parroquia mixta de pobretería y
+vendedores del Rastro, locuaces, indolentes, algunos agarrados a los
+periódicos, y otros oyendo la lectura, todos muy a gusto en aquel vagar
+bullicioso, entre salivazos, humo de mal tabaco y olores de aguardiente.
+Solos en una mesa Benina y el marroquí, charlaron de sus cosas: el ciego
+le contó las barrabasadas de su compañera de vivienda, y ella su
+entrevista con D. Carlos, y el ridículo obsequio del libro de cuentas y
+de los dos duros mensuales. De las riquezas que, según voz pública,
+atesoraba Trujillo (treinta y cuatro casas, la mar de dinero en
+papelorios del Gobierno, _muchismos_ miles de miles en el Banco),
+charlaron extensamente, corriéndose luego a considerar, _verbigracia_,
+el sinnúmero de pobres que podrían ser felices con toda aquella _guita_,
+que a D. Carlos le venía tan ancha, pues descontando una parte para sus
+hijos, que _de natural_ debían poseerlo, con lo demás se apañarían
+tantos y tantos que andan por estas calles de Dios ladrando de hambre.
+Pero como ellos no habían de arreglarlo a su gusto, más cuenta les tenía
+no pensar en tal cosa, y buscarse cada cual su mendrugo de pan como
+pudiera, hasta que viniese la muerte y después Dios a dar a cada uno su
+merecido. Por fin, con extraordinaria gravedad y tono de convicción
+profunda, Almudena dijo a su amiga que todos los dinerales de D. Carlos
+podían ser de ella, si quisiera.
+
+«¿Míos? ¿Has dicho que todo lo de D. Carlos puede ser mío? Tú estás
+loco, Almudenilla.
+
+--_Tudo_ tuya... por la bendita luz. Si no creer mí, _priebar_ tú y ver.
+
+--Vuélvemelo a decir: que todo el dinero de D. Carlos puede ser mío,
+¿cuándo?
+
+--Cuando querer ti.
+
+--Lo creeré, si me explicas cómo ha de ser ese milagro.
+
+--Mí _sabier_ cómo... _Dicir_ ti secreto.
+
+--Y si tú puedes hacer que todo el caudal de ese viejo loco, un suponer,
+pase a ser de otra persona, ¿por qué te conformas con la miseria, por
+qué no lo coges para ti?».
+
+Replicó a esto Almudena que la persona que hiciera el milagro, cuyo
+secreto él poseía, había de tener vista. Y el milagro era seguro, por la
+bendita luz; y si ella dudaba, no tenía más que probarlo, haciendo
+puntualmente todo cuanto él le dijera.
+
+Siempre fue Benina algo supersticiosa, y solía dar crédito a cuantas
+historias sobrenaturales oía contar; además, la miseria despertaba en
+ella el respeto de las cosas inverosímiles y maravillosas, y aunque no
+había visto ningún milagro, esperaba verlo el mejor día. Un poco de
+superstición, un mucho de ansia de fenómenos estupendos y nunca vistos,
+y otro tanto de curiosidad, la impulsaron a pedir al marroquí
+explicaciones concretas de su ciencia o arte de magia, pues esto había
+de ser seguramente. Díjole el ciego que todo consistía en saber el arte
+y modo de pedir lo que se quisiera a un ser llamado _Samdai_.
+
+«¿Y quién es ese caballero?
+
+--El Rey de _baixo terra_.
+
+--¿Cómo? ¿Un Rey que está debajo de la tierra? Pues el diablo será.
+
+--Diablo no: Rey _bunito_.
+
+--¿Eso es cosa de tu religión? ¿Tú qué religión tienes?
+
+--Ser _eibrío_.
+
+--Vaya por Dios--dijo Benina, que no había entendido el término--. ¿Y a ese
+Rey le llamas tú, y viene?
+
+--Y dar ti _tuda_ que pedir él.
+
+--¿Me da todo lo que le pida?
+
+--_Siguro_».
+
+La convicción profunda que Almudena mostraba hizo efecto en la infeliz
+mujer, quien, después de una pausa en que interrogaba los ojos muertos
+de su amigo y su frente amarilla lustrosa, rodeada de negros cabellos,
+saltó diciendo:
+
+«¿Y qué se hace para llamarlo?
+
+--Yo diciendo ti.
+
+--¿Y no me pasa nada por hacerlo?
+
+--_Naida_.
+
+--¿No me condeno, ni me pongo mala, ni me cogen los demonios?
+
+--No.
+
+--Pues ve diciendo; pero no engañes, no engañes, te digo.
+
+--_N'gañar_ no ti...
+
+--¿Podemos hacerlo ahora?
+
+--No: _hacirlo_ a las doce del noche.
+
+--¿Tiene que ser a esa hora?
+
+--_Siguro_, _siguro_...
+
+--¿Y cómo salgo yo de casa a media noche?... _Amos_, déjame a mí de
+pamplinas. Verdad que podría decir, un suponer, que se ha puesto malo D.
+Romualdo y tengo que velarlo... Bueno: ¿qué hay que hacer?
+
+--_N'cesitas_ cosas _mochas_. Comprar tú cosas. Lo _primiero_ candil de
+barro. Pero comprarlo has tú sin hablar _paliabra_.
+
+--Me vuelvo muda.
+
+--Muda tú... Comprar cosa... y si hablar no valer.
+
+--Válgate Dios... Pues bueno: compro mi candil de barro sin chistar, y
+luego...».
+
+Almudena ordenó después que había de buscar una olla de barro con siete
+agujeros, con siete nada más, todo sin hablar, porque si hablaba no
+valía. ¿Pero dónde demontres estaban esas ollas con siete agujeros? A
+esto replicó el ciego que en su tierra las había, y que aquí podían
+suplirse con los tostadores que usan las castañeras, buscando el que
+tuviese siete _bujeros_, ni uno más ni uno menos.
+
+«¿Y ello ha de comprarse también sin hablar?
+
+--Sin hablando _naida_».
+
+Luego era forzoso procurarse un palo de _carrash_, madera de África, que
+aquí llaman laurel. Un vendedor de garrotes, en el primer tinglado _cabe_
+las Américas, lo tenía. Había que comprárselo sin pronunciar palabra.
+Bueno: pues reunidas estas cosas, se pondría el palo al fuego hasta que
+se prendiera bien... Esto había de ser el viernes a las cinco en punto.
+Si no, no valía. Y el palo estaría ardiendo hasta el sábado, y el sábado
+a las cinco en punto se le metía en el agua siete veces, ni una más ni
+una menos.
+
+«¿Todo callandito?
+
+--Hablar _naida_, _naida_».
+
+Luego se vestía el palo con ropas de mujer, como una muñeca, y bien
+vestidito se le arrimaba a la pared, poniéndole derecho, _amos_, en pie.
+Delante se colocaba el candil de barro, encendido con aceite, y se le
+tapaba con la olla, de modo que no se viese más luz que la que saldría
+por los siete _bujeros_, y a corta distancia se ponía la cazuela con
+lumbre para echar los sahumerios, y se empezaba a decir la oración una y
+otra vez con el pensamiento, porque hablada no valía. Y así se estaba la
+persona, sin distraerse, sin descuidarse, viendo subir el humo del
+benjuí, y mirando la luz de los siete agujeros, hasta que a las doce...
+
+«¡A las doce!--repitió Benina sobresaltada--. ¡Y al dar las doce
+campanadas viene... sale, se me aparece!...
+
+--El Rey de _baixo terra_: pedir tú lo que _quierer_, y darlo ti él.
+
+--Almudena, ¿tú crees eso? ¿Cómo es posible que _ese señor_, sin más que
+las _cirimonias_ que has contado, me dé a mí lo que ahora es de Don
+Carlos Trujillo?
+
+--Verlo tú, si queriendo.
+
+--Pero con tanto _requesito_, si una se descuida un poco, o se equivoca
+en una sola palabra del rezo mental...
+
+--Tener tú cuidado _mocha_.
+
+--¿Y la oración?
+
+--Mi enseñarla ti; _dicir_ tú: _Semá Israel Adonai Elohino Adonai
+Ishat_...
+
+--Calla, calla: en la vida digo yo eso sin equivocarme. Como no sea
+castellano neto yo no atino... Y también te aseguro que tengo mieditis
+de esas suertes de brujería... quita, quita... Pero ¡ah! ¡si fuera
+verdad, qué gusto, cogerle a ese zorrocloco de D. Carlos todo su
+dinero... _amos_, la mitad que fuera, para repartirlo entre tantos
+pobrecitos que perecen de hambre!... Si se pudiera hacer la prueba,
+comprando los cacharros y el palitroque sin hablar, y luego... Pero no,
+no... cualquier día iba a venir acá ese Rey Mago... También te digo que
+suceden a veces cosas muy _fenómenas_, y que andan por el aire los que
+llaman espíritus o, verbigracia, las ánimas, mirando lo que hacemos y
+oyéndonos lo que hablamos. Y otra: lo que una sueña, ¿qué es? Pues cosas
+verdaderas de otro mundo, que se vienen a este... Todo puede ser, todo
+puede ser... Pero yo, qué quieres que te diga, dudo mucho que le den a
+una tanto dinero, sin más ni más. Que para socorrer a los pobres, un
+suponer, se quite a los ricos medio millón, o la mitad de medio millón,
+pase; pero tantas, _tantismas_ talegas para nosotros... no, esa no
+cuela.
+
+--_Tuda_, _tuda_ la que haber en el Banco, _millonas mochas_, _lotería_,
+_tuda pa ti_, _hiciendo_ lo que decir ti.
+
+--Pues si eso es tan fácil, ¿por qué no lo hacen otros? ¿O es que tú solo
+tienes el secreto? ¡El secreto tú solo! _Amos_, cuéntaselo al Nuncio,
+que aquí no nos tragamos esas papas... Yo no te digo que no sea
+posible... y si supiera yo hacer la prueba, la haría, con mil pares...
+Vuélveme a decir la receta de lo que ha de comprar una sin hablar...».
+
+Repitió Almudena las fórmulas y reglas del conjuro, añadiendo
+descripción tan viva y pintoresca del Rey _Samdai_, de su rostro
+hermosísimo, apostura noble, traje espléndido, de su séquito, que
+formaban _arregimientos_ de príncipes y magnates, montados en camellos
+blancos como la leche, que la pobre Benina se embelesaba oyéndole, y si
+a pie juntillas no le creía, se dejaba ganar y seducir de la ingenua
+poesía del relato, pensando que si aquello no era verdad, debía serlo.
+¡Qué consuelo para los miserables poder creer tan lindos cuentos! Y si
+es verdad que hubo Reyes Magos que traían regalos a los niños, ¿por qué
+no ha de haber otros Reyes _de ilusión_, que vengan al socorro de los
+ancianos, de las personas honradas que no tienen más que una muda de
+camisa, y de las _almas_ decentes que no se atreven a salir a la calle
+porque deben tanto más cuanto a tenderos y prestamistas? Lo que contaba
+Almudena era de lo que _no se sabe_. ¿Y no puede suceder que alguno sepa
+lo que no sabemos los demás?... ¿Pues cuántas cosas se tuvieron por
+mentira y luego salieron verdades? Antes de que inventaran el telégrafo,
+¿quién hubiera creído que se hablaría con las Américas del Nuevo Mundo,
+como hablamos de balcón a balcón con el vecino de enfrente? Y antes de
+que inventaran la fotografía, ¿quién hubiera pensado que se puede una
+retratar sólo con _ponerse_? Pues lo mismo que esto es aquello. Hay
+misterios, secretos que no se entienden, hasta que viene uno y dice tal
+por cual, y lo descubre... ¡Pues qué más, Señor!... Allá estaban las
+Américas desde que Dios hizo el mundo, y nadie lo sabía... hasta que
+sale ese Colón, y con no más que poner un huevo en pie, lo descubre todo
+y dice a los países: «Ahí tenéis la América y los americanos, y la caña
+de azúcar, y el tabaco bendito... ahí tenéis Estados Unidos, y hombres
+negros, y onzas de diez y siete duros». ¡A ver!
+
+
+
+
+XIII
+
+
+No había acabado el marroquí su oriental leyenda, cuando Benina vio
+entrar en el café a una mujer vestida de negro. «Ahí tienes a esa
+fandangona, tu compañera de casa.
+
+--¿Pedra? Maldita ella. Sacudir ella yo esta mañana. Venir, _siguro_, con
+la Diega...
+
+--Sí, con una viejecica, muy chica y muy flaca, que debe de ser más
+borracha que los mosquitos. Las dos se van al mostrador, y piden dos
+_tintas_.
+
+--_Señá_ Diega enseñar vicio ella.
+
+--¿Y por qué tienes contigo a esa gansirula, que no sirve para nada?».
+
+Contole el ciego que Pedra era huérfana; su padre fue empleado en el
+Matadero de cerdos, con perdón, y su madre _cambiaba_ en la calle de la
+Ruda. Murieron los dos, con diferencia de días, por haber comido gato.
+Buen plato es el micho; pero cuando está rabioso, le salen pintas en la
+cara al que lo come, y a los tres días, muerte natural por calenturas
+_perdiciosas_. En fin, que espicharon los padres, y la chica se quedó en
+la puerta de la calle, sentadita. Era hermosa: por tal la celebraban; su
+voz sonaba como las músicas bonitas. Primero se puso a cambiar, y luego
+a vender churros, pues tenía tino de comercianta; pero nada le valió su
+buena voluntad, porque hubo de cogerla de su cuenta la Diega, que en
+pocos días la enseñó a embriagarse, y otras cosas peores. A los tres
+meses, Pedra no era conocida. La enflaquecieron, dejándola en los puros
+pellejos, y su aliento apestaba. Hablaba como una carreterona, y tenía
+un toser perruno y una carraspera que tiraban para atrás. A veces pedía
+por el camino de Carabanchel, y de noche se quedaba a dormir en
+cualquier parador. De vez en cuando se lavaba un poco la cara, compraba
+_agua de olor_, y rociándose las flaquezas, pedía prestada una camisa,
+una falda, un pañuelo, y se ponía _de puerta_ en la casa del
+_Comadreja_, calle de Mediodía Chica. Pero no tenía constancia para
+nada, y ningún acomodo le duró más de dos días. Sólo duraba en ella el
+gusto del aguardiente; y cuando se _apimplaba_, que era un día sí y otro
+también, hacía figuras en medio del arroyo, y la toreaban los chicos.
+Dormía sus monas en la calle o donde le cogía, y más bofetadas tenía en
+su cara que pelos en la cabeza. Cuerpo más asistido de cardenales no se
+conoció jamás, ni persona que en su corta edad, pues no tenía más que
+veintidós años, aunque representaba treinta, hubiera visitado tan a
+menudo las prevenciones de la Inclusa y Latina. Almudena la trataba, con
+buen fin, desde que se quedó huérfana, y al verla tan arrastrada, dábale
+de tres cosas un poco: consejos, limosna y algún palo. Encontrola un día
+curándose sus lamparones con zumo de higuera chumbo, y aliñándose las
+greñas al sol. Propúsole que se fuera con él, poniendo cada cual la
+mitad del alquiler de la casa, y comprometiéndose ella a cortar de raíz
+el vicio de la bebida. Discutieron, parlamentaron; diose solemnidad al
+convenio, jurando los dos su fiel observancia ante un emplasto viscoso y
+sobre un peine de rotas púas, y aquella noche durmió Pedra en el cuarto
+de Santa Casilda. Los primeros días todo fue concordia, sobriedad en el
+beber; pero la cabra no tardó en tirar al monte, y... otra vez la
+endiablada hembra divirtiendo a los chicos y dando que hacer a los del
+Orden.
+
+«No poder mí con ella. _B'rracha_ siempre. Es un dolor... un dolor. Yo
+estar ella migo por lástima...».
+
+Al ver que las dos mujeres, después de atizarse un par de _tintas_,
+miraban burlonas al ciego y a Benina, esta tuvo miedo y quiso retirarse.
+
+«_Dir_ tú no, _Amri_. Quedar migo--le dijo el ciego cogiéndola de un
+brazo.
+
+--Temo que armen bronca estas indinas... Acá vienen ya».
+
+Aproximáronse las tales, y pudo la Benina ver y examinar a su gusto el
+rostro de Pedra, de una hermosura desapacible y que despedía. Morena, de
+facciones tan regulares como pronunciadas, magníficos ojos negros, cejas
+que al juntarse culebreaban, boca sucia y bien rasgueada, que no parecía
+hecha para sonreír, cuerpo derecho y esbeltísimo en su flaqueza y
+desaliño, la compañera de Almudena era una figura trágica, y como tal
+impresionó a Benina, aunque esta no expresaba su juicio sino pensando
+que le daría miedo encontrarse con tal persona, de noche, en lugar
+solitario.
+
+De la Diega no podía determinarse si era joven o entre-vieja. Por la
+estatura parecía una niña; por la cara escuálida y el cuello rugoso,
+todo pliegues, una anciana decrépita; por los ojos, un animalejo
+vivaracho. Su flaqueza era tan extremada, que Benina no pudo menos de
+comentarla mentalmente con una frase andaluza que usar solía su señora:
+«Esta es de las que sacan espinas con los codos».
+
+Pedra se sentó, dando los buenos días, y la otra quedose en pie, sin
+alzar del suelo más que la cabeza de Almudena, en cuyos hombros dio
+fuertes palmetazos.
+
+«_Tati_ quieta--le dijo este enarbolando el palo.
+
+--Cuidado con él, que es malo y traicionero...--indicó la otra.
+
+--_Jai_... ¿verdad que eres malo y pegar _tú mí_?
+
+--Yo _ero beno_; tú mala, _b'rracha_.
+
+--No lo digas, que se escandalizará la señora anciana.
+
+--Anciana no ser ella.
+
+--¿Tú qué sabes, si no la ves?
+
+--Decente ella.
+
+--Sí que lo será, sin agraviar. Pero a ti te gustan las viejas.
+
+--Ea, yo me voy, señora, que lo pasen bien--dijo Benina, azoradísima,
+levantándose.
+
+--Quédese, quédese... ¡Si es _groma_!».
+
+La Diega la instó también a quedarse, añadiendo que habían comprado un
+décimo de la Lotería, y ofreciéndole participación.
+
+«Yo no juego--replicó Benina--: no tengo cuartos.
+
+--Yo sí--dijo el marroquí--: dar vos una _pieseta_.
+
+--Y la señora, ¿por qué no juega?
+
+--Mañana sale. Seremos ricas, ricachonas en _efetivo_--dijo la Diega--. Yo,
+si me la saco, San Antonio me oiga, volveré a establecerme en la calle
+de la Sierpe. Allí te conocí, Almudena. ¿Te acuerdas?
+
+--No _mi cuerda_, no...
+
+--Vos conocisteis en Mediodía Chica, por la casa de atrás.
+
+--A este le llamaban Muley Abbas.
+
+--Y a ti _Cuarto e kilo_, por lo chica que eres.
+
+--Poner motes es cosa fea. ¿Verdad, Almudenita? Las personas decentes se
+llaman por el santo bautismo, con sus nombres de cristiano. Y esta
+señora, ¿qué gracia tiene?
+
+--Yo me llamo Benina.
+
+--¿Es usted de Toledo, por casualidad?
+
+--No, señora: soy... dos leguas de Guadalajara.
+
+--Yo de Cebolla, en tierra de Talavera... y dime una cosa: ¿por qué esta
+gorrinaza de Pedrilla te llama a ti _Jai_? ¿Cuál es tu nombre en tu
+religión y en tu tierra cochina, con perdón?
+
+--Llamarle _mi Jai_ porque ser morito él--dijo la trágica remedando su
+habla.
+
+--Nombre mío _Mordejai_--declaró el ciego--, y ser yo nacido en un _puebro
+mu bunito_ que llamar allá Ullah de Bergel, _terra_ de Sus... ¡oh!
+_terra_ divina, _bunita_... _mochas arbolas_, _aceita mocha_, _miela_,
+_frores_, _támaras_, _mocha güena_».
+
+El recuerdo del país natal le infundió un candoroso entusiasmo, y allí
+fue el pintarlo y describirlo con hipérboles graciosas, y un colorido
+poético que con gran entretenimiento y gozo saborearon las tres mujeres.
+Incitado por ellas, contó algunos pasajes de su vida, toda llena de
+estupendos casos, peligrosas empresas y fantásticas aventuras. Refirió
+primero cómo se había fugado del hogar paterno, de edad de quince años,
+lanzándose a correr mundo, sin que en todo el tiempo transcurrido desde
+aquel suceso, tuviese noticia alguna de su patria y familia. Mandole su
+padre a casa de un mercader amigo suyo con este recado: «Dile a Rubén
+Toledano que te dé doscientos duros que necesito hoy». El tal debía de
+ser al modo de banquero, y entre ambos señores reinaba sin duda
+patriarcal confianza; porque el encargo se hizo efectivo sin ninguna
+dificultad, cogiendo Mordejai los doscientos pesos en cuatro pesados
+cartuchos de moneda española. Pero en vez de ir con ellos a la casa
+paterna, tomó el caminito de Fez, ávido de ver mundo, de trabajar por su
+cuenta, y de ganar mucho dinero para el autor de sus días, no los
+doscientos duros, sino dos mil o cientos de miles. Comprando dos
+borricos, se puso a portear mercaderías y pasajeros entre Fez y
+Mequínez, con buenas ganancias. Pero un día de mucho calor, ¡castigo de
+Dios! pasó junto a un río y le entraron ganas de darse un baño. En el
+agua flotaban dos caballos muertos, cosa mala. Al salir del baño le
+dolían los ojos: a los tres días era ciego.
+
+Como aún tenía dinero, pudo algún tiempo vivir sin implorar la caridad
+pública, con la tristeza inherente al no ver, y la no menos honda
+producida por el brusco paso de la vida activa a la sedentaria. El
+muchacho ágil y fuerte se hizo de la noche a la mañana hombre enclenque
+y achacoso, y sus ambiciones de comerciante y sus entusiasmos de viajero
+quedaron reducidos a un continuo meditar sobre lo inseguro de los bienes
+terrenos, y la infalible justicia con que Dios Nuestro Padre y Juez
+sienta la mano al pecador. No se atrevía el pobre ciego a pedirle que le
+devolviese la vista, pues esto no se lo había de conceder. Era castigo,
+y el Señor no _se vuelve atrás_ cuando pega de firme. Pedíale que le
+diera dinero abundante para poder vivir con desahogo, y una _muquier_ que
+le amara; mas nada de esto le fue concedido al pobre Mordejai, que cada
+día tenía menos dineros, pues estos iban saliendo, sin que entraran
+otros por ninguna parte, y de _muquieres_ nada. Las que se acercaban a
+él fingiéndole cariño, no iban a su covacha más que a robarle. Un día
+estaba el hombre muy molesto por no poder cazar una pulga que atrozmente
+le picaba, burlándose de él con audacia insolente, cuando... no es
+broma... se le aparecieron dos ángeles.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+«¿Pero tú ves algo, Almudena?--le preguntó _Cuarto e kilo_.
+
+--_Ver mí burtos ellos_».
+
+Explicó que distinguía las masas de obscuridad en medio de la luz: esto
+por lo tocante a las cosas del mundo de acá. Pero en lo de los mundos
+misteriosos que se extienden encima y debajo, delante y detrás, fuera y
+dentro del nuestro, sus ojos veían claro, cuando veían, _mismo como
+vosotras ver migo_. Bueno: pues se le aparecieron dos ángeles, y como no
+era cosa de aparecérsele para no decir nada, dijéronle que venían de
+parte del Rey de _baixo terra_ con una embajada para él. El señor
+_Samdai_ tenía que hablarle, para lo cual era preciso que se fuese mi
+hombre al Matadero por la noche, que estuviese allí quemando _ilcienso_,
+y rezando en medio de los despojos de reses y charcos de sangre, hasta
+las doce en punto, hora invariable de la entrevista. No hay que añadir
+que los ángeles se marcharon con viento fresco en cuanto dieron
+conocimiento de su mensaje a Mordejai, y este cogió sus trebejos de
+sahumar, la pipa, la ración de _cáñamo_ en un papel, y se fue caminito
+del Matadero: el largo plantón que le esperaba, se le haría menos
+aburrido fumando.
+
+Allí se estuvo, sentado en cuclillas, aspirando los vahos olorosos del
+sahumerio, y fumando pipa tras pipa, hasta que llegó la hora, y lo
+primerito que vio fue un par de perros, más grandes que _el cameio_,
+_brancos_, con ojos de fuego. Él, Mordejai, _mocha medo_, un _medo_ que
+le quitaba el respirar. Vino después un _arregimiento_ de jinetes con
+mucho cantorio, galas _mochas_; luego empezó a caer lluvia espesísima de
+arena y piedras, tanto, tanto, que se vio enterrado hasta el
+pescuezo... y no respiraba. Cada vez más _medo_... Por encima de toda
+aquella escoria pasó velocísimo otro escuadrón de jinetes, dando al
+viento los blancos alquiceles, y sin cesar disparando tiros. Siguió un
+diluvio de culebras y _alcranes_, que caían silbando y enroscándose. El
+pobre ciego se moría de _medo_, sintiéndose envuelto en la horrorosa
+nube de inmundos animales... Pero luego vinieron hombres y mujeres a
+pie, en pausada procesión, todos con blancas vestiduras, llevando en la
+mano canastillas y bateas de oro, y pisando sobre flores, pues en rosas
+y azucenas se habían convertido mágicamente las serpientes y alacranes,
+y en olorosas ramas de menta y laurel todo aquel material llovido de
+arena cálida y puntiagudos guijarros.
+
+Para no cansar, apareció por fin el Rey, hermoso, con humana y divina
+hermosura, barba larga y negra, aretes en las orejas, corona de oro que
+parecía tener por pedrería el sol, la luna y las estrellas. Verde era su
+traje, que por lo fino debía de ser obra de unas arañas muy pulidas que
+en los profundos senos de la tierra tejen con hebras de fuego. El
+séquito de _Samdai_ era tan vistoso y brillante que deslumbraba. Como le
+preguntara la Petra si no venía también Su Majestad la Reina, quedose un
+momento parado el narrador, recordando, y al fin dio cuenta de que
+_vido_ también a la señora del Rey, pero con la cara muy tapada, como la
+luna entre nubes, y por esta razón Mordejai no pudo distinguirla bien.
+La Soberana vestía de amarillo, de un color así como nuestros
+pensamientos cuando estamos entre alegres y tristes. Expresaba esto el
+ciego con dificultad, supliendo las torpezas de su lenguaje con el juego
+fisonómico de la convicción, y los mohines y gestos elocuentes.
+
+Total: que a una orden del Rey le fueron poniendo delante todas aquellas
+bateas y canastos de oro que traían las mujeres de blanco vestidas. ¿Qué
+era? _Pieldras_ de diversas clases, _mochas_, _mochas_, que pronto
+formaron montones que no cabrían en ninguna casa: _rubiles_ como
+garbanzos, perlas del tamaño de huevos de paloma, _tudas_,
+_tudas_ grandes, _diamanta fina_ en tal cantidad, que había para llenar
+de ellos sacos _mochas_, y con los sacos un carro de mudanzas;
+esmeraldas como nueces y _trompacios_ como _poño mío_...
+
+Oían esto las tres mujeres embobadas, mudas, fijos los ojos en la cara
+del ciego, entreabiertas las bocas. Al comienzo de la relación, no se
+hallaban dispuestas a creer, y acabaron creyendo, por estímulo de sus
+almas, ávidas de cosas gratas y placenteras, como compensación de la
+miseria bochornosa en que vivían. Almudena ponía toda su alma en su
+voz, y con la lengua hablaban todos los pliegues movibles de su cara, y
+hasta los pelos de su barba negra. Todo era signos, jeroglífico
+descifrable, oriental escritura que los oyentes entendían sin saber por
+qué. El fin de la espléndida visión fue que el Rey le dijo al bueno de
+Mordejai que de las dos cosas que deseaba, riquezas y mujer, no podía
+darle más que una; que optase entre las pedrerías de gran valor que
+delante miraba, y con las cuales gozaría de una fortuna superior a la de
+todos los soberanos de la tierra, y una mujer buena, bella y laboriosa,
+joya sin duda tan rara que no se podía encontrar sino revolviendo toda
+la tierra. Mordejai no vaciló un momento en la elección, y dijo a Su
+Majestad de _baixo terra_, que para nada quería tanta pedrería _por
+fanegas_, si no le daban _muquier_... «Querer mi ella... gustar mí
+_muquier_, y sin _muquier_ migo, no querer _pieldras_ finas, ni
+_diniero_ ni _naida_».
+
+Señalole entonces el Rey una hembra que bien envuelta en un manto que la
+tapaba toda, el rostro inclusive, iba por el camino, y le dijo que
+aquella era _la suya_, y que la siguiese hasta cogerla o más bien
+cazarla, pues a paso muy ligero iba la condenada. Y dicho esto por el
+Rey, se dignó Su Majestad desaparecerse, y con él se fueron todos los de
+su comitiva, y los _arregimientos_ y las señoras de blanco, y _tudo_,
+_tudo_, no quedando más que un olor penetrante del _ilcienso_, y los
+ladridos de los dos perrazos que se iban perdiendo en las lontananzas de
+la noche fría, cual si despavoridos huyeran hacia los montes. Tres meses
+estuvo enfermo Mordejai después de este singular suceso, y no comía más
+que agua y harina de cebada sin sal. Quedose tan flaco que se contaba al
+tacto todos los huesos, sin que se le escapara uno en la cuenta. Por
+fin, arrastrándose como pudo, emprendió su camino por toda la grandeza
+del mundo en busca de la mujer que, según dicho del divino _Samdai_, era
+suya.
+
+«Y no la encontraste hasta _tantismos_ años de correr, y se llamaba
+Nicolasa--dijo la Petra, queriendo ayudar al biógrafo de sí mismo.
+
+--¿Tú qué saber? No ser Nicolasa.
+
+--Entonces será _la señora_--apuntó la Diega, señalando no sin cierta
+impertinencia a la pobre Benina, que no chistaba.
+
+--¿Yo?... ¡Jesús me valga! Yo no soy ninguna tarascona que anda por los
+caminos».
+
+Contó Almudena que desde Fez había ido a la Argelia; que vivió de
+limosna en Tlemcén primero, después en Constantina y Orán; que en este
+punto se embarcó para Marsella, y recorrió toda Francia, Lyon, Dijon,
+París, que es _mu_ grande, con tantos _olivares_ y buenos pisos de
+calle, todo como la palma de la mano. Después de subirse hasta un pueblo
+que le llaman _Lila_, volviose a Marsella y a Cette, donde se embarcó
+para Valencia.
+
+«Y en Valencia encontraste a la Nicolasa, con quien veniste por
+_badajes_, que vos daban los _aiuntamientos_, con dos _riales de
+tapa_--dijo la Petra--, y de Madrid vos fuisteis a los _Portugales_, y
+tres años te duró el contento, camastrón, hasta que la _golfa_ se te fue
+con otro.
+
+--Tú no saber.
+
+--Que cuente la historia de Nicolasa y cómo a él le cogieron en Madrid
+para llevarle a San Bernardino, y ella fue al _espital_; y estando él
+una noche durmiendo, se le aparecieron dos mujeres del otro mundo,
+verbigracia, _ánimas_, para decirle que la Nicolasa _hablaba_ en
+el _espital_ con uno que le iban a dar de alta...
+
+--No ser eso, no ser eso: cállate tú.
+
+--Otro día nos lo contará--indicó Benina, que, aunque gustaba de oír
+aquellos entretenidos relatos, no quería detenerse más, recordando sus
+apremiantes quehaceres.
+
+--Espérese, señora: ¿qué prisa tiene?--le dijo la Diega--. ¿A dónde irá
+usted que más valga?
+
+--Otro día contar más--indicó el ciego sonriendo--. Mí ver mundo _mocha_.
+
+--Estás cansadito, Jai. Convídanos a un medio para que se te remoje la
+lengua, que la tienes más seca que suela de zapato.
+
+--Yo no convidar mí ellas, _b'rrachonas_. No tener _diniero migo_.
+
+--Por eso no quede--dijo la Diega, rumbosa.
+
+--Yo no bebo--declaró la Benina--, y además tengo prisa, y con permiso de
+la compañía me voy.
+
+--Quedar ti rato más. Dar once _reloja_.
+
+--Dejarla--manifestó con benevolencia la Petra--, por si tiene que ir a
+ganarlo; que nosotras ya lo hemos ganado».
+
+Interrogadas por Almudena, refirieron que habiendo cogido la Diega unos
+dineros que le debían dos mozas de la calle de la Chopa, se habían
+lanzado al comercio, pues una y otra tenían suma disposición y travesura
+para el compra y vende. La Petra no se sentía mujer honrada y cabal sino
+cuando se dedicaba al tráfico, aunque fuese en cosas menudas, como
+palillos, mondarajas de tea, y _torraé_. La otra era un águila para
+pañuelos y puntillas. Con el dinero aquel, venido a sus manos por
+milagro, compraron género en una casa de saldos, y en la mañana de aquel
+día pusieron sus bazares junto a la Fuentecilla de la Arganzuela,
+teniendo la suerte de colocar muchas carreras de botones, varas muchas
+de puntilla y dos chalecos de bayona. Otro día _sacarían_ loza,
+_imágenes_, y caballos de cartón de los que daban, _a partir
+ganancias_, en la fábrica de la calle del Carnero. Largamente hablaron
+ambas de su negocio, y se alababan recíprocamente, porque si _Cuarto e
+kilo_ era de lo que no hay para la adquisición de género _por gruesas_, a
+la otra nadie aventajaba en salero y malicia para la venta al menudeo.
+Otra señal de que había venido al mundo para ser o _comercianta_ o nada,
+era que los cuartos ganados en la compra-venta se le pegaban al
+bolsillo, despertando en ella vagos anhelos de ahorro, mientras que los
+que por otros medios iban a sus flacas manos, se le escapaban por entre
+los dedos antes de que cerrar pudiera el puño para guardarlos.
+
+Oyó Benina muy atenta estas explicaciones, que tuvieron la virtud de
+infundirle cierta simpatía hacia la borracha, porque también ella,
+Benina, se sentía _negocianta_; también acarició su alma alguna vez la
+ilusión del compra-vende. ¡Ah! si, en vez de dedicarse al servicio,
+trabajando como una negra, hubiera tomado _una puerta de calle_, otro
+gallo le cantara. Pero ya su vejez y la indisoluble sociedad moral con
+Doña Paca la imposibilitaban para el comercio.
+
+Insistió la buena mujer en abandonar la grata tertulia, y cuando se
+levantó para despedirse cayósele el lápiz que le había dado D. Carlos,
+y al intentar recogerlo del suelo, cayósele también la agenda.
+
+«Pues no lleva usted ahí pocas cosas--dijo la Petra, cogiendo el libro y
+hojeándolo rápidamente, con mohines de lectora, aunque más bien
+deletreaba que leía--. ¿Esto qué es? Un libro para llevar cuentas. ¡Cómo
+me gusta! _Marzo_, dice aquí, y luego _Pe...setas_, y luego _céntimos_.
+Es _mu_ bonito apuntar aquí todo lo que sale y entra. Yo escribo tal
+cual; pero en los números me atasco, porque los ochos se me enredan en
+los dedos, y cuando sumo no me acuerdo nunca de lo que _se lleva_.
+
+--Ese libro--dijo Benina, que al punto vislumbró un negocio--, me lo dio un
+pariente de mi señora, para que lleváramos por apuntación el gasto; pero
+no sabemos. Ya no está la Magdalena para estos tafetanes, como dijo el
+otro... Y ahora pienso, señoras, que a ustedes, que comercian, les
+conviene este libro. Ea, lo vendo, si me lo pagan bien.
+
+--¿Cuánto?
+
+--Por ser para ustedes, dos reales.
+
+--Es mucho--dijo _Cuarto e kilo_, mirando las hojas del libro, que
+continuaba en manos de su compañera--. Y ¿para qué lo queremos nosotras,
+si nos estorba lo negro?
+
+--Toma--indicó Petra, acometida de una risa infantil al repasar, con el
+dedo mojado en saliva, las hojas--. Se marca con rayitas: tantas
+cantidades, tantas rayas, y así es más claro... Se da un real, ea.
+
+--¿Pero no ven que está nuevo? Su valor, aquí, lo dice: «dos pesetas».
+
+Regatearon. Almudena conciliaba los intereses de una y otra parte, y por
+fin quedó cerrado el trato en cuarenta céntimos, con lápiz y todo. Salió
+del café la Benina, gozosa, pensando que no había perdido el tiempo,
+pues si resultaban fantásticas las _pieldras_ preciosas que en montones
+Mordejai pusiera ante su vista, positivas y de buena ley eran las cuatro
+perras, como cuatro soles, que había ganado vendiendo el inútil regalo
+del monomaníaco Trujillo.
+
+
+
+
+XV
+
+
+El largo descanso en el café le permitió recorrer _como una exhalación_
+la distancia entre el Rastro y la calle de la Cabeza, donde vivía la
+señorita Obdulia, a quien deseaba visitar y socorrer antes de irse a
+casa, pues era indudable que a la niña correspondía la mitad, perra más
+o menos, de uno de los duros de D. Carlos. A las doce menos cuarto
+entraba en el portal, que por lo siniestro y húmedo parecía la puerta de
+una cárcel. En lo bajo había un establecimiento de _burras de leche_,
+con borriquitas pintadas en la muestra, y dentro vivían, sin aire ni
+luz, las pacíficas nodrizas de tísicos, encanijados y catarrosos. En la
+portería daban asilo a un conocido de Benina, el ciego Pulido, que era
+también punto fijo en San Sebastián. Con él y con el burrero charló un
+rato antes de subir, y ambos le dieron dos noticias muy malas: que iba a
+subir el pan y que había bajado mucho la Bolsa, señal lo primero de que
+no llovía, y lo segundo de que estaba al caer una revolución gorda, todo
+porque los _artistas_ pedían _las ocho horas_ y los _amos_ no querían
+darlas. Anunció el burrero con profética gravedad que pronto se quitaría
+todo el dinero metálico y no quedaría más que papel, hasta para las
+pesetas, y que echarían nuevas contribuciones, _inclusive_, por rascarse
+y por darse de quién a quién los buenos días. Con estas malas
+impresiones subió Benina la escalera, tan descansada como lóbrega, con
+los peldaños en panza, las paredes desconchadas, sin que faltaran los
+letreros de carbón o lápiz garabateados junto a las puertas de
+cuarterones, por cuyo quicio inferior asomaba el pedazo de estera, ni
+los faroles sucios que de día semejaban urnas de santos. En el primer
+piso, bajando del cielo, con vecindad de gatos y vistas magníficas a las
+tejas y buhardillones, vivía la señorita Obdulia; su casa, por la
+anchura de las habitaciones destartaladas y frías, hubiera parecido
+convento, a no ser por la poca elevación de los techos, que casi se
+cogían con la mano. Esteras y alfombras allí eran tan desconocidas, como
+en el Congo las levitas y chisteras; sólo en lo que llamaban gabinete
+había un pedazo de fieltro raído, rameado de azul y rojo, como de dos
+varas en cuadro. Los muebles de baratillo declaraban con sus chapas
+rotas, sus patas inválidas, sus posturas claudicantes, el desastre de
+sus infinitas peregrinaciones en los carros de mudanza.
+
+La misma Obdulia abrió la puerta a Benina, diciéndole que la había
+sentido subir, y al punto se vio la buena mujer como asaltada de una
+pareja de gatos muy bonitos, que mayando la miraban, el rabo tieso,
+frotando su lomo contra ella. «Los pobres animalitos--dijo la _niña_ con
+más lástima de ellos que de sí misma--, no se han desayunado todavía».
+
+Vestía la hija de Doña Paca una bata de franela color rosa, de corte
+elegante, ya descompuesta por el mucho uso, las delanteras manchadas de
+chocolate y grasa, algún siete en las mangas, la falda arrastrada,
+revelándose en todo, como prenda adquirida de lance, que a su dueña le
+venía un poco ancha, por _aquello de que la difunta era mayor_. De todos
+modos, tal vestimenta se avenía mal con la pobreza de la esposa de
+Luquitas.
+
+«¿No ha venido anoche tu marido?--le dijo Benina, sofocada de la penosa
+ascensión.
+
+--No, hija, ni falta que me hace. Déjale en su café, y en sus casas de
+perdición, con las _socias_ que le han sorbido el seso.
+
+--¿No te han traído nada de casa de tus suegros?
+
+--Hoy no toca. Ya sabes que lo dejaron en un día sí y otro no. No ha
+venido más que Juana Rosa a peinarme, y con ella se fue mi Andrea. Van a
+comer juntas en casa de su tía.
+
+--De modo que estás como los camaleones. No te apures, que Dios aprieta,
+pero no ahoga, y aquí estoy yo para que no ayunes más de la cuenta, que
+el cielo bien ganado te lo tienes ya... Siento una tosecilla... ¿Ha
+venido ese caballero?
+
+--Sí: ahí está desde las diez. Con las cosas bonitas que cuenta me
+entretiene, y casi no me acuerdo de que no hay en casa más que dos onzas
+de chocolate, media docena de dátiles, y algunos mendrugos de pan... Si
+has de traerme algo, sea lo primero para estos pobres gatos aburridos,
+que desde el amanecer no me dejan vivir. Parece que me hablan, y dicen:
+«Pero ¿qué es de nuestra buena Nina, que no viene con nuestra
+cordillita?».
+
+--En seguida traeré para remediaros a todos--dijo la anciana--. Pero antes
+quiero saludar a ese caballero rancio, que es tan fino y atento con las
+señoras».
+
+Entró en el llamado gabinete, y el señor de Ponte y Delgado se deshizo
+con ella en afectuosos cumplidos de buena sociedad. «Siempre echándola a
+usted de menos, Benina... y muy desconsolado cuando _brilla usted por su
+ausencia_.
+
+--¡Que brillo por mi ausencia!... ¿Pero qué disparates está usted
+diciendo, Sr. de Ponte? O es que no entendemos nosotras, las mujeres de
+pueblo, esos términos tan _fisnos_... Ea, quédense con Dios. Yo vuelvo
+pronto, que tengo que dar de almorzar a la niña y a los señores gatos. Y
+aunque el Sr. D. Frasquito no quiera, ha de hacer aquí penitencia. Le
+convido yo... no, le convida la señorita.
+
+--¡Oh, cuánto honor!... Lo agradezco infinito. Yo pensaba retirarme.
+
+--Sí, ya sabemos que siempre está usted convidado en casas de la
+grandeza. Pero como es tan bueno, se _dizna_ sentarse a la mesa de los
+pobres.
+
+--Consideración que tanto le agradecemos--dijo Obdulia--. Ya sé que para el
+Sr. de Ponte es un sacrificio aceptar estas pobrezas...
+
+--¡Por Dios, Obdulia!...
+
+--Pero su mucha bondad le _inspira_ estos y otros mayores sacrificios.
+¿Verdad, Ponte?
+
+--Ya la he reñido a usted, amiga mía, por ser tan paradójica. Llama
+sacrificio al mayor placer que puede existir en la vida.
+
+--¿Tienes carbón?...--preguntó Benina bruscamente, como quien arroja una
+piedra en un macizo de flores.
+
+--Creo que hay algo--replicó Obdulia--; y si no, lo traes también».
+
+Fue Nina para adentro, y habiendo encontrado combustible, aunque escaso,
+se puso a encender lumbre y a preparar sus pucheros. Durante la prosaica
+operación, conversaba con las astillas y los carbones, y sirviéndose del
+fuelle como de un conducto fonético, les decía: «Voy a tener otra vez el
+gusto de dar de comer a ese pobre hambriento, que no confiesa su hambre
+por la vergüenza que le da... ¡Cuánta miseria en este mundo, Señor! Bien
+dicen que quien más ha visto, más ve. Y cuando se cree una que es el
+acabose de la pobreza, resulta que hay otros más miserables, porque una
+se echa a la calle, y pide, y le dan, y come, y con medio panecillo se
+alimenta... Pero estos que juntan la vergüenza con la gana de comer, y
+son delicados y medrosicos para pedir; estos que tuvieron posibles y
+educación, y no quieren rebajarse... ¡Dios mío, qué desgraciados son!
+lo que discurrirán para matar el gusanillo... Si me sobra dinero,
+después de darle de almorzar, he de ver cómo me las compongo para que
+tome la peseta que necesita para pagar el catre de esta noche. Pero ¡ay!
+no... que necesitará ocho reales. Me da el corazón que anoche no pagó...
+y como esa condenada Bernarda no fía más que una vez... será preciso
+pagarle toda la cuenta... y a saber si le ha fiado dos o tres noches...
+No, aunque yo tuviera el dinero, no me atrevería a dárselo; y aunque se
+lo ofreciese, primero dormía al raso que cogerlo de estas manos
+pobres... ¡Señor, qué cosas, qué cosas se van viendo cada día en este
+mundo tan grande de la miseria!».
+
+En tanto el lánguido Frasquito y la esmirriada Obdulia platicaban
+gozosos de cosas gratas, harto distantes de la triste realidad. Desde
+que vio entrar a la Providencia, en figura de Benina, sintiose la niña
+calmada de su ansiedad y sobresalto, y el caballero también respiró por
+el propio motivo feliz, y se le alegraron las pajarillas viendo
+conjurado, por aquel día, un grave conflicto de subsistencias. Uno y
+otro, marchita dama y galán manido, poseían, en medio de su radical
+penuria, una _riqueza_ inagotable, eficacísima, casi acuñable, extraída
+de la mina de su propio espíritu; y aunque usaban de los productos de
+este venero con prodigalidad, mientras más gastaban, más superabundancia
+tenían sus caudales. Consistía, pues, esta riqueza, en la facultad
+preciosa de desprenderse de la realidad, cuando querían, trasladándose a
+un mundo imaginario, todo bienandanzas, placeres y dichas. Gracias a
+esta divina facultad, se daba el caso de que ni siquiera advirtiesen, en
+muchas ocasiones, sus enormes desdichas, pues cuando se veían privados
+absolutamente de los bienes positivos, sacaban de la imaginación el
+cuerno de Amaltea, y lo agitaban para ver salir de él los bienes
+ideales. Lo extraño era que el Sr. de Ponte Delgado, con tener tres
+veces lo menos la edad de Obdulia, casi la superaba en poder
+imaginativo, pues en la declinación de la vida, se renovaban en él los
+aleteos de la infancia.
+
+D. Frasquito era lo que vulgarmente se llama _un alma de Dios_. Su edad
+no se sabía, ni en parte alguna constaba, pues se había quemado el
+archivo de la iglesia de Algeciras donde le bautizaron. Poseía el raro
+privilegio físico de una conservación que pudiera competir con la de las
+momias de Egipto, y que no alteraban contratiempos ni privaciones. Su
+cabello se conservaba negro y abundante; la barba, no; pero con un poco
+de betún casi armonizaban una con otro. Gastaba melenas, no de las
+románticas, desgreñadas y foscas, sino de las que se usaron hacia el
+50, lustrosas, con raya lateral, los mechones bien ahuecaditos sobre las
+orejas. El movimiento de la mano para ahuecar los dos mechones y
+modelarlos en su sitio, era uno de esos resabios fisiológicos, de
+_segunda naturaleza_, que llegan a ser parte integrante de la primera.
+Pues con su melenita de cocas y su barba pringosa y retinta, el rostro
+de Frasquito Ponte era de los que llaman _aniñados_, por no sé qué
+expresión de ingenuidad y confianza que veríais en su nariz chica, y en
+sus ojos que fueron vivaces y ya eran mortecinos. Miraban siempre con
+ternura, lanzando sus rayos de ocaso melancólico en medio de un celaje
+de lagrimales pitañosos, de pestañas ralas, de párpados rugosos, de
+extensas patas de gallo. Dos presunciones descollaban entre las muchas
+que constituían el orgullo de Ponte Delgado, a saber: la melena y el pie
+pequeño. Para las mayores desdichas, para las abstinencias más crueles y
+mortificantes, tenía resignación; para llevar zapatos muy viejos o que
+desvirtuaran la estructura perfecta y las lindas proporciones de sus
+piececitos, no la tenía, no.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Del arte exquisito para conservar la ropa no hablemos. Nadie como él
+sabía encontrar en excéntricos portales sastres económicos, que por
+poquísimo dinero _volvían_ una pieza; nadie como él sabía tratar con
+mimo las prendas de uso perenne para que desafiaran los años,
+conservándose en los puros hilos; nadie como él sabía emplear la bencina
+para limpieza de mugres, planchar arrugas con la mano, estirar lo
+encogido y enmendar rodilleras. Lo que le duraba un sombrero de copa no
+es para dicho. Para averiguarlo no valdría compulsar todas las
+cronologías de la moda, pues a fuerza de ser antigua la del
+chisterómetro que usaba, casi era moderna, y a esta ilusión contribuía
+el engaño de aquella felpa, tan bien alisada con amorosos cuidados
+maternales. Las demás prendas de ropa, si al sombrero igualaban en
+longevidad, no podían emular con él en el disimulo de años de servicio,
+porque con tantas vueltas y transformaciones, y tantos recorridos de
+aguja y pases de plancha, ya no eran sino sombra de lo que fueron. Un
+gabancillo de verano, clarucho, usaba D. Frasquito en todo tiempo: era
+su prenda menos inveterada, y le servía para ocultar, cerrado hasta el
+cuello, todo lo demás que llevaba, menos la mitad de los pantalones. Lo
+que se escondía debajo de la tal prenda, sólo Dios y Ponte lo sabían.
+
+Persona más inofensiva no creo haya existido nunca; más inútil, tampoco.
+Que Ponte no había servido nunca para nada, lo atestiguaba su miseria,
+imposible de disimular en aquel triste occidente de su vida. Había
+heredado una regular fortunilla, desempeñó algunos destinos buenos, y no
+tuvo atenciones ni cargas de familia, pues se petrificó en el celibato,
+primero por adoración de sí mismo, después por haber perdido el tiempo
+buscando con demasiado escrúpulo y criterio muy rígido un matrimonio de
+conveniencia, que no encontró, ni encontrar podía, con las gollerías y
+perendengues que deseaba. En la época en que aún no existía la palabra
+_cursi_, Ponte Delgado consagró su vida a la sociedad, vistiendo con
+afectada elegancia, frecuentando, no diré los salones, porque entonces
+poco se usaba esta denominación, sino algunos estrados de casas buenas y
+distinguidas. Los verdaderos salones eran pocos, y Frasquito, por más
+que en su vejez hacía gala de haber entrado en ellos, la verdad era que
+ni por el forro los conocía. En las tertulias que frecuentaba y bailes
+a que asistía, así como en los casinos y centros de reunión masculina,
+no digamos que desentonaba; pero tampoco se distinguía por su ingenio,
+ni por esa hidalga mezcla de corrección y desgaire que constituye la
+elegancia verdadera. Muy estiradito siempre, eso sí; muy atento a sus
+guantes, a su corbata, a su pie pequeño, resultaba grato a las damas,
+sin interesar a ninguna; tolerable para los hombres, algunos de los
+cuales verdaderamente le estimaban.
+
+Sólo en nuestra sociedad heterogénea, libre de escrúpulos y
+distinciones, se da el caso de que un hidalguete, poseedor de cuatro
+terruños, o un empleadillo de mediano sueldo, se confundan con marqueses
+y condes de sangre azul, o con los próceres del dinero, en los centros
+de falsa elegancia; que se junten y alternen los que explotan la vida
+suntuaria por sus negocios, o sus vanidades, o bien por audaces amoríos,
+y los que van a bailar y a comer y departir con las señoras, sin más
+objeto que procurarse recomendaciones para un ascenso, o el favor de un
+jefe para faltar impunemente a las horas de oficinas. No digo esto por
+Frasquito Ponte, el cual era algo más que un pelagatos fino en los
+tiempos de su apogeo social. Su decadencia no empezó a manifestarse de
+un modo notorio hasta el 59; se defendió heroicamente hasta el 68, y al
+llegar este año, marcado en la tabla de su destino con trazo muy negro,
+desplomose el desdichado galán en los abismos de la miseria, para no
+levantarse más. Años antes se había comido los últimos restos de su
+fortuna. El destino que con grandes fatigas pudo conseguir de González
+Bravo, se lo quitó despiadadamente la revolución; no gozaba cesantía, no
+había sabido ahorrar. Quedose el cuitado sin más rentas que el día y la
+noche, y la compasión de algunos buenos amigos que le sentaban a su
+mesa. Pero los buenos amigos se murieron o se cansaron, y los parientes
+no se mostraban compasivos. Pasó hambres, desnudeces, privaciones de
+todo lo que había sido su mayor gusto, y en tan tremenda crisis, su
+delicadeza innata y su amor propio fueron como piedra atada al cuello
+para que más pronto se hundiera y se ahogara: no era hombre capaz de
+importunar a los amigos con solicitudes de dinero, vulgo _sablazos_, y
+sólo en contadísimas ocasiones, verdaderos casos críticos o de peligro
+de muerte, en la lucha con la miseria, se aventuró a extender la mano en
+demanda de auxilio, revistiéndola, eso sí, para guardar las formas, de
+un guante, que aunque descosido y roto, guante era al fin. Antes se
+muriera de hambre Frasquito, que hacer cosa alguna sin dignidad. Se dio
+el caso de entrar disfrazado en el figón de Boto, a comer dos reales de
+cocido, antes que presentarse en una buena casa, donde si le admitían
+con agasajo, también lastimaban con crueles bromas su decoro,
+refregándole en el rostro su gorronería y parasitismo.
+
+Con angustioso afán buscaba el infeliz medios de existencia, aunque
+fueran de los menos lucrativos; pero la cortedad de sus talentos
+dificultaba más lo que en todos los casos es difícil. Tanto revolvió,
+que al fin pudo encontrar algunos empleíllos, indignos ciertamente de su
+anterior posición, pero que le permitieron vivir algún tiempo sin
+_rebajarse_. Su miseria, al cabo, podía decorarse con un barniz de
+dignidad. Recibir un corto auxilio pecuniario como pasante de un
+colegio, o como escribiente de unos boteros de la calle de Segovia, para
+llevarles las cuentas y _ponerles_ las cartas, era limosna ciertamente,
+pero tan bien disimulada, que no había desdoro en recibirla. Arrastró
+vida mísera durante algunos años, solitario habitante de los barrios del
+Sur, sin atreverse a pasar a los del Centro y Norte, por miedo de
+encontrar _conocimientos_ que le vieran mal calzado y peor vestido; y
+habiendo perdido aquellos acomodos, buscó otros, aceptando al fin, no
+sin escrúpulos y crispaduras de nervios, el cargo de comisionista o
+viajante de una fábrica de jabón, para ir de tienda en tienda y de casa
+en casa ofreciendo el género, y colocando las partidas que pudiera. Mas
+tan poca labia y malicia el pobrecillo desplegaba en este oficio
+chalanesco, que pronto hubo de quedarse en la calle. Últimamente le
+deparó el cielo unas señoras viejas de la Costanilla de San Andrés, para
+que les llevara las cuentas de un resto de comercio de cerería, que
+liquidaban, cediendo en pequeñas partidas las existencias a las
+parroquias y congregaciones. Escaso era el trabajo; mas por él le daban
+tan sólo dos pesetas diarias, con las cuales realizaba el milagro de
+vivir, agenciándose comida y lecho, y no se dice casa, porque en
+realidad no la tenía.
+
+Ya desde el 80, que fue el año terrible para el sin ventura Frasquito,
+se determinó a no tener domicilio, y después de unos días de horrorosa
+crisis en que pudo compararse al caracol, por el aquel de llevar su casa
+consigo, entendiose con la _señá_ Bernarda, la dueña de los dormitorios
+de la calle del Mediodía Grande, mujer muy dispuesta y que sabía
+distinguir. Por tres reales le daba cama de a peseta, y en obsequio a la
+excepcional decencia del parroquiano, por sólo un real de añadidura le
+dejaba tener su baúl en un cuartucho interior, donde, además, le
+permitía estar una hora todas las mañanas arreglándose la ropa, y
+acicalándose con sus lavatorios, cosméticos y manos de tinte. Entraba
+como un cadáver, y salía desconocido, limpio, oloroso y reluciente de
+hermosura.
+
+La restante peseta la empleaba en comer y en vestirse... ¡Problema
+inmenso, álgebra imposible! Con todos sus apuros, aquella temporada le
+dio relativo descanso, porque no sufría la humillación de pedir socorro,
+y malo o bueno, tuerto o derecho, tenía el hombre un medio de vivir, y
+vivía y respiraba, y aún le sobraba tiempo para dar algunas volteretas
+por los espacios imaginarios. Su honesto trato con Obdulia, que vino del
+conocimiento con Doña Paca y de las relaciones comerciales de las viejas
+cereras con el _funerario_, suegro de la niña, si llevó al espíritu de
+Ponte el consuelo de la concordancia de ideas, gustos y aficiones, le
+puso en el grave compromiso de desatender las necesidades de boca para
+comprarse unas botas nuevas, pues las que por entonces prestaban
+servicio exclusivo hallábanse horrorosamente desfiguradas, y por todo
+pasaba el menesteroso, menos por entrar con feo pie en las regiones de
+lo ideal.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Con el espantoso desequilibrio que trajeron al menguado presupuesto, las
+botas nuevas y otros artículos de verdadera superfluidad, como pomada,
+tarjetas, etc., en los cuales fue preciso invertir sumas de relativa
+consideración, se quedó Frasquito enteramente vacío de barriga y sin
+saber dónde ni cómo había que llenarla. Pero la Providencia, que no
+abandona a los buenos, le deparó su remedio en la casa misma de Obdulia,
+que le mataba el hambre algunos días, rogándole que la acompañase a
+almorzar; y por cierto que tenía que gastar no poca saliva para
+reducirle, y vencer su delicadeza y cortedad. Benina, que le leía en el
+rostro la inanición, gastaba menos etiquetas que su señorita, y le
+servía con brusquedad, riéndose de los melindres y repulgos con que daba
+delicada forma a la aceptación.
+
+Aquel día, que tan siniestro se presentaba, y que la aparición de Benina
+trocó en uno de los más dichosos, Obdulia y Frasquito, en cuanto
+comprendieron que estaba resuelto el problema de la reparación
+orgánica, se lanzaron a cien mil leguas de la realidad, para espaciar
+sus almas en el rosado ambiente de los bienes fingidos. Las ideas de
+Ponte eran muy limitadas: las que pudo adquirir en los veinte años de su
+apogeo social se petrificaron, y ni en ellas hubo modificación, ni las
+adquirió nuevas. La miseria le apartó de sus antiguas amistades y
+relaciones, y así como su cuerpo se momificaba, su pensamiento se iba
+quedando fósil. En su manera de pensar, no había rebasado las líneas del
+68 y 70. Ignoraba cosas que sabe todo el mundo; parecía hombre caído de
+un nido o de las nubes; juzgaba de sucesos y personas con candorosa
+inocencia. La vergüenza de su aflictivo estado y el retraimiento
+consiguiente, no tenían poca parte en su atraso mental y en la pobreza
+de sus pensamientos.
+
+Por miedo a que le viesen hecho una facha, se pasaba semanas y aun meses
+sin salir de sus barrios; y como no tuviera necesidad imperiosa que al
+centro le llamase, no pasaba de la Plaza Mayor. Le azaraba continuamente
+la monomanía centrífuga; prefería para sus divagaciones las calles
+obscuras y extraviadas, donde rara vez se ve un sombrero de copa. En
+tales sitios, y disfrutando de sosiego, tiempo sin tasa y soledad, su
+poder imaginativo hacía revivir los tiempos felices, o creaba en los
+presentes seres y cosas al gusto y medida del mísero soñador.
+
+En sus coloquios con Obdulia, Frasquito no cesaba de referirle su vida
+social y elegante de otros tiempos, con interesantes pormenores: cómo
+fue presentado en las tertulias de los señores de Tal, o de la Marquesa
+de Cuál; qué personas distinguidas allí conoció, y cuáles eran sus
+caracteres, costumbres y modos de vestir. Enumeraba las casas suntuosas
+donde había pasado horas felices, conociendo lo mejorcito de Madrid en
+ambos sexos, y recreándose con amenos coloquios y pasatiempos muy
+bonitos. Cuando la conversación recaía en cosas de arte, Ponte, que
+deliraba por la música y por el _Real_, tarareaba trozos de _Norma_ y de
+_Maria di Rohan_, que Obdulia escuchaba con éxtasis. Otras veces,
+lanzándose a la poesía, recitábale versos de D. Gregorio Romero
+Larrañaga y de otros vates de aquellos tiempos bobos. La radical
+ignorancia de la joven era terreno propio para estos ensayos de
+literaria educación, pues en todo hallaba novedad, todo le causaba el
+embeleso que sentiría una criatura al ver juguetes por primera vez.
+
+No se saciaba nunca la _niña_ (a quien es forzoso llamar así, a pesar de
+ser casada, con su aborto correspondiente) de adquirir informes y
+noticias de la vida de sociedad, pues aunque algunos conocimientos de
+ello tuviera, por recuerdos vagos de su infancia, y por lo que su madre
+le había contado, hallaba en las descripciones y pinturas de Ponte mayor
+encanto y poesía. Sin duda, la sociedad del tiempo de Frasquito era más
+bella que la coetánea, más finos los hombres, las señoras más graciosas
+y espirituales. A ruego de ella, el elegante fósil describía los
+convites, los bailes, con todas sus magnificencias; el _buffet_ o
+_ambigú_, con sus variados manjares y refrigerios; contaba las aventuras
+amorosas que en su tiempo dieron que hablar; enumeraba las reglas de
+buena educación que entonces, hasta en los ínfimos detalles de la vida
+suntuaria, estaba en uso, y hacía el panegírico de las bellezas que en
+su tiempo brillaron, y ya se habían muerto o eran arrinconados
+vejestorios. No se dejó en el tintero sus propias aventurillas, o más
+bien pinitos amorosos, ni los disgustos que por tales excesos tuvo con
+maridos escamones o hermanos susceptibles. De las resultas, había tenido
+también su duelo correspondiente, ¡vaya! con padrinos, condiciones,
+elección de armas, dimes y diretes, y, por fin, choque de sables,
+terminando todo en fraternal almuerzo. Un día tras otro, fue contando
+las varias peripecias de su vida social, la cual contenía todas las
+variedades del libertinaje candoroso, de la elegancia pobre y de la
+tontería honrada. Era también Frasquito un excelente aficionado al arte
+escénico, y representó en distintos teatros caseros papeles principales
+en _Flor de un día_ y _La trenza de sus cabellos_. Aún recordaba
+parlamento y _bocadillos_ de ambas obras, que repetía con énfasis
+declamatorio, y que Obdulia oía con arrobamiento, _arrasados los ojos en
+lágrimas_, dicho sea con frase de la época. Refirió también, y para ello
+tuvo que emplear dos sesiones y media, el baile de trajes que dio, allá
+por los años de Maricastaña, una señora Marquesa o Baronesa de No sé
+cuántos. No olvidaría Frasquito, si mil años viviese, aquella grandiosa
+fiesta, a la que asistió de _bandido calabrés_. Y se acordaba de todos,
+absolutamente de todos los trajes, y los describía y especificaba, sin
+olvidar cintajo ni galón. Por cierto que los preparativos de su
+vestimenta, y los pasos que tuvo que dar para procurarse las prendas
+características, le robaron tanto tiempo día y noche, que faltó semanas
+enteras a la oficina, y de aquí le vino la primera cesantía, y con la
+cesantía sus primeros atrasos.
+
+Aunque en muy pequeña escala, también podía Frasquito satisfacer otra
+curiosidad de Obdulia: la curiosidad, o más bien ilusión, de los viajes.
+No había dado la vuelta al mundo; pero ¡había estado en París! y para un
+elegante, esto quizás bastaba. ¡París! ¿Y cómo era París? Obdulia
+devoraba con los ojos al narrador, cuando este refería con hiperbólicos
+arranques las maravillas de la gran ciudad, nada menos que en los
+esplendorosos tiempos del segundo Imperio. ¡Ah! ¡la Emperatriz Eugenia,
+los Campos Elíseos, los bulevares, Nôtre Dame, Palais Royal... y para
+que en la descripción entrara todo, Mabille, las loretas!... Ponte no
+estuvo más que mes y medio, viviendo con grande economía, y aprovechando
+muy bien el tiempo, día y noche, para que no se le quedara nada por ver.
+En aquellos cuarenta y cinco días de libertad parisiense, gozó lo
+indecible, y se trajo a Madrid recuerdos e impresiones que contar para
+tres años seguidos. Todo lo vio, lo grande y lo chico, lo bello y lo
+raro; en todo metió su nariz chiquita, y no hay que decir que se
+permitió su poco de libertinaje, deseando conocer los encantos secretos
+y seductoras gracias que esclavizan a todos los pueblos, haciéndoles
+tributarios de la voluptuosa Lutecia.
+
+Precisamente aquel día, mientras Benina con diligencia suma trasteaba en
+la cocina y comedor, Frasquito contaba a Obdulia cosas de París, y tan
+pronto, en su pintoresco relato, descendía a las alcantarillas, como se
+encaramaba en la torre del pozo artesiano de Grenelle.
+
+--Muy cara ha de ser la vida en París--le dijo su amiga--. ¡Ah! Sr. de
+Ponte, eso no es para pobres.
+
+--No, no lo crea usted. Sabiendo manejarse, se puede vivir como se
+quiera. Yo gastaba de cuatro a cinco napoleones diarios, y nada se me
+quedó por ver. Pronto aprendí las _correspondencias_ de los ómnibus, y a
+los sitios más distantes iba por unos cuantos _sus_. Hay _restauranes_
+económicos, donde le sirven a usted por poco dinero buenos platos.
+Verdad es que en propinas, que allí llaman _pour boire_, se gasta más de
+la cuenta; pero créame usted, las da uno con gusto por verse tratado con
+tanta amabilidad. No oye usted más que _pardon_, _pardon_ a todas horas.
+
+--Pero entre las mil cosas que usted vio, Ponte, se olvida de lo mejor.
+¿No vio usted a los grandes hombres?
+
+--Le diré a usted. Como era verano, los grandes hombres se habían ido a
+tomar baños. Víctor Hugo, como usted sabe, estaba en la emigración.
+
+--Y a Lamartine, ¿no le vio usted?
+
+--En aquella época, ya el autor de _Graziella_ había fallecido. Una
+tarde, los amigos que me acompañaban en mis paseos me enseñaron la casa
+de Thiers, el gran historiador, y también me llevaron al café donde, por
+invierno, solía ir a tomarse su copa de cerveza Paul de Kock.
+
+--¿El de las novelas para reír? Tiene gracia; pero sus indecencias y
+porquerías me fastidian.
+
+También vi la zapatería donde le hacían las botas a Octavio Feuillet.
+Por cierto que allí me encargué unas, que me costaron seis napoleones...
+¡pero qué hechura, qué género! Me duraron hasta el año de la muerte de
+Prim...
+
+--Ese Octavio, ¿de qué es autor?
+
+--De _Sibila_ y otras obras lindísimas.
+
+--No le conozco... Creo confundirle con Eugenio Sué, que escribió, si no
+recuerdo mal, los _Pecados capitales_ y _Nuestra Señora de París_.
+
+--_Los Misterios de París_, quiere usted decir.
+
+--Eso... ¡Ay, me puse mala cuando leí esa obra, de la gran impresión que
+me produjo!
+
+--Se identificaba usted con los personajes, y vivía la vida de ellos.
+
+--Exactamente. Lo mismo me ha pasado con _María o la hija de un
+jornalero_...».
+
+En esto les avisó Benina que ya tenía preparada la pitanza, y les faltó
+tiempo para caer sobre ella y hacer los debidos honores a la tortilla de
+escabeche y a las chuletas con patatas fritas. Dueño de su voluntad en
+todo acto que requiriese finura y buenas formas, Ponte se las compuso
+admirablemente con sus nervios para no dar a conocer la ferocidad de su
+hambre atrasada. Con bondadosa confianza, Benina le decía: «Coma, coma,
+Sr. de Ponte, que aunque esta no es comida fina, como las que a usted le
+dan en otras casas, no le viene mal ahora... Los tiempos están malos.
+Hay que apencar con todo...
+
+--Señora Nina--replicaba el _proto-cursi_--, yo aseguro, bajo mi palabra de
+honor, que es usted un ángel; yo _me inclino a creer_ que en el cuerpo de
+usted se ha encarnado un ser benéfico y misterioso, un ser que es _mera_
+personificación de la Providencia, según la entendían y entienden los
+pueblos antiguos y modernos.
+
+--¡Válgate Dios lo que sabe, y qué tonterías tan saladas dice!».
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Con la reparadora substancia del almuerzo, los cuerpos parecía que
+resucitaban, y los espíritus fortalecidos levantaron el vuelo a las más
+altas regiones. Instalados otra vez en el gabinete, Ponte Delgado contó
+las delicias de los veranos de Madrid en su tiempo. En el Prado se
+reunía toda la nata y flor. Los pudientes iban de estación a la Granja.
+Él había visitado más de una vez el Real Sitio, y había visto correr
+las fuentes.
+
+«¡Y yo que no he visto nada, nada!--exclamaba Obdulia con tristeza,
+poniendo en sus bellos ojos un desconsuelo infantil--. Crea usted, amigo
+Ponte, que ya me habría vuelto tonta de remate, si Dios no me hubiera
+dado la facultad de figurarme las cosas que no he visto nunca. No puede
+usted imaginar cuánto me gustan las flores: me muero por ellas. En su
+tiempo, mamá me dejaba tener tiestos en el balcón: después me los
+quitaron, porque un día regué tanto, que subió el policía y nos echaron
+multa. Siempre que paso por un jardín, me quedo embobada mirándolo.
+¡Cuánto me gustaría ver los de Valencia, los de la Granja, los de
+Andalucía!... Aquí apenas hay flores, y las que vemos vienen por
+ferrocarril, y llegan mustias. Mi deseo es admirarlas en la planta.
+Dicen que hay tantísimas clases de rosas: yo quiero verlas, Ponte; yo
+quiero _aspirar su aroma_. Se dan grandes y chicas, encarnadas y
+blancas, de muchas variedades. Quisiera ver una planta de jazmín grande,
+grande, que me diera sombra. ¡Y cómo me quedaría yo embelesada, viendo
+las mil florecillas caer sobre mis hombros, y prendérseme en el pelo!...
+Yo sueño con tener un magnífico jardín y una estufa... ¡Ay! esas estufas
+con plantas tropicales y flores rarísimas, quisiera verlas yo. Me las
+figuro; las estoy viendo... me muero de pena por no poder poseerlas.
+
+--Yo he visto--dijo Ponte--, la de D. José Salamanca en sus buenos tiempos.
+Figúresela usted más grande que esta casa y la de al lado juntas.
+Figúrese usted palmeras y helechos de gran altura, y piñas de América
+con fruto. Me parece que la estoy viendo.
+
+--Y yo también. Todo lo que usted me pinta, lo veo. A veces, soñando,
+soñando, y viendo cosas que no existen, es decir, que existen en otra
+parte, me pregunto yo: '¿Pero no podría suceder que algún día tuviera yo
+una casa magnífica, elegante, con salones, estufa... y que a mi mesa se
+sentaran los _grandes hombres_... y yo hablara con ellos y con ellos me
+instruyera?'.
+
+--¿Por qué no ha de poder ser? Usted es muy joven, Obdulia, y tiene aún
+mucha vida por delante. Todo eso que usted ve en sueños, véalo como una
+realidad posible, probable. Dará usted comidas de veinte cubiertos, una
+vez por semana, los miércoles, los lunes... Le aconsejo a usted, como
+perro viejo en sociedad, que no ponga más de veinte cubiertos, y que
+invite para esos días gente muy escogida.
+
+--¡Ah!... bien... lo mejor, la _crema_...
+
+--Los demás días, seis cubiertos, los convidados íntimos y nada más;
+personas de alcurnia, ¿sabe? personas allegadas a usted y que le tengan
+cariño y respeto. Como es usted tan hermosa, tendrá adoradores... eso no
+lo podrá evitar... No dejará de verse en algún peligro, Obdulia. Yo le
+aconsejo que sea usted muy amable con todos, muy fina, muy cortés; pero
+en cuanto se propase alguno, revístase de dignidad, y vuélvase más fría
+que el mármol, y desdeñosa como una reina.
+
+--Eso mismo he pensado yo, y lo pienso a todas horas. Estaré tan ocupada
+en divertirme, que no se me ocurrirá ninguna cosa mala. ¡Que gusto ir a
+todos los teatros, no perder ópera, ni concierto, ni función de drama o
+comedia, ni estreno, ni nada, Señor, nada! Todo lo he de ver y gozar...
+Pero crea usted una cosa, y se la digo con el corazón. En medio de todo
+ese barullo, yo gozaría extremadamente en repartir muchas limosnas; iría
+yo en busca de los pobres más desamparados, para socorrerles y... En
+fin, que yo no quiero que haya pobres... ¿Verdad, Frasquito, que no debe
+haberlos?
+
+--Ciertamente, señora. Usted es un ángel, y con la _varilla mágica de su
+bondad_ hará desaparecer todas las miserias.
+
+--Ya se me figura que es verdad cuanto usted me dice. Yo soy así. Vea
+usted lo que me pasa: hace un rato hablábamos de flores; pues ya se me
+ha pegado a la nariz un olor riquísimo. Paréceme que estoy dentro de mi
+estufa, viendo tantos primores, y oliendo fragancias deliciosas. Y
+ahora, cuando hablábamos de socorrer la miseria, se me ocurrió decirle:
+'Frasquito, tráigame una lista de los pobres que usted conozca, para
+empezar a distribuir limosnas'.
+
+--La lista pronto se hace, señora mía--dijo Ponte contagiado del delirio
+imaginativo, y pensando que debía encabezar la propuesta con el nombre
+del primer menesteroso del mundo: _Francisco Ponte Delgado_.
+
+--Pero habrá que esperar--añadió Obdulia, dándose de hocicos contra la
+realidad, para volver a saltar otra vez, cual pelota de goma, y
+remontarse a las alturas--. Y diga usted: en ese correr por Madrid
+buscando miserias que aliviar, me cansaré mucho, ¿verdad?
+
+--¿Pero para qué quiere usted sus coches?... Digo, yo _parto de la base_
+de que usted tiene una gran posición.
+
+--Me acompañará usted.
+
+--Seguramente.
+
+--¿Y le veré a usted paseando a caballo por la Castellana?
+
+--No digo que no. Yo he sido regular jinete. No gobierno mal... Ya que
+hemos hablado de carruajes, le aconsejo a usted que no tenga cocheras...
+que se entienda con un alquilador. Los hay que sirven muy bien. Se
+quitará usted muchos quebraderos de cabeza.
+
+--¿Y qué le parece a usted?--dijo Obdulia ya desbocada y sin freno--.
+Puesto que he de viajar, ¿a dónde debo ir primero, a Alemania o a Suiza?
+
+--Lo primero a París...
+
+--Es que yo me figuro que ya he visto a París... Eso es de clavo
+pasado... Ya estuve: quiero decir, ya estoy en que estuve, y que
+volveré, de paso para otro país.
+
+--Los lagos de Suiza son linda cosa. No olvide usted las ascensiones a
+los Alpes para ver... los perros del Monte San Bernardo, los grandes
+témpanos de hielo, y otras maravillas de la Naturaleza.
+
+--Allí me hartaré de una cosa que me gusta atrozmente: manteca de vacas
+bien fresca... Dígame, Ponte, con franqueza: ¿qué color cree usted que
+me sienta mejor, el rosa o el azul?
+
+--Yo afirmo que a usted le sientan bien todos los colores _del iris_;
+mejor dicho: no es que este o el otro color hagan valer más o menos su
+belleza; es que su belleza tiene bastante poder para dar realce a
+cualquier color que se le aplique.
+
+--Gracias... ¡Qué bien dicho!
+
+--Yo, si usted me lo permite--manifestó el galán marchito, sintiendo el
+vértigo de las alturas--, haré la comparación de su figura de usted con
+la figura y rostro... ¿de quién creerá?... pues de la Emperatriz
+Eugenia, ese prototipo de elegancia, de hermosura, de distinción...
+
+--¡Por Dios, Frasquito!
+
+--No digo más que lo que siento. Esa mujer _ideal_ no se me ha olvidado,
+desde que la vi en París, paseando en el _Bois_ con el Emperador. La he
+visto mil veces después, cuando _flaneo_ solito por esas calles soñando
+despierto, o cuando me entra el insomnio, encerrado las horas muertas _en
+mis habitaciones_. Paréceme que la estoy viendo ahora, que la veo
+siempre... Es una idea, es un... no sé qué. Yo soy un hombre que adora
+los ideales, que no vive sólo de la _vil materia_. Yo desprecio la _vil
+materia_, yo sé desprenderme del _frágil barro_...
+
+--Entiendo, entiendo... Siga usted.
+
+--Digo que en mi espíritu vive la imagen de aquella mujer... y la veo
+como un ser real, como un ente... no puedo explicarlo... como un ente,
+no figurado, sino tangible y...
+
+--¡Oh! sí... lo comprendo. Lo mismo me pasa a mí.
+
+--¿Con ella?
+
+--No... con... no sé con quién».
+
+Por un momento, creyó Frasquito que el _ser ideal_ de Obdulia era el
+Emperador. Incitado a completar su pensamiento, prosiguió así:
+
+«Pues, amiga mía, yo que _conozco_, que _conozco_, digo, a Eugenia de
+Guzmán, sostengo que usted es como ella, o que ella y usted son una
+misma persona.
+
+--Yo no creo que pueda existir tal semejanza, Frasquito--replicó la niña,
+turbada, echando lumbre por los ojos.
+
+--La fisonomía, las facciones, así de perfil como de frente, la
+expresión, el aire del cuerpo, la mirada, el gesto, los andares, todo,
+todo es lo mismo. Créame usted, yo no miento nunca.
+
+--Puede ser que haya cierto parecido...--indicó Obdulia, ruborizándose
+hasta la raíz del cabello--. Pero no seremos iguales; eso no.
+
+--Como dos gotas de agua. Y si se _parecen ustedes_ en lo físico...--dijo
+Frasquito, echándose para atrás en el sillón y adoptando un tonillo de
+franca naturalidad--, no es menor el parecido en lo moral, en el aire de
+persona que ha nacido y vive en la más alta posición, en algo que revela
+la conciencia de una superioridad a la que todos rinden acatamiento. En
+suma, yo sé lo que me digo. Nunca veo tan clara la semejanza como cuando
+usted manda algo a la Benina: se me figura que veo a Su Majestad
+Imperial dando órdenes a sus chambelanes.
+
+--¡Qué cosas!... Eso no puede ser, Ponte... no puede ser».
+
+Entrole a la niña un reír nervioso, cuya estridencia y duración
+parecían anunciar un ataque epiléptico. Riose también Frasquito, y
+desbocándose luego por los espacios imaginativos, dio un bote
+formidable, que, traducido al lenguaje vulgar, es como sigue:
+
+«Hace poco indicó usted que me vería paseando a caballo por la
+Castellana. ¡Ya lo creo que podría usted verme! Yo he sido un buen
+jinete. En mi juventud, tuve una jaca torda, que era una pintura. Yo la
+montaba y la gobernaba admirablemente. Ella y yo _llamamos la atención_
+en La Línea primero, después en Ronda, donde la vendí, para comprarme un
+caballo jerezano, que después fue adquirido... pásmese usted... por la
+Duquesa de Alba, hermana de la Emperatriz, mujer elegantísima también...
+y que también se le parece a usted, sin que las dos hermanas se
+parezcan.
+
+--Ya, ya sé...--dijo Obdulia, haciendo gala de entender de linajes--. Eran
+hijas de _la Montijo_.
+
+--Cabal, que vivía en la plazuela del Ángel, en aquel gran palacio que
+hace esquina a la plaza donde hay tantos pajaritos... mansión de
+hadas... yo estuve una noche... me presentaron Paco Ustáriz y Manolo
+Prieto, compañeros míos de oficina... Pues sí, yo era un buen jinete, y
+créame, algo queda.
+
+--Hará usted una figura arrogantísima...
+
+--¡Oh! no tanto.
+
+--¿Por qué es usted tan modesto? Yo lo veo así, y suelo ver las cosas
+bien claras. Todo lo que yo veo es verdad.
+
+--Sí; pero...
+
+--No me contradiga usted, Ponte, no me contradiga en esto ni en nada.
+
+--Acato humildemente sus aseveraciones--dijo Frasquito humillándose--.
+Siempre hice lo mismo con todas las damas a quienes he tratado, que han
+sido muchas, Obdulia, pero muchas...
+
+--Eso bien se ve. No conozco otra persona que se le iguale en la finura
+del trato. Francamente, es usted el prototipo de la elegancia... de
+la...
+
+--¡Por Dios!...».
+
+Al llegar a esta frase, el punto o vértice del delirio hízoles caer de
+bruces sobre la realidad la brusca entrada de Benina, que, concluidas
+sus faenas de fregado y arreglo de la cocina y comedor, se despedía.
+Cayó Ponte en la cuenta de que era la hora de ir a cumplir sus
+obligaciones en la casa donde trabajaba, y pidió licencia a la imperial
+dama para retirarse. Esta se la dio con sentimiento, mostrándose
+pesarosa de la soledad en que hasta el próximo día quedaba en sus
+palacios, habitados por sombras de chambelanes y otros guapísimos
+palaciegos. Que estos, ante los ojos de los demás mortales, tomaran
+forma de gatos mayadores, a ella no le importaba. En su soledad, se
+recrearía discurriendo muy a sus anchas por la estufa, admirando las
+galanas flores tropicales, y aspirando sus embriagadoras fragancias.
+
+Fuese Ponte Delgado, despidiéndose con afectuosas salutaciones y
+sonrisas tristes, y tras él Benina, que apresuró el paso para alcanzarle
+en el portal o en la calle, deseosa de echar con él un parrafito.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+«Sí, D. Frasco--le dijo codeándose con él en la calle de San Pedro
+Mártir--. Usted no tiene confianza conmigo, y debe tenerla. Yo soy pobre,
+más pobre que las ratas; y Dios sabe las amarguras que paso para
+mantener a mi señora y a la niña, y mantenerme a mí... Pero hay quien me
+gana en pobreza, y ese pobre de más _solenidá_ que nadie es usted... No
+diga que no.
+
+--Señá Benina, repito que es usted un ángel.
+
+--Sí... de cornisa... Yo no quiero que usted esté tan desamparado. ¿Por
+qué le ha hecho Dios tan vergonzoso? Buena es la vergüenza; pero no
+tanta, Señor... Ya sabemos que el Sr. de Ponte es persona decente; pero
+ha venido a menos, tan a menos, que no se lo lleva el viento porque no
+tiene por dónde agarrarlo. Pues bueno: yo soy _Juan Claridades_; después
+de atender a todo lo del día, me ha sobrado una peseta. Téngala...
+
+--Por Dios, _señá_ Benina--dijo Frasquito palideciendo primero, después
+rojo.
+
+--No haga melindres, que le vendrá muy bien para que pueda pagarle a
+Bernarda la cama de anoche.
+
+--¡Qué ángel, santo Dios, qué ángel!
+
+--Déjese de _angelorios_, y coja la moneda. ¿No quiere? Pues usted se lo
+pierde. Ya verá como las gasta la _dormilera_, que no fía más que una
+noche, y apurando mucho, dos. Y no salga diciendo que a mí me hace
+falta. ¡Como que no tengo otra! Pero yo me gobernaré como pueda para
+sacar el diario de mañana de debajo de las piedras... Que la tome, digo.
+
+--_Señá_ Benina, he llegado a tal extremidad de miseria y humillación,
+que aceptarla la peseta, sí, señora, la aceptaría, olvidándome de quién
+soy y de mi dignidad, etc... pero ¿cómo quiere usted que yo _reciba ese
+anticipo_, sabiendo, como sé, que usted pide limosna para atender a su
+señora? No puedo, no... Mi conciencia se subleva...
+
+--Déjese de sublevaciones, que no somos aquí _de tropa_. O usted se lleva
+la pesetilla, o me enfado, como Dios es mi padre. D. Frasquito, no haga
+papeles, que es usted más mendigo que el inventor del hambre. ¿O es que
+necesita más dinero, porque le debe más a la Bernarda? En este caso, no
+puedo dárselo, porque no lo tengo... Pero no sea usted lila, D.
+Frasquito, ni se haga de mieles, que esa lagartona de la Bernarda se lo
+comerá vivo, si no le acusa las cuarenta. A un parroquiano como usted,
+_de la aristocracia_, no se le niega el hospedaje porque deba, un
+suponer, tres noches, cuatro noches... Plántese el buen Frasquito, con
+cien mil pares, y verá cómo la Bernarda agacha las orejas... Le da usted
+sus cuatro reales a cuenta, y... échese a dormir tranquilo en el
+camastro».
+
+O no se convencía Ponte, o convencido de lo buena que sería para él la
+posesión de la peseta, le repugnaba el acto material de extender la mano
+y recibir la limosna. Benina reforzó su argumentación diciéndole: «Y
+puesto que es el niño tan vergonzoso, y no se atreve con su patrona, ni
+aun dándole a cuenta la _cantidá_, yo le hablaré a Bernarda, yo le diré
+que no le riña, ni le apure... Vamos, tome lo que le doy, y no me fría
+más la sangre, Sr. D. Frasquito».
+
+Y sin darle tiempo a formular nuevas protestas y negativas, le cogió la
+mano, le puso en ella la moneda, cerrole el puño a la fuerza, y se
+alejó corriendo. Ponte no hizo ademán de devolverle el dinero, ni de
+arrojarlo. Quedose parado y mudo; contempló a la Benina como a visión
+que se desvanece en un rayo de luz, y conservando en su mano izquierda
+la peseta, con la derecha sacó el pañuelo y se limpió los ojos, que le
+lloraban horrorosamente. Lloraba de irritación oftálmica senil, y
+también de alegría, de admiración, de gratitud.
+
+Aún tardó Benina más de una hora en llegar a la calle Imperial, porque
+antes pasó por la de la Ruda a hacer sus compras. Estas hubieron de ser
+al fiado, pues se le había concluido el dinero. Recaló en su casa
+después de las dos, hora no intempestiva ciertamente: otros días había
+entrado más tarde, sin que la señora por ello se enfadara. Dependía el
+ser bien o mal recibida de la racha de humor con que a Doña Paca cogía
+en el momento de entrar. Aquella tarde, por desgracia, la pobre señora
+rondeña se hallaba en una de sus más violentas crisis de irritabilidad
+nerviosa. Su genio tenía erupciones repentinas, a veces determinadas por
+cualquier contrariedad insignificante, a veces por misterios del
+organismo difíciles de apreciar. Ello es que antes de que Benina
+traspasara la puerta, Doña Francisca le echó esta rociada: «¿Te parece
+que son éstas horas de venir? Tengo yo que hablar con D. Romualdo, para
+que me diga la hora a que sales de su casa... Apuesto a que te
+descuelgas ahora con la mentira de que fuiste a ver a la niña, y que has
+tenido que darle de comer... ¿Piensas que soy idiota, y que doy crédito
+a tus embustes? Cállate la boca... No te pido explicaciones, ni las
+necesito, ni las creo; ya sabes que no creo nada de lo que me dices,
+embustera, enredadora».
+
+Conocedora del carácter de la señora, Benina sabía que el peor sistema
+contra sus arrebatos de furor era contradecirla, darle explicaciones,
+sincerarse y defenderse. Doña Paca no admitía razonamientos, por
+juiciosos que fuesen. Cuanto más lógicas y justas eran las aclaraciones
+del contrario, más se enfurruñaba ella. No pocas veces Benina, inocente,
+tuvo que declararse culpable de las faltas que la señora le imputaba,
+porque, haciéndolo así, se calmaba más pronto.
+
+«¿Ves cómo tengo razón?--proseguía la señora, que cuando se ponía en tal
+estado, era de lo más insoportable que imaginarse puede--. Te callas...
+quien calla, otorga. Luego es cierto lo que yo digo; yo siempre estoy al
+tanto... Resulta lo que pensé: que no has subido a casa de Obdulia, ni
+ese es el camino. Sabe Dios dónde habrás estado de pingo. Pero no te dé
+cuidado, que yo lo averiguaré... ¡Tenerme aquí sola, muerta de
+hambre!... ¡Vaya una mañana que me has hecho pasar! He perdido la cuenta
+de los que han venido a cobrar piquillos de las tiendas, cantidades que
+no se han pagado ya por tu desarreglo... Porque la verdad, yo no sé
+dónde echas tú el dinero... Responde, mujer... defiéndete siquiera, que
+si a todo das la callada por respuesta, me parecerá que aún te digo
+poco».
+
+Benina repitió con humildad lo dicho anteriormente: que había concluido
+tarde en casa de D. Romualdo; que D. Carlos Trujillo la entretuvo la mar
+de tiempo; que había ido después a la calle de la Cabeza...
+
+«Sabe Dios, sabe Dios lo que habrás hecho tú, correntona, y en qué
+sitios habrás estado... A ver, a ver si hueles a vino».
+
+Oliéndole el aliento, rompió en exclamaciones de asco y horror: «Quita,
+quítate allá, borracha. Apestas a aguardiente.
+
+--No lo he catado, señora; me lo puede creer».
+
+Insistía Doña Paca, que en aquellas crisis convertía en realidades sus
+sospechas, y con su terquedad forjaba su convicción.
+
+«Me lo puede creer--repitió Benina--. No he tomado más que un vasito de
+vino con que me obsequió el Sr. de Ponte.
+
+--Ya me está dando a mí mala espina ese señor de Ponte, que es un viejo
+verde muy zorro y muy tuno. Tal para cual, pues también tú las matas
+callando... No pienses que me engañas, hipócrita... Al cabo de la vejez,
+te da por la disolución, y andas de picos pardos. ¡Qué cosas se ven,
+Señor, y a qué desarreglos arrastra el maldito vicio!... Te callas:
+luego es cierto. No; si aunque lo negaras no me convencerías, porque
+cuando yo digo una cosa, es porque la sé... Tengo yo un ojo...».
+
+Sin dar tiempo a que la delincuente se explicara, salió por este otro
+registro:
+
+«¿Y qué me cuentas, mujer? ¿Qué recibimiento te hizo mi pariente D.
+Carlos? ¿Qué tal? ¿Está bueno? ¿No revienta todavía? No necesitas
+decirme nada, porque, como si hubiera estado yo escondidita detrás de
+una cortina, sé todo lo que hablasteis... ¿A que no me equivoco? Pues te
+dijo que lo que a mí me pasa es por mi maldita costumbre de no llevar
+cuentas. No hay quien le apee de esa necedad. Cada loco con su tema; la
+locura de mi pariente es arreglarlo todo con números... Con ellos se ha
+enriquecido, robando a la Hacienda y a los parroquianos; con ellos
+quiere al fin de la vida salvar su alma, y a los pobres nos recomienda
+la medicina de los números, que a él no le salva ni a nosotros nos sirve
+para nada. ¿Con que acierto? ¿Fue esto lo que te dijo?
+
+--Sí, señora. Parece que lo estaba usted oyendo.
+
+--Y después de machacar con esa monserga del Debe y Haber, te habrá dado
+una limosna para mí... Ignora que mi dignidad se subleva al recibirla.
+Le estoy viendo abrir las gavetas como quien quiere y no quiere, coger
+el taleguito en que tiene los billetes, ocultándolo para que no lo
+vieras tú; le veo sobar el saquito, guardarlo cuidadosamente; le veo
+echar la llave... Y el muy cochino se descuelga con una porquería. No
+puedo precisar la cantidad que te habrá dado para mí, porque es tan
+difícil anticiparse a los cálculos de la avaricia; pero desde luego te
+aseguro, sin temor de equivocarme, que no ha llegado a los cuarenta
+duros».
+
+La cara que puso Benina al oír esto no puede describirse. La señora, que
+atentamente la observaba, palideció, y dijo después de breve pausa:
+
+«Es verdad: me he corrido mucho. Cuarenta, no; pero, aun con lo cicatero
+y mezquino que es el hombre, no habrá bajado de los veinticinco duros.
+Menos que eso no lo admito, Nina; no puedo admitirlo.
+
+--Señora, usted está delirando--replicó la otra, plantándose con firmeza
+en la realidad--. El Sr. D. Carlos no me ha dado nada, lo que se llama
+nada. Para el mes que viene empezará a darle a usted una _paga_ de dos
+duros mensuales.
+
+--Embustera, trapalona... ¿Crees que me embaucas a mí con tus enredos?
+Vaya, vaya, no quiero incomodarme... Me tiene peor cuenta, y no estoy yo
+para coger berrinches... Comprendido, Nina, comprendido. Allá te
+entenderás con tu conciencia. Yo me lavo las manos, y dejo a Dios que te
+dé tu merecido.
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Hazte ahora la simple y la gatita Marirramos. ¿Pero no ves que yo te
+calo al instante y adivino tus _infundios_? Vamos, mujer, confiésalo; no
+trates de añadir a la infamia el engaño.
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Pues que has tenido una mala tentación... Confiésamelo, y te perdono...
+¿No quieres declararlo? Pues peor para ti y para tu conciencia, porque
+te sacaré los colores a la cara. ¿Quieres verlo? Pues los veinticinco
+duros que te dio para mí D. Carlos, se los has dado a ese Frasquito
+Ponte para que pague sus deudas, y vaya a comer de fonda, y se compre
+corbatas, pomada y un bastoncito nuevo... Ya ves, ya ves, bribonaza,
+cómo todo te lo adivino, y conmigo no te valen ocultaciones. Si sé yo
+más que tú. Ahora te ha dado por proteger a ese Tenorio fiambre, y le
+quieres más que a mí, y a él le atiendes y a mí no, y de él te da
+lástima, y a mí, que tanto te quiero, que me parta un rayo».
+
+Rompió a llorar la señora, y Benina que ya sentía ganas de contestar a
+tanta impertinencia dándole azotes como a un niño mañoso, al ver las
+lágrimas se compadeció. Ya sabía que el llanto era la terminación de la
+crisis de cólera, la sedación del acceso, mejor dicho, y cuando tal
+sucedía, lo mejor era soltar la risa, llevando la disputa al terreno de
+las burlas sabrosas.
+
+«Pues sí, señora Doña Francisca--le dijo abrazándola--. ¿Creía usted que
+habiéndome salido ese novio tan hechicero y tan saleroso, le había de
+dejar yo en necesidad, sin darle para el pelo?
+
+--No creas que me engatusas con tus bromitas, trapalona,
+zalamera...--decía la señora, ya desarmada y vencida--. Yo te aseguro que
+no me importa nada lo que has hecho, porque el dinero de Trujillete yo
+no lo había de tomar... Preferiría morirme de hambre, a manchar mis
+manos con él... Dáselo, dáselo a quien quieras, ingratona, y déjame a mí
+en paz; déjame que me muera olvidada de ti y de todo el mundo.
+
+--Ni usted ni yo nos moriremos tan pronto, porque aún hemos de dar mucha
+guerra--le dijo la criada, disponiéndose con gran diligencia a darle de
+comer.
+
+--Veremos qué porquerías me traes hoy... Enséñame la cesta... Pero, hija,
+¿no te da vergüenza de traerle a tu ama estas piltrafas asquerosas?...
+¿Y qué más? coliflor... Ya me tienes apestada con tus coliflores, que me
+dan flato, y las estoy repitiendo tres días... En fin, ¿a qué estamos en
+el mundo más que a padecer? Dame pronto estos comistrajos... ¿Y huevos
+no has traído? Ya sabes que no los paso, como no sean bien frescos.
+
+--Comerá usted lo que le den, sin refunfuños, que el poner tantos peros a
+la comida que Dios da, es ofenderle y agraviarle.
+
+--Bueno, hija, lo que tú quieras. Comeremos lo que haya, y daremos
+gracias a Dios. Pero come tú también, que me da pena verte tan
+ajetreada, desviviéndote por los demás, y olvidada de ti misma y del
+alivio de tu cuerpo. Siéntate conmigo, y cuéntame lo que has hecho hoy».
+
+A media tarde, comían las dos, sentaditas a la mesa de la cocina. Doña
+Paca, suspirando con toda su alma, entre un bocado y otro, expresó en
+esta forma las ideas que bullían en su mente:
+
+«Dime, Nina, entre tantas cosas raras, incomprensibles, qué hay en el
+mundo, ¿no habría un medio, una forma... no sé cómo decirlo, un
+sortilegio por el cual nosotras pudiéramos pasar de la escasez a la
+abundancia; por el cual todo eso que en el mundo está de más en tantas
+manos avarientas, viniese a las nuestras que nada poseen?
+
+--¿Qué dice la señora? ¿Que si podría suceder que en un abrir y cerrar de
+ojos pasáramos de pobres a ricas, y viéramos, un suponer, nuestra casa
+llena de dinero, y de cuanto Dios crió?
+
+--Eso quiero decir. Si son verdad los milagros, ¿por qué no _sucede_ uno
+para nosotras, que bien merecido nos lo tenemos?
+
+--¿Y quién dice que no _suceda_, que no tengamos
+esa _ocurrencia_?--respondió Benina, en cuya mente surgió de improviso,
+con poderoso relieve y extraordinaria plasticidad, el conjuro que
+Almudena le había enseñado, para pedir y obtener todos los bienes de la
+tierra.
+
+
+
+
+XX
+
+
+De tal modo se posesionaron de su espíritu la idea y las imágenes
+expresadas por el ciego africano, que a punto estuvo de contarle a su
+ama el maravilloso método de conjurar y hacer venir al _Rey de baixo
+terra_. Pero recelando que aquel secreto sería menos eficaz cuanto más
+se divulgara, contúvose en su locuacidad, y tan sólo dijo que bien
+podría suceder que de la noche a la mañana se les metiera por las
+puertas la fortuna. Al acostarse junto a Doña Paca, pues dormían en la
+misma alcoba, pensó que todo aquello de Almudena era una _papa_, y
+tomarlo en serio la mayor de las necedades. Quiso dormirse, mas no pudo;
+volvió su espíritu a dar agasajo a la idea, creyéndola de posible
+realización, Y si esfuerzos hacía por desecharla, con mayor tenacidad la
+pícara idea se le metía en el cerebro.
+
+«¿Qué se pierde por probarlo?--se decía, arropándose en la cama--. Podrá
+no ser verdad... ¿Pero y si lo fuese? ¡Cuántas mentiras hubo que luego
+se volvieron verdades como puños!... Pues lo que es yo, no me quedo sin
+probarlo, y mañana mismo, con el primer dinero que saque, compro el
+candil de barro, sin hablar. El cuento es que no sé cómo puede tratarse
+un _artículo_ sin hablar... En fin, me haré la sordomuda... Luego buscaré
+el palitroque, también sin hablar... Falta que el moro me enseñe la
+oración, y que yo la aprenda sin que se me escape un verbo...».
+
+Después de un breve sueño, despertó creyendo firmemente que en la salita
+próxima había unas esportonas o seretas muy grandes, muy grandes, llenas
+de diamantes, _rubiles_, perlas y zafiros... En la obscuridad de las
+habitaciones nada podía ver; pero de que aquellas riquezas estaban allí
+no tenía la menor duda. Cogió la caja de fósforos, dispuesta a encender,
+para recrear su vista en el tesoro; mas por no despertar a Doña Paca,
+cuyo sueño era muy ligero, dejó para la mañana el examen de tantas
+maravillas... Pasado un rato, no tardó en reírse de su ilusión,
+diciéndose: «¡Pues no soy poco lila!... Es todavía pronto para que
+traigan eso...». Al amanecer, despertose al ladrido de dos perrazos
+blancos que salían de debajo de las camas; sintió la campanilla de la
+puerta; echose al suelo, y en camisa corrió a abrir, segura de que
+llamaba algún _ayudante_ o gentilhombre del Rey de luenga barba y
+vestido verde... Pero no era nadie; no había ser viviente en la puerta.
+
+Arreglose para salir, disponiendo el desayuno de la señora, y dando el
+primer barrido a la casa, y a las siete salía ya con su cesta al brazo
+por la calle Imperial. Como no tenía un céntimo ni de dónde le viniera,
+encaminose a San Sebastián, pensando por el camino en D. Romualdo y su
+familia, pues de tanto hablar de aquellos señores, y de tanto
+comentarlos y describirlos, había llegado a creer en su existencia.
+«¡Vaya que soy _gilí_!--se decía--. Invento yo al tal D. Romualdo, y ahora
+se me antoja que es persona _efetiva_ y que puede socorrerme. No hay más
+D. Romualdo que el pordioseo bendito, y a eso voy, y veremos si cae
+algo, con permiso de la _Caporala_». El día era bueno; al entrar, díjole
+Pulido que había funeral de primera, y boda en la sacristía. La novia
+era sobrina de un ministro _pleniputenciano_, y el novio... _cosa de
+periódicos_. Ocupó Benina su puesto, y se estrenó con dos céntimos que
+le dio una señora. Sus compañeras trataron de _hacerla cantar_ el para
+qué la había llamado D. Carlos; pero sólo contestó con evasivas y medias
+palabras. Suponiendo la Casiana que el señor de Trujillo había tratado
+con _señá_ Benina el darle los restos de comida de su casa, la trató con
+miramiento, sin duda por llamarse a la parte.
+
+Al fin los del funeral no repartieron cosa mayor; y si los del bodorrio
+se corrieron algo más, acudió tanta pobretería de otros cuadrantes, y se
+armó tal barullo y confusión, que unos cogieron por cinco, y otros se
+quedaron _in albis_. Al ver salir a la novia, tan emperifollada, y a las
+señoras y caballeros de su compañía, cayeron sobre ellos como nube de
+langosta, y al padrino le estrujaron el gabán, y hasta le chafaron el
+sombrero. Trabajo le costó al buen señor sacudirse la terrible plaga, y
+no tuvo más remedio que arrojar un puñado de calderilla en medio del
+patio. Los más ágiles hicieron su agosto; los más torpes gatearon
+inútilmente. La _Caporala_ y Eliseo trataban de poner orden, y cuando
+los novios y todo el acompañamiento se metieron en los coches, quedó en
+las inmediaciones de la iglesia la turbamulta mísera, gruñendo y
+pataleando. Se dispersaba, y otra vez se reunía con remolinos
+zumbadores. Era como un motín, vencido por su propio cansancio. Los
+últimos disparos eran: «_Tú cogiste más_... _me han quitado lo mío_...
+_aquí no hay decencia_... _cuánto pillo_...». La Burlada, que era de las
+que más habían apandado, echaba sapos y culebras de su boca, concitando
+los ánimos de toda la cuadrilla contra la _Caporala_ y Eliseo. Por fin,
+intervino la policía, amenazándoles con _recogerles_ si no callaban, y
+esto fue como la palabra de Dios. Los intrusos se largaron; los de casa
+se metieron en el pasadizo. Benina sacó de toda la campaña del día,
+comprendido funeral y boda, 22 céntimos, y Almudena, 17. De Casiana y
+Eliseo se dijo que habían sacado peseta y media cada uno.
+
+Al retirarse juntos el ciego marroquí y Benina, lamentándose de su mala
+sombra, fueron a parar, como la otra vez, a la plaza del Progreso, y se
+sentaron al pie de la estatua para deliberar acerca de las dificultades
+y ahogos de aquel día. No sabía ya Benina a qué santo encomendarse: con
+la limosna de la jornada no tenía ni para empezar, porque érale forzoso
+pagar algunas deudillas en los establecimientos de la calle de la Ruda,
+a fin de sostener el crédito y poder trampear unos días más. Díjole
+Almudena que él se hallaba en absoluta imposibilidad de favorecerla; lo
+más que podía hacer era entregarle las perras de la mañana, y por la
+noche lo que sacar pudiera en el resto del día, pidiendo en su puesto de
+costumbre, calle del Duque de Alba, junto al cuartel de la Guardia
+Civil. Rechazó la anciana esta generosidad, porque también él necesitaba
+vivir y alimentarse, a lo que repuso el marroquí que con un café con pan
+_migao_, en la Cruz del Rastro, tenía bastante para tirar hasta la
+noche. Resistiéndose a admitir la oferta, planteó Benina la cuestión de
+conjurar al Rey de _baixo terra_, mostrando una confianza y fe que
+fácilmente se explican por la grande necesidad en que estaba. Lo
+desconocido y misterioso busca sus prosélitos en el reino de la
+desesperación, habitado por las almas que en ninguna parte hallan
+consuelo.
+
+«Ahora mismo--dijo la pobre mujer--, quiero comprar las cosas. Hoy es
+viernes, y mañana sábado hacemos la prueba.
+
+--_Compriar_ ti cosas, sin hablar...
+
+--Claro, sin decir una palabra. ¿Qué se pierde por hacer la prueba? Y
+dime otra cosa: ¿ha de ser precisamente a media noche?».
+
+Contestó el ciego que sí, repitiendo las reglas y condiciones
+imprescindibles para la eficacia del conjuro, y Benina trató de fijarlo
+todo en su memoria.
+
+«Ya sé--le dijo al fin--, que estarás todo el día en la fuentecilla del
+Duque de Alba--. Si se me olvida algo, iré a preguntártelo, y a que me
+enseñes la oración. Eso sí que me ha de costar trabajo aprenderlo, sobre
+todo si no me lo pones en lengua cristiana, que lo que es en la tuya,
+hijo de mi alma, no sé cómo voy a componerme para no equivocarme.
+
+--Si _quivoquiar_ ti, Rey no _vinier_».
+
+Desalentada con estas dificultades, separose Benina de su amigo, por la
+prisa que tenía de reunir algunas perras con que completar lo que para
+las obligaciones de aquel día necesitaba, y no pudiendo esperar ya cosa
+alguna del crédito, se puso a pedir en la esquina de la calle de San
+Millán, junto a la puerta del café de los Naranjeros, importunando a los
+transeúntes con el relato de sus desdichas: que acababa de salir del
+hospital, que su marido se había caído de un andamio, que no había
+comido en tres semanas, y otras cosas que partían los corazones. Algo
+iba pescando la infeliz, y hubiera cogido algo más, si no se pareciese
+por allí un maldito guindilla que la conminó con llevarla a los sótanos
+de la prevención de la Latina, si no se largaba con viento fresco.
+Ocupose luego en comprar los adminículos para el conjuro, empresa harto
+engorrosa, porque todo había de hacerse por señas, y se fue a su casa
+pensando que sería gran dificultad efectuar allí la endiablada
+hechicería sin que se enterase la señora. Contra esto no había más
+recurso que _figurar_ que D. Romualdo se había puesto muy malito, y salir
+de noche a velarle, yéndose a casa de Almudena... Pero la presencia de
+la Petra podría ser obstáculo: al peligro de que un testigo incrédulo
+imposibilitara la _cosa_, se añadía el inconveniente grave de que, en
+caso de éxito feliz, la borrachona quisiera apropiarse todos o una parte
+de los tesoros donados por el Rey... Por cierto que mejor que en piedras
+preciosas, sería que lo trajesen todo en moneda corriente, o en fajos de
+billetes de Banco, bien sujetos con una goma, como ella los había visto
+en las casas de cambio. Porque... no era floja pejiguera tener que ir a
+las platerías a proponer la venta de tantas perlas, zafiros y
+diamantes... En fin, que lo trajeran como les diese la gana: no era cosa
+de poner reparos, ni exigir muchos perendengues.
+
+Halló a Doña Paca de mal temple, porque se había parecido en la casa,
+muy de mañana, un dependiente de la tienda, y habíala insultado con
+expresiones brutales y soeces. La pobre señora lloraba y se tiraba de
+los pelos, suplicando a su fiel amiga que arase la tierra en busca de
+los pocos duros que hacían falta, para tirárselos al rostro al bestia
+del tendero, y Benina se devanaba los sesos por encontrar la solución
+del terrible conflicto.
+
+«Mujer, por piedad, discurre, inventa algo--le decía la señora, hecha un
+mar de lágrimas--. Para las ocasiones son los amigos. En circunstancias
+muy críticas, no hay más remedio que perder la vergüenza... ¿No se te
+ocurre, como a mí, que tu D. Romualdo podría sacarnos del compromiso?».
+
+La criada no contestó. Preparando la comida de su ama, daba vueltas en
+su mente a las combinaciones más sutiles. Repetida la proposición por
+Doña Paca, pareció que Benina la encontraba razonable. «D. Romualdo...
+sí, sí. Iré a ver... Pero no respondo, señora, no respondo. Quizás
+desconfíen... Una cosa es hacer caridad, y otra prestar dinero... y no
+salimos del paso con menos de diez duros... ¿Qué dijo ese bruto de
+Gabino? ¿que volvería mañana a darnos otro escándalo?... ¡Canalla,
+ladrón... que todo lo vende _adúltero_!... Pues, sí, es cosa de diez
+duros, y no sé si D. Romualdo... Por él no quedaría; pero su hermana es
+_puño en rostro_... ¡Diez duros!... Voy a ver... Pero no extrañe la
+señora que tarde un poco. Estas cosas... no sabe una cómo tratarlas...
+Depende de la cara que pongan; a lo mejor salen con aquello de «vuelva
+usted...». Me voy, me voy; ya me entra la desazón... tardaré... pero no
+tarda quien a casa llega...
+
+--Sobre todo si no trae las manos vacías. Vete, hija, vete, y el Señor te
+acompañe y te afine las entendederas. Si yo tuviera tu talento, pronto
+saldría de estas trapisondas. Aquí me quedo rezando a todos los santos
+del cielo para que te inspiren, y a las dos nos saquen de este
+Purgatorio. Adiós, hija».
+
+Habiéndose trazado un plan, el único que, en su certero juicio, le
+ofrecía remotas probabilidades de éxito, dirigiose Benina a la calle de
+Mediodía Grande, y a la casa de dormir propiedad de su amiga Doña
+Bernarda.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+La dueña del establecimiento brillaba por su ausencia. Fue recibida
+Benina por la _encargada_, y por un hombre llamado Prieto, que
+disfrutaba de toda la confianza de aquella, y llevaba la contabilidad
+del alquiler diario de camas. No tuvo la anciana más remedio que
+esperar, pues aquel par de _congrios_ carecían de facultades para
+resolverle el problema que tan atrozmente la inquietaba. Hablando,
+hablando, del negocio de dormir (el año iba muy malo, y cada noche
+dormía menos gente, y los _micos_ menudeaban), ocurriole a Benina
+preguntar por Frasquito Ponte; a lo que respondió Prieto que la noche
+anterior se habían visto en el caso de no admitirle porque era deudor ya
+de _siete camas_, y no había dado nada a cuenta.
+
+«¡Pobre señor!--dijo Benina--; habrá dormido al raso... Es un dolor... a
+sus años... Mejorando lo presente, es más viejo que la Cuesta de la
+Vega».
+
+Refirió la encargada que no sabiendo Don Frasquito dónde meterse, había
+conseguido ser albergado en la casa del _Comadreja_, calle de Mediodía
+Chica, dos pasos de allí. Por más señas, había corrido la noticia de que
+estaba enfermo. Al oír esto, olvidósele repentinamente a Benina el
+objeto principal que a tal sitio la llevara, y no pensó más que en
+averiguar qué había sido del desamparado Frasquito. Tiempo tenía de dar
+un salto a la casa del _Comadreja_, y volver a punto que regresase a su
+domicilio la Doña Bernarda. Dicho y hecho. Un momento después, entraba
+la diligente anciana en la fementida tabernuca que _da la cara_ al
+público en el _establecimiento_ citado, y lo primero que allí vio fue la
+abominable estampa de Luquitas, el esposo de Obdulia, que con otros
+perdidos y dos o tres mujeres zarrapastrosas, jugaba a las cartas en una
+sucia mesilla circular, entre copas de Cariñena y Pardillo. En el
+momento de entrar Benina, acababan un juego, y antes de echar otra mano,
+el hijo de Doña Paca tiró sobre la mesa los asquerosos naipes, que en
+mugre competían con las manos de los jugadores; se levantó
+tambaleándose, y con media lengua y finura desconcertada, de la que
+suelen emplear los borrachos, ofreció a la criada de su suegra un vaso
+de vino. «Quite allá, señorito, yo ya he bebido... Se agradece...»--dijo
+la anciana, rechazando el vaso.
+
+Pero tan pesado se puso el señorito, y con tal insistencia le coreaban
+los demás pidiendo que bebiese _la señora_, que esta tuvo miedo, y tomó
+la mitad del contenido del vaso pegajoso. No quería ponerse a mal con
+aquella gentuza, por lo que pudiera tronar, y sin perder tiempo ni
+meterse en dimes y diretes con el vicioso Luquitas, por el abandono en
+que a su mujer tenía, se fue derecha a su objeto: «¿Y no está por aquí
+la _Pitusa_?
+
+--Aquí está para servirla--dijo una mujer escuálida, saliendo por estrecha
+puertecilla, bien disimulada entre los estantes llenos de botellas y
+garrafas que había detrás del mostrador. Como grieta que da paso al
+escondrijo de una anguila, así era la puerta, y la mujer el ejemplar más
+flaco, desmedrado y escurridizo que pudiera encontrarse en la fauna a
+que tales hembras pertenecen. Tan flaco era su rostro, que al verlo de
+perfil podría tenérsele por construido de chapa, como las figuras de las
+veletas. En su cuello no cabían más costurones, y en una de sus orejas
+el agujero del pendiente era tan grande, que por él se podría meter con
+toda holgura un dedo. Los dientes mellados y negros, las cejas calvas,
+las pestañas pitañosas, los ojos tiernos, de mirada de lince,
+completaban su fisonomía. Del cuerpo no he de decir sino que
+difícilmente se encontrarían formas más exactamente comparables a las de
+un palo de escoba vestido, o, si se quiere, cubierto de trapos de fregar
+suelos; de los brazos y manos, que al gesticular parecía que azotaban,
+como los tirajos de un zorro que quisiera limpiar el polvo a la cara del
+interlocutor; de su habla y acento, que sonaban como si estuviera
+haciendo gárgaras, y aunque parezca extraño, diré también, para dar
+completa idea de la persona, que de todas estas exterioridades
+desapacibles se desprendía un cierto airecillo de afabilidad, un moral
+atractivo, por lo que termino asegurando que la _Pitusa_ no era
+antipática ni mucho menos.
+
+--«¿Qué trae por acá la _señá_ Benina?--le dijo sacudiéndole de firme en
+los dos hombros--. Oí contar que estaba usted en grande, en casa rica...
+Ya, ya sacará buenas rebañaduras... ¡Y que no tendrá usted mal
+_gato_!...
+
+--Hija, no... De eso hace un siglo. Ahora estamos en baja.
+
+--¿Qué? ¿Le va mal?
+
+--Tirando, tirando. Si sopas, comerlas, y si no, nada... Y el
+_Comadreja_, ¿está?
+
+--¿Para qué le quiere, _señá_ Benina?
+
+--Hija, te pregunto por saber de él, si está con salud.
+
+--Se defiende. La herida se le abre cuando menos lo piensa.
+
+--Vaya por Dios... Dime otra cosa...
+
+--Mándeme.
+
+--Quiero saber si has recogido en tu casa a un caballero que le llaman
+Frasquito Ponte, y si le tienes aquí todavía, porque me dijeron que
+anoche se puso muy malo».
+
+Por toda respuesta, la _Pitusa_ mandó a Benina que la siguiera, y ambas,
+agachándose, se escurrieron por el agujero que hacía las veces de puerta
+entre los estantillos del mostrador. De la otra parte arrancaba una
+escalera estrechísima, por la cual subieron una tras otra.
+
+«Es una persona decente, como quien dice, personaje--añadía Benina,
+segura ya de encontrar allí al infortunado caballero.
+
+--De la grandeza. _Vele_ aquí a dónde vienen a parar los _títulos_».
+
+Por un pasillo mal oliente y sucio llegaron a una cocina, donde no se
+guisaba. Fogón y vasares servían de depósito de botellas vacías, cajas
+deshechas, sillas rotas y montones de trapos. En el suelo, sobre un
+jergón mísero, yacía cuan largo era D. Francisco Ponte, en mangas de
+camisa, inmóvil, la fisonomía descompuesta. Dos mujeronas, de rodillas a
+un lado y otro, la una con un vaso de agua y vino, la otra atizándole
+friegas, le hablaban a gritos: «Vuelva en sí... ¿Qué demonios le
+pasa?... Eso no es más que maulería. ¿No quiere beber más?».
+
+Benina, de hinojos, se puso también a gritarle, sacudiéndole: «D.
+Frasquito de mi alma, ¿qué es eso? Abra los ojos y véame: soy la Nina».
+
+No tardaron las dos tarascas que, entre paréntesis, si apostaran a
+repugnantes y feas, no habría quien les ganara; no tardaron, digo, en
+dar a la anciana las explicaciones que del suceso pedía. No admitido
+Ponte en las alcobas de la Bernarda, arrimose al quicio de la puerta de
+la capilla de Irlandeses para pasar la noche. Allí le encontraron ellas,
+y se pusieron a darle bromas, a decirle cosas... _amos_... cosas que se
+dicen y que no eran para ofenderse. Total: que el pobre vejete mal
+pintado se hubo de incomodar, y al correr tras ellas con el palo
+levantado para pegarles, pataplum, cayó redondo al suelo. Soltaron ellas
+la risa, creyendo que había tropezado; pero al ver que no se movía,
+acudieron; llegose también el sereno, le echó a la cara la linterna, y
+entonces vieron que tenía un ataque. Húrgale por aquí, húrgale por allá,
+y el buen señor como cuerpo difunto. Llamado el _Comadreja_, lo
+_desanimó_, y dijo que todo era un _sincopiés_; y como es _caritativo
+él_, _buen cristiano él_, y además había estudiado un año de
+Veterinaria, mandó que le llevaran a su casa para asistirle y devolverle
+el resuello con friegas y sinapismos.
+
+Así se hizo, cargándole entre las dos y otra compañera, pues el enfermo
+pesaba como un manojo de cañas, y en casa, a fuerza de pellizcos y
+restregones, volvió en sí, y les dio las gracias tan amable. La
+_Pitusa_ le hizo unas sopas, que tomó con apetito, dando a cada momento
+_las más expresivas gracias_... tan fino, y así estuvo hasta la mañana,
+bien apañadito en su jergón. No podían ponerle en un cuarto, porque en
+toda la noche apenas los hubo desocupados, y allí, en la cocina vieja,
+estaba muy bien, por ser pieza de ventilación.
+
+Lo peor fue que a la mañana, cuando se levantaba para marcharse, le
+repitió el ataque, y todo el santo día le daban de hora en hora unos
+_sincopieses_ tan tremendos, que se quedaba como cadáver, y costaba Dios
+y ayuda volverle en sí. Le habían dejado en mangas de camisa, porque se
+quejaba de calor; pero allí estaba la ropa sin que nadie la tocase, ni
+le afanaran cosa alguna de lo que tenía en los bolsillos. Había dicho el
+_Comadreja_ que si no se recobraba en la noche, daría parte a la
+Delegación para que le llevaran al Hospital.
+
+Manifestó Benina a la _Pitusa_ que era un dolor mandar al Hospital a tan
+ilustre señorón, y que ella se determinaría a llevarle a su casa, sí...
+Hirió la mente de la anciana una atrevida idea, y con la resolución que
+era cualidad primaria de su carácter, se apresuró a ponerla en práctica
+con toda prontitud. «¿Quieres oírme una palabrita?--dijo a la _Pitusa_,
+cogiéndola por el brazo para sacarla de la cocina. Y al extremo del
+pasillo, entraron en la única habitación _vividera_ de la casa: una
+alcoba con cama camera de hierro, colcha de punto de gancho, espejos
+torcidos, láminas de odaliscas, cómoda derrengada, y un San Antonio en
+su peana, con flores de trapo y lamparilla de aceite. El diálogo fue
+rápido y nervioso:
+
+«¿Qué se le ofrece?
+
+--Pues poca cosa. Que me prestes diez duros.
+
+--_Señá_ Benina, ¿está usted en sus cabales?
+
+--En ellos estoy, Teresa Conejo, como lo estaba cuando te presté los mil
+reales, y te salvé de ir a la cárcel... ¿No te acuerdas? Fue el año y el
+día del ciclón, que arrancó los árboles del Botánico... Tú habitabas en
+la calle del Gobernador; yo en la de San Agustín, donde servía...
+
+--Sí que me acuerdo. Yo la conocí a usted de que comprábamos juntas...
+
+--Te viste en un fuerte compromiso.
+
+--Empezaba yo a rodar por el mundo...
+
+--Y rodando, rodando, caíste en una tentación...
+
+--Y como servía usted en casa grande, yo calculé y dije: 'Pues esta, si
+quiere, podrá sacarme'.
+
+--Te llegaste a mí con mucho miedo... lo que pasa... no querías
+levantarte el faldón, y que yo te dejara destapada.
+
+--Pero usted me tapó... ¡Cuánto se lo agradecí, Benina!
+
+--Y sin réditos... Luego tú, en cuanto hiciste las paces con el del
+almacén de vinos, me pagaste...
+
+--Duro sobre duro.
+
+--Pues bien: ahora soy yo la que se ha caído: necesito doscientos reales,
+y tú me los vas a dar.
+
+--¿Cuándo?
+
+--Ahora mismo.
+
+--¡Mecachis... San Dios! ¡Como no se me vuelva dinero la chimenea de los
+garbanzos!
+
+--¿No los tienes? ¿Ni tu _Comadreja_ tampoco?
+
+--Estamos como el gallo de Morón... ¿Y para qué quiere los diez duros?
+
+--Para lo que a ti no te importa. Di si me los das o no me los das. Yo te
+los pagaré pronto; y si quieres real por duro, no hay _incomeniente_.
+
+--No es eso: es que no tengo ni un cuarto partido por medio. Este ganado
+indecente no trae más que miseria.
+
+--¡Válgate Dios! ¿Y...?
+
+--No, no tengo alhajas. Si las tuviera...
+
+--Busca bien, _maestra_.
+
+--Pues bueno. Hay dos sortijas. No son mías: son del _Rey de Bastos_, un
+amigo de Rumaldo, que se las dio a guardar, y Rumaldo me las dio a mí.
+
+--Pues...
+
+--Si usted me da su palabra de desempeñarlas dentro de ocho días y
+traérmelas, pero palabra formal, ¡San Dios! lléveselas... Darán los diez
+por largo, pues una de ellas tiene un brillante que da _la catarata_».
+
+Poco más se habló. Cerraron bien la puerta, para que nadie pudiera
+fisgonear desde el pasillo. Si alguien lo hiciera, no habría oído más
+que un abrir y cerrar de los cajones de la cómoda, un cuchicheo de
+Benina, y roncas gárgaras de la otra.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+A poco de volver las dos mujeres al lado del desmayado Frasquito, entró
+el _Comadreja_, que era un mocetón achulado, de buen porte, con tez y
+facciones algo gitanescas, sombrero ancho, bien ceñido el talle, y lo
+primero que dijo fue que pronto sería conducido el _interfezto_ al
+Hospital. Protestó Benina, sosteniendo que la enfermedad de Ponte era de
+las que exigen trato casero y de familia; en el Hospital se moriría sin
+remedio, y así, valía más que ella se le llevara a la casa de su señora
+Doña Francisca Juárez, la cual, aunque había venido muy a menos, todavía
+se hallaba en posición de hacer una obra de caridad, albergando a su
+paisano el Sr. de Ponte, con quien tenía, si mal no recordaba, lejano
+parentesco. En esto volvió de su desvanecimiento el galán pobre, y
+reconociendo a su bienhechora, le besó las manos, llámandola _ángel_ y
+qué sé yo qué, muy gozoso de verla a su lado. Con gesto imperioso, al
+que siguió una patada, la _Pitusa_ ordenó a las dos arrapiezas que se
+fueran a su obligación en la puerta de la calle; el _Comadreja_ bajó a
+despachar, y quedándose solas la Benina y su amiga con el pobre Ponte,
+le vistieron del levitín y gabán para llevársele.
+
+«Aquí en confianza, D. Frasquito--le dijo la Benina--, cuéntenos por qué
+no hizo lo que le mandé.
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Dar a Bernarda la peseta, a cuenta de noches debidas... ¿O es que se
+gastó la peseta en algo que le hacía falta, un suponer, en pintura para
+la fisonomía del bigote? En este caso, no digo nada.
+
+--Cosmético, no... yo se lo juro--respondió Frasquito con lánguido acento,
+sacando de su boca las palabras como con un gancho--. Lo gasté... pero no
+en eso... Tenía que pro... pro... si lo diré al fin... que
+proporcionarme una foto... grafía».
+
+Rebuscó en el bolsillo de su gabán, y de entre sobadas cartas y papeles,
+sacó uno que desdobló, mostrando un retrato fotográfico, tamaño de
+tarjeta ordinaria.
+
+«¿Quién es esta madama?--dijo la _Pitusa_, que con presteza lo cogió para
+examinarlo--. Como guapa, lo es...
+
+--Quería yo--prosiguió Frasquito tomando aliento a cada sílaba--,
+demostrarle a Obdulia su perfecta semejanza con...
+
+--Pues este retrato no es de la niña--dijo Benina contemplándolo--. Algo se
+le parece en el corte de cara; pero no es mismamente.
+
+--Digan ustedes si se parece o no. Para mí son idénticas... La una como
+la otra, esta como aquella.
+
+--¿Pero quién es?
+
+--La Emperatriz Eugenia... ¿Pero no la ven? No lo había más que en casa
+de Laurent, y no lo daban por menos de una peseta... Forzoso adquirirlo,
+demostrar a Obdulia la similitud...
+
+--D. Frasquito, por la Virgen, mire que vamos a creer que está ido...
+¡Gastar la peseta en un retrato!...».
+
+No se dio por convencido el caballero pobre, y guardando cuidadosamente
+la cartulina, se abrochó su gabán y trató de ponerse en pie; operación
+complicadísima que no pudo realizar, por la extraordinaria flojedad de
+sus piernas, no más gruesas que palillos de tambor. Con la prontitud que
+usar solía en casos como aquel, Benina salió a tomar un coche, para lo
+cual antes tenía que evacuar otra diligencia de suma importancia. Mas
+como era tan ejecutiva, pronto despachó: con sus diez duros en el
+bolsillo, volvió a Mediodía Grande en coche simón tomado por horas, y
+en la puerta de la casa se tropezó con Petra la borrachera y su
+compañera _Cuarto e kilo_, que de la taberna vociferando salían.
+
+--«Ya, ya sabemos que se le lleva consigo...--dijéronle con retintín--. Así
+se portan las mujeres de rumbo, que estiman a un hombre... Vaya, vaya,
+que eso es correrse... Bien se ve que se puede.
+
+--¡A ver!... Pero como a ustedes no les importa, yo digo... ¿Y qué?
+
+--Pues na... En fin, aliviarse.
+
+--¡Contento que tiene usted al ciego Almudena!
+
+--¿Qué le pasa?
+
+--Que ha esperado a la señora toda la tarde... ¡Cómo había de ir, si
+andaba buscando al caballero canijo!...
+
+--Un recadito nos dio para usted por si la veíamos.
+
+--¿Qué dice?
+
+--A ver si me acuerdo... ¡Ah! sí: que no compre la olla...
+
+--La olla de los siete _bujeros_... que él tiene una que trajo de su
+tierra.
+
+--¿Y qué? ¿Van a poner fábrica de coladores? Si no, ¿para qué son tantos
+_ujeros_?
+
+--Cállense las muy boconas. Ea, con Dios.
+
+--Y estamos de coche. ¡Vaya un lujo! ¡Cómo se conoce que corre la guita!
+
+--Que os calléis... Más valdría que me ayudarais a bajarle y meterle en
+el coche.
+
+--Vaya que sí. Con alma y vida».
+
+De divertimiento sirvió a todas las de casa y a las de fuera. Fue una
+ruidosa función el acto de bajar a Frasquito, cantándole coplas en son
+funerario, y diciéndole mil cuchufletas aplicadas a él y a la Benina,
+que insensible a los desahogos de la vil canalla, se metió en su coche,
+llevando al caballero andaluz como si fuera un lío de ropa, y mandó al
+cochero picar hacia la calle Imperial, cuidando de despabilar bien al
+caballo.
+
+No fue, como es fácil suponer, floja sorpresa la de Doña Francisca al
+ver que le metían en la casa un cuerpo al parecer moribundo,
+transportado entre Benina y un mozo de cuerda. La pobre señora había
+pasado la tarde y parte de la noche en mortal ansiedad, y al ver cosa
+tan extraña, creía soñar o tener trastornado el sentido. Pero la
+traviesa criada se apresuró a tranquilizarla, diciéndole que aquel no
+era cadáver, como de su aspecto lastimoso podía colegirse, sino enfermo
+gravísimo, el propio D. Frasquito Ponte Delgado, natural de Algeciras, a
+quien había encontrado en la calle; y sin meterse en más explicaciones
+del inaudito suceso, acudió a confortar el atribulado espíritu de Doña
+Paca con la fausta noticia de que llevaba en su bolso nueve duros y
+pico, suma bastante para atender al compromiso más urgente, y poder
+respirar durante algunos días.
+
+--«¡Ah, qué peso me quitas de encima de mi alma!--exclamó la señora
+elevando las manos--. El Señor le bendiga. Ya estamos en situación de
+hacer una obra de caridad, recogiendo a este desgraciado... ¿Ves? Dios
+en un solo punto y ocasión nos ampara y nos dice que amparemos. El favor
+y la obligación vienen aparejados.
+
+--Hay que tomar las cosas como las dispone... _el que menea los truenos_.
+
+--¿Y dónde ponemos a este pobre mamarracho?--dijo Doña Paca palpando a
+Frasquito, que, aunque no estaba sin conocimiento, apenas hablaba ni se
+movía, yacente en el santo suelo, arrimadito a la pared».
+
+Como después del casamiento de Obdulia y Antoñito habían sido vendidas
+las camas de estos, surgió un conflicto de instalación doméstica, que
+Nina resolvió proponiendo armar su cama en el cuartito del comedor, para
+colocar en ella al pobre enfermo. Ella dormiría en un jergón sobre la
+estera, y ya verían, ya verían si era posible arrancar al cuitado viejo
+de las uñas de la muerte.
+
+«Pero, Nina de mi alma, ¿has pensado bien en la carga que nos hemos
+echado encima?... Tú que no puedes, llévame a cuestas, como dijo el
+otro. ¿Te parece que estamos nosotras para meternos a protectoras de
+nadie?... Pero acaba de contarme: ¿fue D. Romualdo bendito quien...?
+
+--Sí, señora, Rumaldo...--respondió la anciana, que en su aturdimiento no
+se había preparado para el embuste.
+
+--¡Bendito, mil veces bendito señor!
+
+--Ella... Teresa Conejo.
+
+--¿Qué dices, mujer?
+
+--Digo que... ¿Pero usted no se entera de lo que hablo?
+
+--Has dicho que... ¿Por ventura es cazador D. Romualdo?
+
+--¿Cazador?
+
+--Como has dicho no sé qué de un conejo.
+
+--Él no caza; pero le regalan... qué sé yo... tantas cosas... la perdiz,
+el conejo de campo... Pues esta tarde...
+
+--Ya; te dijo: 'Benina, a ver cómo me pones mañana este conejo que me han
+traído...'.
+
+--Sobre si había de ser en salmorejo o con arroz, estuvieron disputando;
+y como yo nada decía y se me saltaban las lágrimas, 'Benina, ¿qué
+tienes? Benina, ¿qué te pasa?...'. En fin, que del conejo tomé pie para
+contarle el apuro en que me veía...».
+
+Convencida Doña Paca, ya no se pensó más que en instalar a Frasquito,
+el cual parecía no darse cuenta de lo que le pasaba. Al fin, cuando ya
+le habían acostado, reconoció a la viuda de Juárez, y mostrándole su
+gratitud con apretones de manos y un suspirar afectuoso, le dijo:
+
+«Tal hija, tal madre... Es usted el vivo retrato de la Montijo.
+
+--¿Qué dice este hombre?
+
+--Le da porque todas nos parecemos a... no sé quién... a los emperadores
+de Francia... En fin, dejarlo.
+
+--¿Estoy en el palacio de la plaza del Ángel?--dijo Ponte examinando la
+mísera alcoba con extraviados ojos.
+
+--Sí, señor... Arrópese ahora; estese quietecito para que coja el sueño.
+Luego le daremos buen caldo... y a vivir».
+
+Dejáronle solo, y Benina se echó nuevamente a la calle, ávida de tapar
+la boca a los acreedores groseros, que con apremio impertinente y
+desvergonzado abrumaban a las dos mujeres. Diose el gustazo de ponerles
+ante los morros los duros que se les debían, hizo más provisiones, fue a
+la calle de la Ruda, y con su cesta bien repleta de víveres y el corazón
+de esperanzas, pensando verse libre de la vergüenza de pedir limosna, al
+menos por un par de días, volvió a su casa. Con presteza metódica se
+puso a trabajar en la cocina, en compañía de su ama, que también estaba
+risueña y gozosa. «¿Sabes lo que me ha pasado--dijo a Benina--en el rato
+que has estado fuera? Pues me quedé dormidita en el sillón, y soñé que
+entraban en casa dos señores graves, vestidos de negro. Eran D.
+Francisco Morquecho y D. José María Porcell, paisanos míos, que venían a
+participarme el fallecimiento de D. Pedro José García de los Antrines,
+tío carnal de mi esposo.
+
+--¡Pobre señor; se ha muerto!--exclamó Nina con toda el alma.
+
+--Y el tal D. Pedro José, que es uno de los primeros ricachos de la
+Serranía...
+
+--Pero dígame: ¿es soñado lo que me cuenta o es verdad?
+
+--Espérate, mujer. Venían esos dos señores, D. Francisco y D. José María,
+médico el uno, el otro secretario del Ayuntamiento... pues venían a
+decirme que el García de los Antrines, tío carnal de mi Antonio, les
+había nombrado testamentarios...
+
+--Ya...
+
+--Y que... la cosa es clara... como no tenía el tal sucesión directa,
+nombraba herederos...
+
+--¿A quién?
+
+--Ten calma, mujer... Pues dejaba la mitad de sus bienes a mis hijos
+Obdulia y Antoñito, y la otra mitad a Frasquito Ponte. ¿Qué te parece?
+
+--Que a ese bendito señor debían de hacerle santo.
+
+--Dijéronme D. Francisco y D. José María que hace días andaban buscándome
+para darme conocimiento de la herencia, y que preguntando aquí y acullá,
+al fin averiguaron las señas de esta casa... ¿por quién dirás? por el
+sacerdote D. Romualdo, propuesto ya para obispo, el cual les dijo
+también que yo había recogido al señor de Ponte... 'De modo--me dijeron
+echándose a reír--, que al venir a ofrecer a usted nuestros respetos,
+señora mía, matamos dos pájaros de un tiro'.
+
+--Pero vamos a cuentas: todo eso es, como quien dice, soñado.
+
+--Claro: ¿no has oído que me quedé dormida en el sillón?... Como que esos
+dos señores que estuvieron a visitarme, se murieron hace treinta años,
+cuando yo era novia de Antonio... figúrate... y García de los Antrines
+era muy viejo entonces. No he vuelto a saber de él... Pues sí, todo ha
+sido obra de un sueño; pero tan a lo vivo que aún me parece que les
+estoy mirando... Te lo cuento para que te rías... no, no es cosa de
+risa, que los sueños...
+
+--Los sueños, los sueños, digan lo que quieran--manifestó Nina--, son
+también de Dios; ¿y quién va a saber lo que es verdad y lo que es
+mentira?
+
+--Cabal... ¿Quién te dice a ti que detrás, o debajo, o encima de este
+mundo que vemos, no hay otro mundo donde viven los que se han muerto?...
+¿Y quién te dice que el morirse no es otra manera y forma de vivir?...
+
+--Debajo, debajo está todo eso--afirmó la otra meditabunda--. Yo hago caso
+de los sueños, porque bien podría suceder, una comparanza, que los que
+andan por allá vinieran aquí y nos trajeran el remedio de nuestros
+males. Debajo de tierra hay otro mundo, y el toque está en saber cómo y
+cuándo podemos hablar con los vivientes _soterranos_. Ellos han de saber
+lo mal que estamos por acá, y nosotros soñando vemos lo bien que por
+allá lo pasan... No sé si me explico... digo que no hay justicia, y para
+que la _haiga_, soñaremos todo lo que nos dé la gana, y soñando, un
+suponer, traeremos acá la justicia».
+
+Contestó Doña Paca con una sarta de suspiros sacados de lo más hondo de
+su pecho, y Benina se lanzó, con fiebre y tenacidad de idea fija, a
+pensar nuevamente en el maravilloso conjuro. Trasteando sin sosiego en
+la cocina, con los ojos del alma, no veía más que el cazuelo de los
+siete _bujeros_, el palo de laurel, vestido, y la oración... ¡demontres
+de oración! ¡Esto sí que era difícil!
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Todo iba bien a la mañana siguiente: Don Frasquito mejorando de hora en
+hora, y con las entendederas en estado de mediana claridad; Doña Paca
+contenta; la casa bien provista de vituallas; aquel día y el próximo
+asegurados, por lo cual la pobre Benina podría descansar de su penosa
+postulación en San Sebastián. Mas siéndole preciso sostener la comedia
+de su asistencia en la casa del eclesiástico, salió como todos los días,
+la cesta al brazo, dispuesta a no perder la mañana y hacer algo útil. Al
+salir le dijo su ama: «Me parece que tendremos que hacer un obsequio a
+nuestro D. Romualdo... Conviene demostrar que somos agradecidas y bien
+educadas. Llévale de mi parte dos botellas de _Champagne_ de buena
+marca, para que acompañe con ellas el guisado, que le harás hoy, del
+conejo.
+
+--¿Pero está loca, señora? ¿Sabe lo que cuestan dos botellas de
+_Champaña_? Nos empeñaríamos para tres meses. Siempre ha de ser usted lo
+mismo. Por gustar tanto del quedar bien, se ve ahora tan pobre. Ya le
+obsequiaremos cuando nos caiga la lotería, pues de hoy no pasa que
+busque yo quien me ceda una peseta en un décimo de los de a tres.
+
+--Bueno, bueno: anda con Dios».
+
+Y se fue la señora a platicar con Frasquito, que animado y locuaz
+estaba. Una y otro evocaron recuerdos de la tierra andaluza en que
+habían nacido, resucitando familias, personas y sucesos; y charla que te
+charla, Doña Francisca salió por el registro de su sueño, aunque se
+guardó bien de contárselo al paisano. «Dígame, Ponte: ¿qué ha sido de D.
+Pedro José García de los Antrines?». Después de un penoso espurgo en los
+obscuros cartapacios de su memoria, respondió Frasquito que el D. Pedro
+se había muerto el año de la Revolución.
+
+«Anda, anda; y yo creí que aún vivía. ¿Sabe usted quién heredó sus
+bienes?
+
+--Pues su hijo Rafael, que no ha querido casarse. Ya va para viejo. Bien
+podría suceder que se acordara de nosotros, de sus hijos de usted y de
+mí, pues no tiene parentela más próxima.
+
+--¡Ay! no lo dude usted: se acordará...--manifestó Doña Paca con grande
+animación en los ojos y en la palabra--. Si no se acordara, sería un
+puerco... Lo que me decían D. Francisco Morquecho y D. José María
+Porcell...
+
+--¿Cuándo?
+
+--Hace... no sé cuánto tiempo. Verdad que ya pasaron a mejor vida. Pero
+me parece que les estoy viendo... Fueron testamentarios de García de los
+Antrines, ¿no es cierto?
+
+--Sí, señora. También yo les traté mucho. Eran amigos de mi casa, y les
+tengo muy presentes en mi memoria... Me parece que les estoy viendo con
+sus levitas negras de corte antiguo...
+
+--Así, así.
+
+--Sus corbatines de suela, y aquellos sombreros de copa que parecían la
+torre de Santa María...».
+
+Prosiguió el coloquio con esta vaga fluctuación entre lo real y lo
+imaginativo; y en tanto, Benina, calle arriba, calle abajo, ya con la
+mente despejada, tranquilo el espíritu por la posesión de un caudal no
+inferior a tres duros y medio, pensaba que toda la tracamundana del
+conjuro de Almudena era simplemente un engaña-bobos. Más probable veía
+el éxito en la lotería, que no es, por más que digan, obra de la ciega
+casualidad, pues ¿quién nos dice que no anda por los aires un ángel o
+demonio invisible que se encarga de sacar la bola del gordo, sabiendo de
+antemano quién posee el número? Por esto se ven cosas tan raras:
+verbigracia, que se reparte el premio entre multitud de infelices que
+se juntaron para tal fin, poniendo este un real, el otro una peseta. Con
+tales ideas se dio a pensar quién le proporcionaría una participación
+módica, pues adquirir ella sola un décimo parecíale mucho aventurar. Con
+la Petra y su compañera _Cuarto e kilo_, que probaban fortuna en casi
+todas las extracciones, no quería cuentas, mejor se entendería para este
+negocio con Pulido, su compañero de mendicidad en la parroquia, del cual
+se contaba que hacía combinaciones de jugadas lotéricas con el burrero
+vecino de Obdulia; y para cogerle en su morada antes de que saliese a
+pedir, apresuró el paso hacia la calle de la Cabeza, y dio fondo en el
+establecimiento de burras de leche. En los establos de aquellas
+pacíficas bestias daban albergue a Pulido los honrados lecheros, gente
+buena y humilde. Una hermana de la burrera vendía décimos por las
+calles, y un tío del burrero, que tuvo el mismo negocio en la misma
+calle y casa, años atrás, se había sacado el gordo, retirándose a su
+pueblo, donde compró tierras. La afición se perpetuó, pues, en el
+establecimiento, formando hábito vicioso; y a la fecha de esta historia,
+con lo que los burreros llevaban gastado en quince años de jugadas,
+habrían podido triplicar el ganado asnal que poseían.
+
+Tuvo Benina la suerte de encontrar a toda la familia reunida, ya de
+regreso las pollinas de su excursión matinal. Mientras estas devoraban
+el pienso de salvado, los racionales se entretenían en hacer cálculos de
+probabilidades, y en aquilatar las razones en que se podía fundar la
+certidumbre de que saliese premiado al día siguiente el 5.005, del cual
+poseían un décimo. Pulido, examinando el caso con su poderosa vista
+interior, que por la ceguera de los ojos corporales prodigiosamente se
+le aumentaba, remachó el convencimiento de los burreros, y en tono
+profético les dijo que tan cierto era que saldría premiado el 5.005,
+como que hay Dios en el Cielo y Diablo en los Infiernos. Inútil es decir
+que la pretensión de Benina cayó en aquella obcecada familia como una
+bomba, y que el primer impulso de todos fue negarle en absoluto la
+participación que solicitaba, pues ello equivalía a regalarle montones
+de dinero.
+
+Picose la mendiga, diciéndoles que no le faltaban tres pesetas para
+tirarlas en un decimito, _todo para ella_, y este golpe de audacia
+produjo su efecto. Por último, se convino en que, si ella compraba el
+décimo, ellos le tomarían la mitad, dándole una participación de dos
+reales en el mágico 5.005, número seguro, tan seguro como _estarlo
+viendo_. Así se hizo: salió Benina, y llevó al poco rato un décimo del
+4.844, el cual, visto por los otros, y _oído cantar_ por el ciego,
+produjo en toda la cuadrilla lotérica la mayor confusión y desconcierto,
+como si por arte misterioso la suerte se hubiera pasado del uno al otro
+número. Por fin, hiciéronse los tratos y combinaciones a gusto de todos,
+y el burrero extendió las papeletas de participación, quedándose la
+anciana con seis reales en el suyo y dos en el otro. Salió Pulido
+refunfuñando, y se fue a su parroquia de muy mal talante, diciéndose que
+aquella _eclesiástica pocritona_ había ido a quitarles la suerte; los
+burreros se despotricaron contra Obdulia, afirmando que no pagaba el pan
+y compraba tiestos de flores, y que el casero la iba a plantar en la
+calle; y Benina subió a ver a la _niña_, a quien encontró en manos de la
+peinadora, que trataba de arreglarle una bonita cabeza. Aquel día sus
+suegros le habían mandado albóndigas y sardinas en escabeche; Luquitas
+había entrado en casa a las seis de la mañana, y aún dormía como un
+cachorro. Pensaba la _niña_ irse de paseo, ansiosa de ver jardines,
+arboledas, carruajes, gente elegante, y su peinadora le dijo que se
+fuera al Retiro, donde vería estas cosas, y todas las fieras del mundo,
+y además cisnes, que son, una comparanza, gansos de pescuezo largo. Al
+saber que Frasquito, enfermo, se hallaba recogido en casa de Doña Paca,
+mostró la niña sincera aflicción, y quiso ir a verle; pero Benina se lo
+quitó de la cabeza. Más valía que le dejara descansar un par de días,
+evitándole conversaciones _deliriosas_, que le trastornaban el seso.
+Asintiendo a estas discretas razones, Obdulia se despidió de su criada,
+persistiendo en irse de paseo, y la otra tomó el olivo presurosa hacia
+la calle de la Ruda, donde quería pagar deudillas de poco dinero. Por el
+camino pensó que le convendría ceder parte de la excesiva cantidad
+empleada en lotería, y a este fin hizo propósito de buscar al ciego moro
+para que jugase una peseta. Más seguro era esto que no la operación de
+llamar a los espíritus _soterranos_...
+
+Esto pensaba, cuando se encontró de manos a boca con Petra y Diega, que
+de vender venían, trayendo entre las dos, mano por mano, una cesta con
+baratijas de mercería ordinaria. Paráronse con ganas de contarle algo
+estupendo y que sin duda la interesaba: «¿No sabe, _maestra_? Almudena
+la anda buscando.
+
+--¿A mí? Pues yo quisiera hablar con él, por ver si quiere tomarme...
+
+--Le tomará a usted medidas. Eso dice...
+
+--¿Qué?
+
+--Que está furioso... Loco perdido. A mí por poco me mata esta mañana de
+la tirria que me tiene. En fin, el disloque.
+
+--Se muda de Santa Casilda... Se va a las Cambroneras.
+
+--Le ha dado la tarantaina, y baila sobre un pie solo».
+
+Prorrumpieron en desentonadas risas las dos mujerzuelas, y Benina no
+sabía qué decirles. Entendiendo que el africano estaría enfermo, indicó
+que pensaba ir a San Sebastián en su busca, a lo que replicaron las
+otras que no había salido a pedir, y que si quería la _maestra_
+encontrarle, buscárale hacia la Arganzuela o hacia la calle del Peñón,
+pues en tal rumbo le habían visto ellas poco antes. Fue Benina hacia
+donde se le indicaba, despachados brevemente sus asuntos en la calle de
+la Ruda; y después de dar vueltas por la Fuentecilla, y subir y bajar
+repetidas veces la calle del Peñón, vio al marroquí, que salía de casa
+de un herrero. Llegose a él, le cogió por el brazo y...
+
+«Soltar mí, soltar mí tú...--dijo el ciego estremeciéndose de la cabeza a
+los pies, cual si recibiese una descarga eléctrica--. Mala tú, _gañadora_
+tú... matar yo ti».
+
+Alarmose la pobre mujer, advirtiendo en el rostro de su amigo grandísima
+turbación: contraía y dilataba los labios con vibraciones convulsivas,
+desfigurando su habitual expresión fisonómica; manos y piernas
+temblaban; su voz había enronquecido.
+
+«¿Qué tienes tú, Almudenilla? ¿Qué mosca te ha picado?
+
+--Picar tú mí, mosca mala... _Viner migo_... Querer yo hablar _tigo_.
+_Muquier_ mala ser ti...
+
+--Vamos a donde quieras, hombre. ¡Si parece que estás loco!».
+
+Bajaron a la Ronda, y el marroquí, conocedor de aquel terreno, guió
+hacia la fábrica del gas, dejándose llevar por su amiga cogido del
+brazo. Por angostas veredas pasaron al paseo de las Acacias, sin que la
+buena mujer pudiera obtener explicaciones claras de los motivos de
+aquella extraña desazón.
+
+«Sentémonos aquí--dijo Benina al llegar junto a la Fábrica de alquitrán--;
+estoy cansadita.
+
+--Aquí no... más _abaixo_...».
+
+Y se precipitaron por un sendero empinadísimo, abierto en el terraplén.
+Hubieran rodado los dos por la pendiente si Benina no le sostuviera
+moderando el paso, y asegurándose bien de dónde ponía la planta.
+Llegaron, por fin, a un sitio más bajo que el paseo, suelo quebrado,
+lleno de escorias que parecen lavas de un volcán; detrás dejaron casas,
+cimentadas a mayor altura que las cabezas de ellos; delante tenían
+techos de viviendas pobres, a nivel más bajo que sus pies. En las
+revueltas de aquella hondonada se distinguían chozas míseras, y a lo
+lejos, oprimida entre las moles del Asilo de Santa Cristina y el taller
+de Sierra Mecánica, la barriada de las Injurias, donde hormiguean
+familias indigentes.
+
+Sentáronse los dos. Almudena, dando resoplidos, se limpió el copioso
+sudor de su frente. Benina no le quitaba los ojos, atenta a sus
+movimientos, pues no las tenía todas consigo, viéndose sola con el
+enojado marroquí en lugar tan solitario. «A ver... _amos_... a ver por
+qué soy tan mala y tan engañadora. ¿Por qué?
+
+--_Poique_ ti _n'gañar_ mí. Yo _quiriendo_ ti, tú _quirier_ otro... Sí,
+sí... Señor _bunito_, _cabaiero_ galán... ti queriendo él... Enfermo él
+casa _Comadreja_... tú llevar casa tuya él... _quirido_ tuyo...
+_quirido_... rico él, señorito él...
+
+--¿Quién te ha contado esas papas, Almudena?--dijo la buena mujer
+echándose a reír con toda su alma.
+
+--No negar tú cosa... Tu _n'fadar_ mí; _riyendo_ tú mí...».
+
+Al expresarse de este modo, poseído de súbito furor, se puso en pie, y
+antes de que Benina pudiera darse cuenta del peligro que la amenazaba,
+descargó sobre ella el palo con toda su fuerza. Gracias que pudo la
+infeliz salvar la cabeza apartándola vivamente; pero la paletilla, no.
+Quiso ella arrebatarle el palo; pero antes de que lo intentara recibió
+otro estacazo en el hombro, y un tercero en la cadera... La mejor
+defensa era la fuga. En un abrir y cerrar de ojos, se puso la anciana a
+diez pasos del ciego. Este trató de seguirla; ella le buscaba las
+vueltas; se ponía en lugar seguro, y él descargaba sus furibundos
+garrotazos en el aire y en el suelo. En una de estas cayó boca abajo, y
+allí se quedó cual si fuera la víctima, mordiendo la tierra, mientras la
+señora de sus pensamientos le decía: «Almudena, Almudenilla, si te cojo,
+verás... ¡tontaina, borricote!...».
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Después de revolcarse en el suelo con epiléptica contracción de brazos y
+piernas, y de golpearse la cara y tirarse de los pelos, lanzando
+exclamaciones guturales en lengua arábiga, que Benina no entendía,
+rompió a llorar como un niño, sentado ya a estilo moro, y continuando en
+la tarea de aporrearse la frente y de clavar los dedos convulsos en su
+rostro. Lloraba con amargo desconsuelo, y las lágrimas calmaron sin
+duda, su loca furia. Acercose Benina un poquito, y vio su rostro
+inundado de llanto que le humedecía la barba. Sus ojos eran fuentes por
+donde su alma se descargaba del raudal de una pena infinita.
+
+Pausa larga. Almudena, con voz quejumbrosa de chiquillo castigado, llamó
+cariñosamente a su amiga.
+
+«Nina... _amri_... ¿Estar aquí ti?
+
+--Sí, hijo mío, aquí estoy viéndote llorar como San Pedro después que
+hizo la canallada de negar a Cristo. ¿Te arrepientes de lo que has
+hecho?
+
+--Sí, sí... _amri_... ¡Haber pegado ti!... ¿Doler ti _mocha_?
+
+--¡Ya lo creo que me escuece!
+
+--Yo malo... _yorando_ mí días _mochas_, _poique_ pegar ti... _Amri_,
+_perdoñar_ tú mí...
+
+--Sí... perdonado... Pero no me fío.
+
+--Tomar tú palo--le dijo alargándoselo--Venir qui... _cabe_ mí. Coger palo
+y dar mí fuerte, hasta que matar tú mí.
+
+--No me fío, no.
+
+--Tomar tú este _cochilo_--añadió el africano sacando del bolso interior
+del chaquetón una herramienta cortante--. Mercarlo yo pa pegar ti...
+Matar tú mí con él, quitar vida mí. Mordejai no _quierer_ vida... muerte
+sí, muerte...».
+
+Como quien no hace nada, Benina se apoderó de las dos armas, palo y
+cuchillo, y arrimándose ya sin temor alguno al desdichado ciego, le
+puso la mano en el hombro. «Me has partido algún hueso, porque me duele
+_mocha_--le dijo--. A ver dónde me curo yo ahora... No, hueso roto no hay;
+pero me has levantado unos morcillones como mi cabeza, y el árnica que
+gaste yo esta tarde tú me la tienes que abonar.
+
+--Dar yo ti... vida... _Perdoñar_ mí... _Yorar_ yo meses _mochas_, si tú
+no _perdoñando_ mí... Estar loco... yo _quierer_ ti... Si tú no _quierer_
+mí, Almudena matar si él _sigo_.
+
+--Bueno va. Pero tú has tomado algún maleficio. ¡Vaya, que salir ahora
+con ese cuento de enamorarte de mí! ¿Pero tú no sabes que soy una vieja,
+y que si me vieras te caerías para atrás del miedo que te daba?
+
+--No ser vieja tú... Yo _quiriendo_ ti.
+
+--Tú quieres a Petra.
+
+--No... _B'rracha_... fea, mala... Tú ser _muquier_ una sola... No haber
+otra mí».
+
+Sin dar tregua a su intensa aflicción, cortando las palabras con los
+hondos suspiros y el continuo sollozar, torpe de lengua hasta lo sumo,
+declaró Almudena lo que sentía, y en verdad que si pudo entender Benina
+lenguaje tan extraño, no fue por el valor y sentido de los conceptos,
+sino por la fuerza de la verdad que el marroquí ponía en sus
+extrañísimas modulaciones, aullidos, desesperados gritos, y sofocados
+murmullos. Díjole que desde que el Rey _Samdai_ le señaló la
+mujer _única_, para que le siguiera y de ella se apoderara, anduvo
+corriendo por toda la tierra. Más él caminaba, más delante iba la mujer,
+sin poder alcanzarla nunca. Andando el tiempo, creyó que la fugitiva era
+Nicolasa, que con él vivió tres años en vida errante. Pero no era;
+pronto vio que no era. La suya delante, siempre delante, entapujadita y
+sin dejarse ver la cara... Claro, que él veía la figura con los ojos del
+alma... Pues bueno: cuando conoció a Benina, una mañana que por primera
+vez se presentó ella en San Sebastián, llevada por Eliseo, el corazón,
+queriendo salírsele del pecho, le dijo: «Esta es, esta sola, y no hay
+otra». Más hablaba con ella, más se convencía de que era _la suya_; pero
+quería dejar pasar tiempo, y _priebarlo_ mejor. Por fin llegó la
+certidumbre, y él esperando, esperando una ocasión de decírselo a
+ella... Así, cuando le contaron que Benina quería al _galán bunito_, y
+que se lo había llevado a su casa nada menos que en coche, le entró tal
+desconsuelo, seguido de tan espantosa furia, que el hombre no sabía si
+matarse o matarla... Lo mejor sería consumar a un tiempo las dos
+muertes, después de haber despachado para el otro mundo a media
+humanidad, repartiendo golpes a diestro y siniestro.
+
+Oyó Benina con interés y piedad este relato, que aquí se da, para no
+cansar, reducido a mínimas proporciones; y como era mujer de buen
+sentido, no incurrió en la ligereza de engreírse con aquella pasión
+africana, ni tampoco hizo chacota de ella, como natural parecía,
+considerando su edad y las condiciones físicas del desdichado ciego.
+Manteniéndose en un justo medio de discreción, miraba sólo el fin
+inmediato de que su amigo se tranquilizara, apartando de su mente las
+ideas de muerte y exterminio. Explicole lo del _galán bunito_,
+procurando convencerle de que sólo un sentimiento de caridad habíala
+movido a llevarle a la casa de su señora, sin que mediase en ello el
+amor, ni cosa tocante a las relaciones de hombre y mujer. No se daba por
+convencido Mordejai, que planteó por fin la cuestión en términos que
+justificaban la veracidad y firmeza de su afecto, a saber: para que él
+creyese lo que Benina acababa de decirle, convenía que se lo demostrara
+con hechos, no con palabras, que el viento se lleva. ¿Y cómo se lo
+demostraría con hechos, de modo que él quedase plenamente satisfecho y
+convencido? Pues de un modo muy sencillo: dejando todo, su señora, _casa
+suya_, _galán bunito_; yéndose a vivir con Almudena, y quedando unidos ya
+los dos para toda la vida.
+
+No respondió la anciana con negación rotunda por no excitarle más, y se
+limitó a presentarle los inconvenientes del abandono brusco de su
+señora, que se moriría si de ella se separase. Pero a todas estas
+razones oponía el marroquí, otras fortalecidas en el fuero y leyes de
+amor, que a todo se sobreponen. «Si tú _quierer mí_, _amri_, mí casar
+_tigo_».
+
+Al hacer la oferta de su blanca mano, acompañándola de un suspirar
+tierno y de remilgos de vergüenza, con sus enormes labios que se
+dilataban hasta las orejas o se contraían formando un hocico monstruoso,
+Benina no pudo evitar una risilla de burla. Pero conteniéndose al
+instante, acudió a la respuesta con este discretísimo argumento:
+
+«Hijo, así te llamo porque pudieras serlo... agradezco tu fineza; pero
+repara que he cumplido los sesenta años.
+
+--_Cumplir no cumplir sisenta_, _milienta_, _yo quierer ti_.
+
+--Soy una vieja, que no sirve para nada.
+
+--_Sirvi_, _amri_; yo _quierer_ ti... tú _mais_ que la luz _bunita_; moza
+tú.
+
+--¡Qué desatino!
+
+--Casar _migo tigo_, y _dirnos migo_ con tú a _terra_ mía, _terra_ de
+Sus. Mi padre Saúl, rico él; mis _germanos_, ricos ellos; mi madre
+Rimna, rica _bunita_ ella... _quierer_ ti, _dicir_ hija ti...
+Verás _terra_ mía: _aceita mocha_, _laranjas mochas_... _carnieras
+mochas_ padre mío... _mochas arbolas_ cabe el río; casa grande... noria
+d'agua fresca... _bunito_; ni frío ni _calora_».
+
+Aunque la pintura de tanta felicidad influía levemente en su ánimo, no
+se dejaba seducir Benina, y como persona práctica vio los inconvenientes
+de una traslación repentina a países tan distantes, donde se encontraría
+entre gentes desconocidas, que hablaban una lengua de todos los
+demonios, y que seguramente se diferenciarían de ella por las
+costumbres, por la religión y hasta por el vestido, pues allá, de fijo
+andaban con taparrabo... ¡Bonita estaría ella con taparrabo! ¡Vaya, que
+se le ocurrían unas cosas al buen Mordejai! Mostrándose afectuosa y
+agradecida, le argumentó con los inconvenientes de la precipitación en
+cosa tan grave como es el casarse de buenas a primeras, y correrse de un
+brinco nada menos que al África, que es, como quien dice, _donde
+empiezan los Pirineos_. No, no: había que pensarlo despacio, y tomarse
+tiempo para no salir con una patochada. Mucho más práctico, según ella,
+era dejar todo ese lío del casamiento y del viaje de novios para más
+adelante, ocupándose por el pronto en realizar, con todos los requisitos
+que aseguraran el éxito, el conjuro del rey _Samdai_. Si la cosa
+resultaba, como Almudena le aseguró, y venían a poder de ella las
+banastas de piedras preciosas, que tan fácilmente se convertirían en
+billetes de Banco, ya tenían todas las cuestiones resueltas, y lo demás
+prontamente se allanaría. El dinero es el arreglador infalible de
+cuantas dificultades hay en el mundo. Total: que ella se comprometía a
+cuanto él quisiera, y desde luego empeñaba su palabra de casorio y de
+seguirle hasta el fin del mundo, siempre y cuando el rey _Samdai_
+concediese lo que con todas las reglas, ceremonias y rezos benditos se
+le había de pedir.
+
+Quedose meditabundo el africano al oír esto, y después se dio golpetazos
+en la frente, como hombre que experimenta gran confusión y desconsuelo.
+«_Perdoñar_ mí tú... Olvidar mí _dicer_ ti cosa.
+
+--¿Qué? ¿Vas a salir ahora con inconvenientes? ¿Es que la operación no
+vale porque faltaría algún requisito?
+
+--Olvidar mí _requesito_... No valer, _poique_ ser tú _muquier_.
+
+--¡Condenado!--exclamó Benina sin poder contener su enojo--, ¿por qué no
+empezaste por ahí? Pues si el primer _requesito_ es ser hombre... ¡a ver!
+
+--_Perdoñar_ mí... Olvidar cosa _migo_.
+
+--Tú no tienes la cabeza buena. ¡Vaya una plancha! Pero ¡ay! la culpa es
+mía, por haberme creído las paparruchas que inventan en tu tierra
+maldecida, y en esa tu religión de los demonios coronados. No, no lo
+creí... Era que la pobreza me cegaba... Y no lo creo, no. Perdóneme Dios
+el mal pensamiento de llamar al diablo con todos esos arrumacos;
+perdóneme también la Virgen Santísima.
+
+--Si no valer eso _poique_ ser tú _muquier_...--replicó Almudena
+vergonzoso--, saber mí otra cosa... que si _jacer_ tú, coger has tú _tuda
+la diniera_ que tú _querier_.
+
+--No, no me engañas otra vez. ¡Buen pájaro estás tú!... Ya no creo nada
+de lo que me digas.
+
+--Por la bendita luz, verdad ser... Rayo del cielo matar mí, si _n'gañar_
+ti... ¡Coger _diniero_, _mocha diniero_!
+
+--¿Cuándo?
+
+--Cuando _quiriendo_ tú.
+
+--A ver... Aunque no he de creerlo, dímelo pronto.
+
+--Yo dar ti _p'peleto_...
+
+--¿Un papelito?
+
+--Sí... Poner tú punta _lluengua_...
+
+--¿En la punta de la lengua?
+
+--Sí: entrar con ello Banco, _p'peleto en llengua_, y _naide_ ver ti.
+Poder coger _diniero tuda_... No ver ti _naide_.
+
+--Pero eso es robar, Almudena.
+
+--_Naide_ ver, _naide_ a ti _dicir naida_.
+
+--Quita, quita... Yo no tengo esas mañas. Robar, no. ¿Que no me ven? Pero
+Dios me verá».
+
+
+
+
+XXV
+
+
+No desistía el apasionado marroquí de ganar la voluntad de la dama (que
+así debemos llamarla en este caso, toda vez que como tal él la veía con
+los ojos de su alma); y conociendo que los medios positivos eran los más
+eficaces, y que antes que las razones con que él pudiera expugnarla la
+rendiría su propia codicia y el anhelo de enriquecerse, se arrancó con
+otro sortilegio, producto natural de su sangre semítica y de su rica
+imaginación. Díjole que entre todos los secretos de que por favor de
+Dios era depositario, había uno que no pensaba confiar más que a la
+persona que fuese dueña de todo su cariño; y como esta persona era ella,
+la mujer soñada, la mujer prometida por el soberano _Samdai_, a ella
+sola revelaba el infalible procedimiento para descubrir los tesoros
+_soterrados_. Aunque afectaba Benina no dar crédito a tales historias,
+ello es que no perdió sílaba del relato que Almudena le hizo. La cosa
+era muy sencilla, por él pintada, aunque las dificultades prácticas para
+llegar a producir el mágico efecto saltaban a la vista. La persona que
+quisiera saber, _siguro_, _siguro_, dónde había dinero escondido, no
+tenía más que abrir un hoyo en la tierra, y estarse dentro de él
+cuarenta días, en paños menores, sin otro alimento que harina de cebada
+sin sal, ni más ocupación que leer un libro santo, de luengas hojas, y
+meditar, meditar sobre las profundas verdades que aquellas escrituras
+contenían...
+
+--¿Y eso tengo que hacerlo yo?--dijo Benina impaciente--. ¡Apañado estás!
+¿Y ese libro está escrito en tu lengua? Tonto, ¿cómo voy a leer yo esos
+garrapatos, si en mi propio castellano natural me estorba lo negro?
+
+--_Leyerlo_ mí... _leyer_ tú.
+
+--Pero en ese agujero bajo tierra, que será la casa de los topos,
+¿podemos estar los dos?
+
+--_Siguro_.
+
+--Bueno. Y para poder ver bien la letra de ese libro--dijo con sorna la
+_dama_--, llevarás antiparras de ciego...
+
+--Mí saberlo de _memueria_--replicó impávido el africano».
+
+La _operación_, pasados los cuarenta días de penitencia, terminaba por
+escribir en un papelito, como los de cigarro, ciertas palabras mágicas
+que él sabía, él solo; luego se soltaba el papelito en el aire, y
+mientras el viento lo llevaba de aquí para allá, ella y él rezarían
+devotamente oraciones _mochas_, sin quitar los ojos del papel volante.
+Allí donde cayese, se encontraría, cavando, cavando, el tesoro
+soterrado, probablemente una gran olla repleta de monedas de oro.
+
+Manifestó Benina su incredulidad soltando la risa; pero alguna huella
+dejaba en su espíritu la nueva quisicosa para encontrar tesoros, porque
+con toda formalidad se dejó decir: «No creo yo que haya dinero enterrado
+en los campos. Puede que en tu tierra se den esos casos; pero lo que es
+aquí... donde lo tienes es en los patios, en las corraladas, debajo del
+suelo de las leñeras, almacenes y bodegas, y, si a mano viene, empotrado
+en las paredes...
+
+--Mismo poder yo _discubrierlo_ él... Yo _dicer_ ti, si tú _quiriendo_ mí,
+si tú casar _migo_.
+
+--Ya trataremos de eso más despacio--dijo Benina quitándose el pañuelo y
+volviéndoselo a poner, señal de impaciencia y ganas de marcharse.
+
+--No _dirti_ tú, _amri_, no--murmuró el ciego quejumbroso, agarrándola por
+la falda.
+
+--Es tarde, hijo, y hago falta en casa.
+
+--Tú _migo_ siempre.
+
+--No puede ser por ahora. Ten paciencia, hijo».
+
+Poseído nuevamente de furor, al sentir que se levantaba, se arrojó sobre
+ella, clavándole la zarpa en los brazos, y manifestando con rugidos,
+más que con voces, su ardiente anhelo de tenerla en su compañía. «Mí
+_queriendo_ ti... Matar mí, _ajogar_ mismo yo en río, si tú no _venier_
+mí...
+
+--Déjame por Dios, Almudena--dijo con acento de aflicción la _dama_,
+creyendo vencerle mejor con súplicas afectuosas--. Yo te quiero; pero me
+llaman mis obligaciones.
+
+--Matar yo _galán bunito_--gritó el ciego apretando los puños, y dando
+algunos pasos hacia la anciana, que medrosa se había apartado de él.
+
+--Ten juicio; si no, no te quiero... Vámonos. Si me prometes ser bueno y
+no pegarme, iremos juntos.
+
+--_Piegar_ ti no, no... _quiriendo_ ti más que a la bendita luz.
+
+--Pues si no me pegas, vamos--dijo Benina, aproximándose cariñosa, y
+cogiéndole por el brazo».
+
+Apaciguado el buen Mordejai, emprendieron otra vez la marcha hacia
+arriba, y por el camino dijo el ciego a la _dama_ que se había despedido
+de Santa Casilda, por romper con la Petra; y como los tiempos venían
+malos y no se ganaban perras, pensaba trasladarse aquella misma tarde a
+las Cambroneras, _cabe_ el Puente de Toledo, pues en aquel barrio había
+estancias para dormir por solos diez céntimos cada noche. No aprobó
+Benina el cambio de domicilio, porque allí, según había oído, vivían en
+grande estrechez e incomodidad los pobres, amontonados y revueltos en
+cuartuchos indecentes; pero él insistió, dolorido y melancólico,
+asegurando que _quería estar mal_, hacer penitencia, pasarse los días
+_yorando_, _yorando_, hasta conseguir que _Adonai_ ablandase el corazón
+de la mujer amada. Suspiraron ambos, y silenciosos subieron toda la
+calle de Toledo.
+
+Como Benina le ofreciese un duro para la mudanza, Almudena expresó un
+desinterés sublime: «No _querier_ mí _diniero_... _Diniero_ cosa
+puerca... asco _diniero_... Mí _quierer amri_... _muquier_ mía _migo_.
+
+--Bueno, bueno: ten paciencia--le dijo Benina, temerosa de que se
+descompusiera al final de la jornada--. Yo te prometo que mañana
+hablaremos de eso.
+
+--¿_Viner_ tú Cambroneras?
+
+--Sí, te lo prometo.
+
+--Mí no _golver pirroquia_... Carga mí _gente suberbiosa_: Casiana,
+Eliseo... asco mí _genta_. Mí pedir _Puenta Tolaido_...
+
+--Espérame mañana... y prométeme tener juicio.
+
+--_Yorando_, _yorando_ mí.
+
+--¿Pero a qué vienen esos lloriqueos?... Almudenilla, si yo te quiero...
+_Amos_, no me des disgustos.
+
+--_Ora ti_, casa tuya, ver _galán bunito_, _jacer_ tú cariños él.
+
+--¿Yo? ¡Estás fresco! ¡Sí, sí, para él estaba! ¿Pero tú qué te has
+creído? ¡Valiente caso hago yo de esa estantigua! Tiene más años que la
+Cuesta de la Vega: es pariente de mi señora, y por encargo de esta se le
+recogió para llevarle a casa.
+
+--¡_Mam'rracho_ él!
+
+--¡Y tan mamarracho! Ni hay comparanza entre él y tú... En fin, chico:
+tengo mucha prisa. Adiós. Hasta mañana».
+
+Aprovechando un momento en que el marroquí se quedaba como lelo, apretó
+a correr, dejándole arrimadito a la pared, junto a la tienda llamada del
+_Botijo_. Era la única forma posible de separación, dada la tenaz
+adherencia del pobre ciego. Desde lejos le miró Benina, inmóvil, la
+cabeza caída. Pasado un rato, se dejó caer en el suelo, y allí le vieron
+toda la tarde los transeúntes, sentado, mudo, la negra mano extendida.
+
+No encontró la Nina en su casa grandes novedades, como por tal no se
+tuviera el contento de Doña Paca, que no cesaba de alabar la finura de
+su huésped, y la gracia con que a la conversación traía los recuerdos de
+Algeciras y Ronda. Sentíase la buena señora transportada a sus verdes
+años; casi olvidaba su pobreza, y movida del generoso instinto que en
+aquella edad primera había sido fundamento de su carácter imprevisor y
+de sus desgracias, propuso a Nina que se trajeran para Frasquito dos
+botellas de Jerez, pavo en galantina, huevo hilado, y cabeza de jabalí.
+
+«Sí, señora--replicó la criada--: todo eso traeremos, y luego nos vamos a
+la cárcel, para ahorrar a los tenderos el trabajo de llevarnos. ¿Pero
+usted se ha vuelto loca? Para esta noche haré unas sopas de ajo con
+huevos, y _san sacabó_. Crea usted que a ese caballero le sabrán a
+gloria, acostumbrado como está a comistrajos indecentes.
+
+--Bueno, mujer. Se hará lo que tú quieras.
+
+--En vez de cabeza de jabalí, pondremos cabeza de ajo.
+
+--Creo, con tu permiso, que en todas las circunstancias, aunque sea
+sacrificándose, debe una portarse como quien es. En fin, ¿cuánto dinero
+tenemos?
+
+--Eso a usted no le importa. Déjeme a mí, que ya sabré arreglarme. Cuando
+se acabe, no es usted quien ha de ir a buscarlo.
+
+--Ya, ya sé que irás tú y lo buscarás. Yo no sirvo para nada.
+
+--Sí sirve usted; y ahora, ayúdeme a pelar estas patatitas.
+
+--Lo que quieras. ¡Ah!... se me olvidaba. Frasquito toma té... y como
+está tan delicadillo, hay que traerlo bueno.
+
+--Del mejor. Iré por él a la China.
+
+--No te burles. Vas a la tienda, y pides del que llaman _mandarín_. Y de
+paso te traes un quesito bueno para postre...
+
+--Sí, sí... eche usted y no se derrame.
+
+--Ya ves que está acostumbrado a comer en casas grandes.
+
+--Justamente: como la taberna de Boto, en la calle del Ave María...
+ración de guisado, a real; con pan y vino, treinta y cinco céntimos.
+
+--Estás hoy... que no se te puede aguantar. Pero a todo me avengo, Nina.
+Tú mandas.
+
+--¡Ay, si yo no mandara, bonitas andaríamos! Ya nos habrían llevado a San
+Bernardino o al mismísimo Pardo».
+
+Bromeando así llegó la noche, y cenando frugalmente, alegres los tres y
+resignados con la pobreza, mal tolerable y llevadero cuando no falta un
+pedazo de pan con que matar el hambre. Y el historiador debe hacer
+constar asimismo que el buen temple en que estaba Doña Paca se torció un
+poco al recogerse las dos en la alcoba, la señora en su cama, Benina en
+el suelo, por haber cedido su lecho a Frasquito. Como la viuda de Zapata
+era tan voluble de genio, en un instante, sin que se supiera el motivo,
+pasaba de la bondad apacible a la ira insana, de la credulidad infantil
+a la desconfianza marrullera, de las palabras razonables a los
+disparates más absurdos. Conocía muy bien la criada este fácil girar de
+los pensamientos y la voluntad de su señora, a quien comparaba con una
+veleta; y sin tomar a pecho sus displicencias y raptos de ira, esperaba
+que cambiase el viento. En efecto, este variaba de improviso, rolando al
+cuadrante bueno; y si en un momento la malva se había convertido en
+cardo, en otro momento tornaba a su primera condición.
+
+El mal humor de Doña Paca en la noche a que me refiero, debe atribuirse,
+según datos fehacientes, a que Frasquito, en sus conversaciones de la
+tarde, y en los ratos de la cena y sobremesa de esta, mostró por Benina
+unas preferencias que lastimaron profundamente el amor propio de la
+viuda infeliz. A Benina manifestaba el buen señor casi exclusivamente su
+gratitud, reservando para la señora una cortés deferencia; para Benina
+eran todas sus sonrisas, sus frases más ingeniosas, la ternura de sus
+ojos lánguidos, como de carnero a medio morir; y a tantas indiscreciones
+unió Ponte la de llamarla _ángel_ como unas doscientas veces en el curso
+de la frugal cena.
+
+Y dicho esto, oigamos a Doña Paca, entre sábanas metida, mientras la
+otra se acostaba en el suelo: «Pues, hija, nadie me quita de la cabeza
+que le has dado un bebedizo a este pobre señor. ¡Vaya cómo te quiere! Si
+no fueras una vieja feísima y sin ninguna gracia, creería que le habías
+hecho tilín... Cierto que eres buena, caritativa, que sabes ganar la
+simpatía por lo bien que atiendes a todo, y por tu dulzura y ese modito
+suave... que bien podría engañar a los que no te conocen... Pero con
+todas esas prendas, imposible que un hombre tan corrido se prende de
+ti... Si te lo crees y por ello estás inflada de orgullo, mi parecer es
+que no te compongas, pobre Nina. Siempre serás lo que fuistes... y no
+temas que yo le quite a D. Frasquito la ilusión, contándole tus malas
+mañas, lo sisona que eras, y otras cosillas, otras cosillas que tú
+sabes, y yo también...».
+
+Callaba Benina, tapándose la boca con la sábana, y esta humildad y
+moderación encendieron más el rencorcillo de la viuda de Zapata, que
+prosiguió molestando a su compañera: «Nadie reconoce como yo tus buenas
+cualidades, porque las tienes; pero hay que ponerte siempre a distancia,
+no dejarte salir de tu baja condición, para que no te desmandes, para
+que no te subas a las barbas de los superiores. Acuérdate de las dos
+veces que tuve que echarte de mi casa por sisona... ¡A tal extremo llegó
+tu descaro, ¿qué digo descaro? tu cinismo en aquel vicio feo, que...
+vamos, yo, que jamás he hecho una cuenta, ni me gusta, veía mi dinero
+pasando de mi bolsillo al tuyo... en chorro continuo!... Pero ¿qué? ¿No
+dices nada?... ¿No contestas? ¿Te has vuelto muda?
+
+--Sí, señora, me he vuelto muda--fue la única respuesta de la buena
+mujer--. Puede que cuando la señora se canse y cierre el pico, lo abra yo
+para decirle... en fin, no digo nada».
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+«Ja, ja... Di lo que quieras...--prosiguió Doña Paca--. ¿Te atreverías a
+decir algo ofensivo de mí? ¡Que no he sabido llevar el Cargo y Data! ¿Y
+qué? ¿Quién te ha dicho a ti que las señoras son tenedoras de libros? El
+no llevar cuentas ni apuntar nada, no era más que la forma natural de mi
+generosidad sin límites. Yo dejaba que todo el mundo me robase; veía la
+mano del ladrón metiéndose en mi bolsillo, y me hacía la tonta... Yo he
+sido siempre así. ¿Es esto pecado? El Señor me lo perdonará. Lo que Dios
+no perdona, Benina, es la hipocresía, los procederes solapados, y el
+estudio con que algunas personas componen sus actos para parecer
+mejores de lo que son. Yo siempre he llevado el alma en mi rostro, y me
+he presentado a los ojos de todo el mundo como soy, como era, con mis
+defectos y cualidades, tal como Dios me hizo... ¿Pero tú no tienes nada
+que contestarme?... ¿O es que no se te ocurre nada para defenderte?
+
+--Señora, callo, porque estoy dormida.
+
+--No, tú no duermes, es mentira: la conciencia no te deja dormir.
+Reconoces que tengo razón, y que eres de las que se componen para
+disimular y esconder sus maldades... No diré que sean precisamente
+_maldades_, tanto no. Soy generosa en esto como en todo, y
+diré _flaquezas_... pero ¡qué flaquezas! Somos frágiles: verdaderamente
+tú puedes decir: «No me llamo Benina, sino Fragilidad...». Pero no te
+apures, pues ya sabes que no he de ir con cuentos al Sr. de Ponte para
+desprestigiarte, y deshojar la flor de sus ilusiones... ¡Qué risa!... No
+viendo en ti, como no puede verlo, una figura elegante, ni un rostro
+fresco y sonrosado, ni modales finos, ni educación de señora, ni nada de
+eso, que es por lo que se enamoran los hombres, habrá visto... ¿qué? Por
+Dios que no acierto. Si tú fueras franca, que no lo eres, ni lo serás
+nunca... ¿Oyes lo que digo?
+
+--Sí, señora, oigo.
+
+--Si tú fueras franca, me dirías que el Sr. de Ponte te llama _ángel_ por
+lo bien que haces las sopas de ajo, acartonaditas... Y ¿te parece a ti
+que esto es suficiente motivo para que a una mujer la llamen _ángel_ con
+todas sus letras?
+
+--¿Pero a usted qué le importa?... Deje al Sr. de Ponte Delgado que me
+ponga los motes que quiera.
+
+--Tienes razón, sí, sí... Puede que te lo diga irónicamente, que estos
+señorones, muy curtidos en sociedad, emplean a menudo la ironía, y
+cuando parece que nos alaban, lo que hacen es tomarnos el pelo, como
+suele decirse... Por si el hombre va por derecho, y se ha prendado de ti
+con buen fin... que todo podría ser, Benina... se ven cosas muy raras...
+tú debes proceder con lealtad, y confesarle tus máculas, no vaya a creer
+Frasquito que la pureza de los ángeles del cielo es cualquier cosa
+comparada con tu pureza. Si así no lo haces, eres una mala mujer... La
+verdad, Nina, en estos casos, la verdad. El hombre se ha creído que eres
+un prodigio de conservación, ja, ja... que has hecho un milagro, pues
+milagro sería, en plena vida de Madrid y en la clase de servicio
+doméstico, una virginidad de sesenta años... Puedes plantarte en los
+cincuenta y cinco, si así te conviene... Pero si le engañas en la edad,
+que esta es superchería muy corriente en nuestro sexo, no andes con
+bromas en lo que es de ley moral, Nina; eso no. Mira, hija, yo te quiero
+mucho, y como señora tuya y amiga te aconsejo que le hables clarito,
+que le cuentes tus faltas y caídas. Así el buen señor no se llamará a
+engaño, si andando el tiempo descubre lo que tú ahora le ocultaras. No,
+Nina, no; hija mía, dile todo, aunque se te ponga la cara muy colorada,
+y se te congestione la verruga que llevas en la frente. Confiesa tu
+grave falta de aquellos tiempos, cuando contabas treinta y cinco años...
+y ten valor para decirle: «Sr. D. Frasquito, yo quise a un guardia civil
+que se llamaba Romero, el cual me tuvo trastornada más de dos años, y al
+fin se negó a casarse conmigo...». Vamos, mujer, no es para que te
+pongas como la grana. Después de todo, ¿qué ha sido ello? Querer a un
+hombre. Pues para eso han venido las mujeres al mundo: para querer a los
+hombres. Tuviste la desgracia de tropezar con uno, que te salió malo.
+Cuestión de suerte, hija. Ello es que estuviste loca por él... Bien me
+acuerdo. No se te podía aguantar; no hacías nada al derecho. Sisabas de
+lo lindo, y mientras tú no tenías un traje decente, a él no le faltaban
+buenos puros... A mí, que veía tus padecimientos y tu ceguera, pues
+atormentada y sin un día de tranquilidad, en vez de huir del suplicio,
+ibas a él; a mí, que vi todo esto, nadie tiene que contármelo, Nina.
+Conozco la historia, aunque no la sé toda entera, porque algo me has
+ocultado siempre... y a mí me refirieron cosas que no sé si son ciertas
+o no... Dijéronme que de tus amores tuviste...
+
+--Eso no es verdad.
+
+--Y que lo echaste a la Inclusa...
+
+--Eso no es verdad--repitió Benina con acento firme y sonora voz,
+incorporándose en el lecho. Al oírla, calló súbitamente Doña Paca, como
+el ratoncillo nocturno que cesa de roer al sentir los pasos o la voz del
+hombre. Oyose tan sólo, durante largo rato, alguno que otro suspiro
+hondísimo de la señora, que después empezó a quejarse y a gruñir por lo
+bajo. La otra no chistaba. Había hecho rápida crisis el genio de la
+infeliz señora, determinándose un brusco giro de la veleta. La ira y
+displicencia trocáronse al punto en blandura y mimo. No tardó en
+presentarse el síntoma más claro de la sedación, que era un vivo
+arrepentimiento de todo lo que había dicho y la vergüenza de recordarlo,
+pues no significaban otra cosa los gruñidos, y el quejarse de
+imaginarios dolores. Como Benina no respondiera a estas demostraciones,
+Doña Paca, ya cerca de media noche, se arrancó a llamarla: «Nina, Nina,
+¡si vieras qué mala estoy! ¡Vaya una nochecita que estoy pasando! Parece
+que me aplican un hierro caliente al costado, y que me arrancan a
+tirones los huesos de las piernas. Tengo la cabeza como si me hubieran
+sacado los sesos, poniéndome en su lugar miga de pan y perejil muy
+picadito... Por no molestarte, no te he dicho que me hagas una tacita de
+tila, que me refriegues la espalda, y que me des una papeleta de
+salicilato, de bromuro, o de sulfonal... Esto es horrible. Estás dormida
+como un cesto. Bien, mujer, descansa, engorda un poquito... No quiero
+molestarte».
+
+Sin despegar los labios, abandonaba Nina el jergón, y, echándose una
+falda, hacía la taza de tila en la cocinilla económica, y antes o
+después daba la medicina a la enferma, y luego las friegas, y por fin
+acostábase con ella para arrullarla como a un niño, hasta que conseguía
+dormirla. Anhelando olvidar la señora su anterior desvarío, creía que el
+mejor medio era borrar con expresiones cariñosas las malévolas ideas de
+antes, y así, mientras su compañera la arrullaba, decíale: «Si yo no te
+tuviera, no sé qué sería de mí. Y luego me quejo de Dios, y le digo
+cosas, y hasta le insulto, como si fuera un cualquiera. Verdad que me
+priva de muchos bienes; pero me ha dado tu compañía y amistad, que vale
+más que el oro y la plata y los brillantes... Y ahora que me acuerdo,
+¿qué me aconsejas tú que debo hacer para el caso de que vuelvan D.
+Francisco Morquecho y D. José María Porcell con aquella embajada de la
+herencia?...
+
+--Pero, señora, si eso lo ha soñado usted... y los tales caballeros hace
+mil años que están muy achantaditos debajo de la tierra.
+
+--Dices bien: yo lo soñé... Pero si no aquellos, otros puede que vengan
+con la misma música el mejor día.
+
+--¿Quién dice que no? ¿Ha soñado usted con cajas vacías? Porque eso es
+señal de herencia segura.
+
+--¿Y tú, qué has soñado?
+
+--¿Yo? Anoche, que nos encontrábamos con un toro negro.
+
+--Pues eso quiere decir que descubriremos un tesoro escondido... Mira tú,
+¿quién nos dice que en esta casa antigua, que habitaron en otro tiempo
+comerciantes ricos, no hay dentro de tal pared o tabique alguna olla
+bien repleta de peluconas?
+
+--Yo he oído contar que en el siglo pasado vivieron aquí unos
+almacenistas de paños, poderosos, y cuando se murieron... no se encontró
+dinero ninguno. Bien pudiera ser que lo emparedaran. Se han dado casos,
+muchos casos.
+
+--Yo tengo por cierto que dinero hay en esta finca... Pero a saber dónde
+demontres lo escondieron esos indinos. ¿No habría manera de averiguarlo?
+
+--¡No sé... no sé!--murmuró Benina, dejando volar su mente vagarosa hacia
+los orientales conjuros propuestos por Almudena.
+
+--Y si en las paredes no, debajo de los baldosines de la cocina o de la
+despensa puede estar lo que aquellos señores escondieron, creyendo que
+lo iban a disfrutar en el otro mundo.
+
+--Podrá ser... Pero es más probable que sea en las paredes, o, un
+suponer, en los techos, entre las vigas...
+
+--Me parece que tienes razón. Lo mismo puede ser arriba que abajo. Yo te
+aseguro que cuando piso fuerte en los pasillos y en el comedor, y se
+estremece todo el caserón como si quisiera derrumbarse, me parece que
+siento un ruidillo... así como de metales que suenan y hacen tilín...
+¿No lo has sentido tú?
+
+--Sí, señora.
+
+--Y si no, haz la prueba ahora mismo. Date unos paseos por la alcoba,
+pisando fuerte, y oiremos...».
+
+Hízolo Benina como su señora mandaba, con no menos convicción y fe que
+ella, y en efecto... oyeron un retintín metálico, que no podía provenir
+más que de las enormes cantidades de plata y oro (más oro que plata
+seguramente) empotradas en la vetusta fábrica. Con esta ilusión se
+durmieron ambas, y en sueños seguían oyendo el tin, tin...
+
+La casa era como un inmenso cuerpo, y sudaba, y por cada uno de sus
+infinitos poros soltaba una onza, o centén, o monedita de veintiuno y
+cuartillo.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+A la mañanita del siguiente día iba Benina camino de las Cambroneras,
+con su cesta al brazo, pensando, no sin inquietud, en las exaltaciones
+del buen Almudena, que le llevarían de pronto a la locura, si ella, con
+su buena maña, no lograba contenerle en la razón. Más abajo de la Puerta
+de Toledo encontró a la Burlada y a otra pobre que pedía con un niño
+cabezudo. Díjole su compañera _de parroquia_ que había trasladado su
+domicilio al Puente, por no poderse arreglar en el _riñón de Madrid_ con
+la carestía de los alquileres y la mezquindad del fruto de la limosna.
+En una casucha junto al río le daban hospedaje por poco más de nada, y a
+esta ventaja unía la de ventilarse bien en los paseos que se daba mañana
+y tarde, del río al _punto_ y del _punto_ al río. Interrogada por Benina
+acerca del ciego moro y de su vivienda, respondió que le había visto
+junto a la fuentecilla, pasado el Puente, pidiendo; pero que no sabía
+dónde moraba. «Vaya, con Dios, señora--dijo la Burlada despidiéndose--.
+¿No va usted hoy al _punto_? Yo sí... porque aunque poco se gana, allí
+tiene una su arreglo. Ahora me dan todas las tardes un buen _platao_ de
+comida en _ca_ el señor banquero, que vive mismamente de cara a la
+entrada por la calle de las Huertas, y vivo como una canóniga, gozando
+de ver cómo se le afila la jeta a la _Caporala_ cuando la muchacha del
+señor banquero me lleva mi gran cazolón de comestible... En fin: con
+esto y algo que cae, vivimos, _Doña_ Benina, y puede una _chincharse_ en
+las _ricas_. Adiós, que lo pase bien, y que encuentre a su moro con
+salud... Vaya, conservarse».
+
+Siguió cada cual su rumbo, y a la entrada del Puente, dirigiose Benina
+por la calzada en declive que a mano derecha conduce al arrabal llamado
+de las Cambroneras, a la margen izquierda del Manzanares, en terreno
+bajo. Encontrose en una como plazoleta, limitada en el lado de Poniente
+por un vulgar edificio, al Sur por el pretil del contrafuerte del
+puente, y a los otros dos lados por desiguales taludes y terraplenes
+arenosos, donde nacen silvestres espinos, cardos y raquíticas yerbas. El
+sitio es pintoresco, ventilado, y casi puede decirse alegre, porque
+desde él se dominan las verdes márgenes del río, los lavaderos y sus
+tenderijos de trapos de mil colores. Hacia Poniente se distingue la
+sierra, y a la margen opuesta del río los cementerios de San Isidro y
+San Justo, que ofrecen una vista grandiosa con tanto copete de panteones
+y tanto verdor obscuro de cipreses... La melancolía inherente a los
+camposantos no les priva, en aquel panorama, de su carácter decorativo,
+como un buen telón agregado por el hombre a los de la Naturaleza.
+
+Al descender pausadamente hacia la explanada, vio la mendiga dos
+burros... ¿qué digo dos? ocho, diez o más burros, con sus collarines de
+encarnado rabioso, y junto a ellos grupos de gitanos tomando el sol, que
+ya inundaba el barrio con su luz esplendorosa, dando risueño brillo a
+los colorines con que se decoraban brutos y personas. En los animados
+corrillos todo era risas, chacota, correr de aquí para allá. Las
+muchachas saltaban; los mozos corrían en su persecución; los chiquillos,
+vestidos de harapos, daban volteretas, y sólo los asnos se mantenían
+graves y reflexivos en medio de tanta inquietud y algarabía. Las gitanas
+viejas, algunas de tez curtida y negra, comadreaban en corrillo aparte,
+arrimaditas al edificio grandón, que es una casa de corredor de regular
+aspecto. Dos o tres niñas lavaban trapos en el charco que hacia la mitad
+de la explanada se forma con las escurriduras y desperdicios de la
+fuente vecinal. Algunas de estas niñas eran de tez muy obscura, casi
+negra, que hacía resaltar las filigranas colgadas de sus orejas; otras
+de color de barro, todas ágiles, graciosas, esbeltísimas de talle y
+sueltas de lengua. Buscó la anciana entre aquella gente caras conocidas;
+y mira por aquí y por allá, creyó reconocer a un gitano que en cierta
+ocasión había visto en el Hospital, yendo a recoger a una amiga suya. No
+quiso acercarse al grupo en que el tal con otros disputaba _sobre_ un
+burro, cuyas mataduras eran objeto de vivas discusiones, y aguardó
+ocasión favorable. Esta no tardó en venir, porque se enredaron a
+trompada limpia dos churumbeles, el uno con las perneras abiertas de
+arriba abajo, mostrando las negras canillas; el otro con una especie de
+turbante en la cabeza, y por todo vestido un chaleco de hombre: acudió
+el gitano a separarlos; ayudole Benina, y a renglón seguido le embocó en
+esta forma:
+
+«Dígame, buen amigo: ¿ha visto por aquí ayer y hoy a un ciego moro que
+le llaman Almudena?
+
+--Sí, señora: _halo_ visto... _jablao_ con él--replicó el gitano, mostrando
+dos carreras de dientes ideales por su blancura, igualdad y perfecta
+conservación, que se destacaban dentro del estuche de dos labios enormes
+y carnosos, de un violado retinto--. Le _vide_ en la puente... díjome
+que moraba _dende_ anoche en las casas de Ulpiano... y que... no sé qué
+más... Desapártese, buena mujer, que esta bestia es _mu desconsiderá_, y
+cocea...».
+
+Huyó Benina de un brinco, viendo cerca de sí las patas traseras de un
+grandísimo burro, que dos gandules apaleaban, como para conocerle las
+mañas y proveer a su educación asnal y gitanesca, y se fue hacia las
+casas que le indicó con un gesto el de la perfecta dentadura.
+
+Arranca de la explanada un camino o calle tortuosa en dirección a la
+puente segoviana. A la izquierda, conforme se entra en él, está la casa
+de corredor, vasta colmena de cuartos pobres que valen seis pesetas al
+mes, y siguen las tapias y dependencias de una quinta o granja que
+llaman de Valdemoro. A la derecha, varias casas antiquísimas,
+destartaladas, con corrales interiores, rejas mohosas y paredes sucias,
+ofrecen el conjunto más irregular, vetusto y mísero que en arquitectura
+urbana o campesina puede verse. Algunas puertas ostentan lindos azulejos
+con la figura de San Isidro y la fecha de la construcción, y en los
+ruinosos tejados, llenos de jorobas, se ven torcidas veletas de chapa de
+hierro, graciosamente labrado. Al aproximarse, notando Benina que
+alguien se asomaba a una reja del piso bajo, hizo propósito de
+preguntar: era un burro blanco, de orejas desmedidas, las cuales enfiló
+hacia afuera cuando ella se puso al habla. Entró la anciana en el primer
+corral, empedrado, todo baches, con habitaciones de puertas desiguales y
+cobertizos o cajones vivideros, cubiertos de chapa de latón enmohecido:
+en la única pared blanca o menos sucia que las demás, vio un barco
+pintado con almazarrón, fragata de tres palos, de estilo infantil, con
+chimenea de la cual salían curvas de humo. En aquella parte, una mujer
+esmirriada lavaba pingajos en una artesa: no era gitana, sino _paya_.
+Por las explicaciones que esta le dio, en la parte de la izquierda
+vivían los gitanos con sus pollinos, en pacífica comunidad de
+habitaciones; por lecho de unos y otros el santo suelo, los dornajos
+sirviendo de almohadas a los racionales. A la derecha, y en cuadras
+también borriqueñas, no menos inmundas que las otras, acudían a dormir
+de noche muchos pobres de los que andan por Madrid: por diez céntimos se
+les daba una parte del suelo, y a vivir. Detalladas las señas de
+Almudena por Benina, afirmó la mujer que, en efecto, había dormido allí;
+pero con los demás pobres se había largado tempranito, pues no brindaban
+aquellos dormitorios a la pereza. Si la _señora_ quería algún recado
+para el ciego moro, ella se lo daría, siempre y cuando viniese la
+segunda noche a dormir.
+
+Dando las gracias a la esmirriada, salió Benina, y se fue por toda la
+calle adelante, atisbando a un lado y otro. Esperaba distinguir en
+alguno de aquellos calvos oteros la figura del marroquí tomando el sol o
+entregado a sus melancolías. Pasadas las casas de Ulpiano, no se ven a
+la derecha más que taludes áridos y pedregosos, vertederos de escombros,
+escorias y arena. Como a cien metros de la explanada hay una curva o más
+bien zig-zag, que conduce a la estación de las Pulgas, la cual se
+reconoce desde abajo por la mancha de carbón en el suelo, las
+empalizadas de cerramiento de vía, y algo que humea y bulle por encima
+de todo esto. Junto a la estación, al lado de Oriente, un arroyo de
+aguas de alcantarilla, negras como tinta, baja por un cauce abierto en
+los taludes, y salvando el camino por una atarjea, corre a fecundar las
+huertas antes de verterse en el río. Detúvose allí la mendiga,
+examinando con su vista de lince el zanjón, por donde el agua se despeña
+con turbios espumarajos, y las huertas, que a mano izquierda se
+extienden hasta el río, plantadas de acelgas y lechugas. Aún siguió más
+adelante, pues sabía que al africano le gustaba la soledad del campo y
+la ruda intemperie. El día era apacible: luz vivísima acentuaba el
+verde chillón de las acelgas y el morado de las lombardas, derramando
+por todo el paisaje notas de alegría. Anduvo y se paró varias veces la
+anciana, mirando las huertas que recreaban sus ojos y su espíritu, y los
+cerros áridos, y nada vio que se pareciese a la estampa de un moro ciego
+tomando el sol. De vuelta a la explanada, bajó a la margen del río, y
+recorrió los lavaderos y las casuchas que se apoyan en el contrafuerte,
+sin encontrar ni rastros de Mordejai. Desalentada, se volvió a los
+Madriles de arriba, con propósito de repetir al día siguiente sus
+indagaciones.
+
+En su casa no encontró novedad; digo, sí: encontró una, que bien pudiera
+llamarse maravilloso suceso, obra del subterráneo genio _Samdai_. A poco
+de entrar, díjole Doña Paca con alborozo: «Pero, mujer, ¿no sabes...?
+Deseaba yo que vinieras para contártelo...
+
+--¿Qué, señora?
+
+--Que ha estado aquí D. Romualdo.
+
+--¡D. Romualdo!... Me parece que usted sueña.
+
+--No sé por qué... ¿Es cosa del otro mundo que ese señor venga a mi casa?
+
+--No; pero...
+
+--Por cierto que me ha dado qué pensar... ¿Qué sucede?
+
+--No sucede nada.
+
+--Yo creí que había ocurrido algo en casa del señor sacerdote, alguna
+cuestión desagradable contigo, y que venía a darme las quejas.
+
+--No hay nada de eso.
+
+--¿No le viste tú salir de casa? ¿No te dijo que acá venía?
+
+--¡Qué cosas tiene! Ahora me va a decir a mí el señor a dónde va, cuando
+sale.
+
+--Pues es muy raro...
+
+--Pero, en fin, si vino, a usted le diría...
+
+--¿A mí qué había de decirme, si no le he visto?... Déjame que te
+explique. A las diez bajó a hacerme compañía, como acostumbra, una de
+las chiquillas de la cordonera, la mayor, Celedonia, que es más lista
+que la pólvora. Bueno: a eso de las doce menos cuarto, tilín, llaman a
+la puerta. Yo dije a la chiquilla: «Abre, hija mía, y a quien quiera que
+sea le dices que no estoy». Desde el escándalo que me armó aquel tunante
+de la tienda, no me gusta recibir a nadie cuando no estás tú... Abrió
+Celedonia... Yo sentía desde aquí una voz grave, como de persona
+principal, pero no pude entender nada... Luego me contó la niña que era
+un señor sacerdote...
+
+--¿Qué señas?
+
+--Alto, guapo... Ni viejo, ni joven.
+
+--Así es--afirmó Benina, asombrada de la coincidencia--. ¿Pero no dejó
+tarjeta?
+
+--No, porque se le había olvidado la cartera.
+
+--¿Y preguntó por mí?
+
+--No. Sólo dijo que deseaba verme para un asunto de sumo interés.
+
+--En ese caso, volverá.
+
+--No muy pronto. Dijo que esta tarde tenía que irse a Guadalajara. Tú
+habrás oído hablar de ese viaje.
+
+--Me parece que sí... Algo dijeron de bajar a la estación, y de la
+maleta, y no sé qué.
+
+--Pues, ya ves... Puedes llamar a Celedonia para que te lo explique
+mejor. Dijo que sentía tanto no encontrarme... que a la vuelta de
+Guadalajara vendría... Pero es raro que no te haya hablado de ese asunto
+de interés que tiene que tratar conmigo. ¿O es que lo sabes y quieres
+reservarme la sorpresa?
+
+--No, no: yo no sé nada del asunto ese... ¿Y está segura la Celedonia del
+nombre?
+
+--Pregúntaselo... Dos o tres veces repitió: «Dile a tu señora que ha
+estado aquí D. Romualdo».
+
+Interrogada la chiquilla, confirmó todo lo expresado por Doña Paca. Era
+muy lista, y no se le escapaba una sola palabra de las que oyera al
+señor eclesiástico, y describía con fiel memoria su cara, su traje, su
+acento... Benina, confusa un instante por la rareza del caso, lo dio
+pronto al olvido por tener cosas de más importancia en qué ocupar su
+entendimiento. Halló a Frasquito tan mejorado, que acordaron levantarle
+del lecho; mas al dar los primeros pasos por la habitación y pasillo,
+encontrose el galán con la novedad de que la pierna derecha se le había
+quedado un poco inválida... Esperaba, no obstante, que con la buena
+alimentación y el ejercicio recobraría dicho miembro su actividad y
+firmeza. Pronto le darían de alta. Su reconocimiento a las dos señoras,
+y principalmente a Benina, le duraría tanto como la vida... Sentía nuevo
+aliento y esperanzas nuevas, presagios risueños de obtener pronto una
+buena colocación que le permitiera vivir desahogadamente, tener hogar
+propio, aunque humilde, y... En fin, que estaba el hombre animado, y con
+la inagotable farmacia de su optimismo se restablecía más pronto.
+
+Como a todo atendía Nina, y ninguna necesidad de las personas sometidas
+a su cuidado se le olvidaba, creyó conveniente avisar a las señoras de
+la Costanilla de San Andrés, que de seguro habrían extrañado la ausencia
+de su dependiente.
+
+«Sí, hágame el favor de llevarles un recadito de mi parte--dijo el galán,
+admirando aquel nuevo rasgo de previsión--. Dígales usted lo que le
+parezca, y de seguro me dejará en buen lugar».
+
+Así lo hizo Benina a prima noche, y a la mañana siguiente, con la
+fresca, emprendió de nuevo su caminata hacia el Puente de Toledo.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+Encontrose a un anciano harapiento que solía pedir, con una niña en
+brazos, en el Oratorio del Olivar, el cual le contó llorando sus
+desdichas, que serían bastantes a quebrantar las peñas. La hija del tal,
+madre de la criatura, y de otra que enferma quedara en casa de una
+vecina, se había muerto dos días antes «de miseria, señora, de
+cansancio, de tanto padecer echando los _gofes_ en busca de un medio
+panecillo». ¿Y qué hacía él ahora con las dos crías, no teniendo para
+mantenerlas, si para él solo no sacaba? El Señor le había dejado de su
+mano. Ningún santo del cielo le hacía ya maldito caso. No deseaba más
+que morirse, y que le enterraran pronto, pronto, para no ver más el
+mundo. Su única aspiración mundana era dejar colocaditas a las dos niñas
+en algún _arrecogimiento_ de los muchos que hay para _párvulas de ambos
+sexos_. ¡Y para que se viera su mala sombra!... Había encontrado un
+alma caritativa, un señor eclesiástico, que le ofreció meter a las nenas
+en un Asilo; pero cuando creía tener arreglado el negocio, venía el
+demonio a descomponerlo... «Verá usted, señora: ¿conoce por casualidad a
+un señor sacerdote muy apersonado que se llama D. Romualdo?
+
+--Me parece que sí--repuso la mendiga, sintiendo de nuevo una gran
+confusión o vértigo en su cabeza.
+
+--Alto, bien plantado, hábitos de paño fino, ni viejo ni joven.
+
+--¿Y dice que se llama D. Romualdo?
+
+--D. Romualdo, sí señora.
+
+--¿Será... por casualidad, uno que tiene una sobrinita nombrada Doña
+Patros?
+
+--No sé cómo la llaman; pero sobrina tiene... y guapa. Pues verá usted mi
+perra suerte. Quedó en darme, ayer por la tarde, la razón. Voy a su
+casa, y me dicen que se había marchado a Guadalajara.
+
+--Justamente...--dijo Benina, más confusa, sintiendo que lo real y lo
+imaginario se revolvían y entrelazaban en su cerebro--. Pero pronto
+vendrá.
+
+--A saber si vuelve».
+
+Díjole después el pobre viejo que se moría de hambre; que no había
+entrado en su boca, en tres días, más que un pedazo de bacalao crudo
+que le dieron en una tienda, y algunos corruscos de pan, que mojaba en
+la fuente para reblandecerlos, porque ya no tenía hueso en la boca.
+Desde el día de San José que quitaron la sopa en el Sagrado Corazón, no
+había ya remedio para él; en parte alguna encontraba amparo; el cielo no
+le quería, ni la tierra tampoco. Con ochenta y dos años cumplidos el 3
+de Febrero, San Blas bendito, un día después de la Candelaria, ¿para qué
+quería vivir más ni qué se le había perdido por acá? Un hombre que
+sirvió al Rey doce años; que durante cuarenta y cinco había picado miles
+de miles de toneladas de piedra en esas _carreteras de Dios_, y que
+siempre fue bien mirado y _puntoso_, nada tenía que hacer ya, más que
+encomendarse al sepulturero para que le pusiera mucha tierra, mucha
+tierra encima, y apisonara bien. En cuantito que colocara a las dos
+criaturas, se _acostaría_ para no levantarse hasta el día del Juicio por
+la tarde... ¡y se levantaría el último! Traspasada de pena Benina al oír
+la referencia de tanto infortunio, cuya sinceridad no podía poner en
+duda, dijo al anciano que la llevara a donde estaba la niña enferma, y
+pronto fue conducida a un cuarto lóbrego, en la planta baja de la casa
+grande de corredor, donde juntos vivían, por el pago de tres pesetas al
+mes, media docena de pordioseros con sus respectivas proles. La mayor
+parte de estos hallábanse a la sazón en Madrid, buscando la santa
+_perra_. Sólo vio Benina una vieja, petiseca y dormilona, que parecía
+alcoholizada, y una mujer panzuda, tumefacta, de piel vinosa y tirante,
+como la de un corambre repleto, con la cara erisipelada, mal envuelta en
+trapos de distintos colores. En el suelo, sobre un colchón flaco,
+cubierto de pedazos de bayeta amarilla y de jirones de mantas
+morellanas, yacía la niña enferma, como de seis años, el rostro lívido,
+los puños cerrados en la boca. «Lo que tiene esta criatura es
+hambre--dijo Benina, que habiéndola tocado en la frente y manos, la
+encontró fría como el mármol.
+
+--Puede que así sea, porque cosa caliente no ha entrado en nuestros
+cuerpos desde ayer».
+
+No necesitó más la bondadosa anciana, para que se le desbordase la
+piedad, que caudalosa inundaba su alma; y llevando a la realidad sus
+intenciones con la presteza que era en ella característica, fue al
+instante a la tienda de comestibles, que en el ángulo de aquel edificio
+existe, y compró lo necesario para poner un puchero inmediatamente,
+tomando además huevos, carbón, bacalao... pues ella no hacía nunca las
+cosas a medias. A la hora, ya estaban remediados aquellos infelices, y
+otros que se agregaron, inducidos del olor que por toda la parte baja
+de la colmena prontamente se difundió. Y el Señor hubo de recompensar su
+caridad, deparándole, entre los mendigos que al festín acudieron, un
+lisiado sin piernas, que andaba con los brazos, el cual le dio por fin
+noticias verídicas del extraviado Almudena.
+
+Dormía el moro en las casas de Ulpiano, y el día se lo pasaba rezando de
+firme, y tocando en un guitarrillo de dos cuerdas que de Madrid había
+traído, todo ello sin moverse de un apartado muladar, que cae debajo de
+la estación de las Pulgas, por la parte que mira hacia la puente
+segoviana. Allá se fue Benina despacito, porque el sujeto que la guiaba
+era de lenta andadura, como quien anda con las nalgas encuadernadas en
+suela, apoyándose en las manos, y estas en dos zoquetes de palo. Por el
+camino, el hombre _de medio cuerpo arriba_ aventuró algunas indicaciones
+críticas acerca del moro, y de su conducta un tanto estrafalaria. Creía
+él que Almudena era en su tierra clérigo, quiere decirse, presbítero del
+_Zancarrón_, y en aquellos días hacía las penitencias de la Cuaresma
+_majometana_, que consisten en dar zapatetas en el aire, comer sólo pan
+y agua, y mojarse las palmas de la mano con saliva. «Lo que canta con la
+cítara ronca, debe de ser cosa de funerales de allá, porque suena
+triste, y dan ganas de llorar oyéndolo. En fin, señora, allí le tiene
+usted tumbado sobre la alfombra de picos, y tan quieto que parece que
+lo han vuelto de piedra».
+
+Distinguió, en efecto, Benina la inmóvil figura del ciego, en un
+vertedero de escorias, cascote y basuras, que hay entre la vía y el
+camino de las Cambroneras, en medio de una aridez absoluta, pues ni
+árbol ni mata, ni ninguna especie vegetal crecen allí. Siguió adelante
+el despernado, y Benina, con su cesta al brazo, subió gateando por la
+escombrera, no sin trabajo, pues aquel material suelto de que formado
+estaba el talud, se escurría fácilmente. Antes de que ganar pudiera la
+altura en que el africano se encontraba, anunció a gritos su llegada,
+diciéndole: «¡Pero, hijo, vaya un sitio que has ido a escoger para
+ponerte al sol! ¿Es que quieres secarte, y volverte cuero para
+tambores?... ¡Eh... Almudena, que soy yo, que soy yo la que sube por
+estas escaleras alfombradas!... Chico, ¿pero qué?... ¿Estás tonto, estás
+dormido?».
+
+El marroquí no se movía, la cara vuelta hacia el sol, como un pedazo de
+carne que se quisiera tostar. Tirole la anciana una, dos, tres
+piedrecillas, hasta que consiguió acertarle. Almudena se movió con
+estremecimiento; y poniéndose de rodillas, exclamó: «_B'nina_, tú
+_B'nina_.
+
+--Sí, hijo mío: aquí tienes a esta pobre vieja, que viene a verte al
+yermo donde moras. ¡Pues no te ha dado mala ventolera! ¡Y que no me ha
+costado poco trabajo encontrarte!
+
+--¡_B'nina_!--repitió el ciego con emoción infantil, que se revelaba en un
+raudal de lágrimas, y en el temblor de manos y pies--. Tú _vinir_ cielo.
+
+--No, hijo, no--replicó la buena mujer, llegando por fin junto a él, y
+dándole palmetazos en el hombro--. No vengo del cielo, sino que subo de
+la tierra por estos maldecidos peñascales. ¡Vaya una idea que te ha
+dado, pobre morito! Dime: ¿y es tu tierra así?».
+
+No contestó Mordejai a esta pregunta; callaron ambos. El ciego la
+palpaba con su mano trémula, como queriendo verla por el tacto.
+
+«He venido--dijo al fin la mendiga--porque me pensé, un suponer, que
+estarías muerto de hambre.
+
+--Mí no _comier_...
+
+--¿Haces penitencia? Podías haberte puesto en mejor sitio...
+
+--Este _micor_... monte _bunito_.
+
+--¡Vaya un monte! ¿Y cómo llamas a esto?
+
+--Monte _Sinaí_... Mí estar _Sinaí_.
+
+--Donde tú estás es en Babia.
+
+--Tú _vinir_ con ángeles, _B'nina_... tú _vinir_ con fuego.
+
+--No, hijo: no traigo fuego ni hace falta, que bastante achicharradito
+estás aquí. Te estás quedando más seco que un bacalao.
+
+--_Micor_... mí _quierer_ seco... y arder como _paixa_.
+
+--En paja te convertirías si yo te dejara. Pero no te dejo, y ahora vas a
+comer y beber de lo que traigo en mi cesta.
+
+--Mí no _comier_... mí ser _squieleto_».
+
+Sin esperar a más razones, Almudena extendió las manos, palpando en el
+suelo. Buscaba su guitarro, que Benina vio y cogió, rasgueando sus dos
+cuerdas destempladas.
+
+«¡_Dami_, _dami_!--le dijo el ciego impaciente, tocado de inspiración».
+
+Y agarrando el instrumento, pulsó las cuerdas, y de ellas sacó sonidos
+tristes, broncos, sin armónica concordancia entre sí. Y luego rompió a
+cantar en lengua arábiga una extraña melopea, acompañándose con sonidos
+secos y acompasados que de las dos cuerdas sacaba. Oyó Benina este
+canticio con cierto recogimiento, pues aunque nada sacó en limpio de la
+letra gutural y por extremo áspera, ni en la cadencia del son encontró
+semejanza con los estilos de acá, ello es que la tal música resultaba de
+una melancolía intensa. Movía el ciego sin cesar su cabeza, cual si
+quisiera dirigir las palabras de su canto a diferentes partes del cielo,
+y ponía en algunas endechas una vehemencia y un ardor que denotaban el
+entusiasmo de que estaba poseído.
+
+«Bueno, hijo, bueno--le dijo la anciana cuando terminó de cantar--. Me
+gusta mucho tu música... Pero ¿el estómago no te dice que a él no le
+catequizas con esas coplas, y que le gustan más las buenas magras?
+
+--_Comier_ tú... mí cantar... _Comier_ yo con alegría de ser tú _migo_.
+
+--¿Te alimentas con tenerme aquí? ¡Bonita substancia!
+
+--Mí _quierer_ ti...
+
+--Sí, hijo, quiéreme; pero haz cuenta de que soy tu madre, y que vengo a
+cuidar de ti.
+
+--Tú ser _bunita_.
+
+--¡_Mia_ que yo bonita... con más años que San Isidro, y esta miseria y
+esta facha!».
+
+No menos inspirado hablando que cantando, Almudena le dijo: «Tú ser _com
+la zucena_, _branca_... _Com_ palmera del _D'sierto_ cintura tuya...
+rosas y _casmines_ boca tuya... la estrella de la tarde _ojitas tuyas_.
+
+--¡María Santísima! Todavía no me había yo enterado de lo bonita que soy.
+
+--_Donzellas tudas_, _invidia_ de ti _tenier ellas_... _Hiciéronte_ manos
+Dios con _regocijación_. Loan ti ángeles con cítara.
+
+--¡San Antonio bendito!... Si quieres que te crea todas esas cosas, me
+has de hacer un favor: comer lo que te traigo. Después que tengas llena
+la barriga hablaremos, pues ahora no estás en tus cabales».
+
+Diciéndolo, iba sacando de la cesta pan, tortilla, carne fiambre y una
+botella de vino. Enumeraba las provisiones, creyendo que así le
+despertaría el apetito, y como argumento final le dijo: «Si te empeñas
+en no comer, me enfado, y no vuelvo más a verte. Despídete de mi boca de
+rosas, y de mis ojitos como las estrellas del cielo... Y luego has de
+hacer todo lo que yo te mande: volverte a Madrid, y vivir en tu casita
+como antes vivías.
+
+--Si tú casar _migo_, sí... Si no casar, no.
+
+--¿Comes o no comes? Porque yo no he venido aquí a perder el tiempo
+echándote sermones--declaró Benina desplegando toda la energía de su
+acento--. Si te empeñas en ayunar, me voy ahora mismo.
+
+--_Comier_ tú...
+
+--Los dos. He venido a verte, y a que almorcemos juntos.
+
+--¿Casar tú _migo_?
+
+--¡Ay qué pesado el hombre! Pareces un chiquillo. Me veré obligada a
+darte un par de mojicones... Ha, morito, come y aliméntate, que ya se
+tratará lo del casorio. ¿Piensas que voy yo a tomar un marido seco al
+sol, y que se va quedando como un pergamino?».
+
+Con estas y otras razones logró convencerle, y al fin el desdichado dejó
+de hacer ascos a la comida. Empezando con repulgos, acabó por devorar
+con voracidad. Pero no abandonaba su tema, y entre bocado y bocado,
+decía: «_Casar_ yo _tigo_... _dirnos terra_ mía... Yo casar por
+_arreligión_ tuya si _quierer_ tú... Tú casar por _arreligión mía_, si
+_quierer_ ella... Mí ser _d'Israel_... Bautisma jacieron mí señoritas
+_confirencia_... Poner mí nombre _Joseph Marien Almudena_...
+
+--José María de la Almudena. Si eres cristiano, no me hables a mí de
+otras _arreligiones_ malas.
+
+--No haber más que un Dios, uno solo, sólo Él--exclamó el ciego, poseído
+de exaltación mística--. Él _melecina_ a los quebrantados de corazón...
+Él contar número estrellas, y a _tudas_ ellas por nombre llama. Adoran
+_Adonai_ el animal y _tuda cuatropea_, y el pájaro de ala...
+_¡Alleluyah!_...
+
+--Hombre, sí, cantemos ahora las aleluyas para que no nos haga daño la
+comida.
+
+--Voz de _Adonai_ sobre las aguas, sobre aguas _mochas_. La voz de
+_Adonai_ con _forza_, la voz de _Adonai_ con _jermosura_. La voz de
+_Adonai_ quiebra los _alarzes_ del Lebanón y Tsión como fijos de
+unicornios... La voz de _Adonai_ corta llamas de fuego, _face_ temblar
+_D'sierto_; _fará_ temblar _Adonai D'sierto_ de Kader... La voz de
+_Adonai face_ _adoloriar_ ciervas... En palacio suyo _tudas_ decir
+_grolia_. _Adonai_ por el diluvio se asentó... _Adonai_ bendecir su
+_puelbro_ con paz...».
+
+Aún prosiguió recitando oraciones hebraicas en castellano del siglo XV,
+que en la memoria desde la infancia conservaba, y Benina le oía con
+respeto, aguardando que terminase para traerle a la realidad y sujetarle
+a la vida común. Discutieron un rato sobre la conveniencia de tornar a
+la posada de Santa Casilda; mas no parecía él dispuesto a complacerla en
+extremo tan importante, mientras no le diese ella palabra formal de
+aceptar su negra mano. Trató de explicar la atracción que, en el estado
+de su espíritu, sobre él ejercían los áridos peñascales y escombreras en
+que a la sazón se encontraba. Realmente, ni él sabía explicárselo, ni
+Benina entenderlo; pero el observador atento bien puede entrever en
+aquella singular querencia un caso de atavismo o de retroacción
+instintiva hacia la antigüedad, buscando la semejanza geográfica con las
+soledades pedregosas en que se inició la vida de la raza... ¿Es esto un
+desatino? Quizás no.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Con todo su ingenio y travesura no pudo la anciana convencer al marroquí
+de la oportunidad de volverse al Madrid alto. «Y no sé--le dijo echando
+mano de todos los argumentos--, no sé cómo vas a arreglarte para vivir en
+este monte de tus penitencias. Porque tú no pides; aquí nadie ha de
+traerte el garbanzo, como no sea yo; y yo, si ahora tengo algún dinero,
+pronto me quedaré sin una mota, y tendré que volver a pedirlo con
+vergüenza. ¿Esperas tú que aquí te caiga el maná?
+
+--_Cader sí manjá_--replicó Almudena con profunda convicción.
+
+--Fíate de eso... Pero dime otra cosa, hijito: ¿habrá por aquí dinero
+enterrado?
+
+--Haber _mocha_, _mocha_.
+
+--Pues, hijo, a ver si lo sacas, que en este caso no perderías el tiempo.
+Pero ¡quia! no creo yo las papas que tú cuentas, ni las hechicerías que
+te has traído de tu tierra de infieles... No, no: aquí no hay salvación
+para el pobre; y eso de sacar tesoros, o de que le traigan a uno las
+carretadas de piedras preciosas, me parece a mí que es conversación.
+
+--Si tú casar _migo_, mí _encuentrar_ tesoro _mocha_.
+
+--Bueno, bueno... Pues ponte a trabajar para la averiguación de dónde
+está la tinaja llena de dinero. Yo vendré a sacarla, y como sea verdad,
+a casarnos tocan».
+
+Diciéndolo, recogía en su cesta los restos de comida para marcharse.
+Almudena se opuso a que se fuese tan pronto; pero ella insistía en
+retirarse, con la firmeza que gastaba en toda ocasión: «¡Pues estaría
+bueno que me quedara yo aquí, puesta al sol y al aire como un pellejo en
+secadero de curtidores! Y dime, Almudenita: ¿me vas tú a mantener aquí?
+¿Y a mi señora, quién le mantiene el pico?».
+
+Esta referencia a la casa de la señora despertó en Mordejai el recuerdo
+del _galán bunito_; y como se excitara más de la cuenta con tal motivo,
+apresurose Benina a calmarle con la noticia de que Ponte se había
+marchado ya a sus palacios aristocráticos, y de que ni ella ni su ama
+Doña Francisca querían trato ni roce con aquel viejo camastrón, que les
+había dado un mal pago, despidiéndose a la francesa, y _quedándoles a
+deber_ el pupilaje. Tragose el africano esta bola con infantil candor; y
+haciendo prometer y jurar a su amiga que a verle volvería diariamente
+mientras él continuase en aquella obligación de sus acerbas penitencias,
+la dejó marchar. Fuese Benina por arriba, prefiriendo subir hacia la
+estación, como salida más cómoda y practicable.
+
+De vuelta a casa, lo primero que su señora le preguntó fue si sabía
+cuándo regresaba de Guadalajara D. Romualdo, a lo que respondió ella que
+no se tenían aún noticias seguras del regreso del señor. Nada ocurrió
+aquel día digno de notarse, sino que Ponte mejoraba rápidamente,
+poniéndose muy gozoso con la visita de Obdulia, que estuvo cuatro horas
+platicando con él y con su mamá de cosas elegantes, y de sucesos
+rondeños anteriores en cuarenta años a la época presente. Debe hacerse
+notar también que a Benina se le iba mermando el dinero, pues comió allí
+la _niña_, y fue preciso añadir merluza al ordinario condumio, y además
+dátiles y pastas para postres. Con el gasto de aquellos días, con las
+prodigalidades caritativas en las Cambroneras, los duros que restaron
+del préstamo de la _Pitusa_, después de saldados débitos apremiantes, se
+iban reduciendo por horas, hasta quedar en uno solo, o poco más, el día
+de la tercera escapatoria al arrabal del Puente de Toledo.
+
+Es cosa averiguada que en aquella tercera excursión le salió al
+encuentro el anciano del día anterior, que dijo llamarse Silverio, y
+con él iban, formados como en línea de batalla, otros míseros habitantes
+de aquellos humildes caseríos, llevando de intérprete al hombre
+despernado, que se expresaba con soltura, como si con esta facultad le
+compensara la Naturaleza por la horrible mutilación de su cuerpo. Y fue
+y dijo, en nombre del gremio de pordioseros allí presente, que la señora
+debía distribuir sus beneficios entre todos sin distinción, pues todos
+eran igualmente acreedores a los frutos de su inmensa caridad.
+Respondioles Benina con ingenua sencillez que ella no tenía frutos ni
+cosa alguna que repartir, y que era tan pobre como ellos. Acogidas estas
+expresiones con absoluta incredulidad, y no sabiendo el lisiado qué
+oponer a ellas, pues toda su oratoria se le había consumido en el primer
+discurso, tomó la palabra el viejo Silverio, y dijo que ellos no se
+habían caído de ningún nido, y que bien a la vista estaba que la señora
+no era lo que parecía, sino una _dama disfrazada_ que, con trazas y
+pingajos de _mendiga de punto_, se iba por aquellos sitios para
+_desaminar_ la verdadera pobreza y remediarla. Tocante a esto del
+disfraz no había duda, porque ellos la conocían de años atrás. ¡Ah! y
+cuando vino, _la otra vez_, la _señora disfrazada_, a todos les había
+socorrido igualmente. Bien se acordaban él y otros de la cara y modos
+de la tal, y podían atestiguar que era la misma, la misma que en aquel
+momento estaban viendo con sus ojos y palpando con sus manos.
+
+Confirmaron todos a una voz lo dicho por el octogenario Silverio, el
+cual hubo de añadir que por santa fue tenida la señora de antes, y por
+santísima tendrían a la presente, respetando su disfraz, y poniéndose
+todos de rodillas ante ella para adorarla. Contestó Benina con gracejo
+que tan santa era ella como su abuela, y que miraran lo que decían y
+volvieran de su grave error. En efecto: había existido años atrás una
+señora muy linajuda, llamada Doña Guillermina Pacheco, corazón hermoso,
+espíritu grande, la cual andaba por el mundo repartiendo los dones de la
+caridad, y vestía humilde traje, sin faltar a la decencia, revelando en
+su modestia soberana la clase a que pertenecía. Aquella dignísima señora
+ya no vivía. Por ser demasiado buena para el mundo, Dios se la llevó al
+Cielo cuando más falta nos hacía por acá. Y aunque viviera, _amos_,
+¿cómo podía ser confundida con ella, con la infeliz Benina? A cien
+leguas se conocía en esta a una mujer de pueblo, criada de servir. Si
+por su traje pobrísimo, lleno de remiendos y zurcidos, por sus
+alpargatas rotas, no comprendían ellos la diferencia entre una cocinera
+jubilada y una señora nacida de marqueses, pues bien pudiera esta
+vestirse de máscara, en otras cosas no cabía engaño ni equivocación: por
+ejemplo, en el habla. Los que oyeron la palabra de Doña Guillermina, que
+se expresaba al igual de los mismos ángeles, ¿cómo podían confundirla
+con quien decía las cosas en lenguaje ordinario? Había nacido ella en un
+pueblo de Guadalajara, de padres labradores, viniendo a servir a Madrid
+cuando sólo contaba veinte años. Leía con dificultad, y de escritura
+estaba tan mal, que apenas ponía su nombre: _Benina de Casia_. Por este
+apellido, algunos guasones de su pueblo se burlaban de ella diciendo que
+_venía_ de Santa Rita. Total: que ella no era santa, sino muy pecadora,
+y no tenía nada que ver con la Doña Guillermina de marras, que ya gozaba
+de Dios. Era una pobre como ellos, que vivía de limosna, y se las
+gobernaba como podía para mantener a los suyos. Habíala hecho Dios
+generosa, eso sí; y si algo poseía, y encontraba personas más
+necesitadas que ella, le faltaba tiempo para desprenderse de todo... y
+tan contenta.
+
+No se dieron por convencidos los miserables, dejados de la mano de Dios,
+y alargando las suyas escuálidas, con afligidas voces pedían a Benina de
+Casia que les socorriese. Andrajosos y escuálidos niños se unieron al
+coro, y agarrándose a la falda de la infeliz alcarreña, le pedían pan,
+pan. Compadecida de tantas desdichas, fue la anciana a la tienda, compró
+una docena de panes altos, y dividiéndolos en dos, los repartió entre la
+miserable cuadrilla. La operación se dificultó en extremo, porque todos
+se abalanzaban a ella con furia, cada uno quería recibir su parte antes
+que los demás, y alguien intentó apandar dos raciones. Diríase que se
+duplicaban las manos en el momento de mayor barullo, o que salían otras
+de debajo de la tierra. Sofocada, la buena mujer tuvo que comprar más
+libretas, porque dos o tres viejas a quienes no tocó nada, ponían el
+grito en el cielo, y alborotaban el barrio con sus discordes y
+lastimeros chillidos.
+
+Ya se creía libre de tales moscones, cuando la llamó con roncas voces
+una mujer que llevaba en brazos a un niño cabezudo, monstruoso. Al punto
+en ella reconoció a la que había visto con la Burlada días antes, camino
+de la Puerta de Toledo. Pretendía la tal que Benina subiese con ella a
+un cuarto alto de la casa de corredor, donde le mostraría el más
+lastimoso cuadro que podría imaginarse. Prestose Benina a subir, porque
+más podía en ella siempre la piedad que la conveniencia, y por la
+escalera le explicaba la otra la situación de su desdichada familia. No
+era casada; pero _por lo civil_ había tenido dos niños que se le habían
+muerto de garrotillo, uno tras otro, con diferencia de seis días. Aquel
+que llevaba, de cabeza deforme, no era suyo, sino de una compañera que
+andaba con un ciego _de violín_, borracha ella, y si a mano
+venía, _tomadora_. La que contaba estas tristezas llamábase Basilisa;
+tenía a su padre baldadito, de andar en el río cogiendo anguilas, con el
+agua hasta los corvejones; a su hermana Cesárea bizmada, de los golpes
+que le dio su querido, un silbante, un golfo, un _rata_, «a quien tiene
+usted toda la noche jugando al mus en _cas_ del _Comadreja_, Mediodía
+Chica. ¿Conoce la señora ese _establecimiento_?
+
+--De nombre--dijo Benina medianamente interesada en la historia.
+
+--Pues ese sinvergüenza, tras apalear a mi hermana, nos empeñó los
+mantones y las enaguas. Debe usted de conocerle, porque otro más granuja
+no lo hay en Madrid. Le llaman por mal nombre _Si Toséis Toméis_... y
+por abreviar le decimos _Toméis_.
+
+--No le conozco... Yo no me trato con gente de esa».
+
+Subieron, y en uno de los cuartos más estrechos del corredor alto, vio
+Benina el tremendo infortunio de aquella familia. El viejo reumático
+parecía loco; en la desesperación que le causaban sus dolores,
+vociferaba, blasfemando, y Cesárea, de la inanición que la consumía,
+estaba como idiota, y no hacía más que dar azotes en las nalgas a un
+chico mocoso, lloricón, y que ponía los ojos en blanco de la fuerza de
+sus berridos y contorsiones. En medio de este desbarajuste, las dos
+mujeres expresaron a Benina que su mayor apuro, a más del hambre, era
+pagar al casero, que no las dejaba vivir, reclamando a todas horas las
+tres semanas que se debían. Contestó la anciana que, con gran
+sentimiento, no se hallaba en disposición de sacarlas del compromiso,
+por carecer de dinero, y lo único que podía ofrecerles era una peseta,
+para que se remediaran aquel día y el siguiente. Traspasado el corazón
+de lástima, se despidió de la infeliz patulea, y aunque se mostraron las
+dos mujeres agradecidas, bien se conocía que algún reconcomio se les
+quedaba dentro del cuerpo por no haber recibido el socorro que
+esperaban.
+
+En la escalera detuvieron a Benina dos vejanconas, una de las cuales le
+dijo con mal modo: «¡Vaya, que confundirla a usted con Doña
+Guillermina!... ¡Zopencos, más que burros! Si aquella era un ángel
+vestido de persona, y esta... bien se ve que es una _tía ordinaria_, que
+viene acá dándose el pisto de repartir limosnas... ¡Señora!... ¡vaya una
+señora!... apestando a cebolla cruda... y con esas manos de fregar...
+Ahora se dan santas del _pan pringao_, y... ¡a cuarto las
+imágenes; _caras de Dios_ a cuarto!».
+
+No hizo caso la buena mujer, y siguió su camino; pero en la calle, o
+como quiera que se llame aquel espacio entre casas, se vio importunada
+por sinnúmero de ciegos, mancos y paralíticos, que le pedían con tenaz
+insistencia pan, o perras con qué comprarlo. Trató de sacudirse el
+molesto enjambre; pero la seguían, la acosaban, no la dejaban andar. No
+tuvo más remedio que gastarse en pan otra peseta y repartirlo presurosa.
+Por fin, apretando el paso, logró ponerse a distancia de la enfadosa
+pobretería, y se encaminó al vertedero donde esperaba encontrar al buen
+Mordejai. En el propio sitio del día anterior estaba mi hombre
+aguardándola ansioso; y no bien se juntaron, sacó ella de la cesta los
+víveres que llevaba, y se pusieron a comer. Mas no quería Dios que
+aquella mañana le saliesen las cosas a Benina conforme a su buen corazón
+y caritativas intenciones, porque no hacía diez minutos que estaban
+comiendo, cuando observó que en el camino, debajito del vertedero, se
+reunían gitanillos maleantes, alguno que otro lisiado de mala estampa, y
+dos o tres viejas desarrapadas y furibundas. Mirando al grupo idílico
+que en la escombrera formaban la anciana y el ciego, toda aquella
+gentuza empezó a vociferar. ¿Qué decían? No era fácil entenderlo desde
+arriba. Palabras sueltas llegaban... que si era santa de pega; que si
+era una ladrona que se fingía beata para robar mejor... que si era una
+lame-cirios y chupa-lámparas... En fin, aquello se iba poniendo malo, y
+no tardó en demostrarlo una piedra, ¡pim! lanzada por mano vigorosa, y
+que Benina recibió en la paletilla... Al poco rato, ¡pim, pam! otra y
+otras. Levantáronse ambos despavoridos, y recogiendo en la cesta la
+comida, pensaron en ponerse en salvo. La _dama_ cogió por el brazo a su
+caballero y le dijo: «Vámonos, que nos matan».
+
+
+
+
+XXX
+
+
+Trepando difícilmente por el declive pedregoso, cayendo y levantándose a
+cada instante, cogidos del brazo, las cabezas gachas, huían del
+formidable tiroteo. Este llegó a ser tan intenso, que no había respiro
+entre golpe y golpe. A Benina la tocaron los proyectiles en partes
+vestidas, donde no podían hacer gran daño; pero Almudena tuvo la
+desgracia de que un guijarro le cogiese la cabeza en el momento de
+volverse para increpar al enemigo, y la descalabradura fue tremenda.
+Cuando llegaron, jadeantes y doloridos, a un sitio resguardado de la
+terrible lluvia de piedras, la herida del marroquí chorreaba sangre,
+tiñendo de rojo su faz amarilla. Lo extraño era que el descalabrado
+callaba, y la que había salido ilesa ponía el grito en el cielo,
+pidiendo rayos y centellas que confundieran a la infame cuadrilla. La
+suerte les deparó un guarda-agujas, que vivía en una caseta próxima al
+lugar del siniestro, hombre reposado y pío que, demostrando tener en
+poco a las víctimas del atentado, las acogió como buen cristiano en su
+vivienda humilde, compadecido de su desgracia. A poco llegó la guardesa,
+que también era compasiva, y lo primero que hicieron fue dar agua a
+Benina para que le lavase la herida a su compañero, y de añadidura
+sacaron vinagre, y trapos para hacer vendas. El moro no decía más que:
+«_Amri_, ¿_pieldra_ ti no?
+
+--No, hijo: no me ha tocado más que una china en el cogote, que no me ha
+hecho sangre.
+
+¿_Dolier_ ti?
+
+--Poco... no es nada.
+
+--Son los _embaixos_... _espirtos_ malos de _soterrá_.
+
+--¡Indecentes granujas! ¡Lástima de pareja de la Guardia civil, o
+siquiera del Orden!
+
+Con los procedimientos más elementales le hicieron la cura al pobre
+ciego, restañándole la sangre, y poniéndole vendas que le tapaban uno de
+los ojos; después le acostaron en el suelo, porque se le iba la cabeza y
+no podía tenerse en pie. Volvió la mendiga a sacar de su cesta el pan y
+la carne a medio comer, ofreciendo partir con sus generosos protectores;
+pero estos, en vez de aceptar, les brindaron con sardinas y unos churros
+que les habían sobrado de su almuerzo. Hubo por una y otra parte
+ofrecimientos, finuras y delicadezas, y cada cual, al fin, se quedó con
+lo suyo. Pero Benina aprovechó las buenas disposiciones de aquella
+honrada gente para proponerles que albergasen al ciego en la caseta
+hasta que ella pudiese prepararle alojamiento en Madrid. No había que
+pensar en que volviese a las Cambroneras, donde sin duda le tenían mala
+voluntad. A Madrid y a su casa de ella no podía conducirlo, porque ella
+servía en una casa, y él... En fin, que no era fácil explicarlo... y si
+los señores guarda-agujas pensaban mal de las relaciones entre Benina y
+el moro, que pensaran. «Miren ustedes--dijo la anciana viéndoles
+perplejos y desconfiados--, no poseo más dinero que esta peseta y estas
+perras. Tómenlas, y tengan aquí al pobre ciego hasta mañana. Él no les
+molestará, porque es bueno y honrado. Dormirá en este rincón con sólo
+que le den una manta vieja, y tocante a comer, de lo que ustedes
+tengan».
+
+Después de una corta vacilación aceptaron el trato, y permitiéndose dar
+un consejo a la para ellos extraña pareja, dijo el guarda: «Lo que deben
+hacer ustedes es dejarse de andar de vagancia por calles y caminos,
+donde todo es ajetreo y malos pasos, y ver de meterse o que los metan en
+un asilo, la señora en las _ancianitas_, el señor en otro recogimiento
+que hay para ciegos, y así tendrían asegurado el comer y el abrigo por
+todo el tiempo que vivieran». Nada contestó Almudena, que amaba la
+libertad, y la prefería trabajosa y miserable a la cómoda sujeción del
+asilo. Benina, por su parte, no queriendo entrar en largas
+explicaciones, ni desvanecer el error de aquella buena gente, que sin
+duda les creía asociados para la vagancia y el merodeo, se limitó a
+decir que no se recogían en un _establecimiento_ por causa de la mucha
+_existencia_ de pobres, y que sin recomendaciones y tarjetas de
+personajes no había manera de conseguir plaza. A esto respondió la
+guardesa que podrían lograr sus deseos de _recogerse_, si se entendían
+con un señor muy piadoso que anda en estas cosas de asilos; un
+sacerdote... que le llaman D. Romualdo.
+
+«¡D. Romualdo!... ¡Ah! sí, ya sé; digo, no le conozco más que de nombre.
+¿Es un señor cura, alto y guapetón, que tiene una sobrina llamada Doña
+Patros, que bizca un poco?».
+
+Al decir esto, sintió la Benina que se renovaba en su mente la extraña
+confusión y mezcolanza de lo real y lo imaginado.
+
+«Yo no sé si bizca o no bizca la sobrina...--prosiguió la guardesa--; pero
+sé que el D. Romualdo es de tierra de Guadalajara.
+
+--Es verdad... Y ahora se ha ido a su pueblo... Por cierto que le
+proponen para Obispo, y habrá ido a traer los papeles».
+
+Convinieron todos en que el D. Romualdo misterioso no vendría del pueblo
+sin traerse los papeles, y en seguida se cerró trato para el hospedaje y
+custodia de Almudena en la caseta por veinticuatro horas, dando Benina
+la peseta y perros que tenía (menos tres piezas chicas que guardó
+aparte), y comprometiéndose los otros a cuidar del ciego como si fuera
+su hijo. Aún tuvo la pobre Nina que bregar un poquito con el marroquí,
+empeñado en que le llevara _sigo_; pero al fin pudo convencerle,
+encareciéndole el peligro de que la herida de la cabeza le trajera algún
+trastorno grave si no se estaba quietecito. «_Amri_, _golver ti_
+mañana--decía el infeliz al despedirla--. Si dejar mí solo, _murierme yo
+migo_». Prometió la anciana solemnemente volver a su compañía, y se fue
+melancólica, revolviendo en su magín las tristezas de aquel día, a las
+cuales se unían presagios negros, barruntos de mayores afanes, porque se
+había quedado sin un cuarto, por dejarse llevar del ímpetu caritativo de
+su corazón dando tanta limosna. Seguramente vendrían para ella grandes
+apreturas, pues tenía que devolver pronto a la _Pitusa_ sus joyas,
+allegar recursos para mantener a la señora y a su huésped, socorrer a
+Almudena, etc... Tantas obligaciones se había echado encima, que ya no
+sabía cómo atender a ellas.
+
+Llegó a su casa, después de hacer sus compras a crédito, y encontrando a
+Frasquito muy bien, propuso a Doña Paca darle de alta, y que se fuera a
+desempeñar sus obligaciones y a ganarse la vida. Asintió a ello la
+señora, y la tristeza de ambas se aumentó con la noticia, traída por la
+criada de Obdulia, de que esta se había puesto muy malita, con alta
+fiebre, delirio, y un traqueteo de nervios que daba compasión. Allá se
+fue Benina, y después de avisar a los suegros de la señorita para que la
+atendieran, volvió a tranquilizar a la mamá. Mala tarde y peor noche
+pasaron, pensando en las dificultades y aprietos que de nuevo se les
+ofrecían, y a la siguiente mañana la infeliz mujer ocupaba su puesto en
+San Sebastián, pues no había otra manera de defenderse de tantas y tan
+complejas adversidades. Cada día mermaba su crédito, y las obligaciones
+contraídas en la calle de la Ruda, o en las tiendas de la calle
+Imperial, la abrumaban. Viose en la necesidad de salir también al
+pordioseo de tarde, y un ratito por la noche, pretextando tener que
+llevar un recado a la _niña_. En la breve campaña nocturna, sacaba
+escondido un velo negro, viejísimo, de Doña Paca, para entapujarse la
+cara; y con esto y unos espejuelos verdes que para el caso guardaba,
+hacía divinamente el tipo de señora ciega vergonzante, arrimadita a la
+esquina de la calle de Barrionuevo, atacando con quejumbroso reclamo a
+media voz a todo cristiano que pasaba. Con tal sistema, y _trabajando_
+tres veces por día, lograba reunir algunos cuartos; mas no todo lo
+necesario para sus atenciones, que no eran pocas, porque Almudena se
+había puesto mal, y seguía en la caseta de las Pulgas. Nada cobraba el
+guarda-agujas por hospedaje del infeliz moro; pero había que llevar a
+este la comida. Obdulia no entraba en caja: era forzoso asistirla de
+medicamentos y caldos, pues los suegros se llamaban Andana, y no era
+cosa de mandarla al Hospital. Tenía, pues, sobre sí la heroica mujer
+carga demasiado fuerte; pero la soportaba, y seguía con tantas cruces a
+cuestas por la empinada senda, ansiosa de llegar, si no a la cumbre, a
+donde pudiera. Si se quedaba en mitad del camino, tendría la
+satisfacción de haber cumplido con lo que su conciencia le dictaba.
+
+Por la tarde, pretextando compras, pedía en la puerta de San Justo, o
+junto al Palacio arzobispal; pero no podía entretenerse mucho, porque su
+tardanza no inquietara demasiado a la señora. Al volver una tarde de su
+petitorio, sin más _ganancia_ que una perra chica, se encontró con la
+novedad de que Doña Paca, acompañada de Frasquito, había ido a visitar a
+Obdulia. Díjole además la portera que momentos antes había subido a la
+casa un señor sacerdote, alto, de buena presencia, el cual, cansado de
+llamar, se fue, dejando un recadito en la portería.
+
+«¡Ya!... Es D. Romualdo...
+
+--Así dijo, sí, señora. Ya ha venido dos veces, y...
+
+--¿Pero se marcha otra vez a Guadalajara?
+
+--De allá vino ayer tarde. Tiene que hablar con Doña Paca, y volverá
+cuando pueda».
+
+Ya tenía Benina un espantoso lío en la cabeza con aquel dichoso clérigo,
+tan semejante, por las señas y el nombre, al suyo, al de su invención; y
+pensaba si, por milagro de Dios, habría tomado cuerpo y alma de persona
+verídica el ser creado en su fantasía por un mentir inocente, obra de
+las aflictivas circunstancias. «En fin, veremos lo que resulta de todo
+esto--se dijo subiendo pausadamente la escalera--. Bien venido sea ese
+señor cura si viene a traernos algo». Y de tal modo arraigaba en su
+mente la idea de que se convertía en real el mentido y figurado
+sacerdote alcarreño, que una noche, cuando pedía con antiparras y velo,
+creyó reconocer en una señora, que le dio dos céntimos, a la mismísima
+Doña Patros, la sobrina que bizcaba una miaja.
+
+Pues, señor, Doña Paca y Frasquito trajeron la buena noticia de que
+Obdulia se restablecía lentamente. «Mira, Nina--le dijo la viuda--: como
+quiera que sea, has de llevarle a Obdulia una botella de amontillado. A
+ver si te la fían en la tienda; y si no, busca el dinero como puedas,
+que lo que tiene la _niña_ es debilidad. La otra se mostró conforme con
+esta esplendidez, por no chocar, y se puso a hacer la cena. Taciturna
+estuvo hasta la hora de acostarse, y Doña Francisca se incomodó con ella
+porque no la entretenía, como otras veces, con festivas conversaciones.
+Sacó fuerzas de flaqueza la heroica anciana, y con su espíritu muy
+turbado, su mente llena de presagios sombríos, empezó a despotricar como
+una taravilla, para que se embelesara la señora con unas cuantas
+chanzonetas y mil tonterías imaginadas, y pudiera coger el sueño.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Repuesto de su herida el ciego moro, volvió a pedir, a instancias de su
+amiga, pues no estaban los tiempos para pasarse la vida al sol tocando
+la vihuela. Las necesidades aumentaban, imponíase la dura realidad, y
+era forzoso sacar las perras del fondo de la masa humana como de un mar
+rico en tesoros de todas clases. No pudo Almudena resistir a la enérgica
+sugestión de la _dama_, y poco a poco se fue curando de aquellas
+murrias, y del delirio místico y penitencial que le desconcertó días
+antes. Convinieron, tras empeñada discusión, en trasladar _su punto_ de
+San Sebastián a San Andrés, porque Almudena conocía en esta parroquia a
+un señor clérigo muy bondadoso, que en otra ocasión le había protegido.
+Allí se fueron, pues; y aunque también en San Andrés había _Caporalas_ y
+Eliseos, con distintos nombres, por ser estos caracteres como fruto
+natural de la vida en todo grupo o familia de la sociedad humana, no
+parecían tan despóticos y altaneros como en la otra parroquia. El
+clérigo que al marroquí protegía era un joven muy listo, algo arabista
+y hebraizante, que solía echar algún párrafo con él, no tanto por
+caridad como por estudio. Una mañana observó Benina que el curita joven
+salía de la Rectoral acompañado de otro sacerdote, alto, bien parecido,
+y hablaron los dos mirando al ciego moro. Sin duda decían algo referente
+a él, a su origen, a su habla y religión endemoniadas. Después uno y
+otro clérigos en ella se fijaron, ¡qué vergüenza! ¿Qué pensarían, qué
+dirían de ella? Suponíanla quizás compañera del africano, su mujer
+quizás, su...
+
+En fin, que el presbítero alto y guapetón se fue hacia la Cava Baja, y
+el otro, el sabio, se dignó parlotear un rato con Almudena en lengua
+arábiga. Después se fue hacia Benina, y con todo miramiento le dijo:
+«Usted, _Doña Benigna_, bien podría dejarse de esta vida, que a su edad
+es tan penosa. No está bien que ande tras el moro como la soga tras el
+caldero. ¿Por qué no entra en la _Misericordia_? Ya se lo he dicho a D.
+Romualdo, y ha prometido interesarse...».
+
+Quedose atónita la buena mujer, y no supo qué contestar. Por decir algo,
+expresó su agradecimiento al Sr. de Mayoral, que así nombraban al
+clérigo erudito, y añadió que ya había reconocido en el otro señor
+sacerdote al benéfico D. Romualdo.
+
+«Ya le he dicho también--agregó Mayoral--, que es usted criada de una
+señora que vive en la calle Imperial, y prometió informarse de su
+comportamiento antes de recomendarla...».
+
+Poco más dijo, y Benina llegó al mayor grado de confusión y vértigo de
+su mente, pues el sacerdote alto y guapetón que poco antes viera,
+concordaba con el que ella, a fuerza de mencionarlo y describirlo en un
+mentir sistemático, tenía fijo en su caletre. Ganas sintió de correr por
+la Cava Baja, a ver si le encontraba, para decirle: «Sr. D. Romualdo,
+perdóneme _si le he inventado_. Yo creí que no había mal en esto. Lo
+hice porque la señora no me descubriera que salgo todos los días a pedir
+limosna para mantenerla. Y si esto de _aparecerse_ usted ahora con
+cuerpo y vida de persona es castigo mío, perdóneme Dios, que no lo
+volveré a hacer. ¿O es usted otro D. Romualdo? Para que yo salga de esta
+duda que me atormenta, hágame el favor de decirme si tiene una sobrina
+bizca, y una hermana que se llama Doña Josefa, y si le han propuesto
+para Obispo, como se merece, y ojalá fuera verdad. Dígame si es usted el
+mío, mi D. Romualdo, u otro, que yo no sé de dónde puede haber salido, y
+dígame también qué demontres tiene que hablar con la señora, y si va a
+darle las quejas porque yo he tenido el atrevimiento de _inventarle_».
+
+Esto le habría dicho, si encontrádole hubiera; pero no hubo tal
+encuentro, ni tales palabras fueron pronunciadas. Volviose a casa muy
+triste, y ya no se apartó de su mente la idea de que el benéfico
+sacerdote alcarreño no era invención suya, de que todo lo que soñamos
+tiene su existencia propia, y de que las mentiras entrañan verdades.
+Pasaron dos días en esta situación, sin más novedad que un crecimiento
+horroroso de las dificultades económicas. Con tanto pordiosear mañana y
+tarde, nunca le salía la cuenta; no había ya ningún nacido que le fiara
+valor de un real; la _Pitusa_ amenazola con _dar parte_ si no le devolvía
+en breve término sus alhajas. Faltábale ya la energía, y sus grandes
+ánimos flaqueaban; perdía la fe en la Providencia, y formaba opinión
+poco lisonjera de la caridad humana; todas sus diligencias y correrías
+para procurarse dinero, no le dieron más resultado que un duro que le
+prestó por pocos días Juliana, la mujer de Antoñito. La limosna no
+bastaba ni con mucho; en vano se privaba ella hasta de su ordinario
+alimento, para disimular en casa la escasez; en vano iba con las
+alpargatas rotas, magullándose los pies. La economía, la sordidez misma,
+eran ineficaces: no había más remedio que sucumbir y caer diciendo:
+«Llegué hasta donde pude: lo demás hágalo Dios, si quiere».
+
+Un sábado por la tarde se colmaron sus desdichas con un inesperado y
+triste incidente. Salió a pedir en San Justo: Almudena hacía lo mismo en
+la calle del Sacramento. Estrenose ella con diez céntimos, inaudito
+golpe de suerte, que consideró de buen augurio. ¡Pero cuán grande era su
+error, al fiarse de estas golosinas que nos arroja el destino adverso
+para atraernos y herirnos más cómodamente! Al poco rato del feliz
+estreno, se apareció un individuo de la ronda secreta que, empujándola
+con mal modo, le dijo: «Ea, buena mujer, eche usted a andar para
+adelante... Y vivo, vivo...
+
+--¿Qué dice?...
+
+--Que se calle y ande...
+
+--¿Pero a dónde me lleva?
+
+--Cállese usted, que le tiene más cuenta... ¡Hala! a San Bernardino.
+
+--¿Pero qué mal hago yo... señor?
+
+--¡Está usted pidiendo!... ¿No le dije a usted ayer que el señor
+Gobernador no quiere que se pida en esta calle?
+
+--Pues manténgame el señor Gobernador, que yo de hambre no he de morirme,
+por Cristo... ¡Vaya con el hombre!...
+
+--¡Calle usted, _so borracha_!... ¡Andando digo!
+
+--¡Que no me empuje!... Yo no soy _criminala_... Yo tengo familia,
+conozco quién me abone... Ea, que no voy a donde usted quiere
+llevarme...».
+
+Se arrimó a la pared; pero el fiero polizonte la despegó del arrimo con
+un empujón violentísimo. Acercáronse dos de Orden público, a los cuales
+el de la ronda mandó que la llevaran a San Bernardino, juntamente con
+toda la demás pobretería de ambos sexos que en la tal calle y callejones
+adyacentes encontraran. Aún trató Benina de ganar la voluntad de los
+guardias, mostrándose sumisa en su viva aflicción. Suplicó, lloró
+amargamente; mas lágrimas y ruegos fueron inútiles. Adelante, siempre
+adelante, llevando a retaguardia al ciego africano, que en cuanto se
+enteró de que la _recogían_, se fue hacia los del Orden, pidiéndoles que
+a él también le echasen la red, y al mismo infierno le llevaran, con tal
+que no le separasen de ella. Presión grande hubo de hacer sobre su
+espíritu la desgraciada mujer para resignarse a tan atroz desventura...
+¡Ser llevada a un recogimiento de mendigos callejeros como son
+conducidos a la cárcel los rateros y malhechores! ¡Verse imposibilitada
+de acudir a su casa a la hora de costumbre, y de atender al cuidado de
+su ama y amiga! Cuando consideraba que Doña Paca y Frasquito no tendrían
+qué comer aquella noche, su dolor llegaba al frenesí: hubiera embestido
+a los corchetes para deshacerse de ellos, si fuerzas tuviera contra dos
+hombres. Apartar no podía del pensamiento la consternación de su señora
+infeliz, cuando viera que pasaban horas, horas... y la Nina sin parecer.
+¡Jesús, Virgen Santísima! ¿Qué iba a pasar en aquella casa? Cuando no se
+hunde el mundo por sucesos tales, seguro es que no se hundirá jamás...
+Más allá de las Caballerizas trató nuevamente de enternecer con razones
+y lamentos el corazón de sus guardianes. Pero ellos cumplían una orden
+del jefe, y si no la cumplían, mediano réspice les echarían. Almudena
+callaba, andando agarradito a la falda de Benina, y no parecía
+disgustado de la recogida y conducción al depósito de mendicidad.
+
+Si lloraba la pobre postulante, no lloraba menos el cielo, concordando
+con ella en sombría tristeza, pues la llovizna que a caer empezó en el
+momento de la recogida, fue creciendo hasta ser copiosa lluvia, que la
+puso perdida de pies a cabeza. Las ropas de uno y otro mendigo
+chorreaban; el sombrero hongo de Almudena parecía la pieza superior de
+la fuente de los Tritones: poco le faltaba ya para tener verdín. El
+calzado ligero de Benina, destrozado por el mucho andar de aquellos
+días, se iba quedando a pedazos en los charcos y barrizales en que se
+metía. Cuando llegaron a San Bernardino, pensaba la anciana que mejor
+estaría descalza. «_Amri_--le dijo Almudena cuando traspasaban la triste
+puerta del Asilo Municipal--, no _yorar_ ti... Aquí bien _tigo migo_...
+No _yorar_ ti... _contentado_ mí... Dar sopa, dar pan nosotras...».
+
+En su desolación, no quiso Benina contestarle. De buena gana le habría
+dado un palo. ¿Cómo había de hacerse cargo aquel vagabundo de la razón
+con que la infeliz mujer se quejaba de su suerte? ¿Quién, sino ella,
+comprendería el desamparo de su señora, de su amiga, de su hermana, y la
+noche de ansiedad que pasaría, ignorante de lo que pasaba? Y si le
+hacían el favor de soltarla al día siguiente, ¿con qué razones, con qué
+mentiras explicaría su larga ausencia, su desaparición súbita? ¿Qué
+podía decir, ni qué invento sacar de su fecunda imaginación? Nada, nada:
+lo mejor sería desechar todo embuste, revelando el secreto de su
+mendicidad, nada vergonzosa por cierto. Pero bien podía suceder que Doña
+Francisca no lo creyese, y que se quebrantara el lazo de amistad que
+desde tan antiguo las unía; y si la señora se enojaba de veras,
+arrojándola de su lado, Nina se moriría de pena, porque no podía vivir
+sin Doña Paca, a quien amaba por sus buenas cualidades y casi casi por
+sus defectos. En fin, después de pensar en todo esto, y cuando la
+metieron en una gran sala, ahogada y fétida, donde había ya como un
+medio centenar de ancianos de ambos sexos, concluyó por echarse en los
+brazos amorosos de la resignación, diciéndose: «Sea lo que Dios quiera.
+Cuando vuelva a casa diré la verdad; y si la señora está viva para
+cuando yo llegue y no quiere creerme, que no me crea; y si se enfada,
+que se enfade; y si me despide, que me despida; y si me muero, que me
+muera».
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+Aunque Nina no lo pensara y dijera, bien se comprenderá que el
+desasosiego y consternación de Doña Paca en aquella triste noche
+superaron a cuanto pudiera manifestar el narrador. A medida que avanzaba
+el tiempo, sin que la criada volviese al hogar, crecía la angustia del
+ama, quien, si al principio echó de menos a su compañera por la falta
+que en el orden material hacía, pronto se inquietó más, pensando en la
+desgracia que habría podido ocurrirle: cogida de coche, verbigracia, o
+muerte repentina en la calle. Procuraba el bueno de Frasquito
+tranquilizarla, pero inútilmente. Y el desteñido viejo tenía que
+callarse cuando su paisana le decía: «¡Pero si nunca ha pasado esto;
+nunca, querido Ponte! Ni una sola vez ha faltado de casa en tantísimos
+años».
+
+Surgieron dificultades graves para cenar formalmente, y nada se
+adelantaba con que las chiquillas de la cordonera se brindasen oficiosas
+a sustituir a la criada ausente. Verdad que Doña Paca perdió en absoluto
+el apetito, y lo mismo, o poco menos, le pasaba a su huésped. Pero como
+no había más remedio que tomar algo para sostener las fuerzas, ambos se
+propinaron un huevo batido en vino y unos pedacitos de pan. De dormir,
+no se hable. La señora contaba las horas, medias y cuartos de la noche
+por los relojes de la vecindad, y no hacía más que medir el pasillo de
+punta a punta, atenta a los ruidos de la escalera. Ponte no quiso ser
+menos: la galantería le obligaba a no acostarse mientras su amiga y
+protectora estuviese en vela, y para conciliar las obligaciones de
+caballero con su fatiga de convaleciente, descabezó un par de sueñecitos
+en una silla. Para esto hubo de adoptar postura violenta, haciendo
+almohada de sus brazos, cruzados sobre el respaldo, y al dormirse se le
+quedó colgando la cabeza, de lo que le sobrevino un tremendo tortícolis
+a la mañana siguiente.
+
+Al amanecer de Dios, vencida del cansancio Doña Paca, se quedó dormidita
+en un sillón. Hablaba en sueños, y su cuerpo se sacudía de rato en rato
+con estremecimientos nerviosos. Despertó sobresaltada, creyendo que
+había ladrones en la casa, y el día claro, con el vacío de la ausencia
+de Nina, le resultó más triste y solitario que la noche. Según
+Frasquito, que en esto pensaba cuerdamente, ningún rastro parecía más
+seguro que informarse de los señores en cuya casa servía Benina de
+asistenta. Ya lo había pensado también su paisana la tarde anterior;
+pero como ignoraba el número de la casa de D. Romualdo en la calle de la
+Greda, no se determinaron a emprender las averiguaciones. Por la mañana,
+habiéndose brindado el portero a inquirir el paradero de la extraviada
+sirviente, se le mandó con el encargo, y a la hora volvió diciendo que
+en ninguna portería de tal calle daban razón.
+
+Y a todas estas, no había en la casa más que algún resto de cocido del
+día anterior, casi avinagrado ya, y mendrugos de pan duro. Gracias que
+los vecinos, enterados del conflicto tan grave, ofrecieron a la ilustre
+viuda algunos víveres: este, sopas de ajo; aquel, bacalao frito; el
+otro, un huevo y media botella de peleón. No había más remedio que
+alimentarse, haciendo de tripas corazón, porque la naturaleza no espera:
+es forzoso vivir, aunque el alma se oponga, encariñada con su amiga la
+muerte. Pasaban lentas las horas del día, y tanto Ponte como su paisana
+no podían apartar su atención de todo ruido de pasos que sonaba en la
+escalera. Pero tantos desengaños sufrieron, que, al fin, rendidos y sin
+esperanza, se sentaron uno frente a otro, silenciosos, con reposo y
+gravedad de esfinges, y mirándose confirieron tácitamente la solución
+del enigma a la divina voluntad. Ya se sabría el paradero de Nina, o los
+motivos de su ausencia, cuando Dios se dignara darlos a conocer por los
+medios y caminos a que nunca alcanza nuestra previsión.
+
+Las doce serían ya, cuando sonó un fuerte campanillazo. La dama rondeña
+y el galán de Algeciras saltaron, cual muñecos de goma, en sus
+respectivos asientos. «No, no es ella--dijo Doña Paca con gran
+desaliento--. Nina no llama así».
+
+Y como quisiese Frasquito salir a la puerta le detuvo ella con una
+observación muy en su punto: «No salga usted, Ponte, que podría ser uno
+de esos gansos de la tienda que vienen a darme un mal rato. Que abra la
+niña. Celedonia, corre a abrir, y entérate bien: si es alguno que nos
+trae noticias de Nina, que pase. Si es alguien de la tienda, le dices
+que no estoy».
+
+Corrió la chiquilla, y volvió desalada al instante diciendo: «Señora, D.
+Romualdo».
+
+Efecto de gran intensidad emocional, que casi era terrorífica. Ponte dio
+varias vueltas de peonza sobre un pie, y Doña Paca se levantó y volvió
+a caer en el sillón como unas diez veces, diciendo: «Que pase... Ahora
+sabremos... ¡Dios mío, D. Romualdo en casa!... A la salita, Celedonia, a
+la salita... Me echaré la falda negra... Y no me he peinado... ¡Con qué
+facha le recibo!... Que pase, niña... Mi falda negra».
+
+Entre el algecireño y la chiquilla la vistieron de mala manera, y con la
+prisa le ponían la ropa del revés. La señora se impacientaba,
+llamándoles torpes y dando pataditas. Por fin se arregló de cualquier
+modo, pasose un peine por el pelo, y dando tumbos se fue a la salita
+donde aguardaba el sacerdote, en pie, mirando las fotografías de
+personas de la familia, única decoración de la mezquina y pobre
+estancia.
+
+«Dispénseme usted, Sr. D. Romualdo--dijo la viuda de Zapata, que de la
+emoción no podía tenerse en pie, y hubo de arrojarse en una silla,
+después de besar la mano al sacerdote--. Gracias a Dios que puedo
+manifestar a usted mi gratitud por su inagotable bondad.
+
+--Es mi obligación, señora...--repuso el clérigo un tanto sorprendido--, y
+nada tiene usted que agradecerme.
+
+--Y dígame ahora, por Dios--agregó la señora, con tanto miedo de oír una
+mala noticia, que apenas hablar podía--; dígamelo pronto. ¿Qué ha sido de
+mi pobre Nina?».
+
+Sonó este nombre en el oído del buen sacerdote como el de una perrita
+que a la señora se le había perdido.
+
+«¿No parece?...--le dijo por decir algo.
+
+--¿Pero usted no sabe...? ¡Ay, ay! Es que ha ocurrido una desgracia, y
+quiere ocultármelo, por caridad».
+
+Prorrumpió en acerbo llanto la infeliz dama, y el clérigo permanecía
+perplejo y mudo. «Señora, por piedad, no se aflija usted... Será, o no
+será lo que usted supone.
+
+--¡Nina, Nina de mi alma!
+
+--¿Es persona de su familia, de su intimidad? Explíqueme...
+
+--Si el Sr. D. Romualdo no quiere decirme la verdad por no aumentar mi
+tribulación, yo se lo agradezco infinito... Pero vale más saber... ¿O es
+que quiere darme la noticia poquito a poco, para que me impresione
+menos?...
+
+--Señora mía--dijo el sacerdote con impaciente franqueza, ávido de aclarar
+las cosas--. Yo no le traigo a usted noticias buenas ni malas de la
+persona por quien llora, ni sé qué persona es esa, ni en qué se funda
+usted para creer que yo...
+
+--Dispénseme, Sr. D. Romualdo. Pensé que la Benina, mi criada, mi amiga y
+compañera más bien, había sufrido algún grave accidente en su casa de
+usted, o al salir de ella, o en la calle, y...
+
+--¿Qué más?... Sin duda, señora Doña Francisca Juárez, hay en esto un
+error que yo debo desvanecer, diciendo a usted mi nombre: Romualdo
+Cedrón. He desempeñado durante veinte años el arciprestazgo de Santa
+María de Ronda, y vengo a manifestar a usted, por encargo expreso de los
+demás testamentarios, la última voluntad del que fue mi amigo del alma,
+Rafael García de los Antrines, que Dios tenga en su santa gloria».
+
+Si Doña Paca viera que se abría la tierra y salían de ella escuadrones
+de diablos, y que por arriba el cielo se descuajaraba, echando de sí
+legiones de ángeles, y unos y otros se juntaban formando una inmensa
+falange gloriosa y bufonesca, no se quedara más atónita y confusa.
+¡Testamento, herencia! ¿Lo que decía el clérigo era verdad, o una
+ridícula, despiadada burla? ¿Y el tal sujeto era persona real, o imagen
+fingida en la mente enferma de la dama infeliz? La lengua se le pegó al
+paladar, y miraba a D. Romualdo con aterrados ojos.
+
+«No es para que usted se asuste, señora. Al contrario: yo tengo la
+satisfacción de comunicar a Doña Francisca Juárez el término de sus
+sufrimientos. El Señor, que ha probado sin duda ya con creces su
+conformidad y resignación, quiere premiar ahora estas virtudes,
+sacándola a usted de la tristísima situación en que ha vivido tantos
+años».
+
+A doña Paca le caía un hilo de lágrimas de cada ojo, y no acertaba a
+proferir palabra. ¡Cuál sería su emoción, cuáles su sorpresa y júbilo,
+que se borró de su mente la imagen de Benina, como si la ausencia y
+pérdida de esta fuese suceso ocurrido muchos años antes!
+
+«Comprendo--prosiguió el buen sacerdote enderezando su cuerpo y
+aproximando el sillón para tocar con su mano el brazo de Doña
+Francisca--, comprendo su trastorno... No se pasa bruscamente del
+infortunio al bienestar, sin sentir una fuerte sacudida. Lo contrario
+sería peor... Y puesto que se trata de cosa importante, que debe ocupar
+con preferencia su atención, hablemos de ello, señora mía, dejando para
+después ese otro asunto que la inquieta... No debe usted afanarse tanto
+por su criada o amiga... ¡Ya parecerá!».
+
+Esta frase llevó de nuevo al espíritu de Doña Paca la idea de Nina y el
+sentimiento de su misteriosa desaparición. Notando en el _ya parecerá_
+de D. Romualdo una intención benévola y optimista, dio en creer que el
+buen señor, después que despachase el asunto principal, le hablaría del
+caso de la anciana, que sin duda no era de suma gravedad. Pronto la
+mente de la señora con rápido giro de veleta tornó a la idea de la
+herencia, y a ella se agarró, dejando lo demás en el olvido; y
+observando el presbítero su ansiedad de informes, se apresuró a
+satisfacerla.
+
+--Pues ya sabrá usted que el pobre Rafael pasó a mejor vida el 11 de
+Febrero...
+
+--No lo sabía, no, señor. Dios le haya dado su descanso... ¡ay!
+
+--Era un santo. Su único error fue abominar del matrimonio, despreciando
+los excelentes partidos que sus amigos le proponíamos. Los últimos años
+vivió en un cortijo llamado las _Higueras de Juárez_...
+
+--Lo conozco. Esa finca fue de mi abuelo.
+
+--Justamente: de D. Alejandro Juárez... Bueno: pues Rafael contrajo en
+las _Higueras_ la afección del hígado que le llevó al sepulcro a los
+cincuenta y cinco años de edad. ¡Lástima de mocetón, casi tan alto como
+yo, señora, con una musculatura no menos vigorosa que la mía, y un pecho
+como el de un toro, y aquel rostro rebosando vida!...
+
+--¡Ay!...
+
+--En nuestras cacerías del jabalí y del venado, nunca conseguí cansarle.
+Su amor propio era más fuerte que su complexión fortísima. Desafiaba los
+chubascos, el hambre y la sed... Pues vea usted aquel roble quebrarse
+como una caña. A los pocos meses de caer enfermo se le podían contar los
+huesos al través de la piel... se fue consumiendo, consumiendo...
+
+--¡Ay!...
+
+--¡Y con qué resignación llevaba su mal, y qué bien se preparó para la
+muerte, mirándola como una sentencia de Dios, contra la cual no debe
+haber protesta, sino más bien una conformidad alegre! ¡Pobre Rafael, qué
+pedazo de ángel!...
+
+--¡Ay!...
+
+--Yo no vivía ya en Ronda, porque tenía intereses en mi pueblo que me
+obligaron a fijar mi residencia en Madrid. Pero cuando supe la gravedad
+del amigo queridísimo, me planté allá... Un mes le acompañé y asistí...
+¡Qué pena!... Murió en mis brazos.
+
+--¡Ay!...».
+
+Estos ayes eran suspiros que a Doña Paca se le salían del alma, como
+pajaritos que escapan de una jaula abierta por los cuatro costados. Con
+noble sinceridad, sin dejar de acariciar en su pensamiento la probable
+herencia, se asociaba al duelo de D. Romualdo por el generoso solterón
+rondeño.
+
+«En fin, señora mía: murió como católico ferviente, después de otorgar
+testamento...
+
+--¡Ay!...
+
+--En el cual deja el tercio de sus bienes a su sobrina en segundo grado,
+Clemencia Sopelana, ¿sabe usted? la esposa de D. Rodrigo del Quintanar,
+hermano del Marqués de Guadalerce. Los otros dos tercios los destina,
+parte a una fundación piadosa, parte a mejorar la situación de algunos
+de sus parientes que, por desgracias de familia, malos negocios u otras
+adversidades y contratiempos, han venido a menos. Hallándose usted y sus
+hijos en este caso, claro está que son de los más favorecidos, y...
+
+--¡Ay!... Al fin Dios ha querido que yo no me muera sin ver el término de
+esta miseria ignominiosa. ¡Bendito sea una y mil veces el que da y quita
+los males, el Justiciero, el Misericordioso, el Santo de los
+Santos!...».
+
+Con tal efusión rompió en llanto la desdichada Doña Francisca, cruzando
+las manos y poniéndose de hinojos, que el buen sacerdote, temeroso de
+que tanta sensibilidad acabase en una pataleta, salió a la puerta, dando
+palmadas, para que viniese alguien a quien pedir un vaso de agua.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+Acudió el propio Frasquito con el socorro del agua, y D. Romualdo, en
+cuanto la señora bebió y se repuso de su emoción, dijo al desmedrado
+caballero: «Si no me equivoco, tengo el honor de hablar con D. Francisco
+Ponte Delgado... natural de Algeciras... Por muchos años. ¿Es usted
+primo en tercer grado de Rafael Antrines, de cuyo fallecimiento tendrá
+noticia?
+
+--¿Falleció?... ¡Ay, no lo sabía!--replicó Ponte muy cortado--. ¡Pobre
+Rafaelito! Cuando yo estuve en Ronda el año 56, poco antes de la caída
+de Espartero, él era un niño, tamaño así. Después nos vimos en Madrid
+dos o tres veces... Él solía venir a pasar aquí temporadas de otoño; iba
+mucho al Real, y era amigo de los Ustáriz; trabajaba por Ríos Rosas en
+las elecciones, y por los Ríos Acuña... ¡Oh, pobre Rafael! ¡Excelente
+amigo, hombre sencillo y afectuoso, gran cazador!... Congeniábamos en
+todo, menos en una cosa: él era muy campesino, muy amante de la vida
+rústica, y yo detesto el campo y los arbolitos. Siempre fui hombre de
+poblaciones, de grandes poblaciones...
+
+--Siéntese usted aquí--le dijo D. Romualdo, dando tan fuerte palmetazo en
+un viejo sillón de muelles, que de él se levantó espesa nube de polvo.
+
+Un momento después, habíase enterado el galán fiambre de su
+participación en la herencia del primo Rafael, quedándose en tal manera
+turulato, que hubo de beberse, para evitar un soponcio, toda el agua que
+dejara Doña Francisca.
+
+No estará de más señalar ahora la perfecta concordancia entre la persona
+del sacerdote y su apellido Cedrón, pues por la estatura, la robustez y
+hasta por el color podía ser comparado a un corpulento cedro; que entre
+árboles y hombres, mirando los caracteres de unos y otros, también hay
+concomitancias y parentescos. Talludo es el cedro, y además, bello,
+noble, de madera un tanto quebradiza, pero grata y olorosa. Pues del
+mismo modo era D. Romualdo: grandón, fornido, atezado, y al propio
+tiempo excelente persona, de intachable conducta en lo eclesiástico,
+cazador, hombre de mundo en el grado que puede serlo un cura, de
+apacible genio, de palabra persuasiva, tolerante con las flaquezas
+humanas, caritativo, misericordioso, en suma, con los procedimientos
+metódicos y el buen arreglo que tan bien se avenían con su desahogada
+posición. Vestía con pulcritud, sin alardes de elegancia; fumaba sin
+tasa buenos puros, y comía y bebía todo lo que demandaba el
+sostenimiento de tan fuerte osamenta y de musculatura tan recia. Enormes
+pies y manos correspondían a su corpulencia. Sus facciones bastas y
+abultadas no carecían de hermosura, por la proporción y buen dibujo;
+hermosura de mascarón escultórico, miguel-angelesco, para decorar una
+imposta, ménsula o el centro de una cartela, echando de la boca
+guirnaldas y festones.
+
+Entrando en pormenores, que los herederos de Rafael anhelaban conocer,
+Cedrón les dio noticias prolijas del testamento, que tanto Doña Paca
+como Ponte oyeron con la religiosa atención que fácilmente se supone.
+Eran testamentarios, además del Sr. Cedrón, D. Sandalio Maturana y el
+Marqués de Guadalerce. En la parte que a las dos personas allí presentes
+interesaba, disponía Rafael lo siguiente: a Obdulia y a Antoñito, hijos
+de su primo Antonio Zapata, les dejaba el cortijo de Almoraima, pero
+sólo en usufructo. Los testamentarios les entregarían el producto de
+aquella finca, que dividida en dos mitades pasaría a los herederos del
+Antonio y de la Obdulia, al fallecimiento de estos. A Doña Francisca y a
+Ponte les asignaba pensión vitalicia, como a otros muchos parientes, con
+la renta de títulos de la Deuda, que constituían una de las principales
+riquezas del testador.
+
+Oyendo estas cosas, Frasquito se atusaba sobre la oreja los ahuecados
+mechones de su melena, sin darse un segundo de reposo. Doña Francisca,
+en verdad, no sabía lo que le pasaba: creía soñar. En un acceso de
+febril júbilo, salió al pasillo gritando: «¡Nina, Nina, ven y
+entérate!... ¡Ya somos ricas!... ¡digo, ya no somos pobres!...».
+
+Pronto acudió a su mente el recuerdo de la desaparición de su criada, y
+volviendo al lado de Cedrón, le dijo entre sollozos: «Perdóneme; ya no
+me acordaba de que he perdido a la compañera de mi vida...
+
+--Ya parecerá--repitió el clérigo, y también Frasquito, como un eco:
+
+--Ya parecerá.
+
+--Si se hubiera muerto--indicó Doña Francisca--, creo que la intensidad de
+mi alegría la haría resucitar.
+
+--Ya hablaremos de esa señora--dijo Cedrón--. Antes acabe de enterarse de
+lo que tanto le interesa. Los testamentarios, atentos a que usted, lo
+mismo que el señor, se hallan en situación muy precaria, por causas que
+no quiero examinar ahora, ni hay para qué, han decidido... para eso y
+para mucho más les autoriza el testador, dándoles facultades
+omnímodas... han decidido, mientras se pone en regla todo lo
+concerniente al testamento, liquidación para el pago de derechos reales,
+_etcétera_, _etcétera_... han decidido, digo...».
+
+Doña Paca y Frasquito, de tanto contener el aliento, hallábanse ya
+próximos a la asfixia.
+
+«Han decidido, mejor dicho, decidieron o decidimos... de esto hace dos
+meses... señalar a ustedes la cantidad mensual de cincuenta duros como
+asignación provisional, o si se quiere anticipo, hasta que determinemos
+la cifra exacta de la pensión. ¿Está comprendido?
+
+--Sí, señor; sí, señor... comprendido, perfectamente comprendido--clamaron
+los dos al unísono.
+
+--Antes hubieran uno y otro recibido este jicarazo--dijo el clérigo--; pero
+me ha costado un trabajo enorme averiguar dónde residían. Creo que he
+preguntado a medio Madrid... y por fin... No ha sido poca suerte
+encontrar juntas en esta casa a las dos _piezas_, perdonen el término de
+caza, que vengo persiguiendo como un azacán desde hace tantos días».
+
+Doña Paca le besó la mano derecha, y Frasquito Ponte la izquierda. Ambos
+lagrimeaban.
+
+«Dos meses de pensión han devengado ustedes ya, y ahora nos pondremos de
+acuerdo para las formalidades que han de llenarse, a fin de que uno y
+otro perciban desde luego...».
+
+Llegó a creer Ponte que hacía una rápida ascensión en globo, y se agarró
+con fuerza a los brazos del sillón, como el aeronauta a los bordes de la
+barquilla.
+
+«Estamos a sus órdenes--manifestó Doña Francisca en alta voz; y para sí--:
+Esto no puede ser; esto es un sueño».
+
+La idea de que no pudiera Nina enterarse de tanta felicidad, enturbió la
+que en aquel momento inundaba su alma. A este pensamiento hubo de
+responder, por misteriosa concatenación, el de Ponte Delgado, que dijo:
+«¡Lástima que Nina, ese ángel, no esté presente!... Pero no debemos
+suponer que le haya pasado ningún accidente grave. ¿Verdad, Sr. D.
+Romualdo? Ello habrá sido...
+
+--Me dice el corazón que está buena y sana, que volverá hoy...--declaró
+Doña Paca con ardiente optimismo, viendo todas las cosas envueltas en
+rosado celaje--. Por cierto que... Perdone usted, señor mío: hay tal
+confusión en mi pobre cabeza... Decía que... Al anunciarse el señor D.
+Romualdo en mi casa, yo creí, fijándome sólo en el nombre, que era usted
+el dignísimo sacerdote en cuya casa es asistenta mi Benina. ¿Me
+equivoco?
+
+--Creo que sí.
+
+--Es propio de las grandes almas caritativas esconderse, negar su propia
+personalidad, para de este modo huir del agradecimiento y de la
+publicidad de sus virtudes... Vamos a cuentas, Sr. D. Romualdo, y hágame
+el favor de no hacer misterio de sus grandes virtudes. ¿Es cierto que
+por la fama de estas le proponen para obispo?
+
+--¡A mí!... No ha llegado a mí noticia.
+
+--¿Es usted de Guadalajara o su provincia?
+
+--Sí, señora.
+
+--¿Tiene usted una sobrina llamada Doña Patros?
+
+--No, señora.
+
+--¿Dice usted la misa en San Sebastián?
+
+--No, señora: la digo en San Andrés.
+
+--¿Y tampoco es cierto que hace días le regalaron a usted un conejo de
+campo?...
+
+--Podría ser... ja, ja... pero no recuerdo...
+
+--Sea como fuere, Sr. D. Romualdo, usted me asegura que no conoce a mi
+Benina.
+
+--Creo... vamos, no puedo asegurar que me es desconocida, señora mía.
+Antójaseme que la he visto.
+
+--¡Oh! bien decía yo que... Sr. de Cedrón, ¡qué alegría me da!
+
+--Tenga usted calma. Veamos: ¿esa Benina es una mujer vestida de negro,
+así como de sesenta años, con una verruga en la frente?...
+
+--La misma, la misma, Sr. D. Romualdo: muy modosita, algo vivaracha, a
+pesar de su edad.
+
+--Más señas: pide limosna, y anda por ahí con un ciego africano llamado
+Almudena.
+
+--¡Jesús!--exclamó con estupefacción y susto Doña Paca--. Eso no, ¡válgame
+Dios! eso no... Veo que no la conoce usted».
+
+Y con una mirada puso por testigo a Frasquito de la veracidad de su
+denegación. Miró también Ponte al clérigo, después a la señora,
+atormentado por ciertas dudas que inquietaron su conciencia. «Benina es
+un ángel--se permitió decir tímidamente--. Pida o no pida limosna, y esto
+yo no lo sé, es un ángel, palabra de honor.
+
+--¡Quite usted allá!... ¡Pedir mi Benina... y andar por esas calles con
+un ciego!...
+
+--Moro, por más señas--indicó D. Romualdo.
+
+--Yo debo manifestar--dijo Ponte con honrada sinceridad--, que no hace
+muchos días, pasando yo por la Plaza del Progreso, la vi sentada al pie
+de la estatua, en compañía de un mendigo ciego, que por el tipo me
+pareció... oriundo del Riff».
+
+El aturdimiento, el vértigo mental de Doña Paca fueron tan grandes, que
+su alegría se trocó súbitamente en tristeza, y dio en creer que cuanto
+decían allí era ilusión de sus oídos; ficticios los seres con quienes
+hablaba, y mentira todo, empezando por la herencia. Temía un despertar
+lúgubre. Cerrando los ojos, se dijo: «¡Dios mío, sácame de tan terrible
+duda; arráncame esta idea!... ¿Es esto mentira, es esto verdad? ¡Yo
+heredera de Rafaelito Antrines; yo con medios de vivir!... ¡Nina
+pidiendo limosna; Nina con un riffeño!...
+
+--Bueno--exclamó al fin con súbito arranque--. Pues viva Nina, y viva con
+su moro, y con toda la morería de Argel, y véala yo, y vuelva a casa,
+aunque se traiga al africano metido en la cesta».
+
+Echose a reír D. Romualdo, y explicando el cuándo y cómo de conocer a
+Benina, dijo que por un amigo suyo, coadjutor en San Andrés, clérigo de
+mucha ilustración y humanista muy aprovechado, que picaba en las lenguas
+orientales, había conocido al árabe Almudena. Con él vio a una mujer que
+le acompañaba, de la cual le dijeron que a una señora viuda servía,
+andaluza por más señas, habitante en la calle Imperial. «No pude menos
+de relacionar estas referencias con la señora Doña Francisca Juárez, a
+quien yo no había tenido el gusto de ver todavía, y hoy, al oír a usted
+lamentarse de la desaparición de su criada, pensé y dije para mí: «Si la
+mujer que se ha perdido es la que yo creo, busquemos el caldero y
+encontraremos la soga; busquemos al moro, y encontraremos a la odalisca;
+digo, a esa que llaman ustedes...
+
+--Benigna de Casia... de Casia, sí, señor, de donde viene la broma de que
+es parienta de Santa Rita».
+
+Añadió el Sr. de Cedrón que, no por sus merecimientos, sino por la
+confianza con que le distinguían los fundadores del Asilo de ancianos y
+ancianas de _la Misericordia_, era patrono y mayordomo mayor del mismo;
+y como a él se dirigían las solicitudes de ingreso, no daba un paso por
+la calle sin que le acometieran mendigos importunos, y se veía
+continuamente asediado de recomendaciones y tarjetazos pidiendo la
+admisión. «Podríamos creer--añadió--, que es nuestro país inmensa gusanera
+de pobres, y que debemos hacer de la nación un Asilo sin fin, donde
+quepamos todos, desde el primero al último. Al paso que vamos, pronto
+seremos el más grande Hospicio de Europa... He recordado esto, porque mi
+amigo Mayoral, el cleriguito aficionado a letras orientales, me habló de
+recoger en nuestro Asilo a la compañera de Almudena.
+
+--Yo le suplico a usted, mi Sr. D. Romualdo--dijo Doña Francisca
+enteramente trastornada ya--, que no crea nada de eso; que no haga ningún
+caso de las Beninas figuradas que puedan salir por ahí, y se atenga a la
+propia y legítima Nina; a la que va de asistenta a su casa de usted
+todas las mañanas, recibiendo allí tantos beneficios, como los he
+recibido yo por conducto de ella. Esta es la verdadera; esta la que
+hemos de buscar y encontraremos con la ayuda del Sr. de Cedrón y de su
+digna hermana Doña Josefa, y de su sobrina Doña Patros... Usted me
+negará que la conoce, por hacer un misterio de su virtud y santidad;
+pero esto no le vale, no señor. A mí me consta que es usted santo, y que
+no quiere que le descubran sus secretos de caridad sublime; y como me
+consta, lo digo. Busquemos, pues, a Nina, y cuando a mi compañía vuelva,
+gritaremos las dos: ¡Santo, santo, santo!».
+
+Sacó en limpio de esta perorata el Sr. de Cedrón que Doña Francisca
+Juárez no tenía la cabeza buena; y creyendo que las explicaciones y el
+contender sobre lo mismo no atenuarían su trastorno, puso punto final en
+aquel asunto, y se despidió, quedando en volver al día siguiente para el
+examen de papeles, y la entrega, mediante recibo en regla, de las
+cantidades devengadas ya por los herederos.
+
+Duró largo rato la despedida, porque tanto Doña Paca como Frasquito
+repitieron, en el tránsito desde la salita a la escalera, sus
+expresiones de gratitud como unas cuarenta veces, con igual número de
+besos, más bien más que menos, en la mano del sacerdote. Y cuando
+desapareció por las escaleras abajo el gran Cedrón, y se vieron solos de
+puerta adentro la dama rondeña y el galán de Algeciras, dijo ella:
+«Frasquito de mi alma, ¿es verdad todo esto?
+
+--Eso mismo iba yo a preguntar a usted... ¿Estaremos soñando? ¿Usted qué
+cree?
+
+--¿Yo?... no sé... no puedo pensar... Me falta la inteligencia, me falta
+la memoria, me falta el juicio, me falta Nina.
+
+--A mí también me falta algo... No sé discurrir.
+
+--¿Nos habremos vuelto tontos o locos?...
+
+--Lo que yo digo: ¿por qué nos niega D. Romualdo que su sobrina se llama
+Patros, que le proponen para Obispo, y que le regalaron un conejo?
+
+--Lo del conejo no lo negó... dispense usted. Dijo que no se acordaba.
+
+--Es verdad... ¿Y si ahora, el D. Romualdo que acabamos de ver nos
+resultase un ser figurado, una creación de la hechicería o de las artes
+infernales... vamos, que se nos evaporara y convirtiera en humo,
+resultando todo una ilusión, una sombra, un desvarío?...
+
+--¡Señora, por la Virgen Santísima!
+
+--¿Y si no volviese más?
+
+--¡Si no volviese!... ¡Que no vuelve, que no nos entregará la...
+los...!».
+
+Al decir esto, la cara fláccida y desmayada del buen Frasquito expresaba
+un terror trágico. Se pasó la mano por los ojos, y lanzando un graznido,
+cayó en el sillón con un accidente cerebral, semejante al de la noche
+lúgubre, entre las calles de Irlandeses y Mediodía Grande.
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+Gracias a los cuidados de Doña Paca, asistida de las chicas de la
+cordonera, pronto se repuso Ponte de aquella nueva manifestación de su
+mal, y al anochecer, conversando con la dama rondeña, convinieron ambos
+en que D. Romualdo Cedrón era un ser efectivo, y la herencia una verdad
+incuestionable. No obstante, entre la vida y la muerte estuvieron hasta
+el siguiente día, en que se les apareció por segunda vez la imagen del
+benéfico sacerdote, acompañado de un notario, que resultó antiguo
+conocimiento de Doña Francisca Juárez de Zapata. Arreglado el asunto,
+previo examen de papeles, en lo que no hubo dificultad, recibieron los
+herederos de Rafaelito Antrines, a cuenta de su pensión, cantidad de
+billetes de Banco que a entrambos pareció fabulosa, por causa, sin duda,
+de la absoluta limpieza de sus respectivas arcas. La posesión del
+dinero, acontecimiento inaudito en aquellos tristes años de su vida,
+produjo en Doña Paca un efecto psicológico muy extraño: se le anubló la
+inteligencia; perdió hasta la noción del tiempo; no encontraba palabras
+con qué expresar las ideas, y estas zumbaban en su cabeza como las
+moscas cuando se estrellan contra un cristal, queriendo atravesarlo para
+pasar de la obscuridad a la luz. Quiso hablar de su Nina, y dijo mil
+disparates. Como se oye un rumor de lejanas disputas, de las cuales sólo
+se perciben sílabas y voces sueltas, oía que Frasquito y los otros dos
+señores hablaban del asunto; creyó entender que la fugitiva parecería,
+que ya se había encontrado el rastro, pero nada más... Los tres hombres
+estaban en pie, el notario junto a Cedrón. Chiquitín y con perfil de
+cotorra, parecía un perico que se dispone a encaramarse por el tronco de
+un árbol.
+
+Despidiéronse al fin los amables señores con ofrecimientos y cortesanías
+afectuosas, y solos la rondeña y el de Algeciras, se entretuvieron,
+durante mediano rato, en dar vueltas de una parte a otra de la casa,
+entrando sin objeto ni fin alguno, ya en la cocina, ya en el comedor,
+para salir al instante, cambiando alguna frase nerviosa cuando uno con
+otro se tropezaban. Doña Paca, la verdad sea dicha, sentía que se le
+aguaba la felicidad por no poder hacer partícipe de ella a su compañera
+y sostén en tantos años de penuria. ¡Ah! Si Nina entrara en aquel
+momento, ¡qué gusto tendría su ama en darle la gran sorpresa,
+mostrándose primero muy afligida por la falta de cuartos, y enseñándole
+después el puñado de billetes! ¡Qué cara pondría! ¡Cómo se le alargarían
+los dientes! ¡Y qué cosas haría con aquel montón de metálico! Vamos, que
+Dios, digan lo que dijeren, no hace nunca las cosas completas. Así en lo
+malo como en lo bueno, siempre se deja un rabillo, para que lo desuelle
+el destino. En las mayores calamidades, permite siempre un suspiro; en
+las dichas que su misericordia concede, _se le olvida_ siempre algún
+detalle, cuya falta _lo echa todo a perder_.
+
+En uno de aquellos encuentros, de la sala a la cocina y de la cocina a
+la alcoba, propuso Ponte a su paisana celebrar el suceso yéndose los dos
+a comer de fonda. Él la convidaría gustoso, correspondiendo con tan
+corto obsequio a su generosa hospitalidad. Respondió Doña Francisca que
+ella no se presentaría en sitios públicos mientras no pudiera hacerlo
+con la decencia de ropa que le correspondía; y como su amigo le dijera
+que comiendo fuera de casa se ahorraba la molestia de cocinar en la
+propia sin más ayuda que las chiquillas de la cordonera, manifestó la
+dama que, mientras no volviese Nina, no encendería lumbre, y que todo
+cuanto necesitase lo mandaría traer de casa de Botín. Por cierto que se
+le iba despertando el apetito de manjares buenos y bien condimentados...
+¡Ya era tiempo, Señor! Tantos años de forzados ayunos, bien merecían que
+se cantara el _¡alleluya!_ de la resurrección. «Ea, Celedonia, ponte tu
+falda nueva, que vas a casa de Botín. Te apuntaré en un papelito lo que
+quiero, para que no te equivoques». Dicho y hecho. ¿Y qué menos había de
+pedir la señora, para hacer boca en aquel día fausto, que dos gallinas
+asadas, cuatro pescadillas fritas y un buen trozo de solomillo, con la
+ayuda de jamón en dulce, huevo hilado, y acompañamiento de una docena
+de bartolillos?... ¡Hala!
+
+No logró la dama, con este anuncio de un reparador banquete, sujetar la
+imaginación y la voluntad de Frasquito, que desde que tomó el dinero se
+sentía devorado por un ansia loca de salir a la calle, de correr, de
+volar, pues alas creyó que le nacían. «Yo, señora, tengo que hacer esta
+tarde... Me es imprescindible salir... Además, necesito que me dé un
+poco el aire... Siento así como un poco de mareo. Me conviene el
+ejercicio, crea usted que me conviene... También me urge mucho avistarme
+con mi sastre, aunque no sea más que para ponerme al tanto de las modas
+que ahora corren, y ver de preparar alguna prenda... Soy muy
+dificultoso, y tardo mucho en decidirme por esta o la otra tela.
+
+--Sí, sí, vaya a sus diligencias; pero no se corra mucho, y vea en este
+suceso feliz, como lo veo yo, una lección que nos da la Providencia. Por
+mi parte, me declaro convencida de lo buenos que son el orden y el
+arreglo, y hago propósito firme de apuntar todo, todito lo que gasto.
+
+--Y el ingreso también... Lo mismo haré yo, es decir, lo he hecho; pero
+no me ha valido, crea usted, amiga de mi alma, que no me ha valido.
+
+--Teniendo renta segura, el toque está en acomodar las entradas a las
+salidas, y no extralimitarse... Por Dios, querido Ponte, no hagamos
+otra vez la barbaridad de reírnos del balance y de la... Ahora reconozco
+que Trujillo tiene razón.
+
+--Más balances he hecho yo, señora, que pelos tengo en la cabeza, y
+también le digo a usted que no me han valido más que para calentarme la
+_ídem_.
+
+--Ya que Dios nos ha favorecido, seamos ordenados: yo me atrevería a
+rogar a usted que, si no le sirve de molestia y _va de compras_, me
+traiga un libro de contabilidad, agenda, o como se llame».
+
+¡Pues no faltaba más! No un libro, sino media docena le traería
+Frasquito con mil amores; y prometiéndolo así, se lanzó a la calle,
+ávido de aire, de luz, de ver gente, de recrearse en cosas y personas.
+Del tirón, andando maquinalmente, se fue hasta el Paseo de Atocha, sin
+darse cuenta de ello. Luego volvió hacia arriba, porque más le gustaba
+verse entre casas que entre árboles. Francamente, los árboles le eran
+antipáticos, sin duda porque, pasando junto a ellos en horas de
+desesperación, creía que le ofrecían sus ramas para que se ahorcara.
+Internándose en las calles sin dirección fija, contemplaba los
+escaparates de sastre, con exhibición de hermosas telas; los de corbatas
+y de camisería elegante. No dejaba de echar también un vistazo a los
+_restaurants_, y en general a todas las tiendas, que en su larga vida de
+penuria bochornosa había mirado con desconsuelo.
+
+Pasó en esta vagancia dichosa algunas horas, sin cansancio. Sentíase
+fuerte, saludable, y hasta robusto. Miraba cariñoso, o con cierto
+airecillo de protección, a cuantas mujeres hermosas o aceptables a su
+lado pasaban. Un escaparate de perfumería de buen tono le sugirió una
+idea feliz: había echado sus canas al aire de una manera indecorosa, sin
+aliñarlas y componerlas con el negro disimulo del tinte, y aquella
+hermosa tienda le ofrecía ocasión de remediar tan grave falta,
+inaugurando allí la campaña de restauración de su existencia, que debía
+comenzar por la restauración de su averiado rostro. Allí cambió, pues,
+el primer billete de la _resma_ que le diera D. Romualdo Cedrón; después
+de hacerse presentar diferentes artículos, hizo provisión abundante de
+los que creía más necesarios, y pagando sin regateo, ordenó que le
+llevasen a la casa de Doña Francisca el voluminoso paquete de sus
+compras de droguería olorosa y colorante.
+
+Al salir de allí, pensaba en la conveniencia de procurarse pronto una
+casa de huéspedes decente y no muy cara, apropiada a la pensión que
+disfrutaba, pues de ningún modo se excedería en sus gastos. A los
+dormitorios de Bernarda no volvería más, como no fuera a pagarle las
+siete noches debidas, y a decirle cuatro verdades. Y divagando y
+haciendo risueños cálculos, llegó la hora en que el estómago empezó a
+indicarle que no se vive sólo de ilusiones. Problema: ¿dónde comería? La
+idea de meterse en un _restaurant_ de los buenos fue prontamente
+desechada. Imposible presentarse hecho un tipo. ¿Iría, siguiendo la
+rutina de sus tiempos miserables, al figón de Boto? ¡Oh, no!... Siempre
+le habían visto allí teñido. Extrañarían verle en repentina vejez, lleno
+de canas... Por fin, acordándose de que debía al honrado Boto un
+piquillo de anteriores comistrajos, creyó que debía ir allí, y
+corresponder con un pago puntual a la confianza del dueño del
+establecimiento, dándole la excusa de su grave enfermedad, que bien
+claramente en su despintado rostro se pintaba. Encaminó sus pasos a la
+calle del Ave María, y entró un poquillo avergonzado en la taberna,
+haciendo como que se sonaba, al atravesar la pieza exterior, para
+taparse la cara con el pañuelo. Estrecho y ahogado es aquel recinto para
+la mucha parroquia que a él concurre, atraída por la baratura y buen
+condimento de los guisotes que allí se despachan. A la taberna,
+propiamente dicha, no muy grande, sigue un pasillo angosto, donde
+también hay mesa, con su banco pegado a la pared, y luego una estancia
+reducida y baja de techo a la cual se sube por dos escalones, con dos
+mesas largas a un lado y otro, sin más espacio entre ambas que el
+preciso para que entre y salga el chiquillo que sirve. En esta parte del
+establecimiento se ponía siempre Ponte, creyéndose allí más apartado de
+la curiosidad y el fisgoneo de los consumidores, y ocupaba el hueco de
+mesa que veía libre, si en efecto lo había, pues se daban casos de estar
+todo completo, y los parroquianos como sardinas en banasta.
+
+Aquella tarde, noche ya, se coló Frasquito en el departamento interior
+con buena suerte, pues no había dentro más que tres personas, y una de
+las mesas estaba vacía. Sentose en el rincón, junto a la puerta, sitio
+muy recogido, en el cual no era fácil que le vieran desde _el público_,
+es decir, desde la taberna, y... Otro problema: ¿qué pediría?
+Ordinariamente, el aflictivo estado de su peculio le obligaba a
+limitarse a un real de guisado, que con pan y vino representaba un gasto
+total de cuarenta céntimos, o a igual ración de bacalao en salsa. Uno u
+otro condumio, con el pan alto, que aprovechaba hasta la última miga,
+comiéndoselo con el caldo y la racioncita de vino, le ofrecían una
+alimentación suficiente y sabrosa. En ciertos días solía cambiar el
+guiso por el estofado, y en ocasiones muy contadas, por la pepitoria.
+Callos, caracoles, albóndigas y otras porquerías, jamás las probó.
+
+Bueno: pues aquella noche pidió al chico relación completa de lo que
+había, y mostrándose indeciso, como persona desganada que no encuentra
+manjar bastante incitante para despertar su apetito, se resolvió por la
+pepitoria. «¿Le duelen a usted las muelas, Sr. de Ponte?--preguntole el
+chico, viendo que no se quitaba el pañuelo de la cara.
+
+--Sí, hijo... un dolor horrible. No me traigas pan alto, sino francés».
+
+Frente a Frasquito se sentaban dos que comían guisado, en un solo plato
+grande, ración de dos reales, y más allá, en el ángulo opuesto, un
+individuo que despachaba pausada y metódicamente una ración de
+caracoles. Era verdaderamente el tal una máquina para comerlos, porque
+para cada pieza empleaba de un modo invariable los mismos movimientos de
+la boca, de las manos y hasta de los ojos. Cogía el molusco, lo sacaba
+con un palito, se lo metía en la boca, chupaba después el agüilla
+contenida en la cáscara, y al hacer esto dirigía una mirada rencorosa a
+Frasquito Ponte; luego dejaba la cáscara vacía y cogía otra llena, para
+repetir la misma función, siempre a compás, con igualdad de gestos y
+mohines al sacar el bicho, y al comerlo, con igualdad de miradas: una
+de simpatía hacia el caracol en el momento de cogerlo; otra de rencor
+hacia Frasquito en el momento de chupar.
+
+Pasó tiempo, y el hombre aquel, de rostro jimioso y figura mezquina,
+continuaba acumulando cáscaras vacías en un montoncillo, que crecía
+conforme mermaba el de las llenas; y Ponte, que le tenía delante,
+principiaba a inquietarse de las miradas furibundas que como figurilla
+mecánica de caja de música le echaba, a cada vuelta de manubrio, el
+comedor de caracoles.
+
+
+
+
+XXXV
+
+
+Sentía Ponte Delgado vivas ganas de pedir explicaciones al tipo aquel
+por su mirar impertinente. La causa de este no podía ser otra que la
+novedad que Frasquito ofrecía al público con el despintado de su rostro,
+y el buen caballero se decía: «¿Pero qué le importa a nadie que yo me
+_arregle_ o deje de _arreglarme_? Yo hago de mi fisonomía lo que me da
+la gana, y no estoy obligado a dar gusto a los señores, presentándoles
+siempre la misma cara. Con la vieja, lo mismo que con la joven, sé yo
+hacerme respetar y dejar bien puesto mi decoro». Ya se proponía
+contraponer al mirar cargantísimo de aquel punto una ojeada de
+desprecio, cuando el de los caracoles, vaciado, comido y chupado el
+último, y puesta la cáscara en su sitio, pagó el gasto; se colocó en los
+hombros la capa, que se le había caído; encasquetose la gorrilla, y
+levantándose se fue derecho al desteñido caballero, y con muy buen modo
+le dijo: «Sr. de Ponte, perdóneme que le haga una pregunta».
+
+Por el tono cordial del individuo, comprendió Frasquito que era un
+infeliz, de estos que expresan con el modo de mirar todo lo contrario de
+lo que son.
+
+«Usted dirá...
+
+--Perdóneme, Sr. de Ponte... Quería saber, siempre que usted no lo lleve
+a mal, si es verdad que Antonio Zapata y su hermana han tenido una
+herencia de _tantismos_ millones.
+
+--Hombre, tanto como de millones, no creo... Diré a usted: mi parte en la
+herencia, como la que también disfruta Doña Francisca Juárez, no pasa de
+una pensión, cuya cuantía no sabemos aún a punto fijo. Pero podré darle
+a usted dentro de poco noticias exactas. ¿Por casualidad es usted
+periodista?
+
+--No, señor: soy pintor heráldico.
+
+--¡Ah! Yo creí que era usted de estos que averiguan cosas para ponerlas
+en los periódicos.
+
+--Lo que yo pongo es anuncios. Porque como el arte heráldico está tan por
+los suelos, me dedico al corretaje de reclamos y avisos... Antonio y yo
+trabajamos en competencia, y nos hacemos una guerra espantosa. Por eso,
+al saber que Zapata es rico, quiero que usted influya con él para que me
+traspase sus negocios. Soy viudo y tengo seis hijos».
+
+Al decir esto, poniendo en su tono tanta sinceridad como hombría de
+bien, clavaba en el rostro de su interlocutor una mirada semejante a la
+del asesino en el momento de dar el golpe a su víctima. Antes de que
+Ponte le contestara, prosiguió diciendo: «Yo sé que usted es amigo de la
+familia, y que _habla_ con Doña Obdulia... Y a propósito: Doña Obdulia,
+o su señora madre, ahora que son ricas, querrán _sacar título_. Yo que
+ellas lo sacaría, siendo, como son, de la Grandeza de España. Pues que
+no se olvide usted de mí, Sr. de Ponte... Aquí tiene mi tarjeta. Yo les
+compongo el escudo y el árbol genealógico, y la ejecutoria en letra
+antigua, con iniciales en purpurina, a menor precio que se lo haría el
+pintor más pintado. Puede usted juzgar de mi trabajo por los modelos que
+tengo en casa.
+
+--Yo no puedo asegurarle a usted--dijo Frasquito dándose mucha
+importancia, con un palillo entre los dientes--, que saquen título ni que
+no saquen título. Nobleza les sobra para ello por los cuatro costados,
+pues así los Juárez, como los Zapatas, y los Delgados y Pontes, son de
+lo más alcurniado de Andalucía.
+
+--Los Pontes tienen una puente sínople sobre gules, y cuarteles de azur y
+oro...
+
+--Verdad... Por mi parte no pienso sacar título, ni mi herencia es para
+tanto... Esas señoras, no sé... Obdulia merece ser Duquesa, y lo es por
+la figura y el tono, aunque no se decida a ponerse la corona. De
+Emperatriz le corresponde, como hay Dios. En fin, yo no me meto... Y
+dejando a un lado la heráldica, vamos a otra cosa».
+
+En esto, el de los caracoles se había sentado junto a Frasquito, y con
+su mirar siniestro era el terror de los parroquianos que les rodeaban.
+
+«Puesto que usted se dedica al corretaje de anuncios, ¿podría indicarme
+una buena casa de huéspedes?...
+
+--Precisamente hoy _he hecho_ dos... Aquí las tengo en mi cartera
+para _Imparcial_ y _Liberal_. Entérese usted... Son de lo bueno:
+'habitaciones hermosas, comida a la francesa, cinco platos... treinta
+reales'.
+
+--Me convendría más barata... de catorce o diez y seis reales.
+
+--También las _hago_... Mañana podré darle una lista de seis lo menos,
+todas de confianza».
+
+Les cortó el diálogo la aparición repentina de Antonio Zapata, que entró
+sofocado, metiendo ruido, bromeando a gritos con el dueño del
+establecimiento y con varios parroquianos. Subió al cuarto interior, y
+tirando sobre la mesa la voluminosa cartera que llevaba, y echándose
+atrás el sombrero, se sentó junto a Frasquito y el de los caracoles.
+
+«¡Vaya una tarde, caballeros, vaya una tarde!--exclamó fatigado; y al
+chiquillo que servía le dijo--: No tomo nada. He comido ya... Mi señora
+madre nos ha metido en el cuerpo una gallina a mi mujer y a mí... y
+encima tira de _Champagne_... y tira de bartolillos.
+
+--¡Chico, quién te tose ahora!...--le dijo el de los caracoles, la palabra
+dulce, el mirar terrorífico--. Y es preciso que me des pronto una razón:
+¿me cedes o no me cedes tu negocio?
+
+--¡Buena se puso mi mujer cuando le propuse no trabajar más! Creí que me
+mordía y que me sacaba los ojos. Nada: que seguiremos lo mismo, ella en
+su máquina, yo en mis anuncios, porque eso de la herencia no sabemos qué
+pateta será... Amigo Ponte, ¿conoce usted esa finca de la Almoraima?
+¿Cuánto nos dará de renta?
+
+--No puedo precisarlo--replicó Frasquito--. Sé que es una magnífica
+posesión, con monte, potrero, tierras de sembradura, _ainda mais_, el
+mejor puesto de Andalucía para codornices, cuando van a pasar el
+Estrecho.
+
+--Allá nos iremos una temporada... Pero mi mujer, ni _pa Dios_ quiere que
+deje yo este oficio de pateta. Aguántate por ahora, Polidura, que con mi
+Juliana no se juega: le tengo más miedo que a una leona con hambre... Y
+cuéntame, ¿qué has hecho hoy?... ¡Ah! ya no me acordaba: mi madre quiere
+comprar una araña...
+
+--¡Una araña!
+
+--Sí, hombre, o lámpara colgante para el comedor. Me ha dicho si sabemos
+de alguna buena y vistosa, de lance...
+
+--Sí, sí--replicó Polidura--. En la almoneda de la calle de Campomanes la
+tenemos.
+
+--Otra... También quiere saber si se proporcionarán alfombras de moqueta
+y terciopelo en buen uso.
+
+--Eso, en la almoneda de la Plaza de Celenque. Aquí lo tengo: 'Todo el
+mobiliario de una casa. Horas, de una a tres. No se admiten prenderos'.
+
+--Mi hermana, que, entre paréntesis, se zampó esta tarde media gallina,
+lo que quiere es un landó de cinco luces...
+
+--¡Atiza!
+
+--Yo he aconsejado a Obdulia--indicó Frasquito con gravedad--, que no
+tenga cocheras, que se entienda con un alquilador.
+
+--Claro... Pero no dará _pa_ tanto el cortijo de pateta. ¡Landó de cinco
+luces! Y que tiren de él las burras de leche del _señó_ Jacinto».
+
+Soltó la risa Polidura; mas notando que al algecireño le sabían mal
+aquellas bromas, quiso variar de conversación al instante. El
+desvergonzado Antonio Zapata se permitió decir a Ponte: «Con franqueza,
+D. Frasco: creo que está usted mejor así.
+
+--¿Cómo?
+
+--Sin betún. Bonita figura de caballero anciano y respetable. Convénzase
+de que con el tinte no consigue usted parecer joven; lo que parece es...
+un féretro.
+
+--Querido Antonio--replicó Ponte haciendo repulgos con boca y nariz para
+disimular su ira, y figurar que seguía la broma--, nos gusta a los viejos
+espantar a los muchachos para que... para que nos dejen en paz. Los
+chicos del día, por querer saberlo todo, no saben nada...».
+
+El pobre señor, azarado, no sabía qué decir. Sus tonterías
+envalentonaron a Zapata, que prosiguió mortificándole:
+
+«Y ahora que estamos en fondos, amigo Ponte, lo primero que tiene usted
+que hacer es jubilar el _sarcófago_.
+
+--¿Qué?
+
+--El sombrero de copa que tiene usted para los días de fiesta, y que es
+de la moda que se gastaba cuando ahorcaron a Riego.
+
+--¿Qué entiende usted de modas? Estas se renuevan, y las formas de ayer
+vuelven a _llevarse_ mañana.
+
+--Así será en la ropa; pero en las personas, el que pasó, pasado se
+queda. No le quedan a usted más que los _pinreles_. Los juanetes que
+debía tener en ellos, se le han subido a la cabeza... Sí, sí... yo digo
+que usted piensa con los callos».
+
+Ya le faltaba poco a Frasquito para estallar en ira, y de fijo le
+hubiera tirado a la cabeza el plato, el vaso de vino y hasta la mesa, si
+Polidura no tratara de atenuar la maleante burla con estas palabras
+conciliadoras: «Cállate, tonto, que el Sr. de Ponte no ha entrado en
+_Villavieja_, y lleva sus añitos mejor que nosotros.
+
+--No es viejo, no... Es de _cuando Fernando VII gastaba paletot_... Pero,
+en fin, si se ofende, me callo... Sr. de Ponte, sabe que se le quiere, y
+que si gasto estas bromas es por pasar el rato. No haga usted caso,
+_maestro_, y hablemos de otra cosa.
+
+--Sus chanzas son un poco impertinentes--dijo Frasquito con dignidad--, y
+si quiere, irrespetuosas... Pero es usted un chiquillo, y...
+
+--_¡Pata!_... Ea, se acabó. Voy a preguntarle una cosa, respetable Sr.
+de Ponte: ¿en qué empleará usted los primeros cuartos de la pensión?
+
+--En una obra de justicia y de caridad. Le compraré unas botas a Benina
+cuando parezca, si parece, y un traje nuevo.
+
+--Pues yo le compraré un vestido de odalisca. Es lo que le cuadra, desde
+que se ha dedicado a la vida mora.
+
+--¿Qué dice usted? ¿Se sabe dónde está ese ángel?
+
+--Ese ángel está en el Pardo, que es el Paraíso a donde son llevados los
+angelitos que piden limosna sin licencia.
+
+--Bromas de usted.
+
+--¡Humoradas de la vida, Sr. de Ponte! Yo sabía que la Nina se arrimaba a
+la puerta de San Sebastián, por pescar algún ochavo... La necesidad es
+terrible consejera. ¡Cuando la pobre Nina lo hacía!... Pero yo no supe
+hasta hoy que anda emparejada con un moro ciego, y que de ahí le viene
+su perdición.
+
+--¿Está usted seguro de lo que dice?
+
+--Lo he visto. A mamá no he querido decirle nada, porque no se disguste;
+pero... ya estoy al tanto. En una redada que echaron los policías,
+cogieron a Nina y al otro, y les zamparon en San Bernardino. De allí me
+les empaquetaron para el Pardo, de donde me mandó Nina un papelito,
+diciéndome que _haga un empeño_ para que la suelten... Veréis lo que
+hice esta mañana: alquilé una bicicleta y me fui al Pardo... Antes que
+se me olvide: si sabe mi mujer que he paseado en bicicleta, tendremos
+bronca en casa. Tú, Polidura, ten cuidado de no venderme: ya sabes cómo
+las gasta Juliana... Pues sigo: me planté allá, y la vi: la pobre está
+descalza y con los trapitos en jirones. Da pena verla. El moro es tan
+celoso, ¡Dios! que cuando me oyó hablar con ella se puso frenético, y me
+quiso pegar... '_Galán bunito_--decía--, _mí matar galán bunito_'. Por no
+escandalizar, no le di un par de morradas...
+
+--Yo no creo que Benina, a sus años...--indicó Frasquito tímidamente.
+
+--¿Qué ha de hacer usted más que encontrar muy naturales los pinitos de
+los ancianos?
+
+--En fin--dijo Polidura, arrojando todo el furor de su mirada sobre
+Antonio--, haz por sacarla. Habrá que buscar un empeño en el Gobierno
+civil.
+
+--Sí, sí... Gestionemos inmediatamente--propuso Ponte--. ¿Será todavía
+Gobernador _Pepe Alcañices_?
+
+--¡Hombre, por Dios! ¿Quién dice? ¿El Duque de Sexto? Usted se empeña en
+no pasar del año de _la Nanita_.
+
+--Si eso es del tiempo de la guerra de África, Sr. de Ponte, o poco
+después--afirmó el de los caracoles--. Yo me acuerdo... cuando la unión
+liberal... Era Ministro de la Gobernación D. José Posada Herrera. Yo
+estaba en _La Iberia_ con Calvo Asensio, Carlos Rubio y D. Práxedes...
+Pues apenas ha llovido desde entonces...
+
+--Sea lo que quiera, señores--añadió Frasquito poniéndose en la realidad--,
+hay que sacar a Nina...
+
+--Hay que sacarla.
+
+--Con su morito a rastras. Mañana mismo iré a ver a un amigo que tengo en
+la Delegación... Pero no se olviden: tú, Polidura, ten cuidado y no
+_metas la pata_... Si sabe Juliana que alquilé la bicicleta, ya tengo
+_máquina_ para un semestre.
+
+--¿Va usted a volver al Pardo?...
+
+--Puede. ¿Y usted, maneja el pedal?
+
+--No lo he probado. En todo caso, yo iría a caballo.
+
+--Anda, anda, y qué calladito se lo tenía. ¿Monta usted a la inglesa o a
+la española?
+
+--Yo no sé... Sólo sé que monto bien. ¿Quiere usted verlo?
+
+--Hombre, sí... Vaya, una apuestita: si no se rompe usted la cabeza, pago
+el alquiler del caballo.
+
+--Y si usted no se desnuca en la máquina, la pago yo.
+
+--Convenido. ¿Y tú, Polidura?
+
+--¿Yo?... en el coche de San Francisco.
+
+--Pues allá los tres. _Sus_ convido a caracoles.
+
+--Yo convido a lo que quieran--dijo Frasquito levantándose--; y si
+conseguimos traernos a Nina y al riffeño, convite general.
+
+--El _disloque_...».
+
+
+
+
+XXXVI
+
+
+No se consolaba Doña Paca de la ausencia de Nina, ni aun viéndose
+rodeada de sus hijos, que fueron a participar de su ventura, y a darle
+parte principal de la que ellos saboreaban con la herencia. Con aquel
+cambio de impresiones placenteras, fácilmente se transportaba el
+espíritu de la buena señora al séptimo cielo, donde se le aparecían
+risueños horizontes; pero no tardaba en caer en la realidad, sintiendo
+el vacío por la falta de su compañera de trabajos. En vano la volandera
+imaginación de Obdulia quería llevársela, cogida por los cabellos, a dar
+volteretas en la región de lo ideal. Dejábase conducir Doña Francisca,
+por su natural afición a estas correrías; pero pronto se volvía para
+acá, dejando a la otra, desmelenada y jadeante, de nube en nube y de
+cielo en cielo. Había propuesto la _niña_ a su mamá vivir juntas, con el
+decoro que su posición les permitía. _De hecho_ se separaba de Luquitas,
+señalándole una pensión para que viviera; tomarían un hotel con jardín;
+se abonarían a dos o tres teatros; buscarían relaciones y amistades de
+gente distinguida... «Hija, no te corras tanto, que aún no sabes lo que
+te rentará tu mitad de la Almoraima; y aunque yo, por lo que recuerdo de
+esa hermosa finca, calculo que no será un grano de anís, bueno es que
+sepas qué tamaño ha de tener la sábana antes de estirar la pierna».
+
+Al decir esto, hablaba la viuda de Zapata con las ideas de la práctica
+Nina, que se renovaban en su mente y en ella lucían como las estrellas
+en el Cielo. Por de pronto, Obdulia dejó su casa de la calle de la
+Cabeza, instalándose con su madre, movida del propósito de buscar pronto
+vivienda mejor, nuevecita y en sitio alegre, hasta que llegara el día de
+sentar sus reales en el hotel que ambicionaba. Aunque más moderada que
+su hija en el prurito de grandezas, sin duda por el vapuleo con que la
+domara la implacable experiencia, Doña Paca se iba también del seguro, y
+creyéndose razonable, dejábase vencer de la tentación de adquirir
+superfluidades dispendiosas. Se le había metido entre ceja y ceja la
+compra de una buena lámpara para el comedor, y hasta que viese
+satisfecho su capricho, no podía tener sosiego la pobre señora. El
+maldito Polidura le proporcionó el _negocio_, encajándole un disforme
+mamotreto, que apenas cabía en la casa, y que, colgado en su sitio,
+tocaba en la mesa con sus colgajos de cristal. Como pronto habían de
+tener casa de techos altos, esto no era inconveniente. También le hizo
+adquirir el de los caracoles unos muebles chapeados de palosanto, y
+algunas alfombras buenas, que tuvieron el acierto de no colocar,
+extendiendo sólo retazos allí donde cabían, para darse el gusto de pisar
+en blando.
+
+Obdulia no cesaba de dar pellizcos al tesoro de su mamá para adquirir
+tiestos de bonitas plantas, en los próximos puestos de la Plazuela de
+Santa Cruz, y en dos días puso la casa que daba gloria verla: los sucios
+pasillos se trocaron en vergeles, y la sala en risueño pensil. En
+previsión de la vida de hotel, adquirió también plantas decorativas de
+gran tamaño, latanias, palmitos, _ficus_ y helechos arborescentes. Veía
+Doña Francisca con gozo la irrupción del reino vegetal en su triste
+morada, y ante tanta belleza, sentía emociones propiamente infantiles,
+como si al cabo de la vejez volviera a jugar con los nacimientos.
+«¡Benditas sean las flores--decía, paseándose por sus encantados
+jardines--, que dan alegría a las casas, y bendito sea Dios, que si no
+nos permite disfrutar del campo, nos consiente, _por poco dinero_, que
+traigamos el campo a casa!».
+
+Todo el día se lo pasaba Obdulia cuidando sus macetas, y tanto las
+regaba, que en algún momento faltó poco para que se hiciera preciso
+atravesar a nado el trayecto desde la salita al comedor. Ponte la
+incitaba con sus ponderaciones y aspavientos a seguir comprando flores,
+y a convertir su casa en Jardín Botánico, o poco menos. Por cierto que
+el primero y segundo día de aquella vida nueva, tuvo que reñir Doña Paca
+al buen Frasquito, porque siempre que salía se le olvidaba llevarle el
+libro de cuentas que le había encargado. El galán manido se disculpaba
+con la muchedumbre de sus ocupaciones, hasta que una tarde entró con
+diversos paquetes de compras, y la dama rondeña vio entre estos el
+libro, del cual se apoderó al instante con ganas de inaugurar en él la
+cuenta y razón de un porvenir dichoso. «Pasaré en seguida todo lo que
+tengo apuntado en este papelito--dijo--: lo que se trae de casa de Botín,
+la araña, las alfombras, varias cosillas... medicamentos... en fin,
+todito. Y ahora, hija mía, a ver cómo me das nota clara de tanta y tanta
+flor, para apuntarlas _ce_ por _be_, sin que se escape ni una hoja... Pon
+mucho cuidado para que salga el balance... ¿Verdad, Frasquito, que tiene
+que salir el balance?».
+
+Curiosa, como hembra, no pudo menos de guluzmear en los paquetes que
+llevó Ponte. «¿A ver qué trae usted ahí? Mire que no he de permitirle
+tirar el dinero. Veamos: un hongo claro... Bien, me parece muy bien. A
+buen gusto nadie le gana. Botas altas... ¡Hombre, qué elegantes! Vaya un
+pie: ya querrían muchas mujeres... Corbatas: dos, tres... Mira, Obdulia,
+qué bonita esta verde con motas amarillas. Un cinturón que parece un
+corsé--faja. Bueno debe de ser esto para evitar que crezca el vientre...
+Y esto ¿qué es?... ¡Ah! espuelas. Pero Frasquito, por Dios, ¿para qué
+quiere usted espuelas?
+
+--Ya... es que va a salir a caballo--dijo Obdulia gozosa--. ¿Pasará por
+aquí? ¡Ay, qué pena no verle!... ¿Pero a quién se le ocurre vivir en
+este cuartucho interior, sin un solo agujero a la calle?
+
+--Cállate, mujer, pediremos a la vecina, Doña Justa, la profesora de
+partos, que nos permita pasar y asomarnos cuando el caballero nos ronde
+la calle... ¡Ay, pobre Nina, cuánto se alegraría también de verle!».
+
+Explicó Ponte Delgado su inopinado renacer a la vida hípica, por el
+compromiso en que se veía de ir al Pardo en excursión de recreo con
+varios amigos, _de la mejor sociedad_. Él solo iba a caballo; los demás,
+a pie o en bicicleta. De las distintas clases de _sport_ o _deportes_
+hablaron un rato con grande animación, hasta que les interrumpió la
+entrada de Juliana, la mujer de Antonio, que desde la noticia de la
+herencia frecuentaba el trato de su suegra y cuñada. Era mujer garbosa,
+simpática, viva de genio, de tez blanca y magnífico pelo negro, peinado
+con arte. Cubría su cuerpo con mantón alfombrado, y la cabeza con
+pañuelo de seda de cuarteles chillones; calzaba preciosas botinas, y sus
+bajos denotaban limpieza y un buen avío de ropa. «¿Pero esto es el
+Retiro, o la Alameda de Osuna?--dijo al ver el enorme follaje de arbustos
+y flores--. ¿A qué viene tanta _vegetación_?
+
+--Caprichos de Obdulia--replicó Doña Paca, que se sentía dominada por el
+carácter, ya enérgico, ya bromista, de su graciosa nuera--. Esta
+monomanía de hacer de mi casa un bosque, me está costando un dineral.
+
+--Doña Paca--le dijo su nuera cogiéndola sola en el comedor--, no sea usted
+tan débil de natural, y déjese guiar por mí, que no he de engañarla. Si
+hace caso de las bobadas de Obdulia, pronto se verá usted tan perdida
+como antes, porque no hay pensión que baste cuando falta el arreglo. Yo
+suprimiría el bosque y las fieras... dígolo por ese orangután mal
+_pintao_ que han traído ustedes a casa, y que deben poner en la calle
+más pronto que la vista.
+
+--El pobre Ponte se va mañana a su casa de huéspedes.
+
+--Déjese llevar por mí, que entiendo del gobierno de una casa... Y no me
+salga con la matraca del librito de llevar cuentas. La persona que tiene
+el arreglo en su cabeza, no necesita apuntar nada. Yo no sé hacer un
+número, y ya ve cómo me las compongo. Siga mi consejo: múdese a un
+cuarto baratito, y viva como una pensionista de circunstancias, sin
+echar humos ni ponerse a farolear. Haga lo que yo, que me estoy donde
+estaba, y no dejaré mi trabajo hasta que no vea claro eso de la
+herencia, y me entere de lo que da de sí el cortijo. Quítele a su hija
+de la cabeza lo del hotel si no quieren verse por puertas, y tome una
+criada que les guise, y ataje el chorro de dinero que se va todos los
+días a la tienda de Botín».
+
+Conforme con estas ideas se mostraba Doña Francisca, asintiendo a todo,
+sin atreverse a contradecirla ni a oponer una sola objeción a tan
+juiciosos consejos. Sentíase oprimida bajo la autoridad que las ideas de
+Juliana revelaban con sólo expresarse, y ni la ribeteadora se daba
+cuenta de su influjo gobernante, ni la suegra de la pasividad con que se
+sometía. Era el eterno predominio de la voluntad sobre el capricho, y de
+la razón sobre la insensatez.
+
+«Esperando que vuelva Nina--indicó tímidamente la señora--, he pedido a
+Botín...
+
+--No piense usted más en la Nina, Doña Paca, ni cuente con ella aunque
+la encontremos, que ya lo voy dudando. Es muy buena, pero ya está
+caduca, mayormente, y no le sirve a usted para nada. Además, ¿quién nos
+dice que quiere volver, si sabemos que por su voluntad se ha ido? Le
+gusta andar de pingo, y no hará usted carrera de ella como la prive de
+estarse la mitad del día tomando medida a las calles».
+
+Para no perder ripio, insistió Juliana en la recomendación que ya había
+hecho a su suegra de una buena criada para todo. Era su prima Hilaria,
+joven, fuerte, limpia y hacendosa... y de fiel no se dijera. Ya vería
+pronto la _diferiencia_ entre la honradez de Hilaria y las rapiñas de
+otras.
+
+«¡Ay!... Pero es muy buena la Nina--exclamó Doña Paca, rebulléndose bajo
+las garras de la ribeteadora, para defender a su amiga.
+
+--Muy buena, sí, y debemos socorrerla... No faltaba más... darle de
+comer... Pero créame, Doña Paca, no hará usted nada de provecho sin mi
+prima. Y para que no dude más, y se quite quebraderos de cabeza, esta
+misma tarde, anochecido, se la mando.
+
+--Bueno, hija, que venga, y se encargará de la casa... Y a propósito:
+aquí hay una gallina asada que se va a perder. Ya me indigesta tanta
+gallina. ¿Quieres llevártela?
+
+--¿Cómo no? Venga.
+
+--También quedaron cuatro chuletas. Ponte ha comido fuera.
+
+--Vengan.
+
+--¿Te lo mando con Hilaria?
+
+--No, que me lo llevo yo misma. Vamos a ver cómo me arreglo. Lo pongo
+todo en un plato, y el plato en una servilleta... así; agarro mis cuatro
+puntas...
+
+--¿Y este pedazo de pastel?... Es riquísimo.
+
+--Lo envuelvo en un periódico, y ¡hala, que es tarde! Y toda esta fruta,
+¿para qué la quiere? Pues apenas ha traído manzanas y naranjas... Deme
+acá... las pongo en mi pañuelo...
+
+--Vas a ir cargada como un burro.
+
+--No importa... ¡A lo que estamos, tuerta! Mañana vendré por aquí, a ver
+cómo anda esto, y a decirle a usted lo que tiene que hacer... Pero,
+cuidadito, que no salgamos con echarse en el surco y volver a las
+andadas. Porque si mi señora suegra se tuerce en cuanto yo vuelva la
+espalda, y empieza a derrochar y hacer disparates...
+
+--No, no, hija... ¡Qué cosas tienes!
+
+--Claro, que si se me dice tanto así, yo no me meto en nada. Con su pan
+se lo coma, y cada palo aguante su vela. Pero yo quiero que usted tenga
+_conduta_ y no pase malos ratos, ni se vea, como hasta ahora, entre las
+uñas de los usureros.
+
+--¡Ay, si cuanto dices es la pura razón! Tú sí que sabes, tú sí que
+vales, Juliana. Cierto que tienes el geniecillo un poco fuerte; pero
+¿quién no ha de alabártelo, si con ese _ten con ten_ has domado a mi
+Antonio? De un perdido has hecho un hombre de bien.
+
+--Porque no me achico; porque desde el primer día le administré el
+bautismo de los cinco mandamientos; porque le chillo en cuanto le veo
+cerdear un poco; porque le hago andar derecho como un huso, y me tiene
+más miedo que los ladrones a la Guardia civil.
+
+--¡Y cómo te quiere!
+
+--Es natural. Se hace una querer del marido, enjaretándose los calzones
+como me los enjareto yo... Así se gobiernan las casas chicas y las
+grandes, señora, y el mundo.
+
+--¡Qué salero tienes!
+
+--Alguna sal me ha puesto Dios, sobre todo en la mollera. Ya lo irá usted
+conociendo. Ea, que me marcho. Tengo que hacer en casa».
+
+Mientras esto hablaban suegra y nuera, en la salita Obdulia y Ponte
+departían acerca de aquella, diciendo la _niña_ que jamás perdonaría a
+su hermano haber traído a la familia una persona tan ordinaria como
+Juliana, que decía _diferiencia_, _petril_ y otras barbaridades. No
+harían nunca buenas migas. Al despedirse, Juliana dio besos a Obdulia, y
+a Frasquito un apretón de manos, ofreciéndose a plancharle las
+camisolas, al precio corriente, y a _volverle_ la ropa, por lo mismo o
+menos de lo que le llevaría el sastre más barato. Además, también sabía
+ella cortar _para hombre_; y si quería probarlo, encargárale un traje,
+que de fijo no saldría menos elegante que el que le hicieran los
+cortadores de portal que a él le vestían. Toda la ropa de su Antonio se
+la hacía ella, y que dijeran si andaba mal el chico... ¡a ver! Pues a su
+tío Bonifacio le había hecho una americana que estrenó para ir al pueblo
+(Cadalso de los Vidrios) el día del Santo, y tanto gustó allí la prenda,
+que se la pidió prestada el alcalde para cortar otra por ella. Dio las
+gracias Ponte, mostrándose escéptico, con galantería, en lo concerniente
+a las aptitudes de las señoras para la confección de ropa masculina, y
+la despidieron todos en la puerta, ayudándola a cargarse los diversos
+bultos, atadijos y paquetes que gozosa llevaba.
+
+
+
+
+XXXVII
+
+
+No queriendo ser Obdulia inferior a su cuñada, ni aparecer en la casa
+con menos autoridad y mangoneo que la intrusa chulita, dijo a su madre
+que no podrían arreglarse decorosamente con una criada _para todo_, y
+pues Juliana impuso la cocinera, ella imponía la doncella... ¡así!
+Discutieron un rato, y tales razones dio la niña en apoyo de la nueva
+funcionaria, que no tuvo más remedio Doña Francisca que reconocer su
+necesidad. Sí, sí: ¿cómo se habían de pasar sin doncella? Para
+desempeñar cargo tan importante, había elegido ya Obdulia a una muchacha
+finísima educada en el servicio de casas grandes, y que se hallaba libre
+a la sazón, viviendo con la familia del dorador y adornista de la
+Empresa fúnebre. Llamábase Daniela, era una preciosidad por la figura, y
+un portento de actividad hacendosa. En fin, que Doña Paca, con tal
+pintura, deseaba que fuese pronto la doncella fina para recrearse en el
+servicio que le había de prestar.
+
+Por la noche llegó Hilaria, que se inauguró dando a Doña Francisca un
+recado de Juliana, el cual parecía más bien una orden. Decía su prima
+que no pensara la señora en hacer más compras, y que cuando notase la
+falta de alguna cosa necesaria, le avisase a ella, que sabía como nadie
+tratar el género, y _sacarlo_ bueno y arreglado. Ítem: que reservase la
+señora la mitad lo menos del dinero de la pensión, para ir desempeñando
+las infinitas prendas de ropa y objetos diversos que estaban en
+_Peñíscola_, dando la preferencia a las papeletas cuyo vencimiento
+estuviese al caer, y así en pocos meses podría recobrar sin fin de cosas
+de mucha utilidad. Celebró Doña Paca la feliz advertencia de Juliana,
+que era la previsión misma, y ofreció seguirla puntualmente, o más bien
+obedecerla. Como tenía la cabeza tan mareada, efecto de los inauditos
+acontecimientos de aquellos días, de la ausencia de Benina, y ¿por qué
+no decirlo? del olor de las flores que embalsamaban la casa, no le había
+pasado por las mientes el revisar las resmas de papeletas que en varios
+cartapacios guardaba como oro en paño. Pero ya lo haría, sí señora, ya
+lo haría... y si Juliana quería encargarse de comisión tan fastidiosa
+como el desempeñar, mejor que mejor. Contestó la nueva cocinera que lo
+mismo servía ella para el caso que su prima, y acto continuo empezó a
+disponer la cena, que fue muy del gusto de Doña Paca y de Obdulia.
+
+Al día siguiente se agregó a la familia la doncella; y tan necesarios
+creían hija y madre sus servicios, que ambas se maravillaban de haber
+vivido tanto tiempo sin echarlos de menos. El éxito de Daniela el primer
+día fue, pues, tan franco y notorio como el de Hilaria. Todo lo hacía
+bien, con arte y presteza, adivinando los gustos y deseos de las señoras
+para satisfacerlos al instante. ¡Y qué buenos modos, qué dulce agrado,
+qué humildad y ganas de complacer! Diríase que una y otra joven
+trabajaban desafiadas y en competencia, apostando a cuál conquistaría
+más pronto la voluntad de sus amas. Doña Francisca estaba en sus
+glorias, y lo único que la afligía era la estrechez de la habitación, en
+la cual las cuatro mujeres apenas podían revolverse.
+
+Juliana, la verdad sea dicha, no vio con buenos ojos la entrada de la
+doncella, que maldita la falta que hacía; pero por no chocar tan pronto,
+no dijo nada, reservándose el propósito de plantarla en la calle cuando
+se consolidase un poco más el dominio que había empezado a ejercer. En
+otras materias aconsejó y llevó a la práctica disposiciones tan
+atinadas, que la misma Obdulia hubo de reconocerla como maestra en arte
+de gobierno. Ocupábanse además en buscarles casa; pero con tales
+condiciones de comodidad, ventilación y baratura la quería, que no era
+fácil decidirse hasta no revolver bien todo Madrid. Claro es que
+Frasquito ya se había ido con viento fresco a su casa de pupilos
+(Concepción Jerónima, 37), y tan contento el hombre. No tenía Doña Paca
+habitación para él, y aun acomodarle en el pasillo habría sido difícil,
+por estar lleno de plantas tropicales y alpestres; además, no era
+pertinente ni decoroso que un señor reputado por elegante y algo
+calavera, viviese en compañía de cuatro mujeres solas, tres de las
+cuales eran jóvenes y bonitas. Fiel a la estimación que a Doña Francisca
+debía, la visitaba Ponte diariamente mañana y tarde, y un sábado anunció
+para el siguiente domingo la excursión al Pardo, en que se proponía
+reverdecer sus aficiones y habilidades caballerescas.
+
+¡Con qué placer y curiosidad salieron las cuatro al balcón prestado del
+vecino para ver al jinete! Pasó muy gallardo y tieso en un caballote
+grandísimo, y saludó y dio varias vueltas, parando el caballo y haciendo
+mil monerías. Agitaba Obdulia su pañuelo, y Doña Paca, en la efusión de
+su amistoso cariño, no pudo menos de gritarle desde arriba: «Por Dios,
+Frasquito, tenga mucho cuidado con esa bestia, no vaya a tirarle al
+suelo y a darnos un disgusto».
+
+Picó espuelas el diestro jinete, trotando hacia la calle de Toledo para
+tomar la de Segovia y seguir por la Ronda hasta incorporarse con sus
+amigos en la Puerta de San Vicente. Cuatro jóvenes de buen humor
+formaban con Antonio Zapata la partida de ciclistas en aquella excursión
+alegre, y en cuanto divisaron a Ponte y su gigantesca cabalgadura,
+saludáronle con vítores y cuchufletas. Antes de partir en dirección a la
+Puerta de Hierro, hablaron Frasquito y Zapata del asunto que
+principalmente les reunía, diciendo este que al fin, con no pocas
+dificultades, había conseguido la orden para que fuesen puestos en
+libertad Benina y su moro. Partieron gozosos, y a lo largo de la
+carretera empezó el _match_ entre el jinete del caballo de carne y los
+del de hierro, animándose y provocándose recíprocamente con alegres
+voces e imprecaciones familiares. Uno de los ciclistas, que era campeón
+laureado, iba y venía, adelantándose a los otros, y todos corrían más
+veloces que el jamelgo de Frasquito, quien tenía buen cuidado de no
+hacer locuras, manteniéndose en un paso y trote moderados.
+
+Nada les ocurrió en el viaje de ida. Reunidos allá con Polidura y otros
+amigos pedestres, que habían salido con la fresca, almorzaron gozosos,
+pagando por mitad, según convenio, Frasquito y Antonio; visitaron
+rápidamente el recogimiento de pobres, sacaron a los cautivos, y a la
+tarde se volvieron a Madrid, echando por delante a Benina y Almudena. No
+quiso Dios que la vuelta fuese tan feliz como la ida, porque uno de los
+ciclistas, llamado, y no por mal nombre, _Pedro Minio_, de la piel del
+diablo, había empinado el codo más de la cuenta en el almuerzo, y dio en
+hacer gracias con la máquina, metiéndose y sacándose por angosturas
+peligrosas, hasta que en uno de aquellos pasos fue a estrellarse contra
+un árbol, y se estropeó una mano y un pie, quedándose inutilizado para
+continuar _pedaleando_. No pararon aquí las desdichas, y más acá de la
+Puerta de Hierro, ya cerca de los Viveros, el corcel de Frasquito, que
+sin duda estaba ya cargado del vertiginoso girar con que las bicicletas
+pasaban y repasaban delante de sus ojos, sintiéndose además mal
+gobernado, quiso emanciparse de un jinete ridículo y fastidioso. Pasaron
+unas carretas de bueyes con carga de retama y carrasca para los hornos
+de Madrid, y ya fuera que se espantase el jaco, ya que fingiera el
+espanto, ello es que empezó a dar botes y más botes, hasta que logró
+despedir hacia las nubes a su elegante caballero. Cayó el pobre Ponte
+como un saco medio vacío, y en el suelo se quedó inmóvil, hasta que
+acudieron sus amigos a levantarle. Herida no tenía, y por fortuna
+tampoco sufrió golpe de cuidado en la cabeza, porque conservaba su
+conocimiento, y en cuanto le pusieron en pie empezó a dar voces, rojo
+como un pavo, apostrofando al carretero que, según él, había tenido la
+culpa del _siniestro_. Aprovechando la confusión, el caballo, ansioso de
+libertad, escapó desbocado hacia Madrid, sin dejarse coger de los
+transeúntes que lo intentaron, y en pocos minutos Zapata y sus amigos le
+perdieron de vista.
+
+Ya habían traspuesto Benina y Almudena, en su tarda andadura, la línea
+de los Viveros, cuando la anciana vio pasar veloz como el viento, el
+jamelgo de Ponte, y comprendió lo que había pasado. Ya se lo temía ella,
+porque no estaba Frasquito para tales bromas, ni su edad le consentía
+tan ridículos alardes de presunción. Mas no quiso detenerse a saber lo
+cierto del lance, porque anhelaba llegar pronto a Madrid para que
+descansase Almudena, que sufría de calenturas y se hallaba extenuado.
+Paso a paso avanzaron en su camino, y en la Puerta de San Vicente, ya
+cerca de anochecido, sentáronse a descansar, esperando ver pasar a los
+expedicionarios con la víctima en una parihuela. Pero no viéndoles en
+más de media hora que allí estuvieron, continuaron su camino por la
+Virgen del Puerto, con ánimo de subir a la calle Imperial por la de
+Segovia. En lastimoso estado iban los dos: Benina descalza, desgarrada y
+sucia la negra ropa; el moro envejecido, la cara verde y macilenta; uno
+y otro revelando en sus demacrados rostros el hambre que habían
+padecido, la opresión y tristeza del forzado encierro en lo que más
+parece mazmorra que hospicio.
+
+No podía apartar la Nina de su pensamiento la imagen de Doña Paca, ni
+cesaba de figurarse, ya de un modo, ya de otro, el acogimiento que en su
+casa tendría. A ratos esperaba ser recibida con júbilo; a ratos temía
+encontrar a Doña Francisca furiosa por el aquel de haber ella pedido
+limosna, y, sobre todo, por andar con un moro. Pero nada ponía tanta
+confusión y barullo en su mente como la idea de las novedades que había
+de encontrar en la familia, según Antonio con vagas referencias le
+dijera al salir del Pardo. ¡Doña Paca, y él, y Obdulia eran ricos!
+¿Cómo? Ello fue cosa súbita, traída de la noche a la mañana por D.
+Romualdo... ¡Vaya con Don Romualdo! Le había inventado ella, y de los
+senos obscuros de la invención salía persona de verdad, haciendo
+milagros, trayendo riquezas, y convirtiendo en realidades los soñados
+dones del Rey _Samdai_ ¡Quia! Esto no podía ser. Nina desconfiaba,
+creyendo que todo era broma del guasón de Antoñito, y que en vez de
+encontrar a Doña Francisca nadando en la abundancia, la encontraría
+ahogándose, como siempre, en un mar de trampas y miserias.
+
+
+
+
+XXXVIII
+
+
+Temblorosa llegó a la calle Imperial, y habiendo mandado al moro que se
+arrimara a la pared y la esperase allí, mientras ella subía y se
+enteraba de si podía o no alojarle en la que fue su casa, le dijo
+Almudena: «No _bandonar_ tú mí, _amri_.
+
+--¿Pero estás loco? ¿Abandonarte yo ahora que estás malito, y los dos
+andamos tan de capa caída? No pienses tal desatino, y aguárdame. Te
+pondré ahí enfrente, a la entrada de la calle de la Lechuga.
+
+--¿No _n'gañar_ tú mí? ¿_Golver_ ti _pronta_?
+
+--En seguidita que vea lo que ocurre por arriba, y si está de buen temple
+mi Doña Paca».
+
+Subió Nina sin aliento, y con gran ansiedad tiró de la campanilla.
+Primera sorpresa: le abrió la puerta una mujer desconocida, jovenzuela,
+de tipito elegante, con su delantal muy pulcro. Benina creía soñar. Sin
+duda los demonios habían levantado en peso la casa para cargar con ella,
+dejando en su lugar otra que parecía la misma y era muy diferente. Entró
+la prófuga sin preguntar, con no poco asombro de Daniela, que al pronto
+no la conoció. ¿Pero qué significaban, qué eran, de dónde habían salido
+aquellos jardines, que formaban como alameda de preciosos arbustos desde
+la puerta, en todo lo largo del pasillo? Benina se restregaba los ojos,
+creyendo hallarse aún bajo la acción de las estúpidas somnolencias del
+Pardo, en las fétidas y asfixiantes cuadras. No, no; no era aquella su
+casa, no podía ser, y lo confirmaba la aparición de otra figura
+desconocida, como de cocinera fina, bien puesta, de semblante
+altanero... Y mirando al comedor, cuya puerta al extremo del pasillo se
+abría, vio... ¡Santo Dios, qué maravilla, qué cosa...! ¿Era sueño? No,
+no, que bien segura estaba de verlo con los ojos corporales. Encima de
+la mesa, pero sin tocar a ella, como suspendido en el aire, había _un
+montón_ de piedras preciosas, con diferentes brillos, luces y matices,
+encarnadas unas, azules o verdes otras. ¡Jesús, qué preciosidad! ¿Acaso
+Doña Paca, más hábil que ella, había efectuado el conjuro del rey
+_Samdai_, pidiéndole y obteniendo de él las carretadas de diamantes y
+zafiros? Antes de que pudiera comprender que todo aquel centellear de
+vidrios procedía de los colgajos de la lámpara del comedor, iluminados
+por una vela que acababa de encender Doña Paca para revisar los
+cuchillos que de la casa de préstamos acababa de traerle Juliana,
+apareció esta en la puerta del comedor, y cortando el paso a la pobre
+vieja, le dijo entre risueña y desabrida:
+
+--«Hola, Nina, ¿tú por aquí? ¿Has parecido ya? Creímos que te habías ido
+al Congo... No pases, no entres; quédate ahí, que nos vas a poner
+perdidos los suelos, lavados de esta tarde... ¡Bonita vienes!... Quita
+allá esas patas, mujer, que manchas los baldosines...
+
+--¿En dónde está la señora?--dijo Nina, volviendo a mirar los diamantes y
+esmeraldas, y dudando ya que fueran efectivos.
+
+--La señora está aquí... Pero te dice que no pases, porque vendrás llena
+de miseria...».
+
+En aquel momento apareció por otro lado la señorita Obdulia, chillando:
+«Nina, bien venida seas; pero antes de que entres en casa, hay que
+fumigarte y ponerte en la colada... No, no te arrimes a mí. ¡Tantos días
+entre pobres inmundos!... ¿Ves qué bonito está todo?».
+
+Avanzó Juliana hacia ella sonriendo; pero al través de la sonrisa, hubo
+de vislumbrar Nina la autoridad que la ribeteadora había sabido
+conquistar allí, y se dijo: «Esta es la que ahora manda. Bien se le
+conoce el despotismo». A las arrogancias revestidas de benevolencia con
+que la acogió la tirana, respondió Nina que no se iría sin ver a su
+señora.
+
+«Mujer, entra, entra--murmuró desde el fondo del comedor, con voz ahogada
+por los sollozos la señora Doña Francisca Juárez.
+
+Manteniéndose en la puerta, le contestó Benina con voz entera: «Aquí
+estoy, señora, y como dicen que mancho los baldosines, no quiero pasar;
+digo que no paso... Me han sucedido cosas que no le quiero contar por no
+afligirla... Lleváronme presa, he pasado hambres... he padecido
+vergüenzas, malos tratos... Yo no hacía más que pensar en la señora, y
+en si tendría también hambre, y si estaría desamparada.
+
+--No, no, Nina: desde que te fuiste, ¡mira qué casualidad! entró la
+suerte en mi casa... Parece un milagro, ¿verdad? ¿Te acuerdas de lo que
+hablábamos, aburriditas en esta soledad, ¡ay! en aquellas noches de
+miseria y sufrimientos? Pues el milagro es una verdad, hija, y ya puedes
+comprender que nos lo ha hecho tu Don Romualdo, ese bendito, ese
+arcángel, que en su modestia no quiere confesar los beneficios que tú y
+yo le debemos... y niega sus méritos y virtudes... y dice que no tiene
+por sobrina a Doña Patros... y que no le han propuesto para Obispo...
+Pero es él, es él, porque no puede haber otro, no, no puede haberlo, que
+realice estas maravillas».
+
+Nina no contestó sílaba, y arrimándose a la puerta, sollozaba.
+
+«Yo de buena gana te recibiría otra vez aquí--afirmó Doña Francisca, a
+cuyo lado, en la sombra, se puso Juliana, sugiriéndole por lo bajo lo
+que había de decir--; pero no cabemos en casa, y estamos aquí muy
+incómodas... Ya sabes que te quiero, que tu compañía me agrada más que
+ninguna... pero... ya ves... Mañana estaremos de mudanza, y se te hará
+un hueco en la nueva casa... ¿Qué dices? ¿Tienes algo que decirme? Hija,
+no te quejarás: ten presente que te fuiste de mala manera, dejándome sin
+una miga de pan en casa, sola, abandonada... ¡Vaya con la Nina!
+Francamente, tu conducta merece que yo sea un poquito severa contigo...
+Y para que todo hable en contra tuya, olvidaste los sanos principios que
+siempre te enseñé, largándote por esos mundos en compañía de un
+morazo... Sabe Dios qué casta de pájaro será ese, y con qué sortilegios
+habrá conseguido hacerte olvidar las buenas costumbres. Dime,
+confiésamelo todo: ¿le has dejado ya?
+
+--No, señora.
+
+--¿Le has traído contigo?
+
+--Sí, señora. Abajo está esperándome.
+
+--Como eres así, capaz te creo de todo... ¡hasta de traérmele a casa!
+
+--A casa le traía, porque está enfermo, y no le voy a dejar en medio de
+la calle--replicó Benina con firme acento.
+
+--Ya sé que eres buena, y que a veces tu bondad te ciega y no miras por
+el decoro.
+
+--Nada tiene que ver el decoro con esto, ni yo falto porque vaya con
+Almudena, que es un pobrecito. Él me quiere a mí... y yo le miro como un
+hijo».
+
+La ingenuidad con que expresaba Nina su pensamiento no llegó a penetrar
+en el alma de Doña Paca, que sin moverse de su asiento, y con los
+cuchillos en la falda, prosiguió diciéndole:
+
+«No hay otra como tú para componer las cosas, y retocar tus faltas hasta
+conseguir que parezcan perfecciones; pero yo te quiero, Nina; reconozco
+tus buenas cualidades, y no te abandonaré nunca.
+
+--Gracias, señora, muchas gracias.
+
+--No te faltará qué comer, ni cama en qué dormir. Me has servido, me has
+acompañado, me has sostenido en mi adversidad. Eres buena, buenísima;
+pero no abuses, hija; no me digas que venías a casa con el moro _de los
+dátiles_, porque creeré que te has vuelto loca.
+
+--A casa le traía, sí, señora, como traje a Frasquito Ponte, por
+caridad... Si hubo misericordia con el otro, ¿por qué no ha de haberla
+con este? ¿O es que la caridad es una para el caballero de levita, y
+otra para el pobre desnudo? Yo no lo entiendo así, yo no distingo... Por
+eso le traía; y si a él no le admite, será lo mismo que si a mí no me
+admitiera.
+
+--A ti siempre... digo, siempre no... quiero decir... es que no tenemos
+hueco en casa... Somos cuatro mujeres, ya ves... ¿Volverás mañana?
+Coloca a ese desdichado en una buena fonda... no, ¡qué disparate! en el
+Hospital... No tienes más que dirigirte a D. Romualdo... Dile de mi
+parte que yo le recomiendo... que lo mire como cosa mía... ¡ay, no sé lo
+que digo!... como cosa tuya, y tan tuya... En fin, hija, tú verás...
+Puede que os alberguen en la casa del Sr. de Cedrón, que debe ser muy
+grande... tú me has dicho que es un casetón enorme que parece un
+convento... Yo, bien lo sabes, como criatura imperfecta, no tengo la
+virtud en el grado heroico que se necesita para alternar con la
+pobretería sucia y apestosa... No, hija, no: es cuestión de estómago y
+de nervios... De asco me moriría, bien lo sabes. ¡Pues digo, con la
+miseria que traerás sobre ti!... Yo te quiero, Nina; pero ya conoces mi
+estómago... Veo una mota en la comida, y ya me revuelvo toda, y estoy
+mala tres días... Llévate tu ropa, si quieres mudarte... Juliana te dará
+lo que necesites... ¿Oyes lo que te digo? ¿Por qué callas? Ya, ya te
+entiendo. Te haces la humilde para disimular mejor tu soberbia... Todo
+te lo perdono; ya sabes que te quiero, que soy buena para ti... En fin,
+tú me conoces... ¿Qué dices?
+
+--Nada, señora, no he dicho nada, ni tengo nada que decir--murmuró Nina
+entre dos suspiros hondos--. Quédese con Dios.
+
+--Pero no te irás enojada conmigo--añadió con trémula voz Doña Paca,
+siguiéndola a distancia en su lenta marcha por el pasillo.
+
+--No, señora... ya sabe que yo no me enfado...--replicó la anciana
+mirándola más compasiva que enojada--. Adiós, adiós».
+
+Obdulia condujo a su madre al comedor diciéndole: «¡Pobre Nina!... Se
+va. Pues mira, a mí me habría gustado ver a ese moro Muza y hablar con
+él... ¡Esta Juliana, que en todo quiere meterse!...».
+
+Atontada por crueles dudas que desconcertaban su espíritu, Doña
+Francisca no pudo expresar ninguna idea, y siguió revisando los
+cubiertos desempeñados. En tanto, Juliana, conduciendo a la Nina hasta
+la puerta con suave opresión de su mano en la espalda de la mendiga, la
+despidió con estas afectuosas palabras: «No se apure, _señá_ Benina, que
+nada ha de faltarle... Le perdono el duro que le presté la semana
+pasada, ¿no se acuerda?
+
+--Señora Juliana, sí que me acuerdo. Gracias.
+
+--Pues bien: tome además este otro duro para que se acomode esta noche...
+Váyase mañana por casa, que allí encontrará su ropa...
+
+--Señora Juliana, Dios se lo pague.
+
+--En ninguna parte estará usted mejor que en la _Misericordia_, y si
+quiere, yo misma le hablaré a D. Romualdo, si a usted le da vergüenza.
+Doña Paca y yo la recomendaremos... Porque mi señora madre política ha
+puesto en mí toda su confianza, y me ha dado su dinero para que se lo
+guarde... y le gobierne la casa, y le _suministre_ cuanto pueda
+necesitar. Mucho tiene que agradecer a Dios por haber caído en estas
+manos...
+
+--Buenas manos son, señora Juliana.
+
+--Vaya por casa, y le diré lo que tiene que hacer.
+
+--Puede que yo lo sepa sin necesidad de que usted me lo diga.
+
+--Eso usted verá... Si no quiere ir por casa...
+
+--Iré.
+
+--Pues, _señá_ Benina, hasta mañana.
+
+--Señora Juliana, servidora de usted».
+
+Bajó de prisa los gastados escalones, ansiosa de verse pronto en la
+calle. Cuando llegó junto al ciego, que en lugar próximo le esperaba, la
+pena inmensa que oprimía el corazón de la pobre anciana reventó en un
+llorar ardiente, angustioso, y golpeándose la frente con el puño
+cerrado, exclamó: «¡Ingrata, ingrata, ingrata!
+
+--No _yorar_ ti, _amri_--le dijo el ciego cariñoso, con habla sollozante--.
+Señora tuya mala ser, tú _ángela_.
+
+--¡Qué ingratitud, Señor!... ¡Oh mundo... oh miseria!... Afrenta de Dios
+es hacer bien...
+
+--_Dir_ nosotros _luejos_... _dirnos_, _amri_... _Dispreciar_ ti _mondo_
+malo.
+
+--Dios ve los corazones de todos; el mío también lo ve... Véalo, Señor de
+los cielos y la tierra, véalo pronto».
+
+
+
+
+XXXIX
+
+
+Dicho lo que antecede, se limpió las lágrimas con mano temblorosa, y
+pensó en tomar las resoluciones de orden práctico que las circunstancias
+exigían.
+
+«_Dirnos_, _dirnos_--replicó Almudena cogiéndola del brazo.
+
+--¿A dónde?--dijo Nina con aturdimiento--. ¡Ah! lo primero a casa de D.
+Romualdo».
+
+Y al pronunciar este nombre se quedó un instante lela, enteramente
+idiota.
+
+--«_R'maldo_ mentira--declaró el ciego.
+
+--Sí, sí, invención mía fue. El que ha llevado tantas riquezas a la
+señora será otro, algún D. Romualdo de pega... hechura del demonio...
+No, no, el de pega es el mío... No sé, no sé. Vámonos, Almudena.
+Pensemos en que tú estás malo, que necesitas pasar la noche bien
+abrigadito. La _señá_ Juliana, que es la que ahora corta el queso en la
+casa de mi señora, y todo lo suministra... en buen hora sea... me ha
+dado este duro. Te llevaré a los palacios de Bernarda, y mañana
+veremos.
+
+--Mañana, _dir_ nosotros _Hierusalaim_.
+
+--¿A dónde has dicho? ¿A Jerusalén? ¿Y dónde está eso? ¡Vaya, que querer
+llevarme a ese punto, como si fuera, un suponer, Jetafe o Carabanchel de
+Abajo!
+
+--_Luejos_, _luejos_... tú casar _migo_ y ser _tigo migo_ uno. _Dirnos_
+Marsella por caminos pidiendo... En Marsella _vapora_... pim, pam...
+Jaffa... _¡Hierusalaim!_... Casarnos por _arreligión_ tuya, por
+_arreligión_ mía... _quierer_ tú... _Veder_ tú _sepolcro_; entrar
+tú _S'nagoga_ rezar _Adonai_...
+
+--Espérate, hijo, ten un poco de calma, y no me marees con las
+invenciones de tu cabeza _deliriosa_. Lo primero es que te pongas bueno.
+
+--Mí estar bueno... mí no _c'lentura_ ya... mí _contentada_. Tú _viener
+migo_ siempre, por _mondo_ grande, _caminas mochas_, _libertanza_, mar,
+_terra_, _legría mocha_...
+
+--Muy bonito; pero ahora caigo en la cuenta de que tú y yo tenemos
+hambre, y entraremos a cenar en cualquier taberna. Si te parece, aquí en
+la Cava Baja...
+
+--_Onde quierer_ tú, yo _quierer_...».
+
+Cenaron con relativo contento, y Almudena no cesaba de ponderar las
+delicias de irse juntitos a Jerusalén, pidiendo limosna por tierra y por
+mar, sin prisa, sin cuidados. Tardarían meses, medio año quizás; pero al
+fin darían con sus cuerpos en la Palestina, aunque la emprendiesen por
+la vía terrestre hasta Constantinopla. ¡Pues no había pocos países
+bonitos que recorrer! Objetaba Nina que ella tenía ya los huesos duros
+para correría tan larga, y el africano, no sabiendo ya cómo convencerla,
+le decía: «_Ispania terra n'gratituda_... _Correr luejos_, _juyando de
+n'gratos_ ellos».
+
+En cuanto cenaron se recogieron en casa de Bernarda, dormitorios de
+abajo, a dos reales cama. Muy tranquilo estuvo Almudena toda la noche,
+sin poder coger el sueño, delirando con el viajecito a Jerusalén; y
+Benina, por ver de calmarle, mostrábase dispuesta a emprender tan larga
+peregrinación. Inquieto y dolorido, cual si la cama fuera de zarzas
+punzadoras, Mordejai no hacía más que volverse de un lado para otro,
+quejándose de ardores en la piel y de picazones molestísimas, las cuales
+no eran motivadas, dicha sea la verdad, por cosa alguna tocante a la
+miseria que se combate con polvos insecticidas. Ello provenía quizás de
+un extraño giro que la fiebre tomaba, y que se manifestó a la mañana
+siguiente en un rojo sarpullo en brazos y piernas. El infeliz se rascaba
+con desesperación, y Benina le llevó a la calle, con la esperanza de que
+el aire libre y el ejercicio le servirían de alivio. Después de vagar
+pidiendo, por no perder la costumbre, fueron a la calle de San Carlos, y
+subió Benina a ver a Juliana, que allí le tenía su ropa, y se la dio en
+un lío, diciéndole que mientras gestionaban para que fuese recogida en
+la _Misericordia_, se albergara en cualquier casa barata, con o sin el
+_hombre_, aunque mejor le estaba, para su decoro, dejarse de compañía y
+tratos tan indecentes. Añadió que en cuanto se limpiara bien de toda la
+inmundicia que había traído del Pardo, podía ir a visitar a Doña Paca,
+que gozosa la recibiría; pero que no pensase en volver a su lado, porque
+los hijos se oponían a ello, atentos a que su mamá estuviese bien
+servida, y _suministrada_ con regularidad. Con todo se mostró conforme
+la buena mujer, que en ello veía una voluntad superior incontrastable.
+
+No era mala persona Juliana; dominante, eso sí, ávida de mostrar las
+grandes dotes de gobierno que le había dado Dios, mujer que no soltaba a
+dos tirones la presa caída en sus manos. Pero no carecía de amor al
+prójimo, se compadecía de Benina, y habiéndole dicho esta que el moro la
+esperaba en la calle, quiso verle y juzgarle por sus propios ojos. Que
+la traza del pobre africano le pareció lastimosa, se conoció en el gesto
+que hizo, en la cara que puso, y en el acento con que dijo: «Ya le
+conocía yo a este, de verle pedir en la calle del Duque de Alba. Es buen
+punto, y muy enamorado. ¿Verdad, Sr. Almudena, que le gustan a usted las
+chicas?
+
+--Gustar mí _B'nina_, _amri_...
+
+--Ajajá... Pobre Benina, ¡no se le ha sentado mala mosca! Si lo hace por
+caridad, de veras digo que es usted una santa.
+
+--El pobrecito está enfermo, y no puede valerse».
+
+Y como el morito, acometido de violentísimas picazones en brazos y
+pecho, hiciera garras de sus dedos para rascarse con gana, la
+ribeteadora se acercó para mirarle los brazos, que había desnudado de la
+manga. «Lo que tiene este hombre--dijo con espanto--es lepra... ¡Jesús,
+qué lepra, _seña_ Benina! He visto otro caso: un pobre, del Moro
+también, mendigo él, de Orán él, que pedía en Puerta Cerrada, junto al
+taller de mi padrastro. Y se puso tan perdido, que no había cristiano
+que se le acercara, y ni en los santos Hospitales le querían recibir...
+
+«Picar, picar _mocha_--era lo único que Almudena decía, pasando las uñas
+desde el hombro a la mano, como se pasaría un peine por la madeja.
+
+Disimulando su asco, por no lastimar a la infeliz pareja, Juliana dijo a
+Nina: «¡Pues no le ha caído a usted mala incumbencia con este tipo! Mire
+que esa sarna se pega. Buena se va usted a poner, sí señora; buena,
+bonita y barata... O es usted más boba que el que asó la manteca, o no
+sé lo que es usted».
+
+Con miradas no más expresó Nina su lástima del pobre ciego, su decisión
+de no abandonarle, y su conformidad con todas las calamidades que
+quisiera enviarle Dios. Y en esto, Antonio Zapata, que a su casa volvía,
+vio a su mujer en el grupo; llegose a ella presuroso, y enterado de lo
+que hablaban, aconsejó a Benina que llevara al moro a la consulta de
+enfermedades dermatológicas en San Juan de Dios.
+
+«Más cuenta le tiene--afirmó Juliana--mandarle para su tierra.
+
+--_Luejos_, _luejos_--dijo Almudena--. _Dir_ nos _Hierusalaim_.
+
+--No está mal. 'De Madrid a Jerusalén, o la familia del tío Maroma...'.
+Bueno, bueno. A otra cosa, mujercita mía, no pegues y escucha. No he
+podido hacer tus encargos, porque... te digo que no pegues.
+
+--Porque te has ido al billar, granuja... Sube, sube, y ajustaremos
+cuentas.
+
+--No subo porque tengo que volver a los carros de pateta.
+
+--¿Qué dices, granuja?
+
+--Que no va el carro grande por menos de cuarenta reales, y como me
+mandaste que no pasase de treinta...
+
+--Tendré yo que verlo. Estos hombres no sirven mas que de estorbo,
+¿verdad, Nina?
+
+--Verdad. ¿Y qué es? ¿Se muda la señora?
+
+--Sí, mujer; pero ya no podrá ser hasta mañana, porque este marido tonto
+que me ha dado Dios, salió antes de las ocho a tomar la casa y avisar el
+carro, y ya ve usted a qué hora se descuelga por aquí, con todo ese
+cuajo, sin haber hecho nada.
+
+--Bastante he corrido, chica: A las nueve entraba yo en casa de mamá con
+el contrato para que lo firmara. Ya ves si ganábamos tiempo. ¿Pero tú
+sabes el que he perdido con Frasquito Ponte, que nos ha dado una tabarra
+tremenda? Como que tuvimos que llevarle a su casa Polidura y yo con
+grandísimo trabajo. ¡Dios, cómo está el hombre, y qué barullo tiene en
+la cabeza desde el batacazo de ayer!».
+
+Igualmente interesadas Benina y Juliana en la buena o mala suerte del
+hijo de Algeciras, oyeron atentas lo que Antonio les refirió de las
+consecuencias funestísimas de la caída del jinete en el camino del
+Pardo. Cuando le vieron en tierra, despedido por el jaco, pensaron todos
+que en aquel crítico instante había terminado la existencia mortal del
+pobre caballero. Pero al levantarle, recobró Frasquito, como quien
+resucita, el movimiento y la palabra, y asegurando no haber recibido
+golpe en la cabeza, que era lo más delicado, y palpándose en distintas
+partes del cráneo, les dijo: «Nada, nada, señores, tóquenme y no
+hallarán el más ligero chichón». De brazos y piernas, si al principio
+pareció haber salido con suerte, pues hueso roto seguramente no tenía, a
+poco de echar a andar cojeaba horrorosamente de la pierna izquierda,
+efecto, sin duda, del violento choque contra el suelo. Pero lo más
+extraño fue que, al ser puesto en pie, rompió en una charla incoherente,
+impetuosa, roja la cara como un tomate, vibrante y entrecortada la
+lengua. Lleváronle a su casa en coche, creyendo que un reposo absoluto
+le restablecería; frotáronle todo el cuerpo con árnica, le acostaron, se
+fueron... Pero el maldito, según les dijo después la patrona, no bien se
+quedó solo, vistiose precipitadamente, y echándose a la calle se fue a
+casa de Boto, y allí estuvo hasta muy tarde, _metiéndose con todo el
+mundo_, y provocando con destempladas insolencias a los pacíficos
+parroquianos. Tan contrario era esto al natural plácido de Frasquito, y
+a su timidez y buena educación, que seguramente había perturbación
+cerebral grave, por causa del batacazo. No se sabe dónde pasó el resto
+de la noche: se cree que estuvo alborotando en las calles de Mediodía
+Grande y Chica. Ello es que a poco de llegar Antonio y Polidura a la
+casa de Doña Francisca, entró Frasquito muy alborotado, el rostro
+encendido, brillantes los ojos, y con gran sorpresa y consternación de
+las señoras, empezó a soltar de su boca, un poco torcida, atroces
+disparates. Combinando la maña con la fuerza, pudieron sacarle de allí y
+volverle a su casa, donde le dejaron, encargando a la patrona que le
+sujetara si podía, y que hiciera por darle de comer. Entre otras
+tenacidades monomaniacas, tenía la de que su honor le demandaba pedir
+explicaciones al moro por el inaudito agravio de suponer, de afirmar en
+público que él, Frasquito, hacía la corte a Benina. Más de veinte veces
+se arrancó hacia la calle de Mediodía Grande, procurando ver al Sr. de
+Almudena, decidido a entregarle su tarjeta; pero el africano escurría el
+bulto y no se dejaba ver por ninguna parte. Claro: se había ido a su
+tierra, huyendo de la furia de Ponte... pero él estaba decidido a no
+parar hasta descubrirle, y obligarle a cumplir como caballero, aunque se
+escondiese en el último rincón del Atlas.
+
+«Si _venier_ mí _galán bunito_--dijo el moro riendo tan estrepitosamente,
+que los extremos de su boca se le enganchaban en las orejas--, dar mí él
+_patás mochas_.
+
+--¡Pobre D. Frasquito... cuitado, alma de Dios!--exclamó Nina cruzando las
+manos--. Yo me temía que parara en esto...
+
+--¡Valiente estantigua!--dijo la Juliana--. ¿Y a nosotros qué nos importa
+que ese viejo pintado se chifle o no se chifle? ¿Sabéis lo que os digo?
+Pues que todo eso proviene de las drogas que se pone en la cara, lo cual
+que son venenosas y atacan al sentido. Ea, no perdamos el tiempo.
+Antonio, vuélvete a la calle Imperial, diles que preparen todo, y yo iré
+_al carro_ a ver si lo arreglo para esta tarde. Nina, vete con Dios, y
+cuidado no se te pegue... ¿sabes? ¡Ay, hija, se te pegará, por mucho
+aseo que tengas! ¿Ves? ya empiezas a sufrir las consecuencias del mal
+paso... por no hacer caso de mí. Doña Paca me dijo que te permitiera ir
+allá. Quiere verte: ¡pobre señora! Yo le di mi conformidad, y hoy
+pensaba llevarte conmigo... pero ya no me atrevo, hija, ya no me atrevo.
+Habiendo de por medio esta pestilencia, no puedes rozarte... Yo había
+determinado que fueras todos los días a recoger la comida sobrante en
+casa de la que fue tu ama.
+
+--¿Y ya no...?
+
+--Sí, sí: la comida es tuya... pero... verás lo que debes hacer... te
+llegas al portal a la hora que yo te fije, y mi prima Hilaria te la
+bajará y te la dará... acercándose a ti lo menos que pueda... Ya
+comprendes... cada una tiene su escrúpulo... No todos los estómagos son
+como el tuyo, Nina, a prueba de bomba... con que...
+
+--Comprendo... señora Juliana. Quédese con Dios».
+
+
+
+
+XL
+
+
+Las adversidades se estrellaban ya en el corazón de Benina, como las
+vagas olas en el robusto cantil. Rompíanse con estruendo, se quebraban,
+se deshacían en blancas espumas, y nada más. Rechazada por la familia
+que había sustentado en días tristísimos de miseria y dolores sin
+cuento, no tardó en rehacerse de la profunda turbación que ingratitud
+tan notoria le produjo; su conciencia le dio inefables consuelos: miró
+la vida desde la altura en que su desprecio de la humana vanidad la
+ponía; vio en ridícula pequeñez a los seres que la rodeaban, y su
+espíritu se hizo fuerte y grande. Había alcanzado glorioso triunfo;
+sentíase victoriosa, después de haber perdido la batalla en el terreno
+material. Mas las satisfacciones íntimas de la victoria no la privaron
+de su don de gobierno, y atenta a las cosas materiales, acudió, al poco
+rato de apartarse de Juliana, a resolver lo más urgente en lo que a la
+vida corporal de ambos se refería. Era indispensable buscar albergue;
+después trataría de curar a Mordejai de su sarna o lo que fuese, pues
+abandonarle en tan lastimoso estado no lo haría por nada de este mundo,
+aunque ella se viera contagiada del asqueroso mal. Dirigiose con él a
+Santa Casilda, y hallando desocupado el cuartito que antes ocupó el moro
+con la Petra, lo tomó. Felizmente, la borracha se había ido con Diega a
+vivir en la Cava de San Miguel, detrás de la Escalerilla. Instalados en
+aquel escondrijo, que no carecía de comodidades, lo primero que hizo la
+anciana alcarreña fue traer agua, toda el agua que pudo, y lavarse bien
+y jabonarse el cuerpo; costumbre antigua en ella, que siempre que podía
+practicaba en casa de Doña Francisca. Luego se vistió de limpio. El
+bienestar que el aseo y la frescura daban a su cuerpo, se confundía en
+cierto modo con el descanso de su conciencia, en la cual también sentía
+algo como absoluta limpieza y frescor confortante.
+
+Dedicose luego al arreglo de la casa, y con el poquito dinero que tenía
+hizo su compra, y le preparó a Mordejai una buena comida. Pensaba
+llevarlo a la consulta al día siguiente, y así se lo dijo, mostrándose
+el ciego conforme en todo con lo que la voluntad de ella quisiese
+determinar. Mientras comían, le entretuvo y alentó con esperanzas y
+palabras dulces, ofreciéndole ir, como él deseaba, a Jerusalén o un
+poquito más allá, en cuanto recobrara la salud. Mientras no se le
+quitara el sarpullo, no había que pensar en viajes. Se estarían quietos,
+él en casa, ella saliendo a pedir sola todos los días para ver de sacar
+con qué vivir, que seguramente Dios no les dejaría morir de hambre. Tan
+contento se puso el ciego con el plan concebido y propuesto por su
+inteligente amiga, y con sus afectuosas expresiones, que rompió a cantar
+la melopea arábiga que ya le oyó Benina en el vertedero; pero como al
+huir de la pedrea había perdido el guitarrillo, no pudo acompañarse del
+son de aquel tosco instrumento. Después propuso a su compañera que
+echase el sahumerio, y ella lo hizo de buena gana, pues el humazo
+saneaba y aromatizaba la pobre habitación.
+
+Salieron al día siguiente para la consulta; pero como les designaran
+para esta una hora de la tarde, entretuvieron la primera mitad del día
+pordioseando en varias calles, siempre con mucho cuidado de los
+guindillas, por no caer nuevamente en poder de los que echan el lazo a
+los mendigos, cual si fueran perros, para llevarlos al depósito, donde
+como a perros les tratan. Debe decirse que el ingrato proceder de Doña
+Paca no despertaba en Nina odio ni mala voluntad, y que la conformidad
+de esta con la ingratitud no le quitaba las ganas de ver a la infeliz
+señora, a quien entrañablemente quería, como compañera de amarguras en
+tantos años. Ansiaba verla, aunque fuese de lejos, y llevada de esta
+querencia, se llegó a la calle de la Lechuga para atisbar a distancia
+discreta si la familia estaba en vías de mudanza, o se había mudado ya.
+¡Qué a tiempo llegó! Hallábase en la puerta el carro, y los mozos metían
+trastos en él con la bárbara presteza que emplean en esta operación.
+Desde su atalaya reconoció Benina los muebles decrépitos, derrengados, y
+no pudo reprimir su emoción al verlos. Eran casi suyos, parte de su
+existencia, y en ellos veía, como en un espejo, la imagen de sus penas y
+alegrías; pensaba que si se acercase, los pobres trastos habían de
+decirle algo, o que llorarían con ella. Pero lo que la impresionó
+vivamente fue ver salir por el portal a Doña Paca y a Obdulia, con
+Polidura y Juliana, como si se fueran a la casa nueva, mientras las
+criadas elegantes se quedaban en la antigua, disponiendo la recogida y
+transporte de las menudencias, y de toda la morralla casera.
+
+Turbada y confusa, Nina se escondió en un portal, para ver sin ser
+vista. ¡Qué desmejorada encontró a Doña Francisca! Llevaba un vestido
+nuevo; pero de tan nefanda hechura, como cortado y cosido de prisa, que
+parecía la pobre señora vestida de limosna. Cubría su cabeza con un
+manto, y Obdulia ostentaba un sombrerote con disformes ringorrangos y
+plumas. Andaba Doña Paca lentamente, la vista fija en el suelo,
+abrumada, melancólica, como si la llevaran entre guardias civiles. La
+_niña_ reía, charlando con Polidura. Detrás iba Juliana _arreándolos_ a
+todos, y mandándoles que fueran de prisa por el camino que les marcaba.
+No le faltaba más que el palo para parecerse a los que en vísperas de
+Navidad conducen por las calles las manadas de pavos. ¡Cómo se clareaba
+el despotismo hasta en sus menores movimientos! Doña Paca era la res
+humilde que va a donde la llevan, aunque sea al matadero; Juliana el
+pastor que guía y conduce. Desaparecieron en la Plaza Mayor, por la
+calle de Botoneras... Benina dio algunos pasos para ver el triste
+ganado, y cuando lo perdió de vista, se limpió las lágrimas que
+inundaban su rostro.
+
+«¡Pobre señora mía!--dijo al ciego en cuanto se reunió con él--. La quiero
+como hermana, porque juntas hemos pasado muchas penas. Yo era todo para
+ella, y ella todo para mí. Me perdonaba mis faltas, y yo le perdonaba
+las suyas... ¡Qué triste va, quizás pensando en lo mal que se ha portado
+con la Nina! Parece que está peor del reúma, por lo que cojea, y su cara
+es de no haber comido en cuatro días. Yo la traía en palmitas, yo la
+engañaba con buena sombra, ocultándole nuestra miseria, y poniendo mi
+cara en vergüenza por darle de comer conforme a lo que era su gusto y
+costumbre... En fin, lo pasado, como dijo el otro, pasó. Vámonos,
+Almudena, vámonos de aquí, y quiera Dios que te pongas bueno pronto para
+tomar el caminito a Jerusalén, que no me asusta ya por lejos. Andando,
+andando, hijo, se llega de una parte del mundo a otra, y si por un lado
+sacamos el provecho de tomar el aire y de ver cosas nuevas, por otro
+sacamos la certeza de que todo es lo mismo, y que las partes del mundo
+son, un suponer, como el mundo en junto; quiere decirse, que en donde
+quiera que vivan los hombres, o verbigracia, mujeres, habrá ingratitud,
+egoísmo, y unos que manden a los otros y les cojan la voluntad. Por lo
+que debemos hacer lo que nos manda la conciencia, y dejar que se peleen
+aquellos por un hueso, como los perros; los otros por un juguete, como
+los niños, o estos por mangonear, como los mayores, y no reñir con
+nadie, y tomar lo que Dios nos ponga delante, como los pájaros...
+Vámonos hacia el Hospital, y no te pongas triste.
+
+--Mí no triste--dijo Almudena--; estar _tigo contentado_... tú saber como
+Dios cosas _tudas_, y yo _quirier_ ti como _ángela bunita_... Y si no
+_quierer_ tú casar _migo_, ser tú _madra_ mía, y yo niño tuyo _bunito_.
+
+--Bueno, hombre; me parece muy bien.
+
+--Y tú _com_ palmera _D'sierto granda_, _bunita_; tú _com zucena
+branca_... _llirio tú_... Mí _dicier_ ti _amri_: alma mía».
+
+Mientras iba la infeliz pareja camino del Hospital, Doña Paca y su
+séquito, en dirección distinta, se aproximaban a su nueva casa, calle de
+Orellana: un tercero limpio, con los papeles y estucos nuevecitos,
+buenas luces, ventilación, cocina excelente, y precio acomodado a las
+circunstancias. Pareciole muy bien a Doña Francisca, cuando arriba
+llegó, sofocada de la interminable escalera; y si le parecía mal,
+cuidaba de no manifestarlo, abdicando en absoluto su voluntad y sus
+opiniones. El flexible, más que flexible, blanducho carácter de la
+viuda, se adaptaba al sentir y al pensar de Juliana; y viendo esta que
+se le metía entre los dedos aquella miga de pan, hacía bolitas con ella.
+No respiraba Doña Paca sin permiso de la tirana, quien para los más
+insignificantes actos de la vida, tenía no pocas órdenes que dictar a la
+infeliz señora. Esta llegó a tenerle un miedo infantil; se sentía miga
+blanda dentro de la mano de bronce de la ribeteadora, y en verdad que no
+era sólo miedo, pues con él se mezclaba algo de respeto y admiración.
+
+Descansaba la dama del ajetreo de aquel día, ya metidos todos los
+muebles, trastos y macetas en la nueva casa, y atacada de una
+intensísima tristeza que le devoraba el alma, llamó a su tirana para
+decirle: «No me has explicado bien por el camino lo que hablasteis. ¿Qué
+historias cuenta Nina de su moro? ¿Es este bien parecido?».
+
+Dio Juliana las explicaciones que su súbdita le pedía, sin herir a Nina
+ni ponerla en mal lugar, demostrando en esto finísimo tacto.
+
+«Y quedasteis... en que no puede venir a verme, por temor a que nos
+contagie de esa peste asquerosa. Has hecho bien. Si no es por ti, me
+vería expuesta, sabe Dios, a que se nos pegara la pestilencia...
+Quedasteis también en que recogería las sobras de la comida. Pero esto
+no basta, y yo tendría mucho gusto en señalarle una cantidad, por
+ejemplo, una peseta diaria. ¿Qué dices?
+
+--Digo que si empezamos con esas bromas, señora Doña Paca, pronto
+volveremos a _Peñaranda_. No, no: una peseta es una peseta... Bastante
+tiene la Nina con dos reales. Así lo he pensado, y si usted dispone otra
+cosa, yo me lavo las manos.
+
+--Dos reales, dos... tú lo has dicho... y basta, sí. ¿Sabes tú los
+milagros que hace Nina con media peseta?».
+
+En esto llegó Daniela muy alarmada, diciendo que llamaba a la puerta
+Frasquito; y Obdulia, que por la mirilla le había visto, opinó que no
+se abriera, a fin de evitar otro escándalo como el de la calle Imperial.
+Pero ¿quién le había dicho las señas del nuevo domicilio? Sin duda fue
+Polidura el soplón, y Juliana hizo juramento de arrancarle una oreja.
+Ocurrió el contratiempo grave de que mientras Ponte llamaba con nerviosa
+furia, decidido a romper la campanilla, subió Hilaria de la calle y
+abrió con el llavín, y ya no fue posible cortar el paso al intruso, que
+se precipitó dentro, presentándose ante las asustadas señoras con el
+sombrero metido hasta las orejas, blandiendo el bastón, la ropa en gran
+detrimento y manchada de tierra y lodo. Se le había torcido la boca, y
+arrastraba penosamente la pierna derecha.
+
+«Por Dios, Frasquito--le dijo Doña Paca suplicante--, no nos alborote.
+Está usted malo, y debe meterse en cama».
+
+Y salió también Obdulia declamando enfáticamente: «Frasquito: ¡una
+persona como usted, tan fina, de buena sociedad, decirnos esas cosas!...
+Tenga juicio, vuelva en sí.
+
+--Señora y _madama_--dijo Ponte desencasquetándose el sombrero con gran
+dificultad--. Caballero soy y me precio de saber tratar con damas
+elegantes; pero como de aquí ha salido la absurda especie, yo vengo a
+pedir explicaciones. Mi honor lo exige...
+
+--¿Y qué tenemos que ver nosotras con el honor de usted, so
+espantajo?--gritó Juliana--. ¡Ea, no es persona decente quien falta a las
+señoras! El otro día eran para usted emperatrices, y ahora...
+
+--Y ahora--dijo Ponte temblando ante el enérgico acento de Juliana, como
+caña batida del viento--. Y ahora... yo no falto al respeto a las
+señoras. Obdulia es una dama; Doña Francisca otra dama. Pero estas
+señoras damas... me han calumniado, me han herido en mis sentimientos
+más puros, sosteniendo que yo hice la corte a la Benina... y que la
+requerí de amores deshonestos, para que por mí y conmigo faltase a la
+fidelidad que debe al caballero de la Arabia...
+
+--¡Si nosotras no hemos dicho semejante desatino!
+
+--Todo Madrid lo repite... De aquí, de estos salones salió la indigna
+especie. Me acusan de un infame delito: de haber puesto mis ojos en un
+ángel, de blancas alas célicas, de pureza inmaculada. Sepan que yo
+respeto a los ángeles: si Nina fuese criatura mortal, no la habría
+respetado, porque soy hombre... yo he catado rubias y morenas, casadas,
+viudas y doncellas, españolas y parisienses, y ninguna me ha resistido,
+porque me lo merezco... belleza permanente que soy... Pero yo no he
+seducido ángeles, ni los seduciré... Sépalo usted, Frasquita; sépalo,
+Obdulia... la Nina no es de este mundo... la Nina pertenece al cielo...
+Vestida de pobre ha pedido limosna para mantenerlas a ustedes y a mí...
+y a la mujer que eso hace, yo no la seduzco, yo no puedo seducirla, yo
+no puedo enamorarla... Mi hermosura es humana, y la de ella divina; mi
+rostro espléndido es de carne mortal, y el de ella de celeste luz... No,
+no, no la he seducido, no ha sido mía, es de Dios... Y a usted se lo
+digo, Curra Juárez, de Ronda; a usted, que ahora no puede moverse, de lo
+que le pesa en el cuerpo la ingratitud... Yo, porque soy agradecido, soy
+de pluma, y vuelo... ya lo ve... Usted, por ser ingrata, es de plomo, y
+se aplasta contra el suelo... ya lo ve...».
+
+Consternadas hija y madre, gritaban pidiendo socorro a los vecinos. Pero
+Juliana, más valerosa y expeditiva, no pudiendo sufrir con calma los
+impertinentes desvaríos del desdichado Ponte, se fue hacia él furiosa,
+le cogió por las solapas, y comiéndoselo con la mirada y la voz le dijo:
+«Si no se marcha usted pronto de esta casa, so mamarracho, le tiro a
+usted por el balcón».
+
+Y seguramente lo habría hecho, si la Hilaria y la Daniela no cogieran al
+pobre hijo de Algeciras, poniéndole en dos tirones fuera de la puerta.
+Presentáronse los porteros y algunos vecinos, atraídos del alboroto, y
+al ver reunida tanta gente, salieron las cuatro mujeres al rellano de la
+escalera para explicar que aquel sujeto había perdido el juicio,
+trocándose de la más atenta y comedida persona del mundo, en la más
+importuna y desvergonzada. Bajó Frasquito renqueando hasta la meseta
+próxima: allí se paró, mirando para arriba, y dijo: «Ingrata,
+ingrrr...». Quiso concluir la palabra, y una violenta contorsión
+denunció la inutilidad de sus esfuerzos. De su boca no salió más que un
+bramido ronco, como si mano invisible le estrangulara. Vieron todos que
+se le descomponían horrorosamente las facciones, los ojos se le salían
+del casco, la boca se aproximaba a una de las orejas... Alzó los brazos,
+exhaló un ¡ay! angustioso, y se desplomó de golpe. A la caída de su
+cuerpo se estremeció de arriba abajo toda la endeble escalera.
+
+Subiéronle entre cuatro a la casa para prestarle socorro, que ya no
+necesitaba el infeliz. Reconociole Juliana, y secamente dijo: «Está más
+muerto que mi abuelo».
+
+
+
+
+Final
+
+
+Ejemplo de los admirables efectos de la voluntad humana en el gobierno
+de las grandes como de las pequeñas agrupaciones de seres, era Juliana,
+mujer sin principios, que apenas sabía leer y escribir, pero que había
+recibido de Naturaleza el don rarísimo de organizar la vida y regir las
+acciones de los demás. Si conforme le cayó entre las manos la familia de
+Zapata le hubiera tocado gobernar familia de más fuste, o una ínsula, o
+un estado, habría salido muy airosa. En la ínsula de Doña Francisca
+estableció con mano firme la normalidad al mes de haber empuñado las
+riendas, y todos allí andaban derechos, y nadie se rebullía ni osaba
+poner en tela de juicio sus irrevocables mandatos. Verdad que para
+obtener este resultado precioso empleaba el absolutismo puro, el régimen
+de terror; su genio no admitía ni aun observaciones tímidas: su ley era
+su santísima voluntad; su lógica, el palo.
+
+A los caracteres anémicos de la madre y los hijos no les venía mal este
+sistema, ensayado ya con feliz éxito en Antonio. Tal dominio llegó a
+ejercer sobre Doña Francisca, que la pobre viuda no se atrevía ni a
+rezar un Padrenuestro sin pedir su venia a la dictadora, y hasta se
+advertía que antes de suspirar, como tan a menudo lo hacía, la miraba
+como para decirle: «No llevarás a mal que yo suspire un poquito». En
+todo era obedecida ciegamente Juliana por su mamá política, menos en una
+cosa. Mandábale que no estuviese siempre triste, y aunque la esclava
+respondía con frases de acatamiento, bien se echaba de ver que la orden
+no se cumplía. Entraba, pues, la viuda de Zapata en la normalidad
+próspera de su existencia con la cabeza gacha, los ojos caídos, el mirar
+vago, perdido en los dibujos de la estera, el cuerpo apoltronado,
+encariñándose cada día más con la indolencia, el apetito decadente, el
+humor taciturno y desabrido, las ideas negras.
+
+A los quince días de instalarse Doña Francisca en la calle de Orellana,
+juzgó la mandona que más eficaz sería su poder y mejor gobernada estaría
+la familia viviendo todos juntos: general y subalternos. Trasladose,
+pues, y allá fue metiendo su ajuar humilde, y sus chiquillos, y el ama,
+para lo cual antes hizo hueco, echando fuera la mar de tiestos y tibores
+de plantas, y poniendo en la calle a Daniela, que en rigor no servía
+más que de estorbo. A sus funciones de gran canciller agregó pronto las
+de doncella y peinadora de su suegra y cuñada. Así todo se quedaba en
+casa.
+
+Pero como no hay felicidad completa en este pícaro mundo, al mes, poco
+más o menos, de la mudanza, señalada en las efemérides zapatescas por la
+desastrosa muerte de Frasquito Ponte Delgado, empezó a resentirse
+Juliana de alteraciones muy extrañas en su salud. La que por su lozana
+robustez había hecho gala de compararse a las mulas, daba en la tontería
+de padecer lo más contrario a su natural perfectamente equilibrado. ¿Qué
+era ello? Embelecos nerviosos y ráfagas de histerismo, afecciones de que
+Juliana se había reído más de una vez, atribuyéndolas a remilgos de
+mujeres mimosas y a trastornos imaginarios, que, según ella, curaban los
+maridos con _jarabe de fresno_.
+
+Comenzó el mal de Juliana por insomnios rebeldes: se levantaba todas las
+mañanas sin haber pegado los ojos; a los pocos días del insomnio empezó
+a perder el apetito, y, por fin, al no dormir se agregaron sobresaltos y
+angustiosos temores por las noches, y de día una melancolía negra,
+pesada, fúnebre. Lo peor para la familia fue que con estos alifafes
+enojosos no se atenuaba el absolutismo gobernante de la tirana, sino
+que se agravaba. Antonio le proponía sacarla a paseo, y ella a paseo le
+mandaba con cien mil pares de demonios. Hízose displicente, y también
+mal hablada, grosera, insoportable.
+
+Por fin, sus monomanías histéricas se condensaron en una sola, en la
+idea de que los mellizos no gozaban de buena salud. De nada valía la
+evidencia de la extraordinaria robustez de los niños. Con las
+precauciones de que les rodeaba, y los cuidados prolijos y minuciosos
+que en su conservación ponía, les molestaba, les hacía llorar. De noche
+arrojábase del lecho asegurando que las criaturas nadaban en sangre,
+degolladas por un asesino invisible. Si tosían, era que se ahogaban; si
+comían mal, era que les habían envenenado.
+
+Una mañana salió precipitadamente, con mantón y pañuelo a la cabeza, y
+se fue a los barrios del Sur buscando a Benina, con quien tenía que
+hablar. Y por Dios que no gastó pocas horas en encontrarla, porque ya no
+vivía en Santa Casilda, sino en los quintos infiernos, o sea en la
+carretera de Toledo, a mano izquierda del Puente. Allí la encontró
+después de enfadosas pesquisas, dando vueltas y rodeos por aquellos
+extraviados caseríos. Vivía la anciana con el moro en una casita, que
+más bien parecía choza, situada en los terrenos que dominan la
+carretera por el Sur. Almudena iba mejorando de la asquerosa enfermedad
+de la piel; pero aún se veía su rostro enmascarado de costras
+repugnantes: no salía de casa, y la anciana iba todas las mañanitas a
+ganarse la vida pidiendo en San Andrés. No sorprendió poco a Juliana el
+verla en buenas apariencias de salud, y además alegre, sereno el
+espíritu, y bien asentado en el cimiento de la conformidad con su
+suerte.
+
+«Vengo a reñir con usted, _señá_ Benina--le dijo sentándose en una
+piedra, frente a la casucha, junto a la artesa en que la pobre mujer
+lavaba, a respetable distancia del ciego, echadito a la sombra--. Sí,
+señora, porque usted quedó en ir a recoger la comida sobrante en nuestra
+casa, y no ha parecido por allí, ni hemos vuelto a verle el pelo.
+
+--Pues le diré, señora Juliana--replicó Nina--. Puede creerme que no ha
+sido desprecio; no señora, no ha sido desprecio. Es que no lo he
+necesitado. Tengo la comida de otra casa, con lo cual y lo que saco nos
+basta; y así, bien puede usted dárselo a otro pobre, y para su
+conciencia es lo mismo... ¿Qué quiere usted saber? ¿Que quién me da la
+comida? Veo que le pica la curiosidad. Pues debo esa bendita limosna a
+D. Romualdo Cedrón... le he conocido en San Andrés, donde dice la
+Misa... Sí, señora: D. Romualdo, que es un santo, para que lo sepa... Y
+ya estoy segura, después de mucho cavilar, que no es el D. Romualdo que
+yo inventé, sino otro que se parece a él como se parecen dos gotas de
+agua. Inventa unas cosas que luego salen verdad, o las verdades, antes
+de ser verdades, un suponer, han sido mentiras muy gordas... Con que ya
+lo sabe».
+
+Declaró la ribeteadora que se alegraba mucho de lo que oía referir; y
+que puesto que Don Romualdo la favorecía, Doña Paca y ella darían sus
+sobrantes de comida a otros menesterosos. Pero algo más tenía que
+decirle: «Yo estoy en deuda con usted, Benina, pues _dispuse_ que mi
+madre política, a quien gobierno con una hebra de seda, le señalaría a
+usted dos reales diarios... Como no nos hemos visto por ninguna parte,
+no he podido cumplir con usted; pero me pesan, me pesan en la conciencia
+los dos reales diarios, y aquí se los traigo en quince pesetas, que
+hacen el mes completo, _señá_ Benina.
+
+--Pues lo tomo, sí señora--dijo Nina gozosa--; que esto no es de
+despreciar... Vienen a mí estas pesetillas como caídas del cielo, porque
+tengo una deuda con la _Pitusa_, calle de Mediodía Grande, y lo
+arreglamos dándole yo lo que fuera reuniendo, y peseta por duro de
+rédito. Con esto llego a la mitad y un poquito más. Pedradas de estas me
+vengan todos los días, señora Juliana. Sabe que se le agradece, y
+quiera Dios dárselo en salud para sí, y para su marido y los nenes».
+
+Con palabra nerviosa, afluente y un tanto hiperbólica, aseguró la
+chulita que no tenía salud; que padecía de unos males extraños,
+incomprensibles. Pero los llevaba con paciencia, sin cuidarse para nada
+de su propia persona. Lo que la inquietaba, lo que hacía de su
+existencia un atroz suplicio, era la idea de que enfermaran sus niños.
+No era idea, no era temor: era seguridad de que Paquito y Antoñito caían
+malos... se morían sin remedio.
+
+Trató Benina de quitarle de la cabeza tales ideas; pero la otra no se
+dio a partido, y despidiéndose presurosa, tomó la vuelta de Madrid.
+Grande fue la sorpresa de la anciana y del moro al verla aparecer a la
+mañana siguiente muy temprano, agitada, trémula, echando lumbre por los
+ojos. El diálogo fue breve, y de mucha substancia o miga psicológica.
+
+«¿Qué te pasa, Juliana?--le preguntó Nina tuteándola por primera vez.
+
+--¿Qué me ha de pasar? ¡Que los niños se me mueren!
+
+--¡Ay, Dios mío, qué pena! ¿Están malitos?
+
+--Sí... digo, no: están buenos. Pero a mí me atormenta la idea de que se
+mueren... ¡Ay, Nina de mi alma, no puedo echar esta idea de mí! No hago
+más que llorar y llorar... Ya lo ve usted...
+
+--Ya lo veo, sí. Pero si es una idea, haz por quitártela de la cabeza,
+mujer.
+
+--A eso vengo, _señá_ Benina, porque desde anoche se me ha metido en la
+cabeza otra idea: que usted, usted sola, me puede curar.
+
+--¿Cómo?
+
+--Diciéndome que no debo creer que se mueren los niños... mandándome que
+no lo crea.
+
+--¿Yo?...
+
+--Si usted me lo afirma, lo creeré, y me curaré de esta maldita idea...
+Porque... lo digo claro: yo he pecado, yo soy mala...
+
+--Pues, hija, bien fácil es curarte. Yo te digo que tus niños no se
+mueren, que tus hijos están sanos y robustos.
+
+--¿Ve usted?... La alegría que me da es señal de que usted sabe lo que
+dice... Nina, Nina, es usted una santa.
+
+--Yo no soy santa. Pero tus niños están buenos y no padecen ningún mal...
+No llores... y ahora vete a tu casa, y no vuelvas a pecar».
+
+FIN DE LA NOVELA
+
+Madrid, Marzo-Abril de 1897
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Misericordia, by Benito Pérez Galdós
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MISERICORDIA ***
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
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+
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+Literary Archive Foundation
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+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
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+increasing the number of public domain and licensed works that can be
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
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+
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+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
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+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+
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+The Project Gutenberg EBook of Misericordia, by Benito Pérez Galdós
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Misericordia
+
+Author: Benito Pérez Galdós
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+Release Date: June 14, 2007 [EBook #21831]
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MISERICORDIA ***
+
+
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+Produced by Chuck Greif
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+<hr />
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+<h2>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+<hr />
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+<p><a name="toc" id="toc"></a></p>
+<table summary="toc">
+<tr><td style="text-indent: -5%;"><b>Cap&iacute;tulos:</b>
+<a href="#I"><b>I, </b></a>
+<a href="#II"><b>II, </b></a>
+<a href="#III"><b>III, </b></a>
+<a href="#IV"><b>IV, </b></a>
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+<a href="#XXIX"><b>XXIX, </b></a>
+<a href="#XXX"><b>XXX, </b></a>
+<a href="#XXXI"><b>XXXI, </b></a>
+<a href="#XXXII"><b>XXXII, </b></a>
+<a href="#XXXIII"><b>XXXIII, </b></a>
+<a href="#XXXIV"><b>XXXIV, </b></a>
+<a href="#XXXV"><b>XXXV, </b></a>
+<a href="#XXXVI"><b>XXXVI, </b></a>
+<a href="#XXXVII"><b>XXXVII, </b></a>
+<a href="#XXXVIII"><b>XXXVIII, </b></a>
+<a href="#XXXIX"><b>XXXIX, </b></a>
+<a href="#XL"><b>XL, </b></a>
+<a href="#Final"><b>Final</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+
+
+<hr />
+<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#toc">I</a></h2>
+
+
+<p>Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebasti&aacute;n...
+mejor ser&aacute; decir la iglesia... dos caras que seguramente son m&aacute;s
+graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfil&aacute;ndolos
+por la calle de Ca&ntilde;izares; con la otra al se&ntilde;or&iacute;o mercantil de la Plaza
+del &Aacute;ngel. Habr&eacute;is notado en ambos rostros una fealdad risue&ntilde;a, del m&aacute;s
+puro Madrid, en quien el car&aacute;cter arquitect&oacute;nico y el moral se a&uacute;nan
+maravillosamente. En la cara del Sur campea, sobre una puerta chabacana,
+la imagen barroca del santo m&aacute;rtir, retorcida, en actitud m&aacute;s bien
+danzante que religiosa; en la del Norte, desnuda de ornatos, pobre y
+vulgar, se alza la torre, de la cual podr&iacute;a creerse que se pone en
+jarras, solt&aacute;ndole cuatro frescas a la Plaza del &Aacute;ngel. Por una y otra
+banda, las caras o fachadas tienen anchuras, quiere decirse, patios
+cercados de verjas mohosas, y en ellos tiestos con lindos arbustos, y un
+mercadillo de flores que recrea la vista. En ninguna parte como aqu&iacute;
+advertir&eacute;is el encanto, la simpat&iacute;a, el <i>&aacute;ngel</i>, dicho sea en andaluz,
+que despiden de s&iacute;, como tenue fragancia, las cosas vulgares, o algunas
+de las infinitas cosas vulgares que hay en el mundo. Feo y pedestre como
+un pliego de aleluyas o como los romances de ciego, el edificio
+bifronte, con su torre <i>barbiana</i>, el cupul&iacute;n de la capilla de la
+Novena, los irregulares techos y cortados muros, con su afeite barato de
+ocre, sus patios floridos, sus hierros mohosos en la calle y en el alto
+campanario, ofrece un conjunto gracioso, picante, <i>majo</i>, por decirlo de
+una vez. Es un rinconcito de Madrid que debemos conservar cari&ntilde;osamente,
+como anticuarios coleccionistas, porque la caricatura monumental tambi&eacute;n
+es un arte. Admiremos en este San Sebasti&aacute;n, heredado de los tiempos
+viejos, la estampa rid&iacute;cula y tosca, y guard&eacute;moslo como un lindo
+mamarracho.</p>
+
+<p>Con tener honores de puerta principal, la del Sur es la menos favorecida
+de fieles en d&iacute;as ordinarios, ma&ntilde;ana y tarde. Casi todo el se&ntilde;or&iacute;o entra
+por la del Norte, que m&aacute;s parece puerta excusada o familiar. Y no
+necesitaremos hacer estad&iacute;stica de los feligreses que acuden al sagrado
+culto por una parte y otra, porque tenemos un <i>contador</i> infalible: los
+pobres. Mucho m&aacute;s numerosa y formidable que por el Sur es por el Norte
+la cuadrilla de miseria, que acecha el paso de la caridad, al modo de
+guardia de alcabaleros que cobra humanamente el portazgo en la frontera
+de lo divino, o la contribuci&oacute;n impuesta a las conciencias impuras que
+van a donde lavan.</p>
+
+<p>Los que hacen la guardia por el Norte ocupan distintos puestos en el
+patinillo y en las dos entradas de este por las calles de las Huertas y
+San Sebasti&aacute;n, y es tan estrat&eacute;gica su colocaci&oacute;n, que no puede
+escaparse ning&uacute;n feligr&eacute;s como no entre en la iglesia por el tejado. En
+rigurosos d&iacute;as de invierno, la lluvia o el fr&iacute;o glacial no permiten a
+los intr&eacute;pidos soldados de la miseria destacarse al aire libre (aunque
+los hay constituidos milagrosamente para aguantar a pie firme las
+inclemencias de la atm&oacute;sfera), y se repliegan con buen orden al t&uacute;nel o
+pasadizo que sirve de ingreso al templo parroquial, formando en dos alas
+a derecha e izquierda. Bien se comprende que con esta formidable
+ocupaci&oacute;n del terreno y t&aacute;ctica exquisita, no se escapa un cristiano, y
+forzar el t&uacute;nel no es menos dif&iacute;cil y glorioso que el memorable paso de
+las Term&oacute;pilas. Entre ala derecha y ala izquierda, no baja de docena y
+media el aguerrido contingente, que componen ancianos audaces, ind&oacute;mitas
+viejas, ciegos machacones, reforzados por ni&ntilde;os de una acometividad
+irresistible (enti&eacute;ndase que se aplican estos t&eacute;rminos al arte de la
+postulaci&oacute;n), y all&iacute; se est&aacute;n desde que Dios amanece hasta la hora de
+comer, pues tambi&eacute;n aquel ej&eacute;rcito se raciona met&oacute;dicamente, para volver
+con nuevos br&iacute;os a la campa&ntilde;a de la tarde. Al caer de la noche, si no
+hay Novena con serm&oacute;n, Santo Rosario con meditaci&oacute;n y pl&aacute;tica, o
+Adoraci&oacute;n Nocturna, se retira el ej&eacute;rcito, march&aacute;ndose cada combatiente
+a su olivo con tardo paso. Ya le seguiremos en su interesante regreso al
+escondrijo donde mal vive. Por de pronto, observ&eacute;mosle en su rudo luchar
+por la p&iacute;cara existencia, y en el terrible campo de batalla, en el cual
+no hemos de encontrar charcos de sangre ni militares despojos, sino
+pulgas y otras feroces alima&ntilde;as.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana de Marzo, ventosa y glacial, en que se helaban las palabras
+en la boca, y azotaba el rostro de los transe&uacute;ntes un polvo que por lo
+fr&iacute;o parec&iacute;a nieve molida, se repleg&oacute; el ej&eacute;rcito al interior del
+pasadizo, quedando s&oacute;lo en la puerta de hierro de la calle de San
+Sebasti&aacute;n un ciego entrado en a&ntilde;os, de nombre Pulido, que deb&iacute;a de
+tener cuerpo de bronce, y por sangre alcohol o mercurio, seg&uacute;n resist&iacute;a
+las temperaturas extremas, siempre fuerte, sano, y con unos colores que
+daban envidia a las flores del cercano puesto. La florista se repleg&oacute;
+tambi&eacute;n en el interior de su garita, y metiendo consigo los tiestos y
+manojos de siemprevivas, se puso a tejer coronas para ni&ntilde;os muertos. En
+el patio, que fue <i>Zementerio de S. Sebasti&aacute;n</i>, como declara el azulejo
+empotrado en la pared sobre la puerta, no se ve&iacute;an m&aacute;s seres vivientes
+que las poqu&iacute;simas se&ntilde;oras que a la carrera lo atravesaban para entrar
+en la iglesia o salir de ella, tap&aacute;ndose la boca con la misma mano en
+que llevaban el libro de oraciones, o alg&uacute;n cl&eacute;rigo que se encaminaba a
+la sacrist&iacute;a, con el manteo arrebatado del viento, como p&aacute;jaro negro que
+ahueca las plumas y estira las alas, asegurando con su mano crispada la
+teja, que tambi&eacute;n quer&iacute;a ser p&aacute;jaro y darse una vuelta por encima de la
+torre.</p>
+
+<p>Ninguno de los entrantes o salientes hac&iacute;a caso del pobre Pulido, porque
+ya ten&iacute;an costumbre de verle imp&aacute;vido en su guardia, tan insensible a la
+nieve como al calor sofocante, con su mano extendida, mal envuelto en
+ra&iacute;da capita de pa&ntilde;o pardo, modulando sin cesar palabras tristes, que
+sal&iacute;an congeladas de sus labios. Aquel d&iacute;a, el viento jugaba con los
+pelos blancos de su barba, meti&eacute;ndoselos por la nariz y peg&aacute;ndoselos al
+rostro, h&uacute;medo por el lagrimeo que el intenso fr&iacute;o produc&iacute;a en sus
+muertos ojos. Eran las nueve, y a&uacute;n no se hab&iacute;a estrenado el hombre. D&iacute;a
+m&aacute;s <i>perro</i> que aquel no se hab&iacute;a visto en todo el a&ntilde;o, que desde Reyes
+ven&iacute;a siendo un a&ntilde;o fulastre, pues el d&iacute;a del santo patrono (20 de
+Enero) s&oacute;lo <i>se hab&iacute;an hecho</i> doce <i>chicas</i>, la mitad aproximadamente que
+el a&ntilde;o anterior, y la Candelaria y la novena del bendito San Blas, que
+otros a&ntilde;os fueron tan de provecho, vinieron en aquel con diarios de
+siete <i>chicas</i>, de cinco <i>chicas</i>: &iexcl;valiente pu&ntilde;ado! &laquo;Y me <i>paice</i> a
+m&iacute;&mdash;dec&iacute;a para sus andrajos el buen Pulido, bebi&eacute;ndose las l&aacute;grimas y
+escupiendo los pelos de su barba&mdash;, que el amigo San Jos&eacute; tambi&eacute;n nos
+vendr&aacute; con mala pata... &iexcl;Qui&eacute;n se acuerda del San Jos&eacute; del primer a&ntilde;o de
+Amadeo!... Pero ya ni los santos del cielo son como es debido. Todo se
+acaba, Se&ntilde;or, hasta <i>el fruto de la festivid&aacute;</i>, o, como quien dice, la
+<i>probeza honrada</i>. Todo es por tanto pillo como hay en la pol&iacute;tica
+<i>pulpitante</i>, y el aquel de las suscriciones para las <i>v&iacute;timas</i>. Yo que
+Dios, mandar&iacute;a a los &aacute;ngeles que reventaran a todos esos que en los
+papeles andan siempre inventando <i>v&iacute;timas</i>, al cuento de jorobarnos a
+los pobres <i>de tanda</i>. Limosna hay, buenas almas hay; pero liberales por
+un lado, el <i>Congrieso</i> dichoso, y por otro las <i>congriogaciones</i>, los
+<i>metingos</i> y <i>discursiones</i> y tantas cosas de imprenta, quitan la
+voluntad a los m&aacute;s cristianos... Lo que digo: quieren que no <i>haiga</i>
+pobres, y se saldr&aacute;n con la suya. Pero <i>pa</i> entonces, yo quiero saber
+qui&eacute;n es el guapo que saca las &aacute;nimas del Purgatorio... Ya, ya se
+pudrir&aacute;n all&aacute; las se&ntilde;oras almas, sin que la cristiandad se acuerde de
+ellas, porque... a m&iacute; que no me digan: el rezo de los ricos, con la
+barriga bien llena y las carnes bien abrigadas, no vale... por Dios vivo
+que no vale&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar aqu&iacute; en su meditaci&oacute;n, acerc&oacute;sele un sujeto de baja estatura,
+con luenga capa que casi le arrastraba, rechoncho, como de sesenta a&ntilde;os,
+de dulce mirar, la barba cana y recortada, vestido con desali&ntilde;o; y
+poni&eacute;ndole en la mano una perra grande, que sac&oacute; de un cartucho que sin
+duda destinaba a las limosnas del d&iacute;a, le dijo: &laquo;No te la esperabas hoy:
+di la verdad. &iexcl;Con este d&iacute;a!...</p>
+
+<p>---S&iacute; que la esperaba, mi Sr. D. Carlos&mdash;replic&oacute; el ciego besando la
+moneda&mdash;, porque hoy es el <i>universario</i>, y usted no hab&iacute;a de faltar,
+aunque se helara el cero de los <i>terremotos</i> (sin duda quer&iacute;a decir
+<i>term&oacute;metros</i>).</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad. Yo no falto. Gracias a Dios, me voy defendiendo, que no es
+flojo milagro con estas heladas y este p&iacute;caro viento Norte, capaz de
+encajarle una pulmon&iacute;a al caballo de la Plaza Mayor. Y t&uacute;, Pulido, ten
+cuidado. &iquest;Por qu&eacute; no te vas adentro?</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy de bronce, Sr. D. Carlos, y a m&iacute; ni la muerte me quiere. Mejor
+se est&aacute; aqu&iacute; con la ventisca, que en los interiores, alternando con esas
+viejas charlatanas, que no tienen educaci&oacute;n... Lo que yo digo: la
+educaci&oacute;n es lo primero, y sin educaci&oacute;n, &iquest;c&oacute;mo quieren que <i>haiga</i>
+caridad?... D. Carlos, que el Se&ntilde;or se lo aumente, y se lo d&eacute; de
+gloria...&raquo;.</p>
+
+<p>Antes de que concluyera la frase, el D. Carlos vol&oacute;; y lo digo as&iacute;,
+porque el terrible hurac&aacute;n hizo presa en su desmedida capa, y all&aacute;
+ver&iacute;ais al hombre, con todo el pa&ntilde;o arremolinado en la cabeza, dando
+tumbos y giros, como un rollo de tela o un pedazo de alfombra
+arrebatados por el viento, hasta que fue a dar de golpe contra la
+puerta, y entr&oacute; ruidosa y atropelladamente, desembarazando su cabeza del
+trapo que la envolv&iacute;a. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a... vaya con el d&iacute;a de porra!&raquo;&mdash;exclamaba
+el buen se&ntilde;or, rodeado del enjambre de pobres, que con chillidos
+pla&ntilde;ideros le saludaron; y las flacas manos de las viejas le ayudaban a
+componer y estirar sobre sus hombros la capa. Acto continuo reparti&oacute; las
+perras, que iba sacando del cartucho una a una, sob&aacute;ndolas un poquito
+antes de entregarlas, para que no se le escurriesen dos pegadas; y
+despidi&eacute;ndose al fin de la pobreter&iacute;a con un sermoncillo gangoso,
+exhort&aacute;ndoles a la paciencia y humildad, guard&oacute; el cartucho, que a&uacute;n
+ten&iacute;a monedas para los de la puerta del frontis de Atocha, y se meti&oacute; en
+la iglesia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#toc">II</a></h2>
+
+
+<p>Tomada el agua bendita, don Carlos Moreno Trujillo se dirigi&oacute; a la
+capilla de Nuestra Se&ntilde;ora de la Blanca. Era hombre tan extremadamente
+met&oacute;dico, que su vida entera encajaba dentro de un programa
+irreductible, determinante de sus actos todos, as&iacute; morales como f&iacute;sicos,
+de las graves resoluciones, as&iacute; como de los pasatiempos insignificantes,
+y hasta del moverse y del respirar. Con un solo ejemplo se demuestra el
+poder de la rutinaria costumbre en aquel santo var&oacute;n, y es que, viviendo
+en aquellos d&iacute;as de su ancianidad en la calle de Atocha, entraba siempre
+por la verja de la calle de San Sebasti&aacute;n y puerta del Norte, sin que
+hubiera para ello otra raz&oacute;n que la de haber usado dicha entrada en los
+treinta y siete a&ntilde;os que vivi&oacute; en su renombrada casa de comercio de la
+Plazuela del &Aacute;ngel. Sal&iacute;a invariablemente por la calle de Atocha, aunque
+a la salida tuviera que visitar a su hija, habitante en la calle de la
+Cruz.</p>
+
+<p>Humillado ante el altar de los Dolores, y despu&eacute;s ante la imagen de San
+Lesmes, permanec&iacute;a buen rato en abstracci&oacute;n m&iacute;stica; despacito recorr&iacute;a
+todas las capillas y retablos, guardando un orden que en ninguna ocasi&oacute;n
+se alteraba; o&iacute;a luego dos misitas, siempre dos, ni una m&aacute;s ni una
+menos; hac&iacute;a otro recorrido de altares, terminando infaliblemente en la
+capilla del Cristo de la Fe; pasaba un ratito a la sacrist&iacute;a, donde con
+el coadjutor o el sacrist&aacute;n se permit&iacute;a una breve charla, tratando del
+tiempo, o de <i>lo malo que est&aacute; todo</i>, o bien de comentar el c&oacute;mo y el
+por qu&eacute; de que viniera turbia el agua del Lozoya, y se marchaba por la
+puerta que da a la calle de Atocha, donde repart&iacute;a las &uacute;ltimas monedas
+del cartucho. Tal era su previsi&oacute;n, que rara vez dejaba de llevar la
+cantidad necesaria para los pobres de uno y otro costado: como
+aconteciera el caso inaudito de faltarle una pieza, ya sab&iacute;a el mendigo
+que la ten&iacute;a segura al d&iacute;a siguiente; y si sobraba, se corr&iacute;a el buen
+se&ntilde;or al oratorio de la calle del Olivar en busca de una mano desdichada
+en que ponerla.</p>
+
+<p>Pues se&ntilde;or, entr&oacute; D. Carlos en la iglesia, como he dicho, por la puerta
+que llamaremos del Cementerio de San Sebasti&aacute;n, y las ancianas y ciegos
+de ambos sexos que acababan de recibir de &eacute;l la limosna, se pusieron a
+picotear, pues mientras no entrara o saliera alguien a quien acometer,
+&iquest;qu&eacute; hab&iacute;an de hacer aquellos infelices m&aacute;s que enga&ntilde;ar su inanici&oacute;n y
+sus tristes horas, regal&aacute;ndose con la comidilla que nada les cuesta, y
+que, picante o desabrida, siempre tienen a mano para con ella saciarse?
+En esto son iguales a los ricos: quiz&aacute;s les llevan ventaja, porque
+cuando tocan a charlar, no se ven cohibidos por las conveniencias
+usuales de la conversaci&oacute;n, que poniendo entre el pensamiento y la
+palabra gruesa costra etiquetera y gramatical, embotan el gusto inefable
+del dime y direte.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No <i>vus</i> dije que D. Carlos no faltaba hoy? Ya lo hab&eacute;is visto. Decir
+ahora si yo me equivoco y no estoy al tanto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n lo dije... Toma... como que es el <i>aniversario del mes</i>, d&iacute;a
+24; quiere decir que cumple mes la defunci&oacute;n de su esposa, y Don Carlos
+bendito no falta este d&iacute;a, aunque lluevan ruedas de molino, porque otro
+m&aacute;s cristiano, sin agraviar, no lo hay en Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo me tem&iacute;a que no viniera, motivado al fr&iacute;o que hace, y pens&eacute;
+que, por ser d&iacute;a de perra gorda, el buen se&ntilde;or suprim&iacute;a la <i>festivid&aacute;</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Hubi&eacute;ralo dado ma&ntilde;ana, bien lo sabes, Crescencia, que D. Carlos sabe
+cumplir y paga lo que debe.</p>
+
+<p>&mdash;Hubi&eacute;ranos dado ma&ntilde;ana la gorda de hoy, eso s&iacute;; pero quit&aacute;ndonos la
+chica de ma&ntilde;ana. Pues &iquest;qu&eacute; crees t&uacute;, que aqu&iacute; no sabemos de cuentas? Sin
+agraviar, yo s&eacute; ajustarlas como la misma luz, y s&eacute; que el D. Carlos,
+cuando se le hace mucho lo que nos da, se pone malo por ahorrarse
+algunos d&iacute;as, lo cual que ha de saberle mal a la difunta.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, mala lengua.</p>
+
+<p>&mdash;Mala lengua t&uacute;, y... &iquest;quieres que te lo diga?... &iexcl;adulona!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lenguaza!&raquo;.</p>
+
+<p>Eran tres las que as&iacute; chismorreaban, sentaditas a la derecha, seg&uacute;n se
+entra, formando un grupo separado de los dem&aacute;s pobres, una de ellas
+ciega, o por lo menos cegata; las otras dos con buena vista, todas
+vestidas de andrajos, y abrigadas con pa&ntilde;olones negros o grises. La
+<i>se&ntilde;&aacute;</i> Casiana, alta y huesuda, hablaba con cierta arrogancia, como quien
+tiene o cree tener autoridad; y no es inveros&iacute;mil que la tuviese, pues
+en donde quiera que para cualquier fin se re&uacute;nen media docena de seres
+humanos, siempre hay uno que pretende imponer su voluntad a los dem&aacute;s,
+y, en efecto, la impone. Crescencia se llamaba la ciega o cegata,
+siempre hecha un ovillo, mostrando su rostro diminuto, y sacando del
+envoltorio que con su arrollado cuerpo formaba, la flaca y rugosa mano
+de largas u&ntilde;as. La que en el anterior coloquio pronunciara frases
+altaneras y descorteses ten&iacute;a por nombre <i>Flora</i> y por apodo <i>la
+Burlada</i>, cuyo origen y sentido se ignora, y era una viejecilla peque&ntilde;a
+y vivaracha, irascible, parlanchina, que resolv&iacute;a y alborotaba el
+miserable cotarro, indisponiendo a unos con otros, pues siempre ten&iacute;a
+que decir algo picante y mal&eacute;volo cuando los dem&aacute;s <i>repartijaban</i>, y
+nunca distingu&iacute;a de pobres y ricos en sus cr&iacute;ticas acerbas. Sus ojuelos
+sagaces, lacrimosos, gatunos, irradiaban la desconfianza y la malicia.
+Su nariz estaba reducida a una bolita roja, que bajaba y sub&iacute;a al mover
+de labios y lengua en su charla vertiginosa. Los dos dientes que en sus
+enc&iacute;as quedaban, parec&iacute;an correr de un lado a otro de la boca,
+asom&aacute;ndose tan pronto por aqu&iacute;, tan pronto por all&aacute;, y cuando terminaba
+su perorata con un gesto de desd&eacute;n supremo o de terrible sarcasmo,
+cerr&aacute;base de golpe la boca, los labios se met&iacute;an uno dentro de otro, y
+la barbilla roja, mientras callaba la lengua, segu&iacute;a expresando las
+ideas con un temblor insultante.</p>
+
+<p>Tipo contrario al de <i>la Burlada</i> era el de <i>se&ntilde;&aacute;</i> Casiana: alta,
+huesuda, flaca, si bien no se apreciaba f&aacute;cilmente su delgadez por
+llevar, seg&uacute;n dicho de la gente maliciosa, mucha y buena ropa debajo de
+los pingajos. Su cara largu&iacute;sima como si por m&aacute;quina se la estiraran
+todos los d&iacute;as, oprimi&eacute;ndole los carrillos, era de lo m&aacute;s desapacible y
+feo que puede imaginarse, con los ojos reventones, espantados, sin
+brillo ni expresi&oacute;n, ojos que parec&iacute;an ciegos sin serlo; la nariz de
+gancho, desairada; a gran distancia de la nariz, la boca, de labios
+delgad&iacute;simos, y, por fin, el maxilar largo y huesudo. Si vale comparar
+rostros de personas con rostros de animales, y si para conocer a <i>la
+Burlada</i> podr&iacute;amos imaginarla como un gato que hubiera perdido el pelo
+en una ri&ntilde;a, seguida de un chapuz&oacute;n, digamos que era la Casiana como un
+caballo viejo, y perfecta su semejanza con los de la plaza de toros,
+cuando se tapaba con venda oblicua uno de los ojos, qued&aacute;ndose con el
+otro libre para el fisgoneo y vigilancia de sus cofrades. Como en toda
+regi&oacute;n del mundo hay clases, sin que se except&uacute;en de esta divisi&oacute;n
+capital las m&aacute;s &iacute;nfimas jerarqu&iacute;as, all&iacute; no eran todos los pobres lo
+mismo. Las viejas, principalmente, no permit&iacute;an que se alterase el
+principio de distinci&oacute;n capital. Las <i>antiguas</i>, o sea las que llevaban
+ya veinte o m&aacute;s a&ntilde;os de pedir en aquella iglesia, disfrutaban de
+preeminencias que por todos eran respetadas, y las <i>nuevas</i> no ten&iacute;an
+m&aacute;s remedio que conformarse. Las <i>antiguas</i> disfrutaban de los mejores
+puestos, y a ellas solas se conced&iacute;a el derecho de pedir dentro, junto
+a la pila de agua bendita. Como el sacrist&aacute;n o el coadjutor alterasen
+esta jurisprudencia en beneficio de alguna <i>nueva</i>, ya les hab&iacute;a ca&iacute;do
+que hacer. Arm&aacute;base tal tumulto, que en muchas ocasiones era forzoso
+acudir a la ronda o a la pareja de vigilancia. En las limosnas
+colectivas y en los repartos de bonos, llevaban preferencia las
+<i>antiguas</i>; y cuando alg&uacute;n parroquiano daba una cantidad cualquiera para
+que fuese distribuida entre todos, la antig&uuml;edad reclamaba el derecho a
+la repartici&oacute;n, apropi&aacute;ndose la cifra mayor, si la cantidad no era
+f&aacute;cilmente divisible en partes iguales. Fuera de esto, exist&iacute;an la
+preponderancia moral, la autoridad t&aacute;cita adquirida por el largo
+dominio, la fuerza invisible de la anterioridad. Siempre es fuerte el
+antiguo, como el novato siempre es d&eacute;bil, con las excepciones que pueden
+determinar en algunos casos los caracteres. La Casiana, car&aacute;cter duro,
+dominante, de un ego&iacute;smo elemental, era la m&aacute;s antigua de las antiguas;
+<i>la Burlada</i>, levantisca, revoltosilla, picotera y maleante, era la m&aacute;s
+nueva de las nuevas; y con esto queda dicho que cualquier suceso trivial
+o palabra balad&iacute; eran el fulminante que hac&iacute;a brotar entre ellas la
+chispa de la discordia.</p>
+
+<p>La disputilla referida anteriormente fue cortada por la entrada o
+salida de fieles. Pero <i>la Burlada</i> no pod&iacute;a refrenar su reconcomio, y
+en la primera ocasi&oacute;n, viendo que la Casiana y el ciego Almudena (de
+quien se hablar&aacute; despu&eacute;s) recib&iacute;an aquel d&iacute;a m&aacute;s limosna que los dem&aacute;s,
+se deslengu&oacute; nuevamente con la <i>antigua</i>, dici&eacute;ndole: &laquo;Adulona, m&aacute;s que
+adulona, &iquest;crees que no s&eacute; que est&aacute;s rica, y que en Cuatro Caminos tienes
+casa con muchas gallinas, y muchas palomas, y conejos muchos? Todo se
+sabe.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate la boca, si no quieres que d&eacute; parte a D. Sen&eacute;n para que te
+ense&ntilde;e la educaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A ver!...</p>
+
+<p>&mdash;No vociferes, que ya oyes la campanilla de alzar la Majestad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;oras, por Dios&mdash;dijo un lisiado que en pie ocupaba el sitio m&aacute;s
+pr&oacute;ximo a la iglesia&mdash;. Arreparen que est&aacute;n alzando el Sant&iacute;simo
+Sacramento.</p>
+
+<p>&mdash;Es esta habladora, escorpionaza.</p>
+
+<p>&mdash;Es esta dominanta... &iexcl;A ver!... Pues, hija, ya que eres <i>caporala</i>, no
+tires tanto de la cuerda, y deja que las <i>nuevas</i> alcancemos algo de la
+limosna, que todas <i>semos</i> hijas de Dios... &iexcl;A ver!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Silencio, digo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, hija... ni que <i>fuas</i> C&aacute;novas!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#toc">III</a></h2>
+
+
+<p>M&aacute;s adentro, como a la mitad del pasadizo, a la izquierda, hab&iacute;a otro
+grupo, compuesto de un ciego, sentado; una mujer, tambi&eacute;n sentada, con
+dos ni&ntilde;as peque&ntilde;uelas, y junto a ella, en pie, silenciosa y r&iacute;gida, una
+vieja con traje y manto negros. Algunos pasos m&aacute;s all&aacute;, a corta
+distancia de la iglesia, se apoyaba en la pared, cargando el cuerpo
+sobre las muletas, el cojo y manco El&iacute;seo Mart&iacute;nez, que gozaba el
+privilegio de vender en aquel sitio <i>La Semana Cat&oacute;lica</i>. Era, despu&eacute;s
+de Casiana, la persona de m&aacute;s autoridad y mangoneo en la cuadrilla, y
+como su lugarteniente o mayor general.</p>
+
+<p>Total: siete reverendos mendigos, que espero han de quedar bien
+registrados aqu&iacute;, con las convenientes distinciones de figura, palabra y
+car&aacute;cter. Vamos con ellos.</p>
+
+<p>La mujer de negro vestida, m&aacute;s que vieja, envejecida prematuramente,
+era, adem&aacute;s de <i>nueva</i>, temporera, porque acud&iacute;a a la mendicidad por
+lapsos de tiempo m&aacute;s o menos largos, y a lo mejor desaparec&iacute;a, sin duda
+por encontrar un buen acomodo o almas caritativas que la socorrieran.
+Respond&iacute;a al nombre de la <i>se&ntilde;&aacute; Benina</i> (de lo cual se infiere que
+Benigna se llamaba), y era la m&aacute;s callada y humilde de la comunidad, si
+as&iacute; puede decirse; bien criada, modosa y con todas las trazas de
+perfecta sumisi&oacute;n a la divina voluntad. Jam&aacute;s importunaba a los
+<i>parroquianos</i> que entraban o sal&iacute;an; en los <i>repartos</i>, aun siendo
+leoninos, nunca formul&oacute; protesta, ni se la vio siguiendo de cerca ni de
+lejos la bandera turbulenta y demag&oacute;gica de la <i>Burlada</i>. Con todas y
+con todos hablaba el mismo lenguaje afable y comedido; trataba con
+miramiento a la Casiana, con respeto al cojo, y &uacute;nicamente se permit&iacute;a
+trato confianzudo, aunque sin salirse de los t&eacute;rminos de la decencia,
+con el ciego llamado Almudena, del cual, por el pronto, no dir&eacute; m&aacute;s sino
+que es &aacute;rabe, del Sus, tres d&iacute;as de jornada m&aacute;s all&aacute; de Marrakesh.
+Fijarse bien.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a la Benina voz dulce, modos hasta cierto punto finos y de buena
+educaci&oacute;n, y su rostro moreno no carec&iacute;a de cierta gracia interesante
+que, manoseada ya por la vejez, era una gracia borrosa y apenas
+perceptible. M&aacute;s de la mitad de la dentadura conservaba. Sus ojos,
+grandes y obscuros, apenas ten&iacute;an el ribete rojo que imponen la edad y
+los fr&iacute;os matinales. Su nariz destilaba menos que las de sus compa&ntilde;eras
+de oficio, y sus dedos, rugosos y de abultadas coyunturas, no
+terminaban en u&ntilde;as de cern&iacute;calo. Eran sus manos como de lavandera, y a&uacute;n
+conservaban h&aacute;bitos de aseo. Usaba una venda negra bien ce&ntilde;ida en la
+frente; sobre ella pa&ntilde;uelo negro, y negros el manto y vestido, algo
+mejor apa&ntilde;aditos que los de las otras ancianas. Con este pergenio y la
+expresi&oacute;n sentimental y dulce de su rostro, todav&iacute;a bien compuesto de
+l&iacute;neas, parec&iacute;a una Santa Rita de Casia que andaba por el mundo en
+penitencia. Falt&aacute;banle s&oacute;lo el crucifijo y la llaga en la frente, si
+bien podr&iacute;a creerse que hac&iacute;a las veces de esta el lobanillo del tama&ntilde;o
+de un garbanzo, redondo, c&aacute;rdeno, situado como a media pulgada m&aacute;s
+arriba del entrecejo.</p>
+
+<p>A eso de las diez, la Casiana sali&oacute; al patio para ir a la sacrist&iacute;a
+(donde ten&iacute;a gran metimiento, como <i>antigua</i>), para tratar con D. Sen&eacute;n
+de alguna incumbencia desconocida para los compa&ntilde;eros y por lo mismo muy
+comentada. Lo mismo fue salir la <i>caporala</i>, que correrse la Burlada
+hacia el otro grupo, como un envoltorio que se echara a rodar por el
+pasadizo, y sent&aacute;ndose entre la mujer que ped&iacute;a con dos ni&ntilde;as, llamada
+Demetria, y el ciego marroqu&iacute;, dio suelta a la lengua, m&aacute;s cortante y
+afilada que las diez u&ntilde;as lagartijeras de sus dedos negros y rapantes.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero qu&eacute;, no cre&eacute;is lo que vos dije? La <i>caporala</i> es rica, mismamente
+rica, tal como lo est&aacute;is oyendo, y todo lo que coge aqu&iacute; nos lo quita a
+las que <i>semos</i> de verdadera <i>solenid&aacute;</i>, porque no tenemos m&aacute;s que el
+d&iacute;a y la noche.</p>
+
+<p>&mdash;Vive por all&aacute; arriba&mdash;indic&oacute; la Crescencia&mdash;, <i>orilla en ca los Pa&uacute;les</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&aacute;, no, se&ntilde;ora! Eso era antes. Yo lo s&eacute; todo&mdash;prosigui&oacute; la Burlada,
+haciendo presa en el aire con sus u&ntilde;as&mdash;. A m&iacute; no me la da &eacute;sa, y he
+tomado lenguas. Vive en Cuatro Caminos, donde tiene corral, y en &eacute;l
+cr&iacute;a, con perd&oacute;n, un cerdo; sin agraviar a nadie, el mejor cerdo de
+Cuatro Caminos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha visto usted la jorobada que viene por ella?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que si la he visto? Esa cree que <i>semos</i> bobas. La corcovada es su
+hija, y por m&aacute;s se&ntilde;as costurera, &iquest;sabes?, y con achaque de la joroba,
+pide tambi&eacute;n. Pero es modista, y gana dinero para casa... Total, que
+all&iacute; son ricos, el Se&ntilde;or me perdone; ricos sinvergonzonazos, que enga&ntilde;an
+a nosotras y a la Santa Iglesia cat&oacute;lica, apost&oacute;lica. Y como no gasta
+nada en comer, porque tiene dos o tres casas de donde le traen todos los
+d&iacute;as los cazolones de cocido, que es la gloria de Dios... &iexcl;a ver!</p>
+
+<p>&mdash;Ayer&mdash;dijo Demetria quit&aacute;ndole la teta a la ni&ntilde;a&mdash;, bien lo <i>vide</i>. Le
+trajeron...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pues un arroz con almejas, que lo menos hab&iacute;a para siete personas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A ver!... &iquest;Est&aacute;s segura de que era con almejas? &iquest;Y qu&eacute;, <i>gol&iacute;a</i> bien?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya si <i>gol&iacute;a</i>!... Los cazolones los tiene en <i>ca</i> el sacrist&aacute;n. All&iacute;
+vienen y se los llenan, y hala con todo para Cuatro Caminos.</p>
+
+<p>&mdash;El marido...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la Burlada echando lumbre por los ojos&mdash;, es uno que
+vende teas y perejil... Ha sido <i>melitar</i>, y tiene siete cruces sencillas
+y una con cinco <i>riales</i>... Ya ves qu&eacute; familia. Y aqu&iacute; me tienes que hoy
+no he comido m&aacute;s que un corrusco de pan; y si esta noche no me da cobijo
+la Ricarda en el caj&oacute;n de Chamber&iacute;, tendr&eacute; que quedarme al santo raso.
+&iquest;T&uacute; qu&eacute; dices, Almudena?</p>
+
+<p>El ciego murmuraba. Preguntado segunda vez, dijo con &aacute;spera y
+dificultosa lengua:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hablar vos del <i>Piche</i>? Conocierle m&iacute;. No ser marido la Casiana con
+casarmiento, por la luz bendita, no. Ser quirido, por la bendita luz,
+quirido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con&oacute;cesle t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Conocierle m&iacute;, comprarmi dos rosarios &eacute;l... de mi tierra dos rosarios,
+y una pieldra im&aacute;n. Diniero &eacute;l, mucho diniero... Ser capatazo de la sopa
+en el Sagriado Coraz&oacute;n de all&aacute;... y en toda la probieza de all&aacute;,
+mandando &eacute;l, con garrota &eacute;l... barrio Salmanca... capatazo... Malo, mu
+malo, y no dejar comer... Ser un criado del Goberno, del Goberno malo de
+Ispania, y de los del Banco, aonde estar tuda el diniero en cajas
+soterranas. Guardar &eacute;l, matarnos de hambre &eacute;l...</p>
+
+<p>&mdash;Es lo que faltaba&mdash;dijo la Burlada con aspavientos de oficiosa ira&mdash;; que
+tambi&eacute;n tuvieran dinero en las arcas del Banco esos hormigonazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tanto como eso!... Vaya usted a saber&mdash;indic&oacute; la Demetria, volviendo a
+dar la teta a la criatura, que hab&iacute;a empezado a chillar&mdash;. &iexcl;Calla,
+tragona!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A ver!... Con tanto <i>chup&iacute;o</i>, no s&eacute; c&oacute;mo vives, hija... Y usted, se&ntilde;&aacute;
+Benina, &iquest;qu&eacute; cree?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... &iquest;De qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;De si <i>tien</i> o no <i>tien</i> dinero en el Banco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a m&iacute; qu&eacute;? Con su pan se lo coman.</p>
+
+<p>&mdash;Con el nuestro, &iexcl;ja, ja!... y encima codillo de jam&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A callar se ha dicho!&mdash;grit&oacute; el cojo, vendedor de <i>La Semana</i>&mdash;. Aqu&iacute; se
+viene a lo que se viene, y a guardar la <i>circuspici&oacute;n</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ya callamos, hombre, ya callamos. &iexcl;A ver!... &iexcl;Ni que <i>fuas</i> V&iacute;tor
+Manuel, el que puso preso al Papa!</p>
+
+<p>&mdash;Callar, digo, y tengan m&aacute;s religi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Religi&oacute;n tengo, aunque no como con la Iglesia como t&uacute;, pues yo vivo en
+compa&ntilde;&iacute;a del hambre, y mi negocio es miraros tragar y ver los
+<i>papelaos</i> de cosas ricas que vos traen de las casas. Pero no tenemos
+envidia, &iquest;sabes, Eliseo? y nos alegramos de ser pobres y de morirnos de
+flato, para irnos en globo al cielo, mientras que t&uacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Yo &iquest;qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A ver!... Pues que est&aacute;s rico, Eliseo; no niegues que est&aacute;s rico...
+Con la <i>Semana</i>, y lo que te dan D. Sen&eacute;n y el se&ntilde;or cura... Ya sabemos:
+el que parte y reparte... No es por murmurar: Dios me libre. Bendita sea
+nuestra santa miseria... El Se&ntilde;or te lo aumente. D&iacute;golo porque te estoy
+agradecida, Eliseo. Cuando me cogi&oacute; el coche en la calle de la Luna...
+fue el d&iacute;a que llevaron a ese Sr. de Zorrilla... pues, como digo, mes y
+medio estuve en el <i>espital</i>, y cuando sal&iacute;, t&uacute;, vi&eacute;ndome sola y
+desamparada, me dijiste: &laquo;<i>Se&ntilde;&aacute;</i> Flora, &iquest;por qu&eacute; no se pone a pedir en
+un templo, quit&aacute;ndose de la <i>santimperie</i>, y arrim&aacute;ndose al cisco de la
+religi&oacute;n? V&eacute;ngase conmigo y ver&aacute; c&oacute;mo puede sacar un diario, sin rodar
+por las calles, y tratando con pobres decentes&raquo;. Eso me dijiste, Eliseo,
+y yo me ech&eacute; a llorar, y me vine ac&aacute; contigo. De lo cual vino el estar
+yo aqu&iacute;, y muy agradecida a tu <i>conduta</i> fina y de caballero. Sabes que
+rezo un Padrenuestro por ti todos los d&iacute;as, y le pido al Se&ntilde;or que te
+haga m&aacute;s rico de lo que eres; que vendas <i>sinfinid&aacute;</i> de <i>Semanas</i>, y
+que te traigan buen bodrio del caf&eacute; y de la casa de los se&ntilde;ores condes,
+para que te hartes t&uacute; y la <i>carreterona</i> de tu mujer. &iquest;Qu&eacute; importa que
+Crescencia y yo, y este pobre Almudena, nos desayunemos a las <i>doce del
+mediod&iacute;a</i> con un mendrugo, que servir&iacute;a para empedrar las santas calles?
+Yo le pido al Se&ntilde;or que no te falte para el aguardentazo. T&uacute; lo
+necesitas para vivir; yo me morir&iacute;a si lo catara... &iexcl;Y ojal&aacute; que tus dos
+hijos lleguen a duques! Al uno le tienes de aprendiz de tornero, y te
+mete en casa seis reales cada semana; al otro le tienes en una taberna
+de las Maldonadas, y saca buenas propinillas de las golfas, con
+perd&oacute;n... El Se&ntilde;or te los conserve, y te los aumente cada a&ntilde;o, y v&eacute;ate
+yo vestido de terciopelo y con una pata nueva de palo santo, y a tu
+tarasca v&eacute;ala yo con sombrero de plumas. Soy agradecida: se me ha
+olvidado el comer, de las hambres que paso; pero no tengo malos
+quereres, Eliseo de mi alma, y lo que a m&iacute; me falta tenlo t&uacute;, y come y
+bebe, y emborr&aacute;chate; y ten casa de balc&oacute;n con mesas de <i>de noche</i>, y
+camas de hierro con sus colchas rameadas, tan limpias como las del Rey;
+y ten hijos que lleven boina nueva y alpargata de suela, y ni&ntilde;a que
+gaste toquilla rosa y zapatito de charol los domingos, y ten un buen
+anafre, y buenos felpudos para delante de las camas, y cocina de <i>co</i>,
+con papeles nuevos, y una bater&iacute;a que da gloria con <i>tantismas</i>
+cazoletas; y buenas l&aacute;minas del Cristo de la Ca&ntilde;a y Santa B&aacute;rbara
+bendita, y una c&oacute;moda llena de ropa blanca; y pantallas con flores, y
+hasta m&aacute;quina de coser que no sirve, pero encima de ella pones la pila
+de <i>Semanas</i>; ten tambi&eacute;n muchos amigos y vecinos buenos, y las grandes
+casas de ac&aacute;, con se&ntilde;ores que por verte inv&aacute;lido te dan barreduras del
+almac&eacute;n de az&uacute;car, y <i>papelaos</i> del caf&eacute; de <i>la moca</i>, y de arroz de
+tres pasadas; ten tambi&eacute;n metimiento con las se&ntilde;oras de la Conferencia,
+para que te paguen la casa o la c&eacute;dula, y den plancha de fino a tu
+mujer... ten eso y m&aacute;s, y m&aacute;s, Eliseo...</p>
+
+<p>Cort&oacute; los despotriques vertiginosos de la Burlada, produciendo un
+silencio terror&iacute;fico en el pasadizo, la repentina aparici&oacute;n de la <i>se&ntilde;&aacute;</i>
+Casiana por la puerta de la iglesia.</p>
+
+<p>&mdash;Ya salen de misa mayor&mdash;dijo; y encar&aacute;ndose despu&eacute;s con la habladora,
+ech&oacute; sobre ella toda su autoridad con estas desp&oacute;ticas palabras:
+&laquo;Burlada, pronto a tu puesto, y cerrar el pico, que estamos en la casa
+de Dios&raquo;.</p>
+
+<p>Empezaba a salir gente, y ca&iacute;an algunas limosnas, pocas. Los casos de
+ronda total, dando igual cantidad a todos, eran muy raros, y aquel d&iacute;a
+las escasas moneditas de cinco y dos c&eacute;ntimos iban a parar a las manos
+diligentes de Eliseo o de la <i>caporala</i>, y algo le toc&oacute; tambi&eacute;n a la
+Demetria y a <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina. Los dem&aacute;s poco o nada lograron, y la ciega
+Crescencia se lament&oacute; de no haberse estrenado. Mientras Casiana hablaba
+en voz baja con Demetria, la Burlada peg&oacute; la hebra con Crescencia en el
+rinc&oacute;n pr&oacute;ximo a la puerta del patio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; le estar&aacute; diciendo a la Demetria!</p>
+
+<p>&mdash;A saber... Cosas de ellas.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha <i>golido</i> a bonos por el funeral <i>de presencia</i> que tenemos ma&ntilde;ana.
+A Demetria le dan m&aacute;s, por ser <i>arrecomendada</i> de ese que celebra la
+primera misa, el D. Rodriguito de las medias moradas, que dicen es
+secretario del Papa.</p>
+
+<p>&mdash;Le dar&aacute;n toda la carne, y a nosotras los huesos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A ver!... Siempre lo mismo. No hay como andar con dos o tres criaturas
+a cuestas para sacar tajada. Y no miran a la decencia, porque estas
+holgazanotas, como Demetria, sobre ser unas grand&iacute;simas pendonazas,
+hacen luego del vicio su comercio. Ya ves: cada a&ntilde;o se trae una
+lechigada, y criando a uno, ya tiene en el buche los huesos del a&ntilde;o que
+viene.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y es casada?</p>
+
+<p>&mdash;Como t&uacute; y como yo. De m&iacute; nada dir&aacute;n, pues en San Andr&eacute;s bendito me cas&eacute;
+con mi Roque, que est&aacute; en gloria, de la consecuencia de una ca&iacute;da del
+andamio. Esta dice que tiene el marido en <i>Celiplinas</i>, y ser&aacute; que
+desde all&aacute; le hace los chiquillos... por carta... &iexcl;Ay, qu&eacute; mundo! Te
+digo que sin criaturas no se saca nada: los se&ntilde;ores no miran a la
+<i>dinid&aacute;</i> de una, sino a si da el pecho o no da el pecho. Les da l&aacute;stima
+de las criaturas, sin reparar en que m&aacute;s <i>honr&aacute;s</i> somos las que no las
+tenemos, las que estamos en la <i>senet&uacute;</i>, hartas de trabajos y sin poder
+valernos. Pero vete t&uacute; ahora a <i>golver</i> del rev&eacute;s el mundo, y a gobernar
+la compasi&oacute;n de los se&ntilde;ores. Por eso se dice que todo anda trastornado y
+al rev&eacute;s, hasta los cielos benditos, y lleva raz&oacute;n Pulido cuando habla
+de la <i>rigoluci&oacute;n mu</i> gorda, <i>mu</i> gorda, que ha de venir para meter en
+cintura a ricos miserables y a pobres <i>ensalzaos</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Conclu&iacute;a la charlatana vieja su perorata, cuando ocurri&oacute; un suceso tan
+extra&ntilde;o, fenomenal e inaudito, que no podr&iacute;a ser comparado sino a la
+s&uacute;bita ca&iacute;da de un rayo en medio de la comunidad mendicante, o a la
+explosi&oacute;n de una bomba: tales fueron el estupor y azoramiento que en
+toda la caterva m&iacute;sera produjo. Los m&aacute;s antiguos no recordaban nada
+semejante; los nuevos no sab&iacute;an lo que les pasaba. Qued&aacute;ronse todos
+mudos, perplejos, espantados. &iquest;Y qu&eacute; fue, en suma? Pues nada: que Don
+Carlos Moreno Trujillo, que toda la vida, desde que <i>el mundo era
+mundo</i>, sal&iacute;a infaliblemente por la puerta de la calle de Atocha... no
+alter&oacute; aquel d&iacute;a su inveterada costumbre; pero a los pocos pasos volvi&oacute;
+adentro, para salir por la calle de las Huertas, hecho singular&iacute;simo,
+absurdo, equivalente a un retroceso del sol en su carrera.</p>
+
+<p>Pero no fue principal causa de la sorpresa y confusi&oacute;n la desusada
+salida por aquella parte, sino que D. Carlos se par&oacute; en medio de los
+pobres (que se agruparon en torno a &eacute;l, creyendo que les iba a repartir
+otra perra por barba), les mir&oacute; como pas&aacute;ndoles revista, y dijo: &laquo;Eh,
+se&ntilde;oras ancianas, &iquest;qui&eacute;n de vosotras es la que llaman la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, se&ntilde;or, yo soy&mdash;dijo la que as&iacute; se llamaba, adelant&aacute;ndose temerosa de
+que alguna de sus compa&ntilde;eras le quitase el nombre y el estado civil.</p>
+
+<p>&mdash;Esa es&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la Casiana con sequedad oficiosa, como si creyese que
+hac&iacute;a falta su <i>exequatur</i> de caporala para conocimiento o certificaci&oacute;n
+de la personalidad de sus inferiores.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina&mdash;agreg&oacute; D. Carlos emboz&aacute;ndose hasta los ojos para
+afrontar el fr&iacute;o de la calle&mdash;, ma&ntilde;ana, a las ocho y media, se pasa usted
+por casa; tenemos que hablar. &iquest;Sabe usted d&oacute;nde vivo?</p>
+
+<p>&mdash;Yo la acompa&ntilde;ar&eacute;&mdash;dijo Eliseo ech&aacute;ndosela de servicial y diligente en
+obsequio del se&ntilde;or y de la mendiga.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. La espero a usted, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina.</p>
+
+<p>&mdash;Descuide el se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;A las ocho y media en punto. F&iacute;jese bien&mdash;a&ntilde;adi&oacute; D. Carlos a gritos, que
+resultaron apagados porque le tapaban la boca las felpas h&uacute;medas del
+embozo ra&iacute;do&mdash;. Si va usted antes, tendr&aacute; que esperarse, y si va despu&eacute;s,
+no me encuentra... Ea, con Dios. Ma&ntilde;ana es 25: me toca en Montserrat, y
+despu&eacute;s, al cementerio. Con que...</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#toc">IV</a></h2>
+
+
+<p>&iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, San Jos&eacute; bendito, qu&eacute; comentarios, qu&eacute; febril
+curiosidad, qu&eacute; ansia de investigar y sorprender los prop&oacute;sitos del buen
+D. Carlos! En los primeros momentos, la misma intensidad de la sorpresa
+priv&oacute; a todos de la palabra. Por los rincones del cerebro de cada cual
+andaba la procesi&oacute;n... dudas, temores, envidia, curiosidad ardiente. La
+<i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, queriendo sin duda librarse de un fastidioso hurgoneo, se
+despidi&oacute; afectuosamente, como siempre lo hac&iacute;a, y se fue. Siguiola, con
+minutos de diferencia, el ciego Almudena. Entre los restantes empezaron
+a saltar, como chispas, las frasecillas primeras de su sorpresa y
+confusi&oacute;n: &laquo;Ya lo sabremos ma&ntilde;ana... Ser&aacute; por desempe&ntilde;arla... Tiene m&aacute;s
+de cuarenta papeletas.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; todas nacen de pie&mdash;dijo <i>la Burlada</i> a Crescencia&mdash;, menos
+nosotras, que hemos ca&iacute;do en el mundo como talegos&raquo;.</p>
+
+<p>Y la Casiana, afilando m&aacute;s su cara caballuna, hasta darle proporciones
+monstruosas, dijo con acento de compasi&oacute;n l&uacute;gubre: &laquo;&iexcl;Pobre Don Carlos!
+Est&aacute; m&aacute;s loco que una cabra&raquo;.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, aprovechando la comunidad el hecho feliz de no
+haber ido a la parroquia ni la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina ni el ciego Almudena,
+menudearon los comentarios del extra&ntilde;o suceso. La Demetria expuso
+t&iacute;midamente la opini&oacute;n de que D. Carlos quer&iacute;a llevar a la Benina a su
+servicio, pues gozaba &eacute;sta fama de gran cocinera, a lo que agreg&oacute; Eliseo
+que, en efecto, la tal hab&iacute;a sido maestra de cocina; pero no la quer&iacute;an
+en ninguna parte por vieja.</p>
+
+<p>&laquo;Y por sisona&mdash;afirm&oacute; la Casiana, recalcando con sa&ntilde;a el t&eacute;rmino&mdash;. Hab&eacute;is
+de saber que ha sido una sisona tremenda, y por ese vicio se ve ahora
+como se ve, teniendo que pedir para una rosca. De todas las casas en que
+estuvo la echaron por ser tan larga de u&ntilde;as, y si ella <i>hubi&aacute;</i> tenido
+<i>conduta</i>, no le faltar&iacute;an casas buenas en que acabar tranquila...</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;declar&oacute; <i>la Burlada</i> con negro escepticismo&mdash;, <i>vos</i> digo que si
+ha venido a pedir es porque fue honrada; que las muy sisonas juntan
+dinero para su vejez y se hacen ricas... que las hay, vaya si las hay.
+Hasta con coche las he conocido yo.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; no se habla mal de <i>naide</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No es hablar mal. &iexcl;A ver!... La que habla pestes es <i>bueycencia</i>,
+se&ntilde;ora presidenta de ministros.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Vuestra Eminencia Ilustr&iacute;sima es la que ha dicho que la Benina
+sisaba; lo cual que no es verdad, porque si sisara tuviera, y si tuviera
+no vendr&iacute;a a pedir. T&oacute;mate esa.</p>
+
+<p>&mdash;Por <i>bocona</i> te has de condenar t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No se condena una por bocona, sino por rica, mayormente cuando quita la
+limosna a los pobres de buena ley, a los que tienen hambre y duermen al
+raso.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, que estamos en la casa de Dios, <i>se&ntilde;oras</i>&mdash;dijo Eliseo dando golpes
+en el suelo con su pata de palo&mdash;. Guarden respeto y decencia unas para
+otras, como manda la sant&iacute;sima <i>dotrina</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Con esto se produjo el recogimiento y tranquilidad que la vehemencia de
+algunos alteraba tan a menudo, y entre pedir gimiendo y rezar
+bostezando se les pasaban las tristes horas.</p>
+
+<p>Ahora conviene decir que la ausencia de la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina y del ciego
+Almudena no era casual aquel d&iacute;a, por lo cual all&aacute; van las explicaciones
+de un suceso que merece menci&oacute;n en esta ver&iacute;dica historia. Salieron
+ambos, como se ha dicho, uno tras otro, con diferencia de algunos
+minutos; pero como la anciana se detuvo un ratito en la verja, hablando
+con Pulido, el ciego marroqu&iacute; se le junt&oacute;, y ambos emprendieron juntos
+el camino por las calles de San Sebasti&aacute;n y Atocha.</p>
+
+<p>&laquo;Me detuve a charlar con Pulido por esperarte, amigo Almudena. Tengo que
+hablar contigo&raquo;.</p>
+
+<p>Y agarr&aacute;ndole por el brazo con solicitud cari&ntilde;osa, le pas&oacute; de una acera
+a otra. Pronto ganaron la calle de las Urosas, y parados en la esquina,
+a resguardo de coches y transe&uacute;ntes, volvi&oacute; a decirle: &laquo;Tengo que hablar
+contigo, porque t&uacute; solo puedes sacarme de un gran compromiso; t&uacute; solo,
+porque los dem&aacute;s <i>conocimientos</i> de la parroquia para nada me sirven.
+&iquest;Te enteras t&uacute;? Son unos ego&iacute;stas, corazones de pedernal... El que
+tiene, porque tiene; el que no tiene, porque no tiene. Total, que la
+dejar&aacute;n a una morirse de verg&uuml;enza, y si a mano viene, se gozar&aacute;n en
+ver a una pobre mendicante por los suelos&raquo;.</p>
+
+<p>Almudena volvi&oacute; hacia ella su rostro, y hasta podr&iacute;a decirse que la
+mir&oacute;, si mirar es dirigir los ojos hacia un objeto, poniendo en ellos,
+ya que no la vista, la intenci&oacute;n, y en cierto modo la atenci&oacute;n, tan
+sostenida como ineficaz. Apret&aacute;ndole la mano, le dijo: &laquo;<i>Amri</i>, saber t&uacute;
+que servirte Almudena &eacute;l, Almudena m&iacute;, como <i>pierro</i>. <i>Amri</i>, <i>dicermi</i>
+cosas t&uacute;... de cosas <i>tigo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Sigamos para abajo, y hablaremos por el camino. &iquest;Vas a tu casa?</p>
+
+<p>&mdash;Voy a do <i>quierer</i> t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Par&eacute;ceme que te cansas. Vamos muy a prisa. &iquest;Te parece bien que nos
+sentemos un rato en la Plazuela del Progreso para poder hablar con
+tranquilidad?&raquo;.</p>
+
+<p>Sin duda respondi&oacute; el ciego afirmativamente, porque cinco minutos
+despu&eacute;s se les ve&iacute;a sentados, uno junto a otro, en el z&oacute;calo de la verja
+que rodea la estatua de Mendiz&aacute;bal. El rostro de Almudena, de una
+fealdad expresiva, moreno cetrino, con barba rala, negra como el ala del
+cuervo, se caracterizaba principalmente por el desmedido grandor de la
+boca, que, cuando sonre&iacute;a, afectaba una curva cuyos extremos, replegando
+la floja piel de los carrillos, se pon&iacute;an muy cerca de las orejas. Los
+ojos eran como llagas ya secas e insensibles, rodeados de manchas
+sanguinosas; la talla mediana, torcidas las piernas. Su cuerpo hab&iacute;a
+perdido la conformaci&oacute;n airosa por la costumbre de andar a ciegas, y de
+pasar largas horas sentado en el suelo con las piernas dobladas a la
+morisca. Vest&iacute;a con relativa decencia, pues su ropa, aunque vieja y
+llena de mugre, no ten&iacute;a desgarr&oacute;n ni aver&iacute;a que no estuvieran
+enmendados por un zurcido inteligente, o por aplicaciones de parches y
+retazos. Calzaba zapatones negros, muy rozados, pero perfectamente
+defendidos con costurones y remiendos habil&iacute;simos. El sombrero hongo
+revelaba servicios dilatados en diferentes cabezas, hasta venir a
+prestarlos en aquella, que quiz&aacute;s no ser&iacute;a la &uacute;ltima, pues las
+abolladuras del fieltro no eran tales que impidieran la defensa material
+del cr&aacute;neo que cubr&iacute;a. El palo era duro y lustroso; la mano con que lo
+empu&ntilde;aba, nerviosa, por fuera de color moren&iacute;simo, tirando a eti&oacute;pico,
+la palma blanquecina, con tono y blanduras que la asemejaban a una rueda
+de merluza cruda; las u&ntilde;as bien cortadas; el cuello de la camisa lo
+menos sucio que es posible imaginar en la m&iacute;sera condici&oacute;n y vida
+vagabunda del desgraciado hijo de Sus.</p>
+
+<p>&laquo;Pues a lo que &iacute;bamos, Almudena&mdash;dijo la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, quit&aacute;ndose el
+pa&ntilde;uelo para volver a pon&eacute;rselo, como persona desasosegada y nerviosa
+que quiere ventilarse la cabeza&mdash;. Tengo un grave compromiso, y t&uacute;, nada
+m&aacute;s que t&uacute;, puedes sacarme de &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Dicermi</i> ella, t&uacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pensabas hacer esta tarde?</p>
+
+<p>&mdash;En casa m&iacute;, <i>mocha</i> que jacer m&iacute;: lavar ropa m&iacute;, coser <i>mocha</i>,
+remendar <i>mocha</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Eres el hombre m&aacute;s apa&ntilde;ado que hay en el mundo. No he visto otro como
+t&uacute;. Ciego y pobre, te arreglas t&uacute; mismo tu ropita; enhebras una aguja
+con la lengua m&aacute;s pronto que yo con mis dedos; coses a la perfecci&oacute;n;
+eres tu sastre, tu zapatero, tu lavandera... Y despu&eacute;s de pedir en la
+parroquia por la ma&ntilde;ana, y por las tardes en la calle, te sobra tiempo
+para ir un ratito al caf&eacute;... Eres de lo que no hay; y si en el mundo
+hubiera justicia y las cosas estuvieran dispuestas con raz&oacute;n, debieran
+darte un premio... Bueno, hijo: pues lo que es esta tarde no te dejo
+trabajar, porque tienes que hacerme un servicio... Para las ocasiones
+son los amigos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; <i>sucieder</i> ti?</p>
+
+<p>&mdash;Una cosa tremenda. Estoy que no vivo. Soy tan desgraciada, que si t&uacute; no
+me amparas me tiro por el viaducto... Como lo oyes.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Amri</i>... tirar no.</p>
+
+<p>&mdash;Es que hay compromisos tan grandes, tan grandes, que parece imposible
+que se pueda salir de ellos. Te lo dir&eacute; de una vez para que te hagas
+cargo: necesito un duro...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un <i>durro</i>!&mdash;exclam&oacute; Almudena, expresando con la s&uacute;bita gravedad del
+rostro y la energ&iacute;a del acento el espanto que le causaba la magnitud de
+la cantidad.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hijo, s&iacute;... un duro, y no puedo ir a casa si antes no lo consigo.
+Es preciso que yo tenga ese duro: discurre t&uacute;, pues hay que sacarlo de
+debajo de las piedras, buscarlo como quiera que sea.</p>
+
+<p>&mdash;Es <i>mocha</i>... <i>mocha</i>...&mdash;murmuraba el ciego volviendo su rostro hacia
+el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;No es tanto&mdash;observ&oacute; la otra, queriendo enga&ntilde;ar su pena con ideas
+optimistas&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n no tiene un duro? Un duro, amigo Almudena, lo tiene
+cualquiera... Con que &iquest;puedes busc&aacute;rmelo t&uacute;, s&iacute; o no?&raquo;.</p>
+
+<p>Algo dijo el ciego en su extra&ntilde;a lengua que Benina tradujo por la
+palabra &laquo;imposible&raquo;, y lanzando un suspiro profundo, al cual contest&oacute;
+Almudena con otro no menos hondo y lastimero, quedose un rato en
+meditaci&oacute;n dolorosa, mirando al suelo y despu&eacute;s al cielo y a la estatua
+de Mendiz&aacute;bal, aquel verdinegro se&ntilde;or de bronce que ella no sab&iacute;a qui&eacute;n
+era ni por qu&eacute; le hab&iacute;an puesto all&iacute;. Con ese mirar vago y distra&iacute;do que
+es, en los momentos de intensa amargura, como un giro angustioso del
+alma sobre s&iacute; misma, ve&iacute;a pasar por una y otra banda del jard&iacute;n gentes
+presurosas o indolentes. Unos llevaban un duro, otros iban a buscarlo.
+Pasaban cobradores del Banco con el taleguillo al hombro; carricoches
+con botellas de cerveza y gaseosa; carros f&uacute;nebres, en el cual era
+conducido al cementerio alguno a quien nada importaban ya los duros. En
+las tiendas entraban compradores que sal&iacute;an con paquetes. Mendigos
+haraposos importunaban a los se&ntilde;ores. Con r&aacute;pida visi&oacute;n, Benina pas&oacute;
+revista a los cajones de tanta tienda, a los distintos cuartos de todas
+las casas, a los bolsillos de todos los transe&uacute;ntes bien vestidos,
+adquiriendo la certidumbre de que en ninguno de aquellos repliegues de
+la vida faltaba un duro. Despu&eacute;s pens&eacute; que ser&iacute;a un paso muy salado que
+se presentase ella en la cercana casa de C&eacute;spedes diciendo que hicieran
+el favor de darle un duro, siquiera se lo diesen a pr&eacute;stamo.
+Seguramente, se reir&iacute;an de tan absurda pretensi&oacute;n, y la pondr&iacute;an
+bonitamente en la calle. Y no obstante, natural y justo parec&iacute;a que en
+cualquier parte donde un duro no representaba m&aacute;s que un valor
+insignificante, se lo diesen a ella, para quien la tal suma era... como
+un <i>&aacute;tomo inmenso</i>. Y si la ansiada moneda pasara de las manos que con
+otras muchas la pose&iacute;an, a las suyas, no se notar&iacute;a ninguna alteraci&oacute;n
+sensible en la distribuci&oacute;n de la riqueza, y todo seguir&iacute;a lo mismo:
+los ricos, ricos; pobre ella, y pobres los dem&aacute;s de su condici&oacute;n. Pues
+siendo esto as&iacute;, &iquest;por qu&eacute; no ven&iacute;a a sus manos el duro? &iquest;Qu&eacute; raz&oacute;n hab&iacute;a
+para que veinte personas de las que pasaban no se privasen de un real, y
+para que estos veinte reales no pasaran por natural trasiego a sus
+manos? &iexcl;Vaya con las cosas de este desarreglado mundo! La pobre Benina
+se contentaba con una gota de agua, y delante del estanque del Retiro no
+pod&iacute;a tenerla. Vamos a cuentas, cielo y tierra: &iquest;perder&iacute;a algo el
+estanque del Retiro porque se sacara de &eacute;l una gota de agua?</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#toc">V</a></h2>
+
+
+<p>Esto pensaba, cuando Almudena, volviendo de una meditaci&oacute;n calculista,
+que deb&iacute;a de ser muy triste por la cara que pon&iacute;a, te dijo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No tenier t&uacute; cosa que <i>peinar</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo: todo empe&ntilde;ado ya, hasta las papeletas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No haber persona que <i>priestar ti</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No hay nadie que me f&iacute;e ya. No doy un paso sin encontrar una mala
+cara.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or Carlos llamar ti ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana est&aacute; muy lejos, y yo necesito el duro hoy, y pronto, Almudena,
+pronto. Cada minuto que pasa es una mano que me aprieta m&aacute;s el dogal que
+tengo en la garganta.</p>
+
+<p>&mdash;No llorar, <i>amri</i>. T&uacute; ser buena <i>migo</i>; yo arremediando ti... Veslo
+ahora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; se te ocurre? D&iacute;melo pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo <i>peinar</i> ropa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El traje que compraste en el Rastro? &iquest;Y cu&aacute;nto crees que te dar&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Dos <i>piesetas</i> y media.</p>
+
+<p>&mdash;Yo har&eacute; por sacar tres. &iquest;Y lo dem&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a casa <i>migo</i>&mdash;dijo Almudena levant&aacute;ndose con resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Prontito, hijo, que no hay tiempo que perder. Es muy tarde. &iexcl;Pues no
+hay poquito que andar de aqu&iacute; a la posada de Santa Casilda!&raquo;.</p>
+
+<p>Emprendieron su camino presurosos por la calle de Mes&oacute;n de Paredes,
+hablando poco. Benina, m&aacute;s sofocada por la ansiedad que por la viveza
+del paso, echaba lumbre de su rostro, y cada vez que o&iacute;a campanadas de
+relojes hac&iacute;a una mueca de desesperaci&oacute;n. El viento fr&iacute;o del Norte les
+empujaba por la calle abajo, hinchando sus ropas como velas de un barco.
+Las manos de uno y otro eran de hielo; sus narices rojas destilaban.
+Enronquec&iacute;an sus voces; las palabras sonaban con oquedad fr&iacute;a y triste.</p>
+
+<p>No lejos del punto en que Mes&oacute;n de Paredes desemboca en la Ronda de
+Toledo, hallaron el parador de Santa Casilda, vasta colmena de viviendas
+baratas alineadas en corredores sobrepuestos. Entrase a ella por un
+patio o corral&oacute;n largo y estrecho, lleno de montones de basura,
+residuos, despojos y desperdicios de todo lo humano. El cuarto que
+habitaba Almudena era el &uacute;ltimo del piso bajo, al ras del suelo, y no
+hab&iacute;a que franquear un solo escal&oacute;n para penetrar en &eacute;l. Compon&iacute;ase la
+vivienda de dos piezas separadas por una estera pendiente del techo: a
+un lado la cocina, a otro la sala, que tambi&eacute;n era alcoba o gabinete,
+con piso de tierra bien apisonado, paredes blancas, no tan sucias como
+otras del mismo caser&oacute;n o humana madriguera. Una silla era el &uacute;nico
+mueble, pues la cama consist&iacute;a en un jerg&oacute;n y mantas pardas, arrimado
+todo a un &aacute;ngulo. La cocinilla no estaba desprovista de pucheros,
+cacerolas, botellas, ni tampoco de v&iacute;veres. En el centro de la
+habitaci&oacute;n, vio Benina un bulto negro, algo como un l&iacute;o de ropa, o un
+costal abandonado. A la escasa luz que entraba despu&eacute;s de cerrada la
+puerta, pudo observar que aquel bulto ten&iacute;a vida. Por el tacto, m&aacute;s que
+por la vista, comprendi&oacute; que era una persona.</p>
+
+<p>&laquo;Ya estar aqu&iacute; la <i>Pedra</i> borracha.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;qu&eacute; cosas! Es esa que te ayuda a pagar el cuarto... Borrachona,
+sinverg&uuml;enzonaza... Pero no perdamos tiempo, hijo; dame el traje, que yo
+lo llevar&eacute;... y con la ayuda de Dios, sacar&eacute; siquiera dos ochenta. Ve
+pensando en buscarme lo que falta. La Virgen Sant&iacute;sima te lo dar&aacute;, y yo
+he de rezarle para que te lo d&eacute; doblado, que a m&iacute; seguro es que no
+quiere darme cosa ninguna&raquo;.</p>
+
+<p>Haci&eacute;ndose cargo de la impaciencia de su amiga, el ciego descolg&oacute; de un
+clavo el traje que &eacute;l llamaba nuevo, por un convencionalismo muy
+corriente en las combinaciones mercantiles, y lo entreg&oacute; a su amiga, que
+en cuatro zancajos se puso en el patio y en la Ronda, tirando luego
+hacia el llamado Campillo de Manuela. El mendigo, en tanto, pronunciando
+palabras col&eacute;ricas, que no es f&aacute;cil al narrador reproducir, por ser en
+lengua ar&aacute;biga, palpaba el bulto de la mujer embriagada, que como cuerpo
+muerto en mitad del cuartucho yac&iacute;a. A las expresiones airadas del
+ciego, s&oacute;lo contest&oacute; con &aacute;speros gru&ntilde;idos, y dio media vuelta,
+espatarr&aacute;ndose y estirando los brazos para caer de nuevo en sopor m&aacute;s
+hondo y en m&aacute;s brutal inercia.</p>
+
+<p>Almudena met&iacute;a mano por entre las ropas negras, cuyos pliegues,
+revueltos con los del mant&oacute;n, formaban un l&iacute;o inextricable, y
+acompa&ntilde;ando su registro de exclamaciones furibundas, explor&oacute; tambi&eacute;n el
+fl&aacute;ccido busto, como si amasara pellejos con trapos. Tan nervioso estaba
+el hombre, que descubr&iacute;a lo que debe estar cubierto, y tapaba lo que
+gusta de ver la luz del d&iacute;a. All&iacute; sac&oacute; rosarios, escapularios, un fajo
+de papeletas de empe&ntilde;o envuelto en un pedazo de peri&oacute;dico, trozos de
+herradura recogidos en las calles, muelas de animales o de personas, y
+otras baratijas. Terminado el registro, entr&oacute; la Benina, de vuelta ya de
+su diligencia, la cual hab&iacute;a despachado con tanta presteza, como si la
+hubieran llevado y tra&iacute;do en volandas los angelitos del cielo. Ven&iacute;a la
+pobre mujer sofocad&iacute;sima del veloz correr por las calles; apenas pod&iacute;a
+respirar, y su rostro sudoroso desped&iacute;a fuego, sus ojos alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Me han dado tres&mdash;dijo mostrando las monedas&mdash;, una en cuartos. No he
+tenido poca suerte en que estuviera all&iacute; Valeriano; que a llegar a estar
+el ama, la Reimunda, trabajo que costara sacarle dos y pico&raquo;.</p>
+
+<p>Respondiendo al contento de la anciana, Almudena, con cara de regocijo y
+triunfo, le mostr&oacute; entre los dedos una peseta.</p>
+
+<p>&laquo;Encuentrarla aqu&iacute;, en el <i>piecho</i> de esta... Cogerla <i>tigo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, qu&eacute; suerte! &iquest;Y no tendr&aacute; m&aacute;s? Busca bien, hijo.</p>
+
+<p>&mdash;No tenier m&aacute;s. Mi regolver cosas <i>piecho</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Benina sacud&iacute;a las ropas de la borracha esperando ver saltar una moneda.
+Pero no saltaron m&aacute;s que dos horquillas, y algunos pedacitos de carb&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;No tenier m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; parloteando el ciego, y por las explicaciones que le dio del
+car&aacute;cter y costumbres de la mujerona, pudo comprender que si se hubieran
+encontrado a esta en estado de normal despejo, les habr&iacute;a dado la peseta
+con s&oacute;lo pedirla. Con una breve frase sintetiz&oacute; Almudena a su compa&ntilde;era
+de hospedaje: &laquo;Ser g&uuml;ena, ser mala... Coger ella <i>tudo</i>, dar ella
+<i>tudo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Acto continuo levant&oacute; el colch&oacute;n, y escarbando en la tierra, sac&oacute; una
+petaca vieja y sucia, que cuidadosamente escond&iacute;a entre trapos y
+cartones, y metiendo los dedos en ella, como quien saca un cigarro,
+extrajo un papelejo, que desenvuelto mostr&oacute; una monedita de dos reales,
+nueva y reluciente. La cogi&oacute; Benina, mientras Almudena sacaba de su
+bolsillo, donde ten&iacute;a multitud de herramientas, tijeras, canuto de
+agujas, navaja, etc., otro envoltorio con dos perras gordas. A&ntilde;adi&oacute; a
+ellas la que hab&iacute;a recibido de D. Carlos, y lo dio todo a la pobre
+anciana, dici&eacute;ndole: &laquo;<i>Amri</i>, arriglar as&iacute; tigo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... Pongo lo m&iacute;o de hoy, y ya falta tan poco, que no quiero
+molestarte m&aacute;s. &iexcl;Gracias a Dios! Me parece mentira. &iexcl;Ay, hijo, qu&eacute;
+bueno eres! Mereces que te caiga la loter&iacute;a, y si no te cae, es porque
+no hay justicia en la tierra ni en el cielo... Adi&oacute;s, hijo, no puedo
+detenerme ni un momento m&aacute;s... Dios te lo pague... Estoy en ascuas. Me
+voy volando a casa... Qu&eacute;date en la tuya... y a esta pobre desgraciada,
+cuando despierte, no la pegues, hijo, &iexcl;pobrecita! Cada uno, por el aquel
+de no sufrir, se emborracha con lo que puede: esta con el aguardentazo,
+otros con otra cosa. Yo tambi&eacute;n las cojo; pero no as&iacute;: las m&iacute;as son de
+cosa de m&aacute;s adentro... Ya te contar&eacute;, ya te contar&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; disparada, las monedas metidas en el seno, temerosa de que
+alguien se las quitara por el camino, o de que se le escaparan volando,
+arrastradas de sus tumultuosos pensamientos. Al quedarse solo, Almudena
+fue a la cocina, donde, entre otros cachivaches, ten&iacute;a una palanganita
+de esta&ntilde;o y un c&aacute;ntaro de agua. Se lav&oacute; las manos y los ojos; despu&eacute;s
+cogi&oacute; un cazuelo en que hab&iacute;a cenizas y carbones apagados, y pasando a
+una de las casas vecinas, volvi&oacute; al poco rato con lumbre, sobre la cual
+derram&oacute; un pu&ntilde;adito de cierta substancia que en un envoltorio de papel
+ten&iacute;a junto a la cama. Levantose del fuego humareda muy densa y un olor
+penetrante. Era el sahumerio de benju&iacute;, &uacute;nica remembranza material de la
+tierra nativa que Almudena se permit&iacute;a en su destierro vagabundo. El
+aroma especial, caracter&iacute;stico de casa mora, era su consuelo, su placer
+m&aacute;s vivo, pr&aacute;ctica juntamente casera y religiosa, pues envuelto en aquel
+humo se puso a rezar cosas que ning&uacute;n cristiano pod&iacute;a entender.</p>
+
+<p>Con el humazo, la borracha gru&ntilde;&iacute;a m&aacute;s, y carraspeaba, y tos&iacute;a, como
+queriendo dar acuerdo de s&iacute;. El ciego no le hac&iacute;a m&aacute;s caso que a un
+perro, atento s&oacute;lo a sus rezos en lengua que no sabemos si era ar&aacute;biga o
+hebrea, tap&aacute;ndose un ojo con cada mano, y baj&aacute;ndolas despu&eacute;s sobre la
+boca para bes&aacute;rselas. Mediano rato emple&oacute; en sus meditaciones, y al
+terminarlas, vio sentada ante s&iacute; a la mujerzuela que con ojos esquivos y
+lloricones, a causa del picor producido por el espeso sahumerio, le
+miraba. Present&aacute;ndole gravemente las palmas de las manos, Almudena le
+solt&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Gran p&uacute;a, no haber m&aacute;s que un Dios... <i>b'rracha</i>, <i>b'rrachona</i>, no
+haber m&aacute;s que un Dios... un Dios, un Dios solo, solo&raquo;.</p>
+
+<p>Solt&oacute; la otra sonora carcajada, y llev&aacute;ndose la mano al pecho, quer&iacute;a
+arreglar el desorden que la mano inquieta de su compa&ntilde;ero de vivienda
+hab&iacute;a causado en aquella parte interesant&iacute;sima de su persona. Tan torpe
+sal&iacute;a del sue&ntilde;o alcoh&oacute;lico, que no acertaba a poner cada cosa en su
+sitio, ni a cubrir las que la honestidad quiere y ha querido siempre
+que se cubran. &laquo;<i>Jai</i>, t&uacute; me has <i>arregistrao</i>.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... No haber m&aacute;s que un Dios, un Dios solo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a m&iacute;, qu&eacute;? Por m&iacute; que <i>haigan</i> dos o cuarenta, todos los que ellos
+mesmos quieran haberse... Pero di, gorr&oacute;n, me has quitado la peseta. No
+me importa. <i>Pa</i> ti era.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un Dios solo!&raquo;.</p>
+
+<p>Y vi&eacute;ndole coger el palo, se puso la mujer en guardia, dici&eacute;ndole: &laquo;Ea,
+no pegues, <i>Jai</i>. Basta ya de sahumerio, y ponte a hacer la cena.
+&iquest;Cu&aacute;nto dinero tienes? &iquest;Qu&eacute; quieres que te traiga?...</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;B'rrachona!</i> no haber diniero... Llevarlo los <i>embaixos</i>, t&uacute; dormida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te traigo?&mdash;murmur&oacute; la mujer negra tambale&aacute;ndose y cerrando los
+ojos&mdash;. Agu&aacute;rdate un poquit&iacute;n. Tengo sue&ntilde;o, <i>Jai</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Cay&oacute; nuevamente en profundo sopor, y Almudena, que hab&iacute;a requerido el
+palo con intenciones de usarlo como infalible remedio de la embriaguez,
+tuvo l&aacute;stima y suspir&oacute; fuerte, mascullando estas o parecidas palabras:
+&laquo;Pegar ti otro d&iacute;a&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#toc">VI</a></h2>
+
+
+<p>Casi no es hip&eacute;rbole decir que la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, al salir de Santa
+Casilda, poseyendo el incompleto duro que calmaba sus mortales
+angustias, iba por rondas, traves&iacute;as y calles como una flecha. Con
+sesenta a&ntilde;os a la espalda, conservaba su agilidad y viveza, unidas a una
+perseverancia inagotable. Se hab&iacute;a pasado lo mejor de la vida en un
+ajetreo afanoso, que exig&iacute;a tanta actividad como travesura, esfuerzos
+locos de la mente y de los m&uacute;sculos, y en tal ense&ntilde;anza se hab&iacute;a
+fortificado de cuerpo y esp&iacute;ritu, form&aacute;ndose en ella el temple
+extraordinario de mujer que ir&aacute;n conociendo los que lean esta puntual
+historia de su vida. Con incre&iacute;ble presteza entr&oacute; en una botica de la
+calle de Toledo; recogi&oacute; medicinas que hab&iacute;a encargado muy de ma&ntilde;ana;
+despu&eacute;s hizo parada en la carnicer&iacute;a y en la tienda de ultramarinos,
+llevando su compra en distintos envoltorios de papel, y, por fin, entr&oacute;
+en una casa de la calle Imperial, pr&oacute;xima a la rinconada en que est&aacute; el
+Almotac&eacute;n y Fiel Contraste. Deslizose a lo largo del portal angosto,
+obstruido y casi intransitable por los colgajos de un comercio de
+cordeler&iacute;a que en &eacute;l existe; subi&oacute; la escalera, con r&aacute;pidos andares
+hasta el principal, con moderado paso hasta el segundo; lleg&oacute; jadeante
+al tercero, que era el &uacute;ltimo, con honores de sotabanco. Dio vuelta a un
+patio grande, por galer&iacute;a de emplomados cristales, de suelo desigual, a
+causa de los hundimientos y desniveles de la vieja f&aacute;brica, y al fin
+lleg&oacute; a una puerta de cuarterones, despintada; llam&oacute;... Era su casa, la
+casa de su se&ntilde;ora, la cual, en persona, tentando las paredes, sali&oacute; al
+ruido de la campanilla, o m&aacute;s bien af&oacute;nico cencerreo, y abri&oacute;, no sin la
+precauci&oacute;n de preguntar por la mirilla, cuadrada, defendida por una cruz
+de hierro.</p>
+
+<p>&laquo;Gracias a Dios, mujer...&mdash;le dijo en la misma puerta&mdash;. &iexcl;Vaya unas horas!
+Cre&iacute; que te hab&iacute;a cogido un coche, o que te hab&iacute;a dado un accidente&raquo;.</p>
+
+<p>Sin chistar sigui&oacute; Benina a su se&ntilde;ora hasta un gabinetillo pr&oacute;ximo, y
+ambas se sentaron. Excus&oacute; la criada las explicaciones de su tardanza por
+el miedo que sent&iacute;a de darlas, y se puso a la defensiva, esperando a ver
+por d&oacute;nde sal&iacute;a do&ntilde;a Paca, y qu&eacute; posiciones tomaba en su irascible
+genio. Algo la tranquiliz&oacute; el tono de las primeras palabras con que fue
+recibida; esperaba una fuerte reprimenda, vocablos displicentes. Pero
+la se&ntilde;ora parec&iacute;a estar de buenas, domado, sin duda, el &aacute;spero car&aacute;cter
+por la intensidad del sufrimiento. Benina se propon&iacute;a, como siempre,
+acomodarse al son que le tocara la otra, y a poco de estar junto a ella,
+cambiadas las primeras frases, se tranquiliz&oacute;. &laquo;&iexcl;Ay, se&ntilde;ora, qu&eacute; d&iacute;a! Yo
+estaba deshecha; pero no me dejaban, no me dejaban salir de aquella
+bendita casa.</p>
+
+<p>&mdash;No me lo expliques&mdash;dijo la se&ntilde;ora, cuyo acentillo andaluz persist&iacute;a,
+aunque muy atenuado, despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os de residencia en Madrid&mdash;.
+Ya estoy al tanto. Al o&iacute;r las doce, la una, las dos, me dec&iacute;a yo: 'Pero,
+Se&ntilde;or, por qu&eacute; tarda tanto la Nina?'. Hasta que me acord&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Justo.</p>
+
+<p>&mdash;Me acord&eacute;... como tengo en mi cabeza todo el almanaque... de que hoy es
+San Romualdo, confesor y obispo de Farsalia...</p>
+
+<p>&mdash;Cabal.</p>
+
+<p>&mdash;Y son los d&iacute;as del se&ntilde;or sacerdote en cuya casa est&aacute;s de asistenta.</p>
+
+<p>&mdash;Si yo pensara que usted lo hab&iacute;a de adivinar, habr&iacute;a estado m&aacute;s
+tranquila&mdash;afirm&oacute; la criada, que en su extraordinaria capacidad para
+forjar y exponer mentiras, supo aprovechar el s&oacute;lido cable que su ama le
+arrojaba&mdash;. &iexcl;Y que no ha sido floja la tarea!</p>
+
+<p>&mdash;Habr&aacute;s tenido que dar un gran almuerzo. Ya me lo figuro. &iexcl;Y que no
+ser&aacute;n cortos de tragaderas los cur&aacute;nganos de San Sebasti&aacute;n, compa&ntilde;eros y
+amigos de tu D. Romualdo!</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que le diga es poco.</p>
+
+<p>&mdash;Cu&eacute;ntame: &iquest;qu&eacute; les has puesto?&mdash;pregunt&oacute; ansiosa la se&ntilde;ora, que gustaba
+de saber lo que se com&iacute;a en las casas ajenas&mdash;. Ya estoy al tanto. Les
+har&iacute;as una mayonesa.</p>
+
+<p>&mdash;Lo primero un arroz, que me qued&oacute; muy a punto. &iexcl;Ay, Se&ntilde;or, cu&aacute;nto lo
+alabaron! Que si era yo la primera cocinera de toda la Europa... que si
+por verg&uuml;enza no se chupaban los dedos...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y despu&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Una pepitoria que ya la quisieran para s&iacute; los &aacute;ngeles del cielo. Luego,
+calamares en su tinta... luego...</p>
+
+<p>&mdash;Pues aunque te tengo dicho que no me traigas sobras de ninguna casa,
+pues prefiero la miseria que me ha enviado Dios, a chupar huesos de
+otras mesas... como te conozco, no dudo que habr&aacute;s tra&iacute;do algo. &iquest;D&oacute;nde
+tienes la cesta?&raquo;.</p>
+
+<p>Vi&eacute;ndose cogida, Benina vacil&eacute; un instante; mas no era mujer que se
+arredraba ante ning&uacute;n peligro, y su maestr&iacute;a para el embuste le sugiri&oacute;
+pronto el h&aacute;bil quite: &laquo;Pues, se&ntilde;ora, dej&eacute; la cesta, con lo que traje,
+en casa de la se&ntilde;orita Obdulia, que lo necesita m&aacute;s que nosotras.</p>
+
+<p>&mdash;Has hecho bien. Te alabo la idea, Nina. Cu&eacute;ntame m&aacute;s. &iquest;Y un buen
+solomillo, no pusiste?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda, anda! Dos kilos y medio, se&ntilde;ora. Sotero Rico me lo dio de lo
+superior.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y postres, bebidas?...</p>
+
+<p>&mdash;Hasta <i>Champa&ntilde;a de la Viuda</i>. Son el diantre los curas, y de nada se
+privan... Pero v&aacute;monos adentro, que es muy tarde, y estar&aacute; la se&ntilde;ora
+desfallecida.</p>
+
+<p>&mdash;Lo estaba; pero... no s&eacute;: parece que me he comido todo eso de que has
+hablado... En fin, dame de almorzar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha tomado? &iquest;El poquito de cocido que le apart&eacute; anoche?</p>
+
+<p>&mdash;Hija, no pude pasarlo. Aqu&iacute; me tienes con media onza de chocolate
+crudo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos all&aacute;. Lo peor es que hay que encender lumbre. Pero pronto
+despacho... &iexcl;Ah! tambi&eacute;n le traigo las medicinas. Eso lo primero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hiciste todo lo que te mand&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; la se&ntilde;ora, en marcha las dos
+hacia la cocina&mdash;. &iquest;Empe&ntilde;aste mis dos enaguas?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo no? Con las dos pesetas que saqu&eacute;, y otras dos que me dio D.
+Romualdo por ser su santo, he podido atender a todo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pagaste el aceite de ayer?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues no!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la tila y la sanguinaria?</p>
+
+<p>&mdash;Todo, todo... Y a&uacute;n me ha sobrado, despu&eacute;s de la compra, para ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Querr&aacute; Dios traernos ma&ntilde;ana un buen d&iacute;a?&mdash;dijo con honda tristeza la
+se&ntilde;ora, sent&aacute;ndose en la cocina, mientras la criada, con nerviosa
+prontitud, reun&iacute;a astillas y carbones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! s&iacute;, se&ntilde;ora: t&eacute;ngalo por cierto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me lo aseguras, Nina?</p>
+
+<p>&mdash;Porque lo s&eacute;. Me lo dice el coraz&oacute;n. Ma&ntilde;ana tendremos un buen d&iacute;a,
+estoy por decir que un gran d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando lo veamos te dir&eacute; si aciertas... No me f&iacute;o de tus corazonadas.
+Siempre est&aacute;s con que ma&ntilde;ana, que ma&ntilde;ana...</p>
+
+<p>&mdash;Dios es bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Conmigo no lo parece. No se cansa de darme golpes: me apalea, no me
+deja respirar. Tras un d&iacute;a malo, viene otro peor. Pasan a&ntilde;os aguardando
+el remedio, y no hay ilusi&oacute;n que no se me convierta en desenga&ntilde;o. Me
+canso de sufrir, me canso tambi&eacute;n de esperar. Mi esperanza es traidora,
+y como me enga&ntilde;a siempre, ya no quiero esperar cosas buenas, y las
+espero malas para que vengan... siquiera regulares.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo que la se&ntilde;ora&mdash;dijo Benina d&aacute;ndole al fuelle&mdash;, tendr&iacute;a confianza
+en Dios, y estar&iacute;a contenta... Ya ve que yo lo estoy... &iquest;no me ve? Yo
+siempre creo que cuando menos lo pensemos nos vendr&aacute; el golpe de suerte,
+y estaremos tan ricamente, acord&aacute;ndonos de estos d&iacute;as de apuros, y
+desquit&aacute;ndonos de ellos con la gran vida que nos vamos a dar.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no aspiro a la buena vida, Nina&mdash;declar&oacute; casi llorando la se&ntilde;ora&mdash;:
+s&oacute;lo aspiro al descanso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n piensa en la muerte? Eso no: yo me encuentro muy a gusto en este
+mundo fandanguero, y hasta le tengo ley a los trabajillos que paso.
+Morirse no.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te conformas con esta vida?</p>
+
+<p>&mdash;Me conformo, porque no est&aacute; en mi mano el darme otra. Venga todo antes
+que la muerte, y padezcamos con tal que no falte un pedazo de pan, y
+pueda uno com&eacute;rselo con dos salsas muy buenas: el hambre y la esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y soportas, adem&aacute;s de la miseria, la verg&uuml;enza, tanta humillaci&oacute;n,
+deber a todo el mundo, no pagar a nadie, vivir de mil enredos, trampas y
+embustes, no encontrar quien te f&iacute;e valor de dos reales, vernos
+perseguidos de tenderos y vendedores?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya si lo soporto!... Cada cual, en esta vida, se defiende como
+puede. &iexcl;Estar&iacute;a bueno que nos dej&aacute;ramos morir de hambre, estando las
+tiendas tan llenas de cosas de substancia! Eso no: Dios no quiere que a
+nadie se le enfr&iacute;e el cielo de la boca por no comer, y cuando no nos da
+dinero, un suponer, nos da la sutileza del caletre para inventar modos
+de allegar lo que hace falta, sin robarlo... eso no. Porque yo prometo
+pagar, y pagar&eacute; cuando lo tengamos. Ya saben que somos pobres... que hay
+formalidad en casa, ya que no <i>haigan</i> otras cosas. &iexcl;Estar&iacute;a bueno que
+nos afligi&eacute;ramos porque los tenderos no cobran estas miserias, sabiendo,
+como sabemos, que est&aacute;n ricos!...</p>
+
+<p>&mdash;Es que t&uacute; no tienes verg&uuml;enza, Nina; quiero decir, decoro; quiero
+decir, dignidad.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; si tengo eso; pero tengo boca y est&oacute;mago natural, y s&eacute; tambi&eacute;n
+que Dios me ha puesto en el mundo para que viva, y no para que me deje
+morir de hambre. Los gorriones, un suponer, &iquest;tienen verg&uuml;enza? &iexcl;Quia!...
+lo que tienen es pico... Y mirando las cosas como deben mirarse, yo digo
+que Dios, no tan s&oacute;lo ha criado la tierra y el mar, sino que son obra
+suya mismamente las tiendas de ultramarinos, el Banco de Espa&ntilde;a, las
+casas donde vivimos y, pongo por caso, los puestos de verdura... Todo es
+de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Y la moneda, la indecente moneda, &iquest;de qui&eacute;n es?&mdash;pregunt&oacute; con lastimero
+acento la se&ntilde;ora&mdash;. Cont&eacute;stame.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n es de Dios, porque Dios hizo el oro y la plata... Los billetes,
+no s&eacute;... Pero tambi&eacute;n, tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo digo, Nina, es que las cosas son del que las tiene... y las
+tiene todo el mundo menos nosotras... &iexcl;Ea! date prisa, que siento
+debilidad. &iquest;En d&oacute;nde me pusiste las medicinas?... Ya: est&aacute;n sobre la
+c&oacute;moda. Tomar&eacute; una papeleta de salicilato antes de comer... &iexcl;Ay, qu&eacute;
+trabajo me dan estas piernas! En vez de llevarme ellas a m&iacute;, tengo yo
+que tirar de ellas. <i>(Levant&aacute;ndose con gran esfuerzo.)</i> Mejor andar&iacute;a yo
+con muletas. &iquest;Pero has visto lo que hace Dios conmigo? &iexcl;Si esto parece
+burla! Me ha enfermado de la vista, de las piernas, de la cabeza, de los
+ri&ntilde;ones, de todo menos del est&oacute;mago. Priv&aacute;ndome de recursos, dispone que
+yo digiera como un buitre.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo hace conmigo. Pero yo no lo llevo a mal, se&ntilde;ora. &iexcl;Bendito sea
+el Se&ntilde;or, que nos da el bien m&aacute;s grande de nuestros cuerpos: el hambre
+sant&iacute;sima!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#toc">VII</a></h2>
+
+
+<p>Ya pasaba de los sesenta la por tantos t&iacute;tulos infeliz Do&ntilde;a Francisca
+Ju&aacute;rez de Zapata, conocida en los a&ntilde;os de aquella su decadencia
+lastimosa por <i>do&ntilde;a Paca</i>, a secas, con lac&oacute;nica y plebeya
+familiaridad. Ved aqu&iacute; en qu&eacute; paran las glorias y altezas de este mundo,
+y qu&eacute; pendiente hubo de recorrer la tal se&ntilde;ora, rodando hacia la
+profunda miseria, desde que ataba los perros con longaniza, por los a&ntilde;os
+59 y 60, hasta que la encontramos viviendo inconscientemente de limosna,
+entre agon&iacute;as, dolores y verg&uuml;enzas mil. Ejemplos sin n&uacute;mero de estas
+ca&iacute;das nos ofrecen las poblaciones grandes, m&aacute;s que ninguna esta de
+Madrid, en que apenas existen h&aacute;bitos de orden, pero a todos los
+ejemplos supera el de do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez, trist&iacute;simo juguete del
+destino. Bien miradas estas cosas y el subir y bajar de las personas en
+la vida social, resulta gran tonter&iacute;a echar al destino la culpa de lo
+que es obra exclusiva de los propios caracteres y temperamentos, y buena
+muestra de ello es do&ntilde;a Paca, que en su propio ser desde el nacimiento
+llevaba el desbarajuste de todas las cosas materiales. Nacida en Ronda,
+su vista se acostumbr&oacute; desde la ni&ntilde;ez a las vertiginosas depresiones del
+terreno; y cuando ten&iacute;a pesadillas, so&ntilde;aba que se ca&iacute;a a la profund&iacute;sima
+hondura de aquella grieta que llaman <i>Tajo</i>. Los nacidos en Ronda deben
+de tener la cabeza muy firme y no padecer de v&eacute;rtigos ni cosa tal,
+hechos a contemplar abismos espantosos. Pero do&ntilde;a Paca no sab&iacute;a
+mantenerse firme en las alturas: instintivamente se despe&ntilde;aba; su
+cabeza no era buena para esto ni para el gobierno de la vida, que es la
+seguridad de vista en el orden moral.</p>
+
+<p>El v&eacute;rtigo de Paquita Ju&aacute;rez fue un estado cr&oacute;nico desde que la casaron,
+muy joven, con D. Antonio Mar&iacute;a Zapata, que le doblaba la edad,
+intendente de ej&eacute;rcito, excelente persona, de holgada posici&oacute;n por su
+casa, como la novia, que tambi&eacute;n pose&iacute;a bienes ra&iacute;ces de mucha cuenta.
+Sirvi&oacute; Zapata en el ej&eacute;rcito de &Aacute;frica, divisi&oacute;n de Echag&uuml;e, y despu&eacute;s
+de Wad-Ras pas&oacute; a la Direcci&oacute;n del ramo. Establecido el matrimonio en
+Madrid, le falt&oacute; tiempo a la se&ntilde;ora para poner su casa en un pie de vida
+fr&iacute;vola y aparatosa que, si empez&oacute; ajustando las vanidades al marco de
+las rentas y sueldos, pronto se sali&oacute; de todo l&iacute;mite de prudencia, y no
+tardaron en aparecer los atrasos, las irregularidades, las deudas.
+Hombre ordenad&iacute;simo era Zapata; pero de tal modo le dominaba su esposa,
+que hasta le hizo perder sus cualidades eminentes; y el que tan bien
+supo administrar los caudales del ej&eacute;rcito, ve&iacute;a perderse los suyos,
+olvidado del arte para conservarlos. Paquita no se pon&iacute;a tasa en el
+vestir elegante, ni en el lujo de mesa, ni en el continuo zarandeo de
+bailes y reuniones, ni en los dispendiosos caprichos. Tan notorio fue ya
+el desorden, que Zapata, aterrado, viendo venir el trueno gordo, hubo
+de vencer la modorra en que su cara mitad le ten&iacute;a, y se puso a hacer
+n&uacute;meros y a querer establecer m&eacute;todo y raz&oacute;n en el gobierno de su
+hacienda; pero &iexcl;oh triste sino de la familia! cuando m&aacute;s engolfado
+estaba el hombre en su aritm&eacute;tica, de la que esperaba su salvaci&oacute;n,
+cogi&oacute; una pulmon&iacute;a, y pas&oacute; a mejor vida el Viernes Santo por la tarde,
+dejando dos hijos de corta edad: Anto&ntilde;ito y Obdulia.</p>
+
+<p>Administradora y due&ntilde;a del caudal activo y pasivo, Francisca no tard&oacute; en
+demostrar su ineptitud para el manejo de aquellas enredosas materias, y
+a su lado surgieron, como los gusanos en cuerpo corrupto, infinitas
+personas que se la com&iacute;an por dentro y por fuera, devor&aacute;ndola sin
+compasi&oacute;n. En esta &eacute;poca desastrosa, entr&oacute; a su servicio Benigna, que si
+desde el primer d&iacute;a se acredit&oacute; de cocinera excelente, a las pocas
+semanas hubo de revelarse como la m&aacute;s intr&eacute;pida sisona de Madrid. Qu&eacute;
+tal ser&iacute;a la moza en este terreno, que la misma do&ntilde;a Francisca, de una
+miop&iacute;a radical para la inspecci&oacute;n de sus intereses, pudo apreciar la
+rapacidad minuciosa de la sirviente, y aun se determin&oacute; a corregirla. En
+justicia, debo decir que Benigna (entre los suyos llamada <i>Benina</i>, y
+<i>Nina</i> simplemente por la se&ntilde;ora) ten&iacute;a cualidades muy buenas que, en
+cierto modo, compensaban, en los desequilibrios de su car&aacute;cter, aquel
+defecto grave de la sisa. Era muy limpia, de una actividad pasmosa, que
+produc&iacute;a el milagro de agrandar las horas y los d&iacute;as. Adem&aacute;s de esto,
+Do&ntilde;a Francisca estimaba en ella el amor intenso a los ni&ntilde;os de la casa;
+amor sincero y, si se quiere, positivo, que se revelaba en la vigilancia
+constante, en los exquisitos cuidados con que sanos o enfermos les
+atend&iacute;a. Pero las cualidades no fueron bastante eficaces para impedir
+que el defecto promoviera cuestiones agrias entre ama y sirviente, y en
+una de estas, Benina fue despedida. Los ni&ntilde;os la echaron muy de menos, y
+lloraban por su Nina graciosa y soboncita.</p>
+
+<p>A los tres meses se present&oacute; de visita en la casa. No pod&iacute;a olvidar a la
+se&ntilde;ora ni a los nenes. Estos eran su amor, y la casa, todo lo material
+de ella, la encari&ntilde;aba y atra&iacute;a. Paquita Ju&aacute;rez tambi&eacute;n ten&iacute;a especial
+gusto en charlar con ella, pues algo (no sab&iacute;an qu&eacute;) exist&iacute;a entre las
+dos que secretamente las enlazaba, algo de com&uacute;n en la extraordinaria
+diversidad de sus caracteres. Menudearon las visitas. &iexcl;Ay! la Benina no
+se encontraba a gusto en la casa donde a la saz&oacute;n serv&iacute;a. En fin, que ya
+la tenemos otra vez en la domesticidad de Do&ntilde;a Francisca; y tan contenta
+ella, y satisfecha la se&ntilde;ora, y los peque&ntilde;uelos locos de alegr&iacute;a.
+Sobrevino en aquel tiempo un aumento de las dificultades y ahogos de la
+familia en el orden administrativo: las deudas ro&iacute;an con diente voraz el
+patrimonio de la casa; se perd&iacute;an fincas valiosas, pasando sin saber
+c&oacute;mo, por artes de usura infame, a las manos de los prestamistas. Como
+carga preciosa que se arroja de la embarcaci&oacute;n al mar en los apuros del
+naufragio, sal&iacute;an de la casa los mejores muebles, cuadros, alfombras
+riqu&iacute;simas: las alhajas hab&iacute;an salido ya... Pero por m&aacute;s que se
+aligeraba el buque, la familia continuaba en peligro de zozobra y de
+sumergirse en los negros abismos sociales.</p>
+
+<p>Para mayor desdicha, en aquel funesto periodo del 70 al 80, los dos
+ni&ntilde;os padecieron grav&iacute;simas enfermedades: tifoidea el uno; eclampsia y
+epilepsia la otra. Benina les asisti&oacute; con tal esmero y solicitud tan
+amorosa, que se pudo creer que les arrancaba de las u&ntilde;as de la muerte.
+Ellos le pagaban, es verdad, estos cuidados con un afecto ardiente. Por
+amor de Benina, m&aacute;s que por el de su madre, se prestaban a tomar las
+medicinas, a callar y estarse quietecitos, a sudar sin ganas, y a no
+comer antes de tiempo: todo lo cual no impidi&oacute; que entre ama y criada
+surgiesen cuestiones y desavenencias, que trajeron una segunda
+despedida. En un arrebato de ira o de amor propio, Benina sali&oacute;
+disparada, jurando y perjurando que no volver&iacute;a a poner los pies en
+aquella casa, y que al partir sacud&iacute;a sus zapatos para no llevarse
+pegado en ellos el polvo de las esteras... pues lo que es alfombras, ya
+no las hab&iacute;a.</p>
+
+<p>En efecto: antes del a&ntilde;o, apareciose Benina en la casa. Entr&oacute;, anegado
+en l&aacute;grimas el rostro, diciendo: &laquo;Yo no s&eacute; qu&eacute; tiene la se&ntilde;ora; yo no s&eacute;
+qu&eacute; tiene esta casa, y estos ni&ntilde;os, y estas paredes, y todas las cosas
+que aqu&iacute; hay: yo no s&eacute; m&aacute;s sino que no me hallo en ninguna parte. En
+casa rica estoy, con buenos amos que no reparan en dos reales m&aacute;s o
+menos; seis duros de salario... Pues no me hallo, se&ntilde;ora, y paso la
+noche y el d&iacute;a acord&aacute;ndome de esta familia, y pensando si estar&aacute;n bien o
+no estar&aacute;n bien. Me ven suspirar, y creen que tengo hijos. Yo no tengo a
+nadie en el mundo m&aacute;s que a la se&ntilde;ora, y sus hijos son mis hijos, pues
+como a tales les quiero...&raquo;. Otra vez Benina al servicio de Do&ntilde;a
+Francisca Ju&aacute;rez, como criada &uacute;nica y para todo, pues la familia hab&iacute;a
+dado un baj&oacute;n tremendo en aquel a&ntilde;o, siendo tan notorias las se&ntilde;ales de
+ruina, que la criada no pod&iacute;a verlas sin sentir aflicci&oacute;n profunda.
+Lleg&oacute; la ocasi&oacute;n ineludible de cambiar el cuarto en que viv&iacute;an por otro
+m&aacute;s modesto y barato. Do&ntilde;a Francisca, apegada a las rutinas y sin
+determinaci&oacute;n para nada, vacilaba. La criada, quit&aacute;ndole en momentos tan
+cr&iacute;ticos las riendas del gobierno, decidi&oacute; la mudanza, y desde la calle
+de Claudio Coello saltaron a la del Olmo. Por cierto que hubo no pocas
+dificultades para evitar un desahucio vergonzoso: todo se arregl&oacute; con la
+generosa ayuda de Benina, que sac&oacute; del Monte sus econom&iacute;as, importantes
+tres mil y pico de reales, y las entreg&oacute; a la se&ntilde;ora, estableci&eacute;ndose
+desde entonces comunidad de intereses en la adversa como en la pr&oacute;spera
+fortuna. Pero ni aun en aquel rasgo de caridad hermosa desminti&oacute; la
+pobre mujer sus h&aacute;bitos de sisa, y descont&oacute; un pico para guardarlo
+cuidadosamente en su ba&uacute;l, como base de un nuevo montep&iacute;o, que era para
+ella necesidad de su temperamento y placer de su alma.</p>
+
+<p>Como se ve, ten&iacute;a el vicio del descuento, que en cierto modo, por otro
+lado, era la virtud del ahorro. Dif&iacute;cil expresar d&oacute;nde se empalmaban y
+confund&iacute;an la virtud y el vicio. La costumbre de escatimar una parte
+grande o chica de lo que se le daba para la compra, el gusto de
+guardarla, de ver c&oacute;mo crec&iacute;a lentamente su caudal de perras, se
+sobrepon&iacute;an en su esp&iacute;ritu a todas las dem&aacute;s costumbres, h&aacute;bitos y
+placeres. Hab&iacute;a llegado a ser el sisar y el reunir como cosa instintiva,
+y los actos de este linaje se diferenciaban poco de las rapi&ntilde;as y
+escondrijos de la urraca. En aquella tercera &eacute;poca, del 80 al 85, sisaba
+como antes, aunque guardando medida proporcional con los mezquinos
+haberes de Do&ntilde;a Francisca. Sucedi&eacute;ronse en aquellos d&iacute;as grandes
+desventuras y calamidades. La pensi&oacute;n de la se&ntilde;ora, como viuda de
+intendente, hab&iacute;a sido retenida en dos tercios por los prestamistas; los
+empe&ntilde;os suced&iacute;an a los empe&ntilde;os, y por librarse de un ahogo, ca&iacute;a pronto
+en mayores apreturas. Su vida lleg&oacute; a ser un continuo af&aacute;n: las
+angustias de una semana, engendraban las de la semana siguiente: raros
+eran los d&iacute;as de relativo descanso. Para atenuar las horas tristes,
+sacaban fuerzas de flaqueza, alegrando con afectadas fantasmagor&iacute;as los
+ratos de la noche, cuando se ve&iacute;an libres de acreedores molestos y de
+reclamaciones enfadosas. Fue preciso hacer nuevas mudanzas, buscando la
+baratura, y del <i>Olmo</i> pasaron al <i>Sa&uacute;co</i>, y del <i>Sa&uacute;co</i> al <i>Almendro</i>.
+Por esta fatalidad de los nombres de &aacute;rboles en las calles donde
+vivieron, parec&iacute;an p&aacute;jaros que volaban de rama en rama, dispersados por
+las escopetas de los cazadores o las pedradas de los chicos.</p>
+
+<p>En una de las tremendas crisis de aquel tiempo, tuvo Benina que acudir
+nuevamente al fondo de su cofre, donde escond&iacute;a el <i>gato</i> o montep&iacute;o,
+producto de sus descuentos y sisas. Ascend&iacute;a el mont&oacute;n a diez y siete
+duros. No pudiendo decir a su se&ntilde;ora la verdad, sali&oacute; con el cuento de
+que una prima suya, la Rosaura, que comerciaba en miel alcarre&ntilde;a, le
+hab&iacute;a dado unos duros para que se los guardara. &laquo;Dame, dame todo lo que
+tengas, Benina, as&iacute; Dios te conceda la gloria eterna, que yo te lo
+devolver&eacute; doblado cuando los primos de Ronda me paguen lo del pejugar...
+ya sabes... es cosa de d&iacute;as... ya viste la carta&raquo;.</p>
+
+<p>Y revolviendo en el fondo del ba&uacute;l, entre mil baratijas y l&iacute;os de
+trapos, sac&oacute; la sisona doce duros y medio y los dio a su ama dici&eacute;ndole:
+&laquo;Es todo lo que tengo. No hay m&aacute;s: puede creerlo; es tan verdad como que
+nos hemos de morir&raquo;.</p>
+
+<p>No pod&iacute;a remediarlo. Descontaba su propia caridad, y sisaba en su
+limosna.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#toc">VIII</a></h2>
+
+
+<p>Tantas desdichas, parecer&aacute; mentira, no eran m&aacute;s que el pre&aacute;mbulo del
+infortunio grande, aterrador, en que el infeliz linaje de los Ju&aacute;rez y
+Zapatas hab&iacute;a de caer, la boca del abismo en que sumergido le hallamos
+al referir su historia. Desde que viv&iacute;an en la calle del Olmo, Do&ntilde;a
+Francisca fue abandonada de la sociedad que la ayud&oacute; a dar al viento su
+fortuna, y en las calles del Sa&uacute;co y Almendro desaparecieron las pocas
+amistades que le restaban. Por entonces la gente de la vecindad, los
+tenderos chasqueados y las personas que de ella ten&iacute;an l&aacute;stima empezaron
+a llamarla <i>Do&ntilde;a Paca</i>, y ya no hubo forma de designarla con otro
+nombre. Gentezuelas desconsideradas y groseras sol&iacute;an a&ntilde;adir al nombre
+familiar alg&uacute;n mote infamante: <i>Do&ntilde;a Paca la tramposa</i>, <i>la Marquesa del
+infundio</i>.</p>
+
+<p>Est&aacute; visto que Dios quer&iacute;a probar a la dama ronde&ntilde;a, porque a las
+calamidades del orden econ&oacute;mico a&ntilde;adi&oacute; la grande amargura de que sus
+hijos, en vez de consolarla, despuntando por buenos y sumisos, agobiaran
+su esp&iacute;ritu con mayores mortificaciones, y clavaran en su coraz&oacute;n
+espinas muy punzantes. Anto&ntilde;ito, defraudando las esperanzas de su mam&aacute;,
+y esterilizando los sacrificios que se hab&iacute;an hecho para encarrilarle en
+los estudios, sali&oacute; de la piel del diablo. En vano su madre y Benina,
+sus dos madres m&aacute;s bien, se desviv&iacute;an por quitarle de la cabeza las
+malas ideas: ni el rigor ni las blanduras daban resultado. Se repet&iacute;a el
+caso de que, cuando ellas cre&iacute;an tenerle conquistado con caranto&ntilde;as y
+mimos, &eacute;l las enga&ntilde;aba con fingida sumisi&oacute;n, y escamote&aacute;ndoles la
+voluntad, se alzaba con el santo y la limosna. Era muy listo para el
+mal, y hall&aacute;base dotado de seducciones raras para hacerse perdonar sus
+travesuras. Sab&iacute;a esconder su astuta malicia bajo apariencias
+agradables; a los diez y seis a&ntilde;os enga&ntilde;aba a sus madres como si fueran
+ni&ntilde;as; tra&iacute;a falsos certificados de ex&aacute;menes; estudiaba por apuntes de
+los compa&ntilde;eros, porque vend&iacute;a los libros que se le hab&iacute;an comprado. A
+los diez y nueve a&ntilde;os, las malas compa&ntilde;&iacute;as dieron ya car&aacute;cter grave a
+sus diabluras; desaparec&iacute;a de la casa por dos o tres d&iacute;as, se
+embriagaba, se qued&oacute; en los huesos. Uno de los principales cuidados de
+las dos madres era esconder en las entra&ntilde;as de la tierra la poca moneda
+que ten&iacute;an, porque con &eacute;l no hab&iacute;a dinero seguro. La sacaba con arte
+exquisito del seno de Do&ntilde;a Paca, o del bolso mugriento de Benina.
+Arramblaba por todo, fuera poco, fuera mucho. Las dos mujeres no sab&iacute;an
+qu&eacute; escondrijos inventar, ni en qu&eacute; profundidades de la cocina o de la
+despensa esconder sus mezquinos tesoros.</p>
+
+<p>Y a pesar de esto, su madre le quer&iacute;a entra&ntilde;ablemente, y Benina le
+adoraba, porque no hab&iacute;a otro con m&aacute;s arte y m&aacute;s refinado histrionismo
+para fingir el arrepentimiento. A sus delirios segu&iacute;an com&uacute;nmente d&iacute;as
+de recogimiento solitario en la casa, derroche de l&aacute;grimas y suspiros,
+protestas de enmienda, acompa&ntilde;adas de un febril besuqueo de las caras de
+las dos madres burladas... El blando coraz&oacute;n de estas, enga&ntilde;ado por tan
+bonitas demostraciones, se dejaba adormecer en la confianza c&oacute;moda y
+f&aacute;cil, hasta que, de improviso, del fondo de aquellas zalamer&iacute;as,
+verdaderas o falsas, saltaba el ladronzuelo, como diablillo de trampa en
+el centro de una caja de dulces, y... otra vez el muchacho a sus
+correr&iacute;as infames, y las pobres mujeres a su desesperaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Por desgracia o por fortuna (y vaya usted a saber si era fortuna o
+desgracia), ya no hab&iacute;a en la casa cubiertos de plata, ni objeto alguno
+de metal valioso. El demonio del chico hac&iacute;a presa en cuanto encontraba,
+sin despreciar las cosas de valor &iacute;nfimo; y despu&eacute;s de arramblar por los
+paraguas y sombrillas, la emprendi&oacute; con la ropa interior, y un d&iacute;a, al
+levantarse de la mesa, aprovechando un momento de descuido de sus madres
+y hermana, escamote&oacute; el mantel y dos servilletas. De su propia ropa no
+se diga: en pleno invierno andaba por las calles sin abrigo ni capa,
+respetado de las pulmon&iacute;as, protegido sin duda contra ellas por el fuego
+interior de su perversidad. Ya no sab&iacute;an Do&ntilde;a Paca y Benina d&oacute;nde
+esconder las cosas, pues tem&iacute;an que les arrebatara hasta la camisa que
+llevaban puesta. Baste decir que desaparecieron en una noche las
+vinajeras, y un estuchito de costura de Obdulia; otra noche dos planchas
+y unas tenacillas, y sucesivamente el&aacute;sticas usadas, retazos de tela, y
+multitud de cosas &uacute;tiles aunque de valor insignificante. Libros no
+hab&iacute;a ya en la casa, y Do&ntilde;a Paca no se atrev&iacute;a ni a pedirlos prestados,
+temerosa de no poder devolverlos. Hasta los de misa hab&iacute;an volado, y
+tras ellos, o antes que ellos, gemelos de teatro, guantes en buen uso, y
+una jaula sin p&aacute;jaro.</p>
+
+<p>Por otro estilo, y con organismo totalmente distinto del de su hermano,
+la ni&ntilde;a daba tambi&eacute;n mucha guerra. Desde los doce a&ntilde;os se desarroll&oacute; en
+ella el neurosismo en un grado tal, que las dos madres no sab&iacute;an c&oacute;mo
+templar aquella gaita. Si la trataban con rigor, malo; si con mimos,
+peor. Ya mujer, pasaba sin transici&oacute;n de las inquietudes epil&eacute;pticas a
+una languidez mortecina. Sus melancol&iacute;as intensas aburr&iacute;an a las pobres
+mujeres tanto como sus excitaciones, determinantes de una gran actividad
+muscular y mental. La alimentaci&oacute;n de Obdulia lleg&oacute; a ser el problema
+capital de la casa, y entre las desganas y los caprichos fam&eacute;licos de la
+ni&ntilde;a, las madres perd&iacute;an su tiempo, y la paciencia que Dios les hab&iacute;a
+concedido al por mayor. Un d&iacute;a le daban, a costa de grandes sacrificios,
+manjares ricos y substanciosos, y la ni&ntilde;a los tiraba por la ventana;
+otro, se hartaba de bazofias que le produc&iacute;an horroroso flato. Por
+temporadas se pasaba d&iacute;as y noches llorando, sin que pudiera averiguarse
+la causa de su duelo; otras veces se sal&iacute;a con un geniecillo
+displicente y quisquilloso que era el mayor suplicio de las dos mujeres.
+Seg&uacute;n opini&oacute;n de un m&eacute;dico que por l&aacute;stima las visitaba, y de otros que
+ten&iacute;an consulta gratuita, todo el desorden nervioso y psicol&oacute;gico de la
+ni&ntilde;a era cuesti&oacute;n de anemia, y contra esto no hab&iacute;a m&aacute;s terap&eacute;utica que
+el tratamiento ferruginoso, los buenos filetes y los ba&ntilde;os fr&iacute;os.</p>
+
+<p>Era Obdulia bonita, de facciones delicadas, tez opalina, cabello
+casta&ntilde;o, talle sutil y esbelto, ojos dulces, habla modosita y dengosa
+cuando no estaba de morros. No puede imaginarse ambiente menos adecuado
+a semejante criatura, ma&ntilde;osa y enfermiza, que la miseria en que hab&iacute;a
+crecido y viv&iacute;a. Por intervalos se notaban en ella s&iacute;ntomas de
+presunci&oacute;n, anhelos de agradar, preferencias por estas o las otras
+personas, algo que indicaba las inquietudes o anuncios del cambio de
+vida, de lo cual se alegraba Do&ntilde;a Paca, porque ten&iacute;a sus proyectos
+referentes a la ni&ntilde;a. La buena se&ntilde;ora se habr&iacute;a desvivido por
+realizarlos, si Obdulia se equilibrara, si atendiera al complemento de
+su educaci&oacute;n, bastante descuidada, pues escrib&iacute;a muy mal, e ignoraba los
+rudimentos del saber que poseen casi todas las ni&ntilde;as de la clase media.
+La ilusi&oacute;n de Do&ntilde;a Paca era casarla con uno de los hijos de su primo
+Mat&iacute;as, propietario ronde&ntilde;o, chicos guapines y bien criados, que
+segu&iacute;an carrera en Sevilla, y alguna vez ven&iacute;an a Madrid por San
+Isidro. Uno de ellos, Currito Zapata, gustaba de Obdulia: casi se
+entablaron relaciones amorosas que por el car&aacute;cter de la ni&ntilde;a y sus
+extravagancias melindrosas no llegaron a formalizarse. Pero la madre no
+abandonaba la idea, o al menos, acarici&aacute;ndola en su mente, con ella se
+consolaba de tantas desdichas.</p>
+
+<p>De la noche a la ma&ntilde;ana, viviendo la familia en la calle del Olmo, se
+iniciaron, sin saber c&oacute;mo, no s&eacute; qu&eacute; relaciones telegr&aacute;ficas entre
+Obdulia y un chico de enfrente, cuyo padre administraba una empresa de
+servicios f&uacute;nebres. El bigard&oacute;n aquel no carec&iacute;a de atractivos:
+estudiaba en la Universidad y sab&iacute;a mil cosas bonitas que Obdulia
+ignoraba, y fueron para ella como una revelaci&oacute;n. Literatura y poes&iacute;a,
+versitos, mil baratijas del humano saber pasaron de &eacute;l a ella en
+cartitas, entrevistas y honestos encuentros.</p>
+
+<p>No miraba esto con buenos ojos Do&ntilde;a Paca, atenta a su plan de casarla
+con el ronde&ntilde;o; pero la ni&ntilde;a, que tomado hab&iacute;a en aquellos tratos no
+pocas lecciones de romanticismo elemental, se puso como loca vi&eacute;ndose
+contrariada en su espiritual querencia. Le daban por ma&ntilde;ana y tarde
+furiosos ataques epil&eacute;pticos, en los que se golpeaba la cara y se
+ara&ntilde;aba las manos; y, por fin, un d&iacute;a Benina la sorprendi&oacute; preparando
+una raci&oacute;n de cabezas de f&oacute;sforos con aguardiente para pon&eacute;rsela entre
+pecho y espalda. La marimorena que se arm&oacute; en la casa no es para
+referida. Do&ntilde;a Paca era un mar de l&aacute;grimas; la ni&ntilde;a bailaba el
+zapateado, tocando el techo con las manos, y Benina pensaba dar parte al
+administrador de <i>entierros</i> para que, mediante una buena paliza u otra
+medicina eficaz, le quitase a su hijo aquella pasi&oacute;n de <i>cosas de
+muertos</i>, <i>cipreses</i> y <i>cementerios</i> de que hab&iacute;a contagiado a la pobre
+se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>Pasado alg&uacute;n tiempo sin conseguir apartar a la descarriada Obdulia del
+trato amoroso con <i>el chico de la funebridad</i>, consinti&eacute;ndoselo a veces
+por v&iacute;a de transacci&oacute;n con la epilepsia, y por evitar mayores males,
+Dios quiso que el conflicto se resolviera de un modo repentino y f&aacute;cil;
+y la verdad, con tal soluci&oacute;n se ahorraban unas y otros muchos
+quebraderos de cabeza, porque tambi&eacute;n la <i>familia f&uacute;nebre</i> andaba a
+mojicones con el chico para apartarle del abismo en que arrojarse
+quer&iacute;a. Pues sucedi&oacute; que una ma&ntilde;anita la ni&ntilde;a supo burlar la vigilancia
+de sus dos madres y se escap&oacute; de la casa; el mancebo hizo lo propio.
+Junt&aacute;ronse en la calle, con prop&oacute;sito firme de ir a alg&uacute;n po&eacute;tico lugar
+donde pudieran quitarse la miserable vida, bien abrazaditos, expirando
+al mismo tiempo, sin que el uno pudiera sobrevivir al otro. As&iacute; lo
+determinaron en los primeros momentos, y echaron a correr pensando
+simult&aacute;neamente en cu&aacute;l ser&iacute;a la mejor manera de matarse, de golpe y
+porrazo, sin sufrimiento alguno, y pasando en un tris a la regi&oacute;n pura
+de las almas libres. Lejos de la calle del Almendro, se modificaron
+repentinamente sus ideas, y con perfecta concordancia pensaron cosas muy
+distintas de la muerte. Por fortuna, el chico ten&iacute;a dinero, pues hab&iacute;a
+cobrado la tarde anterior una factura de <i>f&eacute;retro doble de zinc</i> y otra
+de un <i>servicio completo de cama imperial y conducci&oacute;n con seis
+caballos</i>, <i>etc</i>... La posesi&oacute;n del dinero realiz&oacute; el prodigio de
+cambiar las ideas de suicidio en ideas de prolongaci&oacute;n de la existencia;
+y variando de rumbo se fueron a almorzar a un caf&eacute;, y despu&eacute;s a una casa
+cercana, de la cual, ya tarde, pasaron a otra donde escribieron a sus
+respectivas familias, notific&aacute;ndoles que <i>ya estaban casados</i>.</p>
+
+<p>Como casados, propiamente hablando, no lo estaban a&uacute;n; pero el tr&aacute;mite
+que faltaba ten&iacute;a que venir necesariamente. El padre del chico se
+person&oacute; en casa de Do&ntilde;a Paca, y all&iacute; se convino, llorando ella y
+pateando &eacute;l, que no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que reconocer y acatar los hechos
+consumados. Y puesto que Do&ntilde;a Francisca no pod&iacute;a dar a su ni&ntilde;a dinero o
+efectos, ni aun en m&iacute;nima cantidad para ayuda de un catre, &eacute;l dar&iacute;a a
+<i>Luquitas</i> alojamiento en lo alto del dep&oacute;sito de ata&uacute;des, y un
+sueldecillo en la secci&oacute;n de <i>Propaganda</i>. Con esto, y el corretaje que
+pudiera corresponderle por <i>trabajar el g&eacute;nero</i> en las <i>casas
+mortuorias</i>, colocaci&oacute;n de <i>art&iacute;culos de lujo</i>, o por agencia de
+embalsamamientos, podr&iacute;a vivir el flamante matrimonio con honrada
+modestia.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a><a href="#toc">IX</a></h2>
+
+
+<p>No se hab&iacute;a consolado a&uacute;n la desventurada se&ntilde;ora de la pena que el
+desatino de su hija le causara, y se pasaba las horas lament&aacute;ndose de su
+suerte, cuando entr&oacute; en quintas Anto&ntilde;ito. La pobre se&ntilde;ora no sab&iacute;a si
+sentirlo o alegrarse. Triste cosa era verle soldado, con el chopo a
+cuestas: al fin era se&ntilde;orito, y se le despegaba la vida de los
+cuarteles. Pero tambi&eacute;n pensaba que la disciplina militar le vendr&iacute;a muy
+bien para corregir sus malas ma&ntilde;as. Por fortuna o por desgracia del
+joven, sac&oacute; un n&uacute;mero muy alto, y qued&oacute; de reserva. Pasado alg&uacute;n tiempo,
+y despu&eacute;s de una ausencia de cuatro d&iacute;as, presentose a su madre y le
+dijo que se casaba, que quer&iacute;a casarse, y que si no le daba su
+consentimiento &eacute;l se lo tomar&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;Hijo m&iacute;o, s&iacute;, s&iacute;&mdash;dijo la madre prorrumpiendo en llanto&mdash;. Vete con Dios,
+y solitas Benina y yo, viviremos con alguna tranquilidad. Puesto que has
+encontrado quien cargue contigo, y tienes ya quien te cuide y te
+aguante, all&aacute; te las hayas. Yo no puedo m&aacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>A la pregunta de caj&oacute;n sobre el nombre, linaje y condiciones de la
+novia, replic&oacute; el silbante que la conceptuaba muy rica, y tan buena que
+no hab&iacute;a m&aacute;s que pedir. Pronto se supo que era hija de una sastra, que
+pespuntaba con primor, y que no ten&iacute;a m&aacute;s dote que su dedal.</p>
+
+<p>&laquo;Bien, ni&ntilde;o, bien&mdash;le dijo una tarde Do&ntilde;a Paca&mdash;. Me he lucido con mis
+hijos. Al menos Obdulia, viviendo entre ata&uacute;des, tiene sobre qu&eacute; caerse
+muerta... Pero t&uacute;, &iquest;de qu&eacute; vas a vivir? &iquest;Del dedal y las puntadas de ese
+prodigio? Verdad que como eres tan trabajador y tan econ&oacute;mico,
+aumentar&aacute;s las ganancias de ella con tu arreglo. &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute;
+maldici&oacute;n ha ca&iacute;do sobre m&iacute; y sobre los m&iacute;os! Que me muera pronto para
+no ver los horrores que han de sobrevenir&raquo;.</p>
+
+<p>Debe notarse, la verdad ante todo, que desde que empez&oacute; el noviazgo de
+Anto&ntilde;ito con la hija de la sastra, se fue corrigiendo de sus ma&ntilde;as
+rapaces, hasta que se le vio completamente curado de ellas. Su car&aacute;cter
+sufri&oacute; un cambio radical: mostr&aacute;ndose afectuoso con su madre y con
+Benina, resign&aacute;base a no tener m&aacute;s dinero que el poqu&iacute;simo que le daban,
+y hasta en su lenguaje se conoc&iacute;a el trato de personas m&aacute;s honradas y
+decentes que las de anta&ntilde;o. Esto fue parte a que Do&ntilde;a Paca le concediera
+el consentimiento, sin conocer a la novia ni mostrar ganas de conocerla.
+Charlando con su se&ntilde;ora de estas cosas, Benina aventur&oacute; la idea de que
+tal vez por aquel torcido sendero de la boda del mequetrefe, vendr&iacute;a la
+suerte a la casa, pues la suerte, ya se sabe, no viene nunca por donde
+l&oacute;gicamente se la espera, sino por curvas y vericuetos incre&iacute;bles. No se
+daba por convencida Do&ntilde;a Paca, que sinti&eacute;ndose minada de una melancol&iacute;a
+corrosiva, no ve&iacute;a ya en la existencia ning&uacute;n horizonte que no fuera
+ce&ntilde;udo y tempestuoso. Con hallarse ya las dos mujeres, por la colocaci&oacute;n
+de los hijos, en mejores condiciones de reposo y de vida, no se aven&iacute;an
+con su soledad, y echaban de menos a <i>la familia menuda</i>; cosa en verdad
+muy natural, porque es ley que los mayores conserven el afecto a la
+descendencia, aunque esta les martirice, les maltrate y les deshonre.</p>
+
+<p>A poco de celebrarse las dos bodas, trasladose Do&ntilde;a Paca de la calle del
+Almendro a la Imperial, buscando siempre baraturas, que al fin y al cabo
+no le resolv&iacute;an el problema de vivir sin recursos. Estos se hab&iacute;an
+reducido a cero, porque el resto disponible de la pensi&oacute;n apenas bastaba
+para tapar la boca a los acreedores menudos. Casi todos los d&iacute;as del mes
+se pasaban en angustiosos arbitrios para reunir cuartos, cosa en extremo
+dif&iacute;cil ya, porque no hab&iacute;a en la casa objetos de valor. El cr&eacute;dito en
+tiendas o en cajones de la plazuela, hab&iacute;ase agotado. De los hijos nada
+pod&iacute;a esperarse, y bastante hac&iacute;an los pobres con asegurar malamente su
+propia subsistencia. La situaci&oacute;n era, pues, desesperada, de naufragio
+irremediable, flotando los cuerpos entre las bravas olas, sin tabla o
+madero a que poder agarrarse. Por aquellos d&iacute;as, hizo la Benina
+prodigiosas combinaciones para vencer las dificultades, y dar de comer a
+su ama gastando inveros&iacute;miles cantidades met&aacute;licas. Como ten&iacute;a
+conocimiento en las plazuelas, por haber sido en tiempos mejores
+excelente parroquiana, no le era dif&iacute;cil adquirir comestibles a precio
+&iacute;nfimo, y gratuitamente huesos para el caldo, trozos de lombardas o
+repollos averiados, y otras menudencias. En los comercios para pobres,
+que ocupan casi toda la calle de la Ruda, tambi&eacute;n ten&iacute;a buenas amistades
+y relaciones, y con poqu&iacute;simo dinero, o sin ninguno a veces, tomando al
+fiado, adquir&iacute;a huevos chicos, rotos y viejos, pu&ntilde;ados de garbanzos o
+lentejas, az&uacute;car morena de restos de almac&eacute;n, y diversas porquer&iacute;as que
+presentaba a la se&ntilde;ora como art&iacute;culo de mediana clase.</p>
+
+<p>Por iron&iacute;a de su destino, Do&ntilde;a Paca, afligida de diversas enfermedades,
+conservaba su buen apetito y el gusto de los manjares selectos; gusto y
+apetito que en cierto modo ven&iacute;an a ser tambi&eacute;n enfermedad, en aquel
+caso de las m&aacute;s rebeldes, porque en las farmacias, llamadas tiendas de
+comestibles, no despachan sin dinero. Con esfuerzos sobrehumanos,
+empleando la actividad corp&oacute;rea, la atenci&oacute;n intensa y la inteligente
+travesura, Benina le daba de comer lo mejor posible, a veces muy bien,
+con delicadezas refinadas. Un profundo sentimiento de caridad la mov&iacute;a,
+y adem&aacute;s el ardiente cari&ntilde;o que a la triste se&ntilde;ora profesaba, como para
+compensarla, a su manera, de tantas desdichas y amarguras. Conform&aacute;base
+ella con chupar algunos huesos y catar desperdicios, siempre y cuando
+Do&ntilde;a Paca quedase satisfecha. Pero no por caritativa y cari&ntilde;osa perd&iacute;a
+sus ma&ntilde;as instintivas; siempre ocultaba a su se&ntilde;ora una parte del
+dinero, trabajosamente reunido, y la guardaba para formar nuevo fondo y
+capital nuevo.</p>
+
+<p>Al a&ntilde;o del casorio, los hijos, que hab&iacute;an entrado en la vida matrimonial
+con regular desahogo, empezaron a recibir golpes de la suerte, como si
+heredaran la maldici&oacute;n reca&iacute;da sobre la pobre madre. Obdulia, que no
+pudo habituarse a vivir entre cajas de muerto, enferm&oacute; de hipocondr&iacute;a;
+malpari&oacute;; sus nervios se desataron; la pobreza y las negligencias de su
+marido, que de ella no se cuidaba, agravaron sus males constitutivos.
+Mezquinamente socorrida por sus suegros, viv&iacute;a en un sotabanco de la
+calle de la Cabeza, mal abrigada y peor comida, indiferente a su esposo,
+consumi&eacute;ndose en letal ociosidad, que fomentaba los desvar&iacute;os de su
+imaginaci&oacute;n.</p>
+
+<p>En cambio, Anto&ntilde;ito se hab&iacute;a hecho hombre formal despu&eacute;s de casado, tal
+vez por obra y gracia de la virtud, buen juicio y laboriosidad de su
+mujer, que sali&oacute; verdadera alhaja. Pero todos estos m&eacute;ritos, que hab&iacute;an
+producido el milagro de la redenci&oacute;n moral de Antonio Zapata, no
+bastaban a defenderle de la pobreza. Viv&iacute;a el matrimonio en un cuartito
+de la calle de San Carlos, que parec&iacute;a el interior de una bombonera, y
+apenas se entraba en &eacute;l se ve&iacute;a en todo una mano hacendosa. Para mayor
+dicha, el que en otro tiempo perteneci&oacute; a la clase de los llamados
+<i>golfos</i>, adquir&iacute;a el h&aacute;bito y el gusto del trabajo productivo, y no
+habiendo cosa mejor en que ocuparse, se hab&iacute;a hecho corredor de
+anuncios. Todo el santo d&iacute;a le ten&iacute;ais como un azac&aacute;n, de comercio en
+comercio, de peri&oacute;dico en peri&oacute;dico, y aunque de sus comisiones hab&iacute;a
+que descontar el considerable gasto de calzado, siempre le quedaba para
+ayuda del cocido, y para aliviar a la Juliana de su enorme tarea en la
+<i>Singer</i>. Y que la moza no se andaba en chiquitas: su fecundidad no era
+inferior a su disposici&oacute;n casera, porque en el primer parto se trajo dos
+gemelos. No hubo m&aacute;s remedio que poner ama, y una boca m&aacute;s en la casa
+oblig&oacute; a duplicar los movimientos de la <i>Singer</i> y las correr&iacute;as de
+Anto&ntilde;ito por las calles de Madrid. Antes de la venida de los gemelos, el
+<i>ex-golfo</i> sol&iacute;a sorprender a su madre con esplendideces y rasgos de
+amor filial, que eran las &uacute;nicas alegr&iacute;as saboreadas por la infeliz
+se&ntilde;ora en mucho tiempo: le llevaba una peseta, dos pesetas, a veces
+medio duro, y Do&ntilde;a Paca lo agradec&iacute;a m&aacute;s que si sus parientes de Ronda
+le regalaran un cortijo. Pero desde que se posesionaron de la casa los
+mellizos, &aacute;vidos de vida y de leche, que hab&iacute;a que formar con buenos
+alimentos, el dichoso y asendereado padre no pudo obsequiar a la
+abuelita con los sobrantes de su ganancia, porque no los ten&iacute;a. M&aacute;s que
+para dar estaba para que le dieran.</p>
+
+<p>Al contrario de este matrimonio, el de los <i>funerarios</i>, Luquitas y
+Obdulia, iba mal, porque el esposo se distra&iacute;a de sus obligaciones
+dom&eacute;sticas y de su trabajo; frecuentaba demasiado el caf&eacute;, y quiz&aacute;s
+lugares menos honestos, por lo cual se le priv&oacute; de la cobranza de
+facturas de servicios mortuorios. Obdulia no ten&iacute;a ni asomos de
+arreglo; pronto se vio agobiada de deudas; cada lunes y cada martes
+enviaba recaditos a su madre con la portera, pidi&eacute;ndole cuartos, que
+Do&ntilde;a Paca no pod&iacute;a darle. Todo esto era ocasi&oacute;n de nuevos afanes y
+cavilaciones para Benina, que amaba entra&ntilde;ablemente a la se&ntilde;orita de la
+casa, y no pod&iacute;a verla con hambre y necesidad, sin tratar al instante de
+socorrerla seg&uacute;n sus medios. No s&oacute;lo ten&iacute;a que atender a su casa, sino a
+la de Obdulia, cuidando de que lo m&aacute;s preciso no faltase en ella. &iexcl;Qu&eacute;
+vida, qu&eacute; fatigas horrorosas, qu&eacute; pugilato con el destino, en las
+sombras t&eacute;tricas de la miseria vergonzante, que tiene que guardar el
+cr&eacute;dito, mirar por el decoro! La situaci&oacute;n lleg&oacute; a ser un d&iacute;a tan
+extremadamente angustiosa, que la heroica anciana, cansada de mirar a
+cielo y tierra por si inopinadamente ca&iacute;a alg&uacute;n socorro, perdido el
+cr&eacute;dito en las tiendas, cerrados todos los caminos, no vio m&aacute;s arbitrio
+para continuar la lucha que poner su cara en verg&uuml;enza saliendo a pedir
+limosna. H&iacute;zolo una ma&ntilde;ana, creyendo que lo har&iacute;a por &uacute;nica vez, y
+sigui&oacute; luego todos los d&iacute;as, pues la fiera necesidad le impuso el triste
+oficio mendicante, priv&aacute;ndola en absoluto de todo otro medio de atender
+a los suyos. Lleg&oacute; por sus pasos contados, y no pod&iacute;a menos de llegar y
+permanecer all&iacute; hasta la muerte, por ley social, econ&oacute;mica, si es que
+as&iacute; se dice. Mas no queriendo que su se&ntilde;ora se enterase de tanta
+desventura, arm&oacute; el enredo de que le hab&iacute;a salido una buena <i>proporci&oacute;n</i>
+de asistenta, en casa de un se&ntilde;or eclesi&aacute;stico, alcarre&ntilde;o, tan piadoso
+como adinerado. Con su presteza imaginativa bautiz&oacute; al fingido
+personaje, d&aacute;ndole, para enga&ntilde;ar mejor a la se&ntilde;ora, el nombre de D.
+Romualdo. Todo se lo crey&oacute; Do&ntilde;a Paca, que rezaba algunos Padrenuestros
+para que Dios aumentase la piedad y las rentas del buen sacerdote, por
+quien Benina ten&iacute;a algo que traer a casa. Deseaba conocerle, y por las
+noches, enga&ntilde;ando las dos su tristeza con charlas y cuentos, le ped&iacute;a
+noticias de &eacute;l y de sus sobrinas y hermanas, de c&oacute;mo estaba puesta la
+casa, y del gasto que hac&iacute;an; a lo que contestaba Benina con detalladas
+referencias y pormenores, simulacro perfecto de la verdad.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="X" id="X"></a><a href="#toc">X</a></h2>
+
+
+<p>Pues se&ntilde;or, atando ahora el cabo de esta narraci&oacute;n, sigo diciendo que
+aquel d&iacute;a comi&oacute; la se&ntilde;ora con buen apetito, y mientras tomaba los
+alimentos adquiridos con el duro del ciego Almudena, diger&iacute;a f&aacute;cilmente
+los piadosos enga&ntilde;os que su criada y compa&ntilde;era le iba metiendo en el
+cuerpo. Hab&iacute;a llegado a tener Do&ntilde;a Paca tal confianza en la disposici&oacute;n
+de Benina, que apenas se inquietaba ya por las dificultades del ma&ntilde;ana,
+segura de que la otra las hab&iacute;a de vencer con su diligencia y
+conocimiento del mundo, vali&eacute;ndole de mucho la protecci&oacute;n del bendito D.
+Romualdo. Ama y criada comieron juntas, y de sobremesa Do&ntilde;a Paca le
+dec&iacute;a: &laquo;No debes escatimar el tiempo a esos se&ntilde;ores; y aunque tu
+obligaci&oacute;n es servirles no m&aacute;s que hasta las doce, si alg&uacute;n d&iacute;a quieren
+que te est&eacute;s all&iacute; por la tarde, estate, mujer, que ya me entender&eacute; yo
+aqu&iacute; como pueda.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no&mdash;respondi&oacute; Benina&mdash;, que tiempo hay para todo, y yo no puedo
+faltar de aqu&iacute;. Ellos son gente buena, y se hacen cargo...</p>
+
+<p>&mdash;Bien se les conoce. Yo le pido al Se&ntilde;or que les premie el buen trato
+que te dan, y mi mayor alegr&iacute;a hoy ser&iacute;a saber que a D. Romualdo me le
+hac&iacute;an obispo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya suena el run run de que van a proponerle; s&iacute;, se&ntilde;ora, obispo de
+no s&eacute; qu&eacute; punto, all&aacute; en las islas de Filipinas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tan lejos? No, eso no. Por ac&aacute; tienen que dejarle para que haga mucho
+bien.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo piensa la Patros, &iquest;sabe? la mayor de las sobrinas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esa que me has dicho tiene el pelo entrecano y bizca un poco?</p>
+
+<p>&mdash;No; esa es la otra.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya... Patros es la que tartamudea, y padece de temblores.</p>
+
+<p>&mdash;Esa. Pues dice que a d&oacute;nde van ellas por esos mares de tan lejos... No,
+no; m&aacute;s vale simple cura por aqu&iacute;, que arzobispo all&aacute;, donde, seg&uacute;n
+dicen, son las doce del d&iacute;a cuando aqu&iacute; tenemos las doce de la noche.</p>
+
+<p>&mdash;En los ant&iacute;podas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero la hermana, Do&ntilde;a Josefa, dice que venga la mitra, y sea donde Dios
+quisiere, que ella no teme ir al fin del mundo, con tal de ver al
+reverend&iacute;simo en el puesto que le corresponde.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que tenga raz&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; hemos de hacer nosotras m&aacute;s que
+conformarnos con la voluntad del Se&ntilde;or, si nos llevan tan lejos al que,
+ampar&aacute;ndote a ti, a m&iacute; tambi&eacute;n me ampara? Ya sabe Dios lo que hace, y
+hasta podr&iacute;a suceder que lo que creemos un mal fuera un bien, y que el
+buen D. Romualdo, al marcharse, nos dejara bien recomendadas a un obispo
+de ac&aacute;, o al propio Nuncio...</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que s&iacute;. En fin, all&aacute; veremos&raquo;.</p>
+
+<p>No pas&oacute; de aqu&iacute; la conversaci&oacute;n referente al imaginario sacerdote, a
+quien Do&ntilde;a Paca conoc&iacute;a ya como si le hubiera visto y tratado,
+forj&aacute;ndose en su mente un tipo real con los elementos descriptivos y
+pintorescos que Benina un d&iacute;a y otro le daba. Pero lo dem&aacute;s que
+picotearon se queda en el tintero para dar lugar a cosas de mayor
+importancia.</p>
+
+<p>&laquo;Cu&eacute;ntame, mujer. Y Obdulia &iquest;qu&eacute; dice?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada. &iquest;Qu&eacute; ha de decir la pobre? El pillo de Luquitas no parece
+por all&iacute; hace dos d&iacute;as. Asegura la ni&ntilde;a que tiene dinero, que cobr&oacute; de
+un <i>embalsamado</i>, y se lo gasta con unas pendangas de la calle del
+Bonetillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s me valga! Y su padre, &iquest;qu&eacute; hace?</p>
+
+<p>&mdash;Reprenderle, castigarle, si le coge a mano. Lo que es a ese no le
+enderezan ya. A la ni&ntilde;a le mandan comida de casa de los padres; pero tan
+tasada, que no le llega al colmillo. Se morir&iacute;a de hambre si no le
+llevara yo lo que le llevo. &iexcl;Pobre &aacute;ngel! Pues ver&aacute; usted: estos d&iacute;as me
+la he encontrado contenta. Ya sabe usted que la ni&ntilde;a es as&iacute;. Cuando hay
+m&aacute;s motivos para que est&eacute; alegre, se pone a llorar; cuando debiera estar
+triste, se pone como unas casta&ntilde;uelas. S&oacute;lo Dios entiende aquella
+zampo&ntilde;a y la manera de templarla. Pues la he visto contenta, s&iacute; se&ntilde;ora,
+y es porque da en figurarse cosas buenas. M&aacute;s vale as&iacute;. Es de las que se
+creen todo lo que fabrican ellas mismas en su cabeza. De este modo, son
+felices cuando debieran ser desgraciadas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si le da por lo contrario, ay&uacute;dame t&uacute; a sentir... &iquest;Y estaba sola,
+enteramente sola con la chica?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora: all&iacute; estaba ese caballero tan fino que la acompa&ntilde;a algunas
+ma&ntilde;anas; ese que es de la familia de los Delgados, paisanos de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Ya... Frasquito Ponte. Fig&uacute;rate si lo conocer&eacute;. Es de mi tierra, o de
+Algeciras, que viene a ser lo mismo. Ha sido elegant&oacute;n y se empe&ntilde;a en
+serlo todav&iacute;a... porque te advierto que es m&aacute;s viejo que un palmar...
+Buena persona, caballero de principios, y que sabe tratar con damas, de
+estos que no se estilan ya, pues ahora todo es groser&iacute;a y mala
+educaci&oacute;n. Viene a ser Ponte cu&ntilde;ado de unas primas de mi esposo, porque
+su hermana cas&oacute; con... en fin, ya no me acuerdo del parentesco. Me
+alegro de que trate a mi hija, pues a esta le convienen relaciones de
+sujetos dignos, decentes y de buena posici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues la posici&oacute;n del tal D. Frasquito me parece a m&iacute; que es como la del
+que est&aacute; montado al aire, lo mismo que los brillantes.</p>
+
+<p>&mdash;En mis tiempos era un solter&oacute;n que se daba buena vida. Ten&iacute;a un buen
+empleo, com&iacute;a en casas grandes, y se pasaba las noches en el Casino.</p>
+
+<p>&mdash;Pues debe de estar ahora m&aacute;s pobre que una rata, porque las noches se
+las pasa...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde?</p>
+
+<p>&mdash;En los palacios encantados de la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Bernarda, calle de Mediod&iacute;a
+Grande... la casa de dormir, &iquest;sabe?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me cuentas?</p>
+
+<p>&mdash;Ese Ponte duerme all&iacute; cuando tiene los tres reales que cuesta la cama,
+en el dormitorio de primera.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; est&aacute;s trastornada, Benina.</p>
+
+<p>&mdash;Le he visto, se&ntilde;ora. La Bernarda es amiga m&iacute;a. Fue la que nos prest&oacute;
+los ocho duros aquellos, &iquest;sabe? cuando la se&ntilde;ora tuvo que sacar c&eacute;dula
+con recargo, y pagar un poder para mandarlo a Ronda.</p>
+
+<p>&mdash;Ya... la que ven&iacute;a todos los d&iacute;as a reclamar la deuda y nos fre&iacute;a la
+sangre.</p>
+
+<p>&mdash;La misma. Pues con todo, es buena mujer. No nos hubiera reclamado <i>por
+justicia</i>, aunque nos amenazaba. Otras son peores. Sepa usted que est&aacute;
+rica, y con las seis casas de dormir que tiene, no le baja de cuarenta
+mil duros lo que ha ganado, s&iacute; se&ntilde;ora, y todo ello lo ha puesto en el
+Banco, y vive del inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas se ven! Bueno est&aacute; el mundo... Pues volviendo al <i>caballero
+Ponte</i>, que as&iacute; le llamaban en Andaluc&iacute;a, si es tan pobre como dices,
+dar&aacute; l&aacute;stima verle... Y m&aacute;s vale as&iacute;, porque la reputaci&oacute;n de la ni&ntilde;a
+podr&iacute;a sufrir algo, si en vez de ser el tal una ruina, un pobre mendigo
+de levita, fuera un gal&aacute;n de posibles, aunque viejo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo&mdash;dijo Benina riendo, pues su condici&oacute;n jovial se mostraba en
+cuantito que los afanes de la vida le daban un respiro&mdash;, que va all&aacute;...
+para que le embalsamen... Buena falta le hace. Y que se den prisa, antes
+que est&eacute; <i>corruto</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Paca se ri&oacute; un poco con aquellas ocurrencias, y despu&eacute;s pidi&oacute;
+informes de la otra familia.</p>
+
+<p>&laquo;Al ni&ntilde;o no le he visto ni hoy ni ayer&mdash;respondi&oacute; Benina&mdash;; pero me ha
+dicho la Juliana que anda corriendo ahora como las mismas exhalaciones,
+porque, con esto del trancazo, le han salido muchos anunciantes de
+medicinas. Piensa ganar mucho dinero y <i>echar</i> &eacute;l un peri&oacute;dico, todo de
+cosas de tienda, poniendo, un suponer, d&oacute;nde venden este art&iacute;culo o el
+otro art&iacute;culo. Los dos mellizos parecen dos rollos de manteca; pero
+buenos cocidos y buenos guisados les cuestan, que el ama se sabe cu&aacute;ndo
+empieza a comer, pero no cu&aacute;ndo acaba. La Juliana me dijo que probaremos
+algo de la <i>matanza</i> que le ha de mandar su t&iacute;o el d&iacute;a del santo, y
+adem&aacute;s dos cortes de botinas, de las echadas a perder en la zapater&iacute;a
+para donde ella pespunta.</p>
+
+<p>&mdash;Es buena esa chica&mdash;dijo con gravedad Do&ntilde;a Paca&mdash;, aunque tan ordinaria,
+que no empareja ni emparejar&aacute; nunca conmigo. Sus regalos me ofenden,
+pero se los agradezco por la buena voluntad... En fin, es hora de que
+nos acostemos. Pues ya me parece que va medio hecha la digesti&oacute;n,
+prep&aacute;rame la medicina para dentro de media hora. Esta noche me siento
+m&aacute;s cargada de las piernas, y con la vista muy perdida. &iexcl;Santo Dios, si
+me quedar&eacute; ciega! Yo no s&eacute; qu&eacute; es esto. Como bien, gracias a Dios, y la
+vista se me va de d&iacute;a en d&iacute;a, sin que me duelan los ojos. Ya no paso las
+noches en vela, gracias a ti, que todo lo discurres por m&iacute;, y al
+despertar, veo las cosas borradas y las piernas se me hacen de algod&oacute;n.
+Yo digo: &iquest;qu&eacute; tiene que ver el re&uacute;ma con la visual? Me mandan que pasee.
+&iquest;Pero a d&oacute;nde voy yo con esta facha, sin ropa decente, temiendo
+tropezarme a cada paso con personas que me conocieron en otra posici&oacute;n,
+o con esos tipos ordinarios y soeces a quien se debe alguna cantidad?&raquo;.</p>
+
+<p>Acordose al o&iacute;r esto Benina de lo m&aacute;s importante que ten&iacute;a que decir a
+su se&ntilde;ora aquella noche, y no queriendo dejarlo para &uacute;ltima hora, por
+temor a que se desvelara, antes de que salieran de la cocina, y mientras
+una y otra recog&iacute;an las escasas piezas de loza para fregarlas, no
+desde&ntilde;&aacute;ndose Do&ntilde;a Francisca de este bajo servicio, le dijo en el tono
+m&aacute;s natural que usar sab&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ah! ya no me acordaba... &iexcl;qu&eacute; cabeza tengo! Hoy me encontr&eacute; al Sr. D.
+Carlos Moreno Trujillo&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose Do&ntilde;a Paca suspensa, y poco falt&oacute; para que se le cayera de las
+manos el plato que estaba lavando.</p>
+
+<p>&laquo;D. Carlos... Pero &iquest;has dicho D. Carlos? Y qu&eacute;... &iquest;te habl&oacute;, te pregunt&oacute;
+por m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Naturalmente, y con un inter&eacute;s que...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es de veras? A buenas horas se acuerda de m&iacute; ese avaro, que me ha
+visto caer en la miseria, a m&iacute;, a la cu&ntilde;ada de su mujer... pues Purita y
+mi Antonio eran hermanos, ya sabes... y no ha sido para tenderme una
+mano...</p>
+
+<p>&mdash;El a&ntilde;o pasado, tal d&iacute;a como hoy, cuando se qued&oacute; viudo, mand&oacute; a la
+se&ntilde;ora un socorrito.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Seis duros! &iexcl;Qu&eacute; verg&uuml;enza!&mdash;exclam&oacute; Do&ntilde;a Paca, dando vueltas a su
+indignaci&oacute;n y a la inquina y despecho acumulados en su alma durante
+tantos a&ntilde;os de oprobio y escasez&mdash;. La cara se me pone como fuego al
+decirlo. &iexcl;Seis duros! y unos pingajos de Purita, guantes sucios, faldas
+rotas, y un traje de sociedad, antiqu&iacute;simo, de cuando se cas&oacute; la
+Reina... &iquest;Para qu&eacute; me sirvieron aquellas porquer&iacute;as?... En fin, sigue
+contando: le encontraste, &iquest;a qu&eacute; hora, en qu&eacute; sitio?</p>
+
+<p>&mdash;Ser&iacute;an las doce y media. &Eacute;l sal&iacute;a de San Sebasti&aacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; que se pasa toda la ma&ntilde;ana de iglesia en iglesia, royendo peanas.
+&iquest;Dices que a las doce y media? &iexcl;Pues si a esa hora estabas t&uacute; sirviendo
+el almuerzo a D. Romualdo!&raquo;.</p>
+
+<p>No era Benina mujer que se acobardaba por esta cogida. Su mente, fecunda
+para el embuste, y su memoria felic&iacute;sima para ordenar las mentiras que
+antes hab&iacute;a dicho y hacerlas valer en apoyo de la mentira nueva, la
+sacaron del apuro.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero no dije a usted que cuando ya hab&iacute;an puesto la mesa, faltaba una
+ensaladera, y tuve que ir a comprarla de prisa y corriendo a la plaza
+del &Aacute;ngel, esquina a Espoz y Mina?</p>
+
+<p>&mdash;Si me lo dijiste, no me acuerdo. &iquest;Pero c&oacute;mo dejabas la cocina momentos
+antes de servir el almuerzo?</p>
+
+<p>&mdash;Porque la zagala que tenemos no sabe las calles, y adem&aacute;s, no entiende
+de compras. Hubiera tardado un siglo, y de fijo nos trae una jofaina en
+vez de una ensaladera... Yo fui volando, mientras la Patros se quedaba
+en la cocina... que lo entiende, crea usted que lo entiende tanto como
+yo, o m&aacute;s... En fin, que me encontr&eacute; al vejestorio de D. Carlos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si para ir de la calle de la Greda a Espoz y Mina no ten&iacute;as que
+pasar por San Sebasti&aacute;n, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Digo que &eacute;l sal&iacute;a de San Sebasti&aacute;n. Le vi venir de all&aacute;, mirando al
+reloj de Canseco. Yo estaba en la tienda. El tendero sali&oacute; a saludarle.
+D. Carlos me vio; hablamos...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; te dijo? Cu&eacute;ntame qu&eacute; te dijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... Me dijo, me dijo... Preguntome por la se&ntilde;ora y por los ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; le importar&aacute;n a ese coraz&oacute;n de piedra la madre ni los hijos! &iexcl;Un
+hombre que tiene en Madrid treinta y cuatro casas, seg&uacute;n dicen, tantas
+como la edad de Cristo y una m&aacute;s; un hombre que ha ganado dinerales
+haciendo contrabando de g&eacute;neros, untando a los de la Aduana y enga&ntilde;ando
+a medio mundo, venirse ahora con cari&ntilde;itos! A buenas horas, mangas
+verdes... Le dir&iacute;as que le desprecio, que estoy por dem&aacute;s orgullosa con
+mi miseria, si miseria es una barrera entre &eacute;l y yo... Porque ese no se
+acerca a los pobres sino con su cuenta y raz&oacute;n. Cree que repartiendo
+limosnas de ochavo, y proporcion&aacute;ndose por poco precio las oraciones de
+los humildes, podr&aacute; enga&ntilde;ar al de arriba y estafar la gloria eterna, o
+colarse en el cielo de contrabando, haci&eacute;ndose pasar por lo que no es,
+como introduc&iacute;a el hilo de Escocia declar&aacute;ndolo percal de a real y medio
+la vara, con marchamos falsos, facturas falsas, certificados de origen
+falsos tambi&eacute;n... &iquest;Le has dicho eso? Di, &iquest;se lo has dicho?</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a><a href="#toc">XI</a></h2>
+
+
+<p>&mdash;No le he dicho eso, se&ntilde;ora, ni hab&iacute;a para qu&eacute;&mdash;replic&oacute; Benina, viendo
+que Do&ntilde;a Francisca se excitaba demasiado, y que toda la sangre al rostro
+se le sub&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pero t&uacute; no recordar&aacute;s lo que hicieron conmigo &eacute;l y su mujer, que
+tambi&eacute;n era <i>Alejandro en pu&ntilde;o</i>. Pues cuando empezaron mis desastres, se
+aprovechaban de mis apuros para hacer su negocio. En vez de ayudarme,
+tiraban de la cuerda para estrangularme m&aacute;s pronto. Me ve&iacute;an devorada
+por la usura, y no eran para ofrecerme un pr&eacute;stamo en buenas
+condiciones. Ellos pudieron salvarme y me dejaron perecer. Y cuando me
+ve&iacute;a yo obligada a vender mis muebles, ellos me compraban, por un pedazo
+de pan, la siller&iacute;a dorada de la sala y los cortinones de seda...
+Estaban al acecho de las gangas, y al verme perdida, amenazada de un
+embargo, claro... se presentaban como salvadores... &iquest;Qu&eacute; me dieron por
+el San Nicol&aacute;s de Tolentino, de escuela sevillana, que era la joya de la
+casa de mi esposo, un cuadro que &eacute;l estimaba m&aacute;s que su propia vida?
+&iquest;Qu&eacute; me dieron? &iexcl;Veinticuatro duros, Benina de mi alma, veinticuatro
+duros! Como que me cogieron en una hora tonta, y yo, muerta de ansiedad
+y de susto, no sab&iacute;a lo que me hac&iacute;a. Pues un se&ntilde;or del Museo me dijo
+despu&eacute;s que el cuadro no val&iacute;a menos de diez mil reales... &iexcl;Ya ves qu&eacute;
+gente! No s&oacute;lo desconocieron siempre la verdadera caridad, sino que ni
+por el forro conoc&iacute;an la delicadeza. De todo lo que recib&iacute;amos de Ronda,
+peros, pi&ntilde;onate y alfajores, le mand&aacute;bamos a Pura una buena parte. Pues
+ellos cumpl&iacute;an con una bandejita de dulces el d&iacute;a de San Antonio, y
+alguna cursiler&iacute;a de bazar en mi cumplea&ntilde;os. D. Carlos era tan gorr&oacute;n,
+que casi todos los d&iacute;as se dejaba caer en casa a la hora a que tom&aacute;bamos
+caf&eacute;... &iexcl;y c&oacute;mo se relam&iacute;a! Ya sabes que el de su casa no era m&aacute;s que
+agua de fregar. Y si &iacute;bamos al teatro juntos, convidados a mi palco,
+siempre se arreglaban de modo que comprase Antonio las entradas... De la
+groser&iacute;a con que utilizaban a todas horas nuestro coche, nada te digo.
+Ya recordar&aacute;s que el mismo d&iacute;a en que ajustamos la venta de la siller&iacute;a,
+se estuvieron paseando en &eacute;l todita la tarde, d&aacute;ndose un pisto
+estrepitoso en la Castellana y Retiro&raquo;.</p>
+
+<p>No quiso Benina quitarle la cuerda con interrupciones y negativas,
+porque sab&iacute;a que cuando se disparaba en aquel tema, era mejor dejar que
+le diese todas las vueltas. Hasta que no puso la se&ntilde;ora el punto,
+sofocada y casi sin aliento, no se aventur&oacute; a decirle: &laquo;Pues D. Carlos
+me mand&oacute; que fuera a su casa ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Para hablar conmigo...</p>
+
+<p>&mdash;Como si lo viera. Querr&aacute; mandarme una limosna... Justamente: hoy es el
+aniversario de la muerte de Pura... Se saldr&aacute; con alguna porquer&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&eacute;n sabe, se&ntilde;ora! Puede que se arranque...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ese? Ya estoy viendo que te pone en la mano un par de pesetas o un par
+de duros, creyendo que por este rasgo han de bajar los &aacute;ngeles, tocando
+violines y guitarras, a ensalzar su caridad. Yo que t&uacute;, rechazar&iacute;a la
+limosna. Mientras tengamos a nuestro D. Romualdo, podemos permitirnos un
+poquito de dignidad, Nina.</p>
+
+<p>&mdash;No nos conviene. Podr&iacute;a incomodarse y decir, un suponer, que es usted
+orgullosa y qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Que lo diga. &iquest;Y a qui&eacute;n se lo va a decir?</p>
+
+<p>&mdash;Al propio D. Romualdo, de quien es amigote. Todos los d&iacute;as le oye la
+misa, y despu&eacute;s echan un parrafito en la sacrist&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pues haz lo que quieras. Y por lo que pueda sobrevenir, cu&eacute;ntale a D.
+Romualdo qui&eacute;n es D. Carlos, y hazle ver que sus devociones de &uacute;ltima
+hora no son de recibo. En fin, yo s&eacute; que no has de dejarme mal, y ya me
+contar&aacute;s ma&ntilde;ana lo que saques de la visita, que ser&aacute; lo que el negro del
+serm&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Algo m&aacute;s hablaron. Benina procuraba extinguir y enfriar la conversaci&oacute;n,
+evitando las r&eacute;plicas y dando a estas tono conciliador. Pero la se&ntilde;ora
+tard&oacute; en dormirse, y la criada tambi&eacute;n, pas&aacute;ndose parte de la noche en
+la preparaci&oacute;n mental de sus planes estrat&eacute;gicos para el d&iacute;a siguiente,
+que ser&iacute;a, sin duda, muy dificultoso, si no ten&iacute;a la suerte de que D.
+Carlos le pusiera en la mano una buena porrada de duros... que bien
+podr&iacute;a ser.</p>
+
+<p>A la hora fijada por el Sr. de Moreno Trujillo, ni minuto m&aacute;s ni minuto
+menos, llamaba Benina a la puerta del principal de la calle de Atocha, y
+una criada la introdujo en el despacho, que era muy elegante, todos los
+muebles igualitos en color y hechura. Mesa de ministro ocupaba el
+centro, y en ella hab&iacute;a muchos libros y fajos de papeles. Los libros no
+eran <i>de leer</i>, sino de cuentas, todo muy limpio y ordenadito. La pared
+del centro ostentaba el retrato de Do&ntilde;a Pura, cubierto con una gasa
+negra, en marco que parec&iacute;a de oro puro. Otros retratos de fotograf&iacute;a,
+que deb&iacute;an de ser de las hijas, yernos y nietecillos de D. Carlos,
+ve&iacute;anse en diversas partes de la estancia. Junto al cuadro grande, y
+pegadas a &eacute;l, como las ofrendas o ex-votos en el altar, pend&iacute;an multitud
+de coronas de trapo con figuradas rosas, violetas y narcisos, y luengas
+cintas negras con letras de oro. Eran las coronas que hab&iacute;a llevado la
+se&ntilde;ora en su entierro, y que D. Carlos quiso conservar en casa, porque
+no se estropeasen en la intemperie del camposanto. Sobre la chimenea,
+nunca encendida, hab&iacute;a un reloj de bronce con figuras, que no andaba, y
+no lejos de all&iacute; un almanaque americano, en la fecha del d&iacute;a anterior.</p>
+
+<p>Al medio minuto de espera entr&oacute; D. Carlos, arrastrando los pies, con
+gorro de terciopelo calado hasta las orejas, y la capa de <i>andar por
+casa</i>, bastante m&aacute;s vieja que la que usaba para salir. El uso continuo
+de esta prenda, aun m&aacute;s all&aacute; del 40 de Mayo, se explica por su
+aborrecimiento de estufas y braseros que, seg&uacute;n &eacute;l, son la causa de
+tanta mortandad. Como no estaba embozado, pudo Benina observar que tra&iacute;a
+cuellos y pu&ntilde;os limpios, y gruesa cadena de reloj, galas que sin duda
+respond&iacute;an a la etiqueta del aniversario. Con un inconmensurable pa&ntilde;uelo
+de cuadros se limpiaba la continua destilaci&oacute;n de ojos y narices;
+despu&eacute;s se son&oacute; con estr&eacute;pito dos o tres veces, y viendo a Benina en
+pie, la mand&oacute; sentar con un gesto, y &eacute;l ocup&oacute; gravemente su sitio en el
+sill&oacute;n, compa&ntilde;ero de la mesa, el cual era de respaldo alto y tallado,
+al modo de sitial de coro. Benina descans&oacute; en el filo de una silla, como
+todo lo dem&aacute;s, de roble con blando asiento de terciopelo verde.</p>
+
+<p>&laquo;Pues la he llamado a usted para decirle...&raquo;.</p>
+
+<p>Pausa. La cabeza de D. Carlos hall&aacute;base afectada de un cr&oacute;nico temblor
+nervioso, movimiento lateral como el que usamos para la denegaci&oacute;n. Este
+<i>tic</i> se acentuaba o era casi imperceptible, seg&uacute;n los grados de
+excitaci&oacute;n del individuo.</p>
+
+<p>&laquo;Para decirle...&raquo;.</p>
+
+<p>Otra pausa, motivada por un golpe de destilaci&oacute;n. D. Carlos se limpi&oacute;
+los ojos ribeteados de rojo, y se frot&oacute; la recortada barba, la cual no
+ten&iacute;a m&aacute;s raz&oacute;n de ser que la pereza de afeitarse. Desde la muerte de su
+esposa, el buen se&ntilde;or, que s&oacute;lo por ella y para ella se rapaba la cara,
+quiso a&ntilde;adir a tantas demostraciones de duelo el luto de su rostro,
+dej&aacute;ndolo cubrir, como de una gasa, de pelos blancos, negros y
+amarillos.</p>
+
+<p>&laquo;Pues para decirle a usted que lo que le pasa a la Francisca, y el
+encontrarse ahora en condici&oacute;n tan baja, es por no haber querido llevar
+cuentas. Sin buen arreglo, no hay riqueza que no venga a parar en la
+mendicidad. Con orden, los pobres se hacen ricos. Sin orden, los
+ricos...</p>
+
+<p>&mdash;Paran en pobres, s&iacute;, se&ntilde;or,&mdash;dijo humildemente Benina, que, aunque ya
+sab&iacute;a todo aquello, quiso recibir la m&aacute;xima como si fuera descubrimiento
+reciente de D. Carlos.</p>
+
+<p>&mdash;Francisca ha sido siempre una mala cabeza. Bien se lo dec&iacute;amos mi
+se&ntilde;ora y yo: &laquo;Francisca, que te pierdes, que te vas a ver en la
+miseria&raquo;, y ella... tan tranquila. Nunca pudimos conseguir que apuntara
+sus gastos y sus ingresos. &iquest;Hacer ella un n&uacute;mero? Antes la mataran. Y el
+que no hace n&uacute;meros, est&aacute; perdido. &iexcl;Con decirle a usted que no supo
+jam&aacute;s lo que deb&iacute;a, ni en qu&eacute; fecha venc&iacute;an los pagar&eacute;s!</p>
+
+<p>&mdash;Verdad, se&ntilde;or, mucha verdad&mdash;dijo Benina suspirando, en expectativa de
+lo que D. Carlos le dar&iacute;a despu&eacute;s de aquel serm&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Porque usted calcule... si yo tengo en mi vejez un buen pasar para m&iacute; y
+para mis hijos; si no me falta una misa en sufragio del alma de mi
+querida esposa, es porque llev&eacute; siempre con m&eacute;todo y claridad los
+negocios de mi casa. Hoy mismo, retirado del comercio, llevo al d&iacute;a la
+contabilidad de mis gastos particulares, y no me acuesto sin pasar todos
+los apuntes a la agenda, y luego, en los ratitos libres, lo paso al
+Mayor. Vea usted, v&eacute;alo para que se convenza&mdash;a&ntilde;adi&oacute; marcando m&aacute;s el
+temblor negativo&mdash;. Lo que yo quisiera es que Francisca pudiera
+aprovechar esta lecci&oacute;n. A&uacute;n no es tarde... Ent&eacute;rese usted&raquo;.</p>
+
+<p>Y cogi&oacute; un libro, y despu&eacute;s otro, y los fue mostrando a la Benina, que
+se acerc&oacute; para ver tanta maravilla num&eacute;rica.</p>
+
+<p>&laquo;F&iacute;jese usted. Aqu&iacute; apunto el gasto de la casa, sin que se me pase nada,
+ni aun los cinco c&eacute;ntimos de una caja de f&oacute;sforos; los cuartos del
+cartero, todo, todo... En este otro chiquit&iacute;n, las limosnas que hago y
+lo que empleo en sufragios. Limosnas diarias, tanto. Limosnas mensuales,
+cu&aacute;nto. Despu&eacute;s lo paso todo al Mayor, donde se puede saber, d&iacute;a por
+d&iacute;a, lo que gasto, y hacer el balance... Usted calcule: si Francisca
+hubiera hecho balance, no estar&iacute;a como est&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto, se&ntilde;or, muy cierto. Y yo le digo a la se&ntilde;ora que haga balance,
+que lleve todo por apuntaci&oacute;n, lo que entra como lo que sale. Mas ella,
+como ya no es ni&ntilde;a, no puede apencar por la buena costumbre. Pero es un
+&aacute;ngel, se&ntilde;or, y no hay que reparar en si apunta o no apunta para
+socorrerla.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca es tarde para entrar por el aro, como quien dice. Yo le aseguro a
+usted que si hubiera visto en Francisca siquiera intenciones o deseos de
+llevar sus cuentas en regla, le hubiera prestado... prestar no, le
+hubiera facilitado medios de llegar a la nivelaci&oacute;n. Pero es una cabeza
+destornillada; convenga usted conmigo en que es una cabeza
+destornillada.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, convengo en ello.</p>
+
+<p>&mdash;Y se me ha ocurrido... para eso la he llamado a usted... se me ha
+ocurrido que el mejor donativo que puedo hacer a esa desgraciada es
+este&raquo;.</p>
+
+<p>Dici&eacute;ndolo, D. Carlos cogi&oacute; un libro largo y estrecho, nuevecito, y lo
+puso delante de s&iacute; para que Benina lo cogiera. Era una agenda.</p>
+
+<p>&laquo;Vea usted&mdash;dijo el buen se&ntilde;or hojeando el libro&mdash;: aqu&iacute; est&aacute;n todos los
+d&iacute;as de la semana. F&iacute;jese bien: a un lado, la columna del <i>Debe</i>; a
+otro, la del <i>Haber</i>. Vea c&oacute;mo en los gastos se marcan los art&iacute;culos:
+carb&oacute;n, aceite, le&ntilde;a, etc... Pues &iquest;qu&eacute; trabajo cuesta ir poniendo aqu&iacute;
+lo que se gasta, y en esta otra parte lo que ingresa?</p>
+
+<p>&mdash;Pero si a la se&ntilde;ora no le ingresa nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caramelos!&mdash;exclam&oacute; Trujillo dando una palmada sobre el libro&mdash;. Algo
+habr&aacute;, porque su poco de consumo hacen ustedes, y para ese consumo
+alguna cantidad, corta o larga, chica o grande, han de tener. Y lo que
+usted saca de las limosnas, &iquest;por qu&eacute; no ha de anotarse? Vamos a ver,
+&iquest;por qu&eacute; no ha de anotarse?&raquo;.</p>
+
+<p>Benina le mir&oacute; entre col&eacute;rica y compadecida. Pero m&aacute;s pudo la ira que la
+l&aacute;stima, y hubo un momento, un segundo no m&aacute;s, en que le falt&oacute; poco para
+coger el libro y estamp&aacute;rselo en la cabeza al Sr. D. Carlos. Conteniendo
+su furor, y para que el monoman&iacute;aco de la contabilidad no se lo
+conociera, le dijo con forzada sonrisa: &laquo;De modo que el se&ntilde;or apunta las
+perras que nos da a los pobres de San Sebasti&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;a por d&iacute;a&mdash;replic&oacute; el anciano con orgullo, moviendo m&aacute;s la cabeza&mdash;. Y
+puedo decirle a usted, si quiere saberlo, lo que he dado en tres meses,
+en seis, en un a&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;No, no se moleste, se&ntilde;or&mdash;indic&oacute; Benina, sintiendo otra vez ganas de
+darle un papirotazo&mdash;. Llevar&eacute; el libro, si usted quiere. La se&ntilde;ora se lo
+agradece mucho, y yo tambi&eacute;n. Pero no tenemos pluma ni l&aacute;piz para un
+remedio.</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios. &iquest;En qu&eacute; casa, por pobre que est&eacute;, no hay recado de
+escribir? Se ofrece echar una firma, tomar una cuenta, apuntar un nombre
+o se&ntilde;as de casa para que no se olviden... Tome usted este l&aacute;piz, que ya
+est&aacute; afilado, y ll&eacute;veselo tambi&eacute;n, y cuando se le gaste la punta, se la
+saca usted con el cuchillo de la cocina&raquo;.</p>
+
+<p>Y a todas estas, D. Carlos no hablaba de darle ning&uacute;n socorro positivo,
+concretando su caridad a la ofrenda del libro, que deb&iacute;a ser fundamento
+del orden administrativo en la desquiciada hacienda de Do&ntilde;a Francisca
+Ju&aacute;rez. Al verle mover los labios para seguir hablando, y echar mano a
+la llave puesta en el caj&oacute;n de la izquierda, Benina sinti&oacute; grande
+alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;No hay ni puede haber prosperidad sin administraci&oacute;n&mdash;afirm&oacute; D. Carlos,
+abriendo la gaveta y mirando dentro de ella&mdash;. Yo quiero que Francisca
+administre, y cuando administre...</p>
+
+<p>&mdash;Cuando administre, &iquest;qu&eacute;?&mdash;dijo Benina con el pensamiento&mdash;. &iquest;Qu&eacute; nos va
+usted a dar, viejo loco, m&aacute;s loco que los que est&aacute;n en Legan&eacute;s? As&iacute; se
+te pudra todo el dinero que guardas, y se te convierta en pus dentro del
+cuerpo para que revientes, zurr&oacute;n de avaricia.</p>
+
+<p>&mdash;Coja usted el libro y el l&aacute;piz, y ll&eacute;veselo con mucho cuidado... no se
+le pierda por el camino. Bueno: &iquest;se ha hecho usted cargo? &iquest;Me responde
+de que apuntar&aacute;n todo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or... no se escapar&aacute; ni un verbo.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. Pues ahora, para que Francisca se acuerde de mi pobre Pura y
+rece por ella... &iquest;Me promete usted que rezar&aacute;n por ella y por m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or: rezaremos a voces, hasta que se nos caiga la campanilla.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aqu&iacute; tengo doce duros, que destino al socorro de los necesitados
+que no se determinan a pedir limosna porque les da verg&uuml;enza...
+&iexcl;pobrecitos! son los m&aacute;s dignos de conmiseraci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r <i>doce duros</i>, Benina abri&oacute; cada ojo como la puerta de una casa.
+&iexcl;Cristo, lo que ella har&iacute;a con doce duros! Ya estaba viendo el descanso
+de muchos d&iacute;as, atender a tantas necesidades, tapar algunas bocas,
+vivir, respirar, dando de mano al petitorio humillante, y al suplicio de
+la busca por medios tan fatigosos. La pobre mujer vio el cielo abierto,
+y por el hueco la docena de pesos, compendio hermos&iacute;simo de su felicidad
+en aquellos d&iacute;as.</p>
+
+<p>&laquo;Doce duros&mdash;repiti&oacute; D. Carlos pasando las monedas de una mano a otra&mdash;;
+pero no se los doy en junto, porque ser&iacute;a fomentar el despilfarro: se
+los asigno...&raquo;.</p>
+
+<p>A Benina se le cayeron las alas del coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Si se los diera, ma&ntilde;ana a estas horas no tendr&iacute;a ya ni un c&eacute;ntimo. Le
+se&ntilde;alo dos duros al mes, y todos los d&iacute;as 24 puede usted venir a
+recogerlos, hasta que se cumplan los seis meses, y pasado Septiembre yo
+ver&eacute; si debo aumentar o no la asignaci&oacute;n. Eso depende, f&iacute;jese usted, de
+que yo me entere, tocante a si se administra o no se administra, si hay
+orden o sigue el... el caos. Mucho cuidado con el caos.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, se&ntilde;or&mdash;manifest&oacute; Benina con humildad, pensando que m&aacute;s cuenta le
+ten&iacute;a conformarse, y coger lo que se le daba, sin meterse en cuestiones
+con el estrafalario y ruin vejete&mdash;. Yo le respondo de que se llevar&aacute;n
+los apuntes con <i>ministraci&oacute;n</i>, y no se nos escapar&aacute; ni una hilacha...
+&iquest;Con que pasar&eacute; los d&iacute;as 24? Nos viene bien para ayuda de la casa. El
+Se&ntilde;or se lo aumente, y a la se&ntilde;ora difunta t&eacute;ngala en su santo
+descanso... por jam&aacute;s am&eacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>D. Carlos, despu&eacute;s de anotar, gozando mucho en ello, la cantidad
+desembolsada, despidi&oacute; a Benina con un gesto, y mud&aacute;ndose de capa y
+encasquet&aacute;ndose el sombrero nuevo, prenda que no sal&iacute;a de la caja sino
+en d&iacute;as solemnes, se dispuso a salir y emprender con voluntad segura y
+firme pie las devociones de aquel d&iacute;a, que empezaban en Montserrat y
+terminaban en la Sacramental de San Justo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a><a href="#toc">XII</a></h2>
+
+
+<p>&laquo;El demontre del viejo&mdash;se dec&iacute;a la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, meti&eacute;ndose a buen andar
+por la calle de las Urosas&mdash;, no puede hacer m&aacute;s que lo que le manda su
+natural. V&aacute;lgate Dios: si cosas muy raras cr&iacute;a Nuestro Se&ntilde;or en el aquel
+de plantas y animales, m&aacute;s raras las hace en el aquel de personas. No
+acaba una de ver verdades que parecen mentiras... En fin, otros son
+peores que este D. Carlos, que al cabo da algo, aunque sea por cuenta y
+apuntaci&oacute;n... Peores los hay, y tan peores... que ni apuntan ni dan...
+El cuento es que con estos dos duros no se me arregla el d&iacute;a, porque
+quiero devolverle a Almudena el suyo, que bueno es tener con &eacute;l palabra.
+Vendr&aacute;n d&iacute;as malos, y &eacute;l me servir&aacute;... Me quedan veinte reales, de los
+cuales habr&eacute; de dar parte a <i>la ni&ntilde;a</i>, que est&aacute; pereciendo, y lo dem&aacute;s
+para comer hoy, y... Tendr&eacute; que decirle a la se&ntilde;ora que su pariente no
+me ha dado m&aacute;s que el libro de cuentas, con el cual y el l&aacute;piz pondremos
+un puchero que ser&aacute; muy rico... caldo de n&uacute;meros y substancia de
+imprenta... &iexcl;qu&eacute; risa!... En fin, para las mentiras que he de decirla a
+Do&ntilde;a Paca, Dios me iluminar&aacute;, como siempre, y vamos tirando. A ver si
+encuentro a Almudena por el camino, que esta es la hora de subir &eacute;l a la
+iglesia. Y si no nos tropezamos en la calle, de fijo est&aacute; en el caf&eacute; de
+la Cruz del Rastro&raquo;.</p>
+
+<p>Dirigiose all&aacute;, y en la calle de la Encomienda se encontraron: &laquo;Hijo, en
+tu busca iba&mdash;le dijo la Benina cogi&eacute;ndole por el brazo&mdash;. Aqu&iacute; tienes tu
+duro. Ya ves que s&eacute; cumplir.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Amri</i>, no tener priesa.</p>
+
+<p>&mdash;No te debo nada... Y hasta otra, Almudenilla, que d&iacute;as vendr&aacute;n en que
+yo carezca y t&uacute; me sirvas, como te servir&eacute; yo viceversa... &iquest;Vienes del
+caf&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y <i>golvier</i> si querer t&uacute; <i>migo</i>. Convidar <i>tigo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Asinti&oacute; Benina al convite, y un rato despu&eacute;s hall&aacute;banse los dos
+sentaditos en el <i>caf&eacute; econ&oacute;mico</i>, tom&aacute;ndose sendos vasos de a diez
+c&eacute;ntimos. El local era una taberna retocada, con rid&iacute;culas elegancias
+entre pueblo y se&ntilde;or&iacute;o; dorados chillones; las paredes pintorreadas de
+marinas y paisajes; ambiente f&eacute;tido, y parroquia mixta de pobreter&iacute;a y
+vendedores del Rastro, locuaces, indolentes, algunos agarrados a los
+peri&oacute;dicos, y otros oyendo la lectura, todos muy a gusto en aquel vagar
+bullicioso, entre salivazos, humo de mal tabaco y olores de aguardiente.
+Solos en una mesa Benina y el marroqu&iacute;, charlaron de sus cosas: el ciego
+le cont&oacute; las barrabasadas de su compa&ntilde;era de vivienda, y ella su
+entrevista con D. Carlos, y el rid&iacute;culo obsequio del libro de cuentas y
+de los dos duros mensuales. De las riquezas que, seg&uacute;n voz p&uacute;blica,
+atesoraba Trujillo (treinta y cuatro casas, la mar de dinero en
+papelorios del Gobierno, <i>muchismos</i> miles de miles en el Banco),
+charlaron extensamente, corri&eacute;ndose luego a considerar, <i>verbigracia</i>,
+el sinn&uacute;mero de pobres que podr&iacute;an ser felices con toda aquella <i>guita</i>,
+que a D. Carlos le ven&iacute;a tan ancha, pues descontando una parte para sus
+hijos, que <i>de natural</i> deb&iacute;an poseerlo, con lo dem&aacute;s se apa&ntilde;ar&iacute;an
+tantos y tantos que andan por estas calles de Dios ladrando de hambre.
+Pero como ellos no hab&iacute;an de arreglarlo a su gusto, m&aacute;s cuenta les ten&iacute;a
+no pensar en tal cosa, y buscarse cada cual su mendrugo de pan como
+pudiera, hasta que viniese la muerte y despu&eacute;s Dios a dar a cada uno su
+merecido. Por fin, con extraordinaria gravedad y tono de convicci&oacute;n
+profunda, Almudena dijo a su amiga que todos los dinerales de D. Carlos
+pod&iacute;an ser de ella, si quisiera.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;M&iacute;os? &iquest;Has dicho que todo lo de D. Carlos puede ser m&iacute;o? T&uacute; est&aacute;s
+loco, Almudenilla.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Tudo</i> tuya... por la bendita luz. Si no creer m&iacute;, <i>priebar</i> t&uacute; y ver.</p>
+
+<p>&mdash;Vu&eacute;lvemelo a decir: que todo el dinero de D. Carlos puede ser m&iacute;o,
+&iquest;cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando querer ti.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creer&eacute;, si me explicas c&oacute;mo ha de ser ese milagro.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; <i>sabier</i> c&oacute;mo... <i>Dicir</i> ti secreto.</p>
+
+<p>&mdash;Y si t&uacute; puedes hacer que todo el caudal de ese viejo loco, un suponer,
+pase a ser de otra persona, &iquest;por qu&eacute; te conformas con la miseria, por
+qu&eacute; no lo coges para ti?&raquo;.</p>
+
+<p>Replic&oacute; a esto Almudena que la persona que hiciera el milagro, cuyo
+secreto &eacute;l pose&iacute;a, hab&iacute;a de tener vista. Y el milagro era seguro, por la
+bendita luz; y si ella dudaba, no ten&iacute;a m&aacute;s que probarlo, haciendo
+puntualmente todo cuanto &eacute;l le dijera.</p>
+
+<p>Siempre fue Benina algo supersticiosa, y sol&iacute;a dar cr&eacute;dito a cuantas
+historias sobrenaturales o&iacute;a contar; adem&aacute;s, la miseria despertaba en
+ella el respeto de las cosas inveros&iacute;miles y maravillosas, y aunque no
+hab&iacute;a visto ning&uacute;n milagro, esperaba verlo el mejor d&iacute;a. Un poco de
+superstici&oacute;n, un mucho de ansia de fen&oacute;menos estupendos y nunca vistos,
+y otro tanto de curiosidad, la impulsaron a pedir al marroqu&iacute;
+explicaciones concretas de su ciencia o arte de magia, pues esto hab&iacute;a
+de ser seguramente. D&iacute;jole el ciego que todo consist&iacute;a en saber el arte
+y modo de pedir lo que se quisiera a un ser llamado <i>Samdai</i>.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qui&eacute;n es ese caballero?</p>
+
+<p>&mdash;El Rey de <i>baixo terra</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo? &iquest;Un Rey que est&aacute; debajo de la tierra? Pues el diablo ser&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Diablo no: Rey <i>bunito</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eso es cosa de tu religi&oacute;n? &iquest;T&uacute; qu&eacute; religi&oacute;n tienes?</p>
+
+<p>&mdash;Ser <i>eibr&iacute;o</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya por Dios&mdash;dijo Benina, que no hab&iacute;a entendido el t&eacute;rmino&mdash;. &iquest;Y a ese
+Rey le llamas t&uacute;, y viene?</p>
+
+<p>&mdash;Y dar ti <i>tuda</i> que pedir &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me da todo lo que le pida?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Siguro</i>&raquo;.</p>
+
+<p>La convicci&oacute;n profunda que Almudena mostraba hizo efecto en la infeliz
+mujer, quien, despu&eacute;s de una pausa en que interrogaba los ojos muertos
+de su amigo y su frente amarilla lustrosa, rodeada de negros cabellos,
+salt&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qu&eacute; se hace para llamarlo?</p>
+
+<p>&mdash;Yo diciendo ti.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no me pasa nada por hacerlo?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Naida</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me condeno, ni me pongo mala, ni me cogen los demonios?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ve diciendo; pero no enga&ntilde;es, no enga&ntilde;es, te digo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>N'ga&ntilde;ar</i> no ti...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Podemos hacerlo ahora?</p>
+
+<p>&mdash;No: <i>hacirlo</i> a las doce del noche.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene que ser a esa hora?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Siguro</i>, <i>siguro</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo salgo yo de casa a media noche?... <i>Amos</i>, d&eacute;jame a m&iacute; de
+pamplinas. Verdad que podr&iacute;a decir, un suponer, que se ha puesto malo D.
+Romualdo y tengo que velarlo... Bueno: &iquest;qu&eacute; hay que hacer?</p>
+
+<p>&mdash;<i>N'cesitas</i> cosas <i>mochas</i>. Comprar t&uacute; cosas. Lo <i>primiero</i> candil de
+barro. Pero comprarlo has t&uacute; sin hablar <i>paliabra</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Me vuelvo muda.</p>
+
+<p>&mdash;Muda t&uacute;... Comprar cosa... y si hablar no valer.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;lgate Dios... Pues bueno: compro mi candil de barro sin chistar, y
+luego...&raquo;.</p>
+
+<p>Almudena orden&oacute; despu&eacute;s que hab&iacute;a de buscar una olla de barro con siete
+agujeros, con siete nada m&aacute;s, todo sin hablar, porque si hablaba no
+val&iacute;a. &iquest;Pero d&oacute;nde demontres estaban esas ollas con siete agujeros? A
+esto replic&oacute; el ciego que en su tierra las hab&iacute;a, y que aqu&iacute; pod&iacute;an
+suplirse con los tostadores que usan las casta&ntilde;eras, buscando el que
+tuviese siete <i>bujeros</i>, ni uno m&aacute;s ni uno menos.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y ello ha de comprarse tambi&eacute;n sin hablar?</p>
+
+<p>&mdash;Sin hablando <i>naida</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Luego era forzoso procurarse un palo de <i>carrash</i>, madera de &Aacute;frica, que
+aqu&iacute; llaman laurel. Un vendedor de garrotes, en el primer tinglado <i>cabe</i>
+las Am&eacute;ricas, lo ten&iacute;a. Hab&iacute;a que compr&aacute;rselo sin pronunciar palabra.
+Bueno: pues reunidas estas cosas, se pondr&iacute;a el palo al fuego hasta que
+se prendiera bien... Esto hab&iacute;a de ser el viernes a las cinco en punto.
+Si no, no val&iacute;a. Y el palo estar&iacute;a ardiendo hasta el s&aacute;bado, y el s&aacute;bado
+a las cinco en punto se le met&iacute;a en el agua siete veces, ni una m&aacute;s ni
+una menos.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Todo callandito?</p>
+
+<p>&mdash;Hablar <i>naida</i>, <i>naida</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Luego se vest&iacute;a el palo con ropas de mujer, como una mu&ntilde;eca, y bien
+vestidito se le arrimaba a la pared, poni&eacute;ndole derecho, <i>amos</i>, en pie.
+Delante se colocaba el candil de barro, encendido con aceite, y se le
+tapaba con la olla, de modo que no se viese m&aacute;s luz que la que saldr&iacute;a
+por los siete <i>bujeros</i>, y a corta distancia se pon&iacute;a la cazuela con
+lumbre para echar los sahumerios, y se empezaba a decir la oraci&oacute;n una y
+otra vez con el pensamiento, porque hablada no val&iacute;a. Y as&iacute; se estaba la
+persona, sin distraerse, sin descuidarse, viendo subir el humo del
+benju&iacute;, y mirando la luz de los siete agujeros, hasta que a las doce...</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;A las doce!&mdash;repiti&oacute; Benina sobresaltada&mdash;. &iexcl;Y al dar las doce
+campanadas viene... sale, se me aparece!...</p>
+
+<p>&mdash;El Rey de <i>baixo terra</i>: pedir t&uacute; lo que <i>quierer</i>, y darlo ti &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Almudena, &iquest;t&uacute; crees eso? &iquest;C&oacute;mo es posible que <i>ese se&ntilde;or</i>, sin m&aacute;s que
+las <i>cirimonias</i> que has contado, me d&eacute; a m&iacute; lo que ahora es de Don
+Carlos Trujillo?</p>
+
+<p>&mdash;Verlo t&uacute;, si queriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero con tanto <i>requesito</i>, si una se descuida un poco, o se equivoca
+en una sola palabra del rezo mental...</p>
+
+<p>&mdash;Tener t&uacute; cuidado <i>mocha</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la oraci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Mi ense&ntilde;arla ti; <i>dicir</i> t&uacute;: <i>Sem&aacute; Israel Adonai Elohino Adonai
+Ishat</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Calla, calla: en la vida digo yo eso sin equivocarme. Como no sea
+castellano neto yo no atino... Y tambi&eacute;n te aseguro que tengo mieditis
+de esas suertes de brujer&iacute;a... quita, quita... Pero &iexcl;ah! &iexcl;si fuera
+verdad, qu&eacute; gusto, cogerle a ese zorrocloco de D. Carlos todo su
+dinero... <i>amos</i>, la mitad que fuera, para repartirlo entre tantos
+pobrecitos que perecen de hambre!... Si se pudiera hacer la prueba,
+comprando los cacharros y el palitroque sin hablar, y luego... Pero no,
+no... cualquier d&iacute;a iba a venir ac&aacute; ese Rey Mago... Tambi&eacute;n te digo que
+suceden a veces cosas muy <i>fen&oacute;menas</i>, y que andan por el aire los que
+llaman esp&iacute;ritus o, verbigracia, las &aacute;nimas, mirando lo que hacemos y
+oy&eacute;ndonos lo que hablamos. Y otra: lo que una sue&ntilde;a, &iquest;qu&eacute; es? Pues cosas
+verdaderas de otro mundo, que se vienen a este... Todo puede ser, todo
+puede ser... Pero yo, qu&eacute; quieres que te diga, dudo mucho que le den a
+una tanto dinero, sin m&aacute;s ni m&aacute;s. Que para socorrer a los pobres, un
+suponer, se quite a los ricos medio mill&oacute;n, o la mitad de medio mill&oacute;n,
+pase; pero tantas, <i>tantismas</i> talegas para nosotros... no, esa no
+cuela.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Tuda</i>, <i>tuda</i> la que haber en el Banco, <i>millonas mochas</i>, <i>loter&iacute;a</i>,
+<i>tuda pa ti</i>, <i>hiciendo</i> lo que decir ti.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si eso es tan f&aacute;cil, &iquest;por qu&eacute; no lo hacen otros? &iquest;O es que t&uacute; solo
+tienes el secreto? &iexcl;El secreto t&uacute; solo! <i>Amos</i>, cu&eacute;ntaselo al Nuncio,
+que aqu&iacute; no nos tragamos esas papas... Yo no te digo que no sea
+posible... y si supiera yo hacer la prueba, la har&iacute;a, con mil pares...
+Vu&eacute;lveme a decir la receta de lo que ha de comprar una sin hablar...&raquo;.</p>
+
+<p>Repiti&oacute; Almudena las f&oacute;rmulas y reglas del conjuro, a&ntilde;adiendo
+descripci&oacute;n tan viva y pintoresca del Rey <i>Samdai</i>, de su rostro
+hermos&iacute;simo, apostura noble, traje espl&eacute;ndido, de su s&eacute;quito, que
+formaban <i>arregimientos</i> de pr&iacute;ncipes y magnates, montados en camellos
+blancos como la leche, que la pobre Benina se embelesaba oy&eacute;ndole, y si
+a pie juntillas no le cre&iacute;a, se dejaba ganar y seducir de la ingenua
+poes&iacute;a del relato, pensando que si aquello no era verdad, deb&iacute;a serlo.
+&iexcl;Qu&eacute; consuelo para los miserables poder creer tan lindos cuentos! Y si
+es verdad que hubo Reyes Magos que tra&iacute;an regalos a los ni&ntilde;os, &iquest;por qu&eacute;
+no ha de haber otros Reyes <i>de ilusi&oacute;n</i>, que vengan al socorro de los
+ancianos, de las personas honradas que no tienen m&aacute;s que una muda de
+camisa, y de las <i>almas</i> decentes que no se atreven a salir a la calle
+porque deben tanto m&aacute;s cuanto a tenderos y prestamistas? Lo que contaba
+Almudena era de lo que <i>no se sabe</i>. &iquest;Y no puede suceder que alguno sepa
+lo que no sabemos los dem&aacute;s?... &iquest;Pues cu&aacute;ntas cosas se tuvieron por
+mentira y luego salieron verdades? Antes de que inventaran el tel&eacute;grafo,
+&iquest;qui&eacute;n hubiera cre&iacute;do que se hablar&iacute;a con las Am&eacute;ricas del Nuevo Mundo,
+como hablamos de balc&oacute;n a balc&oacute;n con el vecino de enfrente? Y antes de
+que inventaran la fotograf&iacute;a, &iquest;qui&eacute;n hubiera pensado que se puede una
+retratar s&oacute;lo con <i>ponerse</i>? Pues lo mismo que esto es aquello. Hay
+misterios, secretos que no se entienden, hasta que viene uno y dice tal
+por cual, y lo descubre... &iexcl;Pues qu&eacute; m&aacute;s, Se&ntilde;or!... All&aacute; estaban las
+Am&eacute;ricas desde que Dios hizo el mundo, y nadie lo sab&iacute;a... hasta que
+sale ese Col&oacute;n, y con no m&aacute;s que poner un huevo en pie, lo descubre todo
+y dice a los pa&iacute;ses: &laquo;Ah&iacute; ten&eacute;is la Am&eacute;rica y los americanos, y la ca&ntilde;a
+de az&uacute;car, y el tabaco bendito... ah&iacute; ten&eacute;is Estados Unidos, y hombres
+negros, y onzas de diez y siete duros&raquo;. &iexcl;A ver!</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a><a href="#toc">XIII</a></h2>
+
+
+<p>No hab&iacute;a acabado el marroqu&iacute; su oriental leyenda, cuando Benina vio
+entrar en el caf&eacute; a una mujer vestida de negro. &laquo;Ah&iacute; tienes a esa
+fandangona, tu compa&ntilde;era de casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pedra? Maldita ella. Sacudir ella yo esta ma&ntilde;ana. Venir, <i>siguro</i>, con
+la Diega...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, con una viejecica, muy chica y muy flaca, que debe de ser m&aacute;s
+borracha que los mosquitos. Las dos se van al mostrador, y piden dos
+<i>tintas</i>.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Se&ntilde;&aacute;</i> Diega ense&ntilde;ar vicio ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; tienes contigo a esa gansirula, que no sirve para nada?&raquo;.</p>
+
+<p>Contole el ciego que Pedra era hu&eacute;rfana; su padre fue empleado en el
+Matadero de cerdos, con perd&oacute;n, y su madre <i>cambiaba</i> en la calle de la
+Ruda. Murieron los dos, con diferencia de d&iacute;as, por haber comido gato.
+Buen plato es el micho; pero cuando est&aacute; rabioso, le salen pintas en la
+cara al que lo come, y a los tres d&iacute;as, muerte natural por calenturas
+<i>perdiciosas</i>. En fin, que espicharon los padres, y la chica se qued&oacute; en
+la puerta de la calle, sentadita. Era hermosa: por tal la celebraban; su
+voz sonaba como las m&uacute;sicas bonitas. Primero se puso a cambiar, y luego
+a vender churros, pues ten&iacute;a tino de comercianta; pero nada le vali&oacute; su
+buena voluntad, porque hubo de cogerla de su cuenta la Diega, que en
+pocos d&iacute;as la ense&ntilde;&oacute; a embriagarse, y otras cosas peores. A los tres
+meses, Pedra no era conocida. La enflaquecieron, dej&aacute;ndola en los puros
+pellejos, y su aliento apestaba. Hablaba como una carreterona, y ten&iacute;a
+un toser perruno y una carraspera que tiraban para atr&aacute;s. A veces ped&iacute;a
+por el camino de Carabanchel, y de noche se quedaba a dormir en
+cualquier parador. De vez en cuando se lavaba un poco la cara, compraba
+<i>agua de olor</i>, y roci&aacute;ndose las flaquezas, ped&iacute;a prestada una camisa,
+una falda, un pa&ntilde;uelo, y se pon&iacute;a <i>de puerta</i> en la casa del
+<i>Comadreja</i>, calle de Mediod&iacute;a Chica. Pero no ten&iacute;a constancia para
+nada, y ning&uacute;n acomodo le dur&oacute; m&aacute;s de dos d&iacute;as. S&oacute;lo duraba en ella el
+gusto del aguardiente; y cuando se <i>apimplaba</i>, que era un d&iacute;a s&iacute; y otro
+tambi&eacute;n, hac&iacute;a figuras en medio del arroyo, y la toreaban los chicos.
+Dorm&iacute;a sus monas en la calle o donde le cog&iacute;a, y m&aacute;s bofetadas ten&iacute;a en
+su cara que pelos en la cabeza. Cuerpo m&aacute;s asistido de cardenales no se
+conoci&oacute; jam&aacute;s, ni persona que en su corta edad, pues no ten&iacute;a m&aacute;s que
+veintid&oacute;s a&ntilde;os, aunque representaba treinta, hubiera visitado tan a
+menudo las prevenciones de la Inclusa y Latina. Almudena la trataba, con
+buen fin, desde que se qued&oacute; hu&eacute;rfana, y al verla tan arrastrada, d&aacute;bale
+de tres cosas un poco: consejos, limosna y alg&uacute;n palo. Encontrola un d&iacute;a
+cur&aacute;ndose sus lamparones con zumo de higuera chumbo, y ali&ntilde;&aacute;ndose las
+gre&ntilde;as al sol. Prop&uacute;sole que se fuera con &eacute;l, poniendo cada cual la
+mitad del alquiler de la casa, y comprometi&eacute;ndose ella a cortar de ra&iacute;z
+el vicio de la bebida. Discutieron, parlamentaron; diose solemnidad al
+convenio, jurando los dos su fiel observancia ante un emplasto viscoso y
+sobre un peine de rotas p&uacute;as, y aquella noche durmi&oacute; Pedra en el cuarto
+de Santa Casilda. Los primeros d&iacute;as todo fue concordia, sobriedad en el
+beber; pero la cabra no tard&oacute; en tirar al monte, y... otra vez la
+endiablada hembra divirtiendo a los chicos y dando que hacer a los del
+Orden.</p>
+
+<p>&laquo;No poder m&iacute; con ella. <i>B'rracha</i> siempre. Es un dolor... un dolor. Yo
+estar ella migo por l&aacute;stima...&raquo;.</p>
+
+<p>Al ver que las dos mujeres, despu&eacute;s de atizarse un par de <i>tintas</i>,
+miraban burlonas al ciego y a Benina, esta tuvo miedo y quiso retirarse.</p>
+
+<p>&laquo;<i>Dir</i> t&uacute; no, <i>Amri</i>. Quedar migo&mdash;le dijo el ciego cogi&eacute;ndola de un
+brazo.</p>
+
+<p>&mdash;Temo que armen bronca estas indinas... Ac&aacute; vienen ya&raquo;.</p>
+
+<p>Aproxim&aacute;ronse las tales, y pudo la Benina ver y examinar a su gusto el
+rostro de Pedra, de una hermosura desapacible y que desped&iacute;a. Morena, de
+facciones tan regulares como pronunciadas, magn&iacute;ficos ojos negros, cejas
+que al juntarse culebreaban, boca sucia y bien rasgueada, que no parec&iacute;a
+hecha para sonre&iacute;r, cuerpo derecho y esbelt&iacute;simo en su flaqueza y
+desali&ntilde;o, la compa&ntilde;era de Almudena era una figura tr&aacute;gica, y como tal
+impresion&oacute; a Benina, aunque esta no expresaba su juicio sino pensando
+que le dar&iacute;a miedo encontrarse con tal persona, de noche, en lugar
+solitario.</p>
+
+<p>De la Diega no pod&iacute;a determinarse si era joven o entre-vieja. Por la
+estatura parec&iacute;a una ni&ntilde;a; por la cara escu&aacute;lida y el cuello rugoso,
+todo pliegues, una anciana decr&eacute;pita; por los ojos, un animalejo
+vivaracho. Su flaqueza era tan extremada, que Benina no pudo menos de
+comentarla mentalmente con una frase andaluza que usar sol&iacute;a su se&ntilde;ora:
+&laquo;Esta es de las que sacan espinas con los codos&raquo;.</p>
+
+<p>Pedra se sent&oacute;, dando los buenos d&iacute;as, y la otra quedose en pie, sin
+alzar del suelo m&aacute;s que la cabeza de Almudena, en cuyos hombros dio
+fuertes palmetazos.</p>
+
+<p>&laquo;<i>Tati</i> quieta&mdash;le dijo este enarbolando el palo.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidado con &eacute;l, que es malo y traicionero...&mdash;indic&oacute; la otra.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Jai</i>... &iquest;verdad que eres malo y pegar <i>t&uacute; m&iacute;</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Yo <i>ero beno</i>; t&uacute; mala, <i>b'rracha</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No lo digas, que se escandalizar&aacute; la se&ntilde;ora anciana.</p>
+
+<p>&mdash;Anciana no ser ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; sabes, si no la ves?</p>
+
+<p>&mdash;Decente ella.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que lo ser&aacute;, sin agraviar. Pero a ti te gustan las viejas.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, yo me voy, se&ntilde;ora, que lo pasen bien&mdash;dijo Benina, azorad&iacute;sima,
+levant&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute;dese, qu&eacute;dese... &iexcl;Si es <i>groma</i>!&raquo;.</p>
+
+<p>La Diega la inst&oacute; tambi&eacute;n a quedarse, a&ntilde;adiendo que hab&iacute;an comprado un
+d&eacute;cimo de la Loter&iacute;a, y ofreci&eacute;ndole participaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no juego&mdash;replic&oacute; Benina&mdash;: no tengo cuartos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&iacute;&mdash;dijo el marroqu&iacute;&mdash;: dar vos una <i>pieseta</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Y la se&ntilde;ora, &iquest;por qu&eacute; no juega?</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana sale. Seremos ricas, ricachonas en <i>efetivo</i>&mdash;dijo la Diega&mdash;. Yo,
+si me la saco, San Antonio me oiga, volver&eacute; a establecerme en la calle
+de la Sierpe. All&iacute; te conoc&iacute;, Almudena. &iquest;Te acuerdas?</p>
+
+<p>&mdash;No <i>mi cuerda</i>, no...</p>
+
+<p>&mdash;Vos conocisteis en Mediod&iacute;a Chica, por la casa de atr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;A este le llamaban Muley Abbas.</p>
+
+<p>&mdash;Y a ti <i>Cuarto e kilo</i>, por lo chica que eres.</p>
+
+<p>&mdash;Poner motes es cosa fea. &iquest;Verdad, Almudenita? Las personas decentes se
+llaman por el santo bautismo, con sus nombres de cristiano. Y esta
+se&ntilde;ora, &iquest;qu&eacute; gracia tiene?</p>
+
+<p>&mdash;Yo me llamo Benina.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es usted de Toledo, por casualidad?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora: soy... dos leguas de Guadalajara.</p>
+
+<p>&mdash;Yo de Cebolla, en tierra de Talavera... y dime una cosa: &iquest;por qu&eacute; esta
+gorrinaza de Pedrilla te llama a ti <i>Jai</i>? &iquest;Cu&aacute;l es tu nombre en tu
+religi&oacute;n y en tu tierra cochina, con perd&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Llamarle <i>mi Jai</i> porque ser morito &eacute;l&mdash;dijo la tr&aacute;gica remedando su
+habla.</p>
+
+<p>&mdash;Nombre m&iacute;o <i>Mordejai</i>&mdash;declar&oacute; el ciego&mdash;, y ser yo nacido en un <i>puebro
+mu bunito</i> que llamar all&aacute; Ullah de Bergel, <i>terra</i> de Sus... &iexcl;oh!
+<i>terra</i> divina, <i>bunita</i>... <i>mochas arbolas</i>, <i>aceita mocha</i>, <i>miela</i>,
+<i>frores</i>, <i>t&aacute;maras</i>, <i>mocha g&uuml;ena</i>&raquo;.</p>
+
+<p>El recuerdo del pa&iacute;s natal le infundi&oacute; un candoroso entusiasmo, y all&iacute;
+fue el pintarlo y describirlo con hip&eacute;rboles graciosas, y un colorido
+po&eacute;tico que con gran entretenimiento y gozo saborearon las tres mujeres.
+Incitado por ellas, cont&oacute; algunos pasajes de su vida, toda llena de
+estupendos casos, peligrosas empresas y fant&aacute;sticas aventuras. Refiri&oacute;
+primero c&oacute;mo se hab&iacute;a fugado del hogar paterno, de edad de quince a&ntilde;os,
+lanz&aacute;ndose a correr mundo, sin que en todo el tiempo transcurrido desde
+aquel suceso, tuviese noticia alguna de su patria y familia. Mandole su
+padre a casa de un mercader amigo suyo con este recado: &laquo;Dile a Rub&eacute;n
+Toledano que te d&eacute; doscientos duros que necesito hoy&raquo;. El tal deb&iacute;a de
+ser al modo de banquero, y entre ambos se&ntilde;ores reinaba sin duda
+patriarcal confianza; porque el encargo se hizo efectivo sin ninguna
+dificultad, cogiendo Mordejai los doscientos pesos en cuatro pesados
+cartuchos de moneda espa&ntilde;ola. Pero en vez de ir con ellos a la casa
+paterna, tom&oacute; el caminito de Fez, &aacute;vido de ver mundo, de trabajar por su
+cuenta, y de ganar mucho dinero para el autor de sus d&iacute;as, no los
+doscientos duros, sino dos mil o cientos de miles. Comprando dos
+borricos, se puso a portear mercader&iacute;as y pasajeros entre Fez y
+Mequ&iacute;nez, con buenas ganancias. Pero un d&iacute;a de mucho calor, &iexcl;castigo de
+Dios! pas&oacute; junto a un r&iacute;o y le entraron ganas de darse un ba&ntilde;o. En el
+agua flotaban dos caballos muertos, cosa mala. Al salir del ba&ntilde;o le
+dol&iacute;an los ojos: a los tres d&iacute;as era ciego.</p>
+
+<p>Como a&uacute;n ten&iacute;a dinero, pudo alg&uacute;n tiempo vivir sin implorar la caridad
+p&uacute;blica, con la tristeza inherente al no ver, y la no menos honda
+producida por el brusco paso de la vida activa a la sedentaria. El
+muchacho &aacute;gil y fuerte se hizo de la noche a la ma&ntilde;ana hombre enclenque
+y achacoso, y sus ambiciones de comerciante y sus entusiasmos de viajero
+quedaron reducidos a un continuo meditar sobre lo inseguro de los bienes
+terrenos, y la infalible justicia con que Dios Nuestro Padre y Juez
+sienta la mano al pecador. No se atrev&iacute;a el pobre ciego a pedirle que le
+devolviese la vista, pues esto no se lo hab&iacute;a de conceder. Era castigo,
+y el Se&ntilde;or no <i>se vuelve atr&aacute;s</i> cuando pega de firme. Ped&iacute;ale que le
+diera dinero abundante para poder vivir con desahogo, y una <i>muquier</i> que
+le amara; mas nada de esto le fue concedido al pobre Mordejai, que cada
+d&iacute;a ten&iacute;a menos dineros, pues estos iban saliendo, sin que entraran
+otros por ninguna parte, y de <i>muquieres</i> nada. Las que se acercaban a
+&eacute;l fingi&eacute;ndole cari&ntilde;o, no iban a su covacha m&aacute;s que a robarle. Un d&iacute;a
+estaba el hombre muy molesto por no poder cazar una pulga que atrozmente
+le picaba, burl&aacute;ndose de &eacute;l con audacia insolente, cuando... no es
+broma... se le aparecieron dos &aacute;ngeles.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a><a href="#toc">XIV</a></h2>
+
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero t&uacute; ves algo, Almudena?&mdash;le pregunt&oacute; <i>Cuarto e kilo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ver m&iacute; burtos ellos</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Explic&oacute; que distingu&iacute;a las masas de obscuridad en medio de la luz: esto
+por lo tocante a las cosas del mundo de ac&aacute;. Pero en lo de los mundos
+misteriosos que se extienden encima y debajo, delante y detr&aacute;s, fuera y
+dentro del nuestro, sus ojos ve&iacute;an claro, cuando ve&iacute;an, <i>mismo como
+vosotras ver migo</i>. Bueno: pues se le aparecieron dos &aacute;ngeles, y como no
+era cosa de aparec&eacute;rsele para no decir nada, dij&eacute;ronle que ven&iacute;an de
+parte del Rey de <i>baixo terra</i> con una embajada para &eacute;l. El se&ntilde;or
+<i>Samdai</i> ten&iacute;a que hablarle, para lo cual era preciso que se fuese mi
+hombre al Matadero por la noche, que estuviese all&iacute; quemando <i>ilcienso</i>,
+y rezando en medio de los despojos de reses y charcos de sangre, hasta
+las doce en punto, hora invariable de la entrevista. No hay que a&ntilde;adir
+que los &aacute;ngeles se marcharon con viento fresco en cuanto dieron
+conocimiento de su mensaje a Mordejai, y este cogi&oacute; sus trebejos de
+sahumar, la pipa, la raci&oacute;n de <i>c&aacute;&ntilde;amo</i> en un papel, y se fue caminito
+del Matadero: el largo plant&oacute;n que le esperaba, se le har&iacute;a menos
+aburrido fumando.</p>
+
+<p>All&iacute; se estuvo, sentado en cuclillas, aspirando los vahos olorosos del
+sahumerio, y fumando pipa tras pipa, hasta que lleg&oacute; la hora, y lo
+primerito que vio fue un par de perros, m&aacute;s grandes que <i>el cameio</i>,
+<i>brancos</i>, con ojos de fuego. &Eacute;l, Mordejai, <i>mocha medo</i>, un <i>medo</i> que
+le quitaba el respirar. Vino despu&eacute;s un <i>arregimiento</i> de jinetes con
+mucho cantorio, galas <i>mochas</i>; luego empez&oacute; a caer lluvia espes&iacute;sima de
+arena y piedras, tanto, tanto, que se vio enterrado hasta el
+pescuezo... y no respiraba. Cada vez m&aacute;s <i>medo</i>... Por encima de toda
+aquella escoria pas&oacute; veloc&iacute;simo otro escuadr&oacute;n de jinetes, dando al
+viento los blancos alquiceles, y sin cesar disparando tiros. Sigui&oacute; un
+diluvio de culebras y <i>alcranes</i>, que ca&iacute;an silbando y enrosc&aacute;ndose. El
+pobre ciego se mor&iacute;a de <i>medo</i>, sinti&eacute;ndose envuelto en la horrorosa
+nube de inmundos animales... Pero luego vinieron hombres y mujeres a
+pie, en pausada procesi&oacute;n, todos con blancas vestiduras, llevando en la
+mano canastillas y bateas de oro, y pisando sobre flores, pues en rosas
+y azucenas se hab&iacute;an convertido m&aacute;gicamente las serpientes y alacranes,
+y en olorosas ramas de menta y laurel todo aquel material llovido de
+arena c&aacute;lida y puntiagudos guijarros.</p>
+
+<p>Para no cansar, apareci&oacute; por fin el Rey, hermoso, con humana y divina
+hermosura, barba larga y negra, aretes en las orejas, corona de oro que
+parec&iacute;a tener por pedrer&iacute;a el sol, la luna y las estrellas. Verde era su
+traje, que por lo fino deb&iacute;a de ser obra de unas ara&ntilde;as muy pulidas que
+en los profundos senos de la tierra tejen con hebras de fuego. El
+s&eacute;quito de <i>Samdai</i> era tan vistoso y brillante que deslumbraba. Como le
+preguntara la Petra si no ven&iacute;a tambi&eacute;n Su Majestad la Reina, quedose un
+momento parado el narrador, recordando, y al fin dio cuenta de que
+<i>vido</i> tambi&eacute;n a la se&ntilde;ora del Rey, pero con la cara muy tapada, como la
+luna entre nubes, y por esta raz&oacute;n Mordejai no pudo distinguirla bien.
+La Soberana vest&iacute;a de amarillo, de un color as&iacute; como nuestros
+pensamientos cuando estamos entre alegres y tristes. Expresaba esto el
+ciego con dificultad, supliendo las torpezas de su lenguaje con el juego
+fison&oacute;mico de la convicci&oacute;n, y los mohines y gestos elocuentes.</p>
+
+<p>Total: que a una orden del Rey le fueron poniendo delante todas aquellas
+bateas y canastos de oro que tra&iacute;an las mujeres de blanco vestidas. &iquest;Qu&eacute;
+era? <i>Pieldras</i> de diversas clases, <i>mochas</i>, <i>mochas</i>, que pronto
+formaron montones que no cabr&iacute;an en ninguna casa: <i>rubiles</i> como
+garbanzos, perlas del tama&ntilde;o de huevos de paloma, <i>tudas</i>,
+<i>tudas</i> grandes, <i>diamanta fina</i> en tal cantidad, que hab&iacute;a para llenar
+de ellos sacos <i>mochas</i>, y con los sacos un carro de mudanzas;
+esmeraldas como nueces y <i>trompacios</i> como <i>po&ntilde;o m&iacute;o</i>...</p>
+
+<p>O&iacute;an esto las tres mujeres embobadas, mudas, fijos los ojos en la cara
+del ciego, entreabiertas las bocas. Al comienzo de la relaci&oacute;n, no se
+hallaban dispuestas a creer, y acabaron creyendo, por est&iacute;mulo de sus
+almas, &aacute;vidas de cosas gratas y placenteras, como compensaci&oacute;n de la
+miseria bochornosa en que viv&iacute;an. Almudena pon&iacute;a toda su alma en su
+voz, y con la lengua hablaban todos los pliegues movibles de su cara, y
+hasta los pelos de su barba negra. Todo era signos, jerogl&iacute;fico
+descifrable, oriental escritura que los oyentes entend&iacute;an sin saber por
+qu&eacute;. El fin de la espl&eacute;ndida visi&oacute;n fue que el Rey le dijo al bueno de
+Mordejai que de las dos cosas que deseaba, riquezas y mujer, no pod&iacute;a
+darle m&aacute;s que una; que optase entre las pedrer&iacute;as de gran valor que
+delante miraba, y con las cuales gozar&iacute;a de una fortuna superior a la de
+todos los soberanos de la tierra, y una mujer buena, bella y laboriosa,
+joya sin duda tan rara que no se pod&iacute;a encontrar sino revolviendo toda
+la tierra. Mordejai no vacil&oacute; un momento en la elecci&oacute;n, y dijo a Su
+Majestad de <i>baixo terra</i>, que para nada quer&iacute;a tanta pedrer&iacute;a <i>por
+fanegas</i>, si no le daban <i>muquier</i>... &laquo;Querer mi ella... gustar m&iacute;
+<i>muquier</i>, y sin <i>muquier</i> migo, no querer <i>pieldras</i> finas, ni
+<i>diniero</i> ni <i>naida</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Se&ntilde;alole entonces el Rey una hembra que bien envuelta en un manto que la
+tapaba toda, el rostro inclusive, iba por el camino, y le dijo que
+aquella era <i>la suya</i>, y que la siguiese hasta cogerla o m&aacute;s bien
+cazarla, pues a paso muy ligero iba la condenada. Y dicho esto por el
+Rey, se dign&oacute; Su Majestad desaparecerse, y con &eacute;l se fueron todos los de
+su comitiva, y los <i>arregimientos</i> y las se&ntilde;oras de blanco, y <i>tudo</i>,
+<i>tudo</i>, no quedando m&aacute;s que un olor penetrante del <i>ilcienso</i>, y los
+ladridos de los dos perrazos que se iban perdiendo en las lontananzas de
+la noche fr&iacute;a, cual si despavoridos huyeran hacia los montes. Tres meses
+estuvo enfermo Mordejai despu&eacute;s de este singular suceso, y no com&iacute;a m&aacute;s
+que agua y harina de cebada sin sal. Quedose tan flaco que se contaba al
+tacto todos los huesos, sin que se le escapara uno en la cuenta. Por
+fin, arrastr&aacute;ndose como pudo, emprendi&oacute; su camino por toda la grandeza
+del mundo en busca de la mujer que, seg&uacute;n dicho del divino <i>Samdai</i>, era
+suya.</p>
+
+<p>&laquo;Y no la encontraste hasta <i>tantismos</i> a&ntilde;os de correr, y se llamaba
+Nicolasa&mdash;dijo la Petra, queriendo ayudar al bi&oacute;grafo de s&iacute; mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; saber? No ser Nicolasa.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces ser&aacute; <i>la se&ntilde;ora</i>&mdash;apunt&oacute; la Diega, se&ntilde;alando no sin cierta
+impertinencia a la pobre Benina, que no chistaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... &iexcl;Jes&uacute;s me valga! Yo no soy ninguna tarascona que anda por los
+caminos&raquo;.</p>
+
+<p>Cont&oacute; Almudena que desde Fez hab&iacute;a ido a la Argelia; que vivi&oacute; de
+limosna en Tlemc&eacute;n primero, despu&eacute;s en Constantina y Or&aacute;n; que en este
+punto se embarc&oacute; para Marsella, y recorri&oacute; toda Francia, Lyon, Dijon,
+Par&iacute;s, que es <i>mu</i> grande, con tantos <i>olivares</i> y buenos pisos de
+calle, todo como la palma de la mano. Despu&eacute;s de subirse hasta un pueblo
+que le llaman <i>Lila</i>, volviose a Marsella y a Cette, donde se embarc&oacute;
+para Valencia.</p>
+
+<p>&laquo;Y en Valencia encontraste a la Nicolasa, con quien veniste por
+<i>badajes</i>, que vos daban los <i>aiuntamientos</i>, con dos <i>riales de
+tapa</i>&mdash;dijo la Petra&mdash;, y de Madrid vos fuisteis a los <i>Portugales</i>, y
+tres a&ntilde;os te dur&oacute; el contento, camastr&oacute;n, hasta que la <i>golfa</i> se te fue
+con otro.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no saber.</p>
+
+<p>&mdash;Que cuente la historia de Nicolasa y c&oacute;mo a &eacute;l le cogieron en Madrid
+para llevarle a San Bernardino, y ella fue al <i>espital</i>; y estando &eacute;l
+una noche durmiendo, se le aparecieron dos mujeres del otro mundo,
+verbigracia, <i>&aacute;nimas</i>, para decirle que la Nicolasa <i>hablaba</i> en
+el <i>espital</i> con uno que le iban a dar de alta...</p>
+
+<p>&mdash;No ser eso, no ser eso: c&aacute;llate t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Otro d&iacute;a nos lo contar&aacute;&mdash;indic&oacute; Benina, que, aunque gustaba de o&iacute;r
+aquellos entretenidos relatos, no quer&iacute;a detenerse m&aacute;s, recordando sus
+apremiantes quehaceres.</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rese, se&ntilde;ora: &iquest;qu&eacute; prisa tiene?&mdash;le dijo la Diega&mdash;. &iquest;A d&oacute;nde ir&aacute;
+usted que m&aacute;s valga?</p>
+
+<p>&mdash;Otro d&iacute;a contar m&aacute;s&mdash;indic&oacute; el ciego sonriendo&mdash;. M&iacute; ver mundo <i>mocha</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s cansadito, Jai. Conv&iacute;danos a un medio para que se te remoje la
+lengua, que la tienes m&aacute;s seca que suela de zapato.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no convidar m&iacute; ellas, <i>b'rrachonas</i>. No tener <i>diniero migo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso no quede&mdash;dijo la Diega, rumbosa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no bebo&mdash;declar&oacute; la Benina&mdash;, y adem&aacute;s tengo prisa, y con permiso de
+la compa&ntilde;&iacute;a me voy.</p>
+
+<p>&mdash;Quedar ti rato m&aacute;s. Dar once <i>reloja</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Dejarla&mdash;manifest&oacute; con benevolencia la Petra&mdash;, por si tiene que ir a
+ganarlo; que nosotras ya lo hemos ganado&raquo;.</p>
+
+<p>Interrogadas por Almudena, refirieron que habiendo cogido la Diega unos
+dineros que le deb&iacute;an dos mozas de la calle de la Chopa, se hab&iacute;an
+lanzado al comercio, pues una y otra ten&iacute;an suma disposici&oacute;n y travesura
+para el compra y vende. La Petra no se sent&iacute;a mujer honrada y cabal sino
+cuando se dedicaba al tr&aacute;fico, aunque fuese en cosas menudas, como
+palillos, mondarajas de tea, y <i>torra&eacute;</i>. La otra era un &aacute;guila para
+pa&ntilde;uelos y puntillas. Con el dinero aquel, venido a sus manos por
+milagro, compraron g&eacute;nero en una casa de saldos, y en la ma&ntilde;ana de aquel
+d&iacute;a pusieron sus bazares junto a la Fuentecilla de la Arganzuela,
+teniendo la suerte de colocar muchas carreras de botones, varas muchas
+de puntilla y dos chalecos de bayona. Otro d&iacute;a <i>sacar&iacute;an</i> loza,
+<i>im&aacute;genes</i>, y caballos de cart&oacute;n de los que daban, <i>a partir
+ganancias</i>, en la f&aacute;brica de la calle del Carnero. Largamente hablaron
+ambas de su negocio, y se alababan rec&iacute;procamente, porque si <i>Cuarto e
+kilo</i> era de lo que no hay para la adquisici&oacute;n de g&eacute;nero <i>por gruesas</i>, a
+la otra nadie aventajaba en salero y malicia para la venta al menudeo.
+Otra se&ntilde;al de que hab&iacute;a venido al mundo para ser o <i>comercianta</i> o nada,
+era que los cuartos ganados en la compra-venta se le pegaban al
+bolsillo, despertando en ella vagos anhelos de ahorro, mientras que los
+que por otros medios iban a sus flacas manos, se le escapaban por entre
+los dedos antes de que cerrar pudiera el pu&ntilde;o para guardarlos.</p>
+
+<p>Oy&oacute; Benina muy atenta estas explicaciones, que tuvieron la virtud de
+infundirle cierta simpat&iacute;a hacia la borracha, porque tambi&eacute;n ella,
+Benina, se sent&iacute;a <i>negocianta</i>; tambi&eacute;n acarici&oacute; su alma alguna vez la
+ilusi&oacute;n del compra-vende. &iexcl;Ah! si, en vez de dedicarse al servicio,
+trabajando como una negra, hubiera tomado <i>una puerta de calle</i>, otro
+gallo le cantara. Pero ya su vejez y la indisoluble sociedad moral con
+Do&ntilde;a Paca la imposibilitaban para el comercio.</p>
+
+<p>Insisti&oacute; la buena mujer en abandonar la grata tertulia, y cuando se
+levant&oacute; para despedirse cay&oacute;sele el l&aacute;piz que le hab&iacute;a dado D. Carlos,
+y al intentar recogerlo del suelo, cay&oacute;sele tambi&eacute;n la agenda.</p>
+
+<p>&laquo;Pues no lleva usted ah&iacute; pocas cosas&mdash;dijo la Petra, cogiendo el libro y
+hoje&aacute;ndolo r&aacute;pidamente, con mohines de lectora, aunque m&aacute;s bien
+deletreaba que le&iacute;a&mdash;. &iquest;Esto qu&eacute; es? Un libro para llevar cuentas. &iexcl;C&oacute;mo
+me gusta! <i>Marzo</i>, dice aqu&iacute;, y luego <i>Pe...setas</i>, y luego <i>c&eacute;ntimos</i>.
+Es <i>mu</i> bonito apuntar aqu&iacute; todo lo que sale y entra. Yo escribo tal
+cual; pero en los n&uacute;meros me atasco, porque los ochos se me enredan en
+los dedos, y cuando sumo no me acuerdo nunca de lo que <i>se lleva</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ese libro&mdash;dijo Benina, que al punto vislumbr&oacute; un negocio&mdash;, me lo dio un
+pariente de mi se&ntilde;ora, para que llev&aacute;ramos por apuntaci&oacute;n el gasto; pero
+no sabemos. Ya no est&aacute; la Magdalena para estos tafetanes, como dijo el
+otro... Y ahora pienso, se&ntilde;oras, que a ustedes, que comercian, les
+conviene este libro. Ea, lo vendo, si me lo pagan bien.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto?</p>
+
+<p>&mdash;Por ser para ustedes, dos reales.</p>
+
+<p>&mdash;Es mucho&mdash;dijo <i>Cuarto e kilo</i>, mirando las hojas del libro, que
+continuaba en manos de su compa&ntilde;era&mdash;. Y &iquest;para qu&eacute; lo queremos nosotras,
+si nos estorba lo negro?</p>
+
+<p>&mdash;Toma&mdash;indic&oacute; Petra, acometida de una risa infantil al repasar, con el
+dedo mojado en saliva, las hojas&mdash;. Se marca con rayitas: tantas
+cantidades, tantas rayas, y as&iacute; es m&aacute;s claro... Se da un real, ea.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no ven que est&aacute; nuevo? Su valor, aqu&iacute;, lo dice: &laquo;dos pesetas&raquo;.</p>
+
+<p>Regatearon. Almudena conciliaba los intereses de una y otra parte, y por
+fin qued&oacute; cerrado el trato en cuarenta c&eacute;ntimos, con l&aacute;piz y todo. Sali&oacute;
+del caf&eacute; la Benina, gozosa, pensando que no hab&iacute;a perdido el tiempo,
+pues si resultaban fant&aacute;sticas las <i>pieldras</i> preciosas que en montones
+Mordejai pusiera ante su vista, positivas y de buena ley eran las cuatro
+perras, como cuatro soles, que hab&iacute;a ganado vendiendo el in&uacute;til regalo
+del monoman&iacute;aco Trujillo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a><a href="#toc">XV</a></h2>
+
+
+<p>El largo descanso en el caf&eacute; le permiti&oacute; recorrer <i>como una exhalaci&oacute;n</i>
+la distancia entre el Rastro y la calle de la Cabeza, donde viv&iacute;a la
+se&ntilde;orita Obdulia, a quien deseaba visitar y socorrer antes de irse a
+casa, pues era indudable que a la ni&ntilde;a correspond&iacute;a la mitad, perra m&aacute;s
+o menos, de uno de los duros de D. Carlos. A las doce menos cuarto
+entraba en el portal, que por lo siniestro y h&uacute;medo parec&iacute;a la puerta de
+una c&aacute;rcel. En lo bajo hab&iacute;a un establecimiento de <i>burras de leche</i>,
+con borriquitas pintadas en la muestra, y dentro viv&iacute;an, sin aire ni
+luz, las pac&iacute;ficas nodrizas de t&iacute;sicos, encanijados y catarrosos. En la
+porter&iacute;a daban asilo a un conocido de Benina, el ciego Pulido, que era
+tambi&eacute;n punto fijo en San Sebasti&aacute;n. Con &eacute;l y con el burrero charl&oacute; un
+rato antes de subir, y ambos le dieron dos noticias muy malas: que iba a
+subir el pan y que hab&iacute;a bajado mucho la Bolsa, se&ntilde;al lo primero de que
+no llov&iacute;a, y lo segundo de que estaba al caer una revoluci&oacute;n gorda, todo
+porque los <i>artistas</i> ped&iacute;an <i>las ocho horas</i> y los <i>amos</i> no quer&iacute;an
+darlas. Anunci&oacute; el burrero con prof&eacute;tica gravedad que pronto se quitar&iacute;a
+todo el dinero met&aacute;lico y no quedar&iacute;a m&aacute;s que papel, hasta para las
+pesetas, y que echar&iacute;an nuevas contribuciones, <i>inclusive</i>, por rascarse
+y por darse de qui&eacute;n a qui&eacute;n los buenos d&iacute;as. Con estas malas
+impresiones subi&oacute; Benina la escalera, tan descansada como l&oacute;brega, con
+los pelda&ntilde;os en panza, las paredes desconchadas, sin que faltaran los
+letreros de carb&oacute;n o l&aacute;piz garabateados junto a las puertas de
+cuarterones, por cuyo quicio inferior asomaba el pedazo de estera, ni
+los faroles sucios que de d&iacute;a semejaban urnas de santos. En el primer
+piso, bajando del cielo, con vecindad de gatos y vistas magn&iacute;ficas a las
+tejas y buhardillones, viv&iacute;a la se&ntilde;orita Obdulia; su casa, por la
+anchura de las habitaciones destartaladas y fr&iacute;as, hubiera parecido
+convento, a no ser por la poca elevaci&oacute;n de los techos, que casi se
+cog&iacute;an con la mano. Esteras y alfombras all&iacute; eran tan desconocidas, como
+en el Congo las levitas y chisteras; s&oacute;lo en lo que llamaban gabinete
+hab&iacute;a un pedazo de fieltro ra&iacute;do, rameado de azul y rojo, como de dos
+varas en cuadro. Los muebles de baratillo declaraban con sus chapas
+rotas, sus patas inv&aacute;lidas, sus posturas claudicantes, el desastre de
+sus infinitas peregrinaciones en los carros de mudanza.</p>
+
+<p>La misma Obdulia abri&oacute; la puerta a Benina, dici&eacute;ndole que la hab&iacute;a
+sentido subir, y al punto se vio la buena mujer como asaltada de una
+pareja de gatos muy bonitos, que mayando la miraban, el rabo tieso,
+frotando su lomo contra ella. &laquo;Los pobres animalitos&mdash;dijo la <i>ni&ntilde;a</i> con
+m&aacute;s l&aacute;stima de ellos que de s&iacute; misma&mdash;, no se han desayunado todav&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Vest&iacute;a la hija de Do&ntilde;a Paca una bata de franela color rosa, de corte
+elegante, ya descompuesta por el mucho uso, las delanteras manchadas de
+chocolate y grasa, alg&uacute;n siete en las mangas, la falda arrastrada,
+revel&aacute;ndose en todo, como prenda adquirida de lance, que a su due&ntilde;a le
+ven&iacute;a un poco ancha, por <i>aquello de que la difunta era mayor</i>. De todos
+modos, tal vestimenta se aven&iacute;a mal con la pobreza de la esposa de
+Luquitas.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No ha venido anoche tu marido?&mdash;le dijo Benina, sofocada de la penosa
+ascensi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija, ni falta que me hace. D&eacute;jale en su caf&eacute;, y en sus casas de
+perdici&oacute;n, con las <i>socias</i> que le han sorbido el seso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No te han tra&iacute;do nada de casa de tus suegros?</p>
+
+<p>&mdash;Hoy no toca. Ya sabes que lo dejaron en un d&iacute;a s&iacute; y otro no. No ha
+venido m&aacute;s que Juana Rosa a peinarme, y con ella se fue mi Andrea. Van a
+comer juntas en casa de su t&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que est&aacute;s como los camaleones. No te apures, que Dios aprieta,
+pero no ahoga, y aqu&iacute; estoy yo para que no ayunes m&aacute;s de la cuenta, que
+el cielo bien ganado te lo tienes ya... Siento una tosecilla... &iquest;Ha
+venido ese caballero?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;: ah&iacute; est&aacute; desde las diez. Con las cosas bonitas que cuenta me
+entretiene, y casi no me acuerdo de que no hay en casa m&aacute;s que dos onzas
+de chocolate, media docena de d&aacute;tiles, y algunos mendrugos de pan... Si
+has de traerme algo, sea lo primero para estos pobres gatos aburridos,
+que desde el amanecer no me dejan vivir. Parece que me hablan, y dicen:
+&laquo;Pero &iquest;qu&eacute; es de nuestra buena Nina, que no viene con nuestra
+cordillita?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;En seguida traer&eacute; para remediaros a todos&mdash;dijo la anciana&mdash;. Pero antes
+quiero saludar a ese caballero rancio, que es tan fino y atento con las
+se&ntilde;oras&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en el llamado gabinete, y el se&ntilde;or de Ponte y Delgado se deshizo
+con ella en afectuosos cumplidos de buena sociedad. &laquo;Siempre ech&aacute;ndola a
+usted de menos, Benina... y muy desconsolado cuando <i>brilla usted por su
+ausencia</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que brillo por mi ausencia!... &iquest;Pero qu&eacute; disparates est&aacute; usted
+diciendo, Sr. de Ponte? O es que no entendemos nosotras, las mujeres de
+pueblo, esos t&eacute;rminos tan <i>fisnos</i>... Ea, qu&eacute;dense con Dios. Yo vuelvo
+pronto, que tengo que dar de almorzar a la ni&ntilde;a y a los se&ntilde;ores gatos. Y
+aunque el Sr. D. Frasquito no quiera, ha de hacer aqu&iacute; penitencia. Le
+convido yo... no, le convida la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, cu&aacute;nto honor!... Lo agradezco infinito. Yo pensaba retirarme.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya sabemos que siempre est&aacute; usted convidado en casas de la
+grandeza. Pero como es tan bueno, se <i>dizna</i> sentarse a la mesa de los
+pobres.</p>
+
+<p>&mdash;Consideraci&oacute;n que tanto le agradecemos&mdash;dijo Obdulia&mdash;. Ya s&eacute; que para el
+Sr. de Ponte es un sacrificio aceptar estas pobrezas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios, Obdulia!...</p>
+
+<p>&mdash;Pero su mucha bondad le <i>inspira</i> estos y otros mayores sacrificios.
+&iquest;Verdad, Ponte?</p>
+
+<p>&mdash;Ya la he re&ntilde;ido a usted, amiga m&iacute;a, por ser tan parad&oacute;jica. Llama
+sacrificio al mayor placer que puede existir en la vida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienes carb&oacute;n?...&mdash;pregunt&oacute; Benina bruscamente, como quien arroja una
+piedra en un macizo de flores.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que hay algo&mdash;replic&oacute; Obdulia&mdash;; y si no, lo traes tambi&eacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Fue Nina para adentro, y habiendo encontrado combustible, aunque escaso,
+se puso a encender lumbre y a preparar sus pucheros. Durante la prosaica
+operaci&oacute;n, conversaba con las astillas y los carbones, y sirvi&eacute;ndose del
+fuelle como de un conducto fon&eacute;tico, les dec&iacute;a: &laquo;Voy a tener otra vez el
+gusto de dar de comer a ese pobre hambriento, que no confiesa su hambre
+por la verg&uuml;enza que le da... &iexcl;Cu&aacute;nta miseria en este mundo, Se&ntilde;or! Bien
+dicen que quien m&aacute;s ha visto, m&aacute;s ve. Y cuando se cree una que es el
+acabose de la pobreza, resulta que hay otros m&aacute;s miserables, porque una
+se echa a la calle, y pide, y le dan, y come, y con medio panecillo se
+alimenta... Pero estos que juntan la verg&uuml;enza con la gana de comer, y
+son delicados y medrosicos para pedir; estos que tuvieron posibles y
+educaci&oacute;n, y no quieren rebajarse... &iexcl;Dios m&iacute;o, qu&eacute; desgraciados son!
+lo que discurrir&aacute;n para matar el gusanillo... Si me sobra dinero,
+despu&eacute;s de darle de almorzar, he de ver c&oacute;mo me las compongo para que
+tome la peseta que necesita para pagar el catre de esta noche. Pero &iexcl;ay!
+no... que necesitar&aacute; ocho reales. Me da el coraz&oacute;n que anoche no pag&oacute;...
+y como esa condenada Bernarda no f&iacute;a m&aacute;s que una vez... ser&aacute; preciso
+pagarle toda la cuenta... y a saber si le ha fiado dos o tres noches...
+No, aunque yo tuviera el dinero, no me atrever&iacute;a a d&aacute;rselo; y aunque se
+lo ofreciese, primero dorm&iacute;a al raso que cogerlo de estas manos
+pobres... &iexcl;Se&ntilde;or, qu&eacute; cosas, qu&eacute; cosas se van viendo cada d&iacute;a en este
+mundo tan grande de la miseria!&raquo;.</p>
+
+<p>En tanto el l&aacute;nguido Frasquito y la esmirriada Obdulia platicaban
+gozosos de cosas gratas, harto distantes de la triste realidad. Desde
+que vio entrar a la Providencia, en figura de Benina, sintiose la ni&ntilde;a
+calmada de su ansiedad y sobresalto, y el caballero tambi&eacute;n respir&oacute; por
+el propio motivo feliz, y se le alegraron las pajarillas viendo
+conjurado, por aquel d&iacute;a, un grave conflicto de subsistencias. Uno y
+otro, marchita dama y gal&aacute;n manido, pose&iacute;an, en medio de su radical
+penuria, una <i>riqueza</i> inagotable, eficac&iacute;sima, casi acu&ntilde;able, extra&iacute;da
+de la mina de su propio esp&iacute;ritu; y aunque usaban de los productos de
+este venero con prodigalidad, mientras m&aacute;s gastaban, m&aacute;s superabundancia
+ten&iacute;an sus caudales. Consist&iacute;a, pues, esta riqueza, en la facultad
+preciosa de desprenderse de la realidad, cuando quer&iacute;an, traslad&aacute;ndose a
+un mundo imaginario, todo bienandanzas, placeres y dichas. Gracias a
+esta divina facultad, se daba el caso de que ni siquiera advirtiesen, en
+muchas ocasiones, sus enormes desdichas, pues cuando se ve&iacute;an privados
+absolutamente de los bienes positivos, sacaban de la imaginaci&oacute;n el
+cuerno de Amaltea, y lo agitaban para ver salir de &eacute;l los bienes
+ideales. Lo extra&ntilde;o era que el Sr. de Ponte Delgado, con tener tres
+veces lo menos la edad de Obdulia, casi la superaba en poder
+imaginativo, pues en la declinaci&oacute;n de la vida, se renovaban en &eacute;l los
+aleteos de la infancia.</p>
+
+<p>D. Frasquito era lo que vulgarmente se llama <i>un alma de Dios</i>. Su edad
+no se sab&iacute;a, ni en parte alguna constaba, pues se hab&iacute;a quemado el
+archivo de la iglesia de Algeciras donde le bautizaron. Pose&iacute;a el raro
+privilegio f&iacute;sico de una conservaci&oacute;n que pudiera competir con la de las
+momias de Egipto, y que no alteraban contratiempos ni privaciones. Su
+cabello se conservaba negro y abundante; la barba, no; pero con un poco
+de bet&uacute;n casi armonizaban una con otro. Gastaba melenas, no de las
+rom&aacute;nticas, desgre&ntilde;adas y foscas, sino de las que se usaron hacia el
+50, lustrosas, con raya lateral, los mechones bien ahuecaditos sobre las
+orejas. El movimiento de la mano para ahuecar los dos mechones y
+modelarlos en su sitio, era uno de esos resabios fisiol&oacute;gicos, de
+<i>segunda naturaleza</i>, que llegan a ser parte integrante de la primera.
+Pues con su melenita de cocas y su barba pringosa y retinta, el rostro
+de Frasquito Ponte era de los que llaman <i>ani&ntilde;ados</i>, por no s&eacute; qu&eacute;
+expresi&oacute;n de ingenuidad y confianza que ver&iacute;ais en su nariz chica, y en
+sus ojos que fueron vivaces y ya eran mortecinos. Miraban siempre con
+ternura, lanzando sus rayos de ocaso melanc&oacute;lico en medio de un celaje
+de lagrimales pita&ntilde;osos, de pesta&ntilde;as ralas, de p&aacute;rpados rugosos, de
+extensas patas de gallo. Dos presunciones descollaban entre las muchas
+que constitu&iacute;an el orgullo de Ponte Delgado, a saber: la melena y el pie
+peque&ntilde;o. Para las mayores desdichas, para las abstinencias m&aacute;s crueles y
+mortificantes, ten&iacute;a resignaci&oacute;n; para llevar zapatos muy viejos o que
+desvirtuaran la estructura perfecta y las lindas proporciones de sus
+piececitos, no la ten&iacute;a, no.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a><a href="#toc">XVI</a></h2>
+
+
+<p>Del arte exquisito para conservar la ropa no hablemos. Nadie como &eacute;l
+sab&iacute;a encontrar en exc&eacute;ntricos portales sastres econ&oacute;micos, que por
+poqu&iacute;simo dinero <i>volv&iacute;an</i> una pieza; nadie como &eacute;l sab&iacute;a tratar con
+mimo las prendas de uso perenne para que desafiaran los a&ntilde;os,
+conserv&aacute;ndose en los puros hilos; nadie como &eacute;l sab&iacute;a emplear la bencina
+para limpieza de mugres, planchar arrugas con la mano, estirar lo
+encogido y enmendar rodilleras. Lo que le duraba un sombrero de copa no
+es para dicho. Para averiguarlo no valdr&iacute;a compulsar todas las
+cronolog&iacute;as de la moda, pues a fuerza de ser antigua la del
+chister&oacute;metro que usaba, casi era moderna, y a esta ilusi&oacute;n contribu&iacute;a
+el enga&ntilde;o de aquella felpa, tan bien alisada con amorosos cuidados
+maternales. Las dem&aacute;s prendas de ropa, si al sombrero igualaban en
+longevidad, no pod&iacute;an emular con &eacute;l en el disimulo de a&ntilde;os de servicio,
+porque con tantas vueltas y transformaciones, y tantos recorridos de
+aguja y pases de plancha, ya no eran sino sombra de lo que fueron. Un
+gabancillo de verano, clarucho, usaba D. Frasquito en todo tiempo: era
+su prenda menos inveterada, y le serv&iacute;a para ocultar, cerrado hasta el
+cuello, todo lo dem&aacute;s que llevaba, menos la mitad de los pantalones. Lo
+que se escond&iacute;a debajo de la tal prenda, s&oacute;lo Dios y Ponte lo sab&iacute;an.</p>
+
+<p>Persona m&aacute;s inofensiva no creo haya existido nunca; m&aacute;s in&uacute;til, tampoco.
+Que Ponte no hab&iacute;a servido nunca para nada, lo atestiguaba su miseria,
+imposible de disimular en aquel triste occidente de su vida. Hab&iacute;a
+heredado una regular fortunilla, desempe&ntilde;&oacute; algunos destinos buenos, y no
+tuvo atenciones ni cargas de familia, pues se petrific&oacute; en el celibato,
+primero por adoraci&oacute;n de s&iacute; mismo, despu&eacute;s por haber perdido el tiempo
+buscando con demasiado escr&uacute;pulo y criterio muy r&iacute;gido un matrimonio de
+conveniencia, que no encontr&oacute;, ni encontrar pod&iacute;a, con las goller&iacute;as y
+perendengues que deseaba. En la &eacute;poca en que a&uacute;n no exist&iacute;a la palabra
+<i>cursi</i>, Ponte Delgado consagr&oacute; su vida a la sociedad, vistiendo con
+afectada elegancia, frecuentando, no dir&eacute; los salones, porque entonces
+poco se usaba esta denominaci&oacute;n, sino algunos estrados de casas buenas y
+distinguidas. Los verdaderos salones eran pocos, y Frasquito, por m&aacute;s
+que en su vejez hac&iacute;a gala de haber entrado en ellos, la verdad era que
+ni por el forro los conoc&iacute;a. En las tertulias que frecuentaba y bailes
+a que asist&iacute;a, as&iacute; como en los casinos y centros de reuni&oacute;n masculina,
+no digamos que desentonaba; pero tampoco se distingu&iacute;a por su ingenio,
+ni por esa hidalga mezcla de correcci&oacute;n y desgaire que constituye la
+elegancia verdadera. Muy estiradito siempre, eso s&iacute;; muy atento a sus
+guantes, a su corbata, a su pie peque&ntilde;o, resultaba grato a las damas,
+sin interesar a ninguna; tolerable para los hombres, algunos de los
+cuales verdaderamente le estimaban.</p>
+
+<p>S&oacute;lo en nuestra sociedad heterog&eacute;nea, libre de escr&uacute;pulos y
+distinciones, se da el caso de que un hidalguete, poseedor de cuatro
+terru&ntilde;os, o un empleadillo de mediano sueldo, se confundan con marqueses
+y condes de sangre azul, o con los pr&oacute;ceres del dinero, en los centros
+de falsa elegancia; que se junten y alternen los que explotan la vida
+suntuaria por sus negocios, o sus vanidades, o bien por audaces amor&iacute;os,
+y los que van a bailar y a comer y departir con las se&ntilde;oras, sin m&aacute;s
+objeto que procurarse recomendaciones para un ascenso, o el favor de un
+jefe para faltar impunemente a las horas de oficinas. No digo esto por
+Frasquito Ponte, el cual era algo m&aacute;s que un pelagatos fino en los
+tiempos de su apogeo social. Su decadencia no empez&oacute; a manifestarse de
+un modo notorio hasta el 59; se defendi&oacute; heroicamente hasta el 68, y al
+llegar este a&ntilde;o, marcado en la tabla de su destino con trazo muy negro,
+desplomose el desdichado gal&aacute;n en los abismos de la miseria, para no
+levantarse m&aacute;s. A&ntilde;os antes se hab&iacute;a comido los &uacute;ltimos restos de su
+fortuna. El destino que con grandes fatigas pudo conseguir de Gonz&aacute;lez
+Bravo, se lo quit&oacute; despiadadamente la revoluci&oacute;n; no gozaba cesant&iacute;a, no
+hab&iacute;a sabido ahorrar. Quedose el cuitado sin m&aacute;s rentas que el d&iacute;a y la
+noche, y la compasi&oacute;n de algunos buenos amigos que le sentaban a su
+mesa. Pero los buenos amigos se murieron o se cansaron, y los parientes
+no se mostraban compasivos. Pas&oacute; hambres, desnudeces, privaciones de
+todo lo que hab&iacute;a sido su mayor gusto, y en tan tremenda crisis, su
+delicadeza innata y su amor propio fueron como piedra atada al cuello
+para que m&aacute;s pronto se hundiera y se ahogara: no era hombre capaz de
+importunar a los amigos con solicitudes de dinero, vulgo <i>sablazos</i>, y
+s&oacute;lo en contad&iacute;simas ocasiones, verdaderos casos cr&iacute;ticos o de peligro
+de muerte, en la lucha con la miseria, se aventur&oacute; a extender la mano en
+demanda de auxilio, revisti&eacute;ndola, eso s&iacute;, para guardar las formas, de
+un guante, que aunque descosido y roto, guante era al fin. Antes se
+muriera de hambre Frasquito, que hacer cosa alguna sin dignidad. Se dio
+el caso de entrar disfrazado en el fig&oacute;n de Boto, a comer dos reales de
+cocido, antes que presentarse en una buena casa, donde si le admit&iacute;an
+con agasajo, tambi&eacute;n lastimaban con crueles bromas su decoro,
+refreg&aacute;ndole en el rostro su gorroner&iacute;a y parasitismo.</p>
+
+<p>Con angustioso af&aacute;n buscaba el infeliz medios de existencia, aunque
+fueran de los menos lucrativos; pero la cortedad de sus talentos
+dificultaba m&aacute;s lo que en todos los casos es dif&iacute;cil. Tanto revolvi&oacute;,
+que al fin pudo encontrar algunos emple&iacute;llos, indignos ciertamente de su
+anterior posici&oacute;n, pero que le permitieron vivir alg&uacute;n tiempo sin
+<i>rebajarse</i>. Su miseria, al cabo, pod&iacute;a decorarse con un barniz de
+dignidad. Recibir un corto auxilio pecuniario como pasante de un
+colegio, o como escribiente de unos boteros de la calle de Segovia, para
+llevarles las cuentas y <i>ponerles</i> las cartas, era limosna ciertamente,
+pero tan bien disimulada, que no hab&iacute;a desdoro en recibirla. Arrastr&oacute;
+vida m&iacute;sera durante algunos a&ntilde;os, solitario habitante de los barrios del
+Sur, sin atreverse a pasar a los del Centro y Norte, por miedo de
+encontrar <i>conocimientos</i> que le vieran mal calzado y peor vestido; y
+habiendo perdido aquellos acomodos, busc&oacute; otros, aceptando al fin, no
+sin escr&uacute;pulos y crispaduras de nervios, el cargo de comisionista o
+viajante de una f&aacute;brica de jab&oacute;n, para ir de tienda en tienda y de casa
+en casa ofreciendo el g&eacute;nero, y colocando las partidas que pudiera. Mas
+tan poca labia y malicia el pobrecillo desplegaba en este oficio
+chalanesco, que pronto hubo de quedarse en la calle. &Uacute;ltimamente le
+depar&oacute; el cielo unas se&ntilde;oras viejas de la Costanilla de San Andr&eacute;s, para
+que les llevara las cuentas de un resto de comercio de cerer&iacute;a, que
+liquidaban, cediendo en peque&ntilde;as partidas las existencias a las
+parroquias y congregaciones. Escaso era el trabajo; mas por &eacute;l le daban
+tan s&oacute;lo dos pesetas diarias, con las cuales realizaba el milagro de
+vivir, agenci&aacute;ndose comida y lecho, y no se dice casa, porque en
+realidad no la ten&iacute;a.</p>
+
+<p>Ya desde el 80, que fue el a&ntilde;o terrible para el sin ventura Frasquito,
+se determin&oacute; a no tener domicilio, y despu&eacute;s de unos d&iacute;as de horrorosa
+crisis en que pudo compararse al caracol, por el aquel de llevar su casa
+consigo, entendiose con la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Bernarda, la due&ntilde;a de los dormitorios
+de la calle del Mediod&iacute;a Grande, mujer muy dispuesta y que sab&iacute;a
+distinguir. Por tres reales le daba cama de a peseta, y en obsequio a la
+excepcional decencia del parroquiano, por s&oacute;lo un real de a&ntilde;adidura le
+dejaba tener su ba&uacute;l en un cuartucho interior, donde, adem&aacute;s, le
+permit&iacute;a estar una hora todas las ma&ntilde;anas arregl&aacute;ndose la ropa, y
+acical&aacute;ndose con sus lavatorios, cosm&eacute;ticos y manos de tinte. Entraba
+como un cad&aacute;ver, y sal&iacute;a desconocido, limpio, oloroso y reluciente de
+hermosura.</p>
+
+<p>La restante peseta la empleaba en comer y en vestirse... &iexcl;Problema
+inmenso, &aacute;lgebra imposible! Con todos sus apuros, aquella temporada le
+dio relativo descanso, porque no sufr&iacute;a la humillaci&oacute;n de pedir socorro,
+y malo o bueno, tuerto o derecho, ten&iacute;a el hombre un medio de vivir, y
+viv&iacute;a y respiraba, y a&uacute;n le sobraba tiempo para dar algunas volteretas
+por los espacios imaginarios. Su honesto trato con Obdulia, que vino del
+conocimiento con Do&ntilde;a Paca y de las relaciones comerciales de las viejas
+cereras con el <i>funerario</i>, suegro de la ni&ntilde;a, si llev&oacute; al esp&iacute;ritu de
+Ponte el consuelo de la concordancia de ideas, gustos y aficiones, le
+puso en el grave compromiso de desatender las necesidades de boca para
+comprarse unas botas nuevas, pues las que por entonces prestaban
+servicio exclusivo hall&aacute;banse horrorosamente desfiguradas, y por todo
+pasaba el menesteroso, menos por entrar con feo pie en las regiones de
+lo ideal.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a><a href="#toc">XVII</a></h2>
+
+
+<p>Con el espantoso desequilibrio que trajeron al menguado presupuesto, las
+botas nuevas y otros art&iacute;culos de verdadera superfluidad, como pomada,
+tarjetas, etc., en los cuales fue preciso invertir sumas de relativa
+consideraci&oacute;n, se qued&oacute; Frasquito enteramente vac&iacute;o de barriga y sin
+saber d&oacute;nde ni c&oacute;mo hab&iacute;a que llenarla. Pero la Providencia, que no
+abandona a los buenos, le depar&oacute; su remedio en la casa misma de Obdulia,
+que le mataba el hambre algunos d&iacute;as, rog&aacute;ndole que la acompa&ntilde;ase a
+almorzar; y por cierto que ten&iacute;a que gastar no poca saliva para
+reducirle, y vencer su delicadeza y cortedad. Benina, que le le&iacute;a en el
+rostro la inanici&oacute;n, gastaba menos etiquetas que su se&ntilde;orita, y le
+serv&iacute;a con brusquedad, ri&eacute;ndose de los melindres y repulgos con que daba
+delicada forma a la aceptaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, que tan siniestro se presentaba, y que la aparici&oacute;n de Benina
+troc&oacute; en uno de los m&aacute;s dichosos, Obdulia y Frasquito, en cuanto
+comprendieron que estaba resuelto el problema de la reparaci&oacute;n
+org&aacute;nica, se lanzaron a cien mil leguas de la realidad, para espaciar
+sus almas en el rosado ambiente de los bienes fingidos. Las ideas de
+Ponte eran muy limitadas: las que pudo adquirir en los veinte a&ntilde;os de su
+apogeo social se petrificaron, y ni en ellas hubo modificaci&oacute;n, ni las
+adquiri&oacute; nuevas. La miseria le apart&oacute; de sus antiguas amistades y
+relaciones, y as&iacute; como su cuerpo se momificaba, su pensamiento se iba
+quedando f&oacute;sil. En su manera de pensar, no hab&iacute;a rebasado las l&iacute;neas del
+68 y 70. Ignoraba cosas que sabe todo el mundo; parec&iacute;a hombre ca&iacute;do de
+un nido o de las nubes; juzgaba de sucesos y personas con candorosa
+inocencia. La verg&uuml;enza de su aflictivo estado y el retraimiento
+consiguiente, no ten&iacute;an poca parte en su atraso mental y en la pobreza
+de sus pensamientos.</p>
+
+<p>Por miedo a que le viesen hecho una facha, se pasaba semanas y aun meses
+sin salir de sus barrios; y como no tuviera necesidad imperiosa que al
+centro le llamase, no pasaba de la Plaza Mayor. Le azaraba continuamente
+la monoman&iacute;a centr&iacute;fuga; prefer&iacute;a para sus divagaciones las calles
+obscuras y extraviadas, donde rara vez se ve un sombrero de copa. En
+tales sitios, y disfrutando de sosiego, tiempo sin tasa y soledad, su
+poder imaginativo hac&iacute;a revivir los tiempos felices, o creaba en los
+presentes seres y cosas al gusto y medida del m&iacute;sero so&ntilde;ador.</p>
+
+<p>En sus coloquios con Obdulia, Frasquito no cesaba de referirle su vida
+social y elegante de otros tiempos, con interesantes pormenores: c&oacute;mo
+fue presentado en las tertulias de los se&ntilde;ores de Tal, o de la Marquesa
+de Cu&aacute;l; qu&eacute; personas distinguidas all&iacute; conoci&oacute;, y cu&aacute;les eran sus
+caracteres, costumbres y modos de vestir. Enumeraba las casas suntuosas
+donde hab&iacute;a pasado horas felices, conociendo lo mejorcito de Madrid en
+ambos sexos, y recre&aacute;ndose con amenos coloquios y pasatiempos muy
+bonitos. Cuando la conversaci&oacute;n reca&iacute;a en cosas de arte, Ponte, que
+deliraba por la m&uacute;sica y por el <i>Real</i>, tarareaba trozos de <i>Norma</i> y de
+<i>Maria di Rohan</i>, que Obdulia escuchaba con &eacute;xtasis. Otras veces,
+lanz&aacute;ndose a la poes&iacute;a, recit&aacute;bale versos de D. Gregorio Romero
+Larra&ntilde;aga y de otros vates de aquellos tiempos bobos. La radical
+ignorancia de la joven era terreno propio para estos ensayos de
+literaria educaci&oacute;n, pues en todo hallaba novedad, todo le causaba el
+embeleso que sentir&iacute;a una criatura al ver juguetes por primera vez.</p>
+
+<p>No se saciaba nunca la <i>ni&ntilde;a</i> (a quien es forzoso llamar as&iacute;, a pesar de
+ser casada, con su aborto correspondiente) de adquirir informes y
+noticias de la vida de sociedad, pues aunque algunos conocimientos de
+ello tuviera, por recuerdos vagos de su infancia, y por lo que su madre
+le hab&iacute;a contado, hallaba en las descripciones y pinturas de Ponte mayor
+encanto y poes&iacute;a. Sin duda, la sociedad del tiempo de Frasquito era m&aacute;s
+bella que la coet&aacute;nea, m&aacute;s finos los hombres, las se&ntilde;oras m&aacute;s graciosas
+y espirituales. A ruego de ella, el elegante f&oacute;sil describ&iacute;a los
+convites, los bailes, con todas sus magnificencias; el <i>buffet</i> o
+<i>ambig&uacute;</i>, con sus variados manjares y refrigerios; contaba las aventuras
+amorosas que en su tiempo dieron que hablar; enumeraba las reglas de
+buena educaci&oacute;n que entonces, hasta en los &iacute;nfimos detalles de la vida
+suntuaria, estaba en uso, y hac&iacute;a el paneg&iacute;rico de las bellezas que en
+su tiempo brillaron, y ya se hab&iacute;an muerto o eran arrinconados
+vejestorios. No se dej&oacute; en el tintero sus propias aventurillas, o m&aacute;s
+bien pinitos amorosos, ni los disgustos que por tales excesos tuvo con
+maridos escamones o hermanos susceptibles. De las resultas, hab&iacute;a tenido
+tambi&eacute;n su duelo correspondiente, &iexcl;vaya! con padrinos, condiciones,
+elecci&oacute;n de armas, dimes y diretes, y, por fin, choque de sables,
+terminando todo en fraternal almuerzo. Un d&iacute;a tras otro, fue contando
+las varias peripecias de su vida social, la cual conten&iacute;a todas las
+variedades del libertinaje candoroso, de la elegancia pobre y de la
+tonter&iacute;a honrada. Era tambi&eacute;n Frasquito un excelente aficionado al arte
+esc&eacute;nico, y represent&oacute; en distintos teatros caseros papeles principales
+en <i>Flor de un d&iacute;a</i> y <i>La trenza de sus cabellos</i>. A&uacute;n recordaba
+parlamento y <i>bocadillos</i> de ambas obras, que repet&iacute;a con &eacute;nfasis
+declamatorio, y que Obdulia o&iacute;a con arrobamiento, <i>arrasados los ojos en
+l&aacute;grimas</i>, dicho sea con frase de la &eacute;poca. Refiri&oacute; tambi&eacute;n, y para ello
+tuvo que emplear dos sesiones y media, el baile de trajes que dio, all&aacute;
+por los a&ntilde;os de Maricasta&ntilde;a, una se&ntilde;ora Marquesa o Baronesa de No s&eacute;
+cu&aacute;ntos. No olvidar&iacute;a Frasquito, si mil a&ntilde;os viviese, aquella grandiosa
+fiesta, a la que asisti&oacute; de <i>bandido calabr&eacute;s</i>. Y se acordaba de todos,
+absolutamente de todos los trajes, y los describ&iacute;a y especificaba, sin
+olvidar cintajo ni gal&oacute;n. Por cierto que los preparativos de su
+vestimenta, y los pasos que tuvo que dar para procurarse las prendas
+caracter&iacute;sticas, le robaron tanto tiempo d&iacute;a y noche, que falt&oacute; semanas
+enteras a la oficina, y de aqu&iacute; le vino la primera cesant&iacute;a, y con la
+cesant&iacute;a sus primeros atrasos.</p>
+
+<p>Aunque en muy peque&ntilde;a escala, tambi&eacute;n pod&iacute;a Frasquito satisfacer otra
+curiosidad de Obdulia: la curiosidad, o m&aacute;s bien ilusi&oacute;n, de los viajes.
+No hab&iacute;a dado la vuelta al mundo; pero &iexcl;hab&iacute;a estado en Par&iacute;s! y para un
+elegante, esto quiz&aacute;s bastaba. &iexcl;Par&iacute;s! &iquest;Y c&oacute;mo era Par&iacute;s? Obdulia
+devoraba con los ojos al narrador, cuando este refer&iacute;a con hiperb&oacute;licos
+arranques las maravillas de la gran ciudad, nada menos que en los
+esplendorosos tiempos del segundo Imperio. &iexcl;Ah! &iexcl;la Emperatriz Eugenia,
+los Campos El&iacute;seos, los bulevares, N&ocirc;tre Dame, Palais Royal... y para
+que en la descripci&oacute;n entrara todo, Mabille, las loretas!... Ponte no
+estuvo m&aacute;s que mes y medio, viviendo con grande econom&iacute;a, y aprovechando
+muy bien el tiempo, d&iacute;a y noche, para que no se le quedara nada por ver.
+En aquellos cuarenta y cinco d&iacute;as de libertad parisiense, goz&oacute; lo
+indecible, y se trajo a Madrid recuerdos e impresiones que contar para
+tres a&ntilde;os seguidos. Todo lo vio, lo grande y lo chico, lo bello y lo
+raro; en todo meti&oacute; su nariz chiquita, y no hay que decir que se
+permiti&oacute; su poco de libertinaje, deseando conocer los encantos secretos
+y seductoras gracias que esclavizan a todos los pueblos, haci&eacute;ndoles
+tributarios de la voluptuosa Lutecia.</p>
+
+<p>Precisamente aquel d&iacute;a, mientras Benina con diligencia suma trasteaba en
+la cocina y comedor, Frasquito contaba a Obdulia cosas de Par&iacute;s, y tan
+pronto, en su pintoresco relato, descend&iacute;a a las alcantarillas, como se
+encaramaba en la torre del pozo artesiano de Grenelle.</p>
+
+<p>&mdash;Muy cara ha de ser la vida en Par&iacute;s&mdash;le dijo su amiga&mdash;. &iexcl;Ah! Sr. de
+Ponte, eso no es para pobres.</p>
+
+<p>&mdash;No, no lo crea usted. Sabiendo manejarse, se puede vivir como se
+quiera. Yo gastaba de cuatro a cinco napoleones diarios, y nada se me
+qued&oacute; por ver. Pronto aprend&iacute; las <i>correspondencias</i> de los &oacute;mnibus, y a
+los sitios m&aacute;s distantes iba por unos cuantos <i>sus</i>. Hay <i>restauranes</i>
+econ&oacute;micos, donde le sirven a usted por poco dinero buenos platos.
+Verdad es que en propinas, que all&iacute; llaman <i>pour boire</i>, se gasta m&aacute;s de
+la cuenta; pero cr&eacute;ame usted, las da uno con gusto por verse tratado con
+tanta amabilidad. No oye usted m&aacute;s que <i>pardon</i>, <i>pardon</i> a todas horas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero entre las mil cosas que usted vio, Ponte, se olvida de lo mejor.
+&iquest;No vio usted a los grandes hombres?</p>
+
+<p>&mdash;Le dir&eacute; a usted. Como era verano, los grandes hombres se hab&iacute;an ido a
+tomar ba&ntilde;os. V&iacute;ctor Hugo, como usted sabe, estaba en la emigraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Y a Lamartine, &iquest;no le vio usted?</p>
+
+<p>&mdash;En aquella &eacute;poca, ya el autor de <i>Graziella</i> hab&iacute;a fallecido. Una
+tarde, los amigos que me acompa&ntilde;aban en mis paseos me ense&ntilde;aron la casa
+de Thiers, el gran historiador, y tambi&eacute;n me llevaron al caf&eacute; donde, por
+invierno, sol&iacute;a ir a tomarse su copa de cerveza Paul de Kock.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El de las novelas para re&iacute;r? Tiene gracia; pero sus indecencias y
+porquer&iacute;as me fastidian.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n vi la zapater&iacute;a donde le hac&iacute;an las botas a Octavio Feuillet.
+Por cierto que all&iacute; me encargu&eacute; unas, que me costaron seis napoleones...
+&iexcl;pero qu&eacute; hechura, qu&eacute; g&eacute;nero! Me duraron hasta el a&ntilde;o de la muerte de
+Prim...</p>
+
+<p>&mdash;Ese Octavio, &iquest;de qu&eacute; es autor?</p>
+
+<p>&mdash;De <i>Sibila</i> y otras obras lind&iacute;simas.</p>
+
+<p>&mdash;No le conozco... Creo confundirle con Eugenio Su&eacute;, que escribi&oacute;, si no
+recuerdo mal, los <i>Pecados capitales</i> y <i>Nuestra Se&ntilde;ora de Par&iacute;s</i>.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Los Misterios de Par&iacute;s</i>, quiere usted decir.</p>
+
+<p>&mdash;Eso... &iexcl;Ay, me puse mala cuando le&iacute; esa obra, de la gran impresi&oacute;n que
+me produjo!</p>
+
+<p>&mdash;Se identificaba usted con los personajes, y viv&iacute;a la vida de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Exactamente. Lo mismo me ha pasado con <i>Mar&iacute;a o la hija de un
+jornalero</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>En esto les avis&oacute; Benina que ya ten&iacute;a preparada la pitanza, y les falt&oacute;
+tiempo para caer sobre ella y hacer los debidos honores a la tortilla de
+escabeche y a las chuletas con patatas fritas. Due&ntilde;o de su voluntad en
+todo acto que requiriese finura y buenas formas, Ponte se las compuso
+admirablemente con sus nervios para no dar a conocer la ferocidad de su
+hambre atrasada. Con bondadosa confianza, Benina le dec&iacute;a: &laquo;Coma, coma,
+Sr. de Ponte, que aunque esta no es comida fina, como las que a usted le
+dan en otras casas, no le viene mal ahora... Los tiempos est&aacute;n malos.
+Hay que apencar con todo...</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Nina&mdash;replicaba el <i>proto-cursi</i>&mdash;, yo aseguro, bajo mi palabra de
+honor, que es usted un &aacute;ngel; yo <i>me inclino a creer</i> que en el cuerpo de
+usted se ha encarnado un ser ben&eacute;fico y misterioso, un ser que es <i>mera</i>
+personificaci&oacute;n de la Providencia, seg&uacute;n la entend&iacute;an y entienden los
+pueblos antiguos y modernos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;V&aacute;lgate Dios lo que sabe, y qu&eacute; tonter&iacute;as tan saladas dice!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a><a href="#toc">XVIII</a></h2>
+
+
+<p>Con la reparadora substancia del almuerzo, los cuerpos parec&iacute;a que
+resucitaban, y los esp&iacute;ritus fortalecidos levantaron el vuelo a las m&aacute;s
+altas regiones. Instalados otra vez en el gabinete, Ponte Delgado cont&oacute;
+las delicias de los veranos de Madrid en su tiempo. En el Prado se
+reun&iacute;a toda la nata y flor. Los pudientes iban de estaci&oacute;n a la Granja.
+&Eacute;l hab&iacute;a visitado m&aacute;s de una vez el Real Sitio, y hab&iacute;a visto correr
+las fuentes.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Y yo que no he visto nada, nada!&mdash;exclamaba Obdulia con tristeza,
+poniendo en sus bellos ojos un desconsuelo infantil&mdash;. Crea usted, amigo
+Ponte, que ya me habr&iacute;a vuelto tonta de remate, si Dios no me hubiera
+dado la facultad de figurarme las cosas que no he visto nunca. No puede
+usted imaginar cu&aacute;nto me gustan las flores: me muero por ellas. En su
+tiempo, mam&aacute; me dejaba tener tiestos en el balc&oacute;n: despu&eacute;s me los
+quitaron, porque un d&iacute;a regu&eacute; tanto, que subi&oacute; el polic&iacute;a y nos echaron
+multa. Siempre que paso por un jard&iacute;n, me quedo embobada mir&aacute;ndolo.
+&iexcl;Cu&aacute;nto me gustar&iacute;a ver los de Valencia, los de la Granja, los de
+Andaluc&iacute;a!... Aqu&iacute; apenas hay flores, y las que vemos vienen por
+ferrocarril, y llegan mustias. Mi deseo es admirarlas en la planta.
+Dicen que hay tant&iacute;simas clases de rosas: yo quiero verlas, Ponte; yo
+quiero <i>aspirar su aroma</i>. Se dan grandes y chicas, encarnadas y
+blancas, de muchas variedades. Quisiera ver una planta de jazm&iacute;n grande,
+grande, que me diera sombra. &iexcl;Y c&oacute;mo me quedar&iacute;a yo embelesada, viendo
+las mil florecillas caer sobre mis hombros, y prend&eacute;rseme en el pelo!...
+Yo sue&ntilde;o con tener un magn&iacute;fico jard&iacute;n y una estufa... &iexcl;Ay! esas estufas
+con plantas tropicales y flores rar&iacute;simas, quisiera verlas yo. Me las
+figuro; las estoy viendo... me muero de pena por no poder poseerlas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo he visto&mdash;dijo Ponte&mdash;, la de D. Jos&eacute; Salamanca en sus buenos tiempos.
+Fig&uacute;resela usted m&aacute;s grande que esta casa y la de al lado juntas.
+Fig&uacute;rese usted palmeras y helechos de gran altura, y pi&ntilde;as de Am&eacute;rica
+con fruto. Me parece que la estoy viendo.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo tambi&eacute;n. Todo lo que usted me pinta, lo veo. A veces, so&ntilde;ando,
+so&ntilde;ando, y viendo cosas que no existen, es decir, que existen en otra
+parte, me pregunto yo: '&iquest;Pero no podr&iacute;a suceder que alg&uacute;n d&iacute;a tuviera yo
+una casa magn&iacute;fica, elegante, con salones, estufa... y que a mi mesa se
+sentaran los <i>grandes hombres</i>... y yo hablara con ellos y con ellos me
+instruyera?'.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no ha de poder ser? Usted es muy joven, Obdulia, y tiene a&uacute;n
+mucha vida por delante. Todo eso que usted ve en sue&ntilde;os, v&eacute;alo como una
+realidad posible, probable. Dar&aacute; usted comidas de veinte cubiertos, una
+vez por semana, los mi&eacute;rcoles, los lunes... Le aconsejo a usted, como
+perro viejo en sociedad, que no ponga m&aacute;s de veinte cubiertos, y que
+invite para esos d&iacute;as gente muy escogida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... bien... lo mejor, la <i>crema</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Los dem&aacute;s d&iacute;as, seis cubiertos, los convidados &iacute;ntimos y nada m&aacute;s;
+personas de alcurnia, &iquest;sabe? personas allegadas a usted y que le tengan
+cari&ntilde;o y respeto. Como es usted tan hermosa, tendr&aacute; adoradores... eso no
+lo podr&aacute; evitar... No dejar&aacute; de verse en alg&uacute;n peligro, Obdulia. Yo le
+aconsejo que sea usted muy amable con todos, muy fina, muy cort&eacute;s; pero
+en cuanto se propase alguno, rev&iacute;stase de dignidad, y vu&eacute;lvase m&aacute;s fr&iacute;a
+que el m&aacute;rmol, y desde&ntilde;osa como una reina.</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo he pensado yo, y lo pienso a todas horas. Estar&eacute; tan ocupada
+en divertirme, que no se me ocurrir&aacute; ninguna cosa mala. &iexcl;Que gusto ir a
+todos los teatros, no perder &oacute;pera, ni concierto, ni funci&oacute;n de drama o
+comedia, ni estreno, ni nada, Se&ntilde;or, nada! Todo lo he de ver y gozar...
+Pero crea usted una cosa, y se la digo con el coraz&oacute;n. En medio de todo
+ese barullo, yo gozar&iacute;a extremadamente en repartir muchas limosnas; ir&iacute;a
+yo en busca de los pobres m&aacute;s desamparados, para socorrerles y... En
+fin, que yo no quiero que haya pobres... &iquest;Verdad, Frasquito, que no debe
+haberlos?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente, se&ntilde;ora. Usted es un &aacute;ngel, y con la <i>varilla m&aacute;gica de su
+bondad</i> har&aacute; desaparecer todas las miserias.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se me figura que es verdad cuanto usted me dice. Yo soy as&iacute;. Vea
+usted lo que me pasa: hace un rato habl&aacute;bamos de flores; pues ya se me
+ha pegado a la nariz un olor riqu&iacute;simo. Par&eacute;ceme que estoy dentro de mi
+estufa, viendo tantos primores, y oliendo fragancias deliciosas. Y
+ahora, cuando habl&aacute;bamos de socorrer la miseria, se me ocurri&oacute; decirle:
+'Frasquito, tr&aacute;igame una lista de los pobres que usted conozca, para
+empezar a distribuir limosnas'.</p>
+
+<p>&mdash;La lista pronto se hace, se&ntilde;ora m&iacute;a&mdash;dijo Ponte contagiado del delirio
+imaginativo, y pensando que deb&iacute;a encabezar la propuesta con el nombre
+del primer menesteroso del mundo: <i>Francisco Ponte Delgado</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero habr&aacute; que esperar&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Obdulia, d&aacute;ndose de hocicos contra la
+realidad, para volver a saltar otra vez, cual pelota de goma, y
+remontarse a las alturas&mdash;. Y diga usted: en ese correr por Madrid
+buscando miserias que aliviar, me cansar&eacute; mucho, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero para qu&eacute; quiere usted sus coches?... Digo, yo <i>parto de la base</i>
+de que usted tiene una gran posici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Me acompa&ntilde;ar&aacute; usted.</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y le ver&eacute; a usted paseando a caballo por la Castellana?</p>
+
+<p>&mdash;No digo que no. Yo he sido regular jinete. No gobierno mal... Ya que
+hemos hablado de carruajes, le aconsejo a usted que no tenga cocheras...
+que se entienda con un alquilador. Los hay que sirven muy bien. Se
+quitar&aacute; usted muchos quebraderos de cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; le parece a usted?&mdash;dijo Obdulia ya desbocada y sin freno&mdash;.
+Puesto que he de viajar, &iquest;a d&oacute;nde debo ir primero, a Alemania o a Suiza?</p>
+
+<p>&mdash;Lo primero a Par&iacute;s...</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo me figuro que ya he visto a Par&iacute;s... Eso es de clavo
+pasado... Ya estuve: quiero decir, ya estoy en que estuve, y que
+volver&eacute;, de paso para otro pa&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Los lagos de Suiza son linda cosa. No olvide usted las ascensiones a
+los Alpes para ver... los perros del Monte San Bernardo, los grandes
+t&eacute;mpanos de hielo, y otras maravillas de la Naturaleza.</p>
+
+<p>&mdash;All&iacute; me hartar&eacute; de una cosa que me gusta atrozmente: manteca de vacas
+bien fresca... D&iacute;game, Ponte, con franqueza: &iquest;qu&eacute; color cree usted que
+me sienta mejor, el rosa o el azul?</p>
+
+<p>&mdash;Yo afirmo que a usted le sientan bien todos los colores <i>del iris</i>;
+mejor dicho: no es que este o el otro color hagan valer m&aacute;s o menos su
+belleza; es que su belleza tiene bastante poder para dar realce a
+cualquier color que se le aplique.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias... &iexcl;Qu&eacute; bien dicho!</p>
+
+<p>&mdash;Yo, si usted me lo permite&mdash;manifest&oacute; el gal&aacute;n marchito, sintiendo el
+v&eacute;rtigo de las alturas&mdash;, har&eacute; la comparaci&oacute;n de su figura de usted con
+la figura y rostro... &iquest;de qui&eacute;n creer&aacute;?... pues de la Emperatriz
+Eugenia, ese prototipo de elegancia, de hermosura, de distinci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios, Frasquito!</p>
+
+<p>&mdash;No digo m&aacute;s que lo que siento. Esa mujer <i>ideal</i> no se me ha olvidado,
+desde que la vi en Par&iacute;s, paseando en el <i>Bois</i> con el Emperador. La he
+visto mil veces despu&eacute;s, cuando <i>flaneo</i> solito por esas calles so&ntilde;ando
+despierto, o cuando me entra el insomnio, encerrado las horas muertas <i>en
+mis habitaciones</i>. Par&eacute;ceme que la estoy viendo ahora, que la veo
+siempre... Es una idea, es un... no s&eacute; qu&eacute;. Yo soy un hombre que adora
+los ideales, que no vive s&oacute;lo de la <i>vil materia</i>. Yo desprecio la <i>vil
+materia</i>, yo s&eacute; desprenderme del <i>fr&aacute;gil barro</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Entiendo, entiendo... Siga usted.</p>
+
+<p>&mdash;Digo que en mi esp&iacute;ritu vive la imagen de aquella mujer... y la veo
+como un ser real, como un ente... no puedo explicarlo... como un ente,
+no figurado, sino tangible y...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! s&iacute;... lo comprendo. Lo mismo me pasa a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con ella?</p>
+
+<p>&mdash;No... con... no s&eacute; con qui&eacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Por un momento, crey&oacute; Frasquito que el <i>ser ideal</i> de Obdulia era el
+Emperador. Incitado a completar su pensamiento, prosigui&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Pues, amiga m&iacute;a, yo que <i>conozco</i>, que <i>conozco</i>, digo, a Eugenia de
+Guzm&aacute;n, sostengo que usted es como ella, o que ella y usted son una
+misma persona.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no creo que pueda existir tal semejanza, Frasquito&mdash;replic&oacute; la ni&ntilde;a,
+turbada, echando lumbre por los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;La fisonom&iacute;a, las facciones, as&iacute; de perfil como de frente, la
+expresi&oacute;n, el aire del cuerpo, la mirada, el gesto, los andares, todo,
+todo es lo mismo. Cr&eacute;ame usted, yo no miento nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser que haya cierto parecido...&mdash;indic&oacute; Obdulia, ruboriz&aacute;ndose
+hasta la ra&iacute;z del cabello&mdash;. Pero no seremos iguales; eso no.</p>
+
+<p>&mdash;Como dos gotas de agua. Y si se <i>parecen ustedes</i> en lo f&iacute;sico...&mdash;dijo
+Frasquito, ech&aacute;ndose para atr&aacute;s en el sill&oacute;n y adoptando un tonillo de
+franca naturalidad&mdash;, no es menor el parecido en lo moral, en el aire de
+persona que ha nacido y vive en la m&aacute;s alta posici&oacute;n, en algo que revela
+la conciencia de una superioridad a la que todos rinden acatamiento. En
+suma, yo s&eacute; lo que me digo. Nunca veo tan clara la semejanza como cuando
+usted manda algo a la Benina: se me figura que veo a Su Majestad
+Imperial dando &oacute;rdenes a sus chambelanes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas!... Eso no puede ser, Ponte... no puede ser&raquo;.</p>
+
+<p>Entrole a la ni&ntilde;a un re&iacute;r nervioso, cuya estridencia y duraci&oacute;n
+parec&iacute;an anunciar un ataque epil&eacute;ptico. Riose tambi&eacute;n Frasquito, y
+desboc&aacute;ndose luego por los espacios imaginativos, dio un bote
+formidable, que, traducido al lenguaje vulgar, es como sigue:</p>
+
+<p>&laquo;Hace poco indic&oacute; usted que me ver&iacute;a paseando a caballo por la
+Castellana. &iexcl;Ya lo creo que podr&iacute;a usted verme! Yo he sido un buen
+jinete. En mi juventud, tuve una jaca torda, que era una pintura. Yo la
+montaba y la gobernaba admirablemente. Ella y yo <i>llamamos la atenci&oacute;n</i>
+en La L&iacute;nea primero, despu&eacute;s en Ronda, donde la vend&iacute;, para comprarme un
+caballo jerezano, que despu&eacute;s fue adquirido... p&aacute;smese usted... por la
+Duquesa de Alba, hermana de la Emperatriz, mujer elegant&iacute;sima tambi&eacute;n...
+y que tambi&eacute;n se le parece a usted, sin que las dos hermanas se
+parezcan.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya s&eacute;...&mdash;dijo Obdulia, haciendo gala de entender de linajes&mdash;. Eran
+hijas de <i>la Montijo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Cabal, que viv&iacute;a en la plazuela del &Aacute;ngel, en aquel gran palacio que
+hace esquina a la plaza donde hay tantos pajaritos... mansi&oacute;n de
+hadas... yo estuve una noche... me presentaron Paco Ust&aacute;riz y Manolo
+Prieto, compa&ntilde;eros m&iacute;os de oficina... Pues s&iacute;, yo era un buen jinete, y
+cr&eacute;ame, algo queda.</p>
+
+<p>&mdash;Har&aacute; usted una figura arrogant&iacute;sima...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! no tanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; es usted tan modesto? Yo lo veo as&iacute;, y suelo ver las cosas
+bien claras. Todo lo que yo veo es verdad.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero...</p>
+
+<p>&mdash;No me contradiga usted, Ponte, no me contradiga en esto ni en nada.</p>
+
+<p>&mdash;Acato humildemente sus aseveraciones&mdash;dijo Frasquito humill&aacute;ndose&mdash;.
+Siempre hice lo mismo con todas las damas a quienes he tratado, que han
+sido muchas, Obdulia, pero muchas...</p>
+
+<p>&mdash;Eso bien se ve. No conozco otra persona que se le iguale en la finura
+del trato. Francamente, es usted el prototipo de la elegancia... de
+la...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios!...&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar a esta frase, el punto o v&eacute;rtice del delirio h&iacute;zoles caer de
+bruces sobre la realidad la brusca entrada de Benina, que, concluidas
+sus faenas de fregado y arreglo de la cocina y comedor, se desped&iacute;a.
+Cay&oacute; Ponte en la cuenta de que era la hora de ir a cumplir sus
+obligaciones en la casa donde trabajaba, y pidi&oacute; licencia a la imperial
+dama para retirarse. Esta se la dio con sentimiento, mostr&aacute;ndose
+pesarosa de la soledad en que hasta el pr&oacute;ximo d&iacute;a quedaba en sus
+palacios, habitados por sombras de chambelanes y otros guap&iacute;simos
+palaciegos. Que estos, ante los ojos de los dem&aacute;s mortales, tomaran
+forma de gatos mayadores, a ella no le importaba. En su soledad, se
+recrear&iacute;a discurriendo muy a sus anchas por la estufa, admirando las
+galanas flores tropicales, y aspirando sus embriagadoras fragancias.</p>
+
+<p>Fuese Ponte Delgado, despidi&eacute;ndose con afectuosas salutaciones y
+sonrisas tristes, y tras &eacute;l Benina, que apresur&oacute; el paso para alcanzarle
+en el portal o en la calle, deseosa de echar con &eacute;l un parrafito.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a><a href="#toc">XIX</a></h2>
+
+
+<p>&laquo;S&iacute;, D. Frasco&mdash;le dijo code&aacute;ndose con &eacute;l en la calle de San Pedro
+M&aacute;rtir&mdash;. Usted no tiene confianza conmigo, y debe tenerla. Yo soy pobre,
+m&aacute;s pobre que las ratas; y Dios sabe las amarguras que paso para
+mantener a mi se&ntilde;ora y a la ni&ntilde;a, y mantenerme a m&iacute;... Pero hay quien me
+gana en pobreza, y ese pobre de m&aacute;s <i>solenid&aacute;</i> que nadie es usted... No
+diga que no.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;&aacute; Benina, repito que es usted un &aacute;ngel.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... de cornisa... Yo no quiero que usted est&eacute; tan desamparado. &iquest;Por
+qu&eacute; le ha hecho Dios tan vergonzoso? Buena es la verg&uuml;enza; pero no
+tanta, Se&ntilde;or... Ya sabemos que el Sr. de Ponte es persona decente; pero
+ha venido a menos, tan a menos, que no se lo lleva el viento porque no
+tiene por d&oacute;nde agarrarlo. Pues bueno: yo soy <i>Juan Claridades</i>; despu&eacute;s
+de atender a todo lo del d&iacute;a, me ha sobrado una peseta. T&eacute;ngala...</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina&mdash;dijo Frasquito palideciendo primero, despu&eacute;s
+rojo.</p>
+
+<p>&mdash;No haga melindres, que le vendr&aacute; muy bien para que pueda pagarle a
+Bernarda la cama de anoche.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; &aacute;ngel, santo Dios, qu&eacute; &aacute;ngel!</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jese de <i>angelorios</i>, y coja la moneda. &iquest;No quiere? Pues usted se lo
+pierde. Ya ver&aacute; como las gasta la <i>dormilera</i>, que no f&iacute;a m&aacute;s que una
+noche, y apurando mucho, dos. Y no salga diciendo que a m&iacute; me hace
+falta. &iexcl;Como que no tengo otra! Pero yo me gobernar&eacute; como pueda para
+sacar el diario de ma&ntilde;ana de debajo de las piedras... Que la tome, digo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Se&ntilde;&aacute;</i> Benina, he llegado a tal extremidad de miseria y humillaci&oacute;n,
+que aceptarla la peseta, s&iacute;, se&ntilde;ora, la aceptar&iacute;a, olvid&aacute;ndome de qui&eacute;n
+soy y de mi dignidad, etc... pero &iquest;c&oacute;mo quiere usted que yo <i>reciba ese
+anticipo</i>, sabiendo, como s&eacute;, que usted pide limosna para atender a su
+se&ntilde;ora? No puedo, no... Mi conciencia se subleva...</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jese de sublevaciones, que no somos aqu&iacute; <i>de tropa</i>. O usted se lleva
+la pesetilla, o me enfado, como Dios es mi padre. D. Frasquito, no haga
+papeles, que es usted m&aacute;s mendigo que el inventor del hambre. &iquest;O es que
+necesita m&aacute;s dinero, porque le debe m&aacute;s a la Bernarda? En este caso, no
+puedo d&aacute;rselo, porque no lo tengo... Pero no sea usted lila, D.
+Frasquito, ni se haga de mieles, que esa lagartona de la Bernarda se lo
+comer&aacute; vivo, si no le acusa las cuarenta. A un parroquiano como usted,
+<i>de la aristocracia</i>, no se le niega el hospedaje porque deba, un
+suponer, tres noches, cuatro noches... Pl&aacute;ntese el buen Frasquito, con
+cien mil pares, y ver&aacute; c&oacute;mo la Bernarda agacha las orejas... Le da usted
+sus cuatro reales a cuenta, y... &eacute;chese a dormir tranquilo en el
+camastro&raquo;.</p>
+
+<p>O no se convenc&iacute;a Ponte, o convencido de lo buena que ser&iacute;a para &eacute;l la
+posesi&oacute;n de la peseta, le repugnaba el acto material de extender la mano
+y recibir la limosna. Benina reforz&oacute; su argumentaci&oacute;n dici&eacute;ndole: &laquo;Y
+puesto que es el ni&ntilde;o tan vergonzoso, y no se atreve con su patrona, ni
+aun d&aacute;ndole a cuenta la <i>cantid&aacute;</i>, yo le hablar&eacute; a Bernarda, yo le dir&eacute;
+que no le ri&ntilde;a, ni le apure... Vamos, tome lo que le doy, y no me fr&iacute;a
+m&aacute;s la sangre, Sr. D. Frasquito&raquo;.</p>
+
+<p>Y sin darle tiempo a formular nuevas protestas y negativas, le cogi&oacute; la
+mano, le puso en ella la moneda, cerrole el pu&ntilde;o a la fuerza, y se
+alej&oacute; corriendo. Ponte no hizo adem&aacute;n de devolverle el dinero, ni de
+arrojarlo. Quedose parado y mudo; contempl&oacute; a la Benina como a visi&oacute;n
+que se desvanece en un rayo de luz, y conservando en su mano izquierda
+la peseta, con la derecha sac&oacute; el pa&ntilde;uelo y se limpi&oacute; los ojos, que le
+lloraban horrorosamente. Lloraba de irritaci&oacute;n oft&aacute;lmica senil, y
+tambi&eacute;n de alegr&iacute;a, de admiraci&oacute;n, de gratitud.</p>
+
+<p>A&uacute;n tard&oacute; Benina m&aacute;s de una hora en llegar a la calle Imperial, porque
+antes pas&oacute; por la de la Ruda a hacer sus compras. Estas hubieron de ser
+al fiado, pues se le hab&iacute;a concluido el dinero. Recal&oacute; en su casa
+despu&eacute;s de las dos, hora no intempestiva ciertamente: otros d&iacute;as hab&iacute;a
+entrado m&aacute;s tarde, sin que la se&ntilde;ora por ello se enfadara. Depend&iacute;a el
+ser bien o mal recibida de la racha de humor con que a Do&ntilde;a Paca cog&iacute;a
+en el momento de entrar. Aquella tarde, por desgracia, la pobre se&ntilde;ora
+ronde&ntilde;a se hallaba en una de sus m&aacute;s violentas crisis de irritabilidad
+nerviosa. Su genio ten&iacute;a erupciones repentinas, a veces determinadas por
+cualquier contrariedad insignificante, a veces por misterios del
+organismo dif&iacute;ciles de apreciar. Ello es que antes de que Benina
+traspasara la puerta, Do&ntilde;a Francisca le ech&oacute; esta rociada: &laquo;&iquest;Te parece
+que son &eacute;stas horas de venir? Tengo yo que hablar con D. Romualdo, para
+que me diga la hora a que sales de su casa... Apuesto a que te
+descuelgas ahora con la mentira de que fuiste a ver a la ni&ntilde;a, y que has
+tenido que darle de comer... &iquest;Piensas que soy idiota, y que doy cr&eacute;dito
+a tus embustes? C&aacute;llate la boca... No te pido explicaciones, ni las
+necesito, ni las creo; ya sabes que no creo nada de lo que me dices,
+embustera, enredadora&raquo;.</p>
+
+<p>Conocedora del car&aacute;cter de la se&ntilde;ora, Benina sab&iacute;a que el peor sistema
+contra sus arrebatos de furor era contradecirla, darle explicaciones,
+sincerarse y defenderse. Do&ntilde;a Paca no admit&iacute;a razonamientos, por
+juiciosos que fuesen. Cuanto m&aacute;s l&oacute;gicas y justas eran las aclaraciones
+del contrario, m&aacute;s se enfurru&ntilde;aba ella. No pocas veces Benina, inocente,
+tuvo que declararse culpable de las faltas que la se&ntilde;ora le imputaba,
+porque, haci&eacute;ndolo as&iacute;, se calmaba m&aacute;s pronto.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Ves c&oacute;mo tengo raz&oacute;n?&mdash;prosegu&iacute;a la se&ntilde;ora, que cuando se pon&iacute;a en tal
+estado, era de lo m&aacute;s insoportable que imaginarse puede&mdash;. Te callas...
+quien calla, otorga. Luego es cierto lo que yo digo; yo siempre estoy al
+tanto... Resulta lo que pens&eacute;: que no has subido a casa de Obdulia, ni
+ese es el camino. Sabe Dios d&oacute;nde habr&aacute;s estado de pingo. Pero no te d&eacute;
+cuidado, que yo lo averiguar&eacute;... &iexcl;Tenerme aqu&iacute; sola, muerta de
+hambre!... &iexcl;Vaya una ma&ntilde;ana que me has hecho pasar! He perdido la cuenta
+de los que han venido a cobrar piquillos de las tiendas, cantidades que
+no se han pagado ya por tu desarreglo... Porque la verdad, yo no s&eacute;
+d&oacute;nde echas t&uacute; el dinero... Responde, mujer... defi&eacute;ndete siquiera, que
+si a todo das la callada por respuesta, me parecer&aacute; que a&uacute;n te digo
+poco&raquo;.</p>
+
+<p>Benina repiti&oacute; con humildad lo dicho anteriormente: que hab&iacute;a concluido
+tarde en casa de D. Romualdo; que D. Carlos Trujillo la entretuvo la mar
+de tiempo; que hab&iacute;a ido despu&eacute;s a la calle de la Cabeza...</p>
+
+<p>&laquo;Sabe Dios, sabe Dios lo que habr&aacute;s hecho t&uacute;, correntona, y en qu&eacute;
+sitios habr&aacute;s estado... A ver, a ver si hueles a vino&raquo;.</p>
+
+<p>Oli&eacute;ndole el aliento, rompi&oacute; en exclamaciones de asco y horror: &laquo;Quita,
+qu&iacute;tate all&aacute;, borracha. Apestas a aguardiente.</p>
+
+<p>&mdash;No lo he catado, se&ntilde;ora; me lo puede creer&raquo;.</p>
+
+<p>Insist&iacute;a Do&ntilde;a Paca, que en aquellas crisis convert&iacute;a en realidades sus
+sospechas, y con su terquedad forjaba su convicci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Me lo puede creer&mdash;repiti&oacute; Benina&mdash;. No he tomado m&aacute;s que un vasito de
+vino con que me obsequi&oacute; el Sr. de Ponte.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me est&aacute; dando a m&iacute; mala espina ese se&ntilde;or de Ponte, que es un viejo
+verde muy zorro y muy tuno. Tal para cual, pues tambi&eacute;n t&uacute; las matas
+callando... No pienses que me enga&ntilde;as, hip&oacute;crita... Al cabo de la vejez,
+te da por la disoluci&oacute;n, y andas de picos pardos. &iexcl;Qu&eacute; cosas se ven,
+Se&ntilde;or, y a qu&eacute; desarreglos arrastra el maldito vicio!... Te callas:
+luego es cierto. No; si aunque lo negaras no me convencer&iacute;as, porque
+cuando yo digo una cosa, es porque la s&eacute;... Tengo yo un ojo...&raquo;.</p>
+
+<p>Sin dar tiempo a que la delincuente se explicara, sali&oacute; por este otro
+registro:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Y qu&eacute; me cuentas, mujer? &iquest;Qu&eacute; recibimiento te hizo mi pariente D.
+Carlos? &iquest;Qu&eacute; tal? &iquest;Est&aacute; bueno? &iquest;No revienta todav&iacute;a? No necesitas
+decirme nada, porque, como si hubiera estado yo escondidita detr&aacute;s de
+una cortina, s&eacute; todo lo que hablasteis... &iquest;A que no me equivoco? Pues te
+dijo que lo que a m&iacute; me pasa es por mi maldita costumbre de no llevar
+cuentas. No hay quien le apee de esa necedad. Cada loco con su tema; la
+locura de mi pariente es arreglarlo todo con n&uacute;meros... Con ellos se ha
+enriquecido, robando a la Hacienda y a los parroquianos; con ellos
+quiere al fin de la vida salvar su alma, y a los pobres nos recomienda
+la medicina de los n&uacute;meros, que a &eacute;l no le salva ni a nosotros nos sirve
+para nada. &iquest;Con que acierto? &iquest;Fue esto lo que te dijo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora. Parece que lo estaba usted oyendo.</p>
+
+<p>&mdash;Y despu&eacute;s de machacar con esa monserga del Debe y Haber, te habr&aacute; dado
+una limosna para m&iacute;... Ignora que mi dignidad se subleva al recibirla.
+Le estoy viendo abrir las gavetas como quien quiere y no quiere, coger
+el taleguito en que tiene los billetes, ocult&aacute;ndolo para que no lo
+vieras t&uacute;; le veo sobar el saquito, guardarlo cuidadosamente; le veo
+echar la llave... Y el muy cochino se descuelga con una porquer&iacute;a. No
+puedo precisar la cantidad que te habr&aacute; dado para m&iacute;, porque es tan
+dif&iacute;cil anticiparse a los c&aacute;lculos de la avaricia; pero desde luego te
+aseguro, sin temor de equivocarme, que no ha llegado a los cuarenta
+duros&raquo;.</p>
+
+<p>La cara que puso Benina al o&iacute;r esto no puede describirse. La se&ntilde;ora, que
+atentamente la observaba, palideci&oacute;, y dijo despu&eacute;s de breve pausa:</p>
+
+<p>&laquo;Es verdad: me he corrido mucho. Cuarenta, no; pero, aun con lo cicatero
+y mezquino que es el hombre, no habr&aacute; bajado de los veinticinco duros.
+Menos que eso no lo admito, Nina; no puedo admitirlo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, usted est&aacute; delirando&mdash;replic&oacute; la otra, plant&aacute;ndose con firmeza
+en la realidad&mdash;. El Sr. D. Carlos no me ha dado nada, lo que se llama
+nada. Para el mes que viene empezar&aacute; a darle a usted una <i>paga</i> de dos
+duros mensuales.</p>
+
+<p>&mdash;Embustera, trapalona... &iquest;Crees que me embaucas a m&iacute; con tus enredos?
+Vaya, vaya, no quiero incomodarme... Me tiene peor cuenta, y no estoy yo
+para coger berrinches... Comprendido, Nina, comprendido. All&aacute; te
+entender&aacute;s con tu conciencia. Yo me lavo las manos, y dejo a Dios que te
+d&eacute; tu merecido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;Hazte ahora la simple y la gatita Marirramos. &iquest;Pero no ves que yo te
+calo al instante y adivino tus <i>infundios</i>? Vamos, mujer, confi&eacute;salo; no
+trates de a&ntilde;adir a la infamia el enga&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;Pues que has tenido una mala tentaci&oacute;n... Confi&eacute;samelo, y te perdono...
+&iquest;No quieres declararlo? Pues peor para ti y para tu conciencia, porque
+te sacar&eacute; los colores a la cara. &iquest;Quieres verlo? Pues los veinticinco
+duros que te dio para m&iacute; D. Carlos, se los has dado a ese Frasquito
+Ponte para que pague sus deudas, y vaya a comer de fonda, y se compre
+corbatas, pomada y un bastoncito nuevo... Ya ves, ya ves, bribonaza,
+c&oacute;mo todo te lo adivino, y conmigo no te valen ocultaciones. Si s&eacute; yo
+m&aacute;s que t&uacute;. Ahora te ha dado por proteger a ese Tenorio fiambre, y le
+quieres m&aacute;s que a m&iacute;, y a &eacute;l le atiendes y a m&iacute; no, y de &eacute;l te da
+l&aacute;stima, y a m&iacute;, que tanto te quiero, que me parta un rayo&raquo;.</p>
+
+<p>Rompi&oacute; a llorar la se&ntilde;ora, y Benina que ya sent&iacute;a ganas de contestar a
+tanta impertinencia d&aacute;ndole azotes como a un ni&ntilde;o ma&ntilde;oso, al ver las
+l&aacute;grimas se compadeci&oacute;. Ya sab&iacute;a que el llanto era la terminaci&oacute;n de la
+crisis de c&oacute;lera, la sedaci&oacute;n del acceso, mejor dicho, y cuando tal
+suced&iacute;a, lo mejor era soltar la risa, llevando la disputa al terreno de
+las burlas sabrosas.</p>
+
+<p>&laquo;Pues s&iacute;, se&ntilde;ora Do&ntilde;a Francisca&mdash;le dijo abraz&aacute;ndola&mdash;. &iquest;Cre&iacute;a usted que
+habi&eacute;ndome salido ese novio tan hechicero y tan saleroso, le hab&iacute;a de
+dejar yo en necesidad, sin darle para el pelo?</p>
+
+<p>&mdash;No creas que me engatusas con tus bromitas, trapalona,
+zalamera...&mdash;dec&iacute;a la se&ntilde;ora, ya desarmada y vencida&mdash;. Yo te aseguro que
+no me importa nada lo que has hecho, porque el dinero de Trujillete yo
+no lo hab&iacute;a de tomar... Preferir&iacute;a morirme de hambre, a manchar mis
+manos con &eacute;l... D&aacute;selo, d&aacute;selo a quien quieras, ingratona, y d&eacute;jame a m&iacute;
+en paz; d&eacute;jame que me muera olvidada de ti y de todo el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni usted ni yo nos moriremos tan pronto, porque a&uacute;n hemos de dar mucha
+guerra&mdash;le dijo la criada, disponi&eacute;ndose con gran diligencia a darle de
+comer.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos qu&eacute; porquer&iacute;as me traes hoy... Ens&eacute;&ntilde;ame la cesta... Pero, hija,
+&iquest;no te da verg&uuml;enza de traerle a tu ama estas piltrafas asquerosas?...
+&iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s? coliflor... Ya me tienes apestada con tus coliflores, que me
+dan flato, y las estoy repitiendo tres d&iacute;as... En fin, &iquest;a qu&eacute; estamos en
+el mundo m&aacute;s que a padecer? Dame pronto estos comistrajos... &iquest;Y huevos
+no has tra&iacute;do? Ya sabes que no los paso, como no sean bien frescos.</p>
+
+<p>&mdash;Comer&aacute; usted lo que le den, sin refunfu&ntilde;os, que el poner tantos peros a
+la comida que Dios da, es ofenderle y agraviarle.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hija, lo que t&uacute; quieras. Comeremos lo que haya, y daremos
+gracias a Dios. Pero come t&uacute; tambi&eacute;n, que me da pena verte tan
+ajetreada, desvivi&eacute;ndote por los dem&aacute;s, y olvidada de ti misma y del
+alivio de tu cuerpo. Si&eacute;ntate conmigo, y cu&eacute;ntame lo que has hecho hoy&raquo;.</p>
+
+<p>A media tarde, com&iacute;an las dos, sentaditas a la mesa de la cocina. Do&ntilde;a
+Paca, suspirando con toda su alma, entre un bocado y otro, expres&oacute; en
+esta forma las ideas que bull&iacute;an en su mente:</p>
+
+<p>&laquo;Dime, Nina, entre tantas cosas raras, incomprensibles, qu&eacute; hay en el
+mundo, &iquest;no habr&iacute;a un medio, una forma... no s&eacute; c&oacute;mo decirlo, un
+sortilegio por el cual nosotras pudi&eacute;ramos pasar de la escasez a la
+abundancia; por el cual todo eso que en el mundo est&aacute; de m&aacute;s en tantas
+manos avarientas, viniese a las nuestras que nada poseen?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice la se&ntilde;ora? &iquest;Que si podr&iacute;a suceder que en un abrir y cerrar de
+ojos pas&aacute;ramos de pobres a ricas, y vi&eacute;ramos, un suponer, nuestra casa
+llena de dinero, y de cuanto Dios cri&oacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Eso quiero decir. Si son verdad los milagros, &iquest;por qu&eacute; no <i>sucede</i> uno
+para nosotras, que bien merecido nos lo tenemos?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n dice que no <i>suceda</i>, que no tengamos
+esa <i>ocurrencia</i>?&mdash;respondi&oacute; Benina, en cuya mente surgi&oacute; de improviso,
+con poderoso relieve y extraordinaria plasticidad, el conjuro que
+Almudena le hab&iacute;a ense&ntilde;ado, para pedir y obtener todos los bienes de la
+tierra.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a><a href="#toc">XX</a></h2>
+
+
+<p>De tal modo se posesionaron de su esp&iacute;ritu la idea y las im&aacute;genes
+expresadas por el ciego africano, que a punto estuvo de contarle a su
+ama el maravilloso m&eacute;todo de conjurar y hacer venir al <i>Rey de baixo
+terra</i>. Pero recelando que aquel secreto ser&iacute;a menos eficaz cuanto m&aacute;s
+se divulgara, cont&uacute;vose en su locuacidad, y tan s&oacute;lo dijo que bien
+podr&iacute;a suceder que de la noche a la ma&ntilde;ana se les metiera por las
+puertas la fortuna. Al acostarse junto a Do&ntilde;a Paca, pues dorm&iacute;an en la
+misma alcoba, pens&oacute; que todo aquello de Almudena era una <i>papa</i>, y
+tomarlo en serio la mayor de las necedades. Quiso dormirse, mas no pudo;
+volvi&oacute; su esp&iacute;ritu a dar agasajo a la idea, crey&eacute;ndola de posible
+realizaci&oacute;n, Y si esfuerzos hac&iacute;a por desecharla, con mayor tenacidad la
+p&iacute;cara idea se le met&iacute;a en el cerebro.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; se pierde por probarlo?&mdash;se dec&iacute;a, arrop&aacute;ndose en la cama&mdash;. Podr&aacute;
+no ser verdad... &iquest;Pero y si lo fuese? &iexcl;Cu&aacute;ntas mentiras hubo que luego
+se volvieron verdades como pu&ntilde;os!... Pues lo que es yo, no me quedo sin
+probarlo, y ma&ntilde;ana mismo, con el primer dinero que saque, compro el
+candil de barro, sin hablar. El cuento es que no s&eacute; c&oacute;mo puede tratarse
+un <i>art&iacute;culo</i> sin hablar... En fin, me har&eacute; la sordomuda... Luego buscar&eacute;
+el palitroque, tambi&eacute;n sin hablar... Falta que el moro me ense&ntilde;e la
+oraci&oacute;n, y que yo la aprenda sin que se me escape un verbo...&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de un breve sue&ntilde;o, despert&oacute; creyendo firmemente que en la salita
+pr&oacute;xima hab&iacute;a unas esportonas o seretas muy grandes, muy grandes, llenas
+de diamantes, <i>rubiles</i>, perlas y zafiros... En la obscuridad de las
+habitaciones nada pod&iacute;a ver; pero de que aquellas riquezas estaban all&iacute;
+no ten&iacute;a la menor duda. Cogi&oacute; la caja de f&oacute;sforos, dispuesta a encender,
+para recrear su vista en el tesoro; mas por no despertar a Do&ntilde;a Paca,
+cuyo sue&ntilde;o era muy ligero, dej&oacute; para la ma&ntilde;ana el examen de tantas
+maravillas... Pasado un rato, no tard&oacute; en re&iacute;rse de su ilusi&oacute;n,
+dici&eacute;ndose: &laquo;&iexcl;Pues no soy poco lila!... Es todav&iacute;a pronto para que
+traigan eso...&raquo;. Al amanecer, despertose al ladrido de dos perrazos
+blancos que sal&iacute;an de debajo de las camas; sinti&oacute; la campanilla de la
+puerta; echose al suelo, y en camisa corri&oacute; a abrir, segura de que
+llamaba alg&uacute;n <i>ayudante</i> o gentilhombre del Rey de luenga barba y
+vestido verde... Pero no era nadie; no hab&iacute;a ser viviente en la puerta.</p>
+
+<p>Arreglose para salir, disponiendo el desayuno de la se&ntilde;ora, y dando el
+primer barrido a la casa, y a las siete sal&iacute;a ya con su cesta al brazo
+por la calle Imperial. Como no ten&iacute;a un c&eacute;ntimo ni de d&oacute;nde le viniera,
+encaminose a San Sebasti&aacute;n, pensando por el camino en D. Romualdo y su
+familia, pues de tanto hablar de aquellos se&ntilde;ores, y de tanto
+comentarlos y describirlos, hab&iacute;a llegado a creer en su existencia.
+&laquo;&iexcl;Vaya que soy <i>gil&iacute;</i>!&mdash;se dec&iacute;a&mdash;. Invento yo al tal D. Romualdo, y ahora
+se me antoja que es persona <i>efetiva</i> y que puede socorrerme. No hay m&aacute;s
+D. Romualdo que el pordioseo bendito, y a eso voy, y veremos si cae
+algo, con permiso de la <i>Caporala</i>&raquo;. El d&iacute;a era bueno; al entrar, d&iacute;jole
+Pulido que hab&iacute;a funeral de primera, y boda en la sacrist&iacute;a. La novia
+era sobrina de un ministro <i>pleniputenciano</i>, y el novio... <i>cosa de
+peri&oacute;dicos</i>. Ocup&oacute; Benina su puesto, y se estren&oacute; con dos c&eacute;ntimos que
+le dio una se&ntilde;ora. Sus compa&ntilde;eras trataron de <i>hacerla cantar</i> el para
+qu&eacute; la hab&iacute;a llamado D. Carlos; pero s&oacute;lo contest&oacute; con evasivas y medias
+palabras. Suponiendo la Casiana que el se&ntilde;or de Trujillo hab&iacute;a tratado
+con <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina el darle los restos de comida de su casa, la trat&oacute; con
+miramiento, sin duda por llamarse a la parte.</p>
+
+<p>Al fin los del funeral no repartieron cosa mayor; y si los del bodorrio
+se corrieron algo m&aacute;s, acudi&oacute; tanta pobreter&iacute;a de otros cuadrantes, y se
+arm&oacute; tal barullo y confusi&oacute;n, que unos cogieron por cinco, y otros se
+quedaron <i>in albis</i>. Al ver salir a la novia, tan emperifollada, y a las
+se&ntilde;oras y caballeros de su compa&ntilde;&iacute;a, cayeron sobre ellos como nube de
+langosta, y al padrino le estrujaron el gab&aacute;n, y hasta le chafaron el
+sombrero. Trabajo le cost&oacute; al buen se&ntilde;or sacudirse la terrible plaga, y
+no tuvo m&aacute;s remedio que arrojar un pu&ntilde;ado de calderilla en medio del
+patio. Los m&aacute;s &aacute;giles hicieron su agosto; los m&aacute;s torpes gatearon
+in&uacute;tilmente. La <i>Caporala</i> y Eliseo trataban de poner orden, y cuando
+los novios y todo el acompa&ntilde;amiento se metieron en los coches, qued&oacute; en
+las inmediaciones de la iglesia la turbamulta m&iacute;sera, gru&ntilde;endo y
+pataleando. Se dispersaba, y otra vez se reun&iacute;a con remolinos
+zumbadores. Era como un mot&iacute;n, vencido por su propio cansancio. Los
+&uacute;ltimos disparos eran: &laquo;<i>T&uacute; cogiste m&aacute;s</i>... <i>me han quitado lo m&iacute;o</i>...
+<i>aqu&iacute; no hay decencia</i>... <i>cu&aacute;nto pillo</i>...&raquo;. La Burlada, que era de las
+que m&aacute;s hab&iacute;an apandado, echaba sapos y culebras de su boca, concitando
+los &aacute;nimos de toda la cuadrilla contra la <i>Caporala</i> y Eliseo. Por fin,
+intervino la polic&iacute;a, amenaz&aacute;ndoles con <i>recogerles</i> si no callaban, y
+esto fue como la palabra de Dios. Los intrusos se largaron; los de casa
+se metieron en el pasadizo. Benina sac&oacute; de toda la campa&ntilde;a del d&iacute;a,
+comprendido funeral y boda, 22 c&eacute;ntimos, y Almudena, 17. De Casiana y
+Eliseo se dijo que hab&iacute;an sacado peseta y media cada uno.</p>
+
+<p>Al retirarse juntos el ciego marroqu&iacute; y Benina, lament&aacute;ndose de su mala
+sombra, fueron a parar, como la otra vez, a la plaza del Progreso, y se
+sentaron al pie de la estatua para deliberar acerca de las dificultades
+y ahogos de aquel d&iacute;a. No sab&iacute;a ya Benina a qu&eacute; santo encomendarse: con
+la limosna de la jornada no ten&iacute;a ni para empezar, porque &eacute;rale forzoso
+pagar algunas deudillas en los establecimientos de la calle de la Ruda,
+a fin de sostener el cr&eacute;dito y poder trampear unos d&iacute;as m&aacute;s. D&iacute;jole
+Almudena que &eacute;l se hallaba en absoluta imposibilidad de favorecerla; lo
+m&aacute;s que pod&iacute;a hacer era entregarle las perras de la ma&ntilde;ana, y por la
+noche lo que sacar pudiera en el resto del d&iacute;a, pidiendo en su puesto de
+costumbre, calle del Duque de Alba, junto al cuartel de la Guardia
+Civil. Rechaz&oacute; la anciana esta generosidad, porque tambi&eacute;n &eacute;l necesitaba
+vivir y alimentarse, a lo que repuso el marroqu&iacute; que con un caf&eacute; con pan
+<i>migao</i>, en la Cruz del Rastro, ten&iacute;a bastante para tirar hasta la
+noche. Resisti&eacute;ndose a admitir la oferta, plante&oacute; Benina la cuesti&oacute;n de
+conjurar al Rey de <i>baixo terra</i>, mostrando una confianza y fe que
+f&aacute;cilmente se explican por la grande necesidad en que estaba. Lo
+desconocido y misterioso busca sus pros&eacute;litos en el reino de la
+desesperaci&oacute;n, habitado por las almas que en ninguna parte hallan
+consuelo.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora mismo&mdash;dijo la pobre mujer&mdash;, quiero comprar las cosas. Hoy es
+viernes, y ma&ntilde;ana s&aacute;bado hacemos la prueba.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Compriar</i> ti cosas, sin hablar...</p>
+
+<p>&mdash;Claro, sin decir una palabra. &iquest;Qu&eacute; se pierde por hacer la prueba? Y
+dime otra cosa: &iquest;ha de ser precisamente a media noche?&raquo;.</p>
+
+<p>Contest&oacute; el ciego que s&iacute;, repitiendo las reglas y condiciones
+imprescindibles para la eficacia del conjuro, y Benina trat&oacute; de fijarlo
+todo en su memoria.</p>
+
+<p>&laquo;Ya s&eacute;&mdash;le dijo al fin&mdash;, que estar&aacute;s todo el d&iacute;a en la fuentecilla del
+Duque de Alba&mdash;. Si se me olvida algo, ir&eacute; a pregunt&aacute;rtelo, y a que me
+ense&ntilde;es la oraci&oacute;n. Eso s&iacute; que me ha de costar trabajo aprenderlo, sobre
+todo si no me lo pones en lengua cristiana, que lo que es en la tuya,
+hijo de mi alma, no s&eacute; c&oacute;mo voy a componerme para no equivocarme.</p>
+
+<p>&mdash;Si <i>quivoquiar</i> ti, Rey no <i>vinier</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Desalentada con estas dificultades, separose Benina de su amigo, por la
+prisa que ten&iacute;a de reunir algunas perras con que completar lo que para
+las obligaciones de aquel d&iacute;a necesitaba, y no pudiendo esperar ya cosa
+alguna del cr&eacute;dito, se puso a pedir en la esquina de la calle de San
+Mill&aacute;n, junto a la puerta del caf&eacute; de los Naranjeros, importunando a los
+transe&uacute;ntes con el relato de sus desdichas: que acababa de salir del
+hospital, que su marido se hab&iacute;a ca&iacute;do de un andamio, que no hab&iacute;a
+comido en tres semanas, y otras cosas que part&iacute;an los corazones. Algo
+iba pescando la infeliz, y hubiera cogido algo m&aacute;s, si no se pareciese
+por all&iacute; un maldito guindilla que la conmin&oacute; con llevarla a los s&oacute;tanos
+de la prevenci&oacute;n de la Latina, si no se largaba con viento fresco.
+Ocupose luego en comprar los admin&iacute;culos para el conjuro, empresa harto
+engorrosa, porque todo hab&iacute;a de hacerse por se&ntilde;as, y se fue a su casa
+pensando que ser&iacute;a gran dificultad efectuar all&iacute; la endiablada
+hechicer&iacute;a sin que se enterase la se&ntilde;ora. Contra esto no hab&iacute;a m&aacute;s
+recurso que <i>figurar</i> que D. Romualdo se hab&iacute;a puesto muy malito, y salir
+de noche a velarle, y&eacute;ndose a casa de Almudena... Pero la presencia de
+la Petra podr&iacute;a ser obst&aacute;culo: al peligro de que un testigo incr&eacute;dulo
+imposibilitara la <i>cosa</i>, se a&ntilde;ad&iacute;a el inconveniente grave de que, en
+caso de &eacute;xito feliz, la borrachona quisiera apropiarse todos o una parte
+de los tesoros donados por el Rey... Por cierto que mejor que en piedras
+preciosas, ser&iacute;a que lo trajesen todo en moneda corriente, o en fajos de
+billetes de Banco, bien sujetos con una goma, como ella los hab&iacute;a visto
+en las casas de cambio. Porque... no era floja pejiguera tener que ir a
+las plater&iacute;as a proponer la venta de tantas perlas, zafiros y
+diamantes... En fin, que lo trajeran como les diese la gana: no era cosa
+de poner reparos, ni exigir muchos perendengues.</p>
+
+<p>Hall&oacute; a Do&ntilde;a Paca de mal temple, porque se hab&iacute;a parecido en la casa,
+muy de ma&ntilde;ana, un dependiente de la tienda, y hab&iacute;ala insultado con
+expresiones brutales y soeces. La pobre se&ntilde;ora lloraba y se tiraba de
+los pelos, suplicando a su fiel amiga que arase la tierra en busca de
+los pocos duros que hac&iacute;an falta, para tir&aacute;rselos al rostro al bestia
+del tendero, y Benina se devanaba los sesos por encontrar la soluci&oacute;n
+del terrible conflicto.</p>
+
+<p>&laquo;Mujer, por piedad, discurre, inventa algo&mdash;le dec&iacute;a la se&ntilde;ora, hecha un
+mar de l&aacute;grimas&mdash;. Para las ocasiones son los amigos. En circunstancias
+muy cr&iacute;ticas, no hay m&aacute;s remedio que perder la verg&uuml;enza... &iquest;No se te
+ocurre, como a m&iacute;, que tu D. Romualdo podr&iacute;a sacarnos del compromiso?&raquo;.</p>
+
+<p>La criada no contest&oacute;. Preparando la comida de su ama, daba vueltas en
+su mente a las combinaciones m&aacute;s sutiles. Repetida la proposici&oacute;n por
+Do&ntilde;a Paca, pareci&oacute; que Benina la encontraba razonable. &laquo;D. Romualdo...
+s&iacute;, s&iacute;. Ir&eacute; a ver... Pero no respondo, se&ntilde;ora, no respondo. Quiz&aacute;s
+desconf&iacute;en... Una cosa es hacer caridad, y otra prestar dinero... y no
+salimos del paso con menos de diez duros... &iquest;Qu&eacute; dijo ese bruto de
+Gabino? &iquest;que volver&iacute;a ma&ntilde;ana a darnos otro esc&aacute;ndalo?... &iexcl;Canalla,
+ladr&oacute;n... que todo lo vende <i>ad&uacute;ltero</i>!... Pues, s&iacute;, es cosa de diez
+duros, y no s&eacute; si D. Romualdo... Por &eacute;l no quedar&iacute;a; pero su hermana es
+<i>pu&ntilde;o en rostro</i>... &iexcl;Diez duros!... Voy a ver... Pero no extra&ntilde;e la
+se&ntilde;ora que tarde un poco. Estas cosas... no sabe una c&oacute;mo tratarlas...
+Depende de la cara que pongan; a lo mejor salen con aquello de &laquo;vuelva
+usted...&raquo;. Me voy, me voy; ya me entra la desaz&oacute;n... tardar&eacute;... pero no
+tarda quien a casa llega...</p>
+
+<p>&mdash;Sobre todo si no trae las manos vac&iacute;as. Vete, hija, vete, y el Se&ntilde;or te
+acompa&ntilde;e y te afine las entendederas. Si yo tuviera tu talento, pronto
+saldr&iacute;a de estas trapisondas. Aqu&iacute; me quedo rezando a todos los santos
+del cielo para que te inspiren, y a las dos nos saquen de este
+Purgatorio. Adi&oacute;s, hija&raquo;.</p>
+
+<p>Habi&eacute;ndose trazado un plan, el &uacute;nico que, en su certero juicio, le
+ofrec&iacute;a remotas probabilidades de &eacute;xito, dirigiose Benina a la calle de
+Mediod&iacute;a Grande, y a la casa de dormir propiedad de su amiga Do&ntilde;a
+Bernarda.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXI" id="XXI"></a><a href="#toc">XXI</a></h2>
+
+
+<p>La due&ntilde;a del establecimiento brillaba por su ausencia. Fue recibida
+Benina por la <i>encargada</i>, y por un hombre llamado Prieto, que
+disfrutaba de toda la confianza de aquella, y llevaba la contabilidad
+del alquiler diario de camas. No tuvo la anciana m&aacute;s remedio que
+esperar, pues aquel par de <i>congrios</i> carec&iacute;an de facultades para
+resolverle el problema que tan atrozmente la inquietaba. Hablando,
+hablando, del negocio de dormir (el a&ntilde;o iba muy malo, y cada noche
+dorm&iacute;a menos gente, y los <i>micos</i> menudeaban), ocurriole a Benina
+preguntar por Frasquito Ponte; a lo que respondi&oacute; Prieto que la noche
+anterior se hab&iacute;an visto en el caso de no admitirle porque era deudor ya
+de <i>siete camas</i>, y no hab&iacute;a dado nada a cuenta.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobre se&ntilde;or!&mdash;dijo Benina&mdash;; habr&aacute; dormido al raso... Es un dolor... a
+sus a&ntilde;os... Mejorando lo presente, es m&aacute;s viejo que la Cuesta de la
+Vega&raquo;.</p>
+
+<p>Refiri&oacute; la encargada que no sabiendo Don Frasquito d&oacute;nde meterse, hab&iacute;a
+conseguido ser albergado en la casa del <i>Comadreja</i>, calle de Mediod&iacute;a
+Chica, dos pasos de all&iacute;. Por m&aacute;s se&ntilde;as, hab&iacute;a corrido la noticia de que
+estaba enfermo. Al o&iacute;r esto, olvid&oacute;sele repentinamente a Benina el
+objeto principal que a tal sitio la llevara, y no pens&oacute; m&aacute;s que en
+averiguar qu&eacute; hab&iacute;a sido del desamparado Frasquito. Tiempo ten&iacute;a de dar
+un salto a la casa del <i>Comadreja</i>, y volver a punto que regresase a su
+domicilio la Do&ntilde;a Bernarda. Dicho y hecho. Un momento despu&eacute;s, entraba
+la diligente anciana en la fementida tabernuca que <i>da la cara</i> al
+p&uacute;blico en el <i>establecimiento</i> citado, y lo primero que all&iacute; vio fue la
+abominable estampa de Luquitas, el esposo de Obdulia, que con otros
+perdidos y dos o tres mujeres zarrapastrosas, jugaba a las cartas en una
+sucia mesilla circular, entre copas de Cari&ntilde;ena y Pardillo. En el
+momento de entrar Benina, acababan un juego, y antes de echar otra mano,
+el hijo de Do&ntilde;a Paca tir&oacute; sobre la mesa los asquerosos naipes, que en
+mugre compet&iacute;an con las manos de los jugadores; se levant&oacute;
+tambale&aacute;ndose, y con media lengua y finura desconcertada, de la que
+suelen emplear los borrachos, ofreci&oacute; a la criada de su suegra un vaso
+de vino. &laquo;Quite all&aacute;, se&ntilde;orito, yo ya he bebido... Se agradece...&raquo;&mdash;dijo
+la anciana, rechazando el vaso.</p>
+
+<p>Pero tan pesado se puso el se&ntilde;orito, y con tal insistencia le coreaban
+los dem&aacute;s pidiendo que bebiese <i>la se&ntilde;ora</i>, que esta tuvo miedo, y tom&oacute;
+la mitad del contenido del vaso pegajoso. No quer&iacute;a ponerse a mal con
+aquella gentuza, por lo que pudiera tronar, y sin perder tiempo ni
+meterse en dimes y diretes con el vicioso Luquitas, por el abandono en
+que a su mujer ten&iacute;a, se fue derecha a su objeto: &laquo;&iquest;Y no est&aacute; por aqu&iacute;
+la <i>Pitusa</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute; para servirla&mdash;dijo una mujer escu&aacute;lida, saliendo por estrecha
+puertecilla, bien disimulada entre los estantes llenos de botellas y
+garrafas que hab&iacute;a detr&aacute;s del mostrador. Como grieta que da paso al
+escondrijo de una anguila, as&iacute; era la puerta, y la mujer el ejemplar m&aacute;s
+flaco, desmedrado y escurridizo que pudiera encontrarse en la fauna a
+que tales hembras pertenecen. Tan flaco era su rostro, que al verlo de
+perfil podr&iacute;a ten&eacute;rsele por construido de chapa, como las figuras de las
+veletas. En su cuello no cab&iacute;an m&aacute;s costurones, y en una de sus orejas
+el agujero del pendiente era tan grande, que por &eacute;l se podr&iacute;a meter con
+toda holgura un dedo. Los dientes mellados y negros, las cejas calvas,
+las pesta&ntilde;as pita&ntilde;osas, los ojos tiernos, de mirada de lince,
+completaban su fisonom&iacute;a. Del cuerpo no he de decir sino que
+dif&iacute;cilmente se encontrar&iacute;an formas m&aacute;s exactamente comparables a las de
+un palo de escoba vestido, o, si se quiere, cubierto de trapos de fregar
+suelos; de los brazos y manos, que al gesticular parec&iacute;a que azotaban,
+como los tirajos de un zorro que quisiera limpiar el polvo a la cara del
+interlocutor; de su habla y acento, que sonaban como si estuviera
+haciendo g&aacute;rgaras, y aunque parezca extra&ntilde;o, dir&eacute; tambi&eacute;n, para dar
+completa idea de la persona, que de todas estas exterioridades
+desapacibles se desprend&iacute;a un cierto airecillo de afabilidad, un moral
+atractivo, por lo que termino asegurando que la <i>Pitusa</i> no era
+antip&aacute;tica ni mucho menos.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iquest;Qu&eacute; trae por ac&aacute; la <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina?&mdash;le dijo sacudi&eacute;ndole de firme en
+los dos hombros&mdash;. O&iacute; contar que estaba usted en grande, en casa rica...
+Ya, ya sacar&aacute; buenas reba&ntilde;aduras... &iexcl;Y que no tendr&aacute; usted mal
+<i>gato</i>!...</p>
+
+<p>&mdash;Hija, no... De eso hace un siglo. Ahora estamos en baja.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;Le va mal?</p>
+
+<p>&mdash;Tirando, tirando. Si sopas, comerlas, y si no, nada... Y el
+<i>Comadreja</i>, &iquest;est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; le quiere, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina?</p>
+
+<p>&mdash;Hija, te pregunto por saber de &eacute;l, si est&aacute; con salud.</p>
+
+<p>&mdash;Se defiende. La herida se le abre cuando menos lo piensa.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya por Dios... Dime otra cosa...</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;ndeme.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero saber si has recogido en tu casa a un caballero que le llaman
+Frasquito Ponte, y si le tienes aqu&iacute; todav&iacute;a, porque me dijeron que
+anoche se puso muy malo&raquo;.</p>
+
+<p>Por toda respuesta, la <i>Pitusa</i> mand&oacute; a Benina que la siguiera, y ambas,
+agach&aacute;ndose, se escurrieron por el agujero que hac&iacute;a las veces de puerta
+entre los estantillos del mostrador. De la otra parte arrancaba una
+escalera estrech&iacute;sima, por la cual subieron una tras otra.</p>
+
+<p>&laquo;Es una persona decente, como quien dice, personaje&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a Benina,
+segura ya de encontrar all&iacute; al infortunado caballero.</p>
+
+<p>&mdash;De la grandeza. <i>Vele</i> aqu&iacute; a d&oacute;nde vienen a parar los <i>t&iacute;tulos</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Por un pasillo mal oliente y sucio llegaron a una cocina, donde no se
+guisaba. Fog&oacute;n y vasares serv&iacute;an de dep&oacute;sito de botellas vac&iacute;as, cajas
+deshechas, sillas rotas y montones de trapos. En el suelo, sobre un
+jerg&oacute;n m&iacute;sero, yac&iacute;a cuan largo era D. Francisco Ponte, en mangas de
+camisa, inm&oacute;vil, la fisonom&iacute;a descompuesta. Dos mujeronas, de rodillas a
+un lado y otro, la una con un vaso de agua y vino, la otra atiz&aacute;ndole
+friegas, le hablaban a gritos: &laquo;Vuelva en s&iacute;... &iquest;Qu&eacute; demonios le
+pasa?... Eso no es m&aacute;s que mauler&iacute;a. &iquest;No quiere beber m&aacute;s?&raquo;.</p>
+
+<p>Benina, de hinojos, se puso tambi&eacute;n a gritarle, sacudi&eacute;ndole: &laquo;D.
+Frasquito de mi alma, &iquest;qu&eacute; es eso? Abra los ojos y v&eacute;ame: soy la Nina&raquo;.</p>
+
+<p>No tardaron las dos tarascas que, entre par&eacute;ntesis, si apostaran a
+repugnantes y feas, no habr&iacute;a quien les ganara; no tardaron, digo, en
+dar a la anciana las explicaciones que del suceso ped&iacute;a. No admitido
+Ponte en las alcobas de la Bernarda, arrimose al quicio de la puerta de
+la capilla de Irlandeses para pasar la noche. All&iacute; le encontraron ellas,
+y se pusieron a darle bromas, a decirle cosas... <i>amos</i>... cosas que se
+dicen y que no eran para ofenderse. Total: que el pobre vejete mal
+pintado se hubo de incomodar, y al correr tras ellas con el palo
+levantado para pegarles, pataplum, cay&oacute; redondo al suelo. Soltaron ellas
+la risa, creyendo que hab&iacute;a tropezado; pero al ver que no se mov&iacute;a,
+acudieron; llegose tambi&eacute;n el sereno, le ech&oacute; a la cara la linterna, y
+entonces vieron que ten&iacute;a un ataque. H&uacute;rgale por aqu&iacute;, h&uacute;rgale por all&aacute;,
+y el buen se&ntilde;or como cuerpo difunto. Llamado el <i>Comadreja</i>, lo
+<i>desanim&oacute;</i>, y dijo que todo era un <i>sincopi&eacute;s</i>; y como es <i>caritativo
+&eacute;l</i>, <i>buen cristiano &eacute;l</i>, y adem&aacute;s hab&iacute;a estudiado un a&ntilde;o de
+Veterinaria, mand&oacute; que le llevaran a su casa para asistirle y devolverle
+el resuello con friegas y sinapismos.</p>
+
+<p>As&iacute; se hizo, carg&aacute;ndole entre las dos y otra compa&ntilde;era, pues el enfermo
+pesaba como un manojo de ca&ntilde;as, y en casa, a fuerza de pellizcos y
+restregones, volvi&oacute; en s&iacute;, y les dio las gracias tan amable. La
+<i>Pitusa</i> le hizo unas sopas, que tom&oacute; con apetito, dando a cada momento
+<i>las m&aacute;s expresivas gracias</i>... tan fino, y as&iacute; estuvo hasta la ma&ntilde;ana,
+bien apa&ntilde;adito en su jerg&oacute;n. No pod&iacute;an ponerle en un cuarto, porque en
+toda la noche apenas los hubo desocupados, y all&iacute;, en la cocina vieja,
+estaba muy bien, por ser pieza de ventilaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Lo peor fue que a la ma&ntilde;ana, cuando se levantaba para marcharse, le
+repiti&oacute; el ataque, y todo el santo d&iacute;a le daban de hora en hora unos
+<i>sincopieses</i> tan tremendos, que se quedaba como cad&aacute;ver, y costaba Dios
+y ayuda volverle en s&iacute;. Le hab&iacute;an dejado en mangas de camisa, porque se
+quejaba de calor; pero all&iacute; estaba la ropa sin que nadie la tocase, ni
+le afanaran cosa alguna de lo que ten&iacute;a en los bolsillos. Hab&iacute;a dicho el
+<i>Comadreja</i> que si no se recobraba en la noche, dar&iacute;a parte a la
+Delegaci&oacute;n para que le llevaran al Hospital.</p>
+
+<p>Manifest&oacute; Benina a la <i>Pitusa</i> que era un dolor mandar al Hospital a tan
+ilustre se&ntilde;or&oacute;n, y que ella se determinar&iacute;a a llevarle a su casa, s&iacute;...
+Hiri&oacute; la mente de la anciana una atrevida idea, y con la resoluci&oacute;n que
+era cualidad primaria de su car&aacute;cter, se apresur&oacute; a ponerla en pr&aacute;ctica
+con toda prontitud. &laquo;&iquest;Quieres o&iacute;rme una palabrita?&mdash;dijo a la <i>Pitusa</i>,
+cogi&eacute;ndola por el brazo para sacarla de la cocina. Y al extremo del
+pasillo, entraron en la &uacute;nica habitaci&oacute;n <i>vividera</i> de la casa: una
+alcoba con cama camera de hierro, colcha de punto de gancho, espejos
+torcidos, l&aacute;minas de odaliscas, c&oacute;moda derrengada, y un San Antonio en
+su peana, con flores de trapo y lamparilla de aceite. El di&aacute;logo fue
+r&aacute;pido y nervioso:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; se le ofrece?</p>
+
+<p>&mdash;Pues poca cosa. Que me prestes diez duros.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Se&ntilde;&aacute;</i> Benina, &iquest;est&aacute; usted en sus cabales?</p>
+
+<p>&mdash;En ellos estoy, Teresa Conejo, como lo estaba cuando te prest&eacute; los mil
+reales, y te salv&eacute; de ir a la c&aacute;rcel... &iquest;No te acuerdas? Fue el a&ntilde;o y el
+d&iacute;a del cicl&oacute;n, que arranc&oacute; los &aacute;rboles del Bot&aacute;nico... T&uacute; habitabas en
+la calle del Gobernador; yo en la de San Agust&iacute;n, donde serv&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que me acuerdo. Yo la conoc&iacute; a usted de que compr&aacute;bamos juntas...</p>
+
+<p>&mdash;Te viste en un fuerte compromiso.</p>
+
+<p>&mdash;Empezaba yo a rodar por el mundo...</p>
+
+<p>&mdash;Y rodando, rodando, ca&iacute;ste en una tentaci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Y como serv&iacute;a usted en casa grande, yo calcul&eacute; y dije: 'Pues esta, si
+quiere, podr&aacute; sacarme'.</p>
+
+<p>&mdash;Te llegaste a m&iacute; con mucho miedo... lo que pasa... no quer&iacute;as
+levantarte el fald&oacute;n, y que yo te dejara destapada.</p>
+
+<p>&mdash;Pero usted me tap&oacute;... &iexcl;Cu&aacute;nto se lo agradec&iacute;, Benina!</p>
+
+<p>&mdash;Y sin r&eacute;ditos... Luego t&uacute;, en cuanto hiciste las paces con el del
+almac&eacute;n de vinos, me pagaste...</p>
+
+<p>&mdash;Duro sobre duro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: ahora soy yo la que se ha ca&iacute;do: necesito doscientos reales,
+y t&uacute; me los vas a dar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mecachis... San Dios! &iexcl;Como no se me vuelva dinero la chimenea de los
+garbanzos!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No los tienes? &iquest;Ni tu <i>Comadreja</i> tampoco?</p>
+
+<p>&mdash;Estamos como el gallo de Mor&oacute;n... &iquest;Y para qu&eacute; quiere los diez duros?</p>
+
+<p>&mdash;Para lo que a ti no te importa. Di si me los das o no me los das. Yo te
+los pagar&eacute; pronto; y si quieres real por duro, no hay <i>incomeniente</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No es eso: es que no tengo ni un cuarto partido por medio. Este ganado
+indecente no trae m&aacute;s que miseria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;V&aacute;lgate Dios! &iquest;Y...?</p>
+
+<p>&mdash;No, no tengo alhajas. Si las tuviera...</p>
+
+<p>&mdash;Busca bien, <i>maestra</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bueno. Hay dos sortijas. No son m&iacute;as: son del <i>Rey de Bastos</i>, un
+amigo de Rumaldo, que se las dio a guardar, y Rumaldo me las dio a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues...</p>
+
+<p>&mdash;Si usted me da su palabra de desempe&ntilde;arlas dentro de ocho d&iacute;as y
+tra&eacute;rmelas, pero palabra formal, &iexcl;San Dios! ll&eacute;veselas... Dar&aacute;n los diez
+por largo, pues una de ellas tiene un brillante que da <i>la catarata</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Poco m&aacute;s se habl&oacute;. Cerraron bien la puerta, para que nadie pudiera
+fisgonear desde el pasillo. Si alguien lo hiciera, no habr&iacute;a o&iacute;do m&aacute;s
+que un abrir y cerrar de los cajones de la c&oacute;moda, un cuchicheo de
+Benina, y roncas g&aacute;rgaras de la otra.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXII" id="XXII"></a><a href="#toc">XXII</a></h2>
+
+
+<p>A poco de volver las dos mujeres al lado del desmayado Frasquito, entr&oacute;
+el <i>Comadreja</i>, que era un mocet&oacute;n achulado, de buen porte, con tez y
+facciones algo gitanescas, sombrero ancho, bien ce&ntilde;ido el talle, y lo
+primero que dijo fue que pronto ser&iacute;a conducido el <i>interfezto</i> al
+Hospital. Protest&oacute; Benina, sosteniendo que la enfermedad de Ponte era de
+las que exigen trato casero y de familia; en el Hospital se morir&iacute;a sin
+remedio, y as&iacute;, val&iacute;a m&aacute;s que ella se le llevara a la casa de su se&ntilde;ora
+Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez, la cual, aunque hab&iacute;a venido muy a menos, todav&iacute;a
+se hallaba en posici&oacute;n de hacer una obra de caridad, albergando a su
+paisano el Sr. de Ponte, con quien ten&iacute;a, si mal no recordaba, lejano
+parentesco. En esto volvi&oacute; de su desvanecimiento el gal&aacute;n pobre, y
+reconociendo a su bienhechora, le bes&oacute; las manos, ll&aacute;mandola <i>&aacute;ngel</i> y
+qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;, muy gozoso de verla a su lado. Con gesto imperioso, al
+que sigui&oacute; una patada, la <i>Pitusa</i> orden&oacute; a las dos arrapiezas que se
+fueran a su obligaci&oacute;n en la puerta de la calle; el <i>Comadreja</i> baj&oacute; a
+despachar, y qued&aacute;ndose solas la Benina y su amiga con el pobre Ponte,
+le vistieron del levit&iacute;n y gab&aacute;n para llev&aacute;rsele.</p>
+
+<p>&laquo;Aqu&iacute; en confianza, D. Frasquito&mdash;le dijo la Benina&mdash;, cu&eacute;ntenos por qu&eacute;
+no hizo lo que le mand&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;Dar a Bernarda la peseta, a cuenta de noches debidas... &iquest;O es que se
+gast&oacute; la peseta en algo que le hac&iacute;a falta, un suponer, en pintura para
+la fisonom&iacute;a del bigote? En este caso, no digo nada.</p>
+
+<p>&mdash;Cosm&eacute;tico, no... yo se lo juro&mdash;respondi&oacute; Frasquito con l&aacute;nguido acento,
+sacando de su boca las palabras como con un gancho&mdash;. Lo gast&eacute;... pero no
+en eso... Ten&iacute;a que pro... pro... si lo dir&eacute; al fin... que
+proporcionarme una foto... graf&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Rebusc&oacute; en el bolsillo de su gab&aacute;n, y de entre sobadas cartas y papeles,
+sac&oacute; uno que desdobl&oacute;, mostrando un retrato fotogr&aacute;fico, tama&ntilde;o de
+tarjeta ordinaria.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n es esta madama?&mdash;dijo la <i>Pitusa</i>, que con presteza lo cogi&oacute; para
+examinarlo&mdash;. Como guapa, lo es...</p>
+
+<p>&mdash;Quer&iacute;a yo&mdash;prosigui&oacute; Frasquito tomando aliento a cada s&iacute;laba&mdash;,
+demostrarle a Obdulia su perfecta semejanza con...</p>
+
+<p>&mdash;Pues este retrato no es de la ni&ntilde;a&mdash;dijo Benina contempl&aacute;ndolo&mdash;. Algo se
+le parece en el corte de cara; pero no es mismamente.</p>
+
+<p>&mdash;Digan ustedes si se parece o no. Para m&iacute; son id&eacute;nticas... La una como
+la otra, esta como aquella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qui&eacute;n es?</p>
+
+<p>&mdash;La Emperatriz Eugenia... &iquest;Pero no la ven? No lo hab&iacute;a m&aacute;s que en casa
+de Laurent, y no lo daban por menos de una peseta... Forzoso adquirirlo,
+demostrar a Obdulia la similitud...</p>
+
+<p>&mdash;D. Frasquito, por la Virgen, mire que vamos a creer que est&aacute; ido...
+&iexcl;Gastar la peseta en un retrato!...&raquo;.</p>
+
+<p>No se dio por convencido el caballero pobre, y guardando cuidadosamente
+la cartulina, se abroch&oacute; su gab&aacute;n y trat&oacute; de ponerse en pie; operaci&oacute;n
+complicad&iacute;sima que no pudo realizar, por la extraordinaria flojedad de
+sus piernas, no m&aacute;s gruesas que palillos de tambor. Con la prontitud que
+usar sol&iacute;a en casos como aquel, Benina sali&oacute; a tomar un coche, para lo
+cual antes ten&iacute;a que evacuar otra diligencia de suma importancia. Mas
+como era tan ejecutiva, pronto despach&oacute;: con sus diez duros en el
+bolsillo, volvi&oacute; a Mediod&iacute;a Grande en coche sim&oacute;n tomado por horas, y
+en la puerta de la casa se tropez&oacute; con Petra la borrachera y su
+compa&ntilde;era <i>Cuarto e kilo</i>, que de la taberna vociferando sal&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Ya, ya sabemos que se le lleva consigo...&mdash;dij&eacute;ronle con retint&iacute;n&mdash;. As&iacute;
+se portan las mujeres de rumbo, que estiman a un hombre... Vaya, vaya,
+que eso es correrse... Bien se ve que se puede.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A ver!... Pero como a ustedes no les importa, yo digo... &iquest;Y qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pues na... En fin, aliviarse.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Contento que tiene usted al ciego Almudena!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Que ha esperado a la se&ntilde;ora toda la tarde... &iexcl;C&oacute;mo hab&iacute;a de ir, si
+andaba buscando al caballero canijo!...</p>
+
+<p>&mdash;Un recadito nos dio para usted por si la ve&iacute;amos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice?</p>
+
+<p>&mdash;A ver si me acuerdo... &iexcl;Ah! s&iacute;: que no compre la olla...</p>
+
+<p>&mdash;La olla de los siete <i>bujeros</i>... que &eacute;l tiene una que trajo de su
+tierra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute;? &iquest;Van a poner f&aacute;brica de coladores? Si no, &iquest;para qu&eacute; son tantos
+<i>ujeros</i>?</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llense las muy boconas. Ea, con Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Y estamos de coche. &iexcl;Vaya un lujo! &iexcl;C&oacute;mo se conoce que corre la guita!</p>
+
+<p>&mdash;Que os call&eacute;is... M&aacute;s valdr&iacute;a que me ayudarais a bajarle y meterle en
+el coche.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya que s&iacute;. Con alma y vida&raquo;.</p>
+
+<p>De divertimiento sirvi&oacute; a todas las de casa y a las de fuera. Fue una
+ruidosa funci&oacute;n el acto de bajar a Frasquito, cant&aacute;ndole coplas en son
+funerario, y dici&eacute;ndole mil cuchufletas aplicadas a &eacute;l y a la Benina,
+que insensible a los desahogos de la vil canalla, se meti&oacute; en su coche,
+llevando al caballero andaluz como si fuera un l&iacute;o de ropa, y mand&oacute; al
+cochero picar hacia la calle Imperial, cuidando de despabilar bien al
+caballo.</p>
+
+<p>No fue, como es f&aacute;cil suponer, floja sorpresa la de Do&ntilde;a Francisca al
+ver que le met&iacute;an en la casa un cuerpo al parecer moribundo,
+transportado entre Benina y un mozo de cuerda. La pobre se&ntilde;ora hab&iacute;a
+pasado la tarde y parte de la noche en mortal ansiedad, y al ver cosa
+tan extra&ntilde;a, cre&iacute;a so&ntilde;ar o tener trastornado el sentido. Pero la
+traviesa criada se apresur&oacute; a tranquilizarla, dici&eacute;ndole que aquel no
+era cad&aacute;ver, como de su aspecto lastimoso pod&iacute;a colegirse, sino enfermo
+grav&iacute;simo, el propio D. Frasquito Ponte Delgado, natural de Algeciras, a
+quien hab&iacute;a encontrado en la calle; y sin meterse en m&aacute;s explicaciones
+del inaudito suceso, acudi&oacute; a confortar el atribulado esp&iacute;ritu de Do&ntilde;a
+Paca con la fausta noticia de que llevaba en su bolso nueve duros y
+pico, suma bastante para atender al compromiso m&aacute;s urgente, y poder
+respirar durante algunos d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Ah, qu&eacute; peso me quitas de encima de mi alma!&mdash;exclam&oacute; la se&ntilde;ora
+elevando las manos&mdash;. El Se&ntilde;or le bendiga. Ya estamos en situaci&oacute;n de
+hacer una obra de caridad, recogiendo a este desgraciado... &iquest;Ves? Dios
+en un solo punto y ocasi&oacute;n nos ampara y nos dice que amparemos. El favor
+y la obligaci&oacute;n vienen aparejados.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que tomar las cosas como las dispone... <i>el que menea los truenos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y d&oacute;nde ponemos a este pobre mamarracho?&mdash;dijo Do&ntilde;a Paca palpando a
+Frasquito, que, aunque no estaba sin conocimiento, apenas hablaba ni se
+mov&iacute;a, yacente en el santo suelo, arrimadito a la pared&raquo;.</p>
+
+<p>Como despu&eacute;s del casamiento de Obdulia y Anto&ntilde;ito hab&iacute;an sido vendidas
+las camas de estos, surgi&oacute; un conflicto de instalaci&oacute;n dom&eacute;stica, que
+Nina resolvi&oacute; proponiendo armar su cama en el cuartito del comedor, para
+colocar en ella al pobre enfermo. Ella dormir&iacute;a en un jerg&oacute;n sobre la
+estera, y ya ver&iacute;an, ya ver&iacute;an si era posible arrancar al cuitado viejo
+de las u&ntilde;as de la muerte.</p>
+
+<p>&laquo;Pero, Nina de mi alma, &iquest;has pensado bien en la carga que nos hemos
+echado encima?... T&uacute; que no puedes, ll&eacute;vame a cuestas, como dijo el
+otro. &iquest;Te parece que estamos nosotras para meternos a protectoras de
+nadie?... Pero acaba de contarme: &iquest;fue D. Romualdo bendito quien...?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, Rumaldo...&mdash;respondi&oacute; la anciana, que en su aturdimiento no
+se hab&iacute;a preparado para el embuste.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bendito, mil veces bendito se&ntilde;or!</p>
+
+<p>&mdash;Ella... Teresa Conejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dices, mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Digo que... &iquest;Pero usted no se entera de lo que hablo?</p>
+
+<p>&mdash;Has dicho que... &iquest;Por ventura es cazador D. Romualdo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cazador?</p>
+
+<p>&mdash;Como has dicho no s&eacute; qu&eacute; de un conejo.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;l no caza; pero le regalan... qu&eacute; s&eacute; yo... tantas cosas... la perdiz,
+el conejo de campo... Pues esta tarde...</p>
+
+<p>&mdash;Ya; te dijo: 'Benina, a ver c&oacute;mo me pones ma&ntilde;ana este conejo que me han
+tra&iacute;do...'.</p>
+
+<p>&mdash;Sobre si hab&iacute;a de ser en salmorejo o con arroz, estuvieron disputando;
+y como yo nada dec&iacute;a y se me saltaban las l&aacute;grimas, 'Benina, &iquest;qu&eacute;
+tienes? Benina, &iquest;qu&eacute; te pasa?...'. En fin, que del conejo tom&eacute; pie para
+contarle el apuro en que me ve&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Convencida Do&ntilde;a Paca, ya no se pens&oacute; m&aacute;s que en instalar a Frasquito,
+el cual parec&iacute;a no darse cuenta de lo que le pasaba. Al fin, cuando ya
+le hab&iacute;an acostado, reconoci&oacute; a la viuda de Ju&aacute;rez, y mostr&aacute;ndole su
+gratitud con apretones de manos y un suspirar afectuoso, le dijo:</p>
+
+<p>&laquo;Tal hija, tal madre... Es usted el vivo retrato de la Montijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice este hombre?</p>
+
+<p>&mdash;Le da porque todas nos parecemos a... no s&eacute; qui&eacute;n... a los emperadores
+de Francia... En fin, dejarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Estoy en el palacio de la plaza del &Aacute;ngel?&mdash;dijo Ponte examinando la
+m&iacute;sera alcoba con extraviados ojos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or... Arr&oacute;pese ahora; estese quietecito para que coja el sue&ntilde;o.
+Luego le daremos buen caldo... y a vivir&raquo;.</p>
+
+<p>Dej&aacute;ronle solo, y Benina se ech&oacute; nuevamente a la calle, &aacute;vida de tapar
+la boca a los acreedores groseros, que con apremio impertinente y
+desvergonzado abrumaban a las dos mujeres. Diose el gustazo de ponerles
+ante los morros los duros que se les deb&iacute;an, hizo m&aacute;s provisiones, fue a
+la calle de la Ruda, y con su cesta bien repleta de v&iacute;veres y el coraz&oacute;n
+de esperanzas, pensando verse libre de la verg&uuml;enza de pedir limosna, al
+menos por un par de d&iacute;as, volvi&oacute; a su casa. Con presteza met&oacute;dica se
+puso a trabajar en la cocina, en compa&ntilde;&iacute;a de su ama, que tambi&eacute;n estaba
+risue&ntilde;a y gozosa. &laquo;&iquest;Sabes lo que me ha pasado&mdash;dijo a Benina&mdash;en el rato
+que has estado fuera? Pues me qued&eacute; dormidita en el sill&oacute;n, y so&ntilde;&eacute; que
+entraban en casa dos se&ntilde;ores graves, vestidos de negro. Eran D.
+Francisco Morquecho y D. Jos&eacute; Mar&iacute;a Porcell, paisanos m&iacute;os, que ven&iacute;an a
+participarme el fallecimiento de D. Pedro Jos&eacute; Garc&iacute;a de los Antrines,
+t&iacute;o carnal de mi esposo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre se&ntilde;or; se ha muerto!&mdash;exclam&oacute; Nina con toda el alma.</p>
+
+<p>&mdash;Y el tal D. Pedro Jos&eacute;, que es uno de los primeros ricachos de la
+Serran&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;Pero d&iacute;game: &iquest;es so&ntilde;ado lo que me cuenta o es verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rate, mujer. Ven&iacute;an esos dos se&ntilde;ores, D. Francisco y D. Jos&eacute; Mar&iacute;a,
+m&eacute;dico el uno, el otro secretario del Ayuntamiento... pues ven&iacute;an a
+decirme que el Garc&iacute;a de los Antrines, t&iacute;o carnal de mi Antonio, les
+hab&iacute;a nombrado testamentarios...</p>
+
+<p>&mdash;Ya...</p>
+
+<p>&mdash;Y que... la cosa es clara... como no ten&iacute;a el tal sucesi&oacute;n directa,
+nombraba herederos...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Ten calma, mujer... Pues dejaba la mitad de sus bienes a mis hijos
+Obdulia y Anto&ntilde;ito, y la otra mitad a Frasquito Ponte. &iquest;Qu&eacute; te parece?</p>
+
+<p>&mdash;Que a ese bendito se&ntilde;or deb&iacute;an de hacerle santo.</p>
+
+<p>&mdash;Dij&eacute;ronme D. Francisco y D. Jos&eacute; Mar&iacute;a que hace d&iacute;as andaban busc&aacute;ndome
+para darme conocimiento de la herencia, y que preguntando aqu&iacute; y acull&aacute;,
+al fin averiguaron las se&ntilde;as de esta casa... &iquest;por qui&eacute;n dir&aacute;s? por el
+sacerdote D. Romualdo, propuesto ya para obispo, el cual les dijo
+tambi&eacute;n que yo hab&iacute;a recogido al se&ntilde;or de Ponte... 'De modo&mdash;me dijeron
+ech&aacute;ndose a re&iacute;r&mdash;, que al venir a ofrecer a usted nuestros respetos,
+se&ntilde;ora m&iacute;a, matamos dos p&aacute;jaros de un tiro'.</p>
+
+<p>&mdash;Pero vamos a cuentas: todo eso es, como quien dice, so&ntilde;ado.</p>
+
+<p>&mdash;Claro: &iquest;no has o&iacute;do que me qued&eacute; dormida en el sill&oacute;n?... Como que esos
+dos se&ntilde;ores que estuvieron a visitarme, se murieron hace treinta a&ntilde;os,
+cuando yo era novia de Antonio... fig&uacute;rate... y Garc&iacute;a de los Antrines
+era muy viejo entonces. No he vuelto a saber de &eacute;l... Pues s&iacute;, todo ha
+sido obra de un sue&ntilde;o; pero tan a lo vivo que a&uacute;n me parece que les
+estoy mirando... Te lo cuento para que te r&iacute;as... no, no es cosa de
+risa, que los sue&ntilde;os...</p>
+
+<p>&mdash;Los sue&ntilde;os, los sue&ntilde;os, digan lo que quieran&mdash;manifest&oacute; Nina&mdash;, son
+tambi&eacute;n de Dios; &iquest;y qui&eacute;n va a saber lo que es verdad y lo que es
+mentira?</p>
+
+<p>&mdash;Cabal... &iquest;Qui&eacute;n te dice a ti que detr&aacute;s, o debajo, o encima de este
+mundo que vemos, no hay otro mundo donde viven los que se han muerto?...
+&iquest;Y qui&eacute;n te dice que el morirse no es otra manera y forma de vivir?...</p>
+
+<p>&mdash;Debajo, debajo est&aacute; todo eso&mdash;afirm&oacute; la otra meditabunda&mdash;. Yo hago caso
+de los sue&ntilde;os, porque bien podr&iacute;a suceder, una comparanza, que los que
+andan por all&aacute; vinieran aqu&iacute; y nos trajeran el remedio de nuestros
+males. Debajo de tierra hay otro mundo, y el toque est&aacute; en saber c&oacute;mo y
+cu&aacute;ndo podemos hablar con los vivientes <i>soterranos</i>. Ellos han de saber
+lo mal que estamos por ac&aacute;, y nosotros so&ntilde;ando vemos lo bien que por
+all&aacute; lo pasan... No s&eacute; si me explico... digo que no hay justicia, y para
+que la <i>haiga</i>, so&ntilde;aremos todo lo que nos d&eacute; la gana, y so&ntilde;ando, un
+suponer, traeremos ac&aacute; la justicia&raquo;.</p>
+
+<p>Contest&oacute; Do&ntilde;a Paca con una sarta de suspiros sacados de lo m&aacute;s hondo de
+su pecho, y Benina se lanz&oacute;, con fiebre y tenacidad de idea fija, a
+pensar nuevamente en el maravilloso conjuro. Trasteando sin sosiego en
+la cocina, con los ojos del alma, no ve&iacute;a m&aacute;s que el cazuelo de los
+siete <i>bujeros</i>, el palo de laurel, vestido, y la oraci&oacute;n... &iexcl;demontres
+de oraci&oacute;n! &iexcl;Esto s&iacute; que era dif&iacute;cil!</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a><a href="#toc">XXIII</a></h2>
+
+
+<p>Todo iba bien a la ma&ntilde;ana siguiente: Don Frasquito mejorando de hora en
+hora, y con las entendederas en estado de mediana claridad; Do&ntilde;a Paca
+contenta; la casa bien provista de vituallas; aquel d&iacute;a y el pr&oacute;ximo
+asegurados, por lo cual la pobre Benina podr&iacute;a descansar de su penosa
+postulaci&oacute;n en San Sebasti&aacute;n. Mas si&eacute;ndole preciso sostener la comedia
+de su asistencia en la casa del eclesi&aacute;stico, sali&oacute; como todos los d&iacute;as,
+la cesta al brazo, dispuesta a no perder la ma&ntilde;ana y hacer algo &uacute;til. Al
+salir le dijo su ama: &laquo;Me parece que tendremos que hacer un obsequio a
+nuestro D. Romualdo... Conviene demostrar que somos agradecidas y bien
+educadas. Ll&eacute;vale de mi parte dos botellas de <i>Champagne</i> de buena
+marca, para que acompa&ntilde;e con ellas el guisado, que le har&aacute;s hoy, del
+conejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute; loca, se&ntilde;ora? &iquest;Sabe lo que cuestan dos botellas de
+<i>Champa&ntilde;a</i>? Nos empe&ntilde;ar&iacute;amos para tres meses. Siempre ha de ser usted lo
+mismo. Por gustar tanto del quedar bien, se ve ahora tan pobre. Ya le
+obsequiaremos cuando nos caiga la loter&iacute;a, pues de hoy no pasa que
+busque yo quien me ceda una peseta en un d&eacute;cimo de los de a tres.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno: anda con Dios&raquo;.</p>
+
+<p>Y se fue la se&ntilde;ora a platicar con Frasquito, que animado y locuaz
+estaba. Una y otro evocaron recuerdos de la tierra andaluza en que
+hab&iacute;an nacido, resucitando familias, personas y sucesos; y charla que te
+charla, Do&ntilde;a Francisca sali&oacute; por el registro de su sue&ntilde;o, aunque se
+guard&oacute; bien de cont&aacute;rselo al paisano. &laquo;D&iacute;game, Ponte: &iquest;qu&eacute; ha sido de D.
+Pedro Jos&eacute; Garc&iacute;a de los Antrines?&raquo;. Despu&eacute;s de un penoso espurgo en los
+obscuros cartapacios de su memoria, respondi&oacute; Frasquito que el D. Pedro
+se hab&iacute;a muerto el a&ntilde;o de la Revoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Anda, anda; y yo cre&iacute; que a&uacute;n viv&iacute;a. &iquest;Sabe usted qui&eacute;n hered&oacute; sus
+bienes?</p>
+
+<p>&mdash;Pues su hijo Rafael, que no ha querido casarse. Ya va para viejo. Bien
+podr&iacute;a suceder que se acordara de nosotros, de sus hijos de usted y de
+m&iacute;, pues no tiene parentela m&aacute;s pr&oacute;xima.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! no lo dude usted: se acordar&aacute;...&mdash;manifest&oacute; Do&ntilde;a Paca con grande
+animaci&oacute;n en los ojos y en la palabra&mdash;. Si no se acordara, ser&iacute;a un
+puerco... Lo que me dec&iacute;an D. Francisco Morquecho y D. Jos&eacute; Mar&iacute;a
+Porcell...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;Hace... no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo. Verdad que ya pasaron a mejor vida. Pero
+me parece que les estoy viendo... Fueron testamentarios de Garc&iacute;a de los
+Antrines, &iquest;no es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora. Tambi&eacute;n yo les trat&eacute; mucho. Eran amigos de mi casa, y les
+tengo muy presentes en mi memoria... Me parece que les estoy viendo con
+sus levitas negras de corte antiguo...</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Sus corbatines de suela, y aquellos sombreros de copa que parec&iacute;an la
+torre de Santa Mar&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>Prosigui&oacute; el coloquio con esta vaga fluctuaci&oacute;n entre lo real y lo
+imaginativo; y en tanto, Benina, calle arriba, calle abajo, ya con la
+mente despejada, tranquilo el esp&iacute;ritu por la posesi&oacute;n de un caudal no
+inferior a tres duros y medio, pensaba que toda la tracamundana del
+conjuro de Almudena era simplemente un enga&ntilde;a-bobos. M&aacute;s probable ve&iacute;a
+el &eacute;xito en la loter&iacute;a, que no es, por m&aacute;s que digan, obra de la ciega
+casualidad, pues &iquest;qui&eacute;n nos dice que no anda por los aires un &aacute;ngel o
+demonio invisible que se encarga de sacar la bola del gordo, sabiendo de
+antemano qui&eacute;n posee el n&uacute;mero? Por esto se ven cosas tan raras:
+verbigracia, que se reparte el premio entre multitud de infelices que
+se juntaron para tal fin, poniendo este un real, el otro una peseta. Con
+tales ideas se dio a pensar qui&eacute;n le proporcionar&iacute;a una participaci&oacute;n
+m&oacute;dica, pues adquirir ella sola un d&eacute;cimo parec&iacute;ale mucho aventurar. Con
+la Petra y su compa&ntilde;era <i>Cuarto e kilo</i>, que probaban fortuna en casi
+todas las extracciones, no quer&iacute;a cuentas, mejor se entender&iacute;a para este
+negocio con Pulido, su compa&ntilde;ero de mendicidad en la parroquia, del cual
+se contaba que hac&iacute;a combinaciones de jugadas lot&eacute;ricas con el burrero
+vecino de Obdulia; y para cogerle en su morada antes de que saliese a
+pedir, apresur&oacute; el paso hacia la calle de la Cabeza, y dio fondo en el
+establecimiento de burras de leche. En los establos de aquellas
+pac&iacute;ficas bestias daban albergue a Pulido los honrados lecheros, gente
+buena y humilde. Una hermana de la burrera vend&iacute;a d&eacute;cimos por las
+calles, y un t&iacute;o del burrero, que tuvo el mismo negocio en la misma
+calle y casa, a&ntilde;os atr&aacute;s, se hab&iacute;a sacado el gordo, retir&aacute;ndose a su
+pueblo, donde compr&oacute; tierras. La afici&oacute;n se perpetu&oacute;, pues, en el
+establecimiento, formando h&aacute;bito vicioso; y a la fecha de esta historia,
+con lo que los burreros llevaban gastado en quince a&ntilde;os de jugadas,
+habr&iacute;an podido triplicar el ganado asnal que pose&iacute;an.</p>
+
+<p>Tuvo Benina la suerte de encontrar a toda la familia reunida, ya de
+regreso las pollinas de su excursi&oacute;n matinal. Mientras estas devoraban
+el pienso de salvado, los racionales se entreten&iacute;an en hacer c&aacute;lculos de
+probabilidades, y en aquilatar las razones en que se pod&iacute;a fundar la
+certidumbre de que saliese premiado al d&iacute;a siguiente el 5.005, del cual
+pose&iacute;an un d&eacute;cimo. Pulido, examinando el caso con su poderosa vista
+interior, que por la ceguera de los ojos corporales prodigiosamente se
+le aumentaba, remach&oacute; el convencimiento de los burreros, y en tono
+prof&eacute;tico les dijo que tan cierto era que saldr&iacute;a premiado el 5.005,
+como que hay Dios en el Cielo y Diablo en los Infiernos. In&uacute;til es decir
+que la pretensi&oacute;n de Benina cay&oacute; en aquella obcecada familia como una
+bomba, y que el primer impulso de todos fue negarle en absoluto la
+participaci&oacute;n que solicitaba, pues ello equival&iacute;a a regalarle montones
+de dinero.</p>
+
+<p>Picose la mendiga, dici&eacute;ndoles que no le faltaban tres pesetas para
+tirarlas en un decimito, <i>todo para ella</i>, y este golpe de audacia
+produjo su efecto. Por &uacute;ltimo, se convino en que, si ella compraba el
+d&eacute;cimo, ellos le tomar&iacute;an la mitad, d&aacute;ndole una participaci&oacute;n de dos
+reales en el m&aacute;gico 5.005, n&uacute;mero seguro, tan seguro como <i>estarlo
+viendo</i>. As&iacute; se hizo: sali&oacute; Benina, y llev&oacute; al poco rato un d&eacute;cimo del
+4.844, el cual, visto por los otros, y <i>o&iacute;do cantar</i> por el ciego,
+produjo en toda la cuadrilla lot&eacute;rica la mayor confusi&oacute;n y desconcierto,
+como si por arte misterioso la suerte se hubiera pasado del uno al otro
+n&uacute;mero. Por fin, hici&eacute;ronse los tratos y combinaciones a gusto de todos,
+y el burrero extendi&oacute; las papeletas de participaci&oacute;n, qued&aacute;ndose la
+anciana con seis reales en el suyo y dos en el otro. Sali&oacute; Pulido
+refunfu&ntilde;ando, y se fue a su parroquia de muy mal talante, dici&eacute;ndose que
+aquella <i>eclesi&aacute;stica pocritona</i> hab&iacute;a ido a quitarles la suerte; los
+burreros se despotricaron contra Obdulia, afirmando que no pagaba el pan
+y compraba tiestos de flores, y que el casero la iba a plantar en la
+calle; y Benina subi&oacute; a ver a la <i>ni&ntilde;a</i>, a quien encontr&oacute; en manos de la
+peinadora, que trataba de arreglarle una bonita cabeza. Aquel d&iacute;a sus
+suegros le hab&iacute;an mandado alb&oacute;ndigas y sardinas en escabeche; Luquitas
+hab&iacute;a entrado en casa a las seis de la ma&ntilde;ana, y a&uacute;n dorm&iacute;a como un
+cachorro. Pensaba la <i>ni&ntilde;a</i> irse de paseo, ansiosa de ver jardines,
+arboledas, carruajes, gente elegante, y su peinadora le dijo que se
+fuera al Retiro, donde ver&iacute;a estas cosas, y todas las fieras del mundo,
+y adem&aacute;s cisnes, que son, una comparanza, gansos de pescuezo largo. Al
+saber que Frasquito, enfermo, se hallaba recogido en casa de Do&ntilde;a Paca,
+mostr&oacute; la ni&ntilde;a sincera aflicci&oacute;n, y quiso ir a verle; pero Benina se lo
+quit&oacute; de la cabeza. M&aacute;s val&iacute;a que le dejara descansar un par de d&iacute;as,
+evit&aacute;ndole conversaciones <i>deliriosas</i>, que le trastornaban el seso.
+Asintiendo a estas discretas razones, Obdulia se despidi&oacute; de su criada,
+persistiendo en irse de paseo, y la otra tom&oacute; el olivo presurosa hacia
+la calle de la Ruda, donde quer&iacute;a pagar deudillas de poco dinero. Por el
+camino pens&oacute; que le convendr&iacute;a ceder parte de la excesiva cantidad
+empleada en loter&iacute;a, y a este fin hizo prop&oacute;sito de buscar al ciego moro
+para que jugase una peseta. M&aacute;s seguro era esto que no la operaci&oacute;n de
+llamar a los esp&iacute;ritus <i>soterranos</i>...</p>
+
+<p>Esto pensaba, cuando se encontr&oacute; de manos a boca con Petra y Diega, que
+de vender ven&iacute;an, trayendo entre las dos, mano por mano, una cesta con
+baratijas de mercer&iacute;a ordinaria. Par&aacute;ronse con ganas de contarle algo
+estupendo y que sin duda la interesaba: &laquo;&iquest;No sabe, <i>maestra</i>? Almudena
+la anda buscando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A m&iacute;? Pues yo quisiera hablar con &eacute;l, por ver si quiere tomarme...</p>
+
+<p>&mdash;Le tomar&aacute; a usted medidas. Eso dice...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que est&aacute; furioso... Loco perdido. A m&iacute; por poco me mata esta ma&ntilde;ana de
+la tirria que me tiene. En fin, el disloque.</p>
+
+<p>&mdash;Se muda de Santa Casilda... Se va a las Cambroneras.</p>
+
+<p>&mdash;Le ha dado la tarantaina, y baila sobre un pie solo&raquo;.</p>
+
+<p>Prorrumpieron en desentonadas risas las dos mujerzuelas, y Benina no
+sab&iacute;a qu&eacute; decirles. Entendiendo que el africano estar&iacute;a enfermo, indic&oacute;
+que pensaba ir a San Sebasti&aacute;n en su busca, a lo que replicaron las
+otras que no hab&iacute;a salido a pedir, y que si quer&iacute;a la <i>maestra</i>
+encontrarle, busc&aacute;rale hacia la Arganzuela o hacia la calle del Pe&ntilde;&oacute;n,
+pues en tal rumbo le hab&iacute;an visto ellas poco antes. Fue Benina hacia
+donde se le indicaba, despachados brevemente sus asuntos en la calle de
+la Ruda; y despu&eacute;s de dar vueltas por la Fuentecilla, y subir y bajar
+repetidas veces la calle del Pe&ntilde;&oacute;n, vio al marroqu&iacute;, que sal&iacute;a de casa
+de un herrero. Llegose a &eacute;l, le cogi&oacute; por el brazo y...</p>
+
+<p>&laquo;Soltar m&iacute;, soltar m&iacute; t&uacute;...&mdash;dijo el ciego estremeci&eacute;ndose de la cabeza a
+los pies, cual si recibiese una descarga el&eacute;ctrica&mdash;. Mala t&uacute;, <i>ga&ntilde;adora</i>
+t&uacute;... matar yo ti&raquo;.</p>
+
+<p>Alarmose la pobre mujer, advirtiendo en el rostro de su amigo grand&iacute;sima
+turbaci&oacute;n: contra&iacute;a y dilataba los labios con vibraciones convulsivas,
+desfigurando su habitual expresi&oacute;n fison&oacute;mica; manos y piernas
+temblaban; su voz hab&iacute;a enronquecido.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; tienes t&uacute;, Almudenilla? &iquest;Qu&eacute; mosca te ha picado?</p>
+
+<p>&mdash;Picar t&uacute; m&iacute;, mosca mala... <i>Viner migo</i>... Querer yo hablar <i>tigo</i>.
+<i>Muquier</i> mala ser ti...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a donde quieras, hombre. &iexcl;Si parece que est&aacute;s loco!&raquo;.</p>
+
+<p>Bajaron a la Ronda, y el marroqu&iacute;, conocedor de aquel terreno, gui&oacute;
+hacia la f&aacute;brica del gas, dej&aacute;ndose llevar por su amiga cogido del
+brazo. Por angostas veredas pasaron al paseo de las Acacias, sin que la
+buena mujer pudiera obtener explicaciones claras de los motivos de
+aquella extra&ntilde;a desaz&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;Sent&eacute;monos aqu&iacute;&mdash;dijo Benina al llegar junto a la F&aacute;brica de alquitr&aacute;n&mdash;;
+estoy cansadita.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; no... m&aacute;s <i>abaixo</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>Y se precipitaron por un sendero empinad&iacute;simo, abierto en el terrapl&eacute;n.
+Hubieran rodado los dos por la pendiente si Benina no le sostuviera
+moderando el paso, y asegur&aacute;ndose bien de d&oacute;nde pon&iacute;a la planta.
+Llegaron, por fin, a un sitio m&aacute;s bajo que el paseo, suelo quebrado,
+lleno de escorias que parecen lavas de un volc&aacute;n; detr&aacute;s dejaron casas,
+cimentadas a mayor altura que las cabezas de ellos; delante ten&iacute;an
+techos de viviendas pobres, a nivel m&aacute;s bajo que sus pies. En las
+revueltas de aquella hondonada se distingu&iacute;an chozas m&iacute;seras, y a lo
+lejos, oprimida entre las moles del Asilo de Santa Cristina y el taller
+de Sierra Mec&aacute;nica, la barriada de las Injurias, donde hormiguean
+familias indigentes.</p>
+
+<p>Sent&aacute;ronse los dos. Almudena, dando resoplidos, se limpi&oacute; el copioso
+sudor de su frente. Benina no le quitaba los ojos, atenta a sus
+movimientos, pues no las ten&iacute;a todas consigo, vi&eacute;ndose sola con el
+enojado marroqu&iacute; en lugar tan solitario. &laquo;A ver... <i>amos</i>... a ver por
+qu&eacute; soy tan mala y tan enga&ntilde;adora. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Poique</i> ti <i>n'ga&ntilde;ar</i> m&iacute;. Yo <i>quiriendo</i> ti, t&uacute; <i>quirier</i> otro... S&iacute;,
+s&iacute;... Se&ntilde;or <i>bunito</i>, <i>cabaiero</i> gal&aacute;n... ti queriendo &eacute;l... Enfermo &eacute;l
+casa <i>Comadreja</i>... t&uacute; llevar casa tuya &eacute;l... <i>quirido</i> tuyo...
+<i>quirido</i>... rico &eacute;l, se&ntilde;orito &eacute;l...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te ha contado esas papas, Almudena?&mdash;dijo la buena mujer
+ech&aacute;ndose a re&iacute;r con toda su alma.</p>
+
+<p>&mdash;No negar t&uacute; cosa... Tu <i>n'fadar</i> m&iacute;; <i>riyendo</i> t&uacute; m&iacute;...&raquo;.</p>
+
+<p>Al expresarse de este modo, pose&iacute;do de s&uacute;bito furor, se puso en pie, y
+antes de que Benina pudiera darse cuenta del peligro que la amenazaba,
+descarg&oacute; sobre ella el palo con toda su fuerza. Gracias que pudo la
+infeliz salvar la cabeza apart&aacute;ndola vivamente; pero la paletilla, no.
+Quiso ella arrebatarle el palo; pero antes de que lo intentara recibi&oacute;
+otro estacazo en el hombro, y un tercero en la cadera... La mejor
+defensa era la fuga. En un abrir y cerrar de ojos, se puso la anciana a
+diez pasos del ciego. Este trat&oacute; de seguirla; ella le buscaba las
+vueltas; se pon&iacute;a en lugar seguro, y &eacute;l descargaba sus furibundos
+garrotazos en el aire y en el suelo. En una de estas cay&oacute; boca abajo, y
+all&iacute; se qued&oacute; cual si fuera la v&iacute;ctima, mordiendo la tierra, mientras la
+se&ntilde;ora de sus pensamientos le dec&iacute;a: &laquo;Almudena, Almudenilla, si te cojo,
+ver&aacute;s... &iexcl;tontaina, borricote!...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a><a href="#toc">XXIV</a></h2>
+
+
+<p>Despu&eacute;s de revolcarse en el suelo con epil&eacute;ptica contracci&oacute;n de brazos y
+piernas, y de golpearse la cara y tirarse de los pelos, lanzando
+exclamaciones guturales en lengua ar&aacute;biga, que Benina no entend&iacute;a,
+rompi&oacute; a llorar como un ni&ntilde;o, sentado ya a estilo moro, y continuando en
+la tarea de aporrearse la frente y de clavar los dedos convulsos en su
+rostro. Lloraba con amargo desconsuelo, y las l&aacute;grimas calmaron sin
+duda, su loca furia. Acercose Benina un poquito, y vio su rostro
+inundado de llanto que le humedec&iacute;a la barba. Sus ojos eran fuentes por
+donde su alma se descargaba del raudal de una pena infinita.</p>
+
+<p>Pausa larga. Almudena, con voz quejumbrosa de chiquillo castigado, llam&oacute;
+cari&ntilde;osamente a su amiga.</p>
+
+<p>&laquo;Nina... <i>amri</i>... &iquest;Estar aqu&iacute; ti?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hijo m&iacute;o, aqu&iacute; estoy vi&eacute;ndote llorar como San Pedro despu&eacute;s que
+hizo la canallada de negar a Cristo. &iquest;Te arrepientes de lo que has
+hecho?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... <i>amri</i>... &iexcl;Haber pegado ti!... &iquest;Doler ti <i>mocha</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo que me escuece!</p>
+
+<p>&mdash;Yo malo... <i>yorando</i> m&iacute; d&iacute;as <i>mochas</i>, <i>poique</i> pegar ti... <i>Amri</i>,
+<i>perdo&ntilde;ar</i> t&uacute; m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... perdonado... Pero no me f&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Tomar t&uacute; palo&mdash;le dijo alarg&aacute;ndoselo&mdash;Venir qui... <i>cabe</i> m&iacute;. Coger palo
+y dar m&iacute; fuerte, hasta que matar t&uacute; m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No me f&iacute;o, no.</p>
+
+<p>&mdash;Tomar t&uacute; este <i>cochilo</i>&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el africano sacando del bolso interior
+del chaquet&oacute;n una herramienta cortante&mdash;. Mercarlo yo pa pegar ti...
+Matar t&uacute; m&iacute; con &eacute;l, quitar vida m&iacute;. Mordejai no <i>quierer</i> vida... muerte
+s&iacute;, muerte...&raquo;.</p>
+
+<p>Como quien no hace nada, Benina se apoder&oacute; de las dos armas, palo y
+cuchillo, y arrim&aacute;ndose ya sin temor alguno al desdichado ciego, le
+puso la mano en el hombro. &laquo;Me has partido alg&uacute;n hueso, porque me duele
+<i>mocha</i>&mdash;le dijo&mdash;. A ver d&oacute;nde me curo yo ahora... No, hueso roto no hay;
+pero me has levantado unos morcillones como mi cabeza, y el &aacute;rnica que
+gaste yo esta tarde t&uacute; me la tienes que abonar.</p>
+
+<p>&mdash;Dar yo ti... vida... <i>Perdo&ntilde;ar</i> m&iacute;... <i>Yorar</i> yo meses <i>mochas</i>, si t&uacute;
+no <i>perdo&ntilde;ando</i> m&iacute;... Estar loco... yo <i>quierer</i> ti... Si t&uacute; no <i>quierer</i>
+m&iacute;, Almudena matar si &eacute;l <i>sigo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno va. Pero t&uacute; has tomado alg&uacute;n maleficio. &iexcl;Vaya, que salir ahora
+con ese cuento de enamorarte de m&iacute;! &iquest;Pero t&uacute; no sabes que soy una vieja,
+y que si me vieras te caer&iacute;as para atr&aacute;s del miedo que te daba?</p>
+
+<p>&mdash;No ser vieja t&uacute;... Yo <i>quiriendo</i> ti.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; quieres a Petra.</p>
+
+<p>&mdash;No... <i>B'rracha</i>... fea, mala... T&uacute; ser <i>muquier</i> una sola... No haber
+otra m&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Sin dar tregua a su intensa aflicci&oacute;n, cortando las palabras con los
+hondos suspiros y el continuo sollozar, torpe de lengua hasta lo sumo,
+declar&oacute; Almudena lo que sent&iacute;a, y en verdad que si pudo entender Benina
+lenguaje tan extra&ntilde;o, no fue por el valor y sentido de los conceptos,
+sino por la fuerza de la verdad que el marroqu&iacute; pon&iacute;a en sus
+extra&ntilde;&iacute;simas modulaciones, aullidos, desesperados gritos, y sofocados
+murmullos. D&iacute;jole que desde que el Rey <i>Samdai</i> le se&ntilde;al&oacute; la
+mujer <i>&uacute;nica</i>, para que le siguiera y de ella se apoderara, anduvo
+corriendo por toda la tierra. M&aacute;s &eacute;l caminaba, m&aacute;s delante iba la mujer,
+sin poder alcanzarla nunca. Andando el tiempo, crey&oacute; que la fugitiva era
+Nicolasa, que con &eacute;l vivi&oacute; tres a&ntilde;os en vida errante. Pero no era;
+pronto vio que no era. La suya delante, siempre delante, entapujadita y
+sin dejarse ver la cara... Claro, que &eacute;l ve&iacute;a la figura con los ojos del
+alma... Pues bueno: cuando conoci&oacute; a Benina, una ma&ntilde;ana que por primera
+vez se present&oacute; ella en San Sebasti&aacute;n, llevada por Eliseo, el coraz&oacute;n,
+queriendo sal&iacute;rsele del pecho, le dijo: &laquo;Esta es, esta sola, y no hay
+otra&raquo;. M&aacute;s hablaba con ella, m&aacute;s se convenc&iacute;a de que era <i>la suya</i>; pero
+quer&iacute;a dejar pasar tiempo, y <i>priebarlo</i> mejor. Por fin lleg&oacute; la
+certidumbre, y &eacute;l esperando, esperando una ocasi&oacute;n de dec&iacute;rselo a
+ella... As&iacute;, cuando le contaron que Benina quer&iacute;a al <i>gal&aacute;n bunito</i>, y
+que se lo hab&iacute;a llevado a su casa nada menos que en coche, le entr&oacute; tal
+desconsuelo, seguido de tan espantosa furia, que el hombre no sab&iacute;a si
+matarse o matarla... Lo mejor ser&iacute;a consumar a un tiempo las dos
+muertes, despu&eacute;s de haber despachado para el otro mundo a media
+humanidad, repartiendo golpes a diestro y siniestro.</p>
+
+<p>Oy&oacute; Benina con inter&eacute;s y piedad este relato, que aqu&iacute; se da, para no
+cansar, reducido a m&iacute;nimas proporciones; y como era mujer de buen
+sentido, no incurri&oacute; en la ligereza de engre&iacute;rse con aquella pasi&oacute;n
+africana, ni tampoco hizo chacota de ella, como natural parec&iacute;a,
+considerando su edad y las condiciones f&iacute;sicas del desdichado ciego.
+Manteni&eacute;ndose en un justo medio de discreci&oacute;n, miraba s&oacute;lo el fin
+inmediato de que su amigo se tranquilizara, apartando de su mente las
+ideas de muerte y exterminio. Explicole lo del <i>gal&aacute;n bunito</i>,
+procurando convencerle de que s&oacute;lo un sentimiento de caridad hab&iacute;ala
+movido a llevarle a la casa de su se&ntilde;ora, sin que mediase en ello el
+amor, ni cosa tocante a las relaciones de hombre y mujer. No se daba por
+convencido Mordejai, que plante&oacute; por fin la cuesti&oacute;n en t&eacute;rminos que
+justificaban la veracidad y firmeza de su afecto, a saber: para que &eacute;l
+creyese lo que Benina acababa de decirle, conven&iacute;a que se lo demostrara
+con hechos, no con palabras, que el viento se lleva. &iquest;Y c&oacute;mo se lo
+demostrar&iacute;a con hechos, de modo que &eacute;l quedase plenamente satisfecho y
+convencido? Pues de un modo muy sencillo: dejando todo, su se&ntilde;ora, <i>casa
+suya</i>, <i>gal&aacute;n bunito</i>; y&eacute;ndose a vivir con Almudena, y quedando unidos ya
+los dos para toda la vida.</p>
+
+<p>No respondi&oacute; la anciana con negaci&oacute;n rotunda por no excitarle m&aacute;s, y se
+limit&oacute; a presentarle los inconvenientes del abandono brusco de su
+se&ntilde;ora, que se morir&iacute;a si de ella se separase. Pero a todas estas
+razones opon&iacute;a el marroqu&iacute;, otras fortalecidas en el fuero y leyes de
+amor, que a todo se sobreponen. &laquo;Si t&uacute; <i>quierer m&iacute;</i>, <i>amri</i>, m&iacute; casar
+<i>tigo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Al hacer la oferta de su blanca mano, acompa&ntilde;&aacute;ndola de un suspirar
+tierno y de remilgos de verg&uuml;enza, con sus enormes labios que se
+dilataban hasta las orejas o se contra&iacute;an formando un hocico monstruoso,
+Benina no pudo evitar una risilla de burla. Pero conteni&eacute;ndose al
+instante, acudi&oacute; a la respuesta con este discret&iacute;simo argumento:</p>
+
+<p>&laquo;Hijo, as&iacute; te llamo porque pudieras serlo... agradezco tu fineza; pero
+repara que he cumplido los sesenta a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Cumplir no cumplir sisenta</i>, <i>milienta</i>, <i>yo quierer ti</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Soy una vieja, que no sirve para nada.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Sirvi</i>, <i>amri</i>; yo <i>quierer</i> ti... t&uacute; <i>mais</i> que la luz <i>bunita</i>; moza
+t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; desatino!</p>
+
+<p>&mdash;Casar <i>migo tigo</i>, y <i>dirnos migo</i> con t&uacute; a <i>terra</i> m&iacute;a, <i>terra</i> de
+Sus. Mi padre Sa&uacute;l, rico &eacute;l; mis <i>germanos</i>, ricos ellos; mi madre
+Rimna, rica <i>bunita</i> ella... <i>quierer</i> ti, <i>dicir</i> hija ti...
+Ver&aacute;s <i>terra</i> m&iacute;a: <i>aceita mocha</i>, <i>laranjas mochas</i>... <i>carnieras
+mochas</i> padre m&iacute;o... <i>mochas arbolas</i> cabe el r&iacute;o; casa grande... noria
+d'agua fresca... <i>bunito</i>; ni fr&iacute;o ni <i>calora</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Aunque la pintura de tanta felicidad influ&iacute;a levemente en su &aacute;nimo, no
+se dejaba seducir Benina, y como persona pr&aacute;ctica vio los inconvenientes
+de una traslaci&oacute;n repentina a pa&iacute;ses tan distantes, donde se encontrar&iacute;a
+entre gentes desconocidas, que hablaban una lengua de todos los
+demonios, y que seguramente se diferenciar&iacute;an de ella por las
+costumbres, por la religi&oacute;n y hasta por el vestido, pues all&aacute;, de fijo
+andaban con taparrabo... &iexcl;Bonita estar&iacute;a ella con taparrabo! &iexcl;Vaya, que
+se le ocurr&iacute;an unas cosas al buen Mordejai! Mostr&aacute;ndose afectuosa y
+agradecida, le argument&oacute; con los inconvenientes de la precipitaci&oacute;n en
+cosa tan grave como es el casarse de buenas a primeras, y correrse de un
+brinco nada menos que al &Aacute;frica, que es, como quien dice, <i>donde
+empiezan los Pirineos</i>. No, no: hab&iacute;a que pensarlo despacio, y tomarse
+tiempo para no salir con una patochada. Mucho m&aacute;s pr&aacute;ctico, seg&uacute;n ella,
+era dejar todo ese l&iacute;o del casamiento y del viaje de novios para m&aacute;s
+adelante, ocup&aacute;ndose por el pronto en realizar, con todos los requisitos
+que aseguraran el &eacute;xito, el conjuro del rey <i>Samdai</i>. Si la cosa
+resultaba, como Almudena le asegur&oacute;, y ven&iacute;an a poder de ella las
+banastas de piedras preciosas, que tan f&aacute;cilmente se convertir&iacute;an en
+billetes de Banco, ya ten&iacute;an todas las cuestiones resueltas, y lo dem&aacute;s
+prontamente se allanar&iacute;a. El dinero es el arreglador infalible de
+cuantas dificultades hay en el mundo. Total: que ella se compromet&iacute;a a
+cuanto &eacute;l quisiera, y desde luego empe&ntilde;aba su palabra de casorio y de
+seguirle hasta el fin del mundo, siempre y cuando el rey <i>Samdai</i>
+concediese lo que con todas las reglas, ceremonias y rezos benditos se
+le hab&iacute;a de pedir.</p>
+
+<p>Quedose meditabundo el africano al o&iacute;r esto, y despu&eacute;s se dio golpetazos
+en la frente, como hombre que experimenta gran confusi&oacute;n y desconsuelo.
+&laquo;<i>Perdo&ntilde;ar</i> m&iacute; t&uacute;... Olvidar m&iacute; <i>dicer</i> ti cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;Vas a salir ahora con inconvenientes? &iquest;Es que la operaci&oacute;n no
+vale porque faltar&iacute;a alg&uacute;n requisito?</p>
+
+<p>&mdash;Olvidar m&iacute; <i>requesito</i>... No valer, <i>poique</i> ser t&uacute; <i>muquier</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Condenado!&mdash;exclam&oacute; Benina sin poder contener su enojo&mdash;, &iquest;por qu&eacute; no
+empezaste por ah&iacute;? Pues si el primer <i>requesito</i> es ser hombre... &iexcl;a ver!</p>
+
+<p>&mdash;<i>Perdo&ntilde;ar</i> m&iacute;... Olvidar cosa <i>migo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no tienes la cabeza buena. &iexcl;Vaya una plancha! Pero &iexcl;ay! la culpa es
+m&iacute;a, por haberme cre&iacute;do las paparruchas que inventan en tu tierra
+maldecida, y en esa tu religi&oacute;n de los demonios coronados. No, no lo
+cre&iacute;... Era que la pobreza me cegaba... Y no lo creo, no. Perd&oacute;neme Dios
+el mal pensamiento de llamar al diablo con todos esos arrumacos;
+perd&oacute;neme tambi&eacute;n la Virgen Sant&iacute;sima.</p>
+
+<p>&mdash;Si no valer eso <i>poique</i> ser t&uacute; <i>muquier</i>...&mdash;replic&oacute; Almudena
+vergonzoso&mdash;, saber m&iacute; otra cosa... que si <i>jacer</i> t&uacute;, coger has t&uacute; <i>tuda
+la diniera</i> que t&uacute; <i>querier</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No, no me enga&ntilde;as otra vez. &iexcl;Buen p&aacute;jaro est&aacute;s t&uacute;!... Ya no creo nada
+de lo que me digas.</p>
+
+<p>&mdash;Por la bendita luz, verdad ser... Rayo del cielo matar m&iacute;, si <i>n'ga&ntilde;ar</i>
+ti... &iexcl;Coger <i>diniero</i>, <i>mocha diniero</i>!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando <i>quiriendo</i> t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;A ver... Aunque no he de creerlo, d&iacute;melo pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo dar ti <i>p'peleto</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un papelito?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... Poner t&uacute; punta <i>lluengua</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En la punta de la lengua?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;: entrar con ello Banco, <i>p'peleto en llengua</i>, y <i>naide</i> ver ti.
+Poder coger <i>diniero tuda</i>... No ver ti <i>naide</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso es robar, Almudena.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Naide</i> ver, <i>naide</i> a ti <i>dicir naida</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Quita, quita... Yo no tengo esas ma&ntilde;as. Robar, no. &iquest;Que no me ven? Pero
+Dios me ver&aacute;&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXV" id="XXV"></a><a href="#toc">XXV</a></h2>
+
+
+<p>No desist&iacute;a el apasionado marroqu&iacute; de ganar la voluntad de la dama (que
+as&iacute; debemos llamarla en este caso, toda vez que como tal &eacute;l la ve&iacute;a con
+los ojos de su alma); y conociendo que los medios positivos eran los m&aacute;s
+eficaces, y que antes que las razones con que &eacute;l pudiera expugnarla la
+rendir&iacute;a su propia codicia y el anhelo de enriquecerse, se arranc&oacute; con
+otro sortilegio, producto natural de su sangre sem&iacute;tica y de su rica
+imaginaci&oacute;n. D&iacute;jole que entre todos los secretos de que por favor de
+Dios era depositario, hab&iacute;a uno que no pensaba confiar m&aacute;s que a la
+persona que fuese due&ntilde;a de todo su cari&ntilde;o; y como esta persona era ella,
+la mujer so&ntilde;ada, la mujer prometida por el soberano <i>Samdai</i>, a ella
+sola revelaba el infalible procedimiento para descubrir los tesoros
+<i>soterrados</i>. Aunque afectaba Benina no dar cr&eacute;dito a tales historias,
+ello es que no perdi&oacute; s&iacute;laba del relato que Almudena le hizo. La cosa
+era muy sencilla, por &eacute;l pintada, aunque las dificultades pr&aacute;cticas para
+llegar a producir el m&aacute;gico efecto saltaban a la vista. La persona que
+quisiera saber, <i>siguro</i>, <i>siguro</i>, d&oacute;nde hab&iacute;a dinero escondido, no
+ten&iacute;a m&aacute;s que abrir un hoyo en la tierra, y estarse dentro de &eacute;l
+cuarenta d&iacute;as, en pa&ntilde;os menores, sin otro alimento que harina de cebada
+sin sal, ni m&aacute;s ocupaci&oacute;n que leer un libro santo, de luengas hojas, y
+meditar, meditar sobre las profundas verdades que aquellas escrituras
+conten&iacute;an...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso tengo que hacerlo yo?&mdash;dijo Benina impaciente&mdash;. &iexcl;Apa&ntilde;ado est&aacute;s!
+&iquest;Y ese libro est&aacute; escrito en tu lengua? Tonto, &iquest;c&oacute;mo voy a leer yo esos
+garrapatos, si en mi propio castellano natural me estorba lo negro?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Leyerlo</i> m&iacute;... <i>leyer</i> t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero en ese agujero bajo tierra, que ser&aacute; la casa de los topos,
+&iquest;podemos estar los dos?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Siguro</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. Y para poder ver bien la letra de ese libro&mdash;dijo con sorna la
+<i>dama</i>&mdash;, llevar&aacute;s antiparras de ciego...</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; saberlo de <i>memueria</i>&mdash;replic&oacute; imp&aacute;vido el africano&raquo;.</p>
+
+<p>La <i>operaci&oacute;n</i>, pasados los cuarenta d&iacute;as de penitencia, terminaba por
+escribir en un papelito, como los de cigarro, ciertas palabras m&aacute;gicas
+que &eacute;l sab&iacute;a, &eacute;l solo; luego se soltaba el papelito en el aire, y
+mientras el viento lo llevaba de aqu&iacute; para all&aacute;, ella y &eacute;l rezar&iacute;an
+devotamente oraciones <i>mochas</i>, sin quitar los ojos del papel volante.
+All&iacute; donde cayese, se encontrar&iacute;a, cavando, cavando, el tesoro
+soterrado, probablemente una gran olla repleta de monedas de oro.</p>
+
+<p>Manifest&oacute; Benina su incredulidad soltando la risa; pero alguna huella
+dejaba en su esp&iacute;ritu la nueva quisicosa para encontrar tesoros, porque
+con toda formalidad se dej&oacute; decir: &laquo;No creo yo que haya dinero enterrado
+en los campos. Puede que en tu tierra se den esos casos; pero lo que es
+aqu&iacute;... donde lo tienes es en los patios, en las corraladas, debajo del
+suelo de las le&ntilde;eras, almacenes y bodegas, y, si a mano viene, empotrado
+en las paredes...</p>
+
+<p>&mdash;Mismo poder yo <i>discubrierlo</i> &eacute;l... Yo <i>dicer</i> ti, si t&uacute; <i>quiriendo</i> m&iacute;,
+si t&uacute; casar <i>migo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ya trataremos de eso m&aacute;s despacio&mdash;dijo Benina quit&aacute;ndose el pa&ntilde;uelo y
+volvi&eacute;ndoselo a poner, se&ntilde;al de impaciencia y ganas de marcharse.</p>
+
+<p>&mdash;No <i>dirti</i> t&uacute;, <i>amri</i>, no&mdash;murmur&oacute; el ciego quejumbroso, agarr&aacute;ndola por
+la falda.</p>
+
+<p>&mdash;Es tarde, hijo, y hago falta en casa.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; <i>migo</i> siempre.</p>
+
+<p>&mdash;No puede ser por ahora. Ten paciencia, hijo&raquo;.</p>
+
+<p>Pose&iacute;do nuevamente de furor, al sentir que se levantaba, se arroj&oacute; sobre
+ella, clav&aacute;ndole la zarpa en los brazos, y manifestando con rugidos,
+m&aacute;s que con voces, su ardiente anhelo de tenerla en su compa&ntilde;&iacute;a. &laquo;M&iacute;
+<i>queriendo</i> ti... Matar m&iacute;, <i>ajogar</i> mismo yo en r&iacute;o, si t&uacute; no <i>venier</i>
+m&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame por Dios, Almudena&mdash;dijo con acento de aflicci&oacute;n la <i>dama</i>,
+creyendo vencerle mejor con s&uacute;plicas afectuosas&mdash;. Yo te quiero; pero me
+llaman mis obligaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Matar yo <i>gal&aacute;n bunito</i>&mdash;grit&oacute; el ciego apretando los pu&ntilde;os, y dando
+algunos pasos hacia la anciana, que medrosa se hab&iacute;a apartado de &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Ten juicio; si no, no te quiero... V&aacute;monos. Si me prometes ser bueno y
+no pegarme, iremos juntos.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Piegar</i> ti no, no... <i>quiriendo</i> ti m&aacute;s que a la bendita luz.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si no me pegas, vamos&mdash;dijo Benina, aproxim&aacute;ndose cari&ntilde;osa, y
+cogi&eacute;ndole por el brazo&raquo;.</p>
+
+<p>Apaciguado el buen Mordejai, emprendieron otra vez la marcha hacia
+arriba, y por el camino dijo el ciego a la <i>dama</i> que se hab&iacute;a despedido
+de Santa Casilda, por romper con la Petra; y como los tiempos ven&iacute;an
+malos y no se ganaban perras, pensaba trasladarse aquella misma tarde a
+las Cambroneras, <i>cabe</i> el Puente de Toledo, pues en aquel barrio hab&iacute;a
+estancias para dormir por solos diez c&eacute;ntimos cada noche. No aprob&oacute;
+Benina el cambio de domicilio, porque all&iacute;, seg&uacute;n hab&iacute;a o&iacute;do, viv&iacute;an en
+grande estrechez e incomodidad los pobres, amontonados y revueltos en
+cuartuchos indecentes; pero &eacute;l insisti&oacute;, dolorido y melanc&oacute;lico,
+asegurando que <i>quer&iacute;a estar mal</i>, hacer penitencia, pasarse los d&iacute;as
+<i>yorando</i>, <i>yorando</i>, hasta conseguir que <i>Adonai</i> ablandase el coraz&oacute;n
+de la mujer amada. Suspiraron ambos, y silenciosos subieron toda la
+calle de Toledo.</p>
+
+<p>Como Benina le ofreciese un duro para la mudanza, Almudena expres&oacute; un
+desinter&eacute;s sublime: &laquo;No <i>querier</i> m&iacute; <i>diniero</i>... <i>Diniero</i> cosa
+puerca... asco <i>diniero</i>... M&iacute; <i>quierer amri</i>... <i>muquier</i> m&iacute;a <i>migo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno: ten paciencia&mdash;le dijo Benina, temerosa de que se
+descompusiera al final de la jornada&mdash;. Yo te prometo que ma&ntilde;ana
+hablaremos de eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;<i>Viner</i> t&uacute; Cambroneras?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, te lo prometo.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; no <i>golver pirroquia</i>... Carga m&iacute; <i>gente suberbiosa</i>: Casiana,
+Eliseo... asco m&iacute; <i>genta</i>. M&iacute; pedir <i>Puenta Tolaido</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rame ma&ntilde;ana... y prom&eacute;teme tener juicio.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Yorando</i>, <i>yorando</i> m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a qu&eacute; vienen esos lloriqueos?... Almudenilla, si yo te quiero...
+<i>Amos</i>, no me des disgustos.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ora ti</i>, casa tuya, ver <i>gal&aacute;n bunito</i>, <i>jacer</i> t&uacute; cari&ntilde;os &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? &iexcl;Est&aacute;s fresco! &iexcl;S&iacute;, s&iacute;, para &eacute;l estaba! &iquest;Pero t&uacute; qu&eacute; te has
+cre&iacute;do? &iexcl;Valiente caso hago yo de esa estantigua! Tiene m&aacute;s a&ntilde;os que la
+Cuesta de la Vega: es pariente de mi se&ntilde;ora, y por encargo de esta se le
+recogi&oacute; para llevarle a casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Mam'rracho</i> &eacute;l!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y tan mamarracho! Ni hay comparanza entre &eacute;l y t&uacute;... En fin, chico:
+tengo mucha prisa. Adi&oacute;s. Hasta ma&ntilde;ana&raquo;.</p>
+
+<p>Aprovechando un momento en que el marroqu&iacute; se quedaba como lelo, apret&oacute;
+a correr, dej&aacute;ndole arrimadito a la pared, junto a la tienda llamada del
+<i>Botijo</i>. Era la &uacute;nica forma posible de separaci&oacute;n, dada la tenaz
+adherencia del pobre ciego. Desde lejos le mir&oacute; Benina, inm&oacute;vil, la
+cabeza ca&iacute;da. Pasado un rato, se dej&oacute; caer en el suelo, y all&iacute; le vieron
+toda la tarde los transe&uacute;ntes, sentado, mudo, la negra mano extendida.</p>
+
+<p>No encontr&oacute; la Nina en su casa grandes novedades, como por tal no se
+tuviera el contento de Do&ntilde;a Paca, que no cesaba de alabar la finura de
+su hu&eacute;sped, y la gracia con que a la conversaci&oacute;n tra&iacute;a los recuerdos de
+Algeciras y Ronda. Sent&iacute;ase la buena se&ntilde;ora transportada a sus verdes
+a&ntilde;os; casi olvidaba su pobreza, y movida del generoso instinto que en
+aquella edad primera hab&iacute;a sido fundamento de su car&aacute;cter imprevisor y
+de sus desgracias, propuso a Nina que se trajeran para Frasquito dos
+botellas de Jerez, pavo en galantina, huevo hilado, y cabeza de jabal&iacute;.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, se&ntilde;ora&mdash;replic&oacute; la criada&mdash;: todo eso traeremos, y luego nos vamos a
+la c&aacute;rcel, para ahorrar a los tenderos el trabajo de llevarnos. &iquest;Pero
+usted se ha vuelto loca? Para esta noche har&eacute; unas sopas de ajo con
+huevos, y <i>san sacab&oacute;</i>. Crea usted que a ese caballero le sabr&aacute;n a
+gloria, acostumbrado como est&aacute; a comistrajos indecentes.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mujer. Se har&aacute; lo que t&uacute; quieras.</p>
+
+<p>&mdash;En vez de cabeza de jabal&iacute;, pondremos cabeza de ajo.</p>
+
+<p>&mdash;Creo, con tu permiso, que en todas las circunstancias, aunque sea
+sacrific&aacute;ndose, debe una portarse como quien es. En fin, &iquest;cu&aacute;nto dinero
+tenemos?</p>
+
+<p>&mdash;Eso a usted no le importa. D&eacute;jeme a m&iacute;, que ya sabr&eacute; arreglarme. Cuando
+se acabe, no es usted quien ha de ir a buscarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya s&eacute; que ir&aacute;s t&uacute; y lo buscar&aacute;s. Yo no sirvo para nada.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; sirve usted; y ahora, ay&uacute;deme a pelar estas patatitas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que quieras. &iexcl;Ah!... se me olvidaba. Frasquito toma t&eacute;... y como
+est&aacute; tan delicadillo, hay que traerlo bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Del mejor. Ir&eacute; por &eacute;l a la China.</p>
+
+<p>&mdash;No te burles. Vas a la tienda, y pides del que llaman <i>mandar&iacute;n</i>. Y de
+paso te traes un quesito bueno para postre...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... eche usted y no se derrame.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves que est&aacute; acostumbrado a comer en casas grandes.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente: como la taberna de Boto, en la calle del Ave Mar&iacute;a...
+raci&oacute;n de guisado, a real; con pan y vino, treinta y cinco c&eacute;ntimos.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s hoy... que no se te puede aguantar. Pero a todo me avengo, Nina.
+T&uacute; mandas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, si yo no mandara, bonitas andar&iacute;amos! Ya nos habr&iacute;an llevado a San
+Bernardino o al mism&iacute;simo Pardo&raquo;.</p>
+
+<p>Bromeando as&iacute; lleg&oacute; la noche, y cenando frugalmente, alegres los tres y
+resignados con la pobreza, mal tolerable y llevadero cuando no falta un
+pedazo de pan con que matar el hambre. Y el historiador debe hacer
+constar asimismo que el buen temple en que estaba Do&ntilde;a Paca se torci&oacute; un
+poco al recogerse las dos en la alcoba, la se&ntilde;ora en su cama, Benina en
+el suelo, por haber cedido su lecho a Frasquito. Como la viuda de Zapata
+era tan voluble de genio, en un instante, sin que se supiera el motivo,
+pasaba de la bondad apacible a la ira insana, de la credulidad infantil
+a la desconfianza marrullera, de las palabras razonables a los
+disparates m&aacute;s absurdos. Conoc&iacute;a muy bien la criada este f&aacute;cil girar de
+los pensamientos y la voluntad de su se&ntilde;ora, a quien comparaba con una
+veleta; y sin tomar a pecho sus displicencias y raptos de ira, esperaba
+que cambiase el viento. En efecto, este variaba de improviso, rolando al
+cuadrante bueno; y si en un momento la malva se hab&iacute;a convertido en
+cardo, en otro momento tornaba a su primera condici&oacute;n.</p>
+
+<p>El mal humor de Do&ntilde;a Paca en la noche a que me refiero, debe atribuirse,
+seg&uacute;n datos fehacientes, a que Frasquito, en sus conversaciones de la
+tarde, y en los ratos de la cena y sobremesa de esta, mostr&oacute; por Benina
+unas preferencias que lastimaron profundamente el amor propio de la
+viuda infeliz. A Benina manifestaba el buen se&ntilde;or casi exclusivamente su
+gratitud, reservando para la se&ntilde;ora una cort&eacute;s deferencia; para Benina
+eran todas sus sonrisas, sus frases m&aacute;s ingeniosas, la ternura de sus
+ojos l&aacute;nguidos, como de carnero a medio morir; y a tantas indiscreciones
+uni&oacute; Ponte la de llamarla <i>&aacute;ngel</i> como unas doscientas veces en el curso
+de la frugal cena.</p>
+
+<p>Y dicho esto, oigamos a Do&ntilde;a Paca, entre s&aacute;banas metida, mientras la
+otra se acostaba en el suelo: &laquo;Pues, hija, nadie me quita de la cabeza
+que le has dado un bebedizo a este pobre se&ntilde;or. &iexcl;Vaya c&oacute;mo te quiere! Si
+no fueras una vieja fe&iacute;sima y sin ninguna gracia, creer&iacute;a que le hab&iacute;as
+hecho til&iacute;n... Cierto que eres buena, caritativa, que sabes ganar la
+simpat&iacute;a por lo bien que atiendes a todo, y por tu dulzura y ese modito
+suave... que bien podr&iacute;a enga&ntilde;ar a los que no te conocen... Pero con
+todas esas prendas, imposible que un hombre tan corrido se prende de
+ti... Si te lo crees y por ello est&aacute;s inflada de orgullo, mi parecer es
+que no te compongas, pobre Nina. Siempre ser&aacute;s lo que fuistes... y no
+temas que yo le quite a D. Frasquito la ilusi&oacute;n, cont&aacute;ndole tus malas
+ma&ntilde;as, lo sisona que eras, y otras cosillas, otras cosillas que t&uacute;
+sabes, y yo tambi&eacute;n...&raquo;.</p>
+
+<p>Callaba Benina, tap&aacute;ndose la boca con la s&aacute;bana, y esta humildad y
+moderaci&oacute;n encendieron m&aacute;s el rencorcillo de la viuda de Zapata, que
+prosigui&oacute; molestando a su compa&ntilde;era: &laquo;Nadie reconoce como yo tus buenas
+cualidades, porque las tienes; pero hay que ponerte siempre a distancia,
+no dejarte salir de tu baja condici&oacute;n, para que no te desmandes, para
+que no te subas a las barbas de los superiores. Acu&eacute;rdate de las dos
+veces que tuve que echarte de mi casa por sisona... &iexcl;A tal extremo lleg&oacute;
+tu descaro, &iquest;qu&eacute; digo descaro? tu cinismo en aquel vicio feo, que...
+vamos, yo, que jam&aacute;s he hecho una cuenta, ni me gusta, ve&iacute;a mi dinero
+pasando de mi bolsillo al tuyo... en chorro continuo!... Pero &iquest;qu&eacute;? &iquest;No
+dices nada?... &iquest;No contestas? &iquest;Te has vuelto muda?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, me he vuelto muda&mdash;fue la &uacute;nica respuesta de la buena
+mujer&mdash;. Puede que cuando la se&ntilde;ora se canse y cierre el pico, lo abra yo
+para decirle... en fin, no digo nada&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a><a href="#toc">XXVI</a></h2>
+
+
+<p>&laquo;Ja, ja... Di lo que quieras...&mdash;prosigui&oacute; Do&ntilde;a Paca&mdash;. &iquest;Te atrever&iacute;as a
+decir algo ofensivo de m&iacute;? &iexcl;Que no he sabido llevar el Cargo y Data! &iquest;Y
+qu&eacute;? &iquest;Qui&eacute;n te ha dicho a ti que las se&ntilde;oras son tenedoras de libros? El
+no llevar cuentas ni apuntar nada, no era m&aacute;s que la forma natural de mi
+generosidad sin l&iacute;mites. Yo dejaba que todo el mundo me robase; ve&iacute;a la
+mano del ladr&oacute;n meti&eacute;ndose en mi bolsillo, y me hac&iacute;a la tonta... Yo he
+sido siempre as&iacute;. &iquest;Es esto pecado? El Se&ntilde;or me lo perdonar&aacute;. Lo que Dios
+no perdona, Benina, es la hipocres&iacute;a, los procederes solapados, y el
+estudio con que algunas personas componen sus actos para parecer
+mejores de lo que son. Yo siempre he llevado el alma en mi rostro, y me
+he presentado a los ojos de todo el mundo como soy, como era, con mis
+defectos y cualidades, tal como Dios me hizo... &iquest;Pero t&uacute; no tienes nada
+que contestarme?... &iquest;O es que no se te ocurre nada para defenderte?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, callo, porque estoy dormida.</p>
+
+<p>&mdash;No, t&uacute; no duermes, es mentira: la conciencia no te deja dormir.
+Reconoces que tengo raz&oacute;n, y que eres de las que se componen para
+disimular y esconder sus maldades... No dir&eacute; que sean precisamente
+<i>maldades</i>, tanto no. Soy generosa en esto como en todo, y
+dir&eacute; <i>flaquezas</i>... pero &iexcl;qu&eacute; flaquezas! Somos fr&aacute;giles: verdaderamente
+t&uacute; puedes decir: &laquo;No me llamo Benina, sino Fragilidad...&raquo;. Pero no te
+apures, pues ya sabes que no he de ir con cuentos al Sr. de Ponte para
+desprestigiarte, y deshojar la flor de sus ilusiones... &iexcl;Qu&eacute; risa!... No
+viendo en ti, como no puede verlo, una figura elegante, ni un rostro
+fresco y sonrosado, ni modales finos, ni educaci&oacute;n de se&ntilde;ora, ni nada de
+eso, que es por lo que se enamoran los hombres, habr&aacute; visto... &iquest;qu&eacute;? Por
+Dios que no acierto. Si t&uacute; fueras franca, que no lo eres, ni lo ser&aacute;s
+nunca... &iquest;Oyes lo que digo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, oigo.</p>
+
+<p>&mdash;Si t&uacute; fueras franca, me dir&iacute;as que el Sr. de Ponte te llama <i>&aacute;ngel</i> por
+lo bien que haces las sopas de ajo, acartonaditas... Y &iquest;te parece a ti
+que esto es suficiente motivo para que a una mujer la llamen <i>&aacute;ngel</i> con
+todas sus letras?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a usted qu&eacute; le importa?... Deje al Sr. de Ponte Delgado que me
+ponga los motes que quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n, s&iacute;, s&iacute;... Puede que te lo diga ir&oacute;nicamente, que estos
+se&ntilde;orones, muy curtidos en sociedad, emplean a menudo la iron&iacute;a, y
+cuando parece que nos alaban, lo que hacen es tomarnos el pelo, como
+suele decirse... Por si el hombre va por derecho, y se ha prendado de ti
+con buen fin... que todo podr&iacute;a ser, Benina... se ven cosas muy raras...
+t&uacute; debes proceder con lealtad, y confesarle tus m&aacute;culas, no vaya a creer
+Frasquito que la pureza de los &aacute;ngeles del cielo es cualquier cosa
+comparada con tu pureza. Si as&iacute; no lo haces, eres una mala mujer... La
+verdad, Nina, en estos casos, la verdad. El hombre se ha cre&iacute;do que eres
+un prodigio de conservaci&oacute;n, ja, ja... que has hecho un milagro, pues
+milagro ser&iacute;a, en plena vida de Madrid y en la clase de servicio
+dom&eacute;stico, una virginidad de sesenta a&ntilde;os... Puedes plantarte en los
+cincuenta y cinco, si as&iacute; te conviene... Pero si le enga&ntilde;as en la edad,
+que esta es supercher&iacute;a muy corriente en nuestro sexo, no andes con
+bromas en lo que es de ley moral, Nina; eso no. Mira, hija, yo te quiero
+mucho, y como se&ntilde;ora tuya y amiga te aconsejo que le hables clarito,
+que le cuentes tus faltas y ca&iacute;das. As&iacute; el buen se&ntilde;or no se llamar&aacute; a
+enga&ntilde;o, si andando el tiempo descubre lo que t&uacute; ahora le ocultaras. No,
+Nina, no; hija m&iacute;a, dile todo, aunque se te ponga la cara muy colorada,
+y se te congestione la verruga que llevas en la frente. Confiesa tu
+grave falta de aquellos tiempos, cuando contabas treinta y cinco a&ntilde;os...
+y ten valor para decirle: &laquo;Sr. D. Frasquito, yo quise a un guardia civil
+que se llamaba Romero, el cual me tuvo trastornada m&aacute;s de dos a&ntilde;os, y al
+fin se neg&oacute; a casarse conmigo...&raquo;. Vamos, mujer, no es para que te
+pongas como la grana. Despu&eacute;s de todo, &iquest;qu&eacute; ha sido ello? Querer a un
+hombre. Pues para eso han venido las mujeres al mundo: para querer a los
+hombres. Tuviste la desgracia de tropezar con uno, que te sali&oacute; malo.
+Cuesti&oacute;n de suerte, hija. Ello es que estuviste loca por &eacute;l... Bien me
+acuerdo. No se te pod&iacute;a aguantar; no hac&iacute;as nada al derecho. Sisabas de
+lo lindo, y mientras t&uacute; no ten&iacute;as un traje decente, a &eacute;l no le faltaban
+buenos puros... A m&iacute;, que ve&iacute;a tus padecimientos y tu ceguera, pues
+atormentada y sin un d&iacute;a de tranquilidad, en vez de huir del suplicio,
+ibas a &eacute;l; a m&iacute;, que vi todo esto, nadie tiene que cont&aacute;rmelo, Nina.
+Conozco la historia, aunque no la s&eacute; toda entera, porque algo me has
+ocultado siempre... y a m&iacute; me refirieron cosas que no s&eacute; si son ciertas
+o no... Dij&eacute;ronme que de tus amores tuviste...</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Y que lo echaste a la Inclusa...</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es verdad&mdash;repiti&oacute; Benina con acento firme y sonora voz,
+incorpor&aacute;ndose en el lecho. Al o&iacute;rla, call&oacute; s&uacute;bitamente Do&ntilde;a Paca, como
+el ratoncillo nocturno que cesa de roer al sentir los pasos o la voz del
+hombre. Oyose tan s&oacute;lo, durante largo rato, alguno que otro suspiro
+hond&iacute;simo de la se&ntilde;ora, que despu&eacute;s empez&oacute; a quejarse y a gru&ntilde;ir por lo
+bajo. La otra no chistaba. Hab&iacute;a hecho r&aacute;pida crisis el genio de la
+infeliz se&ntilde;ora, determin&aacute;ndose un brusco giro de la veleta. La ira y
+displicencia troc&aacute;ronse al punto en blandura y mimo. No tard&oacute; en
+presentarse el s&iacute;ntoma m&aacute;s claro de la sedaci&oacute;n, que era un vivo
+arrepentimiento de todo lo que hab&iacute;a dicho y la verg&uuml;enza de recordarlo,
+pues no significaban otra cosa los gru&ntilde;idos, y el quejarse de
+imaginarios dolores. Como Benina no respondiera a estas demostraciones,
+Do&ntilde;a Paca, ya cerca de media noche, se arranc&oacute; a llamarla: &laquo;Nina, Nina,
+&iexcl;si vieras qu&eacute; mala estoy! &iexcl;Vaya una nochecita que estoy pasando! Parece
+que me aplican un hierro caliente al costado, y que me arrancan a
+tirones los huesos de las piernas. Tengo la cabeza como si me hubieran
+sacado los sesos, poni&eacute;ndome en su lugar miga de pan y perejil muy
+picadito... Por no molestarte, no te he dicho que me hagas una tacita de
+tila, que me refriegues la espalda, y que me des una papeleta de
+salicilato, de bromuro, o de sulfonal... Esto es horrible. Est&aacute;s dormida
+como un cesto. Bien, mujer, descansa, engorda un poquito... No quiero
+molestarte&raquo;.</p>
+
+<p>Sin despegar los labios, abandonaba Nina el jerg&oacute;n, y, ech&aacute;ndose una
+falda, hac&iacute;a la taza de tila en la cocinilla econ&oacute;mica, y antes o
+despu&eacute;s daba la medicina a la enferma, y luego las friegas, y por fin
+acost&aacute;base con ella para arrullarla como a un ni&ntilde;o, hasta que consegu&iacute;a
+dormirla. Anhelando olvidar la se&ntilde;ora su anterior desvar&iacute;o, cre&iacute;a que el
+mejor medio era borrar con expresiones cari&ntilde;osas las mal&eacute;volas ideas de
+antes, y as&iacute;, mientras su compa&ntilde;era la arrullaba, dec&iacute;ale: &laquo;Si yo no te
+tuviera, no s&eacute; qu&eacute; ser&iacute;a de m&iacute;. Y luego me quejo de Dios, y le digo
+cosas, y hasta le insulto, como si fuera un cualquiera. Verdad que me
+priva de muchos bienes; pero me ha dado tu compa&ntilde;&iacute;a y amistad, que vale
+m&aacute;s que el oro y la plata y los brillantes... Y ahora que me acuerdo,
+&iquest;qu&eacute; me aconsejas t&uacute; que debo hacer para el caso de que vuelvan D.
+Francisco Morquecho y D. Jos&eacute; Mar&iacute;a Porcell con aquella embajada de la
+herencia?...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;ora, si eso lo ha so&ntilde;ado usted... y los tales caballeros hace
+mil a&ntilde;os que est&aacute;n muy achantaditos debajo de la tierra.</p>
+
+<p>&mdash;Dices bien: yo lo so&ntilde;&eacute;... Pero si no aquellos, otros puede que vengan
+con la misma m&uacute;sica el mejor d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n dice que no? &iquest;Ha so&ntilde;ado usted con cajas vac&iacute;as? Porque eso es
+se&ntilde;al de herencia segura.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;, qu&eacute; has so&ntilde;ado?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? Anoche, que nos encontr&aacute;bamos con un toro negro.</p>
+
+<p>&mdash;Pues eso quiere decir que descubriremos un tesoro escondido... Mira t&uacute;,
+&iquest;qui&eacute;n nos dice que en esta casa antigua, que habitaron en otro tiempo
+comerciantes ricos, no hay dentro de tal pared o tabique alguna olla
+bien repleta de peluconas?</p>
+
+<p>&mdash;Yo he o&iacute;do contar que en el siglo pasado vivieron aqu&iacute; unos
+almacenistas de pa&ntilde;os, poderosos, y cuando se murieron... no se encontr&oacute;
+dinero ninguno. Bien pudiera ser que lo emparedaran. Se han dado casos,
+muchos casos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo por cierto que dinero hay en esta finca... Pero a saber d&oacute;nde
+demontres lo escondieron esos indinos. &iquest;No habr&iacute;a manera de averiguarlo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No s&eacute;... no s&eacute;!&mdash;murmur&oacute; Benina, dejando volar su mente vagarosa hacia
+los orientales conjuros propuestos por Almudena.</p>
+
+<p>&mdash;Y si en las paredes no, debajo de los baldosines de la cocina o de la
+despensa puede estar lo que aquellos se&ntilde;ores escondieron, creyendo que
+lo iban a disfrutar en el otro mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; ser... Pero es m&aacute;s probable que sea en las paredes, o, un
+suponer, en los techos, entre las vigas...</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que tienes raz&oacute;n. Lo mismo puede ser arriba que abajo. Yo te
+aseguro que cuando piso fuerte en los pasillos y en el comedor, y se
+estremece todo el caser&oacute;n como si quisiera derrumbarse, me parece que
+siento un ruidillo... as&iacute; como de metales que suenan y hacen til&iacute;n...
+&iquest;No lo has sentido t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Y si no, haz la prueba ahora mismo. Date unos paseos por la alcoba,
+pisando fuerte, y oiremos...&raquo;.</p>
+
+<p>H&iacute;zolo Benina como su se&ntilde;ora mandaba, con no menos convicci&oacute;n y fe que
+ella, y en efecto... oyeron un retint&iacute;n met&aacute;lico, que no pod&iacute;a provenir
+m&aacute;s que de las enormes cantidades de plata y oro (m&aacute;s oro que plata
+seguramente) empotradas en la vetusta f&aacute;brica. Con esta ilusi&oacute;n se
+durmieron ambas, y en sue&ntilde;os segu&iacute;an oyendo el tin, tin...</p>
+
+<p>La casa era como un inmenso cuerpo, y sudaba, y por cada uno de sus
+infinitos poros soltaba una onza, o cent&eacute;n, o monedita de veintiuno y
+cuartillo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a><a href="#toc">XXVII</a></h2>
+
+
+<p>A la ma&ntilde;anita del siguiente d&iacute;a iba Benina camino de las Cambroneras,
+con su cesta al brazo, pensando, no sin inquietud, en las exaltaciones
+del buen Almudena, que le llevar&iacute;an de pronto a la locura, si ella, con
+su buena ma&ntilde;a, no lograba contenerle en la raz&oacute;n. M&aacute;s abajo de la Puerta
+de Toledo encontr&oacute; a la Burlada y a otra pobre que ped&iacute;a con un ni&ntilde;o
+cabezudo. D&iacute;jole su compa&ntilde;era <i>de parroquia</i> que hab&iacute;a trasladado su
+domicilio al Puente, por no poderse arreglar en el <i>ri&ntilde;&oacute;n de Madrid</i> con
+la carest&iacute;a de los alquileres y la mezquindad del fruto de la limosna.
+En una casucha junto al r&iacute;o le daban hospedaje por poco m&aacute;s de nada, y a
+esta ventaja un&iacute;a la de ventilarse bien en los paseos que se daba ma&ntilde;ana
+y tarde, del r&iacute;o al <i>punto</i> y del <i>punto</i> al r&iacute;o. Interrogada por Benina
+acerca del ciego moro y de su vivienda, respondi&oacute; que le hab&iacute;a visto
+junto a la fuentecilla, pasado el Puente, pidiendo; pero que no sab&iacute;a
+d&oacute;nde moraba. &laquo;Vaya, con Dios, se&ntilde;ora&mdash;dijo la Burlada despidi&eacute;ndose&mdash;.
+&iquest;No va usted hoy al <i>punto</i>? Yo s&iacute;... porque aunque poco se gana, all&iacute;
+tiene una su arreglo. Ahora me dan todas las tardes un buen <i>platao</i> de
+comida en <i>ca</i> el se&ntilde;or banquero, que vive mismamente de cara a la
+entrada por la calle de las Huertas, y vivo como una can&oacute;niga, gozando
+de ver c&oacute;mo se le afila la jeta a la <i>Caporala</i> cuando la muchacha del
+se&ntilde;or banquero me lleva mi gran cazol&oacute;n de comestible... En fin: con
+esto y algo que cae, vivimos, <i>Do&ntilde;a</i> Benina, y puede una <i>chincharse</i> en
+las <i>ricas</i>. Adi&oacute;s, que lo pase bien, y que encuentre a su moro con
+salud... Vaya, conservarse&raquo;.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; cada cual su rumbo, y a la entrada del Puente, dirigiose Benina
+por la calzada en declive que a mano derecha conduce al arrabal llamado
+de las Cambroneras, a la margen izquierda del Manzanares, en terreno
+bajo. Encontrose en una como plazoleta, limitada en el lado de Poniente
+por un vulgar edificio, al Sur por el pretil del contrafuerte del
+puente, y a los otros dos lados por desiguales taludes y terraplenes
+arenosos, donde nacen silvestres espinos, cardos y raqu&iacute;ticas yerbas. El
+sitio es pintoresco, ventilado, y casi puede decirse alegre, porque
+desde &eacute;l se dominan las verdes m&aacute;rgenes del r&iacute;o, los lavaderos y sus
+tenderijos de trapos de mil colores. Hacia Poniente se distingue la
+sierra, y a la margen opuesta del r&iacute;o los cementerios de San Isidro y
+San Justo, que ofrecen una vista grandiosa con tanto copete de panteones
+y tanto verdor obscuro de cipreses... La melancol&iacute;a inherente a los
+camposantos no les priva, en aquel panorama, de su car&aacute;cter decorativo,
+como un buen tel&oacute;n agregado por el hombre a los de la Naturaleza.</p>
+
+<p>Al descender pausadamente hacia la explanada, vio la mendiga dos
+burros... &iquest;qu&eacute; digo dos? ocho, diez o m&aacute;s burros, con sus collarines de
+encarnado rabioso, y junto a ellos grupos de gitanos tomando el sol, que
+ya inundaba el barrio con su luz esplendorosa, dando risue&ntilde;o brillo a
+los colorines con que se decoraban brutos y personas. En los animados
+corrillos todo era risas, chacota, correr de aqu&iacute; para all&aacute;. Las
+muchachas saltaban; los mozos corr&iacute;an en su persecuci&oacute;n; los chiquillos,
+vestidos de harapos, daban volteretas, y s&oacute;lo los asnos se manten&iacute;an
+graves y reflexivos en medio de tanta inquietud y algarab&iacute;a. Las gitanas
+viejas, algunas de tez curtida y negra, comadreaban en corrillo aparte,
+arrimaditas al edificio grand&oacute;n, que es una casa de corredor de regular
+aspecto. Dos o tres ni&ntilde;as lavaban trapos en el charco que hacia la mitad
+de la explanada se forma con las escurriduras y desperdicios de la
+fuente vecinal. Algunas de estas ni&ntilde;as eran de tez muy obscura, casi
+negra, que hac&iacute;a resaltar las filigranas colgadas de sus orejas; otras
+de color de barro, todas &aacute;giles, graciosas, esbelt&iacute;simas de talle y
+sueltas de lengua. Busc&oacute; la anciana entre aquella gente caras conocidas;
+y mira por aqu&iacute; y por all&aacute;, crey&oacute; reconocer a un gitano que en cierta
+ocasi&oacute;n hab&iacute;a visto en el Hospital, yendo a recoger a una amiga suya. No
+quiso acercarse al grupo en que el tal con otros disputaba <i>sobre</i> un
+burro, cuyas mataduras eran objeto de vivas discusiones, y aguard&oacute;
+ocasi&oacute;n favorable. Esta no tard&oacute; en venir, porque se enredaron a
+trompada limpia dos churumbeles, el uno con las perneras abiertas de
+arriba abajo, mostrando las negras canillas; el otro con una especie de
+turbante en la cabeza, y por todo vestido un chaleco de hombre: acudi&oacute;
+el gitano a separarlos; ayudole Benina, y a rengl&oacute;n seguido le emboc&oacute; en
+esta forma:</p>
+
+<p>&laquo;D&iacute;game, buen amigo: &iquest;ha visto por aqu&iacute; ayer y hoy a un ciego moro que
+le llaman Almudena?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora: <i>halo</i> visto... <i>jablao</i> con &eacute;l&mdash;replic&oacute; el gitano, mostrando
+dos carreras de dientes ideales por su blancura, igualdad y perfecta
+conservaci&oacute;n, que se destacaban dentro del estuche de dos labios enormes
+y carnosos, de un violado retinto&mdash;. Le <i>vide</i> en la puente... d&iacute;jome
+que moraba <i>dende</i> anoche en las casas de Ulpiano... y que... no s&eacute; qu&eacute;
+m&aacute;s... Desap&aacute;rtese, buena mujer, que esta bestia es <i>mu desconsider&aacute;</i>, y
+cocea...&raquo;.</p>
+
+<p>Huy&oacute; Benina de un brinco, viendo cerca de s&iacute; las patas traseras de un
+grand&iacute;simo burro, que dos gandules apaleaban, como para conocerle las
+ma&ntilde;as y proveer a su educaci&oacute;n asnal y gitanesca, y se fue hacia las
+casas que le indic&oacute; con un gesto el de la perfecta dentadura.</p>
+
+<p>Arranca de la explanada un camino o calle tortuosa en direcci&oacute;n a la
+puente segoviana. A la izquierda, conforme se entra en &eacute;l, est&aacute; la casa
+de corredor, vasta colmena de cuartos pobres que valen seis pesetas al
+mes, y siguen las tapias y dependencias de una quinta o granja que
+llaman de Valdemoro. A la derecha, varias casas antiqu&iacute;simas,
+destartaladas, con corrales interiores, rejas mohosas y paredes sucias,
+ofrecen el conjunto m&aacute;s irregular, vetusto y m&iacute;sero que en arquitectura
+urbana o campesina puede verse. Algunas puertas ostentan lindos azulejos
+con la figura de San Isidro y la fecha de la construcci&oacute;n, y en los
+ruinosos tejados, llenos de jorobas, se ven torcidas veletas de chapa de
+hierro, graciosamente labrado. Al aproximarse, notando Benina que
+alguien se asomaba a una reja del piso bajo, hizo prop&oacute;sito de
+preguntar: era un burro blanco, de orejas desmedidas, las cuales enfil&oacute;
+hacia afuera cuando ella se puso al habla. Entr&oacute; la anciana en el primer
+corral, empedrado, todo baches, con habitaciones de puertas desiguales y
+cobertizos o cajones vivideros, cubiertos de chapa de lat&oacute;n enmohecido:
+en la &uacute;nica pared blanca o menos sucia que las dem&aacute;s, vio un barco
+pintado con almazarr&oacute;n, fragata de tres palos, de estilo infantil, con
+chimenea de la cual sal&iacute;an curvas de humo. En aquella parte, una mujer
+esmirriada lavaba pingajos en una artesa: no era gitana, sino <i>paya</i>.
+Por las explicaciones que esta le dio, en la parte de la izquierda
+viv&iacute;an los gitanos con sus pollinos, en pac&iacute;fica comunidad de
+habitaciones; por lecho de unos y otros el santo suelo, los dornajos
+sirviendo de almohadas a los racionales. A la derecha, y en cuadras
+tambi&eacute;n borrique&ntilde;as, no menos inmundas que las otras, acud&iacute;an a dormir
+de noche muchos pobres de los que andan por Madrid: por diez c&eacute;ntimos se
+les daba una parte del suelo, y a vivir. Detalladas las se&ntilde;as de
+Almudena por Benina, afirm&oacute; la mujer que, en efecto, hab&iacute;a dormido all&iacute;;
+pero con los dem&aacute;s pobres se hab&iacute;a largado tempranito, pues no brindaban
+aquellos dormitorios a la pereza. Si la <i>se&ntilde;ora</i> quer&iacute;a alg&uacute;n recado
+para el ciego moro, ella se lo dar&iacute;a, siempre y cuando viniese la
+segunda noche a dormir.</p>
+
+<p>Dando las gracias a la esmirriada, sali&oacute; Benina, y se fue por toda la
+calle adelante, atisbando a un lado y otro. Esperaba distinguir en
+alguno de aquellos calvos oteros la figura del marroqu&iacute; tomando el sol o
+entregado a sus melancol&iacute;as. Pasadas las casas de Ulpiano, no se ven a
+la derecha m&aacute;s que taludes &aacute;ridos y pedregosos, vertederos de escombros,
+escorias y arena. Como a cien metros de la explanada hay una curva o m&aacute;s
+bien zig-zag, que conduce a la estaci&oacute;n de las Pulgas, la cual se
+reconoce desde abajo por la mancha de carb&oacute;n en el suelo, las
+empalizadas de cerramiento de v&iacute;a, y algo que humea y bulle por encima
+de todo esto. Junto a la estaci&oacute;n, al lado de Oriente, un arroyo de
+aguas de alcantarilla, negras como tinta, baja por un cauce abierto en
+los taludes, y salvando el camino por una atarjea, corre a fecundar las
+huertas antes de verterse en el r&iacute;o. Det&uacute;vose all&iacute; la mendiga,
+examinando con su vista de lince el zanj&oacute;n, por donde el agua se despe&ntilde;a
+con turbios espumarajos, y las huertas, que a mano izquierda se
+extienden hasta el r&iacute;o, plantadas de acelgas y lechugas. A&uacute;n sigui&oacute; m&aacute;s
+adelante, pues sab&iacute;a que al africano le gustaba la soledad del campo y
+la ruda intemperie. El d&iacute;a era apacible: luz viv&iacute;sima acentuaba el
+verde chill&oacute;n de las acelgas y el morado de las lombardas, derramando
+por todo el paisaje notas de alegr&iacute;a. Anduvo y se par&oacute; varias veces la
+anciana, mirando las huertas que recreaban sus ojos y su esp&iacute;ritu, y los
+cerros &aacute;ridos, y nada vio que se pareciese a la estampa de un moro ciego
+tomando el sol. De vuelta a la explanada, baj&oacute; a la margen del r&iacute;o, y
+recorri&oacute; los lavaderos y las casuchas que se apoyan en el contrafuerte,
+sin encontrar ni rastros de Mordejai. Desalentada, se volvi&oacute; a los
+Madriles de arriba, con prop&oacute;sito de repetir al d&iacute;a siguiente sus
+indagaciones.</p>
+
+<p>En su casa no encontr&oacute; novedad; digo, s&iacute;: encontr&oacute; una, que bien pudiera
+llamarse maravilloso suceso, obra del subterr&aacute;neo genio <i>Samdai</i>. A poco
+de entrar, d&iacute;jole Do&ntilde;a Paca con alborozo: &laquo;Pero, mujer, &iquest;no sabes...?
+Deseaba yo que vinieras para cont&aacute;rtelo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;, se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;Que ha estado aqu&iacute; D. Romualdo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;D. Romualdo!... Me parece que usted sue&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; por qu&eacute;... &iquest;Es cosa del otro mundo que ese se&ntilde;or venga a mi casa?</p>
+
+<p>&mdash;No; pero...</p>
+
+<p>&mdash;Por cierto que me ha dado qu&eacute; pensar... &iquest;Qu&eacute; sucede?</p>
+
+<p>&mdash;No sucede nada.</p>
+
+<p>&mdash;Yo cre&iacute; que hab&iacute;a ocurrido algo en casa del se&ntilde;or sacerdote, alguna
+cuesti&oacute;n desagradable contigo, y que ven&iacute;a a darme las quejas.</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada de eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le viste t&uacute; salir de casa? &iquest;No te dijo que ac&aacute; ven&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tiene! Ahora me va a decir a m&iacute; el se&ntilde;or a d&oacute;nde va, cuando
+sale.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es muy raro...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en fin, si vino, a usted le dir&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A m&iacute; qu&eacute; hab&iacute;a de decirme, si no le he visto?... D&eacute;jame que te
+explique. A las diez baj&oacute; a hacerme compa&ntilde;&iacute;a, como acostumbra, una de
+las chiquillas de la cordonera, la mayor, Celedonia, que es m&aacute;s lista
+que la p&oacute;lvora. Bueno: a eso de las doce menos cuarto, til&iacute;n, llaman a
+la puerta. Yo dije a la chiquilla: &laquo;Abre, hija m&iacute;a, y a quien quiera que
+sea le dices que no estoy&raquo;. Desde el esc&aacute;ndalo que me arm&oacute; aquel tunante
+de la tienda, no me gusta recibir a nadie cuando no est&aacute;s t&uacute;... Abri&oacute;
+Celedonia... Yo sent&iacute;a desde aqu&iacute; una voz grave, como de persona
+principal, pero no pude entender nada... Luego me cont&oacute; la ni&ntilde;a que era
+un se&ntilde;or sacerdote...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; se&ntilde;as?</p>
+
+<p>&mdash;Alto, guapo... Ni viejo, ni joven.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es&mdash;afirm&oacute; Benina, asombrada de la coincidencia&mdash;. &iquest;Pero no dej&oacute;
+tarjeta?</p>
+
+<p>&mdash;No, porque se le hab&iacute;a olvidado la cartera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y pregunt&oacute; por m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No. S&oacute;lo dijo que deseaba verme para un asunto de sumo inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;En ese caso, volver&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No muy pronto. Dijo que esta tarde ten&iacute;a que irse a Guadalajara. T&uacute;
+habr&aacute;s o&iacute;do hablar de ese viaje.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que s&iacute;... Algo dijeron de bajar a la estaci&oacute;n, y de la
+maleta, y no s&eacute; qu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, ya ves... Puedes llamar a Celedonia para que te lo explique
+mejor. Dijo que sent&iacute;a tanto no encontrarme... que a la vuelta de
+Guadalajara vendr&iacute;a... Pero es raro que no te haya hablado de ese asunto
+de inter&eacute;s que tiene que tratar conmigo. &iquest;O es que lo sabes y quieres
+reservarme la sorpresa?</p>
+
+<p>&mdash;No, no: yo no s&eacute; nada del asunto ese... &iquest;Y est&aacute; segura la Celedonia del
+nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Preg&uacute;ntaselo... Dos o tres veces repiti&oacute;: &laquo;Dile a tu se&ntilde;ora que ha
+estado aqu&iacute; D. Romualdo&raquo;.</p>
+
+<p>Interrogada la chiquilla, confirm&oacute; todo lo expresado por Do&ntilde;a Paca. Era
+muy lista, y no se le escapaba una sola palabra de las que oyera al
+se&ntilde;or eclesi&aacute;stico, y describ&iacute;a con fiel memoria su cara, su traje, su
+acento... Benina, confusa un instante por la rareza del caso, lo dio
+pronto al olvido por tener cosas de m&aacute;s importancia en qu&eacute; ocupar su
+entendimiento. Hall&oacute; a Frasquito tan mejorado, que acordaron levantarle
+del lecho; mas al dar los primeros pasos por la habitaci&oacute;n y pasillo,
+encontrose el gal&aacute;n con la novedad de que la pierna derecha se le hab&iacute;a
+quedado un poco inv&aacute;lida... Esperaba, no obstante, que con la buena
+alimentaci&oacute;n y el ejercicio recobrar&iacute;a dicho miembro su actividad y
+firmeza. Pronto le dar&iacute;an de alta. Su reconocimiento a las dos se&ntilde;oras,
+y principalmente a Benina, le durar&iacute;a tanto como la vida... Sent&iacute;a nuevo
+aliento y esperanzas nuevas, presagios risue&ntilde;os de obtener pronto una
+buena colocaci&oacute;n que le permitiera vivir desahogadamente, tener hogar
+propio, aunque humilde, y... En fin, que estaba el hombre animado, y con
+la inagotable farmacia de su optimismo se restablec&iacute;a m&aacute;s pronto.</p>
+
+<p>Como a todo atend&iacute;a Nina, y ninguna necesidad de las personas sometidas
+a su cuidado se le olvidaba, crey&oacute; conveniente avisar a las se&ntilde;oras de
+la Costanilla de San Andr&eacute;s, que de seguro habr&iacute;an extra&ntilde;ado la ausencia
+de su dependiente.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, h&aacute;game el favor de llevarles un recadito de mi parte&mdash;dijo el gal&aacute;n,
+admirando aquel nuevo rasgo de previsi&oacute;n&mdash;. D&iacute;gales usted lo que le
+parezca, y de seguro me dejar&aacute; en buen lugar&raquo;.</p>
+
+<p>As&iacute; lo hizo Benina a prima noche, y a la ma&ntilde;ana siguiente, con la
+fresca, emprendi&oacute; de nuevo su caminata hacia el Puente de Toledo.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a><a href="#toc">XXVIII</a></h2>
+
+
+<p>Encontrose a un anciano harapiento que sol&iacute;a pedir, con una ni&ntilde;a en
+brazos, en el Oratorio del Olivar, el cual le cont&oacute; llorando sus
+desdichas, que ser&iacute;an bastantes a quebrantar las pe&ntilde;as. La hija del tal,
+madre de la criatura, y de otra que enferma quedara en casa de una
+vecina, se hab&iacute;a muerto dos d&iacute;as antes &laquo;de miseria, se&ntilde;ora, de
+cansancio, de tanto padecer echando los <i>gofes</i> en busca de un medio
+panecillo&raquo;. &iquest;Y qu&eacute; hac&iacute;a &eacute;l ahora con las dos cr&iacute;as, no teniendo para
+mantenerlas, si para &eacute;l solo no sacaba? El Se&ntilde;or le hab&iacute;a dejado de su
+mano. Ning&uacute;n santo del cielo le hac&iacute;a ya maldito caso. No deseaba m&aacute;s
+que morirse, y que le enterraran pronto, pronto, para no ver m&aacute;s el
+mundo. Su &uacute;nica aspiraci&oacute;n mundana era dejar colocaditas a las dos ni&ntilde;as
+en alg&uacute;n <i>arrecogimiento</i> de los muchos que hay para <i>p&aacute;rvulas de ambos
+sexos</i>. &iexcl;Y para que se viera su mala sombra!... Hab&iacute;a encontrado un
+alma caritativa, un se&ntilde;or eclesi&aacute;stico, que le ofreci&oacute; meter a las nenas
+en un Asilo; pero cuando cre&iacute;a tener arreglado el negocio, ven&iacute;a el
+demonio a descomponerlo... &laquo;Ver&aacute; usted, se&ntilde;ora: &iquest;conoce por casualidad a
+un se&ntilde;or sacerdote muy apersonado que se llama D. Romualdo?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que s&iacute;&mdash;repuso la mendiga, sintiendo de nuevo una gran
+confusi&oacute;n o v&eacute;rtigo en su cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Alto, bien plantado, h&aacute;bitos de pa&ntilde;o fino, ni viejo ni joven.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y dice que se llama D. Romualdo?</p>
+
+<p>&mdash;D. Romualdo, s&iacute; se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute;... por casualidad, uno que tiene una sobrinita nombrada Do&ntilde;a
+Patros?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; c&oacute;mo la llaman; pero sobrina tiene... y guapa. Pues ver&aacute; usted mi
+perra suerte. Qued&oacute; en darme, ayer por la tarde, la raz&oacute;n. Voy a su
+casa, y me dicen que se hab&iacute;a marchado a Guadalajara.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente...&mdash;dijo Benina, m&aacute;s confusa, sintiendo que lo real y lo
+imaginario se revolv&iacute;an y entrelazaban en su cerebro&mdash;. Pero pronto
+vendr&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;A saber si vuelve&raquo;.</p>
+
+<p>D&iacute;jole despu&eacute;s el pobre viejo que se mor&iacute;a de hambre; que no hab&iacute;a
+entrado en su boca, en tres d&iacute;as, m&aacute;s que un pedazo de bacalao crudo
+que le dieron en una tienda, y algunos corruscos de pan, que mojaba en
+la fuente para reblandecerlos, porque ya no ten&iacute;a hueso en la boca.
+Desde el d&iacute;a de San Jos&eacute; que quitaron la sopa en el Sagrado Coraz&oacute;n, no
+hab&iacute;a ya remedio para &eacute;l; en parte alguna encontraba amparo; el cielo no
+le quer&iacute;a, ni la tierra tampoco. Con ochenta y dos a&ntilde;os cumplidos el 3
+de Febrero, San Blas bendito, un d&iacute;a despu&eacute;s de la Candelaria, &iquest;para qu&eacute;
+quer&iacute;a vivir m&aacute;s ni qu&eacute; se le hab&iacute;a perdido por ac&aacute;? Un hombre que
+sirvi&oacute; al Rey doce a&ntilde;os; que durante cuarenta y cinco hab&iacute;a picado miles
+de miles de toneladas de piedra en esas <i>carreteras de Dios</i>, y que
+siempre fue bien mirado y <i>puntoso</i>, nada ten&iacute;a que hacer ya, m&aacute;s que
+encomendarse al sepulturero para que le pusiera mucha tierra, mucha
+tierra encima, y apisonara bien. En cuantito que colocara a las dos
+criaturas, se <i>acostar&iacute;a</i> para no levantarse hasta el d&iacute;a del Juicio por
+la tarde... &iexcl;y se levantar&iacute;a el &uacute;ltimo! Traspasada de pena Benina al o&iacute;r
+la referencia de tanto infortunio, cuya sinceridad no pod&iacute;a poner en
+duda, dijo al anciano que la llevara a donde estaba la ni&ntilde;a enferma, y
+pronto fue conducida a un cuarto l&oacute;brego, en la planta baja de la casa
+grande de corredor, donde juntos viv&iacute;an, por el pago de tres pesetas al
+mes, media docena de pordioseros con sus respectivas proles. La mayor
+parte de estos hall&aacute;banse a la saz&oacute;n en Madrid, buscando la santa
+<i>perra</i>. S&oacute;lo vio Benina una vieja, petiseca y dormilona, que parec&iacute;a
+alcoholizada, y una mujer panzuda, tumefacta, de piel vinosa y tirante,
+como la de un corambre repleto, con la cara erisipelada, mal envuelta en
+trapos de distintos colores. En el suelo, sobre un colch&oacute;n flaco,
+cubierto de pedazos de bayeta amarilla y de jirones de mantas
+morellanas, yac&iacute;a la ni&ntilde;a enferma, como de seis a&ntilde;os, el rostro l&iacute;vido,
+los pu&ntilde;os cerrados en la boca. &laquo;Lo que tiene esta criatura es
+hambre&mdash;dijo Benina, que habi&eacute;ndola tocado en la frente y manos, la
+encontr&oacute; fr&iacute;a como el m&aacute;rmol.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que as&iacute; sea, porque cosa caliente no ha entrado en nuestros
+cuerpos desde ayer&raquo;.</p>
+
+<p>No necesit&oacute; m&aacute;s la bondadosa anciana, para que se le desbordase la
+piedad, que caudalosa inundaba su alma; y llevando a la realidad sus
+intenciones con la presteza que era en ella caracter&iacute;stica, fue al
+instante a la tienda de comestibles, que en el &aacute;ngulo de aquel edificio
+existe, y compr&oacute; lo necesario para poner un puchero inmediatamente,
+tomando adem&aacute;s huevos, carb&oacute;n, bacalao... pues ella no hac&iacute;a nunca las
+cosas a medias. A la hora, ya estaban remediados aquellos infelices, y
+otros que se agregaron, inducidos del olor que por toda la parte baja
+de la colmena prontamente se difundi&oacute;. Y el Se&ntilde;or hubo de recompensar su
+caridad, depar&aacute;ndole, entre los mendigos que al fest&iacute;n acudieron, un
+lisiado sin piernas, que andaba con los brazos, el cual le dio por fin
+noticias ver&iacute;dicas del extraviado Almudena.</p>
+
+<p>Dorm&iacute;a el moro en las casas de Ulpiano, y el d&iacute;a se lo pasaba rezando de
+firme, y tocando en un guitarrillo de dos cuerdas que de Madrid hab&iacute;a
+tra&iacute;do, todo ello sin moverse de un apartado muladar, que cae debajo de
+la estaci&oacute;n de las Pulgas, por la parte que mira hacia la puente
+segoviana. All&aacute; se fue Benina despacito, porque el sujeto que la guiaba
+era de lenta andadura, como quien anda con las nalgas encuadernadas en
+suela, apoy&aacute;ndose en las manos, y estas en dos zoquetes de palo. Por el
+camino, el hombre <i>de medio cuerpo arriba</i> aventur&oacute; algunas indicaciones
+cr&iacute;ticas acerca del moro, y de su conducta un tanto estrafalaria. Cre&iacute;a
+&eacute;l que Almudena era en su tierra cl&eacute;rigo, quiere decirse, presb&iacute;tero del
+<i>Zancarr&oacute;n</i>, y en aquellos d&iacute;as hac&iacute;a las penitencias de la Cuaresma
+<i>majometana</i>, que consisten en dar zapatetas en el aire, comer s&oacute;lo pan
+y agua, y mojarse las palmas de la mano con saliva. &laquo;Lo que canta con la
+c&iacute;tara ronca, debe de ser cosa de funerales de all&aacute;, porque suena
+triste, y dan ganas de llorar oy&eacute;ndolo. En fin, se&ntilde;ora, all&iacute; le tiene
+usted tumbado sobre la alfombra de picos, y tan quieto que parece que
+lo han vuelto de piedra&raquo;.</p>
+
+<p>Distingui&oacute;, en efecto, Benina la inm&oacute;vil figura del ciego, en un
+vertedero de escorias, cascote y basuras, que hay entre la v&iacute;a y el
+camino de las Cambroneras, en medio de una aridez absoluta, pues ni
+&aacute;rbol ni mata, ni ninguna especie vegetal crecen all&iacute;. Sigui&oacute; adelante
+el despernado, y Benina, con su cesta al brazo, subi&oacute; gateando por la
+escombrera, no sin trabajo, pues aquel material suelto de que formado
+estaba el talud, se escurr&iacute;a f&aacute;cilmente. Antes de que ganar pudiera la
+altura en que el africano se encontraba, anunci&oacute; a gritos su llegada,
+dici&eacute;ndole: &laquo;&iexcl;Pero, hijo, vaya un sitio que has ido a escoger para
+ponerte al sol! &iquest;Es que quieres secarte, y volverte cuero para
+tambores?... &iexcl;Eh... Almudena, que soy yo, que soy yo la que sube por
+estas escaleras alfombradas!... Chico, &iquest;pero qu&eacute;?... &iquest;Est&aacute;s tonto, est&aacute;s
+dormido?&raquo;.</p>
+
+<p>El marroqu&iacute; no se mov&iacute;a, la cara vuelta hacia el sol, como un pedazo de
+carne que se quisiera tostar. Tirole la anciana una, dos, tres
+piedrecillas, hasta que consigui&oacute; acertarle. Almudena se movi&oacute; con
+estremecimiento; y poni&eacute;ndose de rodillas, exclam&oacute;: &laquo;<i>B'nina</i>, t&uacute;
+<i>B'nina</i>.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hijo m&iacute;o: aqu&iacute; tienes a esta pobre vieja, que viene a verte al
+yermo donde moras. &iexcl;Pues no te ha dado mala ventolera! &iexcl;Y que no me ha
+costado poco trabajo encontrarte!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>B'nina</i>!&mdash;repiti&oacute; el ciego con emoci&oacute;n infantil, que se revelaba en un
+raudal de l&aacute;grimas, y en el temblor de manos y pies&mdash;. T&uacute; <i>vinir</i> cielo.</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo, no&mdash;replic&oacute; la buena mujer, llegando por fin junto a &eacute;l, y
+d&aacute;ndole palmetazos en el hombro&mdash;. No vengo del cielo, sino que subo de
+la tierra por estos maldecidos pe&ntilde;ascales. &iexcl;Vaya una idea que te ha
+dado, pobre morito! Dime: &iquest;y es tu tierra as&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>No contest&oacute; Mordejai a esta pregunta; callaron ambos. El ciego la
+palpaba con su mano tr&eacute;mula, como queriendo verla por el tacto.</p>
+
+<p>&laquo;He venido&mdash;dijo al fin la mendiga&mdash;porque me pens&eacute;, un suponer, que
+estar&iacute;as muerto de hambre.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; no <i>comier</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Haces penitencia? Pod&iacute;as haberte puesto en mejor sitio...</p>
+
+<p>&mdash;Este <i>micor</i>... monte <i>bunito</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya un monte! &iquest;Y c&oacute;mo llamas a esto?</p>
+
+<p>&mdash;Monte <i>Sina&iacute;</i>... M&iacute; estar <i>Sina&iacute;</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Donde t&uacute; est&aacute;s es en Babia.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; <i>vinir</i> con &aacute;ngeles, <i>B'nina</i>... t&uacute; <i>vinir</i> con fuego.</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo: no traigo fuego ni hace falta, que bastante achicharradito
+est&aacute;s aqu&iacute;. Te est&aacute;s quedando m&aacute;s seco que un bacalao.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Micor</i>... m&iacute; <i>quierer</i> seco... y arder como <i>paixa</i>.</p>
+
+<p>&mdash;En paja te convertir&iacute;as si yo te dejara. Pero no te dejo, y ahora vas a
+comer y beber de lo que traigo en mi cesta.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; no <i>comier</i>... m&iacute; ser <i>squieleto</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Sin esperar a m&aacute;s razones, Almudena extendi&oacute; las manos, palpando en el
+suelo. Buscaba su guitarro, que Benina vio y cogi&oacute;, rasgueando sus dos
+cuerdas destempladas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;<i>Dami</i>, <i>dami</i>!&mdash;le dijo el ciego impaciente, tocado de inspiraci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Y agarrando el instrumento, puls&oacute; las cuerdas, y de ellas sac&oacute; sonidos
+tristes, broncos, sin arm&oacute;nica concordancia entre s&iacute;. Y luego rompi&oacute; a
+cantar en lengua ar&aacute;biga una extra&ntilde;a melopea, acompa&ntilde;&aacute;ndose con sonidos
+secos y acompasados que de las dos cuerdas sacaba. Oy&oacute; Benina este
+canticio con cierto recogimiento, pues aunque nada sac&oacute; en limpio de la
+letra gutural y por extremo &aacute;spera, ni en la cadencia del son encontr&oacute;
+semejanza con los estilos de ac&aacute;, ello es que la tal m&uacute;sica resultaba de
+una melancol&iacute;a intensa. Mov&iacute;a el ciego sin cesar su cabeza, cual si
+quisiera dirigir las palabras de su canto a diferentes partes del cielo,
+y pon&iacute;a en algunas endechas una vehemencia y un ardor que denotaban el
+entusiasmo de que estaba pose&iacute;do.</p>
+
+<p>&laquo;Bueno, hijo, bueno&mdash;le dijo la anciana cuando termin&oacute; de cantar&mdash;. Me
+gusta mucho tu m&uacute;sica... Pero &iquest;el est&oacute;mago no te dice que a &eacute;l no le
+catequizas con esas coplas, y que le gustan m&aacute;s las buenas magras?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Comier</i> t&uacute;... m&iacute; cantar... <i>Comier</i> yo con alegr&iacute;a de ser t&uacute; <i>migo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te alimentas con tenerme aqu&iacute;? &iexcl;Bonita substancia!</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; <i>quierer</i> ti...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hijo, qui&eacute;reme; pero haz cuenta de que soy tu madre, y que vengo a
+cuidar de ti.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; ser <i>bunita</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Mia</i> que yo bonita... con m&aacute;s a&ntilde;os que San Isidro, y esta miseria y
+esta facha!&raquo;.</p>
+
+<p>No menos inspirado hablando que cantando, Almudena le dijo: &laquo;T&uacute; ser <i>com
+la zucena</i>, <i>branca</i>... <i>Com</i> palmera del <i>D'sierto</i> cintura tuya...
+rosas y <i>casmines</i> boca tuya... la estrella de la tarde <i>ojitas tuyas</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima! Todav&iacute;a no me hab&iacute;a yo enterado de lo bonita que soy.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Donzellas tudas</i>, <i>invidia</i> de ti <i>tenier ellas</i>... <i>Hici&eacute;ronte</i> manos
+Dios con <i>regocijaci&oacute;n</i>. Loan ti &aacute;ngeles con c&iacute;tara.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;San Antonio bendito!... Si quieres que te crea todas esas cosas, me
+has de hacer un favor: comer lo que te traigo. Despu&eacute;s que tengas llena
+la barriga hablaremos, pues ahora no est&aacute;s en tus cabales&raquo;.</p>
+
+<p>Dici&eacute;ndolo, iba sacando de la cesta pan, tortilla, carne fiambre y una
+botella de vino. Enumeraba las provisiones, creyendo que as&iacute; le
+despertar&iacute;a el apetito, y como argumento final le dijo: &laquo;Si te empe&ntilde;as
+en no comer, me enfado, y no vuelvo m&aacute;s a verte. Desp&iacute;dete de mi boca de
+rosas, y de mis ojitos como las estrellas del cielo... Y luego has de
+hacer todo lo que yo te mande: volverte a Madrid, y vivir en tu casita
+como antes viv&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Si t&uacute; casar <i>migo</i>, s&iacute;... Si no casar, no.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Comes o no comes? Porque yo no he venido aqu&iacute; a perder el tiempo
+ech&aacute;ndote sermones&mdash;declar&oacute; Benina desplegando toda la energ&iacute;a de su
+acento&mdash;. Si te empe&ntilde;as en ayunar, me voy ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Comier</i> t&uacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Los dos. He venido a verte, y a que almorcemos juntos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Casar t&uacute; <i>migo</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay qu&eacute; pesado el hombre! Pareces un chiquillo. Me ver&eacute; obligada a
+darte un par de mojicones... Ha, morito, come y alim&eacute;ntate, que ya se
+tratar&aacute; lo del casorio. &iquest;Piensas que voy yo a tomar un marido seco al
+sol, y que se va quedando como un pergamino?&raquo;.</p>
+
+<p>Con estas y otras razones logr&oacute; convencerle, y al fin el desdichado dej&oacute;
+de hacer ascos a la comida. Empezando con repulgos, acab&oacute; por devorar
+con voracidad. Pero no abandonaba su tema, y entre bocado y bocado,
+dec&iacute;a: &laquo;<i>Casar</i> yo <i>tigo</i>... <i>dirnos terra</i> m&iacute;a... Yo casar por
+<i>arreligi&oacute;n</i> tuya si <i>quierer</i> t&uacute;... T&uacute; casar por <i>arreligi&oacute;n m&iacute;a</i>, si
+<i>quierer</i> ella... M&iacute; ser <i>d'Israel</i>... Bautisma jacieron m&iacute; se&ntilde;oritas
+<i>confirencia</i>... Poner m&iacute; nombre <i>Joseph Marien Almudena</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Jos&eacute; Mar&iacute;a de la Almudena. Si eres cristiano, no me hables a m&iacute; de
+otras <i>arreligiones</i> malas.</p>
+
+<p>&mdash;No haber m&aacute;s que un Dios, uno solo, s&oacute;lo &Eacute;l&mdash;exclam&oacute; el ciego, pose&iacute;do
+de exaltaci&oacute;n m&iacute;stica&mdash;. &Eacute;l <i>melecina</i> a los quebrantados de coraz&oacute;n...
+&Eacute;l contar n&uacute;mero estrellas, y a <i>tudas</i> ellas por nombre llama. Adoran
+<i>Adonai</i> el animal y <i>tuda cuatropea</i>, y el p&aacute;jaro de ala...
+<i>&iexcl;Alleluyah!</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, s&iacute;, cantemos ahora las aleluyas para que no nos haga da&ntilde;o la
+comida.</p>
+
+<p>&mdash;Voz de <i>Adonai</i> sobre las aguas, sobre aguas <i>mochas</i>. La voz de
+<i>Adonai</i> con <i>forza</i>, la voz de <i>Adonai</i> con <i>jermosura</i>. La voz de
+<i>Adonai</i> quiebra los <i>alarzes</i> del Leban&oacute;n y Tsi&oacute;n como fijos de
+unicornios... La voz de <i>Adonai</i> corta llamas de fuego, <i>face</i> temblar
+<i>D'sierto</i>; <i>far&aacute;</i> temblar <i>Adonai D'sierto</i> de Kader... La voz de
+<i>Adonai face</i> <i>adoloriar</i> ciervas... En palacio suyo <i>tudas</i> decir
+<i>grolia</i>. <i>Adonai</i> por el diluvio se asent&oacute;... <i>Adonai</i> bendecir su
+<i>puelbro</i> con paz...&raquo;.</p>
+
+<p>A&uacute;n prosigui&oacute; recitando oraciones hebraicas en castellano del siglo <span class="smcap">XV</span>,
+que en la memoria desde la infancia conservaba, y Benina le o&iacute;a con
+respeto, aguardando que terminase para traerle a la realidad y sujetarle
+a la vida com&uacute;n. Discutieron un rato sobre la conveniencia de tornar a
+la posada de Santa Casilda; mas no parec&iacute;a &eacute;l dispuesto a complacerla en
+extremo tan importante, mientras no le diese ella palabra formal de
+aceptar su negra mano. Trat&oacute; de explicar la atracci&oacute;n que, en el estado
+de su esp&iacute;ritu, sobre &eacute;l ejerc&iacute;an los &aacute;ridos pe&ntilde;ascales y escombreras en
+que a la saz&oacute;n se encontraba. Realmente, ni &eacute;l sab&iacute;a explic&aacute;rselo, ni
+Benina entenderlo; pero el observador atento bien puede entrever en
+aquella singular querencia un caso de atavismo o de retroacci&oacute;n
+instintiva hacia la antig&uuml;edad, buscando la semejanza geogr&aacute;fica con las
+soledades pedregosas en que se inici&oacute; la vida de la raza... &iquest;Es esto un
+desatino? Quiz&aacute;s no.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a><a href="#toc">XXIX</a></h2>
+
+
+<p>Con todo su ingenio y travesura no pudo la anciana convencer al marroqu&iacute;
+de la oportunidad de volverse al Madrid alto. &laquo;Y no s&eacute;&mdash;le dijo echando
+mano de todos los argumentos&mdash;, no s&eacute; c&oacute;mo vas a arreglarte para vivir en
+este monte de tus penitencias. Porque t&uacute; no pides; aqu&iacute; nadie ha de
+traerte el garbanzo, como no sea yo; y yo, si ahora tengo alg&uacute;n dinero,
+pronto me quedar&eacute; sin una mota, y tendr&eacute; que volver a pedirlo con
+verg&uuml;enza. &iquest;Esperas t&uacute; que aqu&iacute; te caiga el man&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Cader s&iacute; manj&aacute;</i>&mdash;replic&oacute; Almudena con profunda convicci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;F&iacute;ate de eso... Pero dime otra cosa, hijito: &iquest;habr&aacute; por aqu&iacute; dinero
+enterrado?</p>
+
+<p>&mdash;Haber <i>mocha</i>, <i>mocha</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hijo, a ver si lo sacas, que en este caso no perder&iacute;as el tiempo.
+Pero &iexcl;quia! no creo yo las papas que t&uacute; cuentas, ni las hechicer&iacute;as que
+te has tra&iacute;do de tu tierra de infieles... No, no: aqu&iacute; no hay salvaci&oacute;n
+para el pobre; y eso de sacar tesoros, o de que le traigan a uno las
+carretadas de piedras preciosas, me parece a m&iacute; que es conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Si t&uacute; casar <i>migo</i>, m&iacute; <i>encuentrar</i> tesoro <i>mocha</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno... Pues ponte a trabajar para la averiguaci&oacute;n de d&oacute;nde
+est&aacute; la tinaja llena de dinero. Yo vendr&eacute; a sacarla, y como sea verdad,
+a casarnos tocan&raquo;.</p>
+
+<p>Dici&eacute;ndolo, recog&iacute;a en su cesta los restos de comida para marcharse.
+Almudena se opuso a que se fuese tan pronto; pero ella insist&iacute;a en
+retirarse, con la firmeza que gastaba en toda ocasi&oacute;n: &laquo;&iexcl;Pues estar&iacute;a
+bueno que me quedara yo aqu&iacute;, puesta al sol y al aire como un pellejo en
+secadero de curtidores! Y dime, Almudenita: &iquest;me vas t&uacute; a mantener aqu&iacute;?
+&iquest;Y a mi se&ntilde;ora, qui&eacute;n le mantiene el pico?&raquo;.</p>
+
+<p>Esta referencia a la casa de la se&ntilde;ora despert&oacute; en Mordejai el recuerdo
+del <i>gal&aacute;n bunito</i>; y como se excitara m&aacute;s de la cuenta con tal motivo,
+apresurose Benina a calmarle con la noticia de que Ponte se hab&iacute;a
+marchado ya a sus palacios aristocr&aacute;ticos, y de que ni ella ni su ama
+Do&ntilde;a Francisca quer&iacute;an trato ni roce con aquel viejo camastr&oacute;n, que les
+hab&iacute;a dado un mal pago, despidi&eacute;ndose a la francesa, y <i>qued&aacute;ndoles a
+deber</i> el pupilaje. Tragose el africano esta bola con infantil candor; y
+haciendo prometer y jurar a su amiga que a verle volver&iacute;a diariamente
+mientras &eacute;l continuase en aquella obligaci&oacute;n de sus acerbas penitencias,
+la dej&oacute; marchar. Fuese Benina por arriba, prefiriendo subir hacia la
+estaci&oacute;n, como salida m&aacute;s c&oacute;moda y practicable.</p>
+
+<p>De vuelta a casa, lo primero que su se&ntilde;ora le pregunt&oacute; fue si sab&iacute;a
+cu&aacute;ndo regresaba de Guadalajara D. Romualdo, a lo que respondi&oacute; ella que
+no se ten&iacute;an a&uacute;n noticias seguras del regreso del se&ntilde;or. Nada ocurri&oacute;
+aquel d&iacute;a digno de notarse, sino que Ponte mejoraba r&aacute;pidamente,
+poni&eacute;ndose muy gozoso con la visita de Obdulia, que estuvo cuatro horas
+platicando con &eacute;l y con su mam&aacute; de cosas elegantes, y de sucesos
+ronde&ntilde;os anteriores en cuarenta a&ntilde;os a la &eacute;poca presente. Debe hacerse
+notar tambi&eacute;n que a Benina se le iba mermando el dinero, pues comi&oacute; all&iacute;
+la <i>ni&ntilde;a</i>, y fue preciso a&ntilde;adir merluza al ordinario condumio, y adem&aacute;s
+d&aacute;tiles y pastas para postres. Con el gasto de aquellos d&iacute;as, con las
+prodigalidades caritativas en las Cambroneras, los duros que restaron
+del pr&eacute;stamo de la <i>Pitusa</i>, despu&eacute;s de saldados d&eacute;bitos apremiantes, se
+iban reduciendo por horas, hasta quedar en uno solo, o poco m&aacute;s, el d&iacute;a
+de la tercera escapatoria al arrabal del Puente de Toledo.</p>
+
+<p>Es cosa averiguada que en aquella tercera excursi&oacute;n le sali&oacute; al
+encuentro el anciano del d&iacute;a anterior, que dijo llamarse Silverio, y
+con &eacute;l iban, formados como en l&iacute;nea de batalla, otros m&iacute;seros habitantes
+de aquellos humildes caser&iacute;os, llevando de int&eacute;rprete al hombre
+despernado, que se expresaba con soltura, como si con esta facultad le
+compensara la Naturaleza por la horrible mutilaci&oacute;n de su cuerpo. Y fue
+y dijo, en nombre del gremio de pordioseros all&iacute; presente, que la se&ntilde;ora
+deb&iacute;a distribuir sus beneficios entre todos sin distinci&oacute;n, pues todos
+eran igualmente acreedores a los frutos de su inmensa caridad.
+Respondioles Benina con ingenua sencillez que ella no ten&iacute;a frutos ni
+cosa alguna que repartir, y que era tan pobre como ellos. Acogidas estas
+expresiones con absoluta incredulidad, y no sabiendo el lisiado qu&eacute;
+oponer a ellas, pues toda su oratoria se le hab&iacute;a consumido en el primer
+discurso, tom&oacute; la palabra el viejo Silverio, y dijo que ellos no se
+hab&iacute;an ca&iacute;do de ning&uacute;n nido, y que bien a la vista estaba que la se&ntilde;ora
+no era lo que parec&iacute;a, sino una <i>dama disfrazada</i> que, con trazas y
+pingajos de <i>mendiga de punto</i>, se iba por aquellos sitios para
+<i>desaminar</i> la verdadera pobreza y remediarla. Tocante a esto del
+disfraz no hab&iacute;a duda, porque ellos la conoc&iacute;an de a&ntilde;os atr&aacute;s. &iexcl;Ah! y
+cuando vino, <i>la otra vez</i>, la <i>se&ntilde;ora disfrazada</i>, a todos les hab&iacute;a
+socorrido igualmente. Bien se acordaban &eacute;l y otros de la cara y modos
+de la tal, y pod&iacute;an atestiguar que era la misma, la misma que en aquel
+momento estaban viendo con sus ojos y palpando con sus manos.</p>
+
+<p>Confirmaron todos a una voz lo dicho por el octogenario Silverio, el
+cual hubo de a&ntilde;adir que por santa fue tenida la se&ntilde;ora de antes, y por
+sant&iacute;sima tendr&iacute;an a la presente, respetando su disfraz, y poni&eacute;ndose
+todos de rodillas ante ella para adorarla. Contest&oacute; Benina con gracejo
+que tan santa era ella como su abuela, y que miraran lo que dec&iacute;an y
+volvieran de su grave error. En efecto: hab&iacute;a existido a&ntilde;os atr&aacute;s una
+se&ntilde;ora muy linajuda, llamada Do&ntilde;a Guillermina Pacheco, coraz&oacute;n hermoso,
+esp&iacute;ritu grande, la cual andaba por el mundo repartiendo los dones de la
+caridad, y vest&iacute;a humilde traje, sin faltar a la decencia, revelando en
+su modestia soberana la clase a que pertenec&iacute;a. Aquella dign&iacute;sima se&ntilde;ora
+ya no viv&iacute;a. Por ser demasiado buena para el mundo, Dios se la llev&oacute; al
+Cielo cuando m&aacute;s falta nos hac&iacute;a por ac&aacute;. Y aunque viviera, <i>amos</i>,
+&iquest;c&oacute;mo pod&iacute;a ser confundida con ella, con la infeliz Benina? A cien
+leguas se conoc&iacute;a en esta a una mujer de pueblo, criada de servir. Si
+por su traje pobr&iacute;simo, lleno de remiendos y zurcidos, por sus
+alpargatas rotas, no comprend&iacute;an ellos la diferencia entre una cocinera
+jubilada y una se&ntilde;ora nacida de marqueses, pues bien pudiera esta
+vestirse de m&aacute;scara, en otras cosas no cab&iacute;a enga&ntilde;o ni equivocaci&oacute;n: por
+ejemplo, en el habla. Los que oyeron la palabra de Do&ntilde;a Guillermina, que
+se expresaba al igual de los mismos &aacute;ngeles, &iquest;c&oacute;mo pod&iacute;an confundirla
+con quien dec&iacute;a las cosas en lenguaje ordinario? Hab&iacute;a nacido ella en un
+pueblo de Guadalajara, de padres labradores, viniendo a servir a Madrid
+cuando s&oacute;lo contaba veinte a&ntilde;os. Le&iacute;a con dificultad, y de escritura
+estaba tan mal, que apenas pon&iacute;a su nombre: <i>Benina de Casia</i>. Por este
+apellido, algunos guasones de su pueblo se burlaban de ella diciendo que
+<i>ven&iacute;a</i> de Santa Rita. Total: que ella no era santa, sino muy pecadora,
+y no ten&iacute;a nada que ver con la Do&ntilde;a Guillermina de marras, que ya gozaba
+de Dios. Era una pobre como ellos, que viv&iacute;a de limosna, y se las
+gobernaba como pod&iacute;a para mantener a los suyos. Hab&iacute;ala hecho Dios
+generosa, eso s&iacute;; y si algo pose&iacute;a, y encontraba personas m&aacute;s
+necesitadas que ella, le faltaba tiempo para desprenderse de todo... y
+tan contenta.</p>
+
+<p>No se dieron por convencidos los miserables, dejados de la mano de Dios,
+y alargando las suyas escu&aacute;lidas, con afligidas voces ped&iacute;an a Benina de
+Casia que les socorriese. Andrajosos y escu&aacute;lidos ni&ntilde;os se unieron al
+coro, y agarr&aacute;ndose a la falda de la infeliz alcarre&ntilde;a, le ped&iacute;an pan,
+pan. Compadecida de tantas desdichas, fue la anciana a la tienda, compr&oacute;
+una docena de panes altos, y dividi&eacute;ndolos en dos, los reparti&oacute; entre la
+miserable cuadrilla. La operaci&oacute;n se dificult&oacute; en extremo, porque todos
+se abalanzaban a ella con furia, cada uno quer&iacute;a recibir su parte antes
+que los dem&aacute;s, y alguien intent&oacute; apandar dos raciones. Dir&iacute;ase que se
+duplicaban las manos en el momento de mayor barullo, o que sal&iacute;an otras
+de debajo de la tierra. Sofocada, la buena mujer tuvo que comprar m&aacute;s
+libretas, porque dos o tres viejas a quienes no toc&oacute; nada, pon&iacute;an el
+grito en el cielo, y alborotaban el barrio con sus discordes y
+lastimeros chillidos.</p>
+
+<p>Ya se cre&iacute;a libre de tales moscones, cuando la llam&oacute; con roncas voces
+una mujer que llevaba en brazos a un ni&ntilde;o cabezudo, monstruoso. Al punto
+en ella reconoci&oacute; a la que hab&iacute;a visto con la Burlada d&iacute;as antes, camino
+de la Puerta de Toledo. Pretend&iacute;a la tal que Benina subiese con ella a
+un cuarto alto de la casa de corredor, donde le mostrar&iacute;a el m&aacute;s
+lastimoso cuadro que podr&iacute;a imaginarse. Prestose Benina a subir, porque
+m&aacute;s pod&iacute;a en ella siempre la piedad que la conveniencia, y por la
+escalera le explicaba la otra la situaci&oacute;n de su desdichada familia. No
+era casada; pero <i>por lo civil</i> hab&iacute;a tenido dos ni&ntilde;os que se le hab&iacute;an
+muerto de garrotillo, uno tras otro, con diferencia de seis d&iacute;as. Aquel
+que llevaba, de cabeza deforme, no era suyo, sino de una compa&ntilde;era que
+andaba con un ciego <i>de viol&iacute;n</i>, borracha ella, y si a mano
+ven&iacute;a, <i>tomadora</i>. La que contaba estas tristezas llam&aacute;base Basilisa;
+ten&iacute;a a su padre baldadito, de andar en el r&iacute;o cogiendo anguilas, con el
+agua hasta los corvejones; a su hermana Ces&aacute;rea bizmada, de los golpes
+que le dio su querido, un silbante, un golfo, un <i>rata</i>, &laquo;a quien tiene
+usted toda la noche jugando al mus en <i>cas</i> del <i>Comadreja</i>, Mediod&iacute;a
+Chica. &iquest;Conoce la se&ntilde;ora ese <i>establecimiento</i>?</p>
+
+<p>&mdash;De nombre&mdash;dijo Benina medianamente interesada en la historia.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ese sinverg&uuml;enza, tras apalear a mi hermana, nos empe&ntilde;&oacute; los
+mantones y las enaguas. Debe usted de conocerle, porque otro m&aacute;s granuja
+no lo hay en Madrid. Le llaman por mal nombre <i>Si Tos&eacute;is Tom&eacute;is</i>... y
+por abreviar le decimos <i>Tom&eacute;is</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No le conozco... Yo no me trato con gente de esa&raquo;.</p>
+
+<p>Subieron, y en uno de los cuartos m&aacute;s estrechos del corredor alto, vio
+Benina el tremendo infortunio de aquella familia. El viejo reum&aacute;tico
+parec&iacute;a loco; en la desesperaci&oacute;n que le causaban sus dolores,
+vociferaba, blasfemando, y Ces&aacute;rea, de la inanici&oacute;n que la consum&iacute;a,
+estaba como idiota, y no hac&iacute;a m&aacute;s que dar azotes en las nalgas a un
+chico mocoso, lloric&oacute;n, y que pon&iacute;a los ojos en blanco de la fuerza de
+sus berridos y contorsiones. En medio de este desbarajuste, las dos
+mujeres expresaron a Benina que su mayor apuro, a m&aacute;s del hambre, era
+pagar al casero, que no las dejaba vivir, reclamando a todas horas las
+tres semanas que se deb&iacute;an. Contest&oacute; la anciana que, con gran
+sentimiento, no se hallaba en disposici&oacute;n de sacarlas del compromiso,
+por carecer de dinero, y lo &uacute;nico que pod&iacute;a ofrecerles era una peseta,
+para que se remediaran aquel d&iacute;a y el siguiente. Traspasado el coraz&oacute;n
+de l&aacute;stima, se despidi&oacute; de la infeliz patulea, y aunque se mostraron las
+dos mujeres agradecidas, bien se conoc&iacute;a que alg&uacute;n reconcomio se les
+quedaba dentro del cuerpo por no haber recibido el socorro que
+esperaban.</p>
+
+<p>En la escalera detuvieron a Benina dos vejanconas, una de las cuales le
+dijo con mal modo: &laquo;&iexcl;Vaya, que confundirla a usted con Do&ntilde;a
+Guillermina!... &iexcl;Zopencos, m&aacute;s que burros! Si aquella era un &aacute;ngel
+vestido de persona, y esta... bien se ve que es una <i>t&iacute;a ordinaria</i>, que
+viene ac&aacute; d&aacute;ndose el pisto de repartir limosnas... &iexcl;Se&ntilde;ora!... &iexcl;vaya una
+se&ntilde;ora!... apestando a cebolla cruda... y con esas manos de fregar...
+Ahora se dan santas del <i>pan pringao</i>, y... &iexcl;a cuarto las
+im&aacute;genes; <i>caras de Dios</i> a cuarto!&raquo;.</p>
+
+<p>No hizo caso la buena mujer, y sigui&oacute; su camino; pero en la calle, o
+como quiera que se llame aquel espacio entre casas, se vio importunada
+por sinn&uacute;mero de ciegos, mancos y paral&iacute;ticos, que le ped&iacute;an con tenaz
+insistencia pan, o perras con qu&eacute; comprarlo. Trat&oacute; de sacudirse el
+molesto enjambre; pero la segu&iacute;an, la acosaban, no la dejaban andar. No
+tuvo m&aacute;s remedio que gastarse en pan otra peseta y repartirlo presurosa.
+Por fin, apretando el paso, logr&oacute; ponerse a distancia de la enfadosa
+pobreter&iacute;a, y se encamin&oacute; al vertedero donde esperaba encontrar al buen
+Mordejai. En el propio sitio del d&iacute;a anterior estaba mi hombre
+aguard&aacute;ndola ansioso; y no bien se juntaron, sac&oacute; ella de la cesta los
+v&iacute;veres que llevaba, y se pusieron a comer. Mas no quer&iacute;a Dios que
+aquella ma&ntilde;ana le saliesen las cosas a Benina conforme a su buen coraz&oacute;n
+y caritativas intenciones, porque no hac&iacute;a diez minutos que estaban
+comiendo, cuando observ&oacute; que en el camino, debajito del vertedero, se
+reun&iacute;an gitanillos maleantes, alguno que otro lisiado de mala estampa, y
+dos o tres viejas desarrapadas y furibundas. Mirando al grupo id&iacute;lico
+que en la escombrera formaban la anciana y el ciego, toda aquella
+gentuza empez&oacute; a vociferar. &iquest;Qu&eacute; dec&iacute;an? No era f&aacute;cil entenderlo desde
+arriba. Palabras sueltas llegaban... que si era santa de pega; que si
+era una ladrona que se fing&iacute;a beata para robar mejor... que si era una
+lame-cirios y chupa-l&aacute;mparas... En fin, aquello se iba poniendo malo, y
+no tard&oacute; en demostrarlo una piedra, &iexcl;pim! lanzada por mano vigorosa, y
+que Benina recibi&oacute; en la paletilla... Al poco rato, &iexcl;pim, pam! otra y
+otras. Levant&aacute;ronse ambos despavoridos, y recogiendo en la cesta la
+comida, pensaron en ponerse en salvo. La <i>dama</i> cogi&oacute; por el brazo a su
+caballero y le dijo: &laquo;V&aacute;monos, que nos matan&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXX" id="XXX"></a><a href="#toc">XXX</a></h2>
+
+
+<p>Trepando dif&iacute;cilmente por el declive pedregoso, cayendo y levant&aacute;ndose a
+cada instante, cogidos del brazo, las cabezas gachas, hu&iacute;an del
+formidable tiroteo. Este lleg&oacute; a ser tan intenso, que no hab&iacute;a respiro
+entre golpe y golpe. A Benina la tocaron los proyectiles en partes
+vestidas, donde no pod&iacute;an hacer gran da&ntilde;o; pero Almudena tuvo la
+desgracia de que un guijarro le cogiese la cabeza en el momento de
+volverse para increpar al enemigo, y la descalabradura fue tremenda.
+Cuando llegaron, jadeantes y doloridos, a un sitio resguardado de la
+terrible lluvia de piedras, la herida del marroqu&iacute; chorreaba sangre,
+ti&ntilde;endo de rojo su faz amarilla. Lo extra&ntilde;o era que el descalabrado
+callaba, y la que hab&iacute;a salido ilesa pon&iacute;a el grito en el cielo,
+pidiendo rayos y centellas que confundieran a la infame cuadrilla. La
+suerte les depar&oacute; un guarda-agujas, que viv&iacute;a en una caseta pr&oacute;xima al
+lugar del siniestro, hombre reposado y p&iacute;o que, demostrando tener en
+poco a las v&iacute;ctimas del atentado, las acogi&oacute; como buen cristiano en su
+vivienda humilde, compadecido de su desgracia. A poco lleg&oacute; la guardesa,
+que tambi&eacute;n era compasiva, y lo primero que hicieron fue dar agua a
+Benina para que le lavase la herida a su compa&ntilde;ero, y de a&ntilde;adidura
+sacaron vinagre, y trapos para hacer vendas. El moro no dec&iacute;a m&aacute;s que:
+&laquo;<i>Amri</i>, &iquest;<i>pieldra</i> ti no?</p>
+
+<p>&mdash;No, hijo: no me ha tocado m&aacute;s que una china en el cogote, que no me ha
+hecho sangre.</p>
+
+<p>&iquest;<i>Dolier</i> ti?</p>
+
+<p>&mdash;Poco... no es nada.</p>
+
+<p>&mdash;Son los <i>embaixos</i>... <i>espirtos</i> malos de <i>soterr&aacute;</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Indecentes granujas! &iexcl;L&aacute;stima de pareja de la Guardia civil, o
+siquiera del Orden!</p>
+
+<p>Con los procedimientos m&aacute;s elementales le hicieron la cura al pobre
+ciego, resta&ntilde;&aacute;ndole la sangre, y poni&eacute;ndole vendas que le tapaban uno de
+los ojos; despu&eacute;s le acostaron en el suelo, porque se le iba la cabeza y
+no pod&iacute;a tenerse en pie. Volvi&oacute; la mendiga a sacar de su cesta el pan y
+la carne a medio comer, ofreciendo partir con sus generosos protectores;
+pero estos, en vez de aceptar, les brindaron con sardinas y unos churros
+que les hab&iacute;an sobrado de su almuerzo. Hubo por una y otra parte
+ofrecimientos, finuras y delicadezas, y cada cual, al fin, se qued&oacute; con
+lo suyo. Pero Benina aprovech&oacute; las buenas disposiciones de aquella
+honrada gente para proponerles que albergasen al ciego en la caseta
+hasta que ella pudiese prepararle alojamiento en Madrid. No hab&iacute;a que
+pensar en que volviese a las Cambroneras, donde sin duda le ten&iacute;an mala
+voluntad. A Madrid y a su casa de ella no pod&iacute;a conducirlo, porque ella
+serv&iacute;a en una casa, y &eacute;l... En fin, que no era f&aacute;cil explicarlo... y si
+los se&ntilde;ores guarda-agujas pensaban mal de las relaciones entre Benina y
+el moro, que pensaran. &laquo;Miren ustedes&mdash;dijo la anciana vi&eacute;ndoles
+perplejos y desconfiados&mdash;, no poseo m&aacute;s dinero que esta peseta y estas
+perras. T&oacute;menlas, y tengan aqu&iacute; al pobre ciego hasta ma&ntilde;ana. &Eacute;l no les
+molestar&aacute;, porque es bueno y honrado. Dormir&aacute; en este rinc&oacute;n con s&oacute;lo
+que le den una manta vieja, y tocante a comer, de lo que ustedes
+tengan&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de una corta vacilaci&oacute;n aceptaron el trato, y permiti&eacute;ndose dar
+un consejo a la para ellos extra&ntilde;a pareja, dijo el guarda: &laquo;Lo que deben
+hacer ustedes es dejarse de andar de vagancia por calles y caminos,
+donde todo es ajetreo y malos pasos, y ver de meterse o que los metan en
+un asilo, la se&ntilde;ora en las <i>ancianitas</i>, el se&ntilde;or en otro recogimiento
+que hay para ciegos, y as&iacute; tendr&iacute;an asegurado el comer y el abrigo por
+todo el tiempo que vivieran&raquo;. Nada contest&oacute; Almudena, que amaba la
+libertad, y la prefer&iacute;a trabajosa y miserable a la c&oacute;moda sujeci&oacute;n del
+asilo. Benina, por su parte, no queriendo entrar en largas
+explicaciones, ni desvanecer el error de aquella buena gente, que sin
+duda les cre&iacute;a asociados para la vagancia y el merodeo, se limit&oacute; a
+decir que no se recog&iacute;an en un <i>establecimiento</i> por causa de la mucha
+<i>existencia</i> de pobres, y que sin recomendaciones y tarjetas de
+personajes no hab&iacute;a manera de conseguir plaza. A esto respondi&oacute; la
+guardesa que podr&iacute;an lograr sus deseos de <i>recogerse</i>, si se entend&iacute;an
+con un se&ntilde;or muy piadoso que anda en estas cosas de asilos; un
+sacerdote... que le llaman D. Romualdo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;D. Romualdo!... &iexcl;Ah! s&iacute;, ya s&eacute;; digo, no le conozco m&aacute;s que de nombre.
+&iquest;Es un se&ntilde;or cura, alto y guapet&oacute;n, que tiene una sobrina llamada Do&ntilde;a
+Patros, que bizca un poco?&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto, sinti&oacute; la Benina que se renovaba en su mente la extra&ntilde;a
+confusi&oacute;n y mezcolanza de lo real y lo imaginado.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no s&eacute; si bizca o no bizca la sobrina...&mdash;prosigui&oacute; la guardesa&mdash;; pero
+s&eacute; que el D. Romualdo es de tierra de Guadalajara.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... Y ahora se ha ido a su pueblo... Por cierto que le
+proponen para Obispo, y habr&aacute; ido a traer los papeles&raquo;.</p>
+
+<p>Convinieron todos en que el D. Romualdo misterioso no vendr&iacute;a del pueblo
+sin traerse los papeles, y en seguida se cerr&oacute; trato para el hospedaje y
+custodia de Almudena en la caseta por veinticuatro horas, dando Benina
+la peseta y perros que ten&iacute;a (menos tres piezas chicas que guard&oacute;
+aparte), y comprometi&eacute;ndose los otros a cuidar del ciego como si fuera
+su hijo. A&uacute;n tuvo la pobre Nina que bregar un poquito con el marroqu&iacute;,
+empe&ntilde;ado en que le llevara <i>sigo</i>; pero al fin pudo convencerle,
+encareci&eacute;ndole el peligro de que la herida de la cabeza le trajera alg&uacute;n
+trastorno grave si no se estaba quietecito. &laquo;<i>Amri</i>, <i>golver ti</i>
+ma&ntilde;ana&mdash;dec&iacute;a el infeliz al despedirla&mdash;. Si dejar m&iacute; solo, <i>murierme yo
+migo</i>&raquo;. Prometi&oacute; la anciana solemnemente volver a su compa&ntilde;&iacute;a, y se fue
+melanc&oacute;lica, revolviendo en su mag&iacute;n las tristezas de aquel d&iacute;a, a las
+cuales se un&iacute;an presagios negros, barruntos de mayores afanes, porque se
+hab&iacute;a quedado sin un cuarto, por dejarse llevar del &iacute;mpetu caritativo de
+su coraz&oacute;n dando tanta limosna. Seguramente vendr&iacute;an para ella grandes
+apreturas, pues ten&iacute;a que devolver pronto a la <i>Pitusa</i> sus joyas,
+allegar recursos para mantener a la se&ntilde;ora y a su hu&eacute;sped, socorrer a
+Almudena, etc... Tantas obligaciones se hab&iacute;a echado encima, que ya no
+sab&iacute;a c&oacute;mo atender a ellas.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; a su casa, despu&eacute;s de hacer sus compras a cr&eacute;dito, y encontrando a
+Frasquito muy bien, propuso a Do&ntilde;a Paca darle de alta, y que se fuera a
+desempe&ntilde;ar sus obligaciones y a ganarse la vida. Asinti&oacute; a ello la
+se&ntilde;ora, y la tristeza de ambas se aument&oacute; con la noticia, tra&iacute;da por la
+criada de Obdulia, de que esta se hab&iacute;a puesto muy malita, con alta
+fiebre, delirio, y un traqueteo de nervios que daba compasi&oacute;n. All&aacute; se
+fue Benina, y despu&eacute;s de avisar a los suegros de la se&ntilde;orita para que la
+atendieran, volvi&oacute; a tranquilizar a la mam&aacute;. Mala tarde y peor noche
+pasaron, pensando en las dificultades y aprietos que de nuevo se les
+ofrec&iacute;an, y a la siguiente ma&ntilde;ana la infeliz mujer ocupaba su puesto en
+San Sebasti&aacute;n, pues no hab&iacute;a otra manera de defenderse de tantas y tan
+complejas adversidades. Cada d&iacute;a mermaba su cr&eacute;dito, y las obligaciones
+contra&iacute;das en la calle de la Ruda, o en las tiendas de la calle
+Imperial, la abrumaban. Viose en la necesidad de salir tambi&eacute;n al
+pordioseo de tarde, y un ratito por la noche, pretextando tener que
+llevar un recado a la <i>ni&ntilde;a</i>. En la breve campa&ntilde;a nocturna, sacaba
+escondido un velo negro, viej&iacute;simo, de Do&ntilde;a Paca, para entapujarse la
+cara; y con esto y unos espejuelos verdes que para el caso guardaba,
+hac&iacute;a divinamente el tipo de se&ntilde;ora ciega vergonzante, arrimadita a la
+esquina de la calle de Barrionuevo, atacando con quejumbroso reclamo a
+media voz a todo cristiano que pasaba. Con tal sistema, y <i>trabajando</i>
+tres veces por d&iacute;a, lograba reunir algunos cuartos; mas no todo lo
+necesario para sus atenciones, que no eran pocas, porque Almudena se
+hab&iacute;a puesto mal, y segu&iacute;a en la caseta de las Pulgas. Nada cobraba el
+guarda-agujas por hospedaje del infeliz moro; pero hab&iacute;a que llevar a
+este la comida. Obdulia no entraba en caja: era forzoso asistirla de
+medicamentos y caldos, pues los suegros se llamaban Andana, y no era
+cosa de mandarla al Hospital. Ten&iacute;a, pues, sobre s&iacute; la heroica mujer
+carga demasiado fuerte; pero la soportaba, y segu&iacute;a con tantas cruces a
+cuestas por la empinada senda, ansiosa de llegar, si no a la cumbre, a
+donde pudiera. Si se quedaba en mitad del camino, tendr&iacute;a la
+satisfacci&oacute;n de haber cumplido con lo que su conciencia le dictaba.</p>
+
+<p>Por la tarde, pretextando compras, ped&iacute;a en la puerta de San Justo, o
+junto al Palacio arzobispal; pero no pod&iacute;a entretenerse mucho, porque su
+tardanza no inquietara demasiado a la se&ntilde;ora. Al volver una tarde de su
+petitorio, sin m&aacute;s <i>ganancia</i> que una perra chica, se encontr&oacute; con la
+novedad de que Do&ntilde;a Paca, acompa&ntilde;ada de Frasquito, hab&iacute;a ido a visitar a
+Obdulia. D&iacute;jole adem&aacute;s la portera que momentos antes hab&iacute;a subido a la
+casa un se&ntilde;or sacerdote, alto, de buena presencia, el cual, cansado de
+llamar, se fue, dejando un recadito en la porter&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ya!... Es D. Romualdo...</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; dijo, s&iacute;, se&ntilde;ora. Ya ha venido dos veces, y...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero se marcha otra vez a Guadalajara?</p>
+
+<p>&mdash;De all&aacute; vino ayer tarde. Tiene que hablar con Do&ntilde;a Paca, y volver&aacute;
+cuando pueda&raquo;.</p>
+
+<p>Ya ten&iacute;a Benina un espantoso l&iacute;o en la cabeza con aquel dichoso cl&eacute;rigo,
+tan semejante, por las se&ntilde;as y el nombre, al suyo, al de su invenci&oacute;n; y
+pensaba si, por milagro de Dios, habr&iacute;a tomado cuerpo y alma de persona
+ver&iacute;dica el ser creado en su fantas&iacute;a por un mentir inocente, obra de
+las aflictivas circunstancias. &laquo;En fin, veremos lo que resulta de todo
+esto&mdash;se dijo subiendo pausadamente la escalera&mdash;. Bien venido sea ese
+se&ntilde;or cura si viene a traernos algo&raquo;. Y de tal modo arraigaba en su
+mente la idea de que se convert&iacute;a en real el mentido y figurado
+sacerdote alcarre&ntilde;o, que una noche, cuando ped&iacute;a con antiparras y velo,
+crey&oacute; reconocer en una se&ntilde;ora, que le dio dos c&eacute;ntimos, a la mism&iacute;sima
+Do&ntilde;a Patros, la sobrina que bizcaba una miaja.</p>
+
+<p>Pues, se&ntilde;or, Do&ntilde;a Paca y Frasquito trajeron la buena noticia de que
+Obdulia se restablec&iacute;a lentamente. &laquo;Mira, Nina&mdash;le dijo la viuda&mdash;: como
+quiera que sea, has de llevarle a Obdulia una botella de amontillado. A
+ver si te la f&iacute;an en la tienda; y si no, busca el dinero como puedas,
+que lo que tiene la <i>ni&ntilde;a</i> es debilidad. La otra se mostr&oacute; conforme con
+esta esplendidez, por no chocar, y se puso a hacer la cena. Taciturna
+estuvo hasta la hora de acostarse, y Do&ntilde;a Francisca se incomod&oacute; con ella
+porque no la entreten&iacute;a, como otras veces, con festivas conversaciones.
+Sac&oacute; fuerzas de flaqueza la heroica anciana, y con su esp&iacute;ritu muy
+turbado, su mente llena de presagios sombr&iacute;os, empez&oacute; a despotricar como
+una taravilla, para que se embelesara la se&ntilde;ora con unas cuantas
+chanzonetas y mil tonter&iacute;as imaginadas, y pudiera coger el sue&ntilde;o.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a><a href="#toc">XXXI</a></h2>
+
+
+<p>Repuesto de su herida el ciego moro, volvi&oacute; a pedir, a instancias de su
+amiga, pues no estaban los tiempos para pasarse la vida al sol tocando
+la vihuela. Las necesidades aumentaban, impon&iacute;ase la dura realidad, y
+era forzoso sacar las perras del fondo de la masa humana como de un mar
+rico en tesoros de todas clases. No pudo Almudena resistir a la en&eacute;rgica
+sugesti&oacute;n de la <i>dama</i>, y poco a poco se fue curando de aquellas
+murrias, y del delirio m&iacute;stico y penitencial que le desconcert&oacute; d&iacute;as
+antes. Convinieron, tras empe&ntilde;ada discusi&oacute;n, en trasladar <i>su punto</i> de
+San Sebasti&aacute;n a San Andr&eacute;s, porque Almudena conoc&iacute;a en esta parroquia a
+un se&ntilde;or cl&eacute;rigo muy bondadoso, que en otra ocasi&oacute;n le hab&iacute;a protegido.
+All&iacute; se fueron, pues; y aunque tambi&eacute;n en San Andr&eacute;s hab&iacute;a <i>Caporalas</i> y
+Eliseos, con distintos nombres, por ser estos caracteres como fruto
+natural de la vida en todo grupo o familia de la sociedad humana, no
+parec&iacute;an tan desp&oacute;ticos y altaneros como en la otra parroquia. El
+cl&eacute;rigo que al marroqu&iacute; proteg&iacute;a era un joven muy listo, algo arabista
+y hebraizante, que sol&iacute;a echar alg&uacute;n p&aacute;rrafo con &eacute;l, no tanto por
+caridad como por estudio. Una ma&ntilde;ana observ&oacute; Benina que el curita joven
+sal&iacute;a de la Rectoral acompa&ntilde;ado de otro sacerdote, alto, bien parecido,
+y hablaron los dos mirando al ciego moro. Sin duda dec&iacute;an algo referente
+a &eacute;l, a su origen, a su habla y religi&oacute;n endemoniadas. Despu&eacute;s uno y
+otro cl&eacute;rigos en ella se fijaron, &iexcl;qu&eacute; verg&uuml;enza! &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;an, qu&eacute;
+dir&iacute;an de ella? Supon&iacute;anla quiz&aacute;s compa&ntilde;era del africano, su mujer
+quiz&aacute;s, su...</p>
+
+<p>En fin, que el presb&iacute;tero alto y guapet&oacute;n se fue hacia la Cava Baja, y
+el otro, el sabio, se dign&oacute; parlotear un rato con Almudena en lengua
+ar&aacute;biga. Despu&eacute;s se fue hacia Benina, y con todo miramiento le dijo:
+&laquo;Usted, <i>Do&ntilde;a Benigna</i>, bien podr&iacute;a dejarse de esta vida, que a su edad
+es tan penosa. No est&aacute; bien que ande tras el moro como la soga tras el
+caldero. &iquest;Por qu&eacute; no entra en la <i>Misericordia</i>? Ya se lo he dicho a D.
+Romualdo, y ha prometido interesarse...&raquo;.</p>
+
+<p>Quedose at&oacute;nita la buena mujer, y no supo qu&eacute; contestar. Por decir algo,
+expres&oacute; su agradecimiento al Sr. de Mayoral, que as&iacute; nombraban al
+cl&eacute;rigo erudito, y a&ntilde;adi&oacute; que ya hab&iacute;a reconocido en el otro se&ntilde;or
+sacerdote al ben&eacute;fico D. Romualdo.</p>
+
+<p>&laquo;Ya le he dicho tambi&eacute;n&mdash;agreg&oacute; Mayoral&mdash;, que es usted criada de una
+se&ntilde;ora que vive en la calle Imperial, y prometi&oacute; informarse de su
+comportamiento antes de recomendarla...&raquo;.</p>
+
+<p>Poco m&aacute;s dijo, y Benina lleg&oacute; al mayor grado de confusi&oacute;n y v&eacute;rtigo de
+su mente, pues el sacerdote alto y guapet&oacute;n que poco antes viera,
+concordaba con el que ella, a fuerza de mencionarlo y describirlo en un
+mentir sistem&aacute;tico, ten&iacute;a fijo en su caletre. Ganas sinti&oacute; de correr por
+la Cava Baja, a ver si le encontraba, para decirle: &laquo;Sr. D. Romualdo,
+perd&oacute;neme <i>si le he inventado</i>. Yo cre&iacute; que no hab&iacute;a mal en esto. Lo
+hice porque la se&ntilde;ora no me descubriera que salgo todos los d&iacute;as a pedir
+limosna para mantenerla. Y si esto de <i>aparecerse</i> usted ahora con
+cuerpo y vida de persona es castigo m&iacute;o, perd&oacute;neme Dios, que no lo
+volver&eacute; a hacer. &iquest;O es usted otro D. Romualdo? Para que yo salga de esta
+duda que me atormenta, h&aacute;game el favor de decirme si tiene una sobrina
+bizca, y una hermana que se llama Do&ntilde;a Josefa, y si le han propuesto
+para Obispo, como se merece, y ojal&aacute; fuera verdad. D&iacute;game si es usted el
+m&iacute;o, mi D. Romualdo, u otro, que yo no s&eacute; de d&oacute;nde puede haber salido, y
+d&iacute;game tambi&eacute;n qu&eacute; demontres tiene que hablar con la se&ntilde;ora, y si va a
+darle las quejas porque yo he tenido el atrevimiento de <i>inventarle</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Esto le habr&iacute;a dicho, si encontr&aacute;dole hubiera; pero no hubo tal
+encuentro, ni tales palabras fueron pronunciadas. Volviose a casa muy
+triste, y ya no se apart&oacute; de su mente la idea de que el ben&eacute;fico
+sacerdote alcarre&ntilde;o no era invenci&oacute;n suya, de que todo lo que so&ntilde;amos
+tiene su existencia propia, y de que las mentiras entra&ntilde;an verdades.
+Pasaron dos d&iacute;as en esta situaci&oacute;n, sin m&aacute;s novedad que un crecimiento
+horroroso de las dificultades econ&oacute;micas. Con tanto pordiosear ma&ntilde;ana y
+tarde, nunca le sal&iacute;a la cuenta; no hab&iacute;a ya ning&uacute;n nacido que le fiara
+valor de un real; la <i>Pitusa</i> amenazola con <i>dar parte</i> si no le devolv&iacute;a
+en breve t&eacute;rmino sus alhajas. Falt&aacute;bale ya la energ&iacute;a, y sus grandes
+&aacute;nimos flaqueaban; perd&iacute;a la fe en la Providencia, y formaba opini&oacute;n
+poco lisonjera de la caridad humana; todas sus diligencias y correr&iacute;as
+para procurarse dinero, no le dieron m&aacute;s resultado que un duro que le
+prest&oacute; por pocos d&iacute;as Juliana, la mujer de Anto&ntilde;ito. La limosna no
+bastaba ni con mucho; en vano se privaba ella hasta de su ordinario
+alimento, para disimular en casa la escasez; en vano iba con las
+alpargatas rotas, magull&aacute;ndose los pies. La econom&iacute;a, la sordidez misma,
+eran ineficaces: no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que sucumbir y caer diciendo:
+&laquo;Llegu&eacute; hasta donde pude: lo dem&aacute;s h&aacute;galo Dios, si quiere&raquo;.</p>
+
+<p>Un s&aacute;bado por la tarde se colmaron sus desdichas con un inesperado y
+triste incidente. Sali&oacute; a pedir en San Justo: Almudena hac&iacute;a lo mismo en
+la calle del Sacramento. Estrenose ella con diez c&eacute;ntimos, inaudito
+golpe de suerte, que consider&oacute; de buen augurio. &iexcl;Pero cu&aacute;n grande era su
+error, al fiarse de estas golosinas que nos arroja el destino adverso
+para atraernos y herirnos m&aacute;s c&oacute;modamente! Al poco rato del feliz
+estreno, se apareci&oacute; un individuo de la ronda secreta que, empuj&aacute;ndola
+con mal modo, le dijo: &laquo;Ea, buena mujer, eche usted a andar para
+adelante... Y vivo, vivo...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice?...</p>
+
+<p>&mdash;Que se calle y ande...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero a d&oacute;nde me lleva?</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llese usted, que le tiene m&aacute;s cuenta... &iexcl;Hala! a San Bernardino.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; mal hago yo... se&ntilde;or?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute; usted pidiendo!... &iquest;No le dije a usted ayer que el se&ntilde;or
+Gobernador no quiere que se pida en esta calle?</p>
+
+<p>&mdash;Pues mant&eacute;ngame el se&ntilde;or Gobernador, que yo de hambre no he de morirme,
+por Cristo... &iexcl;Vaya con el hombre!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted, <i>so borracha</i>!... &iexcl;Andando digo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que no me empuje!... Yo no soy <i>criminala</i>... Yo tengo familia,
+conozco qui&eacute;n me abone... Ea, que no voy a donde usted quiere
+llevarme...&raquo;.</p>
+
+<p>Se arrim&oacute; a la pared; pero el fiero polizonte la despeg&oacute; del arrimo con
+un empuj&oacute;n violent&iacute;simo. Acerc&aacute;ronse dos de Orden p&uacute;blico, a los cuales
+el de la ronda mand&oacute; que la llevaran a San Bernardino, juntamente con
+toda la dem&aacute;s pobreter&iacute;a de ambos sexos que en la tal calle y callejones
+adyacentes encontraran. A&uacute;n trat&oacute; Benina de ganar la voluntad de los
+guardias, mostr&aacute;ndose sumisa en su viva aflicci&oacute;n. Suplic&oacute;, llor&oacute;
+amargamente; mas l&aacute;grimas y ruegos fueron in&uacute;tiles. Adelante, siempre
+adelante, llevando a retaguardia al ciego africano, que en cuanto se
+enter&oacute; de que la <i>recog&iacute;an</i>, se fue hacia los del Orden, pidi&eacute;ndoles que
+a &eacute;l tambi&eacute;n le echasen la red, y al mismo infierno le llevaran, con tal
+que no le separasen de ella. Presi&oacute;n grande hubo de hacer sobre su
+esp&iacute;ritu la desgraciada mujer para resignarse a tan atroz desventura...
+&iexcl;Ser llevada a un recogimiento de mendigos callejeros como son
+conducidos a la c&aacute;rcel los rateros y malhechores! &iexcl;Verse imposibilitada
+de acudir a su casa a la hora de costumbre, y de atender al cuidado de
+su ama y amiga! Cuando consideraba que Do&ntilde;a Paca y Frasquito no tendr&iacute;an
+qu&eacute; comer aquella noche, su dolor llegaba al frenes&iacute;: hubiera embestido
+a los corchetes para deshacerse de ellos, si fuerzas tuviera contra dos
+hombres. Apartar no pod&iacute;a del pensamiento la consternaci&oacute;n de su se&ntilde;ora
+infeliz, cuando viera que pasaban horas, horas... y la Nina sin parecer.
+&iexcl;Jes&uacute;s, Virgen Sant&iacute;sima! &iquest;Qu&eacute; iba a pasar en aquella casa? Cuando no se
+hunde el mundo por sucesos tales, seguro es que no se hundir&aacute; jam&aacute;s...
+M&aacute;s all&aacute; de las Caballerizas trat&oacute; nuevamente de enternecer con razones
+y lamentos el coraz&oacute;n de sus guardianes. Pero ellos cumpl&iacute;an una orden
+del jefe, y si no la cumpl&iacute;an, mediano r&eacute;spice les echar&iacute;an. Almudena
+callaba, andando agarradito a la falda de Benina, y no parec&iacute;a
+disgustado de la recogida y conducci&oacute;n al dep&oacute;sito de mendicidad.</p>
+
+<p>Si lloraba la pobre postulante, no lloraba menos el cielo, concordando
+con ella en sombr&iacute;a tristeza, pues la llovizna que a caer empez&oacute; en el
+momento de la recogida, fue creciendo hasta ser copiosa lluvia, que la
+puso perdida de pies a cabeza. Las ropas de uno y otro mendigo
+chorreaban; el sombrero hongo de Almudena parec&iacute;a la pieza superior de
+la fuente de los Tritones: poco le faltaba ya para tener verd&iacute;n. El
+calzado ligero de Benina, destrozado por el mucho andar de aquellos
+d&iacute;as, se iba quedando a pedazos en los charcos y barrizales en que se
+met&iacute;a. Cuando llegaron a San Bernardino, pensaba la anciana que mejor
+estar&iacute;a descalza. &laquo;<i>Amri</i>&mdash;le dijo Almudena cuando traspasaban la triste
+puerta del Asilo Municipal&mdash;, no <i>yorar</i> ti... Aqu&iacute; bien <i>tigo migo</i>...
+No <i>yorar</i> ti... <i>contentado</i> m&iacute;... Dar sopa, dar pan nosotras...&raquo;.</p>
+
+<p>En su desolaci&oacute;n, no quiso Benina contestarle. De buena gana le habr&iacute;a
+dado un palo. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a de hacerse cargo aquel vagabundo de la raz&oacute;n
+con que la infeliz mujer se quejaba de su suerte? &iquest;Qui&eacute;n, sino ella,
+comprender&iacute;a el desamparo de su se&ntilde;ora, de su amiga, de su hermana, y la
+noche de ansiedad que pasar&iacute;a, ignorante de lo que pasaba? Y si le
+hac&iacute;an el favor de soltarla al d&iacute;a siguiente, &iquest;con qu&eacute; razones, con qu&eacute;
+mentiras explicar&iacute;a su larga ausencia, su desaparici&oacute;n s&uacute;bita? &iquest;Qu&eacute;
+pod&iacute;a decir, ni qu&eacute; invento sacar de su fecunda imaginaci&oacute;n? Nada, nada:
+lo mejor ser&iacute;a desechar todo embuste, revelando el secreto de su
+mendicidad, nada vergonzosa por cierto. Pero bien pod&iacute;a suceder que Do&ntilde;a
+Francisca no lo creyese, y que se quebrantara el lazo de amistad que
+desde tan antiguo las un&iacute;a; y si la se&ntilde;ora se enojaba de veras,
+arroj&aacute;ndola de su lado, Nina se morir&iacute;a de pena, porque no pod&iacute;a vivir
+sin Do&ntilde;a Paca, a quien amaba por sus buenas cualidades y casi casi por
+sus defectos. En fin, despu&eacute;s de pensar en todo esto, y cuando la
+metieron en una gran sala, ahogada y f&eacute;tida, donde hab&iacute;a ya como un
+medio centenar de ancianos de ambos sexos, concluy&oacute; por echarse en los
+brazos amorosos de la resignaci&oacute;n, dici&eacute;ndose: &laquo;Sea lo que Dios quiera.
+Cuando vuelva a casa dir&eacute; la verdad; y si la se&ntilde;ora est&aacute; viva para
+cuando yo llegue y no quiere creerme, que no me crea; y si se enfada,
+que se enfade; y si me despide, que me despida; y si me muero, que me
+muera&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a><a href="#toc">XXXII</a></h2>
+
+
+<p>Aunque Nina no lo pensara y dijera, bien se comprender&aacute; que el
+desasosiego y consternaci&oacute;n de Do&ntilde;a Paca en aquella triste noche
+superaron a cuanto pudiera manifestar el narrador. A medida que avanzaba
+el tiempo, sin que la criada volviese al hogar, crec&iacute;a la angustia del
+ama, quien, si al principio ech&oacute; de menos a su compa&ntilde;era por la falta
+que en el orden material hac&iacute;a, pronto se inquiet&oacute; m&aacute;s, pensando en la
+desgracia que habr&iacute;a podido ocurrirle: cogida de coche, verbigracia, o
+muerte repentina en la calle. Procuraba el bueno de Frasquito
+tranquilizarla, pero in&uacute;tilmente. Y el deste&ntilde;ido viejo ten&iacute;a que
+callarse cuando su paisana le dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Pero si nunca ha pasado esto;
+nunca, querido Ponte! Ni una sola vez ha faltado de casa en tant&iacute;simos
+a&ntilde;os&raquo;.</p>
+
+<p>Surgieron dificultades graves para cenar formalmente, y nada se
+adelantaba con que las chiquillas de la cordonera se brindasen oficiosas
+a sustituir a la criada ausente. Verdad que Do&ntilde;a Paca perdi&oacute; en absoluto
+el apetito, y lo mismo, o poco menos, le pasaba a su hu&eacute;sped. Pero como
+no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que tomar algo para sostener las fuerzas, ambos se
+propinaron un huevo batido en vino y unos pedacitos de pan. De dormir,
+no se hable. La se&ntilde;ora contaba las horas, medias y cuartos de la noche
+por los relojes de la vecindad, y no hac&iacute;a m&aacute;s que medir el pasillo de
+punta a punta, atenta a los ruidos de la escalera. Ponte no quiso ser
+menos: la galanter&iacute;a le obligaba a no acostarse mientras su amiga y
+protectora estuviese en vela, y para conciliar las obligaciones de
+caballero con su fatiga de convaleciente, descabez&oacute; un par de sue&ntilde;ecitos
+en una silla. Para esto hubo de adoptar postura violenta, haciendo
+almohada de sus brazos, cruzados sobre el respaldo, y al dormirse se le
+qued&oacute; colgando la cabeza, de lo que le sobrevino un tremendo tort&iacute;colis
+a la ma&ntilde;ana siguiente.</p>
+
+<p>Al amanecer de Dios, vencida del cansancio Do&ntilde;a Paca, se qued&oacute; dormidita
+en un sill&oacute;n. Hablaba en sue&ntilde;os, y su cuerpo se sacud&iacute;a de rato en rato
+con estremecimientos nerviosos. Despert&oacute; sobresaltada, creyendo que
+hab&iacute;a ladrones en la casa, y el d&iacute;a claro, con el vac&iacute;o de la ausencia
+de Nina, le result&oacute; m&aacute;s triste y solitario que la noche. Seg&uacute;n
+Frasquito, que en esto pensaba cuerdamente, ning&uacute;n rastro parec&iacute;a m&aacute;s
+seguro que informarse de los se&ntilde;ores en cuya casa serv&iacute;a Benina de
+asistenta. Ya lo hab&iacute;a pensado tambi&eacute;n su paisana la tarde anterior;
+pero como ignoraba el n&uacute;mero de la casa de D. Romualdo en la calle de la
+Greda, no se determinaron a emprender las averiguaciones. Por la ma&ntilde;ana,
+habi&eacute;ndose brindado el portero a inquirir el paradero de la extraviada
+sirviente, se le mand&oacute; con el encargo, y a la hora volvi&oacute; diciendo que
+en ninguna porter&iacute;a de tal calle daban raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Y a todas estas, no hab&iacute;a en la casa m&aacute;s que alg&uacute;n resto de cocido del
+d&iacute;a anterior, casi avinagrado ya, y mendrugos de pan duro. Gracias que
+los vecinos, enterados del conflicto tan grave, ofrecieron a la ilustre
+viuda algunos v&iacute;veres: este, sopas de ajo; aquel, bacalao frito; el
+otro, un huevo y media botella de pele&oacute;n. No hab&iacute;a m&aacute;s remedio que
+alimentarse, haciendo de tripas coraz&oacute;n, porque la naturaleza no espera:
+es forzoso vivir, aunque el alma se oponga, encari&ntilde;ada con su amiga la
+muerte. Pasaban lentas las horas del d&iacute;a, y tanto Ponte como su paisana
+no pod&iacute;an apartar su atenci&oacute;n de todo ruido de pasos que sonaba en la
+escalera. Pero tantos desenga&ntilde;os sufrieron, que, al fin, rendidos y sin
+esperanza, se sentaron uno frente a otro, silenciosos, con reposo y
+gravedad de esfinges, y mir&aacute;ndose confirieron t&aacute;citamente la soluci&oacute;n
+del enigma a la divina voluntad. Ya se sabr&iacute;a el paradero de Nina, o los
+motivos de su ausencia, cuando Dios se dignara darlos a conocer por los
+medios y caminos a que nunca alcanza nuestra previsi&oacute;n.</p>
+
+<p>Las doce ser&iacute;an ya, cuando son&oacute; un fuerte campanillazo. La dama ronde&ntilde;a
+y el gal&aacute;n de Algeciras saltaron, cual mu&ntilde;ecos de goma, en sus
+respectivos asientos. &laquo;No, no es ella&mdash;dijo Do&ntilde;a Paca con gran
+desaliento&mdash;. Nina no llama as&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y como quisiese Frasquito salir a la puerta le detuvo ella con una
+observaci&oacute;n muy en su punto: &laquo;No salga usted, Ponte, que podr&iacute;a ser uno
+de esos gansos de la tienda que vienen a darme un mal rato. Que abra la
+ni&ntilde;a. Celedonia, corre a abrir, y ent&eacute;rate bien: si es alguno que nos
+trae noticias de Nina, que pase. Si es alguien de la tienda, le dices
+que no estoy&raquo;.</p>
+
+<p>Corri&oacute; la chiquilla, y volvi&oacute; desalada al instante diciendo: &laquo;Se&ntilde;ora, D.
+Romualdo&raquo;.</p>
+
+<p>Efecto de gran intensidad emocional, que casi era terror&iacute;fica. Ponte dio
+varias vueltas de peonza sobre un pie, y Do&ntilde;a Paca se levant&oacute; y volvi&oacute;
+a caer en el sill&oacute;n como unas diez veces, diciendo: &laquo;Que pase... Ahora
+sabremos... &iexcl;Dios m&iacute;o, D. Romualdo en casa!... A la salita, Celedonia, a
+la salita... Me echar&eacute; la falda negra... Y no me he peinado... &iexcl;Con qu&eacute;
+facha le recibo!... Que pase, ni&ntilde;a... Mi falda negra&raquo;.</p>
+
+<p>Entre el algecire&ntilde;o y la chiquilla la vistieron de mala manera, y con la
+prisa le pon&iacute;an la ropa del rev&eacute;s. La se&ntilde;ora se impacientaba,
+llam&aacute;ndoles torpes y dando pataditas. Por fin se arregl&oacute; de cualquier
+modo, pasose un peine por el pelo, y dando tumbos se fue a la salita
+donde aguardaba el sacerdote, en pie, mirando las fotograf&iacute;as de
+personas de la familia, &uacute;nica decoraci&oacute;n de la mezquina y pobre
+estancia.</p>
+
+<p>&laquo;Disp&eacute;nseme usted, Sr. D. Romualdo&mdash;dijo la viuda de Zapata, que de la
+emoci&oacute;n no pod&iacute;a tenerse en pie, y hubo de arrojarse en una silla,
+despu&eacute;s de besar la mano al sacerdote&mdash;. Gracias a Dios que puedo
+manifestar a usted mi gratitud por su inagotable bondad.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi obligaci&oacute;n, se&ntilde;ora...&mdash;repuso el cl&eacute;rigo un tanto sorprendido&mdash;, y
+nada tiene usted que agradecerme.</p>
+
+<p>&mdash;Y d&iacute;game ahora, por Dios&mdash;agreg&oacute; la se&ntilde;ora, con tanto miedo de o&iacute;r una
+mala noticia, que apenas hablar pod&iacute;a&mdash;; d&iacute;gamelo pronto. &iquest;Qu&eacute; ha sido de
+mi pobre Nina?&raquo;.</p>
+
+<p>Son&oacute; este nombre en el o&iacute;do del buen sacerdote como el de una perrita
+que a la se&ntilde;ora se le hab&iacute;a perdido.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;No parece?...&mdash;le dijo por decir algo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero usted no sabe...? &iexcl;Ay, ay! Es que ha ocurrido una desgracia, y
+quiere ocult&aacute;rmelo, por caridad&raquo;.</p>
+
+<p>Prorrumpi&oacute; en acerbo llanto la infeliz dama, y el cl&eacute;rigo permanec&iacute;a
+perplejo y mudo. &laquo;Se&ntilde;ora, por piedad, no se aflija usted... Ser&aacute;, o no
+ser&aacute; lo que usted supone.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nina, Nina de mi alma!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es persona de su familia, de su intimidad? Expl&iacute;queme...</p>
+
+<p>&mdash;Si el Sr. D. Romualdo no quiere decirme la verdad por no aumentar mi
+tribulaci&oacute;n, yo se lo agradezco infinito... Pero vale m&aacute;s saber... &iquest;O es
+que quiere darme la noticia poquito a poco, para que me impresione
+menos?...</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora m&iacute;a&mdash;dijo el sacerdote con impaciente franqueza, &aacute;vido de aclarar
+las cosas&mdash;. Yo no le traigo a usted noticias buenas ni malas de la
+persona por quien llora, ni s&eacute; qu&eacute; persona es esa, ni en qu&eacute; se funda
+usted para creer que yo...</p>
+
+<p>&mdash;Disp&eacute;nseme, Sr. D. Romualdo. Pens&eacute; que la Benina, mi criada, mi amiga y
+compa&ntilde;era m&aacute;s bien, hab&iacute;a sufrido alg&uacute;n grave accidente en su casa de
+usted, o al salir de ella, o en la calle, y...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s?... Sin duda, se&ntilde;ora Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez, hay en esto un
+error que yo debo desvanecer, diciendo a usted mi nombre: Romualdo
+Cedr&oacute;n. He desempe&ntilde;ado durante veinte a&ntilde;os el arciprestazgo de Santa
+Mar&iacute;a de Ronda, y vengo a manifestar a usted, por encargo expreso de los
+dem&aacute;s testamentarios, la &uacute;ltima voluntad del que fue mi amigo del alma,
+Rafael Garc&iacute;a de los Antrines, que Dios tenga en su santa gloria&raquo;.</p>
+
+<p>Si Do&ntilde;a Paca viera que se abr&iacute;a la tierra y sal&iacute;an de ella escuadrones
+de diablos, y que por arriba el cielo se descuajaraba, echando de s&iacute;
+legiones de &aacute;ngeles, y unos y otros se juntaban formando una inmensa
+falange gloriosa y bufonesca, no se quedara m&aacute;s at&oacute;nita y confusa.
+&iexcl;Testamento, herencia! &iquest;Lo que dec&iacute;a el cl&eacute;rigo era verdad, o una
+rid&iacute;cula, despiadada burla? &iquest;Y el tal sujeto era persona real, o imagen
+fingida en la mente enferma de la dama infeliz? La lengua se le peg&oacute; al
+paladar, y miraba a D. Romualdo con aterrados ojos.</p>
+
+<p>&laquo;No es para que usted se asuste, se&ntilde;ora. Al contrario: yo tengo la
+satisfacci&oacute;n de comunicar a Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez el t&eacute;rmino de sus
+sufrimientos. El Se&ntilde;or, que ha probado sin duda ya con creces su
+conformidad y resignaci&oacute;n, quiere premiar ahora estas virtudes,
+sac&aacute;ndola a usted de la trist&iacute;sima situaci&oacute;n en que ha vivido tantos
+a&ntilde;os&raquo;.</p>
+
+<p>A do&ntilde;a Paca le ca&iacute;a un hilo de l&aacute;grimas de cada ojo, y no acertaba a
+proferir palabra. &iexcl;Cu&aacute;l ser&iacute;a su emoci&oacute;n, cu&aacute;les su sorpresa y j&uacute;bilo,
+que se borr&oacute; de su mente la imagen de Benina, como si la ausencia y
+p&eacute;rdida de esta fuese suceso ocurrido muchos a&ntilde;os antes!</p>
+
+<p>&laquo;Comprendo&mdash;prosigui&oacute; el buen sacerdote enderezando su cuerpo y
+aproximando el sill&oacute;n para tocar con su mano el brazo de Do&ntilde;a
+Francisca&mdash;, comprendo su trastorno... No se pasa bruscamente del
+infortunio al bienestar, sin sentir una fuerte sacudida. Lo contrario
+ser&iacute;a peor... Y puesto que se trata de cosa importante, que debe ocupar
+con preferencia su atenci&oacute;n, hablemos de ello, se&ntilde;ora m&iacute;a, dejando para
+despu&eacute;s ese otro asunto que la inquieta... No debe usted afanarse tanto
+por su criada o amiga... &iexcl;Ya parecer&aacute;!&raquo;.</p>
+
+<p>Esta frase llev&oacute; de nuevo al esp&iacute;ritu de Do&ntilde;a Paca la idea de Nina y el
+sentimiento de su misteriosa desaparici&oacute;n. Notando en el <i>ya parecer&aacute;</i>
+de D. Romualdo una intenci&oacute;n ben&eacute;vola y optimista, dio en creer que el
+buen se&ntilde;or, despu&eacute;s que despachase el asunto principal, le hablar&iacute;a del
+caso de la anciana, que sin duda no era de suma gravedad. Pronto la
+mente de la se&ntilde;ora con r&aacute;pido giro de veleta torn&oacute; a la idea de la
+herencia, y a ella se agarr&oacute;, dejando lo dem&aacute;s en el olvido; y
+observando el presb&iacute;tero su ansiedad de informes, se apresur&oacute; a
+satisfacerla.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya sabr&aacute; usted que el pobre Rafael pas&oacute; a mejor vida el 11 de
+Febrero...</p>
+
+<p>&mdash;No lo sab&iacute;a, no, se&ntilde;or. Dios le haya dado su descanso... &iexcl;ay!</p>
+
+<p>&mdash;Era un santo. Su &uacute;nico error fue abominar del matrimonio, despreciando
+los excelentes partidos que sus amigos le propon&iacute;amos. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os
+vivi&oacute; en un cortijo llamado las <i>Higueras de Ju&aacute;rez</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Lo conozco. Esa finca fue de mi abuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Justamente: de D. Alejandro Ju&aacute;rez... Bueno: pues Rafael contrajo en
+las <i>Higueras</i> la afecci&oacute;n del h&iacute;gado que le llev&oacute; al sepulcro a los
+cincuenta y cinco a&ntilde;os de edad. &iexcl;L&aacute;stima de mocet&oacute;n, casi tan alto como
+yo, se&ntilde;ora, con una musculatura no menos vigorosa que la m&iacute;a, y un pecho
+como el de un toro, y aquel rostro rebosando vida!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!...</p>
+
+<p>&mdash;En nuestras cacer&iacute;as del jabal&iacute; y del venado, nunca consegu&iacute; cansarle.
+Su amor propio era m&aacute;s fuerte que su complexi&oacute;n fort&iacute;sima. Desafiaba los
+chubascos, el hambre y la sed... Pues vea usted aquel roble quebrarse
+como una ca&ntilde;a. A los pocos meses de caer enfermo se le pod&iacute;an contar los
+huesos al trav&eacute;s de la piel... se fue consumiendo, consumiendo...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y con qu&eacute; resignaci&oacute;n llevaba su mal, y qu&eacute; bien se prepar&oacute; para la
+muerte, mir&aacute;ndola como una sentencia de Dios, contra la cual no debe
+haber protesta, sino m&aacute;s bien una conformidad alegre! &iexcl;Pobre Rafael, qu&eacute;
+pedazo de &aacute;ngel!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no viv&iacute;a ya en Ronda, porque ten&iacute;a intereses en mi pueblo que me
+obligaron a fijar mi residencia en Madrid. Pero cuando supe la gravedad
+del amigo querid&iacute;simo, me plant&eacute; all&aacute;... Un mes le acompa&ntilde;&eacute; y asist&iacute;...
+&iexcl;Qu&eacute; pena!... Muri&oacute; en mis brazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!...&raquo;.</p>
+
+<p>Estos ayes eran suspiros que a Do&ntilde;a Paca se le sal&iacute;an del alma, como
+pajaritos que escapan de una jaula abierta por los cuatro costados. Con
+noble sinceridad, sin dejar de acariciar en su pensamiento la probable
+herencia, se asociaba al duelo de D. Romualdo por el generoso solter&oacute;n
+ronde&ntilde;o.</p>
+
+<p>&laquo;En fin, se&ntilde;ora m&iacute;a: muri&oacute; como cat&oacute;lico ferviente, despu&eacute;s de otorgar
+testamento...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!...</p>
+
+<p>&mdash;En el cual deja el tercio de sus bienes a su sobrina en segundo grado,
+Clemencia Sopelana, &iquest;sabe usted? la esposa de D. Rodrigo del Quintanar,
+hermano del Marqu&eacute;s de Guadalerce. Los otros dos tercios los destina,
+parte a una fundaci&oacute;n piadosa, parte a mejorar la situaci&oacute;n de algunos
+de sus parientes que, por desgracias de familia, malos negocios u otras
+adversidades y contratiempos, han venido a menos. Hall&aacute;ndose usted y sus
+hijos en este caso, claro est&aacute; que son de los m&aacute;s favorecidos, y...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!... Al fin Dios ha querido que yo no me muera sin ver el t&eacute;rmino de
+esta miseria ignominiosa. &iexcl;Bendito sea una y mil veces el que da y quita
+los males, el Justiciero, el Misericordioso, el Santo de los
+Santos!...&raquo;.</p>
+
+<p>Con tal efusi&oacute;n rompi&oacute; en llanto la desdichada Do&ntilde;a Francisca, cruzando
+las manos y poni&eacute;ndose de hinojos, que el buen sacerdote, temeroso de
+que tanta sensibilidad acabase en una pataleta, sali&oacute; a la puerta, dando
+palmadas, para que viniese alguien a quien pedir un vaso de agua.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a><a href="#toc">XXXIII</a></h2>
+
+
+<p>Acudi&oacute; el propio Frasquito con el socorro del agua, y D. Romualdo, en
+cuanto la se&ntilde;ora bebi&oacute; y se repuso de su emoci&oacute;n, dijo al desmedrado
+caballero: &laquo;Si no me equivoco, tengo el honor de hablar con D. Francisco
+Ponte Delgado... natural de Algeciras... Por muchos a&ntilde;os. &iquest;Es usted
+primo en tercer grado de Rafael Antrines, de cuyo fallecimiento tendr&aacute;
+noticia?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Falleci&oacute;?... &iexcl;Ay, no lo sab&iacute;a!&mdash;replic&oacute; Ponte muy cortado&mdash;. &iexcl;Pobre
+Rafaelito! Cuando yo estuve en Ronda el a&ntilde;o 56, poco antes de la ca&iacute;da
+de Espartero, &eacute;l era un ni&ntilde;o, tama&ntilde;o as&iacute;. Despu&eacute;s nos vimos en Madrid
+dos o tres veces... &Eacute;l sol&iacute;a venir a pasar aqu&iacute; temporadas de oto&ntilde;o; iba
+mucho al Real, y era amigo de los Ust&aacute;riz; trabajaba por R&iacute;os Rosas en
+las elecciones, y por los R&iacute;os Acu&ntilde;a... &iexcl;Oh, pobre Rafael! &iexcl;Excelente
+amigo, hombre sencillo y afectuoso, gran cazador!... Congeni&aacute;bamos en
+todo, menos en una cosa: &eacute;l era muy campesino, muy amante de la vida
+r&uacute;stica, y yo detesto el campo y los arbolitos. Siempre fui hombre de
+poblaciones, de grandes poblaciones...</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntese usted aqu&iacute;&mdash;le dijo D. Romualdo, dando tan fuerte palmetazo en
+un viejo sill&oacute;n de muelles, que de &eacute;l se levant&oacute; espesa nube de polvo.</p>
+
+<p>Un momento despu&eacute;s, hab&iacute;ase enterado el gal&aacute;n fiambre de su
+participaci&oacute;n en la herencia del primo Rafael, qued&aacute;ndose en tal manera
+turulato, que hubo de beberse, para evitar un soponcio, toda el agua que
+dejara Do&ntilde;a Francisca.</p>
+
+<p>No estar&aacute; de m&aacute;s se&ntilde;alar ahora la perfecta concordancia entre la persona
+del sacerdote y su apellido Cedr&oacute;n, pues por la estatura, la robustez y
+hasta por el color pod&iacute;a ser comparado a un corpulento cedro; que entre
+&aacute;rboles y hombres, mirando los caracteres de unos y otros, tambi&eacute;n hay
+concomitancias y parentescos. Talludo es el cedro, y adem&aacute;s, bello,
+noble, de madera un tanto quebradiza, pero grata y olorosa. Pues del
+mismo modo era D. Romualdo: grand&oacute;n, fornido, atezado, y al propio
+tiempo excelente persona, de intachable conducta en lo eclesi&aacute;stico,
+cazador, hombre de mundo en el grado que puede serlo un cura, de
+apacible genio, de palabra persuasiva, tolerante con las flaquezas
+humanas, caritativo, misericordioso, en suma, con los procedimientos
+met&oacute;dicos y el buen arreglo que tan bien se aven&iacute;an con su desahogada
+posici&oacute;n. Vest&iacute;a con pulcritud, sin alardes de elegancia; fumaba sin
+tasa buenos puros, y com&iacute;a y beb&iacute;a todo lo que demandaba el
+sostenimiento de tan fuerte osamenta y de musculatura tan recia. Enormes
+pies y manos correspond&iacute;an a su corpulencia. Sus facciones bastas y
+abultadas no carec&iacute;an de hermosura, por la proporci&oacute;n y buen dibujo;
+hermosura de mascar&oacute;n escult&oacute;rico, miguel-angelesco, para decorar una
+imposta, m&eacute;nsula o el centro de una cartela, echando de la boca
+guirnaldas y festones.</p>
+
+<p>Entrando en pormenores, que los herederos de Rafael anhelaban conocer,
+Cedr&oacute;n les dio noticias prolijas del testamento, que tanto Do&ntilde;a Paca
+como Ponte oyeron con la religiosa atenci&oacute;n que f&aacute;cilmente se supone.
+Eran testamentarios, adem&aacute;s del Sr. Cedr&oacute;n, D. Sandalio Maturana y el
+Marqu&eacute;s de Guadalerce. En la parte que a las dos personas all&iacute; presentes
+interesaba, dispon&iacute;a Rafael lo siguiente: a Obdulia y a Anto&ntilde;ito, hijos
+de su primo Antonio Zapata, les dejaba el cortijo de Almoraima, pero
+s&oacute;lo en usufructo. Los testamentarios les entregar&iacute;an el producto de
+aquella finca, que dividida en dos mitades pasar&iacute;a a los herederos del
+Antonio y de la Obdulia, al fallecimiento de estos. A Do&ntilde;a Francisca y a
+Ponte les asignaba pensi&oacute;n vitalicia, como a otros muchos parientes, con
+la renta de t&iacute;tulos de la Deuda, que constitu&iacute;an una de las principales
+riquezas del testador.</p>
+
+<p>Oyendo estas cosas, Frasquito se atusaba sobre la oreja los ahuecados
+mechones de su melena, sin darse un segundo de reposo. Do&ntilde;a Francisca,
+en verdad, no sab&iacute;a lo que le pasaba: cre&iacute;a so&ntilde;ar. En un acceso de
+febril j&uacute;bilo, sali&oacute; al pasillo gritando: &laquo;&iexcl;Nina, Nina, ven y
+ent&eacute;rate!... &iexcl;Ya somos ricas!... &iexcl;digo, ya no somos pobres!...&raquo;.</p>
+
+<p>Pronto acudi&oacute; a su mente el recuerdo de la desaparici&oacute;n de su criada, y
+volviendo al lado de Cedr&oacute;n, le dijo entre sollozos: &laquo;Perd&oacute;neme; ya no
+me acordaba de que he perdido a la compa&ntilde;era de mi vida...</p>
+
+<p>&mdash;Ya parecer&aacute;&mdash;repiti&oacute; el cl&eacute;rigo, y tambi&eacute;n Frasquito, como un eco:</p>
+
+<p>&mdash;Ya parecer&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Si se hubiera muerto&mdash;indic&oacute; Do&ntilde;a Francisca&mdash;, creo que la intensidad de
+mi alegr&iacute;a la har&iacute;a resucitar.</p>
+
+<p>&mdash;Ya hablaremos de esa se&ntilde;ora&mdash;dijo Cedr&oacute;n&mdash;. Antes acabe de enterarse de
+lo que tanto le interesa. Los testamentarios, atentos a que usted, lo
+mismo que el se&ntilde;or, se hallan en situaci&oacute;n muy precaria, por causas que
+no quiero examinar ahora, ni hay para qu&eacute;, han decidido... para eso y
+para mucho m&aacute;s les autoriza el testador, d&aacute;ndoles facultades
+omn&iacute;modas... han decidido, mientras se pone en regla todo lo
+concerniente al testamento, liquidaci&oacute;n para el pago de derechos reales,
+<i>etc&eacute;tera</i>, <i>etc&eacute;tera</i>... han decidido, digo...&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Paca y Frasquito, de tanto contener el aliento, hall&aacute;banse ya
+pr&oacute;ximos a la asfixia.</p>
+
+<p>&laquo;Han decidido, mejor dicho, decidieron o decidimos... de esto hace dos
+meses... se&ntilde;alar a ustedes la cantidad mensual de cincuenta duros como
+asignaci&oacute;n provisional, o si se quiere anticipo, hasta que determinemos
+la cifra exacta de la pensi&oacute;n. &iquest;Est&aacute; comprendido?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or; s&iacute;, se&ntilde;or... comprendido, perfectamente comprendido&mdash;clamaron
+los dos al un&iacute;sono.</p>
+
+<p>&mdash;Antes hubieran uno y otro recibido este jicarazo&mdash;dijo el cl&eacute;rigo&mdash;; pero
+me ha costado un trabajo enorme averiguar d&oacute;nde resid&iacute;an. Creo que he
+preguntado a medio Madrid... y por fin... No ha sido poca suerte
+encontrar juntas en esta casa a las dos <i>piezas</i>, perdonen el t&eacute;rmino de
+caza, que vengo persiguiendo como un azac&aacute;n desde hace tantos d&iacute;as&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Paca le bes&oacute; la mano derecha, y Frasquito Ponte la izquierda. Ambos
+lagrimeaban.</p>
+
+<p>&laquo;Dos meses de pensi&oacute;n han devengado ustedes ya, y ahora nos pondremos de
+acuerdo para las formalidades que han de llenarse, a fin de que uno y
+otro perciban desde luego...&raquo;.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; a creer Ponte que hac&iacute;a una r&aacute;pida ascensi&oacute;n en globo, y se agarr&oacute;
+con fuerza a los brazos del sill&oacute;n, como el aeronauta a los bordes de la
+barquilla.</p>
+
+<p>&laquo;Estamos a sus &oacute;rdenes&mdash;manifest&oacute; Do&ntilde;a Francisca en alta voz; y para s&iacute;&mdash;:
+Esto no puede ser; esto es un sue&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>La idea de que no pudiera Nina enterarse de tanta felicidad, enturbi&oacute; la
+que en aquel momento inundaba su alma. A este pensamiento hubo de
+responder, por misteriosa concatenaci&oacute;n, el de Ponte Delgado, que dijo:
+&laquo;&iexcl;L&aacute;stima que Nina, ese &aacute;ngel, no est&eacute; presente!... Pero no debemos
+suponer que le haya pasado ning&uacute;n accidente grave. &iquest;Verdad, Sr. D.
+Romualdo? Ello habr&aacute; sido...</p>
+
+<p>&mdash;Me dice el coraz&oacute;n que est&aacute; buena y sana, que volver&aacute; hoy...&mdash;declar&oacute;
+Do&ntilde;a Paca con ardiente optimismo, viendo todas las cosas envueltas en
+rosado celaje&mdash;. Por cierto que... Perdone usted, se&ntilde;or m&iacute;o: hay tal
+confusi&oacute;n en mi pobre cabeza... Dec&iacute;a que... Al anunciarse el se&ntilde;or D.
+Romualdo en mi casa, yo cre&iacute;, fij&aacute;ndome s&oacute;lo en el nombre, que era usted
+el dign&iacute;simo sacerdote en cuya casa es asistenta mi Benina. &iquest;Me
+equivoco?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es propio de las grandes almas caritativas esconderse, negar su propia
+personalidad, para de este modo huir del agradecimiento y de la
+publicidad de sus virtudes... Vamos a cuentas, Sr. D. Romualdo, y h&aacute;game
+el favor de no hacer misterio de sus grandes virtudes. &iquest;Es cierto que
+por la fama de estas le proponen para obispo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;!... No ha llegado a m&iacute; noticia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es usted de Guadalajara o su provincia?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tiene usted una sobrina llamada Do&ntilde;a Patros?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Dice usted la misa en San Sebasti&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora: la digo en San Andr&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tampoco es cierto que hace d&iacute;as le regalaron a usted un conejo de
+campo?...</p>
+
+<p>&mdash;Podr&iacute;a ser... ja, ja... pero no recuerdo...</p>
+
+<p>&mdash;Sea como fuere, Sr. D. Romualdo, usted me asegura que no conoce a mi
+Benina.</p>
+
+<p>&mdash;Creo... vamos, no puedo asegurar que me es desconocida, se&ntilde;ora m&iacute;a.
+Ant&oacute;jaseme que la he visto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! bien dec&iacute;a yo que... Sr. de Cedr&oacute;n, &iexcl;qu&eacute; alegr&iacute;a me da!</p>
+
+<p>&mdash;Tenga usted calma. Veamos: &iquest;esa Benina es una mujer vestida de negro,
+as&iacute; como de sesenta a&ntilde;os, con una verruga en la frente?...</p>
+
+<p>&mdash;La misma, la misma, Sr. D. Romualdo: muy modosita, algo vivaracha, a
+pesar de su edad.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s se&ntilde;as: pide limosna, y anda por ah&iacute; con un ciego africano llamado
+Almudena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s!&mdash;exclam&oacute; con estupefacci&oacute;n y susto Do&ntilde;a Paca&mdash;. Eso no, &iexcl;v&aacute;lgame
+Dios! eso no... Veo que no la conoce usted&raquo;.</p>
+
+<p>Y con una mirada puso por testigo a Frasquito de la veracidad de su
+denegaci&oacute;n. Mir&oacute; tambi&eacute;n Ponte al cl&eacute;rigo, despu&eacute;s a la se&ntilde;ora,
+atormentado por ciertas dudas que inquietaron su conciencia. &laquo;Benina es
+un &aacute;ngel&mdash;se permiti&oacute; decir t&iacute;midamente&mdash;. Pida o no pida limosna, y esto
+yo no lo s&eacute;, es un &aacute;ngel, palabra de honor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quite usted all&aacute;!... &iexcl;Pedir mi Benina... y andar por esas calles con
+un ciego!...</p>
+
+<p>&mdash;Moro, por m&aacute;s se&ntilde;as&mdash;indic&oacute; D. Romualdo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo debo manifestar&mdash;dijo Ponte con honrada sinceridad&mdash;, que no hace
+muchos d&iacute;as, pasando yo por la Plaza del Progreso, la vi sentada al pie
+de la estatua, en compa&ntilde;&iacute;a de un mendigo ciego, que por el tipo me
+pareci&oacute;... oriundo del Riff&raquo;.</p>
+
+<p>El aturdimiento, el v&eacute;rtigo mental de Do&ntilde;a Paca fueron tan grandes, que
+su alegr&iacute;a se troc&oacute; s&uacute;bitamente en tristeza, y dio en creer que cuanto
+dec&iacute;an all&iacute; era ilusi&oacute;n de sus o&iacute;dos; ficticios los seres con quienes
+hablaba, y mentira todo, empezando por la herencia. Tem&iacute;a un despertar
+l&uacute;gubre. Cerrando los ojos, se dijo: &laquo;&iexcl;Dios m&iacute;o, s&aacute;came de tan terrible
+duda; arr&aacute;ncame esta idea!... &iquest;Es esto mentira, es esto verdad? &iexcl;Yo
+heredera de Rafaelito Antrines; yo con medios de vivir!... &iexcl;Nina
+pidiendo limosna; Nina con un riffe&ntilde;o!...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;exclam&oacute; al fin con s&uacute;bito arranque&mdash;. Pues viva Nina, y viva con
+su moro, y con toda la morer&iacute;a de Argel, y v&eacute;ala yo, y vuelva a casa,
+aunque se traiga al africano metido en la cesta&raquo;.</p>
+
+<p>Echose a re&iacute;r D. Romualdo, y explicando el cu&aacute;ndo y c&oacute;mo de conocer a
+Benina, dijo que por un amigo suyo, coadjutor en San Andr&eacute;s, cl&eacute;rigo de
+mucha ilustraci&oacute;n y humanista muy aprovechado, que picaba en las lenguas
+orientales, hab&iacute;a conocido al &aacute;rabe Almudena. Con &eacute;l vio a una mujer que
+le acompa&ntilde;aba, de la cual le dijeron que a una se&ntilde;ora viuda serv&iacute;a,
+andaluza por m&aacute;s se&ntilde;as, habitante en la calle Imperial. &laquo;No pude menos
+de relacionar estas referencias con la se&ntilde;ora Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez, a
+quien yo no hab&iacute;a tenido el gusto de ver todav&iacute;a, y hoy, al o&iacute;r a usted
+lamentarse de la desaparici&oacute;n de su criada, pens&eacute; y dije para m&iacute;: &laquo;Si la
+mujer que se ha perdido es la que yo creo, busquemos el caldero y
+encontraremos la soga; busquemos al moro, y encontraremos a la odalisca;
+digo, a esa que llaman ustedes...</p>
+
+<p>&mdash;Benigna de Casia... de Casia, s&iacute;, se&ntilde;or, de donde viene la broma de que
+es parienta de Santa Rita&raquo;.</p>
+
+<p>A&ntilde;adi&oacute; el Sr. de Cedr&oacute;n que, no por sus merecimientos, sino por la
+confianza con que le distingu&iacute;an los fundadores del Asilo de ancianos y
+ancianas de <i>la Misericordia</i>, era patrono y mayordomo mayor del mismo;
+y como a &eacute;l se dirig&iacute;an las solicitudes de ingreso, no daba un paso por
+la calle sin que le acometieran mendigos importunos, y se ve&iacute;a
+continuamente asediado de recomendaciones y tarjetazos pidiendo la
+admisi&oacute;n. &laquo;Podr&iacute;amos creer&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;, que es nuestro pa&iacute;s inmensa gusanera
+de pobres, y que debemos hacer de la naci&oacute;n un Asilo sin fin, donde
+quepamos todos, desde el primero al &uacute;ltimo. Al paso que vamos, pronto
+seremos el m&aacute;s grande Hospicio de Europa... He recordado esto, porque mi
+amigo Mayoral, el cleriguito aficionado a letras orientales, me habl&oacute; de
+recoger en nuestro Asilo a la compa&ntilde;era de Almudena.</p>
+
+<p>&mdash;Yo le suplico a usted, mi Sr. D. Romualdo&mdash;dijo Do&ntilde;a Francisca
+enteramente trastornada ya&mdash;, que no crea nada de eso; que no haga ning&uacute;n
+caso de las Beninas figuradas que puedan salir por ah&iacute;, y se atenga a la
+propia y leg&iacute;tima Nina; a la que va de asistenta a su casa de usted
+todas las ma&ntilde;anas, recibiendo all&iacute; tantos beneficios, como los he
+recibido yo por conducto de ella. Esta es la verdadera; esta la que
+hemos de buscar y encontraremos con la ayuda del Sr. de Cedr&oacute;n y de su
+digna hermana Do&ntilde;a Josefa, y de su sobrina Do&ntilde;a Patros... Usted me
+negar&aacute; que la conoce, por hacer un misterio de su virtud y santidad;
+pero esto no le vale, no se&ntilde;or. A m&iacute; me consta que es usted santo, y que
+no quiere que le descubran sus secretos de caridad sublime; y como me
+consta, lo digo. Busquemos, pues, a Nina, y cuando a mi compa&ntilde;&iacute;a vuelva,
+gritaremos las dos: &iexcl;Santo, santo, santo!&raquo;.</p>
+
+<p>Sac&oacute; en limpio de esta perorata el Sr. de Cedr&oacute;n que Do&ntilde;a Francisca
+Ju&aacute;rez no ten&iacute;a la cabeza buena; y creyendo que las explicaciones y el
+contender sobre lo mismo no atenuar&iacute;an su trastorno, puso punto final en
+aquel asunto, y se despidi&oacute;, quedando en volver al d&iacute;a siguiente para el
+examen de papeles, y la entrega, mediante recibo en regla, de las
+cantidades devengadas ya por los herederos.</p>
+
+<p>Dur&oacute; largo rato la despedida, porque tanto Do&ntilde;a Paca como Frasquito
+repitieron, en el tr&aacute;nsito desde la salita a la escalera, sus
+expresiones de gratitud como unas cuarenta veces, con igual n&uacute;mero de
+besos, m&aacute;s bien m&aacute;s que menos, en la mano del sacerdote. Y cuando
+desapareci&oacute; por las escaleras abajo el gran Cedr&oacute;n, y se vieron solos de
+puerta adentro la dama ronde&ntilde;a y el gal&aacute;n de Algeciras, dijo ella:
+&laquo;Frasquito de mi alma, &iquest;es verdad todo esto?</p>
+
+<p>&mdash;Eso mismo iba yo a preguntar a usted... &iquest;Estaremos so&ntilde;ando? &iquest;Usted qu&eacute;
+cree?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... no s&eacute;... no puedo pensar... Me falta la inteligencia, me falta
+la memoria, me falta el juicio, me falta Nina.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; tambi&eacute;n me falta algo... No s&eacute; discurrir.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nos habremos vuelto tontos o locos?...</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo digo: &iquest;por qu&eacute; nos niega D. Romualdo que su sobrina se llama
+Patros, que le proponen para Obispo, y que le regalaron un conejo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo del conejo no lo neg&oacute;... dispense usted. Dijo que no se acordaba.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... &iquest;Y si ahora, el D. Romualdo que acabamos de ver nos
+resultase un ser figurado, una creaci&oacute;n de la hechicer&iacute;a o de las artes
+infernales... vamos, que se nos evaporara y convirtiera en humo,
+resultando todo una ilusi&oacute;n, una sombra, un desvar&iacute;o?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora, por la Virgen Sant&iacute;sima!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si no volviese m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si no volviese!... &iexcl;Que no vuelve, que no nos entregar&aacute; la...
+los...!&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto, la cara fl&aacute;ccida y desmayada del buen Frasquito expresaba
+un terror tr&aacute;gico. Se pas&oacute; la mano por los ojos, y lanzando un graznido,
+cay&oacute; en el sill&oacute;n con un accidente cerebral, semejante al de la noche
+l&uacute;gubre, entre las calles de Irlandeses y Mediod&iacute;a Grande.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a><a href="#toc">XXXIV</a></h2>
+
+
+<p>Gracias a los cuidados de Do&ntilde;a Paca, asistida de las chicas de la
+cordonera, pronto se repuso Ponte de aquella nueva manifestaci&oacute;n de su
+mal, y al anochecer, conversando con la dama ronde&ntilde;a, convinieron ambos
+en que D. Romualdo Cedr&oacute;n era un ser efectivo, y la herencia una verdad
+incuestionable. No obstante, entre la vida y la muerte estuvieron hasta
+el siguiente d&iacute;a, en que se les apareci&oacute; por segunda vez la imagen del
+ben&eacute;fico sacerdote, acompa&ntilde;ado de un notario, que result&oacute; antiguo
+conocimiento de Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez de Zapata. Arreglado el asunto,
+previo examen de papeles, en lo que no hubo dificultad, recibieron los
+herederos de Rafaelito Antrines, a cuenta de su pensi&oacute;n, cantidad de
+billetes de Banco que a entrambos pareci&oacute; fabulosa, por causa, sin duda,
+de la absoluta limpieza de sus respectivas arcas. La posesi&oacute;n del
+dinero, acontecimiento inaudito en aquellos tristes a&ntilde;os de su vida,
+produjo en Do&ntilde;a Paca un efecto psicol&oacute;gico muy extra&ntilde;o: se le anubl&oacute; la
+inteligencia; perdi&oacute; hasta la noci&oacute;n del tiempo; no encontraba palabras
+con qu&eacute; expresar las ideas, y estas zumbaban en su cabeza como las
+moscas cuando se estrellan contra un cristal, queriendo atravesarlo para
+pasar de la obscuridad a la luz. Quiso hablar de su Nina, y dijo mil
+disparates. Como se oye un rumor de lejanas disputas, de las cuales s&oacute;lo
+se perciben s&iacute;labas y voces sueltas, o&iacute;a que Frasquito y los otros dos
+se&ntilde;ores hablaban del asunto; crey&oacute; entender que la fugitiva parecer&iacute;a,
+que ya se hab&iacute;a encontrado el rastro, pero nada m&aacute;s... Los tres hombres
+estaban en pie, el notario junto a Cedr&oacute;n. Chiquit&iacute;n y con perfil de
+cotorra, parec&iacute;a un perico que se dispone a encaramarse por el tronco de
+un &aacute;rbol.</p>
+
+<p>Despidi&eacute;ronse al fin los amables se&ntilde;ores con ofrecimientos y cortesan&iacute;as
+afectuosas, y solos la ronde&ntilde;a y el de Algeciras, se entretuvieron,
+durante mediano rato, en dar vueltas de una parte a otra de la casa,
+entrando sin objeto ni fin alguno, ya en la cocina, ya en el comedor,
+para salir al instante, cambiando alguna frase nerviosa cuando uno con
+otro se tropezaban. Do&ntilde;a Paca, la verdad sea dicha, sent&iacute;a que se le
+aguaba la felicidad por no poder hacer part&iacute;cipe de ella a su compa&ntilde;era
+y sost&eacute;n en tantos a&ntilde;os de penuria. &iexcl;Ah! Si Nina entrara en aquel
+momento, &iexcl;qu&eacute; gusto tendr&iacute;a su ama en darle la gran sorpresa,
+mostr&aacute;ndose primero muy afligida por la falta de cuartos, y ense&ntilde;&aacute;ndole
+despu&eacute;s el pu&ntilde;ado de billetes! &iexcl;Qu&eacute; cara pondr&iacute;a! &iexcl;C&oacute;mo se le alargar&iacute;an
+los dientes! &iexcl;Y qu&eacute; cosas har&iacute;a con aquel mont&oacute;n de met&aacute;lico! Vamos, que
+Dios, digan lo que dijeren, no hace nunca las cosas completas. As&iacute; en lo
+malo como en lo bueno, siempre se deja un rabillo, para que lo desuelle
+el destino. En las mayores calamidades, permite siempre un suspiro; en
+las dichas que su misericordia concede, <i>se le olvida</i> siempre alg&uacute;n
+detalle, cuya falta <i>lo echa todo a perder</i>.</p>
+
+<p>En uno de aquellos encuentros, de la sala a la cocina y de la cocina a
+la alcoba, propuso Ponte a su paisana celebrar el suceso y&eacute;ndose los dos
+a comer de fonda. &Eacute;l la convidar&iacute;a gustoso, correspondiendo con tan
+corto obsequio a su generosa hospitalidad. Respondi&oacute; Do&ntilde;a Francisca que
+ella no se presentar&iacute;a en sitios p&uacute;blicos mientras no pudiera hacerlo
+con la decencia de ropa que le correspond&iacute;a; y como su amigo le dijera
+que comiendo fuera de casa se ahorraba la molestia de cocinar en la
+propia sin m&aacute;s ayuda que las chiquillas de la cordonera, manifest&oacute; la
+dama que, mientras no volviese Nina, no encender&iacute;a lumbre, y que todo
+cuanto necesitase lo mandar&iacute;a traer de casa de Bot&iacute;n. Por cierto que se
+le iba despertando el apetito de manjares buenos y bien condimentados...
+&iexcl;Ya era tiempo, Se&ntilde;or! Tantos a&ntilde;os de forzados ayunos, bien merec&iacute;an que
+se cantara el <i>&iexcl;alleluya!</i> de la resurrecci&oacute;n. &laquo;Ea, Celedonia, ponte tu
+falda nueva, que vas a casa de Bot&iacute;n. Te apuntar&eacute; en un papelito lo que
+quiero, para que no te equivoques&raquo;. Dicho y hecho. &iquest;Y qu&eacute; menos hab&iacute;a de
+pedir la se&ntilde;ora, para hacer boca en aquel d&iacute;a fausto, que dos gallinas
+asadas, cuatro pescadillas fritas y un buen trozo de solomillo, con la
+ayuda de jam&oacute;n en dulce, huevo hilado, y acompa&ntilde;amiento de una docena
+de bartolillos?... &iexcl;Hala!</p>
+
+<p>No logr&oacute; la dama, con este anuncio de un reparador banquete, sujetar la
+imaginaci&oacute;n y la voluntad de Frasquito, que desde que tom&oacute; el dinero se
+sent&iacute;a devorado por un ansia loca de salir a la calle, de correr, de
+volar, pues alas crey&oacute; que le nac&iacute;an. &laquo;Yo, se&ntilde;ora, tengo que hacer esta
+tarde... Me es imprescindible salir... Adem&aacute;s, necesito que me d&eacute; un
+poco el aire... Siento as&iacute; como un poco de mareo. Me conviene el
+ejercicio, crea usted que me conviene... Tambi&eacute;n me urge mucho avistarme
+con mi sastre, aunque no sea m&aacute;s que para ponerme al tanto de las modas
+que ahora corren, y ver de preparar alguna prenda... Soy muy
+dificultoso, y tardo mucho en decidirme por esta o la otra tela.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, vaya a sus diligencias; pero no se corra mucho, y vea en este
+suceso feliz, como lo veo yo, una lecci&oacute;n que nos da la Providencia. Por
+mi parte, me declaro convencida de lo buenos que son el orden y el
+arreglo, y hago prop&oacute;sito firme de apuntar todo, todito lo que gasto.</p>
+
+<p>&mdash;Y el ingreso tambi&eacute;n... Lo mismo har&eacute; yo, es decir, lo he hecho; pero
+no me ha valido, crea usted, amiga de mi alma, que no me ha valido.</p>
+
+<p>&mdash;Teniendo renta segura, el toque est&aacute; en acomodar las entradas a las
+salidas, y no extralimitarse... Por Dios, querido Ponte, no hagamos
+otra vez la barbaridad de re&iacute;rnos del balance y de la... Ahora reconozco
+que Trujillo tiene raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s balances he hecho yo, se&ntilde;ora, que pelos tengo en la cabeza, y
+tambi&eacute;n le digo a usted que no me han valido m&aacute;s que para calentarme la
+<i>&iacute;dem</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ya que Dios nos ha favorecido, seamos ordenados: yo me atrever&iacute;a a
+rogar a usted que, si no le sirve de molestia y <i>va de compras</i>, me
+traiga un libro de contabilidad, agenda, o como se llame&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s! No un libro, sino media docena le traer&iacute;a
+Frasquito con mil amores; y prometi&eacute;ndolo as&iacute;, se lanz&oacute; a la calle,
+&aacute;vido de aire, de luz, de ver gente, de recrearse en cosas y personas.
+Del tir&oacute;n, andando maquinalmente, se fue hasta el Paseo de Atocha, sin
+darse cuenta de ello. Luego volvi&oacute; hacia arriba, porque m&aacute;s le gustaba
+verse entre casas que entre &aacute;rboles. Francamente, los &aacute;rboles le eran
+antip&aacute;ticos, sin duda porque, pasando junto a ellos en horas de
+desesperaci&oacute;n, cre&iacute;a que le ofrec&iacute;an sus ramas para que se ahorcara.
+Intern&aacute;ndose en las calles sin direcci&oacute;n fija, contemplaba los
+escaparates de sastre, con exhibici&oacute;n de hermosas telas; los de corbatas
+y de camiser&iacute;a elegante. No dejaba de echar tambi&eacute;n un vistazo a los
+<i>restaurants</i>, y en general a todas las tiendas, que en su larga vida de
+penuria bochornosa hab&iacute;a mirado con desconsuelo.</p>
+
+<p>Pas&oacute; en esta vagancia dichosa algunas horas, sin cansancio. Sent&iacute;ase
+fuerte, saludable, y hasta robusto. Miraba cari&ntilde;oso, o con cierto
+airecillo de protecci&oacute;n, a cuantas mujeres hermosas o aceptables a su
+lado pasaban. Un escaparate de perfumer&iacute;a de buen tono le sugiri&oacute; una
+idea feliz: hab&iacute;a echado sus canas al aire de una manera indecorosa, sin
+ali&ntilde;arlas y componerlas con el negro disimulo del tinte, y aquella
+hermosa tienda le ofrec&iacute;a ocasi&oacute;n de remediar tan grave falta,
+inaugurando all&iacute; la campa&ntilde;a de restauraci&oacute;n de su existencia, que deb&iacute;a
+comenzar por la restauraci&oacute;n de su averiado rostro. All&iacute; cambi&oacute;, pues,
+el primer billete de la <i>resma</i> que le diera D. Romualdo Cedr&oacute;n; despu&eacute;s
+de hacerse presentar diferentes art&iacute;culos, hizo provisi&oacute;n abundante de
+los que cre&iacute;a m&aacute;s necesarios, y pagando sin regateo, orden&oacute; que le
+llevasen a la casa de Do&ntilde;a Francisca el voluminoso paquete de sus
+compras de droguer&iacute;a olorosa y colorante.</p>
+
+<p>Al salir de all&iacute;, pensaba en la conveniencia de procurarse pronto una
+casa de hu&eacute;spedes decente y no muy cara, apropiada a la pensi&oacute;n que
+disfrutaba, pues de ning&uacute;n modo se exceder&iacute;a en sus gastos. A los
+dormitorios de Bernarda no volver&iacute;a m&aacute;s, como no fuera a pagarle las
+siete noches debidas, y a decirle cuatro verdades. Y divagando y
+haciendo risue&ntilde;os c&aacute;lculos, lleg&oacute; la hora en que el est&oacute;mago empez&oacute; a
+indicarle que no se vive s&oacute;lo de ilusiones. Problema: &iquest;d&oacute;nde comer&iacute;a? La
+idea de meterse en un <i>restaurant</i> de los buenos fue prontamente
+desechada. Imposible presentarse hecho un tipo. &iquest;Ir&iacute;a, siguiendo la
+rutina de sus tiempos miserables, al fig&oacute;n de Boto? &iexcl;Oh, no!... Siempre
+le hab&iacute;an visto all&iacute; te&ntilde;ido. Extra&ntilde;ar&iacute;an verle en repentina vejez, lleno
+de canas... Por fin, acord&aacute;ndose de que deb&iacute;a al honrado Boto un
+piquillo de anteriores comistrajos, crey&oacute; que deb&iacute;a ir all&iacute;, y
+corresponder con un pago puntual a la confianza del due&ntilde;o del
+establecimiento, d&aacute;ndole la excusa de su grave enfermedad, que bien
+claramente en su despintado rostro se pintaba. Encamin&oacute; sus pasos a la
+calle del Ave Mar&iacute;a, y entr&oacute; un poquillo avergonzado en la taberna,
+haciendo como que se sonaba, al atravesar la pieza exterior, para
+taparse la cara con el pa&ntilde;uelo. Estrecho y ahogado es aquel recinto para
+la mucha parroquia que a &eacute;l concurre, atra&iacute;da por la baratura y buen
+condimento de los guisotes que all&iacute; se despachan. A la taberna,
+propiamente dicha, no muy grande, sigue un pasillo angosto, donde
+tambi&eacute;n hay mesa, con su banco pegado a la pared, y luego una estancia
+reducida y baja de techo a la cual se sube por dos escalones, con dos
+mesas largas a un lado y otro, sin m&aacute;s espacio entre ambas que el
+preciso para que entre y salga el chiquillo que sirve. En esta parte del
+establecimiento se pon&iacute;a siempre Ponte, crey&eacute;ndose all&iacute; m&aacute;s apartado de
+la curiosidad y el fisgoneo de los consumidores, y ocupaba el hueco de
+mesa que ve&iacute;a libre, si en efecto lo hab&iacute;a, pues se daban casos de estar
+todo completo, y los parroquianos como sardinas en banasta.</p>
+
+<p>Aquella tarde, noche ya, se col&oacute; Frasquito en el departamento interior
+con buena suerte, pues no hab&iacute;a dentro m&aacute;s que tres personas, y una de
+las mesas estaba vac&iacute;a. Sentose en el rinc&oacute;n, junto a la puerta, sitio
+muy recogido, en el cual no era f&aacute;cil que le vieran desde <i>el p&uacute;blico</i>,
+es decir, desde la taberna, y... Otro problema: &iquest;qu&eacute; pedir&iacute;a?
+Ordinariamente, el aflictivo estado de su peculio le obligaba a
+limitarse a un real de guisado, que con pan y vino representaba un gasto
+total de cuarenta c&eacute;ntimos, o a igual raci&oacute;n de bacalao en salsa. Uno u
+otro condumio, con el pan alto, que aprovechaba hasta la &uacute;ltima miga,
+comi&eacute;ndoselo con el caldo y la racioncita de vino, le ofrec&iacute;an una
+alimentaci&oacute;n suficiente y sabrosa. En ciertos d&iacute;as sol&iacute;a cambiar el
+guiso por el estofado, y en ocasiones muy contadas, por la pepitoria.
+Callos, caracoles, alb&oacute;ndigas y otras porquer&iacute;as, jam&aacute;s las prob&oacute;.</p>
+
+<p>Bueno: pues aquella noche pidi&oacute; al chico relaci&oacute;n completa de lo que
+hab&iacute;a, y mostr&aacute;ndose indeciso, como persona desganada que no encuentra
+manjar bastante incitante para despertar su apetito, se resolvi&oacute; por la
+pepitoria. &laquo;&iquest;Le duelen a usted las muelas, Sr. de Ponte?&mdash;preguntole el
+chico, viendo que no se quitaba el pa&ntilde;uelo de la cara.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hijo... un dolor horrible. No me traigas pan alto, sino franc&eacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Frente a Frasquito se sentaban dos que com&iacute;an guisado, en un solo plato
+grande, raci&oacute;n de dos reales, y m&aacute;s all&aacute;, en el &aacute;ngulo opuesto, un
+individuo que despachaba pausada y met&oacute;dicamente una raci&oacute;n de
+caracoles. Era verdaderamente el tal una m&aacute;quina para comerlos, porque
+para cada pieza empleaba de un modo invariable los mismos movimientos de
+la boca, de las manos y hasta de los ojos. Cog&iacute;a el molusco, lo sacaba
+con un palito, se lo met&iacute;a en la boca, chupaba despu&eacute;s el ag&uuml;illa
+contenida en la c&aacute;scara, y al hacer esto dirig&iacute;a una mirada rencorosa a
+Frasquito Ponte; luego dejaba la c&aacute;scara vac&iacute;a y cog&iacute;a otra llena, para
+repetir la misma funci&oacute;n, siempre a comp&aacute;s, con igualdad de gestos y
+mohines al sacar el bicho, y al comerlo, con igualdad de miradas: una
+de simpat&iacute;a hacia el caracol en el momento de cogerlo; otra de rencor
+hacia Frasquito en el momento de chupar.</p>
+
+<p>Pas&oacute; tiempo, y el hombre aquel, de rostro jimioso y figura mezquina,
+continuaba acumulando c&aacute;scaras vac&iacute;as en un montoncillo, que crec&iacute;a
+conforme mermaba el de las llenas; y Ponte, que le ten&iacute;a delante,
+principiaba a inquietarse de las miradas furibundas que como figurilla
+mec&aacute;nica de caja de m&uacute;sica le echaba, a cada vuelta de manubrio, el
+comedor de caracoles.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a><a href="#toc">XXXV</a></h2>
+
+
+<p>Sent&iacute;a Ponte Delgado vivas ganas de pedir explicaciones al tipo aquel
+por su mirar impertinente. La causa de este no pod&iacute;a ser otra que la
+novedad que Frasquito ofrec&iacute;a al p&uacute;blico con el despintado de su rostro,
+y el buen caballero se dec&iacute;a: &laquo;&iquest;Pero qu&eacute; le importa a nadie que yo me
+<i>arregle</i> o deje de <i>arreglarme</i>? Yo hago de mi fisonom&iacute;a lo que me da
+la gana, y no estoy obligado a dar gusto a los se&ntilde;ores, present&aacute;ndoles
+siempre la misma cara. Con la vieja, lo mismo que con la joven, s&eacute; yo
+hacerme respetar y dejar bien puesto mi decoro&raquo;. Ya se propon&iacute;a
+contraponer al mirar cargant&iacute;simo de aquel punto una ojeada de
+desprecio, cuando el de los caracoles, vaciado, comido y chupado el
+&uacute;ltimo, y puesta la c&aacute;scara en su sitio, pag&oacute; el gasto; se coloc&oacute; en los
+hombros la capa, que se le hab&iacute;a ca&iacute;do; encasquetose la gorrilla, y
+levant&aacute;ndose se fue derecho al deste&ntilde;ido caballero, y con muy buen modo
+le dijo: &laquo;Sr. de Ponte, perd&oacute;neme que le haga una pregunta&raquo;.</p>
+
+<p>Por el tono cordial del individuo, comprendi&oacute; Frasquito que era un
+infeliz, de estos que expresan con el modo de mirar todo lo contrario de
+lo que son.</p>
+
+<p>&laquo;Usted dir&aacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Perd&oacute;neme, Sr. de Ponte... Quer&iacute;a saber, siempre que usted no lo lleve
+a mal, si es verdad que Antonio Zapata y su hermana han tenido una
+herencia de <i>tantismos</i> millones.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, tanto como de millones, no creo... Dir&eacute; a usted: mi parte en la
+herencia, como la que tambi&eacute;n disfruta Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez, no pasa de
+una pensi&oacute;n, cuya cuant&iacute;a no sabemos a&uacute;n a punto fijo. Pero podr&eacute; darle
+a usted dentro de poco noticias exactas. &iquest;Por casualidad es usted
+periodista?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or: soy pintor her&aacute;ldico.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Yo cre&iacute; que era usted de estos que averiguan cosas para ponerlas
+en los peri&oacute;dicos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo pongo es anuncios. Porque como el arte her&aacute;ldico est&aacute; tan por
+los suelos, me dedico al corretaje de reclamos y avisos... Antonio y yo
+trabajamos en competencia, y nos hacemos una guerra espantosa. Por eso,
+al saber que Zapata es rico, quiero que usted influya con &eacute;l para que me
+traspase sus negocios. Soy viudo y tengo seis hijos&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto, poniendo en su tono tanta sinceridad como hombr&iacute;a de
+bien, clavaba en el rostro de su interlocutor una mirada semejante a la
+del asesino en el momento de dar el golpe a su v&iacute;ctima. Antes de que
+Ponte le contestara, prosigui&oacute; diciendo: &laquo;Yo s&eacute; que usted es amigo de la
+familia, y que <i>habla</i> con Do&ntilde;a Obdulia... Y a prop&oacute;sito: Do&ntilde;a Obdulia,
+o su se&ntilde;ora madre, ahora que son ricas, querr&aacute;n <i>sacar t&iacute;tulo</i>. Yo que
+ellas lo sacar&iacute;a, siendo, como son, de la Grandeza de Espa&ntilde;a. Pues que
+no se olvide usted de m&iacute;, Sr. de Ponte... Aqu&iacute; tiene mi tarjeta. Yo les
+compongo el escudo y el &aacute;rbol geneal&oacute;gico, y la ejecutoria en letra
+antigua, con iniciales en purpurina, a menor precio que se lo har&iacute;a el
+pintor m&aacute;s pintado. Puede usted juzgar de mi trabajo por los modelos que
+tengo en casa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no puedo asegurarle a usted&mdash;dijo Frasquito d&aacute;ndose mucha
+importancia, con un palillo entre los dientes&mdash;, que saquen t&iacute;tulo ni que
+no saquen t&iacute;tulo. Nobleza les sobra para ello por los cuatro costados,
+pues as&iacute; los Ju&aacute;rez, como los Zapatas, y los Delgados y Pontes, son de
+lo m&aacute;s alcurniado de Andaluc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Los Pontes tienen una puente s&iacute;nople sobre gules, y cuarteles de azur y
+oro...</p>
+
+<p>&mdash;Verdad... Por mi parte no pienso sacar t&iacute;tulo, ni mi herencia es para
+tanto... Esas se&ntilde;oras, no s&eacute;... Obdulia merece ser Duquesa, y lo es por
+la figura y el tono, aunque no se decida a ponerse la corona. De
+Emperatriz le corresponde, como hay Dios. En fin, yo no me meto... Y
+dejando a un lado la her&aacute;ldica, vamos a otra cosa&raquo;.</p>
+
+<p>En esto, el de los caracoles se hab&iacute;a sentado junto a Frasquito, y con
+su mirar siniestro era el terror de los parroquianos que les rodeaban.</p>
+
+<p>&laquo;Puesto que usted se dedica al corretaje de anuncios, &iquest;podr&iacute;a indicarme
+una buena casa de hu&eacute;spedes?...</p>
+
+<p>&mdash;Precisamente hoy <i>he hecho</i> dos... Aqu&iacute; las tengo en mi cartera
+para <i>Imparcial</i> y <i>Liberal</i>. Ent&eacute;rese usted... Son de lo bueno:
+'habitaciones hermosas, comida a la francesa, cinco platos... treinta
+reales'.</p>
+
+<p>&mdash;Me convendr&iacute;a m&aacute;s barata... de catorce o diez y seis reales.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n las <i>hago</i>... Ma&ntilde;ana podr&eacute; darle una lista de seis lo menos,
+todas de confianza&raquo;.</p>
+
+<p>Les cort&oacute; el di&aacute;logo la aparici&oacute;n repentina de Antonio Zapata, que entr&oacute;
+sofocado, metiendo ruido, bromeando a gritos con el due&ntilde;o del
+establecimiento y con varios parroquianos. Subi&oacute; al cuarto interior, y
+tirando sobre la mesa la voluminosa cartera que llevaba, y ech&aacute;ndose
+atr&aacute;s el sombrero, se sent&oacute; junto a Frasquito y el de los caracoles.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Vaya una tarde, caballeros, vaya una tarde!&mdash;exclam&oacute; fatigado; y al
+chiquillo que serv&iacute;a le dijo&mdash;: No tomo nada. He comido ya... Mi se&ntilde;ora
+madre nos ha metido en el cuerpo una gallina a mi mujer y a m&iacute;... y
+encima tira de <i>Champagne</i>... y tira de bartolillos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chico, qui&eacute;n te tose ahora!...&mdash;le dijo el de los caracoles, la palabra
+dulce, el mirar terror&iacute;fico&mdash;. Y es preciso que me des pronto una raz&oacute;n:
+&iquest;me cedes o no me cedes tu negocio?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buena se puso mi mujer cuando le propuse no trabajar m&aacute;s! Cre&iacute; que me
+mord&iacute;a y que me sacaba los ojos. Nada: que seguiremos lo mismo, ella en
+su m&aacute;quina, yo en mis anuncios, porque eso de la herencia no sabemos qu&eacute;
+pateta ser&aacute;... Amigo Ponte, &iquest;conoce usted esa finca de la Almoraima?
+&iquest;Cu&aacute;nto nos dar&aacute; de renta?</p>
+
+<p>&mdash;No puedo precisarlo&mdash;replic&oacute; Frasquito&mdash;. S&eacute; que es una magn&iacute;fica
+posesi&oacute;n, con monte, potrero, tierras de sembradura, <i>ainda mais</i>, el
+mejor puesto de Andaluc&iacute;a para codornices, cuando van a pasar el
+Estrecho.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; nos iremos una temporada... Pero mi mujer, ni <i>pa Dios</i> quiere que
+deje yo este oficio de pateta. Agu&aacute;ntate por ahora, Polidura, que con mi
+Juliana no se juega: le tengo m&aacute;s miedo que a una leona con hambre... Y
+cu&eacute;ntame, &iquest;qu&eacute; has hecho hoy?... &iexcl;Ah! ya no me acordaba: mi madre quiere
+comprar una ara&ntilde;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una ara&ntilde;a!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre, o l&aacute;mpara colgante para el comedor. Me ha dicho si sabemos
+de alguna buena y vistosa, de lance...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;replic&oacute; Polidura&mdash;. En la almoneda de la calle de Campomanes la
+tenemos.</p>
+
+<p>&mdash;Otra... Tambi&eacute;n quiere saber si se proporcionar&aacute;n alfombras de moqueta
+y terciopelo en buen uso.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, en la almoneda de la Plaza de Celenque. Aqu&iacute; lo tengo: 'Todo el
+mobiliario de una casa. Horas, de una a tres. No se admiten prenderos'.</p>
+
+<p>&mdash;Mi hermana, que, entre par&eacute;ntesis, se zamp&oacute; esta tarde media gallina,
+lo que quiere es un land&oacute; de cinco luces...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Atiza!</p>
+
+<p>&mdash;Yo he aconsejado a Obdulia&mdash;indic&oacute; Frasquito con gravedad&mdash;, que no
+tenga cocheras, que se entienda con un alquilador.</p>
+
+<p>&mdash;Claro... Pero no dar&aacute; <i>pa</i> tanto el cortijo de pateta. &iexcl;Land&oacute; de cinco
+luces! Y que tiren de &eacute;l las burras de leche del <i>se&ntilde;&oacute;</i> Jacinto&raquo;.</p>
+
+<p>Solt&oacute; la risa Polidura; mas notando que al algecire&ntilde;o le sab&iacute;an mal
+aquellas bromas, quiso variar de conversaci&oacute;n al instante. El
+desvergonzado Antonio Zapata se permiti&oacute; decir a Ponte: &laquo;Con franqueza,
+D. Frasco: creo que est&aacute; usted mejor as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Sin bet&uacute;n. Bonita figura de caballero anciano y respetable. Conv&eacute;nzase
+de que con el tinte no consigue usted parecer joven; lo que parece es...
+un f&eacute;retro.</p>
+
+<p>&mdash;Querido Antonio&mdash;replic&oacute; Ponte haciendo repulgos con boca y nariz para
+disimular su ira, y figurar que segu&iacute;a la broma&mdash;, nos gusta a los viejos
+espantar a los muchachos para que... para que nos dejen en paz. Los
+chicos del d&iacute;a, por querer saberlo todo, no saben nada...&raquo;.</p>
+
+<p>El pobre se&ntilde;or, azarado, no sab&iacute;a qu&eacute; decir. Sus tonter&iacute;as
+envalentonaron a Zapata, que prosigui&oacute; mortific&aacute;ndole:</p>
+
+<p>&laquo;Y ahora que estamos en fondos, amigo Ponte, lo primero que tiene usted
+que hacer es jubilar el <i>sarc&oacute;fago</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;El sombrero de copa que tiene usted para los d&iacute;as de fiesta, y que es
+de la moda que se gastaba cuando ahorcaron a Riego.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; entiende usted de modas? Estas se renuevan, y las formas de ayer
+vuelven a <i>llevarse</i> ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; ser&aacute; en la ropa; pero en las personas, el que pas&oacute;, pasado se
+queda. No le quedan a usted m&aacute;s que los <i>pinreles</i>. Los juanetes que
+deb&iacute;a tener en ellos, se le han subido a la cabeza... S&iacute;, s&iacute;... yo digo
+que usted piensa con los callos&raquo;.</p>
+
+<p>Ya le faltaba poco a Frasquito para estallar en ira, y de fijo le
+hubiera tirado a la cabeza el plato, el vaso de vino y hasta la mesa, si
+Polidura no tratara de atenuar la maleante burla con estas palabras
+conciliadoras: &laquo;C&aacute;llate, tonto, que el Sr. de Ponte no ha entrado en
+<i>Villavieja</i>, y lleva sus a&ntilde;itos mejor que nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;No es viejo, no... Es de <i>cuando Fernando VII gastaba paletot</i>... Pero,
+en fin, si se ofende, me callo... Sr. de Ponte, sabe que se le quiere, y
+que si gasto estas bromas es por pasar el rato. No haga usted caso,
+<i>maestro</i>, y hablemos de otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Sus chanzas son un poco impertinentes&mdash;dijo Frasquito con dignidad&mdash;, y
+si quiere, irrespetuosas... Pero es usted un chiquillo, y...</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Pata!</i>... Ea, se acab&oacute;. Voy a preguntarle una cosa, respetable Sr.
+de Ponte: &iquest;en qu&eacute; emplear&aacute; usted los primeros cuartos de la pensi&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;En una obra de justicia y de caridad. Le comprar&eacute; unas botas a Benina
+cuando parezca, si parece, y un traje nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo le comprar&eacute; un vestido de odalisca. Es lo que le cuadra, desde
+que se ha dedicado a la vida mora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dice usted? &iquest;Se sabe d&oacute;nde est&aacute; ese &aacute;ngel?</p>
+
+<p>&mdash;Ese &aacute;ngel est&aacute; en el Pardo, que es el Para&iacute;so a donde son llevados los
+angelitos que piden limosna sin licencia.</p>
+
+<p>&mdash;Bromas de usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Humoradas de la vida, Sr. de Ponte! Yo sab&iacute;a que la Nina se arrimaba a
+la puerta de San Sebasti&aacute;n, por pescar alg&uacute;n ochavo... La necesidad es
+terrible consejera. &iexcl;Cuando la pobre Nina lo hac&iacute;a!... Pero yo no supe
+hasta hoy que anda emparejada con un moro ciego, y que de ah&iacute; le viene
+su perdici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; usted seguro de lo que dice?</p>
+
+<p>&mdash;Lo he visto. A mam&aacute; no he querido decirle nada, porque no se disguste;
+pero... ya estoy al tanto. En una redada que echaron los polic&iacute;as,
+cogieron a Nina y al otro, y les zamparon en San Bernardino. De all&iacute; me
+les empaquetaron para el Pardo, de donde me mand&oacute; Nina un papelito,
+dici&eacute;ndome que <i>haga un empe&ntilde;o</i> para que la suelten... Ver&eacute;is lo que
+hice esta ma&ntilde;ana: alquil&eacute; una bicicleta y me fui al Pardo... Antes que
+se me olvide: si sabe mi mujer que he paseado en bicicleta, tendremos
+bronca en casa. T&uacute;, Polidura, ten cuidado de no venderme: ya sabes c&oacute;mo
+las gasta Juliana... Pues sigo: me plant&eacute; all&aacute;, y la vi: la pobre est&aacute;
+descalza y con los trapitos en jirones. Da pena verla. El moro es tan
+celoso, &iexcl;Dios! que cuando me oy&oacute; hablar con ella se puso fren&eacute;tico, y me
+quiso pegar... '<i>Gal&aacute;n bunito</i>&mdash;dec&iacute;a&mdash;, <i>m&iacute; matar gal&aacute;n bunito</i>'. Por no
+escandalizar, no le di un par de morradas...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no creo que Benina, a sus a&ntilde;os...&mdash;indic&oacute; Frasquito t&iacute;midamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha de hacer usted m&aacute;s que encontrar muy naturales los pinitos de
+los ancianos?</p>
+
+<p>&mdash;En fin&mdash;dijo Polidura, arrojando todo el furor de su mirada sobre
+Antonio&mdash;, haz por sacarla. Habr&aacute; que buscar un empe&ntilde;o en el Gobierno
+civil.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... Gestionemos inmediatamente&mdash;propuso Ponte&mdash;. &iquest;Ser&aacute; todav&iacute;a
+Gobernador <i>Pepe Alca&ntilde;ices</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre, por Dios! &iquest;Qui&eacute;n dice? &iquest;El Duque de Sexto? Usted se empe&ntilde;a en
+no pasar del a&ntilde;o de <i>la Nanita</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Si eso es del tiempo de la guerra de &Aacute;frica, Sr. de Ponte, o poco
+despu&eacute;s&mdash;afirm&oacute; el de los caracoles&mdash;. Yo me acuerdo... cuando la uni&oacute;n
+liberal... Era Ministro de la Gobernaci&oacute;n D. Jos&eacute; Posada Herrera. Yo
+estaba en <i>La Iberia</i> con Calvo Asensio, Carlos Rubio y D. Pr&aacute;xedes...
+Pues apenas ha llovido desde entonces...</p>
+
+<p>&mdash;Sea lo que quiera, se&ntilde;ores&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Frasquito poni&eacute;ndose en la realidad&mdash;,
+hay que sacar a Nina...</p>
+
+<p>&mdash;Hay que sacarla.</p>
+
+<p>&mdash;Con su morito a rastras. Ma&ntilde;ana mismo ir&eacute; a ver a un amigo que tengo en
+la Delegaci&oacute;n... Pero no se olviden: t&uacute;, Polidura, ten cuidado y no
+<i>metas la pata</i>... Si sabe Juliana que alquil&eacute; la bicicleta, ya tengo
+<i>m&aacute;quina</i> para un semestre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Va usted a volver al Pardo?...</p>
+
+<p>&mdash;Puede. &iquest;Y usted, maneja el pedal?</p>
+
+<p>&mdash;No lo he probado. En todo caso, yo ir&iacute;a a caballo.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, anda, y qu&eacute; calladito se lo ten&iacute;a. &iquest;Monta usted a la inglesa o a
+la espa&ntilde;ola?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute;... S&oacute;lo s&eacute; que monto bien. &iquest;Quiere usted verlo?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, s&iacute;... Vaya, una apuestita: si no se rompe usted la cabeza, pago
+el alquiler del caballo.</p>
+
+<p>&mdash;Y si usted no se desnuca en la m&aacute;quina, la pago yo.</p>
+
+<p>&mdash;Convenido. &iquest;Y t&uacute;, Polidura?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?... en el coche de San Francisco.</p>
+
+<p>&mdash;Pues all&aacute; los tres. <i>Sus</i> convido a caracoles.</p>
+
+<p>&mdash;Yo convido a lo que quieran&mdash;dijo Frasquito levant&aacute;ndose&mdash;; y si
+conseguimos traernos a Nina y al riffe&ntilde;o, convite general.</p>
+
+<p>&mdash;El <i>disloque</i>...&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a><a href="#toc">XXXVI</a></h2>
+
+
+<p>No se consolaba Do&ntilde;a Paca de la ausencia de Nina, ni aun vi&eacute;ndose
+rodeada de sus hijos, que fueron a participar de su ventura, y a darle
+parte principal de la que ellos saboreaban con la herencia. Con aquel
+cambio de impresiones placenteras, f&aacute;cilmente se transportaba el
+esp&iacute;ritu de la buena se&ntilde;ora al s&eacute;ptimo cielo, donde se le aparec&iacute;an
+risue&ntilde;os horizontes; pero no tardaba en caer en la realidad, sintiendo
+el vac&iacute;o por la falta de su compa&ntilde;era de trabajos. En vano la volandera
+imaginaci&oacute;n de Obdulia quer&iacute;a llev&aacute;rsela, cogida por los cabellos, a dar
+volteretas en la regi&oacute;n de lo ideal. Dej&aacute;base conducir Do&ntilde;a Francisca,
+por su natural afici&oacute;n a estas correr&iacute;as; pero pronto se volv&iacute;a para
+ac&aacute;, dejando a la otra, desmelenada y jadeante, de nube en nube y de
+cielo en cielo. Hab&iacute;a propuesto la <i>ni&ntilde;a</i> a su mam&aacute; vivir juntas, con el
+decoro que su posici&oacute;n les permit&iacute;a. <i>De hecho</i> se separaba de Luquitas,
+se&ntilde;al&aacute;ndole una pensi&oacute;n para que viviera; tomar&iacute;an un hotel con jard&iacute;n;
+se abonar&iacute;an a dos o tres teatros; buscar&iacute;an relaciones y amistades de
+gente distinguida... &laquo;Hija, no te corras tanto, que a&uacute;n no sabes lo que
+te rentar&aacute; tu mitad de la Almoraima; y aunque yo, por lo que recuerdo de
+esa hermosa finca, calculo que no ser&aacute; un grano de an&iacute;s, bueno es que
+sepas qu&eacute; tama&ntilde;o ha de tener la s&aacute;bana antes de estirar la pierna&raquo;.</p>
+
+<p>Al decir esto, hablaba la viuda de Zapata con las ideas de la pr&aacute;ctica
+Nina, que se renovaban en su mente y en ella luc&iacute;an como las estrellas
+en el Cielo. Por de pronto, Obdulia dej&oacute; su casa de la calle de la
+Cabeza, instal&aacute;ndose con su madre, movida del prop&oacute;sito de buscar pronto
+vivienda mejor, nuevecita y en sitio alegre, hasta que llegara el d&iacute;a de
+sentar sus reales en el hotel que ambicionaba. Aunque m&aacute;s moderada que
+su hija en el prurito de grandezas, sin duda por el vapuleo con que la
+domara la implacable experiencia, Do&ntilde;a Paca se iba tambi&eacute;n del seguro, y
+crey&eacute;ndose razonable, dej&aacute;base vencer de la tentaci&oacute;n de adquirir
+superfluidades dispendiosas. Se le hab&iacute;a metido entre ceja y ceja la
+compra de una buena l&aacute;mpara para el comedor, y hasta que viese
+satisfecho su capricho, no pod&iacute;a tener sosiego la pobre se&ntilde;ora. El
+maldito Polidura le proporcion&oacute; el <i>negocio</i>, encaj&aacute;ndole un disforme
+mamotreto, que apenas cab&iacute;a en la casa, y que, colgado en su sitio,
+tocaba en la mesa con sus colgajos de cristal. Como pronto hab&iacute;an de
+tener casa de techos altos, esto no era inconveniente. Tambi&eacute;n le hizo
+adquirir el de los caracoles unos muebles chapeados de palosanto, y
+algunas alfombras buenas, que tuvieron el acierto de no colocar,
+extendiendo s&oacute;lo retazos all&iacute; donde cab&iacute;an, para darse el gusto de pisar
+en blando.</p>
+
+<p>Obdulia no cesaba de dar pellizcos al tesoro de su mam&aacute; para adquirir
+tiestos de bonitas plantas, en los pr&oacute;ximos puestos de la Plazuela de
+Santa Cruz, y en dos d&iacute;as puso la casa que daba gloria verla: los sucios
+pasillos se trocaron en vergeles, y la sala en risue&ntilde;o pensil. En
+previsi&oacute;n de la vida de hotel, adquiri&oacute; tambi&eacute;n plantas decorativas de
+gran tama&ntilde;o, latanias, palmitos, <i>ficus</i> y helechos arborescentes. Ve&iacute;a
+Do&ntilde;a Francisca con gozo la irrupci&oacute;n del reino vegetal en su triste
+morada, y ante tanta belleza, sent&iacute;a emociones propiamente infantiles,
+como si al cabo de la vejez volviera a jugar con los nacimientos.
+&laquo;&iexcl;Benditas sean las flores&mdash;dec&iacute;a, pase&aacute;ndose por sus encantados
+jardines&mdash;, que dan alegr&iacute;a a las casas, y bendito sea Dios, que si no
+nos permite disfrutar del campo, nos consiente, <i>por poco dinero</i>, que
+traigamos el campo a casa!&raquo;.</p>
+
+<p>Todo el d&iacute;a se lo pasaba Obdulia cuidando sus macetas, y tanto las
+regaba, que en alg&uacute;n momento falt&oacute; poco para que se hiciera preciso
+atravesar a nado el trayecto desde la salita al comedor. Ponte la
+incitaba con sus ponderaciones y aspavientos a seguir comprando flores,
+y a convertir su casa en Jard&iacute;n Bot&aacute;nico, o poco menos. Por cierto que
+el primero y segundo d&iacute;a de aquella vida nueva, tuvo que re&ntilde;ir Do&ntilde;a Paca
+al buen Frasquito, porque siempre que sal&iacute;a se le olvidaba llevarle el
+libro de cuentas que le hab&iacute;a encargado. El gal&aacute;n manido se disculpaba
+con la muchedumbre de sus ocupaciones, hasta que una tarde entr&oacute; con
+diversos paquetes de compras, y la dama ronde&ntilde;a vio entre estos el
+libro, del cual se apoder&oacute; al instante con ganas de inaugurar en &eacute;l la
+cuenta y raz&oacute;n de un porvenir dichoso. &laquo;Pasar&eacute; en seguida todo lo que
+tengo apuntado en este papelito&mdash;dijo&mdash;: lo que se trae de casa de Bot&iacute;n,
+la ara&ntilde;a, las alfombras, varias cosillas... medicamentos... en fin,
+todito. Y ahora, hija m&iacute;a, a ver c&oacute;mo me das nota clara de tanta y tanta
+flor, para apuntarlas <i>ce</i> por <i>be</i>, sin que se escape ni una hoja... Pon
+mucho cuidado para que salga el balance... &iquest;Verdad, Frasquito, que tiene
+que salir el balance?&raquo;.</p>
+
+<p>Curiosa, como hembra, no pudo menos de guluzmear en los paquetes que
+llev&oacute; Ponte. &laquo;&iquest;A ver qu&eacute; trae usted ah&iacute;? Mire que no he de permitirle
+tirar el dinero. Veamos: un hongo claro... Bien, me parece muy bien. A
+buen gusto nadie le gana. Botas altas... &iexcl;Hombre, qu&eacute; elegantes! Vaya un
+pie: ya querr&iacute;an muchas mujeres... Corbatas: dos, tres... Mira, Obdulia,
+qu&eacute; bonita esta verde con motas amarillas. Un cintur&oacute;n que parece un
+cors&eacute;&mdash;faja. Bueno debe de ser esto para evitar que crezca el vientre...
+Y esto &iquest;qu&eacute; es?... &iexcl;Ah! espuelas. Pero Frasquito, por Dios, &iquest;para qu&eacute;
+quiere usted espuelas?</p>
+
+<p>&mdash;Ya... es que va a salir a caballo&mdash;dijo Obdulia gozosa&mdash;. &iquest;Pasar&aacute; por
+aqu&iacute;? &iexcl;Ay, qu&eacute; pena no verle!... &iquest;Pero a qui&eacute;n se le ocurre vivir en
+este cuartucho interior, sin un solo agujero a la calle?</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, mujer, pediremos a la vecina, Do&ntilde;a Justa, la profesora de
+partos, que nos permita pasar y asomarnos cuando el caballero nos ronde
+la calle... &iexcl;Ay, pobre Nina, cu&aacute;nto se alegrar&iacute;a tambi&eacute;n de verle!&raquo;.</p>
+
+<p>Explic&oacute; Ponte Delgado su inopinado renacer a la vida h&iacute;pica, por el
+compromiso en que se ve&iacute;a de ir al Pardo en excursi&oacute;n de recreo con
+varios amigos, <i>de la mejor sociedad</i>. &Eacute;l solo iba a caballo; los dem&aacute;s,
+a pie o en bicicleta. De las distintas clases de <i>sport</i> o <i>deportes</i>
+hablaron un rato con grande animaci&oacute;n, hasta que les interrumpi&oacute; la
+entrada de Juliana, la mujer de Antonio, que desde la noticia de la
+herencia frecuentaba el trato de su suegra y cu&ntilde;ada. Era mujer garbosa,
+simp&aacute;tica, viva de genio, de tez blanca y magn&iacute;fico pelo negro, peinado
+con arte. Cubr&iacute;a su cuerpo con mant&oacute;n alfombrado, y la cabeza con
+pa&ntilde;uelo de seda de cuarteles chillones; calzaba preciosas botinas, y sus
+bajos denotaban limpieza y un buen av&iacute;o de ropa. &laquo;&iquest;Pero esto es el
+Retiro, o la Alameda de Osuna?&mdash;dijo al ver el enorme follaje de arbustos
+y flores&mdash;. &iquest;A qu&eacute; viene tanta <i>vegetaci&oacute;n</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Caprichos de Obdulia&mdash;replic&oacute; Do&ntilde;a Paca, que se sent&iacute;a dominada por el
+car&aacute;cter, ya en&eacute;rgico, ya bromista, de su graciosa nuera&mdash;. Esta
+monoman&iacute;a de hacer de mi casa un bosque, me est&aacute; costando un dineral.</p>
+
+<p>&mdash;Do&ntilde;a Paca&mdash;le dijo su nuera cogi&eacute;ndola sola en el comedor&mdash;, no sea usted
+tan d&eacute;bil de natural, y d&eacute;jese guiar por m&iacute;, que no he de enga&ntilde;arla. Si
+hace caso de las bobadas de Obdulia, pronto se ver&aacute; usted tan perdida
+como antes, porque no hay pensi&oacute;n que baste cuando falta el arreglo. Yo
+suprimir&iacute;a el bosque y las fieras... d&iacute;golo por ese orangut&aacute;n mal
+<i>pintao</i> que han tra&iacute;do ustedes a casa, y que deben poner en la calle
+m&aacute;s pronto que la vista.</p>
+
+<p>&mdash;El pobre Ponte se va ma&ntilde;ana a su casa de hu&eacute;spedes.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jese llevar por m&iacute;, que entiendo del gobierno de una casa... Y no me
+salga con la matraca del librito de llevar cuentas. La persona que tiene
+el arreglo en su cabeza, no necesita apuntar nada. Yo no s&eacute; hacer un
+n&uacute;mero, y ya ve c&oacute;mo me las compongo. Siga mi consejo: m&uacute;dese a un
+cuarto baratito, y viva como una pensionista de circunstancias, sin
+echar humos ni ponerse a farolear. Haga lo que yo, que me estoy donde
+estaba, y no dejar&eacute; mi trabajo hasta que no vea claro eso de la
+herencia, y me entere de lo que da de s&iacute; el cortijo. Qu&iacute;tele a su hija
+de la cabeza lo del hotel si no quieren verse por puertas, y tome una
+criada que les guise, y ataje el chorro de dinero que se va todos los
+d&iacute;as a la tienda de Bot&iacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Conforme con estas ideas se mostraba Do&ntilde;a Francisca, asintiendo a todo,
+sin atreverse a contradecirla ni a oponer una sola objeci&oacute;n a tan
+juiciosos consejos. Sent&iacute;ase oprimida bajo la autoridad que las ideas de
+Juliana revelaban con s&oacute;lo expresarse, y ni la ribeteadora se daba
+cuenta de su influjo gobernante, ni la suegra de la pasividad con que se
+somet&iacute;a. Era el eterno predominio de la voluntad sobre el capricho, y de
+la raz&oacute;n sobre la insensatez.</p>
+
+<p>&laquo;Esperando que vuelva Nina&mdash;indic&oacute; t&iacute;midamente la se&ntilde;ora&mdash;, he pedido a
+Bot&iacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;No piense usted m&aacute;s en la Nina, Do&ntilde;a Paca, ni cuente con ella aunque
+la encontremos, que ya lo voy dudando. Es muy buena, pero ya est&aacute;
+caduca, mayormente, y no le sirve a usted para nada. Adem&aacute;s, &iquest;qui&eacute;n nos
+dice que quiere volver, si sabemos que por su voluntad se ha ido? Le
+gusta andar de pingo, y no har&aacute; usted carrera de ella como la prive de
+estarse la mitad del d&iacute;a tomando medida a las calles&raquo;.</p>
+
+<p>Para no perder ripio, insisti&oacute; Juliana en la recomendaci&oacute;n que ya hab&iacute;a
+hecho a su suegra de una buena criada para todo. Era su prima Hilaria,
+joven, fuerte, limpia y hacendosa... y de fiel no se dijera. Ya ver&iacute;a
+pronto la <i>diferiencia</i> entre la honradez de Hilaria y las rapi&ntilde;as de
+otras.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ay!... Pero es muy buena la Nina&mdash;exclam&oacute; Do&ntilde;a Paca, rebull&eacute;ndose bajo
+las garras de la ribeteadora, para defender a su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;Muy buena, s&iacute;, y debemos socorrerla... No faltaba m&aacute;s... darle de
+comer... Pero cr&eacute;ame, Do&ntilde;a Paca, no har&aacute; usted nada de provecho sin mi
+prima. Y para que no dude m&aacute;s, y se quite quebraderos de cabeza, esta
+misma tarde, anochecido, se la mando.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hija, que venga, y se encargar&aacute; de la casa... Y a prop&oacute;sito:
+aqu&iacute; hay una gallina asada que se va a perder. Ya me indigesta tanta
+gallina. &iquest;Quieres llev&aacute;rtela?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo no? Venga.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n quedaron cuatro chuletas. Ponte ha comido fuera.</p>
+
+<p>&mdash;Vengan.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te lo mando con Hilaria?</p>
+
+<p>&mdash;No, que me lo llevo yo misma. Vamos a ver c&oacute;mo me arreglo. Lo pongo
+todo en un plato, y el plato en una servilleta... as&iacute;; agarro mis cuatro
+puntas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y este pedazo de pastel?... Es riqu&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo envuelvo en un peri&oacute;dico, y &iexcl;hala, que es tarde! Y toda esta fruta,
+&iquest;para qu&eacute; la quiere? Pues apenas ha tra&iacute;do manzanas y naranjas... Deme
+ac&aacute;... las pongo en mi pa&ntilde;uelo...</p>
+
+<p>&mdash;Vas a ir cargada como un burro.</p>
+
+<p>&mdash;No importa... &iexcl;A lo que estamos, tuerta! Ma&ntilde;ana vendr&eacute; por aqu&iacute;, a ver
+c&oacute;mo anda esto, y a decirle a usted lo que tiene que hacer... Pero,
+cuidadito, que no salgamos con echarse en el surco y volver a las
+andadas. Porque si mi se&ntilde;ora suegra se tuerce en cuanto yo vuelva la
+espalda, y empieza a derrochar y hacer disparates...</p>
+
+<p>&mdash;No, no, hija... &iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!</p>
+
+<p>&mdash;Claro, que si se me dice tanto as&iacute;, yo no me meto en nada. Con su pan
+se lo coma, y cada palo aguante su vela. Pero yo quiero que usted tenga
+<i>conduta</i> y no pase malos ratos, ni se vea, como hasta ahora, entre las
+u&ntilde;as de los usureros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, si cuanto dices es la pura raz&oacute;n! T&uacute; s&iacute; que sabes, t&uacute; s&iacute; que
+vales, Juliana. Cierto que tienes el geniecillo un poco fuerte; pero
+&iquest;qui&eacute;n no ha de alab&aacute;rtelo, si con ese <i>ten con ten</i> has domado a mi
+Antonio? De un perdido has hecho un hombre de bien.</p>
+
+<p>&mdash;Porque no me achico; porque desde el primer d&iacute;a le administr&eacute; el
+bautismo de los cinco mandamientos; porque le chillo en cuanto le veo
+cerdear un poco; porque le hago andar derecho como un huso, y me tiene
+m&aacute;s miedo que los ladrones a la Guardia civil.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y c&oacute;mo te quiere!</p>
+
+<p>&mdash;Es natural. Se hace una querer del marido, enjaret&aacute;ndose los calzones
+como me los enjareto yo... As&iacute; se gobiernan las casas chicas y las
+grandes, se&ntilde;ora, y el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; salero tienes!</p>
+
+<p>&mdash;Alguna sal me ha puesto Dios, sobre todo en la mollera. Ya lo ir&aacute; usted
+conociendo. Ea, que me marcho. Tengo que hacer en casa&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras esto hablaban suegra y nuera, en la salita Obdulia y Ponte
+depart&iacute;an acerca de aquella, diciendo la <i>ni&ntilde;a</i> que jam&aacute;s perdonar&iacute;a a
+su hermano haber tra&iacute;do a la familia una persona tan ordinaria como
+Juliana, que dec&iacute;a <i>diferiencia</i>, <i>petril</i> y otras barbaridades. No
+har&iacute;an nunca buenas migas. Al despedirse, Juliana dio besos a Obdulia, y
+a Frasquito un apret&oacute;n de manos, ofreci&eacute;ndose a plancharle las
+camisolas, al precio corriente, y a <i>volverle</i> la ropa, por lo mismo o
+menos de lo que le llevar&iacute;a el sastre m&aacute;s barato. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n sab&iacute;a
+ella cortar <i>para hombre</i>; y si quer&iacute;a probarlo, encarg&aacute;rale un traje,
+que de fijo no saldr&iacute;a menos elegante que el que le hicieran los
+cortadores de portal que a &eacute;l le vest&iacute;an. Toda la ropa de su Antonio se
+la hac&iacute;a ella, y que dijeran si andaba mal el chico... &iexcl;a ver! Pues a su
+t&iacute;o Bonifacio le hab&iacute;a hecho una americana que estren&oacute; para ir al pueblo
+(Cadalso de los Vidrios) el d&iacute;a del Santo, y tanto gust&oacute; all&iacute; la prenda,
+que se la pidi&oacute; prestada el alcalde para cortar otra por ella. Dio las
+gracias Ponte, mostr&aacute;ndose esc&eacute;ptico, con galanter&iacute;a, en lo concerniente
+a las aptitudes de las se&ntilde;oras para la confecci&oacute;n de ropa masculina, y
+la despidieron todos en la puerta, ayud&aacute;ndola a cargarse los diversos
+bultos, atadijos y paquetes que gozosa llevaba.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a><a href="#toc">XXXVII</a></h2>
+
+
+<p>No queriendo ser Obdulia inferior a su cu&ntilde;ada, ni aparecer en la casa
+con menos autoridad y mangoneo que la intrusa chulita, dijo a su madre
+que no podr&iacute;an arreglarse decorosamente con una criada <i>para todo</i>, y
+pues Juliana impuso la cocinera, ella impon&iacute;a la doncella... &iexcl;as&iacute;!
+Discutieron un rato, y tales razones dio la ni&ntilde;a en apoyo de la nueva
+funcionaria, que no tuvo m&aacute;s remedio Do&ntilde;a Francisca que reconocer su
+necesidad. S&iacute;, s&iacute;: &iquest;c&oacute;mo se hab&iacute;an de pasar sin doncella? Para
+desempe&ntilde;ar cargo tan importante, hab&iacute;a elegido ya Obdulia a una muchacha
+fin&iacute;sima educada en el servicio de casas grandes, y que se hallaba libre
+a la saz&oacute;n, viviendo con la familia del dorador y adornista de la
+Empresa f&uacute;nebre. Llam&aacute;base Daniela, era una preciosidad por la figura, y
+un portento de actividad hacendosa. En fin, que Do&ntilde;a Paca, con tal
+pintura, deseaba que fuese pronto la doncella fina para recrearse en el
+servicio que le hab&iacute;a de prestar.</p>
+
+<p>Por la noche lleg&oacute; Hilaria, que se inaugur&oacute; dando a Do&ntilde;a Francisca un
+recado de Juliana, el cual parec&iacute;a m&aacute;s bien una orden. Dec&iacute;a su prima
+que no pensara la se&ntilde;ora en hacer m&aacute;s compras, y que cuando notase la
+falta de alguna cosa necesaria, le avisase a ella, que sab&iacute;a como nadie
+tratar el g&eacute;nero, y <i>sacarlo</i> bueno y arreglado. &Iacute;tem: que reservase la
+se&ntilde;ora la mitad lo menos del dinero de la pensi&oacute;n, para ir desempe&ntilde;ando
+las infinitas prendas de ropa y objetos diversos que estaban en
+<i>Pe&ntilde;&iacute;scola</i>, dando la preferencia a las papeletas cuyo vencimiento
+estuviese al caer, y as&iacute; en pocos meses podr&iacute;a recobrar sin fin de cosas
+de mucha utilidad. Celebr&oacute; Do&ntilde;a Paca la feliz advertencia de Juliana,
+que era la previsi&oacute;n misma, y ofreci&oacute; seguirla puntualmente, o m&aacute;s bien
+obedecerla. Como ten&iacute;a la cabeza tan mareada, efecto de los inauditos
+acontecimientos de aquellos d&iacute;as, de la ausencia de Benina, y &iquest;por qu&eacute;
+no decirlo? del olor de las flores que embalsamaban la casa, no le hab&iacute;a
+pasado por las mientes el revisar las resmas de papeletas que en varios
+cartapacios guardaba como oro en pa&ntilde;o. Pero ya lo har&iacute;a, s&iacute; se&ntilde;ora, ya
+lo har&iacute;a... y si Juliana quer&iacute;a encargarse de comisi&oacute;n tan fastidiosa
+como el desempe&ntilde;ar, mejor que mejor. Contest&oacute; la nueva cocinera que lo
+mismo serv&iacute;a ella para el caso que su prima, y acto continuo empez&oacute; a
+disponer la cena, que fue muy del gusto de Do&ntilde;a Paca y de Obdulia.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente se agreg&oacute; a la familia la doncella; y tan necesarios
+cre&iacute;an hija y madre sus servicios, que ambas se maravillaban de haber
+vivido tanto tiempo sin echarlos de menos. El &eacute;xito de Daniela el primer
+d&iacute;a fue, pues, tan franco y notorio como el de Hilaria. Todo lo hac&iacute;a
+bien, con arte y presteza, adivinando los gustos y deseos de las se&ntilde;oras
+para satisfacerlos al instante. &iexcl;Y qu&eacute; buenos modos, qu&eacute; dulce agrado,
+qu&eacute; humildad y ganas de complacer! Dir&iacute;ase que una y otra joven
+trabajaban desafiadas y en competencia, apostando a cu&aacute;l conquistar&iacute;a
+m&aacute;s pronto la voluntad de sus amas. Do&ntilde;a Francisca estaba en sus
+glorias, y lo &uacute;nico que la aflig&iacute;a era la estrechez de la habitaci&oacute;n, en
+la cual las cuatro mujeres apenas pod&iacute;an revolverse.</p>
+
+<p>Juliana, la verdad sea dicha, no vio con buenos ojos la entrada de la
+doncella, que maldita la falta que hac&iacute;a; pero por no chocar tan pronto,
+no dijo nada, reserv&aacute;ndose el prop&oacute;sito de plantarla en la calle cuando
+se consolidase un poco m&aacute;s el dominio que hab&iacute;a empezado a ejercer. En
+otras materias aconsej&oacute; y llev&oacute; a la pr&aacute;ctica disposiciones tan
+atinadas, que la misma Obdulia hubo de reconocerla como maestra en arte
+de gobierno. Ocup&aacute;banse adem&aacute;s en buscarles casa; pero con tales
+condiciones de comodidad, ventilaci&oacute;n y baratura la quer&iacute;a, que no era
+f&aacute;cil decidirse hasta no revolver bien todo Madrid. Claro es que
+Frasquito ya se hab&iacute;a ido con viento fresco a su casa de pupilos
+(Concepci&oacute;n Jer&oacute;nima, 37), y tan contento el hombre. No ten&iacute;a Do&ntilde;a Paca
+habitaci&oacute;n para &eacute;l, y aun acomodarle en el pasillo habr&iacute;a sido dif&iacute;cil,
+por estar lleno de plantas tropicales y alpestres; adem&aacute;s, no era
+pertinente ni decoroso que un se&ntilde;or reputado por elegante y algo
+calavera, viviese en compa&ntilde;&iacute;a de cuatro mujeres solas, tres de las
+cuales eran j&oacute;venes y bonitas. Fiel a la estimaci&oacute;n que a Do&ntilde;a Francisca
+deb&iacute;a, la visitaba Ponte diariamente ma&ntilde;ana y tarde, y un s&aacute;bado anunci&oacute;
+para el siguiente domingo la excursi&oacute;n al Pardo, en que se propon&iacute;a
+reverdecer sus aficiones y habilidades caballerescas.</p>
+
+<p>&iexcl;Con qu&eacute; placer y curiosidad salieron las cuatro al balc&oacute;n prestado del
+vecino para ver al jinete! Pas&oacute; muy gallardo y tieso en un caballote
+grand&iacute;simo, y salud&oacute; y dio varias vueltas, parando el caballo y haciendo
+mil moner&iacute;as. Agitaba Obdulia su pa&ntilde;uelo, y Do&ntilde;a Paca, en la efusi&oacute;n de
+su amistoso cari&ntilde;o, no pudo menos de gritarle desde arriba: &laquo;Por Dios,
+Frasquito, tenga mucho cuidado con esa bestia, no vaya a tirarle al
+suelo y a darnos un disgusto&raquo;.</p>
+
+<p>Pic&oacute; espuelas el diestro jinete, trotando hacia la calle de Toledo para
+tomar la de Segovia y seguir por la Ronda hasta incorporarse con sus
+amigos en la Puerta de San Vicente. Cuatro j&oacute;venes de buen humor
+formaban con Antonio Zapata la partida de ciclistas en aquella excursi&oacute;n
+alegre, y en cuanto divisaron a Ponte y su gigantesca cabalgadura,
+salud&aacute;ronle con v&iacute;tores y cuchufletas. Antes de partir en direcci&oacute;n a la
+Puerta de Hierro, hablaron Frasquito y Zapata del asunto que
+principalmente les reun&iacute;a, diciendo este que al fin, con no pocas
+dificultades, hab&iacute;a conseguido la orden para que fuesen puestos en
+libertad Benina y su moro. Partieron gozosos, y a lo largo de la
+carretera empez&oacute; el <i>match</i> entre el jinete del caballo de carne y los
+del de hierro, anim&aacute;ndose y provoc&aacute;ndose rec&iacute;procamente con alegres
+voces e imprecaciones familiares. Uno de los ciclistas, que era campe&oacute;n
+laureado, iba y ven&iacute;a, adelant&aacute;ndose a los otros, y todos corr&iacute;an m&aacute;s
+veloces que el jamelgo de Frasquito, quien ten&iacute;a buen cuidado de no
+hacer locuras, manteni&eacute;ndose en un paso y trote moderados.</p>
+
+<p>Nada les ocurri&oacute; en el viaje de ida. Reunidos all&aacute; con Polidura y otros
+amigos pedestres, que hab&iacute;an salido con la fresca, almorzaron gozosos,
+pagando por mitad, seg&uacute;n convenio, Frasquito y Antonio; visitaron
+r&aacute;pidamente el recogimiento de pobres, sacaron a los cautivos, y a la
+tarde se volvieron a Madrid, echando por delante a Benina y Almudena. No
+quiso Dios que la vuelta fuese tan feliz como la ida, porque uno de los
+ciclistas, llamado, y no por mal nombre, <i>Pedro Minio</i>, de la piel del
+diablo, hab&iacute;a empinado el codo m&aacute;s de la cuenta en el almuerzo, y dio en
+hacer gracias con la m&aacute;quina, meti&eacute;ndose y sac&aacute;ndose por angosturas
+peligrosas, hasta que en uno de aquellos pasos fue a estrellarse contra
+un &aacute;rbol, y se estrope&oacute; una mano y un pie, qued&aacute;ndose inutilizado para
+continuar <i>pedaleando</i>. No pararon aqu&iacute; las desdichas, y m&aacute;s ac&aacute; de la
+Puerta de Hierro, ya cerca de los Viveros, el corcel de Frasquito, que
+sin duda estaba ya cargado del vertiginoso girar con que las bicicletas
+pasaban y repasaban delante de sus ojos, sinti&eacute;ndose adem&aacute;s mal
+gobernado, quiso emanciparse de un jinete rid&iacute;culo y fastidioso. Pasaron
+unas carretas de bueyes con carga de retama y carrasca para los hornos
+de Madrid, y ya fuera que se espantase el jaco, ya que fingiera el
+espanto, ello es que empez&oacute; a dar botes y m&aacute;s botes, hasta que logr&oacute;
+despedir hacia las nubes a su elegante caballero. Cay&oacute; el pobre Ponte
+como un saco medio vac&iacute;o, y en el suelo se qued&oacute; inm&oacute;vil, hasta que
+acudieron sus amigos a levantarle. Herida no ten&iacute;a, y por fortuna
+tampoco sufri&oacute; golpe de cuidado en la cabeza, porque conservaba su
+conocimiento, y en cuanto le pusieron en pie empez&oacute; a dar voces, rojo
+como un pavo, apostrofando al carretero que, seg&uacute;n &eacute;l, hab&iacute;a tenido la
+culpa del <i>siniestro</i>. Aprovechando la confusi&oacute;n, el caballo, ansioso de
+libertad, escap&oacute; desbocado hacia Madrid, sin dejarse coger de los
+transe&uacute;ntes que lo intentaron, y en pocos minutos Zapata y sus amigos le
+perdieron de vista.</p>
+
+<p>Ya hab&iacute;an traspuesto Benina y Almudena, en su tarda andadura, la l&iacute;nea
+de los Viveros, cuando la anciana vio pasar veloz como el viento, el
+jamelgo de Ponte, y comprendi&oacute; lo que hab&iacute;a pasado. Ya se lo tem&iacute;a ella,
+porque no estaba Frasquito para tales bromas, ni su edad le consent&iacute;a
+tan rid&iacute;culos alardes de presunci&oacute;n. Mas no quiso detenerse a saber lo
+cierto del lance, porque anhelaba llegar pronto a Madrid para que
+descansase Almudena, que sufr&iacute;a de calenturas y se hallaba extenuado.
+Paso a paso avanzaron en su camino, y en la Puerta de San Vicente, ya
+cerca de anochecido, sent&aacute;ronse a descansar, esperando ver pasar a los
+expedicionarios con la v&iacute;ctima en una parihuela. Pero no vi&eacute;ndoles en
+m&aacute;s de media hora que all&iacute; estuvieron, continuaron su camino por la
+Virgen del Puerto, con &aacute;nimo de subir a la calle Imperial por la de
+Segovia. En lastimoso estado iban los dos: Benina descalza, desgarrada y
+sucia la negra ropa; el moro envejecido, la cara verde y macilenta; uno
+y otro revelando en sus demacrados rostros el hambre que hab&iacute;an
+padecido, la opresi&oacute;n y tristeza del forzado encierro en lo que m&aacute;s
+parece mazmorra que hospicio.</p>
+
+<p>No pod&iacute;a apartar la Nina de su pensamiento la imagen de Do&ntilde;a Paca, ni
+cesaba de figurarse, ya de un modo, ya de otro, el acogimiento que en su
+casa tendr&iacute;a. A ratos esperaba ser recibida con j&uacute;bilo; a ratos tem&iacute;a
+encontrar a Do&ntilde;a Francisca furiosa por el aquel de haber ella pedido
+limosna, y, sobre todo, por andar con un moro. Pero nada pon&iacute;a tanta
+confusi&oacute;n y barullo en su mente como la idea de las novedades que hab&iacute;a
+de encontrar en la familia, seg&uacute;n Antonio con vagas referencias le
+dijera al salir del Pardo. &iexcl;Do&ntilde;a Paca, y &eacute;l, y Obdulia eran ricos!
+&iquest;C&oacute;mo? Ello fue cosa s&uacute;bita, tra&iacute;da de la noche a la ma&ntilde;ana por D.
+Romualdo... &iexcl;Vaya con Don Romualdo! Le hab&iacute;a inventado ella, y de los
+senos obscuros de la invenci&oacute;n sal&iacute;a persona de verdad, haciendo
+milagros, trayendo riquezas, y convirtiendo en realidades los so&ntilde;ados
+dones del Rey <i>Samdai</i> &iexcl;Quia! Esto no pod&iacute;a ser. Nina desconfiaba,
+creyendo que todo era broma del guas&oacute;n de Anto&ntilde;ito, y que en vez de
+encontrar a Do&ntilde;a Francisca nadando en la abundancia, la encontrar&iacute;a
+ahog&aacute;ndose, como siempre, en un mar de trampas y miserias.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a><a href="#toc">XXXVIII</a></h2>
+
+
+<p>Temblorosa lleg&oacute; a la calle Imperial, y habiendo mandado al moro que se
+arrimara a la pared y la esperase all&iacute;, mientras ella sub&iacute;a y se
+enteraba de si pod&iacute;a o no alojarle en la que fue su casa, le dijo
+Almudena: &laquo;No <i>bandonar</i> t&uacute; m&iacute;, <i>amri</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero est&aacute;s loco? &iquest;Abandonarte yo ahora que est&aacute;s malito, y los dos
+andamos tan de capa ca&iacute;da? No pienses tal desatino, y agu&aacute;rdame. Te
+pondr&eacute; ah&iacute; enfrente, a la entrada de la calle de la Lechuga.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No <i>n'ga&ntilde;ar</i> t&uacute; m&iacute;? &iquest;<i>Golver</i> ti <i>pronta</i>?</p>
+
+<p>&mdash;En seguidita que vea lo que ocurre por arriba, y si est&aacute; de buen temple
+mi Do&ntilde;a Paca&raquo;.</p>
+
+<p>Subi&oacute; Nina sin aliento, y con gran ansiedad tir&oacute; de la campanilla.
+Primera sorpresa: le abri&oacute; la puerta una mujer desconocida, jovenzuela,
+de tipito elegante, con su delantal muy pulcro. Benina cre&iacute;a so&ntilde;ar. Sin
+duda los demonios hab&iacute;an levantado en peso la casa para cargar con ella,
+dejando en su lugar otra que parec&iacute;a la misma y era muy diferente. Entr&oacute;
+la pr&oacute;fuga sin preguntar, con no poco asombro de Daniela, que al pronto
+no la conoci&oacute;. &iquest;Pero qu&eacute; significaban, qu&eacute; eran, de d&oacute;nde hab&iacute;an salido
+aquellos jardines, que formaban como alameda de preciosos arbustos desde
+la puerta, en todo lo largo del pasillo? Benina se restregaba los ojos,
+creyendo hallarse a&uacute;n bajo la acci&oacute;n de las est&uacute;pidas somnolencias del
+Pardo, en las f&eacute;tidas y asfixiantes cuadras. No, no; no era aquella su
+casa, no pod&iacute;a ser, y lo confirmaba la aparici&oacute;n de otra figura
+desconocida, como de cocinera fina, bien puesta, de semblante
+altanero... Y mirando al comedor, cuya puerta al extremo del pasillo se
+abr&iacute;a, vio... &iexcl;Santo Dios, qu&eacute; maravilla, qu&eacute; cosa...! &iquest;Era sue&ntilde;o? No,
+no, que bien segura estaba de verlo con los ojos corporales. Encima de
+la mesa, pero sin tocar a ella, como suspendido en el aire, hab&iacute;a <i>un
+mont&oacute;n</i> de piedras preciosas, con diferentes brillos, luces y matices,
+encarnadas unas, azules o verdes otras. &iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; preciosidad! &iquest;Acaso
+Do&ntilde;a Paca, m&aacute;s h&aacute;bil que ella, hab&iacute;a efectuado el conjuro del rey
+<i>Samdai</i>, pidi&eacute;ndole y obteniendo de &eacute;l las carretadas de diamantes y
+zafiros? Antes de que pudiera comprender que todo aquel centellear de
+vidrios proced&iacute;a de los colgajos de la l&aacute;mpara del comedor, iluminados
+por una vela que acababa de encender Do&ntilde;a Paca para revisar los
+cuchillos que de la casa de pr&eacute;stamos acababa de traerle Juliana,
+apareci&oacute; esta en la puerta del comedor, y cortando el paso a la pobre
+vieja, le dijo entre risue&ntilde;a y desabrida:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Hola, Nina, &iquest;t&uacute; por aqu&iacute;? &iquest;Has parecido ya? Cre&iacute;mos que te hab&iacute;as ido
+al Congo... No pases, no entres; qu&eacute;date ah&iacute;, que nos vas a poner
+perdidos los suelos, lavados de esta tarde... &iexcl;Bonita vienes!... Quita
+all&aacute; esas patas, mujer, que manchas los baldosines...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En d&oacute;nde est&aacute; la se&ntilde;ora?&mdash;dijo Nina, volviendo a mirar los diamantes y
+esmeraldas, y dudando ya que fueran efectivos.</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;ora est&aacute; aqu&iacute;... Pero te dice que no pases, porque vendr&aacute;s llena
+de miseria...&raquo;.</p>
+
+<p>En aquel momento apareci&oacute; por otro lado la se&ntilde;orita Obdulia, chillando:
+&laquo;Nina, bien venida seas; pero antes de que entres en casa, hay que
+fumigarte y ponerte en la colada... No, no te arrimes a m&iacute;. &iexcl;Tantos d&iacute;as
+entre pobres inmundos!... &iquest;Ves qu&eacute; bonito est&aacute; todo?&raquo;.</p>
+
+<p>Avanz&oacute; Juliana hacia ella sonriendo; pero al trav&eacute;s de la sonrisa, hubo
+de vislumbrar Nina la autoridad que la ribeteadora hab&iacute;a sabido
+conquistar all&iacute;, y se dijo: &laquo;Esta es la que ahora manda. Bien se le
+conoce el despotismo&raquo;. A las arrogancias revestidas de benevolencia con
+que la acogi&oacute; la tirana, respondi&oacute; Nina que no se ir&iacute;a sin ver a su
+se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&laquo;Mujer, entra, entra&mdash;murmur&oacute; desde el fondo del comedor, con voz ahogada
+por los sollozos la se&ntilde;ora Do&ntilde;a Francisca Ju&aacute;rez.</p>
+
+<p>Manteni&eacute;ndose en la puerta, le contest&oacute; Benina con voz entera: &laquo;Aqu&iacute;
+estoy, se&ntilde;ora, y como dicen que mancho los baldosines, no quiero pasar;
+digo que no paso... Me han sucedido cosas que no le quiero contar por no
+afligirla... Llev&aacute;ronme presa, he pasado hambres... he padecido
+verg&uuml;enzas, malos tratos... Yo no hac&iacute;a m&aacute;s que pensar en la se&ntilde;ora, y
+en si tendr&iacute;a tambi&eacute;n hambre, y si estar&iacute;a desamparada.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, Nina: desde que te fuiste, &iexcl;mira qu&eacute; casualidad! entr&oacute; la
+suerte en mi casa... Parece un milagro, &iquest;verdad? &iquest;Te acuerdas de lo que
+habl&aacute;bamos, aburriditas en esta soledad, &iexcl;ay! en aquellas noches de
+miseria y sufrimientos? Pues el milagro es una verdad, hija, y ya puedes
+comprender que nos lo ha hecho tu Don Romualdo, ese bendito, ese
+arc&aacute;ngel, que en su modestia no quiere confesar los beneficios que t&uacute; y
+yo le debemos... y niega sus m&eacute;ritos y virtudes... y dice que no tiene
+por sobrina a Do&ntilde;a Patros... y que no le han propuesto para Obispo...
+Pero es &eacute;l, es &eacute;l, porque no puede haber otro, no, no puede haberlo, que
+realice estas maravillas&raquo;.</p>
+
+<p>Nina no contest&oacute; s&iacute;laba, y arrim&aacute;ndose a la puerta, sollozaba.</p>
+
+<p>&laquo;Yo de buena gana te recibir&iacute;a otra vez aqu&iacute;&mdash;afirm&oacute; Do&ntilde;a Francisca, a
+cuyo lado, en la sombra, se puso Juliana, sugiri&eacute;ndole por lo bajo lo
+que hab&iacute;a de decir&mdash;; pero no cabemos en casa, y estamos aqu&iacute; muy
+inc&oacute;modas... Ya sabes que te quiero, que tu compa&ntilde;&iacute;a me agrada m&aacute;s que
+ninguna... pero... ya ves... Ma&ntilde;ana estaremos de mudanza, y se te har&aacute;
+un hueco en la nueva casa... &iquest;Qu&eacute; dices? &iquest;Tienes algo que decirme? Hija,
+no te quejar&aacute;s: ten presente que te fuiste de mala manera, dej&aacute;ndome sin
+una miga de pan en casa, sola, abandonada... &iexcl;Vaya con la Nina!
+Francamente, tu conducta merece que yo sea un poquito severa contigo...
+Y para que todo hable en contra tuya, olvidaste los sanos principios que
+siempre te ense&ntilde;&eacute;, larg&aacute;ndote por esos mundos en compa&ntilde;&iacute;a de un
+morazo... Sabe Dios qu&eacute; casta de p&aacute;jaro ser&aacute; ese, y con qu&eacute; sortilegios
+habr&aacute; conseguido hacerte olvidar las buenas costumbres. Dime,
+confi&eacute;samelo todo: &iquest;le has dejado ya?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le has tra&iacute;do contigo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora. Abajo est&aacute; esper&aacute;ndome.</p>
+
+<p>&mdash;Como eres as&iacute;, capaz te creo de todo... &iexcl;hasta de tra&eacute;rmele a casa!</p>
+
+<p>&mdash;A casa le tra&iacute;a, porque est&aacute; enfermo, y no le voy a dejar en medio de
+la calle&mdash;replic&oacute; Benina con firme acento.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; que eres buena, y que a veces tu bondad te ciega y no miras por
+el decoro.</p>
+
+<p>&mdash;Nada tiene que ver el decoro con esto, ni yo falto porque vaya con
+Almudena, que es un pobrecito. &Eacute;l me quiere a m&iacute;... y yo le miro como un
+hijo&raquo;.</p>
+
+<p>La ingenuidad con que expresaba Nina su pensamiento no lleg&oacute; a penetrar
+en el alma de Do&ntilde;a Paca, que sin moverse de su asiento, y con los
+cuchillos en la falda, prosigui&oacute; dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&laquo;No hay otra como t&uacute; para componer las cosas, y retocar tus faltas hasta
+conseguir que parezcan perfecciones; pero yo te quiero, Nina; reconozco
+tus buenas cualidades, y no te abandonar&eacute; nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, se&ntilde;ora, muchas gracias.</p>
+
+<p>&mdash;No te faltar&aacute; qu&eacute; comer, ni cama en qu&eacute; dormir. Me has servido, me has
+acompa&ntilde;ado, me has sostenido en mi adversidad. Eres buena, buen&iacute;sima;
+pero no abuses, hija; no me digas que ven&iacute;as a casa con el moro <i>de los
+d&aacute;tiles</i>, porque creer&eacute; que te has vuelto loca.</p>
+
+<p>&mdash;A casa le tra&iacute;a, s&iacute;, se&ntilde;ora, como traje a Frasquito Ponte, por
+caridad... Si hubo misericordia con el otro, &iquest;por qu&eacute; no ha de haberla
+con este? &iquest;O es que la caridad es una para el caballero de levita, y
+otra para el pobre desnudo? Yo no lo entiendo as&iacute;, yo no distingo... Por
+eso le tra&iacute;a; y si a &eacute;l no le admite, ser&aacute; lo mismo que si a m&iacute; no me
+admitiera.</p>
+
+<p>&mdash;A ti siempre... digo, siempre no... quiero decir... es que no tenemos
+hueco en casa... Somos cuatro mujeres, ya ves... &iquest;Volver&aacute;s ma&ntilde;ana?
+Coloca a ese desdichado en una buena fonda... no, &iexcl;qu&eacute; disparate! en el
+Hospital... No tienes m&aacute;s que dirigirte a D. Romualdo... Dile de mi
+parte que yo le recomiendo... que lo mire como cosa m&iacute;a... &iexcl;ay, no s&eacute; lo
+que digo!... como cosa tuya, y tan tuya... En fin, hija, t&uacute; ver&aacute;s...
+Puede que os alberguen en la casa del Sr. de Cedr&oacute;n, que debe ser muy
+grande... t&uacute; me has dicho que es un caset&oacute;n enorme que parece un
+convento... Yo, bien lo sabes, como criatura imperfecta, no tengo la
+virtud en el grado heroico que se necesita para alternar con la
+pobreter&iacute;a sucia y apestosa... No, hija, no: es cuesti&oacute;n de est&oacute;mago y
+de nervios... De asco me morir&iacute;a, bien lo sabes. &iexcl;Pues digo, con la
+miseria que traer&aacute;s sobre ti!... Yo te quiero, Nina; pero ya conoces mi
+est&oacute;mago... Veo una mota en la comida, y ya me revuelvo toda, y estoy
+mala tres d&iacute;as... Ll&eacute;vate tu ropa, si quieres mudarte... Juliana te dar&aacute;
+lo que necesites... &iquest;Oyes lo que te digo? &iquest;Por qu&eacute; callas? Ya, ya te
+entiendo. Te haces la humilde para disimular mejor tu soberbia... Todo
+te lo perdono; ya sabes que te quiero, que soy buena para ti... En fin,
+t&uacute; me conoces... &iquest;Qu&eacute; dices?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, se&ntilde;ora, no he dicho nada, ni tengo nada que decir&mdash;murmur&oacute; Nina
+entre dos suspiros hondos&mdash;. Qu&eacute;dese con Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no te ir&aacute;s enojada conmigo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con tr&eacute;mula voz Do&ntilde;a Paca,
+sigui&eacute;ndola a distancia en su lenta marcha por el pasillo.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora... ya sabe que yo no me enfado...&mdash;replic&oacute; la anciana
+mir&aacute;ndola m&aacute;s compasiva que enojada&mdash;. Adi&oacute;s, adi&oacute;s&raquo;.</p>
+
+<p>Obdulia condujo a su madre al comedor dici&eacute;ndole: &laquo;&iexcl;Pobre Nina!... Se
+va. Pues mira, a m&iacute; me habr&iacute;a gustado ver a ese moro Muza y hablar con
+&eacute;l... &iexcl;Esta Juliana, que en todo quiere meterse!...&raquo;.</p>
+
+<p>Atontada por crueles dudas que desconcertaban su esp&iacute;ritu, Do&ntilde;a
+Francisca no pudo expresar ninguna idea, y sigui&oacute; revisando los
+cubiertos desempe&ntilde;ados. En tanto, Juliana, conduciendo a la Nina hasta
+la puerta con suave opresi&oacute;n de su mano en la espalda de la mendiga, la
+despidi&oacute; con estas afectuosas palabras: &laquo;No se apure, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, que
+nada ha de faltarle... Le perdono el duro que le prest&eacute; la semana
+pasada, &iquest;no se acuerda?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Juliana, s&iacute; que me acuerdo. Gracias.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: tome adem&aacute;s este otro duro para que se acomode esta noche...
+V&aacute;yase ma&ntilde;ana por casa, que all&iacute; encontrar&aacute; su ropa...</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Juliana, Dios se lo pague.</p>
+
+<p>&mdash;En ninguna parte estar&aacute; usted mejor que en la <i>Misericordia</i>, y si
+quiere, yo misma le hablar&eacute; a D. Romualdo, si a usted le da verg&uuml;enza.
+Do&ntilde;a Paca y yo la recomendaremos... Porque mi se&ntilde;ora madre pol&iacute;tica ha
+puesto en m&iacute; toda su confianza, y me ha dado su dinero para que se lo
+guarde... y le gobierne la casa, y le <i>suministre</i> cuanto pueda
+necesitar. Mucho tiene que agradecer a Dios por haber ca&iacute;do en estas
+manos...</p>
+
+<p>&mdash;Buenas manos son, se&ntilde;ora Juliana.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya por casa, y le dir&eacute; lo que tiene que hacer.</p>
+
+<p>&mdash;Puede que yo lo sepa sin necesidad de que usted me lo diga.</p>
+
+<p>&mdash;Eso usted ver&aacute;... Si no quiere ir por casa...</p>
+
+<p>&mdash;Ir&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, hasta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Juliana, servidora de usted&raquo;.</p>
+
+<p>Baj&oacute; de prisa los gastados escalones, ansiosa de verse pronto en la
+calle. Cuando lleg&oacute; junto al ciego, que en lugar pr&oacute;ximo le esperaba, la
+pena inmensa que oprim&iacute;a el coraz&oacute;n de la pobre anciana revent&oacute; en un
+llorar ardiente, angustioso, y golpe&aacute;ndose la frente con el pu&ntilde;o
+cerrado, exclam&oacute;: &laquo;&iexcl;Ingrata, ingrata, ingrata!</p>
+
+<p>&mdash;No <i>yorar</i> ti, <i>amri</i>&mdash;le dijo el ciego cari&ntilde;oso, con habla sollozante&mdash;.
+Se&ntilde;ora tuya mala ser, t&uacute; <i>&aacute;ngela</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ingratitud, Se&ntilde;or!... &iexcl;Oh mundo... oh miseria!... Afrenta de Dios
+es hacer bien...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Dir</i> nosotros <i>luejos</i>... <i>dirnos</i>, <i>amri</i>... <i>Dispreciar</i> ti <i>mondo</i>
+malo.</p>
+
+<p>&mdash;Dios ve los corazones de todos; el m&iacute;o tambi&eacute;n lo ve... V&eacute;alo, Se&ntilde;or de
+los cielos y la tierra, v&eacute;alo pronto&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XXXIX" id="XXXIX"></a><a href="#toc">XXXIX</a></h2>
+
+
+<p>Dicho lo que antecede, se limpi&oacute; las l&aacute;grimas con mano temblorosa, y
+pens&oacute; en tomar las resoluciones de orden pr&aacute;ctico que las circunstancias
+exig&iacute;an.</p>
+
+<p>&laquo;<i>Dirnos</i>, <i>dirnos</i>&mdash;replic&oacute; Almudena cogi&eacute;ndola del brazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde?&mdash;dijo Nina con aturdimiento&mdash;. &iexcl;Ah! lo primero a casa de D.
+Romualdo&raquo;.</p>
+
+<p>Y al pronunciar este nombre se qued&oacute; un instante lela, enteramente
+idiota.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;<i>R'maldo</i> mentira&mdash;declar&oacute; el ciego.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, invenci&oacute;n m&iacute;a fue. El que ha llevado tantas riquezas a la
+se&ntilde;ora ser&aacute; otro, alg&uacute;n D. Romualdo de pega... hechura del demonio...
+No, no, el de pega es el m&iacute;o... No s&eacute;, no s&eacute;. V&aacute;monos, Almudena.
+Pensemos en que t&uacute; est&aacute;s malo, que necesitas pasar la noche bien
+abrigadito. La <i>se&ntilde;&aacute;</i> Juliana, que es la que ahora corta el queso en la
+casa de mi se&ntilde;ora, y todo lo suministra... en buen hora sea... me ha
+dado este duro. Te llevar&eacute; a los palacios de Bernarda, y ma&ntilde;ana
+veremos.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana, <i>dir</i> nosotros <i>Hierusalaim</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde has dicho? &iquest;A Jerusal&eacute;n? &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; eso? &iexcl;Vaya, que querer
+llevarme a ese punto, como si fuera, un suponer, Jetafe o Carabanchel de
+Abajo!</p>
+
+<p>&mdash;<i>Luejos</i>, <i>luejos</i>... t&uacute; casar <i>migo</i> y ser <i>tigo migo</i> uno. <i>Dirnos</i>
+Marsella por caminos pidiendo... En Marsella <i>vapora</i>... pim, pam...
+Jaffa... <i>&iexcl;Hierusalaim!</i>... Casarnos por <i>arreligi&oacute;n</i> tuya, por
+<i>arreligi&oacute;n</i> m&iacute;a... <i>quierer</i> t&uacute;... <i>Veder</i> t&uacute; <i>sepolcro</i>; entrar
+t&uacute; <i>S'nagoga</i> rezar <i>Adonai</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Esp&eacute;rate, hijo, ten un poco de calma, y no me marees con las
+invenciones de tu cabeza <i>deliriosa</i>. Lo primero es que te pongas bueno.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; estar bueno... m&iacute; no <i>c'lentura</i> ya... m&iacute; <i>contentada</i>. T&uacute; <i>viener
+migo</i> siempre, por <i>mondo</i> grande, <i>caminas mochas</i>, <i>libertanza</i>, mar,
+<i>terra</i>, <i>legr&iacute;a mocha</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Muy bonito; pero ahora caigo en la cuenta de que t&uacute; y yo tenemos
+hambre, y entraremos a cenar en cualquier taberna. Si te parece, aqu&iacute; en
+la Cava Baja...</p>
+
+<p>&mdash;<i>Onde quierer</i> t&uacute;, yo <i>quierer</i>...&raquo;.</p>
+
+<p>Cenaron con relativo contento, y Almudena no cesaba de ponderar las
+delicias de irse juntitos a Jerusal&eacute;n, pidiendo limosna por tierra y por
+mar, sin prisa, sin cuidados. Tardar&iacute;an meses, medio a&ntilde;o quiz&aacute;s; pero al
+fin dar&iacute;an con sus cuerpos en la Palestina, aunque la emprendiesen por
+la v&iacute;a terrestre hasta Constantinopla. &iexcl;Pues no hab&iacute;a pocos pa&iacute;ses
+bonitos que recorrer! Objetaba Nina que ella ten&iacute;a ya los huesos duros
+para correr&iacute;a tan larga, y el africano, no sabiendo ya c&oacute;mo convencerla,
+le dec&iacute;a: &laquo;<i>Ispania terra n'gratituda</i>... <i>Correr luejos</i>, <i>juyando de
+n'gratos</i> ellos&raquo;.</p>
+
+<p>En cuanto cenaron se recogieron en casa de Bernarda, dormitorios de
+abajo, a dos reales cama. Muy tranquilo estuvo Almudena toda la noche,
+sin poder coger el sue&ntilde;o, delirando con el viajecito a Jerusal&eacute;n; y
+Benina, por ver de calmarle, mostr&aacute;base dispuesta a emprender tan larga
+peregrinaci&oacute;n. Inquieto y dolorido, cual si la cama fuera de zarzas
+punzadoras, Mordejai no hac&iacute;a m&aacute;s que volverse de un lado para otro,
+quej&aacute;ndose de ardores en la piel y de picazones molest&iacute;simas, las cuales
+no eran motivadas, dicha sea la verdad, por cosa alguna tocante a la
+miseria que se combate con polvos insecticidas. Ello proven&iacute;a quiz&aacute;s de
+un extra&ntilde;o giro que la fiebre tomaba, y que se manifest&oacute; a la ma&ntilde;ana
+siguiente en un rojo sarpullo en brazos y piernas. El infeliz se rascaba
+con desesperaci&oacute;n, y Benina le llev&oacute; a la calle, con la esperanza de que
+el aire libre y el ejercicio le servir&iacute;an de alivio. Despu&eacute;s de vagar
+pidiendo, por no perder la costumbre, fueron a la calle de San Carlos, y
+subi&oacute; Benina a ver a Juliana, que all&iacute; le ten&iacute;a su ropa, y se la dio en
+un l&iacute;o, dici&eacute;ndole que mientras gestionaban para que fuese recogida en
+la <i>Misericordia</i>, se albergara en cualquier casa barata, con o sin el
+<i>hombre</i>, aunque mejor le estaba, para su decoro, dejarse de compa&ntilde;&iacute;a y
+tratos tan indecentes. A&ntilde;adi&oacute; que en cuanto se limpiara bien de toda la
+inmundicia que hab&iacute;a tra&iacute;do del Pardo, pod&iacute;a ir a visitar a Do&ntilde;a Paca,
+que gozosa la recibir&iacute;a; pero que no pensase en volver a su lado, porque
+los hijos se opon&iacute;an a ello, atentos a que su mam&aacute; estuviese bien
+servida, y <i>suministrada</i> con regularidad. Con todo se mostr&oacute; conforme
+la buena mujer, que en ello ve&iacute;a una voluntad superior incontrastable.</p>
+
+<p>No era mala persona Juliana; dominante, eso s&iacute;, &aacute;vida de mostrar las
+grandes dotes de gobierno que le hab&iacute;a dado Dios, mujer que no soltaba a
+dos tirones la presa ca&iacute;da en sus manos. Pero no carec&iacute;a de amor al
+pr&oacute;jimo, se compadec&iacute;a de Benina, y habi&eacute;ndole dicho esta que el moro la
+esperaba en la calle, quiso verle y juzgarle por sus propios ojos. Que
+la traza del pobre africano le pareci&oacute; lastimosa, se conoci&oacute; en el gesto
+que hizo, en la cara que puso, y en el acento con que dijo: &laquo;Ya le
+conoc&iacute;a yo a este, de verle pedir en la calle del Duque de Alba. Es buen
+punto, y muy enamorado. &iquest;Verdad, Sr. Almudena, que le gustan a usted las
+chicas?</p>
+
+<p>&mdash;Gustar m&iacute; <i>B'nina</i>, <i>amri</i>...</p>
+
+<p>&mdash;Ajaj&aacute;... Pobre Benina, &iexcl;no se le ha sentado mala mosca! Si lo hace por
+caridad, de veras digo que es usted una santa.</p>
+
+<p>&mdash;El pobrecito est&aacute; enfermo, y no puede valerse&raquo;.</p>
+
+<p>Y como el morito, acometido de violent&iacute;simas picazones en brazos y
+pecho, hiciera garras de sus dedos para rascarse con gana, la
+ribeteadora se acerc&oacute; para mirarle los brazos, que hab&iacute;a desnudado de la
+manga. &laquo;Lo que tiene este hombre&mdash;dijo con espanto&mdash;es lepra... &iexcl;Jes&uacute;s,
+qu&eacute; lepra, <i>se&ntilde;a</i> Benina! He visto otro caso: un pobre, del Moro
+tambi&eacute;n, mendigo &eacute;l, de Or&aacute;n &eacute;l, que ped&iacute;a en Puerta Cerrada, junto al
+taller de mi padrastro. Y se puso tan perdido, que no hab&iacute;a cristiano
+que se le acercara, y ni en los santos Hospitales le quer&iacute;an recibir...</p>
+
+<p>&laquo;Picar, picar <i>mocha</i>&mdash;era lo &uacute;nico que Almudena dec&iacute;a, pasando las u&ntilde;as
+desde el hombro a la mano, como se pasar&iacute;a un peine por la madeja.</p>
+
+<p>Disimulando su asco, por no lastimar a la infeliz pareja, Juliana dijo a
+Nina: &laquo;&iexcl;Pues no le ha ca&iacute;do a usted mala incumbencia con este tipo! Mire
+que esa sarna se pega. Buena se va usted a poner, s&iacute; se&ntilde;ora; buena,
+bonita y barata... O es usted m&aacute;s boba que el que as&oacute; la manteca, o no
+s&eacute; lo que es usted&raquo;.</p>
+
+<p>Con miradas no m&aacute;s expres&oacute; Nina su l&aacute;stima del pobre ciego, su decisi&oacute;n
+de no abandonarle, y su conformidad con todas las calamidades que
+quisiera enviarle Dios. Y en esto, Antonio Zapata, que a su casa volv&iacute;a,
+vio a su mujer en el grupo; llegose a ella presuroso, y enterado de lo
+que hablaban, aconsej&oacute; a Benina que llevara al moro a la consulta de
+enfermedades dermatol&oacute;gicas en San Juan de Dios.</p>
+
+<p>&laquo;M&aacute;s cuenta le tiene&mdash;afirm&oacute; Juliana&mdash;mandarle para su tierra.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Luejos</i>, <i>luejos</i>&mdash;dijo Almudena&mdash;. <i>Dir</i> nos <i>Hierusalaim</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute; mal. 'De Madrid a Jerusal&eacute;n, o la familia del t&iacute;o Maroma...'.
+Bueno, bueno. A otra cosa, mujercita m&iacute;a, no pegues y escucha. No he
+podido hacer tus encargos, porque... te digo que no pegues.</p>
+
+<p>&mdash;Porque te has ido al billar, granuja... Sube, sube, y ajustaremos
+cuentas.</p>
+
+<p>&mdash;No subo porque tengo que volver a los carros de pateta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dices, granuja?</p>
+
+<p>&mdash;Que no va el carro grande por menos de cuarenta reales, y como me
+mandaste que no pasase de treinta...</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&eacute; yo que verlo. Estos hombres no sirven mas que de estorbo,
+&iquest;verdad, Nina?</p>
+
+<p>&mdash;Verdad. &iquest;Y qu&eacute; es? &iquest;Se muda la se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mujer; pero ya no podr&aacute; ser hasta ma&ntilde;ana, porque este marido tonto
+que me ha dado Dios, sali&oacute; antes de las ocho a tomar la casa y avisar el
+carro, y ya ve usted a qu&eacute; hora se descuelga por aqu&iacute;, con todo ese
+cuajo, sin haber hecho nada.</p>
+
+<p>&mdash;Bastante he corrido, chica: A las nueve entraba yo en casa de mam&aacute; con
+el contrato para que lo firmara. Ya ves si gan&aacute;bamos tiempo. &iquest;Pero t&uacute;
+sabes el que he perdido con Frasquito Ponte, que nos ha dado una tabarra
+tremenda? Como que tuvimos que llevarle a su casa Polidura y yo con
+grand&iacute;simo trabajo. &iexcl;Dios, c&oacute;mo est&aacute; el hombre, y qu&eacute; barullo tiene en
+la cabeza desde el batacazo de ayer!&raquo;.</p>
+
+<p>Igualmente interesadas Benina y Juliana en la buena o mala suerte del
+hijo de Algeciras, oyeron atentas lo que Antonio les refiri&oacute; de las
+consecuencias funest&iacute;simas de la ca&iacute;da del jinete en el camino del
+Pardo. Cuando le vieron en tierra, despedido por el jaco, pensaron todos
+que en aquel cr&iacute;tico instante hab&iacute;a terminado la existencia mortal del
+pobre caballero. Pero al levantarle, recobr&oacute; Frasquito, como quien
+resucita, el movimiento y la palabra, y asegurando no haber recibido
+golpe en la cabeza, que era lo m&aacute;s delicado, y palp&aacute;ndose en distintas
+partes del cr&aacute;neo, les dijo: &laquo;Nada, nada, se&ntilde;ores, t&oacute;quenme y no
+hallar&aacute;n el m&aacute;s ligero chich&oacute;n&raquo;. De brazos y piernas, si al principio
+pareci&oacute; haber salido con suerte, pues hueso roto seguramente no ten&iacute;a, a
+poco de echar a andar cojeaba horrorosamente de la pierna izquierda,
+efecto, sin duda, del violento choque contra el suelo. Pero lo m&aacute;s
+extra&ntilde;o fue que, al ser puesto en pie, rompi&oacute; en una charla incoherente,
+impetuosa, roja la cara como un tomate, vibrante y entrecortada la
+lengua. Llev&aacute;ronle a su casa en coche, creyendo que un reposo absoluto
+le restablecer&iacute;a; frot&aacute;ronle todo el cuerpo con &aacute;rnica, le acostaron, se
+fueron... Pero el maldito, seg&uacute;n les dijo despu&eacute;s la patrona, no bien se
+qued&oacute; solo, vistiose precipitadamente, y ech&aacute;ndose a la calle se fue a
+casa de Boto, y all&iacute; estuvo hasta muy tarde, <i>meti&eacute;ndose con todo el
+mundo</i>, y provocando con destempladas insolencias a los pac&iacute;ficos
+parroquianos. Tan contrario era esto al natural pl&aacute;cido de Frasquito, y
+a su timidez y buena educaci&oacute;n, que seguramente hab&iacute;a perturbaci&oacute;n
+cerebral grave, por causa del batacazo. No se sabe d&oacute;nde pas&oacute; el resto
+de la noche: se cree que estuvo alborotando en las calles de Mediod&iacute;a
+Grande y Chica. Ello es que a poco de llegar Antonio y Polidura a la
+casa de Do&ntilde;a Francisca, entr&oacute; Frasquito muy alborotado, el rostro
+encendido, brillantes los ojos, y con gran sorpresa y consternaci&oacute;n de
+las se&ntilde;oras, empez&oacute; a soltar de su boca, un poco torcida, atroces
+disparates. Combinando la ma&ntilde;a con la fuerza, pudieron sacarle de all&iacute; y
+volverle a su casa, donde le dejaron, encargando a la patrona que le
+sujetara si pod&iacute;a, y que hiciera por darle de comer. Entre otras
+tenacidades monomaniacas, ten&iacute;a la de que su honor le demandaba pedir
+explicaciones al moro por el inaudito agravio de suponer, de afirmar en
+p&uacute;blico que &eacute;l, Frasquito, hac&iacute;a la corte a Benina. M&aacute;s de veinte veces
+se arranc&oacute; hacia la calle de Mediod&iacute;a Grande, procurando ver al Sr. de
+Almudena, decidido a entregarle su tarjeta; pero el africano escurr&iacute;a el
+bulto y no se dejaba ver por ninguna parte. Claro: se hab&iacute;a ido a su
+tierra, huyendo de la furia de Ponte... pero &eacute;l estaba decidido a no
+parar hasta descubrirle, y obligarle a cumplir como caballero, aunque se
+escondiese en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n del Atlas.</p>
+
+<p>&laquo;Si <i>venier</i> m&iacute; <i>gal&aacute;n bunito</i>&mdash;dijo el moro riendo tan estrepitosamente,
+que los extremos de su boca se le enganchaban en las orejas&mdash;, dar m&iacute; &eacute;l
+<i>pat&aacute;s mochas</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre D. Frasquito... cuitado, alma de Dios!&mdash;exclam&oacute; Nina cruzando las
+manos&mdash;. Yo me tem&iacute;a que parara en esto...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente estantigua!&mdash;dijo la Juliana&mdash;. &iquest;Y a nosotros qu&eacute; nos importa
+que ese viejo pintado se chifle o no se chifle? &iquest;Sab&eacute;is lo que os digo?
+Pues que todo eso proviene de las drogas que se pone en la cara, lo cual
+que son venenosas y atacan al sentido. Ea, no perdamos el tiempo.
+Antonio, vu&eacute;lvete a la calle Imperial, diles que preparen todo, y yo ir&eacute;
+<i>al carro</i> a ver si lo arreglo para esta tarde. Nina, vete con Dios, y
+cuidado no se te pegue... &iquest;sabes? &iexcl;Ay, hija, se te pegar&aacute;, por mucho
+aseo que tengas! &iquest;Ves? ya empiezas a sufrir las consecuencias del mal
+paso... por no hacer caso de m&iacute;. Do&ntilde;a Paca me dijo que te permitiera ir
+all&aacute;. Quiere verte: &iexcl;pobre se&ntilde;ora! Yo le di mi conformidad, y hoy
+pensaba llevarte conmigo... pero ya no me atrevo, hija, ya no me atrevo.
+Habiendo de por medio esta pestilencia, no puedes rozarte... Yo hab&iacute;a
+determinado que fueras todos los d&iacute;as a recoger la comida sobrante en
+casa de la que fue tu ama.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ya no...?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;: la comida es tuya... pero... ver&aacute;s lo que debes hacer... te
+llegas al portal a la hora que yo te fije, y mi prima Hilaria te la
+bajar&aacute; y te la dar&aacute;... acerc&aacute;ndose a ti lo menos que pueda... Ya
+comprendes... cada una tiene su escr&uacute;pulo... No todos los est&oacute;magos son
+como el tuyo, Nina, a prueba de bomba... con que...</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo... se&ntilde;ora Juliana. Qu&eacute;dese con Dios&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="XL" id="XL"></a><a href="#toc">XL</a></h2>
+
+
+<p>Las adversidades se estrellaban ya en el coraz&oacute;n de Benina, como las
+vagas olas en el robusto cantil. Romp&iacute;anse con estruendo, se quebraban,
+se deshac&iacute;an en blancas espumas, y nada m&aacute;s. Rechazada por la familia
+que hab&iacute;a sustentado en d&iacute;as trist&iacute;simos de miseria y dolores sin
+cuento, no tard&oacute; en rehacerse de la profunda turbaci&oacute;n que ingratitud
+tan notoria le produjo; su conciencia le dio inefables consuelos: mir&oacute;
+la vida desde la altura en que su desprecio de la humana vanidad la
+pon&iacute;a; vio en rid&iacute;cula peque&ntilde;ez a los seres que la rodeaban, y su
+esp&iacute;ritu se hizo fuerte y grande. Hab&iacute;a alcanzado glorioso triunfo;
+sent&iacute;ase victoriosa, despu&eacute;s de haber perdido la batalla en el terreno
+material. Mas las satisfacciones &iacute;ntimas de la victoria no la privaron
+de su don de gobierno, y atenta a las cosas materiales, acudi&oacute;, al poco
+rato de apartarse de Juliana, a resolver lo m&aacute;s urgente en lo que a la
+vida corporal de ambos se refer&iacute;a. Era indispensable buscar albergue;
+despu&eacute;s tratar&iacute;a de curar a Mordejai de su sarna o lo que fuese, pues
+abandonarle en tan lastimoso estado no lo har&iacute;a por nada de este mundo,
+aunque ella se viera contagiada del asqueroso mal. Dirigiose con &eacute;l a
+Santa Casilda, y hallando desocupado el cuartito que antes ocup&oacute; el moro
+con la Petra, lo tom&oacute;. Felizmente, la borracha se hab&iacute;a ido con Diega a
+vivir en la Cava de San Miguel, detr&aacute;s de la Escalerilla. Instalados en
+aquel escondrijo, que no carec&iacute;a de comodidades, lo primero que hizo la
+anciana alcarre&ntilde;a fue traer agua, toda el agua que pudo, y lavarse bien
+y jabonarse el cuerpo; costumbre antigua en ella, que siempre que pod&iacute;a
+practicaba en casa de Do&ntilde;a Francisca. Luego se visti&oacute; de limpio. El
+bienestar que el aseo y la frescura daban a su cuerpo, se confund&iacute;a en
+cierto modo con el descanso de su conciencia, en la cual tambi&eacute;n sent&iacute;a
+algo como absoluta limpieza y frescor confortante.</p>
+
+<p>Dedicose luego al arreglo de la casa, y con el poquito dinero que ten&iacute;a
+hizo su compra, y le prepar&oacute; a Mordejai una buena comida. Pensaba
+llevarlo a la consulta al d&iacute;a siguiente, y as&iacute; se lo dijo, mostr&aacute;ndose
+el ciego conforme en todo con lo que la voluntad de ella quisiese
+determinar. Mientras com&iacute;an, le entretuvo y alent&oacute; con esperanzas y
+palabras dulces, ofreci&eacute;ndole ir, como &eacute;l deseaba, a Jerusal&eacute;n o un
+poquito m&aacute;s all&aacute;, en cuanto recobrara la salud. Mientras no se le
+quitara el sarpullo, no hab&iacute;a que pensar en viajes. Se estar&iacute;an quietos,
+&eacute;l en casa, ella saliendo a pedir sola todos los d&iacute;as para ver de sacar
+con qu&eacute; vivir, que seguramente Dios no les dejar&iacute;a morir de hambre. Tan
+contento se puso el ciego con el plan concebido y propuesto por su
+inteligente amiga, y con sus afectuosas expresiones, que rompi&oacute; a cantar
+la melopea ar&aacute;biga que ya le oy&oacute; Benina en el vertedero; pero como al
+huir de la pedrea hab&iacute;a perdido el guitarrillo, no pudo acompa&ntilde;arse del
+son de aquel tosco instrumento. Despu&eacute;s propuso a su compa&ntilde;era que
+echase el sahumerio, y ella lo hizo de buena gana, pues el humazo
+saneaba y aromatizaba la pobre habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Salieron al d&iacute;a siguiente para la consulta; pero como les designaran
+para esta una hora de la tarde, entretuvieron la primera mitad del d&iacute;a
+pordioseando en varias calles, siempre con mucho cuidado de los
+guindillas, por no caer nuevamente en poder de los que echan el lazo a
+los mendigos, cual si fueran perros, para llevarlos al dep&oacute;sito, donde
+como a perros les tratan. Debe decirse que el ingrato proceder de Do&ntilde;a
+Paca no despertaba en Nina odio ni mala voluntad, y que la conformidad
+de esta con la ingratitud no le quitaba las ganas de ver a la infeliz
+se&ntilde;ora, a quien entra&ntilde;ablemente quer&iacute;a, como compa&ntilde;era de amarguras en
+tantos a&ntilde;os. Ansiaba verla, aunque fuese de lejos, y llevada de esta
+querencia, se lleg&oacute; a la calle de la Lechuga para atisbar a distancia
+discreta si la familia estaba en v&iacute;as de mudanza, o se hab&iacute;a mudado ya.
+&iexcl;Qu&eacute; a tiempo lleg&oacute;! Hall&aacute;base en la puerta el carro, y los mozos met&iacute;an
+trastos en &eacute;l con la b&aacute;rbara presteza que emplean en esta operaci&oacute;n.
+Desde su atalaya reconoci&oacute; Benina los muebles decr&eacute;pitos, derrengados, y
+no pudo reprimir su emoci&oacute;n al verlos. Eran casi suyos, parte de su
+existencia, y en ellos ve&iacute;a, como en un espejo, la imagen de sus penas y
+alegr&iacute;as; pensaba que si se acercase, los pobres trastos hab&iacute;an de
+decirle algo, o que llorar&iacute;an con ella. Pero lo que la impresion&oacute;
+vivamente fue ver salir por el portal a Do&ntilde;a Paca y a Obdulia, con
+Polidura y Juliana, como si se fueran a la casa nueva, mientras las
+criadas elegantes se quedaban en la antigua, disponiendo la recogida y
+transporte de las menudencias, y de toda la morralla casera.</p>
+
+<p>Turbada y confusa, Nina se escondi&oacute; en un portal, para ver sin ser
+vista. &iexcl;Qu&eacute; desmejorada encontr&oacute; a Do&ntilde;a Francisca! Llevaba un vestido
+nuevo; pero de tan nefanda hechura, como cortado y cosido de prisa, que
+parec&iacute;a la pobre se&ntilde;ora vestida de limosna. Cubr&iacute;a su cabeza con un
+manto, y Obdulia ostentaba un sombrerote con disformes ringorrangos y
+plumas. Andaba Do&ntilde;a Paca lentamente, la vista fija en el suelo,
+abrumada, melanc&oacute;lica, como si la llevaran entre guardias civiles. La
+<i>ni&ntilde;a</i> re&iacute;a, charlando con Polidura. Detr&aacute;s iba Juliana <i>arre&aacute;ndolos</i> a
+todos, y mand&aacute;ndoles que fueran de prisa por el camino que les marcaba.
+No le faltaba m&aacute;s que el palo para parecerse a los que en v&iacute;speras de
+Navidad conducen por las calles las manadas de pavos. &iexcl;C&oacute;mo se clareaba
+el despotismo hasta en sus menores movimientos! Do&ntilde;a Paca era la res
+humilde que va a donde la llevan, aunque sea al matadero; Juliana el
+pastor que gu&iacute;a y conduce. Desaparecieron en la Plaza Mayor, por la
+calle de Botoneras... Benina dio algunos pasos para ver el triste
+ganado, y cuando lo perdi&oacute; de vista, se limpi&oacute; las l&aacute;grimas que
+inundaban su rostro.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Pobre se&ntilde;ora m&iacute;a!&mdash;dijo al ciego en cuanto se reuni&oacute; con &eacute;l&mdash;. La quiero
+como hermana, porque juntas hemos pasado muchas penas. Yo era todo para
+ella, y ella todo para m&iacute;. Me perdonaba mis faltas, y yo le perdonaba
+las suyas... &iexcl;Qu&eacute; triste va, quiz&aacute;s pensando en lo mal que se ha portado
+con la Nina! Parece que est&aacute; peor del re&uacute;ma, por lo que cojea, y su cara
+es de no haber comido en cuatro d&iacute;as. Yo la tra&iacute;a en palmitas, yo la
+enga&ntilde;aba con buena sombra, ocult&aacute;ndole nuestra miseria, y poniendo mi
+cara en verg&uuml;enza por darle de comer conforme a lo que era su gusto y
+costumbre... En fin, lo pasado, como dijo el otro, pas&oacute;. V&aacute;monos,
+Almudena, v&aacute;monos de aqu&iacute;, y quiera Dios que te pongas bueno pronto para
+tomar el caminito a Jerusal&eacute;n, que no me asusta ya por lejos. Andando,
+andando, hijo, se llega de una parte del mundo a otra, y si por un lado
+sacamos el provecho de tomar el aire y de ver cosas nuevas, por otro
+sacamos la certeza de que todo es lo mismo, y que las partes del mundo
+son, un suponer, como el mundo en junto; quiere decirse, que en donde
+quiera que vivan los hombres, o verbigracia, mujeres, habr&aacute; ingratitud,
+ego&iacute;smo, y unos que manden a los otros y les cojan la voluntad. Por lo
+que debemos hacer lo que nos manda la conciencia, y dejar que se peleen
+aquellos por un hueso, como los perros; los otros por un juguete, como
+los ni&ntilde;os, o estos por mangonear, como los mayores, y no re&ntilde;ir con
+nadie, y tomar lo que Dios nos ponga delante, como los p&aacute;jaros...
+V&aacute;monos hacia el Hospital, y no te pongas triste.</p>
+
+<p>&mdash;M&iacute; no triste&mdash;dijo Almudena&mdash;; estar <i>tigo contentado</i>... t&uacute; saber como
+Dios cosas <i>tudas</i>, y yo <i>quirier</i> ti como <i>&aacute;ngela bunita</i>... Y si no
+<i>quierer</i> t&uacute; casar <i>migo</i>, ser t&uacute; <i>madra</i> m&iacute;a, y yo ni&ntilde;o tuyo <i>bunito</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, hombre; me parece muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute; <i>com</i> palmera <i>D'sierto granda</i>, <i>bunita</i>; t&uacute; <i>com zucena
+branca</i>... <i>llirio t&uacute;</i>... M&iacute; <i>dicier</i> ti <i>amri</i>: alma m&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras iba la infeliz pareja camino del Hospital, Do&ntilde;a Paca y su
+s&eacute;quito, en direcci&oacute;n distinta, se aproximaban a su nueva casa, calle de
+Orellana: un tercero limpio, con los papeles y estucos nuevecitos,
+buenas luces, ventilaci&oacute;n, cocina excelente, y precio acomodado a las
+circunstancias. Pareciole muy bien a Do&ntilde;a Francisca, cuando arriba
+lleg&oacute;, sofocada de la interminable escalera; y si le parec&iacute;a mal,
+cuidaba de no manifestarlo, abdicando en absoluto su voluntad y sus
+opiniones. El flexible, m&aacute;s que flexible, blanducho car&aacute;cter de la
+viuda, se adaptaba al sentir y al pensar de Juliana; y viendo esta que
+se le met&iacute;a entre los dedos aquella miga de pan, hac&iacute;a bolitas con ella.
+No respiraba Do&ntilde;a Paca sin permiso de la tirana, quien para los m&aacute;s
+insignificantes actos de la vida, ten&iacute;a no pocas &oacute;rdenes que dictar a la
+infeliz se&ntilde;ora. Esta lleg&oacute; a tenerle un miedo infantil; se sent&iacute;a miga
+blanda dentro de la mano de bronce de la ribeteadora, y en verdad que no
+era s&oacute;lo miedo, pues con &eacute;l se mezclaba algo de respeto y admiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Descansaba la dama del ajetreo de aquel d&iacute;a, ya metidos todos los
+muebles, trastos y macetas en la nueva casa, y atacada de una
+intens&iacute;sima tristeza que le devoraba el alma, llam&oacute; a su tirana para
+decirle: &laquo;No me has explicado bien por el camino lo que hablasteis. &iquest;Qu&eacute;
+historias cuenta Nina de su moro? &iquest;Es este bien parecido?&raquo;.</p>
+
+<p>Dio Juliana las explicaciones que su s&uacute;bdita le ped&iacute;a, sin herir a Nina
+ni ponerla en mal lugar, demostrando en esto fin&iacute;simo tacto.</p>
+
+<p>&laquo;Y quedasteis... en que no puede venir a verme, por temor a que nos
+contagie de esa peste asquerosa. Has hecho bien. Si no es por ti, me
+ver&iacute;a expuesta, sabe Dios, a que se nos pegara la pestilencia...
+Quedasteis tambi&eacute;n en que recoger&iacute;a las sobras de la comida. Pero esto
+no basta, y yo tendr&iacute;a mucho gusto en se&ntilde;alarle una cantidad, por
+ejemplo, una peseta diaria. &iquest;Qu&eacute; dices?</p>
+
+<p>&mdash;Digo que si empezamos con esas bromas, se&ntilde;ora Do&ntilde;a Paca, pronto
+volveremos a <i>Pe&ntilde;aranda</i>. No, no: una peseta es una peseta... Bastante
+tiene la Nina con dos reales. As&iacute; lo he pensado, y si usted dispone otra
+cosa, yo me lavo las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Dos reales, dos... t&uacute; lo has dicho... y basta, s&iacute;. &iquest;Sabes t&uacute; los
+milagros que hace Nina con media peseta?&raquo;.</p>
+
+<p>En esto lleg&oacute; Daniela muy alarmada, diciendo que llamaba a la puerta
+Frasquito; y Obdulia, que por la mirilla le hab&iacute;a visto, opin&oacute; que no
+se abriera, a fin de evitar otro esc&aacute;ndalo como el de la calle Imperial.
+Pero &iquest;qui&eacute;n le hab&iacute;a dicho las se&ntilde;as del nuevo domicilio? Sin duda fue
+Polidura el sopl&oacute;n, y Juliana hizo juramento de arrancarle una oreja.
+Ocurri&oacute; el contratiempo grave de que mientras Ponte llamaba con nerviosa
+furia, decidido a romper la campanilla, subi&oacute; Hilaria de la calle y
+abri&oacute; con el llav&iacute;n, y ya no fue posible cortar el paso al intruso, que
+se precipit&oacute; dentro, present&aacute;ndose ante las asustadas se&ntilde;oras con el
+sombrero metido hasta las orejas, blandiendo el bast&oacute;n, la ropa en gran
+detrimento y manchada de tierra y lodo. Se le hab&iacute;a torcido la boca, y
+arrastraba penosamente la pierna derecha.</p>
+
+<p>&laquo;Por Dios, Frasquito&mdash;le dijo Do&ntilde;a Paca suplicante&mdash;, no nos alborote.
+Est&aacute; usted malo, y debe meterse en cama&raquo;.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; tambi&eacute;n Obdulia declamando enf&aacute;ticamente: &laquo;Frasquito: &iexcl;una
+persona como usted, tan fina, de buena sociedad, decirnos esas cosas!...
+Tenga juicio, vuelva en s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora y <i>madama</i>&mdash;dijo Ponte desencasquet&aacute;ndose el sombrero con gran
+dificultad&mdash;. Caballero soy y me precio de saber tratar con damas
+elegantes; pero como de aqu&iacute; ha salido la absurda especie, yo vengo a
+pedir explicaciones. Mi honor lo exige...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tenemos que ver nosotras con el honor de usted, so
+espantajo?&mdash;grit&oacute; Juliana&mdash;. &iexcl;Ea, no es persona decente quien falta a las
+se&ntilde;oras! El otro d&iacute;a eran para usted emperatrices, y ahora...</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora&mdash;dijo Ponte temblando ante el en&eacute;rgico acento de Juliana, como
+ca&ntilde;a batida del viento&mdash;. Y ahora... yo no falto al respeto a las
+se&ntilde;oras. Obdulia es una dama; Do&ntilde;a Francisca otra dama. Pero estas
+se&ntilde;oras damas... me han calumniado, me han herido en mis sentimientos
+m&aacute;s puros, sosteniendo que yo hice la corte a la Benina... y que la
+requer&iacute; de amores deshonestos, para que por m&iacute; y conmigo faltase a la
+fidelidad que debe al caballero de la Arabia...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si nosotras no hemos dicho semejante desatino!</p>
+
+<p>&mdash;Todo Madrid lo repite... De aqu&iacute;, de estos salones sali&oacute; la indigna
+especie. Me acusan de un infame delito: de haber puesto mis ojos en un
+&aacute;ngel, de blancas alas c&eacute;licas, de pureza inmaculada. Sepan que yo
+respeto a los &aacute;ngeles: si Nina fuese criatura mortal, no la habr&iacute;a
+respetado, porque soy hombre... yo he catado rubias y morenas, casadas,
+viudas y doncellas, espa&ntilde;olas y parisienses, y ninguna me ha resistido,
+porque me lo merezco... belleza permanente que soy... Pero yo no he
+seducido &aacute;ngeles, ni los seducir&eacute;... S&eacute;palo usted, Frasquita; s&eacute;palo,
+Obdulia... la Nina no es de este mundo... la Nina pertenece al cielo...
+Vestida de pobre ha pedido limosna para mantenerlas a ustedes y a m&iacute;...
+y a la mujer que eso hace, yo no la seduzco, yo no puedo seducirla, yo
+no puedo enamorarla... Mi hermosura es humana, y la de ella divina; mi
+rostro espl&eacute;ndido es de carne mortal, y el de ella de celeste luz... No,
+no, no la he seducido, no ha sido m&iacute;a, es de Dios... Y a usted se lo
+digo, Curra Ju&aacute;rez, de Ronda; a usted, que ahora no puede moverse, de lo
+que le pesa en el cuerpo la ingratitud... Yo, porque soy agradecido, soy
+de pluma, y vuelo... ya lo ve... Usted, por ser ingrata, es de plomo, y
+se aplasta contra el suelo... ya lo ve...&raquo;.</p>
+
+<p>Consternadas hija y madre, gritaban pidiendo socorro a los vecinos. Pero
+Juliana, m&aacute;s valerosa y expeditiva, no pudiendo sufrir con calma los
+impertinentes desvar&iacute;os del desdichado Ponte, se fue hacia &eacute;l furiosa,
+le cogi&oacute; por las solapas, y comi&eacute;ndoselo con la mirada y la voz le dijo:
+&laquo;Si no se marcha usted pronto de esta casa, so mamarracho, le tiro a
+usted por el balc&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Y seguramente lo habr&iacute;a hecho, si la Hilaria y la Daniela no cogieran al
+pobre hijo de Algeciras, poni&eacute;ndole en dos tirones fuera de la puerta.
+Present&aacute;ronse los porteros y algunos vecinos, atra&iacute;dos del alboroto, y
+al ver reunida tanta gente, salieron las cuatro mujeres al rellano de la
+escalera para explicar que aquel sujeto hab&iacute;a perdido el juicio,
+troc&aacute;ndose de la m&aacute;s atenta y comedida persona del mundo, en la m&aacute;s
+importuna y desvergonzada. Baj&oacute; Frasquito renqueando hasta la meseta
+pr&oacute;xima: all&iacute; se par&oacute;, mirando para arriba, y dijo: &laquo;Ingrata,
+ingrrr...&raquo;. Quiso concluir la palabra, y una violenta contorsi&oacute;n
+denunci&oacute; la inutilidad de sus esfuerzos. De su boca no sali&oacute; m&aacute;s que un
+bramido ronco, como si mano invisible le estrangulara. Vieron todos que
+se le descompon&iacute;an horrorosamente las facciones, los ojos se le sal&iacute;an
+del casco, la boca se aproximaba a una de las orejas... Alz&oacute; los brazos,
+exhal&oacute; un &iexcl;ay! angustioso, y se desplom&oacute; de golpe. A la ca&iacute;da de su
+cuerpo se estremeci&oacute; de arriba abajo toda la endeble escalera.</p>
+
+<p>Subi&eacute;ronle entre cuatro a la casa para prestarle socorro, que ya no
+necesitaba el infeliz. Reconociole Juliana, y secamente dijo: &laquo;Est&aacute; m&aacute;s
+muerto que mi abuelo&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr />
+<h2><a name="Final" id="Final"></a><a href="#toc">Final</a></h2>
+
+
+<p>Ejemplo de los admirables efectos de la voluntad humana en el gobierno
+de las grandes como de las peque&ntilde;as agrupaciones de seres, era Juliana,
+mujer sin principios, que apenas sab&iacute;a leer y escribir, pero que hab&iacute;a
+recibido de Naturaleza el don rar&iacute;simo de organizar la vida y regir las
+acciones de los dem&aacute;s. Si conforme le cay&oacute; entre las manos la familia de
+Zapata le hubiera tocado gobernar familia de m&aacute;s fuste, o una &iacute;nsula, o
+un estado, habr&iacute;a salido muy airosa. En la &iacute;nsula de Do&ntilde;a Francisca
+estableci&oacute; con mano firme la normalidad al mes de haber empu&ntilde;ado las
+riendas, y todos all&iacute; andaban derechos, y nadie se rebull&iacute;a ni osaba
+poner en tela de juicio sus irrevocables mandatos. Verdad que para
+obtener este resultado precioso empleaba el absolutismo puro, el r&eacute;gimen
+de terror; su genio no admit&iacute;a ni aun observaciones t&iacute;midas: su ley era
+su sant&iacute;sima voluntad; su l&oacute;gica, el palo.</p>
+
+<p>A los caracteres an&eacute;micos de la madre y los hijos no les ven&iacute;a mal este
+sistema, ensayado ya con feliz &eacute;xito en Antonio. Tal dominio lleg&oacute; a
+ejercer sobre Do&ntilde;a Francisca, que la pobre viuda no se atrev&iacute;a ni a
+rezar un Padrenuestro sin pedir su venia a la dictadora, y hasta se
+advert&iacute;a que antes de suspirar, como tan a menudo lo hac&iacute;a, la miraba
+como para decirle: &laquo;No llevar&aacute;s a mal que yo suspire un poquito&raquo;. En
+todo era obedecida ciegamente Juliana por su mam&aacute; pol&iacute;tica, menos en una
+cosa. Mand&aacute;bale que no estuviese siempre triste, y aunque la esclava
+respond&iacute;a con frases de acatamiento, bien se echaba de ver que la orden
+no se cumpl&iacute;a. Entraba, pues, la viuda de Zapata en la normalidad
+pr&oacute;spera de su existencia con la cabeza gacha, los ojos ca&iacute;dos, el mirar
+vago, perdido en los dibujos de la estera, el cuerpo apoltronado,
+encari&ntilde;&aacute;ndose cada d&iacute;a m&aacute;s con la indolencia, el apetito decadente, el
+humor taciturno y desabrido, las ideas negras.</p>
+
+<p>A los quince d&iacute;as de instalarse Do&ntilde;a Francisca en la calle de Orellana,
+juzg&oacute; la mandona que m&aacute;s eficaz ser&iacute;a su poder y mejor gobernada estar&iacute;a
+la familia viviendo todos juntos: general y subalternos. Trasladose,
+pues, y all&aacute; fue metiendo su ajuar humilde, y sus chiquillos, y el ama,
+para lo cual antes hizo hueco, echando fuera la mar de tiestos y tibores
+de plantas, y poniendo en la calle a Daniela, que en rigor no serv&iacute;a
+m&aacute;s que de estorbo. A sus funciones de gran canciller agreg&oacute; pronto las
+de doncella y peinadora de su suegra y cu&ntilde;ada. As&iacute; todo se quedaba en
+casa.</p>
+
+<p>Pero como no hay felicidad completa en este p&iacute;caro mundo, al mes, poco
+m&aacute;s o menos, de la mudanza, se&ntilde;alada en las efem&eacute;rides zapatescas por la
+desastrosa muerte de Frasquito Ponte Delgado, empez&oacute; a resentirse
+Juliana de alteraciones muy extra&ntilde;as en su salud. La que por su lozana
+robustez hab&iacute;a hecho gala de compararse a las mulas, daba en la tonter&iacute;a
+de padecer lo m&aacute;s contrario a su natural perfectamente equilibrado. &iquest;Qu&eacute;
+era ello? Embelecos nerviosos y r&aacute;fagas de histerismo, afecciones de que
+Juliana se hab&iacute;a re&iacute;do m&aacute;s de una vez, atribuy&eacute;ndolas a remilgos de
+mujeres mimosas y a trastornos imaginarios, que, seg&uacute;n ella, curaban los
+maridos con <i>jarabe de fresno</i>.</p>
+
+<p>Comenz&oacute; el mal de Juliana por insomnios rebeldes: se levantaba todas las
+ma&ntilde;anas sin haber pegado los ojos; a los pocos d&iacute;as del insomnio empez&oacute;
+a perder el apetito, y, por fin, al no dormir se agregaron sobresaltos y
+angustiosos temores por las noches, y de d&iacute;a una melancol&iacute;a negra,
+pesada, f&uacute;nebre. Lo peor para la familia fue que con estos alifafes
+enojosos no se atenuaba el absolutismo gobernante de la tirana, sino
+que se agravaba. Antonio le propon&iacute;a sacarla a paseo, y ella a paseo le
+mandaba con cien mil pares de demonios. H&iacute;zose displicente, y tambi&eacute;n
+mal hablada, grosera, insoportable.</p>
+
+<p>Por fin, sus monoman&iacute;as hist&eacute;ricas se condensaron en una sola, en la
+idea de que los mellizos no gozaban de buena salud. De nada val&iacute;a la
+evidencia de la extraordinaria robustez de los ni&ntilde;os. Con las
+precauciones de que les rodeaba, y los cuidados prolijos y minuciosos
+que en su conservaci&oacute;n pon&iacute;a, les molestaba, les hac&iacute;a llorar. De noche
+arroj&aacute;base del lecho asegurando que las criaturas nadaban en sangre,
+degolladas por un asesino invisible. Si tos&iacute;an, era que se ahogaban; si
+com&iacute;an mal, era que les hab&iacute;an envenenado.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana sali&oacute; precipitadamente, con mant&oacute;n y pa&ntilde;uelo a la cabeza, y
+se fue a los barrios del Sur buscando a Benina, con quien ten&iacute;a que
+hablar. Y por Dios que no gast&oacute; pocas horas en encontrarla, porque ya no
+viv&iacute;a en Santa Casilda, sino en los quintos infiernos, o sea en la
+carretera de Toledo, a mano izquierda del Puente. All&iacute; la encontr&oacute;
+despu&eacute;s de enfadosas pesquisas, dando vueltas y rodeos por aquellos
+extraviados caser&iacute;os. Viv&iacute;a la anciana con el moro en una casita, que
+m&aacute;s bien parec&iacute;a choza, situada en los terrenos que dominan la
+carretera por el Sur. Almudena iba mejorando de la asquerosa enfermedad
+de la piel; pero a&uacute;n se ve&iacute;a su rostro enmascarado de costras
+repugnantes: no sal&iacute;a de casa, y la anciana iba todas las ma&ntilde;anitas a
+ganarse la vida pidiendo en San Andr&eacute;s. No sorprendi&oacute; poco a Juliana el
+verla en buenas apariencias de salud, y adem&aacute;s alegre, sereno el
+esp&iacute;ritu, y bien asentado en el cimiento de la conformidad con su
+suerte.</p>
+
+<p>&laquo;Vengo a re&ntilde;ir con usted, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina&mdash;le dijo sent&aacute;ndose en una
+piedra, frente a la casucha, junto a la artesa en que la pobre mujer
+lavaba, a respetable distancia del ciego, echadito a la sombra&mdash;. S&iacute;,
+se&ntilde;ora, porque usted qued&oacute; en ir a recoger la comida sobrante en nuestra
+casa, y no ha parecido por all&iacute;, ni hemos vuelto a verle el pelo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues le dir&eacute;, se&ntilde;ora Juliana&mdash;replic&oacute; Nina&mdash;. Puede creerme que no ha
+sido desprecio; no se&ntilde;ora, no ha sido desprecio. Es que no lo he
+necesitado. Tengo la comida de otra casa, con lo cual y lo que saco nos
+basta; y as&iacute;, bien puede usted d&aacute;rselo a otro pobre, y para su
+conciencia es lo mismo... &iquest;Qu&eacute; quiere usted saber? &iquest;Que qui&eacute;n me da la
+comida? Veo que le pica la curiosidad. Pues debo esa bendita limosna a
+D. Romualdo Cedr&oacute;n... le he conocido en San Andr&eacute;s, donde dice la
+Misa... S&iacute;, se&ntilde;ora: D. Romualdo, que es un santo, para que lo sepa... Y
+ya estoy segura, despu&eacute;s de mucho cavilar, que no es el D. Romualdo que
+yo invent&eacute;, sino otro que se parece a &eacute;l como se parecen dos gotas de
+agua. Inventa unas cosas que luego salen verdad, o las verdades, antes
+de ser verdades, un suponer, han sido mentiras muy gordas... Con que ya
+lo sabe&raquo;.</p>
+
+<p>Declar&oacute; la ribeteadora que se alegraba mucho de lo que o&iacute;a referir; y
+que puesto que Don Romualdo la favorec&iacute;a, Do&ntilde;a Paca y ella dar&iacute;an sus
+sobrantes de comida a otros menesterosos. Pero algo m&aacute;s ten&iacute;a que
+decirle: &laquo;Yo estoy en deuda con usted, Benina, pues <i>dispuse</i> que mi
+madre pol&iacute;tica, a quien gobierno con una hebra de seda, le se&ntilde;alar&iacute;a a
+usted dos reales diarios... Como no nos hemos visto por ninguna parte,
+no he podido cumplir con usted; pero me pesan, me pesan en la conciencia
+los dos reales diarios, y aqu&iacute; se los traigo en quince pesetas, que
+hacen el mes completo, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo tomo, s&iacute; se&ntilde;ora&mdash;dijo Nina gozosa&mdash;; que esto no es de
+despreciar... Vienen a m&iacute; estas pesetillas como ca&iacute;das del cielo, porque
+tengo una deuda con la <i>Pitusa</i>, calle de Mediod&iacute;a Grande, y lo
+arreglamos d&aacute;ndole yo lo que fuera reuniendo, y peseta por duro de
+r&eacute;dito. Con esto llego a la mitad y un poquito m&aacute;s. Pedradas de estas me
+vengan todos los d&iacute;as, se&ntilde;ora Juliana. Sabe que se le agradece, y
+quiera Dios d&aacute;rselo en salud para s&iacute;, y para su marido y los nenes&raquo;.</p>
+
+<p>Con palabra nerviosa, afluente y un tanto hiperb&oacute;lica, asegur&oacute; la
+chulita que no ten&iacute;a salud; que padec&iacute;a de unos males extra&ntilde;os,
+incomprensibles. Pero los llevaba con paciencia, sin cuidarse para nada
+de su propia persona. Lo que la inquietaba, lo que hac&iacute;a de su
+existencia un atroz suplicio, era la idea de que enfermaran sus ni&ntilde;os.
+No era idea, no era temor: era seguridad de que Paquito y Anto&ntilde;ito ca&iacute;an
+malos... se mor&iacute;an sin remedio.</p>
+
+<p>Trat&oacute; Benina de quitarle de la cabeza tales ideas; pero la otra no se
+dio a partido, y despidi&eacute;ndose presurosa, tom&oacute; la vuelta de Madrid.
+Grande fue la sorpresa de la anciana y del moro al verla aparecer a la
+ma&ntilde;ana siguiente muy temprano, agitada, tr&eacute;mula, echando lumbre por los
+ojos. El di&aacute;logo fue breve, y de mucha substancia o miga psicol&oacute;gica.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Qu&eacute; te pasa, Juliana?&mdash;le pregunt&oacute; Nina tute&aacute;ndola por primera vez.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me ha de pasar? &iexcl;Que los ni&ntilde;os se me mueren!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o, qu&eacute; pena! &iquest;Est&aacute;n malitos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... digo, no: est&aacute;n buenos. Pero a m&iacute; me atormenta la idea de que se
+mueren... &iexcl;Ay, Nina de mi alma, no puedo echar esta idea de m&iacute;! No hago
+m&aacute;s que llorar y llorar... Ya lo ve usted...</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo veo, s&iacute;. Pero si es una idea, haz por quit&aacute;rtela de la cabeza,
+mujer.</p>
+
+<p>&mdash;A eso vengo, <i>se&ntilde;&aacute;</i> Benina, porque desde anoche se me ha metido en la
+cabeza otra idea: que usted, usted sola, me puede curar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Dici&eacute;ndome que no debo creer que se mueren los ni&ntilde;os... mand&aacute;ndome que
+no lo crea.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?...</p>
+
+<p>&mdash;Si usted me lo afirma, lo creer&eacute;, y me curar&eacute; de esta maldita idea...
+Porque... lo digo claro: yo he pecado, yo soy mala...</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hija, bien f&aacute;cil es curarte. Yo te digo que tus ni&ntilde;os no se
+mueren, que tus hijos est&aacute;n sanos y robustos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ve usted?... La alegr&iacute;a que me da es se&ntilde;al de que usted sabe lo que
+dice... Nina, Nina, es usted una santa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy santa. Pero tus ni&ntilde;os est&aacute;n buenos y no padecen ning&uacute;n mal...
+No llores... y ahora vete a tu casa, y no vuelvas a pecar&raquo;.</p>
+
+<p style="margin-top: 3em;">FIN DE LA NOVELA</p>
+
+<p style="margin-top: 3em;">Madrid, Marzo-Abril de 1897</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Misericordia, by Benito Pérez Galdós
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MISERICORDIA ***
+
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+
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+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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