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diff --git a/23035-8.txt b/23035-8.txt new file mode 100644 index 0000000..1693942 --- /dev/null +++ b/23035-8.txt @@ -0,0 +1,9500 @@ +The Project Gutenberg EBook of Quilito, by Carlos Maria Ocanto + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Quilito + +Author: Carlos Maria Ocanto + +Release Date: October 14, 2007 [EBook #23035] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK QUILITO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + + + + +BIBLIOTECA de LA NACIÓN + +CARLOS M.ª OCANTOS + +QUILITO + + + +BUENOS AIRES 1913 + +Derechos reservados. + +Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires + + + + +QUILITO + +I + + +Pampa se había quedado dormida, acurrucada en el umbral. Envuelta su +monstruosa cabeza en el refajo de bayeta amarilla, que había levantado +por detrás al sentarse; un pie montado sobre el otro, como para +prestarse mutuo calor, calzados ambos en gruesos zapatos claveteados; +las manos debajo del delantal blanco, dormía sobre la dura piedra, como +sobre un cómodo colchón de muelles. ¡Pobre Pampa! Cansada del fregoteo +de platos, del bruñido de cuchillos y del lavado de vasos, de traer y +llevar, de bajar y subir, de salir y de entrar, había obtenido la +promesa de acompañar a la señora a una visita de intimidad aquel día, lo +que le serviría de pretexto, para ver las calles y quizá la plaza de la +Victoria; pues con ser 25 de Mayo, fiesta patria, había _Tedéum_, rifa, +parada militar y qué sé yo. Soñaba la india en las lindas cosas que +vería: tanta bandera; tanta gente endomingada; los niños, con traje de +terciopelo, muy orondos, agarrotados los dedos por los guantes; las +niñas, de blanco, unas con banda azul y otras no; las personas que se +agolpaban a las ventanas del Cabildo, donde el transeunte es asaltado +por una, dos o tres señoritas, que le meten por las narices, como si +dieran a oler una pastilla, la cedulita de la rifa, y le marean y le +cercan, y le siguen y le persiguen, repitiendo: + +--¡Caballero! ¿una cedulita? ¿una cedulita, caballero?--como muletilla +de mendigo. + +Detrás de la reja, majestuosa y cómodamente sentadas, dos matronas, tan +gordas, que casi no caben las dos de frente, con las costas repletas de +papelillos en la falda, despachan su mercancía, echando de vez en cuando +por aquella boca un _¡Caballero!_ que más parece un bostezo, que un +llamado. Luego, los vendedores de naranjas, de silbatos y de globos; la +corriente humana que no cesa de circular, engrosada por los torrentes +que cada bocacalle vomita sobre la plaza; los soldados, tan marciales, +en fila, los ojos sobre el jefe, que recorre la línea a caballo, dejando +ondear al viento su penacho azul y blanco; las músicas, que tocan; el +cañón, que truena; los cohetes, que estallan; las campanas, que vibran, +y por último, el Presidente, que pasa, a pie, camino de la Catedral, en +medio de los acordes graves y solemnes del himno nacional, precedido, +rodeado y seguido de brillante cortejo. + +Pampa hacía sonar, con fruición, en el bolsillo de su vestido de lana +nuevo, los centavos que le diera el _patrón_ para la rifa, cuando +alguien la llamó. + +--¡Pampa! que tienes que lavar las medias del niño, y traer azúcar del +almacén y limpiar el espejo de la sala, que está perdido de moscas. + +Y vuelta al trajín, sin una queja, encerrada en su mutismo de salvaje, +no desbastada aún. Y las medias quedaron lavadas, y se trajo el azúcar y +se limpió el espejo; pero, entonces, faltaron fósforos y hubo que poner +un remiendo. + +En el patio de la cocina, el último de la casa, tan frío que la humedad +trazaba verdosos arabescos en la pared sin cal, trabajaba la chica +febrilmente. Un apetitoso olor de guisado salía de la cocina abierta, +donde una genovesa cerril movía espátulas y zarandeaba cacerolas, +envuelta en el humo espeso del asado, que chirriaba sobre las parrillas; +en las habitaciones altas, las del niño, se oía el chasquido del +cepillo. + +--¡Pampa!--chilló allá arriba una voz atiplada. + +Y como la muchacha tardara en contestar, el cepillo salió disparado de +las alturas y, rebotando contra los peldaños de la escalera, vino a caer +en medio del patio. + +--¡Voy, niño, voy!--- dijo la india sin asustarse, como acostumbrada a +aquella singular forma de llamamiento. + +--A ver si te mueves, ¡china salvaje!--chilló de nuevo la voz atiplada. + +Y cayó otro proyectil, un frasco vacío, que explotó como una bomba. La +muchacha echó a correr escalera arriba, a tiempo que salía del comedor +misia Casilda, con su cara de muñeca sin expresión, tan rosada y +lustrosa que de porcelana parecía, y el pelo partido al medio y recogido +detrás de las orejas, ennegrecido y pegado a la frente por el cosmético. + +--¿Qué hay? ¿qué escándalo es éste? La cocinera se mostró en la puerta +de su santuario, limpiando sus manazas en el sucio delantal. + +--¡Pues el niño, señora!--dijo en su jerga endiablada. + +Ya la india bajaba la escalera, con un cubo en la mano. Naturalmente, +¿quién había de ser sino ella? Siempre que el niño llama, ha de +incomodársele. En concluyendo de servirle, a poner la mesa, que ya es +tarde, y la salida queda para otro día. + +Está bien; ¡ya no saldría Pampa! Entró en el comedor, sin chistar, y +puso la mesa con el orden y simetría de siempre: en la cabecera, el +cubierto de don Pablo Aquiles; en el lado de la derecha, el de misia +Casilda, y a la izquierda, el del niño; luego, los vasos, el pan, la +servilleta... nada olvidaba, y si, por acaso, cometía una torpeza, allí +estaba la muñeca de porcelana, vigilante en el sofá. Entretanto, había +obscurecido ya; se encendió luz, y el comedor apareció tan pobre, tan +frío y desmantelado, que más hubiera valido no encenderla: la calva de +don Pablo Aquiles, sentado delante de la apagada chimenea, resplandeció +como bruñida patena, y las frutas, aves y peces de los cromos que +adornaban las paredes, se animaron con la crudeza de sus colorines. Daba +la chica la última mano a su tarea, cuando sonó, de nuevo, la voz +atiplada en las alturas. + +--¡Voy, niño, voy!--repitió maquinalmente Pampa. + +Y escabullóse del comedor y subió a saltos la escalera del patinillo y +volvió a bajar y a subir con los zapatos del niño y la ropa del niño y +la camisa del niño... El cielo estaba obscuro y a intervalos los cohetes +estallaban con alegre estampido, trazando en el espacio un reguero de +fuego y deshaciéndose en fantástica lluvia de colores. + +Pampa salió a la puerta de la calle y se sentó en el umbral. ¿La +dejarían tranquila, ahora? El niño acababa de vestirse, los señores +charlaban en el comedor; la mesa estaba puesta; ya que no la plaza, ni +las niñas de banda azul, ni las señoras de la rifa, ni tanto detalle +curioso del animadísimo cuadro que ofrece aquel día de las fiestas +patrias, vería los cohetes desde la puerta; y era mucho, si la dejaban. +La casa era de estas bajas, trazada según el patrón antiguo, que la +piqueta del progreso va ahuyentando del centro de la ciudad: una puerta +y dos ventanas a la calle; el zaguán recto hasta el fondo, cortado por +dos patios embaldosados y el comedor abriendo sus puertas sobre ambos; y +a la derecha, cuatro o seis habitaciones en fila; plantas y aljibe en el +primer patio, la escalerilla de las piezas altas en el segundo, cuyo +maderamen pintado de verde se ve desde la calle. Las pinturas murales +del zaguán; los figurones de las cornisas; el caprichoso enrejado de las +ventanas; el alegre color del frente, ya azul, ya verde, ya rosa, en su +nota más tenue y apagada, da un aire coquetón al conjunto, que se +convierte en interesante y misterioso, si el transeunte es +impresionable y ve, detrás del visillo alzado de la sala, dos ojos +criollos, que ven sin mirar y hablan sin voz. Desgraciadamente, en esta +casita de la calle de Moreno, en cuyo umbral se había sentado Pampa, no +se veía tras los visillos más que la figura acartonada de misia Casilda, +en las tardes de los días festivos... La calle, con ser central y la +hora temprana, estaba desierta; el frío era crudísimo. Miraba al cielo +la pequeña india, como en éxtasis; los cohetes subían tan alto, que +parecía iban a agujerear la negra bóveda. El chico del almacén salió +para un recado, y al pasar echó la zarpa a los pelos ásperos de la +muchacha, verdadera diadema de cerda, y la obsequió con un tirón, a +guisa de saludo. + +--¡Malo!--dijo ella. + +--¡India!--dijo él. + +Y se alejó, sacando la lengua. Al rato volvió. + +--¡India, Pampa, china fea!--dijo adelantando la zarpa de nuevo. + +Ella le pidió castañas; él la dió un puntapié. Y se marchó, soplándose +los dedos: tanto frío hacía. La muchacha acabó por sentirlo: abrigóse +como pudo, pegada a la pared, y cerró los ojos, para contemplar mejor +las cosas lindas de la plaza: tanta bandera, tanta gente endomingada, +los globos, la música y los cohetes... La fatiga del trabajo diario la +venció y quedó dormida, en el umbral, dando al olvido el servicio de la +mesa. Y como siempre que soñaba, veía a su madre, perdida, como sus +hermanos, en la gran ciudad, la odiosa escena de la Boca se reprodujo +con fidelidad pasmosa: el buque atracado al muelle; el muelle atestado +de curiosos; sobre la cubierta el montón de indios sucios, desgreñados, +hediondos, como piara de cerdos que se lleva al mercado, cohibidos y +temblando, por lo que ven y lo que temen; las mujeres, cerca del marido; +las madres, apretando a los hijos junto a los senos escuálidos y +tratando de ocultar a los más grandes bajo sus andrajos... Y un +militarote, que arrastra su sable con arrogancia, procede al reparto +entre conocidos y recomendados, separando violentamente a la mujer del +marido, al hermano de la hermana, y lo que es más monstruoso, más +inhumano, más salvaje, al hijo de la madre. Todo en nombre de la +civilización. Porque aquella turba miserable es el botín de la última +batida en la frontera... + +Detrás de los cristales de la puerta del comedor, apareció una sombra: +la señora Casilda escudriñaba en la obscuridad; pero estaba la chica tan +arrebujada, tan perfectamente escondida dentro de su refajo y enroscada, +por así decirlo, sobre el umbral, que era difícil distinguirla. La +señora repiqueteó con los dedos sobre el cristal y Pampa dió un salto, +despertada bruscamente por este llamamiento, que ella conocía bien. + +--¡Voy, niño, voy!--barbotó medio dormida. + +Ambos puños en los ojos, entró sin darse mayor prisa. ¡Vamos! no la +dejarían tranquila nunca. + +En el comedor, don Pablo Aquiles ocupaba todavía el sillón y misia +Casilda había vuelto a sentarse en el sofá, sus manos de cera +extendidas sobre la falda negra; se esperaba al niño, a Quilito, que +había subido a su cuarto y nunca acababa de bajar a comer. La cocinera +asomó dos o tres veces su cara encendida. + +--Espere usted que el niño baje--decía la señora con su voz de flauta. + +Entretanto, don Pablo Aquiles volvía al tema que tanto le preocupaba: su +inasistencia al _Tedéum_. ¿Cómo presentarse a la luz del día con un frac +descolorido, deshilachado y remendado? ¿y la _galera_ color de +cucaracha, con golpes de grasa atornasolados? ¿y el pantalón, con +rodilleras y flequillo? ¿y las botas, con puertas y ventanas, para +comodidad de los dedos y recreo del calcetín? ¡Siquiera fuese permitido +ir a tales solemnidades en traje de paisano, con chaqué o chaqueta, +pantalón a cuadros y sombrero hongo! Pero su traje de ceremonia estaba +verdaderamente indecente, más gastado por el tiempo y la polilla, que de +haberle llevado a cuestas; la chistera no sufría ya la plancha, porque +había perdido el pelo y las botas estaban en manos del remendón de la +esquina, por más que decía Quilito, y era peritísimo en la materia, que +el becerro no sienta al frac y el charol, de no ser nuevo, no sirve para +maldita la cosa. Y vaya un modesto empleado de ochenta pesos al mes, que +tiene que sostener una familia, y dar carrera al hijo único, que, por +tratarse con lo más granadito de la sociedad, está obligado a +presentarse con decencia; vaya, digo, un empleadillo de éstos, a +mandarse hacer un frac cada dos carnavales y a gastarse la asignación +mensual para cigarrillos del niño en botas de charol, con que poder ir +a cortejos oficiales. En el Ministerio, habíale recomendado el jefe que +no faltara. + +--Vargas, que no deje usted de venir. Vargas, que ya sabe usted que a S. +E. le complace que vengan todos los empleados. + +Prometió ir, pero no fué. No fué, porque no pudo; porque los ochenta +pesos de su sueldo no le alcanzaban para comer, pagar la casa... y las +cuentas de Quilito, la esperanza y el orgullo de la familia. ¿Qué le +diría el jefe al día siguiente? Iba a entrar en la oficina sin hacer +ruido, tratando de no llamar la atención, y sin chistar se sentaría en +su despacho y trabajaría hasta las seis, sin levantar cabeza. Y si a la +hora del te, en que pasan los negros con las bandejas repletas de tazas, +venía el jefe, como de costumbre, a liar un cigarro y echar un párrafo, +le daría cualquier excusa, porque él era hombre tan estricto en el +cumplimiento de sus deberes, que consideraba falta grave haberle dicho +que iría y no haber ido. Volviéndose a su hermana, más atenta a sus +manos que a su discurso, exclamó: + +--¿Quién diría que un Vargas, Casilda...? + +No concluyó la frase, pero sobrada elocuencia tenía el movimiento +melancólico de su cabeza. Cuando se ha tenido y ya no se tiene, el pan +negro se hace más amargo y el blanco más deseado, y los Vargas lo habían +comido sobre manteles de holanda... + +--Ese Quilito que no baja--dijo impaciente la tía. + +--Estará acicalándose para la función de gala--contestó don Pablo +Aquiles,--ya que no ha podido ir su padre al _Tedéum_, que luzca el +niño su frac nuevo en Colón. + +El día anterior lo había pagado, juntando algunos picos sobrantes de +meses atrasados, retardando la cuenta del almacén y del carnicero y +pellizcando en la caja del Ministerio, gracias a la complacencia del +habilitado y correspondiente recibo por adelantado de sueldos. Porque +Quilito, un Vargas, no podía andar vestido de cualquier manera, sino +como correspondía a su origen, y a sus relaciones y a su porvenir. Que +en la chimenea faltara leña y carne en el puchero; pero la camisa de +Quilito, el sombrero de Quilito, las botas de Quilito y el traje de +Quilito, habían de ser de la más irreprochable elegancia y novedad. Y no +se sufragaban sus gastos de coche y palco, porque lo proporcionaban sus +amigos, hijos de millonarios todos, y por ende, riquísimos. ¡Válgame +Dios! pensar que Quilito fuera a apolillarse en una oficina, se +embruteciera en una _estancia_ o se degradara en el comercio... ¡Un +Vargas! El niño estudiaba leyes y sería abogado, y estamparía su título +sobre plancha de bronce, en la puerta de calle, como muestra de +sacamuelas. Y esto tenía que ser el punto de partida de sus brillantes +destinos. Lo que no sabía el padre, ni lo sabía la tía, que le mimaba +como no lo hubiera hecho su propia madre, es que el niño no parecía por +la Facultad y seguía estudios menos académicos en aulas más favorecidas. + +Siempre que don Pablo Aquiles volvía de la oficina, éste era el tema +favorito de conversación con su hermana; sentado al lado de la lumbre, +cuando había leña, y mirando melancólicamente los pajarracos de la +pantalla de chimenea, cuando ésta estaba apagada. Pero en esta noche del +25 de Mayo, no era sólo su falta en el cortejo lo que le preocupaba: +había tenido un encuentro aquel día, ¡y qué encuentro! en la calle +Florida, en el sitio más frecuentado, cuando iba él más distraído; +¡cataplúm! la gente esa, la familia de Esteven, frente a frente, a pie, +en la misma acera; la mamá y las dos niñas, tan esponjadas y orgullosas, +que rebosaban de la acera. Aquí misia Casilda dejó de mirar sus manos, y +se puso pálida, muy pálida. + +--Y ¿qué hiciste?--preguntó ansiosa;--cruzarías la calle, sin mirarlas. + +--Me quedé plantado--contestó don Pablo Aquiles. + +La señora protestó. Siempre había de ser el mismo. Haberse hecho el +indiferente, y seguir su camino, como si tal cosa, canturriando algo +para darse aplomo; que, al fin y al cabo, quien debiera perderlo era +ella, Gregoria, como mujer y casi cómplice del picaronazo de su marido. +Pues ¡qué! no era la primera vez que ella se las había encontrado, no en +la calle, frente a frente, sino en tiendas, lado a lado, viendo telas y +regateando con el dependiente, como si no tuvieran lo poco suyo y lo +mucho de los otros, total, una gran fortuna; y sin embargo, ella... tan +tranquila. No tenía por qué ponerse colorada y a soberbia nadie le +ganaba. Con esto, estaba misia Casilda tan agitada, que su cara de +muñeca se había encendido, hasta el punto de hacer dudar de su aserto. + +--Pero, Casilda--dijo don Pablo Aquiles,--es nuestra hermana, ¿podremos +negarlo? + +--Sí, lo niego; el parentesco no lo hace la sangre, sino el cariño, ¿qué +quieres? yo soy así. + +¿No era cosa que clamaba al cielo que, mientras ellos comían los +mendrugos de la miseria, él, atado al potro de una oficina, esclavo de +un sueldo miserable y expuesto el día menos pensado a un puntapié del +ministro; ella, lidiando con el trajín de la casa, sin más criados que +aquella indiecita y la italiana, remendando ropa, punteando medias y +hasta fregando cacerolas, si era menester; Quilito, ese pobre muchacho, +obligado, muchas veces, a hacer mal papel entre sus amigos, él, que +nació entre encajes; los Esteven, ladrones de su fortuna, se regalen y +se den la gran vida con lo que no es de ellos, con lo que han robado, +sí, señor, robado? Daba a esta palabra tal acentuación, que parecía un +latigazo. ¡Y luego, pretender perdón y olvido! Bastante se había hecho +con evitar el escándalo, no acudiendo a los tribunales, contentándose +con romper toda relación. En cuanto a Gregoria (no quería llamarla +Goyita, como antes, porque no lo merecía), había demostrado tener menos +corazón y menos entrañas que el bribón de don Bernardino; porque éste no +tenía en sus venas sangre de los Vargas, y por eso la chupaba sin +remordimiento, pero ella era Vargas por los cuatro costados, y sin +embargo, le ayudaba a chuparla. ¿Había nunca pronunciado una palabra de +reconciliación? ¿No se había mantenido encastillada en su orgullo, +fulminando con su insolente desprecio a sus hermanos despojados? + +Don Pablo Aquiles callaba, convencido de la verdad y justicia de +aquellas lamentaciones. Y misia Casilda, tan bondadosa y tranquila +siempre, _una malva_, según la expresión de sus amigos, honroso +calificativo de que rara vez es merecedora una solterona, no podía +estarse quieta, porque aquel tema de los Esteven la sacaba de sus +casillas; movía los vasos, cambiaba los platos, con movimientos +nerviosos, sin fijarse donde colocaba los objetos, hablando a +borbotones. Seguro que aquella noche iban a Colón, como que tenían abono +a palco bajo, con mucho relampaguco de piedras y mucho crujir de seda; +entretanto, ellos comerían su _carbonadita_ en paz y gracia de Dios y se +acostarían a la hora de las gallinas, para no gastar mucha luz, pues el +gas está cada día más caro. Aquí, una copa se quejó tan dolorosamente +entre los dedos de la señora, que cayó partida en dos sobre el mantel, +detalle en que no paró mientes misia Casilda, tan sobreexcitada y fuera +de sí estaba. ¡Si le parecía que fué ayer la muerte de Pilar; la venta +de la casa paterna, calle de Méjico; la desaparición de muebles, alhajas +y efectivo entre las manos de don Bernardino, el albacea de la +testamentaría, el depositario de la confianza de los tres herederos! +¡que fué ayer cuando quedaron casi sin techo, obligado él, don Pablo, a +acudir a la influencia de los amigos, para calzar un empleíto, que +ayudara a tirar adelante! que fué ayer cuando Esteven, con el luto +todavía del suegro, se presentó en la casa, y después de mucho +preámbulo y mucho carraspear, les mostró no sé qué papelotes y leyó no +sé qué cuentas... total, que les entregó unos veinte mil pesos, la parte +de la herencia que les correspondía; pues lo demás se había ido entre +escribanos, abogados y papel sellado. Entretanto, los Esteven subían, +subían y subían, como globo hinchado por el gas, y hoy era una casa en +tal parte, y mañana dos y luego tres, coche, palco, caballos y mucho +ruido y mucha bambolla. ¿De dónde salían estas misas? ¿Era de los +negocitos del marido, de los _picholeos_ equívocos, de la jugarreta de +Bolsa? A otro, que no cuela. En dos años que duró el arreglo de la +testamentaría, por el incidente aquel del pretendido hijo natural, don +Bernardino había encontrado medio de acapararlo todo, de devorarlo todo, +insaciable, como lobo hambriento. ¡Diríase que hay un Dios para los +pícaros! Y don Pablo Aquiles que escuchaba, en silencioso coloquio con +las cigüeñas de la pantalla, cerró el capítulo de las lamentaciones de +su hermana, exclamando sentenciosamente: + +--Lo que hay, Casilda, lo que hay, es que los pillos reciben su +recompensa en este mundo y los buenos tienen que esperar al otro para +alcanzarla, y según es ésta de problemática y aquélla de positiva, casi +le vienen a uno ganas de encanallarse, ya que de los pillos es el reino +de la tierra. + +Catalina, la genovesa, avisó una vez más que la comida se pasaba. + +--¿Y ese Quilito? ¿qué hace ese muchacho? + +--Iré yo a llamarle--dijo la señora. + +Salió y subió a las habitaciones altas, donde encontró al niño de la +casa, a medio vestir todavía, plantado delante del armario de luna, a +tirones con la corbata, que no conseguía poner a su gusto. + +--Pero, ¡Quilito!--dijo la señora en la puerta,--¿acabarás? + +--Entre usted, tiíta Silda, así me ayudará a atar la corbata. + +Era él delgaducho y endeble, rubito y anémico, los ojos azules, muy +grandes y muy abiertos, ojos de tonto o de inocente, como angelote de +retablo; estatura, menos que regular; señas particulares, ninguna... al +parecer. El cuarto era una liorna: las prendas de vestir se veían +desparramadas por el suelo y sobre los muebles; todos los cajones +abiertos y el espejo del lavabo tan salpicado del agua de la palangana, +que parecía sudar de fatiga; un ligero tabique dividía la habitación en +dos: la primera hacía las veces de despacho o pieza de estudio, con una +mesa en el centro, en que andaban revueltos los libros y los papeles, +advirtiéndose más novelas que textos y más álbumes de fotografías que +cuadernos de apuntes; y la segunda, alcoba y gabinete a un tiempo, con +el techo muy bajo y las puertas muy estrechas; todo modesto, casi +humilde, pero aseadísimo, como que la escoba y el plumero de Pampa +hacían maravillas, bajo la inteligente dirección de misia Casilda. + +--Vamos a ver esa corbata--dijo la complaciente tía,--y acabemos de una +vez, que tu padre espera. + +Y mientras anudaba los lazos a su gusto, con tal esmero que ponía en +ello sus cinco sentidos, el joven, con la cabeza echada atrás para +facilitar la operación, se impacientaba porque aquello concluía nunca. +Al fin estuvo listo, se miró y se remiró; ahora el chaleco, luego, el +frac... + +--¿Sabe usted, tía, que me ajusta un poco? ¡Qué sastres! + +Entretanto, la señora había quedado parada delante de un grabado puesto +en la cabecera de la cama, en lugar de la imagen de San Pablo, que yacía +descolgada irreverentemente de su clavo. Y había por qué quedarse +parado, pues el tal cuadrito representaba una dama en traje tan +primitivo, que no podía darse más, ¡qué horror! + +--Pero, ¡Quilito!--exclamó la tía escandalizada,--y aquí entra esa +criatura y verá esta vergüenza. + +Y él, sin volverse, muy tranquilo: + +--Si es la Verdad, tía, o la Fuente, que no lo sé bien, ¿puede darse +nada más natural? + +Indudablemente, en cuanto a natural, lo era, y aun sobraba. + +--¡Cómo estará Colón esta noche, tía! + +¿Por qué no iba ella a la cazuela? Mucho calor y mucha gente, pero una +noche de las fiestas Mayas no debe desperdiciarse. El tenía una butaca, +que le había regalado, ¿a qué no sabía quién? ¡Jacintito Esteven! Este +nombre hizo en la tía el efecto de una picadura. Si ya sabía que andaba +en grande con el chico de Esteven, pero ella no se lo perdonaba, porque +no debía olvidar que aquella familia era enemiga de la suya y la +causante de la triste situación en que se hallaban. + +--Pero, ¿qué culpa tiene Jacintito, tía Silda? Es un excelente muchacho, +muy alegre y muy trabajador, a pesar de su fortuna; ¡ha puesto un +escritorio de corretajes en la calle Piedad! + +Con la tía Goya era otra cosa; él no la saludaba, y en cuanto a don +Bernardino, no hacía aún dos días le había tomado la acera, dispuesto a +armar camorra. Bien sabía Jacinto que él no podía verles, a causa de los +disgustos de familia, pero no por eso eran menos amigos; todas las +tardes se reunían en el escritorio, y allí discutían si debían entrar o +no en la jugada bursátil del día. Porque él jugaba en la Bolsa, sí, +señor, convencido de que la carrera de abogado no le sacaría nunca de +pobre, y de que, después de mucho romperse la cabeza, alcanzaría un +título, que no sirve de otra cosa, que para adorno del apellido, y se +vería obligado a mendigar un empleo, que no conseguiría sino a fuerza de +hacer antesala a mucho tipo con influencia y sin educación, y de gastar +saliva y paciencia. El tenía que ser rico, abrigaba el firme propósito +de serlo y lo sería. Y del modo más fácil, sin matarse trabajando, ni +vaciándose el cerebro; sin que sufran ni los brazos ni los sesos; juego +a la alza, sube el oro, gano; juego a la baja, baja el oro, gano. Y se +necesita ser muy torpe y muy desgraciado, para que suceda lo contrario. +Si la suerte le favorecía, bueno; si no... se pegaba un tiro. Tan +cierto, como ahora es de noche. + +Misia Casilda tomó a lo serio aquello y se asustó. ¡Vaya un bonito modo +de pensar! Quién le metía a él en la Bolsa, sin experiencia y sin +fondos, porque, sin duda, para comprar oro y comprar acciones, y jugar a +la baja o a la alza, como él decía, se necesita tener con qué; lo mismo +que en la ruleta de los garitos. El joven se rió. + +--Pues no, no se necesita, y ahí está la gracia. Se da orden al corredor +de comprar tanto o cuanto, y una vez hecha la operación y llegado el día +de liquidar, se deducen las ganancias o las pérdidas, y en caso de mala +suerte se paga o no se paga. + +Perfectamente. Para pagar se necesita dinero y para no pagar, no tener +vergüenza, y como ella sabía, que escaseaba tanto de lo uno, como le +sobraba lo otro, pues no podía creerse otra cosa, le aconsejaba que se +dejara de alzas y de bajas y se ocupara seriamente de sus estudios, que +debían andar muy descuidados con aquella manía de la Bolsa, que le había +entrado. Si no hay cosa mejor que ganarse el pan honradamente, por sus +cabales, con tesón, sin impaciencias ni desfallecimientos, que así se va +lejos, y de golpe y porrazo no puede hacerse nada bueno. Quilito volvió +a reírse. + +--Mire usted, tía, no de otra manera se hacen fortunas en Buenos Aires; +ahí tiene a fulano, a zutano y a mengano: ¿dónde se han hecho ricos? +¿detrás de un mostrador? No, en la Bolsa. Ayer no poseían un centavo y +hoy _se les saca el sombrero_. Yo quiero hacer como ellos y ser como +ellos. + +Bien se veía que el tal Jacintito le había imbuído aquellas ideas; ¡si +siendo Esteven no podía ser bueno! Quilito ensayaba el frac delante del +espejo. ¡Cuán equivocada estaba! era excelente... y luego tan cariñoso +con sus hermanas, y Susana y Angelita se lo merecían todo, francamente. +¿No le parecía que los faldones no caían bien? + +--Lo que no cae bien--replicó con acritud misia Casilda,--es tanto +elogio de osa gente en tu boca. + +--Convénzase usted, tía, que es porque no les conoce; los viejos serán +todo lo que usted quiera, pero los hijos son diferentes. + +Susana y Angelita eran las muchachas más bonitas de Buenos Aires, sin +exageración; en Palermo no se veía nada mejor. Luego, con una educación +de primera, amables, sencillas... Siguió ensartando alabanzas, hasta que +la señora se impacientó. + +--Mira, Quilito, que no seremos amigos, si no dejas ese tema; ya sabes +cuánto me desagrada. + +--¡Oh! tiíta Silda... ¡pues no faltaba más! + +Estampó un beso sonoro en la lustrosa mejilla de la señora, acompañado +de cariñosos palmoteos en la espalda. + +--Eres un loco, ¿cuándo sentarás el juicio? + +No le quitaba ojo, admirada de su aire desenvuelto y de lo bien que le +caía el traje de etiqueta; la luz del gas le volvía más pálido y +señalaba sus profundas ojeras, esa huella de las malas noches que no +puede ocultarse. El, mientras hacía jugar el resorte del claque, +ensayaba la petitoria de ordenanza, algo para llevar en el bolsillo, dos +pesos siquiera, que le prometía devolver intactos; como después del +teatro, es fuerza ir a tomar cualquier cosa al café y cuando llega el +momento de pagar al mozo, es costumbre echar mano a la cartera, +discutiendo con los amigos el mejor derecho a satisfacer el gasto, él, +siempre que llegaba el caso, mostraba el billete sin soltarlo, mientras +daba tiempo al vecino de saldar cuentas. ¡Qué papel iba a hacer aquella +noche si no tenía dinero que mostrar! dos pesos siquiera... la tía era +bastante rica, porque poseía su rentita de las cédulas hipotecarias y el +alquiler de la casita aquella. ¡Buen alquiler te dé Dios! cien pesos, +que el inquilino, un herrero con más hijos que días tiene el año, no le +pagaba nunca, siempre llorando lástimas y pidiendo prórrogas. Sí, ¿pero +las cédulas? eso es seguro. + +--Tiíta Silda, se los devolveré intactos. + +Así decía siempre, y luego venía con esto y con lo otro, pero con las +manos vacías. ¿Qué había hecho de los veinte pesos de la semana +anterior? Quilito, con la cara muy afligida, dijo que los había gastado +en muchas cosas, en muchísimas cosas, en libros, por ejemplo... Bien +está, le prestaría los dos pesos, pero con la condición que no había de +tirarlos de mala manera. Y mientras el joven intentaba hacerla dar unas +vueltas de vals, en señal de regocijo, ella le espetaba el sermoncito +con que solía sazonar sus dádivas. Más seriedad y más contracción al +estudio; la vida que llevaba, no era conveniente para un mocoso que no +tenía pelo de barba; aquellas trasnochadas frecuentes, sobre todo, +debían concluir, por su salud y por su nombre. Que no le viniera con +dianas, que ella se sabía bien que a las tantas no se vuelve de la +iglesia, y no pusiera en el duro trance a su padre de quitarle la llave +de la puerta de calle que, por mal de sus pecados, había conseguido ella +se le diera antes de cumplir los catorce años. Luego, ¡menos gastos! ¡si +en aquella casa nunca se acababa de pagar sus cuentas! ¿se figuraba, +acaso, que tenían algún tesoro escondido? Ni la rentita de las cédulas, +ni el sueldo de don Pablo alcanzaban para cubrirlas. La situación de la +familia no permitía aquellas ruinosas liberalidades, de que él abusaba; +¿a dónde iban a parar por aquel camino? El joven dió un bostezo. + +--¿Tiene usted, tiíta, el dinero a mano?--preguntó. + +Y mientras la señora buscaba en el bolsillo, él largó las botaratadas +con que siempre respondía a tales prédicas: si no había que apurarse por +tan poca cosa, cuando él trabajaba por echar los cimientos de la fortuna +de la familia, y lo conseguiría en un dos por tres, porque además de sus +operaciones de Bolsa, tentaba al demonio de la lotería, comprando un +numerito en cada jugada. Ya verían cuando entrara por aquellas puertas, +con la gran noticia: ¡el número tantos, su número, con tantos miles de +miles de premio! ¡o en tal venta de acciones, han resultado cuántos +millones de ganancia! todo así, de la noche a la mañana. Hacerse rico de +otro modo, no tiene gracia. Se desloma uno sobre el yunque, suda el +quilo, gasta su juventud, y cuando la mano tiembla y el cuerpo no puede +tenerse en pie, alcanza el fruto de su trabajo, ¿de qué le sirve +entonces? ¡para pagarse el responso y hacer gozar a los demás! No se +vería él en ese espejo. Mascar mientras haya dientes, porque a boca +desportillada sabe mal el mejor bocado. Pronto iba a cumplir veinte +años: pues antes, mucho antes de cumplirlos, sería rico o por lo menos +estaría en vía de serlo. Y entonces... + +--¡No le digo a usted nada, tiíta, no le digo nada! + +La señora le oía y se reía. ¡Qué cabeza más destornillada! era un +tarambana, y nunca haría cosa de provecho, si no tenía más juicio y no +dejaba de lado aquellas ideas de fortunas improvisadas, que le quitaban +el sueño. Dióle el billete de dos pesos, que sacó de su cartera de +tafilete, a tiempo que don Pablo Aquiles golpeaba las manos en la puerta +del comedor, impaciente. Tía y sobrino bajaron la escalerilla, +encontrando en el patio a Pampa, que pasaba con la sopera humeante en +las manos; ya don Pablo Aquiles se había sentado a la cabecera de la +mesa y desdoblaba con calma la servilleta. + +--¿Qué es esto, caballerito? ¡cómo se hace usted esperar! + +Minia Casilda ocupó su asiento, mientras Quilito sacaba los guantes del +bolsillo interior de su abrigo, arrojando de paso una mirada a la mal +provista mesa: el mantel, remendado a trechos, no alcanzaba a cubrirla; +la vajilla era de loza, tan maltratada, que el borde de los platos +parecía haber estado expuesto a los mordiscos de hambrientos canes; los +cubiertos, desdentados los tenedores y gastados los cuchillos. + +--Yo no como aquí--dijo el joven, enfundando las manos en sus guantes, +como en el Café de París, con unos amigos. + +¡Muy bien! ¿y para eso había hecho esperar tanto tiempo? ¡Ir a comer +fuera, cuando la tía se había esmerado tanto en la confección de +aquellos hojaldres, que olían deliciosamente, recién saliditos del +horno! Quilito dijo que tenía un compromiso anterior con los tales y los +cuales, citando media docena de nombres del más legítimo _high-life_, y +mientras sacaba con negligencia un grueso habano y se disponía a +encenderlo, añadió, dirigiéndose a su padre: + +--Esta tarde encontré a tu jefe, el Subsecretario, y me preguntó si +estabas enfermo; le dije que sí, ¿he hecho mal? + +--No, señor, perfectamente. + +¿De qué otro modo disculpar su falta? Ya se encontraría bueno al día +siguiente, para preparar la mejor excusa. Tomó una fuente de manos de +Pampa, y al colocarla sobre la mesa, insistió sobre aquello de los +hojaldres: + +--¡Ea, anímate, muchacho! que esto vale más que tus trufas del Café de +París. + +--Si él es muy francés--dijo la tía,--y desprecia estas cosas. + +Don Pablo Aquiles le miraba sonriendo y no se hartaba de contemplarle; +¡qué buen mozo y qué elegante era! tenía los ojos de su madre, aquella +Pilar tan amada, que tanto le había hecho sufrir, y también su genio, un +polvorín de explosiones sin consecuencia. Entretanto, el joven había +tomado pie del dicho de misia Casilda, para fundar sus teorías +gastronómicas y anonadar con sus invectivas a la humilde cocina +casera... mucha grasa, mucho aceite y ningún aparato; una fuente que se +presenta en la mesa sin adorno, es como un comensal que se sienta en +mangas de camisa. La señora empezó a toser, a causa del humo del +cigarro; daban las siete. + +--Buenas noches--dijo Quilito. + +Y salió, haciendo resonar sus tacones sobre las losas del patio. + +--¡Que te diviertas!--gritó el padre. + +--¡Que no vuelvas tarde!--apuntó la tía. + +Concluyó tristemente la modesta comida; con el último bocado se +levantaron y Pampa entró a quitar la mesa. Siempre sucedía lo mismo, +cuando faltaba el niño; era él el alma, la luz, el calor y la alegría de +la casa, y sabía con su picante charla entretener a los viejos, que +babeaban, escuchándole; ¡qué de cosas refería, qué ideas las suyas y qué +pico de oro aquél! + +--Casilda--dijo don Pablo Aquiles a su hermana,--voy a salir; cuidado +con la reja del zaguán, y no dormirse hasta que yo vuelva, que no será +tarde. + +Abrigado en su _ruso_, que llevaba más de seis inviernos encima, salió a +dar su paseíto higiénico de costumbre; podía él perder la sobremesa, y +aún la lectura de los diarios vespertinos, pero no su paseo de +digestión, que ocupaba lugar preferente en su programa de cada día. + +Nadie hubiera dicho que era aquélla, noche de popular regocijo, en que +se celebraba una fecha memorable, tales eran la soledad, la tristeza y +el silencio de la calle. Verdad es que la casa de don Pablo Aquiles +quedaba un poco al oeste y lejos, por lo tanto, del centro del +bullicio, pero él pensaba lo que era en sus tiempos aquella fiesta: de +día, _pruebas_, palo jabonado, rompe-cabezas en la Plaza de la Victoria, +y fuegos artificiales, por la noche. ¿Qué digo en sus tiempos? hasta +hace poco se cumplía idéntico programa. Pero, como si la ciudad se +avergonzara de que el extranjero la vea celebrar sus solemnidades a la +moda de aldea, aquellos populares festejos se han desterrado a los +barrios extremos, y ha quedado la gran plaza solitaria y fría, en medio +de los resplandores de sus luces de gas. Don Pablo Aquiles no estaba por +estas innovaciones; pensaba en el entusiasmo que presidía entonces a las +fiestas: en las pruebas, de día; en los fuegos, de noche, que servían de +pretexto para animada tertulia, no de soldados y niñeras, _compadritos_ +y pilluelos, sino de damas principalísimas, que no tenían a menos +descender de sus salones a la arena de la plaza. ¡Cuánta mirada de amor, +cambiada entre dos volteretas del acróbata! ¡Cuánto pacto amoroso, +sellado durante el colosal incendio de un castillo de colores! ¡Qué +alegría entonces! los balcones ostentaban colgaduras y las ventanas +ramos de olivo y de laurel; las músicas recorrían las calles, y el himno +nacional resonaba en todas partes; dentro de su pecho, cantaba también +el amor su himno y el nombre de Pilar aparecía asociado al de la patria +en aquel día de tantas emociones. Después... los desengaños, la miseria, +la vejez. ¿Qué mucho que le pareciera ahora, todo negro y todo triste? +Pero él no lo atribuía al lente de su pesimismo, y se decía: + +--O ya no hay patriotas, o el cosmopolitismo va ahogándolo todo. + +Seguía su camino, apoyado en el bastón, mirando, con burlona sonrisa, +los colgajos de las tiendas de carne y comestibles: las ramas de sauce +de la puerta, los faroles de papel de la muestra y la vistosa exposición +del escaparate; en las casas, muy pocas banderas se veían, pero conforme +iba acercándose a las calles centrales, los establecimientos públicos y +los comercios de lujo resplandecían de luces: en el borde de las +cornisas, a lo largo de las columnas, en balcones y ventanas, ya en +haces, ya sueltas, encerradas en bombas de cristal azul y blanco. Pero, +la nota del entusiasmo popular no resonaba en parto alguna; el silencio +y la falta de animación contrastaban con el alegre espectáculo de las +iluminaciones. Hacía aquello el mismo efecto que un salón de baile, +adornado y dispuesto para la fiesta, al que faltan los convidados. Con +el estruendo de costumbre sobre el malísimo empedrado, pasaban muchos +carruajes, cuyos cristales, empañados por el frío de la noche, dejaban +apenas percibir la blanca forma de una dama de copete; y seguían los +tranvías su trotar monótono, entretenido el conductor en regalar el oído +de los viajeros con espantables sonatas de corneta. + +Al entrar don Pablo Aquiles en la plaza de la Victoria, quedóse un rato, +embobado como un chiquillo, mirando las luces y las banderas. Y cátate +que cuando más distraído estaba, deslumbrada la vista por los +resplandores del Cabildo y de la Catedral, sintió a su espalda el +galopar violento de soberbio tronco y al volverse, vió a Quilito, a su +hijo, seguir, pegado a la pared, el carruaje que pasaba. ¿Quién diablos +iba en aquel carruaje? Vióle don Pablo llegar a Colón, abrirse la +portezuela y bajar dos niñas de blanco, que al punto no reconoció, y +luego... misia Goya y don Bernardino Esteven, llevando detrás, como +cosido a sus talones, al mismo, al mismísimo Quilito. ¿Era casualidad? +¡Lo que le dió aquello que pensar! Volvióse mohino, con la boca amarga +sin saber por qué, tan preocupado, que tropezaba en la acera con las +bandadas de lindas muchachas, que se dirigían al teatro, ávidas de +presenciar la función de gala. Echóse al medio de la calle, para caminar +con más desembarazo. + +Cuando llegó a casa, Pampa dormía otra vez en el umbral de la puerta. + + + + +II + + +Todos le han conocido, de lejos o de cerca, de vista o de oídas. Don +Aquiles Vargas, el primer Aquiles de la familia, padre de don Pablo y +abuelo de Quilito, tuvo tienda muchos años en la que se llamó calle de +Mendocinos, y en tiempos en que todo andaba revuelto y no se contaba +segura la cabeza, supo hacer fortuna comerciando en géneros de las +provincias. Era unitario puro, aunque llevaba el chaleco rojo de los +federales, pues él decía que para andar entre lobos, es preciso +disfrazarse de tal, y tan bien le salió la práctica de este consejo, que +salvó piel y fortuna y vino a morir, ya anciano, en olor de millonario. +Había casado muy joven con una niña de familia, sin belleza, sin +voluntad y sin criterio propio, que veía por los ojos de su marido; tan +tonta, sosa y descolorida, que era como cuerpo sin alma o lámpara sin +aceite, precisamente el conjunto de cualidades que debía reunir una +mujer, para poder desempeñar el pesadísimo cargo de esposa, ante Dios y +los hombres, de don Aquiles Vargas. Porque don Aquiles Vargas, de suyo +honradote y trabajador, de alegre carácter en corro de amigos y hasta +galanteador de afición en sus horas perdidas, tenía un geniecito que no +había quien le aguantara en la casa, y sólo una mujer de las condiciones +apuntadas, sorda, muda y ciega, podía salir airosa de tan difícil +cometido. Los que le han conocido, en la puerta del _registro_ de la +calle Florida, arrellanado en ancho sillón de rejilla, con su chaleco +floreado y sus zapatos de paño, echando piropos a las muchachas y +llevando la batuta en aquel concierto de viejos babosos y apolillados, +no se imaginarían que setentón tan decidor y risueño era una fiera en su +casa. El había de reñir con todos, con la mujer, con los hijos y con los +criados, con pretexto o sin pretexto, y en ocasiones con todos a la vez +porque era hombre muy bien templado. Aunque unitario por simpatía, nunca +se metió en dibujos políticos y pasó la mayor parte de su vida doblado +sobre el trabajo, sin más distracciones que llevar el pendón de la +cofradía, de que era protector, o las andas del santo, en la procesión +del titular, porque era creyente de boca abierta, y chismorrear en el +citado mentidero. ¡Quién le ha visto con el escapulario sobre el pecho, +pequeñito y regordete, avanzar entre dos hileras de cirios, sudando bajo +el peso del aparatoso estandarte, tan hinchado y satisfecho de su papel, +que parecía creer que el incienso y las genuflexiones se ofrecían a su +excelsa persona! Cuando murió su mujer, sin hacer cama ni gastos de +botica, como vela que apaga invisible soplo, nada varió en la casa, +porque la falta de aquella bienaventurada apenas se echó de ver: don +Aquiles dió a las iglesias abundantes limosnas por misas y novenarios y +las cosas siguieron su corriente acostumbrada. + +Don Aquiles vivía en la calle de Méjico, pues la antigua casa en que +tuvo su tienda, fué vendida y derribada; y aunque alejado del comercio, +metía baza en negocitos fáciles y sin peligro, pero sin caer en el +pecado de la usura; él no tenía más defecto que su genio endemoniado y +aquella manía de las cosas religiosas, que secaba su corazón y +descarrilaba su buen sentido. + +En aquel caserón de la calle de Méjico, que más parecía dependencia de +cuartel que habitación de familia, de techo de teja abohardillado y +ventanas voladas de gruesos barrotes, vivió, pues, muchos años el viejo +don Aquiles, con sus tres hijos: Gregoria, la mayor; Pablo Aquiles, el +varón, y Casilda, la menor, no la vida de paz del hogar, seguramente, +porque allí se andaba de zarpa a la greña todos los días de la semana, a +causa de la mala educación de los hijos y el carácter atrabiliario del +padre. Este era duro, inflexible y tiránico, más bien juez de su hogar, +que padre de su familia; de aquellos que no inspiran cariño y respeto, +sino miedo y terror a los hijos; que usan el azoto, el encierro y el +ayuno, como medios de represión. Cuando se presentaba en el espacioso +comedor, a la hora de la cena, que es la hora de las expansiones, los +hijos se ponían de pie; las mujeres, acoquinadas y silenciosas; el +varón, nervioso y temblando, y eso que gastaba barbas; el padre hablaba +cuando lo tenía por conveniente, y los hijos escuchaban y callaban; no +había discusión de temas, ni intercambio de ideas; a una pregunta, una +respuesta y otra vez el silencio. En una ocasión, Gregoria contestó de +mal talante y el padre le arrojó un pan a la cara, bañándosela en +sangre; el varón estuvo desterrado quince días de la casa, por igual +delito. Sólo se reunían a la hora de la mesa y cuando él no salía a la +calle no permitía el menor ruido, ni que tocaran el piano las niñas; las +ventanas debían estar siempre cerradas y la puerta no se abría, sino a +muy contadas personas. Ni visitas, ni teatros; muy pocos paseos; ningún +vino en las comidas y ayuno todos los viernes y demás días de +abstinencia. Con la edad y los achaques, se volvió tan santurrón, que +oía misa a diario, obligando a acompañarle a los tres hijos, Pablo +Aquiles el primero, con el libraco de horas, en la mano. No entraban en +la casa sino sotanas; y de tal manera la admisión de seglares estaba +prohibida que, cuando Gregoria echó novio, no se sabe cómo, en medio de +aquel cautiverio, aunque para esta clase de pesca las mujeres son muy +duchas, se vió y se deseó para comunicar con él. Seamos francos: ni +Gregoria, ni Pablo Aquiles tenían mejor carácter que el padre; Gregoria, +sobre todo, a quien una simple contradicción producía una pataleta, en +que se mordía los puños de rabia impotente; Pablo Aquiles desdeñaba el +estudio, y sin talento ni aspiraciones, se había dedicado a la más +cómoda de las carreras: la de heredero de ricacho; y si no de genio tan +violento como su hermana, luchaban ambos, sin embargo, en encarnizado y +fraternal combate, no dejando vaso que romper, ni porrazo que dar, +cuando el padre no estaba delante. Allí la bondadosa, la tierna y la +delicada era Casilda, y por esta sola circunstancia era ella el pavo de +la boda; sobre su humilde cabeza descargaban el mal humor del padre y +las iras de los hermanos. Era tan poquita cosa, que se ahogaba en un +dedal de agua, pero reconcentrada, como todos los caracteres tímidos, +era a la vez rencorosa y no perdonaba fácilmente ofensas que considerase +injustas. Pero, con esto, tan paciente, tan sufrida, que nunca se la oyó +una palabra de censura contra su padre. Ni Gregoria ni Casilda eran +bellas; rubias cenicientas ambas, y de ojos que ni eran verdes ni +azules, ni tenían color definido; eran de buen talle y de mejor andar, +más graciosa Casilda que Gregoria y más elegante Gregoria que Casilda. +Fuese cuestión de temperamento o de gusto, Casilda no anduvo nunca en +noviazgos; para ella no había más hombre que su hermano Pablo Aquiles, a +quien adoraba, y que sabía corresponder dignamente a aquel afecto; si +con Gregoria andaba a brazo partido, con Casilda estaba a partir de un +piñón. Los tres hermanos gemían bajo aquel sistema carcelario; Pablo +Aquiles, que tenía ya veinticinco años, no salía de noche sin permiso, y +estaba obligado, bajo las más severas penas, a regresar a casita a las +diez: antes de acostarse, registraba el padre en camisón y palmatoria en +mano las habitaciones de los hijos; una noche estaba vacío el lecho del +varón... Esperóle en el zaguán; y cuando entró, casi le desnuca del +garrotazo. Había que recurrir al ardid, a la mentira, y todos tres, +hasta la bondadosa, la tierna y la delicada Casilda, engañaban al viejo +a las mil maravillas. Se hartaban de carne en los días de abstinencia, +después de haber comido en la mesa pescado y legumbres; salían de paseo, +a visitas y a compras, a las horas en que don Aquiles estaba fuera, +exponiéndose a ser pilladas infraganti... Pero las tretas de Pablo eran +las que ofrecían más peligro: después de la ronda nocturna y de haber +fingido estar entregado al más profundo sueño, levantábase con +precaución, vestíase con prisa y saltando por la ventana al patio, +escabullíase a la calle, para no volver hasta el alba. + +En lo que no valían tretas ni engañifas, era en lo de sacarle dinero al +viejo; los domingos, después de misa, daba a cada uno de los hijos un +billetito de cinco pesos, de los pesos de entonces, y hasta el domingo +siguiente. ¡Atreverse a pedir más! ¿quién lo intentaba? Aunque ello sea +en desdoro de Pablo Aquiles, diré que una vez pretendió meter mano en la +gaveta del padre, pero la terca cerradura no se dejó violentar y aquí +paró la tentativa. ¡Y qué hacer, cuando se tiene veinticinco años, la +cabeza llena de ilusiones, el corazón de deseos y los bolsillos vacíos! + +Figuraba en la no muy numerosa servidumbre de la casa, con el título, +las atribuciones y preeminencias de ama de gobierno, una mujer ya +cuarentona, hija de antigua criada de la familia, de esas criadas de +antaño que nacían, vivían y morían a la sombra, protectora de sus +_patrones_, la cual mantenía a su lado un niño, que el maligno rumor +público susurraba ser obra y gracia de don Aquiles. Era feo el muchacho +y antipático, por su facha y y por sus hechos; tenía vara alta y +enredaba con todos, siendo el único que escapaba a las granizadas +cotidianas del amo. Mientras vivió la mujer de don Aquiles, no se vió +semejante mostrenco en la casa, pero así que aquella buena alma se +marchó para no volver, por la misma puerta que ella salía, entró el +chiquillo aquel, tan orondo y campante, como quien pisa país +conquistado. Y desde aquel día, para él fueron las golosinas, los +regalitos de imágenes y medallas y las caricias que el viejo santurrón +escatimaba a sus hijos. ¡Lo que se dijo en el barrio, se repitió, se +inventó y se propaló a los cuatro vientos! Ni Pablo Aquiles ni las niñas +sabían nada, y si Pablo Aquiles lo había oído, no lo creía, más por +repugnancia de semejante parentesco, que por falta de convicción o sobra +de dudas; pero, como de casi todas las baraúndas domésticas era el niño +el principal causante, por ser correo de chismes y tejedor de embustes, +cuando el viejo estaba en la calle y la cara aceitunada de Pepa, la +madre, no estaba delante, entre Pablo y Gregoria y Gregoria y Casilda le +daban tal vuelta de azotes y rociada de moquetes, que quedaba el chico +hecho un _ecce homo_, sin temor a las reclamaciones y reconvenciones +posteriores. ¡Cosa rara! la madre, en estas circunstancias y en otras y +en todas, no olvidaba su papel de mujer reposada, que todo lo tiene +previsto y resuelto; cuidadosa de no ponerse mal con _los niños_, +evitando todo choque con habilidad estudiada, acudía a calmar al +inocente con un par de sonoras palmadas, que daban fin al asunto, +aunque no al llanto de la víctima. Y era por la noche, según los dichos +de cocina adentro, que elevaba Pepa hasta su señor sus quejas y obtenía +el desagravio de las ofensas hechas, que se traducía al día siguiente en +tempestad tan violenta, que parecía desplomarse la casa. + +Aparte estos frecuentes nublados, la favorita no intervenía más que en +los quehaceres de su cargo, sin despegarse de las niñas, a quienes +acompañaba a la iglesia, tan melosa y solícita, que ellas no podían +sufrirla. Los sucesos posteriores vinieron a desmentir este aserto, pero +era entonces voz corriente entre la servidumbre, que esta mujer había +logrado para sí y su hijo un lugarcito ventajoso en el testamento de don +Aquiles y a guardar el puesto conquistado tendían todas sus artimañas. + +Se ha dicho que Gregoria tenía novio. Cómo tuvo lugar aquella pesca +milagrosa no se sabe; sin duda, el pretendiente, que era pobre, olfateó +la herencia en un día de vagancia, como los perros hambrientos que +huelen la carne de lejos, y se plantó en la esquina y rondó la casa e +hizo todas las tonterías que en semejantes casos se hacen, pero no entró +en la fortaleza, porque estaba bien guardada. Era Bernardino Esteven +tenedor de libros, de familia obscura y sin más beneficio que su +mezquino sueldo; de facha vulgar, pero listo y truhán, supo colarse en +el corazón de Gregoria, por más que la tarea no fuese difícil, pues la +pobre estaba tan harta de aquella vida de ayunos, sermones, gritos, +cerrojos y amenazas, que al sacristán de la parroquia diera oídas, con +tal de salir de su purgatorio. Y acá hace nuevamente su aparición el +condenado hijo de la Pepa; ¡ay de la carta que caía en sus manos! +Fisgoneaba en los pasillos y acudía a la esquina a espiar la llegada de +Bernardino, vigilando que Gregoria no entreabriera la ventana de la +sala. ¡Qué sustos pasaron ambos, qué sinsabores, y cuántas veces +contempló de lejos el pretendiente la cara acongojada de su prometida, +víctima de paternal corrección la víspera! + +¡Lo que pueden el amor y el hambre, cuando van aparejados! Cansado de +suspirar a la luna y de pasear su chaqué avellana por el barrio, +ocurriósele a Bernardino robar a la muchacha, expediente muy socorrido +en la vida y en el teatro. Los que han conocido, después al fastuoso +Esteven, tan formalote y estirado, de una gravedad de campana mayor que +toca a muerto, creerán que es pura invención y fantasía esta aventura de +sus mocedades; pero no es así, sino verdad incontestable, que el señor +Esteven tuvo sus veinte años, y sufrió las agonías del amor y los +dolores del hambre, como cualquier mortal, y arrastrado e impulsado por +estas dos invencibles fuerzas, quiso apoderarse por la violencia, y se +apoderó, en efecto, de lo que de grado se le negaba. ¿Cómo? Aunque +parezca mentira, Bernardino tenía su casa entonces, es decir, dormía +bajo techado, y una hermana, muy mona, que se llamaba Pilar y cosía para +fuera; ésta, que sabía los quebraderos de cabeza del joven, no cesaba de +decirle: + +--¡Mira, Bernardino, no eres hombre, si no te casas con la de Vargas! + +Aguijoneado su amor propio por la frasecita ésta, y no hallando otra +salida, se le metió en la cabeza aquello del rapto: una carta, un coche +en la esquina, y andando; su casa sería el asilo, su hermana la +guardadora y aquí paz y después gloria. Ante razones de tal calibre, +tenía el viejo que ceder o reventar. + +La carta llegó sin contratiempo a poder de Gregoria, que se pasmó de tal +proyecto, quedando aturdida y sin saber qué hacer; vinieron a las manos +su pudor y su cariño, el deber filial y su conciencia, y en esta lucha y +en este sobresalto estaba, cuando llegó la hora de sentarse a la mesa. +Anochecía. Don Aquiles había entrado de la calle tan regañón, que todos +andaban con alas en los pies, huyendo el bulto; al ocupar el sillón de +cabecera, notaron los hijos, con terror, que había nubarrones en el +horizonte, y metieron los ojos en el plato, abriendo el paraguas de la +resignación. La tempestad empezaba por movimientos violentos en la +silla, paseo de dedos crispados por el mantel o por la calva, +resoplidos, palmadas en el borde de la mesa... Algunas veces, se +agregaba a estos síntomas, el retintín del tenedor sobre el plato o el +baile de la copa, a la que hacía dar vueltas su mano de perlático... El +criado servía, los hijos comían, o lo aparentaban, sin hablar, y el +viejo, en tanto, rechazaba su ración, contentándose con la corajina que +le andaba por el cuerpo y debía servirle de alimento. De repente, sonaba +un trueno y caía el chaparrón, es decir, daba el padre un puñetazo y +rompía a hablar, en períodos entrecortados... Aquella noche, le tocó el +turno a la infeliz Gregoria, a quien llamó desvergonzada, terca y mala +hija, comparándola a las _mucamas_ de barrio, que pelan la pava por la +ventana con el novio descamisado o hacen señas a los mayorales del +tranvía; mientras la cosa no pasó de aquí, Gregoria se estuvo quieta, +devorando su rabia y una pierna de gallina en pepitoria, pero cuando oyó +el nombre de Bernardino y vió que le ponía patas arriba, con cruel y no +merecido ensañamiento, sin temor a los rayos paternales protestó con +energía, y dijo, o quiso decir, porque no se le entendía, tal era su +soberbia, que no y que mil veces no, que aquello era una gran mentira y +una infamia (esta palabra la largó bien clara) lo que se decía. Gran +confusión. Levantóse el padre, con los puños cerrados, se interpuso +Pablo Aquiles, muy pálido, y Casilda, llorando; pero Gregoria, ya sin +freno, se desbocó, vociferando que cansada de aquella vida, se marchaba +lejos y no la volverían a ver más, nunca, nunca. Dió una manotada al +vaso que tenía delante y salió del comedor, ciega, fué a su cuarto, se +envolvió en un mantón y se plantó en la calle. En aquel momento, se +acordó de su madre. ¡Su madre! ¿la había tenido ella acaso? Este poder +moderador entre la indisciplina de los hijos y la absoluta autoridad del +padre, no se hizo sentir nunca en vida de aquella buena mujer, víctima +ella misma y culpable inconsciente de las desventuras de la familia. En +la esquina había un coche y alguien dentro que la esperaba. Se cerró la +portezuela, y andando, coma había dicho Bernardino. + +Cuando el viejo se enteró de la escapatoria de su hija, tuvo un acceso +de coraje tal, que todos en la casa creyeron llegada su última hora, +pero pasado el ciclón de gritos y juramentos y la granizada de moquetes +que descargó a ciegas y que alcanzó hasta al mismo chico de la Pepa, se +calmó, aparentemente por lo menos, y ni volvió a hablar ni hizo cosa +alguna que con el asunto se refiriese. Siguió su vida de siempre, y se +apartó más que nunca del trato de sus hijos, dándose por completo a la +visita de iglesias y sacristías, exacerbado su furor religioso con +aquella desgracia, que parecía no haber rozado siquiera su corazón de +granito. Pablo no se atrevía a chistar y la pobre Casilda no tenía ya +ojos para llorar a su hermana. + +Así las cosas, dió don Aquiles el gran batacazo, cuando menos se +esperaba. No sé qué dimes y diretes tuvo aquella mañana con Pepa, pues +se oyó el vocear de ambos en el despacho, y hasta lloriqueos y aún +porrazos sobre los muebles, signos evidentes de violenta disputa; luego +salió la mujer muy agitada, con los pelos desordenados y echando chispas +por los ojos, y alguien que la encontró al paso, la oyó decir: + +--¡No quiere, no quiere! pues veremos si la ley le obliga. + +En esto, se oyó un gran ruido en el despacho, acudieron todos los que en +la casa estaban y hallaron desplomado, junto al sofá, a don Aquiles, con +los ojos torcidos y la boca contraída, barbotando palabras sin sentido. +Mientras le trasladaban a su alcoba y se iba a buscar el médico, llegó +Pablo de la calle, y enterado del suceso, convino con la desolada +Casilda en que era urgente avisar a Gregoria. + +Pablo sabía el escondite de Gregoria; fué, pues, a golpear a la puerta +de Esteven. Recibióle la muchacha llorando, arrepentida sin duda de su +calaverada, pues vistas ya las patas de la sota, no la quedaba ilusión +que la sirviera de disculpa; y mientras el galán hacía protestas de que +él no era el responsable de aquel desaguisado, sino el propio señor +Vargas por su maldita terquedad, estando dispuesto a reparar lo hecho +del mejor modo posible, Pablo miraba la pieza, que le pareció muy pobre +y hasta desaseada, y a Pilar, sentada delante de la máquina, absorta en +su tarea de desenredar el hilo de un carrete, la que encontró muy bonita +y muy de su gusto. Otro en su lugar se las hubiera liado con el +seductor, pero él, que disculpaba la escapatoria por razones que se +sabía, creía que demasiado duramente la había condenado, desoyendo los +ruegos de Gregoria, que en varias cartas le había pedido fuera a verla. +Limitóse, pues, a dar la referencia de la desgracia. Ella, muerta de +pena y de vergüenza, preguntó entre sollozos: + +--¿Me recibirá si voy, Pablo? + +--No conoce a nadie y nada debes temer. + +Gregoria, sumisa, se cubrió con su mantón. Cuando los dos hermanos +salieron, volvióse Esteven a la joven, que cosía indiferente, y con una +sonrisa burlona, exclamó: + +--¡Bien lo dije yo, que tenía que ceder o reventar! + +Pablo y Gregoria llegaron silenciosos a la casa paterna, que entonces +más que en ocasión alguna, parecía convento de cartujos; y empujando la +puerta entornada, atravesaron el zaguán y el patio desiertos, donde +algunas plantas amarilleaban ya bajo el cielo nublado de otoño, y +entraron en la alcoba de don Aquiles. Al punto nada vieron, sino la +llama temblorosa de una lamparilla; luego aparecieron, como esfumadas, +las figuras principales del cuadro: un franciscano, rezando bajo +descomunal y tétrico crucifijo; en un rincón, la Pepa, silenciosa como +una esfinge; a la cabecera del lecho, Casilda... Sobre la blancura de +las almohadas, destacábase la cara lívida del muerto, con los ojos +todavía abiertos, vueltos del lado de la puerta, por donde acababa de +aparecer Gregoria; esta mirada de ultratumba, figurósele a la triste +arrepentida señal de eterno y enconado reproche, y sacudida por temblor +convulsivo, se precipitó en el cuarto y fué a prosternarse delante del +padre que había ofendido, derramando sinceras lágrimas. Pero él ya no la +veía, como si hubiera de ser sordo siempre a toda compasión. + +Al día siguiente, avisados los amigos y parientes cercanos, hubo en la +casa numeroso desfile de sotanas y sayales, que iban olfateando alguna +manda del testamento, y de levitas de entierro y caras compungidas +hechas de encargo; en las habitaciones interiores, cerrada toda ventana, +en una obscuridad de catacumba, andaban a tropezones las sombras de las +mujeres enlutadas, en busca del sitio donde pudieran estar las +doloridas, para darles el largo apretón de manos y besos de rúbrica, con +la frase dicha entre mal ensayados suspiros: + +--¡Ay, Goyita! ¡qué desgracia! esto ha sido un escopetazo. Cuénteme +usted, Casildita, cómo ha pasado esto. En fin, no hay más que +conformarse. + +Gregoria y Casilda en un rincón, rodeadas de media docena de inmóviles +fantasmas, contestaban a cada saludo con una nueva explosión de +sollozos, y a esto se seguía un tan furioso sonar de narices del +concurso, que no parecía sino que estaban todas acatarradas. En el +comedor, entretanto, se tomaba chocolate con bollos, y un grupo discutía +política en la puerta de la sala, donde el muerto se estaba quietecito +en la caja, rodeado de blandones. Dos señoras salían, con los ojos muy +colorados de tanto restregarlos con el pañuelo, y decía la una a la +otra, al llegar al zaguán: + +--_¿Sabés_ la noticia que me han dado? que Goyita se escapó la semana +pasada con un dependiente de almacén, y ésta es la causa de la apoplejía +del padre. + +--¿De veras, _ché_? pues, la cosa no era para menos. + +Cuando Pablo Aquiles volvió del cementerio, se encerró en el despacho de +su padre; la idea de que hubiera hecho testamento le preocupaba. Buscó y +rebuscó sin encontrar nada; nada había tampoco en el armario de caoba, +que registró luego, tapándose las narices a causa del olor desagradable +de ácido fénico, que saturaba la atmósfera del cuarto mortuorio. Volvió +al despacho, para seguir buscando, y en la puerta tropezó con la Pepa, +enlutada, llevando al chico de la mano. + +--No, no busque usted--dijo ella,--si no ha querido hacerlo. + +Y prorrumpió en lamentaciones sin fin, diciendo que el difunto no había +cumplido con sus promesas ni con su deber; que ella no ambicionaba nada +para sí, sino pedía lo que de derecho correspondía a aquel inocente, que +ninguna culpa tenía de su triste origen. Atónito Pablo Aquiles, no sabía +qué responder, temeroso de que sus hermanas se enterasen del escándalo; +tuvo, sin embargo, un asomo de energía, cosa rara en él, y dijo a la +mujer que se _mandara mudar_ de prisita y en silencio. + +Lívida, ella chilló: + +--¿Irme yo? ¡pues no faltaba más! si el mismo derecho de estar en la +casa que usted lo tiene mi niño, como que lleva su sangre. + +--¡Cállese usted!--dijo Pablo Aquiles, ahogado y descompuesto. + +--Que no y que no; he de gritar y me han de oír los sordos, me quiere +usted echar a la calle, ¿eh? pues lo veremos. + +Se sentó en el umbral de la puerta que caía al patio, como quien ocupa +cómoda tribuna para hacerse oír de los vecinos; a sus voces se unió el +llanto del niño, y ante tamaña algarada acudieron Gregoria y Casilda, +sorprendidas. Verlas la Pepa y descargar su boca cuanta palabrota y +desvergüenza llevaba almacenadas, fué instantáneo; hecha una fiera, las +guedejas caídas sobro los ojos, increpaba a todos con el puño cerrado, +maldiciendo del difunto, a quien condenaba a los fuegos del infierno. + +--No le han de valer rezos ni responsos--vociferaba, ¡miren el muy +hipócrita, que comía los santos y besaba la pezuña a los frailes, que +se daba disciplinazos y se ponía cilicio, dejar en la calle a mi niño, a +su hijo, tan hijo como ustedes y con tanto derecho a llevar su nombre! +¡Hipócrita santurrón! + +--¡La hipócrita y la deslenguada es usted!--exclamó Pablo, furioso, +cogiéndola del brazo y tirando de ella. + +Se empeñó una lucha deplorable en medio del patio; chillaba el chico, y +las muchachas, asustadas, refugiáronse en sus habitaciones. + +--¡Déjeme usted, que me hace daño!--decía Pepa, agarrada con ambas manos +a la reja del zaguán. + +Pablo Aquiles la soltó. Ella recogió su mantón, se arregló los pelos, +limpióse las babas con la bocamanga. + +--Queden ustedes con Dios--dijo,--me voy, pero al juzgado; ¡la ley ha de +ampararme! + +Y se largó, arrastrando tras sí al renacuajo. + +La muerte de don Aquiles produjo en la casa radical transformación; todo +cambió, como en una decoración de teatro. No más ayunos, no más +sermones, no más caras foscas, ni escándalos a diario; no había quien +siguiera los pasos, espiara los gestos, pescara las palabras, +fiscalizara los actos. Se respiraba a plenos pulmones, se comía a dos +carrillos, sin sustos ni encogimiento; se salía cuando se deseaba, se +entraba cuando se quería; y todos tres, esclavos de un viejo maníaco que +había entristecido su niñez y sofocado su juventud, manteniendo el alma +de sus hijos sujeta, por así decirlo, bajo su férrea mano, como pájaro a +quien encierran en jaula demasiado estrecha, se creían felices, porque +se veían libres. No faltaba, sin embargo, una oración y una lágrima para +el padre difunto, y ninguno de ellos osó tocar uno solo de los objetos +que le pertenecieron; los que conservaban, como reliquias, en el antiguo +despacho, cuya llave guardaba Pablo con respeto. + +El casamiento de Gregoria se celebró a los dos meses, entre gallos y +media noche, porque el luto y las circunstancias que le habían +precedido, no permitían otra cosa; fué una ceremonia triste, casi +fúnebre: los cuadros de la sala ostentaban aún negros crespones y la +araña de cristal los colgajos negros, entonces de rigor; para alegrar la +vista, se pusieron flores en los jarrones de las consolas. Gregoria se +presentó de luto, sin azahares, y Bernardino con la misma levita que le +prestaron para asistir al entierro de don Aquiles, y delante de los +hermanos y de dos testigos, bajo la luz tristona de las bujías, leyó la +epístola el cura y echóles la bendición, de prisa y corriendo. Esto fué +todo. Instalóse la nueva pareja en la misma casa, y Pilar con ella, con +gran regocijo de Pablo, a quien quitaban el sueño los atractivos de la +muchacha. + +Ni Bernardino ni Pilar tenían un cuarto; hasta entonces habían vivido +los dos de su trabajo, ella de la costura, él llevando los libros de un +almacén, siempre tan pobres y hambrientos que la escasez hacía para +ellos todos los días iguales, por lo cual abrigaban la ambición, muy +legítima, de verlos lucir mejores. Familia no la tenían, pues sus padres +habían muerto, y Agapito o Agapo, como familiarmente le decían, no era +para ellos un hermano, sino un pilluelo que vivía en medio de la calle, +a quien no se le veía sino cuando se presentaba a pedir dinero, +aporreado siempre y harapiento. Y como el dinero allí no era posible +hallarle, ni con candil, Agapo desaparecía por meses enteros, sin dejar +rastros; ya se le daba por muerto, cuando otra vez volvía, para +escurrirse al día siguiente, sordo a las amonestaciones de su hermano +mayor y a los ruegos de Pilar, y aun a los golpes de ambos, entregado a +la vagancia y a todos los vicios que ella engendra, sin reconocer más +ley que su santa voluntad. A parte de las malas inclinaciones y del +carácter indomable del muchacho, la verdad es que Bernardino, obligado a +buscarse el pan cotidiano donde podía, no hacía por él todo lo que +debiera; siendo causa de esta desidia el poco cariño y aun cierto encono +que sentía contra aquel rapazuelo, hijo de la vejez de su padre y de una +odiada madrastra, que apenas muerto el anciano, de privaciones y +disgustos, alzó el vuelo con un bombero vecino, dejándoles el niño aquel +en hipoteca. + +Bernardino tenía aspiraciones, una conciencia poco escrupulosa, +entendimiento claro y audacia, sobre todo audacia; con esto y la suerte +de por medio, se va siempre lejos. Sin embargo, nunca soñó él calzar el +título de yerno de don Aquiles Vargas, que tanta fama de ricacho tenía, +pues, lo cierto es, que más que a su viveza e ingenio debió tal ventura +a las circunstancias especiales en que se hallaba colocada la +aburridísima Gregoria; así es que, cuando se vió metido en aquel lío, +que la mano de la fortuna desenredó bonitamente, y trasplantado de su +modesta morada al caserón de la calle de Méjico, sintió mareos y algo +así como un sentimiento de orgullo. Pero, ante todo, Bernardino era +prudente. No creyó deber abandonar su trabajo, sino que, por el +contrario, acudió a sus quehaceres con más asiduidad, si cabe, que +antes. En cuanto a Pilar, ufana con el cambio, olvidaba las miserias +pasadas junto a la máquina de coser, las veladas fatigosas, los +madrugones constantes, la visita, noche a noche, de _registros_, a +entregar o recibir los pantalones de paño y los chalecos de bayeta. + +Pilar era alta, rubia y de ojos negros; no era hermosa, como una heroína +de novela antigua, pero sí muy agraciada y simpática; no tenía los dedos +hechos a torno, porque la aguja y el trabajo los habían deformado, ni el +busto escultural, porque no me atrevería a decir si la corrección de sus +líneas era debida al corsé o era natural patrimonio de su dueña; mas, la +verdad sea dicha: Pilar pasaba por buena moza y aun llegaba a parecer +bonita, y lo hubiera parecido mucho más sin aquella palidez de su cara, +que no se sabía si atribuirla a la fatiga o a la anemia. Naturalmente, +entre el bobalicón de Pablo Aquiles y ella se estableció, desde el +primer día, una corriente de simpatía, que favorecieron Casilda y +Gregoria, y más que todos Bernardino, como hombre sagaz que busca +afianzar su prestigio. El idilio tuvo su lógico desenlace, y digo +lógico, porque así debieran concluir todos los idilios: hubo, pues, +nueva boda en la casa, la que fué solemniza con algo más de ruido y su +poquito de música, en reunión de íntimos; fiesta, que vino a aguar, a +última hora, la aparición del perdido de Agapo, que después de una jira +de recreo por los fortines de la frontera, llegaba descalzo y muerto de +hambre, a recoger las migajas del banquete. + +Pablo Aquiles era un bendito de Dios. Entregado, por completo, al amor +de su mujer, dejaba el gobierno de la casa en manos del cuñado, que +mandaba en jefe; éste pagaba las cuentas, recibía los criados, hacía y +deshacía, sin consulta ni apelación. De la testamentaría iniciada, era +él el albacea, y se entendía con abogados, procuradores y escribanos. +Había echado unas carnazas y unas barbas de a pulgada, que no parecía el +mismo: aquel mozo lánguido del chaqué avellana, que rondaba el barrio, +escapado del almacén, donde llevaba los libros, sino un rentista +satisfecho y protector. + +La testamentaría, entretanto, seguía sus pesados trámites, y hoy era un +título que faltaba y mañana una reclamación que surgía y vengan +consultas y vayan pesos; aunque, felizmente, había con qué hacer frente +a todo: además de la casa calle de Méjico, otras tres en la ciudad, una +quinta en Quilmes, una _estancia_ en Cañuelas y regular número de +cédulas en el Banco. La presentación, ante el juez, del chico de la +Pepa, como hijo natural de don Aquiles, vino a entorpecer los trámites; +y mientras unos querían probar la paternidad y los otros le declaraban, +por lo menos, adulterino, con lo cual la reputación del muerto andaba en +lenguas, tanta declaración, tanta prueba, tanto reponer de fojas, tal +entra y sal de testigos y de curiales, aquello era un laberinto y nadie +se entendía. Lo cierto es que pasaban los meses y la testamentaría no se +acababa. + +--De todos modos, no hay apuro--decía Pablo Aquiles. + +Las explicaciones de Bernardino le satisfacían, pero a la callada y +observadora Casilda se le antojaba que en una sucesión tan clara como el +agua, no había para qué tanto ajetreo y que el enredador y el +_chicanero_ era el despierto albacea. + +Hacía tiempo que le habían a ella chocado las libertades que se tomaba, +sus aires de dueño de casa, la impertinencia con que respondía a toda +observación, encogiendo, los hombros desdeñoso. Siempre que podía, +recriminaba a su hermano por su indolencia, de dejar así todo en manos +de aquel advenedizo; poco a poco, le había cobrado desconfianza y no le +perdía de vista; cuando salía, de buena gana le hubiera registrado los +bolsillos, para ver si se llevaba algo. Entre ella y el cuñado, habían +habido ya ligeras escaramuzas, alfilerazos que no se olvidan, por la +intención de la frase y la acritud del acento. Un día, disputando por +fruslerías, él la llamó: ¡Solterona! y ella: ¡Perdulario! y en una +ocasión le dijo ella, que no debía darse tantos humos, cuando allí tenía +casa y comida gratis y se le había matado el hambre. De aquí, tiroteo de +improperios y arañazos de cuñados. Pero, el primer disgusto grave lo +tuvieron cuando el parto de Gregoria; a Bernardino se le puso ocupar el +despacho del viejo, que era para los hijos un sagrario, a fin de huir +del lloriqueo del recién nacido y poder trabajar tranquilo, pero Casilda +dijo que jamás lo consentiría y cogió la llave y se la guardó, +desafiándole a que se la quitara; Esteven, en broma o de veras, hizo +ademán de tomarla por la fuerza, con lo que se armó una marimorena +escandalosa. El despacho siguió cerrado, y Casilda y Bernardino pasaron +mucho tiempo sin hablarse. Fueron así separándose; del cuñado pasó la +antipatía a la hermana, Gregoria, que se ponía siempre del lado del +marido, y que con su genio altanero lo echaba todo a perder, y se +declararon una guerra sorda, agravada por las demoras de la +testamentaría y la actitud insolente de Bernardino, que tomaba +disposiciones sin la intervención de los herederos, estallando durante +la enfermedad de Pilar. + +Pilar no había gozado nunca de buena salud; era endeble, paliducha, +tosía con frecuencia, sufría accidentes nerviosos, síntomas todos que se +atribuyeron primero a la vida de trabajo que había llevado, y luego al +estado interesante en que quedó a los dos años de casada. Pero cuando +empezó a escupir sangre y a no querer comer, el pecho desgarrado por la +tos, todos se alarmaron y se llamó al médico: según el sabio profesor, +no era nada; después del alumbramiento, aquello pasaría. Y salió la +joven de su cuidado, dando a Pablo Aquiles un niño que era un pimpollo, +con una cabezota tal, que los tíos declararon unánimemente que allí +debía estar encerrado todo el talento del mundo. Pablo Aquiles le +recibió en palmitas, orgulloso de aquel presente; pensaba el infeliz que +aquel nuevo ser había de indemnizarle de sus horas amargas, porque no +estará de más decir, que no se tenía él por dichoso, a pesar del amor de +su mujer, en medio de aquella lucha abierta de intereses y de cuñados. +Además, no había encontrado en Pilar el ánimo y el calor que le hacían +falta, carácter débil el suyo y corazón candoroso; Pilar era, ante todo, +Esteven, mujer de cálculo y de reflexión, no apasionada ni sentimental. +Si bien no habían reñido nunca seriamente, de los siete días de la +semana pasaban seis de morros, porque él quiso besarla y ella no estaba +de humor de consentirlo, o porque ella pensó ir al teatro y a él se le +ocurrió meterse en cama, con dolor de cabeza; pero, así y todo, no +pertenecían al grupo de los mal casados, teniendo ambos la discreción de +no ahondar lo que pudiera separarles y manteniéndose alejados, en lo +posible, de la lucha que dividía a sus hermanos. La enfermedad alteró el +carácter de Pilar, y se hizo caprichosa, díscola y regañona; tenía +antojos estrafalarios, como el que se le ocurrió un día, de hacerse +llevar por el patio en un carro de mano, que servía de distracción a +Jacintito, el niño de Gregoria, tirando de él su marido, a guisa de +caballo; y accesos de mal humor tan violentos, que llegó, una vez, a +arrojar por la ventana una taza de manzanilla, porque tenía demasiado +azúcar. En la mesa acribillaba a pelotillas a Pablo Aquiles, que era +siempre el pavo de la boda, y se hacía servir por él la comida y +ponérsela en la boca, impacientándose iracunda por su demora o sus +torpezas. Con su hijo tenía rachas de vehemente cariño, besuqueándole +con tal ímpetu y grosería, que había que quitarle el angelito de los +brazos; o le rechazaba con desvío, mandando que le llevaran muy lejos, +para que no la aturdieran sus vagidos. Marido más complaciente y sufrido +que Pablo Aquiles, no se ha visto; no tenía voluntad propia, y era +manejado por su mujer como obediente maniquí, dándose el espectáculo de +que él cuidara del niño y le llevara en brazos, haciendo _arrorró_ y +pasara junto a la cuna, muchas noches, sin dormir. + +Pablo esperaba, conforme a lo asegurado por el médico, que el malestar +de su mujer cesaría, una vez libre de su cuidado; pero no sucedió así: +si el niño trajo la alegría a la casa, no devolvió la salud a la madre. +Los meses pasaron y la enfermedad fué acentuándose, con caracteres +tales, que se cayó por fin en la cuenta de que era una tisis incurable. + +Entretanto, de orden del juez, según Bernardino, se habían vendido la +quinta de Quilmes y la _estancia_ de Cañuelas, para pagar no sé qué +deudas dejadas por don Aquiles y luego, siempre de orden del juez, las +tres casas de la ciudad. Los gastos de la testamentaría eran tales, que +todo de lo que se echara mano, no bastaba para sufragarlos. Las cuentas +eran bien claras y ahí estaban para que las examinasen: Don Aquiles +debía casi, casi más de lo que tenía; luego, la baja de la propiedad +raíz, el mal estado de los campos, los honorarios de ahogados y +procuradores, que sumaban un dineral, y más que esto y más que todo, el +incidente del hijo natural. Si él sabe a tiempo la cosa, aquello se +hubiera arreglado fácilmente, tapando la boca a la Pepa con un buen +rollo de billetes; pero, arrojarla violentamente a la calle, al día +siguiente de muerto el amo, vamos, había sido no mediana torpeza; es +cierto que el juez había declarado no tener derecho a la sucesión y +rechazado de plano la demanda; pero, ¡cuánto trabajo y cuántas desazones +y cuánto tiempo había costado! Luego, la Pepa no se daba por vencida, y +apelaría, y mientras venía el fallo definitivo, ¡cuánto tiempo más +perdido! Era preciso, pues, quitar este obstáculo, dar algo a aquella +mujer para que desistiera de la apelación, muy poco, una bicoca. Y +bicoca fué, que se vendieron las cédulas del Banco y aun llegó a +retirarse cierto depósito de reserva. Pablo Aquiles dejaba hacer y +Gregoria lo aprobaba todo, diciendo que más valía quedarse sin nada, que +enredados en pleitos y debiendo a cada santo una vela; pero Casilda no +se conformaba con lo que ella llamaba despojo y decidió dar el +campanazo, antes de quedarse en la calle. + +Francamente, las cosas habían llegado a un extremo tal, que se +necesitaba estar ciego para no ver en lo que iban a parar. Esteven +marchaba derecho a su objeto, imperturbable; despertada su codicia con +el manejo de intereses, cuya tercera parte le correspondía, parecióle +poco esto y quiso apoderarse de todo: muchas noches pasó en vela, con la +visión de aquella fortuna que tenía en sus manos, y que estaba obligado +a repartir; tonto sería él si desperdiciaba la ocasión de enriquecerse, +de realizar su sueño dorado, tan a poca costa. Hábilmente trazó su plan, +contando con la debilidad de Pablo Aquiles y la pasividad de Casilda, y +si no con la complicidad, por lo menos con la aquiescencia absoluta de +su mujer; el resultado fué excelente. Con pretextos siempre plausibles, +que él fundaba en elocuentes párrafos, porque poseía el pico de oro de +los sinvergüenzas para engañar a los incautos, iba desmenuzando la +herencia y recogiendo glotonamente los pedazos en su bolsa, cuya boca no +se cerraba sino para volverse a abrir y devorar con más apetito que +antes. Las casas desaparecieron así, se evaporaron como tocadas por +varita mágica, y lo propio aconteció con la quinta en Quilmes; respetó +la _estancia_ cierto tiempo, pero ya en la pendiente, no había más que +rodar al fondo: la _estancia_ se vendió y luego lo que pudo o mejor +dicho lo que quiso, porque nadie le ponía cortapisas. Era un vampiro, +siempre insaciable. Quería resarcirse ampliamente de su pasada miseria, +abasteciendo su granero, de modo que no le faltara trigo si el mal +tiempo llegaba. + +Pero había un ojo que seguía sus maniobras, alguien que adivinaba sus +cábalas: Casilda. Resuelta a hablar, y a hablar fuerte, una tarde que se +hallaban todos reunidos en la habitación de Pilar, rodeando el sillón en +que descansaba la enferma, abordó el tema de la testamentaría, +quejándose de sus demoras y de aquella furia de vender que les había +entrado; lanzó dos o tres saetazos dirigidos a Esteven con tanto +acierto, que saltó el hombre descompuesto y con muy malos modos dijo que +él no hacía sino lo que mandaba el juez, y que la culpa se la tenía él +en haberse hecho cargo de tamaño lío. + +--Claro está--apoyó Gregoria,--sólo que a esta cabeza dura nadie la +convence que para hacer las particiones, hay que vender... + +Casilda, con mucha calma, preguntó: + +--¿Me quiere decir mi señor cuñado, qué se ha hecho del producto de las +ventas? + +--Pues... el juez se lo dirá a usted y los acreedores de la +testamentaría. + +Levantó la voz, gritando que aquello ya le aburría, que tales preguntas +denotaban desconfianza, que ahí estaban las firmas de todos autorizando +la venta de las propiedades, ejecutada de orden del juez; en suma, que +si tenía tanto apuro en recibir su parte, la comunicaba que esto no +podía ser, hasta que no se vendiera la casa en que vivían. + +--¡También ésta!--exclamó Casilda. + +--Pues la compra usted, si la tiene tanto apego. + +--¡Es que no podré, porque no ha de dejarme usted lo suficiente! + +Sí, se lo decía cara a cara, bien claro para que lo entendiera; ella no +sabía jota de códigos ni de la práctica de tribunales: se daba por +convencida de que había que vender todo, todo, aunque esto le parecía un +despropósito que no podía mandar la ley, pero no de un modo irrisorio, a +bajo precio; se daba por convencida que había mucho que pagar y era +forzoso sacar el dinero de alguna parte, mas, ¿por qué se eternizaba un +asunto tan sencillo? ¿qué deudas eran ésas? ¿qué cuentas eran ésas? Allí +no había más cuentas que las del Gran Capitán y una persona sin +conciencia, que quería enriquecerse a costa de los herederos. + +--Esto no lo puedo yo tolerar--exclamó Bernardino, fuera de sí. + +Gregoria se dirigió a su hermana, increpándola; Pablo Aquiles, que +servía una taza de tisana a la enferma y no había querido hasta entonces +tomar parte en la disputa, se vió precisado a intervenir, porque la cosa +tomaba mal aspecto. Los improperios se cruzaban de parte a parte, y +entre las voces enardecidas, oíase la de Casilda, que chillaba: + +--¡Sí, señor, lo dicho, dicho! + +Pilar se cubrió la cara con su pañuelo. + +--¡Mala lengua!--decía Gregoria. + +--¿Quién había de creer esto de usted?--exclamaba con dramático acento +Esteven. + +--Esto es una vergüenza--decía Pablo. + +Y entonces, dominando el tumulto, se alzó de nuevo la voz de Casilda, +para arrojar a la cara de su cuñado esta palabra: + +--¡Ladrón! + +Si a Pilar no se le ocurre desmayarse, se pegan. + +--Hay que salir de aquí--gritó Bernardino, como un energúmeno. + +--Ya debía haberlo usted hecho--contestó Casilda. + +Gregoria, demudada, metiendo las manos por los ojos de la hermana, +exclamó: + +--¡Nos iremos, sí, y no hemos de vernos jamás, jamás y jamás! + +A los pocos días, Esteven y su familia se mudaban; Casilda vió a su +hermana guardar alhajas que habían pertenecido a su madre, cubiertos de +plata y muchos objetos de uso de la familia y llevarse muebles, +suficientes para llenar tres carros hasta el tope, pero no chistó. Desde +el día de la disputa no se hablaban, mirándose entre ojos, como enemigas +a muerte, y cuando salió Gregoria de la casa, la cabeza muy levantada, +ni se despidió de ella ni de Pablo Aquiles, a quien llamaba mandria, +echándole la culpa de todo. + +--Si es la que mató a nuestro padre, ¿qué entrañas ha de tener?--dijo +Casilda llorando. + +Triste quedó el caserón, después del rompimiento. Pilar empeoró, +sacudidos sus nervios por tanto suceso desagradable, herida en el +corazón por el desvío de su hermano, que así la abandonaba en sus +últimos días; en cuanto a Casilda, bondadosa siempre, lamentó el cisma +de la familia, que ella misma provocara, aunque sin quererlo. ¿Qué culpa +tenía ella, si Esteven era un mal hombre y la puso en el disparadero de +decirle cuatro verdades? Pero Gregoria, su hermana mayor, criada y +educada a su lado, copartícipe siempre de sus penas y placeres... ¿era +posible que pudiera conducirse así? Casilda no podía consolarse. Tuvo al +principio la idea de buscar un abogado y presentarse al juez demandando +a Esteven, y aun llegó a hablar de esto a Pablo Aquiles, que no sabía ni +lo que hacía ni lo que le pasaba, pero desistió, temerosa del escándalo +y entristecida con lo ocurrido. Está bien; que se llevaran todo, que +dilapidaran la herencia o la guardaran para sí, en detrimento de ella +misma y de su hermano, pero que no le hablaran más del asunto, porque le +daba dolor y vergüenza. Habíale entrado un descorazonamiento tal, que +no salía, llorando a solas en su cuarto, cuando el cuidado de la enferma +no la ocupaba. + +Pilar murió un mes más tarde; su vida se apagó dulcemente en brazos de +Pablo y de Casilda, después de besar al pequeño Aquiles, o Quilito, como +ella le decía. Ni Bernardino ni Gregoria asistieron a sus últimos +momentos, aunque se les mandó recado de su gravedad; ni se mostraron en +el entierro ni en los funerales, probando con esta actitud su propósito +de no verse más, de romper para siempre toda relación. + +Golpes fueron éstos, que acabaron de anonadar a Pablo Aquiles. Un +abogado vino a verle un día, de parte de Esteven, para que firmara +ciertos documentos que eran indispensables para la terminación de la +testamentaría, y él firmó y firmó también Casilda, al pie del nombre de +Gregoria, estampado el suyo con segura mano; deseosos ambos de concluir +de una vez, sin protesta, porque no tenían ya fuerza para seguir la +lucha. Cuando aparecieron en la ruinosa fachada de la casa paterna los +cartelones anunciando, en letra muy gorda, la subasta, Pablo Aquiles y +Casilda comprendieron que había que marcharse; buscaron una casa pequeña +y modesta, recogieron lo poco que quiso dejarles Gregoria, y salieron +ambos del hogar de sus padres, como tristes desterrados. + +La visita de Bernardino Esteven es digna de ser contada. Se presentó en +la nueva casa correctamente vestido de negro, serio y grave, con un +rollo de papeles en la mano; Casilda no quería recibirle, pero Pablo, +más conciliador, le hizo pasar a la sala y allí, inclinándose con +afectación de académico, declaró que iba a rendir cuentas del albaceazgo +y a entregar lo que en la partición había correspondido a los herederos, +después de pagar deudas y honorarios, para lo cual había habido +necesidad de vender las propiedades, como lo sabían muy bien. Hablaba +con voz campanuda, muy despacio, sin mirar a Pablo Aquiles, mudo delante +de él. Vino Casilda, y con aire digno se sentó, sin saludar a su cuñado. +Entonces desenrolló éste el paquete que traía y puso delante de los ojos +de ambos muchos garabatos y números, que él descifraba con negligencia; +luego sacó de su cartera un mazo de billetes, que contó: veinte mil +pesos, diez mil para cada uno y diez mil que había recibido Gregoria; +él, a pesar de sus trabajos en la testamentaría, del derecho que le +asignaba la ley, renunciaba generosamente al cobro de sus haberes. +¿Querían conservar las cuentas para examinarlas despacio? Maquinalmente, +Pablo Aquiles y Casilda dijeron con la cabeza que no. Firmado el +correspondiente recibo, Esteven recogió sus papeles y sin añadir +palabra, salió como había entrado. ¿Quién reconocería en aquel personaje +tan finchado, al tenedorcillo de libros de marras? + +--¿Te convences ahora?--dijo Casilda mirando tristemente los billetes +dejados sobre la consola. + +Pablo Aquiles bajó la cabeza y suspiró. + +Y él, que nunca había servido para nada, se vió obligado a buscar un +empleo fácil, para ayuda de gastos. ¡Qué disgustos pasó antes de +lograrlo! Con su pequeño sueldo y la escasa renta que les habían dejado, +no le faltaría pan a su hijo. En medio de todas sus desdichas, sólo le +quedó una ilusión y una esperanza: Quilito. + +Tales son los antecedentes que he conseguido reunir, acerca de las +familias de Vargas y Esteven. + + + + +III + + +Agapo no era, así como así, un tipo cualquiera, sino, un _atorrante_ de +raza, que había seguido la carrera por sus pasos contados, y conquistado +el título a fuerza de contracción y desvelo, favorecido, es verdad, por +su vocación a tan honroso oficio y sus excepcionales facultades. +Matriculado, cuando niño, en una banda de pilluelos de barrio, sin el +freno de la autoridad paterna, porque no tenía padres y no hacía caso de +sus hermanos, libre como un pájaro y celoso de su independencia; con el +sucio pantalón doblado sobre la rodilla y la camisa desteñida asomando +por los fondillos, un sombrero agujereado sobre la rubia cabeza, +recorría las calles de su parroquia, entretenido en jugar a los cobres +en la acera, darse de mojicones con los compañeros y decir desvergüenzas +a las señoras; no había bautizo en que él no tomara parte, esperando a +la comitiva en el atrio de la iglesia para llamar _pelao_ al padrino, ni +escándalo callejero en que no estuviera, como espectador de primera +fila. Parecióle muy pronto estrecho el campo de sus operaciones y +extendió su radio hasta el _Bajo_; allí entre las _toscas_ y bajo los +sauces, se daban batallas a pedradas y rara era la vez que no sacaba +alguno de la banda soberbia magulladura. Como el dinero escaseaba en +casa y cada vez que se presentaba Agapo, era recibido con una lección de +solfeo, no se atrevía él a ir y pasaba los días vagando, comiendo +naranjas o un pedazo de pan duro, mojado en el cocido de alguna +lavandera caritativa; a veces, por ganar algo, hacía _changas_ en el +muelle, llevando la maleta de algún viajero o vendía periódicos y +fósforos, pero, decididamente, no servía él para el trabajo; un día le +llevaron a la comisaría por desorden, y ya aprendió el camino, de tal +modo, que rara era la noche que no dormía en duro banco, en compañía de +borrachos y ladrones. Se familiarizó con su jerga, adquirió amistades +vergonzosas, aprendió a beber y a jugar, pero no cayó nunca en el vicio +del robo; en medio de la crápula, supo mantenerse honrado, porque él no +era malo, sino haragán. + +Sus largas ausencias no preocupaban a nadie; eran eclipses parciales, en +que desaparecía por encanto y reaparecía por milagro, más sucio, más +andrajoso y más hambriento que antes. El cambio de fortuna de sus +hermanos, no varió su situación; le recibían ellos de tan mala manera, +le llamaban con motes tan injuriosos, que Agapo evitaba verles; y luego, +¿para qué? para recibir consejos, en vez de cuartos. Que abandonara esa +vida de vagancia, que se hiciera hombre de provecho, que trabajara... +¡Trabajar Agapo! ¡si apenas podía llevar su alma a cuestas! sus brazos +colgaban lánguidos de los hombros, sus piernas se negaban a sostenerle +mucho rato y hasta su pensamiento era tardo y perezoso, como obrero +holgazán que ama el descanso. Su delicia era tenderse al sol sobre un +banco, o bajo un sauce en la ribera, según la estación, y dormir a +pierna suelta, sin cuidados, con un sueño de ángel o de niño; y también, +sentarse en un portal de calle muy concurrida y ver pasar la gente +afanosa tras el pan de cada día, mientras él, libre de preocupaciones, +sonreía filosóficamente. ¡Trabajar Agapo! ¡si no vale la pena! ¡mucho +sudar, mucho sufrir; el hombre, como bestia de carga, dando vueltas, de +sol a sol, a la rueda de la fortuna, para recibir el esquinazo, en +premio de sus fatigas! más vale estarse con el pico abierto, para que en +él caiga el maná del cielo, y manos quietas; dejar que los demás cuiden +del árbol y comer nosotros su fruto sazonado. + +Hasta Agapo no habían llegado aún esas ideas de socialismo, anarquismo y +nihilismo que corren por ahí, haciendo temblar las carnes de todo el que +tiene algo que perder, pero él poseía su credo, que era éste: vivir a +costa del prójimo, pedir al vecino lo que falte en casa y no trabajar +sino en provecho propio, dando quehacer a las mandíbulas; que, al fin y +al cabo, todos somos iguales: el estómago del rico, no se diferencia del +pobre, y no es justo que mientras aquél engulle y se regala, sean para +éste todos los días de cuaresma. + +Por lo demás, estaba él orgulloso de su categoría de atorrante: no tenía +casa y no pagaba alquileres; no tenía criados y no le robaban y +vendían; no tenía suegra, ni mujer, ni hijos, que le quemaran la sangre; +ni negocios, que le preocuparan; ni amigos, que le engañaran; sobre él +no pesaban impuestos ni carga alguna. Se consideraba feliz, y lo era en +efecto: no ambicionaba nada y nada temía del día siguiente; envuelto en +sus guiñapos, paseaba por los sitios públicos y gozaba del sol, como el +que iba arrastrado en carretela; dormía donde le cogía el sueño, tan +ricamente como sobre un colchón de plumas; comía cuando tenía hambre y +no le faltaban buenos platos de casa grande, y en lo tocante a vicios +menudos, llevaba en el bolsillo de su raída chaqueta provisión abundante +de colillas de cigarro. Era gran maestro en el arte de _pechar_ o dar +sablazos, y lo hacía con tal comedimiento, que pocas veces quedaba +desairado. + +El alud de las revoluciones pasó sobre él y le arrastró como hoja seca, +pero, restablecida la calma, aparecía Agapo, de nuevo, sobre la +superficie, como cuerpo boyante; sus peregrinaciones, ya voluntarias, ya +forzadas, le llevaron por toda la República y aun fuera de ella, pero su +cuartel general era Buenos Aires, y a la capital volvía, como bestia +extraviada a la querencia. Frisaba en los cuarenta años y parecía tener +sesenta, con su barba gris de patriarca, la melena casi blanca y las +arrugas de su frente de pensador: diríase un hombre combatido por las +adversidades, un inválido del trabajo, un paria de la suerte, todo menos +el prototipo del holgazán. + +Era digno, a su manera. Aunque no pudiera tachársele de delito alguno, +porque no era ladrón, ni capaz de hacer mal a nadie, ocultaba su +apellido y pocos eran los que sabían que pertenecía a la opulenta +familia de Esteven. No quería él que se supiera el cercano parentesco de +Agapo el atorrante con el rico bolsista don Bernardino, por vergüenza de +su propia situación; conservaba hondo rencor contra su hermano, a quien +acusaba de haberle abandonado y hasta empujado al vicio para librarse de +él, y no le socorría como debiera, ahora que era dueño de cuantiosa +fortuna. Sabedor de los enredos de la testamentaría de Vargas, y del +profundo cisma de ambas familias, solía él decir con maligna intención, +en el seno de la confianza, que quién sabe cuál de los dos, si el +millonario don Bernardino o Agapo el atorrante, mantenía más honrado el +apellido. + +A casa de los Esteven iba contadas veces. Le imponía tanta +magnificencia: la escalera toda de mármol, con dos leonazos melenudos al +pie, a derecha e izquierda, las fauces abiertas, como si quisieran +tragarse al incauto visitante; en el primer descanso, plantas exóticas; +arriba, una vidriera de colores, y cuando la puerta se abría, veíase +lujoso recibimiento, con estatuas y cuadros. No conocía Agapo lo demás, +porque nunca le habían dejado pasar de allí, pues podía manchar las +alfombras con sus patas embarradas o ensuciar la seda de los muebles con +sus ropas grasientas; se sentaba humildemente en la escalera, después de +tocar el timbre. El criado salía, le miraba de pies a cabeza y +desaparecía, cerrando la puerta. Pasaba largo rato; se oía el manoteo +del piano en la sala; Agapo pensaba que serían sus sobrinas, Susana y +Angela. La puerta volvía a abrirse y el criado entregaba un billete al +atorrante, con este recado: + +--Dice el señor que no venga usted con tanta frecuencia. + +--Si no he vuelto desde el mes pasado... pero diga usted al señor que no +le incomodaré más. + +Y se iba, colérico, jurando no volver... y volvía, reflexionando que era +fuerte cosa que mientras su familia estaba _podrida en plata_, no +tuviera él ni para cigarros. En estas visitas solía ver, por la puerta +entreabierta del recibimiento, a su cuñada Gregoria, con su aire +orgulloso y muy compuesta siempre, a pesar de sus canas y su obesidad; +un día tropezó en la escalera con Jacintito, que bajaba los escalones de +dos en dos, silbando, de habano y bastón, y no le miró, porque le +chocaba mucho este mequetrefe, que jugaba en la Bolsa y tiraba el +dinero, que no sabía ganar. Mostrábase, sí, muy satisfecho cuando +lograba ver a las dos muchachas, tan lindas y frescas como dos +pimpollos; ellas pasaban a su lado, plegando las faldas vaporosas de +miedo de mancharlas y haciendo un gestito de desagrado con la boca +encantadora. En cuanto a su hermano, nunca le vió y si llegaba a +columbrarle en la calle, escabullíase avergonzado. + +Pero donde él iba con gusto, era a casa de los Vargas, calle Moreno, si +no todos los días, porque era él muy comedido, por lo menos tres veces +en la semana. Pampa le recibía poco menos que a escobazos, diciéndole +que la señora no estaba, que se marchara, pues no había nada para él. + +--Esperaré, muchacha; no tengo prisa. + +Y se sentaba en el umbral de la puerta del comedor, viendo barrer el +patio a la india, admirando la limpieza y el orden que allí reinaban, +mucho más agradables que el lujo y la farsa de Esteven; el pequeño +jardín daba gloria verle, tan verdecito y tan cuidado. + +--¡Hola! ya estás aquí--decía en esto la voz simpática de misia Casilda. + +Y aparecía la señora con un plumero en la mano, muy sofocada por el +trajín de la casa, amable y sonriente. Agapo se descubría, como ante una +imagen, y entraba en el comedor y se sentaba, sí, señor, se sentaba en +una silla de rejilla, porque allí no temían que lo manchara todo con su +contacto; en la alacena no faltaba el trozo de carne fría guardado para +él, o el platito de arroz con leche o el resto de _carbonada_, que la +señora calentaba por sus manos en la maquinilla de alcohol. Y luego, era +una de charlar de todo, al compás de la escoba de Pampa... + +Al día siguiente de aquella noche del 25 de Mayo, en que don Pablo +Aquiles vió cosas que le suspendieron y preocuparon hasta el punto de +interrumpir su paseo de digestión, Agapo se presentó en la casa, pasadas +las doce, siendo recibido con el ceremonial de estilo. + +--Señora no estando--dijo Pampa cerrándole el paso y esgrimiendo el +doméstico cetro. + +--¿Y el _patrón_? + +--En el Ministerio. + +--¿Y el niño? + +--En la Bolsa. + +--¡Esperaré! + +--Déjale pasar--dijo misia Casilda desde adentro. + +El atorrante entró en el comedor; iba menos rotoso y sucio que de +costumbre, porque para esta visita hacíase esmerada _toilette_, en lo +que cabe. + +--¿Ha visto usted la inquina que tiene la india conmigo?--exclamó Agapo, +sentándose en el borde de una silla, a la vez que echaba hambrienta +mirada a la alacena. + +La señora tenía dos ruedecitas de patata sobre las sienes, y con su +semblante fatigado mostraba a las claras padecer fuerte neuralgia. + +--Tengo un dolor de cabeza...--dijo ella, llevando una mano a la frente. + +Fué a la alacena, sacó un plato en que se veían restos de los hojaldres +desdeñados por el niño la noche antes, y lo puso delante de Agapo, +quien, dejando finezas a un lado, empezó a devorar glotonamente. + +--¿No estás borracho?--preguntó la señora, mirándole a la cara. + +--¡Oh! no--protestó el atorrante. + +--Pablo Aquiles te encontró ayer en un estado deplorable. + +--Era día de la patria... y había que festejarlo. + +--¡Jesús! ¡qué vicio más feo! mira, si se te ocurre presentarte aquí de +esa manera, te haré dar cuatro escobazos por Pampa y llamaré al +vigilante. + +Agapo seguía comiendo, sin hacer mayor caso de la amenaza. Cuando quedó +el plato limpio, cual si lo hubieran lamido los perros, se pasó la mano +por la boca, restregó los dedos sobre el pantalón, y mirando con ojos +tiernos a la señora, sentada al otro extremo de la mesa, exclamó: + +--¡Ay, señora! ¡yo merezco más lástima que castigo! A buen corazón no me +gana nadie, y si no fuera la fatalidad y mi hermano... + +--Eso sí--saltó misia Casilda,--siempre he dicho yo que eres lo +mejorcito de esa familia; sólo que te dió por no querer trabajar... ¡y +ahí tienes! + +Agapo se encogió de hombros. No, señor, no era por eso; él quería +trabajar, pero no encontraba en qué: buscó un empleo mucho tiempo y no +quisieron dársele y ahora andaba tras de una concesioncita de +ferrocarril, sin resultado; había visitado a senadores y diputados y +hasta a cierto ministro, que tenía fama de dejarse untar la mano... + +--Pero, ¿qué van a darte con esa facha?--dijo riendo la señora. + +Ahí está; si él fuera vestido, de levita, y hablara en extranjero o +siquiera en provinciano, lo conseguiría al momento, sin más capital que +mucha labia y poca vergüenza. Negocio más lucrativo no se ha visto: le +dan a usted la concesión, usted la vende al momento y se hace rico, o +poco menos. Y el ferrocarril se construye o no; generalmente, no se +construye... ¡Cuántas cosas podría hacer valiéndose de la influencia de +su hermano! Hoy, para medrar, no hay más que meterse con el Gobierno... +o en la Bolsa: un compañero suyo, que dormía en los bancos de las plazas +y en los caños abandonados, se había metido no se sabe cómo en un +negoción de tierras, y se ganó lo que quiso, convirtiéndose en un +personaje que arrastra coche... + +--Aquí tenemos lo de Quilito--observó misia Casilda,--esas fortunas +improvisadas me hacen a mí el efecto de casa sin cimientos; deja que +sople el aire y verás dónde van a parar. Mejor sería que tuvieran más +cabeza, pues esto se va poniendo muy malo: esta mañana el casero nos +mandó aviso que para el mes que viene subirá el alquiler, y siempre con +el mismo pretextito: el oro; ¿qué culpa tenemos nosotros de que se vaya +a las nubes? + +--¡Y lo que vendrá!--dijo Agapo en tono profético, acariciando sus +barbazas. + +--Tengo un dolor de cabeza...--volvió a decir misia Casilda. + +--Algún disgusto, ¿no es verdad? + +--Sí, ese atolondrado de Quilito tiene la culpa. La noche antes había +llegado don Pablo Aquiles de mal talante, porque se encontró al niño en +la puerta de Colón, detrás de las de Esteven, lo que vino a corroborar +sus sospechas de que _festejaba_ a una de ellas; ya se lo habían dicho +no sé en qué parte, y la idea de que fuese cierto y que los otros +pudieran creer que ellos autorizaban semejante cosa, les tenía +disgustadísimos. Decidieron sondar al muchacho, y cuando bajó a +almorzar, le espetaron la preguntita. + +¿Crees tú que negó? ¡qué esperanzas! es muy deslavado y tiene una manera +de contestar al padre... Que sí, que Susana le gusta mucho, y que si +puede que ya lo creo que se casará con ella, pero que _todavía_, no hay +nada serio... ¡Todavía! ¡vaya un consuelo! Entonces, yo tomé la cosa por +mi cuenta y le dije las del barquero. + +Eso es, muy bien; ¿le parecía decente poner los ojos en una niña, cuya +familia era enemiga mortal de la suya propia? ¿no había en Buenos Aires +ninguna otra más que ella, tan buena o mejor? ¿no temía que la gente esa +dijera que iba por su dinero y que su padre y su tía estaban mezclados +en el negocio? Y luego, ¿qué significaba eso de casarse un mocoso, que +no sabe dónde tiene las narices? ¿con qué contaba para el casorio? +¿tenía siquiera su carrera concluída? Estos muchachos de ahora son de +una impavidez extraordinaria; todo se lo llevan por delante, y creen a +pies juntillos en la engañifa aquella de «querer es poder»; así, no son +pocos los desengaños. + +En fin, que me despaché a mi gusto, y como golpe final, le hice esta +pregunta: Pero, ¿has hablado con la niña.--No.--¿Y entonces?--Ella me +mira, y con esto basta.--¡Inocente! ¡te fías de los ojos, cuando las +promesas de la lengua no se cumplen! si todas las mujeres bonitas miran +y remiran, porque buscan el homenaje de los hombres y quieren ver el +efecto que su hermosura, su tocado o sus alhajas producen. Entonces él, +retorciendo su bigotillo, dijo con petulancia:--Hay modos de mirar, +tía... y yo me entiendo.--¿Habráse visto botarate? ¡Un chico que no +levanta media vara del suelo! Quedaba el gran argumento y se lo largué: +Mira, Quilito, que se te quiten tales disparates de la cabeza: el señor +don Bernardino Esteven nunca consentirá en ese casamiento. Lo aplasté. +Pero él se irguió, y en tono de amargo reproche, replicó:--Seré muy +desgraciado entonces, pero la causa de mi desgracia serán ustedes, con +su terquedad ridícula y su odio injustificado.--¿Qué te parece? mira que +Pablo Aquiles tiene una paciencia de santo, pero al oír aquello no se +pudo contener, y eso que le aguanta cosas al muchacho, que parece +mentira. Total, que Quilito subió a su cuarto muy enfadado, Pablo se fué +a la oficina de mal humor, y yo quedé con jaqueca. ¡Qué muchacho, Señor! + +--Eso me lo sabía yo de corrido--dijo Agapo,--¡las veces que le he visto +en la calle Florida detrás de ella! y una tarde, al salir de casa de mi +señor hermano, tropecé en la acera con Quilito, y cuando doblaba la +esquina vi a Susana en el balcón... Que ellos se entienden, no hay duda. + +--Si esto es una fatalidad--exclamó misia Casilda, va a ser un semillero +de disgustos para nosotros. + +Lo que Agapo no se atrevía a decir, es que él era el protector de +aquellos amores contrariados, el correo de gabinete entre los dos +tórtolos; su buen corazón no había podido resistir al ruego de +Quilito... y a la propina de dos pesos por carta, enternecido ante la +desgracia que separaba a sus sobrinos más simpáticos y que más quería. +Esto le obligaba a ir con alguna más frecuencia a casa de don +Bernardino, y a valerse de estratagemas para comunicar con la muchacha; +pero todo lo hacía con gusto... y con provecho. Seguramente que si misia +Casilda sabe que en la ocasión en que ella tanto se lamentaba de la +ocurrencia, era portador Agapo de una carta traidora, que había de +encender más la hoguera sobre la cual ella, por amor propio y amor de su +sobrino, trataba de echar el agua fría de la reflexión, no hubiera sido +flojo el escándalo. Pero él se guardaba bien de descubrirse... si no, +¡adiós platitos de arroz con leche! la escoba de Pampa y el vigilante... + +El sol entraba en el comedor, tan alegre, que parecía de primavera; a su +grato calorcito, el morrongo de la casa, espatarrado, exponía su vientre +de terciopelo. Afuera, cantaba Catalina la genovesa un aire de su país, +con acompañamiento de platos y cacerolas. + +--¿Está Quilito?--preguntó Agapo tímidamente. + +--Debe estar en su cuarto--contestó la señora. + +¡Había subido más enfurruñado! dando portazos y diciendo que iba a hacer +y acontecer, con las palabritas escogidas de uso diario. Todo se le +podía perdonar, menos aquel capricho desatinado de enamorar a la hija de +Gregoria, que le despreciaba hasta el punto de no haberle jamás dirigido +la palabra, como que le dejó en mantillas... y hasta la fecha. Pero él +no entendía de razones. Era un muchacha que no tenía pies ni cabeza. + +--¿Sabes a qué hora llegó anoche?... hoy, mejor dicho: ¡a las tres y +treinta y cinco! + +Hacía muy poco que habían dado las tres y media, cuando ella, metida +entre sábanas, oyó abrir la puerta de calle, con cautela de malhechor, y +pasos apagados en el patio: era el niño que entraba. ¡A las tres y +treinta y cinco de la mañana! + +--Si todos hacen lo mismo, señora--se atrevió a decir Agapo. + +--Ese es el razonamiento de Pablo; pues yo digo que si todos hacen lo +mismo, no sé qué juventud es la de ahora; ¡siquiera estuvieran de visita +en casas honestas! pero, no, señor, no tienen sociedad ninguna; que se +pongan en rueda de señoras y no hay quien les saque una palabra del +cuerpo. Quilito se esconde apenas ve gente en casa, y cuando le +reprendo, me contesta que él no está para perder su tiempo con +vejestorios. Lo que a aquel chiquillo hacía falta, era un padre como don +Aquiles, su abuelo, que le arreglara a ordenanza; el látigo es un +remedio excelente: con esto y rienda tirante, no hay hijo indócil ni +descarriado. + +--Más se consigue con el cariño, que con los azotes--dijo Agapo +acordándose de los sopapos y tundas de su niñez. + +--Pues éste no echará de menos los mimos... + +Se oyó sonar la escalera del patinillo. + +--Aquí le tenemos--murmuró misia Casilda poniéndose muy seria. + +Quilito entró, con un cigarro en la boca. + +--¡Hola! ¡tanto bueno por acá! + +Tiróle de las barbas a Agapo, y mientras le presentaba su cigarrera de +níquel, le deslizó hábilmente en el oído esta pregunta: + +--¿Hay algo? + +El atorrante dijo que sí, moviendo la cabeza, muy risueño, a la vez que +se apresuraba a desocupar la cigarrera. + +--¿Vienes, Agapo?--dijo el joven.--Me voy a la Bolsa y tengo prisa. + +Y mientras el otro se levantaba, la señora, silenciosa hasta entonces, +llamó aparte a Quilito; en un rincón, pasando la mano por el cuello de +su gabán para quitarle las hilachas que siempre se dejaba, le dijo +bajito que no le parecía bien saliera en compañía de aquel hombre; ¿qué +dirían los que le vieran? + +--¿No es mi tío?--dijo él con afectada seriedad. + +Eso, felizmente, nadie lo sabía; bueno era protegerle en su desgracia, +pero no mostrarse con él. + +--Si no voy a ir por la calle Florida, tiíta Silda, es para darle +algo... y no quiero hacerlo delante de usted por no avergonzarle... En +la esquina le despacho. + +--Eso es otra cosa. + +Y levantando la voz, añadió: + +--¡Que les vaya bien! + +Salieron ambos, y ya en la acera, a pocos pasos de la puerta, el joven, +ansiosamente, pidió la carta, que le entregó Agapo con precaución, +contando las fatigas que le había costado conseguirla. El criado de +Esteven era muy bruto, y se permitía ofrecerle puntapiés cada vez que le +veía; luego, como misia Gregoria estaba con frecuencia en la pieza que +da al recibimiento, no era posible hablar a Susana, sin que ella lo +_pispara_. Generalmente, la muchacha abría la puerta de la sala y por la +rendija echaba la carta; pero aquel día hasta este recurso faltó, porque +estando sin cerrar la vidriera de colores, a causa de la limpieza, del +recibimiento se veía todo lo que pasaba en la escalera; hubo que +esperar la hora de Palermo. Al salir ellas al paseo, recogió en el +zaguán la carta de manos de la santita, en las mismas narices de la +oronda misia Gregoria y de Angela, sin que ninguna se enterara. ¿Qué +tal? Quilito no le escuchaba: había rasgado el sobre y leía; con el afán +de un sediento ante un vaso de agua, saboreaba la miel de la fraseología +de su prima, temblándole las manos de emoción. + +--¡Ca... ramba!--exclamó echando un terno,--¡maldita suerte la mía! ¿he +de estar condenado a vivir siempre separado de ella? + +Con gesto de mal humor, dió los dos pesos de la tía a Agapo, +recomendándole que no fuera a emborracharse, y allí mismo le dejó +plantado, siguiendo la calle de Moreno a buen paso. La verdad es que +tenía por qué quejarse de su estrella. El abismo que separaba a las dos +familias era tan hondo, que no había medio de salvarle: en la escena del +almuerzo pudo comprobarlo; no, ni su padre, tan condescendiente siempre, +ni la bondadosa tiíta Silda se prestarían jamás a una reconciliación, y +por el lado de los otros, ya se lo había dicho Jacintito con mucha +frescura: la tía Goya decía que si se atrevía a poner los pies en su +casa, le echaría de escaleras abajo. Pero, ¿qué culpa tenían Susana y él +si hubo o dejó de haber en la malhadada testamentaría del abuelo? +¡Renunciar a Susana! nunca, aunque en ello se empeñaran el cielo y la +tierra juntos. Se amaban hacía tiempo, de lejos, porque las chicas no +iban a bailes y no había medio de hablarse, y se decían muchas cosas con +los ojos cuando se veían, que las cartitas traducían luego en períodos +almibarados. La fatalidad había levantado infranqueable barrera entre +ellos; pero el joven, caprichoso de suyo y testarudo, con la agravante +de _encamotado_, tenía hecho el juramento de vencer todos los +obstáculos, y conseguir la mano de la muchacha: ítem más, la +reconciliación de las dos familias. ¡Qué final de melodrama más hermoso; +una boda y pelillos a la mar, o canje de abrazos fraternales entre los +que han andado durante toda la obra tirándose los trastos a la cabeza! +Por eso quería hacerse rico de prisa, para tener algo que ofrecer a la +novia y con qué amansar a los padres: la lotería, la Bolsa y la timba de +clubs y cafés, todo lo ponía a contribución; hasta entonces su estrella +seguía nublada, pero el gran día llegaría... porque forzosamente tenía +que llegar. + +Entretanto, ¿a dónde iba? Por la tarde debía encontrarse en Palermo: +_ella_ estaría. Y aquí cumple confesar otro de los inconvenientes en que +el pobre muchacho tropezaba, un síntoma más de la vida artificial, que +su mala educación y las pretendidas exigencias sociales le obligaban a +llevar. Para ir a Palermo, se necesita coche de lujo y para hacer la +corte a una muchacha _high-life_ concurrir a teatros y a bailes; Quilito +era pobre, pero él iba en coche de lujo y se mostraba en palco todas las +noches. ¿Cómo hacía semejante milagro? Digamos la verdad: a costa de sus +amigos ricos; era un gorrón y nada más, dicho sea sin ofenderle. +Pegajoso con aquellos de quienes podía sacar algo, sabía llegar a la +casa en el momento en que iban a sentarse a la mesa, cansado de los +guisotes de Catalina y los platos criollos de la tía Silda; cuando iban +al teatro, cuando iban al paseo: era un lebrel a caza de invitaciones. +En todas partes estaba, y siempre de _arriba_. Así podía darse ese +barniz de rico, que engañaba a los más y hacía sonreir desdeñosamente a +los _paganos_ y sabedores del secreto, pero que bastaba para la +satisfacción de sus gustos y de sus propósitos, desde que la suerte le +había colocado en posición inferior a la que él tenía derecho a ocupar, +y la sociedad, no su presunción, le exigía cubrir las apariencias. + +Ahora pensaba de qué amigo valerse para ir a Palermo. X*** le había +convidado la víspera a comer en el Café de París; Y***[**] le pagó el +coche y las entradas de las carreras del domingo último; Z*** le llevó a +su palco de la Opera, el lunes. De dos o tres más, había recibido en la +semana iguales o parecidos favores. Quedaba Jacinto Esteven. Con +Jacintito tenía más confianza: cierto es que la butaca de Colón se la +regaló él la noche anterior, pero era su primo y no tenía nada de +particular que ocupara la tarde siguiente su elegante faetón. En +definitiva, el chico de Esteven cargaba con los gastos de representación +de Quilito, comodidad muy grande e inapreciable para el que no tiene en +su presupuesto partida tan importante y necesaria. Quilito pasaba por el +rodrigón de su primo Jacinto, y a él acudía siempre aunque, por +delicadeza, no dejaba de hacerlo también con X***, Y*** Z*** y los demás +de su círculo. Vaya por Jacintito, pues. + +Tenía éste un escritorio de comisiones en la calle Piedad, en una casa +vieja que parecía iba a derrumbarse de vergüenza al ver, a sus lados y a +su frente, edificios nuevos y lujosos, y de mostrar su fachada +desconchada y sus ventanas del año 10 en barrio tan concurrido. Era el +escritorio una pieza reducidísima, tan obscura, que había sido necesario +abrir una claraboya; las paredes cubiertas de un papel de ramos dorados, +que la humedad había deslustrado y dejaba colgar en jirones; sin más +muebles que dos mesas de patas largas, con sus bancos correspondientes, +un sofá y cuatro sillas sueltas; una mampara de pino pintado cubría la +puerta de calle, y al exterior, a ambos lados de esta puerta, se veían +dos planchas de metal, que nunca se limpiaban, con este letrero: +_Esteven y C.ª--Comisionistas_. Adentro, la atmósfera apestaba a +cigarro; el polvo blanqueaba los muebles con espesa capa, sobre la cual +el dedo de algún desocupado se había entretenido en hacer dibujos +estrafalarios, pues allí parecía no haber más plumero que los faldones +de los visitantes y la manga de los escribientes; el suelo, de madera, +estaba esmaltado de puchos, salivazos, fósforos servidos y papeles +rotos. + +Cuando Quilito entró, Jacinto en el sofá leía un periódico, y encaramado +sobre un banco, escribía un joven muy rubio, casi albino, el socio, o la +compañía de que hablaba el letrero. Hijo de inglés y nacido, en el país, +seriote, reservado, un erizo a primera vista y un pedazo de pan en el +trato diario, sobre él gravitaba todo el peso de la razón social; porque +Jacintito no era sino un socio de lujo, que había aportado gran parte +del capital y su apellido conocido, sin dar palotada en lo que tenía +entre manos, pues él sólo entendía de juego y de caballos. Míster Robert +llevaba los libros, trataba con los clientes, discutía transacciones; +era el poder legislativo y ejecutivo del escritorio. El otro tenía sólo +los honores de pantalla: llegaba después de las doce, siempre +soñoliento; oía bostezando la relación que, por mera fórmula, hacía el +_inglés_, plantado en su alto sitial; recorría los periódicos, mientras +venían los amigos... + +--¿A cuánto el oro?--preguntaba. + +Quedábase absorto, como un gran financista abismado en sus cálculos. + +--Qué le parece, míster Robert, las cédulas siguen bajando; esta es la +ocasión de dar el golpe. + +El inglés protestaba de estas especulaciones bursátiles; a pesar de la +angustia que invadía poco a poco la plaza, la casa parecía marchar con +desembarazo, sabiamente guiada por tan prudente piloto. + +--La mejor jugada es no jugar--contestaba. + +No insistía porque, al fin y al cabo, Jacinto iba a la Bolsa de su +cuenta y riesgo, y tenían además las espaldas bien guardadas, pues +detrás de la razón social estaba la robusta fortuna de don Bernardino. + +Antes de la una, salía Jacintito para la Bolsa, después de charlar en el +escritorio con los amigos y discutir con míster Robert. Aquella sesión +de barbilampiños, en que se exponían las más peregrinas teorías +económicas, con la gravedad de padre de la patria, y se barajaban los +millones de pesos como simples naipes, ofrecía especial interés; había +empleadillo de tres al cuarto, que hablaba de hacer una operación de +muchos miles, y niño apenas destetado, que decía con arrogancia que el +Banco acababa de otorgarle fuerte suma con su sola firma; el hermano de +alguien que estaba en el candelero, pellizcándose el bozo incipiente, +brindaba su poderosa influencia, y un _rabonero_ recalcitrante, sin más +haber que las dádivas de su papá, se lamentaba de sus pérdidas en la +última liquidación. Pero el que allí predominaba, por su desfachatez y +su audacia, era Quilito; como su padre estaba empleado en un Ministerio, +y debía conocer al dedillo los secretos políticos, hacíase él sabedor de +noticias gravísimas, que iban a influir de manera formidable sobre la +plaza; ¡ya verían a dónde llegaba el oro! Se lo acababan de decir al +salir del Café de París, con el palillo todavía entre los dientes. +¿Quién? Un personaje que entra y sale en la _Rosada_, como Pedro por su +casa: tal ministro se _apretaba el gorro_, porque el que todo lo puede, +se lo había sumido hasta las orejas. O si no era algo muy feo, +descubierto en cierta repartición, o algo peor atribuído a algún +fantoche de las esferas oficiales. Los otros abrían tamaña boca. Debía +ser cierto, cuando Quilito lo decía. ¿Y si soltaba el trapo a disertar +sobre finanzas? tenía tales trazas de catedrático, que nadie chistaba. + +--¿Qué noticias traes?--le preguntó Jacinto. + +--¡Psh!--hizo Quilito,--lo de siempre, que esto se lo lleva el diablo. + +Echóse el sombrero a la nuca, y saludó con un gesto familiar a míster +Robert. + +--A quien se va a llevar el diablo es a mí--dijo Jacintito estrujando +con rabia el periódico,--¡estoy de un humor! ¡maldito sea o senhor don +Raimundo de Melo Portas e Azevedo! + +--¿Te ha echado otra vez la garra? + +--¿Cómo no? pero la culpa es mía. ¡No le costó poco arrancarle al +_viejo_ los cinco mil nacionales, que debía al pícaro portugués! Si uno +pudiera adivinar las oscilaciones de los valores en la Bolsa... + +Jugó a la alza, cuando ésta se mostraba firme, y de repente la baja se +pronunció, sin saber cómo ni por qué, arrastrando en su caída a muchos +incautos, él entre ellos; quedó deudor de cierta suma, a pagar dentro de +las veinticuatro horas, no se atrevió a acudir al padre, esperando +resarcirse en otra jugada, y para salir del paso valióse del usurero. +Siguió adversa la suerte, y entretanto, llegó el plazo fijado por don +Raimundo; no hubo más remedio que impetrar del viejo la salvación. Le +puso una cara y le echó un sermón de fraile descalzo, pero aflojó la +_mosca_, que era lo esencial; dióle a entender, sin embargo, que aquella +sería la última vez, pues la borrasca se acercaba, y según indicios, iba +a ser muy fuerte y muy pocos los que escaparían de ella. + +--¡Chocheces de viejo!--dijo Quilito con suficiencia:--si te cierra la +bolsa, acudes al Banco, que es el padre común de los fieles. + +--No habrá más remedio... + +Bajó la voz, porque quería contar algo que no convenía oyera el socio, +inclinado sobre el pupitre. El padre le había dicho también, que veía +con sumo disgusto, su amistad con el Varguitas de la otra banda, por la +centésima vez, y cuando en esto estaban, hizo irrupción la madre en el +despacho, y adhirió su protesta a la de don Bernardino, significando que +había observado ciertos paseos y ciertas ojeadas entre Susana y el +primito que le olían a _festejo_ descarado, lo que hizo enfurecer al +padre. Salió Jacinto en defensa del acusado y sostuvo que no había tal +delito, que no podía haberlo, porque él, compañero inseparable, y a +mucha honra, de su primo, tenía que estar enterado, como lo estaba, de +que el otro no pensaba en semejante cosa; pero, la tía Goya, sin dar su +brazo a torcer, llamó a la barra a la supuesta cómplice, y entre todos +se la sometió a minucioso interrogatorio. Susana negó de plano, y el +juicio quedó terminado con esta sentencia inapelable de don Bernardino: + +--¡Ni ahora ni nunca daré mi consentimiento, en el caso desgraciado que +a un hijo mío se le ocurriera unir su nombre al de la familia que nos ha +ofendido! + +--¡Nunca, nunca!--apoyó el fiscal, o sea misia Gregoria. + +Y el abogado defensor, es decir, Jacintito, impugnó la sentencia, +declarándola improcedente, porque no había motivo para dictarla, e +inicua, porque era la sanción de odios que los años debían haber +apagado. En cuanto a la amistad del primo, demostró el propósito de +perseverar en ella... porque no le quitaba a él ningún pedazo, ni le +haría perder casamiento, como aseguraba su madre. + +--Tenía los cinco mil en el bolsillo--concluyó Jacinto,--y bien podía +desahogarme; si todo esto les digo antes, de seguro no me los dan. + +Quilito, muy contrariado, replicó: + +--Sobre el mismo tema me han regalado hoy una sonata destemplada en +casa. ¿Quién será el inventor de esa _zoncera_? Ni yo miro a tu hermana, +ni ella a mí. Además, ninguno de nosotros tiene nada que ver en que +ellos anden como el perro y el gato. + +Cambiando de conversación, preguntó: + +--¿Vas a Palermo? + +--Sí, iremos; a las cuatro viene el faetón. + +--Bueno; ya que te empeñas... + +Abrióse la mampara y entró un hombre, que parecía una figura de cromo: +muy encendido el color, el bigote afeitado, la nariz encorvada, los ojos +pequeños y penetrantes, con un levitón color de café y una chistera +tornasol; era el muy respetable señor don Raimundo de Melo Portas e +Azevedo, de estado casado, de nacionalidad portugués y de profesión +usurero, el ángel protector de empleados impagos y pensionistas +atrasados, el agente de funeraria de toda quiebra, el cuervo voraz de +toda desgracia, el pastor de los hijos de familia descarriados. Entró +haciendo saludos de miope y se sentó sin ceremonia en la primera silla +que encontró, colocando la chistera sobre sus rodillas, después de mirar +y convencerse que no había sitio más apropiado. + +--Ya está usted aquí, señor don Raimundo--dijo Jacintito. + +--Hoy estamos a 26 de mayo--contestó el viejo secamente. + +--Lo sé, lo sé; ¡Dios nos libre de su buena memoria, de su reloj y de su +almanaque! + +Sacó la cartera y le pagó, presentando los billetes con arrogancia; +calóse las gafas el otro, maravillado de tal espectáculo y metió las +narices en ellos, menos por causa de su miopía, que por regalarse el +olfato con su dudoso perfume, que al usurero debe trascender a gloria; y +como quiera que don Raimundo, poco acostumbrado a la puntualidad de sus +clientes, iba preparado a decir cuatro palabras agrias, los oídos +rellenos de algodón para hacerse el sordo a las lamentaciones del deudor +moroso, quedóse desarmado al ver los billetes en su mano, y sonrió, más +de gozo íntimo, que por parecer amable. + +--Me alegro y me felicito--dijo ensayando nuevo saludo;--esto me prueba +que marchamos viento en popa. + +--¡Y tanto!--contestó Jacinto con petulancia. + +Quilito, así que vió aparecer al portugués, sintió cierto desasosiego, y +para ocultarlo, cogió el periódico que tenía cerca y lo colocó delante +de su cara, fingiendo estar entregado a la más interesante lectura; de +vez en cuando, miraba al descuido a don Raimundo, y le parecía tan feo y +repulsivo como aquella vez que tuvo necesidad de sus servicios y se +abocó a él, más muerto que vivo. La punta de la nariz se le movía +entonces, como ahora, y mostraba también sus dientes mellados y los +colmillos saltones, al preguntarle su nombre y el de las personas que +podían servirle de fiador. + +--Sí, Vargas, Vargas--decía mascullando las palabras,--empleado con +ochenta nacionales... esto no basta. ¿No tiene usted un pariente o amigo +de representación?... + +Y Quilito echó mano al clavo ardiendo, largando el nombre de su tío, don +Bernardino Esteven. + +--Eso es otra cosa--exclamó el usurero;--conozco mucho al señor Esteven; +cuente usted, mi amigo, con la cantidad pedida. + +--Espero que no hablará usted a mi tío, ni a nadie, de este asunto. + +--Sólo a plazo vencido y letra protestada--contestó don Raimundo +levantando un dedo, lo que al muchacho se le antojó terrible signo de +amenaza. + +Todavía el plazo no había vencido, faltaba un mes, pero la suerte le +trataba tan mal que pensaba con terror ver llegar el 22 de junio, sin un +centavo que ofrecer a aquella fiera de los colmillos saltones. ¿Le +habría conocido? Era tan corto de vista... Inquieto, sin embargo, se +levantó y fué a hablar con míster Robert, procurando dar la espalda; +ambos se enredaron en una discusión política de tono muy subido. + +--Si aquí no hay opinión, ni energía, ni principios, ni nada, ni quien +se levante y se ponga en frente del gobierno. Nos hace falta un hombre, +como a Diógenes, míster Robert. + +--Lo que hace falta es no vivir al día, y gastar menos de lo que se +tiene; no arrastrar coche cuando el puchero escasea, y confiar el +porvenir al trabajo honrado y no al azar del juego. + +--Diríase que es usted _situacionista_. + +--No lo fuí nunca y menos lo sería ahora. + +--Pero no me negará usted que aquí todo se vuelve hablar y nada entre +dos platos. Luego, el ministro de Hacienda... + +--¡Si todos fueran como usted!--decía don Raimundo guardando enternecido +los billetes en el bolsillo interior de su levitón;--se está poniendo la +plaza de tal modo, que no sabe uno ya con quién trata. + +--Ya tendrá usted sus quebraderos de cabeza--insinuó Jacinto,--y qué +gastar muchas botas y cansar mucho las piernas. + +--¡Ay, ay, ay! le citaré a usted un caso, uno de los mil que me han +ocurrido, de los cien mil que van a ocurrirme; usted conoce a S***, +¿verdad? un hombre que se ha improvisado millonario, politiquero de viso +y jugador de muñeca, que vino de su provincia _cantando_ y ahora hace +bailar los títeres a su antojo... Pues no puede pagarme los veinte mil +pesos que me debe y que en un momento de apuro le presté a escaso +interés, créalo usted, a muy escaso interés. Y S*** es un hombre que +tiene todos los Bancos a su disposición, pero está de tal modo metido en +negocios y comprometido, que para vestir un santo tiene que desnudar a +otro. Y si esto sucede con los pájaros gordos, ¿qué no ha de suceder con +esos _chingolos_, que la enfermedad de la época ha contaminado, pichones +caídos del nido y desplumados? Pero, señor, si aquí todos estamos locos +o poco menos; la pasión del juego de Bolsa se ha desarrollado en forma +tan alarmante, que hasta mi señora, Belarmina, una excelente mujer que +no ha hecho otra cosa en su vida que espumar el cocido y pegarme los +botones, ha echado también su cuarto a espadas, y hoy mi cocinera me ha +preguntado, con mucho interés, si las cédulas tales subían o bajaban. Mi +hijo, que tiene ocho años, me ha declarado que él será corredor de +Bolsa, para ganar mucho, mucho dinero, cuando salga del +colegio.--Siquiera tuviera quince años--dijo la madre.--Por mí le +habilito la edad--contesté;--para ser corredor más que inteligencia, +necesita buenas piernas. En fin, sería el cuento de nunca acabar: el +sebo de una fácil ganancia ha engatusado a muchos, y con el afán del +lucro se han metido a ojos cerrados en el pantano, y ya han perdido pie +y empiezan a hundirse; el liquidar de cuentas será un rechinar de +dientes. + +--Así tuviéramos buen gobierno--decía Quilito. + +--Pero si no sabemos gobernarnos nosotros mismos, ¿cómo hemos de +gobernar al país?--replicaba el inglés descargando golpes con la regla +sobre el pupitre;--lo que yo siento, es que aquí vamos a pagar justos +por pecadores. + +En la calle el rumor de vehículos y transeuntes ensordecía; los +muchachos pregonaban a grito herido los periódicos de la tarde. + +--¿Y su papá de usted?--preguntó don Raimundo bajando la voz,--¿qué tal +le va en medio de esta marejada? Me habían dicho que tuvo pérdidas de +consideración el último mes y que dos _quebrados_ le dejaron clavado. + +--_¡Macanas!_--respondió Jacintito con desprecio;--el viejo sabe lo que +se hace. + +--Muchas veces por saber demasiado, se yerra peor, mi amigo. + +Le miraba a través de sus gafas con insistencia: el chico debía estar en +el secreto de la verdadera situación de su padre, porque ésta no puede +ocultarse en el hogar; si los cimientos de la fortuna de Esteven seguían +inconmovibles, ¿por qué le había buscado a él, don Raimundo? Cuando se +acordaba de que existían prestamistas, es que iba a pedir lo que quizá +en aquel momento no tenía... Sus pérdidas recientes en la Bolsa y su +visita, sin resultado, porque no le encontró. Don Raimundo ataba estos +cabos. + +Jacintito miró el reloj y dijo que se marchaba a la Bolsa. ¡Aquel era el +gran día! Su corredor le esperaba después de la primera rueda; si la +baja se acentuaba, la operación se realizaría con una no despreciable +ganancia. No había de hacer siempre el perdidoso... + +--Pues vamos allá, a ver si logro pescar algunos clientes, que se me +escurren como anguilas. + +Levantóse el señor de Melo Portas e Azevedo, cubrió su calva con la +chistera tornasol y se dirigió a la puerta, después de saludar a derecha +e izquierda. + +--¿No vienes?--preguntó a su primo, Jacintito. + +--Te espero--respondió Quilito sin volverse. + +Cuando el joven y el prestamista salieron, un sol radiante iluminaba la +ciudad; eran las dos y un hacinamiento de carros, carruajes, caballos y +transeuntes obstruía la calle y las aceras, con zumbido colosal de +colmena entregada al pillaje. El tranvía, inmóvil, pedía con estridente +toque de corneta paso franco, mientras un grupo de desocupados rodeaba +al caballo de un vehículo, caído en mitad de la vía, bajo el peso de su +carga y de sus largos servicios; entre el vigilante, el carrero y el +mayoral, había ruda porfía a quién gastaba más ajos y cebollas, para +dejar bien sentado su derecho y su cultura: el vigilante, un chinazo de +pera, los ojos atravesados, el kepis sobre la oreja, usando de malos +modos y peores palabras; el carrero, un criollo pura sangre, de +chambergo ladeado y pañuelo al cuello, y el mayoral, un _compadrito_ de +melena, dandy echado a perder, contoneando las caderas a compás. Y +mientras estos tres oradores de plazuela desfogaban su elocuencia, en +medio de las risotadas del auditorio, yacía el triste animal sin +movimiento, la noble cabeza cogida bajo las varas del carro, echando en +cada resoplido espumarajos sanguinolentos. Pasaban lujosos equipajes, +camino de Palermo; en la calle, demasiado estrecha, no había espacio +para todos: al lado de elegante _victoria_, marchaba enorme carromato, +cargado de cajones, o de pipas o de sacos, dando tumbos en los baches +del empedrado, con espantoso chirriar de ruedas; se encabritaban los +caballos, juraban los cocheros, y había linda cabeza que se asomaba a la +portezuela, con inquietud o impaciencia. Por la acera, las gentes +andaban de prisa, no como personas que se pasean y a quienes la hora +poco importa; cada cual con rumbo fijo, al grano de sus negocios, +contando los pasos y los minutos. Y sobre todo aquel rumor de océano +encrespado, resonaba el grito de los vendedores ambulantes y el toque de +corneta del tranvía, que parecía la llamada pavorosa del juicio final. + +--¡Que vengan después a decirnos que estamos en crisis!--exclamó don +Raimundo;--mire usted, amigo Esteven, el movimiento y la vida de esta +ciudad populosa y rica; todos parecen nadar en la opulencia y llevan +cara de satisfacción. Allí va la mujer de S***, el fantasmón de quien le +hablaba hace poco: fíjese en su tren de princesa; entretanto, el marido +no paga a nadie. Y así muchas y muchos. Pero de esto no tiene la culpa +el país, cuya prosperidad no puede sufrir eclipse sino momentáneo, para +volver a brillar con nuevo y poderoso resplandor. La crisis que aquí +tenemos, amigo Esteven, es de sentido común. + +Siguió filosofando a sus anchas, desatada su lengua y animada su +imaginación por la pesca de los cinco mil. Pasó en revista las causas de +la crisis y discutió sus efectos, con cifras y con datos, mientras daba +a las alas de su nariz aquel movimiento de bomba aspirante, que tanto +chocaba a Quilito. Jacinto, tirando nerviosamente de su patillita rala, +pensaba que aquel hombre se ponía muy fastidioso, cuando tomaba la +palabra; contestaba con signos afirmativos a las disquisiciones del +portugués, reservando su opinión para no caer en la polémica. Pero el +otro no callaba; volvió a la carga sobre aquello de los pájaros gordos, +que parecían repletos y sin embargo iban a pedirle un poco de alpiste, +bajo secreto de confesión... Jacinto no chistó. + +--O no hay nada, o no sabe nada--se dijo don Raimundo. + +Entretanto, en el escritorio, Quilito se aburría. Agotada la discusión +política, míster Robert reanudó sus anotaciones en el libro mayor, y el +joven fué a sentarse en el sofá, donde encendió un cigarro y se puso a +leer de nuevo la carta de su prima. Pero esta vez, las palabritas +dulces, no le hacían ningún efecto; sin concluirla la guardó, y quedóse +cavilando sobre la relación de Jacinto, desalentado ante la gravedad de +la lucha; él iba a la conquista de la felicidad y de la fortuna, al +asalto, al escalamiento, como tanto guerrero intrépido de la época. ¿Por +qué no había de hacerse rico, por un golpe audaz de la suerte? Entonces, +seguramente que don Bernardino no haría ascos a su candidatura, y las +diferencias de familia quedarían olvidadas. Miraba a míster Robert y se +encogía de hombros con lástima. No, no se vería él en ese espejo. Allí +estaba de la mañana casi hasta la noche, la espalda encorvada, los dedos +agarrotados sobre el lapicero, sentado en el banco de patas largas, sin +descanso, sin distracción, esclavo del trabajo, prisionero del deber; y +así todos los días, todos los días... hasta que la enfermedad le clavase +en el lecho, la vejez le baldara o le sorprendiera la muerte. +Entretanto, habría pasado los mejores años de su vida sin gozarlos, +dejando para otros el fruto de lo que él sembrara... + +Un doctorcito, de estos que apenas salen de las aulas, ya se presentan +candidatos a todos los puestos vacantes de importancia, sin más títulos +que su título y sin más bagaje científico que los atracones, a fin de +curso, de textos sin digerir, y así hacen de jueces y diputados, como +juegan los niños haciendo de generales y de obispos, entró con mucho +sonar de botas nuevas, preguntando dónde estaba Jacintito. + +--Hace una hora que le busco, porque mi corredor me dice que las +acciones siguen bajando y ya es tiempo de largarlas. + +Decía mi corredor, como diría mi zapatero. + +Quilito contestó: + +--En la Bolsa le encontrarás. + +Y cuando el otro salía, acompañado del chasquido de sus suelas, le +asestó esta cuchufleta: + +--¿Y qué tal la diputación? ¿te _nombran_; quiero decir, te eligen, por +fin? + +Reíase del flamante doctor, aunque con secreta envidia. Todavía no había +alcanzado él la suspirada borla, pero se consolaba, porque él tenía +también _su_ corredor. + +Pasaba el tiempo. Míster Robert escribía imperturbable, abstraído en su +tarea, como si estuviera solo. Quilito tiró el cigarro y se acostó en el +sofá, bostezando. Cerró los ojos, decidido a esperar la vuelta del primo +durmiendo, porque la compañía del inglés, a quien nadie arrancaba de sus +libros, era más soporífera que una infusión de opio. La mampara volvió a +abrirse, y apareció primero una chistera descomunal, luego una cara de +muñeco llorón y por último un cuerpecito ataviado de larga levita, y +botas altas, que todo él hubiera cabido, como en una funda, dentro del +sombrero de copa; era el lacayo de Jacinto, que traía el faetón. Quilito +saltó del sofá y fué a la puerta a ver el carruaje. ¡Qué corte más +elegante tenía y cómo deslumbraban su caja y los rayos de las ruedas! el +caballo, un alazán hermosísimo, tascaba el freno, impaciente, moviendo +sus piernas finas y nerviosas. + +--¿No has visto al niño?--preguntó Quilito al lacayo. + +El chico contestó que no, ajustándose el sombrero, que parecía venirle +algo grande. + +--Mira que concluirá por cubrirte del todo--dijo el joven riendo. + +Por fin llegó Jacinto, cariacontecido y de mal humor. + +--No he podido hacer la operación--exclamó con un juramento. + +--Lo dejas para mañana, hombre, ¿qué apuro tienes? + +Jacinto entró en el escritorio, vió a míster Robert trabajando siempre, +y no queriendo interrumpirle, salió y dijo a Quilito: + +--¡Vamos a Palermo! + +Subieron ambos en el faetón, colocóse detrás el lacayito, empuñó Jacinto +las riendas y al ligero latigazo, arrancó el alazán gallardamente. + +Y entonces, vínole a la memoria a Quilito la frase de su tía aquella +mañana: + +--¡Por este camino, hijo mío, no llegarás a ser sino un segundo Agapo en +la familia! + + + + +IV + + +A las cinco y media, cuando ya no se veía en el escritorio, míster +Robert cerró su libro; la claraboya dejaba caer una luz mortecina, que +embrollaba los números sobre el papel, simulando extraña danza de +esqueletos, y no era posible continuar el trabajo. A veces, cuando la +urgencia del asunto lo requería, encendía el gas y seguía en su tarea, +sin preocuparse de la hora, ni de la que marcara su estómago, mientras +su aristocrático socio faroleaba en Palermo, descuidado. No salía, sin +dejarlo todo en orden, cada cosa en su sitio de costumbre: la pluma, muy +limpia, envuelta en el mismo pedacito de tela negra, que trajo el primer +día; la chaqueta de casa, en el segundo clavo de la percha del fondo; el +lápiz, la regla y el lacre en el cajón del centro de su mesa, objetos +todos que cuidaba con cariñoso esmero, como dóciles compañeros de la +labor diaria. Así resplandecía el sitio que él ocupaba de sorprendente +limpieza, en medio del desorden y la dejadez del resto de la habitación; +al principio, quiso imponer sus hábitos morigerados, asignando su puesto +a cada objeto y haciendo que la escoba y el plumero desempeñaran el +papel que aconseja y manda la higiene; pero aquello fué lo mismo que +pretender aplicar la regla de San Benito a una tropa de reclutas. +Jacintito tenía convertido el escritorio en club familiar, y allí se +charlaba y fumaba, como se jugaba al box y al palo, y en momentos de +amistosa expansión volaban los libros, cual si tuvieran alas; todo lo +cual contribuía a darle el aspecto de sala de escuela, manchado de tinta +el suelo y garabateadas las paredes por los muchachos revoltosos. Míster +Robert creyó poner un dique a la invasión, ordenando su mesa y los avíos +de escribir con la minuciosidad femenina que le caracterizaba, mas no +logró escapar a sus efectos: su querida pluma, cuyo rum-rum le era tan +grato, abandonaba a lo mejor el lecho de cartón y el cobertor de lana, +que tan bien sabía prepararle, y salía a recorrer las otras mesas, +volviendo de estas calaveradas maltrecha y sin barbas; parecidas +excursiones hacían el lápiz, que llegaba despuntado; el secante, que +traía perfiles grotescos, y la regla, con más porrazos que cabeza de +turco. Puso entonces todo bajo llave, pero asimismo no le dejaban +tranquilo: ya era Jacintito, que le pedía papel y lo borroneaba o pluma +y la echaba a perder; ya el escribientillo que tenían, cagatinta con +aires de ministro, de onda sobre la frente, que escribía a fuerza de +raspador y de sandáraca, quien no sabía resistir ante la roja barra de +lacre o el paquete de sobres, liado en su elegante cinturón de colores. +A pesar de su carácter blando, el _inglés_ tenía sus cuartos de hora de +mal humor, y nada le incomodaba más que encontrar una cosa fuera de su +sitio, o no encontrarla en ninguna parte: entrecerrando sus ojos de +albino, como un murciélago a quien daña la luz, se revolvía en su banco +de patas largas, buscando en los cajones, palpando sobre la mesa; +convencido de la inutilidad de sus pesquisas, miraba al escribiente, +como si quisiera devorarle, pero no decía nada, porque guardaba sus +sentimientos y sus pasiones bajo la llave de la reflexión, tan bien, +como los objetos de su escritorio. + +Con Jacinto no se llevaba mal, y con esto queda dicho que, si sus +relaciones no eran cordiales, tampoco estaban a matar. Para un hombre +tan metódico como míster Robert, que tenía clasificadas las horas del +día y llevaba el _debe_ y _haber_ de su vida, con la misma +escrupulosidad que el libro mayor de la casa, el carácter inconsistente +de su socio, aquella falta de instrucción y de juicio, que denotaba en +sus actos y en sus palabras, no podía inspirarle confianza ni simpatía. +La ley de la necesidad le obligaba, sin embargo, a soportar compañía tan +incómoda, pues el otro representaba la fuerza bruta, es decir, el +capital, y él no traía sino la inteligencia y el trabajo, que no +alcanzan en plaza cotización alguna, menos cuando van refrendados por la +firma del favoritismo. + +Míster Robert no concurría a cafés ni a teatros; su distracción única, +suprema, que saboreaba con el deleite de un goloso, era su familia: la +mujer, un ángel; el hijo, otro ángel, y el padre, viejo patriarca de +Irlanda, más católico que el Papa y de una honradez a toda prueba; de +esos caracteres que ya no se estilan y que, temerosos, se esconden en +el santuario del hogar, como prenda pasada de moda, para no exponerse a +la irrisión del público. Tal como llega al nido la paloma amorosa, +trayendo en el pico el alimento para su prole, las alas fatigadas, pero +satisfecha de no haber perdido el viaje, así entraba en su casa míster +Robert cada noche; besaba a su mujer, a su hijo y a su padre, ya +octogenario y medio baldado, y se sentaba sonriente, mientras la sopera +humeaba sobre la mesa. ¿Qué había de ir él buscando fuera, si el amor y +la felicidad le hacían compañía? + +Salió del escritorio, cerrando la puerta con el llavín, que guardó, y se +fué por la acera de la izquierda, que seguía siempre con lluvia o con +buen tiempo, a tomar el tranvía en la esquina de la Catedral. Al pie del +farol, recorría los diarios de la tarde, espiando la aparición, del lado +del río, de la luz verde, azul o roja del vehículo; el frío y la humedad +le incomodaban, e impaciente por la tardanza, se paseaba por el atrio +solitario, como galán que espera: el rumor inmenso de la ciudad se había +apagado, las luces palidecían en medio de la neblina, las vidrieras de +los escaparates sudaban de frío, las palmeras tísicas de la plaza se +quejaban... Andando, míster Robert pasó la esquina de Reconquista y +llegó hasta la Bolsa, en su afán de salir al encuentro del tranvía, +creyendo así alcanzarle más pronto. + +¡Qué triste y silencioso estaba el edificio, que en el día rebosa de +animación y de gente! Las puertas cerradas, las bombas de gas apagadas, +las banderas, con que se engalanara la víspera, enrolladas al asta por +el viento, todo envuelto en la niebla, como en un sudario. Ahí estaba, +en la actitud de fiera que reposa, bien nutrida de vidas y de honras; +los lamentos de las víctimas no se oían, pero quizá, aplicando el oído, +se escuchara la voz doliente de los desgraciados, que la loca ambición +sacrificara. Semejante a aquel palacio de los cuentos, en el cual se +entraba por una puerta riendo y salíase por la otra llorando; ¡cuántos y +cuántos habrían penetrado en el fatal recinto, con la sonrisa de la +esperanza en los labios, y salido con las lágrimas del desengaño en los +ojos! Picados todos por la tarántula del lucro fácil, vienen, en danza +infernal, a ofrecer sus dádivas al monstruo: uno, el pan suyo de cada +día; otro, el blanco cordero de sus ilusiones; aquél, su crédito; éste, +su nombre, el porvenir, la vida... Todo lo devora la fiera hambrienta. +Las filas se clarean; pero, como en las batallas, los que vienen detrás +ocupan el sitio de los caídos y el asalto a la fortaleza de la fortuna +se renueva, con más vigor en cada acometida. Sigilosamente, tiende el +trabajo su escala al primer baluarte, y va subiendo peldaño a peldaño, +regando el camino con el sudor de su frente, y llega y se reposa y mira +todo aquel estruendo y aquel chocar de pasiones, que bulle en su +derredor, como mar agitado por la tormenta; cobra nuevos alientos, y +sube y sube, siempre peldaño a peldaño... a veces, flaquean las fuerzas, +se detiene, vacila, cae... pero, agarrado a la escala, recobra pronto el +equilibrio y vuelve a subir penosamente. Mira hacia arriba, y le espanta +el camino que aun falta; mira hacia abajo, y le asusta el espectáculo +del combate. Y mientras el trabajo recorre el áspero camino paso a paso, +ya animoso, ya desfallecido, hay afortunado que, de un golpe de ala, +llega a la cima, y desde lo alto ríe desdeñosamente de aquel que +pretende subir arrastrándose como la culebra, y le apostrofa y le +insulta. Torna el otro a mirar hacia arriba y ve con desconsuelo, que +hay quien sube con alas que a él le negaron y que la ansiada meta no la +tocará él con sus manos callosas, sino a costa de esfuerzos supremos. +¿Por qué no mejor dejarse caer y abandonar la empresa? Se reanima, y +sigue subiendo, siempre peldaño a peldaño, en tanto que la cima va +coronándose de vencedores. Y llega él también, fatigado, enfermo, +moribundo casi, y se sienta en la altura a descansar, satisfecho del +triunfo... Mas he aquí, que se oye un gran estruendo y la fortaleza se +derrumba, falta de cimientos, arrastrando a los que subieron con alas y +al que subió paso a paso. ¡Y en el campo de la catástrofe, la fiera +escarba y se ceba! + +De pie en la acera, meditabundo, enfrente del silencioso edificio, +míster Robert pensaba que no es otro el destino del trabajo honrado, en +lucha abierta con el agio: el interés los une en apretada cadena, y es +tal la solidez de sus eslabones, y tal el engranaje de la máquina, que +el que cae, arrastra a los demás que le siguen, envolviendo a todos en +la propia ruina. ¿Y las fatigas y los desvelos del que sembró su +semilla, cuidó su germinación, se recreó en la florescencia y se preparó +a recoger el fruto apetecido? ¡Quién sabe! él era de los que van poco a +poco, por la recta de la honradez, enemigo de las curvas del +mercantilismo, y quizá en el nublado que se aproximaba, cayera también, +víctima inocente de ajenos errores. ¿Qué sería entonces de su pobre +familia? ¿sembraría nueva semilla, sin temor de que las bestias del +vecino pisotearan su sembrado y le arruinaran una vez más? + +Había caído en dos ocasiones: la primera, por manipulaciones de un socio +desordenado; la segunda, por manejos de un corredor desleal, y en ambas +tuvo que responder con su capital y sus ahorros de la impericia y de la +mala fe ajenas. ¡Horas más amargas, no las recordaba en su vida! Su +casamiento postergado, su porvenir obscurecido, decaído el ánimo... Y +volvió al trabajo, con rabioso tesón, dispuesto a llegar o a perecer. +Divisaba ya la tierra prometida, cuando nuevo golpe le sume otra vez en +la desgracia, y otra vez encuentra fuerzas para rehacerse, y llega y +realiza todo su programa de felicidad. Pero entonces luchaba solo, no +arriesgando sino el propio bienestar, mas ahora, que tenía seres débiles +y queridos que proteger... Cual otro Sisifo, subía por tercera vez la +montaña, con el peso de su honradez sobre los hombros, expuesto a la +acometida del agio, que le acechaba y le echaría a rodar al menor +descuido. Y bien, si era vencido, no había de ser sin una feroz +resistencia, sin luchar cuerpo a cuerpo con el odiado enemigo y tratar +de ahogarle entre sus brazos robustos. + +La niebla se hacía más espesa y la fachada de la Bolsa adquiría extraño +aspecto, detrás de aquella cortina de tules; míster Robert creía ver en +los huecos de las columnas, en el borde de las cornisas y sobre el +marco de puertas y ventanas, urnas cinerarias y fúnebres inscripciones, +antorchas volcadas y figuras de buhos solitarios, el conjunto, en fin, +de las tristes alegorías de los comenterios. Llegaba a leer el _aquí +yace_ fatal y deletreaba nombres; entre éstos el suyo. Antojábasele el +edificio, inmenso panteón de vivos. + +Las puertas se abrían sin ruido y veíanse luces amarillas y nichos que +se descubrían por sí solos y tumbas que se destapaban, y allá en el +fondo una mesa, sobre la mesa una bandeja y sobre la bandeja monedas +apiladas; un juego de dados muy cerca, y de pie, al lado de ella, una +figura enmascarada, que bien podía ser Mercurio, a juzgar por el pie +alado, que trataba de disimular bajo la vestidura que le servía de +disfraz. Y de cada nicho y de cada tumba salían sombras que, en correcta +formación, avanzaban hasta la mesa, cada una con un bolsillo de oro en +la mano, y en llegando arrojaban el bolsillo, al mismo tiempo que la +figura enmascarada volvía los dados. Una voz siniestra cantaba los +números, y a cada cifra, que repercutía lúgubremente bajo las bóvedas, +se desprendía una sombra de la mesa, abandonando sobre la bandeja el +bolsillo. Luego volvían con otro y más tarde con otro, y el oro se +amontonaba de manera tal, que tocaba al techo en soberbia columna de +tentadores chispazos. Y los dados seguían bailando y cantando la voz +siniestra. De repente, escuchóse un gran rumor y estallaron, como trueno +formidable, las lamentaciones de las sombras; dando ayes dolorosos, se +apartaban de la mesa, volvían a sus nichos y a sus tumbas, y +registraban los cuatro rincones, buscando una moneda más que arrojar en +la bandeja; las que tropezaban con ella, corrían a ofrecerla a la figura +enmascarada, quien, de una vuelta de dados, hacíala desaparecer; las que +nada encontraban, gemían, la cara contra la tierra. Bien pronto, no se +oyó sino el concierto colosal de quejas, que la mala suerte arrancaba a +los perdidosos; los dados quedaron quietos y la voz siniestra se apagó. +Tímidamente, acercóse una sombra y echó sobre la mesa algo que brillaba +como diamantes. + +--Aquí traigo las lágrimas de mi esposa--dijo,--tómelas usted el peso y +aprecie bien los quilates. + +Otra trajo el corazón de su madre, diciendo: + +--Es de oro macizo. + +Dos llegaron, entregando la primera un escudo y la otra una lanza. Esta +dijo: + +--Doy a usted mi nombre; no tiene mella. + +La del escudo dijo: + +--Entrego a usted mi crédito; no lleva abolladura. + +Con arrogancia, una quitó de sus hombros el manto y lo arrojó sobre el +tapete, diciendo: + +--Ahí va mi honra; no tiene tacha. + +Otra, que aparecía encorvada por el pesar o por los años, trajo costosa +joya, manchada de sangre. + +--Aquí tiene usted la felicidad de mi hogar--dijo;--esas manchas salen +con oro derretido. + +Fueron así todas ofreciendo lo poco que tenían, lo único que les +quedaba; y cuando la última vuelta de dados faltaba que dar, apareció +una sombra más pequeña que las otras, con toda la cara y todas las +trazas de Jacintito Esteven, trayendo un ave desplumada y malherida, y +presentándola, dijo: + +--Este es el trabajo; ábrale usted el vientre y encontrará dentro huevos +de oro... + +Aquella fantasmagoría desapareció; el telón de niebla cayó sobre la +fachada de la Bolsa, y quedaron ocultas las figuras del sombrío drama, +que la imaginación del comerciante acababa de hacer representar. Míster +Robert levantó su brazo, cual si lanzara un anatema, y exclamó: + +--¡Garito amparado por las leyes, ladrón de haciendas, yo te maldigo! + +Venía el tranvía, el suyo, con su luz roja brillando, como un ojo de +fuego, en medio de la neblina; míster Robert se metió en él, transido de +frío. El reloj del Cabildo daba las seis. + +Era la hora ordinaria de su regreso al hogar, en invierno, porque en +verano no lo hacía hasta después de las siete. Al escritorio llegaba +siempre a mediodía; el mismo tranvía le dejaba en la esquina de la +Catedral. De ida y de vuelta, irremediablemente, tenía que pasar por +delante de la Bolsa, y no lo hacía sin arrojarle una mirada de odio, tal +era la ojeriza que sentía por aquella institución, no por lo que ella +representaba, sino por lo que era al presente, convertida en mercado de +especulaciones vergonzosas. Pasaba sin querer detenerse, contemplando +con lástima a los que penetraban en el sitio maldito, viejos y jóvenes, +espoleados todos por la misma idea de crear fortuna sobre base de arena; +mirábales al rostro y sorprendíale la palidez intensa, la mirada +inquieta, el respirar anheloso, de los que corren tras una quimera, como +tras la mariposa un niño, y a intervalos, ya ponen sobre ella la mano, +como la retiran desengañados, se agitan, se revuelven y consumen en +estériles esfuerzos. El, entretanto, iba a su trabajo con la +tranquilidad del hombre que todo lo espera de su propia iniciativa y no +de una vuelta de dados, sólo con el cuidado del que lleva un pedazo de +pan y trata de defenderlo de los canes famélicos que le siguen. + +A la hora en que míster Robert pasaba para el escritorio y desde esa +hora en adelante, todos los días hábiles, es tal la afluencia de gente +en la Bolsa, que diríase ermita de santo milagroso en día de romería. +Por ambas puertas, porque tiene dos entradas, y es por eso tan difícil +de guardar, llegan, salen, se tropiezan, se codean los neófitos y los +iniciados en el culto del sagrado becerro, que van a prosternarse ante +el ara y a consultar el oráculo; no da éste a conocer sus sentencias por +medio de epiléptica pitonisa, sentada en su trípode y acompañada de +truenos y relámpagos, sino por modesto civil que, tiza en mano, las +traduce fielmente sobre negro pizarrón, y son escuchadas con avidez y +recogidas y transmitidas de los que salen, a los que entran, de éstos a +los que llegan después y de los últimos que se retiran, a la ciudad +inmensa, que espera anhelante, como si de la cotización bursátil +dependieran su bienestar y su porvenir, y se regocija o alarma, +alternativamente. + +La fila de _tílburis_ se estaciona a lo largo de la ancha acera; de +cada uno baja ligeramente el corredor, abandonando las riendas en manos +del lacayo, sube aprisa la escalinata y se pierde en el grupo numeroso +del pórtico. A bocanadas sale a la calle el rumor de adentro, y arrecia +por instantes la agitación y el vocerío; una sola pregunta rueda en +todos los labios: ¿A cuánto el oro? Se hacen comentarios sobre las +contingencias que pueden ofrecer las operaciones realizadas, se discuten +las noticias políticas y se habla de las bajas que la crisis produce. El +sol cae a plomo sobre la gran plaza, y los chicos de los _tílburis_ +dormitan, aburridos. Sale a paso de carga el corredor que acaba de +entrar y se aleja en el ligero vehículo; va preocupado, el ceño +fruncido, con el aire de un diplomático encargado de la resolución de +arduo asunto; a poco vuelve, y cinco minutos después está otra vez en la +calle. Tal entrar y salir de gentes apresuradas, tanto secreteo en los +rincones, la inquietud que en los semblantes se retrata, todo hace creer +al transeunte curioso que en aquella casa tan grande, que quiere ser +palacio, hay un enfermo grave que se muere por momentos. Por eso, las +consultas de médicos se multiplican y aparecen los parientes y amigos +contristados. + +De los primeros en llegar era el insigne portugués don Raimundo, después +de dar una regular batida por las aceras del Cabildo y del Palacio de +Gobierno, tarea que llevaba a cabo con el arte de un consumado +polizonte; llegaba malhumorado, porque él decía repugnarle en extremo +esta caza cotidiana al deudor olvidadizo, verse obligado a acechar a +cada uno, correr detrás, cogerle por los faldones y recordarle por la +centésima vez, por la milésima vez que en tal fecha le hizo tal +préstamo, y esto todos los días, y siempre sin resultado. No entraba +inmediatamente, sino que se quedaba en el pórtico viendo el desfile, +caladas las gafas y sonriendo a unos y a otros. ¡Señor don Raimundo, +aquí! ¡Señor don Raimundo, allá! Era alguien que le reconocía o alguien +que le necesitaba. Charlaba con todos, pedía informes y daba noticias, y +a lo mejor se escurría, rodeaba la manzana e iba a apostarse en la +puerta de la calle Piedad. + +--Entre usted, amigo don Raimundo--le decían. + +--Luego, luego--contestaba,--es la hora de levantar la caza y no quiero +asustarla. + +De allí marchaba de nuevo al Palacio de Gobierno y otra vez al Cabildo, +para volver a ponerse de facción en la Bolsa. + +--¿Ha visto usted a S***?--preguntaba. + +--Acaba de entrar. + +Seguía el rastro de S***, como perro perdiguero, y no lo abandonaba +hasta no dar con él, empresa tanto más difícil, cuanto que las dos +opuestas salidas del edificio son obstáculo no pequeño para toda +vigilancia; a pesar de su acentuada miopía, iba directamente tras la +pista, de tal manera, que diríase era el olfato y no la vista que le +guiaba. Veíasele atravesar la plaza, agitando los faldones de su levitón +color de café, pasar bajo la arquería de la Recova, perderse entre el +hormiguero de la acera y al cabo de corto rato reaparecer, por el lado +contrario, la chistera en la mano y secándose la frente y la calva con +el pañuelo. Concluída la requisa, entraba tranquilamente en el sagrado +recinto, y como era así tan locuaz y francote, tenía su círculo que le +festejaba; mas, ocurría a veces con él lo que con aquella gata doncella +de la fábula, que, en viendo un ratón, le corría detrás, olvidando su +nuevo papel y su alto rango: alguien pasaba junto al grupo, en que don +Raimundo peroraba con su grandilocuencia de costumbre, veíale el orador +y allí mismo se dejaba su discurso y su público, para correr en pos del +otro y echarle el guante sin más trámite. Luego volvía, y con +naturalidad pasmosa tomaba el hilo de la oración, donde la había dejado: + +--Pues bien, señores, sucedió que... + +A pesar del cargo que ejercía, que es en el comercio lo que el verdugo +en la justicia, no puede decirse que fuera un mal hombre mi don +Raimundo: tenía sus escrúpulos de conciencia, sus asomos de caridad y +más fama de blando y misericordioso, que de inexorable y de cruel; +aunque esto quizá dependa de la manera en que él, ejecutor de la ley de +la necesidad, se conducía con el mísero sentenciado, pidiéndole perdón +antes de apretar el nudo de la garganta, porque la forma suele salvar el +principio. + +Hay que aclarar esto de los escrúpulos de conciencia del insigne +portugués: con ello ha querido decirse, que no era capaz de cometer un +robo en despoblado, ni de llevar a cabo, ostensiblemente, acción alguna +de las que pena el código; pero realizaba sin ambages negocitos de doble +fondo y a tan delicada y lucrativa faena dedicaba todo su tiempo, toda +su inteligencia y todas sus uñas. Apoderarse del caudal del prójimo, es +un robo; sisar del tesoro público, no lo es. El que cae en aquel pecado, +pierde la estimación y la libertad; el que mete mano en las arcas +fiscales, gana posición y renombre. Don Raimundo, pues, la metía hasta +el codo sin miramientos, y procuraba acercarse del lado que más +calentaba el sol, tras del servicio por proveer, tierras que liquidar o +concesión que acordar. Así tenía, a más del producto de sus préstamos +usurarios, la renta fabulosa que sacaba sin repugnancia del estercolero +de los negocios sucios. En cuanto a su caridad, practicaba la de su +conveniencia, y nada más. + +Cualquiera dirá, enterado de estos datos, que, siendo don Raimundo un +tipo moral despreciable, era un tipo social despreciado. Pues, ¡no, +señor! Don Raimundo de Melo Portas e Azevedo era un hombre a quien se +agasajaba y mimaba, como puede serlo, y en realidad no lo es, el varón +de grandes y positivos méritos. La ola de la emigración europea, entre +lo bueno y lo malo que periódicamente nos aporta, había arrojado a +nuestras playas este digno ejemplar de la familia de los natobdélidos, +honorable agrupación zoológica a la que da tono y carácter la +sanguijuela; la prodigiosa bondad del suelo y del ambiente contribuyó a +su rápido desarrollo. + +Es indudable que don Raimundo tenía talento, no esa facultad creadora +que da vida al libro, a la estatua, al cuadro, y que tan bajo se cotiza +en el mercado social, sino ese sexto sentido indispensable para andar +suelto, sin peligro, por los vericuetos del mundo, y se llama sentido +práctico, el _savoir vivre_ de los franceses, y consiste en buscarle la +vuelta, como quien dice, a las cosas y hablar a cada cual en su idioma. +Este talento especialísimo poseíalo el portugués en grado sumo, y así +era él de escurridizo, de flexible y de listo; sabía amoldarse a las +circunstancias, aprovechar los momentos y servirse de los hombres. De +todo sacaba partido y lo mismo espigaba en los campos de la miseria, que +segaba en los de la opulencia. + +Su hablar dulzón, su aire humilde, su afabilidad exquisita, le abrían +todas las puertas y le ganaban todas las voluntades. De lo que se decía +de él, burlábase desdeñoso: don Raimundo trabajaba en la sombra y sus +secretos guardábanlos sus cómplices y sus víctimas, empeñados todos en +callar, por conveniencia o por vergüenza. + +No era en llegar tan exacto ni tan matinal don Bernardino Esteven, otra +fisonomía curiosísima del pandemónium bursátil. Entraba majestuosamente, +como gran sacerdote que va a oficiar de pontifical, saludaba con +distracción, hablaba con misterio, tenía ¡oh! y ¡ah! en abundante +provisión, para servirlos de comentario a lo que escuchaba, pasando así +por hombre que sabía muchas cosas, a quien sus altas vinculaciones +impiden ser explícito... Había engrosado hasta el punto de parecer +obeso; se teñía la barba y llevaba pelada la coronilla; pero su aire era +siempre el mismo: diríase que estaba más hinchado de orgullo, que de +grasa. Cual si fuera zahorí que lleva en la mano el número ganancioso, +estrecho círculo le rodeaba, tratando de adivinarlo en un gesto, en +media palabra de tan conspicuo personaje; y cuando las ráfagas de la +tormenta próxima, que así temían los árboles corpulentos como los enanos +arbustos, se hacían sentir con mayor ímpetu, a él se acercaban todos, +como barómetro seguro, a consultar su prestigioso consejo. Sabían que su +voz era la del Sinaí, que por su boca hablaban los profetas del +oficialismo, porque era compadre y socio en primer grado del ministro +Eneene, de aquella encanijada personilla que había subido a la poltrona +ministerial a gatas, y convertido el despacho en _pulpería_; +forzosamente, tenía que saber algo, que conocer el pensamiento luminoso +y la fórmula salvadora de los pastores del asustado rebaño: el lobo +estaba ahí y la hora del banquete iba a sonar. Esteven hablaba entonces +de planes financieros, más o menos complicados, de economías, de +reformas, que habían de volver todo a su quicio, ajustando las clavijas +que el favoritismo dejara demasiado flojas, y se mostraba partidario de +concluir con el despilfarro, con el agio y demás plagas de la época, más +temibles aún que las egipcias: su lenguaje era el de un puritano a +machamartillo, ardoroso, intransigente. Y citaba, como prueba al canto, +el presupuesto que su amigo ilustre el doctor Eneene componía: rebaja de +sueldo a todos los empleados de inferior categoría, porque para lo que +hacen bien pagados están con cuatro cuartos; supresión de media docena +de ordenanzas y de las pastas, que una malísima costumbre había dado de +compañía al te de las tres de la tarde, en la oficina, y hasta quizá se +hiciera cuestión de gabinete el suprimir también el te. A la tropa palo +limpio, dieta perpetua a los maestros e impuestos al buen pueblo, sobre +todo impuestos, muchos impuestos; la hacienda no se nivela de otra +manera. Con esto, y un par de _sablazos_ más a los ingleses, quedaba la +situación dominada. ¡Era mucho hombre este doctor Eneene! Su +lugarteniente ensalzaba los planes del señor ministro con convicción que +parecía sincera, pero los que le oían no se dejaban ganar de su +entusiasmo. ¿Era cierto que Eneene y Esteven estaban metidos hasta el +pescuezo, en el pantano de los negocios turbios? ¿que don Bernardino era +el maestro concertador de los chanchullos oficiales, quien organizaba +las empresas subterráneas, dirigía detrás del anónimo toda clase de +compañías, pescaba toda clase de concesiones y disponía, como de cosa +propia, de los empleos del Gobierno y del dinero de los Bancos? Hasta +los niños lo sabían y repetíanlo todos los ecos. + +Su palacio era un jubileo de postulantes, un _steeple-chase_ detrás de +la cartita de recomendación, de doctorcitos sin _conchavo_ e inútiles de +todo pelaje, desde los que no tienen colocación en la _estancia_, hasta +los que estorban en su casa; daba audiencias como un ministro y dos +secretarios le asistían en el despacho de su correspondencia. Venal +hasta la impudicia, recibía regalos de sus protegidos y el precio de su +firma variaba según la ocasión y según el asunto: desde el portal hasta +el desván, el pie tropezaba con objetos de arte, abandonados, oferta de +la turba de ambiciosos agradecida. Su mujer, Gregoria, ostentaba las +joyas de una reina, que los amigos del omnipotente socio de S. E. se +apresuraban a ofrecerla el primero de año o el día de su santo; y sus +hijas, Susana y Angelita, no bebían las perlas disueltas en el vino de +sus comidas, se decía, porque no les daba la gana. + +Este detentador de fortunas ajenas, llegado a una insolente altura por +sendas extraviadas y procedimientos vergonzosos, gozaba de un favor y de +una influencia más insolentes todavía. Se le adulaba, como si sus +antecedentes no se conocieran o quizá porque se conocían; entre don +Raimundo y él, igualmente criminales y condenados a la misma pena por la +opinión pública, había una capitalísima diferencia: la que existe entre +el ladrón y el ratero, no porque el portugués se contentara con pequeños +robos al por menor, que era un pez de primera magnitud, sino porque ante +las hazañas de don Bernardino, quedábase en mantillas. La llave para +abrir las arcas fiscales de que éste se servía, era la amistad de la +corrompida Excelencia ya citada, y por sus manos poco escrupulosas +pasaban los caudales, que dejaba caer, como lluvia de oro, sobre su +familia, sus parientes y sus amigos. Naturalmente, una levita bien +cortada impone siempre respeto, y cuando se sabe que el que tan +airosamente la lleva es dispensador de beneficios, veneración profunda: +todos se inclinaban ante don Bernardino Esteven. + +Su aparición en la Bolsa era saludada con entusiasmo; los especuladores, +olfateando un indicio cualquiera, para lanzarse en las corrientes del +alza, o de la baja, salían a su encuentro, le preguntaban, le seguían. + +--¿Qué dice don Bernardino? ¿compra oro? ¿vende cédulas? + +Misterio. El señor Esteven iba solo a charlar un rato, a ver a sus +amigos, a tomar el pulso del mercado. Sin perder el menor de sus gestos, +le hablaban de política, sacando a colación las cuestiones candentes del +día: ¿Era cierto que el doctor Eneene renunciaba? Los diarios de +oposición le vapuleaban de lo lindo por la concesión aquella consabida. +Esteven se enfadaba entonces; calumnias de la oposición: cuatro perdidos +que gritan, porque no se les ha tapado la boca con un empleo. ¡Si en +este país no sale a luz medida administrativa alguna, sin que la malicia +la vuelva de todos lados, para encontrarle el secreto o el quid que +necesariamente debe encerrar! Eneene no renunciaría, ni por la grita de +la prensa, ni por la antipatía del público tornadizo, sino cuando el +señor Presidente se mostrara cansado de sus servicios, y ya había para +rato, pues ministro más sumiso, maleable y fiel no encontraría. Allí +mismo espetaba su discursito, ungido de la doctrina moralizadora más +ortodoxa, semejante a un fraile que, dominado de la gula y con todos los +síntomas de su pasión a la vista, predicara la abstinencia, y se iba en +busca del corredor favorito, a darle órdenes. + +En la mirada inquieta con que seguía la marcha, siempre ascendente, del +oro en la pizarra, los conciliábulos que celebraba y el aire de +contrariedad que no sabía disfrazar, denunciaba claramente que la cosa +no marchaba a su gusto, como él decía. + +--Vamos, don Bernardino, confiese usted que esto se acaba, de seguir +así; si las economías y la buena administración y la política honrada y +todo eso que usted nos canta ahí, no es infundio puro, ¿por qué continúa +el oro su viaje a las regiones etéreas? + +--Calma, mi amigo, ¿acaso pretende usted que la situación se normalice +de golpe y porrazo? Hay que ir despacio, ensayar medios, ver, +consultar... + +Hombre más marrullero no se ha visto, y sin embargo, los incautos le +creían; no ignoraban que sus manos estaban manchadas y que, adulador +endiosado del poder, era uno de los llamados a dar estrecha cuenta ante +la barra de la opinión en el día del juicio público, lejano, pero +seguro; mas, entretanto, le iban a la zaga, como perros tras el hueso. +No, la cosa no marchaba a su gusto, y prueba de ello era la corte +discreta que hacía a don Raimundo el prestamista, aquel pájaro que no se +aventuraba en una empresa, sin probar antes la resistencia de sus alas, +tan prudente, que no daba nunca un paso en falso, tan sutil, que no +dejaba rastro; la situación empeoraba, apremiaban las deudas, escaseaba +el dinero, los Bancos iban a cerrarse, la campana de la liquidación +suprema a tocar a rebato... Si la marea subía siempre y llegaba hasta la +poltrona de Eneene, su protector y su cómplice, era seguro que las aguas +le arrastrarían también a él... Miraba el levitón café de don Raimundo +moverse de grupo en grupo, y se decía que quizá su salvación estaba en +agarrarse de aquellos faldones y dejarse allí las uñas, antes que +soltarlos. + +Pero no osaba acercarse al portugués en público, y espiaba la ocasión de +una entrevista; un día y otro día entraba en la Bolsa, y antes que la +pizarra, sus ojos buscaban el levitón café, le seguía, le rozaba con la +manga al pasar, pero sin detenerse; don Bernardino saludaba sonriendo y +el señor de Melo Portas mostraba sus dientes de jabalí, lo que más +parecía amenaza de mordisco, que expresión de cortesía. + +--Si yo pudiera hablarle--decía Esteven. + +--¿Qué querrá de mí?--pensaba don Raimundo. + +Parecíale muy singular que el opulento personaje diera tales muestras de +su deseo de acortar distancias, cuando operaban en diversa esfera. Y el +otro pensaba que con sólo abrir el pico, daríase cuenta el portugués de +la verdad de su situación, y el oropel de su nombre quedaba al +descubierto, como alhaja falsa que pierde la capa de oro con que ha +engañado la vista. + +Seguramente que el levitón de don Raimundo no ejercía atracción tal +sobre Jacinto y Quilito y el grupo de congresistas de la calle Piedad, +que capitaneaban; al contrario, era odio mortal, era terror pánico, lo +que experimentaban así que le veían acercarse, dando el hombre +tropezones a causa de su miopía. Cada cual tenía sus cuentecitas +pendientes con el abominable acreedor, y era de los que don Raimundo +perseguía, la zarpa en el aire, a la hora de la batida diaria; el +abogadillo aquel, aspirante a diputado, que perseguía el +_nombramiento_, como si se tratara del más menguado empleo del +Gobierno, escurría el bulto, cual figura de tramoya, y con él, Quilito, +que más que nadie, tenía por qué ocultarse. + +El cigarro en la boca y el junco cimbreño en la mano, entraban en la +Bolsa las dos primos, atropelladamente, asaltando los grupos, codeando a +todo el mundo, en dirección a la pizarra, a ver la cotización de los +valores: hacían un gesto, lanzaban una exclamación, y con el lapicero +tomaban rápidamente apunte. + +--¿Qué te parece, _ché_? ¡El oro ha subido diez puntos! + +Nuevo gesto y nueva exclamación del otro. Intervalo de algunos minutos, +durante los cuales, Quilito y Jacinto miran los números que la tiza va +marcando en la pizarra, en medio de la baraúnda de la rueda. + +--Las _vitalicias_ siguen firmes--dice Quilito,--creo que debemos +lanzarnos. + +--Vamos a ver al _gringo_ Rocchio--dice Jacinto. + +Y buscan a Rocchio, el corredor, llevados de la idea de que siempre es +bueno tentar al diablo. Rocchio habla en un corro y da noticias de la +crisis; es un hombrazo con muchas barbas, italiano con sus ribetes de +criollo. + +--Fulano, el senador, quebrado; la casa tal y compañía, quiebra +fraudulenta; el corredor B., desaparecido; Mengano, en descubierto por +doscientos mil pesos; éste, por quinientos mil; aquél, obligado a hacer +cesión de bienes... + +A cada nombre conocido se eleva un clamor del grupo, como si Rocchio +diera un pinchazo en carne viva; las caras se alargan y los comentarios +se suceden sordamente. + +--¡También Fulano! + +Y como cuando en los días sombríos de epidemia, al pasar por las calles +desiertas y ver el fúnebre convoy de los apestados camino del +cementerio, la terrible idea de la muerte viene con la pregunta: + +--¿Me tocará a mí mañana el turno? + +Los que escuchan a Rocchio el corredor, ante este alud de nombres y de +fortunas, que ven desaparecer en el abismo del agio, se dicen, allá en +su fuero interno: + +--¿Quién de nosotros caerá mañana? + +Y las orejas gachas, se separan con apretones de manos silenciosos. + +Quilito y Jacinto, dos capitalistas con más agujeros en los bolsillos +que moneda sonante, no se preocupaban de estas historias; si la guerra +es así y la vida es así: el soldado no huye, ni abandona el fusil, +porque el compañero cae y las balas silban... Adelante; el camino es +corto y el premio a conseguir brillante; ofuscada la mente por la visión +de fortunas instantáneas, iban derecho al enemigo, sin temor al fuego ni +a la muerte. + +--Amigo Rocchio--dice Jacintito tirando desapiadadamente de la punta de +sus bigotes,--va usted a comprarme quinientas acciones del Banco +Vitalicio. + +--Y otras quinientas para un servidor--dice el joven Vargas con mucho +aplomo. + +--Perfectamente--contesta Rocchio,--pero... andar con cuidado, no sea +cosa que se les vayan los pies. + +Los dos clientes se encogen de hombros y se marchan a ver los telegramas +expuestos. + +--En la primera alza las vendemos--dice Jacinto. + +--Y el alza vendrá en pocos días--contesta Quilito convencido;--¡ya lo +verás! + +Las ideas de pérdida y de insolvencia que, a pesar suyo, se entrechocan +en su cerebro, les produce desagradable comezón. + +--Si pierdo--piensa Jacinto,--pagará el _viejo_. + +Quilito no tiene viejo que pague los platos rotos, y piensa que si +pierde, no tendrá más recurso que el tirito prometido a la tía Silda. + +Las alternativas de la suerte les mantiene en una agitación penosa, y +diariamente van a leer su sentencia en la pizarra; ningún curso de +catedrático es seguido con más asiduidad que este de la Bolsa, dictado +por el demonio del juego. Allí están los dos primos, a la misma hora, +infaltables, ya alegres, ya decaídos, según el número que marca la tiza; +ayer en la primera rueda la fortuna les sonrió, hoy se les muestra +huraña. + +--¡Mañana será! + +Y el mañana no llega, parece no querer llegar nunca. + +Después de las cuatro se marchan, encargando a Rocchio mucho ojo; no hay +que dejar pasar el cuarto de hora de la suerte. El lujoso faetón les +espera, y se dirigen a Palermo, soñando que al siguiente día andarán con +el oro a paletadas. + +La cara que ellos llevan, iluminada por la esperanza que la +inconsciencia de la edad alimenta, no la muestran todos los que en la +Bolsa han entrado. Poco a poco van saliendo, abatidos unos, mohinos +otros, preocupados todos; en el pórtico, que hormiguea, se detienen +algunos para dar la última puntada de un negocio o comentar los +incidentes de la jornada, mientras los demás se alejan, encorvados bajo +la pesadumbre del presente y la inquietud del porvenir; los tílburis se +mueven y uno a uno se desprenden de la acera. Sale don Bernardino, +receloso, y don Raimundo, desconfiado, y Rocchio, un corredor que teme +ser corrido, y la turba de jovenzuelos bulliciosa; la ceremonia ha +concluído y parece oírse el galop final de endiablada orquesta. Los +últimos grupos se disuelven, se cierran las pesadas puertas y queda el +inmenso edificio sumido en el silencio, en medio de la penumbra de la +tarde que cae... Allá van todos, enroscada la horrible duda al corazón, +en triste compañía con el fantasma de la bancarrota, luchando entre el +pesimismo de sus impresiones y la promesa de sus esperanzas. + +Entretanto, la plaza se anima, con los mecheros de gas, que se encienden +y el rodar de los coches, que pasan. Los tranvías hacen sonar sus +cascabeles y la corneta ensaya alegres aires; se siguen, se cruzan, +doblan gallardamente las curvas de la vía, cada cual con su farol de +color al frente y sus banderolas al tope. El reloj del Cabildo muestra +su enorme esfera iluminada, marcando la hora bendita de la comida; la +feísima Pirámide va a quedar pronto sola, hundida hasta las rodillas, +aterida de frío, porque el viento del río la consume y la humedad +devora la cal y el revoque de su vestimenta; aburrida, porque los +figurones en camisa, que la decoran, no la prestan compañía. Las tristes +palmeras, sujetas al suelo por largos hilos de alambre, como prisioneras +engrilladas ante el temor de una evasión al trópico, salúdanla de lejos, +agitando sus penachos amarillos. + +Sentado en un banco Agapo, el filósofo cínico, ha visto con mirada +distraída el desfile de bolsistas; tiene sobre sus rodillas un periódico +doblado en cuatro, a guisa de servilleta, y come tranquilamente una +rueda de salchichón, un trozo de queso, pan y dos naranjas, de postre. + +--¡Vaya, vaya!--refunfuña,--que si yo tuviera aquí un rifle, un +miserable rifle, os cazaba como a patos en una laguna; no quedaría uno +de vosotros para un remedio, grandísimos pillos. Con qué gusto cargaría +el arma, apuntaría al más pintado y ¡zas! lo echaría a rodar hecho +polvo. El primero que caía era mi señor hermano, por ladronazo y sin +entrañas; ¡qué bala más bien puesta y más merecida! luego mi sobrino +Jacintito, por botarate y sinvergüenza, y ese portugués, que se me +figura un lagartón de marca mayor. ¡Y tantos otros! a éste quiero, a +éste no quiero ¡zás! ¡zás! ¡zás! ¡Qué limpia más necesaria y más útil! +Después, llevaba mi cartuchito de dinamita a ese caserón que llaman la +Bolsa, donde las gentes se descamisan entre sí, y otro cartuchito al +Palacio de Gobierno, esa caverna de pícaros. + +Dió un mordisco al pedazo de pan y se sonrió, cual si asistiera al +espectáculo que describía y viera los cadáveres y los escombros. + +--No me vengan a mí con revoluciones--prosiguió,--con salidas a la +calle, gritando ¡viva la libertad! en la creencia estúpida que vais a +vencer, con el solo esfuerzo del patriotismo y que los mandones se van a +amilanar ante la opinión. _¡Pa los pavos!_ la opinión son los +remingtons, ajo. Ya veréis la que os espera, y cómo se barren las calles +a bala rasa, y cómo os mandan a casita a puntapiés, como muchachos de +escuela revoltosos que sois, con la promesa obligada de no volver a +hacerlo más, y cuidadito con alzar el gallo. Nada, nada, la dinamita o +la horca; aquí en la plaza, una buena horca, sólida, y a colgar a todo +bicho que sea perjudicial o lleve las uñas largas. ¡Si me dieran a mí el +poder por una hora, nada más que por una hora, lo arreglaba todo muy +lindamente, y entregaba el país más limpio de pícaros y más sano de +crisis! Claro, como que los malos gobiernos son como los microbios en el +cuerpo, que lo devoran y destruyen, si no se les expulsa a tiempo, y +para esto se necesita un enérgico medicamento. + +Agapo se irguió en el banco, animándose con la idea de ejecutar las +hazañas que decía; allí, al pie de la Pirámide, para escarmiento, con +mucho alarde de tropas y de pueblo; ¡qué función de gala! + +El queso había sido ya devorado y tenía la boca seca; sacó del bolsillo +de su gabán raído una botella tapada con cuidado, y bebió. Luego atacó +las naranjas, navaja en mano. Una vez concluída la cena, plegó la +servilleta, digo, el periódico y atravesó a la acera de la Bolsa, en +busca de colillas de cigarro. Casi a gatas, como un trapero que hurga en +los rincones, recogía los puchos, jurando cuando no encontraba o la +cosecha era escasa. + +--¡Estos bolsistas hasta los puchos pierden en la rueda!--murmuraba. + +Y volviendo a su idea de hacer justicia, como él la entendía, añadió: + +--¡Vaya si lo hacía, y qué bien hecho estaría! ¡zas! ¡zas! y ¡zas! no +hay otro remedio. + +Aplicó el oído a la puerta del edificio, creyendo oír sonar el oro o el +crujido de las arcas que se abrían. + +--¡Ca!--dijo riendo burlonamente,--¡si aquí no hay oro ni nada! + +Dió un golpe en la madera, que devolvió el eco como lejano trueno, y se +fué en dirección al río, vacilante a causa del vino. El Palacio de +Gobierno erguía su fachada churrigueresca, del otro lado de la plaza, +también obscuro y silencioso, como la Bolsa. Al pasar, Agapo le mostró +los puños. + +Y mientras él se alejaba, en la esquina de la Catedral aparecía, el +honrado y pacífico míster Robert, en busca de su tranvía, el de la luz +roja; el día ha sido malo, el trabajo rudo y piensa con delicia en el +hogar, donde va a encontrar el descanso del cuerpo y del espíritu. Pasa +la luz verde, la azul, la anaranjada, pero la roja no se columbra +todavía. La espera, mirando hacia el río, y su pensamiento, entretanto, +vuela al escritorio que acaba de abandonar, abre el libro mayor, y +verifica las cifras amontonadas al pie de cada hoja. Es evidente; la +casa se hundirá, como edificio de cartón, a pesar de toda su +inteligencia, de toda su probidad y de todo su cuidado: no hay +equilibrio entre las entradas y las salidas. Los gastos son enormes, los +deudores numerosos, y las operaciones que se malogran, por falta de +confianza o de oportunidad, incalculables. ¡Ese Jacintito! Nunca fué un +socio de consejo, y pronto dejará de ser un socio de dinero, porque el +capital está ya comprometido; cada jugada de Bolsa del atolondrado joven +es un golpe de azada para la casa, que descubre ya sus poco seguros +cimientos. Es cierto, que ahí está don Bernardino Esteven, pero malos +vientos soplan también de ese lado; la fortuna de don Bernardino está +anémica, dicen, y su caída no es sino cuestión de tiempo. +¡Perfectamente! + +Míster Robert suspira y sigue andando; al tocar el límite de la +escalinata del templo, ve, cerca de la última columna, dos hombres que +hablan en la sombra: uno es alto y grueso y está de cara a la calle; el +otro lleva un levitón color de café y da la espalda. Míster Robert les +reconoce y siente dolorosa angustia. ¡El rico Esteven en conciliábulo +con el prestamista don Raimundo! aquello sí que no es una visión. Los +rumores que corren son entonces ciertos, y el opulento personaje está +herido de muerte cuando acude al recurso supremo del portugués... + +Parécele escuchar el estrépito de su casa que se derrumba, la casa +Esteven y Compañía, y no quiere darse vuelta, de temor de no poder +soportar el espectáculo de la catástrofe. + +La luz roja llega y míster Robert sube al tranvía. Se sienta y abandona +la cabeza sobre el pecho; va con más frío que nunca, con más tristeza +que nunca, porque ha creído sentir ahora, como en otro tiempo, la férrea +mano del agio sobre su brazo robusto de trabajador. + + + + +V + + +Rocchio se sentó, al fin, aniquilado. El trajín que llevaba desde por la +mañana, era suficiente para quebrar la fibra de un individuo más bien +templado, si podía haberlo, que aquel italiano atlético, cuadrado, con +las crines erizadas, cuya voz era un rugido; tan brusco en sus maneras, +que un _buenas tardes_ de su boca hacía el efecto de un escopetazo a +quema ropa, y un apretón de manos producía la sensación de arrancar el +brazo, a tirones, brutalmente. Trabajador, eso sí, como una mula de +carga, y ahorrativo como una hormiga; Rocchio no perdía un minuto de su +día comercial, ni gastaba un centavo más de su cuenta del mes, que él +estiraba cual si fuera de goma elástica, a fin de cubrir sus escasas +necesidades, porque él aseguraba venirle la sábana corta para sus +piernas tan largas. + +Con esto, de tan mala sombra, que siempre estaba a la cuarta pregunta, y +había que creerle; no se dió nunca quiebra en que él no estuviera +mezclado, ni colega fugado que no le comprometiera, ni deudor que no le +engañara. Así, venía la hora de los pagos, y todo era tirar de la +cuerda, y esforzarse en hacerla llegar hasta el extremo adonde llegar +debía, pero la cuerda no daba más de sí y se rebelaba contra la +violencia, amenazando romperse; Rocchio decía, melancólicamente, que su +presupuesto parecía el del Gobierno; que para una gotera que se tapa, +ciento se abren, de tanto manotazo y dentellada que sufre al cabo del +año. + +Se sentó, pues, aniquilado y con un humor de todos los diablos; era día +de liquidación y todavía uno que le plantaba en medio del arroyo, sin +presentarle sus excusas siquiera, con una grosería verdaderamente +irritante. Otros, al confesar su insolvencia, invocan el nombre sagrado +de la familia, piden plazos, ofrecen una satisfacción probable, +entregando su crédito en rehenes, en medio de las lamentaciones en que +su dignidad, herida por la desgracia, estalla; pero éste, un +falsificador de votos, gran matachín de elecciones, actor principal en +todos los enjuagues políticos y picardigüelas de su parroquia, títulos +todos que le facilitaron la entrada al Congreso y le aseguraban el +ascenso a la primera poltrona ministerial vacante, le había dado con la +puerta en las narices, acompañando la acción con estas palabras: + +--Déjeme usted en paz; ¡qué gringo más impertinente y más j...! No tengo +dinero, ¿quiere que vaya a robarlo a los caminos? + +En viendo a Rocchio, cualquiera se imaginaría que a aquel corpachón de +elefante, correspondía un carácter de avasalladora energía, y que, si +aquellos puños de gladiador, eran manejados por un genio violento e +irascible, el acceso a la temible fiera era tan difícil como peligroso. +Pues bien: en Rocchio todo era apariencia; incapaz de matar una mosca, +su espíritu conciliador acogía a todos con la misma sonrisa, sin +cuidarse de los rasguños de la malicia, semejante a un león al que han +limado las uñas, desdeñoso de la curiosidad que despierta, cautivo y +domesticado, pero que sabe bien que, de un golpe de zarpa, puede +pulverizar al audaz que pretenda molestarle en demasía. Mas que a +Rocchio no le tocaran al bolsillo, su punto vulnerable, porque entonces +ya no respondía de sí mismo; salía a su defensa con aquella voz tonante, +que infundía pavor cual una descarga de metralla, y levantando sus puños +formidables, dispuesto a aplastar, como un insecto, al que cogiera +debajo. Así, cuando el politicastro aquel le obsequió con tal andanada +de perrerías, de una patada abrió la puerta, y estoy por creer que un +buen boquete en ella, y puso verde y de todos colores al infeliz, +alcanzándole una caricia de la mano en la mejilla. No se lo comió allí +mismo, porque no tenía hambre, sino mucha rabia. Entretanto, no cobraba +de él, ni cobraría nunca, por las trazas. Lo mismo habíale ocurrido con +otro cliente, un saladerista más exacto que un reloj y cuya palabra +podía venderse al peso; es decir, lo del plantón repentino, que no hubo +necesidad de pedir la razón a la fuerza, pues el hombre las dió tan +justas y aceptables, que Rocchio se conformó y aun llegó a disculparse +por haberle molestado tan temprano. ¡Otro reloj descompuesto que no +marcaba la hora! Pero la de la liquidación apuntaba en la esfera de la +Bolsa. ¿Y qué hacer? ¡Acudir, otra vez, a los ahorrillos! Era preciso +ver antes si quedaba algo todavía, pues bien podía ser que su cuenta +corriente estuviera exhausta, como bota de vino que las libaciones +frecuentes han exprimido. El político de marras le había dicho: + +--¿Conque no tiene usted de dónde sacar dinero? pues busque usted en la +lana de sus colchones o en el forro de su chaqueta. Quisiera yo tener el +gato que, sin duda, tiene usted encerrado. ¡Valiente gringo está usted! +siempre llorando lágrimas... + +No, lo que es la bofetada se la había ganado bien y todas sus +inmunidades no le valdrían para quitársela de encima. + +Tanto andar aquella mañana, y sin resultado, abatió su ánimo; además, no +había probado bocado y sentía un amargor en la boca y un +desfallecimiento en el estómago... ¡Pero buenos eran los momentos para +pensar en cuestiones de bucólica! aunque de bucólica se trataba, la más +grave y pavorosa de las cuestiones... La Bolsa presentaba un aspecto +imponente; un rumor inmenso llenaba el vasto local, como huracán que +ruge en la selva, y la atmósfera parecía cargada de tanta electricidad, +que era inminente el incendio, si estallaba la chispa. Y todos, +apiñados, ahogados, torturados por una tensión de nervios insoportable, +volvíanse ansiosos, deseando ver saltar, por fin, la chispa salvadora, +en la esperanza de que la bóveda se abriera y se desplomara la fábrica y +se hundiera el mundo entero. El humo de los cigarros y el polvo de las +pisadas formaban una nube azulada sobre las cabezas, que el sol doraba +con sus rayos, al pasar por las altas vidrieras; la rueda era como la +roca, contra la cual se estrellan las oleadas tempestuosas; allí los +gritos eran más fuertes, los apóstrofes más rudos, la lucha más reñida, +más desesperada, más implacable; los bastones, esgrimidos por brazos que +la pasión enardecía hasta la epilepsia, se levantaban amenazadores. Como +montón de hojas secas que el viento arremolina, arrastra y desparrama, +los grupos se movían, atropelladamente, se formaban y se disolvían; +dominando el fragor del tumulto, alzábase una voz: + +--¡Oro 325! + +E inmediatamente un alarido colosal la apagaba, recorriendo todos los +ámbitos de la sala estremecida. + +Desde la mesa en que Rocchio se había refugiado, distinguíase el fúnebre +pizarrón; las cifras aparecían tan claras, tan netas, tan blancas, que +producían el vértigo: el oro, como habilísimo acróbata, daba saltos +mortales: 325, 330, 336, 340... ¡dos puntos, cinco puntos, diez puntos +de golpe! y ahí quedaba con un pie en el trapecio y en el aire el otro, +pronto a dar nuevo salto, delante del público aterrado, que seguía sus +movimientos con espantosa ansiedad. Los demás valores bajaban +rápidamente, como piedras que ruedan la pendiente de un precipicio. Las +acciones y las cédulas, de toda especie y categoría, ensayan posturas de +equilibrio, se esfuerzan y luchan por sostenerse, pero a paso de +cangrejo, a reculones, van perdiendo terreno y caen, las alas rotas. El +oro hace una cabriola y del 40 baja al 35, de éste al 29 y luego al 28; +los pechos respiran con más facilidad... ¡cinco puntos de golpe! esto +animará quizá a las cédulas, y las acciones saldrán de su postración. +Pero ellas no se mueven, y el oro, de repente, salta del 28 al 42, en +medio de la gritería del público desengañado. + +--¡Oro 342! ¡Compro! ¡Vendo! + +Rocchio, el cuello estirado, los ojos febriles, mira las volteretas del +metal y su corazón le hace ¡pum! ¡pum! allá dentro; su mano ancha y +peluda se crispa sobre la mesa. Como un toro herido, resuella +ruidosamente y echa pestes en su lengua contra el oro y los agiotistas +que, entre las bambalinas, tiran de la cuerda de aquel títere y le hacen +bailar al son del organillo de sus conveniencias. + +--_Brigantes_, estafadores, ¡qué celda más confortable os preparaba yo +en la Penitenciaría! Allí podríais hacer todos los juegos de manos que +quisierais; ¿hasta cuándo os burlaréis de nosotros? estáis +comprometiendo el país y no lo veis, egoístones sin vergüenza... Ahora +baja el oro otra vez, dos puntos, tres puntos, cuatro puntos, y las +acciones del Banco Vitalicio suben medio punto, un punto, con un trabajo +que ya, ya... Pero, ya daréis vosotros un tironcito de la cuerda, y +vuestro mono hará una pirueta, saludará con una mueca a los tontos que +asistimos a la función, e irá otra vez a meter la cabeza en las nubes. Y +esas pobrecitas, desalentadas, de nuevo boca abajo... ¿no lo dije? ocho +puntos más el oro, y las acciones en el suelo. ¡Ah! _¡sacramento! +¡sacramento!_ + +A su lado, un anciano respetable comenta también en voz alta el curso de +las operaciones, con palabras agrias que nadie escucha; a pesar de sus +anteojos, no ve bien la pizarra: se empina, empuja a los vecinos y jura +cada vez que algún oficioso repite la cifra que él no alcanza a +distinguir. Encarándose con Rocchio, exclama: + +--¡Pero esto es la ruina de todos! El país está perdido. + +Rocchio, desolado, hace un gesto. Y se ponen a hablar de la crisis, del +callejón sin salida en que todos se han metido, del _krac_ que se +anuncia, con todos los síntomas de un terremoto bursátil. + +--Ya verá usted esos _chalets_ de la especulación desmoronarse; claro +está, todos han querido construir su _home_ con materiales prestados, en +el aire, endeudándose con los Bancos para pagar a los obreros... + +Se callaron, porque muy cerca, dos corredores reñían y se daban de +mojicones. Quién corría, quién gritaba y algunos se interpusieron entre +ambos combatientes; apabullado el sombrero, la corbata deshecha y la +cara amoratada, se fueron cada cual por su lado, echándose miradas de +desafío. + +--Los nervios están cargados de dinamita--dijo Rocchio. + +--Esto es el diluvio universal, el fin del mundo--repuso el viejo. + +--¡Ojalá!--exclamó un joven pálido, ojeroso, que acusaba en su +semblante el desgaste precoz de sus fuerzas. + +Y volviéndose al anciano, añadió: + +--¿Sabe usted cuánto llevo perdido? ochenta mil nacionales, y tengo que +pagarlos en las veinticuatro horas, y mujer e hijos que mantener, y un +sueldo en una oficina que apenas me alcanza para comer y vestir. ¡Que +venga, que venga el diluvio! ¡Ojalá! + +Bondadosamente, el viejo, un antiguo conocido, le hizo reflexiones, que +le impresionaron. + +--Ya lo sé--contestó el joven,--pero he querido hacer como todos; veía +cada día salir de la nada en un periquete a éste, a aquél, y triunfar +con lujo soberbio en todas partes. Si la Bolsa levantaba a tantos, ¿por +qué no había yo de subir también? El empleado, en nuestro país, está +sujeto al capricho del jefe, sin la salvaguardia de un reglamento que, +en todos los casos, es siempre la arbitrariedad y el favoritismo más +vergonzoso, más humillante, más indigno. No llega sino el que es amigo +del ministro, el que es pariente del ministro; los méritos contraídos, +los servicios prestados nada significan, y sin buenas cuñas no hay +ascensos, y sin adulación y sin bajeza: el empleado que quiere marchar +por sus cabales, es condenado a vegetación perpetua, y esto si, en un +día de mala digestión del señor ministro, no se le borra del cuadro de +una plumada. El deseo de salir de una situación semejante y el mal +ejemplo me arrastraron, y jugué, jugué lo que tenía y lo que no tenía. +¡Ochenta mil nacionales! ¿de dónde sacarlos? Mi alma al diablo vendería. +¡Que venga el diluvio! ¡Ojalá! + +Calló el joven pálido y los dos hombres se miraron, entristecidos. +Rocchio pensaba que él, siquiera, era un hongo, y que en su triste +cuarto de hombre solo, no encontraría lágrimas en el día de la +desgracia, si llegaba. Ya que se cae, por la propia falta, sufrir solo +sus consecuencias es siempre un consuelo para los corazones generosos. + +Detrás, se contaba dinero sobre las mesas, afanosamente: no se escuchaba +la agradable música de las monedas, porque eran enormes mazos de +billetes, sucios y deleznables, espulgados por dedos que la práctica +hacía parecer mecánicos. Las mesas desbordaban; sobre las sillas +cercanas había pilas simétricas: era una orgía de dinero, tentadora, +insolente y cruel, como mesa cubierta de suculentos platos, a los que es +prohibido tocar, y que el hambriento mira encandilado, de lejos, bajo la +tortura de su estómago y de su olfato. Las narices se inflaban, y +sorbían con delicia el aroma que la diosa Fortuna desparramaba en la +sala, como oxígeno vivificante, estímulo fugaz de cansados pulmones; +regocijábanse los ojos, y las manos sentían cosquilleos extraños, +impulsos poderosos de pasearse sobre las mesas y tocar y acariciar tanta +riqueza acumulada, y revolcarse en aquel lecho voluptuoso, poseídas de +una sensualidad irresistible. Don Raimundo Portas rondaba el tesoro, +arrojando miradas de codicia, embriagado, subyugado con aquel +espectáculo, relamiéndose golosamente. + +--¡Oro 343!--gritó una voz. + +Alguien tocó en el hombro a Rocchio. Era Jacintito, descompuesto, con el +sombrero ladeado, amarillo, muy grave. El coloso se levantó. + +--Amigo Esteven, me alegro de verle. + +--Amigo Rocchio, una palabrita... + +Se apartaron, y a boca de jarro, Jacinto soltó la palabrita: + +--No puede ser, no puede ser y no puede ser; el mes que viene quizá, +pero hoy no, no y no. + +Sacudía la cabeza a cada negativa. + +--La liquidación de mayo es un desastre general; no habrá uno que se +salve de la _volteada_: ¡hasta Schlingen quiebra, dicen! ¿qué puedo yo +hacer? Usted me conoce bien y sabe que he cumplido siempre mis +compromisos, pero hoy me es imposible, absolutamente imposible, +irremediablemente imposible pagarle los cincuenta mil nacionales. ¡Usted +ve cómo está esto! ¿quién podía prever lo que ha pasado? Acciones que +han bajado veinte y treinta puntos de golpe... + +--¡Perfectamente!--dijo Rocchio, temblándole las manazas, con ganas de +hacer una atrocidad, porque era la tercera acometida que sufría su +bolsillo aquel día.--¿De modo que usted también me planta? ¿y con qué +voy a pagar yo las acciones compradas a su nombre y por su orden? ¿Sabe +usted que ya me andará buscando el vendedor, y que si no le pago saldré +a la vergüenza en la pizarra? + +--Pero, amigo Rocchio... + +--Amigo Esteven, cuando no se tiene dinero a mano, no se hacen +operaciones de Bolsa; comprar al fiado, con ánimo de pagar si se gana y +de trampear si se pierde, es una estafa, sí, señor, una estafa; y no +retiro la palabra. + +Jacintito de amarillo se puso rojo, y de rojo, amarillo otra vez, porque +el vozarrón del italiano se oía como un trompetazo, y la gente se +volvía, con curiosidad. + +--Cálmese usted, no tiene usted derecho de tratarme así; cuando yo le +digo que para junio... + +--Si usted no puede responder, responderá su padre. + +--¿Mi padre? imposible; está agobiado de compromisos. + +--O su socio; el señor Robert es una persona decente y no querrá dejar +empañada la reputación de su casa; precisamente, acabo de verle aquí, y +he de hablarle. + +El muchacho enrojeció de nuevo hasta las orejas, hasta el blanco de los +ojos. + +--Ya sabe usted que mi socio no tiene nada que ver con mis negocios de +Bolsa; yo juego porque sí, porque me da la gana, solo, por mi cuenta y +riesgo. No mezcle usted mi casa en este asunto. + +--¡Bonita excusa!--tronó el gigante.--¿Qué galimatías es ése? ¿No forma +usted parte de la razón social Esteven y Compañía? Pues la casa Esteven +y Compañía es la responsable de sus operaciones comerciales. + +El chico se ahogaba; ¡no poder tapar la boca de aquel animal! Ensayó +domesticarlo, con frases cariñosas y acento humilde. + +--Vamos, amigo Rocchio, no sea usted malo, que no es tan fiero como +quiere hacerse; no es la primera vez que usted me concede plazos, y más +largos todavía. Será en junio... ¡piense cómo está el mercado! ¡hasta +Schlingen! + +Rocchio, siempre encrespado, refunfuñaba: + +--Y su alhajita de primo, el joven Vargas, también me dará la castaña... + +--No sé--dijo Jacintito,--no le he visto. Con que quedamos que en junio. + +Escabullóse, sin esperar respuesta, y desapareció. + +--La culpa me la tengo yo--masculló Rocchio volviendo a su sitio,--yo, +que me acuesto con estos mequetrefes sin responsabilidad. _¡Sacramento!_ + +En medio de su mala ventura, la idea de que Schlingen, el especulador +afortunado, el atrevido acaparador de títulos, el rey de la rueda, en +fin, estuviera comprometido en la liquidación, le hizo el efecto de una +ducha en la nuca. ¿Era entonces tan seria la catástrofe? ¿No había +barreras para el torrente? Si Schlingen caía, ¿quién iba a quedar en +pie? Como árbol frondoso, al que se enganchan helechos y enredaderas, +poblado de nidos y cubierto de musgo, cuyo tronco arranca el huracán o +corta el hacha del leñador, y al venirse a tierra sepulta en su propia +ruina a la colonia de parásitos que sustenta, el soberbio bolsista +arrastraría tras sí a toda esa turbamulta que le seguía cantando el +_hosanna_, de pequeños comerciantes sin capital, de ilusos con más +ambición que buen sentido, cadena sin fin, vigorosamente remachada. Con +razón le había dado a él en la nariz aquel famoso Banco Vitalicio, +creado de la nada y formado en menos de siete días; y chocado tanto su +fundador, Schlingen, un alemán, caído no se sabía de dónde, de las +nubes, sin duda, como un aerolito, y que deslumbró en la Bolsa y dominó +el mercado desde el primer día, con las trazas todas de un conquistador. + +--_¡Sacramento!_--repitió entre dientes. + +Quilito andaba por allí, como alma en pena, más amarillo y descompuesto +que su primo. Testigo de la escena entre Jacinto y Rocchio, vió venir al +gigante y huyó, pues lo menos que él deseaba era dar de bruces con su +enemigo y sufrir el vapuleo que acababa de ganarse Jacintito. Pero, +llevado en volandas por el rebullir continuo de la muchedumbre, fué a +dar sobre el levitón de don Raimundo, en éxtasis ante la pirámide de +billetes de la sala contigua. + +--Usted dispense--tartamudeó el muchacho aterrado. + +Y remando con los codos, escapó a un pasillo, temblando todavía de haber +visto tan de cerca la cara del portugués, aquella nariz movediza como +una trompa y aquellos dientes de mastín, tan salientes que el labio +alcanzaba apenas a cubrir. En el pasillo le encontró Jacinto, y allí +cambiaron ambos sus impresiones de especuladores corridos. + +--¿Creerás que el _viejo_ no ha querido soltarme un centavo? ¡ni medio! +No han valido súplicas ni amenazas. Le dije que me iba a pegar un tiro, +y me contestó muy fresco que para él lo querría. Con ese bruto de +Rocchio he tenido una _agarrada_ y casi nos hemos pegado; ¿pues no +pretende el mastodonte que le dé hoy mismo los cincuenta mil +nacionales? En cincuenta mil pedazos me partiría yo para pagarle, y +luego, de _yapa_, le daba cincuenta mil puntapiés con mucho gusto. +¡Mira, _ché_, no hay suerte más perra que la nuestra! + +--¿Sabes una cosa?--dijo Quilito,--a mí me parece que tu padre se ha +enredado también en las cuartas; él tiene acciones del Vitalicio, y es +muy amigo de Schlingen. + +--No sé, pero a papá le pasa algo; te digo que nunca le he visto así, +tan duro en negarme, tan inflexible. Me dejó salir del despacho, sin +hacer caso de mi amenaza de suicidio; creía yo que me llamaría luego, y +bajando la escalera, me decía: de seguro que ahora me llama y me da los +cincuenta mil nacionales. ¡Que si quieres! Nada, ni se movió, ni chistó. +¡Si las cosas no pintan mejor en junio, te juro que me regalo una bala, +como hay Dios! + +Quilito repuso: + +--No tengas cuidado, que ya pintarán mejor. + +--Me admira tu confianza y tu frescura--exclamó el primo,--porque si a +mí me llega el agua a la cintura, a ti te debe subir hasta el pescuezo; +¿qué vas a hacer con el portugués? + +El joven Vargas hizo un movimiento olímpico de desdén. + +--Mira, Jacinto, lo que yo sé es que en estos casos hay que mostrarse +hombres y tener muñeca y saber vivir; al gringo le emplazo, como tú, +para junio, y al portugués... la letra vence el 22. ¿Crees que de aquí +al 22 de junio no me habré alzado con una suma suficiente para saldar mi +deuda y comprarme corbatas? Todavía puede ser que me anime y le pegue +otra _pechada_ a don Raimundo... O mucho _toupet_ o hundirse. El +Vitalicio nos ha fumado esta vez, pero, ¿y si hubiéramos ganado? ¡qué +atracón de nacionales! + +En realidad, estaba más abatido que Jacinto, pues el porrazo sufrido con +el desastroso bajón de las _vitalicias_, como llamaban a las acciones +del Banco de Schlingen, le había partido por la mitad, pero era él así, +fanfarrón, embustero y más soberbio cuanto más castigado de la suerte. +Decía de acercarse nuevamente a don Raimundo, y don Raimundo acababa de +echarle de sí con cajas destempladas, hacía una hora: andaba el +portugués aquel día, como cuervo revoloteando en el campo de batalla +sobre los cadáveres abandonados; la liquidación era río revuelto y la +pesca fenomenal. Pero sabía el usurero escoger su presa, y cuando el pez +cogido en la malla era pequeño o no prometía nada de sí, sin piedad +arrojábalo a la corriente; el joven Vargas, no hay que decirle, era un +miserable pececillo, pura escama y pura espina, a pesar de sus colores +brillantes y sus aires pretenciosos; reconocerle y echarle al agua de +cabeza, fué todo uno. + +--¿Otro préstamo más?--dijo el usurero.--¡Estamos frescos! Ni al veinte +por ciento. Usted es el sobrinito de Esteven, ¿verdad? pues peor. + +--Sin embargo--se atrevió a argüir Quilito,--usted tiene un pagaré a mi +nombre, que... que mi tío... garantiza. + +Balbuceaba, temeroso que le oyeran. + +--¿Su tío?--exclamó don Raimundo con desdén,--ya lo veremos para junio; +entretanto, abur, joven, que no estoy para perder tiempo. + +Igual cosa aconteció, cuando Jacintito trató de echar mano de sus +faldones, como ahogado que se agarra a un cable. El solo nombre de +Esteven, produjo en el prestamista desgraciado efecto; no, no tenía +dinero disponible, y mucho lo sentía: más tarde, después, quizá... + +--Pero, amigo Portas--dijo Jacintito furioso,--yo no le debo a usted +nada. ¿Duda usted que he de pagarle? Con el interés que quiera, déme +usted cincuenta mil pesos, a treinta días. + +--¡Diez centavos que me pidiera, no se los daría a usted! + +Y se largó. ¡Chúpate esa! + +Pero lo gordo, lo grave, lo extraordinario que en aquel fatal fin de mes +ocurrió al asendereado chico, fué el rompimiento con su socio, míster +Robert. Rechazado por su padre, desoído por el usurero, entró en el +escritorio, dispuesto a sacar de la caja los cincuenta mil pesos que +necesitaba, si los había, o a girar contra la casa, si no los había. No +contaba con la huéspeda, es decir, con el _inglés_, quien, saliendo de +su habitual pachorra, al averiguar los malos designios que se traía el +socio, allí mismo le dijo cuántas son cinco, y armó el gran escándalo. +Con los libros a la vista, expuso el verdadero estado de la casa: deudas +que no podían pagarse y créditos que no se cobrarían nunca: la caja +vacía, y en el Banco escaso depósito para hacer frente a las necesidades +más apremiantes. + +--¿Y quién tiene la culpa de todo esto?--exclamó Jacinto;--usted es el +que lo maneja todo, el que hace y deshace, el administrador y el +tesorero de la casa. No me dirá usted que soy yo el responsable de +semejante ruina. + +Los ojos de albino de míster Robert relampaguearon. + +--¿Ahora salimos con ésas?--gritó dando un golpe con la regla sobre el +pupitre, que la hizo saltar en dos pedazos,--yo soy un hombre honrado, +señor Esteven, y en los tiempos que corren, en medio de la corrupción y +de la podredumbre política y social que nos devora, un hombre honrado +merece respeto. El culpable y el responsable de lo que aquí pasa, es +usted y sólo usted; sus locas jugadas de Bolsa, sus francachelas, sus +inconsecuencias, es la casa quien lo ha pagado y si la casa ha perdido +su crédito, se lo debe a usted y sólo a usted. Ya sé lo que va usted a +decirme: que su señor padre le ha ayudado a salir de apuros en muchas +ocasiones, pero, ¿no ha respondido el capital en muchas otras, bajo la +garantía de don Bernardino Esteven? Y esta garantía, ¿podrá ser +sostenida por su padre, hoy que corren rumores que no quiero repetir? + +--¡Calumnias!--vociferó Jacintito.--Canalladas de los envidiosos. + +--Lo que usted quiera, pero esto es así y no de otro modo. Por lo tanto, +no dejaré a usted sacar ni un centavo del Banco. + +--Me someto, porque me falta la firma; pero en cuanto a registrar la +caja, ¡venga usted a impedírmelo! + +De una manotada cogió el llavero de sobre el pupitre y se abalanzó a la +caja de hierro. Míster Robert le dejó hacer. Jacinto abrió y no +encontró nada: papeles, pero ni rastros de dinero. + +--¡Maldita sea mi alma!--exclamó cayendo en el sofá, desesperado. + +Acercóse míster Robert, y con desprecio y cólera, le dijo: + +--Esto se acabó, señor Esteven, ¿entiende usted? Voy a proceder a la +liquidación de la casa, porque ni usted me conviene, ni estoy yo +dispuesto a ser víctima de sus desaciertos por más tiempo. ¡Basta! + +--Liquidaremos, señor Robert, ¡pues no faltaba más! ¡Valiente susto me +ha dado usted! Liquidaremos, y entonces se sabrá quién es el culpable de +que la casa se haya fundido. ¿Sabe usted una cosa? ¡Lo estaba deseando, +pues los hombres honrados me revientan! + +Se caló el sombrero de lado y salió del escritorio, echando chispas. + +Pues esto, tan trascendental como era, tuvo buen cuidado de no decírselo +a su primo en el pasillo; los dos habían corrido un temporal deshecho, y +allí se guarecieron manteniéndose a la capa, la mano en el timón y los +ojos en el horizonte, en compañía de los fieles del escritorio, todos +más o menos aporreados, renegando de las _vitalicias_ y de su suerte. El +pseudo diputado, como pollo que han zambullido en una cuba de agua, +furioso, hablaba nada menos que de fusilar al alemán Schlingen por la +espalda; así aprendería a no engañar a la gente. + +En todos los ámbitos de la inmensa sala, esta idea de venganza contra el +embaucador tomaba cuerpo. ¡Abajo Schlingen! ¡a la cárcel con él! No +podía quedar impune semejante crimen. ¿Y la ruina de tanto padre de +familia? En la calle, en la miseria, sin pan, por las malas artes de +aquel aventurero, que supo engatusar a todos con su Banco de fantasía. +Los bastones en alto, se gritaba a voz en cuello; la atmósfera hacíase +cada vez más pesada, con el humo, con el polvo y el ardor de los +concurrentes. + +--¡Muera Schlingen! + +Y se oyó, como una campanada: + +--¡Oro 345! + +Llegaron los diarios de la tarde y pasaron de mano en mano, arrebatados, +en el furor de saber noticias. ¿Qué había de nuevo? Nada, los decretos +de agua de borrajas del Gobierno, los paños calientes de siempre: la +situación deshauciada, y sus médicos aturdidos, sin saber a qué santo +encomendarse. De pronto, la nueva de la renuncia del doctor Eneene, el +ministro inamovible, surgió como un cohete, se extendió, se propagó a +todos lados: muchos incrédulos movían la cabeza; alguien gritó: + +--¡Abajo Eneene! + +Pero lo cierto es que la noticia nadie la creía. ¡Renunciar Eneene! Si +para arrancar aquel hombre de su poltrona, donde estaba incrustado como +el molusco a la roca, se necesitaba cogerle de una oreja y echarle a +puntapiés, y aún así, era casi seguro que había de volver, a hocicar. Y +la prueba que no se creía la noticia, es que no produjo impresión +alguna, ni síntoma de mejora siquiera; el oro, en los primeros momentos, +bajó cautelosamente dos peldaños, se paró en el 343, miró, olfateó, y +luego volvió de nuevo al 45, y como allí sin duda no se encontraba a su +gusto, subió al 46, convencido de que la renuncia del señor ministro era +una _guayaba_ de a libra; en cuanto a los demás valores, siguieron +bajando la escalera de cabeza. + +Naturalmente, estos rumores de renuncia vinieron acompañados de la +estupenda nueva de que Esteven se había fundido, como metal puesto al +fuego. Esto sí produjo impresión, y muy honda, porque don Bernardino, +era, como Schlingen, de los árboles grandes cuya caída parecía más de +temer. ¡Andaba enredado en tanto negocio misterioso! de tierras, de +ferrocarriles, hasta de proveedurías... Se dudaba, sin embargo, de la +especie. Y los que ponían más empeño en negarla, eran los parásitos del +personaje, los que vivían de sus cábalas; más de uno sintió calambres en +el estómago. Vamos, que si Esteven se hundía, no había ya remisión +posible para nadie: las horcas caudinas en la puerta de la Bolsa, y +agachar la cerviz y sufrir el yugo. Pero no; debía estar muy bien +forrado, a cubierto de golpes y magulladuras; sus vinculaciones +oficiales, de que él tanto alardeaba, servíanle de escudo contra la +crisis. Que en tiempos de escasez padezca hambre el pueblo, el pueblo +que trabaja, santo y bueno, pues para eso es pueblo...¡que se fastidie! +pero los que están arriba, con sus graneros repletos, ¡ca! los lacayos +del magnate nunca han dado más satisfacción a sus apetitos, ellos +también. Esteven era de los lacayos del poder más en privanza: si tenía +las llaves de la despensa, ¿a qué había de apretarse la barriga? ¿cómo +había de dejar en seco a sus fieles colaboradores? Aunque desde ya podía +asegurarse que los que pagarían el pato, si el rumor se confirmaba, +serían los justos, los de conciencia, los que de buena fe se hubieran +embarcado en la nave negrera del compadre de Su Excelencia. + +Inútil paréceme decir que Rocchio, el molido y sin ventura, era de +éstos; deslumbrado por el sello oficial que se atribuía a todas las +operaciones de Esteven, se había metido con él en un negocio que +prometía el oro y el moro, y más todavía: ciegamente, las manos atadas. + +--Cuando se tiene la influencia de don Bernardino--decía,--y se manda en +los Bancos y en los Ministerios, como él, porque allí donde don +Bernardino dice negro, negro se hace, y donde blanco, blanco... pues, +con la influencia de semejante hombre por delante, no hay nada que +temer. + +Que el negocio se malogra, porque sí, pues también puede suceder, y +queda uno en descubierto y en situación poco airosa: + +--A ver, una cartita de recomendación o una simple tarjeta, es más +sencillo, al director A. o B.; que le den lo que necesite, de orden +superior. Y cátate el dinero en la mano, sin más garantía que la sagrada +orden superior; en cuanto al Banco, que espere el reintegro, y si se +cansa, que se siente. Que sale bien el negocio, y casi siempre sale +bien... pues al bolsillo, una vez deducidas las ganancias. Con un piloto +como don Bernardino, se puede navegar confiadamente. + +Ahora bien: en medio de todas las amarguras porque estaba pasando, la +bola aquella de la renuncia de Eneene le dió escalofríos; sí, señor; +sería muy bueno para el país la salida de aquel hombre funesto del +Gabinete, pero... (aquí Rocchio se hacía egoísta) con él se venía abajo +Esteven, y el negocio magno se evaporaba. ¡Qué ocurrencias tienen estos +políticos! ¿No había por ahí alguna buena alma que fuera donde ese mal +aconsejado doctor y le dijera que guardara su renuncia para más tarde, +porque cuando la Bolsa liquida no es conveniente tocar a rebato? Tiempo +no le faltaría para retirarse a la vida privada, tan tranquilo. ¿Qué +había de suceder, pues, cuando llegó a oídos del desgraciado corredor, +que el propio don Bernardino Esteven acababa de dar la soberbia +costalada que decían? Se revolvió como una fiera, levantando la maza de +sus puños, dispuesto a triturar, cual una nuez, entre sus dedos, la +maligna noticia. + +--¿Quién habla aquí de la quiebra de Esteven?--exclamó comiéndose con +los ojos al concurso.--Calumnias, mentiras, estratagemas infames de los +alcistas. El juego es tan conocido, que da risa. + +Uno preguntó: + +--¿Dónde está Esteven? + +La verdad era que a don Bernardino no se le había visto todavía; ¿por +qué desertaba el puesto en el día de la lucha? Rocchio tragó saliva y se +calló; he aquí una pregunta, que a él no se le ocurriera: ¿dónde estaba +Esteven? + +--Ya vendrá--dijo dándose a sí mismo confianza,--ya vendrá a confundir a +sus detractores. + +Pero esta afirmación suya no le bastaba; se fué en busca de don Raimundo +y le pidió su opinión sobre lo que se decía, ansioso de saber la verdad +y temeroso, al mismo tiempo, de saberla. Era lo único que _daba_ el +portugués, al contado y sin usura: noticias. + +--No crea usted ni una jota de la renuncia de Eneene--contestó;--acabo +de verle en su despacho y me ha dicho que no soltará a tres tirones la +cartera, ni a cuatro; que él tiene la confianza del Presidente, y con +esto le basta. Son maniobras de los bajistas, pero ya ve usted que +pierden su tiempo: el oro no ha hecho mayor caso y continúa su +ascensión. + +--Razón tenía yo en ponerlo en duda, porque conozco al ministro como a +mis manos; pero, ¿qué me dice usted de la quiebra de Esteven? ¿Es +creíble? ¿Es verosímil? + +Don Raimundo guardó un rato la respuesta. Sin mostrar del Cristo, sino +lo que él quería dejar ver, contestó: + +--¿Esteven? No le diré a usted que no esté comprometido, muy +comprometido: era el principal tenedor de _vitalicias_, ¡calcule usted! +Pero quebrado, no, no... al menos a mí me parece. + +--Pues claro--saltó el coloso dando una palmada, que sonó como un +estampido,--eso digo yo; para que quiebre don Bernardino, es preciso que +la _Casa Rosada_ se derrumbe; ¡un situacionista de su importancia! +tendría que ver... + +--Sin embargo--concluyó el prestamista,--sería bueno que se apartara +usted a un lado, ¿me entiende usted? Cuando se presiente un terremoto, +hay que huir de los grandes edificios, así como en los días de tormenta +no debe guarecerse uno bajo los grandes árboles; son los puntos más +expuestos, señor Rocchio, ¿estamos? + +Al italiano se le secó la garganta otra vez; don Raimundo movía la +nariz, con una expresión tan singular en su grotesca fisonomía, que no +se sabía si hablaba de burlas o de veras. + +--Eso quiere decir...--dijo Rocchio resoplando como un ballenato. + +--Lo que usted quiera, señor Rocchio. + +Y le dió el golpe de gracia, con esta preguntita intencionada: + +--¿No siente usted hoy olor a pólvora? + +--A chamusquina--contestó el otro,--y juraría que soy yo el que arde, +como costal de paja. + +Cuando volvió a la pizarra, el oro estaba a 347 y el tumulto era tan +grande, que aquello parecía una sucursal del infierno. El joven pálido, +encaramado sobre una silla, gritaba como un poseído: + +--¡Ladrones, ladrones, ladrones! + +Se le hacía coro con carcajadas, bastonazos y gritos. Del lado del +pasillo, ocupado siempre por Jacinto y sus amigos, se oían, como +redobles de tambor, los mueras a Schlingen. Acercóse al orador el +anciano aquel respetable y quiso calmarle. + +--Por Dios, ¡mi amigo! basta de palabras gruesas; ya se ha desahogado +usted bastante. ¡Un poquito de tranquilidad! + +--¡Ladrones!--repitió el joven arrojando su sombrero contra la pizarra. + +Le acometió, de pronto, un mareo y cayó de la silla, presa de un ataque +de epilepsia; revolcábase en el suelo, echando espumarajos, dando +alaridos, braceando y pataleando. Rodeáronle y quisieron llevársele, +pero no fué posible, y hubo que esperar a que la terrible crisis pasara; +más calmado, derramó abundantes lágrimas. + +--¡Mi mujer, mis hijos!--exclamó extraviado;--¿hay alguien que pueda +darme ochenta mil nacionales? ¡Una limosna, por Dios! + +Le sacaron de allí, en medio de la emoción de los circunstantes. + +--¡Oro 348!--dijo una voz. + +El alboroto seguía, entretanto. Alrededor de la pizarra, la batalla +tomaba proporciones colosales; los dos bandos, alcistas y bajistas, +luchaban cuerpo a cuerpo, rabiosamente, cada cual en defensa del santo +bolsillo, con uñas y dientes. + +Don Bernardino Esteven se presentó, cuando la batahola llegaba al punto +más alto de su intensidad. Tan tranquilo, como siempre, entró con la +cabeza muy levantada y sonriendo; cuatro mozalbetes le sisearon en la +puerta, y hay quien asegura que uno le gritó: + +--¡Fuera! + +Pero él no se dió por aludido; la exasperación general era contra +Schlingen y la primera víctima de éste, él, don Bernardino. Se mezcló a +los grupos bulliciosos, dejando oír su palabra de hombre grave e +influyente. + +--Pero, señores, ¿qué locura es ésta? ¡El oro a 348! ¿Por qué? ¿Tenemos +o no tenemos confianza? El comercio de Buenos Aires es fuerte, es +poderoso; el país rico, lleno de recursos; el Gobierno bien +intencionado; no hay razón, pues, para esta victoria de los alcistas, +tan vergonzosa, tan injustificada. + +A la quiebra de Schlingen, la generatriz del desastroso _krac_, no le +daba importancia: un accidente de la vida bursátil, que nos ha cogido +desprevenidos. Schlingen era el favorito, entre los caballos de la +carrera, y había dado el fiasco más completo y ridículo; he aquí todo. +Se hablaba de revolución, de estallido de iras populares, de represalias +terribles... ¿por qué? ¿porque Schlingen había quebrado? ¡La revolución +que se la clavaran a él en la frente! Todos le miraban; cuando se +presentaba en la boca del lobo, y hablaba con tanto desparpajo, era que +los rumores propalados carecían de fundamento: Esteven aparecía de nuevo +rodeado de la aureola de que se le había querido despojar, depositario +siempre de los rayos de Júpiter. Los amilanados de una hora antes, +recobraron fuerzas y le hicieron una ovación, digna de estómagos +agradecidos. Don Bernardino sonreía. + +--No tengan ustedes cuidado, señores, ya bajará el oro, porque el nuevo +empréstito se hará, y muy pronto, más pronto de lo que todos imaginan. + +Decía esto, y se separaba de un grupo para ir a otro, seguido de su +corte de admiradores; y si alguien le hubiera observado, habría visto +que el personaje evitaba cuidadoso un encuentro, que debía serle +particularmente desagradable: el del levitón del señor Portas, que hasta +hace poco ejercía sobre él la atracción del imán. ¡Misteriosa +singularidad, cuya clave poseía quizá míster Robert! + +La noticia de que era portador cayó en el vacío; la escopeta de don +Bernardino marró el tiro lastimosamente. ¡A buen puerto iba con sus +historias de empréstitos, sabidas de memoria y olvidadas de puro +sabidas! Que se hacía el empréstito; perfectamente, ¿y qué? ¿quién +beneficiaba de él? ¿el país? ¿el comercio? ¡Quite usted allá, señor don +Bernardino! Muchos se encogían de hombros. Y el oro, desconfiado como +ninguno, asentado con firmeza sobre el 348, no se movía, imperturbable; +apostrofábanle los bajistas, le hostigaban los alcistas, y él, quieto, +cansado, sin duda, de su ascensión violenta, esperando nuevas fuerzas +para seguir su vuelo de águila. Esteven, entretanto, se irritaba. El +creía que la salvación de todos estaba en el empréstito; es una deuda +que se contrae para pagar otras deudas, es pedir al vecino de enfrente, +lo que se debe al vecino del lado; pero lo principal, lo esencialísimo +es tener dinero, venga de donde viniere. Se alborotaba con esto. Le +parecía verse ya, en compañía del ilustre Eneene, hundiendo las +pecadores manos en las arcas recién llegadas, acariciar las flamantes +monedas y atiborrarse de ellas los bolsillos, glotonamente. Su cara +reflejaba la concupiscencia en que ardía; sus ojos se cerraban, para +mantener por más tiempo la deslumbradora visión: un río de oro +deslizándose con suave murmullo, y él, en la orilla, llenando sus +cántaros, tan numerosos que no podían contarse. + +Rocchio le vió venir y se le echó encima. + +--¡Lucidos estamos, señor Esteven!--dijo sacudiendo su cabeza de +león.--¿Qué le parece a usted? + +Llevóle hasta la pizarra y le señaló la prodigiosa cifra, 348, como se +muestra un cometa en el cielo. + +--¿No lo ve usted bien?--repuso el italiano,--pues empínese sobre la +punta de los pies, porque está muy alta, o eche usted mano de un +telescopio; un simple anteojo no basta. + +Los dos, pasmados, se callaron. De los ojos de don Bernardino huyó la +dorada visión, y sintió los escalofríos de la realidad. Rocchio, que le +tenía bajo su mano, no pensó en soltarle; deseaba averiguar muchas +cosas, descifrar la charada de don Raimundo. Lo primero que hizo fué +preguntarle por el negocio magno concertado entre ambos. Y entonces +Esteven habló muy bajo, con misterio, como si tratara de un crimen y +temiera verse descubierto. + +--Mal, mi amigo; ¡buenos están los tiempos! Todo lo que he conseguido, +es que la propuesta sea incluída en las sesiones de prórroga. + +--Pero entonces el diputado aquel... + +--Se ha dado vuelta en el último momento. + +--Haber doblado la propina, haberla triplicado--exclamó Rocchio con +impaciencia. + +--Inútil habría sido; usted cree que todo es soplar y hacer botellas. No +hay que apresurarse. ¿Quiere usted que, por precipitarnos, venga un +diario de la oposición, nos descubra el gazapo y salgamos todos a +danzar? No hay necesidad de exponerse tan a lo tonto; mi amigo el doctor +Eneene está de por medio, ya lo sabe usted, y él ha de hacer fuerza de +vela para sacar el negocio adelante. + +--Lo que hay es que yo contaba con mi parte de la garantía, para hacer +frente a mis compromisos de fin de mes... + +--¿Qué hacerle, amigo Rocchio? Aguantar la mecha, como todos. + +Esto de aguantar la mecha, no le sabía a mieles, sin duda, al alicaído +corredor; pensaba que si don Bernardino había venido a la Bolsa, era +porque ni estaba quebrado, ni temía hacer frente a los díceres malévolos +del vulgo, y si esto era así, como parecía, felizmente, no sería él tan +simple de no largarle lo que tenía en la punta de la lengua. Y así lo +hizo, sin ceremonia. Cuando don Bernardino escuchó aquello de Jacintito +y de los cincuenta mil nacionales entrampados, se enfadó, muy lastimado +de que fueran a cobrarle cuentas de su hijo, joven mayor de edad, socio +de una respetable casa de comercio, que marchaba sin andadores, porque +no le hacían falta. + +--Que se le quite a usted eso de la cabeza, señor Rocchio; los negocios +de mi hijo no son de mi incumbencia; Jacinto no necesita de la bolsa de +su padre para sostener su crédito. El le pagará a usted... cuando le sea +posible. Con estos terremotos, ¿quién no tambalea? + +Decididamente, Rocchio no estaba de vena; al escuchar a don Bernardino, +intenciones tuvo de hacer con él lo que con aquel político de marras, a +quien sirvió tan singular desayuno en la misma mañana. + +--Si le pego--pensó,--nuestro gran negocio se quedará en nada y yo +saldré perdiendo. ¡Paciencia! + +Los dedos le bailaban, sin embargo, tal era su coraje; con tanta +embestida como había sufrido, su escuálido bolsillo debía estar hecho +jirones. + +--¡Ah, camastrón! ¿esas tenemos? ¡pues en guardia! No he de perderte de +vista; el amigo Portas, que es un lince, sabe lo que se dice. No hay que +fiarse de estos fantasmones. Sigamos el consejo: apartémonos, pero, +¡alerta! + +Tan decidido que estaba, hacía poco, a defenderle, y ahora de buena gana +le hubiera mordido. _¡Sacramento!_ Una oleada les separó y Esteven +desapareció en el torbellino, siempre sonriendo, como hombre satisfecho +de sí mismo y de los demás. O era un gran farsante o, efectivamente, la +quiebra de Schlingen no le había tocado sino de refilón. + +Rocchio miró a la pizarra y el bailoteo de sus dedos aumentó: ahí +estaban las _vitalicias_ sin dar señales de vida, a pesar de su nombre; +tan rudo era el golpe sufrido, pues habían caído de una altura de +treinta puntos. El oro, aguijoneado por los alcistas, subió medio punto +más, a 348 1/2, forzosamente, a disgusto, demostrando intenciones de +bajar al 47, mareado quizá de verse tan alto. Todos, al pie de la +pizarra, miraban como Rocchio, angustiados, con el terror pintado en las +caras pálidas, más que pálidas, lívidas. + +Y de pronto, como cuerpo muerto que un obstáculo fortuito ha detenido en +su caída y rueda al abismo así que la valla cede y se rompe, las +_vitalicias_ se vinieron abajo estrepitosamente, dando rebotes sobre los +puntos; y el oro alzó el vuelo y se plantó en el 350, sacudiendo sus +alas orgullosas. Un clamor terrible se oyó, prolongado, ensordecedor. + +Rocchio, inmóvil, sentía que aquel número siniestro, 350, le apretaba la +garganta, le ahogaba; toda la cólera de que en el día había hecho +provisión, y que hacía hervir su sangre, iba a descargarla sobre aquella +cifra, nuncio fatal de su ruina. A su lado, míster Robert, inmóvil como +él, contemplaba la pizarra con ira mal reprimida... Un corredor, ciego +de furor, dió un palo sobre el encerado, y como si esto hubiera sido la +chispa del incendio, míster Robert se abalanzó a la pizarra, de un salto +prodigioso, y quiso arrancarla; quiso y no pudo, y entonces, con +enérgico ademán, borró las cifras malditas. Y se volvió, los brazos +cruzados, satisfecho y tranquilo, cual si acabara de pisotear bajo su +planta al demonio del agio. + +Echáronse sobre él, le increparon, le insultaron, acorralado contra la +pizarra, muda ahora; y Rocchio, como fiera a quien abren la jaula, +acudió a apoyarle... La lucha estalló entonces: los sombreros rodaban +por el suelo, los bastonazos llovían; todos gritaban, enzarzados unos +con otros, en torno de míster Robert, impasible. Y Rocchio, desgarrada +la pechera, babeando de rabia, repetía: + +--¡Ah, _brigantes!_ ¡ah, estafadores! _¡Sacramento! ¡Sacramento!_ + +Del torbellino fué arrancado el vengador, que sonreía con desprecio, por +un grupo de amigos; a tiempo que salía, del pasillo, a paso de carga, +el escuadrón de Quilito y se lanzaba a la pelea, al grito de ¡muera +Schingen! Don Raimundo pasaba, buscando asustado la salida. Aquella +legión de diablos le rodeó, dando alaridos; un bastonazo le derribó la +chistera tornasol, y empujón va, empujón viene, le dieron el gran +manteo, entre risas y burlas. Como pelota, iba de un lado al otro, +sudando, gesticulando, descompuesto. Quilito le arrancó uno de los +faldones y lo izó en la punta de su bastón. + +--¡Basta, dejémosle!--gritó Jacinto. + +Y le largaron, huyendo el portugués despavorido, rabo entre piernas. + +Esteven, entretanto, al que un grupo de fieles protegía, invocaba a +todos para restablecer el orden. ¿Qué pasaba allí? ¿por qué barullo tan +grande? Se adelantó, cuando un furioso se le vino encima con el puño +cerrado y le escupió a la cara este insulto: + +--¡Canalla! + +Dos o tres voces gritaron al mismo tiempo: + +--¡Abajo Eneene! + +Las invectivas caían sobre él, como lluvia de piedras; una mano, más +audaz que las otras, se prendió de la solapa de su abrigo. Y abandonado +de su estado mayor, que se desbandó, escapó también, como don Raimundo, +en completa derrota. + +Las iras comprimidas por tan largo tiempo, se habían desbordado; se +gritaba, se forcejeaba, se luchaba. ¡Y qué! ¿el oro tenía que burlarse +siempre del comercio honrado, del que no juega, del que no busca en la +especulación sino en el trabajo el bienestar y el sustento? La mano de +míster Robert, al arrojarle de un revés, de su insolente altura, había +hecho justicia. + +La sarracina continuaba; muchos timoratos escapaban a la calle Piedad, +espantados; otros se guarecían detrás de las puertas, de las columnas, +de las mesas. Y en medio de la confusión, de las voces, de las carreras, +de los golpes, la enseña de la autoridad se mostró... + +Rocchio, indomable, protestaba, siempre al pie de la pizarra y los +compañeros de Jacinto. Quilito llevaba, a guisa de bandera, el faldón de +don Raimundo, y gritaba: + +--¡Muera Schlingen! + + + + +VI + + +Susana Esteven repasaba al piano una sonata de Beethoven. Antes de salir +a compras, en compañía de Angelita, su madre le había dicho: + +--¡Me atacas la cabeza, Susana, con esa sonata! Parece que tocas a +ánimas o que llamas a misa. Esta música alemana no puedo sufrirla. ¿Por +qué no estudias un valsecito francés, alegre, o un aire de opereta? +Mira, ¡Madame Angot! eso es música. + +Susana era muy bonita y muy simpática; un terroncito de azúcar, una +paloma, un dije: todas las hipérboles de la comparación, no alcanzarían +nunca a dar una idea exacta de lo que era esta niña hechicera, sin hiel +y sin malicia. Tenía más de los Vargas que de los Esteven, aunque nada +de su madre, Gregoria, la excepción de la familia; aquella dulzura de +carácter le venía de su tía Casilda, y era más blanda que ella todavía, +más sumisa, más dócil, quizá porque las contrariedades de la vida no +habían llegado a agriarla, y del tío Pablo Aquiles esa debilidad que +parece ser patrimonio de la bondad, generalmente, y por eso dicen que +los buenos son los tontos. No lo era Susana, sin embargo, aunque buena y +débil; en la casa era ella el ama de llaves, la que lidiaba con +sirvientes, la que organizaba y dirigía todo. Venía Jacinto: + +--Nanita, vas a pegarme este botón, ¿verdad? y luego me das una puntada +en este ojal y otra en el forro del chaqué. Eso es; así me gusta. + +--Nanita--decía Angela, la menor, una niña que entre otros defectos que +ya irán saliendo, tenía el horrible e imperdonable de comerse las +uñas,--Nanita, vas a desenredarme el pelo y hacerme la trenza. Así; +perfectamente. + +Misia Gregoria llegaba: + +--Anda, hija mía, ve cómo esa condenada de cocinera prepara el +escabeche; tú entiendes de guisos. + +Y raro era el día en que el padre no la dijera: + +--Hijita, vas a ponerme en limpio ese manuscrito que está sobre la mesa +del escritorio; tu letra es más clara que la de Jacinto, y no echas +borrones, ni haces raspaduras. + +A todos atendía Susana, y todo lo ejecutaba a maravilla. Y en el salón, +en el escritorio, en el tocador y en la cocina, siempre era la misma, +dispuesta y viva, amable y afectuosa. Se levantaba la primera, y ya +lavada y peinada, iba a ver preparar el desayuno de la familia; que el +chocolate de don Bernardino, y el mate de la madre, y el te con leche de +los hermanos, estuvieran en el punto en que el capricho de cada cual lo +exigía; daba prisa a los criados, y les amonestaba, suavemente. + +--Bernardo, ¿quiere usted hacerme el favor de darme el jarro de la +leche? Muchas gracias. ¿Ha llevado ya al niño los diarios? ya sabe usted +que él gusta de leerlos en la cama. Manuela, ¡ha dejado usted _cortar_ +el chocolate! un poquito de más cuidado, se lo ruego a usted. + +Si no había criado, ella lo hacía, y arreglaba los cuartos y tendía la +mesa; una vez, se despidió a la cocinera, y como el servicio anda así, +como Dios quiere, Susana tuvo que ir a la cocina y preparó un almuerzo +que daba gloria. + +--¡Esta Susanita--decía el padre,--es tan buena! si ella faltara, no sé +qué sería de la casa. + +Misia Gregoria la daba a arreglar los vestidos que la modista no había +conseguido sacar a su gusto. Y todavía tenía tiempo para repasar sus +lecciones de idiomas, y acompañar a su hermana al paseo, o a tiendas, o +a visitas, y también a su madre. Ella se complacía en ser útil, en +servir; no tenía más ambición que agradar a todos. Por lo cual, todos la +adoraban. Esteven la llamaba su _Nanita_ querida; la madre hablaba de +mandar construir un nicho muy dorado con dosel y todo, para meterla +dentro, como santita que era; Jacinto la traía regalos siempre que +podía, y en cuanto a Angela, caso extraño, su antítesis, el polo opuesto +de Susana, la respetaba y miraba como algo superior y sobrenatural. + +Desde muy niña fué así Susana, de una pasta que ni amasada por manos de +ángeles. En los rincones pasaba las horas muertas jugando a las muñecas, +sin chistar; ella misma confeccionaba las prendas liliputienses con que +vestía a su pequeña familia, tan hábilmente, que todos se maravillaban +de la práctica de aquellas manecitas en manejar la aguja y las tijeras; +misia Gregoria guardaba todavía, como oro en paño, las camisitas y +vestidos hechos por su adorado prodigio a los cuatro años. Cuando se +aburría de las muñecas, tomaba su libro de cuentos, y llegaba el caso de +referir lo que leía sin olvidar un detalle, condimentando su relación +con observaciones propias, siempre atinadas. Don Bernardino, asustado de +esta precocidad, hablaba con terror de la meningitis. + +--Preferiría--decía a su mujer,--que fuera menos despierta, porque estas +inteligencias desarrolladas así de golpe o no dan ya nada de sí y se +estacionan o hacen estallar el frágil vaso del cerebro. + +--¡Qué ocurrencia! ¿De modo que estarías más satisfecho si la niña +tuviera en vez de esa cabeza llena de talento, una calabaza vacía? A +ver, preciosa, cuéntame la historia de Pulgarito, o dime cuántos ríos +tiene la República Argentina. + +A pesar de los temores del padre, la meningitis no vino; Susana creció, +como un lirio, y a los diez y ocho años era una mujercita en la que +todas las promesas de la niña habían madurado, a pesar del ambiente poco +favorable en que la planta se desarrollara. Porque hay que decir, que ni +el padre, ni la madre, ni los hermanos, ofrecían un ejemplo digno de +imitarse: misia Gregoria, en primer lugar, que recordaba, como horrible +pesadilla, los años pasados bajo el cerrojo de su padre, don Aquiles, +no quería oír de poner cortapisas al capricho de sus hijos; dejarles, +que hagan lo que quieran, que gocen sin trabas de la edad dichosa... +¡Contrariar a los niños, hacerles llorar! ya vendrán, ya vendrán las +penalidades de la vida, demasiado pronto, y entonces sabrán lo que es +sufrir: ahora, dejarles en libertad. Con esto, soltaba tanto la cuerda, +que Jacinto, que era un potro, y Angelita, una _machona_ muy de temer, +campaban por sus respetos y hacían de su capa un sayo. Si Esteven +intervenía, pronto a castigar una travesura o una inconveniencia, acudía +la señora en defensa del reo: + +--Déjalo, Bernardino, no me toques a los niños, no quiero que les digas +nada; ¿vas a pretender, acaso, que se porten como personas mayores? + +En segundo lugar, misia Gregoria era muy celosa, espantosamente celosa, +lo cual daba ocasión a escenas lamentables, representadas sin disfraz +delante de los hijos. Para misia Gregoria, don Bernardino, aquel hombre +que, salido de la nada, se había encumbrado a la brillante posición en +que ahora estaba, era un ser superior; admiraba su inteligencia, su +carácter, su figura, su andar majestuoso, su hablar solemne, todo lo que +él hacía y todo lo que él pensaba. La verdad es que se casó con él +enamorada, locamente enamorada, hasta el punto de hacer lo que hizo, +abandonar su casa y su familia por seguirle, sin importarse de su honra +ni de su nombre. Pero, este amor, con la edad, se convirtió en una +manía, en una obsesión de todos los momentos; apenas dormía, pensando +que otras mujeres pudieran robarle el tesoro de su Bernardino. +Registraba sus bolsillos, en busca de cartas comprometedoras, regulaba +sus salidas y sus entradas, reloj en mano; estudiaba la cara que traía, +si la barba estaba desaliñada o el párpado abotargado. + +--¿De dónde vienes, Bernardino? No me dirás que de casa de Eneene, +¡mentira! tú tienes alguna... de ésas, que te divierte. Mira, este pelo +que traes en la manga, largo y rubio, pelo de mujer, ¡ay, qué asco! Con +que de Susana, ¿eh? quite usted, so camandulero. ¿Y esta carta? No dice +nada de particular, pero estos garabatos son de mujer. ¡Ay, qué +desgraciada soy! Si yo hubiera sabido esto, no me habría casado contigo. + +Don Bernardino callaba y sufría. Pues estas cosas, tan estúpidas de puro +vulgares, las hacía y decía todos los días, y eran vistas y oídas de +todos; a veces, Esteven perdía la paciencia, y entonces se armaban +tremolinas escandalosas: que tú, que yo, que si esto, que si lo otro, tú +eres así, tú eres asá; escarbaban en el pasado de ambos, para sacar toda +la porquería y embadurnarse sin piedad la cara mutuamente. Milagro fué +que, con estos ejemplos y esta educación, no salieran peores de lo que +eran Jacinto y Angelita; en cuanto a Susana, la santita de la casa, nada +podía enturbiar la limpidez de su alma angelical, ni alterar la esencia +de su carácter: entre espinos y guijarros nacen así, flores delicadas. + +Y no eran los celos, la sola piedra de escándalo entre marido y mujer. +Cuando se hablaba de los Vargas, el vocabulario de injurias se agotaba; +entonces el escándalo se producía, no porque ambos disputaran, sino +porque se ponían de acuerdo, para arrojar sobre los tristes desposeídos +toda la inmundicia que quedaba en sus espuertas. Tengo para mí que si +Susana fijó sus hermosos ojos en su primo, fué de tanto oír echar pestes +contra ese perdido, ese pillo, ese indecente de Quilito. ¿Qué había +hecho el infeliz? Susana no lo sabía; nunca consiguió saberlo. Su +bondadoso corazón sufría de verle tratar así, y de escuchar todas las +picardías que la madre y el padre, rencorosos, decían de la tía Casilda +y del tío Pablo Aquiles. Ella no les conocía sino de vista, y hubiera +deseado conocerles de cerca, tratarles, para juzgar si eran +verdaderamente tan perversos. Quilito se le había figurado muy feo y muy +tipo, porque misia Gregoria no hablaba de él sino para motejarle de +_renacuajo_, y cuando le vió en Palermo, al lado de Jacinto, después de +muchísimo tiempo que no le veía, con su carita de querubín, blanco y +rubio, muy derecho, muy bien vestido, parecióle un hijo de lord, y +contestó afectuosamente a su saludo. Al segundo encuentro, siempre en la +avenida de las Palmeras, halló al renacuajo más simpático y distinguido; +le miró con interés y se dijo que el primo debía valer un poquito más de +lo que en su casa decían. Y Jacinto, aturdidamente, la dió detalles que +ella no conocía: + +--Te digo que es un excelente muchacho, el sostén de su padre y de la +tía, y trabajador; estudia Derecho. Toda su ambición es hacerse rico; +ya le verás figurar, porque muchacho más despejado no he visto. Lo que +hay es que los _viejos_ no le quieren, pero no se debe ser injusto. + +--¡Pobre Quilito!--decía la niña compadecida. + +Cuando le trató, más tarde, este sentimiento instintivo de compasión, se +convirtió fácilmente en simpatía; fué en un baile, en casa del ministro +Eneene. Susana, contrariadísima, porque no gustaba de fiestas, había +consentido en acompañar a su madre, de real orden, como ella decía +riendo. + +--No, hija mía--había dicho misia Gregoria,--es preciso que empieces a +ir a sociedad, que te vean, que te admiren; esto de encerrarse en casa +se queda para las feas. Además, yo no quiero que te me vayas a hacer +monja o beata, y con la encerrona y ese carácter de ángel que Dios te ha +dado, vendrías a parar en eso. Felizmente, hasta ahora, no te ha dado +por ahí, pero puede darte, y entonces, ¿qué sería de tu madrecita? +¡Conque, al baile y a pescar novio! + +Otras exhortaciones, de buen fondo, pero disparatada forma le hacía, +comiéndosela a besos. Susana, sonriendo, dijo que iría al baile y +pescaría novio, si podía. + +Entró en el salón y lo primero que vió fué a su primo, mariposeando +ufano. + +--Me alegro--pensó Susana,--así vendrá a _sacarme_ y no _plancharé_; no +hay cosa peor que venir por primera vez a un baile y no tener conocidos. + +Quilito, tan pronto como pudo acercarse, vino a saludarla, y sin mediar +presentación siquiera, charlaron como antiguos amigos. ¿No sabían, +acaso, que eran primos y que él se llamaba Quilito y ella Susana? +Charlaron de muchas cosas: él, de sus estudios, de sus esperanzas; ella, +de sus distracciones, pero ni uno ni otro se atrevió a rozar, aun +incidentalmente, el tema escabroso de la familia. Los ojos de Quilito +decían: + +--¡Qué bonita es! ¿Por qué hemos de estar a mal con ellos? + +Y Susana parecía querer decir: + +--Dile a la tía Casilda y al tío Pablo Aquiles de mi parte que les +quiero mucho, mucho, mucho; ¿por qué ha de haber diferencias entre +nosotros, si hemos simpatizado tanto? + +Y sin hablar nada de esto, se comprendían en la mirada expresiva, en el +acento cariñoso, en el gesto amable. No sé si existe, en otra parte que +en las comedias, aquello de las corazonadas o del flechazo amoroso, +repentino e irremediable, pero lo cierto es que este diálogo, en medio +de las luces y de las flores del salón, bastó para que los dos primos se +entendieran, y en el apretón de manos con que pusieron punto final a la +entrevista, se dijeran muchas cosas, que los labios no habían osado +proferir. Verdad es que el chico era insinuante, y tenía una labia y una +gracia, que hubiera sido para él empresa fácil la conquista de su linda +prima, aunque viniera armada de prevenciones. Y mientras en Quilito +nacía una idea egoísta de este encuentro, la del amor compartido, en el +generoso corazón de Susana se despertaba un propósito digno de ella: + +--O he de poder yo muy poco--se dijo,--o conseguiré la reconciliación de +las dos familias; resistencias y obstáculos no han de faltar, pero +Quilito y yo, aliados, las venceremos. + +La tenacidad de estas resistencias, que preveía, pudo apreciarla al +siguiente día, cuando misia Gregoria, contra su costumbre, la habló +acremente de aquella larga conversación, que olía a _temporada_, con el +renacuajo. ¿A qué tanto palique? ¿qué le había dicho? Si él se hizo el +pegajoso, como mal educado que era, haberle plantado. En cambio, pasó la +mayor parte de la noche perdiendo el tiempo con el insignificante de su +primo, y no atendió a jóvenes de mérito que la solicitaban. ¡Vamos! ¿y +para eso fué al baile? Irritadísima, viendo cosas que ella sola se +forjaba, lanzó esta frase cruel: + +--El convento, ¿me oyes? ¡el convento antes! + +Susana lloró, y costóle mucho trabajo convencer a la madre, que la +conversación había sido de lo más soso e inocente del mundo. + +--Lo creo, porque tú me lo dices--dijo la señora,--tú no mientes +nunca... pero, yo me entiendo. No hablemos más de esto; ven a darme un +beso. + +Desconfiada, sin embargo, porque la idea de que su prodigio, su ídolo, +fuera a caer en la cueva hedionda de los Vargas la horrorizaba, no quiso +llevarla más a bailes, pero esta determinación, fácil de realizar dada +la docilidad de la niña, parecióle muy poco, y día a día, ella y don +Bernardino, renovaban sus catilinarias contra la odiada familia. Todo, +según ellos, no había sido sino una trama urdida por la Casilda, que +era una intriganta desvergonzada, para ver de meter al muchacho en la +casa y luego colarse ellos; pero la habían descubierto el juego y ya +estaba aviada, la muy tal, etc., etc. + +--Como yo la encuentre--decía misia Gregoria,--le zampo una buena +fresca, y si me apura mucho, le pongo las manos en la cara. + +Esteven dijo que iría al Ministerio y haría que Eneene destituyera a don +Pablo Aquiles. + +--¡Eso, eso--exclamó la señora,--que les corten los víveres y que vayan +a pedir limosna! + +Pasado el chubasco, Susana consiguió aplacar los ánimos y obtuvo la +promesa de que nada se intentaría contra la desgraciada familia. + +--Si yo les juro que Quilito... digo, ese joven, no me ha dicho nada de +particular; además, no volveré a hablarle. + +--Bueno, ya se acabó--dijo don Bernardino;--venga acá mi Nanita querida +a abrazar a su papaíto. + +Susana no renunció, sin embargo, a su idea de reconciliación; ya les +catequizaría poco a poco. ¿De qué había de servirle, entonces, la grande +influencia que ejercía sobre sus padres? Lo malo era que, si en todo lo +demás se hacía lo que la santita de la casa quería que se hiciese, en lo +tocante al asunto de los Vargas no había acuerdo posible; al solo nombre +pronunciado, los odios dormidos se alzaban, como víboras a las que se +pisa la cola. + +Entretanto, pasaron los días. Susana y Quilito se veían en Palermo, +cambiaban una mirada y una sonrisa al cruzar rápido de ambos carruajes, +recatadamente, a causa del Argos de la madre o de Angelita, que las +cazaba al vuelo, y como era tan chismosilla y enredista, había que +cuidarse de ella; luego, en el teatro, algunas veces, muy pocas, porque +misia Gregoria, contrariamente a lo que antes predicaba en punto a +encerronas, decía ahora que las niñas bien educadas no deben andar de +ceca en meca, mostrándose con descaro en todos los sitios, como +mercancía puesta a la venta. Se veían, pues, pero no podían hablarse. + +La primera carta que trajo Agapo del audaz chiquillo, no quiso Susana +recibirla; encendida de rubor, dijo que no era decoroso que una señorita +se carteara con ningún hombre, aunque éste fuera su primo. Pero Agapo +insistió. ¿Qué mal había en ello? ¿acaso iba a mancharse los dedos y a +condenarse a infierno perpetuo por recibir la cartita del primo y +dejarse querer? ¡Porque Quilito la quería, la adoraba! ¿y no era lógico +esto, que se adorase a una santita como ella? Ahí están las santas de +los altares: pues, bien, ¿se incomodan o ruborizan porque los hombres, +de rodillas, las prestan el homenaje de su adoración? Y las oraciones, +¿qué otra cosa son que cartas pedigüeñas, solicitudes de recomendación, +entre el pecador contrito y el intermediario de Dios? ¿Se ha visto, +hasta ahora, a una santa que se estime, rechazar una oración que se le +presenta con toda política y humildad? Preguntárselo a Santa Rita, que +era tan seriota, sin embargo, y a Santa Clara, tan punto y coma en todos +sus deberes, y a la misma Magdalena, que de tanto andar en el mundo, +estaba, ya curada de espantos. Pues lo que hacían estas venerandas +señoras, probando así que su corazón de piedra o de simple pino latía +aún por las miserias del prójimo, ¿por qué no había de hacerlo ella, que +tenía un corazoncito de mantequilla, tan blando era y tan compasivo? + +--¡Jesús, Agapo! mira que hablas desatinos--decía riendo Susana, sin +darse por vencida. + +El otro volvía a la carga. No, lo que es él no había de irse como vino, +¿qué iba a decir el pobre Quilito? Nunca lo creyera que Susana, tan +buena, alimentara la misma inquina de sus padres contra los Vargas. + +--¡Oh! no--exclamó la niña,--¡yo no, al contrario! + +Entonces, ¿por qué se resistía? ¡quién sabe si aquella carta no era el +primer paso dado en el camino de la reconciliación! Susana quedó +suspensa. Bien podía ser, ¿por qué no? así, de lejos, sin estar al +habla, nunca se haría nada de provecho; y si ella se había aliado a su +primo, en el pensamiento, para llevar a cabo aquella empresa que, a sus +ojos, aparecía tan noble y grande, estaba obligada a entenderse con él, +de un modo o de otro, a fin de discutir y acordar los medios de +realizarla. Es cierto que se hacía culpable del pecado de desobediencia, +pero Dios sabía por qué lo hacía y había de perdonarla, en razón de sus +buenas intenciones. Susana tomó la carta. + +Lo que Quilito decía, ya se adivina. Fogoso e irreflexivo, pintaba a su +prima un amor que ardía por los cuatro costados, en medio de un bosque +enmarañado de metáforas, deprecaciones llorosas, exclamaciones +desesperadas y llamados sentimentales a la _Parca implacable_ cada dos +párrafos, los cuales concluían todos con un punto de admiración, que +daba el quién vive. Susana contestó en pedestre prosa, pasando como +sobre ascuas, y había de qué, por lo que el primo declamaba, y hablando +sólo de sus propósitos, nada de sí misma. Y así empezó una dulce +correspondencia entre ambos, sostenida con juvenil ardor por parte de +Quilito, y con tranquilo recato por parte de Susana, siempre sobre el +mismo tema y en diapasón igual: Quilito, suspirando, llorando a veces, +renegando otras, desesperado de su suerte y de su porvenir; Susana, +predicando la concordia, la paz, la calma, en el sagrado nombre de Dios. +Y si la empresa magna, la reconciliación deseada, no hizo muchos +progresos, a causa de los obstáculos insuperables casi que la +contrariaban, en esta comunión de su dos almas, el retoño de los Esteven +quedó unido al de los Vargas por el lazo del amor, en nudo tan apretado, +que no había ya quien pudiera desatarlo sobre la tierra. + +Repasaba, pues, al piano Susana la sonata de Beethoven, en el saloncito +de música, y pensaba en su empresa y en su primo. ¿Eran las tres, las +cuatro, las cinco? No lo sabía; debía ser tarde, porque después del +almuerzo, se puso a copiar unos documentos de don Bernardino con su +letra clara y redonda, y esto le tomó mucho tiempo. Su madre, muy +emperifollada, de capota rosa y abrigo de terciopelo, acababa de salir +con Angelita, después de decir aquello sobre la música, que hizo sonreir +a Susana... Sonaron dos golpecitos en la puerta del vestíbulo... La +niña, ocupada, en el estudio de una cadencia, no oyó... La puerta se +abrió y entró Agapo. + +--¡Chist!--hizo,--no te asustes, Nanita, que soy yo. + +--¡Qué susto me has dado!--exclamó Susana abandonando la banqueta,--¿por +qué entras así, como un ladrón? + +--¿Puedo yo entrar de otra manera en casa de mi señor hermano?--contestó +el atorrante con amargura;--sé que no hay nadie, porque he estado +espiando a la puerta y he visto salir a todos, menos a ti; hasta el +_mucamo_ ha salido: si me encuentra en la escalera, me echa; es la +consigna que tiene del señor Esteven. + +--No digas eso; siempre que hablas de papá, exageras de un modo... + +--Bueno, lo que tú quieras; lo cierto es que nunca he pasado del +vestíbulo, y hoy me dije: Aprovecharemos la ocasión y entraré a ver esos +lujos tan mentados; de seguro que Nanita no me echará, de miedo que la +ensucie sus bruselas. + +Estaba tan rotoso, que daba lástima; por los agujeros del pantalón +asomaba la carne de las piernas; no tenía chaleco, y la camisa, si +camisa puede llamarse el retazo de lienzo color de chocolate que le +cubría a medias el pecho, carecía de puños y de cuello o por lo menos, +no se mostraban; la chaqueta estaba acribillada de manchas, y de los +zapatos y el sombrero vale más no hablar. Con este avío, pues, y una +cara y unas barbas que no probaban agua ni tenían noticias del peine +hacía un siglo, se presentó Agapo en el saloncito de música. Tan facha +estaba, que, en medio de las sedas y los dorados, parecía una mala copia +del _Menipo_ de Velásquez, sin la capa, dentro de un marco de precio. + +Mientras Susana le miraba compasiva, el filósofo recorría la pieza, +metiendo las narices, estirando el hocico, con movimientos de cabeza más +de desdén que de asombro. A veces, tendía la mano para palpar un objeto, +pero se contenía. + +--No temas, Nanita--decía,--ya sé que esto se llama mírame y no me +toques. Pero, ¿qué hacen ustedes con tanta chuchería, tanto muñeco, +tanta silla dorada, que ni para sentarse sirve? Porque, ésta, por +ejemplo, de raso o lo que sea, no aguanta el peso de una persona. ¡Qué +farsantes son los ricos! Ya que les sobra el dinero, ¿por qué en vez de +emplearlo en cosas inútiles y de puro aparato, no lo regalan a los +pobres? ¿acaso para vivir, lo que se llama vivir, se necesita de estas +faramallas? ¡Si aquí no se puede andar con libertad, entre tanta +baratija! ¿sabes? Si me dieran esta pieza por cárcel, reventaba al +tercer día, si es que pasaba el primero; aire, luz y espacio suficiente +donde asentar estas patazas y donde recostarse con comodidad; y libertad +para moverse, sin el temor de echar una mancha en el cortinaje, o de +romper una silla, o de tirar una mesa, y con ella, perniquebrar a alguno +de esos personajes de porcelana... ¡Uf! ¡aquí se ahoga el _sursum +corda_! Eso sí, no vayas a creer, Nanita, que esto es lo primero que +veo; muchos salones he visto, y mejores... + +--Ya lo sé--dijo Susana risueña,--que te tratas con muchos _high-lifes_, +y que comes en casas ricas; vamos a ver, ¿dónde has comido anoche? + +--En casa del Presidente--contestó Agapo muy serio. + +--¿Dónde?--volvió a preguntar la niña, muerta de risa. + +--¡En casa del Presidente! + +Y la noche antes en casa del ministro Eneene, muy mal, por cierto, +porque el doctor tenía gustos criollos bastante rancios y estaba a +diario con puchero de cadera y asado de costilla, y alguna vez, de +extraordinario, ponían _ropa vieja_, y gracias. ¿De qué se asombraba? +¡Cuántos, que no le llegarían a él a la sucia del zapato, trincaban con +esos personajes! Por supuesto, él no se dignaba sentarse a la mesa: +abajo, en la portería, recibía su buena ración y se iba tan contento. + +--Y hoy, ¿dónde has almorzado?--preguntó Susana con timidez. + +--¡Ah! ¡Nanita, qué picarona! ¿De modo que las santas se permiten +también ser maliciosas? Pues hoy almorcé... allá. + +--¿Dónde... allá? + +--Pues, en casa de la tía Silda. + +--¡Ah!--hizo Susana. + +¡Qué enferma había estado la tía Silda! Tres días de cama, con dolores +en el costado, y fiebre, y médico yendo y viniendo. + +--¡Dios mío! ¿Sigue enferma la tía?--preguntó con sobresalto la joven. + +--Ya está levantada, pero... casi no cuenta el cuento. Juraría, Nanita, +que allí hay algo. + +--¡Algo! a ver, Agapo, cuéntame. + +Se acercó al atorrante, ansiosa, sin disimular el deseo de tener +noticias de la otra casa: estaban solos, y bien podía pronunciarse el +nombre maldito de los Vargas, sin temor alguno. + +--Pero, ¿qué he de contarte?--exclamó Agapo,--no sé nada, cosas que yo +me imagino. Verás: hoy entro, y me encuentro a misia Casilda con los +ojos como tomates, ¿qué quiere decir, Cristo? En el patio me tropecé a +don Pablo Aquiles; siendo él tan político siempre, no me saludó ni dijo +palabra, ¿entiendes? Arriba, Quilito, encerrado, sin querer abrir la +puerta; cuando oyó mi voz, me mandó con Pampa esta carta, que ahora te +daré, y para eso, la echó por la ventana. Bueno, pues todo esto, pienso +yo que tiene busilis, y el busilis es la Bolsa. + +--¿La Bolsa? + +--Como todo el mundo ha perdido en la Bolsa este mes, nada habría de +extraño que Quilito diera su tropezón también... Te digo que algo ha +ocurrido allí. + +--¡Jesús! No se oye sino hablar de la Bolsa, en todas partes... Hoy, en +casa, no sé qué he oído de esto, pero ha habido su disgusto, porque mamá +ha llorado... y el otro día, cuando esos tumultos de la Bolsa, papá vino +enfermo, derechito a meterse en cama. + +--Si te digo que va a ser preciso un escarmiento; hasta que el pueblo no +eche al ajo a este Gobierno y no prenda fuego a la Bolsa, no vamos a +quedar tranquilos. + +--Ya empiezas, Agapo, con tu dinamita y tus cataclismos... no me gusta +oírte así. + +--¿Y si no hay más remedio? + +--Para todo lo hay, con la ayuda de Dios; ya se arreglarán las cosas, +poco a poco. Ahora, dame esa carta. + +El atorrante metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó la +carta. + +--Y para el tío Agapo, para el pobrecito tío, ¿no hay nada hoy?--dijo +presentándola, con el aire de un niño que pide un juguete. + +Susana guardó la carta, pues no quiso abrirla delante del curioso +filósofo, y contestó jovialmente que sí, que había muchas cosas para el +tío: un buen sobretodo largo, un par de pantalones, tres camisas, +zapatos, calcetines... Era una vergüenza que fuera con esa facha a comer +a casa del Presidente; la misma tía Silda, ¿qué diría?... ¿Dinero? No, +señor, para que saliera a bebérselo en la primera esquina. + +--Nanita, me ofendes con eso--replicó Agapo;--hace mucho tiempo que no +_tomo_... desde aquella promesa que te hice. En cuanto a mi traje, no +encontrarás un uniforme más apropiado para estos tiempos de crisis; ya +se verán obligados a vestirlo muchos de los ricachos _a la minuta_, que +se zarandean por ahí. Además, no estoy tan mal como dices. + +Se miraba al espejo, adoptando posturas de academia. Y mientras él hacía +cucamonas a su propia figura, Susana fué adentro y trajo un gran +paquete. + +--Aquí tienes el sobretodo, los pantalones, las camisas... todo en muy +buen uso. Esto es de papá, esto de Jacinto. + +--Se me ocurre una cosa, Nanita. + +--¿Qué? + +--Que mañana, quizá, tu padre y tu hermano necesiten de estas prendas, +que ahora tiran... porque yo he oído que sus negocios andan así, así... +te juro que no lo sentiría sino por ti, que eres un pedacito de gloria; +en cuanto a ellos, bien merecido lo tendrán; ese día me visto de +colorado y canto el himno nacional en la calle Florida. + +--¡Qué malo eres, Agapo!--dijo Susana disgustada;--¡siempre con tanto +rencor contra papá! Si la culpa es tuya, que nunca has querido trabajar +y has sido toda tu vida un vicioso, un haragán. De la misma manera que +papá ha colocado a tanto tipo que no conoce, ¿por qué no había de darte +un empleíto? + +--¿Un empleo? ¡a mí! Mira, hija, mejor es no tocar este asunto, porque +me sublevo, y me alboroto y sería capaz de hacer una barbaridad o decir +un desatino; todo lo que puedo decirte es que mi señor hermano es una +buena pieza, un _peine_ muy fino, que no merece tener por hija esta +santa Susana, que yo conozco, quiero y admiro. + +Muy nervioso, empaquetaba la ropa, dispuesto a marcharse ya. + +--Espera, hombre, que vas a romper el papel; trae acá, yo te prepararé +el paquete. + +Lo envolvió todo muy bien, aseguró el lío con un cordón, y se lo +entregó. + +--Pero no te vayas todavía; no tengas cuidado, que nadie vendrá. +Háblame, antes, de la tía Silda, ¿qué te ha dicho? ¿qué te dió de +almorzar? + +Eran tan raras las ocasiones de saber de los otros que se la +presentaban... Agapo cambió de fisonomía y se puso hasta risueño. + +--Eso es otra cosa--dijo, abandonando el pesado envoltorio, satisfecho +de caer sobre un tema agradable;--cuando entro en esta casa, no te me +ofendas ¡eh!, el corazón, porque yo también tengo corazón, aunque no lo +parezca, se me _empaca_, como quien dice, las piernas me flojean... ¡si +no fuera por el maldito estómago! pero allá, entro tan alegremente, +seguro de no ser despedido con una coz. Y esto no debiera ser así, +porque, al fin, yo soy un Esteven, mal que les pese, y ellos, los +Vargas, en vez de simpatía debieran tenerme odio, y sucede todo lo +contrario: el odio está aquí. ¡Ajo!... + +--Bueno, ¿volvemos a lo mismo? + +--Dispensa, Nanita; cuando uno es un hombre honrado, porque eso sí, a +honradez nadie me gana... ¡ya la quisieran muchos para su uso personal! +y uno es desgraciado... no hay razón. Todos no hemos de salir con mucha +chispa en la cabeza o muchas uñas en las manos. + +--¡Qué pesado estás, Agapo! A ver, ¿qué te dió de almorzar la tía Silda? + +--Pues la tía Silda... + +Hablando de la familia de Vargas, se animaba. Y Susana, sentada en la +banqueta, con el codo sobre la tapa del piano, escuchaba atenta, sin +perder uno del hilo de nimios detalles que el filósofo iba desatando, +sin hacerse rogar mucho. + +La casa era así, con dos patios y tantas piezas, y arriba, el cuarto de +Quilito; la habitación de la tía, de este lado; después del comedor, la +del tío. Señalaba los objetos que había en cada pieza, qué plantas +adornaban el patio, si había canario en el zaguán... Misia Casilda +siempre trabajando, con su bata de lana y sus dos bandós tan alisados; +don Pablo Aquiles, al Ministerio a las doce... no se le oye nunca la +voz. Quilito, mareando a todos con sus fantasías. El mastín de la casa +era Pampa, la india, enseñando los dientes al que entra. Susana oía +extasiada, y se hacía repetir los detalles: ¿decía que el cuarto del tío +estaba de este lado? ¡ah! después del comedor. Parecíale estar en la +casa maldita, en la cueva, que decía misia Gregoria, acompañando a la +hacendosa tía Silda, ayudándola a preparar la cena, o a limpiar, o a +zurcir; y cuando llegara el tío del Ministerio y el primito de la Bolsa, +con qué gusto se sentaría a la mesa, en tan amable compañía, feliz de +verlo todo en regla, el mantel planchadito, los vasos bruñidos, los +cubiertos lucientes como plata de veras, ¡feliz de que la tía la mirara +con complacencia, convencida ya de que ella, aunque Esteven, no era ni +mala ni torpe! ¡feliz de estar cerca del primo, y poder reanudar el +coloquio del baile, sin censura ni anatema! Otra vez volvía sobre los +detalles pueriles. Y el tío, ¿tenía mucho sueldo en el Ministerio? +Quilito debía ganar enormemente en la Bolsa, y ya con esto poco +importaba que el sueldo fuera escaso. + +--¿Y dices que hoy encontraste llorando a la tía Silda? + +Sí, pero Agapo no sabía la razón, él no había de preguntárselo. ¡Quién +sabe las penas que sufriría la pobre tía! ¡si ella, pudiera! ¡cómo no +consolarla, si le era tan simpática! Entonces, la idea del cisma que la +separaba de aquella familia hacía nublar su dulce mirada. Debía haber +ocurrido algo muy grave, muy grave, para un rompimiento tan completo, +tan definitivo, que parecía ser eterno; porque ella, desde que abrió los +ojos, recordaba haber visto siempre las cosas así. + +--¿Sabes, Agapo, cuál ha sido la causa? + +Y Agapo decía que no, que él no sabía nada, no quería saber nada; +contrariado, ya no sonreía, arrojando miradas feroces a su alrededor, +como si aquel lujo insolente, al despertarse el recuerdo del pasado, +insultara su miseria e irritara sus nervios. + +Se oyeron pasos y voces en la escalera. + +--No huyas, que será alguno de esos fastidiosos que asedian a papá todos +los días. + +Pero el atorrante, que creyó percibir dejo de mujer, apresuróse a cargar +el lío y a escapar, temiendo tropezar con su cuñada y que le +sorprendiera en flagrante delito de profanación y sacrilegio. + +--Adiós, Nanita; ¡Dios te lo pague, hija! + +Fué a abrir la puerta, a tiempo que misia Gregoria entraba, con +Angelita. + +--¿Aquí?--chilló la señora;--se te ha dicho que no pases de la puerta, +¡y tú lo consientes, Susana! El no tiene la culpa, naturalmente. ¡Si +Bernardino estuviera en casa, él te ajustaría las cuentas, vagabundo! + +Agapo, sin decir palabra, embistió al hueco que dejaba libre la +corpulencia de misia Gregoria en la puerta, y salió al vestíbulo, +empujando a la cuñada sin miramientos. + +--¡Ordinario, vulgarote!--vociferó ella. + +Y mientras el atorrante bajaba las escaleras, saltando los peldaños de +cuatro en cuatro, Angelita, echada sobre la barandilla, le hacía pitos, +diciendo de burlas: + +--¡Adiós, tío Agapo! + +Arrojóle un salivazo, tan certero, que le cayó en la mano. + +--¡Puerca! ¡víbora!--refunfuñó el filósofo. + +--Pero, mamá--decía Susana,--¿por qué le tratas de ese modo? Hay que +tenerle lástima. + +--¡Lástima, cuando es un sinvergüenza, un perdido, que deshonra a la +familia! + +--Un desgraciado, más bien, mamá--replicó dulcemente la niña. + +Misia Gregoria se sentó. Se había puesto excesivamente, monstruosamente +gruesa; el pecho desbordaba del corsé; la cintura, salida de madre, +invadía las caderas; los brazos, del codo al hombro, tenían más de +muslos que de brazos; el cuello, corto, con un collar de grasa, que caía +en blanda papada sobre el cuerpo del vestido, manchado por la +transpiración y los polvos de arroz; la cara, mofletuda, colorada, +reluciente; los ojos, enterrados en tanta gordura, lacrimosos, a la +sombra de un flequillo postizo, que se encrespaba sobre las cejas +peladas... Y encima del peinado pretencioso, una capota rosa, una +capotita monísima... ¡Qué bajón tan grande había dado la señora de +Esteven! Ni rastros quedaban en ella de la hija mayor de don Aquiles, de +aquella muchacha esbelta, más graciosa que bonita, soberbia heroína de +un drama de amor. Con voz flaca y lánguida, pidió que la desembarazaran +del abrigo, pues se moría de calor; Susana dió satisfacción +seguidamente a su deseo, desató los lazos de la capota, que la +ahorcaban, y aflojó el corsé, requisito indispensable cada vez que la +señora volvía de la calle. Ella daba suspiritos de alivio, la cabeza +desmayada sobre el respaldo del sillón, los ojos cerrados +voluptuosamente. + +--¡Qué placer tan grande es éste! ¡Ay, Nanita, no puedes imaginarte lo +que sufre tu madre con el condenado corsé; para mí es como si me +cincharan, hija! + +Se abanicaba con pereza, saboreando el descanso de que disfrutaba. + +Angelita, delante del espejo, despojábase del sombrero y el velo; +hubiera sido bonita, sin el arremango exagerado de su nariz, que le daba +una expresión de picardía y malicia, y si la boca fuera menos grande y +los dientes más iguales. Desenfadada, tenía movimientos bruscos, salidas +de tono violentas; era bromista de mal gusto, y necia, por consiguiente, +y si se creía molestada, lanzaba la saeta de su sátira, sin cuidarse +dónde hería, ni a quién hería. La menor contrariedad producía en ella un +ataque de nervios, y convulsiones, gritos y pataleta: a esto llamaba su +madre los _prontos_ de Angelita, asegurando que, a pesar de ello, su +corazón era de oro, y ante la palabra de misia Gregoria, no me atreveré +a ponerlo en duda, aunque no pueda afirmar si el oro era o no de ley. Lo +cierto es que a estos _prontos_, seguía un estado de irritabilidad tan +grande, que andaba por la casa dando mordiscos a sus hermanos, a los +criados, hasta a sus padres: a don Bernardino le sobajaba de lo lindo y +a la madre la ponía motes irrespetuosos. + +--Ya está atufada Angelita--decía misia Gregoria,--no hacerle caso y +dejarla. + +Con esto, amiga de chismes, de meterse en líos y enredar a la gente; +caminaba con desgaire atroz, a la manera del papagallo, los pies +atravesados y a pasos menudos; su voz era chillona y de timbre +antipático, tan estridente, que se metía en el oído y allí se estaba +vibrando sobre el tímpano, como insufrible chicharra, hasta total +aturdimiento... ¿He dicho que se comía las uñas? ¿sí? pues, ya está +hecho el retrato de la señorita Angela Esteven. + +Cogió el sombrero, arrancó el velo, y tiró todo sobre el sofá, +malhumurada. Ella no se quejaba del calor, sino del tufo a tabaco, a +vino, a demonios, que había dejado el tío Agapo. ¡Y luego el plantón de +la tienda! Dos horas de revolver, de hablar, de levantarse, de volverse +a sentar, para salir con las manos vacías. El dependiente tenía un grano +en el pescuezo, que no le dejaba mover la cabeza, y usaba onda pegada +sobre la frente con goma de membrillo. ¡Qué asco dan estas ondas +engomadas! Pero lo gracioso fué que, estando ella en la puerta, aburrida +del debate estéril de la madre con el dependiente, vió pasar a la tía +Silda con un mantón color de diablo afligido, hecha una pordiosera; si +estaba tan mal, ¿por qué no se ponía a servir? El orgullo no da para el +mercado. ¡Ah! ¿y la de Eneene? la mayor, aquella paja larga, que anda +como si la llevara el viento, pasó también, con la madre: ¡y miren lo +que vale ser hija de ministro! llevaba dos _festejantes_ de escolta, +marcando el paso. Por supuesto que el coche, pagado por el Ministerio, +estaría en la esquina, esperando. Hablaba, y repercutía el sonido de su +voz, como si dieran con un martillo sobre un caldero, ¡dam, dam, dam! y +la vibración ensordecía. + +--No grites tanto, Angelita--suplicó misia Gregoria, sin abrir los ojos. + +Ella, no hizo caso y saltó de repente: + +--Dime, mamá, ¿es cierto eso que le has dicho a la de Eneene, que nos +vamos al Frigal? ¡En junio! sería ridículo. + +Mordiendo la uña del dedo meñique con encarnizamiento, protestaba de +esta ida a la _estancia_ en pleno invierno; que no contaran con ella, +porque ni a soga habían de llevarla: la temporada de ópera en lo mejor, +tres bailes anunciados... ¡la muerte antes que la _estancia_! Bien +mondado el meñique, pasó al anular, insistiendo en su pregunta. Misia +Gregoria, con un suspiro mucho más hondo que los otros, contestó que sí, +que se irían a la _estancia_ a fin de mes, si _esto_ no se arreglaba. + +--¡Perfectamente!--exclamó Angela atacando, en su coraje, todas las uñas +a la vez,--¿y qué tenemos nosotros que ver con _esto_? Que se arregle o +deje de arreglar, no es motivo suficiente para que demos la campanada de +irnos a la _estancia_ ahora, a pasar fríos, y aburrirnos. Lo primero que +dirán todos es que papá se ha fundido, y que nos vamos al campo a +economizar, y no hay cosa peor que dar pie a habladurías. + +La señora suspiró más hondo todavía, como si quisiera arrancarse de allí +dentro algo que la incomodaba enormemente; este mudo comentario á su +pensamiento, que parecía confirmarlo en su elocuente silencio, sacó de +quicio a Angelita. A ver, decir la verdad y no andarse con tapujos: +decir que habían descendido al nivel de la tía Silda, más bajo, al nivel +de Agapo, y acabemos; ¿por qué no habían avisado a tiempo para salvar +siquiera la camisa? Eso tiene meterse en la Bolsa y hacer gracias; +claro, las mujeres pagan después el pato: destierro a la _estancia_ y +punto final. Pero lo que más la irritaba era el qué dirán de las gentes, +la murmuración de las amigas envidiosas, darles el gusto de verla +abollada. + +--¡Ay, Dios mío! tengo tanta vergüenza, que quisiera morirme. + +La madre intervino: + +--¿Quieres callarte, Angelita? Estás ahí hablando _zonceras_ sin +fundamento; si nos vamos al Frigal, lo que no se ha decidido aún, será +por mi salud, ni más ni menos. + +--Que no voy a la _estancia_, digo--gritó Angela, con todos los síntomas +de sus _prontos_ más temidos,--que no voy, no y no, ¿han oído? + +Dió la nota más alta de su voz de tiple, con tal fuerza, que los +cristales temblaron, y hubo que llevar la mano a las orejas; pateando, +llorando, aporreando los muebles con el puño iracundo, salió del +saloncito, como una exhalación. Del golpe, la puerta casi se desencaja. + +Susana, consternada, no había dicho palabra. Hojeaba, delante del piano, +su cuaderno de música, tan abstraída en la lectura de fusas y +semi-corcheas, que parecía no haber oído nada, no haber visto nada. + +--¿Ya se fué esa loca?--preguntó misia Gregoria, abriendo los ojos y +apartando las manos del torturado órgano auditivo,--¡qué carácter de +muchacha! al momento se atufa, y no hay más que dejarla desahogar. Lo +mismo era yo, a su edad. Nanita, ven acá, acércate. + +Susana obedeció. La atrajo a sí la señora y obligóla a arrodillarse +delante del sillón, para tenerla más cerca todavía y poder besarla a sus +anchas, en la boca, en los ojos, en la frente, en el pelo rubio y +ondeado. La joven, sorprendida, repetía: + +--Mamá, mi buena mamá... + +Pero, la señora, estrechando la hermosa cabecita de virgen contra su +seno opulento, protestaba: no, la buena era ella, su hija, su Nanita +adorada; a ver, que vinieran todos los ángeles del cielo y todos los +santos del almanaque a competir con ella; ¿a que se volvían avergonzados +de la derrota? La dió un beso más apretado en la frente y se puso a +llorar, con sollozos convulsivos que sacudían todo su cuerpo. Entonces, +Susana se asustó. + +--¿Qué tienes, mamá? ¿qué ha pasado? + +Misia Gregoria no contestaba; su llanto era tan copioso, tan sentido, +que no podía hablar. Y Susana, afligida, repetía: + +--Mamá, ¿por qué lloras? dime, ¿por qué? + +Entre el hipo de los sollozos, la señora articuló: + +--¿Sabes? lo que ha dicho Angela... es la verdad... ¡la terrible verdad! + +La joven, sin comprender, exclamó: + +--¿Que nos vamos a la _estancia_? ¡Mejor! ¿Y eso te aflige tanto? + +La madre volvió a besarla largamente. ¡Qué inocente era! Se afligía, +sí, pero no por salir de la ciudad, sino... por lo otro, ¡un golpe tan +duro y terrible! se afligía, porque este golpe alcanzaba a sus hijos, a +su buena y querida Nanita. Esta, abría tamaños ojos. La madre, +bruscamente, repuso: + +--En medio de todo, debiera alegrarme de nuestra desgracia, porque esa +gente, esa chusma, te había ya tendido el lazo y en él ibas a caer, +tarde o temprano; tengo la experiencia de estas cosas, y sé en lo que +viene a parar la oposición de los padres en lucha con el capricho de los +hijos; porque no me lo niegues, no me digas que no: estás encaprichada +con ese renacuajo de Quilito. + +--¡Mamá!--suplicó Susana. + +Que sí y que sí; ¡ella tenía un ojo y un olfato! Estalló en invectivas +contra _esa chusma_, gozosa de poder descargar en alguien la amargura de +su pena inmensa; como lobos habían rondado su casa, para entrar a saco +en ella y viéndola bien guardada, engatusaron al cordero de su hija; ya +sabían ellos lo que se hacían: atacaban por el lado más débil, más +vulnerable; una vez ganada la hija, la conquista de los padres no era +sino cuestión de tiempo. Pero, ahí estaba ella, la madre, para velar por +todos; no conseguirían su objeto, no: ella lo había jurado. Sus ojos, +secos ya, brillaban, animados por el odio inextinguible. Susana lloraba. +Viéndola así, la cabecita de penitente inclinada, misia Gregoria, +afligidísima, la volvió a besar, a estrechar contra su pecho. ¡Por Dios! +¿qué había hecho ella tan malo, qué crimen había cometido, para ser así +castigada en sus afecciones? Su hija, su adorada santita, renegaba de +ella, acusándola quizá de verdugo, de madre sin entrañas. Pero, si era +por su propio bien, que lo hacía... + +--¡Mamá!--suplicó de nuevo Susana. + +La apenaba tanto oír hablar a su madre así... Misia Gregoria se calló, +embargada, otra vez, su mente, por la idea terrible, por _lo otro_, que +no había acabado de explicar. + +--No llores, hija mía--dijo,--mira que tu valor y tus consuelos me hacen +falta, mucha falta. + +Lo que había dicho Angela, era cierto: se iban a la _estancia_, en +junio, en el rigor del invierno, porque su padre... su padre estaba +arruinado, y su hermano arruinado, y todos, todos, absolutamente +arruinados. La ahogaron los sollozos. Pasó mucho tiempo sin que pudiera +hablar, sorda a las palabras de su hija, que se esforzaba en animarla, +mostrando cristiana resignación. ¡Estaban arruinados! Y bien, se irían +al campo y trabajarían y ahorrarían; al padre no le tomaría de sorpresa +esto, porque se había formado en el trabajo, y luchado desde joven por +el bienestar de la familia; era duro empezar de nuevo, pero ahora no +estaba solo, sus hijos le ayudarían: estaba Jacinto, joven y robusto, +estaba ella... ¿no sabía planchar, lavar, coser, bordar, guisar? Ella lo +haría todo, ¡y con qué placer! se la presentaba la ocasión de pagar esa +deuda, imposible de saldar jamás, del hijo con el padre, de pagarla en +la moneda del cariño, de la abnegación, del sacrificio, única moneda +válida para tales deudas. ¿Qué la importaban el lujo, las fiestas, la +vanidad de la posición perdida? Arriba o abajo, el corazón late lo +mismo... Allá, en el fondo de su alma, en el rinconcito más oculto, +brillaba la esperanza consoladora de que, caída de su pedestal de mujer +rica, se acercaba más a los otros, se ponía a su nivel, facilitando así +la realización de su magna empresa. Era Dios quien lo había hecho; +¡alabado sea Dios! + +Pero misia Gregoria no participaba de esta conformidad; cuando se +repuso, apretando el pañuelo sobre los ojos hinchados, contó la historia +de la desgracia. El ciclón desencadenado sobre la Bolsa había arrastrado +todo, casas, tierras, depósitos bancarios... así, en un santiamén... +¡todo, todo! Lo único puesto en salvo era la _estancia_, que les +serviría de asilo. Y ella había sentido venir la catástrofe; el corazón +se lo decía. + +--No te metas, Bernardino, en la Bolsa, mira por aquí, mira por allí. +Bernardino, vigila a ese niño, que no tiene experiencia, que no sabe por +dónde anda; el socio es bueno, pero el mal ejemplo de los demás, el tuyo +sobre todo, va a perderle. Bernardino esto, Bernardino aquéllo. + +Y nada, erre que erre. Estaban ciegos, locos. Hoy mismo, agobiado por la +espantosa desgracia, en la calle, sin fortuna y sin crédito, sostenía +que no, que la culpa no era de él, que la cosa había sucedido sin saber +cómo, inopinadamente, por sorpresa o mala suerte, pero que estaba en lo +cierto al asegurar que, lo que la Bolsa quita, la Bolsa vuelve a darlo. +¡Ay, Dios mío! ¡Dios mío! + +Gimió sin consuelo, largo rato. Y de pronto exclamó, enderezándose en el +sillón: + +--Lo que a mí me subleva, me ahoga, me mata, me quita el sueño, el +apetito, la vida, es que _ellos_ van a reírse, van a burlarse, van a +gozar de nuestra desgracia. Si me parece ver a esa harpía de Casilda, a +ese hambriento de Pablo Aquiles... ¡Ay! ¡no, yo no podré soportarlo, no, +no! + +Se ahogaba. La joven desabrochó su corpiño, la hizo aire con el abanico. +Y misia Gregoria desmayó su cabeza sobre el seno de su hija, bajo el +cual se abrigaba la traidora carta del odiado vástago de los Vargas. + + + + +VII + + +Lo ocurrido aquella mañana en la casa, a que se había referido Susana en +su conversación con el filósofo, fué lo siguiente: + +Que misia Gregoria, escamadísima con el teje maneje que se traía su +marido, provocó una explicación, que degeneró en tormenta, a causa de lo +que se dirá después. Hay que repetirlo: misia Gregoria estaba enamorada +de don Bernardino, y esto, a los veintitantos años de casada, en que se +ha tenido tiempo suficiente para ver el revés y el derecho del carácter, +y conocer la urdimbre de la persona como las propias manos, es muy digno +de respeto y alabanza. Misia Gregoria creía que cuando Esteven andaba +por la calle, las miradas femeninas le seguían y le salían al encuentro +y le provocaban; no veía, ¡qué había de ver! que el horno no estaba para +rosquillas, es decir, que don Bernardino, rechoncho, pelado y teñido, +con patas de gallo en los ojos y los carrillos caídos, no era digno de +ser mirado por su linda cara, sino es por sus muchos monises. Y si esto +no lo veía, tan a la vista estaba, menos había de ver que ella, +deformada por la obesidad, vieja y fea, no podía representar +airosamente escenitas de celos, con mucho _puchero_ y mucho remilgo. +Porque la verdad es que los dos habían llegado a la edad reglamentaria, +en que es forzoso abandonar el servicio activo y entrar en la reserva; y +de esto parecía convencido don Bernardino, en quien la ambición era la +pasión dominante. + +--Déjame en paz, Gregoria--decía cuando la mujer le atosigaba +demasiado;--mira, hija, que es preciso convencerse que ni uno ni otro +estamos para estas cosas; el amor es gaje de la juventud, y cuando se +tienen hijos con barbas, y canas y reumatismo y chocheces y goteras por +todos lados, empeñarse en hacer los Faustos y las Margaritas es +exponerse a desafinar y dar fiasco. + +--Pues, sin embargo, hay cada viejo... + +--No te fíes, que es como la leña verde: no arde; mucho chisporroteo y +mucho humo, pero poca llama. + +No quería misia Gregoria, a pesar de estas declaraciones, dar su brazo a +torcer. ¿Y cómo, si en su larga vida de casada, nunca había visto a +Esteven salir más a menudo, entrar más tarde, andar más preocupado, más +sin sosiego, más sin sueño, que esta vez? Ella no se chupaba el dedo; +nada de política ni de negocios, un diablo con faldas estaba de por +medio. Hasta se le figuraba conocer a aquella picaronaza: el pelo color +de zanahoria, última novedad; los ojos pintados con pábilo de vela; +colorete y muchos polvos en la cara, y un olor a pacholí, tan fuerte, +que hacía estornudar. El día aquel de la sarracina en la Bolsa, que +llegó don Bernardino derechito a meterse en cama, misia Gregoria, por +las dudas, le echó una buena rociada: ¿con que venía así, tan +descompuesto y pálido, a causa de la liquidación? ¡ah, farsante! alguna +_agarrada_ con la rubia esa. + +Pasó dos días don Bernardino en cama, quejándose de dolores en los +riñones, en la nuca y sobre todo en la cabeza; decía que por allí dentro +le andaba una docena de demonios, dándole patadas en los sesos y +martillazos en las sienes. Misia Gregoria, instalada en la cabecera, le +vigilaba, no fuera a lo mejor a escribir unos rengloncitos a su espalda +o recibir algún billete sospechoso; porque eso de que estuviera enfermo, +era una mentira como una casa. Si estaba desasosegado y nervioso y de +mal humor, era porque la otra lo habría plantado; ¡muy bien hecho! que +si todas las damiselas hicieran lo mismo con los vejestorios enamorados, +mandarlos a su casa después de pegarles cuatro palmadas, las esposas +honestas no estarían en esta agitación y no pasarían la pena negra. +Pero, enfermo o no, la verdad es que no llegó a visitarle médico, don +Bernardino no quiso recibir a nadie y así se dió la consigna terminante: +era una casa aquella en que a cada minuto estaba alguno colgado de la +campanilla, y los visitantes no faltaron en estos dos días, pero nadie +logró ver al conspicuo personaje de la situación. A las diez de la +mañana del tercer día, siempre en la cama Esteven, más dolorido que +nunca, pues ahora no era ya una docena, sino ciento de demonios que le +martirizaban el cerebro, le entregaron dos tarjetas, que fué lo mismo +que darle dos palos, pues lanzó un quejido como si los hubiera recibido +en los lomos. + +--¡Que no, que no recibo! dijo revolviendo los ojos. + +Y echado sobre las almohadas, miraba pálido las dos tarjetas, que le +sacaban la lengua sobre la mesa de noche, diciendo una: Rocchio, y la +otra: Portas, y las letras negras de estos dos nombres bailaban sobre la +cartulina, dándole mareos. Media hora después, vino la tarjeta número 3, +y de la mano temblona de don Bernardino pasó al lugar de las otras. + +--¡Que no, que no recibo!--repitió, con un juramento. + +--Señor--insistió el criado,--dice que tiene que ver forzosamente al +señor; que se trata de un asunto de interés. + +Don Bernardino cogió de nuevo la tarjeta y leyó: Robert. + +--Bueno, que pase; acabemos. + +Pidió a misia Gregoria que arreglase las mantas del lecho, que abriera +las cortinas y le diera el espejo de mano. + +--Mucho quieres componerte--dijo la gruesa señora, mirando desconfiada a +la tarjeta que el marido retenía en la mano,--¿quién es ese afortunado +que así logra violar la consigna? + +--Déjame solo, Gregoria, y no vengas sino cuando yo llame. + +--A mí no me la pega--refunfuñó misia Gregoria,--éste debe ser un +emisario de la rubia, que viene a traer las condiciones de la paz. Ya +les daré yo buenas paces. + +Se entretuvo mangoneando en la habitación un rato y salió á esconderse +detrás de la cortina, que cubría la entrada de la pieza inmediata. + +--Que cierres la puerta, Gregoria--gritó don Bernardino. + +--Bueno, hombre. ¡Jesús! qué misterios gastamos. + +Y dió un portazo, dejando a Esteven solo, en la alcoba conyugal, pues lo +era esta estancia lujosamente decorada... Esteven, con un gorro de +terciopelo bordado de gusanillo mate y borla de oro, la barba sin teñir, +con unas ojeras como dos pinceladas de betún, amarillo como un cadáver, +los ojos fijos en los dos nombres: Rocchio, Portas, que saltaban sobre +la mesa de noche, esperaba... Míster Robert entró... + +Lo que pasó entre los dos, misia Gregoria no pudo averiguarlo, al punto; +las voces no salieron del diapasón ordinario y hasta el oído curioso de +la señora no llegó sino confuso murmullo; sus celos, exacerbardos con el +misterio de esta entrevista sospechosa, le sugerían desatinadas +reflexiones: sin duda, el tal emisario se vendría con muchas exigencias, +cuando el otro seguía tieso que tieso; cuestión de dinero todo, porque +las rubias y las morenas de este jaez no entienden otro idioma. ¿A que +salía ella, así, de improviso, y le ponía las peras a cuarto al +calaverón de su marido y al _alcahucil_ aquel? Las voces parecían subir +un poco de tono. + +--Es que ha llegado al capítulo de las amenazas--se decía la señora, +siempre pegada a la puerta. + +Y como no percibía una sílaba, se aferraba a su idea de salir y +desbaratarlo todo. Seguía el duelo allá dentro entre la voz grave, la de +don Bernardino, y una vocecita delgada, la del otro; tal como si un +contrabajo y un flautín ensayaran, cada cual por su lado. De pronto, los +dos instrumentos enmudecieron... pasó un minuto, y el mismo silencio; +pasaron dos, tres minutos... + +--¿Se habrá ido ya?--pensó misia Gregoria,--ya no suena esa vocecita de +flautín, que me arañaba el oído. Bernardino tampoco resuella. ¿A que ha +cedido el muy mandria? ¡Y yo que me estoy aquí hecha una papanatas! + +Volvió el picaporte y entró; como un juez que llega al sitio del crimen, +rastreando la pista, y hace visita inquisitorial de muebles y objetos, +para deducir de su posición la historia del delito, misia Gregoria paseó +su mirada severa por la alcoba y la dejó caer terrible sobre el +criminal: ahí estaba, abatido, con el gorro de terciopelo ladeado, +durmiendo o fingiendo dormir. + +--Allá voy yo a despabilarte--se dijo la señora. + +Y cayó sobre él, sacudiéndole el brazo y gritándole: + +--¡Bernardino! ¡Bernardino! + +Esteven abrió los ojos y vió sobre sí la mole inmensa de su mujer. + +--¿Qué hay? Retírate, que me sofocas. + +--Si es lo que yo quiero, ahogarte, sofocarte, por mal marido, por +pillastrón. ¿Quién es ese hombre? ¿quién es esa rubia? ¡Di, contesta, +grandísimo pícaro! + +--Gregoria, no me tientes la paciencia... + +--¿Quién es? Di, vamos a ver. + +--Gregoria, no me tires de la lengua. + +Y lo creo que tiraría de ella y se la arrancaría con mucho gusto; ¡qué +hombres estos! tienen una mujer buena, que les quiere, que les mima, que +les cuida cuando están enfermos, y el pago que la dan es engañarla, +traicionarla, burlarla, con esas mujeres de la calle, que así son ellas. + +--Gregoria, me atormentas la cabeza, ¡por favor! + +Pero la señora ya se había disparado. Armó una de gritos y amenazas, que +Esteven, aturdido, metió la cabeza bajo las mantas. + +--Sí, tápate los oídos, que me has de oír. + +Sulfurado, por fin, el marido la llamó vieja por tres veces, como quien +tira una piedra a un perro que ladra; y esto no hizo sino aumentar la +exasperación de misia Gregoria. Sí, que la insultara ahora; no faltaba +más, sino que la levantara la mano... eso es. ¡Pero, señor! cuando a uno +se le acusa de algo, y es inocente, se defiende y presenta razones y +excusas, pero no se queda ahí callado, abriendo tan sólo la boca para +decir una desvergüenza. Ella necesitaba una explicación, que se la +dijera qué significaban los misterios de estos días, el conciliábulo +reciente... + +--¡Dime quién es ese hombre! ¡quién es esa rubia!--chilló de nuevo +acercándose a la cama. + +--Pero, ¡qué rubia ni qué berenjenas!--exclamó don Bernardino dando un +golpe al gorro, que acabó de ladearle;--¿quieres oírme? siéntate, y +calla, que tengo muchas cosas graves que decirte. + +Pasmóse, con esto, misia Gregoria. + +--¡Ay, Bernardino, por Dios! Si vas a confesarme la verdad, no me la +digas, no; prefiero quedarme con la sospecha. + +Enronquecida y sin fuerzas, dejóse caer en el sillón más próximo, que +crujió bajo el enorme peso; temía ahora tanto de que Esteven hablara, +como antes deseaba que rompiera el sospechoso silencio. Don Bernardino +preguntó: + +--¿Sabes quién es el hombre que acaba de salir de aquí? + +--Como no me lo digas... + +--Pues, es míster Robert. + +--¿El socio de Jacinto? + +--El socio de Jacinto. + +--¿Y qué? + +Esteven dió un puñetazo sobre las almohadas. + +--Que liquida, mujer, que la sociedad con Jacinto se disuelve, y con un +déficit de doscientos mil nacionales, que tiene el muchacho que pagar, +¡es decir, yo! Lo demás, que no es poco, lo pagará el inglés, hombre +honradísimo, víctima de las calaveradas de ese mocoso, a quien he de +arrancar las orejas. + +Misia Gregoria, estupefacta, no encontraba palabra que decir. Don +Bernardino añadió que era muy fácil asegurar que él, el padre, iba a +pagarlos; pero si tenía el muchacho pendiente con el corredor Rocchio +una deuda de cincuenta mil nacionales, lo que hacía la suma de +doscientos cincuenta mil nacionales por la parte solo de Jacinto. + +--Y, ¿qué vas a hacer, Bernardino?--preguntó la señora ansiosamente. + +Esteven, de una palmada nerviosa, se echó el gorro sobre la nariz. ¿Qué +hacer? pagarlos, después de dar al chico una buena felpa y mandarlo a un +pontón por seis meses. Misia Gregoria halló, en su amor de madre, +fuerzas para decir: + +--Eso no, Bernardino, ¡pobrecito! la verdad es que él no tiene la culpa; +todos han hecho lo mismo: ahí está el hijo de la cuñada de Eneene, que +la ha dejado en la calle, y el doctorcito ese que te hace la corte para +que le hagas nombrar diputado, se ha comido en la Bolsa toda la fortuna, +muy seria, por cierto, de su hermana viuda, aquella tan festejada y +codiciada, la que se ve hoy en el caso de pedir dinero a interés a don +Raimundo Portas, para poder vivir. Además, no me vengas haciéndote el +inocente: ¡el peor ejemplo se lo has dado tú al muchacho! + +El acusado agachó la cabeza. Misia Gregoria pensaba que, efectivamente, +era aquello una gran desgracia, pero la fortuna que poseían era bastante +fuerte para poder repararla, sin resentirse; a Jacinto se le mandaría a +la _estancia_ o se le daría un empleo. + +--¡Ah, Gregoria, Gregoria, si no sabes de la misa la mitad!--exclamó don +Bernardino con un gesto desesperado. + +Y soltó la bomba. ¡Si allí el arruinado no era solo Jacintito, sino él +también, el opulento, el millonario don Bernardino Esteven! Desgarró la +manta, tal fué la crispadura de sus dedos. Y misia Gregoria, sofocada +por la revelación terrible, muda, miraba a su marido, parpadeándole los +ojillos espantados. + +Esteven repuso: + +--¿Lo has oído? sí, hija, arruinado, arruinado, así, como te lo digo. + +Hundió la cabeza en las almohadas, dando un suspiro. La señora repetía +entre dientes: + +--¡Arruinado, arruinado!--como si la palabra fuera de un idioma extraño +y buscara la significación. + +Después de un rato, vuelta en sí, viendo que don Bernardino callaba, +dijo con desmayada voz: + +--No sé, Bernardino, no te comprendo, ¿he oído bien? explícate, si no +quieres que me vuelva loca. + +¡Explicaciones! hay cosas que no se explican; vienen porque sí, cuando +menos se piensa, de la manera más imprevista. La fiebre de los negocios +dominando al país entero; la alucinación de las ganancias fabulosas, que +no era más que un síntoma de la misma enfermedad; a ciegas, en el +laberinto de la especulación, la tierra pronto falta a los pies, no se +pisa seguro, no se sabe por dónde se anda... Llega el día de la +liquidación, se hace el balance, se buscan las soberbias cantidades con +su lucido cortejo de ceros, que en el papel cautivaban la vista... el +fondo de la caja está agujereado y por los intersticios han salido los +números, como gotas de agua, evaporándose. ¡Y hay que pagar! empieza +entonces la caza del oro, que se escabulle, se resiste, se escapa; y +como el tiempo apremia, no habiendo ya otro recurso, se cogen los cuatro +cascotes de la ciudad y los cuatro terrones del campo y se arrojan, como +presa, a la jauría de acreedores. Es lo que él había hecho. Dió un +nuevo revés al gorro y se lo echó a la nuca. + +--De modo...--dijo misia Gregoria, que no podía respirar. + +--Nada, mujer; que la quiebra de Schlingen ha sido la piedra que ha +derrumbado el castillo de mi fortuna; tengo que pagar mis propias +pérdidas y las de ese pícaro muchacho, que va a sentir mi mano de firme; +¿de dónde sacar el dinero? porque hasta ahora mis ganancias en la Bolsa +no se han convertido en moneda contante: se sale de un negocio, se mete +uno en otro: aquí pierdo, allí gano, y así hasta que se cae de pie o de +cabeza. ¿De los Bancos? han dado tanto, que no fian ya un centavo, y a +un deudor, como yo, no se le sigue prestando; acudí al portugués don +Raimundo, y me he dejado chupar la sangre, ¡si vieras! pero, para lo que +yo debo, esto es un grano de anís. Entonces he dicho: ahí están mis dos +casas de la calle Piedad, la en que vivo, ésta, la de la calle Cangallo, +la de la calle Suipacha, mis campos de Cañuelas y Bahía Blanca, mis +cédulas hipotecarias... ahí está todo, tómenlo, véndanlo, todo, menos la +_estancia_ del Frigal, que no es mía, que es de mi mujer y a su nombre +está escriturada. ¡Y si eso no les basta, córtenme en pedazos y +acabemos! + +De la palmada que aplicó al gorro, se lo hundió hasta los ojos. + +--Pero, Bernardino, esto no es posible, ¿qué va a ser de +nosotros?--exclamó la señora sintiendo venir las lágrimas. + +¿Qué? refugiarse en el Frigal y allí estarse hasta que el temporal +amainara; ya vendrían tiempos mejores. + +--Sí--dijo misia Gregoria saliendo de su estupor,--y tengamos entonces +otro gobierno que éste, que te ha servido y ayudado; y si no has sabido +aprovecharte del favor oficial, ¿qué harás sin su apoyo? lo que yo te +digo, es que esto te está muy bien empleado, por andarte con +miramientos, con remilgos, haciéndote el pulcro y el decente; ¡todos han +manipulado y de qué manera! nadie les ha dicho nada y si les han dicho, +se han reído de la gente. En cambio, tú, ¿qué has sacado de tu amistad +con el ministro Eneene? ¡un cuerno torcido! Estoy segura, como si lo +estuviera viendo, que te ha ofrecido más de una vez participación en +esos negocios que ellos hacen, y tú has contestado que no, por temor al +qué dirán... ¿Dónde has dejado ese talento, que yo te reconozco? ¿para +cuándo lo guardas? Esta era la ocasión de mostrarlo. Y si gritaban los +otros, dejarlos: de pura envidia de no poder hacer lo mismo. ¡Válgame +Dios! yo que te veía tan alto y te creía tan sólido, y ahora salimos con +este escopetazo, ¡y es horrible, horrible, porque no daremos poco que +hablar! ¿y las muchachas se conformarán en irse al Frigal ahora, +Angelita, sobre todo? ¡qué desgracia, qué desgracia! + +Rompió a llorar. Pero, don Bernardino, exasperado, no estaba para oír +lamentaciones; a lo hecho pecho, y fastidiarse, y morderse el codo: +cuando suceden las cosas, no hay que perder el tiempo en inquirir las +razones, sino buscar el remedio, pronto, eficaz, enérgico; que no le +calentara la cabeza, recriminándole; ¿parecíale que no tenía él bastante +con su propio sufrimiento, y con los dos días y sus noches, que había +pasado en aquella cama maldita, revolcándose, dándose de testaradas, +tras de la idea, el medio, la forma de salvación común? ¿que no era poco +martirio, verse así, a su edad, después de haber trabajado tanto? + +--Esto que nos pasa, te lo anuncié yo, Bernardino--dijo gimoteando la +señora,--ibas a galope, demasiado de prisa. Luego la Bolsa... + +--Mira, eso que dicen de la Bolsa son estupideces; hoy se gana, mañana +se pierde: pues lo que se hace es asegurarse del hoy, y cuando se le +tiene, no dejarlo escapar por ir a tentar el mañana. ¡Eso! + +--¿Ves? No escarmientas, Bernardino, y me temo que ésta no sea la +última. + +Volvió a sermonearle, insistiendo en que por ser demasiado honrado, se +encontraba así; pero don Bernardino no la oía, ensimismado. Y, de +pronto, recordó la señora sus celos de momentos antes, y la escena +ridícula que había hecho a su marido, cuando éste se debatía en las +ansias de su crítica situación: le miró, ¡qué pálido y deshecho estaba! +¡qué injusta había sido, y qué tontas son las mujeres celosas! Se acercó +al lecho. + +--Y yo que creía...--dijo,--¿me perdonas, Bernardino? Soy una vieja +loca, como dices, pero es que te quiero, ¡te quiero! y he de probártelo +en esta ocasión suprema de nuestra vida. + +La idea aquella de que sus hermanos habían de gozarse en su dolor, no le +vino sino más tarde, repuesta ya de la impresión primera, y no fué poca +suerte, mayormente para don Bernardino, pues si los dos nombres +proscritos salen a danzar, la discusión se envenena y arde Troya, y +Esteven no se viste, almuerza y sale, con relativa tranquilidad. + +Como lo hizo, a eso de las dos de la tarde. En el vestíbulo le esperaban +dos postulantes y apenas apareció el decaído personaje, le asaltaron y +allí mismo le dieron la lata, como fastidiosos mendigos. Con +impaciencia, tomó apunte en su cartera del nombre, de la pretensión y +del fiador de cada uno. + +--Pierdan ustedes cuidado, que yo haré todo lo posible, y hablaré al +doctor Eneene; precisamente, ahora voy al Ministerio. Y díganselo así al +buen amigo mío que les recomienda. + +Los dos, ebrios de esperanza, saludaron, tocando el suelo con el +sombrero y el sombrero con la frente. Abajo, nuevo asalto; tres de +golpe. Pero Esteven pasó el obstáculo con maña y se refugió en su coche. + +--Qué jaqueca la de estos haraganes--dijo después de dar la orden al +cochero, sujeto irrespetuosamente barbado,--¿no sería mejor que fueran a +cuidar ovejas, o a labrar la tierra? ¡así está el país! Por supuesto que +no diré jota al doctor; ya pueden esperar el empleíto, sentados. Además, +no hay que cansar el caballo, y ahora menos, que lo necesito para tan +dura jornada... + +Dificultosamente, a causa de los muchos vehículos que embarazaban la +calle, avanzó el carruaje; a cada dos pasos había que detenerse, volver +atrás, haciendo pesadas estaciones de vía-crucis, y a veces rodear la +manzana y tomar una calle opuesta, para sufrir nueva detención en la +primera esquina, ya por un carromato que no se movía, o un tranvía y un +coche que habían chocado. + +--¡Qué calles estas!--murmuraba Esteven,--si aquí no vale andar sobre +ruedas; el mejor coche para ir de prisa y sin dificultad es el de San +Francisco, y aún así... + +Asomaba la cabeza por la portezuela, sonriendo a los conocidos. + +--Que no se te conozca, Bernardino--se decía,--es preciso mostrar cara +alegre, disimular, enseñar los dientes al público imbécil, que te mira +curioso, para burlarse de tu desgracia, si descubre su huella en el +semblante; haz cuenta que estás en las tablas de un teatro, y que todos +te observan y siguen los movimientos: aplomo y serenidad. No darle ese +gusto supremo a la envidia, que ha visto tu carrera lucida con ojos +torvos, de mostrarte amilanado, porque estás vencido. Ya que se cae, +caer con arte, como el gladiador antiguo... Ese ha pasado, echándome una +mirada, en la que he leído curiosidad y placer a un tiempo; seguro que +va diciendo: ¡He visto a Esteven, pero me ha parecido tan fresco! Eso, +eso es lo que quiero que digan todos, que ninguno me encuentre +_abatatado_... y debiera estarlo, ¡sí, sí! ¡ah! ¡Bernardino! ¿qué has +hecho? Todo lo tenías, posición brillante, nombre respetado, influencia, +crédito, y todo lo has perdido, por querer abarcar demasiado, por +glotón, por insaciable... Si yo debí retirarme en abril de los +negocios: en saber retirarse a tiempo del juego, está el quid de la +suerte; pero, todos creíamos que esto iba a durar, que la mina era +inagotable... El doctor, empujándome siempre. Anímese, amigo, mire que +el negocio es soberbio; yo le respondo del éxito. El éxito, es cierto, +se presentó muchas veces, franco, decidido; tan decidido, que los mismos +que teníamos metidas las manos en la masa, estábamos asombrados, +atónitos... ¡así ha sido el desengaño después! Y Gregoria, que dice... +Estas mujeres son de lo más infeliz que ha echado Dios a la tierra; las +hay vivas y aun de talento, ya lo creo, pero a la que sale tonta, y son +muchas, el animalillo más miserable de la creación la gana en malicia... +Gregoria es tonta de remate, de una candidez evangélica, y se traga cada +rueda de molino, que da miedo; la pobrecita no tiene más defecto que sus +celos ridículos que, francamente, no sientan a su edad, pero es buena, y +me quiere, eso sí; ¡me lo ha probado muchas veces! Pues, no dice que por +honrado... ¡qué risa! ¡Cuando no ha habido negocio en estos últimos +años, en que no haya estado yo metido y del que no haya sacado mi +tajada! Precisamente, esto ha sido mi perdición: más parco hubiera sido +y no me viera como veo... ¿Otra parada? ¡qué calles! así no llegaremos +nunca... A mí me parece que mis acreedores se darán por satisfechos con +esta cesión de bienes, ¿qué más puedo hacer? La _estancia_, no, que no +me la toquen, porque arde el mundo, ¡no faltaba más! Si a mí me dicen +esto, ahora dos meses, no lo creo, no, señor, me río; pero, ¿quién podía +soñarlo? En el ansia de ganar, de ganar mucho, de ganar siempre, no +mirábamos para atrás, ni para arriba, y así se nos ha caído la casa +encima y nos ha aplastado. El doctor debe estar también muy +comprometido, y le han de obligar a renunciar, ¡vaya! si viene la +revolución, el primero que se viene abajo es Eneene... Por eso yo me +pongo a salvo a tiempo, me lavo las manos y... ¡ahí queda eso! +arreglarse cada cual como pueda. Ahora, le daremos el último empujoncito +al amigo: que me coloque a Jacinto, de cualquier cosa; ese zanguago no +puede estarse brazo sobre brazo... y veremos cómo va la concesión +pendiente del Congreso; ¡quién sabe! si cayera esa breva todavía... +¡Cómo me miran todos! Ya tengo deseos de huir, de esconderme, porque +esta curiosidad me desagrada, me hiere; ahí va ese otro... ¡y no me ha +saludado! naturalmente, ya lo sabrá, porque estas cosas corren por el +telégrafo de la murmuración con rapidez espantosa, y como ya no ha de +necesitarme, me vuelve la espalda. ¡Ah, mundo egoísta y canalla! ¡ah! +pero, pierdan cuidado, amigos y enemigos, que sois todos unos, y así +cambiais de nombre y de actitud según la ocasión nos hemos de ver las +caras todavía; para entonces os emplazo, cuando yo me haya rehecho de +este golpe y esté otra vez arriba, en la cúspide: yo soy de los hombres +que no se quedan nunca en el camino... Pero, ¿llegamos o no llegamos? + +Aburrido, se había replegado en el fondo del carruaje, mirando distraído +el ir y venir de la gente, mientras todas estas ideas se embarullaban en +su imaginación. ¡Y cosa rara! así como el ahogado, en su tremenda +agonía, ve el desfile, con pasmoso relieve, de los hechos de su vida +entera, que pasa ante su mente, con sus alegrías y tristezas, como +proyección fantástica de una linterna mágica, Esteven, un ahogado de la +suerte, veía ahora su pasado y el camino tortuoso recorrido, tan +claramente, como pudiera ver, desde lo alto de una torre, la senda +extraviada de la montaña, en pleno día. Primero, como tenedor de libros +en un almacén al menudeo, lo que no era óbice a que barriera la acera, +por las mañanas, en mangas de camisa, y despachara libras de hierba, de +café o de azúcar a las _mucamas_ del barrio, efectos que sabía envolver +con destreza en el grueso papel amarillento, con repulgos en los lados y +dos cuernitos de remate, que hacía dándole graciosamente una vuelta al +paquete entre sus manos; luego, cuando iba, de chaqué avellana, a rondar +la casa de Gregoria, y el rapto y el casamiento, y su transplante +prodigioso del almacén al caserón de la calle de Méjico; cómo, la +fortuna de los Vargas, hábilmente escamoteada, sirvióle de pedestal, y +ayudado de la política, subió, y de ser nadie pasó a ser alguien. ¡Y de +qué manera! amigo de ministros, repartidor de gracias oficiales, +protector adulado, admirado, respetado... Cada chapuzón suyo en las +aguas cenagosas, en vez de cubrirle de barro, le cubría de oro. Es +cierto que en cada paso del camino, había dejado un poco de su dignidad +y de su vergüenza, pero, ¡qué hermoso viaje, sin embargo! Como el ladrón +que ha sido sorprendido infraganti, rebelábase contra sí mismo, por +torpe y por mandria. + +--No me lo perdonaré nunca; he sido un imbécil. Cuando se tiene una +posición así, ganada a fuerza de tanto sacrificio, no se expone nadie a +perderla, arrojándola en la balanza de la Bolsa. + +Se acordó entonces de sus cuñados despojados, e hizo una mueca. + +--Ellos hablarán de la justicia de Dios; aquí no hay más Dios que mi +suerte, que me ha abandonado. ¡Maldito sea yo y mi suerte! + +Llegó, por fin, al Ministerio y entró. En el recibimiento, un negro +barrigudo, dormitando en un banco, hacía la guardia. + +--Sí, señor, pase usted. S. E. está solo--contestó solícito a la +pregunta de Esteven. + +Le acompañó hasta la puerta, rascándose la mota, y dejó paso franco: un +saloncito, primero, con muebles pretenciosos, y en la pared un cuadro +litográfico, con marco negro, representando a San Martín; en medio, una +mesita y un tintero de bronce, con el busto de Belgrano. Los dos +próceres se miraban, como preguntándose qué diablos hacían allí, porque +los muebles, dorados, y la mesa, incrustada de nácar, olían a _boudoir_ +a la legua, a pesar del humo de cigarro que daba en las narices, tan +pronto como se ponía el pie en el mullido bruselas de colores vivos. A +la izquierda una puerta, entreabierta: el despacho del señor ministro; a +la derecha, un salón, con muebles de pacotilla, y cortinas de damasco, y +luego la fila de piezas estrechas, en que se amontonaban los empleados. +En la primera de estas piezas, frente a la puerta del salón, estaba la +mesa de don Pablo Aquiles Vargas, el decano de los empleados de la +oficina, tan antiguo, que muchos juraran que el buen hombre había nacido +allí, entre los expedientes que manipulaba desde las doce hasta las +seis, todos los días laborables. Rara vez estaba el salón abierto, pero, +si llegaba a estarlo, por accidente, la figura de don Pablo Aquiles +divisábase la primera, surgiendo de entre el rimero de libros y +papelotes, y aunque él no fuera curioso, fácil le era ver quién entraba +y quién salía del despacho de S. E.; así, Esteven, no atravesaba el +coquetón saloncito, sin echar hacia la derecha una mirada de +desconfianza, que en alguna ocasión fué a chocar con la rencorosa que le +lanzaban los ojos del viejo Vargas. + +--Ahí está ese gaznápiro--decía don Bernardino,--espiando lo que no le +importa; ¡y pensar que con media palabra mía, podía quitarme semejante +estorbo! + +Por su parte, don Pablo Aquiles se irritaba cada vez que veía pasar al +odiado personaje. + +--¡Cerrar esa puerta!--prorrumpía apartando el mamotreto que +estudiaba,--¡qué negros éstos! Nada, tendré que cambiar de sitio. + +Al penetrar en el despacho, Esteven se volvió, y percibió allá, en el +fondo del salón rojo, a su cuñado, que le miraba, y se le antojó, porque +otra cosa no podía ser, dada la distancia y la poca luz, que estaba +alegre y se sonreía y hasta le sacaba la lengua; pura aprensión de su +espíritu suspicaz, porque el otro, tan pronto como hubo conocido al +visitante, se sumergió entre sus papeles, renegando, sin duda, de los +negros que no tienen manos para cerrar las puertas. + +--Mi querido amigo Esteven... + +--Estimado señor ministro... + +El despacho era espacioso; bien amueblado, en punto a riqueza, pero sin +gusto y sin estilo. S. E. estaba sentado delante del escritorio, pluma +en mano; muy cerca, una bandeja con botella de Jerez y copas; del otro +lado, una caja de cigarros: bebía un sorbo, chupaba el puro y escribía. +La poltrona parecía venirle demasiado grande; acurrucado en el borde del +asiento, las piernas endebles recogidas, de bruces sobre la mesa, tan +pegada la cara al papel, que debía ser miope, y no gastaba anteojos, sin +embargo... Su cabeza era vulgar, de pelo lacio y aceitoso, salpicado de +canas, lo mismo que la barba enmarañada, amarillenta por la falta de +aseo o el incienso continuo del tabaco; llevaba la solapa de la levita y +los hombros, espolvoreados de caspa, y las uñas muy largas, ribeteadas +de negro. + +--Adelante, mi querido amigo--dijo el doctor Eneene, la pluma en +alto,--siéntese; un momento y ya acabo. ¿Qué tal va esa salud? ¿y el +espíritu? mal, ¿eh? ¡caramba! no me lo diga usted. + +Hablaba como si escupiera las palabras, con voz desafinada y poco grata, +y seguía escribiendo, mientras don Bernardino, en el sofá, declamaba, +desganado, el introito de toda visita; la pluma dió el último arañazo al +papel, cerró la carta S. E. y llamó. El negro barrigudo presentóse, +haciendo reverencias. + +--Esa carta al Congreso--ordenó el señor ministro. + +Y mientras el emisario salía, el doctor Eneene se esperezaba en la +poltrona sin ceremonia, abriendo de par en par la boca, en un bostezo de +corrección poco ministerial. + +--Conque aquí tenemos al amigo Esteven--repuso; un traguito, ¿eh? sí, +hombre, pruebe este Jerez, que no es malo; he de preguntarle al +Habilitado dónde lo hace comprar, para que me mande a casa algunas +cajas. ¿Y estos cigarros? ahí va uno; si quiere se lleva la caja; +también voy a decirle al Habilitado que me mande una partidita de mil, +porque es raro encontrarlos tan en su punto y tan sabrosos como éstos... +¿Qué dice, mi amigo? Yo aquí siempre sobre el potro, desvelándome por el +servicio público, y ya ve usted lo que se me agradece; no he visto cosa +más cochina que la política. + +Se había levantado y paseaba, enfundadas las manos en los bolsillos; +francamente, y con el respeto debido: S. E. tenía una facha muy +lastimosa; a la luz del balcón, el paño negro de su traje mostraba un +lustre indiscreto, sin duda del mucho uso, los golpes de grasa aparecían +sin recato, y la caspa sobre hombros y espalda, tan visible, que se +diría haber estado expuesto a espesa nevada. Agregar a esto, un +cuerpecito raquítico, enflaquecido, de carnes amojamadas, sobre unas +piernas de alambre, que se movían nerviosamente: todas las trazas del +doctor Eneene eran las de un boticario retirado, y boticario de pueblo, +por añadidura; allí no se veían rastros del pensador, ni del hombre de +Estado, ni del tribuno, ni de nada de esto; y si su aspecto exterior no +lo decía, menos lo denunciaba su conversación, vulgarísima, sin una +idea que flotara en aquel mar de lugares comunes, sin una chispa que +revelara la inteligencia, a obscuras, o la ilustración, a ciegas. Pido +disculpa al señor ministro por la irreverencia, pero cúmpleme repetirlo: +su aire era el de un boticario, acostumbrado a lidiar con potingues y +menjurges, y así eran los emplastos de sus decretos y las cataplasmas de +sus discursos; o si no, también, el de un sacristán, hecho a soliviar +los cepillos de su iglesia, y así usaba las uñas largas; pero, ¿el de un +ministro? _nequaquam._ Y dispense V. E. + +Como todos los vacíos de mollera, era hablador, y hablador insulso; +tomaba la palabra y era un escupir sandeces por aquella boca... El amigo +del doctor Eneene tenía que aguantarle su charla y reírle sus gracias, +sobre todo, cuando venía el cuento al caso, postre indispensable de su +conversación, tan indigesto, que no había quien lo probara dos veces, +sin sentirse malo de veras; don Bernardino pasaba por este amigo +abnegado: era él bastante fino para apreciar debidamente la estulticia +de S. E.; pero, tan calculista como fino, conocido el lado flaco, le +adulaba, dejándole hablar, fingiendo escucharle con gusto y riendo a +carcajada tendida el cuentecito de cajón. + +--Le estoy oyendo a usted, doctor, y parece que me hacen cosquillas, +¡qué arsenal más variado de chascarrillos tiene usted! ¿de dónde saca +usted tanto chiste y tanta memoria? Porque la verdad es que se necesita +memoria... ¡vaya si se necesita! ¡siempre tan oportuno este querido +doctor! + +Y los dos se reían y no quedaban serios, sino cuando llegaban al inciso +_negocios_ y demás ítemes correspondientes. + +Cuando el señor Ministro aplicó a la política aquel calificativo tan +feo, que no quiero repetir, Esteven lo aprobó, como todo lo que S. E. +decía, con asentimiento de cabeza y repitiendo: + +--Diga usted que sí, doctor, diga usted que sí. + +Y el doctor repuso: + +--Porque es la verdad, amigo: esto de la política se me figura a mí como +un gran árbol, ¿entiende? una higuera, supongamos, toda llenita de +higos; arriba, comiéndoselos, los hombres del gobierno, nosotros; abajo, +mirando, los de la oposición, ellos. Y toda esa grita porque bajemos, es +porque temen que no les dejemos un solo higo, para cuando ellos suban. +Deje usted que estén arriba y verá cómo hacen lo mismo, peor, porque +hasta las hojas se han de comer. Es cuestión de estómago, y nada más: +las palabras de patria y libertad y administración pura... _¡macamas!_ +Eso se dice siempre cuando se está al pie de la higuera... En todos mis +discursos de oposición no hablaba yo de otra cosa; pero, en subiendo, se +olvidan, amigo, créalo. También, todos los días no hay ocasión de ser +ministro... ¡qué diablos! Y uno tiene que pensar en los hijitos, y en +los parientes y en los amigos. + +--Naturalmente--apoyó don Bernardino. + +Siguió hablando S. E. y la cuerda parecía interminable de aquel +organillo de ciego. Lo que él no podía soportar eran las picardías que +le decían en los diarios, y tanta ojeriza les había cobrado, que no +quería ya leerlos; y todo porque no se bajaba de la higuera; porque +llegó al Ministerio poco menos que tronado y ahora se había hecho de +propiedades, así rurales, como urbanas, y había piloteado en el Congreso +a algunos amigos, partiendo con ellos las ganancias de las diversas +concesiones aprobadas, y recibido unos miserables miles de pesos de una +compañía extranjera, por el despacho de un asunto, empantanado hacía +años, y otros miles más por un decretito, que a nadie perjudicaba y +favorecía a un honrado industrial; y porque tenía sus corredores en la +Bolsa, bien amaestrados, y en los Bancos vara alta, y colocaba a los +parientes, y daba a los amigos. Esto lo campaneaban todos los días. Y +aunque fuera cierto, que ello no estaba bien probado, pero, señor, +¿dónde está aquí el mal? ¿de qué sirve ser ministro entonces? ¿de qué el +poder? ¿de qué la influencia? si no se ha de hacer uso en provecho +propio, déjenlo a uno tranquilo en su casa. Un periodiquín de +caricaturas había dado en la manía de pintarle de murciélago, con las +uñas tan largas, que lo menos medían un metro, qué gracia, ¡eh! y como +el tal periodiquín lo exponían en todos los escaparates, andaba +tropezando en la calle con el maldito avechucho. + +--¿Y qué me dice usted, de esta otra manía de echarle a uno la culpa de +todo lo que pasa? Que sube el oro, que quiebra Schlingen, que se dan de +palos en la Bolsa, que los emigrantes se van, que la carne está cara, y +los alquileres suben, y los inquilinos no pagan... ¡el Gobierno tiene la +culpa! Mire, amigo, todo lo que a mí me pueden decir, es que he cuidado +más de mi hacienda, en el poder, que de los intereses del país; aquí +nos conocemos y podemos hablar con entera confianza, y esto es muy +natural y muy humano, ¡caramba! pero, estoy ya tan cansado de que me +traigan y me lleven, pues no hay tinterillo de imprenta que no me sobe a +su gusto, que estoy dispuesto a largarme... mi renuncia ahí la tengo y +será presentada en la primera oportunidad; yo no quiero, si la +revolución viene, como andan propalando, que me encuentre en mi +poltrona. ¡A otro perro con ese hueso! + +Esteven pudo encajar en este primer paréntesis de S. E. su respetuosa +protesta contra una resolución que calificaba de poco patriótica; el +ilustre doctor Eneene se debía a los suyos, ante todo, y si la +revolución venía, que no vendría, hallábase obligado a esperarla a pie +firme, dispuesto a vender cara su cartera y a defender sus actos. A lo +que contestó el ministro: + +--Defender la tajada es lo que importa, amigo, y no dejarla perder, como +ha hecho usted. Y a propósito, ¿cómo andan sus asuntos? + +Don Bernardino, como un enfermo al que preguntan el estado de su +dolencia, contestó con angustiado acento, que aquello seguía muy mal. + +--Ha sido un desastre, mi querido doctor, la quiebra de Schlingen me ha +dividido de parte a parte; luego, mis compromisos anteriores... total, +que ahí les abandono todo y me iré al Frigal cuanto antes, a esperar que +el ciclón pase... + +--¡Y nada podemos hacer por usted! Ya ve, el mismo Hipotecario se nos ha +plantado, y no es cosa de dar más que hablar. ¡Qué chambonada la suya! +En fin, hace usted bien en desaparecer de la escena por algún tiempo; +después volverá con más bríos; para entonces, suceda lo que quiera, el +negocio pendiente estará ya resuelto y el expediente de nuestro +ferrocarril despachado: dirá la oposición que nada vamos ganando con +ponernos en contacto directo con los salvajes, pero, lo de la higuera: +si ellos pudieran, hacían uno a la luna. ¿Ha visto a Rocchio? + +--Sí, pero nada de nuevo... + +--Pues yo tengo mucho de nuevo--dijo el doctor Eneene con una risita +maligna;--el diputado aquel que nos andaba sacando el cuerpo, sin duda +porque ya me tomaba olor a muerto, se ha venido a buenas y me responde +de la votación. ¿Qué tal? y ahora, poco antes de llegar usted, estuvo a +verme el representante de una sociedad anónima extranjera, pero yo no he +querido soltar prenda todavía. Todo marcha perfectamente. Eso sí, no me +deje usted de mano a Rocchio, que puede ser un agente muy útil... ¡Ah! +¿hizo usted el encarguito aquel? No quiere aflojar... ¡ya veremos! + +Los dos se sumergieron en el pozo negro de sus cábalas, cuya trama +urdían tan diestramente: don Bernardino daba detalles y S. E. hacía +comentarios, inquiría, aconsejaba, resolvía dudas, recorriendo a pasito +de comadreja el despacho. + +--Es una trampa para cazar ratones--decía el señor ministro,--y si no ya +verá usted cuántos caen. Y no perder tiempo, amigo Esteven; espero que +me ayudará usted como siempre, pues el destierro al Frigal no es tan +inminente, ¿verdad? Mientras yo esté en el Ministerio, no se mueve usted +de la capital. Le necesito; es usted mi brazo derecho. + +--A sus órdenes estoy, mi querido doctor; aunque se presagian mayores +desastres en la Bolsa, quiero ver si me rehago de alguna manera, y +pensaba quedarme hasta fines de mes... + +--Pero, mucho pulso, amigo... y a propósito: esto que le ha sucedido a +usted, me recuerda aquel cuento... + +Y aquí el cuento. Don Bernardino escuchaba sin pestañear, con una +sonrisa de encargo en la punta de los labios, y la frase de alabanza +preparada ya para salir a escena, en la punta de la lengua, así que S. +E. terminara la regocijada relación. + +--Graciosísimo, mi querido doctor, ¡muy bueno, muy bueno! ¡qué sal la +suya y qué memoria! porque se necesita memoria... ¡vaya si se necesita! + +--Qué gracioso, ¿eh?--decía Eneene riéndose con envidiable gana. + +Entró un negro y presentó dos tazas de te en una bandeja. Por la puerta, +que dejó abierta, se veía, allá en el fondo, pasar los negros sirviendo +te a los empleados: en la primera pieza, después del salón rojo, algunos +de éstos, de pie, fumaban y charlaban, familiarmente, pero Esteven, +aunque miró al descuido alguna vez, no percibió al viejo Vargas y sus +ojillos de víbora, y eso que ahí estaba en su sillón de cuero, sin +levantar cabeza el excelente hombre. + +--¡Gaznápiro!--decía para sí don Bernardino,--le tengo sentado en la +boca del estómago; ¡no poder hacerle saltar sin escándalo! y ahí +siempre, a la entrada, de cancerbero. Ahora no le veo, pero, cuando +entré me miró como burlándose... ¡Otro más que lo sabe! ¡ah! ahora sí le +veo... mírame bien, estúpido, ¿no me conoces? sí, soy yo, el mismo. +Estarás muy alegre, naturalmente... ya se te irá el gozo al pozo, viejo +cucaracha, que te pasas la vida royendo papeles y reputaciones. Estoy +seguro que dirás a tus compañeros: Ese, ése, es el que me robó la +fortuna y me dejó en la miseria y me ha obligado a apechugar con este +empleo miserable; si no fuera por él, me pasearía, en gran carruaje, por +esas calles. O no, estúpido, porque nunca has servido para nada y quizá +la hubieras perdido, por inepto, esa fortuna tan mentada y otro que yo +la habría aprovechado; mejor es que quedara en la familia, como quedó. +Mírame, muérdeme... no estoy tan caído como crees... y si no, ¡ya lo +verás! ¡qué ojos de hombre y qué cargante se pone! + +El negro salió, cerrando la puerta. Esteven respiró. + +Entretanto, el ministro paladeaba el te, y decía: + +--¿Qué le parece esta bebida, amigo? Buena, ¿eh? también me he hecho +llevar algunos paquetes a casa, porque es un te delicioso, y a mi mujer +le gusta mucho. + +Y don Bernardino, elogiándolo como se merecía, aunque estaba tibio y +revuelto y muy cargado, te de negro, en fin, creyó llegado el momento de +dar el empujoncito que se había propuesto. + +--También Jacinto, querido doctor--dijo tímidamente,--Jacintito, mi +hijo... ¿sabe? se ha dejado apretar en la máquina de la Bolsa; una +desgracia, pero, ¿qué hacerle? Los hijos cuestan caro, doctor, y un +padre, mientras vive, no puede dejar el biberón de la mano, así sean +ellos hombres y gasten barba. + +--¡Hola! también Jacinto--repitió el doctor, distraído. + +--¡También! y como el muchacho no ha de estar de haragán, ahora que va a +liquidar su casa de comercio, yo pensé en usted y me dije: A ver si el +doctor me le coloca en el Ministerio, y me le tiene allí sujeto por +algún tiempo, por lo menos mientras las condiciones del mercado no +mejoran. + +--¿Aquí?--saltó S. E., alarmado;--pero, ¡si tengo esto hecho un +hospital, y no cabe allá dentro ni un alfiler! Además, usted sabe que +hay que hacer economías, o fingir que se hacen, para desarmar la +oposición. ¡Estos nombramientos me han dado más disgustos! porque hay +que contentar a los amigos y el presupuesto no alcanza... ¡tengo aquí +más supernumerarios!... y todo sale de eventuales, amigo. Hace poco fué +necesario hacer saltar, con el primer pretexto que se encontró, a un +empleado de diez años... de diez años, ¡calcule usted! para colocar al +recomendado de un colega... y ayer me traje al hijo de una prima mía, +que es sordo-mudo, y se lo entregué al subsecretario, diciéndole: Ponga +donde quiera a esa buena pieza y déle diarios a leer; que se entretenga +en algo. Y mandé que se le asignaran doscientos pesos al mes, de +eventuales. Porque mi mujer, me sacaba los ojos, repitiéndome: ¿Serás +capaz de no hacer nada por el desgraciado hijo de Eulogia? el pobrecito +no sirve para nada, y en ninguna parte estará mejor que en el +Ministerio. Y me lo traje, y ahí está; el servicio público no ganará +gran cosa, pero mi mujer y la prima Eulogia están contentas. + +--Pues nada más fácil, querido doctor--observó sonriendo Esteven,--ponga +en la misma mesa a Jacintito, y le dará conversación al sordo-mudo, y +así no se aburrirá. El país no se ha de hundir por eso. + +--Le pondremos, amigo; muerto por mil, muerto por mil quinientos. Que +venga su hijo, y si no quiere venir, que no venga; yo daré orden al +Habilitado que le entreguen trescientos pesos todos los meses. Con los +amigos, hasta la pared de enfrente, o no tenerlos. + +--Mi querido doctor--exclamó Esteven reconocido... + +Y levantándose, la mano poco aseada de S. E. entre las suyas, agregó que +se marchaba, porque no quería robar al ilustre ministro el tiempo, que +tan escaso le venía para sus múltiples e importantes ocupaciones. + +--No se moleste usted, doctor, en acompañarme... ¡siempre tan amable! + +--Lo dicho--repitió el doctor Eneene, acariciando la aceitosa +melena,--no se me mueva usted de la capital, ¿eh? y véalo a Rocchio, que +tenga paciencia; el asunto corre de mi cuenta. En cuanto a la +recomendación al Banco, no dejaré de hacerla... se trata de usted y +basta; aunque rabien, tendrán que aceptar la propuesta. + +--Muchas gracias, doctor... + +Salió don Bernardino satisfecho, muy satisfecho; en el saloncito tropezó +con un empleadillo, que traía la carpeta de notas a la firma de S. E. y +rondaba la entrada del despacho, esperando el fin de la entrevista, y +Esteven pasó erguido, sin dignarse atender a la mirada provocativa que +los ojillos de víbora del cuñado le lanzaron, desde el fondo del salón +rojo. + +--Anda, vejestorio inservible--decía bajando las escaleras,--mírame, +muérdeme; no te daré el gusto de verme en el suelo. Todavía puedo +levantarme... el doctor es una gran palanca; ¡que no renuncie antes de +fin de mes, y la victoria será mía! + +¡Qué casualidad! Cuando iba a tomar su coche, pasaba precisamente +Jacintito. + +--¿A dónde vamos?--dijo el padre, cogiendo el brazo del muchacho;--ayer +no has comido en casa, y hoy no has almorzado. Y eso que tu padre estaba +enfermo. Cualquiera diría que me huyes... Ven acá, que tenemos que +hablar. + +Le obligó a entrar en el coche, y partieron. + +--Nos hemos lucido--pensó el chico,--ahora me mata, sí, señor, y aquí no +tengo escape. ¿Qué excusas voy a darle? + +Don Bernardino, sin más trámite, fulminó el rayo de su excomunión sobre +el culpable: lo sabía todo, todo, con puntos y comas, de pe a pa; míster +Robert acababa de descubrirle la verdad y de notificarle la gravísima +resolución adoptada: liquidar una casa que tanto había costado formar, y +con un pasivo escandaloso. ¿No tenía vergüenza? ¿no le remordía la +conciencia de haber arruinado a aquel pobre hombre? ¿con qué pensaba +pagar los doscientos mil nacionales del pasivo y los cincuenta mil que +adeudaba a Rocchio? + +--Ya cantó el gringo--murmuró Jacinto. + +--¿Con qué piensas pagarlos?--preguntó otra vez Esteven. + +Silencio prolongado, obstinado de Jacintito. Sí, pues; para pagarlos +estaba el padre, que tenía, debajo de la cama, una mina destinada al uso +personal y exclusivo del hijo calavera... Bueno, esta vez sería la +última; pero como no podía permitir que anduviera de vago ni que +volviera a la Bolsa, acababa de conseguir del doctor Eneene un empleo en +el Ministerio y un buen sueldo. + +--¿Qué voy a hacer en el Ministerio?--protestó Jacinto, contrariadísimo. + +--¡Rascarte! y sobro todo, no me pongas los pies en la Bolsa, porque te +mando a un pontón. + +--_Vos_ también, papá...--se atrevió a insinuar el muchacho. + +--Yo puedo hacerlo--contestó el padre;--pero ustedes, mequetrefes +pelagatos... ¡qué audacia! he aquí la época... + +--Peor lo ha hecho Quilito--saltó Jacinto más animado,--que ha perdido +ciento cincuenta mil nacionales, y anda en la Bolsa, empeñado en +sacarlos debajo de tierra. + +--¡También el Varguitas! ¡y no tiene sobre qué caerse muerto! Ese es el +ejemplo que te ha perdido. + +--No sé; pero cuando yo te vi, papá, comprar tantas _vitalicias_, me +dije: Esta es la mía; si papá compra, es que el alza es segura y el +negocio soberbio. + +--Cállate--exclamó don Bernardino fuera de sí,--que te calles, ni una +palabra más. Y basta; ¡no me pises la Bolsa, y cuidado cómo te portas en +el Ministerio! + +Dió por terminado el récipe don Bernardino, y Jacintito, mordiéndose los +labios de coraje, se preguntaba si era cuerdo, si era justo, que le +sepultaran a él en una oficina, cuando tantas disposiciones tenía para +el comercio. Y concluía opinando, que no era ni justo ni cuerdo sino, +simplemente, un disparate. + + + + +VIII + + +Don Pablo Aquiles entraba a las seis del Ministerio, minuto más o menos: +se quitaba el pesado gabán y revestíase de una chaqueta vieja bien +holgada, calzaba los pantuflos e iba a sentarse al lado de la chimenea, +apagada desgraciadamente siempre, delante de la pantalla en que las +escuálidas cigüeñas se miraban tristonas, cual si lamentaran, ellas +también, la ausencia del fuego alegre y reparador. Con el periódico de +la tarde, enrollado como un canuto, dábase golpecitos don Pablo en las +piernas, mientras comunicaba a su hermana las noticias que traía; +primero, las del diario: que el Gobierno va a hacer esto o lo otro, que +el oro está a tantos, que el empréstito no cuaja, que el ministro tal se +va... + +--¡Qué se ha de ir--observaba misia Casilda pasando revista a la mesa, +que tendía Pampa;--ya verás, Pablo, como no se va! Si no se arma la de +Dios es Cristo, esto seguirá hasta el día del juicio. Claro, les dejan +hacer lo que quieren... + +--Y se armará, Casilda, se armará. + +--Sí, como siempre: que salen a la calle cuatro personas decentes, sin +armas o sin municiones, y me las corren y quedan las cosas como antes, o +peor; todavía, ¡si la intentona no costara sangre! pero muere más de un +padre de familia y más de un joven... ¡qué sacrificio tan estéril! Si +esta vez han de hacer lo mismo que las otras, mejor será quedarse +tranquilos y aguantar... Muchacha, ese tenedor no está bien limpio: vete +a fregarlo como Dios manda... + +Luego venían las impresiones del día: si había tenido mucho trabajo en +la oficina, si el jefe estaba de buena cara, lo que se decía. + +--Pero ese Ministerio es un club--exclamaba la señora,--allí se fuma, se +charla, se toma te, se reciben visitas; seguro que todo el trabajo pesa +sobre ti, que eres un infelizote, y hasta ahora el ministro no te ha +aumentado un centavo; en cambio hay otros gandules que ganan tres y +cuatro veces más. No hay cosa peor que ser bueno y honrado, porque a ése +se lo comen por sopas... Pampa, dobla bien esa servilleta... + +Cuando don Pablo Aquiles venía con el cuento de que se había hecho +_saltar_ a algún compañero, para colocar a un paniaguado de la +situación, o relataba, con pelos y señales, los abusos cotidianos, las +arbitrariedades inicuas del doctor Eneene, misia Casilda prorrumpía en +violenta catilinaria. + +--No me lo digas, Pablo, porque no puedo contenerme; y tú, estás viendo +esas cosas de cerca, y te callas... ¡qué pícaros! el día menos pensado +te echarán a la calle, como no les adules bien. ¿Y qué hacen los diarios +independientes? ¡Ah, si yo fuera hombre! ¡no poder escribir siquiera un +remitidito! Cada pillería de éstas, publicarlas en letras bien grandes y +adivina quién te dió. ¡Conque, le han puesto doscientos de sueldo, y +acaba de entrar! como no sale de su bolsillo, eche usted que no se +derrame. ¿Y dices que se hace pagar el coche por el Ministerio, y +abastecer su casa de vino y de cuanto Dios crió? Pero, ¿dónde tiene la +vergüenza ese señor ministro? Qué remitido escribiría yo, ¡qué remitido! + +A veces, en la actitud que tomaba al sentarse, y en los golpecitos del +periódico sobre la pierna, conocía ella que venía contrariado don Pablo +Aquiles. + +--Le has visto, ¿verdad?--preguntaba;--¿a que estuvo hoy en el +Ministerio? + +Don Pablo decía que sí. + +--¿Ves? me lo sospechaba; ¡en qué andará ese par de alhajas! quisiera +oírles por alguna rendija. ¡Tal para cual! + +Un día, contó el viejo Vargas que el chico de Esteven había sido +nombrado oficial primero o segundo, con trescientos pesos, y como él no +era más que auxiliar con ochenta y en su sección estaba aquél, resultaba +que él, don Pablo Aquiles, empleado antiquísimo, quedaba bajo las +órdenes de su flamante superior, Jacintito: felizmente, éste iba tarde o +no iba nunca, y cuando iba, no hacía nada. Tan disgustado estaba el +pobre hombre y misia Casilda se puso tan furiosa, que no comieron +aquella noche. Y Quilito, razonable como pocas veces, decía que, +efectivamente, era una injusticia irritante, más, una inconveniencia +ridícula, pero que Jacinto no abusaría de su posición, pues era muy +buen muchacho; además, estaba seguro que no aportaría por el Ministerio +nunca, y esta sería la mejor solución. + +--¡Pillos!--exclamaba misia Casilda, mientras don Pablo, nervioso, +llevaba el compás con su batuta improvisada,--¡Mira cómo hacen y +deshacen a su antojo! Naturalmente, el que tiene padrino se bautiza. +¡Qué pillos! ¡con trescientos pesos, y de jefe tuyo, un mocosuelo! +Quilito, hazme el favor de no defender estas iniquidades, porque creeré +que estás corrompido, tú también, que te has contagiado con el mal de la +época. + +--Si yo no las defiendo, tía... + +--Las excusas, que es igual. + +Ella no quiso tragar, y así lo decía, eso de que Esteven se hubiera +arruinado, aunque se lo aseguró don Pablo y lo confirmó el mismo +Quilito. No, no le conocían bien: don Bernardino era un truchimán de +_primo cartello_, y ya tendría a buen recaudo todos sus valores, para +tomar las de Villadiego el mejor día; después, échenle ustedes un galgo. +Que la familia se iba al Frigal, y salían las propiedades a remate... +¡farsa! ¡ojalá pudiera ella registrarles los baúles! + + +--¿Y la liquidación de la casa de Jacinto?--observaba Quilito,--¿y su +entrada en el Ministerio? + +--¡Farsa!--repetía la tía,--maniobras, juegos de manos... el tiempo ha +de descubrirlo todo. A esa gente, no creo yo ni el _bendito_. ¡No les +deseo ningún mal, pero si resultara verdad la ruina de Esteven, alabaría +la justicia de Dios! Sólo que Dios tiene mucho que hacer, para perder +el tiempo en castigar a los pícaros... + +Lo cierto es que estas cosas les preocupaban. Y más que todo, la +conducta incalificable del niño de la casa, de Quilito, en aquellos días +de junio. Su asiento en la mesa, tanto a la hora de la comida como del +almuerzo, quedaba desocupado con una frecuencia alarmante, a pesar de +las protestas de la tía de no hacer pasteles fritos, ni carbonada, ni +ninguno de los platos criollos, que no le gustaban: se levantaba a las +doce, salía, y no volvía hasta las tres o cuatro de la madrugada. El +padre y la tía casi no le veían la cara y cuando lograban vérsela, al +atravesar el patio o al sorprenderle en su cuarto vistiéndose, se les +figuraba muy pálido, muy flaco, la estampa marcada de un calaverilla +precoz y sin freno. + +--Acabará por enfermarse--decía misia Casilda,--¡se acuesta tan tarde! +¿por qué no le hablas tú? + +Y don Pablo, que no tenía calzones para hacerse respetar, contestaba que +eso era muy natural: la juventud necesita expansión, soltura; si se le +cierra la puerta, se escapa por la ventana, o por el tejado, el cañón de +la chimenea o el ojo de la llave; la cuerda que se ha mantenido tirante +al joven, el viejo se encarga de aflojarla más tarde, y es peor, +muchísimo peor. Además, ¿por qué se había de interpretar torcidamente +las entradas y salidas del niño? El tenía sus negocios en la Bolsa, sus +estudios en la Facultad... + +--Que coma fuera, si eso le agrada--añadía don Pablo,--a mí me gusta +verle mezclado a esa juventud dorada, rozarse con la alta sociedad: en +esto estás de acuerdo conmigo, Casilda. Porque, la verdad, ¿qué va a +encontrar el muchacho aquí? La modestia, la pobreza, el aburrimiento; +una mesa frugal, una chimenea sin fuego. Y si él goza de mejores cosas +en la calle, ¡dichoso él! No decirle nada, pues, y que haga lo que le dé +su real gana. Verás cómo se abre camino, porque es muy inteligente y +tiene grandes aspiraciones. + +--En eso no estoy conforme contigo--replicaba la hermana;--para estos +tiempos no vale la inteligencia, y mucho me temo que en los enredos de +la Bolsa no esté Quilito más comprometido de lo que fuera menester. + +--Casilda, eres una pesimista de mal agüero. + +--¡Ay, Pablo, ojalá me equivocara! + +A los síntomas apuntados, se agregaron bien pronto el ensimismamiento, +el mal humor, la irritabilidad. Se encerraba en su cuarto y no abría a +nadie. Don Pablo decía que para estudiar, pero la tía, informada por +Pampa que, en razón de su ministerio, llegaba hasta el recluso +voluntario, en ocasiones, sabía que el niño trazaba números y más +números, o se estaba espatarrado sobre la cama, la mirada perdida en las +cortinas, los brazos inertes. Cuando salía, contestaba distraído, +impaciente: + +--No sé, no tengo nada, ¡déjenme en paz! + +La tía no había querido decir nada al padre, de lo ocurrido en los +primeros días del mes, hallándose ella sufriendo del segundo ataque de +reumatismo de la temporada, que la postró una semana entera: sucedió, +pues, que entre dos y tres de la madrugada, ella en su lecho y con la +lamparilla encendida, sin dormir, a causa de sus dolores, sintió que +abrían la puerta de calle, cruzaban el patio y llamaban a los cristales +de su cuarto. + +--Abra usted, tiíta Silda, soy yo. + +Como pudo, bajó de la cama; en camisa y descalza, con el maldito reuma +prendido a la cintura, y tiró del pasado. Quilito entró, arrebujado en +la bufanda. + +--Tiíta, vengo a que me dé usted veinte nacionales, pero ahora mismo, +inmediatamente. + +--Pero, muchacho, ¿qué pasa? déjame acostar... Dime, ¿para qué quieres +veinte nacionales? ¡y a estas horas! + +--¿Me los da usted o no me los da? Cuando le digo que los necesito... + +--Ve ahí en la cartera... sobre la cómoda; no sé si llega. + +El joven buscó el bolsillo de tafilete. Abriólo y cogió dos billetes de +a diez nacionales; los guardó, y sin decir más palabra, salió del cuarto +y de la casa. El golpe de la puerta de calle retumbó, como un cañonazo. +Misia Casilda quedó espantada, temblando más de susto que de frío. + +--¡Ah! ¡Dios mío! ¡se va a jugar! Quilito juega, Quilito juega... ¡Dios +mío, Dios mío! + +Pasó el resto de la madrugada en vela, y el alba la encontró acurrucada +en la cama, los ojos arrasados de lágrimas amargas; se oían rodar los +carros en la calle, cuando entró el niño. + +--No, no le diré nada a Pablo todavía--pensaba la señora.--¡El dice que +hay que dejar a los jóvenes probar de todo, para enseñarles a vivir! + +Don Pablo Aquiles sorprendióla con los ojos hinchados, pero ella alegó +que era a causa del insomnio, y cuando vino Agapo, como solía, la +encontró abatidísima y sin ánimos para cambiar una palabra siquiera; don +Pablo se amilanó con esto, porque, a la verdad, en la casa se notaba +algo, que no se sabía explicar, se sentía venir algo, muy malo, muy +malo, ¿qué cosa? se ignoraba. + +Los días siguieron así, sin variación notable, y llegó el 23 de junio. +Aquel día, Quilito almorzó en casa, o mejor dicho, no almorzó, porque +todo el tiempo se lo pasó renegando de los bodrios de Catalina, de +Pampa, que era una sucia, que así limpiaba los cubiertos como se lavaba +mal la cara; del pan, sin cocer, del vino, agrio... Y don Pablo, siempre +paciente, trataba de calmarle. + +--Hay que dispensarlo, hijito; si ya sabes que esto no es el Café de +París; no podemos dártelo mejor. + +La tía callaba. Pampa, aturdidamente, al presentarle un plato, pisó un +pie del niño, y éste, que reventaba de mal humor, levantóse entonces +hecho una fiera y se arrojó sobre la india, dándole de moquetes +brutales. + +--¡Ay, niño! ¡ay, niño!--clamaba la infeliz. + +Misia Casilda y don Pablo acudieron en su defensa... + +--Toma, toma, para que aprendas y veas dónde pones las patas otra vez. + +--¡Quilito!--dijo severamente la tía. + +Don Pablo consiguió quitársela de entre las manos, y el joven vociferó +que se iba a su cuarto, a encerrarse, y que no quería ver a nadie, pues +odiaba al mundo entero. Lanzóse fuera del comedor y trepó la escalerilla +de sus habitaciones, pero misia Casilda le siguió, dispuesta a +zarandearle como se merecía: sabido es que la tía Silda tenía sus +momentos de energía formidables. Pero, por más que ella se apresuró, +Quilito llegó el primero arriba y se encerró a piedra y lodo. + +--¡Abreme--decía la señora, aporreando la puerta,--ábreme: no hagas +escándalo, Quilito, no me faltes al respeto! Abreme. + +Quilito abrió. Entró la tía, su cara de muñeca más lustrosa que de +costumbre, sin las chapas de color en ambas mejillas, porque el disgusto +las había borrado, y siguió al sobrino hasta la alcoba. Quilito se echó +en la cama, de espaldas, y misia Casilda se sentó en un sillón, frente a +frente. Bueno, ya estaban solos y podían explicarse: ella exigía, sí, +señor, exigía explicaciones categóricas, para tomar una resolución +seria: aquello no había de continuar así. ¡Qué! ¿el padre, la tía, los +criados, todos, iban a estar sujetos al humor de un chicuelo +irrespetuoso y sufrir en silencio sus rabietas inconsideradas? ¿qué se +figuraba? ¡Si el padre no tenía bien puestos los calzones, ella sabría +imponerse una vez por todas! La filípica continuó en este tono largo +rato, y el muchacho ni se movía, ni hablaba: misia Casilda usó de todas +sus armas, y trató de herirle en su amor propio, en su dignidad, en +medio del corazón, que ella conocía tan tierno, a pesar de todo. + +--A mí no has de engañarme, como a tu padre--dijo por último,--tú andas +en algo malo, Quilito, y si te escondes, es que el remordimiento te +persigue... de alguna acción vituperable... ¡no sé cuál! Seré muy torpe, +pero me parece que tú juegas... y si juegas, que has perdido... ¿he dado +en el clavo? ¿sí o no? + +Tan había dado, que el chico se agitó, como si acabara de recibir un +alfilerazo. + +--¡Por Dios! tía, déjeme usted, márchese, quiero estar solo; no tengo +gana de oír sermones. + +Y se puso cara a la pared, rezongando. Pero, quieras que no, tuvo que +oírlo, de cabo a rabo, tan contundente, porque la señora no se mordía la +lengua, y soltaba cada varapalo que escocía de veras, que Quilito dió un +salto, al fin, y con el aire de un demente, prendido al enrejado de la +cama, que sacudía como si deseara arrancarlo, gritó: + +--Sí, ¡he perdido, he perdido! ¿Y qué tenemos con eso? + +Jadeante, se volvió a la tía, desafiándola con la mirada iracunda, pero +la consternación de la señora debía ser tan grande, pues enmudeció de +estupor, que Quilito sintióse conmovido y su cólera se apagó, como si +hubieran derramado agua encima. + +--Perdóneme usted, tiíta Silda, soy un miserable, no sé lo que me digo. + +Se echó a sus pies, besándola las manos y ocultando su cabeza rubia en +el regazo de la señora. Y sin darla tiempo a poder hablar, de temor, sin +duda, a que renovara la letanía de las recriminaciones, contó sus +percances de Bolsa... + +--He perdido, tía, y no tengo con qué pagar: mañana, día de San Juan, +vence el plazo, a medio día... Usted dirá que por qué he jugado: ¡todo +lo que usted pueda decirme, me lo repite mi conciencia a voces, a todas +horas! He jugado porque quería salir de pobre, cambiar de posición, +tener lo que otros más afortunados tienen... Para ser rico, tía, y +hacerles felices a ustedes, y hacerme a mí mismo feliz, yendo a +depositar a los pies de Susana... no tuerza el gesto, tía... mi fortuna +y decirla: ¡Ahora, nada ni nadie podrá separarnos! Porque usted no +conoce a Susana, tía; es un ángel, y allí donde ella pone la planta, hay +que poner los labios... Y todo lo he perdido, ¿ve usted? ¡Ay, tiíta +Silda, me considero tan desgraciado, que si no fuera una blasfemia, +diría que odio a mi padre, por haberme traído al mundo, sin que yo se lo +pidiera!... Si aquí no había de hallar más que penas y miserias, ¿a qué +me han dado la vida? Tómenla, ¡yo no la quiero, no la quiero!... + +Misia Casilda, acariciando la cabeza rubia, murmuraba: + +--¿Ves? si yo te lo decía, yo te lo decía... + +Luego, ensayó arrancarle aquellas ideas disparatadas. + +--No hables así, Quilito, mira que Dios te está oyendo; no te aflijas +tanto, hijo mío, quizá todo pueda arreglarse. ¡Has perdido! es una +desgracia, pero trataremos, unidos, de remediarla. Vamos a ver, ¿cuánto +debes? + +--Mucho, tía, muchísimo, ¡qué sé yo! + +--Pero, dime... aproximadamente. + +--Mucho, ¡muchísimo!--repitió el joven. + +¿Qué iba a hacer al día siguiente? Porque todos los recursos de que +podía disponer, los había probado, y todos fracasaron. ¿Cómo no estar, +pues, de mal humor? ¿cómo no desesperar de su suerte y de la vida? + +--Si le digo a usted, tía, que los pobres no debieran tener hijos; que a +uno nadie tiene el derecho de traerle, así, a la fuerza, a compartir las +miserias de la vida. ¿Acaso, a la edad de ser padres, no han echado de +ver todavía que esto no vale un centavo? y si no hay nada que ofrecer al +que ha de venir, ¿por qué obligarle a salir de dónde está sin sentir +pena ni gloria? + +¡El egoísmo, tía, el egoísmo! Yo no he nacido, no, para pobre y todo mi +afán fué siempre enmendar de un golpe lo que mi destino había hecho... +¡Qué desgraciado soy, tiíta Silda, qué desgraciado soy! + +Desvariaba de tal modo, que la tía, alarmada, pensó con terror en lo que +había dicho aquella noche, de pegarse un tiro si la suerte no lo +favorecía; se le imaginó verle ya con el cráneo hecho pedazos, cubierto +de sangre, después de haberse arrancado violentamente aquella vida que +él decía no querer, ni haberla pedido. Besándole con frenesí, le conjuró +por todos los santos del cielo, que se calmara: ella iba a registrar los +cuatro rincones de la tierra y le traería la suma suficiente para pagar +su deuda. ¿A cuánto alcanzaba? para saber, porque era necesario saber... +¿eran mil, dos mil, tres mil nacionales? + +--No, tía, no--dijo Quilito arrojándose en la cama de nuevo,--no se +empeñe usted... ¡es inútil, es imposible! ¡Cuánto le agradezco todo, +tiíta de mi alma! + +--No seas bobo; desesperarse así no es cosa de hombres; ya verás, poco +importa que no me digas la suma redonda... yo te he de traer lo +suficiente. + +Y poniendo una mano sobre el hombro del joven, añadió: + +--Pero con la promesa de ser más cauto en adelante, y de no buscar más +en el juego lo que sólo el trabajo puede dar. + +Le dejó y bajó la escalera; en el comedor, don Pablo Aquiles se +preparaba a salir. + +--¿Y qué tal--preguntó,--se le ha pasado ya el berrinchín a ese +polvorilla? + +--Sí, ahí le dejo tan tranquilo; a Quilito no se le debe tomar a lo +serio: es un loco. + +--Bueno, hija, hasta luego. + +--Hasta luego, Pablo. + +Misia Casilda esperó a que saliera: después, fué derechamente a su +cuarto y abrió el venerable armario de caoba; en el fondo del estante +mediano había una caja de sándalo... Sentada en una silla baja, empezó a +escarbar en la cajita misteriosa: dos onzas de oro de Carlos IV; un par +de _caravanas_ de brillantes y perlas, recuerdo de su madre; un anillo +con amatista; el reloj de don Aquiles; botones de puño; prendedor de +caireles con azabache... + +--¿Me darán por todo esto quinientos nacionales?--decíase +pensativa,--más quizá, porque las caravanas son muy buenas... a Quilito +le harán falta... a ver... unos... tres mil nacionales; ¡es una +enormidad! me parece que no puede ser más; ¡imposible! Reflexionemos: +pongamos ochocientos por todo esto, mil por la imagen de plata maciza de +la Virgen de Luján... la Santísima Virgen ha de perdonármelo... bueno, +mil, hemos dicho, y ochocientos, son mil ochocientos; el relicario con +esmeralda, que tengo en el cajón de la cómoda... ¿cuánto me darán por el +relicario? ¿doscientos? pues, ya hay dos mil nacionales... ¡Ah! y cien +que me quedan del mes, son dos mil cien. ¿De dónde sacaré el resto? +¿Pablo? me consta que no tiene nada, porque su mensualidad me la entrega +íntegra... ¡Que la Virgen de Luján me ayude! y si es más de tres mil +nacionales, veremos; hasta mañana a las doce, hay tiempo... + +Se puso el mantón, y antes de salir, fué al patio interior a recomendar +a las muchachas mucho silencio, no molestaran al niño y cuidaran la +casa; ella iba y volvía. + +--El niño ya encerróse--dijo la genovesa con una sonrisa imbécil. + +--Bueno, mujer; usted a su cocina y Pampa que quite la mesa. + +Salió con paso ligero, disimulando bajo el pañuelo de merino la caja y +la imagen de plata. + +Dos horas estuvo fuera. Volvió sofocada, quejándose del sol tan fuerte, +que no parecía de invierno. + +--¿Ha llamado el niño?--preguntó a Pampa. + +--No, señora. + +--¡Qué cabeza!--decíase misia Casilda,--no me he acordado de llevar los +cubiertos de plata; estos prenderos son todos unos judíos... ¡Cuánto +corretear y qué discutir, para no traer más que mil ochocientos +nacionales! Verdad es que yo he tasado todo con mi fantasía de dueña +legítima... ¡Ay mi Virgen! mi compañera de toda la vida; cuando la dejé +sobre el mostrador, me pareció que me lo reprochaba con sus dulces +ojos... ¡Valiente día estoy pasando! A ver esos cubiertos... + +Sin quitarse el mantón, entró en el comedor y abrió, con la llave más +gruesa de su llavero, el cajón bajo del aparador: había hasta tres pares +de cubiertos de plata, envueltos en papeles de seda y en retazos de +franela muy limpia: eran los últimos restos del antiguo esplendor de los +Vargas, cuchillos y tenedores que, más de un bien cebado prior había +manejado, en las comidas suculentas y frailunas del místico don Aquiles. +A la casa de empeños con ellos, y andando. + +--Ya vuelvo--dijo la señora a Pampa,--no te muevas del patio. + +Media hora después volvía, sofocadísima. + +--Si me sale ahora con que es más de los dos mil doscientos que le +traigo--pensaba subiendo la escalera,--¡me parte! + +Ya arriba, repiqueteó sobre la puerta, y entró, cuando Quilito hubo +corrido el cerrojo. + +--Aquí me tienes--dijo alegremente, echando el mantón sobre los +hombros,--espero no haber perdido mi viaje, o mis viajes, porque han +sido dos, hijo mío. + +El joven la vió sacar de un pedazo de periódico, enrollados, los +billetes, que puso sobre la mesa de pino que, en aquella primera +habitación, llenaba, mal que mal, las funciones de escritorio: +quinientos, seiscientos, mil, mil quinientos, ochocientos, dos mil, dos +mil doscientos... Silencio. La tía, radiante, contemplaba el depósito; +Quilito, turbado, miraba a la tía. Esta, miró a su vez al sobrino, y el +semblante se le anubló, de pronto... + +--Vamos, pues, ¿qué dices? + +--¡Que la quiero a usted mucho tiíta de mi alma, y que sufro de veras +por la pena que la estoy causando! + +La abrazó repetidas veces, con efusión. + +--Déjame, no me aprietes tanto... ¿De modo que... eso no te alcanza? +¡Habla, habla! + +Quilito hizo un gesto, que quería decir: Eso, tía, es un grano de arena, +una gota de agua, para lo que yo debo. Y misia Casilda, dando palmadas +sobre la mesa con su mano enguantada, se impacientaba, seria, de nuevo, +y severa, como antes, exigiendo se le confesara el monto total de la +deuda, inmediatamente: el joven, entonces, hizo declaraciones +completas... Treinta mil nacionales a don Raimundo de Melos Portas e +Azevedo, el más temible de sus acreedores, porque tenía un pagaré bajo +su firma, que le era forzoso, absolutamente imprescindible, recobrar al +día siguiente, y si no lo recobraba, perdería la vida con la honra: lo +había jurado; cincuenta mil a Rocchio, el corredor; veinte mil a un +fulano del Club del Progreso, y cincuenta mil más, repartidos entre +varios corredores de la Bolsa por operaciones malogradas en los días que +iban de mes... total, ¡ciento cincuenta mil nacionales! De todo esto, lo +más urgente a pagar era el saldo de don Raimundo Portas, quien no estaba +dispuesto a conceder más prórroga que los dos días de gracia; el pagaré +había vencido el 22... Los demás acreedores esperarían hasta que Dios +quisiera. Necesitaba, pues, treinta mil nacionales para el 24 de junio, +a las doce, ni un centavo más, ni un centavo menos. + +No cayó de espaldas misia Casilda, porque sus nervios, a prueba de +emociones, la sostenían admirablemente, pero parecióle que el mismo +Lucifer le soplaba ciento cincuenta mil trompetazos en los oídos, y que +la casa se le caía encima. A la mente y a la lengua se le vinieron ideas +y palabras, a borbotones, y las arrojó a la cara del sobrino, cual si le +azotara con un látigo... ¡Cómo! ¡él, un chicuelo pobre, un perdulario, +endeudado por suma tan crecida! pero, ¿cómo había podido creer que sus +fondillos iban a valer tanto jamás? ¿no pensó, por un instante siquiera, +ya que su cabeza parecía tan hueca, que si perdía, no podría pagar, y si +no podía pagar, que deshonraba a su familia para siempre? ¿en qué +escuela se había educado, que así le habían sugerido la peregrina teoría +de que las deudas son cosa baladí y es lujo de caballero tenerlas? ¿y +esta era la manera con que él pensaba hacer la felicidad de su padre y +de su tía, y la suya propia? Mordíase el joven el dorado bigotito, y no +replicaba, la cabeza y los ojos bajos. + +--¿Qué vas a hacer, entretanto?--preguntó la señora, recogiendo, con un +movimiento de hombros, el mantón, que se caía. Y Quilito, fríamente, +contestó: + +--¡No se incomode usted, que yo sé lo que debo hacer! + +Cogió un billete de veinte nacionales y pidió permiso para guardarlo. + +--Esto es todo lo que acepto de usted, tiíta; dígame, ahora, cuanto se +le ocurra: todo lo merezco, hasta que me arrojen a puntapiés a la calle, +porque soy muy culpable, más de lo que usted cree, quizá... No sé, yo +quería ser rico, pronto, pronto, y no pasar la vida trabajando, para +comer pan negro de viejo, como sucede casi siempre... ¡Luego, mi amor +por Susana! yo me decía: Si me hago millonario, ni los Esteven se +opondrán, ni en casa me harán la guerra: el rico es libre y el dinero +todo lo allana. Y vea usted cómo han fallado mis cálculos: en la Bolsa, +la suerte siempre de espaldas, y en el club; hasta la lotería... mi +número sin querer salir... + +Del cajón de la mesa sacó un puñado de billetes de lotería, arrugados, +que arrojó al suelo. + +--¡Sin querer salir!--repitió con tristeza;--en balde practicaba los +medios supersticiosos de que se valen algunos jugadores: escoger el +billete en día trece, entrar en la agencia con el pie derecho, tomarlo +con los ojos cerrados... ¡Nada! ¿y el club? ¡Si usted supiera, tía +Silda! Algunas noches mucha suerte, y otras barranca abajo... ¿Se +acuerda usted de aquellos veinte nacionales que vine a pedirle esa +madrugada... que salí después? Había perdido en el club cuatro mil +nacionales, y se me puso que con un billete de veinte, que fuera suyo y +hubiera usted tocado, haría saltar la banca... y la hice saltar, tía, +asómbrese... para saltar yo, después, porque ofuscado, puse cuanto había +ganado a una carta, y lo perdí... ¡Ah! tiíta, el juego es así... Aquí +tiene usted mi proceso hecho; la sentencia usted la ha pronunciado: si +no pago mañana los treinta mil nacionales a don Raimundo, caerá la +deshonra sobre mi nombre... y deshonrado, arruinado, alejado de Susana +para siempre, sin ilusiones, sin esperanzas, sin porvenir... ¿qué voy a +hacer? me pregunta usted; ¡hacerme justicia, tía, y acabar! + +Dijo esto con tal sentimiento, y de modo tan lúgubre, que los reproches +expiraron en los labios de la tía, y se abalanzó a él, como loca, +estrechándole en sus brazos, suplicándole que no volviera a proferir la +terrible amenaza, si no quería verla caer muerta a sus pies. ¡Qué +muchachos estos! hacen una barrabasada, y no se les ocurre mejor medio +de remediarla que el suicidio; ¡bonita manera de arreglar las cosas! la +suerte que son pura boca, y que del dicho al hecho... ¡Vamos! +reflexionar un poquito y estudiar el medio más decoroso y fácil de salir +del atolladero: treinta mil nacionales no se encuentran así como así, +bajo el primer adoquín de la calle... ¡Oh, la inexperiencia y la +ambición son dos caballos desbocados que llevan al precipicio a +cualquiera! Ya se lo pronosticó ella, y después dicen que las viejas no +entienden... Basta; dejar ese gestito de contrariedad, que no +recomenzaría con sus sermones; verdaderamente, en estas circunstancias +las amonestaciones huelgan: es como dar de palmadas al niño que acaba de +romperse la cabeza; lo urgente era encontrar el dinero... Ella, que le +había criado y educado y mimado, que era su segunda madre, le salvaría. + +Quilito se lo agradecía todo, besándola las manos, como un perrillo que +ha sido castigado y quiere hacerse perdonar del amo la falta cometida. + +--No me preguntes nada, hijo mío--agregó misia Casilda,--de aquí a +mañana tenemos tiempo para pensar y para obrar... pero, prométeme que te +dejarás de locuras: tu tía vieja te lo pide: ¡en estos casos de la vida, +es cuando se debe mostrar que se tiene sentido común, sentimientos y +religión! prométemelo, Quilito. + +--Prometido queda--contestó el joven maquinalmente. + +Antes de salir, la señora recorrió las dos piezas, buscando con los ojos +si había puñal o revólver o instrumento alguno capaz de producir la +muerte, y no bajó sin dejar al querido sobrino más tranquilo, en +apariencia al menos, después de nuevas y patéticas exhortaciones. Bajaba +los escalones, uno a uno, deteniéndose, apoyándose en el pasamano, y las +lágrimas le caían gota a gota, sobre la falda negra; ese movimiento +rencoroso de todo el que sufre, contra la indiferencia del mundo +exterior, experimentólo la señora al ver el cielo tan puro y el sol tan +brillante, cual si no tuvieran noticia de la desgracia ocurrida y de la +más tremenda que se preparaba. + +--¡Qué sol más antipático!--murmuró,--todo debiera estar de duelo, como +lo estoy yo! ¡Qué hacer, qué hacer, Dios mío! ¡Virgen de Luján, ayúdame! +Te ofrezco una novena y misa cantada, si nos sacas a todos de este mal +paso... Lo peor, lo peor es que no me viene una idea, una sola... no +queda ya nada por empeñar, y aunque hubiera: la casa entera no vale +treinta mil nacionales... Inútil ha sido llevar al prendero esos +recuerdos de familia... + +Se había parado en el penúltimo escalón, y mirando los billetes +envueltos en el periódico, que guardaba en la mano, repuso +maquinalmente: + +--La base aquí está, sin embargo, esto ya es algo, esto es mucho... +falta el resto, ¿a quién acudir? ¡Dios mío! no se me ocurre nada... + +De pronto, al poner el pie en el último escalón, la idea vino, clara y +precisa... + +--¡Qué disparate!--exclamó. + +Y trató de ahuyentarla; pero, la idea, como mosca impertinente, la +siguió hasta su cuarto, revoloteando sobre su cabeza, picoteándola en la +frente, persiguiéndola incansable, más pegajosa cuanto más desechada. + +--¡Qué disparate!--repetía misia Casilda.--¿De dónde ha venido a +ocurrírseme semejante cosa? Solamente loca... ¡Dios me libre! + +Repasó la lista de sus escasas relaciones, discutiendo consigo misma +cuál conceptuaba ella capaz de hacer un servicio al prójimo, pero como +se trataba de un servicio tan extraordinario, veíase obligada a eliminar +nombres, unos por ser de personas tan pobres como ella, otros por poca +simpatía, o ninguna confianza. Y se acordó de misia Petronila +Barrientos, una viuda sin hijos, riquísima, que la visitaba con +frecuencia, y en cada visita la repetía sus ofrecimientos de buena +vecina y antigua amiga. + +--Casildita, ya sabe que estoy a sus órdenes; mándeme en cuanto pueda +serle útil. Ocúpeme con toda confianza, Casildita. + +A la vuelta vivía, en una casa muy hermosa, de su propiedad... + +--Iré a ver a misia Petronila--pensó la señora,--y le ofreceré la finca +en garantía; mi carácter no es para estos casos: nunca he pedido dinero +a nadie y creo, estoy segura, que la vergüenza no me dejará hablar... +Pero, ¿a quién acudir, si no? ¡Esto, antes que lo otro! Ya me tiemblan +las piernas y me pongo colorada... + +A la calle otra vez. Pero, ¡fíese usted de los amigos y de sus +ofrecimientos! Misia Petronila Barrientos la recibió con afecto, la +escuchó con atención... y la despidió con política, diciéndola muy +fresca, que no podía ser... porque no podía ser. Y vuelta a la casa, +abatida y llorosa, por el sacrificio estéril que de su amor propio había +hecho, alimentando pensamientos tan negros como éstos: El amigo es para +ir de fiesta y no para acompañar en la desgracia. El corazón de un +extraño es más tierno que el de un amigo. En el pedir y en el dar, se +aquilata la amistad, etc. + +Vino don Pablo Aquiles, por la tarde, y se enteró de que el niño seguía +en su cuarto, bajo llave. + +--¡Qué demonio de muchacho!--dijo,--¿qué tendrá? Igualito es a su madre, +¿te acuerdas, Casilda, que Pilar era así?... Pero, aquí yo no veo +motivo; el disgusto de esta mañana no pasó de una tontería; voy a subir. + +--No, Pablo, ¿para qué? Déjalo solo; es mejor. + +--Le dejaremos, pues; pero, hazme el favor de cambiarte de cara, +Casilda. + +--¡Jesús! ¿por qué me lo dices? + +--Me pareces muy preocupada, hija. + +--Aprensión tuya, Pablo. + +Cuando se sentaron a la mesa y se sirvió la comida, Quilito mandó a +decir que él no bajaba, porque no tenía gana. + +--¡Ya me va cargando el chico éste!--exclamó el padre. + +Misia Casilda preparó en una bandeja dos platos, y bien tapada, con el +pan y el vino, mandó a Pampa que la subiera al niño. + +--Mira--observó,--si no abre, dejas todo en la escalera, delante de la +puerta. + +--Se enfriará, mujer--dijo don Pablo, a quien tanto mimo ponía de mal +humor. + +Fué lúgubre la comida. La señora no comió, empeñada en la batalla con la +mosca de su idea primera, que había vuelto a acometerla, y don Pablo dió +satisfacción al estómago con dos cucharadas de sopa, preocupado también +y triste. Recogióse temprano misia Casilda, y sin desvertirse, pasó la +noche en la sillita baja, delante del nicho vacío de la Virgen. Quilito +no había salido, y esto la tranquilizaba, pero desesperábase de que la +hora fatal estuviera tan próxima, y ella no hubiera encontrado más +recurso que aquel descabellado, que le había venido a la imaginación, y +que desechaba como impracticable y humillante. + +--La Virgen ha de iluminarme--decía;--ya lo sabes, madre de mi alma: +novena y misa cantada; ¡se trata de él, de nuestro orgullo, del que ha +de ser nuestro sostén mañana! A Pablo no le diré nada, hasta no ver, ¿a +qué darle un disgusto? y él, me parece, que huele algo... ¡ay, Dios mío! +¿qué es eso? ¡qué ruido tan extraño! el corazón me ha dado un salto... +Debe ser el gato, que ha tirado alguna maceta, en el patio... ¡Tanto +hablar de tiros y desatinos esa criatura! no estoy tranquila; quisiera +llorar y no puedo. ¡Otra vez eso! ¡qué pesadez! y es un disparate, un +solemne disparate... ¿A dónde, a dónde ir? No sé, me parece que todos +van a recibirme como misia Petronila... Claro, apenas comprenden de lo +que se trata, se encapotan y sacan el cuerpo con mucha urbanidad... Esto +de hacer la pedigüeña no es para mí, ¡no es! y es preciso, sin embargo: +cuando la necesidad habla, el amor propio se echa a la espalda. Si +Pablo... ¡pero, qué! con las cuentas de sastres y zapateros de ese niño +aturdido, ha molestado tanto al Habilitado, que no quiere éste +adelantarle ya nada; todavía, si fuera una suma pequeña... ¡Señor! +¡Señor! ¿estaré condenada yo a pasar por tanta vergüenza? + +Amaneció, y la nueva luz encontróla en la sillita baja, pensativa. + +--Hoy es día de San Juan--dijo abriendo los postigos,--¿qué presente nos +reservará? + +Durante las primeras horas de la mañana, ocupóse en las tareas de la +casa; a golpes de plumero perseguía el polvo, y cada golpe parecía +descargarlo sobre la idea, que no la abandonaba. + +--Es estúpido esto que se me ha metido aquí: si antes de las doce no se +me ocurre otra cosa, no sé... yo tengo confianza en la Virgen; ella ha +de hacer un milagro. + +A la hora del almuerzo, Quilito tampoco pareció. Pampa dijo que le había +visto salir, y misia Casilda imaginó que habría ido a buscar recursos +por su lado, a pedir otra prórroga quizá... Entonces, antojósele que lo +mejor, lo más hacedero, era irse directamente a ese señor de Portas, y +arrancarle la concesión de un nuevo plazo prudencial para efectuar el +saldo del maldito pagaré: ¡veinticuatro horas de prórroga importaba +quizá la salvación! Esto es; prontito, a casa del señor Portas, que lo +que es elocuencia para convencerle y lágrimas para ablandarle, no le +habían de faltar. ¡Caramba! no haberlo pensado antes... Día de fiesta +era, y don Pablo Aquiles, que estaba de morro y no quiso almorzar, se +fué a dar su paseo; la campanada de las diez y media sonó en el reloj +del comedor, y la señora se cubría ya con el velo y el mantón, cuando el +llamador de la puerta de calle se hizo oír con grave redoble. + +--¿Quién?--preguntó Pampa acercándose a la reja;--señor no estando; +niño, tampoco. + +Misia Casilda, en el umbral del gabinete, se asomaba, por la curiosidad +de saber quién era... + +--Que pase ese caballero, Pampa; déjale pasar. + +La india abrió y don Raimundo de Melo Portas e Azevedo entró en el +patio, saludando, la chistera tornasol en la mano; en vez del levitón +legendario, llevaba ahora un sobretodo de pelo rizado, de estos color de +ceniza, que no muestran la porquería... + +--No le conozco--se dijo la señora;--pero, a esta hora y con esa facha, +viene por Quilito: debe ser un acreedor. ¡Que la Virgen nos asista! + +Pasó a la sala, donde el insigne portugués estaba ya instalado, en un +sillón de seda amarilla, gastadísima, con los flecos deshilachados. + +--Muy señora mía... + +--Servidora de usted... + +Al nombre de Portas, misia Casilda se animó. + +--¡Ah, es usted el señor de Portas! Pues precisamente iba yo a su casa +ahora. + +--¿De veras?--exclamó don Raimundo, sacando los dientes en una +sonrisa,--el señor Vargas la había encargado entonces... a eso venía yo +también; aquí está el pagaré, vencido el 22 y que hoy debe ser saldado. + +De una cartera de cuero, sacó el papelucho y lo presentó, haciendo el +amable. + +--Así la evito a usted una molestia--repuso;--dígnese fijarse usted +señora, si es ese el documento, porque tengo unos ojos... + +Misia Casilda decía: + +--¿Molestia? no, señor, al contrario. + +Tomó el papel, sin saber qué hacer. + +--Sí--dijo,--éste es; treinta mil nacionales, y aquí está la firma, +Aquiles Vargas... + +--Debajo, debe estar la de don Bernardino Esteven. + +--¿Qué dice usted? + +--Sí, señora, del fiador; el señor Esteven ha garantizado la firma de su +sobrino. + +La señora sintió un desvanecimiento tan grande, que creyó iba a perder +el sentido. ¡Esteven fiador de Quilito! Una de dos, o el joven mantenía +relacione con sus tíos, de tapadillo, o aquella firma era falsificada; +si lo primero, ella conocía a don Bernardino y no creía que su +generosidad llegara a tanto, aunque estuvieran en los mejores términos +con el joven, luego... No veía bien, no respiraba bien; un sabor muy +amargo la envenenaba la boca. + +--En efecto--balbuceó haciendo un esfuerzo,--aquí está también la firma +de... ese caballero. + +Se calló, mirando atontada el papel, que conservaba en su mano +temblorosa; don Raimundo, apoyado en el bastón, la chistera sobre las +rodillas, esperaba. Y viendo que misia Casilda no daba muestras de +aflojar los monises, el portugués se alarmó. ¿El señor Vargas no había +dejado nada para él? porque estaban a 24 de junio, término de la +prórroga; si el pagaré no lo saldaba el señor Vargas, en cumplimiento de +su compromiso, se vería él en la dura necesidad de presentárselo al +fiador, a Esteven. + +--No, no--exclamó la señora, agitadísima,--se pagará, sí, señor; mi +sobrino sabrá hacer honor a su firma y no tendrá usted que recurrir al +fiador, no, no. + +--Lo decía, porque, como yo tengo otras cuentecitas que arreglar con el +señor Esteven, no había más que incluir ésta con las otras... + +--Si le digo que se pagará, ¿por qué ha de ponerlo usted en duda? Me +ofende usted, caballero, me ofende usted. + +--Bien, señora, a sus órdenes... + +--Solamente que--agregó misia Casilda sudando, a pesar del frío que +sentía, no podrá ser ahora mismo, en el acto... a eso iba yo a su casa, +precisamente... a pedirle una nueva prórroga, corta, muy corta: en dos +o tres días se habrá reunido la cantidad suficiente... Vea usted, señor +Portas, cómo andan ahora los negocios; esto usted lo sabe mejor que yo; +además, hoy es fiesta, no lo olvide usted. Estamos tan atrasados, que +para el puchero apenas nos llega... pero, en dos o tres días, se lo +prometo a usted; tenemos un depósito en el Banco y vamos a recibir +ciertas cantidades que nos adeudan... + +Lloraba casi, en su súplica desesperada, y don Raimundo movía la nariz, +contrariado, tocando el tambor sobre la chistera, de impaciencia. + +--Pero, señora, comprenda usted que del 22 a aquí van ya dos días de +prórroga y la ley no exige... + +--Caballero, sea usted bondadoso. + +--No puede ser... + +--En dos días más... + +Siguió la porfía, hasta que el prestamista declaró, levantándose, que si +al día siguiente, a la misma hora, no le entregaban los treinta mil +nacionales, iría con la letra protestada a ver a don Bernardino Esteven. +Y se marchó, bruscamente, después de guardar el papelucho en su cartera +de cuero. + +Parecióle a misia Casilda que, vestidita como estaba, la habían +zambullido de cabeza en agua fría, porque daba diente con diente, como +quien tiene tercianas, a la vez que llamaradas de fuego le quemaban la +cara. ¡Esteven fiador de Quilito! ¿De qué manera había el joven obtenido +esta firma? ¿directamente? Luego se veía con los tíos, entraba en la +casa, trincaba con ellos, los enemigos jurados de su padre; ¿por +intermedio de Jacinto? Era dudoso, y en uno y otro caso, pensaba ella +que Esteven, más calculista que caritativo, no sería tan necio como para +prestar su garantía a un joven que, le constaba, no tenía con qué +responder a compromiso tan importante. Lo que misia Casilda deducía de +todo esto, era tan espantoso, que se puso a llorar... El desgraciado +niño lo había dicho: que era más culpable de lo que ella creía. +Entonces, si la sospecha horrible resultaba evidente, urgía recuperar el +pagaré de manos de don Raimundo, no darle ocasión de que fuera a poner +bajo los ojos de ese hombre la firma falsificada... + +--¡Sí, recuperarlo, pero cómo, cómo, Dios mío!--exclamó. + +La mosca impertinente volvió, agitando sus alitas impalpables, y ella no +la rechazó, como antes, la acarició, al contrario... ¡Sí, se humillaría +hasta hundir la frente en el polvo! se trataba de salvar a Quilito, y si +no había más medio que ése, el último, a él, apelaría, con los ojos +cerrados. + +De pronto, se acordó que el joven no había vuelto todavía; si no era a +ver a don Raimundo, ¿a dónde habría ido? El temor de que fuera a +realizar su amenaza de suicidio, la asaltó, arrancándola del sillón. +Desatentada, salió al patio, gritando a Pampa si el niño estaba en su +cuarto, a tiempo que la reja se abría y entraba Quilito. + +--¡Ah! ya vuelves--dijo la tía con sofocada voz. + +Hízole entrar en la sala, y estrechando sus manos con fuerza, +descompuesta, loca, prorrumpió en esta pregunta: + +--¿Qué has hecho, hijo mío, qué has hecho? + +Quilito, pálido, no comprendía. Y la tía, sin soltarle, repitió su +pregunta desolada: + +--¿Qué has hecho? ¿qué has hecho? ¡Alguien te ha aconsejado mal, te ha +arrastrado al crimen, porque tú has sido siempre bueno, has sido +honrado, honrado como tu padre y como tu abuelo! + +--Tía, ¡por Dios! + +Misia Casilda le soltó, y sentándose en el sillón, porque sus piernas, +flojas, no podían sostenerla, repetía, llorando: + +--Sí, alguien te ha aconsejado, porque tú no eres malo, no eres capaz... + +Dijo que don Raimundo acababa de salir, que había exhibido el pagaré de +treinta mil nacionales, y que ella, con sus propios ojos, que comería la +tierra, había visto al pie de su firma, la firma de Esteven... Miró a +Quilito, y en su turbación y en su semblante demudado leyó la verdad, la +comprobación de su sospecha. + +--¿Qué has hecho? ¿qué has hecho?--volvió a decir con angustia. + +Pero, el joven se había echado ya a sus pies e imploraba su compasión; +sí, era cierto, era cierto que él falsificara la firma de Esteven, para +obtener del prestamista el dinero que necesitaba, pero lo hizo ciego, +sin saber lo que hacía, ni a lo que se exponía, pensando, en su fiebre +de fortuna improvisada, que, llegado el vencimiento, podría retirar +fácilmente el pagaré, las manos llenas de oro, como había de tenerlas; +nadie se lo aconsejó, sino su mala cabeza. + +--¡Soy un miserable, tía de mi alma, no merezco que usted me mire +siquiera, porque, aunque honrado en el fondo, no he sabido resistir y +evitar una acción vergonzosa, que la ley castiga, tía! + +Y bien, como la deuda no podía saldarla, y el pagaré, protestado, iría a +parar a manos de don Bernardino, si no estaba ya en su poder, quedábanle +a él dos caminos: o dejarse meter en la Penitenciaría o saltarse los +sesos... Misia Casilda dió un grito y le abrazó, aterrada. Quilito se +debatía, diciendo que, puesto que había deshonrado las canas de su +padre, debía sufrir el condigno castigo; que él no se atrevería ya a +afrontar su mirada, y que la idea que Susana, su adorada Susana, +conociera su delito, le enloquecía... + +--No, yo no podré resistir esto, no podré, no podré. + +--¡Escúchame, desgraciado, tengo un medio de salvarte, un medio supremo; +ya lo verás: el prestamista me ha concedido un plazo de veinticuatro +horas, ¿sabes? y en estas veinticuatro horas se puede volver el mundo +patas arriba, figúrate. Yo por un lado, tú por el otro: cavaremos, +cavaremos hasta encontrar esa suma. Nunca me había imaginado esto, pero, +ha sucedido y debemos remediarlo con algo más positivo que con +lamentaciones y amenazas: déjate de tiros y de Penitenciaría. ¡Qué +horror! ¡Había de permitir la Virgen de Luján que tú fueras tratado como +un criminal empedernido! No, ¡imposible! has cometido una falta grave, +pero sin medir todo su alcance, ofuscado en esa jugarreta de la Bolsa, +que yo tanto te incriminaba... Pierde cuidado, tu padre no sabrá nada, y +ese hombre tampoco, porque, mañana, a estas horas, habremos +reconquistado el pagaré. Si te digo que tengo un medio, infalible no, +infalible no, pero... es muy probable... veremos; quiero que te +tranquilices, hijo mío. + +--Es usted muy buena, tiíta Silda, pero, verá usted como todos los +medios serán inútiles... + +--¿Qué sabes? déjame a mí, que yo sé lo que me digo. + +Hasta sonreía la infeliz señora, ansiosa de calmarle, de inspirarle +valor y confianza. + +--Pero, tú me has de ayudar, ¿eh? En primer lugar, no haciendo tonterías +y abandonando esas ideas de desesperación, que Dios condena; luego, +viendo por ahí... tú tienes amigos ricos, relaciones influyentes: no +desanimes, hijo mío... + +El joven dijo que había visto a muchos amigos, pero sin resultado; +¿quién presta, sin garantía, treinta mil nacionales? Y misia Casilda, +recordando a la de Barrientos, contestaba que, efectivamente, muchas +veces los mejores amigos son los primeros en dar el esquinazo, y que +vale más dirigirse a los extraños; pues, por dejar de pedir no quedaría, +y si el medio supremo, el suyo, no resultaba, se hipotecaría la finquita +o se vendería: con el producto bien podía pagarse al señor Portas y a +alguno de los demás acreedores, pues si la casa, vieja, no valía gran +cosa, el terreno, por el sitio, valía mucho. + +--¡Ahora!--arguyó Quilito desalentado,--¡imposible! + +--¿Y por qué no? todo está en buscar comprador... conque, hijo mío, +manos a la obra; tu vieja tía ha de salvarte. + +Se oyó el golpe del bastón de don Pablo en las losas del patio y sus +pasos mesurados; Quilito se arrancó de los brazos de la tía y huyó por +las habitaciones interiores, trepando la escalerilla de su cuarto, donde +se encerró con doble vuelta. + +--¿Quién estaba en la sala, Casilda?--preguntó don Pablo Aquiles +deteniéndose junto al aljibe. + +--Nadie--contestó la señora,--yo sola. + +--¿Así, de velo y mantón? + +--Es que voy a salir. + +--¿A dónde? + +--Entra y te lo diré. + +Penetró don Pablo en el comedor, y sin quitarse el sombrero ni el +abrigo, muy risueño, sentóse en el sillón de costumbre, y mirando a su +hermana, dijo: + +--Adivina la gran noticia que traigo... + +--No sé... + +--He encontrado al oficial mayor en la calle; ¡qué casualidad! y me ha +sorprendido, hija, porque no imaginaba yo que esto sucedería: asómbrate, +¡el ministro Ensene ha renunciado! + +--¿De veras? + +--De veras, parece mentira, ¿eh? pues, sí, señor, el hombro ha caído, y +vergonzosamente, como tenía que suceder; si le dejan un día más en el +Ministerio, se lleva hasta los clavos de las paredes. Ahora sí que van a +empezar a descubrirse las picardías, hija. + +--Por mí, que se descubran; como no han de hacerle nada... ¡todavía si +fuera, para atarle codo con codo y mandarle a presidio! pero ya verás +como echan tierra al asunto. + +--De esta vez, ciertos son los toros: caído Eneene, la ruina de Esteven +es segura; ¿no ves que era el compadre que le sostenía? Ahí decían que +en la liquidación última de la Bolsa, de la que Esteven salió tan +comprometido, el ministro le había echado un cable para salvarle, pero, +lo que es ahora, el cable se ha roto y mi hombre se hundirá y _¡laus +Deo_! que bien ganado se lo tiene. + +--Pues yo no lo creo, Pablo, mientras no lo vea, no he de creerlo... + +Y cambiando de tono, temblándole la voz, añadió: + +--Hablemos de otra cosa, Pablo, de algo muy grave. + +Don Pablo la miró, y echó de ver entonces que había llorado, que estaba +pálida y tenía los labios blancos. + +--Habla, Casilda, me asustas, ¿qué pasa aquí? ¿dónde está Quilito? ¿a +dónde ibas? + +--Tranquilízate; Quilito está en su cuarto... Yo no quería darte este +disgusto, me hubiera callado, pero se trata de algo tan grave, tan grave +que... mira, Pablo, no hay otro remedio, no lo hay, aunque te rompas la +cabeza buscándolo... Es una humillación para nosotros, lo comprendo, +pero, ¿qué hacer, cuando la honra y la vida de Quilito están de por +medio? Si me ves así, Pablo, es que voy... es que voy... a casa de +Esteven. + +El rayo había caído, y sin embargo, don Pablo Aquiles vivía, sentado en +su sillón, paseando sus ojos atónitos de misia Casilda, inmóvil, a las +cigüeñas de la pantalla, mudas confidentes de sus cavilaciones, y en +esta mirada parecía preguntarles qué era aquello, qué significaba, +aquello, porque él, francamente, no lo comprendía... + + + + +IX + + +--Explícate, Casilda, explícate--dijo ansiosamente.--¿Estás tú loca o +estoy yo idiota? + +Y misia Casilda habló, con esa incoherencia de las grandes emociones. + +--No, Pablo, es que aquí, en casa, sucede una cosa horrible, una +desgracia inaudita... ¿ves? ya estoy llorando; no puedo contenerme... +tengo el cuerpo como si me hubieran dado de palos y alguien se me +hubiera paseado por encima luego... anoche no he pegado mis ojos, +cavilando, cavilando... pues, sucede, Pablo, que Quilito, de él se +trata, desgraciadamente, en ese juego maldito de la Bolsa, ha perdido... +no sé cuánto, mucho, y debe, y no puede pagar y ese don Raimundo irá +mañana a casa de Esteven, y esto no lo podemos consentir... + +--¿Qué dices, Casilda, qué dices? no te entiendo; hablas de un modo... + +--Verás: Quilito, entre otras deudas, debe treinta mil nacionales: +¡figúrate! treinta mil nacionales, a un prestamista, que ya estuvo hoy a +cobrarlos el muy sinvergüenza, porque hoy vencía el plazo... ahí tienes, +¿cómo deja el Gobierno andar sueltos a estos pícaros, que así engañan y +estafan a niños sin responsabilidad? Porque estoy segura que de esa suma +Quilito apenas habrá tomado diez mil, y el resto será los intereses del +usurero... sobre esto había yo de escribir un remetido... ese pagaré no +debiera ser válido, ¿verdad? naturalmente. Pues, Quilito, sin darse +cuenta de lo que hacía, con tal de que el prestamista le diera lo que +necesitaba, ofreció la garantía, ¿de quién te parece? ¡de Esteven! +¿comprendes ahora? ¿no? está bien claro, Pablo; dijo Esteven como +hubiera dicho cualquier otro nombre conocido en el comercio... + +--No está claro--exclamó don Pablo Aquiles, que iba perdiendo el color y +la calma,--ningún prestamista da sin una firma de garantía, si la +persona no le inspira la suficiente confianza, y no podía inspirársela +un niño de teta como esa desgraciada criatura; ¿has visto tú la firma de +Esteven en el pagaré? + +--No, la firma no--contestó la señora confusa y embrollándose;--pero, en +fin, yo no entiendo de esto; lo único que puedo decirte es que si mañana +no entregamos los treinta mil nacionales, el prestamista, que tiene a +Esteven por fiador de Quilito, no sé por qué, irá a presentar a ese +hombre la letra protestada: esta es la situación. Cuando yo lo supe, +figúrate cómo me pondría y qué de cosas le diría a ese mal aconsejado +niño, porque, no tengas duda, le arrastran los amigotes, y Quilito había +dado en la manía de hacerse un Creso de la noche a la mañana... ya ves +si tenía yo razón y no era tan pesimista... Antes de decirte nada, +intenté allegar recursos, empeñando cuanta antigualla de algún precio y +chafalonía guardaba en el armario: hasta mi Virgen de Luján ha ido a +casa del prendero; y no bastando esto, ¡qué había de bastar! me fuí a +casa de misia Petronila a pedirle un préstamo sobre nuestra casita, y no +ha querido... ¿qué hacer? el plazo es tan corto, que no da tiempo para +nada; ¿hemos de consentir que un pagaré firmado por Aquiles Vargas vaya +a manos de ese hombre? ¡no, por Dios!... he luchado con la idea, he +luchado, pero no encuentro yo otra solución: Esteven nos ha robado +nuestra fortuna, la que, por delicadeza y por orgullo, no hemos querido +reivindicar ante los tribunales, fortuna que ha gozado y sigue +gozando... pues bien, llega este caso, desgraciado, fatal, y yo, +apretándome el corazón y pisoteando mi amor propio, voy a Gregoria, que +dígase lo que se quiera, es nuestra hermana... con él no deseo nada, ni +verle... voy a Gregoria y la digo: Mira, yo nunca te he pedido nada, +nunca te he molestado en la posesión de lo que nos dejó nuestro padre, +pero hoy me pasa esto: Quilito, el hijo de tu hermano y de la hermana de +tu marido, que es Vargas y Esteven como tú y como tus propios hijos, +debe esta cantidad, y la honra y quizá la vida le va en pagarla: +préstame esa suma, Gregoria, y toma mi casa, lo único que poseemos, en +garantía; ya ves que no vengo a pedirte nada, no vengo a que me des +nada. Esto o algo parecido la diré, y estoy segura que ha de atenderme, +porque Gregoria no es mala y si se ha mostrado tan dura para nosotros, +es porque el marido la domina completamente... Comprendo que, después de +veinte años de interrupción de relaciones, es humillante, es humillante +ir a solicitar un favor de este género, pero... ¡hay que salvar la vida +de Quilito! ¿sabes? me ha dicho que va a matarse, y si él muere, ¿qué +será de nosotros que no tenemos más luz y más alegría que Quilito? + +Eran tales las sensaciones que experimentaba el mísero don Pablo +Aquiles, que cada palabra de la hermana era una gota de aceite hirviente +que le caía sobre la piel; se quitó el sombrero y el abrigo, dejó el +bastón sobre la mesa, volvió a sentarse y a levantarse, paseaba, se +detenía a escuchar a misia Casilda, hizo ademán de subir a las +habitaciones altas, para ahogar al calaverilla del hijo; pero se +contenía y se sentaba otra vez, atusándose el bigote, mordiéndose los +labios, palmeándose la calva reluciente. Y cuando la señora calló, +aniquilada, él prorrumpió en amarga lamentación contra la suerte negra +que le acompañaba en la vida: de niño, torturado por la severidad +exagerada del padre; de joven, castigado por la pérdida de la mujer y de +su fortuna, y ahora, de viejo, obligado a abandonar la última ilusión +que le quedaba y le sostenía: ¡su hijo! Porque, después de esto, ¿cómo +tener confianza en el porvenir? si para vencer los rigores del presente +había que agacharse a lamer las botas del aborrecido enemigo... + +--No, no, Casilda--exclamó con desesperación,--todo menos eso, todo +menos eso... Es cierto que no pediríamos sino una parte mínima de lo que +nos corresponde, y no en calidad de donativo, sino en calidad de +préstamo, pero siempre sería pedir un servicio, un favor, a ellos, los +Esteven. ¿Y si no te reciben, desgraciada? ¿y si no te lo hacen ese +favor que vas a pedirles poco menos que de rodillas, porque no quieren, +o porque no pueden, arruinados como dicen que están? ¡Sería una +humillación vergonzosa y estéril! + +--¿Qué me importa? Nadie más soberbia que yo, y me humillaré, sin +embargo, y besaré el suelo, si es preciso; se trata de Quilito que, por +mi boca, va a pedir lo suyo. Para mí nada quiero: cáscaras comería, +antes que poner los pies en esa casa. Y si nada consigo, me quedará la +conciencia tranquila, por haber tentado todos los medios de salvarle. + +Con esto no podía transigir don Pablo Aquiles: ¡todo, menos eso! se +buscaría, se pensaría, se iría a golpear a todas las puertas, y cuando +todas se hubieran cerrado, entonces... y aun así, ¡quién sabe! Repasó la +historia antigua de la familia, insistiendo sobre los hechos conocidos +en que fué triste actor Bernardino Esteven, y en que tan poco airoso +papel representó Gregoria; recordó sus miserias de veinte años, las +estrecheces soportadas con resignación y valentía, sin que jamás +hubieran necesitado pedir limosna a nadie: como se habían bastado a sí +mismos, y educado al niño de la casa con el mimo y la holgura de un +señorito rico... + +--Y esto lo olvidamos hoy, Casilda, yendo a prosternarnos ante ellos, +los Esteven. Mira, cuando pienso en lo que ha venido a parar nuestro +orgullo, todos los nervios me vibran, y pacífico como soy, no sé, siento +ansias de atropellarlo todo o de romperme la cabeza contra esa pared. +¡Señor! yo he trabajado honradamente toda mi vida; no he distraído jamás +un centavo de mi humilde paga, ¡tú puedes decirlo, Casilda! todo para la +casa, todo para el niño de la casa: que se eduque bien, que se vista +bien, que viva, que goce... mañana, hombre de provecho, me resarcirá de +mis desvelos, y esa fortuna que su padre ha perdido, por desgracia y por +inepcia, lo confieso, él sabrá reconquistarla por medio de la labor +honesta... en lugar de esto, ¿qué sucede, Casilda? que no contento con +el sacrificio que le hemos hecho, de dedicar nuestra vida al cuidado de +la suya, de ahogar nuestros deseos más humildes para dar expansión a los +suyos, y de haber comprometido nuestra posición modestísima, quiere +ahora tomar nuestra dignidad, lo único que nos queda, lo único que nos +ha dejado... ¡No, esto no será, porque yo no quiero que sea! ¿debe? que +pague; ¿no puede pagar? ¡que reviente! + +Estaba transformado don Pablo, y hasta los pájaros de la pantalla +debieron volver sus cuellos arqueados y sus largos picos, asombrados de +oír hablar así al viejo pusilánime que, noche a noche, iba a contarles +sus tristezas. + +--¡Ah! Pablo, Pablo--dijo misia Casilda con un suspiro,--no es tu +corazón el que ahora habla. + +Recordarle a ella los hechos pasados, cuando su memoria, reavivada por +el rencor, se los presentaba día a día, más patentes cuanto más lejanos, +tenía razón, muchísima razón: era horrible, era injusto, era inicuo... +ella no excusaba a Quilito, pero, en la situación en que se encontraba, +había que salvarle, ¿de qué manera? veinticuatro horas hacía que estaba +sufriendo esta tortura, y no halló más salida que esa, la más difícil... +Y pensarlo bien, ¿no era más humillante que el pagaré cayera en poder de +Esteven, quien podía creer que ella y el padre estaban complicados en el +enjuague? + +--Pero, ¿dónde está el enjuague?--replicaba don Pablo.--Esteven dirá al +prestamista: ¿Y a mí qué me cuenta usted? y le despedirá con cajas +destempladas. Porque si el prestamista se ha contentado con la palabra +del chico, ya está aviado. + +La señora no tenía argumentos que oponer a estas razones, porque el +gordo, el de la firma falsificada, no lo largaría ella jamás; pero +insistió en lo crítico de la situación, en los pasos inútiles que habían +dado, ella y el mismo Quilito. + +--Si tú pudieras hacer algo--decía,--pero no, tienes las manos atadas, +y, ¿acaso, una finca se enajena con la facilidad de un objeto +cualquiera? hay que darse cuenta, Pablo, de la espantosa desgracia que +pesa sobre nosotros. Quilito está obligado a pagar esa suma mañana, y si +no puede, se matará; le conozco demasiado. + +--¡Todo, menos eso!--repetía, don Pablo Aquiles, agitándose en el +sillón. + +Y misia Casilda, aferrada a su idea salvadora, repetía que era pedir lo +suyo, ahora que se necesitaba, y a título de préstamo: una vez +reintegrado, que siguieran gozando de la fortuna benditos de Dios, +porque los treinta mil pesos serían reintegrados y cuanto antes: ese +dinero les quemaría las manos, con ser de su propiedad, como era. ¿Y +creía él que ella no sufría de verse en la dura necesidad de recurrir a +Gregoria, su implacable hermana? Al subir la escalera de aquella casa, +iba a parecerle que subía los peldaños del cadalso... + +--¿Qué hacer, Pablo, si no? ¿qué hacer? + +Pero don Pablo no cedía, ceñudo e iracundo. ¡Iba a matarse, decía el +niño que iba a matarse; después de asesinar a su padre, bien podía +hacerlo, en desagravio! ¡y asesinado de qué manera! a traición, con +alevosía. + +--¡Ten compasión, Pablo, de él y de mí!--exclamó la señora,--mira, no +iré a casa de Esteven, si no quieres; buscaremos por otro lado, volveré +a casa de misia Petronila, correré la ceca y la meca... tú mismo, ¿por +qué no sales y ensayas? ¡Hay que evitar, a todo trance, que Esteven vea +el pagaré, a todo trance, Pablo!... No vendré a casa, sino cuando ya no +pueda más; aunque sea de noche, no te alarmes... Y voy a pedirte una +cosa: no digas nada a Quilito, que la ocasión no es de recriminaciones. +Valor, Pablo, valor; verás, la Virgen de Luján nos ha de ayudar... Hasta +luego, adiós. + +Dejóle desplomado en el sillón, tan abatido, que no hizo un movimiento +para detenerla, no dijo una palabra para estimularla en la espinosa +jornada que emprendía: el golpe habíalo atontado y se le oía barbotar: + +--¡Todo, todo, menos eso! + +Misia Casilda salió, con paso resuelto, y tomó la calle de Moreno, rumbo +al Este. + +--Si él supiera, sería el primero en decirme que fuera a casa de +Esteven, si no iba él en persona... ¡Cómo permitir que ese hombre se +entere de la vergonzosa acción de Quilito! ¡ay, sólo de pensarlo, la +cabeza se me va!... ¿Me recibirá Gregoria? Creo que no llevará su rencor +hasta el punto de arrojarme de su casa; me parece que no voy a poder +subir la escalera, ya los nervios me bailan y el corazón me da saltos: +debo estar blanca como un papel... ¿Por dónde empezaré? ¿entraré altiva +o humilde? humilde, ¡Dios mío! porque voy a humillarme; ¡qué paso tan +penoso! Sólo por él, por salvarle... si mañana no tenemos la suma justa, +la falsificación queda descubierta... ¡qué horror! a lo que se exponen +estas criaturas sin discernimiento; porque Quilito lo ha hecho de +inocente, de atolondrado... ¡Volver a casa de misia Petronila! ¿a qué? +para sufrir un segundo desaire: no, lo mejor, es esto; Gregoria no puede +negármelo: si no es para mí, ni para Pablo, es para el hijo de Pilar, +una Esteven, ya que desprecia tanto a los Vargas, olvidando el apellido +que lleva. Entraré y la diré... no sé, no sé; cuando me vea delante de +ella, después de tantos años... ¡Dios mío! ¡no tendré valor! ¡y si ese +hombre sale! cara a cara no le he visto, desde aquella vez que le llamé +ladrón con todas sus letras... ¡Ah! y aquella otra que estuvo en casa, +de luto, el muy hipócrita, a entregar la herencia irrisoria que se dignó +concedernos... Llevo toda la sangre revuelta, y cuanto más me acerco, +más me abandona el valor... Creí que la provisión hecha, después de +tanto cavilar y llorar, alcanzaría hasta el fin de mi empresa... Vamos, +Casilda, no olvides que este sacrificio que haces, es por salvar a +Quilito. Esta es la calle de Tacuarí: me faltan tres _cuadras_ todavía, +y sospecho que no podré llegar... voy como borracha, ¿qué dirá la gente? +tomaré un coche... Dame fuerzas, Virgen santísima, para subir este +Calvario... seguiré a pie, mejor, ya falta poco... + +Así pensaba la tía Silda, y según sus ideas, más o menos animosas, +apresuraba o acortaba el paso; en la esquina de Piedras se paró, porque +al mirarse en el espejo de un escaparate, se vió de cuerpo entero, la +estampa viva de esas pobres vergonzantes, viudas de pega, generalmente, +que andan hocicando en las casas ricas, de mantón y velo color de ratón, +con lágrimas perennes, como cristalizadas, en los ojos, y en la mano, +cubierta a medias por mitones agujereados, el certificado, amarillo y +grasiento, de la parroquia, lleno de borrones y de firmas ilegibles. +Digo que esto se le figuró a misia Casilda, a causa del estado de ánimo +en que se encontraba, y comparación tan injusta como ésta no se ha +hecho, pues señora más atildada y limpita que ella no podía haberla; +pero lo cierto es que se paró, deseosa de volverse atrás. + +--Segura estoy que los criados de Gregoria van a tomarme por una de +estas mujeres, que piden limosna para el hijo tullido, y no me dejarán +pasar... esto, si no me traen, de parte de la señora, un puñado de +cobres... ¡ay, Dios mío! ¿no sería mejor volverme? + +Luchando entre su amor propio, que se resistía, y su cariño a Quilito, +que la empujaba, llegó, y desde la esquina, miró la casa. ¡Cuántas +veces había pasado por delante, la cabeza muy alta, orgullosa de poder +proclamar con esta actitud, que no necesitaba de ellos, los Esteven! +quién la hubiera dicho entonces... Vió ante la puerta dos carros de +mudanza, y _changadores_ que entraban y salían, y descargaban en la +acera muebles, cuadros y estatuas; los sillones de brocatel, en medio de +la calle, las consolas doradas y los vasos de ónix, producían singular +efecto sobre la alfombra poco limpia del empedrado: era la casa de +Esteven que se desmoronaba, el lujo arrojado a escobazos por la ruina, +la soberbia insolente castigada por la justicia; aquellos rudos gañanes +eran sus ejecutores inconscientes. Misia Casilda se acercó, dando +vueltas en su imaginación a esta idea: + +--¿Será cierto la marcha al Frigal? y si se van al Frigal, ¿será cierta +la quiebra? + +El mal trago, pasarlo pronto: la señora entró, y sufriendo los codazos +de los mozos mal olientes, a la verdad, subió la escalera sucia de +polvo, deteniéndose, para dar paso a un mueble que bajaban o a un +changador, que subía. Arriba, en el vestíbulo, nadie: muebles por todos +lados, rollos de alfombra y de cuerdas, espejos arrimados a la pared; +algunas plantas, maltratadas, tristes en medio del desorden: las puertas +abiertas, mostrando el piso desnudo de las habitaciones... el sol, a +través de la vidriera, pintaba preciosos cuadritos de color sobre las +losas de mármol... allá dentro, se oía mucho bregar y voces y el canto +alegre de un canario. + +--Nadie--pensaba misia Casilda,--ni un criado, ¿llamaré? ¡Dios mío! no +me atrevo; ganas me dan de bajarme y echar a correr... ahí viene +alguien. ¡Valor! + +Cuatro changadores, con el piano en hombros, salieron por la puerta de +la antesala, y una vocecita fresca decía: + +--¡Cuidado! reparar en los cristales y en el farol; más despacio, +agacharse un poco... + +Los mozos, sudando, hipando, echando ternos y cuaternos, avanzaban, +encorvados, y el mueble, negro y lustroso, parecía un animal extraño, de +muchas patas; misia Casilda se apartó, y cuando la procesión hubo pasado +y el piano, dando encontrones, bajaba bufando la escalera, vió delante +de sí a una niña de trenzas rubias, que la miraba, pasmada de sorpresa. +Y de pronto, sin saber cómo, sin que ella hiciera un ademán ni dijera +una palabra, clavada por el estupor y la vergüenza, sintióse la señora +estrechar en cariñoso abrazo por la niña rubia, y la vocecita fresca, +que murmuraba: + +--¡Oh, tía Silda, tía Silda! + +Sin saber cómo tampoco, se vió en una habitación, que no habían +desguarnecido todavía, ella sentada y la niña a sus pies, besándola, y +repitiendo: + +--¡Oh! tía Silda, tía Silda... + +¡Qué buena era! había esperado la hora de la desgracia para venir, para +ofrecer la reconciliación a sus hermanos arruinados; antes, de ricos, no +quiso presentarse, sin duda, para que no creyeran que iba a pedirles +favores, pero, ahora, que la suerte les había hecho iguales, venía, +noblemente, generosamente, olvidando pasados agravios, a confundir sus +lágrimas con las de la familia hermana. + +--¡Ah, tía Silda, que buena es usted! yo sin conocerla, siempre me la +había figurado así... Yo soy Susana, su sobrinita, que tanto la quiere, +porque yo la quiero, tía Silda, mucho, muchísimo; ¡qué alegre estoy! la +veo aquí y no lo creo... Es Dios mismo quien le ha inspirado este paso, +y su corazón bondadoso: yo siempre rogaba por usted y por el tío Pablo, +y pedía en todas mis oraciones que la reconciliación se hiciera, porque +no había razón, no había razón... ¿Vendrá también el tío Pablo? hoy es +día de fiesta para mí, y eso que debiera estar triste, porque, ¿ve usted +tía? estamos de mudanza, los muebles van al remate y nosotros al +Frigal... pobres como usted, tía Silda, pobres, después de haber tenido +tanto. Pero, esto no es una desgracia, ¿verdad? la pobreza es la menor +de las desgracias... Dígame algo, tía, dígame que quiere mucho a su +humilde sobrinita... + +Misia Casilda, conmovida, besó a Susana con placer inefable; no se +cansaba de mirarla y de oírla, tan bella y tan discreta, la santita de +la casa, como sabía que la llamaban: era digna, sí, de ser amada, y el +pobre Quilito no exageraba cuando hacía su entusiasta panegírico... Ya +la niña se había levantado y hablaba gozosa, de ir a llamar a su madre. + +--Verá qué contenta se pone, tía Silda, porque ella la quiere, en el +fondo, en el fondo, la quiere... + +Pero, misia Casilda, temerosa, la retenía, diciendo que no deseaba +incomodar, que se marchaba. + +--¡Marcharse usted! no faltaba más, tía, sin ver a mamá. + +Se escapó, gritando alegremente: + +--¡Mamá! ¡mamá!--como un ángel que va a anunciar la buena nueva. + +La señora se había puesto de pie, pálida como un cirio... y si sus +piernas la hubieran obedecido, habría huído de aquella casa, donde nada +tenía ya que hacer, puesto que su intención era otra bien distinta de la +que la santita le prestaba: repugnábale pasar por más generosa de lo +que, humanamente, se creía capaz... Y se oyó la vocecita fresca: + +--¡Es la tía Silda, mamá, es la tía Silda! + +Y cuando ésta buscaba con los ojos espantados un agujero donde meterse, +donde no la vieran, misia Gregoria se presentó, traída de la mano por +Susana, radiante... En la puerta se detuvo y las dos hermanas, frente a +frente, se miraron, con asombro de verse así, tan cerca, después de +veinte años; ni una ni otra habló, rígidas las dos: Susana empujó a la +madre suavemente. + +--Es la tía Silda, mamá; abrázala, porque es muy noble lo que ha hecho, +de acordarse de nosotros, ahora que ya no somos ricos. + +La de Esteven, arma en ristre, asestó el primer golpe, diciendo entre +dientes, con amargura: + +--¡Ah, tú aquí! ¡vienes a gozarte, sin duda, en mi desgracia! + +El tono era injurioso; la actitud, provocativa. Pero, misia Casilda, que +iba desarmada, se adelantó, tendiendo su mano. + +--No, Gregoria, no--dijo,--vengo a verte... simplemente. + +Susana dió nuevo empujoncito a la madre, y misia Gregoria tomó la mano +que se la ofrecía... Y blandió el arma otra vez. + +--¡Ahora te acuerdas! + +Las dos manos se soltaron, después de rozarse tibiamente; y ambas +hermanas sentáronse, Gregoria, pronta siempre a herir; Casilda, +resignada a sufrir, sin dar el cambio, todos los golpes, que le fueran +dirigidos. La de Esteven pensaba: + +--¿A qué vendrá ésta? ¿qué mosca la habrá picado? ¡es ocurrencia! +después de tantos años... y cuando nadie la llamaba; ella no podrá decir +que haya hecho yo la menor insinuación. Si creerá que esta visita de +desagravio va a hacerme olvidar su conducta con nosotros... pero, ¡ya +caigo! tú vienes por el renacuajo, a ver si así, después de este paso, +logras meterlo en la casa... ¡pero ya escampa! + +Y la de Vargas: + +--¡Siempre la misma! no sé cómo he podido yo figurarme que iba a +recibirme de otra manera... ¡si no tiene corazón! ¿Por qué no habré +escuchado a Pablo? me he humillado inútilmente... tres puntos en la +lengua me daré, antes de pedirle nada; además... ¡están arruinados! era +cierta la quiebra. Quisiera estar a cien leguas, no haber venido. ¡Ah, +Quilito, Quilito! + +El silencio se hacía embarazoso. Misia Casilda dijo, mirando a Susana: + +--¿Esta es la mayor, Gregoria? + +--Sí--contestó la de Esteven,--la mayor. + +--Y a Angelita, ¿no la conoce usted, tía Silda?--intervino la niña, +viendo que el silencio volvía. + +--La conozco, sí, de vista. + +--La llamaré... + +--Déjala; no quiero molestarla. + +--Voy a llamarla. + +Y escapó. Las dos hermanas, solas ya, mirábanse de reojo. + +--¡Qué tiempo tan hermoso!--dijo la de Vargas. + +--Muy hermoso--repitió la de Esteven,--no parece de invierno. + +--No parece, no... de modo que... ¿se van ustedes al Frigal? + +--Sí, nos vamos al Frigal. + +Esto dió pie a misia Gregoria para hablar de la situación, de cómo +estaba todo, los alquileres por las nubes... luego, ¡la dichosa Bolsa! +El que entra allá, sale sin pellejo. Así es, que se iban a la +_estancia_, a reponerse; lo que no le daba vergüenza confesar, porque no +era ella la única... + +--Si es la peste que tenemos encima--apoyó misia Casilda,--no sé +nosotros lo que haremos, sin _estancia_ dónde refugiarnos... pero +felizmente, hasta ahora no nos podemos quejar. + +Nuevo silencio, que una y otra interrumpían para decir una frase vulgar +sobre la vida del campo, el trabajo que da una mudanza... La de Vargas +pensaba: + +--Ni una palabra me ha dicho de Pablo, ¡qué mala es!... y tanto hablar +de su estado de fortuna: sin duda teme que yo le pida algo; me guardaré +bien de hacerlo. ¡Ay! ¿por qué habré venido? + +Y la de Esteven: + +--¡No me ha preguntado por Bernardino! ¡qué rencorosa es!... he de +insistir en lo de nuestra ruina, porque viene a _pechar_... ya me ha +echado una indirecta sobre la _estancia_. + +Vino Susana con Angelita, y ésta, desgreñada, mordiéndose las uñas, se +paró delante de misia Casilda, con aire de pifia... + +--Esta es Angelita--dijo Susana risueña, presentándosela.--Abraza a la +tía Silda, Angelita. + +--Ven, monina; ¡qué pícara es! tiene tus ojos, Gregoria. + +La besó, y la muchacha, en vez de devolver la caricia, soltó una +carcajada estridente. + +--¡Ah! la tía Silda, ¡ja, ja, ja, ja! + +Y salió del cuarto riendo y haciendo cabriolas. + +--Es una loca--observó misia Gregoria,--está furiosa porque nos vamos al +Frigal, ¡figúrate! + +Susana, avergonzada, dijo que la hermanita era una muchacha sin juicio, +de la que no podía sacarse partido; Jacinto era otra cosa; no estaba +allí en aquel momento, si no le llamaría, para que la tía le conociera y +viera qué serio y qué hombre estaba. + +--Papá se fue ayer a Montevideo--añadió la niña,--y no vuelve hasta la +semana entrante, que se irá al Frigal con nosotros; él va a sentir mucho +no haberla visto, tía Silda... + +La de Vargas movía la cabeza, con una sonrisa forzada en los labios +pálidos. + +--¡Ah! está en Montevideo... ¡Ah! sí, en Montevideo. + +Y misia Gregoria, con indiferencia estudiada, explicó que Esteven se +había ido por sus negocios: un paseo de ocho días y nada más. Este +nombre, torpemente lanzado por la inocente niña, acabó de helar la +entrevista, ya de suyo glacial; misia Casilda esperaba el momento de +poder levantarse, y misia Gregoria deseaba impaciente verlo llegar. Las +miradas de reojo decían ahora: la de Esteven: + +--¿No te vas todavía? ¿qué esperas? Ya habrás comprendido que nosotros +somos como el aceite y el vinagre, y que si no te he echado de casa, ha +sido por no dar escándalo, y de lástima de ver cómo te has agachado a +pedir perdón... Es en balde, hija; nunca nos entenderemos nosotros... lo +que yo siento, es no saber a qué has venido... + +Y la de Vargas: + +--¿Me despediré ya? me parece que aquí estoy de más... No, si no podía +ser de otro modo: con Gregoria nunca hemos congeniado, y lo que ha +habido entre nosotros, no es cosa que pueda olvidarse... Sin embargo, la +verdad es que me ha recibido, con política, si no con cariño... que +nunca podrá existir, ¡nunca! + +Y Susana se entristecía, viendo que la reconciliación no era sellada con +un abrazo fraternal; allí estaban las dos, hablando de cosas +indiferentes, como personas extrañas; ¡y cuánto tenían que decirse, sin +embargo! ¿no valía más explicarse de una vez? ¿por qué se mostraba tan +intratable la madre, cuando la otra había dado, la primera, el gran +paso? ¡Por Dios! cuántas ilusiones se forjara en los breves instantes +que la tía Silda estaba en la casa; cuando la descubrió en el vestíbulo, +parada, como una evocación; cuando la vió darse la mano con su madre... +¡Era su magna empresa realizada! el Señor la había escuchado, y su +corazón latía de amor y de esperanza. Pero, así que misia Casilda se +levantó, en medio de un silencio más largo que los otros intervalos de +la conversación desganada, que habían sostenido con la punta de los +labios, Susana se abrazó a ella, suplicándola no se marchara todavía. + +--Aquí estoy molestando, hijita, estáis muy ocupadas... + +La de Esteven, de pie, no decía nada. Y cuando misia Casilda extendió la +mano, en señal de despedida, ella la tocó con la punta de los dedos, +articulando un adiós tan frío, que se le quedó congelado entre los +dientes. Acompañóla hasta el vestíbulo, y allí, en la puerta de la +antesala, con una inclinación seca de cabeza, la despidió, volviendo +luego la espalda, para hablar a los changadores... Susana besaba a la +tía. + +--Prométame que no será ésta la última vez que vendrá--murmuraba +desolada,--usted es buena, tía Silda, y dispensará a mamá: ella es así, +pero en el fondo, la quiere... ¿Vendrá pronto? ¡y si no, porque no +estaremos, yo iré a visitarla a su casa, iré con muchísimo gusto, tía! + +La señora retribuyóla sus caricias, prometiéndola cuanto quiso +pedirla... + +--¡Pobrecita! es un ángel, no puede negarse--decía misia Casilda bajando +la escalera. + +Y Susana, llorando, la tiraba besos como quien echa flores, con el +presentimiento que ya no vendría más, porque la reconciliación no se +había pactado... no, no vendría más; su empresa había fracasado y su +corazón, de duelo, ya no latía como antes. Pobre santita de la casa, que +así, en un momento, viera trocarse la miel en acíbar... + +Ya en la calle, misia Casilda no supo adónde ir; estaba tan quemada de +la conducta de Gregoria, que se asombraba de su propia paciencia: cómo +había soportado en silencio el par de bofetadas con que la obsequió al +entrar, sobre todo aquel _ahora te acuerdas_, que llevaba más filo que +un puñal florentino; y luego el aire, la cara, el tono, cual si le +debieran y no le pagaran... ¡Valiente papelón había hecho, y todo para +salir como rata por tirante! ¡Qué candor el suyo de creer que iba a +conmoverse Gregoria con solo verla, que iba a sentirse tocada en el +corazón ante aquel acto de nobleza! Si en Gregoria no había que buscar +más que a la hembra y a la madre, pues fuera del instinto ciego por su +hombre y por su prole, no se encontraban en ella rastros de otra clase +de sentimientos, y esto habíalo probado muchas veces y acababa de +comprobarlo ahora. ¡Ah! si el pagaré falsificado llegaba a sus manos, la +suerte de Quilito estaba jugada; felizmente, Esteven había marchado a +Montevideo... Esto daría algún respiro, un plazo de ocho días era mucho +en las presentes circunstancias; entretanto, se buscaría con linterna un +comprador para la casa, o se harían diligencias para hipotecarla... +Pero, esta pálida esperanza no podía endulzar el trago amargo que la +señora acababa de pasar: sus mejillas de muñeca brotaban fuego, y la ira +contra sí misma por haber cedido a aquella idea de reconciliación tardía +y de fines interesados, se mezclaba a la que sentía contra su hermana, +tan orgullosa en la misma desgracia; si llega en otro momento, y pide, +la hubiera recibido de idéntica manera y despedido con un _no_ tan frío, +como aquel _adiós_, que parecía un puntapié. + +--Y yo callada--decía misia Casilda, caminando sin rumbo,--como si no +tuviera lengua para decirle cuatro frescas; se me han quemado los +libros: cuando comprendí que mi visita era inútil, debí erguirme y +tratarla de igual a igual; ¿a qué humillarse? Creo que me he contenido +porque estaba delante aquel ángel, que no parece hija suya, si no... nos +hubieran oído los sordos, señora Gregoria... a Pablo no le hablaré jota +de esto, porque se enfermaría, y con razón, como voy a enfermarme yo, de +seguro... pero, ¿a dónde voy? no sé, no sé... a casa no me vuelvo así, +con las manos vacías; mi gran recurso ha hecho fiasco. ¡Dios mío! estoy +tan desesperada, que me arrojaría bajo ese tranvía que pasa... Yo pienso +que estos golpes de la vida la endurecen a una el corazón: estoy +contenta, sí, señor, de que haya tronado el ladrón de Esteven. Dios +castiga sin piedra ni palo: toma, toma... a comer cardos al Frigal +ahora... ¿a dónde voy? ¿a dónde voy? + +Se acordó de míster Robert. Muchas veces le había oído a Quilito +ponderar aquel hombre, elogiando su honradez, su contracción, su +inteligencia; y cuando ella lo sacaba de ejemplo, estimulándole a +imitarle, el joven hacía burlas. + +--Si eso no sirve para nada en el comercio, tía; hoy el que no es vivo y +no sabe pasar por todo, con arte, se fastidia: míster Robert, por culpa +suya, no ha de caer, pero le empujarán por detrás, y le tirarán de +cabeza, por _zonzo_, usted lo verá. + +Ella, escandalizada de tales teorías, le zurraba de firme, con aquel +látigo de la moral casera, que tan bien sabía manejar... Puede ser; +míster Robert la auxiliaría con algún consejo, si le encontraba en el +escritorio, que no le encontraría quizá, por ser día de fiesta. +Dirigióse a la calle Piedad: ella sabía que el escritorio estaba al lado +de una tienda de juguetes y de una agencia marítima, pero pasó y repasó +sin dar con él: miraba las tablillas de las puertas y no veía el nombre +de Esteven... Aquí está la juguetería, cerrada; aquí está la agencia, +cerrada; ¿será esta? habían sacado las tablillas, pero la puerta no +parecía cerrada: empujó, y en la mampara de pino, imitando la caoba, vió +una chapa de porcelana con letras negras, que decía: Esteven y Compañía. +Aquí es... La señora entró. + +Tres hombres había en el escritorio: uno, muy rubio, montado a caballo +sobre un banco alto, y dos, de barba, con los sombreros puestos, +paseando. Y el rubio decía: + +--Esta es la situación: yo fuí y le hablé claro al padre y le mostré el +estado de la caja y de los libros: un pasivo de doscientos cincuenta mil +nacionales. Empeñarse en seguir era locura, porque en vez de ponernos a +flote, íbamos a hundirnos más, y con el capital a perder el crédito, es +decir, el mío, que el del socio ya andaba por los suelos, desde que su +nombre salió en la pizarra de la Bolsa, por no poder pagar... Ese día, +yo me resolví a la liquidación; felizmente, Esteven ha estado muy +razonable, lo confieso, y bien pudo no estarlo en medio de sus +compromisos, haciéndose cargo de la mayor parte del pasivo; pero, +cincuenta mil nacionales para mí es mucho, es todo, es la ruina otra +vez... ¡y va la tercera! Si esto es justicia y vale ser honrado, para +hacer el papel de víctima siempre, que venga Dios y lo vea... + +--¿Y usted cree que los bienes de Esteven alcanzarán a cubrir los +créditos?--preguntó uno. + +--Eso mismo se ha discutido en el concurso de acreedores--respondió +míster Robert,--y hasta se piensa que sí... Es indudable que, sin la +salida del doctor Eneene del gabinete, Esteven se hubiera repuesto +pronto: todos sabemos sus afinidades oficiales y el uso que hacía de +ellas, pero este golpe ha acabado de partirlo. + +--El viaje a Montevideo me huele a mí a fuga--dijo el otro. + +--Volverá o no volverá, pero los bienes responden de sus compromisos y +los acreedores no se preocupan de su salida de Buenos Aires; lo que sí +puedo asegurarles a ustedes es que el famoso don Bernardino es tipo de +volver a dominar la plaza; ya le veremos entrar triunfante, de nuevo. + +--¿Y usted, amigo Robert? + +--No sé todavía... ni quiero pensar lo que haré... iré a cavar la +tierra, ¿no es mejor? ¡Ah! ¡la Bolsa, la Bolsa! no la pizarra, las +columnas hubiera querido yo arrancar, como Sansón, para hacer desplomar +el templo maldito... + +Misia Casilda, que había entrado sin ruido, parada junto a la mampara, +tosió para llamar la atención: el inglés saltó del banco y vino a ella. + +--Señora... + +--No se moleste usted, volveré más tarde... + +--¿A quién tengo el honor...? + +--Soy la tía de Aquiles Vargas. + +Ya los otros se despedían. + +--No faltarme esta noche--dijo míster Robert,--hoy es el santo de mi +padre, y mal que mal, lo celebraremos con pasteles hechos de manos de mi +mujer. + +Salieron los dos, y el ex socio de Jacintito condujo a la señora al +sofá. + +--Usted dirá, señora... + +--Pido a usted mil perdones, caballero, si he venido a importunarle, +pero, usted conoce a mi sobrino, y por él conozco yo sus cualidades +recomendables... + +Misia Casilda, francamente, no sabía cómo exponer el asunto que la +llevaba, de modo que lo entendiera míster Robert y el buen nombre de +Quilito no sufriera menoscabo. + +--Esto es una consulta de médico, más bien--insinuó sonriendo +tristemente. + +Dijo que a él acudía, como hombre práctico en negocios, y perdiéndose en +un laberinto de circunloquios, explicó a su manera el apuro en que se +encontraba: un pagaré a saldar al día siguiente, una casa con qué hacer +frente a este saldo y un comprador que faltaba, ¿qué podía intentarse? +El caso era grave. + +--Y tiene todos los síntomas de la peste actual, señora--observó míster +Robert;--lo malo está que la botica grande, es decir, los Bancos, no +despachan ya. A su sobrino de usted se lo advertí que tuviera cuidado +con el contagio... + +--¿Y yo, señor Robert? he gastado más saliva... + +--Tanto andar con el apestado del primito... + +--Eso es, ¡los amigotes! Así se lo decía hoy a mi hermano; pero, en fin, +señor Robert, espero que usted me dará un consejo o una información que +me sea útil; yo quiero vender esa casa, o hipotecarla o darla en +garantía de préstamo, ¿es posible esto en las veinticuatro horas? + +--Señora, hay casos, como éste, en que la sangría está indicada: acuda +usted a los prestamistas particulares, a don Raimundo Portas, y no cito +más que uno, que tiene una lanceta y un pulso de operador admirables. + +--No, don Raimundo Portas, no--exclamó misia Casilda con alarma poco +disimulada. + +--¿Por qué no ve a Rocchio, el corredor? + +--No, Rocchio, no--dijo la señora, rechazando este nombre con igual +alarma que el primero. + +--Pues, entonces, voy a darle una tarjeta mía para un capitalista (a +usted le parecerá mentira que en esta época exista pájaro tan raro) de +mi conocimiento: es un hombre que tiene su capital saneadito, pues no se +ha metido en especulaciones, y compra ahora a bajo precio todas las +propiedades que puede acaparar; la mía, lo único que poseía, ha pasado a +sus manos así, en venta particular y por una suma irrisoria; debo +prevenirla, pues, que la operación será dolorosa. + +--A todo estoy preparada, señor Robert--contestó misia Casilda +suspirando. + +Y el inglés fué a extender la receta, como decía él con amarga ironía y +la entregó a la tía de Quilito. + +--Calle de Santa Fe--leyó ésta;--lejitos es; tomaré el tranvía. Señor +Robert, muchas gracias... + +Despidióse a estilo vulgar, con ofrecimiento del domicilio y de sus +servicios, y salió con más ánimo. ¡Qué trotar aquel día la infeliz +señora! No alcanzó el tranvía, y se fué a pie, porque tampoco halló +coche, y después de media hora de caminata, llegó a la casa indicada, y +tocó el llamador: nadie; subió la escalera de caracol, y en el primer +descanso, dió dos palmadas: silencio siempre; derrengada casi, sin +alientos, siguió subiendo, y allá arriba, campanilleó largo rato, hasta +que salió un chico, con cara de Judas, y dijo que el señor no estaba. ¿A +qué hora volvía? muy pronto, si quería esperar, que esperara. No había +banco en el recibimiento, y como el condenado aquél no la invitó a +pasar, misia Casilda se sentó en un tramo de la escalera; ¡ganas de +llorar tenía! ¡con tal que pudiera entenderse con aquel hombre! Esperó +mucho tiempo, envuelta en el mantón, conteniendo las lágrimas, +suspirando, ya de angustia, ya de impaciencia, y se colgó otra vez de la +campanilla, y el Judas salió y con modos dignos de su catadura, dijo +que no había nadie en la casa, y que si venía por limosna, que podía +marcharse, porque el _patrón_ no la recibiría. + +--No, hijo--contestó la señora con blandura,--no vengo a pedir limosna. +¿Tengo yo facha de pordiosera? Si el señor no está, dime dónde puedo +encontrarle, porque necesito verle con urgencia. + +--Pues el patrón... estará en casa de su compadre, calle de Entre Ríos. + +Apuntó el número misia Casilda, y bajó aprisa; ni tranvía ni coche a +mano tampoco esta vez: anda, anda, anda. Y la gente, endomingada, +paseaba alegre, y el sol y el cielo parecían más risueños que nunca. Era +el de la calle Entre Ríos un caserón de planta baja; desde la acera se +veía jugar a varios muchachos en el patio: cuando la señora se acercó a +la reja, apenas podía hablar, de cansancio. + +--¿El señor de tal? + +Los chiquillos la rodearon: uno le sacó la lengua, otro le tiró del +mantón, y todos pusiéronse a hacerle pitos, descaradamente... Vino un +criado y dijo que el señor de tal se había marchado ya... + +--¡Dios mío! ¿volveré a la calle de Santa Fe? ¿y si no le encuentro? son +las cinco; pronto obscurecerá... ¿y Quilito? llegar así, ¡sin adelantar +nada! me voy a casa de misia Petronila: un desaire más, ¿qué importa? En +caso de deshaucio, escribiré esta noche a ese caballero... ¡yo no me +rindo! + +Anda, anda, anda. Cuando entró en casa de la de Barrientos, no se +atrevió pasar del vestíbulo, porque oyó mucho holgorio en la sala: +voces y carcajadas y bailables tocados al piano, que se interrumpían +para cantar nombres, aclamados y festejados con risas y redobles de +teclas. + +--Están jugando a las cedulitas--pensó misia Casilda,--ahora caigo: si +ayer me invitó ella, diciéndome que pasaría un buen rato. ¡Ay! muy +bueno, muy bueno, lo estoy pasando. No, ahora no puedo entrar; volveré a +la calle de Santa Fe. + +Anda, anda, anda. De la calle de Santa Fe a la de Entre Ríos, de ésta a +la de Suipacha, donde vivía don Raimundo, de aquí otra vez a la de Santa +Fe, y por último, ya encendidos los faroles, a su casa, cuerpo y +espíritu abatidos por la fatiga y el poco éxito, pues no encontró lo que +buscaba, ni logró ver a nadie: en la puerta, tropezó con don Pablo +Aquiles, que llegaba. Miráronse. + +--¿Nada?--preguntó don Pablo. + +--Nada--respondió misia Casilda. ¿Y tú? + +--Nada--contestó él sombríamente. + +Entraron en el comedor y se sentaron: la lámpara brillaba en medio de la +mesa, tendida ya con la prolijidad de siempre. Y don Pablo contó el +empleo de su día: + +--De aquí, sin querer ver a ese desventurado niño, porque no podría +verle, Casilda, no podría verle... ¡me ha destrozado el corazón! me fuí +en busca del habilitado y del subsecretario y les dije no sé qué: hasta +creo que he llorado... Mi intención era pedir un adelanto que, unido a +lo que tú has recaudado con las alhajitas, pudiéramos ofrecerle a ese +caimán de prestamista, que ya se contentaría con una parte ahora... y +si no se contentaba, menudo escándalo le armaba yo, por andar en +semejantes tratos con menores de edad; pues nada, hija; me hicieron +tanto caso, como a un perro: que no podía ser, que la acefalía del +Ministerio... ¡Mira por donde vine a lamentar no estuviera Eneene en su +poltrona! Entonces hablé a un ricachón que yo conozco, y a uno de estos +que comercian con los sueldos de los empleados, pero, como me veían con +la soga al cuello, me hicieron tales ofertas que, de aceptarlas, estaría +condenado a trabajar para ellos, viviendo del aire, unos dos años... y +me he vuelto, corrido, desesperado, porque, la verdad, hay que salvar a +ese muchacho... la cosa no tiene vuelta. Y tú, ¿dónde has estado? + +Tocóle a misia Casilda el turno de relatar su odisea, y lo hizo a +tropezones, balbuciente, temerosa de delatarse ella misma con sus +reticencias o sus rodeos. + +--Pues, yo, Pablo... + +Insistió sobre su consulta a míster Robert, elogiando su amabilidad y su +tacto: a la verdad, el único resultado obtenido era la recomendación del +inglés para aquel individuo, que nunca estaba en su casa... pero se +guardó bien de aludir remotamente siquiera a la entrevista desgraciada +con la hermana, con Gregoria. No lo decía y esquivaba la mirada de don +Pablo, porque estaba segura que, si sus ojos se encontraban, entregaría +su secreto sin resistencia; y don Pablo la preguntaba, la apuraba, +espiando sus gestos, desmenuzando el sentido de sus palabras, cual si +sospechara que algo había oculto y no quería mostrársele. Por último, +cara a cara, hizo la pregunta, a quemarropa: + +--Pero... en casa de Esteven, ¿no estuviste? + +--¡No, no, no he estado!--contestó con aplomo misia Casilda. + +Y cada una de estas negaciones, la reforzó con movimientos enérgicos de +cabeza. Turbada, sin embargo, se levantó a desprenderse el velo, dando +la espalda al hermano, por temor de que sus colores la vendieran; y se +puso a mover platos y copas para mejor disimular. + +--Has hecho bien--decía don Pablo Aquiles,--te aseguro que me has tenido +con el alma en un hilo, de pensar que irías... ¡imagina! después de +veinte años, separados por un rencor cada vez más vivo, presentarse así, +de sopetón, a pedir, ¡porque tú ibas a pedir, Casilda! no te hubieran +dado nada, hija, y habrías sacado lo que el negro del sermón, ítem más, +el amor propio herido. + +--¿Digo yo lo contrario, Pablo? Pero la desesperación me excusa de +haber... tenido la idea, porque, no ha sido más que una idea loca, de ir +a casa de Esteven; ¡hacerme yo ilusiones de Gregoria! + +--Entretanto... + +--Entretanto, Pablo, es preciso pensar, buscar: mañana vence el plazo, +¿ves? esta noche debieras ir tú a casa de ese aprovechado capitalista, +que dice míster Robert: de noche será fácil encontrarle, si no, Pablo, +no sé, no sé... + +--¡Iré, ya lo creo que iré! ¡todo, todo, menos eso! + +Misia Casilda pasó a su cuarto, impotente ya para seguir fingiendo, y +echada en el reclinatorio, delante del nicho desierto, lloró largo +rato... + +--No, no se lo diré, porque se moriría... felizmente, nada le pedí a +Gregoria, nada, pero, aun así, ha sido humillante mi visita... ¿qué no +haría yo por salvar a Quilito? ¡y si no se logra tapar la boca al +portugués, no le salvaremos, no! ¿Cómo he de estar yo tranquila, si sé +que la honra de nuestro apellido anda en juego? ¡Madre mía, aunque te +halles ausente ahora, tú me oyes, no nos desampares! + +Trataba de ahogar los sollozos y no podía; don Pablo Aquiles la +sorprendió así, y, aunque afligido, hizo la comedia de que se enfadaba, +por lo flojas que son estas mujeres, que todo lo abultan y ennegrecen. + +--Vaya, mujer, no te pongas así; con lloriqueos no vas a remediar lo que +está hecho. Si para mañana no tenemos el dinero suficiente, yo me +encargo de amansar al prestamista: y en último caso, hija, le ofrecemos +la finquita, aunque vale más del doble; que la venda y se cobre o que se +quede con ella y se la coma entera; en cuanto a Quilito, déjalo por mi +cuenta: en adelante, a sus estudios, y a llevar vida de pobre... No seas +tonta, no creas en eso de tiros y puñaladas: todos los muchachos dicen +lo mismo, cuando algo les contraría. ¡Cuántas veces me he suicidado yo, +así, de boca! + +La obligó a levantarse y llevóla al comedor, diciendo jovialmente, para +darle ánimo, que tenía mucho apetito, ¿qué _menú_ había? Como día de San +Juan debía haber algo de extraordinario; la señora, silenciosa, se +entretenía en arreglar el cubierto del niño, mirando el lustre del +cuchillo, los dientes del tenedor, palpando el pan, a fin de verificar +si estaba tierno o no... Don Pablo paseaba, vuelto a su sombría +preocupación... En la chimenea el viento soplaba lúgubremente... Pampa +entró, preguntando si servía la comida. + +--¿Está el niño arriba? + +--No, señora. + +--¿Cómo? ¿ha salido? + +--Sí, señora. + +--¿Lo oyes, Pablo? Quilito no está en casa. + +--Ya volverá, hija... + +--Bueno, le esperaremos. + +El corazón se le había oprimido tanto, tanto, que no podía respirar; fué +a la puerta del patio interior y miró a ver si había luz en el cuarto de +Quilito, y estuvo mucho tiempo, con la frente sobre el vidrio helado, en +la otra que caía al patio principal, y de donde podía verse el zaguán y +la calle: las seis, las seis y media, las seis y tres cuartos... + +--¿Qué hora tienes, Pablo? + +Cuando él decía la hora justa, ella suspiraba y el corazón se la oprimía +más, todavía más; pasó a la sala, abrió la ventana, y a pesar del frío, +se estuvo asomada, espiando el paso de los transeuntes. + +--Ahí viene alguien, ¿será él? parece que se detiene... no, sigue; ahí +viene otro, pero pisa más fuerte que él... + +Volvió al comedor; eran las siete, las siete y cuarto, las siete y +media; no, a Quilito le había ocurrido algo. Tan asustada estaba misia +Casilda, que el mismo don Pablo se alarmó. + +--Te has empeñado en que tiene, por fuerza, que suceder algo... ¡qué +mujeres! llamaremos a Pampa. + +Interrogada, la india declaró que el niño había salido casi detrás de la +señora; que, antes, subió ella al cuarto, para arreglarlo, y el niño la +despidió, diciendo que _ya_ no valía la pena... + +--¿Ves, Pablo? Ese _ya_ quiere decir mucho. + +--¡Qué disparate! si esta china condenada no sabe lo que dice; a ver, +¿qué hacía el niño cuando entraste? + +--Pampa no sabiendo. + +Y añadió que le encontró con los pelos revueltos, muy agitado, y la +regaló un cuaderno con figuras. + +--¡Qué desatinar de muchacha!--exclamó don Pablo,--si estaba así, como +lo pintas, ¿cómo iba a regalarte estampitas? Un buen sopapo te debió +dar, por lengua larga; retírate, si no quieres que te lo dé yo. + +Pero ya misia Casilda había cogido la lámpara, y dijo que iría al +cuarto, a ver... Quizá, el joven había vuelto y no lo sabían; la señora +delante, alumbrando, don Pablo detrás, y la india de escolta, subieron +la escalerilla, defendiéndose del viento huracanado, que quería matar la +luz. Arriba, faltóle el valor a la señora y entregó la lámpara a su +hermano, pidiéndole entrara primero... Ya le parecía ver el cuerpo de +Quilito, inanimado, en medio de la pieza. Don Pablo tomó la lámpara, y, +¿era el viento o eran sus nervios? la lámpara bailaba en su mano, a +riesgo de volcarse. La puerta estaba entreabierta, y entraron... En el +cuarto de estudio, todo en su sitio: los libros sobre la mesa, un +montoncito de papeles rotos sobre la carpeta... En el dormitorio, nada +ni nadie: la colcha de la cama revuelta, como que el cuarto estaba sin +aviar, según propia confesión de Pampa, a quien el niño había dicho que +_ya_ no hacía falta. + +--¿Te convences, Casilda?--dijo don Pablo,--con tus exageraciones eres +capaz de volver loco a cualquiera; bajemos, que Quilito no debe tardar. + +--Aquí hay un papel--saltó de pronto la señora. + +--¿Qué?... ¿dónde? + +--Aquí, en la almohada, prendido con alfiler. + +Se abalanzaron a la almohada, pero ni don Pablo ni misia Casilda podían +desprenderle, tal temblor les entró a los dos; cuando lo tuvieron +delante de los ojos, no podían leer, porque el susto les cegaba. + +--Lee, Pablo, que mis ojos no distinguen nada. + +--Lee tú, más bien, hija, tengo la vista nublada. Vete, Pampa, aquí +estorbas. + +Cuando la india se marchó, don Pablo Aquiles, más muerto que vivo, se +acercó a la luz, y trató de descifrar lo que había escrito, pero no +podía, no podía... + +--Casilda, ven, ven... + +La entregó el misterioso rótulo, y se sentó en el borde de la cama, +embobado, mirando en silencio a la hermana. Y entonces, cual si vinieran +del otro mundo, acompañadas del viento que gemía en la puerta y +sollozaba en la ventana, se oyeron estas palabras, que los labios de +misia Casilda pronunciaron gravemente: ¡Padre mío! ¡tía de mi alma, +perdón!... El papel cayó al suelo, y el padre y la tía, como +hipnotizados, no se movieron... De pronto, la señora dió un grito y se +arrojó sobre don Pablo, enloquecida... Correr a la calle, a la policía y +dar parte; quizá se estaba en tiempo aún, quizá podía evitarse la +horrible desgracia. ¡Quilito muerto! no, ni pensarlo: ¡Dios no sería tan +cruel, la santísima Virgen de Luján no lo permitiría! Lloraba, hablaba, +se revolcaba en la cama del querido niño, besando las almohadas, +estrujando las sábanas: que fueran a buscarle, que se le trajeran, +pronto, pronto, pronto... Don Pablo, ahogado, ensayaba calmarla: no +debían interpretar así el papel, porque era muy natural que Quilito +pidiera a su padre y a su tía por escrito, el perdón que no se atrevía a +pedir de viva voz; decía simplezas como ésta, tartamudeando, y después +de vano esfuerzo, concluyó por llorar él también, abrazado a los hierros +del lecho. + +--Pero, ¿no te mueves?--exclamó misia Casilda,--corre, vuela a la +policía, no pierdas tiempo. + +Le arrastró, y dando traspiés, como ebrios, salieron los dos, bajaron la +escalerilla atropelladamente. + +--¡Quilito! ¡Quilito!--clamaba la señora. + +A sus lamentos, acudieron Pampa y la genovesa... En el comedor, la tía +Silda echó sobre los hombros de don Pablo el sobretodo, le puso el +sombrero de través, y le dió el bastón, por la contera. + +--Te vas a la policía--recomendábale sofocada,--y le hablas al jefe, al +mismo jefe... y que le busquen, que le busquen... ¡Dios mío! ¡todo el +tiempo que se ha perdido! ¡ya estará muerto, muerto! yo voy a salir +también, a recorrer las comisarías, y las calles... Vete, vete. + +Don Pablo dejaba hacer, como un maniquí, sin hablar. Y a empujones, la +hermana le echó fuera. Pero, no había dado un paso en el patio, cuando +alguien llamó a la puerta, y luego a la reja, con tal apresuramiento, +que daba a entender la prisa que se traía. + +--¡Quilito! ¡Quilito!--gritó la tía, corriendo desaforada al zaguán, en +la esperanza que fuera el querido niño... + +No, no era Quilito: era un hombre alto, con muchas barbas, era Agapo. + +--Tú traes noticias de él--exclamó misia Casilda,--dime, dime, ¿dónde +está? + +El filósofo, turbado, balbuceó que no sabía nada, que no traía ninguna +noticia... + +--Sí, sí--insistió la señora,--te lo conozco en la cara; vienes pálido, +con los ojos hinchados... y sin embargo, no estás borracho, no. + +Agapo se adelantó, a fin de evitar la luz del farol, y dirigióse a don +Pablo, que no se movía, en el umbral del comedor. + +--Tengo que hablarle--díjole rápidamente,--sígame, afuera, en la calle. + +El bastón cayó de las manos temblorosas de don Pablo Aquiles... Misia +Casilda se había precipitado al atorrante, y le obligó a entrar y a +ponerse delante de la luz, que quería evitar. + +--Te digo que estás pálido, Agapo, no lo niegues, ¿qué le has soplado a +Pablo ahora? tú vienes a hacer de lechuza aquí... dime, dime, ¿dónde +está Quilito? ¿qué ha sido de Quilito? + +Le sacudió desesperada, asida a su brazo inerte, y a este violento +impulso, una lágrima cayó de las pestañas del filósofo y fué a perderse +en el matorral de sus barbas. + +Esta lágrima lo dijo todo... Misia Casilda se desplomó en los brazos del +desventurado don Pablo Aquiles, y éste, bajo el peso de su hermana y de +su pena, se postró en tierra, llorando... y Agapo, por la primera vez de +su vida, sintió en el corazón la cruel picadura del dolor. + + + + +X + + +...y se encerró en su cuarto, con doble vuelta. Corrió las cortinas de +la ventana, a causa del sol indiscreto que a ella se asomaba, y después +de escuchar un momento, si se sentían pasos en el patio o en la +escalerilla, retiró cuidadosamente del bolsillo de su gabán claro un +objeto y lo colocó sobre la mesa: ahí estaba el pequeño revólver, como +un juguete de brillante acero: Quilito, inclinado, lo miraba, con esa +fijeza con que los condenados a muerte miran el instrumento de su +suplicio. ¡Ah, si la pobre tía supiera! sus veinte nacionales habían +servido para comprar la terrible alhajita... ¿No estaba empeñada +generosamente en salvarle? ¿qué mejor medio de salvación que aquel, tan +fácil y expeditivo? Lo demás, era manotear en el vacío, pretendiendo +volar, cual si los brazos fueran alas. Que se pagaba al portugués, y +esto era muy problemático, evitando así el descubrimiento de la +falsificación, ¿y luego? Rocchio, el del Progreso, y los otros; aun +trampeando de aquí y de allí y encalleciéndose las manos en el +trabajo... El juego tan sólo, pero no se acercaría ya al tapete: su +última carta estaba jugada. ¿A qué luchar más? Si su destino era ese, +lo aceptaba sin pestañear: él había entrado en la vida por la puerta +color de rosa, como convidado que acude a espléndida fiesta, a +deleitarse con manjares y músicas y placeres sin cuento, y encontró el +salón a obscuras, la mesa del banquete desierta, pan y agua por todo +manjar, los demás invitados de blusa en vez de frac, y no escuchó más +música que la del arado, de la azada y del martillo... ¡ah! no, ¡muchas +gracias! él no había venido para eso, ¿por qué le engañaron? ¿a qué le +trajeron? si no existía algún medio de hacer como aquellos pocos, que no +visten blusa, y se pasean y divierten, se marchaba. ¿Había uno? ¿y no +era necesario sudar ni quebrarse la cabeza? no, mucho pulso y buena +suerte. El pulso, no lo tenía; la suerte, le había faltado: ¡adiós, y +hasta la eternidad! Pero, al irse para siempre, desengañado, no lo hacía +sin amargo pesar, de separarse así de su padre, de su tía y de su +novia... poderosa trinidad de afectos, que le ligaba al mundo, del que +quería salir. ¡Susana! este recuerdo enternecióle, y lloró su primero y +único amor... La vida es un viaje de recreo, en que no se paga el +billete, pero sí los vidrios rotos; Quilito saldaría su cuenta de daños +y perjuicios, y se iría allá, muy lejos, a otra parte, donde el trabajo +no fuera una ley. ¡Quién sabe! dicen que hay otros mundos, bien +distintos de esta miserable y carcomida nuez que habitamos, ¿por qué no +encontraría en alguno la felicidad que él buscaba? Y si no los había, ni +podía encontrarla, valía más dormir eternamente dentro de la caja del +cementerio, que andar soñando aquí abajo, como sonámbulo. + +Cogió el revólver y lo examinó, hizo jugar el gatillo, colocó las balas +diminutas, y delante del espejo, como aquel suicida célebre, se paró, +acercando la boca del arma a la sien... + +--¡Qué sensación tan extraña!--dijo contemplándose en aquella +actitud,--el acero está tan frío, que parece recibirse el beso de una +muerta... Pensar que sólo con mover el dedo ya está todo concluído... +pero, no aquí; sería muy cruel para ellos, mis viejos queridos del alma, +que ahora mismo, allá abajo, sufren la inmensa pena que les he causado, +y se esfuerzan por salvarme. Voy a poner este chisme sobre la mesa y a +escribirles largamente, confesando todo; quiero que me perdonen, porque +sin su perdón, no me iría tranquilo... ¿qué dirá de mí, papá? ¡tanto +esperar de su Quilito! tengo la pluma en la mano y el papel por delante, +y no sé qué decirle; me da vergüenza confesarle que su hijo es un +falsificador... no, no se lo diré, no le escribiré nada; vale más irse +en silencio, sin despedirse... Romperé esta carta y escribiré dos líneas +pidiéndoles perdón, porque sin el perdón no me voy, no me voy... A +Susana, sí, una carta muy larga, para que se acuerde de mí, para que +rece por mí, ¡qué desgracia la mía! tan feliz que podía haber sido, y no +he podido serlo, a causa de esta tendencia maldita, que lo reconozco, me +lleva por otro camino que el del trabajo, que, forzosamente, fatalmente, +estamos obligados todos a seguir; yo creo que en mí hay algo del tío +Agapo, solo que él se contenta con lo que tiene, y no hace nada, y yo +he deseado tener más, sin hacer nada... Lo que he puesto el nombre de +Susana, la mano me ha temblado: ahora lloro, ¿me faltará valor? ¡ay! no +puedo pensar en mis viejos y en ella, sin afligirme... Tiíta Silda, +estoy seguro, ha de guardar mi secreto, y si logra recuperar el pagaré, +mi falta no la sabrá nadie, nadie más que ella y Dios; esto me consuela, +porque la idea de que había deshonrado a mi padre, después de +arruinarle, y que él lo supiera, y que Susana lo supiera, y que todos lo +supieran, amargaría más mis últimos momentos... ¡Adiós! Susana, no me +olvides, ruega al cielo por tu desgraciado Quilito... Ha salido muy +borroneada, pero podrá leerla; aquí está ya cerrada, con la dirección +bien puesta: cuando me encuentren, me registrarán, y no faltará una +buena alma que se la lleve... También le escribiré al comisario, +diciéndole que a nadie se culpe de mi muerte: así hacen todos los que se +matan, ¡cuántas veces lo he leído en los diarios! esta carta la guardaré +en el bolsillo, con la otra. La despedida a mis viejos, voy a ponerla en +sitio visible... ¡ay, Dios mío! ¡cuando entren y la vean! +¡pobrecitos!... aquí, en la mesa, la haría volar el viento; ¿dónde la +pondré? en la almohada, prendida con un alfiler... ¡así! ¿estoy pronto +ya? saldré de puntillas, para que no me sientan, pero, antes voy a +asomarme a la ventana, a ver si viene alguien... ¡Han llamado! y no he +oído pasos en la escalera, ¿será papá? no, si es él, me mato aquí mismo: +su presencia me sería insoportable... ¿Quién es? ¡ah! es Pampa... algún +recado de tiíta Silda... el revólver aquí, en el bolsillo, bien +disimulado. + +Abrió, y entró la india, diciendo que venía a arreglar la pieza, pero él +quiso despedirla, porque ya no valía la pena. + +--Mira, deja las cosas revueltas como están, y vete. + +La tomó del brazo y empujóla hacia la puerta; ella se resistía, mirando +al joven con sus ojos extraños. + +--Niño no queriendo Pampa--dijo pronunciando lentamente, con la singular +entonación que acostumbraba,--niño pegando ayer Pampa, ¿por qué? + +--Porque eres muy mala y desobediente. + +--¿Qué queriendo decir desobediente? + +--¡Qué gracia! desobediente es aquella persona que no hace caso de lo +que se le manda. + +--¡Ah! ¡Pampa haciendo siempre caso! ¡Pampa estando muy triste... anoche +soñando que madre haber muerto! ¡cristiano matando con cuchillo muy +largo... yo queriendo morir también! + +¡Pobrecilla! con las manos, deformadas horriblemente por los sabañones, +restregábase los ojos, haciendo ese hipo lastimero del niño que va a +llorar; Quilito, compadecido, la acarició los pelos cerdosos, +irreductibles a la disciplina de la peineta. + +--No llores, tonta, que eso que has soñado es una mentira muy grande; +todo lo que se sueña es mentira, ¡te lo digo yo! tu madre está sana y +buena, y un día de estos vendrá a verte. ¿Por qué crees que yo no te +quiero? ¿no te acuerdas que el día aquel que llegaste en ese vapor, fuí +yo con tiíta a buscarte y te regalé confites? + +--Sí, sí, ese día quitando madre Pampa, y hermanitos... ¡Pampa no verles +más! + +--Bueno; si te he dicho que has de verles pronto... no llores así, que +te pones muy fea... y después te he enseñado a leer, y a escribir y a +contar: si no sabes bien todo esto, es que no eres muy despejada... Y +para probarte que el niño te quiere, voy a regalarte una cosa. + +Súbitamente, la india dejó de gimotear. + +--¿Ves este álbum? todo llenito de figuras: pues te lo doy, para que te +acuerdes del niño y seas buena y aplicada; te lo doy, con una condición: +que has de ser fiel y sumisa para el señor y la señora, que te visten, +te alimentan y te educan... que los cuidarás bien, si se ponen +enfermos... ¿me lo prometes? + +Pampa dijo que sí con la cabeza y recibió el álbum, muy sorprendida de +ver llorar al niño. + +--Ahora, vete, vete. + +La india salió, con el cuaderno bajo el brazo, la cara de bronce +inundada de lágrimas y mocos, que ella limpiaba a lengüetadas, mientras +bajaba la escalera; Quilito, en la ventana, la miraba. + +Este incidente le había conmovido; bien es verdad, que su corazón +desbordaba de amargura en aquel momento supremo. + +--Me ha hecho llorar esta criatura; ¡pobre Pampa! ahora me duele haberla +pegado ayer, tan injustamente... ¡qué hermoso día! para estar alegre, +para ser feliz... No saldré hasta que tiíta no salga, si no, me atajaría +en el patio, y me molestaría a preguntas, y quizá, no me dejaría +marchar, de miedo... y va a salir, porque desde aquí la veo en el +comedor, de velo puesto... hasta les oigo hablar, aunque no distingo lo +que dicen: ¡esto es lo que más me aflige! ¡si yo no lo merezco, +viejecitos de mi alma, que así os preocupéis por mí! soy un miserable, +indigno de vuestro cariño, que no he sabido hacer vuestra felicidad, +como era mi deber; ya lo veréis: Quilito muerto, quedaréis tranquilos, +disfrutaréis en paz de vuestra rentita; y Quilito morirá, porque es un +estorbo y una vergüenza para su familia, porque no quiere ser un segundo +Agapo, como tiíta lo profetizó con tantísima razón... ¿otra vez +llorando?... tiíta se levanta, sale... ya sonó la reja, ya está en la +calle, ¿a dónde irá? a poner en práctica el medio de que me ha hablado, +a arrastrarse, a cavar la tierra, como ella dice... ¡y por mi culpa! +¡ah! no merezco perdón: lo que he hecho es inicuo... no se moleste +usted, tiíta: si el medio, el medio infalible, aquí lo tengo, en el +bolsillo. Llegó la hora: me voy, no sea que papá suba y me sorprenda... +no puedo respirar, tiemblo como si tuviera miedo, y no tengo miedo, pero +sí tristeza, mucha tristeza... + +Fué al dormitorio, y de la percha descolgó el sombrero; la vista de +objetos que le eran familiares, le causó emoción tan grande, y sobre +todo, el papel clavado en la almohada, a manera de fúnebre _inri_, que +se puso a sollozar. + +--Es una vergüenza, pero no puedo contenerme: sí, aquí, en este +cuartito, he vivido soñando... ¡qué ilusiones! ¡para llegar a esto!... +¡en marcha y tener valor! + +Salió, descendió de puntillas y miró por los vidrios de la puerta del +comedor a don Pablo Aquiles, de espaldas, sentado; tenía la cabeza sobre +la mano, y esta mano pasaba, de vez en cuando, por sus ojos y por su +frente. + +--¡Sufre, sufre, y por culpa mía! Ya voy a hacerme justicia, papaíto de +mi alma; no nos volveremos a ver, pero Quilito no te dará más disgustos. +¡Adiós, papá, adiós! + +Atravesó el zaguán, abrió la reja y se fué por esas calles, sin rumbo. + +Todos paseaban en aquel día de San Juan, todos estaban alegres, todos +parecían felices; los tranvías iban llenos de gente, ávida de respirar, +de divertirse, satisfecha de vivir... + +--Quisiera hacer como todos hoy--pensaba el joven,--reirme, gozar... +¡parece que soy yo solo el triste y el desgraciado! ¡ay, no! que están +mis viejos, que ya no volverán a reír ellos tampoco... ¿por qué he +tomado esta calle? iré por el río, es más solitario... pero, antes, +pasaré por casa de Susana, quiero despedirme de ella: ¡cuántas veces he +seguido este camino! en esta cigarrería entraba a comprar cigarros, en +aquella esquina me esperaba el italianito vendedor de diarios: daba +luego mis tres paseos frente a la casa de Esteven: ella, en el balcón o +detrás de la celosía, me miraba y me sonreía, y así que desaparecía, me +iba al escritorio de Jacinto, y después a la Bolsa, ¡la Bolsa! ¿por qué +habré pisado la Bolsa? no me vería en la que me veo. + +Caminaba muy despacio. Así llegó a la casa de Esteven y el mismo +espectáculo que sorprendió a misia Casilda, le chocó a él igualmente. + +--Susana me escribió que se iban al Frigal, pero no creía yo que fuera +tan pronto... ¡Se va entonces a la _estancia_! y pobre, completamente +arruinada; con qué alegría me lo dice en su última carta: «Ahora que +somos iguales, no habrá más obstáculo a nuestra felicidad que la +desavenencia de las dos familias, pero de esto me encargo yo.» ¡Siempre +la misma, confiando en Dios! bien se ha portado Dios con nosotros, que +no ha querido oírnos... Allí está el balcón, por donde ella me aparecía: +un changador se ve ahora, triste representación de la realidad... Tú no +me ves, Susana, ni puedes oírme, pero, desde aquí, te digo que te +quiero, que te adoro: ahí va un pedacito de mi corazón destrozado, +¿sabes? todas tus cartas las he quemado, conforme me indicaste: nadie +sabrá nuestros secretos... ¡adiós, Susana, adiós!... vamos, si sigo +aquí, concluiré por llorar... + +Dió una última mirada a la casa, y marchó más aprisa; atravesó la plaza +de la Victoria, y desviando sus ojos de la Bolsa, bajó la barranca que +lleva a la estación y entró en los descuidados jardines del paseo de +Julio; en un banco apartado descansó un rato, dando vueltas en sus manos +al junco, y en su cabeza a la idea de suicidio, que le dominaba. + +Echado sobre el parapeto, se entretuvo también en la muda contemplación +del río soberbio, de los botes que se balanceaban, de las _toscas_ +verdinegras que las aguas iban cubriendo poco a poco; de los pilluelos, +desnudos de pie y pierna, que jugaban en la orilla con barquichuelos de +papel... En cuchillas sobre la roca, con una larga caña guiaban la +frágil armazón que, deslizábase como barco de verdad, hasta tanto el +agua no comía su mal blindado casco; así, hacían regatas inverosímiles, +distinguiéndose los botes rivales por medio de banderitas de color, +enastadas en canutos de paja... En el jardín, correteaban los niños, +haciendo de caballitos briosos, duros de boca, dando corcovos y coces... +Quilito siguió andando, lastimado de ver reír a todos, y que la +decoración de aquella tarde de invierno no estuviera en armonía, con las +tristezas de su alma, ¿por qué no se nublaba el cielo? ¿por qué no se +escondía el sol? ¿por qué las gentes no cantaban en coro la oración de +agonizantes, si él iba a morir? Esta idea de la muerte dábale +escalofríos. Ahora poco, había visto un bote de papel, que un golpe de +caña hizo zozobrar, y que, sacado del agua y bien escurrido, pusieron a +secar al sol; pues al rato, este bote navegaba otra vez como si tal +cosa, desafiando a sus rivales nuevecitos... Quizá él cometía una gran +tontería en pegarse un tiro, por pérdidas de juego; si todo el que +pierde se matara, aviados iban a estar los jugadores. El instinto de +conservación, siempre despierto, le soplaba al oído que bien podía +esperarse un poco, que la tía, por ejemplo, ensayara el gran recurso que +decía: reconquistado el pagaré, lo demás era cosa de poca monta; a +Rocchio y comparsa se les pagaría o no, según las circunstancias, y por +eso no había de dejar de ser él tan caballero y tan decente como el que +más. Fulano, zutano y mengano habían hecho lo mismo, y no se les +ocurrió tomar billete para el otro mundo con un pistoletazo; al +contrario, ahí andaban tan frescos... Mejor era volver a casa, y ver si +tiíta Silda consiguió algo, ¿no dijo que iba a vender la finca? pues con +eso había de sobra para arrancar el pagaré del poder de don Raimundo... +Eso es, y luego echarse panza arriba, para que los dos viejos, +arruinados, le dieran de comer, y le vistieran y le costearan sus lujos, +como antes, y meterse de nuevo en la Bolsa, ávido de desquite, para +hundirse más en el pantano. El estaba convencido: trabajar, no podía, de +ninguna manera; sujeto a un sueldo, sin porvenir, vegetando, aunque no +tuviera que mover los brazos, como Jacinto, tampoco... + +--Soy más canalla de lo que yo creía--se dijo;--me parece que tengo +miedo, y por eso me vienen estas ideas de encadenarme a la vida... +¿miedo de qué, estúpido? si es cuestión de un momento: se mueve el dedo +y ¡zas! ya está. He dicho que no quiero la vida, no la quiero: quédense +ustedes con ella, y divertirse; prefiero ser comido de gusanos y no que +la miseria me devore... Yo creo que la fría impresión del revólver sobre +la sien, me dura todavía, y es por eso que el valor me abandona; siento +el peso del arma en el bolsillo, y la sangre se me hiela, ¡soy un +cobarde! pues no, no lo soy y he de probarlo... En lugar de apuntarme a +la cabeza, me apuntaré al corazón: así, la muerte vendrá más pronto; ya +te enseñaré a no brincar como ahora, saltarín de los demonios. Tendría +que ver que volviera a casa, después de darles el gran susto; si no +tengo valor para matarme, ¿iba a tenerlo para mirar a mi padre frente a +frente, y para vivir de él, como lo he hecho siempre? en mi casa soy un +estorbo, y en el mundo no hay sitio para mí... Me irrita la alegría de +esta chusma... + +Salió del paseo y se metió en los sauzales del río: allí estaba más a +gusto, más solo, y podía llevar a cabo su propósito sin dificultad, +porque en aquel paraje no lucía el sol: arriba, el dosel tupido de los +sauces llorones; delante, el río, desenvolviendo sus aguas turbias; +detrás, la ciudad, con sus ronquidos de gigante. El tren del Norte +pasaba, resoplando y silbando... Quilito sintió frío y se abrochó el +gabán; un calambre del estómago le hizo recordar que no había comido +aquel día. + +--He debido tomar algo--pensó,--para tener fuerzas: si el cuerpo +desfallece, el espíritu se amilana... No es extraño, pues, que me sienta +sin valor y eche mano de todos los sofismas de la cobardía para +convencerme que no debo suicidarme; a los condenados a muerte, se les da +un cordial, para que resistan: con razón, el armero me preguntó si iba a +batirme, porque estaba muy pálido... pálido de debilidad y no de miedo, +debilidad de estómago, entendámonos... aquí me encuentro mejor... pero, +todavía no, más tarde; hay tiempo. + +Sentóse sobre un tronco, suspirando. Y se quedó absorto, mirando correr +las olas, que se perseguían las unas a las otras, encrespadas de furor, +e iban a morir mansamente a sus pies... La lucha interna seguía, +entretanto. + +¡Qué triste! era dejar así la vida, lejos de los suyos, en la aurora +risueña de los veinte años; se pegaría el tiro, bueno, ya lo había dicho +y cumpliría su palabra, pero su cuerpo quedaría allí sobre la maleza, +como el de un perro callejero, y pronto vendrían los curiosos y los +vigilantes, y le registrarían, aún caliente, con sus manazas rudas para +saber quién era, y sin miramientos, como se carga la res que se acaba de +desollar, le colocarían sobre sucias angarillas y le llevarían a la +comisaría, al depósito de cadáveres, hasta que papá o tiíta Silda +vinieran a reclamarle. ¡Qué triste! ¡qué triste! ¿no sería mejor +arrojarse al río, con una gruesa piedra a la cintura, para quedarse allí +abajo dormido, y que nadie, nadie, volviera a verle? ¡ay, no! el +ahogarse cuesta mucho, se sufre y la muerte tarda en venir... ¿Qué hora +era? el sol iba a ponerse, y bajo los sauces se sentía más frío que +antes: cuando la noche cerrara del todo, entonces, entonces... ¿Qué +harían en su casa? los viejos estarían esperándole: a su cuarto no +habían de subir, hasta que el retardo no les alarmara. ¿Habría +conseguido algo tiíta Silda? + +--¡Padre mío! ¡tía de mi alma, perdón!--murmuró, repitiendo las palabras +de su despedida. + +Si fuera, no iría, era una suposición... si fuera y les sorprendiera en +el comedor, ¡qué alegría! allí mismo se echaba a las plantas del padre, +prometiendo regenerarse, ser bueno, ser trabajador, y tiíta Silda, +mostrándole, muy risueña, el pagaré de don Raimundo, le decía: + +--Aquí lo tienes, pero, ¡cuidadito en adelante! + +Y el cobarde instinto de conservación, le quemaba las orejas. + +--No te mates, tonto, que la vida es muy buena y muy agradable; una vez +hecho a ella, ya verás... Si no tienes más que veinte años, y por eso, +inexperto, exageras tus faltas y crees que no podrás sobrellevarlas; +pero piensa en tanta cosa de que vas a privarte, de que todos se hartan +a dos carrillos, y que tú, por flojo y tío melindres, te irás sin catar +siquiera... Mira Jacinto, ¿no ha hecho lo que tú? es cierto que no ha +falsificado firmas... esto de la falsificación es fácil remediarlo con +la venta oportuna de la finquita... pero Jacinto ha jugado y ha perdido, +y sin embargo, no piensa en matarse; ahí le tienes en una oficina, mano +sobre mano, viviendo del erario. ¿Crees que el mundo va a despreciarte, +porque no pagues? si el no pagar está a la moda, y es muy _high-life_; y +mira, hijito, al mundo con el pie, si no quieres que te monte encima. +Además, piensa que es muy doloroso morir a tu edad, y estarse pudriendo +tierra tontamente, mientras los otros ríen y bailan sobre tu +sepultura... ¿Sabes lo que sucederá después que te dés el tiro? te +llamarán _malogrado_ por los diarios, y _requiescat in pace_; a los dos +días nadie se acuerda del santo de tu nombre: no olvides el refrancito: +el muerto al hoyo, y el vivo al bollo; sólo papá y tiíta Silda te +llorarán hasta la consumación de los siglos y esto será el único +resultado de tu suicidio; bien triste, ¿no es cierto? ¿Y no te parece, +hijito, que aquí hace mucho frío, que el suelo está muy húmedo, y que, +ahí, encima de la maleza, se debe estar muy incómodo? ¿y no temes que la +mano te tiemble, en el momento de disparar, y vayas a herirte malamente, +y en lugar de volver muerto a casita, te lleven herido, para sufrir +dolores y apósitos y visitas de médico? créeme y fíjate bien en lo que +voy a decirte: tu falta, a los ojos de la moral, siempre pudibunda, es +grave, naturalmente, no tiene vuelta de hoja, pero, tal como andan hoy +las cosas en nuestro país, es una chiquillada, una gracia, que más que +la censura, despertará la risa, con esta frase por todo comentario: ¡Qué +diablo de muchacho! este Varguitas es muy vivo... No tiene más que +hacer, pues, que ponerte bajo la égida de un fantasmón de la política, +un Eneene cualquiera, y verás cómo esa falta, que a ti te parece tan +deshonrosa, sirve maravillosamente para tu carrera, y recorres de un +salto la escala, mientras los que se emperran en hacer el desairado +papel de honrados, vegetan en los últimos tramos... ¿Qué no? ¿no te +convenzo? ¿eres honrado, tú también? ¿tienes delicadeza? ¿tienes +vergüenza? pues, hijo, pégate el tiro, porque, francamente, no sirves +para nada... pero, ¡cuidado no tiembles!... ¿Y Susana? ¿qué me dices de +Susana? ¿has visto _porteña_, más deliciosa? y la dejas, para que se la +lleve otro: tú comprendes que, siendo como es, no quedará para vestir +imágenes, y aunque constante y santa, por añadidura, no va a guardarte +duelo toda la vida; fíate y no corras: las santas son de carne y hueso, +por más que digan, y cuando la carne habla, no valen disciplinas, +hijo... Ahí tienes: Susana hubiera sido tuya, a la larga; no lo dudes. +Esos tiquis miquis de los viejos tenían que acabarse, y si no se +acababan, porque, en tu familia, las mujeres son muy tercas, cargabas +con la santita a cuestas, y a vivir; las santas se dejan robar también, +cuando llega la ocasión: no habrás visto a ninguna defenderse, si entran +ladrones en la iglesia... ¿Tampoco te convence esto? entonces, a +matarse, y de prisa. + +Quilito se descubrió la cabeza; tenía fiebre. La marea le mojaba ya los +pies, y se retiró al otro extremo del tronco: miraba el agua avanzar y +decía: + +--Cuando llegue hasta aquí y los faroles del muelle se enciendan, +entonces, entonces... Es inútil, será cierto y muy razonable todo eso, +pero yo no quiero la vida, lo repetiré cien veces; ni ante mi padre, ni +ante Susana me atrevería a presentarme ahora, aunque estuviera seguro +del perdón del uno y del amor de la otra. No y no. Aun en el supuesto de +que pudiera echarse tierra sobre la falsificación... ¿qué porvenir me +espera? ¡trabajar, trabajar siempre! porque de esto sí estoy convencido, +el juego no saca de pobre a nadie: los jugadores son ricos de relumbrón, +y aun así, en las raras ocasiones que la suerte les permite brillar, +pues, a lo mejor, se quedan a obscuras por larga temporada... y con +franqueza, yo no podría trabajar, no podría; ¿acaso me voy a poner +detrás de un mostrador? ¿a entrar de cagatinta en una oficina? ¿a ir de +guardador de ovejas a una _estancia_? ¡sería vergonzoso! y como carezco +de capital, me sería imposible emprender un negocio cualquiera... Creo +que, si lo tuviera, el capital, lo jugaba de un golpe, a ver... No +sirvo, pues, para trabajar, y no pudiendo avenirme, naturalmente, con +mis gustos y mi educación, a hacer las del tío Agapo, me doy yo mismo +el pasaporte... Ya llega, ya llega el agua y el farol de la punta del +muelle está encendido... pero, todavía no... + +La noche cerraba, y bajo los sauces el frío y la obscuridad aumentaban; +sobre la superficie del río, brillaban, desparramadas, lucecitas +amarillas, a lo lejos, que se movían, como fuegos fatuos. En el cielo, +ni una estrella; los ecos del paseo se habían acallado... Quilito sacó +el revólver. + +--A ver quién es más valiente--dijo acariciando el arma;--por mí te +prometo que no he de temblar; pero no vayas a echar el tiro por la +culata: recto al corazón y me lo partes, para no sufrir más... + +Suspiró, guardó otra vez la alhajita y abandonó el tronco, internándose +en el sauzal. Un hombre iba delante de él, andrajoso, con un saco a la +espalda, recogiendo los residuos de toda especie que encontraba: huesos, +ramas, papeles, trapos, canturriando para amenizar su faena; llegó así a +un sitio, cerca del terraplén del ferrocarril, en que había dos enormes +caños de estos que debieran servir, y no sirven, para las obras de +salubridad, abandonados, y se sentó sobre una piedra, dejó el saco +repleto en el suelo, sacó la colilla de tras de la oreja y la +encendió... A la luz del fósforo, Quilito reconoció al gran Menipo, o +sea Agapo, en prosa llana. Ya el otro le había sentido, y se vino +derecho al bulto, con la cerilla en la mano. + +--¡Sobrinito!--exclamó el filósofo,--¿qué haces aquí, en mis dominios? +Vienes a visitarme, ¡qué amable! pues, haremos los honores, como +corresponde... Esta es mí casa: ¿ves ese caño maestro? ahí tengo el +dormitorio; bien tapado por un extremo, echo el poncho y duermo dentro +muy abrigado y a gusto; el otro, más pequeño, me sirve de despensa... mi +lavabo está enfrente: el río, con agua limpita y fresca... y nada más, +no necesito más... hasta chimenea tengo: el sol, de día, y de noche no +me faltan ramas secas para hacer una hoguera. Pero, ¿qué demonios te ha +dado por venir aquí? es ocurrencia, ¡ajo! ¿has comido? no te invito, +pues tú vendrás de esos _cafeses_ de lujo, harto y reharto... pero no +creas que mi cocinero es malo; voy a encender mi hoguera: hoy es día de +San Juan. + +En un periquete, preparó una pila de rastrojos y la prendió fuego. Y +sentado en la piedra, sonreía al sobrinito, quien, a caballo sobre el +caño pequeño, miraba, ensimismado, la alegre llamarada... + +--¿Qué tal mi chimenea? no hace humo, como las de los ricos... Pero, +explícame, ¿cómo te encuentras por estos andurriales? ahora, cuando te +vi, se me figuró que serías alguno de esos pilluelos, que vienen a robar +en mi despensa: por eso me eché encima de ti, sin prevenirte... Ni +soñaba, hijo, que pudieras ser tú, ¡ajo! ¡miren al Varguitas, el rey de +los _cajetillas_, en casa del tío Agapo! Me pareces triste, Quilito; +estás paliducho, con muchas ojeras... vamos a ver, ¿de qué lado te +duele? El tío Agapo es médico, y de los buenos, precisamente porque no +ha estudiado: el estudio seca la mollera y hace evaporar el talento; +mira si no: los que se comen los libros son, generalmente, los más +brutos... Conque, dime lo que te pasa, ¿es un dolor de _bolsa_ lo que +sientes o, simplemente, una _nanita_ pasajera? + +El joven quiso sonreir, y contestó, con esfuerzo, que ni la Bolsa ni la +prima venían a cuento ahora; él andaba por allí... por capricho, porque +le daba la gana. + +--Bueno, hombre, no te enojes; el geniecito de la familia... + +De la _despensa_ retiró una botella y un trozo de pan, y del saco un +envoltorio que, una vez abierto, dejó ver apetitosos relieves de pavo +asado y pasteles y rosquillas de maíz. + +--Anímate, hombre, y prueba un bocadito; si te digo que mi cocinero es +de primera, ¿qué tal? ¿me doy yo la gran vida o no? ¡ya ves cómo me +regalo el estómago, y esto es de todos los días, que, para mí son +siempre de fiesta, ¡pavo y pasteles! cuántos, de casa propia, no lo +catarán hace siglos; ayer tuve pollo, y anteayer también, y un habano, +de postre, enterito, ¿eh?... + +Quilito le miraba comer, y su estómago, en ayunas, excitado por los ojos +y el olfato, rezongaba, impaciente. Con mucho gusto hubiera trincado con +el tío, pero le daba vergüenza mostrar que tenía hambre; un traguito, +sí, bebería, para no desfallecer en el trance fatal, pero le repugnó ver +a Agapo chupar la boca de la botella con sus labios grasientos. + +--Tampoco querrás beber--dijo el atorrante,--no hay vaso y somos muy +delicados; pues así es la mejor manera de apreciar el vino, ¿me creerás? +he pasado tres días sin probar gota, porque a Nanita le había prometido +no emborracharme, y siempre caía en falta: con el vicio no se puede +luchar, hijo; cuando no tomaba, me dolía la cabeza, no dormía bien... en +fin, para mí el vino, es como el riego para una planta: me secaría y +quedaría en los huesos, si no bebiera. Pues, el otro día, me presenté +algo mareado, lo confieso, y mi santita me excomulgó y arrojó de casa, +condenándome a ocho días de destierro, en penitencia... Para volver a su +gracia, me juré a mí mismo aborrecer el vino... por una semana: he +pasado los peores días de mi vida, ¡ajo! pero, yo no le aflojaba al +cuerpo, y le decía: ¡Aguante usted so vicioso! ¡y no le di ni esto! en +tres días... Cuando ayer supe la culada del hermano Bernardino, y que al +otro pájaro del Ministerio le habían también _colgado la galleta_, te +digo que mona más a gusto, no la he tomado nunca: pasé cantando el _¡Oíd +mortales!_ por su casa, con tales gritos, que la gente salía a las +puertas, y de miedo que los vigilantes me aguaran la fiesta, me vine a +mi palacio y aquí la continué, en la alegre compañía de algunas de mis +aristocráticas relaciones... Se bebió y se cantó, hasta la madrugada, +¡ajo! ¿te parece a ti, que no iba a estar yo alegre? ¡pillo, ladrón! + +La llama de la hoguera dábale un aspecto siniestro, así, con el +chambergo ladeado, los ojos fulgurantes de odio, la navaja abierta en la +mano, que blandía, como si quisiera despachurrar a alguien. Quilito no +le hacía caso, abstraído. + +--¡Pillo, ladrón!--repitió el filósofo,--ya las pagarás todas juntas: +esto no es nada; si él es el culpable de que yo me haya descarriado; +nunca me tuvo cariño, porque mi madre no era su madre, y decía que yo +había ido a comerle su parte de pan, y en vez de darme educación y +oficio, me echó a la calle, a que me lo buscara donde Dios quisiera... +El, entretanto, estaba manoteando en casa de tu abuelo: ya lo sabes. +Toma, pícaro, toma, ¡ajo! ahora conocerás lo que es tener hambre... no, +siento que no lo sepas todavía, porque te queda la _estancia_, pero, ya +te llegará tu San Martín, como a los _chanchos_... Lo principal, que es +el primer paso, está ya hecho: el Bernardino, patas arriba y el +ministril aquel de las uñas largas, boca abajo; la tierra tiembla: mira, +Quilito, ponte como los gauchos o los indios, la oreja contra el suelo, +y sentirás un rumor así como de muchos caballos que galopan: es la +vanguardia de la revolución, que se anuncia, que se armará pronto... +¡ay! ¡qué gusto! ese día, cuando el _bochinche_ esté en lo mejor, atrapo +al doctorcito Eneene... no, lo que es a ese nadie me lo toca, es mío... +y con unas buenas tijeras le podo las uñas, cortándole hasta raíz de las +yemas; le pongo un bonete con un murciélago pintado y un letrero que +diga: ¡por ladrón! y a patadas, amarrado codo con codo, le llevo a la +plaza Victoria y allí, delante del respetable público, le ensarto en la +lanza del muñeco de la Pirámide; ¿qué tal? qué bueno sería, ¡ajo! + +Quilito, abstraído, pensaba: + +--¿Y he de llegar yo a estar como este hombre, sucio, harapiento, +comiendo las sobras de los otros, durmiendo en el suelo, dominado por el +vicio y la pereza? Cuanto más le miro, más asco me da: la mugre le brota +encima, como el verdín en las casas viejas... me parece imposible que +pueda vivirse de esta manera, y tan contento; ¡ah! pero él está +contento, porque es honrado, porque, en medio del vicio, ha sabido +mantener limpia la conciencia... ¡qué bueno debe ser mirar para adentro +y no ver ninguna mancha! ¡qué bien se debe dormir, aun envuelto en el +poncho de Agapo, dentro del caño! pero, con esta comezón del +remordimiento, no es posible conciliar el sueño... Cada vez estoy más +decidido a matarme: me estoy mirando en el espejo de Agapo, y me +horrorizo, de verme con su chambergo roñoso, sus guiñapos prestados, y +la cara abotargada por las malas noches... En él es el vino; en mí sería +el juego... y todavía, él sale ganando en la comparación, pues si ha +tenido que ver con las comisarías, no ha estado nunca en la cárcel: +Agapo es honrado y yo un falsificador... ahí viene el tren, ¿me echaré +en los rieles? ¡sería horrible! mejor es el revólver, que el tren y que +el río... + +El filósofo vaciaba la botella. + +--Acércate, muchacho--dijo con el último trago,--y caliéntate un poco: +tienes frío; estás temblando... mi salón no es muy abrigado, pero, ya +ves que la salud no se afecta: ni un resfriado me viene, quizá por +aquello de: mala hierba... Vivo tan a gusto aquí y soy tan feliz, que no +te envidio tus lujos; si aquí me he criado, ¡ajo! a mí nadie me molesta +y hago mi santa voluntad, vagabundeando como un rentista, y sin +importárseme de que el oro baje o suba: para mí, siempre está a la par. +Mira, si hicieras lo que yo, no tendrías esa cara; tú te has metido en +la Bolsa, y me parece que te han pegado una soba... no lo niegues; ¡si +yo sé que tenías a Jacintito de compañero, y Jacintito ha salido +disparado... bueno, ya te enojas otra vez! no te diré nada. Lo que sí te +prometo es que, ese día, el día que yo le cobre las cuentas a Eneene de +la manera que te he indicado, hago saltar la Bolsa en seguida, y si no +ese día, la víspera, cuando no haya empezado el alboroto todavía: he de +elegir la hora en que todos los especuladores estén reunidos tramando +sus picardías: ¡ya subirán todos más alto que el mismo oro! te lo +advierto, para que te cures en salud y no vayas por allí. Después... he +de realizar mi programa, sin suprimir un solo número. + +Se oyó el silbato de la locomotora, y el tren pasó, haciendo retemblar +el suelo; algunas brasas encendidas cayeron a los pies del filósofo. + +--¡Ajo!--exclamó dando un puntapié a los tizones,--¡que vais a quemar mi +palacio! ¡siempre ocurre lo mismo con estos condenados maquinistas! + +Quilito se había estremecido, porque parecióle que las ruedas le pasaban +por encima, triturándole los huesos... De pronto, Agapo, que se +calentaba a la lumbre, volviéndose de lado y de frente, para repartir el +calorcito equitativamente, preguntó: + +--¡Ah! dime... bien decía yo que tenía algo que preguntarte y no caía +qué cosa era... hoy debe haber ocurrido algo muy grave, muy +extraordinario, en tu casa. + +--¿Por qué?--dijo asustado el joven. + +--Porque he visto, he visto, ¿entiendes? a la señora Casilda entrar... +repito que lo he visto... en casa de Esteven. + +--¡Tiíta Silda en casa de Esteven!--exclamó Quilito, tan sorprendido que +dió un salto y casi fué a dar de bruces en la hoguera. + +--Sí, señor, ¿te sorprende? pues lo mismito quedé yo; estaba +entretenido, en la acera de enfrente, en ver sacar los muebles de mi +señor hermano, y a cada uno que echaban al carro, lo saludaba, diciendo: +¡toma, pillo! ¡toma, ladrón! cuando ¡cataplum! la señora Casilda que +llega y se para a la puerta, con el aire de quien vacila, diciendo: +¿Entro o no entro? Y entró... ¡si te digo que lo he visto! ¡Ave María +Purísima! decía yo; ¡una Vargas en casa de Esteven! y misia Casilda, +nada menos, ella, que truena contra los Esteven, exceptuando tan sólo, +¡Dios se lo pague! a un servidor. ¿No te habrás equivocado, Agapo? mira +que cuando estás borracho, y ahora tienes una mona medianita, ves las +cosas al revés, y todo lo cambias, las caras, los nombres, hasta las +palabras, porque, con la memoria, se te pone torpe la lengua. A pesar de +esto, estaba convencido que era la mismísima tía Silda, la que acababa +de entrar: y no volvía en mí, te lo juro; ver lo que yo había visto, era +para dejar patitieso a cualquiera, ¡figúrate! Y me devanaba los sesos, +pensando: ¿qué habrá pasado en la calle Moreno? una desgracia, sin duda. +O será la Gregoria que mandó por la hermana; entonces aquí se ha hundido +la casa, solamente así... y la casa no se ha hundido. Entretanto, Agapo +no se mueve de este sitio, hasta que la señora de mantón, que a él se +le ha antojado ser doña Casilda Vargas, salga de enfrente y pueda +confirmarlo o no... Pues, hijo, salió y era, sin sombra de duda... Te +diré a qué hora ocurrió el extraordinario suceso: a las cinco, sí, de +cuatro y media a cinco... ¡ah! un detalle: la señora salió muy agitada, +y se estuvo un segundo en la orilla de la acera pensativa, y cuando se +decidió a marcharse, hizo ademán de secar los ojos o de pasar la mano +por la frente, con disgusto o despecho, digo yo... ¿a que se han tirado +de los pelos? claro, era de presumir. Pero, me pareció tan acongojada, +que si no atravesé la calle para ofrecerle mis servicios, fué porque no +me tenía firme sobre mis piernas y me daba vergüenza... Explícame, pues, +qué significa esta visita de tu tía a una casa donde no ha puesto los +pies, desde que tú abriste los ojos. + +Quilito, a horcajadas otra vez en el caño, la barba sobre sus manos, +lívido, mirando la llama con fijeza magnética, balbuceó que no sabía +nada, que él desde mediodía faltaba de casa... + +--Es un disparate tuyo--agregó,--cuando se está mal de la cabeza, se ven +visiones. + +Agapo atizaba el fuego. + +--¡Por estas!--dijo besando los dos índices en cruz,--estaba mareado, +pero no ciego. Créeme, hijo, créeme... + +La cabeza de Quilito echaba chispas, como la hoguera que removía el +filósofo. + +--¡Ah, desventurado!--decía la voz interior,--¿y todavía alientas, +después de lo que has oído? ¿por qué no empuñas el revólver y te +arrancas de una vez la miserable vida, que a pesar de todo pareces +empeñado en conservar? ¿no comprendes que ya para ti no hay remisión? +Mira, observa, reflexiona, hasta dónde han llevado tus calaveradas a tu +familia infeliz: ¡a humillarse a los Esteven! ¡a solicitar, de rodillas, +su favor para salvarte! porque, no lo dudes: el medio supremo, a que se +refería tiíta Silda, y que ella misma no consideraba infalible la +desgraciada, era ése: recurrir al odiado pariente... ¡ah! ¡qué corazón +tan grande el de tiíta! y por lo que dice Agapo, el recurso ha +fracasado, y a los Vargas han dado los Esteven una vez más con la punta +de la bota... ¿ves? te imaginas... no es posible, pues no eres dueño de +tu razón... pero, si pudieras imaginar cómo están en tu casa esos viejos +que has deshonrado, y que llamas _queridos_, falsamente, mentirosamente, +porque si verdad fuera, no habrías hecho lo que has hecho; y tú dudando +todavía, vacilando cobardemente; no te hagas ilusiones; en tu casa no +puedes presentarte ya, y ahora menos que antes, ahora que sabes toda la +extensión de tu falta; los umbrales aquellos no puedes pasarlos sino +muerto, en expiación... ¡Estás creyendo que bastaría con echarte a los +pies de tu padre! ¿y tendrías valor? ¿no comprendes que si no te +rechazaba, sería por compasión y por lástima? ¡convéncete! no eres un +segundo Agapo en la familia; eres un Quilito, y este nombre está por +debajo del otro... ¡vete, huye, y cumple con tu deber! + +Se levantó, vacilante, los ojos extraviados, y a Agapo, que, asustado, +le cortó el paso, con un ademán le rechazó, diciendo, entre dientes, +que se iba, que se iba... + +--¡Ajo!--exclamó el otro persistiendo en detenerle,--no, así no te vas, +me das miedo, Quilito, ¿qué tienes? bien me pareció desde un principio +que había algo de extraño en ti. + +--Déjame, déjame... + +--No, así no, así no; si quieres que te acompañe a tu casa... pero, solo +no, aunque te enojes y me pegues. + +--¡A mi casa!--exclamó el joven delirante,--no puedo ir, no puedo, +porque no, porque soy un miserable, ¿entiendes? porque he deshonrado a +mi familia, ¿entiendes? porque debía estar ahora en la Penitenciaría, +¿entiendes? escúpeme, Agapo, escúpeme, pero, ¡déjame marchar! + +Embistió al filósofo denodadamente, pero el otro le cogió por la cintura +y le cargó como a un niño, obligándole a sentarse en sus rodillas, a +pesar de sus esfuerzos rabiosos por soltarse... Sí, le dejaría ir cuando +se calmara, pero no solo: él no se fiaba de su buen juicio, ahora que le +había visto hecho un loco, como si quisiera tirarse al río; ya lo creo +que le llevaría a su casa, y de la mano, como se hace con los chicos que +se ha encontrado _raboneando_ en el _Bajo_. ¿Qué desatinos eran esos que +acababa de decir? ¡qué Penitenciaría, ni qué as de copas, ajo! alguna +tunda de papaíto, por haber entrado tarde o hecho una diablura de +jovencito desbocado. Que le tirara de las barbas cuanto quisiera, pero +él no le soltaba hasta que no le viera tranquilo... bueno, ¿se lo +prometía? de esta manera, sí; pero, mucho cuidado, porque Agapo tiene +muy malas pulgas y fuerzas suficientes para hacerse respetar, ¡ajo! + +Quilito, libre, se calmó. Repitió con energía, que lo dicho, dicho +estaba: que él no podía volver a su casa, por razones que al tío no le +importaban un bledo, pero que si le dejaba marchar en paz, le prometía +ser todo lo juicioso posible... + +--Si no vas a tu casa, muchacho, ¿a dónde vas? + +--A tomar el fresco... + +Agapo le vigilaba, y vió que se sonreía, que parecía tranquilo... + +--¡Qué bruto eres, Agapo!--dijo Quilito sentándose de nuevo en el caño, +para acabar de desorientar al tío;--¿qué te has figurado entonces? ¿qué +iba a darme un baño a estas horas? tienes razón: un regaño del viejo me +ha puesto así... chocheces y niñadas, por una y otra parte. Y punto +final. Cuando se me pase el coraje, volveré a casa... Ahora, se me +ocurre darte un encargo, ya que he tropezado contigo: ¿irás esta noche a +casa de Esteven? + +--No sé... + +--¿Irás? la familia no saldrá hasta mañana, quizá, para el Frigal... +Vete, pues, y entregas esta carta, en mano propia, a Susana. + +--¿Esta carta? + +La tomó el filósofo, apenas repuesto, sin quitar ojo del sobrinito, que +sonreía siempre. + +--En mano propia--recomendó otra vez el joven,--tú vas a verla, Agapo, +¡feliz, cien veces feliz! dile de mi parte... no, no le digas nada; +entregas la carta, y te marchas, para evitar preguntas: ahí dentro está +todo. + +La emoción le dominaba, y sus ojos azules se empañaron. Registró en sus +bolsillos y sacó un reloj de níquel, que ofreció al atorrante. + +--Quisiera darte el estipendio de costumbre, Agapo, pero no tengo un +mezquino centavo; toma esto, y guárdalo, en recuerdo mío, ¡ojalá fuera +de oro! + +--¿Y por qué has de dármelo, ajo? ¿para pagarme el porte de la carta? no +me da la gana: yo te he servido siempre, pues es mi deber de tío, y de +tío que te quiere, Quilito; tú y los tuyos habéis compadecido y tratado +bien a Agapo: no os habéis burlado de su desgracia, ni avergonzado de su +parentesco, como los otros. Por eso os quiero, ¡ajo! y si he recibido de +ti los dos nacionales de las cartas a la primita, es porque soy pobre, y +comprendía que aquella era una manera delicada tuya de auxiliarme. + +--Precisamente; por eso deseo que aceptes este reloj, que quizá no valga +dos nacionales... + +--Bueno, si es así... pero, conste que yo no te pido nada. + +El filósofo guardó la modesta alhaja. + +--Y ahora--repuso Quilito con la voz un poco alterada,--dame la mano, +Agapo, que quiero decirte adiós. + +Le estrechó la diestra, nerviosamente, y Agapo notó que la mano del +sobrino estaba helada, y al resplandor de la hoguera, que moría, su +semblante demudado y la misma mirada de demente de ahora poco. + +Se había puesto el joven de pie y se despedía, pero el filósofo, +intranquilo, le retuvo, diciendo que iba a acompañarle... + +--Iré detrás, si no quieres que vaya al lado... + +--Estás muy pesado, Agapo... + +--No, solo no te dejo; repito que me das miedo. + +--Vas a hacerme perder la paciencia. + +--¡Solo no; no te dejo! + +Quilito, colérico, dio un empujón al tío, que volvió a cogerle de la +cintura, echando más ajos que nunca, furioso también; el joven entonces, +las manos libres, sacó el revólver y puso la boca del cañón en la frente +del atorrante. + +--Suéltame, suéltame o te mato. + +La sorpresa de Agapo fué tan grande que, maquinalmente, le soltó. Y +Quilito, en salvo, a la distancia, le apuntaba con el arma. + +--No me sigas, te prohíbo que me sigas; si te siento detrás, te mando un +tiro. + +La hoguera se había apagado; la noche era obscura, y debajo de los +sauces no se veía... Agapo corrió en pos del sobrino, desaparecido entre +las tinieblas. + +Y Quilito, loco, sin sombrero, iba delante. ¡Imbécil! ¿quién le daba al +otro velas en su entierro? se había de matar, aunque vinieran a +impedírselo todos los filósofos de la tierra. La maleza crujía bajo sus +pasos y detrás se oían las zancadas de Agapo, que venía persiguiéndole; +Quilito se acurrucó al pie de un sauce, se quitó el sobretodo claro, que +podía denunciarle, y esperó, el revólver amartillado en la mano... Agapo +llegó, pasó y se alejó, rastreando la caza, gritando desesperado: + +--¡Quilito! ¡Quilito! + +Y cuando no se oyeron ni los pasos ni la voz del tío, y el joven se vió +solo, frente al río que arrastraba sus aguas negras, en medio de la +obscuridad, con rumor siniestro, desprendió el chaleco, abrió la camisa, +y sobre la piel que despedía el dulce calor de la vida, colocó la boca +del arma, en el sitio en que sus dedos vacilantes, sintieron agitarse +más el corazón... Salió el tiro, la sangre tibia brotó mansamente y +Quilito experimentó un escozor vivísimo... pero la vida no quería soltar +su presa, porque él veía, pensaba, sentía aún. + +--¡Ah! vida infame--murmuró con un quejido de dolor,--¡cuánto me +cuestas! ¡déjame, no quiero nada de ti, te desprecio! la mano me ha +temblado, ¡qué cobarde soy! + +A tientas y a gatas, perdiendo sangre, buscó el revólver, caído en la +maleza, lo cogió de nuevo, y se disparó otro tiro, en la sien esta +vez... Cayó de espaldas, los brazos en cruz y quedó inmóvil; del +horrible agujero de la frente, el hilo de sangre corría, manchando sus +cabellos rubios, y en el pecho, el líquido rojo se coagulaba sobre la +blanca camisa. Y la vida huyó de aquel cuerpo, arrojada por el espíritu +obcecado, que decía no querer nada de ella, porque él no la había +llamado... + +Ya las zancadas y los gritos de Agapo se oían de nuevo. + +--¡Quilito! ¡Quilito! + +Dos hombres venían con él. Y todos tres buscaban, olfateando como +lebreles, más cerca, más lejos, se iban y volvían, hasta que el pie del +filósofo dió con el cuerpo del suicida. + +--¡Ajo! ¡una luz aquí! ¡pronto, pronto! + +Encendida la cerilla, Agapo la acercó y retrocedió, dando un alarido de +espanto: ahí estaba el desgraciado niño, los ojos azules aun +abiertos... + +--¡Dios mío! la culpa es mía, por haberle dejado solo... ¡no me lo +perdonaré! ¿quién lleva ahora esta noticia a la familia? iré yo. +Quedarse aquí vosotros, hasta que la policía venga; avisaré. ¡Qué +desgracia, ajo, qué desgracia! + +Desapareció y el cuerpo de Quilito quedó allí, frente al río, que +murmuraba su letanía indiferente, y entre los dos desconocidos, que +fumaban, en silencio... + +* * * + +En esta misma fatal noche de San Juan, míster Robert, a la espera de su +tranvía, después de cerrar el escritorio por última vez, paseaba por la +acera de la Catedral. Vencido en la lucha con el agio, había salido +destrozado del combate, sin fe y sin esperanza, sin fuerzas ya para +mantener el peso de su honradez sobre los hombros. ¡Ah! si era una carga +inútil, ¿por qué no arrojarla a la calle? La luz roja no venía, y míster +Robert siguió su camino y fué a pararse delante de la Bolsa. ¡Cosa rara! +míster Robert no bebía vino, y es probado, pero padecía de alucinaciones +sin duda; y tal como aquella vez creyó ver las extravagancias, de que se +ha hecho mención, ahora, al mirar el edificio con encono, observó, creyó +observar, mejor dicho, se le figuró, se le antojó que veía, en la +cornisa del frente, sobre la puerta principal, un gran caballo, de +piedra o de lo que fuera, con un hombrazo encima, de casco y espada +desenvainada, y la adarga caída entre las patas del animal... Y debajo +había dos letreros, que era lástima no pudiera leer, como míster Robert, +el desgraciado joven rubio, de ojos azules, que en aquel momento, +tendido sobre sucias angarillas, atravesaba sin vida los umbrales de una +casa de la calle Moreno. + +Decía el uno: Que tu caballo de combate sea el trabajo y tu espada la +perseverancia; mas, si quieres vencer en la contienda, no dejes caer a +tierra el escudo de la prudencia. + +Y el otro: La mejor lotería es el ahorro, no el que amontona por vicio, +sino el que guarda por previsión. + + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Quilito, by Carlos Maria Ocanto + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK QUILITO *** + +***** This file should be named 23035-8.txt or 23035-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/3/0/3/23035/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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