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+The Project Gutenberg EBook of Quilito, by Carlos Maria Ocanto
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Quilito
+
+Author: Carlos Maria Ocanto
+
+Release Date: October 14, 2007 [EBook #23035]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK QUILITO ***
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+BIBLIOTECA de LA NACIÓN
+
+CARLOS M.ª OCANTOS
+
+QUILITO
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+BUENOS AIRES 1913
+
+Derechos reservados.
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
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+QUILITO
+
+I
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+
+Pampa se había quedado dormida, acurrucada en el umbral. Envuelta su
+monstruosa cabeza en el refajo de bayeta amarilla, que había levantado
+por detrás al sentarse; un pie montado sobre el otro, como para
+prestarse mutuo calor, calzados ambos en gruesos zapatos claveteados;
+las manos debajo del delantal blanco, dormía sobre la dura piedra, como
+sobre un cómodo colchón de muelles. ¡Pobre Pampa! Cansada del fregoteo
+de platos, del bruñido de cuchillos y del lavado de vasos, de traer y
+llevar, de bajar y subir, de salir y de entrar, había obtenido la
+promesa de acompañar a la señora a una visita de intimidad aquel día, lo
+que le serviría de pretexto, para ver las calles y quizá la plaza de la
+Victoria; pues con ser 25 de Mayo, fiesta patria, había _Tedéum_, rifa,
+parada militar y qué sé yo. Soñaba la india en las lindas cosas que
+vería: tanta bandera; tanta gente endomingada; los niños, con traje de
+terciopelo, muy orondos, agarrotados los dedos por los guantes; las
+niñas, de blanco, unas con banda azul y otras no; las personas que se
+agolpaban a las ventanas del Cabildo, donde el transeunte es asaltado
+por una, dos o tres señoritas, que le meten por las narices, como si
+dieran a oler una pastilla, la cedulita de la rifa, y le marean y le
+cercan, y le siguen y le persiguen, repitiendo:
+
+--¡Caballero! ¿una cedulita? ¿una cedulita, caballero?--como muletilla
+de mendigo.
+
+Detrás de la reja, majestuosa y cómodamente sentadas, dos matronas, tan
+gordas, que casi no caben las dos de frente, con las costas repletas de
+papelillos en la falda, despachan su mercancía, echando de vez en cuando
+por aquella boca un _¡Caballero!_ que más parece un bostezo, que un
+llamado. Luego, los vendedores de naranjas, de silbatos y de globos; la
+corriente humana que no cesa de circular, engrosada por los torrentes
+que cada bocacalle vomita sobre la plaza; los soldados, tan marciales,
+en fila, los ojos sobre el jefe, que recorre la línea a caballo, dejando
+ondear al viento su penacho azul y blanco; las músicas, que tocan; el
+cañón, que truena; los cohetes, que estallan; las campanas, que vibran,
+y por último, el Presidente, que pasa, a pie, camino de la Catedral, en
+medio de los acordes graves y solemnes del himno nacional, precedido,
+rodeado y seguido de brillante cortejo.
+
+Pampa hacía sonar, con fruición, en el bolsillo de su vestido de lana
+nuevo, los centavos que le diera el _patrón_ para la rifa, cuando
+alguien la llamó.
+
+--¡Pampa! que tienes que lavar las medias del niño, y traer azúcar del
+almacén y limpiar el espejo de la sala, que está perdido de moscas.
+
+Y vuelta al trajín, sin una queja, encerrada en su mutismo de salvaje,
+no desbastada aún. Y las medias quedaron lavadas, y se trajo el azúcar y
+se limpió el espejo; pero, entonces, faltaron fósforos y hubo que poner
+un remiendo.
+
+En el patio de la cocina, el último de la casa, tan frío que la humedad
+trazaba verdosos arabescos en la pared sin cal, trabajaba la chica
+febrilmente. Un apetitoso olor de guisado salía de la cocina abierta,
+donde una genovesa cerril movía espátulas y zarandeaba cacerolas,
+envuelta en el humo espeso del asado, que chirriaba sobre las parrillas;
+en las habitaciones altas, las del niño, se oía el chasquido del
+cepillo.
+
+--¡Pampa!--chilló allá arriba una voz atiplada.
+
+Y como la muchacha tardara en contestar, el cepillo salió disparado de
+las alturas y, rebotando contra los peldaños de la escalera, vino a caer
+en medio del patio.
+
+--¡Voy, niño, voy!--- dijo la india sin asustarse, como acostumbrada a
+aquella singular forma de llamamiento.
+
+--A ver si te mueves, ¡china salvaje!--chilló de nuevo la voz atiplada.
+
+Y cayó otro proyectil, un frasco vacío, que explotó como una bomba. La
+muchacha echó a correr escalera arriba, a tiempo que salía del comedor
+misia Casilda, con su cara de muñeca sin expresión, tan rosada y
+lustrosa que de porcelana parecía, y el pelo partido al medio y recogido
+detrás de las orejas, ennegrecido y pegado a la frente por el cosmético.
+
+--¿Qué hay? ¿qué escándalo es éste? La cocinera se mostró en la puerta
+de su santuario, limpiando sus manazas en el sucio delantal.
+
+--¡Pues el niño, señora!--dijo en su jerga endiablada.
+
+Ya la india bajaba la escalera, con un cubo en la mano. Naturalmente,
+¿quién había de ser sino ella? Siempre que el niño llama, ha de
+incomodársele. En concluyendo de servirle, a poner la mesa, que ya es
+tarde, y la salida queda para otro día.
+
+Está bien; ¡ya no saldría Pampa! Entró en el comedor, sin chistar, y
+puso la mesa con el orden y simetría de siempre: en la cabecera, el
+cubierto de don Pablo Aquiles; en el lado de la derecha, el de misia
+Casilda, y a la izquierda, el del niño; luego, los vasos, el pan, la
+servilleta... nada olvidaba, y si, por acaso, cometía una torpeza, allí
+estaba la muñeca de porcelana, vigilante en el sofá. Entretanto, había
+obscurecido ya; se encendió luz, y el comedor apareció tan pobre, tan
+frío y desmantelado, que más hubiera valido no encenderla: la calva de
+don Pablo Aquiles, sentado delante de la apagada chimenea, resplandeció
+como bruñida patena, y las frutas, aves y peces de los cromos que
+adornaban las paredes, se animaron con la crudeza de sus colorines. Daba
+la chica la última mano a su tarea, cuando sonó, de nuevo, la voz
+atiplada en las alturas.
+
+--¡Voy, niño, voy!--repitió maquinalmente Pampa.
+
+Y escabullóse del comedor y subió a saltos la escalera del patinillo y
+volvió a bajar y a subir con los zapatos del niño y la ropa del niño y
+la camisa del niño... El cielo estaba obscuro y a intervalos los cohetes
+estallaban con alegre estampido, trazando en el espacio un reguero de
+fuego y deshaciéndose en fantástica lluvia de colores.
+
+Pampa salió a la puerta de la calle y se sentó en el umbral. ¿La
+dejarían tranquila, ahora? El niño acababa de vestirse, los señores
+charlaban en el comedor; la mesa estaba puesta; ya que no la plaza, ni
+las niñas de banda azul, ni las señoras de la rifa, ni tanto detalle
+curioso del animadísimo cuadro que ofrece aquel día de las fiestas
+patrias, vería los cohetes desde la puerta; y era mucho, si la dejaban.
+La casa era de estas bajas, trazada según el patrón antiguo, que la
+piqueta del progreso va ahuyentando del centro de la ciudad: una puerta
+y dos ventanas a la calle; el zaguán recto hasta el fondo, cortado por
+dos patios embaldosados y el comedor abriendo sus puertas sobre ambos; y
+a la derecha, cuatro o seis habitaciones en fila; plantas y aljibe en el
+primer patio, la escalerilla de las piezas altas en el segundo, cuyo
+maderamen pintado de verde se ve desde la calle. Las pinturas murales
+del zaguán; los figurones de las cornisas; el caprichoso enrejado de las
+ventanas; el alegre color del frente, ya azul, ya verde, ya rosa, en su
+nota más tenue y apagada, da un aire coquetón al conjunto, que se
+convierte en interesante y misterioso, si el transeunte es
+impresionable y ve, detrás del visillo alzado de la sala, dos ojos
+criollos, que ven sin mirar y hablan sin voz. Desgraciadamente, en esta
+casita de la calle de Moreno, en cuyo umbral se había sentado Pampa, no
+se veía tras los visillos más que la figura acartonada de misia Casilda,
+en las tardes de los días festivos... La calle, con ser central y la
+hora temprana, estaba desierta; el frío era crudísimo. Miraba al cielo
+la pequeña india, como en éxtasis; los cohetes subían tan alto, que
+parecía iban a agujerear la negra bóveda. El chico del almacén salió
+para un recado, y al pasar echó la zarpa a los pelos ásperos de la
+muchacha, verdadera diadema de cerda, y la obsequió con un tirón, a
+guisa de saludo.
+
+--¡Malo!--dijo ella.
+
+--¡India!--dijo él.
+
+Y se alejó, sacando la lengua. Al rato volvió.
+
+--¡India, Pampa, china fea!--dijo adelantando la zarpa de nuevo.
+
+Ella le pidió castañas; él la dió un puntapié. Y se marchó, soplándose
+los dedos: tanto frío hacía. La muchacha acabó por sentirlo: abrigóse
+como pudo, pegada a la pared, y cerró los ojos, para contemplar mejor
+las cosas lindas de la plaza: tanta bandera, tanta gente endomingada,
+los globos, la música y los cohetes... La fatiga del trabajo diario la
+venció y quedó dormida, en el umbral, dando al olvido el servicio de la
+mesa. Y como siempre que soñaba, veía a su madre, perdida, como sus
+hermanos, en la gran ciudad, la odiosa escena de la Boca se reprodujo
+con fidelidad pasmosa: el buque atracado al muelle; el muelle atestado
+de curiosos; sobre la cubierta el montón de indios sucios, desgreñados,
+hediondos, como piara de cerdos que se lleva al mercado, cohibidos y
+temblando, por lo que ven y lo que temen; las mujeres, cerca del marido;
+las madres, apretando a los hijos junto a los senos escuálidos y
+tratando de ocultar a los más grandes bajo sus andrajos... Y un
+militarote, que arrastra su sable con arrogancia, procede al reparto
+entre conocidos y recomendados, separando violentamente a la mujer del
+marido, al hermano de la hermana, y lo que es más monstruoso, más
+inhumano, más salvaje, al hijo de la madre. Todo en nombre de la
+civilización. Porque aquella turba miserable es el botín de la última
+batida en la frontera...
+
+Detrás de los cristales de la puerta del comedor, apareció una sombra:
+la señora Casilda escudriñaba en la obscuridad; pero estaba la chica tan
+arrebujada, tan perfectamente escondida dentro de su refajo y enroscada,
+por así decirlo, sobre el umbral, que era difícil distinguirla. La
+señora repiqueteó con los dedos sobre el cristal y Pampa dió un salto,
+despertada bruscamente por este llamamiento, que ella conocía bien.
+
+--¡Voy, niño, voy!--barbotó medio dormida.
+
+Ambos puños en los ojos, entró sin darse mayor prisa. ¡Vamos! no la
+dejarían tranquila nunca.
+
+En el comedor, don Pablo Aquiles ocupaba todavía el sillón y misia
+Casilda había vuelto a sentarse en el sofá, sus manos de cera
+extendidas sobre la falda negra; se esperaba al niño, a Quilito, que
+había subido a su cuarto y nunca acababa de bajar a comer. La cocinera
+asomó dos o tres veces su cara encendida.
+
+--Espere usted que el niño baje--decía la señora con su voz de flauta.
+
+Entretanto, don Pablo Aquiles volvía al tema que tanto le preocupaba: su
+inasistencia al _Tedéum_. ¿Cómo presentarse a la luz del día con un frac
+descolorido, deshilachado y remendado? ¿y la _galera_ color de
+cucaracha, con golpes de grasa atornasolados? ¿y el pantalón, con
+rodilleras y flequillo? ¿y las botas, con puertas y ventanas, para
+comodidad de los dedos y recreo del calcetín? ¡Siquiera fuese permitido
+ir a tales solemnidades en traje de paisano, con chaqué o chaqueta,
+pantalón a cuadros y sombrero hongo! Pero su traje de ceremonia estaba
+verdaderamente indecente, más gastado por el tiempo y la polilla, que de
+haberle llevado a cuestas; la chistera no sufría ya la plancha, porque
+había perdido el pelo y las botas estaban en manos del remendón de la
+esquina, por más que decía Quilito, y era peritísimo en la materia, que
+el becerro no sienta al frac y el charol, de no ser nuevo, no sirve para
+maldita la cosa. Y vaya un modesto empleado de ochenta pesos al mes, que
+tiene que sostener una familia, y dar carrera al hijo único, que, por
+tratarse con lo más granadito de la sociedad, está obligado a
+presentarse con decencia; vaya, digo, un empleadillo de éstos, a
+mandarse hacer un frac cada dos carnavales y a gastarse la asignación
+mensual para cigarrillos del niño en botas de charol, con que poder ir
+a cortejos oficiales. En el Ministerio, habíale recomendado el jefe que
+no faltara.
+
+--Vargas, que no deje usted de venir. Vargas, que ya sabe usted que a S.
+E. le complace que vengan todos los empleados.
+
+Prometió ir, pero no fué. No fué, porque no pudo; porque los ochenta
+pesos de su sueldo no le alcanzaban para comer, pagar la casa... y las
+cuentas de Quilito, la esperanza y el orgullo de la familia. ¿Qué le
+diría el jefe al día siguiente? Iba a entrar en la oficina sin hacer
+ruido, tratando de no llamar la atención, y sin chistar se sentaría en
+su despacho y trabajaría hasta las seis, sin levantar cabeza. Y si a la
+hora del te, en que pasan los negros con las bandejas repletas de tazas,
+venía el jefe, como de costumbre, a liar un cigarro y echar un párrafo,
+le daría cualquier excusa, porque él era hombre tan estricto en el
+cumplimiento de sus deberes, que consideraba falta grave haberle dicho
+que iría y no haber ido. Volviéndose a su hermana, más atenta a sus
+manos que a su discurso, exclamó:
+
+--¿Quién diría que un Vargas, Casilda...?
+
+No concluyó la frase, pero sobrada elocuencia tenía el movimiento
+melancólico de su cabeza. Cuando se ha tenido y ya no se tiene, el pan
+negro se hace más amargo y el blanco más deseado, y los Vargas lo habían
+comido sobre manteles de holanda...
+
+--Ese Quilito que no baja--dijo impaciente la tía.
+
+--Estará acicalándose para la función de gala--contestó don Pablo
+Aquiles,--ya que no ha podido ir su padre al _Tedéum_, que luzca el
+niño su frac nuevo en Colón.
+
+El día anterior lo había pagado, juntando algunos picos sobrantes de
+meses atrasados, retardando la cuenta del almacén y del carnicero y
+pellizcando en la caja del Ministerio, gracias a la complacencia del
+habilitado y correspondiente recibo por adelantado de sueldos. Porque
+Quilito, un Vargas, no podía andar vestido de cualquier manera, sino
+como correspondía a su origen, y a sus relaciones y a su porvenir. Que
+en la chimenea faltara leña y carne en el puchero; pero la camisa de
+Quilito, el sombrero de Quilito, las botas de Quilito y el traje de
+Quilito, habían de ser de la más irreprochable elegancia y novedad. Y no
+se sufragaban sus gastos de coche y palco, porque lo proporcionaban sus
+amigos, hijos de millonarios todos, y por ende, riquísimos. ¡Válgame
+Dios! pensar que Quilito fuera a apolillarse en una oficina, se
+embruteciera en una _estancia_ o se degradara en el comercio... ¡Un
+Vargas! El niño estudiaba leyes y sería abogado, y estamparía su título
+sobre plancha de bronce, en la puerta de calle, como muestra de
+sacamuelas. Y esto tenía que ser el punto de partida de sus brillantes
+destinos. Lo que no sabía el padre, ni lo sabía la tía, que le mimaba
+como no lo hubiera hecho su propia madre, es que el niño no parecía por
+la Facultad y seguía estudios menos académicos en aulas más favorecidas.
+
+Siempre que don Pablo Aquiles volvía de la oficina, éste era el tema
+favorito de conversación con su hermana; sentado al lado de la lumbre,
+cuando había leña, y mirando melancólicamente los pajarracos de la
+pantalla de chimenea, cuando ésta estaba apagada. Pero en esta noche del
+25 de Mayo, no era sólo su falta en el cortejo lo que le preocupaba:
+había tenido un encuentro aquel día, ¡y qué encuentro! en la calle
+Florida, en el sitio más frecuentado, cuando iba él más distraído;
+¡cataplúm! la gente esa, la familia de Esteven, frente a frente, a pie,
+en la misma acera; la mamá y las dos niñas, tan esponjadas y orgullosas,
+que rebosaban de la acera. Aquí misia Casilda dejó de mirar sus manos, y
+se puso pálida, muy pálida.
+
+--Y ¿qué hiciste?--preguntó ansiosa;--cruzarías la calle, sin mirarlas.
+
+--Me quedé plantado--contestó don Pablo Aquiles.
+
+La señora protestó. Siempre había de ser el mismo. Haberse hecho el
+indiferente, y seguir su camino, como si tal cosa, canturriando algo
+para darse aplomo; que, al fin y al cabo, quien debiera perderlo era
+ella, Gregoria, como mujer y casi cómplice del picaronazo de su marido.
+Pues ¡qué! no era la primera vez que ella se las había encontrado, no en
+la calle, frente a frente, sino en tiendas, lado a lado, viendo telas y
+regateando con el dependiente, como si no tuvieran lo poco suyo y lo
+mucho de los otros, total, una gran fortuna; y sin embargo, ella... tan
+tranquila. No tenía por qué ponerse colorada y a soberbia nadie le
+ganaba. Con esto, estaba misia Casilda tan agitada, que su cara de
+muñeca se había encendido, hasta el punto de hacer dudar de su aserto.
+
+--Pero, Casilda--dijo don Pablo Aquiles,--es nuestra hermana, ¿podremos
+negarlo?
+
+--Sí, lo niego; el parentesco no lo hace la sangre, sino el cariño, ¿qué
+quieres? yo soy así.
+
+¿No era cosa que clamaba al cielo que, mientras ellos comían los
+mendrugos de la miseria, él, atado al potro de una oficina, esclavo de
+un sueldo miserable y expuesto el día menos pensado a un puntapié del
+ministro; ella, lidiando con el trajín de la casa, sin más criados que
+aquella indiecita y la italiana, remendando ropa, punteando medias y
+hasta fregando cacerolas, si era menester; Quilito, ese pobre muchacho,
+obligado, muchas veces, a hacer mal papel entre sus amigos, él, que
+nació entre encajes; los Esteven, ladrones de su fortuna, se regalen y
+se den la gran vida con lo que no es de ellos, con lo que han robado,
+sí, señor, robado? Daba a esta palabra tal acentuación, que parecía un
+latigazo. ¡Y luego, pretender perdón y olvido! Bastante se había hecho
+con evitar el escándalo, no acudiendo a los tribunales, contentándose
+con romper toda relación. En cuanto a Gregoria (no quería llamarla
+Goyita, como antes, porque no lo merecía), había demostrado tener menos
+corazón y menos entrañas que el bribón de don Bernardino; porque éste no
+tenía en sus venas sangre de los Vargas, y por eso la chupaba sin
+remordimiento, pero ella era Vargas por los cuatro costados, y sin
+embargo, le ayudaba a chuparla. ¿Había nunca pronunciado una palabra de
+reconciliación? ¿No se había mantenido encastillada en su orgullo,
+fulminando con su insolente desprecio a sus hermanos despojados?
+
+Don Pablo Aquiles callaba, convencido de la verdad y justicia de
+aquellas lamentaciones. Y misia Casilda, tan bondadosa y tranquila
+siempre, _una malva_, según la expresión de sus amigos, honroso
+calificativo de que rara vez es merecedora una solterona, no podía
+estarse quieta, porque aquel tema de los Esteven la sacaba de sus
+casillas; movía los vasos, cambiaba los platos, con movimientos
+nerviosos, sin fijarse donde colocaba los objetos, hablando a
+borbotones. Seguro que aquella noche iban a Colón, como que tenían abono
+a palco bajo, con mucho relampaguco de piedras y mucho crujir de seda;
+entretanto, ellos comerían su _carbonadita_ en paz y gracia de Dios y se
+acostarían a la hora de las gallinas, para no gastar mucha luz, pues el
+gas está cada día más caro. Aquí, una copa se quejó tan dolorosamente
+entre los dedos de la señora, que cayó partida en dos sobre el mantel,
+detalle en que no paró mientes misia Casilda, tan sobreexcitada y fuera
+de sí estaba. ¡Si le parecía que fué ayer la muerte de Pilar; la venta
+de la casa paterna, calle de Méjico; la desaparición de muebles, alhajas
+y efectivo entre las manos de don Bernardino, el albacea de la
+testamentaría, el depositario de la confianza de los tres herederos!
+¡que fué ayer cuando quedaron casi sin techo, obligado él, don Pablo, a
+acudir a la influencia de los amigos, para calzar un empleíto, que
+ayudara a tirar adelante! que fué ayer cuando Esteven, con el luto
+todavía del suegro, se presentó en la casa, y después de mucho
+preámbulo y mucho carraspear, les mostró no sé qué papelotes y leyó no
+sé qué cuentas... total, que les entregó unos veinte mil pesos, la parte
+de la herencia que les correspondía; pues lo demás se había ido entre
+escribanos, abogados y papel sellado. Entretanto, los Esteven subían,
+subían y subían, como globo hinchado por el gas, y hoy era una casa en
+tal parte, y mañana dos y luego tres, coche, palco, caballos y mucho
+ruido y mucha bambolla. ¿De dónde salían estas misas? ¿Era de los
+negocitos del marido, de los _picholeos_ equívocos, de la jugarreta de
+Bolsa? A otro, que no cuela. En dos años que duró el arreglo de la
+testamentaría, por el incidente aquel del pretendido hijo natural, don
+Bernardino había encontrado medio de acapararlo todo, de devorarlo todo,
+insaciable, como lobo hambriento. ¡Diríase que hay un Dios para los
+pícaros! Y don Pablo Aquiles que escuchaba, en silencioso coloquio con
+las cigüeñas de la pantalla, cerró el capítulo de las lamentaciones de
+su hermana, exclamando sentenciosamente:
+
+--Lo que hay, Casilda, lo que hay, es que los pillos reciben su
+recompensa en este mundo y los buenos tienen que esperar al otro para
+alcanzarla, y según es ésta de problemática y aquélla de positiva, casi
+le vienen a uno ganas de encanallarse, ya que de los pillos es el reino
+de la tierra.
+
+Catalina, la genovesa, avisó una vez más que la comida se pasaba.
+
+--¿Y ese Quilito? ¿qué hace ese muchacho?
+
+--Iré yo a llamarle--dijo la señora.
+
+Salió y subió a las habitaciones altas, donde encontró al niño de la
+casa, a medio vestir todavía, plantado delante del armario de luna, a
+tirones con la corbata, que no conseguía poner a su gusto.
+
+--Pero, ¡Quilito!--dijo la señora en la puerta,--¿acabarás?
+
+--Entre usted, tiíta Silda, así me ayudará a atar la corbata.
+
+Era él delgaducho y endeble, rubito y anémico, los ojos azules, muy
+grandes y muy abiertos, ojos de tonto o de inocente, como angelote de
+retablo; estatura, menos que regular; señas particulares, ninguna... al
+parecer. El cuarto era una liorna: las prendas de vestir se veían
+desparramadas por el suelo y sobre los muebles; todos los cajones
+abiertos y el espejo del lavabo tan salpicado del agua de la palangana,
+que parecía sudar de fatiga; un ligero tabique dividía la habitación en
+dos: la primera hacía las veces de despacho o pieza de estudio, con una
+mesa en el centro, en que andaban revueltos los libros y los papeles,
+advirtiéndose más novelas que textos y más álbumes de fotografías que
+cuadernos de apuntes; y la segunda, alcoba y gabinete a un tiempo, con
+el techo muy bajo y las puertas muy estrechas; todo modesto, casi
+humilde, pero aseadísimo, como que la escoba y el plumero de Pampa
+hacían maravillas, bajo la inteligente dirección de misia Casilda.
+
+--Vamos a ver esa corbata--dijo la complaciente tía,--y acabemos de una
+vez, que tu padre espera.
+
+Y mientras anudaba los lazos a su gusto, con tal esmero que ponía en
+ello sus cinco sentidos, el joven, con la cabeza echada atrás para
+facilitar la operación, se impacientaba porque aquello concluía nunca.
+Al fin estuvo listo, se miró y se remiró; ahora el chaleco, luego, el
+frac...
+
+--¿Sabe usted, tía, que me ajusta un poco? ¡Qué sastres!
+
+Entretanto, la señora había quedado parada delante de un grabado puesto
+en la cabecera de la cama, en lugar de la imagen de San Pablo, que yacía
+descolgada irreverentemente de su clavo. Y había por qué quedarse
+parado, pues el tal cuadrito representaba una dama en traje tan
+primitivo, que no podía darse más, ¡qué horror!
+
+--Pero, ¡Quilito!--exclamó la tía escandalizada,--y aquí entra esa
+criatura y verá esta vergüenza.
+
+Y él, sin volverse, muy tranquilo:
+
+--Si es la Verdad, tía, o la Fuente, que no lo sé bien, ¿puede darse
+nada más natural?
+
+Indudablemente, en cuanto a natural, lo era, y aun sobraba.
+
+--¡Cómo estará Colón esta noche, tía!
+
+¿Por qué no iba ella a la cazuela? Mucho calor y mucha gente, pero una
+noche de las fiestas Mayas no debe desperdiciarse. El tenía una butaca,
+que le había regalado, ¿a qué no sabía quién? ¡Jacintito Esteven! Este
+nombre hizo en la tía el efecto de una picadura. Si ya sabía que andaba
+en grande con el chico de Esteven, pero ella no se lo perdonaba, porque
+no debía olvidar que aquella familia era enemiga de la suya y la
+causante de la triste situación en que se hallaban.
+
+--Pero, ¿qué culpa tiene Jacintito, tía Silda? Es un excelente muchacho,
+muy alegre y muy trabajador, a pesar de su fortuna; ¡ha puesto un
+escritorio de corretajes en la calle Piedad!
+
+Con la tía Goya era otra cosa; él no la saludaba, y en cuanto a don
+Bernardino, no hacía aún dos días le había tomado la acera, dispuesto a
+armar camorra. Bien sabía Jacinto que él no podía verles, a causa de los
+disgustos de familia, pero no por eso eran menos amigos; todas las
+tardes se reunían en el escritorio, y allí discutían si debían entrar o
+no en la jugada bursátil del día. Porque él jugaba en la Bolsa, sí,
+señor, convencido de que la carrera de abogado no le sacaría nunca de
+pobre, y de que, después de mucho romperse la cabeza, alcanzaría un
+título, que no sirve de otra cosa, que para adorno del apellido, y se
+vería obligado a mendigar un empleo, que no conseguiría sino a fuerza de
+hacer antesala a mucho tipo con influencia y sin educación, y de gastar
+saliva y paciencia. El tenía que ser rico, abrigaba el firme propósito
+de serlo y lo sería. Y del modo más fácil, sin matarse trabajando, ni
+vaciándose el cerebro; sin que sufran ni los brazos ni los sesos; juego
+a la alza, sube el oro, gano; juego a la baja, baja el oro, gano. Y se
+necesita ser muy torpe y muy desgraciado, para que suceda lo contrario.
+Si la suerte le favorecía, bueno; si no... se pegaba un tiro. Tan
+cierto, como ahora es de noche.
+
+Misia Casilda tomó a lo serio aquello y se asustó. ¡Vaya un bonito modo
+de pensar! Quién le metía a él en la Bolsa, sin experiencia y sin
+fondos, porque, sin duda, para comprar oro y comprar acciones, y jugar a
+la baja o a la alza, como él decía, se necesita tener con qué; lo mismo
+que en la ruleta de los garitos. El joven se rió.
+
+--Pues no, no se necesita, y ahí está la gracia. Se da orden al corredor
+de comprar tanto o cuanto, y una vez hecha la operación y llegado el día
+de liquidar, se deducen las ganancias o las pérdidas, y en caso de mala
+suerte se paga o no se paga.
+
+Perfectamente. Para pagar se necesita dinero y para no pagar, no tener
+vergüenza, y como ella sabía, que escaseaba tanto de lo uno, como le
+sobraba lo otro, pues no podía creerse otra cosa, le aconsejaba que se
+dejara de alzas y de bajas y se ocupara seriamente de sus estudios, que
+debían andar muy descuidados con aquella manía de la Bolsa, que le había
+entrado. Si no hay cosa mejor que ganarse el pan honradamente, por sus
+cabales, con tesón, sin impaciencias ni desfallecimientos, que así se va
+lejos, y de golpe y porrazo no puede hacerse nada bueno. Quilito volvió
+a reírse.
+
+--Mire usted, tía, no de otra manera se hacen fortunas en Buenos Aires;
+ahí tiene a fulano, a zutano y a mengano: ¿dónde se han hecho ricos?
+¿detrás de un mostrador? No, en la Bolsa. Ayer no poseían un centavo y
+hoy _se les saca el sombrero_. Yo quiero hacer como ellos y ser como
+ellos.
+
+Bien se veía que el tal Jacintito le había imbuído aquellas ideas; ¡si
+siendo Esteven no podía ser bueno! Quilito ensayaba el frac delante del
+espejo. ¡Cuán equivocada estaba! era excelente... y luego tan cariñoso
+con sus hermanas, y Susana y Angelita se lo merecían todo, francamente.
+¿No le parecía que los faldones no caían bien?
+
+--Lo que no cae bien--replicó con acritud misia Casilda,--es tanto
+elogio de osa gente en tu boca.
+
+--Convénzase usted, tía, que es porque no les conoce; los viejos serán
+todo lo que usted quiera, pero los hijos son diferentes.
+
+Susana y Angelita eran las muchachas más bonitas de Buenos Aires, sin
+exageración; en Palermo no se veía nada mejor. Luego, con una educación
+de primera, amables, sencillas... Siguió ensartando alabanzas, hasta que
+la señora se impacientó.
+
+--Mira, Quilito, que no seremos amigos, si no dejas ese tema; ya sabes
+cuánto me desagrada.
+
+--¡Oh! tiíta Silda... ¡pues no faltaba más!
+
+Estampó un beso sonoro en la lustrosa mejilla de la señora, acompañado
+de cariñosos palmoteos en la espalda.
+
+--Eres un loco, ¿cuándo sentarás el juicio?
+
+No le quitaba ojo, admirada de su aire desenvuelto y de lo bien que le
+caía el traje de etiqueta; la luz del gas le volvía más pálido y
+señalaba sus profundas ojeras, esa huella de las malas noches que no
+puede ocultarse. El, mientras hacía jugar el resorte del claque,
+ensayaba la petitoria de ordenanza, algo para llevar en el bolsillo, dos
+pesos siquiera, que le prometía devolver intactos; como después del
+teatro, es fuerza ir a tomar cualquier cosa al café y cuando llega el
+momento de pagar al mozo, es costumbre echar mano a la cartera,
+discutiendo con los amigos el mejor derecho a satisfacer el gasto, él,
+siempre que llegaba el caso, mostraba el billete sin soltarlo, mientras
+daba tiempo al vecino de saldar cuentas. ¡Qué papel iba a hacer aquella
+noche si no tenía dinero que mostrar! dos pesos siquiera... la tía era
+bastante rica, porque poseía su rentita de las cédulas hipotecarias y el
+alquiler de la casita aquella. ¡Buen alquiler te dé Dios! cien pesos,
+que el inquilino, un herrero con más hijos que días tiene el año, no le
+pagaba nunca, siempre llorando lástimas y pidiendo prórrogas. Sí, ¿pero
+las cédulas? eso es seguro.
+
+--Tiíta Silda, se los devolveré intactos.
+
+Así decía siempre, y luego venía con esto y con lo otro, pero con las
+manos vacías. ¿Qué había hecho de los veinte pesos de la semana
+anterior? Quilito, con la cara muy afligida, dijo que los había gastado
+en muchas cosas, en muchísimas cosas, en libros, por ejemplo... Bien
+está, le prestaría los dos pesos, pero con la condición que no había de
+tirarlos de mala manera. Y mientras el joven intentaba hacerla dar unas
+vueltas de vals, en señal de regocijo, ella le espetaba el sermoncito
+con que solía sazonar sus dádivas. Más seriedad y más contracción al
+estudio; la vida que llevaba, no era conveniente para un mocoso que no
+tenía pelo de barba; aquellas trasnochadas frecuentes, sobre todo,
+debían concluir, por su salud y por su nombre. Que no le viniera con
+dianas, que ella se sabía bien que a las tantas no se vuelve de la
+iglesia, y no pusiera en el duro trance a su padre de quitarle la llave
+de la puerta de calle que, por mal de sus pecados, había conseguido ella
+se le diera antes de cumplir los catorce años. Luego, ¡menos gastos! ¡si
+en aquella casa nunca se acababa de pagar sus cuentas! ¿se figuraba,
+acaso, que tenían algún tesoro escondido? Ni la rentita de las cédulas,
+ni el sueldo de don Pablo alcanzaban para cubrirlas. La situación de la
+familia no permitía aquellas ruinosas liberalidades, de que él abusaba;
+¿a dónde iban a parar por aquel camino? El joven dió un bostezo.
+
+--¿Tiene usted, tiíta, el dinero a mano?--preguntó.
+
+Y mientras la señora buscaba en el bolsillo, él largó las botaratadas
+con que siempre respondía a tales prédicas: si no había que apurarse por
+tan poca cosa, cuando él trabajaba por echar los cimientos de la fortuna
+de la familia, y lo conseguiría en un dos por tres, porque además de sus
+operaciones de Bolsa, tentaba al demonio de la lotería, comprando un
+numerito en cada jugada. Ya verían cuando entrara por aquellas puertas,
+con la gran noticia: ¡el número tantos, su número, con tantos miles de
+miles de premio! ¡o en tal venta de acciones, han resultado cuántos
+millones de ganancia! todo así, de la noche a la mañana. Hacerse rico de
+otro modo, no tiene gracia. Se desloma uno sobre el yunque, suda el
+quilo, gasta su juventud, y cuando la mano tiembla y el cuerpo no puede
+tenerse en pie, alcanza el fruto de su trabajo, ¿de qué le sirve
+entonces? ¡para pagarse el responso y hacer gozar a los demás! No se
+vería él en ese espejo. Mascar mientras haya dientes, porque a boca
+desportillada sabe mal el mejor bocado. Pronto iba a cumplir veinte
+años: pues antes, mucho antes de cumplirlos, sería rico o por lo menos
+estaría en vía de serlo. Y entonces...
+
+--¡No le digo a usted nada, tiíta, no le digo nada!
+
+La señora le oía y se reía. ¡Qué cabeza más destornillada! era un
+tarambana, y nunca haría cosa de provecho, si no tenía más juicio y no
+dejaba de lado aquellas ideas de fortunas improvisadas, que le quitaban
+el sueño. Dióle el billete de dos pesos, que sacó de su cartera de
+tafilete, a tiempo que don Pablo Aquiles golpeaba las manos en la puerta
+del comedor, impaciente. Tía y sobrino bajaron la escalerilla,
+encontrando en el patio a Pampa, que pasaba con la sopera humeante en
+las manos; ya don Pablo Aquiles se había sentado a la cabecera de la
+mesa y desdoblaba con calma la servilleta.
+
+--¿Qué es esto, caballerito? ¡cómo se hace usted esperar!
+
+Minia Casilda ocupó su asiento, mientras Quilito sacaba los guantes del
+bolsillo interior de su abrigo, arrojando de paso una mirada a la mal
+provista mesa: el mantel, remendado a trechos, no alcanzaba a cubrirla;
+la vajilla era de loza, tan maltratada, que el borde de los platos
+parecía haber estado expuesto a los mordiscos de hambrientos canes; los
+cubiertos, desdentados los tenedores y gastados los cuchillos.
+
+--Yo no como aquí--dijo el joven, enfundando las manos en sus guantes,
+como en el Café de París, con unos amigos.
+
+¡Muy bien! ¿y para eso había hecho esperar tanto tiempo? ¡Ir a comer
+fuera, cuando la tía se había esmerado tanto en la confección de
+aquellos hojaldres, que olían deliciosamente, recién saliditos del
+horno! Quilito dijo que tenía un compromiso anterior con los tales y los
+cuales, citando media docena de nombres del más legítimo _high-life_, y
+mientras sacaba con negligencia un grueso habano y se disponía a
+encenderlo, añadió, dirigiéndose a su padre:
+
+--Esta tarde encontré a tu jefe, el Subsecretario, y me preguntó si
+estabas enfermo; le dije que sí, ¿he hecho mal?
+
+--No, señor, perfectamente.
+
+¿De qué otro modo disculpar su falta? Ya se encontraría bueno al día
+siguiente, para preparar la mejor excusa. Tomó una fuente de manos de
+Pampa, y al colocarla sobre la mesa, insistió sobre aquello de los
+hojaldres:
+
+--¡Ea, anímate, muchacho! que esto vale más que tus trufas del Café de
+París.
+
+--Si él es muy francés--dijo la tía,--y desprecia estas cosas.
+
+Don Pablo Aquiles le miraba sonriendo y no se hartaba de contemplarle;
+¡qué buen mozo y qué elegante era! tenía los ojos de su madre, aquella
+Pilar tan amada, que tanto le había hecho sufrir, y también su genio, un
+polvorín de explosiones sin consecuencia. Entretanto, el joven había
+tomado pie del dicho de misia Casilda, para fundar sus teorías
+gastronómicas y anonadar con sus invectivas a la humilde cocina
+casera... mucha grasa, mucho aceite y ningún aparato; una fuente que se
+presenta en la mesa sin adorno, es como un comensal que se sienta en
+mangas de camisa. La señora empezó a toser, a causa del humo del
+cigarro; daban las siete.
+
+--Buenas noches--dijo Quilito.
+
+Y salió, haciendo resonar sus tacones sobre las losas del patio.
+
+--¡Que te diviertas!--gritó el padre.
+
+--¡Que no vuelvas tarde!--apuntó la tía.
+
+Concluyó tristemente la modesta comida; con el último bocado se
+levantaron y Pampa entró a quitar la mesa. Siempre sucedía lo mismo,
+cuando faltaba el niño; era él el alma, la luz, el calor y la alegría de
+la casa, y sabía con su picante charla entretener a los viejos, que
+babeaban, escuchándole; ¡qué de cosas refería, qué ideas las suyas y qué
+pico de oro aquél!
+
+--Casilda--dijo don Pablo Aquiles a su hermana,--voy a salir; cuidado
+con la reja del zaguán, y no dormirse hasta que yo vuelva, que no será
+tarde.
+
+Abrigado en su _ruso_, que llevaba más de seis inviernos encima, salió a
+dar su paseíto higiénico de costumbre; podía él perder la sobremesa, y
+aún la lectura de los diarios vespertinos, pero no su paseo de
+digestión, que ocupaba lugar preferente en su programa de cada día.
+
+Nadie hubiera dicho que era aquélla, noche de popular regocijo, en que
+se celebraba una fecha memorable, tales eran la soledad, la tristeza y
+el silencio de la calle. Verdad es que la casa de don Pablo Aquiles
+quedaba un poco al oeste y lejos, por lo tanto, del centro del
+bullicio, pero él pensaba lo que era en sus tiempos aquella fiesta: de
+día, _pruebas_, palo jabonado, rompe-cabezas en la Plaza de la Victoria,
+y fuegos artificiales, por la noche. ¿Qué digo en sus tiempos? hasta
+hace poco se cumplía idéntico programa. Pero, como si la ciudad se
+avergonzara de que el extranjero la vea celebrar sus solemnidades a la
+moda de aldea, aquellos populares festejos se han desterrado a los
+barrios extremos, y ha quedado la gran plaza solitaria y fría, en medio
+de los resplandores de sus luces de gas. Don Pablo Aquiles no estaba por
+estas innovaciones; pensaba en el entusiasmo que presidía entonces a las
+fiestas: en las pruebas, de día; en los fuegos, de noche, que servían de
+pretexto para animada tertulia, no de soldados y niñeras, _compadritos_
+y pilluelos, sino de damas principalísimas, que no tenían a menos
+descender de sus salones a la arena de la plaza. ¡Cuánta mirada de amor,
+cambiada entre dos volteretas del acróbata! ¡Cuánto pacto amoroso,
+sellado durante el colosal incendio de un castillo de colores! ¡Qué
+alegría entonces! los balcones ostentaban colgaduras y las ventanas
+ramos de olivo y de laurel; las músicas recorrían las calles, y el himno
+nacional resonaba en todas partes; dentro de su pecho, cantaba también
+el amor su himno y el nombre de Pilar aparecía asociado al de la patria
+en aquel día de tantas emociones. Después... los desengaños, la miseria,
+la vejez. ¿Qué mucho que le pareciera ahora, todo negro y todo triste?
+Pero él no lo atribuía al lente de su pesimismo, y se decía:
+
+--O ya no hay patriotas, o el cosmopolitismo va ahogándolo todo.
+
+Seguía su camino, apoyado en el bastón, mirando, con burlona sonrisa,
+los colgajos de las tiendas de carne y comestibles: las ramas de sauce
+de la puerta, los faroles de papel de la muestra y la vistosa exposición
+del escaparate; en las casas, muy pocas banderas se veían, pero conforme
+iba acercándose a las calles centrales, los establecimientos públicos y
+los comercios de lujo resplandecían de luces: en el borde de las
+cornisas, a lo largo de las columnas, en balcones y ventanas, ya en
+haces, ya sueltas, encerradas en bombas de cristal azul y blanco. Pero,
+la nota del entusiasmo popular no resonaba en parto alguna; el silencio
+y la falta de animación contrastaban con el alegre espectáculo de las
+iluminaciones. Hacía aquello el mismo efecto que un salón de baile,
+adornado y dispuesto para la fiesta, al que faltan los convidados. Con
+el estruendo de costumbre sobre el malísimo empedrado, pasaban muchos
+carruajes, cuyos cristales, empañados por el frío de la noche, dejaban
+apenas percibir la blanca forma de una dama de copete; y seguían los
+tranvías su trotar monótono, entretenido el conductor en regalar el oído
+de los viajeros con espantables sonatas de corneta.
+
+Al entrar don Pablo Aquiles en la plaza de la Victoria, quedóse un rato,
+embobado como un chiquillo, mirando las luces y las banderas. Y cátate
+que cuando más distraído estaba, deslumbrada la vista por los
+resplandores del Cabildo y de la Catedral, sintió a su espalda el
+galopar violento de soberbio tronco y al volverse, vió a Quilito, a su
+hijo, seguir, pegado a la pared, el carruaje que pasaba. ¿Quién diablos
+iba en aquel carruaje? Vióle don Pablo llegar a Colón, abrirse la
+portezuela y bajar dos niñas de blanco, que al punto no reconoció, y
+luego... misia Goya y don Bernardino Esteven, llevando detrás, como
+cosido a sus talones, al mismo, al mismísimo Quilito. ¿Era casualidad?
+¡Lo que le dió aquello que pensar! Volvióse mohino, con la boca amarga
+sin saber por qué, tan preocupado, que tropezaba en la acera con las
+bandadas de lindas muchachas, que se dirigían al teatro, ávidas de
+presenciar la función de gala. Echóse al medio de la calle, para caminar
+con más desembarazo.
+
+Cuando llegó a casa, Pampa dormía otra vez en el umbral de la puerta.
+
+
+
+
+II
+
+
+Todos le han conocido, de lejos o de cerca, de vista o de oídas. Don
+Aquiles Vargas, el primer Aquiles de la familia, padre de don Pablo y
+abuelo de Quilito, tuvo tienda muchos años en la que se llamó calle de
+Mendocinos, y en tiempos en que todo andaba revuelto y no se contaba
+segura la cabeza, supo hacer fortuna comerciando en géneros de las
+provincias. Era unitario puro, aunque llevaba el chaleco rojo de los
+federales, pues él decía que para andar entre lobos, es preciso
+disfrazarse de tal, y tan bien le salió la práctica de este consejo, que
+salvó piel y fortuna y vino a morir, ya anciano, en olor de millonario.
+Había casado muy joven con una niña de familia, sin belleza, sin
+voluntad y sin criterio propio, que veía por los ojos de su marido; tan
+tonta, sosa y descolorida, que era como cuerpo sin alma o lámpara sin
+aceite, precisamente el conjunto de cualidades que debía reunir una
+mujer, para poder desempeñar el pesadísimo cargo de esposa, ante Dios y
+los hombres, de don Aquiles Vargas. Porque don Aquiles Vargas, de suyo
+honradote y trabajador, de alegre carácter en corro de amigos y hasta
+galanteador de afición en sus horas perdidas, tenía un geniecito que no
+había quien le aguantara en la casa, y sólo una mujer de las condiciones
+apuntadas, sorda, muda y ciega, podía salir airosa de tan difícil
+cometido. Los que le han conocido, en la puerta del _registro_ de la
+calle Florida, arrellanado en ancho sillón de rejilla, con su chaleco
+floreado y sus zapatos de paño, echando piropos a las muchachas y
+llevando la batuta en aquel concierto de viejos babosos y apolillados,
+no se imaginarían que setentón tan decidor y risueño era una fiera en su
+casa. El había de reñir con todos, con la mujer, con los hijos y con los
+criados, con pretexto o sin pretexto, y en ocasiones con todos a la vez
+porque era hombre muy bien templado. Aunque unitario por simpatía, nunca
+se metió en dibujos políticos y pasó la mayor parte de su vida doblado
+sobre el trabajo, sin más distracciones que llevar el pendón de la
+cofradía, de que era protector, o las andas del santo, en la procesión
+del titular, porque era creyente de boca abierta, y chismorrear en el
+citado mentidero. ¡Quién le ha visto con el escapulario sobre el pecho,
+pequeñito y regordete, avanzar entre dos hileras de cirios, sudando bajo
+el peso del aparatoso estandarte, tan hinchado y satisfecho de su papel,
+que parecía creer que el incienso y las genuflexiones se ofrecían a su
+excelsa persona! Cuando murió su mujer, sin hacer cama ni gastos de
+botica, como vela que apaga invisible soplo, nada varió en la casa,
+porque la falta de aquella bienaventurada apenas se echó de ver: don
+Aquiles dió a las iglesias abundantes limosnas por misas y novenarios y
+las cosas siguieron su corriente acostumbrada.
+
+Don Aquiles vivía en la calle de Méjico, pues la antigua casa en que
+tuvo su tienda, fué vendida y derribada; y aunque alejado del comercio,
+metía baza en negocitos fáciles y sin peligro, pero sin caer en el
+pecado de la usura; él no tenía más defecto que su genio endemoniado y
+aquella manía de las cosas religiosas, que secaba su corazón y
+descarrilaba su buen sentido.
+
+En aquel caserón de la calle de Méjico, que más parecía dependencia de
+cuartel que habitación de familia, de techo de teja abohardillado y
+ventanas voladas de gruesos barrotes, vivió, pues, muchos años el viejo
+don Aquiles, con sus tres hijos: Gregoria, la mayor; Pablo Aquiles, el
+varón, y Casilda, la menor, no la vida de paz del hogar, seguramente,
+porque allí se andaba de zarpa a la greña todos los días de la semana, a
+causa de la mala educación de los hijos y el carácter atrabiliario del
+padre. Este era duro, inflexible y tiránico, más bien juez de su hogar,
+que padre de su familia; de aquellos que no inspiran cariño y respeto,
+sino miedo y terror a los hijos; que usan el azoto, el encierro y el
+ayuno, como medios de represión. Cuando se presentaba en el espacioso
+comedor, a la hora de la cena, que es la hora de las expansiones, los
+hijos se ponían de pie; las mujeres, acoquinadas y silenciosas; el
+varón, nervioso y temblando, y eso que gastaba barbas; el padre hablaba
+cuando lo tenía por conveniente, y los hijos escuchaban y callaban; no
+había discusión de temas, ni intercambio de ideas; a una pregunta, una
+respuesta y otra vez el silencio. En una ocasión, Gregoria contestó de
+mal talante y el padre le arrojó un pan a la cara, bañándosela en
+sangre; el varón estuvo desterrado quince días de la casa, por igual
+delito. Sólo se reunían a la hora de la mesa y cuando él no salía a la
+calle no permitía el menor ruido, ni que tocaran el piano las niñas; las
+ventanas debían estar siempre cerradas y la puerta no se abría, sino a
+muy contadas personas. Ni visitas, ni teatros; muy pocos paseos; ningún
+vino en las comidas y ayuno todos los viernes y demás días de
+abstinencia. Con la edad y los achaques, se volvió tan santurrón, que
+oía misa a diario, obligando a acompañarle a los tres hijos, Pablo
+Aquiles el primero, con el libraco de horas, en la mano. No entraban en
+la casa sino sotanas; y de tal manera la admisión de seglares estaba
+prohibida que, cuando Gregoria echó novio, no se sabe cómo, en medio de
+aquel cautiverio, aunque para esta clase de pesca las mujeres son muy
+duchas, se vió y se deseó para comunicar con él. Seamos francos: ni
+Gregoria, ni Pablo Aquiles tenían mejor carácter que el padre; Gregoria,
+sobre todo, a quien una simple contradicción producía una pataleta, en
+que se mordía los puños de rabia impotente; Pablo Aquiles desdeñaba el
+estudio, y sin talento ni aspiraciones, se había dedicado a la más
+cómoda de las carreras: la de heredero de ricacho; y si no de genio tan
+violento como su hermana, luchaban ambos, sin embargo, en encarnizado y
+fraternal combate, no dejando vaso que romper, ni porrazo que dar,
+cuando el padre no estaba delante. Allí la bondadosa, la tierna y la
+delicada era Casilda, y por esta sola circunstancia era ella el pavo de
+la boda; sobre su humilde cabeza descargaban el mal humor del padre y
+las iras de los hermanos. Era tan poquita cosa, que se ahogaba en un
+dedal de agua, pero reconcentrada, como todos los caracteres tímidos,
+era a la vez rencorosa y no perdonaba fácilmente ofensas que considerase
+injustas. Pero, con esto, tan paciente, tan sufrida, que nunca se la oyó
+una palabra de censura contra su padre. Ni Gregoria ni Casilda eran
+bellas; rubias cenicientas ambas, y de ojos que ni eran verdes ni
+azules, ni tenían color definido; eran de buen talle y de mejor andar,
+más graciosa Casilda que Gregoria y más elegante Gregoria que Casilda.
+Fuese cuestión de temperamento o de gusto, Casilda no anduvo nunca en
+noviazgos; para ella no había más hombre que su hermano Pablo Aquiles, a
+quien adoraba, y que sabía corresponder dignamente a aquel afecto; si
+con Gregoria andaba a brazo partido, con Casilda estaba a partir de un
+piñón. Los tres hermanos gemían bajo aquel sistema carcelario; Pablo
+Aquiles, que tenía ya veinticinco años, no salía de noche sin permiso, y
+estaba obligado, bajo las más severas penas, a regresar a casita a las
+diez: antes de acostarse, registraba el padre en camisón y palmatoria en
+mano las habitaciones de los hijos; una noche estaba vacío el lecho del
+varón... Esperóle en el zaguán; y cuando entró, casi le desnuca del
+garrotazo. Había que recurrir al ardid, a la mentira, y todos tres,
+hasta la bondadosa, la tierna y la delicada Casilda, engañaban al viejo
+a las mil maravillas. Se hartaban de carne en los días de abstinencia,
+después de haber comido en la mesa pescado y legumbres; salían de paseo,
+a visitas y a compras, a las horas en que don Aquiles estaba fuera,
+exponiéndose a ser pilladas infraganti... Pero las tretas de Pablo eran
+las que ofrecían más peligro: después de la ronda nocturna y de haber
+fingido estar entregado al más profundo sueño, levantábase con
+precaución, vestíase con prisa y saltando por la ventana al patio,
+escabullíase a la calle, para no volver hasta el alba.
+
+En lo que no valían tretas ni engañifas, era en lo de sacarle dinero al
+viejo; los domingos, después de misa, daba a cada uno de los hijos un
+billetito de cinco pesos, de los pesos de entonces, y hasta el domingo
+siguiente. ¡Atreverse a pedir más! ¿quién lo intentaba? Aunque ello sea
+en desdoro de Pablo Aquiles, diré que una vez pretendió meter mano en la
+gaveta del padre, pero la terca cerradura no se dejó violentar y aquí
+paró la tentativa. ¡Y qué hacer, cuando se tiene veinticinco años, la
+cabeza llena de ilusiones, el corazón de deseos y los bolsillos vacíos!
+
+Figuraba en la no muy numerosa servidumbre de la casa, con el título,
+las atribuciones y preeminencias de ama de gobierno, una mujer ya
+cuarentona, hija de antigua criada de la familia, de esas criadas de
+antaño que nacían, vivían y morían a la sombra, protectora de sus
+_patrones_, la cual mantenía a su lado un niño, que el maligno rumor
+público susurraba ser obra y gracia de don Aquiles. Era feo el muchacho
+y antipático, por su facha y y por sus hechos; tenía vara alta y
+enredaba con todos, siendo el único que escapaba a las granizadas
+cotidianas del amo. Mientras vivió la mujer de don Aquiles, no se vió
+semejante mostrenco en la casa, pero así que aquella buena alma se
+marchó para no volver, por la misma puerta que ella salía, entró el
+chiquillo aquel, tan orondo y campante, como quien pisa país
+conquistado. Y desde aquel día, para él fueron las golosinas, los
+regalitos de imágenes y medallas y las caricias que el viejo santurrón
+escatimaba a sus hijos. ¡Lo que se dijo en el barrio, se repitió, se
+inventó y se propaló a los cuatro vientos! Ni Pablo Aquiles ni las niñas
+sabían nada, y si Pablo Aquiles lo había oído, no lo creía, más por
+repugnancia de semejante parentesco, que por falta de convicción o sobra
+de dudas; pero, como de casi todas las baraúndas domésticas era el niño
+el principal causante, por ser correo de chismes y tejedor de embustes,
+cuando el viejo estaba en la calle y la cara aceitunada de Pepa, la
+madre, no estaba delante, entre Pablo y Gregoria y Gregoria y Casilda le
+daban tal vuelta de azotes y rociada de moquetes, que quedaba el chico
+hecho un _ecce homo_, sin temor a las reclamaciones y reconvenciones
+posteriores. ¡Cosa rara! la madre, en estas circunstancias y en otras y
+en todas, no olvidaba su papel de mujer reposada, que todo lo tiene
+previsto y resuelto; cuidadosa de no ponerse mal con _los niños_,
+evitando todo choque con habilidad estudiada, acudía a calmar al
+inocente con un par de sonoras palmadas, que daban fin al asunto,
+aunque no al llanto de la víctima. Y era por la noche, según los dichos
+de cocina adentro, que elevaba Pepa hasta su señor sus quejas y obtenía
+el desagravio de las ofensas hechas, que se traducía al día siguiente en
+tempestad tan violenta, que parecía desplomarse la casa.
+
+Aparte estos frecuentes nublados, la favorita no intervenía más que en
+los quehaceres de su cargo, sin despegarse de las niñas, a quienes
+acompañaba a la iglesia, tan melosa y solícita, que ellas no podían
+sufrirla. Los sucesos posteriores vinieron a desmentir este aserto, pero
+era entonces voz corriente entre la servidumbre, que esta mujer había
+logrado para sí y su hijo un lugarcito ventajoso en el testamento de don
+Aquiles y a guardar el puesto conquistado tendían todas sus artimañas.
+
+Se ha dicho que Gregoria tenía novio. Cómo tuvo lugar aquella pesca
+milagrosa no se sabe; sin duda, el pretendiente, que era pobre, olfateó
+la herencia en un día de vagancia, como los perros hambrientos que
+huelen la carne de lejos, y se plantó en la esquina y rondó la casa e
+hizo todas las tonterías que en semejantes casos se hacen, pero no entró
+en la fortaleza, porque estaba bien guardada. Era Bernardino Esteven
+tenedor de libros, de familia obscura y sin más beneficio que su
+mezquino sueldo; de facha vulgar, pero listo y truhán, supo colarse en
+el corazón de Gregoria, por más que la tarea no fuese difícil, pues la
+pobre estaba tan harta de aquella vida de ayunos, sermones, gritos,
+cerrojos y amenazas, que al sacristán de la parroquia diera oídas, con
+tal de salir de su purgatorio. Y acá hace nuevamente su aparición el
+condenado hijo de la Pepa; ¡ay de la carta que caía en sus manos!
+Fisgoneaba en los pasillos y acudía a la esquina a espiar la llegada de
+Bernardino, vigilando que Gregoria no entreabriera la ventana de la
+sala. ¡Qué sustos pasaron ambos, qué sinsabores, y cuántas veces
+contempló de lejos el pretendiente la cara acongojada de su prometida,
+víctima de paternal corrección la víspera!
+
+¡Lo que pueden el amor y el hambre, cuando van aparejados! Cansado de
+suspirar a la luna y de pasear su chaqué avellana por el barrio,
+ocurriósele a Bernardino robar a la muchacha, expediente muy socorrido
+en la vida y en el teatro. Los que han conocido, después al fastuoso
+Esteven, tan formalote y estirado, de una gravedad de campana mayor que
+toca a muerto, creerán que es pura invención y fantasía esta aventura de
+sus mocedades; pero no es así, sino verdad incontestable, que el señor
+Esteven tuvo sus veinte años, y sufrió las agonías del amor y los
+dolores del hambre, como cualquier mortal, y arrastrado e impulsado por
+estas dos invencibles fuerzas, quiso apoderarse por la violencia, y se
+apoderó, en efecto, de lo que de grado se le negaba. ¿Cómo? Aunque
+parezca mentira, Bernardino tenía su casa entonces, es decir, dormía
+bajo techado, y una hermana, muy mona, que se llamaba Pilar y cosía para
+fuera; ésta, que sabía los quebraderos de cabeza del joven, no cesaba de
+decirle:
+
+--¡Mira, Bernardino, no eres hombre, si no te casas con la de Vargas!
+
+Aguijoneado su amor propio por la frasecita ésta, y no hallando otra
+salida, se le metió en la cabeza aquello del rapto: una carta, un coche
+en la esquina, y andando; su casa sería el asilo, su hermana la
+guardadora y aquí paz y después gloria. Ante razones de tal calibre,
+tenía el viejo que ceder o reventar.
+
+La carta llegó sin contratiempo a poder de Gregoria, que se pasmó de tal
+proyecto, quedando aturdida y sin saber qué hacer; vinieron a las manos
+su pudor y su cariño, el deber filial y su conciencia, y en esta lucha y
+en este sobresalto estaba, cuando llegó la hora de sentarse a la mesa.
+Anochecía. Don Aquiles había entrado de la calle tan regañón, que todos
+andaban con alas en los pies, huyendo el bulto; al ocupar el sillón de
+cabecera, notaron los hijos, con terror, que había nubarrones en el
+horizonte, y metieron los ojos en el plato, abriendo el paraguas de la
+resignación. La tempestad empezaba por movimientos violentos en la
+silla, paseo de dedos crispados por el mantel o por la calva,
+resoplidos, palmadas en el borde de la mesa... Algunas veces, se
+agregaba a estos síntomas, el retintín del tenedor sobre el plato o el
+baile de la copa, a la que hacía dar vueltas su mano de perlático... El
+criado servía, los hijos comían, o lo aparentaban, sin hablar, y el
+viejo, en tanto, rechazaba su ración, contentándose con la corajina que
+le andaba por el cuerpo y debía servirle de alimento. De repente, sonaba
+un trueno y caía el chaparrón, es decir, daba el padre un puñetazo y
+rompía a hablar, en períodos entrecortados... Aquella noche, le tocó el
+turno a la infeliz Gregoria, a quien llamó desvergonzada, terca y mala
+hija, comparándola a las _mucamas_ de barrio, que pelan la pava por la
+ventana con el novio descamisado o hacen señas a los mayorales del
+tranvía; mientras la cosa no pasó de aquí, Gregoria se estuvo quieta,
+devorando su rabia y una pierna de gallina en pepitoria, pero cuando oyó
+el nombre de Bernardino y vió que le ponía patas arriba, con cruel y no
+merecido ensañamiento, sin temor a los rayos paternales protestó con
+energía, y dijo, o quiso decir, porque no se le entendía, tal era su
+soberbia, que no y que mil veces no, que aquello era una gran mentira y
+una infamia (esta palabra la largó bien clara) lo que se decía. Gran
+confusión. Levantóse el padre, con los puños cerrados, se interpuso
+Pablo Aquiles, muy pálido, y Casilda, llorando; pero Gregoria, ya sin
+freno, se desbocó, vociferando que cansada de aquella vida, se marchaba
+lejos y no la volverían a ver más, nunca, nunca. Dió una manotada al
+vaso que tenía delante y salió del comedor, ciega, fué a su cuarto, se
+envolvió en un mantón y se plantó en la calle. En aquel momento, se
+acordó de su madre. ¡Su madre! ¿la había tenido ella acaso? Este poder
+moderador entre la indisciplina de los hijos y la absoluta autoridad del
+padre, no se hizo sentir nunca en vida de aquella buena mujer, víctima
+ella misma y culpable inconsciente de las desventuras de la familia. En
+la esquina había un coche y alguien dentro que la esperaba. Se cerró la
+portezuela, y andando, coma había dicho Bernardino.
+
+Cuando el viejo se enteró de la escapatoria de su hija, tuvo un acceso
+de coraje tal, que todos en la casa creyeron llegada su última hora,
+pero pasado el ciclón de gritos y juramentos y la granizada de moquetes
+que descargó a ciegas y que alcanzó hasta al mismo chico de la Pepa, se
+calmó, aparentemente por lo menos, y ni volvió a hablar ni hizo cosa
+alguna que con el asunto se refiriese. Siguió su vida de siempre, y se
+apartó más que nunca del trato de sus hijos, dándose por completo a la
+visita de iglesias y sacristías, exacerbado su furor religioso con
+aquella desgracia, que parecía no haber rozado siquiera su corazón de
+granito. Pablo no se atrevía a chistar y la pobre Casilda no tenía ya
+ojos para llorar a su hermana.
+
+Así las cosas, dió don Aquiles el gran batacazo, cuando menos se
+esperaba. No sé qué dimes y diretes tuvo aquella mañana con Pepa, pues
+se oyó el vocear de ambos en el despacho, y hasta lloriqueos y aún
+porrazos sobre los muebles, signos evidentes de violenta disputa; luego
+salió la mujer muy agitada, con los pelos desordenados y echando chispas
+por los ojos, y alguien que la encontró al paso, la oyó decir:
+
+--¡No quiere, no quiere! pues veremos si la ley le obliga.
+
+En esto, se oyó un gran ruido en el despacho, acudieron todos los que en
+la casa estaban y hallaron desplomado, junto al sofá, a don Aquiles, con
+los ojos torcidos y la boca contraída, barbotando palabras sin sentido.
+Mientras le trasladaban a su alcoba y se iba a buscar el médico, llegó
+Pablo de la calle, y enterado del suceso, convino con la desolada
+Casilda en que era urgente avisar a Gregoria.
+
+Pablo sabía el escondite de Gregoria; fué, pues, a golpear a la puerta
+de Esteven. Recibióle la muchacha llorando, arrepentida sin duda de su
+calaverada, pues vistas ya las patas de la sota, no la quedaba ilusión
+que la sirviera de disculpa; y mientras el galán hacía protestas de que
+él no era el responsable de aquel desaguisado, sino el propio señor
+Vargas por su maldita terquedad, estando dispuesto a reparar lo hecho
+del mejor modo posible, Pablo miraba la pieza, que le pareció muy pobre
+y hasta desaseada, y a Pilar, sentada delante de la máquina, absorta en
+su tarea de desenredar el hilo de un carrete, la que encontró muy bonita
+y muy de su gusto. Otro en su lugar se las hubiera liado con el
+seductor, pero él, que disculpaba la escapatoria por razones que se
+sabía, creía que demasiado duramente la había condenado, desoyendo los
+ruegos de Gregoria, que en varias cartas le había pedido fuera a verla.
+Limitóse, pues, a dar la referencia de la desgracia. Ella, muerta de
+pena y de vergüenza, preguntó entre sollozos:
+
+--¿Me recibirá si voy, Pablo?
+
+--No conoce a nadie y nada debes temer.
+
+Gregoria, sumisa, se cubrió con su mantón. Cuando los dos hermanos
+salieron, volvióse Esteven a la joven, que cosía indiferente, y con una
+sonrisa burlona, exclamó:
+
+--¡Bien lo dije yo, que tenía que ceder o reventar!
+
+Pablo y Gregoria llegaron silenciosos a la casa paterna, que entonces
+más que en ocasión alguna, parecía convento de cartujos; y empujando la
+puerta entornada, atravesaron el zaguán y el patio desiertos, donde
+algunas plantas amarilleaban ya bajo el cielo nublado de otoño, y
+entraron en la alcoba de don Aquiles. Al punto nada vieron, sino la
+llama temblorosa de una lamparilla; luego aparecieron, como esfumadas,
+las figuras principales del cuadro: un franciscano, rezando bajo
+descomunal y tétrico crucifijo; en un rincón, la Pepa, silenciosa como
+una esfinge; a la cabecera del lecho, Casilda... Sobre la blancura de
+las almohadas, destacábase la cara lívida del muerto, con los ojos
+todavía abiertos, vueltos del lado de la puerta, por donde acababa de
+aparecer Gregoria; esta mirada de ultratumba, figurósele a la triste
+arrepentida señal de eterno y enconado reproche, y sacudida por temblor
+convulsivo, se precipitó en el cuarto y fué a prosternarse delante del
+padre que había ofendido, derramando sinceras lágrimas. Pero él ya no la
+veía, como si hubiera de ser sordo siempre a toda compasión.
+
+Al día siguiente, avisados los amigos y parientes cercanos, hubo en la
+casa numeroso desfile de sotanas y sayales, que iban olfateando alguna
+manda del testamento, y de levitas de entierro y caras compungidas
+hechas de encargo; en las habitaciones interiores, cerrada toda ventana,
+en una obscuridad de catacumba, andaban a tropezones las sombras de las
+mujeres enlutadas, en busca del sitio donde pudieran estar las
+doloridas, para darles el largo apretón de manos y besos de rúbrica, con
+la frase dicha entre mal ensayados suspiros:
+
+--¡Ay, Goyita! ¡qué desgracia! esto ha sido un escopetazo. Cuénteme
+usted, Casildita, cómo ha pasado esto. En fin, no hay más que
+conformarse.
+
+Gregoria y Casilda en un rincón, rodeadas de media docena de inmóviles
+fantasmas, contestaban a cada saludo con una nueva explosión de
+sollozos, y a esto se seguía un tan furioso sonar de narices del
+concurso, que no parecía sino que estaban todas acatarradas. En el
+comedor, entretanto, se tomaba chocolate con bollos, y un grupo discutía
+política en la puerta de la sala, donde el muerto se estaba quietecito
+en la caja, rodeado de blandones. Dos señoras salían, con los ojos muy
+colorados de tanto restregarlos con el pañuelo, y decía la una a la
+otra, al llegar al zaguán:
+
+--_¿Sabés_ la noticia que me han dado? que Goyita se escapó la semana
+pasada con un dependiente de almacén, y ésta es la causa de la apoplejía
+del padre.
+
+--¿De veras, _ché_? pues, la cosa no era para menos.
+
+Cuando Pablo Aquiles volvió del cementerio, se encerró en el despacho de
+su padre; la idea de que hubiera hecho testamento le preocupaba. Buscó y
+rebuscó sin encontrar nada; nada había tampoco en el armario de caoba,
+que registró luego, tapándose las narices a causa del olor desagradable
+de ácido fénico, que saturaba la atmósfera del cuarto mortuorio. Volvió
+al despacho, para seguir buscando, y en la puerta tropezó con la Pepa,
+enlutada, llevando al chico de la mano.
+
+--No, no busque usted--dijo ella,--si no ha querido hacerlo.
+
+Y prorrumpió en lamentaciones sin fin, diciendo que el difunto no había
+cumplido con sus promesas ni con su deber; que ella no ambicionaba nada
+para sí, sino pedía lo que de derecho correspondía a aquel inocente, que
+ninguna culpa tenía de su triste origen. Atónito Pablo Aquiles, no sabía
+qué responder, temeroso de que sus hermanas se enterasen del escándalo;
+tuvo, sin embargo, un asomo de energía, cosa rara en él, y dijo a la
+mujer que se _mandara mudar_ de prisita y en silencio.
+
+Lívida, ella chilló:
+
+--¿Irme yo? ¡pues no faltaba más! si el mismo derecho de estar en la
+casa que usted lo tiene mi niño, como que lleva su sangre.
+
+--¡Cállese usted!--dijo Pablo Aquiles, ahogado y descompuesto.
+
+--Que no y que no; he de gritar y me han de oír los sordos, me quiere
+usted echar a la calle, ¿eh? pues lo veremos.
+
+Se sentó en el umbral de la puerta que caía al patio, como quien ocupa
+cómoda tribuna para hacerse oír de los vecinos; a sus voces se unió el
+llanto del niño, y ante tamaña algarada acudieron Gregoria y Casilda,
+sorprendidas. Verlas la Pepa y descargar su boca cuanta palabrota y
+desvergüenza llevaba almacenadas, fué instantáneo; hecha una fiera, las
+guedejas caídas sobro los ojos, increpaba a todos con el puño cerrado,
+maldiciendo del difunto, a quien condenaba a los fuegos del infierno.
+
+--No le han de valer rezos ni responsos--vociferaba, ¡miren el muy
+hipócrita, que comía los santos y besaba la pezuña a los frailes, que
+se daba disciplinazos y se ponía cilicio, dejar en la calle a mi niño, a
+su hijo, tan hijo como ustedes y con tanto derecho a llevar su nombre!
+¡Hipócrita santurrón!
+
+--¡La hipócrita y la deslenguada es usted!--exclamó Pablo, furioso,
+cogiéndola del brazo y tirando de ella.
+
+Se empeñó una lucha deplorable en medio del patio; chillaba el chico, y
+las muchachas, asustadas, refugiáronse en sus habitaciones.
+
+--¡Déjeme usted, que me hace daño!--decía Pepa, agarrada con ambas manos
+a la reja del zaguán.
+
+Pablo Aquiles la soltó. Ella recogió su mantón, se arregló los pelos,
+limpióse las babas con la bocamanga.
+
+--Queden ustedes con Dios--dijo,--me voy, pero al juzgado; ¡la ley ha de
+ampararme!
+
+Y se largó, arrastrando tras sí al renacuajo.
+
+La muerte de don Aquiles produjo en la casa radical transformación; todo
+cambió, como en una decoración de teatro. No más ayunos, no más
+sermones, no más caras foscas, ni escándalos a diario; no había quien
+siguiera los pasos, espiara los gestos, pescara las palabras,
+fiscalizara los actos. Se respiraba a plenos pulmones, se comía a dos
+carrillos, sin sustos ni encogimiento; se salía cuando se deseaba, se
+entraba cuando se quería; y todos tres, esclavos de un viejo maníaco que
+había entristecido su niñez y sofocado su juventud, manteniendo el alma
+de sus hijos sujeta, por así decirlo, bajo su férrea mano, como pájaro a
+quien encierran en jaula demasiado estrecha, se creían felices, porque
+se veían libres. No faltaba, sin embargo, una oración y una lágrima para
+el padre difunto, y ninguno de ellos osó tocar uno solo de los objetos
+que le pertenecieron; los que conservaban, como reliquias, en el antiguo
+despacho, cuya llave guardaba Pablo con respeto.
+
+El casamiento de Gregoria se celebró a los dos meses, entre gallos y
+media noche, porque el luto y las circunstancias que le habían
+precedido, no permitían otra cosa; fué una ceremonia triste, casi
+fúnebre: los cuadros de la sala ostentaban aún negros crespones y la
+araña de cristal los colgajos negros, entonces de rigor; para alegrar la
+vista, se pusieron flores en los jarrones de las consolas. Gregoria se
+presentó de luto, sin azahares, y Bernardino con la misma levita que le
+prestaron para asistir al entierro de don Aquiles, y delante de los
+hermanos y de dos testigos, bajo la luz tristona de las bujías, leyó la
+epístola el cura y echóles la bendición, de prisa y corriendo. Esto fué
+todo. Instalóse la nueva pareja en la misma casa, y Pilar con ella, con
+gran regocijo de Pablo, a quien quitaban el sueño los atractivos de la
+muchacha.
+
+Ni Bernardino ni Pilar tenían un cuarto; hasta entonces habían vivido
+los dos de su trabajo, ella de la costura, él llevando los libros de un
+almacén, siempre tan pobres y hambrientos que la escasez hacía para
+ellos todos los días iguales, por lo cual abrigaban la ambición, muy
+legítima, de verlos lucir mejores. Familia no la tenían, pues sus padres
+habían muerto, y Agapito o Agapo, como familiarmente le decían, no era
+para ellos un hermano, sino un pilluelo que vivía en medio de la calle,
+a quien no se le veía sino cuando se presentaba a pedir dinero,
+aporreado siempre y harapiento. Y como el dinero allí no era posible
+hallarle, ni con candil, Agapo desaparecía por meses enteros, sin dejar
+rastros; ya se le daba por muerto, cuando otra vez volvía, para
+escurrirse al día siguiente, sordo a las amonestaciones de su hermano
+mayor y a los ruegos de Pilar, y aun a los golpes de ambos, entregado a
+la vagancia y a todos los vicios que ella engendra, sin reconocer más
+ley que su santa voluntad. A parte de las malas inclinaciones y del
+carácter indomable del muchacho, la verdad es que Bernardino, obligado a
+buscarse el pan cotidiano donde podía, no hacía por él todo lo que
+debiera; siendo causa de esta desidia el poco cariño y aun cierto encono
+que sentía contra aquel rapazuelo, hijo de la vejez de su padre y de una
+odiada madrastra, que apenas muerto el anciano, de privaciones y
+disgustos, alzó el vuelo con un bombero vecino, dejándoles el niño aquel
+en hipoteca.
+
+Bernardino tenía aspiraciones, una conciencia poco escrupulosa,
+entendimiento claro y audacia, sobre todo audacia; con esto y la suerte
+de por medio, se va siempre lejos. Sin embargo, nunca soñó él calzar el
+título de yerno de don Aquiles Vargas, que tanta fama de ricacho tenía,
+pues, lo cierto es, que más que a su viveza e ingenio debió tal ventura
+a las circunstancias especiales en que se hallaba colocada la
+aburridísima Gregoria; así es que, cuando se vió metido en aquel lío,
+que la mano de la fortuna desenredó bonitamente, y trasplantado de su
+modesta morada al caserón de la calle de Méjico, sintió mareos y algo
+así como un sentimiento de orgullo. Pero, ante todo, Bernardino era
+prudente. No creyó deber abandonar su trabajo, sino que, por el
+contrario, acudió a sus quehaceres con más asiduidad, si cabe, que
+antes. En cuanto a Pilar, ufana con el cambio, olvidaba las miserias
+pasadas junto a la máquina de coser, las veladas fatigosas, los
+madrugones constantes, la visita, noche a noche, de _registros_, a
+entregar o recibir los pantalones de paño y los chalecos de bayeta.
+
+Pilar era alta, rubia y de ojos negros; no era hermosa, como una heroína
+de novela antigua, pero sí muy agraciada y simpática; no tenía los dedos
+hechos a torno, porque la aguja y el trabajo los habían deformado, ni el
+busto escultural, porque no me atrevería a decir si la corrección de sus
+líneas era debida al corsé o era natural patrimonio de su dueña; mas, la
+verdad sea dicha: Pilar pasaba por buena moza y aun llegaba a parecer
+bonita, y lo hubiera parecido mucho más sin aquella palidez de su cara,
+que no se sabía si atribuirla a la fatiga o a la anemia. Naturalmente,
+entre el bobalicón de Pablo Aquiles y ella se estableció, desde el
+primer día, una corriente de simpatía, que favorecieron Casilda y
+Gregoria, y más que todos Bernardino, como hombre sagaz que busca
+afianzar su prestigio. El idilio tuvo su lógico desenlace, y digo
+lógico, porque así debieran concluir todos los idilios: hubo, pues,
+nueva boda en la casa, la que fué solemniza con algo más de ruido y su
+poquito de música, en reunión de íntimos; fiesta, que vino a aguar, a
+última hora, la aparición del perdido de Agapo, que después de una jira
+de recreo por los fortines de la frontera, llegaba descalzo y muerto de
+hambre, a recoger las migajas del banquete.
+
+Pablo Aquiles era un bendito de Dios. Entregado, por completo, al amor
+de su mujer, dejaba el gobierno de la casa en manos del cuñado, que
+mandaba en jefe; éste pagaba las cuentas, recibía los criados, hacía y
+deshacía, sin consulta ni apelación. De la testamentaría iniciada, era
+él el albacea, y se entendía con abogados, procuradores y escribanos.
+Había echado unas carnazas y unas barbas de a pulgada, que no parecía el
+mismo: aquel mozo lánguido del chaqué avellana, que rondaba el barrio,
+escapado del almacén, donde llevaba los libros, sino un rentista
+satisfecho y protector.
+
+La testamentaría, entretanto, seguía sus pesados trámites, y hoy era un
+título que faltaba y mañana una reclamación que surgía y vengan
+consultas y vayan pesos; aunque, felizmente, había con qué hacer frente
+a todo: además de la casa calle de Méjico, otras tres en la ciudad, una
+quinta en Quilmes, una _estancia_ en Cañuelas y regular número de
+cédulas en el Banco. La presentación, ante el juez, del chico de la
+Pepa, como hijo natural de don Aquiles, vino a entorpecer los trámites;
+y mientras unos querían probar la paternidad y los otros le declaraban,
+por lo menos, adulterino, con lo cual la reputación del muerto andaba en
+lenguas, tanta declaración, tanta prueba, tanto reponer de fojas, tal
+entra y sal de testigos y de curiales, aquello era un laberinto y nadie
+se entendía. Lo cierto es que pasaban los meses y la testamentaría no se
+acababa.
+
+--De todos modos, no hay apuro--decía Pablo Aquiles.
+
+Las explicaciones de Bernardino le satisfacían, pero a la callada y
+observadora Casilda se le antojaba que en una sucesión tan clara como el
+agua, no había para qué tanto ajetreo y que el enredador y el
+_chicanero_ era el despierto albacea.
+
+Hacía tiempo que le habían a ella chocado las libertades que se tomaba,
+sus aires de dueño de casa, la impertinencia con que respondía a toda
+observación, encogiendo, los hombros desdeñoso. Siempre que podía,
+recriminaba a su hermano por su indolencia, de dejar así todo en manos
+de aquel advenedizo; poco a poco, le había cobrado desconfianza y no le
+perdía de vista; cuando salía, de buena gana le hubiera registrado los
+bolsillos, para ver si se llevaba algo. Entre ella y el cuñado, habían
+habido ya ligeras escaramuzas, alfilerazos que no se olvidan, por la
+intención de la frase y la acritud del acento. Un día, disputando por
+fruslerías, él la llamó: ¡Solterona! y ella: ¡Perdulario! y en una
+ocasión le dijo ella, que no debía darse tantos humos, cuando allí tenía
+casa y comida gratis y se le había matado el hambre. De aquí, tiroteo de
+improperios y arañazos de cuñados. Pero, el primer disgusto grave lo
+tuvieron cuando el parto de Gregoria; a Bernardino se le puso ocupar el
+despacho del viejo, que era para los hijos un sagrario, a fin de huir
+del lloriqueo del recién nacido y poder trabajar tranquilo, pero Casilda
+dijo que jamás lo consentiría y cogió la llave y se la guardó,
+desafiándole a que se la quitara; Esteven, en broma o de veras, hizo
+ademán de tomarla por la fuerza, con lo que se armó una marimorena
+escandalosa. El despacho siguió cerrado, y Casilda y Bernardino pasaron
+mucho tiempo sin hablarse. Fueron así separándose; del cuñado pasó la
+antipatía a la hermana, Gregoria, que se ponía siempre del lado del
+marido, y que con su genio altanero lo echaba todo a perder, y se
+declararon una guerra sorda, agravada por las demoras de la
+testamentaría y la actitud insolente de Bernardino, que tomaba
+disposiciones sin la intervención de los herederos, estallando durante
+la enfermedad de Pilar.
+
+Pilar no había gozado nunca de buena salud; era endeble, paliducha,
+tosía con frecuencia, sufría accidentes nerviosos, síntomas todos que se
+atribuyeron primero a la vida de trabajo que había llevado, y luego al
+estado interesante en que quedó a los dos años de casada. Pero cuando
+empezó a escupir sangre y a no querer comer, el pecho desgarrado por la
+tos, todos se alarmaron y se llamó al médico: según el sabio profesor,
+no era nada; después del alumbramiento, aquello pasaría. Y salió la
+joven de su cuidado, dando a Pablo Aquiles un niño que era un pimpollo,
+con una cabezota tal, que los tíos declararon unánimemente que allí
+debía estar encerrado todo el talento del mundo. Pablo Aquiles le
+recibió en palmitas, orgulloso de aquel presente; pensaba el infeliz que
+aquel nuevo ser había de indemnizarle de sus horas amargas, porque no
+estará de más decir, que no se tenía él por dichoso, a pesar del amor de
+su mujer, en medio de aquella lucha abierta de intereses y de cuñados.
+Además, no había encontrado en Pilar el ánimo y el calor que le hacían
+falta, carácter débil el suyo y corazón candoroso; Pilar era, ante todo,
+Esteven, mujer de cálculo y de reflexión, no apasionada ni sentimental.
+Si bien no habían reñido nunca seriamente, de los siete días de la
+semana pasaban seis de morros, porque él quiso besarla y ella no estaba
+de humor de consentirlo, o porque ella pensó ir al teatro y a él se le
+ocurrió meterse en cama, con dolor de cabeza; pero, así y todo, no
+pertenecían al grupo de los mal casados, teniendo ambos la discreción de
+no ahondar lo que pudiera separarles y manteniéndose alejados, en lo
+posible, de la lucha que dividía a sus hermanos. La enfermedad alteró el
+carácter de Pilar, y se hizo caprichosa, díscola y regañona; tenía
+antojos estrafalarios, como el que se le ocurrió un día, de hacerse
+llevar por el patio en un carro de mano, que servía de distracción a
+Jacintito, el niño de Gregoria, tirando de él su marido, a guisa de
+caballo; y accesos de mal humor tan violentos, que llegó, una vez, a
+arrojar por la ventana una taza de manzanilla, porque tenía demasiado
+azúcar. En la mesa acribillaba a pelotillas a Pablo Aquiles, que era
+siempre el pavo de la boda, y se hacía servir por él la comida y
+ponérsela en la boca, impacientándose iracunda por su demora o sus
+torpezas. Con su hijo tenía rachas de vehemente cariño, besuqueándole
+con tal ímpetu y grosería, que había que quitarle el angelito de los
+brazos; o le rechazaba con desvío, mandando que le llevaran muy lejos,
+para que no la aturdieran sus vagidos. Marido más complaciente y sufrido
+que Pablo Aquiles, no se ha visto; no tenía voluntad propia, y era
+manejado por su mujer como obediente maniquí, dándose el espectáculo de
+que él cuidara del niño y le llevara en brazos, haciendo _arrorró_ y
+pasara junto a la cuna, muchas noches, sin dormir.
+
+Pablo esperaba, conforme a lo asegurado por el médico, que el malestar
+de su mujer cesaría, una vez libre de su cuidado; pero no sucedió así:
+si el niño trajo la alegría a la casa, no devolvió la salud a la madre.
+Los meses pasaron y la enfermedad fué acentuándose, con caracteres
+tales, que se cayó por fin en la cuenta de que era una tisis incurable.
+
+Entretanto, de orden del juez, según Bernardino, se habían vendido la
+quinta de Quilmes y la _estancia_ de Cañuelas, para pagar no sé qué
+deudas dejadas por don Aquiles y luego, siempre de orden del juez, las
+tres casas de la ciudad. Los gastos de la testamentaría eran tales, que
+todo de lo que se echara mano, no bastaba para sufragarlos. Las cuentas
+eran bien claras y ahí estaban para que las examinasen: Don Aquiles
+debía casi, casi más de lo que tenía; luego, la baja de la propiedad
+raíz, el mal estado de los campos, los honorarios de ahogados y
+procuradores, que sumaban un dineral, y más que esto y más que todo, el
+incidente del hijo natural. Si él sabe a tiempo la cosa, aquello se
+hubiera arreglado fácilmente, tapando la boca a la Pepa con un buen
+rollo de billetes; pero, arrojarla violentamente a la calle, al día
+siguiente de muerto el amo, vamos, había sido no mediana torpeza; es
+cierto que el juez había declarado no tener derecho a la sucesión y
+rechazado de plano la demanda; pero, ¡cuánto trabajo y cuántas desazones
+y cuánto tiempo había costado! Luego, la Pepa no se daba por vencida, y
+apelaría, y mientras venía el fallo definitivo, ¡cuánto tiempo más
+perdido! Era preciso, pues, quitar este obstáculo, dar algo a aquella
+mujer para que desistiera de la apelación, muy poco, una bicoca. Y
+bicoca fué, que se vendieron las cédulas del Banco y aun llegó a
+retirarse cierto depósito de reserva. Pablo Aquiles dejaba hacer y
+Gregoria lo aprobaba todo, diciendo que más valía quedarse sin nada, que
+enredados en pleitos y debiendo a cada santo una vela; pero Casilda no
+se conformaba con lo que ella llamaba despojo y decidió dar el
+campanazo, antes de quedarse en la calle.
+
+Francamente, las cosas habían llegado a un extremo tal, que se
+necesitaba estar ciego para no ver en lo que iban a parar. Esteven
+marchaba derecho a su objeto, imperturbable; despertada su codicia con
+el manejo de intereses, cuya tercera parte le correspondía, parecióle
+poco esto y quiso apoderarse de todo: muchas noches pasó en vela, con la
+visión de aquella fortuna que tenía en sus manos, y que estaba obligado
+a repartir; tonto sería él si desperdiciaba la ocasión de enriquecerse,
+de realizar su sueño dorado, tan a poca costa. Hábilmente trazó su plan,
+contando con la debilidad de Pablo Aquiles y la pasividad de Casilda, y
+si no con la complicidad, por lo menos con la aquiescencia absoluta de
+su mujer; el resultado fué excelente. Con pretextos siempre plausibles,
+que él fundaba en elocuentes párrafos, porque poseía el pico de oro de
+los sinvergüenzas para engañar a los incautos, iba desmenuzando la
+herencia y recogiendo glotonamente los pedazos en su bolsa, cuya boca no
+se cerraba sino para volverse a abrir y devorar con más apetito que
+antes. Las casas desaparecieron así, se evaporaron como tocadas por
+varita mágica, y lo propio aconteció con la quinta en Quilmes; respetó
+la _estancia_ cierto tiempo, pero ya en la pendiente, no había más que
+rodar al fondo: la _estancia_ se vendió y luego lo que pudo o mejor
+dicho lo que quiso, porque nadie le ponía cortapisas. Era un vampiro,
+siempre insaciable. Quería resarcirse ampliamente de su pasada miseria,
+abasteciendo su granero, de modo que no le faltara trigo si el mal
+tiempo llegaba.
+
+Pero había un ojo que seguía sus maniobras, alguien que adivinaba sus
+cábalas: Casilda. Resuelta a hablar, y a hablar fuerte, una tarde que se
+hallaban todos reunidos en la habitación de Pilar, rodeando el sillón en
+que descansaba la enferma, abordó el tema de la testamentaría,
+quejándose de sus demoras y de aquella furia de vender que les había
+entrado; lanzó dos o tres saetazos dirigidos a Esteven con tanto
+acierto, que saltó el hombre descompuesto y con muy malos modos dijo que
+él no hacía sino lo que mandaba el juez, y que la culpa se la tenía él
+en haberse hecho cargo de tamaño lío.
+
+--Claro está--apoyó Gregoria,--sólo que a esta cabeza dura nadie la
+convence que para hacer las particiones, hay que vender...
+
+Casilda, con mucha calma, preguntó:
+
+--¿Me quiere decir mi señor cuñado, qué se ha hecho del producto de las
+ventas?
+
+--Pues... el juez se lo dirá a usted y los acreedores de la
+testamentaría.
+
+Levantó la voz, gritando que aquello ya le aburría, que tales preguntas
+denotaban desconfianza, que ahí estaban las firmas de todos autorizando
+la venta de las propiedades, ejecutada de orden del juez; en suma, que
+si tenía tanto apuro en recibir su parte, la comunicaba que esto no
+podía ser, hasta que no se vendiera la casa en que vivían.
+
+--¡También ésta!--exclamó Casilda.
+
+--Pues la compra usted, si la tiene tanto apego.
+
+--¡Es que no podré, porque no ha de dejarme usted lo suficiente!
+
+Sí, se lo decía cara a cara, bien claro para que lo entendiera; ella no
+sabía jota de códigos ni de la práctica de tribunales: se daba por
+convencida de que había que vender todo, todo, aunque esto le parecía un
+despropósito que no podía mandar la ley, pero no de un modo irrisorio, a
+bajo precio; se daba por convencida que había mucho que pagar y era
+forzoso sacar el dinero de alguna parte, mas, ¿por qué se eternizaba un
+asunto tan sencillo? ¿qué deudas eran ésas? ¿qué cuentas eran ésas? Allí
+no había más cuentas que las del Gran Capitán y una persona sin
+conciencia, que quería enriquecerse a costa de los herederos.
+
+--Esto no lo puedo yo tolerar--exclamó Bernardino, fuera de sí.
+
+Gregoria se dirigió a su hermana, increpándola; Pablo Aquiles, que
+servía una taza de tisana a la enferma y no había querido hasta entonces
+tomar parte en la disputa, se vió precisado a intervenir, porque la cosa
+tomaba mal aspecto. Los improperios se cruzaban de parte a parte, y
+entre las voces enardecidas, oíase la de Casilda, que chillaba:
+
+--¡Sí, señor, lo dicho, dicho!
+
+Pilar se cubrió la cara con su pañuelo.
+
+--¡Mala lengua!--decía Gregoria.
+
+--¿Quién había de creer esto de usted?--exclamaba con dramático acento
+Esteven.
+
+--Esto es una vergüenza--decía Pablo.
+
+Y entonces, dominando el tumulto, se alzó de nuevo la voz de Casilda,
+para arrojar a la cara de su cuñado esta palabra:
+
+--¡Ladrón!
+
+Si a Pilar no se le ocurre desmayarse, se pegan.
+
+--Hay que salir de aquí--gritó Bernardino, como un energúmeno.
+
+--Ya debía haberlo usted hecho--contestó Casilda.
+
+Gregoria, demudada, metiendo las manos por los ojos de la hermana,
+exclamó:
+
+--¡Nos iremos, sí, y no hemos de vernos jamás, jamás y jamás!
+
+A los pocos días, Esteven y su familia se mudaban; Casilda vió a su
+hermana guardar alhajas que habían pertenecido a su madre, cubiertos de
+plata y muchos objetos de uso de la familia y llevarse muebles,
+suficientes para llenar tres carros hasta el tope, pero no chistó. Desde
+el día de la disputa no se hablaban, mirándose entre ojos, como enemigas
+a muerte, y cuando salió Gregoria de la casa, la cabeza muy levantada,
+ni se despidió de ella ni de Pablo Aquiles, a quien llamaba mandria,
+echándole la culpa de todo.
+
+--Si es la que mató a nuestro padre, ¿qué entrañas ha de tener?--dijo
+Casilda llorando.
+
+Triste quedó el caserón, después del rompimiento. Pilar empeoró,
+sacudidos sus nervios por tanto suceso desagradable, herida en el
+corazón por el desvío de su hermano, que así la abandonaba en sus
+últimos días; en cuanto a Casilda, bondadosa siempre, lamentó el cisma
+de la familia, que ella misma provocara, aunque sin quererlo. ¿Qué culpa
+tenía ella, si Esteven era un mal hombre y la puso en el disparadero de
+decirle cuatro verdades? Pero Gregoria, su hermana mayor, criada y
+educada a su lado, copartícipe siempre de sus penas y placeres... ¿era
+posible que pudiera conducirse así? Casilda no podía consolarse. Tuvo al
+principio la idea de buscar un abogado y presentarse al juez demandando
+a Esteven, y aun llegó a hablar de esto a Pablo Aquiles, que no sabía ni
+lo que hacía ni lo que le pasaba, pero desistió, temerosa del escándalo
+y entristecida con lo ocurrido. Está bien; que se llevaran todo, que
+dilapidaran la herencia o la guardaran para sí, en detrimento de ella
+misma y de su hermano, pero que no le hablaran más del asunto, porque le
+daba dolor y vergüenza. Habíale entrado un descorazonamiento tal, que
+no salía, llorando a solas en su cuarto, cuando el cuidado de la enferma
+no la ocupaba.
+
+Pilar murió un mes más tarde; su vida se apagó dulcemente en brazos de
+Pablo y de Casilda, después de besar al pequeño Aquiles, o Quilito, como
+ella le decía. Ni Bernardino ni Gregoria asistieron a sus últimos
+momentos, aunque se les mandó recado de su gravedad; ni se mostraron en
+el entierro ni en los funerales, probando con esta actitud su propósito
+de no verse más, de romper para siempre toda relación.
+
+Golpes fueron éstos, que acabaron de anonadar a Pablo Aquiles. Un
+abogado vino a verle un día, de parte de Esteven, para que firmara
+ciertos documentos que eran indispensables para la terminación de la
+testamentaría, y él firmó y firmó también Casilda, al pie del nombre de
+Gregoria, estampado el suyo con segura mano; deseosos ambos de concluir
+de una vez, sin protesta, porque no tenían ya fuerza para seguir la
+lucha. Cuando aparecieron en la ruinosa fachada de la casa paterna los
+cartelones anunciando, en letra muy gorda, la subasta, Pablo Aquiles y
+Casilda comprendieron que había que marcharse; buscaron una casa pequeña
+y modesta, recogieron lo poco que quiso dejarles Gregoria, y salieron
+ambos del hogar de sus padres, como tristes desterrados.
+
+La visita de Bernardino Esteven es digna de ser contada. Se presentó en
+la nueva casa correctamente vestido de negro, serio y grave, con un
+rollo de papeles en la mano; Casilda no quería recibirle, pero Pablo,
+más conciliador, le hizo pasar a la sala y allí, inclinándose con
+afectación de académico, declaró que iba a rendir cuentas del albaceazgo
+y a entregar lo que en la partición había correspondido a los herederos,
+después de pagar deudas y honorarios, para lo cual había habido
+necesidad de vender las propiedades, como lo sabían muy bien. Hablaba
+con voz campanuda, muy despacio, sin mirar a Pablo Aquiles, mudo delante
+de él. Vino Casilda, y con aire digno se sentó, sin saludar a su cuñado.
+Entonces desenrolló éste el paquete que traía y puso delante de los ojos
+de ambos muchos garabatos y números, que él descifraba con negligencia;
+luego sacó de su cartera un mazo de billetes, que contó: veinte mil
+pesos, diez mil para cada uno y diez mil que había recibido Gregoria;
+él, a pesar de sus trabajos en la testamentaría, del derecho que le
+asignaba la ley, renunciaba generosamente al cobro de sus haberes.
+¿Querían conservar las cuentas para examinarlas despacio? Maquinalmente,
+Pablo Aquiles y Casilda dijeron con la cabeza que no. Firmado el
+correspondiente recibo, Esteven recogió sus papeles y sin añadir
+palabra, salió como había entrado. ¿Quién reconocería en aquel personaje
+tan finchado, al tenedorcillo de libros de marras?
+
+--¿Te convences ahora?--dijo Casilda mirando tristemente los billetes
+dejados sobre la consola.
+
+Pablo Aquiles bajó la cabeza y suspiró.
+
+Y él, que nunca había servido para nada, se vió obligado a buscar un
+empleo fácil, para ayuda de gastos. ¡Qué disgustos pasó antes de
+lograrlo! Con su pequeño sueldo y la escasa renta que les habían dejado,
+no le faltaría pan a su hijo. En medio de todas sus desdichas, sólo le
+quedó una ilusión y una esperanza: Quilito.
+
+Tales son los antecedentes que he conseguido reunir, acerca de las
+familias de Vargas y Esteven.
+
+
+
+
+III
+
+
+Agapo no era, así como así, un tipo cualquiera, sino, un _atorrante_ de
+raza, que había seguido la carrera por sus pasos contados, y conquistado
+el título a fuerza de contracción y desvelo, favorecido, es verdad, por
+su vocación a tan honroso oficio y sus excepcionales facultades.
+Matriculado, cuando niño, en una banda de pilluelos de barrio, sin el
+freno de la autoridad paterna, porque no tenía padres y no hacía caso de
+sus hermanos, libre como un pájaro y celoso de su independencia; con el
+sucio pantalón doblado sobre la rodilla y la camisa desteñida asomando
+por los fondillos, un sombrero agujereado sobre la rubia cabeza,
+recorría las calles de su parroquia, entretenido en jugar a los cobres
+en la acera, darse de mojicones con los compañeros y decir desvergüenzas
+a las señoras; no había bautizo en que él no tomara parte, esperando a
+la comitiva en el atrio de la iglesia para llamar _pelao_ al padrino, ni
+escándalo callejero en que no estuviera, como espectador de primera
+fila. Parecióle muy pronto estrecho el campo de sus operaciones y
+extendió su radio hasta el _Bajo_; allí entre las _toscas_ y bajo los
+sauces, se daban batallas a pedradas y rara era la vez que no sacaba
+alguno de la banda soberbia magulladura. Como el dinero escaseaba en
+casa y cada vez que se presentaba Agapo, era recibido con una lección de
+solfeo, no se atrevía él a ir y pasaba los días vagando, comiendo
+naranjas o un pedazo de pan duro, mojado en el cocido de alguna
+lavandera caritativa; a veces, por ganar algo, hacía _changas_ en el
+muelle, llevando la maleta de algún viajero o vendía periódicos y
+fósforos, pero, decididamente, no servía él para el trabajo; un día le
+llevaron a la comisaría por desorden, y ya aprendió el camino, de tal
+modo, que rara era la noche que no dormía en duro banco, en compañía de
+borrachos y ladrones. Se familiarizó con su jerga, adquirió amistades
+vergonzosas, aprendió a beber y a jugar, pero no cayó nunca en el vicio
+del robo; en medio de la crápula, supo mantenerse honrado, porque él no
+era malo, sino haragán.
+
+Sus largas ausencias no preocupaban a nadie; eran eclipses parciales, en
+que desaparecía por encanto y reaparecía por milagro, más sucio, más
+andrajoso y más hambriento que antes. El cambio de fortuna de sus
+hermanos, no varió su situación; le recibían ellos de tan mala manera,
+le llamaban con motes tan injuriosos, que Agapo evitaba verles; y luego,
+¿para qué? para recibir consejos, en vez de cuartos. Que abandonara esa
+vida de vagancia, que se hiciera hombre de provecho, que trabajara...
+¡Trabajar Agapo! ¡si apenas podía llevar su alma a cuestas! sus brazos
+colgaban lánguidos de los hombros, sus piernas se negaban a sostenerle
+mucho rato y hasta su pensamiento era tardo y perezoso, como obrero
+holgazán que ama el descanso. Su delicia era tenderse al sol sobre un
+banco, o bajo un sauce en la ribera, según la estación, y dormir a
+pierna suelta, sin cuidados, con un sueño de ángel o de niño; y también,
+sentarse en un portal de calle muy concurrida y ver pasar la gente
+afanosa tras el pan de cada día, mientras él, libre de preocupaciones,
+sonreía filosóficamente. ¡Trabajar Agapo! ¡si no vale la pena! ¡mucho
+sudar, mucho sufrir; el hombre, como bestia de carga, dando vueltas, de
+sol a sol, a la rueda de la fortuna, para recibir el esquinazo, en
+premio de sus fatigas! más vale estarse con el pico abierto, para que en
+él caiga el maná del cielo, y manos quietas; dejar que los demás cuiden
+del árbol y comer nosotros su fruto sazonado.
+
+Hasta Agapo no habían llegado aún esas ideas de socialismo, anarquismo y
+nihilismo que corren por ahí, haciendo temblar las carnes de todo el que
+tiene algo que perder, pero él poseía su credo, que era éste: vivir a
+costa del prójimo, pedir al vecino lo que falte en casa y no trabajar
+sino en provecho propio, dando quehacer a las mandíbulas; que, al fin y
+al cabo, todos somos iguales: el estómago del rico, no se diferencia del
+pobre, y no es justo que mientras aquél engulle y se regala, sean para
+éste todos los días de cuaresma.
+
+Por lo demás, estaba él orgulloso de su categoría de atorrante: no tenía
+casa y no pagaba alquileres; no tenía criados y no le robaban y
+vendían; no tenía suegra, ni mujer, ni hijos, que le quemaran la sangre;
+ni negocios, que le preocuparan; ni amigos, que le engañaran; sobre él
+no pesaban impuestos ni carga alguna. Se consideraba feliz, y lo era en
+efecto: no ambicionaba nada y nada temía del día siguiente; envuelto en
+sus guiñapos, paseaba por los sitios públicos y gozaba del sol, como el
+que iba arrastrado en carretela; dormía donde le cogía el sueño, tan
+ricamente como sobre un colchón de plumas; comía cuando tenía hambre y
+no le faltaban buenos platos de casa grande, y en lo tocante a vicios
+menudos, llevaba en el bolsillo de su raída chaqueta provisión abundante
+de colillas de cigarro. Era gran maestro en el arte de _pechar_ o dar
+sablazos, y lo hacía con tal comedimiento, que pocas veces quedaba
+desairado.
+
+El alud de las revoluciones pasó sobre él y le arrastró como hoja seca,
+pero, restablecida la calma, aparecía Agapo, de nuevo, sobre la
+superficie, como cuerpo boyante; sus peregrinaciones, ya voluntarias, ya
+forzadas, le llevaron por toda la República y aun fuera de ella, pero su
+cuartel general era Buenos Aires, y a la capital volvía, como bestia
+extraviada a la querencia. Frisaba en los cuarenta años y parecía tener
+sesenta, con su barba gris de patriarca, la melena casi blanca y las
+arrugas de su frente de pensador: diríase un hombre combatido por las
+adversidades, un inválido del trabajo, un paria de la suerte, todo menos
+el prototipo del holgazán.
+
+Era digno, a su manera. Aunque no pudiera tachársele de delito alguno,
+porque no era ladrón, ni capaz de hacer mal a nadie, ocultaba su
+apellido y pocos eran los que sabían que pertenecía a la opulenta
+familia de Esteven. No quería él que se supiera el cercano parentesco de
+Agapo el atorrante con el rico bolsista don Bernardino, por vergüenza de
+su propia situación; conservaba hondo rencor contra su hermano, a quien
+acusaba de haberle abandonado y hasta empujado al vicio para librarse de
+él, y no le socorría como debiera, ahora que era dueño de cuantiosa
+fortuna. Sabedor de los enredos de la testamentaría de Vargas, y del
+profundo cisma de ambas familias, solía él decir con maligna intención,
+en el seno de la confianza, que quién sabe cuál de los dos, si el
+millonario don Bernardino o Agapo el atorrante, mantenía más honrado el
+apellido.
+
+A casa de los Esteven iba contadas veces. Le imponía tanta
+magnificencia: la escalera toda de mármol, con dos leonazos melenudos al
+pie, a derecha e izquierda, las fauces abiertas, como si quisieran
+tragarse al incauto visitante; en el primer descanso, plantas exóticas;
+arriba, una vidriera de colores, y cuando la puerta se abría, veíase
+lujoso recibimiento, con estatuas y cuadros. No conocía Agapo lo demás,
+porque nunca le habían dejado pasar de allí, pues podía manchar las
+alfombras con sus patas embarradas o ensuciar la seda de los muebles con
+sus ropas grasientas; se sentaba humildemente en la escalera, después de
+tocar el timbre. El criado salía, le miraba de pies a cabeza y
+desaparecía, cerrando la puerta. Pasaba largo rato; se oía el manoteo
+del piano en la sala; Agapo pensaba que serían sus sobrinas, Susana y
+Angela. La puerta volvía a abrirse y el criado entregaba un billete al
+atorrante, con este recado:
+
+--Dice el señor que no venga usted con tanta frecuencia.
+
+--Si no he vuelto desde el mes pasado... pero diga usted al señor que no
+le incomodaré más.
+
+Y se iba, colérico, jurando no volver... y volvía, reflexionando que era
+fuerte cosa que mientras su familia estaba _podrida en plata_, no
+tuviera él ni para cigarros. En estas visitas solía ver, por la puerta
+entreabierta del recibimiento, a su cuñada Gregoria, con su aire
+orgulloso y muy compuesta siempre, a pesar de sus canas y su obesidad;
+un día tropezó en la escalera con Jacintito, que bajaba los escalones de
+dos en dos, silbando, de habano y bastón, y no le miró, porque le
+chocaba mucho este mequetrefe, que jugaba en la Bolsa y tiraba el
+dinero, que no sabía ganar. Mostrábase, sí, muy satisfecho cuando
+lograba ver a las dos muchachas, tan lindas y frescas como dos
+pimpollos; ellas pasaban a su lado, plegando las faldas vaporosas de
+miedo de mancharlas y haciendo un gestito de desagrado con la boca
+encantadora. En cuanto a su hermano, nunca le vió y si llegaba a
+columbrarle en la calle, escabullíase avergonzado.
+
+Pero donde él iba con gusto, era a casa de los Vargas, calle Moreno, si
+no todos los días, porque era él muy comedido, por lo menos tres veces
+en la semana. Pampa le recibía poco menos que a escobazos, diciéndole
+que la señora no estaba, que se marchara, pues no había nada para él.
+
+--Esperaré, muchacha; no tengo prisa.
+
+Y se sentaba en el umbral de la puerta del comedor, viendo barrer el
+patio a la india, admirando la limpieza y el orden que allí reinaban,
+mucho más agradables que el lujo y la farsa de Esteven; el pequeño
+jardín daba gloria verle, tan verdecito y tan cuidado.
+
+--¡Hola! ya estás aquí--decía en esto la voz simpática de misia Casilda.
+
+Y aparecía la señora con un plumero en la mano, muy sofocada por el
+trajín de la casa, amable y sonriente. Agapo se descubría, como ante una
+imagen, y entraba en el comedor y se sentaba, sí, señor, se sentaba en
+una silla de rejilla, porque allí no temían que lo manchara todo con su
+contacto; en la alacena no faltaba el trozo de carne fría guardado para
+él, o el platito de arroz con leche o el resto de _carbonada_, que la
+señora calentaba por sus manos en la maquinilla de alcohol. Y luego, era
+una de charlar de todo, al compás de la escoba de Pampa...
+
+Al día siguiente de aquella noche del 25 de Mayo, en que don Pablo
+Aquiles vió cosas que le suspendieron y preocuparon hasta el punto de
+interrumpir su paseo de digestión, Agapo se presentó en la casa, pasadas
+las doce, siendo recibido con el ceremonial de estilo.
+
+--Señora no estando--dijo Pampa cerrándole el paso y esgrimiendo el
+doméstico cetro.
+
+--¿Y el _patrón_?
+
+--En el Ministerio.
+
+--¿Y el niño?
+
+--En la Bolsa.
+
+--¡Esperaré!
+
+--Déjale pasar--dijo misia Casilda desde adentro.
+
+El atorrante entró en el comedor; iba menos rotoso y sucio que de
+costumbre, porque para esta visita hacíase esmerada _toilette_, en lo
+que cabe.
+
+--¿Ha visto usted la inquina que tiene la india conmigo?--exclamó Agapo,
+sentándose en el borde de una silla, a la vez que echaba hambrienta
+mirada a la alacena.
+
+La señora tenía dos ruedecitas de patata sobre las sienes, y con su
+semblante fatigado mostraba a las claras padecer fuerte neuralgia.
+
+--Tengo un dolor de cabeza...--dijo ella, llevando una mano a la frente.
+
+Fué a la alacena, sacó un plato en que se veían restos de los hojaldres
+desdeñados por el niño la noche antes, y lo puso delante de Agapo,
+quien, dejando finezas a un lado, empezó a devorar glotonamente.
+
+--¿No estás borracho?--preguntó la señora, mirándole a la cara.
+
+--¡Oh! no--protestó el atorrante.
+
+--Pablo Aquiles te encontró ayer en un estado deplorable.
+
+--Era día de la patria... y había que festejarlo.
+
+--¡Jesús! ¡qué vicio más feo! mira, si se te ocurre presentarte aquí de
+esa manera, te haré dar cuatro escobazos por Pampa y llamaré al
+vigilante.
+
+Agapo seguía comiendo, sin hacer mayor caso de la amenaza. Cuando quedó
+el plato limpio, cual si lo hubieran lamido los perros, se pasó la mano
+por la boca, restregó los dedos sobre el pantalón, y mirando con ojos
+tiernos a la señora, sentada al otro extremo de la mesa, exclamó:
+
+--¡Ay, señora! ¡yo merezco más lástima que castigo! A buen corazón no me
+gana nadie, y si no fuera la fatalidad y mi hermano...
+
+--Eso sí--saltó misia Casilda,--siempre he dicho yo que eres lo
+mejorcito de esa familia; sólo que te dió por no querer trabajar... ¡y
+ahí tienes!
+
+Agapo se encogió de hombros. No, señor, no era por eso; él quería
+trabajar, pero no encontraba en qué: buscó un empleo mucho tiempo y no
+quisieron dársele y ahora andaba tras de una concesioncita de
+ferrocarril, sin resultado; había visitado a senadores y diputados y
+hasta a cierto ministro, que tenía fama de dejarse untar la mano...
+
+--Pero, ¿qué van a darte con esa facha?--dijo riendo la señora.
+
+Ahí está; si él fuera vestido, de levita, y hablara en extranjero o
+siquiera en provinciano, lo conseguiría al momento, sin más capital que
+mucha labia y poca vergüenza. Negocio más lucrativo no se ha visto: le
+dan a usted la concesión, usted la vende al momento y se hace rico, o
+poco menos. Y el ferrocarril se construye o no; generalmente, no se
+construye... ¡Cuántas cosas podría hacer valiéndose de la influencia de
+su hermano! Hoy, para medrar, no hay más que meterse con el Gobierno...
+o en la Bolsa: un compañero suyo, que dormía en los bancos de las plazas
+y en los caños abandonados, se había metido no se sabe cómo en un
+negoción de tierras, y se ganó lo que quiso, convirtiéndose en un
+personaje que arrastra coche...
+
+--Aquí tenemos lo de Quilito--observó misia Casilda,--esas fortunas
+improvisadas me hacen a mí el efecto de casa sin cimientos; deja que
+sople el aire y verás dónde van a parar. Mejor sería que tuvieran más
+cabeza, pues esto se va poniendo muy malo: esta mañana el casero nos
+mandó aviso que para el mes que viene subirá el alquiler, y siempre con
+el mismo pretextito: el oro; ¿qué culpa tenemos nosotros de que se vaya
+a las nubes?
+
+--¡Y lo que vendrá!--dijo Agapo en tono profético, acariciando sus
+barbazas.
+
+--Tengo un dolor de cabeza...--volvió a decir misia Casilda.
+
+--Algún disgusto, ¿no es verdad?
+
+--Sí, ese atolondrado de Quilito tiene la culpa. La noche antes había
+llegado don Pablo Aquiles de mal talante, porque se encontró al niño en
+la puerta de Colón, detrás de las de Esteven, lo que vino a corroborar
+sus sospechas de que _festejaba_ a una de ellas; ya se lo habían dicho
+no sé en qué parte, y la idea de que fuese cierto y que los otros
+pudieran creer que ellos autorizaban semejante cosa, les tenía
+disgustadísimos. Decidieron sondar al muchacho, y cuando bajó a
+almorzar, le espetaron la preguntita.
+
+¿Crees tú que negó? ¡qué esperanzas! es muy deslavado y tiene una manera
+de contestar al padre... Que sí, que Susana le gusta mucho, y que si
+puede que ya lo creo que se casará con ella, pero que _todavía_, no hay
+nada serio... ¡Todavía! ¡vaya un consuelo! Entonces, yo tomé la cosa por
+mi cuenta y le dije las del barquero.
+
+Eso es, muy bien; ¿le parecía decente poner los ojos en una niña, cuya
+familia era enemiga mortal de la suya propia? ¿no había en Buenos Aires
+ninguna otra más que ella, tan buena o mejor? ¿no temía que la gente esa
+dijera que iba por su dinero y que su padre y su tía estaban mezclados
+en el negocio? Y luego, ¿qué significaba eso de casarse un mocoso, que
+no sabe dónde tiene las narices? ¿con qué contaba para el casorio?
+¿tenía siquiera su carrera concluída? Estos muchachos de ahora son de
+una impavidez extraordinaria; todo se lo llevan por delante, y creen a
+pies juntillos en la engañifa aquella de «querer es poder»; así, no son
+pocos los desengaños.
+
+En fin, que me despaché a mi gusto, y como golpe final, le hice esta
+pregunta: Pero, ¿has hablado con la niña.--No.--¿Y entonces?--Ella me
+mira, y con esto basta.--¡Inocente! ¡te fías de los ojos, cuando las
+promesas de la lengua no se cumplen! si todas las mujeres bonitas miran
+y remiran, porque buscan el homenaje de los hombres y quieren ver el
+efecto que su hermosura, su tocado o sus alhajas producen. Entonces él,
+retorciendo su bigotillo, dijo con petulancia:--Hay modos de mirar,
+tía... y yo me entiendo.--¿Habráse visto botarate? ¡Un chico que no
+levanta media vara del suelo! Quedaba el gran argumento y se lo largué:
+Mira, Quilito, que se te quiten tales disparates de la cabeza: el señor
+don Bernardino Esteven nunca consentirá en ese casamiento. Lo aplasté.
+Pero él se irguió, y en tono de amargo reproche, replicó:--Seré muy
+desgraciado entonces, pero la causa de mi desgracia serán ustedes, con
+su terquedad ridícula y su odio injustificado.--¿Qué te parece? mira que
+Pablo Aquiles tiene una paciencia de santo, pero al oír aquello no se
+pudo contener, y eso que le aguanta cosas al muchacho, que parece
+mentira. Total, que Quilito subió a su cuarto muy enfadado, Pablo se fué
+a la oficina de mal humor, y yo quedé con jaqueca. ¡Qué muchacho, Señor!
+
+--Eso me lo sabía yo de corrido--dijo Agapo,--¡las veces que le he visto
+en la calle Florida detrás de ella! y una tarde, al salir de casa de mi
+señor hermano, tropecé en la acera con Quilito, y cuando doblaba la
+esquina vi a Susana en el balcón... Que ellos se entienden, no hay duda.
+
+--Si esto es una fatalidad--exclamó misia Casilda, va a ser un semillero
+de disgustos para nosotros.
+
+Lo que Agapo no se atrevía a decir, es que él era el protector de
+aquellos amores contrariados, el correo de gabinete entre los dos
+tórtolos; su buen corazón no había podido resistir al ruego de
+Quilito... y a la propina de dos pesos por carta, enternecido ante la
+desgracia que separaba a sus sobrinos más simpáticos y que más quería.
+Esto le obligaba a ir con alguna más frecuencia a casa de don
+Bernardino, y a valerse de estratagemas para comunicar con la muchacha;
+pero todo lo hacía con gusto... y con provecho. Seguramente que si misia
+Casilda sabe que en la ocasión en que ella tanto se lamentaba de la
+ocurrencia, era portador Agapo de una carta traidora, que había de
+encender más la hoguera sobre la cual ella, por amor propio y amor de su
+sobrino, trataba de echar el agua fría de la reflexión, no hubiera sido
+flojo el escándalo. Pero él se guardaba bien de descubrirse... si no,
+¡adiós platitos de arroz con leche! la escoba de Pampa y el vigilante...
+
+El sol entraba en el comedor, tan alegre, que parecía de primavera; a su
+grato calorcito, el morrongo de la casa, espatarrado, exponía su vientre
+de terciopelo. Afuera, cantaba Catalina la genovesa un aire de su país,
+con acompañamiento de platos y cacerolas.
+
+--¿Está Quilito?--preguntó Agapo tímidamente.
+
+--Debe estar en su cuarto--contestó la señora.
+
+¡Había subido más enfurruñado! dando portazos y diciendo que iba a hacer
+y acontecer, con las palabritas escogidas de uso diario. Todo se le
+podía perdonar, menos aquel capricho desatinado de enamorar a la hija de
+Gregoria, que le despreciaba hasta el punto de no haberle jamás dirigido
+la palabra, como que le dejó en mantillas... y hasta la fecha. Pero él
+no entendía de razones. Era un muchacha que no tenía pies ni cabeza.
+
+--¿Sabes a qué hora llegó anoche?... hoy, mejor dicho: ¡a las tres y
+treinta y cinco!
+
+Hacía muy poco que habían dado las tres y media, cuando ella, metida
+entre sábanas, oyó abrir la puerta de calle, con cautela de malhechor, y
+pasos apagados en el patio: era el niño que entraba. ¡A las tres y
+treinta y cinco de la mañana!
+
+--Si todos hacen lo mismo, señora--se atrevió a decir Agapo.
+
+--Ese es el razonamiento de Pablo; pues yo digo que si todos hacen lo
+mismo, no sé qué juventud es la de ahora; ¡siquiera estuvieran de visita
+en casas honestas! pero, no, señor, no tienen sociedad ninguna; que se
+pongan en rueda de señoras y no hay quien les saque una palabra del
+cuerpo. Quilito se esconde apenas ve gente en casa, y cuando le
+reprendo, me contesta que él no está para perder su tiempo con
+vejestorios. Lo que a aquel chiquillo hacía falta, era un padre como don
+Aquiles, su abuelo, que le arreglara a ordenanza; el látigo es un
+remedio excelente: con esto y rienda tirante, no hay hijo indócil ni
+descarriado.
+
+--Más se consigue con el cariño, que con los azotes--dijo Agapo
+acordándose de los sopapos y tundas de su niñez.
+
+--Pues éste no echará de menos los mimos...
+
+Se oyó sonar la escalera del patinillo.
+
+--Aquí le tenemos--murmuró misia Casilda poniéndose muy seria.
+
+Quilito entró, con un cigarro en la boca.
+
+--¡Hola! ¡tanto bueno por acá!
+
+Tiróle de las barbas a Agapo, y mientras le presentaba su cigarrera de
+níquel, le deslizó hábilmente en el oído esta pregunta:
+
+--¿Hay algo?
+
+El atorrante dijo que sí, moviendo la cabeza, muy risueño, a la vez que
+se apresuraba a desocupar la cigarrera.
+
+--¿Vienes, Agapo?--dijo el joven.--Me voy a la Bolsa y tengo prisa.
+
+Y mientras el otro se levantaba, la señora, silenciosa hasta entonces,
+llamó aparte a Quilito; en un rincón, pasando la mano por el cuello de
+su gabán para quitarle las hilachas que siempre se dejaba, le dijo
+bajito que no le parecía bien saliera en compañía de aquel hombre; ¿qué
+dirían los que le vieran?
+
+--¿No es mi tío?--dijo él con afectada seriedad.
+
+Eso, felizmente, nadie lo sabía; bueno era protegerle en su desgracia,
+pero no mostrarse con él.
+
+--Si no voy a ir por la calle Florida, tiíta Silda, es para darle
+algo... y no quiero hacerlo delante de usted por no avergonzarle... En
+la esquina le despacho.
+
+--Eso es otra cosa.
+
+Y levantando la voz, añadió:
+
+--¡Que les vaya bien!
+
+Salieron ambos, y ya en la acera, a pocos pasos de la puerta, el joven,
+ansiosamente, pidió la carta, que le entregó Agapo con precaución,
+contando las fatigas que le había costado conseguirla. El criado de
+Esteven era muy bruto, y se permitía ofrecerle puntapiés cada vez que le
+veía; luego, como misia Gregoria estaba con frecuencia en la pieza que
+da al recibimiento, no era posible hablar a Susana, sin que ella lo
+_pispara_. Generalmente, la muchacha abría la puerta de la sala y por la
+rendija echaba la carta; pero aquel día hasta este recurso faltó, porque
+estando sin cerrar la vidriera de colores, a causa de la limpieza, del
+recibimiento se veía todo lo que pasaba en la escalera; hubo que
+esperar la hora de Palermo. Al salir ellas al paseo, recogió en el
+zaguán la carta de manos de la santita, en las mismas narices de la
+oronda misia Gregoria y de Angela, sin que ninguna se enterara. ¿Qué
+tal? Quilito no le escuchaba: había rasgado el sobre y leía; con el afán
+de un sediento ante un vaso de agua, saboreaba la miel de la fraseología
+de su prima, temblándole las manos de emoción.
+
+--¡Ca... ramba!--exclamó echando un terno,--¡maldita suerte la mía! ¿he
+de estar condenado a vivir siempre separado de ella?
+
+Con gesto de mal humor, dió los dos pesos de la tía a Agapo,
+recomendándole que no fuera a emborracharse, y allí mismo le dejó
+plantado, siguiendo la calle de Moreno a buen paso. La verdad es que
+tenía por qué quejarse de su estrella. El abismo que separaba a las dos
+familias era tan hondo, que no había medio de salvarle: en la escena del
+almuerzo pudo comprobarlo; no, ni su padre, tan condescendiente siempre,
+ni la bondadosa tiíta Silda se prestarían jamás a una reconciliación, y
+por el lado de los otros, ya se lo había dicho Jacintito con mucha
+frescura: la tía Goya decía que si se atrevía a poner los pies en su
+casa, le echaría de escaleras abajo. Pero, ¿qué culpa tenían Susana y él
+si hubo o dejó de haber en la malhadada testamentaría del abuelo?
+¡Renunciar a Susana! nunca, aunque en ello se empeñaran el cielo y la
+tierra juntos. Se amaban hacía tiempo, de lejos, porque las chicas no
+iban a bailes y no había medio de hablarse, y se decían muchas cosas con
+los ojos cuando se veían, que las cartitas traducían luego en períodos
+almibarados. La fatalidad había levantado infranqueable barrera entre
+ellos; pero el joven, caprichoso de suyo y testarudo, con la agravante
+de _encamotado_, tenía hecho el juramento de vencer todos los
+obstáculos, y conseguir la mano de la muchacha: ítem más, la
+reconciliación de las dos familias. ¡Qué final de melodrama más hermoso;
+una boda y pelillos a la mar, o canje de abrazos fraternales entre los
+que han andado durante toda la obra tirándose los trastos a la cabeza!
+Por eso quería hacerse rico de prisa, para tener algo que ofrecer a la
+novia y con qué amansar a los padres: la lotería, la Bolsa y la timba de
+clubs y cafés, todo lo ponía a contribución; hasta entonces su estrella
+seguía nublada, pero el gran día llegaría... porque forzosamente tenía
+que llegar.
+
+Entretanto, ¿a dónde iba? Por la tarde debía encontrarse en Palermo:
+_ella_ estaría. Y aquí cumple confesar otro de los inconvenientes en que
+el pobre muchacho tropezaba, un síntoma más de la vida artificial, que
+su mala educación y las pretendidas exigencias sociales le obligaban a
+llevar. Para ir a Palermo, se necesita coche de lujo y para hacer la
+corte a una muchacha _high-life_ concurrir a teatros y a bailes; Quilito
+era pobre, pero él iba en coche de lujo y se mostraba en palco todas las
+noches. ¿Cómo hacía semejante milagro? Digamos la verdad: a costa de sus
+amigos ricos; era un gorrón y nada más, dicho sea sin ofenderle.
+Pegajoso con aquellos de quienes podía sacar algo, sabía llegar a la
+casa en el momento en que iban a sentarse a la mesa, cansado de los
+guisotes de Catalina y los platos criollos de la tía Silda; cuando iban
+al teatro, cuando iban al paseo: era un lebrel a caza de invitaciones.
+En todas partes estaba, y siempre de _arriba_. Así podía darse ese
+barniz de rico, que engañaba a los más y hacía sonreir desdeñosamente a
+los _paganos_ y sabedores del secreto, pero que bastaba para la
+satisfacción de sus gustos y de sus propósitos, desde que la suerte le
+había colocado en posición inferior a la que él tenía derecho a ocupar,
+y la sociedad, no su presunción, le exigía cubrir las apariencias.
+
+Ahora pensaba de qué amigo valerse para ir a Palermo. X*** le había
+convidado la víspera a comer en el Café de París; Y***[**] le pagó el
+coche y las entradas de las carreras del domingo último; Z*** le llevó a
+su palco de la Opera, el lunes. De dos o tres más, había recibido en la
+semana iguales o parecidos favores. Quedaba Jacinto Esteven. Con
+Jacintito tenía más confianza: cierto es que la butaca de Colón se la
+regaló él la noche anterior, pero era su primo y no tenía nada de
+particular que ocupara la tarde siguiente su elegante faetón. En
+definitiva, el chico de Esteven cargaba con los gastos de representación
+de Quilito, comodidad muy grande e inapreciable para el que no tiene en
+su presupuesto partida tan importante y necesaria. Quilito pasaba por el
+rodrigón de su primo Jacinto, y a él acudía siempre aunque, por
+delicadeza, no dejaba de hacerlo también con X***, Y*** Z*** y los demás
+de su círculo. Vaya por Jacintito, pues.
+
+Tenía éste un escritorio de comisiones en la calle Piedad, en una casa
+vieja que parecía iba a derrumbarse de vergüenza al ver, a sus lados y a
+su frente, edificios nuevos y lujosos, y de mostrar su fachada
+desconchada y sus ventanas del año 10 en barrio tan concurrido. Era el
+escritorio una pieza reducidísima, tan obscura, que había sido necesario
+abrir una claraboya; las paredes cubiertas de un papel de ramos dorados,
+que la humedad había deslustrado y dejaba colgar en jirones; sin más
+muebles que dos mesas de patas largas, con sus bancos correspondientes,
+un sofá y cuatro sillas sueltas; una mampara de pino pintado cubría la
+puerta de calle, y al exterior, a ambos lados de esta puerta, se veían
+dos planchas de metal, que nunca se limpiaban, con este letrero:
+_Esteven y C.ª--Comisionistas_. Adentro, la atmósfera apestaba a
+cigarro; el polvo blanqueaba los muebles con espesa capa, sobre la cual
+el dedo de algún desocupado se había entretenido en hacer dibujos
+estrafalarios, pues allí parecía no haber más plumero que los faldones
+de los visitantes y la manga de los escribientes; el suelo, de madera,
+estaba esmaltado de puchos, salivazos, fósforos servidos y papeles
+rotos.
+
+Cuando Quilito entró, Jacinto en el sofá leía un periódico, y encaramado
+sobre un banco, escribía un joven muy rubio, casi albino, el socio, o la
+compañía de que hablaba el letrero. Hijo de inglés y nacido, en el país,
+seriote, reservado, un erizo a primera vista y un pedazo de pan en el
+trato diario, sobre él gravitaba todo el peso de la razón social; porque
+Jacintito no era sino un socio de lujo, que había aportado gran parte
+del capital y su apellido conocido, sin dar palotada en lo que tenía
+entre manos, pues él sólo entendía de juego y de caballos. Míster Robert
+llevaba los libros, trataba con los clientes, discutía transacciones;
+era el poder legislativo y ejecutivo del escritorio. El otro tenía sólo
+los honores de pantalla: llegaba después de las doce, siempre
+soñoliento; oía bostezando la relación que, por mera fórmula, hacía el
+_inglés_, plantado en su alto sitial; recorría los periódicos, mientras
+venían los amigos...
+
+--¿A cuánto el oro?--preguntaba.
+
+Quedábase absorto, como un gran financista abismado en sus cálculos.
+
+--Qué le parece, míster Robert, las cédulas siguen bajando; esta es la
+ocasión de dar el golpe.
+
+El inglés protestaba de estas especulaciones bursátiles; a pesar de la
+angustia que invadía poco a poco la plaza, la casa parecía marchar con
+desembarazo, sabiamente guiada por tan prudente piloto.
+
+--La mejor jugada es no jugar--contestaba.
+
+No insistía porque, al fin y al cabo, Jacinto iba a la Bolsa de su
+cuenta y riesgo, y tenían además las espaldas bien guardadas, pues
+detrás de la razón social estaba la robusta fortuna de don Bernardino.
+
+Antes de la una, salía Jacintito para la Bolsa, después de charlar en el
+escritorio con los amigos y discutir con míster Robert. Aquella sesión
+de barbilampiños, en que se exponían las más peregrinas teorías
+económicas, con la gravedad de padre de la patria, y se barajaban los
+millones de pesos como simples naipes, ofrecía especial interés; había
+empleadillo de tres al cuarto, que hablaba de hacer una operación de
+muchos miles, y niño apenas destetado, que decía con arrogancia que el
+Banco acababa de otorgarle fuerte suma con su sola firma; el hermano de
+alguien que estaba en el candelero, pellizcándose el bozo incipiente,
+brindaba su poderosa influencia, y un _rabonero_ recalcitrante, sin más
+haber que las dádivas de su papá, se lamentaba de sus pérdidas en la
+última liquidación. Pero el que allí predominaba, por su desfachatez y
+su audacia, era Quilito; como su padre estaba empleado en un Ministerio,
+y debía conocer al dedillo los secretos políticos, hacíase él sabedor de
+noticias gravísimas, que iban a influir de manera formidable sobre la
+plaza; ¡ya verían a dónde llegaba el oro! Se lo acababan de decir al
+salir del Café de París, con el palillo todavía entre los dientes.
+¿Quién? Un personaje que entra y sale en la _Rosada_, como Pedro por su
+casa: tal ministro se _apretaba el gorro_, porque el que todo lo puede,
+se lo había sumido hasta las orejas. O si no era algo muy feo,
+descubierto en cierta repartición, o algo peor atribuído a algún
+fantoche de las esferas oficiales. Los otros abrían tamaña boca. Debía
+ser cierto, cuando Quilito lo decía. ¿Y si soltaba el trapo a disertar
+sobre finanzas? tenía tales trazas de catedrático, que nadie chistaba.
+
+--¿Qué noticias traes?--le preguntó Jacinto.
+
+--¡Psh!--hizo Quilito,--lo de siempre, que esto se lo lleva el diablo.
+
+Echóse el sombrero a la nuca, y saludó con un gesto familiar a míster
+Robert.
+
+--A quien se va a llevar el diablo es a mí--dijo Jacintito estrujando
+con rabia el periódico,--¡estoy de un humor! ¡maldito sea o senhor don
+Raimundo de Melo Portas e Azevedo!
+
+--¿Te ha echado otra vez la garra?
+
+--¿Cómo no? pero la culpa es mía. ¡No le costó poco arrancarle al
+_viejo_ los cinco mil nacionales, que debía al pícaro portugués! Si uno
+pudiera adivinar las oscilaciones de los valores en la Bolsa...
+
+Jugó a la alza, cuando ésta se mostraba firme, y de repente la baja se
+pronunció, sin saber cómo ni por qué, arrastrando en su caída a muchos
+incautos, él entre ellos; quedó deudor de cierta suma, a pagar dentro de
+las veinticuatro horas, no se atrevió a acudir al padre, esperando
+resarcirse en otra jugada, y para salir del paso valióse del usurero.
+Siguió adversa la suerte, y entretanto, llegó el plazo fijado por don
+Raimundo; no hubo más remedio que impetrar del viejo la salvación. Le
+puso una cara y le echó un sermón de fraile descalzo, pero aflojó la
+_mosca_, que era lo esencial; dióle a entender, sin embargo, que aquella
+sería la última vez, pues la borrasca se acercaba, y según indicios, iba
+a ser muy fuerte y muy pocos los que escaparían de ella.
+
+--¡Chocheces de viejo!--dijo Quilito con suficiencia:--si te cierra la
+bolsa, acudes al Banco, que es el padre común de los fieles.
+
+--No habrá más remedio...
+
+Bajó la voz, porque quería contar algo que no convenía oyera el socio,
+inclinado sobre el pupitre. El padre le había dicho también, que veía
+con sumo disgusto, su amistad con el Varguitas de la otra banda, por la
+centésima vez, y cuando en esto estaban, hizo irrupción la madre en el
+despacho, y adhirió su protesta a la de don Bernardino, significando que
+había observado ciertos paseos y ciertas ojeadas entre Susana y el
+primito que le olían a _festejo_ descarado, lo que hizo enfurecer al
+padre. Salió Jacinto en defensa del acusado y sostuvo que no había tal
+delito, que no podía haberlo, porque él, compañero inseparable, y a
+mucha honra, de su primo, tenía que estar enterado, como lo estaba, de
+que el otro no pensaba en semejante cosa; pero, la tía Goya, sin dar su
+brazo a torcer, llamó a la barra a la supuesta cómplice, y entre todos
+se la sometió a minucioso interrogatorio. Susana negó de plano, y el
+juicio quedó terminado con esta sentencia inapelable de don Bernardino:
+
+--¡Ni ahora ni nunca daré mi consentimiento, en el caso desgraciado que
+a un hijo mío se le ocurriera unir su nombre al de la familia que nos ha
+ofendido!
+
+--¡Nunca, nunca!--apoyó el fiscal, o sea misia Gregoria.
+
+Y el abogado defensor, es decir, Jacintito, impugnó la sentencia,
+declarándola improcedente, porque no había motivo para dictarla, e
+inicua, porque era la sanción de odios que los años debían haber
+apagado. En cuanto a la amistad del primo, demostró el propósito de
+perseverar en ella... porque no le quitaba a él ningún pedazo, ni le
+haría perder casamiento, como aseguraba su madre.
+
+--Tenía los cinco mil en el bolsillo--concluyó Jacinto,--y bien podía
+desahogarme; si todo esto les digo antes, de seguro no me los dan.
+
+Quilito, muy contrariado, replicó:
+
+--Sobre el mismo tema me han regalado hoy una sonata destemplada en
+casa. ¿Quién será el inventor de esa _zoncera_? Ni yo miro a tu hermana,
+ni ella a mí. Además, ninguno de nosotros tiene nada que ver en que
+ellos anden como el perro y el gato.
+
+Cambiando de conversación, preguntó:
+
+--¿Vas a Palermo?
+
+--Sí, iremos; a las cuatro viene el faetón.
+
+--Bueno; ya que te empeñas...
+
+Abrióse la mampara y entró un hombre, que parecía una figura de cromo:
+muy encendido el color, el bigote afeitado, la nariz encorvada, los ojos
+pequeños y penetrantes, con un levitón color de café y una chistera
+tornasol; era el muy respetable señor don Raimundo de Melo Portas e
+Azevedo, de estado casado, de nacionalidad portugués y de profesión
+usurero, el ángel protector de empleados impagos y pensionistas
+atrasados, el agente de funeraria de toda quiebra, el cuervo voraz de
+toda desgracia, el pastor de los hijos de familia descarriados. Entró
+haciendo saludos de miope y se sentó sin ceremonia en la primera silla
+que encontró, colocando la chistera sobre sus rodillas, después de mirar
+y convencerse que no había sitio más apropiado.
+
+--Ya está usted aquí, señor don Raimundo--dijo Jacintito.
+
+--Hoy estamos a 26 de mayo--contestó el viejo secamente.
+
+--Lo sé, lo sé; ¡Dios nos libre de su buena memoria, de su reloj y de su
+almanaque!
+
+Sacó la cartera y le pagó, presentando los billetes con arrogancia;
+calóse las gafas el otro, maravillado de tal espectáculo y metió las
+narices en ellos, menos por causa de su miopía, que por regalarse el
+olfato con su dudoso perfume, que al usurero debe trascender a gloria; y
+como quiera que don Raimundo, poco acostumbrado a la puntualidad de sus
+clientes, iba preparado a decir cuatro palabras agrias, los oídos
+rellenos de algodón para hacerse el sordo a las lamentaciones del deudor
+moroso, quedóse desarmado al ver los billetes en su mano, y sonrió, más
+de gozo íntimo, que por parecer amable.
+
+--Me alegro y me felicito--dijo ensayando nuevo saludo;--esto me prueba
+que marchamos viento en popa.
+
+--¡Y tanto!--contestó Jacinto con petulancia.
+
+Quilito, así que vió aparecer al portugués, sintió cierto desasosiego, y
+para ocultarlo, cogió el periódico que tenía cerca y lo colocó delante
+de su cara, fingiendo estar entregado a la más interesante lectura; de
+vez en cuando, miraba al descuido a don Raimundo, y le parecía tan feo y
+repulsivo como aquella vez que tuvo necesidad de sus servicios y se
+abocó a él, más muerto que vivo. La punta de la nariz se le movía
+entonces, como ahora, y mostraba también sus dientes mellados y los
+colmillos saltones, al preguntarle su nombre y el de las personas que
+podían servirle de fiador.
+
+--Sí, Vargas, Vargas--decía mascullando las palabras,--empleado con
+ochenta nacionales... esto no basta. ¿No tiene usted un pariente o amigo
+de representación?...
+
+Y Quilito echó mano al clavo ardiendo, largando el nombre de su tío, don
+Bernardino Esteven.
+
+--Eso es otra cosa--exclamó el usurero;--conozco mucho al señor Esteven;
+cuente usted, mi amigo, con la cantidad pedida.
+
+--Espero que no hablará usted a mi tío, ni a nadie, de este asunto.
+
+--Sólo a plazo vencido y letra protestada--contestó don Raimundo
+levantando un dedo, lo que al muchacho se le antojó terrible signo de
+amenaza.
+
+Todavía el plazo no había vencido, faltaba un mes, pero la suerte le
+trataba tan mal que pensaba con terror ver llegar el 22 de junio, sin un
+centavo que ofrecer a aquella fiera de los colmillos saltones. ¿Le
+habría conocido? Era tan corto de vista... Inquieto, sin embargo, se
+levantó y fué a hablar con míster Robert, procurando dar la espalda;
+ambos se enredaron en una discusión política de tono muy subido.
+
+--Si aquí no hay opinión, ni energía, ni principios, ni nada, ni quien
+se levante y se ponga en frente del gobierno. Nos hace falta un hombre,
+como a Diógenes, míster Robert.
+
+--Lo que hace falta es no vivir al día, y gastar menos de lo que se
+tiene; no arrastrar coche cuando el puchero escasea, y confiar el
+porvenir al trabajo honrado y no al azar del juego.
+
+--Diríase que es usted _situacionista_.
+
+--No lo fuí nunca y menos lo sería ahora.
+
+--Pero no me negará usted que aquí todo se vuelve hablar y nada entre
+dos platos. Luego, el ministro de Hacienda...
+
+--¡Si todos fueran como usted!--decía don Raimundo guardando enternecido
+los billetes en el bolsillo interior de su levitón;--se está poniendo la
+plaza de tal modo, que no sabe uno ya con quién trata.
+
+--Ya tendrá usted sus quebraderos de cabeza--insinuó Jacinto,--y qué
+gastar muchas botas y cansar mucho las piernas.
+
+--¡Ay, ay, ay! le citaré a usted un caso, uno de los mil que me han
+ocurrido, de los cien mil que van a ocurrirme; usted conoce a S***,
+¿verdad? un hombre que se ha improvisado millonario, politiquero de viso
+y jugador de muñeca, que vino de su provincia _cantando_ y ahora hace
+bailar los títeres a su antojo... Pues no puede pagarme los veinte mil
+pesos que me debe y que en un momento de apuro le presté a escaso
+interés, créalo usted, a muy escaso interés. Y S*** es un hombre que
+tiene todos los Bancos a su disposición, pero está de tal modo metido en
+negocios y comprometido, que para vestir un santo tiene que desnudar a
+otro. Y si esto sucede con los pájaros gordos, ¿qué no ha de suceder con
+esos _chingolos_, que la enfermedad de la época ha contaminado, pichones
+caídos del nido y desplumados? Pero, señor, si aquí todos estamos locos
+o poco menos; la pasión del juego de Bolsa se ha desarrollado en forma
+tan alarmante, que hasta mi señora, Belarmina, una excelente mujer que
+no ha hecho otra cosa en su vida que espumar el cocido y pegarme los
+botones, ha echado también su cuarto a espadas, y hoy mi cocinera me ha
+preguntado, con mucho interés, si las cédulas tales subían o bajaban. Mi
+hijo, que tiene ocho años, me ha declarado que él será corredor de
+Bolsa, para ganar mucho, mucho dinero, cuando salga del
+colegio.--Siquiera tuviera quince años--dijo la madre.--Por mí le
+habilito la edad--contesté;--para ser corredor más que inteligencia,
+necesita buenas piernas. En fin, sería el cuento de nunca acabar: el
+sebo de una fácil ganancia ha engatusado a muchos, y con el afán del
+lucro se han metido a ojos cerrados en el pantano, y ya han perdido pie
+y empiezan a hundirse; el liquidar de cuentas será un rechinar de
+dientes.
+
+--Así tuviéramos buen gobierno--decía Quilito.
+
+--Pero si no sabemos gobernarnos nosotros mismos, ¿cómo hemos de
+gobernar al país?--replicaba el inglés descargando golpes con la regla
+sobre el pupitre;--lo que yo siento, es que aquí vamos a pagar justos
+por pecadores.
+
+En la calle el rumor de vehículos y transeuntes ensordecía; los
+muchachos pregonaban a grito herido los periódicos de la tarde.
+
+--¿Y su papá de usted?--preguntó don Raimundo bajando la voz,--¿qué tal
+le va en medio de esta marejada? Me habían dicho que tuvo pérdidas de
+consideración el último mes y que dos _quebrados_ le dejaron clavado.
+
+--_¡Macanas!_--respondió Jacintito con desprecio;--el viejo sabe lo que
+se hace.
+
+--Muchas veces por saber demasiado, se yerra peor, mi amigo.
+
+Le miraba a través de sus gafas con insistencia: el chico debía estar en
+el secreto de la verdadera situación de su padre, porque ésta no puede
+ocultarse en el hogar; si los cimientos de la fortuna de Esteven seguían
+inconmovibles, ¿por qué le había buscado a él, don Raimundo? Cuando se
+acordaba de que existían prestamistas, es que iba a pedir lo que quizá
+en aquel momento no tenía... Sus pérdidas recientes en la Bolsa y su
+visita, sin resultado, porque no le encontró. Don Raimundo ataba estos
+cabos.
+
+Jacintito miró el reloj y dijo que se marchaba a la Bolsa. ¡Aquel era el
+gran día! Su corredor le esperaba después de la primera rueda; si la
+baja se acentuaba, la operación se realizaría con una no despreciable
+ganancia. No había de hacer siempre el perdidoso...
+
+--Pues vamos allá, a ver si logro pescar algunos clientes, que se me
+escurren como anguilas.
+
+Levantóse el señor de Melo Portas e Azevedo, cubrió su calva con la
+chistera tornasol y se dirigió a la puerta, después de saludar a derecha
+e izquierda.
+
+--¿No vienes?--preguntó a su primo, Jacintito.
+
+--Te espero--respondió Quilito sin volverse.
+
+Cuando el joven y el prestamista salieron, un sol radiante iluminaba la
+ciudad; eran las dos y un hacinamiento de carros, carruajes, caballos y
+transeuntes obstruía la calle y las aceras, con zumbido colosal de
+colmena entregada al pillaje. El tranvía, inmóvil, pedía con estridente
+toque de corneta paso franco, mientras un grupo de desocupados rodeaba
+al caballo de un vehículo, caído en mitad de la vía, bajo el peso de su
+carga y de sus largos servicios; entre el vigilante, el carrero y el
+mayoral, había ruda porfía a quién gastaba más ajos y cebollas, para
+dejar bien sentado su derecho y su cultura: el vigilante, un chinazo de
+pera, los ojos atravesados, el kepis sobre la oreja, usando de malos
+modos y peores palabras; el carrero, un criollo pura sangre, de
+chambergo ladeado y pañuelo al cuello, y el mayoral, un _compadrito_ de
+melena, dandy echado a perder, contoneando las caderas a compás. Y
+mientras estos tres oradores de plazuela desfogaban su elocuencia, en
+medio de las risotadas del auditorio, yacía el triste animal sin
+movimiento, la noble cabeza cogida bajo las varas del carro, echando en
+cada resoplido espumarajos sanguinolentos. Pasaban lujosos equipajes,
+camino de Palermo; en la calle, demasiado estrecha, no había espacio
+para todos: al lado de elegante _victoria_, marchaba enorme carromato,
+cargado de cajones, o de pipas o de sacos, dando tumbos en los baches
+del empedrado, con espantoso chirriar de ruedas; se encabritaban los
+caballos, juraban los cocheros, y había linda cabeza que se asomaba a la
+portezuela, con inquietud o impaciencia. Por la acera, las gentes
+andaban de prisa, no como personas que se pasean y a quienes la hora
+poco importa; cada cual con rumbo fijo, al grano de sus negocios,
+contando los pasos y los minutos. Y sobre todo aquel rumor de océano
+encrespado, resonaba el grito de los vendedores ambulantes y el toque de
+corneta del tranvía, que parecía la llamada pavorosa del juicio final.
+
+--¡Que vengan después a decirnos que estamos en crisis!--exclamó don
+Raimundo;--mire usted, amigo Esteven, el movimiento y la vida de esta
+ciudad populosa y rica; todos parecen nadar en la opulencia y llevan
+cara de satisfacción. Allí va la mujer de S***, el fantasmón de quien le
+hablaba hace poco: fíjese en su tren de princesa; entretanto, el marido
+no paga a nadie. Y así muchas y muchos. Pero de esto no tiene la culpa
+el país, cuya prosperidad no puede sufrir eclipse sino momentáneo, para
+volver a brillar con nuevo y poderoso resplandor. La crisis que aquí
+tenemos, amigo Esteven, es de sentido común.
+
+Siguió filosofando a sus anchas, desatada su lengua y animada su
+imaginación por la pesca de los cinco mil. Pasó en revista las causas de
+la crisis y discutió sus efectos, con cifras y con datos, mientras daba
+a las alas de su nariz aquel movimiento de bomba aspirante, que tanto
+chocaba a Quilito. Jacinto, tirando nerviosamente de su patillita rala,
+pensaba que aquel hombre se ponía muy fastidioso, cuando tomaba la
+palabra; contestaba con signos afirmativos a las disquisiciones del
+portugués, reservando su opinión para no caer en la polémica. Pero el
+otro no callaba; volvió a la carga sobre aquello de los pájaros gordos,
+que parecían repletos y sin embargo iban a pedirle un poco de alpiste,
+bajo secreto de confesión... Jacinto no chistó.
+
+--O no hay nada, o no sabe nada--se dijo don Raimundo.
+
+Entretanto, en el escritorio, Quilito se aburría. Agotada la discusión
+política, míster Robert reanudó sus anotaciones en el libro mayor, y el
+joven fué a sentarse en el sofá, donde encendió un cigarro y se puso a
+leer de nuevo la carta de su prima. Pero esta vez, las palabritas
+dulces, no le hacían ningún efecto; sin concluirla la guardó, y quedóse
+cavilando sobre la relación de Jacinto, desalentado ante la gravedad de
+la lucha; él iba a la conquista de la felicidad y de la fortuna, al
+asalto, al escalamiento, como tanto guerrero intrépido de la época. ¿Por
+qué no había de hacerse rico, por un golpe audaz de la suerte? Entonces,
+seguramente que don Bernardino no haría ascos a su candidatura, y las
+diferencias de familia quedarían olvidadas. Miraba a míster Robert y se
+encogía de hombros con lástima. No, no se vería él en ese espejo. Allí
+estaba de la mañana casi hasta la noche, la espalda encorvada, los dedos
+agarrotados sobre el lapicero, sentado en el banco de patas largas, sin
+descanso, sin distracción, esclavo del trabajo, prisionero del deber; y
+así todos los días, todos los días... hasta que la enfermedad le clavase
+en el lecho, la vejez le baldara o le sorprendiera la muerte.
+Entretanto, habría pasado los mejores años de su vida sin gozarlos,
+dejando para otros el fruto de lo que él sembrara...
+
+Un doctorcito, de estos que apenas salen de las aulas, ya se presentan
+candidatos a todos los puestos vacantes de importancia, sin más títulos
+que su título y sin más bagaje científico que los atracones, a fin de
+curso, de textos sin digerir, y así hacen de jueces y diputados, como
+juegan los niños haciendo de generales y de obispos, entró con mucho
+sonar de botas nuevas, preguntando dónde estaba Jacintito.
+
+--Hace una hora que le busco, porque mi corredor me dice que las
+acciones siguen bajando y ya es tiempo de largarlas.
+
+Decía mi corredor, como diría mi zapatero.
+
+Quilito contestó:
+
+--En la Bolsa le encontrarás.
+
+Y cuando el otro salía, acompañado del chasquido de sus suelas, le
+asestó esta cuchufleta:
+
+--¿Y qué tal la diputación? ¿te _nombran_; quiero decir, te eligen, por
+fin?
+
+Reíase del flamante doctor, aunque con secreta envidia. Todavía no había
+alcanzado él la suspirada borla, pero se consolaba, porque él tenía
+también _su_ corredor.
+
+Pasaba el tiempo. Míster Robert escribía imperturbable, abstraído en su
+tarea, como si estuviera solo. Quilito tiró el cigarro y se acostó en el
+sofá, bostezando. Cerró los ojos, decidido a esperar la vuelta del primo
+durmiendo, porque la compañía del inglés, a quien nadie arrancaba de sus
+libros, era más soporífera que una infusión de opio. La mampara volvió a
+abrirse, y apareció primero una chistera descomunal, luego una cara de
+muñeco llorón y por último un cuerpecito ataviado de larga levita, y
+botas altas, que todo él hubiera cabido, como en una funda, dentro del
+sombrero de copa; era el lacayo de Jacinto, que traía el faetón. Quilito
+saltó del sofá y fué a la puerta a ver el carruaje. ¡Qué corte más
+elegante tenía y cómo deslumbraban su caja y los rayos de las ruedas! el
+caballo, un alazán hermosísimo, tascaba el freno, impaciente, moviendo
+sus piernas finas y nerviosas.
+
+--¿No has visto al niño?--preguntó Quilito al lacayo.
+
+El chico contestó que no, ajustándose el sombrero, que parecía venirle
+algo grande.
+
+--Mira que concluirá por cubrirte del todo--dijo el joven riendo.
+
+Por fin llegó Jacinto, cariacontecido y de mal humor.
+
+--No he podido hacer la operación--exclamó con un juramento.
+
+--Lo dejas para mañana, hombre, ¿qué apuro tienes?
+
+Jacinto entró en el escritorio, vió a míster Robert trabajando siempre,
+y no queriendo interrumpirle, salió y dijo a Quilito:
+
+--¡Vamos a Palermo!
+
+Subieron ambos en el faetón, colocóse detrás el lacayito, empuñó Jacinto
+las riendas y al ligero latigazo, arrancó el alazán gallardamente.
+
+Y entonces, vínole a la memoria a Quilito la frase de su tía aquella
+mañana:
+
+--¡Por este camino, hijo mío, no llegarás a ser sino un segundo Agapo en
+la familia!
+
+
+
+
+IV
+
+
+A las cinco y media, cuando ya no se veía en el escritorio, míster
+Robert cerró su libro; la claraboya dejaba caer una luz mortecina, que
+embrollaba los números sobre el papel, simulando extraña danza de
+esqueletos, y no era posible continuar el trabajo. A veces, cuando la
+urgencia del asunto lo requería, encendía el gas y seguía en su tarea,
+sin preocuparse de la hora, ni de la que marcara su estómago, mientras
+su aristocrático socio faroleaba en Palermo, descuidado. No salía, sin
+dejarlo todo en orden, cada cosa en su sitio de costumbre: la pluma, muy
+limpia, envuelta en el mismo pedacito de tela negra, que trajo el primer
+día; la chaqueta de casa, en el segundo clavo de la percha del fondo; el
+lápiz, la regla y el lacre en el cajón del centro de su mesa, objetos
+todos que cuidaba con cariñoso esmero, como dóciles compañeros de la
+labor diaria. Así resplandecía el sitio que él ocupaba de sorprendente
+limpieza, en medio del desorden y la dejadez del resto de la habitación;
+al principio, quiso imponer sus hábitos morigerados, asignando su puesto
+a cada objeto y haciendo que la escoba y el plumero desempeñaran el
+papel que aconseja y manda la higiene; pero aquello fué lo mismo que
+pretender aplicar la regla de San Benito a una tropa de reclutas.
+Jacintito tenía convertido el escritorio en club familiar, y allí se
+charlaba y fumaba, como se jugaba al box y al palo, y en momentos de
+amistosa expansión volaban los libros, cual si tuvieran alas; todo lo
+cual contribuía a darle el aspecto de sala de escuela, manchado de tinta
+el suelo y garabateadas las paredes por los muchachos revoltosos. Míster
+Robert creyó poner un dique a la invasión, ordenando su mesa y los avíos
+de escribir con la minuciosidad femenina que le caracterizaba, mas no
+logró escapar a sus efectos: su querida pluma, cuyo rum-rum le era tan
+grato, abandonaba a lo mejor el lecho de cartón y el cobertor de lana,
+que tan bien sabía prepararle, y salía a recorrer las otras mesas,
+volviendo de estas calaveradas maltrecha y sin barbas; parecidas
+excursiones hacían el lápiz, que llegaba despuntado; el secante, que
+traía perfiles grotescos, y la regla, con más porrazos que cabeza de
+turco. Puso entonces todo bajo llave, pero asimismo no le dejaban
+tranquilo: ya era Jacintito, que le pedía papel y lo borroneaba o pluma
+y la echaba a perder; ya el escribientillo que tenían, cagatinta con
+aires de ministro, de onda sobre la frente, que escribía a fuerza de
+raspador y de sandáraca, quien no sabía resistir ante la roja barra de
+lacre o el paquete de sobres, liado en su elegante cinturón de colores.
+A pesar de su carácter blando, el _inglés_ tenía sus cuartos de hora de
+mal humor, y nada le incomodaba más que encontrar una cosa fuera de su
+sitio, o no encontrarla en ninguna parte: entrecerrando sus ojos de
+albino, como un murciélago a quien daña la luz, se revolvía en su banco
+de patas largas, buscando en los cajones, palpando sobre la mesa;
+convencido de la inutilidad de sus pesquisas, miraba al escribiente,
+como si quisiera devorarle, pero no decía nada, porque guardaba sus
+sentimientos y sus pasiones bajo la llave de la reflexión, tan bien,
+como los objetos de su escritorio.
+
+Con Jacinto no se llevaba mal, y con esto queda dicho que, si sus
+relaciones no eran cordiales, tampoco estaban a matar. Para un hombre
+tan metódico como míster Robert, que tenía clasificadas las horas del
+día y llevaba el _debe_ y _haber_ de su vida, con la misma
+escrupulosidad que el libro mayor de la casa, el carácter inconsistente
+de su socio, aquella falta de instrucción y de juicio, que denotaba en
+sus actos y en sus palabras, no podía inspirarle confianza ni simpatía.
+La ley de la necesidad le obligaba, sin embargo, a soportar compañía tan
+incómoda, pues el otro representaba la fuerza bruta, es decir, el
+capital, y él no traía sino la inteligencia y el trabajo, que no
+alcanzan en plaza cotización alguna, menos cuando van refrendados por la
+firma del favoritismo.
+
+Míster Robert no concurría a cafés ni a teatros; su distracción única,
+suprema, que saboreaba con el deleite de un goloso, era su familia: la
+mujer, un ángel; el hijo, otro ángel, y el padre, viejo patriarca de
+Irlanda, más católico que el Papa y de una honradez a toda prueba; de
+esos caracteres que ya no se estilan y que, temerosos, se esconden en
+el santuario del hogar, como prenda pasada de moda, para no exponerse a
+la irrisión del público. Tal como llega al nido la paloma amorosa,
+trayendo en el pico el alimento para su prole, las alas fatigadas, pero
+satisfecha de no haber perdido el viaje, así entraba en su casa míster
+Robert cada noche; besaba a su mujer, a su hijo y a su padre, ya
+octogenario y medio baldado, y se sentaba sonriente, mientras la sopera
+humeaba sobre la mesa. ¿Qué había de ir él buscando fuera, si el amor y
+la felicidad le hacían compañía?
+
+Salió del escritorio, cerrando la puerta con el llavín, que guardó, y se
+fué por la acera de la izquierda, que seguía siempre con lluvia o con
+buen tiempo, a tomar el tranvía en la esquina de la Catedral. Al pie del
+farol, recorría los diarios de la tarde, espiando la aparición, del lado
+del río, de la luz verde, azul o roja del vehículo; el frío y la humedad
+le incomodaban, e impaciente por la tardanza, se paseaba por el atrio
+solitario, como galán que espera: el rumor inmenso de la ciudad se había
+apagado, las luces palidecían en medio de la neblina, las vidrieras de
+los escaparates sudaban de frío, las palmeras tísicas de la plaza se
+quejaban... Andando, míster Robert pasó la esquina de Reconquista y
+llegó hasta la Bolsa, en su afán de salir al encuentro del tranvía,
+creyendo así alcanzarle más pronto.
+
+¡Qué triste y silencioso estaba el edificio, que en el día rebosa de
+animación y de gente! Las puertas cerradas, las bombas de gas apagadas,
+las banderas, con que se engalanara la víspera, enrolladas al asta por
+el viento, todo envuelto en la niebla, como en un sudario. Ahí estaba,
+en la actitud de fiera que reposa, bien nutrida de vidas y de honras;
+los lamentos de las víctimas no se oían, pero quizá, aplicando el oído,
+se escuchara la voz doliente de los desgraciados, que la loca ambición
+sacrificara. Semejante a aquel palacio de los cuentos, en el cual se
+entraba por una puerta riendo y salíase por la otra llorando; ¡cuántos y
+cuántos habrían penetrado en el fatal recinto, con la sonrisa de la
+esperanza en los labios, y salido con las lágrimas del desengaño en los
+ojos! Picados todos por la tarántula del lucro fácil, vienen, en danza
+infernal, a ofrecer sus dádivas al monstruo: uno, el pan suyo de cada
+día; otro, el blanco cordero de sus ilusiones; aquél, su crédito; éste,
+su nombre, el porvenir, la vida... Todo lo devora la fiera hambrienta.
+Las filas se clarean; pero, como en las batallas, los que vienen detrás
+ocupan el sitio de los caídos y el asalto a la fortaleza de la fortuna
+se renueva, con más vigor en cada acometida. Sigilosamente, tiende el
+trabajo su escala al primer baluarte, y va subiendo peldaño a peldaño,
+regando el camino con el sudor de su frente, y llega y se reposa y mira
+todo aquel estruendo y aquel chocar de pasiones, que bulle en su
+derredor, como mar agitado por la tormenta; cobra nuevos alientos, y
+sube y sube, siempre peldaño a peldaño... a veces, flaquean las fuerzas,
+se detiene, vacila, cae... pero, agarrado a la escala, recobra pronto el
+equilibrio y vuelve a subir penosamente. Mira hacia arriba, y le espanta
+el camino que aun falta; mira hacia abajo, y le asusta el espectáculo
+del combate. Y mientras el trabajo recorre el áspero camino paso a paso,
+ya animoso, ya desfallecido, hay afortunado que, de un golpe de ala,
+llega a la cima, y desde lo alto ríe desdeñosamente de aquel que
+pretende subir arrastrándose como la culebra, y le apostrofa y le
+insulta. Torna el otro a mirar hacia arriba y ve con desconsuelo, que
+hay quien sube con alas que a él le negaron y que la ansiada meta no la
+tocará él con sus manos callosas, sino a costa de esfuerzos supremos.
+¿Por qué no mejor dejarse caer y abandonar la empresa? Se reanima, y
+sigue subiendo, siempre peldaño a peldaño, en tanto que la cima va
+coronándose de vencedores. Y llega él también, fatigado, enfermo,
+moribundo casi, y se sienta en la altura a descansar, satisfecho del
+triunfo... Mas he aquí, que se oye un gran estruendo y la fortaleza se
+derrumba, falta de cimientos, arrastrando a los que subieron con alas y
+al que subió paso a paso. ¡Y en el campo de la catástrofe, la fiera
+escarba y se ceba!
+
+De pie en la acera, meditabundo, enfrente del silencioso edificio,
+míster Robert pensaba que no es otro el destino del trabajo honrado, en
+lucha abierta con el agio: el interés los une en apretada cadena, y es
+tal la solidez de sus eslabones, y tal el engranaje de la máquina, que
+el que cae, arrastra a los demás que le siguen, envolviendo a todos en
+la propia ruina. ¿Y las fatigas y los desvelos del que sembró su
+semilla, cuidó su germinación, se recreó en la florescencia y se preparó
+a recoger el fruto apetecido? ¡Quién sabe! él era de los que van poco a
+poco, por la recta de la honradez, enemigo de las curvas del
+mercantilismo, y quizá en el nublado que se aproximaba, cayera también,
+víctima inocente de ajenos errores. ¿Qué sería entonces de su pobre
+familia? ¿sembraría nueva semilla, sin temor de que las bestias del
+vecino pisotearan su sembrado y le arruinaran una vez más?
+
+Había caído en dos ocasiones: la primera, por manipulaciones de un socio
+desordenado; la segunda, por manejos de un corredor desleal, y en ambas
+tuvo que responder con su capital y sus ahorros de la impericia y de la
+mala fe ajenas. ¡Horas más amargas, no las recordaba en su vida! Su
+casamiento postergado, su porvenir obscurecido, decaído el ánimo... Y
+volvió al trabajo, con rabioso tesón, dispuesto a llegar o a perecer.
+Divisaba ya la tierra prometida, cuando nuevo golpe le sume otra vez en
+la desgracia, y otra vez encuentra fuerzas para rehacerse, y llega y
+realiza todo su programa de felicidad. Pero entonces luchaba solo, no
+arriesgando sino el propio bienestar, mas ahora, que tenía seres débiles
+y queridos que proteger... Cual otro Sisifo, subía por tercera vez la
+montaña, con el peso de su honradez sobre los hombros, expuesto a la
+acometida del agio, que le acechaba y le echaría a rodar al menor
+descuido. Y bien, si era vencido, no había de ser sin una feroz
+resistencia, sin luchar cuerpo a cuerpo con el odiado enemigo y tratar
+de ahogarle entre sus brazos robustos.
+
+La niebla se hacía más espesa y la fachada de la Bolsa adquiría extraño
+aspecto, detrás de aquella cortina de tules; míster Robert creía ver en
+los huecos de las columnas, en el borde de las cornisas y sobre el
+marco de puertas y ventanas, urnas cinerarias y fúnebres inscripciones,
+antorchas volcadas y figuras de buhos solitarios, el conjunto, en fin,
+de las tristes alegorías de los comenterios. Llegaba a leer el _aquí
+yace_ fatal y deletreaba nombres; entre éstos el suyo. Antojábasele el
+edificio, inmenso panteón de vivos.
+
+Las puertas se abrían sin ruido y veíanse luces amarillas y nichos que
+se descubrían por sí solos y tumbas que se destapaban, y allá en el
+fondo una mesa, sobre la mesa una bandeja y sobre la bandeja monedas
+apiladas; un juego de dados muy cerca, y de pie, al lado de ella, una
+figura enmascarada, que bien podía ser Mercurio, a juzgar por el pie
+alado, que trataba de disimular bajo la vestidura que le servía de
+disfraz. Y de cada nicho y de cada tumba salían sombras que, en correcta
+formación, avanzaban hasta la mesa, cada una con un bolsillo de oro en
+la mano, y en llegando arrojaban el bolsillo, al mismo tiempo que la
+figura enmascarada volvía los dados. Una voz siniestra cantaba los
+números, y a cada cifra, que repercutía lúgubremente bajo las bóvedas,
+se desprendía una sombra de la mesa, abandonando sobre la bandeja el
+bolsillo. Luego volvían con otro y más tarde con otro, y el oro se
+amontonaba de manera tal, que tocaba al techo en soberbia columna de
+tentadores chispazos. Y los dados seguían bailando y cantando la voz
+siniestra. De repente, escuchóse un gran rumor y estallaron, como trueno
+formidable, las lamentaciones de las sombras; dando ayes dolorosos, se
+apartaban de la mesa, volvían a sus nichos y a sus tumbas, y
+registraban los cuatro rincones, buscando una moneda más que arrojar en
+la bandeja; las que tropezaban con ella, corrían a ofrecerla a la figura
+enmascarada, quien, de una vuelta de dados, hacíala desaparecer; las que
+nada encontraban, gemían, la cara contra la tierra. Bien pronto, no se
+oyó sino el concierto colosal de quejas, que la mala suerte arrancaba a
+los perdidosos; los dados quedaron quietos y la voz siniestra se apagó.
+Tímidamente, acercóse una sombra y echó sobre la mesa algo que brillaba
+como diamantes.
+
+--Aquí traigo las lágrimas de mi esposa--dijo,--tómelas usted el peso y
+aprecie bien los quilates.
+
+Otra trajo el corazón de su madre, diciendo:
+
+--Es de oro macizo.
+
+Dos llegaron, entregando la primera un escudo y la otra una lanza. Esta
+dijo:
+
+--Doy a usted mi nombre; no tiene mella.
+
+La del escudo dijo:
+
+--Entrego a usted mi crédito; no lleva abolladura.
+
+Con arrogancia, una quitó de sus hombros el manto y lo arrojó sobre el
+tapete, diciendo:
+
+--Ahí va mi honra; no tiene tacha.
+
+Otra, que aparecía encorvada por el pesar o por los años, trajo costosa
+joya, manchada de sangre.
+
+--Aquí tiene usted la felicidad de mi hogar--dijo;--esas manchas salen
+con oro derretido.
+
+Fueron así todas ofreciendo lo poco que tenían, lo único que les
+quedaba; y cuando la última vuelta de dados faltaba que dar, apareció
+una sombra más pequeña que las otras, con toda la cara y todas las
+trazas de Jacintito Esteven, trayendo un ave desplumada y malherida, y
+presentándola, dijo:
+
+--Este es el trabajo; ábrale usted el vientre y encontrará dentro huevos
+de oro...
+
+Aquella fantasmagoría desapareció; el telón de niebla cayó sobre la
+fachada de la Bolsa, y quedaron ocultas las figuras del sombrío drama,
+que la imaginación del comerciante acababa de hacer representar. Míster
+Robert levantó su brazo, cual si lanzara un anatema, y exclamó:
+
+--¡Garito amparado por las leyes, ladrón de haciendas, yo te maldigo!
+
+Venía el tranvía, el suyo, con su luz roja brillando, como un ojo de
+fuego, en medio de la neblina; míster Robert se metió en él, transido de
+frío. El reloj del Cabildo daba las seis.
+
+Era la hora ordinaria de su regreso al hogar, en invierno, porque en
+verano no lo hacía hasta después de las siete. Al escritorio llegaba
+siempre a mediodía; el mismo tranvía le dejaba en la esquina de la
+Catedral. De ida y de vuelta, irremediablemente, tenía que pasar por
+delante de la Bolsa, y no lo hacía sin arrojarle una mirada de odio, tal
+era la ojeriza que sentía por aquella institución, no por lo que ella
+representaba, sino por lo que era al presente, convertida en mercado de
+especulaciones vergonzosas. Pasaba sin querer detenerse, contemplando
+con lástima a los que penetraban en el sitio maldito, viejos y jóvenes,
+espoleados todos por la misma idea de crear fortuna sobre base de arena;
+mirábales al rostro y sorprendíale la palidez intensa, la mirada
+inquieta, el respirar anheloso, de los que corren tras una quimera, como
+tras la mariposa un niño, y a intervalos, ya ponen sobre ella la mano,
+como la retiran desengañados, se agitan, se revuelven y consumen en
+estériles esfuerzos. El, entretanto, iba a su trabajo con la
+tranquilidad del hombre que todo lo espera de su propia iniciativa y no
+de una vuelta de dados, sólo con el cuidado del que lleva un pedazo de
+pan y trata de defenderlo de los canes famélicos que le siguen.
+
+A la hora en que míster Robert pasaba para el escritorio y desde esa
+hora en adelante, todos los días hábiles, es tal la afluencia de gente
+en la Bolsa, que diríase ermita de santo milagroso en día de romería.
+Por ambas puertas, porque tiene dos entradas, y es por eso tan difícil
+de guardar, llegan, salen, se tropiezan, se codean los neófitos y los
+iniciados en el culto del sagrado becerro, que van a prosternarse ante
+el ara y a consultar el oráculo; no da éste a conocer sus sentencias por
+medio de epiléptica pitonisa, sentada en su trípode y acompañada de
+truenos y relámpagos, sino por modesto civil que, tiza en mano, las
+traduce fielmente sobre negro pizarrón, y son escuchadas con avidez y
+recogidas y transmitidas de los que salen, a los que entran, de éstos a
+los que llegan después y de los últimos que se retiran, a la ciudad
+inmensa, que espera anhelante, como si de la cotización bursátil
+dependieran su bienestar y su porvenir, y se regocija o alarma,
+alternativamente.
+
+La fila de _tílburis_ se estaciona a lo largo de la ancha acera; de
+cada uno baja ligeramente el corredor, abandonando las riendas en manos
+del lacayo, sube aprisa la escalinata y se pierde en el grupo numeroso
+del pórtico. A bocanadas sale a la calle el rumor de adentro, y arrecia
+por instantes la agitación y el vocerío; una sola pregunta rueda en
+todos los labios: ¿A cuánto el oro? Se hacen comentarios sobre las
+contingencias que pueden ofrecer las operaciones realizadas, se discuten
+las noticias políticas y se habla de las bajas que la crisis produce. El
+sol cae a plomo sobre la gran plaza, y los chicos de los _tílburis_
+dormitan, aburridos. Sale a paso de carga el corredor que acaba de
+entrar y se aleja en el ligero vehículo; va preocupado, el ceño
+fruncido, con el aire de un diplomático encargado de la resolución de
+arduo asunto; a poco vuelve, y cinco minutos después está otra vez en la
+calle. Tal entrar y salir de gentes apresuradas, tanto secreteo en los
+rincones, la inquietud que en los semblantes se retrata, todo hace creer
+al transeunte curioso que en aquella casa tan grande, que quiere ser
+palacio, hay un enfermo grave que se muere por momentos. Por eso, las
+consultas de médicos se multiplican y aparecen los parientes y amigos
+contristados.
+
+De los primeros en llegar era el insigne portugués don Raimundo, después
+de dar una regular batida por las aceras del Cabildo y del Palacio de
+Gobierno, tarea que llevaba a cabo con el arte de un consumado
+polizonte; llegaba malhumorado, porque él decía repugnarle en extremo
+esta caza cotidiana al deudor olvidadizo, verse obligado a acechar a
+cada uno, correr detrás, cogerle por los faldones y recordarle por la
+centésima vez, por la milésima vez que en tal fecha le hizo tal
+préstamo, y esto todos los días, y siempre sin resultado. No entraba
+inmediatamente, sino que se quedaba en el pórtico viendo el desfile,
+caladas las gafas y sonriendo a unos y a otros. ¡Señor don Raimundo,
+aquí! ¡Señor don Raimundo, allá! Era alguien que le reconocía o alguien
+que le necesitaba. Charlaba con todos, pedía informes y daba noticias, y
+a lo mejor se escurría, rodeaba la manzana e iba a apostarse en la
+puerta de la calle Piedad.
+
+--Entre usted, amigo don Raimundo--le decían.
+
+--Luego, luego--contestaba,--es la hora de levantar la caza y no quiero
+asustarla.
+
+De allí marchaba de nuevo al Palacio de Gobierno y otra vez al Cabildo,
+para volver a ponerse de facción en la Bolsa.
+
+--¿Ha visto usted a S***?--preguntaba.
+
+--Acaba de entrar.
+
+Seguía el rastro de S***, como perro perdiguero, y no lo abandonaba
+hasta no dar con él, empresa tanto más difícil, cuanto que las dos
+opuestas salidas del edificio son obstáculo no pequeño para toda
+vigilancia; a pesar de su acentuada miopía, iba directamente tras la
+pista, de tal manera, que diríase era el olfato y no la vista que le
+guiaba. Veíasele atravesar la plaza, agitando los faldones de su levitón
+color de café, pasar bajo la arquería de la Recova, perderse entre el
+hormiguero de la acera y al cabo de corto rato reaparecer, por el lado
+contrario, la chistera en la mano y secándose la frente y la calva con
+el pañuelo. Concluída la requisa, entraba tranquilamente en el sagrado
+recinto, y como era así tan locuaz y francote, tenía su círculo que le
+festejaba; mas, ocurría a veces con él lo que con aquella gata doncella
+de la fábula, que, en viendo un ratón, le corría detrás, olvidando su
+nuevo papel y su alto rango: alguien pasaba junto al grupo, en que don
+Raimundo peroraba con su grandilocuencia de costumbre, veíale el orador
+y allí mismo se dejaba su discurso y su público, para correr en pos del
+otro y echarle el guante sin más trámite. Luego volvía, y con
+naturalidad pasmosa tomaba el hilo de la oración, donde la había dejado:
+
+--Pues bien, señores, sucedió que...
+
+A pesar del cargo que ejercía, que es en el comercio lo que el verdugo
+en la justicia, no puede decirse que fuera un mal hombre mi don
+Raimundo: tenía sus escrúpulos de conciencia, sus asomos de caridad y
+más fama de blando y misericordioso, que de inexorable y de cruel;
+aunque esto quizá dependa de la manera en que él, ejecutor de la ley de
+la necesidad, se conducía con el mísero sentenciado, pidiéndole perdón
+antes de apretar el nudo de la garganta, porque la forma suele salvar el
+principio.
+
+Hay que aclarar esto de los escrúpulos de conciencia del insigne
+portugués: con ello ha querido decirse, que no era capaz de cometer un
+robo en despoblado, ni de llevar a cabo, ostensiblemente, acción alguna
+de las que pena el código; pero realizaba sin ambages negocitos de doble
+fondo y a tan delicada y lucrativa faena dedicaba todo su tiempo, toda
+su inteligencia y todas sus uñas. Apoderarse del caudal del prójimo, es
+un robo; sisar del tesoro público, no lo es. El que cae en aquel pecado,
+pierde la estimación y la libertad; el que mete mano en las arcas
+fiscales, gana posición y renombre. Don Raimundo, pues, la metía hasta
+el codo sin miramientos, y procuraba acercarse del lado que más
+calentaba el sol, tras del servicio por proveer, tierras que liquidar o
+concesión que acordar. Así tenía, a más del producto de sus préstamos
+usurarios, la renta fabulosa que sacaba sin repugnancia del estercolero
+de los negocios sucios. En cuanto a su caridad, practicaba la de su
+conveniencia, y nada más.
+
+Cualquiera dirá, enterado de estos datos, que, siendo don Raimundo un
+tipo moral despreciable, era un tipo social despreciado. Pues, ¡no,
+señor! Don Raimundo de Melo Portas e Azevedo era un hombre a quien se
+agasajaba y mimaba, como puede serlo, y en realidad no lo es, el varón
+de grandes y positivos méritos. La ola de la emigración europea, entre
+lo bueno y lo malo que periódicamente nos aporta, había arrojado a
+nuestras playas este digno ejemplar de la familia de los natobdélidos,
+honorable agrupación zoológica a la que da tono y carácter la
+sanguijuela; la prodigiosa bondad del suelo y del ambiente contribuyó a
+su rápido desarrollo.
+
+Es indudable que don Raimundo tenía talento, no esa facultad creadora
+que da vida al libro, a la estatua, al cuadro, y que tan bajo se cotiza
+en el mercado social, sino ese sexto sentido indispensable para andar
+suelto, sin peligro, por los vericuetos del mundo, y se llama sentido
+práctico, el _savoir vivre_ de los franceses, y consiste en buscarle la
+vuelta, como quien dice, a las cosas y hablar a cada cual en su idioma.
+Este talento especialísimo poseíalo el portugués en grado sumo, y así
+era él de escurridizo, de flexible y de listo; sabía amoldarse a las
+circunstancias, aprovechar los momentos y servirse de los hombres. De
+todo sacaba partido y lo mismo espigaba en los campos de la miseria, que
+segaba en los de la opulencia.
+
+Su hablar dulzón, su aire humilde, su afabilidad exquisita, le abrían
+todas las puertas y le ganaban todas las voluntades. De lo que se decía
+de él, burlábase desdeñoso: don Raimundo trabajaba en la sombra y sus
+secretos guardábanlos sus cómplices y sus víctimas, empeñados todos en
+callar, por conveniencia o por vergüenza.
+
+No era en llegar tan exacto ni tan matinal don Bernardino Esteven, otra
+fisonomía curiosísima del pandemónium bursátil. Entraba majestuosamente,
+como gran sacerdote que va a oficiar de pontifical, saludaba con
+distracción, hablaba con misterio, tenía ¡oh! y ¡ah! en abundante
+provisión, para servirlos de comentario a lo que escuchaba, pasando así
+por hombre que sabía muchas cosas, a quien sus altas vinculaciones
+impiden ser explícito... Había engrosado hasta el punto de parecer
+obeso; se teñía la barba y llevaba pelada la coronilla; pero su aire era
+siempre el mismo: diríase que estaba más hinchado de orgullo, que de
+grasa. Cual si fuera zahorí que lleva en la mano el número ganancioso,
+estrecho círculo le rodeaba, tratando de adivinarlo en un gesto, en
+media palabra de tan conspicuo personaje; y cuando las ráfagas de la
+tormenta próxima, que así temían los árboles corpulentos como los enanos
+arbustos, se hacían sentir con mayor ímpetu, a él se acercaban todos,
+como barómetro seguro, a consultar su prestigioso consejo. Sabían que su
+voz era la del Sinaí, que por su boca hablaban los profetas del
+oficialismo, porque era compadre y socio en primer grado del ministro
+Eneene, de aquella encanijada personilla que había subido a la poltrona
+ministerial a gatas, y convertido el despacho en _pulpería_;
+forzosamente, tenía que saber algo, que conocer el pensamiento luminoso
+y la fórmula salvadora de los pastores del asustado rebaño: el lobo
+estaba ahí y la hora del banquete iba a sonar. Esteven hablaba entonces
+de planes financieros, más o menos complicados, de economías, de
+reformas, que habían de volver todo a su quicio, ajustando las clavijas
+que el favoritismo dejara demasiado flojas, y se mostraba partidario de
+concluir con el despilfarro, con el agio y demás plagas de la época, más
+temibles aún que las egipcias: su lenguaje era el de un puritano a
+machamartillo, ardoroso, intransigente. Y citaba, como prueba al canto,
+el presupuesto que su amigo ilustre el doctor Eneene componía: rebaja de
+sueldo a todos los empleados de inferior categoría, porque para lo que
+hacen bien pagados están con cuatro cuartos; supresión de media docena
+de ordenanzas y de las pastas, que una malísima costumbre había dado de
+compañía al te de las tres de la tarde, en la oficina, y hasta quizá se
+hiciera cuestión de gabinete el suprimir también el te. A la tropa palo
+limpio, dieta perpetua a los maestros e impuestos al buen pueblo, sobre
+todo impuestos, muchos impuestos; la hacienda no se nivela de otra
+manera. Con esto, y un par de _sablazos_ más a los ingleses, quedaba la
+situación dominada. ¡Era mucho hombre este doctor Eneene! Su
+lugarteniente ensalzaba los planes del señor ministro con convicción que
+parecía sincera, pero los que le oían no se dejaban ganar de su
+entusiasmo. ¿Era cierto que Eneene y Esteven estaban metidos hasta el
+pescuezo, en el pantano de los negocios turbios? ¿que don Bernardino era
+el maestro concertador de los chanchullos oficiales, quien organizaba
+las empresas subterráneas, dirigía detrás del anónimo toda clase de
+compañías, pescaba toda clase de concesiones y disponía, como de cosa
+propia, de los empleos del Gobierno y del dinero de los Bancos? Hasta
+los niños lo sabían y repetíanlo todos los ecos.
+
+Su palacio era un jubileo de postulantes, un _steeple-chase_ detrás de
+la cartita de recomendación, de doctorcitos sin _conchavo_ e inútiles de
+todo pelaje, desde los que no tienen colocación en la _estancia_, hasta
+los que estorban en su casa; daba audiencias como un ministro y dos
+secretarios le asistían en el despacho de su correspondencia. Venal
+hasta la impudicia, recibía regalos de sus protegidos y el precio de su
+firma variaba según la ocasión y según el asunto: desde el portal hasta
+el desván, el pie tropezaba con objetos de arte, abandonados, oferta de
+la turba de ambiciosos agradecida. Su mujer, Gregoria, ostentaba las
+joyas de una reina, que los amigos del omnipotente socio de S. E. se
+apresuraban a ofrecerla el primero de año o el día de su santo; y sus
+hijas, Susana y Angelita, no bebían las perlas disueltas en el vino de
+sus comidas, se decía, porque no les daba la gana.
+
+Este detentador de fortunas ajenas, llegado a una insolente altura por
+sendas extraviadas y procedimientos vergonzosos, gozaba de un favor y de
+una influencia más insolentes todavía. Se le adulaba, como si sus
+antecedentes no se conocieran o quizá porque se conocían; entre don
+Raimundo y él, igualmente criminales y condenados a la misma pena por la
+opinión pública, había una capitalísima diferencia: la que existe entre
+el ladrón y el ratero, no porque el portugués se contentara con pequeños
+robos al por menor, que era un pez de primera magnitud, sino porque ante
+las hazañas de don Bernardino, quedábase en mantillas. La llave para
+abrir las arcas fiscales de que éste se servía, era la amistad de la
+corrompida Excelencia ya citada, y por sus manos poco escrupulosas
+pasaban los caudales, que dejaba caer, como lluvia de oro, sobre su
+familia, sus parientes y sus amigos. Naturalmente, una levita bien
+cortada impone siempre respeto, y cuando se sabe que el que tan
+airosamente la lleva es dispensador de beneficios, veneración profunda:
+todos se inclinaban ante don Bernardino Esteven.
+
+Su aparición en la Bolsa era saludada con entusiasmo; los especuladores,
+olfateando un indicio cualquiera, para lanzarse en las corrientes del
+alza, o de la baja, salían a su encuentro, le preguntaban, le seguían.
+
+--¿Qué dice don Bernardino? ¿compra oro? ¿vende cédulas?
+
+Misterio. El señor Esteven iba solo a charlar un rato, a ver a sus
+amigos, a tomar el pulso del mercado. Sin perder el menor de sus gestos,
+le hablaban de política, sacando a colación las cuestiones candentes del
+día: ¿Era cierto que el doctor Eneene renunciaba? Los diarios de
+oposición le vapuleaban de lo lindo por la concesión aquella consabida.
+Esteven se enfadaba entonces; calumnias de la oposición: cuatro perdidos
+que gritan, porque no se les ha tapado la boca con un empleo. ¡Si en
+este país no sale a luz medida administrativa alguna, sin que la malicia
+la vuelva de todos lados, para encontrarle el secreto o el quid que
+necesariamente debe encerrar! Eneene no renunciaría, ni por la grita de
+la prensa, ni por la antipatía del público tornadizo, sino cuando el
+señor Presidente se mostrara cansado de sus servicios, y ya había para
+rato, pues ministro más sumiso, maleable y fiel no encontraría. Allí
+mismo espetaba su discursito, ungido de la doctrina moralizadora más
+ortodoxa, semejante a un fraile que, dominado de la gula y con todos los
+síntomas de su pasión a la vista, predicara la abstinencia, y se iba en
+busca del corredor favorito, a darle órdenes.
+
+En la mirada inquieta con que seguía la marcha, siempre ascendente, del
+oro en la pizarra, los conciliábulos que celebraba y el aire de
+contrariedad que no sabía disfrazar, denunciaba claramente que la cosa
+no marchaba a su gusto, como él decía.
+
+--Vamos, don Bernardino, confiese usted que esto se acaba, de seguir
+así; si las economías y la buena administración y la política honrada y
+todo eso que usted nos canta ahí, no es infundio puro, ¿por qué continúa
+el oro su viaje a las regiones etéreas?
+
+--Calma, mi amigo, ¿acaso pretende usted que la situación se normalice
+de golpe y porrazo? Hay que ir despacio, ensayar medios, ver,
+consultar...
+
+Hombre más marrullero no se ha visto, y sin embargo, los incautos le
+creían; no ignoraban que sus manos estaban manchadas y que, adulador
+endiosado del poder, era uno de los llamados a dar estrecha cuenta ante
+la barra de la opinión en el día del juicio público, lejano, pero
+seguro; mas, entretanto, le iban a la zaga, como perros tras el hueso.
+No, la cosa no marchaba a su gusto, y prueba de ello era la corte
+discreta que hacía a don Raimundo el prestamista, aquel pájaro que no se
+aventuraba en una empresa, sin probar antes la resistencia de sus alas,
+tan prudente, que no daba nunca un paso en falso, tan sutil, que no
+dejaba rastro; la situación empeoraba, apremiaban las deudas, escaseaba
+el dinero, los Bancos iban a cerrarse, la campana de la liquidación
+suprema a tocar a rebato... Si la marea subía siempre y llegaba hasta la
+poltrona de Eneene, su protector y su cómplice, era seguro que las aguas
+le arrastrarían también a él... Miraba el levitón café de don Raimundo
+moverse de grupo en grupo, y se decía que quizá su salvación estaba en
+agarrarse de aquellos faldones y dejarse allí las uñas, antes que
+soltarlos.
+
+Pero no osaba acercarse al portugués en público, y espiaba la ocasión de
+una entrevista; un día y otro día entraba en la Bolsa, y antes que la
+pizarra, sus ojos buscaban el levitón café, le seguía, le rozaba con la
+manga al pasar, pero sin detenerse; don Bernardino saludaba sonriendo y
+el señor de Melo Portas mostraba sus dientes de jabalí, lo que más
+parecía amenaza de mordisco, que expresión de cortesía.
+
+--Si yo pudiera hablarle--decía Esteven.
+
+--¿Qué querrá de mí?--pensaba don Raimundo.
+
+Parecíale muy singular que el opulento personaje diera tales muestras de
+su deseo de acortar distancias, cuando operaban en diversa esfera. Y el
+otro pensaba que con sólo abrir el pico, daríase cuenta el portugués de
+la verdad de su situación, y el oropel de su nombre quedaba al
+descubierto, como alhaja falsa que pierde la capa de oro con que ha
+engañado la vista.
+
+Seguramente que el levitón de don Raimundo no ejercía atracción tal
+sobre Jacinto y Quilito y el grupo de congresistas de la calle Piedad,
+que capitaneaban; al contrario, era odio mortal, era terror pánico, lo
+que experimentaban así que le veían acercarse, dando el hombre
+tropezones a causa de su miopía. Cada cual tenía sus cuentecitas
+pendientes con el abominable acreedor, y era de los que don Raimundo
+perseguía, la zarpa en el aire, a la hora de la batida diaria; el
+abogadillo aquel, aspirante a diputado, que perseguía el
+_nombramiento_, como si se tratara del más menguado empleo del
+Gobierno, escurría el bulto, cual figura de tramoya, y con él, Quilito,
+que más que nadie, tenía por qué ocultarse.
+
+El cigarro en la boca y el junco cimbreño en la mano, entraban en la
+Bolsa las dos primos, atropelladamente, asaltando los grupos, codeando a
+todo el mundo, en dirección a la pizarra, a ver la cotización de los
+valores: hacían un gesto, lanzaban una exclamación, y con el lapicero
+tomaban rápidamente apunte.
+
+--¿Qué te parece, _ché_? ¡El oro ha subido diez puntos!
+
+Nuevo gesto y nueva exclamación del otro. Intervalo de algunos minutos,
+durante los cuales, Quilito y Jacinto miran los números que la tiza va
+marcando en la pizarra, en medio de la baraúnda de la rueda.
+
+--Las _vitalicias_ siguen firmes--dice Quilito,--creo que debemos
+lanzarnos.
+
+--Vamos a ver al _gringo_ Rocchio--dice Jacinto.
+
+Y buscan a Rocchio, el corredor, llevados de la idea de que siempre es
+bueno tentar al diablo. Rocchio habla en un corro y da noticias de la
+crisis; es un hombrazo con muchas barbas, italiano con sus ribetes de
+criollo.
+
+--Fulano, el senador, quebrado; la casa tal y compañía, quiebra
+fraudulenta; el corredor B., desaparecido; Mengano, en descubierto por
+doscientos mil pesos; éste, por quinientos mil; aquél, obligado a hacer
+cesión de bienes...
+
+A cada nombre conocido se eleva un clamor del grupo, como si Rocchio
+diera un pinchazo en carne viva; las caras se alargan y los comentarios
+se suceden sordamente.
+
+--¡También Fulano!
+
+Y como cuando en los días sombríos de epidemia, al pasar por las calles
+desiertas y ver el fúnebre convoy de los apestados camino del
+cementerio, la terrible idea de la muerte viene con la pregunta:
+
+--¿Me tocará a mí mañana el turno?
+
+Los que escuchan a Rocchio el corredor, ante este alud de nombres y de
+fortunas, que ven desaparecer en el abismo del agio, se dicen, allá en
+su fuero interno:
+
+--¿Quién de nosotros caerá mañana?
+
+Y las orejas gachas, se separan con apretones de manos silenciosos.
+
+Quilito y Jacinto, dos capitalistas con más agujeros en los bolsillos
+que moneda sonante, no se preocupaban de estas historias; si la guerra
+es así y la vida es así: el soldado no huye, ni abandona el fusil,
+porque el compañero cae y las balas silban... Adelante; el camino es
+corto y el premio a conseguir brillante; ofuscada la mente por la visión
+de fortunas instantáneas, iban derecho al enemigo, sin temor al fuego ni
+a la muerte.
+
+--Amigo Rocchio--dice Jacintito tirando desapiadadamente de la punta de
+sus bigotes,--va usted a comprarme quinientas acciones del Banco
+Vitalicio.
+
+--Y otras quinientas para un servidor--dice el joven Vargas con mucho
+aplomo.
+
+--Perfectamente--contesta Rocchio,--pero... andar con cuidado, no sea
+cosa que se les vayan los pies.
+
+Los dos clientes se encogen de hombros y se marchan a ver los telegramas
+expuestos.
+
+--En la primera alza las vendemos--dice Jacinto.
+
+--Y el alza vendrá en pocos días--contesta Quilito convencido;--¡ya lo
+verás!
+
+Las ideas de pérdida y de insolvencia que, a pesar suyo, se entrechocan
+en su cerebro, les produce desagradable comezón.
+
+--Si pierdo--piensa Jacinto,--pagará el _viejo_.
+
+Quilito no tiene viejo que pague los platos rotos, y piensa que si
+pierde, no tendrá más recurso que el tirito prometido a la tía Silda.
+
+Las alternativas de la suerte les mantiene en una agitación penosa, y
+diariamente van a leer su sentencia en la pizarra; ningún curso de
+catedrático es seguido con más asiduidad que este de la Bolsa, dictado
+por el demonio del juego. Allí están los dos primos, a la misma hora,
+infaltables, ya alegres, ya decaídos, según el número que marca la tiza;
+ayer en la primera rueda la fortuna les sonrió, hoy se les muestra
+huraña.
+
+--¡Mañana será!
+
+Y el mañana no llega, parece no querer llegar nunca.
+
+Después de las cuatro se marchan, encargando a Rocchio mucho ojo; no hay
+que dejar pasar el cuarto de hora de la suerte. El lujoso faetón les
+espera, y se dirigen a Palermo, soñando que al siguiente día andarán con
+el oro a paletadas.
+
+La cara que ellos llevan, iluminada por la esperanza que la
+inconsciencia de la edad alimenta, no la muestran todos los que en la
+Bolsa han entrado. Poco a poco van saliendo, abatidos unos, mohinos
+otros, preocupados todos; en el pórtico, que hormiguea, se detienen
+algunos para dar la última puntada de un negocio o comentar los
+incidentes de la jornada, mientras los demás se alejan, encorvados bajo
+la pesadumbre del presente y la inquietud del porvenir; los tílburis se
+mueven y uno a uno se desprenden de la acera. Sale don Bernardino,
+receloso, y don Raimundo, desconfiado, y Rocchio, un corredor que teme
+ser corrido, y la turba de jovenzuelos bulliciosa; la ceremonia ha
+concluído y parece oírse el galop final de endiablada orquesta. Los
+últimos grupos se disuelven, se cierran las pesadas puertas y queda el
+inmenso edificio sumido en el silencio, en medio de la penumbra de la
+tarde que cae... Allá van todos, enroscada la horrible duda al corazón,
+en triste compañía con el fantasma de la bancarrota, luchando entre el
+pesimismo de sus impresiones y la promesa de sus esperanzas.
+
+Entretanto, la plaza se anima, con los mecheros de gas, que se encienden
+y el rodar de los coches, que pasan. Los tranvías hacen sonar sus
+cascabeles y la corneta ensaya alegres aires; se siguen, se cruzan,
+doblan gallardamente las curvas de la vía, cada cual con su farol de
+color al frente y sus banderolas al tope. El reloj del Cabildo muestra
+su enorme esfera iluminada, marcando la hora bendita de la comida; la
+feísima Pirámide va a quedar pronto sola, hundida hasta las rodillas,
+aterida de frío, porque el viento del río la consume y la humedad
+devora la cal y el revoque de su vestimenta; aburrida, porque los
+figurones en camisa, que la decoran, no la prestan compañía. Las tristes
+palmeras, sujetas al suelo por largos hilos de alambre, como prisioneras
+engrilladas ante el temor de una evasión al trópico, salúdanla de lejos,
+agitando sus penachos amarillos.
+
+Sentado en un banco Agapo, el filósofo cínico, ha visto con mirada
+distraída el desfile de bolsistas; tiene sobre sus rodillas un periódico
+doblado en cuatro, a guisa de servilleta, y come tranquilamente una
+rueda de salchichón, un trozo de queso, pan y dos naranjas, de postre.
+
+--¡Vaya, vaya!--refunfuña,--que si yo tuviera aquí un rifle, un
+miserable rifle, os cazaba como a patos en una laguna; no quedaría uno
+de vosotros para un remedio, grandísimos pillos. Con qué gusto cargaría
+el arma, apuntaría al más pintado y ¡zas! lo echaría a rodar hecho
+polvo. El primero que caía era mi señor hermano, por ladronazo y sin
+entrañas; ¡qué bala más bien puesta y más merecida! luego mi sobrino
+Jacintito, por botarate y sinvergüenza, y ese portugués, que se me
+figura un lagartón de marca mayor. ¡Y tantos otros! a éste quiero, a
+éste no quiero ¡zás! ¡zás! ¡zás! ¡Qué limpia más necesaria y más útil!
+Después, llevaba mi cartuchito de dinamita a ese caserón que llaman la
+Bolsa, donde las gentes se descamisan entre sí, y otro cartuchito al
+Palacio de Gobierno, esa caverna de pícaros.
+
+Dió un mordisco al pedazo de pan y se sonrió, cual si asistiera al
+espectáculo que describía y viera los cadáveres y los escombros.
+
+--No me vengan a mí con revoluciones--prosiguió,--con salidas a la
+calle, gritando ¡viva la libertad! en la creencia estúpida que vais a
+vencer, con el solo esfuerzo del patriotismo y que los mandones se van a
+amilanar ante la opinión. _¡Pa los pavos!_ la opinión son los
+remingtons, ajo. Ya veréis la que os espera, y cómo se barren las calles
+a bala rasa, y cómo os mandan a casita a puntapiés, como muchachos de
+escuela revoltosos que sois, con la promesa obligada de no volver a
+hacerlo más, y cuidadito con alzar el gallo. Nada, nada, la dinamita o
+la horca; aquí en la plaza, una buena horca, sólida, y a colgar a todo
+bicho que sea perjudicial o lleve las uñas largas. ¡Si me dieran a mí el
+poder por una hora, nada más que por una hora, lo arreglaba todo muy
+lindamente, y entregaba el país más limpio de pícaros y más sano de
+crisis! Claro, como que los malos gobiernos son como los microbios en el
+cuerpo, que lo devoran y destruyen, si no se les expulsa a tiempo, y
+para esto se necesita un enérgico medicamento.
+
+Agapo se irguió en el banco, animándose con la idea de ejecutar las
+hazañas que decía; allí, al pie de la Pirámide, para escarmiento, con
+mucho alarde de tropas y de pueblo; ¡qué función de gala!
+
+El queso había sido ya devorado y tenía la boca seca; sacó del bolsillo
+de su gabán raído una botella tapada con cuidado, y bebió. Luego atacó
+las naranjas, navaja en mano. Una vez concluída la cena, plegó la
+servilleta, digo, el periódico y atravesó a la acera de la Bolsa, en
+busca de colillas de cigarro. Casi a gatas, como un trapero que hurga en
+los rincones, recogía los puchos, jurando cuando no encontraba o la
+cosecha era escasa.
+
+--¡Estos bolsistas hasta los puchos pierden en la rueda!--murmuraba.
+
+Y volviendo a su idea de hacer justicia, como él la entendía, añadió:
+
+--¡Vaya si lo hacía, y qué bien hecho estaría! ¡zas! ¡zas! y ¡zas! no
+hay otro remedio.
+
+Aplicó el oído a la puerta del edificio, creyendo oír sonar el oro o el
+crujido de las arcas que se abrían.
+
+--¡Ca!--dijo riendo burlonamente,--¡si aquí no hay oro ni nada!
+
+Dió un golpe en la madera, que devolvió el eco como lejano trueno, y se
+fué en dirección al río, vacilante a causa del vino. El Palacio de
+Gobierno erguía su fachada churrigueresca, del otro lado de la plaza,
+también obscuro y silencioso, como la Bolsa. Al pasar, Agapo le mostró
+los puños.
+
+Y mientras él se alejaba, en la esquina de la Catedral aparecía, el
+honrado y pacífico míster Robert, en busca de su tranvía, el de la luz
+roja; el día ha sido malo, el trabajo rudo y piensa con delicia en el
+hogar, donde va a encontrar el descanso del cuerpo y del espíritu. Pasa
+la luz verde, la azul, la anaranjada, pero la roja no se columbra
+todavía. La espera, mirando hacia el río, y su pensamiento, entretanto,
+vuela al escritorio que acaba de abandonar, abre el libro mayor, y
+verifica las cifras amontonadas al pie de cada hoja. Es evidente; la
+casa se hundirá, como edificio de cartón, a pesar de toda su
+inteligencia, de toda su probidad y de todo su cuidado: no hay
+equilibrio entre las entradas y las salidas. Los gastos son enormes, los
+deudores numerosos, y las operaciones que se malogran, por falta de
+confianza o de oportunidad, incalculables. ¡Ese Jacintito! Nunca fué un
+socio de consejo, y pronto dejará de ser un socio de dinero, porque el
+capital está ya comprometido; cada jugada de Bolsa del atolondrado joven
+es un golpe de azada para la casa, que descubre ya sus poco seguros
+cimientos. Es cierto, que ahí está don Bernardino Esteven, pero malos
+vientos soplan también de ese lado; la fortuna de don Bernardino está
+anémica, dicen, y su caída no es sino cuestión de tiempo.
+¡Perfectamente!
+
+Míster Robert suspira y sigue andando; al tocar el límite de la
+escalinata del templo, ve, cerca de la última columna, dos hombres que
+hablan en la sombra: uno es alto y grueso y está de cara a la calle; el
+otro lleva un levitón color de café y da la espalda. Míster Robert les
+reconoce y siente dolorosa angustia. ¡El rico Esteven en conciliábulo
+con el prestamista don Raimundo! aquello sí que no es una visión. Los
+rumores que corren son entonces ciertos, y el opulento personaje está
+herido de muerte cuando acude al recurso supremo del portugués...
+
+Parécele escuchar el estrépito de su casa que se derrumba, la casa
+Esteven y Compañía, y no quiere darse vuelta, de temor de no poder
+soportar el espectáculo de la catástrofe.
+
+La luz roja llega y míster Robert sube al tranvía. Se sienta y abandona
+la cabeza sobre el pecho; va con más frío que nunca, con más tristeza
+que nunca, porque ha creído sentir ahora, como en otro tiempo, la férrea
+mano del agio sobre su brazo robusto de trabajador.
+
+
+
+
+V
+
+
+Rocchio se sentó, al fin, aniquilado. El trajín que llevaba desde por la
+mañana, era suficiente para quebrar la fibra de un individuo más bien
+templado, si podía haberlo, que aquel italiano atlético, cuadrado, con
+las crines erizadas, cuya voz era un rugido; tan brusco en sus maneras,
+que un _buenas tardes_ de su boca hacía el efecto de un escopetazo a
+quema ropa, y un apretón de manos producía la sensación de arrancar el
+brazo, a tirones, brutalmente. Trabajador, eso sí, como una mula de
+carga, y ahorrativo como una hormiga; Rocchio no perdía un minuto de su
+día comercial, ni gastaba un centavo más de su cuenta del mes, que él
+estiraba cual si fuera de goma elástica, a fin de cubrir sus escasas
+necesidades, porque él aseguraba venirle la sábana corta para sus
+piernas tan largas.
+
+Con esto, de tan mala sombra, que siempre estaba a la cuarta pregunta, y
+había que creerle; no se dió nunca quiebra en que él no estuviera
+mezclado, ni colega fugado que no le comprometiera, ni deudor que no le
+engañara. Así, venía la hora de los pagos, y todo era tirar de la
+cuerda, y esforzarse en hacerla llegar hasta el extremo adonde llegar
+debía, pero la cuerda no daba más de sí y se rebelaba contra la
+violencia, amenazando romperse; Rocchio decía, melancólicamente, que su
+presupuesto parecía el del Gobierno; que para una gotera que se tapa,
+ciento se abren, de tanto manotazo y dentellada que sufre al cabo del
+año.
+
+Se sentó, pues, aniquilado y con un humor de todos los diablos; era día
+de liquidación y todavía uno que le plantaba en medio del arroyo, sin
+presentarle sus excusas siquiera, con una grosería verdaderamente
+irritante. Otros, al confesar su insolvencia, invocan el nombre sagrado
+de la familia, piden plazos, ofrecen una satisfacción probable,
+entregando su crédito en rehenes, en medio de las lamentaciones en que
+su dignidad, herida por la desgracia, estalla; pero éste, un
+falsificador de votos, gran matachín de elecciones, actor principal en
+todos los enjuagues políticos y picardigüelas de su parroquia, títulos
+todos que le facilitaron la entrada al Congreso y le aseguraban el
+ascenso a la primera poltrona ministerial vacante, le había dado con la
+puerta en las narices, acompañando la acción con estas palabras:
+
+--Déjeme usted en paz; ¡qué gringo más impertinente y más j...! No tengo
+dinero, ¿quiere que vaya a robarlo a los caminos?
+
+En viendo a Rocchio, cualquiera se imaginaría que a aquel corpachón de
+elefante, correspondía un carácter de avasalladora energía, y que, si
+aquellos puños de gladiador, eran manejados por un genio violento e
+irascible, el acceso a la temible fiera era tan difícil como peligroso.
+Pues bien: en Rocchio todo era apariencia; incapaz de matar una mosca,
+su espíritu conciliador acogía a todos con la misma sonrisa, sin
+cuidarse de los rasguños de la malicia, semejante a un león al que han
+limado las uñas, desdeñoso de la curiosidad que despierta, cautivo y
+domesticado, pero que sabe bien que, de un golpe de zarpa, puede
+pulverizar al audaz que pretenda molestarle en demasía. Mas que a
+Rocchio no le tocaran al bolsillo, su punto vulnerable, porque entonces
+ya no respondía de sí mismo; salía a su defensa con aquella voz tonante,
+que infundía pavor cual una descarga de metralla, y levantando sus puños
+formidables, dispuesto a aplastar, como un insecto, al que cogiera
+debajo. Así, cuando el politicastro aquel le obsequió con tal andanada
+de perrerías, de una patada abrió la puerta, y estoy por creer que un
+buen boquete en ella, y puso verde y de todos colores al infeliz,
+alcanzándole una caricia de la mano en la mejilla. No se lo comió allí
+mismo, porque no tenía hambre, sino mucha rabia. Entretanto, no cobraba
+de él, ni cobraría nunca, por las trazas. Lo mismo habíale ocurrido con
+otro cliente, un saladerista más exacto que un reloj y cuya palabra
+podía venderse al peso; es decir, lo del plantón repentino, que no hubo
+necesidad de pedir la razón a la fuerza, pues el hombre las dió tan
+justas y aceptables, que Rocchio se conformó y aun llegó a disculparse
+por haberle molestado tan temprano. ¡Otro reloj descompuesto que no
+marcaba la hora! Pero la de la liquidación apuntaba en la esfera de la
+Bolsa. ¿Y qué hacer? ¡Acudir, otra vez, a los ahorrillos! Era preciso
+ver antes si quedaba algo todavía, pues bien podía ser que su cuenta
+corriente estuviera exhausta, como bota de vino que las libaciones
+frecuentes han exprimido. El político de marras le había dicho:
+
+--¿Conque no tiene usted de dónde sacar dinero? pues busque usted en la
+lana de sus colchones o en el forro de su chaqueta. Quisiera yo tener el
+gato que, sin duda, tiene usted encerrado. ¡Valiente gringo está usted!
+siempre llorando lágrimas...
+
+No, lo que es la bofetada se la había ganado bien y todas sus
+inmunidades no le valdrían para quitársela de encima.
+
+Tanto andar aquella mañana, y sin resultado, abatió su ánimo; además, no
+había probado bocado y sentía un amargor en la boca y un
+desfallecimiento en el estómago... ¡Pero buenos eran los momentos para
+pensar en cuestiones de bucólica! aunque de bucólica se trataba, la más
+grave y pavorosa de las cuestiones... La Bolsa presentaba un aspecto
+imponente; un rumor inmenso llenaba el vasto local, como huracán que
+ruge en la selva, y la atmósfera parecía cargada de tanta electricidad,
+que era inminente el incendio, si estallaba la chispa. Y todos,
+apiñados, ahogados, torturados por una tensión de nervios insoportable,
+volvíanse ansiosos, deseando ver saltar, por fin, la chispa salvadora,
+en la esperanza de que la bóveda se abriera y se desplomara la fábrica y
+se hundiera el mundo entero. El humo de los cigarros y el polvo de las
+pisadas formaban una nube azulada sobre las cabezas, que el sol doraba
+con sus rayos, al pasar por las altas vidrieras; la rueda era como la
+roca, contra la cual se estrellan las oleadas tempestuosas; allí los
+gritos eran más fuertes, los apóstrofes más rudos, la lucha más reñida,
+más desesperada, más implacable; los bastones, esgrimidos por brazos que
+la pasión enardecía hasta la epilepsia, se levantaban amenazadores. Como
+montón de hojas secas que el viento arremolina, arrastra y desparrama,
+los grupos se movían, atropelladamente, se formaban y se disolvían;
+dominando el fragor del tumulto, alzábase una voz:
+
+--¡Oro 325!
+
+E inmediatamente un alarido colosal la apagaba, recorriendo todos los
+ámbitos de la sala estremecida.
+
+Desde la mesa en que Rocchio se había refugiado, distinguíase el fúnebre
+pizarrón; las cifras aparecían tan claras, tan netas, tan blancas, que
+producían el vértigo: el oro, como habilísimo acróbata, daba saltos
+mortales: 325, 330, 336, 340... ¡dos puntos, cinco puntos, diez puntos
+de golpe! y ahí quedaba con un pie en el trapecio y en el aire el otro,
+pronto a dar nuevo salto, delante del público aterrado, que seguía sus
+movimientos con espantosa ansiedad. Los demás valores bajaban
+rápidamente, como piedras que ruedan la pendiente de un precipicio. Las
+acciones y las cédulas, de toda especie y categoría, ensayan posturas de
+equilibrio, se esfuerzan y luchan por sostenerse, pero a paso de
+cangrejo, a reculones, van perdiendo terreno y caen, las alas rotas. El
+oro hace una cabriola y del 40 baja al 35, de éste al 29 y luego al 28;
+los pechos respiran con más facilidad... ¡cinco puntos de golpe! esto
+animará quizá a las cédulas, y las acciones saldrán de su postración.
+Pero ellas no se mueven, y el oro, de repente, salta del 28 al 42, en
+medio de la gritería del público desengañado.
+
+--¡Oro 342! ¡Compro! ¡Vendo!
+
+Rocchio, el cuello estirado, los ojos febriles, mira las volteretas del
+metal y su corazón le hace ¡pum! ¡pum! allá dentro; su mano ancha y
+peluda se crispa sobre la mesa. Como un toro herido, resuella
+ruidosamente y echa pestes en su lengua contra el oro y los agiotistas
+que, entre las bambalinas, tiran de la cuerda de aquel títere y le hacen
+bailar al son del organillo de sus conveniencias.
+
+--_Brigantes_, estafadores, ¡qué celda más confortable os preparaba yo
+en la Penitenciaría! Allí podríais hacer todos los juegos de manos que
+quisierais; ¿hasta cuándo os burlaréis de nosotros? estáis
+comprometiendo el país y no lo veis, egoístones sin vergüenza... Ahora
+baja el oro otra vez, dos puntos, tres puntos, cuatro puntos, y las
+acciones del Banco Vitalicio suben medio punto, un punto, con un trabajo
+que ya, ya... Pero, ya daréis vosotros un tironcito de la cuerda, y
+vuestro mono hará una pirueta, saludará con una mueca a los tontos que
+asistimos a la función, e irá otra vez a meter la cabeza en las nubes. Y
+esas pobrecitas, desalentadas, de nuevo boca abajo... ¿no lo dije? ocho
+puntos más el oro, y las acciones en el suelo. ¡Ah! _¡sacramento!
+¡sacramento!_
+
+A su lado, un anciano respetable comenta también en voz alta el curso de
+las operaciones, con palabras agrias que nadie escucha; a pesar de sus
+anteojos, no ve bien la pizarra: se empina, empuja a los vecinos y jura
+cada vez que algún oficioso repite la cifra que él no alcanza a
+distinguir. Encarándose con Rocchio, exclama:
+
+--¡Pero esto es la ruina de todos! El país está perdido.
+
+Rocchio, desolado, hace un gesto. Y se ponen a hablar de la crisis, del
+callejón sin salida en que todos se han metido, del _krac_ que se
+anuncia, con todos los síntomas de un terremoto bursátil.
+
+--Ya verá usted esos _chalets_ de la especulación desmoronarse; claro
+está, todos han querido construir su _home_ con materiales prestados, en
+el aire, endeudándose con los Bancos para pagar a los obreros...
+
+Se callaron, porque muy cerca, dos corredores reñían y se daban de
+mojicones. Quién corría, quién gritaba y algunos se interpusieron entre
+ambos combatientes; apabullado el sombrero, la corbata deshecha y la
+cara amoratada, se fueron cada cual por su lado, echándose miradas de
+desafío.
+
+--Los nervios están cargados de dinamita--dijo Rocchio.
+
+--Esto es el diluvio universal, el fin del mundo--repuso el viejo.
+
+--¡Ojalá!--exclamó un joven pálido, ojeroso, que acusaba en su
+semblante el desgaste precoz de sus fuerzas.
+
+Y volviéndose al anciano, añadió:
+
+--¿Sabe usted cuánto llevo perdido? ochenta mil nacionales, y tengo que
+pagarlos en las veinticuatro horas, y mujer e hijos que mantener, y un
+sueldo en una oficina que apenas me alcanza para comer y vestir. ¡Que
+venga, que venga el diluvio! ¡Ojalá!
+
+Bondadosamente, el viejo, un antiguo conocido, le hizo reflexiones, que
+le impresionaron.
+
+--Ya lo sé--contestó el joven,--pero he querido hacer como todos; veía
+cada día salir de la nada en un periquete a éste, a aquél, y triunfar
+con lujo soberbio en todas partes. Si la Bolsa levantaba a tantos, ¿por
+qué no había yo de subir también? El empleado, en nuestro país, está
+sujeto al capricho del jefe, sin la salvaguardia de un reglamento que,
+en todos los casos, es siempre la arbitrariedad y el favoritismo más
+vergonzoso, más humillante, más indigno. No llega sino el que es amigo
+del ministro, el que es pariente del ministro; los méritos contraídos,
+los servicios prestados nada significan, y sin buenas cuñas no hay
+ascensos, y sin adulación y sin bajeza: el empleado que quiere marchar
+por sus cabales, es condenado a vegetación perpetua, y esto si, en un
+día de mala digestión del señor ministro, no se le borra del cuadro de
+una plumada. El deseo de salir de una situación semejante y el mal
+ejemplo me arrastraron, y jugué, jugué lo que tenía y lo que no tenía.
+¡Ochenta mil nacionales! ¿de dónde sacarlos? Mi alma al diablo vendería.
+¡Que venga el diluvio! ¡Ojalá!
+
+Calló el joven pálido y los dos hombres se miraron, entristecidos.
+Rocchio pensaba que él, siquiera, era un hongo, y que en su triste
+cuarto de hombre solo, no encontraría lágrimas en el día de la
+desgracia, si llegaba. Ya que se cae, por la propia falta, sufrir solo
+sus consecuencias es siempre un consuelo para los corazones generosos.
+
+Detrás, se contaba dinero sobre las mesas, afanosamente: no se escuchaba
+la agradable música de las monedas, porque eran enormes mazos de
+billetes, sucios y deleznables, espulgados por dedos que la práctica
+hacía parecer mecánicos. Las mesas desbordaban; sobre las sillas
+cercanas había pilas simétricas: era una orgía de dinero, tentadora,
+insolente y cruel, como mesa cubierta de suculentos platos, a los que es
+prohibido tocar, y que el hambriento mira encandilado, de lejos, bajo la
+tortura de su estómago y de su olfato. Las narices se inflaban, y
+sorbían con delicia el aroma que la diosa Fortuna desparramaba en la
+sala, como oxígeno vivificante, estímulo fugaz de cansados pulmones;
+regocijábanse los ojos, y las manos sentían cosquilleos extraños,
+impulsos poderosos de pasearse sobre las mesas y tocar y acariciar tanta
+riqueza acumulada, y revolcarse en aquel lecho voluptuoso, poseídas de
+una sensualidad irresistible. Don Raimundo Portas rondaba el tesoro,
+arrojando miradas de codicia, embriagado, subyugado con aquel
+espectáculo, relamiéndose golosamente.
+
+--¡Oro 343!--gritó una voz.
+
+Alguien tocó en el hombro a Rocchio. Era Jacintito, descompuesto, con el
+sombrero ladeado, amarillo, muy grave. El coloso se levantó.
+
+--Amigo Esteven, me alegro de verle.
+
+--Amigo Rocchio, una palabrita...
+
+Se apartaron, y a boca de jarro, Jacinto soltó la palabrita:
+
+--No puede ser, no puede ser y no puede ser; el mes que viene quizá,
+pero hoy no, no y no.
+
+Sacudía la cabeza a cada negativa.
+
+--La liquidación de mayo es un desastre general; no habrá uno que se
+salve de la _volteada_: ¡hasta Schlingen quiebra, dicen! ¿qué puedo yo
+hacer? Usted me conoce bien y sabe que he cumplido siempre mis
+compromisos, pero hoy me es imposible, absolutamente imposible,
+irremediablemente imposible pagarle los cincuenta mil nacionales. ¡Usted
+ve cómo está esto! ¿quién podía prever lo que ha pasado? Acciones que
+han bajado veinte y treinta puntos de golpe...
+
+--¡Perfectamente!--dijo Rocchio, temblándole las manazas, con ganas de
+hacer una atrocidad, porque era la tercera acometida que sufría su
+bolsillo aquel día.--¿De modo que usted también me planta? ¿y con qué
+voy a pagar yo las acciones compradas a su nombre y por su orden? ¿Sabe
+usted que ya me andará buscando el vendedor, y que si no le pago saldré
+a la vergüenza en la pizarra?
+
+--Pero, amigo Rocchio...
+
+--Amigo Esteven, cuando no se tiene dinero a mano, no se hacen
+operaciones de Bolsa; comprar al fiado, con ánimo de pagar si se gana y
+de trampear si se pierde, es una estafa, sí, señor, una estafa; y no
+retiro la palabra.
+
+Jacintito de amarillo se puso rojo, y de rojo, amarillo otra vez, porque
+el vozarrón del italiano se oía como un trompetazo, y la gente se
+volvía, con curiosidad.
+
+--Cálmese usted, no tiene usted derecho de tratarme así; cuando yo le
+digo que para junio...
+
+--Si usted no puede responder, responderá su padre.
+
+--¿Mi padre? imposible; está agobiado de compromisos.
+
+--O su socio; el señor Robert es una persona decente y no querrá dejar
+empañada la reputación de su casa; precisamente, acabo de verle aquí, y
+he de hablarle.
+
+El muchacho enrojeció de nuevo hasta las orejas, hasta el blanco de los
+ojos.
+
+--Ya sabe usted que mi socio no tiene nada que ver con mis negocios de
+Bolsa; yo juego porque sí, porque me da la gana, solo, por mi cuenta y
+riesgo. No mezcle usted mi casa en este asunto.
+
+--¡Bonita excusa!--tronó el gigante.--¿Qué galimatías es ése? ¿No forma
+usted parte de la razón social Esteven y Compañía? Pues la casa Esteven
+y Compañía es la responsable de sus operaciones comerciales.
+
+El chico se ahogaba; ¡no poder tapar la boca de aquel animal! Ensayó
+domesticarlo, con frases cariñosas y acento humilde.
+
+--Vamos, amigo Rocchio, no sea usted malo, que no es tan fiero como
+quiere hacerse; no es la primera vez que usted me concede plazos, y más
+largos todavía. Será en junio... ¡piense cómo está el mercado! ¡hasta
+Schlingen!
+
+Rocchio, siempre encrespado, refunfuñaba:
+
+--Y su alhajita de primo, el joven Vargas, también me dará la castaña...
+
+--No sé--dijo Jacintito,--no le he visto. Con que quedamos que en junio.
+
+Escabullóse, sin esperar respuesta, y desapareció.
+
+--La culpa me la tengo yo--masculló Rocchio volviendo a su sitio,--yo,
+que me acuesto con estos mequetrefes sin responsabilidad. _¡Sacramento!_
+
+En medio de su mala ventura, la idea de que Schlingen, el especulador
+afortunado, el atrevido acaparador de títulos, el rey de la rueda, en
+fin, estuviera comprometido en la liquidación, le hizo el efecto de una
+ducha en la nuca. ¿Era entonces tan seria la catástrofe? ¿No había
+barreras para el torrente? Si Schlingen caía, ¿quién iba a quedar en
+pie? Como árbol frondoso, al que se enganchan helechos y enredaderas,
+poblado de nidos y cubierto de musgo, cuyo tronco arranca el huracán o
+corta el hacha del leñador, y al venirse a tierra sepulta en su propia
+ruina a la colonia de parásitos que sustenta, el soberbio bolsista
+arrastraría tras sí a toda esa turbamulta que le seguía cantando el
+_hosanna_, de pequeños comerciantes sin capital, de ilusos con más
+ambición que buen sentido, cadena sin fin, vigorosamente remachada. Con
+razón le había dado a él en la nariz aquel famoso Banco Vitalicio,
+creado de la nada y formado en menos de siete días; y chocado tanto su
+fundador, Schlingen, un alemán, caído no se sabía de dónde, de las
+nubes, sin duda, como un aerolito, y que deslumbró en la Bolsa y dominó
+el mercado desde el primer día, con las trazas todas de un conquistador.
+
+--_¡Sacramento!_--repitió entre dientes.
+
+Quilito andaba por allí, como alma en pena, más amarillo y descompuesto
+que su primo. Testigo de la escena entre Jacinto y Rocchio, vió venir al
+gigante y huyó, pues lo menos que él deseaba era dar de bruces con su
+enemigo y sufrir el vapuleo que acababa de ganarse Jacintito. Pero,
+llevado en volandas por el rebullir continuo de la muchedumbre, fué a
+dar sobre el levitón de don Raimundo, en éxtasis ante la pirámide de
+billetes de la sala contigua.
+
+--Usted dispense--tartamudeó el muchacho aterrado.
+
+Y remando con los codos, escapó a un pasillo, temblando todavía de haber
+visto tan de cerca la cara del portugués, aquella nariz movediza como
+una trompa y aquellos dientes de mastín, tan salientes que el labio
+alcanzaba apenas a cubrir. En el pasillo le encontró Jacinto, y allí
+cambiaron ambos sus impresiones de especuladores corridos.
+
+--¿Creerás que el _viejo_ no ha querido soltarme un centavo? ¡ni medio!
+No han valido súplicas ni amenazas. Le dije que me iba a pegar un tiro,
+y me contestó muy fresco que para él lo querría. Con ese bruto de
+Rocchio he tenido una _agarrada_ y casi nos hemos pegado; ¿pues no
+pretende el mastodonte que le dé hoy mismo los cincuenta mil
+nacionales? En cincuenta mil pedazos me partiría yo para pagarle, y
+luego, de _yapa_, le daba cincuenta mil puntapiés con mucho gusto.
+¡Mira, _ché_, no hay suerte más perra que la nuestra!
+
+--¿Sabes una cosa?--dijo Quilito,--a mí me parece que tu padre se ha
+enredado también en las cuartas; él tiene acciones del Vitalicio, y es
+muy amigo de Schlingen.
+
+--No sé, pero a papá le pasa algo; te digo que nunca le he visto así,
+tan duro en negarme, tan inflexible. Me dejó salir del despacho, sin
+hacer caso de mi amenaza de suicidio; creía yo que me llamaría luego, y
+bajando la escalera, me decía: de seguro que ahora me llama y me da los
+cincuenta mil nacionales. ¡Que si quieres! Nada, ni se movió, ni chistó.
+¡Si las cosas no pintan mejor en junio, te juro que me regalo una bala,
+como hay Dios!
+
+Quilito repuso:
+
+--No tengas cuidado, que ya pintarán mejor.
+
+--Me admira tu confianza y tu frescura--exclamó el primo,--porque si a
+mí me llega el agua a la cintura, a ti te debe subir hasta el pescuezo;
+¿qué vas a hacer con el portugués?
+
+El joven Vargas hizo un movimiento olímpico de desdén.
+
+--Mira, Jacinto, lo que yo sé es que en estos casos hay que mostrarse
+hombres y tener muñeca y saber vivir; al gringo le emplazo, como tú,
+para junio, y al portugués... la letra vence el 22. ¿Crees que de aquí
+al 22 de junio no me habré alzado con una suma suficiente para saldar mi
+deuda y comprarme corbatas? Todavía puede ser que me anime y le pegue
+otra _pechada_ a don Raimundo... O mucho _toupet_ o hundirse. El
+Vitalicio nos ha fumado esta vez, pero, ¿y si hubiéramos ganado? ¡qué
+atracón de nacionales!
+
+En realidad, estaba más abatido que Jacinto, pues el porrazo sufrido con
+el desastroso bajón de las _vitalicias_, como llamaban a las acciones
+del Banco de Schlingen, le había partido por la mitad, pero era él así,
+fanfarrón, embustero y más soberbio cuanto más castigado de la suerte.
+Decía de acercarse nuevamente a don Raimundo, y don Raimundo acababa de
+echarle de sí con cajas destempladas, hacía una hora: andaba el
+portugués aquel día, como cuervo revoloteando en el campo de batalla
+sobre los cadáveres abandonados; la liquidación era río revuelto y la
+pesca fenomenal. Pero sabía el usurero escoger su presa, y cuando el pez
+cogido en la malla era pequeño o no prometía nada de sí, sin piedad
+arrojábalo a la corriente; el joven Vargas, no hay que decirle, era un
+miserable pececillo, pura escama y pura espina, a pesar de sus colores
+brillantes y sus aires pretenciosos; reconocerle y echarle al agua de
+cabeza, fué todo uno.
+
+--¿Otro préstamo más?--dijo el usurero.--¡Estamos frescos! Ni al veinte
+por ciento. Usted es el sobrinito de Esteven, ¿verdad? pues peor.
+
+--Sin embargo--se atrevió a argüir Quilito,--usted tiene un pagaré a mi
+nombre, que... que mi tío... garantiza.
+
+Balbuceaba, temeroso que le oyeran.
+
+--¿Su tío?--exclamó don Raimundo con desdén,--ya lo veremos para junio;
+entretanto, abur, joven, que no estoy para perder tiempo.
+
+Igual cosa aconteció, cuando Jacintito trató de echar mano de sus
+faldones, como ahogado que se agarra a un cable. El solo nombre de
+Esteven, produjo en el prestamista desgraciado efecto; no, no tenía
+dinero disponible, y mucho lo sentía: más tarde, después, quizá...
+
+--Pero, amigo Portas--dijo Jacintito furioso,--yo no le debo a usted
+nada. ¿Duda usted que he de pagarle? Con el interés que quiera, déme
+usted cincuenta mil pesos, a treinta días.
+
+--¡Diez centavos que me pidiera, no se los daría a usted!
+
+Y se largó. ¡Chúpate esa!
+
+Pero lo gordo, lo grave, lo extraordinario que en aquel fatal fin de mes
+ocurrió al asendereado chico, fué el rompimiento con su socio, míster
+Robert. Rechazado por su padre, desoído por el usurero, entró en el
+escritorio, dispuesto a sacar de la caja los cincuenta mil pesos que
+necesitaba, si los había, o a girar contra la casa, si no los había. No
+contaba con la huéspeda, es decir, con el _inglés_, quien, saliendo de
+su habitual pachorra, al averiguar los malos designios que se traía el
+socio, allí mismo le dijo cuántas son cinco, y armó el gran escándalo.
+Con los libros a la vista, expuso el verdadero estado de la casa: deudas
+que no podían pagarse y créditos que no se cobrarían nunca: la caja
+vacía, y en el Banco escaso depósito para hacer frente a las necesidades
+más apremiantes.
+
+--¿Y quién tiene la culpa de todo esto?--exclamó Jacinto;--usted es el
+que lo maneja todo, el que hace y deshace, el administrador y el
+tesorero de la casa. No me dirá usted que soy yo el responsable de
+semejante ruina.
+
+Los ojos de albino de míster Robert relampaguearon.
+
+--¿Ahora salimos con ésas?--gritó dando un golpe con la regla sobre el
+pupitre, que la hizo saltar en dos pedazos,--yo soy un hombre honrado,
+señor Esteven, y en los tiempos que corren, en medio de la corrupción y
+de la podredumbre política y social que nos devora, un hombre honrado
+merece respeto. El culpable y el responsable de lo que aquí pasa, es
+usted y sólo usted; sus locas jugadas de Bolsa, sus francachelas, sus
+inconsecuencias, es la casa quien lo ha pagado y si la casa ha perdido
+su crédito, se lo debe a usted y sólo a usted. Ya sé lo que va usted a
+decirme: que su señor padre le ha ayudado a salir de apuros en muchas
+ocasiones, pero, ¿no ha respondido el capital en muchas otras, bajo la
+garantía de don Bernardino Esteven? Y esta garantía, ¿podrá ser
+sostenida por su padre, hoy que corren rumores que no quiero repetir?
+
+--¡Calumnias!--vociferó Jacintito.--Canalladas de los envidiosos.
+
+--Lo que usted quiera, pero esto es así y no de otro modo. Por lo tanto,
+no dejaré a usted sacar ni un centavo del Banco.
+
+--Me someto, porque me falta la firma; pero en cuanto a registrar la
+caja, ¡venga usted a impedírmelo!
+
+De una manotada cogió el llavero de sobre el pupitre y se abalanzó a la
+caja de hierro. Míster Robert le dejó hacer. Jacinto abrió y no
+encontró nada: papeles, pero ni rastros de dinero.
+
+--¡Maldita sea mi alma!--exclamó cayendo en el sofá, desesperado.
+
+Acercóse míster Robert, y con desprecio y cólera, le dijo:
+
+--Esto se acabó, señor Esteven, ¿entiende usted? Voy a proceder a la
+liquidación de la casa, porque ni usted me conviene, ni estoy yo
+dispuesto a ser víctima de sus desaciertos por más tiempo. ¡Basta!
+
+--Liquidaremos, señor Robert, ¡pues no faltaba más! ¡Valiente susto me
+ha dado usted! Liquidaremos, y entonces se sabrá quién es el culpable de
+que la casa se haya fundido. ¿Sabe usted una cosa? ¡Lo estaba deseando,
+pues los hombres honrados me revientan!
+
+Se caló el sombrero de lado y salió del escritorio, echando chispas.
+
+Pues esto, tan trascendental como era, tuvo buen cuidado de no decírselo
+a su primo en el pasillo; los dos habían corrido un temporal deshecho, y
+allí se guarecieron manteniéndose a la capa, la mano en el timón y los
+ojos en el horizonte, en compañía de los fieles del escritorio, todos
+más o menos aporreados, renegando de las _vitalicias_ y de su suerte. El
+pseudo diputado, como pollo que han zambullido en una cuba de agua,
+furioso, hablaba nada menos que de fusilar al alemán Schlingen por la
+espalda; así aprendería a no engañar a la gente.
+
+En todos los ámbitos de la inmensa sala, esta idea de venganza contra el
+embaucador tomaba cuerpo. ¡Abajo Schlingen! ¡a la cárcel con él! No
+podía quedar impune semejante crimen. ¿Y la ruina de tanto padre de
+familia? En la calle, en la miseria, sin pan, por las malas artes de
+aquel aventurero, que supo engatusar a todos con su Banco de fantasía.
+Los bastones en alto, se gritaba a voz en cuello; la atmósfera hacíase
+cada vez más pesada, con el humo, con el polvo y el ardor de los
+concurrentes.
+
+--¡Muera Schlingen!
+
+Y se oyó, como una campanada:
+
+--¡Oro 345!
+
+Llegaron los diarios de la tarde y pasaron de mano en mano, arrebatados,
+en el furor de saber noticias. ¿Qué había de nuevo? Nada, los decretos
+de agua de borrajas del Gobierno, los paños calientes de siempre: la
+situación deshauciada, y sus médicos aturdidos, sin saber a qué santo
+encomendarse. De pronto, la nueva de la renuncia del doctor Eneene, el
+ministro inamovible, surgió como un cohete, se extendió, se propagó a
+todos lados: muchos incrédulos movían la cabeza; alguien gritó:
+
+--¡Abajo Eneene!
+
+Pero lo cierto es que la noticia nadie la creía. ¡Renunciar Eneene! Si
+para arrancar aquel hombre de su poltrona, donde estaba incrustado como
+el molusco a la roca, se necesitaba cogerle de una oreja y echarle a
+puntapiés, y aún así, era casi seguro que había de volver, a hocicar. Y
+la prueba que no se creía la noticia, es que no produjo impresión
+alguna, ni síntoma de mejora siquiera; el oro, en los primeros momentos,
+bajó cautelosamente dos peldaños, se paró en el 343, miró, olfateó, y
+luego volvió de nuevo al 45, y como allí sin duda no se encontraba a su
+gusto, subió al 46, convencido de que la renuncia del señor ministro era
+una _guayaba_ de a libra; en cuanto a los demás valores, siguieron
+bajando la escalera de cabeza.
+
+Naturalmente, estos rumores de renuncia vinieron acompañados de la
+estupenda nueva de que Esteven se había fundido, como metal puesto al
+fuego. Esto sí produjo impresión, y muy honda, porque don Bernardino,
+era, como Schlingen, de los árboles grandes cuya caída parecía más de
+temer. ¡Andaba enredado en tanto negocio misterioso! de tierras, de
+ferrocarriles, hasta de proveedurías... Se dudaba, sin embargo, de la
+especie. Y los que ponían más empeño en negarla, eran los parásitos del
+personaje, los que vivían de sus cábalas; más de uno sintió calambres en
+el estómago. Vamos, que si Esteven se hundía, no había ya remisión
+posible para nadie: las horcas caudinas en la puerta de la Bolsa, y
+agachar la cerviz y sufrir el yugo. Pero no; debía estar muy bien
+forrado, a cubierto de golpes y magulladuras; sus vinculaciones
+oficiales, de que él tanto alardeaba, servíanle de escudo contra la
+crisis. Que en tiempos de escasez padezca hambre el pueblo, el pueblo
+que trabaja, santo y bueno, pues para eso es pueblo...¡que se fastidie!
+pero los que están arriba, con sus graneros repletos, ¡ca! los lacayos
+del magnate nunca han dado más satisfacción a sus apetitos, ellos
+también. Esteven era de los lacayos del poder más en privanza: si tenía
+las llaves de la despensa, ¿a qué había de apretarse la barriga? ¿cómo
+había de dejar en seco a sus fieles colaboradores? Aunque desde ya podía
+asegurarse que los que pagarían el pato, si el rumor se confirmaba,
+serían los justos, los de conciencia, los que de buena fe se hubieran
+embarcado en la nave negrera del compadre de Su Excelencia.
+
+Inútil paréceme decir que Rocchio, el molido y sin ventura, era de
+éstos; deslumbrado por el sello oficial que se atribuía a todas las
+operaciones de Esteven, se había metido con él en un negocio que
+prometía el oro y el moro, y más todavía: ciegamente, las manos atadas.
+
+--Cuando se tiene la influencia de don Bernardino--decía,--y se manda en
+los Bancos y en los Ministerios, como él, porque allí donde don
+Bernardino dice negro, negro se hace, y donde blanco, blanco... pues,
+con la influencia de semejante hombre por delante, no hay nada que
+temer.
+
+Que el negocio se malogra, porque sí, pues también puede suceder, y
+queda uno en descubierto y en situación poco airosa:
+
+--A ver, una cartita de recomendación o una simple tarjeta, es más
+sencillo, al director A. o B.; que le den lo que necesite, de orden
+superior. Y cátate el dinero en la mano, sin más garantía que la sagrada
+orden superior; en cuanto al Banco, que espere el reintegro, y si se
+cansa, que se siente. Que sale bien el negocio, y casi siempre sale
+bien... pues al bolsillo, una vez deducidas las ganancias. Con un piloto
+como don Bernardino, se puede navegar confiadamente.
+
+Ahora bien: en medio de todas las amarguras porque estaba pasando, la
+bola aquella de la renuncia de Eneene le dió escalofríos; sí, señor;
+sería muy bueno para el país la salida de aquel hombre funesto del
+Gabinete, pero... (aquí Rocchio se hacía egoísta) con él se venía abajo
+Esteven, y el negocio magno se evaporaba. ¡Qué ocurrencias tienen estos
+políticos! ¿No había por ahí alguna buena alma que fuera donde ese mal
+aconsejado doctor y le dijera que guardara su renuncia para más tarde,
+porque cuando la Bolsa liquida no es conveniente tocar a rebato? Tiempo
+no le faltaría para retirarse a la vida privada, tan tranquilo. ¿Qué
+había de suceder, pues, cuando llegó a oídos del desgraciado corredor,
+que el propio don Bernardino Esteven acababa de dar la soberbia
+costalada que decían? Se revolvió como una fiera, levantando la maza de
+sus puños, dispuesto a triturar, cual una nuez, entre sus dedos, la
+maligna noticia.
+
+--¿Quién habla aquí de la quiebra de Esteven?--exclamó comiéndose con
+los ojos al concurso.--Calumnias, mentiras, estratagemas infames de los
+alcistas. El juego es tan conocido, que da risa.
+
+Uno preguntó:
+
+--¿Dónde está Esteven?
+
+La verdad era que a don Bernardino no se le había visto todavía; ¿por
+qué desertaba el puesto en el día de la lucha? Rocchio tragó saliva y se
+calló; he aquí una pregunta, que a él no se le ocurriera: ¿dónde estaba
+Esteven?
+
+--Ya vendrá--dijo dándose a sí mismo confianza,--ya vendrá a confundir a
+sus detractores.
+
+Pero esta afirmación suya no le bastaba; se fué en busca de don Raimundo
+y le pidió su opinión sobre lo que se decía, ansioso de saber la verdad
+y temeroso, al mismo tiempo, de saberla. Era lo único que _daba_ el
+portugués, al contado y sin usura: noticias.
+
+--No crea usted ni una jota de la renuncia de Eneene--contestó;--acabo
+de verle en su despacho y me ha dicho que no soltará a tres tirones la
+cartera, ni a cuatro; que él tiene la confianza del Presidente, y con
+esto le basta. Son maniobras de los bajistas, pero ya ve usted que
+pierden su tiempo: el oro no ha hecho mayor caso y continúa su
+ascensión.
+
+--Razón tenía yo en ponerlo en duda, porque conozco al ministro como a
+mis manos; pero, ¿qué me dice usted de la quiebra de Esteven? ¿Es
+creíble? ¿Es verosímil?
+
+Don Raimundo guardó un rato la respuesta. Sin mostrar del Cristo, sino
+lo que él quería dejar ver, contestó:
+
+--¿Esteven? No le diré a usted que no esté comprometido, muy
+comprometido: era el principal tenedor de _vitalicias_, ¡calcule usted!
+Pero quebrado, no, no... al menos a mí me parece.
+
+--Pues claro--saltó el coloso dando una palmada, que sonó como un
+estampido,--eso digo yo; para que quiebre don Bernardino, es preciso que
+la _Casa Rosada_ se derrumbe; ¡un situacionista de su importancia!
+tendría que ver...
+
+--Sin embargo--concluyó el prestamista,--sería bueno que se apartara
+usted a un lado, ¿me entiende usted? Cuando se presiente un terremoto,
+hay que huir de los grandes edificios, así como en los días de tormenta
+no debe guarecerse uno bajo los grandes árboles; son los puntos más
+expuestos, señor Rocchio, ¿estamos?
+
+Al italiano se le secó la garganta otra vez; don Raimundo movía la
+nariz, con una expresión tan singular en su grotesca fisonomía, que no
+se sabía si hablaba de burlas o de veras.
+
+--Eso quiere decir...--dijo Rocchio resoplando como un ballenato.
+
+--Lo que usted quiera, señor Rocchio.
+
+Y le dió el golpe de gracia, con esta preguntita intencionada:
+
+--¿No siente usted hoy olor a pólvora?
+
+--A chamusquina--contestó el otro,--y juraría que soy yo el que arde,
+como costal de paja.
+
+Cuando volvió a la pizarra, el oro estaba a 347 y el tumulto era tan
+grande, que aquello parecía una sucursal del infierno. El joven pálido,
+encaramado sobre una silla, gritaba como un poseído:
+
+--¡Ladrones, ladrones, ladrones!
+
+Se le hacía coro con carcajadas, bastonazos y gritos. Del lado del
+pasillo, ocupado siempre por Jacinto y sus amigos, se oían, como
+redobles de tambor, los mueras a Schlingen. Acercóse al orador el
+anciano aquel respetable y quiso calmarle.
+
+--Por Dios, ¡mi amigo! basta de palabras gruesas; ya se ha desahogado
+usted bastante. ¡Un poquito de tranquilidad!
+
+--¡Ladrones!--repitió el joven arrojando su sombrero contra la pizarra.
+
+Le acometió, de pronto, un mareo y cayó de la silla, presa de un ataque
+de epilepsia; revolcábase en el suelo, echando espumarajos, dando
+alaridos, braceando y pataleando. Rodeáronle y quisieron llevársele,
+pero no fué posible, y hubo que esperar a que la terrible crisis pasara;
+más calmado, derramó abundantes lágrimas.
+
+--¡Mi mujer, mis hijos!--exclamó extraviado;--¿hay alguien que pueda
+darme ochenta mil nacionales? ¡Una limosna, por Dios!
+
+Le sacaron de allí, en medio de la emoción de los circunstantes.
+
+--¡Oro 348!--dijo una voz.
+
+El alboroto seguía, entretanto. Alrededor de la pizarra, la batalla
+tomaba proporciones colosales; los dos bandos, alcistas y bajistas,
+luchaban cuerpo a cuerpo, rabiosamente, cada cual en defensa del santo
+bolsillo, con uñas y dientes.
+
+Don Bernardino Esteven se presentó, cuando la batahola llegaba al punto
+más alto de su intensidad. Tan tranquilo, como siempre, entró con la
+cabeza muy levantada y sonriendo; cuatro mozalbetes le sisearon en la
+puerta, y hay quien asegura que uno le gritó:
+
+--¡Fuera!
+
+Pero él no se dió por aludido; la exasperación general era contra
+Schlingen y la primera víctima de éste, él, don Bernardino. Se mezcló a
+los grupos bulliciosos, dejando oír su palabra de hombre grave e
+influyente.
+
+--Pero, señores, ¿qué locura es ésta? ¡El oro a 348! ¿Por qué? ¿Tenemos
+o no tenemos confianza? El comercio de Buenos Aires es fuerte, es
+poderoso; el país rico, lleno de recursos; el Gobierno bien
+intencionado; no hay razón, pues, para esta victoria de los alcistas,
+tan vergonzosa, tan injustificada.
+
+A la quiebra de Schlingen, la generatriz del desastroso _krac_, no le
+daba importancia: un accidente de la vida bursátil, que nos ha cogido
+desprevenidos. Schlingen era el favorito, entre los caballos de la
+carrera, y había dado el fiasco más completo y ridículo; he aquí todo.
+Se hablaba de revolución, de estallido de iras populares, de represalias
+terribles... ¿por qué? ¿porque Schlingen había quebrado? ¡La revolución
+que se la clavaran a él en la frente! Todos le miraban; cuando se
+presentaba en la boca del lobo, y hablaba con tanto desparpajo, era que
+los rumores propalados carecían de fundamento: Esteven aparecía de nuevo
+rodeado de la aureola de que se le había querido despojar, depositario
+siempre de los rayos de Júpiter. Los amilanados de una hora antes,
+recobraron fuerzas y le hicieron una ovación, digna de estómagos
+agradecidos. Don Bernardino sonreía.
+
+--No tengan ustedes cuidado, señores, ya bajará el oro, porque el nuevo
+empréstito se hará, y muy pronto, más pronto de lo que todos imaginan.
+
+Decía esto, y se separaba de un grupo para ir a otro, seguido de su
+corte de admiradores; y si alguien le hubiera observado, habría visto
+que el personaje evitaba cuidadoso un encuentro, que debía serle
+particularmente desagradable: el del levitón del señor Portas, que hasta
+hace poco ejercía sobre él la atracción del imán. ¡Misteriosa
+singularidad, cuya clave poseía quizá míster Robert!
+
+La noticia de que era portador cayó en el vacío; la escopeta de don
+Bernardino marró el tiro lastimosamente. ¡A buen puerto iba con sus
+historias de empréstitos, sabidas de memoria y olvidadas de puro
+sabidas! Que se hacía el empréstito; perfectamente, ¿y qué? ¿quién
+beneficiaba de él? ¿el país? ¿el comercio? ¡Quite usted allá, señor don
+Bernardino! Muchos se encogían de hombros. Y el oro, desconfiado como
+ninguno, asentado con firmeza sobre el 348, no se movía, imperturbable;
+apostrofábanle los bajistas, le hostigaban los alcistas, y él, quieto,
+cansado, sin duda, de su ascensión violenta, esperando nuevas fuerzas
+para seguir su vuelo de águila. Esteven, entretanto, se irritaba. El
+creía que la salvación de todos estaba en el empréstito; es una deuda
+que se contrae para pagar otras deudas, es pedir al vecino de enfrente,
+lo que se debe al vecino del lado; pero lo principal, lo esencialísimo
+es tener dinero, venga de donde viniere. Se alborotaba con esto. Le
+parecía verse ya, en compañía del ilustre Eneene, hundiendo las
+pecadores manos en las arcas recién llegadas, acariciar las flamantes
+monedas y atiborrarse de ellas los bolsillos, glotonamente. Su cara
+reflejaba la concupiscencia en que ardía; sus ojos se cerraban, para
+mantener por más tiempo la deslumbradora visión: un río de oro
+deslizándose con suave murmullo, y él, en la orilla, llenando sus
+cántaros, tan numerosos que no podían contarse.
+
+Rocchio le vió venir y se le echó encima.
+
+--¡Lucidos estamos, señor Esteven!--dijo sacudiendo su cabeza de
+león.--¿Qué le parece a usted?
+
+Llevóle hasta la pizarra y le señaló la prodigiosa cifra, 348, como se
+muestra un cometa en el cielo.
+
+--¿No lo ve usted bien?--repuso el italiano,--pues empínese sobre la
+punta de los pies, porque está muy alta, o eche usted mano de un
+telescopio; un simple anteojo no basta.
+
+Los dos, pasmados, se callaron. De los ojos de don Bernardino huyó la
+dorada visión, y sintió los escalofríos de la realidad. Rocchio, que le
+tenía bajo su mano, no pensó en soltarle; deseaba averiguar muchas
+cosas, descifrar la charada de don Raimundo. Lo primero que hizo fué
+preguntarle por el negocio magno concertado entre ambos. Y entonces
+Esteven habló muy bajo, con misterio, como si tratara de un crimen y
+temiera verse descubierto.
+
+--Mal, mi amigo; ¡buenos están los tiempos! Todo lo que he conseguido,
+es que la propuesta sea incluída en las sesiones de prórroga.
+
+--Pero entonces el diputado aquel...
+
+--Se ha dado vuelta en el último momento.
+
+--Haber doblado la propina, haberla triplicado--exclamó Rocchio con
+impaciencia.
+
+--Inútil habría sido; usted cree que todo es soplar y hacer botellas. No
+hay que apresurarse. ¿Quiere usted que, por precipitarnos, venga un
+diario de la oposición, nos descubra el gazapo y salgamos todos a
+danzar? No hay necesidad de exponerse tan a lo tonto; mi amigo el doctor
+Eneene está de por medio, ya lo sabe usted, y él ha de hacer fuerza de
+vela para sacar el negocio adelante.
+
+--Lo que hay es que yo contaba con mi parte de la garantía, para hacer
+frente a mis compromisos de fin de mes...
+
+--¿Qué hacerle, amigo Rocchio? Aguantar la mecha, como todos.
+
+Esto de aguantar la mecha, no le sabía a mieles, sin duda, al alicaído
+corredor; pensaba que si don Bernardino había venido a la Bolsa, era
+porque ni estaba quebrado, ni temía hacer frente a los díceres malévolos
+del vulgo, y si esto era así, como parecía, felizmente, no sería él tan
+simple de no largarle lo que tenía en la punta de la lengua. Y así lo
+hizo, sin ceremonia. Cuando don Bernardino escuchó aquello de Jacintito
+y de los cincuenta mil nacionales entrampados, se enfadó, muy lastimado
+de que fueran a cobrarle cuentas de su hijo, joven mayor de edad, socio
+de una respetable casa de comercio, que marchaba sin andadores, porque
+no le hacían falta.
+
+--Que se le quite a usted eso de la cabeza, señor Rocchio; los negocios
+de mi hijo no son de mi incumbencia; Jacinto no necesita de la bolsa de
+su padre para sostener su crédito. El le pagará a usted... cuando le sea
+posible. Con estos terremotos, ¿quién no tambalea?
+
+Decididamente, Rocchio no estaba de vena; al escuchar a don Bernardino,
+intenciones tuvo de hacer con él lo que con aquel político de marras, a
+quien sirvió tan singular desayuno en la misma mañana.
+
+--Si le pego--pensó,--nuestro gran negocio se quedará en nada y yo
+saldré perdiendo. ¡Paciencia!
+
+Los dedos le bailaban, sin embargo, tal era su coraje; con tanta
+embestida como había sufrido, su escuálido bolsillo debía estar hecho
+jirones.
+
+--¡Ah, camastrón! ¿esas tenemos? ¡pues en guardia! No he de perderte de
+vista; el amigo Portas, que es un lince, sabe lo que se dice. No hay que
+fiarse de estos fantasmones. Sigamos el consejo: apartémonos, pero,
+¡alerta!
+
+Tan decidido que estaba, hacía poco, a defenderle, y ahora de buena gana
+le hubiera mordido. _¡Sacramento!_ Una oleada les separó y Esteven
+desapareció en el torbellino, siempre sonriendo, como hombre satisfecho
+de sí mismo y de los demás. O era un gran farsante o, efectivamente, la
+quiebra de Schlingen no le había tocado sino de refilón.
+
+Rocchio miró a la pizarra y el bailoteo de sus dedos aumentó: ahí
+estaban las _vitalicias_ sin dar señales de vida, a pesar de su nombre;
+tan rudo era el golpe sufrido, pues habían caído de una altura de
+treinta puntos. El oro, aguijoneado por los alcistas, subió medio punto
+más, a 348 1/2, forzosamente, a disgusto, demostrando intenciones de
+bajar al 47, mareado quizá de verse tan alto. Todos, al pie de la
+pizarra, miraban como Rocchio, angustiados, con el terror pintado en las
+caras pálidas, más que pálidas, lívidas.
+
+Y de pronto, como cuerpo muerto que un obstáculo fortuito ha detenido en
+su caída y rueda al abismo así que la valla cede y se rompe, las
+_vitalicias_ se vinieron abajo estrepitosamente, dando rebotes sobre los
+puntos; y el oro alzó el vuelo y se plantó en el 350, sacudiendo sus
+alas orgullosas. Un clamor terrible se oyó, prolongado, ensordecedor.
+
+Rocchio, inmóvil, sentía que aquel número siniestro, 350, le apretaba la
+garganta, le ahogaba; toda la cólera de que en el día había hecho
+provisión, y que hacía hervir su sangre, iba a descargarla sobre aquella
+cifra, nuncio fatal de su ruina. A su lado, míster Robert, inmóvil como
+él, contemplaba la pizarra con ira mal reprimida... Un corredor, ciego
+de furor, dió un palo sobre el encerado, y como si esto hubiera sido la
+chispa del incendio, míster Robert se abalanzó a la pizarra, de un salto
+prodigioso, y quiso arrancarla; quiso y no pudo, y entonces, con
+enérgico ademán, borró las cifras malditas. Y se volvió, los brazos
+cruzados, satisfecho y tranquilo, cual si acabara de pisotear bajo su
+planta al demonio del agio.
+
+Echáronse sobre él, le increparon, le insultaron, acorralado contra la
+pizarra, muda ahora; y Rocchio, como fiera a quien abren la jaula,
+acudió a apoyarle... La lucha estalló entonces: los sombreros rodaban
+por el suelo, los bastonazos llovían; todos gritaban, enzarzados unos
+con otros, en torno de míster Robert, impasible. Y Rocchio, desgarrada
+la pechera, babeando de rabia, repetía:
+
+--¡Ah, _brigantes!_ ¡ah, estafadores! _¡Sacramento! ¡Sacramento!_
+
+Del torbellino fué arrancado el vengador, que sonreía con desprecio, por
+un grupo de amigos; a tiempo que salía, del pasillo, a paso de carga,
+el escuadrón de Quilito y se lanzaba a la pelea, al grito de ¡muera
+Schingen! Don Raimundo pasaba, buscando asustado la salida. Aquella
+legión de diablos le rodeó, dando alaridos; un bastonazo le derribó la
+chistera tornasol, y empujón va, empujón viene, le dieron el gran
+manteo, entre risas y burlas. Como pelota, iba de un lado al otro,
+sudando, gesticulando, descompuesto. Quilito le arrancó uno de los
+faldones y lo izó en la punta de su bastón.
+
+--¡Basta, dejémosle!--gritó Jacinto.
+
+Y le largaron, huyendo el portugués despavorido, rabo entre piernas.
+
+Esteven, entretanto, al que un grupo de fieles protegía, invocaba a
+todos para restablecer el orden. ¿Qué pasaba allí? ¿por qué barullo tan
+grande? Se adelantó, cuando un furioso se le vino encima con el puño
+cerrado y le escupió a la cara este insulto:
+
+--¡Canalla!
+
+Dos o tres voces gritaron al mismo tiempo:
+
+--¡Abajo Eneene!
+
+Las invectivas caían sobre él, como lluvia de piedras; una mano, más
+audaz que las otras, se prendió de la solapa de su abrigo. Y abandonado
+de su estado mayor, que se desbandó, escapó también, como don Raimundo,
+en completa derrota.
+
+Las iras comprimidas por tan largo tiempo, se habían desbordado; se
+gritaba, se forcejeaba, se luchaba. ¡Y qué! ¿el oro tenía que burlarse
+siempre del comercio honrado, del que no juega, del que no busca en la
+especulación sino en el trabajo el bienestar y el sustento? La mano de
+míster Robert, al arrojarle de un revés, de su insolente altura, había
+hecho justicia.
+
+La sarracina continuaba; muchos timoratos escapaban a la calle Piedad,
+espantados; otros se guarecían detrás de las puertas, de las columnas,
+de las mesas. Y en medio de la confusión, de las voces, de las carreras,
+de los golpes, la enseña de la autoridad se mostró...
+
+Rocchio, indomable, protestaba, siempre al pie de la pizarra y los
+compañeros de Jacinto. Quilito llevaba, a guisa de bandera, el faldón de
+don Raimundo, y gritaba:
+
+--¡Muera Schlingen!
+
+
+
+
+VI
+
+
+Susana Esteven repasaba al piano una sonata de Beethoven. Antes de salir
+a compras, en compañía de Angelita, su madre le había dicho:
+
+--¡Me atacas la cabeza, Susana, con esa sonata! Parece que tocas a
+ánimas o que llamas a misa. Esta música alemana no puedo sufrirla. ¿Por
+qué no estudias un valsecito francés, alegre, o un aire de opereta?
+Mira, ¡Madame Angot! eso es música.
+
+Susana era muy bonita y muy simpática; un terroncito de azúcar, una
+paloma, un dije: todas las hipérboles de la comparación, no alcanzarían
+nunca a dar una idea exacta de lo que era esta niña hechicera, sin hiel
+y sin malicia. Tenía más de los Vargas que de los Esteven, aunque nada
+de su madre, Gregoria, la excepción de la familia; aquella dulzura de
+carácter le venía de su tía Casilda, y era más blanda que ella todavía,
+más sumisa, más dócil, quizá porque las contrariedades de la vida no
+habían llegado a agriarla, y del tío Pablo Aquiles esa debilidad que
+parece ser patrimonio de la bondad, generalmente, y por eso dicen que
+los buenos son los tontos. No lo era Susana, sin embargo, aunque buena y
+débil; en la casa era ella el ama de llaves, la que lidiaba con
+sirvientes, la que organizaba y dirigía todo. Venía Jacinto:
+
+--Nanita, vas a pegarme este botón, ¿verdad? y luego me das una puntada
+en este ojal y otra en el forro del chaqué. Eso es; así me gusta.
+
+--Nanita--decía Angela, la menor, una niña que entre otros defectos que
+ya irán saliendo, tenía el horrible e imperdonable de comerse las
+uñas,--Nanita, vas a desenredarme el pelo y hacerme la trenza. Así;
+perfectamente.
+
+Misia Gregoria llegaba:
+
+--Anda, hija mía, ve cómo esa condenada de cocinera prepara el
+escabeche; tú entiendes de guisos.
+
+Y raro era el día en que el padre no la dijera:
+
+--Hijita, vas a ponerme en limpio ese manuscrito que está sobre la mesa
+del escritorio; tu letra es más clara que la de Jacinto, y no echas
+borrones, ni haces raspaduras.
+
+A todos atendía Susana, y todo lo ejecutaba a maravilla. Y en el salón,
+en el escritorio, en el tocador y en la cocina, siempre era la misma,
+dispuesta y viva, amable y afectuosa. Se levantaba la primera, y ya
+lavada y peinada, iba a ver preparar el desayuno de la familia; que el
+chocolate de don Bernardino, y el mate de la madre, y el te con leche de
+los hermanos, estuvieran en el punto en que el capricho de cada cual lo
+exigía; daba prisa a los criados, y les amonestaba, suavemente.
+
+--Bernardo, ¿quiere usted hacerme el favor de darme el jarro de la
+leche? Muchas gracias. ¿Ha llevado ya al niño los diarios? ya sabe usted
+que él gusta de leerlos en la cama. Manuela, ¡ha dejado usted _cortar_
+el chocolate! un poquito de más cuidado, se lo ruego a usted.
+
+Si no había criado, ella lo hacía, y arreglaba los cuartos y tendía la
+mesa; una vez, se despidió a la cocinera, y como el servicio anda así,
+como Dios quiere, Susana tuvo que ir a la cocina y preparó un almuerzo
+que daba gloria.
+
+--¡Esta Susanita--decía el padre,--es tan buena! si ella faltara, no sé
+qué sería de la casa.
+
+Misia Gregoria la daba a arreglar los vestidos que la modista no había
+conseguido sacar a su gusto. Y todavía tenía tiempo para repasar sus
+lecciones de idiomas, y acompañar a su hermana al paseo, o a tiendas, o
+a visitas, y también a su madre. Ella se complacía en ser útil, en
+servir; no tenía más ambición que agradar a todos. Por lo cual, todos la
+adoraban. Esteven la llamaba su _Nanita_ querida; la madre hablaba de
+mandar construir un nicho muy dorado con dosel y todo, para meterla
+dentro, como santita que era; Jacinto la traía regalos siempre que
+podía, y en cuanto a Angela, caso extraño, su antítesis, el polo opuesto
+de Susana, la respetaba y miraba como algo superior y sobrenatural.
+
+Desde muy niña fué así Susana, de una pasta que ni amasada por manos de
+ángeles. En los rincones pasaba las horas muertas jugando a las muñecas,
+sin chistar; ella misma confeccionaba las prendas liliputienses con que
+vestía a su pequeña familia, tan hábilmente, que todos se maravillaban
+de la práctica de aquellas manecitas en manejar la aguja y las tijeras;
+misia Gregoria guardaba todavía, como oro en paño, las camisitas y
+vestidos hechos por su adorado prodigio a los cuatro años. Cuando se
+aburría de las muñecas, tomaba su libro de cuentos, y llegaba el caso de
+referir lo que leía sin olvidar un detalle, condimentando su relación
+con observaciones propias, siempre atinadas. Don Bernardino, asustado de
+esta precocidad, hablaba con terror de la meningitis.
+
+--Preferiría--decía a su mujer,--que fuera menos despierta, porque estas
+inteligencias desarrolladas así de golpe o no dan ya nada de sí y se
+estacionan o hacen estallar el frágil vaso del cerebro.
+
+--¡Qué ocurrencia! ¿De modo que estarías más satisfecho si la niña
+tuviera en vez de esa cabeza llena de talento, una calabaza vacía? A
+ver, preciosa, cuéntame la historia de Pulgarito, o dime cuántos ríos
+tiene la República Argentina.
+
+A pesar de los temores del padre, la meningitis no vino; Susana creció,
+como un lirio, y a los diez y ocho años era una mujercita en la que
+todas las promesas de la niña habían madurado, a pesar del ambiente poco
+favorable en que la planta se desarrollara. Porque hay que decir, que ni
+el padre, ni la madre, ni los hermanos, ofrecían un ejemplo digno de
+imitarse: misia Gregoria, en primer lugar, que recordaba, como horrible
+pesadilla, los años pasados bajo el cerrojo de su padre, don Aquiles,
+no quería oír de poner cortapisas al capricho de sus hijos; dejarles,
+que hagan lo que quieran, que gocen sin trabas de la edad dichosa...
+¡Contrariar a los niños, hacerles llorar! ya vendrán, ya vendrán las
+penalidades de la vida, demasiado pronto, y entonces sabrán lo que es
+sufrir: ahora, dejarles en libertad. Con esto, soltaba tanto la cuerda,
+que Jacinto, que era un potro, y Angelita, una _machona_ muy de temer,
+campaban por sus respetos y hacían de su capa un sayo. Si Esteven
+intervenía, pronto a castigar una travesura o una inconveniencia, acudía
+la señora en defensa del reo:
+
+--Déjalo, Bernardino, no me toques a los niños, no quiero que les digas
+nada; ¿vas a pretender, acaso, que se porten como personas mayores?
+
+En segundo lugar, misia Gregoria era muy celosa, espantosamente celosa,
+lo cual daba ocasión a escenas lamentables, representadas sin disfraz
+delante de los hijos. Para misia Gregoria, don Bernardino, aquel hombre
+que, salido de la nada, se había encumbrado a la brillante posición en
+que ahora estaba, era un ser superior; admiraba su inteligencia, su
+carácter, su figura, su andar majestuoso, su hablar solemne, todo lo que
+él hacía y todo lo que él pensaba. La verdad es que se casó con él
+enamorada, locamente enamorada, hasta el punto de hacer lo que hizo,
+abandonar su casa y su familia por seguirle, sin importarse de su honra
+ni de su nombre. Pero, este amor, con la edad, se convirtió en una
+manía, en una obsesión de todos los momentos; apenas dormía, pensando
+que otras mujeres pudieran robarle el tesoro de su Bernardino.
+Registraba sus bolsillos, en busca de cartas comprometedoras, regulaba
+sus salidas y sus entradas, reloj en mano; estudiaba la cara que traía,
+si la barba estaba desaliñada o el párpado abotargado.
+
+--¿De dónde vienes, Bernardino? No me dirás que de casa de Eneene,
+¡mentira! tú tienes alguna... de ésas, que te divierte. Mira, este pelo
+que traes en la manga, largo y rubio, pelo de mujer, ¡ay, qué asco! Con
+que de Susana, ¿eh? quite usted, so camandulero. ¿Y esta carta? No dice
+nada de particular, pero estos garabatos son de mujer. ¡Ay, qué
+desgraciada soy! Si yo hubiera sabido esto, no me habría casado contigo.
+
+Don Bernardino callaba y sufría. Pues estas cosas, tan estúpidas de puro
+vulgares, las hacía y decía todos los días, y eran vistas y oídas de
+todos; a veces, Esteven perdía la paciencia, y entonces se armaban
+tremolinas escandalosas: que tú, que yo, que si esto, que si lo otro, tú
+eres así, tú eres asá; escarbaban en el pasado de ambos, para sacar toda
+la porquería y embadurnarse sin piedad la cara mutuamente. Milagro fué
+que, con estos ejemplos y esta educación, no salieran peores de lo que
+eran Jacinto y Angelita; en cuanto a Susana, la santita de la casa, nada
+podía enturbiar la limpidez de su alma angelical, ni alterar la esencia
+de su carácter: entre espinos y guijarros nacen así, flores delicadas.
+
+Y no eran los celos, la sola piedra de escándalo entre marido y mujer.
+Cuando se hablaba de los Vargas, el vocabulario de injurias se agotaba;
+entonces el escándalo se producía, no porque ambos disputaran, sino
+porque se ponían de acuerdo, para arrojar sobre los tristes desposeídos
+toda la inmundicia que quedaba en sus espuertas. Tengo para mí que si
+Susana fijó sus hermosos ojos en su primo, fué de tanto oír echar pestes
+contra ese perdido, ese pillo, ese indecente de Quilito. ¿Qué había
+hecho el infeliz? Susana no lo sabía; nunca consiguió saberlo. Su
+bondadoso corazón sufría de verle tratar así, y de escuchar todas las
+picardías que la madre y el padre, rencorosos, decían de la tía Casilda
+y del tío Pablo Aquiles. Ella no les conocía sino de vista, y hubiera
+deseado conocerles de cerca, tratarles, para juzgar si eran
+verdaderamente tan perversos. Quilito se le había figurado muy feo y muy
+tipo, porque misia Gregoria no hablaba de él sino para motejarle de
+_renacuajo_, y cuando le vió en Palermo, al lado de Jacinto, después de
+muchísimo tiempo que no le veía, con su carita de querubín, blanco y
+rubio, muy derecho, muy bien vestido, parecióle un hijo de lord, y
+contestó afectuosamente a su saludo. Al segundo encuentro, siempre en la
+avenida de las Palmeras, halló al renacuajo más simpático y distinguido;
+le miró con interés y se dijo que el primo debía valer un poquito más de
+lo que en su casa decían. Y Jacinto, aturdidamente, la dió detalles que
+ella no conocía:
+
+--Te digo que es un excelente muchacho, el sostén de su padre y de la
+tía, y trabajador; estudia Derecho. Toda su ambición es hacerse rico;
+ya le verás figurar, porque muchacho más despejado no he visto. Lo que
+hay es que los _viejos_ no le quieren, pero no se debe ser injusto.
+
+--¡Pobre Quilito!--decía la niña compadecida.
+
+Cuando le trató, más tarde, este sentimiento instintivo de compasión, se
+convirtió fácilmente en simpatía; fué en un baile, en casa del ministro
+Eneene. Susana, contrariadísima, porque no gustaba de fiestas, había
+consentido en acompañar a su madre, de real orden, como ella decía
+riendo.
+
+--No, hija mía--había dicho misia Gregoria,--es preciso que empieces a
+ir a sociedad, que te vean, que te admiren; esto de encerrarse en casa
+se queda para las feas. Además, yo no quiero que te me vayas a hacer
+monja o beata, y con la encerrona y ese carácter de ángel que Dios te ha
+dado, vendrías a parar en eso. Felizmente, hasta ahora, no te ha dado
+por ahí, pero puede darte, y entonces, ¿qué sería de tu madrecita?
+¡Conque, al baile y a pescar novio!
+
+Otras exhortaciones, de buen fondo, pero disparatada forma le hacía,
+comiéndosela a besos. Susana, sonriendo, dijo que iría al baile y
+pescaría novio, si podía.
+
+Entró en el salón y lo primero que vió fué a su primo, mariposeando
+ufano.
+
+--Me alegro--pensó Susana,--así vendrá a _sacarme_ y no _plancharé_; no
+hay cosa peor que venir por primera vez a un baile y no tener conocidos.
+
+Quilito, tan pronto como pudo acercarse, vino a saludarla, y sin mediar
+presentación siquiera, charlaron como antiguos amigos. ¿No sabían,
+acaso, que eran primos y que él se llamaba Quilito y ella Susana?
+Charlaron de muchas cosas: él, de sus estudios, de sus esperanzas; ella,
+de sus distracciones, pero ni uno ni otro se atrevió a rozar, aun
+incidentalmente, el tema escabroso de la familia. Los ojos de Quilito
+decían:
+
+--¡Qué bonita es! ¿Por qué hemos de estar a mal con ellos?
+
+Y Susana parecía querer decir:
+
+--Dile a la tía Casilda y al tío Pablo Aquiles de mi parte que les
+quiero mucho, mucho, mucho; ¿por qué ha de haber diferencias entre
+nosotros, si hemos simpatizado tanto?
+
+Y sin hablar nada de esto, se comprendían en la mirada expresiva, en el
+acento cariñoso, en el gesto amable. No sé si existe, en otra parte que
+en las comedias, aquello de las corazonadas o del flechazo amoroso,
+repentino e irremediable, pero lo cierto es que este diálogo, en medio
+de las luces y de las flores del salón, bastó para que los dos primos se
+entendieran, y en el apretón de manos con que pusieron punto final a la
+entrevista, se dijeran muchas cosas, que los labios no habían osado
+proferir. Verdad es que el chico era insinuante, y tenía una labia y una
+gracia, que hubiera sido para él empresa fácil la conquista de su linda
+prima, aunque viniera armada de prevenciones. Y mientras en Quilito
+nacía una idea egoísta de este encuentro, la del amor compartido, en el
+generoso corazón de Susana se despertaba un propósito digno de ella:
+
+--O he de poder yo muy poco--se dijo,--o conseguiré la reconciliación de
+las dos familias; resistencias y obstáculos no han de faltar, pero
+Quilito y yo, aliados, las venceremos.
+
+La tenacidad de estas resistencias, que preveía, pudo apreciarla al
+siguiente día, cuando misia Gregoria, contra su costumbre, la habló
+acremente de aquella larga conversación, que olía a _temporada_, con el
+renacuajo. ¿A qué tanto palique? ¿qué le había dicho? Si él se hizo el
+pegajoso, como mal educado que era, haberle plantado. En cambio, pasó la
+mayor parte de la noche perdiendo el tiempo con el insignificante de su
+primo, y no atendió a jóvenes de mérito que la solicitaban. ¡Vamos! ¿y
+para eso fué al baile? Irritadísima, viendo cosas que ella sola se
+forjaba, lanzó esta frase cruel:
+
+--El convento, ¿me oyes? ¡el convento antes!
+
+Susana lloró, y costóle mucho trabajo convencer a la madre, que la
+conversación había sido de lo más soso e inocente del mundo.
+
+--Lo creo, porque tú me lo dices--dijo la señora,--tú no mientes
+nunca... pero, yo me entiendo. No hablemos más de esto; ven a darme un
+beso.
+
+Desconfiada, sin embargo, porque la idea de que su prodigio, su ídolo,
+fuera a caer en la cueva hedionda de los Vargas la horrorizaba, no quiso
+llevarla más a bailes, pero esta determinación, fácil de realizar dada
+la docilidad de la niña, parecióle muy poco, y día a día, ella y don
+Bernardino, renovaban sus catilinarias contra la odiada familia. Todo,
+según ellos, no había sido sino una trama urdida por la Casilda, que
+era una intriganta desvergonzada, para ver de meter al muchacho en la
+casa y luego colarse ellos; pero la habían descubierto el juego y ya
+estaba aviada, la muy tal, etc., etc.
+
+--Como yo la encuentre--decía misia Gregoria,--le zampo una buena
+fresca, y si me apura mucho, le pongo las manos en la cara.
+
+Esteven dijo que iría al Ministerio y haría que Eneene destituyera a don
+Pablo Aquiles.
+
+--¡Eso, eso--exclamó la señora,--que les corten los víveres y que vayan
+a pedir limosna!
+
+Pasado el chubasco, Susana consiguió aplacar los ánimos y obtuvo la
+promesa de que nada se intentaría contra la desgraciada familia.
+
+--Si yo les juro que Quilito... digo, ese joven, no me ha dicho nada de
+particular; además, no volveré a hablarle.
+
+--Bueno, ya se acabó--dijo don Bernardino;--venga acá mi Nanita querida
+a abrazar a su papaíto.
+
+Susana no renunció, sin embargo, a su idea de reconciliación; ya les
+catequizaría poco a poco. ¿De qué había de servirle, entonces, la grande
+influencia que ejercía sobre sus padres? Lo malo era que, si en todo lo
+demás se hacía lo que la santita de la casa quería que se hiciese, en lo
+tocante al asunto de los Vargas no había acuerdo posible; al solo nombre
+pronunciado, los odios dormidos se alzaban, como víboras a las que se
+pisa la cola.
+
+Entretanto, pasaron los días. Susana y Quilito se veían en Palermo,
+cambiaban una mirada y una sonrisa al cruzar rápido de ambos carruajes,
+recatadamente, a causa del Argos de la madre o de Angelita, que las
+cazaba al vuelo, y como era tan chismosilla y enredista, había que
+cuidarse de ella; luego, en el teatro, algunas veces, muy pocas, porque
+misia Gregoria, contrariamente a lo que antes predicaba en punto a
+encerronas, decía ahora que las niñas bien educadas no deben andar de
+ceca en meca, mostrándose con descaro en todos los sitios, como
+mercancía puesta a la venta. Se veían, pues, pero no podían hablarse.
+
+La primera carta que trajo Agapo del audaz chiquillo, no quiso Susana
+recibirla; encendida de rubor, dijo que no era decoroso que una señorita
+se carteara con ningún hombre, aunque éste fuera su primo. Pero Agapo
+insistió. ¿Qué mal había en ello? ¿acaso iba a mancharse los dedos y a
+condenarse a infierno perpetuo por recibir la cartita del primo y
+dejarse querer? ¡Porque Quilito la quería, la adoraba! ¿y no era lógico
+esto, que se adorase a una santita como ella? Ahí están las santas de
+los altares: pues, bien, ¿se incomodan o ruborizan porque los hombres,
+de rodillas, las prestan el homenaje de su adoración? Y las oraciones,
+¿qué otra cosa son que cartas pedigüeñas, solicitudes de recomendación,
+entre el pecador contrito y el intermediario de Dios? ¿Se ha visto,
+hasta ahora, a una santa que se estime, rechazar una oración que se le
+presenta con toda política y humildad? Preguntárselo a Santa Rita, que
+era tan seriota, sin embargo, y a Santa Clara, tan punto y coma en todos
+sus deberes, y a la misma Magdalena, que de tanto andar en el mundo,
+estaba, ya curada de espantos. Pues lo que hacían estas venerandas
+señoras, probando así que su corazón de piedra o de simple pino latía
+aún por las miserias del prójimo, ¿por qué no había de hacerlo ella, que
+tenía un corazoncito de mantequilla, tan blando era y tan compasivo?
+
+--¡Jesús, Agapo! mira que hablas desatinos--decía riendo Susana, sin
+darse por vencida.
+
+El otro volvía a la carga. No, lo que es él no había de irse como vino,
+¿qué iba a decir el pobre Quilito? Nunca lo creyera que Susana, tan
+buena, alimentara la misma inquina de sus padres contra los Vargas.
+
+--¡Oh! no--exclamó la niña,--¡yo no, al contrario!
+
+Entonces, ¿por qué se resistía? ¡quién sabe si aquella carta no era el
+primer paso dado en el camino de la reconciliación! Susana quedó
+suspensa. Bien podía ser, ¿por qué no? así, de lejos, sin estar al
+habla, nunca se haría nada de provecho; y si ella se había aliado a su
+primo, en el pensamiento, para llevar a cabo aquella empresa que, a sus
+ojos, aparecía tan noble y grande, estaba obligada a entenderse con él,
+de un modo o de otro, a fin de discutir y acordar los medios de
+realizarla. Es cierto que se hacía culpable del pecado de desobediencia,
+pero Dios sabía por qué lo hacía y había de perdonarla, en razón de sus
+buenas intenciones. Susana tomó la carta.
+
+Lo que Quilito decía, ya se adivina. Fogoso e irreflexivo, pintaba a su
+prima un amor que ardía por los cuatro costados, en medio de un bosque
+enmarañado de metáforas, deprecaciones llorosas, exclamaciones
+desesperadas y llamados sentimentales a la _Parca implacable_ cada dos
+párrafos, los cuales concluían todos con un punto de admiración, que
+daba el quién vive. Susana contestó en pedestre prosa, pasando como
+sobre ascuas, y había de qué, por lo que el primo declamaba, y hablando
+sólo de sus propósitos, nada de sí misma. Y así empezó una dulce
+correspondencia entre ambos, sostenida con juvenil ardor por parte de
+Quilito, y con tranquilo recato por parte de Susana, siempre sobre el
+mismo tema y en diapasón igual: Quilito, suspirando, llorando a veces,
+renegando otras, desesperado de su suerte y de su porvenir; Susana,
+predicando la concordia, la paz, la calma, en el sagrado nombre de Dios.
+Y si la empresa magna, la reconciliación deseada, no hizo muchos
+progresos, a causa de los obstáculos insuperables casi que la
+contrariaban, en esta comunión de su dos almas, el retoño de los Esteven
+quedó unido al de los Vargas por el lazo del amor, en nudo tan apretado,
+que no había ya quien pudiera desatarlo sobre la tierra.
+
+Repasaba, pues, al piano Susana la sonata de Beethoven, en el saloncito
+de música, y pensaba en su empresa y en su primo. ¿Eran las tres, las
+cuatro, las cinco? No lo sabía; debía ser tarde, porque después del
+almuerzo, se puso a copiar unos documentos de don Bernardino con su
+letra clara y redonda, y esto le tomó mucho tiempo. Su madre, muy
+emperifollada, de capota rosa y abrigo de terciopelo, acababa de salir
+con Angelita, después de decir aquello sobre la música, que hizo sonreir
+a Susana... Sonaron dos golpecitos en la puerta del vestíbulo... La
+niña, ocupada, en el estudio de una cadencia, no oyó... La puerta se
+abrió y entró Agapo.
+
+--¡Chist!--hizo,--no te asustes, Nanita, que soy yo.
+
+--¡Qué susto me has dado!--exclamó Susana abandonando la banqueta,--¿por
+qué entras así, como un ladrón?
+
+--¿Puedo yo entrar de otra manera en casa de mi señor hermano?--contestó
+el atorrante con amargura;--sé que no hay nadie, porque he estado
+espiando a la puerta y he visto salir a todos, menos a ti; hasta el
+_mucamo_ ha salido: si me encuentra en la escalera, me echa; es la
+consigna que tiene del señor Esteven.
+
+--No digas eso; siempre que hablas de papá, exageras de un modo...
+
+--Bueno, lo que tú quieras; lo cierto es que nunca he pasado del
+vestíbulo, y hoy me dije: Aprovecharemos la ocasión y entraré a ver esos
+lujos tan mentados; de seguro que Nanita no me echará, de miedo que la
+ensucie sus bruselas.
+
+Estaba tan rotoso, que daba lástima; por los agujeros del pantalón
+asomaba la carne de las piernas; no tenía chaleco, y la camisa, si
+camisa puede llamarse el retazo de lienzo color de chocolate que le
+cubría a medias el pecho, carecía de puños y de cuello o por lo menos,
+no se mostraban; la chaqueta estaba acribillada de manchas, y de los
+zapatos y el sombrero vale más no hablar. Con este avío, pues, y una
+cara y unas barbas que no probaban agua ni tenían noticias del peine
+hacía un siglo, se presentó Agapo en el saloncito de música. Tan facha
+estaba, que, en medio de las sedas y los dorados, parecía una mala copia
+del _Menipo_ de Velásquez, sin la capa, dentro de un marco de precio.
+
+Mientras Susana le miraba compasiva, el filósofo recorría la pieza,
+metiendo las narices, estirando el hocico, con movimientos de cabeza más
+de desdén que de asombro. A veces, tendía la mano para palpar un objeto,
+pero se contenía.
+
+--No temas, Nanita--decía,--ya sé que esto se llama mírame y no me
+toques. Pero, ¿qué hacen ustedes con tanta chuchería, tanto muñeco,
+tanta silla dorada, que ni para sentarse sirve? Porque, ésta, por
+ejemplo, de raso o lo que sea, no aguanta el peso de una persona. ¡Qué
+farsantes son los ricos! Ya que les sobra el dinero, ¿por qué en vez de
+emplearlo en cosas inútiles y de puro aparato, no lo regalan a los
+pobres? ¿acaso para vivir, lo que se llama vivir, se necesita de estas
+faramallas? ¡Si aquí no se puede andar con libertad, entre tanta
+baratija! ¿sabes? Si me dieran esta pieza por cárcel, reventaba al
+tercer día, si es que pasaba el primero; aire, luz y espacio suficiente
+donde asentar estas patazas y donde recostarse con comodidad; y libertad
+para moverse, sin el temor de echar una mancha en el cortinaje, o de
+romper una silla, o de tirar una mesa, y con ella, perniquebrar a alguno
+de esos personajes de porcelana... ¡Uf! ¡aquí se ahoga el _sursum
+corda_! Eso sí, no vayas a creer, Nanita, que esto es lo primero que
+veo; muchos salones he visto, y mejores...
+
+--Ya lo sé--dijo Susana risueña,--que te tratas con muchos _high-lifes_,
+y que comes en casas ricas; vamos a ver, ¿dónde has comido anoche?
+
+--En casa del Presidente--contestó Agapo muy serio.
+
+--¿Dónde?--volvió a preguntar la niña, muerta de risa.
+
+--¡En casa del Presidente!
+
+Y la noche antes en casa del ministro Eneene, muy mal, por cierto,
+porque el doctor tenía gustos criollos bastante rancios y estaba a
+diario con puchero de cadera y asado de costilla, y alguna vez, de
+extraordinario, ponían _ropa vieja_, y gracias. ¿De qué se asombraba?
+¡Cuántos, que no le llegarían a él a la sucia del zapato, trincaban con
+esos personajes! Por supuesto, él no se dignaba sentarse a la mesa:
+abajo, en la portería, recibía su buena ración y se iba tan contento.
+
+--Y hoy, ¿dónde has almorzado?--preguntó Susana con timidez.
+
+--¡Ah! ¡Nanita, qué picarona! ¿De modo que las santas se permiten
+también ser maliciosas? Pues hoy almorcé... allá.
+
+--¿Dónde... allá?
+
+--Pues, en casa de la tía Silda.
+
+--¡Ah!--hizo Susana.
+
+¡Qué enferma había estado la tía Silda! Tres días de cama, con dolores
+en el costado, y fiebre, y médico yendo y viniendo.
+
+--¡Dios mío! ¿Sigue enferma la tía?--preguntó con sobresalto la joven.
+
+--Ya está levantada, pero... casi no cuenta el cuento. Juraría, Nanita,
+que allí hay algo.
+
+--¡Algo! a ver, Agapo, cuéntame.
+
+Se acercó al atorrante, ansiosa, sin disimular el deseo de tener
+noticias de la otra casa: estaban solos, y bien podía pronunciarse el
+nombre maldito de los Vargas, sin temor alguno.
+
+--Pero, ¿qué he de contarte?--exclamó Agapo,--no sé nada, cosas que yo
+me imagino. Verás: hoy entro, y me encuentro a misia Casilda con los
+ojos como tomates, ¿qué quiere decir, Cristo? En el patio me tropecé a
+don Pablo Aquiles; siendo él tan político siempre, no me saludó ni dijo
+palabra, ¿entiendes? Arriba, Quilito, encerrado, sin querer abrir la
+puerta; cuando oyó mi voz, me mandó con Pampa esta carta, que ahora te
+daré, y para eso, la echó por la ventana. Bueno, pues todo esto, pienso
+yo que tiene busilis, y el busilis es la Bolsa.
+
+--¿La Bolsa?
+
+--Como todo el mundo ha perdido en la Bolsa este mes, nada habría de
+extraño que Quilito diera su tropezón también... Te digo que algo ha
+ocurrido allí.
+
+--¡Jesús! No se oye sino hablar de la Bolsa, en todas partes... Hoy, en
+casa, no sé qué he oído de esto, pero ha habido su disgusto, porque mamá
+ha llorado... y el otro día, cuando esos tumultos de la Bolsa, papá vino
+enfermo, derechito a meterse en cama.
+
+--Si te digo que va a ser preciso un escarmiento; hasta que el pueblo no
+eche al ajo a este Gobierno y no prenda fuego a la Bolsa, no vamos a
+quedar tranquilos.
+
+--Ya empiezas, Agapo, con tu dinamita y tus cataclismos... no me gusta
+oírte así.
+
+--¿Y si no hay más remedio?
+
+--Para todo lo hay, con la ayuda de Dios; ya se arreglarán las cosas,
+poco a poco. Ahora, dame esa carta.
+
+El atorrante metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó la
+carta.
+
+--Y para el tío Agapo, para el pobrecito tío, ¿no hay nada hoy?--dijo
+presentándola, con el aire de un niño que pide un juguete.
+
+Susana guardó la carta, pues no quiso abrirla delante del curioso
+filósofo, y contestó jovialmente que sí, que había muchas cosas para el
+tío: un buen sobretodo largo, un par de pantalones, tres camisas,
+zapatos, calcetines... Era una vergüenza que fuera con esa facha a comer
+a casa del Presidente; la misma tía Silda, ¿qué diría?... ¿Dinero? No,
+señor, para que saliera a bebérselo en la primera esquina.
+
+--Nanita, me ofendes con eso--replicó Agapo;--hace mucho tiempo que no
+_tomo_... desde aquella promesa que te hice. En cuanto a mi traje, no
+encontrarás un uniforme más apropiado para estos tiempos de crisis; ya
+se verán obligados a vestirlo muchos de los ricachos _a la minuta_, que
+se zarandean por ahí. Además, no estoy tan mal como dices.
+
+Se miraba al espejo, adoptando posturas de academia. Y mientras él hacía
+cucamonas a su propia figura, Susana fué adentro y trajo un gran
+paquete.
+
+--Aquí tienes el sobretodo, los pantalones, las camisas... todo en muy
+buen uso. Esto es de papá, esto de Jacinto.
+
+--Se me ocurre una cosa, Nanita.
+
+--¿Qué?
+
+--Que mañana, quizá, tu padre y tu hermano necesiten de estas prendas,
+que ahora tiran... porque yo he oído que sus negocios andan así, así...
+te juro que no lo sentiría sino por ti, que eres un pedacito de gloria;
+en cuanto a ellos, bien merecido lo tendrán; ese día me visto de
+colorado y canto el himno nacional en la calle Florida.
+
+--¡Qué malo eres, Agapo!--dijo Susana disgustada;--¡siempre con tanto
+rencor contra papá! Si la culpa es tuya, que nunca has querido trabajar
+y has sido toda tu vida un vicioso, un haragán. De la misma manera que
+papá ha colocado a tanto tipo que no conoce, ¿por qué no había de darte
+un empleíto?
+
+--¿Un empleo? ¡a mí! Mira, hija, mejor es no tocar este asunto, porque
+me sublevo, y me alboroto y sería capaz de hacer una barbaridad o decir
+un desatino; todo lo que puedo decirte es que mi señor hermano es una
+buena pieza, un _peine_ muy fino, que no merece tener por hija esta
+santa Susana, que yo conozco, quiero y admiro.
+
+Muy nervioso, empaquetaba la ropa, dispuesto a marcharse ya.
+
+--Espera, hombre, que vas a romper el papel; trae acá, yo te prepararé
+el paquete.
+
+Lo envolvió todo muy bien, aseguró el lío con un cordón, y se lo
+entregó.
+
+--Pero no te vayas todavía; no tengas cuidado, que nadie vendrá.
+Háblame, antes, de la tía Silda, ¿qué te ha dicho? ¿qué te dió de
+almorzar?
+
+Eran tan raras las ocasiones de saber de los otros que se la
+presentaban... Agapo cambió de fisonomía y se puso hasta risueño.
+
+--Eso es otra cosa--dijo, abandonando el pesado envoltorio, satisfecho
+de caer sobre un tema agradable;--cuando entro en esta casa, no te me
+ofendas ¡eh!, el corazón, porque yo también tengo corazón, aunque no lo
+parezca, se me _empaca_, como quien dice, las piernas me flojean... ¡si
+no fuera por el maldito estómago! pero allá, entro tan alegremente,
+seguro de no ser despedido con una coz. Y esto no debiera ser así,
+porque, al fin, yo soy un Esteven, mal que les pese, y ellos, los
+Vargas, en vez de simpatía debieran tenerme odio, y sucede todo lo
+contrario: el odio está aquí. ¡Ajo!...
+
+--Bueno, ¿volvemos a lo mismo?
+
+--Dispensa, Nanita; cuando uno es un hombre honrado, porque eso sí, a
+honradez nadie me gana... ¡ya la quisieran muchos para su uso personal!
+y uno es desgraciado... no hay razón. Todos no hemos de salir con mucha
+chispa en la cabeza o muchas uñas en las manos.
+
+--¡Qué pesado estás, Agapo! A ver, ¿qué te dió de almorzar la tía Silda?
+
+--Pues la tía Silda...
+
+Hablando de la familia de Vargas, se animaba. Y Susana, sentada en la
+banqueta, con el codo sobre la tapa del piano, escuchaba atenta, sin
+perder uno del hilo de nimios detalles que el filósofo iba desatando,
+sin hacerse rogar mucho.
+
+La casa era así, con dos patios y tantas piezas, y arriba, el cuarto de
+Quilito; la habitación de la tía, de este lado; después del comedor, la
+del tío. Señalaba los objetos que había en cada pieza, qué plantas
+adornaban el patio, si había canario en el zaguán... Misia Casilda
+siempre trabajando, con su bata de lana y sus dos bandós tan alisados;
+don Pablo Aquiles, al Ministerio a las doce... no se le oye nunca la
+voz. Quilito, mareando a todos con sus fantasías. El mastín de la casa
+era Pampa, la india, enseñando los dientes al que entra. Susana oía
+extasiada, y se hacía repetir los detalles: ¿decía que el cuarto del tío
+estaba de este lado? ¡ah! después del comedor. Parecíale estar en la
+casa maldita, en la cueva, que decía misia Gregoria, acompañando a la
+hacendosa tía Silda, ayudándola a preparar la cena, o a limpiar, o a
+zurcir; y cuando llegara el tío del Ministerio y el primito de la Bolsa,
+con qué gusto se sentaría a la mesa, en tan amable compañía, feliz de
+verlo todo en regla, el mantel planchadito, los vasos bruñidos, los
+cubiertos lucientes como plata de veras, ¡feliz de que la tía la mirara
+con complacencia, convencida ya de que ella, aunque Esteven, no era ni
+mala ni torpe! ¡feliz de estar cerca del primo, y poder reanudar el
+coloquio del baile, sin censura ni anatema! Otra vez volvía sobre los
+detalles pueriles. Y el tío, ¿tenía mucho sueldo en el Ministerio?
+Quilito debía ganar enormemente en la Bolsa, y ya con esto poco
+importaba que el sueldo fuera escaso.
+
+--¿Y dices que hoy encontraste llorando a la tía Silda?
+
+Sí, pero Agapo no sabía la razón, él no había de preguntárselo. ¡Quién
+sabe las penas que sufriría la pobre tía! ¡si ella, pudiera! ¡cómo no
+consolarla, si le era tan simpática! Entonces, la idea del cisma que la
+separaba de aquella familia hacía nublar su dulce mirada. Debía haber
+ocurrido algo muy grave, muy grave, para un rompimiento tan completo,
+tan definitivo, que parecía ser eterno; porque ella, desde que abrió los
+ojos, recordaba haber visto siempre las cosas así.
+
+--¿Sabes, Agapo, cuál ha sido la causa?
+
+Y Agapo decía que no, que él no sabía nada, no quería saber nada;
+contrariado, ya no sonreía, arrojando miradas feroces a su alrededor,
+como si aquel lujo insolente, al despertarse el recuerdo del pasado,
+insultara su miseria e irritara sus nervios.
+
+Se oyeron pasos y voces en la escalera.
+
+--No huyas, que será alguno de esos fastidiosos que asedian a papá todos
+los días.
+
+Pero el atorrante, que creyó percibir dejo de mujer, apresuróse a cargar
+el lío y a escapar, temiendo tropezar con su cuñada y que le
+sorprendiera en flagrante delito de profanación y sacrilegio.
+
+--Adiós, Nanita; ¡Dios te lo pague, hija!
+
+Fué a abrir la puerta, a tiempo que misia Gregoria entraba, con
+Angelita.
+
+--¿Aquí?--chilló la señora;--se te ha dicho que no pases de la puerta,
+¡y tú lo consientes, Susana! El no tiene la culpa, naturalmente. ¡Si
+Bernardino estuviera en casa, él te ajustaría las cuentas, vagabundo!
+
+Agapo, sin decir palabra, embistió al hueco que dejaba libre la
+corpulencia de misia Gregoria en la puerta, y salió al vestíbulo,
+empujando a la cuñada sin miramientos.
+
+--¡Ordinario, vulgarote!--vociferó ella.
+
+Y mientras el atorrante bajaba las escaleras, saltando los peldaños de
+cuatro en cuatro, Angelita, echada sobre la barandilla, le hacía pitos,
+diciendo de burlas:
+
+--¡Adiós, tío Agapo!
+
+Arrojóle un salivazo, tan certero, que le cayó en la mano.
+
+--¡Puerca! ¡víbora!--refunfuñó el filósofo.
+
+--Pero, mamá--decía Susana,--¿por qué le tratas de ese modo? Hay que
+tenerle lástima.
+
+--¡Lástima, cuando es un sinvergüenza, un perdido, que deshonra a la
+familia!
+
+--Un desgraciado, más bien, mamá--replicó dulcemente la niña.
+
+Misia Gregoria se sentó. Se había puesto excesivamente, monstruosamente
+gruesa; el pecho desbordaba del corsé; la cintura, salida de madre,
+invadía las caderas; los brazos, del codo al hombro, tenían más de
+muslos que de brazos; el cuello, corto, con un collar de grasa, que caía
+en blanda papada sobre el cuerpo del vestido, manchado por la
+transpiración y los polvos de arroz; la cara, mofletuda, colorada,
+reluciente; los ojos, enterrados en tanta gordura, lacrimosos, a la
+sombra de un flequillo postizo, que se encrespaba sobre las cejas
+peladas... Y encima del peinado pretencioso, una capota rosa, una
+capotita monísima... ¡Qué bajón tan grande había dado la señora de
+Esteven! Ni rastros quedaban en ella de la hija mayor de don Aquiles, de
+aquella muchacha esbelta, más graciosa que bonita, soberbia heroína de
+un drama de amor. Con voz flaca y lánguida, pidió que la desembarazaran
+del abrigo, pues se moría de calor; Susana dió satisfacción
+seguidamente a su deseo, desató los lazos de la capota, que la
+ahorcaban, y aflojó el corsé, requisito indispensable cada vez que la
+señora volvía de la calle. Ella daba suspiritos de alivio, la cabeza
+desmayada sobre el respaldo del sillón, los ojos cerrados
+voluptuosamente.
+
+--¡Qué placer tan grande es éste! ¡Ay, Nanita, no puedes imaginarte lo
+que sufre tu madre con el condenado corsé; para mí es como si me
+cincharan, hija!
+
+Se abanicaba con pereza, saboreando el descanso de que disfrutaba.
+
+Angelita, delante del espejo, despojábase del sombrero y el velo;
+hubiera sido bonita, sin el arremango exagerado de su nariz, que le daba
+una expresión de picardía y malicia, y si la boca fuera menos grande y
+los dientes más iguales. Desenfadada, tenía movimientos bruscos, salidas
+de tono violentas; era bromista de mal gusto, y necia, por consiguiente,
+y si se creía molestada, lanzaba la saeta de su sátira, sin cuidarse
+dónde hería, ni a quién hería. La menor contrariedad producía en ella un
+ataque de nervios, y convulsiones, gritos y pataleta: a esto llamaba su
+madre los _prontos_ de Angelita, asegurando que, a pesar de ello, su
+corazón era de oro, y ante la palabra de misia Gregoria, no me atreveré
+a ponerlo en duda, aunque no pueda afirmar si el oro era o no de ley. Lo
+cierto es que a estos _prontos_, seguía un estado de irritabilidad tan
+grande, que andaba por la casa dando mordiscos a sus hermanos, a los
+criados, hasta a sus padres: a don Bernardino le sobajaba de lo lindo y
+a la madre la ponía motes irrespetuosos.
+
+--Ya está atufada Angelita--decía misia Gregoria,--no hacerle caso y
+dejarla.
+
+Con esto, amiga de chismes, de meterse en líos y enredar a la gente;
+caminaba con desgaire atroz, a la manera del papagallo, los pies
+atravesados y a pasos menudos; su voz era chillona y de timbre
+antipático, tan estridente, que se metía en el oído y allí se estaba
+vibrando sobre el tímpano, como insufrible chicharra, hasta total
+aturdimiento... ¿He dicho que se comía las uñas? ¿sí? pues, ya está
+hecho el retrato de la señorita Angela Esteven.
+
+Cogió el sombrero, arrancó el velo, y tiró todo sobre el sofá,
+malhumurada. Ella no se quejaba del calor, sino del tufo a tabaco, a
+vino, a demonios, que había dejado el tío Agapo. ¡Y luego el plantón de
+la tienda! Dos horas de revolver, de hablar, de levantarse, de volverse
+a sentar, para salir con las manos vacías. El dependiente tenía un grano
+en el pescuezo, que no le dejaba mover la cabeza, y usaba onda pegada
+sobre la frente con goma de membrillo. ¡Qué asco dan estas ondas
+engomadas! Pero lo gracioso fué que, estando ella en la puerta, aburrida
+del debate estéril de la madre con el dependiente, vió pasar a la tía
+Silda con un mantón color de diablo afligido, hecha una pordiosera; si
+estaba tan mal, ¿por qué no se ponía a servir? El orgullo no da para el
+mercado. ¡Ah! ¿y la de Eneene? la mayor, aquella paja larga, que anda
+como si la llevara el viento, pasó también, con la madre: ¡y miren lo
+que vale ser hija de ministro! llevaba dos _festejantes_ de escolta,
+marcando el paso. Por supuesto que el coche, pagado por el Ministerio,
+estaría en la esquina, esperando. Hablaba, y repercutía el sonido de su
+voz, como si dieran con un martillo sobre un caldero, ¡dam, dam, dam! y
+la vibración ensordecía.
+
+--No grites tanto, Angelita--suplicó misia Gregoria, sin abrir los ojos.
+
+Ella, no hizo caso y saltó de repente:
+
+--Dime, mamá, ¿es cierto eso que le has dicho a la de Eneene, que nos
+vamos al Frigal? ¡En junio! sería ridículo.
+
+Mordiendo la uña del dedo meñique con encarnizamiento, protestaba de
+esta ida a la _estancia_ en pleno invierno; que no contaran con ella,
+porque ni a soga habían de llevarla: la temporada de ópera en lo mejor,
+tres bailes anunciados... ¡la muerte antes que la _estancia_! Bien
+mondado el meñique, pasó al anular, insistiendo en su pregunta. Misia
+Gregoria, con un suspiro mucho más hondo que los otros, contestó que sí,
+que se irían a la _estancia_ a fin de mes, si _esto_ no se arreglaba.
+
+--¡Perfectamente!--exclamó Angela atacando, en su coraje, todas las uñas
+a la vez,--¿y qué tenemos nosotros que ver con _esto_? Que se arregle o
+deje de arreglar, no es motivo suficiente para que demos la campanada de
+irnos a la _estancia_ ahora, a pasar fríos, y aburrirnos. Lo primero que
+dirán todos es que papá se ha fundido, y que nos vamos al campo a
+economizar, y no hay cosa peor que dar pie a habladurías.
+
+La señora suspiró más hondo todavía, como si quisiera arrancarse de allí
+dentro algo que la incomodaba enormemente; este mudo comentario á su
+pensamiento, que parecía confirmarlo en su elocuente silencio, sacó de
+quicio a Angelita. A ver, decir la verdad y no andarse con tapujos:
+decir que habían descendido al nivel de la tía Silda, más bajo, al nivel
+de Agapo, y acabemos; ¿por qué no habían avisado a tiempo para salvar
+siquiera la camisa? Eso tiene meterse en la Bolsa y hacer gracias;
+claro, las mujeres pagan después el pato: destierro a la _estancia_ y
+punto final. Pero lo que más la irritaba era el qué dirán de las gentes,
+la murmuración de las amigas envidiosas, darles el gusto de verla
+abollada.
+
+--¡Ay, Dios mío! tengo tanta vergüenza, que quisiera morirme.
+
+La madre intervino:
+
+--¿Quieres callarte, Angelita? Estás ahí hablando _zonceras_ sin
+fundamento; si nos vamos al Frigal, lo que no se ha decidido aún, será
+por mi salud, ni más ni menos.
+
+--Que no voy a la _estancia_, digo--gritó Angela, con todos los síntomas
+de sus _prontos_ más temidos,--que no voy, no y no, ¿han oído?
+
+Dió la nota más alta de su voz de tiple, con tal fuerza, que los
+cristales temblaron, y hubo que llevar la mano a las orejas; pateando,
+llorando, aporreando los muebles con el puño iracundo, salió del
+saloncito, como una exhalación. Del golpe, la puerta casi se desencaja.
+
+Susana, consternada, no había dicho palabra. Hojeaba, delante del piano,
+su cuaderno de música, tan abstraída en la lectura de fusas y
+semi-corcheas, que parecía no haber oído nada, no haber visto nada.
+
+--¿Ya se fué esa loca?--preguntó misia Gregoria, abriendo los ojos y
+apartando las manos del torturado órgano auditivo,--¡qué carácter de
+muchacha! al momento se atufa, y no hay más que dejarla desahogar. Lo
+mismo era yo, a su edad. Nanita, ven acá, acércate.
+
+Susana obedeció. La atrajo a sí la señora y obligóla a arrodillarse
+delante del sillón, para tenerla más cerca todavía y poder besarla a sus
+anchas, en la boca, en los ojos, en la frente, en el pelo rubio y
+ondeado. La joven, sorprendida, repetía:
+
+--Mamá, mi buena mamá...
+
+Pero, la señora, estrechando la hermosa cabecita de virgen contra su
+seno opulento, protestaba: no, la buena era ella, su hija, su Nanita
+adorada; a ver, que vinieran todos los ángeles del cielo y todos los
+santos del almanaque a competir con ella; ¿a que se volvían avergonzados
+de la derrota? La dió un beso más apretado en la frente y se puso a
+llorar, con sollozos convulsivos que sacudían todo su cuerpo. Entonces,
+Susana se asustó.
+
+--¿Qué tienes, mamá? ¿qué ha pasado?
+
+Misia Gregoria no contestaba; su llanto era tan copioso, tan sentido,
+que no podía hablar. Y Susana, afligida, repetía:
+
+--Mamá, ¿por qué lloras? dime, ¿por qué?
+
+Entre el hipo de los sollozos, la señora articuló:
+
+--¿Sabes? lo que ha dicho Angela... es la verdad... ¡la terrible verdad!
+
+La joven, sin comprender, exclamó:
+
+--¿Que nos vamos a la _estancia_? ¡Mejor! ¿Y eso te aflige tanto?
+
+La madre volvió a besarla largamente. ¡Qué inocente era! Se afligía,
+sí, pero no por salir de la ciudad, sino... por lo otro, ¡un golpe tan
+duro y terrible! se afligía, porque este golpe alcanzaba a sus hijos, a
+su buena y querida Nanita. Esta, abría tamaños ojos. La madre,
+bruscamente, repuso:
+
+--En medio de todo, debiera alegrarme de nuestra desgracia, porque esa
+gente, esa chusma, te había ya tendido el lazo y en él ibas a caer,
+tarde o temprano; tengo la experiencia de estas cosas, y sé en lo que
+viene a parar la oposición de los padres en lucha con el capricho de los
+hijos; porque no me lo niegues, no me digas que no: estás encaprichada
+con ese renacuajo de Quilito.
+
+--¡Mamá!--suplicó Susana.
+
+Que sí y que sí; ¡ella tenía un ojo y un olfato! Estalló en invectivas
+contra _esa chusma_, gozosa de poder descargar en alguien la amargura de
+su pena inmensa; como lobos habían rondado su casa, para entrar a saco
+en ella y viéndola bien guardada, engatusaron al cordero de su hija; ya
+sabían ellos lo que se hacían: atacaban por el lado más débil, más
+vulnerable; una vez ganada la hija, la conquista de los padres no era
+sino cuestión de tiempo. Pero, ahí estaba ella, la madre, para velar por
+todos; no conseguirían su objeto, no: ella lo había jurado. Sus ojos,
+secos ya, brillaban, animados por el odio inextinguible. Susana lloraba.
+Viéndola así, la cabecita de penitente inclinada, misia Gregoria,
+afligidísima, la volvió a besar, a estrechar contra su pecho. ¡Por Dios!
+¿qué había hecho ella tan malo, qué crimen había cometido, para ser así
+castigada en sus afecciones? Su hija, su adorada santita, renegaba de
+ella, acusándola quizá de verdugo, de madre sin entrañas. Pero, si era
+por su propio bien, que lo hacía...
+
+--¡Mamá!--suplicó de nuevo Susana.
+
+La apenaba tanto oír hablar a su madre así... Misia Gregoria se calló,
+embargada, otra vez, su mente, por la idea terrible, por _lo otro_, que
+no había acabado de explicar.
+
+--No llores, hija mía--dijo,--mira que tu valor y tus consuelos me hacen
+falta, mucha falta.
+
+Lo que había dicho Angela, era cierto: se iban a la _estancia_, en
+junio, en el rigor del invierno, porque su padre... su padre estaba
+arruinado, y su hermano arruinado, y todos, todos, absolutamente
+arruinados. La ahogaron los sollozos. Pasó mucho tiempo sin que pudiera
+hablar, sorda a las palabras de su hija, que se esforzaba en animarla,
+mostrando cristiana resignación. ¡Estaban arruinados! Y bien, se irían
+al campo y trabajarían y ahorrarían; al padre no le tomaría de sorpresa
+esto, porque se había formado en el trabajo, y luchado desde joven por
+el bienestar de la familia; era duro empezar de nuevo, pero ahora no
+estaba solo, sus hijos le ayudarían: estaba Jacinto, joven y robusto,
+estaba ella... ¿no sabía planchar, lavar, coser, bordar, guisar? Ella lo
+haría todo, ¡y con qué placer! se la presentaba la ocasión de pagar esa
+deuda, imposible de saldar jamás, del hijo con el padre, de pagarla en
+la moneda del cariño, de la abnegación, del sacrificio, única moneda
+válida para tales deudas. ¿Qué la importaban el lujo, las fiestas, la
+vanidad de la posición perdida? Arriba o abajo, el corazón late lo
+mismo... Allá, en el fondo de su alma, en el rinconcito más oculto,
+brillaba la esperanza consoladora de que, caída de su pedestal de mujer
+rica, se acercaba más a los otros, se ponía a su nivel, facilitando así
+la realización de su magna empresa. Era Dios quien lo había hecho;
+¡alabado sea Dios!
+
+Pero misia Gregoria no participaba de esta conformidad; cuando se
+repuso, apretando el pañuelo sobre los ojos hinchados, contó la historia
+de la desgracia. El ciclón desencadenado sobre la Bolsa había arrastrado
+todo, casas, tierras, depósitos bancarios... así, en un santiamén...
+¡todo, todo! Lo único puesto en salvo era la _estancia_, que les
+serviría de asilo. Y ella había sentido venir la catástrofe; el corazón
+se lo decía.
+
+--No te metas, Bernardino, en la Bolsa, mira por aquí, mira por allí.
+Bernardino, vigila a ese niño, que no tiene experiencia, que no sabe por
+dónde anda; el socio es bueno, pero el mal ejemplo de los demás, el tuyo
+sobre todo, va a perderle. Bernardino esto, Bernardino aquéllo.
+
+Y nada, erre que erre. Estaban ciegos, locos. Hoy mismo, agobiado por la
+espantosa desgracia, en la calle, sin fortuna y sin crédito, sostenía
+que no, que la culpa no era de él, que la cosa había sucedido sin saber
+cómo, inopinadamente, por sorpresa o mala suerte, pero que estaba en lo
+cierto al asegurar que, lo que la Bolsa quita, la Bolsa vuelve a darlo.
+¡Ay, Dios mío! ¡Dios mío!
+
+Gimió sin consuelo, largo rato. Y de pronto exclamó, enderezándose en el
+sillón:
+
+--Lo que a mí me subleva, me ahoga, me mata, me quita el sueño, el
+apetito, la vida, es que _ellos_ van a reírse, van a burlarse, van a
+gozar de nuestra desgracia. Si me parece ver a esa harpía de Casilda, a
+ese hambriento de Pablo Aquiles... ¡Ay! ¡no, yo no podré soportarlo, no,
+no!
+
+Se ahogaba. La joven desabrochó su corpiño, la hizo aire con el abanico.
+Y misia Gregoria desmayó su cabeza sobre el seno de su hija, bajo el
+cual se abrigaba la traidora carta del odiado vástago de los Vargas.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Lo ocurrido aquella mañana en la casa, a que se había referido Susana en
+su conversación con el filósofo, fué lo siguiente:
+
+Que misia Gregoria, escamadísima con el teje maneje que se traía su
+marido, provocó una explicación, que degeneró en tormenta, a causa de lo
+que se dirá después. Hay que repetirlo: misia Gregoria estaba enamorada
+de don Bernardino, y esto, a los veintitantos años de casada, en que se
+ha tenido tiempo suficiente para ver el revés y el derecho del carácter,
+y conocer la urdimbre de la persona como las propias manos, es muy digno
+de respeto y alabanza. Misia Gregoria creía que cuando Esteven andaba
+por la calle, las miradas femeninas le seguían y le salían al encuentro
+y le provocaban; no veía, ¡qué había de ver! que el horno no estaba para
+rosquillas, es decir, que don Bernardino, rechoncho, pelado y teñido,
+con patas de gallo en los ojos y los carrillos caídos, no era digno de
+ser mirado por su linda cara, sino es por sus muchos monises. Y si esto
+no lo veía, tan a la vista estaba, menos había de ver que ella,
+deformada por la obesidad, vieja y fea, no podía representar
+airosamente escenitas de celos, con mucho _puchero_ y mucho remilgo.
+Porque la verdad es que los dos habían llegado a la edad reglamentaria,
+en que es forzoso abandonar el servicio activo y entrar en la reserva; y
+de esto parecía convencido don Bernardino, en quien la ambición era la
+pasión dominante.
+
+--Déjame en paz, Gregoria--decía cuando la mujer le atosigaba
+demasiado;--mira, hija, que es preciso convencerse que ni uno ni otro
+estamos para estas cosas; el amor es gaje de la juventud, y cuando se
+tienen hijos con barbas, y canas y reumatismo y chocheces y goteras por
+todos lados, empeñarse en hacer los Faustos y las Margaritas es
+exponerse a desafinar y dar fiasco.
+
+--Pues, sin embargo, hay cada viejo...
+
+--No te fíes, que es como la leña verde: no arde; mucho chisporroteo y
+mucho humo, pero poca llama.
+
+No quería misia Gregoria, a pesar de estas declaraciones, dar su brazo a
+torcer. ¿Y cómo, si en su larga vida de casada, nunca había visto a
+Esteven salir más a menudo, entrar más tarde, andar más preocupado, más
+sin sosiego, más sin sueño, que esta vez? Ella no se chupaba el dedo;
+nada de política ni de negocios, un diablo con faldas estaba de por
+medio. Hasta se le figuraba conocer a aquella picaronaza: el pelo color
+de zanahoria, última novedad; los ojos pintados con pábilo de vela;
+colorete y muchos polvos en la cara, y un olor a pacholí, tan fuerte,
+que hacía estornudar. El día aquel de la sarracina en la Bolsa, que
+llegó don Bernardino derechito a meterse en cama, misia Gregoria, por
+las dudas, le echó una buena rociada: ¿con que venía así, tan
+descompuesto y pálido, a causa de la liquidación? ¡ah, farsante! alguna
+_agarrada_ con la rubia esa.
+
+Pasó dos días don Bernardino en cama, quejándose de dolores en los
+riñones, en la nuca y sobre todo en la cabeza; decía que por allí dentro
+le andaba una docena de demonios, dándole patadas en los sesos y
+martillazos en las sienes. Misia Gregoria, instalada en la cabecera, le
+vigilaba, no fuera a lo mejor a escribir unos rengloncitos a su espalda
+o recibir algún billete sospechoso; porque eso de que estuviera enfermo,
+era una mentira como una casa. Si estaba desasosegado y nervioso y de
+mal humor, era porque la otra lo habría plantado; ¡muy bien hecho! que
+si todas las damiselas hicieran lo mismo con los vejestorios enamorados,
+mandarlos a su casa después de pegarles cuatro palmadas, las esposas
+honestas no estarían en esta agitación y no pasarían la pena negra.
+Pero, enfermo o no, la verdad es que no llegó a visitarle médico, don
+Bernardino no quiso recibir a nadie y así se dió la consigna terminante:
+era una casa aquella en que a cada minuto estaba alguno colgado de la
+campanilla, y los visitantes no faltaron en estos dos días, pero nadie
+logró ver al conspicuo personaje de la situación. A las diez de la
+mañana del tercer día, siempre en la cama Esteven, más dolorido que
+nunca, pues ahora no era ya una docena, sino ciento de demonios que le
+martirizaban el cerebro, le entregaron dos tarjetas, que fué lo mismo
+que darle dos palos, pues lanzó un quejido como si los hubiera recibido
+en los lomos.
+
+--¡Que no, que no recibo! dijo revolviendo los ojos.
+
+Y echado sobre las almohadas, miraba pálido las dos tarjetas, que le
+sacaban la lengua sobre la mesa de noche, diciendo una: Rocchio, y la
+otra: Portas, y las letras negras de estos dos nombres bailaban sobre la
+cartulina, dándole mareos. Media hora después, vino la tarjeta número 3,
+y de la mano temblona de don Bernardino pasó al lugar de las otras.
+
+--¡Que no, que no recibo!--repitió, con un juramento.
+
+--Señor--insistió el criado,--dice que tiene que ver forzosamente al
+señor; que se trata de un asunto de interés.
+
+Don Bernardino cogió de nuevo la tarjeta y leyó: Robert.
+
+--Bueno, que pase; acabemos.
+
+Pidió a misia Gregoria que arreglase las mantas del lecho, que abriera
+las cortinas y le diera el espejo de mano.
+
+--Mucho quieres componerte--dijo la gruesa señora, mirando desconfiada a
+la tarjeta que el marido retenía en la mano,--¿quién es ese afortunado
+que así logra violar la consigna?
+
+--Déjame solo, Gregoria, y no vengas sino cuando yo llame.
+
+--A mí no me la pega--refunfuñó misia Gregoria,--éste debe ser un
+emisario de la rubia, que viene a traer las condiciones de la paz. Ya
+les daré yo buenas paces.
+
+Se entretuvo mangoneando en la habitación un rato y salió á esconderse
+detrás de la cortina, que cubría la entrada de la pieza inmediata.
+
+--Que cierres la puerta, Gregoria--gritó don Bernardino.
+
+--Bueno, hombre. ¡Jesús! qué misterios gastamos.
+
+Y dió un portazo, dejando a Esteven solo, en la alcoba conyugal, pues lo
+era esta estancia lujosamente decorada... Esteven, con un gorro de
+terciopelo bordado de gusanillo mate y borla de oro, la barba sin teñir,
+con unas ojeras como dos pinceladas de betún, amarillo como un cadáver,
+los ojos fijos en los dos nombres: Rocchio, Portas, que saltaban sobre
+la mesa de noche, esperaba... Míster Robert entró...
+
+Lo que pasó entre los dos, misia Gregoria no pudo averiguarlo, al punto;
+las voces no salieron del diapasón ordinario y hasta el oído curioso de
+la señora no llegó sino confuso murmullo; sus celos, exacerbardos con el
+misterio de esta entrevista sospechosa, le sugerían desatinadas
+reflexiones: sin duda, el tal emisario se vendría con muchas exigencias,
+cuando el otro seguía tieso que tieso; cuestión de dinero todo, porque
+las rubias y las morenas de este jaez no entienden otro idioma. ¿A que
+salía ella, así, de improviso, y le ponía las peras a cuarto al
+calaverón de su marido y al _alcahucil_ aquel? Las voces parecían subir
+un poco de tono.
+
+--Es que ha llegado al capítulo de las amenazas--se decía la señora,
+siempre pegada a la puerta.
+
+Y como no percibía una sílaba, se aferraba a su idea de salir y
+desbaratarlo todo. Seguía el duelo allá dentro entre la voz grave, la de
+don Bernardino, y una vocecita delgada, la del otro; tal como si un
+contrabajo y un flautín ensayaran, cada cual por su lado. De pronto, los
+dos instrumentos enmudecieron... pasó un minuto, y el mismo silencio;
+pasaron dos, tres minutos...
+
+--¿Se habrá ido ya?--pensó misia Gregoria,--ya no suena esa vocecita de
+flautín, que me arañaba el oído. Bernardino tampoco resuella. ¿A que ha
+cedido el muy mandria? ¡Y yo que me estoy aquí hecha una papanatas!
+
+Volvió el picaporte y entró; como un juez que llega al sitio del crimen,
+rastreando la pista, y hace visita inquisitorial de muebles y objetos,
+para deducir de su posición la historia del delito, misia Gregoria paseó
+su mirada severa por la alcoba y la dejó caer terrible sobre el
+criminal: ahí estaba, abatido, con el gorro de terciopelo ladeado,
+durmiendo o fingiendo dormir.
+
+--Allá voy yo a despabilarte--se dijo la señora.
+
+Y cayó sobre él, sacudiéndole el brazo y gritándole:
+
+--¡Bernardino! ¡Bernardino!
+
+Esteven abrió los ojos y vió sobre sí la mole inmensa de su mujer.
+
+--¿Qué hay? Retírate, que me sofocas.
+
+--Si es lo que yo quiero, ahogarte, sofocarte, por mal marido, por
+pillastrón. ¿Quién es ese hombre? ¿quién es esa rubia? ¡Di, contesta,
+grandísimo pícaro!
+
+--Gregoria, no me tientes la paciencia...
+
+--¿Quién es? Di, vamos a ver.
+
+--Gregoria, no me tires de la lengua.
+
+Y lo creo que tiraría de ella y se la arrancaría con mucho gusto; ¡qué
+hombres estos! tienen una mujer buena, que les quiere, que les mima, que
+les cuida cuando están enfermos, y el pago que la dan es engañarla,
+traicionarla, burlarla, con esas mujeres de la calle, que así son ellas.
+
+--Gregoria, me atormentas la cabeza, ¡por favor!
+
+Pero la señora ya se había disparado. Armó una de gritos y amenazas, que
+Esteven, aturdido, metió la cabeza bajo las mantas.
+
+--Sí, tápate los oídos, que me has de oír.
+
+Sulfurado, por fin, el marido la llamó vieja por tres veces, como quien
+tira una piedra a un perro que ladra; y esto no hizo sino aumentar la
+exasperación de misia Gregoria. Sí, que la insultara ahora; no faltaba
+más, sino que la levantara la mano... eso es. ¡Pero, señor! cuando a uno
+se le acusa de algo, y es inocente, se defiende y presenta razones y
+excusas, pero no se queda ahí callado, abriendo tan sólo la boca para
+decir una desvergüenza. Ella necesitaba una explicación, que se la
+dijera qué significaban los misterios de estos días, el conciliábulo
+reciente...
+
+--¡Dime quién es ese hombre! ¡quién es esa rubia!--chilló de nuevo
+acercándose a la cama.
+
+--Pero, ¡qué rubia ni qué berenjenas!--exclamó don Bernardino dando un
+golpe al gorro, que acabó de ladearle;--¿quieres oírme? siéntate, y
+calla, que tengo muchas cosas graves que decirte.
+
+Pasmóse, con esto, misia Gregoria.
+
+--¡Ay, Bernardino, por Dios! Si vas a confesarme la verdad, no me la
+digas, no; prefiero quedarme con la sospecha.
+
+Enronquecida y sin fuerzas, dejóse caer en el sillón más próximo, que
+crujió bajo el enorme peso; temía ahora tanto de que Esteven hablara,
+como antes deseaba que rompiera el sospechoso silencio. Don Bernardino
+preguntó:
+
+--¿Sabes quién es el hombre que acaba de salir de aquí?
+
+--Como no me lo digas...
+
+--Pues, es míster Robert.
+
+--¿El socio de Jacinto?
+
+--El socio de Jacinto.
+
+--¿Y qué?
+
+Esteven dió un puñetazo sobre las almohadas.
+
+--Que liquida, mujer, que la sociedad con Jacinto se disuelve, y con un
+déficit de doscientos mil nacionales, que tiene el muchacho que pagar,
+¡es decir, yo! Lo demás, que no es poco, lo pagará el inglés, hombre
+honradísimo, víctima de las calaveradas de ese mocoso, a quien he de
+arrancar las orejas.
+
+Misia Gregoria, estupefacta, no encontraba palabra que decir. Don
+Bernardino añadió que era muy fácil asegurar que él, el padre, iba a
+pagarlos; pero si tenía el muchacho pendiente con el corredor Rocchio
+una deuda de cincuenta mil nacionales, lo que hacía la suma de
+doscientos cincuenta mil nacionales por la parte solo de Jacinto.
+
+--Y, ¿qué vas a hacer, Bernardino?--preguntó la señora ansiosamente.
+
+Esteven, de una palmada nerviosa, se echó el gorro sobre la nariz. ¿Qué
+hacer? pagarlos, después de dar al chico una buena felpa y mandarlo a un
+pontón por seis meses. Misia Gregoria halló, en su amor de madre,
+fuerzas para decir:
+
+--Eso no, Bernardino, ¡pobrecito! la verdad es que él no tiene la culpa;
+todos han hecho lo mismo: ahí está el hijo de la cuñada de Eneene, que
+la ha dejado en la calle, y el doctorcito ese que te hace la corte para
+que le hagas nombrar diputado, se ha comido en la Bolsa toda la fortuna,
+muy seria, por cierto, de su hermana viuda, aquella tan festejada y
+codiciada, la que se ve hoy en el caso de pedir dinero a interés a don
+Raimundo Portas, para poder vivir. Además, no me vengas haciéndote el
+inocente: ¡el peor ejemplo se lo has dado tú al muchacho!
+
+El acusado agachó la cabeza. Misia Gregoria pensaba que, efectivamente,
+era aquello una gran desgracia, pero la fortuna que poseían era bastante
+fuerte para poder repararla, sin resentirse; a Jacinto se le mandaría a
+la _estancia_ o se le daría un empleo.
+
+--¡Ah, Gregoria, Gregoria, si no sabes de la misa la mitad!--exclamó don
+Bernardino con un gesto desesperado.
+
+Y soltó la bomba. ¡Si allí el arruinado no era solo Jacintito, sino él
+también, el opulento, el millonario don Bernardino Esteven! Desgarró la
+manta, tal fué la crispadura de sus dedos. Y misia Gregoria, sofocada
+por la revelación terrible, muda, miraba a su marido, parpadeándole los
+ojillos espantados.
+
+Esteven repuso:
+
+--¿Lo has oído? sí, hija, arruinado, arruinado, así, como te lo digo.
+
+Hundió la cabeza en las almohadas, dando un suspiro. La señora repetía
+entre dientes:
+
+--¡Arruinado, arruinado!--como si la palabra fuera de un idioma extraño
+y buscara la significación.
+
+Después de un rato, vuelta en sí, viendo que don Bernardino callaba,
+dijo con desmayada voz:
+
+--No sé, Bernardino, no te comprendo, ¿he oído bien? explícate, si no
+quieres que me vuelva loca.
+
+¡Explicaciones! hay cosas que no se explican; vienen porque sí, cuando
+menos se piensa, de la manera más imprevista. La fiebre de los negocios
+dominando al país entero; la alucinación de las ganancias fabulosas, que
+no era más que un síntoma de la misma enfermedad; a ciegas, en el
+laberinto de la especulación, la tierra pronto falta a los pies, no se
+pisa seguro, no se sabe por dónde se anda... Llega el día de la
+liquidación, se hace el balance, se buscan las soberbias cantidades con
+su lucido cortejo de ceros, que en el papel cautivaban la vista... el
+fondo de la caja está agujereado y por los intersticios han salido los
+números, como gotas de agua, evaporándose. ¡Y hay que pagar! empieza
+entonces la caza del oro, que se escabulle, se resiste, se escapa; y
+como el tiempo apremia, no habiendo ya otro recurso, se cogen los cuatro
+cascotes de la ciudad y los cuatro terrones del campo y se arrojan, como
+presa, a la jauría de acreedores. Es lo que él había hecho. Dió un
+nuevo revés al gorro y se lo echó a la nuca.
+
+--De modo...--dijo misia Gregoria, que no podía respirar.
+
+--Nada, mujer; que la quiebra de Schlingen ha sido la piedra que ha
+derrumbado el castillo de mi fortuna; tengo que pagar mis propias
+pérdidas y las de ese pícaro muchacho, que va a sentir mi mano de firme;
+¿de dónde sacar el dinero? porque hasta ahora mis ganancias en la Bolsa
+no se han convertido en moneda contante: se sale de un negocio, se mete
+uno en otro: aquí pierdo, allí gano, y así hasta que se cae de pie o de
+cabeza. ¿De los Bancos? han dado tanto, que no fian ya un centavo, y a
+un deudor, como yo, no se le sigue prestando; acudí al portugués don
+Raimundo, y me he dejado chupar la sangre, ¡si vieras! pero, para lo que
+yo debo, esto es un grano de anís. Entonces he dicho: ahí están mis dos
+casas de la calle Piedad, la en que vivo, ésta, la de la calle Cangallo,
+la de la calle Suipacha, mis campos de Cañuelas y Bahía Blanca, mis
+cédulas hipotecarias... ahí está todo, tómenlo, véndanlo, todo, menos la
+_estancia_ del Frigal, que no es mía, que es de mi mujer y a su nombre
+está escriturada. ¡Y si eso no les basta, córtenme en pedazos y
+acabemos!
+
+De la palmada que aplicó al gorro, se lo hundió hasta los ojos.
+
+--Pero, Bernardino, esto no es posible, ¿qué va a ser de
+nosotros?--exclamó la señora sintiendo venir las lágrimas.
+
+¿Qué? refugiarse en el Frigal y allí estarse hasta que el temporal
+amainara; ya vendrían tiempos mejores.
+
+--Sí--dijo misia Gregoria saliendo de su estupor,--y tengamos entonces
+otro gobierno que éste, que te ha servido y ayudado; y si no has sabido
+aprovecharte del favor oficial, ¿qué harás sin su apoyo? lo que yo te
+digo, es que esto te está muy bien empleado, por andarte con
+miramientos, con remilgos, haciéndote el pulcro y el decente; ¡todos han
+manipulado y de qué manera! nadie les ha dicho nada y si les han dicho,
+se han reído de la gente. En cambio, tú, ¿qué has sacado de tu amistad
+con el ministro Eneene? ¡un cuerno torcido! Estoy segura, como si lo
+estuviera viendo, que te ha ofrecido más de una vez participación en
+esos negocios que ellos hacen, y tú has contestado que no, por temor al
+qué dirán... ¿Dónde has dejado ese talento, que yo te reconozco? ¿para
+cuándo lo guardas? Esta era la ocasión de mostrarlo. Y si gritaban los
+otros, dejarlos: de pura envidia de no poder hacer lo mismo. ¡Válgame
+Dios! yo que te veía tan alto y te creía tan sólido, y ahora salimos con
+este escopetazo, ¡y es horrible, horrible, porque no daremos poco que
+hablar! ¿y las muchachas se conformarán en irse al Frigal ahora,
+Angelita, sobre todo? ¡qué desgracia, qué desgracia!
+
+Rompió a llorar. Pero, don Bernardino, exasperado, no estaba para oír
+lamentaciones; a lo hecho pecho, y fastidiarse, y morderse el codo:
+cuando suceden las cosas, no hay que perder el tiempo en inquirir las
+razones, sino buscar el remedio, pronto, eficaz, enérgico; que no le
+calentara la cabeza, recriminándole; ¿parecíale que no tenía él bastante
+con su propio sufrimiento, y con los dos días y sus noches, que había
+pasado en aquella cama maldita, revolcándose, dándose de testaradas,
+tras de la idea, el medio, la forma de salvación común? ¿que no era poco
+martirio, verse así, a su edad, después de haber trabajado tanto?
+
+--Esto que nos pasa, te lo anuncié yo, Bernardino--dijo gimoteando la
+señora,--ibas a galope, demasiado de prisa. Luego la Bolsa...
+
+--Mira, eso que dicen de la Bolsa son estupideces; hoy se gana, mañana
+se pierde: pues lo que se hace es asegurarse del hoy, y cuando se le
+tiene, no dejarlo escapar por ir a tentar el mañana. ¡Eso!
+
+--¿Ves? No escarmientas, Bernardino, y me temo que ésta no sea la
+última.
+
+Volvió a sermonearle, insistiendo en que por ser demasiado honrado, se
+encontraba así; pero don Bernardino no la oía, ensimismado. Y, de
+pronto, recordó la señora sus celos de momentos antes, y la escena
+ridícula que había hecho a su marido, cuando éste se debatía en las
+ansias de su crítica situación: le miró, ¡qué pálido y deshecho estaba!
+¡qué injusta había sido, y qué tontas son las mujeres celosas! Se acercó
+al lecho.
+
+--Y yo que creía...--dijo,--¿me perdonas, Bernardino? Soy una vieja
+loca, como dices, pero es que te quiero, ¡te quiero! y he de probártelo
+en esta ocasión suprema de nuestra vida.
+
+La idea aquella de que sus hermanos habían de gozarse en su dolor, no le
+vino sino más tarde, repuesta ya de la impresión primera, y no fué poca
+suerte, mayormente para don Bernardino, pues si los dos nombres
+proscritos salen a danzar, la discusión se envenena y arde Troya, y
+Esteven no se viste, almuerza y sale, con relativa tranquilidad.
+
+Como lo hizo, a eso de las dos de la tarde. En el vestíbulo le esperaban
+dos postulantes y apenas apareció el decaído personaje, le asaltaron y
+allí mismo le dieron la lata, como fastidiosos mendigos. Con
+impaciencia, tomó apunte en su cartera del nombre, de la pretensión y
+del fiador de cada uno.
+
+--Pierdan ustedes cuidado, que yo haré todo lo posible, y hablaré al
+doctor Eneene; precisamente, ahora voy al Ministerio. Y díganselo así al
+buen amigo mío que les recomienda.
+
+Los dos, ebrios de esperanza, saludaron, tocando el suelo con el
+sombrero y el sombrero con la frente. Abajo, nuevo asalto; tres de
+golpe. Pero Esteven pasó el obstáculo con maña y se refugió en su coche.
+
+--Qué jaqueca la de estos haraganes--dijo después de dar la orden al
+cochero, sujeto irrespetuosamente barbado,--¿no sería mejor que fueran a
+cuidar ovejas, o a labrar la tierra? ¡así está el país! Por supuesto que
+no diré jota al doctor; ya pueden esperar el empleíto, sentados. Además,
+no hay que cansar el caballo, y ahora menos, que lo necesito para tan
+dura jornada...
+
+Dificultosamente, a causa de los muchos vehículos que embarazaban la
+calle, avanzó el carruaje; a cada dos pasos había que detenerse, volver
+atrás, haciendo pesadas estaciones de vía-crucis, y a veces rodear la
+manzana y tomar una calle opuesta, para sufrir nueva detención en la
+primera esquina, ya por un carromato que no se movía, o un tranvía y un
+coche que habían chocado.
+
+--¡Qué calles estas!--murmuraba Esteven,--si aquí no vale andar sobre
+ruedas; el mejor coche para ir de prisa y sin dificultad es el de San
+Francisco, y aún así...
+
+Asomaba la cabeza por la portezuela, sonriendo a los conocidos.
+
+--Que no se te conozca, Bernardino--se decía,--es preciso mostrar cara
+alegre, disimular, enseñar los dientes al público imbécil, que te mira
+curioso, para burlarse de tu desgracia, si descubre su huella en el
+semblante; haz cuenta que estás en las tablas de un teatro, y que todos
+te observan y siguen los movimientos: aplomo y serenidad. No darle ese
+gusto supremo a la envidia, que ha visto tu carrera lucida con ojos
+torvos, de mostrarte amilanado, porque estás vencido. Ya que se cae,
+caer con arte, como el gladiador antiguo... Ese ha pasado, echándome una
+mirada, en la que he leído curiosidad y placer a un tiempo; seguro que
+va diciendo: ¡He visto a Esteven, pero me ha parecido tan fresco! Eso,
+eso es lo que quiero que digan todos, que ninguno me encuentre
+_abatatado_... y debiera estarlo, ¡sí, sí! ¡ah! ¡Bernardino! ¿qué has
+hecho? Todo lo tenías, posición brillante, nombre respetado, influencia,
+crédito, y todo lo has perdido, por querer abarcar demasiado, por
+glotón, por insaciable... Si yo debí retirarme en abril de los
+negocios: en saber retirarse a tiempo del juego, está el quid de la
+suerte; pero, todos creíamos que esto iba a durar, que la mina era
+inagotable... El doctor, empujándome siempre. Anímese, amigo, mire que
+el negocio es soberbio; yo le respondo del éxito. El éxito, es cierto,
+se presentó muchas veces, franco, decidido; tan decidido, que los mismos
+que teníamos metidas las manos en la masa, estábamos asombrados,
+atónitos... ¡así ha sido el desengaño después! Y Gregoria, que dice...
+Estas mujeres son de lo más infeliz que ha echado Dios a la tierra; las
+hay vivas y aun de talento, ya lo creo, pero a la que sale tonta, y son
+muchas, el animalillo más miserable de la creación la gana en malicia...
+Gregoria es tonta de remate, de una candidez evangélica, y se traga cada
+rueda de molino, que da miedo; la pobrecita no tiene más defecto que sus
+celos ridículos que, francamente, no sientan a su edad, pero es buena, y
+me quiere, eso sí; ¡me lo ha probado muchas veces! Pues, no dice que por
+honrado... ¡qué risa! ¡Cuando no ha habido negocio en estos últimos
+años, en que no haya estado yo metido y del que no haya sacado mi
+tajada! Precisamente, esto ha sido mi perdición: más parco hubiera sido
+y no me viera como veo... ¿Otra parada? ¡qué calles! así no llegaremos
+nunca... A mí me parece que mis acreedores se darán por satisfechos con
+esta cesión de bienes, ¿qué más puedo hacer? La _estancia_, no, que no
+me la toquen, porque arde el mundo, ¡no faltaba más! Si a mí me dicen
+esto, ahora dos meses, no lo creo, no, señor, me río; pero, ¿quién podía
+soñarlo? En el ansia de ganar, de ganar mucho, de ganar siempre, no
+mirábamos para atrás, ni para arriba, y así se nos ha caído la casa
+encima y nos ha aplastado. El doctor debe estar también muy
+comprometido, y le han de obligar a renunciar, ¡vaya! si viene la
+revolución, el primero que se viene abajo es Eneene... Por eso yo me
+pongo a salvo a tiempo, me lavo las manos y... ¡ahí queda eso!
+arreglarse cada cual como pueda. Ahora, le daremos el último empujoncito
+al amigo: que me coloque a Jacinto, de cualquier cosa; ese zanguago no
+puede estarse brazo sobre brazo... y veremos cómo va la concesión
+pendiente del Congreso; ¡quién sabe! si cayera esa breva todavía...
+¡Cómo me miran todos! Ya tengo deseos de huir, de esconderme, porque
+esta curiosidad me desagrada, me hiere; ahí va ese otro... ¡y no me ha
+saludado! naturalmente, ya lo sabrá, porque estas cosas corren por el
+telégrafo de la murmuración con rapidez espantosa, y como ya no ha de
+necesitarme, me vuelve la espalda. ¡Ah, mundo egoísta y canalla! ¡ah!
+pero, pierdan cuidado, amigos y enemigos, que sois todos unos, y así
+cambiais de nombre y de actitud según la ocasión nos hemos de ver las
+caras todavía; para entonces os emplazo, cuando yo me haya rehecho de
+este golpe y esté otra vez arriba, en la cúspide: yo soy de los hombres
+que no se quedan nunca en el camino... Pero, ¿llegamos o no llegamos?
+
+Aburrido, se había replegado en el fondo del carruaje, mirando distraído
+el ir y venir de la gente, mientras todas estas ideas se embarullaban en
+su imaginación. ¡Y cosa rara! así como el ahogado, en su tremenda
+agonía, ve el desfile, con pasmoso relieve, de los hechos de su vida
+entera, que pasa ante su mente, con sus alegrías y tristezas, como
+proyección fantástica de una linterna mágica, Esteven, un ahogado de la
+suerte, veía ahora su pasado y el camino tortuoso recorrido, tan
+claramente, como pudiera ver, desde lo alto de una torre, la senda
+extraviada de la montaña, en pleno día. Primero, como tenedor de libros
+en un almacén al menudeo, lo que no era óbice a que barriera la acera,
+por las mañanas, en mangas de camisa, y despachara libras de hierba, de
+café o de azúcar a las _mucamas_ del barrio, efectos que sabía envolver
+con destreza en el grueso papel amarillento, con repulgos en los lados y
+dos cuernitos de remate, que hacía dándole graciosamente una vuelta al
+paquete entre sus manos; luego, cuando iba, de chaqué avellana, a rondar
+la casa de Gregoria, y el rapto y el casamiento, y su transplante
+prodigioso del almacén al caserón de la calle de Méjico; cómo, la
+fortuna de los Vargas, hábilmente escamoteada, sirvióle de pedestal, y
+ayudado de la política, subió, y de ser nadie pasó a ser alguien. ¡Y de
+qué manera! amigo de ministros, repartidor de gracias oficiales,
+protector adulado, admirado, respetado... Cada chapuzón suyo en las
+aguas cenagosas, en vez de cubrirle de barro, le cubría de oro. Es
+cierto que en cada paso del camino, había dejado un poco de su dignidad
+y de su vergüenza, pero, ¡qué hermoso viaje, sin embargo! Como el ladrón
+que ha sido sorprendido infraganti, rebelábase contra sí mismo, por
+torpe y por mandria.
+
+--No me lo perdonaré nunca; he sido un imbécil. Cuando se tiene una
+posición así, ganada a fuerza de tanto sacrificio, no se expone nadie a
+perderla, arrojándola en la balanza de la Bolsa.
+
+Se acordó entonces de sus cuñados despojados, e hizo una mueca.
+
+--Ellos hablarán de la justicia de Dios; aquí no hay más Dios que mi
+suerte, que me ha abandonado. ¡Maldito sea yo y mi suerte!
+
+Llegó, por fin, al Ministerio y entró. En el recibimiento, un negro
+barrigudo, dormitando en un banco, hacía la guardia.
+
+--Sí, señor, pase usted. S. E. está solo--contestó solícito a la
+pregunta de Esteven.
+
+Le acompañó hasta la puerta, rascándose la mota, y dejó paso franco: un
+saloncito, primero, con muebles pretenciosos, y en la pared un cuadro
+litográfico, con marco negro, representando a San Martín; en medio, una
+mesita y un tintero de bronce, con el busto de Belgrano. Los dos
+próceres se miraban, como preguntándose qué diablos hacían allí, porque
+los muebles, dorados, y la mesa, incrustada de nácar, olían a _boudoir_
+a la legua, a pesar del humo de cigarro que daba en las narices, tan
+pronto como se ponía el pie en el mullido bruselas de colores vivos. A
+la izquierda una puerta, entreabierta: el despacho del señor ministro; a
+la derecha, un salón, con muebles de pacotilla, y cortinas de damasco, y
+luego la fila de piezas estrechas, en que se amontonaban los empleados.
+En la primera de estas piezas, frente a la puerta del salón, estaba la
+mesa de don Pablo Aquiles Vargas, el decano de los empleados de la
+oficina, tan antiguo, que muchos juraran que el buen hombre había nacido
+allí, entre los expedientes que manipulaba desde las doce hasta las
+seis, todos los días laborables. Rara vez estaba el salón abierto, pero,
+si llegaba a estarlo, por accidente, la figura de don Pablo Aquiles
+divisábase la primera, surgiendo de entre el rimero de libros y
+papelotes, y aunque él no fuera curioso, fácil le era ver quién entraba
+y quién salía del despacho de S. E.; así, Esteven, no atravesaba el
+coquetón saloncito, sin echar hacia la derecha una mirada de
+desconfianza, que en alguna ocasión fué a chocar con la rencorosa que le
+lanzaban los ojos del viejo Vargas.
+
+--Ahí está ese gaznápiro--decía don Bernardino,--espiando lo que no le
+importa; ¡y pensar que con media palabra mía, podía quitarme semejante
+estorbo!
+
+Por su parte, don Pablo Aquiles se irritaba cada vez que veía pasar al
+odiado personaje.
+
+--¡Cerrar esa puerta!--prorrumpía apartando el mamotreto que
+estudiaba,--¡qué negros éstos! Nada, tendré que cambiar de sitio.
+
+Al penetrar en el despacho, Esteven se volvió, y percibió allá, en el
+fondo del salón rojo, a su cuñado, que le miraba, y se le antojó, porque
+otra cosa no podía ser, dada la distancia y la poca luz, que estaba
+alegre y se sonreía y hasta le sacaba la lengua; pura aprensión de su
+espíritu suspicaz, porque el otro, tan pronto como hubo conocido al
+visitante, se sumergió entre sus papeles, renegando, sin duda, de los
+negros que no tienen manos para cerrar las puertas.
+
+--Mi querido amigo Esteven...
+
+--Estimado señor ministro...
+
+El despacho era espacioso; bien amueblado, en punto a riqueza, pero sin
+gusto y sin estilo. S. E. estaba sentado delante del escritorio, pluma
+en mano; muy cerca, una bandeja con botella de Jerez y copas; del otro
+lado, una caja de cigarros: bebía un sorbo, chupaba el puro y escribía.
+La poltrona parecía venirle demasiado grande; acurrucado en el borde del
+asiento, las piernas endebles recogidas, de bruces sobre la mesa, tan
+pegada la cara al papel, que debía ser miope, y no gastaba anteojos, sin
+embargo... Su cabeza era vulgar, de pelo lacio y aceitoso, salpicado de
+canas, lo mismo que la barba enmarañada, amarillenta por la falta de
+aseo o el incienso continuo del tabaco; llevaba la solapa de la levita y
+los hombros, espolvoreados de caspa, y las uñas muy largas, ribeteadas
+de negro.
+
+--Adelante, mi querido amigo--dijo el doctor Eneene, la pluma en
+alto,--siéntese; un momento y ya acabo. ¿Qué tal va esa salud? ¿y el
+espíritu? mal, ¿eh? ¡caramba! no me lo diga usted.
+
+Hablaba como si escupiera las palabras, con voz desafinada y poco grata,
+y seguía escribiendo, mientras don Bernardino, en el sofá, declamaba,
+desganado, el introito de toda visita; la pluma dió el último arañazo al
+papel, cerró la carta S. E. y llamó. El negro barrigudo presentóse,
+haciendo reverencias.
+
+--Esa carta al Congreso--ordenó el señor ministro.
+
+Y mientras el emisario salía, el doctor Eneene se esperezaba en la
+poltrona sin ceremonia, abriendo de par en par la boca, en un bostezo de
+corrección poco ministerial.
+
+--Conque aquí tenemos al amigo Esteven--repuso; un traguito, ¿eh? sí,
+hombre, pruebe este Jerez, que no es malo; he de preguntarle al
+Habilitado dónde lo hace comprar, para que me mande a casa algunas
+cajas. ¿Y estos cigarros? ahí va uno; si quiere se lleva la caja;
+también voy a decirle al Habilitado que me mande una partidita de mil,
+porque es raro encontrarlos tan en su punto y tan sabrosos como éstos...
+¿Qué dice, mi amigo? Yo aquí siempre sobre el potro, desvelándome por el
+servicio público, y ya ve usted lo que se me agradece; no he visto cosa
+más cochina que la política.
+
+Se había levantado y paseaba, enfundadas las manos en los bolsillos;
+francamente, y con el respeto debido: S. E. tenía una facha muy
+lastimosa; a la luz del balcón, el paño negro de su traje mostraba un
+lustre indiscreto, sin duda del mucho uso, los golpes de grasa aparecían
+sin recato, y la caspa sobre hombros y espalda, tan visible, que se
+diría haber estado expuesto a espesa nevada. Agregar a esto, un
+cuerpecito raquítico, enflaquecido, de carnes amojamadas, sobre unas
+piernas de alambre, que se movían nerviosamente: todas las trazas del
+doctor Eneene eran las de un boticario retirado, y boticario de pueblo,
+por añadidura; allí no se veían rastros del pensador, ni del hombre de
+Estado, ni del tribuno, ni de nada de esto; y si su aspecto exterior no
+lo decía, menos lo denunciaba su conversación, vulgarísima, sin una
+idea que flotara en aquel mar de lugares comunes, sin una chispa que
+revelara la inteligencia, a obscuras, o la ilustración, a ciegas. Pido
+disculpa al señor ministro por la irreverencia, pero cúmpleme repetirlo:
+su aire era el de un boticario, acostumbrado a lidiar con potingues y
+menjurges, y así eran los emplastos de sus decretos y las cataplasmas de
+sus discursos; o si no, también, el de un sacristán, hecho a soliviar
+los cepillos de su iglesia, y así usaba las uñas largas; pero, ¿el de un
+ministro? _nequaquam._ Y dispense V. E.
+
+Como todos los vacíos de mollera, era hablador, y hablador insulso;
+tomaba la palabra y era un escupir sandeces por aquella boca... El amigo
+del doctor Eneene tenía que aguantarle su charla y reírle sus gracias,
+sobre todo, cuando venía el cuento al caso, postre indispensable de su
+conversación, tan indigesto, que no había quien lo probara dos veces,
+sin sentirse malo de veras; don Bernardino pasaba por este amigo
+abnegado: era él bastante fino para apreciar debidamente la estulticia
+de S. E.; pero, tan calculista como fino, conocido el lado flaco, le
+adulaba, dejándole hablar, fingiendo escucharle con gusto y riendo a
+carcajada tendida el cuentecito de cajón.
+
+--Le estoy oyendo a usted, doctor, y parece que me hacen cosquillas,
+¡qué arsenal más variado de chascarrillos tiene usted! ¿de dónde saca
+usted tanto chiste y tanta memoria? Porque la verdad es que se necesita
+memoria... ¡vaya si se necesita! ¡siempre tan oportuno este querido
+doctor!
+
+Y los dos se reían y no quedaban serios, sino cuando llegaban al inciso
+_negocios_ y demás ítemes correspondientes.
+
+Cuando el señor Ministro aplicó a la política aquel calificativo tan
+feo, que no quiero repetir, Esteven lo aprobó, como todo lo que S. E.
+decía, con asentimiento de cabeza y repitiendo:
+
+--Diga usted que sí, doctor, diga usted que sí.
+
+Y el doctor repuso:
+
+--Porque es la verdad, amigo: esto de la política se me figura a mí como
+un gran árbol, ¿entiende? una higuera, supongamos, toda llenita de
+higos; arriba, comiéndoselos, los hombres del gobierno, nosotros; abajo,
+mirando, los de la oposición, ellos. Y toda esa grita porque bajemos, es
+porque temen que no les dejemos un solo higo, para cuando ellos suban.
+Deje usted que estén arriba y verá cómo hacen lo mismo, peor, porque
+hasta las hojas se han de comer. Es cuestión de estómago, y nada más:
+las palabras de patria y libertad y administración pura... _¡macamas!_
+Eso se dice siempre cuando se está al pie de la higuera... En todos mis
+discursos de oposición no hablaba yo de otra cosa; pero, en subiendo, se
+olvidan, amigo, créalo. También, todos los días no hay ocasión de ser
+ministro... ¡qué diablos! Y uno tiene que pensar en los hijitos, y en
+los parientes y en los amigos.
+
+--Naturalmente--apoyó don Bernardino.
+
+Siguió hablando S. E. y la cuerda parecía interminable de aquel
+organillo de ciego. Lo que él no podía soportar eran las picardías que
+le decían en los diarios, y tanta ojeriza les había cobrado, que no
+quería ya leerlos; y todo porque no se bajaba de la higuera; porque
+llegó al Ministerio poco menos que tronado y ahora se había hecho de
+propiedades, así rurales, como urbanas, y había piloteado en el Congreso
+a algunos amigos, partiendo con ellos las ganancias de las diversas
+concesiones aprobadas, y recibido unos miserables miles de pesos de una
+compañía extranjera, por el despacho de un asunto, empantanado hacía
+años, y otros miles más por un decretito, que a nadie perjudicaba y
+favorecía a un honrado industrial; y porque tenía sus corredores en la
+Bolsa, bien amaestrados, y en los Bancos vara alta, y colocaba a los
+parientes, y daba a los amigos. Esto lo campaneaban todos los días. Y
+aunque fuera cierto, que ello no estaba bien probado, pero, señor,
+¿dónde está aquí el mal? ¿de qué sirve ser ministro entonces? ¿de qué el
+poder? ¿de qué la influencia? si no se ha de hacer uso en provecho
+propio, déjenlo a uno tranquilo en su casa. Un periodiquín de
+caricaturas había dado en la manía de pintarle de murciélago, con las
+uñas tan largas, que lo menos medían un metro, qué gracia, ¡eh! y como
+el tal periodiquín lo exponían en todos los escaparates, andaba
+tropezando en la calle con el maldito avechucho.
+
+--¿Y qué me dice usted, de esta otra manía de echarle a uno la culpa de
+todo lo que pasa? Que sube el oro, que quiebra Schlingen, que se dan de
+palos en la Bolsa, que los emigrantes se van, que la carne está cara, y
+los alquileres suben, y los inquilinos no pagan... ¡el Gobierno tiene la
+culpa! Mire, amigo, todo lo que a mí me pueden decir, es que he cuidado
+más de mi hacienda, en el poder, que de los intereses del país; aquí
+nos conocemos y podemos hablar con entera confianza, y esto es muy
+natural y muy humano, ¡caramba! pero, estoy ya tan cansado de que me
+traigan y me lleven, pues no hay tinterillo de imprenta que no me sobe a
+su gusto, que estoy dispuesto a largarme... mi renuncia ahí la tengo y
+será presentada en la primera oportunidad; yo no quiero, si la
+revolución viene, como andan propalando, que me encuentre en mi
+poltrona. ¡A otro perro con ese hueso!
+
+Esteven pudo encajar en este primer paréntesis de S. E. su respetuosa
+protesta contra una resolución que calificaba de poco patriótica; el
+ilustre doctor Eneene se debía a los suyos, ante todo, y si la
+revolución venía, que no vendría, hallábase obligado a esperarla a pie
+firme, dispuesto a vender cara su cartera y a defender sus actos. A lo
+que contestó el ministro:
+
+--Defender la tajada es lo que importa, amigo, y no dejarla perder, como
+ha hecho usted. Y a propósito, ¿cómo andan sus asuntos?
+
+Don Bernardino, como un enfermo al que preguntan el estado de su
+dolencia, contestó con angustiado acento, que aquello seguía muy mal.
+
+--Ha sido un desastre, mi querido doctor, la quiebra de Schlingen me ha
+dividido de parte a parte; luego, mis compromisos anteriores... total,
+que ahí les abandono todo y me iré al Frigal cuanto antes, a esperar que
+el ciclón pase...
+
+--¡Y nada podemos hacer por usted! Ya ve, el mismo Hipotecario se nos ha
+plantado, y no es cosa de dar más que hablar. ¡Qué chambonada la suya!
+En fin, hace usted bien en desaparecer de la escena por algún tiempo;
+después volverá con más bríos; para entonces, suceda lo que quiera, el
+negocio pendiente estará ya resuelto y el expediente de nuestro
+ferrocarril despachado: dirá la oposición que nada vamos ganando con
+ponernos en contacto directo con los salvajes, pero, lo de la higuera:
+si ellos pudieran, hacían uno a la luna. ¿Ha visto a Rocchio?
+
+--Sí, pero nada de nuevo...
+
+--Pues yo tengo mucho de nuevo--dijo el doctor Eneene con una risita
+maligna;--el diputado aquel que nos andaba sacando el cuerpo, sin duda
+porque ya me tomaba olor a muerto, se ha venido a buenas y me responde
+de la votación. ¿Qué tal? y ahora, poco antes de llegar usted, estuvo a
+verme el representante de una sociedad anónima extranjera, pero yo no he
+querido soltar prenda todavía. Todo marcha perfectamente. Eso sí, no me
+deje usted de mano a Rocchio, que puede ser un agente muy útil... ¡Ah!
+¿hizo usted el encarguito aquel? No quiere aflojar... ¡ya veremos!
+
+Los dos se sumergieron en el pozo negro de sus cábalas, cuya trama
+urdían tan diestramente: don Bernardino daba detalles y S. E. hacía
+comentarios, inquiría, aconsejaba, resolvía dudas, recorriendo a pasito
+de comadreja el despacho.
+
+--Es una trampa para cazar ratones--decía el señor ministro,--y si no ya
+verá usted cuántos caen. Y no perder tiempo, amigo Esteven; espero que
+me ayudará usted como siempre, pues el destierro al Frigal no es tan
+inminente, ¿verdad? Mientras yo esté en el Ministerio, no se mueve usted
+de la capital. Le necesito; es usted mi brazo derecho.
+
+--A sus órdenes estoy, mi querido doctor; aunque se presagian mayores
+desastres en la Bolsa, quiero ver si me rehago de alguna manera, y
+pensaba quedarme hasta fines de mes...
+
+--Pero, mucho pulso, amigo... y a propósito: esto que le ha sucedido a
+usted, me recuerda aquel cuento...
+
+Y aquí el cuento. Don Bernardino escuchaba sin pestañear, con una
+sonrisa de encargo en la punta de los labios, y la frase de alabanza
+preparada ya para salir a escena, en la punta de la lengua, así que S.
+E. terminara la regocijada relación.
+
+--Graciosísimo, mi querido doctor, ¡muy bueno, muy bueno! ¡qué sal la
+suya y qué memoria! porque se necesita memoria... ¡vaya si se necesita!
+
+--Qué gracioso, ¿eh?--decía Eneene riéndose con envidiable gana.
+
+Entró un negro y presentó dos tazas de te en una bandeja. Por la puerta,
+que dejó abierta, se veía, allá en el fondo, pasar los negros sirviendo
+te a los empleados: en la primera pieza, después del salón rojo, algunos
+de éstos, de pie, fumaban y charlaban, familiarmente, pero Esteven,
+aunque miró al descuido alguna vez, no percibió al viejo Vargas y sus
+ojillos de víbora, y eso que ahí estaba en su sillón de cuero, sin
+levantar cabeza el excelente hombre.
+
+--¡Gaznápiro!--decía para sí don Bernardino,--le tengo sentado en la
+boca del estómago; ¡no poder hacerle saltar sin escándalo! y ahí
+siempre, a la entrada, de cancerbero. Ahora no le veo, pero, cuando
+entré me miró como burlándose... ¡Otro más que lo sabe! ¡ah! ahora sí le
+veo... mírame bien, estúpido, ¿no me conoces? sí, soy yo, el mismo.
+Estarás muy alegre, naturalmente... ya se te irá el gozo al pozo, viejo
+cucaracha, que te pasas la vida royendo papeles y reputaciones. Estoy
+seguro que dirás a tus compañeros: Ese, ése, es el que me robó la
+fortuna y me dejó en la miseria y me ha obligado a apechugar con este
+empleo miserable; si no fuera por él, me pasearía, en gran carruaje, por
+esas calles. O no, estúpido, porque nunca has servido para nada y quizá
+la hubieras perdido, por inepto, esa fortuna tan mentada y otro que yo
+la habría aprovechado; mejor es que quedara en la familia, como quedó.
+Mírame, muérdeme... no estoy tan caído como crees... y si no, ¡ya lo
+verás! ¡qué ojos de hombre y qué cargante se pone!
+
+El negro salió, cerrando la puerta. Esteven respiró.
+
+Entretanto, el ministro paladeaba el te, y decía:
+
+--¿Qué le parece esta bebida, amigo? Buena, ¿eh? también me he hecho
+llevar algunos paquetes a casa, porque es un te delicioso, y a mi mujer
+le gusta mucho.
+
+Y don Bernardino, elogiándolo como se merecía, aunque estaba tibio y
+revuelto y muy cargado, te de negro, en fin, creyó llegado el momento de
+dar el empujoncito que se había propuesto.
+
+--También Jacinto, querido doctor--dijo tímidamente,--Jacintito, mi
+hijo... ¿sabe? se ha dejado apretar en la máquina de la Bolsa; una
+desgracia, pero, ¿qué hacerle? Los hijos cuestan caro, doctor, y un
+padre, mientras vive, no puede dejar el biberón de la mano, así sean
+ellos hombres y gasten barba.
+
+--¡Hola! también Jacinto--repitió el doctor, distraído.
+
+--¡También! y como el muchacho no ha de estar de haragán, ahora que va a
+liquidar su casa de comercio, yo pensé en usted y me dije: A ver si el
+doctor me le coloca en el Ministerio, y me le tiene allí sujeto por
+algún tiempo, por lo menos mientras las condiciones del mercado no
+mejoran.
+
+--¿Aquí?--saltó S. E., alarmado;--pero, ¡si tengo esto hecho un
+hospital, y no cabe allá dentro ni un alfiler! Además, usted sabe que
+hay que hacer economías, o fingir que se hacen, para desarmar la
+oposición. ¡Estos nombramientos me han dado más disgustos! porque hay
+que contentar a los amigos y el presupuesto no alcanza... ¡tengo aquí
+más supernumerarios!... y todo sale de eventuales, amigo. Hace poco fué
+necesario hacer saltar, con el primer pretexto que se encontró, a un
+empleado de diez años... de diez años, ¡calcule usted! para colocar al
+recomendado de un colega... y ayer me traje al hijo de una prima mía,
+que es sordo-mudo, y se lo entregué al subsecretario, diciéndole: Ponga
+donde quiera a esa buena pieza y déle diarios a leer; que se entretenga
+en algo. Y mandé que se le asignaran doscientos pesos al mes, de
+eventuales. Porque mi mujer, me sacaba los ojos, repitiéndome: ¿Serás
+capaz de no hacer nada por el desgraciado hijo de Eulogia? el pobrecito
+no sirve para nada, y en ninguna parte estará mejor que en el
+Ministerio. Y me lo traje, y ahí está; el servicio público no ganará
+gran cosa, pero mi mujer y la prima Eulogia están contentas.
+
+--Pues nada más fácil, querido doctor--observó sonriendo Esteven,--ponga
+en la misma mesa a Jacintito, y le dará conversación al sordo-mudo, y
+así no se aburrirá. El país no se ha de hundir por eso.
+
+--Le pondremos, amigo; muerto por mil, muerto por mil quinientos. Que
+venga su hijo, y si no quiere venir, que no venga; yo daré orden al
+Habilitado que le entreguen trescientos pesos todos los meses. Con los
+amigos, hasta la pared de enfrente, o no tenerlos.
+
+--Mi querido doctor--exclamó Esteven reconocido...
+
+Y levantándose, la mano poco aseada de S. E. entre las suyas, agregó que
+se marchaba, porque no quería robar al ilustre ministro el tiempo, que
+tan escaso le venía para sus múltiples e importantes ocupaciones.
+
+--No se moleste usted, doctor, en acompañarme... ¡siempre tan amable!
+
+--Lo dicho--repitió el doctor Eneene, acariciando la aceitosa
+melena,--no se me mueva usted de la capital, ¿eh? y véalo a Rocchio, que
+tenga paciencia; el asunto corre de mi cuenta. En cuanto a la
+recomendación al Banco, no dejaré de hacerla... se trata de usted y
+basta; aunque rabien, tendrán que aceptar la propuesta.
+
+--Muchas gracias, doctor...
+
+Salió don Bernardino satisfecho, muy satisfecho; en el saloncito tropezó
+con un empleadillo, que traía la carpeta de notas a la firma de S. E. y
+rondaba la entrada del despacho, esperando el fin de la entrevista, y
+Esteven pasó erguido, sin dignarse atender a la mirada provocativa que
+los ojillos de víbora del cuñado le lanzaron, desde el fondo del salón
+rojo.
+
+--Anda, vejestorio inservible--decía bajando las escaleras,--mírame,
+muérdeme; no te daré el gusto de verme en el suelo. Todavía puedo
+levantarme... el doctor es una gran palanca; ¡que no renuncie antes de
+fin de mes, y la victoria será mía!
+
+¡Qué casualidad! Cuando iba a tomar su coche, pasaba precisamente
+Jacintito.
+
+--¿A dónde vamos?--dijo el padre, cogiendo el brazo del muchacho;--ayer
+no has comido en casa, y hoy no has almorzado. Y eso que tu padre estaba
+enfermo. Cualquiera diría que me huyes... Ven acá, que tenemos que
+hablar.
+
+Le obligó a entrar en el coche, y partieron.
+
+--Nos hemos lucido--pensó el chico,--ahora me mata, sí, señor, y aquí no
+tengo escape. ¿Qué excusas voy a darle?
+
+Don Bernardino, sin más trámite, fulminó el rayo de su excomunión sobre
+el culpable: lo sabía todo, todo, con puntos y comas, de pe a pa; míster
+Robert acababa de descubrirle la verdad y de notificarle la gravísima
+resolución adoptada: liquidar una casa que tanto había costado formar, y
+con un pasivo escandaloso. ¿No tenía vergüenza? ¿no le remordía la
+conciencia de haber arruinado a aquel pobre hombre? ¿con qué pensaba
+pagar los doscientos mil nacionales del pasivo y los cincuenta mil que
+adeudaba a Rocchio?
+
+--Ya cantó el gringo--murmuró Jacinto.
+
+--¿Con qué piensas pagarlos?--preguntó otra vez Esteven.
+
+Silencio prolongado, obstinado de Jacintito. Sí, pues; para pagarlos
+estaba el padre, que tenía, debajo de la cama, una mina destinada al uso
+personal y exclusivo del hijo calavera... Bueno, esta vez sería la
+última; pero como no podía permitir que anduviera de vago ni que
+volviera a la Bolsa, acababa de conseguir del doctor Eneene un empleo en
+el Ministerio y un buen sueldo.
+
+--¿Qué voy a hacer en el Ministerio?--protestó Jacinto, contrariadísimo.
+
+--¡Rascarte! y sobro todo, no me pongas los pies en la Bolsa, porque te
+mando a un pontón.
+
+--_Vos_ también, papá...--se atrevió a insinuar el muchacho.
+
+--Yo puedo hacerlo--contestó el padre;--pero ustedes, mequetrefes
+pelagatos... ¡qué audacia! he aquí la época...
+
+--Peor lo ha hecho Quilito--saltó Jacinto más animado,--que ha perdido
+ciento cincuenta mil nacionales, y anda en la Bolsa, empeñado en
+sacarlos debajo de tierra.
+
+--¡También el Varguitas! ¡y no tiene sobre qué caerse muerto! Ese es el
+ejemplo que te ha perdido.
+
+--No sé; pero cuando yo te vi, papá, comprar tantas _vitalicias_, me
+dije: Esta es la mía; si papá compra, es que el alza es segura y el
+negocio soberbio.
+
+--Cállate--exclamó don Bernardino fuera de sí,--que te calles, ni una
+palabra más. Y basta; ¡no me pises la Bolsa, y cuidado cómo te portas en
+el Ministerio!
+
+Dió por terminado el récipe don Bernardino, y Jacintito, mordiéndose los
+labios de coraje, se preguntaba si era cuerdo, si era justo, que le
+sepultaran a él en una oficina, cuando tantas disposiciones tenía para
+el comercio. Y concluía opinando, que no era ni justo ni cuerdo sino,
+simplemente, un disparate.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Don Pablo Aquiles entraba a las seis del Ministerio, minuto más o menos:
+se quitaba el pesado gabán y revestíase de una chaqueta vieja bien
+holgada, calzaba los pantuflos e iba a sentarse al lado de la chimenea,
+apagada desgraciadamente siempre, delante de la pantalla en que las
+escuálidas cigüeñas se miraban tristonas, cual si lamentaran, ellas
+también, la ausencia del fuego alegre y reparador. Con el periódico de
+la tarde, enrollado como un canuto, dábase golpecitos don Pablo en las
+piernas, mientras comunicaba a su hermana las noticias que traía;
+primero, las del diario: que el Gobierno va a hacer esto o lo otro, que
+el oro está a tantos, que el empréstito no cuaja, que el ministro tal se
+va...
+
+--¡Qué se ha de ir--observaba misia Casilda pasando revista a la mesa,
+que tendía Pampa;--ya verás, Pablo, como no se va! Si no se arma la de
+Dios es Cristo, esto seguirá hasta el día del juicio. Claro, les dejan
+hacer lo que quieren...
+
+--Y se armará, Casilda, se armará.
+
+--Sí, como siempre: que salen a la calle cuatro personas decentes, sin
+armas o sin municiones, y me las corren y quedan las cosas como antes, o
+peor; todavía, ¡si la intentona no costara sangre! pero muere más de un
+padre de familia y más de un joven... ¡qué sacrificio tan estéril! Si
+esta vez han de hacer lo mismo que las otras, mejor será quedarse
+tranquilos y aguantar... Muchacha, ese tenedor no está bien limpio: vete
+a fregarlo como Dios manda...
+
+Luego venían las impresiones del día: si había tenido mucho trabajo en
+la oficina, si el jefe estaba de buena cara, lo que se decía.
+
+--Pero ese Ministerio es un club--exclamaba la señora,--allí se fuma, se
+charla, se toma te, se reciben visitas; seguro que todo el trabajo pesa
+sobre ti, que eres un infelizote, y hasta ahora el ministro no te ha
+aumentado un centavo; en cambio hay otros gandules que ganan tres y
+cuatro veces más. No hay cosa peor que ser bueno y honrado, porque a ése
+se lo comen por sopas... Pampa, dobla bien esa servilleta...
+
+Cuando don Pablo Aquiles venía con el cuento de que se había hecho
+_saltar_ a algún compañero, para colocar a un paniaguado de la
+situación, o relataba, con pelos y señales, los abusos cotidianos, las
+arbitrariedades inicuas del doctor Eneene, misia Casilda prorrumpía en
+violenta catilinaria.
+
+--No me lo digas, Pablo, porque no puedo contenerme; y tú, estás viendo
+esas cosas de cerca, y te callas... ¡qué pícaros! el día menos pensado
+te echarán a la calle, como no les adules bien. ¿Y qué hacen los diarios
+independientes? ¡Ah, si yo fuera hombre! ¡no poder escribir siquiera un
+remitidito! Cada pillería de éstas, publicarlas en letras bien grandes y
+adivina quién te dió. ¡Conque, le han puesto doscientos de sueldo, y
+acaba de entrar! como no sale de su bolsillo, eche usted que no se
+derrame. ¿Y dices que se hace pagar el coche por el Ministerio, y
+abastecer su casa de vino y de cuanto Dios crió? Pero, ¿dónde tiene la
+vergüenza ese señor ministro? Qué remitido escribiría yo, ¡qué remitido!
+
+A veces, en la actitud que tomaba al sentarse, y en los golpecitos del
+periódico sobre la pierna, conocía ella que venía contrariado don Pablo
+Aquiles.
+
+--Le has visto, ¿verdad?--preguntaba;--¿a que estuvo hoy en el
+Ministerio?
+
+Don Pablo decía que sí.
+
+--¿Ves? me lo sospechaba; ¡en qué andará ese par de alhajas! quisiera
+oírles por alguna rendija. ¡Tal para cual!
+
+Un día, contó el viejo Vargas que el chico de Esteven había sido
+nombrado oficial primero o segundo, con trescientos pesos, y como él no
+era más que auxiliar con ochenta y en su sección estaba aquél, resultaba
+que él, don Pablo Aquiles, empleado antiquísimo, quedaba bajo las
+órdenes de su flamante superior, Jacintito: felizmente, éste iba tarde o
+no iba nunca, y cuando iba, no hacía nada. Tan disgustado estaba el
+pobre hombre y misia Casilda se puso tan furiosa, que no comieron
+aquella noche. Y Quilito, razonable como pocas veces, decía que,
+efectivamente, era una injusticia irritante, más, una inconveniencia
+ridícula, pero que Jacinto no abusaría de su posición, pues era muy
+buen muchacho; además, estaba seguro que no aportaría por el Ministerio
+nunca, y esta sería la mejor solución.
+
+--¡Pillos!--exclamaba misia Casilda, mientras don Pablo, nervioso,
+llevaba el compás con su batuta improvisada,--¡Mira cómo hacen y
+deshacen a su antojo! Naturalmente, el que tiene padrino se bautiza.
+¡Qué pillos! ¡con trescientos pesos, y de jefe tuyo, un mocosuelo!
+Quilito, hazme el favor de no defender estas iniquidades, porque creeré
+que estás corrompido, tú también, que te has contagiado con el mal de la
+época.
+
+--Si yo no las defiendo, tía...
+
+--Las excusas, que es igual.
+
+Ella no quiso tragar, y así lo decía, eso de que Esteven se hubiera
+arruinado, aunque se lo aseguró don Pablo y lo confirmó el mismo
+Quilito. No, no le conocían bien: don Bernardino era un truchimán de
+_primo cartello_, y ya tendría a buen recaudo todos sus valores, para
+tomar las de Villadiego el mejor día; después, échenle ustedes un galgo.
+Que la familia se iba al Frigal, y salían las propiedades a remate...
+¡farsa! ¡ojalá pudiera ella registrarles los baúles!
+
+
+--¿Y la liquidación de la casa de Jacinto?--observaba Quilito,--¿y su
+entrada en el Ministerio?
+
+--¡Farsa!--repetía la tía,--maniobras, juegos de manos... el tiempo ha
+de descubrirlo todo. A esa gente, no creo yo ni el _bendito_. ¡No les
+deseo ningún mal, pero si resultara verdad la ruina de Esteven, alabaría
+la justicia de Dios! Sólo que Dios tiene mucho que hacer, para perder
+el tiempo en castigar a los pícaros...
+
+Lo cierto es que estas cosas les preocupaban. Y más que todo, la
+conducta incalificable del niño de la casa, de Quilito, en aquellos días
+de junio. Su asiento en la mesa, tanto a la hora de la comida como del
+almuerzo, quedaba desocupado con una frecuencia alarmante, a pesar de
+las protestas de la tía de no hacer pasteles fritos, ni carbonada, ni
+ninguno de los platos criollos, que no le gustaban: se levantaba a las
+doce, salía, y no volvía hasta las tres o cuatro de la madrugada. El
+padre y la tía casi no le veían la cara y cuando lograban vérsela, al
+atravesar el patio o al sorprenderle en su cuarto vistiéndose, se les
+figuraba muy pálido, muy flaco, la estampa marcada de un calaverilla
+precoz y sin freno.
+
+--Acabará por enfermarse--decía misia Casilda,--¡se acuesta tan tarde!
+¿por qué no le hablas tú?
+
+Y don Pablo, que no tenía calzones para hacerse respetar, contestaba que
+eso era muy natural: la juventud necesita expansión, soltura; si se le
+cierra la puerta, se escapa por la ventana, o por el tejado, el cañón de
+la chimenea o el ojo de la llave; la cuerda que se ha mantenido tirante
+al joven, el viejo se encarga de aflojarla más tarde, y es peor,
+muchísimo peor. Además, ¿por qué se había de interpretar torcidamente
+las entradas y salidas del niño? El tenía sus negocios en la Bolsa, sus
+estudios en la Facultad...
+
+--Que coma fuera, si eso le agrada--añadía don Pablo,--a mí me gusta
+verle mezclado a esa juventud dorada, rozarse con la alta sociedad: en
+esto estás de acuerdo conmigo, Casilda. Porque, la verdad, ¿qué va a
+encontrar el muchacho aquí? La modestia, la pobreza, el aburrimiento;
+una mesa frugal, una chimenea sin fuego. Y si él goza de mejores cosas
+en la calle, ¡dichoso él! No decirle nada, pues, y que haga lo que le dé
+su real gana. Verás cómo se abre camino, porque es muy inteligente y
+tiene grandes aspiraciones.
+
+--En eso no estoy conforme contigo--replicaba la hermana;--para estos
+tiempos no vale la inteligencia, y mucho me temo que en los enredos de
+la Bolsa no esté Quilito más comprometido de lo que fuera menester.
+
+--Casilda, eres una pesimista de mal agüero.
+
+--¡Ay, Pablo, ojalá me equivocara!
+
+A los síntomas apuntados, se agregaron bien pronto el ensimismamiento,
+el mal humor, la irritabilidad. Se encerraba en su cuarto y no abría a
+nadie. Don Pablo decía que para estudiar, pero la tía, informada por
+Pampa que, en razón de su ministerio, llegaba hasta el recluso
+voluntario, en ocasiones, sabía que el niño trazaba números y más
+números, o se estaba espatarrado sobre la cama, la mirada perdida en las
+cortinas, los brazos inertes. Cuando salía, contestaba distraído,
+impaciente:
+
+--No sé, no tengo nada, ¡déjenme en paz!
+
+La tía no había querido decir nada al padre, de lo ocurrido en los
+primeros días del mes, hallándose ella sufriendo del segundo ataque de
+reumatismo de la temporada, que la postró una semana entera: sucedió,
+pues, que entre dos y tres de la madrugada, ella en su lecho y con la
+lamparilla encendida, sin dormir, a causa de sus dolores, sintió que
+abrían la puerta de calle, cruzaban el patio y llamaban a los cristales
+de su cuarto.
+
+--Abra usted, tiíta Silda, soy yo.
+
+Como pudo, bajó de la cama; en camisa y descalza, con el maldito reuma
+prendido a la cintura, y tiró del pasado. Quilito entró, arrebujado en
+la bufanda.
+
+--Tiíta, vengo a que me dé usted veinte nacionales, pero ahora mismo,
+inmediatamente.
+
+--Pero, muchacho, ¿qué pasa? déjame acostar... Dime, ¿para qué quieres
+veinte nacionales? ¡y a estas horas!
+
+--¿Me los da usted o no me los da? Cuando le digo que los necesito...
+
+--Ve ahí en la cartera... sobre la cómoda; no sé si llega.
+
+El joven buscó el bolsillo de tafilete. Abriólo y cogió dos billetes de
+a diez nacionales; los guardó, y sin decir más palabra, salió del cuarto
+y de la casa. El golpe de la puerta de calle retumbó, como un cañonazo.
+Misia Casilda quedó espantada, temblando más de susto que de frío.
+
+--¡Ah! ¡Dios mío! ¡se va a jugar! Quilito juega, Quilito juega... ¡Dios
+mío, Dios mío!
+
+Pasó el resto de la madrugada en vela, y el alba la encontró acurrucada
+en la cama, los ojos arrasados de lágrimas amargas; se oían rodar los
+carros en la calle, cuando entró el niño.
+
+--No, no le diré nada a Pablo todavía--pensaba la señora.--¡El dice que
+hay que dejar a los jóvenes probar de todo, para enseñarles a vivir!
+
+Don Pablo Aquiles sorprendióla con los ojos hinchados, pero ella alegó
+que era a causa del insomnio, y cuando vino Agapo, como solía, la
+encontró abatidísima y sin ánimos para cambiar una palabra siquiera; don
+Pablo se amilanó con esto, porque, a la verdad, en la casa se notaba
+algo, que no se sabía explicar, se sentía venir algo, muy malo, muy
+malo, ¿qué cosa? se ignoraba.
+
+Los días siguieron así, sin variación notable, y llegó el 23 de junio.
+Aquel día, Quilito almorzó en casa, o mejor dicho, no almorzó, porque
+todo el tiempo se lo pasó renegando de los bodrios de Catalina, de
+Pampa, que era una sucia, que así limpiaba los cubiertos como se lavaba
+mal la cara; del pan, sin cocer, del vino, agrio... Y don Pablo, siempre
+paciente, trataba de calmarle.
+
+--Hay que dispensarlo, hijito; si ya sabes que esto no es el Café de
+París; no podemos dártelo mejor.
+
+La tía callaba. Pampa, aturdidamente, al presentarle un plato, pisó un
+pie del niño, y éste, que reventaba de mal humor, levantóse entonces
+hecho una fiera y se arrojó sobre la india, dándole de moquetes
+brutales.
+
+--¡Ay, niño! ¡ay, niño!--clamaba la infeliz.
+
+Misia Casilda y don Pablo acudieron en su defensa...
+
+--Toma, toma, para que aprendas y veas dónde pones las patas otra vez.
+
+--¡Quilito!--dijo severamente la tía.
+
+Don Pablo consiguió quitársela de entre las manos, y el joven vociferó
+que se iba a su cuarto, a encerrarse, y que no quería ver a nadie, pues
+odiaba al mundo entero. Lanzóse fuera del comedor y trepó la escalerilla
+de sus habitaciones, pero misia Casilda le siguió, dispuesta a
+zarandearle como se merecía: sabido es que la tía Silda tenía sus
+momentos de energía formidables. Pero, por más que ella se apresuró,
+Quilito llegó el primero arriba y se encerró a piedra y lodo.
+
+--¡Abreme--decía la señora, aporreando la puerta,--ábreme: no hagas
+escándalo, Quilito, no me faltes al respeto! Abreme.
+
+Quilito abrió. Entró la tía, su cara de muñeca más lustrosa que de
+costumbre, sin las chapas de color en ambas mejillas, porque el disgusto
+las había borrado, y siguió al sobrino hasta la alcoba. Quilito se echó
+en la cama, de espaldas, y misia Casilda se sentó en un sillón, frente a
+frente. Bueno, ya estaban solos y podían explicarse: ella exigía, sí,
+señor, exigía explicaciones categóricas, para tomar una resolución
+seria: aquello no había de continuar así. ¡Qué! ¿el padre, la tía, los
+criados, todos, iban a estar sujetos al humor de un chicuelo
+irrespetuoso y sufrir en silencio sus rabietas inconsideradas? ¿qué se
+figuraba? ¡Si el padre no tenía bien puestos los calzones, ella sabría
+imponerse una vez por todas! La filípica continuó en este tono largo
+rato, y el muchacho ni se movía, ni hablaba: misia Casilda usó de todas
+sus armas, y trató de herirle en su amor propio, en su dignidad, en
+medio del corazón, que ella conocía tan tierno, a pesar de todo.
+
+--A mí no has de engañarme, como a tu padre--dijo por último,--tú andas
+en algo malo, Quilito, y si te escondes, es que el remordimiento te
+persigue... de alguna acción vituperable... ¡no sé cuál! Seré muy torpe,
+pero me parece que tú juegas... y si juegas, que has perdido... ¿he dado
+en el clavo? ¿sí o no?
+
+Tan había dado, que el chico se agitó, como si acabara de recibir un
+alfilerazo.
+
+--¡Por Dios! tía, déjeme usted, márchese, quiero estar solo; no tengo
+gana de oír sermones.
+
+Y se puso cara a la pared, rezongando. Pero, quieras que no, tuvo que
+oírlo, de cabo a rabo, tan contundente, porque la señora no se mordía la
+lengua, y soltaba cada varapalo que escocía de veras, que Quilito dió un
+salto, al fin, y con el aire de un demente, prendido al enrejado de la
+cama, que sacudía como si deseara arrancarlo, gritó:
+
+--Sí, ¡he perdido, he perdido! ¿Y qué tenemos con eso?
+
+Jadeante, se volvió a la tía, desafiándola con la mirada iracunda, pero
+la consternación de la señora debía ser tan grande, pues enmudeció de
+estupor, que Quilito sintióse conmovido y su cólera se apagó, como si
+hubieran derramado agua encima.
+
+--Perdóneme usted, tiíta Silda, soy un miserable, no sé lo que me digo.
+
+Se echó a sus pies, besándola las manos y ocultando su cabeza rubia en
+el regazo de la señora. Y sin darla tiempo a poder hablar, de temor, sin
+duda, a que renovara la letanía de las recriminaciones, contó sus
+percances de Bolsa...
+
+--He perdido, tía, y no tengo con qué pagar: mañana, día de San Juan,
+vence el plazo, a medio día... Usted dirá que por qué he jugado: ¡todo
+lo que usted pueda decirme, me lo repite mi conciencia a voces, a todas
+horas! He jugado porque quería salir de pobre, cambiar de posición,
+tener lo que otros más afortunados tienen... Para ser rico, tía, y
+hacerles felices a ustedes, y hacerme a mí mismo feliz, yendo a
+depositar a los pies de Susana... no tuerza el gesto, tía... mi fortuna
+y decirla: ¡Ahora, nada ni nadie podrá separarnos! Porque usted no
+conoce a Susana, tía; es un ángel, y allí donde ella pone la planta, hay
+que poner los labios... Y todo lo he perdido, ¿ve usted? ¡Ay, tiíta
+Silda, me considero tan desgraciado, que si no fuera una blasfemia,
+diría que odio a mi padre, por haberme traído al mundo, sin que yo se lo
+pidiera!... Si aquí no había de hallar más que penas y miserias, ¿a qué
+me han dado la vida? Tómenla, ¡yo no la quiero, no la quiero!...
+
+Misia Casilda, acariciando la cabeza rubia, murmuraba:
+
+--¿Ves? si yo te lo decía, yo te lo decía...
+
+Luego, ensayó arrancarle aquellas ideas disparatadas.
+
+--No hables así, Quilito, mira que Dios te está oyendo; no te aflijas
+tanto, hijo mío, quizá todo pueda arreglarse. ¡Has perdido! es una
+desgracia, pero trataremos, unidos, de remediarla. Vamos a ver, ¿cuánto
+debes?
+
+--Mucho, tía, muchísimo, ¡qué sé yo!
+
+--Pero, dime... aproximadamente.
+
+--Mucho, ¡muchísimo!--repitió el joven.
+
+¿Qué iba a hacer al día siguiente? Porque todos los recursos de que
+podía disponer, los había probado, y todos fracasaron. ¿Cómo no estar,
+pues, de mal humor? ¿cómo no desesperar de su suerte y de la vida?
+
+--Si le digo a usted, tía, que los pobres no debieran tener hijos; que a
+uno nadie tiene el derecho de traerle, así, a la fuerza, a compartir las
+miserias de la vida. ¿Acaso, a la edad de ser padres, no han echado de
+ver todavía que esto no vale un centavo? y si no hay nada que ofrecer al
+que ha de venir, ¿por qué obligarle a salir de dónde está sin sentir
+pena ni gloria?
+
+¡El egoísmo, tía, el egoísmo! Yo no he nacido, no, para pobre y todo mi
+afán fué siempre enmendar de un golpe lo que mi destino había hecho...
+¡Qué desgraciado soy, tiíta Silda, qué desgraciado soy!
+
+Desvariaba de tal modo, que la tía, alarmada, pensó con terror en lo que
+había dicho aquella noche, de pegarse un tiro si la suerte no lo
+favorecía; se le imaginó verle ya con el cráneo hecho pedazos, cubierto
+de sangre, después de haberse arrancado violentamente aquella vida que
+él decía no querer, ni haberla pedido. Besándole con frenesí, le conjuró
+por todos los santos del cielo, que se calmara: ella iba a registrar los
+cuatro rincones de la tierra y le traería la suma suficiente para pagar
+su deuda. ¿A cuánto alcanzaba? para saber, porque era necesario saber...
+¿eran mil, dos mil, tres mil nacionales?
+
+--No, tía, no--dijo Quilito arrojándose en la cama de nuevo,--no se
+empeñe usted... ¡es inútil, es imposible! ¡Cuánto le agradezco todo,
+tiíta de mi alma!
+
+--No seas bobo; desesperarse así no es cosa de hombres; ya verás, poco
+importa que no me digas la suma redonda... yo te he de traer lo
+suficiente.
+
+Y poniendo una mano sobre el hombro del joven, añadió:
+
+--Pero con la promesa de ser más cauto en adelante, y de no buscar más
+en el juego lo que sólo el trabajo puede dar.
+
+Le dejó y bajó la escalera; en el comedor, don Pablo Aquiles se
+preparaba a salir.
+
+--¿Y qué tal--preguntó,--se le ha pasado ya el berrinchín a ese
+polvorilla?
+
+--Sí, ahí le dejo tan tranquilo; a Quilito no se le debe tomar a lo
+serio: es un loco.
+
+--Bueno, hija, hasta luego.
+
+--Hasta luego, Pablo.
+
+Misia Casilda esperó a que saliera: después, fué derechamente a su
+cuarto y abrió el venerable armario de caoba; en el fondo del estante
+mediano había una caja de sándalo... Sentada en una silla baja, empezó a
+escarbar en la cajita misteriosa: dos onzas de oro de Carlos IV; un par
+de _caravanas_ de brillantes y perlas, recuerdo de su madre; un anillo
+con amatista; el reloj de don Aquiles; botones de puño; prendedor de
+caireles con azabache...
+
+--¿Me darán por todo esto quinientos nacionales?--decíase
+pensativa,--más quizá, porque las caravanas son muy buenas... a Quilito
+le harán falta... a ver... unos... tres mil nacionales; ¡es una
+enormidad! me parece que no puede ser más; ¡imposible! Reflexionemos:
+pongamos ochocientos por todo esto, mil por la imagen de plata maciza de
+la Virgen de Luján... la Santísima Virgen ha de perdonármelo... bueno,
+mil, hemos dicho, y ochocientos, son mil ochocientos; el relicario con
+esmeralda, que tengo en el cajón de la cómoda... ¿cuánto me darán por el
+relicario? ¿doscientos? pues, ya hay dos mil nacionales... ¡Ah! y cien
+que me quedan del mes, son dos mil cien. ¿De dónde sacaré el resto?
+¿Pablo? me consta que no tiene nada, porque su mensualidad me la entrega
+íntegra... ¡Que la Virgen de Luján me ayude! y si es más de tres mil
+nacionales, veremos; hasta mañana a las doce, hay tiempo...
+
+Se puso el mantón, y antes de salir, fué al patio interior a recomendar
+a las muchachas mucho silencio, no molestaran al niño y cuidaran la
+casa; ella iba y volvía.
+
+--El niño ya encerróse--dijo la genovesa con una sonrisa imbécil.
+
+--Bueno, mujer; usted a su cocina y Pampa que quite la mesa.
+
+Salió con paso ligero, disimulando bajo el pañuelo de merino la caja y
+la imagen de plata.
+
+Dos horas estuvo fuera. Volvió sofocada, quejándose del sol tan fuerte,
+que no parecía de invierno.
+
+--¿Ha llamado el niño?--preguntó a Pampa.
+
+--No, señora.
+
+--¡Qué cabeza!--decíase misia Casilda,--no me he acordado de llevar los
+cubiertos de plata; estos prenderos son todos unos judíos... ¡Cuánto
+corretear y qué discutir, para no traer más que mil ochocientos
+nacionales! Verdad es que yo he tasado todo con mi fantasía de dueña
+legítima... ¡Ay mi Virgen! mi compañera de toda la vida; cuando la dejé
+sobre el mostrador, me pareció que me lo reprochaba con sus dulces
+ojos... ¡Valiente día estoy pasando! A ver esos cubiertos...
+
+Sin quitarse el mantón, entró en el comedor y abrió, con la llave más
+gruesa de su llavero, el cajón bajo del aparador: había hasta tres pares
+de cubiertos de plata, envueltos en papeles de seda y en retazos de
+franela muy limpia: eran los últimos restos del antiguo esplendor de los
+Vargas, cuchillos y tenedores que, más de un bien cebado prior había
+manejado, en las comidas suculentas y frailunas del místico don Aquiles.
+A la casa de empeños con ellos, y andando.
+
+--Ya vuelvo--dijo la señora a Pampa,--no te muevas del patio.
+
+Media hora después volvía, sofocadísima.
+
+--Si me sale ahora con que es más de los dos mil doscientos que le
+traigo--pensaba subiendo la escalera,--¡me parte!
+
+Ya arriba, repiqueteó sobre la puerta, y entró, cuando Quilito hubo
+corrido el cerrojo.
+
+--Aquí me tienes--dijo alegremente, echando el mantón sobre los
+hombros,--espero no haber perdido mi viaje, o mis viajes, porque han
+sido dos, hijo mío.
+
+El joven la vió sacar de un pedazo de periódico, enrollados, los
+billetes, que puso sobre la mesa de pino que, en aquella primera
+habitación, llenaba, mal que mal, las funciones de escritorio:
+quinientos, seiscientos, mil, mil quinientos, ochocientos, dos mil, dos
+mil doscientos... Silencio. La tía, radiante, contemplaba el depósito;
+Quilito, turbado, miraba a la tía. Esta, miró a su vez al sobrino, y el
+semblante se le anubló, de pronto...
+
+--Vamos, pues, ¿qué dices?
+
+--¡Que la quiero a usted mucho tiíta de mi alma, y que sufro de veras
+por la pena que la estoy causando!
+
+La abrazó repetidas veces, con efusión.
+
+--Déjame, no me aprietes tanto... ¿De modo que... eso no te alcanza?
+¡Habla, habla!
+
+Quilito hizo un gesto, que quería decir: Eso, tía, es un grano de arena,
+una gota de agua, para lo que yo debo. Y misia Casilda, dando palmadas
+sobre la mesa con su mano enguantada, se impacientaba, seria, de nuevo,
+y severa, como antes, exigiendo se le confesara el monto total de la
+deuda, inmediatamente: el joven, entonces, hizo declaraciones
+completas... Treinta mil nacionales a don Raimundo de Melos Portas e
+Azevedo, el más temible de sus acreedores, porque tenía un pagaré bajo
+su firma, que le era forzoso, absolutamente imprescindible, recobrar al
+día siguiente, y si no lo recobraba, perdería la vida con la honra: lo
+había jurado; cincuenta mil a Rocchio, el corredor; veinte mil a un
+fulano del Club del Progreso, y cincuenta mil más, repartidos entre
+varios corredores de la Bolsa por operaciones malogradas en los días que
+iban de mes... total, ¡ciento cincuenta mil nacionales! De todo esto, lo
+más urgente a pagar era el saldo de don Raimundo Portas, quien no estaba
+dispuesto a conceder más prórroga que los dos días de gracia; el pagaré
+había vencido el 22... Los demás acreedores esperarían hasta que Dios
+quisiera. Necesitaba, pues, treinta mil nacionales para el 24 de junio,
+a las doce, ni un centavo más, ni un centavo menos.
+
+No cayó de espaldas misia Casilda, porque sus nervios, a prueba de
+emociones, la sostenían admirablemente, pero parecióle que el mismo
+Lucifer le soplaba ciento cincuenta mil trompetazos en los oídos, y que
+la casa se le caía encima. A la mente y a la lengua se le vinieron ideas
+y palabras, a borbotones, y las arrojó a la cara del sobrino, cual si le
+azotara con un látigo... ¡Cómo! ¡él, un chicuelo pobre, un perdulario,
+endeudado por suma tan crecida! pero, ¿cómo había podido creer que sus
+fondillos iban a valer tanto jamás? ¿no pensó, por un instante siquiera,
+ya que su cabeza parecía tan hueca, que si perdía, no podría pagar, y si
+no podía pagar, que deshonraba a su familia para siempre? ¿en qué
+escuela se había educado, que así le habían sugerido la peregrina teoría
+de que las deudas son cosa baladí y es lujo de caballero tenerlas? ¿y
+esta era la manera con que él pensaba hacer la felicidad de su padre y
+de su tía, y la suya propia? Mordíase el joven el dorado bigotito, y no
+replicaba, la cabeza y los ojos bajos.
+
+--¿Qué vas a hacer, entretanto?--preguntó la señora, recogiendo, con un
+movimiento de hombros, el mantón, que se caía. Y Quilito, fríamente,
+contestó:
+
+--¡No se incomode usted, que yo sé lo que debo hacer!
+
+Cogió un billete de veinte nacionales y pidió permiso para guardarlo.
+
+--Esto es todo lo que acepto de usted, tiíta; dígame, ahora, cuanto se
+le ocurra: todo lo merezco, hasta que me arrojen a puntapiés a la calle,
+porque soy muy culpable, más de lo que usted cree, quizá... No sé, yo
+quería ser rico, pronto, pronto, y no pasar la vida trabajando, para
+comer pan negro de viejo, como sucede casi siempre... ¡Luego, mi amor
+por Susana! yo me decía: Si me hago millonario, ni los Esteven se
+opondrán, ni en casa me harán la guerra: el rico es libre y el dinero
+todo lo allana. Y vea usted cómo han fallado mis cálculos: en la Bolsa,
+la suerte siempre de espaldas, y en el club; hasta la lotería... mi
+número sin querer salir...
+
+Del cajón de la mesa sacó un puñado de billetes de lotería, arrugados,
+que arrojó al suelo.
+
+--¡Sin querer salir!--repitió con tristeza;--en balde practicaba los
+medios supersticiosos de que se valen algunos jugadores: escoger el
+billete en día trece, entrar en la agencia con el pie derecho, tomarlo
+con los ojos cerrados... ¡Nada! ¿y el club? ¡Si usted supiera, tía
+Silda! Algunas noches mucha suerte, y otras barranca abajo... ¿Se
+acuerda usted de aquellos veinte nacionales que vine a pedirle esa
+madrugada... que salí después? Había perdido en el club cuatro mil
+nacionales, y se me puso que con un billete de veinte, que fuera suyo y
+hubiera usted tocado, haría saltar la banca... y la hice saltar, tía,
+asómbrese... para saltar yo, después, porque ofuscado, puse cuanto había
+ganado a una carta, y lo perdí... ¡Ah! tiíta, el juego es así... Aquí
+tiene usted mi proceso hecho; la sentencia usted la ha pronunciado: si
+no pago mañana los treinta mil nacionales a don Raimundo, caerá la
+deshonra sobre mi nombre... y deshonrado, arruinado, alejado de Susana
+para siempre, sin ilusiones, sin esperanzas, sin porvenir... ¿qué voy a
+hacer? me pregunta usted; ¡hacerme justicia, tía, y acabar!
+
+Dijo esto con tal sentimiento, y de modo tan lúgubre, que los reproches
+expiraron en los labios de la tía, y se abalanzó a él, como loca,
+estrechándole en sus brazos, suplicándole que no volviera a proferir la
+terrible amenaza, si no quería verla caer muerta a sus pies. ¡Qué
+muchachos estos! hacen una barrabasada, y no se les ocurre mejor medio
+de remediarla que el suicidio; ¡bonita manera de arreglar las cosas! la
+suerte que son pura boca, y que del dicho al hecho... ¡Vamos!
+reflexionar un poquito y estudiar el medio más decoroso y fácil de salir
+del atolladero: treinta mil nacionales no se encuentran así como así,
+bajo el primer adoquín de la calle... ¡Oh, la inexperiencia y la
+ambición son dos caballos desbocados que llevan al precipicio a
+cualquiera! Ya se lo pronosticó ella, y después dicen que las viejas no
+entienden... Basta; dejar ese gestito de contrariedad, que no
+recomenzaría con sus sermones; verdaderamente, en estas circunstancias
+las amonestaciones huelgan: es como dar de palmadas al niño que acaba de
+romperse la cabeza; lo urgente era encontrar el dinero... Ella, que le
+había criado y educado y mimado, que era su segunda madre, le salvaría.
+
+Quilito se lo agradecía todo, besándola las manos, como un perrillo que
+ha sido castigado y quiere hacerse perdonar del amo la falta cometida.
+
+--No me preguntes nada, hijo mío--agregó misia Casilda,--de aquí a
+mañana tenemos tiempo para pensar y para obrar... pero, prométeme que te
+dejarás de locuras: tu tía vieja te lo pide: ¡en estos casos de la vida,
+es cuando se debe mostrar que se tiene sentido común, sentimientos y
+religión! prométemelo, Quilito.
+
+--Prometido queda--contestó el joven maquinalmente.
+
+Antes de salir, la señora recorrió las dos piezas, buscando con los ojos
+si había puñal o revólver o instrumento alguno capaz de producir la
+muerte, y no bajó sin dejar al querido sobrino más tranquilo, en
+apariencia al menos, después de nuevas y patéticas exhortaciones. Bajaba
+los escalones, uno a uno, deteniéndose, apoyándose en el pasamano, y las
+lágrimas le caían gota a gota, sobre la falda negra; ese movimiento
+rencoroso de todo el que sufre, contra la indiferencia del mundo
+exterior, experimentólo la señora al ver el cielo tan puro y el sol tan
+brillante, cual si no tuvieran noticia de la desgracia ocurrida y de la
+más tremenda que se preparaba.
+
+--¡Qué sol más antipático!--murmuró,--todo debiera estar de duelo, como
+lo estoy yo! ¡Qué hacer, qué hacer, Dios mío! ¡Virgen de Luján, ayúdame!
+Te ofrezco una novena y misa cantada, si nos sacas a todos de este mal
+paso... Lo peor, lo peor es que no me viene una idea, una sola... no
+queda ya nada por empeñar, y aunque hubiera: la casa entera no vale
+treinta mil nacionales... Inútil ha sido llevar al prendero esos
+recuerdos de familia...
+
+Se había parado en el penúltimo escalón, y mirando los billetes
+envueltos en el periódico, que guardaba en la mano, repuso
+maquinalmente:
+
+--La base aquí está, sin embargo, esto ya es algo, esto es mucho...
+falta el resto, ¿a quién acudir? ¡Dios mío! no se me ocurre nada...
+
+De pronto, al poner el pie en el último escalón, la idea vino, clara y
+precisa...
+
+--¡Qué disparate!--exclamó.
+
+Y trató de ahuyentarla; pero, la idea, como mosca impertinente, la
+siguió hasta su cuarto, revoloteando sobre su cabeza, picoteándola en la
+frente, persiguiéndola incansable, más pegajosa cuanto más desechada.
+
+--¡Qué disparate!--repetía misia Casilda.--¿De dónde ha venido a
+ocurrírseme semejante cosa? Solamente loca... ¡Dios me libre!
+
+Repasó la lista de sus escasas relaciones, discutiendo consigo misma
+cuál conceptuaba ella capaz de hacer un servicio al prójimo, pero como
+se trataba de un servicio tan extraordinario, veíase obligada a eliminar
+nombres, unos por ser de personas tan pobres como ella, otros por poca
+simpatía, o ninguna confianza. Y se acordó de misia Petronila
+Barrientos, una viuda sin hijos, riquísima, que la visitaba con
+frecuencia, y en cada visita la repetía sus ofrecimientos de buena
+vecina y antigua amiga.
+
+--Casildita, ya sabe que estoy a sus órdenes; mándeme en cuanto pueda
+serle útil. Ocúpeme con toda confianza, Casildita.
+
+A la vuelta vivía, en una casa muy hermosa, de su propiedad...
+
+--Iré a ver a misia Petronila--pensó la señora,--y le ofreceré la finca
+en garantía; mi carácter no es para estos casos: nunca he pedido dinero
+a nadie y creo, estoy segura, que la vergüenza no me dejará hablar...
+Pero, ¿a quién acudir, si no? ¡Esto, antes que lo otro! Ya me tiemblan
+las piernas y me pongo colorada...
+
+A la calle otra vez. Pero, ¡fíese usted de los amigos y de sus
+ofrecimientos! Misia Petronila Barrientos la recibió con afecto, la
+escuchó con atención... y la despidió con política, diciéndola muy
+fresca, que no podía ser... porque no podía ser. Y vuelta a la casa,
+abatida y llorosa, por el sacrificio estéril que de su amor propio había
+hecho, alimentando pensamientos tan negros como éstos: El amigo es para
+ir de fiesta y no para acompañar en la desgracia. El corazón de un
+extraño es más tierno que el de un amigo. En el pedir y en el dar, se
+aquilata la amistad, etc.
+
+Vino don Pablo Aquiles, por la tarde, y se enteró de que el niño seguía
+en su cuarto, bajo llave.
+
+--¡Qué demonio de muchacho!--dijo,--¿qué tendrá? Igualito es a su madre,
+¿te acuerdas, Casilda, que Pilar era así?... Pero, aquí yo no veo
+motivo; el disgusto de esta mañana no pasó de una tontería; voy a subir.
+
+--No, Pablo, ¿para qué? Déjalo solo; es mejor.
+
+--Le dejaremos, pues; pero, hazme el favor de cambiarte de cara,
+Casilda.
+
+--¡Jesús! ¿por qué me lo dices?
+
+--Me pareces muy preocupada, hija.
+
+--Aprensión tuya, Pablo.
+
+Cuando se sentaron a la mesa y se sirvió la comida, Quilito mandó a
+decir que él no bajaba, porque no tenía gana.
+
+--¡Ya me va cargando el chico éste!--exclamó el padre.
+
+Misia Casilda preparó en una bandeja dos platos, y bien tapada, con el
+pan y el vino, mandó a Pampa que la subiera al niño.
+
+--Mira--observó,--si no abre, dejas todo en la escalera, delante de la
+puerta.
+
+--Se enfriará, mujer--dijo don Pablo, a quien tanto mimo ponía de mal
+humor.
+
+Fué lúgubre la comida. La señora no comió, empeñada en la batalla con la
+mosca de su idea primera, que había vuelto a acometerla, y don Pablo dió
+satisfacción al estómago con dos cucharadas de sopa, preocupado también
+y triste. Recogióse temprano misia Casilda, y sin desvertirse, pasó la
+noche en la sillita baja, delante del nicho vacío de la Virgen. Quilito
+no había salido, y esto la tranquilizaba, pero desesperábase de que la
+hora fatal estuviera tan próxima, y ella no hubiera encontrado más
+recurso que aquel descabellado, que le había venido a la imaginación, y
+que desechaba como impracticable y humillante.
+
+--La Virgen ha de iluminarme--decía;--ya lo sabes, madre de mi alma:
+novena y misa cantada; ¡se trata de él, de nuestro orgullo, del que ha
+de ser nuestro sostén mañana! A Pablo no le diré nada, hasta no ver, ¿a
+qué darle un disgusto? y él, me parece, que huele algo... ¡ay, Dios mío!
+¿qué es eso? ¡qué ruido tan extraño! el corazón me ha dado un salto...
+Debe ser el gato, que ha tirado alguna maceta, en el patio... ¡Tanto
+hablar de tiros y desatinos esa criatura! no estoy tranquila; quisiera
+llorar y no puedo. ¡Otra vez eso! ¡qué pesadez! y es un disparate, un
+solemne disparate... ¿A dónde, a dónde ir? No sé, me parece que todos
+van a recibirme como misia Petronila... Claro, apenas comprenden de lo
+que se trata, se encapotan y sacan el cuerpo con mucha urbanidad... Esto
+de hacer la pedigüeña no es para mí, ¡no es! y es preciso, sin embargo:
+cuando la necesidad habla, el amor propio se echa a la espalda. Si
+Pablo... ¡pero, qué! con las cuentas de sastres y zapateros de ese niño
+aturdido, ha molestado tanto al Habilitado, que no quiere éste
+adelantarle ya nada; todavía, si fuera una suma pequeña... ¡Señor!
+¡Señor! ¿estaré condenada yo a pasar por tanta vergüenza?
+
+Amaneció, y la nueva luz encontróla en la sillita baja, pensativa.
+
+--Hoy es día de San Juan--dijo abriendo los postigos,--¿qué presente nos
+reservará?
+
+Durante las primeras horas de la mañana, ocupóse en las tareas de la
+casa; a golpes de plumero perseguía el polvo, y cada golpe parecía
+descargarlo sobre la idea, que no la abandonaba.
+
+--Es estúpido esto que se me ha metido aquí: si antes de las doce no se
+me ocurre otra cosa, no sé... yo tengo confianza en la Virgen; ella ha
+de hacer un milagro.
+
+A la hora del almuerzo, Quilito tampoco pareció. Pampa dijo que le había
+visto salir, y misia Casilda imaginó que habría ido a buscar recursos
+por su lado, a pedir otra prórroga quizá... Entonces, antojósele que lo
+mejor, lo más hacedero, era irse directamente a ese señor de Portas, y
+arrancarle la concesión de un nuevo plazo prudencial para efectuar el
+saldo del maldito pagaré: ¡veinticuatro horas de prórroga importaba
+quizá la salvación! Esto es; prontito, a casa del señor Portas, que lo
+que es elocuencia para convencerle y lágrimas para ablandarle, no le
+habían de faltar. ¡Caramba! no haberlo pensado antes... Día de fiesta
+era, y don Pablo Aquiles, que estaba de morro y no quiso almorzar, se
+fué a dar su paseo; la campanada de las diez y media sonó en el reloj
+del comedor, y la señora se cubría ya con el velo y el mantón, cuando el
+llamador de la puerta de calle se hizo oír con grave redoble.
+
+--¿Quién?--preguntó Pampa acercándose a la reja;--señor no estando;
+niño, tampoco.
+
+Misia Casilda, en el umbral del gabinete, se asomaba, por la curiosidad
+de saber quién era...
+
+--Que pase ese caballero, Pampa; déjale pasar.
+
+La india abrió y don Raimundo de Melo Portas e Azevedo entró en el
+patio, saludando, la chistera tornasol en la mano; en vez del levitón
+legendario, llevaba ahora un sobretodo de pelo rizado, de estos color de
+ceniza, que no muestran la porquería...
+
+--No le conozco--se dijo la señora;--pero, a esta hora y con esa facha,
+viene por Quilito: debe ser un acreedor. ¡Que la Virgen nos asista!
+
+Pasó a la sala, donde el insigne portugués estaba ya instalado, en un
+sillón de seda amarilla, gastadísima, con los flecos deshilachados.
+
+--Muy señora mía...
+
+--Servidora de usted...
+
+Al nombre de Portas, misia Casilda se animó.
+
+--¡Ah, es usted el señor de Portas! Pues precisamente iba yo a su casa
+ahora.
+
+--¿De veras?--exclamó don Raimundo, sacando los dientes en una
+sonrisa,--el señor Vargas la había encargado entonces... a eso venía yo
+también; aquí está el pagaré, vencido el 22 y que hoy debe ser saldado.
+
+De una cartera de cuero, sacó el papelucho y lo presentó, haciendo el
+amable.
+
+--Así la evito a usted una molestia--repuso;--dígnese fijarse usted
+señora, si es ese el documento, porque tengo unos ojos...
+
+Misia Casilda decía:
+
+--¿Molestia? no, señor, al contrario.
+
+Tomó el papel, sin saber qué hacer.
+
+--Sí--dijo,--éste es; treinta mil nacionales, y aquí está la firma,
+Aquiles Vargas...
+
+--Debajo, debe estar la de don Bernardino Esteven.
+
+--¿Qué dice usted?
+
+--Sí, señora, del fiador; el señor Esteven ha garantizado la firma de su
+sobrino.
+
+La señora sintió un desvanecimiento tan grande, que creyó iba a perder
+el sentido. ¡Esteven fiador de Quilito! Una de dos, o el joven mantenía
+relacione con sus tíos, de tapadillo, o aquella firma era falsificada;
+si lo primero, ella conocía a don Bernardino y no creía que su
+generosidad llegara a tanto, aunque estuvieran en los mejores términos
+con el joven, luego... No veía bien, no respiraba bien; un sabor muy
+amargo la envenenaba la boca.
+
+--En efecto--balbuceó haciendo un esfuerzo,--aquí está también la firma
+de... ese caballero.
+
+Se calló, mirando atontada el papel, que conservaba en su mano
+temblorosa; don Raimundo, apoyado en el bastón, la chistera sobre las
+rodillas, esperaba. Y viendo que misia Casilda no daba muestras de
+aflojar los monises, el portugués se alarmó. ¿El señor Vargas no había
+dejado nada para él? porque estaban a 24 de junio, término de la
+prórroga; si el pagaré no lo saldaba el señor Vargas, en cumplimiento de
+su compromiso, se vería él en la dura necesidad de presentárselo al
+fiador, a Esteven.
+
+--No, no--exclamó la señora, agitadísima,--se pagará, sí, señor; mi
+sobrino sabrá hacer honor a su firma y no tendrá usted que recurrir al
+fiador, no, no.
+
+--Lo decía, porque, como yo tengo otras cuentecitas que arreglar con el
+señor Esteven, no había más que incluir ésta con las otras...
+
+--Si le digo que se pagará, ¿por qué ha de ponerlo usted en duda? Me
+ofende usted, caballero, me ofende usted.
+
+--Bien, señora, a sus órdenes...
+
+--Solamente que--agregó misia Casilda sudando, a pesar del frío que
+sentía, no podrá ser ahora mismo, en el acto... a eso iba yo a su casa,
+precisamente... a pedirle una nueva prórroga, corta, muy corta: en dos
+o tres días se habrá reunido la cantidad suficiente... Vea usted, señor
+Portas, cómo andan ahora los negocios; esto usted lo sabe mejor que yo;
+además, hoy es fiesta, no lo olvide usted. Estamos tan atrasados, que
+para el puchero apenas nos llega... pero, en dos o tres días, se lo
+prometo a usted; tenemos un depósito en el Banco y vamos a recibir
+ciertas cantidades que nos adeudan...
+
+Lloraba casi, en su súplica desesperada, y don Raimundo movía la nariz,
+contrariado, tocando el tambor sobre la chistera, de impaciencia.
+
+--Pero, señora, comprenda usted que del 22 a aquí van ya dos días de
+prórroga y la ley no exige...
+
+--Caballero, sea usted bondadoso.
+
+--No puede ser...
+
+--En dos días más...
+
+Siguió la porfía, hasta que el prestamista declaró, levantándose, que si
+al día siguiente, a la misma hora, no le entregaban los treinta mil
+nacionales, iría con la letra protestada a ver a don Bernardino Esteven.
+Y se marchó, bruscamente, después de guardar el papelucho en su cartera
+de cuero.
+
+Parecióle a misia Casilda que, vestidita como estaba, la habían
+zambullido de cabeza en agua fría, porque daba diente con diente, como
+quien tiene tercianas, a la vez que llamaradas de fuego le quemaban la
+cara. ¡Esteven fiador de Quilito! ¿De qué manera había el joven obtenido
+esta firma? ¿directamente? Luego se veía con los tíos, entraba en la
+casa, trincaba con ellos, los enemigos jurados de su padre; ¿por
+intermedio de Jacinto? Era dudoso, y en uno y otro caso, pensaba ella
+que Esteven, más calculista que caritativo, no sería tan necio como para
+prestar su garantía a un joven que, le constaba, no tenía con qué
+responder a compromiso tan importante. Lo que misia Casilda deducía de
+todo esto, era tan espantoso, que se puso a llorar... El desgraciado
+niño lo había dicho: que era más culpable de lo que ella creía.
+Entonces, si la sospecha horrible resultaba evidente, urgía recuperar el
+pagaré de manos de don Raimundo, no darle ocasión de que fuera a poner
+bajo los ojos de ese hombre la firma falsificada...
+
+--¡Sí, recuperarlo, pero cómo, cómo, Dios mío!--exclamó.
+
+La mosca impertinente volvió, agitando sus alitas impalpables, y ella no
+la rechazó, como antes, la acarició, al contrario... ¡Sí, se humillaría
+hasta hundir la frente en el polvo! se trataba de salvar a Quilito, y si
+no había más medio que ése, el último, a él, apelaría, con los ojos
+cerrados.
+
+De pronto, se acordó que el joven no había vuelto todavía; si no era a
+ver a don Raimundo, ¿a dónde habría ido? El temor de que fuera a
+realizar su amenaza de suicidio, la asaltó, arrancándola del sillón.
+Desatentada, salió al patio, gritando a Pampa si el niño estaba en su
+cuarto, a tiempo que la reja se abría y entraba Quilito.
+
+--¡Ah! ya vuelves--dijo la tía con sofocada voz.
+
+Hízole entrar en la sala, y estrechando sus manos con fuerza,
+descompuesta, loca, prorrumpió en esta pregunta:
+
+--¿Qué has hecho, hijo mío, qué has hecho?
+
+Quilito, pálido, no comprendía. Y la tía, sin soltarle, repitió su
+pregunta desolada:
+
+--¿Qué has hecho? ¿qué has hecho? ¡Alguien te ha aconsejado mal, te ha
+arrastrado al crimen, porque tú has sido siempre bueno, has sido
+honrado, honrado como tu padre y como tu abuelo!
+
+--Tía, ¡por Dios!
+
+Misia Casilda le soltó, y sentándose en el sillón, porque sus piernas,
+flojas, no podían sostenerla, repetía, llorando:
+
+--Sí, alguien te ha aconsejado, porque tú no eres malo, no eres capaz...
+
+Dijo que don Raimundo acababa de salir, que había exhibido el pagaré de
+treinta mil nacionales, y que ella, con sus propios ojos, que comería la
+tierra, había visto al pie de su firma, la firma de Esteven... Miró a
+Quilito, y en su turbación y en su semblante demudado leyó la verdad, la
+comprobación de su sospecha.
+
+--¿Qué has hecho? ¿qué has hecho?--volvió a decir con angustia.
+
+Pero, el joven se había echado ya a sus pies e imploraba su compasión;
+sí, era cierto, era cierto que él falsificara la firma de Esteven, para
+obtener del prestamista el dinero que necesitaba, pero lo hizo ciego,
+sin saber lo que hacía, ni a lo que se exponía, pensando, en su fiebre
+de fortuna improvisada, que, llegado el vencimiento, podría retirar
+fácilmente el pagaré, las manos llenas de oro, como había de tenerlas;
+nadie se lo aconsejó, sino su mala cabeza.
+
+--¡Soy un miserable, tía de mi alma, no merezco que usted me mire
+siquiera, porque, aunque honrado en el fondo, no he sabido resistir y
+evitar una acción vergonzosa, que la ley castiga, tía!
+
+Y bien, como la deuda no podía saldarla, y el pagaré, protestado, iría a
+parar a manos de don Bernardino, si no estaba ya en su poder, quedábanle
+a él dos caminos: o dejarse meter en la Penitenciaría o saltarse los
+sesos... Misia Casilda dió un grito y le abrazó, aterrada. Quilito se
+debatía, diciendo que, puesto que había deshonrado las canas de su
+padre, debía sufrir el condigno castigo; que él no se atrevería ya a
+afrontar su mirada, y que la idea que Susana, su adorada Susana,
+conociera su delito, le enloquecía...
+
+--No, yo no podré resistir esto, no podré, no podré.
+
+--¡Escúchame, desgraciado, tengo un medio de salvarte, un medio supremo;
+ya lo verás: el prestamista me ha concedido un plazo de veinticuatro
+horas, ¿sabes? y en estas veinticuatro horas se puede volver el mundo
+patas arriba, figúrate. Yo por un lado, tú por el otro: cavaremos,
+cavaremos hasta encontrar esa suma. Nunca me había imaginado esto, pero,
+ha sucedido y debemos remediarlo con algo más positivo que con
+lamentaciones y amenazas: déjate de tiros y de Penitenciaría. ¡Qué
+horror! ¡Había de permitir la Virgen de Luján que tú fueras tratado como
+un criminal empedernido! No, ¡imposible! has cometido una falta grave,
+pero sin medir todo su alcance, ofuscado en esa jugarreta de la Bolsa,
+que yo tanto te incriminaba... Pierde cuidado, tu padre no sabrá nada, y
+ese hombre tampoco, porque, mañana, a estas horas, habremos
+reconquistado el pagaré. Si te digo que tengo un medio, infalible no,
+infalible no, pero... es muy probable... veremos; quiero que te
+tranquilices, hijo mío.
+
+--Es usted muy buena, tiíta Silda, pero, verá usted como todos los
+medios serán inútiles...
+
+--¿Qué sabes? déjame a mí, que yo sé lo que me digo.
+
+Hasta sonreía la infeliz señora, ansiosa de calmarle, de inspirarle
+valor y confianza.
+
+--Pero, tú me has de ayudar, ¿eh? En primer lugar, no haciendo tonterías
+y abandonando esas ideas de desesperación, que Dios condena; luego,
+viendo por ahí... tú tienes amigos ricos, relaciones influyentes: no
+desanimes, hijo mío...
+
+El joven dijo que había visto a muchos amigos, pero sin resultado;
+¿quién presta, sin garantía, treinta mil nacionales? Y misia Casilda,
+recordando a la de Barrientos, contestaba que, efectivamente, muchas
+veces los mejores amigos son los primeros en dar el esquinazo, y que
+vale más dirigirse a los extraños; pues, por dejar de pedir no quedaría,
+y si el medio supremo, el suyo, no resultaba, se hipotecaría la finquita
+o se vendería: con el producto bien podía pagarse al señor Portas y a
+alguno de los demás acreedores, pues si la casa, vieja, no valía gran
+cosa, el terreno, por el sitio, valía mucho.
+
+--¡Ahora!--arguyó Quilito desalentado,--¡imposible!
+
+--¿Y por qué no? todo está en buscar comprador... conque, hijo mío,
+manos a la obra; tu vieja tía ha de salvarte.
+
+Se oyó el golpe del bastón de don Pablo en las losas del patio y sus
+pasos mesurados; Quilito se arrancó de los brazos de la tía y huyó por
+las habitaciones interiores, trepando la escalerilla de su cuarto, donde
+se encerró con doble vuelta.
+
+--¿Quién estaba en la sala, Casilda?--preguntó don Pablo Aquiles
+deteniéndose junto al aljibe.
+
+--Nadie--contestó la señora,--yo sola.
+
+--¿Así, de velo y mantón?
+
+--Es que voy a salir.
+
+--¿A dónde?
+
+--Entra y te lo diré.
+
+Penetró don Pablo en el comedor, y sin quitarse el sombrero ni el
+abrigo, muy risueño, sentóse en el sillón de costumbre, y mirando a su
+hermana, dijo:
+
+--Adivina la gran noticia que traigo...
+
+--No sé...
+
+--He encontrado al oficial mayor en la calle; ¡qué casualidad! y me ha
+sorprendido, hija, porque no imaginaba yo que esto sucedería: asómbrate,
+¡el ministro Ensene ha renunciado!
+
+--¿De veras?
+
+--De veras, parece mentira, ¿eh? pues, sí, señor, el hombro ha caído, y
+vergonzosamente, como tenía que suceder; si le dejan un día más en el
+Ministerio, se lleva hasta los clavos de las paredes. Ahora sí que van a
+empezar a descubrirse las picardías, hija.
+
+--Por mí, que se descubran; como no han de hacerle nada... ¡todavía si
+fuera, para atarle codo con codo y mandarle a presidio! pero ya verás
+como echan tierra al asunto.
+
+--De esta vez, ciertos son los toros: caído Eneene, la ruina de Esteven
+es segura; ¿no ves que era el compadre que le sostenía? Ahí decían que
+en la liquidación última de la Bolsa, de la que Esteven salió tan
+comprometido, el ministro le había echado un cable para salvarle, pero,
+lo que es ahora, el cable se ha roto y mi hombre se hundirá y _¡laus
+Deo_! que bien ganado se lo tiene.
+
+--Pues yo no lo creo, Pablo, mientras no lo vea, no he de creerlo...
+
+Y cambiando de tono, temblándole la voz, añadió:
+
+--Hablemos de otra cosa, Pablo, de algo muy grave.
+
+Don Pablo la miró, y echó de ver entonces que había llorado, que estaba
+pálida y tenía los labios blancos.
+
+--Habla, Casilda, me asustas, ¿qué pasa aquí? ¿dónde está Quilito? ¿a
+dónde ibas?
+
+--Tranquilízate; Quilito está en su cuarto... Yo no quería darte este
+disgusto, me hubiera callado, pero se trata de algo tan grave, tan grave
+que... mira, Pablo, no hay otro remedio, no lo hay, aunque te rompas la
+cabeza buscándolo... Es una humillación para nosotros, lo comprendo,
+pero, ¿qué hacer, cuando la honra y la vida de Quilito están de por
+medio? Si me ves así, Pablo, es que voy... es que voy... a casa de
+Esteven.
+
+El rayo había caído, y sin embargo, don Pablo Aquiles vivía, sentado en
+su sillón, paseando sus ojos atónitos de misia Casilda, inmóvil, a las
+cigüeñas de la pantalla, mudas confidentes de sus cavilaciones, y en
+esta mirada parecía preguntarles qué era aquello, qué significaba,
+aquello, porque él, francamente, no lo comprendía...
+
+
+
+
+IX
+
+
+--Explícate, Casilda, explícate--dijo ansiosamente.--¿Estás tú loca o
+estoy yo idiota?
+
+Y misia Casilda habló, con esa incoherencia de las grandes emociones.
+
+--No, Pablo, es que aquí, en casa, sucede una cosa horrible, una
+desgracia inaudita... ¿ves? ya estoy llorando; no puedo contenerme...
+tengo el cuerpo como si me hubieran dado de palos y alguien se me
+hubiera paseado por encima luego... anoche no he pegado mis ojos,
+cavilando, cavilando... pues, sucede, Pablo, que Quilito, de él se
+trata, desgraciadamente, en ese juego maldito de la Bolsa, ha perdido...
+no sé cuánto, mucho, y debe, y no puede pagar y ese don Raimundo irá
+mañana a casa de Esteven, y esto no lo podemos consentir...
+
+--¿Qué dices, Casilda, qué dices? no te entiendo; hablas de un modo...
+
+--Verás: Quilito, entre otras deudas, debe treinta mil nacionales:
+¡figúrate! treinta mil nacionales, a un prestamista, que ya estuvo hoy a
+cobrarlos el muy sinvergüenza, porque hoy vencía el plazo... ahí tienes,
+¿cómo deja el Gobierno andar sueltos a estos pícaros, que así engañan y
+estafan a niños sin responsabilidad? Porque estoy segura que de esa suma
+Quilito apenas habrá tomado diez mil, y el resto será los intereses del
+usurero... sobre esto había yo de escribir un remetido... ese pagaré no
+debiera ser válido, ¿verdad? naturalmente. Pues, Quilito, sin darse
+cuenta de lo que hacía, con tal de que el prestamista le diera lo que
+necesitaba, ofreció la garantía, ¿de quién te parece? ¡de Esteven!
+¿comprendes ahora? ¿no? está bien claro, Pablo; dijo Esteven como
+hubiera dicho cualquier otro nombre conocido en el comercio...
+
+--No está claro--exclamó don Pablo Aquiles, que iba perdiendo el color y
+la calma,--ningún prestamista da sin una firma de garantía, si la
+persona no le inspira la suficiente confianza, y no podía inspirársela
+un niño de teta como esa desgraciada criatura; ¿has visto tú la firma de
+Esteven en el pagaré?
+
+--No, la firma no--contestó la señora confusa y embrollándose;--pero, en
+fin, yo no entiendo de esto; lo único que puedo decirte es que si mañana
+no entregamos los treinta mil nacionales, el prestamista, que tiene a
+Esteven por fiador de Quilito, no sé por qué, irá a presentar a ese
+hombre la letra protestada: esta es la situación. Cuando yo lo supe,
+figúrate cómo me pondría y qué de cosas le diría a ese mal aconsejado
+niño, porque, no tengas duda, le arrastran los amigotes, y Quilito había
+dado en la manía de hacerse un Creso de la noche a la mañana... ya ves
+si tenía yo razón y no era tan pesimista... Antes de decirte nada,
+intenté allegar recursos, empeñando cuanta antigualla de algún precio y
+chafalonía guardaba en el armario: hasta mi Virgen de Luján ha ido a
+casa del prendero; y no bastando esto, ¡qué había de bastar! me fuí a
+casa de misia Petronila a pedirle un préstamo sobre nuestra casita, y no
+ha querido... ¿qué hacer? el plazo es tan corto, que no da tiempo para
+nada; ¿hemos de consentir que un pagaré firmado por Aquiles Vargas vaya
+a manos de ese hombre? ¡no, por Dios!... he luchado con la idea, he
+luchado, pero no encuentro yo otra solución: Esteven nos ha robado
+nuestra fortuna, la que, por delicadeza y por orgullo, no hemos querido
+reivindicar ante los tribunales, fortuna que ha gozado y sigue
+gozando... pues bien, llega este caso, desgraciado, fatal, y yo,
+apretándome el corazón y pisoteando mi amor propio, voy a Gregoria, que
+dígase lo que se quiera, es nuestra hermana... con él no deseo nada, ni
+verle... voy a Gregoria y la digo: Mira, yo nunca te he pedido nada,
+nunca te he molestado en la posesión de lo que nos dejó nuestro padre,
+pero hoy me pasa esto: Quilito, el hijo de tu hermano y de la hermana de
+tu marido, que es Vargas y Esteven como tú y como tus propios hijos,
+debe esta cantidad, y la honra y quizá la vida le va en pagarla:
+préstame esa suma, Gregoria, y toma mi casa, lo único que poseemos, en
+garantía; ya ves que no vengo a pedirte nada, no vengo a que me des
+nada. Esto o algo parecido la diré, y estoy segura que ha de atenderme,
+porque Gregoria no es mala y si se ha mostrado tan dura para nosotros,
+es porque el marido la domina completamente... Comprendo que, después de
+veinte años de interrupción de relaciones, es humillante, es humillante
+ir a solicitar un favor de este género, pero... ¡hay que salvar la vida
+de Quilito! ¿sabes? me ha dicho que va a matarse, y si él muere, ¿qué
+será de nosotros que no tenemos más luz y más alegría que Quilito?
+
+Eran tales las sensaciones que experimentaba el mísero don Pablo
+Aquiles, que cada palabra de la hermana era una gota de aceite hirviente
+que le caía sobre la piel; se quitó el sombrero y el abrigo, dejó el
+bastón sobre la mesa, volvió a sentarse y a levantarse, paseaba, se
+detenía a escuchar a misia Casilda, hizo ademán de subir a las
+habitaciones altas, para ahogar al calaverilla del hijo; pero se
+contenía y se sentaba otra vez, atusándose el bigote, mordiéndose los
+labios, palmeándose la calva reluciente. Y cuando la señora calló,
+aniquilada, él prorrumpió en amarga lamentación contra la suerte negra
+que le acompañaba en la vida: de niño, torturado por la severidad
+exagerada del padre; de joven, castigado por la pérdida de la mujer y de
+su fortuna, y ahora, de viejo, obligado a abandonar la última ilusión
+que le quedaba y le sostenía: ¡su hijo! Porque, después de esto, ¿cómo
+tener confianza en el porvenir? si para vencer los rigores del presente
+había que agacharse a lamer las botas del aborrecido enemigo...
+
+--No, no, Casilda--exclamó con desesperación,--todo menos eso, todo
+menos eso... Es cierto que no pediríamos sino una parte mínima de lo que
+nos corresponde, y no en calidad de donativo, sino en calidad de
+préstamo, pero siempre sería pedir un servicio, un favor, a ellos, los
+Esteven. ¿Y si no te reciben, desgraciada? ¿y si no te lo hacen ese
+favor que vas a pedirles poco menos que de rodillas, porque no quieren,
+o porque no pueden, arruinados como dicen que están? ¡Sería una
+humillación vergonzosa y estéril!
+
+--¿Qué me importa? Nadie más soberbia que yo, y me humillaré, sin
+embargo, y besaré el suelo, si es preciso; se trata de Quilito que, por
+mi boca, va a pedir lo suyo. Para mí nada quiero: cáscaras comería,
+antes que poner los pies en esa casa. Y si nada consigo, me quedará la
+conciencia tranquila, por haber tentado todos los medios de salvarle.
+
+Con esto no podía transigir don Pablo Aquiles: ¡todo, menos eso! se
+buscaría, se pensaría, se iría a golpear a todas las puertas, y cuando
+todas se hubieran cerrado, entonces... y aun así, ¡quién sabe! Repasó la
+historia antigua de la familia, insistiendo sobre los hechos conocidos
+en que fué triste actor Bernardino Esteven, y en que tan poco airoso
+papel representó Gregoria; recordó sus miserias de veinte años, las
+estrecheces soportadas con resignación y valentía, sin que jamás
+hubieran necesitado pedir limosna a nadie: como se habían bastado a sí
+mismos, y educado al niño de la casa con el mimo y la holgura de un
+señorito rico...
+
+--Y esto lo olvidamos hoy, Casilda, yendo a prosternarnos ante ellos,
+los Esteven. Mira, cuando pienso en lo que ha venido a parar nuestro
+orgullo, todos los nervios me vibran, y pacífico como soy, no sé, siento
+ansias de atropellarlo todo o de romperme la cabeza contra esa pared.
+¡Señor! yo he trabajado honradamente toda mi vida; no he distraído jamás
+un centavo de mi humilde paga, ¡tú puedes decirlo, Casilda! todo para la
+casa, todo para el niño de la casa: que se eduque bien, que se vista
+bien, que viva, que goce... mañana, hombre de provecho, me resarcirá de
+mis desvelos, y esa fortuna que su padre ha perdido, por desgracia y por
+inepcia, lo confieso, él sabrá reconquistarla por medio de la labor
+honesta... en lugar de esto, ¿qué sucede, Casilda? que no contento con
+el sacrificio que le hemos hecho, de dedicar nuestra vida al cuidado de
+la suya, de ahogar nuestros deseos más humildes para dar expansión a los
+suyos, y de haber comprometido nuestra posición modestísima, quiere
+ahora tomar nuestra dignidad, lo único que nos queda, lo único que nos
+ha dejado... ¡No, esto no será, porque yo no quiero que sea! ¿debe? que
+pague; ¿no puede pagar? ¡que reviente!
+
+Estaba transformado don Pablo, y hasta los pájaros de la pantalla
+debieron volver sus cuellos arqueados y sus largos picos, asombrados de
+oír hablar así al viejo pusilánime que, noche a noche, iba a contarles
+sus tristezas.
+
+--¡Ah! Pablo, Pablo--dijo misia Casilda con un suspiro,--no es tu
+corazón el que ahora habla.
+
+Recordarle a ella los hechos pasados, cuando su memoria, reavivada por
+el rencor, se los presentaba día a día, más patentes cuanto más lejanos,
+tenía razón, muchísima razón: era horrible, era injusto, era inicuo...
+ella no excusaba a Quilito, pero, en la situación en que se encontraba,
+había que salvarle, ¿de qué manera? veinticuatro horas hacía que estaba
+sufriendo esta tortura, y no halló más salida que esa, la más difícil...
+Y pensarlo bien, ¿no era más humillante que el pagaré cayera en poder de
+Esteven, quien podía creer que ella y el padre estaban complicados en el
+enjuague?
+
+--Pero, ¿dónde está el enjuague?--replicaba don Pablo.--Esteven dirá al
+prestamista: ¿Y a mí qué me cuenta usted? y le despedirá con cajas
+destempladas. Porque si el prestamista se ha contentado con la palabra
+del chico, ya está aviado.
+
+La señora no tenía argumentos que oponer a estas razones, porque el
+gordo, el de la firma falsificada, no lo largaría ella jamás; pero
+insistió en lo crítico de la situación, en los pasos inútiles que habían
+dado, ella y el mismo Quilito.
+
+--Si tú pudieras hacer algo--decía,--pero no, tienes las manos atadas,
+y, ¿acaso, una finca se enajena con la facilidad de un objeto
+cualquiera? hay que darse cuenta, Pablo, de la espantosa desgracia que
+pesa sobre nosotros. Quilito está obligado a pagar esa suma mañana, y si
+no puede, se matará; le conozco demasiado.
+
+--¡Todo, menos eso!--repetía, don Pablo Aquiles, agitándose en el
+sillón.
+
+Y misia Casilda, aferrada a su idea salvadora, repetía que era pedir lo
+suyo, ahora que se necesitaba, y a título de préstamo: una vez
+reintegrado, que siguieran gozando de la fortuna benditos de Dios,
+porque los treinta mil pesos serían reintegrados y cuanto antes: ese
+dinero les quemaría las manos, con ser de su propiedad, como era. ¿Y
+creía él que ella no sufría de verse en la dura necesidad de recurrir a
+Gregoria, su implacable hermana? Al subir la escalera de aquella casa,
+iba a parecerle que subía los peldaños del cadalso...
+
+--¿Qué hacer, Pablo, si no? ¿qué hacer?
+
+Pero don Pablo no cedía, ceñudo e iracundo. ¡Iba a matarse, decía el
+niño que iba a matarse; después de asesinar a su padre, bien podía
+hacerlo, en desagravio! ¡y asesinado de qué manera! a traición, con
+alevosía.
+
+--¡Ten compasión, Pablo, de él y de mí!--exclamó la señora,--mira, no
+iré a casa de Esteven, si no quieres; buscaremos por otro lado, volveré
+a casa de misia Petronila, correré la ceca y la meca... tú mismo, ¿por
+qué no sales y ensayas? ¡Hay que evitar, a todo trance, que Esteven vea
+el pagaré, a todo trance, Pablo!... No vendré a casa, sino cuando ya no
+pueda más; aunque sea de noche, no te alarmes... Y voy a pedirte una
+cosa: no digas nada a Quilito, que la ocasión no es de recriminaciones.
+Valor, Pablo, valor; verás, la Virgen de Luján nos ha de ayudar... Hasta
+luego, adiós.
+
+Dejóle desplomado en el sillón, tan abatido, que no hizo un movimiento
+para detenerla, no dijo una palabra para estimularla en la espinosa
+jornada que emprendía: el golpe habíalo atontado y se le oía barbotar:
+
+--¡Todo, todo, menos eso!
+
+Misia Casilda salió, con paso resuelto, y tomó la calle de Moreno, rumbo
+al Este.
+
+--Si él supiera, sería el primero en decirme que fuera a casa de
+Esteven, si no iba él en persona... ¡Cómo permitir que ese hombre se
+entere de la vergonzosa acción de Quilito! ¡ay, sólo de pensarlo, la
+cabeza se me va!... ¿Me recibirá Gregoria? Creo que no llevará su rencor
+hasta el punto de arrojarme de su casa; me parece que no voy a poder
+subir la escalera, ya los nervios me bailan y el corazón me da saltos:
+debo estar blanca como un papel... ¿Por dónde empezaré? ¿entraré altiva
+o humilde? humilde, ¡Dios mío! porque voy a humillarme; ¡qué paso tan
+penoso! Sólo por él, por salvarle... si mañana no tenemos la suma justa,
+la falsificación queda descubierta... ¡qué horror! a lo que se exponen
+estas criaturas sin discernimiento; porque Quilito lo ha hecho de
+inocente, de atolondrado... ¡Volver a casa de misia Petronila! ¿a qué?
+para sufrir un segundo desaire: no, lo mejor, es esto; Gregoria no puede
+negármelo: si no es para mí, ni para Pablo, es para el hijo de Pilar,
+una Esteven, ya que desprecia tanto a los Vargas, olvidando el apellido
+que lleva. Entraré y la diré... no sé, no sé; cuando me vea delante de
+ella, después de tantos años... ¡Dios mío! ¡no tendré valor! ¡y si ese
+hombre sale! cara a cara no le he visto, desde aquella vez que le llamé
+ladrón con todas sus letras... ¡Ah! y aquella otra que estuvo en casa,
+de luto, el muy hipócrita, a entregar la herencia irrisoria que se dignó
+concedernos... Llevo toda la sangre revuelta, y cuanto más me acerco,
+más me abandona el valor... Creí que la provisión hecha, después de
+tanto cavilar y llorar, alcanzaría hasta el fin de mi empresa... Vamos,
+Casilda, no olvides que este sacrificio que haces, es por salvar a
+Quilito. Esta es la calle de Tacuarí: me faltan tres _cuadras_ todavía,
+y sospecho que no podré llegar... voy como borracha, ¿qué dirá la gente?
+tomaré un coche... Dame fuerzas, Virgen santísima, para subir este
+Calvario... seguiré a pie, mejor, ya falta poco...
+
+Así pensaba la tía Silda, y según sus ideas, más o menos animosas,
+apresuraba o acortaba el paso; en la esquina de Piedras se paró, porque
+al mirarse en el espejo de un escaparate, se vió de cuerpo entero, la
+estampa viva de esas pobres vergonzantes, viudas de pega, generalmente,
+que andan hocicando en las casas ricas, de mantón y velo color de ratón,
+con lágrimas perennes, como cristalizadas, en los ojos, y en la mano,
+cubierta a medias por mitones agujereados, el certificado, amarillo y
+grasiento, de la parroquia, lleno de borrones y de firmas ilegibles.
+Digo que esto se le figuró a misia Casilda, a causa del estado de ánimo
+en que se encontraba, y comparación tan injusta como ésta no se ha
+hecho, pues señora más atildada y limpita que ella no podía haberla;
+pero lo cierto es que se paró, deseosa de volverse atrás.
+
+--Segura estoy que los criados de Gregoria van a tomarme por una de
+estas mujeres, que piden limosna para el hijo tullido, y no me dejarán
+pasar... esto, si no me traen, de parte de la señora, un puñado de
+cobres... ¡ay, Dios mío! ¿no sería mejor volverme?
+
+Luchando entre su amor propio, que se resistía, y su cariño a Quilito,
+que la empujaba, llegó, y desde la esquina, miró la casa. ¡Cuántas
+veces había pasado por delante, la cabeza muy alta, orgullosa de poder
+proclamar con esta actitud, que no necesitaba de ellos, los Esteven!
+quién la hubiera dicho entonces... Vió ante la puerta dos carros de
+mudanza, y _changadores_ que entraban y salían, y descargaban en la
+acera muebles, cuadros y estatuas; los sillones de brocatel, en medio de
+la calle, las consolas doradas y los vasos de ónix, producían singular
+efecto sobre la alfombra poco limpia del empedrado: era la casa de
+Esteven que se desmoronaba, el lujo arrojado a escobazos por la ruina,
+la soberbia insolente castigada por la justicia; aquellos rudos gañanes
+eran sus ejecutores inconscientes. Misia Casilda se acercó, dando
+vueltas en su imaginación a esta idea:
+
+--¿Será cierto la marcha al Frigal? y si se van al Frigal, ¿será cierta
+la quiebra?
+
+El mal trago, pasarlo pronto: la señora entró, y sufriendo los codazos
+de los mozos mal olientes, a la verdad, subió la escalera sucia de
+polvo, deteniéndose, para dar paso a un mueble que bajaban o a un
+changador, que subía. Arriba, en el vestíbulo, nadie: muebles por todos
+lados, rollos de alfombra y de cuerdas, espejos arrimados a la pared;
+algunas plantas, maltratadas, tristes en medio del desorden: las puertas
+abiertas, mostrando el piso desnudo de las habitaciones... el sol, a
+través de la vidriera, pintaba preciosos cuadritos de color sobre las
+losas de mármol... allá dentro, se oía mucho bregar y voces y el canto
+alegre de un canario.
+
+--Nadie--pensaba misia Casilda,--ni un criado, ¿llamaré? ¡Dios mío! no
+me atrevo; ganas me dan de bajarme y echar a correr... ahí viene
+alguien. ¡Valor!
+
+Cuatro changadores, con el piano en hombros, salieron por la puerta de
+la antesala, y una vocecita fresca decía:
+
+--¡Cuidado! reparar en los cristales y en el farol; más despacio,
+agacharse un poco...
+
+Los mozos, sudando, hipando, echando ternos y cuaternos, avanzaban,
+encorvados, y el mueble, negro y lustroso, parecía un animal extraño, de
+muchas patas; misia Casilda se apartó, y cuando la procesión hubo pasado
+y el piano, dando encontrones, bajaba bufando la escalera, vió delante
+de sí a una niña de trenzas rubias, que la miraba, pasmada de sorpresa.
+Y de pronto, sin saber cómo, sin que ella hiciera un ademán ni dijera
+una palabra, clavada por el estupor y la vergüenza, sintióse la señora
+estrechar en cariñoso abrazo por la niña rubia, y la vocecita fresca,
+que murmuraba:
+
+--¡Oh, tía Silda, tía Silda!
+
+Sin saber cómo tampoco, se vió en una habitación, que no habían
+desguarnecido todavía, ella sentada y la niña a sus pies, besándola, y
+repitiendo:
+
+--¡Oh! tía Silda, tía Silda...
+
+¡Qué buena era! había esperado la hora de la desgracia para venir, para
+ofrecer la reconciliación a sus hermanos arruinados; antes, de ricos, no
+quiso presentarse, sin duda, para que no creyeran que iba a pedirles
+favores, pero, ahora, que la suerte les había hecho iguales, venía,
+noblemente, generosamente, olvidando pasados agravios, a confundir sus
+lágrimas con las de la familia hermana.
+
+--¡Ah, tía Silda, que buena es usted! yo sin conocerla, siempre me la
+había figurado así... Yo soy Susana, su sobrinita, que tanto la quiere,
+porque yo la quiero, tía Silda, mucho, muchísimo; ¡qué alegre estoy! la
+veo aquí y no lo creo... Es Dios mismo quien le ha inspirado este paso,
+y su corazón bondadoso: yo siempre rogaba por usted y por el tío Pablo,
+y pedía en todas mis oraciones que la reconciliación se hiciera, porque
+no había razón, no había razón... ¿Vendrá también el tío Pablo? hoy es
+día de fiesta para mí, y eso que debiera estar triste, porque, ¿ve usted
+tía? estamos de mudanza, los muebles van al remate y nosotros al
+Frigal... pobres como usted, tía Silda, pobres, después de haber tenido
+tanto. Pero, esto no es una desgracia, ¿verdad? la pobreza es la menor
+de las desgracias... Dígame algo, tía, dígame que quiere mucho a su
+humilde sobrinita...
+
+Misia Casilda, conmovida, besó a Susana con placer inefable; no se
+cansaba de mirarla y de oírla, tan bella y tan discreta, la santita de
+la casa, como sabía que la llamaban: era digna, sí, de ser amada, y el
+pobre Quilito no exageraba cuando hacía su entusiasta panegírico... Ya
+la niña se había levantado y hablaba gozosa, de ir a llamar a su madre.
+
+--Verá qué contenta se pone, tía Silda, porque ella la quiere, en el
+fondo, en el fondo, la quiere...
+
+Pero, misia Casilda, temerosa, la retenía, diciendo que no deseaba
+incomodar, que se marchaba.
+
+--¡Marcharse usted! no faltaba más, tía, sin ver a mamá.
+
+Se escapó, gritando alegremente:
+
+--¡Mamá! ¡mamá!--como un ángel que va a anunciar la buena nueva.
+
+La señora se había puesto de pie, pálida como un cirio... y si sus
+piernas la hubieran obedecido, habría huído de aquella casa, donde nada
+tenía ya que hacer, puesto que su intención era otra bien distinta de la
+que la santita le prestaba: repugnábale pasar por más generosa de lo
+que, humanamente, se creía capaz... Y se oyó la vocecita fresca:
+
+--¡Es la tía Silda, mamá, es la tía Silda!
+
+Y cuando ésta buscaba con los ojos espantados un agujero donde meterse,
+donde no la vieran, misia Gregoria se presentó, traída de la mano por
+Susana, radiante... En la puerta se detuvo y las dos hermanas, frente a
+frente, se miraron, con asombro de verse así, tan cerca, después de
+veinte años; ni una ni otra habló, rígidas las dos: Susana empujó a la
+madre suavemente.
+
+--Es la tía Silda, mamá; abrázala, porque es muy noble lo que ha hecho,
+de acordarse de nosotros, ahora que ya no somos ricos.
+
+La de Esteven, arma en ristre, asestó el primer golpe, diciendo entre
+dientes, con amargura:
+
+--¡Ah, tú aquí! ¡vienes a gozarte, sin duda, en mi desgracia!
+
+El tono era injurioso; la actitud, provocativa. Pero, misia Casilda, que
+iba desarmada, se adelantó, tendiendo su mano.
+
+--No, Gregoria, no--dijo,--vengo a verte... simplemente.
+
+Susana dió nuevo empujoncito a la madre, y misia Gregoria tomó la mano
+que se la ofrecía... Y blandió el arma otra vez.
+
+--¡Ahora te acuerdas!
+
+Las dos manos se soltaron, después de rozarse tibiamente; y ambas
+hermanas sentáronse, Gregoria, pronta siempre a herir; Casilda,
+resignada a sufrir, sin dar el cambio, todos los golpes, que le fueran
+dirigidos. La de Esteven pensaba:
+
+--¿A qué vendrá ésta? ¿qué mosca la habrá picado? ¡es ocurrencia!
+después de tantos años... y cuando nadie la llamaba; ella no podrá decir
+que haya hecho yo la menor insinuación. Si creerá que esta visita de
+desagravio va a hacerme olvidar su conducta con nosotros... pero, ¡ya
+caigo! tú vienes por el renacuajo, a ver si así, después de este paso,
+logras meterlo en la casa... ¡pero ya escampa!
+
+Y la de Vargas:
+
+--¡Siempre la misma! no sé cómo he podido yo figurarme que iba a
+recibirme de otra manera... ¡si no tiene corazón! ¿Por qué no habré
+escuchado a Pablo? me he humillado inútilmente... tres puntos en la
+lengua me daré, antes de pedirle nada; además... ¡están arruinados! era
+cierta la quiebra. Quisiera estar a cien leguas, no haber venido. ¡Ah,
+Quilito, Quilito!
+
+El silencio se hacía embarazoso. Misia Casilda dijo, mirando a Susana:
+
+--¿Esta es la mayor, Gregoria?
+
+--Sí--contestó la de Esteven,--la mayor.
+
+--Y a Angelita, ¿no la conoce usted, tía Silda?--intervino la niña,
+viendo que el silencio volvía.
+
+--La conozco, sí, de vista.
+
+--La llamaré...
+
+--Déjala; no quiero molestarla.
+
+--Voy a llamarla.
+
+Y escapó. Las dos hermanas, solas ya, mirábanse de reojo.
+
+--¡Qué tiempo tan hermoso!--dijo la de Vargas.
+
+--Muy hermoso--repitió la de Esteven,--no parece de invierno.
+
+--No parece, no... de modo que... ¿se van ustedes al Frigal?
+
+--Sí, nos vamos al Frigal.
+
+Esto dió pie a misia Gregoria para hablar de la situación, de cómo
+estaba todo, los alquileres por las nubes... luego, ¡la dichosa Bolsa!
+El que entra allá, sale sin pellejo. Así es, que se iban a la
+_estancia_, a reponerse; lo que no le daba vergüenza confesar, porque no
+era ella la única...
+
+--Si es la peste que tenemos encima--apoyó misia Casilda,--no sé
+nosotros lo que haremos, sin _estancia_ dónde refugiarnos... pero
+felizmente, hasta ahora no nos podemos quejar.
+
+Nuevo silencio, que una y otra interrumpían para decir una frase vulgar
+sobre la vida del campo, el trabajo que da una mudanza... La de Vargas
+pensaba:
+
+--Ni una palabra me ha dicho de Pablo, ¡qué mala es!... y tanto hablar
+de su estado de fortuna: sin duda teme que yo le pida algo; me guardaré
+bien de hacerlo. ¡Ay! ¿por qué habré venido?
+
+Y la de Esteven:
+
+--¡No me ha preguntado por Bernardino! ¡qué rencorosa es!... he de
+insistir en lo de nuestra ruina, porque viene a _pechar_... ya me ha
+echado una indirecta sobre la _estancia_.
+
+Vino Susana con Angelita, y ésta, desgreñada, mordiéndose las uñas, se
+paró delante de misia Casilda, con aire de pifia...
+
+--Esta es Angelita--dijo Susana risueña, presentándosela.--Abraza a la
+tía Silda, Angelita.
+
+--Ven, monina; ¡qué pícara es! tiene tus ojos, Gregoria.
+
+La besó, y la muchacha, en vez de devolver la caricia, soltó una
+carcajada estridente.
+
+--¡Ah! la tía Silda, ¡ja, ja, ja, ja!
+
+Y salió del cuarto riendo y haciendo cabriolas.
+
+--Es una loca--observó misia Gregoria,--está furiosa porque nos vamos al
+Frigal, ¡figúrate!
+
+Susana, avergonzada, dijo que la hermanita era una muchacha sin juicio,
+de la que no podía sacarse partido; Jacinto era otra cosa; no estaba
+allí en aquel momento, si no le llamaría, para que la tía le conociera y
+viera qué serio y qué hombre estaba.
+
+--Papá se fue ayer a Montevideo--añadió la niña,--y no vuelve hasta la
+semana entrante, que se irá al Frigal con nosotros; él va a sentir mucho
+no haberla visto, tía Silda...
+
+La de Vargas movía la cabeza, con una sonrisa forzada en los labios
+pálidos.
+
+--¡Ah! está en Montevideo... ¡Ah! sí, en Montevideo.
+
+Y misia Gregoria, con indiferencia estudiada, explicó que Esteven se
+había ido por sus negocios: un paseo de ocho días y nada más. Este
+nombre, torpemente lanzado por la inocente niña, acabó de helar la
+entrevista, ya de suyo glacial; misia Casilda esperaba el momento de
+poder levantarse, y misia Gregoria deseaba impaciente verlo llegar. Las
+miradas de reojo decían ahora: la de Esteven:
+
+--¿No te vas todavía? ¿qué esperas? Ya habrás comprendido que nosotros
+somos como el aceite y el vinagre, y que si no te he echado de casa, ha
+sido por no dar escándalo, y de lástima de ver cómo te has agachado a
+pedir perdón... Es en balde, hija; nunca nos entenderemos nosotros... lo
+que yo siento, es no saber a qué has venido...
+
+Y la de Vargas:
+
+--¿Me despediré ya? me parece que aquí estoy de más... No, si no podía
+ser de otro modo: con Gregoria nunca hemos congeniado, y lo que ha
+habido entre nosotros, no es cosa que pueda olvidarse... Sin embargo, la
+verdad es que me ha recibido, con política, si no con cariño... que
+nunca podrá existir, ¡nunca!
+
+Y Susana se entristecía, viendo que la reconciliación no era sellada con
+un abrazo fraternal; allí estaban las dos, hablando de cosas
+indiferentes, como personas extrañas; ¡y cuánto tenían que decirse, sin
+embargo! ¿no valía más explicarse de una vez? ¿por qué se mostraba tan
+intratable la madre, cuando la otra había dado, la primera, el gran
+paso? ¡Por Dios! cuántas ilusiones se forjara en los breves instantes
+que la tía Silda estaba en la casa; cuando la descubrió en el vestíbulo,
+parada, como una evocación; cuando la vió darse la mano con su madre...
+¡Era su magna empresa realizada! el Señor la había escuchado, y su
+corazón latía de amor y de esperanza. Pero, así que misia Casilda se
+levantó, en medio de un silencio más largo que los otros intervalos de
+la conversación desganada, que habían sostenido con la punta de los
+labios, Susana se abrazó a ella, suplicándola no se marchara todavía.
+
+--Aquí estoy molestando, hijita, estáis muy ocupadas...
+
+La de Esteven, de pie, no decía nada. Y cuando misia Casilda extendió la
+mano, en señal de despedida, ella la tocó con la punta de los dedos,
+articulando un adiós tan frío, que se le quedó congelado entre los
+dientes. Acompañóla hasta el vestíbulo, y allí, en la puerta de la
+antesala, con una inclinación seca de cabeza, la despidió, volviendo
+luego la espalda, para hablar a los changadores... Susana besaba a la
+tía.
+
+--Prométame que no será ésta la última vez que vendrá--murmuraba
+desolada,--usted es buena, tía Silda, y dispensará a mamá: ella es así,
+pero en el fondo, la quiere... ¿Vendrá pronto? ¡y si no, porque no
+estaremos, yo iré a visitarla a su casa, iré con muchísimo gusto, tía!
+
+La señora retribuyóla sus caricias, prometiéndola cuanto quiso
+pedirla...
+
+--¡Pobrecita! es un ángel, no puede negarse--decía misia Casilda bajando
+la escalera.
+
+Y Susana, llorando, la tiraba besos como quien echa flores, con el
+presentimiento que ya no vendría más, porque la reconciliación no se
+había pactado... no, no vendría más; su empresa había fracasado y su
+corazón, de duelo, ya no latía como antes. Pobre santita de la casa, que
+así, en un momento, viera trocarse la miel en acíbar...
+
+Ya en la calle, misia Casilda no supo adónde ir; estaba tan quemada de
+la conducta de Gregoria, que se asombraba de su propia paciencia: cómo
+había soportado en silencio el par de bofetadas con que la obsequió al
+entrar, sobre todo aquel _ahora te acuerdas_, que llevaba más filo que
+un puñal florentino; y luego el aire, la cara, el tono, cual si le
+debieran y no le pagaran... ¡Valiente papelón había hecho, y todo para
+salir como rata por tirante! ¡Qué candor el suyo de creer que iba a
+conmoverse Gregoria con solo verla, que iba a sentirse tocada en el
+corazón ante aquel acto de nobleza! Si en Gregoria no había que buscar
+más que a la hembra y a la madre, pues fuera del instinto ciego por su
+hombre y por su prole, no se encontraban en ella rastros de otra clase
+de sentimientos, y esto habíalo probado muchas veces y acababa de
+comprobarlo ahora. ¡Ah! si el pagaré falsificado llegaba a sus manos, la
+suerte de Quilito estaba jugada; felizmente, Esteven había marchado a
+Montevideo... Esto daría algún respiro, un plazo de ocho días era mucho
+en las presentes circunstancias; entretanto, se buscaría con linterna un
+comprador para la casa, o se harían diligencias para hipotecarla...
+Pero, esta pálida esperanza no podía endulzar el trago amargo que la
+señora acababa de pasar: sus mejillas de muñeca brotaban fuego, y la ira
+contra sí misma por haber cedido a aquella idea de reconciliación tardía
+y de fines interesados, se mezclaba a la que sentía contra su hermana,
+tan orgullosa en la misma desgracia; si llega en otro momento, y pide,
+la hubiera recibido de idéntica manera y despedido con un _no_ tan frío,
+como aquel _adiós_, que parecía un puntapié.
+
+--Y yo callada--decía misia Casilda, caminando sin rumbo,--como si no
+tuviera lengua para decirle cuatro frescas; se me han quemado los
+libros: cuando comprendí que mi visita era inútil, debí erguirme y
+tratarla de igual a igual; ¿a qué humillarse? Creo que me he contenido
+porque estaba delante aquel ángel, que no parece hija suya, si no... nos
+hubieran oído los sordos, señora Gregoria... a Pablo no le hablaré jota
+de esto, porque se enfermaría, y con razón, como voy a enfermarme yo, de
+seguro... pero, ¿a dónde voy? no sé, no sé... a casa no me vuelvo así,
+con las manos vacías; mi gran recurso ha hecho fiasco. ¡Dios mío! estoy
+tan desesperada, que me arrojaría bajo ese tranvía que pasa... Yo pienso
+que estos golpes de la vida la endurecen a una el corazón: estoy
+contenta, sí, señor, de que haya tronado el ladrón de Esteven. Dios
+castiga sin piedra ni palo: toma, toma... a comer cardos al Frigal
+ahora... ¿a dónde voy? ¿a dónde voy?
+
+Se acordó de míster Robert. Muchas veces le había oído a Quilito
+ponderar aquel hombre, elogiando su honradez, su contracción, su
+inteligencia; y cuando ella lo sacaba de ejemplo, estimulándole a
+imitarle, el joven hacía burlas.
+
+--Si eso no sirve para nada en el comercio, tía; hoy el que no es vivo y
+no sabe pasar por todo, con arte, se fastidia: míster Robert, por culpa
+suya, no ha de caer, pero le empujarán por detrás, y le tirarán de
+cabeza, por _zonzo_, usted lo verá.
+
+Ella, escandalizada de tales teorías, le zurraba de firme, con aquel
+látigo de la moral casera, que tan bien sabía manejar... Puede ser;
+míster Robert la auxiliaría con algún consejo, si le encontraba en el
+escritorio, que no le encontraría quizá, por ser día de fiesta.
+Dirigióse a la calle Piedad: ella sabía que el escritorio estaba al lado
+de una tienda de juguetes y de una agencia marítima, pero pasó y repasó
+sin dar con él: miraba las tablillas de las puertas y no veía el nombre
+de Esteven... Aquí está la juguetería, cerrada; aquí está la agencia,
+cerrada; ¿será esta? habían sacado las tablillas, pero la puerta no
+parecía cerrada: empujó, y en la mampara de pino, imitando la caoba, vió
+una chapa de porcelana con letras negras, que decía: Esteven y Compañía.
+Aquí es... La señora entró.
+
+Tres hombres había en el escritorio: uno, muy rubio, montado a caballo
+sobre un banco alto, y dos, de barba, con los sombreros puestos,
+paseando. Y el rubio decía:
+
+--Esta es la situación: yo fuí y le hablé claro al padre y le mostré el
+estado de la caja y de los libros: un pasivo de doscientos cincuenta mil
+nacionales. Empeñarse en seguir era locura, porque en vez de ponernos a
+flote, íbamos a hundirnos más, y con el capital a perder el crédito, es
+decir, el mío, que el del socio ya andaba por los suelos, desde que su
+nombre salió en la pizarra de la Bolsa, por no poder pagar... Ese día,
+yo me resolví a la liquidación; felizmente, Esteven ha estado muy
+razonable, lo confieso, y bien pudo no estarlo en medio de sus
+compromisos, haciéndose cargo de la mayor parte del pasivo; pero,
+cincuenta mil nacionales para mí es mucho, es todo, es la ruina otra
+vez... ¡y va la tercera! Si esto es justicia y vale ser honrado, para
+hacer el papel de víctima siempre, que venga Dios y lo vea...
+
+--¿Y usted cree que los bienes de Esteven alcanzarán a cubrir los
+créditos?--preguntó uno.
+
+--Eso mismo se ha discutido en el concurso de acreedores--respondió
+míster Robert,--y hasta se piensa que sí... Es indudable que, sin la
+salida del doctor Eneene del gabinete, Esteven se hubiera repuesto
+pronto: todos sabemos sus afinidades oficiales y el uso que hacía de
+ellas, pero este golpe ha acabado de partirlo.
+
+--El viaje a Montevideo me huele a mí a fuga--dijo el otro.
+
+--Volverá o no volverá, pero los bienes responden de sus compromisos y
+los acreedores no se preocupan de su salida de Buenos Aires; lo que sí
+puedo asegurarles a ustedes es que el famoso don Bernardino es tipo de
+volver a dominar la plaza; ya le veremos entrar triunfante, de nuevo.
+
+--¿Y usted, amigo Robert?
+
+--No sé todavía... ni quiero pensar lo que haré... iré a cavar la
+tierra, ¿no es mejor? ¡Ah! ¡la Bolsa, la Bolsa! no la pizarra, las
+columnas hubiera querido yo arrancar, como Sansón, para hacer desplomar
+el templo maldito...
+
+Misia Casilda, que había entrado sin ruido, parada junto a la mampara,
+tosió para llamar la atención: el inglés saltó del banco y vino a ella.
+
+--Señora...
+
+--No se moleste usted, volveré más tarde...
+
+--¿A quién tengo el honor...?
+
+--Soy la tía de Aquiles Vargas.
+
+Ya los otros se despedían.
+
+--No faltarme esta noche--dijo míster Robert,--hoy es el santo de mi
+padre, y mal que mal, lo celebraremos con pasteles hechos de manos de mi
+mujer.
+
+Salieron los dos, y el ex socio de Jacintito condujo a la señora al
+sofá.
+
+--Usted dirá, señora...
+
+--Pido a usted mil perdones, caballero, si he venido a importunarle,
+pero, usted conoce a mi sobrino, y por él conozco yo sus cualidades
+recomendables...
+
+Misia Casilda, francamente, no sabía cómo exponer el asunto que la
+llevaba, de modo que lo entendiera míster Robert y el buen nombre de
+Quilito no sufriera menoscabo.
+
+--Esto es una consulta de médico, más bien--insinuó sonriendo
+tristemente.
+
+Dijo que a él acudía, como hombre práctico en negocios, y perdiéndose en
+un laberinto de circunloquios, explicó a su manera el apuro en que se
+encontraba: un pagaré a saldar al día siguiente, una casa con qué hacer
+frente a este saldo y un comprador que faltaba, ¿qué podía intentarse?
+El caso era grave.
+
+--Y tiene todos los síntomas de la peste actual, señora--observó míster
+Robert;--lo malo está que la botica grande, es decir, los Bancos, no
+despachan ya. A su sobrino de usted se lo advertí que tuviera cuidado
+con el contagio...
+
+--¿Y yo, señor Robert? he gastado más saliva...
+
+--Tanto andar con el apestado del primito...
+
+--Eso es, ¡los amigotes! Así se lo decía hoy a mi hermano; pero, en fin,
+señor Robert, espero que usted me dará un consejo o una información que
+me sea útil; yo quiero vender esa casa, o hipotecarla o darla en
+garantía de préstamo, ¿es posible esto en las veinticuatro horas?
+
+--Señora, hay casos, como éste, en que la sangría está indicada: acuda
+usted a los prestamistas particulares, a don Raimundo Portas, y no cito
+más que uno, que tiene una lanceta y un pulso de operador admirables.
+
+--No, don Raimundo Portas, no--exclamó misia Casilda con alarma poco
+disimulada.
+
+--¿Por qué no ve a Rocchio, el corredor?
+
+--No, Rocchio, no--dijo la señora, rechazando este nombre con igual
+alarma que el primero.
+
+--Pues, entonces, voy a darle una tarjeta mía para un capitalista (a
+usted le parecerá mentira que en esta época exista pájaro tan raro) de
+mi conocimiento: es un hombre que tiene su capital saneadito, pues no se
+ha metido en especulaciones, y compra ahora a bajo precio todas las
+propiedades que puede acaparar; la mía, lo único que poseía, ha pasado a
+sus manos así, en venta particular y por una suma irrisoria; debo
+prevenirla, pues, que la operación será dolorosa.
+
+--A todo estoy preparada, señor Robert--contestó misia Casilda
+suspirando.
+
+Y el inglés fué a extender la receta, como decía él con amarga ironía y
+la entregó a la tía de Quilito.
+
+--Calle de Santa Fe--leyó ésta;--lejitos es; tomaré el tranvía. Señor
+Robert, muchas gracias...
+
+Despidióse a estilo vulgar, con ofrecimiento del domicilio y de sus
+servicios, y salió con más ánimo. ¡Qué trotar aquel día la infeliz
+señora! No alcanzó el tranvía, y se fué a pie, porque tampoco halló
+coche, y después de media hora de caminata, llegó a la casa indicada, y
+tocó el llamador: nadie; subió la escalera de caracol, y en el primer
+descanso, dió dos palmadas: silencio siempre; derrengada casi, sin
+alientos, siguió subiendo, y allá arriba, campanilleó largo rato, hasta
+que salió un chico, con cara de Judas, y dijo que el señor no estaba. ¿A
+qué hora volvía? muy pronto, si quería esperar, que esperara. No había
+banco en el recibimiento, y como el condenado aquél no la invitó a
+pasar, misia Casilda se sentó en un tramo de la escalera; ¡ganas de
+llorar tenía! ¡con tal que pudiera entenderse con aquel hombre! Esperó
+mucho tiempo, envuelta en el mantón, conteniendo las lágrimas,
+suspirando, ya de angustia, ya de impaciencia, y se colgó otra vez de la
+campanilla, y el Judas salió y con modos dignos de su catadura, dijo
+que no había nadie en la casa, y que si venía por limosna, que podía
+marcharse, porque el _patrón_ no la recibiría.
+
+--No, hijo--contestó la señora con blandura,--no vengo a pedir limosna.
+¿Tengo yo facha de pordiosera? Si el señor no está, dime dónde puedo
+encontrarle, porque necesito verle con urgencia.
+
+--Pues el patrón... estará en casa de su compadre, calle de Entre Ríos.
+
+Apuntó el número misia Casilda, y bajó aprisa; ni tranvía ni coche a
+mano tampoco esta vez: anda, anda, anda. Y la gente, endomingada,
+paseaba alegre, y el sol y el cielo parecían más risueños que nunca. Era
+el de la calle Entre Ríos un caserón de planta baja; desde la acera se
+veía jugar a varios muchachos en el patio: cuando la señora se acercó a
+la reja, apenas podía hablar, de cansancio.
+
+--¿El señor de tal?
+
+Los chiquillos la rodearon: uno le sacó la lengua, otro le tiró del
+mantón, y todos pusiéronse a hacerle pitos, descaradamente... Vino un
+criado y dijo que el señor de tal se había marchado ya...
+
+--¡Dios mío! ¿volveré a la calle de Santa Fe? ¿y si no le encuentro? son
+las cinco; pronto obscurecerá... ¿y Quilito? llegar así, ¡sin adelantar
+nada! me voy a casa de misia Petronila: un desaire más, ¿qué importa? En
+caso de deshaucio, escribiré esta noche a ese caballero... ¡yo no me
+rindo!
+
+Anda, anda, anda. Cuando entró en casa de la de Barrientos, no se
+atrevió pasar del vestíbulo, porque oyó mucho holgorio en la sala:
+voces y carcajadas y bailables tocados al piano, que se interrumpían
+para cantar nombres, aclamados y festejados con risas y redobles de
+teclas.
+
+--Están jugando a las cedulitas--pensó misia Casilda,--ahora caigo: si
+ayer me invitó ella, diciéndome que pasaría un buen rato. ¡Ay! muy
+bueno, muy bueno, lo estoy pasando. No, ahora no puedo entrar; volveré a
+la calle de Santa Fe.
+
+Anda, anda, anda. De la calle de Santa Fe a la de Entre Ríos, de ésta a
+la de Suipacha, donde vivía don Raimundo, de aquí otra vez a la de Santa
+Fe, y por último, ya encendidos los faroles, a su casa, cuerpo y
+espíritu abatidos por la fatiga y el poco éxito, pues no encontró lo que
+buscaba, ni logró ver a nadie: en la puerta, tropezó con don Pablo
+Aquiles, que llegaba. Miráronse.
+
+--¿Nada?--preguntó don Pablo.
+
+--Nada--respondió misia Casilda. ¿Y tú?
+
+--Nada--contestó él sombríamente.
+
+Entraron en el comedor y se sentaron: la lámpara brillaba en medio de la
+mesa, tendida ya con la prolijidad de siempre. Y don Pablo contó el
+empleo de su día:
+
+--De aquí, sin querer ver a ese desventurado niño, porque no podría
+verle, Casilda, no podría verle... ¡me ha destrozado el corazón! me fuí
+en busca del habilitado y del subsecretario y les dije no sé qué: hasta
+creo que he llorado... Mi intención era pedir un adelanto que, unido a
+lo que tú has recaudado con las alhajitas, pudiéramos ofrecerle a ese
+caimán de prestamista, que ya se contentaría con una parte ahora... y
+si no se contentaba, menudo escándalo le armaba yo, por andar en
+semejantes tratos con menores de edad; pues nada, hija; me hicieron
+tanto caso, como a un perro: que no podía ser, que la acefalía del
+Ministerio... ¡Mira por donde vine a lamentar no estuviera Eneene en su
+poltrona! Entonces hablé a un ricachón que yo conozco, y a uno de estos
+que comercian con los sueldos de los empleados, pero, como me veían con
+la soga al cuello, me hicieron tales ofertas que, de aceptarlas, estaría
+condenado a trabajar para ellos, viviendo del aire, unos dos años... y
+me he vuelto, corrido, desesperado, porque, la verdad, hay que salvar a
+ese muchacho... la cosa no tiene vuelta. Y tú, ¿dónde has estado?
+
+Tocóle a misia Casilda el turno de relatar su odisea, y lo hizo a
+tropezones, balbuciente, temerosa de delatarse ella misma con sus
+reticencias o sus rodeos.
+
+--Pues, yo, Pablo...
+
+Insistió sobre su consulta a míster Robert, elogiando su amabilidad y su
+tacto: a la verdad, el único resultado obtenido era la recomendación del
+inglés para aquel individuo, que nunca estaba en su casa... pero se
+guardó bien de aludir remotamente siquiera a la entrevista desgraciada
+con la hermana, con Gregoria. No lo decía y esquivaba la mirada de don
+Pablo, porque estaba segura que, si sus ojos se encontraban, entregaría
+su secreto sin resistencia; y don Pablo la preguntaba, la apuraba,
+espiando sus gestos, desmenuzando el sentido de sus palabras, cual si
+sospechara que algo había oculto y no quería mostrársele. Por último,
+cara a cara, hizo la pregunta, a quemarropa:
+
+--Pero... en casa de Esteven, ¿no estuviste?
+
+--¡No, no, no he estado!--contestó con aplomo misia Casilda.
+
+Y cada una de estas negaciones, la reforzó con movimientos enérgicos de
+cabeza. Turbada, sin embargo, se levantó a desprenderse el velo, dando
+la espalda al hermano, por temor de que sus colores la vendieran; y se
+puso a mover platos y copas para mejor disimular.
+
+--Has hecho bien--decía don Pablo Aquiles,--te aseguro que me has tenido
+con el alma en un hilo, de pensar que irías... ¡imagina! después de
+veinte años, separados por un rencor cada vez más vivo, presentarse así,
+de sopetón, a pedir, ¡porque tú ibas a pedir, Casilda! no te hubieran
+dado nada, hija, y habrías sacado lo que el negro del sermón, ítem más,
+el amor propio herido.
+
+--¿Digo yo lo contrario, Pablo? Pero la desesperación me excusa de
+haber... tenido la idea, porque, no ha sido más que una idea loca, de ir
+a casa de Esteven; ¡hacerme yo ilusiones de Gregoria!
+
+--Entretanto...
+
+--Entretanto, Pablo, es preciso pensar, buscar: mañana vence el plazo,
+¿ves? esta noche debieras ir tú a casa de ese aprovechado capitalista,
+que dice míster Robert: de noche será fácil encontrarle, si no, Pablo,
+no sé, no sé...
+
+--¡Iré, ya lo creo que iré! ¡todo, todo, menos eso!
+
+Misia Casilda pasó a su cuarto, impotente ya para seguir fingiendo, y
+echada en el reclinatorio, delante del nicho desierto, lloró largo
+rato...
+
+--No, no se lo diré, porque se moriría... felizmente, nada le pedí a
+Gregoria, nada, pero, aun así, ha sido humillante mi visita... ¿qué no
+haría yo por salvar a Quilito? ¡y si no se logra tapar la boca al
+portugués, no le salvaremos, no! ¿Cómo he de estar yo tranquila, si sé
+que la honra de nuestro apellido anda en juego? ¡Madre mía, aunque te
+halles ausente ahora, tú me oyes, no nos desampares!
+
+Trataba de ahogar los sollozos y no podía; don Pablo Aquiles la
+sorprendió así, y, aunque afligido, hizo la comedia de que se enfadaba,
+por lo flojas que son estas mujeres, que todo lo abultan y ennegrecen.
+
+--Vaya, mujer, no te pongas así; con lloriqueos no vas a remediar lo que
+está hecho. Si para mañana no tenemos el dinero suficiente, yo me
+encargo de amansar al prestamista: y en último caso, hija, le ofrecemos
+la finquita, aunque vale más del doble; que la venda y se cobre o que se
+quede con ella y se la coma entera; en cuanto a Quilito, déjalo por mi
+cuenta: en adelante, a sus estudios, y a llevar vida de pobre... No seas
+tonta, no creas en eso de tiros y puñaladas: todos los muchachos dicen
+lo mismo, cuando algo les contraría. ¡Cuántas veces me he suicidado yo,
+así, de boca!
+
+La obligó a levantarse y llevóla al comedor, diciendo jovialmente, para
+darle ánimo, que tenía mucho apetito, ¿qué _menú_ había? Como día de San
+Juan debía haber algo de extraordinario; la señora, silenciosa, se
+entretenía en arreglar el cubierto del niño, mirando el lustre del
+cuchillo, los dientes del tenedor, palpando el pan, a fin de verificar
+si estaba tierno o no... Don Pablo paseaba, vuelto a su sombría
+preocupación... En la chimenea el viento soplaba lúgubremente... Pampa
+entró, preguntando si servía la comida.
+
+--¿Está el niño arriba?
+
+--No, señora.
+
+--¿Cómo? ¿ha salido?
+
+--Sí, señora.
+
+--¿Lo oyes, Pablo? Quilito no está en casa.
+
+--Ya volverá, hija...
+
+--Bueno, le esperaremos.
+
+El corazón se le había oprimido tanto, tanto, que no podía respirar; fué
+a la puerta del patio interior y miró a ver si había luz en el cuarto de
+Quilito, y estuvo mucho tiempo, con la frente sobre el vidrio helado, en
+la otra que caía al patio principal, y de donde podía verse el zaguán y
+la calle: las seis, las seis y media, las seis y tres cuartos...
+
+--¿Qué hora tienes, Pablo?
+
+Cuando él decía la hora justa, ella suspiraba y el corazón se la oprimía
+más, todavía más; pasó a la sala, abrió la ventana, y a pesar del frío,
+se estuvo asomada, espiando el paso de los transeuntes.
+
+--Ahí viene alguien, ¿será él? parece que se detiene... no, sigue; ahí
+viene otro, pero pisa más fuerte que él...
+
+Volvió al comedor; eran las siete, las siete y cuarto, las siete y
+media; no, a Quilito le había ocurrido algo. Tan asustada estaba misia
+Casilda, que el mismo don Pablo se alarmó.
+
+--Te has empeñado en que tiene, por fuerza, que suceder algo... ¡qué
+mujeres! llamaremos a Pampa.
+
+Interrogada, la india declaró que el niño había salido casi detrás de la
+señora; que, antes, subió ella al cuarto, para arreglarlo, y el niño la
+despidió, diciendo que _ya_ no valía la pena...
+
+--¿Ves, Pablo? Ese _ya_ quiere decir mucho.
+
+--¡Qué disparate! si esta china condenada no sabe lo que dice; a ver,
+¿qué hacía el niño cuando entraste?
+
+--Pampa no sabiendo.
+
+Y añadió que le encontró con los pelos revueltos, muy agitado, y la
+regaló un cuaderno con figuras.
+
+--¡Qué desatinar de muchacha!--exclamó don Pablo,--si estaba así, como
+lo pintas, ¿cómo iba a regalarte estampitas? Un buen sopapo te debió
+dar, por lengua larga; retírate, si no quieres que te lo dé yo.
+
+Pero ya misia Casilda había cogido la lámpara, y dijo que iría al
+cuarto, a ver... Quizá, el joven había vuelto y no lo sabían; la señora
+delante, alumbrando, don Pablo detrás, y la india de escolta, subieron
+la escalerilla, defendiéndose del viento huracanado, que quería matar la
+luz. Arriba, faltóle el valor a la señora y entregó la lámpara a su
+hermano, pidiéndole entrara primero... Ya le parecía ver el cuerpo de
+Quilito, inanimado, en medio de la pieza. Don Pablo tomó la lámpara, y,
+¿era el viento o eran sus nervios? la lámpara bailaba en su mano, a
+riesgo de volcarse. La puerta estaba entreabierta, y entraron... En el
+cuarto de estudio, todo en su sitio: los libros sobre la mesa, un
+montoncito de papeles rotos sobre la carpeta... En el dormitorio, nada
+ni nadie: la colcha de la cama revuelta, como que el cuarto estaba sin
+aviar, según propia confesión de Pampa, a quien el niño había dicho que
+_ya_ no hacía falta.
+
+--¿Te convences, Casilda?--dijo don Pablo,--con tus exageraciones eres
+capaz de volver loco a cualquiera; bajemos, que Quilito no debe tardar.
+
+--Aquí hay un papel--saltó de pronto la señora.
+
+--¿Qué?... ¿dónde?
+
+--Aquí, en la almohada, prendido con alfiler.
+
+Se abalanzaron a la almohada, pero ni don Pablo ni misia Casilda podían
+desprenderle, tal temblor les entró a los dos; cuando lo tuvieron
+delante de los ojos, no podían leer, porque el susto les cegaba.
+
+--Lee, Pablo, que mis ojos no distinguen nada.
+
+--Lee tú, más bien, hija, tengo la vista nublada. Vete, Pampa, aquí
+estorbas.
+
+Cuando la india se marchó, don Pablo Aquiles, más muerto que vivo, se
+acercó a la luz, y trató de descifrar lo que había escrito, pero no
+podía, no podía...
+
+--Casilda, ven, ven...
+
+La entregó el misterioso rótulo, y se sentó en el borde de la cama,
+embobado, mirando en silencio a la hermana. Y entonces, cual si vinieran
+del otro mundo, acompañadas del viento que gemía en la puerta y
+sollozaba en la ventana, se oyeron estas palabras, que los labios de
+misia Casilda pronunciaron gravemente: ¡Padre mío! ¡tía de mi alma,
+perdón!... El papel cayó al suelo, y el padre y la tía, como
+hipnotizados, no se movieron... De pronto, la señora dió un grito y se
+arrojó sobre don Pablo, enloquecida... Correr a la calle, a la policía y
+dar parte; quizá se estaba en tiempo aún, quizá podía evitarse la
+horrible desgracia. ¡Quilito muerto! no, ni pensarlo: ¡Dios no sería tan
+cruel, la santísima Virgen de Luján no lo permitiría! Lloraba, hablaba,
+se revolcaba en la cama del querido niño, besando las almohadas,
+estrujando las sábanas: que fueran a buscarle, que se le trajeran,
+pronto, pronto, pronto... Don Pablo, ahogado, ensayaba calmarla: no
+debían interpretar así el papel, porque era muy natural que Quilito
+pidiera a su padre y a su tía por escrito, el perdón que no se atrevía a
+pedir de viva voz; decía simplezas como ésta, tartamudeando, y después
+de vano esfuerzo, concluyó por llorar él también, abrazado a los hierros
+del lecho.
+
+--Pero, ¿no te mueves?--exclamó misia Casilda,--corre, vuela a la
+policía, no pierdas tiempo.
+
+Le arrastró, y dando traspiés, como ebrios, salieron los dos, bajaron la
+escalerilla atropelladamente.
+
+--¡Quilito! ¡Quilito!--clamaba la señora.
+
+A sus lamentos, acudieron Pampa y la genovesa... En el comedor, la tía
+Silda echó sobre los hombros de don Pablo el sobretodo, le puso el
+sombrero de través, y le dió el bastón, por la contera.
+
+--Te vas a la policía--recomendábale sofocada,--y le hablas al jefe, al
+mismo jefe... y que le busquen, que le busquen... ¡Dios mío! ¡todo el
+tiempo que se ha perdido! ¡ya estará muerto, muerto! yo voy a salir
+también, a recorrer las comisarías, y las calles... Vete, vete.
+
+Don Pablo dejaba hacer, como un maniquí, sin hablar. Y a empujones, la
+hermana le echó fuera. Pero, no había dado un paso en el patio, cuando
+alguien llamó a la puerta, y luego a la reja, con tal apresuramiento,
+que daba a entender la prisa que se traía.
+
+--¡Quilito! ¡Quilito!--gritó la tía, corriendo desaforada al zaguán, en
+la esperanza que fuera el querido niño...
+
+No, no era Quilito: era un hombre alto, con muchas barbas, era Agapo.
+
+--Tú traes noticias de él--exclamó misia Casilda,--dime, dime, ¿dónde
+está?
+
+El filósofo, turbado, balbuceó que no sabía nada, que no traía ninguna
+noticia...
+
+--Sí, sí--insistió la señora,--te lo conozco en la cara; vienes pálido,
+con los ojos hinchados... y sin embargo, no estás borracho, no.
+
+Agapo se adelantó, a fin de evitar la luz del farol, y dirigióse a don
+Pablo, que no se movía, en el umbral del comedor.
+
+--Tengo que hablarle--díjole rápidamente,--sígame, afuera, en la calle.
+
+El bastón cayó de las manos temblorosas de don Pablo Aquiles... Misia
+Casilda se había precipitado al atorrante, y le obligó a entrar y a
+ponerse delante de la luz, que quería evitar.
+
+--Te digo que estás pálido, Agapo, no lo niegues, ¿qué le has soplado a
+Pablo ahora? tú vienes a hacer de lechuza aquí... dime, dime, ¿dónde
+está Quilito? ¿qué ha sido de Quilito?
+
+Le sacudió desesperada, asida a su brazo inerte, y a este violento
+impulso, una lágrima cayó de las pestañas del filósofo y fué a perderse
+en el matorral de sus barbas.
+
+Esta lágrima lo dijo todo... Misia Casilda se desplomó en los brazos del
+desventurado don Pablo Aquiles, y éste, bajo el peso de su hermana y de
+su pena, se postró en tierra, llorando... y Agapo, por la primera vez de
+su vida, sintió en el corazón la cruel picadura del dolor.
+
+
+
+
+X
+
+
+...y se encerró en su cuarto, con doble vuelta. Corrió las cortinas de
+la ventana, a causa del sol indiscreto que a ella se asomaba, y después
+de escuchar un momento, si se sentían pasos en el patio o en la
+escalerilla, retiró cuidadosamente del bolsillo de su gabán claro un
+objeto y lo colocó sobre la mesa: ahí estaba el pequeño revólver, como
+un juguete de brillante acero: Quilito, inclinado, lo miraba, con esa
+fijeza con que los condenados a muerte miran el instrumento de su
+suplicio. ¡Ah, si la pobre tía supiera! sus veinte nacionales habían
+servido para comprar la terrible alhajita... ¿No estaba empeñada
+generosamente en salvarle? ¿qué mejor medio de salvación que aquel, tan
+fácil y expeditivo? Lo demás, era manotear en el vacío, pretendiendo
+volar, cual si los brazos fueran alas. Que se pagaba al portugués, y
+esto era muy problemático, evitando así el descubrimiento de la
+falsificación, ¿y luego? Rocchio, el del Progreso, y los otros; aun
+trampeando de aquí y de allí y encalleciéndose las manos en el
+trabajo... El juego tan sólo, pero no se acercaría ya al tapete: su
+última carta estaba jugada. ¿A qué luchar más? Si su destino era ese,
+lo aceptaba sin pestañear: él había entrado en la vida por la puerta
+color de rosa, como convidado que acude a espléndida fiesta, a
+deleitarse con manjares y músicas y placeres sin cuento, y encontró el
+salón a obscuras, la mesa del banquete desierta, pan y agua por todo
+manjar, los demás invitados de blusa en vez de frac, y no escuchó más
+música que la del arado, de la azada y del martillo... ¡ah! no, ¡muchas
+gracias! él no había venido para eso, ¿por qué le engañaron? ¿a qué le
+trajeron? si no existía algún medio de hacer como aquellos pocos, que no
+visten blusa, y se pasean y divierten, se marchaba. ¿Había uno? ¿y no
+era necesario sudar ni quebrarse la cabeza? no, mucho pulso y buena
+suerte. El pulso, no lo tenía; la suerte, le había faltado: ¡adiós, y
+hasta la eternidad! Pero, al irse para siempre, desengañado, no lo hacía
+sin amargo pesar, de separarse así de su padre, de su tía y de su
+novia... poderosa trinidad de afectos, que le ligaba al mundo, del que
+quería salir. ¡Susana! este recuerdo enternecióle, y lloró su primero y
+único amor... La vida es un viaje de recreo, en que no se paga el
+billete, pero sí los vidrios rotos; Quilito saldaría su cuenta de daños
+y perjuicios, y se iría allá, muy lejos, a otra parte, donde el trabajo
+no fuera una ley. ¡Quién sabe! dicen que hay otros mundos, bien
+distintos de esta miserable y carcomida nuez que habitamos, ¿por qué no
+encontraría en alguno la felicidad que él buscaba? Y si no los había, ni
+podía encontrarla, valía más dormir eternamente dentro de la caja del
+cementerio, que andar soñando aquí abajo, como sonámbulo.
+
+Cogió el revólver y lo examinó, hizo jugar el gatillo, colocó las balas
+diminutas, y delante del espejo, como aquel suicida célebre, se paró,
+acercando la boca del arma a la sien...
+
+--¡Qué sensación tan extraña!--dijo contemplándose en aquella
+actitud,--el acero está tan frío, que parece recibirse el beso de una
+muerta... Pensar que sólo con mover el dedo ya está todo concluído...
+pero, no aquí; sería muy cruel para ellos, mis viejos queridos del alma,
+que ahora mismo, allá abajo, sufren la inmensa pena que les he causado,
+y se esfuerzan por salvarme. Voy a poner este chisme sobre la mesa y a
+escribirles largamente, confesando todo; quiero que me perdonen, porque
+sin su perdón, no me iría tranquilo... ¿qué dirá de mí, papá? ¡tanto
+esperar de su Quilito! tengo la pluma en la mano y el papel por delante,
+y no sé qué decirle; me da vergüenza confesarle que su hijo es un
+falsificador... no, no se lo diré, no le escribiré nada; vale más irse
+en silencio, sin despedirse... Romperé esta carta y escribiré dos líneas
+pidiéndoles perdón, porque sin el perdón no me voy, no me voy... A
+Susana, sí, una carta muy larga, para que se acuerde de mí, para que
+rece por mí, ¡qué desgracia la mía! tan feliz que podía haber sido, y no
+he podido serlo, a causa de esta tendencia maldita, que lo reconozco, me
+lleva por otro camino que el del trabajo, que, forzosamente, fatalmente,
+estamos obligados todos a seguir; yo creo que en mí hay algo del tío
+Agapo, solo que él se contenta con lo que tiene, y no hace nada, y yo
+he deseado tener más, sin hacer nada... Lo que he puesto el nombre de
+Susana, la mano me ha temblado: ahora lloro, ¿me faltará valor? ¡ay! no
+puedo pensar en mis viejos y en ella, sin afligirme... Tiíta Silda,
+estoy seguro, ha de guardar mi secreto, y si logra recuperar el pagaré,
+mi falta no la sabrá nadie, nadie más que ella y Dios; esto me consuela,
+porque la idea de que había deshonrado a mi padre, después de
+arruinarle, y que él lo supiera, y que Susana lo supiera, y que todos lo
+supieran, amargaría más mis últimos momentos... ¡Adiós! Susana, no me
+olvides, ruega al cielo por tu desgraciado Quilito... Ha salido muy
+borroneada, pero podrá leerla; aquí está ya cerrada, con la dirección
+bien puesta: cuando me encuentren, me registrarán, y no faltará una
+buena alma que se la lleve... También le escribiré al comisario,
+diciéndole que a nadie se culpe de mi muerte: así hacen todos los que se
+matan, ¡cuántas veces lo he leído en los diarios! esta carta la guardaré
+en el bolsillo, con la otra. La despedida a mis viejos, voy a ponerla en
+sitio visible... ¡ay, Dios mío! ¡cuando entren y la vean!
+¡pobrecitos!... aquí, en la mesa, la haría volar el viento; ¿dónde la
+pondré? en la almohada, prendida con un alfiler... ¡así! ¿estoy pronto
+ya? saldré de puntillas, para que no me sientan, pero, antes voy a
+asomarme a la ventana, a ver si viene alguien... ¡Han llamado! y no he
+oído pasos en la escalera, ¿será papá? no, si es él, me mato aquí mismo:
+su presencia me sería insoportable... ¿Quién es? ¡ah! es Pampa... algún
+recado de tiíta Silda... el revólver aquí, en el bolsillo, bien
+disimulado.
+
+Abrió, y entró la india, diciendo que venía a arreglar la pieza, pero él
+quiso despedirla, porque ya no valía la pena.
+
+--Mira, deja las cosas revueltas como están, y vete.
+
+La tomó del brazo y empujóla hacia la puerta; ella se resistía, mirando
+al joven con sus ojos extraños.
+
+--Niño no queriendo Pampa--dijo pronunciando lentamente, con la singular
+entonación que acostumbraba,--niño pegando ayer Pampa, ¿por qué?
+
+--Porque eres muy mala y desobediente.
+
+--¿Qué queriendo decir desobediente?
+
+--¡Qué gracia! desobediente es aquella persona que no hace caso de lo
+que se le manda.
+
+--¡Ah! ¡Pampa haciendo siempre caso! ¡Pampa estando muy triste... anoche
+soñando que madre haber muerto! ¡cristiano matando con cuchillo muy
+largo... yo queriendo morir también!
+
+¡Pobrecilla! con las manos, deformadas horriblemente por los sabañones,
+restregábase los ojos, haciendo ese hipo lastimero del niño que va a
+llorar; Quilito, compadecido, la acarició los pelos cerdosos,
+irreductibles a la disciplina de la peineta.
+
+--No llores, tonta, que eso que has soñado es una mentira muy grande;
+todo lo que se sueña es mentira, ¡te lo digo yo! tu madre está sana y
+buena, y un día de estos vendrá a verte. ¿Por qué crees que yo no te
+quiero? ¿no te acuerdas que el día aquel que llegaste en ese vapor, fuí
+yo con tiíta a buscarte y te regalé confites?
+
+--Sí, sí, ese día quitando madre Pampa, y hermanitos... ¡Pampa no verles
+más!
+
+--Bueno; si te he dicho que has de verles pronto... no llores así, que
+te pones muy fea... y después te he enseñado a leer, y a escribir y a
+contar: si no sabes bien todo esto, es que no eres muy despejada... Y
+para probarte que el niño te quiere, voy a regalarte una cosa.
+
+Súbitamente, la india dejó de gimotear.
+
+--¿Ves este álbum? todo llenito de figuras: pues te lo doy, para que te
+acuerdes del niño y seas buena y aplicada; te lo doy, con una condición:
+que has de ser fiel y sumisa para el señor y la señora, que te visten,
+te alimentan y te educan... que los cuidarás bien, si se ponen
+enfermos... ¿me lo prometes?
+
+Pampa dijo que sí con la cabeza y recibió el álbum, muy sorprendida de
+ver llorar al niño.
+
+--Ahora, vete, vete.
+
+La india salió, con el cuaderno bajo el brazo, la cara de bronce
+inundada de lágrimas y mocos, que ella limpiaba a lengüetadas, mientras
+bajaba la escalera; Quilito, en la ventana, la miraba.
+
+Este incidente le había conmovido; bien es verdad, que su corazón
+desbordaba de amargura en aquel momento supremo.
+
+--Me ha hecho llorar esta criatura; ¡pobre Pampa! ahora me duele haberla
+pegado ayer, tan injustamente... ¡qué hermoso día! para estar alegre,
+para ser feliz... No saldré hasta que tiíta no salga, si no, me atajaría
+en el patio, y me molestaría a preguntas, y quizá, no me dejaría
+marchar, de miedo... y va a salir, porque desde aquí la veo en el
+comedor, de velo puesto... hasta les oigo hablar, aunque no distingo lo
+que dicen: ¡esto es lo que más me aflige! ¡si yo no lo merezco,
+viejecitos de mi alma, que así os preocupéis por mí! soy un miserable,
+indigno de vuestro cariño, que no he sabido hacer vuestra felicidad,
+como era mi deber; ya lo veréis: Quilito muerto, quedaréis tranquilos,
+disfrutaréis en paz de vuestra rentita; y Quilito morirá, porque es un
+estorbo y una vergüenza para su familia, porque no quiere ser un segundo
+Agapo, como tiíta lo profetizó con tantísima razón... ¿otra vez
+llorando?... tiíta se levanta, sale... ya sonó la reja, ya está en la
+calle, ¿a dónde irá? a poner en práctica el medio de que me ha hablado,
+a arrastrarse, a cavar la tierra, como ella dice... ¡y por mi culpa!
+¡ah! no merezco perdón: lo que he hecho es inicuo... no se moleste
+usted, tiíta: si el medio, el medio infalible, aquí lo tengo, en el
+bolsillo. Llegó la hora: me voy, no sea que papá suba y me sorprenda...
+no puedo respirar, tiemblo como si tuviera miedo, y no tengo miedo, pero
+sí tristeza, mucha tristeza...
+
+Fué al dormitorio, y de la percha descolgó el sombrero; la vista de
+objetos que le eran familiares, le causó emoción tan grande, y sobre
+todo, el papel clavado en la almohada, a manera de fúnebre _inri_, que
+se puso a sollozar.
+
+--Es una vergüenza, pero no puedo contenerme: sí, aquí, en este
+cuartito, he vivido soñando... ¡qué ilusiones! ¡para llegar a esto!...
+¡en marcha y tener valor!
+
+Salió, descendió de puntillas y miró por los vidrios de la puerta del
+comedor a don Pablo Aquiles, de espaldas, sentado; tenía la cabeza sobre
+la mano, y esta mano pasaba, de vez en cuando, por sus ojos y por su
+frente.
+
+--¡Sufre, sufre, y por culpa mía! Ya voy a hacerme justicia, papaíto de
+mi alma; no nos volveremos a ver, pero Quilito no te dará más disgustos.
+¡Adiós, papá, adiós!
+
+Atravesó el zaguán, abrió la reja y se fué por esas calles, sin rumbo.
+
+Todos paseaban en aquel día de San Juan, todos estaban alegres, todos
+parecían felices; los tranvías iban llenos de gente, ávida de respirar,
+de divertirse, satisfecha de vivir...
+
+--Quisiera hacer como todos hoy--pensaba el joven,--reirme, gozar...
+¡parece que soy yo solo el triste y el desgraciado! ¡ay, no! que están
+mis viejos, que ya no volverán a reír ellos tampoco... ¿por qué he
+tomado esta calle? iré por el río, es más solitario... pero, antes,
+pasaré por casa de Susana, quiero despedirme de ella: ¡cuántas veces he
+seguido este camino! en esta cigarrería entraba a comprar cigarros, en
+aquella esquina me esperaba el italianito vendedor de diarios: daba
+luego mis tres paseos frente a la casa de Esteven: ella, en el balcón o
+detrás de la celosía, me miraba y me sonreía, y así que desaparecía, me
+iba al escritorio de Jacinto, y después a la Bolsa, ¡la Bolsa! ¿por qué
+habré pisado la Bolsa? no me vería en la que me veo.
+
+Caminaba muy despacio. Así llegó a la casa de Esteven y el mismo
+espectáculo que sorprendió a misia Casilda, le chocó a él igualmente.
+
+--Susana me escribió que se iban al Frigal, pero no creía yo que fuera
+tan pronto... ¡Se va entonces a la _estancia_! y pobre, completamente
+arruinada; con qué alegría me lo dice en su última carta: «Ahora que
+somos iguales, no habrá más obstáculo a nuestra felicidad que la
+desavenencia de las dos familias, pero de esto me encargo yo.» ¡Siempre
+la misma, confiando en Dios! bien se ha portado Dios con nosotros, que
+no ha querido oírnos... Allí está el balcón, por donde ella me aparecía:
+un changador se ve ahora, triste representación de la realidad... Tú no
+me ves, Susana, ni puedes oírme, pero, desde aquí, te digo que te
+quiero, que te adoro: ahí va un pedacito de mi corazón destrozado,
+¿sabes? todas tus cartas las he quemado, conforme me indicaste: nadie
+sabrá nuestros secretos... ¡adiós, Susana, adiós!... vamos, si sigo
+aquí, concluiré por llorar...
+
+Dió una última mirada a la casa, y marchó más aprisa; atravesó la plaza
+de la Victoria, y desviando sus ojos de la Bolsa, bajó la barranca que
+lleva a la estación y entró en los descuidados jardines del paseo de
+Julio; en un banco apartado descansó un rato, dando vueltas en sus manos
+al junco, y en su cabeza a la idea de suicidio, que le dominaba.
+
+Echado sobre el parapeto, se entretuvo también en la muda contemplación
+del río soberbio, de los botes que se balanceaban, de las _toscas_
+verdinegras que las aguas iban cubriendo poco a poco; de los pilluelos,
+desnudos de pie y pierna, que jugaban en la orilla con barquichuelos de
+papel... En cuchillas sobre la roca, con una larga caña guiaban la
+frágil armazón que, deslizábase como barco de verdad, hasta tanto el
+agua no comía su mal blindado casco; así, hacían regatas inverosímiles,
+distinguiéndose los botes rivales por medio de banderitas de color,
+enastadas en canutos de paja... En el jardín, correteaban los niños,
+haciendo de caballitos briosos, duros de boca, dando corcovos y coces...
+Quilito siguió andando, lastimado de ver reír a todos, y que la
+decoración de aquella tarde de invierno no estuviera en armonía, con las
+tristezas de su alma, ¿por qué no se nublaba el cielo? ¿por qué no se
+escondía el sol? ¿por qué las gentes no cantaban en coro la oración de
+agonizantes, si él iba a morir? Esta idea de la muerte dábale
+escalofríos. Ahora poco, había visto un bote de papel, que un golpe de
+caña hizo zozobrar, y que, sacado del agua y bien escurrido, pusieron a
+secar al sol; pues al rato, este bote navegaba otra vez como si tal
+cosa, desafiando a sus rivales nuevecitos... Quizá él cometía una gran
+tontería en pegarse un tiro, por pérdidas de juego; si todo el que
+pierde se matara, aviados iban a estar los jugadores. El instinto de
+conservación, siempre despierto, le soplaba al oído que bien podía
+esperarse un poco, que la tía, por ejemplo, ensayara el gran recurso que
+decía: reconquistado el pagaré, lo demás era cosa de poca monta; a
+Rocchio y comparsa se les pagaría o no, según las circunstancias, y por
+eso no había de dejar de ser él tan caballero y tan decente como el que
+más. Fulano, zutano y mengano habían hecho lo mismo, y no se les
+ocurrió tomar billete para el otro mundo con un pistoletazo; al
+contrario, ahí andaban tan frescos... Mejor era volver a casa, y ver si
+tiíta Silda consiguió algo, ¿no dijo que iba a vender la finca? pues con
+eso había de sobra para arrancar el pagaré del poder de don Raimundo...
+Eso es, y luego echarse panza arriba, para que los dos viejos,
+arruinados, le dieran de comer, y le vistieran y le costearan sus lujos,
+como antes, y meterse de nuevo en la Bolsa, ávido de desquite, para
+hundirse más en el pantano. El estaba convencido: trabajar, no podía, de
+ninguna manera; sujeto a un sueldo, sin porvenir, vegetando, aunque no
+tuviera que mover los brazos, como Jacinto, tampoco...
+
+--Soy más canalla de lo que yo creía--se dijo;--me parece que tengo
+miedo, y por eso me vienen estas ideas de encadenarme a la vida...
+¿miedo de qué, estúpido? si es cuestión de un momento: se mueve el dedo
+y ¡zas! ya está. He dicho que no quiero la vida, no la quiero: quédense
+ustedes con ella, y divertirse; prefiero ser comido de gusanos y no que
+la miseria me devore... Yo creo que la fría impresión del revólver sobre
+la sien, me dura todavía, y es por eso que el valor me abandona; siento
+el peso del arma en el bolsillo, y la sangre se me hiela, ¡soy un
+cobarde! pues no, no lo soy y he de probarlo... En lugar de apuntarme a
+la cabeza, me apuntaré al corazón: así, la muerte vendrá más pronto; ya
+te enseñaré a no brincar como ahora, saltarín de los demonios. Tendría
+que ver que volviera a casa, después de darles el gran susto; si no
+tengo valor para matarme, ¿iba a tenerlo para mirar a mi padre frente a
+frente, y para vivir de él, como lo he hecho siempre? en mi casa soy un
+estorbo, y en el mundo no hay sitio para mí... Me irrita la alegría de
+esta chusma...
+
+Salió del paseo y se metió en los sauzales del río: allí estaba más a
+gusto, más solo, y podía llevar a cabo su propósito sin dificultad,
+porque en aquel paraje no lucía el sol: arriba, el dosel tupido de los
+sauces llorones; delante, el río, desenvolviendo sus aguas turbias;
+detrás, la ciudad, con sus ronquidos de gigante. El tren del Norte
+pasaba, resoplando y silbando... Quilito sintió frío y se abrochó el
+gabán; un calambre del estómago le hizo recordar que no había comido
+aquel día.
+
+--He debido tomar algo--pensó,--para tener fuerzas: si el cuerpo
+desfallece, el espíritu se amilana... No es extraño, pues, que me sienta
+sin valor y eche mano de todos los sofismas de la cobardía para
+convencerme que no debo suicidarme; a los condenados a muerte, se les da
+un cordial, para que resistan: con razón, el armero me preguntó si iba a
+batirme, porque estaba muy pálido... pálido de debilidad y no de miedo,
+debilidad de estómago, entendámonos... aquí me encuentro mejor... pero,
+todavía no, más tarde; hay tiempo.
+
+Sentóse sobre un tronco, suspirando. Y se quedó absorto, mirando correr
+las olas, que se perseguían las unas a las otras, encrespadas de furor,
+e iban a morir mansamente a sus pies... La lucha interna seguía,
+entretanto.
+
+¡Qué triste! era dejar así la vida, lejos de los suyos, en la aurora
+risueña de los veinte años; se pegaría el tiro, bueno, ya lo había dicho
+y cumpliría su palabra, pero su cuerpo quedaría allí sobre la maleza,
+como el de un perro callejero, y pronto vendrían los curiosos y los
+vigilantes, y le registrarían, aún caliente, con sus manazas rudas para
+saber quién era, y sin miramientos, como se carga la res que se acaba de
+desollar, le colocarían sobre sucias angarillas y le llevarían a la
+comisaría, al depósito de cadáveres, hasta que papá o tiíta Silda
+vinieran a reclamarle. ¡Qué triste! ¡qué triste! ¿no sería mejor
+arrojarse al río, con una gruesa piedra a la cintura, para quedarse allí
+abajo dormido, y que nadie, nadie, volviera a verle? ¡ay, no! el
+ahogarse cuesta mucho, se sufre y la muerte tarda en venir... ¿Qué hora
+era? el sol iba a ponerse, y bajo los sauces se sentía más frío que
+antes: cuando la noche cerrara del todo, entonces, entonces... ¿Qué
+harían en su casa? los viejos estarían esperándole: a su cuarto no
+habían de subir, hasta que el retardo no les alarmara. ¿Habría
+conseguido algo tiíta Silda?
+
+--¡Padre mío! ¡tía de mi alma, perdón!--murmuró, repitiendo las palabras
+de su despedida.
+
+Si fuera, no iría, era una suposición... si fuera y les sorprendiera en
+el comedor, ¡qué alegría! allí mismo se echaba a las plantas del padre,
+prometiendo regenerarse, ser bueno, ser trabajador, y tiíta Silda,
+mostrándole, muy risueña, el pagaré de don Raimundo, le decía:
+
+--Aquí lo tienes, pero, ¡cuidadito en adelante!
+
+Y el cobarde instinto de conservación, le quemaba las orejas.
+
+--No te mates, tonto, que la vida es muy buena y muy agradable; una vez
+hecho a ella, ya verás... Si no tienes más que veinte años, y por eso,
+inexperto, exageras tus faltas y crees que no podrás sobrellevarlas;
+pero piensa en tanta cosa de que vas a privarte, de que todos se hartan
+a dos carrillos, y que tú, por flojo y tío melindres, te irás sin catar
+siquiera... Mira Jacinto, ¿no ha hecho lo que tú? es cierto que no ha
+falsificado firmas... esto de la falsificación es fácil remediarlo con
+la venta oportuna de la finquita... pero Jacinto ha jugado y ha perdido,
+y sin embargo, no piensa en matarse; ahí le tienes en una oficina, mano
+sobre mano, viviendo del erario. ¿Crees que el mundo va a despreciarte,
+porque no pagues? si el no pagar está a la moda, y es muy _high-life_; y
+mira, hijito, al mundo con el pie, si no quieres que te monte encima.
+Además, piensa que es muy doloroso morir a tu edad, y estarse pudriendo
+tierra tontamente, mientras los otros ríen y bailan sobre tu
+sepultura... ¿Sabes lo que sucederá después que te dés el tiro? te
+llamarán _malogrado_ por los diarios, y _requiescat in pace_; a los dos
+días nadie se acuerda del santo de tu nombre: no olvides el refrancito:
+el muerto al hoyo, y el vivo al bollo; sólo papá y tiíta Silda te
+llorarán hasta la consumación de los siglos y esto será el único
+resultado de tu suicidio; bien triste, ¿no es cierto? ¿Y no te parece,
+hijito, que aquí hace mucho frío, que el suelo está muy húmedo, y que,
+ahí, encima de la maleza, se debe estar muy incómodo? ¿y no temes que la
+mano te tiemble, en el momento de disparar, y vayas a herirte malamente,
+y en lugar de volver muerto a casita, te lleven herido, para sufrir
+dolores y apósitos y visitas de médico? créeme y fíjate bien en lo que
+voy a decirte: tu falta, a los ojos de la moral, siempre pudibunda, es
+grave, naturalmente, no tiene vuelta de hoja, pero, tal como andan hoy
+las cosas en nuestro país, es una chiquillada, una gracia, que más que
+la censura, despertará la risa, con esta frase por todo comentario: ¡Qué
+diablo de muchacho! este Varguitas es muy vivo... No tiene más que
+hacer, pues, que ponerte bajo la égida de un fantasmón de la política,
+un Eneene cualquiera, y verás cómo esa falta, que a ti te parece tan
+deshonrosa, sirve maravillosamente para tu carrera, y recorres de un
+salto la escala, mientras los que se emperran en hacer el desairado
+papel de honrados, vegetan en los últimos tramos... ¿Qué no? ¿no te
+convenzo? ¿eres honrado, tú también? ¿tienes delicadeza? ¿tienes
+vergüenza? pues, hijo, pégate el tiro, porque, francamente, no sirves
+para nada... pero, ¡cuidado no tiembles!... ¿Y Susana? ¿qué me dices de
+Susana? ¿has visto _porteña_, más deliciosa? y la dejas, para que se la
+lleve otro: tú comprendes que, siendo como es, no quedará para vestir
+imágenes, y aunque constante y santa, por añadidura, no va a guardarte
+duelo toda la vida; fíate y no corras: las santas son de carne y hueso,
+por más que digan, y cuando la carne habla, no valen disciplinas,
+hijo... Ahí tienes: Susana hubiera sido tuya, a la larga; no lo dudes.
+Esos tiquis miquis de los viejos tenían que acabarse, y si no se
+acababan, porque, en tu familia, las mujeres son muy tercas, cargabas
+con la santita a cuestas, y a vivir; las santas se dejan robar también,
+cuando llega la ocasión: no habrás visto a ninguna defenderse, si entran
+ladrones en la iglesia... ¿Tampoco te convence esto? entonces, a
+matarse, y de prisa.
+
+Quilito se descubrió la cabeza; tenía fiebre. La marea le mojaba ya los
+pies, y se retiró al otro extremo del tronco: miraba el agua avanzar y
+decía:
+
+--Cuando llegue hasta aquí y los faroles del muelle se enciendan,
+entonces, entonces... Es inútil, será cierto y muy razonable todo eso,
+pero yo no quiero la vida, lo repetiré cien veces; ni ante mi padre, ni
+ante Susana me atrevería a presentarme ahora, aunque estuviera seguro
+del perdón del uno y del amor de la otra. No y no. Aun en el supuesto de
+que pudiera echarse tierra sobre la falsificación... ¿qué porvenir me
+espera? ¡trabajar, trabajar siempre! porque de esto sí estoy convencido,
+el juego no saca de pobre a nadie: los jugadores son ricos de relumbrón,
+y aun así, en las raras ocasiones que la suerte les permite brillar,
+pues, a lo mejor, se quedan a obscuras por larga temporada... y con
+franqueza, yo no podría trabajar, no podría; ¿acaso me voy a poner
+detrás de un mostrador? ¿a entrar de cagatinta en una oficina? ¿a ir de
+guardador de ovejas a una _estancia_? ¡sería vergonzoso! y como carezco
+de capital, me sería imposible emprender un negocio cualquiera... Creo
+que, si lo tuviera, el capital, lo jugaba de un golpe, a ver... No
+sirvo, pues, para trabajar, y no pudiendo avenirme, naturalmente, con
+mis gustos y mi educación, a hacer las del tío Agapo, me doy yo mismo
+el pasaporte... Ya llega, ya llega el agua y el farol de la punta del
+muelle está encendido... pero, todavía no...
+
+La noche cerraba, y bajo los sauces el frío y la obscuridad aumentaban;
+sobre la superficie del río, brillaban, desparramadas, lucecitas
+amarillas, a lo lejos, que se movían, como fuegos fatuos. En el cielo,
+ni una estrella; los ecos del paseo se habían acallado... Quilito sacó
+el revólver.
+
+--A ver quién es más valiente--dijo acariciando el arma;--por mí te
+prometo que no he de temblar; pero no vayas a echar el tiro por la
+culata: recto al corazón y me lo partes, para no sufrir más...
+
+Suspiró, guardó otra vez la alhajita y abandonó el tronco, internándose
+en el sauzal. Un hombre iba delante de él, andrajoso, con un saco a la
+espalda, recogiendo los residuos de toda especie que encontraba: huesos,
+ramas, papeles, trapos, canturriando para amenizar su faena; llegó así a
+un sitio, cerca del terraplén del ferrocarril, en que había dos enormes
+caños de estos que debieran servir, y no sirven, para las obras de
+salubridad, abandonados, y se sentó sobre una piedra, dejó el saco
+repleto en el suelo, sacó la colilla de tras de la oreja y la
+encendió... A la luz del fósforo, Quilito reconoció al gran Menipo, o
+sea Agapo, en prosa llana. Ya el otro le había sentido, y se vino
+derecho al bulto, con la cerilla en la mano.
+
+--¡Sobrinito!--exclamó el filósofo,--¿qué haces aquí, en mis dominios?
+Vienes a visitarme, ¡qué amable! pues, haremos los honores, como
+corresponde... Esta es mí casa: ¿ves ese caño maestro? ahí tengo el
+dormitorio; bien tapado por un extremo, echo el poncho y duermo dentro
+muy abrigado y a gusto; el otro, más pequeño, me sirve de despensa... mi
+lavabo está enfrente: el río, con agua limpita y fresca... y nada más,
+no necesito más... hasta chimenea tengo: el sol, de día, y de noche no
+me faltan ramas secas para hacer una hoguera. Pero, ¿qué demonios te ha
+dado por venir aquí? es ocurrencia, ¡ajo! ¿has comido? no te invito,
+pues tú vendrás de esos _cafeses_ de lujo, harto y reharto... pero no
+creas que mi cocinero es malo; voy a encender mi hoguera: hoy es día de
+San Juan.
+
+En un periquete, preparó una pila de rastrojos y la prendió fuego. Y
+sentado en la piedra, sonreía al sobrinito, quien, a caballo sobre el
+caño pequeño, miraba, ensimismado, la alegre llamarada...
+
+--¿Qué tal mi chimenea? no hace humo, como las de los ricos... Pero,
+explícame, ¿cómo te encuentras por estos andurriales? ahora, cuando te
+vi, se me figuró que serías alguno de esos pilluelos, que vienen a robar
+en mi despensa: por eso me eché encima de ti, sin prevenirte... Ni
+soñaba, hijo, que pudieras ser tú, ¡ajo! ¡miren al Varguitas, el rey de
+los _cajetillas_, en casa del tío Agapo! Me pareces triste, Quilito;
+estás paliducho, con muchas ojeras... vamos a ver, ¿de qué lado te
+duele? El tío Agapo es médico, y de los buenos, precisamente porque no
+ha estudiado: el estudio seca la mollera y hace evaporar el talento;
+mira si no: los que se comen los libros son, generalmente, los más
+brutos... Conque, dime lo que te pasa, ¿es un dolor de _bolsa_ lo que
+sientes o, simplemente, una _nanita_ pasajera?
+
+El joven quiso sonreir, y contestó, con esfuerzo, que ni la Bolsa ni la
+prima venían a cuento ahora; él andaba por allí... por capricho, porque
+le daba la gana.
+
+--Bueno, hombre, no te enojes; el geniecito de la familia...
+
+De la _despensa_ retiró una botella y un trozo de pan, y del saco un
+envoltorio que, una vez abierto, dejó ver apetitosos relieves de pavo
+asado y pasteles y rosquillas de maíz.
+
+--Anímate, hombre, y prueba un bocadito; si te digo que mi cocinero es
+de primera, ¿qué tal? ¿me doy yo la gran vida o no? ¡ya ves cómo me
+regalo el estómago, y esto es de todos los días, que, para mí son
+siempre de fiesta, ¡pavo y pasteles! cuántos, de casa propia, no lo
+catarán hace siglos; ayer tuve pollo, y anteayer también, y un habano,
+de postre, enterito, ¿eh?...
+
+Quilito le miraba comer, y su estómago, en ayunas, excitado por los ojos
+y el olfato, rezongaba, impaciente. Con mucho gusto hubiera trincado con
+el tío, pero le daba vergüenza mostrar que tenía hambre; un traguito,
+sí, bebería, para no desfallecer en el trance fatal, pero le repugnó ver
+a Agapo chupar la boca de la botella con sus labios grasientos.
+
+--Tampoco querrás beber--dijo el atorrante,--no hay vaso y somos muy
+delicados; pues así es la mejor manera de apreciar el vino, ¿me creerás?
+he pasado tres días sin probar gota, porque a Nanita le había prometido
+no emborracharme, y siempre caía en falta: con el vicio no se puede
+luchar, hijo; cuando no tomaba, me dolía la cabeza, no dormía bien... en
+fin, para mí el vino, es como el riego para una planta: me secaría y
+quedaría en los huesos, si no bebiera. Pues, el otro día, me presenté
+algo mareado, lo confieso, y mi santita me excomulgó y arrojó de casa,
+condenándome a ocho días de destierro, en penitencia... Para volver a su
+gracia, me juré a mí mismo aborrecer el vino... por una semana: he
+pasado los peores días de mi vida, ¡ajo! pero, yo no le aflojaba al
+cuerpo, y le decía: ¡Aguante usted so vicioso! ¡y no le di ni esto! en
+tres días... Cuando ayer supe la culada del hermano Bernardino, y que al
+otro pájaro del Ministerio le habían también _colgado la galleta_, te
+digo que mona más a gusto, no la he tomado nunca: pasé cantando el _¡Oíd
+mortales!_ por su casa, con tales gritos, que la gente salía a las
+puertas, y de miedo que los vigilantes me aguaran la fiesta, me vine a
+mi palacio y aquí la continué, en la alegre compañía de algunas de mis
+aristocráticas relaciones... Se bebió y se cantó, hasta la madrugada,
+¡ajo! ¿te parece a ti, que no iba a estar yo alegre? ¡pillo, ladrón!
+
+La llama de la hoguera dábale un aspecto siniestro, así, con el
+chambergo ladeado, los ojos fulgurantes de odio, la navaja abierta en la
+mano, que blandía, como si quisiera despachurrar a alguien. Quilito no
+le hacía caso, abstraído.
+
+--¡Pillo, ladrón!--repitió el filósofo,--ya las pagarás todas juntas:
+esto no es nada; si él es el culpable de que yo me haya descarriado;
+nunca me tuvo cariño, porque mi madre no era su madre, y decía que yo
+había ido a comerle su parte de pan, y en vez de darme educación y
+oficio, me echó a la calle, a que me lo buscara donde Dios quisiera...
+El, entretanto, estaba manoteando en casa de tu abuelo: ya lo sabes.
+Toma, pícaro, toma, ¡ajo! ahora conocerás lo que es tener hambre... no,
+siento que no lo sepas todavía, porque te queda la _estancia_, pero, ya
+te llegará tu San Martín, como a los _chanchos_... Lo principal, que es
+el primer paso, está ya hecho: el Bernardino, patas arriba y el
+ministril aquel de las uñas largas, boca abajo; la tierra tiembla: mira,
+Quilito, ponte como los gauchos o los indios, la oreja contra el suelo,
+y sentirás un rumor así como de muchos caballos que galopan: es la
+vanguardia de la revolución, que se anuncia, que se armará pronto...
+¡ay! ¡qué gusto! ese día, cuando el _bochinche_ esté en lo mejor, atrapo
+al doctorcito Eneene... no, lo que es a ese nadie me lo toca, es mío...
+y con unas buenas tijeras le podo las uñas, cortándole hasta raíz de las
+yemas; le pongo un bonete con un murciélago pintado y un letrero que
+diga: ¡por ladrón! y a patadas, amarrado codo con codo, le llevo a la
+plaza Victoria y allí, delante del respetable público, le ensarto en la
+lanza del muñeco de la Pirámide; ¿qué tal? qué bueno sería, ¡ajo!
+
+Quilito, abstraído, pensaba:
+
+--¿Y he de llegar yo a estar como este hombre, sucio, harapiento,
+comiendo las sobras de los otros, durmiendo en el suelo, dominado por el
+vicio y la pereza? Cuanto más le miro, más asco me da: la mugre le brota
+encima, como el verdín en las casas viejas... me parece imposible que
+pueda vivirse de esta manera, y tan contento; ¡ah! pero él está
+contento, porque es honrado, porque, en medio del vicio, ha sabido
+mantener limpia la conciencia... ¡qué bueno debe ser mirar para adentro
+y no ver ninguna mancha! ¡qué bien se debe dormir, aun envuelto en el
+poncho de Agapo, dentro del caño! pero, con esta comezón del
+remordimiento, no es posible conciliar el sueño... Cada vez estoy más
+decidido a matarme: me estoy mirando en el espejo de Agapo, y me
+horrorizo, de verme con su chambergo roñoso, sus guiñapos prestados, y
+la cara abotargada por las malas noches... En él es el vino; en mí sería
+el juego... y todavía, él sale ganando en la comparación, pues si ha
+tenido que ver con las comisarías, no ha estado nunca en la cárcel:
+Agapo es honrado y yo un falsificador... ahí viene el tren, ¿me echaré
+en los rieles? ¡sería horrible! mejor es el revólver, que el tren y que
+el río...
+
+El filósofo vaciaba la botella.
+
+--Acércate, muchacho--dijo con el último trago,--y caliéntate un poco:
+tienes frío; estás temblando... mi salón no es muy abrigado, pero, ya
+ves que la salud no se afecta: ni un resfriado me viene, quizá por
+aquello de: mala hierba... Vivo tan a gusto aquí y soy tan feliz, que no
+te envidio tus lujos; si aquí me he criado, ¡ajo! a mí nadie me molesta
+y hago mi santa voluntad, vagabundeando como un rentista, y sin
+importárseme de que el oro baje o suba: para mí, siempre está a la par.
+Mira, si hicieras lo que yo, no tendrías esa cara; tú te has metido en
+la Bolsa, y me parece que te han pegado una soba... no lo niegues; ¡si
+yo sé que tenías a Jacintito de compañero, y Jacintito ha salido
+disparado... bueno, ya te enojas otra vez! no te diré nada. Lo que sí te
+prometo es que, ese día, el día que yo le cobre las cuentas a Eneene de
+la manera que te he indicado, hago saltar la Bolsa en seguida, y si no
+ese día, la víspera, cuando no haya empezado el alboroto todavía: he de
+elegir la hora en que todos los especuladores estén reunidos tramando
+sus picardías: ¡ya subirán todos más alto que el mismo oro! te lo
+advierto, para que te cures en salud y no vayas por allí. Después... he
+de realizar mi programa, sin suprimir un solo número.
+
+Se oyó el silbato de la locomotora, y el tren pasó, haciendo retemblar
+el suelo; algunas brasas encendidas cayeron a los pies del filósofo.
+
+--¡Ajo!--exclamó dando un puntapié a los tizones,--¡que vais a quemar mi
+palacio! ¡siempre ocurre lo mismo con estos condenados maquinistas!
+
+Quilito se había estremecido, porque parecióle que las ruedas le pasaban
+por encima, triturándole los huesos... De pronto, Agapo, que se
+calentaba a la lumbre, volviéndose de lado y de frente, para repartir el
+calorcito equitativamente, preguntó:
+
+--¡Ah! dime... bien decía yo que tenía algo que preguntarte y no caía
+qué cosa era... hoy debe haber ocurrido algo muy grave, muy
+extraordinario, en tu casa.
+
+--¿Por qué?--dijo asustado el joven.
+
+--Porque he visto, he visto, ¿entiendes? a la señora Casilda entrar...
+repito que lo he visto... en casa de Esteven.
+
+--¡Tiíta Silda en casa de Esteven!--exclamó Quilito, tan sorprendido que
+dió un salto y casi fué a dar de bruces en la hoguera.
+
+--Sí, señor, ¿te sorprende? pues lo mismito quedé yo; estaba
+entretenido, en la acera de enfrente, en ver sacar los muebles de mi
+señor hermano, y a cada uno que echaban al carro, lo saludaba, diciendo:
+¡toma, pillo! ¡toma, ladrón! cuando ¡cataplum! la señora Casilda que
+llega y se para a la puerta, con el aire de quien vacila, diciendo:
+¿Entro o no entro? Y entró... ¡si te digo que lo he visto! ¡Ave María
+Purísima! decía yo; ¡una Vargas en casa de Esteven! y misia Casilda,
+nada menos, ella, que truena contra los Esteven, exceptuando tan sólo,
+¡Dios se lo pague! a un servidor. ¿No te habrás equivocado, Agapo? mira
+que cuando estás borracho, y ahora tienes una mona medianita, ves las
+cosas al revés, y todo lo cambias, las caras, los nombres, hasta las
+palabras, porque, con la memoria, se te pone torpe la lengua. A pesar de
+esto, estaba convencido que era la mismísima tía Silda, la que acababa
+de entrar: y no volvía en mí, te lo juro; ver lo que yo había visto, era
+para dejar patitieso a cualquiera, ¡figúrate! Y me devanaba los sesos,
+pensando: ¿qué habrá pasado en la calle Moreno? una desgracia, sin duda.
+O será la Gregoria que mandó por la hermana; entonces aquí se ha hundido
+la casa, solamente así... y la casa no se ha hundido. Entretanto, Agapo
+no se mueve de este sitio, hasta que la señora de mantón, que a él se
+le ha antojado ser doña Casilda Vargas, salga de enfrente y pueda
+confirmarlo o no... Pues, hijo, salió y era, sin sombra de duda... Te
+diré a qué hora ocurrió el extraordinario suceso: a las cinco, sí, de
+cuatro y media a cinco... ¡ah! un detalle: la señora salió muy agitada,
+y se estuvo un segundo en la orilla de la acera pensativa, y cuando se
+decidió a marcharse, hizo ademán de secar los ojos o de pasar la mano
+por la frente, con disgusto o despecho, digo yo... ¿a que se han tirado
+de los pelos? claro, era de presumir. Pero, me pareció tan acongojada,
+que si no atravesé la calle para ofrecerle mis servicios, fué porque no
+me tenía firme sobre mis piernas y me daba vergüenza... Explícame, pues,
+qué significa esta visita de tu tía a una casa donde no ha puesto los
+pies, desde que tú abriste los ojos.
+
+Quilito, a horcajadas otra vez en el caño, la barba sobre sus manos,
+lívido, mirando la llama con fijeza magnética, balbuceó que no sabía
+nada, que él desde mediodía faltaba de casa...
+
+--Es un disparate tuyo--agregó,--cuando se está mal de la cabeza, se ven
+visiones.
+
+Agapo atizaba el fuego.
+
+--¡Por estas!--dijo besando los dos índices en cruz,--estaba mareado,
+pero no ciego. Créeme, hijo, créeme...
+
+La cabeza de Quilito echaba chispas, como la hoguera que removía el
+filósofo.
+
+--¡Ah, desventurado!--decía la voz interior,--¿y todavía alientas,
+después de lo que has oído? ¿por qué no empuñas el revólver y te
+arrancas de una vez la miserable vida, que a pesar de todo pareces
+empeñado en conservar? ¿no comprendes que ya para ti no hay remisión?
+Mira, observa, reflexiona, hasta dónde han llevado tus calaveradas a tu
+familia infeliz: ¡a humillarse a los Esteven! ¡a solicitar, de rodillas,
+su favor para salvarte! porque, no lo dudes: el medio supremo, a que se
+refería tiíta Silda, y que ella misma no consideraba infalible la
+desgraciada, era ése: recurrir al odiado pariente... ¡ah! ¡qué corazón
+tan grande el de tiíta! y por lo que dice Agapo, el recurso ha
+fracasado, y a los Vargas han dado los Esteven una vez más con la punta
+de la bota... ¿ves? te imaginas... no es posible, pues no eres dueño de
+tu razón... pero, si pudieras imaginar cómo están en tu casa esos viejos
+que has deshonrado, y que llamas _queridos_, falsamente, mentirosamente,
+porque si verdad fuera, no habrías hecho lo que has hecho; y tú dudando
+todavía, vacilando cobardemente; no te hagas ilusiones; en tu casa no
+puedes presentarte ya, y ahora menos que antes, ahora que sabes toda la
+extensión de tu falta; los umbrales aquellos no puedes pasarlos sino
+muerto, en expiación... ¡Estás creyendo que bastaría con echarte a los
+pies de tu padre! ¿y tendrías valor? ¿no comprendes que si no te
+rechazaba, sería por compasión y por lástima? ¡convéncete! no eres un
+segundo Agapo en la familia; eres un Quilito, y este nombre está por
+debajo del otro... ¡vete, huye, y cumple con tu deber!
+
+Se levantó, vacilante, los ojos extraviados, y a Agapo, que, asustado,
+le cortó el paso, con un ademán le rechazó, diciendo, entre dientes,
+que se iba, que se iba...
+
+--¡Ajo!--exclamó el otro persistiendo en detenerle,--no, así no te vas,
+me das miedo, Quilito, ¿qué tienes? bien me pareció desde un principio
+que había algo de extraño en ti.
+
+--Déjame, déjame...
+
+--No, así no, así no; si quieres que te acompañe a tu casa... pero, solo
+no, aunque te enojes y me pegues.
+
+--¡A mi casa!--exclamó el joven delirante,--no puedo ir, no puedo,
+porque no, porque soy un miserable, ¿entiendes? porque he deshonrado a
+mi familia, ¿entiendes? porque debía estar ahora en la Penitenciaría,
+¿entiendes? escúpeme, Agapo, escúpeme, pero, ¡déjame marchar!
+
+Embistió al filósofo denodadamente, pero el otro le cogió por la cintura
+y le cargó como a un niño, obligándole a sentarse en sus rodillas, a
+pesar de sus esfuerzos rabiosos por soltarse... Sí, le dejaría ir cuando
+se calmara, pero no solo: él no se fiaba de su buen juicio, ahora que le
+había visto hecho un loco, como si quisiera tirarse al río; ya lo creo
+que le llevaría a su casa, y de la mano, como se hace con los chicos que
+se ha encontrado _raboneando_ en el _Bajo_. ¿Qué desatinos eran esos que
+acababa de decir? ¡qué Penitenciaría, ni qué as de copas, ajo! alguna
+tunda de papaíto, por haber entrado tarde o hecho una diablura de
+jovencito desbocado. Que le tirara de las barbas cuanto quisiera, pero
+él no le soltaba hasta que no le viera tranquilo... bueno, ¿se lo
+prometía? de esta manera, sí; pero, mucho cuidado, porque Agapo tiene
+muy malas pulgas y fuerzas suficientes para hacerse respetar, ¡ajo!
+
+Quilito, libre, se calmó. Repitió con energía, que lo dicho, dicho
+estaba: que él no podía volver a su casa, por razones que al tío no le
+importaban un bledo, pero que si le dejaba marchar en paz, le prometía
+ser todo lo juicioso posible...
+
+--Si no vas a tu casa, muchacho, ¿a dónde vas?
+
+--A tomar el fresco...
+
+Agapo le vigilaba, y vió que se sonreía, que parecía tranquilo...
+
+--¡Qué bruto eres, Agapo!--dijo Quilito sentándose de nuevo en el caño,
+para acabar de desorientar al tío;--¿qué te has figurado entonces? ¿qué
+iba a darme un baño a estas horas? tienes razón: un regaño del viejo me
+ha puesto así... chocheces y niñadas, por una y otra parte. Y punto
+final. Cuando se me pase el coraje, volveré a casa... Ahora, se me
+ocurre darte un encargo, ya que he tropezado contigo: ¿irás esta noche a
+casa de Esteven?
+
+--No sé...
+
+--¿Irás? la familia no saldrá hasta mañana, quizá, para el Frigal...
+Vete, pues, y entregas esta carta, en mano propia, a Susana.
+
+--¿Esta carta?
+
+La tomó el filósofo, apenas repuesto, sin quitar ojo del sobrinito, que
+sonreía siempre.
+
+--En mano propia--recomendó otra vez el joven,--tú vas a verla, Agapo,
+¡feliz, cien veces feliz! dile de mi parte... no, no le digas nada;
+entregas la carta, y te marchas, para evitar preguntas: ahí dentro está
+todo.
+
+La emoción le dominaba, y sus ojos azules se empañaron. Registró en sus
+bolsillos y sacó un reloj de níquel, que ofreció al atorrante.
+
+--Quisiera darte el estipendio de costumbre, Agapo, pero no tengo un
+mezquino centavo; toma esto, y guárdalo, en recuerdo mío, ¡ojalá fuera
+de oro!
+
+--¿Y por qué has de dármelo, ajo? ¿para pagarme el porte de la carta? no
+me da la gana: yo te he servido siempre, pues es mi deber de tío, y de
+tío que te quiere, Quilito; tú y los tuyos habéis compadecido y tratado
+bien a Agapo: no os habéis burlado de su desgracia, ni avergonzado de su
+parentesco, como los otros. Por eso os quiero, ¡ajo! y si he recibido de
+ti los dos nacionales de las cartas a la primita, es porque soy pobre, y
+comprendía que aquella era una manera delicada tuya de auxiliarme.
+
+--Precisamente; por eso deseo que aceptes este reloj, que quizá no valga
+dos nacionales...
+
+--Bueno, si es así... pero, conste que yo no te pido nada.
+
+El filósofo guardó la modesta alhaja.
+
+--Y ahora--repuso Quilito con la voz un poco alterada,--dame la mano,
+Agapo, que quiero decirte adiós.
+
+Le estrechó la diestra, nerviosamente, y Agapo notó que la mano del
+sobrino estaba helada, y al resplandor de la hoguera, que moría, su
+semblante demudado y la misma mirada de demente de ahora poco.
+
+Se había puesto el joven de pie y se despedía, pero el filósofo,
+intranquilo, le retuvo, diciendo que iba a acompañarle...
+
+--Iré detrás, si no quieres que vaya al lado...
+
+--Estás muy pesado, Agapo...
+
+--No, solo no te dejo; repito que me das miedo.
+
+--Vas a hacerme perder la paciencia.
+
+--¡Solo no; no te dejo!
+
+Quilito, colérico, dio un empujón al tío, que volvió a cogerle de la
+cintura, echando más ajos que nunca, furioso también; el joven entonces,
+las manos libres, sacó el revólver y puso la boca del cañón en la frente
+del atorrante.
+
+--Suéltame, suéltame o te mato.
+
+La sorpresa de Agapo fué tan grande que, maquinalmente, le soltó. Y
+Quilito, en salvo, a la distancia, le apuntaba con el arma.
+
+--No me sigas, te prohíbo que me sigas; si te siento detrás, te mando un
+tiro.
+
+La hoguera se había apagado; la noche era obscura, y debajo de los
+sauces no se veía... Agapo corrió en pos del sobrino, desaparecido entre
+las tinieblas.
+
+Y Quilito, loco, sin sombrero, iba delante. ¡Imbécil! ¿quién le daba al
+otro velas en su entierro? se había de matar, aunque vinieran a
+impedírselo todos los filósofos de la tierra. La maleza crujía bajo sus
+pasos y detrás se oían las zancadas de Agapo, que venía persiguiéndole;
+Quilito se acurrucó al pie de un sauce, se quitó el sobretodo claro, que
+podía denunciarle, y esperó, el revólver amartillado en la mano... Agapo
+llegó, pasó y se alejó, rastreando la caza, gritando desesperado:
+
+--¡Quilito! ¡Quilito!
+
+Y cuando no se oyeron ni los pasos ni la voz del tío, y el joven se vió
+solo, frente al río que arrastraba sus aguas negras, en medio de la
+obscuridad, con rumor siniestro, desprendió el chaleco, abrió la camisa,
+y sobre la piel que despedía el dulce calor de la vida, colocó la boca
+del arma, en el sitio en que sus dedos vacilantes, sintieron agitarse
+más el corazón... Salió el tiro, la sangre tibia brotó mansamente y
+Quilito experimentó un escozor vivísimo... pero la vida no quería soltar
+su presa, porque él veía, pensaba, sentía aún.
+
+--¡Ah! vida infame--murmuró con un quejido de dolor,--¡cuánto me
+cuestas! ¡déjame, no quiero nada de ti, te desprecio! la mano me ha
+temblado, ¡qué cobarde soy!
+
+A tientas y a gatas, perdiendo sangre, buscó el revólver, caído en la
+maleza, lo cogió de nuevo, y se disparó otro tiro, en la sien esta
+vez... Cayó de espaldas, los brazos en cruz y quedó inmóvil; del
+horrible agujero de la frente, el hilo de sangre corría, manchando sus
+cabellos rubios, y en el pecho, el líquido rojo se coagulaba sobre la
+blanca camisa. Y la vida huyó de aquel cuerpo, arrojada por el espíritu
+obcecado, que decía no querer nada de ella, porque él no la había
+llamado...
+
+Ya las zancadas y los gritos de Agapo se oían de nuevo.
+
+--¡Quilito! ¡Quilito!
+
+Dos hombres venían con él. Y todos tres buscaban, olfateando como
+lebreles, más cerca, más lejos, se iban y volvían, hasta que el pie del
+filósofo dió con el cuerpo del suicida.
+
+--¡Ajo! ¡una luz aquí! ¡pronto, pronto!
+
+Encendida la cerilla, Agapo la acercó y retrocedió, dando un alarido de
+espanto: ahí estaba el desgraciado niño, los ojos azules aun
+abiertos...
+
+--¡Dios mío! la culpa es mía, por haberle dejado solo... ¡no me lo
+perdonaré! ¿quién lleva ahora esta noticia a la familia? iré yo.
+Quedarse aquí vosotros, hasta que la policía venga; avisaré. ¡Qué
+desgracia, ajo, qué desgracia!
+
+Desapareció y el cuerpo de Quilito quedó allí, frente al río, que
+murmuraba su letanía indiferente, y entre los dos desconocidos, que
+fumaban, en silencio...
+
+* * *
+
+En esta misma fatal noche de San Juan, míster Robert, a la espera de su
+tranvía, después de cerrar el escritorio por última vez, paseaba por la
+acera de la Catedral. Vencido en la lucha con el agio, había salido
+destrozado del combate, sin fe y sin esperanza, sin fuerzas ya para
+mantener el peso de su honradez sobre los hombros. ¡Ah! si era una carga
+inútil, ¿por qué no arrojarla a la calle? La luz roja no venía, y míster
+Robert siguió su camino y fué a pararse delante de la Bolsa. ¡Cosa rara!
+míster Robert no bebía vino, y es probado, pero padecía de alucinaciones
+sin duda; y tal como aquella vez creyó ver las extravagancias, de que se
+ha hecho mención, ahora, al mirar el edificio con encono, observó, creyó
+observar, mejor dicho, se le figuró, se le antojó que veía, en la
+cornisa del frente, sobre la puerta principal, un gran caballo, de
+piedra o de lo que fuera, con un hombrazo encima, de casco y espada
+desenvainada, y la adarga caída entre las patas del animal... Y debajo
+había dos letreros, que era lástima no pudiera leer, como míster Robert,
+el desgraciado joven rubio, de ojos azules, que en aquel momento,
+tendido sobre sucias angarillas, atravesaba sin vida los umbrales de una
+casa de la calle Moreno.
+
+Decía el uno: Que tu caballo de combate sea el trabajo y tu espada la
+perseverancia; mas, si quieres vencer en la contienda, no dejes caer a
+tierra el escudo de la prudencia.
+
+Y el otro: La mejor lotería es el ahorro, no el que amontona por vicio,
+sino el que guarda por previsión.
+
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Quilito, by Carlos Maria Ocanto
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK QUILITO ***
+
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+
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