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+The Project Gutenberg EBook of Mare nostrum, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Mare nostrum
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
+Release Date: October 29, 2007 [EBook #23236]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MARE NOSTRUM ***
+
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
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+
+
+
+VICENTE BLASCO IBAÑEZ
+
+MARE NOSTRUM
+
+(NOVELA)
+
+95.OOO EJEMPLARES
+
+PROMETEO
+
+Gemanías, 33.--VALENCIA
+
+(Published in Spain)
+
+ES PROPIEDAD.--Reservados todos los derechos de reproducción, traducción
+y adaptación.
+
+Copyright 1919, by V. Blasco Ibáñez.
+
+
+
+
+INDICE
+
+ I.--El capitán Ulises Ferragut.
+ II.--Mater Anfitrita.
+ III.--Pater Oceanus.
+ IV.--Freya.
+ V.--El Acuario de Nápoles.
+ VI.--Los artificios de Circe.
+ VII.--El pecado de Ferragut.
+ VIII.--El joven Telémaco.
+ IX.--El encuentro de Marsella.
+ X.--En Barcelona.
+ XI.--«Adiós. Voy á morir».
+ XII.--¡Anfitrita!... ¡Anfitrita!
+
+
+
+
+MARE NOSTRUM
+
+
+
+
+I
+
+EL CAPITÁN ULISES FERRAGUT
+
+
+Sus primeros amores fueron con una emperatriz.
+
+El tenía diez años y la emperatriz seiscientos. Su padre, don Esteban
+Ferragut--tercera cuota del Colegio de Notarios de Valencia--, admiraba
+las cosas del pasado.
+
+Vivía cerca de la catedral, y los domingos y fiestas de guardar, en vez
+de seguir á los fieles que acudían á los aparatosos oficios presididos
+por el cardenal-arzobispo, se encaminaba con su mujer y su hijo á oír
+misa en San Juan del Hospital, iglesia pequeña, rara vez concurrida en
+el resto de la semana.
+
+El notario, que en su juventud había leído á Wálter Scott, experimentaba
+la dulce impresión del que vuelve á su país de origen al ver las paredes
+que rodean el templo, viejas y con almenas. La Edad Media era el período
+en que habría querido vivir. Y el buen don Esteban, pequeño, rechoncho y
+miope, sentía en su interior un alma de héroe nacido demasiado tarde al
+pisar las seculares losas del templo de los Hospitalarios. Las otras
+iglesias enormes y ricas le parecían monumentos de insípida vulgaridad,
+con sus fulguraciones de oro, sus escarolados de alabastro y sus
+columnas de jaspe. Esta la habían levantado los caballeros de San Juan,
+que, unidos á los del Temple, ayudaron al rey don Jaime en la conquista
+de Valencia.
+
+Al atravesar un pasillo cubierto, desde la calle al patio interior,
+saludaba á la Virgen de la Reconquista traída por los freires de la
+belicosa Orden: imagen de piedra tosca, con colores y oros imprecisos,
+sentada en un sitial románico. Unos naranjos agrios destacaban su verde
+ramazón sobre los muros de la iglesia, ennegrecida sillería perforada
+por largos ventanales cegados con tapia. De los estribos salientes de su
+refuerzo surgían, en lo más alto, monstruosos endriagos de piedra,
+carcomida.
+
+En su nave única quedaba muy poco de este exterior romántico. El gusto
+barroco del siglo XVII había ocultado la bóveda ojival bajo otra de
+medio punto, cubriendo además las paredes con un revoque de yeso. Pero
+sobrevivían á la despiadada restauración los retablos medioevales, los
+blasones nobiliarios, los sepulcros de los caballeros de San Juan con
+inscripciones góticas, y esto bastaba para mantener despierto el
+entusiasmo del notario.
+
+Había que añadir además la calidad de los fieles que asistían á sus
+oficios. Eran pocos y escogidos; siempre los mismos. Unos se dejaban
+caer en su asiento, flácidos y gotosos, sostenidos por un criado viejo ó
+por la esposa, que iba con pobre mantilla, lo mismo que una ama de
+gobierno. Otros oían la misa de pie, irguiendo su descarnada cabeza, que
+presentaba un perfil de pájaro de combate, cruzando sobre el pecho las
+manos siempre negras, enguantadas de lana en el invierno y de hilo en el
+verano. Los nombres de todos ellos los conocía Ferragut por haberlos
+leído en las _Trovas_ de Mosén Febrer, métrico relato en lemosín de los
+hombres de guerra que vinieron al cerco de Valencia desde Aragón,
+Cataluña, el Sur de Francia, Inglaterra y la remota Alemania.
+
+Al terminar la misa, los imponentes personajes movían la cabeza
+saludando á los fieles más cercanos. «Buenos días.» Para ellos era como
+si acabase de salir el sol: las horas de antes no contaban. Y el
+notario, con voz melosa, ampliaba su respuesta: «Buenos días, señor
+marqués.» «Buenos días, señor barón.» Sus relaciones no iban más allá;
+pero Ferragut sentía por los nobles personajes la simpatía que sienten
+los parroquianos de un establecimiento, acostumbrados á mirarse durante
+años con ojos afectuosos, pero sin cruzar mas que un saludo.
+
+Su hijo Ulises se aburría en la iglesia obscura y casi desierta,
+siguiendo los monótonos incidentes de una misa cantada. Los rayos del
+sol, chorros oblicuos de oro que venían de lo alto iluminando espirales
+de polvo, moscas y polillas, le hacían pensar nostálgicamente en las
+manchas verdes de la huerta, las manchas blancas de los caseríos, los
+penachos negros del puerto, repleto de vapores, y la triple fila de
+convexidades azules coronadas de espuma que venían á deshacerse con
+cadencioso estruendo sobre la playa color de bronce.
+
+Cuando dejaban de brillar las capas bordadas de los tres sacerdotes del
+altar mayor y aparecía en el púlpito otro sacerdote blanco y negro,
+Ulises volvía la vista á una capilla lateral. El sermón representaba
+para él media hora de somnolencia poblada de esfuerzos imaginativos. Lo
+primero que buscaban sus ojos en la capilla de Santa Bárbara era una
+arca clavada en la pared á gran altura, un sepulcro de madera pintada,
+sin otro adorno que esta inscripción: _Aquí yace doña Constanza Augusta,
+Emperatriz de Grecia._
+
+El nombre de Grecia tenía el poder de excitar la fantasía del pequeño.
+También su padrino, el abogado Labarta, poeta laureado, no podía repetir
+este nombre sin que una contracción fervorosa pasase por su barba entre
+cana y una luz nueva por sus ojos. Algunas veces, al poder misterioso de
+tal nombre se yuxtaponía un nuevo misterio más obscuro y de angustioso
+interés: Bizancio. ¿Cómo aquella señora augusta, soberana de remotos
+países de magnificencia y de ensueño, había venido á dejar sus huesos en
+una lóbrega capilla de Valencia, dentro de un arcón semejante á los que
+guardaban retazos y cachivaches en los desvanes del notario?...
+
+Un día, después de la misa, don Esteban le había contado su historia
+rápidamente. Era hija de Federico II de Suabia, un Hohenstaufen, un
+emperador de Alemania, pero que estimaba en más su corona de Sicilia.
+Había llevado en los palacios de Palermo--verdaderas _ruzafas_ por sus
+orientales jardines--una existencia de pagano y de sabio, rodeado de
+poetas y hombres de ciencia (judíos, mahometanos y cristianos), de
+bayaderas, de alquimistas y de feroces guardias sarracenos. Legisló como
+los jurisconsultos de la antigua Roma, escribiendo al mismo tiempo los
+primeros versos en italiano. Su vida fué un continuo combate con los
+Papas, que lanzaban contra él excomunión sobre excomunión. Para obtener
+la paz se hacía cruzado y marchaba á la conquista de Jerusalén. Pero
+Saladino, otro filósofo de la misma clase, se ponía rápidamente de
+acuerdo con su colega cristiano. La posesión de una pequeña ciudad
+rodeada de eriales y con un sepulcro vacío no valía la pena de que los
+hombres se degollasen durante siglos. El monarca sarraceno le entregaba
+Jerusalén graciosamente, y el Papa volvía á excomulgar á Federico por
+haber conquistado los Santos Lugares sin derramamiento de sangre.
+
+--Fué un grande hombre--murmuraba don Esteban--. Hay que reconocer que
+fué un grande hombre...
+
+Lo decía tímidamente, sintiendo que sus entusiasmos por aquella época
+remota le obligasen á hacer esta concesión á un enemigo de la Iglesia.
+Se estremecía al pensar en los libros blasfematorios, que nadie había
+visto, pero cuya paternidad atribuía Roma al emperador siciliano:
+especialmente el de _Los tres impostores_, en el que Federico medía con
+el mismo rasero á Moisés, Jesús y Mahoma. Este escritor coronado era el
+periodista más antiguo de la Historia: el primero que en pleno siglo
+XIII había osado apelar al juicio de la opinión pública en sus
+manifiestos contra Roma.
+
+Su hija la había casado con un emperador de Bizancio, Juan Dukas
+Vatatzés, el famoso «Vatacio», cuando éste tenía cincuenta años y ella
+catorce. Era una hija natural, legitimada luego, como casi toda su
+prole: un producto de su harén libre, en el que se mezclaban beldades
+sarracenas y marquesas italianas. Y la pobre joven, casada con «Vatacio
+el Herético» por un padre necesitado de alianzas, había vivido largos
+años en Oriente con toda la pompa de una basilisa, envuelta en
+vestiduras de rígidos bordados que representaban escenas de los libros
+santos, calzada con borceguíes de púrpura que llevaban en las suelas
+águilas de oro, último símbolo de la majestad de Roma.
+
+Primeramente había reinado en Nicea, refugio de los emperadores griegos
+mientras Constantinopla estuvo en poder de los cruzados, fundadores de
+una dinastía latina; luego, cuando, muerto Vatacio, el audaz Miguel
+Paleólogo reconquistaba Constantinopla, la viuda imperial se veía
+solicitada por este aventurero victorioso. Durante varios años resistió
+á sus pretensiones, consiguiendo al fin que su hermano Manfredo, nuevo
+rey de Sicilia, la devolviese á su patria. Federico había muerto;
+Manfredo hacía frente á las tropas pontificales y á la cruzada francesa
+que habían levantado los Papas ofreciendo al rudo Carlos de Anjou la
+corona de Sicilia. La pobre emperatriz griega llegaba á tiempo para
+recibir la noticia de la muerte de su hermano en una batalla y seguir la
+fuga de su cuñada y sus sobrinos. Todos se refugiaban en Lucera dei
+Pagani, castillo defendido por los sarracenos al servicio de Federico,
+únicos fieles á su memoria.
+
+El castillo caía en poder de los guerreros de la Iglesia, y la esposa de
+Manfredo era conducida á una prisión, donde se extinguía su vida al poco
+tiempo. La obscuridad tragaba los últimos restos de la familia maldecida
+por Roma. La muerte rondaba en torno de la basilisa. Todos perecían: su
+hermano Manfredo, su hermanastro el poético y lamentable Encio, héroe de
+tantas canciones. Su sobrino el caballeresco Coradino iba á morir más
+adelante bajo el hacha del verdugo al intentar la defensa de sus
+derechos. Como la emperatriz oriental no representaba ningún peligro
+para la dinastía de Anjou, el vencedor la dejaba seguir su destino sola
+y desamparada, como una princesa de Shakespeare.
+
+Viuda del emperador Juan Dukas, tenía el señorío de tres villas
+importantes de Anatolia, con una renta de tres mil besantes de oro fino.
+Pero esta renta lejana, no llegaba nunca. Y casi de limosna se embarcó
+en una nave que hacía rumbo á las perfumadas orillas del golfo de
+Valencia. Su sobrina Constanza, hija de Manfredo, estaba casada con el
+infante don Pedro de Aragón, hijo de don Jaime. La basilisa se instalaba
+en Valencia, recién conquistada. Su sobrino el futuro Pedro III, que
+intervenía en el gobierno por la ancianidad de su padre, le ofreció
+Estados; pero cansada de una vida de aventuras, prefería entrar en el
+convento de Santa Bárbara.
+
+Ultima representante del glorioso Federico, ella y su sobrina Constanza
+transmitían á Pedro III los derechos sobre Sicilia, y el grave y tenaz
+monarca aragonés los reivindicaba años adelante, apoderándose de la isla
+luego de las famosas Vísperas Sicilianas. La pobre emperatriz vivió
+hasta el siglo siguiente en la pobreza de un convento recién fundado,
+recordando las aventuras de su destino melancólico, viendo con la
+imaginación el palacio de mosaicos de oro junto al lago de Nicea, los
+jardines donde Vatacio había querido morir bajo una tienda de púrpura,
+las gigantescas murallas de Constantinopla, las bóvedas de Santa Sofía,
+con sus teorías hieráticas de santos y basileos coronados.
+
+De todos sus viajes y sus fortunas esplendorosas sólo había conservado
+una piedra, único equipaje que la acompañó al saltar en la playa de
+Valencia. Era un fragmento de una roca de Nicodemia que manó agua
+milagrosamente para el bautismo de Santa Bárbara. El notario mostraba á
+su hijo el sagrado pedrusco incrustado sobre una pileta de agua bendita.
+En la misma capilla estaba la tumba de otra princesa, hija del basileo
+Teodoro Lascaris, que había venido á reunirse con su tía en el lejano
+destierro.
+
+Ulises, sin dejar de admirar los conocimientos históricos de su padre,
+los acogía con cierta ingratitud.
+
+--Mi padrino me explicará mejor esto... Mi padrino sabe más.
+
+Cuando miraba la capilla de Santa Bárbara en el transcurso de la misa,
+sus ojos huían del fúnebre arcón. Le inspiraba repugnancia el pensar en
+los huesos hechos polvo. Aquella doña Constanza no existía. La que le
+interesaba era la otra, la que estaba un poco más allá, pintada en un
+pequeño cuadro. Doña Constanza tuvo lepra--enfermedad que en aquellos
+tiempos no perdonaba á las emperatrices--, y Santa Bárbara curó
+milagrosamente á su devota. Para perpetuar este suceso, allí estaba
+Santa Bárbara en el cuadro, vestida con ancha saya y mangas de farol
+acuchilladas, lo mismo que una dama del siglo XV, y á sus pies la
+basilisa con traje de labradora valenciana y gruesas joyas. En vano
+afirmó don Esteban que este cuadro había sido pintado siglos después de
+la muerte de la emperatriz. La imaginación del niño saltaba
+desdeñosamente sobre estos reparos. Así había sido doña Constanza, tal
+como aparecía en el lienzo, pelirrubia y con enormes ojos negros,
+guapetona, un poco llena de carnes, como conviene á una mujer
+acostumbrada á arrastrar mantos regios y que sólo por devoción accede á
+disfrazarse de campesina.
+
+La imagen de la emperatriz llenó su pensamiento infantil. Por las
+noches, cuando sentía miedo en la cama, impresionado por la enormidad
+del salón que le servía de alcoba, le bastaba hacer memoria de la
+soberana de Bizancio para olvidar inmediatamente sus inquietudes y los
+mil ruidos extraños del viejo edificio. «¡Doña Constanza!...» Se dormía
+abrazado á la almohada, como si ésta fuese la cabeza de la basilisa. Sus
+ojos cerrados veían las negras pupilas de la regia señora, maternales y
+amorosas.
+
+Todas las mujeres, al aproximarse á él, tomaban algo de aquella otra que
+dormía seis siglos en lo alto de un muro.
+
+Cuando su madre, la dulce y pálida doña Cristina, dejaba por un instante
+sus labores y le daba un beso, veía en su sonrisa algo de la emperatriz.
+Cuando Visanteta, una criada de la huerta, morena, con ojos de zarzamora
+y una piel ardorosa y fina, le ayudaba á desnudarse ó le despertaba para
+llevarle al colegio, Ulises tendía los brazos en torno de ella con
+repentino entusiasmo, como si le embriagase el perfume de animalidad
+vigorosa y púdica que exhalaba la muchacha. «¡Visanteta!... ¡Oh,
+Visanteta!...» Y pensaba en doña Constanza. Así debían oler las
+emperatrices, así debía ser el contacto de su epidermis.
+
+Estremecimientos misteriosos é incomprensibles atravesaban su cuerpo
+como ligeros vapores, como débiles burbujas del légamo que duerme en el
+fondo de toda infancia y se remonta á la superficie con las
+fermentaciones de la juventud.
+
+Su padre adivinaba una parte de esta vida imaginativa al ver sus juegos
+y lecturas.
+
+--¡Ah, comediante!... ¡Ah, historiero!... Eres igual á tu padrino.
+
+Decía esto con una sonrisa ambigua en la que entraban igualmente su
+menosprecio por los idealismos inútiles y su respeto á los artistas; un
+respeto semejante á la veneración que sienten los árabes por los locos,
+viendo en su demencia un regalo de Dios.
+
+Doña Cristina ansiaba que este hijo único, objeto de mimos y cuidados
+como un príncipe heredero, fuese sacerdote. ¡Verle cantar la primera
+misa!... Luego canónigo; luego prelado. ¡Quién sabe si, cuando ella no
+existiese, otras mujeres le admirarían precedido de una cruz de oro,
+arrastrando el manto rojo de cardenal-arzobispo, rodeado de un estado
+mayor de sobrepellices, y envidiarían á la madre que había dado á luz
+este magnate eclesiástico!...
+
+Para guiar las aficiones de su hijo había instalado una iglesia en uno
+de los salones inútiles del caserón. Los compañeros de colegio de Ulises
+acudían en las tardes libres, atraídos doblemente por el encanto de
+«jugar á los curas» y por la merienda generosa que preparaba doña
+Cristina para dejar satisfecho á todo el clero parroquial.
+
+La solemnidad empezaba por el furioso volteo de unas campanas montadas
+en una puerta del salón. Los clientes del notario, sentados en el
+entresuelo en espera de los papeles que acababan de garrapatear á toda
+prisa los escribientes, levantaban la cabeza con asombro. El metálico
+estrépito hacía temblar aquel edificio, cuyos rincones parecían repletos
+de silencio, y conmovía la calle, por la que sólo de tarde en tarde
+pasaba un carruaje.
+
+Mientras unos encendían las velas del altar y desdoblaban los sagrados
+manteles con primorosas randas, obra de doña Cristina, el hijo y sus
+amigos más íntimos se revestían á la vista de los fieles, cubriéndose
+con albas y doradas casullas, colocando en sus cabezas graciosos
+bonetes. La madre, que espiaba detrás de una puerta, tenía que hacer
+esfuerzos para no entrar y comerse á besos á Ulises. ¡Con qué gracia
+imitaba los gestos y genuflexiones del sacerdote principal!...
+
+Hasta aquí todo iba perfectamente. Cantaban á pleno pulmón los tres
+oficiantes junto á la pirámide de luces, y el coro de fieles respondía
+desde el fondo de la pieza con temblores de impaciencia. De pronto
+surgía la protesta, el cisma, la herejía. Ya habían hecho bastante de
+capellanes los que estaban en el altar. Debían ceder las casullas á los
+que miraban, para que, á su vez, ejerciesen el sagrado ministerio. Esto
+era lo tratado. Pero el clero se resistía al despojo con la altivez y la
+majestad de los derechos adquiridos, y las manos impías tiraban de las
+santas vestiduras, profanándolas hasta rasgarlas. Gritos, coces,
+imágenes y cirios por el suelo, escándalo y abominación, como si ya
+hubiese nacido el Anticristo. La prudencia de Ulises ponía término á la
+lucha. «¿Si fuésemos á jugar al _pòrche_?...»
+
+El _pòrche_ era el inmenso desván del caserón. Todos aceptaban con
+entusiasmo. ¡Se acabó la iglesia! Y como una bandada de pájaros, volaban
+escalera arriba, sobre unos peldaños de azulejos multicolores con
+redondeles de barniz saltado que mostraban la roja pasta del ladrillo.
+Los ceramistas valencianos del siglo XVIII los habían ornado con galeras
+berberiscas y cristianas, aves de la cercana Albufera, cazadores de
+blanca peluca que ofrecían flores á una labradora, frutas de todas
+clases y briosos jinetes cabalgando en caballos como la mitad de su
+cuerpo ante casas y árboles que apenas llegaban á las rodillas del
+corcel.
+
+Se esparcía el ruidoso grupo por el último piso como las más horrendas
+invasiones de la Historia. Gatos y ratas huían por igual á los rincones.
+Los pájaros, despavoridos, salían como flechas por los tragaluces del
+techo.
+
+¡Pobre notario!... Jamás había vuelto con las manos vacías cuando era
+llamado fuera de la ciudad por la confianza de los labriegos ricos,
+incapaces de creer en otra ciencia jurídica que no fuese la suya. Era el
+tiempo en que los comerciantes de antigüedades no habían descubierto aún
+la rica Valencia, donde la gente popular se vistió de seda durante
+siglos, y muebles, ropas y cacharros parecían impregnarse de la luz de
+un sol siempre igual, del azul de un ambiente siempre sereno.
+
+Don Esteban, que se creía obligado á ser anticuario en su calidad de
+individuo de varias sociedades regionales, iba llenando su casa con los
+restos del pasado adquiridos en los pueblos ó que le ofrecían
+espontáneamente sus clientes. No encontraba ya para los cuadros paredes
+libres, ni espacio en sus salones para los muebles. Por esto las nuevas
+adquisiciones tomaban el camino del _pòrche_, provisionalmente, en
+espera de una instalación definitiva. Años después, cuando al retirarse
+de la profesión pudiera construir un castillo medioeval--todo lo
+medioeval que fuese posible--en las costas de la Marina, junto al pueblo
+donde había nacido, colocaría cada objeto en un lugar digno de su
+importancia.
+
+Lo que el notario iba dejando en las habitaciones del primer piso
+aparecía misteriosamente en el desván, como si le hubiesen salido patas.
+Doña Cristina y sus sirvientas, obligadas á vivir en continua pelea con
+el polvo y las telarañas de un edificio que se desmenuzaba poco á poco,
+sentían un odio feroz contra todo lo viejo.
+
+Arriba no eran posibles las desavenencias y batallas de los muchachos
+por falta de disfraces. No tenían mas que hundir sus manos en cualquiera
+de los arcones que latían con sordo crepitamiento de carcoma, y cuyos
+hierros, calados como encajes, se desclavaban de la madera. Unos
+blandían espadines de puños de nácar ó largas tizonas, luego de
+envolverse en capas de seda carmesí obscurecidas por los años. Otros se
+echaban en hombros colchas de brocado venerables, faldas de labradora
+con gruesas flores de oro, guardainfantes de rico tejido que crujían
+como papel.
+
+Cuando se cansaban de imitar á los cómicos con ruidoso choque de espadas
+y caídas de muerte, Ulises y otros amantes de la acción proponían el
+juego de «ladrones y alguaciles». Los ladrones no podían ir vestidos con
+ricas telas, su uniforme debía ser modesto. Y revolvían unos montones de
+trapos de colores apagados que parecían arpilleras. En las diversas
+manchas de su tejido se adivinaban piernas, brazos, cabezas, ramajes de
+un verde metálico.
+
+Don Esteban había encontrado estos fragmentos rotos ya por los
+labradores para tapar tinajas de aceite ó servir de mantas á las mulas
+de labor. Eran pedazos de tapices copiados de cartones del Ticiano y de
+Rubens. El notario los guardaba únicamente por respeto histórico. El
+tapiz carecía entonces de mérito, como todas las cosas que abundan. Los
+roperos de Valencia tenían en sus almacenes docenas de paños de la misma
+clase, y al llegar la fiesta del Corpus cubrían con ellos las vallas de
+los terrenos sin edificar en las calles seguidas por la procesión.
+
+Otras veces, Ulises repetía el mismo juego con el título de «indios y
+conquistadores». Había encontrado en los montones de libros almacenados
+por su padre un volumen que relataba, á dos columnas, con abundantes
+grabados en madera, las navegaciones de Colón, las guerras de Hernán
+Cortés, las hazañas de Pizarro.
+
+Este libro influyó en el resto de su existencia. Muchas veces, siendo
+hombre, encontró su imagen latente en el fondo de sus actos y sus
+deseos. En realidad, sólo había leído algunos fragmentos. Para él lo
+interesante eran los grabados, más dignos de su admiración que todos los
+cuadros del desván.
+
+Con la punta de su estoque trazaba en el suelo una línea, lo mismo que
+Pizarro en la isla del Gallo ante sus desalentados compañeros, prontos á
+desistir de la conquista. «Que todo buen castellano pase esta raya...» Y
+los buenos castellanos--una docena de pilluelos con largas capas y
+tizonas, cuya empuñadura les llegaba á la boca--venían á agruparse en
+torno del caudillo, que imitaba los gestos heroicos del conquistador.
+Luego surgía el grito de guerra: «¡Sus, á los indios!»
+
+Estaba convenido que los indios debían huir: para eso iban envueltos
+modestamente en un trozo de tapiz y llevaban en la cabeza plumas de
+gallo. Pero huían traidoramente, y al verse sobre vargueños, mesas y
+pirámides de sillas, empezaban á disparar volúmenes contra sus
+perseguidores. Venerables libros de piel con dorados suaves, infolios de
+blanco pergamino, se abrían al caer en el suelo, rompiéndose sus
+nervios, esparciendo una lluvia de páginas impresas ó manuscritas, de
+amarillentos grabados, como si soltasen la sangre y las entrañas,
+cansados de vivir.
+
+El escándalo de estas guerras de conquista atrajo la intervención de
+doña Cristina. Ya no quiso admitir más á unos diablos que preferían las
+gritonas aventuras del desván á las delicias místicas de la abandonada
+capilla. Los indios eran los más dignos de execración. Para compensar la
+humildad de su papel con nuevos esplendores, habían acabado por meter
+sus tijeras pecadoras en tapices enteros, cortándose varias dalmáticas
+de modo que les cayese sobre el pecho una cabeza de héroe ó de diosa.
+
+Ulises, al quedar sin compañeros, encontró un nuevo encanto á la vida en
+el desván. El silencio poblado de chasquidos de maderas y correteos de
+animales invisibles, la caída inexplicable de un cuadro ó de unos libros
+apilados, le hacían paladear una sensación de miedo y de misterio
+nocturnos bajo los chorros de sol que entraban por los tragaluces.
+
+En esta soledad se encontraba mejor. Podía poblarla á su capricho. Le
+estorbaban los seres reales, como los inoportunos ruidos que despiertan
+de un ensueño hermoso. El desván era un mundo con varios siglos de
+existencia, que le pertenecía por entero y se plegaba á todas sus
+fantasías.
+
+Metido en un cofre sin tapa, lo hacía balancearse, imitando con la boca
+los rugidos de la tempestad. Era una carabela, un galeón, una nave, tal
+como los había visto en los viejos libros: las velas con leones y
+crucifijos pintados, un castillo en la popa y un figurón tallado en el
+avante, que se hundía en las olas para reaparecer chorreando.
+
+El cofre, en fuerza de empujones, abordaba la costa tallada á pico de un
+arcón, el golfo triangular de dos cómodas, la blanda playa de unos
+fardos de telas. Y el navegante, seguido de una tripulación tan numerosa
+como irreal, saltaba á tierra tizona en mano, escalando unas montañas de
+libros, que eran los Andes, y agujereaba varios volúmenes con el regatón
+de una lanza vieja para plantar su estandarte. ¿Por qué no había de ser
+conquistador?...
+
+Inútilmente acudían á su memoria fragmentos de conversación entre su
+padrino y su padre, según los cuales todo era conocido en la superficie
+de la tierra. Algo, sin embargo, quedaría por descubrir. El era el punto
+de encuentro de dos líneas de marinos. Los hermanos de su madre tenían
+barcos en la costa de Cataluña. Los abuelos de su padre habían sido
+valerosos y obscuros navegantes, y allá en la Marina estaba su tío el
+médico, un verdadero hombre de mar.
+
+Al fatigarse de estas orgías imaginativas, contemplaba los retratos de
+diversas épocas almacenados en el desván. Prefería los de mujeres: damas
+de melena corta y rizada, con un lazo en una sien, como las que pintó
+Velázquez, caras largas del siglo siguiente, con boca de cereza, dos
+lunares en las mejillas y una torre de pelo blanco. El recuerdo de la
+basilisa parecía esparcirse por estos cuadros. Todas las damas tenían
+algo de ella.
+
+Entre los retratos de hombres había un obispo que le molestaba por su
+edad absurda. Era casi de sus años; un obispo adolescente, con ojos
+imperiosos y agresivos. Estos ojos le inspiraban cierto pavor, y por lo
+mismo decidió acabar con ellos: «¡Toma!» Y clavó su espada en el viejo
+cuadro, añadiendo á sus desconchados dos agujeros en el lugar de las
+pupilas. Todavía, para mayor remordimiento, añadió unas cuantas
+cuchilladas... En la misma noche, estando su padrino invitado á cenar,
+el notario habló de cierto retrato adquirido meses antes en las
+inmediaciones de Játiva, ciudad que miraba con interés por haber nacido
+los Borgia en una aldea cercana. Los dos hombres eran de la misma
+opinión. Aquel prelado casi infantil no podía ser otro que César Borgia,
+nombrado arzobispo de Valencia, por su padre el Papa, cuando tenía diez
+y seis años. Un día que estuviesen libres examinarían con detenimiento
+el retrato... Y Ulises, bajando la cabeza, sintió que se le atragantaban
+los bocados.
+
+Ir á casa del padrino representaba para él un placer más intenso y
+palpable que los juegos solitarios del desván. El abogado don Carmelo
+Labarta se mostraba ante sus ojos como la personificación de la vida
+ideal, de la gloria de la poesía. El notario hablaba de él con
+entusiasmo, compadeciéndole al mismo tiempo.
+
+--¡Ese don Carmelo!... El primer civilista de nuestra época. A espuertas
+podría ganar el dinero, pero los versos le atraen más que los pleitos.
+
+Ulises entraba en su despacho con emoción. Sobre las filas de libros
+multicolores y dorados que cubrían las paredes veía unas cabezotas de
+yeso, con frentes de torre y ojos huecos que parecían contemplar la nada
+inmensa.
+
+El niño repetía sus nombres como un pedazo de santoral, desde Homero á
+Víctor Hugo. Después buscaba con su vista otra cabeza igualmente
+gloriosa, aunque menos blanca, con las barbas rubias y entrecanas, la
+nariz rubicunda y unas mejillas herpéticas que en ciertos momentos
+echaban á volar las películas de su caspa. Los ojos dulces del padrino,
+unos ojos amarillos moteados de pepitas negras, acogían á Ulises con el
+amor de un solterón que se hace viejo y necesita inventarse una familia.
+El era quien le había dado en la pila bautismal su nombre, que tanta
+admiración y risa despertaba en los compañeros de colegio; él quien le
+había contado muchas veces las aventuras del navegante rey de Itaca con
+la paciencia de un abuelo que relata á su nieto la vida del santo
+onomástico.
+
+Luego, el muchacho consideraba con no menos devoción todos los recuerdos
+de gloria que adornaban la casa: coronas de hojas de oro, copas
+argentinas, desnudeces marmóreas, placas de diversos metales sobre fondo
+de peluche, en las que brillaba imperecedero el nombre del poeta
+Labarta. Todo este botín lo había conquistado á punta de verso en los
+certámenes, como guerrero incansable de las letras.
+
+Al anunciarse unos Juegos Florales temblaban los competidores, temiendo
+que al gran don Carmelo se le ocurriese apetecer alguno de los premios.
+Con asombrosa facilidad se llevaba la flor natural destinada á la oda
+heroica, la copa de oro del romance amoroso, el par de estatuas
+dedicadas al más completo estudio histórico, el busto de mármol para la
+mejor leyenda en prosa, y hasta el «bronce de arte» recompensa del
+estudio filológico. Los demás sólo podían aspirar á las sobras.
+
+Por fortuna, se había confinado en la literatura regional, y su
+inspiración no admitía otro ropaje que el del verso valenciano. Fuera de
+Valencia y sus pasadas glorias, sólo la Grecia merecía su admiración.
+Una vez al año le veía Ulises puesto de frac, con el pecho constelado de
+condecoraciones y una cigarra de oro en la solapa, distintivo de los
+felibres de Provenza.
+
+Era que se iba á celebrar la fiesta de la literatura lemosina, en la que
+desempeñaba siempre un primer papel: vate premiado, discurseante, ó
+simple ídolo, al que tributaban sus elogios otros poetas, clérigos dados
+á la rima, encarnadores de imágenes religiosas, tejedores de seda que
+sentían perturbada la vulgaridad de su existencia por el cosquilleo de
+la inspiración; toda una cofradía de vates populares, ingenuos y de
+estro casero, que recordaban á los Maestros Cantores de las viejas
+ciudades alemanas.
+
+Labarta, después de transcurridos doscientos años, no había llegado á
+perdonar á Felipe V, déspota francés que reemplazó á los déspotas
+austriacos. El había suprimido los fueros de Valencia. «¡Borbón, maldito
+seas!...» Pero se lo decía en verso y en lemosín, circunstancias
+atenuantes que le permitían ser partidario de los sucesores de Felipe el
+Maldito y haber figurado por unos meses como diputado mudo del gobierno.
+
+Su ahijado se lo imaginaba á todas horas con una corona de laurel en las
+sienes, lo mismo que aquellos poetas misteriosos y ciegos cuyos retratos
+y bustos ornaban la biblioteca. Veía perfectamente su cabeza limpia de
+tal adorno, pero la realidad perdía todo valor ante la firmeza de sus
+concepciones. Su padrino debía llevar corona cuando él no estaba
+presente. Indudablemente la llevaba á solas, como un gorro casero.
+
+Otro motivo de admiración eran los viajes del grande hombre. Había
+vivido en el lejano Madrid--escenario de casi todas las novelas leídas
+por Ulises--, y cierta vez hasta había pasado la frontera, lanzándose
+audazmente por un país remoto titulado el Mediodía de Francia, para
+visitar á otro poeta que él llamaba «mi amigo Mistral». Su imaginación,
+pronta é ilógica en sus decisiones, envolvía al padrino en un halo de
+interés heroico semejante al de los conquistadores.
+
+Al sonar las campanadas de las doce, Labarta, que no admitía
+informalidades en asuntos de mesa, se impacientaba, cortando el relato
+de sus viajes y triunfos.
+
+--¡Doña Pepa! Aquí tenemos al convidado.
+
+Doña Pepa era el ama de llaves, la compañera del grande hombre, que
+llevaba quince años atada al carro de su gloria. Se entreabría un
+cortinaje, y avanzaba una pechuga saliente sobre un abdomen encorsetado
+con crueldad. Después, mucho después, aparecía un rostro blanco y
+radiante, una cara de luna. Y mientras saludaba al pequeño Ulises con su
+sonrisa de astro nocturno, seguía entrando y entrando el complemento
+dorsal de su persona, cuarenta años carnales, frescos, exuberantes,
+inmensos.
+
+El notario y su esposa hablaban de doña Pepa como de una persona
+familiar, pero el niño nunca la había visto en su casa. Doña Cristina
+elogiaba sus cuidados con el poeta, pero desde lejos y sin deseos de
+conocerla. Don Esteban excusaba al grande hombre.
+
+--¡Qué quieres!... Es un artista, y los artistas no pueden vivir como
+Dios manda. Todos, por serios que parezcan, son en el fondo unos
+perdidos. ¡Qué lástima! Un abogado tan eminente... ¡El dinero que podría
+ganar!...
+
+Las lamentaciones del padre abrieron nuevos horizontes á la malicia del
+pequeño. De un golpe abarcó el móvil principal de nuestra existencia,
+que hasta entonces sólo había columbrado envuelto en misterios. Su
+padrino tenía relaciones con una mujer; era un enamorado como los héroes
+de las novelas. Recordó muchas de sus poesías valencianas, todas
+dirigidas á una dama; unas veces cantando su belleza con la embriaguez y
+la noble fatiga de una reciente posesión; otras quejándose de su desvío,
+pidiéndole la entrega de su alma, sin la cual no es nada la limosna del
+cuerpo.
+
+Ulises se imaginó una gran señora, hermosa como doña Constanza. Cuando
+menos, debía ser marquesa. Su padrino bien merecía esto. Y se imaginó
+igualmente que sus encuentros debían ser por la mañana, en uno de los
+huertos de fresas inmediatos á la ciudad, adonde le llevaban sus padres
+á tomar chocolate después de oír la primera misa en los amaneceres
+dominicales de Abril y Mayo.
+
+Mucho después, cuando sentado á la mesa del padrino sorprendió
+cruzándose sobre su cabeza las sonrisas de éste y el ama de llaves,
+llegó á sospechar si doña Pepa sería la inspiradora de tanto verso
+lacrimoso y entusiástico. Pero su buena fe se encabritaba ante tal
+suposición. No, no era posible; forzosamente debía existir otra.
+
+El notario, que llevaba largos años de amistad con Labarta, pretendía
+dirigirle con su espíritu práctico, siendo el lazarillo de un genio
+ciego. Una renta modesta heredada de sus padres bastaba al poeta para
+vivir. En vano le proporcionó su amigo pleitos que representaban enormes
+cuentas de honorarios. Los autos voluminosos se cubrían de polvo en la
+mesa, y don Esteban había de preocuparse de las fechas, para que el
+abogado no dejase pasar los términos del procedimiento.
+
+Su hijo, su Ulises, sería otro hombre. Le veía gran civilista, como su
+padrino, pero con una actividad positiva heredada del padre. La fortuna
+entraría por sus puertas como una ola de papel sellado.
+
+Además, podía poseer igualmente el estudio notarial, oficina
+polvorienta, de muebles vetustos y grandes armarios con puertas
+alambradas y cortinillas verdes, tras de las cuales dormían los
+volúmenes del protocolo envueltos en becerro amarillento, con iniciales
+y números en los lomos. Don Esteban sabía bien lo que representaba su
+estudio.
+
+--No hay huerto de naranjos--decía en los momentos de expansión--, no
+hay arrozal que dé lo que da esta finca. Aquí no hay heladas, ni
+vendaval, ni inundaciones.
+
+La clientela era segura; gentes de Iglesia, que llevaban tras de ellas á
+los devotos, por considerar á don Esteban como de su clase, y
+labradores, muchos labradores ricos. Las familias acomodadas del campo,
+cuando oían hablar de hombres sabios, pensaban inmediatamente en el
+notario de Valencia. Le veían con religiosa admiración calarse las gafas
+para leer de corrido la escritura de venta ó el contrato dotal que sus
+amanuenses acababan de redactar. Estaba escrito en castellano y lo leía
+en valenciano, sin vacilación alguna, para mejor inteligencia de los
+oyentes. ¡Qué hombre!...
+
+Después, mientras firmaban las partes contratantes, el notario,
+subiéndose los vidrios á la frente, entretenía á la reunión con algunos
+cuentos de la tierra, siempre honestos, sin alusiones á los pecados de
+la carne, pero en los que figuraban los órganos digestivos con toda
+clase de abandonos líquidos, gaseosos y sólidos. Los clientes rugían de
+risa, seducidos por esta gracia escatológica, y reparaban menos en la
+cuenta de honorarios. ¡Famoso don Esteban!... Por el placer de oírle
+habrían hecho una escritura todos los meses.
+
+El futuro destino del príncipe de la notaría era objeto de las
+conversaciones de sobremesa en días señalados, cuando estaba invitado el
+poeta.
+
+--¿Qué deseas ser?--preguntaba Labarta á su ahijado.
+
+Los ojos de la madre imploraban al pequeño con desesperada súplica: «Di
+arzobispo, rey mío.» Para la buena señora, su hijo no podía debutar de
+otro modo en la carrera de la Iglesia.
+
+El notario hablaba, por su parte, con seguridad, sin consultar al
+interesado. Sería un jurisconsulto eminente; los miles de duros rodarían
+hacia él como si fuesen céntimos; figuraría en las solemnidades
+universitarias con una esclavina de raso carmesí y un birrete chorreando
+por sus múltiples caras la gloria hilada del doctorado. Los estudiantes
+escucharían respetuosos al pie de su cátedra. ¡Quién sabe si le estaba
+reservado el gobierno de su país!...
+
+Ulises interrumpía estas imágenes de futura grandeza:
+
+--Quiero ser capitán.
+
+El poeta aprobaba. Sentía el irreflexivo entusiasmo de todos los
+pacíficos, de todos los sedentarios, por el penacho y el sable. A la
+vista de un uniforme, su alma vibraba con la ternura amorosa del ama de
+cría que se ve cortejada por un soldado.
+
+--¡Muy bien!--decía Labarta--. ¿Capitán de qué?... ¿De artillería?...
+¿De Estado Mayor?
+
+Una pausa.
+
+--No; capitán de buque.
+
+Don Esteban miraba el techo, alzando las manos. Bien sabía él quién era
+el culpable de esta disparatada idea, quién metía tales absurdos en la
+cabeza de su hijo.
+
+Y pensaba en su hermano el médico, que vivía retirado en la casa
+paterna, allá en la Marina, un hombre excelente pero algo loco, al que
+llamaban el _Dotor_ las gentes de la costa y el poeta Labarta apodaba el
+_Tritón_.
+
+
+
+
+II
+
+MATER ANFITRITA
+
+
+Cuando de tarde en tarde aparecía el _Tritón_ en Valencia, la hacendosa
+doña Cristina modificaba el régimen alimenticio de la familia.
+
+Este hombre sólo comía pescado. Y su alma de esposa económica temblaba
+angustiosamente al pensar en los precios extraordinarios que alcanza la
+pesca en un puerto de exportación.
+
+La vida en aquella casa, donde todo marchaba acompasadamente, sufría
+graves perturbaciones con la presencia del médico. Poco después de
+amanecer, cuando sus habitantes saboreaban los postres del sueño, oyendo
+adormecidos el rodar de los primeros carruajes y el campaneo de las
+primeras misas, sonaban rudos portazos y unos pasos de hierro hacían
+crujir la escalera. Era el _Tritón_, que se echaba á la calle incapaz de
+permanecer entre cuatro paredes así que apuntaba la luz. Siguiendo las
+corrientes de la vida madrugadora llegaba al Mercado, deteniéndose ante
+los puestos de flores, donde era más numerosa la afluencia femenina.
+
+Los ojos de las mujeres iban hacia él instintivamente, con una expresión
+de interés y de miedo. Algunas enrojecían al alejarse, imaginando contra
+su voluntad lo que podría ser un abrazo de este coloso feo é
+inquietante.
+
+--Es capaz de aplastar una pulga sobre el brazo--decían los marineros
+de su pueblo para ponderar la dureza de sus bíceps.
+
+Su cuerpo carecía de grasa. Bajo la morena piel sólo se marcaban rígidos
+tendones y salientes músculos; un tejido hercúleo del que había sido
+eliminado todo elemento incapaz de desarrollar fuerza. Labarta le
+encontraba una gran semejanza con las divinidades marinas. Era Neptuno
+antes de que le blanquease la cabeza; Poseidón tal como le habían visto
+los primeros poetas de Grecia, con el cabello negro y rizoso, las
+facciones curtidas por el aire salino, la barba anillada, con dos
+rematas en espiral que parecían formados por el goteo del agua del mar.
+La nariz algo aplastada por un golpe recibido en su juventud, y los ojos
+pequeños, oblicuos y tenaces, daban á su rostro una expresión de
+ferocidad asiática. Pero este gesto se esfumaba al sonreír su boca
+dejando visibles los dientes unidos y deslumbrantes, unos dientes de
+hombre de mar, habituado á alimentarse con salazón.
+
+Caminaba los primeros días por las calles desorientado y vacilante.
+Temía á los carruajes; le molestaba el roce de los transeúntes en las
+aceras. Se quejaba del movimiento de una capital de provincia,
+encontrándolo insufrible, él, que había visitado los puertos más
+importantes de los dos hemisferios. Al fin emprendía instintivamente el
+camino del puerto en busca del mar, su eterno amigo, el primero que le
+saludaba todas las mañanas al abrir la puerta de su casa allá en la
+Marina.
+
+En estas excursiones le acompañaba muchas veces su sobrino. El
+movimiento de los muelles tenía para él cierta música evocadora de su
+juventud, cuando navegaba como médico de trasatlántico; chirridos de
+grúas, rodar de carros, melopeas sordas de los cargadores.
+
+Sus ojos recibían igualmente una caricia del pasado al abarcar el
+espectáculo del puerto: vapores que humeaban, veleros con sus lonas
+tendidas al sol, baluartes de cajones de naranjas, pirámides de
+cebollas, murallas de sacos de arroz, compactas filas de barricas de
+vino panza contra panza. Y saliendo al encuentro de estas mercancías que
+se iban, los rosarios de descargadores alineaban las que llegaban:
+colinas de carbón procedentes de Inglaterra; sacos de cereales del mar
+Negro; bacalaos de Terranova, que sonaban como pergaminos al caer en el
+muelle, impregnando el ambiente de polvo de sal; tablones amarillentos
+de Noruega, que conservaban el perfume de los bosques resinosos.
+
+Naranjas y cebollas caídas de los cajones se corrompían bajo el sol,
+esparciendo sus jugos dulces y acres. Saltaban los gorriones en torno de
+las montañas de trigo, escapando con medroso aleteo al oír pasos. Sobre
+la copa azul del puerto trenzaban sus interminables contradanzas las
+gaviotas del Mediterráneo, pequeñas, finas y blancas como palomas.
+
+El _Tritón_ iba enumerando á su sobrino las categorías y especialidades
+de los buques. Y al convencerse de que Ulises era capaz de confundir un
+bergantín con una fragata, rugía escandalizado:
+
+--Entonces, ¿qué diablos os enseñan en el colegio?...
+
+Al pasar junto á los burgueses de Valencia sentados en los muelles caña
+en mano, lanzaba una mirada de conmiseración al fondo de sus cestas
+vacías. Allá en su casa de la costa, antes de que se elevase el sol ya
+tenía él en el fondo de la barca con qué comer toda una semana. ¡Miseria
+de las ciudades!
+
+De pie en los últimos peñascos de la escollera, tendía la vista sobre la
+inmensa llanura, describiendo á su sobrino los misterios ocultos en el
+horizonte. A su izquierda--más allá de los montes azules de Oropesa que
+limitaban el golfo valenciano--veía imaginativamente la opulenta
+Barcelona, donde tenía numerosos amigos; Marsella, prolongación de
+Oriente clavada en Europa; Génova, con sus palacios escalonados en
+colinas cubiertas de jardines. Luego su vista se perdía en el horizonte
+abierto frente á él. Este camino era el de la dichosa juventud.
+
+Marchando en línea recta encontraba á Nápoles, con su montaña de humo,
+sus músicas y sus bailarinas morenas de pendientes de aro. Más allá, las
+islas de Grecia; en el fondo de una calle acuática, Constantinopla; y á
+continuación, bordeando la gran plaza líquida del mar Negro, una serie
+de puertos donde los argonautas olvidaban sus orígenes, sumidos en un
+hervidero de razas, acariciados por el felinismo de las eslavas, la
+voluptuosidad de las orientales y la avidez de las hebreas.
+
+A su derecha estaba África. Veía los puertos egipcios, con su corrupción
+tradicional que empieza á removerse y croquear como un pantano fétido
+apenas desciende el sol; Alejandría, en cuyos cafetuchos bailan las
+falsas almeas sin más ropas que un pañuelo en la mano, y cada mujer es
+de una nación diferente, y suenan á coro todos los idiomas de la
+tierra...
+
+Los ojos del médico se apartaban del mar para convergir en su aplastada
+nariz. Recordaba una noche de calor egipcio, aumentado por los ardores
+del _whisky_; el roce de las mercenarias desnudeces; la pelea con otros
+navegantes rojos y septentrionales; el boxeo á obscuras, y él, con la
+cara ensangrentada, huyendo al buque, que afortunadamente zarpaba al
+amanecer. Como todos los hombres mediterráneos, no bajaba á tierra sin
+llevar el aguijón oculto en el talle, y había pinchado para abrirse
+paso.
+
+«¡Qué tiempos!», pensaba el _Tritón_, con más nostalgia que
+remordimiento. Y añadía como excusa: «¡Ay, entonces tenía yo
+veinticuatro años!»
+
+Estos recuerdos le hacían volver los ojos á una mole que avanzaba en el
+mar, azuleada por la distancia, despegada de la tierra á la simple
+vista, como un islote enorme. Era el promontorio coronado por el Mongó,
+el gran promontorio Ferrario de los geógrafos antiguos, la punta más
+avanzada de la Península en el Mediterráneo inferior, que cierra por el
+Sur el golfo de Valencia.
+
+Tenía la forma de una mano cuyas falanges fuesen montañas, pero le
+faltaba el pulgar. Los otros cuatro dedos se tendían sobre las olas,
+formando los cabos de San Antonio, San Martín, La Nao y Almoraira. En
+una de sus ensenadas estaba su pueblo natal y la casa de los Ferragut,
+cazadores de piratas moros en otros siglos, contrabandistas á ratos en
+los tiempos modernos, navegantes en todas las épocas, tal vez desde que
+los primeros caballos de madera aparecieron saltando sobre las espumas
+que hierven en el promontorio, desde que llegaron los griegos de
+Marsella para fundar Artemisión, la ciudad de la divina Artemis que los
+latinos llamaron Diana y tomó definitivamente el nombre de Denia.
+
+En esta casa quería vivir y morir, sin deseos de ver más tierras, con la
+repentina inmovilidad que acomete á los vagabundos de las olas y les
+hace fijarse sobre un escollo de la costa, lo mismo que un molusco á una
+cabellera de algas.
+
+Pronto se cansaba el _Tritón_ de sus paseos al puerto. El mar de
+Valencia no era un mar para él. Lo enturbiaban las aguas del río y de
+las acequias de riego. Cuando llovía en las montañas de Aragón, un
+líquido terroso desaguaba en el golfo, tiñendo las olas de encarnado y
+las espumas de amarillo. Además, le era imposible entregarse al placer
+diario de la natación. Una mañana de invierno, al empezar á desnudarse
+en la playa, la gente corrió como atraída por un fenómeno. El pescado
+del golfo tenía para él un sabor insoportable á légamo.
+
+--Me voy--acababa por decir al notario y su esposa--. No comprendo cómo
+podéis vivir aquí.
+
+En una da esas retiradas á la Marina se empeñó en llevarse á Ulises.
+Empezaba el estío, el muchacho estaba libre del colegio por tres meses,
+y el notario, que no podía alejarse de la ciudad, veraneaba con su
+familia en la playa del Cabañal, cortada por acequias malolientes, junto
+á un mar despreciable. El pequeño se mostraba paliducho y débil por sus
+estudios y cavilaciones. Su tío le haría fuerte y ágil como un delfín. Y
+á costa de rudas porfías, pudo arrancárselo á doña Cristina.
+
+Lo primero que admiró Ulises al entrar en la casa del médico fueron tres
+fragatas que adornaban el techo del comedor: tres embarcaciones
+maravillosas, en las que no faltaban vela, garrucha, cuerda ni ancla, y
+que podían hacerse al mar en cualquier momento con una tripulación de
+liliputienses.
+
+Eran obra de su abuelo el patrón Ferragut. Deseoso de libertar á sus dos
+hijos de la servidumbre marina que pesaba largos siglos sobre la
+familia, los había enviado á la Universidad de Valencia para que fuesen
+señores de tierra adentro. El mayor, Esteban, apenas terminada su
+carrera, obtenía una notaría en Cataluña. El menor, Antonio, se hizo
+médico por no contrariar al viejo, pero una vez conseguido el título,
+entró á prestar sus servicios en un trasatlántico. Su padre le había
+cerrado la puerta del mar, y él entraba por la ventana.
+
+Fué envejeciendo el patrón, completamente solo. Cuidaba de sus bienes,
+unas cuantas viñas escalonadas en la costa, á la vista de la casa.
+Estaba en frecuente correspondencia con su hijo el notario. De tarde en
+tarde llegaba una carta del menor, del predilecto, desde remotos países
+que sólo conocía de oídas el viejo navegante mediterráneo. Y las largas
+inercias á la sombra de su emparrado, frente al mar azul y luminoso, las
+entretenía construyendo sus pequeños buques. Todos ellos eran fragatas
+de gran porte y atrevido velamen. Así se consolaba el patrón de no haber
+mandado en su vida mas que pesados y robustos laúdes, iguales á las
+naves de otros siglos, en los que llevaba vino á Cette ó cargaba cosas
+prohibidas en Gibraltar y la costa de África.
+
+Ulises no tardó en darse cuenta de la rara popularidad que gozaba su tío
+el _Dotor_, una popularidad compuesta de los más antagónicos elementos.
+Las gentes sonreían al hablar de él, como si le tuviesen por loco; pero
+estas sonrisas sólo osaban desplegarse cuando estaba lejos, pues á todos
+les inspiraba cierto miedo. Al mismo tiempo lo admiraban como una gloria
+local. Había corrido todos los mares, y además tenía su fuerza, su
+desordenada y tempestuosa fuerza, terror y orgullo de sus convecinos.
+
+Los mocetones, al ensayar el vigor de sus puños pulseando con los
+tripulantes de los buques ingleses que venían á cargar pasas, evocaban
+el nombre del médico como un consuelo en caso de derrota.
+
+--¡Si estuviese aquí el _Dotor_!... Media docena de ingleses son pocos
+para él.
+
+No había empresa poderosa, por disparatada que fuese, de que no le
+creyeran capaz. Inspiraba la fe de los santos milagrosos y los capitanes
+audaces. En algunas mañanas de invierno serenas y asoleadas, corrían las
+gentes á la orilla, mirando con ansiedad el mar solitario. Los veteranos
+que se calentaban al sol, junto á las barcas en seco, al tender su
+vista, habituada al sondeo de los dilatados horizontes, alcanzaban á
+ver un punto casi imperceptible, un grano de arena danzando á capricho
+de las olas.
+
+Todos emitían á gritos sus conjeturas. Era una boya ó un pedazo de
+mástil, restos de un lejano naufragio. Para las mujeres era un ahogado,
+un cadáver que la hinchazón hacía flotar lo mismo que un odre, luego de
+haber permanecido muchos días entre dos aguas...
+
+De pronto surgía una suposición que dejaba perplejos á todos. «¡Si será
+el _Dotor_!» Largo silencio... El pedazo de madera tomaba la forma de
+una cabeza; el cadáver se movía. Muchos llegaban á distinguir el
+burbujeo de la espuma en torno de su busto, que avanzaba como una proa,
+y las vigorosas palas de sus brazos... ¡Sí que era el _Dotor_! Se
+prestaban unos á otros los viejos catalejos para reconocer sus barbas
+hundidas en el agua, su rostro contraído por el esfuerzo ó dilatado por
+los bufidos.
+
+Y el _Dotor_ pisaba la orilla seca, desnudo y serenamente impúdico como
+un dios, dando la mano á los hombres, mientras chillaban las mujeres
+llevándose el delantal á un solo ojo, espantadas y admiradas á la vez de
+su monstruosidad colgante que esparcía á cada paso una rociada de gotas.
+
+Todos los cabos del promontorio le inspiraban el deseo de doblarlos á
+nado, como los delfines; todas las bahías y ensenadas necesitaba
+medirlas con sus brazos, como un propietario que duda de la mensura
+ajena y la rectifica para afirmar su derecho de posesión. Era un buque
+humano que había cortado con la quilla de su pecho las espumas
+arremolinadas en los escollos y las aguas pacíficas, en cuyo fondo
+chisporrotean los peces entre ramas nacaradas y estrellas movedizas como
+flores.
+
+Se había sentado á descansar en las rocas negras con faldellines de
+algas que asoman su cabeza ó la hunden, al capricho de la ola, esperando
+la noche y el buque ciego que venga á romperse como una cáscara. Había
+penetrado lo mismo que un reptil marino en ciertas cuevas de la costa,
+lagos adormecidos y glaciales iluminados por misteriosas aberturas,
+donde la atmósfera es negra y el agua diáfana, donde el nadador tiene el
+busto de ébano y las piernas de cristal. En el curso de estas
+nataciones comía todos los seres vivientes que encontraba pegados á las
+rocas ó moviendo antenas y brazos. El roce de los grandes peces que
+huían medrosos, con una violencia de proyectil, le hacía reír.
+
+En las horas nocturnas pasadas ante los barquitos del abuelo, Ulises le
+oyó hablar del _Peje Nicolao_, un hombre-pez del estrecho de Mesina,
+citado por Cervantes y otros autores, que vivía en el agua manteniéndose
+de las limosnas de los buques. Su tío era algo pariente del _Peje
+Nicolao_. Otras veces mencionaba á cierto griego que, para ver á su
+amante, pasaba á nado todas las noches el Helesponto. Y él, que conocía
+los Dardanelos, quería volver allá como simple pasajero, para que no
+fuese un poeta llamado Lord Byron el único que hubiese imitado la
+legendaria travesía.
+
+Los libros que guardaba en su casa, las cartas náuticas clavadas en las
+paredes, los frascos y bocales llenos de bestias y plantas de mar, y más
+que todo esto sus gustos, que chocaban con las costumbres de sus
+convecinos, le habían dado una reputación de sabio misterioso, un
+prestigio de brujo.
+
+Todos los que estaban sanos le tenían por loco, pero apenas sentían
+cierto quebranto en su salud, respiraban la misma fe que las pobres
+mujeres que permanecían largas horas en casa del _Dotor_, viendo á lo
+lejos su barca, esperando que volviese del mar para enseñarle los niños
+enfermos que llevaban en brazos. Tenía sobre los otros médicos el mérito
+de no cobrar sus servicios; antes bien, muchos enfermos salían de su
+casa con monedas en las manos.
+
+El _Dotor_ era rico, el más rico de todo el país, ya que no sabía qué
+hacer de su dinero. Diariamente, su criada--una vieja que había servido
+á su padre y conocido á su madre--recibía de sus manos la pesca
+necesaria para la manutención de los dos, con una generosidad regia. El
+_Tritón_, que había izado su vela al amanecer, desembarcaba antes de las
+once, y la langosta crujía purpúrea sobre las brasas, esparciendo un
+perfume azucarado; la olla burbujeaba, espesando su caldo con la grasa
+suculenta de la _escòrpa_; cantaba el aceite en la sartén, cubriendo la
+piel rosada de los salmonetes; chirriaban bajo el cuchillo los erizos y
+las almejas, derramando sus pulpas todavía vivas en el hervor de la
+cazuela. Además, en el corral mugía una vaca de repletas ubres y
+cacareaban docenas de gallinas de incansable fecundidad.
+
+La harina amasada por la sirviente y el café espeso como barro era todo
+lo que el _Tritón_ adquiría con su dinero. Si buscaba la botella de
+aguardiente de caña á la vuelta de una natación, era para emplear su
+contenido en frotaciones.
+
+Una vez al año el dinero entraba por sus puertas. Las muchachas de la
+vendimia se extendían por la escalinata de sus viñas, cortando los
+racimos de grano pequeño y apretado. Luego los tendían á secar en unos
+cobertizos llamados _riurraus_. Así se producía la pasa menuda,
+preferida por los ingleses para la confección de sus _puddings_. La
+venta era segura: del mar del Norte venían los buques á buscarla. Y el
+_Tritón_, al ver en sus manos cinco ó seis mil pesetas, quedaba
+perplejo, preguntándose interiormente qué puede hacer un hombre con
+tanto dinero.
+
+--Todo esto es tuyo--dijo á su sobrino al mostrarle la casa.
+
+Suyos también la barca, los libros y los muebles antiguos, en cuyos
+cajones estaba disimulado el dinero con disfraces cándidos que atraían
+la atención.
+
+A pesar de verse proclamado dueño de todo lo que le rodeaba, un
+despotismo cariñoso y rudo pesó sobre Ulises. Estaba muy lejos su madre,
+aquella buena señora que cerraba las ventanas á su paso y no le dejaba
+salir sin haberle anudado la bufanda con acompañamiento de besos.
+
+Cuando dormía mejor, creyendo que aún le quedaban muchas horas á la
+noche, sentíase despertado por un tirón de pierna violento. Su tío no
+podía tocar de otro modo. «¡Arriba, grumete!» En vano protestaba, con la
+profunda somnolencia de su juventud... ¿Era ó no era el «gato» de la
+embarcación que tenía al médico por capitán y único tripulante?...
+
+Las zarpas del tío lo exponían de pie ante las bocanadas de aire
+salitroso que entraban por la ventana. El mar estaba obscuro y velado
+por una leve neblina. Brillaban las últimas estrellas con parpadeos de
+sorpresa, prontas á huir. En el horizonte plomizo se abría un desgarrón,
+enrojeciéndose por momentos, como una herida á la que afluye la sangre.
+Abajo, en la cocina, humeaba el café entre dos galletas de marinero. El
+«gato» de barca cargaba con varios cestos vacíos. Delante de él marchaba
+el patrón como un guerrero de las olas, llevando los remos al hombro.
+Sus pies marcaban en la arena una huella rápida. A sus espaldas, el
+pueblo empezaba á despertar. Sobre las aguas obscuras se deslizaban como
+sudarios las velas de los pescadores huyendo mar adentro.
+
+Dos paladas vigorosas separaban su barca del pequeño muelle de rocas.
+Luego iba por las bordas desatando la vela, preparando las cuerdas,
+haciendo acostarse la embarcación sobre un flanco bajo sus férreas
+plantas. La lona subía chirriante y se hinchaba con blanca convexidad.
+«Ya estamos; ahora á correr.»
+
+El agua empezaba á cantar, deslizándose por ambas caras de la proa.
+Entre ésta y el borde de la vela veíase un pedazo de mar negro, y
+asomando poco á poco sobre su filo, una gran caja roja. La ceja se
+convertía en un casquete, luego en un hemisferio, después en un arco
+árabe estrangulado por abajo, hasta que al fin se despegaba de la masa
+líquida lo mismo que una bomba, derramando fulgores de incendio. Las
+nubes cenicientas se ensangrentaban, los peñascos de la costa empezaban
+á brillar como espejos de cobre. Se extinguían por la parte de tierra
+las últimas estrellas. Un enjambre de peces de fuego coleaba ante la
+proa, formando un triángulo con el vértice en el horizonte. La espuma de
+los promontorios era sonrosada, como si su blancura reflejase una
+erupción submarina.
+
+--_¡Bòn día!_--gritaba el médico á Ulises, ocupado en calentar sus
+manos, ateridas por el viento.
+
+Y enternecido por la alegría pueril del amanecer, lanzaba su voz de bajo
+á través del marítimo silencio, entonando unas veces romanzas
+sentimentales que había oído en su juventud á una tiple de zarzuela
+vestida de grumete; repitiendo otras las salomas en valenciano de los
+pescadores de la costa, canciones inventadas mientras tiraban de las
+redes, en las que se reunían las palabras más indecentes al azar de la
+rima. En ciertos recovecos de la costa amainaba la vela, quedando la
+barca sin otro movimiento que una lenta rotación en torno de la cuerda
+del ancla.
+
+Al mirar Ulises el espacio obscurecido por la sombra del casco,
+encontraba el fondo tan inmediato, que casi creía alcanzarlo con la
+punta de su remo. Las rocas eran como de vidrio. En sus intersticios y
+oquedades, las plantas se agitaban con una vida animal y las bestias
+tenían la inmovilidad de los vegetales y las piedras. La barca parecía
+flotar en el aire, y á través de la atmósfera líquida que envolvía á
+este mundo del abismo iban bajando los anzuelos, y un enjambre de peces
+nadaba y coleaba al encuentro de la muerte.
+
+Era un chisporroteo de fuegos amarillos, de lomos azules, de aletas
+rosadas. Salían de las cuevas plateados y vibrantes como relámpagos de
+mercurio; otros nadaban lentamente, panzudos, casi redondos, con una
+cota de escamas de oro. Por las pendientes se arrastraban los crustáceos
+sobre su doble fila de patas, atraídos por esta novedad que alteraba la
+calma mortal de las profundidades submarinas, donde todos persiguen y
+devoran, para ser á su vez devorados. Cerca de la superficie flotaban
+las medusas, sombrillas vivientes de un blanco opalino, con borde
+circular lila ó rojo tostado. Debajo de su cúpula gelatinosa se agitaba
+la madeja de filamentos que les sirve para la locomoción, la nutrición y
+el amor.
+
+No había mas que tirar de los sedales y una nueva presa caía en la
+barca. Los cestos se iban llenando. El _Tritón_ y su sobrino acababan
+por fatigarse de esta pesca fácil... El sol estaba próximo á lo más alto
+de su curva: cada ondulación marina se llevaba un pedazo de la faja de
+oro que partía la inmensidad azul. La madera de la barca parecía arder.
+
+--Hemos ganado nuestro jornal--decía el _Tritón_ mirando al cielo y
+luego á los cestos--. Ahora un poco de limpieza.
+
+Y despojándose de sus ropas, se arrojaba al mar. Ulises le veía
+descender por el centro del anillo de espumas abierto con su cuerpo.
+Ahora se daba cuenta de la profundidad de este mundo fantástico,
+compuesto de rocas vidriosas, plantas-animales y animales-piedras. El
+cuerpo moreno del nadador tomaba, al descender, las transparencias de la
+porcelana. Parecía de cristal azulado: una estatua fundida con pasta de
+espejo de Venecia, que iba á romperse apenas tocase el fondo.
+
+Caminaba como un dios de la profundidad, arrancando plantas,
+persiguiendo con sus manos los relámpagos de bermellón y oro que se
+ocultaban en las grietas de las peñas. Transcurrían minutos enteros; se
+iba á quedar para siempre abajo; no subiría. El muchacho pensaba con
+inquietud en la posibilidad de tener que guiar la barca él solo hasta la
+costa. De pronto, el cuerpo de blanco cristal se coloreaba de verde,
+creciendo y creciendo. Luego pasaba á ser moreno cobrizo, y aparecía
+sobre la superficie la cabeza del nadador dando bufidos, levantando los
+brazos, que ofrecían al pequeño toda su cosecha submarina.
+
+--Ahora tú--ordenaba con voz imperiosa.
+
+Resultaban inútiles sus intentos de resistencia. El tío le insultaba con
+las peores palabras ó le inducía con promesas de seguridad. No supo
+ciertamente si fué él quien se arrojó al agua ó si le arrancaron de la
+barca los zarpazos del médico. Pasada la primera sorpresa, experimentó
+la impresión del que recuerda algo olvidado. Nadaba instintivamente,
+adivinando lo que debía hacer antes de que se lo aconsejase su maestro.
+Despertaba en su interior la experiencia ancestral de una serie de
+marinos que habían luchado con el mar y algunas veces se quedaron para
+siempre en sus entrañas.
+
+El recuerdo de lo que existía más allá de la blandura golpeada por sus
+pies le hacía perder de pronto su serenidad. La imaginación tiraba de él
+con la pesadumbre de una bala de artillería.
+
+--¡Tío... tío!
+
+Y se agarraba convulsivamente á la dura isla de músculos barbuda y
+sonriente. El tío emergía inmóvil, como si clavase en el fondo sus pies
+de piedra. Era igual al promontorio cercano que obscurecía y enfriaba el
+agua con su sombra de ébano.
+
+Así pasaban las mañanas, dedicados á la pesca y la natación. Luego, en
+las tardes, eran las expediciones á pie por los acantilados de la costa.
+
+El _Dotor_ conocía lo mismo las alturas del promontorio que sus
+profundidades. Por senderos de cabra salvaje subían á las cumbres, desde
+las que se alcanzaba á ver la isla de Ibiza. A la salida del sol, la
+lejana tierra balear parecía una llama de color de rosa surgiendo de las
+olas. Otras veces caminaban casi á ras del agua. El _Tritón_ mostró á su
+sobrino cavernas olvidadas, en las que se introducía el Mediterráneo con
+lentas ondulaciones. Eran á modo de cuadras marítimas, donde podían
+anclar los buques, permaneciendo ocultos á todas las miradas. Allí
+habían escondido muchas veces sus galeras los berberiscos, para caer
+inesperadamente sobre un pueblo cercano.
+
+En una de estas cuevas, sobre un zócalo de peñascos, vió Ulises un
+montón de fardos.
+
+--Vámonos--dijo el _Dotor_--. Cada hombre se gana la vida como puede.
+
+Cuando tropezaban con el carabinero solitario que contempla el mar
+apoyado en su fusil, el médico le ofrecía un cigarro ó le daba consejos
+si estaba enfermo. ¡Pobres hombres! ¡Tan mal pagados!... Pero sus
+simpatías iban á los otros, á los enemigos de la ley. El era hijo de su
+mar, y en el Mediterráneo, héroes y nautas todos habían tenido algo de
+piratas ó de contrabandistas. Los fenicios, que difundían con sus
+navegaciones las primeras obras de la civilización, se cobraban este
+servicio llenando sus barcos de mujeres raptadas, mercancía rica y de
+fácil transporte.
+
+La piratería y el contrabando formaban el pasado histórico de todos los
+pueblos que visitaba Ulises, amontonados unos al abrigo de un
+promontorio coronado por un faro, abiertos otros en la concavidad de una
+bahía moteada de islotes con cinturas de espuma. Las viejas iglesias
+tenían almenas en sus muros y troneras junto á las puertas, para el
+disparo de culebrinas y trabucos. El vecindario se refugiaba en ellas
+cuando las humaredas de los vigías avisaban un desembarco de piratas de
+Argel. Siguiendo las sinuosidades del promontorio, existía una fila de
+torres rojizas, cada una de ellas con otras dos iguales á la vista. Esta
+fila se prolongaba por el Sur hasta el estrecho de Gibraltar y por el
+Norte llegaba á Francia.
+
+El médico las había visto iguales en todas las islas del Mediterráneo
+occidental, en las costas de Nápoles y en Sicilia. Eran las
+fortificaciones de una guerra milenaria, de una pelea de diez siglos
+entre moros y cristianos por el dominio del mar azul; lucha de
+piratería, en la que los hombres mediterráneos--diferenciados por la
+religión, pero idénticos en el alma--habían prolongado hasta principios
+del siglo XIX las aventuras de la _Odisea_.
+
+Ferragut había alcanzado á conocer en su pueblo muchos viejos que en sus
+mocedades fueron esclavos en Argel. Las ancianas cantaban aún romances
+de cautivas en las noches de invierno y hablaban con pavor de los
+bergantines berberiscos. Los ladrones del mar tenían pacto con el
+demonio, que les avisaba las buenas ocasiones. Si en un monasterio
+acababan de profesar hermosas novicias, se conmovían sus puertas á media
+noche bajo los hachazos de los demonios barbudos que avanzaban tierra
+adentro, dejando á sus espaldas la galera preparada para recibir su
+flete de carne femenil. Si se casaba una muchacha de la costa, célebre
+por su belleza, á la salida de la iglesia surgían los impíos, disparando
+sus trabucos y acuchillando á los hombres sin armas, para llevarse las
+mujeres con sus ropas de fiesta.
+
+De todo el litoral sólo temían á los navegantes de la Marina, tan
+audaces y belicosos como ellos. Cuando osaban atacar sus caseríos, era
+porque los marineros estaban en el Mediterráneo y habían ido á su vez á
+saquear é incendiar alguna aldea de la costa de África.
+
+El _Tritón_ y su sobrino cenaban bajo el emparrado en los largos
+crepúsculos estivales. Después de levantados los manteles, Ulises
+manejaba las fragatas de su abuelo, aprendiendo la nomenclatura de las
+diversas partes del aparejo y la maniobra del velamen. Algunas veces
+permanecían los dos hasta una hora avanzada en el rústico atrio,
+contemplando el mar luminoso bajo los esplendores de la luna ó con un
+tenue regleteo de luz sideral en las noches lóbregas.
+
+Todo lo que los hombres habían escrito ó soñado sobre el Mediterráneo lo
+tenía el médico en su biblioteca, y lo repetía á su oyente. El _mare
+nostrum_ de los latinos era para Ferragut una especie de bestia azul,
+poderosa y de gran inteligencia, un animal sagrado como los dragones y
+las serpientes que adoran ciertas religiones, viendo en ellos
+manantiales de vida.
+
+Los ríos que se arrojaban en su seno para renovarlo eran pocos y de
+escaso caudal. El Ródano y el Nilo parecían tristes arroyos comparados
+con los cursos fluviales de otros continentes que desaguan en los
+océanos.
+
+Perdiendo por evaporación tres veces más líquido que el que le aportan
+los ríos, este mar asoleado se habría convertido en una extensión de
+sal, de no enviarle el Atlántico una rápida corriente de renovación que
+se precipitaba por el estrecho de Gibraltar. Debajo de esta corriente
+superficial existía otra en sentido opuesto, que devolvía una parte del
+Mediterráneo al Océano, por ser más saladas y densas las aguas
+mediterráneas que las atlánticas. La marea apenas se hacía sentir en sus
+riberas. Su cuenca estaba minada por fuegos subterráneos, que buscaban
+salidas extraordinarias por el Vesubio y el Etna y respiraban
+continuamente por la boca del Stromboli. Alguna vez estos hervores
+plutónicos elevaban el suelo, haciendo surgir, como tumores de lava,
+nuevas islas sobre las olas.
+
+En su seno existía doble cantidad de especies animales que en los otros
+mares, aunque menos numerosas. El atún, cordero juguetón de sus praderas
+azules, saltaba sobre la superficie ó pasaba en rebaño bajo el lomo de
+las olas. El hombre le tendía la trampa de sus almadrabas en las costas
+de España y de Francia, en Cerdeña, el estrecho de Mesina y las aguas
+del Adriático. Pero esta carnicería apenas aclaraba sus compactos
+escuadrones. Luego de vagar por los recovecos del archipiélago griego,
+pasaban los Dardanelos, pasaban el Bósforo, conmoviendo con el hervor de
+su galopada invisible los dos callejones acuáticos, y dando la vuelta á
+la copa del mar Negro, volvían, diezmados pero impetuosos, á las
+profundidades del Mediterráneo.
+
+Formaba el coral rojos bosques inmóviles en el zócalo submarino de las
+islas Baleares y en las costas de Nápoles y África. El ámbar gris se
+encontraba en los acantilados de Sicilia. Las esponjas crecían en las
+aguas tranquilas al abrigo de los peñascos de Mallorca y de las islas
+griegas. Hombres desnudos, sin aparato alguno, conteniendo su
+respiración, descendían á la profundidad, como en los tiempos
+primitivos, para arrancar estos tesoros.
+
+El médico abandonaba su descripción geográfica. Le atraía más la
+historia de su mar, que había sido la historia de la civilización.
+Primeramente, tribus miserables y escasas vagaban por las costas,
+buscando el alimento de los crustáceos arrojados por las olas: una vida
+semejante á la de los pueblos rudimentarios que Ferragut había visto en
+las islas del Pacífico. Cuando la herramienta de piedra ahuecaba los
+troncos de los árboles y los brazos humanos se atrevían á tender el
+primer cuero ante las fuerzas atmosféricas, se poblaban rápidamente las
+costas.
+
+Los templos del interior se reconstruían en los promontorios, y
+apuntaban las ciudades marítimas, primeros núcleos de la civilización
+presente. En este mar interior habían aprendido los hombres el arte de
+navegar. Todos miraban á las olas antes que al cielo. Por el camino azul
+habían llegado las maravillas de la vida y de sus entrañas nacían los
+dioses. Los fenicios--judíos metidos á navegantes--abandonaban sus
+ciudades en el fondo del saco mediterráneo, para esparcir los
+conocimientos misteriosos de Egipto y de las monarquías asiáticas por
+todas las orillas del mar interior. Luego les reemplazaban los helenos
+de las repúblicas marítimas.
+
+Para Ferragut, el honor más grande de Atenas era haber sido una
+democracia de nautas. Los ciudadanos servían á la patria como remeros.
+Todos sus grandes hombres eran oficiales de marina.
+
+--Temístocles y Pericles--añadía--fueron jefes de escuadra, que luego de
+mandar buques gobernaron á su país.
+
+Por eso la civilización griega se había esparcido y hecho inmortal, en
+vez de achicarse y desaparecer sin fruto, como otras de tierras
+adentro. Luego, Roma, la terrestre Roma, para no morir bajo la
+superioridad de los navegantes semitas de Cartago, tenía que enseñar el
+manejo del remo y el combate en las olas á los labradores del Lacio,
+legionarios de mejillas endurecidas por las carrilleras del casco, que
+no sabían cómo mover sobre las tablas resbaladizas sus pies de hierro
+dominadores del mundo.
+
+Las divinidades del _mare nostrum_ inspiraban al médico una devoción
+amorosa. Sabía que no habían existido, pero creía en ellas como poéticos
+fantasmas de las fuerzas naturales.
+
+El mundo antiguo sólo conocía en hipótesis el inmenso Océano, dándole la
+forma de un cinturón acuático en torno de la tierra. Océano era un viejo
+dios de luengas barbas y cornuda la cabeza, que vivía en una caverna
+submarina con su mujer Tetis y sus trescientas hijas las Oceánidas.
+Ningún argonauta se atrevía á ponerse en contacto con estas divinidades
+misteriosas. Sólo el grave Esquilo había osado representar á las
+Oceánidas, vírgenes verdes y sombrías, llorando en torno del peñón en
+que estaba encadenado Prometeo.
+
+Otras deidades más asequibles eran las del mar interno, en cuyos bordes
+estaban asentadas las ciudades opulentas de la costa siria, las ciudades
+egipcias, que enviaban á Grecia destellos de su civilización ritual; las
+ciudades helénicas, hogares de claro fuego que fundían todos los
+conocimientos, dándoles una forma eterna; Roma, dominadora del mundo;
+Cartago, la de los audaces descubrimientos geográficos; Marsella, que
+hizo participar á la Europa occidental de la civilización de los
+griegos, derramándola costa abajo, de factoría en factoría, hasta el
+estrecho de Gades.
+
+Un hermano de las Oceánidas, el prudente Nereo, reinaba en las
+profundidades mediterráneas. Este hijo de Océano era de barbas azules y
+ojos verdes, con haces de juncos marinos en las cejas y el pecho.
+Cincuenta hijas suyas, las Nereidas, llevaban sus órdenes á través de
+las olas ó jugueteaban en torno de las naves, enviando al rostro de los
+remeros la espuma levantada por sus brazos. Pero los hijos del Tiempo,
+al vencer á los gigantes, se repartían el mundo, jugándolo á la suerte.
+Zeus quedaba dueño de la tierra, el fatídico Hades reinaba en los
+abismos plutónicos, y Poseidón se enseñoreaba de las llanuras azules.
+
+Nereo, monarca desposeído, huía á una caverna del mar helénico, para
+vivir la calmosa existencia del filósofo, dando consejos á los hombres,
+y Poseidón se instalaba en los palacios de nácar con sus blancos
+corceles de cascos de bronce y crines de oro.
+
+Sus ojos amorosos se fijaban en las cincuenta princesas mediterráneas,
+las Nereidas, que tomaban sus nombres de los colores y aspectos de las
+olas: la Glauca, la Verde, la Rápida, la Melosa... «Ninfas de los verdes
+abismos, de rostros frescos como el botón de rosa; vírgenes aromáticas
+que tomáis las formas de todos los monstruos que nutre el mar», cantaba
+el himno orfeico en la ribera griega. Y Poseidón distinguía entre todas
+á la nereida de la espuma, la blanca Anfitrita, que se negaba á aceptar
+su amor.
+
+Conocía al nuevo dios. Las costas estaban pobladas de cíclopes como
+Polifemo, de monstruos espantables, producto de sus copulaciones con
+diosas olímpicas y con simples mortales. Un delfín complaciente iba y
+venía llevando recados entre Poseidón y la nereida, hasta que, rendida
+por la elocuencia de este proxeneta saltarín de olas, aceptaba Anfitrita
+ser esposa del dios, y el Mediterráneo parecía adquirir nueva hermosura.
+
+Ella era la aurora que asoma sus dedos de rosa por la inmensa rendija
+entre el cielo y el mar; la hora tibia del mediodía que adormece las
+aguas bajo un manto de oros inquietos; la bifurcada lengua de espuma que
+lame las dos caras de la proa rumorosa; el viento cargado de aromas que
+hincha la vela como un suspiro de virgen; el beso piadoso que hace
+adormecerse al ahogado, sin cólera y sin resistencia, antes de bajar al
+abismo.
+
+Su marido--Poseidón en las costas griegas y Neptuno en las
+latinas--despertaba las tempestades al montar en su carro. Los caballos
+de cascos de bronce creaban con su pataleo las olas que tragan á los
+navíos. Los tritones de su cortejo lanzaban por sus caracolas los
+mugidos atmosféricos que tronchan los mástiles como cañas.
+
+¡Oh, madre Anfitrita!... Ferragut la describía lo mismo que si hubiese
+pasado ante sus ojos. Algunas veces, cuando nadaba en torno de los
+promontorios, como los hombres primitivos, sintiéndose envuelto por la
+fuerza ciega de las potencias naturales, había creído ver á la diosa
+desembocando entre dos rocas, con todo su risueño cortejo, luego de
+haber descansado en una cueva marina.
+
+Una concha de nácar era su carroza, y seis delfines tiraban de ella con
+jaeces de purpúreo coral. Los tritones, sus hijos, llevaban las riendas.
+Las náyades, sus hermanas, golpeaban el mar con las escamosas colas,
+irguiendo sus troncos de mujer envueltos en la magnificencia de una
+cabellera verde, entre cuyos bucles asomaban las copas de los senos con
+una gota temblona en el vértice. Unas gaviotas blancas y arrulladoras
+como las palomas de Afrodita aleteaban sobre las caricias y los
+encuentros amorosos de esta parentela inmortal entregada al sereno
+incesto, privilegio de los dioses. Y ella, la soberana, los contemplaba
+desnuda desde su movible trono, coronada de perlas y estrellas
+fosforescentes extraídas del fondo de sus dominios, blanca como la nube,
+blanca como la vela, blanca como la espuma, sin más alteración en su
+alba majestad que un rubor de rosa húmedo, igual al barniz de las
+caracolas, que coloreaba su boca y sus calcañares, el pétalo final de
+sus pechos y el botón convexo de su vientre, mar de nacarada tersura, en
+el que se borraban las huellas de la maternidad con la misma rapidez que
+los círculos en el agua azul.
+
+Toda la historia del hombre europeo--cuarenta siglos de guerras,
+emigraciones y choques de razas--la explicaba el médico por el deseo de
+poseer este mar de marco armonioso, de gozar la transparencia de su
+atmósfera y la vivacidad de su luz.
+
+Los hombres del Norte, que necesitan el tronco ardiente y la bebida
+alcohólica para defender su vida de las mandíbulas del frío, pensaban á
+todas horas en las riberas mediterráneas. Todos sus movimientos
+belicosos ó pacíficos eran para descender de las orillas de los mares
+glaciales á las playas del mar tibio. Ansiaban la posesión de los campos
+donde el sagrado olivo alterna su ancianidad severa con la alegre viña,
+donde el pino extiende su cúpula y el ciprés yergue su minarete. Querían
+soñar bajo la nieve perfumada de los interminables bosques de naranjos;
+ser dueños de los valles abrigados donde el mirto y el jazmín embalsaman
+el aire salitroso; de los volcanes mudos que dejan crecer entre sus
+rocas el áloe y el cacto; de las montañas de mármol que descienden sus
+blancas aristas hasta el fondo del mar y refractan el calor africano
+emitido por la costa de enfrente.
+
+A las invasiones del Norte había contestado el Sur con guerras
+defensivas que llegaban hasta el centro de Europa. Y así continuaría la
+Historia, con el mismo flujo y reflujo de oleadas humanas, peleando los
+hombres millares de años por dominar ó conservar la copa azul de
+Anfitrita.
+
+Los pueblos mediterráneos eran para Ferragut la aristocracia de la
+humanidad. El clima poderoso había templado al hombre como en ninguna
+otra parte del planeta, dándole una fuerza seca y resistente. Curtidos y
+bronceados por una absorción profunda del sol y de la energía del
+ambiente, sus navegantes pasaban al estado del metal. Los hombres del
+Norte eran más fuertes, pero menos robustos, menos aclimatables que el
+marino catalán, el provenzal, el genovés y el griego. Los nautas del
+Mediterráneo se establecían en toda tierra como si fuese su casa. Sobre
+este mar era donde el hombre había desarrollado sus más altas energías.
+La Grecia antigua había convertido en acero la carne humana.
+
+Una exacta semejanza de paisajes y razas aproximaba á los dos litorales.
+Las montañas y las flores de ambas orillas eran idénticas. El catalán,
+el provenzal y el italiano del Sur tenían más parecido con los
+habitantes de la costa africana y del archipiélago griego que con los
+connacionales que vivían á sus espaldas, tierra adentro. Esta
+fraternidad se había mostrado instintivamente en la guerra milenaria.
+Los piratas berberiscos, los marinos genoveses y españoles y los
+caballeros de Malta se degollaban implacables sobre las cubiertas de las
+galeras, y al ser vencedores respetaban la vida del prisionero,
+tratándolo caballerosamente. Barbarroja, almirante de ochenta y cuatro
+años, llamaba «mi hermano» á Doria, su eterno rival, que tenía cerca de
+noventa. El gran maestre de Malta estrechaba la mano del terrible Dragut
+al verle cautivo.
+
+El hombre mediterráneo, fijo en las orillas que le vieron nacer,
+aceptaba todos los cambios de la Historia, como los moluscos aguantan
+las tempestades adheridos al peñasco. Para él, lo único importante era
+no perder de vista su mar azul. Español, batía el remo en las liburnas
+romanas; cristiano, tripulaba las naves sarracenas en la Edad Media;
+súbdito de Carlos V, pasaba, por un azar guerrero, de las galeras de la
+cruz á las de la media luna, y llegaba á ser _reis_ de Argel, rico
+capitán de mar, haciendo famoso su nombre de renegado.
+
+Los habitantes de la costa valenciana iban con los moros andaluces, en
+el siglo VIII, á llevar la guerra al fondo del Mediterráneo, y se
+apoderaban de la isla de Creta, dándole el nombre de Candía. Desde este
+nido de piratas eran el terror de Bizancio, tomando por asalto á
+Salónica y vendiendo como esclavos á los patricios y las damas más
+principales del Imperio. Años después, cuando desalojados de Candía
+regresaban á sus costas de origen, los aventureros valencianos creaban
+una población en un valle feraz, dándole el nombre de la isla lejana,
+que se transformaba en Gandía.
+
+Todos los tipos del vigor humano habían surgido de la raza mediterránea,
+fina, aguzada y seca como el sílex, haciendo el bien y haciendo el mal
+siempre en grande, con la exageración de un carácter ardiente que
+desconoce la medida y salta de la doblez á los mayores extremos de
+generosidad. Ulises era el padre de todos, el héroe cuerdo y prudente, y
+al mismo tiempo malicioso y complicado. También lo era el viejo Cadmo,
+con su mitra de fenicio y su barba anillada, gran ladrón de mar, que iba
+esparciendo, de fechoría en fechoría, el arte de escribir y las primeras
+nociones del comercio.
+
+En una de sus islas nacía Hannibal, y veinte siglos después, en otra de
+ellas, el hijo de un abogado falto de pleitos se embarcaba para Francia,
+sin otro equipaje que un pobre uniforme de cadete, para hacer famoso su
+nombre de Napoleón.
+
+Sobre sus olas había navegado Roger de Lauria, caballero andante de las
+llanuras marítimas, que pretendía vestir á los peces con los colores
+aragoneses. Un visionario de origen obscuro, llamado Colón, reconocía
+por su patria á la República de Génova. Un contrabandista de las costas
+de Liguria llegaba á ser Massena, el mariscal amado de la Victoria. Y el
+último personaje de esta estirpe de héroes mediterráneos que se perdía
+en los tiempos fabulosos era un marinero de Niza, simple y romántico, un
+guerrero de todos los mares y todos los continentes, llamado Garibaldi,
+tenor heroico que proyectaba sobre su siglo el reflejo de su camisa
+roja, repitiendo en la costa de Marsala la remota epopeya de los
+argonautas.
+
+Ferragut resumía los méritos y defectos de los hombres de su raza. Unos
+habían sido bandidos y otros santos, pero ninguno mediocre. Sus empresas
+más audaces tenían mucho de reflexivo y práctico. Cuando se dedicaban al
+negocio, servían al mismo tiempo á la civilización. En ellos, el héroe y
+el mercader se mostraban tan unidos, que era imposible discernir dónde
+terminaba el uno y empezaba el otro. Habían sido piratas y crueles; pero
+los navegantes de los mares brumosos, al imitar los descubrimientos
+mediterráneos en otros continentes, no se mostraban más dulces y leales.
+
+Después de estas conversaciones sentía Ulises mayor estimación por los
+cacharros viejos y las figurillas borrosas que adornaban el dormitorio
+de su tío.
+
+Eran objetos vomitados por el mar: ánforas recubiertas de valvas de
+molusco, por un enterramiento submarino de siglos. Las aguas profundas
+habían cincelado estos adornos pétreos con extraños arabescos que hacían
+pensar en el arte de otro planeta. Y revueltos con los cacharros que
+habían guardado el vino y el agua dulce de una liburna naufragada, había
+pedazos de maroma endurecida por los infusorios calcáreos, garras de
+ancla cuyo hierro se quebraba en láminas rojizas. Varias estatuillas
+roídas por la sal marina inspiraban al muchacho tanta admiración como
+las fragatas del abuelo. Reía y temblaba ante estos kabiros procedentes
+de las birremes fenicias ó cartaginesas, dioses grotescos y terribles
+que contraían sus carátulas con un gesto de lujuria y ferocidad.
+
+Algunas de las divinidades marinas, musculosas y barbudas, tenían un
+aire de parentesco con su tío. Así debía ser en determinados momentos.
+Ulises había escuchado ciertas conversaciones de los pescadores. Veía
+además el apresuramiento de las mujeres, sus ojos de inquietud cuando se
+encontraban con el médico en un lugar solitario de la costa. Solamente
+la presencia del sobrino les hacía recobrar la tranquilidad y contener
+su paso.
+
+El mar le enloquecía de vez en cuando con una ráfaga de furor amoroso.
+Era Poseidón surgiendo inesperadamente en las riberas para voltear
+diosas y mortales. Las hembras corrían asustadas, como corren las
+princesas griegas en los vasos pintados, sorprendidas, mientras lavan su
+ropa, por la aparición de un tritón en celo. Odiaba el amor entre cuatro
+paredes. Necesitaba la Naturaleza libre como fondo de su voluptuosidad;
+la persecución y el asalto, lo mismo que en los tiempos primitivos;
+sentir en sus pies la caricia de la ola muerta mientras se agitaba sobre
+su presa rugiendo de pasión, lo mismo que un monstruo marino.
+
+Algunas noches, á la hora en que los faros empezaban á perforar la
+sombra naciente con sus primeras puñaladas de fuego, sentíase
+melancólico, y olvidando la diferencia de edad, hablaba á su sobrino
+como si fuese un compañero de navegación.
+
+Lamentaba no haberse casado... Ya tendría un hijo como Ulises. Había
+conocido mujeres de todos los colores, blancas, rojas, amarillas,
+verdes... pero sólo una vez había tropezado con el amor, muy lejos, al
+otro lado del planeta, en el puerto de Valparaíso.
+
+Veía aún con la imaginación á su gentil chilena envuelta en un manto
+negro, lo mismo que las damas del teatro calderoniano, mostrando uno
+solo de sus ojos obscuros y húmedos, pálida, menuda, hablando con una
+voz que parecía un quejido.
+
+Gustaba de romanzas y versos, siempre que fuesen «con mucha tristeza»; y
+Ferragut se la comía con los ojos mientras ella pulsaba la guitarra
+entonando la canción de Malek-Adhel y otras romanzas de «rosas, suspiros
+y moros de Granada» que el médico había oído de niño á los barberos de
+su país. El simple intento de tornar una de sus manos provocaba en ella
+una resistencia poderosa. «Eso, luego...» Estaba pronta á casarse con el
+_godo_; quería ver España... Y el médico hubiese cumplido sus deseos, de
+no avisarle una buena alma que á altas horas de la noche entraban por
+turno otros del país á oír las romanzas á solas... ¡Ah, las mujeres!
+Ferragut encontraba agradable su celibato al acordarse del final de este
+idilio trasoceánico.
+
+Bien entrado el otoño, tuvo el notario que ir en persona á la Marina
+para conseguir que su hermano soltase á Ulises. El muchacho era de la
+misma opinión de su tío. ¡Perder las pescas del invierno, las mañanas
+frías de sol, el espectáculo de los grandes temporales, por el fútil
+motivo de que el Instituto había comenzado sus cursos y él debía
+estudiar el bachillerato!...
+
+Al año siguiente, doña Cristina quiso evitar que el _Tritón_ raptase á
+su hijo. Sólo malas palabras y arrogancias matonescas podía aprender en
+la vieja casa de los Ferragut. Y pretextando la necesidad de ver á su
+familia, dejó al notario solo en Valencia, yendo á veranear con su hijo
+en la costa de Cataluña, cerca de la frontera de Francia.
+
+Fué el primer viaje importante de Ulises. En Barcelona conoció á su tío
+el rico, el talento financiero de la familia Blanes, un hermano de su
+madre, propietario de una gran tienda de ferretería situada en una de
+las calles húmedas, estrechas y repletas de gentío que desembocan en la
+Rambla. Luego conoció á los otros tíos maternos en un pueblo inmediato
+al cabo de Creus. Este promontorio con sus costas bravas le recordó el
+otro donde vivía el _Tritón_. También aquí habían fundado una ciudad los
+primeros nautas helénicos; también arrojaba el mar ánforas, estatuillas
+y hierros petrificados.
+
+Los Blanes habían navegado mucho. Amaban el mar como su tío el médico,
+pero con un amor silencioso y frío, apreciándolo menos por su belleza
+que por las ganancias que ofrece á los afortunados. Sus viajes habían
+sido á América en bergantines de su propiedad, trayendo azúcar de la
+Habana y maíz de Buenos Aires. El Mediterráneo sólo era una puerta que
+atravesaban distraídamente á la salida y á la vuelta. Ninguno de ellos
+conocía á Anfitrita ni de nombre.
+
+Además, no tenían el aspecto desordenado y romántico del solitario de la
+Marina, pronto á vivir en el agua como un anfibio. Eran señores de la
+costa que, retirados de la navegación, confiaban sus buques á capitanes
+que habían sido sus pilotos; burgueses que no abandonaban la corbata y
+la gorra de seda, símbolos de su alta posición en el pueblo natal.
+
+El lugar de tertulia de los ricos era el _Ateneo_, sociedad que, á pesar
+de su título, no ofrecía otras lecturas que dos periódicos en catalán.
+Un largo anteojo montado ante la puerta sobre un trípode enorgullecía á
+los socios. Les bastaba á los tíos de Ulises aplicar una ceja al ocular
+para decir al momento la clase y la nacionalidad del buque que se
+deslizaba por la lejana línea del horizonte. Estos veteranos del mar
+sólo hablaban de fletes, de miles y miles de duros ganados en otros
+tiempos con sólo un viaje redondo, y de la terrible competencia de la
+marina á vapor.
+
+Ulises esperaba en vano que aludiesen alguna vez á las nereidas y demás
+seres poéticos que el médico Ferragut adivinaba en torno de su
+promontorio. Los Blanes no habían visto jamás estos seres
+extraordinarios. Sus mares sólo contenían peces. Eran hombres fríos, de
+pocas palabras, económicos, amigos del orden y de la jerarquía social.
+Su sobrino adivinaba en ellos el coraje del hombre de mar, pero sin
+jactancia ni acometividad. Su heroísmo era el de los mercaderes, capaces
+de toda clase de resignaciones mientras su mercancía no corre riesgo,
+pero que se convierten en fieras si alguien atenta contra sus riquezas.
+
+Los socios del _Ateneo_, todos viejos, eran los únicos seres masculinos
+del pueblo. Aparte de ellos, sólo quedaban los carabineros instalados
+en el cuartelillo y varios calafates que hacían resonar sus mazos sobre
+el casco de una goleta encargada por los hermanos Blanes.
+
+Todos los hombres estaban en el mar. Unos navegaban hacia América
+tripulando los bergantines y bric-barcas de la costa catalana. Los más
+tímidos é infelices pescaban. Otros, más valientes, ansiosos de rápida
+fortuna, hacían el contrabando por la frontera francesa que empezaba á
+desarrollar su litoral al otro lado del promontorio.
+
+En el pueblo sólo había mujeres, mujeres por todas partes: sentadas ante
+las puertas, haciendo encaje con un colchoncillo cilíndrico sobre las
+rodillas, á lo largo del cual tejían los bolillos la tira de primorosos
+calados; agrupadas en las esquinas, frente al mar solitario donde
+estaban sus hombres, hablando con una nerviosidad eléctrica que
+estallaba de pronto en ruidosas tempestades.
+
+Mosén Jòrdi, el cura párroco, era víctima de este mujerío desbordante,
+que amargaba su existencia con rivalidades y peleas. El hombre de Dios
+amaba la soledad tranquila del mar, y despachaba aprisa su misa para
+instalarse cuanto antes en un lugar favorable de la costa con sus cañas
+y sus redes.
+
+Nadie como él conocía el motivo de la irritabilidad femenil que
+revolucionaba al pueblo. Solas y teniendo que vivir en incesante
+contacto, acababan todas ellas por odiarse, como los pasajeros
+encerrados en un buque durante largos meses. Además, sus hombres las
+habían acostumbrado al uso del café, bebida de navegantes, y buscaban
+engañar su tedio con sendas tazas del espeso líquido.
+
+Todas tenían los ojos empañados por un vapor histérico. Sus labios
+temblaban en ciertos instantes con una agitación que parecía reflejar
+otros estremecimientos inferiores y ocultos. Las manos se hacían
+ganchudas, acompañando con movimientos agresivos las vibraciones de una
+voz aguda y cortante. Casi todos los días las vecinas de media calle se
+peleaban con el resto de la calle, las de medio pueblo contra el resto
+del pueblo. Y el buen Mosén Jòrdi, que tenía la libertad de lenguaje de
+los castos, la descarada franqueza de los simples, lamentaba á gritos la
+locura de estas furias sometidas á su cayado espiritual.
+
+--¡Cuándo volverán los que están en el mar, para que tengamos paz!...
+¡Cuándo dormirán los hombres en sus casas, para que os hartéis!...
+
+La sabiduría hablaba por su boca. Una tras otra iban desembarcando las
+tripulaciones al terminar su viaje redondo. Las calles quedaban limpias
+de grupos. Todas las mujeres permanecían ocultas en sus casas ó se
+mostraban luego en las puertas, sonriendo, algo flácidas, con la
+delgadez placentera del que acaba de salir de un baño caliente. Y el
+viejo sacerdote, durante unas semanas, podía pescar en paz, sin tener
+que separar á tirones los racimos femeninos, que salían de la pelea con
+las greñas revueltas, los ojos amarillos de cólera y la cara chorreando
+sangre.
+
+Un interés común ponía milagrosamente de acuerdo á este mujerío cuando
+vivía solo. Los carabineros registraban las casas, buscando los fardos
+de contrabando traídos por los hombres, y las amazonas empleaban su
+acometividad nerviosa en el ocultamiento de las mercancías ilegales,
+haciéndolas pasar de un escondrijo á otro con astucias de salvaje.
+
+Cuando los soldados del fisco llegaban á sospechar que los fardos habían
+ido á refugiarse en el cementerio, sólo encontraban unas fosas vacías y
+en el fondo de ellas unos cuantos cigarros entre calaveras que asomaban
+empotradas en la tierra. El jefe del cuartelillo no se atrevía á
+registrar la iglesia, pero miraba de reojo á Mosén Jòrdi, un bendito
+capaz de permitir que escondiesen el tabaco en los altares á trueque de
+que le dejasen pescar en paz.
+
+Los ricos vivían con la espalda vuelta al pueblo, contemplando la
+extensión azul sobre la cual se arriesgaban las casas de madera que eran
+toda su fortuna. En el verano, la vista del Mediterráneo terso y
+brillante les hacía recordar los peligros del invierno. Hablaban con un
+terror religioso del viento de tierra, el viento de los Pirineos, la
+«tramontana», que arrancaba edificios de cuajo y había volcado en la
+estación próxima trenes enteros. Además, al otro lado del promontorio
+empezaba el temible golfo del León. Sobre su fondo, que no iba más allá
+de noventa metros, se alborotaban las aguas á impulsos del vendaval,
+levantando tantas olas y tan apretadas, que al chocar unas con otras, no
+encontrando espacio para caer, se remontaban formando torres.
+
+Este golfo era el rincón más temible del Mediterráneo. Los
+trasatlánticos, al regreso de un viaje feliz al otro hemisferio, se
+estremecían con la sensación del peligro, y algunas veces volvían atrás.
+Los capitanes que acababan de atravesar el Atlántico fruncían el ceño
+con inquietud.
+
+Desde la puerta del _Ateneo_, los expertos señalaban las barcas de vela
+latina que se disponían á doblar el promontorio. Eran laúdes como los
+que había mandado el patrón Ferragut, embarcaciones de Valencia que
+llevaban vino á Cette y frutas á Marsella. Al ver al otro lado del cabo
+la superficie azul del golfo sin más accidentes que una ondulación larga
+y pesada prolongándose en el infinito, los valencianos decían
+alegremente:
+
+--_Pasem de presa, que'l lleó dòrm_[*].
+
+[*: Pasemos de prisa, que el león duerme.]
+
+Ulises tenía un amigo, el secretario del Ayuntamiento, único habitante
+que guardaba en su casa algunos libros. Tratado por los ricos con cierto
+menosprecio, buscaba al muchacho, por ser el único que le oía
+atentamente.
+
+Adoraba el _mare nostrum_ lo mismo que el médico Ferragut, pero su
+entusiasmo no prestaba atención á las naves fenicias y egipcias que con
+sus quillas habían arado por primera vez estas olas. Igualmente saltaba
+distraído sobre las trirremes griegas y cartaginesas, las liburnas
+romanas y las monstruosas galeras de los tiranos de Sicilia, palacios á
+remo con estatuas, fuentes y jardines. A él sólo le interesaba el
+Mediterráneo de la Edad Media, el de los reyes de Aragón, el mar
+catalán. Y como si temiese molestar el orgullo regionalista de su
+juvenil oyente, el pobre secretario daba explicaciones.
+
+La llamada marina catalana no era sólo de Cataluña: pertenecía á los
+monarcas aragoneses, y entraban en ella todos sus Estados marítimos.
+Cuando los reyes formaban una flota, se componía de tres escuadras:
+catalana, mallorquina y valenciana. Las atarazanas de Valencia eran
+célebres por sus construcciones navales. De ellas salían los mejores
+navíos de la costa española. «Galera genovesa y navío catalán», decían
+los navegantes de la Edad Media como última expresión del arte naval.
+
+Desde las riberas aragonesas al fondo del mar Negro, todo el
+Mediterráneo se veía surcado por los buques de la marina catalana, que
+recibían los más diversos nombres. Los ligeros, que se ayudaban con
+remos, se llamaban galeas y galiotas, leños, corcias, burcias, taridas,
+fustas mancas, xuseres y saetias. Unos eran de _ligna alsata_, ó sea con
+altas bandas; otros, de _ligna plana_, ó cubierta corrida. Para las
+navegaciones largas á Berbería y Oriente estaban los guarapos,
+xalandros, buscios, nizardos, bajeles y cocas. La cabida de estos buques
+se marcaba por salmas, botas y cántaros, que equivalían á las modernas
+toneladas. La coca era el navío de línea para los grandes combates y los
+cargamentos importantes. Las había de dos ó tres cubiertas, y las
+armadas en guerra se llamaban encastilladas, por sus dos castillos á
+proa y á popa. Además, cubrían su casco sobre la línea de flotación con
+cueros vacunos, excelente coraza para evitar el «fuego griego», botes de
+materias inflamables que eran la artillería de entonces.
+
+Roger de Lauria y Conrado Lanza habían venido de la Italia aragonesa á
+formarse como hombres de mar en la marina catalana.
+
+Génova y Venecia, enriquecidas por las Cruzadas y dueñas de numerosas
+factorías en Oriente, veían nacer con inquietud esta tercera potencia
+mediterránea. La coca catalana anclaba junto á sus naves en los puertos
+de Egipto, en la marina de Trebisonda, en el frío mar de Azof. Sus
+mercaderes eran audaces para la navegación, ásperos para la ganancia,
+prontos para la pelea. Tal vez por ser los genoveses de igual carácter y
+sus vecinos más inmediatos, rompían con ellos. Los astutos venecianos,
+para arruinar á Génova, ajustaban un tratado en Perpiñán con la marina
+de Cataluña, y empezaba en el Mediterráneo una de las guerras más
+crueles de la Historia, guerra de escuadras numerosas y odio implacable,
+en la que eran pasadas á cuchillo tripulaciones enteras y los capitanes
+vencidos morían pendientes de una antena de su buque.
+
+Los choques iniciados frente á Italia iban á terminarse en la costa de
+Asia. Todo el Mediterráneo servía de palenque.
+
+Catalanes y venecianos buscaban á los genoveses en Negroponto; pero
+éstos, sintiéndose inferiores, volaban á refugiarse en el Bósforo. Ante
+las cúpulas de Santa Sofía, á la vista de los aterrados vecinos de
+Constantinopla, todos estos mediterráneos de la cuenca occidental
+libraban la llamada batalla de Pera, carnicería marítima en el estrecho
+brazo de mar que tiene por orillas los dos continentes. Moría Poncio de
+Santapáu, el almirante catalán; moría después el almirante valenciano
+Bernardo Ripoll, y la pérdida de estos jefes daba la victoria á los de
+Génova.
+
+Pero, un año después, la marina catalana tomaba el desquite en las
+costas de Cerdeña, sorprendiendo á la flota genovesa que favorecía la
+insurrección del juez de Arborea contra los monarcas de Aragón, señores
+de la isla. Ocho mil genoveses quedaban en el fondo del mar, y las naves
+vencedoras volvían á Barcelona con tres mil quinientos prisioneros y
+cuarenta y una galeras enemigas.
+
+Con este desastre se iniciaba la decadencia marítima de Génova. Los
+catalanes expulsaban á sus mercaderes de Egipto, monopolizando el
+comercio de África. Alfonso V de Aragón, el único rey marino de España,
+empleaba años después el resto de su existencia en expediciones contra
+Génova. Sus principios eran desgraciados.
+
+Ulises se acordó de su padrino Labarta al oír cómo este amigo del pasado
+hablaba del combate naval de la isla de Ponza. Aún no había llegado á
+consolarse de una derrota ocurrida en 1435.
+
+El rey y todos sus feudatarios aragoneses y sicilianos iban con
+armaduras de hierro, lo mismo que para un combate terrestre, y la
+pesada superioridad de sus armas les hacía ser vencidos por la ligereza
+y la táctica de las galeras genovesas. Alfonso V, su hermano el rey de
+Navarra y todo el cortejo de magnates quedaban prisioneros de la
+República. Asustada ésta por la importancia de su presa, confiaba los
+cautivos á la guarda del duque de Milán... Pero los monarcas se
+entienden fácilmente para engañar á los gobiernos democráticos, y el
+soberano milanés daba suelta al rey de Aragón con todo su
+acompañamiento. Luego, éste bloqueaba á Génova con una enorme flota. La
+marina provenzal iba en ayuda de sus vecinos y el rey aragonés forzaba
+el puerto de Marsella, llevándose como trofeo las cadenas que cerraban
+su entrada.
+
+Ulises hacía gestos afirmativos. El rey navegante las había depositado
+en la catedral de Valencia. Su padrino el poeta se las había enseñado en
+una capilla gótica formando una guirnalda de hierro sobre los negros
+sillares.
+
+Cuando Génova, agotada, iba á entregarse, moría Alfonso el Magnánimo, y
+sus sucesores olvidaban las rivalidades con la República, para dedicarse
+á las guerras por el dominio de Nápoles.
+
+La marina catalana aún siguió dominando el Mediterráneo comercialmente.
+A sus antiguos buques agregó las galeras gruesas y las galeras sutiles,
+las tafureyas, panfiles, rampines y carabelas.
+
+--Pero Colón--añadía tristemente el catalán--descubrió las Indias, dando
+un golpe de muerte á la riqueza marítima del Mediterráneo. Además,
+Aragón y Castilla se juntaron, y la vida y el poder fueron contrayéndose
+al centro de la Península, lejos de todo mar.
+
+De ser Barcelona la capital de España, ésta habría conservado la
+dominación mediterránea. De serlo Lisboa, el imperio colonial español
+habría resultado algo orgánico, sólido, con vida robusta. Pero ¿qué
+podía esperarse de una nación que había puesto su cabeza en la almohada
+de las amarillas estepas interiores, lo más lejos posible de los caminos
+del mundo, y sólo enseñaba sus pies á las olas?...
+
+El catalán terminaba hablando tristemente de la decadencia de la marina
+mediterránea: combates aislados con los berberiscos de galera á galera;
+expediciones inútiles á la costa de África; hazañas de Barceló, el
+marino mallorquín; navegaciones comerciales en polacras, tartanas,
+pingües, londros, laúdes y canarios.
+
+Todo lo que daba placer á sus gustos lo hacía remontar á los buenos
+tiempos de la dominación del Mediterráneo por la marina catalana. Un día
+ofreció á Ulises un vino dulce y perfumado.
+
+--Es malvasía. Las primeras cepas las trajeron los almogávares de
+Grecia.
+
+Luego dijo, para halagar al muchacho:
+
+--Vecino de Valencia fué Ramón Muntaner, el que escribió la expedición
+de catalanes y aragoneses á Constantinopla.
+
+Se entusiasmaba con el recuerdo de esta novelesca aventura, la más
+inaudita de la Historia, admirando de paso al almogávar cronista, Homero
+rudo en el contar, Ulises y Néstor en el consejo, Aquiles en la dura
+acción.
+
+La impaciencia de doña Cristina por reunirse con su marido y devolverle
+las comodidades de una casa bien gobernada arrancó á Ulises de esta vida
+de la costa.
+
+Durante varios años no vió otro mar que el del golfo valenciano. El
+notario se opuso con diversos pretextos á que el médico se llevase otra
+vez á su sobrino. Y el _Tritón_ menudeó los viajes á Valencia,
+arrostrando todos los inconvenientes y peligros de estas aventuras
+terrestres, á impulsos de su desorientada paternidad de célibe.
+
+El y Labarta, al ocuparse del porvenir de Ulises, tomaban cierto aire de
+bondadosos regentes encargados del gobierno de un pequeño príncipe. El
+muchacho parecía pertenecerles á ellos más que al padre. Sus estudios y
+su futuro destino ocupaban las conversaciones de sobremesa cuando el
+médico estaba en la ciudad.
+
+Don Esteban sentía cierta satisfacción en molestar á su hermano haciendo
+el elogio de una existencia sedentaria y fructuosa.
+
+Allá en las costas de Cataluña vivían sus cuñados los Blanes, unos
+verdaderos lobos de mar. Esto último no lo podría contradecir el médico.
+Pues bien; sus hijos estaban en Barcelona, unos como dependientes de
+comercio, otros plumeando en el despacho de su tío el rico. Todos eran
+hijos de marinos, y sin embargo se habían emancipado del mar. En tierra
+firme estaban los negocios. Sólo las cabezas locas podían pensar en
+barcos y aventuras.
+
+El _Tritón_ sonreía humildemente ante estas alusiones y cruzaba miradas
+con su sobrino.
+
+Un secreto existía entre los dos. Ulises, que terminaba su bachillerato,
+asistía al mismo tiempo en el Instituto á los cursos de pilotaje. Dos
+años le bastaban para completar estos estudios. El tío le había
+facilitado las matrículas y los libros, recomendándolo además á uno de
+los profesores, antiguo compañero de navegación.
+
+
+
+
+III
+
+PATER OCEANUS
+
+
+Cuando murió casi repentinamente don Esteban Ferragut, su hijo tenía
+diez y ocho años y estudiaba en la Universidad.
+
+En sus últimos tiempos, el notario llegó á sospechar que Ulises no iba á
+ser el jurisconsulto célebre que él había soñado. Huía de las clases,
+para pasar la mañana en el puerto ejercitándose en el remo. Si entraba
+en la Universidad, los bedeles le vigilaban, temiendo la largura de sus
+manos. El se creía un marino, é imitaba á los hombres de mar, que,
+acostumbrados á medirse con los elementos, consideran poca cosa reñir
+con un hombre.
+
+Con violentas alternativas de estudio y de holganza se aproximaba
+trabajosamente al término de su carrera, cuando una angina de pecho
+acabó de pronto con el notario.
+
+Doña Cristina, al salir de la estupefacción de su dolor, miró en torno
+de ella con extrañeza. ¿Por qué seguir en Valencia?... Quiso reunirse
+con los suyos al verse sin el hombre que la había trasplantado á este
+país. El poeta Labarta cuidaría de sus bienes, que no eran tan
+cuantiosos como lo hacía esperar el rendimiento de la notaría. Don
+Esteban había sufrido grandes pérdidas en negocios extravagantes
+aceptados por bondad; pero aun así, dejaba fortuna suficiente para que
+la esposa viviese una desahogada viudez entre sus parientes de
+Barcelona.
+
+La pobre señora no sufrió otra contrariedad en el arreglo de su nueva
+existencia que la rebeldía de Ulises. Se negaba á continuar su carrera:
+quería embarcarse, alegando que para esto se había hecho piloto. En vano
+doña Cristina impetró el auxilio de parientes y amigos, prescindiendo
+del _Tritón_, pues adivinaba su respuesta. El hermano rico de Barcelona
+fué breve y afirmativo: «¿Si eso le da dinero?...» Los Blanes de la
+costa mostraron un sombrío fatalismo. Era inútil oponerse si el muchacho
+sentía vocación. El mar agarra bien á sus elegidos, y no hay poder
+humano que logre desasirlos. Por eso ellos, que ya eran viejos, no oían
+á sus hijos que les llamaban á las comodidades de la capital.
+Necesitaban vivir junto á la costa, en agradecido contacto con el
+monstruo obscuro y pesado que les había mecido maternalmente, cuando con
+tanta facilidad podía haberlos hecho pedazos.
+
+El único que protestó fué Labarta. «¿Marino?... Sea en buen hora; pero
+marino de guerra, oficial de la Real Armada.» Y el poeta veía su ahijado
+revestido de los esplendores de una bélica elegancia: levita azul con
+botón de oro todos los días, y en las fiestas casaca de galones y
+vueltas rojas, sombrero de picos, sable...
+
+Ulises levantó los hombros ante tales grandezas. Tenía demasiados años
+para entrar en la Escuela Naval. Además, quería navegar por todos los
+océanos, y aquellos marinos sólo tenían ocasión de ir de un puerto á
+otro, como las gentes de cabotaje, ó pasaban años y años sentados en un
+ministerio. Para envejecer como un oficinista, era preferible
+reconquistar la notaría de su padre.
+
+Al verse doña Cristina bien instalada en Barcelona, con una corte de
+sobrinos que adulaban á la tía rica de Valencia, su hijo se embarcó como
+aspirante en un trasatlántico que hacía viajes regulares á Cuba y los
+Estados Unidos. Así empezaron las navegaciones de Ulises Ferragut, que
+sólo habían de terminar con su muerte.
+
+El orgullo de su familia le colocó en un vapor de lujo, un buque-correo
+lleno de pasajeros, un hotel flotante, en el que los oficiales tenían
+algo de gerentes de «Palace» y la verdadera importancia correspondía á
+los maquinistas, que andaban siempre por abajo y al volver á la luz
+quedaban modestamente en segundo término, por una ley de jerarquías
+anterior á los progresos de la mecánica.
+
+Pasó por el Océano varias veces como se pasa ante un paisaje terrestre á
+toda la velocidad de un tren expreso. La calma augusta del mar se
+borraba con el batir de las hélices y el ruido sordo de las máquinas.
+Por azul que fuese el cielo, siempre lo empañaba un crespón flotante
+salido de las chimeneas. Envidiaba á los buques veleros que el
+trasatlántico dejaba atrás. Eran iguales á los caminantes reflexivos,
+que se saturan del paisaje y entran en largo contacto con su alma. Las
+gentes del vapor vivían como los viajeros terrestres que contemplan
+adormecidos desde las ventanillas de los vagones una sucesión de vistas
+pálidas y vertiginosas rayadas por los hilos telegráficos.
+
+Terminadas sus pruebas de aspirante, fué segundo piloto de una fragata
+que iba á la Argentina para cargar trigo en Bahía Blanca. Las lentas
+singladuras en días de poco viento, las largas calmas ecuatoriales, le
+permitieron penetrar un poco en los misterios de la inmensidad oceánica,
+amarga y obscura, que había sido para los pueblos antiguos la «noche del
+abismo», el «mar de las tinieblas», el dragón azul que diariamente se
+traga al sol.
+
+Ya no vió en el padre Océano el dios caprichoso y tiránico de los
+poetas. Todo funcionaba en sus entrañas con una regularidad vital,
+sujeto á las leyes generales de la existencia. Hasta las tempestades
+rugían dentro del cuadriculado de una reglamentación.
+
+Los dulces vientos alisios empujaban al buque hacia el Sudoeste,
+manteniendo una serenidad paradisíaca en el cielo y en el mar. Ante la
+proa chisporroteaban las alas de tafetán de los peces voladores,
+abriéndose sus enjambres como escuadrillas de diminutos aeroplanos.
+
+Sobre la arboladura cubierta de lonas trazaban largos círculos los
+albatros, águilas del desierto atlántico, extendiendo en el purísimo
+azul el enorme velamen de sus alas. De tarde en tarde encontraba el
+buque praderas flotantes, extensos campos de algas despegadas del mar de
+los Sargazos. Tortugas enormes dormitaban hundidas en estas hierbas,
+sirviendo de isla de reposo á las gaviotas posadas en su caparazón. Unas
+algas eran verdes, nutridas por el agua luminosa de la superficie; otras
+tenían el color rojo de las profundidades, adonde llegan mortecinos y
+enfriados los últimos rayos del sol. Como frutos de la pradera oceánica,
+flotaban apretados racimos de uvas obscuras, cápsulas coriáceas repletas
+de agua salobre.
+
+Al aproximarse á la línea ecuatorial, la brisa iba cayendo y la
+atmósfera se hacía sofocante. Era la zona de las calmas, el Océano de
+aceite obscuro, en el que permanecen los buques semanas enteras con el
+velamen rígido, sin que lo haga estremecer un suspiro atmosférico.
+
+Nubes de color de hulla reflejaban en el mar su lento arrastre; lluvias
+azotantes se derramaban sobre la cubierta, seguidas de un sol
+incendiario que á los pocos minutos era borrado por un nuevo aguacero.
+Estas nubes preñadas de cataratas, esta noche tendida en pleno sol sobre
+el Atlántico, habían sido el terror de los antiguos. Y sin embargo,
+merced á tales fenómenos podían los navegantes pasar de un hemisferio á
+otro sin que la luz los hiriese de muerte, sin que el mar quemase como
+un espejo de fuego. El calor de la Línea, elevando el agua en vapores,
+formaba una banda sombría en torno de la tierra. Desde los otros mundos
+debía verse con un cinturón de nubes, casi semejante á los anillos
+siderales.
+
+En este mar sombrío y caliente estaba el corazón del Océano, el centro
+de la vida circulatoria del planeta. El cielo era un regulador que,
+absorbiendo y devolviendo, equilibraba la evaporación. De allí se
+expedían las lluvias y los rocíos á todo el resto de la tierra,
+modificando sus temperaturas favorablemente para el desarrollo de
+animales y vegetales. Allí se cambiaban los vapores de dos mundos, y el
+agua del hemisferio Sur--el hemisferio de los grandes mares, sin otros
+relieves que los triángulos extremos de África y América y las gibas de
+los archipiélagos oceánicos--iba á reforzar, convertida en nubes, los
+ríos y arroyos del hemisferio Norte, ocupado en su mayor parte por la
+tierras habitadas.
+
+De esta zona ecuatorial, corazón del globo, partían dos ríos de agua
+tibia, que iban á calentar las costas del Norte. Eran dos corrientes que
+arrancaban del golfo de Méjico y del mar de Java. Su enorme masa
+líquida, huyendo sin cesar del Ecuador, determinaba un vasto llamamiento
+de agua de los polos que venía á ocupar su espacio. Y estas corrientes
+frías y más dulces se precipitaban en el hogar eléctrico de la Línea,
+que las calentaba y salaba de nuevo, renovando la vida mundial con su
+sístole y su diástole.
+
+El Océano comprimía en vano á los dos ríos cálidos, sin llegar á
+confundirse con ellos. Eran torrentes de un intenso azul, casi negro,
+que corrían á través de las aguas verdes y frías. Antes que admitir á
+éstas, el río azul se acumulaba en su curso formando un dorso, una
+bóveda, con dos pendientes por las que resbalaban los cuerpos.
+
+La corriente atlántica, al llegar á Terranova, se abría de brazos,
+enviando uno de ellos al mar del Polo. Con el otro, débil y rendido por
+el largo viaje, modificaba la temperatura de las islas Británicas,
+entibiando dulcemente las costas de Noruega. La corriente indiánica, que
+los japoneses llamaban «el río negro» á causa de su color, circulaba
+entre las islas, manteniendo más tiempo que la otra sus potencias
+prodigiosas de creación y agitación, lo que le permitía trazar sobre el
+planeta una enorme cola de vida.
+
+Su centro era el apogeo de la energía terrestre en creaciones vegetales
+y animales, en monstruos y pescados. Uno de sus brazos, escapando al
+Sur, formaba el mundo misterioso del mar de Coral. En un espacio grande
+como cuatro continentes, los pólipos, fortalecidos por el agua tibia,
+levantaban millares de atolones, islas anilladas, bancos y arrecifes,
+pilares submarinos, terror de la navegación, que, al ligarse entre sí
+con un trabajo milenario, iban á crear una nueva tierra, un continente
+de recambio, por si la especie humana perdía en un cataclismo su zócalo
+actual.
+
+El pulso del dios azul eran las mareas. La tierra se volvía hacia la
+luna y los astros con una rotación simpática igual á la de las flores
+que se vuelven hacia el sol. Todo lo que en ella hay de más móvil--la
+masa flúida de la atmósfera--se dilataba dos veces diariamente, hinchado
+su seno, y esta succión atmosférica, obra de la atracción universal, se
+reflejaba en las aguas, conmoviéndolas. Los mares cerrados como el
+Mediterráneo apenas sentían sus efectos. Las mareas se detenían á su
+puerta. Pero en las costas oceánicas la pulsación marina alborotaba el
+ejército de las olas, lanzándolas diariamente al asalto de los
+acantilados, haciéndolas rugir con babeos de furor entre islas,
+promontorios y estrechos, impulsándolas á tragarse extensas tierras, que
+devolvían horas después.
+
+Este mar salado, como nuestra sangre, que tiene un corazón, un pulso y
+una circulación de dos sangres distintas, renovadas y transformadas
+incesantemente, se encolerizaba lo mismo que una criatura orgánica
+cuando á las corrientes horizontales de su seno venían á añadirse las
+corrientes verticales descendidas de la atmósfera. Las violencias
+pasajeras de los vientos, las crisis de la evaporación, las obscuras
+fuerzas eléctricas, producían las tempestades.
+
+No eran mas que estremecimientos cutáneos. La tormenta mortal para los
+hombres sólo contraía la epidermis marina, mientras la masa profunda de
+sus aguas permanecía en lóbrega calma, para cumplir la gran función de
+amamantar y renovar los seres. El padre Océano desconocía la existencia
+de los infusorios humanos que osaban deslizarse por su superficie en
+microscópicos cascarones. No se enteraba de los incidentes que podían
+desarrollarse en el techo de su vivienda. Su vida continuaba
+equilibrada, calmosa, infinita, engendrando millones de millones de
+seres por milésima de segundo.
+
+La majestad del Atlántico en las noches tropicales hacía olvidar á
+Ulises las cóleras de sus días negros. Bajo la luna, era una pradera
+inmensa de plata viva cortada por serpenteos de sombra. Sus ondulaciones
+pastosas, repletas de vida microscópica, iluminaban las noches. Los
+infusorios, estremecidos de amor, ardían con azulada fosforescencia. El
+mar era de leche luminosa. Las espumas, al romperse contra la proa,
+brillaban como fragmentos de globos eléctricos agonizantes.
+
+Cuando la tranquilidad era absoluta y el buque se mantenía inmóvil, con
+las velas caídas, pasando lentamente las estrellas de un lado á otro de
+sus mástiles, las delicadas medusas, que la más leve ola puede
+desgarrar, subían á la superficie, flotando entre dos aguas en torno de
+la isla de madera. Eran miles de sombrillas que desfilaban lentamente:
+verdes, azules, rosadas, con una coloración vagorosa semejante á la de
+las luces de aceite; una procesión japonesa vista desde lo alto, que se
+perdía por un lado en el misterio de las aguas negras y llegaba
+incesantemente por el lado opuesto.
+
+El joven piloto amaba la navegación á vela, las luchas con el viento, la
+soledad de las calmas. Estaba más cerca del Océano que en el puente de
+un trasatlántico. La fragata no levantaba espumarajos de rabioso
+paleteo. Se deslizaba discretamente en el silencio marítimo que guarda
+el secreto de los primeros milenarios de la tierra recién nacida. Los
+habitantes oceánicos se aproximaban á ella confiadamente al verla
+cabecear como un cetáceo mudo é inofensivo.
+
+En seis años cambió Ulises muchas veces de buque. Había aprendido el
+inglés, lengua universal de los dominios azules, y se recreaba con el
+estudio de las cartas de Maury, el Evangelio de los navegantes á vela,
+obra paciente de un genio obscuro que arrancó por primera vez al Océano
+y á la atmósfera el secreto de sus leyes.
+
+Deseoso de conocer nuevos mares y nuevas tierras, no reparaba en la
+longitud de los viajes ni en los puertos de destino. Los capitanes
+británicos, noruegos y norteamericanos acogían con gusto á este oficial
+de buenas maneras, poco exigente en la retribución. Así vagó Ulises
+sobre los océanos, como el rey de Itaca sobre el Mediterráneo, guiado
+por una fatalidad que lo alejaba de su patria con rudo empellón cada vez
+que se proponía regresar á ella. La vista de un buque anclado junto al
+suyo y próximo á partir con lejano destino era para él una tentación que
+le hacía olvidar la vuelta á España.
+
+Navegó en barcos sucios, viejos y alegres, donde los tripulantes
+soltaban todas las velas al temporal y luego de embriagarse se dormían
+confiados en el diablo, amigo de los bravos, que los despertaría á la
+mañana siguiente. Vivió en buques blancos, silenciosos y limpios como
+una casa holandesa, cuyos capitanes llevaban con ellos á la esposa y los
+hijos. Unas camareras de albos delantales cuidaban de la cocina y el
+aseo de este hogar flotante, compartiendo los peligros de los marineros
+rojos y tranquilos, exentos de las tentaciones que provoca el roce de la
+mujer. Los domingos, bajo el sol de los trópicos ó á la luz cenicienta
+de los cielos septentrionales, el contramaestre leía la Biblia. Los
+hombres escuchaban reflexivos, con la cabeza descubierta. Las mujeres se
+habían vestido de negro, con una cofia de puntillas y las manos
+enmitonadas.
+
+Fué á Terranova á cargar bacalao. Allí era donde la corriente cálida del
+golfo de Méjico se encontraba con la fría del Polo. En el choque de
+estos dos ríos marinos, los infinitos seres que arrastra el _Gulf
+Stream_ desde los mares tropicales morían súbitamente helados. Una
+lluvia de pequeños cadáveres descendía á través de las aguas. Los
+bacalaos se aglomeraban para nutrirse con este maná, y era tan espeso,
+que gran parte de él, librándose de las ávidas mandíbulas, iba á
+depositarse en el fondo como una nevada caliza.
+
+En Islandia--la «última Thule» de los antiguos--le enseñaron trozos de
+caoba que la corriente ecuatorial había arrastrado desde las Antillas.
+En las costas de Noruega admiró la fecundidad formidable del mar viendo
+los arenques en marcha.
+
+De su refugio en las tenebrosas profundidades subían á la superficie,
+agitados por la primavera, deseosos de tomar su parte en la alegría del
+universo. Nadaban unos contra otros, oprimidos, compactos, formando
+bancos, como pedazos de playa que se hubiesen soltado á navegar.
+Parecían una isla que emerge ó un continente que empieza á hundirse. En
+los pasajes estrechos eran tantos, que las aguas se solidificaban,
+dificultando el avance á remo. Su número escapaba á los límites de todo
+cálculo, como las arenas y las estrellas.
+
+Hombres y peces carnívoros caían sobre ellos abriendo anchos surcos de
+destrucción. Pero las brechas se cerraban instantáneamente, y el banco
+viviente seguía su camino cada vez más denso, como si desafiase á la
+muerte. Cuantos más destruían los enemigos, más numerosos eran. Las
+columnas en marcha, espesas y profundas, copulaban y se reproducían sin
+detenerse. El amor era para ellos una navegación, y en su ruta iban
+derramando torrentes de fecundidad. El agua desaparecía bajo la
+abundancia del flujo materno, en el que nadaban racimos de huevos. Al
+surgir el sol, el mar aparecía blanco hasta perderse de vista: blanco de
+jugo masculino. Las olas eran grasientas y viscosas, repletas de vida
+que fermentaba rápidamente. En un espacio de centenares de leguas, el
+salado Océano era de leche.
+
+La fecundidad de estas tierras animales ponía en peligro al mundo. Cada
+individuo podía producir hasta sesenta mil huevos. Pocas generaciones
+bastaban para llenar el Océano, hacerlo sólido, pudrirlo, suprimiendo
+los demás seres, despoblando el globo... Pero la muerte se encargaba de
+salvar la vida universal. Los cetáceos se hundían en este espesor
+viviente y con sus bocas insaciables absorbían el alimento á toneladas.
+Peces infinitamente pequeños secundaban á los gigantes marinos,
+atracándose de huevos de arenque. Los pescados más glotones, la merluza
+y el bacalao, perseguían á estas praderas de carne, empujándolas hacia
+las costas y acabando por dispersarlas.
+
+Se multiplicaba el bacalao hartándose de merluzas, y otra vez reaparecía
+el peligro para el mundo. El Océano podía convertirse en una masa de
+bacalaos: cada uno llegaba á dar hasta nueve millones de huevos... Los
+hombres habían caído sobre el más fecundo de los peces, y el bacalao
+mantenía flotas inmensas, creando además colonias y ciudades. Se
+agotaban las generaciones humanas sin llegar á vencer esta monstruosa
+reproducción. Los grandes devoradores marinos eran los que restablecían
+el equilibrio y el orden. El esturión, estómago insaciable, intervenía
+en el banquete oceánico, encontrando en el bacalao la substancia
+concentrada de ejércitos de arenques. Pero este devorador ovíparo, de
+amplia reproducción, continuaba el peligro mundial, hasta que
+intervenía otro monstruo tan ávido en sus apetitos como pobre en sus
+procreaciones, cortando de golpe la fecundidad siempre renaciente del
+Océano.
+
+Era el tiburón, boca con aletas, intestino natatorio, que traga con
+indiferencia muertos y vivos, carnes y maderos, limpiando las aguas de
+vida, dejando la soledad detrás de su coleo. Este destructor sólo
+elaboraba en sus entrañas un tiburón único, que nacía armado y feroz,
+dispuesto desde el primer momento á continuar las hazañas paternas, como
+un heredero feudal.
+
+Sólo en los raros momentos de amor acallaban su hambre y su crueldad
+estos ásperos guerreros, despobladores del mar. Las parejas se abstenían
+de devorarse. Se encontraban apetecibles, pero sus triples dientes y sus
+aletas de sierra se limitaban á una ruda caricia. La hembra se dejaba
+dominar por el compañero que enganchaba en ella sus instrumentos de
+presa. Por primera vez el macho no devoraba: era ella la que lo
+absorbía, arrastrándolo. Y confundidos los dos monstruos rodaban en las
+olas semanas enteras, sufriendo los tormentos de un hambre sin fin á
+cambio de las delicias del amor, dejando escapar á las víctimas
+asustadas, resistiendo á las tempestades con su áspero abrazo de
+colmillos y epidermis de lija, corriendo centenares de leguas entre el
+principio y el fin de uno de sus espasmos de placer.
+
+La vida errante del piloto Ferragut abundó en dramáticas aventuras.
+Algunas quedaron vivas para siempre en su memoria, donde empezaban á
+confundirse tantos recuerdos de tierras exóticas y mares interminables.
+
+En Glásgow se embarcó como segando de una fragata vieja que iba á Chile
+para descargar carbón en Valparaíso y cargar salitre en Iquique. La
+travesía del Atlántico fué buena; pero á partir de las islas Malvinas,
+el buque tuvo que hacer frente á la furia austral que le cerraba el
+acceso al Pacífico. El estrecho de Magallanes es para los vapores, que
+pueden disponer á su voluntad de una fuerza propulsora. El velero busca
+mar amplia y viento favorable para doblar el cabo de Hornos, punta
+avanzada del mundo, lugar de tempestades interminables y gigantescas.
+
+Mientras ardía el verano en el otro hemisferio, el terrible invierno
+austral salió al encuentro de los navegantes. El buque necesitaba hacer
+rumbo al Oeste, y precisamente los vientos soplaban del Oeste,
+cortándole la ruta. Ocho semanas pasaron bregando con el mar y con la
+atmósfera. El viento se llevó un velamen completo. El buque, de madera,
+algo descoyuntado por esta lucha interminable, comenzó á hacer agua, y
+la tripulación tuvo que mover día y noche las bombas. Nadie llegaba á
+dormir varias horas seguidas. Todos estaban enfermos. La voz ruda y los
+juramentos del capitán apenas podían sostener la disciplina. Algunos
+marineros se acostaban deseando morir, y había que levantarlos á golpes.
+
+Ulises conoció por primera vez lo que son las olas. Vió montañas de
+agua, verdaderas montañas, avanzando sobre el cascarón del buque. Su
+misma enormidad las hacía formar por ambos lados larguísimas pendientes.
+Cuando alguna derrumbaba su cresta sobre la fragata, el piloto Ferragut
+podía darse cuenta de la monstruosa pesadez del agua salada. Ni la
+piedra ni el hierro tenían el golpe brutal de esta fuerza líquida, que
+al derrumbarse huía en raudales ó se elevaba hecha polvo. En ciertos
+momentos había que abrir brechas en la obra muerta para dar salida á su
+masa abrumadora.
+
+Una penumbra lívida y brumosa era el día austral, repitiéndose semanas y
+semanas sin el menor rayo de claridad, como si el sol se hubiese alejado
+para siempre de la tierra. El color blanco no existía en este
+esfumamiento tempestuoso; todo era gris: el cielo, la espuma, las
+gaviotas, las nieves... De tarde en tarde, los velos plomizos de la
+tormenta se rasgaban para dejar visible una pavorosa aparición. Una vez
+eran las montañas negras con sudarios de ventisqueros del estrecho de
+Beagle. Y el buque viraba, huyendo de este pasadizo acuático lleno de
+escollos. Otra vez surgieron ante la proa los peñascos de Diego Ramírez,
+el punto más extremo del cabo, y también viró la fragata, huyendo de
+este cementerio de navíos. Capeando el viento llegaron á ver los
+primeros _icebergs_, é igualmente hicieron rumbo atrás para no perderse
+en las soledades del polo Sur.
+
+Ferragut llegó á creer que no doblarían nunca el cabo, quedando para
+siempre en plena tempestad, lo mismo que el navío errante y maldito de
+la leyenda. El capitán, un salvaje del mar, taciturno y supersticioso,
+mostraba el puño al promontorio, maldiciéndolo como á una divinidad
+infernal. Estaba convencido de que no conseguiría doblarlo hasta que lo
+ablandase con un tributo humano. Ulises vió en este inglés á los
+argonautas primitivos, que aplacaban con sacrificios la cólera de las
+deidades marinas.
+
+Una noche, las olas se llevaron á un tripulante; al día siguiente cayó
+desde lo alto de la arboladura un gaviero, sin que nadie pensase en una
+salvación imposible. Y como si el demonio austral sólo esperase este
+tributo, cesó el viento Oeste, el buque no tuvo ante su proa la
+infranqueable barrera de un mar hostil, y pudo entrar en el Pacífico,
+anclando doce días después en Valparaíso.
+
+Ulises se explicó el grato recuerdo que deja este puerto en la memoria
+de los navegantes. Era el descanso después de la pelea por doblar el
+cabo, la alegría de existir luego de haber sentido el soplo de la
+muerte, la vida en los cafés y las casas alegres, comiendo y bebiendo
+hasta la hartura, con el estómago lastimado aún por la alimentación
+salitrosa y la piel martirizada por los furúnculos del mar.
+
+Siguió el paso gracioso de las tapadas de negro manto, que le hicieron
+recordar á su tío el médico. En las noches de _remolienda_ apartaba su
+vista muchas veces de los beldades morenas y jóvenes que danzaban la
+zamacueca en medio del salón. Le interesaban las matronas envueltas en
+velos de luto que hacían sonar el piano y el arpa, acompañando la danza
+con cánticos suspirantes. Tal vez alguna de estas damas sentimentales y
+bigotudas había podido ser su tía.
+
+Mientras la fragata completaba en Iquique su cargamento, estuvo en
+contacto con la muchedumbre trabajadora de las salitreras, _rotos_
+chilenos, obreros de todos los países, que no sabían cómo derrochar sus
+valiosos jornales en la monotonía de unas poblaciones nuevas. Su
+embriaguez se recreaba con las más disparatadas magnificencias. Unos
+hacían correr el vino de todo un tonel para llenar un solo vaso. Otros
+empleaban como blanco de su revólver las botellas de champaña alineadas
+en las anaquelerías de los cafés, pagando las roturas al contado.
+
+De este viaje guardó Ferragut un sentimiento de orgullo y confianza que
+le hizo despreciar los peligros. Conoció después los tornados de Asia,
+las horribles tormentas circulares, que en el hemisferio boreal ruedan
+de derecha á izquierda y en el austral de izquierda á derecha. Eran
+accidentes rápidos, de horas, ó de días cuando más. El había doblado el
+cabo de Hornos en pleno invierno, después de una lucha contra los
+elementos que duró dos meses. Podía atreverse á todo: el Océano había
+agotado en él todas sus sorpresas... Y sin embargo, la peor de sus
+aventuras ocurrió estando el mar en calma.
+
+Siete años llevaba de navegante, y se disponía una, vez más á volver á
+España, cuando en Hamburgo aceptó puesto de piloto en un velero que iba
+á hacer rumbo al Camerón y al África oriental alemana. Un marino noruego
+quiso disuadirle de este viaje. Era un buque viejo y lo habían asegurado
+por el cuádruplo de su valor. El capitán estaba asociado con el
+propietario, que había hecho quiebra varias veces... Y precisamente
+porque era irracional este viaje, Ulises se apresuró á embarcarse. La
+prudencia era para él una vulgaridad. Todo lo absurdo suponía obstáculos
+y peligros, tentando de un modo irresistible su atrevimiento.
+
+Una tarde, á la altura de Portugal, cuando estaban lejos de la ruta
+seguida por la navegación regular, una columna de humo y de llamas se
+elevó sobre la cubierta, rompiendo las escotillas y devorando el
+velamen. Mientras el piloto, al frente de unos negros, pretendía dominar
+el fuego, el capitán y los tripulantes alemanes escaparon del buque en
+dos balleneras preparadas. Ferragut tuvo la seguridad de que los
+fugitivos se reían de él al verle correr por la cubierta, que empezaba á
+combarse echando fuego por sus resquebrajaduras.
+
+Se vió, sin saber cómo, en el bote más pequeño, rodeado de varios negros
+y diversos objetos amontonados con la precipitación de la fuga: un
+barril de galleta medio vacío, otro de agua que sólo contenía unos pocos
+litros.
+
+Remaron toda una noche, teniendo á sus espaldas, como astro de
+desgracia, el buque ardiente, que enviaba sobre las olas sus
+resplandores sangrientos. Al amanecer se marcaron en el disco del sol
+unas ligeras ondulaciones negras. Era la tierra... ¡pero tan lejos!
+
+Dos días vagaron sobre las crestas móviles y los valles sombríos del
+desierto azul. Ferragut se sumió varias veces en un letargo mortal, con
+los pies hundidos en el agua que llenaba el fondo del bote. Los pájaros
+de mar trazaban espirales en torno de este ataúd flotante, y huían
+después con vigorosos golpes de ala, lanzando un graznido de muerte. Las
+olas se elevaban lentas y mansas sobre los escasos centímetros de la
+borda, como si quisieran contemplar con sus ojos glaucos este amasijo de
+cuerpos blancos y obscuros. Remaban los náufragos con nerviosa
+desesperación; luego yacían inertes, reconociendo la ineficacia de su
+esfuerzo perdido en la inmensidad.
+
+El piloto, al adormecerse en la dura popa, acababa por sonreír con los
+ojos cerrados. Todo era un mal ensueño. Estaba seguro de despertar en la
+cama, rodeado de las comodidades familiares de su camarote. Y cuando
+abría los ojos, la realidad le hacía prorrumpir en órdenes desesperadas,
+que obedecían los africanos maquinalmente, como si estuviesen dormidos.
+
+«¡No quiero morir!... ¡no debo morir!», clamaba en su interior una voz
+de bronce.
+
+Gritaron é hicieron inútiles señales á buques lejanos, que se perdían en
+la inmensidad sin verles. Dos negros murieron de frío. Sus cadáveres
+flotaron largas horas junto al bote, como si no pudieran despegarse de
+él. Luego se hundieron con invisible tirón. Varias aletas triangulares
+pasaron sobre el agua, cortándola como cuchillos, al mismo tiempo que la
+profundidad se ensombrecía con veloces sombras de ébano.
+
+Cuando al fin se aproximaron á la tierra, Ferragut vió la muerte más de
+cerca que en alta mar. La costa se elevaba como una muralla inmensa.
+Vista desde el bote, parecía cubrir la mitad del cielo. La larga
+ondulación oceánica se convertía en ola rabiosa al encontrar los
+baluartes avanzados de sus islotes, al desplomarse en el vacío de sus
+abismos, formando cascadas de espuma que rodaban de abajo á arriba,
+levantando furiosas columnas de polvo con estampido de cañonazo.
+
+Una mano irresistible agarró la quilla, poniendo la embarcación
+verticalmente. Ferragut salió despedido como un proyectil, cayendo en
+los espumosos remolinos, y al caer tuvo la percepción de que rodaban
+igualmente, llovidos en el mar, hombres y toneles.
+
+Vió blancuras burbujeantes y simas negras. Se sintió empujado por
+fuerzas contradictorias. Unas tiraban de su cabeza y otras de sus pies
+en sentido inverso, haciéndole voltear como la saeta de un reloj. Su
+pensamiento se hizo doble. «Es inútil resistir», murmuraba en su cerebro
+el desaliento. Y la otra mitad de su persona afirmaba con desesperación:
+«¡Yo no quiero morir!... ¡no debo morir!»
+
+Así vivió unos segundos, que fueron horas. Sintió el roce brutal de
+ocultas asperezas; luego un choque en el abdomen, que detuvo su arrastre
+entre dos aguas. Y agarrándose á las anfractuosidades de la roca,
+emergió la cabeza y pudo respirar. La ola se retiraba, pero otra le
+sumergió de nuevo, despegándolo de la peña con su espumoso mazazo,
+haciéndole dejar en las pétreas aristas la piel de sus manos, de su
+pecho, de sus rodillas.
+
+La succión oceánica le arrastró, á pesar de sus desesperados braceos.
+«¡Todo es inútil, voy á morir!», decía una mitad de su pensamiento. Y á
+la vez, el otro hemisferio mental evocaba con sintético relampagueo su
+vida entera. Vió la barbuda cara del _Tritón_ en este supremo instante,
+vió al poeta Labarta lo mismo que cuando contaba á su ahijado las
+aventuras del viejo Ulises, su lucha de náufrago con los peñascos y las
+olas.
+
+De nuevo la dilatación marina le arrojó contra una roca, anclándose en
+ella con el agarreo instintivo de sus manos. Pero antes de que esta ola
+se retirase, avanzó desesperadamente hasta otra piedra, pasándole el
+tirón del reflujo por debajo del vientre. Así bregó largo tiempo,
+pegándose á las peñas cuando el mar lo cubría, arrastrándose sobre las
+desoladas conyunturas cuando su cabeza quedaba al aire libre,
+expeliendo agua por todos sus orificios.
+
+Al verse sobre un saliente de la costa, libre ya de la absorción de las
+olas, se extinguió de golpe su energía. El agua que goteaba su cuerpo
+era roja, cada vez más roja, esparciéndose en regueros por las verdes
+anfractuosidades de la piedra. Sintió un dolor inmenso, como si todo su
+organismo hubiese perdido el amparo de su envoltura, quedando expuesta
+al aire la carne viva.
+
+Quiso seguir su camino, pero sobre su cabeza se elevaba la costa
+formando un muro cóncavo é inabordable. Imposible salir de allí. Se
+había salvado del mar, para morir emparedado frente á él. Su cadáver no
+flotaría hasta una playa habitada. Los únicos que iban á conocer su
+muerte eran los cangrejos enormes que remontaban los peñascos buscando
+su alimento en la resaca; las gaviotas que se dejaban caer
+verticalmente, con las alas tendidas, desde lo alto del acantilado.
+Hasta los más pequeños crustáceos eran superiores á él.
+
+Sintió de golpe toda su debilidad, toda su miseria, mientras la sangre
+seguía tiñendo de púrpura los minúsculos lagos de las rocas. Al cerrar
+los ojos para morir, vió en la obscuridad una cara pálida, unas manos
+que tejían sutiles encajes, y antes de que la noche cayese
+definitivamente sobre sus párpados, murmuró con balido infantil:
+
+--¡Mamá!... ¡mamá!...
+
+Tres meses después, al llegar á Barcelona, encontró á su madre tal como
+la había visto durante su agonía en la costa portuguesa... Unos
+pescadores le recogieron cuando su vida iba á extinguirse. Durante su
+permanencia en el hospital escribió varias veces á doña Cristina con un
+tono alegre y confiado, pretextando importantes ocupaciones en Lisboa.
+
+Al verle entrar, la buena dama abandonó su eterna labor de encajes,
+lívida, con las manos trémulas y las pupilas vidriosas. Debía saber toda
+la verdad; y si no la sabía, se la avisaba su instinto de madre viendo á
+Ulises convaleciente, enflaquecido, vacilando entre la arrogancia y el
+quebranto físico, lo mismo que los bravos cuando salían de la cámara del
+tormento.
+
+--¡Oh, hijo mío!... ¡Hasta cuándo!...
+
+Era hora de que terminase su rabia de aventuras, su deseo loco de tentar
+lo imposible, arrostrando los peligros más absurdos. Si quería ser
+marino, podía serlo, pero en buques respetables, al servicio de una gran
+Compañía, siguiendo una carrera de escalas determinadas, y no rodando
+caprichosamente por todos los mares, mezclado con el bandidaje
+internacional que se ofrece en los puertos para reforzar las
+tripulaciones. Lo mejor de todo sería permanecer quieto en su casa. ¡Qué
+felicidad si se quedase al lado de su madre!...
+
+Y Ulises, con asombro de doña Cristina, adoptó esta última resolución.
+La buena señora no estaba sola. Una sobrina vivía con ella, como si
+fuese su hija. El marino tuvo que rebuscar en el fondo de su memoria
+para acordarse de una chicuela de cuatro años que andaba á gatas por la
+playa del pueblo de su madre mientras él, con una gravedad de
+hombrecito, oía contar al viejo secretario del Municipio las pretéritas
+grandezas de la marina catalana.
+
+Era hija de un Blanes--el único pobre de la familia--que mandaba los
+buques de sus parientes y había muerto de la fiebre amarilla en un
+puerto de la América central. Ferragut no podía explicarse cómo la
+criatura-reptil de la arena, con una eterna perla verde colgando de sus
+narices, era aquella misma joven esbelta, de un moreno pálido de arroz,
+que ostentaba su abultada cabellera semejante á un casco de ébano, con
+dos pequeñas espirales ante las orejas. Sus ojos parecían tener las
+tintas cambiantes del mar: negros á unas horas, azules á otras, verdes y
+profundos cuando reflejaba la luz del sol como un punto de oro.
+
+Se sintió atraído por su sencillez, por la gracia tímida de sus palabras
+y sonrisas. Era algo de irresistible novedad para este ruedamundo que
+sólo había conocido cobrizas de carcajada bestial, asiáticas
+amarillentas de gestos felinos ó europeas de los grandes puertos, que á
+las primeras palabras piden de beber y cantan sobre las rodillas del
+invitante, poniéndose su gorra como testimonio de amor.
+
+Cinta--este era su nombre--parecía conocerle toda su vida. Había sido
+el objeto de sus conversaciones con doña Cristina cuando ambas
+entretenían las monótonas horas tejiendo encajes al uso de su pueblo. Al
+pasar Ulises ante el cuarto de ella, vió unos retratos suyos de la época
+en que era simple agregado á bordo de un trasatlántico. Cinta los había
+sustraído indudablemente de las habitaciones de su tía. Admiraba á aquel
+primo aventurero desde mucho antes de conocerlo.
+
+Una tarde, contó el marinero á las dos mujeres cómo se había salvado en
+la costa de Portugal. La madre le escuchó volviendo la vista,
+temblándole las manos al mover los bolillos de su encaje. De pronto sonó
+un alarido. Era Cinta, que no podía escuchar más. Y Ulises agradeció sus
+lágrimas, sus lamentos convulsivos, sus ojos agrandados por una
+expresión de terror.
+
+La madre de Ferragut se preocupaba del porvenir de esta sobrina pobre.
+Su única salvación era el matrimonio, y la buena señora había fijado sus
+miras en cierto pariente que andaba más allá de los cuarenta,
+necesitando el aporte de esta juventud para refrescar su vida de
+solterón maduro. Era el sabio de la familia. Doña Cristina lo admiraba
+porque no podía leer sin el auxilio de unos lentes y porque ingería en
+la conversación palabras latinas, lo mismo que los clérigos. Enseñaba
+retórica y latín en el Instituto de Manresa, y hablaba de ser trasladado
+algún día á Barcelona, término glorioso de una carrera ilustre. Todas
+las semanas se escapaba á la capital para hacer largas visitas á la
+viuda del notario.
+
+--Por mí no viene--decía la buena señora--. ¿Quién se molesta por una
+vieja?... Te digo que quiere á Cinta, y para la chica será una suerte
+casarse con este hombre tan sabio, tan serio.
+
+Escuchándola, Ulises empezó á pensar qué hueso podría romperle un marino
+á un catedrático de retórica sin incurrir en responsabilidad.
+
+Un día, Cinta buscó por toda la casa un dedal opaco y gastado que le
+servía muchos años. De pronto cesó en sus rebuscas, se puso encarnada y
+bajó los ojos. Su mirada había encontrado la mirada fugitiva de su
+primo. Lo tenía él. En el cuarto de Ulises se veían cintas, madejas de
+hilo, un abanico viejo, depositados sobre papeles y libros, por el
+mismo reflujo misterioso que había arrastrado sus retratos del
+dormitorio de su madre al de su prima.
+
+El marino gustaba de quedarse en casa. Pasaba largas horas meditando con
+los codos en la mesa, pero atento al mismo tiempo á un susurro de
+ligeros pasos que podía sonar de un momento á otro en el corredor
+inmediato. Todo lo sabía: la trigonometría esférica y rectilínea, la
+cosmografía, las leyes de vientos y tempestades, los últimos
+descubrimientos oceanográficos. Pero ¿quién podría enseñarle la forma de
+hablar á una señorita sin asustarla?... ¿Dónde diablos se aprendía el
+arte de declararse á una persona decente?...
+
+En él las dudas no eran nunca largas ni dolorosas. ¡Adelante! Cada uno
+sale del paso como puede. Y una tarde, cuando Cinta iba del salón al
+dormitorio de su tía para traerle un libro piadoso, tropezó en el
+pasillo con Ulises.
+
+De no conocerle, hubiese temblado por su existencia. Se sintió agarrada
+por unas manos poderosas que la despegaron del suelo. Luego una boca
+ávida estampó en la suya dos besos agresivos. «¡Toma, y toma!...»
+Ferragut se arrepintió al ver á su prima temblando contra la pared, con
+una palidez de muerte, los ojos lacrimosos.
+
+--Te he hecho daño. Soy un bruto... ¡un bruto!
+
+Casi se puso de rodillas, implorando su perdón; cerraba los puños como
+si fuera á golpearse, castigando su atrevimiento. Pero ella no le dejó
+seguir... «¡No, no!...» Y mientras gemía esta protesta, sus brazos se
+cerraron formando un anillo en torno del cuello de Ulises. Su cabeza se
+inclinó hacia él, buscando el abrigo de su hombro. Una boca húmeda se
+unió modestamente á la boca del marino, al mismo tiempo que la barba de
+éste se mojaba con un rocío de lágrimas.
+
+Y no se dijeron más.
+
+Cuando, semanas después, escuchó doña Cristina la petición de su hijo,
+su primer movimiento fué de protesta. Una madre oye con anticipada
+benevolencia toda pretensión sobre una hija, pero es ambiciosa y
+exigente cuando se trata de un hijo. Ella había soñado algo más
+brillante. Pero su indecisión fué corta. Aquella muchacha tímida era
+tal vez la mejor compañera para Ulises. Además, estaba preparada, por lo
+que había visto en su infancia, para ser la mujer de un marino... ¡Adiós
+al catedrático!
+
+Se casaron. Luego, Ferragut, que no podía vivir inactivo, volvió al mar,
+pero como primer oficial de un trasatlántico que hacía viajes regulares
+á la América del Sur. Para él, equivalía esto á ser empleado en una
+oficina flotante, visitando los mismos puertos, repitiendo
+invariablemente iguales trabajos. Su madre se mostraba satisfecha al
+verle con uniforme. Cinta fijaba su vista en el almanaque como la esposa
+de un empleado la fija en el reloj. Tenía la certeza de que,
+transcurridos dos meses, le vería aparecer de nuevo viniendo del otro
+lado de la tierra, cargado de regalos exóticos, lo mismo que un marido
+que vuelve de la oficina con un ramo comprado en la calle.
+
+Al regreso de los dos primeros viajes fué á esperarle en el muelle,
+buscando con la vista su gorra de galón de oro y su levita azul entre
+los pasajeros trasatlánticos que se agitaban en las cubiertas con la
+alegría de la llegada á Europa.
+
+En el viaje siguiente, doña Cristina la obligó á quedarse en casa,
+temiendo que la emoción y las aglomeraciones del puerto perjudicasen su
+próxima maternidad. Luego, en cada una de sus arribadas, vió Ferragut un
+hijo nuevo, aunque siempre era el mismo; primeramente, un envoltorio de
+batistas y blondas sostenido por una nodriza endomingada; luego--cuando
+ya era capitán del trasatlántico--, un chicuelo con faldillas,
+mofletudo, de cabeza redonda cubierta de sedosa pelusa, tendiendo hacia
+él los bracitos; finalmente, un muchacho que empezaba á ir á la escuela
+y al ver á su padre agarraba su dura diestra, admirándolo con ojos
+profundos, como si contemplase en su persona la concreción de todas las
+fuerzas del universo.
+
+Don Pedro el catedrático siguió visitando la casa de doña Cristina,
+aunque con menos asiduidad. Tenía el gesto resignado y fríamente
+colérico del hombre que cree haber llegado demasiado tarde y está
+convencido de que su desgracia es obra de su descuido... ¡Si él hubiese
+hablado antes! La certeza de su importancia no le permitía dudar que la
+joven le habría aceptado con júbilo.
+
+A pesar de esta convicción, no podía contener en ciertos momentos una
+agresividad irónica, que se desahogaba inventando apodos clásicos. La
+joven esposa de Ulises, inclinada sobre su labor de encajera, era
+Penélope esperando la vuelta del errabundo marido.
+
+Doña Cristina aceptaba este sobrenombre, por saber vagamente que era el
+de una reina de buenas costumbres. Pero el día en que el catedrático,
+por una deducción lógica, llamó Telémaco al hijo de Cinta, la abuela
+protestó.
+
+--Se llama Esteban, como su abuelo... Eso de Telémaco es nombre de
+teatro.
+
+En uno de sus viajes aprovechó Ulises una escala de unas cuantas horas
+en el puerto de Valencia para ver á su padrino. Recibía de tarde en
+tarde cartas del poeta, cada vez más breves y más tristes, con letras
+temblorosas que delataban su decadencia.
+
+Al entrar en el despacho sintió la misma impresión de los durmientes de
+las leyendas, que creen despertar después de unas horas de sueño y han
+dormido docenas de años. Todo estaba igual que en su infancia: los
+bustos de los grandes poetas en la cumbre de las librerías, las coronas
+en sus encierros de vidrio, las joyas y estatuas ganadas á fuerza de
+consonantes en sus vitrinas y pedestales, los libros de fulgurante lomo
+formando apretados batallones á lo largo de los estantes. Pero la
+blancura de los bustos había tomado un color de chocolate; los bronces
+estaban enrojecidos por el óxido, los oros eran verdes, las coronas se
+deshojaban. Parecía que hubiese llovido ceniza sobre la inmovilidad de
+las cosas.
+
+Las personas ofrecían igual aspecto de abandono y decadencia. Ulises
+encontró al poeta flaco y amarillento, sumido en un sillón, con la barba
+luenga y blanca, un ojo casi cerrado y el otro enormemente abierto. Al
+ver al marino, ancho de pecho, forzudo, bronceado, Labarta se echó á
+llorar con un hipo infantil, como si llorase sobre la miseria de las
+ilusiones humanas, sobre la brevedad de una vida engañosa que necesita
+el oleaje de la continua renovación.
+
+Más trabajo le costó todavía á Ferragut reconocer á una señora pequeña y
+encogida que estaba junto al poeta. Colgaban de su esqueleto flácidas
+adiposidades, como harapos de un pasado esplendor. La cabeza era exigua;
+su rostro tenía el arrugamiento de las manzanas invernizas, de las
+ciruelas, de todas las frutas que se contraen y momifican, perdiendo su
+líquido. «¡Doña Pepa!...» Los dos viejos se tuteaban ahora en presencia
+de Ulises, con la tranquila amoralidad de los que se ven próximos á la
+muerte y olvidan los temores y escrúpulos de una vida que se va
+derrumbando á sus espaldas.
+
+El marino vió en esta miseria física el triste final de un régimen
+alimenticio absurdo, alegre y pueril: los dulces sirviendo de base de
+nutrición, los grandes arroces como plato diario, las sandías y melones
+llenando el intermedio entre las comidas, los helados servidos en copas
+enormes, esparciendo el perfume de su nieve melosa.
+
+Los dos le hablaron suspirando de sus enfermedades, que juzgaban
+incomprensibles, atribuyéndolas á ignorancia de los médicos. Era la
+consunción que ataca de pronto á las gentes de los países abundantes. Su
+vida se fundía en un chorreo de azúcar líquido... Y todavía adivinaba
+Ferragut las desobediencias de los dos viejos á las disciplinas del
+régimen, sus ocultamientos infantiles, sus astucias para gustar á solas
+las frutas y los jarabes, encanto de su existencia.
+
+Fué corta la entrevista. El capitán debía volver al Grao, donde le
+esperaba su trasatlántico, pronto á zarpar para la América del Sur.
+
+El poeta lloró otra vez, besando á su ahijado. Ya no vería más á este
+coloso que parecía repeler sus débiles abrazos con el fuelle de su
+respiración.
+
+--Ulises, ¡hijo mío!... piensa siempre en Valencia... Haz por ella todo
+lo que puedas... Ya lo sabes. ¡Siempre Valencia!
+
+Juró todo lo que quiso el poeta, sin comprender qué es lo que Valencia
+podía esperar de él, simple marino errante por todos los mares. Labarta
+quiso acompañarle hasta la puerta, pero se hundió en su asiento,
+obediente al cariñoso despotismo de su compañera, que temía para él las
+mayores catástrofes.
+
+¡Pobre doña Pepa!... Ferragut sintió deseos de reír y de llorar al
+recibir un beso de su boca arrugada, cuyo vello se había convertido en
+púas. Fué un beso de beldad vieja que se recuerda al contacto de un buen
+mozo; un beso de mujer infecunda que acaricia al hijo que pudo tener.
+
+--¡El infeliz Carmelo!... Ya no escribe; ya no lee... ¡Ay! ¿qué será de
+mí?...
+
+Hablaba de la decadencia de su poeta con la conmiseración de un ser
+fuerte y sano. Se aterraba al pensar en los años que podría sobrevivir á
+su señor. Ocupada en cuidarle, no se miraba á ella misma.
+
+Un año después, el capitán encontró en Port-Said, á la vuelta de las
+Filipinas, una carta de su padrino. Doña Pepa había muerto, y Labarta,
+sacudiendo la modorra lacrimosa de su abatimiento, la despedía con un
+largo cántico. Ulises pasó los ojos por el recorte de periódico que iba
+dentro de la carta conteniendo los últimos versos del poeta. Eran versos
+en castellano. ¡Malo!... Después de esto, resultaba indudable su próximo
+fin.
+
+No tuvo ocasión de verle otra vez: murió estando él de viaje. Al
+desembarcar en Barcelona, su madre le entregó una carta escrita casi en
+su agonía. «Valencia, hijo mío; ¡siempre Valencia!» Y luego de repetir
+varias veces esta recomendación, le hacía saber que era su heredero.
+
+Los libros, las estatuas, todos los recuerdos gloriosos de Labarta,
+pasaron á Barcelona para adornar la casa del marino. El pequeño Telémaco
+pudo entretenerse rompiendo las viejas coronas del trovador, arrancando
+estampas á los volúmenes, con la inconsciencia de un niño fogoso que
+tiene á su padre muy lejos y vive sometido á dos señoras que le adoran.
+Además, el poeta dejó á su ahijado una casa vieja en Valencia, varias
+tierras y cierta cantidad en valores cotizables. Total: treinta mil
+duros.
+
+El otro tutor de su infancia, el vigoroso _Tritón_, permanecía
+insensible al paso de los años. Ferragut le encontró varias veces, al
+llegar á Barcelona, instalado en su casa, en sorda hostilidad con doña
+Cristina, dedicando á Cinta y á su hijo una parte del cariño que antes
+era sólo para Ulises.
+
+Deseaba que el pequeño Esteban conociese la casa de los bisabuelos.
+
+--¿Me lo dejarás?... Ya sabes que allá en la Marina los hombres se hacen
+fuertes como el bronce. ¿De veras que me lo dejarás?...
+
+Dudaba de su influencia ante el gesto indignado de la suave doña
+Cristina. ¿Confiar su nieto al _Tritón_, para que le infundiese el amor
+á las aventuras marítimas, lo mismo que á Ulises?... ¡Atrás, demonio
+azul!
+
+El médico vagaba desorientado por el puerto de Barcelona... Demasiado
+ruido, demasiado movimiento. Marchaba al lado de Ulises orgullosamente,
+haciéndole relatar las aventuras de sus años de marino vagabundo y
+cosmopolita. Veía en él al más grande de los Ferragut: hombre de mar
+como sus abuelos, pero con título de capitán; aventurero de todos los
+océanos como él lo había sido, pero con un sitio en el puente, revestido
+del mando absoluto que confieren la responsabilidad y el peligro.
+
+Al reembarcarse Ulises, se alejaba el _Tritón_ hacia sus dominios.
+
+--Será la próxima vez--decía para consolarse al partir sin el hijo de su
+sobrino.
+
+Y pasados unos meses reaparecía, cada vez más grande, más feo, más
+curtido, con una sonrisa silenciosa que estallaba en palabras ante
+Ulises, lo mismo que una nube tempestuosa estalla en truenos.
+
+A la vuelta de un viaje al mar Negro, doña Cristina anunció á su hijo:
+
+--Tu tío ha muerto.
+
+La piadosa señora lamentaba cristianamente la desaparición de su cuñado,
+dedicándole una parte de sus rezos, pero insistió con cierta crueldad en
+el relato de su triste fin. No podía perdonarle su fatal intervención en
+el destino de Ulises. Había muerto como había vivido, en el mar, víctima
+de su temeridad, sin confesión, lo mismo que un pagano.
+
+Otra herencia que caía sobre Ferragut... Su tío se había lanzado á nadar
+en una mañana asoleada de invierno, y no había vuelto. Los viejos de la
+costa explicaban á su modo el accidente: un desmayo, un choque con las
+rocas. El _Dotor_ era aún vigoroso, pero los años no pasan sin dejar
+huella. Algunos creían en una lucha con un «cabeza de olla» ú otro pez
+carnívoro de los que cazan en las aguas mediterráneas. En vano los
+pescadores llevaron sus barcas por todas las angulosidades entrantes y
+salientes del promontorio, explorando las cuevas sombrías y los bajos
+fondos de cristalina transparencia. Nadie pudo encontrar el cadáver del
+_Tritón_.
+
+Ferragut recordó el cortejo de Afrodita que el médico le había descrito
+tantas veces en las noches estivales, viendo á lo lejos las luces de los
+faros. Tal vez había tropezado con la alegre comitiva de las nereidas,
+uniéndose á ella para siempre.
+
+Esta suposición absurda que Ulises formuló mentalmente, con incrédula y
+triste sonrisa, se repitió al mismo tiempo en el pensamiento simple de
+muchas gentes de la Marina.
+
+Se negaban á creer en su muerte. Un brujo no se ahoga. Habría encontrado
+abajo algo muy interesante, y cuando se cansase de vivir en las verdes
+profundidades volvería nadando á su casa.
+
+No; el _Dotor_ no había muerto.
+
+Y durante muchos años, las mujeres que seguían la costa al anochecer
+apresuraron el paso, persignándose, al distinguir en las aguas obscuras
+un madero ó un paquete de algas. Temían que surgiese de pronto el
+_Tritón_, barbudo, lúbrico, chorreante, volviendo de su correría por las
+misteriosas entrañas del mar.
+
+
+
+
+IV
+
+FREYA
+
+
+El nombre de Ulises Ferragut empezó á ser famoso entre los capitanes de
+los puertos españoles. Las aventuras náuticas de su primera época
+entraban por muy poco en esta popularidad. Los más de ellos habían
+arrostrado mayores peligros, y si le apreciaban, era por el instintivo
+respeto que sienten los hombres enérgicos y simples ante una
+inteligencia que consideran superior. Sin otras lecturas que las de su
+carrera, hablaban con asombro de los numerosos libros que llenaban el
+camarote de Ferragut, muchos de ellos sobre materias que les parecían
+misteriosas. Algunos hasta hacían afirmaciones inexactas para completar
+el prestigio de su camarada:
+
+--Sabe mucho... Además de marino, es abogado.
+
+La consideración de su fortuna contribuía igualmente al aprecio general.
+Era accionista importante de la compañía naviera á la que prestaba sus
+servicios. Los compañeros calculaban con orgullosa exageración la
+riqueza de su madre, tasándola en millones.
+
+Encontraba amigos en todo buque que ostentase á popa la bandera
+española, fuese cual fuese su puerto de origen y el regionalismo de sus
+tripulantes.
+
+Todos le querían: los capitanes vascos, sobrios en palabras, rudos y de
+tuteo confianzudo; los capitanes asturianos y gallegos, enamoradizos y
+derrochadores, que desmienten con su carácter la avaricia y la tristeza
+de tierra adentro; los capitanes andaluces, que parecen llevar en su
+gracioso lenguaje un reflejo de la blanca Cádiz y sus vinos luminosos;
+los capitanes valencianos, que hablan de política en el puente,
+imaginando lo que podrá ser la marina de la futura República; los
+capitanes de Cataluña y de Mallorca, conocedores de los negocios tan á
+fondo como sus armadores. Siempre que les unía la necesidad de defender
+sus derechos, pensaban inmediatamente en Ulises. Ninguno escribía como
+él.
+
+Los viejos pilotos venidos de abajo, hombres de mar que habían empezado
+su carrera en las barcas de cabotaje y á duras penas ajustaban sus
+conocimientos prácticos al manejo de los libros, hablaban de Ferragut
+con orgullo:
+
+--Dicen que los del mar somos gente bruta... Ahí tienen á don Luis, que
+es de los nuestros. Pueden preguntarle lo que quieran... ¡Un sabio!
+
+El nombre de Ulises les hacía titubear. Lo creían apodo, y no queriendo
+incurrir en una falta de respeto, habían acabado por transformarlo en
+don Luis. Para algunos de ellos, el único defecto de Ferragut era su
+buena suerte. Aún no se había perdido un buque mandado por él. Y todo
+buen marino que navega sin descanso debe tener en su historia una de
+estas desgracias para ser un capitán completo. Solamente los labradores
+no pierden barcos.
+
+Cuando murió su madre, Ulises quedó indeciso ante el porvenir, no
+sabiendo si continuar su vida de navegante ó emprender otra
+completamente nueva. Sus parientes de Barcelona, mercaderes de ágil
+entendimiento para la evaluación de una fortuna, sumaban lo que habían
+dejado el notario y su esposa, y añadiendo lo de Labarta y el médico,
+casi llegaban á un millón de pesetas... ¿Y un hombre con tanto dinero
+iba á seguir viviendo lo mismo que un pobre capitán que necesita el
+sueldo para mantener á su familia?...
+
+Su primo Joaquín Blanes, dueño de una fábrica de géneros de punto, le
+instó repetidas veces á que siguiese su ejemplo. Debía quedarse en
+tierra y emplear su capital en la industria catalana. Ulises era del
+país, por su madre y por haber nacido en la vecina tierra de Valencia.
+Se necesitaban hombres de fortuna y energía para que interviniesen en el
+gobierno. Blanes hacía política regionalista con el entusiasmo de un
+burgués que se lanza en aventuras novelescas.
+
+Cinta no dijo una palabra para decidir á su esposo. Era hija de un
+marino y había aceptado ser la esposa de otro. Además, entendía el
+matrimonio con arreglo á la tradición familiar: la mujer dueña absoluta
+del interior de la casa, pero confiada en los asuntos exteriores á la
+voluntad del señor, del guerrero, del jefe del hogar, sin permitirse
+pensamientos ni objeciones sobre sus actos.
+
+Fué Ulises el que adoptó por sí mismo la decisión de abandonar la vida
+de navegante. Trabajado por las sugestiones de sus primos, le bastó una
+pequeña disputa con uno de los directores de la casa armadora para
+ofrecer su renuncia, sin que lograsen hacerle retroceder los ruegos y
+explicaciones de los otros consocios.
+
+En los primeros meses de su existencia terrestre, extrañó la inmovilidad
+desesperante de las cosas. El mundo era de una rigidez y una dureza
+antipáticas. Sintió algo semejante á un principio de mareo al ver que
+todo permanecía allí donde él lo dejaba, sin permitirse el menor vaivén,
+la más leve fantasía dinámica.
+
+Por las mañanas, al entreabrir sus ojos, experimentaba la dulce
+sensación de la libertad irresponsable. Nada le importaba la suerte de
+aquella casa. Las vidas de los que dormían en los otros pisos, encima y
+debajo de él, no estaban confiadas á su vigilancia... Pero á los pocos
+días sintió que le faltaba algo que era una de las mayores
+satisfacciones de su existencia: la voluntad del poder, el gusto del
+mando.
+
+Dos criadas de aire azorado acudían á sus voces y sus repiqueteos de
+timbre. Esto era todo para él, que había mandado docenas de hombres de
+áspera dureza que infundían terror al bajar en los puertos.
+
+Nadie le consultaba ahora, mientras que en el mar todos buscaban su
+consejo y muchas veces necesitaban interrumpir su sueño. La casa podía
+existir sin que él la visitase diariamente desde las cuevas al tejado,
+revisando hasta el último grifo. Las mujeres que hacían la limpieza por
+las mañanas le obligaban á refugiarse en el despacho con sus terrestres
+escobazos. No le era permitido formular observaciones, no podía extender
+un brazo galoneado, lo mismo que cuando reñía á la grumetería descalza y
+despechugada, exigiendo que la cubierta quedase limpia como un salón. Se
+sentía empequeñecido, exonerado. Pensaba en Hércules vestido de mujer,
+hilando su rueca. El amor á la familia le había hecho renunciar á su
+vida de varón poderoso.
+
+Sólo el trato de su esposa, que le rodeaba de asiduos cuidados, como si
+quisiera compensarse con esto de las largas separaciones, le hizo
+llevadera la situación. Además, sentía satisfecha su conciencia al hacer
+de padre «terrestre», preocupándose de su hijo, que empezaba á
+prepararse para ingresar en el Instituto, repasando sus libros,
+ayudándole en la comprensión de los textos.
+
+Pero tampoco estos placeres fueron de larga duración. Le aburrían las
+tertulias de familia en su casa y en la de sus parientes; las
+conversaciones con tíos, primos y sobrinos sobre ganancias y negocios ó
+sobre los defectos de la tiranía centralista. Según ellos, todas las
+calamidades del cielo y de la tierra procedían de Madrid. El gobernador
+de la provincia era el «cónsul de España».
+
+Estos mercaderes sólo interrumpían sus críticas para oír con religioso
+silencio la música de Wágner golpeada en el piano por las niñas de la
+familia. Un amigo con voz de tenor cantaba _Lohengrin_ en catalán. El
+entusiasmo hacía rugir á los más exaltados: «¡El himno... el himno!» No
+era posible equivocarse. Para ellos sólo existía un himno. Y acompañaban
+con una canturria á media voz la música litúrgica de _Los segadores_.
+
+Ulises recordaba con nostalgia su vida de comandante de trasatlántico:
+una vida amplia, mundial, de incesantes y variados horizontes, de
+muchedumbres cosmopolitas. Se veía detenido en las cubiertas por grupos
+de muchachas elegantes que le pedían nuevos bailes en la semana. Salían
+á su paso faldas de blanco revoloteo, velos que ondulaban como nubes de
+colores, risas y trinos parlantes en un español que parecía puesto en
+música; todo el estrépito juguetón de una jaula de pájaros del Trópico.
+
+Los ex presidentes de República--generales ó doctores que iban á
+descansar á Europa--le contaban en el puente, con una gravedad
+napoleónica, los principales hechos de su historia. Los hombres de
+negocios, al dirigirse á América, le confiaban sus planes estupendos:
+ríos cambiados de cauce, ferrocarriles á través de la selva virgen,
+monstruosas fuerzas eléctricas extraídas de cascadas de varios
+kilómetros de anchura, ciudades vomitadas por el desierto en unas
+semanas; todas las maravillas de un mundo en la pubertad, que desea
+realizar cuanto concibe su joven imaginación. Era el demiurgo del
+pequeño mundo flotante; disponía á su antojo de la alegría y del amor.
+
+En las tardes calurosas de la Línea, le bastaba dar una orden para
+sacudir la embrutecida modorra de las cosas y los seres. «Que suba la
+música y que sirvan refrescos.» Y á los pocos minutos giraban las
+parejas á lo largo de la cubierta, sonreían las bocas, se iluminaba en
+los ojos un punto brillante de ilusión y de deseo. A sus espaldas sonaba
+el elogio. Las matronas le encontraban muy distinguido. «Se ve que es
+persona _bien_.» Camareros y tripulantes hacían una relación exagerada
+de su riqueza y sus estudios. Algunas jóvenes que navegaban hacia Europa
+con la imaginación en pleno hervidero novelesco, se contraían
+decepcionadas al saber que el héroe era casado y tenía un hijo. Las
+damas solitarias, tendidas en una _chaise longue_, con un volumen en la
+mano, arreglaban, al verle, la corola de sus faldas, tapándose las
+piernas con tanta precipitación, que siempre las dejaban más al
+descubierto. Luego, fijando en él una mirada profunda, iniciaban el
+diálogo, siempre del mismo modo:
+
+--¿Cómo ha llegado usted á capitán, siendo tan joven?
+
+¡Ah, miseria!... El que había convivido varios años, de un extremo á
+otro del Atlántico, con un mundo rico, alegre, perfumado, resistiéndose
+unas veces por prudencia á los caprichos femeniles, entregándose otras
+con un recato de marino discreto, se veía ahora sin otros admiradores
+que la vulgarota tribu de los Blanes, sin otras ilusiones que las que le
+sugería su primo el fabricante, entusiasmado porque los grandes
+apóstoles del partido se fijaban con cierta simpatía en el capitán.
+
+Todas las mañanas, al despertar, sufría un rudo choque en sus gustos. Lo
+primero que contemplaba era una habitación «sin personalidad», una
+vivienda que nada tenía de él, arreglada por las sirvientas con limpieza
+prolija y falta de lógica, que cambiaba incesantemente el emplazamiento
+de las cosas.
+
+Recordaba con nostalgia su camarote reducido y ordenado, donde no había
+un mueble que escapase á su vista ni un cajón cuyo contenido no
+estuviera en su memoria. Su cuerpo se deslizaba, con el desembarazo de
+la costumbre, por los desfiladeros del mobiliario. Se había adaptado á
+todos los ángulos entrantes y salientes, como la carne del molusco se
+adapta á las sinuosidades internas de sus valvas. El camarote parecía
+formado con secreciones de su ser: era un caparazón, una concha que iba
+con él de un extremo á otro de los océanos, caldeándose con las altas
+temperaturas del Trópico, cerrándose con un calafateo de cabaña esquimal
+al aproximarse á los mares fríos.
+
+Le inspiraba un amor semejante al que siente el fraile por su celda;
+pero esta celda era mundial, y al entrar en ella, después de una noche
+de tormenta pasada en el puente ó de una bajada á tierra en los puertos
+más diversos, la veía siempre lo mismo, con los papeles y los libros
+inmóviles sobre la mesa, las ropas colgadas de las perchas, las
+fotografías fijas en las paredes. Cambiaba el diario espectáculo de
+mares y tierras, cambiaba la temperatura y el curso de los astros; las
+gentes, arrebujadas en gabanes invernales, vestían de blanco una semana
+después y buscaban en el cielo las nuevas estrellas del opuesto
+hemisferio... y su camarote siempre igual, como si fuese un rincón de un
+planeta aparte, insensible á las variaciones de este mundo.
+
+Por las mañanas, al despertar en él, se veía envuelto en una atmósfera,
+verdosa y suave, lo mismo que si hubiese dormido en el fondo de un lago
+encantado. El sol trazaba sobre la blancura del techo y de las sábanas
+una red inquieta de oro, cuyas mallas se sucedían incesantemente: era
+el reflejo del agua invisible. En la inmovilidad de los puertos entraban
+por el ventano el chirrido de las grúas, los gritos de los cargadores,
+las conversaciones de los que ocupaban los botes en torno del
+trasatlántico. En alta mar era el silencio fresco y rumoroso de la
+inmensidad lo que llenaba su dormitorio. Un viento de infinita pureza,
+que venía tal vez del otro lado del planeta, deslizándose miles de
+leguas por los desiertos salados sin tocar una sola corrupción,
+resbalaba en la garganta de Ferragut como un vino de gaseosa embriaguez.
+Su duro costillaje iba dilatándose á impulsos de este trago de vida,
+mientras sus ojos parpadeaban ante el azul luminoso del horizonte.
+
+En su casa, lo primero que veía al despertar era un edificio catalán,
+rico y monstruoso, semejante á los palacios que dibujan los hipnotizados
+en sus ensueños: una amalgama de flores persas, columnas góticas,
+troncos de árboles con cuadrúpedos, reptiles y caracoles entre follajes
+de cemento. El adoquinado le enviaba por sus respiraderos la fetidez de
+unas alcantarillas solidificadas por la escasez de agua; los balcones
+esparcían el polvo de las alfombras sacudidas; el palacio-quimera se
+tragaba con una insolencia de rico novel todo el cielo y el sol que
+correspondían á Ferragut.
+
+Una noche sorprendió á sus parientes haciéndoles saber que volvía al
+mar. Cinta asintió con un silencio doloroso á esta resolución, como si
+la hubiese adivinado mucho antes. Era algo inevitable y fatal que debía
+aceptar. El fabricantes Blanes tartamudeó de asombro. ¡Volver á su vida
+de aventuras cuando los grandes señores del partido se ocupaban de su
+persona!... Tal vez en las primeras elecciones le hiciesen concejal.
+
+Ferragut rió de la simpleza de su primo. Quería mandar otra vez un
+barco, pero suyo, sin tener que sufrir las imposiciones de los
+armadores. El podía permitirse este lujo. Sería como un yate enorme,
+pronto á hacer rumbo á su gusto ó su conveniencia y proporcionándole al
+mismo tiempo cuantiosas ganancias. Tal vez su hijo llegase á ser
+director de compañía marítima, al convertirse con los años este primer
+vapor en una flota enorme.
+
+Conocía todos los puertos del mundo, todos los caminos del tráfico, y
+sabría adivinar los lugares faltos de buques, donde se pagan fletes
+altos. Hasta ahora había sido un asalariado valeroso y ciego. Iba á
+empezar su vida de explotador del mar.
+
+Dos meses después escribió desde Inglaterra diciendo que había comprado
+el _Fingal_, vapor-correo de tres mil toneladas, que hacía el servicio
+dos veces por semana entre Londres y un puerto de Escocia.
+
+Ulises se mostraba entusiasmado por la baratura de su adquisición. El
+_Fingal_ había sido propiedad de un capitán escocés, que, á pesar de sus
+largas dolencias, no quiso abandonar nunca el mando, muriendo á bordo de
+su buque. Los herederos, hombres de tierra adentro, cansados de una
+larga espera, ansiaban deshacerse de él á cualquier precio.
+
+Cuando el nuevo propietario entró en el salón de popa, rodeado de
+camarotes--único lugar habitable en este buque de carga--, los recuerdos
+del muerto salieron á su paso. En los planos de las entrepuertas estaban
+pintados los héroes de la Ilíada escocesa: el bardo Ossián y su arpa;
+Malvina la de los redondos brazos y sueltas crenchas de oro; los
+guerreros bigotudos, con cascos de aletas y salientes bíceps, que se
+daban cuchilladas en los broqueles, despertando los ecos de los lagos
+verdes.
+
+Un sillón mullido y profundo abría sus brazos ante una estufa. Allí
+había pasado sus últimos años el dueño del buque, enfermo del corazón,
+con las piernas hinchadas, dirigiendo desde su asiento un rumbo que se
+repetía todas las semanas, á través de las nieblas, á través de las olas
+invernales que arrastraban pedazos de hielo arrancados á los _icebergs_.
+Cerca de la estufa había un piano, y sobre su tapa un rimero de
+partituras amarilleadas por el tiempo: _La sonámbula_, _Lucía_, romanzas
+de Tosti, canciones napolitanas, melodías fáciles y graciosas que
+esparcían las viejas cuerdas del instrumento con el timbre frágil y
+cristalino de una caja de música. El pobre nauta de piernas de piedra
+tendía su corazón enfermo hacia el mar de la luz. Esta música hacía
+surgir en medio de los cielos brumosos las colinas de Sorrento,
+cubiertas de naranjos y limoneros, las costas de Sicilia, perfumadas por
+una flora ardorosa.
+
+Ferragut tripuló el buque con gente amiga. Su segundo fué un piloto que
+había empezado su carrera en las barcas de pesca. Era del mismo pueblo
+de los abuelos de Ulises, y se acordaba del _Dotor_ con respeto y
+admiración. Había conocido á su capitán actual cuando éste era pequeño é
+iba á pescar con su tío. En dicha época, Tòni era ya marinero en un laúd
+de cabotaje, superioridad de años que le había autorizado para tutear á
+Ulises.
+
+Al verse ahora bajo sus órdenes, quiso modificar el tratamiento, pero el
+capitán no lo consintió. Tòni y él eran tal vez parientes lejanos. Todos
+los de aquel pueblo de la Marina estaban unidos por largos siglos de
+existencia aislada y peligros comunes. La tripulación, desde el primer
+maquinista á los últimos marineros, se mostraba igualmente familiar en
+su respeto. Unos eran de la misma tierra del capitán, otros habían
+navegado largamente á sus órdenes.
+
+Ulises conoció como armador un sinnúmero de preocupaciones que no había
+sospechado antes. Se verificó en él la angustiosa transformación del
+artista que se convierte en empresario, del literato que se desdobla en
+editor, del ingeniero dedicado á la fantasía de los inventos que pasa á
+ser dueño de fábrica. Su amor romántico por el mar y sus aventuras fué
+acompañado ahora de preocupaciones sobre el precio y el consumo del
+carbón, sobre la concurrencia rabiosa que hacía bajar los fletes, y la
+busca de puertos nuevos con carga pronta y remuneradora.
+
+El _Fingal_, que había sido rebautizado por su nuevo propietario con el
+nombre de _Mare nostrum_, en memoria de su tío, resultaba una compra
+dudosa á pesar de su bajo precio. Ulises se había entusiasmado como
+navegante al ver su proa alta y afilada dispuesta á afrontar los peores
+mares, su esbeltez de buque veloz, sus máquinas sobradamente poderosas
+para un vapor de carga, todas las condiciones que le habían hecho servir
+de correo durante varios años. Consumía demasiado combustible para
+dedicarse con ganancia al transporte de mercancías. El capitán, durante
+sus navegaciones, sólo pensaba ahora en el alimento de las calderas.
+Siempre le parecía que _Mare nostrum_ marchaba con excesiva rapidez.
+
+--¡Media máquina!--gritaba por el tubo á su primer mecánico.
+
+Pero á pesar de esta precaución y de otras, el gasto de combustible
+resultaba enorme al hacer el arqueo de un viaje. El buque consumía todas
+las ganancias. Su velocidad era insignificante comparada con la de un
+trasatlántico, pero resultaba absurda en relación con la de los vapores
+mercantes de gran casco y pequeña máquina que iban solicitando carga á
+cualquier precio por todos los puntos.
+
+Esclavo de la superioridad de su buque y en continua lucha con ella,
+Ferragut se esforzó por seguir navegando sin grandes pérdidas. Todas las
+aguas del planeta vieron á _Mare nostrum_ dedicado á los transportes más
+raros. Gracias á él ondeó la bandera española en puertos que no la
+habían visto nunca.
+
+Hizo viajes por los mares solitarios de Siria y Asia Menor, ante costas
+donde la novedad de un buque con chimenea hacía correr y aglomerarse á
+las gentes de los aduares. Realizó desembarcos en puertos fenicios y
+griegos cegados por la arena, que sólo conservaban unas cuantas chozas
+al pie de montones de ruinas. Algunas columnas de mármol se erguían aún
+como troncos de palmeras desmochadas. Ancló junto á temibles rompientes
+de la costa occidental de África, bajo un sol que hacía arder la
+cubierta, para recibir caucho, plumas de avestruz y colmillos de
+elefante traídos en largas piraguas por remeros negros. Salían siempre
+de un río poblado de cocodrilos é hipopótamos, en cuyas orillas alzaba
+la factoría los conos pajizos de sus techumbres.
+
+Cuando faltaban estos viajes fuera de las rutas ordinarias, _Mare
+nostrum_ hacía rumbo á América, resignándose á luchar en baratura con
+ingleses y escandinavos, que son los arrieros del Océano. Su tonelaje y
+su calado le permitían remontar los grandes ríos de la América del
+Norte, llegando hasta las ciudades del remoto interior que hacen humear
+las filas de chimeneas de sus fábricas al borde de un lago dulce
+convertido en puerto.
+
+Navegó por el rojizo Paraná hasta Rosario y Colastiné, para cargar trigo
+argentino; fondeó en las aguas de ámbar de Uruguay, frente á Paysandú y
+Fray Ventos, recibiendo cueros destinados á Europa y carne salada para
+las Antillas. En el Pacífico remontó el Guayas á través de una
+vegetación ecuatorial, en busca del cacao de Guayaquil. Su proa cortó la
+infinita lámina del Amazonas, apartando los troncos gigantescos
+arrastrados por las inundaciones de la selva virgen, para anclar frente
+á Pará ó frente á Manaos, tomando cargamentos de tabaco y café. Hasta
+llevó de Alemania pertrechos de guerra para los revolucionarios de una
+pequeña República.
+
+Estos viajes, que en otro tiempo entusiasmaban á Ferragut, tenían ahora
+como final una decepción. Después de pagados los gastos y de haber
+vivido con rabiosa economía, apenas quedaba algo para el armador. Cada
+vez eran más numerosos los buques de carga y el flete más barato.
+Ulises, con su elegante _Mare nostrum_, no podía luchar contra los
+capitanes septentrionales, alcoholizados y taciturnos, que aceptaban á
+cualquier precio el llenar sus buques sórdidos, emprendiendo una marcha
+de tortuga á través de los océanos.
+
+--No puedo más--decía con tristeza á su segundo--. Voy á arruinar á mi
+hijo. Si me compran _Mare nostrum_, lo vendo.
+
+En una de sus expediciones infructuosas, cuando sentía mayor desaliento,
+una noticia inesperada cambió su situación. Acababan de llegar á
+Tenerife con maíz de la Argentina y fardos de alfalfa seca. Tòni volvió
+á bordo después de haber legalizado los papeles del buque.
+
+--_¡La guèrra, che!_--gritó en valenciano, la lengua de su intimidad.
+
+Ulises, que se paseaba por el puente, acogió la noticia con
+indiferencia. «¿La guerra?... ¿Qué guerra era esa?...» Pero al saber que
+Alemania y Austria habían roto las hostilidades contra Francia y Rusia,
+y que Inglaterra acababa de intervenir en defensa de Bélgica, el
+capitán se lanzó á calcular las consecuencias políticas de esta
+conflagración. No veía otra cosa.
+
+Tòni, menos desinteresado, habló de la suerte futura del buque...
+¡Terminada la miseria! Los fletes á trece chelines tonelada de un
+hemisferio á otro iban á ser en adelante un recuerdo vergonzoso. No
+tendrían ya que solicitar carga de puerto en puerto como quien pide una
+limosna. Ahora les tocaba darse importancia, viéndose solicitados por
+los consignatarios y comerciantes desdeñosos. _Mare nostrum_ iba á valer
+como si fuese de oro.
+
+Tales predicciones, que Ferragut se resistía á aceptar, empezaron á
+cumplirse al poco tiempo. Escasearon los barcos en las rutas del Océano.
+Unos se refugiaban en los puertos neutrales más próximos, temiendo á los
+cruceros enemigos. Los más eran movilizados por sus gobiernos para los
+enormes transportes de material que exige la guerra moderna. Los
+corsarios alemanes, valiéndose de astucias, aumentaban con sus presas el
+pánico de la marina mercante.
+
+Saltó el precio del flete de trece chelines la tonelada á cincuenta;
+luego á sesenta, y á los pocos días á ciento. Ya no podía subir más,
+según el capitán Ferragut.
+
+--Aún subirá--afirmaba el segundo con una alegría cruel--. Veremos la
+tonelada á ciento cincuenta, á doscientos... ¡Vamos á hacernos ricos!
+
+Y Tòni empleaba el plural al hablar de la futura riqueza, sin que se le
+ocurriese por un momento pedir á su capitán unos céntimos más sobre los
+cuarenta y cinco duros que recibía al mes. La fortuna de Ferragut y del
+buque la consideraba como suya. Se tenía por dichoso siempre que no le
+faltase el tabaco y pudiera enviar su sueldo íntegro á la mujer y los
+hijos, que vivían allá en la Marina.
+
+Su ambición era la de todos los navegantes modestos: comprar un pedazo
+de tierra y hacerse labrador en su vejez. Los pilotos vascos soñaban con
+praderas y manzanos, una casita en una cumbre, y muchas vacas. El se
+imaginaba una viña en la costa, una vivienda blanca con emparrado, á
+cuya sombra fumaría su pipa, y toda la familia, hijos y nietos,
+extendiendo la cosecha de pasa sobre los cañizos.
+
+Le unía á Ferragut una admiración familiar, igual á la del antiguo
+escudero por su paladín, á la de un sargento viejo por un oficial de
+genio. Los libros que llenaban el camarote del capitán le hacían
+recordar sus angustias al examinarse en Cartagena para adquirir el
+título de piloto. Los graves señores del tribunal le habían visto
+palidecer y balbucear como un niño ante los logaritmos y las fórmulas
+trigonométricas. A él que le preguntasen sobre casos prácticos, y su
+pericia de patrón de barca, habituado á todos los peligros del mar, le
+haría responder con el aplomo de un sabio.
+
+En los trances difíciles--días de tormenta, bajos tortuosos, vecindad de
+costas traidoras--, Ferragut sólo se decidía á descansar cuando Tòni le
+reemplazaba en el puente. Con él no había miedo á que entrase por
+descuido la ola de través que barre la cubierta y apaga las máquinas, ó
+que el escollo invisible clavase su colmillo de piedra en el vientre del
+buque. Seguía junto al timonel el rumbo indicado, inmóvil y silencioso,
+como si durmiese de pie; pero en el momento oportuno dejaba caer la
+breve palabra de mando.
+
+Era enjuto de carnes, con la recocida delgadez de los mediterráneos
+bronceados. El viento salino más que los años había curtido su rostro,
+frunciéndolo con profundas arrugas. Una coloración caprichosa hacía
+negro el fondo de estas grietas, mientras que la parte expuesta al sol
+parecía lavada por la luz, con tonos más claros. La barba corta y dura
+se extendía por los surcos y lomas de su piel. Además, tenía pelo en las
+orejas, pelo en las fosas nasales, anchas y respingadas, prontas á
+estremecerse en los momentos de cólera ó de admiración... Pero esta
+fealdad disminuía bajo la luz de sus ojos pequeños, con las pupilas
+entre verdes y aceitosas; unos ojos que miraban dulcemente, con
+expresión canina de resignación, cuando el capitán se burlaba de sus
+creencias.
+
+Tòni era «hombre de ideas». Ferragut sólo le conocía cuatro ó cinco,
+pero duras, cristalizadas, inconmovibles, como los moluscos que,
+adheridos á la roca, acaban por convertirse en una excrecencia pétrea.
+Las había adquirido en veinticinco años de cabotaje mediterráneo,
+leyendo todos los periódicos de un radicalismo lírico que le salían al
+encuentro en los puertos. Además, al final de sus viajes estaba
+Marsella, y en una de sus callejuelas un salón rojo adornado de columnas
+simbólicas, donde se encontraba con navegantes de todas las razas y
+todas las lenguas, entendiéndose fraternalmente por medio de signos
+misteriosos y palabras rituales.
+
+Cuando entraba en un puerto de la América del Sur, después de larga
+ausencia, admiraba los rápidos adelantos de los pueblos jóvenes: muelles
+enormes construídos en un año, calles interminables que no existían en
+el viaje anterior, parques frondosos y elegantes sobre antiguas lagunas
+desecadas.
+
+--Es natural--afirmaba rotundamente--. Por algo son República.
+
+Al entrar en los puertos españoles, la menor contrariedad en el amarre
+del buque, una discusión con los empleados oficiales, la falta de
+espacio para un buen fondeo, le hacían sonreír con amargara.
+«¡Desgraciado país!... Todo era obra del altar y el trono.»
+
+En el río de Londres ó ante los muelles de Hamburgo, el capitán Ferragut
+se burlaba de su subordinado.
+
+--¡Aquí no hay República, Tòni...! Y sin embargo, esto es algo.
+
+Pero Tòni no se daba por vencido. Contraía el peludo rostro, haciendo un
+esfuerzo mental para dar forma á sus vagas ideas, vistiéndolas de
+palabras. En el fondo de estas grandezas presentía una afirmación de sus
+mismos pensamientos. Al fin se entregaba, desarmado, pero no convencido.
+
+--No sé explicarme: me faltan palabras... Son las gentes las que hacen
+todo eso.
+
+Al recibir en Tenerife la noticia de la guerra, resumió todas sus
+doctrinas con el laconismo de un triunfador.
+
+--Hay en Europa demasiados reyes... ¡Si todos los pueblos fuesen
+Repúblicas!... Esta calamidad había de llegar forzosamente.
+
+Y Ferragut no se atrevió á burlarse esta vez de la simpleza de su
+segundo.
+
+Toda la gente de _Mare nostrum_ se mostraba entusiasmada por el nuevo
+aspecto de los negocios. Los marineros, taciturnos en las navegaciones
+anteriores, como si presintiesen la ruina ó el cansancio de su capitán,
+trabajaban ahora alegremente, lo mismo que si fuesen á participar de las
+ganancias.
+
+En el rancho de proa se entregaban muchos de ellos á cálculos
+comerciales. El primer viaje de la guerra equivalía á diez de los
+anteriores; el segundo tal vez proporcionase ganancia como veinte. Y se
+alegraban por Ferragut, con el mismo desinterés que su primer oficial,
+acordándose de los malos negocios de antes. Los maquinistas ya no eran
+llamados al camarote del capitán para idear nuevas economías de
+combustible. Había que aprovechar el tiempo, y _Mare nostrum_ iba á todo
+vapor, haciendo catorce millas por hora, como un buque de pasajeros,
+deteniéndose únicamente cuando le cerraba el paso un destroyer inglés á
+la entrada del Mediterráneo, enviándole un oficial para convencerse de
+que no llevaba á bordo súbditos de los Imperios enemigos.
+
+La abundancia reinaba igualmente entre el puente y la proa, donde
+estaban la cocina y el alojamiento de los marineros, espacio del buque
+respetado por todos como dominio incontestable del tío _Caragòl_.
+
+Este viejo apodado «Caracol»--otro amigo antiguo de Ferragut--era el
+cocinero de á bordo, y aunque no se atrevía á tutear al capitán, como en
+otros tiempos, la expresión de su voz daba á entender que mentalmente
+seguía usando de esta familiaridad. Había conocido á Ulises cuando huía
+de las aulas para remar en el puerto, y él, por el mal estado de sus
+ojos, acababa de retirarse de la navegación de cabotaje, descendiendo á
+ser simple lanchero. Su gravedad y su corpulencia tenían algo de
+sacerdotal. Era el mediterráneo obeso, de cabeza pequeña, cuello
+voluminoso y triple mentón, sentado en la popa de su barca de pesca como
+un patricio romano en el trono de la trirreme.
+
+Su talento culinario sufría eclipses cuando no figuraba el arroz como
+tema fundamental de sus composiciones. Todo lo que este alimento puede
+dar de sí lo conocía perfectamente. En los puertos del Trópico, los
+tripulantes, hastiados de bananas, piñas y aguacates, saludaban con
+entusiasmo la aparición de la gran sartén de arroz con bacalao y patatas
+ó de la cazuela de arroz al horno, con la dorada costra perforada por la
+cara roja de los garbanzos y el lomo negro de las morcillas. Otras
+veces, el cocinero, bajo el cielo plomizo de los mares septentrionales,
+les hacía evocar el recuerdo de la lejana patria dándoles el monástico
+arroz con acelgas ó el mantecoso arroz con nabos y judías.
+
+En los domingos y fiestas de santos valencianos, que eran los primeros
+del cielo para el tío _Caragòl_--San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer,
+la Virgen de los Desamparados y el Cristo del Grao--, aparecía la
+humeante _paella_, vasto redondel de arroz, sobre cuya arena de
+hinchados granos yacían despedazadas varias aves. El cocinero sorprendía
+á su gente repartiendo cebollas crudas, voluminosas, de acre perfume que
+arrancaba lágrimas y una blancura de marfil. Eran un regalo de príncipe
+mantenido en secreto. No había mas que quebrarlas de un puñetazo para
+que soltasen su viscosidad, y luego se perdían en los paladares como
+bocados crujientes de un pan dulce y picante, alternando con las
+cucharadas de arroz. El buque estaba á veces cerca del Brasil, á la
+vista de Fernando de Noroña, distinguiéndose las chozas cónicas de los
+negros instalados en la isla bajo un sol ecuatorial, y los tripulantes
+creían comer en una barraca de la huerta de Valencia, pasándose de mano
+en mano el porrón de vino fuerte de Liria.
+
+Cuando anclaban en puertos de pesca abundante, acometía la magna obra de
+guisar un arroz _abanda_. Los marmitones llevaban á la mesa del capitán
+la olla donde habían hervido los pescados mantecosos, revueltos con
+langostas, almejas y toda clase de mariscos. El se reservaba el honor de
+ofrecer la gran fuente con su pirámide de arroz dorado y suelto.
+
+Hervido aparte (_abanda_), cada grano estaba repleto del suculento caldo
+de la olla. Era un arroz que contenía en sus entrañas la concentración
+de todas las substancias del mar. Como si cumpliese una ceremonia
+litúrgica, iba entregando medio limón á cada uno de los que ocupaban la
+mesa. El arroz sólo debe comerse luego de humedecerlo con este rocío
+perfumado, que evoca la imagen de un jardín oriental. Únicamente
+desconocían esta voluptuosidad los infelices de tierra adentro, que
+llaman á cualquier rancho arroz á la valenciana.
+
+Ulises asentía á las reflexiones del cocinero, llevándose á la boca la
+primera cucharada con gesto interrogante... Luego sonreía, sumiéndose en
+gastronómica embriaguez. «¡Magnífico, tío _Caragòl_!» Su buen humor le
+hacía afirmar que los dioses sólo se alimentaban con arroz _abanda_ en
+su hotel del Olimpo. Lo había leído en los libros. Y _Caragòl_,
+presintiendo en esto un elogio, contestaba gravemente: «Así es, mi
+capitán.» Tòni y los otros oficiales masticaban con la cabeza baja,
+interrumpiéndose únicamente para lamentar que el viejo se hubiese
+quedado corto al medir la ambrosía.
+
+El aceite era para él tan precioso como el arroz. En la época de la
+navegación miserable, cuando el capitán hacía esfuerzos por conseguir
+nuevos ahorros, _Caragòl_ vigilaba especialmente la gran alcuza de su
+cocina. Sospechaba que los marmitones y los marineros jóvenes se
+atusaban el pelo para hacer el majo empleando el aceite como pomada.
+Toda cabeza que se ponía al alcance de su vista turbia la sujetaba entre
+sus brazos, llevando á ella las narices. El más lejano perfume del licor
+de oliva despertaba su cólera. _«¡Ah, lladre!...»_ Y dejaba caer su
+manaza enorme, blanda y pesada como un guantelete de esgrima.
+
+Ulises le creía capaz de subir al puente declarando que la navegación no
+podía continuar por haberse agotado los odres del líquido color de
+amatista procedente de la sierra de Espadán.
+
+Sus ojos cegatos reconocían inmediatamente en los puertos la
+nacionalidad de los buques que fondeaban á ambos costados del _Mare
+nostrum_. Su nariz sorbía con tristeza el ambiente. «¡Nada!...» Eran
+barcos insípidos, barcos del Norte, que hacían su comida con manteca:
+tal vez barcos protestantes.
+
+Otras veces avanzaba por la borda con lentitud, siguiendo un rastro
+embriagador, hasta que se colocaba enfrente de la cocina del buque
+vecino, aspirando su rico perfume. «¡Hola, hermanos!...» Imposible
+equivocarse. Eran españoles; y si no, procedían de Marsella, de Génova
+ó de Nápoles; en suma, compatriotas que comían y vivían bajo todas las
+latitudes lo mismo que si estuviesen en su pequeño mar interior. Pronto
+se entablaban pláticas en el idioma mediterráneo, mezcla de español, de
+provenzal y de italiano inventada por los pueblos híbridos de la costa
+de África, desde Egipto á Marruecos. Unas veces se enviaban presentes
+como los que se cruzan entre tribu y tribu: frutos del lejano país.
+Otras, enemistados de pronto sin saber por qué, avanzaban los puños
+sobre las bordas, gritándose insultos en los que reaparecían
+metódicamente, á cada dos palabras, la Virgen y su santo hijo.
+
+Esta era la señal para que el tío _Caragòl_, alma religiosa, volviese
+con altivo silencio á su cocina. Tòni, el segundo, se burlaba de sus
+entusiasmos devotos. La gente de proa, materialista y tragona, le
+escuchaba en cambio con deferencia, por ser él quien medía el vino y los
+mejores bocados. El viejo les hablaba del Cristo del Grao, cuya estampa
+ocupaba el sitio más visible de la cocina, y todos oían como un relato
+nuevo la llegada por el mar de la santa imagen, tendida sobre una
+escalera, dentro de un buque que se hizo humo luego de soltar su
+milagroso cargamento.
+
+Había sido esto cuando el _Grau_ no era mas que un grupo de chozas lejos
+de las murallas de Valencia y amenazado por los desembarcos de los
+piratas moros. Durante muchos años, _Caragòl_ había sacado en hombros y
+descalzo la sagrada escalera el día de la fiesta. Ahora, otros hombres
+de mar disfrutaban de tal honor, y él, viejo y cegato, aguardaba entre
+el público de la procesión para lanzarse sobre la enorme reliquia,
+pasando sus ropas por la madera.
+
+Todo cuanto llevaba encima estaba santificado por dicho contacto. En
+realidad, no era gran cosa, pues andaba por el buque ligero de ropa, con
+el impudor de un hombre que ve mal y se considera más allá de las
+preocupaciones humanas.
+
+Una camisa con el faldón siempre flotante y unos pantalones de sucio
+algodón ó de bayeta amarilla, según las estaciones, eran su vestimenta.
+El pecho de la camisa estaba abierto en todo tiempo, dejando ver un
+matorral de pelos blancos. Los pantalones se sostenían invariablemente
+con un solo botón, y cuando el viento levantaba la camisa, salía á la
+luz un nuevo triángulo peludo y blanco, con el vértice hacia arriba, que
+era continuación del triángulo enmarañado del pecho, con el vértice
+hacia abajo. Un sombrero de palma cubría su cabeza hasta cuando
+trabajaba en sus cacerolas.
+
+El _Mare nostrum_ no podía naufragar ni sufrir daño alguno mientras le
+llevase á él. En días de tormenta, cuando las olas barrían la cubierta
+de proa ó popa y los marineros avanzaban recelosos, temiendo que se los
+llevase un golpe de mar, _Caragòl_ sacaba la cabeza por la puerta de la
+cocina, despreciando un peligro que no podía ver.
+
+Las trombas de agua pasaban sobre él, yendo á apagar sus fogones, pero
+esto enardecía su fe. «¡Animo, muchachos!» El Cristo del Grao se ocupaba
+en protegerles, y nada malo podría ocurrirle al baque... Unos marineros
+callaban; otros, irritados, se hacían esto y aquello en la imagen y su
+santa escala, sin que el devoto se indignase. Dios, que envía los
+peligros al hombre de mar, sabe que sus malas palabras carecen de
+malicia.
+
+Su religiosidad se extendía á las profundidades. Nada quería decir de
+los peces del Océano. Le inspiraban la misma indiferencia que aquellos
+buques fríos y sin perfume que ignoraban el aceite y todo lo guisaban
+con «pomada». Debían ser herejes.
+
+A los peces del Mediterráneo los conocía mejor, y llegaba á tenerlos por
+buenos católicos, ya que proclamaban á su modo la gloria de Dios. De pie
+junto á la borda, en las tardes cálidas del Trópico, contaba, para honra
+de los habitantes del lejano mar, el portentoso milagro del barranco de
+Alboraya.
+
+Un sacerdote vadeaba á caballo su desembocadura para llevar el Viático á
+un moribundo, cuando tropezó la bestia, y abriéndose el copón cayeron
+las hostias, siendo arrastradas por la corriente. Desde entonces
+brillaron todas las noches luces misteriosas en el mar, y á la salida
+del sol un enjambre de pececillos venía á situarse frente al barranco,
+emergiendo sus cabezas del agua para mostrar la hostia que cada uno de
+ellos llevaba en la boca. En vano quisieron los pescadores quitárselas.
+Huían mar adentro con su tesoro. Sólo cuando llegó el clero con cruz
+alzada y el mismo sacerdote se metió en el barranco hasta las rodillas,
+se decidieron á acercarse, y uno tras otro fueron depositando su hostia
+en el copón, retirándose luego, de ola en ola, moviendo graciosamente
+sus colitas.
+
+A pesar de la vaga esperanza de un porrón de vino extraordinario que
+animaba á los más de los oyentes, un murmullo de incredulidad surgía al
+final del relato. El devoto _Caragòl_ era iracundo y malhablado como un
+profeta cuando consideraba en peligro su fe. «¿Quién era el hijo de
+pulga que se atrevía á dudar de lo que él había visto?...» Y lo que él
+había visto era la fiesta de los _peixets_, que se celebraba todos los
+años, oyendo á doctísimos varones el relato del milagro en la capilla
+conmemorativa edificada al borde del barranco.
+
+Este prodigio de los pescaditos iba seguido casi siempre de lo que él
+llamaba el milagro del _peixòt_, pretendiendo con el peso del tal
+pescadote aplastar las dudas de la impiedad.
+
+La galera de Alfonso V de Aragón--el único rey marino de España--chocaba
+al salir del golfo de Nápoles con un peñasco oculto, cerca de la isla de
+Capri. Se partía un costado de la nave, sin que ésta hiciese agua, y
+seguía navegando á velas desplegadas, con el rey, las damas de su corte
+y el séquito de barones cubiertos de hierro. Veinte días después
+llegaban á Valencia sanos y salvos, como todo navegante que en momentos
+de peligro pide auxilio á la Virgen del Puig. Al registrar los maestros
+calafates el casco de la galera, veían á un pescado enorme desprenderse
+de su fondo con la tranquilidad de una persona honrada que ha cumplido
+su deber. Era un delfín enviado por la Santísima Señora para que pegase
+su lomo á la brecha abierta. Y así, como un tapón, había navegado de
+Nápoles á Valencia, sin dejar pasar una gota de agua.
+
+El cocinero no admitía críticas y protestas. Este milagro era innegable.
+El lo había visto con sus ojos cuando estaban buenos; lo había visto en
+un cuadro antiguo del monasterio del Puig, y todo aparecía en la tabla
+con el relieve de la verdad: la galera, el rey, el _peixòt_, y la Virgen
+en lo alto dándole la orden.
+
+La brisa levantaba el faldón del narrador, apareciendo su abdomen
+partido en dos hemisferios por la tirantez del botón único.
+
+--Tío _Caragòl_, ¡que se le escapa!--avisaba una voz burlona.
+
+El santo hombre sonreía con la calma seráfica del que se ve más allá, de
+las pompas y vanidades de la existencia.
+
+--Déjalo: ya no vuela.
+
+Y emprendía el relato de un nuevo milagro.
+
+Ferragut asimilaba estas exaltaciones del cocinero á su ligereza de ropa
+en todo tiempo. Ardía en su interior un fuego incesantemente renovado.
+En los días brumosos subía al puente con unos vasos de bebida humeante
+que él llamaba _calentets_. Nada mejor para los hombres que habían de
+pasar largas horas á la intemperie, en inmóvil vigilancia. Era café
+mezclado con aguardiente de caña, pero en desiguales proporciones,
+siendo más el alcohol que el líquido negro. Tòni bebía rápidamente todos
+los vasos ofrecidos. El capitán los rechazaba, pidiendo café puro.
+
+Su sobriedad era la del antiguo nauta: la sobriedad del padre Ulises,
+que mezclaba el vino con agua en todas sus libaciones. Las divinidades
+del viejo mar no amaban las bebidas alcohólicas. Anfitrita y las
+nereidas sólo aceptaban en sus altares frutos de la tierra, sacrificios
+de palomas, libaciones de leche. Tal vez á causa de esto los marineros
+del Mediterráneo, siguiendo una preocupación hereditaria, veían en la
+embriaguez el más vil de los rebajamientos. Los que no eran sobrios
+evitaban emborracharse francamente como los marineros de otros mares,
+disimulando la rudeza del brebaje alcohólico con el café ó con el
+azúcar.
+
+_Caragòl_ era el encargado de beberse todos los «calentitos»
+despreciados por el capitán, con otros más que se dedicaba á sí mismo en
+el misterio de la cocina. En los días calurosos confeccionaba
+_refresquets_, y estos «refrescos» eran vasos enormes, mitad de agua,
+mitad de caña, sobre un grueso lecho de azúcar, mixtura que hacía pasar
+fulminantemente, sin gradaciones, de la vulgar serenidad á una angélica
+embriaguez.
+
+El capitán le reñía al ver sus ojos inflamados y enrojecidos. Iba á
+quedarse ciego... Pero él no se conmovía ante la amenaza. Necesitaba
+celebrar á su modo la prosperidad del buque. Y de esta prosperidad, lo
+más interesante para él era poder abusar del aceite y de la caña, sin
+miedo á recriminaciones en el momento de las cuentas. ¡Cristo del Grao,
+que durase siempre la guerra!...
+
+El tercer viaje de la América del Sur á Europa vino á terminarlo el
+_Mare nostrum_ en Nápoles, donde desembarcó trigo y cueros. Una colisión
+á la entrada del puerto con un buque-hospital inglés que iba á los
+Dardanelos abolló su popa, rompiéndole además una aleta de la hélice.
+
+Tòni rugió de impaciencia al enterarse de que tendrían que permanecer
+cerca de un mes en forzosa inmovilidad. Italia no había intervenido aún
+en la guerra, pero sus precauciones defensivas acaparaban todas las
+industrias navales. No era posible hacer antes la reparación. Ferragut
+calculó lo que representaba para sus negocios esta pérdida de tiempo. Le
+esperaban valiosos fletes en Marsella y Barcelona. Pero queriendo
+tranquilizarse á sí mismo y aplacar á su segundo, repetía muchas veces:
+
+--Inglaterra nos indemnizará... Los ingleses son generosos.
+
+Y para adormecer su impaciencia, se trasladaba á tierra.
+
+Nápoles no le parecía gran cosa al compararla con otras ciudades
+célebres italianas. Su verdadera belleza era el golfo inmenso, entre
+colinas de naranjos y pinos, con un segundo marco de montañas, una de
+las cuales extendía sobre el azul del cielo su eterna cimera de vapores
+volcánicos.
+
+El caserío no abundaba en edificios famosos. Los monarcas de Nápoles
+habían sido las más de las veces extranjeros que residían lejos y
+gobernaban por delegación. Las mejores calles, los palacios, las
+fontanas monumentales, procedían de los virreyes españoles. Un soberano
+de origen mixto. Carlos III, castellano de nacimiento y napolitano de
+corazón, había hecho lo mejor de la ciudad. Sus entusiasmos de
+constructor embellecían aún los barrios antiguos con obras semejantes á
+las que había levantado años después en España al ocupar su trono.
+
+Luego de admirar en los museos la estatuaria griega y los objetos
+desenterrados que revelaban la vida íntima de los antiguos, corrió
+Ulises las arterias tortuosas y muchas veces sombrías de los barrios
+populares.
+
+Eran calles en pendiente, formando rellanos, flanqueadas de casas
+estrechas y altísimas. Todos los huecos tenían balcones, y de una
+baranda á la de enfrente se tendían cuerdas, empavesadas con ropas de
+diversos colores puestas á secar. La fecundidad napolitana hacía hervir
+de gentío estas callejuelas. En torno de las cocinas al aire libre se
+agolpaban los clientes, comiendo de pies los macarrones hervidos ó los
+pedazos de carne.
+
+Anunciaban los vendedores sus géneros con pregones melódicos semejantes
+á romanzan, y de los balcones bajaban á su encuentro cordeles rematados
+por castillos. Los regateos y compras eran desde el fondo de la
+calle-zanja á los séptimos pisos. En cambio, los rebaños de cabras
+subían las escaleras tortuosas, con la agilidad de la costumbre, para
+dejarse vaciar las ubres en todas las mesetas.
+
+Los muelles de la Marinela atraían al capitán por su «color» de puerto
+mediterráneo. La unidad italiana había derribado y reconstruido mucho,
+pero aún quedaban en pie varias filas de casitas, bajas de techo, con la
+fachada blanca ó rosada, las puertas verdes y el piso bajo más avanzado
+que el superior, sirviendo de sostén á una galería con balaustres de
+madera. Todo lo que en ellas no era ladrillo era carpintería gruesa,
+igual al trabajo de los calafates. El hierro no existía en estas
+construcciones terrestres que recordaban el buque de vela. Las piezas
+eran obscuras como camarotes. Por las ventanas se veían grandes
+caracolas de mar sobre las cómodas, cuadros de pintura dura y pueril
+representando fragatas, conchas multicolores traídas de lejanos mares.
+
+Estas viviendas se repetían en todos los puertos del Mediterráneo, como
+si fuesen obra de la misma mano. Ferragut las había visto de niño en el
+Grao de Valencia, y todavía las encontraba en la Barceloneta, en los
+suburbios de Marsella, en la Niza vieja, en los puertos de las islas
+occidentales, en las marinas de la costa africana ocupadas por malteses
+y sicilianos.
+
+Sobre el caserío alineado á lo largo de la Marinela, las iglesias de
+Nápoles asomaban sus cúpulas y torres con tejas barnizadas, verdes y
+amarillas. Más que techos de templos cristianos, parecían remates de
+baños orientales.
+
+Ya no existía el _lazarone_ descalzo y con gorro rojo, pero la
+muchedumbre--vestida como los trabajadores de todos los puertos--se
+aglomeraba aún en torno del cartelón pintarrajeado que representaba un
+crimen, un milagro ó un específico prodigioso, escuchando en silencio el
+relato del narrador ó el charlatán. Los viejos recitantes populares
+declamaban con heroicos manoteos las octavas épicas del Tasso. Sonaban
+arpas y violines acompañando la última romanza que Nápoles había puesto
+de moda en el mundo entero. Los puestos de los ostricarios esparcían un
+perfume orgánico de ola muerta. En torno de ellos, las conchas vacías de
+las ostras destacaban sobre el barro los redondeles de su cal nacarada.
+
+Junto á la antigua Capitanía del puerto--palacete de Carlos III, blanco
+y azul, con una imagen de la Inmaculada--se aglomeraban los carros del
+desembarque. Ferragut los encontraba lo mismo que años antes, con sus
+tiros de híbrida originalidad. Las varas estaban ocupadas por un buey
+blanco, lustroso, con cuernos enormes y muy abiertos, un animal
+semejante á los que figuraban en las ceremonias religiosas de los
+antiguos. A su derecha iba enganchado un caballo, á su izquierda un asno
+grande y enjuto. Y este triple y discordante enganche se repetía en
+todos los carros inmóviles ante los buques á lo largo de los muelles ó
+volteando sus pesadas ruedas por la pendiente que conduce á la ciudad
+alta.
+
+A los pocos días, el capitán se sintió fatigado de Nápoles y su
+bullicio. En los cafés de la calle de Toledo y de la Galería de Humberto
+I tenía que defenderse de unos mozos inquietantes, con chaleco de gran
+escote, corbata de mariposa y un pequeño fieltro ladeado sobre las
+guedejas, que le proponían en voz baja espectáculos inauditos
+organizados para recreo de los extranjeros.
+
+Bastante había visto también las pinturas y objetos domésticos de las
+ciudades antiguas desenterradas. Las lubricidades del gabinete secreto
+acababan por irritarle. Le parecía un recreo de invertido contemplar
+tantas fantasías pueriles de la escultura y la pintura teniendo el falo
+como personaje principal...
+
+Una mañana tomó el tren, y luego de faldear la montaña humeante del
+Vesubio, pasando entre pueblos de color de rosa circundados de viñas,
+bajó en una estación: Pompeya.
+
+De los hoteles y restoranes, en fúnebre soledad, surgieron los guías
+como un enjambre de avispas súbitamente despertadas. Se lamentaban de la
+guerra, que había cortado la circulación de viajeros. El era tal vez el
+único que iba á llegar en todo el día. «¡Señor, á cualquier precio!...»
+Pero el marino siguió adelante. Siempre, al acordarse de Pompeya, había
+formulado el deseo de volver á verla solo, absolutamente solo, para
+recibir una impresión directa de la vida antigua.
+
+Su primera visita había sido diez y siete años antes, cuando era piloto
+de un velero catalán, surto en el puerto de Nápoles, aprovechando la
+baratura de precios de un domingo. Todo lo había visto confundido en un
+grupo que se empujaba y pisaba por escuchar al guía de más cerca.
+
+Al frente de la expedición iba un sacerdote joven y elegante, un
+monseñor romano vestido de seda, y con él dos damas extranjeras y
+guapetonas, que se plantaban en los lugares más altos, teniendo sus
+faldas algo levantadas por miedo á las salamanquesas que serpenteaban en
+las ruinas. Ferragut, con la humildad de la admiración, se quedaba
+siempre abajo, viéndolo todo al través de sus piernas. «¡Ay! ¡veintidós
+años!...» Luego, cuando oía hablar de Pompeya, se verificaba en su
+memoria una superposición de imágenes: «Muy hermoso, muy interesante.»
+Veía las calles, los palacios, los templos, pero en segundo término,
+como un fondo esfumado, mientras se destacaban en primera línea cuatro
+piernas magníficas, una columnata humana de fustes esbeltos forrados en
+seda negra que transparentaba la blancura de la carne.
+
+La soledad tantas veces deseada para su segunda visita le salió al
+encuentro. La ciudad muerta no tenía otros ruidos que el aleteo de los
+insectos sobre las plantas, que empezaba á vestir la primavera, y el
+correteo invisible de los reptiles bajo las capas de hiedra.
+
+En la Puerta Herculana, el guardián del pequeño museo dejó que Ferragut
+examinase en paz los vaciados de los cadáveres seculares: varios
+pompeyanos de yeso en la actitud del terror en que los había sorprendido
+la muerte. No abandonó la silla para molestarle con sus explicaciones;
+apenas levantó los ojos del diario que tenía delante. Le absorbían las
+noticias de Roma, las intrigas de los diplomáticos alemanes, la
+posibilidad de que Italia entrase en la guerra.
+
+Luego, en las calles solitarias, el marino tropezó con la misma
+preocupación. Retumbaban sus pasos bajo la luz del sol con una sonoridad
+igual á la de los subterráneos de huecas tumbas. Al detenerse, renacía
+el silencio: «un silencio de dos mil años», según pensaba Ferragut. Y en
+este silencio antiguo sonaban voces lejanas con la violencia de una
+agria discusión. Eran los guardianes y los empleados de las
+excavaciones, que, faltos de trabajo, gesticulaban y se insultaban en
+sus asientos de veinte siglos, profundamente separados por el entusiasmo
+patriótico ó el miedo á los horrores de la guerra.
+
+Ferragut, con el plano en la mano, pasó ante estos grupos, sin que nadie
+se levantase para guiarle. Durante dos horas pudo creerse un vecino de
+la antigua Pompeya que había quedado solo en la ciudad en un día de
+fiesta dedicado á las divinidades campestres. Su mirada iba hasta el
+último extremo de las rectas calles, sin tropezar con personas ni cosas
+que le recordasen los tiempos modernos.
+
+Pompeya le pareció más pequeña en esta soledad. Era un cruzamiento de
+vías estrechas con altas aceras pavimentadas de bloques poligonales de
+lava azul. En sus intersticios formaba la fecundidad primaveral
+apretados cordones de hierba moteados de florecillas. Carruajes
+milenarios, de los que no quedaba ni el polvo, habían abierto con sus
+ruedas profundos relejes en este pavimento. En todas las encrucijadas se
+encontraba una fuente pública con un mascarón que había arrojado agua
+por su boca.
+
+Ciertos letreros rojos de las paredes eran anuncios de elecciones
+verificadas en los principios de la era actual: candidaturas de edil ó
+de diunviro que se recomendaban á los electores pompeyanos. Unas puertas
+ostentaban el falo, para conjurar el mal de ojo; otras un par de
+serpientes enroscadas, símbolo de la vida familiar. En los rincones de
+las callejuelas, un verso latino grabado en el muro rogaba al transeúnte
+que se abstuviese de sucios desahogos. Vivían aún en las paredes de
+estuco caricaturas y monigotes, obra de los pilluelos del siglo de
+César.
+
+Las casas estaban construídas á la ligera sobre un suelo en el que se
+habían sucedido los temblores, hasta la llegada de la catástrofe final.
+Sólo tenían de ladrillos ó de cemento el piso bajo. Los otros eran de
+maderos, y habían sido devorados por el fuego volcánico, quedando
+únicamente las escaleras.
+
+En esta ciudad graciosa, de vida amable y fácil, más griega que romana,
+todos los pisos bajos de las casas plebeyas habían estado ocupados por
+pequeños comercios. Eran tiendas con la puerta del mismo tamaño que el
+establecimiento: cuevas cuadradas, iguales á las de los zocos árabes,
+que dejan ver hasta sus últimos rincones al comprador detenido en la
+calle. Muchas guardaban aún sus mostradores de piedra y sus tinajas de
+barro. Los edificios particulares carecían de fachada. Sus muros
+exteriores eran lisos, inabordables, con algún que otro tragaluz
+enrejado y alto, lo mismo que en los palacios de Oriente. La puerta se
+asemejaba á un portillo de escape; toda la vida estaba vuelta hacia el
+interior, afluyendo las riquezas y magnificencias al patio central,
+adornado con piscinas, estatuas y arriates de flores.
+
+El mármol era raro. Las columnas, construídas con ladrillos, estaban
+cubiertas de un estuco que ofrecía su superficie á la pintura. Pompeya
+había sido una ciudad policroma. Todas las columnas, rojas ó amarillas,
+tenían capiteles de diversos colores. Predominaba en los muros el negro
+charolado con el rojo y el ámbar, ocupando su centro un pequeño cuadro,
+las más de las veces erótico. En los frisos cabalgaban amores y tritones
+entre emblemas campestres y marítimos.
+
+Cansado de su excursión por la muerta ciudad, Ferragut se sentó en un
+banco de piedra entre las ruinas de un templo. Miraba el plano puesto
+sobre sus rodillas, saboreando los títulos con que habían sido
+designadas las construcciones más interesantes á causa de un mosaico ó
+de una pintura: villa de Diómedes, casa de Meleagro, de Adonis herido,
+del Laberinto, del Fauno, del Muro Negro. Los nombres de las calles no
+eran menos interesantes: vía de las Termas, vía de las Tumbas, vía de la
+Abundancia, vía de los Teatros.
+
+Un ruido de pasos hizo levantar la cabeza al marino. Dos señoras
+marchaban precedidas por un guía. Eran de alta estatura y andar firme.
+Llevaban el rostro cubierto con el velo del sombrero y otro velo más
+grande cruzaba sus espaldas, sostenido por los brazos á guisa de chal.
+Ferragut adivinó una diferencia importante en las edades de las dos. La
+más gruesa se movía con disimulada pesadez. Su paso era vivo, pero
+apoyaba en el suelo con cierta autoridad sus pies voluminosos, calzados
+ampliamente y con tacones bajos. La joven, más alta y esbelta, caminaba
+á pequeños saltos, como un ave que sólo sabe volar, contoneándose sobre
+sus empinados talones.
+
+Las dos miraron con inquietud á este hombre que surgía inesperadamente
+entre las ruinas. Mostraban el aire preocupado y temeroso del que va á
+un lugar prohibido ó medita una mala acción. Su primer movimiento fué de
+retroceso; pero el guía continuó impasible su camino, y acabaron por
+seguirle.
+
+Ferragut sonrió. Sabía adónde iban. La callejuela de los Lupanares
+estaba próxima. El guardián abriría una puerta, quedándose luego en
+acecho, con dramática ansiedad, como si expusiera su empleo por esta
+complacencia á cambio de una propina. Y las dos señoras iban á ver unas
+pinturas borrosas que demuestran cómo no hay nada nuevo y original en
+este mundo: figuras amarillentas y desnudas, iguales á primera vista,
+sin otra novedad que el exagerado abultamiento del sexo diferencial.
+
+Media hora después, Ulises abandonó su banco con las ojos fatigados por
+la inmovilidad severa de las ruinas. En la calle de las Termas volvió á
+visitar la casa del poeta trágico; luego admiró la de Pansa, la más
+grande y lujosa de la ciudad. Este Pansa había sido, indudablemente, el
+burgués más ostentoso de Pompeya. Su vivienda ocupaba toda una ínsula.
+El _xystos_, jardín adosado á la casa, había sido replantado con una
+vegetación griega de cipreses y laureles entre cuadros de rosas y
+violetas.
+
+Al seguir el muro exterior del jardín, Ferragut encontró á las dos
+señoras. Cotemplaban las flores á través de los barrotes de una puerta.
+La más joven expresaba en inglés su admiración por unas rosas que
+balanceaban su púrpura en torno del pedestal de un viejo fauno.
+
+Ulises experimentó un irresistible deseo de mostrarse intrépido y
+galante. Quiso interesar á las dos extranjeras con un homenaje teatral.
+Sintió esa necesidad de llamar la atención con algo gallardo y atrevido
+que agita á todo español lejos de su patria.
+
+Con una agilidad de trepador de arboladuras, salvó de un salto la tapia
+del jardín. Las dos señoras dieron un grito de sorpresa, como si
+presenciasen algo inaudito. Esta audacia pareció trastornar las ideas de
+la más vieja, acostumbrada á la vida en pueblos disciplinados que
+respetan duramente todas las prohibiciones establecidas. Su primer
+movimiento fué de fuga, para no verse complicadas en el atentado de este
+desconocido. Pero á los pocos pasos se detuvieron. La más joven sonreía
+mirando á la tapia, y al reaparecer sobre ella el capitán, casi palmoteó
+de entusiasmo, como si celebrase una arriesgada suerte de gimnasia.
+
+El marino las creía inglesas, y habló en su idioma al entregarlas las
+dos rosas que llevaba en la mano. Eran unas flores como todas, nacidas
+en una tierra igual á las otras tierras; pero el marco de las tapias
+milenarias, la vecindad de los cubículos y _taberne_ de la casa
+edificada por Pansa en tiempo de los primeros Césares, les daban el
+mismo interés que si fuesen rosas de dos mil años, milagrosamente
+conservadas.
+
+La más grande y lozana se la dió á la joven, y ella la aceptó sonriendo,
+como algo que le correspondía indiscutiblemente. Su compañera, una vez
+pasada la primera impresión del regalo, mostró impaciencia por alejarse
+de este desconocido. «¡Gracias... gracias!» Y empujó á la otra, que aún
+no había terminado su sonrisa, marchándose las dos precipitadamente. Una
+esquina adornada con una fuente las ocultó á los pocos pasos.
+
+Cuando Ulises, después de un ligero almuerzo en el restorán Diómedes,
+llegó corriendo á la estación, el tren iba á partir. Deseaba ver
+Salerno, célebre en la Edad Media por sus médicos y sus navegantes, y á
+continuación los templos ruinosos de Pestum. Al subir en el primer vagón
+que encontró al paso, le pareció ver los velos de las dos señoras
+desapareciendo detrás de una portezuela que se cerraba.
+
+En la estación de Salerno volvió á columbrarlas ocupando un carruaje de
+alquiler que se perdía en una calle próxima. Luego, en el resto de la
+tarde, se tropezó con ellas forzosamente, por la atracción que sufren
+los viajeros dentro de una ciudad pequeña.
+
+Se encontraron en el puerto, mortalmente amenazado por las barras de
+movible arena; se vieron en los jardines cercanos al mar, junto al
+monumento de Pisicane, el romántico duque de San Juan, un precursor de
+Garibaldi, muerto en plena juventud por la libertad de Italia.
+
+La joven sonreía al encontrarle. Su compañera pasaba adelante, con la
+mirada vaga, queriendo ignorar su presencia.
+
+En la noche se vieron á más corta distancia. Vivían en el mismo hotel,
+un alojamiento igual á todos los de los pequeños puertos, con excelente
+comida y dormitorios inmundos. Sus mesas estaban próximas, y Ferragut,
+después de un saludo fríamente contestado, pudo contemplar á las dos
+señoras, que hablaban poco y en voz baja, temiendo ser escuchadas por el
+vecino.
+
+Al ver á la de más edad con el rostro libre de velos, no sufrió ninguna
+decepción. Su enemiga tal vez habría perturbado en otro tiempo la
+tranquilidad de los hombres, pero ahora podía continuar impunemente sus
+gestos hostiles y alojadores: el capitán no pensaba entristecerse por
+ello.
+
+Debía estar más allá de los cuarenta años. Sus carnes abundantes
+guardaban cierta frescura, obra de los cuidados higiénicos y los
+ejercicios gimnásticos. En cambio, su rostro, de blanca piel,
+transparentaba una inundación subcutánea amarillenta, que parecía
+formada con olas de salvado.
+
+Sobre la antigua cabellera, de un tono rojo, se amontonaban los rizos
+artificiales ocultando calvicies y canas. Sus pupilas, verdes, tenían la
+opacidad calmosa de los ojos bovinos cuando quedaban libres de unos
+lentes de miope. Pero apenas estos cristales montados en oro se
+interponían entre ella y el mundo exterior, las dos gotas glaucas
+tomaban una agudeza perforadora de personas y objetos. Otras veces
+esparcían en torno un vacío altivo y glacial, semejante al círculo que
+traza una espada.
+
+La joven era menos adusta. Parecía sonreír con las comisuras de sus
+ojos, mientras estaba medio vuelta de espaldas á Ferragut, agradeciendo
+su admiración muda y escrutadora. Llevaba la cabellera en desorden, como
+una mujer que no teme las indiscreciones de su peinado y deja que surjan
+bajo el sombrero las mechas serpenteantes con toda su rebeldía natural.
+
+Era de un rubio ceniciento y suave; un color discreto que desentonaba
+con el resto de su persona, hecha de rudos contrastes. Los ojos, negros,
+grandes, abiertos en forma de almendra, parecían de una bailarina
+oriental, y aún estaban prolongados por hábiles retoques de sombra, que
+aumentaban la seductora desarmonía con el oro apagado de su cabellera.
+
+La blancura de su cutis se delataba al avanzar un brazo fuera de la
+manga ó al entreabrirse el escote; pero esta blancura estaba borrada en
+el rostro por una máscara rojiza. Su belleza vigorosa arrostraba sin
+miedo el sol y el hálito del mar. Un triángulo escarlata cortaba la
+dulce curva de su pecho, marcando el escote del vestido. Sobre esta
+carne algo tostada por el sol una fila de perlas extendía sus gotas de
+luz lunar. Más arriba, en el rostro obscurecido por la intemperie,
+entreabría la boca sus dos valvas de escarlata con una sonrisa audaz y
+serena, dejando escapar el reflejo de los dientes, hermosos y agresivos.
+
+Ferragut, al mirarla, repasó su pasado, sin encontrar una sola mujer que
+pudiera compararse con ella. El lejano perfume de su persona y su
+elegante gallardía le recordaban á ciertas señoras que viajaban solas
+cuando él era capitán de trasatlántico. ¡Pero habían sido tan rápidos
+estos conocimientos y estaban tan lejanos!... Nunca, en su historia de
+vagabundo mundial, tendría la fortuna de conseguir una mujer como ésta.
+
+Al cruzarse una vez más la mirada de ella con la de Ferragut, éste creyó
+sentir el golpe en el corazón y el relampagueo en el cerebro que
+acompañan á un descubrimiento fulminante é inesperado... Conocía á
+aquella mujer; no recordaba dónde la había visto, pero estaba seguro de
+conocerla.
+
+El rostro no decía nada á su memoria, pero aquellos ojos se habían
+encontrado otras veces con los suyos. En vano reflexionó, concentrando
+su pensamiento. Y lo más bizarro fué que, por una misteriosa percepción,
+tuvo la certeza de que ella había hecho á la vez la misma descubierta.
+También le había reconocido, y se esforzaba visiblemente por darle un
+nombre y un lugar en su memoria. No había mas que ver la frecuencia con
+que volvía hacia él los ojos; su nueva sonrisa, más confiada y
+espontánea, como si fuese dedicada á un amigo antiguo.
+
+De no estar presente la compañera, se habrían aproximado sin esfuerzo,
+instintivamente, como dos curiosidades inquietas que necesitan una
+explicación. Pero los lentes de oro brillaban autoritarios y hostiles,
+interponiéndose entre los dos. Varias veces habló la gruesa señora en un
+idioma que llegaba á Ferragut confusamente, y que no era el inglés. Y
+apenas terminada la comida desaparecieron, lo mismo que en la calle de
+Pompeya: la mayor imponiendo su voluntad á la otra.
+
+Volvieron á encontrarse á la mañana siguiente en la estación de Salerno,
+dentro de un vagón de primera clase. Iban, sin duda, con el mismo
+destino. Al iniciar Ferragut un saludo, la dama hostil se dignó
+contestarle, mirando luego á su compañera con expresión interrogante. El
+marino adivinó que durante la noche habían hablado de su persona,
+mientras él, bajo el mismo techo, pugnaba inútilmente antes de dormirse
+por concentrar sus recuerdos.
+
+No supo con certeza cómo se inició la conversación. Se vió de pronto
+hablando con la más joven en inglés, lo mismo que en la mañana anterior.
+Ella, con la audacia del que desea terminar pronto una situación
+equívoca, le preguntó si era marino. Y al recibir una respuesta
+afirmativa, preguntó de nuevo para saber si era español.
+
+--Sí, español.
+
+La contestación de Ferragut fué seguida de una mirada de triunfo de la
+joven á su acompañante. Esta pareció dilatarse á impulsos de la
+confianza, perdiendo su encogimiento hostil. Y sonrió por primera vez al
+capitán, con su boca de un rosa azulado, con sus mejillas blancas
+espolvoreadas de amarillo y sus cristales de fosforescente resplandor.
+
+Mientras tanto, la joven hablaba y hablaba, satisfecha de la potencia
+extraordinaria de su memoria.
+
+Había viajado por todo el mundo, sin olvidar uno solo dé los lugares
+vistos; podía repetir los títulos de los ochenta grandes hoteles en que
+se alojan los que dan la vuelta á la tierra. Al encontrarse con un
+antiguo compañero de viaje reconocía inmediatamente su rostro, por corta
+que hubiese sido la visión, y muchas veces recordaba su nombre. Esto
+último era lo que la hacía reflexionar, frunciendo las cejas y
+contrayéndose con un esfuerzo mental.
+
+--¿Usted se llama capitán...? ¿usted se llama...?
+
+Y de pronto sonrió, dando fin á sus dudas.
+
+--Usted se llama--dijo resueltamente--el capitán Ulises Ferragut.
+
+Paladeó con largo y risueño silencio el asombro del marino. Luego, como
+si se apiadase de su estupefacción, dió nuevas explicaciones. Había
+hecho un viaje de Buenos Aires á Barcelona en el trasatlántico mandado
+por él.
+
+--Esto fué hace seis años--añadió--. No; hace siete.
+
+Ferragut, que había sido el primero en presentir un conocimiento
+anterior, no llegaba á dar un nombre y un estado á esta mujer entre las
+innumerables pasajeras que llenaban su recuerdo. Sin embargo, creyó
+necesario mentir por galantería, afirmando que se acordaba de ella.
+
+--No, capitán; usted no puede acordarse de mí. Yo iba con mi marido y
+usted no me miró nunca. Todas sus atenciones eran en aquel viaje para
+una viuda brasileña muy hermosa.
+
+Dijo esto en español, un español suave, de tono cantante, aprendido en
+América, al que comunicaba cierto atractivo infantil su acento
+extranjero. Luego añadió con coquetería:
+
+--Le conozco, capitán. ¡Siempre el mismo!... Lo de la rosa de Pompeya
+estuvo muy bien... Fué digno de usted.
+
+Al verse olvidada la grave señora de los lentes, sin poder entender una
+palabra del nuevo idioma empleado en la conversación, habló en voz alta,
+mostrando las córneas de sus ojos vueltas hacia arriba por el
+entusiasmo.
+
+--¡Oh, España!--dijo en inglés--. ¡Tierra de caballeros!...
+¡Cervantes!... ¡Lope!... ¡El Cid!...
+
+Se detuvo, buscando algo más. De pronto agarró un brazo del marino y le
+gritó con energía, como si acabase de hacer un descubrimiento por la
+portezuela del coche: «¡Calderón de la Barca!» Ferragut saludó. «Sí,
+señora.» La joven, después de esto, creyó necesario presentar á su
+compañera.
+
+--La doctora Fedelmann... Una sabia en filología y en letras.
+
+Ferragut, luego de estrechar la gruesa mano de la doctora, se lanzó
+indiscretamente á pedir informes.
+
+--¿La señora es alemana?--dijo á la joven en español. Los lentes de oro
+parecieron adivinar la pregunta, enviando un brillo inquieto á su
+acompañante.
+
+--No--dijo ésta--. Mi amiga es rusa; mejor dicho, polaca.
+
+--¿Y usted, también es polaca?--continuó el marino.
+
+--No; yo soy italiana.
+
+A pesar de la seguridad con que dijo esto, Ferragut sintió la tentación
+de gritar: «¡Mentira!...» Luego se quedó contemplando sus ojos audaces,
+rasgados y negros, fijos en él. Empezó á dudar... Tal vez decía verdad.
+
+Otra vez se sintió atraído por el palabreo de la doctora. Hablaba en
+francés, repitiendo sus elogios á la patria de Ferragut. Podía leer el
+castellano en las obras clásicas, pero no se atrevía á hablarlo. ¡Ah,
+España! ¡País de nobles tradiciones!... Y como si necesitase dar relieve
+á estos elogios con un rudo contraste, torció el gesto, hasta tomar una
+expresión colérica.
+
+El tren corría por la costa, teniendo á un lado el desierto azul del
+golfo de Salerno y al otro las montañas rojas y verdes, manchadas de
+blanco por aldeas y caseríos. Todo lo abarcó la doctora con sus vidrios
+fulgurantes.
+
+--¡País de bandidos!--dijo mostrando el puño--. ¡Tierra de
+mandolinistas, sin palabra y sin gratitud!...
+
+La joven rió de esta cólera, con el regocijo de un pensamiento ligero en
+el que no son durables las impresiones y que considera sin importancia
+todo lo que no atañe directamente á su egoísmo.
+
+Por algunas palabras de las dos señoras sacó Ulises en consecuencia que
+vivían antes en Roma y hacía poco tiempo que estaban en Nápoles, tal vez
+contra su voluntad. La joven conocía el país, y su compañera aprovechaba
+este viaje forzoso para ver lo que tantas veces había admirado en los
+libros.
+
+Bajaron los tres en la estación de Battipaglia para tomar el tren de
+Pestum. Era una espera algo larga, y el marino las invitó á entrar en el
+restorán, barracón de madera impregnado de un doble olor de resina y de
+vino.
+
+Esta vivienda evocó en la memoria de Ferragut y de la joven el recuerdo
+de las casas improvisadas en los desiertos de la América del Sur, y otra
+vez volvieron á hablar de su viaje oceánico. Ella quiso al fin
+satisfacer la curiosidad del capitán.
+
+--Mi marido era un profesor, un sabio como la doctora... Estuvimos un
+año en Patagonia haciendo exploraciones científicas.
+
+Había arrostrado el viaje por un océano de llanuras desiertas que se iba
+dilatando así como avanzaba la expedición; había dormido en ranchos
+cuyos techos derramaban insectos sanguinarios; había pasado á caballo
+por remolinos de tierra que la sacaban de la silla; había sufrido el
+tormento de la sed y del hambre en un extravío de ruta y pasado las
+noches á la intemperie, sin otra cama que el poncho y los arreos de la
+cabalgadura. Así llegaron á explorar los lagos de los Andes, entre
+Argentina y Chile, que guardan en su intacta soledad el misterio de los
+primeros tiempos de la creación.
+
+Los vagabundos de estas tierras vírgenes, pastores y bandidos, hablaban
+de gigantescos animales entrevistos al anochecer en las orillas de los
+lagos, devorando de un golpe praderas enteras; y el doctor, como otros
+muchos sabios, había creído en la posibilidad de encontrar un
+superviviente prehistórico, una bestia de los rebaños monstruosos
+anteriores al hombre retardada en este paraje inexplorado del planeta.
+
+Vieron esqueletos de docenas de metros de longitud en los
+desmoronamientos de la Cordillera, agitada frecuentemente por
+cataclismos volcánicos. Los guías les enseñaron en las inmediaciones de
+los lagos pieles de reses devoradas, enormes montones de materia seca
+que parecían excrementos de monstruo. Pero por más que batieron las
+soledades, no pudieron encontrar ningún descendiente vivo de la fauna
+prehistórica.
+
+El marino la escuchó distraídamente, pensando en algo que atenaceaba su
+curiosidad.
+
+--¿Y usted cómo se llama?--dijo de pronto.
+
+Las dos mujeres rieron de esta pregunta, que resultaba cómica por lo
+inesperada.
+
+--Llámeme Freya. Es un nombre de Wágner. Significa la Tierra y al mismo
+tiempo la Libertad... ¿Le gusta á usted Wágner?
+
+Y antes de que pudiera contestar, añadió en español, con un acento
+criollo y entornando los ojos:
+
+--Llámeme, si quiere, «la viudona»... El pobre doctor murió apenas
+volvimos á Europa.
+
+Tuvieron que correr los tres hacia el tren de Pestum, próximo á partir.
+El paisaje cambió á ambos lados de la vía, que atravesaba ahora terrenos
+pantanosos. En las blandas praderas chapoteaban y rumiaban rebaños de
+búfalos, rudos animales que parecían tallados á hachazos.
+
+La doctora habló de Pestum, la antigua Poseidonia, ciudad de Neptuno,
+fundada por los griegos de Sybaris seis siglos antes de Jesucristo.
+
+Su prosperidad comercial dominaba toda la costa. El golfo de Salerno era
+llamado golfo de Pestum por los romanos. Y esta ciudad de monumentos
+iguales á los de Atenas, poseedora de inmensas riquezas, se extinguía
+repentinamente sin que el mar se la tragase, sin que un volcán la
+cubriera con el sudario de sus cenizas.
+
+La fiebre, el miasma de los pantanos, había sido la lava mortal de esta
+Pompeya. El aire venenoso ahuyentaba á los habitantes, y los pocos que
+insistían en vivir á la sombra de sus antiguos templos tenían que
+escapar de las invasiones sarracenas, fundando en las montañas vecinas
+una patria nueva: el humilde pueblo de Capaccio Vecchio. Luego, los
+reyes normandos, precursores de Federico II--el padre de doña Constanza,
+la emperatriz amada por Ferragut--, explotaban la ciudad desierta y
+entera, arrancándole columnas y esculturas.
+
+Todas las construcciones medioevales del reino de Nápoles tenían
+despojos de Pestum. La doctora recordaba la catedral de Salerno, vista
+en la tarde anterior, donde estaba enterrado Hildebrando, el más tenaz y
+ambicioso de los papas. Sus columnas, sus sarcófagos, sus bajos
+relieves, procedían de la ciudad griega olvidada siglos y siglos, y que
+únicamente en la época presente volvía á recobrar su fama, gracias á los
+anticuarios y los artistas.
+
+En la estación de Pestum, la esposa del único empleado miró con
+curiosidad á este grupo que llegaba cuando la guerra había cortado la
+corriente de viajeros.
+
+Freya la habló, interesada por su aspecto enfermizo y resignado. Todavía
+estaban en el buen tiempo. El sol primaveral caldeaba estas tierras
+bajas lo mismo que un sol de verano, pero aún podía resistirse. Luego,
+en los meses de estío, huían á sus casas de la montaña los guardianes de
+las ruinas, los jornaleros de las excavaciones, cediendo el campo á los
+reptiles é insectos de los campos pantanosos.
+
+El matrimonio albergado en la pequeña estación era la única muestra de
+la especie humana que se mantenía en esta soledad, temblando de fiebre,
+haciendo frente al aire corrompido, á la picadura envenenada del
+mosquito, al fuego solar que sacaba del barro vapores de muerte. Cada
+dos años, esta humilde estación, por donde pasaban los bienaventurados
+de la tierra, millonarios de los dos hemisferios, damas bellas y
+curiosas, gobernantes de naciones, grandes artistas, cambiaba de jefe.
+
+Pasaron los tres viajeros junto á los restos de un acueducto y un
+pavimento antiguos. Luego atravesaron la Puerta de la Sirena--arco de
+entrada del olvidado recinto de la ciudad--y siguieron un camino,
+teniendo á un lado la tierra pantanosa de exuberante vegetación y al
+otro la larga tapia de una granja, en cuya argamasa asomaban fragmentos
+de lápidas y columnas. Al doblar la esquina final se mostró de golpe el
+imponente espectáculo de la ciudad muerta sobreviviéndose en las
+magníficas proporciones de sus templos.
+
+Eran tres, y alzaban sus columnatas como mástiles de navíos encallados
+en un mar de verdura. La doctora, guía en mano, los iba designando con
+su autoridad magistral: el de Neptuno, el de Ceres, y el llamado
+Basilica sin motivo alguno.
+
+Su grandeza, su solidez, su elegancia, hacían olvidar los edificios de
+Roma. Sólo Atenas podía comparar los monumentos de su Acrópolis con
+estos templos del más severo dórico. El de Neptuno elevaba sus altas y
+gruesas columnas tan juntas como los árboles de un plantel: troncos
+enormes de piedra que sostenían aún el alto entablamento, la cornisa
+saliente y los dos frontones triangulares de sus fachadas. La piedra
+tenía el color rojizo de los países serenos, donde tuesta el sol
+libremente, sin que la lluvia venga á superponer su pátina sucia.
+
+La doctora evocaba las bellezas desaparecidas: la vieja vestidura de
+estos esqueletos colosales, la capa fina y compacta de estuco que había
+cubierto los poros de la piedra, dándola una superficie lisa como el
+mármol; los vivos colores de sus acanalados y sus frontones, que hacían
+de la antigua ciudad griega una masa de monumentos policromos. Esta
+alegre decoración se había volatilizado con los siglos. Sus colores se
+habían hecho viento ó caído como lluvia de polvo en una tierra de
+ruinas.
+
+Siguiendo á un viejo guardián, subieron las gradas de azulados bloques
+del templo de Neptuno. Arriba, entre las cuatro filas de columnas,
+estaba el verdadero santuario, la _cella_. Sus pasos sobre las losas del
+pavimento, separadas por hondas grietas cubiertas de hierba, despertaron
+todo un mundo animal que sesteaba al sol.
+
+Corrieron en todas direcciones los actuales habitantes de la ciudad:
+lagartos enormes con el dorso verde cubierto de negras verrugas. En su
+fuga chocaron ciegamente con los pies de los visitantes. La doctora se
+levantaba las faldas para evitar su contacto, lanzando al mismo tiempo
+risas nerviosas que disimulaban su terror.
+
+De pronto, Freya gritó, señalando con un dedo la base del antiguo altar.
+Una culebra de color de ébano, con el lomo moteado de manchas rojas,
+desenroscaba sus anillos sobre las piedras lenta y solemnemente. El
+marino levantó su bastón, pero antes de que pudiera lanzarlo se sintió
+con el brazo inmovilizado por dos manos nerviosas. Freya se apretaba
+contra él, con el rostro pálido y los ojos dilatados por el miedo y la
+súplica.
+
+--¡No, capitán!... ¡Déjala!
+
+Ulises se estremeció al sentir el firme contacto global de este pecho
+femenil, al aspirar el soplo de su respiración, brisa tibia cargada de
+lejanos perfumes. Por su gusto habría permanecido mucho tiempo en esta
+actitud; pero Freya se despegó de él para avanzar hacia el reptil
+runruneando y extendiendo sus manos, lo mismo que si pretendiese
+acariciar á un animal doméstico. La negra cola de la serpiente acababa
+de deslizarse y desaparecer entre dos baldosas. La doctora, que había
+huído gradas abajo ante esta aparición, obligó á descender á Freya con
+sus repetidos llamamientos.
+
+El gesto agresivo del capitán despertó en su acompañante un nervioso
+rencor. Creía conocer á este reptil. Era, indudablemente, la divinidad
+del templo muerto, que había cambiado de forma para vivir sobre sus
+ruinas. Esta culebra debía tener veinte siglos. Por culpa de Ferragut no
+había podido tomarla entre sus manos... La habría hablado... Estaba
+acostumbrada á conversar con otras...
+
+Ulises iba á exponer rudamente sus dudas sobre el equilibrio mental de
+la enfurruñada viuda, cuando les interrumpió la doctora.
+
+Contemplaba la palúdica llanura de acantos y helechos vibrante bajo la
+estridencia de las cigarras, y este espectáculo de verde desolación la
+hizo evocar el recuerdo de las rosas de Pestum cantadas por los poetas
+de la antigua Roma. Hasta recitó unos versos latinos, traduciéndolos,
+para hacer saber á sus oyentes que los rosales de esta tierra florecían
+dos veces al año.
+
+Freya desarrugó su ceño, volviendo á sonreír. Había olvidado el disgusto
+reciente, para desear uno de los rosales maravillosos. Y Ferragut, ante
+este capricho de una vehemencia infantil, habló al guía con autoridad.
+Necesitaba en seguida un rosal de Pestum, costase lo que costase.
+
+El viejo hizo un gesto malicioso. Todos pedían lo mismo, y él, que era
+del país, jamás había visto una rosa en Pestum... Algunas veces, para
+satisfacer el deseo de las viajeras, traía rosales de Capaccio Vecchio y
+otros pueblos de la montaña; rosales iguales á los demás, sin otra
+diferencia que la del precio... Pero él no quería engañar á nadie.
+Estaba triste: le preocupaba la posibilidad de la guerra.
+
+--Tengo ocho hijos--dijo á la doctora, por parecerle la más digna de
+recibir sus confidencias--. Si movilizan el ejército, se me irán seis.
+
+Y añadió con resignación:
+
+--Así debe ser, para que acabemos de una vez con nuestro eterno enemigo
+el _tedesco_. Mis hijos pelearán contra él como peleó mi padre.
+
+La doctora se alejó con altivez. Luego dijo á media voz á sus
+acompañantes que el viejo guardián era un imbécil.
+
+Vagaron dos horas por el antiguo recinto de la ciudad, viendo el trazado
+de sus calles, las ruinas del anfiteatro, la Puerta Aurea, que daba
+acceso á una vía flanqueada de tumbas. Por la _Porta di Mare_ subieron á
+las murallas, baluartes de gruesos bloques calcáreos que aún se
+mantenían de pie en una extensión de cinco kilómetros. El mar, visible
+desde las tierras bajas como una estrecha faja azul, se mostró ahora
+inmenso y luminoso; un mar solitario, sin un penacho de humo, sin una
+vela, entregado por completo á las gaviotas.
+
+Marchaba delante la doctora, consultando las páginas de su Guía. Aún
+guardaba el mal humor que le habían producido las palabras del guardián.
+Ulises, á sus espaldas, se aproximaba á Freya, atraído por el recuerdo
+del contacto anterior.
+
+Consideraba empresa fácil conquistar á esta mujer caprichosa y de
+maneras sueltas. «¡Cosa hecha, capitán!» Los rápidos triunfos obtenidos
+por él en sus viajes no le permitían duda alguna. Le bastaba ver la
+sonrisa de la viuda, sus ojos apasionados, el gesto de maliciosa
+coquetería con que contestaba á sus insinuaciones galantes. «¡Arriba,
+lobo marino!...» Le tomó una mano mientras ella hablaba de la belleza
+del mar solitario, y la mano se abandonó sin protesta entre sus dedos
+acariciadores. La doctora estaba lejos, y él, suspirando falsamente,
+abarcó con su otro brazo el talle de Freya, mientras inclinaba el rostro
+sobre el escotado pecho como si fuese á besar las perlas.
+
+Se sintió repelido, á pesar de su vigor, por un retorcimiento de
+protesta. Vió á Freya libre de sus brazos á dos pasos de él, con unos
+ojos hostiles que no había conocido hasta entonces.
+
+--¡Nada de niñerías, capitán!... Conmigo es inútil... Pierde usted el
+tiempo.
+
+Y no dijo más. Su tiesura y su mutismo en el resto del paseo dieron á
+entender al marino la magnitud de su equivocación. En vano quiso
+mantenerse al lado de la viuda: ella maniobraba de modo que la doctora
+venía á interponerse entre los dos.
+
+Al volver á la estación se refugiaron, huyendo del calor, en un
+saloncillo con divanes de terciopelo polvoriento. Para distraerse
+mientras esperaban el tren, Freya sacó de su bolso una cigarrera de oro,
+y el leve humo del tabaco egipcio cargado de opio volteó en los chorros
+de sol de las ventanas algo entornadas.
+
+Ferragut, que había salido para enterarse de la hora exacta de la
+llegada del tren, se detuvo, al volver, junto á la puerta, sorprendido
+por la animación con que hablaban las dos señoras en un idioma nuevo.
+Surgió en su memoria el recuerdo de Hamburgo y de Brema. Sus compañeras
+hablaban alemán con la dicción fácil de un idioma familiar. Al ver al
+marino continuaron instantáneamente su conversación en inglés.
+
+Buscando ingerirse en el diálogo, preguntó á Freya cuántos idiomas
+poseía.
+
+--Muy pocos: ocho nada más. La doctora tal vez conoce veinte. Sabe las
+lenguas de pueblos que ya no existen hace muchos siglos.
+
+Y la joven dijo esto con gravedad, sin mirarle, como si hubiera perdido
+para siempre su sonrisa de mujer fácil que había engañado á Ferragut.
+
+En el tren se humanizó, hasta perder su mal gesto de ofendida. Iban á
+separarse pronto. La doctora parecía cada vez menos abordable, así como
+rodaba el vagón hacia Salerno. Era la frialdad que se esparce entre los
+compañeros de un día cuando se acerca la hora de la separación y cada
+uno se va por su lado para no verse más.
+
+Las palabras pendían tristemente, como pedazos de hielo, sin levantar
+eco en su caída. A cada vuelta de las ruedas, la imponente señora era
+más reservada y silenciosa. Todo lo había dicho. Las dos se quedaban en
+Salerno para hacer una excursión en carruaje á lo largo del golfo. Iban
+á Amalfi, y se alojarían por la noche en la cumbre alpestre de Ravello,
+ciudad medioeval, donde había pasado Wágner los últimos meses de su
+vida, antes de morir en Venecia. Luego, saltando al golfo de Nápoles,
+descansarían en Sorrento y tal vez fuesen á la isla de Capri.
+
+Ulises quiso decir que también era éste su viaje, pero tuvo miedo á la
+doctora. Además, la excursión era en un vehículo alquilado por ellas, y
+no le concederían un asiento.
+
+Freya pareció adivinar su tristeza y quiso consolarle.
+
+--Es un viaje corto. Tres días nada más... Pronto estaremos en Nápoles.
+
+La despedida en Salerno fué breve. La doctora se abstuvo de indicarle su
+domicilio. Por ella terminaba allí mismo la amistad.
+
+--Es fácil que volvamos á vernos--dijo lacónicamente--. Sólo las
+montañas no se encuentran.
+
+La joven había sido más explícita, nombrando el hotel de la ribera de
+Santa Lucía en que estaba alojada.
+
+De pie en el estribo del vagón, las vió alejarse, tal como las había
+visto aparecer en una calle de Pompeya. La doctora se perdió tras de una
+mampara de vidrios hablando con el cochero que había venido á
+recibirlas. Freya, antes de desaparecer, se volvió para enviarle una
+sonrisa pálida. Luego levantó su enguantada mano con el índice rígido,
+amenazándole lo mismo que á un niño revoltoso y audaz.
+
+Al verse solo en este compartimiento, que llevaba hacia Nápoles las
+huellas y el perfume de la ausente, Ulises se sintió desalentado, como
+si viniera de un entierro, como si acabase de perder un sostén de su
+vida.
+
+Se presentó á bordo del _Mare nostrum_ lo mismo que una calamidad. Fué
+caprichoso é intratable, quejándose de Tòni y los otros dos oficiales
+porque no aceleraban las reparaciones del buque. A continuación habló de
+la conveniencia de no tener prisa, para que el trabajo resultase más
+completo. Hasta _Caragòl_ fué víctima de su mal humor, que se desahogó
+en forma de crueles sermones contra los aficionados al veneno del
+alcohol.
+
+--Cuando los hombres necesitan alegrarse tienen algo mejor que el vino,
+algo que proporciona mayor embriaguez que la bebida... Es la mujer, tío
+_Caragòl_. No olvide este consejo.
+
+El cocinero, por la fuerza de la costumbre, contestó: «Así es, mi
+capitán...» Pero se apiadaba en su interior de la ignorancia de los
+hombres, que les hace concentrar toda su felicidad en los espasmos y
+muecas del más frívolo de los juegos.
+
+A los dos días la gente de á bordo respiró viendo que el capitán se
+trasladaba á tierra. El buque estaba en un lugar incómodo, cerca de los
+descargaderos de carbón, con la popa en alto para que la hélice fuese
+recompuesta. Los obreros reemplazaban las planchas abolladas y rotas con
+un martilleo irresistible. Ya que había de esperar cerca de un mes, era
+preferible alojarse en un hotel. Y envió su equipaje al _albergo_
+Paternope, en la antigua ribera de Santa Lucía, el mismo que le había
+designado Freya.
+
+Dar suelta á un billete de cinco liras, como avanzada de varias
+preguntas, fué lo primero que hizo Ferragut al instalarse en una pieza
+alta, viendo el redondel azul del golfo encuadrado por el marco de un
+balcón. El camarero, cetrino y bigotudo, le escuchó atentamente, con una
+complacencia de tercero, y al fin pudo formar una personalidad completa
+con todos sus datos. La dama por quien preguntaba era la _signora_
+Talberg. Estaba de viaje, pero iba á volver de un momento á otro.
+
+Ulises pasó un día entero con la tranquilidad del que espera en lugar
+seguro. Miraba el golfo desde el balcón. A sus pies estaba la isla del
+Huevo, unida á tierra por un puente.
+
+Los _bersaglieri_ ocupaban su antiguo castillo, obra del virrey don
+Pedro de Toledo. Eran varios torreones de color rosa obscuro, que se
+aglomeraban sobre la estrecha ínsula de forma oval. En esta fortaleza se
+encerraba en otros tiempos la corta guarnición española para apuntar sus
+bombardas y culebrinas contra el pueblo napolitano cuando no quería
+pagar más gabelas é impuestos. Sus muros se habían levantado sobre las
+ruinas de otro castillo en el que Federico II guardaba sus tesoros, y
+cuya capilla había pintado Giotto. Y el castillo medioeval, del que sólo
+quedaba el recuerdo, se había alzado á su vez sobre los restos del
+palacio de Lúculo, que tenía el centro de sus célebres jardines en esta
+pequeña isla, llamada entonces Megaris.
+
+Las cornetas de los _bersaglieri_ alegraban al capitán como el anuncio
+de una entrada triunfal. «Va á llegar, va á llegar de un momento á
+otro...» Miraba la doble montaña de la isla de Capri, negra por la
+distancia, cerrando el golfo como un promontorio, y la costa de
+Sorrento, rectilínea lo mismo que un muro. «Allí está ella...» Luego
+seguía amorosamente el curso de los vaporcitos que surcaban la inmensa
+copa azul, abriendo un triángulo de espumas. En cualquiera de ellos
+llegaría Freya.
+
+El primer día fué de oro y esperanza. Brillaba el sol en un cielo sin
+nubes; hervía el golfo con burbujas de luz, bajo una atmósfera inmóvil,
+sin que la más leve ráfaga rizase su superficie; el penacho del Vesubio
+era recto y esbelto, dilatándose sobre el horizonte como un pino de
+blancos vapores. Al pie del balcón se sucedían de hora en hora los
+músicos ambulantes, cantando voluptuosas barcarolas y serenatas de amor.
+¡Y ella no vino!
+
+El segundo día fué de plata y desesperación. Había bruma en el golfo, el
+sol no era mas que un redondel rojo que podía mirarse de frente, lo
+mismo que en los países septentrionales; las montañas tenían un vestido
+de plomo; las nubes ocultaban el cono del volcán; el mar parecía de
+estaño, y un viento frío hinchaba, como velas, faldas y gabanes,
+haciendo correr á las gentes por el paseo de la ribera. Los músicos
+seguían cantando, pero con suspiros melancólicos, al abrigo de una
+esquina, para librarse de las ráfagas furiosas del mar. «_¡Morir...
+morir per te!_», gemía una voz de barítono entre arpas y violines... ¡Y
+ella llegó!
+
+Al avisarle el camarero que la _signora_ Talberg estaba en su habitación
+del piso inferior, Ulises se estremeció de inquietud. ¿Qué diría ella al
+encontrarle instalado en su hotel?...
+
+La hora del almuerzo estaba próxima, y aguardó con impaciencia las
+señales diarias para bajar al comedor. Primeramente sonaba una explosión
+á espaldas del _albergo_, que hacía temblar paredes y techos,
+dilatándose en la inmensidad del golfo. Era el cañonazo de mediodía
+salido del alto castillo de _Sant Elmo_. Las cornetas de la isla del
+Huevo respondían á continuación, con su alegre llamada á la olla
+humeante, y por la escalera del hotel ascendía el chinesco estrépito del
+_gong_ anunciando que el almuerzo estaba servido.
+
+Ulises bajó á ocupar su mesa, mirando inútilmente á los otros huéspedes
+que se habían adelantado. Freya se presentaría con el retraso de una
+viajera que acaba de llegar y está ocupada en el arreglo de su persona.
+
+Almorzó mal, mirando continuamente una gran vidriera con dibujos de
+barcos, peces y gaviotas, atragantándosele el bocado cada vez que se
+abrían sus hojas policromas. Y llegó al final del almuerzo, y tomó
+lentamente su café, sin que ella apareciese.
+
+Al volver á su habitación envió al camarero bigotudo en busca de
+noticias... La _signora_ no había almorzado en el hotel: la _signora_
+había salido mientras él estaba en el comedor. Seguramente que á la
+noche se dejaría ver.
+
+Durante la comida sufrió iguales inquietudes, creyendo que aparecería
+Freya cada vez que una mano borrosa y una vaga silueta de mujer
+empujaban la puerta al otro lado de los opacos vidrios.
+
+Paseó largo rato por el vestíbulo, mascando rabiosamente su cigarro,
+hasta que se decidió á abordar al portero, cabeza morena y astuta que
+asomaba al borde de su pupitre, sobre unas solapas azules con llaves de
+oro bordadas, viéndolo todo, enterándose de todo, mientras parecía
+dormir.
+
+La aproximación de Ulises le hizo levantarse de un salto, lo mismo que
+si oyese el revoloteo de un papel-moneda. Sus informes fueron precisos.
+La _signora_ Talberg comía pocas veces en el hotel. Tenía unos amigos
+que ocupaban un piso amueblado en el barrio de Chiaia, y con ellos
+pasaba casi todo el día. Algunas veces ni siquiera venía á dormir... Y
+volvió á sentarse, guardando apretado en una mano el billete que había
+presentido con su imaginación.
+
+Después de una mala noche, Ulises se levantó, resuelto á esperar á la
+viuda en la entrada del hotel. Tomó su desayuno en un velador del
+vestíbulo, leyó periódicos, tuvo que salir á la puerta huyendo de la
+matinal limpieza, perseguido por el polvo de las escobas y las alfombras
+sacudidas, y una vez allí, fingió gran interés por los músicos
+ambulantes, que le dedicaban romanzas y serenatas, poniendo los ojos en
+blanco al presentarle sus sombreros.
+
+Alguien vino á hacerle compañía. Era el portero, que se mostró familiar
+y confianzudo, como si desde la noche anterior se hubiese establecido
+entre los dos una firme amistad basada en un secreto.
+
+Le habló de las bellezas del país, aconsejándole diversas excursiones...
+Una sonrisa, una palabra animadora de Ferragut, y le habría propuesto
+inmediatamente otros recreos cuyo anuncio parecía voltear en torno de
+sus labios. Pero el marino acogió con enfurruñamiento tanta amabilidad.
+Este belitre iba á estorbar con su presencia el deseado encuentro; tal
+vez se mantenía á su lado por el deseo de ver y saber... Y aprovechando
+una de sus rápidas ausencias, Ulises se alejó por la larga vía
+Partenope, siguiendo la baranda que da sobre el mar, fingiendo
+interesarse por todo lo que encontraba, pero sin perder de vista la
+puerta del hotel.
+
+Se detuvo ante los puestos de los ostricarios, examinando las valvas de
+concha-perla alineadas en los estantes, sobre los cestos de ostras de
+Fusaro; las enormes caracolas, cadáveres huecos, en cuya garganta mugía,
+según los vendedores, como un recuerdo, el lejano zumbido del mar. Miró,
+uno á uno, todos los botes automóviles, las balandras de regatas, los
+barcos de pesca y las goletas de cabotaje fondeadas en el pequeño puerto
+de la isla del Huevo. Quedó inmóvil ante las olas mansas que peinaban
+sus espumas en los peñascos del malecón bajo las cañas horizontales de
+varios pescadores burgueses.
+
+De pronto vió á Freya siguiendo la avenida por el lado de las casas.
+Ella le reconoció á su vez, y este descubrimiento la hizo detenerse
+junto á una bocacalle, dudando entre seguir adelante ó huir hacia el
+interior de Nápoles. Luego pasó á la acera del mar, avanzando hacia
+Ferragut con plácida sonrisa, saludándolo de lejos como á un amigo cuya
+presencia nada tiene de extraordinaria.
+
+Esta seguridad desconcertó al capitán. Se dieron las manos, y ella le
+preguntó tranquilamente qué hacía allí mirando las olas y si avanzaban
+las reparaciones de su buque.
+
+--¡Pero confiese usted que mi presencia la ha sorprendido!--dijo Ulises,
+algo irritado por esta tranquilidad--. Reconozca que no esperaba
+encontrarme aquí.
+
+Freya repitió su sonrisa con una expresión de dulce lástima.
+
+--Es natural que le encuentre aquí. Está usted en su barrio, á la vista
+de su hotel... Somos vecinos.
+
+Para recrearse con el asombro del capitán, hizo una larga pausa. Luego
+añadió:
+
+--Vi su nombre en la lista de huéspedes ayer mismo, al llegar al hotel.
+Es mi costumbre. Me gusta saber quiénes son mis vecinos.
+
+--¿Y por eso no bajó usted al comedor?...
+
+Ulises formuló esta pregunta esperando que ella respondiera
+negativamente. No podía hacerlo de otro modo, aunque sólo fuera por
+buena educación.
+
+--Sí, por eso--contestó Freya sencillamente--. Adiviné que me esperaba
+para hacerse el encontradizo, y no quise entrar en el comedor... Le
+advierto que siempre haré lo mismo.
+
+Ulises lanzó un «¡ah!» de asombro... Ninguna mujer le había hablado con
+tanta franqueza.
+
+--Tampoco me ha sorprendido su presencia aquí--continuó ella--; la
+esperaba. Conozco las inocentes astucias de los hombres. «Ya que ayer no
+me encontró en el hotel, me esperará hoy en la calle», me he dicho esta
+mañana al levantarme... Antes de salir he seguido sus paseos desde la
+ventana de mi cuarto...
+
+Ferragut la miraba con sorpresa y desaliento. ¡Qué mujer!...
+
+--Podía haberme escapado por cualquiera calle transversal mientras
+estaba usted de espaldas. Le he visto antes que usted á mí... Pero no me
+gustan las situaciones falsas que se prolongan. Es mejor decirse toda la
+verdad cara á cara... Y por eso he venido á su encuentro.
+
+El instinto le hizo volver la cabeza hacia el hotel. El portero estaba
+en la entrada, contemplando el mar, pero con los ojos vueltos
+indudablemente hacia ellos.
+
+--Sigamos--dijo Freya--. Acompáñeme un poco; hablaremos, y luego me
+dejará usted... Tal vez nos separemos más amigos que antes.
+
+Anduvieron en silencio toda la vía Partenope, hasta llegar á los
+jardines de la ribera de Chiaia, perdiendo de vista el hotel. Ferragut
+quiso reanudar la conversación, pero no encontró las primeras palabras.
+Temía parecer ridículo. Le infundía miedo esta mujer.
+
+Se dió cuenta al contemplarla con ojos adorantes de los grandes cambios
+que se habían efectuado en el adorno de su persona. Ya no vestía el
+_tailleur_ obscuro con que la había visto por primera vez. Llevaba un
+traje de seda, azul y blanco, con una rica piel sobre los hombros y un
+penacho de plumas de garza real en la cumbre del amplio sombrero.
+
+El saco de mano negro que la acompañaba en su viaje había sido
+sustituído por un bolso de oro de una riqueza aparatosa: oro
+australiano, de un tono verde, semejante á la pátina de los bronces
+florentinos. Llevaba en las orejas dos gruesas esmeraldas cuadradas y en
+los dedos media docena de brillantes, que se pasaban de faceta en faceta
+la luz del sol. El collar de perlas seguía fijo en su cuello, asomando
+por el escote angular... Era una magnificencia de artista rica que todo
+se lo echa encima; de enamorada de las joyas que no puede vivir sin su
+contacto y las coloca sobre su piel apenas salta de la cama,
+despreciando la hora y las reglas de la discreción.
+
+Pero Ferragut no podía distinguir lo extemporáneo de este lujo. Todo lo
+de ella le parecía admirable.
+
+Sin saber cómo, se lanzó á hablar. El mismo se asombró al oír su voz,
+diciendo siempre las mismas cosas con distintas palabras. Sus
+pensamientos eran incoherentes, pero todos se iban aglomerando en torno
+de una afirmación incesantemente repetida: su amor, su inmenso amor por
+Freya.
+
+Y Freya seguía marchando en silencio, con una expresión de lástima en
+los ojos y en las comisuras de su boca. Le placía á su orgullo de mujer
+contemplar á este hombre fuerte balbuceando con una confusión infantil.
+Al mismo tiempo se impacientaba ante la monotonía de sus palabras.
+
+--No siga, capitán--interrumpió al fin--. Adivino todo lo que le queda
+por decir, y he oído muchas veces lo que lleva dicho. «Usted no duerme,
+usted no come, usted no vive por mi culpa.» Su existencia es imposible
+si no le amo. Un poco más de conversación, y me amenazará con pegarse un
+tiro si no soy suya... ¡Música conocida! Todos dicen lo mismo. No hay
+criaturas con menos originalidad que los hombres cuando desean algo...
+
+Estaban en una avenida del paseo. A través de las palmeras y las
+magnolias se veía por un lado el golfo luminoso y por el otro los ricos
+edificios de la ribera de Chiaia. Unos chicuelos desarrapados
+corretearon en torno de la pareja, persiguiéndose. Luego fueron á
+situarse junto á un templete blanco que se alzaba en el fondo de la
+avenida.
+
+--Pues bien, lobo de mar amoroso--continuó Freya--, no duerma usted, no
+coma usted, mátese si es su capricho; pero yo no puedo quererle, yo no
+le querré nunca. Pierda toda esperanza. La vida no es una diversión, y
+yo tengo otras preocupaciones más graves que absorben todo mi tiempo.
+
+A través de la risa juguetona con que acompañaba estas palabras,
+Ferragut adivinó una voluntad firmísima.
+
+--Entonces--dijo con desaliento--,¿todo será inútil?... ¿Aunque yo haga
+los mayores sacrificios?... ¿Aunque le dé pruebas de un amor como jamás
+se haya conocido?...
+
+--Todo inútil--contestó ella rotundamente, sin dejar de sonreír.
+
+Habían llegado al templete, cúpula sostenida por columnas blancas, con
+una verja en torno. El busto de Virgilio se alzaba en el centro: una
+cabeza enorme, de hermosura algo femenil.
+
+El poeta había muerto en Nápoles, «la dulce Partenope», á su regreso de
+Grecia, y su cadáver tal vez estaba hecho polvo en las entrañas de este
+jardín. La muchedumbre napolitana de la Edad Media le había atribuído
+toda clase de prodigios, hasta convertir al poeta en mago poderoso. El
+brujo Virgilio construía en una noche el castillo del Huevo, colocándolo
+con sus manos sobre un gran huevo que flotaba en el mar. Igualmente
+había abierto con su soplo el viejo túnel de Possilipo, cerca del cual
+existen una viña y una tumba, visitadas durante siglos como última
+morada del poeta.
+
+Los pilluelos, jugueteando en torno de la verja, arrojaban papeles y
+piedras al interior del templete. Les atraía la cabeza blanca del
+poderoso encantador, sintiendo á la vez admiración y miedo.
+
+Ella se detuvo cerca del abandonado monumento.
+
+--Hasta aquí nada más--ordenó--. Usted seguirá su camino. Yo voy á la
+parte alta de Chiaia... Pero antes de separarnos como buenos amigos, me
+va á dar su palabra de no seguirme, de no importunarme con sus
+pretensiones amorosas, de no mezclarse más en mi vida.
+
+Ulises no contestó. Bajaba la cabeza con un desaliento real. A su
+decepción se unía el dolor del orgullo herido. ¡El que se había
+imaginado cosas tan distintas para cuando se viesen por primera vez á
+solas!...
+
+Freya se apiadó de su tristeza.
+
+--No sea usted niño... Eso pasará. Piense en sus negocios, piense en su
+familia, que le espera allá en España. Además, el mundo está lleno de
+mujeres: yo no soy la única.
+
+Pero Ferragut la interrumpió. Sí; era la única... ¡la única! Y lo dijo
+con una convicción que provocó en ella otra vez una sonrisa de lástima.
+
+La tenacidad de este hombre empezaba á irritarla.
+
+--Capitán, le conozco bien. Es usted un egoísta, como todos los hombres.
+Su buque está detenido en el puerto por una avería; debe usted quedarse
+un mes en tierra; encuentra en un viaje á una mujer que comete la
+tontería de acordarse de que le conoció en otros tiempos, y se dice:
+«Magnífica ocasión para entretener agradablemente el fastidio de la
+espera...» Si yo le creyese, si aceptase sus deseos, dentro de unas
+semanas, al quedar listo el buque, el héroe de mi amor, el paladín de
+mis ensueños, se haría al mar diciendo como último saludo: «¡Adiós,
+imbécil!»
+
+Ulises protestó con energía. No: él deseaba que su buque no estuviese
+nunca recompuesto; calculaba con angustia los días que faltaban. Si era
+preciso, lo abandonaría, quedándose para siempre en Nápoles.
+
+--¿Y qué tengo yo que hacer en Nápoles?--interrumpió Freya--. Soy aquí
+un pájaro de paso, lo mismo que usted. Nos conocimos en los mares del
+otro hemisferio, y hemos venido á reencontrarnos en Italia. La próxima
+vez, si volvemos á vernos, será en el Japón, en el Canadá, en el Cabo...
+Siga su rumbo, enamoradizo tiburón, y déjeme seguir el mío. Figúrese que
+somos dos barcos que se encuentran en una calma, se hacen señales,
+cambian saludos, se desean buena suerte, y después cada uno se aleja por
+su lado, tal vez para no volver á verse nunca.
+
+Ferragut movió la cabeza negativamente. Eso no podía ser; él no se
+resignaba á perderla de vista para siempre.
+
+--¡Los hombres!--continuó ella, cada vez más irritada--. Todos se
+imaginan que las cosas deben ser con arreglo á sus caprichos. «Porque te
+deseo, debes ser mía...» ¿Y si yo no quiero?... ¿Y si yo no sufro la
+necesidad de ser amada?... ¿No puedo vivir en libertad, sin otro amor
+que el que yo siento por mí misma?...
+
+Consideraba una desgracia el ser mujer. Los hombres le inspiraban
+envidia por su independencia. Podían mantenerse aparte, absteniéndose de
+las pasiones que desgastan la vida, sin que nadie viniera á
+importunarles en su retiro. Les era lícito ir á todos lados, recorrer el
+mundo, sin llevar tras de sus pasos una estela de solicitantes.
+
+--Usted me es simpático, capitán. El otro día me alegré de encontrarle:
+fué una aparición del pasado. Vi en usted la alegría de mi juventud que
+empieza á irse y la melancolía de ciertos recuerdos... Y sin embargo,
+acabaré por odiarle: ¿me oye usted, argonauta pesado?... Le aborreceré
+porque no sirve para amigo; porque sólo sabe usted hablar de la misma
+cosa; porque es un personaje de novela, un latino, muy interesante tal
+vez para otras mujeres, pero insufrible para mí.
+
+Su rostro se contrajo con un gesto de desprecio y lástima. «¡Ah, los
+latinos!...»
+
+--Todos son lo mismo; españoles, italianos, franceses. Todos han nacido
+para la misma cosa. Apenas encuentran á una mujer deseable, creen faltar
+á sus deberes si no le piden su amor y lo que viene luego... ¿No pueden
+un hombre y una mujer ser amigos simplemente? ¿No podría usted ser un
+buen camarada y tratarme como á un compañero?
+
+Ferragut protestó enérgicamente. No, no podría. El la amaba, y después
+de verse repelido con tanta crueldad, su amor iría en aumento. Estaba
+seguro de ello.
+
+Un temblor nervioso hizo aguda y cortante la voz de Freya. Sus ojos
+tomaron un brillo malsano. Miró á su acompañante como si fuese un
+enemigo cuya muerte deseaba.
+
+--Pues bien, sépalo usted. Yo aborrezco á los hombres: los aborrezco
+porque los conozco. Quisiera la muerte de todos ellos, ¡de todos!... ¡El
+mal que han hecho en mi vida!... Quisiera ser inmensamente hermosa, la
+mujer más hermosa de la tierra y poseer el talento de todos los sabios
+concentrado en mi cerebro, y ser rica, y ser reina, para que todos los
+hombres del mundo, locos de deseo, vinieran á postrarse ante mí... Y yo
+levantaría mis pies con tacones de hierro, é iría aplastando cabezas...
+así... ¡así!...
+
+Golpeaba la arena del jardín con las suelas de sus breves zapatos. Un
+rictus histérico contraía su boca.
+
+--A usted tal vez lo exceptuase... Usted, con todas sus arrogancias de
+matamoros, es un ingenuo, un simple. Le creo capaz de soltar á una mujer
+toda clase de mentiras... creyéndolas usted antes. Pero á los otros...
+¡ay, á los otros!... ¡cómo los odio!...
+
+Miró hacia el palacio del acuario, que asomaba su blancura entre la
+columnata de los árboles.
+
+--Quisiera ser--continuó, pensativa--uno de esos animales de mar que
+cortan con las tenazas de sus patas... que tienen en los brazos tijeras,
+sierras, pinzas... que devoran á sus semejantes y absorben todo lo que
+les rodea.
+
+Miró después una rama de árbol, de la que pendían varios hilos de plata
+sosteniendo á un insecto de activos tentáculos.
+
+--Quisiera ser araña, una araña enorme, y que todos los hombres fuesen
+moscas y vinieran á mí, irresistiblemente. ¡Con qué fruición los
+ahogaría entre mis patas! ¡Cómo pegaría mi boca á sus corazones!... ¡Y
+los chuparía... los chuparía, hasta que no les quedase una gota de
+sangre, arrojando luego sus cadáveres huecos!...
+
+Ulises llegó á pensar si estaría enamorado de una loca. Su inquietud,
+sus ojos sorprendidos é interrogantes, parecieron devolver la serenidad
+á Freya.
+
+Se pasó una mano por la frente, como si despertase de una pesadilla y
+quisiera repeler sus recuerdos con este ademán. Su mirada fué
+serenándose.
+
+--Adiós, Ferragut; no me haga hablar más. Acabaría usted por dudar de mi
+razón... Ya lo sabe: seremos amigos, amigos nada más. Es inútil pensar
+en lo otro. No me siga... Nos veremos... Yo le buscaré... ¡Adiós!...
+¡adiós!
+
+Y aunque Ferragut sentía la tentación de seguirla, permaneció inmóvil,
+viéndola alejarse con paso rápido, como si huyese de las palabras que
+había dejado caer ante el pequeño templo del poeta.
+
+
+
+
+V
+
+EL ACUARIO DE NÁPOLES
+
+
+A pesar de su promesa, Freya no hizo nada para volver á encontrarse con
+el marino. «Nos veremos... Yo le buscaré.» Pero era Ferragut quien
+buscaba el encuentro, apostándose en las inmediaciones del hotel.
+
+--¡Qué loca estuve la otra mañana!... ¡Qué habrá pensado usted de
+mí!--dijo ella la primera vez que volvieron á hablarse.
+
+No todos los días conseguía Ulises el placer de esta conversación que se
+desarrollaba invariablemente desde la vía Partenope al monumento de
+Virgilio. Las más de las mañanas aguardaba en vano frente á los puestos
+de los ostricarios, escuchando á los músicos que saludaban con sus
+romanzas y sus mandolinas las ventanas cerradas de los hoteles. Freya no
+aparecía.
+
+La impaciencia arrastraba á Ulises hasta su hotel, para implorar las
+luces del portero. Este, animado por la esperanza de un nuevo billete,
+hacía sonar el teléfono y preguntaba á los criados de los pisos
+superiores. Luego una sonrisa triste y obsequiosa, como si lamentase sus
+propias palabras: «La _signora_ no está. La _signora_ ha pasado la noche
+fuera del _albergo_.» Y Ferragut partía furioso.
+
+Unas veces iba á ver cómo marchaban las reparaciones de su buque,
+excelente pretexto para descargar en alguien su mal humor. Otras mañanas
+se dirigía al jardín de la ribera de Chiaia por los mismos lugares que
+había pisado yendo con Freya. Esperaba verla aparecer de un momento á
+otro. Todo lo que le rodeaba tenía algo de ella. Arboles y bancos,
+aceras y candelabros eléctricos, la conocían perfectamente, por hallarse
+en su camino habitual.
+
+Al convencerse de que esperaba en vano, una última ilusión le hacía
+volver los ojos hacia el blanco palacio del Acuario.
+
+Freya le había hablado de él. Con frecuencia se entretenía horas enteras
+contemplando la vida de los seres marinos. Y Ferragut parpadeaba al
+pasar rápidamente del jardín caldeado por el sol á la penumbra de unas
+galerías húmedas, sin otro alumbrado que el de la luz diurna descendida
+al interior de los acuarios: luz que tomaba á través del agua y el
+cristal un tono misterioso, el tinte verde y difuso de las profundidades
+submarinas.
+
+Esta visita le hacía pasar el tiempo plácidamente. Surgían en su memoria
+antiguas lecturas, afirmadas ahora por una visión directa. El no era de
+los marinos que navegan sin preocuparse de lo que existe debajo de su
+quilla. Había querido conocer los misterios del inmenso palacio azul por
+cuyo techo circulaba, dedicándose al estudio de la oceanografía, la más
+reciente de las ciencias.
+
+Al dar sus primeros pasos en el Acuario, se imaginaba inmediatamente la
+marina profundidad, con las divisiones desiguales en que la ha
+fraccionado la exploración. Junto á las orillas la zona llamada litoral,
+donde desembocan los ríos, se amontonan las substancias nutridoras al
+impulso de mareas y corrientes y crecen las vegetaciones subacuáticas.
+Esta zona era la de las grandes pescas, y llegaba hasta doscientos
+metros de fondo, profundidad en la que se pierden los rayos del sol. Más
+allá cesaba la luz, desaparecían las plantas, y con ellas los animales
+herbívoros.
+
+La pendiente submarina, suave hasta este límite, se acentuaba,
+descendiendo rápidamente á los abismos oceánicos, y esta parte del
+mar--la casi totalidad del Océano--, inmensa masa de agua sin luz, sin
+olas, sin mareas, sin corrientes, sin oscilaciones de temperatura, era
+la llamada zona abisal.
+
+En el litoral, las aguas, saludablemente agitadas, cambiaban de
+salinidad según la cercanía de los ríos. Las rocas y fondos se cubrían
+de una vegetación que era verde cerca de la superficie y se iba
+ensombreciendo, hasta llegar al rojo obscuro y al amarillo bronce así
+como se alejaba de la luz. En este paraíso oceánico, de aguas nutritivas
+y luminosas cargadas de bacterias y alimentos microscópicos, se
+desarrollaba la vida con exuberancia. A pesar de los continuos ataques
+del pescador, los rebaños marinos se mantenían incólumes por medio de
+una procreación infinita.
+
+La fauna de la profundidad abisal, donde la falta de luz hace imposible
+toda vegetación, era forzosamente carnívora. Los habitantes débiles
+devoraban los residuos y los animales muertos que descendían de la
+superficie. Los fuertes se nutrían á su vez con las substancias
+concentradas de los pequeños carniceros.
+
+El fondo del Océano, desierto monótono de barro ó de arena, producto de
+un sedimento de centenares de siglos, ofrecía de tarde en tarde un oasis
+de extraña vegetación. Estos bosques surgían como manchas de vida allí
+donde el encuentro de las corrientes superficiales hacía llover un maná
+de diminutos cadáveres. Las plantas retorcidas y calcáreas, duras como
+la piedra, no eran plantas: eran animales. Sus hojas, tentáculos inertes
+y traidores, se encogían de pronto. Sus flores, bocas ávidas, se
+inclinaban sobre la presa, sorbiéndola por sus ventosas glotonas.
+
+Una luz fantástica atravesaba con ráfagas multicolores este mundo de
+absoluta lobreguez. Era luz animal, producida por los organismos
+vivientes.
+
+En los abismos abisales resultaban muy contados los seres ciegos, contra
+la opinión del vulgo, que se los imagina á casi todos faltos de ojos por
+su lejanía del sol. Los filamentos de los árboles carnívoros eran
+guirnaldas de lámparas; los ojos de los animales cazadores, globos
+eléctricos; las insignificantes bacterias, glándulas fotógenas; y todos
+ellos abrían ó cerraban sus conmutadores fosforescentes según la
+necesidad del momento, unas veces para perseguir y devorar, otras para
+mantenerse disimulados en las tinieblas.
+
+Los animales-plantas, inmóviles como estrellas, rodeaban de un círculo
+de rayos sus bocas feroces, y los seres minúsculos se sentían empujados
+irresistiblemente hacia ellos, lo mismo que las mariposas vuelan hacia
+la lámpara y los pájaros de mar chocan con el faro.
+
+Ninguna de las luces de la tierra podía compararse con las del mundo
+abisal. Todos los fuegos de artificio palidecían ante las variedades del
+fulgor orgánico.
+
+Las ramas vivientes del polípero, los ojos de las bestias, hasta el
+barro sembrado de puntos brillantes, emitían chorros fosfóricos, haces
+de chispas cuyos resplandores se abrían y cerraban incesantemente. Y
+estas luces iban pasando en su gradación por los más diversos colores:
+violeta, púrpura, rojo anaranjado, azul, y, sobre todo, verde. Los
+pulpos gigantescos se iluminaban al percibir la proximidad de una
+víctima como soles lívidos, moviendo sus brazos de mortífero tirón.
+
+Todos los seres abisales tenían el órgano de la vista enormemente
+desarrollado, para poder captar hasta los más débiles rayos de luz.
+Muchos eran de ojos salientes y enormes. Otros los tenían despegados del
+cuerpo, al final de dos tentáculos cilíndricos como telescopios.
+
+Los que eran ciegos y no producían resplandor compensaban esta
+inferioridad con el desarrollo de los órganos táctiles. Sus antenas y
+nadaderas se prolongaban desmesuradamente en la obscuridad. Los
+filamentos de su cuerpo, largos pelos ricos en terminaciones nerviosas,
+distinguían instantáneamente la presa apetecida ó el enemigo en acecho.
+
+El abismo abisal tenía dos pisos ó techumbres. En lo más alto estaba la
+llamada zona nerítica, la superficie oceánica, diáfana y luminosa, lejos
+de toda costa. A continuación venía la zona pelágica, mucho más
+profunda, en la que residen los peces de incesante movimiento, capaces
+de vivir sin reposarse en el fondo.
+
+Los cadáveres de los animales neríticos y de los que nadan entre dos
+aguas eran el sustento directo é indirecto de la fauna abisal. Los seres
+de frágil dentadura y escasa velocidad, mal armados para la conquista de
+las presas vivas, se alimentaban con las gotas de esta lluvia de materia
+alimenticia. Los grandes nadadores, pertrechados de mandíbulas
+formidables y estómagos elásticos é inmensos, preferían las peripecias
+de la lucha, las persecuciones de la caza viviente, y devoraban--como
+devoran en la tierra los carnívoros á los herbívoros--á todos los
+pequeños comedores de residuos y de _plancton_.
+
+Esta palabra, de invención científica reciente, hacía ver al capitán
+Ferragut el más humilde é interesante de todos los personajes del
+Océano. El _plancton_ es la vida que flota en grumos sueltos ó formando
+nubes á través de la superficie nerítica, descendiendo hasta las
+profundidades abisales.
+
+Allá donde iba el plancton iba la animación viviente, agrupándose en
+apretadas colonias animales. El agua salada más pura y diáfana mostraba
+bajo ciertos rayos luminosos una multitud de pequeños cuerpos, inquietos
+como las espirales de polvo que danzan en un rayo de sol. Estos seres
+transparentes, revueltos con algas microscópicas y mucosidades
+embrionarias, eran el plancton. En su masa densa y poco visible para el
+ojo humano flotaban los sifonóforos, guirnaldas de individuos unidos por
+un hilo transparente, frágiles, delicados y luminosos como cristales de
+Bohemia. Otros organismos igualmente sutiles tenían la forma de pequeños
+torpedos de vidrio. La suma de todas las materias albuminúricas
+flotantes en el mar se condensaba en estas nubes nutritivas, añadiéndose
+á ellas las secreciones de los animales vivientes, los residuos de sus
+cadáveres, los cuerpos arrastrados por los ríos, las briznas
+alimenticias de los prados de algas.
+
+Cuando el plancton, á impulsos del azar ó siguiendo misteriosas
+atracciones se iba aglomerando en un punto determinado del litoral, las
+aguas hervían en peces con asombrosa fecundidad. Las poblaciones
+ribereñas se agrandaban, el mar se llenaba de velas, las mesas eran más
+opulentas, surgían industrias, se abrían fábricas y circulaba el dinero
+en la costa, atraído del interior por el comercio de pesquería y de
+conservas.
+
+Si se retiraba el plancton caprichosamente, bogando hacia otro litoral,
+los rebaños marinos emigraban detrás de las praderas vivientes y la
+llanura azul quedaba vacía como un desierto maldito. Las flotas de
+barcas permanecían en seco, se cerraban los talleres, ya no humeaba la
+olla, los caballos de la gendarmería cargaban contra la muchedumbre
+protestante y famélica, la oposición gritaba en las Cámaras y los
+periódicos hacían responsable de todo al gobierno.
+
+Este polvo animal y vegetal nutría á las especies más numerosas, para
+que ellas á su vez sirviesen de pasto á los grandes nadadores armados de
+dientes.
+
+La ballena, el más voluminoso de los habitantes oceánicos, cerraba este
+ciclo destructor en el que se devoran unos á otros para vivir. El
+gigante pacífico y sin dientes mantenía su organismo sólo con plancton,
+absorbiéndolo á toneladas. El maná imperceptible y cristalino alimentaba
+su cuerpo de campanario tumbado, haciendo circular bajo la piel grasosa
+ríos purpúreos de sangre caliente.
+
+La transparencia de los seres planctónicos evocaba en la memoria de
+Ferragut las coloraciones maravillosas de los habitantes del mar,
+ajustadas exactamente á las necesidades de su conservación. Las especies
+que viven en la superficie tenían, por lo general, el lomo azul y el
+vientre plateado. De este modo les era posible escapar á la vista de los
+enemigos. Su color claro, visto desde las tinieblas de la profundidad,
+se confundía con la lámina blanca y luminosa de la superficie. Las
+sardinas, que nadan en bancos, podían pasar inadvertidas gracias á sus
+lomos azules como el agua, librándose así de los peces y los pájaros que
+las dan caza.
+
+Viviendo en abismos donde la luz no penetra nunca, los animales
+pelágicos ignoraban la necesidad de ser transparentes ó azules como los
+seres neríticos de la superficie. Unos eran opacos é incoloros, otros
+bronceados y negros; los más se revestían con tintas soberbias, cuyo
+esplendor desesperaba á los pinceles humanos, incapaces de imitarlas. Un
+rojo magnífico era la base de esta coloración, descendiendo gradualmente
+al rosa pálido, al violeta, al ámbar, hasta perderse en el lácteo iris
+de las perlas y la policromía temblona y vagorosa del nácar de los
+moluscos. Los ojos de ciertos peces, colocados al final de varillas
+separadas del cuerpo, brillaban como diamantes en los extremos de un
+doble alfiler. Las glándulas salientes, las verrugas, las sinuosidades
+dorsales, tomaban coloraciones de joyería.
+
+Pero las piedras preciosas de la tierra son minerales muertos que
+necesitan el rayo de luz para existir con breve chisporroteo. Las
+alhajas animadas del Océano, peces y corales, brillaban con colores
+propios que eran reflejos de su vitalidad. Su verde, su rosado, su
+amarillo intenso, sus iris metálicos, tintas jugosas eternamente
+barnizadas por un charol húmedo, no podían subsistir en el mundo
+atmosférico.
+
+Algunos de estos seres eran capaces de un poderoso mimetismo que les
+hacía confundirse con los objetos inanimados ó pasar en pocos momentos
+por toda la gama de colores. Unos, de nerviosa actividad, se
+inmovilizaban y encogían, llenándose de rugosidades, tomando el tono
+obscuro de las rocas. Otros, en momentos de irritación ó de fiebre
+amorosa, se cubrían de rayas y temblonas manchas, extendiéndose por su
+epidermis nubes diversas con cada uno de sus estremecimientos. Las
+sepias y calamares, al verse perseguidos, se hacían invisibles dentro de
+una nube, lo mismo que los encantadores de los libros de caballerías,
+enturbiando el agua con la tinta almacenada en sus glándulas.
+
+Ferragut iba avanzando entre las dos filas de estanques verticales del
+Acuario, escaparates de rocas con un grueso vidrio que dejaba á la vista
+todo su interior. Estos dos muros claros y luminosos, que recibían el
+fuego del sol por su parte alta, esparcían un reflejo verde en la
+penumbra de los corredores. Al circular, los visitantes tomaban una
+palidez lívida, como si marchasen por un desfiladero submarino.
+
+El agua tranquila de los estanques apenas era visible. Detrás de los
+vidrios sólo parecía existir una atmósfera maravillosa, un ambiente de
+sueño, en el que subían y bajaban flotantes seres de colores. Las
+burbujas de su respiración era lo único que delataba la presencia del
+líquido. En la parte superior de estas jaulas acuáticas, la atmósfera
+luminosa se estremecía bajo un chorro continuo de polvo transparente.
+Era agua de mar con aire inyectado, que renovaba las condiciones de
+existencia de los huéspedes del Acuario.
+
+Viendo el capitán estas mangas vivificantes, admiró la fuerza nutridora
+del agua azul sobre la que había transcurrido casi toda su existencia.
+
+La tierra perdía sus orgullos al ser comparada con la inmensidad
+acuática. En el Océano habían apuntado las primeras manifestaciones de
+la vida, continuando luego su ciclo evolutivo sobre las montañas,
+surgidas igualmente de su seno. Si la tierra era la madre del hombre, el
+mar era su abuela.
+
+El número de los animales terrestres resultaba insignificante comparado
+con el de los marítimos. Sobre la tierra--mucho más pequeña que el
+Océano--, los seres sólo ocupan la superficie del suelo y una capa
+atmosférica de unos cuantos metros. Las aves y los insectos rara vez van
+más allá en sus vuelos. En el mar, los animales están dispersados en
+todos los niveles de su espesor, pudiendo disponer de muchos kilómetros
+de profundidad, multiplicados por miles y miles de leguas de extensión.
+Cantidades infinitas de seres que escapan á todo cálculo nadan
+incesantemente en todos los pisos de sus aguas. La tierra es una
+superficie, un plano, y el mar es un volumen.
+
+La inmensa masa acuática--tres veces más salada que al nacer el planeta,
+á causa de una evaporación milenaria que había disminuido el líquido sin
+absorber sus componentes--guardaba, revueltos con sus cloruros, el
+cobre, el níquel, el hierro, el cinc, el plomo, y hasta el oro
+procedente de los filones que la ebullición planetaria aglomeró en el
+fondo oceánico, y de cuya masa no son mas que insignificantes tentáculos
+los filones de las montañas, con sus arenas auríferas arrastradas por
+los ríos.
+
+También la plata estaba disuelta en sus aguas. Ferragut sabía por
+ciertos cálculos que con la plata flotante en el Océano podían
+levantarse pirámides más enormes que las de Egipto.
+
+Los hombres que habían pensado en la explotación de estas riquezas
+minerales desistían de su quimera. Estaban tan diluidas, que era
+imposible su aprovechamiento. Los seres oceánicos sabían reconocer mejor
+su presencia, filtrándolas á través de su cuerpo para la renovación y
+coloración de sus órganos. El cobre lo acumulaban en su sangre; el oro y
+la plata se descubrían en los tejidos de los animales-plantas; el
+fósforo era absorbido por las esponjas; el plomo y el cinc, por los
+fucos.
+
+Todos podían extraer del agua los residuos de unos metales disueltos en
+fragmentos tan imponderablemente pequeños, que ningún procedimiento
+químico alcanzaba á captarlos. Los carbonatos de cal arrastrados por los
+ríos ó arrancados á las costas servían á innumerables especies para la
+construcción de sus caparazones, esqueletos, conchas y caracolas. Los
+corales, filtrando el agua á través de sus cuerpos blanduchos y mucosos,
+solidificaban sus duros esqueletos, para convertirse al final en islas
+habitables.
+
+Los seres de una diversidad desconcertante que flotaban, rampaban ó
+coleaban en torno de Ferragut no eran mas que agua oceánica. Los peces,
+agua hecha carne; los animales mucosos, agua en estado de gelatina; los
+crustáceos y los políperos, agua transformada en piedra.
+
+Contempló en uno de los estanques un paisaje que parecía de otro
+planeta, grandioso y reducido al mismo tiempo, como un bosque visto en
+un diorama. Era un palmeral surgiendo entre rocas; pero las rocas no
+pasaban de ser guijarros, y las palmeras anélidos de mar, simples
+gusanos que se mantenían en vertical inmovilidad.
+
+Guardaban su cuerpo anillado dentro de un tubo coriáceo que los
+protegía, y sobre este tronco rectilíneo de color de marfil lanzaban,
+como un surtidor de ramas, los tentáculos movedizos que les sirven para
+respirar y para comer.
+
+Dotados de una rara sensibilidad, bastaba el paso de una nube ante el
+sol para que se contrajesen en el interior de los tubos, quedando éstos
+sin su vistoso capitel, como palmeras desmochadas. Luego, lenta y
+prudentemente, iban surgiendo otra vez los animados pinceles por la
+abertura de sus vainas, flotando en el agua con ansiosa espera. Todos
+estos árboles y flores-animales eran de una voracidad mecánica cuando
+la víctima microscópica se dejaba atraer por sus tentáculos El suave
+ramaje se contraía, se cerraba, arrastrando á la esbelta torre secretada
+por él mismo, digería su conquista.
+
+Otros estanques atrajeron después la atención del marino.
+
+Deslizándose sobre las rocas, introduciéndose en las cavernas,
+dormitando medio enterrada en la arena, toda la varia y tumultuosa
+nación de los crustáceos movía sus herramientas cortantes y
+tentaculares, hacía brillar sus armaduras japonesas, unas teñidas de
+rojo casi negro, como si guardasen la sangre seca de un lejano combate,
+otras de fresca escarlata, lo mismo que si reflejaran en su dureza los
+primeros fuegos de la aurora.
+
+El fiero bogavante--el _homard_, soberano de las ricas mesas--descansaba
+sobre las tijeras de sus patas anteriores, arma poderosa como una doble
+hacha de combate. La langosta saltaba con agilidad por las peñas
+valiéndose de los ganchos de sus patas, herramientas de guerra y de
+nutrición. Su próximo pariente la cigarra de mar, animal torpe y pesado,
+permanecía en los rincones, cubierta de fango y de algas, en una
+inmovilidad que le hacía confundirse con las piedras. Y en torno de
+estos gigantes, como una democracia roja acostumbrada á sufrir de vez en
+cuando el ataque de los fuertes, nadaban los enjambres de langostinos y
+camarones. Sus movimientos eran sueltos y graciosos, su sensibilidad tan
+afinada, que la menor agitación les hacía dar saltos enormes.
+
+Ulises pensó en la esclavitud que había impuesto la Naturaleza á estos
+animales dándoles su hermosa envoltura defensiva.
+
+Nacían acorazados, y el crecimiento les obligaba repetidas veces á
+cambiar de armadura. Mudaban de piel, como los reptiles; pero éstos, al
+ser cilíndricos, podían ejecutar la operación con la misma facilidad que
+una pierna que abandona su media. Los crustáceos habían de sacar de su
+coraza, que empezaba á rajarse, el múltiple mecanismo de sus miembros y
+sus apéndices: las patas, las antenas, las gruesas pinzas, operación
+lenta y peligrosa, en la que muchos parecían rasgados por su propio
+esfuerzo. Luego, desnudos é inermes, habían de esperar á que se formase
+una nueva piel que á su vez se convirtiese en armadura. Y esto en medio
+de un ambiente hostil, rodeados de ávidas bestias, grandes y pequeñas,
+que sentían la atracción de su rica carne, y sin otra defensa que el
+ocultamiento.
+
+Entre el hormiguero de pequeños crustáceos que se movían en el fondo
+arenoso, cazando, comiendo ó batiéndose con feroz enredijo de patas,
+buscaban los observadores á un ser bizarro y extravagante, el paguro,
+apodado _Bernardo el Eremita_. Era una caracola que avanzaba recta como
+una torre sobre unas patas de cangrejo, teniendo por corona la cabellera
+de una anémona de mar.
+
+La cómica aparición estaba compuesta de tres animales distintos, uno
+sobre otro, ó más bien, de dos seres vivientes llevando en medio un
+féretro. El paguro nacía con la parte posterior desprovista de coraza:
+un excelente bocado, tierno y sabroso, para los peces hambrientos. La
+necesidad de defenderse le hacía buscar una caracola para guardar la
+parte débil de su organismo. Si encontraba vacía una vivienda de esta
+especie, se la apropiaba. De no ser así, se comía al habitante,
+introduciendo después en el nacarado refugio su posterior, armado de dos
+patas ganchudas.
+
+No bastaban al débil paguro sus precauciones defensivas. Necesitaba ser
+ofensivo para vivir; inspirar respeto á los monstruos devoradores,
+especialmente á los pulpos, que buscaban la presa de su busto y sus
+patas peludas, asomadas por la locomoción fuera de la torre.
+
+Una anémona de mar venía á fijarse en la cúspide calcárea: á veces
+llegaban á ser cinco ó seis. Ninguna relación corporal existía entre el
+paguro y los organismos de arriba. Eran simples socios, por un interés
+recíproco. Los animales-plantas picaban como ortigas; todos los
+monstruos sin coraza huían del veneno de sus órganos urticantes; las
+briznas de su cabellera quemaban como alfileres de fuego. De este modo,
+el humilde paguro inspiraba terror á las fieras gigantescas de la
+profundidad, llevando sobre el dorso su torre coronada de formidables
+baterías. Las anémonas, por su parte, le agradecían que las pasease
+incesantemente de un lado á otro, poniéndolas en contacto con toda clase
+de animales. Podían comer así con más facilidad que sus hermanas fijas
+en la roca. No tenían que esperar, como ellas, que el alimento viniese
+casualmente á sus tentáculos. Además, siempre flotaban hasta sus alturas
+algunos despojos de las presas que hacía por abajo el cangrejo socarrón
+en su errabunda impunidad.
+
+Ferragut, al pasar de un estanque á otro, establecía mentalmente la
+gradación de los diversos órdenes de la fauna marítima, desde el boceto
+primitivo al organismo perfecto.
+
+Las esponjas del Mediterráneo nadaban en los primeros días de su
+nacimiento--cuando eran como cabezas de alfiler--con movimientos
+vibrátiles. Luego permanecían inmóviles, filtrando el agua por las
+celdas y corredores de sus tejidos, protegiendo su carne suave con un
+erizamiento de espículas, agujas calcáreas y picantes, con las que
+ensartaban é inmovilizaban á los peces, sirviéndolas de alimento sus
+residuos en putrefacción.
+
+Desplegaban por millares las ortigas de mar sus hilos urticantes,
+proyectando un veneno que aturdía á la víctima y la hacía caer en su
+corola, boca y ano al mismo tiempo. De una voracidad sin límites, se
+apoderaban, fijas en su roca, de pescados más grandes que ellas, y al
+presentir un peligro se encogían de tal modo, que era difícil verlas.
+Las plumas de mar yacían flácidas y obscuras, como animales muertos,
+hasta que absorbiendo el agua, se levantaban transparentes y llenas de
+hojas. Así iban de un lado á otro, con una ligereza de pluma, ó se
+clavaban en la arena, emitiendo un brillo fosfórico.
+
+Las petimetras del mar, las elegantes medusas, extendían el ruedo
+flotante de su hermosura frágil. Eran setas transparentes, sombrillas
+abiertas de vidrio, que avanzaban por medio de contracciones. Del centro
+interior de su cúpula colgaba un tubo igualmente transparente y
+gelatinoso: la boca del animal. Largos filamentos pendían del ruedo de
+sus bordes, tentáculos sensitivos que al mismo tiempo servían para
+mantener el equilibro flotante.
+
+Estos seres frágiles, que parecían pertenecer á una fauna de ensueño,
+blancos como el cristal de roca, con suaves bordes de color de rosa ó
+violeta, eran urticantes lo mismo que las ortigas y se defendían con un
+contacto de llama. Algunas sombrillas sutiles ó incoloras vivían en el
+estanque bajo el amparo de un segundo encierro de cristal, y apenas si
+su mucosa vaporosidad se marcaba dentro de la campana como una débil
+línea de humo azul.
+
+Por debajo de estas formas transparentes y frágiles que quemaban cuanto
+tocaban, atreviéndose á capturar presas mucho más grandes que ellas,
+extendíase en jardines la llamada «flor de sangre», el coral rojo, y
+especialmente el astroides, formando con sus corolas una alfombra de
+color anaranjado.
+
+El marino había visto estas vegetaciones pétreas, como bosques
+sumergidos, en el fondo del mar Rojo y en los mares del Sur. Había
+navegado sobre ellas haciéndose la ilusión de que por las entrañas
+azules del Océano circulaban anchos ríos de sangre.
+
+Los oseznos y las estrellas agitaban lentamente sus formas que habían
+dado origen á sus nombres, secretando venenos para aturdir á sus
+víctimas, contrayéndose hasta formar una bola de lanzas que atravesaba á
+la presa con abrazo mortal ó cortándola con los cuchillos óseos de su
+cuerpo radiado. Los lirios de mar se balanceaban al término de su
+varilla, moviendo sus miembros en forma de pétalos.
+
+Sobre fondos de menuda arena ó agarrados á la roca vivían los moluscos
+en el refugio de sus conchas.
+
+La necesidad de entregarse al sueño con relativa seguridad, sin miedo al
+devoramiento general, que es la ley oceánica, preocupa á todos los seres
+marinos, haciéndolos constructores é inventores. Los crustáceos viven
+metidos en corazas ó aprovechan como refugio las envolturas calcáreas,
+expulsando á sus dueños; los animales-plantas expelen toxinas; los seres
+planctónicos, transparentes y gelatinosos, queman como un cristal puesto
+al fuego; algunos organismos en apariencia débiles y blanduchos tienen
+en su cola la fuerza del berbiquí, perforando la roca hasta crearse una
+caverna de refugio en sus duras entrañas... Y los tímidos moluscos, de
+carne dulce y temblona, se habían fabricado los fuertes escudos de sus
+valvas, dos murallas cóncavas que al abrirse son puerta y al cerrarse
+son casa.
+
+Un pedazo de su carne asomaba fuera de la concha como una lengua blanca.
+En unos tomaba la forma de suela y servía de pie, marchando el molusco,
+con la vivienda á cuestas, sobre este único sostén. En otros era
+nadadera, y la concha, abriendo y cerrando sus valvas como una boca
+propulsora, subía en línea recta á la superficie, para dejarse caer
+luego con los dos escudos apretados.
+
+Estos dulces herbívoros vivían de beber la luz, sintiendo la necesidad
+de las aguas superficiales ó de los fondos escasos con sus claras
+praderas. La luz, al esparcirse por el blanco interior de su vivienda,
+la decoraba con todos los colores temblones del iris, dando á la cal la
+palpitación misteriosa de la madreperla.
+
+Ulises admiró las bizarras formas de sus envolturas. Eran iguales á los
+palacios de Oriente: obscuras y tristes en los muros exteriores;
+deslumbrantes en su interior, como un lago de nácar. Algunos recibían
+nombres terrestres, por la forma especial de su concha: la liebre, el
+casco, el cuerno de Tritón, el tonel, la sombrilla mediterránea.
+
+Pacían con una tranquilidad bucólica en los céspedes marítimos,
+contemplados de lejos por las almejas, las ostras y otros bivalvos
+adheridos á las rocas por una madeja de seda dura y córnea que envolvía
+sus encierros. Algunas de estas conchas--las llamadas «jamones»--,
+almejas de gran tamaño, con las valvas en forma de maza, se fijaban,
+rectas en el fango, dando la impresión de un campo celta sumergido, de
+una sucesión de menhires tragados por el fondo del mar.
+
+El llamado «dátil», valiéndose de un líquido ácido, perforaba la piedra
+más dura con cilíndrico taladro. Las columnas de los templos helénicos
+sumergidos en el golfo de Nápoles y vueltos á la luz por un
+levantamiento del suelo aparecían atravesadas de parte á parte por este
+diminuto perforador.
+
+Gritos de sorpresa y nerviosas risas llegaban de pronto hacia Ferragut.
+Procedían de la parte del Acuario donde estaban los estanques de los
+peces. En el corredor había una pileta de agua y en su fondo una especie
+de harapo flácido y gris, con redondeles negros en el dorso. Este animal
+atraía inmediatamente la curiosidad de los visitantes. Todos preguntaban
+por él.
+
+Los grupos de campesinos, las familias de la ciudad precedidas de su
+prole, las parejas de soldados, se consultaban y dudaban al avanzar una
+mano sobre la pileta con cierta vacilación. Al fin tocaban el trapo
+viviente del fondo, la carne gelatinosa del pez-torpedo, recibiendo una
+serie de descargas eléctricas que les hacían soltar la presa, riendo y
+llevándose la otra mano al brazo sacudido.
+
+Ulises, al llegar á los estanques de los peces, experimentaba una
+sensación igual á la del viajero que luego de vivir entre una humanidad
+inferior tropieza con seres que casi son de su raza.
+
+Allí estaba la aristocracia oceánica, el pez, libre como el mar, suelto,
+onduloso y resbaladizo lo mismo que la ola. Todos ellos le habían
+acompañado durante muchos años, dejándose ver en las transparencias
+abiertas por la proa de su buque.
+
+Eran vigorosos, y por esto habían suprimido el cuello--la parte más
+frágil y débil de los organismos terrestres--, asemejándose al toro, al
+elefante, á todos los animales arietes. Necesitaban ser ligeros, y para
+serlo prescindían de la coraza rígida y dura del crustáceo, que impide
+los movimientos, prefiriendo la cota de malla cubierta de escamas, que
+se dilata y se pliega, cede al golpe y no se rompe. Querían ser libres,
+y su cuerpo, como el de los luchadores antiguos, estaba cubierto de un
+aceite resbaladizo, el _mucus_ oceánico, que escapa fugaz á toda
+presión.
+
+Los animales más sueltos de la tierra no podían compararse con ellos.
+Los pájaros necesitan posarse y descansar durante su sueño; el pez sigue
+flotando y moviéndose mientras duerme. El mundo entero les pertenecía.
+Allí donde hubiera una masa de agua, océano, río ó lago, fuese cual
+fuese la altura y la latitud, montaña perdida en las nubes, valle
+hirviente como una olla, mar tropical y luminoso con selvas de colores
+en sus entrañas, mar polar con corteza de hielos poblados de focas y
+osos blancos, el pez hacía su aparición.
+
+El público del Acuario, al ver junto á los vidrios las chatas cabezas de
+los animales nadadores, gritaba y movía los brazos, como si pudiera ser
+visto por sus ojos de estúpida fijeza. Luego experimentaba cierto
+desaliento al notar que continuaban indiferentes al curso de sus
+flotaciones.
+
+Ferragut sonreía ante esta decepción. El cristal que separaba el agua de
+la atmósfera tenía un espesor de millones de leguas: era un obstáculo
+insuperable entre dos mundos que no se conocen.
+
+Recordaba el marino la imperfecta visión de los habitantes oceánicos. A
+pesar de sus ojos abultados y movibles, que les permiten ver delante y
+detrás de ellos, su potencia visual sólo abarcaba cortas distancias. Los
+esplendores de mariposa con que los viste la Naturaleza no podían
+apreciarlos. Como el enfermo daltoniano, todos ellos ignoraban los
+colores y sólo conocían las diferencias de claridad.
+
+Un absoluto silencio acompañaba á su visión incompleta. Todos los
+animales acuáticos eran sordos, ó más bien, carecían completamente de
+órganos auditivos, por serles innecesarios. Los estrépitos atmosféricos,
+truenos y huracanes, no penetraban en el agua. Sólo el crujido de la
+coraza de ciertos cangrejos y el mugir doloroso, cerca de la superficie,
+de algunos peces llamados «roncadores» alteraban este silencio.
+
+Como el Océano carece de ondas acústicas, sus habitantes no habían
+necesitado formar los órganos que las transforman en sonidos. Sentían
+impetuosamente las necesidades primarias de la vida animal: el hambre y
+el amor; sufrían rabiosamente la crueldad de enfermedades y dolores; se
+batían entre ellos á muerte por la comida ó por la hembra; pero todo
+esto en absoluto mutismo, sin los aullidos de triunfo ó de agonía con
+que acompañan los animales terrestres iguales manifestaciones de su
+existencia.
+
+Era el olfato su principal sentido, así como la vista es el del pájaro.
+En el mundo crepuscular del Océano, cortado por resplandores fosfóricos
+y engañosos, los grandes pescados sólo fiaban en su olfato y á veces en
+el tacto.
+
+Algunos, enterrados en el fango, ascendían centenares de metros,
+atraídos por el olor de los peces que nadan en la superficie. Esta
+prodigiosa facultad inutilizaba en parte los colores de que se visten
+las especies tímidas para fundirse con la luz ó la sombra. Los grandes
+carniceros veían mal, pero rascaban el fondo con un tacto adivinatorio y
+husmeaban á prodigiosas distancias.
+
+Sólo peces mediterráneos, especialmente los del golfo de Nápoles, vivían
+en los estanques de Acuario. Faltaban algunos: el delfín, de nerviosa
+movilidad; el atún, impetuoso en su carrera. El capitán sonrió al pensar
+en la travesura de estos huéspedes ingobernables, cuya presencia había
+sido desdeñada.
+
+El voraz tiburón «cabeza de olla», lobo perseguidor de los rebaños
+mediterráneos, tampoco estaba allí. Para suplir su ausencia nadaban
+otros animales de la misma especie, blancuzcos, largos, de grandes
+aletas, con los ojos siempre abiertos por falta de párpados movibles y
+una boca hendida en media luna debajo de la cabeza, al principio del
+estómago.
+
+Ferragut buscó en el suelo de los estanques los llamados peces de fondo,
+bestias aplanadas que pasaban la mayor parte del tiempo hundidas en la
+arena bajo un sudario de algas. El uranoscopo obscuro, con los ojos casi
+unidos en la cumbre de su enorme cabeza y el cuerpo en forma de maza,
+sólo dejaba visible un largo hilo que surgía de su mandíbula inferior,
+agitándolo en todas direcciones para atraer á sus víctimas. Estas
+perseguían el movible objeto creyéndolo una lombriz, hasta que eran
+alcanzadas por los dientes del cazador. Luego surgía de su lecho,
+flotaba unos minutos y caía pesadamente en el fondo, abriéndose una
+nueva fosa con sus nadaderas pectorales en forma de palas.
+
+El llamado peje-sapo--el animal más feo del Mediterráneo--cazaba de
+igual modo. Las tres cuartas partes de su cuerpo aplastado eran la
+cabeza, con una boca no menos grande armada de ganchos y cuchillos
+encorvados. Con los ojos amarillentos fijos en lo alto, agitaba las
+barbillas de su rostro, recortadas como hojas, y unos apéndices dorsales
+semejantes á plumas. Este cebo falaz atraía á los inexpertos, cerrándose
+sobre ellos las cavernosas mandíbulas.
+
+Los peces planos nadaban veloces sobre estos monstruos del fango, que
+también eran planos, pero en sentido horizontal, descansando sobre el
+vientre, mientras que la platitud de los lenguados y otros de su misma
+especie era vertical. Las dos caras del cuerpo de los lenguados,
+comprimido lateralmente, tenían diversa coloración. De este modo,
+acostándose, podían fundirse á la vez con la luz de la superficie y la
+penumbra del fondo, librándose de sus perseguidores.
+
+Todas las infinitas variedades de la fauna mediterránea se movían en los
+otros estanques.
+
+Pasaban por las láminas de cristal verdoso las salpas, las bogas y las
+obladas, vestidas de plata viva con bandas de oro en los costados.
+Pasaban también el purpúreo relámpago del salmonete, la majestad
+brillante de la dorada, el vientre azulado de los pajeles, el lomo
+rallado del sargo, la boca en forma de trompeta de la brema de mar, la
+risa inmóvil del llamado festivo, el remate dorsal del pavón, que
+parecía hecho de plumas, la cola inquieta y hondamente bifurcada de la
+caballa, el estiramiento del mújol entre sus triples aletas, las
+redondeces grotescas del peje-jabalí y del peje-cerdo, la platitud
+obscura de la pastinaca flotando como un harapo, el largo hocico del
+peje-becacina, la esbeltez del róbalo, ágil y recogido como un torpedo,
+el rubio, todo espina, el ángel de mar, con sus carnosas alas, el gobio,
+erizado de angulosidades natatorias, el escribano, rojo y blanco, con
+bandas negras semejantes al rubricado de las firmas, el esmarrido
+modesto, el pequeño peje-araña, el soberbio rodaballo, casi redondo, con
+la cola de abanico y un ribete natatorio en torno de su disco manchado á
+redondeles, y la corvina sombría, que tiene en su piel el negro azulado
+de los cuervos.
+
+Oculta entre dos rocas, como los crustáceos cazadores, estaba la
+rascaza. Era la _escòrpa_ del mar de Valencia, que Ferragut había
+conocido en su niñez; el animal amado de su tío el _Tritón_, á causa de
+su carne substanciosa que espesa la sopa marinera; el precioso
+componente buscado por el tío _Caragòl_ para el caldo de sus arroces. La
+cabeza, enorme, tenía unos ojos completamente rojos. Sus grandes
+nadaderas picaban venenosamente. El cuerpo, pesado, con fajas y manchas
+sombrías, estaba cubierto de apéndices singulares en forma de hojas y
+tomaba fácilmente el color del fondo. En la semiobscuridad parecía una
+piedra cubierta de plantas. Con este mimetismo se libraba de los
+enemigos, espiando mejor á su presa.
+
+Un animal sombrío--igual, en opinión de Ferragut, á un alguacil del
+Santo Oficio--iba por la parte alta de los estanques, pasando de vidrio
+en vidrio y reflejándose como un animal doble cuando llegaba á la
+superficie. Era la raya, de cabeza chata, ojos feroces y cola da látigo,
+moviendo el negro manteo de sus alas carnosas con una lentitud que
+rizaba los bordes.
+
+Del arenoso fondo se desprendía un escudo convexo, que, al flotar,
+mostraba su cara inferior plana y amarillenta. Las cuatro patas rugosas
+de la tortuga y su cabeza de serpiente emergían de esta coraza de carey.
+Los caballitos de mar, esbeltos y graciosos como piezas de ajedrez,
+subían y bajaban en el ambiente azulado, contrayendo sus colas,
+retorciéndose como un signo de interrogación.
+
+Cuando el capitán llegaba al final de las cuatro galerías del Acuario
+sin haber visto mas que animales marítimos detrás de los vidrios
+luminosos y personas indiferentes y escasas en la verde penumbra, sentía
+el desaliento de una jornada perdida.
+
+--¡Ya no vendrá!...
+
+Al pasar de este ambiente de bodega húmeda al jardín, amarillo de sol,
+recibía como un puñetazo atmosférico el disparo del mediodía. ¡La hora
+del almuerzo!... ¡Y seguramente Freya no iba á almorzar en el hotel!
+
+Por la tarde, sus pasos le llevaban instintivamente hacia las calles
+empinadas del barrio de Chiaia. Todos los edificios viejos y de aspecto
+señorial atraían su atención. Eran caserones rojizos del tiempo de los
+virreyes españoles ó palacios del reinado de Carlos III. Sus anchas
+escalinatas estaban adornadas con bustos policromos procedentes de las
+primeras excavaciones en Herculano y Pompeya.
+
+Ulises esperaba tropezarse con la viuda al pasar frente á una de estas
+mansiones, loteadas ahora por pisos, y que exhibían en el portal las
+chapas indicadoras de oficinas y almacenes. En una de ellas viviría
+indudablemente la familia amiga de Freya.
+
+Luego dudaba, atraído por la blancura de las flamantes construcciones
+surgidas entre el caserío venerable. La doctora sólo podía habitar un
+edificio moderno é higiénico. Pero no se atrevía á hacer preguntas y
+pasaba adelante, temiendo ser espiado desde una ventana.
+
+Al fin desistía de su empeño. Chiaia tiene muchas calles, y él vagaba
+sin rumbo, pues el conserje del hotel no había podido proporcionarle
+ninguna indicación precisa. La _signora_ Talberg burlaba todas sus
+astucias, procurando mantener ocultas las señas de sus amigos.
+
+El capitán, á la mañana siguiente, hacía como de costumbre su guardia en
+el paseo, al pie del blanco Virgilio. Todo inútil. Pasadas las diez se
+introducía en el Acuario animado por una vaga esperanza.
+
+--Tal vez venga hoy...
+
+Con la superstición de los enamorados y de todos los que esperan,
+buscaba ciertos lugares preferidos por la viuda, creyendo que de este
+modo tiraría de su pensamiento lejano, obligándola á venir.
+
+Los estanques de los moluscos le atraían especialmente. Recordaba que
+Freya le había hablado algunas veces de esta sección.
+
+Entre sus escaparates acuáticos prefería el marcado con el número 15,
+dominio exclusivo de los pulpos. Un vago presentimiento le avisaba que
+en dicho lugar iba á desarrollarse algo importante para su vida. Siempre
+que Freya visitaba el Acuario, era con el deseo de ver comer á estas
+bestias repulsivas y ávidas. No había mas que permanecer ante su caverna
+de horrores.
+
+Y mientras ella llegaba, el capitán se entretenía, lo mismo que un
+burgués de tierra adentro, contemplando las cazas feroces y las
+laboriosas digestiones de estos monstruos.
+
+Los había visto mucho más grandes en las pescas de alta mar; pero con un
+encogimiento imaginativo, suponía que la lámina azul del estanque era
+toda la masa del Océano, los pedruscos del fondo montañas submarinas, y
+él, aplastando su personalidad, se hacía del tamaño de las pequeñas
+víctimas que bajaban hasta los tentáculos devoradores. De este modo veía
+á los pulpos del Acuario con dimensiones gigantescas, tal como deben ser
+los calamares monstruosos que viven en fondos de miles de metros,
+iluminando la lobreguez de las aguas con la estrella verdosa de sus
+núcleos fosforescentes.
+
+Desde tiempos remotos, los hombres de mar habían conocido á la gran
+bestia blanda de los abismos. Los geógrafos de la antigüedad hablaban de
+ella dando la medida de sus terribles brazos.
+
+Plinio contaba las destrucciones realizadas por un pulpo gigantesco en
+los viveros de pescado del Mediterráneo. Cuando unos marinos conseguían
+matarlo, llevaban al epicúreo Lúculo la cabeza, grande como un tonel, y
+algunos de sus tentáculos, que una persona apenas podía abarcar. Los
+cronistas de la Edad Media hablaban también del pulpo gigante, que en
+más de una ocasión había arrebatado á hombres, de las cubiertas de las
+naos, con sus brazos de serpiente.
+
+Los navegantes escandinavos, que lo habían entrevisto en sus _fiords_,
+le apodaban el kraken, exagerando sus proporciones hasta convertirlo en
+un ser fabuloso. Si subía á la superficie, lo confundían con una isla;
+si permanecía entre dos aguas, los capitanes, al echar la sonda, se
+desorientaban en sus cálculos, encontrando menos fondo que el marcado en
+las cartas. En tal caso, había que escapar antes de que despertase el
+kraken y hundiera la nave, como un frágil esquife, entre sus remolinos
+de espuma.
+
+Durante largos años la ciencia había reído del pulpo gigantesco y de la
+serpiente de mar, otra bestia prehistórica entrevista muchas veces. Eran
+invenciones de los navegantes de imaginación: cuentos de proa para pasar
+las guardias nocturnas. Los sabios sólo pueden creer en lo que estudian
+directamente y catalogan á continuación en sus museos...
+
+Y Ferragut reía á su vez de la pobre ciencia, ignorante y desarmada ante
+la inmensidad misteriosa del Océano. Apenas si había llegado á medir sus
+grandes fondos: la escafandra del buzo sólo podía descender unos cuantos
+metros. Su único instrumento de exploración era el alambre sondeador,
+menos importante que un hilo de araña que intentase explorar la tierra
+vagando á través de su atmósfera.
+
+Los grandes pulpos, que viven en formidables profundidades, no se
+dignaban subir para darse á conocer á los hombres. La enfermedad y la
+guerra oceánica eran los únicos agentes que de tarde en tarde delataban
+su existencia de un modo casual. Flotaban sobre las olas sus patas
+sueltas, arrancadas por la férrea mandíbula de los peces carniceros. Lo
+difícil era que el azar de una corriente ó de un rumbo colocase este
+despojo, en el inmenso desierto marino, ante la proa de un velero sin
+prisa.
+
+Una corbeta de guerra francesa encontraba entero, cerca de las Canarias,
+á uno de estos monstruos, flotando sobre el mar, enfermo ó herido. Los
+oficiales habían dibujado sus formas y anotado sus fosforescencias y
+cambios de color. Pero después de una lucha de dos horas con su fuerza
+indomable y su mucosidad resbaladiza, que escapaba á la presa de nudos y
+arpones, lo habían dejado perderse en la profundidad.
+
+Era el príncipe de Mónaco, sumo pontífice de la ciencia oceanógrafica,
+el que afirmaba para siempre la existencia del fabuloso kraken con los
+descubrimentos de sus sabias correrías á través de las soledades
+oceánicas. En una de ellas había pescado una pata de pulpo de ocho
+metros de longitud. Además, los estómagos de los tiburones, al ser
+abiertos, revelaban las formas gigantescas de sus adversarios.
+
+Batallas cortas y monstruosas agitaban con torbellinos de muerte las
+aguas negras y fosforescentes á miles de brazas de la superficie.
+
+El tiburón descendía atraído por el regalo de un animal sin huesos, todo
+carne, y que pesa toneladas. Este viaje lo hacía á toda prisa, por no
+poder soportar largo tiempo las formidables presiones del abismo. La
+lucha era breve y mortal entre los dos guerreros feroces que se
+disputan el dominio oceánico. La mandíbula batallaba con el chupón; la
+dentellada cortante y sólida, con la mucosidad fosforescente que resbala
+y huye; el golpe de cabeza demoledor como un ariete, con el latigazo de
+los tentáculos, más gruesos y pesados que la trompa del elefante. Unas
+veces el escualo se quedaba abajo para siempre, enredado en una madeja
+de culebras blandas que le absorbían con glotona lentitud; otras llegaba
+á la superficie con la piel erizada de negros tumores--huellas de unas
+ventosas grandes como platos--, pero llevando el estómago bien repleto
+de carne gelatinosa.
+
+Estos pulpos del Acuario no eran mas que habitantes ribereños de las
+costas mediterráneas, parientes pobres de los calamares gigantescos que
+alumbran con su fuego azul de planetas devoradores la lúgubre negrura de
+la noche oceánica. Pero á pesar de su relativa pequeñez, estaban
+animados por la maldad destructura de los otros. Eran estómagos rabiosos
+que limpiaban las aguas de toda vida animal, digiriendo en un vacío de
+muerte. Hasta las bacterias é infusorios parecían huir del líquido que
+envolvía á estos solitarios feroces.
+
+Ferragut pasó varias mañanas contemplando su traidora inmovilidad,
+seguida de desdoblamientos mortales apenas una presa descendía en el
+estanque. Empezó á odiar á estos monstruos, por la sola razón de que
+interesaban á Freya. Su estúpida crueldad le pareció un reflejo del
+carácter de aquella mujer incomprensible que le repelía huyendo de él y
+al mismo tiempo dejaba en su sonrisa y en sus palabras algo semejante á
+un hilo suelto para mantenerle prisionero.
+
+Una cólera viril estremecía al marino después de toda jornada inútil
+transcurrida en la persecución de su personalidad invisible.
+
+--¡Si lo hace por interesarme más!...--exclamaba--. ¡Se acabó! No admito
+más toreo... Yo le demostraré que puedo vivir sin ella.
+
+Juró no buscarla. Era un dulce entretenimiento para las semanas que
+había de pasar en Nápoles; pero ¿qué hacer, si ella le fatigaba de un
+modo insufrible?...
+
+--Todo acabó--dijo otra vez, cerrando los puños.
+
+Y á la mañana siguiente aguardaba fuera del hotel, como los otros días.
+Luego iba al paseo; después entraba en el Acuario, con la esperanza de
+verla ante el estanque de los pulpos.
+
+Allí la encontró una mañana, cerca de mediodía. Había estado en su
+buque, y al volver entró en el museo oceánico, por el automatismo de la
+costumbre, seguro de que á esta hora sólo podía tropezarse con el
+empleado que daba de comer á los peces.
+
+Sus ojos parpadearon con instantánea ceguera antes de habituarse á la
+penumbra de los verdosos corredores... Y cuando las primeras imágenes
+fueron marcándose vagamente en su retina, casi hizo un paso atrás, á
+impulsos de la sorpresa.
+
+Dudó, se llevó una mano á los ojos, como si quisiera aclarar su visión
+con enérgico restriego. ¿Realmente era ella?... Sí; era ella, vestida de
+blanco, apoyándose en la barra de hierro que separaba los estanques del
+público, mirando fijamente el espejo sin azogue que cubría como una
+puerta transparente la caverna rocosa. Acababa de abrir su bolso de
+mano, entregando varias monedas al guardián, que se alejó por el fondo
+de la galería.
+
+--¡Ah! ¿es usted?--dijo al ver á Ferragut, sin sorpresa alguna, como si
+se hubiese separado de él poco tiempo antes.
+
+Luego explicó su presencia á esta hora tardía. Llevaba mucho tiempo sin
+visitar el Acuario. El estanque de los pulpos era para ella como la
+jaula de pájaros tropicales, llena de colores y de gritos, que alegra la
+soledad de una dama melancólica.
+
+Adoraba á los monstruos que vivían al otro lado del cristal, y antes de
+ir á almorzar había sentido la irresistible necesidad de verlos. Temía
+que el guardián no los hubiese cuidado bien durante su ausencia.
+
+--¡Mire usted qué hermosos son!
+
+Y señaló el estanque, que parecía vacío. En sus aguas muertas y en el
+suelo de gruesa arena no se notaba el más leve estremecimiento animal.
+Ferragut siguió los ojos de ella, y aleccionado por sus largas
+contemplaciones, fué encontrando á los tres huéspedes.
+
+Con el poderoso mimetismo de su especie, se habían convertido en
+minerales. Sólo unos ojos expertos los podían descubrir, apelotonado
+cada uno en una grieta de las rocas, alterando voluntariamente su piel
+lisa con protuberancias y arrugas iguales á las de la piedra. Su
+facultad de cambiar de color les permitía adquirir el de su duro zócalo,
+y disimulados de este modo, como tres tumores peñascosos, esperaban
+traidoramente el paso de sus víctimas, lo mismo que si estuviesen en
+pleno mar.
+
+--Pronto los verá usted con toda su majestad--continuó Freya, como si
+hablase de algo que le pertenecía--. El guardián va á darles de comer...
+¡Pobres! Nadie se ocupa de ellos; todos los detestan. A mí me deben sus
+comidas suplementarias.
+
+Como si oliese la proximidad del alimento, una de las tres piedras se
+agitó con policromo escalofrío. Su envoltura elástica se fué hinchando.
+Pasaron por ella rayas de color, nubes ruborosas que iban del rojo al
+verde, redondeles que se inflaban sobre la hinchazón, formando temblonas
+excrecencias. Entre des arrugas se abrió un ojo amarillento, de feroz y
+estúpida fijeza, un globo empañado y maligno, igual al de las
+serpientes, que miró hacia el cristal como si pudiese ver más allá de
+esta muralla de diamante.
+
+--¡Me conocen!--exclamó Freya con alegría--. ¡Yo creo que me conocen!...
+
+Y enumeró las habilidades de estos monstruos, á los que atribuía una
+gran inteligencia. Ellos eran los que habían rodado, como astutos
+constructores, las piedras amontonadas en el suelo, formando baluartes,
+á cuyo abrigo se disimulaban para caer sobre sus víctimas. En el mar,
+cuando querían sorprender á una ostra de carne sabrosa, esperaban
+ocultos á que abriese sus dos valvas para nutrirse de agua y de luz, é
+introducían un guijarro entre ellas, metiendo á continuación por el
+intersticio sus tentáculos mortales.
+
+Su amor á la libertad era otro motivo de los entusiasmos de Freya. Si
+llevaban más de un año encerrados en el Acuario, enfermaban de tristeza
+y roían sus patas hasta matarse.
+
+--¡Ah, bandidos simpáticos y vigorosos!--continuó, con un entusiasmo
+histérico--. ¡Los adoro! Quisiera tenerlos en mi casa, como se tienen
+los peces dorados, en un bocal; darles de comer á todas horas; ver cómo
+devoran...
+
+Ferragut sintió la misma inquietud que había experimentado una mañana
+ante el templete de Virgilio.
+
+«¡Está loca!», se dijo mentalmente.
+
+Pero á pesar de su locura, la apetecía vehementemente al percibir el
+suave perfume que exhalaba su carne por el escote del vestido.
+
+No vió ya el mundo silencioso que nadaba ó rampaba con un chisporroteo
+de colores detrás de los cristales. Sólo ella existía. Y escuchó, como
+una música lejana, su voz, que iba explicando brevemente todas las
+particularidades de aquellas piedras que pasaban á ser animales, de
+aquellos globos que, al hincharse, mostraban sus órganos, volviendo á
+ocultarlos bajo un oleaje gelatinoso.
+
+Eran un saco, una bolsa, una máscara elástica, en cuyo interior sólo
+existía agua ó aire. Entre las raíces de sus brazos estaba la boca,
+armada de fuertes mandíbulas semejantes á un pico de loro. Al respirar,
+una grieta de su piel se abría y cerraba alternativamente. De uno de sus
+costados surgía un tubo en forma de embudo, que tragaba igualmente el
+agua respirable, alimentándose por ambas entradas su cavidad branquial.
+Los múltiples brazos armados de ventosas funcionaban como aparatos de
+presión. Les servían para asir y mantener su presa, para rampar y
+correr.
+
+El ojo vidrioso de uno de los monstruos asomando y desapareciendo entre
+los blandos repliegues evocaba los recuerdos de Freya. Habló á media
+voz, para ella misma, sin preocuparse de Ferragut, que estaba
+desorientado por la incoherencia de sus palabras. Esta mirada del pulpo
+traía á su memoria la de _Ojo de la mañana_.
+
+El marino preguntó: «¿Quién es _Ojo de la mañana_?...» Y volvió á
+decirse mentalmente que Freya estaba loca al saber que este nombre era
+el de una serpiente amiga, un reptil de lomo cuadriculado que le servía
+de collar y de pulsera allá en su casa de la isla de Java, entre bosques
+que exhalaban un perfume irresistible, cubiertos á la luz del sol de
+flores temblonas y monstruosas semejantes á animales, poblados
+nocturnamente de fosforescentes estrellas que saltaban de árbol en
+árbol.
+
+--Yo danzaba desnuda, con un velo transparente anudado á mis caderas y
+otro flotante sobre mi cabeza... Danzaba horas y horas, lo mismo que una
+sacerdotisa brahmánica ante la imagen del terrible Siva, y _Ojo de la
+mañana_ seguía mis danzas con sus ondulaciones elegantes... Yo creo en
+el divino Siva. ¿Usted no conoce á Siva?...
+
+Ferragut dió de lado al sombrío dios. Lo que él quería conocer era el
+motivo que la había llevado á Java, la isla paradisíaca y misteriosa.
+
+--Mi marido era comandante holandés--dijo ella--. Nos casamos en
+Amsterdam y le seguí á Asia.
+
+Ulises protestó ante esta noticia. ¿No había sido un sabio su esposo?...
+¿No la había llevado á los Andes, en busca de bestias prehistóricas?...
+
+Freya vaciló un momento para hacer memoria; pero su duda fué corta.
+
+--Así es--dijo con naturalidad--. El profesor fué mi segundo marido. Yo
+he sido casada dos veces.
+
+No tuvo tiempo el capitán de manifestar su sorpresa. En lo alto del
+estanque, sobre la superficie cristalina plateada por el sol, pasó una
+sombra humana. Era la silueta del guardián. Abajo se conmovieron las
+tres bolsas informes. Freya temblaba de emoción, como un espectador
+entusiasta é impaciente.
+
+Algo cayó en el agua, descendiendo poco á poco: un pedazo de sardina
+muerta, que iba soltando filamentos de carne y escamas amarillas. Una
+extraña solidaridad parecía existir entre los monstruos. Sólo se agitaba
+para comer aquel que veía más cerca la presa. Tal vez se sometían
+voluntariamente á un turno; tal vez su vista sólo alcanzaba un poco más
+allá de sus tentáculos.
+
+El que estaba más próximo al vidrio se desdobló de pronto con la
+violencia de un muelle que se escapa, de un proyectil que hace
+explosión. Dió un salto, quedando pegado al suelo por una de sus patas y
+teniendo las otras en alto como un manojo de reptiles. De informe
+guiñapo se convirtió en estrella monstruosa, llenando casi todo el
+vidrio con su cuerpo hinchado de rabia y de agua, coloreando su
+envoltura de verde, de azul, de rojo.
+
+Los tentáculos agarraron la triste presa, doblándose hacia adentro para
+llevarla á su boca. La bestia se contrajo, se fué aplanando, hasta
+descansar en el suelo. Desaparecieron las patas, y sólo quedó á la vista
+una bolsa temblona por la que pasaba como un oleaje, de extremo á
+extremo, la hinchazón digestiva. Fué un bullón de mucosidades que se
+colorearon y descolorieron con las contorsiones de la furia
+asimilatoria, dejando al descubierto de vez en cuando sus ojos estúpidos
+y feroces.
+
+Siguieron cayendo nuevas víctimas y los otros monstruos saltaron á su
+vez, distendiendo sus estrellas, encogiéndolas luego para moler la presa
+en sus entrañas con una digestión de tigre.
+
+Freya asistía á esta alimentación horrorosa con temblores de
+voluptuosidad. Ulises sintió cómo se apoyaba en él instintivamente, con
+un contacto que fué haciéndose por momentos más íntimo. Del hombro al
+tobillo percibió el capitán los suaves relieves de una carne tibia y
+firme, que se hacía sentir á través de las ropas y parecía tirar de él
+con nerviosos estremecimientos.
+
+Varias veces los ojos de ella se apartaron del cruento espectáculo para
+mirarle rápidamente de un modo extraño. Sus pupilas parecían agrandadas.
+Sus córneas tenían una acuosidad de malsano reflejo. Ferragut pensó que
+así debían mirar las locas en sus grandes crisis.
+
+Hablaba entre dientes, con pausas de emoción, admirando la ferocidad de
+aquellas bestias, doliéndose de no poseer su vigor y su crueldad.
+
+--¡Ser así!... Poder ir por las calles... por el mundo, tendiendo las
+garras... ¡Devorar!... ¡devorar! Ellos se debatirían inútilmente por
+deshacer el anillo de mis tentáculos... ¡Absorberlos!... ¡comerlos!...
+¡hacerlos desaparecer!
+
+Ulises la vió como el primer día, junto al templete del poeta, poseída
+de una cólera sorda contra los hombres, ansiando su exterminio con
+temblores voluptuosos.
+
+Los pulpos, terminada su digestión, se habían lanzado á nadar. Eran
+ahora madejas horizontales que surcaban el estanque con elegancia.
+Parecían torpedos de proa cónica, llevando á la rastra la gruesa y larga
+cabellera de sus tentáculos. Su apetito excitado les hacía correr el
+agua en todos sentidos, buscando nuevas víctimas.
+
+Freya protestó. El guardián sólo les había arrojado cuerpos inanimados.
+Ella deseaba la lucha, el sacrificio, la muerte. Los pedazos de sardina
+eran una comida sin substancia para estos bandidos que sólo encontraban
+sabor al alimento sazonado con el asesinato.
+
+Como si los pulpos entendiesen sus quejas, se habían dejado caer en el
+fondo arenoso, flácidos, inertes, respirando por sus embudos.
+
+Un pequeño cangrejo empezó á descender al extremo de un hilo, con
+pataleo desesperado.
+
+Ella se apretó aún más contra Ulises, emocionada al pensar en el próximo
+espectáculo. Saltó una de las bolsas convertida en estrella: sus patas
+serpentearon buscando al recién llegado. En vano el guardián movió hacia
+arriba el hilo, queriendo prolongar la caza. Los tentáculos pegaron sus
+irresistibles ventosas al cuerpo de la víctima y al bramante, tirando de
+este último con tal fuerza, que se rompió, cayendo en el fondo el pulpo
+con su presa.
+
+Freya hizo un movimiento como si fuese á aplaudir. «¡Bravo!...» Estaba
+intensamente pálida. Un calor de fiebre pasó á través de las ropas desde
+un costado de su cuerpo al costado de Farragut que le servía de apoyo.
+
+Avanzaba el busto hacia el cristal para ver mejor la actividad
+devoradora de este estómago en forma de pirámide, que tenía en su
+cúspide una diminuta cabeza de loro con dos ojos feroces y en torno da
+la base la retorcida madeja de sus patas llenas de redondeles salientes.
+Con ellas apretaba al cangrejo contra su boca, inyectando bajo su
+caparazón el producto venenoso de sus glándulas salivares, paralizando
+todo movimiento de resistencia. Luego se lo tragó lentamente, con una
+deglución de boa.
+
+--¡Qué hermoso!--dijo ella.
+
+Las otras bestias tenían igualmente su víctima viva y la paralizaban y
+devoraban, agitando sus cuerpos blanduchos, por los que hacía pasar la
+hinchazón nutritiva rayas y nubes de diversos colores.
+
+Ahora el guardián arrojó un cangrejo, pero en libertad, sin atadura
+alguna. Freya gritó de entusiasmo.
+
+Era la caza tal como se desarrolla en el feroz misterio del mar, la
+carrera de la muerte, la destrucción precedida de angustias y azares
+emocionantes. El pobre crustáceo, adivinando el peligro, nadaba hacia
+las rocas, para guarecerse en la grieta más próxima. Un pulpo salió tras
+de él, mientras los otros continuaban su digestión.
+
+--¡Se escapa!... ¡se escapa!--gritó Freya, palpitando de interés.
+
+El cangrejo corrió por las piedras, abrigándose en sus sinuosidades. El
+pulpo ya no nadaba; corría también como un animal terrestre, subiendo
+por las rocas con sus garras armadas, que le servían de aparatos de
+locomoción. Era una lucha de tigre contra rata... Cuando el cangrejo
+tenía ya medio cuerpo oculto entre los verdes líquenes de un agujero,
+cayó sobre su posterior una de las pesadas serpientes, arrancándolo con
+el tirón irresistible de sus ventosas, haciéndole desaparecer entre la
+madeja de tentáculos.
+
+--¡Ah!--suspiró Freya, echándose atrás como si fuese á desmayarse sobre
+el pecho de Ulises.
+
+Este se estremeció, sintiendo que se había enroscado á su cuerpo un
+anillo de temblona presión. Los actos de aquella desequilibrada habían
+acabado por excitar sus nervios.
+
+Creyó que un monstruo de la misma clase que los del estanque, pero mucho
+mayor, un pulpo gigantesco de los fondos oceánicos, se había deslizado
+traidoramente á sus espaldas, echándole de pronto uno de sus tentáculos.
+Sentía la presión de esta garra en su cintura, cada vez más apretada,
+más feroz.
+
+Freya le tenía sujeto con uno de sus brazos. Violentamente se había
+enroscado á él y le apretaba el talle con toda su fuerza, como si
+pretendiese partir en dos su cuerpo vigoroso.
+
+Luego vió aproximarse la cabeza de esta mujer con una rapidez agresiva,
+cual si fuese á morderle... Sus ojos, agrandados, lagrimeantes y
+vagorosos, parecían estar lejos, muy lejos. Tal vez no le veían... Su
+boca, temblona y azuleada por la emoción, una boca redonda y en relieve,
+como un músculo absorbente, buscó la boca del marino, apoderándose de
+ella, tirando de sus labios.
+
+Fué un beso de ventosa, largo, dominador, doloroso. Ulises reconoció que
+nunca había sido besado así. El agua de aquella boca, remontándose al
+filo de los dientes, se desbordó en la suya como dulce veneno. Un
+estremecimiento desconocido hasta entonces corrió á lo largo de su
+espalda, haciéndole cerrar los ojos.
+
+Se sintió vaciado, como si todo su interior se liquidase, pasando al
+otro cuerpo á través de la imperiosa succión. Tuvo el presentimiento de
+que este beso iba á datar en su vida; de que empezaba para él una nueva
+existencia; de que nunca llegaría á despegarse de estos labios
+mordedores y acariciantes, que tenían un lejano sabor de canela, de
+incienso, de selva asiática poblada de voluptuosidades y asechanzas.
+
+Y se dejó arrastrar por la caricia de fiera, con el pensamiento perdido
+y el cuerpo inerte y resignado, lo mismo que el náufrago que desciende y
+descienda las infinitas capas del abismo, sin llegar nunca al fondo.
+
+
+
+
+VI
+
+LOS ARTIFICIOS DE CIRCE
+
+
+Creyó después de este beso que sus otros deseos iban á realizarse
+inmediatamente. Lo más difícil del camino ya estaba andado. Pero con
+Freya había que esperar siempre algo absurdo é inconcebible.
+
+El cañonazo del mediodía los sacó de su arrobamiento voluptuoso, que
+había durado unos segundos, largos como años. Los pasos del guardián,
+cada vez más próximos, acabaron por separar sus dos bustos y desenredar
+sus brazos.
+
+Freya fué la primera en serenarse. Sólo un ligero humo quedó flotando en
+el fondo de sus pupilas, como si fuese el vaho del ardor recién
+extinguido.
+
+--¡Adiós!... Me esperan.
+
+Y salió del Acuario seguida de Ferragut, todavía balbuciente y
+tembloroso.
+
+Fueron inútiles las preguntas y ruegos con que la persiguió al atravesar
+el paseo.
+
+--Hasta aquí nada más--dijo ella en una de las bocacalles de Chiaia--.
+Nos veremos... Se lo prometo formalmente... Ahora déjeme...
+
+Y desapareció con su paso firme de hermosa cazadora, sereno el rostro,
+como si no quedase en ella el menor recuerdo de su fiero arrebato
+pasional.
+
+Esta vez cumplió su promesa. Ferragut la vió todos los días.
+
+Se encontraron por las mañanas en las inmediaciones del hotel, y algunas
+veces bajó ella al comedor, cruzando sonrisas y miradas con el marino,
+que ocupaba por su desgracia una mesa lejana. Luego pasearon, hablaron,
+rió Freya bondadosamente de los amorosos juramentos del capitán... Y
+esto fué todo.
+
+Con la habilidad de las mujeres para sondear al hombre y penetrar en sus
+secretos, manteniendo cerrados é inabordables los secretos propios, ella
+fué enterándose de los accidentes y aventuras de la vida de Ulises. En
+vano éste, por una reciprocidad natural, habló de la isla de Java, de
+las danzas misteriosas ante Siva, de los viajes por los lagos de los
+Andes. Freya hacía un esfuerzo para recordar. «¡Ah!...¡sí!» Y después da
+emitir por toda respuesta esta exclamación distraída, continuaba
+averiguando con avidez la vida anterior de su enamorado. Ulises, en
+algunos momentos, llegó á sospechar si lo del abrazo en el Acuario
+habría ocurrido en sueños.
+
+Una mañana consiguió el capitán ver realizado uno de sus deseos. Estaba
+celoso de los incógnitos amigos que almorzaban con Freya. En vano afirmó
+ésta que era la doctora la única compañera de las horas que pasaba fuera
+del hotel. El marino, para tranquilizarse, exigió que la viuda aceptase
+sus invitaciones. Debían dar mayor amplitud á sus paseos, debían visitar
+las bellas afueras de Nápoles, almorzando en sus alegres _trattorias_.
+
+Ascendieron juntos en el funicular del monte Vomero á las alturas
+coronadas por el castillo de _Sant Elmo_ y la cartuja de San Martino.
+Luego de admirar en el museo da la abadía los recuerdos artísticos de la
+dominación borbónica y la dominación muratesca, entraron en un restorán
+próximo, una _trattoria_ con las mesas puestas en una explanada desde
+cuyas barandas podía abarcarse el espectáculo inolvidable del golfo,
+viéndose además el Vesubio y la cadena de montañas que se esfumaba en el
+horizonte como un oleaje inmóvil de rosa obscuro.
+
+Nápoles se extendía en herradura por el borde arqueado del mar,
+expeliendo de su enorme masa blanca, cual si fuesen núcleos de espuma,
+los caseríos de los suburbios.
+
+Un ostricario moreno, enjuto, de ojos de brasa y enormes bigotes, tenía
+su puesto en la puerta del restorán, ofreciendo mariscos de intenso
+olor, que tal vez habían echado media semana en ascender desde la ciudad
+á las alturas del Vomero. Freya rió de la belleza típica del ostricario
+y las miradas ardientes que dirigía por costumbre á todas las damas que
+entraban en el establecimiento... Un verdadero hallazgo para una viajera
+ansiosa de aventuras con color local.
+
+En el fondo, una pequeña orquesta acompañaba la voz de un tenor, ó
+sonaba sola, estirando las melodías, amplificando los compases con
+napolitana exageración.
+
+Freya sintió un regocijo infantil al sentarse á la mesa, viendo más allá
+del mantel el vacío luminoso de la altura. Cortado en primer término por
+un tubo de cristal lleno de flores, extendíase el lejano panorama de la
+ciudad, el golfo y sus cabos. Le embriagó el aire de esta cumbre,
+después de dos semanas transcurridas sin salir de Nápoles. Las arpas y
+violines daban al ambiente un temblor patético y servían de fondo á las
+conversaciones, como los vagos murmullos de una orquesta oculta realzan
+en el teatro la salmodia de los versos melancólicos, arrancando
+lágrimas.
+
+Comieron con el apetito nervioso que proporciona la alegría. Unas mesas
+más allá, una pareja joven olvidaba los platos para estrecharse las
+manos por debajo del mantel y apretarse pierna contra pierna con
+frenética presión. Los dos sonreían mirando el paisaje y mirándose
+mutuamente. Tal vez eran extranjeros recién casados, tal vez amantes
+fugitivos que veían realizadas sus ilusiones al arrullarse en este país
+tantas veces evocado en sus lejanos galanteos.
+
+Dos médicos ingleses de un buque-hospital, canosos y con uniforme,
+despreciaban el almuerzo para pintar directamente en sus álbumes, con
+una torpeza escrupulosa y pueril, el mismo panorama que figuraba en las
+tarjetas postales ofrecidas á la puerta del restorán.
+
+Una botella ventruda, con faldellín de paja y cuello larguísimo, atrajo
+en la mesa las manos de Freya. Rió de la sobriedad de Ferragut, que
+aclaraba con agua la rojiza negrura del vino italiano.
+
+--Así debieron beber sus antecesores los argonautas--dijo alegremente--.
+Así bebía indudablemente su abuelo Ulises.
+
+Y llenando ella misma la copa del capitán, con una dosificación
+exageradamente escrupulosa de la parte de agua y la parte de vino,
+añadió alegremente:
+
+--Vamos á hacer una libación á los dioses.
+
+Estas libaciones sagradas fueron frecuentes. Las risas de Freya hacían
+volver la vista á los ingleses, interrumpiéndolos en su concienzudo
+trabajo. El marino se sintió invadido por un tibio bienestar, por una
+sensación de reposo y confianza, como si esta mujer fuese ya suya
+indiscutiblemente.
+
+Al ver que los dos amorosos, terminando su almuerzo á toda prisa, se
+levantaban con ruborosa precipitación, como si les pinchase un repentino
+deseo, su mirada fué tierna y fraternal... ¡Adiós, compañeros!
+
+La voz de la viuda le trajo á la realidad.
+
+--Ulises, hábleme de amor... Aún no me ha dicho en todo el día que me
+ama.
+
+A pesar del tono risueño é irónico de esta orden, la obedeció,
+repitiendo una vez más sus promesas y sus deseos. El vino daba á sus
+palabras un temblor de emoción; los gemidos de la orquesta excitaban su
+sensibilidad. Se conmovía á sí mismo, hasta el punto de que sus ojos se
+humedecieron levemente.
+
+La voz exasperada del tenor, como si fuese un eco del pensamiento de
+Ferragut, lanzaba una romanza de la fiesta de Piedigrotta, una
+lamentación de amor melancólica, un cántico á la muerte, última madre de
+los enamorados sin esperanza.
+
+--¡Todo mentira!--dijo Freya riendo--. Estos mediterráneos... ¡qué
+comediantes para el amor!...
+
+Ulises quedó indeciso, no sabiendo si se refería á él ó al cantante.
+Ella continuó hablando, complacida y desdeñosa al mismo tiempo al
+considerar el ambiente que la rodeaba.
+
+--¡Amor... amor! En estos países no se habla de otra cosa. Es casi una
+industria, algo preparado escrupulosamente para las gentes del Norte,
+crédulas y simples. Todos representan el amor: ese cantante gritón,
+usted... hasta el ostricario.
+
+Luego añadió con malignidad:
+
+--Debo advertirle que tiene usted un rival. ¡Mucho cuidado, Ferragut!
+
+Volvió la cabeza para mirar al oscricario. Estaba ocupado en la
+contemplación da una gruesa señora de pelo gris y abundantes joyas, una
+viajera escoltada por su marido, que acogía con extrañeza las ojeadas
+asesinas del vendedor, sin llegar á explicárselas.
+
+Se atusaba el bigote, mirándose de vez en cuando el terno de lana
+inglesa para corregir los pliegues y expulsar las motas de polvo. Era un
+hermoso pirata disfrazado de _gentleman_. Al notar la atención de Freya
+cambió el curso de sus miradas, balanceó el fino talle y contestó á los
+ojos interrogantes de ella con una sonrisa de ángel malo, dando á
+entender su discreción y habilidad para insinuarse á espaldas de mandos
+y acompañantes.
+
+--¡Ya está!--dijo Freya entre carcajadas--. ¡Ya tengo un nuevo
+enamorado!...
+
+El moreno seductor quedó cohibido por la escandalosa publicidad con que
+acogía esta señora sus insinuaciones misteriosas. Ferragut habló de
+acostar al badulaque sobre sus ostras y caracolas bajo un buen par de
+bofetadas.
+
+--No sea usted ridículo--protestó ella--. ¡Pobre hombre! Tal vez tiene
+mujer y larga prole... Es un padre de familia que desea llevar dinero á
+casa.
+
+Hubo un largo silencio entre los dos. Ulises parecía ofendido por la
+ligereza y la crueldad de su acompañante.
+
+--No esté usted enfadado--dijo ella--. ¡A ver, tiburón mío, sonría usted
+un poco, muéstreme sus dientes!... Las libaciones á los dioses tienen la
+culpa. ¿Está usted ofendido porque he querido compararle con ese
+tipo?... ¡Pero si usted es el único hombre que yo aprecio un poco!...
+Ulises, le hablo en serio, con toda la franqueza que da el vino. No
+debía decírselo, pero se lo digo... Si yo pudiese amar á un hombre, ese
+hombre sería usted.
+
+Olvidó instantáneamente Ferragut todo su enfado para escucharla y
+envolverla en la luz admirativa de sus ojos. Freya volvió la cabeza al
+hablar, no queriendo verle, como si le pesase lo que estaba diciendo, y
+sus miradas vagaron por el amplio paisaje.
+
+El origen de Ulises era lo que le interesaba más. Ella, que conocía casi
+toda la tierra, sólo había pisado por unas horas el suelo de España,
+cuando desembarcó en Barcelona del transatlántico mandado por él. Los
+españoles le inspiraban miedo y atracción. Una noble gravedad reposaba
+en el fondo de sus hipérboles amorosas.
+
+--Usted es un exagerado, un meridional, que lo amplifica todo y miente,
+creyéndose sus propias mentiras. Pero tengo la seguridad de que si
+llegara á enamorarse de veras, sin frases, sin embustes pasionales, su
+afecto sería más sano y profundo que el de los otros hombres.... Mi
+amiga la doctora dice que son ustedes un pueblo crudo, que sólo ha
+tomado en apariencia las nerviosidades, desequilibrios y cabildeos que
+acompañan al amor en otros países civilizados hasta el refinamiento.
+
+Miró Freya al marino, haciendo una larga pausa.
+
+--Por eso ustedes pegan--continuó--, por eso ustedes matan cuando
+sienten el amor y los celos. Son brutos, pero no son mediocres. No
+abandonan á una mujer por cálculo; no la explotan... Usted es un hombre
+nuevo para mí, que he conocido tantos. Si yo pudiese creer en el amor,
+me tendría á su lado por toda la vida... ¡por toda la vida!
+
+Una música suave, ligera, como la vibración de un vaso de cristal frágil
+y delgado, se esparció por la terraza. Freya siguió su ritmo con un leve
+movimiento de cabeza. Conocía esta música dulzona, la _Serenata_ de
+Toselli, lamento de pasión que removía el alma de las viajeras en los
+_halls_ de los grandes hoteles. Ella, que había reído otras veces de
+esta musiquilla artificial y refinada, sintió que las lágrimas se
+agolpaban ahora en sus ojos.
+
+--¡No poder amar á nadie!--murmuró--. ¡Vagar sola por el mundo!... ¡Tan
+hermoso que es el amor!
+
+Adivinó lo que iba á decir Ferragut, sus protestas de eterna pasión,
+sus ofrecimientos de unir su vida á la de ella para siempre, y cortó sus
+palabras con un gesto enérgico.
+
+--No, Ulises, usted no me conoce, no sabe quién soy... Aléjese de mí.
+Hace unos días me era indiferente. Y odio á los hombres, y nada me
+importa hacerles daño. Pero ahora me inspira usted cierto interés,
+porque le creo bueno y franco á pesar de sus exterioridades
+arrogantes... ¡Márchese, no me busque! Es la mejor prueba de afecto que
+puedo darle.
+
+Dijo esto con vehemencia, como si viera á Ferragut corriendo hacia un
+peligro y le gritase para apartarlo de él.
+
+--En el teatro--continuó--hay un papel que llaman de «mujer fatal», y
+ciertas artistas no pueden desempeñar otro. Han nacido para fingir este
+personaje... Yo soy una «mujer fatal», pero en la realidad. ¡Si usted
+conociese mi vida!... Es mejor que no la conozca: yo misma quiero
+ignorarla. Únicamente soy feliz cuando pierdo la memoria... Ferragut,
+amigo mío, dígame ¡adiós! y no me salga más al paso.
+
+Pero Ferragut protestaba, como si le propusiese una cobardía. ¿Huir,
+amándola tanto?... Si tenía enemigos, podía contar con él para su
+defensa. Si deseaba riquezas, él no era un millonario, pero...
+
+--Capitán--interrumpió Freya--, váyase con los suyos. Yo no he nacido
+para usted. Piense en su mujer y en su hijo; siga su vida. No soy la
+conquista que se guarda unas semanas nada más. A mí nadie me toca
+impunemente. Tengo ventosas, como los animales que vimos el otro día;
+quemo como las sombrillas transparentes del Acuario... ¡Huya,
+Ferragut!... Déjeme sola... ¡sola!
+
+Y la imagen de un vacío inmenso como único porvenir hizo saltar lágrimas
+de la humedad aglomerada en sus ojos.
+
+La música había cesado. Un camarero, inmóvil, fingía mirar á lo lejos,
+escuchando al mismo tiempo su conversación. Los dos ingleses
+interrumpieron su pintura para contemplar duramente á este _gentleman_
+que hacía llorar á una mujer. El marino sintió la inquietud nerviosa que
+infunde una situación ridícula.
+
+--Ferragut, pague y vámonos--dijo ella, adivinando su estado.
+
+Mientras Ulises daba dinero á los camareros y los músicos, ella se
+limpió los ojos y reparó los estragos de su fisonomía sacando del bolso
+de oro la borla de polvos y un pequeño espejo, en cuyo óvalo se
+contempló largamente.
+
+Al salir, el ostricario le volvió la espalda, fingiéndose muy ocupado en
+el arreglo de los limones que adornaban su puesto. No pudo verle la
+cara, y sin embargo adivinó que una mala palabra agitaba sus bigotes: la
+más terrible que puede decirse á una mujer.
+
+Caminaron lentamente hacia la estación del funicular por calles
+solitarias, entre muros de jardín, con un lado amarillo de sol y el otro
+azul de sombra.
+
+Ella fué la que buscó el brazo de Ulises, apoyándose con un abandono
+pueril, como si la fatiga la hubiese dominado desde los primeros pasos.
+
+Ferragut apretó este brazo contra su cuerpo, sintiendo inmediatamente la
+excitación del contacto. Nadie podía verles; los pasos resonaban en las
+aceras, bajo las guirnaldas de las tapias, con un eco de lugar
+abandonado. El ardor fermentativo de las libaciones á los dioses daba al
+capitán una nueva audacia.
+
+--¡Pobrecita mía!... ¡cabecita loca!...--murmuró atrayendo hacia él la
+cabeza de Freya, reclinada en uno de sus hombros.
+
+La besó, sin que opusiese resistencia. Y ella, á su vez, le besó á él,
+pero con un beso triste, ligero, desmayado, que en nada recordaba la
+histérica caricia del Acuario. Su voz, que parecía venir de muy lejos,
+fué repitiendo lo que le había aconsejado en la _trattoria_.
+
+--Váyase, Ulises, no me vea más. Se lo digo por su bien... Yo traigo
+desgracia. Lamentaría que maldijese el momento en que me conoció.
+
+El marino aprovechaba todas las revueltas de la calle para cortar estas
+recomendaciones con sus besos. Ella avanzó remolcada por él, sin
+voluntad, como si fuera á dormirse marchando. Una voz cantaba con
+diabólica satisfacción en el cerebro del capitán: «¡Ya está madura!...
+¡ya está madura!» Y seguía tirando de ella, siempre en línea recta, sin
+saber hacia dónde caminaba, pero seguro de su triunfo.
+
+Cerca de la estación, un hombre se aproximó á la pareja: un señor
+respetable, canoso, con chaqué viejo y gafas. Les dió la tarjeta de un
+hotel que poseía en las inmediaciones, ensalzando las cualidades de sus
+cuartos: «Todo el _confort_ moderno... Agua caliente.» Ferragut la tuteó
+por primera vez.
+
+--¿Quieres?... ¿quieres?...
+
+Ella pareció despertar, abandonando bruscamente su brazo.
+
+--No sea loco, Ulises... Eso no será nunca... ¡nunca!
+
+Y súbitamente engrandecida al alejarse, entró en la estación con paso
+altanero, sin volver la cabeza, sin preocuparse de si Ferragut la seguía
+ó la abandonaba.
+
+Durante la larga espera y el descenso á la ciudad, Freya se mostró
+irónica y frívola, como si no guardase ya memoria de su reciente
+indignación. El marino, bajo el peso de su fracaso y de las
+extraordinarias libaciones, se sumió en un mutismo enfurruñado.
+
+En el barrio de Chiaia se separaron. Ferragut, al quedar solo, sintió
+con más fuerza los efectos de la embriaguez que le dominaba, una
+embriaguez de sobrio, con la sorpresa fulminante de la novedad.
+
+Por un momento tuvo la mala idea de ir á su buque. Necesitaba dar
+órdenes, pelear con alguien. Pero la flojedad de sus piernas le empujó
+hacia el hotel, y se dejó caer de bruces en la cama, mientras rodaba por
+tierra su sombrero, contento de la grave tiesura con que había llegado
+hasta su cuarto sin llamar la atención de la servidumbre.
+
+Se durmió inmediatamente; pero apenas la noche hubo caído sobre sus
+ojos, volvieron éstos á abrirse, ó á lo menos él creyó que se abrían,
+viéndolo todo bajo una luz que no era la del sol.
+
+Alguien había entrado en el cuarto y avanzaba de puntillas hasta su
+lecho.
+
+Ulises, que no podía moverse, vió con el rabillo de un ojo que la que
+llegaba era una mujer, y que esta mujer se parecía á Freya. ¿Era
+realmente ella?...
+
+Tenía el mismo rostro, los cabellos rubios, los ojos negros y
+orientales, igual óvalo de cara. Era Freya y no era, como dos gemelas
+repetidas exactamente en el mismo molde físico guardan siempre un aire
+indefinible que las diferencia.
+
+Un lento trabajo que venía minando desde mucho antes, con labor sorda y
+subterránea, la parte inconsciente de Ferragut hizo de pronto explosión.
+Siempre que veía á la viuda, este inconsciente se agitaba, presintiendo
+que la había conocido mucho antes del viaje trasatlántico. Ahora, bajo
+una luz de fantástico resplandor, los vagos pensamientos se precisaron.
+
+El dormido vió que Freya vestía un justillo de mangas sueltas ajustadas
+á los brazos, con botones de filigrana de oro; que unas joyas algo
+bárbaras adornaban su pecho y sus orejas; que una falda de flores cubría
+el resto de su persona. Era un traje de labradora de otros siglos que él
+había visto pintado. ¿Dónde?... ¿dónde?...
+
+--¡Doña Constanza!...
+
+Freya era igual á la augusta basilisa de Bizancio. Tal vez era la misma,
+que se perpetuaba á través de los siglos valiéndose de prodigiosos
+avatares. En aquel momento todo lo encontraba posible Ulises.
+
+Además, le preocupaba muy poco la racionalidad de las cosas; lo
+importante era que existiesen. Y Freya estaba á su lado: Freya y la
+otra, fundidas en una sola mujer que iba vestida como la soberana griega
+del exvoto.
+
+Otra vez repitió el dulce nombre que había iluminado su infancia con un
+esplendor novelesco. «¡Doña Constanza! ¡Oh, doña Constanza!...» Y se
+sumió en la noche definitivamente, sin una nueva visión, abrazándose á
+la almohada lo mismo que cuando era niño y creía dormirse teniendo entre
+sus brazos á la joven viuda de «Vatacio el Herético».
+
+Cuando al día siguiente volvió á encontrar á Freya, se sintió atraído
+por una nueva fuerza, el interés redoblado que inspiran las personas
+vistas en sueños. Fuese realmente la emperatriz resucitada bajo una
+nueva forma, como en los libros de caballerías, ó fuese simplemente la
+viuda errante de un sabio, para el marino era lo mismo. El la deseaba, y
+á su deseo carnal se iban yuxtaponiendo otros menos materiales: la
+necesidad de velar por el placer de verla, de oírla, de sufrir sus
+negativas, de sentirse repelido en todos sus avances.
+
+Ella guardaba un buen recuerdo de la expedición á las alturas de San
+Martino.
+
+--Debió usted encontrarme ridícula á causa de mis sensiblerías y mis
+lágrimas. Usted, por su parte, fué como siempre, impetuoso y atrevido...
+La próxima vez beberemos menos.
+
+La «próxima vez» era una invitación que Ferragut repetía diariamente.
+Deseaba llevarla á comer en una de las _trattorias_ del camino de
+Possilipo, viendo á sus pies todo el golfo coloreado de rosa por la
+puesta del sol.
+
+Freya había aceptado su invitación con un entusiasmo de colegiala. Estos
+paseos representaban para ella horas de alegría y libertad, como si sus
+largas permanencias al lado de la doctora fuesen de monótona
+servidumbre.
+
+Una tarde la esperó Ulises lejos del hotel, para evitar el espionaje del
+portero. Al juntarse y lanzar una mirada hacia el inmediato puesto de
+coches, cuatro vehículos avanzaron á la vez, como una fila de carros
+romanos ansiosos de obtener el premio del circo, con estrepitoso pataleo
+de bestias, crujidos de tralla y gesticulaciones rabiosas de los
+cocheros, que se amenazaban apelando á la Madona.
+
+Iban á matarse entre ellos. Ferragut lo creyó por un instante, oyendo
+sus maldiciones napolitanas... Subieron los dos al vehículo más próximo,
+é inmediatamente cesó el tumulto. Los coches vacíos volvieron á ocupar
+su lugar en la fila y los rivales á muerte reanudaron su plácida y
+risueña conversación.
+
+Una pluma recta y enorme se balanceaba sobre la cabeza del caballo. El
+cochero, para no ser descortés con sus dos clientes, á los que
+presentaba la espalda, volvía de vez en cuando el busto, dándoles
+explicaciones.
+
+--Por aquí--y señalaba con el látigo--se va á Piedigrotta. Los señores
+debían ver el día de la fiesta: es en Septiembre. Pocos vuelven de ella
+á pie firme. _Santa María di Piedigrotta_ hizo que Carlos III derrotase
+á los _tedescos_ en Velletri... _¡Aooó!_
+
+Movía su látigo lo mismo que una caña de pescar sobre la enhiesta pluma,
+excitando la marcha del caballo con un alarido profesional... Y como si
+su grito figurase entre las más dulces melodías, continuó diciendo, por
+una asociación de ideas:
+
+--En la fiesta de Piedigrotta se daban á conocer, siendo yo mozo, las
+mejores canciones del año. Allí se proclamaba la romanza de moda, y
+cuando ya la habíamos olvidado, venían los extranjeros, años después, á
+repetirla como una novedad.
+
+Hizo una breve pausa.
+
+--Si los señores quieren--continuó--, los llevaré á la vuelta á
+Piedigrotta. Verán la pequeña iglesia de San Vitale. Muchas señoras
+extranjeras la buscan para colocar flores en la sepultura de un
+jorobadito que hacía versos: el conde Giacomo Leopardi.
+
+El silencio con que acogían estas explicaciones los dos clientes le hizo
+abandonar su oratoria maquinal para fijarse en ellos. El señor le había
+tomado una mano á la señora y se la apretaba hablando en voz muy baja.
+La señora fingía no escucharle, mirando las «villas» y los jardines del
+lado izquierdo del camino, que descendían hasta el mar.
+
+Todavía, con doble magnanimidad, quiso instruir á estos parroquianos
+indiferentes, mostrando á punta de látigo las bellezas y curiosidades de
+su catálogo.
+
+--Aquella iglesia es Santa María del Parto, llamada por otros del
+Sannazaro. El Sannazaro fué también un gran poeta, que describió amores
+de pastoras, y Federico II de Aragón le hizo el regalo de una «villa»
+con jardines, para que trabajase con más comodidad... ¡Otros tiempos,
+señores míos! Sus herederos la convirtieron en iglesia, y...
+
+Se cortó la voz del cochero. A sus espaldas hablaba la pareja en un
+idioma incomprensible, sin prestarle atención, sin agradecer sus
+eruditas explicaciones. ¡Extranjeros ignorantes!... Y ya no dijo más. Se
+replegó en un silencio ofendido, aliviando su verbosidad napolitana con
+una serie de gritos y gruñidos dedicados á su caballo.
+
+El camino nuevo de Possilipo, obra del rey Murat, costeaba el golfo,
+elevándose lentamente por la falda de la montaña, haciendo cada vez
+mayor el declive entre su calzada y el borde del mar. En esta pendiente
+asomaban las «villas» sus fachadas blancas ó rosadas entre los
+esplendores de una vegetación siempre verde y lustrosa.
+
+Más allá de las columnatas de palmeras y pinos parasoles se elevaba el
+golfo, como un telón azul. Su borde superior sobrepasaba las rumorosas
+copas de los árboles.
+
+Un edificio enorme apareció, metido en el agua. Era un palacio en
+ruinas, ó más bien un palacio sin terminar, de gruesos muros, labrados
+ventanales y sin techo. En el piso bajo entraban las olas mansamente por
+puertas y ventanas, sirviendo sus salones de refugio á las barcas de los
+pescadores.
+
+Los dos viajeros hablaban indudablemente de esta ruina, y el cochero,
+piadoso, olvidó su enfado para venir en su ayuda.
+
+--Eso es lo que muchos llaman el palacio de la reina Juana... ¡Error,
+señores míos!... ¡Ignorancia de la gente indocta! Este es el palacio de
+_Donna Anna_, y doña Ana Carafa fué una gran señora napolitana, mujer
+del duque, de Medina, virrey español, que construyó el palacio para ella
+y no pudo acabarlo.
+
+Iba á decir más, pero se contuvo. ¡Ah, no! ¡por la Madona!... Otra vez
+se ponían á hablar, sin escucharle... Y se sumió definitivamente en un
+silencio ofendido, mientras á sus espaldas continuaba la charla.
+
+Ferragut sintió interés por los remotos amores de aquella napolitana,
+gran señora, con el magnate español, prudente y linajudo. La pasión
+había hecho cometer al grave virrey la locura de construir un palacio en
+el mar. También el marino amaba á una mujer de otra raza y sentía
+iguales deseos de hacer por ella cosas disparatadas.
+
+--Yo he leído los mandamientos de Nietzsche--dijo, para explicar su
+entusiasmo--. «Busca tu mujer fuera de tu país...» Esto es lo mejor.
+
+Freya sonrió tristemente.
+
+--¡Quién sabe!... Es complicar el amor con las preocupaciones del
+antagonismo nacional. Es crear hijos con doble patria, que acaban por no
+tener ninguna, y vagan por el mundo lo mismo que mendicantes sin
+abrigo... Yo sé algo de eso.
+
+Y volvió á sonreír con tristeza y escepticismo.
+
+Ferragut iba leyendo los rótulos de las _trattorias_ á ambos lados del
+camino: _El escollo de la sirena_, _La alegría de Partenope_, _El mazo
+de flores_... Y mientras tanto, apretaba la mano de Freya, avanzando sus
+dedos por la parte interior de la muñeca, acariciando su piel, que se
+estremecía á cada nuevo rozamiento.
+
+El cochero dejó al caballo que ascendiese lentamente la cuesta continua
+de Possilipo. Se preocupaba ahora de no volverse para no ser molesto.
+Conocía bien á los que hablaban á sus espaldas: «Enamorados; gente que
+no desea llegar pronto.» Y olvidó sus ofensas, pensando en la
+generosidad del señor al ir en tan buena compañía.
+
+Ulises le hizo detenerse en lo alto de Possilipo. Era allí donde había
+comido una famosa «sopa marinesca» y donde se vendían las mejores ostras
+de Fusaro. A la derecha del camino se alzaba un edificio pretencioso y
+moderno, con el título del restorán en letras de oro. En el lado opuesto
+estaba el anexo, un jardín cortado por terrazas que descendían hasta el
+mar, y en dichas terrazas había mesas al aire libre ó casitas de techos
+bajos con las paredes cubiertas de enredadera. Estas construcciones
+tenían ventanas discretas, abiertas sobre el golfo á gran altura, que no
+permitían ninguna curiosidad exterior.
+
+Al recibir la generosa propina de Ferragut, el cochero le saludó con una
+sonrisa familiar, un gesto de compañerismo que pasaba por encima de
+todas las diferencias sociales, uniéndolos como simples hombres. El
+había traído muchas parejas á este discreto jardín, con sus cerrados
+comedores sobre el golfo. «Buen apetito, _signore_.»
+
+El viejo camarero que salió al encuentro de la pareja en un senderillo
+descendente mostró un gesto idéntico al fijar sus ojos en Ferragut.
+«Tenía lo que necesitaba el señor.» Y atravesando una terraza bajo
+emparrado, con varias mesas libres, abrió una puerta y les hizo entrar
+en una habitación que sólo tenía una ventana.
+
+Freya fué instintivamente hacia ella, como un insecto hacia la luz,
+dejando á sus espaldas el cuarto sombrío y húmedo, cuyo papel pendía á
+trechos. «¡Qué hermoso!» El golfo, encuadrado por la ventana, parecía un
+lienzo con marco, un original vivo y palpitante de las infinitas copias
+esparcidas por el mundo.
+
+Mientras tanto, el capitán, sin dejar de enterarse de los platos
+disponibles, seguía la discreta mímica del camarero. Con una de sus
+manos sostenía la puerta entreabierta. Sus dedos acariciaban en la cara
+interior un cerrojo enorme, arcaico, que había pertenecido á una puerta
+mucho más grande, y parecía que iba á desprenderse de la madera por su
+peso excesivo... Ferragut adivinó que este cerrojo iba á gravitar sobre
+la cuenta de la comida con todo su volumen.
+
+Interrumpió ella su contemplación del panorama al sentir los labios de
+Ferragut que intentaban acariciar su cuello.
+
+--¡Quieto, capitán!... Ya sabe usted lo que hemos convenido. Recuerde
+que he aceptado su convite con la condición de que me dejará en paz.
+
+Permitió que el beso se pasease por su mejilla, llegando hasta su boca.
+Esta caricia estaba ya aceptada: tenía la fuerza de la costumbre. Por
+esto no se resistió á ello, recordando los precedentes, pero el miedo al
+abuso la hizo retirarse de la ventana.
+
+--Veamos el palacio encantado que me ha prometido mi _flirt_--dijo
+alegremente, para distraer la insistencia de Ulises.
+
+En el centro había una mesa de tablas mal cepilladas y rudos pies. Los
+manteles y los platos disimularían luego este horror. Sus ojos, pasando
+despectivamente por las sillas viejas, las paredes de suelto empapelado
+y los cromos de marcos verdosos, tropezaron con algo obscuro,
+rectangular y profundo que ocupaba todo un ángulo de la pieza. No se
+sabía si era un diván, una cama ó un catafalco fúnebre. Las mantas
+pardas que lo cubrían evocaban en la memoria los lechos de cuartel ó de
+presidio.
+
+«¡Ah, no!...» Freya dió un salto hacia la puerta. Ella no podría comer
+al lado de este mueble inmundo, por el que había pasado lo peor de
+Nápoles. «¡Ah, no! ¡Qué asco!»
+
+Ulises estaba junto á la puerta, temiendo que los descubrimientos de
+Freya fuesen más allá, tapando con su espalda aquel cerrojo que era el
+orgullo del camarero. Balbuceaba excusas, pero ella se engañó al notar
+su insistencia, creyendo que pretendía cerrarle el paso.
+
+--¡Capitán, déjeme salir!--dijo con voz colérica--. Usted no me conoce.
+Eso es para otras... ¡Atrás, si no quiere que le tenga por un
+grosero!...
+
+Y lo empujó en su salida, á pesar de que Ulises le dejaba franco el
+paso, repitiendo sus excusas, haciendo recaer toda la responsabilidad en
+la torpeza del sirviente.
+
+Se detuvo ella ante el emparrado, súbitamente tranquilizada al verse en
+pleno aire. Buscó la mesa más lejana y fué á sentarse de espaldas al
+cuarto.
+
+--¡Qué antro!...--dijo--. Venga aquí, Ferragut. Estaremos mejor al aire
+libre, contemplando el golfo... ¡Venga y no sea niño!... Todo está
+olvidado. Usted no tiene la culpa.
+
+El viejo camarero, que volvía con manteles y platos, no hizo el menor
+gesto al ver á la pareja instalada en la terraza. Estaba acostumbrado á
+estas sorpresas. Evitó los ojos de la señora, como un reo convicto, y
+miró al señor con el mismo aire desolado que empleaba para anunciar el
+agotamiento de un plato puesto en la lista. Sus gestos de muda
+protección intentaban consolar á Ferragut de su fracaso. «¡Paciencia y
+tenacidad!... Victorias más difíciles había visto él en su clientela.»
+
+Antes de servir la comida puso sobre la mesa, á guisa de aperitivo, una
+botella ventruda de vino del país, un néctar de las laderas del Vesubio,
+con un lejano sabor de azufre. Freya tenía sed y le inspiraba recelo el
+agua de esta _trattoria_. Ulises necesitaba olvidar su reciente
+fracaso... Y los dos hicieron sus libaciones á los dioses, pero con
+absoluta pureza, sin que una gota de agua viniese á cortar la diafanidad
+de piedra preciosa del vino.
+
+Un grupo de cantores y bailarines invadió la terraza. Una joven
+cobriza, hermosa y sucia, con el pelo revuelto, grandes aros en las
+orejas y un delantal de rayas multicolores, bailó bajo el emparrado,
+moviendo en alto un pandero que era casi del tamaño de una sombrilla.
+Dos chicuelos vestidos de antiguos _lazaroni_, con gorro rojo y las
+piernas remangadas, acompañaron dando gritos la agitada danza de la
+_tarantela_.
+
+El golfo se coloreaba de rosa, como si creciesen en sus entrañas, bajo
+los rayos oblicuos del sol, inmensos bosques de corales. El azul del
+cielo también se tornó rosado, y las montañas se incendiaron al reflejar
+el astro agonizante. El penacho del Vesubio era menos blanco que en la
+mañana. Su columna nebulosa, rayada con estrías rojizas por la luz
+moribunda, parecía reflejar el fuego interior.
+
+Sintió Ulises la placidez amistosa que inspiran los paisajes
+contemplados en la infancia. El había visto muchas veces este mismo
+panorama, con sus bailarinas y su volcán, allá en su caserón de
+Valencia: lo había visto en los abanicos del llamado «estilo romántico»
+que coleccionaba su padre.
+
+Freya experimentó una emoción igual á la de su compañero. El azul del
+golfo era de una intensidad rabiosa allí donde no reflejaba el sol; las
+costas parecían de ocre; las casas tenían unas fachadas chillonas; y sin
+embargo, todos estos elementos discordes se compenetraban y se fundían
+en un ambiente armonioso, discreto, de dulce elegancia. La vegetación
+temblaba bajo la brisa con arreglo á una medida. El aire era musical,
+como si en sus ondas vibrasen las cuerdas de invisibles arpas.
+
+Esta era para Freya la verdadera Grecia imaginada por los poetas, no las
+islas de rocas quemadas y desnudas de vegetación que había visto en sus
+excursiones por el archipiélago helénico.
+
+--¡Vivir aquí el resto de mi vida!--murmuró con los ojos húmedos--.
+¡Morir aquí, olvidada, sola, feliz!...
+
+Ferragut también quería morir en Nápoles... ¡pero con ella!... Y su
+imaginación pronta y exuberante describió las delicias de una vida á
+dos, de amor y de misterio, en cualquiera de las pequeñas «villas» con
+jardín asomadas sobre el mar en la ladera de Possilipo.
+
+Los bailarines habían pasado á una terraza interior, donde era más
+grande la concurrencia. Entraban nuevos clientes--casi todos formando
+parejas--así como iba cayendo el día. El camarero hizo pasar al comedor
+cerrado á unas mujeres pintarrajeadas y con grandes sombreros, seguidas
+de unos jóvenes. Por la puerta entreabierta salió un ruido de
+persecuciones, de choques y saltos, con brutales carcajadas y risas de
+sofocante cosquilleo.
+
+Freya volvió la espalda, como si le ofendiese el recuerdo de su paso por
+este antro.
+
+El viejo camarero se ocupaba ahora de ellos, empezando á servir la
+comida. A la botella de vino vesubiano, completamente agotada, había
+sucedido otra distinta, que perdía poco á poco su contenido.
+
+Los dos comieron poco; pero sentían una sed nerviosa, que les hizo
+tender la mano hacia el vaso frecuentemente. El vino de Freya era
+melancólico. La dulzura del crepúsculo parecía hacerlo fermentar,
+dándole el acre perfume de los recuerdos tristes.
+
+Sintió nacer el marino en su interior la fiebre agresiva de los sobrios
+cuando caen en la embriaguez. De estar con un hombre, habría entablado
+una discusión violenta bajo cualquier pretexto. Encontró sin sabor las
+ostras, la sopa marineresca, la langosta, todo lo que hacía sus delicias
+otras veces al comer solo ó con una amiga de paso en este mismo sitio.
+
+Miraba á Freya con ojos enigmáticos, mientras en su pensamiento empezaba
+á bullir la cólera. Sentía odio al recordar la arrogancia con que ella
+le había tratado huyendo del cuarto. «¡Farsante!...» Se estaba
+divirtiendo con él. Era una gata juguetona y feroz prolongando la agonía
+del ratón caído en sus zarpas. En su cerebro hablaba una voz brutal,
+como si le aconsejase un homicidio. «¡De hoy no pasa!... ¡de hoy no
+pasa!...», se repitió varias veces, dispuesto á las mayores violencias
+para salir de una situación que consideraba ridícula.
+
+Y ella, ignorante de los pensamientos de su compañero, engañada por la
+inmovilidad de su rostro, seguía hablando con la mirada perdida en el
+horizonte, hablando con voz queda, lo mismo que si se contase á sí
+misma sus ilusiones.
+
+La dominaba como una obsesión el momentáneo proyecto de vivir en una,
+casita de Possilipo, completamente sola, llevando una existencia de
+aislamiento monacal con todas las comodidades de la vida moderna.
+
+--Y sin embargo--siguió diciendo--, este ambiente no es favorable á la
+soledad; este paisaje es para el amor. ¡Envejecer lentamente dos que se
+amen, ante la eterna belleza del golfo!... ¡Lástima que no haya sido yo
+amada nunca!...
+
+Esto fué una ofensa para Ulises, que le hizo expresarse con toda la
+agresividad que hervía en el fondo de su mal humor. ¿Y él?... ¿No la
+amaba y estaba dispuesto á probárselo con toda clase de sacrificios?...
+
+Los sacrificios como prueba de amor dejaban fría á esta mujer,
+acogiéndolos con un gesto escéptico.
+
+--Todos los hombres me han dicho lo mismo--añadió--; todos prometen
+matarse si no se les ama... y en la mayor parte de ellos no es mas que
+una frase de retórica pasional. Y aunque se maten de verdad, ¿qué prueba
+esto?... Quitarse la vida es una resolución de un minuto, que no da
+lugar á arrepentimiento; una simple ráfaga nerviosa, un gesto que se
+hace muchas veces pensando en lo que dirá la gente, con el orgullo
+frívolo del actor que desea caer en buena postura. Yo sé lo que es eso.
+Un hombre se mató por mí...
+
+Ferragut, al oír las últimas palabras, sacudió su inmovilidad. Una voz
+maliciosa cantó en su cerebro: «¡Ya van tres!...»
+
+--Le vi moribundo--continuó ella--en una cama de hotel. Tenía una mancha
+roja como una estrella en el vendaje de su frente: el agujero del
+pistoletazo. Murió agarrado á mis manos, jurando que me amaba y que se
+había matado por mí... Una escena penosa, horrible... Y sin embargo,
+estoy segura de que se engañaba á sí mismo, de que no me amaba. Se mató
+por vanidad herida al ver que me alejaba de él, por testarudez, por
+gesto teatral, por influencia de sus lecturas... Era un tenor rumano.
+Esto fué en Rusia... Yo he sido artista un poco de tiempo...
+
+El marino quiso expresar el asombro que le producían las diversas
+mutaciones de esta existencia andante y misteriosa que cada vez mostraba
+una nueva faceta; pero se contuvo, para oír mejor los crueles consejos
+de la voz maligna que hablaba en su pensamiento... El no pretendía
+matarse por ella... Muy al contrario: su agresividad silenciosa la
+examinaba como una víctima próxima. Había en sus ojos algo del difunto
+_Tritón_ cuando columbraba en la costa una falda mujeril lejana y
+fugitiva.
+
+Freya siguió hablando.
+
+--Matarse no es una prueba de amor. Todos me han prometido desde las
+primeras palabras el sacrificio de su existencia. Los hombres no saben
+otra canción... No les imite, capitán.
+
+Quedó pensativa largo rato. El crepúsculo avanzaba rápidamente. Medio
+cielo era de ámbar y el otro medio de azul nocturno, en el que empezaban
+á parpadear las primeras estrellas. El golfo se adormecía bajo la capa
+plomiza de sus aguas, exhalando una frescura misteriosa que se
+comunicaba á las montañas y los árboles. Todo el paisaje parecía
+adquirir la fragilidad del cristal. El aire silencioso temblaba con
+exagerada sonoridad, repitiendo la caída de un remo en las barcas,
+pequeñas como moscas, que se deslizaban abajo por la copa del golfo,
+prolongando las voces femeninas é invisibles que se perseguían en las
+arboledas de las alturas.
+
+Los sirvientes fueron de mesa en mesa colocando bujías encerradas en
+faroles de papel. Los mosquitos y falenas, revividos por el crepúsculo,
+zumbaron en torno de estas flores de luz rojas y amarillas.
+
+Volvió á sonar la voz de ella en el ambiente crepuscular, con la misma
+vaguedad que si hablase en sueños.
+
+--Hay un sacrificio mayor que el de la vida, el único que puede
+convencer á una mujer de que es amada. ¿Qué significa la vida para un
+hombre como usted?... Su profesión la pone en peligro todos los días, y
+cuando descansa en tierra le creo capaz de arriesgarla por el más fútil
+motivo...
+
+Hizo una nueva pausa y continuó:
+
+--El honor vale más que la vida para ciertos hombres; la
+respetabilidad, la conservación del lugar que ocupan. Sólo me
+convencería un hombre que arriesgase por mí honra y posición, que
+descendiese á lo más bajo, sin perder su voluntad de vivir... ¡Eso es un
+sacrificio!
+
+Ferragut se sintió alarmado por tales palabras. ¿Qué sacrificio deseaba
+proponerle esta mujer?... Pero se calmó al seguirla escuchando. Todo era
+una hipótesis de su desordenada imaginación. «Está loca», afirmó de
+nuevo en su cerebro el consejero interior.
+
+--He soñado muchas veces--continuó ella--con un hombre que robase por
+mí, que matase si era preciso, y fuese á pasar el resto de sus años en
+una cárcel... ¡Pobre ladrón mío!... Yo viviría únicamente para él,
+pasando día y noche junto á las murallas de su prisión, espiando las
+rejas, trabajando como una mujer del pueblo para enviar buena comida á
+mi bandido... Eso es amor, y no las mentiras frías, los juramentos
+teatrales de nuestro mundo.
+
+Ulises repitió su comentario mental: «Decididamente está loca.» Pero
+este pensamiento se reflejó en sus ojos con tal claridad, que ella lo
+adivinó.
+
+--No tenga miedo, Ferragut--dijo sonriendo--. No pienso exigirle tal
+sacrificio. Todo esto que hablo son fantasías, inventos imaginativos
+para llenar el vacío de mi alma. Culpa del vino, de nuestras exageradas
+libaciones á los dioses, que hoy han sido sin agua... ¡Mire usted!
+
+Y señaló con una gravedad cómica las dos botellas vacías que ocupaban el
+centro de la mesa.
+
+Había cerrado la noche. En el cielo obscuro parpadeaban los infinitos
+ojos de la luz sideral. La taza inmensa del golfo reflejaba sus
+destellos como helados fuegos fatuos. Los farolillos del restorán
+trazaban manchas purpúreas sobre los manteles, viéndose en torno de
+ellas los rostros de los que comían, con violentos contrastes de luz y
+de sombra. De los cuartos cerrados se escapaban escandalosos ruidos de
+besos, persecuciones y caídas de muebles.
+
+--¡Vámonos!--ordenó Freya.
+
+Le molestaba este estrépito de orgía vulgar, como si deshonrase la
+majestad de la noche. Necesitaba moverse, caminar en la obscuridad,
+aspirando el fresco de la misteriosa lobreguez.
+
+En la puerta del jardín vacilaron ante los ofrecimientos de varios
+cocheros. Freya fué la que desechó sus ofertas. Quería volver á pie á
+Nápoles, siguiendo el suave descenso del camino de Possilipo, después de
+la larga inmovilidad en el restorán. Su rostro estaba acalorado y rojo
+por el abuso del vino.
+
+Ulises la dió el brazo y empezaron á avanzar en la sombra impulsados
+insensiblemente en su marcha por la facilidad de ir cuesta abajo. Freya
+sabía lo que representaba este viaje. A los primeros pasos se lo avisó
+el marino con un beso en el cuello. Iba á aprovecharse de todos los
+recodos del camino; de los altos en ciertos lugares descubiertos para
+columbrar el golfo fosforescente á través de la arboleda; de los largos
+espacios de sombra, cortada sólo de tarde en tarde por los reverberos
+públicos ó las linternas de carruajes y tranvías...
+
+Pero estas libertades de su acompañante eran ya cosa aceptada: ella
+había dado el primer paso en el Acuario. Además, estaba segura de su
+serenidad, que mantendría al enamorado en el límite que ella quisiera
+fijarle... Y convencida de su fuerza para reaccionar á tiempo, se
+abandonó lo mismo que una mujer vencida.
+
+Jamás había tenido Ferragut una ocasión tan propicia. Era una cita á
+solas en el misterio de la noche, con un amplio espacio de tiempo por
+delante. Lo único molesto era la necesidad de marchar, de unir á los
+abrazos y los juramentos de amor una incesante actividad ambulatoria.
+Ella protestaba, saliendo de su arrobamiento, cada vez que el enamorado
+le proponía sentarse al borde del camino.
+
+La esperanza hizo que Ulises obedeciese á Freya, deseosa de llegar
+cuanto antes á Nápoles. Allá abajo, en la curva de luces vecinas al
+golfo, estaba el hotel, y el marino lo veía como un lugar de felicidad.
+
+--¡Di que sí!--susurró en el oído de ella, cortando las palabras con
+besos--. ¡Di que será esta noche!...
+
+Ella no contestaba, abandonándose en el brazo que el capitán había
+pasado por su talle, dejándose arrastrar como si estuviese medio
+desvanecida, entornando los ojos y ofreciendo su boca.
+
+Mientras Ulises iba repitiendo súplicas y caricias, la voz de su cerebro
+cantaba victoria. «¡Ya está!... ¡Esto es hecho!... Lo que importa es
+meterla en el hotel.»
+
+Llevaban caminando cerca de una hora y se imaginaban que sólo habían
+transcurrido unos minutos.
+
+Al llegar á los jardines de la _Villa Nazionale_, cerca del Acuario, se
+detuvieron un instante. Había más luz y menos gente que en el camino de
+Possilipo. Huyeron de los faros eléctricos de la vía _Caracciolo_, que
+reflejaban en el mar sus lunas de nácar. Los dos, instintivamente se
+aproximaron á un banco, buscando la sombra de ébano de los árboles.
+
+Freya se había serenado de pronto. Parecía irritada contra ella misma
+por su abandono durante la marcha. La excitación de los besos,
+incesantemente renovada, le había hecho ansiar una entrega inmediata,
+con el exasperamiento del deseo... Al verse ahora cerca del hotel
+recobró su energía, como en presencia de un peligro.
+
+--¡Adiós, Ulises! Mañana nos veremos... Voy á pasar la noche en casa de
+la doctora.
+
+El marino se apartó un poco, con el tirón de la sorpresa. «¿Era una
+broma?...» Pero no: no podía dudar. El tono de sus palabras delataba una
+firme resolución.
+
+Suplicó humildemente para que no se marchase, con voz entrecortada y
+fosca. Al mismo tiempo el consejero mental le decía rencorosamente: «¡Se
+está burlando de ti!... Hora es ya de que esto acabe... Hazla sentir tu
+autoridad de hombre.» Y esta voz tenía el mismo timbre que la del
+difunto _Tritón_.
+
+De pronto ocurrió una cosa violenta, brutal, innoble. Ulises se arrojó
+sobre ella como si fuese á matarla, la oprimió en sus brazos, y los dos,
+hechos un solo cuerpo, cayeron sobre el banco, jadeando, luchando. La
+sombra se rasgó con el blanco relampagueo de un oleaje de ropas
+interiores removidas. Pero esto sólo duró un instante.
+
+El vigoroso Ferragut, temblando de emoción y de deseo, sólo disponía de
+la mitad de sus fuerzas. Saltó repentinamente hacia atrás llevándose las
+dos manos á un hombro. Experimentaba un dolor agudísimo, como si uno de
+sus huesos acabase de quebrarse. Ella le había repelido con una certera
+presión de la hábil esgrima japonesa, que emplea las manos como armas
+irresistibles.
+
+--¡Ah... _tal_!--rugió lanzando el peor de los insultos femeninos.
+
+Y cayó sobre ella otra vez, como si fuese un hombre, uniendo á su ansia
+amorosa un deseo de maltratarla, de envilecerla, haciéndola su esclava.
+
+Freya le aguardó á pie firme... Viendo el brillo glacial de uno de sus
+ojos, Ulises, sin saber por qué, se acordó de _Ojo de la mañana_, el
+reptil compañero de sus danzas.
+
+En este ataque de toro furioso quedó detenido por un simple contacto en
+la frente, un diminuto círculo metálico, una especie de dedal helado que
+se apoyaba en su piel.
+
+Miró... Era un pequeño revólver, un juguete mortífero de relumbrante
+níquel. Había aparecido en la mano de Freya saliendo del secreto de sus
+ropas, ó tal vez de aquel bolso de oro cuyo contenido parecía
+inagotable.
+
+Ella, puesto un dedo en el gatillo, le contempló fijamente. Se adivinaba
+su familiaridad con el arma que tenía en la mano. No debía ser la
+primera vez que la sacaba á la luz.
+
+La indecisión del marino fué breve. Con un hombre, su garra se hubiese
+apoderado de la mano amenazante, torciéndola hasta romperla, sin que le
+inspirase miedo el revólver. Pero tenía enfrente á una mujer... Y esta
+mujer era capaz de herirle, colocándolo al mismo tiempo en una situación
+ridícula...
+
+--¡Retírese, señor!--ordenó Freya con tono ceremonioso y amenazante,
+como si hablase á un extraño.
+
+Pero fué ella la que se retiró finalmente al ver que Ulises daba un paso
+atrás, quedando meditabundo y confuso. Le volvió la espalda, al mismo
+tiempo que desaparecía de su mano el revólver.
+
+Antes de alejarse murmuró varias palabras que no pudo entender Ferragut,
+mirándole por última vez con ojos despectivos. Debían ser terribles
+insultos, y por lo mismo que los profería en un idioma misterioso, él
+sintió más profundamente su menosprecio.
+
+--No puede ser... Se acabó, ¡se acabó para siempre!...
+
+Dijo esto repetidas veces antes de volver al hotel, y lo pensó durante
+toda una noche de vigilia, cortada por pesadillas angustiosas. Bien
+avanzada la mañana le despertaron del sopor final las trompetas de los
+_bersaglieri_.
+
+Pagó su cuenta en el despacho del gerente y dió la última propina al
+portero, anunciándole que horas después vendría un hombre del buque á
+llevarse su equipaje.
+
+Estaba alegre, con la alegría forzosa del que necesita amoldarse á los
+acontecimientos. Se felicitaba por su libertad, como si esta libertad la
+hubiese conquistado voluntariamente y no le fuese impuesta por el
+desprecio de ella. Le dolía el recuerdo del día anterior, viéndose
+ridículo y grosero. Era mejor no acordarse de lo pasado.
+
+Se detuvo en la calle para lanzar una última mirada al hotel. «¡Adiós,
+maldito _albergo_!... Nunca volvería á verle. ¡Ojalá se quemase con
+todos sus habitantes!»
+
+Al pisar la cubierta del _Mare nostrum_, su forzada satisfacción fué en
+aumento. Sólo aquí podía vivir, lejos de las complicaciones y mentiras
+de la vida terrestre.
+
+Todas las gentes del buque, que en las semanas anteriores temían la
+llegada del malhumorado capitán, sonrieron ahora, como si viesen la
+salida del sol después de una tormenta. Distribuyó buenas palabras y
+palmadas afectuosas. El trabajo de recomposición iba á terminarse al día
+siguiente... ¡Muy bien! Estaba contento. Pronto volverían á navegar.
+
+Saludó en la cocina al tío _Caragòl_... Este era un filósofo. Todas las
+mujeres del mundo no valían para él lo que un buen arroz. ¡Ah, grande
+hombre!... Seguramente iba á llegar á les cien años. Y el cocinero,
+halagado por tantas alabanzas, cuyo origen no acertaba á comprender,
+respondía como siempre: «Así es, mi capitán.»
+
+Tòni, silencioso, disciplinado y familiar, le inspiraba no menos
+admiración. Su vida era una vida recta, firme y llana como el camino del
+deber. Cuando los oficiales jóvenes hablaban en su presencia de ruidosas
+cenas al saltar á tierra con mujeres de distintos países, el piloto se
+encogía de hombros. «El dinero y lo otro deben guardarse para casa»,
+decía sentenciosamente.
+
+Ferragut había reído muchas veces de la virtud de su segundo, que se
+paseaba encogida y soñolienta por una gran parte del planeta, sin
+permitirse distracción alguna, para despertar con una tensión
+arrolladora siempre que los azares de la carrera le llevaban á vivir
+unos días en su casa de la Marina.
+
+La pobre esposa, morena, enjuta y obediente, le veía llegar con alegría
+y con susto, como si fuese una tormenta de lluvia interminable. Cuando
+Tòni se sentía héroe, sus hazañas iban más allá del cero de la decena. Y
+con el impudor tranquilo del virtuoso que todo lo deja en casa,
+calculaba las fechas de sus viajes por la edad de sus ocho hijos: «Este
+fué á la vuelta de Filipinas... Este otro, después que hice el cabotaje
+en el golfo de California...»
+
+Su serenidad de varón ordenado, incapaz de perturbarse con frívolas
+aventuras, le hizo adivinar desde el primer momento el secreto de los
+entusiasmos y las cóleras del capitán. «Debe vivir con una mujer», se
+dijo al verle instalado en un hotel de Nápoles y al sufrir su mal humor
+en las rápidas apariciones que hacía á bordo.
+
+Ahora, al escuchar sus regocijados comentarios sobre la tranquila vida
+de Tòni y su filosófica cordura, volvió á decirse mentalmente, sin que
+el capitán pudiese adivinar nada en su rostro: «Ya ha roto con la mujer:
+se ha cansado de ella. ¡Más vale así!»
+
+Se afirmó aún más en esta creencia al escuchar los planes de Ferragut.
+Tan pronto como el buque quedase listo, irían á fondear en el puerto
+comercial. Le habían hablado de cierto cargamento para Barcelona, un
+flete de ocasión; pero mejor era esto que ir de vacío... Si el
+cargamento se demoraba, partirían con lastre. Deseaba reanudar cuanto
+antes sus viajes. Cada vez eran más escasos y buscados los buques. Ya
+era hora de salir de esta inercia forzosa.
+
+--Sí, ya es hora--respondió Tòni, que en todo un mes sólo había bajado
+dos veces á tierra.
+
+El _Mare nostrum_ abandonó el lugar de su reparación, yendo á fondear
+frente á los muelles de comercio, brillante y rejuvenecido, sin ningún
+desperfecto que recordase sus recientes averías.
+
+Una mañana, cuando el capitán y el segundo estaban en el salón de popa,
+indecisos entre salir aquella misma noche ó esperar cuatro días más,
+como lo solicitaban los dueños de la carga, se presentó el tercer
+oficial, un joven andaluz, que parecía emocionado por la noticia de que
+era portador. Una señora muy hermosa y muy elegante--el joven apoyó con
+su admiración estos detalles--acababa de llegar en un bote, y sin pedir
+permiso había subido la escala, metiéndose en el buque como si fuese su
+vivienda propia.
+
+A Tòni le dió un vuelco el corazón. Su rostro moreno tomó una palidez de
+ceniza. «¡Cristo!... ¡la de Nápoles!» El no sabía quién era la de
+Nápoles, no la había visto nunca, pero tenía la certeza de que llegaba
+como un estorbo fatal, como una calamidad inesperada. ¡Tan bien que
+marchaban las cosas!...
+
+El capitán hizo girar su sillón, despegándose de la mesa, y en dos
+saltos salió á la cubierta.
+
+Algo extraordinario perturbaba á los tripulantes. Todos estaban arriba,
+como si una atracción poderosa los hubiese arrancado de los sollados,
+del fondo de las bodegas, de los metálicos corredores de las máquinas.
+Hasta el tío _Caragòl_ sacaba su cara episcopal por la puerta de la
+cocina, llevándose una mano cerrada en forma de telescopio á uno de sus
+ojos, sin llegar á distinguir claramente la anunciada maravilla.
+
+Freya estaba á pocos pasos, con un traje azul que tenía algo de marino,
+como si esta visita al buque impusiera á su elegancia la necesidad de
+imitar el porte de las multimillonarias que viven en un yate. Los
+marineros fingían trabajos extraordinarios para aproximarse á ella,
+limpiando cobres ó encerando maderas. Sentían la necesidad de
+respirarla, de vivir en el ambiente perfumado que la envolvía, siguiendo
+sus pasos.
+
+Al ver al capitán le tendió una mano simplemente, lo mismo que si se
+hubiesen visto el día anterior.
+
+--¡No se quejará usted, Ferragut!... Como no le encontraba en el hotel,
+he sentido la necesidad de visitarle en su buque... Deseaba conocer su
+casa flotante. Todo lo de usted me interesa.
+
+Parecía otra mujer. Ulises se dió cuenta del gran cambio que se había
+efectuado en su persona durante los últimos días. Sus ojos eran
+atrevidos, incitantes, de un impudor tranquilo. Toda ella parecía
+ofrecerse. Sus sonrisas, sus palabras, su modo de marchar por la
+cubierta hacia las cámaras del buque, denotaban una resolución de dar
+fin cuanto antes á su larga resistencia, cediendo á los deseos del
+marino.
+
+A pesar de los anteriores fracasos, éste sintió de nuevo la alegría del
+triunfo. «¡Ahora va á ser! Mi ausencia la ha vencido...» Y al mismo
+tiempo que paladeaba la dulce satisfacción del amor y el orgullo
+triunfantes, un vago instinto le sugirió la sospecha de que esta mujer,
+repentinamente transformada, tal vez le quería menos ahora que en los
+días anteriores, cuando se resistía, aconsejándole que huyese.
+
+En el comedor hizo la presentación de su segundo. El rudo Tòni
+experimentó el mismo deslumbramiento que había perturbado á todos los
+del buque. ¡Qué mujer!... En el primer instante excusó y comprendió la
+conducta de su capitán. Luego, sus ojos quedaron fijos en ella con una
+expresión de alarma, como si su presencia le hiciese temblar por la
+suerte del vapor.
+
+Acabó por sentirse cohibido delante de esta señora que examinaba el
+salón como si fuese á quedarse en él para siempre.
+
+Freya se interesó unos momentos por la peluda fealdad de Tòni. Era un
+verdadero mediterráneo, tal como ella se los imaginaba: un fauno
+perseguidor de ninfas. Ulises rió de los elogios dirigidos á su segundo.
+
+--Debe tener dentro de los zapatos--continuó ella--unas pezuñitas lindas
+como las de las cabras. Debe saber tocar el caramillo. ¿No lo cree así,
+capitán?...
+
+El fauno, enfurruñado y rabioso, acabó por marcharse, saludando
+torpemente al salir. Ferragut sintió un gran alivio con esta ausencia,
+pues temía alguna palabra ruda de Tòni.
+
+Al quedar sola con Ulises, corrió de un lado á otro por la gran cámara.
+
+--¿Aquí es donde vive usted, querido tiburón?... Déjeme que lo vea todo,
+que lo registre todo. Me interesa lo suyo: no dirá ahora que no le
+quiero. ¡Qué orgullo para el capitán Ferragut! Las señoras vienen á
+buscarle en su buque...
+
+Interrumpió su parloteo irónico y amoroso para defenderse suavemente del
+marino. Este, olvidando lo pasado y queriendo aprovechar la felicidad
+que se le ofrecía de pronto, abrazaba á la visitante, besándola en la
+nuca.
+
+--¡Luego... luego!--suspiró ella--. Ahora déjeme ver. Siento una
+curiosidad de niña.
+
+Abrió el piano, el pobre piano del capitán escocés, y unos acordes
+tenues y lloriqueantes, producto de una desafinación de varios años,
+conmovieron el salón con la melancolía de los recuerdos que resucitan.
+
+Era una música igual á la de las cajas melódicas que se encuentran
+olvidadas en el fondo de un armario, entre las ropas de una vieja
+difunta. Freya declaró que esta música olía á rosas secas.
+
+Luego, abandonando el piano, abrió una tras otra todas las puertas de
+los camarotes que daban al salón. En la del dormitorio del capitán se
+detuvo, sin querer pasar del umbral, sin soltar el picaporte de bronce
+que mantenía en su diestra. Ferragut, detrás de ella, la empujaba con
+suave traición, repitiendo al mismo tiempo sus caricias en la nuca.
+
+--No, aquí no--dijo ella--. ¡Por nada del mundo!... Seré tuya, te lo
+prometo: te doy mi palabra. Pero donde yo quiera, cuando á mí me
+parezca... ¡Muy pronto, Ulises!
+
+El sintió toda la voluptuosidad de estas afirmaciones, hechas con una
+voz acariciadora y sumisa; todo el orgullo de este tuteo espontáneo, que
+equivalía á una primera entrega.
+
+La llegada de un acólito del tío _Caragòl_ les hizo recobrar su
+tranquilidad. Traía dos enormes vasos llenos de un _cocktail_ rojizo y
+espumoso; embriagadora y dulce mixtura, resumen de todos los
+conocimientos adquiridos por el cocinero en su trato con los borrachos
+de los primeros puertos del mundo.
+
+Ella probó el líquido, entornando los ojos como una gata golosa. Luego
+prorrumpió en alabanzas, elevando el vaso de un modo solemne. Ofrecía su
+libación á Eros, el más bueno de los dioses. Y Ferragut, que siempre
+había sentido cierto pavor ante las infernales y gratas mixturas de su
+cocinero, apuró de un trago su vaso, para unirse á la invocación.
+
+Todo quedó concertado entre los dos. Ella daba las órdenes. Ferragut
+volvería á tierra, aposentándose en el mismo _albergo_. Continuarían su
+vida de antes, como si nada hubiese ocurrido.
+
+--Esta tarde me esperarás en los jardines de la _Villa Nazionale_... Sí,
+allí donde quisiste matarme, ¡bandido!...
+
+Antes de que pudiese evocar la imagen de aquella noche de violencia,
+Freya se adelantaba á sus recuerdos con una astucia femenil... Era
+Ulises el que había querido matarla; lo afirmaba ella, sin admitir
+respuesta.
+
+--Iremos á visitar á la doctora--continuó--. La pobre desea verte, y me
+ha rogado que te lleve. Se interesa mucho por ti desde que sabe que te
+amo, ¡pirata mío!...
+
+Después de haber fijado la hora del encuentro, Freya quiso irse. Pero
+antes de volver á su lancha sintió la curiosidad de registrar el buque,
+como había registrado el salón y los camarotes.
+
+Con aires de princesa reinante, precedida del capitán y seguida de los
+oficiales, corrió las dos cubiertas; se asomó á las galerías de hierro
+de las máquinas y al abismo cuadrado de las escotillas de carga,
+recibiendo el olor mohoso de las bodegas. En el puente tocó con un
+entusiasmo pueril la caperuza de bronce de la bitácora y los demás
+instrumentos de dirección, brillantes como si fuesen de oro.
+
+Quiso ver la cocina, ó invadió los dominios del tío _Caragòl_, poniendo
+en lamentable desorden sus formaciones de cacerolas, asomando su hocico
+sonrosado á la boca humeante del gran puchero en el que hervía el
+almuerzo de la gente.
+
+El viejo pudo verla de cerca con sus ojos cegatos. «¡Sí que era guapa!»
+El revoloteo de sus faldas y los frecuentes encontrones que tuvo con
+ella en sus idas y venidas por la cocina perturbaron al apóstol. Su
+olfato de guisandero se sintió molestado por el perfume de esta señora.
+«Guapa, pero con olor de...», repitió mentalmente. Para él, todo perfume
+femenil merecía este título injurioso. Las mujeres buenas huelen á
+pescado y á estropajo: estaba seguro de ello... En su lejana juventud,
+los conocimientos del pobre _Caragòl_ no habían ido más allá.
+
+Al quedar solo, agarró un trapo, agitándolo violentamente como si
+sacudiese moscas. Quería limpiar el ambiente de malos olores. Sentíase
+escandalizado, como si hubiesen dejado caer una pastilla de jabón en uno
+de sus arroces.
+
+Los hombres del buque se amontonaron en las bordas para seguir la marcha
+del bote que se alejaba.
+
+Tòni, al pie del puente, lo contempló también con ojos enigmáticos.
+
+--Hermosa eres; pero ¡que la mar te trague antes de que vuelvas!...
+
+Un brazo tremolaba un pañuelo en la popa de la barca. «¡Adiós, capitán!»
+Y el capitán movía la cabeza, sonriente y emocionado por el saludo
+femenil, mientras los marineros envidiaban su buena suerte.
+
+Otra vez un hombre de la tripulación llevó el equipaje de Ferragut al
+_albergo_ de la ribera de Santa Lucía. El portero, como si presintiese
+las inclinaciones de este cliente de propina fácil, se encargó de
+escoger su habitación: un piso más abajo que la vez anterior, cerca de
+la que ocupaba la _signora_ Talberg.
+
+Se encontraron á media tarde en la _Villa Nazionale_, y emprendieron
+juntos la marcha por las calles de Chiaia. Al fin iba á saber Ulises
+dónde ocultaba la doctora su majestuosa personalidad. Presentía algo
+extraordinario en este alojamiento, pero estaba dispuesto á disimular
+sus impresiones, por miedo á perder el afecto y el apoyo de la sabia
+dama, que parecía ejercer un gran dominio sobre Freya.
+
+Entraron en el zaguán de un antiguo palacio. Muchas veces se había
+detenido el marino ante su puerta, pero seguía adelante, desorientado
+por las chapas de metal que anunciaban las oficinas y escritorios
+instalados en sus diversos pisos.
+
+Vió un patio de arcadas, pavimentado con grandes losas, al que daban los
+balcones ventrudos en los cuatro lados interiores del palacio. Subieron
+por una escalera de ecos despiertos, grande como una calle en pendiente,
+con revueltas anchurosas que permitían en otros tiempos el paso de las
+literas y sus portadores. Como recuerdo de los personajes de blanca
+peluca y las damas de anchuroso guardainfante que habían pasado por
+ella, quedaban algunos bustos clásicos en los rellanos, una baranda de
+hierro forjada á martillo y varios farolones de oros borrosos y vidrios
+turbios.
+
+Se detuvieron en el primer piso, ante una fila de puertas algo
+carcomidas por los años.
+
+--Aquí es--dijo Freya.
+
+Y señaló precisamente la única puerta que estaba cubierta con una
+mampara de cuero verde, ostentando un rótulo comercial, enorme, dorado,
+pretencioso. La doctora se alojaba en una oficina... ¡Cómo hubiera
+llegado él á encontrarla!
+
+La primera pieza era realmente una oficina, un despacho de comerciante,
+con casillero para los papeles, mapas, caja de caudales y varias mesas.
+Un solo empleado trabajaba: un hombre de edad incierta, con cara pueril
+y bigote recortado. Su gesto obsequioso y sonriente contrastaba con su
+mirada fugitiva; una mirada de alarma y desconfianza.
+
+Al ver á Freya se levantó de su asiento. Esta le saludó llamándole Karl,
+y pasó adelante, como si fuese un simple portero. Ulises, al seguirla,
+adivinó fija en sus espaldas la mirada recelosa del escribiente.
+
+--¿También es polaco?--preguntó.
+
+--Sí, polaco... Es un protegido de la doctora.
+
+Entraron en un salón amueblado á toda prisa, con el arte especial y
+fácil de los que están acostumbrados á viajar y tienen que improvisarse
+una vivienda: divanes con indianas vistosas y baratas, pieles de guanaco
+americano, tapices chillones, de un falso orientalismo, y en las paredes
+láminas de periódicos entre varillas doradas. Sobre una mesa lucía sus
+marfiles y platas un gran neceser con la tapa de cuero abierta. Unas
+cuantas estatuillas napolitanas habían sido compradas á última hora
+para dar cierto aire de sedentaria respetabilidad á este salón que podía
+deshacerse rápidamente, y cuyos adornos más valiosos eran objetos de
+viaje.
+
+Por una cortina entreabierta distinguieron á la doctora, que escribía en
+la pieza inmediata. Estaba encorvada sobre un pupitre americano, pero
+los vió inmediatamente en el espejo que tenía delante de ella para
+espiar todo lo que pasaba á sus espaldas.
+
+Adivinó Ulises que la imponente señora había hecho ciertos preparativos
+de tocador para recibirle. Un vestido estrecho como una funda moldeaba
+la exuberancia de su formas. La falda, recogida y angosta en el remate
+de sus piernas, parecía el mango de una maza enorme. Sobre el verde
+marino del traje llevaba un tul blanco con lentejuelas plateadas, á modo
+de chal. El capitán, á pesar de su respeto por la sabia dama, la comparó
+á una nereida madre bien alimentada en las praderas oceánicas.
+
+Con las manos tendidas y una expresión gozosa en el rostro, que hacía
+irradiar sus lentes, avanzó hacia Ferragut. Su encontrón casi fué un
+abrazo... «¡Querido capitán! ¡tanto tiempo sin verle!...» Sabía de él
+con frecuencia, por los informes de su amiga; pero aun así, lamentaba
+como una desgracia que el marino no hubiese venido á verla.
+
+Parecía olvidar su frialdad al despedirse en Salerno, el cuidado que
+había tenido en ocultarle las señas de su domicilio.
+
+Ferragut tampoco se acordó de esto, gratamente conmovido por la
+amabilidad de la doctora. Se había sentado entre los dos, como si
+quisiera protegerles con toda la majestad de su persona y el afecto de
+sus ojos. Era una madre para su amiga. Acariciaba, al hablar, los
+mechones de la cabellera de Freya, que acababan de librarse del encierro
+del sombrero. Y Freya, adaptándose al ambiente tierno de la situación,
+se apelotonaba contra la doctora, tomando un aire de niña tímida y
+acariciante, mientras fijaba en Ulises sus ojos de dulce promesa.
+
+--Quiérala usted mucho, capitán--siguió diciendo la matrona--, Freya
+sólo habla de usted... ¡Ha sido tan desgraciada!... ¡La vida se ha
+mostrado tan cruel con ella!...
+
+El marino sintió la misma emoción que si se hallase en un plácido
+ambiente de familia. Aquella señora daba las cosas por hechas
+discretamente, hablándole como á un yerno. Su mirada de bondad tenía una
+expresión melancólica. Era la dulce tristeza de las personas maduras que
+ven monótono el presente, medido el porvenir, y se refugian en los
+recuerdos del pasado, envidiando á las jóvenes porque pueden gozar en la
+realidad lo que ellas sólo paladean con la memoria.
+
+--¡Felices ustedes!... ¡Amense mucho!... Únicamente por el amor vale la
+vida la pena de ser vivida.
+
+Y Freya, como si le enterneciesen de un modo irresistible estos
+consejos, avanzó un brazo sobre los globos encorsetados de la doctora,
+apretando convulsivamente la diestra de Ulises.
+
+Los lentes de oro, con su brillo protector, parecían incitarles á
+mayores intimidades. «Podían besarse...» La imponente señora, para
+facilitar sus expansiones, iba á salir, alegando un pretexto
+insignificante, cuando se levantó el cortinaje de la puerta que
+comunicaba el salón con la oficina.
+
+Entró un hombre de la edad de Ferragut, pero más bajo de estatura, menos
+endurecido el rostro por el curtimiento de la intemperie. Iba vestido á
+la inglesa, con escrupulosa corrección. Se adivinaban en él las
+preocupaciones más nimias y pueriles en todo lo referente al adorno de
+su persona. El traje, de lanilla gris, aparecía realzado por la unidad
+de la corbata, los calcetines y el pañuelo asomado al bolsillo del
+pecho. Las tres prendas eran azules, sin la más leve variación en su
+tono, escogidas con exactitud, como si este hombre pudiese sufrir
+crueles molestias saliendo á la calle con la corbata de un color y los
+calcetines de otro. Sus guantes tenían el mismo amarillo obscuro de sus
+zapatos.
+
+Ferragut pensó que este _gentleman_, para ser completo, debía llevar el
+rostro afeitado. Y sin embargo, usaba barba, una barba recortada á flor
+de piel en las mejillas y formando sobre el mentón una punta corta y
+aguda. El capitán presintió que era un marino. En la flota alemana, en
+la rusa, en todas las marinas del Norte, los oficiales que no iban
+rasurados á la inglesa usaban esta barbilla tradicional.
+
+Se inclinó, ó más bien dicho, se dobló en ángulo, con brusca rigidez, al
+besar las manos de las dos señoras. Luego se llevó un monóculo de
+impertinente fijeza á uno de sus ojos, mientras la doctora hacía las
+presentaciones.
+
+--El conde Kaledine... El capitán Ferragut.
+
+Dió la mano el conde al marino, una mano dura, bien cuidada y forzuda,
+que se mantuvo largo rato sobre la de Ulises, queriendo dominarla con
+una presión sin afecto.
+
+La conversación continuó en inglés, que era el idioma empleado por la
+doctora en sus relaciones con Ulises.
+
+--¿El señor es marino?--preguntó éste para aclarar sus dudas.
+
+No se movió el monóculo de su órbita, pero un temblor ligero de sorpresa
+parecía rizar su luminosa convexidad. La doctora se apresuró á
+responder:
+
+--El conde es un diplomático ilustre que está ahora con licencia,
+cuidando su salud. Ha viajado mucho, pero no es marino.
+
+Y continuó sus explicaciones. Los Kaledine eran una noble familia rusa
+de tiempos de la gran Catalina. La doctora, por ser polaca, estaba
+relacionada con ellos hacía muchos años... Y cesó de hablar, dando
+entrada á Kaledine en la conversación.
+
+Al principio el conde se mostró frío y algo desdeñoso en sus palabras,
+como si no pudiera despojarse de su altivez diplomática. Pero lentamente
+esta altivez se fué fundiendo.
+
+Conocía por su «distinguida amiga la señora Talberg» muchas de las
+aventuras náuticas de Ferragut. A él le interesaban los hombres de
+acción, los héroes del Océano.
+
+Ulises notó de pronto en su noble interlocutor un afecto caluroso, un
+deseo de agradar semejante al de la doctora. ¡Hermosa casa aquella, en
+la que todos se esforzaban por hacerse simpáticos al capitán Ferragut!
+
+El conde, sonriendo amablemente, dejó de valerse del inglés, y le habló
+de pronto en español, como si hubiese reservado este golpe final para
+acabar de captarse su afecto con el más irresistible de los halagos.
+
+--He vivido en Méjico--dijo para explicar su conocimiento de esta
+lengua--. He hecho un largo viaje por las Filipinas cuando vivía en el
+Japón.
+
+Los mares del Extremo Oriente eran los menos frecuentados por Ulises.
+Sólo dos veces había navegado hacia los puertos chinos y nipones, pero
+conocía lo suficiente para mantener la conversación con este viajero que
+mostraba en sus gustos cierto refinamiento de artista. Durante media
+hora desfilaron por el vulgar ambiente del salón imágenes de enormes
+pagodas de techos superpuestos, vibrantes á la brisa, como un arpa, con
+sus filas de campanillas; ídolos monstruosos tallados en oro, en bronce
+ó en marfil; casas de papel, tronos de bambú, muebles de nacaradas
+incrustaciones, biombos con filas de cigüeñas volantes.
+
+Desapareció la doctora, aturdida por este diálogo, del que sólo podía
+adivinar algunas palabras. Freya, inmóvil, con los ojos adormecidos y
+una rodilla entre sus manos cruzadas, se mantuvo aparte, entendiendo la
+conversación, pero sin intervenir en ella, como si le ofendiese el
+olvido en que la dejaban los dos hombres. Al fin se deslizó
+discretamente, siguiendo el llamamiento de una mano asomada á un
+cortinaje. La doctora preparaba el té y pedía auxilio.
+
+La conversación continuó, sin hacer alto en estas ausencias. Kaledine
+había abandonado los mares asiáticos para pasar al Mediterráneo, y se
+anclaba en él con una insistencia admirativa. Un motivo más de afecto
+para Ferragut, que lo encontraba cada vez más simpático, á pesar de su
+trato un poco glacial.
+
+Se dió cuenta repentinamente de que ya no era el conde ruso el que
+hablaba, pues con breves y certeras preguntas le hacía hablar á él, lo
+mismo que si lo sometiese á un examen.
+
+Agradeció las muestras de interés que este gran viajero daba por el
+pequeño _mare nostrum_, y especialmente por las particularidades de su
+cuenca occidental, que deseaba conocer minuciosamente.
+
+Podía preguntar cuanto quisiera. Ferragut poseía milla por milla todo el
+litoral español, el francés y el italiano, así en la superficie como en
+sus fondos.
+
+Kaledine, tal vez por vivir en Nápoles, insistió con predilección en la
+parte mediterránea comprendida entre la Cerdeña, la Italia del Sur y la
+Sicilia, ó sea lo que los antiguos habían llamado el mar Tirreno...
+¿Conocía el capitán Ferragut las islas poco frecuentadas y casi perdidas
+enfrente de Sicilia?
+
+--Yo lo conozco todo--afirmó éste con orgullo.
+
+Y sin discernir completamente si era curiosidad del conde ó si quería
+someterle á un examen interesado, habló y habló.
+
+Conocía el archipiélago de las islas Lípari, con sus minas de azufre y
+de piedra pómez, grupo de cimas volcánicas que emergen de las
+profundidades del Mediterráneo. En ellas habían colocado los antiguos á
+Eolo, señor de los vientos; en ellas está el Stromboli vomitando enormes
+bolas de lava, que estallan con un estrépito de trueno. Las escorias
+volcánicas vuelven á caer en las chimeneas del cráter ó ruedan por la
+pendiente de la montaña, sumiéndose en las olas.
+
+Más al Oeste, aislada y solitaria en un mar limpio de escollos, está
+Ustica, una isla volcánica y abrupta que colonizaron los fenicios y
+sirvió de refugio á los piratas sarracenos. Su población es escasa y
+pobre. Nada hay que ver en ella, aparte de ciertas conchas fósiles que
+interesan á los hombres de ciencia...
+
+Pero el conde se sintió interesado por este cráter muerto y solitario en
+medio de un mar que sólo frecuentan las barcas de pesca.
+
+Ferragut había visto igualmente, aunque de lejos, al entrar en el puerto
+de Trápani, el archipiélago de las Egades, donde existen grandes
+pesquerías de atunes. Había desembarcado una vez en la isla Pantelaria,
+situada á medio camino entre Sicilia y África. Era un cono volcánico
+altísimo que emergía en mitad del estrecho, y á cuyo pie existían lagos
+alcalinos, humaredas sulfurosas, aguas termales y construcciones
+prehistóricas de grandes bloques, semejantes á las de Cerdeña y las
+Baleares. Los buques que iban á Túnez y Trípoli tomaban cargamento de
+pasas, única exportación de esta antigua colonia fenicia.
+
+Entre la Panteleria y Sicilia, el suelo submarino se elevaba
+considerablemente, guardando sobre su dorso una capa acuática que en
+algunos puntos sólo tenía doce metros de espesor. Era el extenso banco
+llamado de la Aventura, hinchazón volcánica, doble isla anegada,
+pedestal submarino de Sicilia.
+
+También el banco de la Aventura pareció interesar al conde.
+
+--Conoce usted bien su mar--dijo con tono de aprobación.
+
+Ferragut iba á seguir hablando, pero entraron las dos señoras con una
+bandeja que contenía el servicio de té y varios platos de pasteles. El
+capitán no extrañó esta falta de servidumbre. La doctora y su amiga eran
+para él unas mujeres de costumbres extraordinarias, y todos sus actos
+los encontraba lógicos y naturales. Freya sirvió el té con una gracia
+púdica, como si fuese la hija de la casa.
+
+Pasaron el resto de la tarde conversando sobre lejanos viajes. Nadie
+aludió á la guerra ni á las preocupaciones de Italia en aquel momento
+por mantener su neutralidad ó salir de ella. Parecían vivir en un lugar
+inaccesible, á miles de leguas de todo tropel humano.
+
+Las dos mujeres trataban al conde con una familiaridad de buen tono,
+como personas de su mismo mundo; pero el marino creyó notar en ciertos
+momentos que le tenían miedo.
+
+Al terminar la tarde, este personaje abandonó su asiento, y Ferragut
+hizo lo mismo, comprendiendo que debía poner fin á su visita. El conde
+se ofreció á acompañarle. Mientras se despedía de la doctora,
+agradeciendo con extremos corteses que le hubiese hecho conocer al
+capitán, éste sintió que Freya le apretaba la mano de modo
+significativo.
+
+--Hasta la noche--murmuró levemente, sin mover apenas los labios--.
+Volveré tarde... Espérame.
+
+¡Oh, dicha!... Los ojos, la sonrisa, la presión de la mano, decían para
+él mucho más.
+
+Nunca dió un paseo tan agradable como al marchar al lado de Kaledine
+por las calles de Chiaia hacia la ribera. ¿Qué decía aquel hombre?...
+Cosas insignificantes para evitar el silencio, pero á él le parecieron
+observaciones de profunda sabiduría. Su voz era, según él, armoniosa y
+acariciadora. Todo lo encontraba igualmente amable, la gente que
+transitaba por las calles, el ruido napolitano del anochecer, el mar
+obscuro, la vida entera.
+
+Se despidieron ante la puerta del hotel. El conde, á pesar de sus
+ofrecimientos de amistad, se fué sin decirle cuál era su domicilio.
+
+«No importa--pensó Ferragut--. Volveremos á encontrarnos en casa de la
+doctora.»
+
+El resto de la velada lo pasó agitado alternativamente por la esperanza
+y la impaciencia. No quería comer; la emoción había paralizado su
+apetito... Y una vez sentado á la mesa, comió más que nunca, con una
+avidez maquinal y distraída.
+
+Necesitaba pasear, hablar con alguien, para que transcurriese el tiempo
+con mayor rapidez, engañando su inquieta espera. Ella no volvería al
+hotel hasta muy tarde... Y precisamente se retiró á su habitación más
+temprano que de costumbre, creyendo, con un ilogismo supersticioso, que
+de este modo llegaría antes Freya.
+
+Su primer movimiento al verse en su cuarto fué de orgullo. Miró al
+techo, apiadándose del marino enamorado que una semana antes habitaba el
+piso superior. ¡Pobre hombre! ¡Cómo se habían reído de él!... Ulises se
+admiró á sí mismo como una personalidad completamente nueva, feliz y
+triunfadora, separado de la otra por un período doloroso de
+humillaciones y fracasos que no quería recordar.
+
+¡Las horas larguísimas del que aguarda con ansiedad!... Se paseó
+fumando, encendiendo un cigarro en el resto del anterior. Luego abrió la
+ventana, queriendo borrar este perfume de tabaco fuerte. Ella sólo
+gustaba de los cigarrillos orientales... Y como persistiese el acre olor
+del cigarro habano, jugoso y bravío, rebuscó en su maletín de aseo,
+derramando sobre la cama el fondo de varios frascos de esencia largo
+tiempo olvidados.
+
+Una repentina inquietud amargó su espera. La que iba á llegar ignoraba
+tal vez cuál era su habitación. El no estaba seguro de haberle dado las
+señas con suficiente claridad. Era posible que se hubiese equivocado...
+Empezó á creer que, efectivamente, se había equivocado.
+
+El miedo y la impaciencia le hicieron abrir su puerta, plantándose en el
+corredor para mirar de lejos el cerrado cuarto de Freya. Cada vez que
+sonaban pasos en la escalera ó chirriaba la verja del ascensor, el
+barbudo marino se estremecía con una inquietud infantil. Deseaba
+esconderse y al mismo tiempo quería mirar, por si era ella la que
+llegaba.
+
+Los huéspedes que vivían en el mismo piso le fueron viendo, al retirarse
+á sus cuartos, en las más inexplicables actitudes. Unas veces permanecía
+firme en el corredor, como el que espera á los domésticos, fatigado por
+inútiles llamamientos. Otras veces le sorprendían con la cabeza asomada
+á la puerta entreabierta, retirándola precipitadamente. Un viejo conde
+italiano le dirigió al pasar una sonrisa de inteligencia y
+compañerismo... ¡Estaba en el secreto! Aguardaba, indudablemente, á una
+de las doncellas del hotel.
+
+Acabó por meterse en la habitación, pero dejando la puerta abierta... Un
+rectángulo de viva luz que se marcaba en el suelo y la pared de enfrente
+guiaría á Freya, indicándole el camino.
+
+Tampoco pudo mantener mucho tiempo esta señal. Damas mal tapadas con un
+kimono, señores en pijama, se deslizaban por el pasillo discretamente
+sobre la suavidad silenciosa de sus pantuflas, todos en la misma
+dirección, lanzando una ojeada de cólera hacia la puerta luminosa que
+sorprendía el secreto de sus miserias corporales.
+
+Por fin tuvo que cerrar la puerta. Abrió un libro, y le fué imposible
+leer dos párrafos seguidos. Su reloj marcaba las doce.
+
+--¡No vendrá!... ¡no vendrá!--dijo con desesperación.
+
+Una idea nueva le sirvió de alivio. Era imposible que una persona
+discreta como Freya se atreviese á avanzar hasta su cuarto viendo luz
+por debajo de la puerta. El amor necesita obscuridad y misterio. Además,
+esta espera visible podía atraer el espionaje de algún curioso.
+
+Dió vuelta al conmutador eléctrico y buscó en la obscuridad su lecho,
+tendiéndose con un ruido exagerado, para que nadie pudiese dudar de que
+se acostaba. Esta lobreguez reanimó su esperanza.
+
+--Va á venir... Llegará de un momento á otro.
+
+Otra vez se levantó cautelosamente, sin ningún ruido, yendo de
+puntillas. Había que facilitar las dificultades de la entrada. Dejó la
+puerta entreabierta levemente, para evitar el ruido giratorio del
+picaporte. Una silla mantuvo su hoja apoyada con suavidad en el marco
+del quicio.
+
+Todavía se levantó varias veces, despojándose en cada uno de estos
+saltos de una parte de sus vestidos. Así aguardaría mejor.
+
+Se estiró sobre el lecho, dispuesto á permanecer en vela toda la coche
+si era preciso. No debía dormir; no quería dormir; lo ordenaba su
+voluntad... Y media hora después dormía profundamente, sin saber en qué
+momento se había dejado rodar por las blandas laderas del sueño.
+
+Despertó de pronto, como si le hubiesen asestado un mazazo en el cráneo.
+Los oídos le zumbaban... Era la brusca impresión del que se duerme sin
+deseo de dormir y se siente sacudido por la inquietud resucitadora.
+Tardó unos instantes en darse cuenta de su situación. Luego lo recordó
+todo de golpe... ¡Solo!... ¡Ella no había llegado!... Ignoraba si iban
+transcurridos minutos ú horas.
+
+Otra cosa, además de la inquietud, le había vuelto á la vida. Adivinó en
+la silenciosa obscuridad algo real que se acercaba. Un pequeño ratón
+parecía moverse en el corredor. Los zapatos colocados ante una de las
+puertas resbalaron con leve chirrido. Ferragut percibió una vaga
+impresión de aire que se desplaza con el lento avance de un cuerpo.
+
+Se movió la puerta; la silla retrocedió poco á poco, suavemente
+empujada. En la obscuridad fué marcándose una sombra móvil, mucho más
+negra y densa. El hizo un movimiento.
+
+--¡Quieto!--suspiró una voz tenue, de fantasma, una voz del otro
+mundo--. Soy yo.
+
+Pero Ferragut había saltado cama abajo, avanzando las manos en la
+sombra. Tropezó con unos brazos desnudos y mórbidos, luego con la
+frescura suave de una carne envuelta en velos.
+
+Instintivamente llevó su diestra á la pared, y se hizo la luz.
+
+Bajo la lámpara eléctrica estaba ella, una Freya distinta á la que había
+visto siempre, con los cabellos opulentos cayendo en sierpes sobre sus
+hombros, completamente desnuda en el interior de una túnica asiática que
+la envolvía como una nube.
+
+No era el kimono japonés vulgarizado por el comercio. Consistía en una
+pieza de tela indostánica bordada de fantásticas flores y plegada
+caprichosamente. A través de su tejido sutil se percibía el contacto de
+la fina carne, como si fuese una envoltura de aire multicolor.
+
+Ella lanzó un murmullo de protesta. Luego imitó el gesto de Ulises
+tendiendo una mano hacia la pared... Y se hizo la obscuridad.
+
+Sintió él que se anudaban como tentáculos irresistibles en torno de su
+cuello los brazos soberanos, y que una boca dominadora se apoderaba de
+la suya lo mismo que en el Acuario... Y rodó bajo esta caricia de fiera,
+con el pensamiento perdido, olvidándose del resto del mundo,
+descendiendo y descendiendo por un mar de sensaciones nuevas, como un
+náufrago satisfecho de su suerte... Pero esta vez llegó al fondo.
+
+* * *
+
+Despertó al sentir en su rostro un rayo de sol. La ventana, cuyas
+cortinas se había olvidado de correr, estaba azul: azul de cielo en lo
+alto y azul de mar en sus vidrios inferiores.
+
+Miró junto á él... ¡Nadie! Por un momento creyó haber soñado. Pero el
+suave perfume de su cabellera impregnaba aún la almohada. El lecho
+desordenado guardaba todavía la huella de su cuerpo... Recordó entonces,
+como una de esas visiones pálidas de la mañana que animan las últimas
+horas del sueño, el paso de un cuerpo sobre el suyo con suave
+precaución; un beso de despedida que le había hecho entreabrir los ojos,
+volviendo á cerrarlos; el ruido de una puerta...
+
+La realidad del despertar fué tan alegre para Ulises como dulces habían
+sido las horas de la noche en el misterio de la sombra. Estaba fatigado;
+sus piernas vacilaron al tocar el suelo, y al mismo tiempo nunca se
+había sentido tan fuerte y tan feliz.
+
+Sonó en la ventana su voz de barítono cantando una de las canciones de
+Nápoles. ¡Oh dulce tierra! ¡dulce golfo!... Aquel era el lugar más
+hermoso del mundo. Satisfecho y orgulloso de su suerte, hubiese querido
+abrazar las olas, las islas, la ciudad, el Vesubio.
+
+El timbre repiqueteó con impaciencia en el corredor. El capitán Ferragut
+tenía hambre: el hambre de la desnutrición, el hambre del náufrago que
+ha consumido todas las reservas de su cuerpo.
+
+Abarcó con una mirada de ogro el café con leche, el abundante pan y la
+escasa mantequilla que le trajo el camarero. ¡Poca cosa para él!... Y
+cuando atacaba todo esto con avidez, se abrió la puerta y entró Freya,
+sonrosada, fresca por un baño reciente y vestida de hombre.
+
+La túnica indostánica había sido reemplazada por un pijama masculino de
+seda violeta. El pantalón tenía los bordes levantados sobre unas
+babuchas blancas que contenían sus pies desnudos. En el lugar del
+corazón llevaba bordada una cifra, cuyas letras no pudo desenmarañar
+Ulises. Encima de esta cifra avanzaba su punta un pañuelo asomado á la
+abertura del bolsillo. La opulenta cabellera retorcida en lo alto del
+cráneo y las curvas voluptuosas que tomaba la seda en ciertos lugares
+del masculino traje eran lo único que denunciaba á la mujer.
+
+El capitán olvidó su desayuno, entusiasmado por esta novedad. ¡Era una
+segunda Freya: un paje, un andrógino adorable!... Pero ella repelió sus
+caricias, obligándole á sentarse.
+
+Había entrado con una expresión interrogante en los ojos. Sentía la
+inquietud de toda mujer á la segunda entrevista de amor. Deseaba
+adivinar las impresiones de él, convencerse de su gratitud, tener la
+certeza de que la embriaguez de la primera hora no se había disipado
+durante su ausencia.
+
+Mientras el marino volvía á atacar su desayuno, con la familiaridad de
+un amante que ha llegado á la posesión y no necesita ocultar y poetizar
+sus necesidades groseras, ella se sentó en una vieja _chaise longue_,
+encendiendo un cigarrillo.
+
+Se replegó en este asiento, con las piernas encogidas y formando ángulo
+dentro del círculo de uno de sus brazos. Apoyó luego la cabeza en las
+rodillas, y así estuvo largo rato, fumando con los ojos fijos en el mar.
+Se adivinaba que iba á decir algo interesante, algo que arañaba el
+interior de su frente pugnando por salir.
+
+Al fin habló con lentitud, sin dejar de mirar al golfo. De vez en cuando
+se arrancaba de esta contemplación, para fijar los ojos en Ulises,
+midiendo el efecto de sus palabras.
+
+Este dejó de ocuparse definitivamente de la bandeja del desayuno,
+presintiendo la aproximación de algo muy importante.
+
+--Tú has jurado que harás por mí todo lo que yo te pida... Tú no querrás
+perderme para siempre.
+
+Ulises protestó. ¿Perderla?... No podía vivir sin ella.
+
+--Yo conozco tu existencia anterior: me la has contado... Tu nada sabes
+de mí, y debes conocerme, ya que soy tuya.
+
+El marino movió la cabeza: nada más justo.
+
+--Te he engañado, Ulises... Yo no soy italiana.
+
+Ferragut sonrió. ¡Si sólo consistía en esto el engaño!... Desde el día
+en que se hablaron por primera vez, yendo á Pestum, había adivinado que
+lo de su nacionalidad era una mentira.
+
+--Mi madre fué italiana. Te lo juro... Pero mi padre no lo era...
+
+Se detuvo un momento. El marino la escuchó con interés, vuelta la
+espalda á la mesa.
+
+--Yo soy alemana y...
+
+
+
+
+VII
+
+EL PECADO DE FERRAGUT
+
+
+Al despertar Tòni todas las mañanas con las primeras luces del alba,
+experimentaba una sensación de sorpresa y desaliento.
+
+--¡Todavía en Nápoles!--decía mirando por el ventano de su camarote.
+
+Luego contaba los días. Diez iban transcurridos desde que el _Mare
+nostrum_, terminadas sus reparaciones, había anclado en el puerto
+comercial.
+
+--Veinticuatro horas más--añadía mentalmente el segundo.
+
+Y reanudaba su vida monótona, paseando por la cubierta del buque, vacío
+y muerto, sin saber qué hacer, desesperándose á la vista de los otros
+vapores, que movían sus antenas de carga, tragándose cajas y fardos, y
+empezaban á lanzar por sus chimeneas el humo anunciador de su próximo
+viaje.
+
+Sufría remordimientos al calcular lo que podía haber ganado el buque de
+hallarse navegando. El provecho era para el capitán, pero eso no evitaba
+que se desesperase por el dinero perdido.
+
+La necesidad de comunicar á alguien sus impresiones, de protestar á coro
+contra esta inercia lamentable, le empujaba hacia los dominios de
+_Caragòl_. A pesar de la diferencia de categorías, el segundo trataba al
+cocinero con afectuosa familiaridad.
+
+--¡Nos separa un abismo!--decía Tòni gravemente.
+
+Este «abismo» era una metáfora sacada de sus lecturas de periódicos
+radicales, y hacía alusión á las creencias fervorosas y simples del
+viejo. Pero el cariño por el capitán, el ser todos de la misma tierra y
+el empleo del valenciano como lengua de la intimidad, les bacía buscarse
+á los dos instintivamente. _Caragòl_ era para Tòni la persona más cuerda
+de á bordo... después de él.
+
+Apenas se detenía en la puerta de la cocina, apoyando un codo en el
+quicio y obstruyendo con su cuerpo la entrada da la luz solar, el viejo
+echaba mano á la botella de caña, preparando un «refresco» ó un
+«caliente» en honor del segundo.
+
+Bebían con lentitud, interrumpiendo el paladeo del líquido para
+lamentarse de la inmovilidad del _Mare nostrum_. Hacían cuentas, como si
+el buque fuese suyo. Mientras estaba en reparación había podido
+tolerarse la conducta del capitán.
+
+--Los ingleses pagaban--decía Tòni--. Pero ahora no paga nadie, el barco
+está sin ganar, y gastamos todos los días... ¿qué es lo que gastamos?
+
+Calculaban él y el cocinero detalladamente el costo del sostenimiento
+del vapor, asustándose al llegar al total. Un día de su inmovilidad
+representaba más que lo que ganaban los dos hombres en un mes.
+
+--Esto no puede seguir--protestaba Tòni.
+
+Su indignación le llevó varias veces á tierra, en busca del capitán.
+Temía hablarle, considerando una falta de disciplina el ingerirse en la
+dirección del buque, é inventaba los más absurdos pretextos para abordar
+á Ferragut.
+
+Miró con antipatía al portero del _albergo_, porque siempre la
+contestaba que el capitán había salido. Este individuo con aire de
+alcahuete debía tener gran culpa en la inmovilidad del vapor: se lo
+avisaba el corazón.
+
+Por no irse á las manos con él y porque no riese solapadamente al verle
+esperar horas y horas en el vestíbulo, se apostaba en la calle, espiando
+las entradas y salidas da Ferragut.
+
+Las tres veces que consiguió hablar con él obtuvo al mismo éxito. El
+capitán celebraba mucho el verle, como si fuese un aparecido del pasado
+al que podía comunicar la alegría de su exuberante felicidad.
+
+Escuchaba á su segundo, alegrándose de que todo marchase bien en el
+buque. Y cuando Tòni, con voz balbuciente, se atrevía á preguntarle la
+fecha de la partida, Ulises ocultaba sus vacilaciones bajo un tono de
+prudencia. Estaba á la espera de un cargamento valiosísimo. Cuanto más
+aguardasen, más dinero iban á ganar... Pero sus palabras no convencían á
+Tòni. Recordaba las protestas de su capitán, quince días antes, por la
+falta de buena carga en Nápoles y su deseo de salir sin pérdida de
+tiempo.
+
+Al volver á bordo, el segundo buscaba á _Caragòl_, comentando ambos las
+transformaciones de su jefe. Tòni lo había visto hecho otro hombre, con
+la barba recortada, vistiendo lo mejor de su equipaje, delatando en el
+arreglo de su persona un esmero minucioso, una voluntad decidida de
+agradar. EL rudo piloto hasta había creído percibir al hablarle cierto
+perfume femenil igual al de la visitante rubia.
+
+Esta noticia era la más inaudita para _Caragòl_.
+
+--¡El capitán Ferragut perfumado!... ¡El capitán oliendo á... pulga!
+
+Y elevaba los brazos, mientras sus ojos cegatos buscaban las botellas de
+caña y las alcuzas de aceite para hacerlas testigos de su indignación.
+
+Los dos hombres estaban acordes al apreciar la causa de sus tristezas.
+Ella era la culpable de todo, ella la que iba á tener el buque encantado
+en este puerto, quién sabe hasta cuándo, con su poder irresistible de
+bruja.
+
+--¡Ah, las hembras!... El diablo va como un perro faldero detrás de sus
+enaguas... Son la podredumbre de nuestra vida.
+
+Y la iracunda castidad del cocinero seguía lanzando contra las mujeres
+injurias y maldiciones iguales á las de los primeros padres de la
+Iglesia.
+
+Una mañana, los tripulantes que limpiaban la cubierta hicieron pasar un
+grito de la proa á la popa. «¡El capitán!» Lo veían aproximarse en un
+bote, y la voz se extendió por cámaras y corredores, dando nueva fuerza
+á los brazos, animando los rostros soñolientos. El segundo salió á la
+cubierta y _Caragòl_ sacó la cabeza por la puerta de la cocina.
+
+Desde su primera ojeada presintió Tòni que algo importante iba á
+ocurrir. El capitán tenía un aire animoso y alegre. Al mismo tiempo vió
+en la exagerada amabilidad de su sonrisa un deseo de seducir, de imponer
+dulcemente algo que consideraba de dudosa aceptación.
+
+--Ya estarás contento--dijo Ferragut al darle la mano--. Pronto vamos á
+zarpar.
+
+Entraron en el salón. Ulises miró su buque con cierta extrañeza, como si
+volviese á él después de un largo viaje. Lo encontraba con aspecto
+diferente; surgían ante sus ojos detalles que nunca habían atraído su
+atención.
+
+Recapituló en una síntesis, que fué como un relámpago cerebral, todo lo
+que había ocurrido en menos de dos semanas. Pudo darse cuenta por
+primera vez del gran cambio de su vida desde que Freya había venido á
+buscarle en el vapor.
+
+Se vió en su cuarto del hotel frente á ella, que iba vestida como un
+hombre y fumaba mirando el golfo.
+
+--Yo soy alemana y...
+
+Iba á explicarse de pronto su vida misteriosa, hasta en los detalles
+menos comprensibles.
+
+Ella, era alemana y servía á su país. La guerra moderna levanta las
+naciones en masa; no es, como en otros siglos, un choque de exiguas
+minorías profesionales que tienen por oficio el pelear. Todos los
+hombres vigorosos iban á los campos de batalla; los demás trabajaban en
+los centros industriales convertidos en talleres de guerra. Y esta
+actividad general comprendía también á las mujeres, que dedicaban al
+servicio de la patria su labor en fábricas y hospitales ó su
+inteligencia más allá de las fronteras.
+
+Ferragut, sorprendido por esta revelación brutal, quedó silencioso, y al
+fin se atrevió á formular su pensamiento.
+
+--Según eso, ¿tú eres una espía?...
+
+Ella acogió con desprecio la palabra. Era un término anticuado que había
+perdido su primitiva significación. Espías eran los que en otros
+tiempos, cuando sólo los soldados profesionales tomaban parte en la
+guerra, se mezclaban voluntariamente ó por interés en las operaciones,
+sorprendiendo los preparativos del enemigo. Ahora con la movilización en
+masa de los pueblos, había desaparecido el antiguo espía de oficio,
+despreciable y villano, que arrostraba la muerte por dinero. Sólo
+existían patriotas ganosos de trabajar por su país, unos con las armas
+en la mano, otros valiéndose de la astucia ó explotando las cualidades
+de su sexo.
+
+Ulises quedó desconcertado por esta teoría.
+
+--¿Entonces, la doctora...?--volvió á preguntar, adivinando lo que podía
+ser la imponente dama.
+
+Freya contestó con una expresión de entusiasmo y de respeto. Su amiga
+era una patriota ilustre, una sabia que ponía todas sus facultades al
+servicio de su país. Ella la adoraba. Era su protectora: la había
+salvado en los momentos más difíciles de su existencia.
+
+--¿Y el conde?--siguió preguntando Ferragut.
+
+Aquí la mujer hizo un gesto da reserva.
+
+--También es un gran patriota... Pero no hablemos de él.
+
+Había en sus palabras respeto y miedo. Se adivinaba su voluntad de no
+ocuparse de este altivo personaje.
+
+Un largo silencio. Freya, como si temiese los efectos de la meditación
+del capitán, la cortó de pronto con su charla apasionada.
+
+La doctora y ella habían venido de Roma á refugiarse en Nápoles, huyendo
+de las intrigas y murmuraciones de la capital. Los italianos se peleaban
+entre ellos: unos eran partidarios de la guerra, otros de la
+neutralidad. Ninguno quería ayudar á Alemania, su antigua aliada.
+
+--¡Tanto que les hemos protegido!--exclamó--. ¡Raza, falsa é ingrata!...
+
+Sus gestos y sus palabras evocaron en la memoria de Ulises la imagen de
+la doctora increpando á la tierra italiana desde una ventanilla del
+vagón el primer día en que se hablaron.
+
+Estaban las dos mujeres en Nápoles, entreteniendo su inútil espera con
+viajes á las poblaciones cercanas, cuando encontraron al marino.
+
+--Yo guardaba un buen recuerdo de ti--continuó Freya--. Adiviné desde
+el primer instante que nuestra amistad iba á terminar como ha
+terminado...
+
+Leyó en la mirada de él una pregunta.
+
+--Sé lo que vas á decirme. Te extrañas de que te haya hecho esperar
+tanto, de que te hiciese sufrir con mis caprichos... Es que te amaba y
+al mismo tiempo quería alejarte. Representabas una atracción y un
+estorbo. Temí complicarte en mis asuntos... Además, yo necesito estar
+libre, para dedicarme al cumplimiento de mi misión.
+
+Hubo otra larga pausa. Los ojos de Freya se fijaron en los de su amante
+con una tenacidad escrutadora. Quería sondear su pensamiento, darse
+cuenta de la madurez de su preparación, antes de arriesgar el golpe
+decisivo. Su examen fué satisfactorio.
+
+--Y ahora que me conoces--dijo con una lentitud dolorosa--,
+¡márchate!... Tú no puedes quererme; soy una espía como tú dices: un ser
+despreciable... Sé que no puedes seguir amándome después de lo que te he
+revelado. Aléjate en tu buque, como los héroes de las leyendas; ya no
+nos veremos más. Todo lo nuestro habrá sido un hermoso ensueño... Déjame
+sola. Ignoro qué suerte será la mía, pero lo que me importa es tu
+tranquilidad.
+
+Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se dejó caer de bruces en el diván,
+ocultando el rostro entre los brazos, mientras un hipo de llanto
+estremecía las adorables sinuosidades de su dorso.
+
+Ulises, conmovido por este dolor, admiró al mismo tiempo la perspicacia
+de Freya, que adivinaba todas sus ideas. La voz del buen consejo,
+aquella voz cuerda que hablaba en la mitad de su cerebro siempre que el
+capitán se veía en un momento difícil, había empezado á gritar
+escandalizada á las primeras revelaciones de esta mujer:
+
+«Ferragut, ¡huye!... Estás metido en un mal paso. No te conviene el
+trato con tales gentes. ¿Qué tienes tú que ver con el país de esta
+aventurera? ¿Por qué arrostrar peligros por una causa que nada te
+importa?... Lo que deseabas de ella ya lo tienes. ¡Sé egoísta, hijo
+mío!»
+
+Pero la voz de su otro hemisferio mental, aquella voz fanfarrona y loca
+que le impulsaba á embarcarse en los buques destinados al naufragio, á
+desafiar los peligros por el placer de poner á prueba su vigor, también
+le dió consejos. Era villano abandonar á una mujer. Sólo un miedoso
+podía hacerlo... ¡Tanto que parecía amarle esta alemana!...
+
+Y con su exuberancia meridional, la abrazó y la levantó, apartando de su
+frente los bucles de la cabellera, que se había deshecho, acariciándola
+como á una niña enferma, bebiendo sus lágrimas con besos interminables.
+
+¡No, no la abandonaría!... Es más: estaba dispuesto á defenderla de
+todos sus enemigos. El no sabía quiénes eran estos enemigos; pero si
+necesitaba un hombre, allí le tenía á él...
+
+En vano la voz cuerda le insultó mientras formulaba tales ofrecimientos.
+Se comprometía ciegamente; tal vez esta aventura iba á ser la más
+terrible de su historia... Pero para acallar sus escrúpulos, la otra voz
+gritaba: «Eres un caballero, y un caballero no abandona por miedo á una
+mujer horas después de haber recibido el presente de su cuerpo.
+¡Adelante, capitán!»
+
+Una excusa de cobarde egoísmo emergió en su pensamiento, fabricado de
+una sola pieza. El era español, era un neutral, que nada tenía que ver
+en la contienda del centro de Europa. Su segundo le había hablado á
+veces de solidaridad de raza, de pueblos latinos, de la necesidad de
+acabar con el militarismo, de hacer la guerra para que no hubiese más
+guerras... ¡Simplezas de lector crédulo! El no era inglés ni francés.
+Tampoco era alemán; pero la mujer que él amaba lo era, y no iba á
+abandonarla por unos antagonismos que le resultaban sin interés.
+
+Freya no debía llorar. Su amante afirmó repetidas veces que deseaba
+vivir siempre á su lado, que no pensaba abandonarla por lo que había
+dicho, y hasta empeñó su palabra de honor, como prueba de que la
+ayudaría en todo lo que considerase posible y digno de él.
+
+Así decidió atropelladamente de su destino el capitán Ulises Ferragut.
+
+Cuando su amante le llevó otra vez á la casa de la doctora, fué recibido
+por ésta lo mismo que si perteneciese á su familia. Ya no tenía por qué
+ocultar su nacionalidad. Freya le llamó simplemente _Frau Doktor_. Y
+ella, con un entusiasmo verbal de profesora, acabó de catequizar al
+marino, explicándole el derecho y la razón de su país al entrar en
+guerra con media Europa.
+
+La pobre Alemania había tenido que defenderse. El kaiser era el hombre
+de la paz, á pesar de que durante muchos años había preparado
+metódicamente una fuerza militar capaz de aplastar á la humanidad
+entera. Todos le habían provocado, todos habían sido los primeros en
+agredirle. Los insolentes franceses, mucho antes de la declaración de
+guerra, enviaban nubes de aeroplanos sobre las ciudades alemanas,
+bombardeándolas.
+
+Ferragut parpadeó de sorpresa. Esto era nuevo para él. Debía de haber
+ocurrido mientras estaba en alta mar. El autoritarismo verboso de la
+doctora no le permitió duda alguna... Además, aquella señora debía saber
+las cosas mejor que los que viven navegando.
+
+Luego había surgido la provocación inglesa. Como un traidor de
+melodrama, el gobierno británico venía preparando la guerra desde larga
+fecha, no queriendo presentarse hasta el último momento. Y Alemania,
+amante de la paz, tenía que defenderse de este enemigo, el peor de
+todos.
+
+--¡Dios castigará á Inglaterra!--afirmaba la doctora mirando á Ulises.
+
+Y éste, para no defraudarla, en sus esperanzas, movía la cabeza
+galantemente... Por él podía castigarla Dios.
+
+Pero al expresarse de tal modo se sentía agitado por una nueva dualidad.
+Los ingleses habían sido buenos camaradas; recordaba agradablemente sus
+navegaciones como oficial á bordo de buques británicos. Al mismo tiempo
+le producía cierta irritación su poder creciente, invisible para los
+hombres de tierra adentro, monstruoso para los que viven en el mar. Se
+les encontraba como dominadores en todos los océanos ó sólidamente
+instalados en todas las costas estratégicas y comerciales.
+
+La doctora, como si adivinase la necesidad de atizar su odio contra el
+gran enemigo, apelaba á los recuerdos históricos: Gibraltar robado por
+los ingleses; las piraterías de Drake; los galeones de América
+apresados con metódica regularidad por las flotas británicas; los
+desembarcos en las costas de España, que habían perturbado la vida de la
+Península en otros siglos. Inglaterra, al iniciar su grandeza en el
+reinado de Elisabeth, era del tamaño de Bélgica. Si se había hecho
+enorme, era á costa de los españoles y luego de Holanda, hasta dominar
+el mundo entero.
+
+Y con tanta vehemencia hablaba la doctora en inglés da las maldades de
+Inglaterra contra España, que el impresionable marino acabó por decir
+espontáneamente:
+
+--¡Que Dios la castigue!...
+
+Pero aquí reaparecía el navegante mediterráneo, el Ulises complicado y
+contradictorio. Se acordó de pronto de las reparaciones de su buque, que
+debían ser indemnizadas por Inglaterra.
+
+«¡Que Dios la castigue... pero que espere un poco!», murmuró en su
+pensamiento.
+
+La imponente profesora se exasperaba al hablar de la tierra en que
+vivía.
+
+--¡Mandolinistas! ¡Bandidos!--gritó, como siempre, contra los italianos.
+
+Cuanto eran lo debían á Alemania. El emperador Guillermo había sido un
+padre para ellos. ¡Todo el mundo sabía esto!... Y sin embargo, al
+estallar la guerra, se negaban á seguir á sus viejos amigos. Ahora la
+diplomacia alemana debía trabajar, no para mantenerlos á su lado, sino
+para impedir que se fuesen con los adversarios. Todos los días recibía
+noticias de Roma. Había esperanzas de que Italia se mantuviese neutral.
+Pero ¿quién podía fiarse de la palabra de tales gentes?... Y repetía sus
+insultos iracundos.
+
+Se habituó el marino inmediatamente á esta casa, como si fuese la suya.
+Las contadas veces que Freya se separaba de él, iba á buscarla en el
+salón de la imponente señora, que tomaba con Ulises un aire de suegra
+bondadosa.
+
+En varias de sus visitas se encontró con el conde. El taciturno
+personaje le tendía una mano, guardando cierta distancia
+instintivamente. Ulises conocía ahora su verdadera nacionalidad, y él
+no ignoraba esto; pero los dos continuaron la ficción del conde
+Kaledine, diplomático ruso. Como todo lo de este hombre imponía respeto
+en la vivienda de la doctora, Ferragut, atento á su egoísmo amoroso, no
+se permitía ninguna averiguación, acoplándose á las indicaciones de las
+dos mujeres.
+
+Nunca se había considerado tan feliz como en aquellos días.
+Experimentaba la monstruosa voluptuosidad del que se halla sentado á la
+mesa en un comedor bien caldeado y ve por los cristales el mar
+tempestuoso, con un buque que lucha contra las olas.
+
+Los vendedores de periódicos pregonaban terribles batallas en el centro
+de Europa: ardían las ciudades bajo el bombardeo, morían cada
+veinticuatro horas miles y miles de seres humanos... Y él no leía nada,
+no quería saber nada. Continuaba su existencia como si el mundo viviese
+en una felicidad paradisíaca, unas veces en espera de Freya, evocando en
+su memoria las esplendideces de su cuerpo, los refinamientos y
+sensaciones nuevas que le procuraba su pasión; otras abrazado á la
+realidad, con un arrobamiento que borraba y suprimía todo lo que no
+fuese ellos dos.
+
+Algo, sin embargo, le sacó repentinamente de su egoísmo amoroso; algo
+que ensombrecía su gesto, partía su frente con una arruga de
+preocupación y le había hecho ir á bordo.
+
+Cuando quedó sentado en la gran cámara del buque, frente á su segundo,
+apoyó los codos en la mesa y comenzó á chupar un grueso cigarro que
+acababa de encender.
+
+--Vamos á salir muy pronto--repitió con visible preocupación--. Estarás
+contento, Tòni; creo que estarás contento.
+
+Tòni permaneció impasible. Esperaba algo más. El capitán, al iniciar un
+viaje, le decía siempre el puerto de destino y la especialidad de la
+carga. Por eso, al darse cuenta de que Ferragut no quería añadir nada,
+se atrevió á preguntar:
+
+--¿Es á Barcelona adonde vamos?...
+
+Vaciló Ulises, mirando hacia la puerta como si temiese ser escuchado.
+Luego avanzó el busto hacia Tòni.
+
+Se trataba de un viaje sin peligro alguno, pero que debía quedar en el
+misterio.
+
+--Yo te lo cuento á ti porque tú sabes todas mis cosas, porque te
+considero como de mi familia.
+
+El piloto no parecía emocionarse con esta muestra de confianza.
+Permaneció impasible, mientras en su interior empezaban á despertar
+todas las inquietudes que le habían agitado en los días anteriores.
+
+Siguió hablando el capitán. Los tiempos eran de guerra, y debían
+aprovecharlos. Para los dos no representaba una novedad transportar
+cargamentos de material militar. El había llevado una vez desde Europa
+armas y municiones para una revolución de la América del Sur. Tòni le
+había contado sus aventuras en el golfo de California mandando una
+pequeña goleta que servía de transporte á los insurrectos de las
+provincias septentrionales alzados contra el gobierno de Méjico.
+
+Pero el segundo, á la vez que movía la cabeza afirmativamente, le miraba
+con ojos interrogantes. ¿Qué iban á transportar en este viaje?...
+
+--Tòni, no se trata de artillería ni de fusiles; tampoco de
+municiones... Es un trabajo corto y bien pagado, que nos hará perder
+poco camino en nuestra vuelta á Barcelona.
+
+Se detuvo en su confidencia, sintiendo una última vacilación, y al fin
+añadió bajando la voz:
+
+--¡Los alemanes pagan!... Vamos á proveer de esencia de petróleo á los
+submarinos que tienen en el Mediterráneo.
+
+Contra lo que esperaba Ferragut, su segundo no hizo un gesto de
+sorpresa. Permaneció impasible, como si esta noticia resultase sin
+sentido para él. Luego sonrió levemente, moviendo los hombros lo mismo
+que si hubiese escuchado algo absurdo... ¿Acaso los alemanes tenían
+submarinos en el Mediterráneo? ¿Podía una de estas máquinas navegantes,
+pequeñas y frágiles, hacer la larga travesía desde el mar del Norte al
+estrecho de Gibraltar?
+
+Estaba enterado de los grandes males que causaban los submarinos en las
+cercanías de Inglaterra, pero en una zona reducida, en el limitado radio
+de acción de que eran capaces. El Mediterráneo, afortunadamente para
+los buques mercantes, se hallaba á cubierto de sus traidoras asechanzas.
+
+Ferragut le interrumpió con una vehemencia meridional. Este hombre,
+extremado en sus pasiones, se expresaba ya como si la doctora hablase
+por su boca.
+
+--Tú te refieres á los submarinos, Tòni, á los pequeños submarinos que
+existían al empezar la guerra: cigarros de acero frágiles, que navegan
+mal á ras del agua y pueden abrirse al menor choque... Pero ahora hay
+algo más: hay el sumergible, que es como un submarino resguardado por un
+casco de barco, el cual puede marchar oculto entre dos aguas y al mismo
+tiempo puede navegar sobre la superficie mejor que un torpedero... Tú no
+sabes de lo que son capaces los alemanes. Son un gran pueblo, ¡el
+primero del mundo!...
+
+Y con impulsiva exageración, insistió en proclamar la grandeza alemana y
+su espíritu inventivo, como si le correspondiese una parte de esta
+gloria mecánica y destructora.
+
+Luego añadió confidencialmente, poniendo una mano sobre un brazo de
+Tòni:
+
+--A tí solo te lo digo; tú eres el único que conoce el secreto, aparte
+de las personas que me lo han comunicado... Los sumergibles alemanes van
+á entrar en el Mediterráneo. Nosotros saldremos á su encuentro para
+renovar su provisión de aceite y de combustible.
+
+Calló, mirando fijamente á su subordinado, mientras le sonreía para
+vencer sus escrúpulos.
+
+Durante unos segundos no supo qué creer. Tòni permanecía pensativo, con
+los ojos bajos. Después se enderezó poco á poco; abandonando su asiento,
+y dijo simplemente:
+
+--¡No!
+
+Ulises abandonó igualmente su sillón giratorio á impulsos de la
+sorpresa. «¿No?... ¿Por qué?»
+
+El era el capitán, y todos debían obedecerle. Por esto respondía del
+buque, de la vida de sus tripulantes, de la suerte de la carga. Además,
+era el propietario: nadie mandaba sobre él, su poder no tenía límites.
+Por afecto amistoso, por costumbre, consultaba á su segundo, le hacía
+partícipe de sus secretos, y Tòni, con una ingratitud nunca vista, osaba
+rebelarse... ¿Qué significaba esto?...
+
+Pero el segundo, en vez de dar explicaciones, se limitó á responder,
+cada vez más terco y enfurruñado:
+
+--¡No!... ¡no!
+
+--Pero ¿por qué no?--insistió Ferragut, impacientándose, con un temblor
+de cólera en la voz.
+
+Tòni, sin perder energía en sus negativas, vacilaba, confuso,
+desorientado, rascándose la barba, bajando los ojos para reflexionar
+mejor.
+
+No sabía explicarse. Envidiaba la facilidad de su capitán para encontrar
+las palabras. La más simple de sus ideas sufría angustiosamente antes de
+surgir de su boca... Pero al fin, poco á poco, entre balbuceos, fué
+diciendo su odio contra aquellos monstruos de la industria moderna que
+deshonraban el mar con sus crímenes.
+
+Cada vez que leía en los periódicos sus hazañas en el mar del Norte, una
+oleada de indignación pasaba por su conciencia de hombre simple, franco
+y recto. Atacaban traidoramente escondidos en el agua, disimulando su
+ojo asesino y largo, semejante á las antenas visuales de los monstruos
+de la profundidad. Esta agresión sin peligro parecía resucitar en su
+alma las almas indignadas de cien abuelos mediterráneos, tal vez piratas
+y crueles, pero que habían buscado al enemigo frente á frente, con el
+pecho desnudo, el hacha en la mano y el arpón de abordaje como únicos
+medios de pelea.
+
+--¡Si sólo torpedeasen á los buques armados!--añadió--. La guerra es un
+salvajismo, y hay que cerrar los ojos ante sus golpes traidores,
+aceptándolos como hazañas gloriosas... Pero hacen algo más: tú lo sabes.
+Echan á pique buques de comercio, vapores de pasajeros, donde van
+mujeres, donde van pequeños.
+
+Sus mejillas curtidas tomaron una coloración de ladrillo cocido. Le
+brillaron los ojos con un resplandor azulado. Sentía la misma cólera que
+al leer los relatos da los primeros torpedeamientos de grandes
+trasatlánticos en las costas de Inglaterra.
+
+Veía la muchedumbre indefensa y pacífica amontonándose en los botes, que
+zozobraban; las mujeres arrojándose al mar con un niño en brazos; toda
+la confusión mortal de la catástrofe... Luego, el submarino que emergía
+para contemplar su obra; los alemanes agrupados en la cubierta de acero
+húmedo, riendo y bromeando, satisfechos de la rapidez de su labor; y en
+una extensión de varias millas, el mar poblado de bultos negros
+arrastrados lentamente por las olas: hombres que flotaban de espaldas,
+inmóviles, con los ojos vidriosos fijos en el cielo; niños con la rubia
+cabellera tendida como una máscara sobre su rostro lívido; cadáveres de
+madres oprimiendo sobre su seno, con fría rigidez, el pequeño cadáver de
+una criatura asesinada antes de que pudiera darse cuenta de la vida.
+
+Leyendo el relato de estos crímenes pensaba en su mujer y en sus hijos,
+imaginándose que podían haber estado en aquel vapor, sufriendo la misma
+suerte de sus inocentes pasajeros. Esta suposición le hacía sentir una
+cólera tan intensa, que hasta llegaba á dudar de su cordura el día en
+que volviera á tropezarse en cualquier puerto con marinos alemanes... ¿Y
+Ferragut, un hombre honrado, un capitán bueno, al que todos elogiaban,
+podía ayudar al trasplante de tales horrores en el Mediterráneo?...
+
+¡Pobre Tòni!... No sabía explicarse, pero la idea de que su mar
+presenciase estos crímenes daba nuevas vehemencias á su indignación. El
+alma del doctor Ferragut parecía revivir en el rudo navegante
+mediterráneo. No había visto á Anfitrita, pero temblaba por ella, sin
+conocerla, con religioso fervor. Era el azul luminoso de donde habían
+surgido los primeros dioses deshonrado por la mancha aceitosa que
+denuncia un asesinato en masa; las costas rosadas, cuyas espumas
+fabricaron á Venus, recibiendo racimos de cadáveres empujados por las
+olas; las alas de gaviota de las barcas de pesca huyendo amedrentadas
+ante el gris tiburón de acero; su familia y sus convecinos aterrados al
+despertar frente al cementerio flotante arrastrado por la noche hasta
+sus puertas.
+
+Todo esto lo pensaba, lo veía; pero no acertando á expresarlo, se limitó
+á insistir en su protesta.
+
+--¡No!... ¡En nuestro mar, no quiero!
+
+Ferragut, á pesar de su carácter impetuoso, adoptó un tono de bondad,
+como un padre que desea convencer á su hijo fosco y testarudo.
+
+Los sumergibles alemanes se limitarían en el Mediterráneo á una acción
+militar. No había cuidado de que atacasen á los barcos indefensos, como
+en los mares del Norte. Sus tristes hazañas de allá habían sido
+impuestas por las circunstancias, por el sano deseo de terminar cuanto
+antes la guerra dando golpes aterradores é inauditos.
+
+--Te aseguro que en nuestro mar no harán nada de eso. Me lo han dicho
+personas que pueden saberlo... De no ser así, no me hubiese comprometido
+á darles ayuda.
+
+Lo afirmó varias veces, de buena fe, con una absoluta seguridad en las
+gentes que le habían hecho la promesa.
+
+--Echarán á pique, si pueden, los navíos de los aliados que están en los
+Dardanelos. Pero ¿qué nos importa eso?... ¡Es la guerra! Cuando en
+América llevábamos cañones y fusiles á los revolucionarios, no nos
+preocupaba el uso que pudieran hacer de ellos.
+
+Tòni insistió en su negativa.
+
+--No es lo mismo... No sé explicarme; pero no es lo mismo. Al cañón le
+puede contestar otro cañón. El que pega también recibe golpes... Pero
+ayudar á los submarinos es otra cosa. Atacan ocultos, sin peligro... y á
+mí no me gustan las traidorías.
+
+Esta insistencia de su segundo acabó por irritar á Ferragut,
+desvaneciendo su forzada bondad.
+
+--¡No hablemos más!--dijo con arrogancia--. Soy el capitán, y mando lo
+que quiero... He dado mi palabra, y no voy á faltar á ella por darte
+gusto... Hemos terminado.
+
+Vaciló Tòni, como si acabase de recibir un golpe en el pecho. Sus ojos
+volvieron á brillar, humedeciéndose. Después de una larga reflexión
+tendió su diestra velluda al capitán.
+
+--¡Adiós, Ulises!...
+
+El no quería obedecer, y un marino que desacata las órdenes de su jefe
+debe desembarcar. En ningún buque viviría como en el _Mare nostrum_. Tal
+vez le faltase colocación; tal vez los otros capitanes no quisieran de
+él, por considerarle habituado á una excesiva familiaridad; pero si era
+necesario, volvería á ser patrón de barca de cabotaje... ¡Adiós! Aquella
+noche no dormiría á bordo.
+
+Ferragut se indignó, hasta gritar de coraje:
+
+--¡Pero no seas bárbaro!... ¡Qué testarudez la tuya!... ¿A qué vienen
+esos escrúpulos exagerados?...
+
+Luego sonrió malignamente, y dijo en voz baja:
+
+--Ya sabes que nos conocemos, y no ignoro que en tu juventud has hecho
+el contrabando.
+
+Se irguió Tòni con altivez. Ahora era él quien se indignaba.
+
+--He hecho el contrabando; ¿y qué hay de extraordinario en eso?...
+También lo hicieron tus abuelos. No hay en nuestro mar un solo navegante
+honrado que no conozca ese pecadillo... ¿A quién se hace daño con
+ello?...
+
+El único que podía quejarse era el Estado, vaga personalidad que nadie
+sabe dónde habita ni qué cara tiene, y que sufre diariamente un millón
+de atentados semejantes. Tòni había visto en las aduanas á viajeros
+riquísimos engañar la vigilancia de los empleados por evitarse un pago
+insignificante. Toda persona lleva dentro un contrabandista... Además,
+gracias á los navegantes del fraude, los pobres fumaban mejor y más
+barato. ¿A quién asesinaban con sus negocios?... ¿Cómo se atrevía
+Ferragut á comparar estas faltas á la ley, sin perjuicio para las
+personas, con la tarea de ayudar á los piratas submarinos en la
+continuación de sus crímenes?...
+
+El capitán, desarmado por esta lógica simple, quiso apelar á la
+seducción.
+
+--Tòni, á lo menos hazlo por mí. Sigamos amigos como siempre. Yo me
+sacrificaré en otra ocasión. Piensa que he dado mi palabra.
+
+Y el segundo, algo conmovido por sus ruegos, contestó dolorosamente:
+
+--No puedo... ¡no puedo!
+
+Necesitaba decir más, completar su pensamiento, y añadió:
+
+--Soy republicano...
+
+Esta profesión de fe la elevaba como un muro infranqueable, golpeándose
+al mismo tiempo el pecho para demostrar la dureza del obstáculo.
+
+Ulises sintió tentaciones de reír, lo mismo que hacía siempre ante las
+afirmaciones políticas de Tòni. Pero la situación no era para burlas, y
+siguió hablando con el deseo de convencerle.
+
+¡El amaba la libertad y se ponía del lado del despotismo!... Inglaterra
+era la gran tirana de los mares: había provocado la guerra para reforzar
+su poderío, y si alcanzaba la victoria, su soberbia no tendría límites.
+La pobre Alemania no hacía mas que defenderse... Repitió Ferragut todo
+lo que había escuchado en casa de la doctora, para terminar con tono de
+reproche:
+
+--¿Y tú estás al lado de los ingleses, Tòni? ¿Tú, un hombre de ideas
+avanzadas?...
+
+Se rascó la barba el piloto con una expresión de perplejidad, rebuscando
+las palabras fugitivas. No ignoraba lo que debía responder. Lo había
+leído en escritos de señores que sabían tanto como su capitán. Además,
+había reflexionado mucho sobre esto en sus solitarios paseos sobre el
+puente.
+
+--Yo estoy donde debo estar. Estoy con Francia...
+
+Torpemente, con balbuceos y palabras incompletas, expuso su pensamiento.
+Francia era el país de la gran Revolución, y él la consideraba por esto
+como algo que le pertenecía, uniendo su suerte á la de su propia
+persona.
+
+--Y no necesito decir más. En cuanto á Inglaterra...
+
+Aquí hizo una pausa, como el que descansa y toma fuerzas para dar un
+salto penoso.
+
+--Siempre habrá una nación--continuó--que esté encima de las otras...
+Nosotros apenas somos algo en el presente, y según he leído, España pesó
+sobre el mundo entero durante siglo y medio. Estábamos en todas partes:
+nos encontraban hasta en la sopa. Después le llegó el turno á Francia.
+Ahora es Inglaterra... A mí no me molesta que un pueblo se coloque sobre
+los demás. Lo que me interesa es lo que representa ese pueblo: la moda
+que va á imponer al mundo.
+
+Ferragut concentraba su atención para comprender lo que Tòni quería
+decir.
+
+--Si triunfa Inglaterra--siguió diciendo el piloto--, será de moda la
+libertad. ¿Qué me importa su soberbia, si siempre ha de existir un
+pueblo soberbio?... Las naciones copiarán seguramente al que gane...
+Inglaterra, según dicen, es una República que se paga el lujo de un rey
+para las grandes ceremonias. Con ella serán de rigor la paz, el gobierno
+desempeñado por los paisanos, la desaparición de los grandes ejércitos,
+la verdadera civilización. Si triunfa Alemania, viviremos como en un
+cuartel, gobernará el militarismo, criaremos hijos, no para que gocen de
+la vida, sino para que sean soldados y se hagan matar en plena juventud.
+La fuerza como único derecho: esa es la moda alemana; la vuelta á los
+tiempos bárbaros bajo una careta de civilización.
+
+Calló un instante, como si recapitulase mentalmente todo lo dicho, para
+convencerse de que no había dejado ninguna idea olvidada en los rincones
+de su pensamiento. Después se golpeó el pecho. El estaba donde debía
+estar, y le era imposible obedecer á su capitán.
+
+--¡Soy republicano!... ¡soy republicano!--repitió con energía, como si
+luego de dicho esto no necesitase añadir más.
+
+Ferragut, no sabiendo qué contestar á su entusiasmo simple y sólido, se
+entregó á la cólera.
+
+--¡Márchate, bruto!... ¡No quiero verte, mal agradecido! Yo haré las
+cosas solo: no te necesito. Me basto para llevar el buque allá donde me
+plazca y cumplir mi santa voluntad. Aléjate con todas las mentiras
+viejas de que te han atiborrado el cráneo... ¡ignorante!
+
+Su rabia le hizo caer en un sillón, volviendo la espalda al piloto,
+ocultando su cabeza entre las manos, para dar á entender con este
+silencio despectivo que todo había terminado.
+
+Los ojos de Tòni, cada vez más hinchados y vidriosos, acabaron por
+soltar una lágrima... ¡Separarse así después de una vida fraternal en la
+que los meses valían por años!...
+
+Avanzó tímidamente para apoderarse de una de las manos de Ferragut,
+blanda, desmayada, inexpresiva. Su frío contacto le hizo vacilar. Se
+sintió inclinado á ceder... Pero inmediatamente borró esta debilidad
+con el tono firme y breve de su voz:
+
+--¡Adiós, Ulises!...
+
+El capitán no le contestó, dejando que se alejase sin la menor palabra
+de despedida.
+
+Se hallaba ya el piloto junto á la puerta, cuando se detuvo para
+hablarle con una expresión doliente y afectuosa:
+
+--No temas que diga esto á nadie... Todo queda entre los dos. Inventaré
+un pretexto para que la gente de á bordo no se extrañe de mi marcha.
+
+Vacilaba como si tuviese miedo á parecer importuno, pero añadió:
+
+--Te aconsejo que no intentes ese viaje. Sé cómo piensan nuestros
+hombres: no cuentes con ellos. Hasta el tío _Caragòl_, que sólo se ocupa
+de su cocina, te criticará... Tal vez te obedezcan porque eres el
+capitán, pero cuando bajen á tierra no serás dueño de su silencio...
+Créeme: no lo intentes. Vas á deshonrarte... Tú sabrás por qué causa...
+¡Adiós, Ulises!
+
+Cuando éste levantó la cabeza, el piloto ya había desaparecido. La
+soledad pesó de pronto con una gravitación mortal sobre su pensamiento.
+Sintió miedo á realizar sus planes sin el auxilio de Tòni. Le pareció
+que se había roto la cadena de autoridad que iba desde él á sus gentes.
+El piloto se llevaba una parte del prestigio que Ferragut ejercía sobre
+los tripulantes. ¿Cómo explicar su desaparición en vísperas de un viaje
+ilegal que exigía gran reserva? ¿Cómo asegurarse del silencio de
+todos?...
+
+Quedó pensativo largo rato, y de pronto abandonó su sillón, saliendo á
+la cubierta.
+
+Dió un grito á los marineros que trabajaban en la limpieza: «¿Dónde está
+don Antonio? ¡A ver: uno que le llame!»
+
+--_¡Don Antòni!... ¡don Antòni!_--contestó una fila de voces de la popa
+á la proa, mientras el tío _Caragòl_ asomaba la cabeza á la puerta de
+sus dominios.
+
+Surgió _don Antòni_ por una escotilla. Estaba revisando todo el buque
+antes de despedirse de su capitán. Este le recibió volviendo el rostro,
+evitando su mirada, con un gesto complejo y contradictorio. Sentía la
+cólera de su vencimiento, la vergüenza de su debilidad, y junto con esto
+la gratitud instintiva del que se ve librado de un mal paso por una mano
+violenta que lo maltrata y lo salva.
+
+--¡Quédate, Tòni!--dijo con voz sorda--. Nada hay de lo dicho. Yo
+recobraré mi palabra como pueda... Mañana sabrás con certeza lo que
+vamos á hacer.
+
+La cara solar de _Caragòl_ sonreía beatíficamente á lo lejos, sin ver
+nada, sin oír nada. Había presentido algo grave con la llegada del
+capitán, su larga entrevista á solas con el segundo, y la salida de
+éste, que pasó silencioso y ceñudo ante la puerta de la cocina. Ahora,
+el mismo presentimiento le avisaba una reconciliación de los dos
+hombres, cuyos bultos distinguía confusamente. ¡Bendito sea el Cristo
+del Grao!... Y al saber que el capitán se quedaba á bordo hasta la
+tarde, se lanzó á la confección de uno de sus arroces magistrales, para
+solemnizar la vuelta de la paz.
+
+Poco antes de la puesta del sol, Ulises se encontró con su amante en el
+hotel. Volvió á tierra nervioso é inquieto. Su zozobra le hacía temer
+esta entrevista, y al mismo tiempo la deseaba.
+
+«¡Adelante! Yo no soy un niño para sentir tales miedos», se dijo al
+entrar en su cuarto y ver á Freya esperándole.
+
+La habló con la brutalidad del que necesita terminar pronto... «No podía
+encargarse del servicio que le había pedido la doctora. Retiraba su
+palabra. El segundo de á bordo no quería seguirle.»
+
+Estalló la cólera de ella sin ningún miramiento, con la franqueza de la
+intimidad. Odiaba á Tòni. «¡Fauno viejo y feo!...» Desde el primer
+momento había adivinado en él á un enemigo.
+
+--Pero tú eres dueño del buque--continuó--. Tú puedes hacer lo que
+quieras, y no necesitas su ayuda para navegar.
+
+Cuando dijo Ulises que tampoco estaba seguro de su gente y que el viaje
+era imposible, la mujer volvió su cólera contra él. Parecía haber
+envejecido de golpe diez años. El marino la vió con otra cara, de una
+palidez cenicienta, las sienes fruncidas, los ojos con lágrimas
+iracundas y una leve espuma en las comisuras de su boca.
+
+--Hablador... embustero... ¡meridional!
+
+Ulises intentó calmarla. Era posible encontrar otro barco: se ofrecía á
+ayudarles en la busca. Iba á enviar _Mare nostrum_ á que le esperase en
+Barcelona, y él permanecería en Nápoles todo el tiempo que ella
+quisiera.
+
+--¡Farsante!... ¡Y yo he creído en ti! ¡Y yo me he entregado
+considerándote un héroe, tomando como verdad tus ofertas de
+sacrificio!...
+
+Se marchó furiosa, dando un terrible portazo.
+
+«Va á ver á la doctora...--pensó Ferragut--. Todo ha terminado.»
+
+Lamentó la pérdida de esta mujer, aun después de haberla visto con su
+fealdad trágica y pasajera. Al mismo tiempo le escocían las palabras
+injuriosas, los insultos cortantes con que había acompañado su salida.
+Ya estaba harto de oírse llamar «meridional», como si esto fuese un
+estigma.
+
+Paladeó la alegría forzosa, la sensación de falsa libertad de todo
+enamorado después de una escena de rompimiento. «¡A vivir!...» Quiso
+volver inmediatamente al buque, pero temió la resurrección de sus
+recuerdos evocados por la soledad. Era mejor quedarse en Nápoles, ir al
+teatro, confiarse á la suerte de un buen encuentro, lo mismo que cuando
+bajaba á tierra por unas horas. A la mañana siguiente abandonaría el
+hotel, con todo su equipaje, y antes de la puesta del sol estaría
+navegando en plena mar.
+
+Comió fuera del _albergo_. Pasó la noche codeándose con hembras en cafés
+cantantes, donde un espectáculo insípido y variado servía de pretexto
+para disimular la feria de la carne. El recuerdo de Freya, fresco y
+vivo, se elevaba entre él y las bocas pintadas cada vez que éstas le
+sonreían queriendo atraerle.
+
+A la una de la madrugada subió la escalera del hotel, sorprendiéndose al
+ver una raya de luz por debajo de la puerta de su cuarto. Entró.... Ella
+le aguardaba leyendo, tranquila y sonriente. Su rostro, refrescado y
+retocado con juveniles colores, no guardaba ninguna huella del furioso
+crispamiento que lo había ensombrecido horas antes. Estaba vestida con
+su pijama hombruno.
+
+Viendo entrar á Ulises, se levantó con los brazos tendidos.
+
+--¡Di que no me guardas rencor!... ¡Di que me perdonas!... He sido muy
+mala contigo esta tarde, lo reconozco.
+
+Se había abrazado á él, frotando su boca contra su cuello con un arrullo
+felino. Antes de que el capitán pudiese responder, ella continuó, con
+una voz infantil:
+
+--¡Mi tiburón! ¡Mi lobo marino, que me ha hecho esperar hasta estas
+horas!... ¡Júrame que no me has sido infiel!... Deja que te respire. Yo
+percibo en seguida la huella de otra mujer.
+
+Oliéndole las barbas y el rostro, su boca se aproximó á la del marino.
+
+--No, no has sido infiel... Encuentro aún mi perfume... ¡Oh Ulises!
+¡héroe mío!...
+
+Le besó con aquel beso absorbente que parecía apropiarse toda la vida de
+él, obscureciendo su pensamiento, anulando su voluntad, haciéndole
+temblar del occipucio á los talones. Todo quedó olvidado: ofensas,
+despechos, propósitos de partida... Y cayó, como siempre, vencido bajo
+la caricia vampiresca.
+
+Se hizo la obscuridad; una obscuridad poblada de suspiros y misteriosos
+rumores. Una hora después, cuando el silencio era absoluto, sonó
+quedamente la voz de Freya. Recapitulaba lo que no se habían dicho, pero
+que los dos pensaban á la vez.
+
+--La doctora cree que debes quedarte. Deja que tu buque se marche con
+ese fauno feo que sólo sirve de estorbo. Que te espere allá en tu
+tierra... Tú puedes hacernos aquí un gran favor... Ya lo sabes: te
+quedas... ¡Qué felicidad!
+
+El destino de Ferragut era obedecer á esta voz amorosa y dominadora... Y
+en la mañana siguiente, Tòni le vió llegar al vapor con un aire de mando
+que no admitía réplica. _Mare nostrum_ debía partir cuanto antes con
+rumbo á Barcelona. Confiaba el mando á su segundo. Iría á reunirse con
+él tan pronto como terminase ciertos asuntos que le retenían en Nápoles.
+
+Tòni dilató sus ojos con un gesto de sorpresa. Quiso responder, pero
+quedó con la boca abierta, sin atreverse á dar salida á sus palabras...
+Era el capitán, y él no iba á permitirse objeciones á todas sus órdenes.
+
+--Está bien--dijo finalmente--. Sólo te ruego que vuelvas cuanto antes á
+encargarte del mando... No olvides lo que pierdes teniendo el buque
+amarrado.
+
+Pocos días después de la partida del vapor, cambió radicalmente el modo
+de vivir de Ulises.
+
+Ella no quiso continuar alojada en el hotel. Acometida por un pudor
+repentino, le molestaban las curiosidades y sonrisas de pasajeros y
+criados. Además, quería gozar de una libertad completa en sus relaciones
+amorosas. Su amiga, que era para ella como una madre, facilitaba sus
+deseos. Los dos iban á vivir en su casa.
+
+Ferragut se sorprendió al conocer la amplitud del piso ocupado por la
+doctora. Más allá de su salón existían un sinnúmero de habitaciones algo
+destartaladas y sin muebles; un dédalo de tabiques y pasillos en el que
+se perdía el capitán, teniendo que apelar al auxilio de Freya. Todas las
+puertas del rellano de la escalera, que parecían sin relación con la
+mampara verde de la oficina, eran otras tantas salidas de la misma
+vivienda.
+
+Los amantes se alojaron en un extremo, como si viviesen en una casa
+aparte. Una de las puertas era sola para ellos. Ocupaban un gran salón,
+rico en molduras y dorados y pobre en mueblaje. Tres sillas, un diván
+viejo, una mesa cargada de papeles, de artículos de tocador, de
+comestibles, y una cama algo estrecha en uno de los rincones, eran todas
+las comodidades de su nueva instalación.
+
+En la calle hacía calor y ellos temblaban de frío en esta pieza
+magnífica, donde jamás habían penetrado los rayos solares. Ulises
+intentó hacer fuego en una chimenea de mármol de colores, grande como un
+monumento, y tuvo que desistir, medio ahogado por el humo. Para ir hasta
+la doctora tenían que atravesar un sinnúmero de habitaciones abandonadas
+y en fila.
+
+Vivieron como recién casados, en amorosa soledad, comentando con un
+regocijo infantil los defectos de su aposento y los mil inconvenientes
+de la existencia material. Freya preparaba el desayuno en un hornillo de
+alcohol, defendiéndose de su amante, que se creía con mayor competencia
+para los trabajos culinarios. Un marino sabe algo de todo.
+
+La proposición de buscar una sirvienta para los más vulgares menesteres
+irritó á la alemana.
+
+--¡Nunca!... Tal vez sería una espía.
+
+Y la palabra «espía» tomaba en sus labios una expresión de inmenso
+desprecio.
+
+La doctora se ausentaba con viajes frecuentes, y era Karl, el empleado
+del escritorio, el que recibía á los visitantes. Algunas veces
+atravesaba la fila de piezas desiertas para pedir á Freya un informe, y
+ésta le seguía, dejando á su amante por unos momentos.
+
+Al verse Ulises solo, experimentaba un repentino desdoblamiento de su
+personalidad. Resurgía el hombre anterior al encuentro en Pompeya. Veía
+su buque, veía su casa de Barcelona.
+
+«¿En dónde te has metido?--se preguntaba con remordimiento--. ¿Cómo
+terminará todo esto?...»
+
+Pero al sonar los pasos de ella en la habitación inmediata, al percibir
+la onda atmosférica producida por el desplazamiento de su adorable
+cuerpo, se replegaba en su interior esta segunda persona y un telón
+opaco caía en su memoria, dejando visible únicamente la realidad actual.
+
+Con la sonrisa beatífica de los fumadores de opio, aceptaba la caricia
+turbadora de sus labios, el enroscamiento de sus brazos, que le oprimían
+como boas de marfil.
+
+--¡Ulises! ¡dueño mío!... Los minutos que me separo de ti me pesan como
+siglos.
+
+El, en cambio, había perdido la noción del tiempo. Los días se
+embrollaban en su memoria, y tenía que pedir ayuda para contar su paso.
+Llevaba una semana en casa de la doctora, y unas veces creía que el
+dulce secuestro era sólo de cuarenta y ocho horas, otras que había
+transcurrido cerca de un mes.
+
+Salían poco. La mañana transcurría insensiblemente entre los largos
+desperezamientos del despertar y los preparativos del almuerzo,
+confeccionado por ellos mismos. Si había que ir en busca de un
+comestible olvidado el día antes, era ella la que se encargaba de la
+expedición, queriendo evitarle todo contacto con la vida exterior.
+
+Las tardes eran tardes de harén, pasadas sobre el diván ó tendidos en el
+suelo. Ella entonaba á media voz cantos orientales incomprensibles y
+misteriosos. De pronto saltaba impetuosamente, como un muelle que se
+despliega, como una serpiente que se yergue, y empezaba á bailar casi
+sin mover los pies, ondulando sus ágiles miembros... Y él sonreía con
+estúpido arrobamiento, tendiendo la diestra hacia un taburete árabe
+cargado de botellas.
+
+Freya cuidaba de la provisión de licores más aún que de los comestibles.
+El marino estaba ebrio, con una borrachera sabiamente dosificada que
+nunca iba más allá del período de color de rosa. ¡Pero era tan feliz!...
+
+Comían fuera de la casa. Algunas veces sus salidas eran á media tarde, é
+iban á los restoranes de Possilipo ó del Vomero, los mismos que lo
+habían conocido á él como suplicante sin esperanza, y le veían ahora
+llevándola del brazo con orgulloso aire de posesión. Si les sorprendía
+la noche en su encierro, se dirigían á toda prisa á un café del interior
+de la ciudad, una cervecería, cuyo dueño hablaba en voz baja con Freya,
+empleando el idioma alemán.
+
+Siempre que la doctora estaba en Nápoles los sentaba á su mesa, con el
+aire de una buena madre que recibe á su hija y á su yerno. Sus lentes
+escrutadores parecían registrar el alma de Ferragut, como si dudasen de
+su fidelidad. Luego se enternecía en el curso de estos banquetes,
+compuestos de fiambres á uso alemán, con gran abundancia de bebidas. El
+amor era para ella lo más hermoso de la existencia, y no podía ver á los
+dos enamorados sin que un vaho de emoción empañase los cristales de sus
+segundos ojos.
+
+--¡Ah, capitán!... ¡Quiérala usted mucho!... No la contraríe, obedézcala
+en todo... Ella le adora.
+
+Frecuentemente, volvía de sus viajes con visible mal humor. Ulises
+adivinaba que había estado en Roma. Otros días se mostraba alegre, con
+una alegría irónica y pesada. «Los mandolinistas parecían entrar en
+razón. Cada vez contaba Alemania más partidarios entre ellos. En Roma,
+la propaganda germánica repartía millones.»
+
+Una noche, la emoción conmovía su áspera sensibilidad. Traía de su viaje
+un retrato, que apoyó amorosamente en el vasto pecho antes de mostrarlo.
+
+--¡Vedlo!--dijo á los dos--. Este es el héroe cuyo nombre hace derramar
+lágrimas de entusiasmo á todos los alemanes... ¡Qué honor para nuestra
+familia!
+
+El orgullo le hizo apresurarse, arrancando la fotografía de manos de
+Freya para pasársela á Ulises. Este vió á un oficial de marina algo
+maduro rodeado de numerosa familia. Dos niñas de cabellera rubia estaban
+sentadas en sus rodillas. Cinco chiquillos cabezudos y peliblancos
+aparecían á sus pies con las piernas cruzadas, alineados por orden de
+edad. Junto á sus hombros se extendían en doble ala varias señoritas
+huesudas, con las trenzas anudadas en forma de cesto, imitando el
+peinado de las emperatrices y grandes duquesas... Detrás se erguía la
+compañera virtuosa y prolífica, aventajada por los excesos de una
+maternidad de repetición.
+
+Ferragut contempló largamente á este patriarca guerrero. Tenía cara de
+buena persona, con sus ojos claros y su barba canosa y puntiaguda. Casi
+le inspiró una tierna compasión por sus abrumadores deberes de padre.
+
+Mientras tanto, la voz de la doctora cantaba las glorias de su pariente.
+
+--¡Un héroe!... Nuestro gracioso kaiser le ha dado la Cruz de Hierro.
+Varias capitales lo han hecho ciudadano honorífico... ¡Dios castiga á
+Inglaterra!
+
+Y ensalzó la inaudita hazaña de este jefe de familia. Era el comandante
+del submarino que había torpedeado á uno de los más grandes
+trasatlánticos ingleses. De mil doscientos pasajeros que venían de Nueva
+York, estaban ahogados más de ochocientos... Mujeres y niños habían
+entrado en la destrucción general.
+
+Freya, más ágil de pensamiento que la doctora, leyó en los ojos de
+Ulises... Miraba ahora con asombro la fotografía de este oficial rodeado
+de su bíblica prole como un burgués bondadoso. ¿Y un hombre que parecía
+bueno había hecho tal carnicería sin arrostrar peligro alguno, oculto
+en el agua, con el ojo pegado al periscopio, ordenando fríamente el
+envío del torpedo contra la ciudad flotante é indefensa?...
+
+--¡Es la guerra!--dijo Freya.
+
+--¡Claro que es la guerra!--repuso la doctora, como si le ofendiese el
+tono de excusa de su amiga--. Y es también nuestro derecho. Nos
+bloquean, quieren matar de hambre á nuestras mujeres y nuestros niños, y
+nosotros les matamos á los suyos.
+
+Sintió el capitán la necesidad de protestar, sin hacer caso de los
+gestos de su amante y de sus tirones ocultos. La doctora le había dicho
+muchas veces que Alemania no conocería nunca el hambre, gracias á su
+organización, y que podía resistirse años y años con el consumo de sus
+propios productos.
+
+--Así es--contestó la dama--. Pero la guerra hay que hacerla feroz,
+implacable, para que dure menos. Es un deber humano aterrar á los
+enemigos con una crueldad que vaya más allá de lo que puedan imaginarse.
+
+El marino durmió mal aquella noche, con una visible preocupación. Freya
+adivinó la presencia de algo que encapaba al influjo de sus caricias. Al
+día siguiente persistió este alejamiento pensativo, y ella, conociendo
+la causa, quiso disiparlo con sus palabras...
+
+Los torpedeamientos de vapores indefensos sólo se hacían en las costas
+de Inglaterra. Había que cortar, fuese como fuese, el abastecimiento de
+la isla odiada.
+
+--En el Mediterráneo no ocurrirá nunca eso. Puedo asegurártelo... Los
+submarinos sólo atacarán á los buques de guerra.
+
+Y como si temiese un renacimiento de los escrúpulos de Ulises, extremó
+sus seducciones en las tardes de voluptuoso encierro. Se renovaba, para
+que su amante no conociese el hastío. El, por su parte, llegó á creer
+que vivía á la vez con varias mujeres, lo mismo que un personaje
+oriental. Freya, al multiplicarse, no hacía mas que girar sobre sí
+misma, mostrándole una nueva faceta de su pasada existencia.
+
+El sentimiento de los celos, la amargura de no haber sido el primero y
+el único, rejuvenecía la pasión del marino, alejando el cansancio de la
+hartura, dando á las caricias de ella el sabor acre, desesperado y
+atrayente al mismo tiempo de una forzosa confraternidad con ignorados
+antecesores.
+
+Dejando libres sus encantos, iba y venía por el salón, segura de su
+hermosura, orgullosa de su cuerpo duro y soberbio, que no había cedido
+aún bajo el paso de los años. Unos chales de colores le servían de
+vestiduras transparentes. Agitándolos como fragmentos de arco iris en
+torno de su marfileña desnudez, esbozaba las danzas sacerdotales, las
+danzas al terrible Siva que había aprendido en Java.
+
+De pronto, el frío de la habitación mordía en sus carnes, despertándola
+de este ensueño tropical. De un último salto iba á refugiarse en los
+brazos de él.
+
+--¡Oh, mi argonauta amado!... ¡Tiburón mío!
+
+Se apelotonaba contra el pecho del navegante, acariciándole las barbas,
+empujándolo para incrustarse en el diván, que resultaba estrecho para
+los dos.
+
+Adivinaba inmediatamente la causa de su enfurruñamiento, de la flojera
+con que respondía á sus caricias, del fuego sombrío que pasaba por sus
+ojos... La danza exótica le hacía recordar el pasado de ella. Y para
+dominarle de nuevo, sometiéndolo á una dulce pasividad, saltaba del
+diván, corriendo por la habitación.
+
+--¿Qué le daré á mi hombrecito malo para que sonría un poco?... ¿Qué le
+haré para que olvide sus malas ideas?...
+
+Los perfumes eran su afición dominante. Como ella misma declaraba, podía
+faltarle que comer, pero nunca las esencias más ricas y costosas. En
+aquel salón de muebles escasos, semejante al interior de una tienda de
+campaña, los frascos tallados, con cerraduras doradas y niqueladas,
+asomaban entre ropas y papeles, surgían de los rincones, denunciando el
+olvido en que vivían con su embriagadora respiración.
+
+--¡Toma!... ¡toma!
+
+Y derramaba los perfumes preciosos como si fuesen agua sobre la cabeza
+de Ferragut, sobre sus barbas rizosas, teniendo el marino que cerrar los
+párpados para no quedar ciego bajo el loco bautismo.
+
+Ungido y oloroso como un déspota asiático, el fuerte Ulises se revolvía
+algunas veces contra este afeminamiento. Otras lo aceptaba, con la
+delectación de un placer nuevo.
+
+Veía abrirse de pronto un ventanal en su imaginación, y pasaban por este
+cuadro luminoso la melancólica Cinta, su hijo Esteban, el puente del
+buque, Tòni junto al timonel.
+
+«¡Olvida!--gritaba la voz de los malos consejos, borrando la visión--.
+¡Goza del presente!... Tiempo te queda para ir en busca de ellos.»
+
+Y se sumía otra vez en su bienestar artificioso y refinado, con el
+egoísmo del sátrapa que, luego de ordenar varias crueldades, se encierra
+en el harén.
+
+Lienzos finísimos esparcidos al azar se arrollaban á su cuerpo ó le
+servían de almohada. Eran prendas interiores de ella, pétalos
+desprendidos de su hermosura, pantalones y camisas que guardaban la
+tibieza y el perfume de su carne. Los equipajes de los dos estaban
+confundidos, como si sufriesen la misma atracción que juntaba sus
+cuerpos con un enlazamiento continuo. Si Ferragut necesitaba buscar un
+objeto de su pertenencia, se perdía en el oleaje de faldas, enaguas de
+seda, ropa blanca, perfumes y retratos tendido sobre los muebles ó
+encrespado en los rincones.
+
+Cuando Freya no se apelotonaba en sus brazos, cansada de danzar en el
+centro del salón, abría una caja de sándalo. En ella guardaba todas sus
+joyas, volviendo á extraerlas con nerviosa inquietud, como si temiera
+que se evaporasen en el encierro. Su amante tenía que oír las graves
+explicaciones con que acompañaba la exhibición de sus tesoros.
+
+--¡Toca!--decía mostrándole la sarta de perlas unida casi siempre á su
+cuello.
+
+Estos granos de resplandor lunar eran para ella animalillos vivientes,
+criaturas que necesitaban el contacto de su piel para alimentarse con su
+jugo. Se impregnaban de la esencia del que las llevaba: bebían su vida.
+
+--¡Han dormido tantas noches sobre mí!--murmuraba contemplándolas
+amorosamente--. Ese ligero tono de ámbar se lo he dado yo con mi calor.
+
+Ya no eran una joya: formaban parte de su organismo. Podían palidecer y
+morir si pasaban varios días olvidadas en el fondo de la caja.
+
+Después iba sacando del perfumado encierro todas las joyas que
+constituían su orgullo: pendientes y sortijas de gran precio revueltos
+con otras alhajas exóticas de bizarras formas y escaso valor adquiridas
+en sus viajes.
+
+--¡Mira bien!--decía gravemente á Ferragut mientras frotaba contra su
+brazo desnudo el enorme brillante de una de sus sortijas.
+
+Al calentarse, la piedra preciosa se convertía en imán. Un pedazo de
+papel colocado á unos cuantos centímetros lo atraía con irresistible
+revoloteo.
+
+A continuación frotaba una de aquellas joyas exóticas y falsas con
+gruesos vidrios tallados, y el pedacito de papel quedaba inmóvil, sin
+estremecerse bajo los efectos de la atracción.
+
+Freya, satisfecha de estas experiencias, guardaba sus tesoros en la
+cajita y la repelía con pasajero tedio, para arrojarse sobre Ulises lo
+mismo que una bestia que quiere morder.
+
+Estos largos encierros en una atmósfera cargada de esencias, de tabaco
+oriental, de respiración de carne femenil, desordenaban el pensamiento
+de Ferragut. Además, bebía para dar nuevo vigor á su organismo, que
+empezaba á quebrantarse con los monstruosos excesos de la voluptuosa
+reclusión. Al más leve signo de fastidio, Freya caía sobre él con sus
+labios dominadores. Si lo dejaba libre de sus brazos, era para ofrecerle
+la copa llena de licores fuertes.
+
+La embriaguez, al apoderarse de él, entornando sus ojos, evocaba siempre
+idénticos ensueños. En sus siestas de ebrio saciado y feliz, reaparecía
+Freya, que no era Freya, sino doña Constanza, la emperatriz de Bizancio.
+La veía vestida de labradora, tal como figuraba en el cuadro de la
+iglesia de Valencia, y al mismo tiempo completamente desnuda, igual que
+la otra cuando danzaba en el salón.
+
+Esta doble imagen, que se separaba y se juntaba caprichosamente con las
+inverosimilitudes del ensueño, decía siempre lo mismo. Freya era doña
+Constanza perpetuándose á través de los siglos, tomando nuevas formas.
+Había nacido de la unión de un alemán y una italiana, igual que la
+otra... Pero la púdica emperatriz sonreía ahora de su desnudez; estaba
+satisfecha de ser simplemente Freya. La infidelidad marital, la
+persecución y la pobreza, habían sido el resultado de su primera
+existencia, tranquila y virtuosa.
+
+«Ahora conozco la verdad--continuaba diciendo doña Constanza con una
+sonrisa dulcemente impúdica--. Sólo existe el amor; lo demás es engaño.
+¡Bésame, Ferragut!... He vuelto á la vida para recompensarte. Tú me
+diste la virginidad de tu cariño; me deseaste antes de ser hombre.»
+
+Y su beso era igual al de la espía, un beso absorbente que tiraba de
+toda su persona, haciéndole despertar... Al abrir los ojos, veía á Freya
+abrazada á él y con la boca junto á la suya.
+
+--¡Levántate, mi lobo marino!... Ya es de noche. Vamos á comer.
+
+Fuera de la casa, Ulises aspiraba el viento del crepúsculo, mirando las
+primeras estrellas que empezaban á brillar sobre los tejados. Sentía la
+fresca delectación y la flojedad de piernas de la odalisca que sale de
+su encierro.
+
+Terminada la comida, andaban por las calles más obscuras ó seguían los
+paseos de la ribera, huyendo de la gente. Una noche se detuvieron en los
+jardines de la _Villa Nazionale_, junto al banco que había presenciado
+su lucha á la vuelta de Possilipo.
+
+--¡Aquí me quisiste matar, ladrón!... ¡Aquí me amenazaste con tu
+revólver, bandido mío!...
+
+Ulises protestó... «¡Vaya un modo de recordar las cosas!» Pero ella dió
+fin á sus rectificaciones con un autoritarismo audaz y mentiroso.
+
+--Fuiste tú... ¡fuiste tú!... Lo digo y basta. Es preciso que te
+acostumbres á aceptar lo que yo afirme.
+
+En la cervecería donde comían las más de las noches, falso salón
+medioeval, con vigas de artesonado hechas á máquina, paredes de yeso
+imitando el roble y vidrieras neogóticas, el dueño mostraba como gran
+curiosidad un jarro de figurillas grotescas entre los _bocks_ de
+porcelana que adornaban las repisas del zócalo.
+
+Ferragut lo reconoció inmediatamente: era un jarro antiguo peruano.
+
+--Sí; es una _huaca_--dijo ella--. Yo también he estado allá... Nos
+dedicábamos á fabricar antigüedades.
+
+Freya interpretó mal el gesto que hizo su amante. Creyó que se asombraba
+ante lo inaudito de esta fabricación de recuerdos incásicos. «Alemania
+es grande. Nada se resiste al poder de adaptación de su industria...»
+
+Y los ojos de ella brillaron con un fuego de orgullo al enumerar estas
+hazañas de falsa resurrección histórica. Habían llenado museos y
+colecciones particulares de estatuillas egipcias y fenicias recién
+hechas. Luego habían fabricado en tierra alemana antigüedades del Perú
+para venderlas á los viajeros que visitaban el antiguo Imperio de los
+incas. Unos indígenas á sueldo se encargaban de desenterrarlas
+oportunamente, con gran publicidad. Ahora, la moda favorecía al arte
+negro, y los coleccionistas buscaban los ídolos horribles de madera
+tallados por las tribus del interior de África.
+
+Pero lo que interesaba á Ferragut era el plural empleado por ella al
+hablar de tales industrias. ¿Quién fabricaba las antigüedades
+peruanas?... ¿Era su marido el sabio?...
+
+--No--dijo Freya tranquilamente--; fué otro: un artista de Munich. Tenía
+escaso talento para la pintura, pero una gran inteligencia para los
+negocios. Volvimos del Perú con la momia de un inca, que paseamos por
+casi todos los museos de Europa, sin encontrar quien la comprase. Un mal
+negocio. Guardábamos al inca en nuestro cuarto del hotel, y...
+
+Ferragut no se interesó con las andanzas del pobre monarca indio
+arrancado al reposo de su tumba... ¡Uno más! Cada confidencia de Freya
+sacaba un nuevo antecesor de las tinieblas de su pasado.
+
+Al salir de la cervecería, el capitán marchó con aspecto sombrío. Ella,
+por el contrario, reía de sus recuerdos, viendo á través de los años,
+con un optimismo halagador, esta lejana aventura de su época de bohemia;
+regocijándose al evocar la carroña del inca paseada de hotel en hotel.
+
+De pronto estalló la cólera de Ulises... El oficial holandés, el sabio
+naturalista, el cantante que se pegó un tiro, y ahora el falsificador de
+antigüedades... Pero ¿cuántos hombres había en su existencia? ¿Cuántos
+quedaban aún por llegar?... ¿Por qué no los soltaba todos de una vez?...
+
+Freya quedó sorprendida por la violencia del exabrupto. Le daba miedo la
+cólera del marino. Luego rió, apoyándose con fuerza en su brazo,
+tendiendo el rostro hacia él.
+
+--¡Tienes celos!... ¡Mi tiburón tiene celos! Sigue hablando. No sabes lo
+que me gusta oírte. ¡Quéjate!... ¡pégame!... Es la primera vez que veo á
+un hombre con celos. ¡Ah, los meridionales!... Por algo os adoran las
+mujeres.
+
+Y decía verdad. Experimentaba una sensación nueva ante esta cólera viril
+provocada por el despecho amoroso. Ulises se le aparecía como un hombre
+distinto á todos los que había conocido en su existencia anterior,
+fríos, acomodaticios y egoístas.
+
+--¡Ferragut mío!... ¡Mi mediterráneo! ¡Cómo te amo! Ven... ven...
+Necesito recompensarte.
+
+Estaban en una calle céntrica, junto á la esquina de un callejón que
+formaba una cuesta de rellanos. Ella le empujó, y á los primeros pasos
+en la estrecha y obscura vía se abrazó á él, volviendo la espalda al
+movimiento y la luz de la gran calle para besarlo con aquel beso que
+hacía temblar las piernas del capitán.
+
+Aplacado en su cólera, siguió quejándose durante el resto del paseo.
+¿Cuántos le habían precedido?... Necesitaba conocerlos. Quería saber,
+por lo mismo que esto le causaba un daño horrible. Era el sádico deleite
+del celoso que persiste en arañar su herida.
+
+--Quiero conocerte--repitió--. Debo conocerte, ya que me perteneces.
+¡Tengo derecho!...
+
+Este derecho, invocado con una testarudez infantil, hizo sonreír á Freya
+dolorosamente. Largos siglos de experiencia parecieron asomar en el
+fruncimiento melancólico de su boca. Brilló en ella la sabiduría de la
+mujer, más cauta y previsora que la del hombre, por ser el amor su única
+preocupación.
+
+--¿Por qué quieres saber?--preguntó con desaliento--. ¿Qué adelantas con
+eso?... ¿Serás acaso más feliz cuando sepas?...
+
+Calló durante algunos pasos, y luego dijo sordamente:
+
+--Para amar no es preciso conocerse. Todo lo contrario: un poco de
+misterio mantiene la ilusión y aleja la hartura... El que quiere saber
+nunca es dichoso.
+
+Siguió hablando. La verdad tal vez era buena en las otras cosas de la
+existencia, pero resultaba fatal para el amor. Era demasiado fuerte,
+demasiado cruda. El amor se asemejaba á ciertas mujeres, bellas como
+diosas á una luz artificial y discreta, horribles como monstruos bajo
+los resplandores quemantes del sol.
+
+--Créeme: repele esas quimeras del pasado. ¿No te basta el presente?...
+¿No eres feliz?
+
+Y necesitando convencerla de que lo era, pobló aquella noche el cerrado
+misterio del dormitorio con una serie interminable de voluptuosidades
+feroces, exasperadas, que hicieron caer á Ulises en un anonadamiento
+pesado y dulce á la vez.
+
+Tenía la convicción de su vileza. Adoraba y detestaba á esta mujer que
+dormía á su lado con un cansancio impuro... ¡Y no poder separarse!...
+
+Ansioso de encontrar una excusa, evocó la imagen de su cocinero tal como
+era cuando filosofaba en el rancho de la marinería. Para desear los
+mayores males á un enemigo, este varón cuerdo formulaba siempre el mismo
+anatema: «¡Permita Dios que encuentres una mujer arreglada á tu
+gusto!...»
+
+El piadoso y malhablado _Caragòl_ no designaba á la mujer por entero,
+circunscribiéndose á nombrar la parte más interesante de su sexo; pero
+la maldición era la misma.
+
+Ferragut había encontrado la mujer «arreglada á su gusto» y era esclavo
+para siempre de su suerte. La seguiría, á través de todos los
+envilecimientos, hasta donde ella quisiera llevarle; cada vez con menos
+energía para protestar, aceptando las situaciones más deshonrosas á
+cambio del amor... ¡Y siempre sería así! ¡Y él, que se consideraba meses
+antes un hombre duro y dominador, acabaría por suplicar y llorar si
+ella se alejaba!... ¡Ah, miseria!...
+
+En las horas de tranquilidad, cuando la hartura les hacía conversar
+plácidamente como dos amigos del mismo sexo, Ulises evitaba las
+alusiones al pasado y le dirigía preguntas sobre su vida actual. Le
+preocupaban los trabajos misteriosos de la doctora; quería conocer la
+parte que tomaba Freya en ellos, con el interés que inspiran siempre las
+acciones más fútiles de la persona amada. ¿No pertenecía él á la misma
+asociación por el hecho de obedecer sus órdenes?...
+
+Las respuestas eran incompletas. Ella se había limitado á obedecer á la
+doctora, que lo sabía todo... Luego vacilaba, rectificándose. No; su
+amiga no podía saberlo todo. Por encima de ella estaban el conde y otros
+personajes que venían de tarde en tarde á visitarla, como viajeros de
+paso. Y la cadena de agentes, de menor á mayor, se perdía en misteriosas
+alturas que hacían palidecer á Freya, poniendo en sus ojos y en su voz
+una expresión de supersticioso respeto.
+
+Únicamente le era lícito hablar de sus trabajos, y lo hacía
+discretamente, contando los procedimientos que había empleado, pero sin
+nombrar á sus colaboradores ni decir cuál era su finalidad. Las más de
+las veces se había movido sin saber adónde convergían sus esfuerzos,
+como voltea una rueda, conociendo únicamente su engranaje inmediato,
+ignorando el conjunto de la maquinaria y la clase de producción á que
+contribuye.
+
+Se admiró Ulises de los inverosímiles y grotescos procedimientos
+empleados por los agentes del espionaje.
+
+--¡Pero eso es de novela de folletón!... Son medios gastados y ridículos
+que todos pueden aprender en libros y melodramas.
+
+Freya asentía. Por eso mismo los empleaban. El medio más seguro de
+desorientar al enemigo era valerse de procedimientos vulgares; así, el
+mundo moderno, inteligente y sutil, se resistía á creer en ellos.
+Bismarck había engañado á toda la diplomacia europea diciendo
+simplemente la verdad, por lo mismo que nadie esperaba que la verdad
+saliese de su boca. El espionaje alemán se agitaba como los personajes
+de una novela policíaca, y la gente no quería creer en sus trabajos,
+aunque estos trabajos pasasen ante sus ojos, por parecerle demasiado
+gastados y fuera de moda.
+
+--Por eso--continuó ella--cada vez que Francia descubría una parte de
+nuestros manejos, la opinión mundial, que sólo cree en cosas ingeniosas
+y difíciles, se reía de ella, considerándola atacada del delirio de
+persecuciones.
+
+La mujer entraba por mucho en el servicio de espionaje. Las había sabias
+como la doctora, elegantes como Freya, venerables y con un apellido
+célebre, para obtener la confianza que inspira una viuda noble. Eran
+numerosas, pero no se conocían unas á otras. Algunas veces se tropezaban
+en el mundo, se presentían, pero cada una continuaba su camino,
+empujadas en distintas direcciones por la fuerza omnipotente y oculta.
+
+Le mostró retratos suyos que databan de algunos años. Ulises tardó en
+reconocerla al contemplar la fotografía de una japonesa delgada,
+jovencita, envuelta en un kimono sombrío.
+
+--Soy yo, cuando estuve allá. Nos interesaba conocer la verdadera fuerza
+de ese pueblo de hombrecitos con ojos de ratón.
+
+El otro retrato aparecía con falda corta, botas de montar, camisa de
+hombre y un fieltro de _cow-boy_. Era del Transvaal. También había
+andado por el Sur de África, en compañía de otros alemanes del
+«servicio», para sondear el estado de ánimo de los boers bajo la
+dominación inglesa.
+
+--Yo he estado en todas partes--afirmó ella con orgullo.
+
+--¿También en París?--dijo el marino.
+
+Dudó antes de contestar, pero al fin hizo un movimiento de cabeza...
+Había estado muchas veces en París. La guerra le había sorprendido
+viviendo en el Gran Hotel. Afortunadamente, recibió aviso dos días antes
+de la ruptura de hostilidades, pudiendo librarse de quedar prisionera en
+un campo de concentración... Y no quiso decir más. Era verbosa y franca
+al relatar los trabajos pasados, pero el recuerdo de los recientes le
+infundía una reserva inquieta y medrosa.
+
+Para torcer el curso de la conversación, habló de los peligros que la
+habían amenazado en sus viajes.
+
+--Necesitamos ser valientes... La doctora, tal como la ves, es una
+heroína... Ríete; pero si conocieses su arsenal, tal vez te infundiese
+miedo. Es una científica.
+
+La grave señora experimentaba una repugnancia invencible por las armas
+vulgares. Freya le conocía todo un botiquín portátil lleno de
+anestésicos y venenos.
+
+--Además, lleva encima un saquito repleto de ciertos polvos de su
+invención: tabaco, pimienta... ¡demonios! El que los recibe en los ojos
+queda ciego. Es como si le echasen llamas.
+
+Ella era menos complicada en sus medios de defensa. Tenía el revólver,
+arma que lograba ocultar como esconden el aguijón ciertos insectos, sin
+saberse nunca con certeza de dónde volvía á surgir. Y por si no le era
+posible valerse de él, contaba con el alfiler de su sombrero.
+
+--Míralo... ¡Con qué gusto lo clavaría en el corazón de muchos!...
+
+Y le mostró una especie de puñal disimulado, un estilete sutil y
+triangular de verdadero acero, rematado por una perla larga de vidrio
+que podía servir de empuñadura.
+
+«¡Entre qué gente vives!--murmuraba en el interior de Ferragut la voz de
+la cordura--. ¡Dónde te has metido, hijo mío!»
+
+Pero su tendencia á desafiar el peligro, á no vivir como los demás, le
+hizo encontrar un profundo encanto á esta existencia novelesca.
+
+La doctora ya no emprendió más viajes. En cambio aumentaban sus
+visitantes. Algunas veces, cuando Ulises intentaba dirigirse hacia sus
+habitaciones, le detenía Freya.
+
+--No vayas... Tiene una consulta.
+
+Al abrir la puerta del rellano que correspondía á su alojamiento, vió en
+varias ocasiones la mampara verde de la oficina cerrándose detrás de
+muchos hombres, todos ellos de aspecto germánico: viajeros que venían á
+embarcarse en Nápoles con cierta precipitación, vecinos de la ciudad que
+recibían órdenes de la doctora.
+
+Esta se mostró más preocupada que de costumbre. Sus ojos pasaban con
+distracción sobre Freya y el marino, como si no los viese.
+
+--Malas noticias de Roma--decía á Ferragut su amante--. Estos
+mandolinistas malditos se nos escapan.
+
+Ulises empezó á sentir la saciedad de los días voluptuosos, que se
+sucedían siempre iguales. Sus sentidos se embotaban con tantos placeres
+repetidos maquinalmente. Además, un monstruoso desgaste le hacía pensar
+por instinto defensivo en la vida tranquila del hogar.
+
+Tímidamente hacía cálculo sobre su dulce reclusión. ¿Cuánto tiempo vivía
+en ella?... Su memoria confusa y nebulosa pedía auxilio.
+
+--Quince días--contestaba Freya.
+
+De nuevo insistía en sus cálculos, y ella le afirmaba que sólo iban
+transcurridas tres semanas desde que su vapor partió de Nápoles.
+
+--Tendré que irme--decía Ulises con vacilación--. Me esperan en
+Barcelona: no tengo noticias... ¿Qué será de mi buque?...
+
+Ella, que le escuchaba con aire distraído, no queriendo entender sus
+tímidas insinuaciones, respondió una tarde categóricamente:
+
+--Se acerca el momento de que cumplas tu palabra, de que te sacrifiques
+por mí. Luego podrás marcharte á Barcelona, y yo... yo iré á juntarme
+contigo. Si no puedo ir, ya nos encontraremos... El mundo es pequeño.
+
+Su pensamiento no llegaba más allá de este sacrificio exigido á
+Ferragut. Luego, ¿quién podía saber dónde iría ella á parar?...
+
+Dos tardes después, la doctora y el conde llamaron al marino. La voz de
+la dama, siempre bondadosa y protectora, tomó esta vez un leve acento de
+mando.
+
+«Todo está listo, capitán.» Como no había podido disponer de su vapor,
+ella le tenía preparado otro buque. Debía limitarse á seguir las
+instrucciones del conde. Este le enseñaría el barco cuyo mando iba á
+tomar.
+
+Se marcharon juntos los dos hombres. Era la primera vez que Ulises salía
+á la calle sin Freya, y á pesar de su entusiasmo amoroso, sintió una
+agradable sensación de libertad.
+
+Descendieron á la ribera, y en el pequeño puerto de la isla del Huevo
+pasaron el tablón que servía de puente entre el muelle y una goleta
+pequeña de casco verdoso. Ferragut, que la había apreciado exteriormente
+de una sola ojeada, corrió su cubierta... «Ochenta toneladas.» Luego
+examinó el aparejo y la máquina auxiliar, un motor á petróleo que le
+permitía hacer siete millas por hora cuando el velamen no encontraba
+viento.
+
+Había visto en la popa el nombre del buque y su procedencia, adivinando
+en seguida la clase de navegación á que estaba dedicado. Era una goleta
+siciliana de Trápani, construida para la pesca. Un calafate artista
+había esculpido una langosta de madera subiendo por el timón. Por los
+dos lados de la proa se remontaba un doble rosario de cangrejos,
+tallados con la prolijidad inocente de un imaginero medioeval.
+
+Al asomarse á una escotilla vió la mitad de la cala llena de cajas.
+Ferragut reconoció este cargamento. Cada una de las cajas contenía dos
+latas de esencia de petróleo.
+
+--Muy bien--dijo al conde, que había permanecido silencioso á sus
+espaldas, siguiéndole en todas sus evoluciones--. ¿Dónde está la
+tripulación?...
+
+Kaledine le señaló tres marineros algo viejos acurrucados en la proa y
+un muchacho vestido de andrajos. Eran veteranos del Mediterráneo,
+silenciosos y ensimismados, que obedecían maquinalmente las órdenes, sin
+preocuparse de adonde iban ni de quién los mandaba.
+
+--¿No hay más?--preguntó Ferragut.
+
+El conde aseguró que otros hombres vendrían á reforzar la tripulación en
+el momento de la salida. Esta iba á ser tan pronto como la carga quedase
+terminada. Había que tomar ciertas precauciones para no llamar la
+atención.
+
+--De todos modos, esté usted pronto para embarcarse, capitán. Tal vez le
+avise con sólo un par de horas de avance.
+
+En la noche, hablando á Freya, se asombró Ulises de la prontitud con que
+la doctora había encontrado un buque, de la discreción con que hacían su
+carga, de todos los detalles de este negocio, que se desarrollaba fácil
+y misteriosamente en la misma boca de un gran puerto, sin que nadie se
+percatase de ello.
+
+Su amante afirmó con orgullo que Alemania sabía conducir bien sus
+asuntos. No era la doctora la que obraba tales prodigios. Todos los
+negociantes germánicos de Nápoles y Sicilia le habían dado ayuda... Y
+convencida de que el capitán iba á ser avisado de un momento á otro,
+puso en orden su equipaje, arreglando una pequeña maleta que le había de
+acompañar en la corta navegación.
+
+Al anochecer del día siguiente el conde vino á buscarle. Todo estaba
+listo: el buque esperaba á su capitán.
+
+La doctora despidió á Ulises con cierta solemnidad. Se hallaban en el
+salón, y dió una orden en voz baja á Freya. Esta salió para volver
+inmediatamente con una botella estrecha y larga. Era vino añejo del
+Rhin, regalo de un comerciante de Nápoles, que guardaba la doctora para
+una ocasión extraordinaria. Llenó cuatro vasos; y tomando el suyo, miró
+en torno de ella con indecisión.
+
+--¿Dónde cae el Norte?
+
+El conde lo señaló silenciosamente. Entonces la dama fué levantando su
+vaso con solemne lentitud, como si ofreciese una libación religiosa al
+misterioso poder oculto en el Norte, lejos, muy lejos. Kaledine la imitó
+con el mismo gesto de fervor.
+
+Ulises iba á llevarse el vaso á los labios, queriendo ocultar un
+principio de risa provocado por la gravedad de la imponente señora.
+
+--Haz lo mismo que ellos--murmuró Freya junto á su oído.
+
+Y los dos brindaron mudamente, con los ojos vueltos hacia el Norte.
+
+--¡Buena suerte, capitán!--dijo la doctora--. Volverá usted pronto y con
+toda felicidad, ya que trabaja por una causa justa... Nunca olvidaremos
+sus servicios.
+
+Freya quiso acompañarlo hasta el buque. El conde inició una protesta,
+pero se contuvo viendo el gesto bondadoso de la sensible dama. «¡Se
+amaban tanto!... Había que conceder algo al amor...»
+
+Bajaron los tres por las calles pendientes de Chiaia hasta la ribera de
+Santa Lucía. Ferragut, á pesar de su preocupación, se fijó en el
+aspecto del conde. Iba vestido de azul y con gorra negra, lo mismo que
+un _yachtman_ que se prepara á tomar parte en una carrera de balandros.
+Sin duda había adoptado este traje para hacer más solemne la despedida.
+
+En los jardines de la _Villa Nazionale_ se detuvo Kaledine, dando una
+orden á Freya. No toleraba que pasase más adelante. Podía llamar la
+atención en el pequeño puerto de la isla del Huevo, frecuentado sólo por
+pescadores. El tono de la orden fué cortante, imperioso, y ella obedeció
+sin protesta, como si estuviese habituada á tal superioridad.
+
+--¡Adiós!... ¡adiós!
+
+Olvidando la presencia del testigo severo, abrazó á Ulises
+ardorosamente. Después rompió á llorar con un estertor nervioso. Le
+pareció á él que nunca había sido tan sincera como en este momento, y
+tuvo que esforzarse para salir del anillo de sus brazos. «¡Adiós!...
+¡adiós!...» Luego marchó detrás del conde, sin atreverse á volver la
+cabeza, presintiendo que ella le seguía con los ojos.
+
+En la ribera de Santa Lucía vió de lejos su antiguo hotel con las
+ventanas iluminadas. El portero precedía los pasos de un joven que
+acababa de descender de un carruaje llevando su maleta. Ferragut se
+acordó de pronto de su hijo Esteban. El viajero adolescente ofrecía de
+lejos cierta semejanza con él... Y siguió adelante, sonriendo con
+amargura de este recuerdo inoportuno.
+
+Al entrar en la goleta encontró á Karl, el dependiente de la doctora,
+que había traído su pequeño equipaje y acababa de instalarlo en el
+camarote. «Podía retirarse...» Luego pasó revista á la tripulación.
+Además de los tres sicilianos viejos, vió ahora siete mocetones rubios y
+carnudos con los brazos arremangados. Hablaban italiano, pero el capitán
+no tuvo dudas sobre su verdadera nacionalidad.
+
+Empezaron varios de ellos á levar el ancla, y Ferragut miró al conde
+como si le invitase á salir. El buque se despegaba poco á poco del
+muelle. Iban á retirar la tabla que servía de puente.
+
+--Yo voy también--dijo Kaledine--. Me interesa el paseo.
+
+Ulises, que estaba dispuesto á no sorprenderse de nada en este viaje
+extraordinario, se limitó á una exclamación de alegría cortés. «¡Tanto
+mejor!...» Ya no se ocupó de él, dedicándose á sacar el barco del
+pequeño puerto, dirigiendo su rumbo hacia la salida del golfo. Los
+vidrios de la ribera de Santa Lucía temblaron con el ronquido del motor
+de la goleta, máquina vieja y escandalosa, que imitaba el chapoteo de un
+perro cansado. Mientras tanto, las velas se tendían á lo largo de los
+mástiles, aleteando bajo los primeros manotones del viento.
+
+Tres días duró la navegación. En la primera noche el capitán paladeó el
+voluptuoso egoísmo del descanso á solas. Ya no tenía una mujer á su lado
+como prolongación inevitable; vivía entre hombres... Y apreció la
+castidad como un placer que se le ofrecía con todos los encantos de lo
+nuevo.
+
+La segunda noche, en la estrecha y maloliente cámara del patrón, se
+sintió desvelado por los recuerdos, que volvían á retoñar. ¡Oh,
+Freya!... ¡Cuándo la vería otra vez!...
+
+El conde y él hablaron poco, pero pasaban largas horas juntos, sentados
+al lado de la rueda del timón, mirando el mar. Eran más amigos que en
+tierra, aunque se cruzaban entre ellos escasas palabras. La vida común
+aminoraba la altivez del fingido diplomático y hacía que el capitán
+descubriese nuevos méritos en su persona.
+
+La soltura con que andaba por el buque y ciertas palabras técnicas
+empleadas contra su voluntad no permitieron á Ferragut más dudas sobre
+su verdadera profesión.
+
+--Usted es marino--dijo de pronto.
+
+Y el conde asintió, juzgando inútil el disimulo. Sí, era marino.
+
+«Entonces, ¿qué hago yo aquí? ¿Para qué me han dado el mando?...» Así
+pensó Ferragut, sin atinar por qué buscaba su concurso este hombre que
+podía dirigir el buque sin ayuda ajena.
+
+Indudablemente era un oficial de marina, y también debían proceder de
+una flota todos los marineros rubios que trabajaban como autómatas. La
+disciplina les hacía acatar las órdenes de Ferragut, pero se adivinaba
+que para ellos su mando no pasaba de ser una simple delegación, y que el
+verdadero jefe de á bordo era el conde.
+
+La goleta pasó á la vista del archipiélago de Lípari; luego, torciendo
+el rumbo hacia el Oeste, siguió las costas de Sicilia desde el cabo
+Gallo al cabo de San Vito. A partir de aquí puso su proa al Sudoeste,
+yendo en busca de las islas Egades.
+
+Debía esperar en estas aguas, donde empieza á angostarse el Mediterráneo
+entre Túnez y Sicilia, irguiéndose el pico volcánico de la isla
+Pantelaria en mitad del inmenso estrecho.
+
+Le bastaban al conde breves indicaciones para que el rumbo seguido por
+Ferragut fuese con arreglo á sus deseos. Acabó por no ocultar la
+admiración que le inspiraba su maestría de navegante.
+
+--Conoce usted bien su mar--dijo el conde.
+
+El capitán se encogió de hombros sonriendo. Era verdaderamente suyo.
+Podía llamarle _mare nostrum_, lo mismo que los romanos, sus antiguos
+dominadores.
+
+Como si adivinase el fondo á simple vista, mantuvo el buque en los
+límites del extenso banco de la Aventura. Navegaba lentamente con sólo
+algunas velas, cruzando y recruzando las mismas aguas.
+
+Kaledine, al transcurrir dos días, empezó á inquietarse. Varias veces
+oyó Ferragut cómo murmuraba el nombre de Gibraltar. El paso del
+Atlántico al Mediterráneo era el mayor peligro para los que él esperaba.
+
+Desde la cubierta de la goleta sólo se podía ver á corta distancia, y el
+conde trepó repetidas veces por las escalas de cuerda de la arboladura,
+para abarcar con sus ojos un espacio más extenso.
+
+Una mañana gritó desde lo alto al capitán, señalándole un punto del
+horizonte. Debía hacer rumbo en la misma dirección. Allí estaban los que
+él buscaba.
+
+Ferragut le obedeció, y media hora después fueron apareciendo, uno tras
+otro, dos buques prolongados y bajos de borda, que navegaban con gran
+velocidad. Eran como destroyers, pero sin mástiles, sin chimeneas,
+deslizándose casi á ras del agua, pintados de un color gris que les
+hacía confundirse con el mar á cierta distancia.
+
+Se colocaron á ambos lados del velero, aproximándose á él de tal modo,
+que parecía que iban á aplastarlo con el encontrón de sus cascos. Varios
+cables metálicos surgieron de sus cubiertas para enroscarse en los palos
+de la goleta, aprisionándola, formando una sola masa de los tres buques,
+que siguieron unidos la lenta ondulación del mar.
+
+Ulises examinó curiosamente á los dos compañeros de flotación. ¿Estos
+eran los famosos submarinos?... Vió en su cubierta de acero escotillas
+redondas y salientes como chimeneas, por las que asomaban grupos de
+cabezas. Los oficiales y tripulantes iban vestidos como pescadores de
+las costas del Norte, con traje impermeable de una sola pieza y casco
+encerado. Muchos de ellos agitaron en lo alto estos cascos, y el conde
+les respondió tremolando su gorra. Los marineros rubios de la goleta
+gritaron, contestando á las aclamaciones de sus camaradas de los
+sumergibles: «_¡Deutschland über alles!_...»
+
+Pero este entusiasmo en medio de la soledad del mar, que equivalía á un
+canto da triunfo, duró muy poco. Sonaron pitos, corrieron hombres por
+las aceradas cubiertas, y Ferragut vió invadido su buque por dos filas
+de marineros. En un momento quedaron abiertas las escotillas, sonó un
+ruido de maderas rotas, y las latas de esencia empezaron á transbordarse
+por ambos lados. En torno del velero se pobló el agua de cajones
+abiertos, que se alejaban con mansa flotación.
+
+El conde oía en la popa á un hombre vestido de tela impermeable, que era
+un oficial.
+
+Relataba el paso por el estrecho de Gibraltar completamente sumergidos,
+viendo por el periscopio los torpederos ingleses en patrulla de
+vigilancia.
+
+--Nada, comandante--continuó el oficial--; ni el menor incidente... Una
+navegación magnífica.
+
+--¡Que Dios castigue á Inglaterra!--dijo el conde, llamado ahora
+comandante.
+
+--¡Que Dios la castigue!--repuso el oficial, como si dijese «amén».
+
+Ferragut se vió olvidado, desconocido por todos estos hombres que
+llenaban la goleta. Algunos marineros le empujaron en la precipitación
+de su trabajo. Era el patrón del velero, un civil falto de jerarquía al
+estar entre hombres de guerra.
+
+Empezó á comprender por qué motivo le habían dado el mando del pequeño
+buque. El conde se quedaba. Le vió acercarse como si de repente se
+acordase de él, tendiéndole su diestra con una afabilidad de camarada.
+
+--Capitán, muchas gracias. Este servicio es de los que no se olvidan.
+Tal vez no nos veremos nunca... Pero, por si alguna vez me necesita,
+sepa quién soy.
+
+Y como si presentase á otra persona, dijo sus nombres ceremoniosamente:
+Archibaldo von Kramer, teniente de navío de la flota imperial... Su
+personalidad de diplomático no era enteramente falsa. Había servido como
+agregado naval en varias Embajadas.
+
+Luego le dió instrucciones para el regreso. Podía esperar frente á
+Palermo. Un bote vendría en busca suya para llevarle á tierra. Todo
+estaba previsto... Debía entregar el mando al verdadero dueño de la
+goleta: un miedoso que se había hecho pagar muy caro el alquiler del
+buque, pero sin atreverse á poner en riesgo su persona. En la cámara
+estaban los papeles en regla para justificar esta navegación.
+
+--Salude en mi nombre á las señoras... Dígales que pronto oirán hablar
+de nosotros. Vamos á hacernos dueños del Mediterráneo.
+
+Continuó el desembarque de combustible. Ferragut vió á Von Kramer
+introduciéndose por la capota abierta de uno de los submarinos. Luego
+creyó reconocer en el otro sumergible á dos marineros de los que habían
+tripulado la goleta, los cuales fueron recibidos con gritos y abrazos
+por sus camaradas, metiéndose á continuación por una escotilla tubular.
+
+La descarga duró hasta media tarde. Ulises no se había imaginado que el
+pequeño buque llevase tantas cajas. Cuando la bodega quedó vacía,
+desaparecieron los últimos marineros germánicos, y con ellos los cables
+que aprisionaban al velero. Un oficial le gritó que podía marcharse. Los
+dos sumergibles, más achatados sobre el mar que á su llegada, con los
+depósitos henchidos de esencia y aceite, empezaron á alejarse.
+
+Al verse solo en la popa de la goleta, sintió una repentina inquietud.
+
+«¿Qué has hecho?... ¿qué has hecho?», clamó una voz en su cerebro.
+
+Pero contemplando á los tres viajeros y al muchacho que habían quedado
+como única tripulación, olvidó sus remordimientos. Debía moverse mucho
+para suplir esta falta de brazos. En dos noches y un día apenas
+descansó, manejando casi al mismo tiempo el timón y el motor, pues no se
+atrevía á emplear todas sus velas con esta escasez de hombres.
+
+Cuando se vió, en un amanecer, frente al puerto de Palermo, que empezaba
+á extinguir sus luces, Ferragut pudo dormir por primera vez, dejando
+encargado á uno de los marineros la vigilancia del buque, que se
+mantenía con el velamen recogido. A media mañana le despertaron unas
+voces que gritaban desde el mar: «¿Dónde está el capitán?»
+
+Vió un bote y varios hombres que saltaban á la goleta. Era el dueño, que
+venía á recobrar su buque para hacerlo entrar en el puerto con toda
+legalidad. El mismo bote se encargó de llevar á tierra á Ulises con su
+pequeña maleta. Le acompañaba un señor rojizo y obeso, que parecía tener
+gran ascendiente sobre el patrón.
+
+--Ya estará usted enterado de lo que ocurre--le dijo, mientras dos
+remeros hacían deslizar el bote sobre las olas--. ¡Esos bandidos!...
+¡Esos mandolinistas!...
+
+Ulises, sin saber por qué, hizo un gesto afirmativo. Este burgués
+indignado era un alemán: uno de los que ayudaban á la doctora. Bastaba
+oírle.
+
+Media hora después, Ferragut saltó á un muelle, sin que nadie se
+opusiera á su desembarco, como si la protección de su obeso compañero
+adormeciese todas las vigilancias. A pesar de esto, el buen señor
+mostraba un deseo ferviente de apartarse de él, de huir, atendiendo á
+sus propios asuntos.
+
+Sonrió al enterarse de que Ulises quería salir inmediatamente para
+Nápoles. «Hace usted bien...» El tren partía dos horas más tarde. Y lo
+metió en un coche de alquiler, desapareciendo con precipitación.
+
+El capitán, al quedarse solo, casi creyó que había soñado lo de los días
+anteriores.
+
+Volvía á ver Palermo después de una ausencia de largos años. Experimentó
+la alegría de un siciliano desterrado al cruzarse con varios carros del
+país tirados por rocines con plumas y cuyas cajas pintarrajeadas
+representaban escenas de _La Jerusalén libertada_. Recordó los nombres
+de las vías principales, que eran los de antiguos virreyes españoles.
+Vió en una plaza las estatuas de cuatro reyes de España... Pero todos
+estos recuerdos sólo le inspiraron un interés fugaz. Le preocupaban el
+movimiento extraordinario de las calles, el gentío formando grupos para
+escuchar la lectura de los periódicos. Muchas ventanas tenían banderas
+nacionales entrelazadas con las de Francia, Inglaterra y Bélgica.
+
+Al llegar á la estación supo la verdad; se enteró del suceso al que
+había aludido el comerciante mientras iban en el bote. ¡Era la
+guerra!... Italia había roto sus relaciones el día anterior con los
+Imperios centrales.
+
+Ulises se sintió agitado por la inquietud al recordar lo que había hecho
+en pleno Mediterráneo. Creyó que los grupos populares que pasaban dando
+vivas detrás de las banderas iban á adivinar su hazaña, cayendo sobre
+él. Necesitaba alejarse de este entusiasmo patriótico; y respiró
+satisfecho al verse en el interior de un vagón... Además, iba á ver á
+Freya, y le bastaba evocar su imagen para que se desvaneciesen todos sus
+remordimientos.
+
+El viaje fué largo y difícil. Las necesidades de la guerra se hacían
+sentir desde el primer momento, absorbiendo todos los medios de
+comunicación. El tren quedaba inmóvil horas enteras para dejar paso á
+otros trenes cargados de hombres y de material militar. En todas las
+estaciones había soldados en traje de campaña, banderas, muchedumbres
+que vitoreaban.
+
+Cuando llegó á Nápoles, fatigado por un viaje de cuarenta y ocho horas,
+le pareció que el cochero se dirigía con demasiada lentitud hacia el
+viejo palacio de Chiaia.
+
+Al atravesar el zaguán con su pequeña maleta, le cortó el paso la
+portera, gruesa comadre de pelo encrespado y polvoriento, que sólo había
+entrevisto algunas veces en las profundidades de su caverna.
+
+--Las señoras ya no viven en la casa... Las señoras han partido de
+repente con Karl, su empleado.
+
+Y explicaba el resto de esta huída con una sonrisa hostil y maligna.
+
+Comprendió Ferragut que no debía insistir. La mujerona estaba furiosa
+por la fuga de las damas _tedescas_, y examinaba al marino como un
+presunto espía, bueno para una denuncia patriótica. Sin embargo, por
+honradez profesional, le avisó que la _signora_ rubia, la más joven y
+simpática, había pensado en él al irse, dejando su equipaje en la
+portería.
+
+Se apresuró Ulises á desaparecer. Ya enviaría alguien que recogiese sus
+maletas. Y tomando otro carruaje, se dirigió al _albergo_ de Santa
+Lucía... ¡Qué golpe inesperado!
+
+Al verle entrar, el portero hizo un gesto de sorpresa y de asombro.
+Antes de que Ferragut alcanzase á preguntarle por Freya, con la vaga
+esperanza de que se hubiese refugiado en el hotel, este hombre le dió
+una noticia.
+
+--Capitán, aquí ha estado su hijo esperándole.
+
+El capitán balbuceó, desorientado: «¿Qué hijo?...» El hombre de las
+llaves bordadas trajo el libro de viajeros, mostrándole una línea:
+«Esteban Ferragut. Barcelona.» Y Ulises reconoció la letra de su hijo,
+al mismo tiempo que se le oprimía el pecho con una angustia indefinible.
+
+La sorpresa le dejó sin voz, y el portero se aprovechó de su silencio
+para seguir hablando.
+
+Era un muchacho simpático é inteligente... Algunas mañanas le había
+acompañado para enseñarle lo mejor de la ciudad. Se había puesto en
+relación con los consignatarios del _Mare nostrum_, buscando por todas
+partes noticias de su padre. Al fin, convencido de que el capitán estaba
+ya de regreso á Barcelona, había partido á su vez el día anterior.
+
+--Si llega usted doce horas antes, todavía lo encuentra aquí.
+
+El portero no sabía más. Ocupado en cumplir los encargos de unas señoras
+sudamericanas, no había podido saludar al joven cuando salió del hotel.
+Dudaba entre hacer el viaje en un vapor inglés hasta Marsella ó ir por
+ferrocarril á Génova, donde encontraría buques directos para Barcelona.
+
+Ferragut quiso saber cuándo había llegado, y el portero, elevando los
+ojos, se entregó á un largo cálculo mental... Al fin marcó una fecha, y
+el marino, á su vez, compulsó sus recuerdos.
+
+Se dió en la frente una palmada, ruda como un puñetazo.
+
+Era su hijo el joven que había visto entrando en el _albergo_ cuando él
+marchaba á encargarse de la goleta para llevar combustible á los
+submarinos alemanes.
+
+
+
+
+VIII
+
+EL JOVEN TELÉMACO
+
+
+Siempre que el _Mare nostrum_ volvía á Barcelona, Esteban Ferragut
+experimentaba una sensación de deslumbramiento, lo mismo que si se
+abriese un glorioso ventanal en su existencia obscura y monótona de hijo
+de familia.
+
+Ya no vagaba por el puerto, admirando de lejos los grandes
+trasatlánticos anclados frente al monumento de Colón ó los vapores de
+carga que se alineaban en los muelles comerciales. Un buque importante
+era de su absoluta propiedad por algunas semanas. El capitán y los
+oficiales pasaban el tiempo en tierra con sus familias. Tòni, el
+segundo, era el único que dormía á bordo. Muchos de los marineros
+solicitaban permiso para vivir en la ciudad, y el vapor quedaba confiado
+á la guarda del tío _Caragòl_, con media docena de hombres para la
+diaria limpieza.
+
+El pequeño Ferragut podía hacerse la ilusión de que era el capitán del
+_Mare nostrum_. Se movía en el puente imaginándose que estaba
+arrostrando una gran tormenta; examinaba los instrumentos náuticos con
+una gravedad de experto conocedor; corría todos los departamentos
+habitables del buque, bajaba á las bodegas, que se aireaban, abiertas,
+en espera de carga, y finalmente se metía en el bote de servicio,
+desamarrándolo de la escala, para remar unas horas con más satisfacción
+que en los ligeros _yoles_ del Club de Regatas.
+
+Sus visitas terminaban en la cocina, invitado por el tío _Caragòl_, que
+le trataba con una familiaridad paternal. El joven remero estaba
+sudando. «¿Un _refresquet_?...» Y preparaba su dulce mixtura, que hacía
+caer á los hombres de un solo salto en las nebulosidades de la
+embriaguez.
+
+Esteban tenía en mucho los «refrescos» del cocinero. Su imaginación,
+excitada por la frecuente lectura de novelas de viajes, le había hecho
+concebir un tipo de marino heroico, atrevido, galanteador, y capaz de
+tragarse á jarros las bebidas más incendiarias sin pestañear. El quería
+ser así; todo buen navegante debe beber.
+
+Aunque en tierra no conocía otros licores que los inocentes y dulzones
+guardados por su madre para las fiestas de familia, una vez pisaba la
+cubierta del buque sentía la necesidad de líquidos alcohólicos, para
+hacer ver que era todo un hombre. «No había en el mundo una bebida que
+pudiese con él...» Y al segundo «refresco» del tío _Caragòl_ quedaba
+sumido en plácido nirvana, viéndolo todo de color de rosa y
+considerablemente agrandado: el mar, los buques cercanos, los _docks_ y
+la montaña de Montjuich, que servía de fondo.
+
+El cocinero, al contemplarle amorosamente con sus ojos enfermos, creía
+haber dado un salto atrás de docenas de años y hallarse todavía en
+Valencia hablando con el otro Ferragut que se escapaba de la Universidad
+para remar en el puerto. Casi llegó á creer que había vivido dos veces.
+
+Escuchaba las quejas del muchacho, interrumpiéndolas con solemnes
+consejos. Este Ferragut de quince años se mostraba descontento de la
+vida. Era un hombre, y tenía que vivir entre mujeres: su madre y dos
+sobrinas que le acompañaban haciendo encajes, lo mismo que ella había
+acompañado en otro tiempo á su suegra doña Cristina. Quería ser marino,
+y le obligaban á estudiar las materias antipáticas del bachillerato.
+¿Acaso un capitán necesita saber latín?...
+
+Deseaba terminar su vida de estudiante, para hacerse piloto y seguir las
+prácticas en el puente, al lado de su padre. Tal vez llegase á mandar á
+los treinta años el _Mare nostrum_ ú otro buque semejante.
+
+Mientras tanto, la atracción del mar le arrastraba lejos de las aulas,
+yendo á ver á _Caragòl_ á la misma hora en que sus profesores pasaban
+lista á los alumnos, anotando sus ausencias.
+
+El viejo y su protegido se recluían en la cocina con una inquietud de
+culpables. Pasos y voces en la cubierta alteraban su conversación.
+«¡Escóndete!» Y Esteban se metía debajo de una mesa ó se ocultaba en el
+cuartucho de las provisiones, mientras el cocinero salía al encuentro
+del recién llegado con una cara seráfica.
+
+Algunas veces era Tòni, y el muchacho osaba salir, contando con su
+silencio. También éste le quería y aprobaba su aversión por los libros.
+
+Si de tarde en tarde era el capitán el que venía al buque por unos
+momentos, _Caragòl_ le hablaba obstruyendo la puerta con su cuerpo, al
+mismo tiempo que sonreía maliciosamente.
+
+Para Esteban, las dos cosas más dignas de admiración eran el mar y su
+padre. Todos los héroes novelescos que desde las páginas de los libros
+habían pasado á alojarse en su imaginación tenían el rostro y los gestos
+del capitán Ferragut.
+
+De pequeño había visto llorar algunas veces á su madre con resignada
+tristeza. Años adelante, al conocer con su precocidad de muchacho poco
+vigilado las relaciones que existen entre hombres y mujeres, presintió
+que todas estas lágrimas debían ser motivadas por ligerezas é
+infidelidades del lejano navegante.
+
+El adoraba á su madre con una pasión de hijo único y mimado, pero no
+admiraba menos al capitán, excusando todas las faltas que pudiese
+cometer. Su padre era el hombre más valiente y más hermoso de la tierra.
+Así lo veía él. Y un día que, examinando los cajones de su camarote,
+encontró varias fotografías de mujeres llevando al pie los nombres de
+lejanos países, su admiración aún fué más grande. Todas debían haber
+enloquecido de amor por el capitán del _Mare nostrum_. ¡Ay! Por más que
+él hiciese al ser hombre, nunca llegaría á igualarse con este triunfador
+que le había dado la existencia...
+
+Cuando el buque llegó á Barcelona sin su propietario de vuelta de
+Nápoles, el hijo de Ferragut no experimentó ninguna sorpresa.
+
+Tòni, que era siempre de pocas palabras, las prodigó en la presente
+ocasión. El capitán Ferragut se había quedado allá por un negocio
+importante, pero no tardaría en volver. Su segundo le esperaba de un
+momento á otro. Tal vez hiciese el viaje por tierra, para llegar antes.
+
+Esteban se asombró al ver que su madre no aceptaba esta ausencia como un
+suceso insignificante. La buena señora se mostró preocupada y con los
+ojos lacrimosos. Su instinto femenil le hacía presentir algo malo en el
+retraso de su marido.
+
+Por la tarde, cuando la visitó, como de costumbre, su antiguo enamorado
+el catedrático, los dos hablaron lentamente, con palabras medidas, pero
+entendiéndose con los ojos durante los largos intervalos de silencio.
+
+Llegado don Pedro á la cumbre de su carrera gloriosa con la posesión de
+una cátedra en el Instituto de Barcelona, visitaba todas las tardes á
+Cinta, pasando hora y media en su salón con exactitud cronométrica. Ni
+el más leve pensamiento de impureza agitó jamás al profesor. Lo pasado
+había caído en el olvido... Pero él necesitaba ver diariamente á la
+esposa del capitán tejiendo encajes entre sus dos pequeñas sobrinas,
+como había visto años antes á la viuda de Ferragut.
+
+Le hacía saber los sucesos más importantes de Barcelona y del mundo
+entero; comentaban juntos los futuros destinos de Esteban; oía él con
+arrobamiento su voz dulce, concediendo gran importancia á los detalles
+de economía doméstica ó á las descripciones de fiestas religiosas, sólo
+porque era ella la que hacía tales relatos.
+
+Muchas veces quedaban en largo mutismo. Don Pedro representaba la
+paciencia, el humor igual, el respeto silencioso, en aquella casa
+tranquila y limpia, que únicamente perdía su calma monástica al
+presentarse el dueño por unos días, entre dos viajes.
+
+Cinta se había acostumbrado á las visitas del catedrático. Al marcar el
+reloj las tres y media presentía sus pasos en la escalera.
+
+Si alguna tarde no llegaba, la dulce Penépole sufría una decepción.
+
+--¿Qué le pasará á don Pedro?--preguntaba á sus sobrinas con inquietud.
+
+Esta pregunta la hacía algunas veces extensiva al hijo; pero Esteban,
+sin odiar al visitante, le apreciaba en muy poco.
+
+Don Pedro pertenecía al grupo de aquellos señores del Instituto que
+pagaba el gobierno para que fastidiasen con sus explicaciones y sus
+exámenes á la juventud. Recordaba aún los dos años que había pasado en
+su cátedra, como en una cámara de tormento, sufriendo el suplicio del
+latín. Además, era un miedoso, que siempre temía resfriarse y no osaba
+salir á la calle en los días nublados si le faltaba el paraguas. A él
+que le hablasen de hombres valientes.
+
+--No sé...--respondía á su madre--. Tal vez estará metido en cama, con
+siete pañuelos en la cabeza.
+
+Cuando volvía don Pedro, la casa recobraba su normalidad de reloj
+pausado y seguro. Doña Cinta, de consulta en consulta, había acabado por
+considerar indispensable su colaboración. El catedrático suplía
+dulcemente la autoridad del marido viajero: él se había encargado de
+representar al jefe de la familia en todos los asuntos exteriores...
+Muchas veces le esperaba con impaciencia la esposa de Ferragut para
+pedirle un consejo urgente, y él emitía su opinión con voz lenta,
+después de largas reflexiones.
+
+Esteban encontraba intolerable que este señor, que no era mas que un
+pariente lejano de su abuela, se mezclase en los asuntos de la casa,
+pretendiendo dirigirle á él como un padre. Pero aún le irritaba más
+verlo de buen humor y con pretensiones de gracioso. Le daba rabia que
+llamase á su madre Penépole y á él joven Telémaco... «¡Tío _latero_ y
+pesado!»
+
+El joven Telémaco no vacilaba en sus venganzas. De pequeño interrumpía
+sus diversiones para «trabajar» en el recibidor, junto al perchero
+vecino á la puerta. Y el pobre catedrático encontraba abollado su
+sombrero de copa, con los pelos en desorden, ó salía llevando en las
+haldas del gabán varios salivazos.
+
+Ahora el muchacho se limitaba á ignorar su existencia, pasando ante él
+sin reconocerle, saludándolo únicamente cuando su madre se lo ordenaba.
+
+El día en que trajo la noticia de la vuelta del vapor sin su capitán,
+don Pedro hizo la visita más larga que de costumbre. Cinta derramó dos
+lágrimas sobre los encajes, pero tuvo que cortar su llanto, vencida por
+el buen sentido de su consejero.
+
+--¿Por qué llorar y calentarse la cabeza con tantas suposiciones sin
+fundamento?... Lo que usted debe hacer, hija mía, es llamar á ese Tòni
+que es el segundo del buque. El debe saberlo todo... Tal vez le diga la
+verdad.
+
+Recibió Esteban el encargo de buscarle al día siguiente, y pudo darse
+cuenta de la inquietud que experimentó Tòni al saber que doña Cinta
+quería hablarle. Salió del buque con lúgubre mutismo, como si le
+llevasen á sufrir tormentos mortales. Luego canturreó sordamente, lo que
+era en él indicio de honda preocupación.
+
+No pudo asistir el joven Telémaco á la entrevista, pero rondó por las
+inmediaciones de la puerta cerrada, alcanzando á oír algunas palabras en
+voz más fuerte que se deslizaron por las rendijas. Su madre era la que
+hablaba con más frecuencia. Tòni repetía con voz sorda las mismas
+excusas: «No sé. El capitán va á llegar de un momento á otro...» Pero al
+verse fuera del salón y de la casa, estalló su cólera contra él mismo,
+contra su maldito carácter que no sabía mentir, contra todas las
+mujeres, malas y buenas. Creía haber dicho demasiado. Aquella señora
+tenía una habilidad de juez para extraer las palabras.
+
+En la noche, á la hora de la cena, la madre apenas abrió la boca. Sus
+dedos comunicaron un temblor nervioso á los platos y los tenedores.
+Miraba á su hijo con trágica conmiseración, como si presintiese enormes
+desgracias que iban á desplomarse sobre su cabeza. Opuso un mutismo
+desesperado á las preguntas de Esteban, y al fin exclamó:
+
+--¡Tu padre nos abandona!... ¡Tu padre se ha olvidado de nosotros!...
+
+Y salió del comedor para ocultar las lágrimas que habían afluído á sus
+párpados.
+
+El muchacho durmió algo intranquilo, pero durmió. La admiración que
+sentía por su padre y cierta solidaridad con los ejemplares fuertes de
+su sexo le hicieron tener en poco estos llantos. ¡Cosas de mujeres! Su
+madre no sabía ser la esposa de un varón extraordinario como el capitán
+Ferragut. El, que era todo un hombre á pesar de sus pocos años, iba á
+intervenir en el asunto para poner en claro la verdad.
+
+Cuando Tòni, desde la cubierta del buque, le vió avanzar por el muelle á
+la mañana siguiente, tuvo tentaciones de esconderse... «¡Doña Cinta, que
+le llamaba otra vez para interrogarle!...» Pero se tranquilizó al
+decirle el muchacho que venía por su voluntad á pasar unas horas en el
+_Mare nostrum_. Aun así, quiso evitar su presencia, como si temiese
+algún descuido al hablar con él, y fingió trabajos en las bodegas. Luego
+salió del buque, yendo á visitar á un amigo en un vapor algo lejano.
+
+Esteban entró en la cocina, llamando alegremente al tío _Caragòl_.
+Tampoco éste era el mismo. Sus ojos húmedos y rojizos miraban al
+muchacho con una ternura extraordinaria. Detenía repentinamente su
+lengua, con una expresión de inquietud en el rostro. Miraba indeciso en
+torno de él, como si temiese que fuera á abrirse un precipicio ante sus
+pies.
+
+No olvidaba nunca los respetos debidos á todo visitante de sus dominios,
+y preparó dos «refrescos». Por primera vez iba á obsequiar á Esteban en
+esta vuelta de viaje. Los días anteriores, por inverosímil que parezca
+el hecho, no había pensado en confeccionar uno siquiera de sus
+delirantes brebajes. El regreso de Nápoles á Barcelona había sido
+triste; el buque tenía un ambiente fúnebre sin su dueño.
+
+Por todas estas razones, se le fué la mano á _Caragòl_ en la medida,
+prodigando la caña hasta que el líquido tomó un color de tabaco.
+
+Bebieron... El joven Telémaco empezó á hablar de su padre cuando los
+vasos sólo guardaban la mitad del «refresco», y el cocinero agitó ambas
+manos en el aire, dando un gruñido que significaba su deseo de no
+ocuparse de la ausencia del capitán.
+
+--Tu padre volverá, Estevet--añadió--. Volverá, pero no sé cuándo.
+Seguramente más tarde de lo que asegura Tòni.
+
+Y no queriendo decir más, se tragó todo el resto del vaso, dedicándose á
+la confección de un segundo «refresco» precipitadamente, para recobrar
+el tiempo perdido.
+
+Poco á poco se deshizo la prudente barrera que contenía su verbosidad, y
+habló con el mismo abandono de siempre; pero su flujo de palabras no
+arrastraba noticias precisas.
+
+_Caragòl_ predicó moral al hijo de Ferragut; una moral á su modo,
+interrumpida por frecuentes caricias al vaso.
+
+--Estevet, hijo mío, respeta mucho á tu padre. Imítale como marino. Sé
+bueno y justiciero con los hombres que mandes... pero ¡huye de las
+mujeres!
+
+¡Las mujeres!... No había tema mejor para su elocuencia de ebrio
+piadoso. El mundo le infundía lástima. Todo en él estaba gobernado por
+la infernal atracción que ejerce la hembra. Los hombres trabajaban,
+peleaban, querían hacerse ricos ó célebres, todo por conquistar la
+posesión de un pedazo de carne, el más inmundo y vergonzoso del cuerpo
+humano.
+
+--Mira cómo será, Estevet, que hasta en los animales comestibles no hay
+cocinero que sepa aprovecharlo. Siempre lo arrojan á la basura...
+Créeme, hijo mío: no imites en eso á tu padre.
+
+El viejo había dicho demasiado para retroceder, y tuvo que ir soltando á
+fragmentos todo lo restante. Así se enteró Esteban de que el capitán
+andaba en amoríos con una señora de Nápoles, y se había quedado allá
+fingiendo negocios, pero en realidad dominado por la influencia de esta
+mujer.
+
+--¿Es guapa?--preguntó el muchacho con avidez.
+
+--Guapísima--repuso _Caragòl_--. ¡Y unos olores!... ¡y un ruido de ropas
+finas!...
+
+Telémaco se estremeció con una sensación contradictoria de orgullo y de
+envidia. Admiró á su padre una vez más, pero esta admiración sólo duró
+breves instantes. Una nueva idea se apoderó de él, mientras el cocinero
+seguía hablando.
+
+--No vendrá por ahora. Conozco lo que son esas mujeres elegantes y
+llenas de perfumes: verdaderos demonios que enclavijan sus uñas cuando
+agarran y hay que cortarles las manos para que suelten... ¡Y el buque
+sin trabajar, como si estuviese varado, mientras que los otros se llenan
+de oro!... Créeme, hijo mío: en el mundo sólo esto es verdad.
+
+Y acabó de beberse de un trago todo lo que quedaba del segundo vaso.
+
+Mientras tanto, el muchacho seguía dando forma en su pensamiento á una
+idea sugerida por la dulce embriaguez. ¡Si él fuese á Nápoles para traer
+á su padre!...
+
+En este momento todo le parecía posible. El mundo era de color de rosa,
+como siempre que lo contemplaba vaso en mano junto al tío _Caragòl_. Los
+obstáculos resultaban blandos, todo se arreglaba con prodigiosa
+facilidad; los hombres podían caminar á saltos.
+
+Pero horas después, cuando su pensamiento quedó limpio de nubes
+seductoras, sintió miedo acordándose de su padre. ¿Cómo le recibiría al
+verle llegar?... ¿Qué excusa darle de su presencia en Nápoles?... Tembló
+evocando la imagen de su ceño fruncido y sus ojos irritados.
+
+Al día siguiente, una repentina confianza se sobrepuso á esta inquietud.
+Se acordó del capitán tal como le había visto algunas veces al celebrar
+desde la cubierta del buque sus hazañas de remero en el puerto de
+Barcelona ó al comentar con los amigos la inteligencia y la fuerza de su
+hijo. La imagen del héroe paterno surgía ahora en su memoria con los
+ojos bondadosos y una sonrisa que parecía agitar como un viento dulce el
+bosque de sus barbas.
+
+Le diría toda la verdad. Le haría saber que llegaba á Nápoles para
+llevárselo, como un buen camarada que socorre á otro en un peligro. Tal
+vez se irritase y le diese un golpe; pero él conseguiría su propósito.
+
+El carácter de Ferragut renació en él con toda la fuerza de un argumento
+decisivo. Si el viaje resultaba absurdo y peligroso... ¡mejor! ¡mucho
+mejor! Bastaba esto para que lo emprendiese. Era un hombre, y no debía
+conocer el miedo.
+
+Durante dos semanas preparó su fuga. Nunca había hecho un viaje
+importante. Sólo una vez había acompañado á su padre en una rápida
+excursión de negocios á Marsella. Hora era ya de que saliese á correr el
+mundo un hombre como él, que conocía por sus lecturas casi todos los
+pueblos de la tierra.
+
+El dinero no le preocupaba. Doña Cinta lo tenía en abundancia, y era
+fácil encontrar su manojo de llaves. Un vapor viejo y lento, mandado por
+un amigo de su padre, acababa de entrar en el puerto y zarpaba al día
+siguiente para Italia.
+
+Aceptó este marino al hijo de su camarada sin papeles de viaje. El
+arreglaría la irregularidad con sus amigos de Génova. Entre capitanes se
+debían estos servicios; y Ulises Ferragut, que esperaba á su hijo en
+Nápoles--así lo afirmó Esteban--, no iba á perder el tiempo en vano por
+unas formalidades oficinescas.
+
+Telémaco, con mil pesetas en el bolsillo extraídas de un costurero que
+servía á su madre de caja de caudales, se embarcó al día siguiente. Una
+pequeña maleta sacada de su casa con lentas y hábiles astucias era todo
+su equipaje.
+
+De Génova fué á Roma, y de aquí á Nápoles, con el atrevimiento de la
+inocencia, empleando palabras españolas y catalanas para reforzar un
+italiano de corto léxico adquirido en las representaciones de opereta.
+El único informe positivo que le guiaba en su viaje de aventuras era el
+nombre de _albergo_ de la ribera de Santa Lucía que le había dado
+_Caragòl_ como residencia de su padre.
+
+Buscó á éste inútilmente durante varios días. Visitó á los
+consignatarios de Nápoles, que se imaginaban al capitán de regreso á su
+país hacía mucho tiempo.
+
+Al no encontrarle sintió miedo. Debía estar ya en Barcelona, y lo que
+había empezado como un viaje heroico iba á convertirse en una fuga de
+adolescente travieso. Se acordó de su madre, que tal vez lloraba á
+aquellas horas releyendo la carta que le había dejado para anunciarle el
+objeto de su fuga.
+
+Sobrevino además repentinamente la intervención de Italia en la guerra,
+suceso que todos esperaban, pero que muchos veían aún lejano. ¿Qué le
+quedaba que hacer en este país?... Y una mañana había desaparecido.
+
+Como el portero del hotel no podía decir más, el padre, una vez pasada
+la primera impresión de sorpresa, pensó en la conveniencia de visitar la
+casa consignataria. Tal vez allí le diesen otras noticias.
+
+La guerra era lo único interesante para los de esta oficina. Pero
+Ferragut, dueño de buque y antiguo cliente, fué guiado por el director
+hasta dar con los empleados que habían recibido á Esteban.
+
+No sabían gran cosa. Recordaban vagamente á un joven español que decía
+ser hijo del capitán, pidiéndoles noticias de éste. Su última visita
+había sido dos días antes. Dudaba entre volver á su país por ferrocarril
+ó embarcarse en uno de los tres vapores que estaban en el puerto listos
+á salir para Marsella.
+
+--Creo que se ha ido en ferrocarril--dijo uno de los empleados.
+
+Otro de ellos apoyó á su compañero con rotunda afirmación, para atraerse
+la mirada del jefe. Estaba seguro de su partida por tierra. El mismo le
+había ayudado á calcular lo que le costaría el viaje á Barcelona.
+
+Ferragut no quiso saber más. Necesitaba marcharse cuanto antes. Este
+viaje inexplicable de su hijo era para él un remordimiento y un motivo
+de alarma. ¿Qué ocurría en su casa?
+
+El director de la oficina le indicó un vapor francés que salía aquella
+misma tarde para Marsella, procedente de Suez. El se encargaba de
+arreglar todo lo concerniente á su pasaje y de recomendarlo al capitán.
+Sólo quedaban cuatro horas para la salida del buque; y Ulises, después
+de recoger sus maletas y enviarlas á bordo, dió un último paseo por
+todos los lugares donde había vivido con Freya. ¡Adiós, jardines de la
+_Villa Nazionale_ y blanco Acuario!... ¡Adiós, _albergo_!...
+
+La inexplicable presencia de su hijo en Nápoles había amortiguado el
+disgusto por la fuga de la alemana. Pensó tristemente en el amor
+perdido, pero pensó al mismo tiempo, con doloroso titubeo, en lo que
+podría ver al entrar en su casa.
+
+Poco antes de la puesta del sol zarpó el vapor francés. Hacía muchos
+años que Ulises no navegaba como simple pasajero. Vagó desorientado por
+las cubiertas entre la muchedumbre viajera. La fuerza de la costumbre le
+arrastró al puente, hablando con el capitán y los oficiales, que
+apreciaron á las primeras palabras su mérito profesional.
+
+La consideración de que no era mas que un intruso en este sitio, la
+molestia de verse sobre un puente en el que no podía dar orden alguna,
+le hicieron descender á las cubiertas bajas, examinando los grupos de
+pasajeros. Eran franceses en su mayor parte que venían de la Indo China.
+En la proa y la popa estaban alojadas cuatro compañías de tiradores
+asiáticos, pequeños, amarillentos, con ojos oblicuos y una voz semejante
+al maullar de los gatos. Iban á la guerra. Sus oficiales vivían en los
+camarotes del centro del buque, llevando con ellos á sus familias, que
+habían adquirido un aspecto exótico con la larga permanencia en las
+colonias.
+
+Ulises vió señoras vestidas de blanco haciéndose abanicar, tendidas en
+sillones, por sus pequeños pajes chinescos; vió militares bronceados y
+enjutos, con aspecto enfermizo, que parecían galvanizados por la guerra
+que los arrancaba á la siesta asiática, y niñas, muchas niñas, contentas
+de ir á Francia, el país de sus ensueños, olvidando en esta felicidad
+que sus padres marchaban tal vez á la muerte.
+
+La navegación no podía ser mejor. El Mediterráneo era una llanura de
+plata bajo la luz de la luna. De la costa invisible llegaban tibias
+bocanadas de perfume campestre. Los grupos de la cubierta hacían
+memoria, con una satisfacción egoísta, de los grandes peligros que
+arrostraban las gentes al embarcarse en los mares del Norte, plagados de
+submarinos alemanes. Por fortuna, el Mediterráneo estaba libre de tal
+calamidad. Los ingleses tenían bien guardada la puerta de Gibraltar, y
+todo él era un lago tranquilo dominado por los aliados.
+
+Antes de acostarse, Ferragut entró en una cámara de la cubierta alta,
+donde estaba instalada la telegrafía sin hilos. Le atrajo el chirriar de
+aceite frito que lanzaban los aparatos. El empleado, un joven inglés, se
+despojó de su corona de níquel con dos auriculares que cubrían sus
+orejas. Aburrido en su aislamiento, pretendía distraerse dialogando con
+los telegrafistas de los otros buques que se hallaban dentro del radio
+de sus aparatos. La vista de este pasajero que hablaba en inglés
+ofreciéndole un cigarro le arrancó á los placeres de una conversación
+extendida trescientas millas á la redonda.
+
+--Todo marcha bien... Tenemos muchos compañeros de viaje.
+
+Y fué enumerando los buques que se mantenían en comunicación con el
+vapor. El más próximo era el _Californian_, un barco inglés procedente
+de Malta. Había salido de Nápoles diez horas antes, también con rumbo á
+Marsella, y sólo le separaban unas cien millas. Los demás buques que
+seguían el mismo rumbo estaban situados á mayores distancias. Les era
+necesario mucho tiempo para aproximarse unos á otros, pero el
+maravilloso aparato los mantenía en incesante comunicación, como un
+grupo de camaradas que conversan plácidamente haciendo el mismo camino.
+
+De vez en cuando, el telegrafista, avisado por el chisporroteo de sus
+bobinas, se calaba la diadema con orejeras para escuchar á los remotos
+camaradas.
+
+--Es el del _Californian_, que me da las buenas noches--dijo después de
+uno de estos llamamientos--. Va á acostarse. No ocurre novedad.
+
+Y el joven hizo un elogio de la navegación mediterránea. Había estado al
+principio de la guerra en otro buque que iba de Londres á Nueva York, y
+recordaba las noches de inquietud, los días de ansiosa vigilancia
+espiando el mar y la atmósfera, temiendo de un momento á otro la
+aparición de un periscopio sobre las aguas ó el aviso eléctrico de un
+vapor torpedeado por los submarinos. En este mar se podía vivir
+tranquilamente, como en tiempos de paz.
+
+Ferragut adivinó que el pobre telegrafista deseaba gozar las delicias de
+dicha tranquilidad. Su compañero de servicio roncaba en un camarote
+vecino, y él sentía deseos de imitarle, inclinando su cabeza sobre la
+mesa de los aparatos... «¡Hasta mañana!»
+
+También se durmió inmediatamente Ulises, luego de estirarse en la
+estrecha litera de su camarote. Su sueño fué de una sola pieza, lóbrego
+y completo, sin sobresaltos ni visiones. Cuando creía que sólo iban
+transcurridos unos minutos, despertó violentamente, lo mismo que si
+alguien le empujase. En la sombra se destacaba el vidrio redondo del
+tragaluz, tenuemente azul, velado por la humedad del rocío marítimo, lo
+mismo que una pupila lacrimosa.
+
+Estaba amaneciendo. Algo extraordinario acababa de ocurrir en el buque.
+Ferragut dormía con la ligereza de un capitán que necesita despertar
+oportunamente. La misteriosa percepción del peligro había cortado su
+reposo. Sintió sobre su cabeza el pataleo de veloces carreras á lo largo
+de la cubierta: oyó voces. Mientras se vestía á toda prisa, pudo
+adivinar que el timón estaba funcionando violentamente y el buque
+cambiaba de rumbo.
+
+Al subir, le bastó una ojeada para convencerse de que el vapor no corría
+peligro. Todo en él presentaba un aspecto normal. El mar, todavía
+obscuro, batía mansamente sus costados, mientras seguía avanzando con
+una marcha uniforme. Las cubiertas estaban limpias de pasajeros. Todos
+dormían en sus camarotes. Sólo en el puente vió á un grupo de personas:
+el capitán y todos los oficiales, algunos de ellos vestidos á la ligera,
+como si acabasen de ser arrancados al sueño.
+
+Pasando ante la oficina telegráfica obtuvo la explicación del suceso. El
+joven de la noche anterior estaba junto á la puerta, al lado de su
+compañero, que ceñía ahora la diadema auricular y golpeaba la manecilla
+del aparato, oyendo y contestando á los buques invisibles.
+
+Media hora antes, cuando el telegrafista inglés iba á abandonar su
+guardia, entregando el servicio al camarada recién despierto, una señal
+le había retenido en su asiento. El _Californian_ lanzaba por el
+telégrafo sin hilos la llamada de peligro, el S. O. S., fórmula que sólo
+se emplea cuando un buque necesita socorro. Luego, en el espacio de unos
+segundos, la voz misteriosa había esparcido su relato trágico á través
+de centenares de millas. Un sumergible acababa de aparecer á corta
+distancia del _Californian_, disparándole varios cañonazos. El buque
+inglés pretendía escapar valiéndose de su velocidad superior. Entonces
+el submarino le enviaba un torpedo...
+
+Todo esto había ocurrido en veinte minutos. De pronto se extinguían los
+ecos de la lejana tragedia al cortarse la comunicación. Un chirrido más
+fuerte en los aparatos, y ¡nada!... el silencio absoluto.
+
+El telegrafista encargado ahora del aparato respondió con movimientos
+negativos á las miradas de su compañero. Sólo escuchaba los diálogos
+entre los buques que habían recibido igualmente el aviso. Todos se
+alarmaban con el repentino silencio, y torciendo su rumbo iban, como el
+vapor francés, hacia el lugar donde el _Californian_ había encontrado al
+sumergible.
+
+--¡Ya están en el Mediterráneo!--exclamó con asombro el telegrafista al
+terminar su relato--. ¿Como han podido llegar hasta aquí?...
+
+Ferragut no se atrevió á subir al puente. Tuvo miedo á que las miradas
+de aquellos hombres de mar se fijasen en él. Creyó que podían leer sus
+pensamientos.
+
+Un vapor de pasajeros acababa de ser echado á pique á una distancia
+relativamente corta del buque en que iba él. Tal vez era Von Kramer el
+autor del crimen. Por algo le había encargado que anunciase á sus
+compatriotas que pronto oirían hablar de sus hazañas. ¡Y Ferragut había
+ayudado á la preparación de esta barbarie marítima!...
+
+«¿Qué has hecho?... ¿qué has hecho?», preguntó iracunda la voz mental de
+los buenos consejos.
+
+Una hora después sintió vergüenza de permanecer en la cubierta. A pesar
+de las órdenes del capitán, la noticia se había filtrado á través de la
+severa consigna, circulando por los camarotes. Subían las familias
+enteras, asustadas de la calma que reinaba en el buque, arreglándose las
+ropas con precipitación, pugnando los más por ajustar á sus cuerpos los
+salvavidas, que ensayaban por primera vez. Los niños gemían, aterrados
+por la alarma de sus padres. Algunas mujeres nerviosas derramaban
+lágrimas sin motivo. El buque iba hacia el lugar donde el otro había
+sido torpedeado, y esto era suficiente para que los alarmistas se
+imaginasen que el enemigo permanecía aún inmóvil en el mismo sitio,
+esperando su llegada para repetir el atentado.
+
+Centenares de ojos estaban fijos en el mar, espiando las ondulaciones de
+su superficie, creyendo ver el remate de un periscopio en todos los
+objetos, maderas, hierbas ó botes de lata que pasaban á flor de agua.
+
+Los oficiales del batallón de tiradores habían ido á la proa y la popa
+para mantener la disciplina de su gente. Pero los asiáticos no
+abandonaban su apatía serena, despreciadora de la muerte. Sólo algunos
+miraban al mar con una curiosidad infantil, deseosos de conocer este
+nuevo juguete diabólico inventado por las razas superiores.
+
+En las cubiertas reservadas á los pasajeros de primera clase, la
+extrañeza resultaba tan grande como la inquietud.
+
+--¡Submarinos en el Mediterráneo!... ¿Pero es posible?...
+
+Los últimos en despertar se mostraban incrédulos, y únicamente se
+convencían de lo ocurrido luego de oír los informes de los tripulantes
+del buque.
+
+Vagó Ferragut como un alma en pena. El remordimiento le hizo ocultarse
+en su camarote. Le causaban daño estas gentes con sus quejas y sus
+comentarios. Luego no pudo seguir en su aislamiento. Necesitaba ver y
+saber, como el criminal que vuelve instintivamente al lugar donde
+realizó su delito.
+
+A mediodía empezaron á marcarse en el horizonte varias nubecillas. De
+todas partes acudían los vapores, atraídos por este ataque inesperado.
+
+El buque francés, que marchaba delante en la carrera de auxilio, moderó
+repentinamente su velocidad. Había entrado en la zona del naufragio. En
+las cofas de sus palos había marineros que exploraban el mar, dando
+indicaciones á gritos, que hacían torcer el curso del vapor. En estas
+evoluciones empezaron á deslizarse por sus costados los restos del
+trágico suceso.
+
+Las dos hileras de cabezas asomadas á las diversas cubiertas vieron
+salvavidas que flotaban vacíos, un bote con la quilla en el aire, grupos
+de maderos pertenecientes á una balsa construida con precipitación y que
+no había llegado á terminarse.
+
+De pronto, un alarido de mil bocas, seguido de un fúnebre silencio...
+Pasó un cuerpo de mujer tendido de espaldas sobre unos tablones. Una de
+sus piernas estaba metida en una media de seda gris. La cabeza colgaba
+por el lado opuesto, extendiendo sus cabellos rubios sobre el agua como
+manojo de algas doradas.
+
+Sus pechos juveniles y firmes asomaban por la abertura de una camisa de
+dormir, pegada al cuerpo con impúdico moldeo. Había sido sorprendida por
+el naufragio en el momento que intentaba vestirse: tal vez el terror la
+había hecho arrojarse al mar. La muerte había contraído su rostro con un
+rictus horrible que dejaba los dientes al descubierto. Un lado de su
+rostro estaba tumefacto por un golpe.
+
+La vió Ferragut al asomarse entre los hombros de dos señoras que
+temblaban apoyadas en la baranda de la cubierta. A su vez, el vigoroso
+marino tembló como una mujer, sintiendo que sus ojos se nublaban. ¡No
+podía ver esto!... Y de nuevo fué á ocultarse en su camarote.
+
+Un torpedero italiano evolucionaba por entre los restos del naufragio,
+como si buscase las huellas del autor del crimen. Los vapores se
+detenían en sus anchos círculos de exploración para echar al agua las
+embarcaciones de auxilio, que iban recogiendo los cadáveres de los
+náufragos y los vivos próximos á desfallecer.
+
+Ferragut, en su desesperado encierro, percibió nuevos gritos
+anunciadores de un suceso extraordinario. Otra vez la cruel necesidad de
+saber le arrastró á la cubierta.
+
+Un bote lleno de personas había sido encontrado por el vapor. Los otros
+buques de auxilio tropezaban igualmente poco á poco con las demás
+embarcaciones ocupadas por los supervivientes de la catástrofe. El
+salvamento general iba á ser un trabajo breve.
+
+Los náufragos más ágiles se veían rodeados, al pisar la cubierta, por
+grupos que lamentaban su desgracia, al mismo tiempo que les ofrecían
+líquidos calientes. Otros daban unos cuantos pasos, como si estuviesen
+ebrios, é iban á caer en un banco. Algunos tenían que ser izados desde
+el fondo del bote y conducidos en una silla á la enfermería del vapor.
+
+Varios soldados británicos, serenos y flemáticos, pidieron, al subir,
+una pipa, y empezaron á fumar con avidez. Otros náufragos, ligeros de
+ropa, se limitaban á envolverse en una manta, iniciando el relato de la
+catástrofe minuciosa y serenamente, como si estuviesen en un salón. Una
+permanencia de diez horas en las apreturas del bote, vagando á la
+ventura, en espera de socorro, no había quebrantado sus energías.
+
+Las mujeres mostraban mayor desesperación. Ferragut vió en el centro de
+un grupo de señoras á una jovencita inglesa, rubia, esbelta, elegante,
+que lloraba balbuceando explicaciones. Se había visto en una lancha,
+separada de sus padres, sin saber cómo. Tal vez estaban muertos á
+aquellas horas. Su remota esperanza era que se hubiesen refugiado en
+otra embarcación, siendo recogidos por cualquiera de los vapores que se
+mantenían á la vista.
+
+Un dolor desesperado, ruidoso, meridional, cortó con sus alaridos el
+rumor de las conversaciones. Acababa de subir á bordo una pobre mujer
+italiana llevando un niño en brazos.
+
+--_¡Figlia mia!... ¡Mia figlia!..._--aullaba, con la cabellera suelta y
+los ojos abultados por el llanto.
+
+Había perdido en el momento del naufragio una niña de ocho años, y al
+verse en el vapor francés se dirigió instintivamente hacia la proa, en
+busca del mismo lugar que ocupaba en el otro buque, como si esperase
+encontrar allí á su hija. La voz exasperada se perdió escaleras abajo.
+«_¡Figlia mia!... ¡Mia figlia!..._»
+
+Ulises no quiso oírla. Le hacía un daño horrible esta voz, como si
+arañase con su estridencia el interior de su cerebro.
+
+Se aproximó á un grupo, en el centro del cual un hombre joven, descalzo,
+con pantalones elegantes y la camisa abierta de pecho, hablaba y
+hablaba, arropándose de vez en cuando en una manta que habían puesto
+sobre sus hombros.
+
+Describía con una mezcla de italiano y francés la pérdida del
+_Californian_.
+
+Este pasajero había despertado al oír el primer cañonazo del sumergible
+contra el vapor. La persecución duraba una media hora. Los más audaces
+y curiosos estaban en las cubiertas, y creían ya segura su salvación al
+ver que el vapor dejaba atrás á su enemigo. De pronto, una línea negra
+había cortado el mar: algo así como una espina con raspas de espuma, que
+avanzaba vertiginosamente, formando relieve sobre las aguas... Luego, un
+golpe en el casco del buque, que lo había hecho estremecer de la proa á
+la popa, sin que ni una plancha ni un tornillo escapasen á la enorme
+dislocación... Después, un estallido de volcán, un haz gigantesco de
+humo y llamas, una nube amarillenta, de un amarillo de droguería, en la
+que volaban obscuros objetos: fragmentos de metal y de madera; cuerpos
+humanos hechos pedazos.
+
+Los ojos del narrador brillaron con una luz de demencia al evocar sus
+recuerdos.
+
+--Un amigo mío, un muchacho de mi tierra--continuó, suspirando--,
+acababa de apartarse de mí para ver mejor al sumergible, y se colocó
+precisamente en el lugar de la explosión... Desapareció de pronto, como
+si lo hubiesen borrado. Le vi y no le vi... Estalló en mil pedazos, lo
+mismo que si llevase una bomba dentro de su cuerpo.
+
+Y el náufrago, obsesionado por este recuerdo, apenas concedía
+importancia á las escenas siguientes: la lucha de la muchedumbre por
+ganar los botes; los esfuerzos de los oficiales para imponer orden; la
+muerte de muchos que, locos de desesperación, se arrojaban al mar; la
+trágica espera aglomerados en embarcaciones que apenas sobrenadaban unos
+centímetros sobre las aguas, temiendo un segundo naufragio á poco que se
+alborotasen las olas.
+
+Había desaparecido el vapor en unos cuantos minutos, hundiendo su proa
+en las aguas y luego las chimeneas, colocándose en una posición casi
+vertical, como la torre inclinada de Pisa, con las dos hélices volteando
+locas en su remate á impulsos de un estremecimiento agónico.
+
+El narrador empezó á quedar solo. Otros náufragos que iniciaban á su vez
+el lúgubre relato atrajeron á los curiosos.
+
+Ferragut contempló á este joven. Su tipo físico y su acento le hicieron
+adivinar á un compatriota.
+
+--¿Es usted español?
+
+El náufrago contestó afirmativamente.
+
+--¿Catalán?--prosiguió Ulises, en lengua catalana.
+
+Una nueva vehemencia oratoria galvanizó al náufrago. «¿El señor también
+es catalán?...» Y sonriendo á Ferragut como si fuese una aparición
+celeste, emprendió otra vez la historia de sus infortunios.
+
+Era un viajante de comercio de Barcelona, y había tomado en Nápoles la
+ruta del mar, por parecerle más rápida, huyendo de los ferrocarriles,
+congestionados por la movilización italiana.
+
+--¿Iban otros españoles en el buque?--siguió preguntando Ulises.
+
+--Uno nada más: mi amigo, ese muchacho de que he hablado antes. La
+explosión del torpedo le hizo pedazos. Yo lo vi.
+
+El capitán sintió agrandarse su remordimiento. ¡Un compatriota, un pobre
+joven, había perecido por su culpa!...
+
+También el viajante de comercio parecía sufrir un tormento de
+conciencia. Se consideraba responsable de la muerte de su compañero. Lo
+había conocido en Nápoles pocos días antes, pero estaban unidos por la
+estrecha fraternidad de los compatriotas jóvenes que se tropiezan lejos
+de su país.
+
+Los dos habían nacido en Barcelona. El pobre muchacho, casi un niño,
+quería regresar por tierra, y él le había arrastrado á última hora,
+demostrándole las ventajas de un viaje por mar. ¿Quién podía imaginarse
+que los submarinos alemanes estaban en el Mediterráneo?...
+
+El comisionista insistió en su remordimiento. No podía olvidar á este
+adolescente que, por hacer el viaje en su compañía, había marchado al
+encuentro de la muerte.
+
+--Lo conocí en Nápoles, ocupado en buscar por todas partes á su padre.
+
+--¡Ah!...
+
+Ulises lanzó esta exclamación avanzando el cuello violentamente, como
+si quisiera despegar su cráneo del resto del cuerpo. Los ojos se le
+salían de las órbitas.
+
+--El padre--continuó el joven--manda un buque... Es el capitán Ulises
+Ferragut.
+
+Un alarido... La gente corrió... Un hombre acababa de caer redondo,
+rebotando su cuerpo sobre la cubierta.
+
+
+
+
+IX
+
+EL ENCUENTRO DE MARSELLA
+
+
+Tòni, que abominaba de los viajes en ferrocarril, por su entumecedora
+inmovilidad, tuvo que abandonar el _Mare nostrum_, sufriendo el tormento
+de permanecer acoplado doce horas entre personas desconocidas.
+
+Ferragut estaba enfermo en un hotel del puerto de Marsella. Le habían
+desembarcado de un buque francés procedente de Nápoles, sumido en
+doloroso mutismo. Quería morir. Durante el viaje le sometieron á una
+estrecha vigilancia para que no repitiese sus intentos de suicidio.
+Varias veces quiso arrojarse al agua.
+
+Esto lo supo Tòni por el capitán de un vapor español que acababa de
+llegar de Marsella, precisamente un día después que los periódicos de
+Barcelona relataron la muerte de Esteban Ferragut en el torpedeamiento
+del _Californian_. El viajante de comercio contaba en todas partes el
+suceso, y á continuación su novelesco encuentro con el padre, la caída
+mortal de éste al recibir la noticia, su desesperación cuando recobró el
+conocimiento.
+
+El piloto había corrido á presentarse en la casa de su capitán. Todos
+los Blanes estaban en ella, rodeando y consolando á Cinta.
+
+--¡Hijo mío!... ¡Mi hijo!...--gemía la madre, retorciéndose en un sofá.
+
+Y el coro de la familia ahogaba sus lamentos derramando sobre ella una
+lluvia de hipotéticos consuelos y apelaciones á la resignación. Debía
+pensar en el padre: no estaba sola en el mundo, como ella afirmaba;
+además de su familia, tenía á su marido.
+
+Tòni acababa de entrar en este momento.
+
+--¡Su padre!--dijo ella con desesperación--. ¡Su padre!...
+
+Y clavó los ojos en el piloto, como si pretendiese hablarle con ellos.
+Tòni sabía mejor que nadie quién era este padre y por qué razones se
+había quedado en Nápoles. El tenía la culpa de que el muchacho hubiese
+emprendido el loco viaje á cuyo final le esperaba la muerte... La devota
+Cinta se representaba esta desgracia como un castigo de Dios, siempre
+complicado y misterioso en sus designios. La divinidad, para hacer
+expiar al padre sus culpas, mataba al hijo, sin pensar en la madre, á la
+que hería de rebote.
+
+El piloto se marchó. No podía sufrir las miradas y las alusiones de doña
+Cinta. Y como si no tuviese bastante con esta emoción, recibía horas
+después la noticia del mal estado de su capitán, lo que le obligaba á
+emprender el viaje á Marsella inmediatamente.
+
+Al entrar en el cuarto del hotel, frecuentado por oficiales de los
+buques mercantes, encontró á Ferragut sentado junto á un balcón, desde
+el que se veía todo el puerto viejo.
+
+Estaba más flaco, con los ojos hundidos y mates, la barba revuelta y un
+olvido manifiesto en su persona.
+
+--¡Tòni!... ¡Tòni!...
+
+Se abrazó á su segundo, mojándole el cuello de lágrimas. Por primera vez
+conseguía llorar, y esto pareció darle cierto alivio. La presencia del
+piloto le devolvía á la vida; se aglomeraron en su memoria los olvidados
+recuerdos de negocios y viajes. Tòni resucitaba todas las energías del
+pasado; era como si el _Mare nostrum_ viniese en busca de él.
+
+Sintió vergüenza y remordimiento. Este hombre conocía su secreto: era el
+único á quien había hablado del aprovisionamiento de los sumergibles
+alemanes.
+
+--¡Mi pobre Esteban!... ¡Mi hijo!
+
+No vacilaba en establecer una fatalista relación entre la muerte de su
+hijo y aquel viaje ilegal, cuya memoria le pesaba como un pecado
+monstruoso. Pero Tòni fué discreto. Lamentó la muerte de Esteban como
+una desgracia en la que su padre no había tenido intervención alguna.
+
+--También yo he perdido hijos... y sé que nada se gana desesperándose...
+¡Serenidad!
+
+No dijo una palabra de todo lo anterior al trágico suceso. De no conocer
+Ferragut á su segundo, habría podido creer que lo tenía olvidado. Ni el
+más leve gesto, ni una luz en sus ojos que revelase el despertar del
+maligno recuerdo. Su única preocupación era que el capitán recobrase
+pronto la salud...
+
+Reanimado por la presencia y las palabras de este compañero prudente,
+Ulises recuperó sus fuerzas, y pocos días después abandonó el cuarto
+donde había creído morir, dirigiéndose á Barcelona.
+
+Entró en su casa con una preocupación que casi le hacía temblar. La
+dulce Cinta, considerada hasta entonces con la superioridad protectora
+de los orientales, que no reconocen un alma en la mujer, le inspiraba
+cierto miedo. ¿Qué diría al verle?...
+
+No dijo nada de lo que él temía. Se dejó abrazar, é inclinando la cabeza
+rompió en un llanto desesperado, como si la presencia de su esposo
+evocase con mayor relieve la imagen del hijo que nunca volvería á ver.
+Luego secó sus lágrimas, y más pálida, más triste que nunca, continuó su
+vida habitual.
+
+Ferragut la vió serena como una maestra, con las dos sobrinas pequeñas
+sentadas á sus pies, proseguir las eternas labores de encaje. Sólo las
+olvidaba para atender al cuidado del marido, preocupándose de los más
+pequeños detalles de su bienestar. Era su deber. Conocía desde niña
+cuáles son las obligaciones de la esposa de un capitán de buque cuando
+se detiene en su casa por unos días, como un pájaro de paso.
+
+Pero á través de tales atenciones, Ulises adivinó la presencia de un
+obstáculo inconmovible. Era algo enorme y transparente que se había
+interpuesto entre los dos. Se veían, pero sin poder tocarse: estaban
+separados por una distancia dura y luminosa lo mismo que el diamante,
+que hacía inútil todo intento de aproximación.
+
+Cinta no sonreía nunca. Sus ojos estaban secos, esforzándose por no
+llorar mientras el marido permaneciese cerca de ella. Ya se entregaría
+al dolor con toda libertad cuando quedase sola. Su deber era hacerle
+tolerable la existencia, reteniendo sus palabras, ocultando sus
+pensamientos.
+
+Pero esta cordura de buena dueña de casa, esta supeditación de cónyuge á
+uso antiguo, ganosa de evitar toda molestia á su señor, no pudieron
+mantenerse mucho tiempo.
+
+Un día, Ferragut, por un retorno del antiguo cariño, por un deseo de
+iluminar con un pálido rayo de sol la vida crepuscular de Cinta, osó
+acariciarla como en la primera época de su matrimonio. Ella se irguió
+ofendida y pudorosa, lo mismo que si acabase de recibir un insulto. Se
+escapó de sus brazos con igual energía que si repeliese una violación.
+
+Contempló Ulises una mujer nueva, intensamente pálida, con el rostro
+casi verde, la nariz encorvada por la cólera y un fulgor de locura en
+los ojos. Todo lo que guardaba en el fondo de su pensamiento emergió á
+borbotones, expelido por una voz ronca cargada de lágrimas.
+
+--No, ¡no!... viviremos juntos porque eres mi marido y Dios manda que
+sea así, pero ya no te quiero: no puedo quererte... ¡El mal que me has
+hecho!... ¡Tanto que te amaba yo!... Por más que busques en tus viajes y
+tus malas aventuras, no encontrarás una mujer que te quiera como te ha
+querido la tuya.
+
+Su pasado de cariño modesto y sumiso, de fidelidad discreta y tolerante,
+salía por su boca como una queja interminable.
+
+--Te he seguido desde aquí en tus viajes. A la vuelta conocía tus
+olvidos, tus infidelidades. Me lo contaban todos los papeles encontrados
+en tus bolsillos, las fotografías perdidas entre tus libros, las
+alusiones de tus camaradas, tus sonrisas de orgullo, el aire satisfecho
+con que volvías muchas veces, una serie de costumbres y cuidados de tu
+persona que no tenías al salir de aquí... Adivinaba también en tus
+caricias atrevidas la presencia oculta de otras mujeres que viven lejos,
+al otro lado del mundo.
+
+Detuvo su alborotado lenguaje unos instantes, dejando que se extinguiese
+la llamarada del recuerdo impúdico que había enrojecido su palidez.
+
+--Todo lo despreciaba--continuó--. Yo conozco á los hombres de mar: soy
+hija de marino. Muchas veces vi á mi madre llorando, y su simplicidad me
+dió lástima. No hay que llorar por lo que hacen los hombres en lejanas
+tierras. Es siempre amargo para una mujer que ama á su marido, pero no
+trae consecuencias, y debe perdonarse... Pero ahora... ¡ahora!...
+
+La esposa se irritó al evocar las infidelidades recientes... Ya no eran
+sus rivales las mercenarias de los grandes puertos, ni las viajeras que
+sólo pueden dar unos días de amor, como una limosna que se arroja sin
+detener el paso. Ahora se había enamorado con entusiasmos de jovenzuelo
+de una dama elegante y hermosa, de una extranjera que le hacía olvidar
+sus negocios, abandonar su barco y permanecer lejos, como si renunciase
+á su familia para siempre... Y el pobre Esteban, huérfano por el olvido
+de su padre, iba en busca de él con la impetuosidad aventurera heredada
+de sus ascendientes, y la muerte, una muerte horrible, le salía al
+encuentro en su camino.
+
+Algo más que el dolor de la esposa ultrajada vibró en los lamentos de
+Cinta. Era la rivalidad con aquella mujer de Nápoles que ella creía una
+gran señora con todos los atractivos de la riqueza y de un alto
+nacimiento; la envidia por sus armas superiores de seducción; la rabia
+por su propia modestia y su humildad de mujer casera.
+
+--Yo estaba resuelta á ignorarlo todo--siguió diciendo--. Tenía un
+consuelo: mi hijo. ¿Qué me importaba lo que tú hicieses?... Estabas
+lejos y mi hijo vivía á mi lado... ¡Y ya no lo veré más!... ¡Mi destino
+es vivir eternamente sola! Tú sabes que no puedo ser madre otra vez; que
+estoy enferma y no puedes darme otro hijo... Y eres tú, ¡tú! quien me ha
+quitado el único que tenía...
+
+Su imaginación fabricó las más inverosímiles deducciones para explicarse
+á sí misma esta pérdida injusta.
+
+--Dios quiere castigarte por tu mala vida, y ha matado por eso á Esteban
+y me matará lentamente á mí... Cuando supe su muerte quise arrojarme
+por el balcón. Vivo aún porque soy cristiana; pero ¡qué existencia me
+espera! ¡Qué vida para ti, si eres verdaderamente un padre!... Piensa
+que tu hijo existiría si no te hubieses quedado en Nápoles.
+
+Ferragut era digno de lástima. Bajaba la cabeza, sin fuerzas para
+repetir las desordenadas y mentirosas protestas con que había acogido
+las primeras palabras de su esposa.
+
+«¡Si ella supiese toda la verdad!», repitió en su cerebro la voz del
+remordimiento.
+
+Pensaba con horror en lo que podría decir Cinta de conocer la extensión
+de su pecado. Afortunadamente, ignoraba que era él quien había
+favorecido con su ayuda á los asesinos de su hijo... Y la convicción de
+que nunca llegaría á saberlo le hacía admitir sus palabras con una
+humildad silenciosa: la humildad del criminal que se oye acusar de un
+delito por un juez que ignora otros atentados todavía mayores.
+
+Cinta terminó de hablar con un tono desalentado y sombrío. No podía más:
+se apagaba su cólera, consumida por su propia vehemencia. Los sollozos
+cortaron sus palabras. Ya no vería en su marido al mismo hombre de
+antes: el cadáver del hijo se interponía entre los dos.
+
+--Nunca podré quererte... ¿Qué has hecho, Ulises? ¿qué has hecho para
+que te tenga horror?... Cuando estoy sola, lloro; mi tristeza es
+inmensa, pero admito mi desgracia con resignación, como una cosa lejana
+que fué inevitable... Así que oigo tus pasos y te veo entrar, resucita
+la verdad. Pienso que mi hijo ha muerto por ti, que aún viviría si no
+hubiese ido en busca tuya para recordarte que eras su padre y que te
+debías á nosotros... Y cuando pienso eso, te odio, ¡te odio!... ¡Has
+matado á mi hijo! Mi único consuelo es creer que, si tienes conciencia,
+sufrirás más aún que yo.
+
+Salió Ferragut de esta escena horrible con la convicción de que debía
+huir. Aquella casa ya no era suya. Tampoco era suya su mujer. El
+recuerdo del muerto lo llenaba todo, se interponía entre él y Cinta, le
+empujaba, lanzándolo de nuevo al mar. Su buque era el único refugio para
+el resto de su existencia, y debía acogerse á él como los grandes
+criminales de otros siglos se refugiaban en el asilo de los monasterios.
+
+Tuvo necesidad de descargar en alguien su cólera, de encontrar un
+responsable á quien atribuir sus desgracias. Cinta se le había revelado
+como un ser completamente nuevo. Nunca había podido sospechar tanta
+energía de carácter, tanta vehemencia pasional en esta mujercita
+obediente y dulce. Debía tener un consejero que aprovechaba sus quejas
+para hablarle mal del marido.
+
+Y se fijó en don Pedro el catedrático, porque guardaba dormida cierta
+prevención contra él desde les tiempos de su noviazgo. Además, le
+ofendía verlo en su domicilio con cierto aire de personaje noble, cuyas
+virtudes servían de contraste á los pecados y olvidos del dueño de la
+casa.
+
+Tenía Ferragut el mismo carácter de todos los grandes corredores de
+aventuras amorosas: liberales y despreocupados en la vivienda ajena;
+pundonorosos y suspicaces en la propia.
+
+--Ese viejo carcamal--se dijo--está enamorado de Cinta. Es una pasión
+platónica; con él no hay que temer otra cosa; pero me hace todo el daño
+que puede... Voy á decirle dos palabras.
+
+Don Pedro, que continuaba sus diarias visitas para consolar á la madre,
+hablando del pobre Esteban como si hubiese sido hijo suyo y dedicando
+serviles sonrisas al capitán, se vió atajado por éste una tarde en el
+rellano de la escalera.
+
+El marino envejeció de pronto al hablar, acentuándose sus rasgos
+fisonómicos con una vigorosa fealdad. Se parecía en aquel momento á su
+tío el _Tritón_.
+
+Con voz amenazadora hizo memoria de un pasaje clásico bien conocido del
+profesor. Su homónimo el viejo Ulises, al volver á su palacio, había
+encontrado á Penélope rodeada de pretendientes, y acababa con ellos
+colgándoles de una escarpia por la parte más viril y dolorosa.
+
+--¿No fué así, catedrático?... Aquí no veo mas que un pretendiente, pero
+este Ulises le jura que lo colgará de la misma parte si vuelve á
+encontrarlo en su casa.
+
+Huyó don Pedro. Juzgaba muy interesantes á los rudos héroes de la
+_Odisea_, pero en verso y sobre el papel. En la realidad le parecían
+unos brutos peligrosos. Y escribió una carta á Cinta para avisarle que
+suspendía sus visitas hasta que su marido volviese al mar.
+
+Este atropello aumentó el alejamiento de la esposa. Representaba una
+ofensa para ella. Después de hacerle perder su hijo, Ulises espantaba á
+su único amigo.
+
+Sintió el capitán la necesidad de marcharse. De seguir en aquel ambiente
+hostil que exacerbaba sus remordimientos, amontonaría error sobre error.
+Solamente la acción le podía hacer olvidar.
+
+Un día anunció á Tòni que dentro de unas horas iban á partir. Había
+ofrecido sus servicios á las marinas aliadas para avituallar la flota
+sitiadora de los Dardanelos. El _Mare nostrum_ transportaría víveres,
+armas, municiones, aeroplanos.
+
+Tòni intentó una objeción. Les era fácil encontrar viajes más seguros é
+igualmente fructuosos; podían ir á América...
+
+--¿Y mi venganza?--interrumpió Ferragut--. El resto de mi vida quiero
+dedicarlo á hacer todo el mal que pueda á los asesinos de mi hijo. Los
+aliados necesitan barcos: yo les doy el mío y mi persona.
+
+Conociendo las preocupaciones de su segundo, añadió:
+
+--Además, pagan bien. Estos viajes son muy remuneradores... Me darán lo
+que yo pida.
+
+Por primera vez en su existencia á bordo del _Mare nostrum_ tuvo el
+piloto un gesto de desprecio para el valor del flete.
+
+--Me olvidaba--continuó Ulises, sonriendo á pesar de su tristeza--. Este
+viaje halaga tus ideales... Vamos á trabajar por la República.
+
+Fueron á Inglaterra, y tomando su cargamento emprendieron el viaje á los
+Dardanelos. Ferragut quiso navegar solo, sin la protección de los
+destroyers que escoltaban á los buques reunidos en convoy.
+
+Conocía bien el Mediterráneo. Además, él era de un país neutral y la
+bandera española ondeaba en la popa de su buque. Este abuso no le
+produjo remordimiento alguno, ni le pareció una deslealtad. Los
+corsarios alemanes se aproximaban á sus presas ostentando banderas
+neutras para engañarlas y que no huyesen. Los submarinos permanecían
+ocultos detrás de pacíficos veleros, para surgir de pronto junto á los
+vapores sin defensa. Los procedimientos más felones de los antiguos
+piratas habían sido resucitados por la flota germánica.
+
+El no temía á los submarinos. Confiaba en la velocidad del _Mare
+nostrum_ y en su buena estrella.
+
+--Y si nos sale alguno al paso--dijo á su segundo--, que nos salga ante
+la proa.
+
+Deseaba que fuese así, para lanzar el buque sobre el sumergible á toda
+velocidad, espoloneándolo.
+
+Ya no era el Mediterráneo el mismo mar de meses antes, cuyos secretos
+conocía el capitán; ya no podía vivir en él confiadamente, como en la
+casa de un amigo.
+
+Sólo permanecía en su camarote el tiempo necesario para dormir. El y
+Tòni pasaban largas horas en el puente, hablando sin mirarse, con los
+ojos vueltos al mar, espiando la movible superficie azul. Todos los
+tripulantes, hasta los que estaban en horas de descanso, sentían la
+necesidad de vigilar del mismo modo.
+
+De día, el más leve descubrimiento enviaba la alarma de la proa á la
+popa. Toda la basura del mar, que semanas antes corría indiferentemente
+junto á los costados del buque, provocaba ahora gritos de atención y
+hacía extenderse muchos brazos para señalarla. Los pedazos de palo, los
+botes vacíos de conservas que brillaban bajo el sol, los manojos de
+algas, una gaviota con las alas recogidas dejándose mecer por la ola,
+hacían pensar en el periscopio del submarino asomando á flor de agua.
+
+De noche, la vigilancia aún era mayor. Al peligro de los sumergibles
+había que añadir el de una colisión. Los buques de guerra y los
+transportes aliados navegaban con pocas luces ó completamente á
+obscuras. Los que hacían centinela en el puente ya no miraban la
+superficie del mar y sus pálidas fosforescencias. Sondeaban el
+horizonte, temiendo que surgiese ante la proa una forma negra, enorme y
+veloz, vomitada por la obscuridad.
+
+Si alguna vez se retardaba el capitán en el camarote, surgía
+inmediatamente en su memoria el recuerdo fatal.
+
+--¡Esteban!... ¡Hijo mío!...
+
+Y sus ojos se llenaban de lágrimas.
+
+El remordimiento y la cólera le hacían imaginar tremendas venganzas.
+Estaba convencido de que su realización era imposible, pero servían de
+momentáneo consuelo á su carácter de meridional, predispuesto á las
+reivindicaciones más sangrientas.
+
+Un día, registrando los papeles olvidados en una maleta, encontró el
+retrato de Freya. Al ver su sonrisa audaz, sus ojos serenos fijos en él,
+sintió que se realizaba en su interior un vergonzoso desdoblamiento.
+Admiró la belleza de esta aparición: un escalofrío estremeció su dorso;
+surgieron en su memoria las pasadas voluptuosidades... Y al mismo
+tiempo, el otro Ferragut que existía dentro de él se crispó con la
+violencia homicida del levantino, que sólo admite la muerte como
+venganza. Ella era la culpable de todo. «¡Ah... _tal_!»
+
+Rompió la fotografía; pero luego fué juntando los fragmentos, y acabó
+por guardarlos entre los papeles.
+
+Su cólera cambiaba de objetivo. Freya, en realidad, no era la principal
+culpable de la muerte de Esteban. Pensó en el otro, en el falso
+diplomático, en aquel Von Kramer que tal vez había dirigido el torpedo
+que despedazó á su hijo... ¿No haría el demonio que lo encontrase alguna
+vez?... ¡Qué placer verse á solas los dos, frente á frente!
+
+Al fin huía de la soledad del camarote, que le atormentaba con los
+deseos de una venganza impotente. Junto á Tòni, en lo alto del buque, se
+sentía mejor... Y con una bondad humilde que nunca había conocido su
+segundo, la bondad del dolor y la desgracia, hablaba y hablaba,
+gozándose en la atención de su sencillo oyente, como si relatase cuentos
+maravillosos ante un círculo de niños.
+
+En el estrecho de Gibraltar le describió la gran corriente de
+alimentación enviada por el Océano al Mediterráneo, y que en aquellos
+momentos ayudaba á la hélice en el empuje del buque.
+
+Sin esta corriente atlántica, el _mare nostrum_, que perdía por
+evaporación atmosférica mucha más agua que la que le aportaban lluvias y
+ríos, quedaría seco en pocos siglos. Se había calculado que podía
+desaparecer en cuatrocientos sesenta años, dejando como vestigios de su
+existencia una capa de sal de cincuenta y dos metros de espesor.
+
+Nacían en sus profundos senos grandes y numerosos manantiales de agua
+dulce, en la costa del Asia Menor, en Morea, Dalmacia y la Italia
+meridional; recibía, además, un aporte considerable del mar Negro, pues
+éste, al revés del Mediterráneo, acaparaba con las lluvias y con el
+arrastre de sus ríos más agua que la que perdía por evaporación,
+enviándosela á través del Bósforo y los Dardanelos en forma de corriente
+superficial. Pero todas estas afluencias, aunque eran enormes, perdían
+su importancia comparadas con la renovación de la corriente oceánica.
+
+Entraban las aguas del Atlántico en el Mediterráneo tan poderosamente,
+que no podían detener su curso ni los vientos contrarios ni los
+movimientos de reflujo. Los buques de vela tenían que esperar á veces
+meses enteros un viento fuerte que les ayudase á vencer la impetuosa
+boca del estrecho.
+
+--Eso lo sé muy bien--dijo Tòni--. Una vez, yendo á Cuba, estuvimos á la
+vista de Gibraltar más de cincuenta días, adelantando y perdiendo
+camino, hasta que un viento favorable nos hizo vencer la corriente y
+salir al mar grande.
+
+--La tal corriente--añadió Ferragut--fué una de las causas que
+precipitaron la decadencia de las marinas mediterráneas en el siglo XVI.
+Había que ir á las Indias recién descubiertas, y el marino catalán ó el
+genovés permanecían aquí en el estrecho semanas y semanas luchando con
+la atmósfera y el agua contrarias, mientras los gallegos, los vascos,
+los franceses é ingleses, que habían salido al mismo tiempo de sus
+puertos, estaban ya cerca de América... Por fortuna, la navegación á
+vapor nos ha igualado á todos.
+
+Tòni admiraba en silencio á su capitán. ¡Lo que había aprendido en los
+libros que llenaban su camarote!...
+
+Era en el Mediterráneo donde los hombres se habían confiado por primera
+vez á las olas. La civilización procede de la India, pero los pueblos
+asiáticos no pudieron hacer el aprendizaje de navegantes en unos mares
+donde las costas están muy lejanas unas de otras y los monzones del
+Océano Indico soplan seis meses seguidos en una dirección y seis meses
+en otra.
+
+Solamente al llegar al Mediterráneo, en sus emigraciones por tierra, el
+hombre blanco había querido ser marinero. Este mar, que comparado con
+los otros es un simple lago sembrado de archipiélagos, se le ofreció
+como una escuela. A cualquier viento que abandonase su velamen, estaba
+seguro de llegar á una orilla hospitalaria. Las brisas dulces é
+irregulares giraban con el sol en algunas épocas del año. El huracán
+atravesaba su cuenca, pero sin fijarse nunca. No existían mareas. Sus
+puertos y pasos no quedaban en seco; sus costas é islas estaban muchas
+veces á tan corta distancia, que se veían entre ellas; sus tierras,
+amadas del cielo, recibían las miradas más dulces del sol.
+
+Ferragut evocaba el recuerdo de los hombres que habían surcado este mar
+en siglos tan remotos que la Historia no hacía mención de ellos. Como
+únicos rastros de su existencia quedaban los _nuraghs_ de Cerdeña y los
+_talayòts_ de las Baleares, mesas gigantescas formadas con bloques,
+altares bárbaros de pedruscos enormes, que recordaban los menhires y los
+dólmenes celtas de las costas bretonas. Estos pueblos obscuros habían
+pasado, de isla en isla, desde el fondo del Mediterráneo hasta el
+estrecho, que es su puerta.
+
+El capitán se imaginaba sus embarcaciones hechas con troncos de árboles
+apenas desbastados, movidas á remo, ó más bien á golpe de pala, sin otro
+auxilio que el de una vela rudimentaria que sólo se tendía al soplo
+franco de popa. La marina de los primeros europeos había sido igual á la
+de los salvajes de las islas de Oceanía, que aún van actualmente en sus
+flotillas de troncos de archipiélago en archipiélago.
+
+Así habían osado despegarse de las costas, perder de vista la tierra,
+aventurarse en el desierto azul, avisados de la existencia de las islas
+por las gibas vaporosas de las montañas que se marcaban en el horizonte
+al ponerse el sol. Cada avance en el Mediterráneo de esta marina
+balbuciente había representado mayores derroches de audacia y energía
+que el descubrimiento de América ó el primer viaje alrededor del
+mundo... Estos nautas primitivos no se lanzaban solos á las aventuras
+del mar: eran pueblos en masa; llevaban con ellos familias y animales.
+Las tribus, una vez instaladas en una isla, soltaban fragmentos de su
+propia vida, que iban á colonizar, á través de las olas, otras tierras
+cercanas.
+
+Ulises y su segundo pensaron en las grandes catástrofes ignoradas por la
+Historia: la tempestad sorprendiendo al éxodo navegante, las flotas
+enteras de rudas balsas sorbidas por el abismo en unos minutos, las
+familias muriendo abrazadas á sus animales domésticos cuando iban á
+intentar un nuevo avance de su embrionaria civilización.
+
+Para formarse una idea de lo que eran sus pequeñas embarcaciones,
+Ferragut recordaba las flotas de los poemas homéricos, creadas muchos
+siglos después. Los vientos infundían un terror religioso á los
+guerreros del mar reunidos para caer sobre Troya. Sus buques permanecían
+encadenados un año entero en los puertos de Aulide por miedo á la
+hostilidad de la atmósfera, y para aplacar á las divinidades del
+Mediterráneo sacrificaban la vida de una virgen.
+
+Todo era peligro y misterio en el reino de las ondas. Los abismos
+rugían, los peñascos ladraban, los escollos eran sirenas cantoras que
+iban atrayendo con su música á las naves para despedazarlas. No había
+isla sin dios particular, sin monstruo, sin cíclope ó sin maga urdidora
+de artificios. El terror era la primera divinidad de los mares. El
+hombre, antes de domesticar á los elementos, les tributó el más
+supersticioso de sus miedos.
+
+Un factor material había influido poderosamente en los cambios de la
+vida mediterránea. La arena, movida al capricho de las corrientes,
+arruinaba á los pueblos ó los subía á la cumbre de una inesperada
+prosperidad. Ciudades célebres en la Historia no eran actualmente mas
+que calles de ruinas al pie de un montículo coronado por los restos de
+un castillo fenicio, romano, bizantino, sarraceno ó del tiempo de las
+Cruzadas. En otros siglos habían sido puertos famosos: ante sus muros se
+libraron batallas navales. Ahora, desde su derruida acrópolis apenas se
+alcanzaba á ver el Mediterráneo como una leve faja azul al final de la
+llanura baja y pantanosa. La arena había alejado el antiguo puerto del
+mar con una distancia de leguas... En cambio, ciudades de tierra adentro
+pasaban á ser lugares de embarque, por la continua perforación de las
+olas que iban á encontrarlas.
+
+La maldad de los hombres había imitado la obra destructora de la
+Naturaleza. Cuando una república marítima vencía á otra república rival,
+lo primero que pensaba era en obstruir su puerto con arena y piedras, en
+torcer el curso de las aguas, para que se convirtiese en ciudad
+terrestre, perdiendo sus flotas y su tráfico. Los genoveses,
+triunfadores de los pisanos, cegaban su puerto con las arenas del Arno,
+y la ciudad de los primeros conquistadores de Mallorca, de los
+navegantes á Tierra Santa, de los caballeros de San Esteban, guardianes
+del Mediterráneo, pasaba á ser Pisa la muerta, población que sólo de
+oídas conoce el mar.
+
+--La arena--terminaba diciendo Ferragut--ha cambiado en el Mediterráneo
+las rutas comerciales y los destinos históricos.
+
+De cuantos hechos habían tenido por escenario el _mare nostrum_, el más
+famoso para el capitán era la inaudita expedición de los almogávares á
+Oriente, la epopeya de Roger de Flor, que él conocía desde pequeño por
+los relatos del poeta Labarta, del _Tritón_ y del pobre secretario de
+pueblo que soñaba á todas horas con las grandezas pretéritas de la
+marina de Cataluña.
+
+Todo el mundo hablaba en aquellos meses del bloqueo de los Dardanelos.
+Los buques que surcaban el Mediterráneo, lo mismo los mercantes que los
+de guerra, trabajaban para la gran operación militar que se iba
+desarrollando frente á Gallípoli. El nombre del largo callejón marítimo
+que separa Europa de Asia estaba en todas las bocas. Las miradas de los
+humanos convergían en este punto, lo mismo que en los remotos siglos de
+la guerra de Troya.
+
+--Nosotros también hemos estado allí--decía Ferragut con orgullo--. Los
+Dardanelos han sido durante varios años de catalanes y aragoneses.
+Gallípoli fué una ciudad nuestra gobernada por el valenciano Ramón
+Muntaner.
+
+Y emprendía el relato de las conquistas de los almogávares en Oriente,
+odisea romántica, bárbara y sangrienta á través de las antiguas
+provincias asiáticas del Imperio romano, que sólo venía á terminarse con
+la fundación de un ducado español de Atenas y Neopatras en la ciudad de
+Pericles y Minerva.
+
+Las crónicas de la Edad Media oriental, los libros de caballerías
+bizantinos, los cuentos paladinescos de los árabes, no tenían aventura
+más imprevista y dramática que la expedición de estos argonautas
+procedentes de los valles de los Pirineos, de las márgenes del Ebro y de
+las moriscas huertas de Valencia. Durante largos años imperaron en la
+Bitinia, la Troyada, la Jonia, la Tracia, la Macedonia, la Tesalia y la
+Atica.
+
+Abuelos gloriosos de los conquistadores de América y de la infantería
+española de los tercios, estos almogávares eran incansables andarines,
+vestidos y armados á la ligera. Usaban simples petos de lana cuando
+todos los guerreros se cubrían de hierro; oponían la jabalina arrojadiza
+á la pesada lanza; saltaban como felinos sobre el caballero acorazado
+para clavarle su ancha espada por los intersticios de la armadura.
+
+Habían afirmado en Sicilia la dinastía de Aragón, expulsando
+definitivamente á la dinastía francesa á fines del siglo XIII; pero los
+nuevos reyes ignoraban cómo mantener á esta milicia inocupada y temible,
+hasta que del seno de ella surgía un aventurero de genio, Roger de Flor,
+que la llevaba á Oriente al servicio de los emperadores de Bizancio,
+amenazados por las primeras agresiones de los turcos.
+
+Estos soberanos, muelles, lujosos, refinados, comenzaron á temblar ante
+los hombres cuyo auxilio habían solicitado imprudentemente. Eran
+verdaderos salvajes para los patricios de Constantinopla. El mismo día
+de su llegada entablaron un combate sangriento en las calles de Pera y
+de Gálata con los genoveses que explotaban la ciudad.
+
+El viejo basileo Andrónico Paleólogo se dió prisa en alejar á los
+temibles huéspedes. Cumpliendo sus promesas, confería al obscuro Roger
+de Flor el título de megaduque ó almirante, casándolo luego con una
+princesa de la familia imperial. A su vez, los almogávares debían dar
+principio inmediatamente á su colaboración militar.
+
+Los afeminados burgueses de Bizancio y su populacho cosmopolita,
+aficionados á las fiestas de Circo y las querellas teológicas, vieron
+partir con satisfacción á estos hombres medio bandidos y medio soldados,
+que llevaban á la zaga, por una costumbre secular, sus hijos y sus
+barraganas, duras hembras de Aragón y de Sicilia seguidas de enjambres
+de chicuelos semidesnudos y acostumbradas á manejar la espada cuando
+caía herido su rudo compañero.
+
+Retrocedían los turcos en el Asia Menor ante los nuevos auxiliares de
+Bizancio, más duros y belicosos que ellos. Reconquistaban los
+almogávares Filadelfia, Magnesia, Efeso, y llegaban hasta las llamadas
+«Puertas de Hierro», al pie del lejano Taurus. De seguir su marcha, sin
+temor á intrigas de la corte bizantina que dejaban á sus espaldas, tal
+vez hubiesen repetido la hazaña de los cruzados, entrando en Palestina
+por el Norte.
+
+Pero el Imperio temía á los almogávares, y cuanto mayores eran sus
+victorias, más grande resultaba su miedo. Ascendía á Roger de Flor á la
+dignidad de César, pero lo obligaba á volver atrás, intentando al mismo
+tiempo introducir la discordia entre los jefes de la expedición. Al más
+noble de los capitanes almogávares, Berenguer de Enteaza, pariente de
+los reyes de Aragón, que estaba con sus galeras en el Cuerno de Oro, lo
+nombraba megaduque, enviándole con gran pompa el lujoso sombrero símbolo
+de tal dignidad. Pero el marino aragonés, que conocía la perfidia de los
+bizantinos, ataba el honorífico sombrero á una cuerda como si fuese un
+cubo, sacando agua con él ante los escandalizados embajadores.
+
+Un hijo del viejo basileo, llamado Miguel IX, príncipe sombrío y
+receloso, que gobernaba unido á su padre, preparó el exterminio de estos
+intrusos, cada vez más insolentes por sus victorias. Temía que
+destronasen á los Paleólogos, estableciendo una dinastía española, como
+habían hecho los cruzados un siglo antes, instaurando una dinastía
+franca.
+
+Roger de Flor dejó sus tropas establecidas en Gallípoli y fué á
+Constantinopla antes de emprender la segunda campaña contra los turcos.
+Creía posible un acomodamiento con la familia imperial, que era la suya.
+El viejo Andrónico le halagó con nuevos honores, pero antes de volver á
+los Dardanelos quiso despedirse de su cuñado, el sombrío Miguel, que
+estaba en Adrianópolis con muchos guerreros búlgaros, futuros aliados.
+
+El heroico aventurero, contra la opinión de los suyos, que temían una
+asechanza, fué á Adrianópolis escoltado solamente por unos cientos de
+catalanes, y le recibieron con grandes fiestas. Luego, á los postres de
+un banquete, Miguel y sus búlgaros lo asesinaron. Los almogávares de la
+escolta se defendieron en grupos aislados contra toda una ciudad, y fué
+tan inaudita su desesperada resistencia, que á muchos les concedieron la
+vida por admiración.
+
+Los bizantinos se vengaron del miedo sufrido matando en todo el Imperio
+á los españoles sueltos. Hasta los capitanes principales, casados con
+princesas del país, fueron asesinados en sus casas. Los almogávares
+fortificados en Gallípoli, por un escrúpulo caballeresco propio de la
+época, se creyeron en la imposibilidad de defenderse si no declaraban
+antes la guerra al basileo solemnemente. Veintiséis de ellos fueron á
+Constantinopla para hacer esta declaración, pero á pesar de su carácter
+sagrado de embajadores, la misma escolta bizantina que les había
+facilitado Andrónico los asesinó en Rodosto, despedazando los cadáveres
+en el matadero público y exhibiendo sus cuartos en las mesas del
+mercado.
+
+«Que vuestro corazón se reconforte--decía sombríamente Muntaner en su
+crónica al dar fin á este relato de horrores--. Da aquí en adelante,
+veréis cómo nuestra Compañía obtuvo, con la ayuda de Dios, una venganza
+tan ruidosa como jamás se ha visto venganza alguna.»
+
+No llegaban á cuatro mil los almogávares y marineros refugiados en
+Gallípoli. Todos los demás, esparcidos por el Imperio, habían sido
+degollados con sus mujeres y sus hijos. Y esta pequeña tropa, sin otro
+refuerzo que el de algunos grupos que de tarde en tarde llegaban de
+Sicilia y Aragón, se mantuvo en los Dardanelos durante dos años.
+Primeramente se defendieron de todo el ejército bizantino, con sus
+auxiliares alanos y búlgaros.
+
+Muntaner, ciudadano de Valencia, fué el encargado de la defensa de
+Gallípoli. Luego, derrotando á sus enemigos con una buena suerte casi
+milagrosa, tomaron la ofensiva, haciéndose dueños de Tracia y llegando
+en sus audaces correrías hasta la misma Constantinopla. Eran pocos para
+apoderarse de la enorme ciudad, pero secuestraron á sus habitantes
+ricos, quemaron sus arsenales, pasaron á cuchillo guarniciones enteras,
+vengándose ferozmente de la crueldad de sus enemigos.
+
+Al fin, el hambre les obligaba á alejarse. En dos años habían devorado
+todos los recursos del país. Los griegos huían de ellos, incapaces de
+resistirles, y en este vacío no disponían de otros medios de
+subsistencia que los que traían las naves de la lejana patria.
+
+Esta república militar, que se daba el título de «Compañía», emprendió
+la retirada hacia el Oeste, marcando su camino con los saqueos y
+violencias que acompañan en toda época la retirada de una horda
+guerrera. Además, sus jefes estaban enemistados. El sombrío y ambicioso
+Rocafort hacía matar á Berenguer de Entenza y acababa su vida en una
+prisión. El prudente Muntaner era el consejero de paz, ahogando las
+disidencias, buscando nuevos amigos entre los señores feudales que
+gobernaban la Macedonia y la Tesalia con títulos de _Sebastocrator_ y de
+_Megaskir_.
+
+La Compañía hacia grandes daños á su paso por Salónica y los conventos
+del monte Athos. Una vez en la verdadera Grecia, el duque de Atenas,
+Gautier de Brienne, descendiente de los cruzados franceses, la tomaba á
+sueldo.
+
+Trataron con desprecio los caballeros francos á estos guerreros medio
+salvajes, y los almogávares, poco sufridos de carácter, se enemistaban
+con ellos. Una batalla decisiva se desarrolló en las márgenes del lago
+Copais, famoso por sus anguilas, de las que hablan Aristófanes y casi
+todos los poetas de la antigua Atenas. Los paladines vestidos de hierro
+sobre corceles acorazados atacaron riendo de lástima á estos infantes
+andrajosos. Pero la Compañía abundaba en hábiles flecheros, y además,
+rompiendo los canales, convirtió el terreno en un pantano. Se hundían en
+él los jinetes, asaetados por todas partes, y los almogávares degollaron
+á la flor de la caballería franca, condes, marqueses y barones, siendo
+de los primeros en caer Gautier de Brienne.
+
+Luego de saquear el país, los vencedores se establecían en Atenas. Diez
+años habían durado sus aventuras en Oriente, sus marchas de
+Constantinopla á las faldas del Taurus, de la península de Gallípoli á
+la cumbre de la Acrópolis.
+
+--Ochenta años--decía Ferragut al terminar su relato--vivió el ducado
+español de Atenas y Neopatras ochenta años gobernaron los catalanes esas
+tierras.
+
+Y señalaba al horizonte, en el que se marcaban como rojas neblinas los
+lejanos promontorios y montañas de la tierra griega.
+
+El tal ducado fué, en realidad, una República. La Compañía había
+conferido su corona á los reyes aragoneses de Sicilia, pero éstos no
+visitaron nunca sus nuevos dominios, delegando el gobierno en mercaderes
+y hombres de mar.
+
+Atenas y Tebas fueron administradas con arreglo á las leyes de Aragón.
+Su código fué el «Libro de usos y costumbres de la ciudad de Barcelona».
+La lengua catalana reinó como idioma oficial en el país de Demóstenes.
+Los rudos almogávares se casaron con las más altas damas del país, «tan
+nobles--decía Muntaner--, que años antes no hubiesen desdeñado el
+presentarles el agua para que lavasen sus manos».
+
+EL Partenón estaba todavía intacto, como en los tiempos gloriosos de la
+antigua Atenas. El monumento augusto de Minerva, convertido en iglesia
+cristiana, no había sufrido otra modificación que la de ver una nueva
+diosa en sus altares, la Virgen Santísima, la _Panagia Ateneiotissa_. Y
+en este templo milenario, de soberana belleza, se cantó durante ochenta
+años el _Te Deum_ en honor de los duques aragoneses y predicaron los
+sacerdotes en catalán.
+
+La república de aventureros no se ocupó en construir ni en crear. Nada
+quedó sobre la tierra griega como rastro de su dominación: edificios,
+sellos ó monedas. Sólo algunas familias nobles, especialmente en las
+islas, tomaron el nombre patronímico de Catalán.
+
+--Aún se acuerdan de nosotros confusamente, pero se acuerdan--decía
+Ferragut.
+
+Los campesinos del lago Copais guardaban un recuerdo vago de la batalla
+de Cefiso, que dió fin al ducado franco de Atenas. «Que la venganza de
+los catalanes te alcance», fué durante varios siglos en Grecia y en
+Rumelia la peor de las maldiciones. Para designar á un ser bárbaro y
+sanguinario, todavía los griegos modernos le apodan «Catalán», y en
+Morea toda comadre violenta y reñidora se ve insultada por sus vecinas
+con el nombre de «Catalana».
+
+Así terminó la más gloriosa y sangrienta de las aventuras mediterráneas
+en la Edad Media; el choque de la rudeza occidental, casi salvaje pero
+franca y noble, con la malicia refinada y la civilización decadente de
+los griegos, pueriles y viejos á la vez, que se sobrevivían en Bizancio.
+
+Ferragut sentía placer con estos relatos de esplendores imperiales,
+palacios de oro, épicos encuentros y furiosos saqueos, mientras su buque
+navegaba cortando la noche y saltando sobre el mar obscuro, acompañado
+por el pistoneo de las máquinas y el batir ruidoso de la hélice, que á
+veces permanecía fuera del agua durante los furiosos balanceos de proa á
+popa.
+
+Estaban en el peor sitio del Mediterráneo, donde se encuentran los
+vientos procedentes del callejón del Adriático, de las estepas del Asia
+Menor, de los desiertos africanos y del portillo de Gibraltar, mezclando
+tempestuosamente sus corrientes atmosféricas. Las aguas, encajonadas
+entre las numerosas islas del archipiélago griego, se retorcían en
+opuestas direcciones, exasperándose al chocar contra los acantilados de
+las costas, con una violencia de retroceso que se convertía en furioso
+oleaje.
+
+El capitán, encapuchado como un fraile, encorvándose bajo el viento, que
+parecía querer arrancar del puente sus gruesas botas, altas hasta la
+rodilla, hablaba y hablaba á su segundo, inmóvil junto á él, cubierto
+igualmente con un impermeable que chorreaba humedad por todos sus
+pliegues. La lluvia iba rayando con leves arañazos de luz la lóbrega
+pizarra de la noche. Los dos marinos sentían en la cara y en las manos
+la misma sensación que si cayesen á través de la obscuridad ortigas
+heladas.
+
+Por dos veces anclaron cerca de la isla de Tenedos, viendo los movibles
+archipiélagos de los acorazados con velos flotantes de humo. Llegaba á
+sus oídos, como un trueno incesante, el eco de los cañones que rugían á
+la entrada de los Dardanelos.
+
+Asistieron de lejos á la emoción causada por la pérdida de algunos
+navíos ingleses y franceses. La corriente del mar Negro era la mejor
+arma para los defensores de este desfiladero acuático contra el ataque
+de las flotas. No tenían mas que arrojar en el estrecho una cantidad de
+minas flotantes, y el río azul que se desliza por los Dardanelos las
+arrastraba hacia los buques sitiadores, destruyéndolos con infernal
+estallido. En las costas de Tenedos, las mujeres helénicas, con las
+cabelleras sueltas, arrojaban flores al mar en memoria de las víctimas,
+con un dolor teatral semejante al de las heroínas de la antigua Troya,
+cuyas murallas estaban enterradas en las colmas de enfrente.
+
+El tercer viaje, en pleno invierno, fué muy duro, y al final de una
+noche lluviosa, cuando las sutiles palideces del alba empezaban á sacar
+de la sombra los contornos todavía esfumados de la realidad, el _Mare
+nostrum_ llegó á la rada de Salónica.
+
+Sólo una vez había estado Ferragut en este puerto, muchos años antes,
+cuando todavía era de los turcos. Primeramente vió unas tierras bajas en
+las que parpadeaban los últimos fuegos de los faros. Luego fué
+reconociendo la rada, vasta extensión acuática con un marco de arenales
+y lagunas que reflejaban la luz indecisa del amanecer. Las gaviotas,
+recién despiertas, volaban en grupos sobre la inmensa copa marina. En la
+desembocadura del Vardar se levantaban los volátiles de agua dulce con
+ruidosos gritos, ó permanecían orlando las orillas, inmóviles sobre sus
+largas patas.
+
+Frente á la proa fué surgiendo una ciudad entre las ondas albuminosas
+de la bruma. En un pedazo de cielo limpio y azul se destacaron varios
+minaretes, brillando sus remates con los fuegos de la aurora. Así como
+avanzaba el buque iban desvaneciéndose las nubes matinales, y Salónica
+se mostró completa, desde el caserío de sus muelles hasta el antiguo
+castillo que ocupa la cumbre de una colina, fortaleza de torreones
+rojizos, chatos y robustos.
+
+Junto al agua, á lo largo del puerto, estaban las construcciones
+europeas, las casas de comercio con sus rótulos dorados, los hoteles,
+los Bancos, los cinematógrafos y cafés-concíertos, y una torre macíza
+con otra más pequeña superpuesta: la llamada Torre Blanca, resto de las
+fortificaciones bizantinas.
+
+En este caserío europeo se abrían portillos obscuros. Eran las bocas de
+las calles en pendiente, que se remontaban colina arriba, á través de
+los barrios griegos, mahometanos é israelitas, basta llegar á una meseta
+cubierta de altos edificios entre las agujas obscuras de los cipreses.
+
+La diversidad religiosa del Mediterráneo oriental erizaba á Salónica de
+cúpulas y torres. El templo griego henchía en el espacio los bultos
+dorados de su techumbre; la iglesia católica hacía brillar la cruz en lo
+más alto de su campanario; la sinagoga, de formas geométricas, se
+desbordaba en una sucesión de terrazas; los minaretes islámicos formaban
+una columnata blanca, afilada, esbelta. La vida moderna había añadido
+varias chimeneas de fábrica y brazos de grúas de vapor, que producían el
+efecto de anacronismos en esta decoración de puerto oriental.
+
+En torno de la ciudad y su acrópolis huía la llanura hasta perderse en
+el horizonte; una llanura que Ferragut había visto en el viaje anterior
+desolada, monótona, con pocas casas y escasos cultivos, sin otra
+vegetación importante que los pequeños oasis de los cementerios
+musulmanes. Este desierto iba hacia Grecia y Servia, ó al encuentro de
+Bulgaria y Turquía.
+
+Ahora, la parda estepa, al salir de las brumas algodonosas del amanecer,
+palpitaba con nueva vida. Miles y miles de hombres estaban acampados en
+torno de la ciudad. Había nuevas poblaciones hechas de lona, calles
+rectangulares de tiendas, ciudades de barracas de madera, construcciones
+enormes como iglesias, cuyas paredes de lienzo temblaban bajo las
+ráfagas.
+
+El capitán vió á través de sus gemelos muchedumbres guerreras ocupadas
+en los quehaceres del despertar, filas de caballos sin jinete que iban
+al abrevadero, parques de artillería con sus cañones en alto iguales á
+tubos de telescopio, pájaros enormes de alas amarillas que emprendían su
+deslizamiento á ras de tierra con rudo traqueteo y poco á poco se
+remontaban en el espacio, brillando sus alas enceradas con los primeros
+fulgores del sol.
+
+Todo el ejército aliado de Oriente, volviendo de la sangrienta y errónea
+aventura de los Dardanelos ó procedente de Marsella y Gibraltar, se iba
+amasando en torno de Salónica.
+
+El _Mare nostrum_ fondeó ante los muelles, repletos de cajas y fardos.
+La guerra daba á este puerto una actividad mucho más grande que la de
+los tiempos tranquilos. Vapores de todas las banderas aliadas y
+neutrales descargaban víveres y material militar.
+
+Venían de todos los continentes, de todos los océanos, atraídos por las
+necesidades enormes de un ejército moderno. Descargaban cosechas de
+provincias enteras, rebaños interminables de bueyes y caballos,
+toneladas y toneladas de acero preparado para esparcir la muerte,
+muchedumbres humanas á las que sólo faltaba una cola de mujeres y de
+niños para ser iguales á los grandes éxodos belicosos de la Historia.
+Luego llenaban sus vientres otra vez con los residuos de la guerra,
+armas necesitadas de reparación, hombres destrozados, y emprendían su
+viaje de vuelta.
+
+Estos cargamentos, traídos obscura y modestamente á través del mal
+tiempo y la amenaza submarina, preparaban la victoria. Muchos de estos
+vapores eran antiguos buques de lujo, exonerados por la necesidad
+militar, sucios y grasosos, que servían ahora de barcos de carga.
+Alineados junto á los muelles, dormitaban, esperando entrar en
+funciones, los navíos-hospitales, trasatlánticos más dichosos, que
+retenían aún cierta parte de su antiguo bienestar, blancos, limpios,
+con una cruz roja pintada en los flancos y otra en las chimeneas.
+
+Algunos de los transportes habían llegado á Salónica milagrosamente. Sus
+tripulantes relataban, con la serenidad fatalista de los hombres de mar,
+cómo el torpedo había pasado á corta distancia del casco. Un vapor
+herido permanecía aparte, con sólo la quilla sumergida, mostrando al
+aire todo su vientre rojo. Más abajo de la línea de flotación tenía
+abierta una brecha de anguloso contorno. Al mirar desde la cubierta la
+profundidad de sus bodegas, invadidas por el agua, se veía el portalón
+abierto en su flanco como la entrada de una caverna luminosa.
+
+Ferragut, mientras descargaban su buque bajo la vigilancia de Tòni, pasó
+los días en tierra, visitando la ciudad.
+
+Le atrajeron desde el primer momento los callejones de los barrios
+turcos; sus casas blancas; sus balcones salientes cubiertos de celosías,
+que son como jaulas pintadas de rojo; las mezquitas, con patios de
+cipreses y fontanas de melancólico chorreo; las tumbas de los santones
+en kioscos que cortan las calles bajo el reflejo mortecino de una
+lámpara; las mujeres veladas por sus negros _firadjes_; los viejos que
+transcurren silenciosos y pensativos bajo su gorro de escarlata,
+siguiendo los bamboleos del asno en que van montados.
+
+La gran vía romana entre Roma y Bizancio, antiguo camino de losas
+azules, pasaba por una calle de la moderna Salónica. Aún guardaba una
+parte de su pavimento y aparecía obstruída gloriosamente por un arco de
+triunfo, junto á cuya base de piedra carcomida trabajaban los
+limpiabotas, descalzos y con un fez en la cabeza.
+
+Una interminable variedad de uniformes desfilaba por sus calles, y á
+esta diversidad de trajes venía á añadirse la diferencia étnica de los
+hombres que los vestían. Los soldados de Francia y de las Islas
+Británicas se codeaban con las tropas exóticas. Los gobiernos aliados
+habían hecho un llamamiento á los combatientes profesionales y los
+voluntarios de sus colonias. Los tiradores negros del centro de África
+enseñaban sus dientes de marfileña sonrisa á los gigantes bronceados,
+con grueso turbante blanco, procedentes de la India. El cazador de las
+llanuras glaciales del Canadá fraternizaba con los voluntarios de
+Australia y Nueva Zelandia.
+
+El cataclismo de la guerra mundial había arrastrado los hombres de los
+antípodas hasta este rincón dormido de la Grecia. Volvían á repetirse
+las invasiones de los siglos remotos que habían hecho encorvarse á la
+antigua Tesalónica bajo la conquista de bárbaros, bizantinos, sarracenos
+y turcos.
+
+Las tripulaciones de los buques de guerra surtos en la rada venían á
+fundir en esta variedad de uniformes la nota monótona de su azul
+negruzco, casi igual en todas las marinas del mundo... Y á la amalgama
+militar se agregaba la pintoresca variedad de la vestimenta civil, el
+carácter híbrido del vecindario de Salónica, compuesto de varias razas y
+religiones que se entremezclan sin confundirse. Los popes de negras
+túnicas y sombreros de copa sin alas transcurrían por las calles junto á
+los sacerdotes católicos ó al rabino de luenga hopalanda. En las afueras
+se veían hombres casi desnudos, sin otro traje que una zamarra de
+pieles, guiando rebaños de cerdos, lo mismo que los pastores de la
+_Odisea_. Los derviches, con aspecto de demencia, canturreaban inmóviles
+en una encrucijada, envueltos en nubes de moscas, esperando el auxilio
+de los buenos creyentes.
+
+Gran parte de la población estaba compuesta de israelitas descendientes
+de los judíos expulsados de España y Portugal. Los más viejos y
+tradicionalistas se vestían lo mismo que sus remotos abuelos, con largos
+caftanes de colores fuertes y rayados. Las mujeres, cuando no imitaban
+las modas europeas, lucían un traje pintoresco que hacía recordar la
+indumentaria española de la Edad Media. No eran únicamente cambistas ó
+comerciantes, como en el resto de la tierra. Las necesidades de una
+ciudad dominada por ellos les habían hecho abrazar todas las
+profesiones, siendo artesanos, pescadores, barqueros, mozos de cordel,
+cargadores del puerto. Guardaban la lengua castellana como idioma del
+hogar, como bandera original, cuyo aleteo reunía sus almas dispersas,
+un castellano en formación, blando y sin consistencia, semejante á una
+criatura recién nacida.
+
+--¿Tú hispañol?--decían al capitán Ferragut--. Mis antiguos nascieron
+allá. ¡Terra fermosa!...
+
+Pero no querían volver á ella. Les inspiraba miedo la patria de sus
+abuelos. Temían que, al verles de regreso, los españoles actuales
+suprimiesen las corridas de toros y restablecieran la Inquisición,
+organizando una quema todos los domingos.
+
+Oyendo su lenguaje, el capitán recordaba una fecha: 1492. En el mismo
+año, Colón había hecho su primer viaje, descubriendo las Indias; los
+judíos eran expulsados de la Península, y Nebrija daba á luz la primera
+gramática castellana. Estos españoles habían salido de la tierra natal
+meses antes de que su idioma fuese codificado por primera vez.
+
+Un marino de Génova, antiguo amigo de Ulises, le llevó á un café del
+puerto donde se reunían los capitanes mercantes. Eran los únicos que
+vestían traje civil entre la concurrencia de oficiales de mar y tierra
+que se apretaba en los divanes, obstruía las mesas y se aglomeraba ante
+la puerta.
+
+Estos vagabundos del Mediterráneo, que muchas veces no podían conversar
+por la diversidad de sus idiomas, se buscaban instintivamente,
+sentándose juntos con un silencio fraternal. Su heroísmo pasivo era en
+algunos casos más admirable que el de los hombres de guerra, que pueden
+devolver golpe por golpe. Todos los oficiales de las diversas flotas
+sentados cerca de ellos disponían del cañón, del espolón, del torpedo,
+de las grandes velocidades, de la telegrafía aérea. Los valerosos
+arrieros del mar desafiaban al enemigo en buques indefensos, sin
+telégrafo y sin cañones. Registrando á todos los hombres de su
+tripulación, no se encontraba á veces un solo revólver. Y estos bravos
+osaban los mayores atrevimientos, con un fatalismo profesional,
+confiándose al destino.
+
+En las tertulias del café contaban lentamente algunos capitanes sus
+encuentros en el mar, la aparición inesperada del submarino, el torpedo
+que marraba su blanco por unos metros, la fuga á todo vapor, recibiendo
+los cañonazos de la persecución. Se enardecían un instante al recordar
+el peligro; luego volvían á mostrarse indiferentes y fatalistas.
+
+--Si he de morir ahogado--acababan diciendo--, será inútil cuanto haga
+por evitarlo.
+
+Y aceleraban su partida, para regresar un mes después transportando en
+su buque una verdadera fortuna, completamente solos, prefiriendo la
+navegación suelta y astuta á la marcha en convoy, deslizándose de isla
+en isla y de costa en costa para despistar á los sumergibles.
+
+Más que los peligros de la navegación les conmovía el estado de sus
+buques, que llevaban más de un año sin conocer la limpieza. Los
+capitanes de trasatlántico lamentaban sus lujosos camarotes convertidos
+en dormitorios de tropa, sus cubiertas charoladas, que habían pasado á
+ser establos; sus comedores, donde se sentaban antes las gentes con
+_smoking_ ó escotadas, y debían ser regados ahora con toda clase de
+desinfectantes para repeler la invasión de chinches y piojos, los olores
+animales de tantos hombres y bestias amontonados.
+
+La decadencia de los buques parecía reflejarse en el porte de sus
+capitanes, más rudos que antes, peor vestidos, con un abandono militar
+de combatiente de trinchera, las manos callosas y mal cuidadas, iguales
+á las de un cargador.
+
+Entre los marinos de guerra también los había que mostraban un completo
+abandono de su persona. Eran los comandantes de los «chaluteros»,
+vaporcitos de pesca del Océano armados con un cañón, que habían entrado
+en el Mediterráneo para perseguir á los sumergibles. Iban vestidos de
+tela impermeable, con un casco encerado, lo mismo que los pescadores del
+mar del Norte, oliendo á carbón y á agua tempestuosa. Pasaban semanas y
+semanas en el mar, fuese cual fuese el tiempo, durmiendo en el fondo de
+una cala que apestaba á pescado rancio, manteniéndose en patrulla aunque
+rugiese la tempestad, saltando como un tapón de botella de ola en ola,
+para repetir las hazañas de los antiguos corsarios.
+
+Ferragut tenía un pariente en el ejército que se aglomeraba en Salónica
+para avanzar tierra adentro. No quería marcharse sin verle, y pasó
+varias mañanas haciendo averiguaciones en las oficinas del Estado Mayor.
+
+Era un sobrino suyo, un hijo de Blanes el fabricante de géneros de
+punto, que había huído de Barcelona, al iniciarse la guerra, con otros
+muchachos aficionados á cantar _Los Segadores_ y perturbar la
+tranquilidad del «cónsul de España» enviado por Madrid. El hijo del
+pacífico burgués catalán se había alistado en un batallón de la Legión
+extranjera, compuesto en gran parte de españoles é hispanoamericanos.
+
+Blanes rogó al capitán que viese á su hijo. Estaba triste y orgulloso al
+mismo tiempo por esta aventura romántica que florecía inesperadamente en
+la existencia utilitaria y monótona de la familia. ¡Un muchacho que
+tenía un porvenir tan grande en la fábrica de su padre!... A
+continuación hacía el relato, con voz insegura y ojos húmedos, de las
+hazañas de su primogénito: herido en Champaña; dos citaciones y Cruz de
+Guerra. ¿Quién hubiese imaginado que podía ser un héroe?... Ahora su
+batallón estaba en Salónica, después de batirse en los Dardanelos.
+
+--Veas si te lo traes--repitió Blanes--. Dile que su madre va á morirse
+de pena... ¡Tú puedes hacer mucho!
+
+Pero todo lo que pudo hacer el capitán Ferragut fué conseguir un permiso
+y un automóvil viejo para visitar el campamento de los legionarios.
+
+La llanura árida en torno de Salónica estaba cruzada por numerosos
+caminos. Los trenes de artillería, los rosarios de automóviles, rodaban
+por vías recién abiertas que las lluvias habían convertido en lodazales.
+El barro era la peor calamidad de esta planicie extremadamente
+polvorienta en tiempo seco.
+
+Dos horas largas pasó Farragat de campamento en campamento antes da
+llegar á su destino. Su vehículo tuvo que detenerse para dejar paso á
+interminables desfiles de camiones. Otras veces le cortaban el paso los
+auto-ametralladoras blindados, las grandes piezas arrastradas por
+tractores, los carros del aprovisionamiento con pirámides de sacos y
+cajas.
+
+Por todas partes miles y miles de soldados de diversos colores y razas
+variadas. El capitán recordó las grandes invasiones de la Historia:
+Jerjes, Alejandro, Gengis-Khan, todos los conductores de hombres, que
+avanzaban llevándose los pueblos en masa detrás de su caballo,
+transformando á los siervos de la tierra en combatientes. Sólo faltaban
+las hembras soldadescas y los enjambres de chiquillos para que fuese
+exacta esta semejanza con los éxodos guerreros del pasado.
+
+A media tarde pudo abrazar á su sobrino. Estaba con otros dos
+voluntarios, un andaluz y un americano del Sur, unidos los tres por la
+fraternidad de origen y por el continuo roce con la muerte.
+
+Ferragut los llevó á la cantina de un _mercanti_, establecida junto al
+campamento del batallón. Los consumidores se sentaban bajo un toldo de
+lona, ante cajas que habían contenido ferretería ó municiones y hacían
+oficio de mesas. Esta miseria estaba compensada por los precios. En
+ningún _Hôtel-Palace_ obtenían las bebidas un valor tan extraordinario.
+
+Sintió el marino á los pocos momentos un afecto paternal por estos tres
+jóvenes, á los que apodaba «los tres mosqueteros». Quiso obsequiarlos
+con lo mejor que, tuviese el _mercanti_, y éste sacó á luz una botella
+de champaña, ó más bien de tisana de Reims, presentándola como si fuese
+un elixir fabricado con oro.
+
+El líquido de ámbar, burbujeante en los vasos, pareció devolver su
+antigua existencia á los tres jóvenes. Recocidos por el sol y la
+intemperie, habituados á la vida dura de la guerra, casi habían olvidado
+las dulzuras y comodidades de los años anteriores.
+
+Ulises los examinó atentamente. Habían crecido en el curso de la
+campaña, con el último estirón de la juventud. Sus brazos surgían
+exageradamente de las mangas del capote, cortas ya para ellos. La
+gimnasia ruda de las marchas y el manejo de la pala habían ensanchado
+sus muñecas y encallecido sus manos.
+
+El recuerdo de su hijo surgió en su memoria. ¡Contemplarle así, hecho un
+soldado, como su primo! ¡Verle sufrir todas las rudezas de la existencia
+militar... pero viviendo!
+
+Para no enternecerse, bebió y prestó atención á lo que decían los tres
+jóvenes. El legionario Blanes, romántico como debe serlo un hijo de
+fabricante metido en aventuras, hablaba de las hazañas de las tropas de
+Oriente con todo el entusiasmo de sus veintidós años. Le faltaba el
+tiempo para lanzarse á la bayoneta contra los búlgaros y llegar á
+Adrianópolis. La guerra en Macedonia le tocaba de cerca, como catalán.
+
+--¡Vamos á vengar á Roger de Flor!--dijo gravemente.
+
+Y su tío sintió deseos de llorar y de reír ante esta fe simple, sólo
+comparable á la memoria retrospectiva del poeta Labarta y del secretario
+de pueblo que lamentaba todos los días la remota derrota de Ponza.
+
+Blanes explicó como un caballero andante el motivo que le había llevado
+á la guerra. Deseaba batirse por la libertad de todos los pueblos
+oprimidos, por la resurrección de todas las nacionalidades olvidadas:
+polacos, checos, rutenos, yugo-eslavos... Y sencillamente, como si
+dijese algo indiscutible, incluyó á Cataluña entre los pueblos que
+lloraban lágrimas de sangre bajo los latigazos de la tiranía.
+
+Aquí saltó indignado su compañero el andaluz. Pasaban el tiempo
+discutiendo acaloradamente, cambiando insultos y buscándose á
+continuación, como si no pudieran vivir el uno sin el otro.
+
+Este no se batía por la libertad de tales ó cuales pueblos. Tenía la
+vista larga: no era miope y egoísta, como su amigo «el catalán». Daba su
+sangre por que el mundo entero fuese libre y desapareciesen todas las
+monarquías.
+
+--Me bato por Francia, porque es el país de la gran Revolución. Su
+historia anterior no me importa: para reyes ya tenemos los nuestros.
+Pero á partir del 14 de Julio, lo que es de Francia lo considero mío y
+de todos los hombres.
+
+Se detuvo unos segundos, buscando una afirmación más concreta:
+
+--Me bato, capitán, por Dantón y por Hoche.
+
+Vió Ferragut en su imaginación las melenas blancas de Michelet y el tupé
+romántico de Lamartine sobre un doble pedestal de volúmenes que
+contenían la historia-poema de la Revolución.
+
+--También me bato por Francia--dijo finalmente--porque es la patria de
+Víctor Hugo.
+
+Ulises presintió que este republicano de veinte años debía guardar en su
+mochila un cuaderno, escrito con lápiz, lleno de versos.
+
+El sudamericano, habituado á las disputas de sus dos compañeros, se
+miraba las uñas negras con la melancólica desesperación de un profeta
+que contempla su patria en ruinas. Blanes, hijo de burgués, le admiraba
+por su origen. El día de la movilización había ido en París á
+inscribirse como voluntario montando un automóvil de cincuenta caballos.
+El y su chófer se alistaban juntos. Luego hacía donación de su lujoso
+vehículo.
+
+Había deseado ser soldado porque todos los jóvenes de su club partían á
+la guerra. Además, le halagaba que su última amante le dedicase unas
+lágrimas de admiración y asombro viéndole con uniforme. Sentía la
+necesidad de conmover á todas las damas que habían bailado el tango con
+él hasta la semana anterior. Por otra parte, los millones de su abuelo
+«el gallego», algo roídos por su padre el criollo, se estaban
+deshaciendo entre sus manos.
+
+--Esto dura demasiado, capitán.
+
+Al principio había creído en una guerra de seis meses. Las balas le
+importaban poco; lo terrible era el piojo, el no mudarse la ropa, el
+verse privado del baño diario. ¡Si él hubiese adivinado!...
+
+Y resumía su entusiasmo con esta afirmación:
+
+--Me bato por Francia porque es un país _chic_. Sólo en París se visten
+bien las mujeres. Esos alemanes, por mucho que hagan, serán siempre unos
+ordinarios.
+
+No necesitaba añadir más: todo quedaba dicho.
+
+Los tres recordaron los meses de infierno sufridos recientemente en los
+Dardanelos, en un espacio de seis kilómetros conquistado á la bayoneta.
+Una lluvia de proyectiles caía incesantemente sobre ellos. Había que
+vivir debajo de la tierra como topos, y aun así, les alcanzaba el
+estallido de los grandes obuses.
+
+En esta lengua de tierra frente á Troya, por la que se había deslizado
+la historia remota de la humanidad, las palas, al abrir las trincheras,
+tropezaban con los más raros hallazgos. Un día, Blanes y sus compañeros
+habían sacado á luz jarros, estatuillas y platos que tenían treinta
+siglos. Otra vez cortaron blanduras repulsivas que exhalaban un hedor
+insufrible. Estaban abriendo trincheras en un pedazo de terreno que
+había servido de cementerio á los turcos. Los vientres hinchados se
+partían bajo las palas, derramando los zumos de su putrefacción. La
+necesidad de resguardarse había obligado á los legionarios á vivir con
+el rostro al nivel de los cadáveres que asomaban en el corte vertical de
+la tierra removida.
+
+--Los muertos estaban como las trufas en un pastel--dijo el
+sudamericano--. Yo tuve que permanecer un día entero tocando con mi
+nariz los intestinos de un turco muerto dos semanas antes... No, la
+guerra no es _chic_, capitán, por más que hablen de heroísmos y cosas
+sublimes en periódicos y libros.
+
+Quiso ver Ulises otra vez á «los tres mosqueteros» antes de partir de
+Salónica, pero el batallón había levantando su campo, situándose á
+muchos kilómetros al interior, frente á las primeras líneas búlgaras. El
+entusiasta Blanes disparaba ya su fusil contra los asesinos de Roger de
+Flor.
+
+A mediados de Noviembre llegó el _Mare nostrum_ á Marsella. Su capitán
+experimentaba siempre cierta admiración al doblar el cabo Croissette,
+viendo cómo se abría ante la proa una vasta curva marítima. En el centro
+de ella, una colina abrupta y desnuda avanzaba hacia el mar, sosteniendo
+en su cumbre la basílica y la torre cuadrada de Nuestra Señora de la
+Guardia.
+
+Marsella era la metrópoli del Mediterráneo, el puerto terminal para
+todos los navegantes del _mare nostrum_. En su bahía, de cortas olas, se
+alzaban varias islas amarillentas, con franjas de espuma, y sobre una de
+ellas las torres robustas del novelesco castillo de If.
+
+Todos, desde Ferragut á los últimos marineros, contemplaban como algo
+propio la ciudad que iba asomando en el fondo de la bahía, sus bosques
+de mástiles y su amontonamiento de edificios grises, sobre los cuales
+brillaban las cúpulas bizantinas de la nueva catedral. En torno de
+Marsella se abría un hemiciclo de alturas desnudas y secas, coloreadas
+alegremente por el sol de Provenza. Los pueblos y caseríos moteaban de
+blanco estas pendientes, así como las _bastidas_, «villas» de placer de
+los mercaderes de la ciudad. Más allá de dicho semicírculo, el horizonte
+estaba cerrado por un anfiteatro de ásperas y sombrías montañas.
+
+En los viajes anteriores, la vista de la gigantesca Virgen dorada, que
+brilla como una lanza de fuego en lo alto de Nuestra Señora de la
+Guardia, esparcía el regocijo sobre el puente del buque.
+
+--¡Marsella, Tòni!--decía el capitán alegremente--. Te convido á una
+_bouillabaisse_ en casa de Pascal.
+
+Y Tòni contraía el peludo rostro con sonrisa de gula viendo por
+anticipado el restorán famoso del puerto, sus salones crepusculares
+oliendo á marisco y á salsas picantes, y sobre la mesa el hondo plato de
+pescado con un caldo suculento teñido de azafrán.
+
+Pero ahora Ulises había perdido su vigorosa alegría de vivir.
+Contemplaba la ciudad con ojos amorosos pero tristes. Se veía
+desembarcando la última vez, enfermo, sin voluntad, anonadado por la
+trágica desaparición de su hijo.
+
+El _Mare nostrum_ llegó á la boca del puerto viejo, teniendo á su
+derecha las baterías del Faro. Este puerto viejo era el recuerdo más
+interesante de la antigua Marsella. Penetraba como un cuchillo acuático
+en las entrañas del caserío; la ciudad se extendía por sus muelles. Era
+una plaza enorme de agua á la que afluían todas las calles; pero su área
+resultaba insignificante para el tráfico marítimo, y ocho puertos nuevos
+venían á cubrir toda la ribera Norte de la bahía.
+
+Una escollera interminable, una muralla más larga que la ciudad, se
+extendía paralelamente á la costa, y en el espacio entre la orilla y
+este obstáculo, que obligaba á espumear y rugir á las olas, se extendían
+los ocho amplios puertos, comunicándose entre sí desde el llamado de la
+Joliette, que era el de acceso, hasta el lejano de la Estaca. Todavía
+este último se prolongaba tierra adentro por el gran canal subterráneo
+que pone en comunicación á la ciudad con el Ródano.
+
+Ferragut había visto ancladas en esta sucesión de abrigos las marinas
+de toda la tierra y aun de todas las épocas. Junto á los trasatlánticos
+enormes balanceaban sus vergas las vetustas tartanas y algunos barcos
+griegos, pesados y de formas arcaicas, que hacían recordar las flotas
+descritas en la _Ilíada_.
+
+En sus muelles circulaban todos los hombres mediterráneos: helenos del
+continente y de las islas; levantinos de la costa de Asia; españoles,
+italianos, argelinos, marroquíes, egipcios. Muchos guardaban sus trajes
+originales, y á esta variada indumentaria se unía la diversidad de
+lenguas, algunas de ellas misteriosas y casi perdidas. Como atraídos por
+la confusión oral, los mismos franceses olvidaban su idioma, hablando el
+dialecto marsellés, que conserva rastros indelebles de su origen griego.
+
+Atravesó _Mare nostrum_ el antepuerto, la dársena de la Joliette, la del
+Lazareto, deslizándose lentamente por los pasos de comunicación, entre
+grupos de transeúntes y de carros que esperaban el restablecimiento de
+los puentes giratorios de acero abiertos ante su proa. Luego fué á
+anclarse en la dársena de Arenc, cerca de los _docks_.
+
+Cuando Ferragut pudo desembarcar, se dió cuenta de la gran
+transformación sufrida por este puerto con motivo de la guerra.
+
+El tráfico de los tiempos de paz no existía. Los géneros no eran de una
+variedad infinita, como otras veces. En los muelles sólo se apilaban
+cargamentos, monótonos y uniformes, de víveres ó de material de guerra.
+
+Habían desaparecido también las legiones de descargadores. Todos estaban
+en las trincheras. Las orillas eran barridas ahora por mujeres, y las
+descargas las efectuaban destacamentos de tiradores senegaleses. Se
+estremecían de frío en los días asoleados del invierno y se encorvaban
+como moribundos bajo la lluvia ó el soplo del mistral. Trabajaban con el
+gorro rojo calado sobre las orejas, y al menor alto en sus faenas se
+apresuraban á meter las manos en los bolsillos del capote. Estos negros
+formaban grupos vociferantes en torno de un fardo ó una pieza que cuatro
+hombres hubiesen movido en tiempo ordinario, y el paso de una mujer ó de
+un vehículo les hacía descuidar el trabajo, volviendo sus caras de
+diablos con una curiosidad infantil.
+
+La descarga amontonaba en las principales dársenas los mismos artículos:
+trigo, mucho trigo, y azufre y salitre para la composición de materias
+explosivas. En otros muelles se alineaban á miles los pares de ruedas
+grises, sostén de cañones y furgones; las cajas enormes como viviendas
+que contenían aeroplanos; las piezas de acero que sirven de andamiaje á
+la artillería gruesa; cajones de fusiles y cartuchos; enormes paquetes
+de conservas alimenticias y de materias sanitarias; todo el
+avituallamiento del ejército que peleaba en el extremo remoto del
+Mediterráneo.
+
+Varios pelotones de hombres precedidos y seguidos de bayonetas marchaban
+de un puerto á otro con rítmico paso. Eran prisioneros alemanes,
+sonrosados y alegres á pesar de la cautividad, vistiendo aún sus
+uniformes de color verde col, con un gorro redondo sobre la esquilada
+cabeza. Iban á trabajar en el interior de los buques, cargando ó
+descargando el material que debía servir para el exterminio de sus
+compatriotas y sus amigos.
+
+En las dársenas, los vapores se mostraban extraordinariamente
+agrandados. A su llegada sólo alzaban sobre el muelle unos cuantos
+metros de borda; pero ahora que su cargamento estaba apilado en tierra,
+parecían altísimas fortalezas. Dos tercios del casco ocultos siempre en
+el mar quedaban al descubierto, mostrando el vivo rojo de su panza. Sólo
+su quilla se mantenía en el agua. El tercio superior, lo que quedaba
+visible sobre la línea de flotación en tiempo ordinario, era ahora una
+simple cornisa negra que remataba el extenso muro purpúreo. Los palos y
+chimeneas, achicados por esta transformación, parecían corresponder á
+otro buque más pequeño.
+
+Todos estos vapores mercantes y pacíficos llevaban un cañón en la popa
+para librarse de los corsarios submarinos. Inglaterra y Francia habían
+movilizado sus _tramps_, sus barcos vagabundos, y empezaban á darles
+medios de defensa. Algunos no habían podido montar el cañón sobre una
+cureña fija, y llevaban una pieza de artillería terrestre, asomando su
+boca entre las ruedas clavadas en la cubierta.
+
+El capitán, en todos sus paseos, se sentía atraído por la famosa
+Cannebière, vía succionante que aspira la actividad entera de Marsella.
+
+Algunos días, un viento fresco y violento arremolinaba en ella el polvo
+y los papeles. Los camareros de los cafés trincaban los grandes toldos
+como si fuesen el velamen de un buque. Se aproximaba el mistral, y cada
+dueño de establecimiento ordenaba la maniobra para hacer frente al
+helado huracán que vuelca mesas, arrebata asientos y se lleva todo lo
+que no está asegurado con marinos amarres.
+
+Creyó ver Ferragut en la famosa avenida marsellesa una antesala de
+Salónica. Los mismos tipos del ejército de Oriente circulaban por sus
+aceras: ingleses vestidos de kaki, canadienses y australianos con
+sombreros de ala levantada; indostánicos enormes y esbeltos, de tez
+cobriza y espesa barba en forma de abanico; tiradores senegaleses, de un
+negro charolado; tiradores anamitas, de cara redonda y amarillenta, con
+ojos en triángulo. Pasaban incesantemente camiones obscuros guiados por
+soldados, automóviles llenos de oficiales, recuas de mulas procedentes
+de España que iban á ser embarcadas para Oriente, y esparcían detrás de
+su vivo trote un olor punzante y bravío de cuadra.
+
+El puerto viejo atraía á Ferragut por su antigüedad, casi tan remota
+como las primeras navegaciones mediterráneas. En esta plaza de agua
+metida entre casas habían anclado sus pobres naves los primeros
+fenicios, viéndose sucedidos por los emigrantes de Focea en Asia Menor,
+marineros griegos que huían de la invasión de los persas. Las colinas
+calcáreas y desnudas inmediatas al puerto se cubrían de viviendas, y así
+nació Marsalia, que había de ser siglos adelante la señora del
+Mediterráneo.
+
+Sus navegantes atrevidos bajaban á lo largo de la costa española,
+fundando ciudades que eran focos de civilización para los rudos íberos,
+así como Marsalia lo fué para los belicosos galos.
+
+Ferragut, al pasar ante el palacio de la Bolsa, lanzaba una mirada á
+las estatuas de los dos grandes navegantes marselleses Eutymenes y
+Pyteas. Eran los abuelos más remotos de la navegación mediterránea, los
+primeros capitanes conocidos por la Historia que habían transpuesto las
+columnas de Hércules, lanzándose á través del Atlántico misterioso. Uno
+había explorado las costas del Senegal; el otro subía más allá de
+Irlanda y las Orcadas.
+
+La antigua ciudad griega se había visto suplantada por otras durante
+largos siglos. Venecia, Génova y Barcelona la tenían en humilde
+dependencia. Pero cuando caían éstas y le llegaba á ella su hora de
+prosperidad, esta prosperidad iba acompañada de todas las ventajas de la
+época presente. Se había inventado la máquina de vapor, y los buques
+podían salvar fácilmente el obstáculo del estrecho de Gades, sin tener
+que aguardar semanas á que amainase la violencia de la corriente enviada
+por el Atlántico. Había nacido el industrialismo, y las fábricas del
+interior lanzaban por el ferrocarril, recientemente instalado, un oleaje
+de productos que las flotas iban transportando á todos los puebles del
+Mediterráneo. Finalmente, al ser abierto el istmo de Suez, se desdoblaba
+la ciudad de un modo prodigioso, pasando á ser un puerto mundial,
+poniéndose en contacto con la tierra entera, multiplicando sus dársenas,
+gigantescos apriscos adonde venían á aglomerarse como rebaños los buques
+de todos los pabellones.
+
+El puerto viejo, encajonado en plena ciudad, cambiaba de aspecto según
+las horas y el estado de la atmósfera. En las mañanas serenas era de un
+verde amarillento y olía ligeramente á agua descompuesta: agua orgánica,
+agua animal. Los puestos de ostras y erizos establecidos en sus muelles
+parecían rociados con esta agua impregnada de mariscos.
+
+Los días de fuerte viento todo él se tornaba de un verde terroso y
+opaco, formando olas cortas y continuas, con una leve espuma
+amarillenta. Los buques empezaban á bailar, chirriando bajo el tirón de
+bus amarras. Entre sus cascos y la superficie vertical de los muelles se
+formaban montones de basura inquieta, mordida abajo por los peces y
+picoteada arriba por las gaviotas.
+
+En la boca, cerca de los fuertes venerables de San Juan y San Nicolás,
+el transbordador levantaba sus dos pilastras de celosía de acero y el
+puente recto que las une, formando una portada triunfal.
+
+Los barcos armados que vigilaban las aguas limítrofes venían á descansar
+en esta dársena histórica rodeada de cafés, tiendas, almacenes, cúpulas
+y campanarios.
+
+Ferragut veía los rápidos torpederos, de paredes delgadísimas, danzando
+á la más leve ondulación sobre sus amarras de acero retorcido. Examinaba
+los «chaluteros», embarcaciones militares improvisadas, vaporcitos
+robustos y cortos, construídos para la pesca, que llevaban en la proa un
+cañón de tiro rápido. Todos estos buques menores, pintados de un gris
+metálico para confundirse con el color del agua, entraban en el puerto y
+salían como centinelas que se reemplazan.
+
+Montaban la guardia en alta mar, más allá de las islas rocosas y
+desiertas que cierran la bahía de Marsella, aproximándose á los buques
+para reconocer su nacionalidad, corriendo á todo vapor, con sus melenas
+de humo horizontales, hacia el punto donde esperaban sorprender el
+periscopio del enemigo oculto entre dos aguas. No había mal tiempo que
+les adormeciese ó les asustase... En plena tormenta se mantenían á la
+vista de la costa, saltando de ola en ola, con su fragilidad de barcos
+construídos para ser flechas; y únicamente cuando otros compañeros
+venían á sustituirles regresaban al puerto viejo, para descansar unas
+horas á la entrada de la Cannebière.
+
+Las callejuelas de la orilla derecha atraían á Ferragut. Eran la
+Marsella antigua, en la que aún subsisten algunos palacios ruinosos de
+los mercaderes y armadores de otros siglos. En estas vías estrechas,
+pendientes é inmundas, vivía la prostitución pintarrajeada y triste de
+toda ciudad marítima.
+
+Se aglomeraban en dicho barrio los guerreros de las diferentes Áfricas
+francesas, impulsados por su ardor de raza y por el deseo de desquitarse
+con grandes hartazgos de la carestía de los países musulmanes, donde la
+mujer vive en celoso encierro. En todas las esquinas había grupos de
+infantería marroquí recién desembarcada ó convaleciente de sus heridas,
+soldados jóvenes con gorros rojos y largos capotes de amarillo mostaza.
+Los zuavos de Argel conversaban con ellos en un español salpicado de
+árabe y de francés. Negros adolescentes que servían de fogoneros en los
+buques avanzaban por las empinadas callejuelas con ojos de inquietante
+resplandor, como si preparasen un rapto en masa. Se perdían bajo las
+puertas, con una tiesura sacerdotal, los graves jinetes moriscos,
+arrastrando el albo alquicel anudado á la cabeza como una bola de nítida
+blancura, ó el manto purpúreo de aguda capucha, que les daba el aspecto
+de barbudos frailes rojos.
+
+Entre la salida del hospital y el nuevo combate que les esperaba en las
+trincheras del Norte, estos guerreros venidos de lejanos países de sol
+para pelear y morir buscaban el poderoso consuelo de la mujer. Sus
+brazos impacientes se llevaban con un tirón de fiera las hembras
+esqueléticas y macabras y las que aparecían hinchadas por una falsa
+robustez, producto de malos humores. Algunas tenían la desproporción
+embrionaria de los fetos, con enormes cabezas sirviendo de remate á
+cuerpos raquíticos. Otras avanzaban sus míseros troncos descarnados
+sobre unas piernas anchas y redondas de paquidermo. Los soldados faltos
+de dinero miraban con envidia y hambre á las mujeres estacionadas en las
+puertas: criaturas de lujo é ilusión, con faldellines orinados llenos de
+lentejuelas, altas botas y medias amarillas.
+
+El capitán iba por las cumbres de estas calles, deteniéndose para
+apreciar el rudo contraste entre ellas y su vista terminal. Casi todas
+descendían hasta el puerto viejo, con un reguero de aguas sucias por
+mitad del arroyo que saltaba de piedra en piedra. Eran obscuras como
+tubos de telescopio, y al extremo de sus zanjas malolientes, ocupadas
+por el deforme mujerío, se abría un amplio desgarrón de luz y de azul.
+Se veían blancos veleros anclados al final de la pendiente, un pedazo de
+lámina acuática y las casas del muelle opuesto, empequeñecidas por la
+distancia. En otras aparecía como último plano la montaña de Nuestra
+Señora de la Guardia, con su basílica puntiaguda y la brillante estatua
+final, semejante á una llama de oro inmóvil y tortuosa. Algunas veces,
+un torpedero, al entrar en el puerto viejo, se deslizaba por la boca de
+una de estas callejuelas sombrías como si pasase por la lente de un
+anteojo.
+
+Al sentirse fatigado el marino por el mal olor y la miseria viciosa de
+los barrios viejos, volvía al centro de la ciudad, paseando bajo los
+árboles de las avenidas de Meilhan ó entre los puestos de flores del
+Coso Belzunce.
+
+Un anochecer, cuando esperaba el tranvía en la Cannebière rodeado de
+otras personas, volvió la cabeza con el presentimiento de que alguien le
+estaba contemplando á sus espaldas.
+
+Efectivamente, vió á un hombre detrás de él en el borde de la acera, un
+señor elegantemente vestido, completamente afeitado, que parecía por su
+aspecto un inglés cuidadoso de su persona. Este _gentleman_ acababa de
+detenerse á impulsos de la sorpresa, como si hubiese reconocido á
+Ferragut.
+
+Se cruzaron las miradas de los dos, sin que esto despertase eco alguno
+en la memoria del capitán... No podía recordar á este hombre. Casi
+estaba seguro de no haberlo visto nunca. Su rostro afeitado, sus ojos de
+un gris metálico, su tiesura elegante, no decían nada á su memoria. Tal
+vez el desconocido sufría una equivocación.
+
+Así debía ser, á juzgar por la prontitud con que separó su mirada de la
+de Ferragut, alejándose apresuradamente.
+
+El capitán no dió importancia á este encuentro. Lo había olvidado ya al
+subir al tranvía, pero minutos después resurgió en su memoria, bajo una
+nueva luz. El rostro del inglés se presentaba en su imaginación con un
+relieve distinto al de la realidad. Lo veía más claramente que al
+resplandor algo mortecino de los reverberos de la Cannebière... Pasaba
+con indiferencia sobre sus rasgos fisonómicos: en realidad, los había
+contemplado por primera vez. ¡Pero los ojos!... El conocía perfectamente
+aquellos ojos: se habían cruzado muchas veces con los suyos. ¿Dónde?...
+¿Cuándo?...
+
+Le acompañó hasta su buque el recuerdo de este hombre como una obsesión,
+sin lograr que su memoria diese una respuesta á sus preguntas. Luego,
+al verse en la cámara de popa con Tòni y el tercer oficial, volvió á
+olvidarlo.
+
+En los días sucesivos, al bajar á tierra, su memoria experimentaba
+invariablemente el mismo fenómeno. Iba el capitán por la ciudad, sin
+acordarse de aquel individuo, pero al entrar en la Cannebière surgía
+inmediatamente en su cerebro dicho recuerdo, seguido de una ansiedad
+inexplicable.
+
+«¿Dónde estará ahora mi inglés?--pensaba--. ¿Dónde le he visto antes?...
+¡Porque es indudable que nos conocemos!»
+
+Miraba curiosamente, á partir de este instante, á todos los transeúntes,
+y á veces apresuraba el paso para examinar á algunos que se le
+asemejaban por la espalda. Una tarde creyó reconocerlo en un carruaje de
+alquiler cuyo caballo marchaba á vivo trote por la avenida del Prado;
+pero cuando quiso seguirle, el vehículo había desaparecido en una calle
+inmediata.
+
+Transcurrieron los días, y el capitán olvidó definitivamente este
+encuentro. Otros asuntos más reales é inmediatos le preocupaban. Su
+buque estaba listo; iban á enviarle á Inglaterra para cargar municiones
+destinadas al ejército de Oriente.
+
+La mañana de su partida bajó á tierra sin deseos de llegar al centro de
+la ciudad.
+
+En una calle de los _docks_ había una barbería frecuentada por los
+capitanes españoles. La charla pintoresca del barbero, nacido en
+Cartagena, las láminas de colores fijas en la pared representando
+corridas de toros, los periódicos de Madrid olvidados en los divanes de
+hule y una guitarra en un rincón, hacían de esta tienda un pedazo de
+España para los vagabundos del Mediterráneo.
+
+Ferragut, antes de partir, quiso entregar sus barbas al tijereteo del
+verboso maestro. Cuando, pasada una hora, pudo salir de la barbería,
+arrancándose á las interminables despedidas del dueño, siguió una amplia
+calle entre dos filas de _docks_, solitaria y silenciosa.
+
+Las puertas corredizas de acero estaban cerradas y selladas. Los
+almacenes, vacíos y sonoros como naves de catedral, exhalaban aún los
+fuertes olores de los géneros que habían guardado en tiempo de paz:
+vainilla, canela, rollos de cuero, nitratos y fosfatos para abonos
+químicos.
+
+No vió en toda la calle mas que un hombre que venía hacia él dando la
+espalda á la dársena. Entre las dos largas paredes de ladrillos surgía
+el muelle en el fondo, con montañas de mercancías, escuadras de
+cargadores negros, vagones y carros. Más allá estaban los cascos de los
+buques, sustentando un bosque de palos y chimeneas, y en último término
+la muralla amarilla del malecón exterior y el cielo recién lavado por la
+lluvia, con un rebaño de nubecillas blancas y plácidas como sedosos
+carneros.
+
+El hombre que volvía del puerto y caminaba con los ojos fijos en
+Ferragut se detuvo de pronto, y girando sobre sus talones volvió hacia
+el muelle... Este movimiento despertó la curiosidad del capitán,
+aguzando sus sentidos. Repentinamente tuvo el presentimiento de que este
+transeúnte era «su inglés». Iba vestido de otro modo, con menos
+elegancia; sólo podía ver su espalda alejándose rápidamente, pero su
+instinto fué en este momento superior á sus ojos... No necesitaba mirar:
+era el inglés.
+
+Y sin saber por qué, apresuró el paso para alcanzarle. Luego corrió
+francamente, al considerar que estaba solo en la calle y el otro había
+desaparecido doblando la esquina.
+
+Cuando Ferragut salió al muelle, pudo ver cómo se alejaba con un paso
+elástico que casi era una fuga. Había ante él una cordillera de fardos
+amontonados, con tortuosos desfiladeros. Iba á perderlo de vista: le
+sería difícil encontrarle un minuto después.
+
+El capitán vaciló. «¿Qué motivo tenía para acosar á este
+desconocido?...» Y en el preciso momento que se formulaba esta pregunta,
+el otro retuvo un poco su marcha para volver la cabeza y darse cuenta de
+si le seguían.
+
+Se verificó en Ferragut un rápido fenómeno. No había reconocido la
+mirada de este hombre cuando casi se tocaban en la acera de la
+Cannebière, y ahora que existía entre los dos una distancia de cincuenta
+metros, ahora que el otro huía y sólo presentaba un perfil fugitivo, el
+capitán descubrió quién era por sus ojos, á pesar de que no podía
+distinguirlos claramente á tal distancia.
+
+Un telón pareció rasgarse en su memoria con doloroso crujido, dejando
+pasar torrentes de luz... Era el falso conde ruso, estaba seguro de
+ello, Von Kramer, el marino alemán, afeitado y desfigurado, que
+«trabajaba» sin duda en Marsella, montando nuevos servicios, meses
+después de haber preparado la entrada de los sumergibles en el
+Mediterráneo.
+
+La sorpresa inmovilizó á Ferragut. Con la misma rapidez imaginativa del
+que va á morir ahogado en el mar y repasa vertiginosamente las escenas
+de su vida anterior, vió su infame existencia de Nápoles, la expedición
+en la goleta para avituallar á los submarinos, luego el torpedo que
+abría una brecha en el _Californian_... ¡Y este hombre era tal vez el
+que había hecho saltar por el aire á su pobre hijo hecho pedazos!...
+
+Vió también á su tío el _Tritón_ lo mismo que cuando le escuchaba siendo
+pequeño en el puerto de Valencia. Recordó su relato de cierta noche de
+orgía egipcia en un cafetucho de Alejandría, donde tuvo que «pinchar» á
+un hombre para abrirse paso.
+
+El instinto le hizo llevarse una mano á la cintura. ¡Nada!... Maldijo la
+vida moderna y sus inciertas seguridades, que permiten á los hombres ir
+de un lado á otro confiados, inermes, sin medios de agredir. En otros
+puertos bajaba á tierra con el revólver en un bolsillo del pantalón...
+¡pero en Marsella! No llevaba ni un cortaplumas: sólo tenía sus puños...
+Hubiese dado en aquel momento su buque entero, su vida, por un
+instrumento que le permitiese matar... ¡matar de un golpe!...
+
+Se fué apoderando de él la vehemencia sanguinaria del mediterráneo.
+¡Matar!... No sabía cómo hacerlo, pero debía matar.
+
+Lo más inmediato era detener al enemigo que se escapaba. Iba á caer
+sobre él con los puños, con los dientes, entablando una lucha
+prehistórica, la pelea animal antes de que el hombre inventase la maza.
+Tal vez el otro ocultaba un arma y podía matarle; pero él, en su
+soberbia vengativa, sólo veía la muerte del enemigo, repeliendo todo
+temor.
+
+Para que no pudiera ocultarse á su vista, corrió hacia él sin disimulo
+alguno, como si estuviese en un desierto, á toda la velocidad de sus
+piernas. El instinto de agredir le hizo agacharse, agarrar una madera
+que estaba en el suelo, una especie de palanca rústica, y armado de este
+modo primitivo continuó su carrera.
+
+Todo esto había durado unos segundos. El otro, al notar la hostil
+persecución, corrió francamente á su vez, desapareciendo entre las
+colinas de fardos.
+
+El capitán vió confusamente que unas sombras saltaban en torno de él
+cortándole el paso. Sus ojos, que todo lo contemplaban de color
+escarlata, acabaron por distinguir unas caras negras y otras blancas...
+Eran los descargadores militares y civiles, alarmados por el aspecto de
+un hombre que corría como un loco.
+
+Lanzó una maldición al verse detenido. Con el instinto justiciero de las
+multitudes, estas gentes sólo se preocupaban del agresor, dejando libre
+al que huía. No pudo guardar su cólera toda para él: tuvo que revelar su
+secreto.
+
+--Es un espía... ¡un espía _boche_!
+
+Dijo esto con voz sorda, entrecortada, y jamás una palabra suya de mando
+obtuvo un eco más ruidoso. «¡Un espía!...» El grito hizo surgir hombres
+como si los vomitase la tierra; saltó de boca en boca, repitiéndose
+hasta lo infinito, conmoviendo los muelles y los buques, vibrando hasta
+más allá de lo que podía alcanzar la mirada, penetrando en todas partes
+con la difusión y la rapidez de las ondas sonoras. «¡Un espía!...»
+Corrían los hombres con redoblada agilidad; los cargadores abandonaban
+sus fardos para unirse á la persecución; saltaba gente de los vapores
+para colaborar en la humana cacería.
+
+El autor de la ruidosa alarma, el que había dado el grito, se vió
+sobrepasado y anulado por la tromba persecutoria que acababa de
+provocar. Ferragut, siempre corriendo, quedó detrás de los tiradores
+negros, de los cargadores, de los guardianes del puerto, de los
+marineros que acudían de todos lados, introduciéndose por los callejones
+de fardos y cajas... Eran como los lebreles que baten las sinuosidades
+de la selva, haciendo salir el ciervo á campo llano; como los hurones
+que se deslizan por las galerías subterráneas, obligando á la liebre á
+volver á la luz. El fugitivo, cercado en el dédalo de pasadizos,
+tropezando con enemigos en todas las revueltas, surgió corriendo por el
+extremo opuesto y continuó su carrera á lo largo del muelle.
+
+La cacería duró breves instantes al desarrollarse en un terreno libre de
+obstáculos. «¡Un espía!...» La voz, más rápida que las piernas, saltaba
+á su encuentro. Los gritos de los perseguidores avisaban á las gentes
+que seguían trabajando á lo lejos, sin comprender la alarma.
+
+Quedó de pronto el fugitivo entre un semicírculo cóncavo de hombres que
+le aguardaban á pie firme y un semicírculo convexo que seguía sus pasos
+con ondulante persecución. Se juntaron las dos multitudes cerrando sus
+extremos, y el espía quedó prisionero.
+
+Ferragut le vió intensamente pálido, jadeante, paseando sus ojos en
+torno de él con una expresión de animal acosado que piensa aún en la
+posibilidad de defenderse.
+
+Su diestra buscó en uno de sus bolsillos. Tal vez iba á sacar un
+revólver para morir matando. Un negro cercano á él levantó un madero que
+empuñaba á guisa de maza. Resurgió la mano teniendo un papel entre los
+dedos é intentó llevarlo á la boca. Pero el golpe del negro suspendido
+en el aire cayó sobre su brazo, haciéndolo colgar inerte. El espía se
+mordió los labios para contener un rugido de dolor.
+
+El papel había rodado por el suelo y varias manos lo recogieron á la
+vez. Un suboficial lo desarrugó antes de examinarlo. Era un pedazo de
+papel fino con el contorno dibujado del Mediterráneo. Todo el mar estaba
+cuadriculado como un tablero de ajedrez, y en el centro de las casillas
+había un número de orden. Estos cuadrados eran sectores, y sus números
+servían para hacer saber á los submarinos, por telegrafía sin hilo, los
+lugares donde podían aguardar á los buques aliados, torpedeándolos.
+
+Otro suboficial explicó rápidamente á las gentes inmediatas la
+importancia del descubrimiento. «Sí que era un espía.» Esta afirmación
+despertó el regocijo de una buena presa y el deseo impulsivo de
+venganza que enloquece en ciertos momentos á las muchedumbres.
+
+Los hombres de los buques eran los más furiosos, por lo mismo que
+arrostraban á todas horas la traidora asechanza submarina. «¡Ah,
+bandido!...» Muchos puños cayeron sobre él, haciéndole bambolear bajo
+sus golpes. Cuando el preso quedó resguardado por los pechos de varios
+suboficiales, Ferragut pudo verle de cerca, con una sien manchada de
+sangre y una expresión fría y altiva en los ojos. Entonces se dió cuenta
+de que llevaba teñidos los cabellos.
+
+Había huído por salvarse, se había mostrado humilde y medroso al ser
+alcanzado, creyendo que aún le era posible mentir. Pero el papel que
+deseaba hacer desaparecer dentro de su boca estaba en manos de los
+enemigos... ¡Resultaba inútil fingir más!...
+
+Y se irguió orgulloso, como todo hombre de guerra que considera su
+muerte cierta. Reaparecía el oficial de casta, mirando con altivez á sus
+perseguidores anónimos, implorando únicamente protección de los kepis
+con galón de oro.
+
+Sus ojos quedaron inmóviles al descubrir á Ferragut. Le contemplaron
+fijamente, con una insolencia glacial y desdeñosa. Sus labios se
+movieron con la misma expresión de menosprecio.
+
+No decían nada, pero el capitán adivinó sus palabras sin sonido... Le
+insultaban. Era el insulto del hombre de jerarquía superior al siervo
+infiel; el orgullo del oficial noble que se acusa á sí mismo por haber
+fiado en la lealtad de un simple marino mercante.
+
+--¡Traidor!... ¡traidor!--parecían decirle sus ojos insolentes, su boca
+murmurante y sin voz.
+
+Ulises se encolerizó ante esta altivez. Pero su cólera fué glacial, una
+cólera que se contiene viendo al enemigo privado de defensa.
+
+Avanzó hacia él como uno de los muchos que le insultaban mostrándole el
+puño. Su mirada sostuvo la mirada del alemán, y le habló en español con
+voz sorda.
+
+--¡Mi hijo... mi único hijo murió hecho pedazos en el torpedeamiento del
+_Californian_!
+
+Estas palabras hicieron cambiar el rostro del espía. Sus labios se
+separaron, lanzando una leve exclamación de sorpresa.
+
+--¡Ah!...
+
+Se apagó la luz arrogante de sus pupilas. Luego bajó los ojos, y poco
+después la cabeza.
+
+La muchedumbre vociferante lo fué empujando y se lo llevó, sin que nadie
+se acordase del hombre que había dado la alarma é iniciado la
+persecución.
+
+Aquella misma tarde el _Mare nostrum_ salió de Marsella.
+
+
+
+
+X
+
+EN BARCELONA
+
+
+Cuatro meses después, el capitán Ferragut estaba en Barcelona.
+
+Había hecho durante este tiempo tres viajes á Salónica, y en el segundo
+tuvo que comparecer ante un capitán de navío del ejército de Oriente. El
+marino francés estaba enterado de sus expediciones anteriores para el
+avituallamiento de las tropas aliadas; conocía su nombre, y le miró como
+un juez que se interesa por el acusado. Había recibido de Marsella un
+largo telegrama referente á Ferragut. Un espía sometido á la justicia
+militar le acusaba de haber trabajado en el aprovisionamiento de los
+submarinos alemanes.
+
+--¿Qué hay de eso, capitán?...
+
+Ulises quedó indeciso, mirando la cara grave del marino encuadrada por
+una barba gris. Este hombre inspiraba confianza. Podía responder
+negativamente á tales preguntas; le sería difícil al alemán probar sus
+afirmaciones; pero prefirió decir la verdad, con la sencillez del que no
+intenta disimular su culpa, describiéndose tal como había sido, ciego de
+torpe pasión, arrastrado por los artificios amorosos de una aventurera.
+
+--¡Las mujeres!... ¡ah, las mujeres!--murmuró el jefe francés con
+sonrisa melancólica, como un magistrado que no pierde de vista las
+debilidades humanas y ha participado de ellas.
+
+Sin embargo, el delito de Ferragut era de importancia. Había ayudado á
+la implantación del ataque submarino en el Mediterráneo... Pero cuando
+el capitán español contó cómo había sido él una de las primeras
+víctimas, cómo había muerto su hijo en el torpedeamiento del
+_Californian_, el juez pareció conmoverse, mirándolo con ojos menos
+severos.
+
+Luego relató su encuentro con el espía en el puerto de Marsella.
+
+--He jurado--dijo finalmente--dedicar mi buque y mi vida á causar todo
+el daño que pueda á los asesinos de mi hijo... Ese hombre me denuncia
+para vengarse. Reconozco que mi ceguera amorosa me arrastró á un delito
+que no olvidaré nunca. Bastante castigado estoy con la muerte de mi
+hijo... pero no importa: que me sentencien también los hombres.
+
+El jefe quedó en profunda reflexión, con la frente en una mano y el codo
+en la mesa. Ferragut conocía la justicia militar, expedita, intuitiva,
+pasional, atenta á sentimientos que apenas tienen valor en otros
+tribunales, juzgando por los movimientos de la conciencia más que por la
+letra de las leyes, y capaz de fusilar á un hombre con la misma
+prontitud que emplea para dejarlo en libertad.
+
+Cuando los ojos del juez volvieron á fijarse en él, tenían una luz
+afectuosa. Había sido culpable, no por dinero ni por traición, sino
+enloquecido por una mujer. ¿Quién no tenía en su historia algo
+semejante?... «¡Ah, las mujeres!», repitió el francés, como si lamentase
+la más terrible de las esclavitudes... Pero bastante pena había sufrido
+con la pérdida de su hijo. Además, á él le debían el descubrimiento y el
+arresto de un espía importante.
+
+--La mano, capitán--acabó diciendo, mientras le tendía su diestra--.
+Todo lo que hemos hablado queda entre los dos: es como una confesión. Yo
+me entenderé con el Consejo de guerra... Siga usted prestando sus
+servicios á nuestra causa.
+
+Y Ferragut no se vió inquietado más por el asunto de Marsella. Tal vez
+le vigilaban discretamente y no le perdían de vista hasta convencerse de
+su completa inocencia. Pero esta vigilancia que él presentía nunca se
+hizo sentir ni le acarreó molestia alguna.
+
+En el tercer viaje á Salónica, el capitán de navío le vió una vez de
+lejos, saludándole con su grave sonrisa. Y no supo más del espía.
+
+A la vuelta, el _Mare nostrum_ ancló en Barcelona para cargar paño
+destinado al ejército servio y otros artículos industriales que
+necesitaban las tropas de Oriente. Este viaje no lo hizo Ferragut por el
+deseo de ganancia. Un interés afectivo tiraba de él... Necesitaba ver á
+Cinta, sintiendo que en su alma retoñaba el pasado.
+
+La imagen de la esposa surgía en su memoria vivaz y atrayente, como en
+los primeros tiempos de su matrimonio. No era una resurrección del
+antiguo amor: esto resultaba imposible... Pero el remordimiento se la
+hacía ver idealizada por la distancia, con todas sus cualidades de mujer
+dulce y modesta; y el continuo recuerdo iba tomando la forma de un deseo
+amoroso.
+
+Quería restablecer las cordiales relaciones de otros tiempos; hacerse
+perdonar todo lo pasado; que ella no le mirase con odio, creyéndolo
+responsable de la muerte de su hijo.
+
+En realidad era la única mujer que le había amado sinceramente, como
+ella podía amar, sin brusquedades y exageraciones pasionales, con la
+tranquilidad de una compañera. Las otras no existían. Eran un tropel de
+sombras que apenas si se marcaban en su memoria como espectros
+daltonianos, de visible contorno, pero sin color. En cuanto á la última,
+aquella Freya que la desgracia había puesto ante su paso... ¡cómo la
+odiaba el capitán! ¡Cómo deseaba encontrarse con ella para devolverle
+una parte del daño que le había hecho!...
+
+Al ver á su esposa, se imaginó Ulises que no había transcurrido el
+tiempo. La encontró lo mismo que al partir, con las dos sobrinas
+sentadas á sus pies, fabricando blondas interminables y sutiles sobre
+los colchoncillos cilíndricos apoyados en sus rodillas.
+
+La única novedad de la llegada del capitán á esta vivienda de monástica
+calma fué que don Pedro se abstuvo de su visita.
+
+Cinta acogió á su marido con una sonrisa pálida. Se adivinaba en esta
+sonrisa la obra del tiempo. Seguía pensando en su hijo á todas horas,
+pero con una resignación que secaba sus lágrimas y le permitía continuar
+el pausado mecanismo de su existencia. Quiso borrar además sus malas
+palabras, inspiradas por el dolor: el recuerdo de aquella escena de
+rebelión en la que se había levantado como una acusadora iracunda contra
+el padre. Y Ferragut, durante algunos días, creyó vivir lo mismo que
+años atrás, cuando aún no había comprado el _Mare nostrum_ y proyectaba
+quedarse para siempre en tierra. Cinta le atendía y obedecía como debe
+hacerlo una esposa cristiana. Sus palabras y actos revelaban un deseo de
+olvidar, de hacerse agradable.
+
+Pero algo faltaba que había hecho dulce el pasado. Ulises, varón
+impetuoso, incapaz de cordura al lado de una mujer, impuso en las noches
+el ejercicio de sus derechos. Un sentimiento de tristeza y de vergüenza
+fué el obligado final de sus caricias. Su esposa salía de ellas como de
+un suplicio: resignada porque así lo exigía su deber, pero con un gesto
+de repulsión mal disimulado.
+
+La cordialidad de su juventud no podía resucitar. El recuerdo del hijo
+se incrustaba entre los dos, dejando apenas en el pensamiento un breve
+espacio para el deseo voluptuoso... ¡Y así sería siempre!
+
+Volvió á esperar con impaciencia la hora de huir de Barcelona. En
+realidad, aquella casa ya no era suya. Por mucho que la esposa se
+esforzase, siempre se interpondría entre ambos el irremediable pasado.
+Su destino era vivir en un buque, pasar el resto de sus días sobre las
+olas, como el capitán maldito de la leyenda holandesa, hasta que viniese
+á redimirle una virgen pálida envuelta en velos negros: la muerte.
+
+Mientras el vapor terminaba su carga paseó por la ciudad, visitando á
+sus primos los fabricantes ó permaneciendo, como un desocupado, en los
+cafés. Seguía con los ojos la corriente humana de las Ramblas, en la que
+se confundían los hijos del país y los pintorescos y disparatados
+contingentes aportados por la guerra.
+
+Lo primero que notó Ferragut fué la visible disminución de los
+refugiados alemanes.
+
+Meses antes los había encontrado en todas partes, llenando los hoteles,
+apoderándose de los cafés, ostentando en las calles sus sombreros verdes
+y sus camisas de cuello abierto, que les hacían ser reconocidos
+inmediatamente. Las alemanas, con trajes vistosos y disparatados, se
+besaban al encontrarse, hablando á gritos. La lengua germánica,
+confundida con el catalán y el castellano, parecía pertenecer al país.
+En los caminos y las montañas se veían filas de mocetones despechugados,
+con la cabeza descubierta, un palo en la mano y una mochila alpestre á
+la espalda, entreteniendo sus ocios con excursiones de placer que tal
+vez eran al mismo tiempo de previsor estudio.
+
+Todos ellos procedían del otro hemisferio. Eran alemanes de América,
+especialmente del Brasil, de Argentina y Chile, que habían pretendido
+volver á su país en los primeros momentos de la guerra, quedando
+aislados en Barcelona, sin poder continuar su viaje, por miedo á los
+cruceros franceses é ingleses que vigilaban el Mediterráneo.
+
+Al principio ninguno había querido preocuparse de su instalación en esta
+tierra extraña. Todos se aglomeraban á la vista del mar, con la
+esperanza de ser los primeros en embarcarse apenas se abriese para ellos
+el camino de la navegación.
+
+La guerra iba á ser muy corta, ¡cortísima! El kaiser y sus irresistibles
+ejércitos sólo necesitaban seis meses para imponer la ley á toda Europa.
+Las familias germánicas enriquecidas por el comercio se habían alojado
+en los hoteles. Los pobres que trabajaban en el Nuevo Mundo como
+agricultores ó dependientes de tienda se acuartelaban en un matadero de
+las afueras. Algunos que eran músicos habían adquirido instrumentos
+viejos y formaban murgas vagabundas, implorando limosna con sus rugidos
+de pueblo en pueblo.
+
+Pero transcurrían los meses, la guerra se prolongaba, y nadie podía
+columbrar su término. Cada vez era mayor el número de los que tomaban
+las armas contra el imperialismo medioeval de Berlín. Y los refugiados
+alemanes, convencidos finalmente de que la espera iba á ser larga, se
+esparcían por el interior de la nación, buscando una existencia más
+amplia y barata. Los que habitaban hoteles lujosos iban á instalarse en
+«villas» y _chalets_ de los alrededores; los pobres, cansados del rancho
+del matadero, se enganchaban para trabajar en obras públicas del
+interior.
+
+Aún quedaban muchos en Barcelona, reuniéndose en determinadas
+cervecerías para leer los periódicos de su patria y hablar
+misteriosamente de los trabajos de la guerra.
+
+Ferragut los reconocía inmediatamente al encontrarlos en la Rambla. Eran
+mercaderes establecidos largos años en el país, que alardeaban de
+catalanes con la mentirosa facilidad de adaptación propia de su raza.
+Otros procedían de América y estaban ligados con los de Barcelona por la
+francmasonería del comercio y del interés patriótico. Pero todos eran
+germanos, y ello bastaba para que el capitán recordase inmediatamente á
+su hijo, imaginando sangrientas venganzas. Deseó á veces tener en su
+brazo las fuerzas ciegas de la Naturaleza para borrar de un solo golpe á
+estos enemigos. Le molestaba verlos instalados en su tierra, tener que
+pasar junto á ellos diariamente, sin protesta y sin agresión,
+respetándolos porque así lo exigían las leyes.
+
+Gustaba en las mañanas de circular por la Rambla ante los puestos de las
+floristas. Podía pasearse entre dos muros de flores recién cortadas que
+guardaban aún en sus corolas el rocío del amanecer. Cada mesa de hierro
+era una pirámide con todas las tintas del iris y todas las fragancias
+que puede elaborar la tierra.
+
+Empezaba la buena estación. Los árboles añosos de la Rambla se cubrían
+de hojas, y en sus frondas nacientes chillaban miles de pájaros con la
+tenacidad ensordecedora de las cigarras, persiguiéndose de tronco en
+tronco, dejando caer sobre la muchedumbre que circulaba por abajo el
+olvido casi líquido de sus flojos intestinos.
+
+El capitán, mirando á las señoras con mantilla que llegaban en busca de
+un ramo, creía percibir el perfume de su carne matinal recién salida del
+sueño y refrescada por este ambiente de jardín. En Ferragut, el deseo de
+la mujer predominaba sobre todas las emociones. Ninguna situación, por
+angustiosa que fuese, le dejaba insensible á los atractivos femeninos.
+
+Una mañana, avanzando lentamente entre la muchedumbre, notó que le
+seguía una mujer. Varias veces le cortó el paso sonriéndole, buscando un
+pretexto para entablar conversación. Tal insistencia no podía
+enorgullecerle. Era una hembra cuarentona, de pecho prominente y sueltas
+ancas, una cocinera con la cesta en el brazo, igual á muchas otras que
+pasaban por la Rambla de las Flores para unir un ramo á la diaria compra
+de víveres.
+
+Al darse cuenta de que el marino no se conmovía con sus sonrisas y las
+miradas de sus ojos claros, se plantó ante él, hablándole en catalán.
+
+--¿Es usted, y perdone, un capitán de barco al que llaman don Ulises?...
+
+Se entabló la conversación. La cocinera, convencida de que era él,
+siguió hablando con sonriente misterio. Una señora muy hermosa deseaba
+verle... Y le dió las señas de una «torre» situada al pie del Tibidabo,
+en una barriada de reciente construcción. Podía hacer su visita á las
+tres de la tarde.
+
+--Venga, señor--añadió con una mirada de dulce promesa--. No se
+arrepentirá del viaje.
+
+Fueron inútiles todas las preguntas. La mujer no quiso decir más. Lo
+único que pudo entrever en sus evasivas fué que la persona que la
+enviaba se había separado de ella al ver al capitán.
+
+Cuando se alejó la mensajera quiso seguirla, pero la gorda comadre
+volvió repetidas veces la cabeza. Su astucia estaba habituada á burlar
+persecuciones, y sin que Ferragut pudiera darse cuenta de cómo fué su
+desaparición, se escabulló entre los grupos cerca de la plaza de
+Cataluña.
+
+«No iré», fué lo primero que se dijo Ulises al quedar solo.
+
+Sabía lo que significaba esta invitación. Recordó un sinnúmero de
+antiguas é inconfesables amistades que tenía en Barcelona: mujeres que
+había conocido en otros tiempos, entre dos viajes, sin pasión alguna,
+por su curiosidad de vagabundo ansioso de novedades. Tal vez una de
+ellas le había visto en la Rambla, enviándole á esta intermediaria para
+reanudar viejas relaciones. El capitán debía gozar fama de rico, ahora
+que todo el mundo hacía comentarios sobre los formidables negocios
+realizados por los dueños de buques.
+
+«No iré», volvió á decirse con energía. Consideraba una molestia inútil
+acudir á esta entrevista, para encontrar la sonrisa mercenaria de un
+rostro conocido y olvidado.
+
+Pero la insistencia del recuerdo y la misma tenacidad con que se repitió
+su promesa de no acudir á la cita empezaron á hacer sospechar á Ferragut
+que bien podría ser que fuese á ella.
+
+Después del almuerzo su voluntad flaqueó. No sabía qué hacer durante la
+tarde. Su única distracción era visitar á sus primos en sus escritorios
+ó pasear por la Rambla. ¿Por qué no ir?... Tal vez se engañaba, y la
+entrevista fuese interesante. De todos modos, tenía el recurso de
+retirarse después de una breve conversación sobre el pasado... Su
+curiosidad estaba excitada por el misterio.
+
+Y á las tres de la tarde tomó un tranvía, que le condujo á los nuevos
+barrios surgidos al pie del Tibidabo.
+
+La burguesía comercial había cubierto estos terrenos con una floración
+arquitectónica hija legítima de su fantasía. Tenderos y fabricantes
+querían tener una casa de placer--llamada «torre» tradicionalmente--para
+descansar los domingos y hacer alarde al mismo tiempo de su prosperidad.
+Las había góticas, árabes, griegas y persas. Los más patriotas se
+confiaban á la inspiración de ciertos arquitectos que habían inventado
+un arte catalán, con ojivas, almenas y coronas de conde. Estas coronas
+medioevales, que se repetían hasta en los remates de los reverberos,
+eran el eterno tema decorativo de una ciudad industrial poco dada á los
+ensueños y áspera para la ganancia.
+
+Ferragut avanzó por una calle solitaria, entre dos filas de árboles de
+fresco trasplante, que empezaban á dar su primer estirón. Miraba las
+fachadas de las «torres», hechas de bloques de cemento imitando la
+piedra de las viejas fortalezas, ó con azulejos que representaban
+paisajes de ensueño, flores absurdas, ninfas azuladas.
+
+Al descender del tranvía había adoptado una resolución. Sólo deseaba ver
+la casa exteriormente. Tal vez esto le ayudase á descubrir quién era la
+mujer. Luego seguiría adelante.
+
+Pero al llegar á la «torre» cuyo número guardaba en su memoria y
+detenerse unos segundos ante su arquitectura de castillete feudal, que
+hacía presentir un interior semejante á los salones de las cervecerías,
+vió que se abría la puerta, apareciendo en ella la misma mujer que le
+había hablado en la Rambla de las Flores.
+
+--Entre usted, capitán.
+
+Y el capitán no pudo resistirse á los ojos maliciosos y la sonrisa
+terceril de la cocinera.
+
+Se vió en una especie de _hall_ semejante á la fachada, con chimenea
+gótica de alabastro imitando el roble, grandes jarros de porcelana,
+pipas de tamaño de bastones y armas viejas adornando las paredes. Varias
+estampas reproduciendo cuadros modernos de Munich alternaban con estos
+adornos. Frente á la chimenea, Guillermo II lucía uno de sus
+innumerables uniformes entre las rutilancias del marco dorado y
+esplendoroso.
+
+La casa parecía deshabitada. Gruesas cortinas, blandas alfombras,
+devoraban todos los ruidos. Había desaparecido la pesada introductora
+con la ligereza de un ser inmaterial, como tragada por la pared. El
+marino empezó á sentirse inquieto en esta soledad que le parecía hostil,
+mirando fijamente el retrato del kaiser... ¡Y él que no llevaba armas!
+
+Volvió á presentarse la sonriente mujer con el mismo deslizamiento
+silencioso.
+
+--Pase usted, don Ulises.
+
+Había abierto una puerta, y Ferragut, al avanzar, sintió que esta puerta
+se cerraba á sus espaldas.
+
+Lo primero que pudo ver fué un ventanal, más ancho que alto, con vidrios
+de colores. Una walkyria galopaba en él, con la lanza en alto y la
+cabellera flotante, sobre un caballo negro que expelía fuego por las
+narices. A la luz difusa de la vidriera columbró tapices en las paredes
+y un diván profundo con almohadones floreados.
+
+Una mujer surgió de la hundida mullidez de este lecho, saltando hacia
+Ferragut con los brazos extendidos Su impulso fué tan violento que la
+hizo chocar contra el pecho del capitán. Antes de que el abrazo femenino
+se cerrase sobre él, vió una boca suspirante, de dientes ávidos; unos
+ojos lacrimosos por la emoción; una sonrisa que era un rictus, mezcla de
+amor y de inquietud dolorosa.
+
+--¡Tú!... ¡tú!--balbuceó él, echándose atrás.
+
+Le temblaron las piernas con el estremecimiento de la sorpresa; una ola
+de frío corrió por su espalda.
+
+--¡Ulises!--suspiró la mujer, intentando abarcarlo de nuevo con sus
+brazos.
+
+--¡Tú!... ¡tú!--volvió á repetir el marino con voz sorda.
+
+Era Freya.
+
+No supo ciertamente qué fuerza misteriosa le dictó su gesto. Fué tal vez
+la voz de los buenos consejos, que hablaba en su cerebro en los
+instantes críticos y ahora había perdido su cordura... Vió
+instantáneamente el mar, un buque que estallaba y su hijo hecho pedazos.
+
+--¡Ah... _tal_!
+
+Levantó el brazo robusto, con el puño cerrado como una maza. La voz de
+la prudencia seguía dándole órdenes: «¡Duro!... Nada de miramientos.
+Esta hembra es de revólver.» Y pegó como si su enemigo fuese un hombre,
+sin vacilación, sin misericordia, concentrando en el puño toda su alma.
+
+El odio que sentía y el recuerdo de los medios agresivos de la alemana
+le hicieron iniciar un segundo golpe, temiendo un ataque de ella,
+queriendo repelerlo antes de que lo realizase... Pero quedó con el brazo
+en alto.
+
+--¡Ay!...
+
+La mujer había lanzado un gemido infantil, bamboleándose, girando sobre
+sus pies, con los brazos á lo largo del cuerpo, sin intento alguno de
+defensa... Fué de un lado á otro, lo mismo que si estuviese ebria. Se
+doblaron sus rodillas, y cayó con la blandura de un paquete de ropas,
+chocando su cabeza primeramente con el duro brazo de un sitial de roble,
+yendo después, de rebote, á posarse sobre los almohadones del diván. El
+resto del cuerpo quedó como un andrajo sobre la alfombra.
+
+Hubo un largo silencio, interrumpido de tarde en tarde por quejidos de
+dolor. Freya gemía con los ojos cerrados, sin salir de su inercia.
+
+El marino, ceñudo, ajado por la cólera, con una fealdad trágica, siguió
+inmóvil, mirando torvamente á la hembra caída. Estaba satisfecho de su
+brutalidad; había sido un desahogo oportuno; respiraba mejor. Al mismo
+tiempo sentía vergüenza. «¿Qué has hecho, cobarde?...» Por primera vez
+en su existencia había pegado á una mujer.
+
+Se llevó su diestra dolorida á la altura de los ojos. Uno de sus dedos
+sangraba. Tal vez se había enganchado en los pendientes de ella; tal vez
+se había rasgado en un alfiler perdido en su pecho. Chupó la sangre del
+profundo arañazo y luego olvidó esta herida, para seguir contemplando el
+cuerpo tendido á sus pies.
+
+Poco á poco se habituó á la luz difusa de la habitación. Veía ya todos
+los objetos claramente. Sus ojos abarcaron á Freya con una mirada en la
+que se confundían el odio y el remordimiento.
+
+La cabeza, hundida en el cojín, presentaba un perfil doloroso. Parecía
+mucho más vieja, como si su edad se hubiese doblado con las lágrimas. El
+golpe brutal había hecho huir con fúnebre aleteo su frescura y su
+maravillosa juventud. Sus ojos entreabiertos tenían una aureola de
+momentáneas arrugas; la nariz había tomado el lívido afilamiento de los
+moribundos. El casco de sus cabellos, roto bajo el puñetazo, se esparcía
+en mallas doradas y ondulantes. Algo negro serpenteaba formando hilillos
+sobre la seda del almohadón. Era sangre que corría un breve trecho entre
+las flores heráldicas del bordado; sangre que manaba de la sien oculta,
+para ser bebida por la sequedad del blando relleno.
+
+Ferragut, al hacer este descubrimiento, sintió aumentarse su confusión.
+Dió un paso sobre el cuerpo tendido, buscando la puerta. ¿Por qué
+continuaba allí?... Todo lo que debía hacer ya estaba hecho, todo lo que
+podían decirse ya estaba dicho.
+
+--¡No te vayas, Ulises!--suspiró una voz doliente--. ¡Óyeme!... Se trata
+de tu vida.
+
+El miedo á que él huyese la hizo incorporarse con dolorosos gemidos, y
+este movimiento aceleró la salida de su sangre... El almohadón continuó
+abrevándose como un prado que tiene sed.
+
+Una piedad irresistible, igual á la que podía sentir por una desconocida
+abandonada en mitad de la calle, hizo retroceder al marino. Sus ojos se
+fijaron en un alto tubo de cristal que subía desde el suelo con la boca
+repleta de flores. De un zarpazo esparció sobre la alfombra toda esta
+primavera arreglada poco antes por unas manos femeniles con la fiebre
+del que cuenta los minutos y vive esperando.
+
+Mojó su pañuelo en el agua de las flores y se arrodilló junto á Freya,
+levantando su cabeza del cojín. Ella se dejó lavar la herida con un
+abandono de criatura enferma, fijando en su agresor unos ojos
+implorantes, que se abrían enteros por primera vez.
+
+Cuando la sangre cesó de surgir, formándose en la sien una mancha roja
+de coágulo, Ferragut intentó levantarla.
+
+--No, déjame así--murmuró ella--. Prefiero estar á tus pies. Soy tu
+esclava... tu cosa. Pégame más, si eso calma tu cólera.
+
+Quiso afirmar su humildad avanzando hacia él los labios con un beso
+tímido, de sierva agradecida.
+
+--¡Ah, no!... ¡no!
+
+Ulises, para huir de esta caricia, se puso de pie con violencia.
+
+Sintió otra vez odio contra la mujer que recobraba poco á poco sus
+sentidos. Al cesar el chorreo de la sangre se había extinguido su
+compasión.
+
+Ella, adivinando sus pensamientos, sintió la necesidad de hablar.
+
+--Haz de mí lo que quieras... no me quejaré. Tú eres el primer hombre
+que me ha pegado... ¡y no me he defendido! No me defenderé aunque
+vuelvas á golpearme... De ser otro, habría contestado á la agresión;
+¡pero tú!... ¡te he hecho tanto daño!...
+
+Calló unos momentos. Estaba arrodillada ante él en actitud suplicante,
+con el cuerpo descansando sobre los talones. Tendía los brazos al hablar
+con una voz doliente y monótona, igual á la de los espectros en las
+apariciones de teatro.
+
+--He vacilado mucho antes de verte--continuó--. Temía tu cólera; estaba
+segura que en el primer momento te dejarías arrastrar por tu carácter, y
+me daba miedo la entrevista... Te he espiado desde que supe que estabas
+en Barcelona; he aguardado cerca de tu casa; muchas veces te he visto á
+la puerta de un café y he tomado la pluma para escribirte; pero temí que
+no acudieras al conocer mi letra, ó que despreciaras una carta de otra
+mano... Esta mañana, en la Rambla, no pude contenerme por más tiempo, y
+te envié á esa mujer, y he pasado unas horas crueles sospechando que no
+vendrías... Al fin te veo, y nada me importan tus violencias...
+¡Gracias, muchas gracias por haber venido!
+
+Ferragut permaneció inmóvil, con la mirada perdida, como si no oyese su
+voz.
+
+--Necesitaba verte--siguió diciendo ella--. Se trata de tu existencia.
+Te has colocado enfrente de un poder inmenso que puede aplastarte: tu
+pérdida está decidida. Eres un hombre solo, y desafías, sin saberlo, á
+una organización grande como el mundo... El golpe aún no ha caído sobre
+ti, pero caerá de un momento á otro; tal vez hoy mismo; yo no puedo
+saberlo todo... Por esto necesitaba verte, para que te pongas á la
+defensiva, para que huyas si es preciso.
+
+El capitán levantó los hombros sonriendo con desprecio, como siempre que
+le hablaban de peligros aconsejándole prudencia. Además, no creía nada
+de aquella mujer.
+
+--¡Mentira!--dijo sordamente--. ¡Todo mentira!...
+
+--No, Ulises; óyeme. Tú no sabes el interés que me inspiras. Eres el
+único hombre que he amado... No sonrías así: me da miedo tu
+incredulidad... El remordimiento va unido á mi pobre amor; ¡te he hecho
+tanto daño!... Odio á los hombres, ansío causarles todo el mal que
+pueda, pero existe una excepción: ¡tú!... Todos mis deseos de felicidad
+son para ti; mis ensueños sobre el porvenir tienen siempre como centro
+tu persona... ¿Quieres que permanezca indiferente al verte en
+peligro?... No, no miento... Todo lo que te diga esta tarde es la
+verdad; ya no podré mentirte nunca. Bastante me pesan mis artificios y
+embustes que te atrajeron la desgracia... Vuelve á pegarme, trátame como
+á la peor de las mujeres, pero cree cuanto yo te diga; sigue mis
+consejos.
+
+Continuó el marino en su actitud de indiferencia y menosprecio. Las
+manos le temblaban, impacientes. Iba á marcharse; no quería oírla más...
+¿Le había buscado para infundirle miedo con sus peligros imaginarios?...
+
+--¿Qué has hecho, Ulises?... ¿qué has hecho?--siguió diciendo Freya con
+desesperación.
+
+Sabía todo lo ocurrido en el puerto de Marsella, é igualmente lo sabían
+los infinitos agentes que trabajaban por la mayor gloria de Alemania. El
+marino Von Kramer, desde su encierro, había hecho conocer el nombre de
+su delator. Ella se lamentó de la franqueza vehemente del capitán.
+
+--Comprendo tu odio: no puedes olvidar el torpedeamiento del
+_Californian_... Pero debías haber denunciado á Von Kramer anónimamente,
+sin que él supiese de quién partía la acusación... Has procedido como un
+loco, como un meridional; eres un carácter arrebatado que no teme el
+mañana.
+
+Ulises hizo un gesto de desprecio. El no gustaba de tapujos y
+traiciones: su procedimiento era el mejor. Lo único que lamentaba era
+que este asesino del mar viviese aún; no haber podido matarlo por su
+propia mano.
+
+--Tal vez no vive ya--prosiguió ella--. El Consejo de guerra lo ha
+condenado á muerte. Ignoramos si la sentencia se ha cumplido; pero lo
+van á fusilar de un momento á otro, y todos en nuestro mundo saben que
+eres tú el verdadero autor de su desgracia.
+
+Se asustaba al pensar en el odio acumulado por este hecho y en la
+próxima venganza. El nombre de Ferragut era objeto en Berlín de una
+atención especial; en todas las naciones de la tierra lo repetían en
+aquellos momentos los batallones civiles de hombres y mujeres encargados
+de trabajar por el triunfo germánico. Los comandantes de los submarinos
+se pasaban informes acerca de su buque y su persona. Había osado atacar
+al Imperio más grande de la tierra, él, un hombre solo, un simple
+capitán mercante, privando al kaiser de uno de sus más valiosos
+servidores.
+
+--¿Qué has hecho, Ulises?... ¿qué has hecho?--dijo otra vez.
+
+Y Ferragut acabó por reconocer en esta voz un verdadero interés por su
+persona, un miedo enorme ante los peligros de que le creía amenazado.
+
+--Aquí mismo, en tu país, te alcanzará su venganza. ¡Huye! No sé adónde
+podrás ir para verte libre de ellos; pero créeme... ¡huye!
+
+El marino salió de su despectiva indiferencia. La cólera dió un brillo
+hostil á su mirada. Se indignó al pensar que aquellos extranjeros podían
+perseguirle en su patria: era como si le atacasen dentro de su mismo
+hogar. El orgullo nacional aumentó su cólera.
+
+--¡Que vengan!--dijo--. Me gustaría verlos hoy mismo.
+
+Y miró en torno, cerrando los puños, como si fuesen á surgir de las
+paredes estos adversarios innumerables y desconocidos.
+
+--También á mí empiezan á considerarme como á una enemiga--continuó la
+mujer--. No me lo dicen, porque entre nosotros es cosa corriente ocultar
+los pensamientos; pero lo adivino en la frialdad que me rodea... La
+doctora sabe que te amo lo mismo que antes, á pesar de la cólera que
+ella siente contra ti. Los otros hablan de tu «traición», y yo protesto,
+porque no puedo tolerar esta mentira... ¿Por qué traidor?... Tú no eres
+de los nuestros; tú eres un padre que ansía vengarse. Los traidores
+somos todos nosotros: yo, que te compliqué en una aventura fatal; ellos,
+que me empujaron hacia ti para aprovechar tus servicios.
+
+La vida en Nápoles resurgía en su memoria, y sintió la necesidad de
+explicar sus actos.
+
+--Tú no has podido comprenderme; ignorabas la verdad... Cuando te
+encontré en el camino de Pestum fuiste para mí un recuerdo del pasado,
+un fragmento de mi juventud, de la época en que sólo conocía vagamente á
+la doctora y no me había comprometido aún en el servicio de
+«informaciones»... Al principio me entretuvo tu entusiasmo amoroso.
+Representabas una diversión interesante con tus galanteos á la española,
+esperándome fuera del hotel para asediarme con tus promesas y
+juramentos. Me aburría durante la espera forzosa en Nápoles. Tú, por tu
+parte, también te veías forzado á esperar, y buscabas en mi persona un
+recreo agradable... Un día comprendí que me interesabas verdaderamente,
+como ningún otro hombre me había interesado... Adiviné que iba á amarte.
+
+--¡Mentira!... ¡mentira!--murmuró la voz de Ferragut descendiendo
+rencorosa hasta la mujer.
+
+--Di lo que quieras, pero así fué... Amamos según el lugar y el momento.
+De encontrarnos en otra ocasión, nos habríamos visto por unas horas nada
+más, siguiendo cada cual su camino, sin ningún deseo amoroso.
+Pertenecemos á mundos distintos... Pero estábamos inmovilizados en el
+mismo país, poseídos del tedio de la espera, y lo que debía ser... fué.
+Te digo toda la verdad: ¡si supieses lo que me costaba rehuirte!... Por
+las mañanas, al levantarme en el cuarto del hotel, mi primer movimiento
+era mirar á través de las cortinas para convencerme de que me esperabas
+en la calle. «Allí está mi _flirt_; allí está mi novio.» Tal vez habías
+dormido mal pensando en mí. Y yo sentía mi alma rehecha, un alma de
+veinte años, de muchacha entusiasta y candorosa... Mi primer impulso era
+bajar para unirme á ti, yéndonos por las orillas del golfo, como dos
+enamorados de novela... Luego surgía la reflexión. Mi pasado se
+desplomaba en mi memoria como una campana vieja que se desprende de una
+torre. Había olvidado este pasado, y al caer, me aturdía con su peso
+sonoro, vibrante de recuerdos. «¡Pobre hombre!... ¡En qué mundo de
+compromisos y enredos voy á meterle!... ¡No! ¡no!» Y huía de ti con
+astucias de colegiala traviesa, saliendo del hotel cuando tú te habías
+alejado por unos momentos, doblando otras veces una esquina en el
+preciso instante que ibas á volver los ojos... Sólo me dejaba abordar,
+fría é irónica, cuando no me era posible librarme de tu encuentro; y
+después, en casa de la doctora, hablaba de ti á cada instante, riendo
+con ella de estos galanteos románticos.
+
+Ferragut escuchaba sombrío, pero con una atención cada vez más
+concentrada. Presintió la explicación de muchos actos incomprensibles.
+Una cortina iba á correrse en su pasado, viéndolo todo bajo una nueva
+luz.
+
+--La doctora reía, pero á continuación de mis burlas aseguraba lo mismo:
+«Te estás enamorando de ese hombre; ese _don José_ te interesa.
+¡Cuidado, _Carmen_!» Y lo raro era que no le pareciese mal mi
+enamoramiento, siendo enemiga de toda pasión que no sirve directamente á
+nuestros trabajos... Decía verdad: estaba enamorada. Lo reconocí la
+mañana en que tuve el deseo imperioso de ir al Acuario. Llevaba muchos
+días sin verte; vivía fuera del hotel, en casa de la doctora, para no
+tropezarme con mi _flirt_. Y esa mañana me levanté muy triste, con un
+pensamiento fijo: «¡Pobre capitán!... Vamos á darle un poco de
+felicidad.» Estaba enferma aquel día... ¡enferma de ti! ahora lo
+comprendo. Nos vimos en el Acuario, y yo fuí la que te besé, al mismo
+tiempo que deseaba el exterminio de los hombres... ¡de todos los
+hombres, menos tú!
+
+Hizo una breve pausa, elevando sus ojos hacia él para apreciar el efecto
+de sus palabras.
+
+--Acuérdate de nuestro almuerzo en el restorán del Vomero; acuérdate de
+cómo te rogué que te marchases, abandonándome á mi destino. Presentía el
+porvenir: adivinaba que iba á serte fatal. ¿Cómo podía unirse una vida
+recta y franca como la tuya con mi existencia de aventurera mezclada en
+tantos compromisos inconfesables?... Pero te amaba. Quise salvarte con
+mi alejamiento, y á la vez tuve miedo de no verte más. La noche en que
+me irritaste con la furia de tus deseos, y yo me defendí estúpidamente,
+como si fueses un extraño, concentrando en tu persona el odio que me
+inspiran todos los hombres, esa noche lloré al verme sola en mi cama.
+Lloré pensando en que te había perdido para siempre, y al mismo tiempo
+me sentí satisfecha, porque así te librabas de mi influencia... Luego
+llegó Von Kramer. Necesitábamos un barco y un hombre. La doctora habló,
+orgullosa de su penetración que le había hecho adivinar en ti una fuerza
+aprovechable. Me dieron la orden de ir en busca tuya, de apoderarme otra
+vez de tu voluntad. Mi primer impulso fué negarme, pensando en tu
+porvenir. Pero el sacrificio era dulce; el egoísmo dirige nuestras
+acciones... ¡y te busqué! Lo demás tú lo sabes.
+
+Calló, quedando en actitud pensativa, como si paladease este período de
+sus recuerdos, el más grato de su existencia.
+
+--Al irte en la goleta--continuó momentos después--comprendí lo que
+representabas en mi vida. ¡Qué falta me hiciste!... La doctora estaba
+preocupada por los sucesos italianos. Yo sólo pensé en contar los días,
+encontrando que transcurrían con más lentitud que los otros. Uno...
+dos... tres. «Mi marino adorado, mi tiburón amoroso, va á llegar... ¡va
+á llegar!» Y lo que llegó de pronto, cuando aún lo creíamos lejos, fué
+el golpe de la guerra, separándonos rudamente. La doctora maldecía á los
+italianos pensando en Alemania; yo los maldije pensando en ti, viéndome
+obligada á seguir á mi amiga, á preparar la fuga en dos horas, por miedo
+á la indignación del populacho... Mi única satisfacción fué al enterarme
+de que veníamos á España. La doctora se prometía hacer aquí grandes
+cosas... Yo pensé que en ningún lugar me era más fácil volver á
+encontrarte...
+
+Se había incorporado un poco. Sus manos tocaban las rodillas de
+Ferragut. Quería abrazarse á ellas, y no osaba hacerlo por miedo á que
+él la repeliese, desvaneciéndose su trágica inercia que le permitía
+escuchar.
+
+--Estando en Bilbao supe lo del torpedeamiento del _Californian_ y la
+muerte de tu hijo... No te hablaré de esto; lloré, lloré mucho,
+ocultándome de la doctora. Desde entonces la odio. Celebró el suceso,
+pasando indiferente sobre tu nombre. Tú no existías ya para ella: no
+podía utilizarte... Yo lloré por ti, por tu hijo, al que no conocía, y
+también por mí, pensando en mi culpabilidad. Desde aquel día soy otra
+mujer... Luego vinimos á Barcelona, y he pasado meses y meses esperando
+este momento.
+
+La antigua pasión se reflejó en sus ojos. Un gesto de amor humilde
+embelleció su cara magullada por el golpe.
+
+--Nos instalamos en esta casa, que es de un electricista alemán amigo de
+la doctora. Cuando ella salía de viaje, dejándome libre, mis paseos
+eran siempre hacia el puerto. Esperaba ver tu buque. Mis ojos seguían
+con simpatía á los marinos, creyendo ver en todos ellos algo de tu
+persona... «Algún día vendrá», me decía yo. Tú sabes que el amor es
+egoísta. Llegué á olvidar la muerte de tu hijo... Además, yo no soy la
+verdadera culpable: son los otros. Yo he sido engañada lo mismo que
+tú... «Vendrá, y seremos felices otra vez...» ¡Ay! ¡si pudiese hablarte
+esta habitación... este diván en el que he soñado tantas veces!...
+Siempre que arreglaba unas flores en ese vaso, me hacía la ilusión de
+que tú ibas á llegar; siempre que me embellecía con un poco de tocador,
+me imaginaba que era para ti... Vivía en tu país, y era natural que tú
+llegases. De pronto, el paraíso que llevaba en la cabeza se hizo humo.
+Recibimos la noticia, no sé cómo, de la prisión da Von Kramer y de que
+tú habías sido su delator. La doctora me increpó, haciéndome responsable
+de todo. Por mí te había conocido, y esto fué bastante para que me
+incluyese en su indignación. Todos los nuestros hablaron de tu muerte,
+deseándotela con los más atroces martirios.
+
+Ferragut la interrumpió. Tenía el ceño fruncido, como si le dominase una
+idea tenaz... Tal vez no la escuchaba.
+
+--¿Dónde está la doctora?...
+
+El tono de su pregunta fué inquietante. Cerró los puños, mirando en
+torno de él como si aguardase la aparición de la imponente dama. Su
+gesto era igual al que había acompañado la agresión contra Freya.
+
+--Viaja no sé dónde--dijo ésta--. Estará en Madrid, en San Sebastián ó
+en Cádiz. Sale con mucha frecuencia; tiene amigos en todas partes... Si
+yo me he atrevido á llamarte, es porque estoy sola.
+
+Y relató la vida que llevaba en este retiro. Por el momento, su antigua
+protectora la dejaba en la inacción. Se abstenía de ordenarle trabajo
+alguno: ella misma lo ejecutaba todo, evitando intermediarios. Lo
+ocurrido á Von Kramer la había hecho recelosa y suspicaz, y cuando
+necesitaba auxiliares sólo admitía á sus compatriotas que vivían en
+Barcelona.
+
+Una banda feroz y decidida se había agrupado en torno de ella. Eran
+refugiados procedentes de las repúblicas de América del Sur, parásitos
+de las ciudades de la costa ó vagabundos de las selvas del interior. Al
+frente de ellos, como portaórdenes de la doctora, figuraba Karl, el
+escribiente que Ferragut había visto en el caserón del barrio de Chiaia.
+
+Este hombre, á pesar de su aspecto meloso, tenía en su historia varios
+delitos de sangre. Era un digno capataz del grupo de aventureros
+enardecidos por el entusiasmo patriótico que se reunía todas las tardes
+en cierto café del puerto. Freya tenía la certeza de que trabajaban en
+el aprovisionamiento de los submarinos existentes en el Mediterráneo
+español. Todos conocían al capitán Ferragut por el suceso de Marsella, y
+hablaban de su persona con lúgubres reticencias.
+
+--Por ellos supe tu llegada--continuó--. Te espían, aguardan un momento
+favorable. ¿Quién sabe si te habrán seguido hasta aquí?... ¡Ulises,
+huye; tu vida está amenazada seriamente!
+
+El capitán volvió á levantar los hombros con expresión de desprecio.
+
+--¡Huye, te repito!... Y si puedes, si te inspiro un poco de compasión,
+si no te soy completamente indiferente... ¡llévame contigo!
+
+Adivinó Ferragut que todo lo dicho era para llegar á este ruego final.
+La inesperada demanda le produjo una impresión de asombro y escándalo.
+¿Huir con ella, que tanto daño le había causado?... ¿Unir otra vez su
+vida á la suya, conociéndola como la conocía?...
+
+Era tan absurda la proposición, que el capitán sonrió de un modo
+lúgubre.
+
+--Yo estoy en peligro lo mismo que tú--continuó Freya con acento
+desesperado--. No sé cuál es el peligro que me amenaza ni de qué parte
+vendrá, pero lo adivino, lo presiento sobre mi cabeza... De nada puedo
+servirles; ya no les inspiro confianza y sé muchas cosas. Poseo
+demasiados secretos para que me abandonen, dejándome en paz; han
+acordado suprimirme: estoy segura de ello. Lo leo en los ojos de la que
+fué mi amiga y protectora... Tú no puedes abandonarme, Ulises; tú no
+desearás mi muerte.
+
+Se indignó Ferragut ante estas súplicas, rompiendo al fin su desdeñoso
+silencio.
+
+--¡Comedianta!... ¡Todo mentira!... ¡Inventos para juntarte conmigo,
+haciéndome intervenir otra vez en los enredos de tu vida, mezclándome en
+tus trabajos de espionaje!...
+
+El marchaba ahora por la buena senda. Sus deseos de venganza le habían
+colocado entre los adversarios de Alemania. Lamentaba su antigua ceguera
+y estaba satisfecho de su nueva situación. No hacía secreto de su
+conducta: servía á los aliados.
+
+--Y por eso me buscas, por eso has arreglado esta entrevista, tal vez de
+acuerdo con tu amiga la doctora. Queréis emplearme por segunda vez como
+instrumento estúpido de vuestro espionaje. «El capitán Ferragut es un
+tonto enamorado--os habéis dicho--. No hay mas que hacer un llamamiento
+á su caballerosidad...» Y tú quieres vivir conmigo, tal vez acompañarme
+en los viajes, seguir mi existencia, para revelar mis secretos á tus
+compatriotas y que aparezca yo de nuevo como un traidor. ¡Ah, perra!...
+
+Esta supuesta traición despertaba otra vez su cólera homicida. Levantó
+un brazo y un pie; iba á golpear y aplastar á la mujer arrodillada. Pero
+su pasiva humildad, su falta de resistencia, le detuvieron.
+
+--No, Ulises... ¡óyeme!
+
+Hizo esfuerzos para demostrar su sinceridad. Tenía miedo á los suyos:
+los veía á una nueva luz y le inspiraban horror. Su modo de apreciar las
+cosas había cambiado radicalmente. La martirizaban los remordimientos al
+pensar en lo que llevaba hecho. Se estaba realizando en su conciencia la
+saludable transformación de las mujeres arrepentidas que fueron antes
+grandes pecadoras. ¿Cómo lavar su alma de los pasados crímenes?... Ni
+siquiera gozaba el consuelo de la fe patriótica, sanguinaria y feroz que
+enardecía á la doctora y á los suyos.
+
+Había reflexionado mucho. Para ella no había ya alemanes, ni ingleses,
+ni franceses; sólo existían hombres: hombres con madres, con esposas,
+con hijas; y su alma de mujer se horrorizaba al pensar en los combates
+y las matanzas. Odiaba la guerra. El primer remordimiento lo había
+experimentado al enterarse de la muerte del hijo de Ferragut.
+
+--¡Llévame contigo!--repitió--. Si tu no me sacas de mi mundo, no sabré
+cómo salir de él... Soy pobre. En los últimos años me ha sostenido la
+doctora; ignoro el medio de ganar mi existencia y estoy habituada á
+vivir bien. La miseria me inspira más miedo que la muerte. Tú me
+mantendrás; contigo aceptaré lo que quieras darme; seré tu criada. En un
+buque deben necesitarse los cuidados y el buen orden de una mujer... La
+vida me cierra las puertas: estoy sola.
+
+El capitán sonrió con una ironía cruel.
+
+--Adivino tu sonrisa. Sé lo que quieres decirme... Puedo venderme; crees
+sin duda que esta ha sido mi vida anterior. No... ¡no! te equivocas; no
+sirvo para eso. Hay que tener una predisposición especial, cierto
+talento para fingir lo que no se siente... Yo he intentado venderme, y
+no puedo, no sirvo. Amargo la vida de los hombres cuando no me
+interesan; soy su adversario, los odio, y huyen de mí.
+
+Pero el marino prolongaba su sonrisa atrozmente burlona.
+
+--¡Mentira!--dijo otra vez--. ¡Todo mentira! No te esfuerces... No me
+convencerás.
+
+Como si la animase de pronto una nueva fuerza, ella se puso de pie. Su
+rostro quedó á la altura de los ojos de Ferragut. Este vió su sien
+izquierda con la piel desgarrada: la mancha del golpe se extendía en
+torno de un ojo rojizo é hinchado. Al contemplar su bárbara obra, volvió
+á atormentarle el remordimiento.
+
+--Escucha, Ulises; tú no conoces mi verdadera existencia. Te he mentido
+siempre; he escapado á todas tus averiguaciones en nuestra época feliz.
+Quería guardar en secreto mi vida anterior... ¡olvidarla! Ahora debo
+decir la verdad, la definitiva verdad, como si fuese á morir. Cuando la
+conozcas serás menos cruel.
+
+Pero su oyente no quería escucharla. Protestó por anticipado, con una
+incredulidad feroz:
+
+--¡Mentiras!... ¡Nuevas mentiras! ¿Cuándo terminarán tus invenciones?
+
+--Yo no soy alemana--continuó ella sin oírle--. Tampoco me llamo Freya
+Talberg. Este es mi nombre de guerra, mi nombre de aventuras. Talberg
+fué el profesor á quien acompañé á los Andes, y que tampoco fué mi
+marido... Mi verdadero nombre es Beatriz... Mi madre fué italiana, una
+florentina; mi padre era de Trieste.
+
+Esta revelación no interesó á Ferragut.
+
+--¡Un embuste más!--dijo--. ¡Otra novela!... Sigue inventando.
+
+La mujer se desesperó. Sus manos se elevaron sobre su cabeza,
+retorciéndose con los dedos entrecruzados. Nuevas lágrimas humedecieron
+sus ojos.
+
+--¡Ay! ¿Cómo conseguiré que me creas?... ¿Qué juramento podré hacerte
+para que te convenzas de que digo verdad?...
+
+El capitán dió á entender con su aire impasible la inutilidad de estos
+extremos. No había juramento que pudiese convencerle. Aunque dijera la
+verdad, no la creería.
+
+Siguió ella adelante en su relato, no queriendo insistir contra esta
+muralla inconmovible.
+
+--Mi padre también fué italiano de origen, pero por su nacimiento era
+austriaco... Además, le inspiraban un entusiasmo ciego los Imperios
+germánicos. Era de los que abominan de su origen y ven todas las
+virtudes en los pueblos del Norte.
+
+Inventor de maravillosos negocios, financiero proyectista de empresas
+colosales, había pasado su existencia asediando á los directores de los
+grandes establecimientos bancarios y haciendo antesala en los
+ministerios. Eternamente en vísperas de combinaciones sorprendentes que
+debían proporcionarle docenas de millones, vivía en una pobreza lujosa,
+yendo de hotel en hotel, siempre los mejores, con su mujer y su hija
+única.
+
+--Tú ignoras esa vida, Ulises; tú procedes de una familia tranquila y
+con dinero. Los tuyos no han conocido la existencia de aparato en los
+«Palace», ni tampoco los apuros para liquidar la nueva cuenta del mes,
+logrando que la incorporen á las de los meses anteriores un crédito sin
+límites.
+
+Ella había visto de niña llorar á su madre en el lujoso departamento
+del hotel, mientras hablaba el padre con aspecto de iluminado,
+anunciando para la semana próxima una ganancia de un millón. La esposa,
+convencida por la facundia de su grande hombre, acababa secando sus
+lágrimas, empolvando su rostro y adornándose con sus perlas y sus
+blondas de problemático valor. Luego descendía al magnífico _hall_,
+lleno de perfumes, de susurros de conversaciones y gemidos discretos de
+violines, para tomar el té con sus amistades del hotel, formidables
+millonarias de los dos hemisferios, que sospechaban vagamente la
+existencia de una enfermedad llamada pobreza, pero eran incapaces de
+concebir que pudiese atacar á las personas de su mundo.
+
+Mientras tanto, la niña jugaba en el jardín del «Palace» con otras niñas
+vestidas y adornadas como muñecas lujosas y frágiles, cada una de las
+cuales pesaba varios millones.
+
+--Yo he sido compañera de infancia--continuó Freya--de mujeres que son
+célebres por su riqueza en Nueva York, en París, en Londres... Me he
+tuteado con grandes millonarias que hoy son, por sus casamientos,
+duquesas y hasta princesas de sangre real. Muchas han pasado junto á mí
+sin reconocerme, y yo no he dicho nada, sabiendo que la igualdad de la
+niñez no es mas que un vago recuerdo...
+
+Así había llegado á ser mujer. Varios negocios casuales del padre les
+permitían continuar esta existencia de pobreza brillante y costosa. El
+proyectista consideraba necesario tal aparato para sus futuros negocios.
+La vida en los hoteles más caros, el automóvil por meses, los trajes de
+grandes costureros para la mujer y la niña, los veraneos en las playas
+de moda, el patinaje invernal en Suiza, eran para él una especie de
+uniforme de respetabilidad que le mantenía en el mundo de los poderosos,
+permitiéndole entrar en todas partes.
+
+--Esta existencia me moldeó para siempre y ha influido en el resto de mi
+vida. El deshonor, la muerte, todo lo creo preferible á la miseria...
+Yo, que no temo los peligros, me siento cobarde al pensar en la pobreza.
+
+Moría la madre, crédula y sensual, fatigada de esperar una fortuna
+sólida que no llegaba nunca. Ella seguía con su padre, siendo la
+señorita que vive entre hombres, de hotel en hotel, algo masculina en
+sus ademanes; la virgen á medias, que lo sabe todo, no se asusta de
+nada, guarda ferozmente la integridad de su sexo, calculando lo que
+puede valer, y adora la riqueza como la divinidad más poderosa de la
+tierra.
+
+Al morir el padre, viéndose sin otra fortuna que sus trajes y unas
+cuantas joyas artísticas de escaso precio, decidía fríamente su destino.
+
+--En nuestro mundo no hay más virtud que la del dinero. Las muchachas
+del populacho se dan con menos facilidad que una señorita habituada al
+lujo, teniendo por única fortuna el conocimiento del piano, del baile y
+de unos cuantos idiomas... Entregamos nuestro cuerpo como si
+cumpliésemos una función material, sin rubor y sin pena. Es un simple
+negocio. Lo único importante es conservar la antigua vida con todas sus
+comodidades... no descender.
+
+Pasó con precipitación sobre los recuerdos de este período de su
+existencia. Un conocido de su padre, viejo negociante de Viena, había
+sido el primero. Luego sintió el aletazo romántico, al que no escapan
+las hembras más frías y positivas. Había creído enamorarse de un oficial
+holandés, un Apolo rubio que patinaba con ella en Saint-Moritz. Este
+había sido su único esposo. Al fin le aburría la modorra colonial de
+Batavia, y tornaba á Europa, rompiendo su matrimonio, para reanudar la
+existencia en los grandes hoteles, pasando de las estaciones invernales
+á las playas de lujo.
+
+¡Ay, el dinero!... En ningún plano social se podía reconocer su poderío
+como en el que ella habitaba. Encontró en los «Palace» mujeres de
+ademanes soldadescos y manos groseras, fumando á todas horas, con los
+pies en el respaldo de una silla, mostrando la superficie posterior de
+sus muslos en alto y el triángulo blanco de sus enaguas tendidas sobre
+el asiento. Eran semejantes á las rameras de los grandes puertos que
+esperan á la puerta de sus tugurios. ¿Cómo las dejaban vivir allí?...
+Sin embargo, los hombres se inclinaban ante ellas como esclavos ó las
+perseguían suplicantes. Hablaban con unción de los millones heredados de
+sus padres, de sus formidables riquezas de origen industrial, que les
+habían permitido comprar un marido noble, entregándose luego á sus
+gustos de maritornes andariegas.
+
+--No he tenido suerte... Soy demasiado altiva para triunfar. Los hombres
+me encuentran de mal carácter, discutidora y nerviosa. Tal vez he nacido
+para ser una madre de familia... ¡Quién sabe si hubiese sido otra de
+vivir en tu país!
+
+Su veneración religiosa por el dinero tomó al decir esto un acento de
+odio. Las jóvenes pobres y bien educadas, si sentían miedo á la miseria,
+no tenían otro recurso que la prostitución. Les faltaba la dote,
+requisito indispensable en muchos pueblos civilizados para ser mujer
+honrada y constituir un hogar.
+
+¡Maldita pobreza!... Había pesado sobre su vida como una fatalidad. Los
+hombres que se mostraban buenos al principio se envenenaban después,
+volviéndose egoístas é ingratos. El doctor Talberg, á la vuelta de
+América, la había abandonado para casarse con una joven fea y rica, hija
+de un negociante, senador de Hamburgo. Otros habían explotado igualmente
+su juventud, tomando su parte de alegría y de belleza para unirse luego
+con mujeres que sólo tenían el atractivo de una gran fortuna.
+
+Ella había acabado por odiarlos á todos, deseando su exterminio,
+exasperándose al pensar que los necesitaba para vivir y nunca podría
+libertarse de esta esclavitud. Para ser independiente, se había dedicado
+al teatro.
+
+--He bailado, he cantado; pero mis éxitos fueron siempre femeniles. Los
+hombres venían detrás de mí, deseando á la hembra y riéndose de la
+artista. Además, ¡la vida de los bastidores!... ¡El mercado de blancas
+con un nombre en el cartel!... ¡Qué explotación!...
+
+El deseo de emanciparse la había arrastrado hacia su amiga la doctora,
+aceptando sus proposiciones. Le pareció más honorífico servir á un gran
+Estado, ser un funcionario secreto, laborando en la sombra por su
+grandeza. Además, le sedujo al principio lo novelesco del trabajo, las
+aventuras de las misiones arriesgadas, la orgullosa consideración de que
+con sus espionajes tejía la trama del porvenir, preparando la historia
+futura.
+
+También aquí había tropezado desde los primeros pasos con la esclavitud
+sexual. Su belleza era un instrumento para sondear las conciencias, una
+llave para abrir secretos; y esta servidumbre resultaba peor que las
+anteriores, por ser irredimible. Había conseguido apartarse con
+facilidad de su vida de viajera amorosa y de mujer de teatro; pero el
+que entraba en el «servicio secreto» ya no podía salir de él. Se
+aprendían demasiadas cosas, se llegaba lentamente á la comprensión de
+importantes misterios. El agente quedaba prisionero de sus funciones:
+era un emparedado, y con cada acto nuevo añadía una nueva piedra al muro
+que le separaba de la libertad.
+
+--Tú sabes el resto de mi vida--continuó--. La obligación de obedecer á
+la doctora, de seducir á los hombres para arrancarles sus secretos, me
+hizo odiarlos con una agresividad mortal... Pero llegaste tú, ¡tú, que
+eres bueno y generoso, que me buscaste con una simplicidad entusiasta,
+lo mismo que un adolescente, haciéndome retroceder en mi existencia,
+como si aún estuviese en los diez y ocho años y me viera cortejada por
+primera vez!... Además, tú no eres egoísta. Te das con noble entusiasmo.
+Creo que, de conocernos en la primera juventud, no me habrías abandonado
+para ser rico casándote con otra... Me resistí á ser tuya porque te
+amaba y no quería hacerte daño... Después, el mandato de mis superiores
+y mi pasión me hicieron olvidar estos escrúpulos... Me entregué; fuí la
+«mujer fatal» de siempre: te traje desgracia... ¡Ulises! ¡amor mío!...
+Olvidemos: de nada sirve recordar el pasado. Conozco bien tu alma, y al
+verme en peligro acudo á ella. ¡Sálvame! ¡llévame contigo!...
+
+Como estaba de pie frente á él, le bastó levantar las manos para
+colocarlas sobre sus hombros, iniciando el principio de un abrazo.
+
+Ferragut permaneció insensible á la caricia. Su inmovilidad repelía
+estas súplicas. Freya había rodado mucho por el mundo, á través de
+vergonzosas aventuras, y sabría librarse por su propio esfuerzo, sin
+necesidad de complicarle nuevamente en sus enredos. La historia que
+acababa de relatar no era para él mas que un tejido de engaños.
+
+--¡Todo falso!--dijo con voz sorda--. No te creo, no te creeré nunca...
+Cada vez que nos vemos me cuentas una nueva historia... ¿Quién eres?
+¿Cuándo dirás la verdad, toda la verdad de una vez?... ¡Embustera!
+
+Ella, insensible á los insultos, siguió hablando de su porvenir
+angustiosamente, como si se viese rodeada de misteriosos peligros.
+
+--¿Dónde iré si tú me abandonas?... Si me quedo en España, continúo bajo
+la dominación de la doctora. No puedo volver á los Imperios donde pasé
+mi vida; todos los caminos están cerrados, y en aquellas tierras
+renacería mi esclavitud... Tampoco puedo ir á Francia ó Inglaterra:
+tengo miedo á mi pasado. Cualquiera de mis hazañas anteriores bastaría
+para que me fusilasen: no merezco menos... Además, me inspira temor la
+venganza de los míos. Conozco los procedimientos del «servicio» cuando
+necesita deshacerse de un agente incómodo que está en tierra enemiga. El
+mismo lo denuncia: comete voluntariamente una torpeza, hace que se
+extravíen unos documentos, envía una carta comprometedora con falsa
+dirección, para que caiga en manos de las autoridades del país. ¿Qué
+haré si tú no me socorres?... ¿Dónde podré rufugiarme?...
+
+Ulises se decidió á contestar, apiadado de su desesperación. El mundo es
+grande: podía ir á vivir en una república de América.
+
+Ella no aceptó el consejo. Había pensado lo mismo; pero le daba miedo el
+porvenir incierto.
+
+--Soy pobre: apenas tengo con qué pagar mi viaje... El «servicio»
+retribuye bien al principio. Después, como nos tiene seguros á causa de
+nuestro pasado, sólo da lo necesario para vivir con cierto desahogo.
+¿Qué voy á, hacer en aquellas tierras?... ¿Debo pasar el resto de mi
+existencia vendiéndome á cambio del pan?... No quiero: ¡antes morir!
+
+La desesperada afirmación de su pobreza hizo sonreír burlonamente á
+Ferragut. Miró el collar de perlas eternamente acostado en la admirable
+almohadilla de su pecho, las gruesas esmeraldas de sus orejas, los
+brillantes que chisporroteaban fríamente en sus manos. Ella adivinó su
+pensamiento, y la idea de vender estas joyas le produjo una inquietud
+mayor que los terrores que le infundía el porvenir.
+
+--Tú no sabes lo que esto representa para mí--añadió--. Es mi uniforme,
+mi blasón, el salvoconducto que me permite sostenerme en el mundo de mi
+juventud. Las mujeres que vamos solas por la tierra necesitamos las
+alhajas para seguir nuestro camino sin obstáculos. Los gerentes del
+hotel se humanizan y sonríen ante su brillo. Quien las posee no inspira
+desconfianza, aunque tarde en pagar la cuenta de la semana... Los
+empleados de las fronteras se muestran galantes: no hay pasaporte más
+poderoso. Las señoras altivas se ablandan con su centelleo á la hora del
+té en los _halls_ donde una no conoce á nadie... ¡Lo que yo he sufrido
+para conseguirlas!... Arrostraría el hambre antes de venderlas. Con
+ellas se es alguien: puede una persona no tener una moneda en el
+bolsillo y entrar donde entran los más ricos, viviendo como ellos...
+
+No aceptaba el consejo. Era como si á un guerrero hambriento le
+propusiesen entregar sus armas en país enemigo á cambio de pan. Una vez
+la necesidad satisfecha, quedaría prisionero; se vería envilecido,
+igualándose con los miserables que horas antes recibían sus golpes. Ella
+arrostraba todos los peligros y sufrimientos antes que despojarse del
+casco y el escudo, símbolos de su estirpe superior. El traje de más de
+un año, las botinas fatigadas, la ropa interior con desgarrones mal
+compuestos, no le entristecían en los momentos difíciles. Lo importante
+era poseer un sombrero de moda y conservar el gabán de pieles, el collar
+de perlas, las esmeraldas, los brillantes, toda la armadura honorífica y
+gloriosa, dentro de la cual quería morir.
+
+Su mirada pareció apiadarse de la ignorancia del marino, que se atrevía
+á proponerle tales absurdos.
+
+--Es imposible, Ulises... Llévame contigo. En el mar es donde puedo
+vivir más segura. Los submarinos no me dan miedo. Las gentes se los
+imaginan numerosos y apretados como las piedras de un pavimento, pero
+sólo un buque entre mil recibe sus ataques... Además, contigo no temo
+nada: si nuestro destino es perecer en el mar, moriríamos juntos.
+
+Se hizo insinuante y seductora, avanzando las manos sobre los hombros de
+él, tirando de su cuello con un apasionamiento que equivalía á un
+abrazo. Su boca, al hablar, se aproximó á la del marino. Los labios se
+arquearon iniciando la redonda caricia de un beso.
+
+--¿Tan mal vivirías con Freya?... ¿No te acuerdas ya de nuestro
+pasado?... ¿Es que ahora soy otra?
+
+Ulises se acordaba, efectivamente, del pasado, y empezó á reconocer que
+este recuerdo era demasiado vivo. Llegaron hasta él, como lejanas
+melodías voluptuosas y medio olvidadas, las ráfagas de una carne bien
+oliente, despertando su memoria sexual. El contacto de las ocultas
+redondeces, tibias y firmes, que se apretaban contra su pecho sin perder
+la turgente dureza, evocó en la imaginación de Ferragut una serie
+vertiginosa de escenas de amor. La castidad observada en los últimos
+tiempos á causa de sus dolorosas preocupaciones le atormentó ahora como
+un suplicio.
+
+Ella, que seguía esta revolución con ojos astutos, adivinándola en las
+contracciones de su rostro, sonrió triunfadora, pegando su boca á la de
+él. Estaba segura de su poder... Y reprodujo el beso del Acuario, aquel
+beso que estremecía la espalda del marino, haciéndole vacilar sobre sus
+piernas.
+
+Pero cuando se entregaba con más abandono á esta succión dominadora, se
+sintió repelida, disparada por un manotón brutal, semejante al puñetazo
+que la había lanzado sobre los almohadones al principio de la
+entrevista.
+
+Alguien se había interpuesto entre los dos, á pesar de que estaban
+abrazados estrechamente.
+
+El capitán, que empezaba á perder la conciencia de sus actos, lo mismo
+que un náufrago, descendiendo y descendiendo á través de las capas
+vibrantes de un placer sin límites, vió de pronto la cara de Esteban
+difunto, con los ojos vidriosos fijos en él. Más allá vió igualmente una
+imagen de triste esfumamiento: Cinta que lloraba, como si sus lágrimas
+fuesen las únicas que podían caer sobre el cadáver desgarrado del hijo.
+
+--¡Ah, no!... ¡no!
+
+El mismo quedó sorprendido de su voz. Fué un rugido de bestia herida, un
+aullar seco de desesperado que se retuerce en el tormento.
+
+Freya, tambaleándose bajo el rudo empujón, intentó aproximarse otra vez
+á él, enlazarse de nuevo en sus brazos, repetir su beso imperioso.
+
+--¡Amor mío!... ¡amor mío!...
+
+No pudo seguir. La tremenda mano volvió á repelerla, pero tan
+violentamente, que fué á dar de cabeza contra los cojines del diván.
+
+Tembló la puerta con un rudo tirón que hizo abrir sus dos hojas á la
+vez, sacando el pestillo de la cerradura.
+
+La mujer, tenaz en sus deseos, se levantó prontamente, sin reparar en el
+dolor de la caída. Su ligereza sólo le pudo servir para ver cómo
+escapaba Ferragut después de recoger maquinalmente su sombrero.
+
+--¡Ulises!... ¡Ulises!...
+
+Ulises estaba ya en la calle, mientras en el pequeño _hall_ acababan de
+bambolearse, rompiéndose luego en el suelo con ruidoso desmenuzamiento,
+varios objetos de loza que había enganchado y desplazado el fugitivo en
+su ciega salida.
+
+Al sentir en la frente la sensación del aire libre, resurgieron en su
+memoria los peligros que le había anunciado Freya. Exploró la calle con
+una mirada hostil... «¡Nadie!» Su deseo era encontrarse con los enemigos
+de que hablaba aquella mujer, para desahogar la cólera que sentía contra
+sí mismo. Estaba avergonzado y furioso por su pasajera debilidad, que
+casi le había hecho reanudar la antigua existencia.
+
+En los días sucesivos se acordó repetidas veces de la banda de
+refugiados que obedecía á la doctora. Al encontrar en las calles
+transeúntes de aspecto germánico, los miraba de frente con ojos de reto.
+¿Sería alguno de ellos el encargado de matarle?... Luego seguía
+adelante, arrepentido de su provocación, seguro de que eran mercaderes
+de la América del Sur, boticarios ó empleados de Banco, indecisos entre
+volver á sus casas al otro lado del Océano ó esperar en Barcelona el
+triunfo siempre inmediato de su emperador.
+
+Al fin, el capitán acabó por reírse de las recomendaciones de Freya.
+
+«¡Mentiras suyas!... Invenciones para interesarme y que la lleve
+conmigo. ¡Ah, embustera!»
+
+Una mañana, al pisar la cubierta de su vapor, Tòni se acercó á él con
+aire misterioso. Su rostro tenía una, palidez de ceniza.
+
+Cuando estuvieron en el salón de popa, el segundo habló en voz baja,
+mirando en torno de él.
+
+La noche anterior había bajado á tierra para ir al teatro. Todos los
+gustos literarios de Tòni y sus emociones estéticas se concentraban en
+la zarzuela. Los hombres de talento no habían podido inventar nada
+mejor. De ella iba sacando los canturreos con que animaba sus largas
+permanencias en el puente. Además, había el coro femenil, brillantemente
+vestido y con las piernas libres; las tiples abundantes en carnes y
+ligeras de ropa; un desfile de mallones rosados y voluptuosas redondeces
+que alegraba la imaginación del navegante, sin hacer olvidar los deberes
+de la fidelidad.
+
+A la una de la madrugada, cuando volvía al buque por los muelles
+solitarios, habían intentado asesinarle. Creyó ver gentes que se
+ocultaban detrás de un montón de mercancías al oír sus pasos. Luego
+sonaron tres detonaciones, tres tiros de revólver. Una bala silbó en uno
+de sus oídos.
+
+--Y como yo no llevaba armas, corrí. Afortunadamente, fué cerca del
+buque, casi junto á la proa. Sólo tuve que dar unos cuantos saltos para
+meterme plancha adentro en el vapor... Y ya no dispararon más.
+
+Ferragut quedó silencioso. También él había palidecido, pero de sorpresa
+y de cólera. ¡Luego eran ciertos los anuncios de Freya!...
+
+No quiso fingir incredulidad ni mostrarse temerario y despreciador del
+peligro cuando Tòni siguió hablando.
+
+--¡Ojo, Ulises!... Yo he reflexionado mucho sobre este suceso. Los tiros
+no eran para mí. ¿Qué enemigos tengo yo? ¿Quién puede querer mal á un
+pobre piloto que no ve á nadie?... ¡Guárdate! Tú sabrás tal vez de dónde
+viene eso: tú tratas muchas gentes.
+
+El capitán adivinó que se acordaba de las aventuras de Nápoles y de
+aquella proposición vergonzosa guardada como un secreto, relacionándolo
+todo con la nocturna agresión. Pero ni su voz ni sus ojos justificaron
+tales sospechas, y Ferragut prefirió no darse por enterado de lo que
+pasaba.
+
+--¿Sabe alguien lo ocurrido?
+
+Tòni levantó los hombros. «Nadie...» Se había metido en el vapor,
+apaciguando al perro de á bordo, que ladraba furiosamente. El hombre de
+guardia había oído los tiros, imaginándose que eran de una pelea de
+marineros. Además, á él sólo le interesaba lo que ocurriese á partir de
+la plancha que unía el muelle con el buque.
+
+--¿No has dado parte á la autoridad?...
+
+El segundo se indignó al oír esta pregunta, con la altivez de los
+mediterráneos, que nunca se acuerdan de la autoridad en momentos de
+peligro y sólo confían su defensa á la destreza de su mano. «¿Le tenía
+acaso por un delator?...»
+
+Pensaba hacer lo que hacen los hombres que son hombres. En adelante,
+iría armado á todas horas mientras estuviese en Barcelona. ¡Ay del que
+tirase sobre él, si es que no le hería!... Y guiñando un ojo, mostró á
+su capitán lo que él llamaba «la herramienta».
+
+Al piloto le repugnaban las armas de fuego, juguetes locos y ruidosos,
+de problemático resultado. Amaba el golpe en silencio, el arma blanca,
+prolongación de la mano, con un cariño ancestral que parecía evocar el
+centelleo de las hachas de abordaje usadas por sus antepasados.
+
+Con amorosa suavidad sacó de su cintura un cuchillo inglés adquirido en
+la época en que era patrón de barca: una hoja brillante que reproducía
+los rostros que la contemplaban, con punta aguda de estilete y filo de
+navaja de afeitar.
+
+Tal vez no tardase en hacer uso de su «herramienta». Recordó á varios
+individuos que en los días anteriores paseaban lentamente por el muelle
+examinando el buque, espiando á los que entraban y salían. Si alcanzaba
+á verlos de nuevo, se echaría fuera del vapor para decirles dos
+palabras.
+
+--No hagas nada--ordenó Ferragut--. Yo me ocuparé del asunto.
+
+Todo el día estuvo preocupado por la noticia. Al pasear por Barcelona,
+miró con ojos provocativos á cuantos transeúntes le parecieron alemanes.
+Se unió á la acometividad de su carácter una indignación de propietario
+que se ve atropellado dentro de su casa. Los tres tiros eran para él, y
+él era un español y los _boches_ se atrevían á atacarlo en su propia
+tierra. ¡Qué audacia!...
+
+Varias veces se llevó la diestra á la parte trasera de su pantalón,
+tocando un bulto prolongado y metálico. Esperaba el anochecer para
+realizar cierta idea que se le había fijado entre las dos cejas como un
+clavo doloroso. Mientras no la realizase no estaría tranquilo.
+
+La voz de los buenos consejos protestó: «No hagas locuras, Ferragut; no
+busques al enemigo, no lo provoques. Defiéndete nada más.»
+
+Pero su arrogancia temeraria, que le había hecho embarcarse en buques
+destinados al naufragio y le empujaba hacia el peligro por el gusto de
+vencerlo, gritó más alto que la prudencia.
+
+«¡En mi patria!...--se dijo mentalmente--. ¡Querer asesinarme cuando
+estoy en mi tierra!... Yo les haré ver que soy un español...»
+
+Conocía el _bar_ del puerto mencionado por Freya. Dos hombres de su
+tripulación le habían dado nuevos informes. Sus parroquianos eran
+alemanes pobres, que bebían en abundancia. Alguien pagaba por ellos, y
+en días señalados hasta se permitían convidar á patrones de barcas de
+pesca y vagabundos del puerto. Un gramófono sonaba continuamente,
+lanzando cánticos chillones que los concurrentes coreaban á gritos.
+Cuando se recibían noticias de la guerra favorables á los Imperios
+germánicos, redoblaban las canciones y el copeo hasta media noche y la
+caja de música agria no descansaba un instante. En las paredes se veían
+los retratos de Guillermo II y varios de sus generales. El dueño del
+_bar_, un alemán gordo de piernas, cuadrado de cabeza, con pelos duros
+de cepillo y mostachos colgantes, respondía al apodo de _Hindenburg_.
+
+Sonrió el marino al pensar en la posibilidad de meter á _Hindenburg_
+debajo de su mostrador... Quería ver este establecimiento, donde muchas
+veces había sonado su nombre.
+
+Al anochecer, sus pasos le llevaron hacia el _bar_, con un impulso
+irresistible que se burlaba de todos los consejos de la prudencia.
+
+La puerta de cristales se resistió á su mano nerviosa, tal vez porque
+manejaba el picaporte con demasiada fuerza, y el capitán acabó por
+abrirla dando una patada en su parte baja, que era de madera.
+
+Casi volaron los vidrios al impulso de este golpe, brutal. ¡Magnífica
+entrada!... Vió mucho humo, perforado por las estrellas rojas de tres
+lámparas eléctricas que acababan de encenderse, y hombres que estaban de
+espaldas ó frente á él en torno de varias mesas. El gramófono gangueaba
+como una vieja sin dientes. Detrás del mostrador aparecía _Hindenburg_,
+despechugado, con la camisa arremangada sobre sus brazos voluminosos
+como piernas.
+
+--Yo soy el capitán Ulises Ferragut.
+
+La voz que dijo esto tuvo un poder semejante al de las palabras mágicas
+de los cuentos orientales, que dejan en suspenso la vida de una ciudad
+entera, quedando inmóviles personas y objetos, en la actitud que les
+sorprende el poderoso conjuro.
+
+Se hizo un silencio de asombro. Los que empezaban á volver la cabeza
+atraídos por el estrépito de la puerta no continuaron su movimiento; los
+que estaban enfrente permanecieron con los ojos fijos en el que entraba:
+unos ojos agrandados por la sorpresa, como si no pudiesen creer lo que
+veían. El gramófono calló repentinamente. _Hindenburg_, que estaba
+limpiando un vaso, quedó con las manos inmóviles, sin sacar la
+servilleta de la cavidad de cristal.
+
+Ferragut fué á sentarse junto á una mesa vacía, con la espalda apoyada
+en la pared. Un criado, el único del establecimiento, acudió para
+enterarse de lo que deseaba, el señor. Era un andaluz pequeño y
+vivaracho, que sus andanzas habían traído á Barcelona. Servía con
+indiferencia á la clientela, sin que le interesasen sus palabras y sus
+himnos. «El no se metía en política.» Habituado á los establecimientos
+de gente alegre y batalladora, adivinó al hombre que viene á «armar
+bronca», y quiso amansarlo con su actitud sonriente y obsequiosa.
+
+El marino le habló en alta voz. Sabía que en aquel cafetucho le
+nombraban frecuentemente y eran muchos los que deseaban verle. Podía
+darles el recado de que el capitán Ferragut estaba allí, á su
+disposición.
+
+--Así se hará--dijo el andaluz.
+
+Y se fué al mostrador, trayéndole al poco rato una botella y un vaso.
+
+En vano se fijó Ulises en los que ocupaban las mesas inmediatas. Unos
+permanecían inmóviles, presentándole el dorso; otros tenían los ojos
+bajos y hablaban quedamente, con susurro de misterio.
+
+Dos ó tres de ellos cruzaron al fin sus miradas con la del capitán.
+Tenían en las pupilas un brillo de cólera naciente. Desvanecida la
+primera sorpresa, parecían dispuestos á levantarse, cayendo sobre el
+recién llegado. Pero alguien que estaba de espaldas parecía dominarlos
+con sus órdenes murmurantes, y le obedecieron al fin, bajando sus ojos
+para seguir en una actitud cohibida.
+
+Ulises se cansó pronto de este silencio. Empezaba á encontrar algo
+ridícula su actitud de domador. No sabía á quién dirigirse en un local
+donde todos rehuían sus miradas y su contacto. En la mesa inmediata
+había un periódico con ilustraciones, y se apoderó de él, volviendo sus
+hojas. Estaba impreso en alemán, pero él fingió leerlo con gran interés.
+
+Se había sentado de lado, dejando libre la cadera en la que descansaba
+el revólver. Su mano, fingiendo distracción, se paseó junto á la
+abertura del bolsillo, pronta á armarse en caso de ataque. Al poco rato
+estaba arrepentido de esta postura excesivamente confiada. Iban á caer
+sobre él, aprovechándose de su lectura. Pero el orgullo le hizo
+permanecer inmóvil, para que no pudiesen adivinar su inquietud.
+
+Luego rió de un modo insolente, como si leyese en la ilustración
+germánica algo que provocaba sus burlas. Aún le pareció poco esto, y
+levantó sus ojos para contemplar con agresiva curiosidad los retratos
+que adornaban las paredes.
+
+Entonces pudo darse cuenta de la gran transformación que acababa de
+realizarse en el _bar_. Casi todos los parroquianos habían desfilado
+silenciosamente durante su lectura. Sólo quedaban cuatro ebrios, de ojos
+húmedos, que bebían con fruición, preocupándose únicamente del contenido
+de sus vasos. _Hindenburg_, volviendo el fuerte dorso á su clientela,
+leía en el mostrador un periódico de la noche. El andaluz, sentado en el
+fondo, sonrió mirando al capitán. «¡Vaya un tío!...» Celebraba
+interiormente que uno de la tierra hubiese puesto en fuga á los
+bebedores gritones y brutales que tanto le molestaban otras tardes.
+
+Consultó Ulises su reloj: las siete y media. Ya había espantado á toda
+aquella gente que inspiraba terror á Freya. ¿Qué le quedaba que hacer
+allí?... Pagó y salió.
+
+La noche había cerrado. Bajo la luz de los faros eléctricos pasaban
+tranvías y automóviles hacia el interior de la ciudad. Siguiendo las
+arcadas de los antiguos edificios vecinos al puerto desfilaban grupos de
+trabajadores de los establecimientos marítimos. Barcelona, deslumbrante
+de resplandor, atraía á la muchedumbre. La dársena, negra y solitaria,
+se poblaba de tenues lucecillas en lo alto de los mástiles.
+
+Quedó indeciso Ferragut entre ir á comer á su casa ó en un restorán de
+la Rambla. Luego sospechó que algunos de los fugitivos del cafetucho
+podían estar cerca de él, dispuestos á seguirle. En vano esparció sus
+miradas: no pudo reconocer á ninguno en los grupos que aguardaban el
+tranvía leyendo periódicos ó conversando.
+
+De pronto experimentó el deseo de ver á Tòni. El tío _Caragòl_ le
+improvisaría algo que comer mientras relataba á su segundo la aventura
+del _bar_. Además, le pareció un digno final de su hazaña ofrecer á los
+enemigos, si es que le seguían, la ocasión favorable de atacarle en los
+muelles desiertos. El demonio de la soberbia soplaba en sus orejas: «Así
+verán que no les tienes miedo.»
+
+Y marchó resueltamente hacia el puerto, pasando sobre rieles de
+ferrocarril, contorneando los muros de largos almacenes, metiéndose
+entre montañas de mercancías. Primeramente encontró pequeños grupos que
+iban hacia la ciudad; luego parejas; después individuos sueltos; al
+final nadie: una soledad absoluta.
+
+Los reverberos trazaban en el suelo amplios redondeles de púrpura. Más
+allá se extendían las tinieblas, cortadas por siluetas de ébano, que
+unas veces eran barcos y otras callejones de fardos, colinas de carbón.
+El agua negra reflejaba las serpientes rojas y verdes de las luces de
+los buques. Un trasatlántico prolongaba las operaciones de carga al
+resplandor de sus reflectores eléctricos, destacándose sobre esta
+lobreguez con la animación de una fiesta veneciana.
+
+De tarde en tarde un hombre de lento paso entraba en el círculo de un
+reverbero, brillando el cañón de su fusil. Otros estaban como en acecho
+entre los montones de la descarga. Eran carabineros y guardianes del
+puerto.
+
+Sintió repentinamente el capitán un aviso de su instinto. Le seguían...
+Se detuvo en la sombra, pegado á un montón de fardos, y vió á unos
+hombres que avanzaban en su misma dirección, pasando rápidamente por el
+borde de la mancha roja de un foco eléctrico para no quedar bajo su
+lluvia de luz.
+
+Le fué imposible reconocerlos, y á pesar de ello, tuvo la certeza de que
+eran los enemigos vistos en el _bar_.
+
+Su buque estaba lejos, junto al muelle más desierto á aquellas horas.
+«Has hecho una tontería», se dijo mentalmente.
+
+Empezó á arrepentirse de su audacia; pero ya era tarde para volver
+atrás. La ciudad se hallaba más lejos que el vapor, y sus enemigos
+caerían sobre él tan pronto como le viesen retroceder. ¿Cuántos eran?...
+Esto le preocupaba únicamente.
+
+«¡Adelante!... ¡adelante!», gritó su orgullo.
+
+Había sacado el revólver: lo llevaba en su diestra, con el cañón por
+delante. En la soledad no había por qué guardar los miramientos y
+prudencias de la vida civilizada. La noche le envolvía con todas las
+asechanzas de una selva virgen, mientras brillaba ante sus ojos una
+gran ciudad coronada de diamantes eléctricos, esparciendo en la negrura
+del espacio un halo de incendio.
+
+Tres veces pasó junto á los carabineros solitarios, pero no quiso
+hablarles. «¡Adelante! Sólo las mujeres deben pedir apoyo...» Además,
+tal vez sufría una alucinación; en realidad, no podía afirmar que le
+persiguiesen.
+
+A los pocos pasos se desvaneció esta duda: sí que le perseguían. Sus
+sentidos, aguzados por el peligro, tuvieron la misma percepción del
+jabalí que presiente la jauría intentando cerrarle el paso. A su derecha
+tenía el agua; á su izquierda trotaban hombres por detrás de los
+montones de la descarga queriendo salir á su encuentro; detrás avanzaban
+otros para impedir su retirada.
+
+Podía correr, adelantándose á los que intentaban envolverle; pero ¿un
+hombre debe correr teniendo un revólver en la mano?... Los que venían
+detrás se lanzarían en su persecución. Una cacería humana iba á
+desarrollarse en la noche, y él, Ferragut, sería el gamo acosado por la
+canalla del _bar_. «¡Ah, no!...» El capitán se acordó de Von Kramer
+galopando míseramente en pleno día por los muelles de Marsella... Si lo
+habían de matar, que no fuese huyendo.
+
+Continuó su avance con paso rápido. Adivinaba el plan de sus enemigos.
+No querían mostrarse en esta zona del puerto obstruída por montones de
+fardos, temiendo que se ocultase. Le esperaban cerca de su buque, en un
+espacio descubierto por el que forzosamente debía pasar.
+
+«¡Adelante--volvió á repetirse--. Si he de morir, que sea á la vista del
+_Mare nostrum_!»
+
+El vapor estaba cerca. Reconoció su negra silueta pegada al muelle. En
+este momento el perro de á bordo empezó á ladrar furiosamente,
+anunciando la presencia del capitán y al mismo tiempo el peligro.
+
+Abandonó el abrigo de una colina de carbón, avanzando por un terreno
+descubierto. Concentraba toda su voluntad en el deseo de llegar á su
+barco cuanto antes.
+
+Brilló una corta llama, seguida de una detonación. Ya disparaban contra
+él. Otras lucecitas surgieron de diversos lados del muelle, seguidas de
+estampidos. Fué un tiroteo de combate; á sus espaldas tiraron
+igualmente. Sintió varios silbidos junto á sus orejas y recibió un golpe
+en un hombro, una sensación igual á la de una pedrada caliente.
+
+Iban á matarle: sus enemigos eran demasiado numerosos. Y sin saber por
+qué lo hacía, cediendo al instinto, se arrojó al suelo lo mismo que un
+moribundo.
+
+Todavía retumbaron unos cuantos disparos. Luego se hizo el silencio.
+Únicamente en el vapor inmediato seguía ladrando el perro.
+
+Vió una sombra que avanzaba lentamente hacia él. Era un hombre, uno de
+sus enemigos, destacado del grupo para examinarle de cerca. Dejó que se
+aproximase, apretando con su diestra el revólver, todavía intacto.
+
+De pronto levantó el brazo, rozando la cabeza que se inclinaba sobre él.
+Dos relámpagos salieron de su mano, separados por un breve intervalo. La
+primera llamarada fugaz le hizo ver un rostro conocido... ¿Era
+verdaderamente Karl, el dependiente de la doctora?... La segunda
+explosión ayudó á su memoria. Sí que era Karl, con las facciones
+desencajadas y un agujero negro en la sien... Se irguió con un
+estiramiento agónico; luego se derrumbó de espaldas, abriendo los
+brazos.
+
+Esta visión fué instantánea. El capitán sólo podía pensar en él, y se
+levantó de un salto. Después corrió y corrió, encorvándose para ofrecer
+á sus enemigos el menor blanco posible.
+
+Presentía una descarga general, una granizada de balas. Pero los
+perseguidores dudaron unos segundos, desorientados por la obscuridad, no
+sabiendo si era el capitán el que había caído por segunda vez.
+
+Sólo al ver á un hombre que corría hacia el buque conocieron su error y
+reanudaron los disparos. Ferragut pasó entre las balas, por el borde del
+muelle, á lo largo del _Mare nostrum_. Su salvación era obra de
+segundos, siempre que los tripulantes no hubiesen retirado la pasarela
+entre el vapor y la orilla.
+
+Tropezó de pronto con el puente, viendo al mismo tiempo un hombre que
+avanzaba sobre él con algo reluciente en una mano. Era el segundo, que
+acababa de salir con el cuchillo por delante.
+
+El capitán temió una equivocación.
+
+--¡Tòni! ¡soy yo!--dijo con voz sofocada por la violencia de la carrera.
+
+Al pisar la cubierta del buque recobró instantáneamente su tranquilidad.
+
+Ya no hubo más disparos. El silencio era lúgubre. A lo lejos lo cortaron
+silbidos de pitos, voces de alarma, ruido de carreras. Los carabineros y
+guardianes se llamaban y agrupaban para dar una batida en la obscuridad,
+marchando hacia el lugar donde había sonado el tiroteo.
+
+--¡Que quiten la plancha!--ordenó Ferragut.
+
+El piloto dió ayuda á tres marineros que acababan de acudir, retirando
+apresuradamente la pasarela. Luego amenazó al perro para que cesase de
+aullar.
+
+Ferragut, asomado á la borda, exploraba la lobreguez del muelle. Le
+pareció ver á unos hombres llevándose á otro en brazos. Un resto de su
+cólera le hizo levantar la diestra, armada todavía, apuntando al grupo.
+Luego volvió á bajarla... Pensó en los que se acercaban para averiguar
+lo ocurrido. Era mejor que encontrasen el buque silencioso.
+
+Entró en el salón de popa jadeando todavía, y tomó asiento.
+
+Al quedar bajo el ruedo de luz pálida que derramaba sobre la mesa una
+lámpara colgante, Tòni se fijó en su hombro izquierdo.
+
+--¡Sangre!...
+
+--No es nada... Un simple rasguño. La prueba es que puedo mover el
+brazo.
+
+Y lo movió, aunque con cierta dificultad, sintiendo la pesadez de una
+hinchazón creciente.
+
+--Luego te contaré cómo ha sido esto... Creo que no les quedarán ganas
+de repetir.
+
+Quedó pensativo un instante.
+
+--De todos modos, conviene que nos vayamos pronto de este puerto... Ve á
+ver á nuestra gente. ¡Que ninguno hable!... Llama á _Caragòl_.
+
+Antes de que saliese Tòni, surgió de la obscuridad la cara esplendorosa
+del cocinero. Venía al salón sin que nadie le llamase, ansioso por saber
+lo ocurrido, temiendo encontrar moribundo á Ferragut.
+
+Viendo la sangre, su desesperación se expresó con una vehemencia
+maternal.
+
+«¡Cristo del Grao!... ¡Mi capitán va á morir!...» Quiso correr á la
+cocina en busca de algodones y vendas. El era algo curandero, y guardaba
+lo necesario para el caso.
+
+Ulises le detuvo. Aceptaba sus servicios, pero quería algo más.
+
+--Deseo comer, tío _Caragòl_--dijo alegremente--. Me contentaré con lo
+que haya... El susto me ha dado hambre.
+
+
+
+
+XI
+
+"ADIÓS. VOY A MORIR"
+
+
+Cuando Ferragut salió de Barcelona ya tenía casi cicatrizada la herida
+del hombro. Las negativas rotundas de él y su piloto á los
+interrogatorios de los carabineros le libraron de nuevas molestias. «No
+sabían nada; no habían visto nada.» El capitán acogió con fingida
+indiferencia la noticia de haber sido encontrado en la misma noche el
+cadáver de un hombre, al parecer alemán, pero sin papeles, sin nada que
+permitiese su identificación, en un muelle algo lejano del lugar que
+ocupaba el _Mare nostrum_. Las autoridades no consideraron necesario
+averiguar más, clasificando el hecho como una simple pelea entre
+refugiados.
+
+El servicio de aprovisionamiento de las tropas de Oriente hizo navegar á
+Ferragut en los meses sucesivos formando parte de un convoy. Un despacho
+cifrado le llamaba unas veces á Marsella, otras á un puerto atlántico:
+Saint-Nazaire, Quiberón ó Brest.
+
+Iban llegando con pocos días de separación vapores de diversas clases y
+nacionalidades. Los había que delataban su origen aristocrático en las
+líneas finas de la proa, la esbeltez de las chimeneas y el color todavía
+blanco de los pisos superiores. Eran iguales á los corceles de gran
+precio que la guerra había transformado en simples caballos de batalla.
+Antiguos buques-correos, veloces carreristas de las olas, se veían
+descendidos á la vil servidumbre de barcos de transporte. Otros, negros
+y sucios, con pegotes de apresurada reparación y una chimenea tísica
+sobre su casco enorme, avanzaban tosiendo humo, escupiendo ceniza,
+jadeando con ruidos de hierro viejo. Las banderas de los aliados y las
+de las marinas neutrales ondeaban en las diversas popas.
+
+Se iba reuniendo el convoy en la amplia bahía. Eran quince ó veinte
+vapores, á veces treinta, que habían de navegar juntos, ajustando sus
+diversas velocidades á una marcha común. Los barcos de carga, carracas á
+vapor que sólo hacían unas millas por hora, sin llegar á la decena,
+obligaban al resto del convoy á una desesperante lentitud.
+
+El _Mare nostrum_ tenía que marchar á media máquina, haciendo sufrir
+grandes impaciencias á su capitán en estas peregrinaciones monótonas y
+peligrosas á través de semanas y semanas.
+
+Antes de partir, Ferragut recibía un pliego cerrado y sellado, lo mismo
+que los otros capitanes. Era del jefe del convoy, comandante de un
+contratorpedero ó simple oficial de la reserva marítima, encargado de un
+buquecito de pesca con cañones de tiro rápido.
+
+Los vapores empezaban á echar humo y á levar anclas, sin saber adónde
+iban. El pliego sólo era abierto en el momento de partir. Ulises hacía
+saltar los sellos y examinaba el papel, entendiendo con facilidad su
+lenguaje convencional, escrito con arreglo á una cifra común. Lo primero
+que buscaba era el puerto de destino; luego, el orden de formación.
+Marchaban en fila única ó en doble fila, según la cantidad de buques. El
+_Mare nostrum_, representado por un número, navegaba entre otros dos
+números, que eran los de los vapores inmediatos. La distancia entre
+ellos debía mantenerse en quinientos metros: lo necesario para no
+abordarse en un momento de descuido y no prolongar la línea de modo que
+sus vigilantes la perdiesen de vista.
+
+Al final se repetían las instrucciones de todos los viajes, con un
+laconismo que hubiese hecho palidecer á otros hombres no acostumbrados á
+mirar de frente á la muerte. En caso de ataque submarino, los
+transportes que llevaban cañones podían salirse de la fila y ayudar á
+la patrulla de buques armados, dando cara al enemigo. Los otros debían
+continuar su rumbo tranquilamente, sin preocuparse de la agresión. Si el
+buque de delante ó el que seguía á popa era torpedeado, no había que
+detenerse para darle auxilio. Los torpederos y «chaluteros» se
+encargarían de salvar á los náufragos, si resultaba posible. El deber
+del transporte era ir siempre adelante, ciego y sordo, sin salirse de la
+formación, sin detenerse, hasta conducir al puerto terminal la fortuna
+que llevaba en sus entrañas.
+
+Esta marcha en convoy, impuesta por la guerra submarina, representaba un
+salto atrás en la vida de los mares. Ferragut recordó las flotas á vela
+de otros siglos, escoltadas por navíos de línea, siguiendo su rumbo á
+través de incesantes batallas; los remotos viajes de los galeones de las
+Indias, saliendo de Sevilla para llegar en rebaño á las costas del Nuevo
+Mundo.
+
+La doble fila de cascos negros con penachos de humo avanzaba mansamente
+en las jornadas de bonanza. Cuando el día era gris, el mar espumeante,
+el cielo bajo y la atmósfera brumosa, se esparcían y encabritaban como
+un tropel de corderos obscuros y asustados. Los guardianes del convoy,
+tres barcos pequeños que marchaban á toda máquina, eran los mastines
+vigilantes de este ganado marino, precediéndole para explorar el
+horizonte, quedándose detrás de él ó marchando á sus costados para
+mantener intacta la formación. Su ligereza y su velocidad les hacía dar
+saltos prodigiosos sobre las olas. Una cinta de humo se enroscaba á
+continuación de sus dobles chimeneas. Su proa, cuando no estaba oculta,
+expelía cascadas de espuma, levantándose hasta mostrar el principio de
+la quilla.
+
+De noche navegaban todos con pocas luces: un simple farol á proa para
+aviso del que marcha delante y otro á popa para indicar la ruta al
+siguiente. Estas luces macilentas apenas se veían. De pronto, el timonel
+tenía que torcer el rumbo y pedir máquina atrás, viendo que se agrandaba
+en la obscuridad la silueta del buque anterior. Unos cuantos minutos de
+descuido, y entraba por su popa con un espolonazo mortal. Al amenguar
+la marcha, el capitán miraba inquieto á sus espaldas, temiendo chocar á
+su vez con el que le seguía en la fila.
+
+Todos pensaban en los submarinos invisibles. De tarde en tarde sonaban
+cañonazos. La escolta del convoy tiraba y tiraba, yendo de un lado á
+otro con ágiles evoluciones. El enemigo había huído, como los lobos ante
+el aullar de los perros vigilantes. En otras ocasiones era una falsa
+alarma, y los cañones herían con sus latigazos de acero el agua
+desierta.
+
+Había un enemigo más molesto que la tormenta que desordena á los
+convoyes, más temible que los torpedos. Era la niebla espesa y blanca
+como la albúmina, que caía sobre los buques, haciéndolos navegar á
+ciegas en pleno día, poblando el espacio de inútiles rugidos de sirena,
+no dejando ver el agua que los sustentaba ni los otros barcos cercanos,
+que podían salir de un momento á otro de la borrosa atmósfera,
+anunciando su aparición con un choque y un crujido enorme, mortal. Así
+habían de marchar los marinos días enteros; y cuando al fin se libraban
+de este sudario, respirando con la satisfacción del que despierta de una
+pesadilla, otra muralla cenicienta y nebulosa avanzaba sobre las aguas,
+envolviéndolos de nuevo en su noche. Los hombres más valerosos y serenos
+juraban al ver la barra interminable de la bruma cerrando el horizonte.
+
+Tales viajes no eran del gusto de Ferragut. Le irritaba la marcha en
+fila, como un soldado, teniendo que amoldarse á las velocidades de
+buques despreciables. Aún le encolerizaba más verse obligado á obedecer
+al comandante del convoy, que muchas veces era un viejo marino de
+carácter autoritario.
+
+A causa de esto, en una de las arribadas á Marsella manifestó á las
+autoridades marítimas su firme voluntad de no navegar más de tal modo.
+Tenía bastante con cuatro expediciones. Resultaban buenas para los
+capitanes miedosos, incapaces de salir de los puertos si no llevaban á
+la vista una escolta de torpederos, y cuyas tripulaciones, al menor
+incidente, pretendían echar los botes al agua, refugiándose en la costa.
+El se creía más seguro yendo solo, confiado á su pericia, sin otro
+auxilio que su profundo conocimiento de las rutas del Mediterráneo.
+
+La petición fué atendida. Era dueño de buque, y temieron perder su
+cooperación cuando escaseaban tanto los medios de transporte. Además, el
+_Mare nostrum_, por su velocidad, merecía ser empleado aparte, en
+servicios extraordinarios y rápidos.
+
+Quedó en Marsella unas semanas esperando un cargamento de obuses, y
+callejeó como siempre por la capital mediterránea. Las tardes las pasaba
+en la terraza de un café de la Cannebière. El recuerdo de Von Kramer
+surgió algunas veces en su memoria. «¿Lo habrían fusilado?...» Quiso
+saber, pero sus averiguaciones no obtuvieron gran éxito. Los Consejos de
+guerra eludían la publicidad de sus actos de justicia. Un negociante
+marsellés amigo de Ferragut se acordaba de que, algunos meses antes,
+había sido ejecutado un espía alemán sorprendido en el puerto. Tres
+líneas en los periódicos nada más dando cuenta de su muerte. Se decía
+que era un oficial... Y el marsellés pasó á hablar de las noticias de la
+guerra, mientras Ulises pensaba que el ejecutado no podía ser otro que
+Von Kramer.
+
+En la misma tarde tuvo un encuentro. Al marchar por la calle de
+Saint-Ferreol, mirando los escaparates de las tiendas, los gritos de
+varios conductores de coches y automóviles que no acertaban á hacer
+pasar sus vehículos en la angosta y repleta vía llamaron su atención.
+Vió en un carruaje á una dama rubia, de espaldas á él, acompañada por
+dos oficiales de la marina inglesa. Inmediatamente pensó en Freya... Su
+sombrero, su traje, todo lo que pudo distinguir de su persona, no le
+recordaban en nada á la otra. Y sin embargo, cuando se alejó el coche,
+sin que él llegase á ver el rostro de esta desconocida, la imagen de la
+aventurera persistió en su memoria.
+
+Al fin acabó por irritarse contra él mismo, á causa de la semejanza
+absurda que había descubierto sin motivo alguno. ¿Cómo podía ser Freya
+esta inglesa que iba con dos oficiales?... ¿Cómo la alemana refugiada en
+Barcelona podía deslizarse en Francia, donde indudablemente era conocida
+de la policía militar?... Aún le irritó más la sospecha de que este
+parecido fuese un resto del antiguo amor, que le hacía ver á Freya en
+toda mujer rubia.
+
+A las nueve de la mañana del día siguiente, cuando el capitán se vestía
+en su camarote para bajar á tierra, Tòni abrió la puerta.
+
+Su gesto era fosco y tímido al mismo tiempo, como si fuese á dar una
+mala noticia.
+
+--Esa está ahí--dijo lacónicamente.
+
+Ferragut le miró con expresión interrogante... ¿Quién era «esa»?...
+
+--¿Quién ha de ser?... ¡La de Nápoles! ¡La rubia del demonio que nos
+trae desgracia!... A ver si esa bruja nos deja inmóviles unas cuantas
+semanas, lo mismo que la otra vez.
+
+Se excusó, como si acabase de cometer una falta en el servicio. El buque
+estaba unido al muelle por una pasarela y todos podían entrar en él. El
+piloto era enemigo de estos amarres, que dejaban libre el paso á los
+curiosos y los importunos. Cuando se había dado cuenta de la visita, la
+señora estaba ya en la cubierta, cerca de las cámaras. Recordaba bien el
+camino del salón: quería seguir adelante; pero él había hecho que
+_Caragòl_ la detuviese mientras venía á avisar al capitán.
+
+--¡Cristo!--murmuró éste--. ¡Cristo!...
+
+Y su asombro, su sorpresa, no le permitieron lanzar otra exclamación.
+
+Luego se encolerizó.
+
+--¡Echala!... Que la agarren dos hombres y la pongan en el muelle,
+aunque sea á viva fuerza.
+
+Pero Tòni vacilaba, no atreviéndose á cumplir tales órdenes, y el
+impetuoso Ferragut se lanzó fuera del camarote para realizar por sí
+mismo lo que había mandado.
+
+Cuando pasó al salón, alguien entró al mismo tiempo por el lado de la
+cubierta. Era _Caragòl_, que intentaba cerrar el paso á una mujer; pero
+ésta, burlando sus ojos cegatos, iba deslizándose poco á poco entre su
+cuerpo y el tabique de madera.
+
+Al ver al capitán, Freya corrió hacia él tendiendo sus brazos.
+
+--¡Tú!--dijo con voz gozosa--. Bien sabía que estabas aquí, á pesar de
+que estos hombres aseguraban lo contrario... Me lo decía el corazón...
+¡Buenos días, Ulises!
+
+_Caragòl_ volvió los ojos hacia el sitio donde adivinaba la presencia
+del segundo, como si implorase su perdón. Con las hembras no se podía
+cumplir ninguna orden... Tòni, por su parte, parecía avergonzado ante
+esta mujer que le miraba hostilmente.
+
+Los dos desaparecieron. Ferragut no pudo darse cuenta de cómo fué la
+fuga, pero se alegró de ella. Temía que la recién llegada aludiese en su
+presencia á las cosas del pasado.
+
+Quedó largo rato contemplándola. Había creído reconocerla de espaldas el
+día anterior, y ahora estaba seguro de que hubiera seguido adelante con
+indiferencia al verla de frente. En realidad, ¿era la misma que
+acompañaban los dos oficiales ingleses?... Parecía mucho más alta que la
+otra, con una delgadez que hacía clarear su cutis, dándole una
+transparencia enfermiza. La nariz era más prominente y afilada; los ojos
+brillaban hundidos en los círculos negruzcos de sus cuencas.
+
+Estos ojos empezaron á mirar al capitán humildes y suplicantes.
+
+--¡Tú!--exclamó Ulises con extrañeza--. ¡Tú!... ¿Qué vienes á hacer
+aquí?...
+
+Freya habló con una timidez de sierva. Sí, era ella, que le había
+reconocido el día anterior mucho antes de que él la mirase, formando
+inmediatamente el propósito de venir en busca suya. Podía pegarle, como
+la última vez que se vieron; estaba dispuesta á sufrirlo todo... ¡pero
+con él!
+
+--Sálvame, Ulises; llévame contigo... Te lo pido más angustiosamente que
+en Barcelona.
+
+--¿Cómo estás aquí?...
+
+Ella comprendió la extrañeza del capitán al encontrarla en país enemigo;
+la inquietud que sentía por él mismo al ver á una espía en su buque.
+
+Miró en torno para convencerse de que estaban solos, y habló en voz
+baja. La doctora le había enviado á Francia para que «trabajase» en los
+puertos. A él solo podía revelar el secreto.
+
+Ulises se indignó ante esta confidencia.
+
+--¡Márchate!--dijo con voz colérica--. Nada quiero saber de ti... Lo
+tuyo no me interesa, no deseo conocerlo... ¡Fuera de aquí! ¿Por qué me
+buscas?
+
+Pero ella no parecía dispuesta á cumplir sus órdenes. En vez de
+marcharse, se dejó caer con desaliento en uno de los divanes de la
+cámara.
+
+--He venido--dijo--para rogarte que me salves. Te lo suplico por última
+vez... Voy á morir; adivino que mi fin está próximo si tú no me tiendes
+una mano; presiento la venganza de los míos... ¡Guárdame, Ulises! No me
+dejes volver á tierra: tengo miedo... ¡Tan segura que me sentiría aquí,
+á tu lado!...
+
+El miedo, efectivamente, se reflejó en sus ojos al recordar los últimos
+meses de su vida en Barcelona.
+
+--La doctora es mi enemiga... Ella, que me protegió tanto en otro
+tiempo, me abandona como algo viejo que es necesario suprimir. Tengo la
+certidumbre de que me han condenado en lo alto...
+
+Se estremecía al recordar la cólera de la doctora cuando, á la vuelta de
+uno de sus viajes, se enteró de la muerte de su fiel Karl. El capitán
+Ferragut era para ella una especie de demonio invulnerable y victorioso,
+que escapaba á todos los peligros, matando á los servidores de la buena
+causa. Primeramente, Von Kramer; ahora, Karl... Como le era necesario
+desahogar en alguien su cólera, había hecho responsable á Freya de todas
+las desgracias. Por ella conocía al capitán y lo había mezclado en los
+asuntos del «servicio».
+
+El ansia de venganza hizo sonreír á la imponente dama con una expresión
+feroz. El marino español estaba señalado en alto lugar. Ordenes precisas
+habían sido dadas contra él. «¡En cuanto á sus cómplices!...» Freya
+figuraba indudablemente entre estos cómplices, por haberse atrevido á
+defender á Ferragut recordando la muerte trágica de su hijo, por no
+haber hecho coro con los que deseaban su exterminio.
+
+Semanas después, la iracunda doctora se había mostrado amable y
+sonriente, lo mismo que en otro tiempo. «Querida mía: conviene que dé
+usted un paseo por Francia. Hace falta un agente que nos entere del
+movimiento de los puertos, de la salida y entrada de los buques, para
+que nuestros sumergibles sepan dónde esperar. Los oficiales de marina
+son galantes, y una mujer hermosa puede ganarse su afecto.»
+
+Ella había pretendido desobedecer. ¡Ir á Francia, donde eran conocidos
+sus trabajos de antes de la guerra!... ¡Volver al peligro cuando ya se
+había acostumbrado á la vida segura en los países neutrales!... Pero sus
+intentos de resistencia no llegaban á realizarse. Carecía de voluntad:
+el «servicio» la había convertido en un autómata.
+
+--Y aquí estoy; sospechando que tal vez marcho á la muerte, pero
+cumpliendo los encargos que recibo; esforzándome por ser grata y
+retardar de este modo el cumplimiento de su venganza... Soy como un
+condenado que sabe que va á morir y procura hacerse necesario, para
+demorar unos meses su sentencia.
+
+--¿Cómo has entrado en Francia?--preguntó él, sin hacer caso de su
+acento doloroso.
+
+Freya levantó los hombros. En su oficio se cambiaba fácilmente de
+nacionalidad. Ahora era ciudadana de una república de América. La
+doctora le había proporcionado los papeles necesarios para pasar la
+frontera.
+
+--Pero aquí--continuó--me tienen más segura que en una cárcel. Me han
+dado los medios para entrar, y sólo ellos me pueden hacer salir. Estoy
+por completo en su poder. ¿Qué harán de mí?...
+
+El terror le había sugerido en ciertos momentos desesperadas
+resoluciones. Quería denunciarse á sí misma, comparecer ante las
+autoridades francesas relatando su historia, haciendo saber los secretos
+de que era poseedora. Pero su pasado le infundía miedo: eran muchas las
+maldades que llevaba realizadas contra este país. Tal vez la perdonasen
+la vida teniendo en cuenta la espontaneidad de su acto; pero el
+presidio, la reclusión con el pelo cortado, vestida de ruda estameña,
+condenada al silencio, sufriendo tal vez hambre y frío, le inspiraban
+una repulsión invencible... No: antes la muerte.
+
+Y continuaba su vida de espionaje, cerrando los ojos ante el porvenir,
+viviendo el momento presente, evitando el pensar, considerándose feliz
+cuando veía por delante unos cuantos días de seguridad.
+
+El encuentro con Ferragut en una calle de Marsella la había reanimado,
+dándole nuevas esperanzas.
+
+--Sácame de aquí; guárdame contigo. En tu buque puedo vivir olvidada
+del mundo, como si hubiese muerto... Y si mi presencia te disgusta,
+llévame lejos de Francia, déjame en un país lejano.
+
+Deseaba salir de este aislamiento en tierra enemiga teniendo que
+obedecer á sus superiores, como una fiera enjaulada que recibe pinchazos
+á través de los hierros. La hacía temblar el presentimiento de su
+próxima muerte.
+
+--¡Yo no quiero morir, Ulises!... No soy aún vieja para morir. Yo adoro
+mi cuerpo, soy el primero de mis enamorados, y me aterro al pensar que
+puedo ser fusilada.
+
+Pasó por sus ojos un reflejo fosfórico; sus dientes chocaron con el
+castañeteo del terror.
+
+--¡No quiero morir!--repitió--. Hay momentos en que adivino que me
+siguen y me cercan... Tal vez me han conocido y esperan el momento de
+sorprenderme en pleno trabajo... Ayúdame: hazme salir de aquí; mi muerte
+es segura. ¡He hecho tanto daño!...
+
+Calló un momento, como si calculase todos los delitos de su vida
+anterior.
+
+--La doctora--siguió diciendo--cuenta con el entusiasmo patriótico, que
+le enardece para continuar sus trabajos. Yo carezco de su fe: no soy
+alemana y me repugna ser espía... Siento vergüenza al considerar mi vida
+actual; pienso todas las noches en el resultado de mis abominables
+trabajos; calculo el empleo que pueden dar á mis avisos y mis informes;
+veo los buques torpedeados... ¿Cuántos seres habrán muerto por mi culpa?
+Tengo visiones: mi conciencia me atormenta. ¡Sálvame!... No puedo más.
+Siento un miedo horrible. ¡Tengo tanto que expiar!...
+
+Se había levantado poco á poco del diván, y al pedir protección á
+Ferragut iba hacia él con los brazos extendidos, humilde y al mismo
+tiempo acariciadora, por una voluntad de seducción que predominaba sobre
+todos sus actos.
+
+--¡Déjame!--gritó el marino--. No te acerques... ¡no me toques!
+
+Sintió la misma cólera que le había hecho ser brutal fin su entrevista
+de Barcelona. Le irritó la tenacidad de esta aventurera, que, luego de
+ejercer una influencia trágica en su vida, deseaba comprometerle de
+nuevo.
+
+Pero un sentimiento de fría compasión le hizo contenerse y hablar con
+cierta bondad.
+
+Si necesitaba dinero para huir, él se lo daría sin regateo alguno. Podía
+fijar la cifra; el capitán estaba dispuesto á satisfacer todos sus
+deseos; pero nada de vivir juntos. Le daría una suma importante para
+asegurar su porvenir y no verla más.
+
+Freya hizo un ademán de protesta, al mismo tiempo que el marino se
+arrepentía de su generosidad... ¿Por qué favorecer á una mujer que le
+recordaba la muerte de su hijo?... ¿Qué había de común entre los dos?...
+Los viles amores de Nápoles harto los había pagado con su desgracia...
+Que cada uno siguiese su destino; pertenecían á mundos distintos... ¿Iba
+á tener que defenderse toda su vida de esta hembra pegajosa?
+
+Aparte de esto, no estaba seguro de que ahora dijese verdad... Todo en
+ella era falso. Ni siquiera conocía con certeza su verdadero nombre y su
+existencia pasada...
+
+--¡Márchate!--rugió con tono amenazador--. ¡Déjame en paz!
+
+Tendió sus poderosas manazas hacia ella viendo que se resistía á
+obedecer. Iba á levantarla del suelo con rudo tirón, á llevarla como un
+fardo leve fuera de la cámara, fuera del barco, arrojándola lejos lo
+mismo que si fuese un remordimiento.
+
+Pero le inspiró una repugnancia invencible este cuerpo abundante en
+seducciones: tuvo miedo á su contacto; quiso huir de las sorpresas
+eléctricas de su carne... Además, él no iba á maltratarla á cada
+encuentro, como un bellaco profesional de los que mezclan el amor y los
+golpes. Recordaba con tristeza sus violencias de Barcelona.
+
+Y como Freya, en vez de marcharse, se dejaba caer de nuevo en el diván
+con un desaliento que parecía desafiar su cólera, fué él quien huyó para
+dar fin á la entrevista.
+
+Se introdujo en su camarote, cerrando la puerta de golpe. Esta fuga la
+sacó á ella de su inercia. Quiso seguirle con un salto de pantera joven,
+pero sus manos chocaron contra el obstáculo que acababa de
+inmovilizarse, mientras seguían sonando en su interior llaves y
+cerrojos.
+
+Golpeó desesperadamente la puerta. Sus puños se lastimaron en
+infructuosos empujones.
+
+--¡Ulises, abre!... ¡Oyeme!
+
+En vano gritó como si diese una orden, exasperándose al no verla
+obedecida. Su cólera se revolvió impotente contra la solidez
+inconmovible de la madera. De pronto empezó á llorar. Se había ablandado
+su voluntad al sentirse débil é indefensa como una criatura abandonada.
+Toda su vida pareció concentrarla en sus lágrimas y su voz suplicante.
+
+Paseó los dedos por la puerta, palpando las molduras, deslizándolos por
+las superficies barnizadas, como si buscase á tientas una rendija, un
+agujero, algo que le permitiese llegar hasta el hombre que estaba al
+otro lado.
+
+Instintivamente dobló sus rodillas, pegando la boca al orificio de la
+cerradura.
+
+--¡Dueño mío!--murmuró con una voz de pordiosera--. ¡Abre!... No me
+abandones. Piensa que voy hacia la muerte si tú no me salvas.
+
+Ferragut la oyó, y para huir de su gemido fué alejándose hasta el fondo
+del camarote. Luego abrió el ventano redondo que daba sobre la cubierta,
+ordenando á un marinero que buscase al segundo.
+
+--_¡Don Antòni! ¡don Antòni!_--gritaron varias voces á lo largo del
+buque.
+
+Llegó Tòni, pegando su cara al redondel para recibir las quejas furiosas
+de su capitán. «¿Por qué le habían dejado solo con aquella mujer?...
+Debían sacarla del buque inmediatamente, aunque fuese á viva fuerza...
+El lo mandaba.»
+
+El piloto se alejó con aire azorado, rascándose la barba lo mismo que si
+acabase de recibir una orden de difícil ejecución.
+
+--¡Sálvame, amor mío!--seguía gimiendo el susurro implorante--. Olvida
+quién soy... Piensa únicamente en la de Nápoles... en la que conociste
+en Pompeya... Acuérdate de nuestra felicidad á solas, de las veces que
+me juraste no abandonarme nunca... ¡Tú eres un caballero!
+
+Calló un momento la voz. Ferragut oyó pasos al otro lado de la puerta.
+Tòni cumplía sus órdenes.
+
+Pero la súplica volvió á reanudarse á los pocos instantes,
+reconcentrada, tenaz, atenta únicamente á su deseo, despreciando los
+nuevos obstáculos que venían á interponerse entre ella y el capitán.
+
+--¿Tanto me odias?... Acuérdate de la felicidad que te di: tú mismo me
+juraste que nunca habías sido tan dichoso. Puedo resucitar otra vez el
+pasado. Tú no sabes de lo que soy capaz por hacerte dulce la
+existencia... ¡Y quieres perderme!...
+
+Sonó un choque en la puerta, un roce de cuerpos que se empujaban, una
+frotación de lucha contra la madera.
+
+Tòni había entrado, seguido de _Caragòl_.
+
+--Ya hay bastante, señora--dijo con voz torva, para disimular su
+emoción--. ¿No se da cuenta de que el capitán no quiere verla?... ¿no
+comprende que está estorbando?... Vamos... ¡arriba!
+
+Intentó ayudarla á incorporarse, separando su boca de la cerradura; pero
+Freya repelió con facilidad al vigoroso marino. Parecía falto de
+fuerzas, sin valor para repetir su ruda acción. Le inspiraba miedo la
+hermosura de esta mujer; estaba estremecido aún por el contacto de las
+firmes redondeces que acababa de rozar durante la corta lucha. Su virtud
+soñolienta había sufrido el tormento de una resurrección sin objeto.
+«¡Ah, no!... Que se encargasen otros de expulsarla.»
+
+--¡Ulises, me echan!--gritó ella pegando otra vez su boca á la
+cerradura--. ¿Y tú, amor mío, lo permites?... ¿tú que tanto me
+amabas?...
+
+Después de este llamamiento desesperado permaneció silenciosa unos
+instantes. La puerta se mantuvo inmóvil: detrás de ella no parecía
+existir ningún ser viviente.
+
+--¡Adiós!--continuó en voz baja, con la garganta hinchada de sollozos--.
+Ya no me verás... Voy á morir pronto: me lo dice el corazón... ¡Moriré
+por ti!... Tal vez llores algún día pensando que pudiste salvarme.
+
+Alguien había intervenido para arrancar á Freya de su rebelde
+inmovilidad. Era _Caragòl_, solicitado por los ojos implorantes del
+piloto.
+
+Sus manazas la ayudaron á levantarse, sin que ella repitiese la protesta
+que había repetido á Tòni. Vencida y derramando lágrimas, pareció
+someterse á la ayuda paternal y los consejos del cocinero.
+
+--¡Arriba, buena señora!--dijo _Caragòl_--. Un poco de ánimo y no
+llore... Para todo hay consuelo en este mundo.
+
+Encerró en su abultada diestra las dos manos de ella, y pasando el otro
+brazo por su talle, la fué dirigiendo poco á poco hacia la salida del
+salón.
+
+--Crea en Dios--añadió--. ¿Por qué busca al capitán, que tiene allá en
+su tierra á su mujer propia?... Otros hombres existen que están libres,
+y puede usted entenderse con ellos sin caer en pecado mortal.
+
+Freya no le escuchaba. Cerca de la puerta volvió todavía la cabeza,
+iniciando un retroceso hacia el camarote del capitán.
+
+--¡Ulises!... ¡Ulises!--gritó.
+
+--Crea en Dios, señora--dijo otra vez _Caragòl_, mientras la empujaba
+con su vientre flácido y su pecho velludo.
+
+Un propósito caritativo llenó su pensamiento. Tenía el remedio para el
+dolor de esta mujer hermosa, que la desesperación había hecho más
+interesante.
+
+--Venga usted, señora... Hágame caso, hija mía.
+
+Al llegar á la cubierta, la fué guiando hacia sus dominios. Freya se
+sentó en la cocina, sin saber con certeza dónde estaba. Vió á través de
+sus lágrimas á este viejo obeso, de una bondad sacerdotal, yendo de un
+lado á otro para reunir botellas y mezclar líquidos, agitando una
+cuchara en un vaso con alegre retintín.
+
+--Beba sin miedo... No hay disgusto que resista á esta medicina.
+
+El cocinero le ofreció un vaso; y ella, anonadada, bebió y bebió,
+contrayendo su rostro por la intensidad alcohólica del líquido. Seguía
+llorando, al mismo tiempo que su boca paladeaba una espesa dulzura. Sus
+lágrimas fueron cayendo en el brebaje que se deslizaba entre sus labios.
+
+Un plácido calor emergió de su estómago, secando la humedad de los ojos,
+dando nuevos colores á sus mejillas. _Caragòl_ continuaba la charla,
+satisfecho del éxito de su obra, haciendo señas de alejamiento al
+sombrío Tòni, que pasaba y repasaba ante la puerta con el deseo
+vehemente de ver marcharse á la intrusa.
+
+--No llore más, hija mía... ¡Cristo del Grao! ¡llorar una señora tan
+guapa, que puede encontrar los novios á docenas!... Créame: busque á
+otro; el mundo está lleno de hombres sin ocupación... Y siempre que
+sufra un disgusto, acuda á mi cordial... Voy á darle la receta.
+
+Iba á apuntar en un pedazo de papel las dosis de aguardiente de caña y
+de azúcar, cuando ella se levantó, súbitamente vigorizada, mirando en
+torno con extrañeza... ¿Por qué estaba allí? ¿Qué tenía que ver con
+aquel buen hombre medio desnudo que le hablaba como si fuese su
+padre?...
+
+--¡Gracias! ¡muchas gracias!--dijo al salir de la cocina.
+
+Luego, en la cubierta, se detuvo, abriendo su bolso de oro para sacar el
+espejito y el bote de polvos. Vió en el óvalo biselado del cristal el
+rostro faunesco de Tòni asomando detrás de su espalda con miradas de
+impaciencia.
+
+--Dígale al capitán Ferragut que ya no le molestaré más... Todo
+terminó... Tal vez oiga hablar de mí alguna vez, pero no me verá nunca.
+
+Y salió del buque sin volver la cabeza, con paso acelerado, como si
+corriese á la realización de algo que llenaba su pensamiento.
+
+Tòni corrió también hacia el ventano del camarote de Ulises.
+
+--¿Ya se ha ido?--preguntó éste con impaciencia.
+
+El piloto asintió con la cabeza. Se había ido prometiendo no volver.
+
+--Así sea--dijo Ferragut.
+
+Manifestó Tòni el mismo deseo. ¡Ojalá no viesen más á esta rubia, que
+traía la desgracia!...
+
+En los días siguientes, el capitán apenas abandonó su buque. No quería
+encontrarse con ella en las calles de la ciudad: dudaba de la dureza de
+su carácter; temía ceder á sus ruegos al verla otra vez llorando y
+suplicando.
+
+Se desvaneció la inquietud de Ulises al quedar terminada la carga del
+buque. Este viaje iba á ser más corto que los anteriores. El _Mare
+nostrum_ fué á Corfú con material de guerra para los servios, que
+reorganizaban sus batallones destinados á Salónica.
+
+En el viaje de vuelta, Ferragut fué atacado por el enemigo. Un amanecer,
+cuando subía al puente para reemplazar á Tòni, los dos vieron al mismo
+tiempo en forma tangible lo que llevaban á todas horas en su
+imaginación. Se marcó á lo lejos, en el redondel de sus gemelos, el
+extremo de un palo negro y derecho que cortaba las aguas, sonrosadas por
+el alba, dejando un rastro de espuma.
+
+--¡Submarino!--gritó el capitán.
+
+Tòni no dijo nada, pero apartando de un zarpazo al timonel, agarró la
+rueda, dando al buque otra dirección. El movimiento fué oportuno. Sólo
+iban transcurridos unos segundos, cuando empezó á marcarse sobre el agua
+un dorso obscuro, de vertiginosa carrera, que venía rectamente hacia el
+vapor.
+
+--¡Torpedo!--gritó Ferragut.
+
+La angustiosa espera duró unos instantes. El proyectil, oculto en las
+aguas, pasó á unos seis metros de la popa, perdiéndose en la inmensidad.
+Sin la rápida virada de Tòni, habría herido al buque en pleno flanco.
+
+El capitán, por el tubo acústico que descendía á las máquinas, gritó
+órdenes enérgicas para que desarrollasen toda la velocidad. Mientras
+tanto, el piloto, agarrado á la rueda, dispuesto á morir sin soltarla,
+dirigía el buque en zigzags para no ofrecer una puntería fija al
+submarino.
+
+Todos los tripulantes contemplaban desde las bordas el bastón lejano é
+insignificante del periscopio. El tercer oficial había salido de su
+camarote casi desnudo, restregándose los ojos soñolientos. _Caragòl_
+estaba en la popa, mostrando su abdomen bajo el revoloteo de la suelta
+camisa y llevándose una mano á las cejas á guisa de visera.
+
+--Lo veo... lo veo perfectamente... ¡Ah, bandido! ¡hereje!
+
+Y tendía su puño amenazador hacia un punto del horizonte, precisamente
+el opuesto al lugar donde emergía el periscopio.
+
+Vió Ferragut en el redondel azul de las lentes cómo este tubo subía y
+subía, engrosándose. Ya no era un palo, era una torre, y á continuación
+de esta torre iba surgiendo del mar un basamento de acero que chorreaba
+cascadas de espuma, un lomo gris de cetáceo, que poco á poco tomaba la
+forma de un vaso navegante largo y afilado.
+
+Una bandera flotó de pronto sobre el submarino. Ulises la conocía.
+
+--¡Nos van á atacar á cañonazos!--gritó á Tòni--. Es inútil que
+naveguemos en zigzags. Lo que importa es ganar distancia, marchar en
+línea recta.
+
+El segundo, hábil timonel, obedeció al capitán. Tembló todo el casco á
+impulsos de una velocidad extraordinaria. La proa cortaba las aguas con
+un rumor creciente. El sumergible enemigo, al aumentar su volumen con la
+emersión, pareció, sin embargo, retroceder en el horizonte. Dos vedijas
+de espuma empezaron á amontonarse en ambas caras de su proa. Corría con
+todo el ímpetu de su marcha de superficie; pero el _Mare nostrum_
+navegaba igualmente con el impulso forzado de sus máquinas á gran
+presión, y la distancia entre ambos buques se fué dilatando.
+
+--¡Tiran!--dijo Ferragut con los gemelos en los ojos.
+
+Una columna de agua se levantó cerca de la proa. Esto fué lo único que
+_Caragòl_ pudo ver claramente, y rompió á aplaudir con una alegría
+infantil. Luego agitó en alto su sombrero de palma. «¡Viva el Santo
+Cristo del Grao!...»
+
+Otros proyectiles fueron cayendo en torno del _Mare nostrum_,
+salpicándolo con sus enormes surtidores de espuma. De pronto tembló de
+popa á proa: se estremecieron sus planchas con una vibración de
+estallido.
+
+--¡No es nada!--gritó el capitán echando medio cuerpo fuera del puente
+para ver mejor el casco de su buque--. Un cañonazo en la popa. ¡Firme,
+Tòni!...
+
+El segundo, agarrado á la rueda, volvía la cabeza de vez en cuando para
+apreciar la distancia que les separaba del submarino. Cada vez que veía
+levantarse una columna acuática á impulsos de un proyectil, repetía el
+mismo consejo:
+
+--¡Tiéndete, Ulises!... ¡Van tirar contra el puente!
+
+Era un recuerdo de su lejana juventud de contrabandista, cuando se
+acostaba en la cubierta de su barca manejando el timón y la vela bajo
+los tiros de los vigilantes del resguardo. Temía por la vida de su
+capitán, mientras él continuaba de pie, ofreciéndose á los disparos de
+los enemigos.
+
+Ferragut marchó de un lado á otro, maldiciendo su falta de medios para
+responder á la agresión. «¡No le ocurriría otra vez!... ¡No se
+divertirían más dándole caza!»
+
+Un segundo proyectil abrió otra brecha en la popa... «¡Mientras no sea
+en las máquinas!», pensaba el capitán. Después de esto, el _Mare
+nostrum_ no sufrió más destrozos. Los disparos siguientes fueron
+levantando columnas de agua en la estela que dejaba el vapor. Cada vez
+surgían más lejanos estos fantasmas blancos. El buque salió de la zona
+del cañón enemigo, que seguía tirando y tirando inútilmente. Al fin
+cesaron los disparos y el submarino se borró del campo de visión de los
+anteojos, hasta sumergirse enteramente, cansado de una persecución
+inútil.
+
+--¡No me ocurrirá más!--volvió á repetir el capitán--. ¡No me atacarán
+otra vez impunemente!
+
+Luego pensó que este submarino había marchado contra él sabiendo quién
+era. Llevaba pintado en los costados de su buque los colores de España.
+Al primer cañonazo, el tercer oficial había izado la bandera, sin que
+cesasen por esto los disparos. Querían echarle á pique sin intimación
+alguna, «sin dejar rastro». Pensó que Freya, en relación con los
+directores de la campaña submarina, podía haber denunciado su viaje.
+
+--¡Ah... _tal_! ¡Si te encuentro otra vez!...
+
+Tuvo que descansar en Marsella varias semanas mientras reparaban las
+averías del vapor.
+
+Como Tòni carecía de ocupación durante esta inmovilidad forzosa, le
+acompañó muchas veces en sus paseos. Gustaban de sentarse en la terraza
+de un café de la Cannebière para comentar las diferencias pintorescas de
+la muchedumbre cosmopolita.
+
+--Mira: gentes de nuestro país--dijo el capitán una tarde.
+
+Y señaló á tres hombres de mar confundidos en la corriente de uniformes
+diversos y tipos de distintas razas que pasaba rozando las mesas del
+café.
+
+Los había reconocido por sus gorras de seda con visera, sus chaquetas
+azules y su obesidad grave de marineros mediterráneos que han conseguido
+cierto bienestar. Debían ser patrones de barca.
+
+Como si la mirada y el gesto de Ferragut les hubiesen avisado con
+misteriosa sensación, los tres volvieron los ojos, fijándolos en el
+capitán. Luego empezaron á discutir entre ellos con una vehemencia que
+hacía adivinar sus palabras.
+
+«¡Es él!...» «¡No es!...» Aquellos hombres le conocían, pero dudaban al
+verle.
+
+Se alejaron con marcada indecisión, volviendo repetidas veces el rostro
+para examinarle una vez más. A los pocos minutos regresó uno de ellos,
+el más viejo, aproximándose con timidez á la mesa.
+
+--¿Es usted, y perdone, el capitán Ferragut?...
+
+Hizo esta pregunta en valenciano, al mismo tiempo que se llevaba la
+diestra á su gorra para quitársela. Ulises detuvo el saludo y le ofreció
+una silla. El era Ferragut: ¿qué deseaba?...
+
+Se negó á sentarse. Quería decirle dos «razones» aparte, con cierto
+secreto... Cuando el capitán hubo presentado á su segundo como hombre de
+toda confianza, entonces se sentó. Los dos compañeros, rompiendo la
+humana corriente, habían retrocedido también y estaban en el borde de la
+acera, volviendo sus espaldas al café.
+
+Era un patrón de barca: no se había equivocado Ferragut. Hablaba
+lentamente, como si le preocupase la revelación final, á la que servía
+de exordio todo lo que estaba diciendo.
+
+--Los tiempos no son malos. Se gana dinero en el mar: más que nunca. Yo
+soy de Valencia. Hemos venido tres barcas de allá con vino y arroz.
+Viaje bueno, pero hay que navegar pegados á la costa, siguiendo la curva
+de los golfos, sin atreverse á pasar de cabo á cabo por miedo á los
+submarinos... Yo he encontrado á un submarino.
+
+Ulises adivinó que las últimas palabras del patrón contenían el móvil
+que le había hecho aproximarse, venciendo su timidez.
+
+--No fué en este viaje ni en el anterior--continuó el hombre de mar--.
+Me encontré con él dos días antes de la última Navidad. Yo, en invierno,
+me dedico á la pesca: soy propietario de una pareja de barcas del
+_bòu_... Estábamos cerca de las islas Columbretas, cuando de pronto
+vimos aparecer un submarino cerca de nosotros. Los alemanes no nos
+hicieron daño; lo único enojoso fué que tuvimos que entregarles una
+parte de nuestra pesca por lo que quisieron darnos. Luego me ordenaron
+que saltase á la cubierta del submarino para responder al comandante.
+Era un joven que hablaba el castellano como yo lo he oído hablar allá en
+las Américas, cuando de chico navegaba en un bergantín.
+
+Se detuvo el patrón, algo cohibido, como si dudase en seguir su relato.
+
+--¿Y qué dijo el alemán?--preguntó Ferragut para incitarle á continuar.
+
+--Al enterarse de que yo era valenciano, me dijo si lo conocía á usted.
+Me preguntó por su vapor, queriendo saber si navegaba frente á la costa
+española. Yo le contesté que la conocía de nombre nada más, y él,
+entonces...
+
+El capitán le animó con su sonrisa al ver que vacilaba de nuevo.
+
+--Le habló mal de mí, ¿no es cierto?
+
+--Sí, señor; muy mal, con palabras muy feas. Dijo que tenía una cuenta
+que arreglar con usted y que deseaba ser el primero en encontrarle.
+Según dió á entender, los otros submarinos también le buscan... Sin duda
+es una orden.
+
+Se cruzó una larga mirada entre Ferragut y su segundo. Mientras tanto,
+el patrón seguía sus explicaciones.
+
+Los dos amigos que le esperaban á pocos pasos habían visto muchas veces
+al capitán en Barcelona y en Valencia. Uno de ellos lo había reconocido
+inmediatamente; otro dudaba que fuese él; y por deber de conciencia, el
+viejo patrón volvía atrás para darle este aviso.
+
+--Entre paisanos debemos ayudarnos... ¡Los tiempos son malos!
+
+Al verle de pie, sus dos camaradas se aproximaron sonriendo á Ferragut,
+«¿Qué deseaban tomar?» Les invitó á sentarse en torno de su mesa; pero
+tenían prisa: iban á ver al consignatario de sus barcas.
+
+--Ya lo sabe, capitán--dijo el patrón al despedirse--. Esos demonios le
+buscan para jugarle una mala pasada. Usted sabrá por qué... ¡Mucho ojo!
+
+En el resto de la tarde hablaron poco Ferragut y Tòni. Los dos tenían en
+el cerebro iguales pensamientos, pero evitaban su exteriorización por un
+pudor de hombres enérgicos, temiendo que fuesen interpretados como
+preocupaciones del miedo.
+
+Al cerrar la noche, cuando se retiraban al vapor, el piloto se atrevió á
+romper este silencio.
+
+--¿Por qué no abandonas la navegación?... Eres rico; además, te darán
+por tu buque lo que pidas. Hoy se pagan los barcos como si fuesen de
+oro.
+
+Ulises levantó los hombros. No pensaba en el dinero: ¿de qué podía
+servirle?... El resto de su vida deseaba pasarlo en el mar, dando ayuda
+á los enemigos de sus enemigos. Tenía una venganza que cumplir; viviendo
+en tierra abandonaba esta venganza y sentiría con más intensidad el
+recuerdo de su hijo.
+
+El segundo calló unos instantes.
+
+--¡Son tantos los enemigos!...--dijo luego con desaliento--. ¡Somos
+nosotros tan poca cosa!... Por unos cuantos metros no nos han echado á
+pique en el último viaje. Lo que no ha sido ahora será cualquier día...
+_Ellos_ han jurado acabar contigo; y son muchos... y son de guerra. ¿Qué
+podemos nosotros, pobres marinos de paz?...
+
+Tòni no añadió nada, pero sus ideas silenciosas fueron adivinadas por
+Ulises.
+
+Pensaba en su familia, que vivía allá en la Marina una existencia de
+continua ansiedad viéndole á bordo de un buque acechado por
+irresistibles amenazas. Pensaba también en las esposas y las madres de
+todos los hombres de la tripulación, que sufrían idénticas angustias. Y
+Tòni se preguntaba por primera vez si el capitán Ferragut tenía derecho
+á arrastrarlos á todos á una muerte segura, por su testarudez vengativa
+y loca.
+
+«No, no tengo derecho», se dijo Ulises mentalmente.
+
+Pero al mismo tiempo, el segundo, arrepentido de sus anteriores
+reflexiones, afirmaba en voz alta, con una sencillez heroica:
+
+--Si te aconsejo que te retires, es por tu bien; no creas que es por
+miedo... Yo te seguiré mientras navegues. Alguna vez he de morir, y
+mejor es que sea en el mar. Únicamente me preocupa la suerte de mi mujer
+y mis hijos.
+
+El capitán siguió marchando silenciosamente, y al llegar al buque habló
+con brevedad. «Pensaba hacer algo que tal vez gustase á todos. Antes de
+una semana habría decidido su porvenir.»
+
+Los días siguientes los pasó en tierra. Dos veces volvió con unos
+señores que examinaron el vapor minuciosamente, bajando á las máquinas y
+á las bodegas. Algunos de estos visitantes parecían expertos en las
+cosas del mar.
+
+«Quiere vender el barco», se dijo Tòni.
+
+Y el piloto empezó á arrepentirse de sus consejos. ¡Abandonar el _Mare
+nostrum_, que era el mejor de todos los buques en que había servido!...
+Se acusó de cobardía, creyendo que era él quien había impulsado al
+capitán á tomar esta decisión. ¿Qué iban á hacer en tierra los dos
+cuando el vapor fuese de otros?... ¿No tendría él que embarcarse en un
+buque inferior, corriendo los mismos riesgos?...
+
+Estaba decidido á deshacer su obra, á aconsejar de nuevo á Ferragut,
+declarando que sus ideas eran las más acertadas y que debían seguir
+viviendo como hasta el presente, cuando el capitán dió la orden de
+partir. Aún no estaban terminadas del todo las reparaciones.
+
+--Vamos á Brest--dijo lacónicamente--. Es el último viaje.
+
+Y el vapor salió sin carga, como si fuese á cumplir una misión especial.
+
+¡El último viaje!... Tòni admiró su barco como si lo viese bajo una
+nueva luz, descubriéndole bellezas nunca sospechadas, lamentando como un
+enamorado la rapidez con que transcurrían los días y se aproximaba el
+momento doloroso de la separación.
+
+Nunca había sido el piloto tan activo en su vigilancia. Sus
+supersticiones de navegante le infundían cierto pavor. Por lo mismo que
+era el último viaje, les podía ocurrir algo malo. Pasó en el puente días
+enteros, examinando el mar, temiendo la aparición de un periscopio,
+variando el rumbo de acuerdo con el capitán, en busca de las aguas más
+solitarias, donde los submarinos no podían esperar caza alguna.
+
+Respiró al entrar por uno de los tres pasos del semicírculo de escollos
+que cierra la rada de Brest. Cuando quedaron anclados en este pedazo de
+mar gris, brumoso y poco seguro, rodeado de negras montañas, Tòni esperó
+con ansiedad el resultado de los viajes que el capitán hacía á tierra.
+
+En todo el curso de la navegación, Ferragut no se había prestado á
+confidencias. El piloto sólo sabía que este viaje á Brest era el último.
+¿Quién iba á ser el nuevo dueño del _Mare nostrum_?
+
+Una tarde lluviosa, Ulises, al volver al buque, dió orden de que
+buscasen al segundo, mientras sacudía su impermeable en la entrada de
+las cámaras.
+
+La rada estaba obscura, con olas espumosas, cortas y gruesas, que
+saltaban como carneros. Los acorazados echaban humo por sus triples
+chimeneas, prontos á hacer frente al mal tiempo con las máquinas
+encendidas.
+
+El vapor, anclado en el puerto comercial, danzaba inquieto, tirando de
+sus amarras con lúgubre quejido. Todos los baques cercanos se movían
+igualmente, lo mismo que si estuviesen en alta mar.
+
+Tòni entró en la gran cámara, y al ver el rostro de su capitán adivinó
+que había llegado el momento de conocer la verdad. Ulises le habló
+rehuyendo su mirada, deseando evitar con el laconismo de su lenguaje
+todo motivo de emoción.
+
+Había vendido el buque á los franceses: un negocio rápido y magnífico...
+¡Quién le hubiese dicho al comprar _Mare nostrum_ que algún día le
+darían por él una cantidad tan enorme!... En ningún país se encontraban
+barcos á la venta. Los inválidos del mar amarrados en los puertos como
+hierro viejo obtenían precios fabulosos. Buques encallados y olvidados
+en costas remotas eran puestos á flote por empresas que ganaban millones
+con esta resurrección. Otros sumergidos en los mares tropicales se veían
+devueltos á la superficie después de una permanencia de diez años debajo
+del agua, reanudando sus viajes. Todos los meses surgía un astillero
+nuevo, pero la guerra mundial no encontraba nunca bastantes naves para
+el transporte de los víveres y los instrumentos de muerte.
+
+Sin regateo alguno habían dado á Ferragut el precio de venta que él
+exigía: mil quinientos francos por tonelada: cuatro millones y medio por
+el buque. Y á esto había que añadir cerca de dos millones que llevaba
+ganados con sus viajes desde el principio de la guerra.
+
+--¡Estoy podrido de dinero!--dijo el capitán.
+
+Y lo dijo tristemente, recordando con nostalgia los tiempos de paz,
+cuando sufría la preocupación de los negocios mediocres... pero vivía su
+hijo. ¿De qué iba á servirle esta riqueza que le asaltaba por todos
+lados como si pretendiese aplastarle con su peso?... Su esposa podría
+derramar el dinero á manos llenas en obras de caridad; podría dotar á
+sus sobrinas como si fuesen hijas de un prócer... ¡y nada más! Ni ella
+ni él consiguirían resucitar por un momento su pasado. Esta riqueza
+inútil sólo le proporcionaba cierta tranquilidad al pensar en el
+porvenir de la mujer que constituía toda su familia. Le era lícito en
+adelante disponer libremente de su existencia. Cinta, al morir él, iba á
+heredar millones.
+
+Para evitarse la emoción de la despedida, habló á Tòni autoritariamente.
+Una carta del Atlántico estaba sobre la mesa, y con el índice fué
+marcando un rumbo á su piloto; pero este rumbo no era á través del mar,
+sino lejos de él, siguiendo el interior de las naciones costerizas.
+
+--Mañana--dijo--vienen los franceses á posesionarse del vapor. Puedes
+irte cuando gustes, pero convendrá que sea lo más pronto posible...
+
+Lo mismo que si diese una lección geográfica, explicó á Tòni su viaje
+de regreso. Este corre-mares se encogía tímidamente cuando le hablaban
+de itinerarios de ferrocarril y cambios de tren.
+
+--Aquí está Brest... Sigues por esta línea á Burdeos; de Burdeos á la
+frontera; y una vez allí, tuerces á Barcelona ó te vas á Madrid, y de
+Madrid á Valencia.
+
+El segundo contempló el mapa silenciosamente, rascándose la barba. Luego
+fué elevando sus ojos caninos, hasta fijarlos en Ulises.
+
+--¿Y tú?--preguntó.
+
+--Yo me quedo. El capitán del _Mare nostrum_ se ha vendido con su buque.
+
+Tòni hizo un gesto doloroso. Creyó por un momento que Ferragut quería
+librarse de su presencia y estaba descontento de sus servicios. Pero el
+capitán se apresuró á darle explicaciones.
+
+Por pertenecer el _Mare nostrum_ á un país neutral, no podía ser vendido
+á una de las naciones beligerantes mientras durasen las hostilidades. A
+causa de esto, él lo había enajenado de un modo que no hacía necesario
+el cambio de bandera. Ya no era su dueño, pero continuaba á bordo como
+capitán, y el vapor seguiría siendo español lo mismo que antes.
+
+--¿Y por qué debo irme?--dijo Tòni con voz trémula, creyéndose víctima
+de una preterición.
+
+--Vamos á navegar armados--contestó Ulises con energía--. Por eso he
+hecho la venta, más que por el dinero. Llevaremos un cañón á popa,
+telegrafía sin hilos, una tripulación de hombres de la reserva marítima,
+todo lo necesario para defenderse. Haremos nuestros viajes sin buscar al
+enemigo, llevando cargamentos lo mismo que antes; pero si el enemigo nos
+sale al paso, encontrará quien le conteste.
+
+Estaba dispuesto á morir, si tal era su destino, pero agrediendo al que
+le atacase.
+
+--¿Y no puedo ir yo también?--insistió el piloto.
+
+--No; detrás de ti existe una familia que te necesita. Tú no eres de una
+nación en guerra, ni tienes nada que vengar... Yo soy el único de los
+antiguos tripulantes que permanece á bordo. Todos os vais. El capitán
+tiene una razón para exponer su vida y no quiere cargar con la
+responsabilidad de arrastraros á todos en su última aventura.
+
+Tòni comprendió que era inútil insistir. Sus ojos se humedecieron...
+¿Era posible que se despidiesen para siempre dentro de unas horas?...
+¿No vería más á Ulises y á su buque, que se llevaban la mejor parte de
+su pasado?...
+
+El capitán deseó terminar pronto esta entrevista para mantener su
+serenidad.
+
+--Mañana á primera hora--dijo--llamarás á la gente. Ajusta las cuentas
+de todos. Cada uno debe recibir como gratificación extraordinaria la
+paga de un año entero. Quiero que guarden buena memoria del capitán
+Ferragut.
+
+Intentó el piloto oponerse á esta generosidad por un resto del áspero
+interés que le habían inspirado siempre los negocios del buque, pero su
+superior no quiso dejarle seguir.
+
+--¡Estoy podrido de dinero!--repitió como si se quejase--. Tengo más de
+lo que necesito... Puedo hacer locuras, si es mi gusto.
+
+Luego miró por primera vez á su segundo frente á frente.
+
+--En cuanto á ti--siguió diciendo--, he pensado lo que debes hacer...
+¡Toma!
+
+Le dió un sobre cerrado, y el piloto, maquinalmente, intentó abrirlo.
+
+--No; no lo abras por ahora. Te enterarás de lo que contiene cuando
+estés en España. Ahí va encerrado el porvenir de los tuyos.
+
+Miró Tòni con ojos asombrados el leve envoltorio de papel que tenía
+entre los dedos.
+
+--Te conozco--continuó Ferragut--; protestarías al ver la cantidad. Para
+mí es insignificante, y á ti te parecería excesiva... No abras el sobre
+hasta que estés en nuestra tierra. En él encontrarás el nombre del Banco
+al que debes dirigirte. Quiero que seas el más rico de tu pueblo; que
+tus hijos se acuerden del capitán Ferragut cuando yo haya muerto.
+
+El piloto hizo un gesto de protesta ante esta muerte posible, y al mismo
+tiempo se restregó los ojos como si sintiera en ellos un cosquilleo
+intolerable.
+
+Ulises continuó sus instrucciones. Había vendido atropelladamente la
+casa de sus abuelos allá en la Marina, las viñas, toda la herencia del
+_Tritón_, cuando adquirió el _Mare nostrum_. Su deseo era que Tòni
+rescatase estos bienes, instalándose en el antiguo domicilio de los
+Ferragut.
+
+--Tienes dinero de sobra para eso y mucho más. Yo carezco de hijos, y me
+gustará que los tuyos ocupen la casa que fué mía... Tal vez cuando
+llegue á viejo (si es que no me matan) iré á pasar los veranos con
+vosotros. ¡Animo, Tòni!... Aún pescaremos juntos, como pescaba mi tío el
+médico.
+
+Pero el segundo no se reanimó con estas afirmaciones optimistas. Tenía
+los ojos hinchados por una humedad lacrimosa que hacía brillar sus
+córneas. Juraba entre dientes, protestando contra la próxima
+separación... ¡No verse más, después de tantos años de fraternidad!...
+¡Cristo!...
+
+El capitán tuvo miedo también á que saltasen sus lágrimas, y le ordenó
+que fuese á hacer las cuentas de los hombres á bordo.
+
+Una hora después, Tòni volvía á entrar en la gran cámara, llevando en
+una mano la carta abierta. No había podido resistirse á la tentación de
+violar su secreto, temiendo que la generosidad de Ferragut resultase
+excesiva, inadmisible.
+
+Protestó, tendiendo hacia Ulises el cheque extraído del sobre.
+
+--¡No puedo aceptar!... ¡Es una locura!...
+
+Había leído con espanto la cantidad consignada en el documento de
+crédito: primeramente en cifras, luego en letras. ¡Doscientas cincuenta
+mil pesetas!... ¡Cincuenta mil duros!
+
+--Eso no es para mí--volvió á decir--. No lo merezco... ¿Qué puedo hacer
+con tanto dinero?
+
+Fingió irritarse el capitán por su desobediencia.
+
+--¡Guarda ese papel, bruto!... Ya me temía yo tus protestas... Es para
+tus hijos y para que tú descanses. No hablemos más, ó me enfado.
+
+Luego, para vencer sus escrúpulos, abandonó el tono violento y dijo con
+tristeza:
+
+--Carezco de herederos... No sé que hacer de mi fortuna inútil.
+
+Y repitió una vez más, como una queja contra el destino:
+
+--¡Estoy podrido de dinero!...
+
+A la mañana siguiente, mientras Tòni ajustaba en su camarote las cuentas
+de los tripulantes, asombrados de la munificencia de esta despedida, el
+tío _Caragòl_ entró en el salón de popa, pidiendo hablar á Ferragut.
+
+Se había puesto un viejo capote sobre sus ropas flácidas y escasas, más
+por decoro de la visita que porque realmente le hiciese sufrir el frío
+de Bretaña.
+
+Despojó su esquilada cabeza del eterno sombrero de palma, fijando sus
+ojos rojizos en el capitán, que seguía escribiendo después de contestar
+á su saludo.
+
+«¿Qué significaba cierta orden que había recibido de prepararse para
+dejar el buque dentro de unas horas?...» Debía ser una burla de Tòni,
+excelente sujeto, pero enemigo de las cosas santas, que gustaba de
+irritarle á causa de su piedad...
+
+Ferragut abandonó la pluma, volviéndose hacia el cocinero, cuya suerte
+le había preocupado lo mismo que la del piloto.
+
+--Tío _Caragòl_, nos hacemos viejos, y hay que pensar en el retiro...
+Voy á darle un papel; lo guardará lo mismo que si fuese una estampa
+bendita, y cuando lo presente en Valencia, le entregarán diez mil duros.
+¿Usted sabe lo que son diez mil duros?...
+
+Colocando su mentalidad al nivel de la de este hombre sencillo, se gozó
+en trazarle un plan de vida. Podía emplear su capital en cualquiera
+empresa modesta del puerto de Valencia: podía establecer un restorán,
+que pronto se haría célebre por sus olímpicos arroces. Sus sobrinos, que
+eran pescadores, lo recibirían como á un dios. Podía igualmente ser
+consocio en una pareja de barcas dedicadas á la pesca del _bòu_. Le
+esperaba una vejez feliz y honrosa; sus antiguos compañeros de
+navegación iban á envidiarle. Se levantaría á media mañana, iría al
+café, figuraría como devoto rico en todas las fiestas religiosas del
+Grao y del Cabañal: tendría en las procesiones un puesto de honor...
+
+Siempre que hablaba Ferragut, le interrumpía el tío _Caragòl_
+maquinalmente para decir: «Así es, mi capitán.» Por primera vez dejó de
+mover la cabeza y de sonreír con su cara de sol. Estaba pálido y
+sombrío. Hizo con su redonda testa un signo enérgico y dijo
+lacónicamente:
+
+--No, mi capitán.
+
+Ante la mirada de asombro de Ulises, creyó necesario explicarse.
+
+--¿Qué voy á hacer desembarcado?... ¿Quién me espera?... ¿Qué negocios
+ni qué familia pueden interesarme?...
+
+Ferragut creyó escuchar un eco de sus propios pensamientos. El, como su
+cocinero, nada tenía que hacer en tierra... Se aburría mortalmente lejos
+del mar como durante los meses pasados en Barcelona cuando aún era joven
+y podía crearse una nueva profesión. Además, le resultaba imposible
+volver á su casa, reanudando la vida con su esposa: equivalía á perder
+sus últimas ilusiones. Era mejor contemplar de lejos todo lo que restaba
+en pie de su antigua existencia.
+
+_Caragòl_, mientras tanto, seguía hablando. Los sobrinos no se acordaban
+del pobre cocinero, y él no tenía por qué preocuparse de su suerte,
+enriqueciéndolos. Prefería quedarse donde estaba, sin dinero y feliz.
+
+--¡Que se vayan los otros!--dijo con un egoísmo pueril--. ¡Que se vaya
+Tòni!... Yo me quedo... debo quedarme. Cuando el capitán se marche, se
+marchará el tío _Caragòl_.
+
+Ulises enumeró los grandes peligros que iba á arrostrar el buque. Los
+submarinos alemanes lo acechaban con mortal predilección: sostendrían
+combates... serían torpedeados...
+
+La sonrisa del viejo despreció estos peligros. Tenía, la certidumbre de
+que nada malo podía ocurrirle al _Mare nostrum_. Las furias del mar
+resultaban impotentes contra él, y menos conseguiría aún la maldad de
+los hombres.
+
+--Yo sé por qué lo digo, capitán... Estoy seguro de que saldremos sanos
+y salvos de todos los peligros.
+
+Pensó en sus milagrosos amuletos, en sus estampas benditas, en la
+protección sobrenatural que le proporcionaban sus piadosas invocaciones.
+Además, tenía en cuenta el nombre latino del buque, que le había
+inspirado siempre un respeto religioso. Pertenecía á la lengua usada por
+la Iglesia, al idioma en que se ordenan los milagros y que expulsa al
+demonio, haciéndolo correr despavorido.
+
+--El _Mare nostrum_ no sufrirá desgracia. Si le cambiasen el título...
+tal vez. Pero mientras se llame así, ¿cómo puede ocurrirle nada malo?...
+
+Sonriendo ante esta fe, empleó Ferragut su último argumento. Toda la
+tripulación iba á componerse de franceses: ¿cómo se entendería con ellos
+si ignoraba su idioma?...
+
+--Yo lo sé todo--afirmó el viejo soberbiamente.
+
+Se había entendido con los hombres en los puertos más diversos del
+mundo. Contaba con algo más que la lengua: con los ojos, con las manos,
+con su malicia expresiva de meridional exuberante y gesticulador.
+
+--Yo soy como San Vicente Ferrer--añadió con orgullo.
+
+Su santo sólo hablaba la lengua de Valencia, y había corrido media
+Europa predicando á muchedumbres de idiomas diversos, haciéndolas llorar
+de mística emoción y arrepentirse de sus pecados.
+
+Mientras Ferragut tuviese el mando, él se quedaba. Si no le quería de
+cocinero, sería marmitón, fregaría las ollas. Lo importante era seguir
+pisando la cubierta del buque.
+
+El capitán tuvo que acceder. Este viejo representaba para él un resto
+del pasado. Podría asomarse de tarde en tarde á la cocina para hablar de
+los lejanos tiempos en que se vieron por primera vez.
+
+Y _Caragòl_ se retiró, satisfecho de su éxito.
+
+--En cuanto á esos franceses--dijo antes de salir--, déjelos á mi cargo.
+Deben ser buenas personas... Veremos qué dicen de mis arroces.
+
+En el curso de una semana, el _Mare nostrum_ se despobló y volvió á
+poblarse. Fueron marchándose en grupos sus antiguos tripulantes. Tòni
+salió el último, y Ulises no quiso verle, por temor á una emoción
+inútil. Ya se escribirían.
+
+Una curiosidad simpática impulsó al cocinero hacia la nueva marinería.
+Saludaba afablemente á los oficiales, sintiendo no poseer su idioma para
+entablar con ellos amistosas conversaciones. El capitán le tenía
+acostumbrado á tal familiaridad.
+
+Eran dos pilotos que la movilización había convertido en tenientes
+auxiliares de la marina de guerra. Los primeros días se presentaron á
+bordo vistiendo su uniforme; luego volvieron con traje civil, para
+habituarse á ser simples oficiales mercantes de un vapor neutral. Los
+dos conocían por referencias los viajes anteriores de Ferragut, sus
+servicios á los aliados, y se entendieron simpáticamente, sin ningún
+prejuicio de nacionalidad.
+
+_Caragòl_ consiguió igual éxito entre los cuarenta y cinco hombres que
+se fueron posesionando de las máquinas y los ranchos de proa. Llegaban
+vestidos de marineros de la flota, con amplio cuello azul y una gorra
+rematada por un pompón rojo. Algunos ostentaban en el pecho medallas
+militares y la reciente Cruz de Guerra. De los sacos de lona que les
+servían de maletas sacaban sus trajes del tiempo de paz, cuando
+trabajaban en los vapores de carga, en los veleros que van á Terranova ó
+en simples barcas de pesca costera.
+
+La cocina estaba repleta á ciertas horas de hombres que escuchaban al
+viejo. Algunos conocían la lengua española por haber navegado en
+_bricks_ de Saint-Malo y Saint-Nazaire, yendo á los puertos de
+Argentina, Chile y Perú. Los que no podían entender las palabras del
+cocinero las adivinaban á través de sus gesticulaciones. Todos reían,
+encontrándolo bizarro é interesante, y esta alegría general la atizaba
+_Caragòl_ sacando á luz los tesoros líquidos que había amontonado en los
+viajes anteriores, bajo la administración descuidada y generosa de
+Ferragut.
+
+El vino fuerte y alcohólico de las costas de Levante caía en los vasos
+como tinta, coronado de un círculo de rubíes. El viejo lo derramaba con
+mano pródiga. «Bebed, muchachos; en vuestra tierra no tenéis de esto...»
+Otras veces confeccionaba sus famosos «refrescos», sonriendo con una
+satisfacción de artista al ver el mohín de voluptuosidad que alteraba
+los rostros.
+
+--¿Cuándo habéis bebido nada semejante?--decía con orgullo--. ¿Qué sería
+de vosotros sin el tío _Caragòl_?...
+
+Estos bretones, acostumbrados á la disciplina y la sobriedad de otros
+buques, admiraban los fueros extraordinarios del cocinero, que podía
+mostrarse generoso lo mismo que un capitán.
+
+Con frecuencia comunicaba á Ferragut sus opiniones sobre los nuevos
+camaradas. ¡Por algo había dicho que se entendería con ellos!... Eran
+hombres serios y religiosos, y los prefería á los antiguos tripulantes
+mediterráneos, juradores é incapaces de resignación, que á la menor
+contrariedad sacaban á Dios al ruedo para afrentarlo con malas palabras.
+
+Todos ellos, musculosos y bien plantados, con ojos azules y bigotes
+rubios, llevaban medallas ocultas. Uno le había regalado la suya,
+comprada en una peregrinación á Santa Ana de Auray. _Caragòl_ la mostró
+sobre su pecho velludo. Sentía una fe reciente en los prodigios de esta
+imagen «extranjera».
+
+--Van á miles los peregrinos á su santuario, capitán. Todos los días
+hace un milagro... Hay una escala santa que los devotos suben de
+rodillas, y muchos de esos chicos la han subido. Yo quisiera...
+
+En otro de los viajes á Brest, esperaba que Ferragut le permitiese ir á
+Auray el tiempo necesario para subir la escalera de rodillas, ver á
+Santa Ana y volver á bordo.
+
+Ya no estaba el buque en el puerto comercial. Había pasado al puerto
+militar, estrecha ría que se retuerce por el interior de la ciudad,
+partiéndola en dos. Un gran puente giratorio ponía en comunicación ambas
+orillas, orladas de vastas construcciones y altas chimeneas: talleres de
+la marina, depósitos, arsenales, diques secos para la limpieza de los
+buques. Los remolcadores movían continuamente su agua verde y fangosa.
+Los vapores en reparación se alineaban á lo largo de los malecones, bajo
+un continuo martilleo que hacía resonar sus planchas. Las gabarras
+rematadas por colinas de hulla iban lentamente á situarse en los flancos
+de los buques. Bajo el puente giratorio llegaban y partían las lanchas
+de los acorazados, dejando en los muelles flotantes las tripulaciones
+libres de servicio, que saludaban con escandaloso griterío el salto á
+tierra.
+
+Permaneció aislado el _Mare nostrum_ mientras los obreros del arsenal
+instalaban en su popa un cañón de tiro rápido y los aparatos de
+telegrafía sin hilos. Nadie podía entrar en él que no perteneciese á su
+tripulación.
+
+Las familias de los marineros esperaban á éstos en el muelle, y
+_Caragòl_ tuvo ocasión de conocer á muchas bretonas, madres, hermanas ó
+prometidas de sus nuevos amigos. Le gustaban estas mujeres: iban
+vestidas de negro, con amplias sayas y gorros blancos y rígidos que
+traían á su memoria las tocas de las monjas... Algunas muchachas, altas,
+carnudas, de ojos azules y cándidos, reían con el español sin entenderle
+una palabra. Las viejas, de cara fruncida y obscura como las manzanas
+invernizas, chocaban su vaso con el de _Caragòl_ en los cafetuchos
+vecinos al puerto. Todos hacían honor á una copa en momento oportuno y
+tenían gran fe en los santos. El cocinero no necesitaba más... ¡gentes
+excelentes y simpáticas!
+
+Ciertos mozos condecorados con la Cruz de Guerra le contaban sus
+hazañas. Eran supervivientes de los batallones de fusileros marinos que
+defendieron á Dixmude. Después de la batalla del Marne los habían
+enviado á cortar el paso del enemigo por el lado de Flandes. No pasaban
+de seis mil, y ayudados por una división belga sostenían el empuje de
+todo un ejército. Su resistencia había durado semanas: un combate de
+barricadas en las calles, de peleas á lo largo de un canal, con el
+encarnizamiento de los antiguos abordajes. Los oficiales gritaban sus
+órdenes con el sable roto y la cabeza vendada; los hombres se batían sin
+pensar en sus heridas, cubiertos de sangre, hasta que se desplomaban
+muertos.
+
+_Caragòl_, poco aficionado á las empresas militares, se entusiasmaba
+relatando á Ferragut esta lucha heroica, sólo porque habían figurado en
+ella sus nuevos amigos.
+
+--Murieron muchos, capitán; casi la mitad... pero los alemanes no
+pudieron seguir adelante... Luego, al enterarse de que los marinos no
+habían sido mas que seis mil, los generales _boches_ se tiraban de los
+pelos: ¡tanta era su rabia! Creían haber tenido enfrente docenas de
+miles... Da gusto oír contar eso á los chicos que estuvieron allá.
+
+Entre estos «chicos» heridos en la guerra, que habían pasado á la
+reserva naval y tripulaban el _Mare nostrum_, uno era distinguido por la
+predilección del viejo. Podía hablarle en español, á causa de sus
+navegaciones trasatlánticas, y además había nacido en Vannes.
+
+Apenas se aproximaba á sus dominios, salía á su encuentro con una
+sonrisa de invitación: «¿Un refresco... Vicente?» La mejor silla era
+para él. _Caragòl_ había olvidado su nombre por innecesario. Al ser de
+Vannes, sólo podía llamarse Vicente.
+
+El primer día que se hablaron, el marino, enamorado de su país, le
+describió las bellezas del Morbihán, extenso mar interior rodeado de
+bosques, con islas cubiertas de pinos; las antigüedades venerables de la
+ciudad; su catedral gótica, abundante en tumbas, entre ellas la de un
+santo español: San Vicente Ferrer.
+
+A _Caragòl_ le dió un vuelco el corazón. Nunca se había preocupado de
+averiguar dónde estaba la sepultura del famoso apóstol de Valencia,..
+Recordó de pronto una estrofa de los «gozos» que cantaban ante los
+altares del santo los devotos de su tierra. Efectivamente, había ido á
+morir «en Vannes de Bretaña», nombre geográfico que hasta entonces
+carecía de significado para él... ¡Y este muchacho era de Vannes! No fué
+necesario más para que lo mirase con el mismo respeto que si hubiese
+nacido en un país de maravillas.
+
+Le hizo describir muchas veces cómo era la tumba del santo en el crucero
+de la catedral, las apolilladas tapicerías que perpetuaban sus milagros,
+el busto de plata que guardaba su corazón... Además, la puerta principal
+de Vannes se llamaba de San Vicente, y los recuerdos del santo estaban
+aún vivos en sus crónicas.
+
+También se propuso visitar esta ciudad cuando el buque volviese á Brest.
+Muy santa debía ser la tierra bretona, la más santa del mundo, cuando el
+valenciano milagroso, después de correr tantas naciones, había querido
+morir en ella.
+
+Ya no le produjo asombro que á este mocetón le hubiesen recogido en
+Dixmude cubierto de heridas y se mostrase ahora sano y vigoroso... A
+bordo del _Mare nostrum_ era artillero: él y dos camaradas estaban
+encargados del cañón. Para _Caragòl_ no ofrecía dudas la suerte de todo
+submarino que les saliese al encuentro: el «chico de Vannes» iba á
+hacerlo añicos al primer disparo. Una tarjeta postal, obsequio del
+bretón, representando la tumba del santo, figuraba en el sitio de honor
+de la cocina. El viejo le rezaba como si fuese una estampa milagrosa, y
+el Cristo del Grao iba quedando en segundo término.
+
+Una mañana, _Caragòl_ fué en busca del capitán, que estaba escribiendo
+en su camarote. Venía de tierra, de hacer sus compras en el mercado. Al
+pasar por la _rue de Siam_, la vía más importante de Brest, donde están
+los cafés, los teatros y los cinemas, había tenido un encuentro.
+
+--Un encuentro--continuó con sonrisa misteriosa--. ¿A que no adivina
+usted quién es?...
+
+Levantó los hombros Ferragut, y en vista de su indiferencia, el viejo no
+quiso guardar por más tiempo el secreto.
+
+--¡La pájara!--añadió--. Aquella pájara guapetona y perfumada que venía
+á verle... La de Nápoles... la de Barcelona...
+
+El capitán palideció, primeramente de sorpresa, luego de cólera. ¿Freya
+en Brest?... ¿Hasta aquí llegaba su espionaje?...
+
+_Caragòl_ continuó su relato. Volvía hacia el buque, y ella, que
+marchaba por una acera de la calle de Siam, le había reconocido,
+hablándole cariñosamente.
+
+--Me ha dado recuerdos para usted... Está enterada de que ningún extraño
+puede entrar en el barco. Me dijo que había intentado venir á verle.
+
+Hizo una rebusca el cocinero en sus bolsillos, sacando un pedazo de
+papel arrugado, una hoja en blanco arrancada de una carta vieja.
+
+--También me dió este papel, escrito en la misma calle con un lápiz.
+Usted sabrá lo que dice. Yo no he querido mirarlo.
+
+Ferragut, al tomar el papel, reconoció inmediatamente la letra de ella,
+pero desigual, nerviosa, trazada con precipitación. Cuatro palabras nada
+más: «Adiós. Voy á morir.»
+
+«¡Mentiras! ¡Siempre mentiras!», dijo en su cerebro la voz de la
+cordura.
+
+Rompió el papel, y pasó el resto de la mañana preocupado... Su deber era
+perseguir este espionaje que venía á realizar su labor en un puerto de
+guerra... Todos los buques anclados cerca del _Mare nostrum_ estaban
+bajo la amenaza de sus avisos. ¡Quién podía saber si sus comunicaciones
+misteriosas servirían para que él también se viese atacado por un
+submarino al salir de la rada de Brest!...
+
+Su primer impulso fué denunciarla. Luego se arrepintió, por los
+escrúpulos de una caballerosidad absurda... Además, tendría que explicar
+su pasado á los jefes de Brest, que apenas le conocían. Estaba lejos
+aquel marino de Salónica que sabía comprender los errores pasionales.
+
+Quiso vigilar por sí mismo, y en la tarde se fué á tierra. Detestaba á
+Brest, como una de las ciudades más aburridas del Atlántico. Llovía en
+ella incesantemente y no se encontraba otra distracción que el eterno
+paseo por la calle de Siam ó la permanencia aburrida en los cafés,
+llenos de marinos y de oficiales de tierra ingleses y portugueses.
+
+Recorrió los establecimientos públicos de día y de noche; hizo
+averiguaciones en los hoteles; tomó carruajes para visitar las afueras
+más pintorescas. Durante cuatro días insistió en sus pesquisas, sin
+resultado alguno.
+
+Llegó á dudar de la veracidad del tío _Caragòl_. Tal vez estaba ebrio al
+volver al buque y había inventado aquel encuentro. Pero el recuerdo del
+papel escrito por ella desmentía tal suposición... Freya estaba en
+Brest.
+
+El cocinero lo explicó todo simplemente al asediarle el capitán con
+nuevas preguntas.
+
+--La pájara debía ir de paso. Tal vez se marchó en la tarde... ¡Pura
+casualidad el encuentro!
+
+Tuvo que desistir de sus averiguaciones. Los trabajos defensivos del
+buque estaban terminados; las bodegas contenían un cargamento de
+proyectiles para el ejército de Oriente y varios cañones sin montar.
+Recibió la orden de partida, y una mañana gris y lluviosa salieron de la
+rada de Brest. La bruma hizo aún más dificultoso el tránsito entre los
+escollos que obstruyen este puerto. Pasaron ante la lúgubre bahía de los
+Difuntos, antiguo cementerio de buques de vela, y siguieron la
+navegación hacia el Sur, en busca del estrecho, para entrar en el
+Mediterráneo.
+
+Ferragut sintió orgullo al examinar el nuevo aspecto del _Mare nostrum_.
+La telegrafía sin hilos le mantenía en contacto con el mundo. Ya no era
+el capitán mercante siervo del destino, confiado á su buena suerte é
+incapaz de repeler un ataque. Las estaciones radiográficas velaban por
+él á lo largo de las costas, aconsejando cambios de rumbo para evitar al
+enemigo en acecho. Chirriaban los aparatos sosteniendo invisibles
+diálogos. Además, en la popa estaba el cañón, resguardado por una
+caperuza de lona, pronto á entrar en funciones.
+
+Vió casi realizados los ensueños de su niñez, cuando devoraba historias
+de corsarios y novelas de aventuras marítimas. Le era lícito titularse
+capitán «de mar y guerra», como los antiguos navegantes. Si el submarino
+pasaba ante él, lo atacaría con la proa; si intentaba perseguirle,
+podría responderle con el cañón.
+
+Su humor aventurero le hizo ansiar uno de estos encuentros. Faltaba en
+su vida un combate marítimo. Quiso ver cómo se portaban estos hombres
+silenciosos y modestos que habían hecho la guerra en tierra y
+contemplado la muerte de cerca.
+
+No tardó en realizarse su deseo. Un amanecer, á la altura de Lisboa,
+cuando acababa de dormirse después de haber pasado la noche en el
+puente, le despertaron los gritos y correteos de la tripulación.
+
+Un submarino había surgido á mil quinientos metros y marchaba hacia el
+_Mare nostrum_ á gran velocidad, temiendo sin duda que el buque mercante
+intentase escapar. Para obligarle á detenerse, su cañón le envió dos
+proyectiles, que cayeron en el agua.
+
+El vapor moderó su marcha, pero fué para colocarse en mejor posición y
+que maniobrase con desahogo su pieza de popa. A los primeros tiros el
+submarino empezó á retroceder, guardando una prudente distancia,
+sorprendido de que contestasen á su agresión.
+
+Duró el combate una media hora, repitiéndose los disparos por ambas
+partes con la velocidad de la artillería de tiro rápido. Ferragut estaba
+cerca del cañón, admirando la fría calma con que lo manejaban sus
+servidores. Uno tenía siempre un proyectil en los brazos, pronto á
+dárselo al compañero, que lo introducía con rapidez en la recámara
+humeante. El apuntador concentraba toda su vida en los ojos, é inclinado
+sobre la pieza la movía, buscando la parte sensible de aquel cuerpo gris
+y prolongado que asomaba á flor de agua lo mismo que un cetáceo.
+
+De pronto, una nube de astillas voló cerca de la proa del vapor. Un
+proyectil enemigo acababa de chocar con el borde de los techos que
+cubrían la cocina y los ranchos de la tripulación. _Caragòl_, que estaba
+en la puerta de sus dominios, se llevó las manos al sombrero. Al
+disolverse la nube amarilla y maloliente, le vieron todos de pie,
+rascándose la cúspide de la cabeza, descubierta y roja.
+
+--¡No es nada!--dijo--. Un pedazo de madera que me ha hecho una sangría.
+¡Fuego!... ¡fuego!
+
+Aullaba, enardecido por los cañonazos. El olor de droguería de la
+pólvora sin humo, el estrépito seco de las detonaciones, parecían
+embriagarle. Saltaba y manoteaba con el ardor de una danza guerrera.
+
+Los artilleros de popa redoblaron su actividad: los disparos eran
+continuos.
+
+--¡Ya está!--gritó _Caragòl_--. Lo han tocado... ¡lo han tocado!
+
+En todo el buque era él quien menos podía apreciar los efectos del tiro.
+Apenas si alcanzaba á distinguir la silueta del sumergible. Pero á pesar
+de esto, siguió bramando con toda la fuerza de su fe:
+
+--Está tocado... ¡Viva! ¡viva!...
+
+Y lo extraño fué que el enemigo desapareció instantáneamente de la
+superficie azul. Los artilleros dirigieron aún algunos tiros contra su
+periscopio. Después sólo quedó en el lugar ocupado por él una lámina
+blanca y brillante.
+
+El vapor marchó hacia esta mancha enorme de aceite, que tomaba al
+moverse unos reflejos tornasolados.
+
+Los marineros dieron gritos de entusiasmo. Estaban seguros de haber
+echado á pique al sumergible. Los oficiales eran menos optimistas:
+«¡Quién sabe!» No le habían visto levantarse verticalmente para hundirse
+luego por uno de sus extremos como un huso, de punta. Tal vez había
+sufrido una simple avería que le obligaba á ocultarse.
+
+Para _Caragòl_ era indiscutible la pérdida del submarino. Consideraba
+innecesario preguntar el nombre del que lo había hecho pedazos.
+
+--Ha sido el de Vannes... Sólo él puede ser.
+
+Los otros artilleros no existían. Y enardecido por su entusiasmo, se
+escapaba de las manos de dos marineros que habían empezado á vendarle la
+cabeza con una pulcritud aprendida en los combates terrestres.
+
+Ferragut quedó satisfecho del encuentro. No estaba seguro de la
+destrucción del enemigo; pero si se había salvado podía llevar la
+noticia á los otros de que el _Mare nostrum_ era capaz de defenderse.
+
+Su alegría le llevó al lado de _Caragòl_.
+
+--Muy bien, veterano. Escribiremos al ministro de Marina para que le dé
+la Cruz de Guerra.
+
+El cocinero, tomando en serio estas palabras, declinó la oferta. Si
+daban alguna recompensa, que fuese para el «chico de Vannes». Luego
+añadió, como si reflejase los pensamientos de su capitán:
+
+--Da gusto navegar así... A nuestro vapor le han salido dientes, y ya no
+tendrá que huir como una liebre asustada... Que lo dejen hacer su camino
+en paz, porque ahora muerde.
+
+Todo el resto del viaje hasta Salónica fué sin incidentes. El telégrafo
+lo mantuvo en contacto con las instrucciones llegadas de tierra.
+Gibraltar le aconsejó que navegase pegado á la costa de África; Malta y
+Bizerta le indicaron que podía seguir adelante, por estar el paso entre
+Túnez y Sicilia limpio de enemigos. Del lejano Egipto vinieron á su
+alcance avisos tranquilizadores mientras navegaba entre las islas
+griegas con la proa hacia Salónica.
+
+Al regreso fué á tomar carga en el puerto de Marsella.
+
+No tenía Ferragut que preocuparse del buque cuando estaba anclado. Eran
+los oficiales franceses los que se entendían con las autoridades de los
+puertos. El se limitaba á ser una justificación de la bandera, un
+capitán de país neutral que hacía valer con su presencia la nacionalidad
+del buque. Sólo en el mar recobraba el marido, haciéndose obedecer de
+todos sobre el puente.
+
+Vagó por Marsella como otras veces, pasando las primeras horas de la
+tarde en las terrazas de los cafés de la Cannebière.
+
+Un viejo capitán marsellés dedicado al comercio conversaba con él antes
+de volver á su oficina. Una tarde, Ferragut fijó los ojos distraídamente
+en cierto diario de París que llevaba su amigo.
+
+Atrajo de pronto su atención un nombre impreso á la cabeza de un breve
+artículo. La sorpresa le hizo palidecer, al mismo tiempo que se contraía
+algo dentro de su pecho. Volvió á deletrear el nombre, temiendo haber
+sufrido una alucinación. No era posible la duda; estaba bien claro:
+_Freya Talberg_.
+
+Tomó el diario de las manos de su contertulio, disfrazando su
+impaciencia con un gesto de curiosidad.
+
+--¿Qué dicen hoy de la guerra?...
+
+Y mientras el viejo marino le daba noticias, él leyó febrilmente las
+líneas agrupadas á continuación de dicha nombre.
+
+Quedó desorientado. Eran poca cosa para él, que ignoraba los hechos
+anteriores aludidos por el periódico. Significaban estas líneas una
+simple protesta contra el gobierno porque no hacía sufrir á la famosa
+Freya Talberg la pena á que la habían sentenciado. El artículo terminaba
+mencionando la belleza y la elegancia de la delincuente, como si
+atribuyese á tales cualidades la demora en el castigo.
+
+Se esforzó Ferragut por dar á su voz un tono de indiferencia.
+
+--¿Quién es esta individua?--dijo señalando el título del artículo.
+
+Su compañero tuvo que hacer memoria. ¡Ocurrían tantas cosas con motivo
+de la guerra!
+
+--Es una _boche_, una espía, sentenciada á muerte... Parece que trabajó
+mucho aquí y en otros puertos dando aviso á los submarinos alemanes de
+la salida de nuestros transportes... La prendieron en París hace dos
+meses, cuando regresaba de Brest.
+
+Dijo esto el amigo con cierta indiferencia. ¡Eran tan numerosos los
+espías!... Con frecuencia publicaban los periódicos noticias de
+fusilamientos: dos líneas nada más, como si se tratase de un accidente
+ordinario.
+
+--Esa Freya Talberg--continuó--ha hecho hablar bastante de su persona.
+Parece que es una mujer _chic_: una especie de dama de novela. Muchos
+protestan de que no la hayan ejecutado aún. Es triste tener que matar á
+una persona de su sexo. ¡Matar á una mujer, y además una mujer
+hermosa!... Pero sin embargo, resulta preciso... Creo que la fusilarán
+de un momento á otro.
+
+
+
+
+XII
+
+¡ANFITRITA!... ¡ANFITRITA!
+
+
+El _Mare nostrum_ hizo otro viaje de Marsella á Salónica.
+
+Buscó en vano Ferragut antes de partir nuevas noticias de Freya en los
+periódicos de París. Varios sucesos distrajeron por unos días la
+atención pública, y la espía quedó momentáneamente olvidada.
+
+Al llegar á Salónica hizo discretas preguntas á sus amigos militares y
+marinos en los cafés del puerto. Casi todos desconocían el nombre de
+Freya Talberg. Los que lo habían leído en los diarios contestaban con
+indiferencia.
+
+--Sé quién es: una espía que fué artista; una mujer de cierto _chic_.
+Creo que la han fusilado... No lo sé cierto, pero deben haberla
+fusilado.
+
+Tenían cosas más importantes en que pensar. ¡Una espía!... Por todos
+lados se tropezaba con los manejos del espionaje alemán. Había que
+fusilar mucho... Y olvidaban inmediatamente este asunto para hablar de
+los azares de la guerra, que les amenazaban á ellos y á sus compañeros
+de armas.
+
+Cuando Ferragut volvió á Marsella, dos meses después, ignoraba si su
+antigua amante estaba aún entre los vivos.
+
+La primera tarde que encontró en el café de la Cannebière á su
+contertulio el viejo capitán, fué encaminando la conversación hábilmente
+hasta poder formular con naturalidad la pregunta que llevaba en su
+pensamiento: «¿Qué había sido de aquella Freya Talberg que tanto
+preocupaba á los periódicos antes de salir él para Salónica?...»
+
+El marsellés tuvo que hacer un esfuerzo para acordarse.
+
+--¡Ah, sí!... ¡la espía _boche_!--dijo tras de una larga pausa--. La
+fusilaron hace unas semanas. Los periódicos han hablado poco de su
+muerte. Unas cuantas líneas; esas gentes no merecen más...
+
+Tenía el amigo de Ferragut dos hijos en el ejército; un sobrino suyo
+había muerto en las trincheras; otro, piloto á bordo de un transporte,
+acababa de perecer en un torpedeamiento. Pasaba muchas noches sin
+dormir, pensando en la suerte de sus hijos que luchaban en el frente, y
+esta inquietud daba un tono duro y feroz á sus entusiasmos patrióticos.
+
+--Bien muerta está... Era una mujer, y los fusilamientos de mujeres
+resultan penosos. Siempre causa repugnancia tratarlas como á los
+hombres... Pero, según me han contado, esta individua, con los avisos de
+su espionaje, contribuyó al torpedeamiento de diez y seis buques... ¡Ah,
+mala bestia!...
+
+Y no dijo más, pasando á hablar de otra cosa. Todos mostraban igual
+repulsión al hacer memoria de la espía.
+
+Ferragut acabó por participar del mismo sentimiento. Su cerebro se había
+partido con la dualidad contradictoria de todos los momentos críticos de
+su existencia. Odió á Freya pensando en sus crímenes. Recordaba como
+hombre de mar á los compañeros anónimos muertos en los torpedeamientos.
+Esta mujer había sido la preparadora inconsciente de muchos
+asesinatos... Y al mismo tiempo evocaba la imagen de la otra, de la
+amante que sabía retenerle con sus artificios en el viejo palacio de
+Nápoles, haciendo de la voluptuosa prisión el mejor de sus recuerdos.
+
+«No pensemos más en ella--se dijo con energía--. Ha muerto... No
+existe.»
+
+Pero ni aun después de muerta le dejaba en paz. Su recuerdo no tardó en
+resurgir, adhiriéndose á él con un interés trágico.
+
+La misma tarde que habló con su amigo en el café de la Cannebière fué á
+la Casa de Correos para recoger la correspondencia, que se hacía enviar
+á Marsella. Le entregaron un grueso paquete de cartas y periódicos. Por
+la letra de los sobres y los timbres postales fué adivinando quiénes le
+escribían: una carta única de su mujer, compuesta de un solo pliego, á
+juzgar por su flexible delgadez; tres muy abultadas de Tòni, especie de
+dietarios, en los que iba relatando sus compras, sus cultivos, sus
+esperanzas de ver llegar al capitán; todo ello mezclado con abundantes
+noticias sobre la guerra y el malestar de las gentes. Además, varios
+pliegos de establecimientos bancarios de Barcelona dando cuenta á
+Ferragut del empleo de sus capitales.
+
+De pie en la escalinata del palacio, acabó de examinar su
+correspondencia por la cara exterior. Era semejante á la que encontraba
+á la vuelta de todos sus viajes.
+
+Iba á guardarla en los bolsillos y seguir su camino, cuando atrajo su
+atención un sobre voluminoso, de letra desconocida, certificado en
+París...
+
+La curiosidad le hizo abrirlo inmediatamente, y vió en sus manos un
+verdadero fajo de hojas sueltas, un relato extenso que iba más allá de
+los límites de una carta. Miró el membrete impreso y luego la firma. El
+que le escribía era un abogado de París, y Ferragut presintió por el
+papel lujoso y las señas de su domicilio que debía ser un _maître_
+célebre. Hasta recordaba haber encontrado alguna vez su nombre en los
+periódicos.
+
+Empezó la lectura de la primera página allí mismo, ansiando saber por
+qué causa le escribía el grave personaje. Pero apenas hubo pasado los
+ojos por algunos renglones, detuvo su lectura. Tropezó con el nombre de
+Freya Talberg. Este abogado había sido su defensor ante el Consejo de
+guerra.
+
+Se apresuró á guardar la carta, dominando su impaciencia. Sintió la
+necesidad de silencioso apartamiento y soledad absoluta que experimenta
+un lector apasionado al adquirir un libro nuevo. Este manojo de papeles
+contenía para él la más interesante de las historias.
+
+Al dirigirse á su buque, le pareció el camino más largo que otras veces.
+Ansiaba verse encerrado en su camarote, lejos de toda curiosidad, como
+si fuese á realizar una operación misteriosa.
+
+Freya no existía. Había desaparecido del mundo de un modo infamante,
+como desaparecen los criminales, doblemente sentenciada, pues hasta su
+recuerdo era repelido por las gentes; y Ferragut, dentro de unos
+momentos, iba á hacerla resurgir como un fantasma en la casa flotante
+que ella había visitado en dos ocasiones. Podía conocer las últimas
+horas de su existencia, envueltas en un misterio de desprecio; podía
+violentar la voluntad de sus jueces, que la habían condenado á perder la
+vida y á perecer después de muerta en la memoria de todos.
+
+Con verdadera avidez se sentó ante la mesa de su camarote, poniendo en
+orden el contenido del sobre: más de doce hojas escritas por ambas caras
+y varios recortes de periódicos. En estos recortes vió el retrato de
+Freya, una imagen dura y confusa. La reconoció únicamente por su nombre
+puesto al pie: ella había sido otra mujer. Vió también el retrato de su
+defensor: un abogado viejo, de aspecto pulcro, con melenas blancas
+finamente peinadas y ojos juveniles.
+
+Adivinó Ferragut desde las primeras líneas que el _maître_ no podía
+escribir ni hablar sin hacer literatura. Su carta era un relato mesurado
+y correcto, en el que la emoción, por viva que fuese, se contenía
+discretamente, no queriendo desordenar los pliegues de un estilo
+majestuoso.
+
+Empezaba explicando cómo su deber profesional le había decidido á
+defender á una espía. Necesitaba un abogado: era extranjera; la opinión
+pública, influenciada por los exagerados relatos de los periódicos sobre
+su belleza y sus joyas, mostraba una animosidad feroz, pidiendo su
+pronto castigo. Nadie quería encargarse de su defensa, y por eso mismo
+él la había aceptado, sin miedo á la impopularidad.
+
+Ferragut creyó adivinar en este sacrificio un impulso de viejo
+galanteador, que le había hecho ir hacia Freya porque era hermosa.
+Además, este proceso representaba un acontecimiento parisién y podía dar
+cierta notoriedad novelesca á los que interviniesen en sus actuaciones.
+
+Unos cuantos párrafos más allá, el marino se convenció de que el
+_maître_ había acabado por enamorarse de su patrocinada. Esta mujer
+hasta en el momento de morir esparcía en torno de ella su poder de
+seducción.
+
+El éxito profesional entrevisto por el abogado se disolvía á las
+primeras gestiones. La defensa de Freya era imposible. Lloraba por toda
+respuesta cuando le hacían preguntas sobre los hechos de su vida
+anterior, ó permanecía silenciosa, inmóvil, con la mirada perdida, lo
+mismo que si se tratase de la suerte de otra mujer.
+
+No necesitaban los jueces militares de sus confesiones: sabían detalle
+por detalle toda su existencia durante la guerra y en los últimos años
+de la paz. Nunca los agentes de la policía en el extranjero habían
+trabajado con tanta rapidez y éxito. Una buena suerte misteriosa y
+omnipotente los empujaba en sus pesquisas. Conocían todos los trabajos
+de Freya; hasta habían proporcionado datos exactos sobre su personalidad
+de agente secreto, el número de orden con que figuraba en la oficina
+directora de Berlín, el dinero que cobraba, sus informes en los últimos
+meses. Documentos escritos por ella misma, con una culpabilidad
+irrefutable, habían venido á unirse á su proceso, sin que nadie supiese
+de dónde eran enviados ni por quién.
+
+Cada vez que el juez instructor ponía ante los ojos de Freya una de
+estas pruebas, ella miraba á su abogado desesperadamente.
+
+--¡Son ellos!--gemía--. ¡Ellos, que desean mi muerte!
+
+El defensor era de la misma opinión. La policía había conocido su
+presencia en Francia por una carta que le dirigían sus jefes desde
+Barcelona, torpemente desfigurada, escrita con arreglo á una clave cuyo
+misterio estaba descubierto por el contraespionaje francés mucho tiempo
+antes. Para el _maître_, era indudable que un poder misterioso había
+querido deshacerse de esta mujer, enviándola á un país enemigo como si
+la enviase á la muerte.
+
+Ulises adivinó en el defensor un estado de alma semejante al suyo, la
+misma dualidad que le había atormentado en todas sus relaciones con
+Freya.
+
+«Yo, señor--escribía el abogado--, he sufrido mucho. Un hijo mío,
+oficial, murió en la batalla del Aisne; otros allegados á mí, sobrinos y
+discípulos, han muerto luego en Verdún y en el ejército expedicionario
+de Oriente...»
+
+Había sentido, como francés, una repulsión irresistible al convencerse
+de que Freya era una espía que llevaba causados grandes daños á su
+patria... Luego, como hombre, se apiadaba de su inconsciencia, de su
+carácter contradictorio y ligero hasta llegar al crimen, de su egoísmo
+de mujer hermosa y amiga del lujo, que la había hecho admitir la vileza
+moral á cambio del bienestar.
+
+Atraía su historia al abogado con el interés palpitante de una novela de
+aventuras. La conmiseración iba tomando en él una vehemencia de
+enamoramiento. Además, la idea de que eran los explotadores de esta
+mujer los que la habían denunciado le infundía un entusiasmo
+caballeresco para la defensa de su causa insostenible.
+
+La comparecencia ante el Consejo de guerra había resultado penosa y
+dramática. Freya, que hasta entonces parecía embrutecida por el régimen
+de la prisión, despertaba al verse enfrente de una docena de hombres
+uniformados y graves.
+
+Su primer movimiento fué el de toda hembra hermosa y coqueta. Conocía su
+influencia física. Estos militares convertidos en jueces le recordaban
+los que ella había visto en los tés y los grandes bailes de los
+hoteles... ¿Qué francés puede resistirse á la atracción femenina?...
+
+Había sonreído, había contestado á las primeras preguntas con una
+modestia graciosa, fijando sus ojos malignamente cándidos en los
+oficiales sentados detrás de la mesa presidencial y en los otros hombres
+con uniforme azul encargados de acusarla ó de leer los documentos de su
+proceso.
+
+Pero algo frío y hostil existía en el ambiente que paralizaba sus
+sonrisas, dejaba sin eco sus palabras y hacía opacos los resplandores de
+ojos. Todas las frentes se inclinaban bajo el peso de severos
+pensamientos; todos los hombres parecían tener en aquel instante treinta
+años más. No la verían tal como era por más esfuerzos que hiciese. Sus
+admiraciones y deseos yacían abandonados al otro lado de la puerta.
+
+Freya adivinó que había dejado de ser una mujer y no era mas que una
+acusada. Otra de su sexo, una rival irresistible, lo llenaba todo,
+encadenando á estos hombres con un amor profundo y austero. Su instinto
+la hizo fijarse en la matrona blanca, de rostro grave, que avanzaba su
+busto vigoroso sobre la cabeza del presidente. Era la Patria, la
+Justicia, la República, contemplando con sus ojos vagos y sin pupila á
+la hembra de carne y hueso que empezaba á temblar, dándose cuenta de su
+situación.
+
+--¡Yo no quiero morir!...--gritó de pronto, abandonando sus seducciones,
+pasando á ser una pobre criatura enloquecida por el miedo--. ¡Yo soy
+inocente!
+
+Mintió con el ilogismo absurdo y descarado del que se ve en peligro de
+muerte; hubo necesidad de releer sus primeras declaraciones, que negaba
+ahora; de presentar nuevamente las pruebas materiales, cuya existencia
+no quería admitir; de hacer desfilar su pasado entero con el apoyo de
+aquellos datos irrefutables de origen anónimo.
+
+--¡Son _ellos_ los que lo han hecho todo!... ¡Han abusado de mí!... Ya
+que desean mi pérdida, voy á contar lo que sé.
+
+El abogado pasaba ligeramente en su relato sobre lo ocurrido en el
+Consejo de guerra. El secreto profesional y el interés patriótico le
+impedían ser más explícito. Había durado el Consejo de la mañana á la
+noche, revelando Freya á sus jueces todo cuanto sabía... Luego, su
+defensor hablaba durante cinco horas, intentando establecer una especie
+de intercambio en la aplicación de la pena. La culpabilidad de esta
+mujer era indiscutible y muy grandes los males que llevaba causados.
+Pero debían concederle la vida á trueque de sus confesiones
+importantes... Además, había que tener en cuenta la inconsciencia de su
+carácter... la venganza de que la hacían objeto los enemigos del país...
+
+Esperó hasta bien entrada la noche, al lado de Freya, la decisión del
+tribunal. Su defendida parecía animada por la esperanza. Había vuelto á
+ser mujer: hablaba plácidamente con él, sonreía á les gendarmes
+encargados de su custodia, hacía elogios del ejército... «Unos
+franceses, unos caballeros, eran incapaces de matar á una mujer...»
+
+El _maître_ no se sorprendió al ver el gesto triste y enfurruñado de los
+militares al salir de su deliberación. Parecían descontentos de su voto
+reciente y mostraban á la vez la serenidad de una conciencia tranquila.
+Eran soldados que acababan de cumplir su austero deber, suprimiendo todo
+lo que había en ellos de simples hombres. El encargado de leer la
+sentencia hinchó su voz con una energía ficticia... «¡A muerte!...»
+Freya era condenada al fusilamiento, después de una larga enumeración de
+crímenes: informes dados al enemigo, que representaban la pérdida de
+miles de hombres; buques torpedeados á consecuencia de sus avisos, en
+los que habían perecido familias indefensas.
+
+La espía agitaba la cabeza al escuchar sus propios actos, apreciando por
+primera vez toda su enormidad, reconociendo la justicia del tremendo
+castigo. Pero al mismo tiempo confiaba en un bondadoso perdón á cambio
+de todo lo que había revelado, en una misericordia galante... por ser
+ella.
+
+Al sonar la palabra fatal, dió un grito, pálida, con una palidez de
+ceniza, y se apoyó en su abogado.
+
+--¡Yo no quiero morir!... ¡No debo morir!... ¡Soy inocente!
+
+Siguió gritando su inocencia, sin dar otra prueba que el desesperado
+instinto de su conservación. Con la credulidad del que desea salvarse,
+aceptó todos los consuelos problemáticos de su defensor. Quedaba el
+recurso de apelar á la gracia del presidente de la República: tal vez la
+indultase... Y firmó esta apelación con repentina esperanza.
+
+Consiguió el abogado suspender por dos meses el cumplimiento de la
+sentencia visitando á muchos de sus colegas que eran personajes
+políticos. El deseo de salvar la vida de su cliente le atormentaba como
+una obsesión. Había dedicado á este asunto toda su actividad y sus
+influencias personales.
+
+«¡Enamorado!... ¡enamorado como tú!», dijo con acento de burla en el
+cerebro de Ferragut la voz de los consejos prudentes.
+
+Los periódicos protestaban de este retardo en la ejecución de la
+sentencia. Empezó á sonar en las conversaciones el nombre de Freya
+Talberg como un argumento contra la debilidad del gobierno. Las mujeres
+eran las que se mostraban más implacables.
+
+Un día, en el Palacio de Justicia, había podido convencerse de esta
+animosidad general, que empujaba á su defendida hacia los fusiles de la
+ejecución. La mujer encargada de guardar las togas, verbosa comadre
+familiarizada con el trato de los abogados ilustres, le había hecho
+conocer sus opiniones rudamente.
+
+--¿Cuándo matarán á esa espía?... Si fuese una pobre mujer con hijos, de
+las que necesitan ganar su pan, ya la habrían fusilado... Pero es una
+cocota elegante y con joyas; tal vez se ha acostado con los ministros.
+Cualquier día vamos á verla en la calle... ¡Y mi hijo que murió en
+Verdún!...
+
+La prisionera, como si adivinase esta indignación pública, empezó á
+considerar inmediata su muerte, perdiendo poco á poco el amor á la
+existencia, que le hacía prorrumpir en mentiras y delirantes protestas.
+En vano el _maître_ fingía esperanzas en el indulto.
+
+--Es inútil: debo morir... Tengo derecho á que me fusilen... He causado
+muchos daños... Me horrorizo de mí misma al recordar todos los delitos
+consignados en la sentencia... ¡Y aún hay otros que ignoran!... La
+soledad me ha hecho conocerme tal como soy. ¡Qué vergüenza!... Debo
+irme: todo lo he perdido... ¿Qué me queda que hacer en el mundo?...
+
+«Y fué entonces, querido señor--continuaba el abogado en su carta--,
+cuando me habló de usted, del modo como se conocieron, del daño que le
+hizo inconscientemente.»
+
+Convencido de la inutilidad de sus gestiones, el _maître_ había
+solicitado un último favor. Freya deseaba que la acompañase en el
+momento de la ejecución: esto mantendría su serenidad. Y los del
+gobierno prometían á su colega en el foro un aviso oportuno para que
+asistiese al cumplimiento de la sentencia.
+
+Eran las tres de la madrugada y estaba en lo mejor de su sueño, cuando
+le despertaron unos enviados de la Prefectura de Policía. El
+fusilamiento iba á realizarse al amanecer: era una decisión tomada á
+última hora, para que los periodistas se enterasen tarde del suceso.
+
+Un automóvil le llevó con sus acompañantes á la prisión de San Lázaro, á
+través de París silencioso y lóbrego. Sólo unos cuantos reverberos
+encapuchados cortaban con su luz macilenta la obscuridad de las calles.
+En la prisión se reunió con otros funcionarios de policía y muchos jefes
+y oficiales que representaban á la justicia militar. La sentenciada
+dormía aún en su celda, ignorando lo que iba á ocurrir.
+
+Marcharon en fila por los corredores de la cárcel los encargados de
+despertarla, sombríos y tímidos, empujándose con su nerviosa
+precipitación.
+
+Se abrió una puerta. Bajo la luz reglamentaria estaba Freya en su lecho
+con los ojos cerrados. Al abrirlos y verse rodeada de hombres, su cara
+se dilató con un gesto de espanto.
+
+--¡Valor, Freya!--dijo el director de la prisión--. El recurso de gracia
+ha sido denegado.
+
+--¡Animo, hija mía!--añadió el cura del establecimiento, iniciando el
+principio de una plática.
+
+Su terror sólo duró unos segundos. Fué la ruda sorpresa del despertar,
+con el cerebro todavía paralizado. Al reunir sus recuerdos, la serenidad
+volvió á su rostro.
+
+--¿Debo morir?--preguntó--¿ha llegado ya la hora?... Pues bien; que me
+fusilen. Aquí estoy.
+
+Algunos hombres volvieron la cabeza para ocultar sus ojos...
+
+Tuvo que saltar de la cama en presencia de dos vigilantes. Esta
+precaución era para que no atentase contra su vida. Ella misma rogó al
+abogado que permaneciese en la celda, como si de este modo quisiera
+aminorar la molestia de vestirse ante unos desconocidos.
+
+Ferragut adivinó la piedad y la admiración del _maître_ al llegar á este
+pasaje de su carta. La había visto medio desnuda, preparando el último
+tocado de su existencia.
+
+«¡Adorable criatura! ¡Tan hermosa!... Había nacido para el amor y el
+lujo, é iba á morir desgarrada por las balas, como un rudo soldado...»
+
+Le parecían admirables las precauciones adoptadas por su coquetería para
+este último instante. Deseaba morir como había vivido, echando sobre su
+persona todo lo mejor que poseía. Por esto, al presentir la proximidad
+de la ejecución, había reclamado días antes sus joyas y el traje que
+llevaba en el momento que la detuvieron á la vuelta de Brest.
+
+El defensor la describía con un «vestido de seda gris perla, zapatos y
+medias de doradillo, gabán de pieles y en la cabeza gran sombrero con
+plumas. Además, el collar de perlas estaba sobre su pecho, las
+esmeraldas en las orejas y todos sus brillantes en los dedos».
+
+Una sonrisa triste crispó sus labios al intentar mirarse en los
+cristales de la ventana, negros aún por la lobreguez de la noche, y que
+le servían de espejo.
+
+--Muero como un militar: dentro de mi uniforme--dijo á su abogado.
+
+Luego, en el recibidor de la cárcel, bajo la cruda luz artificial, esta
+mujer empenachada, cubierta de alhajas, exhalando sus ropas un lejano
+perfume, recuerdo de los tiempos felices, se movió con desembarazo entre
+los hombres vestidos de negro y los uniformes azules.
+
+Dos religiosas que le habían acompañado en los días anteriores parecían
+más impresionadas que ella. Intentaban exhortarla, y al mismo tiempo
+movían los párpados para repeler sus lágrimas... El cura no estaba menos
+emocionado. Había asistido á otros reos, pero eran hombres... ¡Ayudar á
+bien morir á una mujer hermosa, perfumada, centelleante de piedras
+finas, como si fuese á montar en su automóvil para ir á un té de
+moda!...
+
+Ella había dudado una semana antes entre recibir á un pastor calvinista
+ó un sacerdote católico. En su vida cosmopolita, de incierta
+nacionalidad, no había tenido tiempo para decidirse por una religión. Al
+fin, escogía al último, por parecerle más simple de intelecto, más
+comunicativo...
+
+Varias veces interrumpió al sacerdote cuando intentaba consolarla.
+Parecía que fuese ella la encargada de infundir ánimo.
+
+--Morir no es tan horrible como parece cuando se ve de lejos... Siento
+vergüenza al pensar en los miedos que he pasado, en las lágrimas que
+llevo derramadas... Resulta más simple de lo que yo creía... ¡Todos
+hemos de morir!
+
+Le leyeron la sentencia, con la denegación del recurso de gracia.
+Después le ofrecieron una pluma para que firmase.
+
+Un coronel le dijo que aún podía disponer de unos minutos para escribir
+á su familia, á sus amigos, ó consignar su última voluntad...
+
+--¿A quién escribir?--dijo Freya--. No tengo ningún amigo en el mundo...
+
+«Entonces fué--continuaba el abogado--cuando tomó la pluma, como si la
+acometiese un recuerdo, y trazó unas cuantas líneas... Luego rompió el
+papel y vino hacia mí. Pensaba en usted, capitán: su última carta era
+para usted, y la dejó sin terminar, temiendo que nunca llegase á sus
+manos. Además, no estaba para escribir: su pulso era nervioso; prefería
+hablar... Me pidió que enviase á usted una carta larga, muy larga,
+relatando sus últimos momentos, y yo tuve que jurarle que cumpliría su
+encargo.»
+
+A partir de este instante, el _maître_ había visto las cosas mal. La
+emoción perturbaba sus sentidos, pero vivían aún en su memoria las
+últimas palabras de Freya al salir de la cárcel.
+
+--Yo no soy alemana--había dicho repetidas veces á los hombres con
+uniforme--. ¡No soy alemana!
+
+Para ella, lo menos importante era morir. Únicamente le preocupaba que
+pudiesen creerla de dicha nacionalidad.
+
+El abogado se vió en un automóvil con varios hombres á los que apenas
+conocía. Otros vehículos marchaban delante y detrás del suyo. En uno de
+ellos iba Freya con las monjas y el sacerdote.
+
+Una débil claridad blanqueaba el cielo, marcando las aristas de los
+tejados. Abajo, en el lóbrego fondo de las calles, empezaba lentamente
+la circulación del amanecer. Los primeros obreros que iban hacia su
+trabajo con las manos en los bolsillos, las verduleras que regresaban de
+los mercados empujando sus carretones, volvían la cabeza con interés,
+siguiendo este desfile de carruajes veloces, casi todos ellos con
+hombres en los pescantes al lado del conductor. Pensaban en la
+posibilidad de una boda matinal... Tal vez eran gentes alegres que
+venían de una fiesta nocturna... Varias veces el cortejo detuvo su
+marcha, viéndose cortado por un desfile de pesadas carretas con montañas
+de hortalizas.
+
+El _maître_, á pesar de sus emociones, fué reconociendo el camino que
+seguía el automóvil. En la plaza de la Nación entrevió el grupo
+escultórico que representa el triunfo de la República surgiendo húmedo y
+brillante de la bruma del amanecer; luego, la verja de la barrera; á
+continuación, la larga avenida de Vincennes y su histórica fortaleza.
+
+Todavía fueron más lejos, hasta llegar al campo de tiro.
+
+Al bajar del automóvil vió una extensa llanura cubierta de hierba y
+formadas en ella dos compañías de soldados. Otros vehículos habían
+llegado antes. Del grupo de personas descendidas se despegó Freya,
+dejando atrás á las monjas y los agentes que la escoltaban.
+
+La luz del amanecer, azul y fría como los reflejos del acero, iluminaba
+las dos masas de hombres armados formando ancha calle. En el fondo de
+esta calle había un poste clavado en la tierra; más allá un furgón
+obscuro tirado por dos caballos, y varios hombres vestidos de negro.
+
+El avance de la mujer fué acogido por una voz de mando, é inmediatamente
+empezaron á sonar tambores y trompetas en la cabeza de las dos
+formaciones. Hubo un ruido de fusiles: los soldados presentaban las
+armas. Los bélicos instrumentos lanzaron una música de gloria, el mismo
+toque que saluda la presencia del jefe del Estado, de un general, de la
+bandera desplegada... Era un homenaje á la justicia majestuosa y severa;
+un himno á la patria implacable en su defensa.
+
+Pensó la espía un momento que todo este aparato era para otra. Se acordó
+de la mujer blanca, de fuertes pechos y ojos sin pupila, que había
+visto sobre la cabeza del presidente del Consejo. Pero á continuación
+quiso creer que el recibimiento triunfal era para ella... Marchaba entre
+fusiles, acompañada de trompetas y tambores, como una reina.
+
+Su defensor la vió más alta que nunca. Parecía haber crecido un palmo,
+con prodigioso estiramiento. Su alma de mujer de teatro se emocionó lo
+mismo que cuando se presentaba en las tablas á recibir aplausos. Todos
+estos hombres se habían levantado en plena noche y estaban allí por
+ella; los cobres y los parches sonaban para saludarla. La disciplina
+mantenía los rostros graves y fríos, pero tenía la certeza de que la
+encontraban hermosa y que detrás de muchas pupilas inmóviles se agitaba
+el deseo.
+
+Si algún temor le quedaba de perder la vida, desapareció bajo la caricia
+de esta falsa gloria... ¡Morir contemplada por tantos hombres valerosos
+que le rendían el mayor de los honores!... Sintió la necesidad de ser
+admirable, de caer en postura artística, como si estuviese en un
+escenario.
+
+Fué pasando entre las dos masas varoniles, alta la cabeza, pisando
+fuerte, con su arrogante andar de diosa cazadora, deteniendo á veces la
+mirada en algunos de los centenares de ojos fijos en ella. La ilusión de
+su triunfo le hacía avanzar erguida y serena, lo mismo que si pasase
+revista á las tropas.
+
+--¡Nombre de Dios!... ¡Qué empaque!--dijo detrás del abogado un oficial
+joven, admirando la serenidad de Freya.
+
+Al llegar junto al poste, alguien leyó un breve documento: el extracto
+de la sentencia, tres líneas, para hacerla saber que la justicia iba á
+cumplirse.
+
+Lo único que la molestó de esta rápida notificación fué el temor de que
+cesasen las trompetas y los tambores. Pero siguieron sonando, y su
+estrépito belicoso entró por sus oídos con la misma impresión
+reconfortante y cálida que si un vino de generosa embriaguez se
+deslizase por su boca.
+
+Un pelotón de cabos y soldados--doce fusiles--se había destacado de la
+doble masa militar. Lo mandaba un suboficial de bigote rubio, pequeño,
+delicado, con el sable desnudo. Freya lo contempló un momento,
+encontrándolo interesante, mientras el joven evitaba su mirada.
+
+Con un ademán de reina de escenario repelió el pañuelo blanco que le
+ofrecían para vendarse los ojos. No lo necesitaba. Las monjas se
+apartaron de ella para siempre. Al quedar sola, dos gendarmes comenzaron
+á atarla con la espalda apoyada en el poste.
+
+«Dicen--seguía escribiendo el defensor--que me saludó por última vez con
+una de sus manos antes de que la inmovilizasen las ligaduras... Yo no vi
+nada. ¡No podía ver!... ¡Era demasiado para mí!...»
+
+El resto de la ejecución lo conocía de oídas. Continuaron sonando
+trompetas y tambores. Freya, atada é intensamente pálida, sonrió como si
+estuviese ebria. El vientecillo del amanecer hacía ondear los penachos
+de su sombrero.
+
+Cuando avanzaron los doce fusiles, colocándose horizontalmente á una
+distancia de ocho metros, todos apuntando al corazón, ella pareció
+despertar. Chilló con los ojos desencajados por el horror de la
+realidad, que se imponía de pronto. Sus mejillas se cubrieron de
+lágrimas. Tiró de las ligaduras con un vigor de epiléptica.
+
+--¡Perdón!... ¡perdón!... ¡No quiero morir!
+
+El suboficial levantó el sable y volvió á bajarlo rápidamente... Una
+descarga.
+
+Freya se dobló, resbalando su cuerpo á lo largo del poste hasta quedar
+tendida en el suelo. Las balas cortaron las cuerdas que la sujetaban.
+
+Su sombrero, como si adquiriese una vida repentina, había saltado de la
+cabeza, yendo á caer unos cuantos metros más allá.
+
+Del piquete de fusilamiento se destacó un cabo con un revólver en la
+diestra. «El golpe de gracia.» Sus pies se detuvieron al borde del
+charco de sangre que se iba formando en torno de la ejecutada.
+Frunciendo los labios, entornando los ojos, se inclinó sobre ella, al
+mismo tiempo que con el extremo del cañón levantaba los rizos caídos
+sobre una de sus orejas. Todavía respiraba... Un tiro en la sien. Se
+contrajo el cuerpo bajo un estremecimiento final. Luego quedó inmóvil,
+con la rigidez del cadáver.
+
+Sonaron voces, formaron las dos compañías en columna, y al ritmo de sus
+instrumentos fueron desfilando ante el cuerpo de la muerta. Del lúgubre
+carruaje sacaron los hombres enlutados un féretro de madera blanca.
+
+Volviendo las espaldas á su obra, la doble masa militar marchó hacía su
+campamento. Quedaba servida la justicia. Trompetas y tambores se
+perdieron en el horizonte, agrandados sus sonidos por el fresco eco de
+la mañana naciente. El cadáver fué depositado en aquel ataúd pobre, que
+más bien parecía una caja de embalaje, despojándolo antes de sus
+alhajas. Las dos monjas las recogieron con timidez: la muerta se las
+había dado para sus obras de caridad. Luego quedó cerrada la tapa,
+desapareciendo para siempre la que minutos antes era una mujer hermosa
+que los hombres no podían ver sin estremecimientos de deseo. Las cuatro
+tablas sólo guardaban harapos rojizos, carnes agujereadas, huesos rotos.
+
+Marchó el vehículo al cementerio de Vincennes para que la enterrasen en
+el rincón de los ajusticiados... Ni una flor, ni una inscripción, ni una
+cruz. El mismo abogado no estaba seguro de encontrar su sepultura si
+alguna vez necesitaba buscarla... ¡Y así había sido el final de esta
+criatura de lujo y de placer!... ¡Así había ido á consumirse aquel
+cuerpo en un agujero anónimo de la tierra, lo mismo que una bestia
+abandonada!...
+
+«Era buena--decía el defensor--, y sin embargo fué criminal. Su
+educación tuvo la culpa. ¡Pobre mujer!... La habían criado para vivir en
+la riqueza, y la riqueza huyó siempre de ella.»
+
+Luego, en sus últimas líneas, el viejo _maître_ afirmaba
+melancólicamente:
+
+«Murió pensando en usted y un poco en mí... Nosotros hemos sido los
+últimos hombres de su existencia.»
+
+Esta lectura dejó á Ulises en dolorosa estupefacción. ¡Ya no vivía
+Freya!... ¡Ya no corría el peligro de verla aparecer en su buque al
+tocar en cualquier puerto!...
+
+La dualidad de sus sentimientos volvió á surgir con violenta
+contradicción.
+
+«Muy bien--pensó el marino--. ¡Cuántos hombres han muerto por su
+culpa!... Era inevitable su fusilamiento. Hay que limpiar el mar de
+bandidos.»
+
+Y á la vez, el recuerdo de las delicias de Nápoles, de aquel largo
+encierro de harén poblado de exasperadas voluptuosidades, renació en su
+memoria. La veía sin ropas, con toda la majestad de su desnudez
+marfileña, tal como iba danzando ó saltando de un lado á otro del viejo
+salón. ¡Y este cuerpo moldeado por la Naturaleza en un momento de
+entusiasmo ya no existía!... ¡Sólo era un amasijo de carnes líquidas y
+pestilentes jugos!...
+
+Recordó su beso, aquel beso que espeluznaba su dorso y doblaba sus
+piernas, haciéndolo descender como un náufrago contento de su suerte á
+través de un océano de delicias... ¡Y no lo recibiría más!... ¡Y su
+boca, que tenía un sabor á canela, á incienso, á selva asiática poblada
+de voluptuosidades y asechanzas, no era en aquellos momentos mas que un
+orificio negro que empezaba á servir de puerta á toda la gusanería de la
+putrefacción!... ¡Ah, miseria!
+
+Vió de pronto el rostro de la muerta puesto de perfil, con un ojo que se
+torcía hacia él graciosa y malignamente, lo mismo que _Ojo de la mañana_
+debía mirar á su dueña mientras desarrollaba sus danzas misteriosas en
+la vivienda asiática.
+
+Ulises concentró su atención en la sien pálida del fantasma,
+cosquilleada por la caricia sedosa de sus bucles. Allí había puesto él
+sus mejores besos: los besos de ternura y gratitud... Pero la suave
+piel, que parecía hecha de pétalos de camelia, se ensombrecía ante sus
+ojos. Era verde obscura y manaba sangre... Así la había visto él otra
+vez... Y se acordó con remordimiento de su puñetazo de Barcelona...
+Luego se partía con un agujero profundo, de contorno anguloso, igual al
+de una estrella. Era el balazo de revólver, el tiro de gracia que daba
+fin á sus angustias de ejecutada.
+
+¡Pobre Freya, guerrera implacable y loca de la batalla de los sexos!...
+Había pasado su existencia odiando á los hombres y necesitándolos para
+vivir, haciéndoles todo el mal posible y recibiéndolo de ellos con
+triste reciprocidad, hasta que al fin venía á perecer á sus manos.
+
+No podía terminar de otro modo. Una diestra varonil había abierto este
+orificio por el que escapaba la última burbuja de su existencia... Y el
+capitán, viendo el perfil doloroso, con su sien purpúrea, pensó
+horrorizado que nunca conseguiría borrar de su memoria la fúnebre
+visión. El fantasma se achicaría, haciéndose invisible, para engañarle y
+resurgir luego en todas sus horas de pensativa soledad; iba á amargar
+sus noches en vela, á perseguirle á través de los años lo mismo que un
+remordimiento.
+
+Afortunadamente, las imposiciones de la vida real fueron repeliendo en
+los días sucesivos estos recuerdos tristes.
+
+«Bien fusilada está--afirmaba interiormente su autoritarismo de hombre
+enérgico acostumbrado á mandar hombres--. ¿Qué hubieses hecho tú al
+formar parte del tribunal que la condenó?... Lo mismo que los otros.
+¡Piensa en los que han muerto por ella!... ¡Recuerda lo que dice Tòni!»
+
+Una carta de su antiguo segundo, recibida al mismo tiempo que la del
+defensor de Freya, hablaba de los grandes crímenes que la agresión
+submarina estaba realizando en el Mediterráneo.
+
+Algunos de ellos llegaban á conocerse por los náufragos que conseguían
+alcanzar la costa después de largas horas de lucha ó eran recogidos por
+otros buques. Los más quedaban ignorados en el misterio de las olas.
+Eran torpedeamientos «sin dejar rastro», barcos que se iban á fondo con
+todos sus tripulantes y pasajeros, y sólo meses después dejaban entrever
+una parte de la tragedia, cuando la resaca depositaba en la costa muchos
+cuerpos de imposible identificación, sin papeles, sin rostro humano.
+
+Casi todas las semanas contemplaba Tòni algunos de estos hallazgos
+fúnebres. Los pescadores veían al amanecer cadáveres que volteaban en la
+playa, donde el agua muere sobre la arena, descansando unos segundos en
+el suelo húmedo, para ser arrebatados á continuación por una ola más
+fuerte. Al fin, incrustaban sus espaldas en la tierra, manteniéndose
+inmóviles, mientras huían de sus ropas y sus carnes enjambres de peces
+pequeños volviendo al mar en busca de nuevo pasto. Los carabineros
+descubrían entre las rocas cuerpos destrozados en actitudes trágicas,
+con los ojos vidriosos casi fuera de sus órbitas.
+
+Muchos de ellos eran reconocidos como soldados por los andrajos que
+revelaban un antiguo uniforme ó las chapas de identidad fijas en sus
+muñecas. Pertenecían á Francia. Las gentes de la costa hablaban de un
+transporte que había sido torpedeado viniendo de Argel... Y revueltos
+con los hombres se iban encontrando cadáveres de mujeres desfiguradas
+por la hinchazón, hasta el punto de que sólo por algunos detalles era
+posible adivinar su edad: madres que tenían arqueados sus brazos como si
+guardasen con un último esfuerzo el hijo desaparecido; muchachas cuyo
+pudor virginal había sido violado por el mar, mostrando sus piernas
+desnudas, tumefactas, verdosas, con profundos mordiscos de peces
+carniceros. La marina dilatación hasta había arrojado el cuerpo de un
+niño de pocos años sin cabeza.
+
+Era más horrible, según Tòni, contemplar este espectáculo desde tierra
+que yendo en un buque. Los que navegan no pueden ver las últimas
+consecuencias de los torpedeamientos lo mismo que los que viven en la
+orilla, recibiendo como un regalo de las olas este continuo envío de
+víctimas.
+
+Terminaba el piloto su carta con las súplicas de siempre: «¿Por qué te
+empeñas en seguir en el mar?... Deseas una venganza que es imposible.
+Eres un hombre solo, y tus enemigos son millones... Vas á morir si
+persistes en desafiarlos. Ya sabes que te buscan hace tiempo, y no
+siempre conseguirás librarte de ellos. Recuerda lo que dice la gente:
+«¡Quien ama el peligro...!» Desembarca; vuelve con tu mujer ó ven con
+nosotros. ¡Tan rica vida que podrías llevar en tierra!...»
+
+Por unas cuantas horas, Ferragut fué de la opinión de Tòni. Su empeño
+temerario forzosamente había de terminar mal. Los enemigos le conocían,
+le acechaban; eran muchos frente á él, que vivía solo en su buque, con
+una tripulación de hombres de distinta nacionalidad. Nadie lloraría su
+muerte, aparte de los pocos que le amaban. No pertenecía á ninguno de
+los pueblos en guerra: era una especie de corsario imposibilitado de
+atacar. Menos aún: un mercante que hacía transportes al amparo de una
+bandera neutra. Esta bandera no engañaba á nadie. Sus enemigos conocían
+el buque, buscándolo con más empeño que si procediese de las marinas
+aliadas. En su mismo país, muchas gentes que simpatizaban con los
+Imperios germánicos celebrarían alegremente la desaparición del _Mare
+nostrum_ y su capitán.
+
+La muerte de Freya había influido en su ánimo más de lo que él se
+imaginaba. Tuvo fúnebres presentimientos: tal vez su próximo viaje fuese
+el último.
+
+«¡Vas á morir!--gritó en su cerebro una voz angustiosa--. Morirás muy
+pronto si no te retiras del mar.»
+
+Y lo más raro para Ferragut fué que este consejo se lo dió la voz de las
+locas aventuras, la que le lanzaba en los peligros por el gusto de
+desafiarlos, la que le había hecho seguir á Freya aun después de conocer
+su vil profesión.
+
+En cambio, la voz de la cordura, siempre prudente y mesurada, mostró
+ahora una tranquilidad heroica, hablando lo mismo que un hombre de paz
+que estima sus compromisos superiores á su vida.
+
+«Calma, Ferragut; has vendido tu buque con tu persona y te han dado
+millones. Debes cumplir lo que prometiste, aunque en ello te vaya la
+existencia... El _Mare nostrum_ no puede navegar sin un capitán español.
+Si tú lo abandonas, tendrás que buscar otro capitán. Huirás por miedo y
+pondrás en tu sitio á un hombre que desafíe á la muerte por mantener á
+su familia. ¡Gloriosa hazaña!... Tú, mientras tanto, estarás en tierra,
+rico y seguro... ¿Y qué vas á hacer en tierra, cobarde?»
+
+Su egoísmo no supo qué contestar á tal pregunta. Recordaba con antipatía
+su existencia de burgués allá en Barcelona, antes de adquirir el vapor.
+El era un hombre de acción, y sólo podía vivir ocupado en empresas
+arriesgadas.
+
+Iba á aburrirse en tierra, y al mismo tiempo se consideraría disminuído,
+exonerado, lo mismo que el que desciende á una situación inferior en un
+país de jerarquías. El capitán de vida novelesca iba á quedar convertido
+en un propietario de casas, sin conocer otras luchas que las que
+sostuviese con sus inquilinos. Tal vez, por huir de una existencia
+vulgar, dedicase su fortuna á la navegación, único negocio que conocía
+bien. Se haría naviero, adquiriendo nuevos barcos, y poco á poco, por la
+necesidad de vigilarlos de cerca, acabaría reanudando sus viajes...
+¿Para qué abandonar, pues, el _Mare nostrum_?
+
+Sintió que se realizaba en su interior una profunda revolución moral al
+preguntarse con angustia qué es lo que había hecho hasta entonces.
+
+Le pareció un desierto toda su existencia anterior. Había vivido sin
+saber por qué ni para qué, amontonando peligros y aventuras sólo por el
+gusto de salir victorioso. Tampoco sabía con certeza qué es lo que había
+deseado hasta entonces. Si era dinero, había afluido á sus manos en los
+últimos meses con una abundancia exorbitante... Ya lo tenía, y no por
+ello era feliz. En cuanto á gloria profesional, no podía desearla mayor.
+Su nombre era célebre en todo el Mediterráneo español; hasta los hombres
+de mar más rudos é intratables confesaban su mérito.
+
+«¡Quedaba el amor!...» Pero Ferragut torció el gesto al pensar en él. Lo
+había conocido, y no deseaba encontrarlo otra vez. El amor suave de una
+buena compañera, capaz de iluminar la última parte de su existencia con
+una luz discreta, acababa de perderlo para siempre. El otro, apasionado,
+voluptuoso, novelesco, que da á la vida el rudo interés de los
+conflictos y los contrastes, le había dejado sin deseos de recomenzar.
+
+La paternidad, más fuerte y duradera que el amor, podía haber llenado el
+resto de sus días, de no haber muerto su hijo... Le quedaba la venganza,
+la dura tarea de devolver el mal á los que tanto mal le habían hecho;
+pero ¡era tan débil para luchar con todos ellos!... ¡Resultaba tan
+pequeña y egoísta esta finalidad comparada con otros entusiasmos que
+arrastraban al sacrificio en aquellos momentos á grandes masas de
+hombres!...
+
+Mientras pensaba esto, una frase oída por él no recordaba dónde, formada
+tal vez con los residuos de antiguas lecturas, empezó á cantar en su
+cerebro: «Una vida sin ideal no vale la pena de ser vivida.»
+
+Ferragut asintió mudamente. Era verdad: para vivir se necesita un ideal.
+Pero ¿dónde encontrarlo?...
+
+Vió de pronto en su memoria á Tòni lo mismo que cuando pretendía
+expresar sus confusos pensamientos. Con todas sus credulidades y
+simplezas, lo consideraba ahora superior á él. Tenía un ideal á su modo;
+se preocupaba de algo más que sus egoísmos: quería para los otros
+hombres lo que consideraba bueno. Y defendía sus convicciones con el
+entusiasmo místico de todos los que en la Historia intentaron imponer
+una creencia; con la fe de los guerreros de la Cruz y los del Profeta;
+con la tenacidad de los inquisidores y de los jacobinos.
+
+El, hombre de razón, sólo había sabido burlarse de los entusiasmos
+generosos y desinteresados de los otros hombres, encontrando
+inmediatamente su parte flaca, su falta de adaptación á las realidades
+del momento... ¿Con qué derecho reía de su piloto, que era un creyente y
+soñaba, con la pureza de un niño, en una humanidad libre y feliz?...
+¿Qué podía oponer él á esta fe, aparte de sus burlas estúpidas?...
+
+La vida se le apareció bajo una nueva luz, como algo serio y misterioso
+que exigía un peaje, un tributo de esfuerzo á todos los seres que
+transitan por ella, dejando á sus espaldas la cuna y teniendo la fosa
+como posada terminal.
+
+Nada importaba que los ideales pareciesen falsos. ¿Dónde está la verdad
+verdadera y única?... ¿Quién puede demostrar que existe y no es una
+ilusión?...
+
+Lo necesario era creer en algo, tener esperanza. Las multitudes no se
+habían movido nunca al impulso de razonamientos y críticas. Sólo se
+lanzaban adelante cuando alguien hacía nacer en ellas ilusiones y
+esperanzas. Podían los filósofos buscar inútilmente la verdad á la luz
+de sus razonamientos. El resto de los hombres preferiría siempre las
+quimeras ideales, que se transforman en poderosos móviles de acción.
+
+Todas las religiones se desmenuzaban al sufrir un frío examen, y sin
+embargo producían santos y mártires, verdaderos superhombres de la
+moral. Todas las revoluciones resultaban defectuosas é ineficaces al
+quedar sometidas á una revisión científica, y no obstante habían
+engendrado los mayores héroes individuales, los más asombrosos
+movimientos colectivos de la Historia.
+
+«¡Creer!... ¡Soñar!--seguía cantando en su cerebro la voz misteriosa--.
+¡Tener un ideal!...»
+
+No se podía vivir, como los cadáveres de los magnates faraónicos, en una
+tumba lujosa, ungidos de perfumes, rodeados de todo lo que sirve para el
+alimento y el sueño. Nacer, crecer, procrearse y morir no bastaba para
+formar una historia: todos los animales hacían lo mismo. El hombre debe
+añadir algo más que sólo él posee: la facultad de imaginarse el
+porvenir... ¡soñar! Al patrimonio de ilusiones legado por los hombres
+anteriores había que agregar una nueva ilusión ó un esfuerzo para
+realizarla.
+
+Reconoció Ferragut que en tiempos normales habría llegado á la muerte
+tal como había vivido, siguiendo una existencia monótona y uniforme.
+Pero los cambios violentos de ambiente resucitan las personalidades
+dormidas que todos llevamos dentro, como recuerdo de nuestros
+antepasados, en torno de una personalidad central y despierta, que es la
+única que ha existido hasta entonces.
+
+El mundo estaba en guerra. Los hombres de media Europa chocaban con los
+de la otra media en los campos de batalla. Unos y otros tenían un ideal
+místico, afirmándolo con violencias y matanzas, lo mismo que habían
+hecho todas las muchedumbres movidas por una certidumbre religiosa ó
+revolucionaria aceptada como única verdad...
+
+Pero el marino reconoció una profunda diferencia en las dos masas
+luchadoras del presente. Una colocaba su ilusión en el pasado, queriendo
+rejuvenecer la soberanía de la fuerza, la divinidad de la guerra, y
+adaptarlas á la vida actual. Lo otra muchedumbre preparaba el porvenir,
+soñando un mundo de democracias libres, de naciones en paz, tolerantes y
+sin celos.
+
+Al acoplarse á este nuevo ambiente, Ferragut sintió nacer en su interior
+ideas y aspiraciones que tal vez procedían de una herencia ancestral.
+Creyó estar oyendo á su tío el _Tritón_ cuando describía los choques de
+los hombres del Norte con los hombres del Sur por hacerse dueños de la
+capa azul de Anfitrita. El era un mediterráneo, y porque la nación en
+cuyo borde había nacido se desinteresase de la suerte del mundo no iba á
+permanecer indiferente.
+
+Debía continuar donde estaba. Cuanto decía Tòni de latinismo y
+civilización mediterránea lo aceptó ahora como grandes verdades. Tal vez
+no fuesen exactas al ser examinadas por la razón, pero valían tanto como
+las certidumbres de los otros.
+
+Iba á continuar su vida de navegante con nuevos entusiasmos. Tenía la
+fe, el ideal, las ilusiones que forman á los héroes. Mientras durase la
+guerra, la haría á su modo, sirviendo de auxiliar á los que peleaban,
+transportando todo lo necesario para la lucha. Miró con mayor respeto á
+los marineros sometidos á sus órdenes, gente simple que había dado su
+sangre sin frases y sin razonamientos.
+
+Cuando llegase la paz, no por esto se retiraría del mar. Quedaba mucho
+que hacer. Empezaría entonces la guerra comercial, la áspera rivalidad
+por conquistar los mercados de las naciones jóvenes de América. Planes
+audaces y enormes se esbozaron en su cerebro. En esta guerra tal vez
+fuese caudillo. Soñó con la creación de una flota de vapores que
+llegasen hasta las costas del Pacífico; quería aportar su concurso al
+renacimiento victorioso de la raza que había descubierto la mayor parte
+del planeta.
+
+Su nueva fe le hizo ser más amigo del cocinero del buque, sintiendo la
+atracción de sus inconmovibles ilusiones. De vez en cuando se divertía
+consultándole sobre la suerte futura del vapor; quería saber si los
+submarinos le inspiraban miedo.
+
+--No hay cuidado--afirmaba _Caragòl_--. Tenemos buenos protectores. El
+que se ponga ante nosotros está perdido.
+
+Y mostraba á su capitán las estampas y tarjetas postales clavadas en las
+paredes de la cocina.
+
+Recibió Ferragut una mañana la orden de partir. Por el momento, iban á
+Gibraltar para recoger la carga de un vapor que no había podido seguir
+su navegación. Del estrecho tal vez hiciesen rumbo á Salónica una vez
+más.
+
+Nunca emprendió un viaje con tanta alegría el capitán del _Mare
+nostrum_. Creyó dejar en tierra para siempre el recuerdo de aquella
+mujer ejecutada, cuyo cadáver veía en sueños muchas noches. De todo el
+pasado, lo único que deseaba trasplantar á su nueva existencia era la
+imagen de su hijo. Iba á vivir en adelante concentrando sus entusiasmos
+y sus ilusiones en la misión que se había impuesto.
+
+Llevó el buque directamente de Marsella al cabo de San Antonio, lejos de
+toda costa, por las soledades del Mediterráneo, sin pasar el golfo del
+León.
+
+Un día, al atardecer, vieron los tripulantes unas montañas azuladas por
+la distancia: la isla de Mallorca. Durante la noche se deslizaron á lo
+largo del obscuro horizonte los faros de Ibiza y Formentera. Al salir el
+sol, una mancha vertical de color de rosa, igual á una lengua de fuego,
+apareció sobre la línea del mar. Era la alta montaña del Mongó, el
+promontorio Ferrario de los antiguos. Al pie de sus abruptos acantilados
+estaba el pueblo de los abuelos de Ulises, la casa en la que había
+transcurrido la mejor época de su niñez. Así debieron verlo de lejos los
+griegos de Marsilia, exploradores del Mediterráneo desierto, al llegar
+sobre sus naves que saltaban la espuma como caballos de madera.
+
+Todo el resto del día marchó el _Mare nostrum_ casi pegado á la costa.
+El capitán conocía este mar como si fuese un lago de su propiedad. Llevó
+el vapor por fondos escasos, viéndose los escollos tan cerca de la
+superficie, que parecía un milagro que el buque no chocase en ellos.
+Sólo un par de metros quedaban entre la quilla y las rocas sumergidas.
+Luego, el agua dorada tomaba un tono obscuro, y el vapor seguía su
+avance sobre enormes profundidades.
+
+El sol del otoño enrojecía las amarillentas montañas del litoral, secas
+y olorosas, cubiertas de hierbas de bravos perfumes que se esparcían á
+largas distancias. En todos los repliegues de la costa--pequeñas
+ensenadas, lechos de torrentes secos ó escotaduras entre dos
+cumbres--surgían blancas agrupaciones de caserío.
+
+Ferragut contempló el pueblo de sus abuelos. Allí estaba Tòni; tal vez
+les veía pasar desde la puerta de su vivienda; tal vez reconocía el
+buque con sorpresa y emoción.
+
+Un oficial francés, inmóvil junto á Ulises en el puente, admiró la
+belleza del día y del mar. Ni una nube en el cielo; todo era azul arriba
+y abajo, sin otra alteración que las franjas de espuma peinándose en los
+salientes de la costa y los inquietos oros del sol formando un ancho
+camino sobre las aguas. Un rebaño de delfines triscó en torno del buque
+como en los cortejos de las divinidades oceánicas.
+
+--¡Si siempre estuviese así el mar--dijo el capitán--, qué delicia ser
+marino!
+
+Los tripulantes veían desde la borda á las gentes de tierra correr y
+agruparse, atraídas por la novedad de un vapor que pasaba al alcance de
+sus voces. En todos los puntos salientes del litoral surgía una torre
+chata y rojiza, último vestigio de la guerra milenaria del Mediterráneo.
+
+Acostumbrados á las rudas orillas del Océano y sus eternas rompientes,
+los marinos bretones admiraban esta navegación fácil casi tocando la
+costa, viendo á sus habitantes del tamaño de hormigas. Dirigido el buque
+por otro capitán, hubiese resultado peligroso navegar tan cerca. Pero
+Ferragut reía, haciendo indicaciones lúgubres á los oficiales que
+estaban en el puente, para que resaltase mejor su seguridad profesional.
+Indicaba los escollos ocultos en el fondo. Aquí se había perdido un
+trasatlántico italiano que iba á Buenos Aires... más allá un velero de
+cuatro palos había encallado, perdiendo su cargamento... El sabía por
+centímetros el agua que podía quedar entre los peñascos traidores y la
+quilla de su buque.
+
+Buscó con predilección los fondos más inquietantes. Estaban en la zona
+peligrosa del Mediterráneo, donde los submarinos alemanes se mantenían á
+la espera de los convoyes franceses é ingleses que iban navegando al
+abrigo del litoral español. Los obstáculos de la costa sumergida eran
+para él la mejor defensa contra los invisibles ataques.
+
+Fué esfumándose á sus espaldas el promontorio Ferrario, hasta no ser mas
+que una sombra en el horizonte. Desfiló ante el vapor toda la costa de
+la Marina; luego, el cabo Huertas, el lejano puerto de Alicante y el
+cabo de Santa Pola. A la caída de la tarde, el _Mare nostrum_ estaba
+frente al cabo Palos, y tuvo que navegar aguas afuera para doblarlo,
+dejando Cartagena á lo lejos. Desde aquí haría rumbo Sudoeste hasta el
+cabo de Gata, donde empieza á angostarse el Mediterráneo, formando el
+embudo del estrecho. Luego pasarían ante Almería y Málaga, llegando á
+Gibraltar al día siguiente.
+
+--Aquí es donde esperan muchas veces los enemigos--dijo Ferragut á uno
+de los oficiales--. Si no tenemos un mal encuentro antes de la noche,
+habremos terminado perfectamente nuestro viaje.
+
+El buque se había despegado del litoral; ya no se alcanzaba á distinguir
+la costa baja. Sólo á proa se mantenía visible el dorso saliente del
+cabo, emergiendo como una isla.
+
+_Caragòl_ apareció con una bandeja en la que humeaban dos vasos de café.
+No quería ceder á ningún marmitón el honor de servir al capitán cuando
+estaba en el puente.
+
+--¿Qué opina usted del viaje?--preguntó Ferragut alegremente antes de
+beber--. ¿Llegaremos bien?...
+
+El cocinero hizo un gesto de desprecio, como si los alemanes pudiesen
+verle.
+
+--No pasará nada; estoy seguro de ello... Tenemos quien vela por
+nosotros, y...
+
+Se vió interrumpido en estas afirmaciones. La bandeja escapó de sus
+manos, y fué tambaleándose como un ebrio, hasta aplastar su abdomen
+contra la barandilla del puente. «¡Cristo del Grao!...»
+
+A Ferragut también se le cayó el vaso que llevaba á su boca, y el
+oficial francés, sentado en un banco, casi se dobló sobre las rodillas.
+El timonel tuvo que agarrarse á la rueda con un crispamiento de sorpresa
+y de terror.
+
+Todo el buque tembló de la quilla al extremo de los topes, de la proa al
+timón, con un estremecimiento mortal, como si unas tenazas invisibles
+acabasen de inmovilizarlo en plena carrera.
+
+El capitán quiso explicarse este accidente. «Hemos encallado--se dijo--;
+un escollo que no conozco; algo que no figura en las cartas...»
+
+Pero aún no había transcurrido un segundo cuando algo vino á añadirse á
+este choque, desmintiendo las suposiciones de Ferragut. El aire azul y
+luminoso se arrugó bajo el zarpazo de un trueno. Cerca de la proa se
+produjo una columna de humo, de gases en expansión, de vapores
+amarillentos y fulminantes, subiendo por su centro en forma de abanico
+un chorro de objetos negros, maderas rotas, pedazos de plancha metálica,
+cuerdas inflamadas que se disolvían en ceniza.
+
+Ulises ya no dudó. Acababan de recibir un torpedazo. Su mirada ansiosa
+se esparcía sobre las aguas.
+
+--¡Allí!... ¡allí!--dijo tendiendo una mano.
+
+Sus ojos de marino acababan de descubrir la leve traza de un periscopio
+que nadie conseguía ver.
+
+Bajó del puente, ó más bien, se dejó rodar por la escalerilla, corriendo
+hacia la popa.
+
+--¡Allí!... ¡allí!
+
+Los tres artilleros estaban junto al cañón, tranquilos y flemáticos,
+llevándose una mano á los ojos para ver mejor el punto casi invisible
+que les señalaba su capitán...
+
+Ninguno de ellos reparó en la inclinación que empezaba á tomar la
+cubierta lentamente. Introdujeron el primer proyectil en la recámara,
+mientras el apuntador se esforzaba por distinguir aquel pequeño bastón
+negro perdido en las ondulaciones del agua.
+
+El buque volvió á sufrir otro choque tan rudo como el anterior. Todo él
+gimió con un estremecimiento agónico. Las planchas temblaban, perdiendo
+la cohesión que hacía de ellas una sola pieza. Los tornillos y bulones
+saltaron á impulsos del sacudimiento general. Un segundo cráter se abrió
+en mitad del buque, llevándose esta vez en el abanico de su explosión
+miembros humanos destrozados.
+
+Adivinó el capitán que era inútil la resistencia. Sus pies parecían
+avisarle el cataclismo que se desarrollaba debajo de ellos: la tromba
+líquida invadiendo con espumoso mugido el espacio entre la quilla y la
+cubierta, destrozando las mamparas metálicas, derribando los portones de
+seguridad, desordenando los objetos, arrastrándolo todo con la violencia
+de una inundación, con el mazazo de un dique que se rompe. La cavidad
+llena de aire, flotante y ligera, iba á convertirse en un ataúd de agua
+y plomo, yéndose á fondo.
+
+El cañón de popa lanzó el primer disparo. A Ferragut le pareció irónico
+su estampido. Nadie como él se daba cuenta del estado del buque.
+
+--¡A los botes!--gritó--. ¡Todo el mundo á los botes!
+
+Fué inclinándose el vapor de un modo alarmante, mientras los hombres
+obedecían esta orden sin perder su serenidad.
+
+Una trepidación desesperada conmovió la cubierta. Eran las máquinas, que
+lanzaban estertores agónicos, al mismo tiempo que huía por la chimenea
+un torrente de humo denso como tinta. Los fogoneros volvieron á la luz
+con los ojos dilatados por el espanto sobre sus caras negruzcas. La
+inundación había empezado á invadir sus dominios, rompiendo las
+compuertas de acero.
+
+--¡A los botes!... ¡Al agua los botes!
+
+El capitán repitió sus gritos de mando, ansioso de ver embarcada la
+tripulación, sin pensar por un momento en la propia seguridad.
+
+No se le ocurrió que su suerte pudiera ser distinta á la de su buque.
+Además, oculto en el mar estaba el enemigo, que surgiría oportunamente
+para apreciar su obra... Tal vez buscase en las embarcaciones de
+salvamento al capitán Ferragut, queriendo llevárselo como un despojo de
+su triunfo... «¡No! Prefería renunciar á la existencia.»
+
+Los marineros habían desamarrado dos botes y empezaban á descenderlos,
+cuando ocurrió algo repentino, brutal, con la rapidez anonadadora de los
+cataclismos de la Naturaleza.
+
+Sonó una explosión inmensa, como si el mundo se abriese en pedazos, y
+Ferragut sintió que el piso se escapaba de sus pies. Miró en torno de
+él. La proa ya no existía: había desaparecido debajo del agua, y una ola
+mugidora iba avanzando sobre la cubierta, aplastándolo todo bajo su
+rodillo de espuma. En cambio la popa subía y subía, perdiendo su
+horizontalidad. Fué de pronto una cuesta, una ladera de montaña, en cuya
+cumbre se erguía como una veleta el mástil blanco del pabellón.
+
+Para no caer, quiso agarrarse á una cuerda, á un madero, á cualquier
+objeto fijo; pero su movimiento fué inútil: se sintió arrastrado,
+volteado, golpeado en una obscuridad mugidora y giratoria. Un frío
+mortal paralizó sus miembros. Sus ojos cerrados vieron un cielo rojo, un
+cielo de sangre con estrellas negras. Los oídos le zumbaron con un
+glu-glu inmenso mientras su cuerpo daba cabriolas en la obscuridad. Su
+cerebro confuso imaginó que se había abierto un agujero infinito en el
+fondo del mar, que todas las aguas de los océanos se escapaban por él
+formando un gigantesco remolino, y que él volteaba en el centro de esta
+tempestad giratoria.
+
+«Voy á morir... ¡Ya he muerto!», decía su pensamiento.
+
+Y á pesar de que estaba resignado á morir, agitó las piernas
+desesperadamente, queriendo elevarse sobre las traidoras blanduras. En
+vez de seguir descendiendo, notó que subía, y al poco rato pudo abrir
+los ojos y respirar, avisado por el contacto atmosférico de que había
+llegado á la superficie.
+
+No estaba seguro del tiempo que había pasado en el abismo. Minutos nada
+más, pues su respiración de nadador sólo podía alcanzar este límite...
+Por eso experimentó asombro al ver los grandes cambios realizados en un
+paréntesis tan breve.
+
+Creyó que ya era de noche. Tal vez en las capas superiores de la
+atmósfera brillaban aún las últimas luces del sol, pero á ras del agua
+no había mas que una claridad crepuscular, un débil resplandor de
+bodega.
+
+La superficie casi plana vista minutos antes desde lo alto del puente
+estaba movida ahora por amplias ondulaciones que le sumían en momentánea
+obscuridad. Cada una de ellas era una colina que se interponía ante sus
+ojos, dejando libre solamente un espacio de unos cuantos metros. Cuando
+se elevaba hasta sus cumbres podía abarcar con rápida visión el mar
+solitario, sin la gallarda montaña del buque y moteado de objetos
+obscuros. Estos objetos se deslizaban inertes ó se movían agitando un
+par de antenas negras. Tal vez imploraban socorro, pero el desierto
+húmedo absorbía los gritos más furiosos, convirtiéndolos en lejanos
+balidos.
+
+Del _Mare nostrum_ no quedaba visible ni la boca de la chimenea ni una
+punta de mástil: todo se lo había tragado el abismo... Ferragut llegó á
+dudar si realmente había existido su buque alguna vez.
+
+Nadó hacia un madero que flotaba cerca, apoyando los brazos en él. Era
+capaz de permanecer horas enteras en el mar, pero desnudo, á la vista de
+la costa, con la seguridad de volver á tierra firme cuando lo desease...
+Pero ahora tenía que sostenerse vestido; los zapatos tiraban de él cada
+vez con más fuerza, como si fuesen de hierro... ¡y agua por todos lados!
+¡ni un buque en el horizonte que pudiese venir á socorrerle!... El
+telegrafista de á bordo, sorprendido por la rapidez de la catástrofe, no
+había podido lanzar la señal de auxilio.
+
+Tuvo que defenderse de los restos del naufragio. Después de haber
+buscado el apoyo del madero como última salvación, evitó los toneles
+flotantes que rodaban á impulsos de la marejada y podían enviarle á
+fondo con uno de sus golpes.
+
+De pronto surgió entre dos olas una especie de monstruo ciego, que
+avanzaba agitando las aguas furiosamente con los paletazos de sus
+nadaderas. Al estar cerca de él, vió que era un hombre; al alejarse,
+reconoció al tío _Caragòl_.
+
+Nadaba lo mismo que los locos y los ebrios, con un esfuerzo sobrehumano
+que hacía salir fuera del agua la mitad de su cuerpo á cada uno de los
+braceos. Miraba ante él como si pudiese ver, como si tuviera una
+dirección fija, sin vacilar un instante, avanzando mar adentro cuando se
+imaginaba ir hacia la costa.
+
+--¡Padre San Vicente!--mugía--. ¡Cristo del Grao!...
+
+En vano le llamó el capitán. No podía oírle. Siguió nadando con toda la
+fuerza de su fe, repitiendo sus piadosas invocaciones entre bufidos
+ruidosos.
+
+Un tonel remontó la cresta de una ola, rodando por la ladera contraria.
+La cabeza del ciego nadador se interpuso en su camino... Un choque.
+«¡Padre San Vicente!...» Y _Caragòl_ desapareció con la cabeza roja y la
+boca llena de sal.
+
+Ferragut no quiso imitar esta natación. La tierra estaba muy lejos para
+los brazos de un hombre: imposible llegar á ella. Del vapor no había
+quedado un solo bote flotando sobre las aguas... Su única esperanza,
+remota y quimérica, era que un buque descubriese á los náufragos,
+salvándolos.
+
+Esta ilusión casi se realizó al poco rato. Desde la cresta de una ola
+pudo ver un barco negro, largo y bajo de borda, sin chimenea ni
+mástiles, que navegaba lentamente por entre los restos de la catástrofe.
+Reconoció á un submarino. Las obscuras siluetas de varios hombres se
+destacaban sobre su lomo... Creyó oír gritos.
+
+--¡Ferragut!... ¿Dónde está el capitán Ferragut?
+
+«¡Ah, no!... Mejor era morir.» Y se mantuvo asido al madero, inclinando
+la cabeza como si estuviese ahogado.
+
+Luego, al cerrar la noche, oyó otros gritos, pero eran de socorro, de
+angustia, de muerte. Aquellos salvadores sólo le buscaban á él,
+abandonando á los demás.
+
+Perdió la noción del tiempo. Un frío agónico fué paralizando su
+organismo. Las manos ateridas y ganchudas se soltaban del madero,
+volviendo á agarrarse á él con esfuerzos supremos de voluntad.
+
+Los otros náufragos habían tenido la precaución de ponerse sus chalecos
+flotantes al iniciarse el hundimiento. Iban á prolongar su agonía,
+gracias á ellos, por unas horas. Tal vez si llegaban hasta el amanecer
+podrían ser descubiertos por algún buque. ¡Pero él!...
+
+De repente se acordó del _Tritón_... Su tío también había muerto en el
+mar: todos los más vigorosos de la familia venían á perderse en su seno.
+Durante siglos y siglos había sido la tumba de los Ferragut; por algo le
+llamaban «mar nuestro».
+
+Pensó que las corrientes podían haber arrastrado su cadáver desde el
+otro promontorio al lugar en que flotaba él. Tal vez lo tenía debajo de
+sus pies... Una fuerza irresistible tiró de ellos: sus manos paralizadas
+se soltaron del madero.
+
+--¡Tío!... ¡tío!
+
+Lo gritó en su pensamiento con el mismo balido miedoso que cuando era
+pequeño y hacía las primeras nataciones. Pero sus manos angustiosas
+volvieron á encontrar el frío y débil sostén cuando buscaban aquella
+isla de duros músculos coronada por una cabeza hirsuta y sonriente.
+
+Siguió en su tenaz flotación, luchando con el sopor que le aconsejaba
+soltar el apoyo flotante, dejarse ir á fondo, dormir... ¡dormir para
+siempre! Los zapatos y los pantalones continuaban tirando de él cada vez
+con mayor fuerza. Eran como una mortaja que se dilataba, ondulante y
+pesadísima, hasta tocar el fondo. Su desesperación le hizo levantar los
+ojos y mirar las estrellas... ¡Tan altas!... ¡Poder agarrarse á una de
+ellas así como sus manos se agarraban al madero!...
+
+Creyó despertar al mismo tiempo que hacía instintivamente un movimiento
+de repulsión. Su cabeza se había hundido en el agua sin que él lo
+sintiese. Un líquido amargo empezaba á introducirse por su boca...
+
+Realizó un penoso esfuerzo para mantenerse en posición vertical, mirando
+de nuevo el cielo... Ya no era azul obscuro: era de tinta negra, y todas
+las estrellas rojas como gotas de sangre.
+
+Tuvo de pronto la certeza de que no estaba solo, y bajó los ojos... Sí;
+alguien estaba junto á él. ¡Era una mujer!...
+
+Una mujer blanca como la nube, blanca como la vela, blanca como la
+espuma. Su cabellera verde estaba adornada con perlas y corales
+fosforescentes; su sonrisa altiva, de soberana, de diosa, venía á
+completar la majestad de esta diadema.
+
+Tendió los brazos en torno de él, apretándolo contra sus pechos
+nutridores y eternamente virginales, contra su vientre de nacarada
+tersura, en el que se borraban las huellas de la maternidad con la misma
+rapidez que los círculos en el agua azul.
+
+Una atmósfera densa y verdosa daba á su blancura un reflejo semejante al
+de la luz en las cuevas del mar...
+
+Su boca pálida acabó por pegarse á la del náufrago con un beso
+imperioso. Y el agua de esta boca, subiendo al filo de los dientes, se
+desbordó en la suya con una inundación salada, interminable... Sintió
+hincharse su interior, como si toda la vida de la blanca aparición se
+liquidase, pasando á su cuerpo á través del beso impelente.
+
+Ya no podía ver, ya no podía hablar. Sus ojos se habían cerrado para no
+abrirse nunca; un río de amarga sal rodaba por su garganta.
+
+Sin embargo, la siguió contemplando, cada vez más apretada á él, más
+luminosa, con una expresión triste de amor en sus ojos glaucos... Y así
+fué descendiendo y descendiendo las infinitas capas del abismo, inerte,
+sin voluntad, mientras una voz gritaba dentro de su cráneo, como si
+acabase de reconocerla:
+
+--¡Anfitrita!... ¡Anfitrita!
+
+FIN
+
+París.--Agosto-Diciembre 1917.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Mare nostrum, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MARE NOSTRUM ***
+
+***** This file should be named 23236-8.txt or 23236-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
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+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
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+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
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+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+
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+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
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+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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