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+The Project Gutenberg EBook of La copa de Verlaine, by Emilio Carrère
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: La copa de Verlaine
+
+Author: Emilio Carrère
+
+Release Date: October 29, 2007 [EBook #23239]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA COPA DE VERLAINE ***
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
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+
+
+
+
+
+EMILIO CARRÈRE
+
+LA COPA DE VERLAINE
+
+MADRID
+
+1918
+
+A
+
+JESÚS DE LAS HERAS
+
+GRAN AMIGO, GRAN SIMPÁTICO,
+
+VENCEDOR DEL AZAR
+
+EL AUTOR
+
+
+
+
+ _Índice_
+
+
+ La Copa de Verlaine
+ En Madrid se come mal
+ El viejo poeta Nerval
+ Hábitos y extravagancias de los escritores
+ Los argonautas del vellocino de... cobre
+ La última copa de Edgard Poe
+ Los poetas borrachos
+ Un duelo romántico
+ Las manos de Elena
+ Siles y su carrik
+ Glosario pintoresco
+ Elegía de un hombre inverosímil
+ Nuestro amigo el alquimista
+ El galán de los «ouistitis»
+ Sindulfo, arqueólogo y cazador de alimañas
+ El poema del mal poeta
+ La sombra del rey galán
+ La plazoleta de los fracasados
+ Las paellas de un revolucionario
+ La noche
+ Un viejo café galante
+ Perfil de tragicomedia
+ Santaló
+ La capa bohemia
+ La capa de mendigo
+
+
+
+
+_La copa de Verlaine_
+
+
+PABLO Verlaine tenía una sed fatal, una sed monstruosa y suicida, y
+bebió hasta la muerte. Tal vez oía la voz de una sirena fabulosa en el
+fondo glauco del ajenjo. El ruiseñor protervo iba al café D'Harcourt y
+bebía, bebía... Las cuartillas aguardaban en una carpeta, junto al
+tintero feo, mezquino, de fosforero de café. El rincón era un suave
+remanso melancólico en el triunfo de luz y de sonidos del loco París.
+
+A veces, con el hórrido tintero y la pluma oxidada, que manoseaba el
+vulgo más gárrulo, Verlaine escribía un poema de maravilla. Pocas veces
+podía pagar sus ajenjos. Cuando llegaban algunos admiradores, algunos
+amigos, el poeta, tristemente borracho, pedía dinero. Después, a la
+alta noche, en las tabernas de apaches y de meretrices, a la hora de la
+fatiga del amor callejero, Verlaine arrojaba los luises que había
+demandado, como una lluvia de oro, sobre la dolorida canalla. Así sus
+versos eran una lluvia de estrellas sobre los vulgos que aullaban y le
+ofendían al verle pasar borracho por su lado.
+
+En su barrio tenía una popularidad grotesca. Era un viejo loco, beodo y
+mal vestido, que arrojaba dinero a la chiquillería, que hacía befa de su
+extraña liberalidad y le tiraba piedras. Cuando murió, las comadres
+hicieron grandes aspavientos viendo llegar coches blasonados y fulgentes
+uniformes. Creían que su vecino no era sino un mendigo estrafalario.
+
+Y espiritualmente no era tampoco muy bien conocido:
+
+ Car elle me comprend et mon coeur transparent pour elle seule,
+ hélas, cesse d'être un problème.
+
+Para esa desconocida, _rubia o morena o roja_, su corazón transparente
+cesó de ser un problema, para ella sola...; pero ella no existió jamás.
+Para sus contemporáneos--a excepción de pocos nobles espíritus--fué un
+gran poeta que tenía un defecto, se emborrachaba y hacía una vida
+absurda: _Derrochó sus felices dotes naturales, que hubiese podido
+desarrollar para bien de su obra y de su reputación, haciendo una vida
+más metódica._
+
+Al desconocido idiota que escribió esto le conozco yo personalmente. Es
+una especie de tonto que abunda en todas partes: el tonto cosmopolita.
+Poe lo sufrió en Norte América; Verlaine, en París, y en España, muchos
+espíritus artistas que no se adaptaron a la hosca estupidez del
+ambiente. Es el tonto sensato, valga la horrible paradoja.
+
+¿Y qué más quería el tonto discreto, el tonto metódico, el tonto de
+sentido común, que hubiese hecho Verlaine? Cerca de diez volúmenes
+incomparables, únicos, escribió el viejo poeta maldito en los cafés, en
+las tabernas, acaso en sus largas temporadas de hospital, al que el
+_pobre Lelian_ llamaba su palacio de invierno. La capa de mendigo de
+Verlaine es hoy la bandera de la Francia espiritual. Está ungida por la
+gloria. Es una cumbre dorada por la inmortalidad.
+
+Estas glorias póstumas suelen ser un sarcasmo. Sirven para enriquecer al
+editor; más amargo viceversa, cuanto que el poeta ha pasado una vida
+desastrosa. Es la eterna tragicomedia desgarrante.
+
+Verlaine tenía una sed fatal que no se saciaba nunca... ¿Fué por eso un
+originalísimo y alto poeta? Pedro Luis de Gálvez cree que sí, y quizá
+tenga razón este admirable ingenio, este excelso poeta, odiado,
+desdeñado, absurdo, fantástico, que rueda por las calles, borracho y
+triste, al asalto de unas pocas monedas de cobre roído, en este
+miserable país de la calderilla. Pedro Luis lleva una fatalidad
+misteriosa sobre su cabeza.
+
+No hay poeta que, como Verlaine, esté ungido de la gracia lírica. Tiene
+una emoción única y una magia peculiar para engarzar las palabras en
+collares armoniosos, de divinos matices crepusculares. Se puede decir,
+sin hipérbole, que es un brujo de las rimas, de las inefables palabras
+musicales, donde vierte su alma mística y pagana, ferviente, pecadora,
+universal. ¡Pobre Verlaine, mendigo, borracho y solitario! ¿De qué
+sideral armonía estaba henchido tu triste corazón, que era al par una
+gusanera de pecados mortales?
+
+¿Qué enorme catástrofe de alma te engendró aquella gran sed, monstruosa
+y suicida? Una sirena encantadora cantaba en el fondo del vaso y tú no
+querías oír sino su voz emponzoñada de trágica Loreley. Y allí te
+esperaba la Muerte, la marioneta descarnada, todo blancura y piruetas,
+como la Colombina de tus fiestas galantes.
+
+ Colombine rêve surprise
+ d'écouter un coeur dans la brise
+ et de sentir dans son coeur voix.
+
+Tú también oías voces milagrosas en tu corazón cuando cincelabas tus
+versos con la pluma menguada y con el tinterillo ruin del café bohemio.
+¡Oh, pobre, maldito y solitario! A tu lado pasaba el triunfo de la
+ciudad sirena, de Lutecia, la loca, sin una sonrisa de cariño para el
+divino poeta, que, con un humorismo que hiela los huesos, llamaba al
+hospital _su palacio de invierno_, del tremendo invierno parisiense.
+Quizá el genio sea la compensación de la miseria y de la desgracia,
+
+ _que ser feliz y artista no lo permite Dios,_
+
+como, con dichosa y amarga lucidez, ha escrito Manuel Machado. Ser un
+gran poeta equivale, pues, a ser un gran infortunado. Mercurio tiene el
+oro guardado en la caja de su trastienda. El amor de las mujeres
+hermosas, la admiración de la multitud es en España para esos muñecos
+emocionantes vestidos de oro que saben sonreír cuando la Muerte les roza
+los caireles. Acaso llegue la gloria para los artistas... pero después
+de muertos. Es una burla demasiado cruenta del Destino.
+
+¡Copa de verde y ponzoñoso licor, donde la sirena del genio supo cantar
+para Verlaine! ¡Acaso en el fondo del vaso esté el dulce talismán que
+encanta la vida! _Embriagaos de amor, de virtud o de vino. Cuidad de
+estar siempre ebrios_, dijo el trágico Baudelaire al sentir el enorme
+vacío de su existencia, que fué gloriosa... más tarde, cuando una vida
+negra y una muerte de perro le arrojaron a la eternidad como un guiñapo
+muy glorioso, pero muy maltrecho y muy dolorido.
+
+
+
+
+_En Madrid se come mal_
+
+
+NUESTRO amigo Zarathustra, en una de sus andanzas, se casó con una joven
+inglesa, hija de un español que tenía una librería de viejo en un barrio
+apartado de Londres. Zarathustra es literato y, en consecuencia, no
+tiene dinero. Trajo a su mujer a Madrid, la llevó a comer a los figones
+de los poetas bohemios y durmieron en las clásicas posadas de la Cava
+Baja. A los pocos días madama Zarathustra exclamó ingenuamente:
+
+--¡En Madrid se come muy mal!
+
+Verdaderamente es asombrosa la resistencia de los estómagos literarios.
+Cada joven poeta del arroyo es un caso de supervivencia milagrosa, «a
+pesar» de los restaurantes donde ha yantado. Para entretenimiento del
+lector bien alimentado recordaré alguna de estas yácijas de la
+necesidad. El restaurante del Loro, La Precisa, La Marina, El figón de
+_El Imparcial_, La Montaña... Por estos desapacibles lugares hemos
+arrastrado la ilusión nuestros veinte años, hemos contemplado nuestro
+rostro, nuestra pipa y nuestras guedejas en los viejos espejos, y ante
+estas mesas--mientras nos servían el ligero condumio--hemos declamado
+nuestros primeros sonetos en obsequio de algún amigo, también portalira,
+con mucho pelo y muchos sueños bajo las haldas enormes de su chambergo.
+
+La Precisa era un figón muy interesante. Y también diremos muy doloroso.
+Tenía un comedor interior muy lóbrego donde se juntaban empleados de
+exiguas mesadas, con sus chaquets ribeteados de trencilla parda y los
+calzones en hilachas, ilustres mártires de la Administración, en la
+lamentable compañía de sus esposas y de sus criaturas--la infancia fea
+por el tatuaje de la miseria--, que palmoteaban gozosas ante los
+manteles vinosos y corcusidos, exclamando:
+
+--¡Qué gusto, hoy vamos a comer de fonda!
+
+Una tortilla costaba un real; una sardina, cinco céntimos; una ensalada,
+otros cinco; un plato de legumbres, 15...; un _bifteck_ con patatas, dos
+reales. Cuando algún parroquiano pedía este plato inusitado, el mozo
+dudaba antes de servirlo, o murmuraba suspicaz:
+
+--Este pájaro «está en dinero». Debe de haber cometido alguna estafa...
+
+Iban algunas viejas pensionistas que «tenían crédito» en la casa, muy
+parlanchinas, que contaban antiguas grandezas de cuando vivía su esposo,
+el «brigadier», y daban saraos y «salían todos los años». Las viejas
+solitarias suelen estar un poco locas. Todo el pasado les está hablando
+constantemente y les pesa sobre sus pobres huesos desvencijados y sobre
+sus almas saturadas de las antiguas coqueterías, de sus eternas
+frivolidades de mujer. Suelen tener un amor furioso y extravagante hacia
+los perros y los gatos. Una desviación caricaturesca de sus maternos
+instintos estériles o frustrados. El día de cobro gustan de beber un
+poco, porque el aguardiente es un diablejo galante y piadoso que les
+hace olvidar que son muy pobres y demasiado viejas...
+
+Aparte de los aprendices de literato, los demás eran el bajo fondo de la
+clase media. Los literatos no pertenecen a ninguna clase social. Don
+Uriarte de Pujana, por ejemplo, confía en ser jefe del Estado de un
+momento a otro, tiene amores con grandes duquesas y cena chicharrones en
+cualquier tabernón. Esto es: la política, la aristocracia y el pueblo
+que se funden en el radio de acción de nuestro intrépido amigo.
+
+El restaurante del Loro--tenía un magnífico y odioso loro disecado
+pendiente del techo--presentaba «las mismas condiciones de economía y
+pulcritud». Allí oímos cantar por primera vez a una gentil cantatriz que
+después conquistó puestos honrosos en el Arte. Cantó la «Siciliana» de
+_Cavalleria rusticana_; todos los poetas nos enamoramos repentinamente
+de ella y la dedicamos apasionados sonetos. Su padre, que era zapatero,
+muy emocionado por nuestra ofrenda, se brindó heroicamente a
+componernos las botas a todos los poetas, gratuitamente.
+
+Muchas familias de «náufragos provincianos» caían en los figones,
+«personas decentes» que rodaban los escalones de la penúltima miseria.
+Haremos notar que nunca se debe decir la última miseria; es una
+imprudencia que puede molestar a la Desgracia, y entonces nos apretará
+más el resuello. Siempre hay mayores extremos de dolor, y callar es
+bueno. Estos provincianos adquieren de la corte la misma opinión de
+madama Zarathustra:
+
+--¡En Madrid se come muy mal!
+
+Se come mal y se duerme mal... y caro. A los vagabundos que no tienen
+domicilio fijo y duermen en las posadas les cuesta siete u ocho duros al
+mes y no tienen casa en realidad, sino una yácija para tirarse de noche.
+Notad qué importancia adquieren estos menesteres de dormir y comer en la
+contemporánea literatura de costumbres. El aprendiz de literato añade la
+musa de la alimentación a las otras nueve hermanas.
+
+Hay algunos habituados a La Precisa y a los dormitorios de la calle de
+Peña de Francia o de casa de la Coja. Son los espíritus paralíticos que
+no saldrán jamás de ese ambiente que si es pintoresco, también es
+amargo. Es igual que la bohemia, que es un puente que se pasa bien en la
+juventud; pero es peligroso seguir de por vida de bracero con esta
+triste querida del arroyo, que al par de nosotros va envejeciendo y en
+seguida pierde su salvaje belleza y la alegría de la primera hora
+ilusionada.
+
+
+
+
+_El viejo poeta Nerval_
+
+
+GERARDO de Nerval es un nombre desconocido de nuestro público. Fué un
+gran poeta francés que, hace muchos años, una noche lúgubre de enero, se
+fué de la vida, ahorcándose del hierro de un tragaluz, en la horrible y
+sucia calleja de la Vieille Lanterne, en un rincón del París de los
+apaches y de las buscadoras de amor.
+
+Perteneció a la generación literaria de Gautier, de Balzac, de
+Baudelaire, de Murger y de Houssaye; época de la bohemia dorada,
+pintoresca y espiritual. Los amplios bolsillos de su levita negra eran
+una amplia biblioteca ambulante. Libros de versos, de filosofía, de
+estética, e innúmeros cuadernos de apuntes. Nerval amaba lo raro en la
+vida y en los libros; fué un profundo orientalista--además de un
+exquisito poeta--, y se inició en todos los ritos esotéricos. Tradujo el
+_Fausto_, y Goethe le escribió estas palabras: «Nunca me he entendido
+mejor que cuando os he leído».
+
+En 1836 publicó su _Bohemia galante_. Hizo, con Gautier, la crítica
+teatral en _La Presse_, y publicó interesantes trabajos; pero era un
+hombre tímido y solitario que desdeñaba la popularidad y los firmaba con
+seudónimos distintos. Tenía la inocente vanidad de que se le creyese un
+perezoso, y, en realidad, trabajaba intensamente, sin darle importancia,
+en un rincón de cualquier cafetín solitario, dando tregua a sus lecturas
+profundas y eruditas.
+
+Dedicó la mayor parte de sus horas a crearse una vida fantástica y
+únicamente interior, que para él tenía una absoluta realidad, como aquel
+M. Joyeuse, de Daudet. Cualquier detalle que veía al paso hería
+vivamente su imaginación; el resto de la novela se elaboraba rápidamente
+en su laboratorio mental. Se enamoró de una belleza misteriosa, a la
+que no dijo nunca nada de su cariño; pero un día que la Casualidad, la
+providencia de los poetas, le envió un montón de oro, se fué a casa de
+un mueblista y compró un amplio lecho Renacimiento, con bellas
+esculturas, entre las que se veía la salamandra de Francisco I. Pero no
+se había ocupado de alquilar un cuarto, y la magnífica cama fué a parar
+a casa de Gautier... donde inútilmente esperó a que reposase en ella el
+cuerpo de la bella desconocida.
+
+Tenía la fiebre de la lectura. Leía acostado doce horas de un tirón, y
+encontró un modo extravagante de alumbrado: ponía en equilibrio sobre su
+cabeza una gran palmatoria de cobre, que iluminaba perfectamente las
+páginas; pero, a veces, se dormía y la palmatoria rodaba por la cama,
+con grave peligro de incendio.
+
+Acaso bebía un poco o se entregaba al opio; lo cierto es que sus
+extravagancias se hicieron muy frecuentes. Hubo que llamar al médico,
+cosa que indignó mucho a Nerval, que no comprendía la ingerencia de la
+ciencia total, porque un día se paseó por el Palais Royal, llevando tras
+sí un cangrejo sujeto por un largo cordón azul. «¿Acaso--decía--un
+cangrejo es más ridículo que un pato, que una gacela, que un león o que
+cualquier otro animal de que pueda uno hacerse seguir? A mí me gustan
+los cangrejos porque son pacíficos, serios, saben los secretos del mar,
+no ladran ni asustan a las gentes como los perros, que tan antipáticos
+le eran a Goethe, el cual, sin embargo, no estaba loco».
+
+Tenía la preocupación del mundo invisible y de los mitos cosmogónicos, y
+cultivó los círculos misteriosos de Swendenborg y, del clérigo
+Terrasson. En un viaje que hizo por Oriente compró una esclava «de piel
+dorada y de cabellos rubios y el pecho pintado de soles». Iba a
+documentarse para escribir un poema de la reina de Saba y de Salomón, y
+se dirigió al Líbano.
+
+Fué huésped de los jefes drusos y maronitas, «semejantes a los burgraves
+del siglo XIII».
+
+Bien pronto olvidó los motivos literarios de su viaje, y quiso penetrar
+la doctrina secreta de los drusos. Un día, jinete en su caballo blanco,
+fué a visitar al Cheih Said Escherazy para pedirle la mano de su hija,
+«la attaké» Siti Salema. Esta virgen drusa aceptó a Gerardo de Nerval,
+le dió un tulipán y plantó un arbolillo, que debía crecer con sus
+amores. Pero el poeta, un día que iba a ver a su prometida, divisó un
+escarabajo y, tomándolo por mal augurio, renunció a su pintoresco
+enlace. Con todas estas noticias, conociendo su labor poética, sus
+inquietudes filosóficas y su fértil imaginación, que contrastaba con su
+vida de bohemio menesteroso, este soneto epitafio tiene un gran interés
+de emoción:
+
+ SONETO EPITAFIO
+
+ A ratos vivió alegre, igual que un gorrión,
+ este poeta loco, amador e indolente;
+ otras veces, sombrío cual Clitandro doliente...
+ Cierto día, una mano llamó a su habitación.
+
+ ¡Era la Muerte! Entonces, él suspiró:--Señora,
+ dejadme urdir las rimas de mi último soneto--.
+ Después cerró los ojos--acaso, un poco inquieto
+ ante el helado enigma--para aguardar su hora...
+
+ Dicen que fué holgazán, errátil e ilusorio,
+ que dejaba secar la tinta en su escritorio.
+ Lo quiso saber todo y al fin nada ha sabido.
+
+ Y una noche de invierno, cansado de la vida,
+ dejó escapar el alma de la carne podrida
+ y se fué preguntando:--¿Para qué habré venido?
+
+Dijeron que se había ahorcado en una hora de locura. Pero este epitafio
+rimado demuestra lo contrario. Se fué de la vida en la cumbre de una de
+esas crisis morales en las que acaso el hombre alcanza mayor lucidez.
+¡Quién lo sabe!...
+
+
+
+
+_Hábitos y extravagancias de los escritores_
+
+
+EL público que ha sentido la emoción de la poesía, que ha reído con las
+comedias y que ha seguido febril por el interés los episodios de un
+héroe de novela, tiene, sin duda, una gran curiosidad por saber cómo han
+sido escritas las obras literarias de su predilección. Aparte de las
+interesantes _visitas_ de nuestro _Caballero Audaz_, muy poco se ha
+cultivado en España esta literatura íntima y anecdótica: únicamente los
+que establecemos nuestro _despacho_ en la mesa de un café ofrecemos un
+pedazo de intimidad al interés de los lectores. Zamacois, Roberto
+Castrovido, escriben sus admirables novelas y sus artículos maravillosos
+sobre una mesa de mármol, con un tinterillo menguado, entre el
+bullicio, envueltos en el humo de las salas de un cafetín de barrio. Es
+éste un milagro de aislamiento entre la muchedumbre, para el que es
+preciso una gran fuerza mental.
+
+Valle-Inclán escribe en la cama, con lápiz. El pobre y grande Felipe
+Trigo no podía trabajar sino en unas cuartillas en un tamaño de octavo
+menor. Uno de nuestros más terribles revolucionarios, que tiene la
+suerte de estar casado con una bella dama andaluza, urde sus furibundos
+artículos... envuelto en un mantón de Manila de su esposa. No digo su
+nombre para evitarle el sonrojo ante los terribles compañeros del
+_Comité_ de barrio.
+
+Los franceses han cultivado mejor este género de literatura íntima. Así
+sabemos detalles interesantes y pintorescos. Moliere leía sus comedias a
+su criada conforme las iba escribiendo. Cuando a la buena mujer no le
+agradaba una escena el poeta la tachaba. Era _su previa censura_, el
+mismo espíritu del público para el cual escribía.
+
+El poeta Delille era muy perezoso, y su mujer le encerraba con llave
+para que trabajase. Ella se iba a dar un paseo o a ver escaparates, y si
+acaso llegaba alguna visita, el pobre poeta secuestrado abría el
+ventanillo y exclamaba, con una resignación un poco cómica:
+
+--¡Estoy cautivo! Le ruego tome asiento en la escalera; mi esposa no
+puede tardar en venir.
+
+Cuando ésta llegaba, hacía entrar a los visitantes con visible malhumor,
+porque durante el tiempo de la visita el poeta no trabajaba. Delille
+solía recitar algunas estrofas del poema que estaba componiendo; pero su
+esposa le interrumpía violentamente:
+
+--¡Eres un camello! No digas el _argumento_ de lo que escribes, porque
+alguno de estos señores te lo puede robar.
+
+Delille se ponía colorado y los amigos se marchaban haciendo furiosas
+protestas de honradez literaria. En seguida la señora le colocaba las
+cuartillas delante.
+
+--Ahora, querido poeta, a ganar el tiempo perdido.
+
+--Si he trabajado mientras tú no estabas en casa.
+
+--No importa. Tú sabes que cada línea _nos vale_ cinco francos
+aproximadamente. Es preciso hacer versos, hasta veinte duros, antes de
+almorzar.
+
+Y le dejaba encerrado con llave en su despacho.
+
+Balzac fué también un forzado del trabajo literario. Murió literalmente
+víctima del exceso de labor. Se acostaba a las seis de la tarde y se
+levantaba a las doce de la noche, se envolvía en una especie de capuchón
+frailuno, tomaba un gran tazón de café y a la luz de una araña de siete
+bujías trabajaba hasta las doce de la mañana. Conforme iba escribiendo
+arrojaba las cuartillas al suelo, sin leerlas y sin numerarlas. A las
+doce entraba su criado a traerle el almuerzo, recogía las cuartillas
+esparcidas y las llevaba a la imprenta.
+
+Los impresores temían a las cuartillas de Balzac. Era para ellos como
+una pesadilla. En pruebas, las rehacía totalmente. Teófilo Gautier
+describe de este modo pintoresco las pruebas de imprenta de Honorato de
+Balzac:
+
+«Unas rayas gruesas partían del principio, del centro, del fin de las
+frases hacia las márgenes de arriba a abajo, de izquierda a derecha, con
+infinitas correcciones. A veces parecía un castillo de pirotecnia
+dibujado por un niño. Del texto primitivo apenas quedaban algunas
+palabras. El autor trazaba cruces, círculos, signos griegos, árabes...,
+figuras ininteligibles, todas las llamadas imaginables, para fijar la
+atención del tipógrafo. Tiras de otro papel atiborradas de escritura
+iban adheridas a las pruebas con alfileres».
+
+Gautier escribía muy de prisa. Las novelas que publicó en _La Prensa_
+las iba haciendo diariamente en la misma imprenta, entre el ruido
+ensordecedor de las máquinas. Aurora Dupin gozaba de parecida facilidad.
+Trabajaba de un tirón ocho horas diarias, con la condición ineludible de
+que había de ser por la noche.
+
+Todo lo contrario fué el gran novelista Gustavo Flaubert, que después
+de horrenda lucha con su estilo torturado, en una sesión de diez horas
+sólo podía producir una cuartilla impecable, eso sí, y maravillosa.
+
+Alejandro Dumas, padre, se contentaba con un vaso de limonada. Balzac
+hacía un enorme consumo de café, y Aurora Dupin, la _Jorge Sand_, fumaba
+como un marino. Alfredo de Musset buscó en el ajenjo, el terrible y
+literario brebaje, la inspiración que le abandonaba después de la
+catástrofe espiritual de Venecia, cuando su amante le burló con el
+médico Pagello.
+
+Gerardo de Nerval, el admirable poeta bohemio, tan desconocido en
+España, no podía escribir en su casa... cuando la tenía. Si una revista
+le encargaba un artículo, se iba a cualquier café. Sacaba de su bolsillo
+el tintero, un montón de plumas, papeles, libros. Era todo su ajuar.
+Cuando acababa de escribir el título llegaba un amigo inoportuno.
+Gerardo volvía a guardar su biblioteca ambulante y se marchaba a otro
+café, donde la escena solía repetirse. Y así, al cabo de recorrer todos
+los cafetines, podía terminar su labor.
+
+Villieres de l'Isle-Adam, el autor de _Cuentos crueles_, se retiraba a
+su casa al amanecer y dormía hasta las doce. Se bebía una taza de caldo
+y en seguida se disponía a escribir, sin levantarse de la cama,
+sostenido por varias almohadas. Tenía a su alcance muchos lapiceros, y
+trabajaba hasta las nueve de la noche, hora en que se levantaba para ir
+a pasar el resto de la noche en alguna taberna de Montmartre.
+
+El más lamentable era Paul Verlaine, vagabundeando por las zahurdas del
+París nocturno, borracho de ajenjo. El poeta de _La cabeza de fauno_ se
+sentaba junto a un vaso del glauco veneno con una hoja de papel. A veces
+garrapateaba algunos versos, musitando palabras confusas, o bien
+arrojaba la pluma con rabia, se retorcía las manos o las agitaba en el
+aire, con estremecimientos de epilepsia. Después apuraba su vaso y
+tornaba al trabajo, como un sonámbulo.
+
+La manera de escribir, los estimulantes y las íntimas extravagancias de
+los escritores célebres son un curioso detalle de su psicología y
+ofrecen un gran interés para los lectores. Por eso mismo hemos recogido
+estos apuntes anecdóticos esparcidos acá y allá en las biografías y en
+las revistas francesas, más curiosas de la vida al detalle de los
+grandes hombres que las revistas españolas.
+
+
+
+
+_Los argonautas del vellocino de... cobre_
+
+
+SEGURAMENTE vosotros, buenos burgueses, tenderos adinerados y
+covachuelistas ecuánimes, no conocéis la moderna cofradía de titiriteros
+o piruetistas. Sin embargo, los habéis visto en las aceras de la Puerta
+del Sol, y al demandarles su ruta os habrán contestado con un gesto de
+amable despreocupación:
+
+--Ya ve usted, por aquí, navegando...
+
+Porque las rúas de la corte son mares procelosos por donde bogan estos
+navegantes en busca del vellocino, que suele hallarse en la gaveta de
+algún amigo ingenuo y sentimental.
+
+Yo quiero poneros al corriente del pintoresco vocabulario de esta
+triste gallofa contemporánea, para que no hagáis mal papel en sociedad,
+en la arbitraria sociedad de los nautas de lo imprevisto, funámbulos de
+la casualidad y piruetistas de la Puerta del Sol, que es un lugar más
+peligroso que Sierra Morena en el período heroico de los bandoleros.
+
+--¿Adonde vas, inmenso poeta?
+
+--Aquí, a la _Maison_; voy a ver si _opero_ a mi _amigaso Panchito
+Bengalí_, ese escritor americano.
+
+Porque en Madrid hay siempre un americano _operable_, lo que en tal
+germanía o jerigonza quiere decir sujeto que da unas monedas fácilmente.
+
+Ved un modelo de _operación_ epistolar:
+
+«Señor: Los garbanzos baten el _record_ con Vedrines: se hallan en estos
+momentos a dos mil metros de mi estómago desalquilado. ¿No le parece a
+usted una absurda paradoja que los garbanzos vuelen? Para hacerlos
+aterrizar necesito que usted me tienda un cable de catorce reales...»
+
+Y el operado no puede menos de admirar un estilo tan literario y tan
+metafórico, y da las tres cincuenta.
+
+Llámaseles funámbulos o equilibristas porque su vivir es una cuerda
+floja que se tiende a diario de un extremo a otro de la corte, en donde
+ellos ejercitan ejercicios muy peligrosos. Lo difícil está en que no se
+les vaya un pie y caigan de bruces sobre algún artículo del Código
+penal.
+
+Sus piruetas consisten en dar un salto mortal y caer en casa de algún
+amigo a la hora de comer, y son titiriteros porque trenzan volatines y
+corvetas para vender libros viejos y hurtarles otros, en un descuido, a
+los mercaderes de libros, aunque este ejercicio mejor estaría llamarlo
+de prestomania o magia de salón.
+
+--¿Tienes algún _nombre_?
+
+Esta es la pregunta de ritual entre los operadores. Quiere decir el
+_nombre_ de una persona que dé dinero. El novelista D. José María Mateu
+ha sido un gran _nombre_ para la seudobohemia. Gálvez, el _peligro
+Gálvez_, más temible que el peligro amarillo, llegó a visitarle a las
+tres de la madrugada--Mateu se acuesta temprano--para pedirle un montón
+de calderilla. Mateu, dulce, tímido, con su perilla rubia, que parece
+una perilla de teatro, padeció a Losada, el músico orangután, _la bestia
+lírica_--que tenía un gran talento--, y a Granados, la _bestia
+jurídica_, que tras de un discurso leguleyo con considerandos y
+resultandos, acababa por pedir cero cincuenta. La gente, por no oír su
+oración forense, más aburrida que un artículo de fondo, le daba el
+dinero. Otro gran _nombre_ es Reynot. Por su elegante gabinete han
+pasado los gabanes más mugrientos, los chapeos más abollados, los
+zapatos más ruinosos. Reynot siente una gran satisfacción protegiendo
+las letras patrias... con un montoncito de perras gordas. Su tiempo
+precioso ha estado dividido entre la filantropía literaria y el servicio
+de incendios. En todos los cafetines y los palacios nocherniegos se
+habla de este elegante y ex municipal Mecenas con gran encomio.
+
+Los pedigüeños saben bien que a los comerciantes no se les puede sacar
+dinero. Son de una brutalidad inconmovible. Os hablan de que _el cajón
+es menor de edad_ y otras cosas beocias. Un violinista sin albergue fué
+a _operar_ a un tendero gallego, y entró en su almacén tocando la
+_alborada_ de Veiga... ¡Y luego dicen que la música domestica a los
+animales! El pobre músico tuvo que terminar su melodía y la noche en un
+banco de Recoletos.
+
+Para pedir dinero es preciso ser un psicólogo sutil. ¡Nadie lo da
+generosamente! Hay que saber explotar la vanidad, el vicio o el secreto
+de alguna intimidad tortuosa. El dolor, la miseria, la injusticia no le
+interesan al que no las padece. Y esto lo saben los doctores de esas
+aulas de tragicomedia que están siempre abiertas en las aceras
+cortesanas.
+
+Y estos lamentables bigardos os dirán que son filósofos, cronistas y
+poetas. Algunos tienen talento, aunque no pueden vivir de la pluma. En
+España la selección está hecha al revés. La inteligencia, incluso el
+genio, es menos útil que la asiduidad, la adulación, la laboriosidad y
+otras virtudes de oficinista. La tragedia de Edgar Poe se repite
+todavía. Además, casi nadie tiene sentido de lo bello, y la literatura
+les interesa a pocos. Y existe una leyenda cruel y sarcástica desde
+Cervantes hasta hoy. Se dice que el insigne manco no cenó cuando terminó
+el _Quijote_, y se cree que es muy gracioso que los literatos no
+almuercen nunca. Parece muy literario, muy de _leyenda_ eso de las
+hambres artísticas.
+
+Por eso los aprendices de literato se lanzan a la Puerta del Sol,
+intrépidos argonautas del vellocino de cobre. Pero no todos los que
+comen en la Precisa y en Próculo y los que duermen en la yácija de Han
+de Islandia son _intelectuales_. La mayoría sólo son _navegantes_... que
+en las turbias aguas tienden su anzuelo a la sombra de la bohemia
+pintoresca.
+
+Porque, en realidad, lo que más les interesa es ir comiendo (vidas
+vacías, paralíticas, ex vidas en las que los ideales se han
+desmoronado), y por ello sólo se afanan los _operadores_, los
+_piruetistas_, toda la seudoliteraria gallofa de este momento.
+
+
+
+
+_La última copa de Edgard Poe_
+
+
+EN los banales y sutiles ajetreos de la farándula política, en que el
+favoritismo se yergue en divinidad sobre su propia bahorrina, es
+edificante la evocación de un episodio hondo de desolación inquietante y
+cruel, de la vida extraña de aquel inadaptable genial, de «aquel celeste
+Edgardo» cuyo nombre figura en esa fúnebre antología de anormales y
+degenerados entre los otros grandes locos: Nietzsche y Baudelaire.
+
+Poe fué un precursor de esta moderna opinión de que la ciencia debe ser
+el fundamento de todo arte. Químico, matemático, médico, oficiante
+solemne de las capillas herméticas de abstrusas ciencias, su paso
+funambulesco por la vida tiene algo de liturgia alada, real y demoníaca
+a la vez. A trechos por el ultramisticismo de apoteosis de sus poemas
+pasa una desolada sombra de horror: el ala angustiadora y proterva del
+monstruo del alcohol.
+
+Y así nos ha dado las más hondas y raras impresiones que artista alguno
+dió a la humanidad en todos los tiempos. Hay en él voces misteriosas,
+angélicas, ungidas; iniciaciones de todos los arcanos; ecos del cielo,
+de la tierra y también del infierno. Tal vez fuera la noche, en cuyo
+seno vagaba borracho en todas las ciudades y a todas las horas; la
+noche, tan medrosa, tan aristócrata, tan reveladora, la que ponía en su
+corazón esas palabras ultrahumanas, tan únicas en su regia originalidad,
+tan perennemente emocionales.
+
+Y también como en ésta, en aquélla y en todas las épocas, había una
+dorada medianía culta, un rebaño de hombres equilibrados, fácilmente
+moldeables a todas las formas y a todas las conveniencias; una
+humanidad correcta, honorable, de tan glorioso sentido común, que
+rechazó de su seno, babeó la reputación y mordió la sandalia de aquel
+extravagante perturbador de la buena armonía de las costumbres, de aquel
+inadaptable inmoral. Y se dió el caso estupendo de que en algún
+periódico le pagasen menos dinero que a los demás, reconociendo la
+superioridad de su talento; y por eso mismo, porque su arte era
+«demasiado original».
+
+Y esa cualidad no la perdonan nunca la poetambre, ni los paladines de la
+frase hecha.
+
+Avanzando en la miseria hosca, en la confidente soledad que le era tan
+amable; eterno trashumante, muerta su mujer, la dulce Virginia, esa
+bella sombra añorante que pasa por los versos de _El Cuervo_, esa
+«incomparable y deslumbradora doncella que los ángeles llaman Leonor»,
+errando, pues, por el mundo, llegó a Baltimore la noche antes de unas
+elecciones de diputados.
+
+La ciudad hervía en la agitación huraña de esos momentos. Poe entró en
+una taberna y bebió, bebió incesantemente en unión de un antiguo y
+fatal camarada que el azar le deparó.
+
+Ya a la madrugada, en ese punto visionario y absurdo de los borrachos,
+en que el alcohol hace bailar a todas las cosas una zarabanda
+fantástica, habiendo sido reconocido por algunos, el poeta se vió
+obligado a recitar sus versos entre el ulular delirante del concurso y
+el ambiente plúmbeo, homicida, del antro.
+
+Una de las muchas rondas que recorrían la ciudad reclutando a lo florido
+del hampa, a los bigardos y galloferos de todas partes que andaban
+lampando por las calles, para acarrearlos a votar al día siguiente, topó
+con el grupo de borrachos en que iba Poe, y todos juntos fueron
+encerrados en una mazmorra donde les dieron de beber, de beber hasta el
+enloquecimiento.
+
+El poeta, que estaba consumido por ese horrible mal que se llama
+combustión espontánea, votó al día siguiente entre aquel enjambre
+borroso y hediondo, y, al apurar la última copa que le brindaron, cayó
+definitivamente herido por el _delirium tremens_.
+
+Pocas horas después murió aquel portentoso artista en el anónimo
+desconsolador de un hospital. Sus compatriotas se cebaron cruelmente en
+su memoria, y el periodista Rufus Griswold, que había sido su amigo,
+hizo una repugnante campaña de difamación, caliente aún el cadáver de
+aquel desgraciado superior.
+
+La vida del cantor de Ligeia, esa extraordinaria mujer, prodigio de
+carne y maravilla de inteligencia, nos da la impresión de una negra
+pesadilla, de una taumatúrgica alucinación de opio, por donde vaga la
+sombra sonámbula de ese triste discípulo de un fatal y desventurado
+maestro, cuya voz repite ese único y desolado estribillo:
+
+ «Nunca más.»
+
+
+
+
+_Los poetas borrachos_
+
+
+YO tengo un aborrecimiento absoluto a los borrachos: me parecen larvas,
+ex hombres, gárgolas, algo grotesco, monstruoso y terrible a la vez. Sin
+embargo, mis grandes admiraciones literarias van hacia los poetas
+borrachos.
+
+Es mi espíritu, lo más hondo, tumultuoso y atormentado de mi espíritu,
+lo que comprende la absurdidad de los borrachos, aunque mi yo
+superficial, el hombre social, los deteste. Poe, Verlaine, Musset,
+Nerval, Darío son nombres venerandos de mi iconografía sentimental.
+Todos ellos fueron tristes y gloriosos borrachos.
+
+No comprendo bien la causa de que tan altos y armoniosos espíritus hayan
+caído en las simas de «ese demonio más terrible que todas las
+enfermedades».
+
+Baudelaire escribió: «Cuidad de estar siempre ebrio de amor, de virtud o
+de vino». El reloj del poeta marcaba siempre la hora de la embriaguez.
+Sin embargo, Baudelaire no fué un beodo cotidiano a la manera de
+Verlaine. Escribió palabras muy sensatas, muy burguesas--como él
+diría--, contra el opio, el haschid y el alcohol. «La droga funesta no
+crea nada; produce una hiperestesia nerviosa; es un préstamo con interés
+ruinoso que se hace al cerebro».
+
+El mismo poeta de _Les fleurs du mal_, explica en el prólogo de las
+obras de Edgar Poe la causa de la embriaguez del bardo del Horror de una
+manera clarividente: «Poe no bebía con placer: bebía bárbaramente, como
+si quisiera matar algo dentro de él mismo». Y después: «Poe creaba
+personajes terribles o grotescos en medio de una tempestad de alcohol, y
+para volver a encontrarlos recurría a la bebida. Eran seres que sólo se
+podían desenvolver en ese ambiente verdoso y translúcido y a él había
+que acudir para continuar la plática interrumpida».
+
+Estas tres citas--hechas de memoria--constituyen una explicación y una
+defensa de la embriaguez de los poetas.
+
+En los poetas románticos, de inspiración, es más aceptable ese vicio
+absurdo y abyecto--yo juzgo de esto con un criterio rabiosamente
+burgués--. Es raro en Poe, que fué el espíritu del equilibrio, del
+análisis matemático--ved _La carta robada_, _El doble crimen de la calle
+Morgue_, _El escarabajo de oro_--, que al escribir sus cuentos enunciaba
+y resolvía los más sutiles problemas matemáticos.
+
+¿Existirá una lógica, una armonía dentro de la absurdidad de la
+borrachera? Poe, haciendo eses por las calles de Nueva York la mañana
+que se publicó _El Cuervo_, era un montón abyecto de carne, un borracho
+grotesco; pero ¿qué maravillosas creaciones se forjaban en su
+laboratorio interior? _Ligea_, _Eleonora_, M. Valdemar vivían dentro del
+poeta en maravillosa lucidez, mientras que yacía aletargado en el seno
+de una «tempestad de alcohol».
+
+En mis investigaciones ocultistas la figura de Poe se me ha aparecido
+repetidas veces. Poe fué el poeta de lo Invisible. El alcohol era el
+puente por el que cruzaba en dirección al astral. Todas las larvas, las
+almas de los magos negros, el espectro de los muertos, los vampiros y
+los incubos y sucubos demoníacos fueron amigos del poeta y le dictaron
+sus escaloriantes episodios de pesadilla. La doble personalidad fluídica
+de Poe convivió con ellos en esos reinos alucinantes y verdosos, donde
+las flores tienen hedor de putrefacción, danzan las almas de las brujas
+y se fraguan los infanticidios y los asesinatos sin causa, mientras el
+cuerpo del bardo, embrutecido, dormía la borrachera en cualquier
+callejuela de Rischmond o de Nueva York. Mister Valdemar desmoronándose
+en su espantosa podredumbre. Ligeia reviviendo en el cadáver de Mistress
+Rawena, el ojo terrible del gato negro y el corazón revelador, que
+resuena como el golpe de un reloj de pesadilla, parecen imaginación
+vivida en el plano lívido del astral. Poe vivió una subvida
+taumatúrgica. Tuvo el arte de dar a todos sus monstruos, terribles y
+grotescos, una armonía matemática, que pudiéramos llamar lógica de lo
+absurdo. Éstos eran los amigos a los que, según Baudelaire, iba a buscar
+por el horrible camino en donde cantan las sirenas de la embriaguez.
+
+Yo le brindo la idea de escribir acerca de Poe ocultista al espíritu que
+más sabe de esto y de otras muchas cosas: a Mario Roso de Luna.
+
+He conocido muchos poetas borrachos, que pudiéramos llamar borrachos
+románticos. En su labor literaria no existe jamás la terrible visión de
+Poe, ni su armonía matemática. Fueron y son viciosos del alcohol, sin
+que su vicio favorito influya en su obra. Poe es aparte. Sus borracheras
+son fecundas, así como las de Paul Verlaine. Son lúcidos, con una
+maravillosa clarividencia, a través de las brumas espesas de la
+borrachera.
+
+Musset bebió románticamente para olvidar. No se podía ya embriagar «de
+amor ni de virtud» y se embriagó de ajenjo. «Cuidad de estar siempre
+ebrios», dijo Baudelaire. Bebía el «pobre Alfredo» para llenar el vacío
+de su vida frustrada sentimentalmente, pero nunca le debió nada al
+alcohol; sus borracheras fueron «obscuras», como el fondo de una sima, y
+al cabo la llama azulenca le abrasó el cerebro y sufrió el horrible
+dolor de la impotencia en plena apoteosis de gloria y de juventud. Rubén
+Darío también bebió para no sentir la vida demasiado dura en la carne
+viva de su corazón de poeta.
+
+ La vida es dura, amarga y pesa;
+ ¡ya no hay princesa que cantar!
+
+Poe bebía bárbaramente, como si quisiera «asesinar algo en si mismo».
+Nuestro admirable y dulce poeta Manuel Paso también se suicidó
+abrasándose las entrañas y el cerebro en un océano siniestro de
+aguardiente.
+
+Baudelaire huyendo del burgués de París, Rubén asfixiado por la
+estupidez del ambiente, Musset ahogando un dolor amoroso, son borrachos
+corrientes y hasta vulgares. Poe y Verlaine, los clarividentes, me
+interesan más que todos, porque su órbita literaria estaba en el fondo
+de esos extraños paraísos violáceos.
+
+Beber, para olvidar un dolor o para ser valiente ante las luchas
+cotidianas, me parece una pueril equivocación. Hay que tener serenidad,
+firmeza moral contra todas las celadas de la vida. «El alcohol, el opio,
+el haschid no crean nada; prestan al cerebro una energía de momento con
+un rédito ruinoso». La inspiración no está encerrada en una botella.
+
+Yo creo esto firmemente; pero, ¿cómo vamos a negar a algunos espíritus
+desventurados esa puerta de escape de una realidad abrumadora, estúpida
+y hostil? Una puerta que, como en Poe, acaso conduce a un plano
+espiritual, perfectamente absurdo, donde viven esos seres misteriosos
+que se ven en las alucinaciones, y que yo--teosóficamente--sospecho que
+tienen una completa, aunque invisible realidad.
+
+
+
+
+_Un duelo romántico_
+
+
+POR las frívolas y fugitivas crónicas de actualidad ha pasado como una
+evocación antañona la figura hidalga, pomposa y antigua del buen
+soldado, caballero y poeta D. Juan de la Pezuela, conde de Cheste.
+
+Era una silueta de otra edad. Como el famoso caballero Don Álvaro, era
+hijo de un virrey del Perú, y al resurgir ahora, en nuestro siglo
+mecánico y vulgar, nos ha parecido una figura pintoresca y gallarda de
+un poema donde hubiese sonoros surtidores y pelucas rizadas.
+
+Perteneció a una generación literaria cuya voz escuchamos ya desde muy
+lejos. Nosotros recordamos con un poco de estupor los preceptos
+artísticos de D. Alberto Lista, a los cuales ciñóse estrictamente, tal
+vez sólo por devoción personal al maestro, hasta en las postreras regias
+salutaciones que trazó su mano senil venerable.
+
+Con Espronceda, Ros de Olano, Enrique Gil y Florentino Sanz asistía al
+cenáculo del café del Príncipe, amable lugar donde se forjaron algunas
+de esas queridas narraciones que tanto nos han emocionado en nuestros
+primeros devaneos sentimentales, cuando pasábamos horas enteras
+devorando las pintorescas ediciones de Gaspar y Roig.
+
+Y fué allí, entre románticas melenas y retóricos madrigales, en la
+exaltación de la nueva escuela revolucionaria y las violentas
+aspiraciones de libertad, expresadas en odas y octavas reales, donde el
+bardo que elogió a la atormentadora Teresa tuvo el mal acierto de lanzar
+sus sarcasmos byronianos contra la rigidez de escuela o las virtudes
+militares del conde de Cheste.
+
+En aquel mismo punto quedó concertado el lance, como en aquel tiempo
+galano en que los poetas hampones se batían por un soneto en las
+encrucijadas del viejo París.
+
+Caía la media noche cuando los combatientes se hallaban junto a la
+puerta del cementerio de San Martín. El claro de luna encantaba
+melancólicamente la fúnebre decoración. A la siniestra mano extendíase
+el bello jardín de los muertos, con sus anchas columnatas y sus calles
+de nichos vacíos. Quizá un ruiseñor cantaba entre las ramas de un ciprés
+religioso y sombrío como una elegía. De la honda paz de la tierra tal
+vez surgían esos rumores vagos, misteriosos, inquietantes, que parecen
+diálogos del más allá.
+
+Ambos caballeros se despojaron de las largas capas y de los sombreros de
+ala plana. El cronista se finge el rostro pálido, demacrado de
+Espronceda, con los ojos ardiendo en la fiebre de su constante delirio
+sensual, iluminado por la luna. Tal vez llevara dentro su cerebro un
+rayo lunático y visionario, quien pasó por la tierra enamorado
+líricamente de la pálida Prometida.
+
+Las hojas de acero brillaron y se cruzaron gallardamente. Breve fué la
+lucha: Espronceda, cuya naturaleza estaba aniquilada por su vida de
+vértigo, cayó en tierra herido de un sablazo.
+
+Y así se dió fin a este episodio raro, pintoresco y triste, que era bien
+digno de la rima.
+
+Esta vida serena, suave y rectilínea que acaba de extinguirse bajo la
+pesadumbre de noventa y seis años, nos da una emoción de vaga tristeza y
+de simpatía. Pensamos en esa figura noble y artística como un retrato
+antiguo, superviviente de todos sus contemporáneos, haciendo sus
+apacibles paseatas por las calles muertas de Segovia, la vieja, viviendo
+una vida arcaica y cristalizada entre los muros grises de las rancias
+mansiones infanzonas, con escudos de piedra y los palacios grises
+eternamente cerrados. Pensamos en la inquietud íntima de ese espíritu
+que había visto desaparecer tantas cosas y tantos amores, preguntarse al
+amanecer de cada día: «¿Será hoy?», e inclinar la frente coronada de
+plata y sentir el corazón turbado ante la evidencia del angustiador
+misterio. Muchas veces, al pasar por el pardo caserón de la calle de
+Pizarro, donde habitaba los inviernos, hemos evocado su silueta entre la
+grave penumbra de los viejos salones y le hemos imaginado trazando sobre
+amplias cuartillas renglones cortos de musa ingenua y familiar, para
+convocar a sus íntimas reuniones familiares, que eran como una evocación
+de los tiempos pretéritos. Y al comenzar en estas lamentables tardes de
+otoño a amarillear las hojas de los árboles para alfombrar después las
+calles solas de su pequeño jardín y la lámina verdosa de las fuentes
+mudas, hemos pensado con pena que quizá el noble anciano no viera en la
+caída de las hojas sólo la aproximación del invierno.
+
+Algunos críticos opinan que su labor literaria no ha sido muy completa.
+Lo más interesante ha sido su vida, una de esas vidas antiguas y
+fecundas de soldado leal y valeroso, caballero de clásica hidalguía
+española, erudito y poeta como aquellos capitanes de la Conquista, que
+de día vivían en poema épico, y en el encanto de las noches tropicales
+rimaban las nostalgias de la patria o ardientes serventesios a los ojos
+de las limeñas.
+
+Era una figura de otra edad. Una silueta de aquel buen tiempo de las
+melenas románticas, en que los poetas constituían la verdadera y lógica
+aristocracia; aquel buen tiempo en que había duelos pintorescos junto a
+las tapias de los camposantos por la belleza de un soneto, en que el
+romanticismo era como un vino generoso y locuaz que hacía soñar a todas
+las cabezas aun en un ambiente tan antiestético como el de la política.
+
+Aquel buen tiempo de los poetas, porque se estimaba que cantar es la más
+bella expresión del alma humana.
+
+
+
+
+_Las manos de Elena_
+
+
+UN pintor bohemio rugía en una noche memorable, mientras el frío se
+colaba entre sus andrajos y el hambre bailaba en su cabeza descoyuntada
+danzas absurdas.
+
+--Debiéramos desenterrar y quemar los restos de Murger.
+
+Era una noche sagrada y familiar. Hasta los más humildes tenían en aquel
+momento un poco de fuego y de cariño. De los interiores iluminados
+salían hálitos suaves de serena felicidad, y en el aire flotaban, como
+surgidas del fondo de los tiempos antañones, las melodías ingenuas de
+los villancicos pascuales.
+
+Por las calles, algunos perros vagabundos y nosotros.
+
+Y es que nuestra bohemia ha sido un negro camino de soledad y de
+pobreza. No han florecido en nuestros episodios las risas de Museta ni
+las lágrimas de Mimí, ni nuestra madre la Locura nos ha prestado su
+corona de cascabeles.
+
+Sólo una bella y triste sombra, fugitiva y perfumada como la juventud
+que huye, ha puesto algunos besos y algunas risas en nuestras noches
+trashumantes y sin asilo.
+
+Tenía un nombre poemático, célebre en los anales del amor. Elena era su
+bello nombre. Era alta, rítmica, flexible... En sus ojos garzos, hondos,
+de un hechizo inquietante, dormían las visiones de su vida encanallada,
+siempre unánimes y vergonzosas. Sus manos finas, transparentes y
+monjiles, que parecían hechas para tejerse en los éxtasis y para
+filigranar ofrendas de vírgenes y capas pluviales; sus manos, finas y
+transparentes, eran doctas en los secretos del amor mundano.
+
+Cuando yo la conocí, tenía la desolada belleza de las ruinas. Su carne,
+de azulinas transparencias, tenía la melancólica palidez de los
+tísicos, y hacía pensar, con pena, en la llegada de esos días grises en
+que caen las hojas de los árboles. Tenía un aroma vago y casi religioso:
+olía a cera y a flores de mortaja.
+
+Inició un fugitivo arpegio sentimental en el cordaje de nuestros
+nervios, en constante hiperestesia por el arte y por la vida. Todos la
+amamos con una dulce piedad, sin violencias y sin delirios, con un
+deleite que tenía algo de romanticismo, de rara emoción artística.
+Amamos su belleza agonizante, con la intensidad de tristeza que sentimos
+en los adioses para siempre. Había en ella un misterioso encanto de
+ultratumba.
+
+Un músico poeta elogió en unos versos juveniles su pobre risa, su risa
+extraña e inconsciente, _la loca risa de Elena_. Y ella, encantada con
+la ofrenda lírica y galante, reía siempre que llegábamos a su lado;
+soltaba la cascada de su risa metálica, vibradora, epiléptica, cuyas
+últimas perlas parecían sollozos estrangulados.
+
+Su fisonomía moral parecía cristalizada y sin jugosidad ninguna. Tal vez
+la pobre profesional del amor no había sentido nunca esa embriaguez
+suprema, el amor sentimental que es la _mayor conquista de la
+civilización_, como dice Sthendal, y por lo único que vale la pena de
+vivir, a pesar del espantoso Schopenhauer.
+
+Nosotros le hablábamos alegremente de las cosas triunfantes de la vida,
+cosas armoniosas entre sí: de locuras de juventud, de fragancia de
+primavera, de alegres cenas, de paseos campestres bajo la inmortalidad
+del sol, de los víveres honrados, fecundos y serenos como mansas
+corrientes. Y de besos.
+
+Hubiera sido poco piadoso recordarle los melancólicos acabamientos que
+nos rodean y que espejan la muerte en cada cosa que miramos. Jamás la
+hablamos de las despedidas, de las naves que parten y de los corazones
+ausentes, de las últimas notas de las melodías. Y sobre todo, de ese
+terrible fantasma del otoño.
+
+Su vida había sido un amargo y desbordado rodar hacia abajo, como todas
+las vidas y todas las cosas, hacia las negras aguas del misterio.
+
+Y aconteció que la misma noche que un periódico publicaba el elogio
+rimado de su risa, una de esas sombras que cantan canciones lúgubres y
+corrompidas en la alta noche, me dió la nueva amarga.
+
+--¡La pobre ha muerto hoy en el hospital!
+
+Entonces me asaltó el triste y tardío deseo de poseer algún recuerdo
+suyo, un bucle, un lazo que conservase su melancólica fragancia
+peculiar. Lo hubiera guardado con la misma unción amorosa y sagrada con
+que Rodolfo besaba el gorrito blanco de Mimí.
+
+Porque la pobre muerta era un jirón de mi juventud que se iba para
+siempre.
+
+Al vagar toda la noche en el alma desconocida e inquietadora de la
+ciudad, evoqué, dolorido, sus manos marfileñas y monjiles, sus manos
+celestes e impuras, divinamente tristes y cruzadas en el fondo de uno de
+esos pardos y siniestros ataúdes de hospital que conservan hedores de
+otros cadáveres, y pensé, estremeciéndome hasta los huesos, que en
+aquella primera noche de la tierra ya el gusano conquistador surgiría de
+la podre de aquellas manos muertas, que besé tantas veces y por las que
+había sentido una rara pasión inmaterial.
+
+Extravagantes imaginaciones, honda y taladrante recordación del fin, que
+obligan a la pobre carne aterrorizada, y al ánimo conturbado, a
+refugiarse en la idealidad consoladora de un misticismo.
+
+Mi espíritu siente una inmensa ansia de infinito, que fracasa en las
+cotidianas banalidades; cuántas veces, al amanecer de noches de
+tempestad de alma, en que he hallado vacíos y menguados todos los iconos
+de la vida, me he arrojado a los pies ungidos de los Cristos en demanda
+de una emoción de eternidad.
+
+El recuerdo de Elena suele inquietarme frecuentemente, y la veo, en la
+transparencia de la evocación, con el hechizo de sus ojos garzos y de su
+cabellera magdalénica.
+
+Y en el ritornello de la vida pasada surge un episodio canallesco: la
+memoria punzante y angustiosa de una noche en que uno de estos
+pintorescos rufianes madrileños golpeó brutalmente el pecho hundido y
+flácido de la desventurada.
+
+Ella ahogó su tribulación en el monstruoso refugio del aguardiente.
+
+Escenas de la mala vida, recuerdos de las horas bohemias, negras y
+desoladas, en que el hambre era absurdo funámbulo en nuestras cabezas y
+lobo en nuestras entrañas. Las tengo cariño, porque al cabo han sido ser
+de mi ser.
+
+Pero pienso como mi amigo pintor, que Murger ha envenenado nuestra
+juventud y nos ha hundido en la pobreza y en la soledad con el hechizo
+de sus mágicas narraciones.
+
+«Debemos desenterrar y quemar los restos de Murger.»
+
+
+
+
+_Siles y su carrik_
+
+
+SILES era filósofo, poeta y cronista. Murió ciego y pobre en el horror
+sin nombre de un hospital, y su manera de morir fué el obligado epílogo
+de su vida loca, imprevisora, de titiritero de la literatura.
+
+Siles no era un escritor extraordinario, pero pocos hombres tenían más
+jugoso temperamento ni más riqueza de ilusión que este pobre cantor
+errabundo que ha caído para siempre, sin dinero y sin gloria, y al que
+las gacetas sólo han dedicado un pequeño lingote de prosa vulgar.
+
+El entusiasmo fué su gran energía, lo mismo en la miseria desolada, sin
+más fortuna que su absurdo chaquet que en las horas efímeras de
+prosperidad. Siempre hablaba a gritos, de literatura, de teosofía,
+aquel buen hombre franco, bebedor y mujeriego--todo lo que fuese
+desbordamiento de emoción y de romanticismo--que, a pesar de su cabello
+cano, tenía en los ojos tan riente derroche de juventud.
+
+Y un buen día murió un tío de Siles dejándole toda su fortuna. Fué uno
+de esos tíos maravillosos, imprevistos y ricos que tienen la bondad de
+morirse a tiempo y que apenas tienen realidad, como si sólo fuesen
+imaginados para desenlazar las malas comedias. Cayó sobre el bohemio un
+portentoso aluvión de miles de duros, y el chaquet fué sustituido por un
+carrik. Este fué el único cambio ostensible en su vida.
+
+¿Qué extrañas armonías existirían entre el alma de Siles y su _carrick_?
+¿Por qué este hombre, en vez de adquirir otro más adecuado indumento, se
+envolvió en aquella prenda grotesca de grandes cuadros negros sobre
+fondo amarillo?
+
+Luego de esta valiosa adquisición, Siles se encerró en una torre de
+marfil, que alquiló por doce duros en una calle de Chamberí, y la media
+tostada fué sustituida por alimentos más respetables que redondearon la
+bóveda del vientre y lustraron su cara flácida y exangüe.
+
+En breve espacio, uno tras otro, lanzó al público veinticuatro libros.
+Toda la esencia de su vivir lamentable, todos los sueños de su cabeza
+visionaria. Pero la gente no compró sus libros. En inmensas pilas de
+papel se amontonaban en casa del librero Pueyo, el editor romántico de
+la épica nariz. También ha muerto el pobre librero sentimental, y puede
+que sigan ambos devanando en el espacio sus diálogos pintorescos. Pueyo
+era una gran figura en la andante literatura de esta época: él fué el
+único que creyó en Siles, el que en los cafés solitarios nos hacía leer
+nuestros versos, después de escuchar un aria de _Marina_ o el raconto de
+_Lohengrin_. Entonces se conmovía mucho y confesaba que él también había
+escrito versos en su juventud.
+
+Cuando Siles echó fuera de sí su carga mental, tornó a pasearse por los
+cafés, por las tabernas, envuelto en su pintoresco _carrick_.
+
+Al cabo de unos años se quebró el cristal encantado de la leyenda, y
+volvieron los días de penuria y la sórdida pobreza ululaba a la puerta
+de su hostal. En los últimos tiempos se arrastraba por los tugurios
+tocado con un sombrero gris y desvencijado, con la pipa humeante,
+abatida sobre las barbas canas y enmarañadas, y en los ojos ciegos un
+gran deslumbramiento de ilusión.
+
+Su _carrick_ destrozado era la rota bandera de los días suntuosos y
+efímeros, e inspiraba la desolación de una grandeza en ruinas.
+
+Pero siempre que le encontrábamos nos saludaba optimista y sonriente,
+con un gesto de clásico caballero español.
+
+--Vaya usted a mi casa cuando guste. Vivo en un hotelito en el campo.
+¡Hay allí una gran paz que invita a escribir!
+
+Y el mísero vivía en una choza solitaria, perdida en un barranco de las
+afueras de Madrid.
+
+Por su obsesión de escribir renunció a todo y sacrificó los cincuenta
+años de su vida. Todos sus artículos, sus versos, sus libros, no le
+produjeron una sola peseta, ni pusieron una sola hoja de laurel sobre su
+ataúd pardo y siniestro de hospital. A veces el arte es demasiado cruel;
+deidad y vampiresa exige hasta la última gota de sangre de sus pobres
+ilusos.
+
+Así caen destrozados entre la indiferencia los bravos paladines de la
+bohemia. Su fiera independencia espiritual, su altivo individualismo es
+la causa del doliente remate de esas vidas. Carecen de habilidad, de
+condiciones de mercader para administrar su talento. Producen bien o
+mal, por el gusto de hacer algo bello, por el anhelo de su alma de
+derramar lo que llevan dentro. Y mientras ellos cantan, las hormiguitas
+hacen su granero.
+
+Siles ha muerto de una manera trágica; hallaron su cuerpo caído en medio
+de una carretera, de noche, como un montón andrajoso, y en un carro,
+como un fardo inútil, ni saber quién era, le llevaron al hospital.
+
+Sirva la angustia sincera de mi corazón como plegaria por este cofrade,
+que ya no volverá a recitarme sus sonetos en la alta noche, cuando ambos
+ambulábamos por las calles como dos sombras de un mundo absurdo de
+sueños de arte y de dolorosas tragicomedias.
+
+
+
+
+_Glosario pintoresco_
+
+
+POCOS escritores se alegrarán como yo de los faustos sucesos que le
+acaezcan al poeta Villaespesa. He leído que, como dramaturgo, está
+haciendo un paseo triunfal por América. Esto me agrada, porque lo
+considero como el triunfo colectivo de un género, de una época y de una
+pintoresca familia literaria.
+
+Está muy bien y es muy justo. Lo que me parece es que ha tardado
+demasiado en llegar. Un poco antes, y se hubieran evitado muchos cafés
+con tostada, que es el régimen más absurdo de alimentación.
+
+Villaespesa es de los poetas que han comido peor; como veis, esto es el
+colmo de la redundancia. Pero él ha probado bravamente que se pueden
+escribir versos admirables y soñar con princesas, alimentando la miseria
+corporal con queso manchego y chocolate con churros.
+
+Ha pasado por la vida misérrima sin enterarse, con los ojos vendados por
+un jirón azul de ideal. Esta divina inconsciencia le ha librado de
+comprender que los camastros de la Posada del Peine son más propios para
+cenobitas, que gustan de atormentar el cuerpo, que para gente voluptuosa
+que guste de dormir a pierna suelta.
+
+Tampoco aquel su suntuoso _alzacuellos de obispo_ era el último alarido
+del dandysmo ni de la comodidad. Pero de todas las menguas le salvaba su
+imaginación.
+
+Un día de opulencia se encontró con Julio Camba. Villaespesa tenía un
+aire de gran señor, llevaba bajo el brazo un formidable envoltorio.
+
+--Acabo de cobrar un libro y... me he comprado doce mudas.
+
+--Hombre, me alegro mucho--exclamó Camba--; tengo una cita galante con
+una bailarina, con la...--y pronunció uno de esos nombres radiantes,
+cascabeleros, armados de voluptuosidad, que, desde los carteles
+teatrales, hacen latir violentamente a los corazones de veinte años--.
+Estaba muy triste, porque no podía ir por el estado ruinoso de mi
+_deshabillé_. Pero tú has venido a salvarme. Me darás unos calzones.
+
+--La cosa es que, verás... calzones no he comprado ninguno.
+
+--Me contraría mucho; pero, en fin, me darás dos camisetas.
+
+--Tampoco, porque yo creo que la camiseta es una prenda superflua, y no
+he comprado ninguna.
+
+--Bueno, hombre. ¡Al menos, me darás una camisa!
+
+--Chico, la verdad, no puedo darte una camisa... entera.
+
+--¿Eh?
+
+Villaespesa desenvolvió su lío. Las doce mudas se reducían a doce
+camisolines, o sea doce cuellos y doce pecheras. ¡Oh, prodigios de la
+fantasía!
+
+La hermosa bailarina esperó en vano aquella noche a Julio Camba.
+
+Su labor teatral en América le dará dinero y gloria. Empleará el magín
+en forjar versos y situaciones dramáticas en lugar de asaltar editores y
+prestamistas. Porque con este honorable gremio, Villaespesa ha sido un
+águila. Una vez empeñó una calavera, asegurando que volvería a sacarla,
+porque era un recuerdo de familia.
+
+Estos episodios pertenecen a la época heroica de mi generación
+literaria. Cuando Camba era anarquista y sufrió un proceso por injurias
+a San Judas Tadeo; cuando un poeta dormía en el ascensor de un prócer
+tonto y tacaño, que era tío del vate sin albergue; cuando Barriobero nos
+invitaba a comer las paellas que él mismo condimentaba y llamaba a los
+horteras _pinocentauros_, o sea cuerpo de hombre y las patas de madera,
+el mostrador. Cuando Pueyo nos llevaba a los cafés con música y,
+emocionado por las arias de _Marina_ o de _La Bohême_, nos confesaba que
+él también había escrito versos en la juventud... Cuando vendíamos
+todos los libros y empeñábamos todas las prendas--¡oh, aquella levita
+suntuosa de Bargiela!--, y Antonio Machado, el gran poeta, al recibir un
+libro nuevo, exclamaba corriendo al tenducho del librero de viejo:
+
+--_Sol de la tarde._ ¡Muy bien! ¡Café de la noche!
+
+
+
+
+_Elegía de un hombre inverosímil_
+
+
+¿CONOCÉIS algo más triste, más desvencijado, más fracasado que un
+traductor? Es la forma más lamentable del desastre literario. Pues
+Forondo era el traductor calamitoso, por antonomasia, entre todos sus
+traspillados cofrades. Forondo tocaba el violín; pero, según se decía,
+le expulsaban de todos los cafés porque al comenzar a tocar su violín se
+cortaba la leche. Y esto perjudicaba mucho al crédito de estos
+establecimientos. Poseía una bonita voz de canario flauta; pero no podía
+ser aplicable en los coliseos mas que entre el coro de señoras, y
+Forondo tenía una espesa barba multicolor que le impedía interpolarse
+entre canoras hijas de Talía. Algunas mañanas cantaba los motetes en
+algún templo, y por las noches acudía a un mitin societario, porque
+Forondo era un hombre terrible, enemigo personal del Papa. Forondo era
+el autor de esta frase demoledora: «De tejas arriba no hay más que
+metafísica y gatos».
+
+Nuestro amigo vino a Madrid a ser poeta lírico. Escribió un soneto y se
+dedicó al café con media con verdadera intrepidez. Envió su soneto a
+todas las revistas y le fué devuelto, «porque había mucho original en
+cartera». Un periódico no se le admitió porque su soneto era demasiado
+corto. Entonces escribió un poema en ciento catorce octavillas
+italianas, titulado «Dios»; pero tampoco se publicó, porque el director
+_opinó_ que «Dios» no era asunto de actualidad. Forondo carecía del
+sentido de la ponderación. Lo quiso ser todo y al fin no fué nada; esto
+es: finó siendo traductor. Elaboraba a brazo sus traducciones. «El pobre
+pequeño niño sacó su muestrecita. Eran once horas sonadas», o bien: «El
+desconocido llevaba un pantalón corto y una capa del mismo color».
+Estas son unas donosas pruebas de su estilo de traductor.
+
+Jamás tuvo ideas propias ni se compró un traje nuevo. Por dentro y por
+fuera iba siempre adornado con prendas que le estaban anchas. Cuando yo
+le conocí, Forondo vendía perros en la acera del Suizo. Él me vendió un
+lindo ratonero muy inteligente, que mordió al señor D. Pedro Luis del
+Gálvez, suceso que repitieron las gacetas. Mi ratonero tuvo razón. Era
+un perro consciente, como los ciudadanos de cualquier Comité de barrio.
+
+Forondo dormía en casa de Han de Islandia, un espantable hospedero de la
+calle de la Madera. El joven montaraz y notable poeta Javier Bóveda le
+conoció allí. Por cierto que se asustó mucho; moribundo de tuberculosis,
+con sus barbas rojas, negras, amarillas, y en calzoncillos, no era
+precisamente una Venus saliendo de las olas. Saliendo de entre las
+sábanas equívocas de su camastro, al fulgor luminoso del candilón,
+moribundo, famélico y derrotado, era más bien la alegoría espeluznante
+de la bohemia matritense. La historia de Forondo es una novela ejemplar
+para aviso de los jóvenes portaliras que sueñan en su rincón provinciano
+con esa musa trágica de Verlaine, de Manuel Paso y de Alejandro Sawa,
+estos grandes mártires de la religión de la literatura.
+
+Era el amante ideal de la Cari-Harta y demás princesas de la gallofa.
+Cuando no tuvo perros que vender se dedicó de lleno a la traducción.
+Trabajaba quince horas diarias, luchando con la doble dificultad de que
+si bien no conocía el francés tampoco dominaba el castellano. Esta es la
+especialidad de casi todos los traductores. Y ello es natural y
+corresponde a la generosidad de los editores.
+
+Hace pocas noches Forondo llegó al cafetín donde se reunía con otros
+pigres. Estaba más enfermo, más pálido, más roto que nunca.
+
+--Vengo a despedirme de vosotros. Traigo media en las agujas...
+
+Todos celebraron el símil taurómaco y le ofrecieron un _café con media
+de honor_. Después Forondo se marchó... se marchó a la fosa común.
+
+Hambres, fríos, humillaciones. Acoso de hospederos, de mozos de café,
+alguna picardía peligrosa para extraer un poquito de calderilla. Y el
+desdén de los poderosos, de los burgueses; la soledad y el dolor. ¿Vale
+la pena afrontar todas estas tremendas larvas de la desgracia por haber
+hecho un soneto corto, según la opinión de un director de revista? El
+vicio de la literatura resulta demasiado caro.
+
+Forondo se ha muerto. Yo le estimaba; estaba siempre triste, estaba
+siempre fracasado. Me inspiraba el afecto de la desventura. Pero algo
+queda sobre mi conciencia como un peso muy grave. Forondo me confesó que
+había seguido el camino de las letras y había caído en la Puerta del
+Sol, encantado por la lectura de mis narraciones de la bohemia
+pintoresca.
+
+De todos modos, yo no tengo la culpa de que me hubiera leído mal. La
+bohemia es triste, desastrosa, absurda. Y más aún cuando no se tiene
+talento ni temperamento literario. No sé qué hechizo tendrá esa musa
+trágica del arroyo, que seguramente mañana volverá a verme Forondo
+redivivo diciéndome:
+
+--Verá usted, yo he venido a Madrid a luchar con la gloria. Le voy a
+leer un soneto.
+
+Y me leerá otro soneto corto, y después a dar saltos mortales para
+conquistar el camastro de esos hostales de la bohemia, figones de
+Satanás con manjares embrujados, que sólo se pueden ingerir cuando se
+poseen las hambres de doscientos poetas juntos.
+
+
+
+
+_Nuestro amigo el alquimista_
+
+
+NUESTRO amigo Aclayar es alquimista. No posee un laboratorio misterioso
+con retortas, ni usa túnica ni caperuza, como los nigromantes remotos.
+La alquimia se ha modernizado. Ya no quiere fabricar el oro; más
+modesta, se conforma con elaborar pesetas sevillanas, precioso metal en
+este reino de la calderilla. En lugar de arrojar materias químicas al
+hornillo infernal, hace números en una tarjeta, invocando a Butatar, que
+es la deidad del cálculo.
+
+Nuestro amigo ha escrito un libro para ganar _infaliblemente_ a los
+juegos de azar. Nosotros le decimos que todo martingala se reduce a una
+combinación para perder con método. El alquimista sonríe:--El azar no
+es una cosa diabólica. El ingenio humano puede vencer a esa diosa
+meretriz que se llama la Fortuna.
+
+El alquimista tiene una llamita de ilusión en sus ojos, rojos de tejer y
+destejer las cifras: siniestra tela de Penélope que ha servido de
+sudario a tantos soñadores del número. Las matemáticas tienen tanta
+poesía como un bello soneto. Aclayar es un poeta del cálculo de
+probabilidades, un estoico de la ruleta y de sus malas artes de hembra
+caprichosa, un apóstol del martingala.
+
+Ahora que se alzan en España incontables capillas del Azar, no me
+negaréis que mi alquimista es un personaje de actualidad. Él cree poseer
+el secreto para hacer oro, y este rico metal piensa extraerlo de la
+rueda diabólica, y como testimonio, ha escrito un curioso volumen. Yo
+prefiero esta lectura a otro volumen de rimas, chirles o a una novelita
+de _Biblioteca Patria_. Tiene ciertamente, más poesía y más palpitación
+espiritual, aunque nuestro alquimista se equivoque, lo mismo que
+fracasaron sus predecesores en la busca del oro.
+
+Un hombre de pasiones y de imaginación no puede resignarse con la
+pobreza o con un pasar ramplón y cotidiano. Hay que ahuyentar al lívido
+y desarrapado espectro de la necesidad. Hay que buscar la llave mágica
+que abre los tesoros de la vida: la espada bruja que decapite al dragón
+de la miseria. Y este talismán impreciado es el oro.
+
+Un hombre pasional e imaginativo ama a las bellas mujeres, los viajes
+por las tierras fabulosas y lejanas, las obras de arte, los libros
+inmortales. Y sueña con conquistar el oro, que es la palabra misteriosa
+que abre todos los paraísos y da la serenidad de espíritu necesaria para
+la contemplación de lo bello. La pobreza amarga el amor, el arte no es
+buen camarada de la necesidad, a pesar de que se dice que el hambre
+aguza el ingenio.
+
+Además, nuestro alquimista sueña con obtener ganancias fabulosas que le
+permitan suprimir, en torno suyo, el dolor social.
+
+Comprende que el dinero, en los contratos humanos, es el espíritu del
+mal. Un filántropo rico e inteligente como él sería un nivelador.
+Repartiría los billetes de los grandes casinos entre los pobres, los
+fracasados, los parias de la injusticia de esta sociedad farisea y
+anticristiana. Este ideal altruista merece nuestros plácemes. El dinero
+del juego está amasado con dolor, con sangre, con toda la turbia gama
+del delito. El alquimista lo trocaría en alegría, esperanza,
+tranquilidad. Arruinaría a todos los empresarios de juego, eso sí; pero
+el fin justifica los medios, según nos han enseñado los nietos de
+Loyola.
+
+Nuestro amigo sabe que la Fortuna prefiere a los toreros, a los navieros
+contrabandistas, a los _profiteurs_, buitres de la carnaza europea. Él
+es intelectual, es un poco soñador y desdeña estos menesteres
+antiestéticos. Tiene alma de luchador y prefiere luchar con el monstruo
+del azar. Es más noble y más heroico. Como buen filósofo, sabe que es lo
+mismo combatir en las encrucijadas de la vida que contra el capricho de
+la bolita saltarina, que puede ser la dicha o el desastre para tantos
+espíritus ilusionados. La vida no es más que una ruleta mucho más
+grande, cuya bolita--fortuna o fracaso--rueda invisiblemente en torno
+nuestro. El alquimista aspira a ser un superhombre que domine las
+fuerzas ciegas o, al menos, que las sujete entre las reglas de un
+martingala, basado razonablemente en el cálculo de probabilidades.
+
+Yo creo que su libro no les será útil a los lectores. En los lances del
+azar, como en la vida, cada uno es víctima de su temperamento. El que se
+arruina en el juego, es por un torbellino de locura que hay en su alma;
+le pasaría igual con una querida vampiro, con la política o con los
+negocios. Además del invisible factor de la suerte personal, es que
+tiene la voluntad enferma. Para vencer a los duendes del azar hay que
+tener un espíritu fuerte y sereno, como para dirigir multitudes. La
+voluntad y el ingenio pueden vencer a la mala suerte.
+
+El libro lo vende el editor Pueyo. Pero conste que no es _réclame_. No
+tengo el menor interés por éste ni por el otro editor. El librero,
+comerciante del cerebro ajeno, realiza el milagro de comer de los libros
+sin saber leer. Sentimos hacia el hermano librero la mayor
+desconsideración, y lo decimos de esta manera franciscana, como
+pudiéramos decir el hermano lobo o el hermano buitre. El librero es el
+enemigo del escritor. Debería inventarse un violento insecticida para la
+destrucción del librero.
+
+
+
+
+_El galán de los "ouistitis"_
+
+
+AQUEL rincón de café era como un muestrario de personajes absurdos.
+Poetas, pintores, _apaches_, inventores... En los cristales amarillentos
+se reflejaban las chalinas y las pipas, y, a veces, como una aparición
+de balada germana, la linda cabecita de paje rubio de Betina Jacometi,
+una genial pintora holandesa, a quien la policía metió en la cárcel sin
+más razón que la de fumar cigarrillos por las calles y ser muy extraña.
+Esto, que es una cualidad de aristocracia, llevó a la pobre Betina a la
+prisión, de donde salió tuberculosa. Esta mujer artista, de espíritu
+extraordinario, dice que todo en España es _idioto_, menos los amigos
+del café silencioso. Realmente, con bastante dificultad se podría
+hallar un cenáculo más pintoresco y más multiforme.
+
+El amigo Montalbán, arqueólogo y cazador de leones, nos hablaba de sus
+exploraciones en la India; Peñalba, el _Tartarín de la cuarta plana_,
+nos decía sus sueños de publicidad, a la americana, mientras tomaba café
+con media; el poeta Alberto Valero se dedicaba a cantar la romanza de
+_Roberto, el diablo_, con unas burguesitas sentimentales de la mesa
+contigua. Betina fumaba, fumaba, con los ojos azules e ingenuos, en un
+éxtasis de arte. ¿Qué pensaría aquella linda cabeza de paje provenzal,
+tan exquisita, tan femenina y al par tan rebelde y tan misteriosa?
+Después, llegaba _Fantomas, el rey de los ladrones_. Nosotros no le
+tomamos nunca completamente en serio. Nos parecía un folletín ambulante.
+Bien vestido, rasurado a la inglesa, con un acento también inglés
+(deslucido por su dejo catalán primitivo) y su monóculo, un bastón con
+correa y una gabardina, _Fantomas_ era un espectáculo.
+
+--¡Mozo!: _Whisky and soda..._ _Miri_, mejor es que me traiga un _five
+o'clock tea_.
+
+Generalmente ya era noche bien cerrada... Pero _Fantomas_ era un hombre
+_chic_, un Brummel de la Barceloneta, y los pobres poetillas no nos
+atrevíamos a contradecirle en asuntos de elegancia y de buen tono. ¡Oh,
+él había operado en los grandes hoteles mundiales!
+
+De todos modos, _Fantomas_ era un tipo interesante. Tenía ojos de gato y
+dientes agudos de animal de presa. Era en aquellos días en que las
+autoridades le vigilaban celosamente--los periodistas hemos fabricado el
+tópico de que los policías son muy celosos--. ¡Le habían hallado una
+calavera y un pijama negro! Esto indicaba que se trataba de un _apache_
+peligroso, de un terrible _souris_ de hotel. _Fantomas_ se pavoneaba en
+la apoteosis de su gloria y fumaba cigarrillos turcos como una cocota.
+Realmente tenía un alma enferma de cocota en un cuerpo delirante de
+histerismo. Era un _hombre marioneta_, producto patológico de la vida
+artificial que empieza en una cena montmartresa del Palace y termina
+con una borrachera de éter en un burdel elegante. Valses vieneses,
+rameras viejas, pintadas y bien vestidas; artificio, morfina, pases de
+_bacarrat_... Todo esto formaba la careta de _Fantomas_ la veladura de
+su fisonomía espiritual. En el fondo, yo creo que se trataba de un buen
+chico que tenía unos furiosos deseos de _epatar_ y cogió un mal camino:
+el del hotel de la Moncloa. Pero él hubiera llegado a la escalerilla del
+patíbulo con tal de que la gente le creyese un hombre terrible. Era un
+enamorado de lo extraordinario, de lo singular, un sugestionado por los
+libros de andanzas policíacas. Aquí no se conoce bien su _tipo modelo_.
+Él mismo se encargó de descubrírmelo. Hace dos meses recibí un libro
+desde Lisboa. Me lo enviaba un remitente misterioso, sin una carta, sin
+una tarjeta. Se titulaba _La dame aux ouistitis. Memoires d'un souris
+d'hótel._
+
+--Esto es de _Fantomas_--exclamé.
+
+Efectivamente, el protagonista de _Claudio Lefaure_ es un ladrón de
+hoteles que se llama Fabricio Levrot. _Fantomas_ sueña con emular la
+vida azarosa y fantástica de este personaje. Es el galán de los
+_ouistitis_.
+
+Como todo hombre vanidoso, _Fantomas_ se cree irresistible con las
+damas. Pone los ojos velados y coquetones, adopta un gesto de elegante
+fatiga y hace algunas conquistas entre las camareras, las cocotas del
+Palace y alguna gentil desequilibrada que, también enamorada de lo
+extraordinario, de lo detonante, le entrega sus encantos y sus alhajas.
+
+¿Realmente _Fantomas_ es el rey de los ladrones? Oyéndole a él hay que
+creer que sí. Una bella noche de luna paseábamos por las calles,
+fragantes de primavera. _Fantomas_ exhaló un sollozo romántico:
+
+--¡Qué noche tan hermosa para robar!
+
+Lo del _maillot_ y el gorro con borla es una invención de la fantasía
+folletinesca de la policía.
+
+--Yo no robo en traje de etiqueta y zapato de charol. Estoy de antemano
+una hora encerrado en mi habitación, completamente a obscuras, hasta
+que mis ojos ven perfectamente en la sombra. Mientras introduzco el
+_ouistitis_ en la cerradura, estudio la respiración del durmiente. ¡Es
+una emoción tan exquisita!...
+
+Otro día, en el camerino de una cupletista, pedía a gritos--con rotos
+gritos de epiléptico--una jofaina de agua perfumada, porque quería morir
+abriéndome una vena. Esta dulce muerte romana la acababa de aprender en
+_¿Quovadis?_, película de gran metraje que se estaba proyectando en un
+teatro. Quería ser Petronio, quería ser Fabricio Levrot, el gran
+_cambrioleur_, y hubiera querido ser el último personaje singular de la
+última lectura. Este espíritu impresionable paga caro su _diletanttismo_
+morboso, haciendo lamentables estancias en las cárceles de Europa. Ama
+el lujo como una cortesana y roba por amor al lujo y por amor a lo raro
+y a lo escalofriante, y por ese capricho de lo singular se enterró en un
+féretro de cristal, en el Palace, vestido de faquir, como aquel Papús de
+la larga perilla.
+
+Lo malo es que la vida no se desenlaza tan a gusto como en los
+folletines. La vida galante, de perfumes, de joyas, de elegantes y
+afrodisíacos venenos, de _bacarrat_, de música frívola y áureo tintinear
+de relucientes luises, tiene este amargo contraste del calabozo y del
+buriel del presidiario. El grillete disipa los sueños absurdos de
+morfina. Esta figura desquiciada y pintoresca confieso que me es
+simpática y que la vería con gusto otra vez en el rincón del café de
+artistas. Pero _Fantomas_ es el hombre nube, el hombre pájaro, que no
+vuelve a posarse en el mismo sitio. No me extrañaría recibir una carta
+suya diciéndome que se ha hecho mago del Tíbet o que está dirigiendo una
+academia de baile flamenco entre los pieles rojas. Cualquier cosa que
+sea arbitraria y extravagante. Lleva en el alma un viento de locura y de
+aventuras este pintoresco enfermo de lo maravilloso.
+
+
+
+
+_Sindulfo, arqueólogo y cazador de alimañas_
+
+
+HA venido a verme el señor Sindulfo del Arco, arqueólogo y cazador de
+jirafas. Como comprenderéis es un personaje inquietador. Yo le conocí
+este verano en una juerga en la Bombilla, porque Sindulfo es un
+arqueólogo flamenco.
+
+Desea que yo llame la atención de las Academias acerca de la calavera de
+Atahualpa, el inca infeliz que Sindulfo ha descubierto y cuya
+autenticidad prueba en un volumen de quinientos folios. Lo que creo es
+que intenta vender en buen precio la ilustre osamenta, y esta
+adquisición me parece inestimable para la colección del Museo
+Arqueológico. Un hallazgo tan importante haría la felicidad de
+cualquier docta Corporación.
+
+Sindulfo es un sabio y un valeroso cazador de jirafas, y, aunque parezca
+raro, es dulcemente enamoradizo. Como todos los hombres extraordinarios,
+anda por el mundo caballero en una nube, y se le antoja ver ángeles
+domésticos en cada dama andariega y aficionada al acre aroma de varón.
+
+--Mi querida Isabel, usted es la mujer que yo he soñado para formar un
+hogar...
+
+Como veis, Sindulfo es un doncel romántico, digno de ser cantado por
+Walter Scott.
+
+Y lo melancólico es que dice estas inflamadas palabras cuando ya tiene
+muchos hilos blancos en las barbas proféticas.
+
+Este hombre extraño ha recorrido el mundo a pie y cuenta las cosas más
+desconcertantes.
+
+--Yo he comido carne de indio guarany; es muy dulzona... Estaba perdido
+en un bosque del Chaco central. Otra vez, los indígenas me condenaron a
+muerte y me salvé a lomos de un jaguar. Así llegué a una tribu de
+indios pirios, que me creyeron un ser sobrenatural. Hicieron fiestas en
+mi honor y me regalaron una doncella joven para mi holgorio; se llamaba
+Atarbelia, morenita ella, bien formada. Luego la quemaron viva para que
+no tuviese descendencia de blanco. Es una costumbre.
+
+Yo no sé si Sindulfo dice la verdad o si es folletín ambulante. Tengo
+motivos para creer que la imaginación es su facultad predominante. Un
+día que dábamos un paseo por la Moncloa se nos acabó el tabaco. Era
+otoño. Sindulfo cogió un puñado de hojas secas de chopo, las estrujó y
+las metió en su pipa. Después dejó errar su mirada por las lejanías de
+El Pardo, añorando sin duda los bosques vírgenes del Arauco. De pronto
+se detuvo y exclamó:
+
+--Verdaderamente, el mejor tabaco para la pipa es este tabaco turco.
+Tiene un aroma muy delicado.
+
+--¡Sindulfo, por Dios, que son hojas de chopo! ¿No recuerda que las
+hemos cogido cerca del caño gordo?
+
+--Usted está soñando, amigo mío. Esto que fumamos es tabaco turco.
+Compré yo diez kilos en Constantinopla hace dos meses. Por cierto que
+aquella noche el Bósforo parecía un espejo. La luna rielaba sobre su
+superficie, y a lo lejos...
+
+Sus ojos se entornaron y el ánima se fué en pos de aquel recuerdo otomán
+que él acababa de crear... Yo respeté su ensimismamiento y pensé que con
+esta fantasía Sindulfo era feliz.
+
+Presenta certificados de los sitios por donde ha pasado. Realmente ha
+recorrido el mundo; pero ha viajado sin enterarse de lo que sucedía ante
+sus ojos, como hundido en si mismo, mirando hacia adentro, inventando
+paisajes, personas y episodios, sin tomarse el trabajo de mirar lo que
+le rodeaba. Lo mismo hubiese sido que no se moviese de la cama durante
+diez años.
+
+--Otra vez, en África, me encontré a un cazador que llevaba sobre su
+camello un magnífico león muerto.
+
+--No diga usted más--le atajé, sonriendo--. Era el gran Tartarín de
+Tarascón.
+
+--Fuimos muy amigos. Juntos cazamos jirafas, caimanes... Y figúrese que
+cierta noche...
+
+--_En medio del desierto de Sahara..._--interrumpí--. Naturalmente,
+amigo Sindulfo. Usted es un grande hombre. Yo exigiré que las Academias
+le compren su calavera de Atahualpa y nos gastaremos los cuartos en la
+Bombilla, con aquellas dos chulonas modistillas que a usted le parecerán
+dos sacerdotisas de Vesta.
+
+Porque, como dije al principio, Sindulfo gusta de los gachones deliquios
+del baile. Yo le he visto marcarse un _schotis_, cosa que es compatible
+con la arqueología y con Atahualpa, mientras cantaba, con una voz
+cavernosa que parecía la del propio inca difunto, este estribillo
+flébil:
+
+ Con mi muñequita
+ sobre el corazón,
+ esta hora tan dulce
+ me embriaga de amor.
+
+Ahora voy a responder a una pregunta que está en la mente de los
+lectores. Sí, señor, el amigo Sindulfo existe, y no diré que es de carne
+y hueso, porque más bien parece de nube. Va todos los días a verme al
+café, y espero que dentro de poco será académico de la Historia. No
+olvidéis que ha descubierto la calavera de Atahualpa.
+
+Clamaría a Dios y se hundirían las esferas si la docta Corporación le
+pretiriese. Sindulfo estaría muy bien exclamando en plena sesión:
+
+--Señores académicos: Habéis de saber que el juego de carambolas, entre
+los antiguos persas...
+
+
+
+
+_El poema del mal poeta_
+
+
+EL mal poeta escribe en un café solitario. Yo le profeso al poeta malo
+un aborrecimiento corso. Me ha apedreado los oídos con sus ripios, con
+sus tópicos, con su retórica. Es hombre insensible a la emoción
+estética, que fabrica sus versos como un jornalero: un albañil, por el
+cascote; un picapedrero, por su ritmo monótono, que parece que agita
+adoquines dentro de un cubo en vez de lapidar las piedras preciosas de
+las bellas rimas.
+
+El mal poeta tiene un orgullo satánico. Es de los que hacen burla
+bellaca de Rubén y componen pueriles mixtificaciones de los viejos
+maestros románticos--fáciles becquerianas y humoradas sin el hondo
+espíritu campoamoriano--. El mal poeta escribe mucho. Sus versos son
+una infección de todos los periódicos. Su ramplonería es una bomba de
+gases asfixiantes. Yo os confieso que degollaría con mucho gusto al
+poeta malo.
+
+Es un sujeto más de cuarentón. Posee una calva sucia, los ojos
+pitañosos, los dientes verdes de nicotina, y un bigote rubianco y
+abatido. Lleva un abominable hongo, representativo de su vulgaridad
+interior. Suele parlarnos de Filomela cuando complica a los sencillos
+ruiseñores en sus octavas reales, sin duda para despistar al ingenuo
+lector. _El pensil ameno_ y el _rosicler de la aurora_ le son tan
+familiares como su terno de lanilla. Ama _con ansia loca, pierde la
+calma_ en cuanto tiene que rimar con alma, y todos los labios le causan
+agravios, sin saber por qué. El _beso_ le parece un _exceso_--y a sus
+años, es natural--, y la luz de la luna siempre le sorprende en una
+laguna, cosa muy perjudicial para sus achaques reumáticos.
+
+El poeta malo se entretiene en colocar uno sobre otro sus endecasílabos,
+como los ladrillos en una construcción. Luego entrega las cuartillas a
+una niña rubia que aguardaba para llevarlas a un periódico.
+
+El hijastro de Apolo charla después conmigo de literatura. Me lee una
+oda _Al Sol_, un soneto _A una ingrata_ y una elegía _A la muerte de la
+virgen de sus amores primeros_. ¡Hace ya tantos años! Este poeta tiene
+una memoria feliz.
+
+El pobre hombre no acierta ni por casualidad. Tanto artificio, tanta
+falsificación poética, la lluvia de lugares comunes, me ponen muy
+nervioso. Tal vez hubiera llegado a agredirle si no llega a volver la
+niña rubia que llevó los versos al periódico y que retorna con cinco
+duros. El mal poeta la besa en la frente con sincera ternura.
+
+--Esta es la mayor--exclama--. En casa quedan otros cinco leones.
+¡Calcule usted los versos que tendré que hacer!
+
+La niña rubia, una grácil adolescente de catorce años, tiene los ojos
+zarcos e ilusionados.
+
+--Ahora le voy a comprar unos zapatos, ¿sabe usted? Los romperá en
+seguida, porque estas criaturas...
+
+Sin querer, miro a los pies de la niña, unos pies lindos y pequeños de
+princesa china, envueltos en unas botas muy rotitas, muy rotitas...
+
+Esta dolora no la siente ni la rima el poeta malo. Pienso en los _cinco
+leones que quedan en casa_, y este emocionante poema del mal poeta casi
+me hace llorar.
+
+Y le veo alejarse, amorosamente abrazado a la niña, en cuyos ojos zarcos
+arde una llamita de ilusión, y en este momento, el mal poeta me parece
+más grande que Shakespeare y que Hugo...
+
+
+
+
+_La sombra del rey galán_
+
+
+POR el puentecillo de El Pardo iba aquel rey galán cuya leyenda cantan
+los niños en los jardines. Era pálido y adolorido, tenía las ojeras
+moradas como los lirios del paje Gerineldo. Era el rey madrileño, el rey
+chispero, el de las corridas de toros y las patillas manolas:
+
+ «¿Dónde vas Alfonso XII?
+ ¿Dónde vas, triste de ti?»
+
+canta el coro infantil en el azul idilio de la tarde, mientras el rey
+galán, pálido y muriente, como un lis borbónico, que se marchita, se
+pierde por las avenidas, seguido de silenciosos cortesanos.
+
+El pueblo amaba al príncipe netamente español. Le aclamaba en los
+toros, en las verbenas, en las tardes del Prado. Le halló en sus
+alegrías y en sus duelos, íntimamente ligado a su vida, en el ritmo
+jovial, generoso, magnífico de la vida española, de aquel momento.
+
+Ya sonaba lejano aquel romance de su adolescencia, en las horas
+tediosas, preñadas de augurios, que transcurrían en el palacio de El
+Pardo. Otoño sollozaba en el monte verdinegro y adusto; en los parques
+lloraban los violines verlenianos, y la Desnarigada rondaba el palacio.
+La veían los perros errantes, que aullaban a la luna.
+
+Y cuando sonó la hora, esa hora misteriosa del cuadrante de la
+eternidad, otro ilustre moribundo, el general Serrano, anunció en
+Madrid, a cuantos rodeaban su lecho:
+
+--¡El rey acaba de morir en el palacio de El Pardo!
+
+Y en aquel punto mismo, Alfonso dejaba de ser, en el palacete gris, con
+caperuza de pizarra, mientras en el aire flotaba el último verso del
+ingenuo romance infantil:
+
+ «Cuatro duques la llevaban
+ por las calles de Madrid.»
+
+¿Quién fué el arreglador de esta vieja canción que yo oí sonar en el
+último acto de _Reinar después de morir_, llorando la muerte de doña
+Inés de Castro? ¡El amor del pueblo ha hecho al rey galán y a la
+princesa del palacio de San Telmo los esenciales protagonistas de este
+poema eterno, que es como una oración ingenua del alma popular!
+
+ «Rey dolorido y galante,
+ tu muerto amor juvenil
+ ¡con qué tristeza aflorante
+ llora el romance infantil!
+ Princesina de leyenda,
+ te da el alma popular,
+ como una oración, la ofrenda
+ ingenua de su cantar.»
+
+Así ha glosado un poeta de ahora el idilio adolescente del rey galán,
+del rey chispero, del rey madrileño, el de las patillas manolas a lo
+_Pepe-Hillo_, que supo de las locas farsas del Momo, en el castizo
+Capellanes, y dejó cien leyendas de su breve reinado y se murió muy
+joven, como una mustia lis heráldica, abrasado en una fiebre loca de
+vivir una vida magnífica y emocionante.
+
+¡Puentecillo de El Pardo, por donde pasaba el príncipe de las leyendas
+galanas! En las tardes vernales, doradas y olorosas, yo he evocado la
+sombra del rey galán por estos jardines señoriales y estas montaraces
+espesuras.
+
+Yo siento una honda simpatía por este príncipe y por esta época
+exaltada, generosa, pintoresca, de un decadentismo elegante y escéptico.
+Entonces, como ahora, había una gran pasión por los ídolos de la
+tauromaquia, el arte nacional por excelencia. Frascuelo y Lagartijo
+recogían en su joyante capote el último rayo del gran sol de la raza y
+despertaban el único latido de la conciencia nacional. Y aun no había
+surgido en el horizonte el espectro trágico, grotesco e infame del
+desastre colonial.
+
+¡Dichosos los príncipes que viven en el corazón de su pueblo y cuya
+memoria queda en romances que cantan los coros de niñas en los jardines
+y en las plazas! Vale más ese culto poético y sentimental que todas las
+gloriosas atrocidades bélicas, exaltadas por la Historia.
+
+¡Reyes de hierro, con corona esplendente cuyos laureles están manchados
+de sangre, los niños de vuestros reinos no cantarán romances de vuestros
+amores, en las floridas avenidas, cuando la primavera viste de novia a
+las acacias!
+
+
+
+
+_La plazoleta de los fracasados_
+
+
+ES una de esas plazoletas melancólicas de un barrio solitario, rodeada
+de bancos de piedra, que tienen un ambiente provincial, y sobre la cual
+caen de vez en vez las lentas campanadas de las vísperas, con un
+clamoreo ensoñador y místico. Tiene acaso un balcón florido que da la
+amable sensación de una mano blanca de mujer, y también algún arbolillo
+desmedrado y triste o una antigua fontana que vierte, hilo a hilo, la
+dulzura de su monotonía.
+
+En la hora sedante del crepúsculo toma un aspecto severo y arcaico de
+yerma ciudad castellana, que evoca el heroico redoblar del Romancero o
+la sandalia de Teresa de Ávila, la celeste doctora, y vaga en su gran
+paz un perfume antiguo de penas olvidadas y de encantos añejos.
+
+A este paraje apartado y romántico acuden todas las tardes los
+melancólicos fracasados de todos los ideales, los soñadores de las
+áureas apoteosis que han visto hundirse la leyenda de sus vidas en la
+bahorrina de la vulgaridad, en el vacío de un vivir abrumadoramente
+cotidiano.
+
+Se conocen de todos los días, galeotes de una misma cadena, sombríos
+discípulos de un mismo maestro, el inmortal Dolor, y entre ellos se ha
+hecho una suave simpatía consoladora. Hay un viejo militar invalidado la
+primera vez que entró en campaña; él quizá tenía una visión homérica de
+la vida, soñaba con el laurel del héroe, con el botín y la aventura, y
+todo su ensueño fracasó en el momento inicial por la crueldad de una
+bala perdida que le negó el triunfo de una bella muerte y le condenó a
+arrastrar una hórrida y grotesca pata de palo, cuyo seco y monorrítmico
+golpear es un irónico estribillo a la galana bizarría de su ideal
+truncado.
+
+Después ha visto cómo se deslizaban sus días, sin ambición, monótonos y
+fríos; en el alma, la honda amargura de las renunciaciones.
+
+¡Si al menos la bala me hubiera buscado el corazón!
+
+Y sus ojos se tornan hacia los años juveniles, florecidos de hazañas
+imaginadas, en las que sonaban las trompetas de la Gloria.
+
+Llega después un hombrecillo torvo y desaliñado, tocado con un chapeo
+raído que cubre su calva de santo, ancha y reluciente. Es un inventor
+desgraciado.
+
+Había trabajado día y noche en su taller, renunciando a los holgorios de
+la mocedad, al regalo de la hembra y a toda dulzura de los sentidos.
+Empleó su pequeña fortuna en el trabajo y en el estudio, hasta obtener
+una nueva máquina.
+
+Después comenzó el peregrinaje por las oficinas en pos de la soñada
+patente, que era su riqueza futura, y al cabo de amargas andanzas se
+mofaron de él, de su invento y de su calva, y los ujieres le echaron al
+arroyo con vayas y sinrazones. En el café, en la calle, a solas con las
+fementidas tapias de su mechinal solitario, peroraba con esa exaltación
+de loco de los inventores. Y ya le oían impasibles, le brindaban
+protecciones quiméricas o se le reían en sus barbas.
+
+--¡Ya ve usted, se burlaban de aquello que me había costado mi fortuna,
+mi cerebro y mi juventud!
+
+Y cierra los ojillos grises y casi ciegos, tal vez para restañar una
+lágrima.
+
+Luego, una arrogante mujer enlutada, con aires de gran dama, que saluda
+con cierta gracia señorial. Tiene la belleza fuerte y calina de la
+madurez; el luengo manto vela apenas su cara algo marchita, donde arden
+los ojos negros con una llama de locura bella y eterna.
+
+Al comienzo todos la creyeron viuda; no era sino una virgen vetusta que
+consumía su corazón y su virginidad en el ara de un ideal remoto e
+imposible, como esas lámparas de la devoción que se extinguen
+tristemente ante una hornacina olvidada. Allá en los verdes años de su
+galana adolescencia, amó con bravura y firmeza de corazón a un bello
+aventurero romántico y audaz, que se fué hacia las tierras fecundas del
+sol, nauta de lo imprevisto, conquistador de la casualidad.
+
+Él dijo que volvería y ella le aguardó. Interrogó al horizonte todas las
+mañanas; sintió caer todas las horas de cada día, todas las
+desesperanzas de cada año, y el amado no volvió más. Pero ella le
+esperará siempre, hasta que la muerte toque sus ojos con sus dedos de
+niebla.
+
+Y cruza sus manos pálidas de monja sobre el raso litúrgico de su traje.
+Manos transparentes y puras que parecen hechas para filigranar ex votos
+de santos y capas pluviales; ojos fanatizados en torno de los que las
+largas vigilias, huérfanas de besos, han florecido en sedeñas ojeras
+violeta, como dos flores de fiebre y de locura; alma noble y extática,
+donde el amor es una rosa casta e inmortal.
+
+Y cuando un soplo de brisa arrastra alguna hoja muerta, la viuda ideal
+la sigue intensamente, quizá comprendiendo que la aproximación del otoño
+tiene para ciertas almas un melancólico valor emblemático.
+
+Mas luego, entre otros que ocultan el secreto de su fracaso, arriba la
+carátula ridícula y triste de un viejo farandulero. Aun recuerda con
+llanto de regocijo los días buenos en que él fué don Juan y Manfredo,
+Sullivan y Don Álvaro.
+
+Estos héroes le dieron el prestigio de su poder imaginario entre
+bambalinas y oropel, y pusieron un poco de oro de leyenda en su vivir
+menesteroso, a cuyas puertas solía llamar el Hambre con su puño
+espectral. Después, el aguardiente y los años han abatido el tórax que
+se irguió enorgullecido bajo la cota de acero de Ruy Díaz, se abatió en
+curva claudicante en demanda de las dos pesetas, en esas lamentables
+aulas de picardía y de dolor que están siempre abiertas en las aceras de
+la corte.
+
+Y llegan otros, desarrapados y tristes inválidos de cuerpo y ulcerados
+de corazón, inventores preteridos, soldados sin fortuna, viejas
+meretrices, traductores, poetas vitaliciamente inéditos, todas las almas
+en sombras, y los perfiles contorcidos de los fracasados del arte, del
+amor y de la vida.
+
+Y gustan de esta solitaria plazoleta, que tiene un aroma antiguo de
+lágrimas enjugadas, de flores secas y de dolores resignados, donde hay
+un arbolillo triste y torcido y un balcón con flores, y en donde en la
+hora dulce del crepúsculo suena acaso un piano tocado por una bella y
+desconocida mujer, de lentas y melancólicas melodías, a las que las
+almas en ruinas de los fracasados ponen tal vez la letra de su íntimo
+dolor.
+
+
+
+
+_Las paellas de un revolucionario_
+
+
+TODOS sabéis que Barriobero es un terrible revolucionario, un formidable
+socavador del orden social. Durante mucho tiempo, su melancólica silueta
+quijotesca ha sido la pesadilla de golillas y de ministriles. ¿Qué había
+un mitin de cigarreras? Barriobero a la cárcel. ¿Que algún orondo
+cacique se levantaba dispépsico? Metamos a Barriobero en chirona. La
+tranquilidad del respetable vulgo reclamaba que el peligroso anarquista
+estuviese siempre aposentado en el hosco palacio de la Moncloa. Y a
+veces resultaba una admirable combinación económica para Barriobero...
+porque en la calle, los comestibles habían decidido trasladarse a
+Saturno.
+
+Este hombre tenebroso es una de las figuras más pintorescas de esta
+época. Su nariz, en guisa de interrogación, bien merece un soneto
+quevedesco o una de las loas que rimara Rostand en el _Cyrano_; su
+melena, romántica y subversiva, flota como airón en las revueltas
+populares, y es como el símbolo orgulloso de toda su vida. En las horas
+de opulencia, Barriobero adorna su translúcida persona con un deleite de
+«dandy». ¡Oh, qué admirables chalecos bordados, dignos descendientes de
+las pomposas chupas del tiempo viejo, cortesano y galante! Estos
+chalecos merecen por sí solos un apologista tan atildado y erudito como
+lo fueron Barbey y Jorge Brummel. Pero, más que estos gloriosos
+indumentos, rameados de oro, de azul, de rosa; más que sus pipas y su
+melena, sobre sus discursos y sus libros, yo prefiero las paellas a la
+valenciana de Barriobero.
+
+Porque este terrible revolucionario es un supremo artista en sus
+paellas, señores míos. Yo uno a este suculento recuerdo un buen puñado
+de episodios juveniles; mi estómago siente una onda sentimental al
+evocar aquellos arroces, que eran como un paréntesis de encanto en medio
+de aquellos días menesterosos, en que el más loco y bizarro mocerío
+florecía en rosas de alegría e imprevisión.
+
+Por las noches, Barriobero traducía para Jorro o para Calleja;
+despachaba un volumen--«católicamente» mutilado--en un par de sesiones,
+y con las pesetas que esta labor de negro le producía, nos íbamos a
+comer arroz, condimentado por sus manos largas, frías y pulidas de
+cardenal galante, a un ventorro de los Cuatro Caminos.
+
+Y fué en aquellos días de lamentable supeditación al régimen suicida de
+la media tostada, en aquella época de chicharrones en el figón de la
+plaza del Progreso, de versos recitados a gritos en las calles
+solitarias, de proyectos absurdos dictados por el Hambre, que hacía
+funámbulas delirantes en nuestros caletres visionarios; fué entonces
+cuando el editor Pueyo llegó a encargar a Barriobero que escribiese una
+novela.
+
+--Hágame usted la novela de un repatriado, que se muere de inanición en
+este cochino país, dominado por los jesuítas. Tome usted a cuenta estos
+cuatro duros.
+
+--Pero eso va a resultar un sapo... Yo no siento ese asunto...
+
+--Pues, si no le conviene, se marcha enhoramala de la tienda, que tengo
+mucho tajo. ¡Con esta baraúnda no se puede laborar!...
+
+Y la voz cavernosa de «Nietzsche», el cuñado de Pueyo--una especie de
+Harpagón--, que interrumpe, con «ritornello» de «miserere».
+
+--¡Acabarán por arruinarte, Gregorio! ¡Acabarán por arruinarte!
+
+Barriobero acepta el encargo y los cuatro duros, y escribió la novela,
+interesante y «documentaria», como él dice.
+
+Pero, ¡ah!, la factura de sus novelas será muy notable; mas no tanto
+como la de aquellos arroces, dorados y humeantes, devorados fieramente,
+bajo el alegre cielo madrileño, en amable cordialidad, en aquellos
+buenos días que retornan del fondo de lo pasado perfumados de alegría y
+de juventud.
+
+Perdonadme, respetables señores, estas fugas sentimentales y
+pintorescas.
+
+Al contaros estas minucias, yo gozo reviviendo el encanto de los viejos
+días, y me parece, además, que ningún hombre serio dejará de reconocer
+el trascendentalismo de estas cuestiones de culinaria. Yo creo que si
+Luis XVI hubiera convidado a comer a Marat, tal vez hubiera evitado la
+Revolución francesa; las lentejas y el cocido cotidiano han hecho más
+revolucionarios que todos los libros de Kropotkine.
+
+Así, pues, reconozco que Barriobero tiene talento, que tiene bellos
+chalecos de terciopelo y una gran colección de pipas; confieso que es un
+gran orador, un novelista sagaz y un famoso abogado. Pero yo,
+francamente, le prefiero y le admiro mucho más como confeccionador de
+paellas a la valenciana.
+
+¡Qué queréis! Soy un Aquiles vulnerable por el estómago.
+
+
+
+
+_La noche_
+
+
+LA noche es la suprema aristocracia. La noche es una dama misteriosa,
+como Ligeia, como Eleonora, las mujeres litúrgicas, transparentes y
+ultraterrenales de Edgardo Poe. El día es un poco plebeyo con tanto
+escándalo de sol, con tanta greguería ramplona.
+
+¡Noche! Viciosa querida bohemia, como una alta dama que va a la busca de
+emociones raras entre los hampones y las busconas. Todos tenemos una
+querida ideal, cuya mascarilla en vano buscamos entre las mujeres de la
+tierra. ¡Un alma de mujer, como un cáliz de oro, donde verter el licor
+musical de nuestro corazón en esas horas tristes en que la emoción se
+desborda!
+
+La Musa de la Noche tiene para mí todos los magos prestigios de esa
+amante suprema. En las altas horas las sombrastejen torbellinos de
+alucinación en torno a mis pobres ojos, que se emborrachan de misterio.
+La Musa de la Noche adquiere corporeidad para mí y se apoya en mi brazo,
+en mis sonámbulas paseatas por la ciudad desierta, que tiene algo de
+cementerio, con sus balcones cerrados, como nichos inquietantes.
+
+La siento levemente reclinada, muy levemente, como si llevase de mi
+brazo a un fantasma. Va vestida con un amplio ropón de terciopelo negro,
+y su cabeza es pálida, como el místico lirio de la luna. Sus ojos son
+verdes, como pequeños océanos tumultuosos, y tienen verdes ojeras como
+el licor emponzoñado con que la luna hace cantar a sus ahijados en los
+trágicos manicomios. ¡Los ojos de la Noche!
+
+¡Los ojos de la Musa de la Noche! Ellos le dan su trágica llamarada de
+lujuria a esos rostros de clownesa que muequean en las encrucijadas del
+pecado.
+
+La Dama de la Noche es voluptuosa y trágica, y junta el placer y el
+crimen en una onda de sensualidad. Tiene el alma de Lucrecia Borgia,
+exquisita y abominable. Ella aconseja a los rufianes que asesinen a las
+rameras, después de amarse dolorosamente, en las zahurdas tenebrosas,
+para que ría el Diablo, padre de las rameras y de los asesinos.
+
+La Dama de la Noche entiende las palabras misteriosas que susurran en el
+fondo de mi alma, sin asomar jamás al labio. Son palabras de un idioma
+lleno de amor y de eternidad, y ella me dicta versos en ese lenguaje
+divino, con símbolos imperecederos. La Musa de la Noche sabe la cifra
+del amor, del dolor y del misterio, y me inicia en sus ritos
+sobrehumanos, mientras los otros hombres--los hombres sanos que viven de
+día--duermen en un grotesco amontonamiento de carnaza, como cansadas
+bestias sin horizontes en el pensamiento. Y también sin el exquisito
+tormento de la Poesía.
+
+La Bohemia Nocturna lleva una corona de estrellas sobre el cabello
+negro, negro como el ala del cuervo que canta «¡Nunca más!», en el poema
+del Dolor de las almas. Sus manos son de marfil transparente, como los
+dedos de niebla de las Parcas, y toda ella tiene un perfume vago de
+azahar y de adelfas y de incienso. El Amor, el Dolor y el Misterio.
+
+La querida del Misterio me ofrece la flor de locura de su boca, cuando
+todos duermen, y lleva la hostia de la luna, como un florón luminoso,
+sobre su cabellera de sombras. Es la musa galante que dió el brazo al
+pobre Paul Verlaine, cuando iba por las calles del viejo París como un
+_pierrot_ destrozado, borracho de ajenjo y de melancolía. Ella es la que
+hace sonar las viejas campanas con una solemne armonía orquestal: las
+campanas magníficas de voces de oro, que tienen un alma antigua y
+misteriosa, cantan el poema de las vidas que empiezan, de las vidas que
+acaban, de la alegría y del dolor de los hombres. En torno a los viejos
+campanarios, que parecen de plata bruñida en el plenilunio, la Noche
+dirige la danza de las Horas, vírgenes inquietantes, en cuya danza
+interviene, como concertador irónico y dramático, el Destino, que cambia
+el compás de las vidas vulgares de una manera trágica o grotesca.
+
+La Dama de las Sombras coquetea con los siete Mancebos del Pecado, que,
+por sus ojos verdes, andan a estocadas en las desiertas callejuelas.
+Pero ella me prefiere a mí, pobre poeta nocturno y lunático, y me da su
+boca amarga y sus senos magníficos de dogaresa artista, sensual y
+dramática. Ella me ama, porque sus palabras, preñadas del sentido de la
+Vida y de la Muerte, riman muy bien con la armonía secreta de mi
+corazón. Y en las encrucijadas del Horror, de la Duda, donde acechan los
+buitres de la Estupidez y de la Ignorancia, ella alumbra mi pobre carne
+triste y sensual con la lámpara celeste de óleos aromáticos que lleva en
+su diestra marfilina. Porque la Musa de la Noche enciende en nuestros
+epitalamios el lampadario inmortal de la Belleza. Y la pobre carne se
+transfigura cuando ella trae en la mano el lirio del más allá, el lirio
+del Misterio y de la Poesía, como una celeste Anunciación para el
+espíritu, hundido en la carroña igual que en un abismo.
+
+
+
+
+_Un viejo café galante_
+
+
+ES un viejo café donde antaño se reunían los ingenios más famosos de la
+época. En una mesa, cuyo mármol está ya azulenco, trazó sus estupendas,
+impresionantes y abrumadoras farsas novelescas aquel Ortega y Frías que
+ha sido el educador sentimental y el enloquecedor de las fantasías de
+tantas ingenuas y sensitivas muchachitas, y cuyos imprevistos episodios
+de maravilla han puesto en estas pobres vidas vulgares un poco de oro de
+leyenda.
+
+En un rincón estuvo la pequeña capilla literaria cuyo pontífice fué el
+magnífico don Manuel Fernández y González. Allí escribió _El cocinero de
+su majestad_, y allí acudió la última noche antes de emprender el gran
+viaje...
+
+Las dos amplias salas de este viejo café de la Luna tienen el mismo
+aspecto de aquellos días. Los espejos, velados tristemente por la pátina
+de los diez lustros, parece que conservan como un vago reflejo de
+ensueño, rostros confusos y siluetas de lejanas personas desaparecidas,
+repetidas de uno en otro, infinitamente, en los cristales, como un
+cortejo de alucinación. En el ambiente flotan hálitos de vidas remotas,
+cadencias de músicas antiguas, y como un fantasma de sonido, susurros de
+voces lejanas que tiemblan en el aire con quimérica, muda vibración.
+Algo espectral y desvanecido que da una vaga y misteriosa sensación de
+presencia.
+
+En las tardes solitarias de estos últimos años, en que el alma antigua
+de este café parecía encantada, y el tedio tejía sus melancólicos
+telares, tal vez de la penumbra propicia surgían claras risas y frescas
+voces juveniles. Y era que los enamorados ocultaban su amor como un
+pecado entre la umbría protectora, ingenuas obreritas un poco
+sentimentales, pomposas matronas que enloquecen con su gracia picante y
+su intensidad crepuscular--que ponen tanto fuego en la aventura, porque
+temen que aquélla puede ser su despedida al amor--, princesas de la
+Casualidad, juntamente con sus varios cortejos, ponían una nota
+encantadora en parajes como éste. ¡Los cafés solitarios y galantes!
+Peláez, la Universidad y los gabinetes coquetones del Habanero, ¡qué
+malignas y deliciosas historias de un momento pudieran relatarnos!
+
+Pero he aquí que un fresco aire de fuera ha venido a renovar el ambiente
+de este viejo café de la Luna, donde yo pasaba mis tardes gozando del
+placer de no hacer nada, placer digno de un Papa, y trazando a las
+veces--raro suceso--sobre la cuartilla, mis tristes o apacibles devaneos
+sentimentales. ¡El lugar era tan solitario y tan evocador! Pero la
+ignara turba ha invadido _mi mesa de despacho_ en pos de un raro
+acontecimiento femenino y musical. Claro es que esta turba hombruna
+llega, más que por el deleite artístico, atraída por el olor de la
+hembra; prefieren estos sátiros un grácil escorzo o la insinuación
+anfórica de la cadera a un nocturno de Chopín, y la línea de un busto
+bello a una melodía de Borodine... Y es posible que estos sátiros tengan
+razón.
+
+¡Cómo sentirá esta invasión de la muchedumbre el viejo erudito de todas
+las tardes! Llegaba con su raro volumen, tal vez un incunable, aseguraba
+sus anteojos, preparaba su cuaderno para apuntar las citas y las
+curiosidades y luego se mecía en un sueño seráfico hasta que encendían
+las luces. ¡Pobre erudito, ahora tendrás que irte a otro viejo café a
+dar cabezadas sobre tu incunable!
+
+Tal vez habría tomado cariño a la mesa de su rincón, y este cambio
+trunque tristemente su vida... A veces un suceso sencillo,
+insignificante, la pérdida de un perro, de un paraguas o de una mujer,
+deja en nuestro espíritu la desolación de una catástrofe.
+
+Y como por esta intrusión han encendido los focos, las parejas amantes
+también han huído en busca de otro retiro penumbroso que proteja sus
+risas, sus confidencias y el encanto de su amor, otro lugar solitario
+para ocultar su felicidad como un pecado.
+
+Y es el motivo que han llegado unas señoritas napolitanas a hacer
+música, tarde y noche, y la gente invade la sala entre un estrépito de
+cucharillas y platillos y una greguería grotesca y plebeya.
+
+Yo he descubierto la mixtificación: estas _virtuosas_ no son
+napolitanas; la dulce musicalidad de esta palabra sirve de reclamo para
+ese eterno alucinado que se llama _público_. Pero ¡qué importa! Ello es
+que las manos lindas y blancas arrancan bellas melodías de las cuerdas
+de los violines y que una hermosa cabeza de diablescos ojos moriscos y
+negra cabellera, como una exótica flor rizada, se inclina graciosa sobre
+el puente del violoncello. Y el prestigio hechicero de la carne de la
+mujer hace temblar el beso en todos los labios.
+
+La mujer artista, la triunfante mujer que se exhibe ante un público en
+medio de artístico artificio, es secretamente amada con un deseo
+delirante. Las heroínas de comedia, los astros de _folies bergères_ han
+inspirado enormes pasiones y sus enamorados han llegado hasta el
+matrimonio, saltando por todos los obstáculos sociales y resignándose a
+no hallar ningún obstáculo en la noche nupcial. Porque la carne
+perfumada y blanca, entre las sedas, el oropel y tanta bella mentira,
+tiene un magnetismo irresistible.
+
+Esta orquesta femenina a veces ejecuta cosas agradables; otras, adula al
+público tocando lo que está al alcance de su menguada cultura artística.
+Tal vez los violines cantan la frase de tanto éxito de _El anillo de
+hierro_:
+
+ «Ven, Rodolfo, ven, por Dios.»
+
+Y asoman lágrimas de emoción a los ojos de las matronas románticas, que
+se saben de memoria los versos de _Flor de un día_ y hacen soñar a estas
+pálidas burguesitas que van a los cafés las noches de domingo y en cuyas
+vidas pobres y monótonas el encanto de la música pone una dulce hora
+sentimental.
+
+Son esas muchachas suavemente tristes, humildes y resignadas, que tienen
+ojeras muy hondas y pobres manos santificadas por el culto heroísmo de
+la lucha diaria: que van tocadas con gráciles sombreros y vestidas con
+una coquetería un poco triste por lo usado y deslucido del atavío.
+Conmovedoras y humildosas vidas grises a las que una fiera sátira sin
+corazón ha llamado cursis, y que, al invocar a Rodolfo los violines,
+ellas también le invocan con toda la ternura de su alma, y la figura del
+galán tiene en su fantasía todos los áureos prestigios de un príncipe
+milagroso de leyenda.
+
+Y por eso sus ojos tienen cercos tan profundos y su boca esa mueca de
+melancolía: porque los días huyen, huyen... ¡y Rodolfo no llega nunca!
+
+
+
+
+_Perfil de tragicomedia_
+
+
+MI querido cofrade D. Amaranto Peláez es un virtuoso covachuelista, muy
+digno de una hornacina en el martirologio moderno. Su cuerpecillo, magro
+y desvencijado por el diario chocar con los esquinazos de la miseria, se
+guarece en un chaquet ribeteado de trencilla, de un negro desvaído, al
+que las virtudes de constante pulcritud de su dueño han dado un
+magnífico brillo que miran envidiosos los puños deshilachados y la
+tirilla restaurada con tiza, por el buen parecer, el día en que Su
+Excelencia tiene la bondad de llamarle a la firma. Porque podemos decir,
+para orgullo de D. Amaranto, que él es el alma del negociado.
+
+Sus calzones, en guiñapos, lucen pintorescos festones sobre los
+zapatos; sin herretes y sin trencillas, y su chapeo ha soportado las
+lluvias de cinco inviernos; y su _carrick_ el rigor de cincuenta
+ventiscas.
+
+Don Amaranto llega invariablemente a la oficina a las ocho de la mañana;
+se calza sus manguitos, se toca con un bonetillo la calva de santo,
+ancha y reluciente, y silencioso, con una tristeza mansa y resignada,
+trabaja hasta las dos, en que el ujier trae el parte de salida.
+
+En ese momento, D. Amaranto se torna a su casa. ¡Es la hora de comer!
+Pero como él no es sino un humilde auxiliar de la clase de quintos, «eso
+de comer» a ciertas alturas mensuales, generalmente no pasa de ser una
+hipérbole absurda.
+
+Y en esas horas amargas, D. Amaranto llega a su mezquino mechinal, donde
+le aguarda su mujer, triste, enferma y mal vestida, y cuatro niñacos,
+como cuatro ruinas, en cuyos ojos candorosos, al mirar tan desolada
+pobreza, hay quizá un poco de recriminación hacia los que en un momento
+de lujuria ciega les trajeron a una vida tan sórdida, tan cruel y tan
+miserable. Nadie le pregunta nada. Entre ellos no se cambia un solo
+vocablo, aunque el fogón esté apagado y nunca llegue la hora de poner la
+mesa. Y es que los sin ventura están resignados a no comer, mejor dicho,
+han perdido la saludable costumbre de comer. Estas vidas están
+sepultadas en el «in pace» de todas las renunciaciones.
+
+En cierta ocasión me decía la señora, con una sencillez más que trágica:
+
+--Se nos han muerto tres hijos: Luisín, porque el médico, a quien
+debíamos algún dinero, no quiso venir. ¡Julito y Nita, de hambre!
+
+¡De hambre, sí! ¿No os parece una horrible ironía que puedan morirse así
+dos criaturas al borde de una gran ciudad cristiana? Pues sucede, y la
+conciencia social no se estremece; y la vida sigue su curso, y mi
+querido cofrade, el virtuoso D. Amaranto, no sintió en su alma un
+latigazo de rebeldía. Porque el Sr. Peláez es, ante todo, un hombre de
+orden.
+
+La señora de Peláez ha sido una bella mujer: tenía unos lindos ojos
+negros, un seno matronil y unos dientes blancos, iguales. Ahora es una
+melancólica ruina; la miseria, como un cruel vampiro, ha devorado su
+belleza y su juventud. Días pasados me contaba tristemente, con cierta
+macabra coquetería:
+
+--¿Ve usted estos dos dientes de arriba? Pues se me están cayendo... de
+anemia.
+
+Y la veo partir con su taima ridícula y vieja, que cubre los estragos
+del tiempo en su raída vestimenta; amoratadas las manos, que fueron
+finas y aristocráticas; metidos los pies en unos burdos zapatones;
+abatida al peso de su juventud fracasada, de toda su vida, obscura,
+truncada, deshecha.
+
+El cuerpecito grotesco y desmedrado del ecuánime covachuelista ha sido
+suculento festín de usureros; D. Amaranto sabe bien la amargura de ver
+su ajuar de titiritero en medio del arroyo; conoce la bárbara cacería
+que sobre su personilla realizan mensualmente el panadero, el tendero,
+el carbonero. Los mozos de café son también para el Sr. Peláez una
+horrible pesadilla, y no supongáis que adquirió esas deudas por vicio de
+gula ni regalo de sus gustos. Las noches de invierno son tan largas, el
+hogar desmantelado tiene un alma hostil que arroja de su seno, y en el
+café hay un ambiente tan suave y regalado, hay tanto derroche de luz, el
+piano pone una hora de encanto y de melodía en las voluntades
+resquebrajadas por la pobreza. Además, el café con media tostada tiene
+cierta apariencia de cena... claro que la apariencia nada más; significa
+quedarse sin cenar... decorosamente.
+
+Y digámoslo en elogio de D. Amaranto, ¡jamás, ni en los días de
+bochornoso desahucio, ni en el asedio africano de sus acreedores, ni
+cuando tenía un hijo muerto, sin monedas para la inhumación; ni en las
+horas en que la señora de Peláez deliraba en el fementido camastro, loca
+de tristeza y de hambre, jamás D. Amaranto hubo de faltar a la oficina!
+¡Oh, brava alma que rima con el balduque, que armoniza con el papel de
+oficio, por estar tan bien templada en el fuego de las virtudes
+administrativas, bien mereces una estatua, con tus manguitos y tu gorro,
+sobre un pedestal de expedientes y de minutas!
+
+¿Me preguntáis si D. Amaranto Peláez tiene realidad? Sin duda, amigos;
+tiene la relativa realidad traslúcida y enfermiza que le permite su
+mesada ridícula; pero existe, y se llama así, y es mi querido y
+moribundo cofrade.
+
+Y lo más lamentable es que D. Amaranto es un hombre representativo. Su
+perfil trágicocómico muequea cotidianamente en el retablillo de la
+triste y grotesca clase media.
+
+
+
+
+_Santaló_
+
+
+LA picaresca clásica, erudita, aventurera y gallofa se funde con la
+bohemia literaria, pedigüeña, trotacalles y sentimental, y nace el tipo
+del «piruetista» entre poeta y pícaro, filósofo y desarrapado.
+
+La cofradía de «piruetistas», de «operadores», de «navegantes de la
+Puerta del Sol», está compuesta principalmente por los jóvenes
+envenenados por la literatura, que llegan de las provincias a la
+conquista de Madrid. La literatura es como la trágica sirena de las
+baladas germanas, y los pobres nautas se hunden en el fondo del mar por
+haber escuchado el sortilegio de su canto. Sólo que nuestros nautas
+naufragan en seco, sobre el asfalto de las calles, en los figones
+absurdos y en los hórridos hostales. A la caza de las rimas sustituye
+muy pronto la pesca de las dos pesetas o del café con media tostada, ese
+seudoalimento tan literario. El veneno de las letras es más fuerte que
+la morfina, que el éter y que el alcohol. El que emprende esos trágicos
+derroteros, o triunfa o se muere. Casi nunca se adapta a un ambiente
+mediocre, metódico o «burgués».
+
+Antonio Santaló era un muchacho cordobés que iba a verme al café y a
+quien solía encontrar, como una sombra, en la Puerta del Sol, muy de
+madrugada, a esa hora terrible de los que no tienen un puñadito roñoso
+de calderilla para ir a dormir a casa de _Han de Islandia_ o a los
+sótanos de la Peña de Francia, los hoteles de cincuenta céntimos, donde
+se guarecen los buscones, los poetas pobres y los rateros. Santaló era
+muy inteligente, muy culto, y tenía voluntad. No triunfó porque ni
+siquiera pudo vivir. La Casualidad, que vela por los aprendices del
+Arte, no se cuidó de él. Los bohemios viven a pesar de los restaurantes
+donde suelen ir a comer y de las yácijas donde suelen ir a acostarse.
+Baroja dice que el triunfo literario consiste en la resistencia del jugo
+gástrico. Hay que transigir con las albóndigas de perro y con ciertas
+chuletas de celuloide que conocen a varias generaciones literarias.
+
+El frío de las noches, al asalto de los céntimos para la cama, la comida
+que se retrasa... dos o tres días, la pobreza en el traje y el dolor de
+la pobreza en el alma han asesinado al pobre amigo Antonio Santaló. No
+ha escrito un drama ni un poema que decoren su memoria. Artículos de
+periódico olvidados en seguida, traducciones que firmó otro o que acaso
+no firmó nadie. La sirena de la Puerta del Sol se tragó su espíritu
+antes de que la Desnarigada, que tanto quiere a los poetas y a los
+artistas pobres, le estrujase el corazón, en el silencio helado del
+hospital, entre hedor de calentura y de medicinas. Aquel pobre corazón
+hipertrofiado, que como un trágico reloj contó las horas del hambre, del
+abandono y de la lucha grotesca y terrible para buscar un poco de
+calderilla, a las cuatro de la madrugada, iba como un polichinela roto,
+dando tumbos por las encrucijadas de la miseria.
+
+Hace algunos meses Santaló estaba contento. Dormía todas las noches y
+comía fijamente tres días a la semana. ¡La vida era fácil!
+
+Con un espíritu tan contentadizo, Santaló era digno de haber triunfado.
+Tenía del dinero una idea demasiado hiperbólica. Poseyó un sombrero azul
+pálido que era una sima de arbitrariedad junto a los hongos ramplones y
+los frégolis de tenor cómico.
+
+--Yo le había tomado cariño. Quería conservarlo como recuerdo de la
+«vorágine»; pero un día _necesité dinero_... y lo vendí por tres perras
+gordas.
+
+¿Verdad que este ingenuo concepto del dinero es conmovedor? Entre el
+hampa literaria Santaló fué siempre un caballero de la Tabla Redonda.
+Fué un bohemio, pero no hampón. Y esto tiene mucho mérito, viviendo en
+plena calle, con hambre y con dolor, entre gerifaltes de la pirueta que
+aprenden la picardía en las aulas de la necesidad.
+
+Los caballeros de La Noche, de la Media Tostada y del Salto Mortal viven
+una vida desastrosa entre paradojas y algún soneto que otro, no muchos,
+porque la bohemia estropea el estómago y dispersa las rimas como una
+bandada de pájaros quiméricos.
+
+Yo podría hacer una lista negra de estos espíritus ilusos, devorados por
+el monstruo encantador de la literatura. ¡Intrépidos comedores de
+musarañas, que sois mis amigos antiguos, que habéis vivido a la sombra
+de la literatura--pipas, melenas y chalinas--y que vais cayendo poco a
+poco por el escotillón macabro del hospital! Yo siento hondamente
+vuestra tragicomedia, oh, gran Losada, el músico genial y salvaje;
+Barrantes, el de la carátula de pesadilla; Alberto Lozano, rubio y
+señorial como un príncipe, y vosotros también, Dorio, el audaz; Pujana,
+el intrépido; Roldán, el preciosista, que tiene una enorme sed que sólo
+se calmará cuando _Ella_ le llene de tierra la boca; vosotros, que al
+caer un hermano de esta cofradía de dolor y de absurdidad, acaso
+tembléis viendo que todo el entusiasmo de vuestra juventud está
+compensado por un lecho de hospital y un montón de polvo, sin nombre, en
+un osario. ¡Y vosotros que soñabais precisamente con la Gloria, y que
+porque la gente leyese vuestra firma al pie de unas líneas impresas, lo
+sacrificabais todo! ¿Veis qué broma final tan sangrienta? Es una verdad
+que os hubiera parecido mentira en los ilusionados comienzos, allá en
+vuestro rincón provinciano, antes de caer en la Puerta del Sol entre las
+garras de la Bohemia, la sirena que devora el corazón y el cerebro de
+sus amantes, en unión de la miseria, entre alegres paradojas y
+peligrosas funambulerías en la cuerda floja de lo imprevisto.
+
+Estos bajos fondos literarios disfrazan con metáforas pintorescas su
+dolor; el dolor de los que no han sabido decir lo que llevaban dentro...
+o lo que creían que aleteaba bajo su frente: el dolor de los artistas de
+corazón que han fracasado en la Puerta del Sol, agarrotados por la
+necesidad. ¡El dolor de la literatura, de los ex literatos, de los
+hampones pintorescos, de los buscadores de calderilla, como sombras,
+entre la penumbra de las calles, a la madrugada! ¡Pobre Santaló! Ya no
+tendrás que buscar los céntimos para la cama, mientras tu corazón latía
+penosamente como un viejo reloj desquiciado.
+
+
+
+
+_La capa bohemia_
+
+
+EL primer caballero que se terció esta capa para andar de aventuras y
+amoríos fué el gran Villón, el padre de la lírica francesa. Y el
+glorioso tabardo sufrió el rigor de todas las ventiscas y la lluvia de
+todos los inviernos, y se ungió de ideal errante bajo el plenilunio en
+la Corte de los Milagros, tejiendo besos y rimas con la ramera ardiente
+y propicia, de quien decía el poeta que era su _Rayo de luz_. La capa de
+Villón, como la capa, de Mañara, sabe de madrigales y caricias, en las
+encrucijadas del viejo París.
+
+Ha visto cómo se desnudaban los aceros, cabrilleando en la sombra, bajo
+la plata mística de las estrellas, buscando bravamente el corazón por el
+encanto de un soneto.
+
+La capa de Villón paseó por los salones de los obispos, y de entre sus
+remiendos y corcusidos surgió la mano exangüe del bohemio para tomar la
+limosna de doce sueldos por una loa a _Notre-Dame_, y los labios que
+mordieron los labios de las rameras besaban unciosamente la amatista
+episcopal. Y la capa ungida de poesía y de dolor rodó una mañana por las
+escalerillas del patíbulo. Porque habéis de saber que el primer poeta de
+la bohemia estuvo a punto de ser ahorcado por ladrón.
+
+He aquí su gloriosa ejecutoria: una capa caída, la cuerda del ahorcado y
+una boca lasciva de ramera, como flor ponzoñosa de lujuria. Sin embargo,
+muchos académicos han metido la garra en el tesoro de Villón, sin
+peligro de cuerda. ¡Nefandos viceversas de la señorita Themis!
+
+La capa bohemia, posteriormente, ha envuelto a muchos desgraciados
+superiores. Fué la fiel camarada de Edgardo Poe, aquella alma rara que
+oía voces del cielo, de la tierra y también del infierno, y le sirvió
+de sudario en su última y trágica borrachera en las calles de Baltimore.
+Baudelaire, el solitario, hizo de su capa torre de marfil que le aislaba
+del vulgo de malos poetas, de periodistas hueros y vanidosos, de
+cretinos equilibrados. La capa de Verlaine rodó por las tabernas y por
+los hospitales, y aquella capa de mendigo es ahora venerada como la
+bandera de la Francia espiritual.
+
+¡Capa de la bohemia! Tú, que has cubierto tantas horribles
+tragicomedias, que has sido tan calumniada por los tontos de todos los
+tiempos, de todos los países. Tú, que has paseado tantos sueños y tantas
+hambres, bajo la luna, en las noches sin casa, que conoces tantas
+lágrimas de tantas crueldades, de tantas injusticias, que has visto el
+horror de las tabernas cuando todos están borrachos y entonan los
+lúgubres salmos del _delirium tremens_, mientras en el espacio gira el
+anillo de Saturno, nuestro fatídico padrino.
+
+La capa bohemia supo las gallardías de Espronceda en su buena época
+romántica, antes de destrozar su leyenda con aquel fementido discurso
+sobre las lanas... Pelayo del Castillo, Eduardo del Palacio, Manuel
+Paso, Pedro Barrantes, sabían del encanto de la capa bohemia, que entre
+nosotros tiene también el desgaire de la capa manolesca.
+
+Y ¡Alejandro Sawa!...
+
+Glorioso emperador de la bohemia, del gesto amplio y magnífico como
+Hugo, ciego como Milton, altivo y suntuario como un dios, con la cabeza
+en las nubes y el corazón en la hoguera del amor y del dolor de la
+Humanidad. En Alejandro Sawa la capa bohemia era manto pluvial, capa
+pontifical, manto de púrpura, clámide y aureola. Alejandro fué la
+suprema consagración de la capa bohemia.
+
+La capa de la bohemia es la aristocracia incomprendida de los vulgos, y
+nunca como ahora, en este momento, es anacrónica y absurda. Es el gesto
+bravío ante la mueca horrible de la miseria, el rictus de desdén ante
+los artículos de fondo y demás cosas sin alas, sin gracia, sin
+espíritu.
+
+La capa bohemia se burla de los libros de caja, de la mentalidad del
+tendero, de la sensibilidad chirle de los malos poetas. La capa bohemia,
+sobre toda la prosa, sobre todo el horror de las horas vulgares, es el
+pájaro azul.
+
+Es la bella locura del ideal. Ved de cuál gentilísimo linaje
+aristocrático es el manteo con que cubre su clorosis y sus espaldas
+desnudas la señorita Bohemia.
+
+
+
+
+_La capa de mendigo_
+
+
+EN los viejos tiempos católicos y caballerescos, el mendigo era hermano
+del mismo rey. Tenía una altivez hidalga, y llevaba al cinto el bote de
+la guiropa, y arrastraba su tabardo harapiento con el orgullo de un
+manto real.
+
+--Buscad vuestros pobres en otra parte, que yo no puedo volver--hubo de
+decirle un mangante a un caballero que no halló a mano una moneda que
+darle.
+
+Recibían la limosna con altanería. El mendigo estaba ungido por las
+palabras del Rabí, y creían de buena fe que beneficiaban a sus donantes,
+pues así edificaban su ánima por la caridad. Les hacían la merced de
+dejarse dar limosna.
+
+Una tarde paseábase por las Platerías un hidalgüelo gabacho, cuando le
+asaltó un mendigo de nobles barbas blancas y aspecto distinguido.
+Dolióse el hidalgüelo y quiso darle unas monedas sin humillarle.
+
+--Sírvase llevarme este cartapacio hasta mi posada y le daré un escudo.
+
+--Libre es vuestra merced de darme o no limosna--gritó solemnemente el
+pedigüeño--; pero no consiento que se me trate como a un criado--. Y le
+volvió la espalda con desdén.
+
+El mendigo es libre como el aire y ama su libertad sobre toda holgura y
+acomodo. Es de un individualismo rabioso: le place más rascar sus
+liendres al sol en medio del arroyo, que aprisionarse en el régimen un
+poco frío de las Casas de Caridad, donde, además, tienen que aguantar la
+férula religiosa.
+
+Al rancho metódico prefieren la guiropa en la alegría de las solanas, de
+sabrosa y picara parla con sus hermanos de cofradía. Y mejor que los
+lechos iguales y helados, con algo de cuartel o de hospital, les sabe
+más gustoso apretujarse en la escalerilla de Cuchilleros. Ante todo,
+hacer lo que les dé la real gana, y después Dios proveerá...
+
+Es estéril toda iniciativa contra la mendicidad: es como una costra del
+alma española, que no curan los bandos de ningún corregidor. España es
+un país de pirueta, de azar y de aventura, y los mendigos son una rancia
+y pintoresca representación. En la patria de los pedigüeños, donde todos
+somos un poco mangantes, el mendigo es perfectamente respetable. Hay en
+nosotros un sabroso anhelo de tomar el sol tranquilamente, esperando el
+milagro del pan y de los peces en forma de destinejo oficial o de
+«combinación» lucrativa. En un pueblo de trabajo, de ideales, de ciencia
+y de arte, la mendicidad es un tumor repugnante, como también es
+criminosa la existencia del noble juego de la Lotería. Pero nosotros
+encendemos luminarias a la diosa Casualidad, convencidos de que vivir
+del esfuerzo personal es una utopía.
+
+Un mendigo vive mejor que un pequeño covachuelista, y de sobra más
+holgadamente que un obrero. En una tarde de «trabajo», cualquier mendigo
+un poco acreditado saca de ocho a diez pesetas, es decir, el sueldo de
+jefe de tercera de cualquier negociado, y no tiene que aherrojarse en la
+covachuela, ni ponerse los manguitos, ni tocarse con un gorrito absurdo.
+
+El mangante tiene un castizo abolengo, y nuestros contemporáneos lo son,
+más que por necesidad, por imperativo de la casta, por una enorme fuerza
+de atavismo.
+
+¡Oh, capa de mendigo, santificada y evangélica, altiva como la del mismo
+rey! La que pasó flotante por las páginas de la picaresca del Siglo de
+Oro; la que vemos hoy en las solanas, a la puerta de los cuarteles, o,
+como una visión goyesca, en las escalerillas de Cuchilleros, mientras
+suenan cantarinas las fuentecillas de la Plaza Mayor. Debajo de tus
+harapos hay un jirón del alma española, aventurera y andariega, castiza
+y soñadora.
+
+Capa de los mendigos juglares que van por las aldeas, tabardos que
+cobijan a los fingidos paralíticos, que desgranan el rosario de sus
+cuitas y se arrastran al sol lo mismo que gusanos; manos pedigüeñas,
+perfiles costrosos, pupilas sin luz, que sois las clásicas figuras del
+viejo retablo, tenéis una jocunda poesía antañona que en vano quieren
+borrar los graves varones y las nobles damas de Concejos y de piadosas
+Hermandades.
+
+País de pirueta y de lotería, donde reina lo imprevisto, y la aventura,
+y salto mortal; donde el Arte y la Ciencia son pordioseros, donde se
+mendiga todo, desde la bicoca política hasta el duro pan proletario,
+donde el esfuerzo personal no da derecho a esperar nada, ¿con qué
+autoridad queremos suprimir la mendicidad pintoresca? ¿No os parece que
+toda España va envuelta en una capa de mendigo?
+
+
+
+
+
+EDITORIAL FORTANET
+
+ Pesetas.
+
+GEORGES RODENBACH:
+=Brujas, la muerta= (traducción de ANDRÉS GUILMAIN) 2,00
+
+EMILIO CARRÈRE:
+=La copa de Verlaine= 1,50
+
+
+EN PRENSA
+
+ANTONIO DE HOYOS:
+=Las lobas de arrabal= (novela) 3,50
+
+EMILIO CARRÈRE:
+=Las mejores poesías de Emilio Carrère=
+(edición de lujo) 3,50
+
+FERNANDO MORA:
+=Los hijos de nadie= (novela) 3,50
+
+VILLIERES DE L'ISLE ADAM:
+=Cuentos crueles= (traducción de A. MARCO). 2,00
+
+PEDRO LUIS DE GÁLVEZ:
+=Los sonetos y la canción de la Muerte.= 1,00
+
+VERLAINE:
+=Poemas= (Traducción de E. Puche) 2,00
+
+RAMÍREZ ANGEL:
+=La villa pintoresca y sentimental= 1,50
+
+Y otras obras de ÁLVARO RETANA, FERNÁNDEZ FLÓREZ, CAMBA, BARRIOBERO,
+VALERO MARTÍN, HERNÁNDEZ CATÁ, ORTIZ DE PINEDO, SAN JOSÉ, E. PUCHE,
+TRUJILLO y otros escritores de nombre prestigioso.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La copa de Verlaine, by Emilio Carrère
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA COPA DE VERLAINE ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+Creating the works from public domain print editions means that no
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
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+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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