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diff --git a/23239-h/23239-h.htm b/23239-h/23239-h.htm new file mode 100644 index 0000000..bbada49 --- /dev/null +++ b/23239-h/23239-h.htm @@ -0,0 +1,3188 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of La copa de Verlaine, por Emilio Carrère. + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + p.n {text-indent:0%; + } + h1,h2,h3 { + text-align: center; + clear: both; + } + hr { width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + } + h2.cap {text-decoration: underline; + margin-top:20%; + margin-bottom:10%; + font-family: "Bazooka", sans-serif; + } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + .smcap {font-variant: small-caps; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + img {border: solid 10px;border-color: #FFCC99} + .top15 {margin-top: 15%;} + .top10 {margin-top: 10%;} + .blockquot{margin-left: 10%; margin-right: 10%;font-size:95%;} + .c {text-align: center; + text-indent: 0%; + } + .poem {margin-left:25%;margin-right:25%; + text-indent:0%; + } + .poem1 {margin-left:15%;margin-right:auto; + text-indent:0%; + } + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of La copa de Verlaine, by Emilio Carrère + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La copa de Verlaine + +Author: Emilio Carrère + +Release Date: October 29, 2007 [EBook #23239] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA COPA DE VERLAINE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + +<hr /> +<p style="font-size:125%;text-decoration: underline;">EMILIO CARRÈRE</p> + +<h1 class="top10" style="letter-spacing:8px;font-size:200%;">LA COPA</h1> + +<p class="c">DE</p> + +<h1 style="letter-spacing:15px;font-size:300%;">VERLAINE</h1> + +<p class="c top10">MADRID</p> + +<p class="c">1918</p> + +<p class="c top10"><img src="images/cover.png" alt="Cubierta del libro" /></p> + +<h2 class="top15"><a name="Indice" id="Indice"></a><i>Índice</i></h2> + +<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0"> +<tr><td> +<a href="#La_copa_de_Verlaine"><b>La copa de Verlaine</b></a><br /> +<a href="#En_Madrid_se_come_mal"><b>En Madrid se come mal</b></a><br /> +<a href="#El_viejo_poeta_Nerval"><b>El viejo poeta Nerval</b></a><br /> +<a href="#habitos_y_extravagancias_de_los_escritores"><b>Hábitos y extravagancias de los escritores</b></a><br /> +<a href="#Los_argonautas_del_vellocino_de_cobre"><b>Los argonautas del vellocino de... cobre</b></a><br /> +<a href="#La_ultima_copa_de_Edgard_Poe"><b>La última copa de Edgard Poe</b></a><br /> +<a href="#Los_poetas_borrachos"><b>Los poetas borrachos</b></a><br /> +<a href="#Un_duelo_romantico"><b>Un duelo romántico</b></a><br /> +<a href="#Las_manos_de_Elena"><b>Las manos de Elena</b></a><br /> +<a href="#Siles_y_su_carrik"><b>Siles y su carrik</b></a><br /> +<a href="#Glosario_pintoresco"><b>Glosario pintoresco</b></a><br /> +<a href="#Elegia_de_un_hombre_inverosimil"><b>Elegía de un hombre inverosímil</b></a><br /> +<a href="#Nuestro_amigo_el_alquimista"><b>Nuestro amigo el alquimista</b></a><br /> +<a href="#El_galan_de_los_ouistitis"><b>El galán de los "ouistitis"</b></a><br /> +<a href="#Sindulfo_arqueologo_y_cazador_de_alimanas"><b>Sindulfo, arqueólogo y cazador de alimañas</b></a><br /> +<a href="#El_poema_del_mal_poeta"><b>El poema del mal poeta</b></a><br /> +<a href="#La_sombra_del_rey_galan"><b>La sombra del rey galán</b></a><br /> +<a href="#La_plazoleta_de_los_fracasados"><b>La plazoleta de los fracasados</b></a><br /> +<a href="#Las_paellas_de_un_revolucionario"><b>Las paellas de un revolucionario</b></a><br /> +<a href="#La_noche"><b>La noche</b></a><br /> +<a href="#Un_viejo_cafe_galante"><b>Un viejo café galante</b></a><br /> +<a href="#Perfil_de_tragicomedia"><b>Perfil de tragicomedia</b></a><br /> +<a href="#Santalo"><b>Santaló</b></a><br /> +<a href="#La_capa_bohemia"><b>La capa bohemia</b></a><br /> +<a href="#La_capa_de_mendigo"><b>La capa de mendigo</b></a><br /> +</td></tr> +</table> + +<hr style="margin-top:20%;" /> + +<p class="c"> +A<br /> +<br /> +JESÚS DE LAS HERAS<br /> +<br /> +GRAN AMIGO, GRAN SIMPÁTICO,<br /> +<br /> +VENCEDOR DEL AZAR<br /> +<br /> +EL AUTOR<br /> +</p> + +<hr /> + + +<h2 class="cap"><a name="La_copa_de_Verlaine" id="La_copa_de_Verlaine"></a><i>La copa de Verlaine</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">P</span><span style="margin-left:0%;">A</span>BLO Verlaine tenía una sed fatal, una sed monstruosa y suicida, y +bebió hasta la muerte. Tal vez oía la voz de una sirena fabulosa en el +fondo glauco del ajenjo. El ruiseñor protervo iba al café D'Harcourt y +bebía, bebía... Las cuartillas aguardaban en una carpeta, junto al +tintero feo, mezquino, de fosforero de café. El rincón era un suave +remanso melancólico en el triunfo de luz y de sonidos del loco París.</p> + +<p>A veces, con el hórrido tintero y la pluma oxidada, que manoseaba el +vulgo más gárrulo, Verlaine escribía un poema de maravilla. Pocas veces +podía pagar sus ajenjos. Cuando llegaban algunos admiradores, algunos +amigos, el poeta, tristemente borracho, pedía dinero. Después, a la +alta noche, en las tabernas de apaches y de meretrices, a la hora de la +fatiga del amor callejero, Verlaine arrojaba los luises que había +demandado, como una lluvia de oro, sobre la dolorida canalla. Así sus +versos eran una lluvia de estrellas sobre los vulgos que aullaban y le +ofendían al verle pasar borracho por su lado.</p> + +<p>En su barrio tenía una popularidad grotesca. Era un viejo loco, beodo y +mal vestido, que arrojaba dinero a la chiquillería, que hacía befa de su +extraña liberalidad y le tiraba piedras. Cuando murió, las comadres +hicieron grandes aspavientos viendo llegar coches blasonados y fulgentes +uniformes. Creían que su vecino no era sino un mendigo estrafalario.</p> + +<p>Y espiritualmente no era tampoco muy bien conocido:</p> + +<div class="blockquot"><p>Car elle me comprend et mon cœur transparent pour elle seule, +hélas, cesse d'être un problème.</p></div> + +<p>Para esa desconocida, <i>rubia o morena o roja</i>, su corazón transparente +cesó de ser un problema, para ella sola...; pero ella no existió jamás. +Para sus contemporáneos—a excepción de pocos nobles espíritus—fué un +gran poeta que tenía un defecto, se emborrachaba y hacía una vida +absurda: <i>Derrochó sus felices dotes naturales, que hubiese podido +desarrollar para bien de su obra y de su reputación, haciendo una vida +más metódica.</i></p> + +<p>Al desconocido idiota que escribió esto le conozco yo personalmente. Es +una especie de tonto que abunda en todas partes: el tonto cosmopolita. +Poe lo sufrió en Norte América; Verlaine, en París, y en España, muchos +espíritus artistas que no se adaptaron a la hosca estupidez del +ambiente. Es el tonto sensato, valga la horrible paradoja.</p> + +<p>¿Y qué más quería el tonto discreto, el tonto metódico, el tonto de +sentido común, que hubiese hecho Verlaine? Cerca de diez volúmenes +incomparables, únicos, escribió el viejo poeta maldito en los cafés, en +las tabernas, acaso en sus largas temporadas de hospital, al que el +<i>pobre Lelian</i> llamaba su palacio de invierno. La capa de mendigo de +Verlaine es hoy la bandera de la Francia espiritual. Está ungida por la +gloria. Es una cumbre dorada por la inmortalidad.</p> + +<p>Estas glorias póstumas suelen ser un sarcasmo. Sirven para enriquecer al +editor; más amargo viceversa, cuanto que el poeta ha pasado una vida +desastrosa. Es la eterna tragicomedia desgarrante.</p> + +<p>Verlaine tenía una sed fatal que no se saciaba nunca... ¿Fué por eso un +originalísimo y alto poeta? Pedro Luis de Gálvez cree que sí, y quizá +tenga razón este admirable ingenio, este excelso poeta, odiado, +desdeñado, absurdo, fantástico, que rueda por las calles, borracho y +triste, al asalto de unas pocas monedas de cobre roído, en este +miserable país de la calderilla. Pedro Luis lleva una fatalidad +misteriosa sobre su cabeza.</p> + +<p>No hay poeta que, como Verlaine, esté ungido de la gracia lírica. Tiene +una emoción única y una magia peculiar para engarzar las palabras en +collares armoniosos, de divinos matices crepusculares. Se puede decir, +sin hipérbole, que es un brujo de las rimas, de las inefables palabras +musicales, donde vierte su alma mística y pagana, ferviente, pecadora, +universal. ¡Pobre Verlaine, mendigo, borracho y solitario! ¿De qué +sideral armonía estaba henchido tu triste corazón, que era al par una +gusanera de pecados mortales?</p> + +<p>¿Qué enorme catástrofe de alma te engendró aquella gran sed, monstruosa +y suicida? Una sirena encantadora cantaba en el fondo del vaso y tú no +querías oír sino su voz emponzoñada de trágica Loreley. Y allí te +esperaba la Muerte, la marioneta descarnada, todo blancura y piruetas, +como la Colombina de tus fiestas galantes.</p> + +<div class="poem"> +<p> +<span style="margin-left: 1em;">Colombine rêve surprise</span><br /> +d'écouter un cœur dans la brise<br /> +et de sentir dans son cœur voix.<br /> +</p> + +</div> + +<p>Tú también oías voces milagrosas en tu corazón cuando cincelabas tus +versos con la pluma menguada y con el tinterillo ruin del café bohemio. +¡Oh, pobre, maldito y solitario! A tu lado pasaba el triunfo de la +ciudad sirena, de Lutecia, la loca, sin una sonrisa de cariño para el +divino poeta, que, con un humorismo que hiela los huesos, llamaba al +hospital <i>su palacio de invierno</i>, del tremendo invierno parisiense. +Quizá el genio sea la compensación de la miseria y de la desgracia,</p> + +<p class="c"><i>que ser feliz y artista no lo permite Dios,</i></p> + +<p>como, con dichosa y amarga lucidez, ha escrito Manuel Machado. Ser un +gran poeta equivale, pues, a ser un gran infortunado. Mercurio tiene el +oro guardado en la caja de su trastienda. El amor de las mujeres +hermosas, la admiración de la multitud es en España para esos muñecos +emocionantes vestidos de oro que saben sonreír cuando la Muerte les roza +los caireles. Acaso llegue la gloria para los artistas... pero después +de muertos. Es una burla demasiado cruenta del Destino.</p> + +<p>¡Copa de verde y ponzoñoso licor, donde la sirena del genio supo cantar +para Verlaine! ¡Acaso en el fondo del vaso esté el dulce talismán que +encanta la vida! <i>Embriagaos de amor, de virtud o de vino. Cuidad de +estar siempre ebrios</i>, dijo el trágico Baudelaire al sentir el enorme +vacío de su existencia, que fué gloriosa... más tarde, cuando una vida +negra y una muerte de perro le arrojaron a la eternidad como un guiñapo +muy glorioso, pero muy maltrecho y muy dolorido.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="En_Madrid_se_come_mal" id="En_Madrid_se_come_mal"></a><i>En Madrid se come mal</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:1px;padding-bottom:1px;">N</span>UESTRO amigo Zarathustra, en una de sus andanzas, se casó con una joven +inglesa, hija de un español que tenía una librería de viejo en un barrio +apartado de Londres. Zarathustra es literato y, en consecuencia, no +tiene dinero. Trajo a su mujer a Madrid, la llevó a comer a los figones +de los poetas bohemios y durmieron en las clásicas posadas de la Cava +Baja. A los pocos días madama Zarathustra exclamó ingenuamente:</p> + +<p>—¡En Madrid se come muy mal!</p> + +<p>Verdaderamente es asombrosa la resistencia de los estómagos literarios. +Cada joven poeta del arroyo es un caso de supervivencia milagrosa, «a +pesar» de los restaurantes donde ha yantado. Para entretenimiento del +lector bien alimentado recordaré alguna de estas yácijas de la +necesidad. El restaurante del Loro, La Precisa, La Marina, El figón de +<i>El Imparcial</i>, La Montaña... Por estos desapacibles lugares hemos +arrastrado la ilusión nuestros veinte años, hemos contemplado nuestro +rostro, nuestra pipa y nuestras guedejas en los viejos espejos, y ante +estas mesas—mientras nos servían el ligero condumio—hemos declamado +nuestros primeros sonetos en obsequio de algún amigo, también portalira, +con mucho pelo y muchos sueños bajo las haldas enormes de su chambergo.</p> + +<p>La Precisa era un figón muy interesante. Y también diremos muy doloroso. +Tenía un comedor interior muy lóbrego donde se juntaban empleados de +exiguas mesadas, con sus chaquets ribeteados de trencilla parda y los +calzones en hilachas, ilustres mártires de la Administración, en la +lamentable compañía de sus esposas y de sus criaturas—la infancia fea +por el tatuaje de la miseria—, que palmoteaban gozosas ante los +manteles vinosos y corcusidos, exclamando:</p> + +<p>—¡Qué gusto, hoy vamos a comer de fonda!</p> + +<p>Una tortilla costaba un real; una sardina, cinco céntimos; una ensalada, +otros cinco; un plato de legumbres, 15...; un <i>bifteck</i> con patatas, dos +reales. Cuando algún parroquiano pedía este plato inusitado, el mozo +dudaba antes de servirlo, o murmuraba suspicaz:</p> + +<p>—Este pájaro «está en dinero». Debe de haber cometido alguna estafa...</p> + +<p>Iban algunas viejas pensionistas que «tenían crédito» en la casa, muy +parlanchinas, que contaban antiguas grandezas de cuando vivía su esposo, +el «brigadier», y daban saraos y «salían todos los años». Las viejas +solitarias suelen estar un poco locas. Todo el pasado les está hablando +constantemente y les pesa sobre sus pobres huesos desvencijados y sobre +sus almas saturadas de las antiguas coqueterías, de sus eternas +frivolidades de mujer. Suelen tener un amor furioso y extravagante hacia +los perros y los gatos. Una desviación caricaturesca de sus maternos +instintos estériles o frustrados. El día de cobro gustan de beber un +poco, porque el aguardiente es un diablejo galante y piadoso que les +hace olvidar que son muy pobres y demasiado viejas...</p> + +<p>Aparte de los aprendices de literato, los demás eran el bajo fondo de la +clase media. Los literatos no pertenecen a ninguna clase social. Don +Uriarte de Pujana, por ejemplo, confía en ser jefe del Estado de un +momento a otro, tiene amores con grandes duquesas y cena chicharrones en +cualquier tabernón. Esto es: la política, la aristocracia y el pueblo +que se funden en el radio de acción de nuestro intrépido amigo.</p> + +<p>El restaurante del Loro—tenía un magnífico y odioso loro disecado +pendiente del techo—presentaba «las mismas condiciones de economía y +pulcritud». Allí oímos cantar por primera vez a una gentil cantatriz que +después conquistó puestos honrosos en el Arte. Cantó la «Siciliana» de +<i>Cavalleria rusticana</i>; todos los poetas nos enamoramos repentinamente +de ella y la dedicamos apasionados sonetos. Su padre, que era zapatero, +muy emocionado por nuestra ofrenda, se brindó heroicamente a +componernos las botas a todos los poetas, gratuitamente.</p> + +<p>Muchas familias de «náufragos provincianos» caían en los figones, +«personas decentes» que rodaban los escalones de la penúltima miseria. +Haremos notar que nunca se debe decir la última miseria; es una +imprudencia que puede molestar a la Desgracia, y entonces nos apretará +más el resuello. Siempre hay mayores extremos de dolor, y callar es +bueno. Estos provincianos adquieren de la corte la misma opinión de +madama Zarathustra:</p> + +<p>—¡En Madrid se come muy mal!</p> + +<p>Se come mal y se duerme mal... y caro. A los vagabundos que no tienen +domicilio fijo y duermen en las posadas les cuesta siete u ocho duros al +mes y no tienen casa en realidad, sino una yácija para tirarse de noche. +Notad qué importancia adquieren estos menesteres de dormir y comer en la +contemporánea literatura de costumbres. El aprendiz de literato añade la +musa de la alimentación a las otras nueve hermanas.</p> + +<p>Hay algunos habituados a La Precisa y a los dormitorios de la calle de +Peña de Francia o de casa de la Coja. Son los espíritus paralíticos que +no saldrán jamás de ese ambiente que si es pintoresco, también es +amargo. Es igual que la bohemia, que es un puente que se pasa bien en la +juventud; pero es peligroso seguir de por vida de bracero con esta +triste querida del arroyo, que al par de nosotros va envejeciendo y en +seguida pierde su salvaje belleza y la alegría de la primera hora +ilusionada.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="El_viejo_poeta_Nerval" id="El_viejo_poeta_Nerval"></a><i>El viejo poeta Nerval</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:1px;padding-bottom:1px;">G</span>ERARDO de Nerval es un nombre desconocido de nuestro público. Fué un +gran poeta francés que, hace muchos años, una noche lúgubre de enero, se +fué de la vida, ahorcándose del hierro de un tragaluz, en la horrible y +sucia calleja de la Vieille Lanterne, en un rincón del París de los +apaches y de las buscadoras de amor.</p> + +<p>Perteneció a la generación literaria de Gautier, de Balzac, de +Baudelaire, de Murger y de Houssaye; época de la bohemia dorada, +pintoresca y espiritual. Los amplios bolsillos de su levita negra eran +una amplia biblioteca ambulante. Libros de versos, de filosofía, de +estética, e innúmeros cuadernos de apuntes. Nerval amaba lo raro en la +vida y en los libros; fué un profundo orientalista—además de un +exquisito poeta—, y se inició en todos los ritos esotéricos. Tradujo el +<i>Fausto</i>, y Goethe le escribió estas palabras: «Nunca me he entendido +mejor que cuando os he leído».</p> + +<p>En 1836 publicó su <i>Bohemia galante</i>. Hizo, con Gautier, la crítica +teatral en <i>La Presse</i>, y publicó interesantes trabajos; pero era un +hombre tímido y solitario que desdeñaba la popularidad y los firmaba con +seudónimos distintos. Tenía la inocente vanidad de que se le creyese un +perezoso, y, en realidad, trabajaba intensamente, sin darle importancia, +en un rincón de cualquier cafetín solitario, dando tregua a sus lecturas +profundas y eruditas.</p> + +<p>Dedicó la mayor parte de sus horas a crearse una vida fantástica y +únicamente interior, que para él tenía una absoluta realidad, como aquel +M. Joyeuse, de Daudet. Cualquier detalle que veía al paso hería +vivamente su imaginación; el resto de la novela se elaboraba rápidamente +en su laboratorio mental. Se enamoró de una belleza misteriosa, a la +que no dijo nunca nada de su cariño; pero un día que la Casualidad, la +providencia de los poetas, le envió un montón de oro, se fué a casa de +un mueblista y compró un amplio lecho Renacimiento, con bellas +esculturas, entre las que se veía la salamandra de Francisco I. Pero no +se había ocupado de alquilar un cuarto, y la magnífica cama fué a parar +a casa de Gautier... donde inútilmente esperó a que reposase en ella el +cuerpo de la bella desconocida.</p> + +<p>Tenía la fiebre de la lectura. Leía acostado doce horas de un tirón, y +encontró un modo extravagante de alumbrado: ponía en equilibrio sobre su +cabeza una gran palmatoria de cobre, que iluminaba perfectamente las +páginas; pero, a veces, se dormía y la palmatoria rodaba por la cama, +con grave peligro de incendio.</p> + +<p>Acaso bebía un poco o se entregaba al opio; lo cierto es que sus +extravagancias se hicieron muy frecuentes. Hubo que llamar al médico, +cosa que indignó mucho a Nerval, que no comprendía la ingerencia de la +ciencia total, porque un día se paseó por el Palais Royal, llevando tras +sí un cangrejo sujeto por un largo cordón azul. «¿Acaso—decía—un +cangrejo es más ridículo que un pato, que una gacela, que un león o que +cualquier otro animal de que pueda uno hacerse seguir? A mí me gustan +los cangrejos porque son pacíficos, serios, saben los secretos del mar, +no ladran ni asustan a las gentes como los perros, que tan antipáticos +le eran a Goethe, el cual, sin embargo, no estaba loco».</p> + +<p>Tenía la preocupación del mundo invisible y de los mitos cosmogónicos, y +cultivó los círculos misteriosos de Swendenborg y, del clérigo +Terrasson. En un viaje que hizo por Oriente compró una esclava «de piel +dorada y de cabellos rubios y el pecho pintado de soles». Iba a +documentarse para escribir un poema de la reina de Saba y de Salomón, y +se dirigió al Líbano.</p> + +<p>Fué huésped de los jefes drusos y maronitas, «semejantes a los burgraves +del siglo <span class="smcap">XIII</span>».</p> + +<p>Bien pronto olvidó los motivos literarios de su viaje, y quiso penetrar +la doctrina secreta de los drusos. Un día, jinete en su caballo blanco, +fué a visitar al Cheih Said Escherazy para pedirle la mano de su hija, +«la attaké» Siti Salema. Esta virgen drusa aceptó a Gerardo de Nerval, +le dió un tulipán y plantó un arbolillo, que debía crecer con sus +amores. Pero el poeta, un día que iba a ver a su prometida, divisó un +escarabajo y, tomándolo por mal augurio, renunció a su pintoresco +enlace. Con todas estas noticias, conociendo su labor poética, sus +inquietudes filosóficas y su fértil imaginación, que contrastaba con su +vida de bohemio menesteroso, este soneto epitafio tiene un gran interés +de emoción:</p> + +<div class="poem1"> +<p><br /> +<span style="margin-left: 5em;">SONETO EPITAFIO</span><br /> +<br /> +A ratos vivió alegre, igual que un gorrión,<br /> +este poeta loco, amador e indolente;<br /> +otras veces, sombrío cual Clitandro doliente...<br /> +Cierto día, una mano llamó a su habitación.<br /> +<br /> +¡Era la Muerte! Entonces, él suspiró:—Señora,<br /> +dejadme urdir las rimas de mi último soneto—.<br /> +Después cerró los ojos—acaso, un poco inquieto<br /> +ante el helado enigma—para aguardar su hora...<br /> +<br /> +Dicen que fué holgazán, errátil e ilusorio,<br /> +que dejaba secar la tinta en su escritorio.<br /> +Lo quiso saber todo y al fin nada ha sabido.<br /> +<br /> +Y una noche de invierno, cansado de la vida,<br /> +dejó escapar el alma de la carne podrida<br /> +y se fué preguntando:—¿Para qué habré venido?<br /> +<br /></p> + +</div> + +<p>Dijeron que se había ahorcado en una hora de locura. Pero este epitafio +rimado demuestra lo contrario. Se fué de la vida en la cumbre de una de +esas crisis morales en las que acaso el hombre alcanza mayor lucidez. +¡Quién lo sabe!...</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="habitos_y_extravagancias_de_los_escritores" id="habitos_y_extravagancias_de_los_escritores"></a><i>Hábitos y extravagancias de los escritores</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>L público que ha sentido la emoción de la poesía, que ha reído con las +comedias y que ha seguido febril por el interés los episodios de un +héroe de novela, tiene, sin duda, una gran curiosidad por saber cómo han +sido escritas las obras literarias de su predilección. Aparte de las +interesantes <i>visitas</i> de nuestro <i>Caballero Audaz</i>, muy poco se ha +cultivado en España esta literatura íntima y anecdótica: únicamente los +que establecemos nuestro <i>despacho</i> en la mesa de un café ofrecemos un +pedazo de intimidad al interés de los lectores. Zamacois, Roberto +Castrovido, escriben sus admirables novelas y sus artículos maravillosos +sobre una mesa de mármol, con un tinterillo menguado, entre el +bullicio, envueltos en el humo de las salas de un cafetín de barrio. Es +éste un milagro de aislamiento entre la muchedumbre, para el que es +preciso una gran fuerza mental.</p> + +<p>Valle-Inclán escribe en la cama, con lápiz. El pobre y grande Felipe +Trigo no podía trabajar sino en unas cuartillas en un tamaño de octavo +menor. Uno de nuestros más terribles revolucionarios, que tiene la +suerte de estar casado con una bella dama andaluza, urde sus furibundos +artículos... envuelto en un mantón de Manila de su esposa. No digo su +nombre para evitarle el sonrojo ante los terribles compañeros del +<i>Comité</i> de barrio.</p> + +<p>Los franceses han cultivado mejor este género de literatura íntima. Así +sabemos detalles interesantes y pintorescos. Moliere leía sus comedias a +su criada conforme las iba escribiendo. Cuando a la buena mujer no le +agradaba una escena el poeta la tachaba. Era <i>su previa censura</i>, el +mismo espíritu del público para el cual escribía.</p> + +<p>El poeta Delille era muy perezoso, y su mujer le encerraba con llave +para que trabajase. Ella se iba a dar un paseo o a ver escaparates, y si +acaso llegaba alguna visita, el pobre poeta secuestrado abría el +ventanillo y exclamaba, con una resignación un poco cómica:</p> + +<p>—¡Estoy cautivo! Le ruego tome asiento en la escalera; mi esposa no +puede tardar en venir.</p> + +<p>Cuando ésta llegaba, hacía entrar a los visitantes con visible malhumor, +porque durante el tiempo de la visita el poeta no trabajaba. Delille +solía recitar algunas estrofas del poema que estaba componiendo; pero su +esposa le interrumpía violentamente:</p> + +<p>—¡Eres un camello! No digas el <i>argumento</i> de lo que escribes, porque +alguno de estos señores te lo puede robar.</p> + +<p>Delille se ponía colorado y los amigos se marchaban haciendo furiosas +protestas de honradez literaria. En seguida la señora le colocaba las +cuartillas delante.</p> + +<p>—Ahora, querido poeta, a ganar el tiempo perdido.</p> + +<p>—Si he trabajado mientras tú no estabas en casa.</p> + +<p>—No importa. Tú sabes que cada línea <i>nos vale</i> cinco francos +aproximadamente. Es preciso hacer versos, hasta veinte duros, antes de +almorzar.</p> + +<p>Y le dejaba encerrado con llave en su despacho.</p> + +<p>Balzac fué también un forzado del trabajo literario. Murió literalmente +víctima del exceso de labor. Se acostaba a las seis de la tarde y se +levantaba a las doce de la noche, se envolvía en una especie de capuchón +frailuno, tomaba un gran tazón de café y a la luz de una araña de siete +bujías trabajaba hasta las doce de la mañana. Conforme iba escribiendo +arrojaba las cuartillas al suelo, sin leerlas y sin numerarlas. A las +doce entraba su criado a traerle el almuerzo, recogía las cuartillas +esparcidas y las llevaba a la imprenta.</p> + +<p>Los impresores temían a las cuartillas de Balzac. Era para ellos como +una pesadilla. En pruebas, las rehacía totalmente. Teófilo Gautier +describe de este modo pintoresco las pruebas de imprenta de Honorato de +Balzac:</p> + +<p>«Unas rayas gruesas partían del principio, del centro, del fin de las +frases hacia las márgenes de arriba a abajo, de izquierda a derecha, con +infinitas correcciones. A veces parecía un castillo de pirotecnia +dibujado por un niño. Del texto primitivo apenas quedaban algunas +palabras. El autor trazaba cruces, círculos, signos griegos, árabes..., +figuras ininteligibles, todas las llamadas imaginables, para fijar la +atención del tipógrafo. Tiras de otro papel atiborradas de escritura +iban adheridas a las pruebas con alfileres».</p> + +<p>Gautier escribía muy de prisa. Las novelas que publicó en <i>La Prensa</i> +las iba haciendo diariamente en la misma imprenta, entre el ruido +ensordecedor de las máquinas. Aurora Dupin gozaba de parecida facilidad. +Trabajaba de un tirón ocho horas diarias, con la condición ineludible de +que había de ser por la noche.</p> + +<p>Todo lo contrario fué el gran novelista Gustavo Flaubert, que después +de horrenda lucha con su estilo torturado, en una sesión de diez horas +sólo podía producir una cuartilla impecable, eso sí, y maravillosa.</p> + +<p>Alejandro Dumas, padre, se contentaba con un vaso de limonada. Balzac +hacía un enorme consumo de café, y Aurora Dupin, la <i>Jorge Sand</i>, fumaba +como un marino. Alfredo de Musset buscó en el ajenjo, el terrible y +literario brebaje, la inspiración que le abandonaba después de la +catástrofe espiritual de Venecia, cuando su amante le burló con el +médico Pagello.</p> + +<p>Gerardo de Nerval, el admirable poeta bohemio, tan desconocido en +España, no podía escribir en su casa... cuando la tenía. Si una revista +le encargaba un artículo, se iba a cualquier café. Sacaba de su bolsillo +el tintero, un montón de plumas, papeles, libros. Era todo su ajuar. +Cuando acababa de escribir el título llegaba un amigo inoportuno. +Gerardo volvía a guardar su biblioteca ambulante y se marchaba a otro +café, donde la escena solía repetirse. Y así, al cabo de recorrer todos +los cafetines, podía terminar su labor.</p> + +<p>Villieres de l'Isle-Adam, el autor de <i>Cuentos crueles</i>, se retiraba a +su casa al amanecer y dormía hasta las doce. Se bebía una taza de caldo +y en seguida se disponía a escribir, sin levantarse de la cama, +sostenido por varias almohadas. Tenía a su alcance muchos lapiceros, y +trabajaba hasta las nueve de la noche, hora en que se levantaba para ir +a pasar el resto de la noche en alguna taberna de Montmartre.</p> + +<p>El más lamentable era Paul Verlaine, vagabundeando por las zahurdas del +París nocturno, borracho de ajenjo. El poeta de <i>La cabeza de fauno</i> se +sentaba junto a un vaso del glauco veneno con una hoja de papel. A veces +garrapateaba algunos versos, musitando palabras confusas, o bien +arrojaba la pluma con rabia, se retorcía las manos o las agitaba en el +aire, con estremecimientos de epilepsia. Después apuraba su vaso y +tornaba al trabajo, como un sonámbulo.</p> + +<p>La manera de escribir, los estimulantes y las íntimas extravagancias de +los escritores célebres son un curioso detalle de su psicología y +ofrecen un gran interés para los lectores. Por eso mismo hemos recogido +estos apuntes anecdóticos esparcidos acá y allá en las biografías y en +las revistas francesas, más curiosas de la vida al detalle de los +grandes hombres que las revistas españolas.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Los_argonautas_del_vellocino_de_cobre" id="Los_argonautas_del_vellocino_de_cobre"></a><i>Los argonautas del vellocino de... cobre</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">S</span>EGURAMENTE vosotros, buenos burgueses, tenderos adinerados y +covachuelistas ecuánimes, no conocéis la moderna cofradía de titiriteros +o piruetistas. Sin embargo, los habéis visto en las aceras de la Puerta +del Sol, y al demandarles su ruta os habrán contestado con un gesto de +amable despreocupación:</p> + +<p>—Ya ve usted, por aquí, navegando...</p> + +<p>Porque las rúas de la corte son mares procelosos por donde bogan estos +navegantes en busca del vellocino, que suele hallarse en la gaveta de +algún amigo ingenuo y sentimental.</p> + +<p>Yo quiero poneros al corriente del pintoresco vocabulario de esta +triste gallofa contemporánea, para que no hagáis mal papel en sociedad, +en la arbitraria sociedad de los nautas de lo imprevisto, funámbulos de +la casualidad y piruetistas de la Puerta del Sol, que es un lugar más +peligroso que Sierra Morena en el período heroico de los bandoleros.</p> + +<p>—¿Adonde vas, inmenso poeta?</p> + +<p>—Aquí, a la <i>Maison</i>; voy a ver si <i>opero</i> a mi <i>amigaso Panchito +Bengalí</i>, ese escritor americano.</p> + +<p>Porque en Madrid hay siempre un americano <i>operable</i>, lo que en tal +germanía o jerigonza quiere decir sujeto que da unas monedas fácilmente.</p> + +<p>Ved un modelo de <i>operación</i> epistolar:</p> + +<p>«Señor: Los garbanzos baten el <i>record</i> con Vedrines: se hallan en estos +momentos a dos mil metros de mi estómago desalquilado. ¿No le parece a +usted una absurda paradoja que los garbanzos vuelen? Para hacerlos +aterrizar necesito que usted me tienda un cable de catorce reales...»</p> + +<p>Y el operado no puede menos de admirar un estilo tan literario y tan +metafórico, y da las tres cincuenta.</p> + +<p>Llámaseles funámbulos o equilibristas porque su vivir es una cuerda +floja que se tiende a diario de un extremo a otro de la corte, en donde +ellos ejercitan ejercicios muy peligrosos. Lo difícil está en que no se +les vaya un pie y caigan de bruces sobre algún artículo del Código +penal.</p> + +<p>Sus piruetas consisten en dar un salto mortal y caer en casa de algún +amigo a la hora de comer, y son titiriteros porque trenzan volatines y +corvetas para vender libros viejos y hurtarles otros, en un descuido, a +los mercaderes de libros, aunque este ejercicio mejor estaría llamarlo +de prestomania o magia de salón.</p> + +<p>—¿Tienes algún <i>nombre</i>?</p> + +<p>Esta es la pregunta de ritual entre los operadores. Quiere decir el +<i>nombre</i> de una persona que dé dinero. El novelista D. José María Mateu +ha sido un gran <i>nombre</i> para la seudobohemia. Gálvez, el <i>peligro +Gálvez</i>, más temible que el peligro amarillo, llegó a visitarle a las +tres de la madrugada—Mateu se acuesta temprano—para pedirle un montón +de calderilla. Mateu, dulce, tímido, con su perilla rubia, que parece +una perilla de teatro, padeció a Losada, el músico orangután, <i>la bestia +lírica</i>—que tenía un gran talento—, y a Granados, la <i>bestia +jurídica</i>, que tras de un discurso leguleyo con considerandos y +resultandos, acababa por pedir cero cincuenta. La gente, por no oír su +oración forense, más aburrida que un artículo de fondo, le daba el +dinero. Otro gran <i>nombre</i> es Reynot. Por su elegante gabinete han +pasado los gabanes más mugrientos, los chapeos más abollados, los +zapatos más ruinosos. Reynot siente una gran satisfacción protegiendo +las letras patrias... con un montoncito de perras gordas. Su tiempo +precioso ha estado dividido entre la filantropía literaria y el servicio +de incendios. En todos los cafetines y los palacios nocherniegos se +habla de este elegante y ex municipal Mecenas con gran encomio.</p> + +<p>Los pedigüeños saben bien que a los comerciantes no se les puede sacar +dinero. Son de una brutalidad inconmovible. Os hablan de que <i>el cajón +es menor de edad</i> y otras cosas beocias. Un violinista sin albergue fué +a <i>operar</i> a un tendero gallego, y entró en su almacén tocando la +<i>alborada</i> de Veiga... ¡Y luego dicen que la música domestica a los +animales! El pobre músico tuvo que terminar su melodía y la noche en un +banco de Recoletos.</p> + +<p>Para pedir dinero es preciso ser un psicólogo sutil. ¡Nadie lo da +generosamente! Hay que saber explotar la vanidad, el vicio o el secreto +de alguna intimidad tortuosa. El dolor, la miseria, la injusticia no le +interesan al que no las padece. Y esto lo saben los doctores de esas +aulas de tragicomedia que están siempre abiertas en las aceras +cortesanas.</p> + +<p>Y estos lamentables bigardos os dirán que son filósofos, cronistas y +poetas. Algunos tienen talento, aunque no pueden vivir de la pluma. En +España la selección está hecha al revés. La inteligencia, incluso el +genio, es menos útil que la asiduidad, la adulación, la laboriosidad y +otras virtudes de oficinista. La tragedia de Edgar Poe se repite +todavía. Además, casi nadie tiene sentido de lo bello, y la literatura +les interesa a pocos. Y existe una leyenda cruel y sarcástica desde +Cervantes hasta hoy. Se dice que el insigne manco no cenó cuando terminó +el <i>Quijote</i>, y se cree que es muy gracioso que los literatos no +almuercen nunca. Parece muy literario, muy de <i>leyenda</i> eso de las +hambres artísticas.</p> + +<p>Por eso los aprendices de literato se lanzan a la Puerta del Sol, +intrépidos argonautas del vellocino de cobre. Pero no todos los que +comen en la Precisa y en Próculo y los que duermen en la yácija de Han +de Islandia son <i>intelectuales</i>. La mayoría sólo son <i>navegantes</i>... que +en las turbias aguas tienden su anzuelo a la sombra de la bohemia +pintoresca.</p> + +<p>Porque, en realidad, lo que más les interesa es ir comiendo (vidas +vacías, paralíticas, ex vidas en las que los ideales se han +desmoronado), y por ello sólo se afanan los <i>operadores</i>, los +<i>piruetistas</i>, toda la seudoliteraria gallofa de este momento.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="La_ultima_copa_de_Edgard_Poe" id="La_ultima_copa_de_Edgard_Poe"></a><i>La última copa de Edgard Poe</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>N los banales y sutiles ajetreos de la farándula política, en que el +favoritismo se yergue en divinidad sobre su propia bahorrina, es +edificante la evocación de un episodio hondo de desolación inquietante y +cruel, de la vida extraña de aquel inadaptable genial, de «aquel celeste +Edgardo» cuyo nombre figura en esa fúnebre antología de anormales y +degenerados entre los otros grandes locos: Nietzsche y Baudelaire.</p> + +<p>Poe fué un precursor de esta moderna opinión de que la ciencia debe ser +el fundamento de todo arte. Químico, matemático, médico, oficiante +solemne de las capillas herméticas de abstrusas ciencias, su paso +funambulesco por la vida tiene algo de liturgia alada, real y demoníaca +a la vez. A trechos por el ultramisticismo de apoteosis de sus poemas +pasa una desolada sombra de horror: el ala angustiadora y proterva del +monstruo del alcohol.</p> + +<p>Y así nos ha dado las más hondas y raras impresiones que artista alguno +dió a la humanidad en todos los tiempos. Hay en él voces misteriosas, +angélicas, ungidas; iniciaciones de todos los arcanos; ecos del cielo, +de la tierra y también del infierno. Tal vez fuera la noche, en cuyo +seno vagaba borracho en todas las ciudades y a todas las horas; la +noche, tan medrosa, tan aristócrata, tan reveladora, la que ponía en su +corazón esas palabras ultrahumanas, tan únicas en su regia originalidad, +tan perennemente emocionales.</p> + +<p>Y también como en ésta, en aquélla y en todas las épocas, había una +dorada medianía culta, un rebaño de hombres equilibrados, fácilmente +moldeables a todas las formas y a todas las conveniencias; una +humanidad correcta, honorable, de tan glorioso sentido común, que +rechazó de su seno, babeó la reputación y mordió la sandalia de aquel +extravagante perturbador de la buena armonía de las costumbres, de aquel +inadaptable inmoral. Y se dió el caso estupendo de que en algún +periódico le pagasen menos dinero que a los demás, reconociendo la +superioridad de su talento; y por eso mismo, porque su arte era +«demasiado original».</p> + +<p>Y esa cualidad no la perdonan nunca la poetambre, ni los paladines de la +frase hecha.</p> + +<p>Avanzando en la miseria hosca, en la confidente soledad que le era tan +amable; eterno trashumante, muerta su mujer, la dulce Virginia, esa +bella sombra añorante que pasa por los versos de <i>El Cuervo</i>, esa +«incomparable y deslumbradora doncella que los ángeles llaman Leonor», +errando, pues, por el mundo, llegó a Baltimore la noche antes de unas +elecciones de diputados.</p> + +<p>La ciudad hervía en la agitación huraña de esos momentos. Poe entró en +una taberna y bebió, bebió incesantemente en unión de un antiguo y +fatal camarada que el azar le deparó.</p> + +<p>Ya a la madrugada, en ese punto visionario y absurdo de los borrachos, +en que el alcohol hace bailar a todas las cosas una zarabanda +fantástica, habiendo sido reconocido por algunos, el poeta se vió +obligado a recitar sus versos entre el ulular delirante del concurso y +el ambiente plúmbeo, homicida, del antro.</p> + +<p>Una de las muchas rondas que recorrían la ciudad reclutando a lo florido +del hampa, a los bigardos y galloferos de todas partes que andaban +lampando por las calles, para acarrearlos a votar al día siguiente, topó +con el grupo de borrachos en que iba Poe, y todos juntos fueron +encerrados en una mazmorra donde les dieron de beber, de beber hasta el +enloquecimiento.</p> + +<p>El poeta, que estaba consumido por ese horrible mal que se llama +combustión espontánea, votó al día siguiente entre aquel enjambre +borroso y hediondo, y, al apurar la última copa que le brindaron, cayó +definitivamente herido por el <i>delirium tremens</i>.</p> + +<p>Pocas horas después murió aquel portentoso artista en el anónimo +desconsolador de un hospital. Sus compatriotas se cebaron cruelmente en +su memoria, y el periodista Rufus Griswold, que había sido su amigo, +hizo una repugnante campaña de difamación, caliente aún el cadáver de +aquel desgraciado superior.</p> + +<p>La vida del cantor de Ligeia, esa extraordinaria mujer, prodigio de +carne y maravilla de inteligencia, nos da la impresión de una negra +pesadilla, de una taumatúrgica alucinación de opio, por donde vaga la +sombra sonámbula de ese triste discípulo de un fatal y desventurado +maestro, cuya voz repite ese único y desolado estribillo:</p> + +<p class="c">«Nunca más.»</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Los_poetas_borrachos" id="Los_poetas_borrachos"></a><i>Los poetas borrachos</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">Y</span>O tengo un aborrecimiento absoluto a los borrachos: me parecen larvas, +ex hombres, gárgolas, algo grotesco, monstruoso y terrible a la vez. Sin +embargo, mis grandes admiraciones literarias van hacia los poetas +borrachos.</p> + +<p>Es mi espíritu, lo más hondo, tumultuoso y atormentado de mi espíritu, +lo que comprende la absurdidad de los borrachos, aunque mi yo +superficial, el hombre social, los deteste. Poe, Verlaine, Musset, +Nerval, Darío son nombres venerandos de mi iconografía sentimental. +Todos ellos fueron tristes y gloriosos borrachos.</p> + +<p>No comprendo bien la causa de que tan altos y armoniosos espíritus hayan +caído en las simas de «ese demonio más terrible que todas las +enfermedades».</p> + +<p>Baudelaire escribió: «Cuidad de estar siempre ebrio de amor, de virtud o +de vino». El reloj del poeta marcaba siempre la hora de la embriaguez. +Sin embargo, Baudelaire no fué un beodo cotidiano a la manera de +Verlaine. Escribió palabras muy sensatas, muy burguesas—como él +diría—, contra el opio, el haschid y el alcohol. «La droga funesta no +crea nada; produce una hiperestesia nerviosa; es un préstamo con interés +ruinoso que se hace al cerebro».</p> + +<p>El mismo poeta de <i>Les fleurs du mal</i>, explica en el prólogo de las +obras de Edgar Poe la causa de la embriaguez del bardo del Horror de una +manera clarividente: «Poe no bebía con placer: bebía bárbaramente, como +si quisiera matar algo dentro de él mismo». Y después: «Poe creaba +personajes terribles o grotescos en medio de una tempestad de alcohol, y +para volver a encontrarlos recurría a la bebida. Eran seres que sólo se +podían desenvolver en ese ambiente verdoso y translúcido y a él había +que acudir para continuar la plática interrumpida».</p> + +<p>Estas tres citas—hechas de memoria—constituyen una explicación y una +defensa de la embriaguez de los poetas.</p> + +<p>En los poetas románticos, de inspiración, es más aceptable ese vicio +absurdo y abyecto—yo juzgo de esto con un criterio rabiosamente +burgués—. Es raro en Poe, que fué el espíritu del equilibrio, del +análisis matemático—ved <i>La carta robada</i>, <i>El doble crimen de la calle +Morgue</i>, <i>El escarabajo de oro</i>—, que al escribir sus cuentos enunciaba +y resolvía los más sutiles problemas matemáticos.</p> + +<p>¿Existirá una lógica, una armonía dentro de la absurdidad de la +borrachera? Poe, haciendo eses por las calles de Nueva York la mañana +que se publicó <i>El Cuervo</i>, era un montón abyecto de carne, un borracho +grotesco; pero ¿qué maravillosas creaciones se forjaban en su +laboratorio interior? <i>Ligea</i>, <i>Eleonora</i>, M. Valdemar vivían dentro del +poeta en maravillosa lucidez, mientras que yacía aletargado en el seno +de una «tempestad de alcohol».</p> + +<p>En mis investigaciones ocultistas la figura de Poe se me ha aparecido +repetidas veces. Poe fué el poeta de lo Invisible. El alcohol era el +puente por el que cruzaba en dirección al astral. Todas las larvas, las +almas de los magos negros, el espectro de los muertos, los vampiros y +los incubos y sucubos demoníacos fueron amigos del poeta y le dictaron +sus escaloriantes episodios de pesadilla. La doble personalidad fluídica +de Poe convivió con ellos en esos reinos alucinantes y verdosos, donde +las flores tienen hedor de putrefacción, danzan las almas de las brujas +y se fraguan los infanticidios y los asesinatos sin causa, mientras el +cuerpo del bardo, embrutecido, dormía la borrachera en cualquier +callejuela de Rischmond o de Nueva York. Mister Valdemar desmoronándose +en su espantosa podredumbre. Ligeia reviviendo en el cadáver de Mistress +Rawena, el ojo terrible del gato negro y el corazón revelador, que +resuena como el golpe de un reloj de pesadilla, parecen imaginación +vivida en el plano lívido del astral. Poe vivió una subvida +taumatúrgica. Tuvo el arte de dar a todos sus monstruos, terribles y +grotescos, una armonía matemática, que pudiéramos llamar lógica de lo +absurdo. Éstos eran los amigos a los que, según Baudelaire, iba a buscar +por el horrible camino en donde cantan las sirenas de la embriaguez.</p> + +<p>Yo le brindo la idea de escribir acerca de Poe ocultista al espíritu que +más sabe de esto y de otras muchas cosas: a Mario Roso de Luna.</p> + +<p>He conocido muchos poetas borrachos, que pudiéramos llamar borrachos +románticos. En su labor literaria no existe jamás la terrible visión de +Poe, ni su armonía matemática. Fueron y son viciosos del alcohol, sin +que su vicio favorito influya en su obra. Poe es aparte. Sus borracheras +son fecundas, así como las de Paul Verlaine. Son lúcidos, con una +maravillosa clarividencia, a través de las brumas espesas de la +borrachera.</p> + +<p>Musset bebió románticamente para olvidar. No se podía ya embriagar «de +amor ni de virtud» y se embriagó de ajenjo. «Cuidad de estar siempre +ebrios», dijo Baudelaire. Bebía el «pobre Alfredo» para llenar el vacío +de su vida frustrada sentimentalmente, pero nunca le debió nada al +alcohol; sus borracheras fueron «obscuras», como el fondo de una sima, y +al cabo la llama azulenca le abrasó el cerebro y sufrió el horrible +dolor de la impotencia en plena apoteosis de gloria y de juventud. Rubén +Darío también bebió para no sentir la vida demasiado dura en la carne +viva de su corazón de poeta.</p> + +<div class="poem"> +<p> +<span style="margin-left: 1em;">La vida es dura, amarga y pesa;</span><br /> +¡ya no hay princesa que cantar!<br /> +</p> +</div> + +<p>Poe bebía bárbaramente, como si quisiera «asesinar algo en si mismo». +Nuestro admirable y dulce poeta Manuel Paso también se suicidó +abrasándose las entrañas y el cerebro en un océano siniestro de +aguardiente.</p> + +<p>Baudelaire huyendo del burgués de París, Rubén asfixiado por la +estupidez del ambiente, Musset ahogando un dolor amoroso, son borrachos +corrientes y hasta vulgares. Poe y Verlaine, los clarividentes, me +interesan más que todos, porque su órbita literaria estaba en el fondo +de esos extraños paraísos violáceos.</p> + +<p>Beber, para olvidar un dolor o para ser valiente ante las luchas +cotidianas, me parece una pueril equivocación. Hay que tener serenidad, +firmeza moral contra todas las celadas de la vida. «El alcohol, el opio, +el haschid no crean nada; prestan al cerebro una energía de momento con +un rédito ruinoso». La inspiración no está encerrada en una botella.</p> + +<p>Yo creo esto firmemente; pero, ¿cómo vamos a negar a algunos espíritus +desventurados esa puerta de escape de una realidad abrumadora, estúpida +y hostil? Una puerta que, como en Poe, acaso conduce a un plano +espiritual, perfectamente absurdo, donde viven esos seres misteriosos +que se ven en las alucinaciones, y que yo—teosóficamente—sospecho que +tienen una completa, aunque invisible realidad.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Un_duelo_romantico" id="Un_duelo_romantico"></a><i>Un duelo romántico</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">P</span>OR las frívolas y fugitivas crónicas de actualidad ha pasado como una +evocación antañona la figura hidalga, pomposa y antigua del buen +soldado, caballero y poeta D. Juan de la Pezuela, conde de Cheste.</p> + +<p>Era una silueta de otra edad. Como el famoso caballero Don Álvaro, era +hijo de un virrey del Perú, y al resurgir ahora, en nuestro siglo +mecánico y vulgar, nos ha parecido una figura pintoresca y gallarda de +un poema donde hubiese sonoros surtidores y pelucas rizadas.</p> + +<p>Perteneció a una generación literaria cuya voz escuchamos ya desde muy +lejos. Nosotros recordamos con un poco de estupor los preceptos +artísticos de D. Alberto Lista, a los cuales ciñóse estrictamente, tal +vez sólo por devoción personal al maestro, hasta en las postreras regias +salutaciones que trazó su mano senil venerable.</p> + +<p>Con Espronceda, Ros de Olano, Enrique Gil y Florentino Sanz asistía al +cenáculo del café del Príncipe, amable lugar donde se forjaron algunas +de esas queridas narraciones que tanto nos han emocionado en nuestros +primeros devaneos sentimentales, cuando pasábamos horas enteras +devorando las pintorescas ediciones de Gaspar y Roig.</p> + +<p>Y fué allí, entre románticas melenas y retóricos madrigales, en la +exaltación de la nueva escuela revolucionaria y las violentas +aspiraciones de libertad, expresadas en odas y octavas reales, donde el +bardo que elogió a la atormentadora Teresa tuvo el mal acierto de lanzar +sus sarcasmos byronianos contra la rigidez de escuela o las virtudes +militares del conde de Cheste.</p> + +<p>En aquel mismo punto quedó concertado el lance, como en aquel tiempo +galano en que los poetas hampones se batían por un soneto en las +encrucijadas del viejo París.</p> + +<p>Caía la media noche cuando los combatientes se hallaban junto a la +puerta del cementerio de San Martín. El claro de luna encantaba +melancólicamente la fúnebre decoración. A la siniestra mano extendíase +el bello jardín de los muertos, con sus anchas columnatas y sus calles +de nichos vacíos. Quizá un ruiseñor cantaba entre las ramas de un ciprés +religioso y sombrío como una elegía. De la honda paz de la tierra tal +vez surgían esos rumores vagos, misteriosos, inquietantes, que parecen +diálogos del más allá.</p> + +<p>Ambos caballeros se despojaron de las largas capas y de los sombreros de +ala plana. El cronista se finge el rostro pálido, demacrado de +Espronceda, con los ojos ardiendo en la fiebre de su constante delirio +sensual, iluminado por la luna. Tal vez llevara dentro su cerebro un +rayo lunático y visionario, quien pasó por la tierra enamorado +líricamente de la pálida Prometida.</p> + +<p>Las hojas de acero brillaron y se cruzaron gallardamente. Breve fué la +lucha: Espronceda, cuya naturaleza estaba aniquilada por su vida de +vértigo, cayó en tierra herido de un sablazo.</p> + +<p>Y así se dió fin a este episodio raro, pintoresco y triste, que era bien +digno de la rima.</p> + +<p>Esta vida serena, suave y rectilínea que acaba de extinguirse bajo la +pesadumbre de noventa y seis años, nos da una emoción de vaga tristeza y +de simpatía. Pensamos en esa figura noble y artística como un retrato +antiguo, superviviente de todos sus contemporáneos, haciendo sus +apacibles paseatas por las calles muertas de Segovia, la vieja, viviendo +una vida arcaica y cristalizada entre los muros grises de las rancias +mansiones infanzonas, con escudos de piedra y los palacios grises +eternamente cerrados. Pensamos en la inquietud íntima de ese espíritu +que había visto desaparecer tantas cosas y tantos amores, preguntarse al +amanecer de cada día: «¿Será hoy?», e inclinar la frente coronada de +plata y sentir el corazón turbado ante la evidencia del angustiador +misterio. Muchas veces, al pasar por el pardo caserón de la calle de +Pizarro, donde habitaba los inviernos, hemos evocado su silueta entre la +grave penumbra de los viejos salones y le hemos imaginado trazando sobre +amplias cuartillas renglones cortos de musa ingenua y familiar, para +convocar a sus íntimas reuniones familiares, que eran como una evocación +de los tiempos pretéritos. Y al comenzar en estas lamentables tardes de +otoño a amarillear las hojas de los árboles para alfombrar después las +calles solas de su pequeño jardín y la lámina verdosa de las fuentes +mudas, hemos pensado con pena que quizá el noble anciano no viera en la +caída de las hojas sólo la aproximación del invierno.</p> + +<p>Algunos críticos opinan que su labor literaria no ha sido muy completa. +Lo más interesante ha sido su vida, una de esas vidas antiguas y +fecundas de soldado leal y valeroso, caballero de clásica hidalguía +española, erudito y poeta como aquellos capitanes de la Conquista, que +de día vivían en poema épico, y en el encanto de las noches tropicales +rimaban las nostalgias de la patria o ardientes serventesios a los ojos +de las limeñas.</p> + +<p>Era una figura de otra edad. Una silueta de aquel buen tiempo de las +melenas románticas, en que los poetas constituían la verdadera y lógica +aristocracia; aquel buen tiempo en que había duelos pintorescos junto a +las tapias de los camposantos por la belleza de un soneto, en que el +romanticismo era como un vino generoso y locuaz que hacía soñar a todas +las cabezas aun en un ambiente tan antiestético como el de la política.</p> + +<p>Aquel buen tiempo de los poetas, porque se estimaba que cantar es la más +bella expresión del alma humana.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Las_manos_de_Elena" id="Las_manos_de_Elena"></a><i>Las manos de Elena</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">U</span>N pintor bohemio rugía en una noche memorable, mientras el frío se +colaba entre sus andrajos y el hambre bailaba en su cabeza descoyuntada +danzas absurdas.</p> + +<p>—Debiéramos desenterrar y quemar los restos de Murger.</p> + +<p>Era una noche sagrada y familiar. Hasta los más humildes tenían en aquel +momento un poco de fuego y de cariño. De los interiores iluminados +salían hálitos suaves de serena felicidad, y en el aire flotaban, como +surgidas del fondo de los tiempos antañones, las melodías ingenuas de +los villancicos pascuales.</p> + +<p>Por las calles, algunos perros vagabundos y nosotros.</p> + +<p>Y es que nuestra bohemia ha sido un negro camino de soledad y de +pobreza. No han florecido en nuestros episodios las risas de Museta ni +las lágrimas de Mimí, ni nuestra madre la Locura nos ha prestado su +corona de cascabeles.</p> + +<p>Sólo una bella y triste sombra, fugitiva y perfumada como la juventud +que huye, ha puesto algunos besos y algunas risas en nuestras noches +trashumantes y sin asilo.</p> + +<p>Tenía un nombre poemático, célebre en los anales del amor. Elena era su +bello nombre. Era alta, rítmica, flexible... En sus ojos garzos, hondos, +de un hechizo inquietante, dormían las visiones de su vida encanallada, +siempre unánimes y vergonzosas. Sus manos finas, transparentes y +monjiles, que parecían hechas para tejerse en los éxtasis y para +filigranar ofrendas de vírgenes y capas pluviales; sus manos, finas y +transparentes, eran doctas en los secretos del amor mundano.</p> + +<p>Cuando yo la conocí, tenía la desolada belleza de las ruinas. Su carne, +de azulinas transparencias, tenía la melancólica palidez de los +tísicos, y hacía pensar, con pena, en la llegada de esos días grises en +que caen las hojas de los árboles. Tenía un aroma vago y casi religioso: +olía a cera y a flores de mortaja.</p> + +<p>Inició un fugitivo arpegio sentimental en el cordaje de nuestros +nervios, en constante hiperestesia por el arte y por la vida. Todos la +amamos con una dulce piedad, sin violencias y sin delirios, con un +deleite que tenía algo de romanticismo, de rara emoción artística. +Amamos su belleza agonizante, con la intensidad de tristeza que sentimos +en los adioses para siempre. Había en ella un misterioso encanto de +ultratumba.</p> + +<p>Un músico poeta elogió en unos versos juveniles su pobre risa, su risa +extraña e inconsciente, <i>la loca risa de Elena</i>. Y ella, encantada con +la ofrenda lírica y galante, reía siempre que llegábamos a su lado; +soltaba la cascada de su risa metálica, vibradora, epiléptica, cuyas +últimas perlas parecían sollozos estrangulados.</p> + +<p>Su fisonomía moral parecía cristalizada y sin jugosidad ninguna. Tal vez +la pobre profesional del amor no había sentido nunca esa embriaguez +suprema, el amor sentimental que es la <i>mayor conquista de la +civilización</i>, como dice Sthendal, y por lo único que vale la pena de +vivir, a pesar del espantoso Schopenhauer.</p> + +<p>Nosotros le hablábamos alegremente de las cosas triunfantes de la vida, +cosas armoniosas entre sí: de locuras de juventud, de fragancia de +primavera, de alegres cenas, de paseos campestres bajo la inmortalidad +del sol, de los víveres honrados, fecundos y serenos como mansas +corrientes. Y de besos.</p> + +<p>Hubiera sido poco piadoso recordarle los melancólicos acabamientos que +nos rodean y que espejan la muerte en cada cosa que miramos. Jamás la +hablamos de las despedidas, de las naves que parten y de los corazones +ausentes, de las últimas notas de las melodías. Y sobre todo, de ese +terrible fantasma del otoño.</p> + +<p>Su vida había sido un amargo y desbordado rodar hacia abajo, como todas +las vidas y todas las cosas, hacia las negras aguas del misterio.</p> + +<p>Y aconteció que la misma noche que un periódico publicaba el elogio +rimado de su risa, una de esas sombras que cantan canciones lúgubres y +corrompidas en la alta noche, me dió la nueva amarga.</p> + +<p>—¡La pobre ha muerto hoy en el hospital!</p> + +<p>Entonces me asaltó el triste y tardío deseo de poseer algún recuerdo +suyo, un bucle, un lazo que conservase su melancólica fragancia +peculiar. Lo hubiera guardado con la misma unción amorosa y sagrada con +que Rodolfo besaba el gorrito blanco de Mimí.</p> + +<p>Porque la pobre muerta era un jirón de mi juventud que se iba para +siempre.</p> + +<p>Al vagar toda la noche en el alma desconocida e inquietadora de la +ciudad, evoqué, dolorido, sus manos marfileñas y monjiles, sus manos +celestes e impuras, divinamente tristes y cruzadas en el fondo de uno de +esos pardos y siniestros ataúdes de hospital que conservan hedores de +otros cadáveres, y pensé, estremeciéndome hasta los huesos, que en +aquella primera noche de la tierra ya el gusano conquistador surgiría de +la podre de aquellas manos muertas, que besé tantas veces y por las que +había sentido una rara pasión inmaterial.</p> + +<p>Extravagantes imaginaciones, honda y taladrante recordación del fin, que +obligan a la pobre carne aterrorizada, y al ánimo conturbado, a +refugiarse en la idealidad consoladora de un misticismo.</p> + +<p>Mi espíritu siente una inmensa ansia de infinito, que fracasa en las +cotidianas banalidades; cuántas veces, al amanecer de noches de +tempestad de alma, en que he hallado vacíos y menguados todos los iconos +de la vida, me he arrojado a los pies ungidos de los Cristos en demanda +de una emoción de eternidad.</p> + +<p>El recuerdo de Elena suele inquietarme frecuentemente, y la veo, en la +transparencia de la evocación, con el hechizo de sus ojos garzos y de su +cabellera magdalénica.</p> + +<p>Y en el ritornello de la vida pasada surge un episodio canallesco: la +memoria punzante y angustiosa de una noche en que uno de estos +pintorescos rufianes madrileños golpeó brutalmente el pecho hundido y +flácido de la desventurada.</p> + +<p>Ella ahogó su tribulación en el monstruoso refugio del aguardiente.</p> + +<p>Escenas de la mala vida, recuerdos de las horas bohemias, negras y +desoladas, en que el hambre era absurdo funámbulo en nuestras cabezas y +lobo en nuestras entrañas. Las tengo cariño, porque al cabo han sido ser +de mi ser.</p> + +<p>Pero pienso como mi amigo pintor, que Murger ha envenenado nuestra +juventud y nos ha hundido en la pobreza y en la soledad con el hechizo +de sus mágicas narraciones.</p> + +<p>«Debemos desenterrar y quemar los restos de Murger.»</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Siles_y_su_carrik" id="Siles_y_su_carrik"></a><i>Siles y su carrik</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">S</span>ILES era filósofo, poeta y cronista. Murió ciego y pobre en el horror +sin nombre de un hospital, y su manera de morir fué el obligado epílogo +de su vida loca, imprevisora, de titiritero de la literatura.</p> + +<p>Siles no era un escritor extraordinario, pero pocos hombres tenían más +jugoso temperamento ni más riqueza de ilusión que este pobre cantor +errabundo que ha caído para siempre, sin dinero y sin gloria, y al que +las gacetas sólo han dedicado un pequeño lingote de prosa vulgar.</p> + +<p>El entusiasmo fué su gran energía, lo mismo en la miseria desolada, sin +más fortuna que su absurdo chaquet que en las horas efímeras de +prosperidad. Siempre hablaba a gritos, de literatura, de teosofía, +aquel buen hombre franco, bebedor y mujeriego—todo lo que fuese +desbordamiento de emoción y de romanticismo—que, a pesar de su cabello +cano, tenía en los ojos tan riente derroche de juventud.</p> + +<p>Y un buen día murió un tío de Siles dejándole toda su fortuna. Fué uno +de esos tíos maravillosos, imprevistos y ricos que tienen la bondad de +morirse a tiempo y que apenas tienen realidad, como si sólo fuesen +imaginados para desenlazar las malas comedias. Cayó sobre el bohemio un +portentoso aluvión de miles de duros, y el chaquet fué sustituido por un +carrik. Este fué el único cambio ostensible en su vida.</p> + +<p>¿Qué extrañas armonías existirían entre el alma de Siles y su <i>carrick</i>? +¿Por qué este hombre, en vez de adquirir otro más adecuado indumento, se +envolvió en aquella prenda grotesca de grandes cuadros negros sobre +fondo amarillo?</p> + +<p>Luego de esta valiosa adquisición, Siles se encerró en una torre de +marfil, que alquiló por doce duros en una calle de Chamberí, y la media +tostada fué sustituida por alimentos más respetables que redondearon la +bóveda del vientre y lustraron su cara flácida y exangüe.</p> + +<p>En breve espacio, uno tras otro, lanzó al público veinticuatro libros. +Toda la esencia de su vivir lamentable, todos los sueños de su cabeza +visionaria. Pero la gente no compró sus libros. En inmensas pilas de +papel se amontonaban en casa del librero Pueyo, el editor romántico de +la épica nariz. También ha muerto el pobre librero sentimental, y puede +que sigan ambos devanando en el espacio sus diálogos pintorescos. Pueyo +era una gran figura en la andante literatura de esta época: él fué el +único que creyó en Siles, el que en los cafés solitarios nos hacía leer +nuestros versos, después de escuchar un aria de <i>Marina</i> o el raconto de +<i>Lohengrin</i>. Entonces se conmovía mucho y confesaba que él también había +escrito versos en su juventud.</p> + +<p>Cuando Siles echó fuera de sí su carga mental, tornó a pasearse por los +cafés, por las tabernas, envuelto en su pintoresco <i>carrick</i>.</p> + +<p>Al cabo de unos años se quebró el cristal encantado de la leyenda, y +volvieron los días de penuria y la sórdida pobreza ululaba a la puerta +de su hostal. En los últimos tiempos se arrastraba por los tugurios +tocado con un sombrero gris y desvencijado, con la pipa humeante, +abatida sobre las barbas canas y enmarañadas, y en los ojos ciegos un +gran deslumbramiento de ilusión.</p> + +<p>Su <i>carrick</i> destrozado era la rota bandera de los días suntuosos y +efímeros, e inspiraba la desolación de una grandeza en ruinas.</p> + +<p>Pero siempre que le encontrábamos nos saludaba optimista y sonriente, +con un gesto de clásico caballero español.</p> + +<p>—Vaya usted a mi casa cuando guste. Vivo en un hotelito en el campo. +¡Hay allí una gran paz que invita a escribir!</p> + +<p>Y el mísero vivía en una choza solitaria, perdida en un barranco de las +afueras de Madrid.</p> + +<p>Por su obsesión de escribir renunció a todo y sacrificó los cincuenta +años de su vida. Todos sus artículos, sus versos, sus libros, no le +produjeron una sola peseta, ni pusieron una sola hoja de laurel sobre su +ataúd pardo y siniestro de hospital. A veces el arte es demasiado cruel; +deidad y vampiresa exige hasta la última gota de sangre de sus pobres +ilusos.</p> + +<p>Así caen destrozados entre la indiferencia los bravos paladines de la +bohemia. Su fiera independencia espiritual, su altivo individualismo es +la causa del doliente remate de esas vidas. Carecen de habilidad, de +condiciones de mercader para administrar su talento. Producen bien o +mal, por el gusto de hacer algo bello, por el anhelo de su alma de +derramar lo que llevan dentro. Y mientras ellos cantan, las hormiguitas +hacen su granero.</p> + +<p>Siles ha muerto de una manera trágica; hallaron su cuerpo caído en medio +de una carretera, de noche, como un montón andrajoso, y en un carro, +como un fardo inútil, ni saber quién era, le llevaron al hospital.</p> + +<p>Sirva la angustia sincera de mi corazón como plegaria por este cofrade, +que ya no volverá a recitarme sus sonetos en la alta noche, cuando ambos +ambulábamos por las calles como dos sombras de un mundo absurdo de +sueños de arte y de dolorosas tragicomedias.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Glosario_pintoresco" id="Glosario_pintoresco"></a><i>Glosario pintoresco</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">P</span>OCOS escritores se alegrarán como yo de los faustos sucesos que le +acaezcan al poeta Villaespesa. He leído que, como dramaturgo, está +haciendo un paseo triunfal por América. Esto me agrada, porque lo +considero como el triunfo colectivo de un género, de una época y de una +pintoresca familia literaria.</p> + +<p>Está muy bien y es muy justo. Lo que me parece es que ha tardado +demasiado en llegar. Un poco antes, y se hubieran evitado muchos cafés +con tostada, que es el régimen más absurdo de alimentación.</p> + +<p>Villaespesa es de los poetas que han comido peor; como veis, esto es el +colmo de la redundancia. Pero él ha probado bravamente que se pueden +escribir versos admirables y soñar con princesas, alimentando la miseria +corporal con queso manchego y chocolate con churros.</p> + +<p>Ha pasado por la vida misérrima sin enterarse, con los ojos vendados por +un jirón azul de ideal. Esta divina inconsciencia le ha librado de +comprender que los camastros de la Posada del Peine son más propios para +cenobitas, que gustan de atormentar el cuerpo, que para gente voluptuosa +que guste de dormir a pierna suelta.</p> + +<p>Tampoco aquel su suntuoso <i>alzacuellos de obispo</i> era el último alarido +del dandysmo ni de la comodidad. Pero de todas las menguas le salvaba su +imaginación.</p> + +<p>Un día de opulencia se encontró con Julio Camba. Villaespesa tenía un +aire de gran señor, llevaba bajo el brazo un formidable envoltorio.</p> + +<p>—Acabo de cobrar un libro y... me he comprado doce mudas.</p> + +<p>—Hombre, me alegro mucho—exclamó Camba—; tengo una cita galante con +una bailarina, con la...—y pronunció uno de esos nombres radiantes, +cascabeleros, armados de voluptuosidad, que, desde los carteles +teatrales, hacen latir violentamente a los corazones de veinte años—. +Estaba muy triste, porque no podía ir por el estado ruinoso de mi +<i>deshabillé</i>. Pero tú has venido a salvarme. Me darás unos calzones.</p> + +<p>—La cosa es que, verás... calzones no he comprado ninguno.</p> + +<p>—Me contraría mucho; pero, en fin, me darás dos camisetas.</p> + +<p>—Tampoco, porque yo creo que la camiseta es una prenda superflua, y no +he comprado ninguna.</p> + +<p>—Bueno, hombre. ¡Al menos, me darás una camisa!</p> + +<p>—Chico, la verdad, no puedo darte una camisa... entera.</p> + +<p>—¿Eh?</p> + +<p>Villaespesa desenvolvió su lío. Las doce mudas se reducían a doce +camisolines, o sea doce cuellos y doce pecheras. ¡Oh, prodigios de la +fantasía!</p> + +<p>La hermosa bailarina esperó en vano aquella noche a Julio Camba.</p> + +<p>Su labor teatral en América le dará dinero y gloria. Empleará el magín +en forjar versos y situaciones dramáticas en lugar de asaltar editores y +prestamistas. Porque con este honorable gremio, Villaespesa ha sido un +águila. Una vez empeñó una calavera, asegurando que volvería a sacarla, +porque era un recuerdo de familia.</p> + +<p>Estos episodios pertenecen a la época heroica de mi generación +literaria. Cuando Camba era anarquista y sufrió un proceso por injurias +a San Judas Tadeo; cuando un poeta dormía en el ascensor de un prócer +tonto y tacaño, que era tío del vate sin albergue; cuando Barriobero nos +invitaba a comer las paellas que él mismo condimentaba y llamaba a los +horteras <i>pinocentauros</i>, o sea cuerpo de hombre y las patas de madera, +el mostrador. Cuando Pueyo nos llevaba a los cafés con música y, +emocionado por las arias de <i>Marina</i> o de <i>La Bohême</i>, nos confesaba que +él también había escrito versos en la juventud... Cuando vendíamos +todos los libros y empeñábamos todas las prendas—¡oh, aquella levita +suntuosa de Bargiela!—, y Antonio Machado, el gran poeta, al recibir un +libro nuevo, exclamaba corriendo al tenducho del librero de viejo:</p> + +<p>—<i>Sol de la tarde.</i> ¡Muy bien! ¡Café de la noche!</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Elegia_de_un_hombre_inverosimil" id="Elegia_de_un_hombre_inverosimil"></a><i>Elegía de un hombre inverosímil</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:55px;line-height:40px;padding-top:2px;padding-bottom:15px;">¿C</span>ONOCÉIS algo más triste, más desvencijado, más fracasado que un +traductor? Es la forma más lamentable del desastre literario. Pues +Forondo era el traductor calamitoso, por antonomasia, entre todos sus +traspillados cofrades. Forondo tocaba el violín; pero, según se decía, +le expulsaban de todos los cafés porque al comenzar a tocar su violín se +cortaba la leche. Y esto perjudicaba mucho al crédito de estos +establecimientos. Poseía una bonita voz de canario flauta; pero no podía +ser aplicable en los coliseos mas que entre el coro de señoras, y +Forondo tenía una espesa barba multicolor que le impedía interpolarse +entre canoras hijas de Talía. Algunas mañanas cantaba los motetes en +algún templo, y por las noches acudía a un mitin societario, porque +Forondo era un hombre terrible, enemigo personal del Papa. Forondo era +el autor de esta frase demoledora: «De tejas arriba no hay más que +metafísica y gatos».</p> + +<p>Nuestro amigo vino a Madrid a ser poeta lírico. Escribió un soneto y se +dedicó al café con media con verdadera intrepidez. Envió su soneto a +todas las revistas y le fué devuelto, «porque había mucho original en +cartera». Un periódico no se le admitió porque su soneto era demasiado +corto. Entonces escribió un poema en ciento catorce octavillas +italianas, titulado «Dios»; pero tampoco se publicó, porque el director +<i>opinó</i> que «Dios» no era asunto de actualidad. Forondo carecía del +sentido de la ponderación. Lo quiso ser todo y al fin no fué nada; esto +es: finó siendo traductor. Elaboraba a brazo sus traducciones. «El pobre +pequeño niño sacó su muestrecita. Eran once horas sonadas», o bien: «El +desconocido llevaba un pantalón corto y una capa del mismo color». +Estas son unas donosas pruebas de su estilo de traductor.</p> + +<p>Jamás tuvo ideas propias ni se compró un traje nuevo. Por dentro y por +fuera iba siempre adornado con prendas que le estaban anchas. Cuando yo +le conocí, Forondo vendía perros en la acera del Suizo. Él me vendió un +lindo ratonero muy inteligente, que mordió al señor D. Pedro Luis del +Gálvez, suceso que repitieron las gacetas. Mi ratonero tuvo razón. Era +un perro consciente, como los ciudadanos de cualquier Comité de barrio.</p> + +<p>Forondo dormía en casa de Han de Islandia, un espantable hospedero de la +calle de la Madera. El joven montaraz y notable poeta Javier Bóveda le +conoció allí. Por cierto que se asustó mucho; moribundo de tuberculosis, +con sus barbas rojas, negras, amarillas, y en calzoncillos, no era +precisamente una Venus saliendo de las olas. Saliendo de entre las +sábanas equívocas de su camastro, al fulgor luminoso del candilón, +moribundo, famélico y derrotado, era más bien la alegoría espeluznante +de la bohemia matritense. La historia de Forondo es una novela ejemplar +para aviso de los jóvenes portaliras que sueñan en su rincón provinciano +con esa musa trágica de Verlaine, de Manuel Paso y de Alejandro Sawa, +estos grandes mártires de la religión de la literatura.</p> + +<p>Era el amante ideal de la Cari-Harta y demás princesas de la gallofa. +Cuando no tuvo perros que vender se dedicó de lleno a la traducción. +Trabajaba quince horas diarias, luchando con la doble dificultad de que +si bien no conocía el francés tampoco dominaba el castellano. Esta es la +especialidad de casi todos los traductores. Y ello es natural y +corresponde a la generosidad de los editores.</p> + +<p>Hace pocas noches Forondo llegó al cafetín donde se reunía con otros +pigres. Estaba más enfermo, más pálido, más roto que nunca.</p> + +<p>—Vengo a despedirme de vosotros. Traigo media en las agujas...</p> + +<p>Todos celebraron el símil taurómaco y le ofrecieron un <i>café con media +de honor</i>. Después Forondo se marchó... se marchó a la fosa común.</p> + +<p>Hambres, fríos, humillaciones. Acoso de hospederos, de mozos de café, +alguna picardía peligrosa para extraer un poquito de calderilla. Y el +desdén de los poderosos, de los burgueses; la soledad y el dolor. ¿Vale +la pena afrontar todas estas tremendas larvas de la desgracia por haber +hecho un soneto corto, según la opinión de un director de revista? El +vicio de la literatura resulta demasiado caro.</p> + +<p>Forondo se ha muerto. Yo le estimaba; estaba siempre triste, estaba +siempre fracasado. Me inspiraba el afecto de la desventura. Pero algo +queda sobre mi conciencia como un peso muy grave. Forondo me confesó que +había seguido el camino de las letras y había caído en la Puerta del +Sol, encantado por la lectura de mis narraciones de la bohemia +pintoresca.</p> + +<p>De todos modos, yo no tengo la culpa de que me hubiera leído mal. La +bohemia es triste, desastrosa, absurda. Y más aún cuando no se tiene +talento ni temperamento literario. No sé qué hechizo tendrá esa musa +trágica del arroyo, que seguramente mañana volverá a verme Forondo +redivivo diciéndome:</p> + +<p>—Verá usted, yo he venido a Madrid a luchar con la gloria. Le voy a +leer un soneto.</p> + +<p>Y me leerá otro soneto corto, y después a dar saltos mortales para +conquistar el camastro de esos hostales de la bohemia, figones de +Satanás con manjares embrujados, que sólo se pueden ingerir cuando se +poseen las hambres de doscientos poetas juntos.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Nuestro_amigo_el_alquimista" id="Nuestro_amigo_el_alquimista"></a><i>Nuestro amigo el alquimista</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">N</span>UESTRO amigo Aclayar es alquimista. No posee un laboratorio misterioso +con retortas, ni usa túnica ni caperuza, como los nigromantes remotos. +La alquimia se ha modernizado. Ya no quiere fabricar el oro; más +modesta, se conforma con elaborar pesetas sevillanas, precioso metal en +este reino de la calderilla. En lugar de arrojar materias químicas al +hornillo infernal, hace números en una tarjeta, invocando a Butatar, que +es la deidad del cálculo.</p> + +<p>Nuestro amigo ha escrito un libro para ganar <i>infaliblemente</i> a los +juegos de azar. Nosotros le decimos que todo martingala se reduce a una +combinación para perder con método. El alquimista sonríe:—El azar no +es una cosa diabólica. El ingenio humano puede vencer a esa diosa +meretriz que se llama la Fortuna.</p> + +<p>El alquimista tiene una llamita de ilusión en sus ojos, rojos de tejer y +destejer las cifras: siniestra tela de Penélope que ha servido de +sudario a tantos soñadores del número. Las matemáticas tienen tanta +poesía como un bello soneto. Aclayar es un poeta del cálculo de +probabilidades, un estoico de la ruleta y de sus malas artes de hembra +caprichosa, un apóstol del martingala.</p> + +<p>Ahora que se alzan en España incontables capillas del Azar, no me +negaréis que mi alquimista es un personaje de actualidad. Él cree poseer +el secreto para hacer oro, y este rico metal piensa extraerlo de la +rueda diabólica, y como testimonio, ha escrito un curioso volumen. Yo +prefiero esta lectura a otro volumen de rimas, chirles o a una novelita +de <i>Biblioteca Patria</i>. Tiene ciertamente, más poesía y más palpitación +espiritual, aunque nuestro alquimista se equivoque, lo mismo que +fracasaron sus predecesores en la busca del oro.</p> + +<p>Un hombre de pasiones y de imaginación no puede resignarse con la +pobreza o con un pasar ramplón y cotidiano. Hay que ahuyentar al lívido +y desarrapado espectro de la necesidad. Hay que buscar la llave mágica +que abre los tesoros de la vida: la espada bruja que decapite al dragón +de la miseria. Y este talismán impreciado es el oro.</p> + +<p>Un hombre pasional e imaginativo ama a las bellas mujeres, los viajes +por las tierras fabulosas y lejanas, las obras de arte, los libros +inmortales. Y sueña con conquistar el oro, que es la palabra misteriosa +que abre todos los paraísos y da la serenidad de espíritu necesaria para +la contemplación de lo bello. La pobreza amarga el amor, el arte no es +buen camarada de la necesidad, a pesar de que se dice que el hambre +aguza el ingenio.</p> + +<p>Además, nuestro alquimista sueña con obtener ganancias fabulosas que le +permitan suprimir, en torno suyo, el dolor social.</p> + +<p>Comprende que el dinero, en los contratos humanos, es el espíritu del +mal. Un filántropo rico e inteligente como él sería un nivelador. +Repartiría los billetes de los grandes casinos entre los pobres, los +fracasados, los parias de la injusticia de esta sociedad farisea y +anticristiana. Este ideal altruista merece nuestros plácemes. El dinero +del juego está amasado con dolor, con sangre, con toda la turbia gama +del delito. El alquimista lo trocaría en alegría, esperanza, +tranquilidad. Arruinaría a todos los empresarios de juego, eso sí; pero +el fin justifica los medios, según nos han enseñado los nietos de +Loyola.</p> + +<p>Nuestro amigo sabe que la Fortuna prefiere a los toreros, a los navieros +contrabandistas, a los <i>profiteurs</i>, buitres de la carnaza europea. Él +es intelectual, es un poco soñador y desdeña estos menesteres +antiestéticos. Tiene alma de luchador y prefiere luchar con el monstruo +del azar. Es más noble y más heroico. Como buen filósofo, sabe que es lo +mismo combatir en las encrucijadas de la vida que contra el capricho de +la bolita saltarina, que puede ser la dicha o el desastre para tantos +espíritus ilusionados. La vida no es más que una ruleta mucho más +grande, cuya bolita—fortuna o fracaso—rueda invisiblemente en torno +nuestro. El alquimista aspira a ser un superhombre que domine las +fuerzas ciegas o, al menos, que las sujete entre las reglas de un +martingala, basado razonablemente en el cálculo de probabilidades.</p> + +<p>Yo creo que su libro no les será útil a los lectores. En los lances del +azar, como en la vida, cada uno es víctima de su temperamento. El que se +arruina en el juego, es por un torbellino de locura que hay en su alma; +le pasaría igual con una querida vampiro, con la política o con los +negocios. Además del invisible factor de la suerte personal, es que +tiene la voluntad enferma. Para vencer a los duendes del azar hay que +tener un espíritu fuerte y sereno, como para dirigir multitudes. La +voluntad y el ingenio pueden vencer a la mala suerte.</p> + +<p>El libro lo vende el editor Pueyo. Pero conste que no es <i>réclame</i>. No +tengo el menor interés por éste ni por el otro editor. El librero, +comerciante del cerebro ajeno, realiza el milagro de comer de los libros +sin saber leer. Sentimos hacia el hermano librero la mayor +desconsideración, y lo decimos de esta manera franciscana, como +pudiéramos decir el hermano lobo o el hermano buitre. El librero es el +enemigo del escritor. Debería inventarse un violento insecticida para la +destrucción del librero.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="El_galan_de_los_ouistitis" id="El_galan_de_los_ouistitis"></a><i>El galán de los "ouistitis"</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">A</span><span style="margin-left:-1%;">Q</span>UEL rincón de café era como un muestrario de personajes absurdos. +Poetas, pintores, <i>apaches</i>, inventores... En los cristales amarillentos +se reflejaban las chalinas y las pipas, y, a veces, como una aparición +de balada germana, la linda cabecita de paje rubio de Betina Jacometi, +una genial pintora holandesa, a quien la policía metió en la cárcel sin +más razón que la de fumar cigarrillos por las calles y ser muy extraña. +Esto, que es una cualidad de aristocracia, llevó a la pobre Betina a la +prisión, de donde salió tuberculosa. Esta mujer artista, de espíritu +extraordinario, dice que todo en España es <i>idioto</i>, menos los amigos +del café silencioso. Realmente, con bastante dificultad se podría +hallar un cenáculo más pintoresco y más multiforme.</p> + +<p>El amigo Montalbán, arqueólogo y cazador de leones, nos hablaba de sus +exploraciones en la India; Peñalba, el <i>Tartarín de la cuarta plana</i>, +nos decía sus sueños de publicidad, a la americana, mientras tomaba café +con media; el poeta Alberto Valero se dedicaba a cantar la romanza de +<i>Roberto, el diablo</i>, con unas burguesitas sentimentales de la mesa +contigua. Betina fumaba, fumaba, con los ojos azules e ingenuos, en un +éxtasis de arte. ¿Qué pensaría aquella linda cabeza de paje provenzal, +tan exquisita, tan femenina y al par tan rebelde y tan misteriosa? +Después, llegaba <i>Fantomas, el rey de los ladrones</i>. Nosotros no le +tomamos nunca completamente en serio. Nos parecía un folletín ambulante. +Bien vestido, rasurado a la inglesa, con un acento también inglés +(deslucido por su dejo catalán primitivo) y su monóculo, un bastón con +correa y una gabardina, <i>Fantomas</i> era un espectáculo.</p> + +<p>—¡Mozo!: <i>Whisky and soda...</i> <i>Miri</i>, mejor es que me traiga un <i>five +o'clock tea</i>.</p> + +<p>Generalmente ya era noche bien cerrada... Pero <i>Fantomas</i> era un hombre +<i>chic</i>, un Brummel de la Barceloneta, y los pobres poetillas no nos +atrevíamos a contradecirle en asuntos de elegancia y de buen tono. ¡Oh, +él había operado en los grandes hoteles mundiales!</p> + +<p>De todos modos, <i>Fantomas</i> era un tipo interesante. Tenía ojos de gato y +dientes agudos de animal de presa. Era en aquellos días en que las +autoridades le vigilaban celosamente—los periodistas hemos fabricado el +tópico de que los policías son muy celosos—. ¡Le habían hallado una +calavera y un pijama negro! Esto indicaba que se trataba de un <i>apache</i> +peligroso, de un terrible <i>souris</i> de hotel. <i>Fantomas</i> se pavoneaba en +la apoteosis de su gloria y fumaba cigarrillos turcos como una cocota. +Realmente tenía un alma enferma de cocota en un cuerpo delirante de +histerismo. Era un <i>hombre marioneta</i>, producto patológico de la vida +artificial que empieza en una cena montmartresa del Palace y termina +con una borrachera de éter en un burdel elegante. Valses vieneses, +rameras viejas, pintadas y bien vestidas; artificio, morfina, pases de +<i>bacarrat</i>... Todo esto formaba la careta de <i>Fantomas</i> la veladura de +su fisonomía espiritual. En el fondo, yo creo que se trataba de un buen +chico que tenía unos furiosos deseos de <i>epatar</i> y cogió un mal camino: +el del hotel de la Moncloa. Pero él hubiera llegado a la escalerilla del +patíbulo con tal de que la gente le creyese un hombre terrible. Era un +enamorado de lo extraordinario, de lo singular, un sugestionado por los +libros de andanzas policíacas. Aquí no se conoce bien su <i>tipo modelo</i>. +Él mismo se encargó de descubrírmelo. Hace dos meses recibí un libro +desde Lisboa. Me lo enviaba un remitente misterioso, sin una carta, sin +una tarjeta. Se titulaba <i>La dame aux ouistitis. Memoires d'un souris +d'hótel.</i></p> + +<p>—Esto es de <i>Fantomas</i>—exclamé.</p> + +<p>Efectivamente, el protagonista de <i>Claudio Lefaure</i> es un ladrón de +hoteles que se llama Fabricio Levrot. <i>Fantomas</i> sueña con emular la +vida azarosa y fantástica de este personaje. Es el galán de los +<i>ouistitis</i>.</p> + +<p>Como todo hombre vanidoso, <i>Fantomas</i> se cree irresistible con las +damas. Pone los ojos velados y coquetones, adopta un gesto de elegante +fatiga y hace algunas conquistas entre las camareras, las cocotas del +Palace y alguna gentil desequilibrada que, también enamorada de lo +extraordinario, de lo detonante, le entrega sus encantos y sus alhajas.</p> + +<p>¿Realmente <i>Fantomas</i> es el rey de los ladrones? Oyéndole a él hay que +creer que sí. Una bella noche de luna paseábamos por las calles, +fragantes de primavera. <i>Fantomas</i> exhaló un sollozo romántico:</p> + +<p>—¡Qué noche tan hermosa para robar!</p> + +<p>Lo del <i>maillot</i> y el gorro con borla es una invención de la fantasía +folletinesca de la policía.</p> + +<p>—Yo no robo en traje de etiqueta y zapato de charol. Estoy de antemano +una hora encerrado en mi habitación, completamente a obscuras, hasta +que mis ojos ven perfectamente en la sombra. Mientras introduzco el +<i>ouistitis</i> en la cerradura, estudio la respiración del durmiente. ¡Es +una emoción tan exquisita!...</p> + +<p>Otro día, en el camerino de una cupletista, pedía a gritos—con rotos +gritos de epiléptico—una jofaina de agua perfumada, porque quería morir +abriéndome una vena. Esta dulce muerte romana la acababa de aprender en +<i>¿Quovadis?</i>, película de gran metraje que se estaba proyectando en un +teatro. Quería ser Petronio, quería ser Fabricio Levrot, el gran +<i>cambrioleur</i>, y hubiera querido ser el último personaje singular de la +última lectura. Este espíritu impresionable paga caro su <i>diletanttismo</i> +morboso, haciendo lamentables estancias en las cárceles de Europa. Ama +el lujo como una cortesana y roba por amor al lujo y por amor a lo raro +y a lo escalofriante, y por ese capricho de lo singular se enterró en un +féretro de cristal, en el Palace, vestido de faquir, como aquel Papús de +la larga perilla.</p> + +<p>Lo malo es que la vida no se desenlaza tan a gusto como en los +folletines. La vida galante, de perfumes, de joyas, de elegantes y +afrodisíacos venenos, de <i>bacarrat</i>, de música frívola y áureo tintinear +de relucientes luises, tiene este amargo contraste del calabozo y del +buriel del presidiario. El grillete disipa los sueños absurdos de +morfina. Esta figura desquiciada y pintoresca confieso que me es +simpática y que la vería con gusto otra vez en el rincón del café de +artistas. Pero <i>Fantomas</i> es el hombre nube, el hombre pájaro, que no +vuelve a posarse en el mismo sitio. No me extrañaría recibir una carta +suya diciéndome que se ha hecho mago del Tíbet o que está dirigiendo una +academia de baile flamenco entre los pieles rojas. Cualquier cosa que +sea arbitraria y extravagante. Lleva en el alma un viento de locura y de +aventuras este pintoresco enfermo de lo maravilloso.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Sindulfo_arqueologo_y_cazador_de_alimanas" id="Sindulfo_arqueologo_y_cazador_de_alimanas"></a><i>Sindulfo, arqueólogo y cazador de alimañas</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">H</span>A venido a verme el señor Sindulfo del Arco, arqueólogo y cazador de +jirafas. Como comprenderéis es un personaje inquietador. Yo le conocí +este verano en una juerga en la Bombilla, porque Sindulfo es un +arqueólogo flamenco.</p> + +<p>Desea que yo llame la atención de las Academias acerca de la calavera de +Atahualpa, el inca infeliz que Sindulfo ha descubierto y cuya +autenticidad prueba en un volumen de quinientos folios. Lo que creo es +que intenta vender en buen precio la ilustre osamenta, y esta +adquisición me parece inestimable para la colección del Museo +Arqueológico. Un hallazgo tan importante haría la felicidad de +cualquier docta Corporación.</p> + +<p>Sindulfo es un sabio y un valeroso cazador de jirafas, y, aunque parezca +raro, es dulcemente enamoradizo. Como todos los hombres extraordinarios, +anda por el mundo caballero en una nube, y se le antoja ver ángeles +domésticos en cada dama andariega y aficionada al acre aroma de varón.</p> + +<p>—Mi querida Isabel, usted es la mujer que yo he soñado para formar un +hogar...</p> + +<p>Como veis, Sindulfo es un doncel romántico, digno de ser cantado por +Walter Scott.</p> + +<p>Y lo melancólico es que dice estas inflamadas palabras cuando ya tiene +muchos hilos blancos en las barbas proféticas.</p> + +<p>Este hombre extraño ha recorrido el mundo a pie y cuenta las cosas más +desconcertantes.</p> + +<p>—Yo he comido carne de indio guarany; es muy dulzona... Estaba perdido +en un bosque del Chaco central. Otra vez, los indígenas me condenaron a +muerte y me salvé a lomos de un jaguar. Así llegué a una tribu de +indios pirios, que me creyeron un ser sobrenatural. Hicieron fiestas en +mi honor y me regalaron una doncella joven para mi holgorio; se llamaba +Atarbelia, morenita ella, bien formada. Luego la quemaron viva para que +no tuviese descendencia de blanco. Es una costumbre.</p> + +<p>Yo no sé si Sindulfo dice la verdad o si es folletín ambulante. Tengo +motivos para creer que la imaginación es su facultad predominante. Un +día que dábamos un paseo por la Moncloa se nos acabó el tabaco. Era +otoño. Sindulfo cogió un puñado de hojas secas de chopo, las estrujó y +las metió en su pipa. Después dejó errar su mirada por las lejanías de +El Pardo, añorando sin duda los bosques vírgenes del Arauco. De pronto +se detuvo y exclamó:</p> + +<p>—Verdaderamente, el mejor tabaco para la pipa es este tabaco turco. +Tiene un aroma muy delicado.</p> + +<p>—¡Sindulfo, por Dios, que son hojas de chopo! ¿No recuerda que las +hemos cogido cerca del caño gordo?</p> + +<p>—Usted está soñando, amigo mío. Esto que fumamos es tabaco turco. +Compré yo diez kilos en Constantinopla hace dos meses. Por cierto que +aquella noche el Bósforo parecía un espejo. La luna rielaba sobre su +superficie, y a lo lejos...</p> + +<p>Sus ojos se entornaron y el ánima se fué en pos de aquel recuerdo otomán +que él acababa de crear... Yo respeté su ensimismamiento y pensé que con +esta fantasía Sindulfo era feliz.</p> + +<p>Presenta certificados de los sitios por donde ha pasado. Realmente ha +recorrido el mundo; pero ha viajado sin enterarse de lo que sucedía ante +sus ojos, como hundido en si mismo, mirando hacia adentro, inventando +paisajes, personas y episodios, sin tomarse el trabajo de mirar lo que +le rodeaba. Lo mismo hubiese sido que no se moviese de la cama durante +diez años.</p> + +<p>—Otra vez, en África, me encontré a un cazador que llevaba sobre su +camello un magnífico león muerto.</p> + +<p>—No diga usted más—le atajé, sonriendo—. Era el gran Tartarín de +Tarascón.</p> + +<p>—Fuimos muy amigos. Juntos cazamos jirafas, caimanes... Y figúrese que +cierta noche...</p> + +<p>—<i>En medio del desierto de Sahara...</i>—interrumpí—. Naturalmente, +amigo Sindulfo. Usted es un grande hombre. Yo exigiré que las Academias +le compren su calavera de Atahualpa y nos gastaremos los cuartos en la +Bombilla, con aquellas dos chulonas modistillas que a usted le parecerán +dos sacerdotisas de Vesta.</p> + +<p>Porque, como dije al principio, Sindulfo gusta de los gachones deliquios +del baile. Yo le he visto marcarse un <i>schotis</i>, cosa que es compatible +con la arqueología y con Atahualpa, mientras cantaba, con una voz +cavernosa que parecía la del propio inca difunto, este estribillo +flébil:</p> + +<div class="poem"> +<p> +<span style="margin-left: .5em;">Con mi muñequita</span><br /> +sobre el corazón,<br /> +esta hora tan dulce<br /> +me embriaga de amor.<br /> +</p> +</div> + +<p>Ahora voy a responder a una pregunta que está en la mente de los +lectores. Sí, señor, el amigo Sindulfo existe, y no diré que es de carne +y hueso, porque más bien parece de nube. Va todos los días a verme al +café, y espero que dentro de poco será académico de la Historia. No +olvidéis que ha descubierto la calavera de Atahualpa.</p> + +<p>Clamaría a Dios y se hundirían las esferas si la docta Corporación le +pretiriese. Sindulfo estaría muy bien exclamando en plena sesión:</p> + +<p>—Señores académicos: Habéis de saber que el juego de carambolas, entre +los antiguos persas...</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="El_poema_del_mal_poeta" id="El_poema_del_mal_poeta"></a><i>El poema del mal poeta</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>L mal poeta escribe en un café solitario. Yo le profeso al poeta malo +un aborrecimiento corso. Me ha apedreado los oídos con sus ripios, con +sus tópicos, con su retórica. Es hombre insensible a la emoción +estética, que fabrica sus versos como un jornalero: un albañil, por el +cascote; un picapedrero, por su ritmo monótono, que parece que agita +adoquines dentro de un cubo en vez de lapidar las piedras preciosas de +las bellas rimas.</p> + +<p>El mal poeta tiene un orgullo satánico. Es de los que hacen burla +bellaca de Rubén y componen pueriles mixtificaciones de los viejos +maestros románticos—fáciles becquerianas y humoradas sin el hondo +espíritu campoamoriano—. El mal poeta escribe mucho. Sus versos son +una infección de todos los periódicos. Su ramplonería es una bomba de +gases asfixiantes. Yo os confieso que degollaría con mucho gusto al +poeta malo.</p> + +<p>Es un sujeto más de cuarentón. Posee una calva sucia, los ojos +pitañosos, los dientes verdes de nicotina, y un bigote rubianco y +abatido. Lleva un abominable hongo, representativo de su vulgaridad +interior. Suele parlarnos de Filomela cuando complica a los sencillos +ruiseñores en sus octavas reales, sin duda para despistar al ingenuo +lector. <i>El pensil ameno</i> y el <i>rosicler de la aurora</i> le son tan +familiares como su terno de lanilla. Ama <i>con ansia loca, pierde la +calma</i> en cuanto tiene que rimar con alma, y todos los labios le causan +agravios, sin saber por qué. El <i>beso</i> le parece un <i>exceso</i>—y a sus +años, es natural—, y la luz de la luna siempre le sorprende en una +laguna, cosa muy perjudicial para sus achaques reumáticos.</p> + +<p>El poeta malo se entretiene en colocar uno sobre otro sus endecasílabos, +como los ladrillos en una construcción. Luego entrega las cuartillas a +una niña rubia que aguardaba para llevarlas a un periódico.</p> + +<p>El hijastro de Apolo charla después conmigo de literatura. Me lee una +oda <i>Al Sol</i>, un soneto <i>A una ingrata</i> y una elegía <i>A la muerte de la +virgen de sus amores primeros</i>. ¡Hace ya tantos años! Este poeta tiene +una memoria feliz.</p> + +<p>El pobre hombre no acierta ni por casualidad. Tanto artificio, tanta +falsificación poética, la lluvia de lugares comunes, me ponen muy +nervioso. Tal vez hubiera llegado a agredirle si no llega a volver la +niña rubia que llevó los versos al periódico y que retorna con cinco +duros. El mal poeta la besa en la frente con sincera ternura.</p> + +<p>—Esta es la mayor—exclama—. En casa quedan otros cinco leones. +¡Calcule usted los versos que tendré que hacer!</p> + +<p>La niña rubia, una grácil adolescente de catorce años, tiene los ojos +zarcos e ilusionados.</p> + +<p>—Ahora le voy a comprar unos zapatos, ¿sabe usted? Los romperá en +seguida, porque estas criaturas...</p> + +<p>Sin querer, miro a los pies de la niña, unos pies lindos y pequeños de +princesa china, envueltos en unas botas muy rotitas, muy rotitas...</p> + +<p>Esta dolora no la siente ni la rima el poeta malo. Pienso en los <i>cinco +leones que quedan en casa</i>, y este emocionante poema del mal poeta casi +me hace llorar.</p> + +<p>Y le veo alejarse, amorosamente abrazado a la niña, en cuyos ojos zarcos +arde una llamita de ilusión, y en este momento, el mal poeta me parece +más grande que Shakespeare y que Hugo...</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="La_sombra_del_rey_galan" id="La_sombra_del_rey_galan"></a><i>La sombra del rey galán</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">P</span>OR el puentecillo de El Pardo iba aquel rey galán cuya leyenda cantan +los niños en los jardines. Era pálido y adolorido, tenía las ojeras +moradas como los lirios del paje Gerineldo. Era el rey madrileño, el rey +chispero, el de las corridas de toros y las patillas manolas:</p> + +<div class="poem"> +<p> +<span style="margin-left: .5em;">«¿Dónde vas Alfonso XII?</span><br /> +¿Dónde vas, triste de ti?»<br /> +</p> +</div> + +<p>canta el coro infantil en el azul idilio de la tarde, mientras el rey +galán, pálido y muriente, como un lis borbónico, que se marchita, se +pierde por las avenidas, seguido de silenciosos cortesanos.</p> + +<p>El pueblo amaba al príncipe netamente español. Le aclamaba en los +toros, en las verbenas, en las tardes del Prado. Le halló en sus +alegrías y en sus duelos, íntimamente ligado a su vida, en el ritmo +jovial, generoso, magnífico de la vida española, de aquel momento.</p> + +<p>Ya sonaba lejano aquel romance de su adolescencia, en las horas +tediosas, preñadas de augurios, que transcurrían en el palacio de El +Pardo. Otoño sollozaba en el monte verdinegro y adusto; en los parques +lloraban los violines verlenianos, y la Desnarigada rondaba el palacio. +La veían los perros errantes, que aullaban a la luna.</p> + +<p>Y cuando sonó la hora, esa hora misteriosa del cuadrante de la +eternidad, otro ilustre moribundo, el general Serrano, anunció en +Madrid, a cuantos rodeaban su lecho:</p> + +<p>—¡El rey acaba de morir en el palacio de El Pardo!</p> + +<p>Y en aquel punto mismo, Alfonso dejaba de ser, en el palacete gris, con +caperuza de pizarra, mientras en el aire flotaba el último verso del +ingenuo romance infantil:</p> + +<div class="poem"> +<p> +<span style="margin-left: .5em;">«Cuatro duques la llevaban</span><br /> +por las calles de Madrid.»<br /> +</p> +</div> + +<p>¿Quién fué el arreglador de esta vieja canción que yo oí sonar en el +último acto de <i>Reinar después de morir</i>, llorando la muerte de doña +Inés de Castro? ¡El amor del pueblo ha hecho al rey galán y a la +princesa del palacio de San Telmo los esenciales protagonistas de este +poema eterno, que es como una oración ingenua del alma popular!</p> + +<div class="poem"> +<p> +<span style="margin-left: .5em;">«Rey dolorido y galante,</span><br /> +tu muerto amor juvenil<br /> +¡con qué tristeza aflorante<br /> +llora el romance infantil!<br /> +Princesina de leyenda,<br /> +te da el alma popular,<br /> +como una oración, la ofrenda<br /> +ingenua de su cantar.»<br /> +</p> +</div> + +<p>Así ha glosado un poeta de ahora el idilio adolescente del rey galán, +del rey chispero, del rey madrileño, el de las patillas manolas a lo +<i>Pepe-Hillo</i>, que supo de las locas farsas del Momo, en el castizo +Capellanes, y dejó cien leyendas de su breve reinado y se murió muy +joven, como una mustia lis heráldica, abrasado en una fiebre loca de +vivir una vida magnífica y emocionante.</p> + +<p>¡Puentecillo de El Pardo, por donde pasaba el príncipe de las leyendas +galanas! En las tardes vernales, doradas y olorosas, yo he evocado la +sombra del rey galán por estos jardines señoriales y estas montaraces +espesuras.</p> + +<p>Yo siento una honda simpatía por este príncipe y por esta época +exaltada, generosa, pintoresca, de un decadentismo elegante y escéptico. +Entonces, como ahora, había una gran pasión por los ídolos de la +tauromaquia, el arte nacional por excelencia. Frascuelo y Lagartijo +recogían en su joyante capote el último rayo del gran sol de la raza y +despertaban el único latido de la conciencia nacional. Y aun no había +surgido en el horizonte el espectro trágico, grotesco e infame del +desastre colonial.</p> + +<p>¡Dichosos los príncipes que viven en el corazón de su pueblo y cuya +memoria queda en romances que cantan los coros de niñas en los jardines +y en las plazas! Vale más ese culto poético y sentimental que todas las +gloriosas atrocidades bélicas, exaltadas por la Historia.</p> + +<p>¡Reyes de hierro, con corona esplendente cuyos laureles están manchados +de sangre, los niños de vuestros reinos no cantarán romances de vuestros +amores, en las floridas avenidas, cuando la primavera viste de novia a +las acacias!</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="La_plazoleta_de_los_fracasados" id="La_plazoleta_de_los_fracasados"></a><i>La plazoleta de los fracasados</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>S una de esas plazoletas melancólicas de un barrio solitario, rodeada +de bancos de piedra, que tienen un ambiente provincial, y sobre la cual +caen de vez en vez las lentas campanadas de las vísperas, con un +clamoreo ensoñador y místico. Tiene acaso un balcón florido que da la +amable sensación de una mano blanca de mujer, y también algún arbolillo +desmedrado y triste o una antigua fontana que vierte, hilo a hilo, la +dulzura de su monotonía.</p> + +<p>En la hora sedante del crepúsculo toma un aspecto severo y arcaico de +yerma ciudad castellana, que evoca el heroico redoblar del Romancero o +la sandalia de Teresa de Ávila, la celeste doctora, y vaga en su gran +paz un perfume antiguo de penas olvidadas y de encantos añejos.</p> + +<p>A este paraje apartado y romántico acuden todas las tardes los +melancólicos fracasados de todos los ideales, los soñadores de las +áureas apoteosis que han visto hundirse la leyenda de sus vidas en la +bahorrina de la vulgaridad, en el vacío de un vivir abrumadoramente +cotidiano.</p> + +<p>Se conocen de todos los días, galeotes de una misma cadena, sombríos +discípulos de un mismo maestro, el inmortal Dolor, y entre ellos se ha +hecho una suave simpatía consoladora. Hay un viejo militar invalidado la +primera vez que entró en campaña; él quizá tenía una visión homérica de +la vida, soñaba con el laurel del héroe, con el botín y la aventura, y +todo su ensueño fracasó en el momento inicial por la crueldad de una +bala perdida que le negó el triunfo de una bella muerte y le condenó a +arrastrar una hórrida y grotesca pata de palo, cuyo seco y monorrítmico +golpear es un irónico estribillo a la galana bizarría de su ideal +truncado.</p> + +<p>Después ha visto cómo se deslizaban sus días, sin ambición, monótonos y +fríos; en el alma, la honda amargura de las renunciaciones.</p> + +<p>¡Si al menos la bala me hubiera buscado el corazón!</p> + +<p>Y sus ojos se tornan hacia los años juveniles, florecidos de hazañas +imaginadas, en las que sonaban las trompetas de la Gloria.</p> + +<p>Llega después un hombrecillo torvo y desaliñado, tocado con un chapeo +raído que cubre su calva de santo, ancha y reluciente. Es un inventor +desgraciado.</p> + +<p>Había trabajado día y noche en su taller, renunciando a los holgorios de +la mocedad, al regalo de la hembra y a toda dulzura de los sentidos. +Empleó su pequeña fortuna en el trabajo y en el estudio, hasta obtener +una nueva máquina.</p> + +<p>Después comenzó el peregrinaje por las oficinas en pos de la soñada +patente, que era su riqueza futura, y al cabo de amargas andanzas se +mofaron de él, de su invento y de su calva, y los ujieres le echaron al +arroyo con vayas y sinrazones. En el café, en la calle, a solas con las +fementidas tapias de su mechinal solitario, peroraba con esa exaltación +de loco de los inventores. Y ya le oían impasibles, le brindaban +protecciones quiméricas o se le reían en sus barbas.</p> + +<p>—¡Ya ve usted, se burlaban de aquello que me había costado mi fortuna, +mi cerebro y mi juventud!</p> + +<p>Y cierra los ojillos grises y casi ciegos, tal vez para restañar una +lágrima.</p> + +<p>Luego, una arrogante mujer enlutada, con aires de gran dama, que saluda +con cierta gracia señorial. Tiene la belleza fuerte y calina de la +madurez; el luengo manto vela apenas su cara algo marchita, donde arden +los ojos negros con una llama de locura bella y eterna.</p> + +<p>Al comienzo todos la creyeron viuda; no era sino una virgen vetusta que +consumía su corazón y su virginidad en el ara de un ideal remoto e +imposible, como esas lámparas de la devoción que se extinguen +tristemente ante una hornacina olvidada. Allá en los verdes años de su +galana adolescencia, amó con bravura y firmeza de corazón a un bello +aventurero romántico y audaz, que se fué hacia las tierras fecundas del +sol, nauta de lo imprevisto, conquistador de la casualidad.</p> + +<p>Él dijo que volvería y ella le aguardó. Interrogó al horizonte todas las +mañanas; sintió caer todas las horas de cada día, todas las +desesperanzas de cada año, y el amado no volvió más. Pero ella le +esperará siempre, hasta que la muerte toque sus ojos con sus dedos de +niebla.</p> + +<p>Y cruza sus manos pálidas de monja sobre el raso litúrgico de su traje. +Manos transparentes y puras que parecen hechas para filigranar ex votos +de santos y capas pluviales; ojos fanatizados en torno de los que las +largas vigilias, huérfanas de besos, han florecido en sedeñas ojeras +violeta, como dos flores de fiebre y de locura; alma noble y extática, +donde el amor es una rosa casta e inmortal.</p> + +<p>Y cuando un soplo de brisa arrastra alguna hoja muerta, la viuda ideal +la sigue intensamente, quizá comprendiendo que la aproximación del otoño +tiene para ciertas almas un melancólico valor emblemático.</p> + +<p>Mas luego, entre otros que ocultan el secreto de su fracaso, arriba la +carátula ridícula y triste de un viejo farandulero. Aun recuerda con +llanto de regocijo los días buenos en que él fué don Juan y Manfredo, +Sullivan y Don Álvaro.</p> + +<p>Estos héroes le dieron el prestigio de su poder imaginario entre +bambalinas y oropel, y pusieron un poco de oro de leyenda en su vivir +menesteroso, a cuyas puertas solía llamar el Hambre con su puño +espectral. Después, el aguardiente y los años han abatido el tórax que +se irguió enorgullecido bajo la cota de acero de Ruy Díaz, se abatió en +curva claudicante en demanda de las dos pesetas, en esas lamentables +aulas de picardía y de dolor que están siempre abiertas en las aceras de +la corte.</p> + +<p>Y llegan otros, desarrapados y tristes inválidos de cuerpo y ulcerados +de corazón, inventores preteridos, soldados sin fortuna, viejas +meretrices, traductores, poetas vitaliciamente inéditos, todas las almas +en sombras, y los perfiles contorcidos de los fracasados del arte, del +amor y de la vida.</p> + +<p>Y gustan de esta solitaria plazoleta, que tiene un aroma antiguo de +lágrimas enjugadas, de flores secas y de dolores resignados, donde hay +un arbolillo triste y torcido y un balcón con flores, y en donde en la +hora dulce del crepúsculo suena acaso un piano tocado por una bella y +desconocida mujer, de lentas y melancólicas melodías, a las que las +almas en ruinas de los fracasados ponen tal vez la letra de su íntimo +dolor.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Las_paellas_de_un_revolucionario" id="Las_paellas_de_un_revolucionario"></a><i>Las paellas de un revolucionario</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">T</span>ODOS sabéis que Barriobero es un terrible revolucionario, un formidable +socavador del orden social. Durante mucho tiempo, su melancólica silueta +quijotesca ha sido la pesadilla de golillas y de ministriles. ¿Qué había +un mitin de cigarreras? Barriobero a la cárcel. ¿Que algún orondo +cacique se levantaba dispépsico? Metamos a Barriobero en chirona. La +tranquilidad del respetable vulgo reclamaba que el peligroso anarquista +estuviese siempre aposentado en el hosco palacio de la Moncloa. Y a +veces resultaba una admirable combinación económica para Barriobero... +porque en la calle, los comestibles habían decidido trasladarse a +Saturno.</p> + +<p>Este hombre tenebroso es una de las figuras más pintorescas de esta +época. Su nariz, en guisa de interrogación, bien merece un soneto +quevedesco o una de las loas que rimara Rostand en el <i>Cyrano</i>; su +melena, romántica y subversiva, flota como airón en las revueltas +populares, y es como el símbolo orgulloso de toda su vida. En las horas +de opulencia, Barriobero adorna su translúcida persona con un deleite de +«dandy». ¡Oh, qué admirables chalecos bordados, dignos descendientes de +las pomposas chupas del tiempo viejo, cortesano y galante! Estos +chalecos merecen por sí solos un apologista tan atildado y erudito como +lo fueron Barbey y Jorge Brummel. Pero, más que estos gloriosos +indumentos, rameados de oro, de azul, de rosa; más que sus pipas y su +melena, sobre sus discursos y sus libros, yo prefiero las paellas a la +valenciana de Barriobero.</p> + +<p>Porque este terrible revolucionario es un supremo artista en sus +paellas, señores míos. Yo uno a este suculento recuerdo un buen puñado +de episodios juveniles; mi estómago siente una onda sentimental al +evocar aquellos arroces, que eran como un paréntesis de encanto en medio +de aquellos días menesterosos, en que el más loco y bizarro mocerío +florecía en rosas de alegría e imprevisión.</p> + +<p>Por las noches, Barriobero traducía para Jorro o para Calleja; +despachaba un volumen—«católicamente» mutilado—en un par de sesiones, +y con las pesetas que esta labor de negro le producía, nos íbamos a +comer arroz, condimentado por sus manos largas, frías y pulidas de +cardenal galante, a un ventorro de los Cuatro Caminos.</p> + +<p>Y fué en aquellos días de lamentable supeditación al régimen suicida de +la media tostada, en aquella época de chicharrones en el figón de la +plaza del Progreso, de versos recitados a gritos en las calles +solitarias, de proyectos absurdos dictados por el Hambre, que hacía +funámbulas delirantes en nuestros caletres visionarios; fué entonces +cuando el editor Pueyo llegó a encargar a Barriobero que escribiese una +novela.</p> + +<p>—Hágame usted la novela de un repatriado, que se muere de inanición en +este cochino país, dominado por los jesuítas. Tome usted a cuenta estos +cuatro duros.</p> + +<p>—Pero eso va a resultar un sapo... Yo no siento ese asunto...</p> + +<p>—Pues, si no le conviene, se marcha enhoramala de la tienda, que tengo +mucho tajo. ¡Con esta baraúnda no se puede laborar!...</p> + +<p>Y la voz cavernosa de «Nietzsche», el cuñado de Pueyo—una especie de +Harpagón—, que interrumpe, con «ritornello» de «miserere».</p> + +<p>—¡Acabarán por arruinarte, Gregorio! ¡Acabarán por arruinarte!</p> + +<p>Barriobero acepta el encargo y los cuatro duros, y escribió la novela, +interesante y «documentaria», como él dice.</p> + +<p>Pero, ¡ah!, la factura de sus novelas será muy notable; mas no tanto +como la de aquellos arroces, dorados y humeantes, devorados fieramente, +bajo el alegre cielo madrileño, en amable cordialidad, en aquellos +buenos días que retornan del fondo de lo pasado perfumados de alegría y +de juventud.</p> + +<p>Perdonadme, respetables señores, estas fugas sentimentales y +pintorescas.</p> + +<p>Al contaros estas minucias, yo gozo reviviendo el encanto de los viejos +días, y me parece, además, que ningún hombre serio dejará de reconocer +el trascendentalismo de estas cuestiones de culinaria. Yo creo que si +Luis XVI hubiera convidado a comer a Marat, tal vez hubiera evitado la +Revolución francesa; las lentejas y el cocido cotidiano han hecho más +revolucionarios que todos los libros de Kropotkine.</p> + +<p>Así, pues, reconozco que Barriobero tiene talento, que tiene bellos +chalecos de terciopelo y una gran colección de pipas; confieso que es un +gran orador, un novelista sagaz y un famoso abogado. Pero yo, +francamente, le prefiero y le admiro mucho más como confeccionador de +paellas a la valenciana.</p> + +<p>¡Qué queréis! Soy un Aquiles vulnerable por el estómago.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="La_noche" id="La_noche"></a><i>La noche</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">L</span><span style="margin-left:-1.5%;">A</span> noche es la suprema aristocracia. La noche es una dama misteriosa, +como Ligeia, como Eleonora, las mujeres litúrgicas, transparentes y +ultraterrenales de Edgardo Poe. El día es un poco plebeyo con tanto +escándalo de sol, con tanta greguería ramplona.</p> + +<p>¡Noche! Viciosa querida bohemia, como una alta dama que va a la busca de +emociones raras entre los hampones y las busconas. Todos tenemos una +querida ideal, cuya mascarilla en vano buscamos entre las mujeres de la +tierra. ¡Un alma de mujer, como un cáliz de oro, donde verter el licor +musical de nuestro corazón en esas horas tristes en que la emoción se +desborda!</p> + +<p>La Musa de la Noche tiene para mí todos los magos prestigios de esa +amante suprema. En las altas horas las sombrastejen torbellinos de +alucinación en torno a mis pobres ojos, que se emborrachan de misterio. +La Musa de la Noche adquiere corporeidad para mí y se apoya en mi brazo, +en mis sonámbulas paseatas por la ciudad desierta, que tiene algo de +cementerio, con sus balcones cerrados, como nichos inquietantes.</p> + +<p>La siento levemente reclinada, muy levemente, como si llevase de mi +brazo a un fantasma. Va vestida con un amplio ropón de terciopelo negro, +y su cabeza es pálida, como el místico lirio de la luna. Sus ojos son +verdes, como pequeños océanos tumultuosos, y tienen verdes ojeras como +el licor emponzoñado con que la luna hace cantar a sus ahijados en los +trágicos manicomios. ¡Los ojos de la Noche!</p> + +<p>¡Los ojos de la Musa de la Noche! Ellos le dan su trágica llamarada de +lujuria a esos rostros de clownesa que muequean en las encrucijadas del +pecado.</p> + +<p>La Dama de la Noche es voluptuosa y trágica, y junta el placer y el +crimen en una onda de sensualidad. Tiene el alma de Lucrecia Borgia, +exquisita y abominable. Ella aconseja a los rufianes que asesinen a las +rameras, después de amarse dolorosamente, en las zahurdas tenebrosas, +para que ría el Diablo, padre de las rameras y de los asesinos.</p> + +<p>La Dama de la Noche entiende las palabras misteriosas que susurran en el +fondo de mi alma, sin asomar jamás al labio. Son palabras de un idioma +lleno de amor y de eternidad, y ella me dicta versos en ese lenguaje +divino, con símbolos imperecederos. La Musa de la Noche sabe la cifra +del amor, del dolor y del misterio, y me inicia en sus ritos +sobrehumanos, mientras los otros hombres—los hombres sanos que viven de +día—duermen en un grotesco amontonamiento de carnaza, como cansadas +bestias sin horizontes en el pensamiento. Y también sin el exquisito +tormento de la Poesía.</p> + +<p>La Bohemia Nocturna lleva una corona de estrellas sobre el cabello +negro, negro como el ala del cuervo que canta «¡Nunca más!», en el poema +del Dolor de las almas. Sus manos son de marfil transparente, como los +dedos de niebla de las Parcas, y toda ella tiene un perfume vago de +azahar y de adelfas y de incienso. El Amor, el Dolor y el Misterio.</p> + +<p>La querida del Misterio me ofrece la flor de locura de su boca, cuando +todos duermen, y lleva la hostia de la luna, como un florón luminoso, +sobre su cabellera de sombras. Es la musa galante que dió el brazo al +pobre Paul Verlaine, cuando iba por las calles del viejo París como un +<i>pierrot</i> destrozado, borracho de ajenjo y de melancolía. Ella es la que +hace sonar las viejas campanas con una solemne armonía orquestal: las +campanas magníficas de voces de oro, que tienen un alma antigua y +misteriosa, cantan el poema de las vidas que empiezan, de las vidas que +acaban, de la alegría y del dolor de los hombres. En torno a los viejos +campanarios, que parecen de plata bruñida en el plenilunio, la Noche +dirige la danza de las Horas, vírgenes inquietantes, en cuya danza +interviene, como concertador irónico y dramático, el Destino, que cambia +el compás de las vidas vulgares de una manera trágica o grotesca.</p> + +<p>La Dama de las Sombras coquetea con los siete Mancebos del Pecado, que, +por sus ojos verdes, andan a estocadas en las desiertas callejuelas. +Pero ella me prefiere a mí, pobre poeta nocturno y lunático, y me da su +boca amarga y sus senos magníficos de dogaresa artista, sensual y +dramática. Ella me ama, porque sus palabras, preñadas del sentido de la +Vida y de la Muerte, riman muy bien con la armonía secreta de mi +corazón. Y en las encrucijadas del Horror, de la Duda, donde acechan los +buitres de la Estupidez y de la Ignorancia, ella alumbra mi pobre carne +triste y sensual con la lámpara celeste de óleos aromáticos que lleva en +su diestra marfilina. Porque la Musa de la Noche enciende en nuestros +epitalamios el lampadario inmortal de la Belleza. Y la pobre carne se +transfigura cuando ella trae en la mano el lirio del más allá, el lirio +del Misterio y de la Poesía, como una celeste Anunciación para el +espíritu, hundido en la carroña igual que en un abismo.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Un_viejo_cafe_galante" id="Un_viejo_cafe_galante"></a><i>Un viejo café galante</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>S un viejo café donde antaño se reunían los ingenios más famosos de la +época. En una mesa, cuyo mármol está ya azulenco, trazó sus estupendas, +impresionantes y abrumadoras farsas novelescas aquel Ortega y Frías que +ha sido el educador sentimental y el enloquecedor de las fantasías de +tantas ingenuas y sensitivas muchachitas, y cuyos imprevistos episodios +de maravilla han puesto en estas pobres vidas vulgares un poco de oro de +leyenda.</p> + +<p>En un rincón estuvo la pequeña capilla literaria cuyo pontífice fué el +magnífico don Manuel Fernández y González. Allí escribió <i>El cocinero de +su majestad</i>, y allí acudió la última noche antes de emprender el gran +viaje...</p> + +<p>Las dos amplias salas de este viejo café de la Luna tienen el mismo +aspecto de aquellos días. Los espejos, velados tristemente por la pátina +de los diez lustros, parece que conservan como un vago reflejo de +ensueño, rostros confusos y siluetas de lejanas personas desaparecidas, +repetidas de uno en otro, infinitamente, en los cristales, como un +cortejo de alucinación. En el ambiente flotan hálitos de vidas remotas, +cadencias de músicas antiguas, y como un fantasma de sonido, susurros de +voces lejanas que tiemblan en el aire con quimérica, muda vibración. +Algo espectral y desvanecido que da una vaga y misteriosa sensación de +presencia.</p> + +<p>En las tardes solitarias de estos últimos años, en que el alma antigua +de este café parecía encantada, y el tedio tejía sus melancólicos +telares, tal vez de la penumbra propicia surgían claras risas y frescas +voces juveniles. Y era que los enamorados ocultaban su amor como un +pecado entre la umbría protectora, ingenuas obreritas un poco +sentimentales, pomposas matronas que enloquecen con su gracia picante y +su intensidad crepuscular—que ponen tanto fuego en la aventura, porque +temen que aquélla puede ser su despedida al amor—, princesas de la +Casualidad, juntamente con sus varios cortejos, ponían una nota +encantadora en parajes como éste. ¡Los cafés solitarios y galantes! +Peláez, la Universidad y los gabinetes coquetones del Habanero, ¡qué +malignas y deliciosas historias de un momento pudieran relatarnos!</p> + +<p>Pero he aquí que un fresco aire de fuera ha venido a renovar el ambiente +de este viejo café de la Luna, donde yo pasaba mis tardes gozando del +placer de no hacer nada, placer digno de un Papa, y trazando a las +veces—raro suceso—sobre la cuartilla, mis tristes o apacibles devaneos +sentimentales. ¡El lugar era tan solitario y tan evocador! Pero la +ignara turba ha invadido <i>mi mesa de despacho</i> en pos de un raro +acontecimiento femenino y musical. Claro es que esta turba hombruna +llega, más que por el deleite artístico, atraída por el olor de la +hembra; prefieren estos sátiros un grácil escorzo o la insinuación +anfórica de la cadera a un nocturno de Chopín, y la línea de un busto +bello a una melodía de Borodine... Y es posible que estos sátiros tengan +razón.</p> + +<p>¡Cómo sentirá esta invasión de la muchedumbre el viejo erudito de todas +las tardes! Llegaba con su raro volumen, tal vez un incunable, aseguraba +sus anteojos, preparaba su cuaderno para apuntar las citas y las +curiosidades y luego se mecía en un sueño seráfico hasta que encendían +las luces. ¡Pobre erudito, ahora tendrás que irte a otro viejo café a +dar cabezadas sobre tu incunable!</p> + +<p>Tal vez habría tomado cariño a la mesa de su rincón, y este cambio +trunque tristemente su vida... A veces un suceso sencillo, +insignificante, la pérdida de un perro, de un paraguas o de una mujer, +deja en nuestro espíritu la desolación de una catástrofe.</p> + +<p>Y como por esta intrusión han encendido los focos, las parejas amantes +también han huído en busca de otro retiro penumbroso que proteja sus +risas, sus confidencias y el encanto de su amor, otro lugar solitario +para ocultar su felicidad como un pecado.</p> + +<p>Y es el motivo que han llegado unas señoritas napolitanas a hacer +música, tarde y noche, y la gente invade la sala entre un estrépito de +cucharillas y platillos y una greguería grotesca y plebeya.</p> + +<p>Yo he descubierto la mixtificación: estas <i>virtuosas</i> no son +napolitanas; la dulce musicalidad de esta palabra sirve de reclamo para +ese eterno alucinado que se llama <i>público</i>. Pero ¡qué importa! Ello es +que las manos lindas y blancas arrancan bellas melodías de las cuerdas +de los violines y que una hermosa cabeza de diablescos ojos moriscos y +negra cabellera, como una exótica flor rizada, se inclina graciosa sobre +el puente del violoncello. Y el prestigio hechicero de la carne de la +mujer hace temblar el beso en todos los labios.</p> + +<p>La mujer artista, la triunfante mujer que se exhibe ante un público en +medio de artístico artificio, es secretamente amada con un deseo +delirante. Las heroínas de comedia, los astros de <i>folies bergères</i> han +inspirado enormes pasiones y sus enamorados han llegado hasta el +matrimonio, saltando por todos los obstáculos sociales y resignándose a +no hallar ningún obstáculo en la noche nupcial. Porque la carne +perfumada y blanca, entre las sedas, el oropel y tanta bella mentira, +tiene un magnetismo irresistible.</p> + +<p>Esta orquesta femenina a veces ejecuta cosas agradables; otras, adula al +público tocando lo que está al alcance de su menguada cultura artística. +Tal vez los violines cantan la frase de tanto éxito de <i>El anillo de +hierro</i>:</p> + +<p class="c">«Ven, Rodolfo, ven, por Dios.»</p> + +<p>Y asoman lágrimas de emoción a los ojos de las matronas románticas, que +se saben de memoria los versos de <i>Flor de un día</i> y hacen soñar a estas +pálidas burguesitas que van a los cafés las noches de domingo y en cuyas +vidas pobres y monótonas el encanto de la música pone una dulce hora +sentimental.</p> + +<p>Son esas muchachas suavemente tristes, humildes y resignadas, que tienen +ojeras muy hondas y pobres manos santificadas por el culto heroísmo de +la lucha diaria: que van tocadas con gráciles sombreros y vestidas con +una coquetería un poco triste por lo usado y deslucido del atavío. +Conmovedoras y humildosas vidas grises a las que una fiera sátira sin +corazón ha llamado cursis, y que, al invocar a Rodolfo los violines, +ellas también le invocan con toda la ternura de su alma, y la figura del +galán tiene en su fantasía todos los áureos prestigios de un príncipe +milagroso de leyenda.</p> + +<p>Y por eso sus ojos tienen cercos tan profundos y su boca esa mueca de +melancolía: porque los días huyen, huyen... ¡y Rodolfo no llega nunca!</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Perfil_de_tragicomedia" id="Perfil_de_tragicomedia"></a><i>Perfil de tragicomedia</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">M</span>I querido cofrade D. Amaranto Peláez es un virtuoso covachuelista, muy +digno de una hornacina en el martirologio moderno. Su cuerpecillo, magro +y desvencijado por el diario chocar con los esquinazos de la miseria, se +guarece en un chaquet ribeteado de trencilla, de un negro desvaído, al +que las virtudes de constante pulcritud de su dueño han dado un +magnífico brillo que miran envidiosos los puños deshilachados y la +tirilla restaurada con tiza, por el buen parecer, el día en que Su +Excelencia tiene la bondad de llamarle a la firma. Porque podemos decir, +para orgullo de D. Amaranto, que él es el alma del negociado.</p> + +<p>Sus calzones, en guiñapos, lucen pintorescos festones sobre los +zapatos; sin herretes y sin trencillas, y su chapeo ha soportado las +lluvias de cinco inviernos; y su <i>carrick</i> el rigor de cincuenta +ventiscas.</p> + +<p>Don Amaranto llega invariablemente a la oficina a las ocho de la mañana; +se calza sus manguitos, se toca con un bonetillo la calva de santo, +ancha y reluciente, y silencioso, con una tristeza mansa y resignada, +trabaja hasta las dos, en que el ujier trae el parte de salida.</p> + +<p>En ese momento, D. Amaranto se torna a su casa. ¡Es la hora de comer! +Pero como él no es sino un humilde auxiliar de la clase de quintos, «eso +de comer» a ciertas alturas mensuales, generalmente no pasa de ser una +hipérbole absurda.</p> + +<p>Y en esas horas amargas, D. Amaranto llega a su mezquino mechinal, donde +le aguarda su mujer, triste, enferma y mal vestida, y cuatro niñacos, +como cuatro ruinas, en cuyos ojos candorosos, al mirar tan desolada +pobreza, hay quizá un poco de recriminación hacia los que en un momento +de lujuria ciega les trajeron a una vida tan sórdida, tan cruel y tan +miserable. Nadie le pregunta nada. Entre ellos no se cambia un solo +vocablo, aunque el fogón esté apagado y nunca llegue la hora de poner la +mesa. Y es que los sin ventura están resignados a no comer, mejor dicho, +han perdido la saludable costumbre de comer. Estas vidas están +sepultadas en el «in pace» de todas las renunciaciones.</p> + +<p>En cierta ocasión me decía la señora, con una sencillez más que trágica:</p> + +<p>—Se nos han muerto tres hijos: Luisín, porque el médico, a quien +debíamos algún dinero, no quiso venir. ¡Julito y Nita, de hambre!</p> + +<p>¡De hambre, sí! ¿No os parece una horrible ironía que puedan morirse así +dos criaturas al borde de una gran ciudad cristiana? Pues sucede, y la +conciencia social no se estremece; y la vida sigue su curso, y mi +querido cofrade, el virtuoso D. Amaranto, no sintió en su alma un +latigazo de rebeldía. Porque el Sr. Peláez es, ante todo, un hombre de +orden.</p> + +<p>La señora de Peláez ha sido una bella mujer: tenía unos lindos ojos +negros, un seno matronil y unos dientes blancos, iguales. Ahora es una +melancólica ruina; la miseria, como un cruel vampiro, ha devorado su +belleza y su juventud. Días pasados me contaba tristemente, con cierta +macabra coquetería:</p> + +<p>—¿Ve usted estos dos dientes de arriba? Pues se me están cayendo... de +anemia.</p> + +<p>Y la veo partir con su taima ridícula y vieja, que cubre los estragos +del tiempo en su raída vestimenta; amoratadas las manos, que fueron +finas y aristocráticas; metidos los pies en unos burdos zapatones; +abatida al peso de su juventud fracasada, de toda su vida, obscura, +truncada, deshecha.</p> + +<p>El cuerpecito grotesco y desmedrado del ecuánime covachuelista ha sido +suculento festín de usureros; D. Amaranto sabe bien la amargura de ver +su ajuar de titiritero en medio del arroyo; conoce la bárbara cacería +que sobre su personilla realizan mensualmente el panadero, el tendero, +el carbonero. Los mozos de café son también para el Sr. Peláez una +horrible pesadilla, y no supongáis que adquirió esas deudas por vicio de +gula ni regalo de sus gustos. Las noches de invierno son tan largas, el +hogar desmantelado tiene un alma hostil que arroja de su seno, y en el +café hay un ambiente tan suave y regalado, hay tanto derroche de luz, el +piano pone una hora de encanto y de melodía en las voluntades +resquebrajadas por la pobreza. Además, el café con media tostada tiene +cierta apariencia de cena... claro que la apariencia nada más; significa +quedarse sin cenar... decorosamente.</p> + +<p>Y digámoslo en elogio de D. Amaranto, ¡jamás, ni en los días de +bochornoso desahucio, ni en el asedio africano de sus acreedores, ni +cuando tenía un hijo muerto, sin monedas para la inhumación; ni en las +horas en que la señora de Peláez deliraba en el fementido camastro, loca +de tristeza y de hambre, jamás D. Amaranto hubo de faltar a la oficina! +¡Oh, brava alma que rima con el balduque, que armoniza con el papel de +oficio, por estar tan bien templada en el fuego de las virtudes +administrativas, bien mereces una estatua, con tus manguitos y tu gorro, +sobre un pedestal de expedientes y de minutas!</p> + +<p>¿Me preguntáis si D. Amaranto Peláez tiene realidad? Sin duda, amigos; +tiene la relativa realidad traslúcida y enfermiza que le permite su +mesada ridícula; pero existe, y se llama así, y es mi querido y +moribundo cofrade.</p> + +<p>Y lo más lamentable es que D. Amaranto es un hombre representativo. Su +perfil trágicocómico muequea cotidianamente en el retablillo de la +triste y grotesca clase media.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="Santalo" id="Santalo"></a><i>Santaló</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">L</span><span style="margin-left:-1.5%;">A</span> picaresca clásica, erudita, aventurera y gallofa se funde con la +bohemia literaria, pedigüeña, trotacalles y sentimental, y nace el tipo +del «piruetista» entre poeta y pícaro, filósofo y desarrapado.</p> + +<p>La cofradía de «piruetistas», de «operadores», de «navegantes de la +Puerta del Sol», está compuesta principalmente por los jóvenes +envenenados por la literatura, que llegan de las provincias a la +conquista de Madrid. La literatura es como la trágica sirena de las +baladas germanas, y los pobres nautas se hunden en el fondo del mar por +haber escuchado el sortilegio de su canto. Sólo que nuestros nautas +naufragan en seco, sobre el asfalto de las calles, en los figones +absurdos y en los hórridos hostales. A la caza de las rimas sustituye +muy pronto la pesca de las dos pesetas o del café con media tostada, ese +seudoalimento tan literario. El veneno de las letras es más fuerte que +la morfina, que el éter y que el alcohol. El que emprende esos trágicos +derroteros, o triunfa o se muere. Casi nunca se adapta a un ambiente +mediocre, metódico o «burgués».</p> + +<p>Antonio Santaló era un muchacho cordobés que iba a verme al café y a +quien solía encontrar, como una sombra, en la Puerta del Sol, muy de +madrugada, a esa hora terrible de los que no tienen un puñadito roñoso +de calderilla para ir a dormir a casa de <i>Han de Islandia</i> o a los +sótanos de la Peña de Francia, los hoteles de cincuenta céntimos, donde +se guarecen los buscones, los poetas pobres y los rateros. Santaló era +muy inteligente, muy culto, y tenía voluntad. No triunfó porque ni +siquiera pudo vivir. La Casualidad, que vela por los aprendices del +Arte, no se cuidó de él. Los bohemios viven a pesar de los restaurantes +donde suelen ir a comer y de las yácijas donde suelen ir a acostarse. +Baroja dice que el triunfo literario consiste en la resistencia del jugo +gástrico. Hay que transigir con las albóndigas de perro y con ciertas +chuletas de celuloide que conocen a varias generaciones literarias.</p> + +<p>El frío de las noches, al asalto de los céntimos para la cama, la comida +que se retrasa... dos o tres días, la pobreza en el traje y el dolor de +la pobreza en el alma han asesinado al pobre amigo Antonio Santaló. No +ha escrito un drama ni un poema que decoren su memoria. Artículos de +periódico olvidados en seguida, traducciones que firmó otro o que acaso +no firmó nadie. La sirena de la Puerta del Sol se tragó su espíritu +antes de que la Desnarigada, que tanto quiere a los poetas y a los +artistas pobres, le estrujase el corazón, en el silencio helado del +hospital, entre hedor de calentura y de medicinas. Aquel pobre corazón +hipertrofiado, que como un trágico reloj contó las horas del hambre, del +abandono y de la lucha grotesca y terrible para buscar un poco de +calderilla, a las cuatro de la madrugada, iba como un polichinela roto, +dando tumbos por las encrucijadas de la miseria.</p> + +<p>Hace algunos meses Santaló estaba contento. Dormía todas las noches y +comía fijamente tres días a la semana. ¡La vida era fácil!</p> + +<p>Con un espíritu tan contentadizo, Santaló era digno de haber triunfado. +Tenía del dinero una idea demasiado hiperbólica. Poseyó un sombrero azul +pálido que era una sima de arbitrariedad junto a los hongos ramplones y +los frégolis de tenor cómico.</p> + +<p>—Yo le había tomado cariño. Quería conservarlo como recuerdo de la +«vorágine»; pero un día <i>necesité dinero</i>... y lo vendí por tres perras +gordas.</p> + +<p>¿Verdad que este ingenuo concepto del dinero es conmovedor? Entre el +hampa literaria Santaló fué siempre un caballero de la Tabla Redonda. +Fué un bohemio, pero no hampón. Y esto tiene mucho mérito, viviendo en +plena calle, con hambre y con dolor, entre gerifaltes de la pirueta que +aprenden la picardía en las aulas de la necesidad.</p> + +<p>Los caballeros de La Noche, de la Media Tostada y del Salto Mortal viven +una vida desastrosa entre paradojas y algún soneto que otro, no muchos, +porque la bohemia estropea el estómago y dispersa las rimas como una +bandada de pájaros quiméricos.</p> + +<p>Yo podría hacer una lista negra de estos espíritus ilusos, devorados por +el monstruo encantador de la literatura. ¡Intrépidos comedores de +musarañas, que sois mis amigos antiguos, que habéis vivido a la sombra +de la literatura—pipas, melenas y chalinas—y que vais cayendo poco a +poco por el escotillón macabro del hospital! Yo siento hondamente +vuestra tragicomedia, oh, gran Losada, el músico genial y salvaje; +Barrantes, el de la carátula de pesadilla; Alberto Lozano, rubio y +señorial como un príncipe, y vosotros también, Dorio, el audaz; Pujana, +el intrépido; Roldán, el preciosista, que tiene una enorme sed que sólo +se calmará cuando <i>Ella</i> le llene de tierra la boca; vosotros, que al +caer un hermano de esta cofradía de dolor y de absurdidad, acaso +tembléis viendo que todo el entusiasmo de vuestra juventud está +compensado por un lecho de hospital y un montón de polvo, sin nombre, en +un osario. ¡Y vosotros que soñabais precisamente con la Gloria, y que +porque la gente leyese vuestra firma al pie de unas líneas impresas, lo +sacrificabais todo! ¿Veis qué broma final tan sangrienta? Es una verdad +que os hubiera parecido mentira en los ilusionados comienzos, allá en +vuestro rincón provinciano, antes de caer en la Puerta del Sol entre las +garras de la Bohemia, la sirena que devora el corazón y el cerebro de +sus amantes, en unión de la miseria, entre alegres paradojas y +peligrosas funambulerías en la cuerda floja de lo imprevisto.</p> + +<p>Estos bajos fondos literarios disfrazan con metáforas pintorescas su +dolor; el dolor de los que no han sabido decir lo que llevaban dentro... +o lo que creían que aleteaba bajo su frente: el dolor de los artistas de +corazón que han fracasado en la Puerta del Sol, agarrotados por la +necesidad. ¡El dolor de la literatura, de los ex literatos, de los +hampones pintorescos, de los buscadores de calderilla, como sombras, +entre la penumbra de las calles, a la madrugada! ¡Pobre Santaló! Ya no +tendrás que buscar los céntimos para la cama, mientras tu corazón latía +penosamente como un viejo reloj desquiciado.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="La_capa_bohemia" id="La_capa_bohemia"></a><i>La capa bohemia</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>L primer caballero que se terció esta capa para andar de aventuras y +amoríos fué el gran Villón, el padre de la lírica francesa. Y el +glorioso tabardo sufrió el rigor de todas las ventiscas y la lluvia de +todos los inviernos, y se ungió de ideal errante bajo el plenilunio en +la Corte de los Milagros, tejiendo besos y rimas con la ramera ardiente +y propicia, de quien decía el poeta que era su <i>Rayo de luz</i>. La capa de +Villón, como la capa, de Mañara, sabe de madrigales y caricias, en las +encrucijadas del viejo París.</p> + +<p>Ha visto cómo se desnudaban los aceros, cabrilleando en la sombra, bajo +la plata mística de las estrellas, buscando bravamente el corazón por el +encanto de un soneto.</p> + +<p>La capa de Villón paseó por los salones de los obispos, y de entre sus +remiendos y corcusidos surgió la mano exangüe del bohemio para tomar la +limosna de doce sueldos por una loa a <i>Notre-Dame</i>, y los labios que +mordieron los labios de las rameras besaban unciosamente la amatista +episcopal. Y la capa ungida de poesía y de dolor rodó una mañana por las +escalerillas del patíbulo. Porque habéis de saber que el primer poeta de +la bohemia estuvo a punto de ser ahorcado por ladrón.</p> + +<p>He aquí su gloriosa ejecutoria: una capa caída, la cuerda del ahorcado y +una boca lasciva de ramera, como flor ponzoñosa de lujuria. Sin embargo, +muchos académicos han metido la garra en el tesoro de Villón, sin +peligro de cuerda. ¡Nefandos viceversas de la señorita Themis!</p> + +<p>La capa bohemia, posteriormente, ha envuelto a muchos desgraciados +superiores. Fué la fiel camarada de Edgardo Poe, aquella alma rara que +oía voces del cielo, de la tierra y también del infierno, y le sirvió +de sudario en su última y trágica borrachera en las calles de Baltimore. +Baudelaire, el solitario, hizo de su capa torre de marfil que le aislaba +del vulgo de malos poetas, de periodistas hueros y vanidosos, de +cretinos equilibrados. La capa de Verlaine rodó por las tabernas y por +los hospitales, y aquella capa de mendigo es ahora venerada como la +bandera de la Francia espiritual.</p> + +<p>¡Capa de la bohemia! Tú, que has cubierto tantas horribles +tragicomedias, que has sido tan calumniada por los tontos de todos los +tiempos, de todos los países. Tú, que has paseado tantos sueños y tantas +hambres, bajo la luna, en las noches sin casa, que conoces tantas +lágrimas de tantas crueldades, de tantas injusticias, que has visto el +horror de las tabernas cuando todos están borrachos y entonan los +lúgubres salmos del <i>delirium tremens</i>, mientras en el espacio gira el +anillo de Saturno, nuestro fatídico padrino.</p> + +<p>La capa bohemia supo las gallardías de Espronceda en su buena época +romántica, antes de destrozar su leyenda con aquel fementido discurso +sobre las lanas... Pelayo del Castillo, Eduardo del Palacio, Manuel +Paso, Pedro Barrantes, sabían del encanto de la capa bohemia, que entre +nosotros tiene también el desgaire de la capa manolesca.</p> + +<p>Y ¡Alejandro Sawa!...</p> + +<p>Glorioso emperador de la bohemia, del gesto amplio y magnífico como +Hugo, ciego como Milton, altivo y suntuario como un dios, con la cabeza +en las nubes y el corazón en la hoguera del amor y del dolor de la +Humanidad. En Alejandro Sawa la capa bohemia era manto pluvial, capa +pontifical, manto de púrpura, clámide y aureola. Alejandro fué la +suprema consagración de la capa bohemia.</p> + +<p>La capa de la bohemia es la aristocracia incomprendida de los vulgos, y +nunca como ahora, en este momento, es anacrónica y absurda. Es el gesto +bravío ante la mueca horrible de la miseria, el rictus de desdén ante +los artículos de fondo y demás cosas sin alas, sin gracia, sin +espíritu.</p> + +<p>La capa bohemia se burla de los libros de caja, de la mentalidad del +tendero, de la sensibilidad chirle de los malos poetas. La capa bohemia, +sobre toda la prosa, sobre todo el horror de las horas vulgares, es el +pájaro azul.</p> + +<p>Es la bella locura del ideal. Ved de cuál gentilísimo linaje +aristocrático es el manteo con que cubre su clorosis y sus espaldas +desnudas la señorita Bohemia.</p> + + + +<hr /> +<h2 class="cap"><a name="La_capa_de_mendigo" id="La_capa_de_mendigo"></a><i>La capa de mendigo</i></h2> + + +<p class="n"><span style="float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;padding-bottom:1px;">E</span>N los viejos tiempos católicos y caballerescos, el mendigo era hermano +del mismo rey. Tenía una altivez hidalga, y llevaba al cinto el bote de +la guiropa, y arrastraba su tabardo harapiento con el orgullo de un +manto real.</p> + +<p>—Buscad vuestros pobres en otra parte, que yo no puedo volver—hubo de +decirle un mangante a un caballero que no halló a mano una moneda que +darle.</p> + +<p>Recibían la limosna con altanería. El mendigo estaba ungido por las +palabras del Rabí, y creían de buena fe que beneficiaban a sus donantes, +pues así edificaban su ánima por la caridad. Les hacían la merced de +dejarse dar limosna.</p> + +<p>Una tarde paseábase por las Platerías un hidalgüelo gabacho, cuando le +asaltó un mendigo de nobles barbas blancas y aspecto distinguido. +Dolióse el hidalgüelo y quiso darle unas monedas sin humillarle.</p> + +<p>—Sírvase llevarme este cartapacio hasta mi posada y le daré un escudo.</p> + +<p>—Libre es vuestra merced de darme o no limosna—gritó solemnemente el +pedigüeño—; pero no consiento que se me trate como a un criado—. Y le +volvió la espalda con desdén.</p> + +<p>El mendigo es libre como el aire y ama su libertad sobre toda holgura y +acomodo. Es de un individualismo rabioso: le place más rascar sus +liendres al sol en medio del arroyo, que aprisionarse en el régimen un +poco frío de las Casas de Caridad, donde, además, tienen que aguantar la +férula religiosa.</p> + +<p>Al rancho metódico prefieren la guiropa en la alegría de las solanas, de +sabrosa y picara parla con sus hermanos de cofradía. Y mejor que los +lechos iguales y helados, con algo de cuartel o de hospital, les sabe +más gustoso apretujarse en la escalerilla de Cuchilleros. Ante todo, +hacer lo que les dé la real gana, y después Dios proveerá...</p> + +<p>Es estéril toda iniciativa contra la mendicidad: es como una costra del +alma española, que no curan los bandos de ningún corregidor. España es +un país de pirueta, de azar y de aventura, y los mendigos son una rancia +y pintoresca representación. En la patria de los pedigüeños, donde todos +somos un poco mangantes, el mendigo es perfectamente respetable. Hay en +nosotros un sabroso anhelo de tomar el sol tranquilamente, esperando el +milagro del pan y de los peces en forma de destinejo oficial o de +«combinación» lucrativa. En un pueblo de trabajo, de ideales, de ciencia +y de arte, la mendicidad es un tumor repugnante, como también es +criminosa la existencia del noble juego de la Lotería. Pero nosotros +encendemos luminarias a la diosa Casualidad, convencidos de que vivir +del esfuerzo personal es una utopía.</p> + +<p>Un mendigo vive mejor que un pequeño covachuelista, y de sobra más +holgadamente que un obrero. En una tarde de «trabajo», cualquier mendigo +un poco acreditado saca de ocho a diez pesetas, es decir, el sueldo de +jefe de tercera de cualquier negociado, y no tiene que aherrojarse en la +covachuela, ni ponerse los manguitos, ni tocarse con un gorrito absurdo.</p> + +<p>El mangante tiene un castizo abolengo, y nuestros contemporáneos lo son, +más que por necesidad, por imperativo de la casta, por una enorme fuerza +de atavismo.</p> + +<p>¡Oh, capa de mendigo, santificada y evangélica, altiva como la del mismo +rey! La que pasó flotante por las páginas de la picaresca del Siglo de +Oro; la que vemos hoy en las solanas, a la puerta de los cuarteles, o, +como una visión goyesca, en las escalerillas de Cuchilleros, mientras +suenan cantarinas las fuentecillas de la Plaza Mayor. Debajo de tus +harapos hay un jirón del alma española, aventurera y andariega, castiza +y soñadora.</p> + +<p>Capa de los mendigos juglares que van por las aldeas, tabardos que +cobijan a los fingidos paralíticos, que desgranan el rosario de sus +cuitas y se arrastran al sol lo mismo que gusanos; manos pedigüeñas, +perfiles costrosos, pupilas sin luz, que sois las clásicas figuras del +viejo retablo, tenéis una jocunda poesía antañona que en vano quieren +borrar los graves varones y las nobles damas de Concejos y de piadosas +Hermandades.</p> + +<p>País de pirueta y de lotería, donde reina lo imprevisto, y la aventura, +y salto mortal; donde el Arte y la Ciencia son pordioseros, donde se +mendiga todo, desde la bicoca política hasta el duro pan proletario, +donde el esfuerzo personal no da derecho a esperar nada, ¿con qué +autoridad queremos suprimir la mendicidad pintoresca? ¿No os parece que +toda España va envuelta en una capa de mendigo?</p> + +<hr /> + + +<h2>EDITORIAL FORTANET</h2> +<table summary="ads" cellspacing="5" cellpadding="1"> +<tr><td> </td><td align="right" style="border-bottom: 1px black solid;">Pesetas.</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Georges Rodenbach</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Brujas, la muerta</b></span> (traducción de <span class="smcap">Andrés Guilmain</span>)</td><td align="right" valign="bottom">2,00</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Emilio Carrère</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>La copa de Verlaine</b></span></td><td align="right" valign="bottom">1,50</td></tr> +<tr><td align="center" colspan="2">EN PRENSA</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Antonio de Hoyos</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Las lobas de arrabal</b></span> (novela)</td><td align="right" valign="bottom">3,50</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Emilio Carrère</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Las mejores poesías de Emilio Carrère</b></span><br /> +<span style="margin-left: 4em;">(edición de lujo)</span></td><td align="right" valign="bottom">3,50</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Fernando Mora</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Los hijos de nadie</b></span> (novela)</td><td align="right" valign="bottom">3,50</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Villieres de l'Isle Adam</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Cuentos crueles</b></span> (traducción de A. <span class="smcap">Marco</span>).</td><td align="right" valign="bottom">2,00</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Pedro Luis de Gálvez</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Los sonetos y la canción de la Muerte.</b></span></td><td align="right" valign="bottom">1,00</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Verlaine</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>Poemas</b></span> (Traducción de E. Puche)</td><td align="right" valign="bottom">2,00</td></tr> +<tr><td><span class="smcap">Ramírez Angel</span>:<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><b>La villa pintoresca y sentimental</b></span></td><td align="right" valign="bottom">1,50</td></tr> +<tr><td> </td><td> </td></tr> +<tr><td colspan="2" align="center"><span style="margin-left: 1em;">Y</span> otras obras de <span class="smcap">Álvaro Retana</span>, <span class="smcap">Fernández<br />Flórez</span>, <span class="smcap">Camba</span>, <span class="smcap">Barriobero</span>, +<span class="smcap">Valero Martín</span>, <span class="smcap">Hernández<br />Catá</span>, <span class="smcap">Ortiz de Pinedo</span>, <span class="smcap">San José</span>, <span class="smcap">E. Puche</span>, +<span class="smcap">Trujillo</span><br />y otros escritores de nombre prestigioso.</td></tr> +</table> + +<hr /> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La copa de Verlaine, by Emilio Carrère + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA COPA DE VERLAINE *** + +***** This file should be named 23239-h.htm or 23239-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/3/2/3/23239/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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