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+The Project Gutenberg EBook of Peñas arriba, by José María de Pereda
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Peñas arriba
+
+Author: José María de Pereda
+
+Release Date: January 2, 2008 [EBook #24127]
+[Last updated: February 3, 2019]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEÑAS ARRIBA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
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+
+Peñas arriba
+
+_José María de Pereda_
+
+
+
+
+Dedicatoria
+
+_A la santa memoria de mi hijo Juan Manuel_
+
+Hacia el último tercio del borrador de este libro, hay una cruz y una
+fecha entre dos palabras de una cuartilla. Para la ordinaria curiosidad
+de los hombres, no tendrían aquellos rojos signos gran importancia; y,
+sin embargo, Dios y yo sabemos que en el mezquino espacio que llenan,
+cabe el abismo que separa mi presente de mi pasado; Dios sabe también a
+costa de qué esfuerzos de voluntad se salvaron sus orillas para buscar
+en las serenas y apacibles regiones del arte, un refugio más contra las
+tempestades del espíritu acongojado; por qué de qué modo se ha terminado
+este libro que, quizás, no debió de pasar de aquella triste fecha ni de
+aquella roja cruz; por qué, en fin, y para qué declaro yo estas cosas
+desde aquí a esa corta, pero noble, falange de cariñosos lectores que me
+ha acompañado fiel en mi pobre labor de tantos años, mientras voy
+subiendo la agria pendiente de mi Calvario y diciéndome, con el poeta
+sublime de los grandes infortunios de la vida, cada vez que vacila mi
+paso o los alientos me faltan:
+
+ _«Dominus dedit; Dominus abstulit._
+ _Sicut Domino placuit, ita factum est»._
+
+ J. M. DE PEREDA
+
+Diciembre de 1894.
+
+
+
+
+I
+
+
+Las razones en que mi tío fundaba la tenacidad de su empeño eran muy
+juiciosas, y me las iba enviando por el correo, escritas con mano torpe,
+pluma de ave, tinta rancia, letras gordas y anticuada ortografía, en
+papel de barbas comprado en el estanquillo del lugar. Yo no las echaba
+en saco roto precisamente; pero el caso, para mí, era de meditarse mucho
+y, por eso, entre alegar él y meditar y responderle yo, se fue pasando
+una buena temporada.
+
+La primera carta en que trató del asunto fue la más extensa de las ocho
+o diez de la serie. Temía colarse en él de sopetón, y me preparaba el
+camino para sus fines, «tomando las cosas desde muy atrás, y como si nos
+tratáramos entonces, aunque de lejos, por primera vez».
+
+«Mucho le estorbaba la pluma entre los dedos», y bien lo revelaban la
+rudeza de los trazos, la desigualdad de las letras y las señales de más
+de un borrón lamido en fresco o extendido con el canto de la mano; «pero
+con paciencia y buena voluntad se vencían los imposibles».
+
+«Tus abuelos paternos--me escribía--, no lograron otros hijos que tu
+padre y yo. Yo fui el mayorazgo, y como tal, aquí arraigué desde el
+punto y hora en que nací. Tu padre, como más necesitado, echóse al
+mundo, y rodando mucho por él, adquirió buenos caudales y una mujer que
+no había oro con qué pagarla. De esta traza me la pintó cuando vino a
+darme cuenta de sus proyectos matrimoniales, y a tomar posesión, en pura
+chanza, de la pobreza que le correspondía por herencia libre de tus
+abuelos. Fuese a los pocos días de haber venido, y no he vuelto ni
+volveré a verle más en la tierra. Dios le tenga en eterno descanso.
+
+»También yo me casé andando los días, y tuve mujer buena, e hijos que el
+Señor me iba quitando a medida que me los daba. Con el último de ellos
+se llevó a su madre. ¡Bendita y alabada sea su divina voluntad, hasta en
+aquello con que humanamente nos agobia y atribula! Como aún no era yo
+propiamente viejo y me sentía fuerte, y en estas angosturas y asperezas
+del terruño hallaban pasto y solaz abundante las cortas ambiciones de mi
+espíritu, aprendí a arrastrar con valentía la cruz de mis dolores, y
+hasta logré olvidarme, tiempo andando, de que la llevaba a cuestas:
+vamos, que me hice a la carga, y volví a ser el hombre de buen contentar
+y apegado a la tierra madre como la yedra al morio. De tarde en tarde
+nos escribíamos mi hermano y yo, y de este modo supo él mis venturas y
+desventuras, y yo tu nacimiento y el de tu hermana, el casamiento de
+ésta después con un americano rico que se la llevó a su tierra, la
+muerte de tu madre y los rumbos que tomabas con los libros de las aulas,
+según ibas esponjándote y haciéndote hombre.
+
+»Una vez dio en faltarme carta vuestra más de lo acostumbrado, que era
+bien poco, y la primera que tuve al cabo de los meses fue tuya y para
+decirme que tu padre se había muerto de un tabardillo enconado, o cosa
+por este arte. Ausente tu hermana y cargada de familia y de bienes en la
+otra banda, quedábaste solo en la de acá, y aticuenta que en el mundo,
+aunque con medios de fortuna para bracear a tus anchas en él. Lo mismo
+que yo, salvo la comparanza de gentes y lugares. Te brindé con éste mío,
+desconfiando mucho, en verdad se diga, de que me quisieras el envite,
+hecho de todo corazón, porque barruntaba tu modo de vivir y conocía tu
+estampa por retratos que me habías ido mandando. Ni el uno ni la otra se
+amañaban bien con la pobreza y rustiquez de estos andurriales; me
+parecía a mí. Y no iba el parecer fuera de camino, porque eso resultó de
+tu respuesta, bien desentrañadas sus finezas y cortesías. Desde entonces
+fueron peras de a libra las cartas entre nosotros dos. Tú corriendo la
+Ceca y la Meca, y yo firme y agarrado a estos peñascales como barda
+montuna. Y así hemos ido tirando tan guapamente: tú sin acordarte dos
+veces al año del santo de mi nombre, y yo sin apurarme por ello cosa
+mayor, porque mientras tuve salud, tuve alegría, y a la luz de ella me
+tenía por bien acompañado con vivir entre estas gentes y estos riscos y
+hasta sus alimañas, que me parecían ya, a fuerza de verlos y palparlos,
+carne de mis huesos y sangre de mis propias venas. Pero tú eras mozo y
+tenías mucho tiempo y mucha tierra por delante; yo viejo y con muy pocas
+fantasías en la cabeza, y no sobrado de calor en la masa de la sangre;
+los muchos años hicieron al cabo una de las suyas, y ayer mañana, como
+quien dice, una pizca de nada, un sorbo de leche más de los
+acostumbrados, el aire de una puerta, el aletazo de un mosquito, me
+acaldó en la cama. Tardé en salir de ella, y salí como para entrar en la
+sepultura. El roble se bamboleaba como si le faltara la tierra que le
+sostenía, o se te despegaran de ella las raíces, o no pudiera con el
+peso de su propio ramaje. Ya me dan anseo las cuestas arriba con solo
+mirarlas, y la mano que ayer venteaba gustosa el apero o el hacha con
+que yo me entretenía en la tierra de labor o en la espesura del monte,
+hoy me pide el paluco del tullido, como el puntal de sostén el jastial
+resquebrajado; y lo que es peor que todo ello, que el ánimo va cantando
+al son de la osamenta que se descuajaringa y no puede ya con el pellejo.
+En suma, hombre: que en un dos por tres, y cuando menos lo esperaba, di
+el bajón que había de dar más tarde o más temprano. Es de ley que la
+tierra llame a lo que es suyo, y a mí no cesa de llamarme unos días
+hace. No te diré que tenga miedo, propiamente miedo, a ese vocerío que
+no calla día ni noche; pero es la verdad que a estas horas quisiera
+verme algo más acompañado de lo que me veo en la soledad en que me
+hallo. Soledad digo, porque con estar cada cosa de estos lugares en el
+punto en que siempre estuvo, y con ser estas buenas gentes lo que
+siempre fueron para mí, ahora resulta que tengo codicia de algo que me
+llegue más adentro que todo ello, por lo mismo que lo hay y sé por dónde
+anda. Sí, hombre, sí: has de saberte que toda la ley que tuve a mis
+hijos, y a su madre, y a tu padre, y a los míos, y que por tantos años
+ha estado como dormida en lo más hondo del corazón, se me ha despertado
+de repente, cebando su hambre envejecida en la única carne de la nuestra
+que conoce: en ti, para que lo sepas de una vez. Porque tu hermana, a la
+distancia que está de nosotros, es para el caso como si ya no viviera, y
+no quiero tener por de la casta nuestra a dos sobrinazos segundos míos,
+por parte de mi madre: dos bigardones de mala catadura y peor vivir.
+Hace no mucho tiempo bajaron de su pueblo a pedirme «algo», a tales
+horas y en tales términos, que tuve que darles el «Dios vos ampare» con
+la escopeta echada a la cara. Primera y única vez que los he visto.
+
+»Pues bueno, y para fin y remate del camino que traigo y ya me cansa:
+creo que si tú te animaras y me dieras el regalo de tu compañía en esta
+casona, el vocear de la tierra me sería más llevadero. No hay cosa mayor
+con qué tentarte entre estos solitarios despeñaderos, a ti que estás
+avezado a las pompas y regalos de la corte; pero a todo se hacen los
+hombres cuando se empeñan en ello, sin contar con que también aquí hay
+su sol correspondiente; y aunque es cierto que tarda un poco por la
+mañana en trasponer los picachos que rodean el lugar, una vez arriba
+alumbra y calienta y regocija el ánimo como el sol más majo de
+cualquiera parte. Además, tu destierro no podría durar mucho por razones
+que yo me sé; y por último y finiquito, con salir de él en cuanto no
+pudieras resistirle, estaba el cuento acabado para ti.
+
+»Ítem más: tengo ciertos planes en el magín, que me dan mucho que hacer.
+¿Qué hombre anda sin ellos en mi caso? No tengo herederos forzosos, y no
+deja de haber en casa algo que echar a perder de mi propia pertenencia;
+algo que irá a parar Dios sabe adónde, si en mis últimas y postreras no
+topo al alcance de la vista con un ser que me haga un poco de cosquilleo
+en las entretelas del corazón.
+
+»Por supuesto, que no trato de encender tu codicia con estas indirectas.
+¡A buena parte iría! Pero es bien que todo se estipule y se tenga
+presente en horas como las que han empezado a correr para mí.
+
+»En fin, hombre, anímate a venir por acá; y si no puedes hacerlo por
+gusto, hazlo por caridad de Dios.»
+
+Menos lo del «bajón» y sus consecuencias, todo lo que mi tío me contaba
+en esta carta me lo tenía yo bien sabido; y sabía también, por lo que se
+deducía fácilmente de su anterior y escasa correspondencia con nosotros
+y lo poco que me había dicho mi padre, que su hermano Celso era un
+hombre campechano, de escasas letras y excelente corazón, agudo de magín
+y un tanto marrullero, como buen montañés, y más cuidadoso del cultivo y
+prosperidad de sus tierras y ganados, que del fomento de su cariño a la
+familia que le quedaba; dejadez que a ratos tocaba en una indiferencia
+que parecía rayana del absoluto olvido. Menos que de mi tío sabía yo de
+su tierra nativa y de nuestra casa solar, no tanto por culpa de mi poca
+curiosidad sobre estos particulares, como por obra de una de las
+flaquezas más salientes de mi padre. Le llamaban más la atención los
+apellidos que las condiciones personales de «los nuestros»: así es que
+al preguntarle por la vida y milagros de cualquiera de ellos, en lugar
+de responder derechamente a la pregunta, se encaramaba en la copa del
+árbol genealógico de la familia, y gateando de rama en rama hacia abajo,
+no paraba hasta dar, lo que menos, con la pata del Cid, si es que se
+conformaba con eso. De sus padres sólo pude sacar en limpio, en las
+diferentes veces que le pedí noticias sobre ellos, que habían sido el
+entronque de la casa «única» de los Ruiz de Bejos, de Tablanca, con la
+de los Gómez de Pomar, la más ilustre de las de Promisiones. Pocos
+caudales, eso sí, por parte de estos últimos principalmente, es decir,
+por la de mi abuela paterna, que sólo aportó al matrimonio unas
+gargantillas y unas arracadas de coral, dos relicarios de plata con una
+astilla de la Vera-Cruz, y un hueso de Santa Felícitas, respectivamente;
+tres mudas de ropa blanca, dos mantelerías de hilo casero, una cadena de
+oro cordobés, el vestido de gala con que se casó, y otro a medio uso
+para todos los días. Por parte de mi abuelo ya fue cosa muy diferente.
+Nuestra casa de Tablanca ejercía en todo el valle, por virtud de su
+condición benéfica amén de ilustre, cierto señorío indiscutible y
+patriarcal, y era el paradero obligado de todas las personas notables
+que pasaban por allí, incluso los obispos. Solamente en lo que recordaba
+mi padre, se habían hospedado dos en ella: el de Santander y el de León.
+Para estos y otros parecidos menesteres había en arcas y alacenas buena
+provisión de sábanas y mantelerías superiores, maciza y abundante plata
+de mesa y hasta dos colchas de damasco y un crucifijo de marfil y ébano.
+Nada faltaba allí de lo que no debía de faltar en la casa de una familia
+como la nuestra. Pero de su situación, de su forma, de su amplitud, de
+sus comodidades, ni una palabra: a lo sumo, que era grande, con solanas,
+escudo nobiliario y accesorias. Del terreno en que estaba enclavada y
+sus aledaños, de las condiciones y aspecto del paisaje, de su clima, de
+sus recursos para la vida algo más que animal, de las costumbres de sus
+habitadores, era ocioso inquirir cosa alguna por informes de aquel buen
+señor, que con estar tan pagado de su estirpe y poner en los cuernos de
+la luna los blasones de su casa y la tierra en que había nacido, sólo
+una vez y muy de prisa volvió a ella después de haberla abandonado,
+aunque por imperio de la necesidad, siendo muchacho todavía. Se
+remontaba a lo más alto de cuanto había oído y leído sobre aquella
+empingorotada región de la cordillera cantábrica, y era de ver cómo se
+las había, primeramente, con los celtas, nuestros supuestos
+progenitores, y se descolgaba enseguida de allí para enzarzarse mano a
+mano y como quien ventila y justiprecia ordinarios y corrientes asuntos
+de familia, con aquellas tribus montaraces, con aquel cántabro feroz que
+pasó los Alpes y luchó con Aníbal contra Roma y derrotó a Escipión en el
+Tesino. Después hablaba de Augusto y sus legiones, venidos a Cantabria
+expresamente para someternos al yugo romano; de que tal era _nuestro_
+empuje, tal «nuestro» valor y tal «nuestro» apego a la independencia,
+que el César había necesitado seis años para triunfar en un empeño que
+le había parecido obra de pocos días; de los horrores de esta guerra
+bárbara entre inaccesibles peñascales y profundos y sombríos barrancos,
+donde rugían las aguas tintas en la sangre de «los nuestros» y de los
+aguerridos legionarios. No faltaba lo de las madres que durante la
+guerra mataban a sus pequeñuelos para no verlos esclavos de los
+triunfadores extranjeros, ni lo de la muerte en cruz de tantos mártires
+entonando himnos de libertad entre maldiciones al conquistador, y con
+todo esto, un sinnúmero de pormenores sobre el tipo y las costumbres de
+sus héroes, pormenores que yo hubiera querido sobre la tierra que
+habitaron, tal y como era en mis días. Lejos de ello, sólo dejaba los
+cántabros para mezclar a sus sucesores en la epopeya de Covadonga o en
+los líos de los «Bandos» de Castilla; y ya puesto aquí con los
+ditirambos a sus ínclitos «antepasados», recorría con ellos las cinco
+partes del mundo, hasta no saber por dónde se andaba, ni yo tampoco.
+Porque sobre estas materias tenía mi padre una erudición abundante, pero
+un tanto sospechosa, obra de una voracidad que entraba con lo cierto lo
+mismo que con lo fantástico, por apego tenaz, aunque meramente
+platónico, a las cosas de su tierra.
+
+De esta manera sabía yo de ella, al recibir la carta de mi tío, poco más
+de lo que se sabe, por conjeturas o por comparación, de otras semejantes
+que se han visto «al pasar», y muy de prisa.
+
+Entre tanto, yo había cumplido ya los treinta y dos años; hacía seis que
+era doctor en ambos derechos, aunque sin saber, por desuso de ellas,
+para qué servían esas cosas; más de siete que campaba por mis respetos,
+y me daba la gran vida con el caudal que había heredado de mi padre.
+Porque de mi madre no heredé un maravedí. Fue una granadina muy guapa,
+hija de un magistrado de aquella Audiencia territorial. La conoció mi
+padre andando por allá una temporada, ocupado en negocios de minas, y se
+casó con ella de la noche a la mañana. El magistrado era viudo y pobre,
+y se murió dos años después de la boda de su hija.
+
+Debo a Dios, entre otras muchas mercedes, la de un temperamento
+singularmente equilibrado de humores, que me ha permitido atravesar por
+las más peligrosas asperezas de la vida, sin dejar entre ellas la menor
+tira del pellejo. Muy pocas cosas me han llegado al alma, y rara vez me
+he apasionado por la mejor de ellas. Esta ha sido mi mayor fortuna en
+medio de la libertad y de la abundancia en que viví, siendo niño mimado
+y consentido, mientras fui «hijo de familia», y rico y desligado de toda
+traba en cuanto quedé huérfano de padre y madre y me declaré «mozo de
+casa abierta». En estas condiciones y con un temperamento más
+apasionado, sabe Dios lo que hubiera sido de mí y de mi dinero. Así y
+todo, no acrecenté el heredado de mi padre, y hasta le mermé en una
+buena tajada, porque no todos los tiempos corrían iguales para el vil
+ochavo; y yo, aunque sin perder de vista lo útil que es este ingrediente
+para vivir a gusto entre los hombres, no había nacido para esclavo de él
+y tenía muy arraigadas aficiones que no eran baratas. Me gustaba viajar,
+y viajaba mucho dentro y fuera de España; me gustaba el llamado «gran
+mundo» o «alta sociedad», y la frecuentaba en sus salones, en los
+teatros, en los paseos y hasta en los balnearios de moda, y en el
+deporte; me gustaban las Bellas Artes, aunque consideradas
+principalmente como artículo de lujo, y compraba cuadros y esculturas en
+las exposiciones; me gustaban ciertos hombres de la política y de la
+literatura, no por políticos ni por literatos precisamente, sino por la
+resonancia de sus nombres y el atractivo de sus conversaciones, y
+frecuentaba su trato y los acompañaba en sus círculos y en sus banquetes
+y en sus tertulias y francachelas... hasta me gustaban los toreros a
+cierta distancia, y a cierta distancia cultivaba la amistad de algunos
+de ellos.
+
+Todo esto, y otro tanto más que de ello se sigue por ley forzosa, al fin
+y a la postre resultaba caro y producía hondos desgastes, si no del
+pellejo, cuando menos de la sensibilidad moral, aun tratándose de un
+mozo como yo, que en ningún cuadro aspiró a ser figura de primer
+término, ni a levantar media pulgada sobre la talla común de la masa de
+espectadores; y esto, no por virtud, sino por exigencias de mi
+temperamento.
+
+Es muy de notarse que en la afición más acentuada de todas las mías, la
+de los viajes, me seducía mucho más el artificio de los hombres que la
+obra de la Naturaleza. Como buen madrileño, amaba a Madrid sobre todas
+las cosas de la tierra, y después de Madrid, a sus similares de España y
+del extranjero: las más grandes y más alegres capitales del mundo
+civilizado. Lo que quedaba entre unas y otras, me tenía sin cuidado, y
+pasaba sobre ello, para ir adonde fuera, como insensible proyectil que
+lleva el paradero determinado desde su punto de origen. Hijo y habitante
+de tierra llana, los montes me entristecían y los cielos borrosos me
+acoquinaban. Una vez sola había estado en la capital montañesa,
+disfrazando con el deseo de pisar «la tierra de mis mayores», como diría
+mi padre, la tentación de veranear en aquel puerto que comenzaba a ser
+«elegante». Atravesando en ferrocarril la cordillera cantábrica casi por
+encima de las fuentes del Ebro, recordé que «por allí», no sabía si a la
+derecha o a la izquierda, debía de andar mi casa solariega, en algún
+repliegue de aquellos montes encapuchados de neblinas y ceñidos de
+negros robledales. Y no tuvo entonces mayor resonancia que ésta en mi
+corazón el tan cacareado «grito de la sangre». Días después, y desde una
+de las alturas que dominan la ciudad, un santanderino, práctico en ello,
+me nombraba, señalándolos con el dedo, cada picacho y cada monte de la
+grandiosa cordillera que empieza al Oriente en Cabo Quintres y Galizano
+(la cola del enorme reptil), y acaba al Occidente metiendo entre las
+nubes los Picos de Europa (su cabeza).
+
+Después, al trazar en el aire con el mismo dedo el curso de cada río de
+los que en ella nacen y por el fondo de sus negras barrancas se
+despeñan, llegó a encararse al Oeste; y marcando tres rayas casi
+verticales, me nombró el Saja, el Nansa y el Deva; y allí le atajé yo
+con el pensamiento, diciéndome a mí propio: «Junto a uno de esos tres
+ríos (creo que el Nansa), más arriba o más abajo, debe de andar el solar
+de mis mayores.» Y a esto solo se redujo, por segunda vez, «el grito de
+la sangre» que llevaba en las venas. Como decoración, me enamoraba aquel
+rosario de escalonadas montañas que de Este a Oeste por el Sur sirven de
+marco grandioso a la admirable bahía; ¡pero como tierras habitables!...
+
+Tales eran, pico más, pico menos, mis antecedentes personales cuando
+recibí la carta en que mi tío Celso me llamaba a su lado, y por tiempo
+indefinido, desde lo más recóndito y montaraz de la región cantábrica;
+y, sin embargo, no me causó la embajada impresión tan desagradable como
+pudiera presumirse tomando al pie de la letra lo dicho sobre mi modo de
+ser y de sentir.
+
+Aparte de lo que me interesó el estado físico y moral de mi tío, no
+estaba yo tan enamorado de mi sistema de vida, que me espantaran los
+riesgos de trastornarle radicalmente por algún tiempo. Sin sentirme
+«cansado» de vivir como vivía, porque no cabía el cansancio en un andar
+tan reposado y, relativamente, metódico como el que había usado yo hasta
+llegar adonde había llegado por tantos y tan peligrosos caminos,
+comenzaba a notar a la sazón cierta languidez de espíritu, cierta
+inapetencia moral que no estaban reñidas seguramente con un paréntesis
+de reposo, y mucho menos con un cambio de impresiones y de «alimentos».
+Por este lado, la carta de mi tío no podía llegar más a tiempo de lo que
+llegó a mis manos. Lo grave, lo inesperado, lo terrible para mí estaba
+por otro lado: la calidad de lo que se me pedía en ella. Resuelto a
+cambiar de vida por algún tiempo, Dios sabe qué derroteros hubiera
+adoptado yo; pero es indudable para mí que jamás habría elegido el que
+mi tío deseaba y me proponía. Llegarme allá para hacerle una visita;
+pasar por allí de largo, siquiera por conocer de vista el solar de mis
+abuelos, menos mal; pero establecerme en él; hacer la vida de las fieras
+entre riscos y breñales; aclimatarme a ella de repente en la estación
+que corría (más que mediado el otoño), la antesala del invierno, ¡qué
+tendría que ver en Tablanca! recién llegado yo de Aguas-Buenas y de
+París y de medio mundo «distinguido», con las maletas atestadas de
+«novedades», lo mismo en ropas que en libros; reinstalado en mi
+«confortable» casita de soltero... Vamos, era el colmo de lo imposible
+soñar siquiera en trocar todo eso y de repente por lo que se me ofrecía
+desde Tablanca.
+
+Pero yo no podía decir a mi tío estas cosas que le hubieran lastimado
+mucho en la situación de ánimo en que se hallaba; y le entretenía
+despachando sus apremiantes instancias con evasivas corteses,
+pretextando negocios que no tenía, y apuntando «veremos» sin el menor
+propósito de cumplirlos.
+
+Ente tanto, la visión, a mi modo, de la casa de Tablanca, con sus montes
+y sus fieras y sus gentes y su desolación inverniza, no se apartaba un
+instante de mis ojos, porque las súplicas de mi tío, cada vez más vivas,
+llegaron a tocarme muy adentro; y por lo que pudiera suceder, sentía la
+necesidad de poner el caso en tela de juicio, que vale tanto, según las
+reglas de la experiencia, como empezar a transigir.
+
+Lo cierto es que un día, el en que recibí la anteúltima carta de mi tío,
+que me comovió muy hondamente, di en el tema de buscar dentro de mí el
+porqué de ser yo tan poco sensible a los convenidos encantos de la
+Naturaleza. ¿Faltaba esa cuerda en mi organismo, o la tenía y no la
+había puesto en ocasión de que vibrara? Pues había que averiguarlo,
+porque comenzaba a mortificarme el temor de carecer de ella. Además, o
+es uno hombre, o no lo es; o tiene o no tiene entrañas de humanidad,
+agallas para ir por donde vayan y hacer lo que hagan otros; o sirve o no
+sirve para algo más útil y de mayor jugo y provecho que pisar alfombras
+de salones; engordar el riñón a fondistas judíos, sastres y zapateros de
+moda; concurrir a los espectáculos; devorar distancias embutidas en
+muelles jaulas de ferrocarril, y gastar, en fin, el tiempo y el dinero
+en futilidades de mujerzuela presumida y casquivana.
+
+Encarrilado el discurso en este sendero, llegué a sentir un vigor de
+espíritu, una virilidad desconocida en mí; soliviantóse mi amor propio
+de mozo bien saneado de alma y cuerpo; y aprovechando la fiebre, por
+temor de que, si era pasajera, se llevara consigo mi ardimiento al
+desaparecer, escribí a mi tío diciéndole «allá voy» y hasta fijándole la
+fecha de mi salida de Madrid. Entre tanto haría yo mis preparativos de
+viaje, y me contestaría él dándome las necesarias instrucciones para
+llegar a su casa desde la última estación del ferrocarril.
+
+Mientras anduve ocupado en hacer abundante provisión de ropas de abrigo,
+calzado recio, armas ofensivas y defensivas, libros de Aimard, de
+Topffer y de cuantos, incluso Chateaubriand, han escrito cosas amenas a
+propósito de montañas, de selvas y de salvajes, lo mismo que si
+proyectara una excursión por el centro de un remoto continente
+inexplorado, puedo responder de que no me faltó la fiebre. Menos
+seguridad tuve de ello cuando intenté «levantar» mi casa. Me parecía que
+esto equivalía a quemar mis naves, o, por lo menos, a darme ya por
+consentido en que había de ser muy larga mi permanencia entre los osos
+de Cantabria; y el temor de este riesgo me inclinó a dejar esas cosas
+como estaban, sobrándome buenos amigos en Madrid que mirarían por ellas.
+De todas suertes, nada más fácil que resolver lo contrario desde allá,
+si así lo pidieran las circunstancias.
+
+En fin, temiendo que por este resquicio de mis flaquezas se me fueran
+colando otros aires aún más fríos y enervadores, cerré las puertas del
+discurso a toda reflexión contraria a lo convenido, y
+_Alea jacta est_, me dije, como César, resuelto a pasar a todo trance mi
+correspondiente Rubicón.
+
+
+
+
+II
+
+
+Y acometí la empresa en la fecha convenida, un día de los últimos de
+octubre, frío y nebuloso en las alturas de la romana «Juliobriga». En la
+clásica villa inmediata, término de mi jornada primera, y única posible
+en ferrocarril, hice un alto de media hora escasa: lo puramente
+indispensable para desentumecer los miembros y confortar el estómago;
+porque no había tiempo que perder, según dictamen del espolique que me
+aguardaba en aquel punto desde la víspera con dos caballejos de la
+tierra, espelurciados y chaparretes, uno para conducirme a mí y otro
+para cargar con mis equipajes.
+
+Puestos en marcha todos, bien corrida ya la media mañana, delante el
+espolique llevando del ramal la cabalgadura que apenas se veía debajo de
+la balumba de mis maletas y envoltorios, sin salir del casco de la villa
+atravesamos por un puente viejo el Ebro recién nacido; y a bien corto
+trecho de allí y después de bajar un breve recuesto, que era por aquel
+lado como el suburbio de la población que dejábamos a la espalda,
+vímonos en campo libre, si libre puede llamarse lo que está circuido de
+barreras. De las cumbres de las más elevadas se desprendían jirones de
+la niebla que las envolvía, y remedaban húmedos vellones puestos a secar
+en las puntas de las rocas y sobre la espesura de aquellas seculares y
+casi inaccesibles arboledas, con el aire serrano que soplaba sin cesar,
+y tan fresco, que me obligaba a levantar hasta las orejas el cuello de
+mi recio impermeable.
+
+Siguiendo nuestro camino encarados al Oeste, llevábamos continuamente a
+la izquierda, aguas arriba, el cauce del río, con sus frescas y verdes
+orillas y rozagantes bóvedas y doseles de mimbreras, alisos y zarzamora,
+y topábamos de tarde en cuando con un pueblecillo que, aunque no muy
+alegre de color, animaba un poco la monotonía del paisaje.
+
+A la vera del último de los de esta serie de ellos, en el centro de un
+reducido anfiteatro de cerros pelados en sus cimas, se veían surgir
+reborbollando los copiosos manantiales del famoso río que, después de
+formar breve remanso como para orientarse en el terreno y adquirir
+alientos entre los taludes de su propia cuna, escapa de allí, a todo
+correr, a escondidas de la luz siempre que puede, como todo el que obra
+mal, para salir pronto de su tierra nativa, llevar el beneficio de sus
+aguas a extraños campos y desconocidas gentes, y pagar al fin de su
+desatentado curso el tributo de todo su caudal a quien no se le debe en
+buen derecho. Y a fe que, o mis ojos me engañaron mucho, o sería obra
+bien fácil y barata atajar al fugitivo a muy poca distancia de sus
+fuentes, y en castigo de su deslealtad, despeñarle monte abajo sin darle
+punto de reposo hasta entregarle, macerado y en espumas, a las iras de
+su dueño y natural señor, el anchuroso y fiero mar Cantábrico.
+
+Debí pasar demasiado tiempo en meditar sobre éstas y otras puerilidades,
+y en paladear los recuerdos que despertaba en mí la contemplación de
+aquellas cristalinas aguas que tanto han dado que hacer a la Historia y
+a la fantasía de los poetas, porque el espolique, salvando todos los
+respetos de costumbre en su ruda cortesía, me apuntó la conveniencia de
+que continuáramos andando.
+
+--Da grima--le dije obedeciéndole--, pensar en la conducta de este
+renegado montañés.
+
+Tuve que descifrar la metáfora para que el espolique me entendiera lo
+que yo quería decirle; y en cuanto me hubo entendido, me respondió:
+
+--Déjeli, déjeli que se vaya en gracia y antes con antes aonde jaz más
+falta que aquí. Pa meter buya y causar malis a lo mejor, ríus como ésti
+nos sobran por la banda de acá.
+
+Explicóse a su vez el espolique para que yo le entendiera, y llegué a
+convencerme, con ejemplos que me puso de ríos montañeses desbordados a
+lo mejor sin qué ni para qué, arrollando casas, puentes y molinos en las
+alturas, y comiéndose en los valles las tierras que debieran de regar,
+de que bien pudiera ser obra meritoria lo que me había parecido en el
+Ebro falta imperdonable.
+
+Por cierto que no se explicaba mal ni dejaba de tener su lado
+interesante mi rudo interlocutor, en quien apenas me había fijado hasta
+entonces. Era un mocetón fornido, ancho y algo cuadrado de hombros;
+vestía pantalón azul con media remonta negra, sujeto a la cintura por un
+ceñidor morado; y sobre la camisa de escaso cuello, un «lástico» o
+chaquetón de bayeta roja. Calzaba abarcas de tres tarugos sobre
+escarpines de paño pardo, y por debajo del hongo deformado con que
+cubría la abultada cabeza, caían largos mechones de pelo áspero y
+entrerrubio, casi el color de su cara sanota y agradable, cuyo defecto
+único era la mandíbula inferior más saliente que la otra, como la de
+nuestros Príncipes de la casa de Austria. Llevaba en la mano derecha un
+palo pinto, y debajo del brazo izquierdo un paraguas azul, muy grande y
+con remiendos.
+
+Habíame dado noticias sumamente lacónicas de mi tío.
+
+--¿Cómo anda de salud?--le había preguntado yo en cuanto se me puso
+delante y a mis órdenes.
+
+--Tan majamenti--me había respondido él--. Es de güena veta, y hay
+hombri pa largu.
+
+En concreto, sólo pude saber que quedaba muy alegre esperando mi
+llegada.
+
+Dábame los nombres de pueblos y montañas cuando yo se los pedía, sin
+cambiar el ritmo airoso de su andadura ni volver por completo la cara
+hacia mí. Verdad que tampoco le miraba yo derechamente cuando le
+preguntaba alguna cosa, porque más que en él, llevaba puesta la atención
+en los detalles del paisaje y en el arrastrado vientecillo que me iba
+poniendo las orejas encarnadas.
+
+Quejándome de ello una vez y mostrando recelos de que lloviera al cabo.
+
+--No hay que temelu--me dijo levantando, tan alto como pudo, el índice
+de su mano derecha, después de haberle metido en la boca--. El aire es
+cierzu, y la niebla espienza a jalar parriba en los picachus.
+
+Cuando intimamos algo más, supe que se llamaba «Chisco», que servía en
+casa de mi tío muchos años hacía, y que no era natural de aquel pueblo,
+sino de otro más abajo. Me admiraba, y así se lo dije, verle caminar
+suelta y desembarazadamente con un calzado tan pesado y tan recio, que
+sonaba en las lastras del camino como si las golpearan con un mazo.
+
+--Por acá no se gasta otru en lo más del añu--me respondió saltando con
+la agilidad de un bailarín por encima de un jaral que le cortaba la
+línea recta que iba siguiendo--. ¡Y probes de nos con otra cosa más
+blanda en los pies pa trotear por estos suelus!
+
+Desconcertado y pedregoso era a más no poder el que íbamos dejando
+atrás, y no le prometía más placentero la muestra del que teníamos
+delante. Por fortuna, el repliegue en que el sendero se arrastraba era
+relativamente descubierto y franco, en particular a nuestra izquierda.
+
+--¿Será por este orden--pregunté a Chisco--, todo lo que nos falta por
+andar?
+
+--¡Jorria!--contestó el espolique haciendo casi una zapateta--. ¡Qué
+yanu se lo pide el cuerpu! ¡Si estu es una pura sala!
+
+¡Buen consuelo para mí, que llevaba ya los riñones quebrantados de
+cabalgar por tantos y tan repetidos altibajos, y comenzaba a sentir en
+mi espíritu madrileño el peso abrumador de los montes y la nostalgia de
+la Puerta del Sol y de las calles adoquinadas!
+
+Andando, andando, siempre arrimado a las estribaciones de la derecha,
+fueron enrareciéndose los estribos de la izquierda, y dejándose ver, por
+los frecuentes y anchos boquerones, llanuras de suelo verde salpicadas
+de pueblecillos entre espesas arboledas, unos al socaire de los montes
+lejanos, y otros arrimaditos a las orillas de un río de sosegado curso
+que serpeaba por el valle.
+
+--¿Es éste el Ebro?--pregunté a Chisco sin considerar que dejábamos sus
+fuentes muy atrás y sus aguas corriendo en dirección opuesta a la que
+llevábamos nosotros.
+
+--¿El Ebru?--repitió el espolique admirado de mi pregunta--. Echeli un
+galgu ya, por el andar que yevaba cuando le alcontremus nacienti. Esti
+es el «Iger» (Híjar), que sal de aqueyus montis de acuyá enfrenti. Pero
+bien arrepará la cosa, no iba usté muy apartau de lo justu, porque si no
+es el Ebru ahora propiamenti, no tarda muchu ratu en alcanzali pa dirse
+juntus los dos en una mesma pieza por esus mundos ayá; y tan Ebru
+resulta ya el unu como el otru.
+
+--Y este valle, ¿cómo se llama?
+
+--Esta parte de él que vamus pisandu, pa el cuasi, Campóo de Arriba.
+
+De buena gana hubiera revuelto mi cabalgadura hacia sus risueñas
+praderías, cruzadas de senderos blandos y tentadores; pero me arrastraba
+a la derecha el pícaro deber encarnado en aquel condenado espolique,
+siempre cosido a las faldas de los montes, como si de ellos tomara el
+vigor y la fortaleza que parecían crecer en él según iba caminando.
+
+También llegó a interrumpirse la desesperante continuidad de la barrera
+de aquel lado, y entonces columbré sobre un cerro, encajonado en el
+fondo de un amplio seno de montes, un castillo roquero que, aunque
+ruinoso y cargado de yedra, conservaba las principales líneas de su
+sencilla y elegante arquitectura.
+
+--¿Qué castillo es aquél?--pregunté al espolique.
+
+--El de Argüesu--respondióme; y dicen si es obra de morus.
+
+Para aquellos rudos montañeses, como pude observar más adelante, toda
+construcción de parecida traza es debida a los moros... o a «la
+francesada».
+
+En éstas y otras, volvieron a unirse y apretarse los altos muros de la
+barrera; fue estrechándose el valle del otro lado, y cuando quedó
+convertido en un saco angosto, dimos en una aldehuela que llenaba todo
+el fondo de él.
+
+--Aquí se acabó lo yanu y andaderu--me dijo Chisco entonces; y como
+tampoco hemos de jayar en más de tres horas otru lugar ni alma vivienti
+que nos estorbe el caminu, si algo le pidi el cuerpo pa levantar las
+fuerzas, no desaprovechi esta güena proporción de jacelu.
+
+Nada necesitaba yo ni apetecía; pero estaba Chisco en muy distinto caso.
+Autoricéle para que se despachara a su gusto, y se satisfizo con medio
+pan de centeno y un cuarterón de queso ovejuno. Y fortuna fue para él
+que no se extendieran a más sus apetitos, porque hubiera jurado yo que
+no había otra cosa de mayor regalo en aquella desmantelada venta.
+Autoricéle también para que descansara un rato mientras despachaba la
+frugal pitanza, y para que ayudara la digestión con algunos tragos de
+vino; pero a todo se negó: a lo del reposo, porque con las paradas así
+se «enfriaban los gonces y se perdía el buen caminar, y los buenos
+caminantes debían de descansar andando»; a lo de la bebida, porque la
+más sana y mejor para él era el agua corriente y fresca de los regatos
+que hallaríamos «a patás» en los puertos. Con esto colgó de una muñeca
+el palo pinto, ató al correspondiente brazo las riendas de la
+cabalgadura, aprisionó el paraguas en el sobaco; y con el pan y el queso
+en una mano y en la otra una navaja abierta, me dio a entender, con un
+ademán y una mirada, que estaba apercibido y a mis órdenes.
+
+Nos hallábamos entonces al pie de una altísima sierra que se
+desenvolvía, a diestro y a siniestro, en interminable anfiteatro.
+
+--¿Por dónde tomamos ahora--pregunté a Chisco--, y adónde iremos a
+salir?
+
+--¿Vey usté--respondióme levantando y extendiendo el brazo y apuntando
+con la navaja abierta mientras mascaba los primeros bocados de pan y
+queso--; vey usté, enfrenti de nos, ayá-rriba, ayá-rriba de tou, una
+coyá (collada) entre dos cuetus... vamos, al acabar de esta primera
+sierra?
+
+--Sí la veo--contesté.
+
+--Pos güenu: ¿vey usté tamién, por entre los dos cuetus de la coyá, otra
+lomba (loma) más alta, que cierra tou el boqueti?
+
+--La veo.
+
+--Pos por ayí hemos de pasar.
+
+--¿Por entre los dos cuetos?
+
+--Por encima de la lomba que va del unu al otru.
+
+--¿Por encima de aquella última?
+
+--Por encima de la mesma.
+
+--¡Pero, hombre--dije estremeciéndome--, si sobre aquella loma no se ve
+más que el cielo!
+
+--Pos crea usté--me replicó el espolique con gran prosopopeya--, que,
+así y con tou, hay mucha tierra que pisar al otru lau.
+
+No quise estimar con la imaginación las dificultades que podían
+aguardarme en aquella empresa que acometía por mi propia y libérrima
+voluntad; y sin decir otra palabra, me puse en seguimiento del
+espolique.
+
+El cual tomó a pecho, y a buena cuenta, los agrios callejones que
+parecían ser las raíces con que estaba el monte adherido al valle;
+callejones sarpullidos de cantos removidos y descarnados por el
+constante fluir de los regatos que por allí bajan desde sus cercanos
+manantiales.
+
+A estas incómodas sendas, encerradas entre setos bravíos y
+desconcertadas arboledas, sucedió muy pronto el suelo blando y
+enteramente despejado de la sierra.
+
+A veces era tan fino el tapiz de yerba menuda entre brezales rastreros y
+apretados, que resbalaban sobre él los caballos con mayor frecuencia que
+sobre los pedruscos y lastrales del camino andado por la finde del
+valle; pero como había espacio abundante y desembarazado en todas
+direcciones, aprovechaba yo bien estas ventajas para cuartear a mi gusto
+la subida e ir ganando la altura por donde mejor me pareciera. Chisco me
+precedía trepando sosegadamente por derecho, garantido por sus tarugos
+contra los resbalones de que no se libraba el caballo que conducía de
+las riendas, cuando pisaba sobre el atusado ramaje de los brezos. Poco a
+poco, el bombeo de la sierra, que desde abajo parecía continuo y
+uniforme, empezó a encoger el radio de su curva hasta quedar la trillada
+senda que nos era forzoso seguir como raya de mulo sobre su espinazo, y
+a cada lado una profunda «hoyada» con hermosas brañas en sus laderas, y
+arroyos cristalinos en el fondo, golosinas que saboreaban a sus anchas
+las yeguadas y rebaños que se buscaban la vida por allí.
+
+Llevábamos ya más de una hora de subir y aún nos faltaba un buen tramo
+para llegar a la cumbre que habíamos de trasponer. Pasado el lomo de las
+dos hoyadas, empezó Chisco a dar señales de tener mucha prisa por llegar
+a algún sitio determinado, y al fin resultó ser un arroyo de aguas
+purísimas y transparentes como el cristal, en que bebieron a un mismo
+tiempo y en una misma poza, el espolique y su caballo. Noté, al
+acercarme a ellos, que andaba el mío algo codicioso del mismo regalo, y
+no traté de negársele. Mientras bebía con ansia la pobre bestia, quedé
+yo encarado en opuesta dirección a la que había llevado subiendo, y con
+un panorama a la vista que me dejó maravillado.
+
+--¿Qué valle es ese?--pregunté a Chisco que se limpiaba los hocicos con
+la manga de su lástico.
+
+--Pos el vayi por onde hemos pasau--me respondió--; sólo que como no
+vimus más que lo de la parte de acá, y esu en racionis...
+
+Era verdaderamente hermosa aquella planicie que se perdía de vista hacia
+el Sur, circundada de altos montes de graciosas líneas y de calientes
+tonos, y adornada de cuantos accesorios pintorescos puede imaginar un
+artista aficionado a aquel género de cuadros: praderas verdes, manchas
+terrosas, esbeltos montículos, cauces retorcidos con orillas de
+arbolado, pueblecillos diseminados en todas direcciones, y uno más
+grande que todos ellos, con una alta torre en el medio, como en muestra
+de su señorío indisputable sobre la planicie entera. Aunque no fiaba
+mucho de mi memoria ni de mi sensibilidad artística, creía yo que aquel
+panorama, con ser montañés de pura casta, se diferenciaba mucho de los
+que yo había visto «abajo» alguna vez: era pariente de ellos, sin duda,
+pero no en primer grado. Desde luego no había, entre todos los valles
+que yo conocía de peñas al mar, uno tan extenso ni de tanta luz como
+aquél; y ya, puesto a comparar, me atreví a hallarle más semejante, en
+sus líneas y en la austeridad de su color, a los valles de Navarra
+cuando aún verdeguean en el campo sus sembrados. De todas suertes, era
+muy bello, y podía considerarse como una gallarda variante de la
+hermosura campestre de que tanta fama goza la Montaña, con sobrada
+razón.
+
+Por las noticias no muy minuciosas que fue dándome Chisco, supe que
+aquel valle era el de los tres Campóes: el de «Suso», o de Arriba (el
+más cercano a nosotros), el de Enmedio, y el de «Yuso», o de Abajo; y el
+pueblo grande con la torre en el centro, que se veía en lo más lejano de
+la llanura, Reinosa, la villa en que yo había dejado el tren y
+encontrado a Chisco.
+
+Cuando éste no tuvo más que decirme, continuó su acompasada marcha monte
+arriba, y no tardé en verle detenido con su caballo, y como encaramados
+los dos en el parapeto de una azotea, sobre el perfil de la loma,
+destacándose ambas siluetas en una mancha azul del cielo remendado de
+nubes cenicientas. Dejé yo entonces mis éxtasis contemplativos y piqué a
+mi dócil y resignada cabalgadura, que arrancó trotando a la querencia de
+la otra.
+
+Pocos pasos antes de llegar yo al punto en que me aguardaba el
+espolique, volvióse éste hacia mí; y tendiendo el brazo derecho en
+dirección opuesta, me dijo con cierta solemnidad que entonaba muy bien
+con lo señalado por su mano:
+
+--El Puertu.
+
+Subí lo que me faltaba, púseme junto a Chisco y miré... Tenía razón el
+espolique: era mucha la tierra que había que pisar por aquel lado. ¡Pero
+qué tierra, divino Dios! A mi izquierda, y en primer término, dos
+altísimos conos unidos por sus bases, de Norte a Sur, como dos gemelos
+de una estirpe de gigantes; enfrente de ellos, a mi derecha, las cumbres
+de Palombera dominadas por el «Cuerno» de Peña Sagra que extendía sus
+lomos colosales hacia el Oeste; y allá en el fondo, pero muy lejos,
+cerrando el espacio abierto entre Peña Sagra y los dos conos, las
+enormes Peñas de Europa, coronadas ya de nieve, surgiendo desde las
+orillas del Cantábrico y elevándose majestuosas entre blanquecinas
+veladuras de gasa transparente, hasta tocar las espesas nubes del cielo
+con su ondulante y gallarda crestería. Por el lado en que me encontraba
+yo, descendía la sierra blandamente hasta la base del primer cono, de la
+cual arrancaba hacia la derecha un cerro de acceso fácil, que resultaría
+montaña desde el fondo de la barranca en que terminaba bruscamente. Lo
+que había entre la loma de este cerro y el espacio limitado por las
+Peñas de Europa, no era posible descubrirlo, porque lo bajo quedaba
+oculto por el cerro, y lo alto me lo tapaba una neblina que andaba
+cerniéndose en jirones, de quebrada en quebrada y de boquete en boquete.
+Sin aquel obstáculo pertinaz, hubiera visto, al decir del espolique,
+maravillas de pueblos y comarcas, y hasta el mar por el boquete de Peña
+Sagra. Hacía más imponente el cuadro el contraste de la luz del sol
+iluminando gran parte de los altísimos peñascos más próximos y
+reluciendo a lo lejos sobre las veladuras de los Picos, con la tétrica
+penumbra del fondo de aquel brocal enorme, cuyo lado más bajo me servía
+a mí de observatorio.
+
+Ni entonces supe ni sabré jamás definir las complejas impresiones que me
+produjo la súbita aparición de aquel espectáculo ante mis ojos, en cuyas
+retinas conservaba todavía estampada la imagen del risueño valle de los
+tres Campoés. Lo que recuerdo bien es que, sin apartar la vista del
+cuadro que tenía al alcance de ella, me fui con el pensamiento al otro,
+y me abismé en la contemplación del contraste que formaban los dos.
+
+«Allá--me decía--, la llanura abierta, los campos amenos, el sol
+radiante, los frutos, las flores, la égloga, el idilio de la vida; aquí,
+la bravura salvaje, la lobreguez de los abismos, el silencio mortal de
+los páramos, la inclemencia de la soledad; allí, el hombre, rey y señor
+de la tierra fértil; aquí, siervo infeliz, sabandija miserable de sus
+riscos escarpados y de sus moles infecundas.» Y me sentí invadido de una
+profunda tristeza.
+
+Lo que Chisco había hecho poco antes en el entrellano de la sierra,
+repitió en su loma: cuando agotó el caudal de sus informes, tiró de las
+riendas de su rocín y comenzó a sumirse con él en las honduras de aquel
+pozo.
+
+Yo me resigné a seguir su ejemplo, mas no sin despedirme antes con una
+mirada cariñosa del esplendente panorama de la vega, contemplado
+entonces por mí desde una altura digna de las águilas.
+
+Hecho el descenso de aquella parte del brocal muy fácilmente, no
+tardamos en subir la ladera del cerro que seguía a la primera hondonada.
+Arrastrábame hacia allí la fuerza misteriosa de una curiosidad que tenía
+mucho de la atracción de los abismos. Llegó Chisco a la loma antes que
+yo, según costumbre, y aguardóme en ella con el brazo extendido ya, como
+la otra vez, para mostrarme lo que desde allí se veía... ¡Y por Dios
+crucificado que no era poco! El pozo de antes se ahondaba por aquel lado
+mucho más, y su suelo, ondulante y caprichoso, se perdía en todas
+direcciones entre espesas neblinas sobre las cuales alzaban sus cabezas
+de granito las montañas del brocal. Toda aquella interminable superficie
+parecía un mar de lava cuajado de repente; un mar hasta con sus islotes
+y escollos; unos monolitos muy grandes que se destacaban, escuetos y
+descarnados, sobre la aridez del suelo entre matojos de «escobinos», de
+árnica o de regaliz. Abundaban los manchones verdes de las brañas de
+jugosos pastos, y no era ingrato a la vista el color de otros detalles;
+pero ¡lo demás!... Aquellos cantos pelados, tan grandes, tan secos, tan
+esparcidos en todas direcciones; aquella inmensa extensión calva, monda,
+rapada y desnuda de todo follaje; aquellas nieblas tenaces cerrando
+todas las salidas y surgiendo de todas las hoyadas; aquellos riscos
+inaccesibles y fantásticos elevándose sobre todo y por todos lados;
+aquel cierzo continuo y gemebundo que parecía el espíritu funerario de
+las grandes necrópolis, llevando consigo los jirones de la niebla como
+si fueran sudarios arrancados de las tumbas en los senos entenebrecidos
+de las barrancas; aquellos buitres que me señalaba Chisco, revolando en
+las alturas; aquel cielo que iba encapotándose poco a poco... todo ello,
+que era lo más, visto a través de las lentes pesimistas de mis ojos, se
+imponía al resto, que era, relativamente, muy escaso, y me presentaba
+toda la superficie del Puerto bajo un aspecto feroz y repulsivo. Yo no
+veía más que una llanura infinita, plagada de costras y tumores; y los
+monolitos solitarios y dispersos, se me antojaban erupciones de verrugas
+asquerosas sobre una inmensa piel de leproso.
+
+Contemplando desde la sierra lo que se veía del panorama del Puerto,
+habíame comparado yo, por la fuerza del contraste, con un mísero
+gusanejo; pero al hallarme en el observatorio de más adentro, ¡qué
+cambio tan radical y tan súbito de ideas, y cuán extrañas las
+impresiones recibidas!... Creo que fue de espanto, de frío y de
+«arrepentimiento» la primera, y estoy seguro de que fue de melancolía la
+segunda, como lo estoy también de que la siguiente me infundió la
+sensación de lo que tenía a la vista, de tal modo y con tal intensidad y
+fuerza, que hubiera jurado yo que circulaban por mis venas líquidos
+pedernales, y era mi cuerpo una estatua de granito coronada con manojos
+de «loberas» y acebuches.
+
+Dejándome llevar del único pensamiento racional que sobrevivía en mi
+cabeza, pregunté a Chisco:
+
+--Dime, hombre, ¿se parece a esto nuestro valle?
+
+--¡Quiá!--me respondió el espolique con el mayor desdén.
+
+--Es más ancho, ¿eh?... y más...
+
+--¡Quiá! Ni la metá siquiera.
+
+--¡Demonios!--repliqué--. Pero serán más bajos los montes...
+
+--Tampoco da en el jitu ahora--me contestó el arrastrado con una flema
+desesperante--, porque son hasta más altus; sólo que están más
+«tupíus»... más arrimaus unus a otrus.
+
+--Pues entonces--exclamé hasta con ira--, ¿en qué está la ventaja de tu
+valle sobre este puerto, alma de cántaro?
+
+--Pos la ventaja del nuestru vayi está--contestóme Chisco dulce y
+sonriente--, en que es de suyu más terreñu y más... vamus, más... Por
+últimu, ya verá lo que es el nuestru vayi; y si no le paez puntu menos
+que la gloria, no sé yo lo que sea cosa buena.
+
+Convencido de que cuanto más ahondara en el informante, más negros
+habían de salirme los informes que buscaba, y deseando perder de vista
+cuanto antes aquel cuadro de desolación, dije al espolique:
+
+--Y ahora ¿por dónde tomamos?
+
+--Tou por derechu--me respondió.
+
+--Pues hala, y a buen andar, si puedes.
+
+--¡Jorria!--exclamó Chisco comenzando a descender la otra ladera con
+igual frescura que si no se hubiera movido hasta entonces. Seguíle yo
+sin titubear; y al verme luego en las honduras de aquel inmenso
+barranco, me pareció que se quebraba el último vínculo que me ligaba al
+mundo que yo conocía.
+
+Estábamos indudablemente, si no en el corazón, en una de las vísceras
+más considerables de la cordillera. ¡Y en otra víscera por el estilo se
+escondería mi nuevo hogar!... ¡Santo Dios, en qué empresa me había
+arrojado un momento de sensiblería humanitaria! Por ver de todo, se
+podía ver hasta aquella espantosa desolación; ¡pero habitar allí!...
+
+Este modo de discurrir a que me entregué cediendo a la fuerza de mis
+inveterados resabios de mal disfrazado egoísmo, resucitados en presencia
+de aquél, para mí, tan nuevo como aflictivo espectáculo, llegó a
+causarme cierto rubor. Acudí con todo el poder de mi memoria y de mi
+discurso al recuerdo de lo pactado con mi tío y a lo resuelto desde
+Madrid; requerí de nuevo el alto cuello de mi abrigo, porque la tarde
+avanzaba y el cierzo iba haciéndose por momentos más frío y más
+gemebundo, y arrimé dos espolazos a la bestia, precisamente en el
+instante en que ella daba una huida hacia la derecha, enderezando las
+orejitas y mirando recelosa hacia la izquierda: lo mismo exactamente que
+hacía el caballejo de Chisco; el cual espolique, notándolo y mirando en
+la misma dirección que los caballos, me decía con cierto matiz de alarma
+en el acento:
+
+--¡Pique, pique, y tierra atrás!
+
+Y me daba el ejemplo tomando un medio trotecillo delante de su rocín,
+que no necesitaba ruegos ni amenazas ni castigos para seguirle. Tampoco
+el mío echaba en falta esas cosas para seguirlos a los dos. Chocándome
+todo esto, pregunté al espolique la razón de ello.
+
+--Poca cosa--me respondió--, y ná de malu, sino que la tarde va de
+caída, y nos quedan entoavía güenas tiras que medir con los pies.
+
+No me satisfizo la respuesta, pero no insistí con nuevas preguntas.
+
+Más de una hora tardamos en atravesar el Puerto, que mide, por aquella
+línea, cerca de dos leguas. Al fin de esta jornada fastidiosa, nueva
+sorpresa para mí, nuevo espectáculo, nuevas ideas y nuevas impresiones.
+Un despeñadero al frente, otro a la derecha, otro a la izquierda... ¿Por
+cuál de ellos tomaría Chisco...? Por el peor, por el primero, por el
+único que, aunque mala, tenía salida visible. Esta salida era la
+resultante de algo así como desmoronamiento de una colosal muralla
+construida por titanes para escalar nuevamente el cielo. Por uno de los
+intersticios de aquella escombrera de montes dislocados, musgosos unos y
+a medio revestir de avellanales, árgomas y acebuches otros, alguno de
+ellos bien poblado de hayas robustas o de esbeltos «mostajos» (el árbol
+de sabroso y encarnado fruto), con grandes manchas rojizas en la falda,
+impresas por los secos helechales, y todos con parte de sus esqueletos
+de roca asomando por los desgarrones de sus vestiduras, iba el camino
+que conducía al término de mi empecatada expedición. Mas para llegar a
+él teníamos que bajar una pendiente que daba vértigo. Por allí se
+deslizaba la vereda, de lastras resbaladizas lo más de ella, en ziszás,
+entre jarales y arbustos algunas veces; muchas al descubierto sobre la
+barranca, en cuyo fondo, entenebrecido por las malezas de ambas orillas,
+refunfuñaban las aguas de los regatos vagabundos encauzadas allí para ir
+a engrosar por caprichosos derroteros el caudal del río que se despeñaba
+a nuestra izquierda y al otro lado del Puerto.
+
+A todo esto, la noche se aproximaba; el tinte amarillento del follaje
+que se moría, destacando sobre el plomizo obscuro de los montes, daba a
+los términos más cercanos una lividez cadavérica; y del fondo de los
+precipicios donde se pudría la vegetación que ya había muerto, subía un
+olor acre, un vaho de tanino que me crispaba los nervios.
+
+En presencia de aquel nuevo espectáculo y con la llanura del Puerto a la
+espalda, ya no era yo la estatua de granito con sangre de líquidos
+pedernales: la contemplación de aquel laberinto de sierras bravías, de
+cuetos escarpados y de picachos inaccesibles; de ásperos y sombríos
+repliegues, de pavorosas quebradas y de abruptos peñascales, transportó
+súbitamente mis imaginaciones a los entusiasmos «arqueológicos» de mi
+padre: allí me sentí contaminado de ellos; allí concebí al cántabro de
+sus himnos en toda su bárbara grandeza, hasta vestido de pieles y
+bebiendo sangre de caballo; y aun llegué a verle: le vi, sí, resucitado
+en carne y hueso, en la carne y en los huesos de mi propio espolique.
+Aquel cuerpo fornido e incansable; aquellas guedejas estoposas, aquel
+palo pinto, que en su diestra remedaba un venablo; aquel paraguas azul
+que, bajo su brazo izquierdo, podía tomarse por un haz de flechas
+envenenadas; aquella mandíbula saliente; aquel mirar poderoso e
+imperturbable; aquella faz montuna y atezada... ¡oh! escarbando un poco
+en todo aquello, no había duda, resultaba el cántabro primitivo.
+Comprendí entonces su resistencia de seis años contra las invencibles
+legiones de Augusto; y las legiones enteras despedazadas en el fondo de
+los desfiladeros, o rodando por las agrias laderas, aplastadas por los
+peñascos desgajados de las cumbres; el sentimiento exaltado de su
+salvaje independencia; la muerte en cruz antes que el yugo del
+conquistador... todo, todo lo comprendí y todo lo sentí, lo mismo que lo
+había comprendido y sentido mi padre, menos que pudiera vivir entre
+tales vericuetos y tan esquivas soledades, un hombre de mi educación, de
+mis sentimientos y de mis hábitos.
+
+Con estas fantasías en la cabeza y los ojos cerrados muy a menudo por no
+ver los abismos a mis pies, fui bajando la pendiente cómo y por dónde
+quiso mi caballejo, a cuya juiciosa firmeza me había entregado con ciega
+fe desde arriba, por encargo del propio Chisco, que me precedía
+caminando por el derrumbadero con igual desembarazo que yo por los
+pasillos de mi casa.
+
+Metido ya en la grieta como una lagartija, apenas daba el camino,
+«usgoso» y desconcertado, para sentar sus pies, con grandes
+precauciones, mi jamelgo. A lo mejor, grandes doseles de granito con
+lambrequines de zarzas y escaramujos raspándome la cabeza, mientras que
+por el lado derecho me punzaban las espinas de los escajos, y el más
+ligero resbalón de mi cabalgadura podía lanzarme a las simas de la
+izquierda. Y mirando hacia arriba en busca de luz, que ya nos faltaba
+abajo, montes erizados de crestas blanquecinas, y conos encapuchados de
+espesa niebla, y gárgolas de tajada roca amenazando desplomarse sobre
+nosotros; y a todo esto, el camino estrechando y retorciéndose cada vez
+más, subiendo aquí, bajando allá, y sin poder yo darme cuenta de si,
+desde que habíamos descendido del Puerto, bajábamos o subíamos en
+definitiva.
+
+¡Oh, condenados admiradores de la Naturaleza «en toda su grandiosidad
+salvaje»!--decíame yo, entumecido y quebrantado de alma y de cuerpo.
+Aquí os daría yo el pago de vuestras sensiblerías de embuste, poniéndoos
+a pasto de admiración durante media semana.
+
+Al fin resultó que bajábamos; y esto lo noté cuando me vi en terreno un
+poco más abierto y despejado: una espaciosa rambla que terminaba en una
+vadera por la que corrían hacia el Nansa, aún no visto por mí, los
+acumulados tributos que le pagaban los montes de aquella vertiente.
+
+Pasada la vadera, volvía a subir el terreno, que era un inmenso lastral
+como los montes áridos que le servían de fondo, particularmente hacia la
+izquierda. Recuerdo que el sonido de las herraduras de los caballejos y
+el de los tarugos de Chisco sobre las lastras de la subida, juntamente
+con el murmullo de las cristalinas aguas de la vadera, no me
+impresionaba en el espíritu, sino en el cuerpo: me daba frío. Hasta tal
+punto llevaba yo pervertidas las sensaciones por obra del tedio y del
+cansancio.
+
+El espolique me sacaba, como siempre, una buena delantera; y cuando
+llegué a lo alto, encontréle esperándome, sombrero en mano, en el
+vestíbulo o «asubiadero» de un santuario que hay allí. Detrás de la reja
+que sirve de fondo al vestíbulo, veíase, no muy claramente, a la luz de
+una lamparilla que le alumbraba, porque la del crepúsculo podía darse
+afuera por extinguida, un altarcito con la imagen de la Virgen llamada
+de las Nieves, según informes de Chisco. Descubríme yo también, y sin
+obligarme a ello el mandato que leí en una mirada del espolique. El
+cual, vuelto enseguida hacia el retablo y después de persignarse con
+gran unción y parsimonia, cruzó las manos sobre el palo pinto y comenzó
+a rezar en voz muy alta por el alma de su padre. La oración era un
+Padrenuestro; y con ser tan usual y corriente entre todo fiel cristiano,
+sonaba en mi corazón y en mis oídos a cosa nueva en medio de aquel
+salvaje escenario, tan cerca de Dios y tan apartado de los ruidos, de
+las miserias y hasta del amparo de los hombres. Pero noté que Chisco, al
+concluir la primera parte de la oración, se detuvo en seco; lo cual
+quería decir que rezara yo lo restante. Por fortuna me cogía bastante
+pertrechado para salir airoso de compromisos como aquél, y recé lo que
+me pedía, aunque no tanto por su intención como por mis necesidades del
+momento. Tenía racional disculpa mi egoísmo en las emociones de la brega
+excepcional que traía y en la que me aguardaba entre las tinieblas de la
+noche, tan pavorosa en aquellas abruptas soledades.
+
+Pero hubo tiempo y oraciones para todo y para todos; porque tras el rezo
+por el alma de su padre, rezó por la de su madre, y después por las de
+abuelos, y enseguida por las de todos sus parientes, y luego por las de
+cada uno de los míos, y, finalmente, por las necesidades de la
+cristiandad entera. Con ello, «una _Salve_ a la Virgen de las Nieves» y
+un «Viva Jesús sacramentado», santiguámonos, cubrímonos, acabó de cerrar
+la noche y nos dispusimos a continuar la interminable jornada.
+
+Según Chisco, nos faltarían, para terminarla, tres cuartos de hora; el
+camino, «por el arte» del que habíamos andado entre el Puerto y la
+vadera; pero siempre bajando hasta la misma puerta de casa, lo cual «era
+una ventaja», porque se andaba ello solo «tan guapamente». Además, mi
+caballo se le sabía de memoria, y con dejarme llevar por él, estaba «al
+cabo del negocio».
+
+--Corriente--dije a Chisco por todo comentario a sus informes, que me
+dieron escalofríos--; pero ¿de qué se espantaron los caballos en el
+Puerto, y por qué me aconsejabas tú que picara al mío de firme?
+
+--Y ¿por qué es la pregunta a estas horas, si se pué saber?--preguntó a
+su vez el espolique, no poco sorprendido.
+
+--Porque ha vuelto a clavárseme el caso de repente, ahora mismo, en la
+memoria, y la ocasión me ha parecido de perlas para que respondas aquí
+lo que no quisiste responderme en el Puerto.
+
+--Pos espantáronse--dijo Chisco algo roncero todavía--; espantáronse (y
+no hay por qué se niegue ya), espantáronse... del osu.
+
+--¡Del oso!--exclamé con los pelos de punta--. ¿Dónde estaba?
+
+--Estaba... como a cincuenta brazas de nos, jechu un reguñu, a la vera
+de un busquizal. Tomaríale usté por un cantu gordu de los muchus que hay
+en el Puertu: el que no está avezau a verli de esi arti, confúndilos.
+Sueli asomar en veces por ayí; gústali el oreu a lo mejor, y soleáse un
+pocu, si tien ocasión de eyu. Pero no hay que temeli cosa mayor, porque
+del hombri ajuyi siempri como el hombri no se meta con él. Con too y con
+esu, güenu es teneli a distancia, por un por si acasu... Conque vamos
+palanti, si le paez, y no arreceli alcuentrus talis, que por aquí no se
+usan, y de nochi mayormenti.
+
+Con el saboreo de aquellas noticias y de estas «seguridades», sin un
+astro visible en el cielo, la tierra envuelta en la más cerrada y
+tenebrosa de las noches, y empezando a lloviznar, me dejé sumir en la
+barranca que se abría a corta distancia del santuario, encomendando mi
+alma a Dios y mi vida al instinto del cuadrúpedo que me conducía.
+
+Y así llegué, sin saber cómo ni por dónde ni a qué hora, al suspirado
+fin de mi jornada memorable.
+
+
+
+
+III
+
+
+Un silbido muy original de Chisco; el latir de un perrazo poco después;
+una luz tenue y errabunda aparecida de pronto; la detención repentina de
+mi caballo, tras el último par de resbalones con las cuatro patas sobre
+los lastrales «pendíos» de la vereda; bultos negros en derredor de la
+luz y rumor de voces ásperas y de distintas «cuerdas»; mi descenso
+dificultoso del caballo, al cual parecía adherido mi cuerpo por los
+quebrantos de la jornada y los rigores de la intemperie; mi caída sobre
+un pecho y entre unos brazos envueltos en tosco ropaje que olía a humo
+de cocina, y la sensación de unas manazas que me golpeaban cariñosamente
+las costillas, al mismo tiempo que los brazos me oprimían contra el
+pecho; mi nombre repetido muchas veces, junto a una de mis orejas, por
+una boca desportillada; mi entrada después, y casi a remolque, en un
+estragal o vestíbulo muy obscuro; mi subida por una escalera algo
+esponjosa de peldaños y trémula de zancas; mi ingreso, al remate de
+ella, en otro abismo tenebroso; mi tránsito por él llevado de la mano,
+como un ciego, por una persona que no cesaba de decirme, entre jadeos
+del resuello y fuertes amagos de tos, cosas que creería agradables y
+desde luego le saldrían del corazón, advirtiéndome de paso hacia dónde
+había de dirigir los míos, o dónde convenía levantar un pie o pisar con
+determinadas precauciones, sin dejar por ello de pedir a gritos y con
+interjecciones de lo más crudo, una luz que jamás aparecía, porque, como
+supe después, toda la servidumbre andaba en el soportal bregando con los
+equipajes y las cabalgaduras; de pronto un poco de claridad por la
+derecha, y la entrada en otro páramo de fondos negrísimos con una lumbre
+en uno de sus testeros; después, el acomodarme, a instancias muy
+repetidas de mi conductor, en el mejor asiento de los que había
+alrededor de la lumbre; y el ponerse él, pujando y tosiendo, a amontonar
+los tizones esparcidos, y a recebarlos con dos grandes, resecas y
+copudas matas de escajo.
+
+A esto se reducen todos los recuerdos que conservo de mi llegada al
+«solar de mis mayores». La noción exacta de cuanto me rodeaba allí en
+aquellos momentos, y aun la de mí propio, no la adquirí hasta que al
+calor de la fogata descomunal que resultó del hábil manipuleo de mi tío,
+se desentumecieron mis ateridos miembros, volvió a circular mi sangre
+con su acostumbrada regularidad, y revivieron con ella y se enquiciaron
+todos los componentes de la entorpecida máquina de mis ideas.
+
+Dueño y señor ya de ellas y comenzando a orientarme, reparé que la
+cocina era enorme, y que sus negras paredes relucían como si fueran de
+azabache bruñido; que la lumbre, cuyos penachos de llamas subían
+lamiendo los llares recubiertos de espesos copos de hollín, hasta
+rebasar de la ancha campana de la chimenea, estaba arrimada a un poyo
+con bovedilla, que era la jornía o cenicero, sobre una espaciosa y
+embaldosada meseta, en uno de cuyos bordes de empedernida madera, y a
+menos de un pie de altura sobre el suelo general, apoyaba yo los míos;
+que a mi sillón, grande y con brazales derechos, seguían, hasta cerrar
+todo el perímetro de la meseta, bancos y escabeles de madera desnuda y
+muy brillante por el uso, lo mismo que el sillón, y que este hogar
+ocupaba la cabecera más abrigada de la cocina. Después pasé la vista por
+todos y cada uno de los innumerables e inconexos trastos, enseres y
+chirimbolos que había en aquel recinto, y hasta me interesaron dos
+ollones y tres cazuelas de barro, cuyas coberteras temblaban entre
+espumarajos al impulso de lo que hervía debajo de ellas, arrimados a la
+lumbre y calzados con sendos morrillos por detrás; por último, y cuando
+ya nada tenía que examinar en la cocina y sus accesorios, fijé toda mi
+atención en mi tío, que andaba a mi vera, o tan frontero a mí como se lo
+permitía la fogata que ambos teníamos delante, buscándome la palabra y
+colmándome de atenciones cariñosas. ¡Vaya usted a saber de qué capricho
+inconsciente, de qué evolución desacordada, nació aquel procedimiento
+tan descortés con lo más interesante y, desde luego, lo más estimado y
+respetable para mí, entre cuanto había, en aquella ocasión, al alcance
+de mis ojos!...
+
+Eran chiquitos y garzos los de mi pariente, y miraban con la vivacidad
+de los del raposo, a la sombra de unas cejas grises, muy espesas y
+erizadas; la nariz, aguileña; la boca, nunca enteramente cerrada ni
+quieta, parlanchina como los ojos, aunque callara; la tez, muy pálida y
+rugosa; la barbilla, redonda y algo prominente debajo del labio
+inferior; las orejas, formidables y muy velludas en las cercanías de los
+oídos; la cabeza, bastante plana por detrás, y el pelo (descubierto en
+el instante de examinarle yo, por haberse quitado don Celso la gorra
+casera con que de ordinario se cubría, para pasarse ambas manos por él,
+cosa que le gustaba mucho, como puede observarse más adelante), de la
+misma casta y de igual color que el de las cejas, cayendo en recios
+mechones sobre la frente, y sin visibles muestras de calva en sus
+alturas. El cuerpo era proporcionado a la cabeza, de regular tamaño, y
+daba señales de recientes y muy considerables mermas de robustez, en los
+excesivos sobrantes del chaquetón y de los pantalones pardos con que le
+vestía; como las daban de pérdidas de vigor y fortaleza, la cerviz algo
+humillada y el andar no muy seguro. Calzaba medias azules y zapatillas
+de «cintos» negros y tenía echado sobre los hombros un gabanote obscuro,
+forrado de tartán de muchos colores. Nada de corbatín ni siquiera de
+cuello alto ni planchado.
+
+Indudablemente había más vida en el espíritu que en la materia de mi
+tío; pero así y todo, entre sus pronósticos pesimistas y el de Chisco,
+más risueño, a juzgar yo por aquel conjunto de alma y cuerpo, inclinéme
+más al dictamen de mi espolique, aunque sin acercarme mucho a él: podía
+haber «hombre para largo»; y aun más halagüeño todavía se lo puse por
+comienzo de nuestra conversación.
+
+--¡Ay, hijo de mi alma!--me respondió, sentándose a mi lado y
+palmoteando sobre mi espalda con su mano derecha--. ¡Cómo te engaña el
+bien querer! Cierto que no soy lo que te pinté en mis cartas, sin faltar
+a la verdad, porque desde que me diste el sí que te pedía en ellas,
+esponjé de pronto medio palmo, por un respingo de la alegría que aún me
+dura... ¡Qué cosas, hombre! ¡Quién había de decirme a mí, poco tiempo
+hace, que el caer o no caer de repente un roble viejo, podía depender
+de!... Vamos, que cuanto más se vive, más se aprende. Pero adentro de la
+viga anda la carcoma; asegúrotelo yo que la siento roer sin hora de
+descanso. _(Aquí un amago de tos convulsiva.)_ ¿No te lo dije? Pues a la
+vista le tienes ya. ¡Éste, éste es el ujano pícaro que me acaba!... En
+fin, Dios es Dios, y lo que Él quiera ha de ser, y lo que debe de ser...
+Conque dejemos el punto para tratarlo en su ocasión, y vamos a otros
+particulares más urgentes por ahora.
+
+Con esto empezó a descargar sobre mí una granizada de observaciones y de
+preguntas que casi se empalmaban unas con otras, sin dejarme el menor
+espacio para ingerir una respuesta. Si era yo alto, si era bajo; si
+resultaba más o menos parecido a los retratos que conservaba él; si más
+guapo, si más feo; si «salía» más a mi padre que a «la andaluza» (mi
+madre), de la que también conservaba retrato; cuántos «pedimentos»
+habría hecho desde que me recibí de abogado; si tenía novia y si era
+maja y rica; qué tal era «París de Francia»; cuánto costaba un viaje
+«desde Madrid allá», y qué capitales del mundo había visitado; a cuántos
+reyes conocía de vista, y quizás de trato; qué me había parecido el
+camino desde Reinosa; si traía ganas de cenar; en dónde nos había
+anochecido; por qué usaba toda la barba y no el bigote solo como en el
+retrato... Y así; y todo ello entreverado de golpeteos sobre mi espalda,
+de gestos indescriptibles y de injurias contra la tos que le amagaba, de
+admiraciones estruendosas, de risotadas... y de «ajos», porque los
+echaba por ristras el buen don Celso y como la cosa más natural y
+corriente.
+
+Yo tenía noticia, por mi padre, de lo regocijado y expansivo de su
+carácter cuando no le daba por ponerse hecho un erizo y hacer andar a
+todos en un pie; pero no creí, vistas sus cartas y su lacia catadura,
+que le quedara en el cuerpo tanto acopio de aquellos ingredientes
+retozones. Terminó la escena porque se movió gente en los pasadizos
+inmediatos y entró en la cocina una mujer de cierta edad, gris de pelo y
+gris también de envolturas de pies a cabeza, y con un farol en la mano,
+para decirnos con voz algo hombruna:
+
+--Aqueyu ya está ayí.
+
+Y como «aqueyu» era mi equipaje, y «ayí» mi habitación.
+
+--¡Jorria!--exclamó mi tío volviéndose hacia la mujer--. Pues pica a
+poner una luz... pero una luz de vela... ¿Entiendes? Porque tú--añadió
+dirigiéndose a mí--, tendrás que hacer algo en tu cuarto... siquiera
+conocerle de vista; a más de que «hacienda, tu amo te vea...» y como hay
+noche larga por delante, tiempo nos queda de sobra para que vuelvas a la
+cocina a darte otro chamuscón, si te le pide el cuerpo... ¿Todavía estás
+ahí, fantasmona de los demonios?
+
+--Es que tamién está ya la luz ayí--respondió la mujer que no se había
+movido del vano de la puerta.
+
+--¡Acabaras de resollar!... Pues entonces, dáca el farol y quédate aquí
+tú a cuidar de estos potingues... ¡Mira, mira cómo se va esa olla!...
+¡Quítale la cobertera en el aire y échala un poco atrás! Y a ver cómo
+está la cena en punto para cuando se te pida... Porque tú (por mí)
+querrás cenar temprano, ¿no es verdad?... Digo yo: con lo que has
+andado, y en ayunas desde tan lejos... Yo que tú, hubiera tomado a buena
+cuenta el tente en pie que te ofrecí según llegaste; pero ¡que si
+quieres!... porque las gentes finas vivís del aire y sois así... ¿Conque
+andando?... Digo, si te parece.
+
+Cogió en esto el farol que le entregaba la mujer gris; y como yo, que ya
+estaba de pie, hiciera ademán de seguirle, echó por delante hacia la
+puerta y fuime tras él, medio a tientas, en cuanto salimos de la cocina,
+porque la desmayada luz del farol apenas se veía en las densas
+oscuridades de afuera. Andando así a lo largo de un pasillo, llegamos a
+desembocar en otro que se cruzaba con él, y le seguimos hacia la
+derecha. Por este lado terminaba en un salón que me pareció más negro
+que los pasillos, porque en sus ámbitos desmesurados parecía la luz del
+farol la de una pajuela.
+
+--Esta es la salona, o comedor--dijo mi tío al entrar en él--. ¡Comedor!
+¡Qué comedor ni qué cuartajo!... Le llamo así porque de eso sirve cuando
+se alojan en esta casa personajes finos como tú, o algún señor Obispo de
+acá o de allá, o cuando hay boda en ella y algunos días después... hasta
+que llega la confianza y se arregla uno tan guapamente en la «perezosa»
+de la cocina: en invierno, al amor de la lumbre, y en verano... por la
+frescura... ¡Cascajo!, no te rías, porque en la cocina de mi casa se
+tirita de frío en agosto en cuanto se dejan de par en par las dos
+puertas y la ventana que tiene... ¡Figúrate tú lo que pasaría si
+hiciéramos otro tanto esta noche, y eso que todavía estamos al acabarse
+el otoño! ¿Ves una puerta en esa pared de la izquierda? Pues es la de mi
+cuarto: ahí duerme tu tío sesenta años haz; los restantes, quiero
+decirte, los primeros de la vida, me los dormí en esa alcoba de este
+lado de la entrada: mucha parte de ellos con tu padre, en una misma
+cama, hasta que, por andar a testerazos muy a menudo los dos debajo de
+la ropa sobre quién estorbaba a quién... ¡qué pernear el de aquel
+arrastrado, hombre! nos separaron, y le echaron a él a dormir solo en un
+cuarto de los de atrás... Aquí tienes la mesa, de encina pura, como los
+bancos... Bien retallados de espaldar, ¿eh?... como los bordes de la
+mesa y las cuatro patas; digo, no, que las patas están como torneadas en
+rosca, igual que los fierros cruzados que tiene por debajo... También
+tienen algo de torneo las sillas arrimadas a las paredes. En fin, cosa
+rústica todo ello, pero de firmeza y buena calidad, como corresponde a
+gentes de nuestro porte. ¡Trabajo le mando al que se empeñe en buscarle
+la fe de bautismo! ¡Zancajo, cómo estará de polillas!... Esta es la
+puerta de la sala: vamos, la pieza de respeto. Por eso te la he dado a
+ti... Es cortesía de obligación, sin contar con el cariño... Ya lo ves,
+frente por frente de mi cuarto. ¿Te enteras? Pues jala para dentro.
+
+Y entramos. Allí ya se veía más claro, no solamente por la doble luz del
+farol y de la vela, la cual ardía en candelero de azófar muy bruñido,
+sobre una cómoda con columnitas de basas y capiteles de bronce dorado,
+sino porque la sala tenía cielo raso y no de viguetas al descubierto
+como el salón contiguo, y estaba, lo mismo que los muros, muy bien
+blanqueado. Arrimados a ellos había un canapé, varias sillas y otros
+muebles contemporáneos de la cómoda; colgado sobre ésta, un _Eccehomo_
+entre dos cornucopias de buena talla dorada; sobre el canapé, una
+Purísima, y enfrente de estos cuadros, otros dos, de santos también,
+todos ellos al óleo y en marcos dorados, pero sumamente deslucidos ya.
+La sala tenía una gran alcoba, y la puerta de ingreso a ella cortinas
+blancas recogidas en pabellones sobre grandes clavos romanos. En el
+fondo de la alcoba, una cama de madera de altísimo testero con molduras
+doradas y medallones pintados, colcha de damasco rojo y sábanas muy
+finas con puntillas y bordados en el embozo de la encimera.
+
+--Vas a dormir--me dijo mi tío paseando el farol sobre todos aquellos
+lujos--, en la misma cama en que han dormido los Obispos de Santander y
+de León... ¿Eh? ¿qué tal?
+
+--Que es gran honra para mí--le contesté--. Pero yo dormiría más a gusto
+en ella sin la colcha de damasco y las sábanas bordadas, principalmente
+sin la colcha.
+
+--¡Hombre! Pues ¿para qué se quieren las cosas buenas sino para las
+ocasiones como la presente?
+
+Me costó algún trabajillo hacer comprender a mi tío, que tomaba mi
+resistencia a desaire, que se duerme mejor y más descuidadamente que
+entre encajes y damascos, bajo las coberturas sencillas que usamos a
+diario los simples mortales.
+
+--Pues nada, hijo--díjome al fin--: lo primero, tu gusto, y ése es el
+que ha de hacerse en esta casa mientras en ella estés... ¡A buena parte
+vienes, cuartajo!... Irá fuera la colcha y cuanto te estorbe con ella en
+la alcoba. Aquí tienes un felpudo para los pies... Creo que no te vendrá
+mal al acostarte, porque estos suelos de castaño viejo son fríos como
+ellos solos... ¿eh? Pues esta lacenuca, o como la llaméis vosotros
+«allá», a la cabecera de la cama, para poner la luz encima y meter
+adentro... ¿ves? el ingrediente éste, no pienso yo que te estorbe... ni
+tampoco esta sillona del rincón... ven acá, ven acá a verla... Como
+somos mortales y nadie está libre de un apuro, y las noches son tan
+largas ahora, y los carrejos tan obscuros y tan fríos y no los conoces
+tú mayormente... En fin, no hay que decirte más. Pues bueno: aquí tienes
+perchas, con su guardapolvo correspondiente, clavadas en la pared... y
+en la de enfrente ese armario desocupado, en que puedes meter una tienda
+de ropa... Me parece,¡pispajo! que por mucha que traigas, entre él y la
+cómoda y las perchas, con sobras te ha de caber... Para tus rezos,
+porque alguno usarás, como buen cristiano que eres, al meterte en la
+cama y al salir de ella, ahí tienes, a la cabecera, a Dios Nuestro Señor
+en cruz, y la benditera al lado, con su agua correspondiente, y su
+ramuco de laurel bendito, por si quieres rociarla por el cuarto; porque
+el demonio no descansa un punto, y se cuela por el ojo de una cerradura.
+Aquí el palanganero con todos los avíos de limpieza... y todavía sobra
+campo para otro tanto más... Y con esto, lo dicho: en tu casa estás. Lo
+que te estorbe, fuera con ello; si algo deseas y no lo tienes, pídelo,
+que, como lo haya a mano, tuyo será... Y ahora te dejo en paz y a tus
+anchuras. Cuando acabes, avisa, que en la cocina estamos.
+
+Y se fue, zarandeando el farol en una mano y requiriendo con la otra el
+abrigo que se le deslizaba de los hombros; pero tosiendo mucho y muy
+anheloso de respiración. Aquel cuerpo caduco y herido de muerte ya, no
+podía resistir sin grandes quebrantos y protestas los ajetreos en que le
+empeñaba la vivacidad del espíritu encerrado en él.
+
+Mientras anduve trajinando en aquél mi aposento, pensé mucho, y no todo
+de color de rosa. La última parte de mi viaje, de noche y lloviznando;
+los pasillos negros de la casona; la cocina tan grande, tan oscura al
+principio, de tan extraño aspecto después a la luz de la enorme fogata;
+el pelaje y las cosas de mi tío; la mujer gris aparecida de repente; el
+tenebroso páramo del comedor, explorado a la luz mortecina del farolillo
+de cuatro cristales empañados por la roña; el silencio de «afuera»...
+peor que el silencio absoluto: un rumor lejano e intermitente, bronco,
+algo por el estilo del que puso espanto en el esforzado pecho de Don
+Quijote cierta noche en las proximidades de Sierra Morena, y el otro
+silencio de la casa en cuanto cesaba de hablar mi tío, me habían
+impresionado de mala manera. Lo mejor del cuadro era mi habitación,
+amplia, sin llegar a lo enorme, como su colindante y la cocina, blanca y
+bien provista de muebles; pero ¡qué frío se sentía en ella! ¡Y aún no
+había empezado el mes de noviembre! Instintivamente palpé el espesor de
+las ropas de mi cama; y aunque era muy considerable, retiré la colcha de
+damasco rojo y puse en su lugar mi pesada manta de viaje en dos
+dobleces. Sentía los pies helados, y me calcé unas zapatillas forradas
+de piel; y no me envolví el cuerpo en un abrigo ruso de que iba
+provisto, porque estaba resuelto a darme otro chamuscón en la cocina
+inmediatamente. En lo que llamaba sala mi tío, además de la puerta que
+comunicaba con el comedor, había otras dos que debían corresponder a
+otras tantas fachadas de la casa. Por curiosidad abrí el ventanillo o
+«cuarterón» de una de las hojas del claro más próximo a mí, y todo lo vi
+negro, negrísimo, al través de un mezquino cristalejo; abrí después la
+hoja entera, que daba a un balcón con repisas de piedra, y aún me
+pareció más negro que antes lo que de este modo se veía. En cambio, los
+rumores que desde adentro se percibían lejanos y con intermitencias,
+desde allí resultaban continuos, más acentuados y más próximos. Debía
+producirlos el río despeñándose a corta distancia de la casona. A este
+murmurio incesante que casi era bramido ya, servía de fastidioso
+acompañamiento el golpeteo de la lluvia, vertida en el suelo por las
+canales del tejado. Me daba esta «música» gran tristeza y cerré la
+puerta del balcón más que de prisa.
+
+Al salir a la salona con el candelero en la mano, me encontré con la
+mujer gris ocupada en poner la mesa, a la luz de un velón de tres
+mecheros, colgado de un listón de madera, sujeto por una de sus
+extremidades a una vigueta del techo. No era antipática, ciertamente, la
+cara de aquella sirviente; y bien mirada, hasta se hallaban en ella
+vestigios de haber sido guapa en sus mocedades. Expresábase con un
+laconismo que tenía ciertos matices clásicos, y respondía con agrado a
+las preguntas que me arriesgué a hacerla, por hablar de algo y alegrar
+un poco el tedioso colorido de mis ideas. Así supe que se llamaba Facia;
+que desde muy joven servía en casa de mi tío y que en ella pensaba
+morir, si esa era la voluntad de su amo, a quien quería y respetaba como
+a padre y señor, y aun con eso no le pagaba bastante los grandes
+beneficios que le debía. Él y su señora la habían recogido huérfana y
+desamparada, dándola desde entonces buena enseñanza y poco trabajo, pan
+abundante, y lo que vale más que eso, cariño y sombra. Todo esto me lo
+iba declarando como a la descuidada, en periodos cortados y sin mirarme
+a la cara, pero reflejando en la suya cierta expresión de dulzura
+melancólica que la hacía muy interesante, mientras se movía lentamente
+de acá para allá, poniendo aquí un plato después de pasarle con un
+lienzo blanquísimo, y allí un vaso o un tenedor. De este modo, y echando
+yo la conversación hacia ese lado, llegó a decirme que su amo había
+tenido siempre una salud «de fierru», hasta que una noche, pocos meses
+hacía, después de una semana de resfriado que no le privó de andar por
+el mundo, se había despertado «ajuegándose de anseo, con un jirvor de
+pecho, un color de cera en la cara, y un mirar de espanto en los ojos
+que desaflegía». Salió de aquello, pero para no levantar cabeza.
+«Tristezón y acobardao», ya era otro hombre. La tos le sofocaba de
+noche, y se pasaba en vilo la mitad de ellas. «Entróle malenconía» de
+las más negras; y si llego a no acudir yo a su lado, se va «como los
+sospiros». «Con ello y con too», Dios sabía hasta dónde llegaría el
+carro sin atollarse para siempre.
+
+Y la pobre mujer, con los ojos empañados, apenas hallaba voz en su
+garganta para decirme esto. ¡A buena puerta había llamado yo para
+curarme de tristezas!
+
+Agravadas las que había sacado de mi habitación con el contagio de las
+de Facia, apartéme de ella con dos fórmulas de consuelo, que para mí
+hubiera querido yo, y fuime en derechura a la cocina.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Estaba allí mi tío, sentado en el sillón de cabecera, y a su izquierda,
+en el banco que le seguía inmediatamente, un señor Cura muy corpulento,
+con balandrán de paño, gorro de terciopelo raído, y entre manos una
+cachavona muy recia; frontero a los dos, con la lumbre entre ambos, otro
+personaje más corpulento aún que el señor Cura, de cabeza canosa y
+gorda, cara cetrina y ojos muy saltones; en el mismo banco, pero a
+respetuosa distancia de este sujeto, Chisco secándose el barro de sus
+perneras a la lumbre; y junto a ella, y acurrucada en el suelo sin
+estorbar a nadie, con una cuchara de palo en la mano derecha, y en la
+izquierda el mango de una sartén colocada sobre las trébedes, una
+mocetona de ojos azules, hermoso y abundante pelo rubio y cuerpo bien
+metido en carnes.
+
+Al aparecer yo en la cocina, cesó el recio clamoreo de la empeñada
+conversación que me había parecido disputa desde el pasadizo inmediato,
+y todas las personas del grupo se encararon conmigo de repente.
+Descubríme yo entonces y avancé algunos pasos hacia la meseta del fogón.
+
+--¡Hola, hola!--exclamó mi tío al verme--. Ya vienes en busca de la
+gracia de Dios, ¿eh? Me alegro, hombre, me alegro... A ver, toma,
+cógele... Bien que tú no puedes, porque estás ocupada... Tú, Chisco,
+cógele ese candelero que trae en la mano... Vaya--añadió mirando
+alternativamente al Cura y al hombrón del otro banco--, aquí le tenéis
+ya: éste es mi sobrino Marcelo, el hijo de mi difunto hermano Juan
+Antonio. ¿Eh? ¿Qué tal? ¿Qué hay que pedirle en estampa ni en ropaje?...
+Mira--me dijo a mí--, estos señores vienen a visitarte...
+
+Entonces se enderezaron a una los aludidos, que me parecieron dos
+gigantes, particularmente el seglar, que metía la cabeza hasta los
+hombros dentro de la campana de la chimenea; pero ni el Cura se quitó el
+gorro, ni el otro el chambergazo con que tapaba una parte mínima de la
+blanquísima greña que se le desbordaba por todo el perímetro de la
+cabezota. Me dieron sendos apretones de manos, que me hicieron ver las
+estrellas; y mientras volvían a sentarse, a mis ruegos, y me sentaba yo
+también a los de mi tío entre él y el señor Cura, continuó diciendo el
+primero, señalando al segundo:
+
+--El señor don Sabas Peñas, párroco de este pueblo desde que cantó
+misa... ¡ya hace fecha! porque te advierto que no baja una peseta de los
+tres duros y medio... Se los llevo bien contados... Buen amigo, buen
+cumplidor de sus deberes, eso sí, y muy docto en latines de todas
+clases... y en poner una bala en el corazón de un oso sin que le tiemble
+el pulso... No se le conoce otro vicio.
+
+El Cura soltó aquí una carcajada que retumbó en el embudo de la
+chimenea, y hasta farfulló unos latines de breviario que no pude
+entender.
+
+Después dijo mi tío refiriéndose al hombrazo del banco frontero:
+
+--El señor... Hombre--añadió encarándose repentinamente con él--, ¿me
+dejas entregar todo tu pasaporte de una vez, para acabar primero y
+entendernos mejor? Ya sabes que le tengo bien aprendido en la memoria...
+
+El hombrazo se revolvió en su banco gruñendo un poco, y dijo al fin, con
+voz cavernosa y resonante:
+
+--En ese que tú llamas pasaporte no hay cosa que me agravie, y puede
+estamparse siempre a la misma luz del sol: bien lo sabes tú. ¡Pero
+cuidado con el retintín! porque hay bocas que hasta el mismo «Credo» de
+la misa hacen sonar a lo que no es...
+
+--Esa boca no es la mía, ¡cuidado con ello!
+
+--Digo que hay esas bocas, y no digo más que eso--replicó el hombrazo.
+
+--Santo y corriente; pero yo vuelvo a preguntarte si va o no va, para
+conocimiento de mi sobrino, todo tu pasaporte, ¡cuartajo!
+
+--Y yo te respondo que lo que es honra para mí, no puede ofenderme. Con
+que allá te veas, y no hay más que decir.
+
+--Pues escucha, Marcelillo, que allá va el documento: don Pedro Nolasco
+de la Castañalera, alcalde que fue de este Real Valle en mil ochocientos
+treinta y dos, regidor en mil ochocientos treinta, teniente de alcalde
+en mil ochocientos veintisiete, síndico en mil ochocientos veinticinco,
+antiguo empleado en el lavadero de lanas de los señores Botifora y
+Compañía, extramuros de la ciudad de Valencia... Ordeno y mando.
+
+--¿Lo ves?--saltó aquí el hombrazo, con un vozarrón que aturdía. ¡Ya
+sacastes la pata!... ¡ya la jicistes!
+
+--¿En qué?--preguntó mi tío, fingiendo extrañeza, mientras el Cura reía
+a borbotones y lanzaba latines y yo no sabía qué pensar de todo
+aquello...
+
+--Oiga, usted, caballerito--díjome entonces don Pedro Nolasco, algo
+tembloroso de voz--: es la pura verdad que yo he sido, y a mucha honra,
+todas esas cosas que usted ha oído... pero contra el «ordeno y mando»
+del remate, protesto una vez, y dos veces, y dos millones de ellas.
+
+--Consta en papeles--afirmó mi tío con gran entereza.
+
+--Y mucho que consta--respondió don Pedro Nolasco--; pero con su cuenta
+y razón: en bandos que yo publiqué en su día, cuando las cosas andaban a
+paso más firme que ahora... sí, señor; allí estaba bien y en su punto;
+pero no lo está donde tú acabas de ponerlo con la mala intención que
+siempre tuvistes...
+
+--¡Eso es agraviarme!--exclamó mi tío sofocado por la tos.
+
+--¡De que me faltaras tú sin motivo me estoy quejando yo!
+
+--¡Yo no te he faltado!
+
+--¡Yo aseguro que sí!
+
+La cosa estuvo a punto de encresparse de veras por este camino; pero con
+la intervención del Cura y con la mía, conjuróse a tiempo la tempestad,
+que no era nueva en aquella cocina entre los mismos contrincantes, según
+luego supe; porque los dos eran sulfurosos de genio, y las cosas del don
+Pedro Nolasco una continua tentación para el espíritu marrullero de mi
+tío.
+
+Puestos en paz bien pronto, continuó éste:
+
+--Por lo demás, llévame dos años de fecha, aunque niégalo el arrastrado,
+sin pizca de temor de Dios, y tiene ya los cuatro duros bien corridos de
+peso. Fue siempre de mucho odre, buen apetito y mejor conducta. Así ha
+llegado él tan acá, sin un mal retortijón de tripas. Nunca le tomó
+apego, como el Cura, a la caza mayor... en los breñales, se entiende,
+porque a la vera de su casa o al amor de la lumbre, se zampa un buey en
+dos sentadas, si hay quien se le ofrezca. Por eso y otras cosas, le
+llamamos los que bien le queremos, sin que a mal lo tome ni se ofenda,
+«Marmitón».
+
+--¡Celso!--rugió aquí don Pedro Nolasco, dando patadas en el borde de la
+meseta en que apoyaba los pies, calzados con zapatillas de cintos
+negros, lo mismo que el señor Cura y que mi tío.
+
+Y entonces me fijé yo en que debajo de las zapatillas calzaba medias
+alagartadas, verdes, con grandes pintas negras.
+
+--Eso es lo único que te afea, salvo la cara--díjole mi tío
+serenamente--: el genial... En ese punto eres una jabalina celosa, a lo
+mejor de una chanza. Salimos de una chamusquina, y ya te quieres meter
+en otra...
+
+--¡Barájolas!--exclamó don Pedro Nolasco santiguándose--. ¿Ustedes han
+visto otra como ella? Trapalón de los demonios, ¿pues me he metido yo
+contigo ni tanto así, desde que se acabó lo otro?
+
+Mi tío no le hizo caso, y me preguntó a mí:
+
+--¿Le has visto ya bien? Pues con esas cerdas y todo, es el vecino más
+noblón del pueblo y el mejor amigo de sus amigos, y además es uva de la
+nuestra cepa. Lleva el corazón en la mano, y dará la piel cuando no
+tenga capa que partir con el pobre. Te lo digo yo, Marmitón de los
+demonios, aunque me pegues--añadió encarándose con el gigante--; te lo
+digo yo, ¡cuartajo!, yo, que tengo buenas pruebas de ser verdad: y te lo
+digo con el alma y vida. Si quieres creerme, me crees, y si no, peor
+para ti. ¿No es así, Cura?
+
+--_Est Deus in nobis_--respondió éste moviendo la cabeza de un lado a
+otro, como quien afirma algo bueno que es además indiscutible--. No hay
+que darle vueltas, _est Deus in nobis, semper et ubique_. Y si no fuera
+así, pobres de nosotros a cada chapucería de las que arma Satanás en las
+disputas de los hombres.
+
+--Pues bueno--repuso mi tío volviéndose hacia su amigo que no chistaba
+ni se movía, con los ojazos clavados en la lumbre--. Ahora quiero que te
+quedes a cenar con nosotros, no por mí, que no lo merezco, sino por
+honrar a mi sobrino.
+
+--¡A buen tiempo!--murmuró el gigante revolviendo un poco la mirada
+hacia don Celso y descargando mucho los celajes de su faz.
+
+--¿Lo dices porque has cenado ya?--le replicó mi tío.
+
+--Naturalmente.
+
+--Pues por eso mismo, porque lo presumía, te convido yo. En estómagos
+como el tuyo, ceba llama ceba... Y para animarte más y hacerla redonda y
+cabal esta noche, también te convido a ti, Cura.
+
+--Eso ya es otra cosa--dijo entonces don Pedro Nolasco, entrando de
+frente a la porfía--: si él se queda...
+
+Negábase el Cura a ello de todas veras; pero a fuerza de insistir mi tío
+y de empeñarme yo también, aceptó al cabo.
+
+--¿Lo has oído, Tona?... Pues llévale el cuento a Facia para que ponga
+dos platos más en la mesa, y añade tú lo que falte, si es que falta algo
+en la cocina.
+
+Tona respondió que sobraba con lo que había arrimado a la lumbre,
+siempre que cada cual comiera «como Dios mandaba»; y mi tío, mientras el
+hombrón recibía con carraspeos la condicional que la sirviente había
+echado hacia allá con los ojos, dio por rematada la historia y mandó que
+se tratara de otra más divertida.
+
+No lo fueron ni tanto siquiera, para mi gusto, las pocas que salieron a
+relucir después, mientras la mocetona rubia, y Facia, la mujer gris, que
+entraba y salía a menudo, daban los últimos toques a los condumios
+arrimados al fuego. Por mi parte, y «para ir tirando de la conversación»
+tuve que suministrar, a instancias del Cura y de don Pedro Nolasco,
+cuatro vaguedades sobre «esos mundos de Dios», por los que tanto había
+rodado, al decir de los mismos señores; y menos interesado ya que al
+principio en lo que allí se trataba, y pudiendo llevar mi atención a
+otros términos del cuadro, observé, entre otras cosas, que Tona y Chisco
+no tomaban parte en ello más que con los ojos y alguna que otra
+exclamación o risotada, y que la tal sirvienta, por su cara y por su
+talle, de pies a cabeza, en fin, era lo que se llamaba una buena moza.
+
+--Ya ves--llegó a decirme mi tío--, que aquí no se pasa el rato del todo
+mal, después de hecho el hombre a estas cosas tan diferentes de las de
+«allá». Y mejores se pasan todavía, como irás viendo, porque esta noche
+no hace regla: no es sazón de ello hoy por hoy, en que no aprieta el
+frío y está mucha de la maíz sin deshojar, y hay que deshojarla, porque
+lo primero es lo primero; pero déjate que corran días y empiece a
+empardecerse el cielo y a «rebombar» el pozón de Peña Sagra, ¡trastajo!
+y verás acudir gente a esta cocina, hasta haber noche de no caber en
+estos bancos, cada cual con su avío y con su tema... toda gente montuna,
+por de contado: puros jastialones. Hay que armarse a veces de mucho
+aguante, eso sí, porque en un rebaño, ¡zancajo! no todas las bestias son
+de una misma condición; pero las mejores de éste son las más; y con tal
+de no pedir castañas al camueso... Vamos, que te ha de entretener, si es
+que te avezas a ello... y Dios lo haga así.
+
+--¡Pues no ha de jacerlu!--exclamó don Pedro Nolasco, asombrado de que
+se pusiera en duda lo que él tenía por indudable.
+
+--_A custodia matutina usque ad noctem speret Israel in
+Domino_--confirmó don Sabas--, sin contar con lo que tengo dicho y no me
+cansaré de repetir: _est Deus in nobis_; y por eso no hay que desesperar
+de nada que sea honrado, conveniente al hombre de bien y conforme a la
+santa ley de Dios.
+
+Cuando llegó el momento de irnos a cenar, preguntó don Pedro Nolasco muy
+sorprendido:
+
+--¿Pero, cómo?... ¿No cenamos aquí?
+
+--¡No señor!--respondió mi tío empujándonos hacia la puerta.
+
+--Pero ¿por qué?--insistió aquél erguido sobre el fogón.
+
+--Curiosón de los demonios--replicó el otro volviéndose hacia él desde
+la mitad de la cocina--. En primer lugar, a zoquete regalado no debieras
+ponerle tachas; y, por último, has de saberte, traga-aldabas del jinojo,
+que ni todos los tiempos corren unos, ni todos los hombres son iguales.
+¿Me entiendes ahora?
+
+Esto ocurría en el instante en que Chisco, por mandato de Tona, se
+acercaba a la pared que yo había tenido enfrente, a la cual estaba
+adaptado un tablero, soltaba la taravilla que le sujetaba por arriba, le
+hacía girar sobre el eje que tenía en el lado de abajo, y le dejaba en
+posición horizontal sostenido por un tentemozo. Pidiendo informes sobre
+el uso de aquel aparato, averigüé que era la mesa «perezosa» a quien
+había aludido mi tío en el comedor.
+
+--Y ¿para qué la ponen ahora?--preguntéle.
+
+--Para cenar los criados en cuanto nosotros nos larguemos de
+aquí--respondióme.
+
+Me gustó el artefacto, que quedaba armado a muy corta distancia del
+fogón; tentóme la novedad aquella, y desde luego uní mi parecer al bien
+notorio de don Pedro Nolasco.
+
+--Pues por mí--dijo mi tío con firme resolución--, que levanten los
+manteles de la otra mesa y los tiendan en ésta. Por regalarte el gusto,
+mandé que se cenara allá: ya sabes que el mío es muy diferente. Además,
+para lo que he de cenar yo... Conque si te gusta más esto...
+
+Convinimos, a mis ruegos, en que por aquella noche quedaran las cosas
+como estaban, cenando en adelante en la perezosa y dejando la mesa del
+salón para la comida del mediodía; bajóse de su pedestal don Pedro
+Nolasco, y salimos de la cocina los cuatro comensales en ringlera,
+siguiendo a Tona que nos alumbraba el camino con el candil que había
+descolgado de la campana de la chimenea.
+
+Y sucedió lo que yo estaba temiendo rato hacía, por lo que había ido
+observando alrededor de la lumbre y en los trajines de la repolluda
+cocinera; que la cena dispuesta en honor mío era para servir de espanto
+más que de tentación y de consuelo a un comensal de mis tragaderas,
+hecho y avezado a las sabrosas parvidades de la cocina mundana.
+Comenzando a contar por los cubiertos y dos cucharones de plata de
+anticuada forma, una torta de pan «casero», ocho vasos de cristal
+verdoso y un botellón muy negro, todo cuanto había y fue apareciendo
+sobre la mesa era macizo y grande y abundante hasta lo increíble.
+Primeramente, un cangilón de sopas de leche, después una fuente muy
+honda, de un potaje de nabos en ensalada; luego una tortilla de
+torreznos, seguida de una asadura picante, y, por último, una compota
+descomunal de manzanas, y mucho queso curado de ovejas. Lo único que
+escaseaba allí eran la luz y el calor, porque la de las mechas del velón
+casi se perdía en el negro espacio antes de llegar a la mesa, y el
+chamuscón que yo me había dado en la cocina sólo me servía en el comedor
+para sentir doblemente la glacial temperatura de aquel páramo.
+
+El Cura, contra lo que yo esperaba de su tamaño, comía nada más que
+regularmente, y era limpio y reposado en el comer. Mi tío probaba de
+todo sin gustarle nada, y yo satisfice mi necesidad, más que apetito, de
+doce horas, casi tanto con la vista de tan copiosos alimentos, como con
+las parvidades que de ellos tomé... ¡Pero don Pedro Nolasco!... No tenía
+calo ni medida su estómago de buitre; devoraba hasta con los ojos; y
+mucho de lo que no le cabía en la boca mientras funcionaba su gaznate,
+corríale en regatos por el exterior hasta sumirse bajo la sobarba entre
+cuero y camisa, o mezclarse gota a gota con la mugre del chaleco.
+
+Se habló poco en la mesa, y de esto poco la mayor parte fue de mi tío
+para decir injurias al glotón, que no le contestaba, ni creo que le oía,
+y para ponderarme su asombro por lo melindroso que le parecí en el
+comedor, y muy especialmente por el «plan» de cena mía, para en
+adelante, que le tracé. No podía comprender el buen señor que un mozo de
+mis años y con mi salud, no comiera cuanto se le pusiera delante a
+cualquier hora del día o de la noche. «Abundante y sustancioso» era la
+divisa del bien comer entre los hombres rumbosos del pelaje de mi tío.
+
+Andando en esto y «regoldando» ya el gigante por no tener su estómago
+cosa de más jugo en que entretenerse, oyóse una campanada de reló hacia
+lo más obscuro y remoto de la estancia.
+
+--¡Las diez y media!--dijo mi tío revolviéndose en el banco--. Me parece
+que ya es hora de que te dejemos en paz. El viaje te habrá molido bien
+los huesos, y tendrás ganas de tumbarlos en la cama. Por lo demás, no te
+creas: entre el laberinto del ganado abajo, y la tertulia de arriba
+después de rezar el Rosario, rara es la noche en que nos acostamos más
+temprano... Ya verás, ya verás, ¡pispajo! cómo sabemos vivir aquí,
+aunque montunos y pobres, a uso de pudientes de ciudad... Conque
+¿entendístelo, Marmitón? Pues, ¡jorria! ya que estás jartu, y a su casa
+el que la tenga.
+
+Levantámonos todos, dio gracias el Cura, respondímosle cumplida y
+devotamente, y se fue con don Pedro Nolasco, no sin haberme hecho volver
+a ver las estrellas con los apretones de manos que me dieron por
+despedida.
+
+Poco tiempo después, encerrado yo en mi cuarto, paseábame a lo largo de
+él intentando pensar en muchas cosas sin llegar a pensar con fundamento
+en nada, no sé si porque realmente no quería, o porque no podía pensar
+de otra manera. Con esta oscuridad en mi cerebro y el continuo zumbar
+del río en su cañada, acabé por sentirme amodorrado, y me acosté.
+
+Blanca de ropas y limpia como un sol era mi cama; pero ¡qué fría... y
+qué dura me pareció!
+
+
+
+
+V
+
+
+Sin embargo, dormí toda la noche de un solo tirón; pero soñando mucho y
+sobre muchas cosas a cual más extravagante. Recuerdo que soñé con el oso
+del Puerto; con desfiladeros y cañadas que no tenían fin, y tan angostas
+de garganta, que no cabía yo por ellas ni aun andando de medio lado.
+Obstinado en pasar huyendo de la fiera que me seguía balanceándose sobre
+sus patas de atrás y relamiéndose el hocico, tanto forzaba la cuña de mi
+cuerpo, que removía los montes por sus bases y oscilaban allá arriba,
+¡muy arriba! las cúspides pedregosas, y hasta se desplomaban muchas de
+ellas sobre mí, pero sin hacerme daño. También soñé con mi tío bailando
+en la cocina, junto a la lumbre, unas seguidillas que cantaba la mujer
+gris tañendo una sartén muy grande; y después con don Pedro Nolasco, el
+cual comía becerros crudos y troncos de abedul y peñascos de granito con
+bardales, mientras iban comiéndome a mí, fibra a fibra y muy poco a
+poco, el Tedio y la Melancolía, un matrimonio de lo más horrible, que
+vivía en el fondo de un abismo sin salida por ninguna parte.
+
+Quizás por haber sido éste mi último sueño de la noche, fue tan triste
+mi despertar por la mañana. ¡Porque fue triste de veras! Pero me había
+dormido con la curiosidad recelosa de conocer de vista la tierra en que
+voluntariamente acababa de sepultarme; y sintiendo revivir de golpe
+aquel vehemente deseo al ver un poco de luz que se filtraba por los
+resquicios de las puertas, levantéme de prisa, lavéme tiritando de frío,
+envolvíme en el abrigo más espeso de los varios que tenía a mi alcance,
+y me asomé al mismo balcón a que me había asomado por la noche.
+
+Ya no llovía; pero estaba el mezquino retal de cielo que se veía desde
+allí levantando mucho la cabeza, cargado de nubarrones que pasaban a
+todo correr por encima del peñón frontero y desaparecían sobre el tejado
+de la casa. Entre nube y nube y cuando se rompía algún empalme de los de
+la apretada reata, asomaba un jironcito azul, salpicado de veladuras
+anacaradas; algo como esperanza de un poco de sol para más tarde, si por
+ventura regían en aquella salvaje comarca las mismas leyes
+meteorológicas que en el mundo que yo conocía.
+
+Dejando este punto en duda, descendí con la mirada y la atención a lo
+que más me interesaba por el momento: lo que podía verse de la tierra en
+todas direcciones desde mi observatorio de piedra mohosa con barandilla
+de hierro oxidado. ¡Bien poco era ello, Dios de misericordia!
+
+Delante y casi tocándole con la mano, un peñón enorme que se perdía de
+vista a lo alto, y aún continuaba creciendo según se alejaba cuesta
+arriba hacia mi izquierda, al paso que hacia la derecha decrecía
+lentamente y a medida que se estiraba, cuesta abajo, hasta estrellarse,
+convertido en cerro, contra una montaña que le cortaba el paso
+extendiendo sus faldas a un lado y a otro. Rozando las del peñón y la
+del cerro hasta desaparecer hacia la izquierda por el boquete que
+quedaba entre el extremo inferior del cerro y la montaña, bajaba el río
+a escape, dando tumbos y haciendo cabriolas y bramando en su cauce
+angosto y profundo, cubierto de malezas y de misterios. Inclinado hacia
+el río, entre él y la casa, debajo, enfrente y a la izquierda del
+balcón, un suelo viscoso de lastras húmedas con manchones de césped,
+musgos, ortigas y bardales. A la derecha y casi a plomo del balcón, el
+principio de un corral que seguía fachada abajo y daba vuelta en ángulo
+recto hacia la otra, lo mismo que el cobertizo que le cercaba por el
+lado del río, y estaba destinado, por las muestras visibles, a cuadras,
+leñeras y pajares. Por el estorbo de estos tejadillos y de la larga
+línea de fachada de la casona, sólo se alcanzaba a ver, por la derecha,
+una estrecha faja de terreno cultivado, paralela al río y perteneciente
+al valle que, según todas las trazas, se extendía hacia aquella parte,
+es decir, a la derecha del río. Y a todo esto, el patio y sus tejados, y
+el terreno de afuera, y las zarzas y los helechos y la baranda del
+balcón, en fin, cuanto se veía o se palpaba desde mi observatorio,
+húmedo, reluciente y goteando.
+
+No habiendo cosa más risueña en que poner la vista por aquel lado, fuime
+a la otra fachada, la que correspondía al claro frontero a mi alcoba.
+Por esta puerta salí a un largo balcón o «solana», de madera encajonada
+entre dos «esquinales» o mensulones de sillería, llamados también
+«cortafuegos». En el de mi derecha resaltaba el grueso y tallado canto
+de un escudo de armas, cuyo frente no podía ver por lo que sobresalía el
+esquinal de la baranda del balcón. No pudiendo ver tampoco desde allí, y
+por idéntico motivo, el resto de la fachada, supuse, y no sin
+fundamento, que la parte de edificio habitada por mí formaba un cuerpo
+saliente. El balcón caía sobre un huerto del mismo ancho que aquella
+fachada de la casa, y muy poco más de largo, con sus correspondientes
+inclinaciones hacia ella y hacia el río; una docena de frutales en
+esqueleto; un cuadro de repollos medio podridos; algunas matas de ruda,
+de mejorana y de romero; un rosal vicioso y en barbecho lo demás; un
+muro viejo para cercarlo todo; y por encima del muro, surgiendo las
+moles de un negro anfiteatro de fragosos montes, que allá se andaban en
+altura con el peñón de la derecha, que formaba parte de él. Y no se veía
+otra cosa.
+
+Por la dirección de la luz y otras señales bien fáciles de estimar, di
+por seguro que aquella fachada de la casa miraba al Sur, y que por el
+lastral que bajaba a mi izquierda, es decir, al Este, entre la pared del
+huerto y el monte de aquel lado desde un alto desfiladero que se veía
+algo lejano, había venido yo la noche antes. Por este viento nada tenía
+que observar, pues bien a la vista estaba la montaña que corría paralela
+a la casa asombrándola con su mole. Había, pues, que buscar por el Norte
+del «solar de mis mayores» la perspectiva del valle entero, que le
+parecía a Chisco «punto menos que la gloria».
+
+Con este propósito me retiré de la solana de mi aposento, y salí al
+comedor. Estaban abiertos los dos claros de él que daban al exterior de
+la casa. Acerquéme a uno de ellos, y vi que correspondían ambos a otra
+solana muy escondida al socaire de la pared de mi habitación que,
+efectivamente, sobresalía mucho de la línea general de la fachada. Entre
+esta pared y otro mensulón mucho menos saliente que ella al extremo
+opuesto, corría la solana, a la que daba también una puerta del
+dormitorio de mi tío.
+
+Estaba abierta y me colé dentro. No había allí más que una cama del
+mismo estilo que la mía, pero grande, de las llamadas de matrimonio; un
+crucifijo y una benditera en la pared del testero, una cómoda, dos
+perchas, un palanganero, un sillón de vaqueta, dos sillas y un felpudo.
+La cama estaba ya hecha, el suelo barrido y todas las cosas en orden,
+señal de que mi tío había madrugado más que yo. Me asomé a una ventana
+abierta en la pared del Este junto a una alacena, y vi lo que ya me
+había imaginado: el peñascal negro, jaspeado de grietas con vegetaciones
+silvestres y separado de la casa por un callejón pendiente, de lastras
+resbaladizas.
+
+Al volver al comedor por la salona, halléme con mi tío que entraba en él
+por la puerta de enfrente. Llegaba fatigoso y se apoyaba en un bastón. A
+la luz del día parecíame su traza muy otra de lo que me había parecido a
+la luz artificial. El blanco y fino cutis de su cara tenía un matiz
+azulado, y había en sus ojos y en su boca una muy marcada expresión de
+anhelo. Sin embargo, su «humor» era el de siempre; y si era disimulo de
+lo contrario, no se le conocía. Se admiró de hallarme levantado tan
+temprano. Venía a ver qué era de mí; si se me oía revolverme en la cama,
+para entrar, en este caso, a abrirme los balcones, si lo deseaba, y si
+no, para tener el gusto de darme los buenos días. Le agradecí mucho su
+cuidado, y después de abrazarle le pregunté cómo había pasado la noche y
+por qué madrugaba tanto.
+
+--Como siempre, hijo del alma--contestóme entre toses y jadeos--. Y no
+me las dé Dios peores. En buena salud, me levantaba con el alba; desde
+que tengo tan mal dormir, madrugo mucho más que el sol, y con todo y con
+ello, me sobra tiempo de cama.
+
+Parecióme que el relente frío de las madrugadas no debía de sentarle
+bien, y así se lo dije, aconsejándole que se guardara de él.
+
+--Eso será entre vosotros--me contestó con su aire chancero de
+costumbre--, avezados a vivir entre cristales; ¡pero entre los montunos
+de por acá!... ¡Pobre de tu tío Celso el día en que no pueda desayunarse
+con una tripada de esa gracia de Dios! Pero, vamos a ver, ¿y tú? ¿te has
+desayunado ya con algo más de tu gusto? Porque no falta de ello en casa,
+como te dije anoche. Y si no has pensado en eso, ¿en qué trastajo has
+pensado?... ¡Mira que como sea falta de franqueza!...
+
+Díjele en qué me estaba entreteniendo desde que me había levantado y lo
+que llevaba visto ya, y me replicó, agarrándome por un brazo al mismo
+tiempo y tirando de mí hacia los carrejos interiores:
+
+--¡Por vida del ocho de copas, hombre!... Pues, mira, en parte me alegro
+de que hayas empezado por donde empezaste: así te queda lo mejor para lo
+último... ¡Ven acá, ven acá!
+
+Y me llevó a remolque hasta la cocina, donde me hallé a la mujer gris, a
+Tona y a Chisco, sentados a la perezosa y almorzando unas fritangas con
+borona. Diéronme risueños los buenos días, levántandose muy corteses, y
+apenas me dejó tiempo mi tío para cambiar con ellos algunas palabras;
+porque tan pronto como abrió una puerta cercana a la mesa y en la misma
+pared, comenzó a llamarme a su lado.
+
+Obedeciéndole, salí a un balcón de madera de mucha línea y muy volado,
+la mitad del cual caía sobre el patio de las cuadras, que no pasaba del
+centro de aquella fachada, y la otra mitad afuera. De este modo podía
+ver el panorama completo y sin estorbos. Formaban la barrera de enfrente
+la montaña atravesada delante del cerro de la izquierda, y otra que la
+seguía hacia mi derecha, bien poblada de vegetación en su base, de color
+pardo muy obscuro en la mitad, de alto abajo, de lo que pudiera llamarse
+su tronco; de verde crudísimo en la otra mitad, y con la enorme cabeza
+gris, como un cráneo despellejado y seco, entornada hacia el hombro
+izquierdo, con la blanca osamenta al aire también. Me hacía el efecto
+aquella vasta mancha verde, fina y jugosa, iluminada entonces casi de
+frente por un rayo de sol, de un remiendo de terciopelo riquísimo en un
+vestido de tosco sayal. Formando ángulo con esta montaña y quedando un
+boquete entre las dos, terminaba, coronada de crestas y picachos, la que
+descendía por el Este de la casa rozándola el costado con sus bardales.
+
+Dentro de todo este marco, que parecía una contradanza de colosos
+encapuchados, se extendía una tierra de labor tijereteada en pedazos, de
+pradera y de boronales, los primeros de un verde aterciopelado, y los
+segundos con la nota pajiza que les daban los tallos secos, aún no
+cortados, del maíz recién cogido. Entre mi observatorio y esta mies, que
+descendía en rampa hacia los montes de enfrente, y muy inclinada al
+mismo tiempo hacia el río, un pedregal erizado de malezas y surcado de
+senderos y camberas de comunicación con el pueblo, cuyas casitas se
+veían, hechas un rebaño, en lo más alto de la mies, con la iglesia en
+medio, que parecía, y lo era en sustancia, su pastor. En todos aquellos
+edificios, con las fachadas muy lavaditas y las puertas y ventanas de
+par en par, veía yo otras tantas caras de seres desdichados y
+enfermizos, con la boca y los ojos muy abiertos, ávidos de aire y de luz
+que les iban faltando. Y entre aquellas caras las había de varias
+expresiones, desde el patético compasible, hasta el cómico y el
+grotesco. Daba gana de echar a algunas de ellas una limosna, para
+calmarles las angustias del estómago, o un sombrero de desecho para
+sustituir la ruinosa chimenea, y a todas un asidero para sostenerse, sin
+rodar hasta el monte, en la postura violenta en que yo las veía.
+
+Tan embebido me hallaba en este linaje de visiones, que ni siquiera me
+enteraba de los informes que iba dándome mi tío sobre cada cosa de las
+principales del cuadro. Parecíame todo el valle, relativamente a la
+altura de su marco, de una pequeñez asfixiadora, y considerábame caído
+de las nubes en el fondo de un dedal enorme. ¿Qué idea tendría Chisco de
+la Gloria celestial, cuando la ponía solamente un punto más arriba que
+aquello en la escala de lo hermoso y admirable?
+
+¡Dios eterno, qué envidia tuve entonces a los pájaros porque volaban!
+
+--Dígame usted, tío--preguntéle de golpe, y sin reparar en que le
+cortaba a lo mejor un entusiástico discurso precisamente sobre la
+anchura y salubridad del valle--, ¿por dónde se sale de aquí?
+
+--¿Jacia ónde?--me preguntó él a su vez.
+
+--Pues... hacia... hacia fuera, hacia el mundo, vamos--respondíle yo
+aturullado como un chicuelo imprudente, temeroso de que me descubriera
+los pensamientos que me habían arrancado la pregunta.
+
+--¡Jacia el mundo!--repitió él soltando una carcajada--. Pues me hace
+gracia la ocurrencia, ¡pispajo! ¿Estamos aquí en el limbo, o qué?
+
+--He querido decir--repuse celebrando con una risotada contrahecha la
+pregunta de mi tío--, que cuáles son las salidas principales...
+
+--Ya, ya: ya te había calado yo el pensamiento--respondióme él, dejando
+de pronto el aire jaranero--, sino que como la ocurrencia tuya se
+acaldaba bien en una chanza, y yo soy así... Pues te diré: una de las
+salidas principales es el camino por donde tú has venido anoche, éste de
+al lado nuestro.
+
+--Corriente.
+
+--Y la otra es la que se ve allá abajo, a la mano izquierda: la misma
+salida del río. ¿No ves un camino que va por encima de él siguiendo toda
+la ladera? El puente está aquí a la izquierda, entre aquellos jarales.
+Puede que le confundas con ellos por lo viejo que es... Pues por ese
+camino se va...
+
+--¿Hasta dónde?
+
+--¡Hasta dónde!... ¡Trastajo! hasta la mar, si te conviene.
+
+--Bien; pero ¿por dónde?
+
+--Pues río abajo, río abajo... de pueblo en pueblo. ¿Quieres que te los
+nombre uno a uno?
+
+--No hay necesidad.
+
+--Hasta que llegas a un camino real. Si quieres seguirle por la derecha,
+porque te jale lo mundano, le sigues; y si te contentas con menos, le
+cruzas; y no apartándote de la vera del río, en un dos por tres darás
+con los jocicos en la mar... Mira, hombre, aquí donde me ves y con los
+años que tengo, no llegan a cuatro las veces que he estado en Santander.
+La primera con tu tía, recién casado con ella. Entonces no había el
+camino real de que te hablo, que es de ayer, y había que ir a buscarle
+más lejos. Íbamos a caballo, como siempre se ha ido desde aquí por los
+pudientes. Ella, en un sillón de terciopelo azul y clavillos
+sobredorados, con las galas de novia, a la moda de entonces. Campaba de
+veras, porque era guapetona de firme... ¡trastajo, si lo era! No nos
+comía la prisa y jicimos noche en la villa de San Vicente, que al otro
+día abrió puertas y ventanas para vernos salir... Mira, hombre, poco más
+de un mes antes había salido de España, a tiro limpio, el último ladrón
+de los de Pepe Botellas... Cabalmente. Pues bueno: paramos poco en la
+ciudad, porque no nos gustó aquello. La segunda vez fue a raíz de lo del
+veintitrés, con un pariente de los de Promisiones, que deseaba, como yo,
+ver cómo andaban las cosas del mundo, después de la taringa que habían
+llevado los botarates de la «Pitita». ¡Cuartajo, qué cumplida se la
+dieron... y qué merecida la tenían los arrastrados! Pues la tercera fue
+ayer, como quien dice, no más que por el gusto de saber por mí propio
+qué era eso del camino de fierru que acababa de estrenarse... Y para de
+contar, después de enterarte de que no pasan de doce las que he salido
+del valle más allá de dos leguas... Y te aseguro que nunca que dormí
+fuera de él, jice sueño con arte, y toda comida que no sea la de mi
+casa, me ha sabido siempre a condumio sin sustancia; y en no viendo yo
+estos picachones encima de la cabeza por donde quiera que ando, me hago
+cuenta que no veo cosa de gusto ni de traza, y hasta la mar de la costa
+me parece una pozuca, comparada con las anchuras de este valle... De las
+casas en ringle no se me hable, ¡trastajo! porque solamente de mentarlas
+me falta la respiración y me ajoga el hipo... La verdad, Marcelo... Cada
+uno a lo suyo, y con su cada cual. Y a este respective, has de saberte
+que hay en este valle gentes que se caen de viejas sin haber salido de
+él más allá de lo que corre de una «alentá» un perro con asma. Y se
+morirán tan satisfechas como si murieran de jartura del mundo que tú
+conoces: igual que ha de pasarme a mí en el día de mañana. Créeme, hijo:
+cuanta menos carga de antojos se saque de esta vida, más andadero se
+encuentra el camino de la otra. Hay quien jalla la mina cavando en un
+rincón de su huerto, y hay quien no da con ella revolviendo la tierra de
+media cristiandad. Ahora, tú dirás quién es más afortunado de los dos y
+más digno de envidiarse... ¡Cascajo! y vamos adelante con la historia,
+que como dé yo en irme por los atajaderos. ¿Dónde habíamos quedado con
+ella? ¿Qué más deseas saber?
+
+--Por de pronto--respondíle, maravillado de aquélla su vivacidad de
+imaginación y soltura de «pico», que parecían incompatibles con la
+dolencia que le acababa--, si se ensancha el paisaje más allá del
+boquete por donde se cuela el río.
+
+--Al contrario--respondióme--: en cuanto doblas el recodo, vuelven a
+encalabrinarse los picachos a la vera del río, tan pronto a un lado como
+a otro, cuando no a los dos a un tiempo. Anchuras de éstas no se
+encuentran hasta el camino real: medio día de rodar, agua abajo, en una
+caballería de buenos pies; un paseo, como quien dice, y de los cortos...
+Enfrente de ese boquete tienes aquel otro de la mano derecha, por donde
+se mete una tira que va a acabar en punta allá dentro. ¿Le ves? al pie
+mismo de la montaña manchada de verde por arriba. Pues por ese callejo
+hay otra salida que va trepando por los breñales... en fin, hombre,
+hazte cuenta que en cada resquebrajo que veas en un monte de éstos, hay
+un sendero por donde andan estas gentes como por el portal de la
+iglesia, y se pasean y toman el aire y recrean la vista los hombres
+desocupados y sanos de pecho, como tú. Ya verás, ¡trastajo! ya verás lo
+que es bueno.
+
+--Así lo espero--respondí faltando a la verdad de lo que pensaba--. Y
+diga usted--añadí apuntando al mismo tiempo con el dedo hacia allá--,
+¿qué significa aquella mancha verde en que ya me había fijado yo antes
+que usted me la mencionara?
+
+--¡Oh!--contestóme alzando los dos brazos a un tiempo--, ¡eso es la gran
+riqueza del lugar, amigo! Eso es el «Prao-Concejo» de aquí, porque
+también hay otros pueblos que tienen el suyo correspondiente; pero no
+como el nuestro. ¡Quia! ¡Pispajo, ya le quisieran! Es de todos y cada
+uno de estos vecinos: un caudal de yerba que se reparte «por adra» todos
+los años. Ya verás, ya verás qué romería se arma el día de la siega, si
+te coge aquí el primer agosto que llegue...
+
+--Pero ¿cómo demonios--pregunté verdaderamente asombrado de lo que me
+contaba mi tío--, se puede segar en aquel precipicio, ni bajar al valle
+lo que en él se siegue, ni mucho menos subir allá para segarlo y
+recogerlo?
+
+Rióse mi tío de lo que él llamaba mi inocencia, «con tanto como yo sabía
+del mundo», y prometiéndome la explicación de lo que me asombraba para
+cuando la pidiera «sobre el terreno», no quiso decirme más.
+
+--Y en finiquito--concluyó--, ¿qué te parece de todo lo que has
+visto?... porque creo que no falte nada en que no hayas puesto los ojos.
+
+--Sí, señor--le respondí al punto--: falta algo que busco con ellos
+desde que me puse a mirar esta mañana, y no hallo por ninguna parte.
+
+--Y ¿qué cosa es ella, hombre?
+
+--Pues un palmo de tierra llana.
+
+--¡Trastajo!--exclamó aquí mi tío, mirándome con el asombro pintado en
+los ojos--, ¿cómo demonios ha de jallarse lo que no hay?
+
+--¡Que no!--exclamé yo a mi vez.
+
+--No, hombre, no--insistió él con la mayor seriedad--. Entendí que
+conocías el dicho que corre aquí como evangelio.
+
+--Y ¿qué dicho es ése?
+
+--Que no hay en todo este valle más llanura que la sala de don Celso.
+¿Oístelo ahora?--añadió riéndose y mirándome a la cara con sus ojillos
+de raposo--. Pues atente a ello.
+
+Y volvió a reírse, y me reí yo también, pero de dientes afuera, con lo
+cual, dejando ambos el balcón, volvimos a la cocina, en cuya perezosa se
+me antojó desayunarme aquella mañana.
+
+En aquel desayuno y en la comida del mediodía adquirí dos nuevos datos,
+que no resultaban de escasa cuenta sumados con los que ya poseía: el pan
+era de hornadas hechas en la taberna cada media semana, y no había otra
+carne que la de cecina, con excepción del domingo, en que se mataba una
+res en el pueblo. Allí no se conocía fresco, bueno y a diario, más que
+la leche y sus preparados... precisamente lo que estaba reñido con los
+gustos de mi paladar y con los jugos de mi estómago.
+
+Pocas noches he pasado en mi vida tan largas, tan tristes y de tan
+insoportable desasosiego, como la de aquel día. Porque visto y
+reconocido ya en todas sus fases, a lo ancho, a lo largo y a lo
+profundo, el terreno en que tenía yo que dar la batalla, pero batalla a
+muerte, contra los hábitos y refinamientos de mi vida de hombre mundano,
+comodón, melindroso y «elegante», había para que las carnes me
+temblaran.
+
+¡Ay! toda aquella mi fortaleza levantada en Madrid al calor de un
+entusiasmo irreflexivo y sentimental, se desmoronaba por instantes; y
+los fríos razonamientos a que yo me había amparado en horas de sensatez
+para defenderme de los asedios de mi tío cuando me llamaba a su lado
+hasta por caridad de Dios, revivían en mi cabeza con un empuje y un
+vigor de colorido que me espantaban. Sucedíame entonces lo que al
+temerario que por un falso pundonor, por un arranque nervioso y de mal
+disfrazada vanidad, desciende al fondo de un precipicio. Ya está abajo,
+ya hizo la hombrada, ya demostró con ella que llega hasta donde llegue
+el más intrépido... Corriente. Pero ahora hay que subir. ¿Cómo? ¿Por
+dónde?... ¡Y allí es ella, Dios piadoso!
+
+Sólo de tres maneras podía volver a la luz y a la libertad del mundo: o
+por el fin y acabamiento de... (¡qué barbaridad! hasta el tropezar con
+el supuesto sin haberle buscado yo con el deseo, me repugnaba); o por el
+restablecimiento del pobre señor, cosa imposible a sus años y con lo
+mortal de la dolencia que padecía; o por meterlo yo todo a barato a lo
+mejor, liar el equipaje cuando me diera la gana y volverme a Madrid por
+el camino más corto, lo cual me parecía una canallada que podía costar
+la vida al bondadoso octogenario, para quien mi presencia en su casa
+parecía ser el pan y el sol que le nutrían y le alegraban. Es decir, dos
+salidas con la puerta cerrada, Dios sabía hasta cuándo, y una que no se
+me franquearía jamás, por repugnancias de mi conciencia. En definitiva,
+una eternidad.
+
+Si entre tanto hubiera habido en mí alguna inclinación natural, alguna
+aptitud de las que hacen hasta placentera a muchos hombres, sin ser
+aldeanos, la vida campestre, menos mal; pero, por desgracia mía, me
+faltaban todas en absoluto. Yo no era cazador, ni había manejado otras
+armas que las de adorno en los salones de tiro; ni entendía jota de
+ganados, ni de labranzas, ni de arbolados, ni de hortalizas, ni pintaba
+ni hacía coplas; y por lo tocante a la señora Naturaleza, la de los
+montes altivos y los valles melancólicos y los umbríos bosques y las
+nieblas diáfanas, y las sinfonías del «favonio blando» entre el pelado
+ramaje, y los rugidos del huracán en las esquivas revueltas de los
+hondos callejones, vista de cerca, mejor que madre, me parecía
+madrastra, carcelera cruel, por el miedo y escalofrío que me daban su
+faz adusta, el encierro en que me tenía y los entretenimientos con que
+me brindaba... Y a todo esto había que añadir que el invierno con sus
+fríos, con sus nieblas, con sus aguaceros y con sus nevascas, estaba ya
+cerniéndose encima de los picachos del contorno y de la casona de mi
+tío... Y aunque, por misericordia de Dios, no pasara yo allí más que él,
+¡sería tan largo, tan largo!... ¡Cuántos libros devorados sin sacarles
+pizca de sustancia! ¡cuántos chamuscones en la cocina! ¡cuánta
+indigestión de bazofia! ¡cuántos paseos en corto! ¡cuántas rendijas del
+suelo contadas maquinalmente con los ojos! ¡cuántas rúbricas echadas con
+el dedo en los empañados cristalejos de mi cuarto!... ¡Virgen de la
+Soledad, qué perspectiva!
+
+Y así, por este orden, batallando horas y horas. ¿Cómo hallar una breve,
+ni momento de reposo, ni bien mullida la cama, con semejante gusanera
+entre los cascos?
+
+
+
+
+VI
+
+
+Dios, que, como dice el adagio, aprieta, pero no ahoga, permitió que a
+aquella triste noche siguiera un día muy risueño, con el cielo barrido
+de nubes y un sol que, aunque pálido y frío, iluminaba el valle y
+decoraba las cumbres de los montes envolviéndolas en nimbos de luz
+reverberante. Yo recibí la primera salutación del astro vivificador de
+la madre tierra como uno de los mayores beneficios que podía otorgarme
+el cielo en medio de la oscura soledad en que me veía, y mi tío se
+apresuró a aconsejarme que aprovechara la «escampa», que había de ser de
+larga «dura» por señales que él consideraba infalibles, para «hacerme a
+las armas y _tomar la tierra_ como era debido y cuanto más antes». Diome
+con el consejo informes y programas que me parecieron excelentes; y como
+no tenía a mis alcances otros recreos más tentadores y de mi gusto, opté
+por lo que se me proponía, y me dispuse en el acto a echarme a la
+montaña, que vale tanto allí como en el mundo culto y refinado «echarse
+a la calle», es decir, a la ventura de Dios, «a matar el tiempo».
+
+Antes de salir de casa entró en ella el médico, que iba a saludarme
+aprovechando la oportunidad de la visita casi diaria que hacía a mi tío,
+particularmente desde su última y grave enfermedad. Era un mozo que
+andaría con los treinta años, no muy corpulento, pero de recia
+complexión; de pelo y barba cortos, negros y fuertes; de mirada firme,
+pero sin dureza; agradable de cara y de voz; muy sobrio de palabras;
+limpio, holgado y modesto de traje, y natural de un pueblo de los
+ribereños del Nansa. Esto fue todo lo que de él supe en aquella ocasión.
+Su visita fue breve, y nos despedimos muy afablemente, quedando yo muy
+complacido de aquel hallazgo en Tablanca, más por lo que se leía en la
+cara y en el aire del mediquillo, que por las ponderaciones que de sus
+prendas hizo mi tío al presentármelo. Bajamos juntos hasta el portal,
+echando él enseguida por la cambera del pueblo y yo por otra
+diametralmente opuesta, hacia la montaña.
+
+Acompañábame Chisco, por donación muy recomendada de su amo, con la
+misma vestimenta y el propio calzado con que le había conocido yo en el
+paso de la cordillera, y nos acompañaba a los dos un perrazo sabueso;
+llamado _Canelo_, de una casta para mí singularísima por lo grande, que
+iba perpetuándose en casa de mi tío desde que su padre fue mozo y
+cazador. Chisco llevaba una escopetona de pistón con anchas abrazaderas
+reforzadas con bramante encerado sobre el larguísimo cañón roñoso, un
+cuerno para la pólvora y una bolsa de badana verde para el perdigón y
+las postas que iban mezcladas con él. Yo una elegante y fina Lafaucheux
+de dos cañones, canana correspondiente, cuchillo de monte, borceguíes de
+ancha y recia suela claveteada, polainas de cuero inglés, y todo el
+equipaje, en suma, de un cazador de figurín. Chisco me miraba de reojo y
+hasta se sonreía un poquillo, particularmente cuando se fijaba en mi
+calzado, y, sobre todo, cada vez que me veía resbalar en la arcilla
+blanda o sobre las lastras de los encalabrinados senderos. Al fin llegó
+a declararme que para pisar firme no tendría más remedio que apechugar
+con un par de almadreñas como las suyas; que lo de mi ropa, «podía
+pasar», y que, en cuanto al armamento, «ya se vería». ¡Vaya si tenía
+camándulas el mozallón! Por de pronto, ni él ni yo íbamos entonces
+propiamente «de caza», sino de paseo; sólo que así como en las tierras
+llanas se pasea un hombre con un bastón en la mano o con las dos
+desocupadas, allí se pertrecha el paseante de armas y de municiones por
+lo que pueda acontecer.
+
+Como la excursión me resultó muy entretenida y también muy provechosa,
+porque me dio buen apetito y mejor sueño, al día siguiente la repetí,
+aunque por distinto lado de la montaña, pero sin extender mucho más que
+en la anterior el radio de mis valentías, porque el teatro de mis
+experiencias era vastísimo, y el aprendizaje muy duro de pelar.
+
+A los tres o cuatro días de andar en estas pruebas y continuando el
+tiempo alegre y primaveral, se unió a nosotros Pito (Agapito) Salces,
+«Chorcos» de mote, hijo de un casero de mi tío; buen cazador también,
+como casi todos los hombres de aquel valle; algo torpe de magín y muy
+largo y deslavazado de miembros. Le había conocido yo en casa una noche,
+y me habían caído muy en gracia su catadura y sus «cosas»; por lo que mi
+tío, que pescaba en el aire las ocasiones y los medios de agasajarme,
+dispuso que desde el día siguiente se agregara a Chisco para acompañarme
+en mis correrías. Era además muy amigo de éste, y a los dos les supieron
+a gloria el licor de mi frasquete y los cigarros de mi petaca en cuanto
+los cataron.
+
+A todo esto, yo no había estado en el pueblo más que una sola vez, y ésa
+muy de pasada y muy temprano, casi de noche todavía, yendo a la misa
+primera de don Sabas; ni conocía de cerca a otras personas que las que
+frecuentaban la cocina de mi tío, con el cual no había hecho nunca
+conversación empeñada sobre cosa alguna... ni siquiera sobre Facia, cuyo
+aspecto singular y un tanto misterioso me llamaban mucho la atención,
+particularmente desde una noche (la del tercer día de mis excursiones a
+la montaña) en que la hallé, saliendo yo de mi aposento, como extraviada
+en los pasadizos, con el farol en la diestra, la mirada de espanto y el
+andar de una sonámbula. Se estremeció al verme de improviso junto a
+ella, y me pidió perdón por haberme tomado por... No me dijo por qué ni
+por quién; pero rompió a llorar y huyó a ocultarse en el cuarto frontero
+a la puerta de la escalera, el cual habitaban ella y Tona. En un momento
+en que me hallé a solas con mi tío, antes de recogerme aquella noche, le
+hablé del suceso. De pronto me pareció algo picado de la curiosidad;
+pero enseguida cambió de aspecto, se encogió de hombros y me dijo:
+
+--Está mema la infeliz. Cosas de ella. Siempre es por ese arte.
+
+También se me había antojado que Chisco miraba a Tona con muy buenos
+ojos. De esto no hablé a mi tío; pero sí al mozallón, y por hablar de
+algo, subiendo los dos solos una vez al «Prao-Concejo».
+
+--¡Jorria!--me contestó trepando delante de mí, sin detenerse un punto
+ni volver la cara, pero sacudiendo al aire su mano derecha.
+
+No me sacó de dudas la respuesta, y le pedí otra más terminante. Diómela
+en estos términos:
+
+--No estarían mal puestus en eya los pensaris de unu... ¡y esu que!...
+Pero van los míos jacia muy otra parti. Los de Pitu, pongo el casu, ya
+es pleitu difirente.
+
+--Conque Pito... Y ella, tan repolluda y tan guapota, ¿le corresponde?
+
+--Esu es lo que yo no sé... ni pué que lo sepa él tampocu.
+
+--Es muy posible... aunque antes has puesto una tacha a esa buena moza.
+
+--¡Una tacha!... Y ¿cuál fue eya?
+
+--No la pintaste muy clara, pero la diste a entender. Después de
+ponderar por cosa buena a la moza, añadiste «y eso que...» como quien
+dice: «no es oro todo lo que reluce».
+
+--Lo diría yo, si es casu, por su padre... o por su madre.
+
+--Y ¿qué tienen su padre o su madre que tachar?
+
+--¡Qué sé yo! Historias.
+
+--Conque historias... ¿Y quién es el padre?
+
+--Echeli usté un galgu.
+
+--¡Anda, morena! ¿Y la madre?
+
+--¡Ahora sí que panojó! ¡Y la tien él en casa!
+
+--¿Quién, hombre de Dios?
+
+--Usté.
+
+--¿Yo?
+
+--Usté mesmu... ¿Pa qué demontres quier los ojus de la cara, si no es pa
+ver lo que está delanti de eyus?
+
+--Acaba de decirlo con mil demonios que te lleven: ¿quién es la madre de
+Tona?
+
+--Pos Facia.
+
+--¡Facia!--exclamé lleno de asombro--. Pero ¿Facia es casada?
+
+--Por lo vistu--me respondió el mozallón con mucha flema.
+
+--¿Con quién?--volví a preguntarle.
+
+--Esa es la historia--respondióme él apuntando al suelo hacia atrás con
+el índice de su diestra, sin volver la cara ni disminuir el paso.
+
+--Pues cuéntamela enseguida--le dije yo entonces, sentándome a
+horcajadas en el pico de una roca que sobresalía a un lado del sendero,
+no tanto por oír más a gusto lo que Chisco me relatara, como por
+descansar de la fatiga que me iba dando aquel nuestro incesante subir
+por la ladera del agrio monte. Habíamos ganado el primer tercio de su
+altura, y estábamos ya dentro de los términos de la gran mancha verde
+que se veía desde la casona «de mis mayores», es decir, del
+«Prao-Concejo», que desde allí me parecía interminable, inmenso, en la
+dirección oblicua de la senda que llevábamos. Chisco, cuando notó que yo
+me había sentado, se detuvo, volvióse hacia mí, se sonrió a su manera al
+verme tan bien acomodado, y, por último, retrocedió lentamente.
+
+--Cuéntame eso--le dije en cuanto se detuvo a mí lado--; pero con todos
+sus pelos y señales.
+
+Para infundirle buenos ánimos le di un trago de los de mi frasquete, que
+era la mejor golosina para él, y un cigarro de los mayores de mi petaca.
+Bebió y paladeó el confortante licor, relamiéndose de gusto, y echó
+después una yesca, mientras yo contemplaba a vista de pájaro el
+vallecito de Tablanca, con sus casitas trepando mies arriba detrás de la
+de mi tío, sola y encaramada en lo alto, como si se hubiera detenido
+allí para animarlas con la voz y algunas cuchufletas de don Celso; y,
+por último, recostándose contra el terreno y estribando con las abarcas
+en las asperezas del camino, me refirió lo siguiente, que yo traduzco,
+poco más que en sustancia, al lenguaje vulgar, con verdadero
+sentimiento, porque no me es posible, por falta de memoria y de
+costumbre, reproducir al pie de la letra aquel pintoresco lenguaje, cuyo
+sabor local excedía con mucho, en interés, al asunto relatado.
+
+Facia era, en efecto, una huérfana desvalida cuando la recogieron mis
+tíos en su casa. Educóse y creció en ella; llegó a ser una gran moza,
+porque tenía de quién heredarlo, lo mismo que el ser honrada y discreta;
+y por buena moza, y por honrada, y por discreta, y hasta por muy
+agradecida, pasaba, y con razón, en el pueblo, cuando se presentó en él,
+como llovido de las nubes, cierto galán, un baratijero que asombró a
+Tablanca, no sólo por las maravillas, jamás vistas allí, de la tienda
+que plantó en un ferial del valle, sino por el encanto de su pico, por
+la «majura» de su cara y por el rumbo de su porte. Como moscas acudían a
+su tenducho reluciente los pobres papanatas de la feria, y como moscas
+caían en la miel de sus ponderaciones y lisonjas, dejando en el cebo
+engañador hasta el último maravedí de los ahorrados para fines bien
+distintos. Para las mujeres, sobre todo, tenía el charlatán un anzuelo
+irresistible; y para las buenas mozas, en particular, un «aquel» que las
+atolondraba. Tan bien le fue al indino en aquel empeño, que acabada la
+feria trasladó el tenducho al pueblo y le abrió en un cobertizo que
+improvisó junto a la iglesia. A creerle por su palabra, él no era
+traficante por necesidad, sino por lujo. Le gustaba correr el mundo y
+ver de todo, y para lograrlo a su antojo, como era rico por su casa y le
+sobraba el dinero, le corría de aquella manera, comprando alhajas «a
+todo coste» en las grandes ciudades de la tierra, para cedérselas a los
+pobres hombres y a las buenas mozas de los lugarejos por un pedazo de
+pan. Así daba él perlas finísimas de Oriente al precio de los garbanzos
+de Castilla; puñalitos de Damasco y relojes de oro, más baratos que las
+navajas de Albacete y las coberteras de hojalata. Como había visto
+muchas tierras y estudiado muchos libros, sabía un poco de todo cuanto
+había que saber, y daba remedios, y aun los vendía, al «desbarate», por
+supuesto, para toda casta de enfermedades... y de contratiempos, porque,
+en su opinión, nada existía verdaderamente incurable, sabiendo buscar a
+las cosas su motivo, como lo sabía él, por haber estudiado muchos libros
+y haber corrido muchas tierras. Aquella segunda campaña de baratijero
+fue una barredera en el lugar. Ni una mota dejó el pícaro en Tablanca.
+Particularmente Facia, que era de suyo sencillota y noble, se
+despilfarró. Gastó en gargantillas de todos colores, en sortijas,
+espejucos y alfilerones de todas hechuras, un dineral: todo lo ahorrado
+de sus soldadas y algo más que pidió a cuenta, afrontando valerosa las
+indignidades con que la apostrofaba su amo. Porque resultaba que
+aquellos antojos insaciables y aquel atrevimiento inconcebible en la,
+poco antes, tan modesta, comedida y respetuosa muchacha, dimanaban de un
+«qué sé yo de mal aquél», a modo de maleficio, y que «la jalaba, la
+jalaba» contra su gusto hacia las baratijas de la tienda, y muy
+particularmente hacia los donaires del baratijero. Como éste le había
+notado la inclinación y era ella (sin ofender) la mejor moza entre las
+muchísimas y muy buenas que había en el lugar, apretó el pícaro las
+lisonjas y los chicoleos, y hasta la rondó la casa por las noches y la
+cantó unas coplas «finas» al son de una guitarra «que propiamente
+hablaba entre sus manos». En fin, que la inocente borrega llegó a
+prendarse en tales términos del hechicero galán, que solamente le quedó
+una pizca de juicio, lo puramente indispensable para responderle en uno
+de sus asedios más obstinados, que «en siendo como Dios mandaba y por
+delante de la Iglesia y para vivir en Tablanca a la vera de su amo,
+cuando lo tuviera por conveniente».
+
+Contuvo el hombre sus ímpetus con la respuesta; meditóla durante algunos
+días; resolvió al cabo que sí; corrióse la noticia por el pueblo;
+envidiaron a Facia su loca fortuna todas las mozas de él; llegó el caso
+a oídos de don Celso; tocó el cielo con las manos; puso a la infeliz
+enamorada de loca y de sin vergüenza que no había por dónde cogerla;
+juró y perjuró que el baratijero era un bribón de siete suelas; que no
+había más que mirarle a la cara para convencerse de ello; que sabe Dios
+dónde sería nacido, de dónde vendría y por dónde habría andado hasta
+entonces, y que por la cruz de Jesucristo considerara esto y lo otro y
+lo de más allá... Como si callara. El hechizo estaba tragado, y Facia no
+cejaba un punto en su empeño. Bien persuadido entonces su amo de que no
+había razonamiento capaz de convencerla, ni medida rigurosa, como la de
+plantarla en la calle, que no empeorara el destino de la infeliz, entre
+verla perdida o desgraciada, optó por lo menos malo al cabo de los días:
+arregló un casucho que tenía medio abandonado al extremo inferior del
+valle; agrególe tierras y ganado; hizo, en fin, cuanto puede hacer un
+padre por un hijo en casos tales, y dijo a Facia después de haberse
+negado a recibir al novio y a verle al alcance de su voz:
+
+--Cásate cuando te dé la gana, y meteos ahí para que, siquiera,
+siquiera, cuando las pesadumbres te maten, tengas cama propia en que
+morir después de haber pedido a Dios perdón de tus ingratitudes y
+locuras.
+
+A los pocos días de casado, y con gran pompa, el baratijero, ya era otro
+hombre distinto de lo que fue en el lugar antes de casarse: hasta la
+cara parecía diferente, sobre todo cuando hablaba con su mujer lo poco
+que hablaba; miraba bajo y mal, y parecía que le estorbaba hasta su
+sombra. Al mes de esto, como no sabía trabajar la tierra ni manejar el
+ganado, y de aquellas riquezas que tenía «por su casa», según dijo de
+soltero, no se veía un maravedí para levantar las cargas de su nuevo
+estado, cogió lo que le quedaba de su tenducho y se fue a correr ferias
+y mercados con ello. Volvió a los dos meses, muerto de hambre, mal
+encarado y peor vestido. Hízose temible para su mujer, a quien golpeaba
+con el más leve pretexto, y sospechoso a todo el vecindario, que no
+estaba hecho a ver en aquel honrado suelo holgazanes y renegados de
+semejante catadura.
+
+A los diez meses de casados, tuvo Facia una niña; y sin llegar a
+cumplirse el año, su marido, que había desaparecido del pueblo una
+semana antes, volvió a casa de noche, roto y desgreñado; dio dos
+bofetones a su mujer porque le preguntó cariñosamente cómo le había ido,
+por dónde había andado y a qué venía; y mientras la amenazaba con
+abrirla en canal si contaba a nadie que no le había visto el pelo desde
+la semana anterior, hizo apresuradamente un lío con las baratijas que le
+quedaban en casa y con otras, al parecer, semejantes que fue sacando de
+los anchos bolsillos de su ropa, y sin despedirse de Facia desapareció
+de la casa y del pueblo, perdiéndose en la oscuridad de los montes...
+hasta hoy.
+
+A los dos días de esto, llegó al pueblo una pareja de la guardia civil y
+una requisitoria del juez del partido preguntando por él. Se trataba del
+robo de una iglesia y de unas puñaladas al pobre sacristán que intentó
+impedirle... Dos pájaros de la cuadrilla habían caído ya en el garlito,
+y se buscaba al tercero, al capitán de ella, al famoso baratijero casado
+en Tablanca... y en otras tres o cuatro parroquias más de España y sus
+Indias, según resultaba de sus antecedentes procesales.
+
+Con este golpe se espantó el vecindario, se llevó don Celso las manos a
+la cabeza, y envejeció de repente quince años la pobre Facia.
+
+Del pícaro fugitivo sólo volvió a saberse que anduvo por las repúblicas
+de América, recién escapado de España, y se le daba por muerto muchos
+años hacía o arrastrando una cadena.
+
+A poco de verse abandonada, triste y arrepentida la desventurada Facia,
+recogióla otra vez don Celso por caridad de Dios; y por caridad de Dios
+también no la dijo una palabra desde entonces que se refiera de cerca ni
+de lejos a su locura ni a su desgracia; y a su lado fue creciendo la
+niña Tona, ignorando los verdaderos motivos de las tristezas y amarguras
+de su madre, y viviendo en la creencia de que su padre había sido un
+hombre de bien que, como otros muchos, se había marchado a «la otra
+banda» para mejorar la fortuna, y que allí había muerto sin conseguirlo,
+al cabo de los años.
+
+Tal es la sustancia de lo que me refirió Chisco. Con ello sólo podía
+explicarse el arrechucho aquel de Facia, y podía también no explicarse:
+de todas suertes, el caso, aun después de conocida la historia de la
+mujer gris, que no dejaba de ser interesante, no era para meterme en
+escrupulosas indagaciones; y no me metí.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Con dos guías tan complacientes y tan expertos como los míos, pronto
+conocí las principales sendas, cañadas y desfiladeros, la fauna y la
+flora de los montes más cercanos del contorno; perdí el miedo que me
+infundían los «asomos» u orillas descubiertas de los precipicios, siendo
+de advertir que allí no hay camino chico ni grande que no sea un asomo
+continuado, y adquirí la soltura y la fortaleza de que mis piernas
+carecían al principio para soportarme lo mismo en las cuestas arriba que
+en las cuestas abajo; es decir, siempre que andaba, porque es la pura
+verdad el dicho corriente en el lugar, de que en aquella fragosa comarca
+no hay otra llanura que la sala de don Celso. No subí a grandes alturas,
+porque no me tentaban mucho los espectáculos de esa casta, ni tampoco
+hicieron mis rudos guías grandes esfuerzos para animarme a vencer las
+inclinaciones de mi complexión relativamente perezosa; pero no dejé por
+eso de satisfacer mi escasa curiosidad en la contemplación de
+hermosísimos panoramas. Por último, conocí también los principales
+puertos de invierno y de verano, a los cuales envían sus ganados los
+valles circunvecinos, y admiré la lozanía de aquellas brañas («majadas»)
+de apretada y fina yerba, verdaderas calvas en medio de grandes y
+tupidos bosques de poderosa vegetación. Cada una de estas calvas tiene,
+en los puertos de verano, una choza, y en los otros un «invernal»: la
+choza para albergue de las personas que pastorean el ganado, y el
+invernal, edificio amplio y sólido, de cal y canto, para establo y pajar
+de una buena cabaña de reses. Por lo común, cada invernal corresponde a
+los ganados de ocho o diez condueños de las «hazas» o partes de la braña
+contigua. Algunos de esos invernales estaban ya ocupados. De noche come
+el ganado prendido en la pesebrera, de la «ceba» del pajar, segada en
+las hazas en agosto; de día pasta al aire libre, mientras el tiempo lo
+consiente, al cuidado de sus dueños, que después de dejarlo recogido al
+anochecer, bajan a dormir al pueblo; al revés que en verano, durante el
+cual duermen amontonados en la choza, quedando la cabaña «acurriada», es
+decir, reunida en la majada circundante. Las yeguadas hacen vida más
+independiente y libre, y las hallábamos, en estado semisalvaje, donde
+menos lo pensábamos.
+
+Pito era muy bruto, y aconteció más de una vez ir yo muy descuidado y
+sentir a mi espalda un estampido feroz que me hacía dar dos vueltas en
+el aire. Era la espingarda del gaznápiro: un escopetón más viejo y
+remendado que el de Chisto, que había hecho una de las suyas. Pito no se
+cansaba en avisar a nadie ni en tomar la más leve precaución cuando una
+pieza se le ponía a tiro, es decir, en cuanto él la atisbaba, lo mismo
+en los aires que entre los matorros, que atravesando la sierra
+escampada, porque para un arma de las dimensiones de la suya y con la
+metralla de que la atascaba, no había lejos ni cercas: se la echaba a la
+cara, y por encima de un hombro mío o entre las piernas de Chisco, según
+lo pedía la situación de las cosas y de las personas, sin cansarse en
+decir «allá va eso», «¡puuunnn!» Aquello parecía el fin del mundo: los
+montes retemblaban, y quedaba la pieza, no sólo muerta, sino hecha
+trizas, porque él no perdía golpe, ni la pieza un solo grano de la
+metralla del escopetón.
+
+Y la pieza era una liebre, una zorra, un gato montés, un «esquilo»
+(ardilla), un faisán o una alimaña de regular cuantía, pues es muy de
+notarse que de ese y otros linajes parecidos son los animales con que se
+topa uno yendo de paseo, aun por los sitios más inmediatos al pueblo,
+como se topa en cualquier otra parte del mundo, que no sea aquélla, con
+el gato doméstico, el perro cariñoso o las aves de corral.
+
+Chisco se conducía de muy distinto modo que su camarada: todo lo hacía
+sin alterar en lo más mínimo aquella su placidez de continente. Si se me
+ponía una pieza a tiro, con una mano me detenía suavemente, con la otra
+me la señalaba, y con un gesto expresivo o con media palabra me daba a
+entender que me la cedía. Si yo erraba el golpe, como sucedía casi
+siempre, él me le enmendaba, si no se le había anticipado la espingarda
+de Chorcos desde donde menos podíamos esperarlo; y notaba yo, en el
+primer caso, cierta complacencia maliciosa en la mirada que me dirigía,
+mientras pataleaba la víctima en el suelo o descendía de los aires dando
+tumbos, como si quisiera decirme: «¿Vey usté cómo no val un pitu esa
+escopeta, con ser tan maja como es?» Pero Chisco se engañaba
+grandemente, porque el arma era inmejorable, y las municiones muy dignas
+de ella. Lo que fallaba era el cazador, que siendo tan diestro como yo
+lo era en el tiro al blanco, no sabía por dónde se andaba cuando había
+que tirar a la carrera o al vuelo. El caso es que llegó a mortificarme
+esta torpeza; y contribuyeron mucho a ello, más que las miradas dulzonas
+de Chisco, las risotadas brutales con que solemnizaba Chorcos cada
+enmienda que hacía su espingardón roñoso a los fracasos de mi escopeta.
+Y tan adentro me llegaron las mortificaciones, que poniendo mis cinco
+sentidos en el negocio aquel, conseguí pronto, ya que no la destreza de
+mis acompañantes, portarme de tal manera, que no fueran «enmendables»
+por ninguno de ellos los tiros que yo desaprovechara. Con esto cesaron
+las sonrisas del uno y las risotadas del otro, y sentí yo descargado el
+ánimo de un gran peso; porque así vienen hilvanadas las flaquezas de la
+vida, y jamás se ha dicho verdad como la del pedante don Hermógenes: «No
+hay poco ni mucho en absoluto.»
+
+Dos veces nos acompañó en estas expediciones, mixtas de exploración y de
+caza, el cura don Sabas; pero sin más arma que el cachiporro pinto que
+le servía de bastón. Hallaba él algo como mengua en gastar la pólvora en
+aquellas salvas de puro recreo, y llamaba «animalitos de Dios» a cuantos
+había en la escala de magnitudes, desde el jabalí o el corzo para abajo.
+Pero ¡cuánto sabía de toda la escala entera y verdadera, y de aquellos
+montes y de otros tales, y con qué respeto le oían los dos mozos que,
+como cazadores, tanto se crecían a mi lado, y con qué gusto le oía y le
+contemplaba yo a ese propósito... y otros muchos, para los que no tenían
+ojos ni oídos las rudas entendederas de Chisco y su camarada!
+
+Porque es lo cierto que aquel hombrazo tan soso de palabra y tan pobre
+de recursos en la tertulia de mi tío; algo más agradable y suelto
+oficiando en la iglesia, donde hablaba desde el altar mayor bastante al
+caso y a la medida del entendimiento de sus rústicos feligreses, en las
+alturas de la montaña no se parecía a sí propio. Lo de menos era en él,
+con ser mucho, el interés que sabía dar en pocas y pintorescas frases a
+las noticias que yo le pedía, por no satisfacerme las que me
+suministraban Chisco y su compañero, acerca de las grandes alimañas, sus
+guaridas en aquellos montes y la manera de cazarlas; los lances de apuro
+en que se había visto él y cuanto con esto se relacionaba de cerca y de
+lejos; sus descripciones de travesías hechas por tal o cual puerto
+durante una desatada «cellerisca» sus riesgos de muerte en medio de
+estos ventisqueros, unas veces por culpa suya y apego a la propia vida,
+y las más de ellas por amor a la del prójimo: lo demás era, para mí, su
+manera de «caer» sobre la montaña, como estatua de maestro en su propio
+y adecuado pedestal; aquél su modo de saborear la naturaleza que le
+circundaba, hinchiéndose de ella por el olfato, por la vista y hasta por
+todos los poros de su cuerpo; lo que, después de este hartazgo, iba
+leyéndome en alta voz a medida que pasaba sus ojos por las páginas de
+aquel inmenso libro tan cerrado y en griego para mí; la facilidad con
+que hallaba, dentro de la ruda sencillez de su lengua, la palabra justa,
+el toque pintoresco, la nota exacta que necesitaba el cuadro para ser
+bien observado y bien sentido; el papel que desempeñaban en esta labor
+de verdadero artista su pintado cachiporro, acentuando en el aire y al
+extremo del brazo extendido, el vigor de las palabras; el plegado del
+humilde balandrán, movido blandamente por el soplo continuo del aire de
+las alturas; la cabeza erguida, los ojos chispeantes, el chambergo
+derribado sobre el cogote, la corrección y gallardía, en fin, de todas
+las líneas de aquella escultura viviente... ¡Oh! diéranle al pobre Cura
+en el llano de la tierra, en el valle abierto, en la ciudad, una mitra;
+la tiara pontificia en la capital del mundo cristiano, y le darían con
+ellas la muerte: para respirar a su gusto, para vivir a sus anchas, para
+conocer a Dios, para sentirle en toda su inmensidad, para adorarle y
+para servirle como don Sabas le servía y le adoraba, necesitaba el
+continuo espectáculo de aquellos altares grandiosos, de aquella
+naturaleza virgen, abrupta y solitaria, con sus cúspides desvanecidas
+tan a menudo en las nieblas que se confundían con el cielo.
+
+Nada de esto, que tan hermoso era y tan a la vista estaba, sabían leer
+ni estimar los dos mozones que tan profundo respeto tenían a don Sabas
+solamente por ser cura de su parroquia y hombre de indiscutible
+competencia en cuanto se les alcanzaba a ellos.
+
+Mi temperamento, en la escala de lo sensible, ni siquiera llegaba al
+grado de los innumerables que para «sentir el natural» necesitan verle
+reproducido y hermoseado en el lienzo por la fantasía del pintor y los
+recursos de la paleta; y, sin embargo, yo leía algo que jamás había
+leído en la Naturaleza cada vez que la contemplaba a la luz de las
+impresiones transmitidas por don Sabas encaramado en las cimas de los
+montes. Y era muy de agradecerse y hasta de admirarse por mí este
+milagro del pobre cura de Tablanca; milagro que nunca habían logrado
+hacer conmigo ni los cuadros, ni los libros, ni los discursos.
+
+En la última ocasión de aquéllas, volviendo a casa los dos, yo rendido y
+descuajaringado, y él tan fresco y tan brioso como si no hubiera salido
+del lugar, díjome que todo lo visto por mí hasta entonces era como no
+ver nada y que había que ver algo de lo que me tenía prometido.
+
+--Lo que usted quiera y cuando usted quiera--respondí yo temblando, por
+el compromiso que adquiría con aquel hombre para quien eran cosa de
+juego excursiones que a mí me descoyuntaban.
+
+--Pues queda de mi cuenta el caso--me replicó--; y no hay más que
+hablar.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Mis visitas de exploración minuciosa al pueblo las hice solo y por mi
+propia cuenta, dejándome aparecer en él como a la descuidada, para
+sorprenderle mejor en sus intimidades. Al conocer «de vista» a su
+vecindario en la misa del domingo anterior, ya me había llamado la
+atención muy vivamente cierta uniformidad monótona de «corte», digámoslo
+así, y hasta de indumentaria. Todos los mozos usaban el «lástico»
+encarnado, y verde todos los viejos, y todas las mujeres llevaban la
+«manta» o chal de parecido color y cruzado de igual modo sobre el pecho
+y los riñones; en todas y en todos abundaban el tipo rubio y la línea
+curva, no sin gracia, con tendencia al cuadrado hacia los hombros; todos
+y todas andaban, hablaban y se movían con la misma parsimonia, y en
+todas las caras, viejas y juveniles, se notaba la misma expresión de
+bondad con cierto matiz de sobresalto, como si la continua visión de las
+grandes moles a cuya sombra viven aquellas gentes, las tuviera
+amedrentadas y suspensas. Pues no tuve que rectificar un ápice de estas
+impresiones, recibidas de un simple vistazo al conjunto del vecindario
+aquél, cuando traté de estudiarle en detalle y más a fondo; al
+contrario, resultóme que a la monotonía de su manera de ser y de vestir,
+bien confirmada de cerca, hubo que agregar otra monotonía no menos
+saliente por cierto: la de sus habitaciones. Todas las casas de
+Tablanca, con excepciones contadísimas, me parecieron construidas por un
+mismo plano: la planta baja, destinada a cuadras del ganado lanar y
+cabrío; en el piso, la habitación de la familia, y la cocina sin más
+techo que el tejado, y en lo alto el desván, limitado por un tablero
+vertical sobre el borde correspondiente a la cocina, formando con las
+tres paredes restantes lo que pudiera llamarse «caja de humos». Afuera,
+una accesoria para cuadra y pajar del ganado vacuno, y pegado a ella o a
+la casa, un huerto muy reducido.
+
+De igual modo que en la cocina de mi tío se hablaba en todo el lugar por
+chicos y grandes, viejos y mozos. Como nota característica de aquel
+lenguaje, las haches como jotas y las oes finales como úes; verbigracia:
+«jermosu» y «jormigueru» por hermoso y hormiguero. Pero tan acompasada y
+tan melódica es la cadencia que dan a la frase, que no resultan las
+asperezas de la palabra desagradables al oído: al contrario; y tienen
+expresiones y modismos de un sabor tan señaladamente clásico, que con
+ello y el sonsonete rítmico de que las acompañan, oyendo una
+conversación entre aquellos montañeses, se me venía a la memoria la
+«música» de nuestros viejos romanceros.
+
+Es también muy de notarse que ninguna de estas singularidades en el modo
+de ser y de expresarse, sufre visible alteración por el cambio de
+lugares o de costumbres. Es allí muy corriente la de emigrar durante el
+verano los hombres mozos a provincias tan lejanas como las de Aragón,
+para ejercer el oficio de serradores de madera, o las de Castilla, con
+aperos de labor o con castañas, para cambiarlos por trigo o por dinero.
+Yo hablé con hombres de estos, recién llegados al valle tras de muchos
+meses de ausencia de él, y no hallé la menor diferencia que los
+distinguiera en el vestir ni el hablar, ni en la manera de conducirse en
+todo, de sus otros convecinos; ni tampoco he hallado después,
+buscándolas de intento, muy notorias señales de que les interese, fuera
+de sus hogares, más que el asunto que los saca de ellos, como si sólo
+tuvieran ojos y corazón para ver y sentir el terruño nativo.
+
+La raza es de lo más sano y hermoso que he conocido en España, y yo creo
+que son partes principalísimas de ello la continua gimnasia del monte,
+la abundancia de la leche y la honradez de las costumbres públicas y
+domésticas. Supe con asombro que no había en el lugar más que una
+taberna, y ésa de la propiedad del Ayuntamiento, que vendía el vino casi
+con receta y para que cada consumidor lo bebiera en su casa; de donde
+resultaba, por la fuerza de la costumbre, que era muy mal mirado el
+hombre que mostraba instintos «taberneros», y mucho peor el que se
+dejaba arrastrar de ellos, aunque fuera pocas veces. No me asombró tanto
+la noticia de que allí escaseaba mucho el dinero, por ser un linaje de
+escasez muy común en todas partes; pero me pareció muy de notarse la de
+que, en cambio, eran moneda corriente los frutos de la tierra, como en
+los pueblos primitivos; y así sucede que hay servicios muy importantes
+que se pagan con media docena de panojas o con un maquilero de castañas.
+Lo que tampoco hay en aquel valle son patatas; pero, en cambio, se
+cosechan abundantes en el de Promisiones, el valle de mi abuela paterna
+y aguas arriba del Nansa, donde no se da el maíz, que es la principal
+cosecha de Tablanca, por lo cual estos dos valles, separados entre sí
+por cuatro horas de camino a buen andar, están en frecuente trato para
+cambiar aquellos importantes frutos de la tierra.
+
+Casi todos los hombres de Tablanca son abarqueros, algunos de los
+cuales, sin dejar de ser labradores, hacen una industria de aquel
+oficio. Éstos acampan, durante el verano, en el monte, en cuadrillas de
+ocho a diez; cortan la madera, preparan en basto las abarcas a pares, y
+así las bajan al pueblo, donde, después de bien curadas, van
+concluyéndolas poco a poco. En esta tarea hallé ocupados a algunos de
+ellos; y me embelesaba viéndolos manejar la azuela de angosto y largo
+peto cortante, o sacar con la legra rizadas virutas de lo más hondo e
+intrincado de la almadreña, o «pintar», las ya afinadas, a punta de
+navaja sobre la pátina artificial del calostro secado al fuego. Otros
+son más carpinteros, y acopian también y preparan en el monte madera
+para rodales y «cañas» (pértigas) de carro, o aperos de labranza que
+luego afinan y rematan abajo.
+
+Otra singularidad de aquellas gentes sepultadas entre montes de los más
+elevados de la cordillera: llaman «la Montaña» a la tierra llana, a los
+valles de la costa, y «montañeses» a sus habitantes.
+
+Una de las primeras personas con quienes me puse «al habla» en aquella
+ocasión, fue un hombre que resultó muy original. Le hallé recogiendo
+cantos del suelo y cerrando con ellos el boquete de un «morio» que se
+había desmoronado por allí. Trabajaba con gran parsimonia, y pujaba
+mucho, sin quitar la pipa de su boca, a cada esfuerzo que hacía, porque
+ya era viejo. Me saludó muy risueño al verme a su lado, y hasta me llamó
+por mi nombre, «señor don Marcelo».
+
+Bastaba mi cualidad de «señor» y de forastero para merecer aquellos
+homenajes de una persona de Tablanca, donde son todos la misma cortesía;
+pero yo era además sobrino carnal de don Celso, hijo «del difunto don
+Juan Antonio», sangre de los Ruiz de Bejos, de la enjundia nobiliaria de
+Tablanca, de la «casona» «de allá arriba...», vamos, de los Faraones de
+allí; algo indiscutible, prestigioso y respetable _per se_ y como de
+derecho divino; pero no a la manera autoritaria y despótica de las
+tradiciones feudales, sino a la patriarcal y llanota de los tiempos
+bíblicos.
+
+No me extrañó, pues, ni debía extrañarme, vistas las cosas por este
+lado, el cariñoso acogimiento que me dispensó el hombre del morio.
+
+Estaba «amañandu aqueyu» porque le daba en cara verlo «en abertal». No
+eran hacienda suya, «como podía comprender yo», ni aquella tierra ni
+aquel cercado; pero había visto un día removido el primer canto de los
+de en medio; después otros dos de los «apareaos» con él, y luego «otros
+de los arrimaus a eyus», y por último, se había dicho, «a las primeras
+celleriscas que vengan, o a la primera res que jocique una miaja pa
+lamberse estus verdinis, se esborrega el moriu por aquí». Y así había
+sucedido. Tres días estuvo el boquete abierto sin que lo viera el dueño
+de la finca; otros cuatro «pedricándole» él sin fruto para que le echara
+arriba antes que se picaran las bestias a aquel portillo y acabaran con
+la «pobreza» del cercado... hasta que pasando el «moriu» semanas enteras
+en aquel estado «bichornosu», se había resuelto él a cerrar el boquete.
+Porque era de ese «aquel», y no lo podía remediar. No en todas las
+ocasiones llegaba a tanto el interés que se tomaba por lo ajeno; pero
+siempre le daban en cara y le metían en grandes cuidados los descuidos
+de los demás. Ya sabía él cuándo había llegado yo a Tablanca y la vida
+que había hecho desde entonces. Le gustaba mucho verme apegado a la
+tierra y a la casa de mis abuelos. Chisco era buen compañero para andar
+por donde yo andaba con él; también Pito Salces, pero no tan «amañau»
+como el otro «pa el autu de rozasi con señores finus». Si Chisco fuera
+de Tablanca como era de Robacío, no habría nada que pedirle. Así y con
+todo, fiel, honrado y trabajador como era y sirviendo donde servía,
+ningún padre de aquel lugar debía, en «josticia de ley», cerrarle la
+puerta de su casa. Pues había quien, si no la cerraba propiamente,
+tampoco se la abría de buena voluntad. Temas de los hombres. La moza era
+maja, y algunos bienes tenía que heredar en su día; pero no se
+encontraba «al regolver de cada calleju» un hombre de bien, que era un
+caudal «de por sí mesmo». Bien lo conocía ella, y por eso miraba a
+Chisco con buenos ojos; pero era muy otro el mirar de su padre, y él se
+entendería. La madre iba por caminos diferentes que su marido, y se
+arrimaba más a los de la hija... En suma y finiquito, ya lo arreglaría
+don Celso, si la cosa era conveniente para todos. Pero ¡qué «amejao» a
+mi padre resultaba yo! Le había conocido él poco más que de «mozucu»,
+porque el señor don Juan Antonio le llevaría, si viviera, al pie de diez
+años. Se había marchado del lugar sin tener pelo de barba todavía;
+después volvió, «jechu un mozallón arroganti»; pero «entrar por aquí y
+salir por ayá, como el otru que diz». «Le jalaban muchu jacia lo mundanu
+los dinerales que había apañau por esas tierras de Dios», y la mujer que
+le aguardaba para casarse con él. Había vuelto a quedarse solo «el
+mayoralgu» que nunca quiso raer de Tablanca. «Aunque no era mujeriegu de
+por suyu», la soledad y otras penas le habían obligado a casarse
+también. ¡Bien casado, eso sí, «por vida del Peñón de Bejo»! con lo
+mejor de Caórnica, de la casa de los Pinares: doña Cándida Sánchez del
+Pinar. Le parecía que estaba viéndola, tan arrogantona y tan... y luego
+con su blandura de entraña... Pero Dios no había querido que las cosas
+pasaran de allí; y hoy un hijo y mañana otro, le había llevado los tres
+que había ido teniendo, y por último a ella, que valía un Potosí de oro
+puro, y con ella, la luz y la alegría de la casona, que fenecería
+«mañana u el otru» con el pobre don Celso, que ya había estado a punto
+de morir. Y en feneciendo este último Ruiz de Bejos, y en cerrándose la
+casona o pasando a dueños desconocidos, ¿qué sería de Tablanca ni qué
+vivir el suyo, sin aquel arrimo, tan viejo en el valle como el mismo río
+que le atravesaba? Por eso se alegraba él tanto de mi venida. Bien podía
+ser permisión de Dios. Porque si yo tomara apego a aquella tierra, ¿qué
+mejor dueño para la casona, ni más pomposo señor para el valle entero,
+cuando don Celso faltara? ¡Ah, cuánto se alegraría él de que yo fuera
+animándome! Por lo pronto, allí le tenía para servirme en lo que
+quisiera mandarle... Nardo Cucón, el «Tarumbo», si lo quería más llano y
+conocido, porque así le llamaban de mote, no sabía por qué, pero era la
+pura verdad que no le ofendía... En fin, ya estaba cerrado el boquete...
+
+Entonces fue cuando el Tarumbo se incorporó del todo, aunque algo
+encorvado de riñones todavía y bastante esparrancado, y se encaró
+conmigo. Su charla había durado tanto como su labor, y yo no había hecho
+más que mirarle y oírle. Se quitó la pipa de la boca después de
+restregarse ambas manos contra el pantalón; golpeóla boca abajo sobre la
+uña del pulgar de la izquierda, y me enseñó en una sonrisa toda la caja
+desportillada de sus dientes. Era un vejete de rostro plácido y greñas
+muy canas, algo atiplado de voz y muy duro de «bisagras»; es decir,
+torpe de todos sus movimientos. Para un hombre tan cuidadoso como él de
+la hacienda de los demás, no me pareció muy bien cuidada la propia que
+tenía a la vista. Dígolo por el desaliño y desaseo de toda su persona,
+que eran muy considerables... Así y todo, resultaba interesante y muy
+simpático el vejete.
+
+Hablé con él un buen rato todavía, porque me entretenía mucho su
+conversación pintoresca, y acabé por preguntarle por la casa del médico.
+
+--Vela ahí--me respondió dando media vuelta hacia la derecha, y
+apuntando con la mano hacia un edificio algo más aseñorado que los del
+tipo corriente en el pueblo--. De dos zancajás está en ella.
+
+--¿Y la de don Pedro Nolasco?--preguntéle después.
+
+--Vela a esta otra manu--respondióme apuntando con la suya al lado
+opuesto--. Por encima del tejau de esa primera que tien frutales en el
+güertu, asoma el aleru vencíu y el jastialón detraseru de eya, con su
+balconaje de fierru.
+
+En esto venía hacia nosotros de la parte alta del lugar, cuyas casas,
+como las de todos los lugares montañeses, no guardan orden ni concierto
+entre sí, una moza de buena estampa, con un calderón de cobre muy
+bruñido sobre la cabeza, y un cántaro de barro en cada mano. El Tarumbo,
+después de conocerla, me guiñó un ojo, la volvió la espalda y me dijo
+mientras cargaba de tabaco su pipa:
+
+--Esa es Tanasia.
+
+--¿Y quién es Tanasia?--le pregunté yo.
+
+--La hija mayor del Toperu--respondióme.
+
+--¿Y quién es el Toperu?--volví a preguntarle.
+
+--Pos es el padre de Tanasia... Vamos, de la mozona que corteja Chiscu.
+
+--¡Ajá!--exclamé mirándola con mucha atención, porque precisamente
+pasaba entonces por delante de nosotros.
+
+La mozona, que debió presumir algo de lo que tratábamos el Tarumbo y yo,
+se puso muy colorada y se sonrió, bajando los ojos al darnos los buenos
+días. Alabé de corazón el buen gusto de Chisco, y no me expliqué bien el
+del Topero.
+
+--Pues ¿qué demonios quiere para su hija?--pregunté al Tarumbo.
+
+--A un tal Pepazus--me respondió éste--. Un mozallón como un cajigu, que
+remueve dos hazas de una cavá, come por cuatru cavones, y descurre menos
+que este moriu que tenemus delante. Dícese que tien el Toperu esta
+manía: no es porque yo sea capaz de juralu, que como usté, señor don
+Marcelu, pué cavilar, a mí ya ¿qué me va ni qué me vien en estas
+cantimploras?
+
+Poniéndome en marcha hacia la casa del médico, a quien deseaba pagar su
+visita aquel día, despedíme del Tarumbo; pero éste, atajándome a la
+mitad de la despedida, díjome que «payá» iba él también, porque
+cabalmente estaban las dos casas, la suya y la del médico, frente por
+frente, y echó a andar a mi lado. Pasamos una calleja con muchos
+bardales, y al desembocar en una plazoleta de suelo verde y contorneada
+en su mayor parte de morios con yedras y saúcos, dijo mi acompañante,
+apuntando hacia la izquierda y al fondo de un saco que se formaba allí
+por dos cercados, uno de «busquizal» (zarzal espeso) y otro de pared
+medio derruida entre malezas:
+
+--Esta es la mi casa.
+
+Y volviéndose al lado opuesto, añadió, mientras apuntaba hacia otra que
+cerraba la plazoleta por allí:
+
+--Y ésta es la del méicu.
+
+La casa del Tarumbo arrimaba por un costado al muro ruinoso, y allá se
+andaba con él en achaques y quebrantos y con los atalajes de su dueño.
+Con estos pensamientos en la cabeza, miré al Tarumbo sin decirle nada;
+pero debió de leérmelos él en la cara que le puse, porque me dijo
+enseguida:
+
+--No se espanti de eyu, porque es de nesecidá. Quedamos yo y la mujer,
+que no sal ya de la cama; los hijus, entre casaus y ausentis, lo mesmu
+que si no los tuviera; y a mí no me alcanza el tiempu pa ná con el
+quehacer que me dan los cuidaos ajenus... Porque, créame usté, señor don
+Marcelu, lo que pasó con el moriu que me ha vistu usté levantar, pasa
+aquí con las mil y quinientas a ca hora del día y de la nochi; y si no
+juera por el Tarumbu, créame usté don Marcelu, créame usté y no lo tomi
+a emponderancia: si no juera por el Tarumbu, la metá del vecindariu de
+Tablanca andaría por estus callejonis devorá por la jambre y en cuerus
+vivus.
+
+Guardéme bien de ponérselo en duda siquiera; me despedí de él muy
+afable, y me dirigí a la casa del médico, que estaba a dos pasos.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Desde que le había conocido, poco más que de vista, en casa de mi tío,
+sentía yo gran deseo de echar un párrafo a mi gusto con el médico de
+Tablanca; porque se me antojaba que en aquel mozo había más «cantera» de
+la que se halla en el tipo usual y corriente de los hombres de su edad y
+circunstancias. Y resultó la cantera a los primeros desbroces; a flor de
+tierra, como quien dice.
+
+Como me había visto acercarme a su casa, salió a recibirme hasta el
+portal con una ropilla casera, poco más que de verano, a pesar de la
+frescura invernal del ambiente que corría; pero con buenos abrigos de
+carne blanca y rolliza que le asomaba en ronchas por los puños recogidos
+de su camisa de dormir y por encima del leve cuello de la americana.
+Condújome escalera arriba por una de pocos tramos; después, por un
+pasadizo corto, y, por último, me introdujo en una salita con solana y
+gabinete, la cual, por los muebles y los libros que contenía, supuse
+desde luego que le serviría de despacho. Sentámonos frente a frente en
+cómodos, aunque no ricos ni elegantes sillones, con una mesita entre los
+dos, cargada de papelejos, una plegadera, cajas de fósforos llenas y
+desocupadas, cenicero con colillas, una petaca de suela y una bolsa
+abierta de cirugía; y hubo primeramente las vaguedades acostumbradas en
+toda visita; después fumamos, sin dejar de hablar del tiempo, por lo
+inusitado de su relativa templanza, ni del juicio que iba formando yo de
+aquella tierra, para mí desconocida hasta entonces; luego tocamos el
+punto de las condiciones higiénicas del valle; y por este resquicio
+salió a relucir la quebrantada salud de mi tío Celso, sobre la cual
+tenía yo muchos deseos de hablar con el mediquillo aquél.
+
+Es más difícil de lo que parece mostrar ingenio, discreción, tino y,
+sobre todo, arte en las trivialidades y pequeñeces que son el tema
+obligado a los comienzos de esas visitas «de cumplido» que todos
+hacemos, que hace todo el mundo. Es más fácil ganar una batalla campal
+que entrar a tiempo y bien entonado en esas insustanciales sinfonías de
+la comedia que va a representarse después. Yo tengo el valor de
+declarar, por lo que a mí concierne, que casi siempre que me veo en esos
+trances, entro a destiempo y desafinado, y que cuanto más me empeño en
+enmendar las pifias, peor lo pongo. Pero válgame el consuelo de que
+llevo vistas mayores torpezas que las mías y hasta enormes
+inconveniencias y sandeces donde menos eran de esperarse por la calidad
+refinada de los actores. Pues bien: precisamente en ese mismo peligroso
+trance fue donde empecé yo a vislumbrar la «cantera» de aquel mozo,
+despechugado y casi en ropas menores, mediquillo simple de una aldehuela
+sepultada entre montes, en presencia de un elegante de Madrid, harto de
+correr el mundo de los ricos desocupados; y no seguramente por lo que me
+dijo ni por lo que hizo, sino por todo lo contrario: por lo que se calló
+y por lo que no quiso hacer, o mejor todavía, por lo bien que supo
+callarse y estarse quieto, y escoger lo que me dijo y el modo de
+decirlo. Todo el mundo tiene afán de ser un poco agudo, un poco gracioso
+y hasta un poco travieso delante de las gentes, y de ahí las necedades y
+las inconveniencias; y casi a nadie se le ocurre ser sincero, con lo
+cual, buena educación y una pizca de sentido común, hay la garantía de
+no «quedar mal» allí ni en ninguna parte, que no es garantía floja en
+los tiempos esencialmente comunicativos que alcanzamos. Pues cabalmente
+la sinceridad, y en su más alto grado, acompañada de un buen
+entendimiento, fue lo primero que yo eché de ver en el mediquillo de
+Tablanca.
+
+Hablando de la enfermedad de mi tío, me dijo que era mortal de
+necesidad. Consistía... (y aquí se detuvo risueño como para pedirme
+perdón por las palabrotas que iba a soltar) en una dilatación
+cardiaca... un estado asistólico...
+
+--En castellano corriente--añadió con un gesto y un ademán muy naturales
+y expresivos--, es la máquina vieja cuyo organismo empieza a
+descomponerse. Se entorpeció la rueda del corazón como pudo entorpecerse
+otra de las principales. Por alguna de ellas había de empezar la
+inevitable ruina. Cuándo se consumará ésta, cuándo se parará la máquina,
+no es posible calcularlo a fecha fija ni por mí ni por los que sepan de
+esas cosas más que yo: lo mismo puede pararse dentro de seis meses que
+en este instante. Lo indudable es que hay máquina para muy poco tiempo.
+
+Aunque de ello estaba yo bien persuadido, la confirmación de mis
+sospechas por labios tan autorizados me produjo un efecto muy penoso.
+Aparte de los vínculos de sangre que me unían a don Celso, había en él
+prendas personales que le hacían muy pegajoso al cariño de los que le
+trataban.
+
+Hablando de su enfermedad, se trató de otras análogas y de otras muchas
+que, sin parecerse a ellas, tenían, sin embargo, el mismo funesto
+desenlace: la muerte del enfermo; y ya en este camino, fuimos a parar al
+consabido «desaliento» de los doctos en el «arte de curar» en cuanto
+cotejan y comparan los recursos de su ciencia con las míseras
+condiciones físicas del hombre; sólo que el mozo aquél, al convenir
+conmigo en la ineficacia de la medicina en la mayor parte de los casos
+de apuro, no se llevó las manos a la cabeza, ni renegó de la incapacidad
+humana, ni mostró esperanza alguna de que ya irían arreglando poco a
+poco esas dificultades «los héroes y los mártires de la ciencia»: al
+contrario, sin negar que estudiando mucho podía averiguarse algo más de
+lo que se sabía en la materia, dio los fracasos actuales, y aun los
+venideros, por cosa necesaria y con los cuales ya contaba él al empezar
+sus estudios; es decir, que no le noté la menor chispa de entusiasmo por
+su profesión, ni el menor síntoma de desencanto al tocar en la práctica
+de ella sus deficientes recursos. Declaróme honrada y lealmente que así
+era la verdad; y con esto y un poco de astucia mía, fuimos entrando paso
+a paso en el terreno a que yo deseaba conducirle, o mejor dicho, fui
+sabiendo de él todo lo que necesitaba para acabar de conocerle «por
+dentro».
+
+Era nativo de Robacío (igual que Chisco), y su padre, don Servando
+Celis, un señor por el arte de mi tío Celso, había deseado que se
+hiciera médico, porque ya tenía otro hijo, el mayor, estudiando Leyes en
+Valladolid. A él, que estudiaba tercero del bachillerato en Santander,
+lo mismo le daba. No sentía aversión ni apego a ninguna carrera
+literaria o científica: todos sus cinco sentidos los tenía puestos en el
+terruño natal. Esto no se lo decía a nadie; pero lo sentía, y muy hondo.
+Por este lado hasta se había alegrado de la elección de carrera hecha
+por su padre, porque la de médico era quizás la única compatible con sus
+aspiraciones y tendencias. Además, podían engañarle en esto las
+ilusiones de muchachos; y de todas suertes, su padre tenía mucha razón
+en sacarle de allí para darle una ocupación que, cuando menos, había de
+ilustrarle el entendimiento y ponerle en contacto con el mundo. En esta
+prueba, forzosamente había de manifestarse y triunfar su verdadera
+vocación. Y se sometió a ella hasta gustoso, no contando por tal la de
+su campaña de humanista en Santander, porque a aquella edad y encerrado
+en un colegio no se forma nadie cabal idea de esas cosas tan delicadas y
+complejas. Hecha la prueba durante siete años de estudios en Madrid,
+resultó lo que él esperaba: el triunfo definitivo de sus primeras
+inclinaciones.
+
+--¿Está usted seguro--le dije siguiendo mi sistema de interrupciones y
+preguntas, para obtener más de lo que espontáneamente me ofrecía su
+agradable laconismo--, de haber puesto de su parte todo el esfuerzo que
+requería la empresa?
+
+--¡Segurísimo!--me respondió sin vacilar; y añadió sonriéndose: Puedo
+jurarle a usted que en ese linaje de estudios aproveché bien el tiempo.
+
+--Pues me parece muy extraño el resultado--repliqué--, juzgando de sus
+sentimientos por los míos.
+
+--¿Por qué?--me interrogó muy serio.
+
+--Porque no es eso lo usual y corriente entre mozos de las condiciones
+personales de usted; porque con ellas y en Madrid y en roce continuo con
+el mundo y sus golosinas, lo natural es que se las vaya tomando el
+gusto.
+
+--No he dicho yo que me desagradaran--se apresuró a replicarme el
+médico--. Lo que hay es que esas golosinas, sin desagradarme, no me
+satisfacían, no me llenaban, y me dejaban siempre despierto el apetito
+de otra cosa más del gusto de mi paladar.
+
+--Y ¿cuál era esa cosa, si puede saberse?
+
+--Lo de acá, la tierra nativa.
+
+--Pero ¡qué demonios puede usted hallar en ella de apetecible hasta ese
+punto!--exclamé entonces, verdaderamente asombrado.
+
+--Lo que no hay en lo otro--me respondió al instante.
+
+--Pues no lo entiendo--concluí.
+
+--Ni es fácil--me dijo muy sosegadamente--, desde el punto de vista de
+usted, tan diferente del mío.
+
+--Diferente--añadí--, según y conforme; pues, al cabo, se trata de un
+hombre que ha visto el mundo algo más que por un agujero, y de aquí mi
+asombro precisamente.
+
+Me miró entonces el mediquillo con cierta insistencia recelosa, cambió
+dos veces de postura en el sillón, sonrióse un poco y me dijo al fin:
+
+--¿Tacharía usted a un hombre, de los llamados cultos, porque hiciera
+coplas... de las buenas, se entiende, o pintara cuadros magistrales,
+copiados de la Naturaleza?
+
+--No por cierto--respondí.
+
+--Pues aquí, donde usted me ve--añadió acentuando la sonrisa, que ya
+picaba en maliciosa--, me atrevo a creerme algo poeta y un poco
+artista... a mi modo, por supuesto.
+
+--Enhorabuena--repliqué--; y sin adularle, no hay en la noticia el menor
+motivo para que yo me maraville; pero ¿en qué se opone ella a lo que yo
+digo?
+
+--Supóngame usted--prosiguió el médico, sin dejar de sonreír, pero más
+animoso y atrevido que antes--, supóngame usted con el delirio del más
+grande de los poetas y con la fiebre del más admirable de los pintores;
+pero suponga también (y en ello no supondrá más que lo cierto) que no sé
+hacer una mala copla ni coger los pinceles en la mano; suponga usted
+igualmente que, aunque me enamoran las buenas poesías y los hermosos
+cuadros, no satisfacen por completo las necesidades de esa especie que
+padezco yo, y suponga, por último, que en este valle mínimo, y en los
+montes que le circundan de cerca y de lejos, cuya visión continua le
+abruma y le entristece a usted, y en el conjunto de todo ello, con la
+luz que lo envuelve, espléndida a ratos, mortecina a veces, tétrica muy
+a menudo, dulce y soledosa siempre, y con los ruidos de su lenguaje,
+desde el fiero de la tempestad hasta el rumoroso de las brisas de mayo,
+y su fragancia exquisita nunca igualada por los artificios orientales,
+encuentro yo cada día, cada hora, cada momento, el himno sublime, el
+poema, el cuadro, la armonía insuperables, que no se han escrito, ni
+pintado, ni compuesto, ni soñado todavía por los hombres, porque no
+alcanza ni alcanzará jamás a tanto la pequeñez del ingenio humano: el
+arte supremo, en una palabra... ¿No halla usted en esta razón, poco más
+que esbozada, algo que justifique estas inclinaciones mías que tan
+inexplicables le parecen?
+
+--Algo hay, en efecto--respondí--; pero no lo bastante, a mi entender--y
+añadí, dejándome llevar demasiado de mis instintos un tanto prosaicos--:
+porque todo ello es, al cabo, mera poesía.
+
+--Ya le he dicho a usted--me replicó, como si se excusara en broma de
+una grave falta--, que tengo la debilidad de creerme algo poeta, aunque
+meramente pasivo; pero es lo cierto que eso, tan mal expresado por mí, y
+sea ello lo que fuere, es, algo más razonado y en escala mucho mayor, lo
+mismo que yo sentía de muchachuelo en mi lugar; lo que echaba de menos
+en Madrid, y lo que parece necesitar mi espíritu aldeano para vivir a su
+gusto. Concédame usted para mi pecado--añadió con ademanes de la más
+esmerada cortesía--, siquiera la tolerancia que no negará a los hombres
+cultos de las ciudades, apasionados de los buenos cuadros y de los
+buenos libros.
+
+--Aun así, y usted perdone mi insistencia--observé con un tesón que no
+era todo sinceridad ni del mejor gusto--, no me sale la cuenta que usted
+se echa a sí propio. Esos hombres de la ciudad no viven constantemente
+entre sus libros y sus cuadros.
+
+--Tampoco yo entre los míos--replicó el médico enseguida.
+
+--Esos hombres--continué yo, aparentando no enterarme de su réplica por
+el gusto de enredarle en otras nuevas acabarían por hastiarse de sus
+cuadros y de sus libros y por tomarlos en aborrecimiento si no llevaran
+a menudo su atención a otras ocupaciones y a otros lugares muy
+distintos... ¡Pero esta monotonía de aquí!...
+
+--¡Monotonía!--repitió el mozo enardeciéndose un poquillo--. ¡Y yo que
+la encuentro solamente en las tierras llanas y en sus grandes
+poblaciones! Madrid, Sevilla, Barcelona... París, la capital que usted
+quiera, ¿pasa de ser una jaula más o menos grande, mejor o peor
+fabricada, en la cual viven los hombres amontonados, sin espacio en qué
+moverse ni aire puro que respirar?... ¡Ocupaciones!... ¡La ocupación del
+negocio, la ocupación del café, la ocupación del paseo, la ocupación de
+la calle, la ocupación del Casino, o del teatro, o de la Bolsa...! Yo no
+digo que algunas de estas ocupaciones y otras muchas de los mundanos no
+sean útiles y necesarias para los fines de la vida, de lo que se llama
+vida de los pueblos y de las naciones; pero niego que, con excepciones
+muy contadas, sea cómodo, vario y entretenido nada de ello para la vida
+espiritual en naturalezas como la mía y otras muchas... incluso la de
+usted--añadió, volviendo a sonreírse, si tuviera yo la fortuna de
+hacerle percibir la infinita variedad de encantos y de aspectos que se
+encierra y se contiene en esto que, a las primeras ojeadas de un
+profano, sólo parece un hacinamiento enorme de peñascos y bardales.
+
+Siguió a este desahogo un himno entusiástico, hermosa y altamente
+entonado, a la «madre Naturaleza», di por visto, y de muy buena gana, lo
+que él deseaba que yo viera; y más por hundir otro poco mi sonda en sus
+adentros que con intención de arrancarle sus ilusiones, díjele al cabo:
+
+--Pase, pues, lo de la amenidad, lo de la hermosura y hasta la
+sublimidad y la elocuencia de este escenario que le encanta y maravilla;
+pero ¿y los actores que le acompañan a usted en la égloga perenne de su
+vivir? ¿Qué me dice usted de ellos... del hombre... vamos, de los
+hombres?
+
+--¿Qué tienen esos hombres que tachar?--preguntóme a su vez el médico.
+
+--Que son rústicos, que están ineducados.
+
+--Como deben de ser y como deben de estar--me replicó inmediatamente--,
+para el destino que tienen en el cuadro. Lo absurdo y lo indisculpable
+fuera en mí, que no pido ni puedo pedir en estas soledades agrestes las
+óperas del Teatro Real, ni los salones del gran mundo, ni los trenes
+lujosos de la Castellana, exigir a estos pobres campesinos la elocuencia
+de nuestros grandes tribunos, las habilidades de nuestros políticos y el
+saber de nuestros doctores y académicos.
+
+--Santo y bueno--dije yo entonces creyendo poner una pica en Flandes--,
+para la vida contemplativa, para la de pura delectación estética; pero
+no se trata de eso, amigo mío, sino de la realidad prosaica de la vida
+social y, digámoslo así, de todos los días. Estos hombres tienen las
+miseriucas y las roñas propias y peculiares de su baja condición y,
+además, por su ignorancia no pueden entenderse con usted.
+
+Aquí fue donde el médico se enardeció casi de veras, como si hasta
+entonces no hubiera tomado el asunto verdaderamente por lo serio.
+
+Comenzó por decirme que donde quiera que había hombres, cultos o
+incultos, había debilidades, roñas y grandes flaquezas; pero que, roña
+por roña, flaqueza por flaqueza y debilidad por debilidad, prefería la
+de los aldeanos, que muy a menudo le hacían reír, a la de los hombres
+ilustrados, cuyas causas y cuyos fines, por su abominable naturaleza y
+sus alcances, casi siempre le ponían a punto de llorar. En cuanto a no
+poder entenderse con los vecinos de Tablanca, era otro error mío y de
+otros muchos hombres cultos, empeñados en tomar ciertas cosas al revés.
+¿Por qué ha de ser el hombre de los campos el que se eleve hasta el
+hombre de la ciudad, y no el hombre de la ciudad el que descienda con su
+entendimiento, más luminoso, hasta el hombre de los campos para
+entenderse los dos? Hágase este trueque, y se verá cómo resulta la
+inteligencia mutua que se da como imposible por los que no saben
+buscarla. Y no haya temor de que las dos naturalezas se compenetren y de
+las roñas de la una se contamine la otra; porque la comunicación no ha
+de ser continua ni para todo, y al hombre culto, por lo mismo que es más
+inteligente, le sobran medios para no rebasar de los límites de la
+prudencia y hacer que cada uno de los dos guarde el puesto que le
+corresponde. Y en este equilibrio, que no deja de ofrecer dificultades,
+¡cuánto se aprende a veces del hombre rudo de los montes, por el hombre
+culto de las ciudades, y cuánto halla éste que ver y que admirar allí
+donde los ojos avezados a los relumbrones llamativos del mundo
+civilizado, sólo distinguen sombras, monotonía, soledades y tristezas!
+
+Como, al llegar aquí, me pareciera el médico dispuesto a callarse, por
+su natural modesto y reservado, y a mí me fuera gustando mucho su
+palabra, tan fácil como sobria, preguntéle, antes que el hornillo de su
+entusiasmo comenzara a entibiarse, qué cosas eran aquellas que podían
+verse y admirarse por el hombre culto en sus relativas intimidades con
+el aldeano.
+
+Y entonces se enfrascó el simpático mediquillo de Tablanca en otra
+teoría, que no me vendió por nueva en el fondo.
+
+Según él, los tiempos de hoy no eran peores que otros tiempos de los
+cuales han dicho siempre los respectivos moralistas, que fueron los
+tiempos más malos de todos los habidos hasta ellos: antes al contrario,
+le parecían los actuales, en lo bueno, hasta mejores que los pasados. En
+lo malo, y no por la cantidad, sino por la calidad de ello, estaba el
+punto litigioso. En su concepto, la maldad de ahora alcanzaba mayor
+hondura que las de antes en el cuerpo social: le había invadido el
+corazón y la cabeza; ésta se atrevía ya a todo y con todo, y aquél no se
+conmovía por nada, gastada su sensibilidad con el roce de tantos y tan
+continuos sucesos, porque en ninguna época del mundo han acontecido
+tantos y tan extraordinarios en tan breve tiempo como ahora. De aquellos
+atrevimientos y de esta insensibilidad, había de venir, estaba ya
+llegando, la parálisis absoluta en la vida espiritual de los hombres. La
+fe en lo divino y el sentimiento de lo reputado siempre por lo más noble
+en lo humano, iban relegándose al montón de las cosas inútiles, cuando
+no perjudiciales; apenas se concebían los grandes héroes de otras
+épocas, cuanto más los sentimientos que los habían exaltado desde la
+masa común de los anónimos, hasta las páginas más esplendentes de la
+Historia. No era posible ya, ni siquiera de «buen gusto», sentir
+entusiasmo por nada, ni de lo de tejas arriba ni de lo de tejas abajo.
+La verdadera agonía del espíritu social. De eso adolecían los tiempos
+actuales, y por ahí venía la muerte del cuerpo colectivo. Le corroía la
+gangrena por los grandes centros de su organismo atiborrado: por la
+ciudad, por el taller, por la Academia, por la política, por la Bolsa...
+por donde más caudal representa el torrente circulatorio de las
+insaciables ambiciones del hombre culto. Pero, por misericordia de Dios,
+le quedaban sanas todavía las extremidades, algunas de ellas por lo
+menos, y sólo con la sangre rica de estos miembros podía, con mucho
+tiempo y gran paciencia, purificarse y reconstituirse la parte
+corrompida de los centros.
+
+--Pues estos miembros sanos--añadió el médico con viril entereza--, son
+las aldehuelas montaraces como ésta. Y digo montaraces, porque si vamos
+a meter el escalpelo en las más despejadas de horizontes y más abiertas
+al comercio de las ideas y al tufillo de la industria, sabe Dios lo que
+hallaríamos en sus fibras... ¿Le parece a usted poco--preguntóme en
+conclusión--, este verdadero tesoro entre otros semejantes bien fáciles
+de distinguir, para ser admirado por un hombre culto capaz de
+entusiasmarse con algo todavía? ¿Y no es trabajo bien honroso y muy
+entretenido el que procuran la conservación y hasta el fomento de esto
+que yo me he atrevido a llamar tesoro, a riesgo de que usted se ría de
+él y de mis candorosos idealismos?
+
+Algo más dignas de respeto eran las teorías del noble mozo, aunque sólo
+las estimara por el fervor y el honrado convencimiento con que me las
+exponía, y así se lo declaré; pero añadiéndole que apreciaría yo mejor
+la fuerza de sus razones viéndole luchar contra mis dudas en terreno más
+trillado por la realidad de las cosas: al cabo era yo, en más o en
+menos, de los gangrenados por el virus de la ciudad, y gustaba de ver
+los asuntos por su lado práctico.
+
+Comprendiendo rápidamente lo que intentaba decirle con tantos
+circunloquios y metáforas, quizás por otro resabio de mi mundana
+cortesía, comenzó por admirarse, a su modo, de que le fuera con
+semejante reparo un miembro de la familia de los Ruiz de Bejos. ¿Cómo
+podía ignorar yo, con determinados ejemplos a la vista, lo mucho que
+quedaba que hacer en los pueblos rurales a los hombres de luces y de
+buena voluntad?
+
+--La gran obra--continuó--de la casona de Tablanca, desde tiempo
+inmemorial, ha sido la unificación de miras y de voluntades de todos
+para el bien común. La casa y el pueblo han llegado a formar un solo
+cuerpo, sano, robusto y vigoroso, cuya cabeza es el señor de aquélla.
+Todos son para él, y él es para todos, como la cosa más natural y
+necesaria. Prescindir de la casona, equivale a decapitar el cuerpo; y
+así resulta que no se toman por favores los muchos y constantes
+servicios que se prestan entre la una y los otros, sino por actos
+funcionales de todo el organismo. Yo creo que es muy de admirarse esta
+singularidad que debiera haber saltado ya a los ojos de usted, y que
+seguramente no habrá visto más que en algún libraco pasado de moda, pero
+como pintura infiel de imaginación, convencional y ñoña. Con esta gran
+obra de defensa contra las oleadas maleantes que llegan hasta aquí en
+épocas determinadas desde los absorbentes centros políticos y
+administrativos del Estado, ¡si viera usted qué sonido tienen en las
+concavidades de este recóndito lugarejo los cánticos de las sirenas de
+allá; las pomposas vociferaciones de los charlatanes y traficantes
+políticos, esos Dulcamaras embaucadores, encomiando específicos que han
+fabricado ellos mismos, tomando la salud del pueblo por disfraz de sus
+codicias personales! ¡Si viera usted cómo disuenan esos cánticos y
+voceríos entre el acordado son de estas costumbres casi patriarcales!
+Por eso no se conocen aquí ciertas plagas, relativamente modernas, de
+los pueblos campestres, ni han entrado jamás los merodeadores políticos
+a explotar la ignorancia y la buena fe de estos pobres hombres... Pero
+¡desdichados de ellos el día en que les falte la fuerza de cohesión,
+hidalga y noble, que les da la casona de los Ruiz de Bejos!... Todo
+esto, como puede presumirse, da bastante que hacer a cada rueda
+inteligente de cuantas componen la máquina cuyo eje fundamental es hoy
+en este lugar el bien ganado prestigio de don Celso. Pues bien: trabajar
+de este modo donde ya exista la máquina, y donde no, trabajar para
+construirla, es algo de lo mucho que tienen que hacer en los pueblos
+rurales los hombres cultos de buena voluntad. Y crea usted que no faltan
+en la Montaña (porque no todos sus habitadores son de tan sana madera
+como los de Tablanca) hasta mártires de este heroico trabajo. Quizá
+tenga usted ocasión de conocer de cerca a alguno de ellos.
+
+Lo cierto era que si el simpático mediquillo no estaba en lo justo en
+cuanto afirmaba, debía de estarlo; y que causándome cierto rubor hasta
+las tentaciones de contradecirle en asertos tan honrados y tan hermosos,
+dime desde luego, si no por convencido, por puesto en camino de
+convencerme muy pronto.
+
+Hablamos algo más todavía, aunque sin tomar los asuntos tan a pecho como
+antes; y acabando por donde debía haber empezado, averigué que el médico
+se llamaba Manuel; que le llamaban «Neluco» desde que tenía uso de
+razón, lo mismo allí que en su pueblo nativo; que no le quedaba en éste,
+muerto su padre pocos años hacía, más familia que una hermana, casada
+con un propietario de las inmediaciones; que si no era médico de su
+propio lugar, consistía en que al recibir el título de Licenciado en
+Madrid, estaba vacante la plaza del titular de Tablanca, la cual
+pretendió y le dieron, no siendo fácil hallar otra más de su gusto que
+aquélla, a no ser la de Robacío, que estaba entonces y continuaba
+estando ocupada, y, por último, que tenía veintinueve años y que había
+empezado a los veinticuatro a ejercer la profesión en Tablanca, donde se
+hallaba como en su propio lugar, y tan apegado a «sus enfermos» como el
+pastor a su rebaño.
+
+Vi que me quedaba una hora, antes de la acostumbrada de comer en casa de
+mi tío, y quise aprovecharla para pagar la visita a don Pedro Nolasco.
+Díjeselo al médico como razón de mi despedida, y se mostró muy dispuesto
+a acompañarme si aceptaba yo la molestia de esperarle unos instantes.
+Acepté, no la molestia, sino el favor que me hacía en ello; entró él de
+un salto en el gabinete, y antes de cinco minutos apareció en la sala
+bien calzado y no mal vestido, o, mejor dicho, acabando de vestirse con
+graciosa desenvoltura. Cogió un chambergo que estaba sobre una silla, un
+cachiporro del rincón inmediato, y me dijo, mientras yo me sacudía las
+perneras del pantalón después de enderezarme:
+
+--Cuando usted guste.
+
+Ofrecióme enseguida su casa, aunque era de alquiler, como la vieja que
+le servía de patrona por recomendación muy encarecida de su hermana a
+quien había zagaleado en Robacío; agradecíle la oferta como era mi deber
+en buena cortesía, y salimos juntos, sin los cumplidos corrientes entre
+españoles finos, y que tan molestos suelen ser en pasadizos de la
+angostura de aquéllos.
+
+
+
+
+X
+
+
+Al volver a ver la casa del Tarumbo, recordé las «cosas» de éste y hablé
+de ellas al médico.
+
+--Yo no sé--me dijo--, si es un hombre feliz o un desdichado, pasándose
+la vida, como se la pasa, desviviéndose por los negocios ajenos y
+abandonando los propios. Desde luego es su manía de lo más original que
+he conocido. No siempre la extrema hasta el punto que usted ha visto
+hoy; pero le falta muy poco. Llevar los calzones rotos y predicar al
+vecino para que le cosan las roturas de los suyos antes que vayan a más,
+es de todos los días. Tiene la mujer tullida, y la deja desamparada muy
+a menudo por asistir a un enfermo extraño... y por cierto que es un
+enfermero admirable. Últimamente anda muy apurado con el desplome que
+dice haber visto en el morio delantero de la casa del pedáneo, y tiene
+la suya seis meses hace un boquerón abierto en el jastial del Poniente.
+Por estas cosas del Tarumbo, cuando su mujer estaba sana le golpeaba
+casi a diario, y hoy que no puede hacer lo mismo, le dice a cada
+instante los mayores improperios, los cuales sufre él con igual
+resignación que los golpes de otras veces; porque, en medio de todo, es
+un bendito, y por eso no sabe uno si compadecerle o si reírse de sus
+manías.
+
+Pasando junto a la casita del Cura, inmediata a la iglesia, le llamé
+desde abajo para saludarle, pues como nos habíamos visto y hablado ya
+varias veces, me sobraba franqueza con él para decirle que estaba más
+obligado por las leyes de la cortesía a la visita de don Pedro Nolasco
+que a la suya, no quedándome tiempo aquella mañana para dejar pagadas
+las dos; pero en lugar del Cura respondió a mis voces su ama, una vieja
+muy acartonada y envuelta cuanto de ella asomó por una ventana
+correspondiente a la cocina, en tocas y pañolones. Díjome que don Sabas
+había salido de casa después de desayunarse en cuanto había dicho misa,
+y que probablemente estaría en la casona. Dejéla memorias para él, que
+fueron recibidas por la intermediaria con un «resguardo» a mi favor de
+lo más fervoroso y pintoresco que se puede imaginar, y continuamos el
+médico y yo andando hacia la casa de don Pedro Nolasco, pero hablando
+mucho de don Sabas Peña, «una de las ruedas más importantes de la
+consabida máquina», al decir de Neluco Celis.
+
+También él notaba la diferencia que había entre el don Sabas de los
+altos montes y el don Sabas del valle y de la cocina de don Celso; pero
+así y todo, en el hombre de abajo había mucho más de lo que yo creía,
+por no haber tenido aún ocasión de conocerle mejor. No hallaría jamás en
+él al apóstol de gran elocuencia y mucho saber; pero sí al hombre de
+buen sentido y grandes virtudes, consistiendo la mayor de ellas en
+ignorar que las poseía. Teniendo en cuenta lo limitado que es el círculo
+de ideas entre las gentes rústicas, y que todo cuanto se siembre fuera
+de él es simiente perdida, un párroco como don Sabas era cuanto podía y
+debía apetecerse para una parroquia como la de Tablanca.
+
+Hablando de estas cosas, me faltó tiempo para pedir a Neluco algunas
+noticias sobre el octogenario Marmitón, antes de llegar a su portalada,
+cuyas dovelas, removidas y desportilladas ya por la acción de las
+intemperies y de las yedras y jaramagos que las invadían por todas sus
+junturas, me recordaban un poco la mandíbula superior de su dueño cuando
+yo soñé que le había visto devorar troncos y peñascales. Por el estilo
+de la portalada me pareció lo que se veía de la casa desde el corral:
+muy vieja y muy castigada por el rigor de los temporales y la incuria de
+sus amos. Tenía también su correspondiente solana que corría de esquina
+a esquina entre dos mensulones de sillería, y por debajo de ella
+entramos en el soportal, donde un perrazo pinto que se despertaba sobre
+una pila de hojarasca, me enseñó todos los dientes y contuvo un ladrido,
+y acaso algo más, por respeto a mi acompañante, que debía serle más
+conocido que yo.
+
+Sacudió Neluco dos cachiporrazos sobre la claveteada puerta del
+estragal; y sin esperar a que le contestaran arriba, entramos en él y
+comenzamos a subir la escalera. A la puerta en que ésta terminaba,
+nuevos cachiporrazos del médico. Enseguida levantó éste el pestillo, y
+nos colamos dentro: un crucero de pasadizos por el arte del de la casona
+de mi tío Celso. Allí dio el médico dos golpes en el suelo con el
+regatón del cachiporro, y aparecieron simultáneamente y como evocados
+por un conjuro, en una puerta de la derecha, la figura descomunal de don
+Pedro Nolasco, y en otra de la izquierda, la de una jovencita, algo
+desaliñada de ropa y de peinado, pero limpia como los oros, fresca y
+rozagante como una rosita de abril...
+
+--¡Ay, que es Neluco!--exclamó con un timbre de voz que parecía nota de
+un salterio, y con su carita de angelote de Rubens, inundada de
+alegría--. ¡Toma!--añadió enseguida viniendo hacia nosotros y mirándome
+un tantico ruborizada, como si tratara de enmendar su descortesía
+conmigo--. ¡Y viene con otro señor muy cabayeru! Vaya, ¡seré yo
+tochona!... ¡Pues si es el sobrino de don Celso!... ¡Vile yo en misa el
+domingo! ¡Hija, qué torpe de mí!... Y ¿cómo está usté? Mire, señor don
+Marcelo, ha de perdonarme si me jaya de este arte, porque he estado
+amasando en la cocina con la mi madre y las mozas pa la jorná de esta
+noche, y ahora mismu iba a ponerme un poco más cristiana...
+
+Tal era la vehemencia de su afabilidad, que no me ofreció el más ligero
+intersticio para colarme con una respuesta a su saludo o una
+satisfacción galante a sus excusas. Pero ¡qué donosa estaba y qué linda,
+con su revoltijo de cabellos castaños sombreándole la cara juvenil,
+tersa y sonrosada, hablando por sus ojos azules, de largas pestañas,
+tanto como por su boquita de labios rojos sobre los dientes más blancos
+y apretados que yo he visto en mi vida, mientras se afanaba por cubrir
+con las antes recogidas mangas de su vestido, y debajo de los flecos y
+sobrantes del espeso chal con que se envolvía el gracioso busto, sus
+rollizos brazos, salpicados aún por leves costras, lo mismo que las
+manos pequeñuelas y rechonchas, de la masa de «pan de trigo» que
+acababan de «sobar»!
+
+De pronto sonó hacia la puerta frontera, tapiada casi con la mole de don
+Pedro Nolasco, algo como el estruendo de un cañonazo, que me decía:
+
+--¡Adelante, cabayeritos!
+
+Y por obedecer a don Pedro que nos llamaba, apartámonos de la linda
+panadera que nos empujaba con los ojos hacia él mientras se despedía de
+nosotros «hasta luego»; pero de tal modo, que con ello y con algo más
+que yo había creído notar antes, y un poco de malicia que nunca falta en
+los pensamientos de los hombres en determinados casos, como aquél, no
+pude menos de exclamar en mis adentros:
+
+--¿Si serán estos los anteojos con que mira Neluco estos lugares que tan
+hermosos le parecen?
+
+Visto de cerca don Pedro Nolasco y a la luz del día, me pareció mucho
+más grande y más feo que en la cocina de mi tío, a la luz de la fogata y
+del candil: mejor que de un ser racional, la piel de su cara, por su
+aspereza y por su color agrisado, parecía de coloso paquidermo; sus ojos
+reventones, resultaban verdes con ramajos encarnados; la cabeza
+descomunal, apenas le cabía entre los hombros hercúleos, y todo su
+conjunto, con lo grasiento del vestido que le envolvía, se destacaba
+brutalmente sobre las blanquísimas paredes del salón en que fuimos
+recibidos; salón viejo, eso sí, con suelo y viguetería de castaño casi
+negro, como los muebles que contenía; pero limpio todo y sobado hasta
+relucir, con algunas chucherías sobre la cómoda y en las paredes, que
+denunciaban la pulcritud y las delicadezas de una mujer como la que
+acababa de despedirse de nosotros en el crucero de los pasadizos. De la
+cual supe en el acto que era nieta de don Pedro Nolasco y que se llamaba
+Lita (Margarita). Su madre, la hija menor de las que había tenido el
+gigante, era viuda de un jándalo rico, que se murió a los dos años de
+casado. Esto me lo contó a cañonazos y muy poco a poco el ochentón de la
+Castañalera, que con ser tan grande y tan feo, no era desagradable: a mi
+ver, por el fondo noblote y honrado que se descubría a través de los
+poros de su corteza silvestre.
+
+Al acabarse estas salvas del vozarrón de don Pedro Nolasco, entró en
+escena su hija, la viuda del jándalo, una mujer como de cuarenta años,
+sana y frescachona todavía, más corpulenta que Lita, pero muy parecida a
+ella en el color y en el corte de la cara, y, sobre todo, en la
+afabilidad expansiva. Me dio mil excusas por no haber venido antes a
+conocerme y a saludarme, fundándolas en las mismas razones que su hija;
+y sin hacer caso de los cumplidos con que yo la respondía, echó sobre mí
+todo el cuestionario de rúbrica, a que tan acostumbrado estaba en aquel
+pueblo: si me gustaba la tierra aquélla; que cómo había tardado tanto en
+ir a conocerla y tomarla buena ley, porque era mucha la falta que yo
+hacía allí en muriéndose mi tío; que mejor sería París de Francia desde
+luego, pero que ella (la viuda) no cambiaría a Tablanca por nada de este
+mundo, aunque jamás había pasado, hacia abajo, de San Vicente, y hacia
+arriba, de Reinosa; si por los retratos que había visto en la casona,
+era yo más parecido a mi padre que a mi madre; que por dónde andaba mi
+hermana y qué sabía de ella... hasta que en éstas y otra tales, oí pisar
+menudito y fuerte en el carrejo inmediato, y apareció en el salón,
+llenándole de frescura y regocijo, Lita recién peinada, sin el pañolón
+de antes y con una chaqueta en su lugar, que aunque no se ajustaba al
+cuerpo, ponía bien a las claras la elegancia y la riqueza de sus curvas.
+Con dos deditos más de altura, creía yo que no habría la menor tacha que
+poner, como estampa hechicera, a la nieta de don Pedro Nolasco. Pero ¿de
+dónde sacaba aquel diablejo, que no había conocido más mundo que el
+contenido en las riberas de la mitad del Nansa, es decir, una rendijilla
+de pocas leguas entre dos taludes montañosos, aquellas delicadezas de
+tocado y de vestido, y aquellas travesuras y zalamerías que tanto la
+separaban del tipo común de las mozonas del valle, que, de seguro,
+habían corrido tanto mundo como ella?
+
+Sentóse entre su madre y Neluco y casi enfrente de mí. Yo no la quitaba
+ojo, y puedo jurar que me registró con los suyos, parleros y
+escrutadores, desde los pies hasta la cabeza, mientras me acosaba a
+preguntas por el estilo de las que aún no había cesado de hacerme la
+jándala viuda. Me daba gusto oírla y mirarla. Pocas veces había visto yo
+en mujer alguna concierto más cabal y más donoso entre la palabra y el
+gesto, entre la idea y el movimiento expresivo. Hasta las puntas de los
+pies, calzados en menudas zapatillas de abrigo y que apenas alcanzaban
+al suelo, cantaban, a su modo, en aquella música que parecía un gorjeo.
+En dos ocasiones habían intentado la madre y la hija ir a visitarme;
+pero como yo nunca paraba en casa... Porque esa visita la creían ellas
+muy puesta en razón: sin contar con lo que pedía la buena crianza,
+éramos parientes; ¡vaya si lo éramos! Por los Ruiz de Bejos un poco, y
+por los Castañaleras, más de otro tanto. En demostración de ello, fue
+sacando entronques la viuda; y cuando ya comenzaba yo a enterarme, por
+su labor, del parentesco, metió en ella nuevos hilos don Pedro Nolasco,
+y toda la madeja se me hizo una maraña; pero me guardé muy bien de
+declararlo así: antes al contrario, me di por convencido y hasta me
+felicité de ello.
+
+--Como que resultamos primos--concluyó la viuda--, aunque un poco
+lejanos; pero no tanto, si bien se mira, que pudiéramos casarnos los dos
+sin dispensa...
+
+Y se echó a reír con toda su alma.
+
+--¡Hija de Dios!--exclamó entonces la rapazuela con un estirón de faldas
+hacia la rodilla, mientras se llevaba hasta la boquita risueña la otra
+mano a medio cerrar--. ¡Y yo que estuve a pique de tuteále, cuando
+ahora, por la cuenta, me sale tío!
+
+Podría no ser todo esto rigurosamente «correcto»; pero a mí me resultaba
+muy entretenido. Enseguida, vuelta a repetirme la hija lo que ya me
+había dicho, y también la madre, y también el Cura y don Pedro Nolasco y
+cuantas personas habían hecho en Tablanca conversación conmigo: que
+«aqueyu» no era Madrid; que se me vendrían los montes encima, y que
+avezado a tratar con señorones mundanos, y puede que con marqueses y con
+príncipes, los aldeanos de Tablanca habían de parecerme «jabatus», pero
+que si miraba bien por las dos caras uno y otro... ¡ay, y cómo se
+alegrarían ellas y todos los allí presentes y los vecinos del valle de
+punta a cabo, y hasta las estrellitas del cielo, de que viera yo las
+cosas como podían y debían de verse! Porque el pobre don Celso estaba ya
+para poco, y en acabándose él... En fin, lo de costumbre... Por aquí se
+coló don Pedro Nolasco con un himno «cañoneado» a la madre Naturaleza, y
+un juicio comparativo sobre la paz de la aldea y los laberintos de la
+ciudad. Porque había de saber yo que también él había corrido el mundo
+en sus mocedaes... Le llamó entonces a Madrid un pariente que tenía por
+allá, y como se veía robusto y fuerte, acudió a la llamada. Cogiéronle
+en la corte tiempos azarosos y de peligro por las agonías de la
+«francesada»; y habiéndole salido en Valencia una colocación que pareció
+a su tío muy de aprovecharse, aceptóla de buena gana. Estaba ella en las
+afueras de la ciudad, y en un lavadero de lanas de los señores Botifora
+y Compañía, los mismos que rezaban en el bando que me había relatado de
+memoria el zumbón de su pariente Celso. Si en Madrid no se había
+«jallau, por la secura y el anchor del territoriu» en Valencia se
+«jalló» menos, con un sol que le «ajogaba» en verano y un hablar de
+gentes que no parecía de cristianos. Soñaba día y noche con las praderas
+y las montañas de su tierra; y antes de enfermarse de un «cordial» que
+le matara, volvióse a ella más que de paso, a los dos años no cumplidos
+de haberla dejado por tentaciones del enemigo malo. Hallóse en Tablanca
+como rey en sus palacios, y se había guardado muy bien, desde entonces
+hasta la fecha, «de sacar una pata» medio jeme fuera de su término
+municipal... Ochenta y cuatro años contaba a la sazón, sin saber lo que
+era un mal dolor de tripas. Había tenido dos mujeres, diez hijos y
+veintidós nietos. Una gran parte de ellos andaba años hacía por el otro
+mundo; rodaba por éste, y no muy lejos, la mayor de los vivos, y a la
+vista tenía yo lo único que le quedaba en Tablanca: poco, pero bueno,
+eso sí, para recreo de su vejez. Había qué comer en su casa, y salud y
+buen apetito para comerlo. En recta justicia, ¿qué más había de pedirle
+a Dios, si no era la merced de una buena muerte?
+
+Con esto y poco más se acabó la visita, durante la cual no desplegó los
+labios Neluco, ni miró a Lita con la intención que yo esperaba, ni Lita
+le miró a él más que cuando le dirigía la palabra con una llaneza que
+tenía más de fraternal que de otra cosa. Recomendáronme mucho los tres
+de casa que no me olvidara del camino de ella, y hasta me convidaron a
+comer, «un día de mi agrado», juntamente con Neluco, para que no pesara
+sobre mí solo «la penitencia».
+
+Todo esto me pareció bien y muy en su lugar; pero ¿por qué una aldeanuca
+como la nieta del Marmitón tenía aquellos aires y aquellas travesuras de
+señorita de ciudad? ¿Por qué se tuteaba con Neluco y había entre los dos
+una intimidad tan sospechosa?
+
+Me atreví a hablar de ambos particulares al mediquillo apenas salimos
+del caserón de don Pedro Nolasco. Por cierto que hubiera jurado yo que
+en el apretón de manos y en la mirada con que despidió Lita a Neluco en
+la penumbra del pasadizo, en el cual iba el médico el último de todos,
+había mucho del picante de mis sospechas.
+
+Sobre el primer punto, me dijo Neluco que Lita, nacida y criada en
+Tablanca, no había tenido más escuelas que la del maestro del lugar y la
+de su propia madre, ni había corrido más tierras que las comprendidas en
+tres o cuatro leguas a la redonda. Ocho días en casa de unos parientes
+de acá por celebrarse durante ellos la romería del pueblo; una quincena
+con los de Robacío por una causa parecida, y muy poco más por este arte.
+El resto era obra del instinto y de la fuerza de visión que tienen las
+mujeres tan perspicaces y tan guapas como Lita, para taladrar montañas
+con los ojos, ver hasta lo invisible al otro lado, y saber guardar su
+puesto donde quiera que habitan, por aislado y obscuro que el lugar sea.
+
+El otro punto aún era más fácil de explicar. Tablanca y Robacío eran dos
+pueblos que se «trataban» mucho; y las familias de Lita y de Neluco, muy
+amigas desde tiempo inmemorial: hasta había algo de parentesco entre
+ellas. Lita había pasado, de niña y de moza, buenas temporadas en casa
+de los Celis; y Neluco, mientras vivió en Robacío, a cada instante se
+llegaba a Tablanca y casi siempre comía y se hospedaba en casa de don
+Pedro Nolasco. Se explicaba, en efecto, de este modo y muy
+sencillamente, el tuteo y la familiaridad entre el médico y la nieta del
+Marmitón; pero lejos de oponerse, ¿no ayudaba esto a lo otro que yo
+sospechaba? Apunté, como en chanza, unas indagaciones en este sentido.
+Igual que si hubiera dado con los nudillos en una peña del monte. Hasta
+dudé si Neluco se había enterado de ellas. Lo cierto es que si no eran
+fundadas mis sospechas, debían de serlo.
+
+
+
+
+XI
+
+
+Cuando menos lo esperaba, me dijo el Cura al despedirse de mí en el
+estragal de la casona, cerca ya de la hora de comer:
+
+--Mañana, si Dios quiere, y a caballo los dos. Yo iría mejor a pie, como
+suelo, y como irá Chisco para acompañarnos y cuidar de las bestias en
+ocasiones que se presentarán; pero usted es madera de otro robledal más
+flojo, y hay que tenerlo todo presente. Antes de romper el día, por
+supuesto.
+
+Entendíle y respondí, haciendo de tripas corazón:
+
+--A caballo, y antes de romper el día.
+
+--Pues que se entere Chisco de ello, y _suficit_.
+
+Con esto y una risotada se apartó de mí, y echó cambera abajo en demanda
+de su puchera.
+
+Con los sueños que yo cogía tras de las fatigas que me daba por los
+montes del contorno, le costó a Chisco Dios y ayuda despertarme al
+día... ¡qué digo día! a lo más espeso y tenebroso de la noche siguiente.
+Tona, después de vestirme yo tiritando de frío y sin conciencia cabal de
+lo que hacía, me sirvió un canjilón de café que acabó de espabilarme; y
+cuando bajé al portal, vislumbré, a la opaca luz de un farol que tenía
+Chisco en la mano, la negra silueta de don Sabas, a caballo en su
+jaquita rucia, que no me era desconocida, así como el espelurciado
+jamelgo que casi me metió el espolique entre las piernas para abreviarme
+la operación de montar en él.
+
+Rompimos los tres la marcha por el mismo camino que había traído yo la
+noche de mi llegada a Tablanca, tan a oscuras como entonces, aunque
+mejor acompañado y menos dolorido de riñones. Por respeto a mí, pues a
+mis dos acompañantes igual les daba el día que las tinieblas para
+caminar a pie seguro por aquellas escabrosidades, conservaba Chisco, que
+nos precedía, el farol encendido en la mano; pero hubiera jurado yo que
+más que la luz del farol del espolique, me alumbraban las chispas que
+sacaban de los pedernales del suelo las herraduras del tordillo de don
+Sabas; el cual don Sabas hacía los imposibles por entretenerme y hasta
+divertirme durante el paso de aquella negra, áspera e interminable
+senda; pero ¡ay! sin conseguir su noble y generoso empeño. Porque en
+aquellas «bajuras» y envuelto en tan espesa oscuridad, don Sabas era
+todavía el Cura soso de la cocina de mi tío, y todas sus observaciones
+en romance y todos sus salmos en latín, le resultaban a destiempo y
+fuera de toda oportunidad.
+
+Anda que te anda, resbalando aquí, y allá pujando y suspirando mi
+cabalgadura, al cabo de una hora empezaron a dibujarse los perfiles de
+los montes sobre el cielo confusamente iluminado por la tenue claridad
+del crepúsculo. En la garganta por donde caminábamos era de noche
+todavía para nosotros; y, en rigor de verdad, no nos amaneció hasta que
+coronamos el repecho escabroso y llegamos al santuario de la Virgen que
+me era bien conocido. El Cura, que parecía tener esa condición de los
+pájaros del monte, a medida que se elevaba y veía surgir la luz por
+encima de las barreras tenebrosas del horizonte, se volvía más locuaz y
+empezaba a soltar poco a poco las ocultas armonías de sus cánticos; no
+muchos, pero agradables, y, sobre todo, al caso. A los primeros fulgores
+del crepúsculo, alabó a Dios en una salutación fervorosa, y aunque no de
+su caletre, bien sentida en su corazón. Un poco más arriba, en lo que
+pudiera, sin mucho agravio de la verdad, denominarse llano, y antes de
+llegar a la ermita, todavía en la penumbra que nos haría invisibles a no
+muy larga distancia, atracó su rocín al mío; y deteniéndole por las
+riendas que casi me arrancó de las manos, después de detener el suyo, me
+dijo apuntando con su diestra ociosa a un altísimo y lejano picacho, en
+cuya cúspide se estrellaba el primer rayo de sol que penetraba en
+aquellas montaraces regiones.
+
+--¡Mira, hombre!--acostumbraba a tutearme o a hablarme en impersonal en
+cuanto nos elevábamos un poco sobre el nivel de Tablanca--. ¡Mira,
+Marcelo! ¿No jurarías que aquello que resplandece y flamea allá arriba,
+allá arriba, en aquel picacho, es la última de las luminarias con que el
+mundo festeja a su Creador mientras el sol anda apagado por los abismos
+de la noche? ¡Cosa buena! ¡Cosa grande! _Laudate Dominum omnes gentes...
+Magnificentia opus ejus, manet in aeternum_.
+
+Al llegar al santuario nos descubrimos y rezó don Sabas en alta voz, y
+en voz alta le contestarnos nosotros lo que nos correspondía. El rezo
+fue breve, y en latín la mitad de él. Después se acercó Chisco al
+enverjado, y por entre dos de sus barrotes metió el farol, que ya no
+necesitábamos, y le dejó en el suelo muy arrimado a la paredilla, para
+recogerle a la vuelta; mas no sin santiguarse antes de meter la mano y
+después de sacarla, ni sin contemplar la imagen con una veneración que
+tenía algo de recelosa, como si la pidiera, a la vez que seguridad para
+la prenda que dejaba allí depositada, perdón por lo que pudiera haber de
+irreverente en su atrevimiento.
+
+Pasada la vadera, no tomamos, como esperaba yo, el camino que conduce
+directamente al Puerto, sino otro por el estilo a la derecha; y montes y
+colladas van, tajos y barrancas vienen; aquí siguiendo la cuenca del
+río, allá perdiéndola de vista, y siempre subiendo o bajando de risco en
+risco, de pueblo en pueblo, vi a lo lejos el principal del valle de
+Promisiones en que radicaba el solar de mi abuela paterna, y llegamos,
+al cabo de dos horas de caminata, a un ancho desfiladero entre dos
+montañas que parecían, por su grandeza, no caber en el mundo.
+
+Por ser la más accesible para mí «por entonces», según dictamen de don
+Sabas, comenzamos a faldear la de la izquierda; y sube que te sube,
+dimos al fin en un entrellano donde ya escaseaba la vegetación y se me
+iba haciendo insoportable la brisa matinal por su frescura. Allí se apeó
+don Sabas, y me ordenó que hiciera yo lo mismo. Hícelo y de muy buena
+gana, porque me sentía entumecido sobre la dura silla de mi rocín, amén
+de que me conceptuaba más seguro a pie que a caballo en aquella cornisa,
+sobre el rápido declive de la montaña.
+
+--Lo que falta, hay que subirlo a pie--me dijo el Cura--, porque no es
+camino de caballos, sino de hombres y, todo lo más, de cabras. Con que
+¡ánimo y arriba!
+
+Y sin esperar mi respuesta, comenzó a trepar con pies y manos entre
+peñas y raigones. ¡Cómo envidié yo a Chisco que se quedaba en la
+explanadita de abajo con las cabalgaduras! Don Sabas tenía la práctica
+de aquellas ascensiones, y además la pasión de las alturas; pero yo, que
+carecía de ambas cosas, ¿para qué me aventuraba en la subida de tan
+tremebundos despeñaderos?
+
+Al fin llegamos arriba, yo por milagro de Dios, siguiendo gateo a gateo
+los de don Sabas; pero muerto de cansancio y empapado en sudor.
+
+--Reposa unos momentos--me dijo el Cura allí--; pero con los ojos
+cerrados, ¡y cuidado con abrirlos hasta que yo lo mande!
+
+Más por necesidad que por obediencia, cumplí al pie de la letra el
+mandato de don Sabas. Estuve un largo rato tumbado en el suelo, boca
+arriba y con ambas manos sobre los ojos, porque sólo así encontraba el
+absoluto descanso que me era indispensable entonces. Sentía fuertes
+latidos en el corazón que repercutían en las sienes, y al vivo compás de
+este golpeteo funcionaban mis pulmones.
+
+Cuando el uno y los otros volvieron a su ritmo sosegado y normal, llamé
+a don Sabas y me puse a sus órdenes. Estaba muy cerca de mí, encaramado
+en una peña en la actitud de costumbre y empezando a embriagarse por los
+ojos, y no sin motivo ciertamente.
+
+--Arrímate un poco acá--me dijo desde su pedestal calizo con manchones
+de musgo y poco más alto que yo--. Arrímate, contempla... ¡y pásmate,
+Marcelo!
+
+Habíamos subido por el Oeste de la montaña, que es el lado por donde las
+hay mayores que ella, y el panorama con que me brindaba el Cura se veía
+por las otras vertientes; es decir, que era cosa nueva para mí y recién
+aparecida ante mis ojos. Particularmente hacia el Este y hacia el Norte,
+parecía no tener límites a mi vista, poco avezada a estimar espectáculos
+de la magnitud de aquél; y era de una originalidad tan sorprendente y
+extraña, que no acertaba a darme cuenta cabal ni de su naturaleza ni de
+su «argumento». Por el Sur se dominaba el hermoso valle de Campóo, ya en
+otra ocasión visto y admirado por mí; en la misma dirección y más lejos,
+los tonos pardos de la tierra castellana; más cerca, el Puerto de marras
+con sus monolitos descarnados y su soledad desconsoladora. Al Oeste y
+asombrándolo todo con sus moles, Peña Sagra y los Picos de Europa
+separados por el Deva, cuya profunda y maravillosa garganta se
+distinguía fácilmente en muchos de sus caprichosos escarceos entre los
+peñascos inaccesibles y fantásticos de una y otra ribera; y más allá del
+Deva, en sus valles bajos, según iba informándome don Sabas, con el
+laconismo y el modo con que señala el maestro de escuela con una caña en
+un cartel las sílabas a sus educandos, una buena parte de la provincia
+de Asturias.
+
+Pero lo verdaderamente admirable y maravilloso de aquel inmenso panorama
+era cuanto abarcaban los ojos por el Norte y por el Este. En lo más
+lejano de él, pero muy lejano, y como si fuera el comienzo de lo
+infinito, una faja azul recortando el horizonte: aquella faja era el
+mar, el mar Cantábrico; hacia su último tercio, por la derecha y unida a
+él como una rama al tronco de que se nutre, otra mancha menos azul, algo
+blanquecina, que se internaba en la tierra y formaba en ella como un
+lago: la bahía de Santander. Pero es el caso (y aquí estaba la verdadera
+originalidad del cuadro, lo que más me desorientaba en él y me
+sorprendía) que la faja azul se presentaba a mis ojos mucho más elevada
+que el perfil de la costa, y que con ella se fundían otras mucho más
+blancas que iban extendiéndose y prolongándose hacia nosotros, quedando
+entre la mayor parte de ellas islotes de las más extrañas formas; picos
+y hasta cordilleras que parecían surgir de una repentina inundación.
+
+A todo esto, el sol, hiriéndolo con sus rayos, sacaba de las superficies
+de aquellos golfos, rías y ensenadas, haces de chispas, como si vertiera
+su luz sobre llanuras empedradas de diamantes.
+
+--Es la niebla baja de los valles, me advirtió el cura; y fue
+señalándolos y nombrándolos todos uno a uno.
+
+Ya me lo había imaginado yo; pero aun así, no podía ni deseaba deshacer
+aquella ilusión de óptica que me presentaba el panorama como un
+fantástico archipiélago cuyas islas venían creciendo en rigurosa
+gradación desde las más bajas sierras, primer peldaño de la enorme
+escalera que comenzaba en la costa y terminaba, detrás de nosotros, en
+el mismo cielo cuya bóveda parecía descansar por aquel lado sobre los
+picos de Bulnes y Peñavieja.
+
+--Según vaya subiendo el sol--me decía don Sabas desde su plinto
+calcáreo--, y arreciando el remusgo allá abajo, irá la niebla
+esparciéndose y dejándose ver lo que está tapado ahora... ¡Pues también
+es cosa de verse desde aquí la salida del sol!... Y algún día hemos de
+verlo, si Dios quiere... y mejor desde más arriba... desde allá...
+
+Y me apuntaba, vuelto un poco a la derecha, hacia una loma altísima en
+que, según me advirtió también, convergían tres cordilleras.
+
+Entre tanto, yo no podía apartar los ojos del archipiélago en el cual me
+iba forjando la fantasía todo cuanto puede concebirse en materia de
+líneas y de formas: el templo ojival, el castillo roquero, la pirámide
+egipcia, el coloso tebano, el paquidermo gigante... No había antojo que
+no satisficiera la imaginación a todo su gusto en aquellas sorprendentes
+lejanías.
+
+La predicción de don Sabas no tardó en cumplirse. Poco a poco fueron las
+nieblas encrespándose y difundiéndose, y con ello alterándose y
+modificándose los contornos de los islotes, muchos de los cuales
+llegaron a desaparecer bajo la ficticia inundación. Después, para que la
+ilusión fuera más completa, vi las negras manchas de sus moles
+sumergidas, transparentadas en el fondo hasta que, enrarecida más y más
+la niebla, fue desgarrándose y elevándose en retazos que, después de
+mecerse indecisos en el aire, iban acumulándose en las faldas de los más
+altos montes de la cordillera.
+
+Roto, despedazado y recogido así el velo que me había ocultado la
+realidad del panorama, se destacó limpia y bien determinada la línea de
+la costa sobre la faja azul de la mar, y aparecieron las notas difusas
+de cada paisaje en el ambiente de las lejanías y en los valles más
+cercanos: las manchas verdosas de las praderas, los puntos blancos de
+sus barriadas, los toques negros de las arboledas, el azul carminoso de
+los montes, las líneas plateadas de los caminos reales, las tiras
+relucientes de los ríos culebreando por el llano a sus desembocaduras,
+las sombrías cuencas de sus cauces entre los repliegues de la montaña...
+Todos estos detalles, y otros y otros mil, ordenados y compuestos con
+arte sobrehumano en medio de un derroche de luz, tenían por complemento
+de su grandiosidad y hermosura el silencio imponente y la augusta
+soledad de las salvajes alturas de mi observatorio.
+
+Jamás había visto yo porción tan grande de mundo a mis pies, ni me había
+hallado tan cerca de su Creador, ni la contemplación de su obra me había
+causado tan hondas y placenteras impresiones. Atribuíalas al nuevo punto
+de vista, y no sin racional y juicioso fundamento. Hasta entonces sólo
+había observado yo la Naturaleza a la sombra de sus moles, en las
+angosturas de sus desfiladeros, entre el vaho de sus cañadas y en la
+penumbra de sus bosques; todo lo cual pesaba, hasta el extremo de
+anonadarle, sobre mi espíritu formado entre la refinada molicie de las
+grandes capitales, en cuyas maravillas se ve más el ingenio y la mano de
+los hombres que la omnipotencia de Dios; pero en aquel caso podía yo
+saborear el espectáculo en más vastas proporciones, en plena luz y sin
+estorbos; y sin dejar por eso de conceptuarme gusano por la fuerza del
+contraste de mi pequeñez con aquellas magnitudes, lo era, al cabo, de las
+alturas del espacio y no de los suelos cenagosos de la tierra. Hasta
+entonces había necesitado el contagio de los fervores de don Sabas para
+leer algo en el gran libro de la Naturaleza, y en aquella ocasión le
+leía yo solo, de corrido y muy a gusto.
+
+Y leyéndole embelesado, llegué a sumirme en un cúmulo de reflexiones
+que, empalmándose por un extremo en la monótona insulsez de toda mi vida
+mundana y embebiéndose enseguida en el espectáculo en que se recreaban
+mis ojos, se remontaban después sobre las cumbres altísimas que
+limitaban el horizonte a mi espalda, y aún seguían elevándose a través
+del éter purísimo por donde suben las plegarias de los desdichados y los
+suspiros de las almas anhelosas del Sumo Bien.
+
+Volviendo, al fin, los ojos hacia don Sabas, de quien me había olvidado
+un buen rato, porque el mismo tiempo hacía que no se cuidaba él de mí,
+le hallé, por las trazas, leyendo el gran libro en la misma página que
+yo. Estaba en pleno hartazgo de Naturaleza, según declaraban sus ojos
+resplandecientes, su boca entreabierta y como ávida de aire serrano, y
+aquella su especial inquietud de músculos y hasta de ropa.
+
+--¿Se ha visto todo bien?--me preguntó volviendo en sí de repente.
+
+--A todo mi sabor--le respondí.
+
+--Pues hacerse cuenta de que ya se ha visto algo de las grandes obras de
+Dios que tenemos por acá.
+
+--¡Grande es, en efecto, y hermoso y admirable este
+espectáculo!--repliqué.
+
+--¿Grande?--repitió el Cura; y volvió a contemplarle en todas
+direcciones con los brazos extendidos, como si quisiera darme de aquel
+modo la medida de su magnitud.
+
+Después se descubrió la cabeza, cuyos cabellos grises flotaron en el
+aire; elevó al cielo la mirada y la mano con sombrero y todo, y exclamó
+con voz solemne y varonil que vibraba con extraño son en el silencio
+imponente de aquellas alturas majestuosas:
+
+--_Excelsus super omnes gentes, Dominus, et super coelos... gloria
+ejus_.
+
+Sería por el estado excepcional de mi espíritu o por obra de un agente
+externo cualquiera; pero es lo cierto que a mí me pareció que aquella
+nota final estampada en el cuadro por el Cura de Tablanca, rayaba en lo
+sublime.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Faltábame conocer, entre lo que no debía de serme desconocido en aquella
+vasta y montaraz comarca, la salida del valle por la cuenca del río
+hasta su desembocadura, con lo cual habría completado yo la travesía del
+espinazo de la cordillera cantábrica por una de sus vértebras más
+considerables; y como cabalmente en aquellos días estaba yo en vena de
+exploraciones y correteos, aunque, bien lo sabe Dios, más que por ansias
+de la curiosidad, por miedo a la inacción enervadora enfrente del
+temible enemigo, cabalgué una mañana muy temprano en el peludo jamelgo
+que tan sesudamente me habían traído y llevado por las escabrosidades
+más peligrosas de la montaña, y, de propio y deliberado intento, solo y
+sin otro guía que el instinto y la larga experiencia del honrado
+cuadrúpedo, más unos informes que me habían suministrado de palabra la
+noche antes en la tertulia de mi tío; atravesé el ruinoso puente que une
+las dos orillas del Nansa a corto trecho de la casona, y emprendí la
+marcha siguiendo la bien trillada senda que culebrea por la ladera del
+cerro, acompañándome el continuo rumor de las invisibles aguas corriendo
+en el fondo del sombrío cauce a muchas varas bajo mis pies.
+
+Dudaba yo que, después de lo que llevaba visto en la alta montaña,
+hubiera en la cuenca del río, desde Tablanca hacia abajo, cosa que
+pudiera cautivar mi atención; y así sucedió, en efecto: sin dejar de ser
+áspera, angosta y montaraz en su parte más elevada, carecía de la
+grandeza imponente de los desfiladeros de «arriba». Los pueblos,
+amontonados, en sendas rinconadas de la garganta, iban sucediéndose a mi
+paso con la regularidad de las estaciones de un ferrocarril. Uno de
+ellos, más soleado que cuantos había dejado atrás, apareció de repente a
+mi vista en un vallecito, al pie de una ladera rapidísima, por la cual
+descendía mi jamelgo paso a paso entre un laberinto admirable de viejos
+y copudos robles que parecían puestos allí para mantener las tierras del
+monte adheridas a su esqueleto: tan agria era la cuesta.
+
+Llegado al valle felizmente, aunque un poco dolorido de cintura yo, por
+el continuo esfuerzo hecho con ella para conservar el cuerpo en la
+vertical, sobre la línea del caballo, paralela al suelo, supe que el
+pueblo columbrado por mí durante la bajada por los claros de la espesa
+columnata de troncos, era Robacío. Acordéme entonces de Neluco y de
+Chisco, y supuse que la casa del primero sería una grande, de «cuatro
+aguas», que no distaba mucho del camino; y supuse bien, según respuesta
+que dio a una pregunta que le hice, un muchachuco más guapo que limpio
+de cara y de vestido, que jugaba, con otros de pelaje aún más humilde,
+en una brañuca próxima a la portalada. Responder a mi pregunta, dejar el
+juego y lanzarse a abrir el postigo, mientras los otros chicuelos,
+suspensos y algo cortados, me contemplaban con los ojos muy abiertos,
+fue todo uno; y no bien hubo asomado la cabecita al corral, cuando ya
+comenzó a gritar allí:
+
+--¡Madre!... ¡madreee! ¡Aquí está un señor que viene a casa!
+
+Y por si esto era poco, descorrió desde adentro la falleba de los
+portones, y los abrió de par en par a fin de que pasara yo sin apearme.
+Con este estruendo y aquel vocerío, antes que acabara de sorprenderme de
+la ocurrencia, ya estaba en el encachado soportal y enfrente de mí, una
+mujer de mediana edad, buenas carnes y sano color, y con el modesto
+atavío casero que ordinariamente usan a diario las matronas pudientes de
+aquella comarca. Con esto, y con hallar bastante parecido en su cara con
+la de Neluco, no dudé que aquella mujer era su hermana. Me apeé de un
+brinco; y sin cuidarme del caballo, comencé, mientras andaba hacia ella
+con el sombrero en la mano, a deshacerme en excusas, a explicarla el
+suceso... Yo tenía muchísimo gusto en ponerme a sus pies, en conocerla
+personalmente, en ofrecerla mis respetos; pero esto lo hubiera hecho...
+pensaba hacerlo, a otra hora menos intempestiva... a mi vuelta por la
+tarde... la culpa era de aquel diablillo que, sin darme tiempo para
+explicarme, se había apresurado a llamarla...
+
+A todo esto, ella me miraba de hito en hito; hasta que, sin llegar yo a
+decirla cuanto pensaba decir, bañó toda su faz noblota y rozagante en
+una sonrisa que pudiera llamarse inmensa, si se midieran las sonrisas
+como las superficies; arrancó hacia mí con ambas manos tendidas, y
+exclamó cortándome el descosido discurso de repente:
+
+--¡Virgen la mi Madre! Usté es el sobrino de don Celso.
+
+Declaré que sí lo era, y continuó ella, sin soltar mi mano de entre las
+suyas:
+
+--Sabía yo por Neluco que andaba usté por ayá; y por eso, y por el aire,
+y por algo que ha dicho... y por estas corazonás que a lo mejor tiene
+uno... ¡Hija, lo que me alegro!... ¡Vaya, vaya!... Y ¿cómo está el pobre
+don Celso?... Mal, creo yo, lo que nos ha dicho Neluco... Porque Neluco
+es tan cariñoso y tan... vamos, tan apegao a los suyos, que hora que
+tenga sobrante en su obligación, cátale en Robacío... Pero ¿qué hacemos
+aquí plantificados en el portal? Suba, suba, señor don Marcelo, y
+descansará como debe, y le pondré de almorzar... ¡Cómo que no! Aquí
+todos somos unos. ¿Usté no lo sabe? ¿No se lo ha dicho Neluco? La casona
+de don Celso y la nuestra casa... ¡vaya!... de padres a hijos viene la
+estimación y la buena ley y hasta el parentesco, si un poco se escarba
+en la sangre...
+
+No me valieron excusas, por más que ponderé lo largo de la jornada que
+tenía que hacer antes de la noche, y lo apurado que andaba de tiempo
+para ella.
+
+--Tendrále de sobra--me decía la jovial matrona guiándome ya hacia la
+escalera--, para ese trabajo y otro tanto más, si sabe aprovecharse de
+él; y no creo yo que es perder hora la que se gasta en confortar el
+cuerpo a la mitá del camino... ¡Vaya con ella! Y lo peor del cuento es
+que está «él» ausente y no vendrá hasta la hora de comer, más que
+menos... Anda en el invernal amañando un morio que se quebrantó el otro
+mes; y como en teniendo obra entre manos no acierta a perderla de
+vista... ¡Pues no lo sentirá poco cuando lo sepa!... ¡Hija, qué
+casualidá! Bien que ya le verá cuando pase usté de vuelta esta tarde...
+Aunque mejor fuera que se quedara a comer con nosotros y dejara la
+caminata para otra ocasión... ¡Vaya que es antojo el de llegar hasta el
+camino real!... Dos veces en toda mi vida he puesto yo los pies en él...
+Mire si soy correntona... ¡Vaya, vaya!...
+
+Hablando por este arte mientras subía la escalera y la seguía yo paso a
+paso, más que en lo imposible de atajarla en su pintoresca charla,
+pensaba en el parecido que hallaba entre ella y la madre de Lita, no
+solamente por el carácter, sino por el estilo, sin saber yo entonces,
+como lo supe andando el tiempo y conociendo nuevas gentes, que en
+aquella forma y con aquellos aires campechanos y llanotes, se desborda
+siempre el espíritu generoso y hospitalario de las damas de aquella
+agreste región montañesa.
+
+Ya en lo alto de la escalera, que no era larga, entramos en el crucero
+de siempre, porque todas las casas pudientes de aquellas alturas, y aun
+las equivalentes de los valles bajos que he conocido después, parecen
+hechas por un mismo plano; sólo que en la de Robacío hallé una novedad
+que llamó muy agradablemente mi atención, y fue la de tener las paredes
+de todos los pasadizos literalmente cubiertas, de techo a suelo, con
+ristras de panojas, que, por estar abiertos puertas y balcones e
+inundada de sol toda la casa, resplandecían como tapices orientales
+bordados de oro y perlas.
+
+Ni aun admirarlo me dejó la buena hermana de Neluco, porque teniendo en
+cuenta lo apresurado que yo andaba, entre conducirme a la sala y llamar
+a gritos a una sirvienta y sacar, en tanto, cosas de una alacena y otras
+cosas de un armario, y poner las primeras en manos de la mozona (que no
+llegó tan pronto como ella quería) con una buena sarta de advertencias y
+de encargos a media voz, y las segundas sobre una mesa que había en la
+sala, arrimada a una pared, y andar de acá para allá sin dejarme nunca
+enteramente solo ni falto de su conversación, más de cerca o más de
+lejos, no hallaba yo momento de pensar con sosiego en punto alguno en
+que fijara la atención. Al fin se detuvo y se calmó la ventolera
+aquélla; y recogiendo lo que antes había puesto sobre la mesa y
+colocándolo interinamente en las sillas inmediatas, levantó el ala que
+aquélla tenía libre y plegada, y no las dos, por no necesitarse para mí
+solo tanto espacio, según tuvo la bondad de advertirme; tendió sobre el
+tablero resultante un blanquísimo mantel; puso sobre éste una botella de
+vino, un cubierto de plata maciza y de anticuada forma, dos vasos de
+cristal, tres platos amontonados, una torta de pan, tibio todavía, según
+me dijo la complaciente señora, porque no hacía aún dos horas que había
+salido del horno del corral; un queso duro, de ovejas, y cosa de medio
+maquilero de nueces y avellanas.
+
+Entre tanto, no cesaba de hablarme, y me hacía muchas preguntas sin
+esperar en cada una de ellas a recibir mi respuesta, por entero, a la
+anterior. Me preguntó, ante todo, por su pariente don Pedro Nolasco y
+por su hija Mari Pepa, de la misma edad que ella, amiga íntima desde la
+niñez, casi su hermana, porque como hermanas se querían... Pues ¿y Lita,
+Lituca? Era un serafín aquello, más que mujer. ¡Qué guapa, qué aguda,
+qué hacendosa! Si ella fuera hombre y mozo soltero, ya sabía con quién
+casarse, como Lita le quisiera. ¡Y no su hermano Neluco!... ¡Cuántas
+veces se lo había dicho! ¿Para qué quieres la enjundia, hombre? ¿Qué más
+puedes apetecer?... Si apareáis como de molde... ¡Ah, pan frío de
+satanincas!... ¡Tochu, más que tochu! Cuando Lita iba a Robacío, era la
+alegría de la casa: ni canario en jaula de oro podía compararse con
+ella.
+
+En éstas y otras comenzó a darme en la nariz un olor muy agradable de
+fritangas, y con él entró en la sala un rapaz como de seis años, con la
+jeta muy pringosa y la ropilla estropeada; después otro de igual pelaje,
+pero de menos edad; enseguida otro menor que los dos; luego una
+muchachuela rubia, de ojos saltones, muy enjuta de canillas y larga de
+brazos; tras ella, otra rapaza morena, carrilluda, de ojos negros y
+gruesas pantorrillas, la cual traía de la mano a un chiquitín muy
+risueño que se tambaleaba al andar con sus patucas estevadas; y, por
+último, llegó el muchacho que con su descomedida diligencia había sido
+la causa de cuanto estaba sucediendo allí. Toda aquella prole, aparecida
+uno a uno, a paso lento y con mirar receloso, se fue colocando en
+semicírculo, muy apretado, enfrente de mí; y como no sabían qué decirme,
+por más que yo les preguntaba muchas tonterías, y su madre me los iba
+nombrando por orden de edades, a la vez que los reñía, y no con gran
+coraje, por un descortés atrevimiento, cada cual entretenía el tiempo y
+conllevaba el mal rato como mejor podía: quién pellizcándose las
+narices, quién rascándose la cabeza y quién alguna parte de su cuerpo
+más baja y más trasera. «Pero ¿no parece--me decía su madre en tanto--,
+que gobierna Satanás a estos arrastrados? Póngalos usté de pies a cabeza
+como un sol de mayo en cuanto se tiran de la cama todos los días, para
+verlos como usté los ve a la media hora... y si no hay escuela como hoy,
+por ser jueves, cosa es de no poder mirarlos ni aguantarlos. ¡Señor y
+Padre celeste, qué criaturas!... Pero estén ellas en buena salud, que es
+lo que importa, y lo demás ya se irá arreglando con el tiempo. ¿No es
+verdad?... Vaya, ahora venga acá y arrímese a la mesa... y perdone la
+miseriuca por la buena voluntad conque se la ofrezco a falta de cosa
+mejor.»
+
+Esto lo dijo al ver entrar a la criada con una gran fuente entre manos,
+conteniendo dos pares de huevos estrellados y una enormidad de lomo y de
+jamón frito, con su correspondiente cerco de patatas.
+
+Hubo las porfías que eran de esperarse sobre lo poco con que me
+satisfacía yo, y lo mucho que ella me ofrecía con generosa obstinación,
+pensando que «lo dejaba por cortedad». Al fin transigimos tomando yo
+algo más de lo que necesitaba, y repartiendo el resto hasta lo que ella
+me ofrecía, entre los siete rapaces que devoraban con los ojos el
+suculento agasajo humeando sobre la mesa.
+
+También vino a colación allí lo que ya empezaba yo a echar de menos en
+boca de la hermana de Neluco; la tesis a que tan acostumbrado me tenían
+las buenas gentes de aquellos valles: si me iba gustando la tierra de
+mis mayores; la diferencia que hallaría entre aquellas soledades y las
+grandezas y diversiones a que estaría avezado en Madrid... y, por
+último, la lástima que sería que no tomara al valle la buena ley que él
+se merecía; porque, muerto don Celso, que por muerto había que darle ya,
+Tablanca se quedaba sin padre y sin sombra de amparo. ¡Y si supiera yo
+bien lo que valía esa sombra en aquel pueblo, y lo que venían valiendo
+otras como ella desde tiempos muy remotos! Para saberlo así, era preciso
+ver lo que pasaba en otros lugares que no la tenían, como pasaba ya
+también en Robacío, desgraciadamente. Allí no había unión ni paz entre
+unos y otros, por culpa de cuatro mangoneadores amparados por otros
+tantos «cabayerus de ayá fuera», que no se acordaban del pueblo más que
+en las ocasiones de necesitar las espaldas de aquellos pobres melenos
+para encaramarse en el puesto que les convenía, y pipiar a gusto las
+uvas del racimo. Esto no pasaba en Tablanca, donde no se sentía una
+mosca, ni tenían entrada aquellos personajes más que con su cuenta y
+razón. Daba gusto aquella hermandad de unos con otros, y aquel
+ayuntamiento sin deudas, y aquel vecindario sin hambre y bien vestido.
+Pues toda esta ventura acabaría con don Celso, si yo no me animaba a
+recoger los frenos que él soltaría de sus manos al pasar a vida mejor.
+
+Lo singular de esta tesis, tan manoseada por unos y otros, era para mí
+la solemnidad y la hondura del sentimiento con que me la exponían en
+todas partes. La misma hermana de Neluco, tan jocosa y tan chancera en
+sus descosidos discursos, se formalizó hasta conmoverse al exponérmela.
+Y éste era el lado por donde más me llamaba la atención aquel tema, que
+iba, por lo demás, degenerando en manía.
+
+Con el asentimiento y las diplomáticas promesas que la costumbre me
+había obligado a adoptar en casos tales, di por rematado el punto; y con
+el pretexto de la prisa que tenía, terminados el almuerzo y la visita,
+no sin saber antes, por la inagotable bondad de aquella incomparable
+mujer, que su hermano mayor, abogado de bastante nota, estaba casado en
+Valladolid, y que por eso y por ser Neluco demasiado mozo y andar
+todavía de la Ceca a la Meca, se había quedado ella en las particiones
+con la casa paterna; pero como si fuera de todos los hermanos, porque el
+abogado bajaba a Robacío casi todos los veranos, y Neluco cada día que
+le era posible.
+
+Gozaba ella que era una bendición de Dios cuando estaban todos reunidos,
+chicos y grandes; y cuanto más apretados, mejor. Y apretados lo estaban
+en aquellas ocasiones a menudo, porque aunque la casa era grande, como
+tenían mucho laberinto de labranzas y ganados... ¡Virgen Madre, cómo le
+gustaban esos trajines a su marido! Pues con gustarle tanto, de seguro
+no le gustaban más que a ella...
+
+Y bien se revelaban estos gustos en toda la casa, particularmente de
+escalera abajo. En el portal, desde donde se veían las puertas abiertas
+de los establos, un horno con su tejadillo protector, un pozo con el
+correspondiente lavadero, grandes pilas de leña y un carro de bueyes
+bajo un cobertizo, olía a heno, se oían los golpes y los cencerrillos y
+esquilas del ganado preso en las pesebreras, y brujuleaba de soslayo y
+como a la descuidada, un copioso averío alrededor de un «garrote», en
+cuyo fondo roía mi caballo, desembridado y amarrado al poste con una
+soga por el pescuezo, los últimos granos del pienso de maíz con que le
+había agasajado el sobrino mayor de Neluco, mientras su madre me
+agasajaba a mí en la sala de arriba con huevos y con jamón. Esto se supo
+por declaración del chicuelo mismo, al preguntarle yo, muy complacido,
+por el autor de la ocurrencia. Alentado por el buen éxito de ella,
+salióse del montón de sus hermanos, que en tropel habían bajado con su
+madre detrás de mí, y en un dos por tres embridó el rocín después de
+arrojar al averío las mezquinas sobras del pienso; sacó la mansa bestia
+al corral, y la plantó allí, en debida forma, para que montara yo.
+Abrevié la despedida cuanto pude, condensando mis expresiones de cordial
+agradecimiento hasta la avaricia, por temor a los lujos verbosos de la
+hermana de Neluco, que en lo más nimio hallaban causa para desbordarse;
+cabalgué de prisa deslizando en la mano del chicuelo que me tenía el
+estribo una moneda de plata sin que lo viera su madre, dádiva que le
+llenó de asombro y de zozobra hasta enrojecerle la cara y dejarle
+tambaleándose, por lo que le costó mucho trabajo abrirme la portalada; y
+en cuanto la vi de par en par, pagué con una sonrisa y una sombrerada
+los últimos ofrecimientos de la inagotable matrona; salí a la brañuca de
+afuera oyendo las despedidas de adentro «hasta la tarde»; piqué sin
+compasión al jamelgo, y tomé el camino río abajo como si me persiguieran
+lobos de rabia.
+
+Creo, sin estar muy seguro de ello por no haber fijado la atención con
+gran empeño en el cuadro, que por allí comienza el verdadero ensanche de
+la cuenca, y el río a descansar un poco de las fatigas de su rápido
+descenso, tendiéndose a la larga en buenos trechos casi llanos y bien
+iluminados por el sol. Lo que sí recuerdo bien es que con la libertad
+que les dan estas relativas anchuras, el río y el camino (a la izquierda
+ya éste de aquél) se separan uno de otro con alguna frecuencia, aunque
+sin llegar a perderse de vista por completo. Al fin y al cabo, ninguna
+obligación tienen de andar juntos por todas partes; y sin duda por eso,
+el camino, sin trabas ni impedimentos, como el río, que le obliguen a
+descender continuamente y por determinado canal, a lo mejor se echaba
+por un atajo cuesta arriba, gozándose después en saludar desde la loma
+del cerro pedregoso a su arrastrado compañero, que sudaba la gota gorda
+para abrirse paso en los profundos de un vallecito angosto, entre
+alisales, guijarros y mimbreras.
+
+Donde se juntan otra vez los dos camaradas es hacia el final de su
+viaje, por estrecharse la cuenca nuevamente, pero sin crecer gran cosa
+los taludes; y ya no vuelve el río a gozar de otra llanada que la de su
+sepultura, festoneada a lo largo en su margen terrestre por un camino
+real que ni el Nansa ni yo vimos hasta que nos hallamos yo encima de él,
+y el río estrellándose contra los estribos del puente que une las dos
+orillas.
+
+Allí le di mi afectuosa despedida, mientras ahogaban con un abrazo sus
+murmullos (que durante nuestra jornada de seis horas no habían cesado un
+momento) las traidoras aguas salobres que le esperaban inmóviles y
+cristalinas, como un espejo en que se miran las nubes del firmamento,
+tendidas al sol en una vasta llanura salpicada de islotes tapizados de
+verdes y olorosas junqueras. Esta pintoresca ría está separada del mar
+por una barrera muy alta: un monte negro y pedregoso, rajado de alto
+abajo, quedando así un boquete muy angosto donde se cuelan las aguas y
+los barcos, y se ve el Cantábrico, mirando desde adentro, como un pedazo
+de cielo a través de las rejas de una cárcel.
+
+Todo aquel panorama me pareció muy bello por sus líneas, por su luz y
+por su color, mas a pesar de ello, ocupó mi atención breves instantes,
+porque se habían largado mis ideas por muy distintos derroteros. Fue el
+caso que no bien me vi sobre el camino real, se despertaron súbitamente
+mis mal dormidas inclinaciones mundanas; y escapándoseme la mirada y los
+pensamientos a lo largo del blanquísimo arrecife que corría paralelo a
+la costa y desaparecía en la curva de un altozano, empecé a considerar.
+
+--Por ahí se va a la vida y a la libertad de las planicies soleadas, al
+bullicio de las ciudades, a las damas elegantes y a los hombres bien
+vestidos, a la conversación culta y amena, a los salones alfombrados, al
+libro, al teatro, al periódico, al Casino, al Ateneo... ¡mientras que
+por aquí!...
+
+Y volví los ojos al sendero de la montaña, y le vi trepar entre los
+pedruscos y los escajos bravíos de una sierra calva; y distinguí detrás
+de ella, la loma de otra sierra más alta, y por encima de ésta, otra y
+sobre su cumbre la de un monte que las asombraba a todas; y así
+sucesivamente, hasta perderse las últimas desvanecidas en un ambiente
+brumoso y tétrico que no me dejaba percibir con claridad los dos
+peldaños de aquella escalera disforme, entre los cuales se escondía la
+sepultura en que, por un mal entendido sentimiento filantrópico, había
+resuelto yo enterrarme vivo.
+
+Sentí de pronto alzarse dentro de mí una protesta de mi libérrimo
+albedrío, y con ella la nostalgia de la ciudad; pero con una fuerza tan
+nueva y tan irresistible, que, sin saber, cómo, me vi encarado otra vez
+al camino real y poseído de un vehementísimo deseo, de la tentación
+pueril y desatentada... de «escaparme por allí».
+
+Pasó todo esto, como vértigo que era de mi exaltada imaginación, en
+pocos momentos; pero no sin dejarme huellas mortificantes en el
+espíritu.
+
+Al otro lado del puente había unas casas de muy alegre aspecto:
+parecióme de parador el de una de ellas, y allá me fui. Parador era, en
+efecto, y taberna bastante bien surtida. Mandé dar un pienso a mi
+cabalgadura y pedí unas frioleras para mí, más que por satisfacer una
+necesidad que no sentía, por comprar el derecho de descansar un poco a
+la sombra y en un banco, bajo techado, ya que no era posible hacerlo al
+aire libre recreando los ojos en la contemplación del mar, que con estar
+tan cerca de allí, no se veía más que por el negro boquerón de la ría.
+
+Era ya bien corrida la una de la tarde cuando volví a cabalgar. Repasé
+el puente, y sin dirigir la vista al camino real que dejaba a mi
+izquierda, comencé a desandar aguas arriba lo que había andado por la
+mañana aguas abajo. Al llegar a Robacío, vi que me esperaba en la
+brañuca contigua a la portalada de marras, toda la familia de la casona
+aquélla, con el padre en primer término. Bien sabe Dios que hice voto
+solemne en mis adentros de no echar allí pie a tierra, como no me
+desmontaran a tiros. Era el cuñado de Neluco un hombre bastante gordo y
+no muy alto, moreno y atezado de rostro, con anchas patillas grises,
+pelo recio y poca frente. No hablaba tanto como su mujer, pero no era
+menos afectuoso y hospitalario que ella. Con la disculpa (y era la pura
+verdad) de que llevaba las horas muy medidas, hablé poco y me ingenié
+mucho para que no hubiera modo de enredar la conversación que me
+amenazaba a cada instante por el lado de la mujer de aquel buen hombre.
+Estrechéle, al fin, por segunda vez la velluda mano, con los
+ofrecimientos y las cortesías de costumbre, y con un «adiós» a todos los
+presentes, corté los cumplidos con que me despedían, y me largué.
+
+Resuelto a que no me cogiera la noche cerrada en el camino, saqué al
+pobre animal que me conducía, los ijares y hasta las asaduras a
+espolazos. Por un milagro de Dios llegó vivo a casa. Pero llegó al fin,
+y no tan tarde como iba yo temiéndome a medida que le veía perdiendo
+fuerzas y tambaleándose por el áspero camino.
+
+Por lo que a mí toca, llegué en la misma situación de ánimo que un
+estudiantillo novel a la cárcel de su colegio, después de haber pasado
+largas vacaciones con su familia: jurándome a mí propio no volver a
+salir de Tablanca solo y por aquel camino, para no caer nuevamente en la
+mala tentación de escaparme.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Hablando unos días después con Neluco de esta excursión, me dijo cuando
+vino al caso:
+
+--Pues ahora necesita usted hacer otra, aguas arriba.
+
+Respondíle que ya la había hecho con el Cura en una ocasión bastante
+reciente y de muy placentero recuerdo para mí. Replicóme que con don
+Sabas sólo había visto yo lo que le convenía a él que viera para los
+fines que llevaba, y yo necesitaba ver algo más, y aun estaba obligado a
+ello: por ejemplo, Promisiones.
+
+--Atravesé todo el valle--respondí--, y conservo perfectamente su
+aspecto general en la memoria.
+
+--No es bastante--me replicó el médico--. En ese valle hay un pueblo,
+que es el principal...
+
+--Le vi también...
+
+--De lejos.
+
+--De lejos y de cerca tiene muy poco que ver.
+
+--Exacto--dijo Neluco--; pero en ese lugarejo hay una casa solariega...
+la de los Gómez de Pomar, sangre de rancio abolengo que corre también
+por las venas de usted.
+
+--Hombre--interrumpió aquí mi tío que estaba presente, mientras Neluco
+se sonreía como si se burlara de las mismas ponderaciones que iba
+haciéndome, que veas a Promisiones, bien está; que conozcas de vista la
+casona de los Gómez de Pomar, pase también; pero que lo que queda allí
+de esa sangre vieja valga la pena de meter su jocico en aquel estragal
+un cabayeru como tú... ¡pispaju! eso sí que lo niego a pies juntos.
+
+--¡Pero si allí no queda gota de esa sangre, don Celso!--replicó Neluco.
+
+--¡Mira a quién se lo cuenta!--respondió mi tío--. Pero de allí es la
+que queda... Dios sabe si en presidio.
+
+--Yo me refería a la casa solamente...
+
+--Que ni siquiera es de «ellos» ya... porque los sinvergüenzas
+desaforaos, la dieron por un pellejo de vino en cuanto faltó el
+baldragazas que los engendró en una osa montuna. ¡Cascajo! mala centella
+los parta en dos por los riñones.
+
+--Y al fin y al postre, ¿qué viene a importarle ya esa caída a don
+Marcelo? ¡Le toca tan poco del parentesco!...
+
+--Di que nada, ¡cuartajo! si te paez. ¡Los hijos de un sobrino carnal de
+mi madre!...
+
+--¡Pues digo!... ni un galgo le alcanza ya... De todas maneras, si usted
+no quiere...
+
+--¿Yo?... ¡A buena parte vas con el reparo!... ¡Vaya que me gusta!...
+No, no, lo que es por mí...
+
+--Además, no se trata de eso sólo, que debe verse de pasada...
+
+--¿Jacia ónde?
+
+--Hacia otra parte... a otro sitio a que yo quiero llevarle... porque
+esa expedición ha de hacerla don Marcelo conmigo. Necesitaremos dos
+días.
+
+--¡Larga va a ser, trastajo!
+
+--No mucho; pero como debemos hacer noche allá...
+
+--Pues si pensabas guardar el secreto del parador, no me des más señas
+de él, porque ya le he conocido...
+
+--Es posible... Y como ahora hay en Tablanca peste de salud para muchos
+días, si don Marcelo está conforme y usted nos da su permiso...
+
+--¿Yo?... ¡pispajo! Lo que yo quiero es que mi sobrino se explaye y
+entretenga a su gusto, para que no coja duda a la tierra de su padre...
+Eso bien lo sabe él... y también lo sabes tú... Conque, si en ello vos
+va diversión, bien hecho será, y antes con antes, por si el tiempo se
+cansa de ser bueno. ¡Ojalá pudiera yo ir con vosotros, aunque no fuera
+más que por dar un abrazo a ese buen amigo! Pero ¡ni salir a misa,
+cuartajo!...
+
+--Ya saldrá usted, don Celso...
+
+--Sí, con los pies pa-lante el mejor día...
+
+Al subsiguiente de esta conversación emprendí la caminata con Neluco,
+los dos solos y a caballo: yo en el de siempre, bien repuesto ya de sus
+últimas fatigas, y él en otro rocinejo por el estilo, que era de su
+propiedad y tenía la costumbre, como caballo de médico, de pararse
+delante de todas las viviendas que hallaba al paso.
+
+También madrugamos aquel día, y no poco, y también nos amaneció cerca
+del santuario próximo a la vadera, y también saludé a la Virgen,
+siguiendo el ejemplo que me dio Neluco, rezándola una _Salve_ en latín.
+Es mucha la devoción que la tienen los tablanqueses y todos los
+habitantes de los pueblos comarcanos; y su fiesta, en el mes de agosto,
+de las más concurridas y celebradas de todas las de aquella región. La
+imagen tiene una leyenda que no me habían referido ni Chisco ni don
+Sabas, y conocí por Neluco mientras volvíamos a ponernos en marcha,
+descendiendo hacia la vadera. En tiempos muy remotos quisieron los
+tablanqueses sustituir con otra nueva y «de mejor ver» aquella misma
+Virgen que les parecía muy antigua, tanto que no se conocía su origen
+«en memoria de hombre». Acordada la sustitución, adquirieron la imagen
+que deseaban y la colocaron en el altarcillo después de retirar de él la
+antigua, a la cual enterraron con gran solemnidad, no sabiendo qué hacer
+de ella ni cómo honrarla mejor. Pero cuál no sería la admiración de
+aquellos piadosos montañeses al ver al día siguiente en el altar la
+imagen enterrada la víspera, y vacía su sepultura, sin hallar rastro ni
+huella por ninguna parte del mundo de la imagen nueva. Con este milagro
+patente se hizo más extensa y fervorosa la devoción a la Virgen
+resucitada, y en este grado, o muy poco menos, se ha conservado hasta la
+fecha.
+
+Repitiendo el camino andado por mí en compañía de don Sabas, me pareció
+haber tardado menos que con él en llegar a Promisiones; ventaja que fue
+debida indudablemente a lo que me entretenía Neluco con noticias muy
+curiosas sobre cada palmo de terreno que pisábamos y le eran tan
+conocidos como los rincones de su casa. No los conocía menos el Cura,
+seguramente; pero aunque allá se andaban los dos en el modo de sentir y
+de saborear la tierra madre, eran más numerosos los «registros» del
+médico, y más varia, por consiguiente, la música de su conversación.
+
+Ya en el valle, tomamos derechamente hacia el pueblo que había dado
+origen a la porfía entre mi tío y Neluco. El tal pueblo, de disperso y
+pobre caserío, ostentaba sobre el montículo más elevado de los varios
+que forman su escabroso término, un edificio cercano a la iglesia, que
+no abultaba más que él, como si hubiera querido lucir sin estorbos y
+para que fueran bien vistas de todos, propios y extraños, las únicas
+grandezas que posee. El edificio era del buen estilo «rico» montañés; de
+sillería de grano la fachada del Sur y una parte de la del Este, lo
+preciso para encuadrar en ella un balcón de púlpito con balaustrada de
+hierro; el resto, mampostería sólida con muy pocos claros de ventana. En
+la fachada principal, gran solana corrida de esquinal a esquinal, y
+encima de ella y del balcón del Este, sendos y ostentosos escudos de
+piedra de mucho relieve y rica talla; sobre todo ello, la pátina
+musgosa, la herrumbre y la polilla de los años y de la incuria, y
+grandes aleros de artesonado podrido con los canecillos derrengados.
+Aquella casa era la solariega de los Gómez de Pomar; y bien sabe Dios la
+tristeza conque la vi en estado tan deplorable, más que por simpatía de
+parentesco, por impulso natural de hombre honrado y de buen gusto.
+Habitábala un labrador, y de ello eran evidentes señales los montones de
+estiércol, la carreta y los aperos que se veían en la corralada y en el
+soportal, y el heno que asomaba por los agujeros de una de las
+desvencijadas puertas de la solana, entre los elegantes cercos de
+sillería. Salió de ella un buen hombre que nos vio mirarla por todas
+partes; y como resultó que conocía a Neluco, nos brindó muy cortés a que
+pasáramos a descansar, «si teníamos gusto en ello». El médico me pidió
+mi parecer con la mirada, y con un ademán le di yo la negativa. Me
+acordaba de algunos dichos de mi tío, particularmente el de haber sido
+vendida «por un pellejo de vino», y la lástima de antes se fue trocando
+en ira.
+
+Continuando nuestro viaje, me dio Neluco algunos informes que yo le
+pedí, vivamente interesado en conocerlos después de lo que había visto
+en el pueblo, en el cual no nos detuvimos más de media hora.
+
+La familia de los Gómez de Pomar nunca había sido tan rica de
+propiedades y de dinero como pagada de su alcurnia, achaque muy común en
+la Montaña. La bambolla de un hidalguete de aquella casta, que volvió de
+México a principios del siglo pasado, labró sobre los cimientos del
+solar antiguo la casa que acabamos de ver, con la mayor parte del dinero
+que traía. Con el resto y las haciendas que le pertenecían en el valle y
+en las inmediaciones, se empeñó en sostener el lustre de su familia,
+elevándola de golpe a una altura en que jamás habían vivido sus fidalgos
+antecesores. Logró su intento vanidoso, pero no sin muy considerables
+mermas y quebrantos en su caudal. Al heredarle su sucesor, heredó
+también una buena carga de censos y de hipotecas; y como en su no larga
+vida no pudo verse aliviado del peso de esta cruz, recibióla también
+sobre sus espaldas el que vino detrás de él; pero como le pesaba mucho,
+antes que morir agobiado por ella, prefirió quitársela de encima a todo
+trance. Y se la quitó, a expensas de lo más jugoso de su caudal. Así
+salvó lo restante, que empezaba a ser enredado poco a poco en las mallas
+inextricables del préstamo usurario. Era cuerdo el hombre, y ajustó las
+necesidades de su casa a la medida de lo que poseía libremente para
+sostenerlas. No trabajó las tierras con sus manos, pero pagó el trabajo
+de otros para vivir él de sus productos; y en su casa y en las
+accesorias de ella, donde siempre había reinado el silencio enervante de
+la holganza y de los grandes fastidios de la vanidad infanzona,
+comenzaron a oírse y a respirarse los ruidos de la actividad campesina,
+el cencerro del ganado y la fragancia vivificante y regeneradora de los
+frutos sazonados de la tierra. Mi abuela paterna alcanzó aquellos
+tiempos, los más venturosos de la familia de los Gómez de Pomar. Su
+padre era un señor a la manera de mi tío Celso: campechano y sin
+retóricas, sencillo hasta la rudeza, y noble y sano de corazón. No tuvo
+más que dos hijos: mi abuela y el mayorazgo. Éste resultó menos enérgico
+y laborioso que su padre; se casó con una medio señora campurriana, y
+tuvieron un hijo solo, y ése de pocas creces, enfermo y sin alientos
+para nada. Aquí empezó a flaquear la firmeza de la hasta entonces
+enhiesta medianía de la casa, mucho por la natural dejadez del padre,
+algo por no pecar de hacendosa la madre, y el resto por falta de
+estímulo en los dos para enmendarse en presencia de la ingénita apatía y
+mortal endeblez del hijo. El cual dio en la gracia de espigar un poco,
+precisamente cuando debía de haberse muerto, según los cálculos de sus
+padres, fundados principalmente en los reiterados dictámenes de todos
+los médicos y curanderos de cuatro leguas a la redonda. Con esto y con
+morirse aquéllos mucho antes de lo que creían, el huérfano recibió el
+caudal hereditario cuando menos lo pensaba, y con bastantes goteras,
+casi tantas como las que tenía la casa solariega, en la que no gastaron
+un maravedí en toda su vida los últimos señores de ella. En ese
+particular, lo propio hizo el hijo, atento solo, en los primeros años de
+su orfandad, al trabajo de reconstituirse, dándose todo el regalo que
+era compatible con su hacienda, aunque comiendo ya de la «olla grande».
+Como no salía de casa y se había propuesto arreglarse un completo plan
+de vida dentro de ella, se casó con la criada, una lebaniega cerril,
+siempre vestida de sayal y con «bocio». Tuvo de ella dos hijos como dos
+oseznos de Andara, de cuya educación no se cuidó cosa maldita: lejos de
+ello, les dio continuamente el mal ejemplo de su desgobierno, y muy a
+menudo el de las escandalosas reyertas matrimoniales provocadas por la
+lebaniega incivil, que era la estampa de la suciedad y el colmo del
+despilfarro. Al fin se murieron los dos, ella de una pulmonía doble y él
+de un derrame seroso, aunque fue voz corrida en el lugar que había
+acabado de una borrachera de aguardiente. Todo podía ser, porque es cosa
+demostrada que muy a menudo hacía méritos para ello. Los hijos, que eran
+unos perdidos a los diez y seis años, cuando entraron por la ley en
+libre posesión de lo heredado, ya debían más de las tres cuartas partes
+de ello. Eran borrachos, corretones y pendencieros, y daban más que
+hacer a la justicia en seis meses que todo el partido judicial en un
+año. Lo último que les quedó fueron la casa solar y unos cercados
+contiguos a ella; y como se lo tenían hipotecado a un tabernero del
+valle, a cuyas expensas comían y bebían últimamente, y al vencer el
+plazo de la deuda no tuvieron con qué redimirla, el tabernero se quedó
+con lo hipotecado, echólos de casa tan pronto como pudo, y metió en ella
+a un inquilino cargado de familia, pero que pagaba bien y cultivaba
+mejor las tierras que le dio también en renta. Al hombre aquél acababa
+de conocerle yo en la casa misma.
+
+--¿Y los otros?--pregunté a Neluco en cuanto dio fin a su relato--. ¿Qué
+ha sido de ellos?
+
+--¿De quiénes?--preguntóme él a su vez.
+
+--De los dueños de la casa--respondí--; mejor dicho de los ex-dueños, de
+los dos perdularios que se la vendieron al tabernero por un pellejo de
+vino.
+
+--Pues de esos ilustres vástagos de los Gómez de Pomar no sé nada cierto
+a la hora presente. Cuando se vieron en la calle, sin hogar, oficio ni
+beneficio, desaparecieron de aquí, y se supo que andaban por Andalucía
+buscándose el modo de vivir como el diablo les daba a entender. Al cabo
+de los años, volvió uno solo, no a su pueblo, sino a ese otro que está
+encalabrinado en aquella cúspide de enfrente, y al cual pienso que
+llegaremos en poco más de una hora. Allí, con el prestigio que le daba
+su apellido y la fanfarria que desenvolvió delante de la hija de un
+hombre de bien que tenía algunas haciendas, consiguió que éste se la
+cediera en matrimonio. Estableciéronse en casa aparte, y al poco tiempo
+de ello apareció su hermano en el lugar, pobre y mal vestido. Acogióle
+el matrimonio, como era natural. Por entonces los conocí yo siendo
+estudiante todavía, durante las vacaciones de verano, en la romería de
+la Virgen de las Nieves. Me parecieron de muy mala catadura,
+particularmente el mayor, en cuyo semblante de torva y recelosa mirada,
+lo mismo que en el resto de su persona, se veían las huellas y el
+estrago de todas sus malandanzas. El otro, el menor, que era el casado,
+tenía una palidez amarillenta, y unos ojillos de raposo, y una mueca de
+sonrisa, y un andar de sierpe venenosa, que estaban pidiendo el banco de
+crujía de una galera, y el corbacho de un cómitre desalmado. Decían los
+que reparaban en ellos por conocerlos bien, que los vigilaba mucho la
+Guardia civil; sería o no verdad; pero era indudable que ellos huían de
+la pareja que andaba en la romería, como el diablo de la cruz. Por
+aquellas calendas hicieron una visita a su tío de usted, don Celso; pero
+tenía éste entonces más bríos y más agallas que hoy, y respondió a su
+taimada exposición de necesidades en tales términos y en tal actitud,
+que no insistieron en su petición, ni han vuelto a parecer por Tablanca.
+Poco después se largaron otra vez por esos mundos a buscarse la vida,
+con gran contentamiento de todo el lugar, y hasta de la pobre mujer de
+uno de ellos. A principios de este otoño oí en Tablanca que había vuelto
+el casado y que por aquí andaba tan sinvergüenza y haragán como siempre;
+pero yo no le he visto, ni a nadie he oído hablar de él.
+
+Con estas interesantes biografías y los comentarios subsiguientes,
+entretuvimos el camino, sinuoso y endemoniado, dejando por nuestra
+derecha la cuenca del río que distaba ya muy poco de sus fuentes.
+
+Al fin, llegamos al pueblo, encaramado allá arriba como un nido de
+águilas, y me guió Neluco a la única hospedería que había en él: un
+casucho de mala muerte con un cuarto en el soportal, y en el cuarto un
+tosco mostrador y su correspondiente estantería con media docena de
+botellones y frascos de varios colores, algunos paquetes de cigarros y
+de cajas de cerillas, y media docena de vasos de otros tantos calibres;
+arrimado a la pared y sostenido por tres estacas sin labrar un tablón en
+bruto, de castaño abarquillado; delante y como a la mitad de este banco,
+una mesa de igual materia y del mismo estilo que él; sobre la mesa, un
+jarro y dos vasos medio desocupados de vino tinto, y, por último,
+sentados en el banco y con la mesa delante, dos hombres en los cuales ni
+el médico ni yo nos fijamos gran cosa por de pronto. Después, y mientras
+hablábamos con el tabernero, Neluco, que los tenía enfrente, me dio con
+el codo y me advirtió con la mirada que reparara en ellos. Hícelo con
+atención y vi que los dos tenían muy distinto pelaje del acostumbrado y
+corriente entre los aldeanos de aquellas comarcas: ofrecían todo el
+aspecto de los vagabundos famélicos de las ciudades; ambos llevaban la
+barba gris a medio crecer, y el ropaje obscuro y mugriento, con muy
+pocas señales de camisa. En el uno creí ver, o más bien recordar, rasgos
+de la pintura que me había hecho Neluco del Gómez de Pomar casado en
+aquel mismo pueblo. Las señas del otro no coincidían en nada con las que
+yo conocía del hermano soltero. Era todavía más innoble su cara que la
+de éste y más repulsivo el conjunto de su persona: tenía un chirlo en la
+nariz, que se la dividía casi por mitad, y un ojo medio borrado.
+
+Se les conoció muy pronto que no les agradaba la insistencia con que los
+mirábamos Neluco y yo; y fuera por esto o porque ya nada tenían que
+hacer allí, apuraron el contenido de los correspondientes vasos, y se
+largaron haciéndonos un ligero ademán de saludo, pero sin decir palabra.
+
+Entonces dejó bruscamente Neluco la materia que trataba con el ventero,
+reducida a saber qué podría servirnos para tomar un tente en pie, y
+comenzó a preguntarle por la casta de los dos parroquianos que acababan
+de salir. Resultó, en cuanto al uno, lo que yo me presumía y Neluco daba
+por indiscutible: que era el Gómez de Pomar casado allí; el otro había
+venido con él en los principios de octubre, y juntos vivían y de la
+misma olla comían desde entonces, como grandes y antiguos amigos que
+eran, a expensas y a despecho de la pobre mujer que a duras penas tenía
+lo más indispensable para que no se murieran de hambre los frutos de su
+desventurado matrimonio. Su marido faltaba pocas veces del lugar, y no
+pasaba ninguna noche fuera de él; las ausencias del amigo, sin ser
+muchas, eran más largas: solían durar dos o tres días. Preguntado el
+primero por su mujer..., y también por el alcalde, acerca de la
+procedencia, oficio, ocupaciones y planes del segundo, respondía que era
+un caballero perteneciente a una de las principales familias de Madrid,
+arruinado con los negocios de la Bolsa; había estudiado de joven para
+ingeniero de minas, y pasaba por muy entendido en ellas. Sabía, por
+informes adquiridos allá con otros inteligentes, que había una
+riquísima, de oro puro, en cierto sitio entre Tablanca y Promisiones; y
+en busca de ella andaba cada vez que salía del lugar, mejor dicho, la
+había encontrado al primer tanteo, porque eran infalibles las señas que
+traía: los otros viajes que iba haciendo eran para estudiar bien los
+filones y la manera de explotarlos. En cuanto acabara ese estudio que le
+robaba hasta el sueño, se volvería a Madrid para dar cuenta de todo a
+los capitalistas que habían de emprender las labores bajo su dirección,
+asignándosele a él, para remunerar su trabajo, la mitad de las
+ganancias.
+
+A pesar de estos rumbosos informes, la Guardia civil le había pedido los
+papeles, igual que al último perdulario; pero como los llevaba en regla
+y no se metía con nadie, ni nadie se quejaba de él y le fiaba el vecino
+del lugar con quien vivía, no pasaban las cosas a más que a vigilarle de
+lejos, lo mismo que a su fiador, mientras en el pueblo se cerraban las
+casas al anochecer y no se dejaban, de puertas afuera, ni las gallinas
+en sus «albergaderos» provisionales. En cuanto al Pomar ausente, sólo se
+sabía de él, por referencias de su hermano, que andaba bien de salud y
+que no tardaría en llegar, porque habría en la mina de oro empleos de
+mucho lucro para los dos.
+
+¡Morrocotudos consanguíneos me había encontrado yo en aquellas alturas
+de Cantabria! Tenía razón Neluco: merecían ser conocidos de cerca por mí
+el solar y los solariegos. Por este lado, no me iba dando el viaje
+motivos para renegar de él.
+
+Tomando el tente en pie que nos sirvió el tabernero con excelente
+voluntad y poquísima limpieza, y reanimados los bríos de las
+cabalgaduras con no sé qué brozas nutritivas que se hallaron en el pajar
+de la taberna y en el granero de un vecino, volvimos a montar Neluco y
+yo para seguir nuestro camino, del que nos faltaba todavía lo más largo
+y lo peor, según el médico me dijo al cabalgar.
+
+Dejado el pueblo atrás y comenzando ya a descender la cambera por la
+otra vertiente del monte, nos hallamos tope a tope con los dos
+comensales de marras, que estaban tomando el sol arrimados de espaldas a
+un vallado y apurando unas colillas. Entonces se trocaron los papeles en
+lo tocante a miradas: con ser mucha la curiosidad con que los miramos
+nosotros, fueron mucho mayores la fijeza y la intensidad de las miradas
+de ellos, sobre todo las dirigidas a mí, y especialmente la de mi
+consanguíneo. Ni siquiera nos honraron con el ademán cortés con el cual
+se despidieron en la taberna. Verdad es también que la cara que les
+pusimos nosotros no era para engendrar respuestas de cortesía. Al
+cruzarme con ellos llevé instintivamente la diestra a la cintura, donde
+tenía, debajo de la espesa cazadora, un revólver de seis tiros, y bien
+sabe Dios que no por recelo de los hombres. Neluco, que también le
+llevaba, pero en una de las pistoleras de su silla, se sonrió al
+observar el movimiento y conocer mis intenciones, y me dijo:
+
+--No irán tan allá las cosas, esté usted seguro de ello. Necesitan vivir
+bien con la justicia hasta llegar a sus fines, si es que tienen alguno
+malo entre cejas; y si le tienen, no es de asaltar en despoblado al
+primer transeúnte que se les ponga a tiro. Sin embargo, no están de más
+las precauciones como las nuestras, aunque hayan sido tomadas contra las
+alimañas del monte, sin acordarnos de las vilezas de cierta casta de
+hombres desconocida en estos honrados valles. De todas maneras, prometo
+resarcirle a usted esta tarde y esta noche, pero muy cumplidamente, con
+impresiones más gratas, de los amargores que le va causando a usted en
+su paladar de hombre honrado nuestra jornada hasta aquí.
+
+Pedíle a Dios que así fuera, y continuamos bajando y departiendo al
+acompasado gatear de nuestras firmes cabalgaduras.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Por dónde me iba conduciendo el empecatado mediquillo de Tablanca, me
+sería imposible decirlo ni aun con el plano del terreno a la vista.
+Alguna vez creí hallarme en un pedazo de senda recorrida días atrás en
+compañía de don Sabas; pero sin darme tiempo para salir de dudas, dejaba
+mi conductor aquel camino trillado y echaba por donde menos era de
+esperarse. Su caballo era una cabra, y él una ventolera que le
+arrastraba por lo más inverosímil de lo penoso y atrevido. Para aquel
+diabólico centauro, todo atajo era andadero, lo mismo por los jarales de
+las faldas que por los riscos de las cumbres. El caso era rodear poco y
+llegar cuanto antes, según él decía, mientras dejaba yo en cuarentena la
+sinceridad de su afirmación, que bien pudiera ser encubridora de antojos
+irresistibles de un montañés tan castizo como Neluco. Porque es lo
+cierto que no subíamos a una altura ni bajábamos a una hondonada sin que
+el médico hiciera ardorosos panegíricos de lo que se veía desde arriba o
+desde abajo. Para mí, quebrantado e insensible de alma y cuerpo, todo
+era ya igual y de un mismo color; y hasta del vértigo de los grandes
+asomos estaba curado con la frecuencia de verlos aquel día; y cuidado
+que los hubo tan tremendos y de senda tan angosta, retorcida y ladeada,
+que el mismo Neluco se apeó para pasarlos... tapándose la cara con el
+sombrero por el lado del abismo. De bajadas «pendias», no se diga:
+aquello fue despeñarse más que bajar.
+
+Cuando menos lo esperaba, me encontré en el Puerto, que me pareció menos
+interesante que la primera vez, porque le veía a la inversa de entonces,
+con la línea insulsa de la sierra baja por gran parte de su fondo, en
+lugar de las grandiosas montañas que en esta segunda visita iban
+quedando a mi espalda. También flotaban sobre él las nieblas, como en el
+monte por donde habíamos subido, y también lo deploró Neluco, porque me
+impedían gozar del espectáculo admirable, que tanto me había ponderado
+Chisco a su modo. Pero ¿qué podía faltarme de ver en punto a panoramas,
+después de los que había visto con el Cura desde muy cerca de allí?
+Referíle, mientras nos internábamos en aquel escabroso desierto, lo del
+oso «hecho un reguñu» encontrado allí la otra vez, según afirmación de
+mi espolique. No le sorprendió el caso, porque tenía noticia de otros
+semejantes. Sin embargo de lo cual, me añadió, en aquel mismo puerto
+pastaban en los primeros meses del verano, y sin riesgo alguno por lo
+común, muchas cabañas de ganado, hasta de los valles de la marina, y aun
+me enseñó algunas chozas de vaqueros, recientemente abandonadas y que
+muy pronto desaparecerían bajo la nieve. Tampoco me pareció tan larga
+como la primera vez la travesía, ni tan fatigosa la contemplación
+continua de su aridez, lo cual pudo consistir en que hice la entrada por
+distinta «puerta» que la salida de entonces, o en el hábito adquirido ya
+por mí de andar entre montañas, y muy principalmente en lo agradable de
+la compañía de Neluco.
+
+Al fin traspusimos la cumbre de la sierra que limita el Puerto hacia el
+Sur, y volví a contemplar la verde y extensa planicie del valle de los
+tres Campóes. Con aquel espectáculo revivió mi espíritu adormilado, y
+comencé a respirar con avidez el aire de la hermosa vega, como si me
+hubiera faltado hasta entonces el necesario para la vida; caso que no
+admiró a Neluco por lo raro cuando se le declaré, porque, por una ley
+fisiológica, del peso «ideal» de las grandes moles que agobia a los
+espíritus avezados a las llanuras abiertas y despejadas, participa el
+organismo físico también. Bajando sin cesar nuestras cabalgaduras, que
+ya no podían con el rabo, por los senderos que yo había conocido al
+subir, a media bajada se salió de ellos Neluco y tomó por otro hacia la
+derecha. A poco rato de andar en él, descubrimos en el extremo del valle
+más arrimado a aquella estribación de la sierra y debajo de nosotros,
+una gran torre señorial con un grupo de edificios agregados a ella, a
+corta distancia de un pueblecillo agrupado en una frondosa rinconada del
+monte.
+
+Señalando al pueblo y luego a la torre y sus accesorias, y deteniendo al
+mismo tiempo su caballo, me dijo Neluco:
+
+--Aquel lugarejo es Provedaño, y aquí está el fin de nuestra jornada de
+hoy.
+
+Después tendió la vista por el esplendente panorama del valle, y fue
+dándome sobre él todas las noticias que me había dado Chisco, y otras
+muchas más. Convino conmigo en que sin dejar de ser montañés todo el
+conjunto del paisaje, tenía impreso ya en sus líneas y en sus tonos el
+influjo de sus vecindades castellanas, y continuamos bajando.
+
+Cuando acabamos de bajar al valle, yo no me satisfacía con esparcir la
+vista sobre él, ni con aspirar la fragancia de sus praderas
+aterciopeladas: me hubiera revolcado en ellas de buena gana como una
+bestia; y como una bestia envidiaba a las que andaban libres y paciendo
+por allí. Consulté con Neluco esta bestial ocurrencia, y la celebramos
+los dos con grandes risotadas; pero así y todo, no faltaron un par de
+razones, fisiológicas también, apuntadas por el médico y discutidas por
+ambos, para explicar el antojo muy «racionalmente».
+
+Resistiéndose todavía Neluco a ampliar los escasos informes que me había
+dado por el camino sobre la persona a quien íbamos a visitar, anduvimos
+por lo llano un corto trecho, y llegamos, no a la torre, sino a la
+trasera de un cuerpo del edificio que se unía a ella por el muro de una
+portalada. Entre esta fachada del edificio y nosotros se interponía otro
+muro más bajo que la amparaba en toda su longitud, y por encima de este
+muro se veía un carro de bueyes arrimado al edificio y paralelo a él; en
+el carro había una carga de heno «verde», según mi modo de ver, y según
+el más autorizado de Neluco, de retoño «seco»; y sobre la carga, un
+hombre de alta estatura que lanzaba con impetuoso brío grandes
+«horconadas» de ella a un boquerón de la pared, donde las recogía otra
+persona y las conducía más adentro. Nada de particular tenía todo esto;
+pero sí lo tuvo, y mucho para mí, lo que sucedió enseguida; y fue que,
+vuelto de repente hacia nosotros el hombre que descargaba el carro, y
+mientras nos miraba frunciendo mucho los ojos, apoyándose gallardamente
+en el horcón clavado por sus puntas en el heno, observé que Neluco se
+descubría delante de él y le saludaba con el nombre del caballero a
+quien íbamos a visitar. Descubríme entonces yo también, lleno de
+extrañeza, y nos apeamos los dos, casi al mismo tiempo que el
+descargador del heno saltaba del carro abajo, muy diligente y airoso,
+por la rabera.
+
+Representaba cincuenta años, bien corridos; tenía buen color, la cabeza
+muy poblada de pelo alborotado y recio, la cara pequeña y enjuta, y aún
+parecía más chica de lo que era, por lo espeso de la barba que le
+ocupaba la mitad; la barba y el pelo, empezando a encanecer; la frente
+ancha, y destacado el entrecejo; la nariz curva, y la mirada de sus
+ojuelos verdes, firme y escrutadora; cara, en fin, cervantesca y un
+tanto «aquijotada». Daba grandes pasos con sus largas piernas al
+dirigirse a nosotros que le salimos al encuentro, y balanceaba el
+cuerpo, nervudo y cenceño y algo inclinado hacia adelante, al compás de
+las zancadas; vestía un traje modesto de paño obscuro, fuerte y barato,
+y calzaba abarcas de tarugos.
+
+Conoció al mediquillo de Tablanca y le abrazó muy regocijado y cariñoso;
+a mí me saludó con la cortesía y los ademanes de un gran señor, de los
+exquisitamente educados; porque los hay de ellos sin pizca de educación.
+Cuando supo quién era yo, por boca de Neluco, estrechó con efusión mi
+mano entre las suyas, que me parecieron, por lo fuertes y aun por la
+aspereza de sus palmas, mejor que de carne y hueso, del roble secular de
+aquellos erguidos montes.
+
+Con voz de escaso timbre y algo desafinada, como la de todos los sordos,
+pues lo era él y más que en grado de «teniente», me dijo:
+
+--No le pido a usted perdón por los hábitos y ocupaciones en que me
+encuentra, porque si tuviera a mengua emplearme tan a menudo como me
+empleo en estas rudas labores, no me empleara. No me dan ellas todo el
+pan que me nutre el cuerpo, pero me ayudan a conservarle; y como a la
+par que convenientes, me son muy agradables y las tengo por honrosas, ¿a
+qué acusarme de ellas como de un pecado contra los timbres de mi linaje?
+
+Al saber después que íbamos con propósito de pasar allí la noche,
+volvióse rápidamente hacia Neluco y le dijo con afable sonrisa:
+
+--Pues de ese modo, y ya que conoces bien la casa, encárgate tú de hacer
+los honores de ella a este caballero, mientras yo doy aquí abajo algunas
+disposiciones que son necesarias para quedar enteramente a la de
+ustedes. Entren, pues; suban, pidan y tomen cuanto apetezcan de lo que
+haya.
+
+Con esto me empujó suavemente hacia la torre; cogió enseguida los dos
+jamelgos por los bridones, y los arrastró materialmente hacia la
+portilla por donde había salido del cercado, mientras llamaba con toda
+su voz al sirviente que debía encargarse de ellos.
+
+Guióme Neluco y seguíle yo: estaba abierta la portalada, embutida entre
+la torre y un extremo de los edificios que forman dos lados de la
+espaciosa corralada en que entramos, cerrándola por el otro lado un muro
+que une otra esquina de la torre con la fachada frontera de la escuadra
+de edificios. Estos eran tres, aunque en una sola pieza y de una misma
+altura, y de distinta época cada uno de ellos; pero todos más modernos
+que la torre, particularmente el principal. No era esta casa tan
+ostentosa como la de los Pomares de Promisiones; pero sí tan «bien
+nacida», y desde luego más rancia de linaje. Buena huerta y grandes
+cercados en las inmediaciones de la corralada. Lo más notable de todo
+ello fue para mí la torre, de la que daban dos fachadas al corral, en
+una de las cuales, y no en su centro, estaba la puerta de ingreso a
+ella, baja y angosta y reforzada con enormes clavos y grandes barrotes
+de hierro mohoso. Tenía cuatro pisos y terminaba en un gracioso parapeto
+con gárgolas de piedra para desagüe del tejadillo apuntado. Parecióme
+una construcción de venerable antigüedad, y no me equivoqué en el
+supuesto.
+
+Después de dar un vistazo general a todos aquellos característicos
+accesorios, cuadras y gallineros inclusive, de la mansión del caballero
+a quien íbamos a visitar, y siempre bajo la dirección de Neluco, seguíle
+yo estragal adentro y escalera arriba, y así llegamos a la pieza que
+podía llamarse estrado o salón de recibir, amplia, con luces a un gran
+balcón de hierro, de viguetería descubierta y suelo de recias tablas de
+castaño. Colgaban de las paredes algunos retratos viejos, de familia,
+por orden de antigüedad, desde la cota de malla hasta la peluca y las
+chorreras; dos grandes cornucopias de talla dorada, semejantes a las que
+había en mi habitación de la casona de Tablanca, y un San Jerónimo
+penitente, muy estropeado. Los muebles no guardaban estilo ni orden ni
+concierto, y en cada uno de ellos y en el conjunto de lo que contenía
+todo el salón, y en el salón mismo, se echaba muy de menos la huella de
+la hábil mano de la «señora de su casa», que faltaba en aquélla por no
+haberla necesitado aún su dueño para arrojar la cruz de su soledad, que
+no debía pesarle mucho. De seguro que no hubiera consentido esa señora
+rimeros de libracos viejos y apolillados sobre el sofá de damasco rojo,
+ni un banco de roble tallado entre dos sillas de _reps_ verde, ni dos
+pedruscos célticos y una escombrera de cascotes romanos encima del banco
+de roble y de la consola de nogal, no obstante ser los unos y los otros
+buena presa del solariego en sus incesantes exploraciones arqueológicas
+en aquellas comarcas y sus aledaños; ni una escopeta detrás de la puerta
+del balcón, ni una colodra colgada de un retrato. También hubiera
+hallado la señora ausente mucho que ordenar, o siquiera que despolvorear
+y aun que barrer, en la pieza inmediata, que era el despacho o cuarto de
+estudio del señor. Porque ¡válgame el de los cielos! ¡Cómo estaba
+también de libros fuera de sus estantes, y de resmas de periódicos, y de
+fajos de papeles, y de montones de revistas, y de huesos fósiles, y de
+candilejas y «escudillas» romanas, y de bronces herrumbrosos, y de
+ejemplares de panojas de muchas castas, en las sillas, por los suelos,
+en la mesa de escribir y creo que hasta en el aire!
+
+Andando en estas investigaciones, se nos presentó una mujer más que
+cincuentona, limpia y afable, a preguntarnos qué queríamos tomar
+mientras llegaba la hora de la cena, que en aquella casa era la de las
+ocho; porque barruntaba que debíamos de venir desfallecidos... Dímosle
+las gracias, asegurándola que de ningún alimento necesitábamos hasta la
+hora de cenar, y volvió a dejarnos solos.
+
+Todavía se negaba Neluco a suministrarme las noticias que yo le pedía
+sobre el modo de ser de aquel caballero de tan extrañas y llamativas
+prendas, porque prefería que fuera él mismo dándoseme a conocer... y
+«después hablaríamos». Por de pronto, leyendo los rótulos de algunos
+libros de los estantes, sacó el médico uno de ellos y le puso en mis
+manos.
+
+--Esta es obra suya--me dijo al mismo tiempo--, recientemente impresa
+por la Real Academia Española después de haberla premiado en público
+certamen.
+
+Titulábase: _Ensayo histórico, etimológico y filológico sobre los
+apellidos castellanos desde el siglo X hasta nuestra edad_.
+
+--Y esta otra--añadió Neluco, mientras yo leía el índice de la primera,
+mostrándome el rótulo de otro libro--: _Noticia histórica de las
+behetrías, primitivas libertades Castellanas..._ Este libro es un
+asombro de erudición y de ingenio, y es muy de admirar por el
+«montañesismo» que respira, y el tradicionalismo «científico» y
+patriarcalmente democrático en que está inspirado. Demuéstrase en él,
+entre otras cosas, por las leyes del Concejo, la antigua y suma
+importancia de la ganadería en la Montaña. Y ésta más, _Los Eddas_,
+traducción del poema de este nombre, algo como la _Iliada_ de los
+suecos: es empresa de los albores literarios de nuestro amigo. Después,
+en cada periódico y en cada revista de los que andan desparramados por
+aquí, hay algún trabajo de erudición o de crítica, y todos ellos
+enderezados al bien y a la mayor gloria de la provincia, que la tiene
+muy señalada en contarle a él entre sus hijos, y particularmente de la
+comarca en que nació, vive y desea morir... ¿Ve usted?... _Los
+Garcilasos_... admirable serie biográfica de esta dinastía de guerreros
+y de poetas de entronque montañés... Veamos qué rollo es éste... tire
+usted hacia allá, porque no va a caber en la mesa... Un plano hecho y
+firmado por él, y bien recientemente. Ya tenía yo alguna noticia de este
+trabajo estupendo. _Proyecto de encauce y riegos del Híjar desde Riaño a
+Reinosa..._ Parece la obra de un consumado ingeniero... Pues de seguro
+tiene este cartapacio lleno de apuntes de trabajos en preparación. ¿No
+lo dije?... _La parte de los navegantes montañeses en el descubrimiento
+de América... Biografía del célebre poeta dramático D. Pedro Calderón de
+la Barca... Juan de la Cosa..._
+
+--Me consta que tiene dos novelas y una leyenda inédita porque he visto
+los manuscritos, históricas y montañesas también... De su estilo
+gallardo, brioso, castellano limpio, neto como la sangre que corre por
+sus venas; de su modo de ver y de sentir la tierra madre y de cantar su
+hermosura, ya se irá usted enterando cuando le admire en sus escritos...
+Pero ¡canario! permítame usted que le diga con esta franqueza que debe
+de haber entre hombres formales como nosotros, que no tiene usted perdón
+de Dios al obligarme a mí a que le entere de estas cosas que debieran
+serle muy conocidas, siquiera por lo que tiene de montañesa su sangre,
+ya que no (aunque esto debiera bastar) por ser toda ella española.
+
+Tenía razón Neluco, y así se lo confesé con la mayor frescura. ¡Ah, pues
+si él hubiera sabido hasta dónde llegaba mi ignorancia en esos
+particulares!... ¡que toda mi erudición bibliográfica española cabía
+holgadamente en un papel de cigarro! Fuera de los escritores de Madrid,
+no conocía uno solo, ni de nombre. Por fortuna, no insistió Neluco en el
+tema; que si insiste, canto de plano. Y ¿a qué negarlo, si era la pura
+verdad y yo, hasta entonces, no me había avergonzado de ella?
+
+En éstas y otras, como ya anochecía y andábamos casi a tientas entre los
+papelotes del despacho, volvimos al salón, precisamente al mismo tiempo
+que entraba en él el señor de la casa, con un quinqué encendido en la
+mano. Nos pidió perdón por la tardanza después de darnos las buenas
+noches, y continuó andando hacia su despacho en cuya mesa puso el
+quinqué. Retrocedimos tras él nosotros... y ¡nueva sorpresa para mí! El
+rústico descargador de yerba había sustituido los burdos ropajes del
+oficio con una levita cerrada y todos los accesorios correspondientes a
+esa prenda de sempiterna distinción, incluso el aliño, muy esmerado, de
+la barba y del cabello. Más que un señor de aldea con resabios de
+labriego, me pareció entonces aquel singular campurriano un personaje de
+corte, un ministro, o cosa así, que se disponía a dar audiencia. Tan
+bien le sentaba la levita, y tan aseñorados eran sus modales.
+
+Como al andar enfrascado en estas reflexiones le mirara yo de arriba
+abajo con mal disimulada curiosidad, notóla él y me dijo sonriéndose:
+
+--No crea usted, amigo mío, que me he vestido estos atalajes señoriles
+para que se vea que los tengo. No llegan a tanto mis flaquezas de
+infanzón sin privilegios. Neluco lo sabe bien. Pero me gusta dar a cada
+cual lo que merece, y no tengo todavía bastante franqueza con usted, que
+es caballero y hombre de mundo, para recibirle en mi casa, por primera
+vez, vestido de carretero. Va, pues, con usted, como ha ido antes con
+otros, este ceremonial; y no me lo agradezca, porque es deuda de
+homenaje que le rindo muy gustoso.
+
+La verdad es que no hallé en mi repertorio de frases hechas y aceptadas
+en la«buena sociedad» para «cumplir» en lances tales, un par de ellas
+que entonaran debidamente con aquel modelo de hidalga cortesía, y que me
+despaché de mala manera con cuatro vulgaridades ramplonas, mal
+hilvanadas y entre dientes. Enseguida empezó lo que pudiera llamarse, en
+estilo parlamentario, la sesión.
+
+Recién llegado por primera vez a la Montaña, oriundo de ella y vástago
+de una familia conocidísima del señor aquél, evidente era que había de
+ser yo la materia prima de la conversación que se entablara allí. Y eso
+sucedió. Respondiendo a sus discretas preguntas, fui entregándole, con
+el pasaporte, toda mi hoja de servicios y merecimientos, que, en Dios y
+en mi ánima lo juro, nunca me parecieron menos ni más dignos de ser
+desconocidos; y eso que sólo declaré los más indispensables. Algo saqué
+en limpio, sin embargo, y de mi gusto, de la ingrata tarea, y fue el
+conocer, a mi vez, algunos antecedentes de la vida y milagros de mi
+respetable huésped; entre otros, que después de terminada su carrera de
+abogado, había sido, durante algunos años, periodista en Madrid a la
+manera de entonces, tan diferente de la de ahora, discutiendo y
+exponiendo mucho y batallando poco; gallardías de torneo más que guerra
+implacable de pasiones; y que había vivido largo tiempo en varias
+provincias de España, unas veces por gusto y otras desempeñando, cargos
+públicos importantes.
+
+Tras éstas y otras análogas materias, vinimos al caso concreto de mi
+llegada a la Montaña y sus motivos.
+
+¡Ah, qué atinado, qué elocuente y qué «hondo» estuvo en este particular
+aquel caballero! ¡Qué bien conocía a mi tío, qué magistralmente me le
+pintaba, y cuán sinceramente deploraba su estado de salud después de
+haber oído de boca de Neluco su irrevocable sentencia de muerte!
+
+--No sabe Tablanca lo que pierde en él--nos dijo--, ni lo sabrán los
+valles circunvecinos, que tan poco se pagan hoy de su raro ejemplo y de
+su obra admirable.
+
+Pues sobre esta obra, ¡qué cosas me dijo también! En su concepto, sólo
+podían estimarla los hombres esforzados que se pasaban la vida
+consagrados al mismo generoso empeño sin lograr fruto alguno. ¿No tenían
+todos los terrenos los mismos elementos de fertilidad? ¿Había
+diferencias de consideración entre semillas que parecían idénticas?
+¿Dependían los frutos de la manera de sembrar?
+
+Él no sabía a qué atenerse en vista de lo que le iba enseñando la propia
+observación en muchos ejemplos que había estudiado muy de cerca. A veces
+veía un mal común y relativamente nuevo, que le parecía la causa mediata
+de que se estrellaran en el fracaso los más heroicos y desinteresados
+intentos; pero ¿por qué no se habían estrellado los de don Celso en el
+mismo escollo? Es verdad que don Celso había recibido de algunos
+antepasados suyos bien dispuesto y preparado el campo para su labor
+benéfica; pero también se había dado este caso en otras partes, y, sin
+embargo, el mal nuevo había logrado triunfar en ellas. Pertenecía don
+Celso a una casta de hombres, muy contados, que poseen, como un don de
+Dios, el instinto de ver el lado práctico de todas las cosas, y la
+virtud de imponerse, sin aparatos retóricos ni artificios teatrales, a
+las muchedumbres más indóciles, y de arrastrarlas hasta los últimos
+extremos de lo heroico. De esta madera habían sido los grandes guerreros
+y los ciudadanos más insignes. ¿Estaría el mérito de su cosecha en éste
+su modo de sembrar? De todas maneras, la obra de mi tío debía de vivir
+eternamente, como la de otros muchos bienhechores de su índole generosa.
+
+Y por aquí vino, por sus pasos contados, lo que estaba yo viendo venir
+rato hacía.
+
+--Es usted joven--llegó a decirme--, hecho y amoldado a la vida muelle y
+regalona de las grandes ciudades, y extraño enteramente, menos por su
+sangre, a este mundo en pequeño que rebulle y se agita entre los
+repliegues sombríos de estas comarcas grandiosas. ¡Qué
+lástima--añadió--, que todo esto junto sea un obstáculo, aunque no
+invencible, para que la labor de don Celso en Tablanca tenga en usted un
+apasionado continuador! Porque si usted no lo es, ¿quién va a serlo ya?
+
+Eludiendo una respuesta categórica a esta insinuación tan terminante,
+despachéme con un «¿quién sabe?» medio en broma, y esta pregunta que
+debía de alejar más de su tema al caballero:
+
+--Y en estas comarcas, ¿cómo andan esas cosas?
+
+--¡Oh!--me respondió en el acto, con un ademán que valía tanto como
+decir «no hablemos de eso»--. Por acá quisiera yo ver a don Celso...
+aunque ¡vaya usted a saber!... Lo que puedo afirmarle es que yo, con la
+pluma, con la palabra, con el ejemplo, de día, de noche, no he cesado de
+cumplir con mi deber: a eso he vuelto aquí, a eso consagro todo mi
+tiempo, en eso gasto mi salud y mi corto caudal... todo menos mi
+perseverancia, que es indestructible... pero como si sembrara en una
+peña; porque el mal nuevo arraigó muy hondamente aquí, o yo no me doy
+buen arte para extirparle.
+
+Seguidamente, y como para orientarme a su gusto en el terreno de que se
+trataba, comenzó a hablarme, como si lo fuera leyendo en un libro (tales
+eran la abundancia, la claridad y el método de lo que me exponía), de la
+organización patriarcal de aquellos pueblos desde las primeras
+«Hermandades» que se formaron en el siglo XI simultáneamente con las
+Cruzadas, desenvolviendo a mis ojos el cuadro vastísimo de la historia
+desde entonces acá, en rasgos tan breves como vigorosos y expresivos, y
+enlazando con los hechos más culminantes de ella y más gloriosos, los de
+aquella humilde raza de obscuros montañeses. ¡Oh! yo, que sólo los
+conocía vagamente por los ditirambos pomposos de mi padre en sus
+exaltaciones solariegas, ¡cuánto aprendí aquella noche, y con qué gusto,
+acerca de las interesantes vicisitudes por que ha pasado aquel esquivo
+rincón del mundo, aquella región cantábrica tan ignorada de extraños y
+aun de propios! Entonces comprendí lo que valían los libros y las
+investigaciones arqueológicas de aquel hombre, destinados a reivindicar
+para su «patria chica» las glorias que se le negaban en la grande,
+sacándolas del polvo de los archivos y debajo de las costras de la
+tierra.
+
+Llegados por caminos tan placenteros al prosaico terreno del día
+presente y a tratar de nuestro punto de partida, del llamado por él «mal
+nuevo» en aquéllas y otras comarcas rurales, díjonos, interrumpiendo lo
+que yo había comenzado a exponer y como salvedad que conceptuaba
+necesaria:
+
+--Debo advertir a ustedes que, aunque lo parezco en ocasiones, no soy,
+ni a cien leguas, un apasionado ciego de todo lo pasado. Creo, porque a
+la vista está, que las cosas se van modificando a medida que corre el
+tiempo, y lo del refrán castellano que «a otros tiempos, otras
+costumbres y otras leyes»; pero quiero, sin dejar por eso de ser hombre
+del día, antes al contrario, por lo mismo que lo soy, que esas
+modificaciones de las costumbres y de las leyes se deriven por su propio
+peso, digámoslo así, de la naturaleza de las cosas mismas; que las leyes
+se acomoden al modo de ser de los pueblos, no los pueblos a las leyes de
+otra parte porque en ella den buenos frutos. No todos los terrenos son
+iguales para recibir una buena semilla, como ya decíamos antes
+circunscribiéndonos a la pequeñez de estas comarcas agrestes; quiero, en
+fin, que lo que se ha promulgado por bueno y en la aplicación ha
+resultado malo, se modifique siquiera, para evitar nuevos desastres. Y
+con esta salvedad, continúo diciendo que en la imposibilidad de que
+males de tan hondas raíces se extirpen con el trabajo aislado de los
+hombres de buena voluntad, yo le diría al Estado desde aquí: «Tómate, en
+el concepto que más te plazca, lo que en buena y estricta justicia te
+debemos de nuestra pobreza para levantar las cargas comunes de la
+patria; pero déjanos lo demás para hacer de ello lo que mejor nos
+parezca; déjanos nuestros bienes comunales, nuestras sabias ordenanzas,
+nuestros tradicionales y libres concejos; en fin (y diciéndolo a la moda
+del día), nuestra autonomía municipal, y Cristo con todos.» Si de esta
+manera no se logra el fin que yo busco y ha logrado don Celso en su
+valle, le andaríamos muy cerca. Pero ¿cómo ha de dársenos eso si ha de
+vivir el desastrado sistema que nos rige y del cual reniegan ya sus más
+fervorosos admiradores? O mejor dicho, ¿cómo han de vivir sin el amparo
+de él, tal como está, los hombres que hoy se usan y nos gobiernan? ¿Cómo
+han de ser amos y señores de vidas y caudales si no tienen en sus manos
+todos los hilos por los cuales se conduce hasta los más escondidos
+rincones de la nación la voluntad, la amenaza y el zarpazo de la
+verdadera tiranía, mil veces peor que la muerte?... Y punto y aparte,
+porque si continúo por donde voy, pierdo los estribos.
+
+Neluco y yo, que le habíamos oído embelesados, le aplaudimos de muy
+buena gana, sobre todo Neluco, que era un cantabrazo como una loma; y
+como la sesión había sido larga y entró la mujer de antes a prevenirnos
+que estaba la cena dispuesta y a preguntar a su amo si la servía porque
+habían dado ya las ocho en el reló de «allá atrás», decidimos al punto
+afirmativamente Neluco y yo, por cortés delegación de aquél; apoderóse
+de la luz la sirvienta; salió del despacho delante de nosotros, y la
+seguimos los tres al comedor, que era otro salón bastante destartalado y
+muy frío, situado al Norte de la casa.
+
+
+
+
+XV
+
+
+La cena no fue muy variada, pero abundante y sabrosa. Allí todo
+participaba del carácter sano y austero del señor de la torre. Carne y
+leche en dos o tres formas, y algún fruto de la tierra. Poco más o
+menos, como en casa de mi tío. Pero la amenidad que le faltaba a la cena
+por su propia sencillez, la hallábamos Neluco y yo bien cumplida en la
+palabra de nuestro noble anfitrión. Aquel hombre era un pozo lleno,
+rebosando de saber, y en cuanto desplegaba los labios saltaban los
+chorros de ello. Tenía el suelo patrio embebido en la masa de la sangre,
+y por donde quiera que andaba con sus imaginaciones y sus discursos, iba
+a parar a él, y de él hablaba hasta con la lengua extraña de los poetas
+o de los historiadores o de los geógrafos de la antigüedad que le habían
+traído a cuento en sus estrofas o en sus libros inmortales. Y en esta
+tarea empeñado, tenía a veces inesperadas y súbitas salidas de su
+carril, aunque no del campo de sus disertaciones, verdaderamente
+geniales. Había demostrado, verbigracia, en un hermoso período, cómo la
+región montañesa del Norte de España fue poblada por los griegos antes
+que por los fenicios, con textos de Mela y de Strabón, según los cuales
+estos historiadores hallaron costumbres griegas en la Cantabria
+independiente hasta el tiempo de Augusto, añadiendo una larga lista de
+otras que aún se conservan hoy en aquellos valles, como el cantar de
+bodas, traducción, y quizás música, de los epitalamios griegos, y las
+lamentaciones por los difuntos, y saltó de pronto con la declaración
+terminante de que la famosa «Jota» que no solamente se canta en Aragón y
+Valencia, sino en Navarra y más arriba, hasta el nacimiento del Ebro en
+aquel valle de Campóo, era más española que africana (¡nunca había
+soñado yo que pudiera existir esa duda!). Y enseguida vinieron las
+probanzas originalísimas.
+
+--Además--recuerdo que añadió--, conservamos en la Montaña el baile
+guerrero de hombres solos, semejante al zorcico vascongado y a la «danza
+prima» de Asturias, hijos todos de los bailes celtas y celtibéricos con
+que en las noches de luna llena se celebraba a un solo Dios vagamente
+conocido.
+
+Yo no sé si todo esto era creíble al pie de la letra y fundamento sólido
+para su tesis; pero desde luego era simpático como chispazo escapado del
+martilleo sobre la principal, harto más seria y demostrable.
+
+Salieron a plaza también mis excursiones y entretenimientos desde que
+había llegado de Madrid. Díjele por dónde había andado y la cumbre más
+alta a que había subido en compañía de don Sabas.
+
+--Bien elegido estuvo el observatorio--me respondió--, aunque los
+conozco mejores todavía, como los conocerá don Sabas, si bien no tan a
+la mano como ése, que es lo suficiente para admirar la Naturaleza en uno
+de sus aspectos más esplendentes un novicio en esas cosas. Desde ese
+observatorio--prosiguió entusiasmándose--, tendría usted a la espalda
+las rocas siempre nevadas en que vive a sus anchas la gamuza; más abajo
+el verde obscuro de los robledales junto al claro de las hayas... en
+fin, el oasis lebaniense donde la vid y el olivo vegetan como en
+Andalucía, como en Rioja y Aragón, cuyas cumbres pudo divisar por el
+otro lado siguiendo la ondulante marcha del Ebro. Mirando al Norte,
+columbraría nuestro mar, nuestro Cantábrico tremebundo; y al Mediodía,
+la inmensa planicie de Castilla la Vieja. ¡Hermosa cátedra para una
+lección de Historia Montañesa!... Aunque lejos, se distingue también la
+roca tajada que permite cerrar con una portilla el puerto de Aliba y el
+despeñadero en que vino a concluir la oleada mahometana rechazada en
+Covadonga; al Este, después de Reinosa y de la pantanosa llanura de la
+Vilga, una montaña bruscamente cortada como por la mano de un titán,
+dejando aislada una puntiaguda cumbre: aquél es el «Cuerno de Bezana», y
+a su mismo pie hay otras dos maravillas naturales: la cueva de
+Sotos-Cueva, cuyo fin nadie ha tocado, porque probablemente acaba en
+maravilla mayor: un lago subterráneo donde se sumen las aguas de todo
+aquel valle. Allí hubo otra batalla como la de Covadonga y en aquel
+mismo siglo, aunque no fue tan celebrada porque fueron vencedores los
+moros cordobeses. Al pie de otra sierra que se desprende hacia el Sur y
+vuelve al Este encadenando al Ebro, está Brañosera, y poco más abajo
+Aguilar de Campóo, la manida de osos y el nido de águilas, principio de
+otro raudal de hombres no menos fieros, que después de asolar, al mando
+de Alfonso I, los campos góticos fueron repoblándolos lentamente de
+castellanos. En fin, para acabar pronto este bosquejo del gran cuadro
+que sólo puede apreciarse desde aquel punto de vista, si quiso usted
+recrear la suya en la contemplación de otra belleza más que las
+naturales, también la hallaría debida a las manos del hombre: vería
+cruzar su espíritu de fuego tajando el cerro donde estuvo Juliobriga,
+horadando montañas como el rayo; y siguiendo con la vista su penacho de
+humo que ondula y desaparece entre los valles, divisaría en la playa el
+fin de su viaje, Santander. Todavía mis ojos cuentan uno por uno sus
+palacios y casas principales, y descollando sobre todas, la de Dios, la
+Catedral. Pues con ser muchas y grandes estas maravillas que usted vio,
+aun pueden verse más y mayores. Buena ocasión de ello tiene usted ahora,
+porque el observatorio está menos lejos de aquí que de Tablanca, y yo me
+brindo con mucho gusto a servirle a usted de guía.
+
+Agradecí en el alma la invitación; pero me excusé de aceptarla,
+fundándome en la promesa hecha a mi tío de volver a su casa al día
+siguiente, y en los deberes profesionales de mi acompañante, que le
+obligaban a no alejarse por mucho tiempo de su partido. En rigor de
+verdad, me sentía yo muy poco tentado de lo que se me ofrecía, porque no
+estaba mi cuerpo, hecho alheña, para macerado de nuevo sin otro
+estimulante más enérgico que el de ver un panorama algo más extenso que
+el que ya había visto.
+
+--Como, usted guste--me respondió el obsequioso caballero--, y lo que
+más grato y cómodo le sea.
+
+Hablando del camino que habíamos llevado hasta allí desde Tablanca, no
+podía omitirse lo de la casa de los Gómez de Pomar, ni lo del encuentro
+con uno de ellos en el pueblo de más arriba. A todo este relato prestó
+grandísima atención nuestro huésped, pero sin decir una palabra durante
+ni después de él.
+
+Todas sus impresiones estallaron en un gesto y un ademán en que se
+transparentaban, centelleando, la repugnancia y la conmiseración.
+
+La sobremesa había durado cerca de dos horas, como nos lo hizo notar el
+caballero juzgando que desearíamos descansar; y como ésta era la verdad,
+aunque estábamos muy bien entretenidos a su lado, diose por terminada la
+conversación, condújonos a nuestros respectivos dormitorios y encerréme
+yo en el mío, contemplando la cama, de anticuada forma, pero limpia y
+bien mullida, como la tentación más seductora de cuantas había sentido
+desde mi salida de Tablanca al amanecer de aquel día.
+
+Caí en el lecho como un tronco derribado, dudoso, en el crepúsculo de mi
+somnolencia, entre si me derribaban los quebrantos de mi fatigosa
+jornada de todo el día, o el peso de la balumba de «cosas» que me había
+ingerido en el cerebro adormilado la inagotable erudición del solariego.
+Celtíberos, Agripa, legionarios, Augusto, cántabros, godos, mahometanos,
+Guadalete, Covadonga, Don Pelayo, las Cruzadas, Sotos-Cueva, panoramas
+esplendentes, campos sangrientos de batallas, rocas escarpadas, negros y
+rugientes abismos, el Cantábrico, las danzas guerreras a la luz de la
+luna, los lamentos por los difuntos... todo esto se movía a la vez y
+rechispeaba en las oscuridades de mi cabeza; y al desacordado son de sus
+estrépitos y al peso de sus feroces sacudidas, me dormí. Pero siguió la
+danza de las visiones dándome tema para los delirios de mi sueño.
+Aquello parecía el fin del mundo: legiones enteras de romanos
+despeñándose por las laderas de los montes; masas de huestes africanas
+hinchiendo los desfiladeros de Covadonga y ahogándose en la propia
+sangre que corría por el fondo tenebroso de todas las barrancas;
+después, huyendo despavorida de la persecución de los fieros montañeses,
+otra masa, la de los sobrevivientes mahometanos, trepando Picos arriba
+entre los aullidos de la tempestad, para ir a despeñarse a la vertiente
+opuesta y bajar convertida en rimeros de cadáveres con las enrojecidas
+aguas del Deva, hasta desaparecer entre el fiero oleaje del embravecido
+mar Cantábrico, que también ayudaba a los cristianos contra los moros.
+Águilas y buitres cerniéndose sobre aquellas carnicerías espantosas;
+picachos desgajándose por sí propios para consumar la obra exterminadora
+de los valientes mesnaderos de los señores godos de Cantabria; cuevas
+sin fin, oscuras, de enormes antros, fríos y viscosos, repletos de moros
+y romanos descuartizados y hediondos; bosques inextricables en que se
+perdían la senda y la respiración; rocas tajadas sobre abismos
+insondables; gemidos de agonía entre gritos desaforados de libertad;
+valles risueños inundados de luz; danzas, cánticos y juegos en sus
+praderas rozagantes, y paz y abundancia en sus hogares rústicos;
+después, la nube negra cargada de rayos y pedriscos, pasando sobre ello
+empujada por el soplo de los hombres malos, arrasándolo todo, haciendo
+estériles los campos fecundos y trocando en odios y en guerras
+implacables y continuas, el amor y la paz que antes reinaban entre sus
+habitadores. Y a todo esto, en los campos de batalla, en los
+desfiladeros, en las escarpadas laderas, en todas partes donde había
+moros, o romanos, o gentes enemigas de la fe cristiana o de las patrias
+libertades, o del común sosiego o de los fueros de la justicia, se veía,
+veloz como la centella, fiero como el león, un hombre largo y enjuto,
+cabalgando en un rocín de escasa talla, sin casco ni armadura, con la
+cabeza descubierta y bañada en luz, el pelo revuelto y las barbas
+erizadas, entrando por lo más espeso de la refriega, enristrada la
+lanza.. ¡qué digo lanza! un horcón de dos puntas, y con ellas
+desbaratando enemigos y lanzándolos al aire, como paja con el bieldo;
+volando después, mejor que saltando, sobre los abismos, entre los
+bosques, y peleando incansable e invencible hasta con las nubes cargadas
+de rayos y pedriscos y con los hombres malos que las empujaban contra la
+santa libertad de los pueblos y los fueros sagrados de la justicia. Y
+aquel hombre incansable e invencible, ¡cosa extraña!... era el solariego
+en cuya casa estaba yo pasando la noche.
+
+Toda ella me duró la pesadilla, sin un instante de reposo; y puedo
+afirmarlo, porque al despertarme con la fuerza de la emoción que me
+produjo la última «horconada» del caballero, dirigida contra uno de los
+hombres malos que empujaban la nube negra, y resultó ser una persona de
+Madrid a quien yo conocía mucho de vista y de fama, observé que entraba
+la luz por el cuarterón de la ventana de mi dormitorio que había quedado
+a medio cerrar al acostarme. Salté entonces de la cama para acabar de
+despabilarme y de sosegar con ello el agitado espíritu, y me asomé al
+cuarterón entreabierto. ¡Otra sorpresa! En el cercado inmediato estaba
+el solariego con el traje basto y las abarcas de tarugos, segando a más
+y mejor un retoño que parecía terciopelo salpicado de brillantes; y
+detrás de él iba otro segador que por más que menudeaba las «cambadas»
+en la faja de prado que le correspondía, no lograba picarle las
+almadreñas. Con tal empuje y tal soltura «tiraba» el dalle el solariego.
+Por los «lombíos» que había tumbados ya y la hora que marcaba mi reló,
+poco más de las siete de la mañana, supuse que había comenzado la faena
+a punto de amanecer.
+
+En esto llamó a la puerta de mi cuarto Neluco que iba a despertarme,
+porque era largo el camino que nos aguardaba y debíamos de aprovechar de
+la mañana todo lo posible para andarle. Entró, y mientras yo me aviaba,
+le referí minuciosamente lo del sueño, después de haberle enseñado desde
+el cuarterón al solariego en la pradera. Le interesó el relato de mi
+pesadilla; pero no le sorprendió lo más mínimo ver al caballero segando
+y tan de mañana, porque le tenía bien conocido y sabía que madrugaba más
+que el sol.
+
+Una hora después nos desayunábamos en el comedor en compañía del
+solariego, no tan elegante como por la noche pero pulcro y aseado y
+mucho mejor vestido que cuando segaba. Acordóse allí que fuera nuestra
+salida a media mañana, a más tardar; y para aprovechar bien el escaso
+tiempo que teníamos disponible hasta entonces, se abrevió la sobremesa y
+nos llevó el obsequioso huésped, acompañado de Neluco, a una solana que
+dominaba bien el valle, sobre el que me dio nuevos y curiosos informes,
+concluyendo por aconsejarme que no hiciera caso de los hidrólogos que
+sostienen que los manantiales del Ebro son filtraciones del Híjar,
+porque él mismo había estimado los niveles de ambos ríos, y resultaba
+mucho más alto el del primero que el del segundo, sin contar con que las
+aguas de uno y otro son de diferente color.
+
+Después me habló de la torre que se veía muy bien desde allí, y lo que
+sobre ella me dijo, por convenir en todo o en gran parte a otras muchas
+semejantes de la Montaña, merece los honores de no ser olvidado. El
+edificio está deshabitado desde el siglo XV, y ruinoso, por
+consiguiente, en particular por dentro, razón por la que me «le explicó»
+el solariego desde afuera y del siguiente modo, palabra más o menos:
+
+--La disposición que tienen sus pisos (el bajo, bodega y saladero de
+carnes; el principal, que parece fue salón de recibo y banquetes, y los
+dos últimos que se comunican por medio de trampas al fin de cada
+escalera) demuestra que ni de los domésticos se fiaban los amos. En el
+último piso se hallan ventanas más altas y adornadas, con asientos de
+piedra a los lados, que servirían a las castellanas y sus hijas o
+criadas para ocuparse en labores de su sexo. Repare usted que no tiene
+almenas, sino un parapeto o prolongación de la pared, a mayor altura que
+el tejado, cuyas aguas salen al exterior por gárgolas de piedra. Y si
+este parapeto servía para ofender a los que intentaran socavar los
+cimientos de la torre, la disposición de su ferrada puerta, como usted
+ve, no al medio, sino a un costado de esta fachada de Occidente, hace
+creer que se flanqueaba la entrada por medio de un balcón saliente, de
+piedra con matacanes o saeteras, situado en el centro y a la altura del
+primer piso, donde ahora se ve esa ventana cuadrada, mal acomodada al
+arco de salida que interiormente se conserva, y no hay en los otros dos
+frentes, provistos de ventanas ojivas o treboladas, mientras el del
+Norte sólo tiene las saeteras o aspilleras de todos... Vea usted sobre
+la puerta un pequeño escudo: acaso es el único que se conserva de los
+primitivos que se usaron, porque no tiene cimera o celada; y en la orla
+de dos ríos, toscamente diseñados, se ven armas y trofeos militares, aún
+más confusos, que algunos han tomado por letras desconocidas, y a otros
+se les antojaron cabezas de serpientes, cuando eran ellos los que no
+conocían las catapultas, escorpiones y bodoques usados como máquinas
+ofensivas antes de la invención de la pólvora, ni la caldera y pendón,
+insignia de los ricos-hombres o caudillos de mesnada. Estas señales y la
+certidumbre de que en España no se figuraron armas de linaje hasta fines
+del siglo XII, y muy poco después se introdujo la arquitectura ojival
+que se nota en la puerta y ventanaje de la torre, me hace fijar su
+construcción a principios del siglo XIII, tal vez por el mismo señor
+cuyo castillo roquero de poco más abajo de aquí, fue derribado en pena
+de alguna rebelión de las que solía promover por aquel tiempo la casa de
+Lara, extendida en muchas ramas por este valle y los inmediatos, y
+reprimida con mano fuerte por el Rey D. Fernando, como su nieta Isabel
+la Católica extinguió los bandos de Castilla en que esta torre y otras
+se hicieron notar. También es de advertir, como resto de la
+independencia y tenacidad cántabras, que en estos edificios a ella
+agregados, donde se notan detalles del siglo XV junto a obras del XVI y
+siguientes hasta del actual, no hay ningún otro escudo que el de la
+torre, ya descrito, si bien dos puertas interiores de esta casa que hizo
+el Alcaide de Argüeso, cuyo castillo le chocó a usted tanto ayer, según
+me han dicho, entonces condenado a muerte y salvado por la influencia de
+su pariente el Duque del Infantado, tienen escudos lisos, no sé si para
+ser labrados allí, aunque esto se haría mejor antes de ponerlos en su
+sitio, o por haber sido picados en pena de las «Comunidades», que
+siguieron y acaudillaron en este país el señor de esta casa y el de la
+de Hoyos, hermano de Juan Bravo, el descabezado en Villalar... Y se
+acabó la historia, porque desde entonces, amigo mío, las casas de
+mayorazgo y parientes mayores de la Montaña, no tuvieron poder más que
+para pleitos, o para poner una pica en Flandes, un aventurero en
+América, o un voluntario como el manco insigne de Lepanto, mientras los
+Grandes se disputaban, por las antecámaras o retretes de Palacio, los
+virreinatos y encomiendas, o las «llaves» de su servidumbre. Pero más
+comúnmente vivieron los señores montañeses retirados en sus casonas y
+mayorazgos, prefiriendo ser los primeros de su aldea, a cualquier puesto
+de la corte, aunque sus segundones se hicieran por su cabeza o por sus
+puños, obispos y generales, o trajeran de América con qué adquirir
+títulos y mujeres, de quienes, a la vuelta de pocas generaciones, se
+pudiera decir lo que de los dineros del sacristán.
+
+Dicho todo esto, como quien no dice nada ni se paga mucho ni poco del
+valor de lo que dice, y que a Neluco y a mí nos había cautivado bastante
+más que los pedruscos mohosos de la torre, cuya importancia histórica y
+arqueológica no desconocíamos, se encogió de hombros el solariego
+volviendo la espalda al edificio, y enlazándonos a los dos por la
+cintura con sus brazos, nos arrastró hacia el interior de la casa,
+diciéndonos al propio tiempo:
+
+--Ahora, enseguidita, a prepararse para la marcha, puesto que se empeñan
+ustedes en volverse hoy, porque los días son ya muy cortos y no hay
+tiempo que perder.
+
+Andando así, hablé al solariego de sus obras, declarándole honradamente
+que no las había leído.
+
+--No me extraña ni me duele--me contestó--, porque otros hay con más
+obligación que usted de conocerlas, y ni siquiera saben que están
+escritas, ni que sea yo capaz de escribir libros. Andan así las cosas, y
+ya se irán arreglando de otro modo, si Dios quiere. Entre tanto, yo
+tendré muy regalado gusto en ofrecérselas ahora mismo, sin comprometerle
+por ello a que las lea. No pago yo con impuestos tan gravosos el favor y
+la honra que me dispensan personas tan bien nacidas como usted,
+hospedándose en mi casa.
+
+Mostréme, como pude y supe, agradecido a la fineza; llegamos al
+despacho; diome él los libros, con la honrosa «auténtica» de su
+dedicatoria autógrafa; previno el mozo las cabalgaduras en el corral;
+bajamos a él los que estábamos arriba; hubo abajo las despedidas, las
+congratulaciones, las protestas y los apretones de manos que fácilmente
+se imaginan; montarnos, al fin, Neluco y yo; volvimos a despedirnos
+desde las alturas de nuestros respectivos jamelgos; respondiónos el
+caballero con reverencias y con palabras que ya no oíamos bien;
+descubrímonos, por último, mientras revolvíamos los caballejos hacia la
+portalada, que estaba abierta de par en par; picamos recio; salimos, y a
+buen andar, me puse al costado de Neluco, que, como es de presumir,
+dirigía la caminata.
+
+Pero yo no me fijé siquiera en la dirección que tomábamos, porque me
+sentía repleto del señor de aquella torre, por su saber, por su bondad,
+por su talento y por sus «cosas» tan singulares y tan nuevas para mí, y
+no tenía otro deseo que el de verme a solas con Neluco para acosarle a
+preguntas y saber más y más de todo aquello. Como si adivinara mis
+deseos el mediquillo de Tablanca, en cuanto me tuvo a su lado sacó a
+plaza el asunto de este modo:
+
+--Ayer le prometí a usted, por la mañana, indemnizarle con creces por la
+noche de los penosos ratos que le proporcioné con el conocimiento de su
+pariente Gómez de Pomar. ¿He cumplido mi promesa?
+
+--¡Oh!--le respondí--, y con mayores creces de las que usted pudo
+esperar... Pero dígame usted, Neluco--añadí arrimándome más a él--, este
+hombre, por sus prendas excepcionales de carácter y de saber, gozará de
+un gran prestigio y merecerá el respeto de todos, no solamente en su
+valle, sino en la provincia entera.
+
+Sonrióse Neluco amargamente, y me replicó:
+
+--¿Prestigio... respeto, dice usted? Pues sírvale de gobierno que ese
+hombre no está en un correccional, por un milagro de Dios.
+
+Quedéme estupefacto. Observólo el médico y me dijo echándose a reír:
+
+--No vaya usted a creer que se trata de otro pájaro por el estilo del
+hidalguete de Promisiones.
+
+--Me parece que con las señas que empezaba usted a darme...
+
+--Efectivamente; pero con ellas y todo (porque no las tacho ni corrijo),
+ya verá usted cómo no hay motivo para que se le desvanezcan las
+ilusiones que se ha forjado. Ese hombre es todo lo que usted ha visto y
+mucho más que vería si continuara tratándole y observándole de cerca.
+Vería usted entonces que su corazón es tan grande como su inteligencia;
+que es todo él espíritu de caridad sin límites e inagotable, como el
+Océano; que en actos de ella arriesga cien veces la vida, porque
+abundan, desgraciadamente, las ocasiones de hacerlo durante las
+inclemencias invernales en estos desamparados desfiladeros; que,
+habiendo corrido el mundo y teniendo en él deudos encumbrados y
+valedores poderosos, ha preferido a lo más solicitado por las vulgares
+ambiciones, las estrecheces y oscuridades de su valle nativo, cuya
+prosperidad es su manía; que, además de la religión divina de su fe
+cristiana, inquebrantable, tiene la terrena del honor y de la Ley
+justiciera e incorruptible; que es tal la integridad de su conciencia,
+que si un día llegara a reconocerse delincuente y no hubiera juez que
+persiguiera su delito, él se declararía juez y hasta carcelero de sí
+propio; que tiene la pasión de los débiles y de los menesterosos y de
+los perseguidos, el ansia inextinguible del saber y el delirio por las
+glorias de su patria; que los desafueros contra el bien común le exaltan
+y embravecen... y, por último, que es el hombre que usted adivinó en su
+pesadilla de anoche, gastándose la vida y el patrimonio en lidiar
+valerosamente, sin punto de sosiego, contra todo linaje de infieles. Con
+tales condiciones de carácter, este hombre hubiera sido en los siglos
+medios caballero andante o cruzado; pero le tocó nacer en estos tiempos
+descoloridos y prosaicos, y sus arremetidas andantescas le resultan muy
+a menudo «quijotadas», hasta por los descalabros... Porque este sol
+tiene manchas también (y no lo sería si no las tuviera); y aunque estas
+manchas, bien observadas, no vienen a ser otra cosa que extremadas
+exaltaciones de sus grandes virtudes, al cabo son manchas, y por el lado
+de las manchas solamente, le estima y justiprecia el vulgo, rey y
+soberano que no entiende pizca de claro-obscuros. Y como hoy todo es
+vulgo, leyes inclusive, deduzca usted por consecuencia hasta el
+correccional de que le hablé antes.
+
+--No puedo deducir esto tan fácilmente como usted cree--respondí a
+Neluco, porque no estaba yo conforme en que las cosas anduvieran tan mal
+como él las pintaba.
+
+--Pues lo explicaré mejor con un ejemplo--replicó Neluco--. Figúrese
+usted que, según declaran las leyes fundamentales del Estado, todo
+ciudadano tiene la facultad de evitar la comisión de un delito, siempre
+que pueda, y presuponga enseguida que nuestro hombre toma el precepto
+legal al pie de la letra, y trata de cumplirle en la primera ocasión que
+se le va a las manos. Ya está evitado el delito, con todas las
+consecuencias naturales de una resistencia obstinada, y muy natural
+también, de parte del delincuente. Pero álzase éste en queja del
+«atropello», y comienzan los trámites reglamentarios, y viene la ley con
+sus distingos y sutilezas casuísticas, y hete a nuestro hombre pagando
+los vidrios rotos y quizás a las puertas de la cárcel, como un salteador
+de caminos. Y hay casos de ello.
+
+--¿Por qué?
+
+--Pues unas veces, porque «esa es la Ley», que parece hecha de intento
+para amparar delincuentes; y otras muchas, porque hacia ese lado la
+empujan... aquellas nubes negras que también vio usted anoche en su
+pesadilla.
+
+--No lo creo, y usted perdone.
+
+--¡Dichoso usted!
+
+--Pero ¿qué razón hay, puestos a creer en esas nubes, para que no
+favorezcan a nuestro amigo y sea condenado el otro?
+
+--La razón del «mal nuevo», que también nos mencionó él anoche.
+
+--Será así; pero no lo entiendo.
+
+--Pues sigamos con el ejemplo imaginado, y supongamos que el delincuente
+victorioso es un arbitrista de nota, hombre de veta soez y peor entraña,
+logrero y trapisondista, pero bien redondeado de caudales. Suponiendo
+esto, bien puede suponerse que este hombre es caudillo de un apretado
+escuadrón de sumisos mesnaderos, que entran en las batallas que hoy se
+usan como un rebaño de borregos; o que tiene arte diabólico para manejar
+los cubiletes y trampantojos de esa farsa, a su completo gusto; o que si
+no tiene nada de ello, sabe buscarlo por cualquier camino, y que sabe,
+además, el valor que esas habilidades representan en el derecho
+flamante, y la manera de negociarlas. Pues lo menos con que se pagan hoy
+esos merecimientos, es una patente de corso con la que entran a saco en
+cuanto abarca su extensa jurisdicción, el corsario o sus protegidos,
+hasta en los alcázares de la Ley. Este es el «mal nuevo» a que aludía
+nuestro amigo, que por pasarse de honrado, ya no tiene mesnadas con que
+servir bajo el pendón de los modernos señores, esos que mandan en las
+nubes negras que son sus delegados omnipotentes y hacen mangas y
+capirotes, en propio beneficio, de las leyes sin vigor y del esquilmado
+suelo de la patria. Le dije a usted en una ocasión, hablando de lo que
+hoy tenían que hacer los hombres cultos y de buena voluntad en los
+pueblos rurales para conseguir en ellos lo que don Celso y sus
+antecesores en el suyo, que no en todas partes se lograba el mismo
+fruto; que hasta había mártires de ese heroico trabajo, y que quizás
+tuviera usted ocasión de conocer a alguno de ellos. Pues ya le ha
+conocido usted en el señor de la torre de Provedaño. Ese hombre insigne,
+con todo su saber, con todas sus virtudes, con todos sus timbres de
+ilustre linaje, con todos sus sacrificios enderezados al bien y a la
+gloria del suelo en que ha nacido y de la patria entera, es un mártir de
+su trabajo de Sísifo incansable.
+
+No tenía yo, descuidado madrileño, juicio formado sobre esos males
+nuevos y esas nubes negras, a pesar de haber soñado con la mitad de ello
+la noche antes como en profecía de lo que había de pintarme Neluco al
+día siguiente; pero recordando vaguedades y lugares comunes que a
+propósito de tan delicada materia había leído muchas veces maquinalmente
+en los periódicos u oído sin atención en conversaciones de café, y
+uniéndolo todo a lo dicho por Neluco y a lo que, durante un buen rato,
+continuó diciéndome todavía, y, sobre todo, por la complacencia que yo
+sentía en engrandecer más y más la idea que me había formado del
+caballero de la torre, acepté de buena gana todos los pareceres del
+médico, y así fuimos entreteniendo la subida de la sierra, primera parte
+de nuestra larga jornada. Para hacérmela aún más placentera, refirió
+Neluco algunos rasgos de aquel hombre singular, y entre ellos el
+siguiente, que le pintaba de pies a cabeza.
+
+En cierta ocasión se le ocurrió a un convecino suyo, que ya no era mozo,
+ir a mirar un poco por el ganado que tenía en el invernal, distante de
+Provedaño una jornada de medio día, a un buen andar por los altos
+montes, cara al Este. El día era de diciembre. Estaba el cielo gris;
+afeitaba el cierzo de puro frío, y aquella misma noche cayó una nevada
+de dos palmos. Nevando desde el amanecer y helando desde que anochecía,
+pasó más de media semana, y no volvía a Provedaño el hombre que había
+ido al invernal, ni se conocía su paradero. Entérase del suceso el señor
+de la torre, que no había salido de casa en ese mismo tiempo por no
+hacer falta fuera de ella; lánzase de un brinco al corral; toma el
+camino del pueblo, volando, más que pisando, sobre la espesa capa de
+nieve que le tapiza y emblanquece, como al lugar como al valle entero y
+como a todos los montes circunvecinos; llega, golpea con su garrote las
+puertas, cerradas por miedo a la glacial intemperie; ábrense al fin una
+a una; pregunta, indaga, averigua, estremécese, indígnase, amonesta,
+increpa, amenaza donde no halla las voluntades a su gusto; y, por
+último, endereza a garrotazos las más torcidas, hasta conseguir lo que
+va buscando: media docena de hombres que le acompañen al invernal en que
+debe hallarse, bloqueado por la nieve, si no muerto de hambre o devorado
+por los lobos, su infeliz convecino, que, contando volver a la mañana
+siguiente, no había llevado otras provisiones de boca que un pan de
+cuatro libras; hace buen acopio de ellas; exhorta a los seis que le
+rodean poco resueltos; anímanse y se enardecen al cabo, porque son
+buenos y caritativos en el fondo; emprenden la marcha los siete monte
+arriba, monte arriba; y anda, anda, anda, cuando llegan a trasponer las
+cumbres de Palombera, sienten dolorido el pecho, como si el aire que
+aspiran llevara consigo millones de puntas aceradas, y una torpeza y un
+quebranto en las rodillas, cual si fueran losas de plomo los «barajones»
+que arrastran sus pies; confórtanse un poco con un trago de aguardiente
+que beben «a la riola»; y anda, anda sin cesar, a veces se ven envueltos
+en remolinos de nieve cernida, desmenuzada y sutil, que les impide hasta
+la respiración y que, por fortuna, pasan como una nubecilla más de las
+que se ciernen y vagan errabundas sobre la montaña; el mismo señor de la
+torre, de complexión de hierro y que camina siempre delante, nota que le
+va faltando su indomable fortaleza; que los miembros se le entumecen,
+que no puede modular una sílaba con sus labios contraídos por la
+frialdad, que están yertas, insensibles sus manos amoratadas; empieza a
+temer algo serio, y no por él, seguramente, y salta, brinca, se frota,
+se golpea, grita y aúlla como un salvaje... todo menos vacilar y
+detenerse, ni dejar un instante en reposo un músculo ni una fibra de su
+cuerpo; y luego canta y se chancea mientras anda, para alentar y dar
+ejemplo a los que van a sus órdenes y le siguen en el silencio absoluto,
+aterrador, de aquellas alturas solitarias e inclementes. Al fin quiere
+Dios que columbren el invernal, que les queden fuerzas bastantes para
+llegar a él, que lleguen vivos y que encuentren adentro lo que van
+buscando. El hombre está allí, pero a punto de morir de hambre y de frío
+y de desconsuelo. Mientras unos le confortan un poco con bebidas y con
+palabras, otros encienden una fogata que le vuelve el calor, que también
+les faltaba a todos. Tras de la bebida espirituosa, el señor de la torre
+va alimentando con prudencia al hambriento y aterido, que devora, más
+que come, cuanto le ponen delante de la boca. Ya hay hombre; pero
+alelado, taciturno y entristecido. Es preciso curar también aquella
+tristeza; y manda que le cuenten algo entretenido los que sepan cuentos
+o romances. Nadie de los seis sabe una palabra de esas cosas; pero el
+señor de Provedaño sabe de memoria libracos enteros, y enjareta en voz
+alta y resonante medio poema del _Mio Cid_. Como si callara. El hombre
+no chista, ni siquiera presta atención. Hay que hacer más, y manda que
+se cante al uso de la tierra; pero nadie está en voz para ello, y canta
+él a grito pelado tonadas del valle nativo, y hasta el «prefacio» de la
+misa del día del «Corpus», la más solemne y regorjeada del año. En esta
+prueba, ya mira el hombre al cantor y muestra algún deleite en oírle.
+Pues hay que echar el resto: ¡a bailar todo el mundo!... Y como nadie se
+mueve, baila él como un desesperado a lo alto y a lo bajo, y después la
+jota aragonesa, y, por último, un zapateado que arranca al entontecido
+una exclamación de asombro y una risotada de alegría, y al caballero, ya
+descuajaringado y jadeante, estas palabras que parecen, por el tono, una
+maldición: «¡acabaras, hijo de una cabra!»
+
+Todos ya «en buen amor y compaña» descansan, se calientan, hablan,
+comen; se acaba el día, duermen, amanece el siguiente, claro, sereno y
+radiante de sol, y se vuelven los ocho a Provedaño por encima de la
+nieve congelada, como si nada hubiera sucedido. Todo esto, narrado por
+Neluco minuciosamente, tenía que oír.
+
+Pasados el puerto y los desfiladeros inmediatos, y rezada en la ermita
+del otro lado de la vadera la _Salve_ de costumbre, logré ver a la luz
+del sol de media tarde, el resto del camino hasta Tablanca, por el que
+siempre había pasado de noche; el cual no me pareció tan profundo ni tan
+peligroso como yo le había imaginado entre tinieblas. Llegamos al fin, y
+después de saber a la puerta de mi casa, por Chisco, que no había
+novedad arriba, despedímonos el médico y yo «hasta luego», y continuó él
+andando hacia la suya.
+
+
+
+
+XVI
+
+
+No había que pensar ya en nuevas excursiones por la montaña: con la
+última se habían agotado mis fuerzas y colmado la medida de mi poco
+exigente curiosidad. El cuerpo y el alma me pedían reposo durante
+algunos días; y después... Pero ¿habría después cosa nueva en que
+distraer mis ocios interminables? ¿Volvería a encontrar interés en lo
+visto y gozado ya? Y en caso afirmativo, ¿me permitirían esos lujos los
+invernizos temporales que, por milagro de Dios, no se habían
+desencadenado aún sobre Tablanca y sus contornos? Por de pronto, la vida
+que había hecho durante aquellas dos semanas, muy corridas, de plácida y
+bien soleada temperatura, no había dejado de darme frutos muy dignos de
+estimación. Con mis correrías incesantes, si no logré hacerme a la
+tierra tan pronto y tan completamente como esperaba mi tío y lo deseaba
+yo, cuando menos mataba el tiempo de día y hallaba por la noche temas
+abundantes para amenizar un poco la tertulia de la cocinona y las
+conversaciones de la mesa de mi tío; comía con excelente apetito, y los
+condumios de la mujer gris y de su repolluda hija me sabían a gloria;
+sentíame animoso y fuerte, y me dormía como una marmota en cuanto tendía
+el cuerpo sobre la cama; descuidaba mucho la lectura de los periódicos
+que recibía de Madrid, y al escribir a mis amigos, ya no iban mis cartas
+empapadas en el tinte melancólico de los primeros días; íbame pareciendo
+más llevadera la visión incesante de los peñascos en mi derredor, y la
+miserable cortedad de los horizontes no me asfixiaba; en fin, que si no
+me había «hecho a todo», concebía ya la posibilidad de ello.
+
+Dígalo, si no, el ejemplo de la tertulia: al principio me era
+insoportable; y cada tertuliano, nuevo para mí, que se presentaba en
+ella, me parecía más zafio y más insulso que los anteriores; no hallaba
+chiste en sus «humorismos» expresados en un lenguaje mutilado y
+convencional, ni motivo, por lo tanto, para algunas risotadas
+vergonzantes que hasta llegaban a incomodarme, como si me ofendieran;
+hastiábame la simplicidad de los asuntos que más les interesaban a
+ellos, y sin poderlo remediar acordábame del resobado lamento del poeta
+latino desterrado en el Ponto: el bárbaro parecía yo, que a nadie
+entendía ni de nadie era entendido allí. Intentaba buscar en mis libros
+y periódicos, en la soledad de mi habitación, el remedio contra estos
+aburrimientos de la cocina; pero el temor de que lo tradujera mi tío en
+señal de menosprecio de sus rudos tertulianos, me contenía. Viéndome
+forzado a alimentar el espíritu de todo ello, llegué poco a poco a
+paladearlo sin repugnancia, y muy pronto acabé por encontrarlo agradable
+a falta de cosa mejor. Lo mismo me había pasado con los condumios de
+Facia. Aprendí el valor castellano de los modismos locales con que se
+alimentaban y entretejían las conversaciones de la tertulia, y el roce
+obligado y continuo con ellas me dio el conocimiento que me faltaba de
+las materias «conversables». Y ya estaba hecho el milagro; porque sabido
+y de sentido común es que no hay cosa que nos interese mientras la
+desconozcamos; y como corolario de este axioma, que, por mínima que ella
+sea, nos resulta interesante en cuanto la conocemos. Valga el ejemplo de
+un amigo mío tocado de la pasión de hacer palillos de dientes, sólo
+porque domina el _arte_ con rara habilidad.
+
+Ello fue que en la primera semana ya metía yo mi cuchara en las
+conversaciones y porfiaba en serio con aquellos rústicos sobre temas de
+su alcance que empezaba yo a penetrar; que iba distinguiendo los
+caracteres, las triquiñuelas y zunas de cada uno, y que me sentía muy
+halagado por los elogios de todos ellos a mis proezas de excursionista y
+de cazador. Mi tío se bañaba en agua rosada con estas cosas, porque las
+tomaba por señales de mi rápida aclimatación; y yo me complacía en ver
+con qué escaso esfuerzo de mi parte le proporcionaba uno de los pocos
+goces a que podía aspirar ya el pobre viejo. Después, mis visitas al
+pueblo, el caso de Facia relatado por Chisco, la adquisición de la
+amistad del médico y lo que con todo ello se fue enlazando naturalmente,
+dieron nuevo empuje a esta buena tendencia mía y me infundieron mayor
+apego a las cosas y vicisitudes de aquellas sencillas gentes. Veía con
+gusto aumentarse de día en día la tertulia y estudiaba la catadura y el
+carácter de cada tertuliano nuevo para mí, con el mismo interés que si
+se tratara de un recién llegado a los salones de «la» Medinaceli; y si,
+por ejemplo, me decía mi tío a la oreja cuando se presentaba uno en la
+cocina por primera vez en la temporada: «ése tiene la gracia de Dios
+para contar cuentos», sentíame tocado de igual curiosidad que si en una
+fiesta aristocrática me dijeran: «ése que acaba de llegar es el orador
+que ha derribado esta tarde en las Cortes al Gobierno» o «el autor del
+libro H del drama Z». Tenía razón Neluco cuando me afirmaba que el
+hombre de inteligencia cultivada lleva en sí propio los recursos
+necesarios para vivir a gusto en todas partes, con tal de que no trueque
+los cabos de la polea ni se empeñe en subir lo que está abajo, en lugar
+de bajar lo que está arriba, hasta conseguir el nivel de ideas apetecido
+para un fin determinado.
+
+Lejos de corregir el juicio que había formado yo del temperamento de los
+tablanqueses al «verlos pasar», como quien dice, en el porche de la
+iglesia o en las callejas del pueblo, me afirmé más y más en él cuando
+los traté de cerca en la cocina de mi tío y logré estudiarlos en pleno
+ejercicio de todos sus componentes físicos e intelectuales; porque allí
+y sólo allí era donde exponían y ventilaban los asuntos más importantes
+de su vida, al calorcillo de las fogatas de la cocinona y bajo la
+presidencia de don Celso, que siempre daba en el clavo de lo mejor y más
+conveniente, lo mismo con una cuchufleta que con un dictamen formal.
+Eran, sin excepción de uno solo, parsimoniosos en extremo y de blanda
+condición; y en sus tiroteos de broma, a los que son muy aficionados,
+despilfarraban las metáforas, llenas de colorido local, griegas para mí
+al principio, y muy donosas después que supe traducirlas a mi lengua.
+Íbame pareciendo la de ellos, entre tanto, más dulce y cadenciosa de
+ritmo cuanto más la oía «sonar».
+
+El cura don Sabas concurría muy a menudo y tan soso como la primera vez;
+pero a mí ya no me lo parecía después que le había visto tan «elocuente»
+sobre los riscos de la montaña: consagrábale por eso cierta veneración,
+independiente de la que le debía por su investidura y por sus virtudes,
+y se me antoja que no lo desconocía él ni le desagradaba. Como que se
+había jactado más de una vez delante de mí, de que con esas ataduras
+había de amarrarme él a la tierra de mis mayores, y para siempre jamás,
+«_per saecula saeculorum_»: así, hasta en latín, había recalcado la
+jactancia. Don Pedro Nolasco sólo dos o tres veces había vuelto a la
+tertulia; y eso «por ser yo quien era», porque se arreglaba ya muy mal,
+a los años que tenía, con las asperezas de los callejos en la oscuridad
+de la noche, aunque llevaba linterna. Neluco frecuentó más la cocina al
+principio que al fin de aquella temporada, y yo creo que lo hizo con el
+fin caritativo de abreviarme el periodo de «aclimatación», porque le
+notaba yo muy diligente en echar hacia mí los temas de las
+conversaciones, en traducirme las metáforas y en ayudar a mi tío en su
+incesante tarea de avivar fuegos de la tertulia aguijoneando a los
+concurrentes más activos.
+
+Allí conocí al Topero, el padre de Tanasia, y a Pepazos, el novio
+preferido a Chisco por el Topero para su hija, al decir del Tarumbo, que
+también se descolgaba a menudo por la cocinona. El Topero era un hombre
+de mediana edad, cuadradote de espaldas y algo rojo de greñas, poco
+hablador y muy hábil en la labor que llevaba a la tertulia (era raro el
+tertuliano que iba sin ella): «pintar» abarcas con la punta de su
+navaja. Despachaba tres o cuatro pares cada noche, por lo que tenía buen
+repuesto de ellas en preparación en casa de mi tío, como le tenían otros
+de «cebillas», de «colodras» y hasta de «banillas» (tiras finas de
+avellano) para hacer «maconas» (cestos grandes), porque aquélla parecía,
+por esa y otras señales, la casa de todos..., hasta para establecer en
+ella su oficina, cuatro veces cada año, el cobrador ambulante de
+contribuciones.
+
+Pepazos era un Alcides capaz de echarse sobre sus hombros fornidos el
+mismo peñón de Bejos a poco que se le hurgara el amor propio;
+coloradote, mofletudo, con las cejas unidas y muy peludas sobre unos
+ojazos de buey. Ese pulía y remataba «zapitas», que con ser la que menos
+capaz de dos azumbres de leche, no se veía sobre sus muslos bombeados y
+entre sus manos grandonas. Trabajaba muy de prisa, pujaba mucho en sus
+arremetidas a contraveta y en los cambios de postura; y fuera de su
+labor, nunca estaba atento a nada más que lo poco que se le ocurría al
+Topero, y eso para celebrárselo con una risotada que jamás venía al
+caso. Yo solía mirar entonces a Chisco que siempre andaba en el último
+rincón de la tertulia; pero el condenado de él, o no había caído en la
+malicia, o se hacía el desentendido. No pudiendo acomodarme a las
+injustas preferencias del Topero, complacíame algunas veces en
+ponderarle, trayendo el asunto por los cabellos, las valentías de Chisco
+y sus prendas de mozo casadero, de las que, a mi modo de ver, debían de
+estar codiciosas las mejores mozas de Tablanca. ¡Válgame Dios, qué pujar
+entonces el de Pepazos, qué sudar el de sus carrillos, qué revolcones
+los suyos sobre el banco, qué bailar entre sus manos aceleradas el de la
+«zapita», mientras el Topero metía por la almadreña la cara envuelta en
+humaredas de la pipa de rabo corto que nunca retiraba de su boca! En
+estos casos ya se clareaba Chisco un poco más, y le notaba yo el gozo
+con que saboreaba los «atragantos» de su rival, y hasta me pagaba el
+favor en una mirada dulzona, con su poco de guiñada. Y eso que estaba yo
+convencido de que llevaba la carga de sus amores con la misma acompasada
+parsimonia que las llevaba todas y me acompañaba a mí por los vericuetos
+y hondonadas de los montes. Pero hay siempre en el corazón del hombre
+más honrado una fibra de perversidad mal dominada que le procura un goce
+en la mortificación de su vecino, con un pretexto de caridad mal
+entendida; y yo creo que una fibra de esa mala casta era la que me
+impelía tan a menudo a mortificar al pobre Pepazos y al Topero, más bien
+que el propósito de favorecer a Chisco, que quizás no lo necesitaba o no
+lo echaba de menos.
+
+El Tarumbo no llevaba nunca labor propia; pero, en cambio, estaba
+siempre pendiente de la que hacían los demás. Cuando el Topero terminaba
+un par de abarcas, le traía otro del montón de las que tenía preparadas,
+y lo mismo hacía con las zapitas de Pepazos y con las banillas o las
+colodras o las cebillas de los que las necesitaban. Hablaba hasta por
+los codos, y siempre eran las desdichas ajenas las que le arrancaban los
+mayores lamentos.
+
+A Pito Salces se le hallaba indefectiblemente a los alcances del roce
+con Tona en sus manipuleos de cocinera diligente: hacia el rabo de la
+sartén, por ejemplo, y en los linderos del camino más trillado entre el
+fogón y la alacena del aceite y las especias. Se le sentían los ímpetus
+de su amor corriéndole hasta por los brazos inconmensurables, como el
+agua de lluvia por las mangas de un tejado; reviraba los ojos hacia
+Tona, y se devanaba a sí propio, como en un ovillo, cuando la jampuda
+moza se acurrucaba delante de él o le tocaba al pasar hacia la alacena.
+No hubiera sido bien visto de don Celso que la requiriera allí de
+amores, suponiendo que la hubiera tolerado ella, y se consolaba con
+aquellas internas expansiones, tan poco disimuladas.
+
+La pobre Facia, desde lo de aquella noche, apenas se dejaba ver en la
+cocina durante la tertulia, y ni allí ni fuera de allí sabía hacer cosa
+con arte; ¡ella que era antes un brazo de mar para el gobierno de la
+casa! Con excepción de Chisco que era de ella; de Chorcos que iba por
+Tona, y de Pepazos que quería dar en el corazón de Tanasia por la tabla
+de su padre, bastante más codicioso que la hija, todos los tertulianos
+de la cocinona eran hombres muy maduros: los mozos preferían las
+tertulias de mujeres, o «jilas» (hilas), de las que había dos o tres en
+el pueblo. A una de ellas concurría a menudo la hija del Topero, con su
+correspondiente rueca bien cargada de lino, bajo el roquero pinto con
+lazos y lentejuelas, y si Pepazos no se dejaba ver en aquella tertulia
+con igual frecuencia que Tanasia, bien sabía Dios que consistía en lo
+vergonzoso que él era delante de la mozona y con testigos que ya estaban
+en el ajo de sus deseos; pero iba alguna que otra vez para dar aquel
+regalo a sus ojazos mortecinos, y esas noches eran las únicas que
+faltaba de la cocina de la casona.
+
+Reflexionando yo muchas veces sobre lo que más me llamaba la atención en
+ella, que no eran seguramente éstas y otras pintorescas trivialidades de
+determinados concurrentes, sino aquella familiaridad cariñosa, aquella
+rara, profunda, íntima trabazón afectiva entre todos ellos y mi tío,
+recordaba la comparación que de este caso original me había hecho Neluco
+en la primera conversación que con él tuve, y no me parecía
+rigurosamente exacta: más que un organismo de miembros subordinados al
+imperio de la cabeza, me parecía una familia con todas las comunes
+variedades de aptitudes y temperamentos, unida por el amor
+desinteresado, tan propio y natural entre todos sus miembros, y
+gobernada por la experiencia, la abnegación y la sabiduría del padre.
+Persuadido de esto, tenía por imposible la sustitución de un hombre como
+don Celso con otro como yo para llenar el vacío que él dejara con su
+muerte en el vecindario de Tablanca. Entre él y mi tío había una
+completa y absoluta compenetración de ideas, de sentimientos y de
+propósitos, que no podía haber tratándose de mí, enteramente extraño a
+la tierra y sus costumbres, por nacimiento, por educación y por hábitos
+adquiridos en otro mundo tan distinto de aquél. ¿Cómo no se le ocurría
+esto a Neluco, ya que tan disculpable era en la inexperiencia de otras
+muchas personas el que no se les alcanzara? Y sin embargo, días andando,
+me salió con la misma copla nada menos que el docto y experimentado
+señor de la torre de Provedaño. ¿Se equivocarían todos ellos, rústicos y
+civilizados, al coincidir tan exactamente como coincidían en una misma
+idea? ¿Trataría yo de curarme en sana salud, sin darme cuenta de ello,
+cuando me consideraba en lo cierto creyendo todo lo contrario de lo que
+ellos creían? Por fortuna no me preocupaba el punto dudoso, porque no
+había racionales motivos de que llegara a quitarme el sueño. Ni las
+pretensiones de los que bien me querían allí, ni la abnegación
+caritativa de mi parte, debían pasar de ciertos límites.
+
+De todas maneras, tampoco el hallazgo de aquella patriarcal y mínima
+república en lo más escondido de una comarca salvaje, considerada por mí
+en los primeros instantes como un destierro inclemente, era para
+despreciado. En fin, que no hubiera sido justo en quejarme de mi suerte
+al siguiente día de mi larga expedición acompañado de Neluco, hecho el
+recuento minucioso de los frutos que me habían dado aquellas dos largas
+semanas de correrías y exploraciones.
+
+De este recuento traté de separar algunas partidas principales, a título
+de «reservas», para las eventualidades del invierno, que no podía tardar
+mucho en dejarse caer sobre Tablanca, y empecé a contar por los dedos:
+Chisco, su camarada Pito Salces, Tanasia y su padre el Topero, el
+Tarumbo, Neluco Celis, don Pedro Nolasco, su hija Mari Pepa y su nieta
+Lituca, el párroco don Sabas Peñas, Facia, la mujer gris; Tona, su hija;
+mi tío Celso y el escenario de Tablanca. Todo esto allí, al alcance de
+la mano; y fuera de allí, la familia de Neluco en Robacío; en
+Promisiones, el hidalguete mi consanguíneo, y más allá, dominándolo todo
+y alzándose sobre todo como un faro de poderosa luz, la figura
+escultural del caballero de la torre de Provedaño.
+
+Después de hecha esta segregación, procedí al análisis de las partes de
+ella que más interés podían ofrecerme desde el punto de vista en que yo
+me colocaba: Chisco, un tanto flemático, con puntas de socarrón y
+marrullero, aspirando a casarse con Tanasia, guapa moza de verdad, en
+competencia con Pepazos, preferido del Topero, porque tenía algunos
+bienes que le faltaban a Chisco, y no me constaba de toda certidumbre si
+de Tanasia también, a pesar de lo arlote y simplón que era Pepazos. Todo
+el interés de este juego dependía del calor con que le tomara Chisco.
+Pito Salces era un brasero que se consumía por Tona: eso saltaba a la
+vista; y como también era medio pieza doméstica en la casona de mi tío,
+amén de noblote de alma y muy arrimado al trabajo, a poco que Tona
+hiciera por sí, el resultado no era dudoso. Facia. ¡Esta sí que me daba
+que pensar cuanto más reparaba en ella! Al espanto de aquella noche,
+recién llegado yo a Tablanca, habían sucedido otros dos por el estilo;
+pero como huía de mí en cuanto me acercaba a ella con propósitos de
+interrogarla sobre tan extraño particular, después de pedirme con las
+manos juntas y por el amor de Dios que no le dijera a mi tío una palabra
+de lo que estaba notando, limitábame, por complacerla, a observarla
+desde lejos y a no perderla de vista mientras me fuera posible. ¿Qué
+diablos podía haber allí? ¿Eran fantasmas, alucinaciones histéricas de
+la pobre mujer tan castigada por la desgracia a lo mejor de su vida, o
+estaba bajo el peso insoportable de alguna nueva desdicha? Neluco Celis:
+continuaba pareciéndome lo mismo que me pareció cuando le hablé por vez
+primera: discreto, simpático, de clarísima inteligencia y noble corazón,
+y un arca cerrada para guardar lo que a mí se me antojaba que debía
+estar al alcance de mi vista: verbigracia, su inclinación amorosa a la
+nieta de don Pedro Nolasco. Porque yo no podía concebir que Lita y
+Neluco no se amaran, como no lo concebía tampoco la matrona locuaz de
+Robacío, ni lo concebiría nadie que tuviera entrañas de humanidad y
+vislumbres de buen gusto, y reparara un poco en aquella parejita,
+«única», que parecía puesta por Dios en aquel rinconcito de la tierra
+para eso sólo, para amarse y para unirse. Lita y su madre habían estado
+dos veces en mi casa después que yo estuve en la suya. Una de ellas,
+según me declararon, para pagarme la visita y saludar, de paso, a mi
+tío; y la otra, por mi tío solamente, cuya salud les interesaba mucho;
+además de que, como no podía salir de casa, iban a hacerle un rato de
+compañía, como siempre que lo permitían el tiempo y sus ocupaciones.
+Todo esto me lo afirmaba Lituca descubriendo las esmaltadas filas de sus
+blanquísimos dientes, en su lenguaje vehemente, retozón y admirativo, a
+la puerta del estragal y mientras sacaba sus pies, calzados con menudas
+zapatillas de abrigo sobre medias de color, de un par de almadreñas que
+parecían dos cáscaras de nuez. En aquella visita, lo mismo que en la
+anterior, yo, terco y emperrado en mi tema, le eché cincuenta veces al
+campo de la conversación disfrazado de mil modos, con el piadoso fin de
+observar qué cara le ponía Lita... y nada: ni un gesto, ni un punto
+arrebolado en las mejillas, ni la más insignificante señal en la nieta
+de don Pedro Nolasco de que había oído su corazón las llamadas que yo le
+hacía con el nombre de Neluco y los elogios de sus méritos: hablaba de
+él con el descuido y la serenidad con que podía hablar de su madre o de
+su abuelo. Lo cual me impacientaba a mí, como si fuera asunto de mi
+propia pertenencia, y en más de una ocasión me acometieron serias
+tentaciones de preguntarla derechamente y sin ambages ni rodeos: «¿se
+quieren o no se quieren ustedes? ¿Ama usted o no ama a Neluco?». Pero
+señor, ¿por qué tenía yo tanto empeño en que se amaran? O mejor dicho,
+¿por qué le tenía tan grande en que quedara enseguida aquel punto bien
+esclarecido y deslindado?
+
+Después, mi tío Celso, el alma y el centro de todo cuanto le rodeaba,
+con su energía indomable, sus cuchufletas singularísimas, su atención
+siempre fija en el modo de hacerme, ya que no divertida, llevadera la
+vida en su casa, y los cuidados a que me obligaban el parentesco y la
+gratitud para velar por él con especial esmero durante el tiempo de las
+humedades y de los grandes fríos, en el cual, según dictamen del médico,
+corría su vida los mayores peligros, por la índole de la enfermedad que
+padecía.
+
+Y por último, su tertulia y mis libros, mis periódicos y mi
+correspondencia. Lo restante de ambos montones, algo de ello por su
+insignificancia, y otro poco por lejano, sólo podía considerarse como
+personajes decorativos y accesorios escénicos.
+
+Cierto que con todas estas reservas de tan escasa importancia en
+relación con las necesidades de mi espíritu, se podía llegar hasta lo
+épico, consideradas como elementos de creación en la fantasía de un
+novelista ingenioso; pero tomadas en lo que eran y valían, como casos y
+cosas de la vida real y prosaica en un medio tan remoto, tan obscuro y
+tan aislado como aquél, ¿qué había de prometerme yo de ellas para en
+adelante? ¿Qué auxiliares contra mi enemigo temible podía esperar de
+aquel lado? ¿Qué podía venir de allí de lo que más necesario me era?
+
+--¡Quién sabe!--me dije en conclusión de mis cavilaciones--. Por puntos
+más obscuros ha amanecido otras veces; si está de Dios que ha de venir
+algo, ello vendrá. Todo es cuestión de paciencia y de saber conformarse.
+Conque un poco de filosofía, y a esperar lo que viniere.
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Y comenzó a venir sin tardar mucho; pero ¡ay! lo que vino fue,
+primeramente, una niebla gris que bajó de los montes, envolvió todo el
+pueblo y se coló hasta en los hogares; tras de aquella niebla vino un
+«gallego» frío con otra niebla parda que fue mezclándose con la primera,
+tiznándola de su color y haciéndola más húmeda y pegajosa; llegó también
+un ruido sordo y continuo, como lejano cañoneo, que a mí me parecía de
+la mar batiendo furibunda hacia el Norte los peñascos de la costa; pero
+según dictamen de la gente de mi casa, era el «rebombe» del «pozón de
+Peña Sagra», un lago o pozo muy grande, que se da por existente, aunque
+no sé de nadie que le haya visto, en las entrañas de aquel coloso de la
+cordillera; y sin cesar este ruido bronco, dejáronse oír en el espacio y
+sobre el valle unos como quejidos siniestros y antipáticos, que eran,
+según informes de Chisco, el graznar de los «butres» (buitres) y las
+grullas, que pasaban «cararriba»; señal ésta, como la del «rebombar» del
+pozo y la de las nieblas bajas con el «gallego» detrás, de que se nos
+echaba encima una invernada de las gordas.
+
+Y se cumplieron las profecías: las nieblas se convirtieron en negras
+nubes henchidas de aguaceros, que el viento, embravecido poco a poco,
+estrellaba, con mugidos tremebundos, contra casas, ribazos y bardales,
+cerrándose boquetes y horizontes por donde quiera que se miraba;
+sintieron los más ardientes de sangre los primeros estremecimientos de
+frío, y nos declaramos todos en la casona seria y formalmente bloqueados
+por el invierno.
+
+Las primeras consecuencias de este bloqueo fueron en ella, como era
+fácil de presumirse, la reducción de la tertulia a media docena escasa
+de valientes, entre ellos Pito Salces, a quien no atajaban en los
+impulsos de la querencia que le atraía, ni los más fieros vendavales, y
+(lo que fue para mí harto más desagradable y no esperado tan pronto) una
+crisis de mal género en el estado de mi tío. Como por encargo del médico
+se le vedaba hasta el asomar las narices al cuarterón abierto de una
+ventana, se consumía de impaciencia en los páramos entenebrecidos de su
+cárcel; y cuando llegaba la noche y, después de rezar el Rosario en la
+cocina, veía entrar en ella dispersos, acobardados, ateridos de frío y
+calados de agua a unos pocos tertulianos de los de aquella apretada
+falange de las primeras noches, y notaba la causa de la deserción de los
+demás en el furioso batir de las celliscas contra puertas y ventanas y
+en el cañón de la chimenea, quedábase pensativo y mustio, con la cerviz
+humillada y la vista fija en el flamear de la lumbre, cuyo calor buscaba
+por instinto. Y así un día y otro y otro, sin que la dureza de su fibra
+alcanzara a disfrazar siquiera los desalientos de su espíritu, llegó a
+un grado tal de abatimiento, que me alarmó, porque en un estado moral
+como el suyo, cualquier aletazo de su enfermedad era muy temible.
+
+Hablando con él una mañana de aquellos días tan crudos, y solos los dos
+en la cocina, que era su ordinario paradero entonces, yo animándole como
+podía y él conociendo la endeble calidad de mis estimulantes, acabó por
+decirme:
+
+--No te canses, Marcelo: este ujano que me roe es más fuerte que tú y yo
+juntos, por grandes que sean tus cuidados y por dura que haya sido mi
+correa. Mira, hombre: todavía no jaz un año que me tenía yo por tan duro
+de caer como las hayas de esos montes. ¡Trastajo con la vanidá de la
+guapeza humana! A lo mejor del pensar que solamente un rayo de la
+voluntá de Dios podía acaldarme en el suelo, un soplo que no apagaría
+una luz, me puso a las puertas de la muerte cuando menos lo esperaba y
+más descuidado dormía. Desde entonces acá, ¡pispajo!, yo que nunca me
+espanté de nada ni me encogí por cosa alguna, miro y remito con
+desconfianza hasta el suelo en que pongo los pies, porque siempre y a
+todas horas y en todas partes estoy temiendo el último golpe que falta
+para que el roble acabe de caer. Esta es la verdad, ¡cascajo!, y hasta
+creo que te apunté algo de ella en alguna de las cartas que te escribí.
+Pero entonces eran los días más largos y las noches más cortas;
+alumbraba el sol a la tierra y calentaba la sangre de los viejos, y,
+sobre todo, volvía de su viaje muy temprano; madrugaba mucho para
+espantar las ideas tristes de las cabezas en que apenas entra la caridad
+del sueño por la noche. Por eso me jallaste tan campante a la venida y
+me has visto ir tirando así hasta ayer, como quien dice... hasta que
+vino lo que yo había visto venir otras veces sin apurarme por ello, y no
+sé si te diga que con gusto... ¡con gusto, trastajo! porque cuando hay
+buena salud, la tierra no tiene salsa si nos está cantando siempre una
+misma solfa... y sin cambiar de ropajes... Digo que fui tirando tal cuál
+hasta que llegó la primer cellerisca, ésta que todavía está pasando,
+mientras llega, por las señales, otra más dura de pelar que ella; y se
+apagó el sol de día, y se cerraron puertas y ventanas, y empezó a faltar
+de noche la gente de la cocina, y a no haber fin para las horas de la
+cama ni punto de sosiego para el mal pensar de la cabeza. Yo nunca había
+visto pasar por ella las negruras que ahora pasan. Hasta estos días y
+desde que tengo uso de razón, siempre el interés de los demás jizo que
+me olvidara de mí propio; pues ahora ¡ya te quiero un cuento,
+pispajo!... y esto es lo que me descuajaringa: no tengo ojos más que
+para ver cómo va la carcoma rejundiendo y ajondando en este tronco
+podrido que se cae por sí mesmo de día en día, de hora en hora. Paez que
+el viento, al rebombar en el cañón de la chimenea, me dice algo que
+nunca había oído yo antes; pero algo muy temeroso y muy triste... vamos,
+que ajuyera de ello de buena gana, si el temporal de afuera no me
+cerrara todos los caminos de escape, y el frío no me encadenara los
+remos y no me cortara la poca respiración que me queda en el gaznate...
+Otra cosa nunca vista: te puedo jurar que no me asusta la muerte porque
+soy viejo y cristiano y sé que ha de venir sin tardar mucho y que me
+toca esperarla confiado en la misericordia de Dios, como la espero; y
+con ello y con todo, me espanta la enfermedad que me va quitando la
+vida. ¿Cómo se explica este potaje? ¿Qué te parece a ti que será esto,
+Marcelo?
+
+Faltábanme a mí los sofismas científicos con que Neluco, por ejemplo,
+hubiera podido aclarar aparentemente aquellas complejas oscuridades que
+me consultaba mi pobre tío, y despaché la consulta con cuatro vaguedades
+muy recalcadas y encarecidas sobre el influjo que ejercen en la máquina
+de los pensamientos los largos insomnios, la soledad de la noche, los
+fríos estacionales...
+
+--Bien podrán tener algo de culpa esos ingredientes--me replicó mi tío
+con muy escasas señales de creerlo--; pero a veces se me figura a mí que
+hay también otros motivos de por medio... y harto será, ¡trastajo!, que
+no venga de esa banda toda la podredumbre. Mira, hombre... (porque
+puesto en tela de juicio el punto, debe ventilarse en regla; y yo le he
+visto por muchas caras en tantas y tantas noches de no pensar en otra
+cosa): si a mí me viviera no más que uno solo de los hijos que Dios me
+fue dando, la muerte de su padre no sería propiamente muerte; porque en
+casos como éste, y bien lo sabes tú, la vida de los que se van retoña en
+los que se quedan para algo más que llorarlos y rezar por ellos: es un
+eslabón trabado en otro eslabón... vamos, una cadena que nunca se rompe
+ni se acaba. Pero tal como han resultado aquí las cosas y puesto yo a
+considerar que estoy a dos dedos de morirme... ¡ay, Marcelo, qué
+pinturas se me ponen delante de los ojos! Con las últimas boqueadas, la
+cadena rota para siempre, el hogar sin lumbre, los establos vacíos, la
+casa en silencio y (lo que es peor, si no metisteis la llave entre las
+cuatro tablas que fueron a pudrirse con mis huesos al campo santo) en
+manos de hombres que no verán en ella más que el ochavo roñoso con que
+pagarán el derecho de maltratarla. Pues échate a pensar después en todas
+estas gentes que viven de su calor, porque son todos ellos, lo mismo que
+fueron sus padres y debieran serlo sus hijos, como sangre de la nuestra
+sangre y carne del nuestro propio cuerpo, mirándola de reojo al
+principio para acabar por no acordarse de ella y por irse desparramando,
+como pollucos sin la madre, robados al fin, uno a uno por el milano que
+no duerme... ¡Ay, trastajo! Esto es muy doloroso, hasta para soñado en
+pesadilla... ¿Qué no será, hijo mío, visto y palpado en la misma
+realidad? Créeme, Marcelo: importa mucho más que la vida de tu tío, lo
+que ha de irse con ella al otro mundo, si Dios no lo remedia... ¿No te
+parece a ti que pudiera ser ésta la «consistidura» de las cosas raras
+que me quitan el sueño y tanto me acobardan últimamente?
+
+Conociendo como conocía yo la entereza de carácter y los sentimientos de
+mi tío, evidente era que andaba en lo cierto en aquella suposición, y
+que por cierto lo tenía él aunque aparentaba lo contrario; pero yo no
+podía declarárselo así, porque declarándolo, o me manifestaba a sus ojos
+descariñado e inclemente, o aceptaba un compromiso que no podía aceptar,
+porque era otro muy distinto del suyo mi modo de ver aquellas cosas. Me
+hubiera sido fácil engañarle aventurando una promesa que quizás andaba
+él buscando desde la primera carta que me escribió; pero me repugnaba
+esa mentira dicha a un hombre tan honrado y tan sagaz como aquél,
+exponiéndome, además, a que no me la creyera. Por eso adopté un
+temperamento anodino que ni alcanzó a levantar sus abatidos ánimos, ni
+siquiera a disfrazarle los aprietos en que me puso con su pregunta.
+
+--Todo ello--repuso el buen señor, tratando de hacer un pinito de
+cháchara que no le salía bien--, es decir por decir. Marcelo, y ya que
+echamos la conversación hacia ese lado... ¡Pues tendría que ver,
+¡pispajo!, que diera yo ahora en la gracia de agobiarte con pesadumbres
+nuevas, cuando más falta te hace algo alegre con que espantar las
+negruras de este temporal que se nos ha echado encima! Mira, hombre,
+créasme o no me creas: las únicas agallas que me quedan... vamos, lo
+único para que me siento animoso a la hora presente, es para ayudar a
+que no se te amurrien a ti también las alegraderas. ¿Oístelo? Pues
+bueno. Algo más y de más importancia que tengo que decirte, ya te lo
+diré en su hora y lugar correspondientes, y sin tardar mucho. Dicho
+debiera estar ya y por si acaso, días hace; pero... basta de
+conversación, y no te espante la amenaza, que aunque el punto es
+pariente cercano del tratado aquí, no tiene la cara tan fea. Si las
+tuvieran iguales los dos me libraría yo mucho de darte a conocer la que
+no has visto todavía.
+
+Entró en la cocina Tona, algo tocada también de la murria inverniza, a
+trajinar en el fogón donde hablábamos mi tío y yo al calorcillo de la
+lumbre, y ya no pude preguntarle lo que tenía a la punta de la lengua,
+como exploración siquiera alrededor de la casta de aquel nuevo «punto»
+que me había puesto en gran curiosidad.
+
+Pero más que curioso por aclararle, quedé preocupado y triste con la
+pintura hecha por don Celso del estado de su espíritu. Para llegar a
+tales extremos de franqueza un hombre de su temple, ¿cuál no sería el
+peso de su tribulación? Y ¿cuál la magnitud de mi disgusto y de mi pena
+al considerar que yo poseía el remedio de la más grande de las suyas, y,
+sin embargo, me resistía a ofrecérsele? ¿Era honrada esta conducta mía?
+¿Estaba obligado yo a aceptar compromisos imposibles de cumplir? ¿Estaba
+bien demostrada esta imposibilidad? ¿Cabía, en la duda, el recurso de
+prometer, a reserva de cumplir hasta donde se pudiera?...
+
+Puesta la cuestión en estos últimos términos ya me pareció más racional
+y soportable; y si hubiéramos continuado los dos solos en la cocina, es
+posible que allí mismo hubiera intentado yo introducir por este
+resquicio el primer sostén para sus desfallecimientos.
+
+Pero Tona llevaba tarea para rato (como que se andaba en las
+proximidades del mediodía), y por si era poco este estorbo, entró Facia
+a dirigir la faena. ¡Cosa extraña! La mujer gris era el único ser de los
+que habitábamos la casona, en quien no había estampado alguna roncha el
+azote del temporal reinante. Hasta el mismo Chisco andaba un tanto
+espelurciado y encogido por establos y corraladas, y entraba en la
+cocina algunas veces con el humor avinagrado; al revés que Facia, la
+cual, desde que se habían desencadenado las primeras celleriscas,
+parecía otra. Cuanto más azotaban los granizos los paredones de la casa,
+y más «runflaban» los vendavales en el cañón de la chimenea, más alegre
+se le ponía la cara y más diligente se volvía para el trabajo.
+
+Viéndola tan boyante y en tan ventajosas disposiciones, trabé
+conversación con ella aquel mismo día, al llevarme no sé qué cachivaches
+a mi cuarto.
+
+--Parece--la dije para empezar--, que marchan bien los asuntos, ¿eh?
+
+Entendióme la pregunta; y después de sobrecogerse un poco con ella, me
+respondió sin titubear:
+
+--Así me los conserve Dios muchu tiempu.
+
+--Me alegro en el alma--la dije entonces--; porque por no verla a usted
+con los espantos de estos días...
+
+--¡Ni me los miente, señor, por obra de caridá!--me replicó volviendo a
+compungirse--. Paez que los males, como si oyeran, se ponen de pie en
+cuanto se les menta en boca...
+
+--De todas suertes, resulta que los negocios de usted andan al revés del
+tiempo.
+
+--¿Por qué lo diz, cristianu?
+
+--Porque a la vez que él se embravece y se emperra, ellos van mejorando.
+
+--Siempre lo que Dios jaz está bien jechu... ¡Ah, si esto durara
+muchu!...
+
+--¿El temporal?
+
+--Y lo otru.
+
+--¿Cuál es lo otro?
+
+--Lo que reza con lo que usté quiere saber.
+
+--Y sin llegar a conseguirlo, por más señas... Vamos a ver, Facia: ahora
+que está usted un poco más tranquila, ¿por qué no me lo cuenta? ¿Por qué
+está llevando usted sola tan pesada carga?... porque yo creo que ni
+siquiera Tona tiene la menor noticia de ella...
+
+--¡Hija de mi alma!... La lengua me partiera en dos con los mesmus
+dientes mius si la viera en tentaciones de parláselu... ¡igual que al
+probe señor y mi amu! ¡Santa Virgen de las Nieves!... Y, por caridá de
+Dios, no me pregunte más de esu por ahora... ni nunca jamás, señor don
+Marcelu; que yo, por la cuenta que me trae, buscaré el amparu de usté
+cuando la carga me rinda y las angustias me ajueguen... porque la peste
+ha de golver, y sin mucha tardanza, señor don Marcelu. ¡Ay, desdichada
+de mí!... ¡Y el amu... y Tona!... ¡Santa Virgen la mi Madre!
+
+Púsose lívida de repente, se le pintaron en la cara las angustias de
+otros días, y llevó hasta ella sus manos cruzadas y convulsas. Me movió
+a compasión la pobre mujer, y sentí remordimientos de haber sido yo el
+causante de aquella crisis amarga. Tomé con empeño el trabajo de
+calmarla, y lo conseguí; pero con la ayuda de una «zurriascada» feroz
+que se estrelló de repente contra las puertas del balcón. Cuando esto
+ocurría, se enjugaba Facia los ojos y respondía malamente a mis últimas
+observaciones. Al oír el estrépito de afuera, suspendió hasta las
+lágrimas y se lanzó a uno de los cuarterones abiertos, y allí se estuvo
+mirando, con la avidez de un sediento, aquella mar de lluvia cernida,
+revuelta y zarandeada en el espacio por la furia del vendaval.
+
+--¡Oh!--exclamó al fin, retirándose de su observatorio con la cara
+radiante de alegría y andando presurosa hacia la puerta de salida--, por
+misericordia de Dios, hay pa ratu.
+
+¿No era bien singular y extraño todo aquello?
+
+Entre tanto, yo no cesaba de meditar sobre el grave tema, y punto de
+suma trascendencia para mí, surgido aquella misma mañana de la
+conversación que tuve con mi tío; y cuanto más vueltas le daba en mi
+cabeza, más obligado me creía, hasta por obra de caridad, a ofrecerle lo
+único que honradamente le podía ofrecer yo. Si con este ofrecimiento se
+curaba de sus angustias mortales, ¿qué mayor satisfacción para mí? Si
+andando el tiempo resultaba que no llegaban mis fuerzas tan allá como
+mis buenos propósitos, ¿qué culpa tendría yo de ello?
+
+No vacilé más: busqué a mi tío, le hallé en su cuarto cerca de un
+brasero, hojeando unos papeles, tosiendo mucho y moviéndose mal debajo
+de la espesa ropa que le abrumaba, a la tétrica luz de la media tarde y
+al ruido ingrato de las celliscas y de los truenos que no cesaban
+afuera.
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Me anuncié preguntándole desde la puerta si podía hablar con él cuatro
+palabras sin molestarle.
+
+Volvió hacia mí la cara con la viveza ratonil que le era propia, y me
+contestó, enderezando cuanto pudo el cuerpecillo descarnado:
+
+--¡Mira, hombre, qué casualidad!... Apuradamente estaba yo pensando en
+ir enseguida a preguntarte lo mismo para cumplirte después la promesa
+que te hice esta mañana por remate de nuestra conversación.
+
+--Pues a cumplir otra promesa--añadí--, que no pude hacerle a usted
+entonces por falta de oportunidad, pero que quedó hecha en mis adentros,
+vengo yo ahora.
+
+--Ya estás sentándote y hablando--me dijo a esto, arrojando sobre la
+cómoda los papeles que hojeaba, sentándose después en una silla junto a
+la caja del brasero e indicándome que hiciera yo lo propio en otra que
+estaba enfrente de ella.
+
+--En lo de sentarme--le dije, haciéndolo--, le obedezco a usted desde
+luego; pero en lo de hablar... no tanto.
+
+--¡Esta es buena, trastajo! ¿Por qué, hombre?
+
+--Porque quiero darle a usted la preferencia, como debo, en lo que
+mutuamente tenemos que decirnos, según parece.
+
+--Vaya, vaya, déjate de cumplimientos, y empecemos por el caso tuyo, que
+para el mío siempre hay lugar. Conque ¿qué es lo que se te ocurre, hijo
+mío?
+
+--Pues lo que se me ocurre--dije yo comenzando a tocar las dificultades
+de acometer de frente un asunto de tan delicada naturaleza como aquél,
+cuyo punto de partida era nada menos que la muerte de mi venerable
+interlocutor--, se me ocurre, mi querido tío, algo que se relaciona con
+otro algo que le oí a usted esta mañana y me produjo muy honda y muy
+amarga impresión...
+
+--A ver, a ver--interrumpió el pobre hombre acercando más su silla a la
+mía, mientras se pintaba en sus ojuelos chispeantes la curiosidad que le
+devoraba.
+
+--No crea usted que se trata de una cosa del otro jueves--añadí
+sonriéndome.
+
+--Sea del otro jueves o del otro sábado, ¡venga esa cosa por derecho y
+sin envoltorios, hombre!--me respondió con un brío inconcebible en su
+extenuación cadavérica.
+
+--Corriente--le dije yo, no sabiendo cómo armonizar mis escrúpulos con
+sus impaciencias--; pero después de declarar, para la debida
+inteligencia, que yo tomo el caso en el punto mismo en que usted le puso
+y le dejó esta mañana.
+
+--Declarado y entendido... ¡Adelante ahora!
+
+--Me dijo usted entonces, metido en la injustificada aprensión de que
+iba a morirse pronto... y Dios no lo confirme.
+
+--Ésa es cuenta de Él y mía... ¡Adelante, Marcelo!
+
+--Me dijo usted, repito, confesándome además que esa... aprensión...
+
+--Aprensión, ¿eh?
+
+--Que esa... cavilación, si lo prefiere así, era la que le estaba
+matando; que a usted no le espantaba la muerte, sino el morirse, el
+cesar de vivir, el irse del mundo para siempre, porque hace mucha falta
+en él y no deja quien le reemplace en su labor de toda la vida. ¿No es
+ésta, tío, la sustancia de lo que usted me declaró?
+
+--Justa y cabal, Marcelo; justa y cabal...
+
+--Y por eso, por esa pena tan grande, por ese modo tan triste de ver las
+cosas, iba usted perdiendo la tranquilidad y el sueño... y hasta la
+vida...
+
+--Ni más ni menos, ¡pingajo!... ¡hasta la vida!
+
+--Una alucinación como otra cualquiera; pero, en fin, así lo ve usted, y
+esto basta para su martirio que, en definitiva, es real y verdadero.
+Pues bien: si usted tuviera un hijo que le sucediera en sus
+inclinaciones, en sus propósitos y en sus obras, no hubiera cabido en
+usted ese temor a la muerte, ni esa... aprensión de morirse... Creo que
+es esto lo que también me dijo usted esta mañana, o me lo dio a
+entender, por lo menos.
+
+--No, no: lo dije; y si no resultó bien claro, fue porque no supe
+decirlo.
+
+--Corriente; pero sucede que no existe ese hijo, y que tampoco me dijo
+usted si la falta de él puede sustituirse con... algo.
+
+--¿Con qué, Marcelo? ¿Con qué?
+
+Y aquí el bendito de Dios erguía su cabeza, alargando el pescuezo
+descamado y rugoso y devorándome con los ojos anhelantes.
+
+La emoción es contagiosa, y no logré darle, sin descubrir algo de la
+mía, esta breve respuesta:
+
+--Verbigracia, con un deudo de su mismo apellido de usted...
+
+Se revolvió convulso entonces en la silla, comenzó a resobarse una
+contra otra las manos trémulas, avivó las llamas de sus ojos que no
+apartaba de los míos, y me dijo ansiosamente después de haber acudido en
+vano dos veces a los registros de su voz:
+
+--Venga el nombre de ese deudo... si es que le conoces tú. Por lo que a
+mí toca, no conozco más que uno.
+
+--Pues si le conoce usted...--apunté yo, prefiriendo, por un sentimiento
+harto fácil de estimar, que la insinuación partiera de él.
+
+--Y ¿qué adelanto yo con conocerle?--exclamó aquí mi tío, detenido
+probablemente por el mismo reparo que yo.
+
+Dándolo por cierto y con entera resolución de llegar cuanto antes al fin
+que me proponía, le añadí:
+
+--Con franqueza, tío: aunque nada me ha dicho usted nunca de ello,
+muchos síntomas bien claros me han hecho creer que, en su opinión, no
+caería mal en esta casa, mañana u otro día, ese pariente a quien ambos
+nos referimos.
+
+--¡Cascajo... pues yo lo creo!... ¡Como santo en su peana!
+
+--Y ¿por qué no me lo ha dicho usted derechamente?
+
+--Pues, hijo del alma, y franqueza por claridad, porque no me gustan
+santos a la fuerza; y para serlo de buena voluntad y de la clase que se
+necesitan aquí, no veía yo la mejor madera en ese pariente mío. ¿Lo
+quieres más neto?
+
+Iba, entre tanto, difundiéndose por toda su faz, lívida y acartonada,
+una expresión de intensa alegría; pero con tal rapidez, que no parecía
+sino que le daban impulso los mismos vendavales que zumbaban entre los
+peñascos y jarales del contorno. Y cuando le dije terminantemente lo que
+pensaba decirle, se incorporó con la agilidad de un muchacho, me miró
+con unos ojos en que se pintaba la exaltación de su espíritu resucitado,
+y exclamó:
+
+--¡Tú, Marcelo!... Nada menos que tú... ¡el hijo de mi hermano Juan
+Antonio!... ¡Un Ruiz de Bejos de pura casta, sano y garrido como un
+trinquete!... Pero ¿lo has pensado... lo has medido bien, hijo mío? ¿No
+hay en tu arranque algo... vamos, algo de caridá que te ciegue? ¿Sabes
+bien todo lo que pesa esa carga en un hombre de tu ropaje? ¿Será posible
+que Dios misericordioso lo haya sido conmigo también en esto que le he
+pedido tan de veras?
+
+--Vamos a cuentas sobre ello, querido tío--le dije levantándome yo
+también según iba creciendo su exaltación, y tomando sus manos entre las
+mías--. Vamos a cuentas, y a cuentas claras: el simple deseo de usted,
+declarado con franqueza, me hubiera bastado, desde que estoy en
+Tablanca, para brindarme, sin esfuerzos ni violencias, a lo que me he
+brindado hoy, en el supuesto aventurado de que yo le sobreviva a
+usted...
+
+--Déjate de supuestos, hijo, y dalo por cosa hecha... y para muy pronto:
+yo sé a qué atenerme sobre eso mejor que tú.
+
+--Démoslo, por un momento, como usted quiere y para entendernos mejor; y
+digo que me comprometo, en ese triste y desgraciado caso que Dios aleje
+de nosotros tan allá como yo deseo, a poner de mi parte cuanto quepa en
+las fuerzas de mi decidida voluntad, para proseguir la obra benéfica de
+usted aquí, y desde luego, le empeño mi palabra de que la cadena, por de
+pronto, no ha de romperse por el eslabón que yo represento en ella...
+Después, sólo Dios puede saber lo que sucederá; Porque...
+
+--¡Punto ahí, Marcelo!... porque ya me concedes hasta más de lo que yo
+me hubiera atrevido a pedirte... ¡Y Dios te lo pague en la medida de lo
+que yo lo aprecio!
+
+Enseguida me abrazó muy conmovido; abracéle yo a él también al mismo
+tiempo, y no muy sereno que digamos, y abrazados estuvimos lo bastante
+para que yo percibiera el acelerado compás de su respiración.
+
+Al desprenderse de mí, clavó la vista durante un buen rato en el
+crucifijo que estaba colgado sobre el testero de su cama. Se había
+descubierto la cabeza para eso, y yo, por respeto a lo que debía de
+estarse tratando en aquella escena sin palabras, me descubrí también.
+
+En cuanto descendió con la atención a las cosas del bajo mundo, me dijo
+con voz entera y mucha tranquilidad:
+
+--Vamos ahora a tratar del asunto mío.
+
+Púseme gustoso a sus órdenes; rogóme que le ayudara un poco allí y salió
+del cuarto: llegóse al mío; metió la cabeza dentro de él; hizo lo propio
+en la alcoba del salón intermedio, y trancó luego la puerta de éste.
+Vuelto a su punto de partida, desde donde le observaba yo lleno de
+extrañeza, cerró también con llave la puerta, y me dijo placentero y
+sonriente, pero ahogándose de cansancio:
+
+--¿Te asombrarán un poco estos husmeos de lebrel, eh?
+
+Respondíle que sí, y añadió:
+
+--Pues todos son necesarios, con lo curiosas que son las gentes, cuando
+el caso lo requiere como ahora. Por lo pronto, repara bien lo que yo
+vaya jaciendo, y ten la caridad de ayudarme cuando te lo pida.
+
+Dicho lo cual, se dirigió a la alacena que estaba cerca de la ventana y
+en la misma pared, y la abrió con una de las llaves encadenadas en un
+llavero que sacó, pujando mucho, de un bolsillo interior de su chaleco.
+
+La alacena era de poco fondo, y no tenía más que una balda a la mitad de
+su altura. Sobre la balda y debajo de ella había como una docena de
+legajos, arranciados los más de ellos y atados con bramante deshilado y
+medio destorcido.
+
+--Son copias de escrituras--me dijo mi tío--, cuentas viejas de
+particiones de bienes, y otros papelotes de familia... Vete poniéndolo
+todo encima de esa cómoda, porque yo no tengo ya resuello ni para
+levantar los brazos solos... ¡Por vida de los demonios... del
+pispajo!...
+
+Hice lo que me mandaba, y fue sacando de la alacena, además de los
+legajos, tres pares de candelabros de plata, varios cubiertos y una
+bandeja del mismo metal, y un rimero de porquerías, entre ellas más de
+seis libras de polvos de salvadera envueltos en un papel de estraza, y
+una jarra blanca como de media azumbre, con un paluco adentro. El
+interior de la jarra y el paluco estaban cubiertos de una costra
+negruzca muy removida y cuarteada. Pregunté a mi tío con una mirada para
+qué servía aquello, y me respondió:
+
+--Eso es para hacer tinta... digo, era; porque ya con la última hecha el
+año que pasó, ha de sobrarme. La hacía con agallas y caparrosa, y la
+revolvía dentro de la jarra con ese paluco, que es de higar, porque de
+otra madera no sirve: saca la tinta mal color.
+
+Después de desocupada la alacena, me mandó mi tío que sacara la balda
+tirando hacia mí. Saqué la balda, que era pesada y de castaño, como todo
+el interior de la alacena. Quedaban sobre el fondo de ella, en sentido
+vertical y uno en cada ángulo, dos anchos listones, que parecían estar
+allí para sostener los extremos de los otros dos horizontales y más
+estrechos, sobre los cuales descansaba la balda; pero era otro muy
+diferente su destino: estaban sueltos y servían para ocultar unos
+pasadores de hierro con que se sujetaba a los tableros laterales el del
+fondo. Sacado éste al fin, después de quitado el estorbo de los cuatro
+listones, y vencida la dificultad, no pequeña, de correr los pasadores
+oxidados, apareció un bulto negro en las entrañas de la pared.
+
+--Jala de eso pa-cá, arrastrándolo--me dijo mi tío señalándome el bulto
+con la mano por encima de mis hombros medio embutidos en la alacena.
+
+Embutílos todavía más para hacer lo que me ordenaba mi tío; llegué con
+las manos al bulto, que tenía cuatro caras, duras y frías, como que eran
+de hierro; doblé los dedos sobre las aristas del fondo, y tiré hacia
+mí--, pero no me bastó el primer tirón, porque era muy pesada la caja, y
+tuve necesidad de repetirle con mayor fuerza para arrastrarla hasta la
+boca de la alacena, donde la dejé por encargo de mi tío.
+
+--Ahora--me ordenó--, dale media vuelta, de modo que quede hacia
+nosotros la cara de atrás.
+
+Hícelo así, y apareció en ella la cerradura, que a la simple vista no
+tenía nada de particular. La caja mediría poco más de un pie de ancha,
+por cosa de pie y medio de alta.
+
+--Corriente--dijo mi tío entonces--. Pues ahora déjame ponerme donde tú
+estás; pero repara bien lo que me veas hacer para enterarte mejor de lo
+que te vaya explicando.
+
+Entonces eligió otra de las llaves de su llavero, y, con mano algo
+temblorosa, la dirigió a un punto determinado de la cerradura de la
+caja.
+
+Todos estos procedimientos y detalles iban poniendo mi curiosidad y mi
+extrañeza en un grado de tensión extraordinario. El aspecto de la
+habitación, tan austero que rayaba en lo pobre; su puerta y las
+inmediatas, cerradas con llave; aquel hombre extenuado, envuelto en un
+ropaje burdo y desaliñado, sobre el que destacaban la cara lívida, de
+ojos hundidos y relucientes, y las manos cadavéricas; aquella alacena de
+fondos negros, y en otro fondo de ella, más negro aún, una caja de
+hierro oculta por una trampa más o menos ingeniosa; una luz tétrica
+iluminando la estancia, y fuera de ella los bramidos del huracán, me
+estaban pareciendo en conjunto un pasaje de melodrama, en el cual
+desempeñaba yo un papel de galán joven, protegido del desalmado usurero,
+por uno de esos incomprensibles antojos del corazón humano.
+
+--Esta caja--me decía mi tío mientras me revelaba prácticamente el
+secreto de su cerradura, bien fácil de aprender, después de explicado--,
+la discurrió y la jizo un jerreru de aquí, muy amañante y de mucha idea,
+y se la regaló a mi padre; y para ella se abrió, tiempo andando, esta
+alacena en este morio, que no baja de cuatro pies de macizo. No hay
+memoria de intento de robo en esta casa; pero ya que había caja con
+secreto y algo que guardar en ella...
+
+Tan pronto como quedó abierta, y a la vista una buena parte de lo que
+guardaba, se volvió mi tío hacia mí y me dijo, como si estuviera leyendo
+los pensamientos que bullían en mi cabeza:
+
+--Lo que menos te has figurado tú, al ver lo que está pasando aquí rato
+hace, que tu tío es un avariento dejado de la mano de Dios, y que trata
+de deslumbrarte los ojos con los frutos de sus rapiñas. La verdad,
+Marcelo: yo me lo figuraría, puesto en tu caso.
+
+Me sonreí sin decir una palabra, y continuó mi tío:
+
+--Pero así y con todo, por esta vez fallan las señales. Esto que aquí
+ves, es, en suma y finiquito, el ahorro de tu tío Celso... y la puchera
+de los pobres de Tablanca. Estas alhajas sueltas son las que han ido
+llegando a mis manos, como llegaron otras semejantes a las de tu padre,
+por herencia de nuestros mayores, menos unas pocas, estas arracadas de
+oro, y estas gargantillas de coral, y este relicario de plata con
+piedras finas, que le regalé yo a mi pobre mujer cuando nos casamos, y
+tuvo empeño en legármelos a su muerte. Estos cartuchos largos y cortos,
+gordos y flacos, son de monedas de oro todos ellos. No sé lo que
+componen en conjunto, porque nunca he querido cansarme en averiguarlo.
+Lo que sé es que las mermas de ello dependen de las necesidades que haya
+fuera de mi casa. A mí y a cuantos en ella vivimos, nos sobra con lo que
+nos da la tierra cada año, y eso que nos tratamos bien y a qué quieres,
+boca. Las fuentes que lo han ido manando, no están, como puedes
+comprender, en las pobres tierrucas y en los ganados de Tablanca: otras
+hay muy lejos de aquí, y viejas en la familia, de mejores manantiales.
+De todas ellas tendrás noticias, cuando las necesites, en papeles que
+están en esos legajos y hasta encima de la cómoda... velos ahí, porque
+un rato hace andaba yo con ellos entre manos. Lo que importa que sepas
+sin tardanza, por lo que pueda tronar, es que había en este joriaco lo
+que ya tienes a la vista y no está inventariado en ninguna parte; y que
+todo ello, alhajas y monedas, es de tu sola pertenencia desde este mismo
+momento.
+
+Sorprendido con la ocurrencia, intenté hacer muy formales reparos a mi
+tío. No me consintió decir una sola palabra.
+
+--Es asunto mío--me dijo, tapándome la boca con una mano, fría como
+piedra sepulcral--, y resuelvo sobre él lo que me da la gana. Además,
+estoy entrando en vena de hablar, y necesito hablar yo solo y sin que
+nadie me corte la palabra... ¡trastajo!, hasta para sacar los atrasos de
+estos días de murrias negras. Lo peor es ¡por vida del pispajo! que me
+va faltando el resuello... Deja que descanse un poco.
+
+Sentóse en una silla apurado de respiración, más lívido que antes de
+cara, y trasudando. Aconsejéle que no volviera a hablar de aquel asunto
+ni de ningún otro, porque necesitaba reposo y tranquilidad; pero no me
+tomó en cuenta el consejo. A poco rato, aunque sin moverse de la silla,
+continuó así:
+
+--Conviene que te advierta, para que lo tengas entendido, que no trato
+de corresponder con esta miseria al gran favor que me ofreciste poco
+hace. La prueba de ello, si no te basta mi palabra, la hallarás en mi
+testamento, hecho a las puertas de la muerte, cuando el primer ataque de
+esta perra enfermedad... Te repito que me dejes hablar a mí solo hasta
+que se acabe todo lo que quiero decirte. Otro día hablarás tú, y pata...
+Volviendo al caso, digo que de todo esto que ya es tuyo desde ahora, han
+salido muchos de los que estas gentes creen milagros míos; porque otras
+tantas veces he tenido que hacerme de rogar un poco, con la excusa del
+no poder; pues de blandearme a las primeras dejándoles descubrir el
+manantial, ¡pobre de él y pobre de mí, hijo del alma! porque, en
+finiquito, estos hombres, aunque buenos en lo principal, son rudos y de
+los que se rigen más por la boca que por el entendimiento... Tampoco te
+digo esto de la fuente para obligarte con ello a cosa alguna, sino
+porque es la verdad, y no sobra el que la conozcas... como conozco yo
+que cada uno tiene su modo de matar pulgas, y que tú tendrás el tuyo
+particular, por consiguiente, y sabrás hacer de tu capa un sayo, o dos,
+o los que se te antojen... o ninguno, si mejor te parece. Pero (y vaya
+el ejemplo para ver el asunto por las dos caras) por si te allanaras
+aquí algún día a seguir los mismos gustos que he tenido yo en lo tocante
+a este vecindario, no te he de ocultar que ha de costarte bastante
+trabajo al principio, y algunos disgustos después. Para ayudarte a
+orillar las primeras dificultades, te recomiendo al Cura, que sabe tan
+bien como yo, y hasta mucho mejor que yo, de qué pie cojea cada uno de
+sus feligreses. También te puede servir de ayuda, y buena, Neluco Celis,
+el médico; que aunque mozo, tiene una voluntad de perlas para estas
+cosas, gran ojo y mayor entendimiento. Te advierto también que el Cura
+es el único hombre, fuera de nosotros dos, que sabe lo que se guarda en
+esta pared. Creí conveniente declarárselo cuando no contaba contigo,
+porque no se lo comieran algún día los ratones, o fuera a parar, andando
+el tiempo, a manos que no lo merecen; porque no tengo herederos forzosos
+ni otros parientes pobres que esos dos bandoleros de que me hablaste el
+otro día, y no son merecedores más que de un grillete, que no les
+faltará, si viven... Déjame que se me pase este golpe de tos, y que tome
+otro respiro. ¡Ay, trastajo, qué miseriuca somos a lo mejor!
+
+Esta vez fue más largo el paréntesis de mi tío, porque fue mayor la
+fatiga provocada por la tos. En cuanto se repuso un poco, continuó
+diciendo:
+
+--Pues bueno, y a lo que te iba: ya estás al tanto de las cosas y tienes
+en marcha tu plan: aquí empiezan las alegrías de la buena entraña, pero
+también las desazones gordas, si no te armas mucho de paciencia, ¡pero
+mucho, pispajo! Porque vuelvo a decirte que estos hombres, como caerás
+tú prontamente en ello, no todos son santos. Pero cinco dedos tenemos en
+cada mano, y no hay dos que resulten iguales: lo mismo pasa entre los
+hijos de familia; y pasando así en una familia de pocos y de una sangre
+sola, ¿qué no pasará en una familia de muchos, como ésta en que hay
+hijos de tantas y tan diferentes madres? Toparás, de vez en cuando,
+hasta con desagradecidos, y verás que éste es el tropiezo que más duele
+y el que más obliga a cerrar los ojos para seguir adelante con el deber
+que uno tiene con Dios y con sus buenas intenciones; y obrando así,
+hasta llegarás a mirar a esos desdichados como a hijos que más necesitan
+por sus flaquezas, de amor y de la vigilancia del padre. De todas
+suertes, la prosperidad y el agradecimiento de los buenos te consolarán
+de la ingratitud de los que no lo son tanto; porque malos, propiamente,
+yo no los conozco aquí: la verdad sea dicha. Llevada de este modo la
+tarea, acabarás por tomarla mucha ley; pero guárdate bien de darla nunca
+por asegurada, por firme que la creas por todas partes, porque torres
+más altas y de esa misma hechura se han venido al suelo de la noche a la
+mañana. Tan seguros como yo a estos hombres, tenía a los de Coteruco mi
+gran amigo don Román de la Llosía, y ya te he contado cómo y por qué,
+dos años hace, en cuanto vinieron estas políticas nuevas que hoy nos
+gobiernan, en un abrir y cerrar de ojos se le fueron de las manos, y de
+hombres agradecidos y cariñosos, se convirtieron en fieras enemigas
+suyas, hasta el punto de verse obligado el caballero, más por dolor de
+lo que veía que por miedo que lo tuviera, a mudar su residencia a
+Santander con toda su familia. Y por allá se anda a las fechas, sin
+apartar los ojos de su pueblo, aunque con el consuelo, últimamente, de
+ver cómo van echándole de menos allí y suspirando por él los mismos que
+le vilipendiaron, según van volviendo las heces al fondo de la cuba,
+revuelta por manos viles.
+
+Lo que te probará, por otra parte, hijo mío, que la semilla buena no
+puede dar nunca malos frutos, y que a la corta o a la larga, y después
+de haber sembrado así, lo bueno siempre triunfa y sale a flote por
+encima de todo. Con esto no te canso más por ahora, y vamos a dejar, si
+te paez, todos estos cachivaches como estaban.
+
+Procedimos a ello, es decir, procedí yo, porque mi pobre tío no estaba
+para moverse de la silla, y a duras penas logró sacar de la argolla la
+llave de la arqueta después de cerrada y abierta por mí varias veces
+bajo su dirección, para que no se me olvidara el secreto de la
+cerradura, y mientras iba yo colocando cada cosa en su sitio y trancaba
+la alacena, cuya llave quiso separar también del llavero, y separé yo al
+fin, a sus instancias, por no tener él fuerzas ni paciencia para
+hacerlo.
+
+Enseguida me entregó las dos llaves, sin consentirme la menor palabra en
+contra de su decisión irrevocable.
+
+--Pero, alma de Dios--me dijo por último razonamiento--, ¿no te has
+enterado de que son inútiles ya en mi llavero? ¿No has visto que ni para
+mover las tablucas desclavadas de la alacena me quedan fuerzas ya?
+¿Cómo, sin dar cuarto al pregonero, he de componerme para llegar con las
+manos a lo que hay dentro de la caja? ¿No lo consideras? Pues si (lo que
+no es de esperar) necesitara yo algo de ello en lo que me queda de vida,
+por no alcanzar lo corriente que anda más a la mano en los cajones de
+esa cómoda, con pedírtelo a ti estaba el punto resuelto. Conque basta de
+esta conversación, y a otra cosa... Quiero también que te lleves a tu
+cuarto estos papeles que estaba yo hojeando cuando entrastes aquí, para
+que te vayas enterando de ellos si no tienes cosa más divertida en qué
+entretenerte.
+
+Hizo apresurada y torpemente con todos los que estaban desparramados
+sobre la cómoda, un revoltijo lastimoso, y me los entregó así. Mientras
+yo los plegaba y ordenaba un poco mejor, le exponía excusas y reparos
+que resultaban inútiles: no quería oírme. Cuando acabé mi fácil y breve
+tarea, me dijo:
+
+--Ahora vuélvete, hijo mío, a tus quehaceres y a orear un poco la cabeza
+por la casa; y vete en la confianza de que si con lo tratado aquí entre
+los dos no me has quitado la enfermedad de encima, me has dado fuerzas y
+ánimo que ya no tenía para llevarla sin pena ni miedo hasta la misma
+sepultura; y esto, en mi modo de ver, vale más que una buena salud.
+
+Después me abrazó, y todavía me dijo antes de moverme yo hacia la puerta
+de salida, volviéndose él hacia la solana:
+
+--Mira, hombre; hasta la ira de Dios parece que se ha calmado también:
+ya no llueve tanto ni truena ni rebomba el viento como antes.
+
+Y era la pura verdad: la misma luz de la estancia, a pesar de irse
+acabando la tarde, era menos triste que cuando yo había entrado en ella.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Al cerrar la noche de aquel día sólo quedaban del temporal unos rumores
+lejanos e intermitentes, a manera de jadeo de su cansancio después de
+una brega feroz y continua durante semana y media. Con este motivo fue
+la tertulia algo más animada que las anteriores últimas, y hasta el
+patriarca presidente de ella parecía otro por lo parlanchín que estuvo y
+lo espabilado de humor. Bien conocía yo la causa del milagro. Como
+conocía la de que Facia, al revés de todos los demás, anduviera tan
+alicaída y tétrica las pocas veces que se dejó ver en la cocina. Le
+faltaban a la pobre aquellos estampidos de la borrasca en la boca de la
+chimenea, que arrojaban sobre los recogidos llares costras de hollín tan
+grandes como la palma de la mano; aquel redoblar de los granizos en las
+puertas y en las ventanas de la casona; aquel chorreo incesante de los
+goteriales del tejado, y aquel fluir de los aguaceros por patios y
+corraladas, en regatos espumosos que se despeñaban después por los
+declives de afuera buscando el río que ya no cabía en su cauce. Mirábala
+yo compasivo algunas veces, y respondíame ella con una mirada
+melancólica, que parecía significar: «Ya está la bonanza ahí; ¿ve usted
+qué desgraciada soy?» Y esto era lo que más me preocupaba aquella noche,
+cuando tanto y de cuenta propia tenía en qué emplear la imaginación
+después de lo ocurrido dos horas antes en el aposento de mi tío. ¿No
+tiene cosas bien inexplicables la pícara condición humana? Pero luego se
+cambiaron las tornas y las pagué todas juntas, como decirse suele,
+porque apenas pegué los ojos en toda la noche, y eso que me había metido
+en la cama bastante descuidado por haber visto a mi tío en la suya
+durmiendo con la tranquilidad de un mozo. ¡Entonces sí que vi con los
+pormenores más nimios, y con toda su luz y su cortejo de premisas,
+deducciones y comentarios la escena de aquella tarde! No pude averiguar
+si en definitiva, el pensar tanto y tanto en ella me resultaba grato o
+me mortificaba: matices había para todo en el cuadro y en los
+pensamientos. Lo cierto fue que, desazonado y nervioso con la batalla de
+mis preocupaciones a oscuras, encendí la luz, y que no bien la hube
+encendido, me acordé de los papeles que mi tío me había dado en su
+cuarto al despedirnos, y había guardado yo después en un cajón de la
+cómoda.
+
+--Buen recurso--me dije--, para sobrellevar estas largas horas de
+insomnio.
+
+Levantéme enseguida, cogí los papeles y me volví a la cama, dispuesto a
+enterarme de ellos. Los principales eran tres: el testamento de mi tío,
+un inventario de sus propiedades valoradas en venta y renta, y una
+memoria dedicada a mí, de letra suya, con los renglones muy torcidos y
+bastante emborronada: estaba firmada con fecha posterior a la del
+testamento, y muy poco anterior a la de la primera carta que me había
+escrito después de enfermar.
+
+Empecé por el testamento, que era largo y minucioso. Después de las
+mandas piadosas y benéficas, que eran muchas, entre ellas una muy
+importante relativa a la escuela municipal, hacía muy buenos legados a
+sus sirvientes, en particular a Facia, a la cual dejaba en propiedad,
+amén de su correspondiente legado en dinero, la casería, con tierras y
+ganados, en que había vivido recién casada con el bribón que la engañó;
+perdonaba todas las deudas a sus convecinos de Tablanca, y las rentas
+del año en que falleciera a los llevadores de sus haciendas, cabañas y
+rebaños. Dejaba a mi hermana una finca de dos que poseía en la provincia
+de León; y del remanente de su caudal, después de hechas éstas y otras
+menos importantes deducciones, me nombraba a mí heredero, por ser el
+único varón de la línea directa de los Ruiz de Bejos.
+
+Puestas las cosas aquí, y sin gran sorpresa mía después de lo tratado
+por la tarde mano a mano con el testador, entré en muy vivos deseos de
+conocer el valor aproximado del caudal hereditario. Al fin y al cabo,
+¡qué demonio!, era yo también de carne flaca como los demás hombres.
+Según yo lo esperaba, por antecedentes que tenía adquiridos de mi padre,
+todo el caudal de mi tío, para un hombre de su modo de vivir, era muy
+considerable; pero para un Ruiz de Bejos de mis usos y costumbres, ya
+era cosa muy diferente: mejor dicho, aquel caudal, disfrutado en
+Tablanca como le disfrutaba mi tío, era una verdadera riqueza; viviendo
+como yo vivía en Madrid, sin ser manirroto ni mucho menos, me le hubiera
+comido en pocos años. Así y todo (¿a qué negar lo que no desagrada
+porque es inherente a la humana contextura?), me sentí muy satisfecho
+con la herencia, la cual llegaría a hacerme el primer hacendado de
+Tablanca. ¿A quién le desagrada ser el primero en cualquier parte del
+mundo habitado y habitable, por oscura y mínima que ella sea? Valga por
+compensación de esta flaqueza, la mortificación que sentía con los
+temores de que no fuera tan desinteresada como yo creía la gratitud
+cariñosa con que respondía mi corazón a las larguezas y distinciones de
+mi tío.
+
+Su memoria, redactada con el espontáneo y agradable desaliño que le era
+propio, se reducía a exponerme, a grandes rasgos, el armazón de su obra
+benéfica, llamada por él «su deber»; los frutos principales de ella; lo
+que le costaba aproximadamente cada año en dinero, porque en paciencia,
+no tenía calo ni medida, y una relación de las familias de Tablanca más
+merecedoras, por sus especiales condiciones y virtudes, del amparo y la
+estimación de «la casona». Todo aquello me lo declaraba para mi gobierno
+solamente. El único encargo que me hacía, y muy encarecido, era el de
+procurar que no se desmembrara durante mi vida el patrimonio de los Ruiz
+de Bejos que pasaba a mis manos íntegro y tal como él le había recibido
+de las de su padre y éste de las del suyo, ni al heredarme mis hijos, si
+llegaba a tenerlos; y si no, que pasara a los de mi hermana con igual
+recomendación para los mismos fines, siempre que fueran compatibles con
+las leyes. Por de pronto y para «lo de puertas adentro» que me dejara
+guiar por las indicaciones del párroco don Sabas Peña; y si no vivía
+éste ya, de la persona que me buscaría por su mandato. Él no podía
+explicarse con mayor claridad allí, porque los papeles son cosas
+livianas que se lleva el aire fácilmente, «y vaya usted a saber en qué
+manos van a dar a lo mejor». Después me nombraba las personas encargadas
+de administrarle las fincas «que radicaban» fuera del valle y de la
+provincia, y concluía advirtiéndome que, como ya se declaraba en el
+testamento, a la hora en que escribía aquellos renglones no debía nada a
+nadie, como no fuera su alma a Dios, en cuya misericordia confiaba y a
+quien pedía que hiciera el milagro de que yo sintiera alguna vez el
+deseo de dejar los huesos en el campo santo de Tablanca, después de
+haber vivido muchos años en la casona de los Ruiz de Bejos.
+
+Como los demás papeles, aunque relacionados con el caudal de mi tío, no
+me ofrecían gran interés, renuncié a su detenida lectura por entonces, y
+consagré el tiempo que tenía bien de sobra a espaciar la imaginación, a
+ojos cerrados, por el campo variadísimo de los sucesos de aquel día. Así
+me cogió el sueño muy cerca del amanecer. Cuando desperté, entraba la
+luz en mi gabinete por el cuarterón que siempre dejaba entreabierto en
+la puerta de la solana. Me pareció que la luz era más alegre que la que
+me había saludado en idénticos casos durante la última quincena, o que
+estaría el sol ya muy arriba, lo cual no sería extraño por lo tarde que
+me había dormido por la noche. Miré el reló que tenía a la cabecera de
+la cama, y vi que eran poco más de las ocho. A pesar de la falta que me
+hacía dormir un buen rato más, levantéme y abrí todo el cuarterón. El
+poco cielo que veía desde allí, estaba raso y azul como un paño de seda,
+y el sol bañaba ya todos los picachos del Oeste. Relucían las peñas y
+los troncos y los bardales y los suelos por todas partes, eso sí, y se
+sentía un frío húmedo y pegajoso que llegaba hasta los huesos; pero
+estaba risueña y en calma la Naturaleza, y esto levantaba mucho los
+ánimos.
+
+Pensando más que en estas cosas en mi tío, a quien anhelaba saludar como
+todos los días al levantarme (especialmente desde que andaba tan
+alicaído, y me había recomendado mucho el médico la mayor vigilancia
+sobre él), y barajando con este sentimiento los recuerdos que se iban
+despertando en mi memoria, despaché en el aire mis operaciones de
+tocador.
+
+«Y vamos a ver--decíame a mi propio en cuanto me hallé dispuesto a salir
+del cuarto--, ¿qué cara pongo a mi tío después de lo que ha pasado esta
+noche? ¿En qué temple de ánimo, en qué estilo he de expresarle «lo que
+procede»? Y ¿cuál es «lo que procede»? Porque él debe dar por hecho que
+a estas horas estoy enterado de todo; y en casos tales, un grado menos
+de lo justo en la expresión de lo que se siente, desnaturaliza la
+seriedad de un papel y hasta pone en ridículo al actor».
+
+Afortunadamente se anticipó él mismo a sacarme del atolladero. Sin
+responder a la salutación que le hice en la cocina, adonde había ido el
+infeliz desde la cama, me dijo, porque estábamos solos en aquel momento:
+
+--Como ya habrás leído los papeles que te entregué ayer tarde, por lo
+menos el principal de todos, quiero, y así te lo mando, que no me hables
+una palabra ahora ni después ni nunca, de esos particulares ni de ningún
+otro que sea pariente de ellos. Hazte la cuenta de que no ha pasado nada
+entre nosotros de dos semanas acá, y atente a ello si deseas darme
+gusto. ¿Entendístelo? Pues en la creencia de que sí, te digo ahora,
+respondiendo a tu pregunta de antes, que he pasado una noche de las
+buenas, ¡de las buenas, trastajo! He dormido más de cuatro horas, y no
+he tosido veinte veces.
+
+Por este camino tan cómodo salí del compromiso que tanto me apuraba, y
+bien sabe Dios cuánto me alegré de ello. ¡Sobre que las resoluciones de
+mi tío habían de ser irrevocables!... Pero ¡qué malo estaba el pobre, no
+obstante la extraordinaria mejoría de su espíritu! ¡Cómo se iban
+conociendo de día en día, en su cuerpo aniquilado, las zarpadas de la
+muerte!
+
+Hacia las once de la mañana aparecieron en la casona don Pedro Nolasco y
+toda su familia, es decir, su hija y su nieta, y fueron recibidos en mi
+habitación, donde también había brasero y nos hallábamos mi tío y yo con
+Neluco que había ido a hacerle su visita diaria. Lita llevaba la cabeza
+envuelta en una esponjada toquilla de color azul celeste, que realzaba
+la frescura de su linda cara sonrosadita por la crudeza del aire
+serrano, y todo el cuerpo gentil arrebujado en un chal de lana gris, de
+mucho abrigo. Según entraba y hablaba en su estilo regocijado y
+pintoresco, iba destocándose la cabeza y desenvolviendo el airoso cuerpo
+con sus ágiles manos medio cubiertas por mitones rojos de estambre.
+Mirándola a ella y mirando al sol que inundaba el valle, tras unos días
+tan negros y tan tempestuosos como los recién pasados, yo no sé por qué
+llegué a ver en la nieta de don Pedro Nolasco, algo así como la paloma
+que volvía al arca anunciando que había cesado ya la ira de Dios y que
+toda la Naturaleza surgía de los abismos de tinieblas purificada de las
+culpas e iniquidades de los hombres. Don Pedro Nolasco hacía temblar las
+paredes con el estruendo de sus ponderaciones de lo recio y de lo crudo
+del temporal. No recordaba otro como él de muchos años atrás. Había
+estado como sin sangre en aquellos días, y no hubo durante ellos lumbre
+que alcanzara a meterle en calor. Y bien se conocían, sin que él los
+ponderara, los chamuscones que se había dado, porque apestaba desde
+lejos a humo de cocina, y tenía la piel como los chorizos curados y
+hasta con hollín. Mari Pepa no veía motivos para tantas ponderaciones:
+aquel temporal había sido como otros muchos que habían pasado y que
+pasarían. Lo único de él que la mortificó verdaderamente, fue el
+privarla, y privar a todos los de su casa, de ir a hacer un rato de
+compañía a don Celso y ver cómo andaba de salud. Y a eso iban entonces,
+aprovechando el primer sol que se veía después de una quincena de
+aguaceros y «celleriscas», y sobre todo ello se habló mucho en muy poco
+tiempo, quitándose unos a otros la palabra, mientras Lita, corriendo su
+silla hacia la mía que estaba alejada del brasero, me contaba, casi al
+oído, lo alarmados que estuvieron todos en su casa con las noticias que
+Neluco les iba dando de mi tío, al pasar por allí de vuelta de sus
+visitas, y el trabajo que le había costado a ella disimular la pena que
+acababa de sentir al encararse de pronto con don Celso. ¡Qué «mortalón»
+le veía, Virgen y Madre de Dios! Y tras esto, me acosó a preguntas: si
+comía, si descansaba, si conocía su estado, si me daba mucho que hacer,
+si podían ellos hacer algo en alivio nuestro; porque ya se sabía que
+casa sin mujeres, andaba como Dios quería en los apuros graves. Buena
+era Facia, buena era Tona; pero... al cabo, al cabo. Vaya, que no era lo
+mismo. Su madre era una gran enfermera, y ella tenía buena voluntad; y
+cuando llegara el caso, si desgraciadamente llegaba, que no anduviéramos
+con miramientos que no pegaban bien entre vecinos amigos y hasta
+parientes.
+
+Como a lo más de esto tuve que responder, y la conversación continuaba
+enredándose en el otro grupo con la inagotable verbosidad de Mari Pepa,
+y hasta se marchó Neluco de la visita, porque tenía que hacer otras dos
+antes de comer, y, sobre todo, porque estaba yo muy a gusto al lado de
+aquella criatura tan atractiva, lo tratado entre los dos se fue
+enredando también poco a poco, hasta extraviarse al fin por derroteros
+que ninguna comunicación directa tenía ya con el punto de partida.
+
+Todas las mujeres que yo llevaba tratadas en el mundo, con más o menos
+intimidad, como formadas en un mismo plantel y educadas con unos mismos
+fines, salvas muy importantes diferencias plásticas, de esas que tocan
+más al cuerpo que al espíritu del observador, me habían dado en
+definitiva una suma de semejanzas morales que llegó a parecerse a la
+monotonía, según mi manera particular de ver esas cosas; y de aquí, es
+decir, de esa condición mía, de la desgracia o de la fortuna de no haber
+sido formada mi naturaleza del mismo barro que la de otros hombres
+llamados «impresionables» la falta de verdadera curiosidad y, por
+consiguiente, de hondo interés hacia aquellas mujeres, a pesar de haber
+vivido con ellas en continuo trato. Pero el caso de Lita ¡era tan
+diferente de los otros casos! Por de pronto, yo encontraba a su lado una
+complacencia, una delectación muy extraña y enteramente nueva para mí.
+Buscando una comparación para este sentimiento, veníanseme a las mientes
+ejemplos muy raros: verbigracia, los lienzos recién lavados y secos, el
+heno de las praderas con su fragancia «a salud y el agua de las fuentes
+rústicas con su pureza transparente. Aspirando la una, podían pasarse
+«las horas muertas» contando las pedrezuelas relucientes del fondo de la
+otra. ¡Placer bien primitivo y candoroso ciertamente! Pero era un
+placer, al cabo, para quien no había hallado otro equivalente entre los
+refinados artificios del mundo; y por eso sin duda, le daba ya tan alto
+precio en aquellas bravías soledades.
+
+Ello fue que la tentación de contar las pedrezuelas de la fuente me
+entró aquel día con doblada fuerza que en otras ocasiones, y que no
+pudiendo resistirla, me lancé a la empresa, tomando por pretexto el
+temporal pasado, nuestras forzadas encerronas por su culpa, y los que
+nos esperaban a las puertas del lugar. Porque yo me preguntaba, viendo,
+admirado, aquella criatura de tan equilibrado organismo: pero, señor,
+¿de qué se alimentan esta alma tan regocijada y satisfecha, y esa
+cabecita luminosa que irradia los pensamientos sin el estorbo de una
+sola nube, en el mismo campo en que yo, hombre atiborrado de lecturas y
+de recuerdos, no hallo con qué levantar un poco el espíritu en cuanto se
+nubla la luz del sol? ¿Qué cantidad de ideas puede haber en ese cerebro,
+de qué calidad serán y cómo las ha adquirido? No llegaba yo con mis
+preocupaciones de hombre mundano hasta el extremo de creer que no
+pudiera llevarse con resignación la vida desconociendo totalmente la
+magia del gran escenario de mis preferencias, porque tenía en contra de
+este absurdo el ejemplo de Mari Pepa y el de su amiga de Robacío, que
+eran el colmo de la felicidad dentro de ese mismo desconocimiento
+absoluto, sin contar las rudas y sedentarias labradoras que no sabían lo
+que era una pesadumbre. Pero Lita era mucho más que esto, y mucho más
+que su madre y que la hermana de Neluco, con no haber visto mayor
+cantidad del mundo, ni bebido las ideas en mejores fuentes que ellas.
+Tenía unas afinaciones, unas delicadezas de sentido y un alcance de
+vista en las honduras de las cosas, aunque tratadas medio en chanza y a
+la ligera, que solamente las concebía yo en las inteligencias muy
+cultivadas.
+
+El caso fue, repito, que di principio a la investigación, movido de una
+curiosidad muy grande; pero teniendo buen cuidado por acomodarme en lo
+posible a las naturales condiciones del terreno, de allanarme yo mismo
+al nivel de lo más sencillo y rudimentario: casi, casi, me introduje en
+su conciencia por las puertas aprendidas en la infancia en el catecismo
+del Padre Astete. «Sitios por donde había andado, ocupaciones que había
+tenido». En sustancia, de eso vinimos a tratar en los comienzos de mi
+labor. De lo primero no supe más que lo que ya sabía por Neluco Celis:
+un mundo de cuatro leguas, escasas, a la redonda de Tablanca; dos o tres
+familias del pelaje de la suya, esparcidas por él; dos ferias cada
+primavera, si el invierno no había sido muy largo, y tres o cuatro
+romerías en el transcurso de cada verano. ¿Deseaba ver algo más que eso?
+¡Psh!... por desear propiamente, no. Ahora, alegrarse de tener ocasión
+de conocerlo un poco, puede que sí, porque a nadie le amarga un dulce;
+pero de todas suertes, a ella se le figuraba que no había de encontrarse
+a gusto entre tanto y «tan pomposo» revoltijo. Una amiga suya, de más
+allá del Puerto, la mandaba algunas veces un periódico de modas que ella
+recibía cada semana: por los dibujos y las explicaciones de ese papel,
+estaba al tanto de cómo se vestían las señoras para ir a las grandes
+fiestas y al paseo. «¡Virgen la mi madre», cuánto dinero debían de
+gastar en esas galas y diversiones, y qué mal la sentarían a ella tantos
+lujos, avezada a las pobrezas de una aldeúca montés y qué avergonzada se
+vería en aquellos festivales tan resplandecientes, debajo de unos
+perifollos que no sabría manejar!... ¡Quita, quita! Bien se está San
+Pedro en Roma. Algo más que las estampas de aquellas señoras, la
+entretenían en el papel unos dibujos de labores que se hacían fácilmente
+y sin costar mucho dinero. De ésas había ido llenando la casa. También
+había aprendido en el mismo papel a cortarse los vestidos y chaquetas.
+¿Qué mejores entretenimientos para pasar horas sobrantes? Porque cuando
+no tenía labor para sí propia o para los de su casa, se la daban bien
+abundante la mitad de las mozas de Tablanca. ¡Como ella no sabía
+negarse, y las otras pobres no conocían otro refugio cuando se trataba
+de las galas domingueras!... «¡Pero qué curiosón era yo, Virgen de las
+Nieves! ¿Si querría burlarme de ella?» ¿Por qué la preguntaba esas
+cosas, ni qué podían importarme a mí, que tanto había visto por el mundo
+y conocería a tantas damas de las lujosas del papel? Ya contaba yo con
+esta salida de los carriles del asunto, lugar común de toda clase de
+interlocutoras en diálogos por el estilo: pura modestia. ¿Cómo no había
+de interesarme a mí, más que todo lo que llevaba visto de lo que hay y
+se ve en todas partes, aquel hallazgo tan lindo y tan nuevo, donde menos
+se podía esperar? No eran adulaciones ni «cortesanías de madrileño»
+estas palabras: podía jurárselo, y esperaba ser creído sin que ella me
+pusiera en un extremo tan desfavorable para mi formalidad. En esa
+confianza, lejos de enmendarme, reincidía en el supuesto pecado, y a la
+prueba si no. Lecturas. ¿Cuáles eran las que más la gustaban? ¿Qué
+libros había leído?... ¡Libros ella!... Si yo me refería a los que se
+usaban ahora. No pasaban de tres: dos que le había prestado la amiga del
+papel de modas, y otro que había traído su padre de Andalucía. Los de la
+amiga trataban de amoríos muy tiernos que la pusieron algo triste,
+porque le daba lástima de los pobres enamorados: en los dos libros se
+veían y se deseaban las parejas de novios para salirse con la suya. El
+libro de su padre tenía estampas, y era una historia de bandoleros que
+robaban y mataban y eran al mismo tiempo muy blandos y muy nobles de
+corazón. Eso no lo podía entender ella bien... Pues estos libros y «los
+de casa» eran los únicos que había leído en toda su vida. Y ¿cuáles eran
+«los de casa»? Pues uno muy grande y muy antiguo de _Cartas_ de Santa
+Teresa, que ya se le sabía de memoria; el _Año Cristiano_, que leía en
+alta voz su madre todas las noches por el capítulo del santo
+correspondiente al día; la _Guía de pecadores_, que su abuelo leía del
+mismo modo de vez en cuando, y de tal arte, que la llenaba de espanto y
+no la dejaba dormir con sosiego después, en media semana; y, por último,
+_Don Quijote de la Mancha_. Éste le leía ella sola para sí, aunque
+salteando algo la lectura, porque muchas cosas que había allí no eran
+para gustadas de pronto por una mujer tan ruda como ella. Sobre la
+calidad de las personas de su trato, ya me había dicho lo principal; el
+resto, «a la vista lo tenía...». «Pero, Señor de los cielos--volvía a
+decirme--, ¡ni aunque estuviera obligada a confesarme con usté!»
+
+Y de este género eran todas las pedrezuelas que fui contando y
+estudiando en el fondo de aquella fuente cristalina y tentadora. Yo
+comprendía que con ello solo pudiera Lita conformarse y vivir alegre sin
+desear otra cosa mejor («mejor» según mi criterio), y que con una
+travesura natural y una inteligencia tan clara como las suyas, se
+pudiera llegar hasta el disimulo de muy apremiantes deseos; pero aquel
+arte delicado con que manejaba la escasez de sus recursos «exteriores»,
+¿dónde le había aprendido? ¿Cómo podían concebirse tantos y tan variados
+registros en una máquina tan simple? Este era el caso extraño para mí.
+
+«¡Pero qué majadero soy!--me dije de pronto, al sentir el paso de un
+recuerdo por mi memoria--, ¿qué más escuela ni qué más libros necesita
+que Neluco?»
+
+Sentí también remordimientos de conciencia, como si estuviera poniendo
+mis manos en el tesoro de un amigo, y me apresuré a dar un tajo a la
+conversación, llevando enseguida los restos de ella hacia la otra que ya
+estaba en la agonía por falta de materia o por sobra de cansancio entre
+los interlocutores.
+
+Marcháronse poco después los visitantes, dejando a mi tío muy fatigado
+con la conversación en que había tomado, por rebeldías de su
+temperamento, más parte de la que debiera, y yo llevé mi cortesía en
+aquella ocasión al extremo de acompañar a la familia de don Pedro
+Nolasco hasta el pedregal en que empieza a descender la cambera hacia el
+pueblo. ¡Qué graciosamente pisaba Lita con sus primorosas almadreñas, y
+con qué donaire se recogía los pliegues airosos de su vestido, que
+apenas dejaban ver dos dedos de media blanca sobre el ancho y peludo
+ribete de las zapatillas!
+
+Por la noche me dijo Chisco asaltándome en el pasadizo que seguía yo
+para ir a la cocina, de la cual salía él:
+
+--¿No tenía usté ganas de probarse un pocu en algu de caza mayor?
+
+Respondíle que sí, temblando sin saber por qué, y añadió:
+
+--Pos a la manu tien la proporción de eyu.
+
+--Explícate--le dije algo nervioso, sin duda por el exceso de mi
+curiosidad.
+
+--Se ha vistu el osu.
+
+--¿En dónde?
+
+--Encima del mesmu rejoyón del Salgueru: a hora y media de aquí.
+
+--Bien; pero... de paso.
+
+--¡Quiá! no, señor: encuevándose.
+
+--Conque... encuevándose... Y ¿quién le ha visto?
+
+--Chorcus, esta mañana, viniendo del invernal de Picachus.
+
+--¿Está bien seguro de haberle visto?
+
+--Como yo de que estoy viéndole a usté ahora mesmu; y el oju suyu no
+falla pa esas visualis, ni el golfatu tampoco, porque lu tien de sagüesu
+finu.
+
+--Corriente... y ¿qué pensáis hacer?
+
+--Pos salir los dos de madrugá a dale los güenos días.
+
+--¿Solos?
+
+--Y ¿pa qué más? No será la primer vez... Pero como usté me tenía
+alvertiu de tiempus atrás que si se presentara una proporción de esas,
+la aprovecharía con gustu...
+
+--Tienes razón, y has hecho muy bien en avisarme... ¡Vaya si te lo
+agradezco!... hasta por la reserva con que lo haces, sin duda para que
+no se entere mi tío. ¿No es verdad?
+
+--Muchu que lo es... ¡como que por eso iba a buscali a usté a su mesma
+sala, cuando le he alcontrau en el caminu... pa que no se enteri el amu
+que está en la cocina!... Porque el recau no me lo dio Pitu hasta jaz un
+cuartu de hora.
+
+--Perfectamente... Pues la palabra es palabra; y si la salud de mi tío
+lo permite, iré con vosotros con muchísimo gusto, ¡ya lo creo! Pero
+entendámonos: ¿cuánto durará esa expedición?... porque yo no puedo
+dejarle mucho tiempo solo.
+
+--Ni yo tampoco faltar de casa más de lo regular. Aunque pa la amañanza
+del ganau, ya deju quien jaga mis vecis... Usté cuenti por seguru que,
+enterus o en peazus, estamus de güelta pa la hora de comer.
+
+--¡Qué cosas tienes, hombre!... Conque enteros o en pedazos, ¡como si
+fuera tan arriesgado el lance!
+
+--No es de bodas propiamenti; pero claru está que el dichu fue sólu por
+decir. Tocanti a lo demás, si tien usté el menor... vamus... el menor
+recelu por la bestia, que no deja de imponer un pocu la primera vez... y
+tamién las siguientis, no venga, que compromisu de eyu no hay firmau.
+
+Me tocó en lo vivo la salvedad del mozón, que no estaba fuera de lo
+prudente ni dejaba de venir al caso, y me la eché de terne,
+preguntándole con brío bastante forzado:
+
+--¿Qué armas hay que llevar?
+
+--Pos la escopeta con cartuchu de bala, y güen acopiu de eyus; el
+cochillón de monti por si es casu...
+
+--¿Crees que podrá hacer falta, eh?
+
+--A mí me ha prestau güen serviciu más de una vez... y llévisi tamién
+esi cachorriyu de muchus tirus, que no sé cómo le yaman ustéis.
+
+--¿El revólver?
+
+--Esi mesmu.
+
+--¿Y nada más?
+
+--Y güen oju y mejor pulsu.
+
+--Pero, hombre... me parece a mí que para una bestia sola, siendo tres
+los cazadores, no se necesita tanto arsenal...
+
+--Si estuviera sola propiamenti, con el primer tiru le bastaba, si era
+míu; pero como está encuevá, ¡vaya usté a saber!... Hay que mirar las
+cosas.
+
+--En resumen, ¡canario! ¿vosotros vais con alguna confianza?
+
+--Y si no la yeváramus, no juéramus.
+
+--Pues mañana, cuando sea hora de emprender la marcha, entras en mi
+cuarto; y si estoy dormido, me despiertas. Te prometo que si no tiene
+novedad mi tío, iré con vosotros; pero si desgraciadamente la tuviera...
+ya ves tú... Conque hasta mañana.
+
+Yo no sé qué cara pondría Chisco oyéndome hablar así, porque en el
+pasadizo donde estábamos conversando a media voz, no se veía la mano
+delante. No sé más, sino que carraspeó un poquito y que, sin añadir una
+sola palabra a las mías, echó a andar hacia la escalera, mientras yo me
+dirigía a la cocina donde se oían ya los parleteos de los primeros
+tertulianos.
+
+
+
+
+XX
+
+
+¡Virgen santa, qué noche pasé! Antes de acostarme le había dicho a mi
+tío que si él se encontraba bien y no me necesitaba para alguna cosa,
+pensaba madrugar y subir a la montaña con Chisco para estirar un poco
+las piernas y quemar algunos cartuchos, si había ocasión de ello.
+
+El pobre hombre, que se recreaba en hacerme agradable o, por lo menos,
+llevadera la carga de mi destierro, aplaudió con toda su alma mi
+propósito, ¡cuándo hubiera dado yo algo bueno porque me le quitara de la
+cabeza con un par de razones transmisibles «decentemente» a Chisco por
+mí! No lo podía remediar: el compromiso adquirido con él para el día
+siguiente, me inquietaba mucho; y al verme solo en mi aposento después
+de dejar en el suyo a mi tío, cuya condescendencia a mis declarados
+propósitos me había parecido algo como firma de juez al pie de una
+sentencia de muerte, me inquietó mucho más; y cuando metido ya en la
+cama, después de preparado el arsenal que me había recomendado Chisco
+para la batalla, me quedé a oscuras, la inquietud anduvo rayando con la
+fiebre. Y yo creo que el caso no era para menos. Dígasele a un hombre de
+las ciudades, hecho a todas las molicies de una vida regalona: «vas a
+vértelas mano a mano con una bestia de las más feroces y temibles, en el
+fondo de una caverna del monte, expuesto a que la fiera no esté sola y
+necesites defenderte de otra o de otras del mismo linaje»; y a ver qué
+carnes se le ponen a ese sujeto, por templado que sea. Cierto que Chisco
+y su camarada habían de llevar la mayor parte en el empeño brutal, y que
+ya no eran nuevos para ellos esos lances terribles; pero al cabo eran
+dos rudos montañeses con más corazón que entendimiento, sobre todo Pito
+Salces, que no tenía sentido común; y vistas las cosas por este lado,
+había mucho y muy grave que temer, racionalmente pensando.
+
+Pues en cuanto me quedé dormido, ¡qué sueños! Manadas de osos por todas
+partes, y osos de todos tamaños y colores; y por remate de estas
+visiones, una caverna tremebunda llena de ellos: tres de los más lanudos
+y graves, sentados en una peña del fondo; los demás, en apretada masa,
+ocupando todo el ámbito hasta la boca de entrada, menos un espacio muy
+reducido entre la primera fila de la masa y los tres animalotes de la
+peña. En este espacio estaba yo, que era el reo en aquella especie de
+juicio oral, y aún quedaba junto a la peña y casi enfrente de mí el
+hueco suficiente para otro oso descomunal que se entretenía en afilar
+las uñas en un canto gordo del suelo, mientras se pasaba la lengua por
+los hocicos y me miraba con ojos sanguinolentos balanceando la cabeza.
+Aquel oso era el verdugo de allí, que esperaba a que los jueces dieran
+el berrido que me condenaba a muerte, para zamparse una buena ración de
+mis pedazos y arrojar los restantes a la muchedumbre que ya se había
+comido a Chisco y a Pito Salces, con escopetas y todo. Bien empleado les
+estaba, por andarse en guapezas temerarias con aquellos animales que no
+se habían metido con nosotros.
+
+Intentando estaba el último esfuerzo sobrehumano para hacerme entender
+de aquel fiero tribunal, cuando me arrancaron de las garras del sueño
+unas cuantas sacudidas de Chisco que acababa de entrar en mi cuarto.
+Pues con verme así libre de tan angustiosa pesadilla, aún hallé cierta
+semejanza entre mi despertar y el del reo en capilla por la llegada del
+verdugo para vestirle la hopa.
+
+Amanecía ya, y, por las trazas, un día de los más esplendorosos y
+templados que podían concebirse en aquella estación y en aquel pueblo.
+Por esta puerta no había escape, y me vestí con la resolución de un
+héroe; pero no me eché encima el armamento sin saber antes cómo había
+pasado la noche mi tío, que de seguro estaba ya despierto, si no
+levantado, según su costumbre de madrugar tanto como el sol mientras le
+quedaran fuerzas bastantes para arrojar sus huesos de la cama. Me dirigí
+en el acto a su habitación, por las rendijas de cuya puerta se veía luz.
+Llamé, y en seguida oí su voz que me mandaba entrar. ¡Que Dios me
+perdone si en algún rinconcillo de los más obscuros y remotos de mi
+corazón, se ocultaba un germen siquiera de inconsciente deseo de hallar
+en la salud del pobre hombre algún ligero trastorno que justificara en
+mí una resolución terminante de no salir de casa «por entonces»!
+
+Tan ricamente había pasado la noche y tan animado le hallé acabando de
+rezar sus oraciones acostumbradas, que me costó mucho trabajo reducirle
+a que no me acompañara hasta el portal. En vista de ello, despedíme
+hasta el mediodía, y me volví a mi cuarto donde me aguardaba Chisco... y
+el café caliente, con tostadas, que por encargo del mozón me había
+preparado Tona... En fin, que media hora después estábamos Chisco y yo,
+armados hasta los dientes, en el portal, donde Pito Salces, con su
+espingarda al hombro y una perruca faldera al lado, entretenía sus
+impaciencias oliscando a Tona en sus trajines de arriba.
+
+Soltó Chisco el _Canelo_ que ya latía en su perrera, oliéndose lo que se
+estaba fraguando entre nosotros, y me mostró su regocijo, al verse
+libre, poniéndome las manos sobre el pecho... y a riesgo de perder el
+equilibrio con la fuerza de sus cariñosas demostraciones.
+
+Andando ya monte arriba, me declaró Chisco, en respuesta a una
+insinuación mía, que no habían querido, él y Chorcos, enterar a nadie
+más que a mí del hallazgo del oso, porque tal como se presentaba el
+lance, era «cosa curriente» y a «cañón posau...» y cuantos menos bultos,
+más claridad. No era yo de su parecer, y creía que, cuando menos, la
+compañía, por ejemplo, de don Sabas, nos hubiera venido de perlas. Que
+no y que no, y que ellos sabían muy bien lo que se pensaban. No dije una
+palabra más sobre el caso.
+
+Tampoco tenía duda para mis acompañantes que el animalote aquél debía
+haberse dado, durante el temporal, la gran vida en su refugio, porque
+harto lo parlaban el esqueleto fresco y casi mondo de una yegua, visto
+por Pepazos en una «rejoyá» de las cercanías de la cueva, y una
+becerruca extraviada de la cabaña, al ir al abrevadero desde el invernal
+de Escajales, que no había vuelto a aparecer. Era, por más señas, de
+Maquileros, un vecino del Tarumbo. De manera que se trataba de un oso
+cebado en carne fresca y a qué quieres, boca. ¡Excelente ocasión la de
+nuestra visita para afinar el apetito de su merced!
+
+Enlazado naturalmente con esta conversación, vino el plan de ataque a la
+fiera en su misma guarida después de cerciorados nosotros de que estaba
+en ella. La cosa no podía ser más fácil, tal como la ponían los dos
+cazadores que conocían a palmos la cueva y sus inmediaciones. También se
+discurrió sobre la eventualidad de que su merced hubiera salido de paseo
+o en busca de provisiones al llegar nosotros a su casa, en la cual
+habría señales infalibles de su modo de vivir y de la mayor o menor
+frecuencia con que la abandonaba. Pero si había familia en el domicilio,
+como era también de creerse, serían muy contados los ratos que faltara
+de él la madre... «u el padre». De modo que resultaban posibles contra
+nosotros tres, en aquel desatinado empeño, dos osos, sin contar la
+prole, que podía ser abundante y talludita. Por supuesto que me guardaba
+muy bien de apuntar estas observaciones que se me iban ocurriendo a
+medida que hablaban los dos mozallones: tenía empeñado mi amor propio en
+aquella empresa, y no quería que se interpretaran mis razones de sentido
+común, por señales de encogimiento.
+
+Después vinieron los consejos y las instrucciones para mí, que jamás me
+había visto en otra. Me parecían muy bien, sólo que todos ellos se
+fundaban en una misma base: la serenidad y el buen pulso. ¡Como si estas
+pequeñeces se llevaran, en lances tan peliagudos, en el morral de las
+provisiones o en el cinto de la cartuchera! Acordábame yo entonces, de
+algo semejante que había visto en una piececita francesa muy graciosa.
+Cierto mercader de pieles se presenta en una aldehuela del Pirineo con
+un buen acopio de ellas, adquirido en Argel: por esto, y por llevar los
+fardos y las maletas determinadas iniciales, y por algo que él dice
+sobre el clima africano y las cacerías en aquellas selvas, tómanle los
+sencillos aldeanos, que eran muy aficionados a la caza, por un famoso
+matador de leones. Déjase correr él que lo ha notado, porque le tiene
+cuenta la equivocación para sus fines mercantiles, y comienza el asedio
+de preguntas de aquellos admiradores entusiastas del perínclito francés.
+«Pero, vamos a ver--llegan a preguntarle--, ¿cómo puede un hombre
+ponerse cara a cara con un león y atreverse a soltarle un tiro?» A lo
+que responde muy sosegadamente el peletero: «De la manera más sencilla.
+¿No se han visto ustedes alguna vez cara a cara con una liebre? Pues
+imagínense, en cuanto estén delante del león, que el león es una
+liebre... y no hay más.» «Efectivamente--replica el menos optimista de
+los preguntantes, rascándose la cabeza--; sólo que me parece un poco
+difícil hacer esas suposiciones delante del león.»
+
+La montaña, desde que yo no andaba por ella, había cambiado mucho de
+aspecto: los robledales que dejé bastante bien vestidos todavía, aunque
+con el ropaje mustio y amarillento, se hallaban completamente desnudos,
+y lo mismo les pasaba a las hayas y a los arbustos de «hoja mudable». El
+suelo estaba «deslavado»; la yerba de las brañas, tendida y atusada como
+el pelo de una cabeza recién sacada del agua, y era cada hondonada un
+torrente. Según íbamos ganando altura, encontrábamos más a menudo
+grandes placas o «tresechones» de granizo congelado en las laderas
+sombrías, y desde los picos de Europa hasta los de Sejos, todas las
+cumbres que se alcanzaban a ver estaban cubiertas de nieve, en la que
+centelleaba el sol al herirla de frente con sus rayos.
+
+Así era el aire ambiente, frío y cortante como una navaja de afeitar.
+Pues con todo ello y con lo penoso que era de andar el camino que
+llevábamos, por lo resbaladizo del suelo y la multitud de obstáculos que
+nos oponían los desbordados arroyos, no me iba pareciendo largo. Puede
+que consistiera esto en las pocas ganas que yo tenía de llegar al fin de
+nuestro viaje; porque desde luego no consistía en lo divertido de mi
+conversación con los dos mozones ni en los extremos de regocijo a que se
+entregaba Chorcos a cada instante, como si fuera a sus propias bodas.
+Tal era su irracional inquietud, que andaba dos o tres veces el camino,
+igual que los perros que iban con nosotros. Intentando pararle los pies
+un poco, pero muy principalmente lanzar la conversación a otro terreno
+más agradable, solté entre ambos el tema de sus amoríos con las
+respectivas mozonas. Pito acudió a mi llamada como un mastín a la mano
+que le ofrece medio pernil. Chisco, que caminaba a mi lado sin perder el
+compás de sus aplomados movimientos, apenas dejó descubrir en una mirada
+sosona y descolorida, que se había enterado de la alusión. Chorcos me
+declaró sin ambages que estaba «amerluzaón del too» por la criada de mi
+tío; la tenía en las «telucas de los ojos» y «metía de patas en el
+corazón. Vamos, ¡puches!, que si no se salía con la suya, no sabía lo
+que sería de él». Ella, hasta la presente, no le había dicho que no...
+ni tampoco que sí; verdad que él, por su parte, no había sido todo lo
+claro que debía de ser... «¡Puches, lo que le encogía el respeto en
+cuanto se veía a la vera de ella! Pero la madre... y don Celso... y la
+cara que la mesma Tona le ponía a lo mejor... ¡y pué que por verle tan
+acobardao!... De toas suertes, ¡puches!, Tona era Tona, y él acabaría
+por salirse con la suya, o por ajuegarse de hipu amorosu, pero no con el
+ñudo del pasapán...»
+
+Era lo mismo, _plus minusve_, que ya me había dicho otras dos veces
+andando conmigo por los montes. De manera que en aquellas fechas no
+había adelantado su negocio un solo paso.
+
+Tampoco el de Chisco, según éste me confesó muy sereno, y eso que le
+tenía algo más adelantado que Pito Salces el suyo. Tanasia había llegado
+a decirle claramente que «por su parte, sí, y de aquí no intentaba pasar
+el de Robacío, porque sabía que el Topero le rechazaba por no ser de
+Tablanca y por ser pobre, dos cosas que él no podía remediar. Acordéme
+yo entonces de que la segunda tenía remedio en el testamento de mi tío,
+y le dije:
+
+--Es verdad que la primera es irremediable; pero la segunda ¿por qué ha
+de serlo, Chisco? A lo mejor amanece por lo más obscuro... o si no suben
+los muladares, bájanse los adarves, y allá salen los unos con los otros
+en altura.
+
+--Psh--me contestó encogiéndose de hombros--, y, por último, que se
+queden las cosas como están. A mí no me ajondan tantu como a Pitu esus
+malis en la entraña. No val Tanasia menos que Tona; pero tan rogá, tan
+rogá, se van quitando pocu a pocu las ganas de eya... y tamién, esu de
+que le pongan a unu en puja y en remati con un jastial como Pepazus...
+vamus, que jaz mal estómagu... Y, en finiquitu, el güey sueltu bien se
+lambe, y pué que sean permisión de Dios esos trompiezus, pa librarme en
+el día de mañana de otrus que me descalabraran pa toos los días de mi
+vida... Dende que tuvi dientis pa royeli, estoy ganandu el pan en casa
+ajena, y no me ha idu mal así. ¿A qué apurase un hombre por cambiar de
+suerti cuando no sabi lo que han de dali por lo que deja?
+
+Con estas filosofías de Chisco y las intemperancias de Pito Salces,
+acabamos de subir una ladera de suelo escurridizo, y nos vimos al
+comienzo de una ancha sierra que descendía en suaves ondulaciones hacia
+nuestra izquierda. Atajábala por allí el frontispicio pedregoso de un
+alto monte que la dominaba en toda su longitud, y estaba separado de
+ella por una barranca. Sobre ésta se alzaba, y como al medio de aquel
+perfil de la sierra, un peñón blanquecino que parecía la capucha, vista
+por detrás, de un manto de titanes, pardo obscuro, extendido allí para
+secarse a los rayos del sol que iluminaba toda la vasta superficie.
+
+A la derecha del peñón comenzaba una mancha verdinegra, como de monte
+bajo, que desaparecía pronto en las sombras de la barranca; y a la
+izquierda, un pedregal de poco relieve entretejido de malezas.
+
+Apuntando al peñón me dijo Pito Salces en cuanto nos vimos en la sierra,
+porque Chisco ya lo sabía por serle bien conocido el escenario:
+
+--Ayí está la cueva aonde vamus.
+
+Me temblaron las carnes. Y luego añadió apuntando al perfil más elevado
+de la sierra, hacia nuestra derecha y refiriéndose al oso:
+
+--Bajandu de ayí y como dende la metá del caminu hasta onde nos jayamus
+nusotrus, lu vi ayer. Salía de aqueyus carrascalis y se jue por delanti
+del peñascu onde está la boca de la cueva; y no pasó al lau de acá, ni
+se golvió por el otru, porque yo no aparté el oju de ayí mientras anduve
+a güen pasu el caminu, ni en la media hora larga que aquí mesmu estuvi
+parau.
+
+Chisco, sin decir una palabra, ató el _Canelo_ con un cordel que llevaba
+liado a la cintura, y mandó a Chorcos que hiciera otro tanto con la
+perruca, antojándoseme a mí que había leído en la actitud sobresaltada
+de aquellos nobles animales, la confirmación de los supuestos de Pito,
+al cual advirtió, con la amenaza de amarrarle a él también si no tomaba
+en serio la advertencia, que no hiciera cosa alguna sin que se la
+mandaran hacer.
+
+Con todos aquellos preparativos y mandatos, y muy singularmente con lo
+raso y desamparado de la extensión que había entre el peñasco y
+nosotros, acabé de amilanarme. ¿No era una barbaridad asaltar a pecho
+descubierto la guarida de una fiera? Se lo dije a Chisco y me respondió,
+muy secamente, que no, añadiéndome que lo importante era que no le
+faltara a nadie la serenidad: en teniéndola, todo lo demás corría de
+cuenta de él.
+
+La alusión no podía ser más directa a mí, porque Pito, de tan bruto como
+era, pecaba precisamente por el extremo contrario. Entendíla, dolióme,
+hice de tripas corazón, y dije al de Robacío:
+
+--Por donde vaya otro hombre, iré yo: tenlo entendido así.
+
+--Pos con eyu basta--replicóme--, y pechu al agua cuantu antis.
+
+Se hizo una breve inspección de armas y municiones. De las primeras no
+llevaban los dos montañeses más que las escopetonas y unos cuchillos
+enormes, cuyas empuñaduras, de asta de ciervo, asomaban por encima de
+los ceñidores de sus cinturas. Los cartuchos con bala, toscamente
+preparados la noche antes por ellos mismos, los llevaban sueltos en los
+bolsillos del lástico, y los pistones a granel en las faltriqueras del
+pantalón: todo seguro y a la mano, como ellos decían. Yo les sacaba de
+ventaja el revólver y un cañón en la escopeta.
+
+--Nunca dispari los dos a un tiempu--me recomendó Chisco--, y guardi el
+segundu pa si convien repetir en mejor sitiu, sin quitar el arma de la
+cara.
+
+Fuera por haberme echado la cuenta del perdido, o porque hubiera
+realmente causa racional para ello, es lo cierto que llegué a tener gran
+confianza en la imperturbable serenidad de Chisco, y que no fui el
+último en romper a andar hacia la peña cuando éste dio la orden en estas
+palabras solemnes, después de santiguarse:
+
+--¡A la mano de Dios!
+
+Bajábamos los tres en ala y a buen andar, con los perros atados muy en
+corto, porque a medida que nos acercábamos al peñasco, costaba mucho
+trabajo contenerlos, y mucho mayor acallar sus latidos. Era plan
+acordado ya atacar a la fiera en su guarida, entrando por el lado
+izquierdo de la boca, y no convenía que los perros se nos anticiparan,
+por razones, que se habían discutido también.
+
+Cerca, muy cerca ya del peñasco, el _Canelo_ arrastraba materialmente a
+Chisco, que tiraba de él con todas sus fuerzas en sentido contrario, y
+ni amordazándole con una mano podía hacerle callar. La perruca faldera
+latía y vociferaba también, a su modo, y zarandeaba el cordel que la
+sujetaba a la manaza de Pito; pero temblaba mucho... aunque no tanto
+como yo. Era indudable que la fiera estaba en su guarida ¿Nos habría
+oído ya? ¿Saldría a recibimos a la puerta? Pero, a todo esto, ¿dónde
+estaba la puerta?
+
+Al hacerme yo esta pregunta mentalmente, fue cuando Chisco se adelantó a
+Pito y a mí; y con encargo de que me colocara el último de los tres,
+comenzó a andar con mucha cautela y muy arrimado al peñasco, lo poco que
+nos faltaba de camino hasta la orilla de la quebrada. _Canelo_ iba
+delante de él, loco de inquietud, olfateando en el suelo y en el aire,
+batiéndose los ijares con el rabo y con medio palmo de lengua fuera de
+la boca cuando no latía. Chorcos no estaba menos sobreexcitado que el
+sabueso, y seguía a Chisco pisándole casi los tarugos traseros de sus
+abarcas. Canelo desapareció pronto al otro lado de la peña, y Chisco,
+después de detenerse unos instantes a observar desde la esquina, hízonos
+señas de que podíamos seguirle, y desapareció también. Entonces al
+avanzar nosotros, fue cuando pude yo darme la respuesta a la pregunta
+que me había hecho poco antes: ¿dónde estaba la boca de la caverna?
+
+¡Dios eterno, qué cúmulo de barbaridades las de aquel día! Pues la boca
+estaba en un tajo de la peña, casi a pico, sobre el barranco. De modo
+que venía a ser la cueva como la buhardilla de una casa muy alta, ¡muy
+alta!, a la cual buhardilla hubiera que entrar por la ventana, andando
+por la cornisa de la fachada correspondiente. Salvo que la cornisa de la
+peña tendría como cinco pies de anchura y un festón de jaramagos por
+afuera que velaba un poco la visión aterradora del abismo, la
+comparación es exactísima.
+
+Por aquella cornisa, que corría hasta perderse en el carrascal del otro
+lado de la cueva, vi pasar a Chisco y a su perro, a Pito Salces detrás
+de su perruca faldera, y cómo iban desapareciendo, uno a uno, en el
+antro tenebroso los hombres y los animales, después de muy leves
+precauciones del mozón de Robacío.
+
+No ofrecía grandes dificultades a mi paso aquel camino cuya longitud no
+excedería de quince o veinte varas; pero la consideración racionalísima
+de lo que íbamos a hacer después de recorrerle, sin otra retirada que el
+abismo en el caso muy posible de salir escapados de la cueva, si no
+quedábamos hechos jigote allá dentro, clavó mis pies en el suelo a los
+primeros pasos que di sobre él. Vi todo lo brutalmente temerario que
+había en nuestra empresa desatinada, y formé serio propósito de volverme
+atrás. Pero Chisco y Pito Salces se habían sumido ya en la caverna; y
+aunque temerarios y muy brutos los dos, no era honrado ni decente
+dejarlos sin su ayuda un hombre que acababa de prometerles ir tan allá
+como fuera otro.
+
+Duraron muy pocos instantes estas vacilaciones mías; y cerrando los ojos
+de la inteligencia a todo razonamiento de sentido común, es decir,
+bajándome al nivel de aquellos dos bárbaros, avancé resuelto por la
+cornisa y llegué a la boca de la cueva, dentro de la cual latían
+desesperadamente los dos perros, y me hallé a Chisco y a su camarada
+disponiendo el plan de ataque. La cueva, como ya sabía yo por
+referencias de los dos mozos que la conocían muy bien, tenía dos senos:
+el primero, a la entrada, era espacioso y no muy alto de bóveda, con el
+suelo bastante más bajo que el umbral de la puerta, muy escabroso y en
+declive muy pronunciado hacia el muro del fondo, en el cual se veía la
+boca del otro seno o gabinete de aquel salón de recibir. Olía allí a
+sótano y a musgo y a perrera... y a hombres escabechados. No tenía ya
+duda para Chisco que era «la señora», es decir, la osa, lo que rezongaba
+en el fondo del antro invisible, respondiendo al latir desesperado de
+los perros; y la señora con su prole, porque sin este cuidado amoroso,
+ya hubiera salido al estrado para hacernos los honores de la casa. En
+este convencimiento, se trató en breves palabras, casi por señas, porque
+no había instante que perder, de si sería más conveniente soltar la
+perruca que el sabueso; y acordado lo primero, el bárbaro de Pito, sin
+oír otras razones, se fue hasta la boca del antro en el cual metió la
+cabeza al mismo tiempo que a la perruca. Ésta había desaparecido, algo
+vacilante e indecisa, hacia la derecha; y no sé cuál fue primero, si el
+desaparecer la perruca allá dentro, o el oírse dos chillidos angustiosos
+y un bramido tremebundo, o el retroceder Pito cuatro pasos del boquerón,
+exclamando hacia nosotros (yo creo que con regocijo), pero con el arma
+preparada:
+
+--¡Cristo Dios!... ¡Vos digo que aqueyus no son ojus: son dos brasales!
+
+Comprendió Chisco al punto de qué se trataba; soltó el sabueso y me
+mandó a mí que me quedara donde estaba (es decir, como al primer tercio
+de la cueva, muy cerca del muro de la derecha), pero con el arma lista,
+aunque sin disparar antes que ellos dos, y avanzó él hasta colocarse en
+la misma línea de Chorcos, de manera que sus tiros se cruzaran en ángulo
+bastante abierto en el centro del boquerón del fondo.
+
+Como toda la prudencia y la reflexión que podía esperarse de aquellos
+dos rudos montañeses había que buscarla en Chisco, yo no apartaba mis
+ojos de él, y no podía menos de admirarme al observar que ni en aquel
+trance de prueba se alteraba la perfecta regularidad de su continente:
+su mirada era firme, serena y fría, como de ordinario; su color el mismo
+de siempre, y no había un músculo ni una señal en todo su cuerpo que
+delatara en su corazón un latido más de los normales; al revés de Pito
+Salces, que no cabía en su ropa, no por miedo seguramente, sino por el
+deleite brutal que para él tenían aquellos lances.
+
+Tomando yo por guía de mi anhelante curiosidad la mirada de Chisco, y
+sin dejar de oír los ladridos de _Canelo_ apenas metido éste en la
+covacha, pronto le vi retroceder, pero dando cara al enemigo con las
+cuatro patas muy abiertas, la cabeza levantada y casi tocando el suelo
+con el vientre. Lo que le obligaba a caminar así no era difícil de
+adivinar: tras él venía la fiera gruñendo y rezongando; y al asomar al
+boquerón, no me impidió el frío nervioso que corrió por todo mi cuerpo,
+estimar la exactitud con que Pito había calificado el lucir de los ojos
+de aquel animalazo: realmente centelleaban entre los mechones lanudos de
+sus cuencas, como las ascuas en la oscuridad. La presencia nuestra le
+contuvo unos instantes en el umbral de la caverna; pero rehaciéndose
+enseguida, avanzó dos pasos, menospreciando las protestas de _Canelo_, y
+se incorporó sobre sus patas traseras, dando al mismo tiempo un berrido
+y alzando las manos hasta cerca del hocico, como si exclamara:
+
+--¡Pero estos hombres que se atreven a tanto, son mucho más brutos que
+yo!
+
+Al ver que se incorporaba la fiera, dijo a Pito Salces Chisco:
+
+--Tú al oju; yo al corazón... ¿Estás? Pues... ¡a una!
+
+Sonaron dos estampidos; batió la bestia el aire con los brazos que aún
+no había tenido tiempo de bajar; abrió la boca descomunal, lanzando otro
+bramido más tremendo que el primero; dio un par de vueltas sobre las
+patas, como cuando bailan en las plazas los esclavos de su especie, y
+cayó redonda en mitad de la cueva con la cabeza hacia mí. Corrí yo
+entonces a rematarla con otro tiro de mi escopeta; pero me detuvo
+Chisco, diciéndome mientras cargaba apresurado la suya igual que hacía
+Pito por su parte:
+
+--Guarde esas balas por lo que puede suceder de prontu. Pa lo que usté
+desea jacer, con el cachorriyu sobra.
+
+No me halagaba mucho aquel papel de cachetero que se me concedía y casi
+por caridad; pero con el deseo de poner algo de mi parte en aquella
+empresa feroz tan pronta y felizmente rematada, aceptéle de buen grado,
+y hasta sentí muy grande complacencia en ver que con un balín de mi
+revólver encajado en el oído de la osa, la había producido yo las
+últimas convulsiones de la muerte. Y algo era algo, y otra vez sería
+más.
+
+Pito silbaba y pataleaba de gusto en derredor de la fiera mientras
+cargaban su espingarda. Chisco no se daba todavía por satisfecho, a
+juzgar por lo receloso de sus aires.
+
+¿Qué quedaba allí por hacer? Lo que hizo Chorcos enseguida con su
+irreflexión de siempre; llamar a _Canelo_ y meterse con él en la cueva
+desalojada por la osa. ¡Puches! había que acabar igualmente con las
+crías... y saber lo que había sido de la perruca, que ni salía ni
+«agullaba...» Bueno estaba de entender el caso; pero había que verlo,
+¡puches!
+
+Por mucha prisa que se dio Chisco en seguir a su camarada para
+acompañarle, no habiendo podido contenerle con razonamientos, cuando
+llegó al boquerón ya volvía Pito con la perruca faldera abierta en canal
+en una mano, en la otra un osezno como un botijo, y la escopeta debajo
+del brazo. Dijo que quedaban otros dos como él, y se volvió a buscarlos,
+después de arrojar el que traía contra un lastrón del suelo, y de
+entregar a Chisco lo que quedaba de la perruca para que viéramos, él y
+yo, si aquello tenía compostura por algún lado. ¡Puches, cómo le afligía
+aquella desgracia!
+
+La caverna tenía muy poco fondo: se veía bastante en ella con la luz que
+recibía por la boca, y por eso se hacían muy fácilmente todas aquellas
+maniobras de Pito. El cual reapareció al instante con las otras dos
+crías de la osa, asegurando que no quedaban más que huesos mondos en la
+cama.
+
+Por el aire andaban aún los dos oseznos arrojados por Pito desde la
+embocadura de la covacha, cuando Canelo salió disparado como una flecha
+y latiendo hacia la entrada de la cueva grande. Yo, que estaba muy cerca
+de ella, miré a Chisco y leí en sus ojos algo como la confirmación de un
+recelo que él hubiera tenido. Observar esto y amenguarse la luz de la
+cueva como si hubieran corrido una cortina delante de su boca, por el
+lado del carrascal, fue todo uno.
+
+--¡El machu!--exclamó Chisco entonces.
+
+Pero yo, que estaba más cerca que él de la fiera y mereciendo los
+honores de su mirada rencorosa como si a mí solo quisiera pedir cuentas
+de los horrores cometidos allí con su familia, sin hacer caso de
+consejos ni de mandatos, apunté por encima de _Canelo_, que defendía
+valerosamente la entrada y a riesgo de matarle, disparé un cañón de mi
+escopeta. La herida, que fue en el pecho, lejos de contenerle, le
+enfureció más; y dando un espantoso rugido, arrancó hacia mí
+atropellando a _Canelo_, que en vano había hecho presa en una de sus
+orejas. Faltándome terreno en que desenvolver el recurso de la escopeta,
+di dos saltos atrás empuñando el cuchillo; pero ciego ya de pavor y
+perdida completamente la serenidad. Desde el fondo de la cueva salió
+otro tiro entonces: el de la espingarda de Pito. Hirió también al oso,
+pero sólo le detuvo un momento: lo bastante para que el mozón de Robacío
+le hundiera la hoja de su cuchillo por debajo del brazo izquierdo, hasta
+la empuñadura. Fue el golpe de gracia, porque con él se desplomó la
+fiera patas arriba, yendo a caer su cabeza sobre el pescuezo de la osa,
+donde le arranqué, con otro tiro de mi revólver, el último aliento de
+vida que le quedaba.
+
+A pesar de ello, los dos mozones volvían a cargar sus escopetas. ¿Para
+qué, Señor? ¿Era posible que quedaran en toda la cordillera ni en todo
+el mundo sublunar, más osos que los que allí yacían a nuestros pies,
+entre chicos y grandes, vivos y muertos? Después nos miramos los tres
+cazadores, como si tácitamente hubiéramos convenido en que era imposible
+cometer mayores barbaridades que las que acabábamos de cometer, y que
+solamente por un milagro de Dios habíamos quedado vivos para contarlas.
+Esta escena muda, que fue brevísima, acabó por echar Pito el sombrero al
+aire, es decir, por estrellarle contra la bóveda erizada de puntas
+calcáreas; Chisco hizo lo propio, y yo no quise ser menos que los dos.
+Luego nos dimos las manos, y juro a Dios que al estrechar la de Chisco
+entre las mías, latió mi corazón a impulsos del más vivo agradecimiento.
+¿Qué hubiera sido de mí sin su empuje sereno y valeroso?
+
+_Canelo_, a todo esto, cuando no se lamía los arañazos, poco profundos,
+que le rayaban la piel en muchas partes, jadeaba y gruñía, con el hocico
+descansando sobre sus brazos juntos y tendidos hacia adelante, pero con
+los ojos clavados en los oseznos que rebullían entre las asperezas del
+suelo y charcos de sangre, como gusanos muy gordos. No contaban, por las
+trazas, más de una semana de nacidos. Cogiólos uno a uno Chisco por el
+pellejo del cerviguillo, y los fue arrojando a la barranca por encima de
+la cornisa desde el fondo de la cueva. Iba a hacer lo mismo con la
+perruca, después de asegurar a Pito que «aqueyu» no tenía costura ni
+remedio posible, porque había quedado «vacía por aentru», como a la
+vista estaba; pero Pito quiso dar mejor destino que el de los oseznos al
+cadáver del pobre animalejo, tan inicuamente sacrificado, y propuso que
+le enterráramos en la sierra; y a ello asentimos de buena gana Chisco y
+yo. ¡Puches, cómo amargaba a Pito aquella pesadumbre el placer de la
+victoria!
+
+Y como nada quedaba que hacer allí por entonces para nosotros, salimos
+de la caverna y aspiré, con ansias de cautivo de mazmorra, el aire libre
+de las tierras soleadas. Sepultamos la perruca en un hoyo abierto a
+punta de cuchillo a la sombra de un matojo de la sierra; y, sin movernos
+de allí, apuramos más de la mitad del contenido de mi frasquete. Después
+se sacaron algunas provisiones de boca que llevaba Chisco por encargo
+mío en un morral; dimos a _Canelo_ una buena parte de ellas, y el resto
+nos le fuimos comiendo, andando a buen andar, a fin de llegar a Tablanca
+al mediodía, conforme se lo tenía yo ofrecido a mi tío Celso.
+
+Y llegamos, antes aún de lo esperado; y todas las gentes que nos
+encontraban al acercamos al pueblo, presumían, por el aire que
+llevábamos, que habíamos hecho alguna muy gorda; pero cuando les
+contábamos la verdad, no la creían. ¡Tan bestialmente gorda la
+consideraban, con muchísima razón!
+
+Se la referí a mi tío, aunque ocultándole detalles que pudieran
+impresionarle demasiado; pero como al fin era montuno el buen señor,
+perdonóme la temeridad por lo grande del suceso, y tuve al último que
+contársela con todos sus pormenores. Se entusiasmó de verdad. Puestas ya
+las cosas tan arriba, invité, con su permiso, a Pito Salces a que
+comiera aquel día con su camarada. Vio el mozón, como yo lo esperaba, el
+cielo abierto, porque comer con Chisco era comer con Tona. ¡Puches, qué
+doble panzada se dio! Yo, que asistí al final de la comida, añadí con
+gustosa aquiescencia de mi tío, al surplús con que ya se había
+obsequiado a los comensales, en honor del nuevo, una botella del más
+rancio «tostadillo» lebaniego que se guardaba en la bodega de la casona.
+Brindé con los dos mozones, y canté alabanzas hiperbólicas a la bravura
+de Pito, para que Tona las oyera bien; con lo cual y el tostadillo, se
+puso el alabado que ardía; y allí mismo pidió por mujer a la hija de
+Facia, que no hacía más que llorar; así fue que Tona, colorada como un
+pimiento por lo uno y angustiada por lo otro, llamó a Pito «jastialón
+desvergonzau»; y no alcanzó mejor respuesta la fogosa demanda del
+rendido pretendiente. Pero como él decía después: «lo importanti pa el
+casu no era lo que eya pudiera contestame, sino lo que había de cantala,
+y al cabo la canté yo; y esu, ¡puches!, ayá lo tien.»
+
+Como en la tertulia no se habló aquella noche de otra cosa que del lance
+de la cueva, al salir al día siguiente, antes que el sol, Pito Salces y
+Chisco con dos carros en busca de los dos osos muertos, sin necesidad de
+invitaciones los acompañaba medio escuadrón de gente moza; con cuyo
+auxilio pronto se vencieron las muchas dificultades que hubo para
+sacarlos de la cueva. Andando de vuelta, fueron los acompañantes
+adornando las carretas y los bueyes con ramajos de la montaña, y así
+desfiló la alegre comparsa por delante de la casona y para que viera mi
+tío los gloriosos trofeos de nuestra bestial hazaña; y así bajó al
+pueblo, donde hubo cánticos y bailoteo por largo, con la «salsa» a mis
+expensas por especial encargo mío. Obsequiáronme al otro día con las
+pieles, y regalé yo a Chisco y a Pito Salces sendos centenes isabelinos,
+con lo que pensaron enloquecer de alegría.
+
+Así acabó aquella memorable y descomunal aventura, que debió de haber
+acabado conmigo tan pronto como la acometí.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+Si nos descuidamos un poco, en el monte se queda el sangriento botín de
+nuestra batalla, porque apenas despellejadas las fieras en el lugar, el
+sol, como si nada tuviera que hacer ya después de haber alumbrado tantas
+barbaridades, se envolvió la cara en crespones cenicientos que fueron
+dilatándose por la bóveda celeste, al impulso de un remusguillo que dio
+en soplar a media tarde. Arreció mucho el frío y comenzaron a pasar por
+delante de los cristalejos de mi gabinete unos copitos blancos que
+danzaban en el aire, como si se resistieran a mancharse con las
+inmundicias de la tierra. Por si me quedaba alguna duda sobre la
+naturaleza de aquellos síntomas que me supieron a rejalgar entró Facia
+muy diligente y hasta risueña, con la disculpa de llevarse mi brasero,
+que ya estaría muriéndose, para «rescoldarle» un poco, y me dijo,
+mientras se acurrucaba para cogerle por las dos asas:
+
+--Está nevandu, y va a haber temporal de eyu.
+
+--Y usted--la respondí con ganas de meterle la cabeza en el rescoldo--,
+tan alegre como unas pascuas por eso mismo. Pero ¿qué casta de criatura
+es usted?
+
+--¡Señor--replicó ahogándose de repente con un sollozo--, lo único que
+sé es que soy una mujer muy desdichá!
+
+Salió llorando, y yo me quedé con remordimientos de haber despertado en
+ella aquel dolor con la sequedad de mi pregunta. Después acabé de
+amurriarme, viendo desde un cuarterón de la solana cómo iban espesando
+los copos y desapareciendo todos los montes entre las espesas veladuras
+que bajaban del cielo. ¡Otro temporal en perspectiva y otra encerrona
+como la pasada!
+
+Cuando volvió Facia con el brasero chisporroteando, entró mi tío detrás
+de ella. Iba a hablar conmigo de la nevada que estaba encima. Le
+apenaba, primeramente, por mí, que volvería a hallar eternas las horas,
+Dios sabía por cuánto tiempo, entre los paredones de la casa; porque las
+nevadas que venían de repente como aquélla, y a traición, lo mismo
+podían ser pasajeras que durables; y en segundo lugar, ¿para qué había
+de ocultármelo? el mucho frío le calaba más «jondo» de lo que él pensaba
+con los buenos ánimos que tenía para resistirle... Pero «el hueso, el
+pícaro hueso envejecido como el suyo, era tierra pura, ¡tierra pura y
+mala que se reblandecía y desborregaba en cuanto le faltaban las
+lumbraducas de sol!». Otra cosa: todos los años se sacaba la nieve en
+los puertos su correspondiente ración de carne viva; y siempre que vio
+nevar por primera vez en cada invierno, se preguntó a sí mismo: ¿a qué
+infeliz le tocará este año la suerte? Porque nunca faltó, de una banda o
+de la otra quien, por descuido, por desgracia o por necesidad, se viera
+cogido y sepultado en la montaña por una cellerisca de nieve; y eso que
+no se le regateaban los socorros, sin miedo a los ejemplos de muchos que
+allá se habían quedado con los socorridos, envueltos en una misma
+mortaja. Siempre le apenaron a él estas reflexiones, hechas sobre
+recuerdos de desgracias que le dolieron en lo más vivo; «¡pero ahora,
+¡cuartajo!, desde que soy lo que soy y he visto caer el primer trapo de
+nieve!... Ná, hombre, ná, chocheces de viejo apolillao hasta los
+tuétanos... ¡Pues mira que te vengo con buenas coplas para una ocasión
+como ésta!... ¿Has visto hombre más simple que tu tío Celso? ¡Pispajo
+con la rociná de los demonios!».
+
+La triste verdad era que, a pesar de los alientos que había cobrado mi
+tío, los temporales crudos le mataban, y que los quebrantos de su cuerpo
+se le reflejaban en el espíritu por más que se empeñaba en disimularlo.
+Mientras me hablaba así y yo le respondía dando vueltas por el gabinete,
+se pegaba al brasero como la zarza vieja a la grieta del peñasco, y no
+dejaba en paz a la badila pareciéndole poco el calor que le daban las
+ascuas en reposo. Cada vez que llegaba yo a la puerta de la solana,
+miraba maquinalmente por uno de sus cuarterones, y veía cómo iban
+espesando los copos y se amontonaban los que el aire depositaba sobre la
+baranda del balcón, hasta que en una de mis vueltas noté que se formaban
+grandes remolinos sobre el huerto; que los copos crecían de volumen, y,
+por último, que empezaba a «trapear» con tal pujanza, que en un instante
+emblanqueció la poca tierra que se veía desde allí, y se apagaron los
+mortecinos destellos de la luz del sol que llevaban dos horas de luchar
+inútilmente con la espesura del nublado.
+
+--Pura tiniebla--oí decir a mi tío desde el brasero--, y a poco más de
+media tarde. Lo siento por ti, Marcelo... y mira, llama a esas
+condenadas mujeres para que te traigan una luz y te sea menos triste la
+soledad...
+
+Y en esto golpeaba el suelo desesperadamente con su cachava, haciéndome
+creer que las tinieblas le entristecían a él más que a mí. Había sobre
+la cómoda una bujía en su palmatoria, y me apresuré a encenderla con una
+cerilla de mi fosforera.
+
+--Hombre--continuó diciéndome, mientras miraba de hito en hito cómo
+prendía la llama del fósforo en el pálido enteco y congelado de la
+vela--, yo que tú, aprovecharía estas carceladas para leer tantos
+libracos como trajiste contigo, y responder a tantas cartas como
+recibes... Porque de mí no tienes que cuidarte para nada; para nada,
+¡trastajo! En arrimándome a la lumbrona de la cocina, ya tengo todo lo
+que necesito... Y si no, con verlo basta.
+
+Con lo que se levantó de la silla y rompió a andar el bendito de Dios,
+sin darme apenas tiempo para alumbrarle con la vela en lo más obscuro de
+los pasadizos.
+
+¡Leer! ¡escribir! No sabía el pobre señor que cuando un hombre da en
+hallar tedioso el curso de las horas, no puede dedicarse a nada que le
+distraiga, porque necesita todo el tiempo para aburrirse, por mandato de
+una ley de la pícara condición humana.
+
+Aquella noche no vino un alma a la tertulia, y la cara menos triste que
+hubo en la cocina fue la de Facia, la incomprensible y misteriosa mujer
+gris. Mi tío y yo, como lo solíamos hacer a menudo, cenamos en la
+perezosa: él su correspondiente ración de leche, alimento único que le
+había prescrito Neluco últimamente, por convenir tanto a su invencible
+inapetencia como a la índole de su enfermedad, y yo los ordinarios
+condumios de Tona y de su madre, a los que se había ido haciendo mi
+estómago agradecido.
+
+Como la noche era tan larga y yo sabía bien lo interminable que le
+parecía a mi pobre tío la parte de ella que se destina por las gentes
+que tienen buena salud al reposo en la cama, procuré que nos acostáramos
+lo más tarde posible, después de haber cenado los tres sirvientes y
+recogídose la vasija, y vuelto todos a arrimarse a la lumbre, y probado
+yo, con poca fortuna, sacar a Tona de la esclavitud de una modorra que
+la tenía en continuo cabeceo, y a Chisco de su impasibilidad sospechosa.
+Pero mi tío, que todo lo observaba, dio pronto la voz de «vámonos», y se
+levantó de su sillón, más agradecido que satisfecho de aquel tan notorio
+como inútil sacrificio que todos estábamos haciendo por él.
+
+Antes de acostarme salí un momento a la solana para ver cómo quedaba la
+noche. Continuaba nevando, y todo lo vi negro por el cielo y blanco por
+la tierra, sin que turbaran la serenidad de aquel cuadro melancólico
+otros rumores que los del río, muy encrespado con los tributos de las
+pasadas celliscas y el que estaba recogiendo de la nieve que se deshacía
+a su contacto con él.
+
+Me desperté muy temprano al otro día, y por satisfacer una curiosidad en
+que había mucho de pueril, me asomé al balcón, bien arropado. Había
+cesado de nevar, pero estaba el cielo encapotado, «de color de panza de
+burra». Yo había visto nevadas en Madrid y en París y en San
+Petersburgo,... muchas nevadas, pero siempre en terreno llano y entre
+calles: es decir, una alfombra de lienzo algo sucio sobre la vía
+pública, y mantas de vellones blancos tendidas en los tejados de
+enfrente; nevadas, en fin, de teatro, sin la más remota semejanza con lo
+que estaba viendo desde la solana de mi tío. Parecía que las montañas
+del contorno habían triplicado su altura, y la unidad de color de todas
+ellas con la redondez de formas que les daba la acumulación de la nieve
+sobre sus naturales y bruscas asperezas, cambiaba a mis ojos todos los
+términos y todas las líneas del panorama que tan conocido me era. No
+hallaba en el nuevo un solo detalle con que orientarme para reconstruir
+el que se había borrado en pocas horas. Arboledas, senderos, cañadas,
+todo había desaparecido, o debajo de la nieve, o por los engaños de la
+luz sin claro-obscuro; cielo, montes, valles... todo era lo mismo, a
+modo de descomunal cantera de sal refinada o de cal viva, en cuyo fondo
+estuviera yo. Ni un ave en el espacio, ni un ser viviente en el suelo en
+cuanto abarcaba la vista, y el rumor continuo, igual, monótono, del
+invisible río, como si fuera el estertor de la naturaleza, que se moría
+tiritando, anémica y abotargada por la frialdad.
+
+Me volví pronto al gabinete, muy mal impresionado, y hallé en el
+relativo calor de la alcoba un momentáneo remedio al frío glacial que en
+la solana había penetrado como una saeta en mi cuerpo y en mi espíritu.
+
+Lavoteándome estaba aún para buscar por este medio una reacción
+consoladora, cuando entró Facia de puntillas por creerme todavía
+durmiendo, con el brasero que había sacado del gabinete por la noche,
+según costumbre, antes de acostarme yo. Viéndome levantado, me dijo que
+se alegraba, porque tenía que darme una noticia, y no buena. Pensé que
+se trataba de mi tío, y me alarmé.
+
+--No es del amu, gracias a Dios--me dijo respondiendo a una pregunta que
+la hice, que ha pasau bastante bien la noche, y ya está calentándose en
+la cocina.. Es del probe Pepazos.
+
+Preguntéla qué le había ocurrido a Pepazos, y me contestó que no había
+vuelto a casa desde que había salido de ella la tarde anterior.
+
+--Pero ¿por qué camino tomó al salir?--volví a preguntar.
+
+--Por el de los puertus--me respondió la tétrica mujer muy apenada.
+
+Me estremecí recordando lo que me había dicho mi tío sobre los tributos
+que cobran cada año las nieves en las montañas. Entrando en más
+explicaciones, supe que Pepazos, en cuanto vio caer los primeros copos
+de nieve, salió en busca de unas yeguas de su casa, que antes del
+mediodía andaban pastando en una hoyada a menos de una hora del pueblo,
+monte arriba. Las había visto él mismo. Tienen las yeguas libres la
+extraña condición de huir de las nevadas hacia las cumbres, al revés que
+todos los animales domésticos. Dícese que lo hacen por aversión
+instintiva al cautiverio. Será o no será así; pero es un hecho constante
+aquella singular costumbre. Por tenerlo Pepazos bien sabido, salió en
+busca de sus yeguas cuyo paradero conocía. Suponíase que los cerriles
+animales, presumiendo la que su amo trataba de jugarles, huirían hacia
+las alturas. Otro que Pepazos, al ver esto y pensando en la nevada que
+se venía encima, porque bien claras estaban las señales de ella, habría
+dejado que el diablo se llevara las yeguas y vuéltose al pueblo por de
+pronto; pero era, tras de poco avisado, muy terco, nada aprensivo y
+confiado con exceso en su robustez de encina, y se las apostaría a los
+veloces animales como si todos fueran unos; y así, corriendo tras ellos
+de cañada en cañada y de loma en loma, a lo mejor, se vería entre la
+oscuridad de la noche y con los caminos borrados por la nieve. De modo
+que si no había tenido la fortuna, como también se creía, de caer en
+algún invernal, covachona o cosa así, era hombre muerto a aquellas
+horas, porque debía de haber en los montes más cercanos cosa de una vara
+de nieve. ¡Era mucho lo que había trapeado desde la caída de la noche!
+
+No me pareció mal razonado este triste pronóstico, y pregunté si se
+pensaba hacer algo en vista de él; a lo que me respondió Facia que ya
+estaba hecho cuanto podía hacerse. Al romper el alba habían salido del
+lugar, no todos los hombres que se brindaron a ello, porque hubieran
+sido demasiados, sino los que se escogieron por más a propósito por su
+robustez y por su experiencia: cosa de una docena de ellos en junto.
+Pidiéndola nombres de aquellos valientes y caritativos convecinos,
+citóme el primero a don Sabas, que no faltaba nunca a esas llamadas, por
+considerarse necesario como cualquier otro para atender al negocio de la
+vida del socorrido, y único en su parroquia para el negocio del alma, si
+llegaba a tiempo y desgraciadamente no alcanzaba ya para otra cosa;
+después me nombró al médico, que no cabía en su casa en cuanto sabía que
+estaba algún convecino en la apurada situación de Pepazos; luego a
+Chisco, uno de los hombres más arrojados, más fuertes y más entendidos
+para aquella casta de faenas; y después de nombrarme a otras personas
+que no me eran tan estimadas, por haberlas tratado menos, cerró la
+cuenta con Pito Salces, mozo capaz de los imposibles, siempre que
+hubiera a su lado quien le impidiera hacer una barbaridad; y tres perros
+de buena nariz, uno de ellos _Canelo_.
+
+Me pareció aquella empresa harto más alta que la mía de la antevíspera,
+no sólo por la calidad del enemigo, sino por la grandeza de los fines, y
+pedí a la mujer gris algunos informes sobre la manera de llevarlo a
+cabo. Iban los expedicionarios provistos, ante todo, de «barajones»,
+unas tablas con tres agujeros cada una, en los cuales se meten los
+tarugos de las abarcas. No había nada como ello para andar sobre la
+nieve sin que se hundieran los pies ni se formaran pellas entre los
+tarugos. Llevaban también palas, azadas, cuerdas y otros útiles para
+abrirse paso donde no le hubiera descubierto, o mandar algún auxilio
+desde arriba adonde no pudiera bajar un hombre por sus pies; no se les
+olvidaría el aguardiente ni algo de alimento sólido, ni de ropa seca si
+la había a mano... ni un poco de botiquín, puesto que iba el médico;
+porque había que pensar en todo. De esta manera emprenderían la marcha
+hasta la «joyá» adonde había ido Pepazos a recoger las yeguas, y después
+tomarían el rumbo que más acercado creyeran al que pudo tomar él,
+corriendo detrás de los fugitivos animales. Por de pronto, ya había la
+casi seguridad de que el camino le habían llevado uno y otros cuesta
+arriba. Con estas precauciones y la buena voluntad de todos, se podía
+esperar algo... aunque no mucho, si Dios no tomaba el caso de su cuenta.
+De todas suertes, no cabía hacer cosa mayor que la que se había hecho,
+en la pequeñez de las fuerzas humanas.
+
+Me advirtió también Facia que mi tío no sabía una palabra del suceso, y
+yo la recomendé mucho la necesidad de que no llegara a conocerle,
+inventando una disculpa cualquiera para explicarle la ausencia de Chisco
+si la notara. Y en eso quedamos.
+
+Cuando la mujer gris me dejó solo en mi cuarto, me empeñé obcecadamente
+en considerar por su lado más negro la generosa empresa acometida por
+aquellos abnegados tablanqueses, y volví a asomarme al balcón. No nevaba
+entonces, pero se me oprimió el espíritu al ver el aspecto ceñudo y
+amenazador que presentaba el cielo; y, sin embargo, sentí cierta
+mortificación del amor propio por no haberse contado conmigo para formar
+parte de aquella denodada legión, ¡como si no hubiera sido yo un
+verdadero y continuo estorbo en ella! Pero si no la acompañé
+materialmente, no la aparté un instante de mi memoria; y por eso, al
+asomarme a los cristales de mis observatorios (y lo eran todos los
+claros de la casa), cada copo solitario e indeciso que pasaba al alcance
+de mis ojos, me inquietaba mucho por creerle mensajero de otros mil y
+mil millones de ellos. Afortunadamente estaba el aire en calma, lo cual
+hubiera hecho menos temible en el monte un recrudecimiento del temporal.
+
+Así continuaron las cosas hasta muy cerca del mediodía. A esa hora
+aparecieron por el Noroeste unos celajes negros, sucios, tormentosos;
+vi, casi al mismo tiempo, que las arboledas y puntas salientes de los
+montes que cercaban el valle por el lado opuesto, como por la fuerza de
+un estremecimiento instantáneo se desnudaban de sus envolturas de nieve,
+las cuales caían en cataratas, levantando al caer blanquísimas
+polvaredas que arrastraba el aire embravecido ya; y a muy poco rato, que
+de la nube más baja y más lejana y más negra, se desprendía una masa en
+forma de cono invertido, y que su cúspide se unía con la de otro que
+ascendía de la tierra. Fundidos así los dos conos, formaron una
+gigantesca columna, la cual, girando al mismo tiempo vertiginosamente
+sobre su eje, vino avanzando hacia el valle y llegó a él y le atravesó a
+lo ancho, tocando casi el suelo con su base y elevando el capitel enorme
+por encima de los más altos picachos del Este. Acompañábala un siniestro
+rebramar, y una luz tétrica que apenas me dejó ver el estrago de su
+choque contra el obstáculo inconmovible de los montes, sobre los cuales
+se deshizo en negros y deshilados jirones. ¿Qué sería de los infelices
+errantes por sus cumbres y laderas?...
+
+Bajo el peso terrorífico de esta idea, pasó una hora, durante la cual
+volvió a reinar la calma en la Naturaleza; pero no llegó al valle
+ninguna noticia de los infelices expedicionarios.
+
+Me llamaron a comer, sentéme a la mesa y no comí, ni siquiera supe
+disimular bien las inquietudes que eran la causa de ello delante de mi
+tío que no me quitaba ojo; inventé para tranquilizarle una mentira
+sandia y mal zurcida, y al fin me levanté de la perezosa, dejando al
+pobre señor persuadido de que mi resignación estaba a punto de agotarse
+en presencia de aquel negro temporal. Preferí que creyera esto a
+descubrirle la verdad; le dejé reposando lo que él llamaba su comida, y
+me volví a mi ronda, de claro en claro, por todos los ventanillos de la
+casa. Continuaba encalmado el viento y nevaba muy poco; pero Chisco no
+asomaba por ninguna parte, ni una noticia de las que yo esperaba con un
+ansia que tocaba en lo febril.
+
+Llegó la media tarde, sombría, oscura, tétrica y como preñada de
+horrores para cuantos la contemplaran con ojos como los de mis recelos.
+
+Ni nevaba ni ventaba ya, ni se oía una voz, ni una pisada ni un golpe,
+ni a la casona ni al pueblo se encaminaba alma nacida por ninguna senda
+de las visibles. Todo era silencio y lobreguez y amenazas de una noche
+tremenda para el infeliz que anduviera vivo y errante entre las
+inclemencias de la montaña. Mis inquietudes no cabían ya dentro de mí,
+ni yo dentro de la casona. Me calcé y me abrigué convenientemente; bajé
+al portal con muchas precauciones para que no lo notara mi tío, y
+emprendí resueltamente el camino del pueblo, borrado en absoluto por la
+nieve. Me costó el descenso del pedregal más de cuatro costaladas; pero
+llegué vivo y pronto. No aspiraba yo a otra cosa. ¿A qué puerta llamar?
+A la primera. Llamé. Iguales temores allí que los míos, y ni una noticia
+más; es decir, ninguna noticia. Internéme en el lugar y llamé a otra
+puerta, que resultó ser la del Topero. Buena fuente para los informes
+que yo iba buscando. Hallábase la familia vagando por la casa y por el
+portal, sin hablar una palabra y tropezando unos con otros, asomándose a
+los esquinales, mirando por aquí y escuchando hacia allá, y volviéndose
+adentro y tornando a salir. Tenía los ojos Tanasia como puños, de tanto
+llorar; y en cuanto me vio a mí se llevó el delantal a ellos; y tal fue
+su desconsuelo, que parecía echar el alma en cada sollozo. Por lo demás,
+estaba muy guapa. Temiéndome lo peor, la pregunté por qué lloraba, y me
+respondió, entre jipidos y lagrimones, que si me parecían pocos los
+motivos.
+
+--Ya pué ver--me dijo el Topero viniendo en su amparo--, con la
+cellerisca negra de jaz pocas horas, y lo que está en el monti sin
+sabese de eyu...
+
+Me acordé de Pepazos; pero también de Chisco. ¿Por cuál de los dos
+lloraría Tanasia? No pudiendo preguntárselo (aunque hubiera sido ociosa
+la pregunta), traté de consolarla. No lo conseguí de pronto, porque era
+mucha tempestad para calmarla en un solo conjuro; pero a los dos o tres
+que la hice, no quedaron de ella más que la hinchazón de los ojos y
+algún que otro suspiro mal devorado en el pecho. Utilizando el influjo
+que indudablemente había alcanzado yo en esta prueba sobre el ánimo de
+Tanasia, sentí como esperanzas de arrancarla el secreto de su corazón a
+poco que me empeñara en ello; pero estaba el mío vivamente interesado en
+otro asunto muy diferente, y me pareció el empeño hasta una profanación.
+¿Qué importaban ya las preferencias amorosas de la hija del Topero,
+cuando Chisco y Pepazos, con todos los que habían subido a la montaña
+con el primero en busca del segundo, podían no ser más, a aquellas
+horas, que un montón de rígidos cadáveres mal envueltos en la mortaja de
+la nieve? Arrastráronse hacia este lado todos mis anhelos, y acosé a
+preguntas ociosas a todos y a cada uno de los de la casa. Lo único que
+saqué en limpio y de nuevo fue la noticia de que tan pronto como pasó la
+tromba de mediodía, había salido otra expedición de valientes; pero no
+más que «contra eyus», «contra» los que faltaban; es decir, a su
+encuentro, o ver si los columbraban desde cierta distancia. No se podía
+hacer otra cosa, ignorándose, como se ignoraba, su rumbo y su paradero
+en una tarde tan corta, tan amenazante y con el temor de una noche como
+la que se barruntaba. Lo cierto es que había motivos sobrados para
+estremecerse y temblar, como me estremecía y temblaba yo pensando en don
+Sabas, en Neluco, en Chisco, en Pito Salces... Dios piadoso, ¡qué sería
+de ellos y de cuantos los habían acompañado en su denonada empresa!
+
+Y pensé también en la nieta de don Pedro Nolasco y en el mismo
+octogenario Marmitón, y en su hija, si eran sabedores de lo que ocurría.
+Pero ¿cómo ignorarse en aquella casa lo que era tan sabido y tan llorado
+en todas las del lugar? Y en esta situación, ¿quién se acercaba, sin un
+consuelo racional, a aquella familia, sobre todo a Lita, que debía de
+hallarse tocando el cielo con las manos, y no de ira, sino de espanto,
+de consternación, al pedir a Dios por la vida de todos, y
+particularmente por la de Neluco? Por eso no me acerqué yo, al cabo de
+los tres cuartos de hora bien corridos que pasé en casa del Topero
+luchando con la duda.
+
+Así llegó el crepúsculo, torvo, silencioso, amenazante, como ladrón
+asesino que aguarda las tinieblas de la noche para consumar el crimen
+forjado en su cerebro. Cuantos cálculos hacíamos para engañarnos unos a
+otros, resultaban increíbles en presencia de la realidad de tantas horas
+transcurridas sin saber nada de los ausentes, y, sobre todo, de aquella
+noche espantable que se venía encima de Tablanca y que, si llegaba antes
+que ellos, podía considerarse ya como su losa funeraria. Yo sostenía que
+no, contra todas mis convicciones, porque era muy duro rendirse sin
+protesta en tan apurada situación de espíritu, y no alentar un poco el
+de aquellas honradas gentes, harto más competentes que yo en el punto
+que ventilábamos.
+
+--Pase--llegué a decirles--, que Pepazos, que está «allá» desde anoche,
+solo, desprevenido... ¡Pero los otros!... bien pertrechados de medios de
+defensa, con víveres abundantes... En fin, que de éstos casi respondo
+yo.
+
+Observé que le gustaba el razonamiento a Tanasia, aun en la hipótesis de
+dar por difunto a Pepazos, y esto me animó a distinguir y encarecer las
+valentías de Chisco entre las de todos los valientes que le acompañaban,
+lo cual fue menos del agrado del Topero que del de su hija, señal bien
+evidente de que el Tarumbo no estaba mal informado acerca de este
+delicado particular. Pero no di al descubrimiento la importancia que le
+hubiera dado en otra ocasión, porque las impaciencias nos consumían, y
+notaba que, como si allí no hubiera más ánimos que los míos, a medida
+que se los infundía a Tanasia y a su familia, iba quedándome yo sin
+ellos. Pensaba al propio tiempo que cambiando de lugar cambiarían de
+cara los sucesos, con noticias que podían salirme al paso cuando menos
+lo creyera; pensaba también en mi pobre tío, a quien había dejado solo y
+entristecido por mis mal traducidas preocupaciones; y pensaba, por
+último, en la tenebrosa noche que estaba ya llegando, y en los peligros
+de que me cogiera en el camino, aunque no muy largo, de mi casa.
+
+Salí, pues, de la del Topero, salpicándome el vestido los copos de nieve
+que empezaban a caer; y apretando bien el paso y aprovechando la
+escasísima luz que quedaba del día para mirar en todas direcciones
+buscando con los ojos lo que no encontraba por ninguna parte, llegué
+pronto a la casona, en la cual hallé a mi tío muy apurado por mi
+ausencia, que le expliqué como mejor pude, y a la mujer gris que me
+devoraba con los ojos pidiéndome noticias que esperaba yo obtener de
+ella. Ni había vuelto Chisco, ni por allí había pasado alma viviente que
+diera cuenta de él ni de los otros. Y a todo esto, mi tío echándole ya
+en falta y Facia y Tona y yo viéndonos negros para ocultarle la verdad
+de lo que ocurría, y la nieve espesando, y avanzando las tinieblas de la
+noche... ¡Dios eterno, qué anhelación la mía! Cuando se cerraran los
+portones de la casa, y Chisco no estuviera dentro de ella, y aquel
+infeliz señor lo supiera, y tuviéramos que enterarle de la verdad...
+¡qué puñalada para él!
+
+Y acabó la noche, al fin, de envolver la casona y el valle y las
+montañas en la más densa e impenetrable oscuridad; se cerraron los
+portones, se avivó la fogata de la cocina, se arrimó a ella mi tío en el
+sitio de costumbre, pero inquieto y alarmado también, porque nos veía
+alarmados e inquietos a todos los que vagábamos como sombras, más que
+andábamos como personas, en su derredor... y ¡nada, ni una voz afuera,
+ni un golpe, ni un silbido!... El silencio, la soledad, el frío de los
+sepulcros, ¡la muerte por todas partes! Jamás me había parecido la
+majestad de Dios tan imponente, ni le había rezado con más fervor que
+entonces, mientras andaba yo de puerta en puerta mirando y escuchando,
+sin ver ni oír más que la insondable negrura de la noche, el incesante
+bramar del Nansa, que, más que ruido, parecía la respiración del
+silencio y los latidos descompensados de mi corazón.
+
+Así pasó una hora que me pareció un siglo; y ya iba yo a preparar a mi
+tío (que languidecía por momentos sin atreverse a preguntarnos una
+palabra) para la terrible noticia con un discurso muy mal hilvanado,
+cuando quiso Dios que se oyeran dos recios golpes en el portón que da a
+la calleja. Aquello era, cuando menos, una tregua en la espantosa agonía
+que estábamos sufriendo todos dentro de aquellos ennegrecidos muros.
+Pero si el que llamaba no era Chisco o quien nos trajera noticias suyas
+y de los demás ausentes, ¿no había para matarle, fuera quien fuera?
+
+Yo mismo cogí el farol que estaba encendido desde mucho antes por un
+lujo de precauciones tomadas a falta de cosa mejor y más tranquilizadora
+en que ocuparme, y bajé de tres en tres los peldaños de la escalera;
+llegué al portón al mismo tiempo que se repetían en él los garrotazos, y
+con mano torpe y acelerada solté el barrote que le aseguraba por dentro,
+destranqué y abrí. Dos bultos aguardaban afuera. Levanté el farol para
+reconocerlos antes de dejarlos entrar, y conocí ¡Dios misericordioso! a
+Neluco y a Chisco... También _Canelo_ estaba allí, acurrucado. Entraron,
+me abalancé a ellos y los abracé casi llorando de alegría. ¡Pero en qué
+estado se hallaban! Chisco, macilento, desalentado, con la cabeza
+vendada y un brazo en cabestrillo. Neluco, despeado y lacio; y los dos
+empapados en agua de pies a cabeza, yertos, amoratados de frío...
+Invadiéronme de nuevo los sobresaltos y las inquietudes, y les pregunté
+con un miedo horrible a las respuestas:
+
+--¿Y don Sabas?
+
+--Bueno--me respondió Neluco con voz empañada.
+
+--¿Y Pito Salces?
+
+--También.
+
+--¿Y Pepazos?
+
+--¡Por el amor de Dios!--interrumpió el médico empujándome hacia el
+fondo del estragal--. Ropa seca y un poco de lumbre para mí, y una cama
+para éste, antes de todo; y calentándonos hablaremos después.
+
+--Es que está mi tío en la cocina--repliqué temiendo que no pudiera
+decirse delante de él todo lo que Neluco tuviera que contar.
+
+--No importa--respondió impaciente y andando, llevándose por delante a
+Chisco que parecía insensible a cuanto le rodeaba.
+
+Cerró Facia el portón, y subimos todos.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+El relato que hizo Neluco al amor de la lumbre y vestido ya con ropas
+mías, fue lacónico, expresivo y pintoresco en sumo grado; y bien puede
+asegurarse que aun sin estas excepcionales condiciones, no le hubiera
+faltado la hondísima atención con que le oímos mi tío, sus dos criadas y
+yo.
+
+Según el médico, la quedada de Pepazos en el monte había corrido por el
+lugar hacia las diez de la noche, con la rapidez de un reguero de
+pólvora inflamada, y con la misma brevedad se examinó el suceso, fue
+estimada su importancia y se acordó y dispuso el único socorro que podía
+prestársele y se le prestaría tan pronto como Dios mandara a la tierra
+una chispa de luz con que guiarse para emprender el camino un poco menos
+que a tientas. Así se hizo al alborear el nuevo día. Los nombres de los
+expedicionarios eran los mismos que me había dado Facia pocas horas
+después de haber salido de Tablanca la expedición. A Chisco, que no
+estuvo presente en «las juntas», se le dio por «conforme», y se le avisó
+con las debidas precauciones para no alarmar a su amo.
+
+Se conocía el punto de partida de Pepazos detrás de sus yeguas, y cierta
+querencia que éstas y otras del lugar tenían a determinados sitios de
+los altos; y una vez colocados los exploradores sobre aquel terreno, ni
+siquiera pusieron en duda la dirección que habían tomado las unas
+huyendo y el otro persiguiéndolas para «atajarlas». Por un palmo de
+nieve más o menos, no dejaba Pepazos de volver a su casa, por alejado
+que estuviese de ella y por muy negra que fuera la noche; y el no haber
+vuelto era señal de que cuando cayó en la cuenta de que estaba nevando
+de firme y pensó en volverse, el espesor de la nieve no bajaba ya de
+media vara, lo cual no podía haber ocurrido, según dictamen de los que
+habían visto «el aire de nevar» aquella noche, antes de las ocho y media
+o las nueve. Sumando las horas transcurridas desde el comienzo de la
+empresa de Pepazos hasta entonces; midiendo el andar que llevaría monte
+arriba, y deduciendo de ello los ziszás que haría, probablemente, en sus
+varias intentonas de «ataje» por las laderas, salía la cuenta justa: si
+Pepazos no estaba en el invernal de «Peñarroja», estaba en la «Cuevona»
+del «Pedregalón de Escajeras», o se le había zampado el lobo, lo cual no
+era verosímil habiendo cerca del mozallón bestias de tan sabrosa carne
+como las que él iba persiguiendo. Ni el hambre ni el frío eran capaces
+de acabar en una noche sola con una vida tan dura de roer como la de
+Pepazos. Nadie lo dudó, y la caravana emprendió la subida de los montes
+sin atender otra cosa que a pisar en firme y ganar tiempo. Por
+misericordia de Dios, el día, aunque pardo, se presentaba relativamente
+sereno, y apenas chispeaba la nieve por entonces.
+
+Tres horas duró la subida más agria, y otra el paso de la primera loma a
+lo largo de ella. De estas cuatro horas, la segunda y la tercera fueron
+de prueba, porque hubo en ellas de todo lo malo que abunda en el monte
+durante las nevadas del calibre de aquélla: aires que entumecen,
+torbellinos que ahogan, nieblas que desorientan y extravían, sendas
+borradas, suelos traidores, caminos franqueados con las palas o
+adivinados por los más expertos; caídas inesperadas, cómicas muchas y de
+riesgos mortales algunas de ellas; sustos frecuentes y fatigas
+incesantes... La hora que duró el paso de la hoyada entre la primera y
+la segunda loma, fue más llevadera. Al fin de esta hoyada, es decir, a
+los comienzos de la loma segunda, está el Pedregalón, con la boca
+abierta a muy poca altura del suelo y encarada a la ruta que llevaban
+los expedicionarios. Se columbró muy pronto la mancha gris del pedregal
+sobre el fondo blanquísimo y esponjado de la nieve; diez minutos después
+se dibujó perfectamente la boca de la cueva, y desde un poco más
+adelante, algo que no estaba enteramente quieto dentro de sus mandíbulas
+abiertas y desencajadas; cincuenta pasos más, y hasta los menos sutiles
+de vista conocieron en lo que parecía mendrugo de aquel gaznate
+descomunal y olfateaban ya los perros de la caravana, a Pepazos en
+cuerpo y alma. Allí estaba el pedazo de bruto lo mismo que un ídolo
+japonés acurrucado en su hornacina, con los brazos en jarras, los
+mofletes muy colorados, la boca de oreja a oreja y los ojos muy
+risueños, viendo llegar a sus convecinos, tan tranquilo y descuidado
+como si los hubiera citado él para que acudieran a aquel sitio y a la
+hora en que llegaban. Correspondiente a esta actitud irracional, fue el
+saludo que le dirigieron los recién llegados, que no podían ya con los
+barajones ni con los propios cuerpos: una tempestad de injurias y de
+motes, y hasta de ladridos de los perros.
+
+--¿Por qué no te golvistes a tiempu, animal, más que animal?--preguntóle
+uno.
+
+A lo que respondió Pepazos al instante:
+
+--Porque me había empeñau en atajar las yeguas; y como la nievi me
+servía pa columbralas bien dimpués que cerró la noche... jala, jala,
+jala, parriba detrás de eyas; torna aquí y ataja acuyá...
+
+--Y ¿dónde están esas bestias a la presente?--le preguntó el Cura.
+
+--Sábelu Dios--contestó Pepazos entristecido con la pregunta--. Al
+ayegar yo a esa joyá, tresponierum eyas la otra cumbri como si las
+yevaran los demontris... y échilas un galgu... Apretaba la ventisca,
+espesaba la nievi, había muchu que andar hasta Tablanca, tenía cerca
+esta cuevona, y aquí me acaldé tan guapamenti.
+
+--¿Y habrás sido capaz de dormir?--le interpeló el médico.
+
+--Como que no tenía otra cosa que jacer...--respondió el mozallón
+admirado de la pregunta.
+
+--Sin acordarte maldita la cosa--insistió Neluco--, del susto que dabas
+a tu familia y a todo el pueblo...
+
+Se encogió de hombros el interpelado, como si entonces cayera en ello
+por primera vez. Al notarlo, dijo don Sabas descomponiéndose un poco:
+
+--Y si todos hubiéramos sido tan cernícalos como tú, ¿qué hubiera sido
+de ti, si no hoy, mañana, cuando el hambre y el frío te acometieran?
+
+Otro encogimiento de hombros por respuesta, como si tampoco hubiera
+cruzado señal de semejante idea por el meollo de Pepazos.
+
+En fin, que no había atadero en aquel hombre... ni mucho tiempo que
+perder; por lo que se metieron los de afuera en la cuevona, obra bien
+fácil, porque le llegaba ya la nieve a media vara de la boca;
+descansaron y comieron todos, poniendo a raya la voracidad de Pepazos,
+sin lo cual no hubieran alcanzado las provisiones para él solo; y como
+el cielo iba ennegreciéndose por mala parte, después de un ligero reposo
+salieron todos de la cueva apercibidos para la marcha, y la emprendieron
+a buen andar montada abajo.
+
+Al principio todo fue bien, y hasta abundaron las zumbas, las indirectas
+y las ironías enderezadas a Pepazos, que no se enteraba de la mayor
+parte de ellas por natural torpeza de su magín. Pito Salces se desató en
+barbaridades contra él, y, sobre todo, contra el Topero, que le abría la
+puerta, mientras se la cerraba a un hombre tan avispado como uno que él
+(Chorcos) conocía «igual que a sí mesmo», y que, aunque otra cosa se
+dijera por ciertas lenguas, era el que plantaba el jito en el corazón de
+Tanasia. Esto, dicho entre cabriolas, manoteos y risotadas, delante de
+toda aquella gente, y sin respeto alguno a la autoridad del señor Cura,
+dejó desconcertado y mohíno a Pepazos, y a Chisco del color de la nieve,
+y no de frío, sino de santa indignación que puso a Chorcos en grave
+riesgo de bajar rodando una ladera «pendía» que asomaba a diez varas de
+ellos.
+
+Pero pasó la gresca, como pasaban a cada instante ciertas rachas de
+cierzo que flagelaban las caras con manojos (tales parecían) de la nieve
+seca que llevaba consigo.
+
+Lo que no pasaba era aquella negrura que se veía sobre el horizonte
+frontero: lejos de pasar, iba avanzando y extendiéndose en todas
+direcciones; y cuanto más avanzaba y se extendía, «más de ella» quedaba
+a la otra parte; vamos, como la «jumera» de un calero muy grande que
+acabara de encenderse detrás de los montes lejanos. Y esto era lo que no
+perdían de vista don Sabas y los que, aunque no tanto como él, eran muy
+entendidos en aquella casta de nublados; y por esto husmeaba el Cura el
+paisaje con avidez, y cortaba las apuntadas conversaciones con mandatos
+secos de avivar la marcha. Hasta los perros encogían el rabo y se ponían
+a la vera y al andar de la gente, sobre todo cuando se oyó bramar el
+cierzo entre los pelados robledales y en las gargantas de la cordillera,
+y se enturbió de repente la luz, como si fuera a anochecer enseguida, y
+se vio desprenderse de lo más negro y más lejano de las nubes aquel
+pingajo siniestro que había visto yo desde mi casa, y unirse luego con
+el otro pingajo que ascendía de la tierra, y comenzar, fundidos ya en
+una pieza los dos, a dar vueltas como un huso entre los dedos de una
+«jiladora» y andar, andar, andar hacia ellos, los peregrinos del monte,
+como si lo empujara el bramar que se oía detrás de ellos, si no era ello
+mismo lo que bramaba, repleto de iras y de ansias de exterminio, muertes
+y desolaciones.
+
+Don Sabas miró entonces a Neluco con ojos de alarma; Neluco al Cura;
+Chisco y Pito Salces a los dos; y todos se miraron unos a otros, y todos
+se detuvieron de repente como si obedecieran al impulso de un mismo
+resorte. _Canelo_ y sus congéneres se detuvieron también y se arrimaron
+al grupo, mirando a todas las caras y exhalando entrecortados aullidos
+quejumbrosos.
+
+--Aquello--dijo Sabas apuntando a la tromba--, ha de pasar por aquí sin
+tardar mucho... ¡Y en qué sitio nos coge!
+
+Estaban a la sazón en el centro de una altura, casi una meseta,
+desamparada por todas partes y dominada hacia la izquierda por un
+picacho, entre el cual y la sierra se abría la boca de una barranca
+profundísima. Cerca de la barranca y en el lado de la sierra, había un
+robledal bastante espeso y de recios troncos. Escaso refugio era aquél y
+peligroso en sumo grado para defenderse de un enemigo tan formidable
+como el que se les iba encima a paso de gigante; pero como no tenían
+otro mejor a sus alcances, a él acudieron sin tardanza. Eligió cada cual
+su tronco, en la seguridad de que lo mismo podía servirle de amparo que
+de verdugo; y allí se estuvieron, encomendándose a Dios y respondiendo a
+las preces que en voz resonante le dirigía don Sabas, pidiéndole por la
+vida de todos, aunque fuera al precio de la suya propia.
+
+Lo tan temido y esperado no tardó en llegar, negro, espeso, rugiente,
+furibundo, como si toda la mar con sus olas embravecidas, y sus
+huracanes y sus bramidos, y su empuje irresistible, hubiera salido de su
+álveo incomensurable para pasar por allí. Temblaron hasta los más
+valientes (y lo eran mucho todos los de aquella denodada legión), y
+ninguno de ellos supo darse cuenta cabal del principio ni del fin del
+paso de aquel tan rápido como espantoso huracán. ¡Y que solamente les
+había alcanzado uno de los jirones de la tromba, desgarrada en su primer
+choque contra las moles de la cordillera!
+
+Hubo en el robledal ramas desgajadas y troncos removidos, y apareció
+desfigurado el suelo, barrido de nieve donde antes hubo mucha, y enormes
+cúmulos de ella donde había escaseado más. Esto fue lo primero que se
+metió por los ojos de los infelices, tan pronto como los abrieron para
+buscarse con la vista unos a otros. Nadie estaba en el sitio que había
+ocupado antes de la tormenta, y Pepazos yacía sepultado de medio abajo
+en una pila de nieve, fuera del robledal y a muy pocos pasos de la
+barranca... ¡Pero faltaba uno! ¡faltaba Chisco! y no respondía a las
+voces con que se le llamaba, ni se le veía por ninguna parte... ¿Dónde
+buscarle? ¿Qué sitio había ocupado en el robledal? ¿Quién estuvo cerca
+de él? ¿Quién le había visto al reventar la cellerisca negra?
+
+En aquel mismo instante sacó Pepazos sus zancas de la nieve y rompió a
+hablar. Él se había salido del robledal por creerse más seguro afuera al
+sentir en la cara los primeros latigazos de «la nube». Observólo Chisco,
+que estaba a su lado, y le llamó para que se volviera al robledal antes
+con antes, si no quería salir volando por encima de la barranca o caer
+en ella sepultado, que tanto daba: Pepazos que no, y Chisco que sí,
+échase sobre el otro para meterle adentro por buenas o por malas;
+revienta en esto la cellerisca, y no volvió Pepazos a oír ni a ver ni a
+sentir cosa alguna de este mundo hasta lo que estaba viendo y oyendo a
+la presente.
+
+Pito Salces, que no quitaba ojo a Pepazos ni perdía una sola palabra de
+las que iba diciendo el mozallón, en cuanto éste cesó de hablar se
+plantó de un saltó en la orilla de la barranca, y allí se puso a
+husmear, con la avidez de un perro de buena nariz, en todas direcciones
+y hasta en las negras profundidades del abismo. El dolor, la
+consternación de aquellas generosas y honradas gentes, no son para
+pintados. Se corría de acá para allá; olfateaba desesperadamente
+_Canelo_ (a los otros dos canes los había barrido el huracán); se
+llamaba a Chisco en todos los imaginables tonos de la angustia humana, y
+se removían los montones de nieve con la pala, con la azada, con los
+pies, con las uñas... ¡y nada!
+
+En esto se oye un grito de Pito Salces, y estas palabras que volvieron
+la vida a todos:
+
+--¡Aquí está, puches! o yo no tengo ojos en la cara.
+
+Hallábase el bueno de Pito esparrancado en el borde mismo de la quebrada
+y mirando ansiosamente hacia abajo. Allí, en el estrecho lomo de la
+única peña que avanzaba sobre el abismo y se arraigaba en la orilla, a
+cosa de treinta pies más abajo de donde afirmaban los suyos para mirar
+Pito y los que habían acudido a su llamada, se veía un cuerpo humano
+medio cubierto por la nieve. Indudablemente era el de Chisco, por las
+señales de su vestido y de su tamaño; pero ¿quedaría algo de vida en
+aquel ser que parecía inanimado? Pito sostenía que sí, porque se atrevía
+a jurar que había pescado cierta «movición» de brazo en él. De todas
+maneras, había que sacarle de allí. ¿Cómo? ¿Por dónde? Y aquí las ansias
+y la desesperación, porque el socorro era dificultoso y el tiempo
+apremiaba inexorable. El corte de la montaña por aquel lado era casi
+vertical, a pico sobre el barranco, y sólo había un ligero tramo, de
+talud muy enlomado, precisamente a plomo de la peña con la cual se unía
+por su base. Entre la peña y la base del talud había un espacio de
+algunas varas. En aquel espacio, muy arrimado a la peña y con bien
+marcada inclinación hacia el abismo, estaba lo que se parecía a Chisco
+boca abajo e inmóvil; parecer que confirmaba _Canelo_ desde arriba
+latiendo desaforadamente y buscando una senda por donde lanzarse en
+ayuda de su dueño. Por razones de suma prudencia, mandó Neluco que se
+sujetara al perro en el acto y se le tuviera lejos del sitio en que se
+hallaban don Sabas, Pito Salces y él, discurriendo sobre el problema de
+la bajada. Ésta no era imposible, ni mucho menos, para aquellos
+arriesgados y duchos montañeses con los recursos auxiliares que tenían a
+su disposición; pero en aquellos instantes ofrecía un peligro tremendo,
+no para el que bajara, sino para el que se hallaba abajo ya, indefenso e
+inerte. El talud estaba cubierto, hasta la arista de arriba, de una capa
+de nieve que no mediría menos de vara y media de espesor, y debía de
+medir mucho más tal vez el doble, la que había en la explanada de abajo,
+en uno de cuyos lados yacía Chisco sin dar señales de vida, por más que
+siguiera jurando Chorcos que sí las daba. Remover la nieve de arriba,
+siquiera fuese ligeramente (y de aquí la precaución de Neluco tomada con
+_Canelo_), equivalía a producir un corrimiento de ella, que, ganando
+peso y velocidad de palmo en palmo, llegaría a la peña como un alud de
+bastante empuje para arrastrar a Chisco a los profundos de la barranca.
+Esto, que estaba en la mente de todos, era lo que los tenía febriles y
+consternados. Todos estaban dispuestos a bajar, pero a nadie le era
+permitido. Pito Salces, que no cabía dentro de sí mismo y andaba leguas
+por segundo en los tres palmos de suelo que ocupaban sus pies, se dio de
+pronto un puñetazo en la frente. ¡Puches! ya tenía la idea.
+
+--¿Están las cuerdas listas?--preguntó.
+
+Respondiéronle que sí.
+
+--¿Alcanzará ca una de eyas hasta abaju?
+
+Se le respondió que con sobras de otro tanto. Pidió luego una pala.
+Examinó la cuerda, midiéndola braza a braza; la dejó después enroscada
+en el suelo cerca del borde del barranco; puso la pala sobre la rosca, y
+volvió a asomarse al precipicio. Enseguida preguntó a los más cercanos
+de los que le miraban a él silenciosos y llenos de curiosidad:
+
+--¿Habrá siquiera, siquiera, dos varas de nieve en la yanauca de ayá
+baju?
+
+--Y más que más--se le respondió.
+
+Quitóse los barajones en un periquete; los arrojó a un lado, enderezóse
+y dijo:
+
+--Los rayos, ¡puches!, son pa cuando truena, y las oraciones, señor don
+Sabas, pa cuando se nesecitan como ahora mesmu.
+
+Besó la mano al Cura; arrimóse otra vez a la orilla de la barranca; dijo
+a los que le contemplaban atónitos, por ignorar los planes que le movían
+a hacer aquellas cosas tan raras, que tuvieran listas la pala y la
+cuerda para cuando las pidiera él; miró un instante hacia abajo,
+santiguóse rápidamente, invocó a «Jesús crucificado...» ¡y allá va eso!
+Se lanzó al abismo entre el asombro y el espanto de todos. Hay que
+advertir que desde que se notó la falta de Chisco hasta aquella sublime
+barbaridad, no pasaron diez minutos. ¡Tan de prisa se andaba, se
+discurría y se obraba allí!
+
+Los que vieron caer a Pito Salces (que fueron todos los que de la
+caravana quedaban arriba, _Canelo_ inclusive) derecho, rígido como un
+huso, y haciendo de los brazos alas y balancín para gobernarse en los
+aires, no lograron averiguar cuál fue primero, si el hundirse en la
+nieve hasta la cruz de los calzones, o el echar las dos manos sobre el
+cuerpo inmóvil de su amigo, haciendo presa en él. Enseguida tiró del
+cuerpo con todas sus fuerzas, logró arrastrarle a su terreno y le dejó
+sobre la nieve en lugar más seguro y boca arriba. Todos conocieron a
+Chisco en cuanto le vieron así; pero ¡horror de los horrores! en el
+sitio en que había estado apoyada su cabeza quedaba un manchón de sangre
+que se distinguía perfectamente sobre la blancura deslumbradora de la
+nieve. Casi al mismo tiempo que se hacía este triste descubrimiento,
+gritaba Pito desde abajo volviendo la mirada hacia los de arriba:
+
+--¡Hay hombre, puches, y hasta con su resueyu correspondienti!
+
+--¡Arriba con él sin tardanza!--gritó Neluco entonces desde lo alto.
+
+--¡Hay que barrer primero el camino!--contestó Chorcos desde abajo--.
+Échenme una pala antes con antes, porque ya tengo la idea, ¡puches!, y
+vaigan jiciendu por arriba lo que a mí me vean jacer por acá abaju... en
+cuanto yo avise.
+
+Cayó la pala enseguida, perfectamente a plomo y en el sitio mismo que
+Chorcos señalaba con la mano; apoderóse de ella, y comenzó a expalar
+nieve a diestro y a siniestro, arrojándola por encima de los bordes de
+aquella aérea y minúscula península unida al continente de la montaña
+por un istmo que no tenía tres varas de anchura. En dos minutos quedó el
+istmo despejado y abierta una senda en el campizo que tapizaba por allí
+los raigones del peñasco, hasta el montón de nieve sobre el cual yacía
+Chisco. Enseguida se arrimó el intrépido muchacho a la base del talud, y
+allí, como si se hallara en el huerto de su casa, sin inquietarse lo más
+mínimo por la visión de los abismos horrendos que se abrían a media vara
+de cada uno de sus pies, púsose a expalar la nieve del talud, a un lado
+y a otro, mandando al propio tiempo que se hiciera arriba lo mismo, en
+cuanto alcanzaran las palas. Sin base ya la nieve del talud y removida
+por lo alto, empezó a escurrirse hasta el istmo, donde se partía en dos
+cascadas que desaparecían en el barranco. Despejado y limpio el talud en
+breves momentos y desembarazado, por consiguiente, de los peligros que
+se temían antes, echóse abajo la cuerda que pidió Chorcos; ató como
+debía y él sabía hacerlo, a su amigo por los sobacos, y tirando con
+tiento los de arriba y ayudando él con cariño desde abajo, quedó Chisco,
+que no podía hacer nada por sí, arrimado al talud.
+
+--¡Arriba ahora con él!--voceó Pito Salces, y a pulsu, porque si no yeva
+un brazu cascau, ha de faltali pocu.
+
+Llegó Chisco felizmente a lo alto, volvió a descender la cuerda, atóse
+con ella Chorcos, subiéronle; y sin detenerse nadie a ponderarle la
+hazaña, ni ocurrírsele a él que lo que acababa de hacer mereciera tal
+nombre, corrieron todos a rodear a Chisco, de quien ya se había
+apoderado el médico en el robledal, asistido de don Sabas
+principalmente. La herida de la cabeza resultó insignificante, y lo del
+brazo ni siquiera llegaba a dislocación del hombro. Lo peor era la
+sangre perdida que le debilitaba mucho, y lo que pudiera haber de
+conmoción cerebral, aunque era buen síntoma lo dócil que iba mostrándose
+todo el organismo a los remedios que Neluco le aplicaba. A los tres
+cuartos de hora se sentaba el enfermo por su propio esfuerzo y por su
+libre voluntad; otro cuarto de hora después, pedía minuciosas noticias
+de todo lo que le había pasado; a la hora y media, comía con gran
+apetito y bebía cuando le daban; y sin cumplirse las dos horas, ensayaba
+sus bríos de caminante pataleando sobre la nieve y rogando al Cura y a
+Neluco que se rompiera la marcha cuanto antes.
+
+Caminando ya, decía don Sabas al médico:
+
+--¡Y se dirá que ya no se hacen milagros! Haber en el paredón liso de la
+barranca una sola peña saliente; ir a dar Chisco a esa peña arrastrado
+por la cellerisca; tener la peña un colchón de más de dos varas de
+nieve, y envolverle a él la cellerisca en cobertores de más de otro
+tanto, para que la caída fuera blanda. ¿No son milagros éstos? Y, por
+último, ¿no es el mayor de todos la ocurrencia de Pito? Porque ¿de qué
+hubieran servido los otros sin esa barbaridad?
+
+Como había que acomodarse al andar de Chisco, que no era su andar
+ordinario, la bajada a Tablanca duró bastante más de lo calculado a la
+salida de la «Cuevona» del «Pedregalón de Escajeras»; y como, así y
+todo, el mozón de Robacío no era de hierro, llegó a cansarse mucho y a
+no sentirse bien a medida que avanzaba la noche y el frío arreciaba.
+
+Hubo temores de que no pudiera llegar a Tablanca por sus pies, y se
+buscaron atajos para llegar cuanto antes. Cómo llegaron, al fin, Neluco
+y el enfermo, ya lo habíamos visto nosotros. Se calentó la cama de
+Chisco, se le despojó de sus ropas húmedas, se le dieron unas fricciones
+de aguardiente; y en la cama seguía reposando al referir Neluco en la
+cocina estos sucesos que más de una vez empañaron los ojos de Facia, e
+hicieron estremecerse de pavor y de entusiasmo a su hija Tona, mientras
+a mi tío le temblaba la barbilla y le chispeaban los ojuelos clavados en
+los del narrador. En cuanto a mí, con admirar tanto como admiré la
+atrocidad heroica de Pito Salces, y con sentir tan hondamente como sentí
+el percance tremendo del pobre Chisco, aún me resultaba poco todo ello
+en comparación del cuadro de horrores que yo había estado forjándome en
+la cabeza durante el día y una buena parte de la noche.
+
+Terminado el relato, con minuciosos comentarios de los oyentes, y
+reanimado ya Neluco con el calor de la lumbrona, diose una vuelta por la
+alcoba de Chisco; vio y vimos todos que dormía profundamente un sueño
+tranquilo y reparador sin señal de calentura; dionos instrucciones para
+lo que pudiera acontecer hasta que volviera él a la mañana siguiente;
+pidió el farol que ya le tenía Facia preparado; despidióse y se fue a su
+casa, donde estaría su ama de gobierno llorando por él y hasta
+encomendándole a Dios. Expliqué yo luego a mi tío, con la razón de estos
+sucesos, mi conducta de todo el día; pareció tranquilizarse con ello;
+nos arrimamos poco después a la perezosa; cené yo con un apetito como no
+había sentido otro en mi vida, y una hora después nos retirábamos a
+dormir.
+
+¡A dormir!... ¡Buenas andaban para ello las horas de aquel día y de
+aquella noche memorables!
+
+Habíame yo metido en la cama con la cabeza atiborrada de sucesos
+extraordinarios y el corazón henchido de impresiones; veía la tempestad
+rugiendo entre las montañas, desgajando peñascos y desarraigando troncos
+seculares, y a una docena de hombres, sencilla y naturalmente generosos,
+envueltos entre remolinos de nieve y de granizo, rodando por los suelos,
+como la hojarasca muerta de los árboles; veía a Chisco moribundo en el
+lomo de una roca, sobre el fondo negro de un abismo espantoso; veía las
+ansias desesperadas de sus compañeros de fatigas, que no hallaban la
+manera de sacarle de allí, y veía, por último, al noblote Pito Salces
+volando por los aires y jugándose la vida en aquel arranque brutalmente
+sublime, por el intento solo de salvar la de su amigo, que de seguro
+hubiera hecho una barbaridad idéntica por él; consideraba yo todo lo que
+representaban y valían a la luz del buen sentido estas cosas, y la
+simple acometida de la excursión a la montaña en un día como aquél, por
+puro y santo espíritu de caridad, como el hecho más natural y sencillo,
+sin la menor protesta, sin la más leve duda y sin idea siquiera de la
+más remota esperanza de lucro ni de aplauso; y, sin poderlo remediar, me
+acordaba de lo que había leído y oído tantas veces en mi mundo; del
+clamoreo resonante que solía moverse en tertulias, casinos y papeles, y
+de los honores y cintajos que se pedían y se otorgaban para premiar una
+«hazaña» que no valía dos cominos en buena venta; pensaba también en mi
+pobre tío, a quien las dudas primero, y después el conocimiento de la
+realidad con todos sus pormenores, habían afectado muy profundamente, y
+en que le había dejado yo a la puerta de su dormitorio mucho más abatido
+y macilento que de costumbre, más fatigoso y más perseguido por la tos;
+en fin, hasta pensé en lo que, en buena justicia, habrían ganado Chisco
+en la estimación de Tanasia, de quien no era digno un animalote como
+Pepazos, y Pito Salces en la de Tona, que no habría echado en saco roto
+las heroicas atrocidades del mozallón que tan de veras la quería.
+
+Hasta bien pasada la media noche no empezaron los amagos del sueño a
+confundirme y amontonarme estos pensamientos y aquellas imágenes en la
+cabeza; y entonces fue, precisamente, cuando oí unos golpes dados en el
+suelo del cuarto de mi tío. Solía él llamar así con un palo que le
+ponían arrimado a la cabecera de la cama. Pero en los golpes de aquella
+noche había algo que los distinguía de los golpes de otras veces, oídos
+por mí sin alarma. Podía ser esto verdad, o producto de una alucinación
+mía; pero yo, en la duda, me atuve a lo primero y me levanté de un
+salto, encendí la bujía, me vestí en el aire y acudí a la llamada. Y
+resultó lo que yo me temía. Hallé al pobre señor incorporado en la cama,
+de color de lirio, con la mirada de angustia, la boca entreabierta, la
+respiración anhelosa y difícil, y un estertor en el pecho que parecía el
+de la muerte. Recitaba, sílaba a sílaba, salmos del _Miserere_... y yo
+no supe qué hacer ni qué decirle en los primeros momentos: me imponía
+aquel cuadro que nunca había visto, y sentía al mismo tiempo mucha
+compasión. Contando con ataques de aquella especie, había en casa varios
+medicamentos y nos había dado Neluco algunas instrucciones para combatir
+el apuro en los primeros instantes mientras se le avisaba a él; pero yo
+no acertaba a hacer ni a disponer cosa con cosa. ¡Tan aturdido me veía!
+
+Llegaron a esto las dos criadas, que también habían oído los golpes, y,
+por ver a su amo desde la puerta, me dijo Facia al oído:
+
+--¡Lo mesmu que la otra vez!
+
+Volvióse Tona volando hacia la cocina a cumplir un mandato de su madre,
+y se quedó ésta conmigo en el cuarto del enfermo.
+
+Éter, maniluvios, sinapismos... ¡qué sé yo cuántos recursos se pusieron
+en juego allí! A todo se prestaba el angustiado señor, menos a que se
+avisara a Neluco ni a don Sabas, porque después de la brega que habían
+tenido desde el alba, necesitaban el descanso tanto como él. ¡Y cuidado
+con que se enterara el pobre Chisco de lo que estaba pasando! porque era
+capaz de levantarse con riesgo de ponerse peor; y Chisco y el Cura y
+Neluco y yo y Facia y todos y cada uno de los que dormían o descansaban
+a aquellas horas o andaban sanos y buenos por la casa, hacían falta en
+el mundo; todos menos él, que viéndose en aquel trance se veía en lo
+suyo propio y en lo que era natural.
+
+Todo esto nos lo iba diciendo poco a poco, mientras clavaba en nosotros
+su vista cristalizada y anhelosa y hundía sus manos cadavéricas en una
+palangana llena de agua muy caliente, aprovechando el alivio que iban
+produciéndole éste y otros remedios heroicos que le aplicábamos sin
+cesar.
+
+--Además--nos dijo--, esto no es la muerte todavía; lo conozco yo bien;
+y si creyera otra cosa, ya estaría aquí el Cura por mi orden, por la
+cuenta que me tiene.
+
+--¡Cascajo!... Pero es otro aviso de ella... vamos, el segundo toque; al
+tercero, la misa... y no miento, la misa de cuerpo presente; el cuerpo
+de tu tío, Marcelo, de tu amo, Facia, que ya está de sobra en esta casa
+y en el mundo... ¡Bendita sea la voluntad de Dios por siempre jamás,
+amén!
+
+Después se puso a rezar por lo bajo; y a medida que se le calmaban las
+angustias iba cerrando los ojos, hasta que acabó por quedarse dormido; y
+así dormitando y despertando a cada instante, pasó mucho tiempo. Hacia
+la madrugada desapareció por completo el ataque, y durmió el enfermo
+tranquilamente y de un tirón, cerca de dos horas. ¡Pero qué ganas había
+tenido yo durante la noche de avisar a Neluco, y qué ansiedad la mía por
+que amaneciera!
+
+Cuando amaneció, al fin, tiritaba yo de frío... y de tristeza, sentado a
+la cabecera de la cama de mi tío, después de haber visto desde la solana
+de mi cuarto que no se presentaba el nuevo día más risueño que el
+anterior, y de enviar recado a Neluco para que anticipara la visita
+cuanto le fuera posible.
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+En cuanto mi tío se halló libre del ataque al despertar del sueño,
+relativamente tranquilo, que yo le había velado desde el amanecer, y vio
+el cuarto alumbrado por la luz del día, aunque parda y melancólica,
+olvidóse de las mortales angustias que había sufrido pocas horas antes,
+y no tuvo ni declaró otro deseo que el de saltar de la cama para hacer
+la vida de costumbre. Dios y ayuda nos costó reducirle a que siquiera
+nos escuchara las razones que teníamos para oponernos a su irreflexivo y
+peligroso empeño. Neluco, que ya se hallaba presente y bien enterado de
+todo lo ocurrido durante la noche, tuvo que enfadarse de veras y hasta
+faltarle un poquillo al respeto. Si no por las buenas, por las malas
+tendría que quedarse aquel día en la cama, y el siguiente, y el otro, y
+todo el tiempo que durase el temporal de nieve. Había que evitar a todo
+trance los enfriamientos... Después, ya se vería. A lo cual respondió
+don Celso, echando lumbre por los ojillos de raposo y apretando los
+puños de coraje:
+
+--¡Para ti estaba! ¡para ti y para todos los de tu arrastrado oficio,
+mediquín trapacero del cascajo! ¿Por quién me tomas? ¿De qué madera te
+has pensado que soy yo? Me levantaré... o no me levantaré, conforme y
+según me vea de agallas; pero no porque se le antoje así o asao a ningún
+enterrador de vivos... porque enterrar en vida es ¡cuartajo! tener en la
+cama días y días a un hombre como yo, sin calentura ni dolores.
+
+Al cabo se entregó, más que por convencimiento, por falta de fuerzas
+para salirse con la suya; pero volvió la cara hacia la pared
+refunfuñando protestas e improperios como un chiquillo contrariado.
+
+Despachado este asunto y mientras íbamos a ver a Chisco, decía yo al
+médico que acaso tuviera razón mi tío en su porfía con nosotros. ¡Era
+tan extraordinaria su naturaleza!
+
+--No hay naturaleza que valga--me respondió Neluco--, a cierta edad de
+la vida y con determinadas enfermedades.
+
+--Pero ¿tan grave es ésta que padece mi tío?--le pregunté.
+
+--Ya le he respondido a usted en otra ocasión a esa pregunta.
+
+--Efectivamente.
+
+--Pues aténgase usted a ello, y sírvale de gobierno para su mejor
+inteligencia, que de cada cien enfermos de esta clase, aun siendo mozos,
+se mueren... ciento y uno; conque figúrese usted si habrá que andar con
+cuidado, siquiera para detener la muerte de don Celso unos cuantos días.
+Lo que aquí se necesita ahora para disciplinarle un poco, es organizar
+la asistencia modificando al propio tiempo la vida de este hogar. Usted
+no puede acomodarse a ciertas faenas, impropias de sus hábitos y hasta
+de su naturaleza; Facia es la estampa de la melancolía, y su hija Tona
+incapaz de suplir con la más cariñosa de las solicitudes, la habilidad y
+el pulimento que le faltan. Además, ni la madre ni la hija pueden, por
+su condición de sirvientes, imponerse a los caprichos impetuosos de su
+amo, que, por otra parte, se las sabe ya de memoria, lo mismo que a
+usted. Más que con caldos y con drogas, hay que atender a este enfermo
+con entretenimientos que le distraigan y alegren y le obliguen a ser
+dócil, hasta por la cortesía. En fin, que he pensado en Mari Pepa. Mari
+Pepa vendrá aquí de enfermera con mil amores, y viniendo ella, vendrá
+Lita también; y con el pretexto de acompañar a don Celso, se pasarán a
+su lado todo el día y harán de este caserón una pajarera. A usted ¿qué
+le parece?
+
+De perlas me pareció, y así se lo declaré a Neluco. Quedó él en
+convertir el plan en cosa hecha, y llegamos en esto a la alcoba de
+Chisco.
+
+El cual no estaba ya en ella ni en sus inmediaciones. Preguntando por él
+a Tona, supimos que andaba, buen rato hacía, arreglando el ganado.
+Bajamos a las cuadras y allí dimos con él. Algo le dolía el brazo
+todavía «jancia el hombral»; pero como era el izquierdo, se manejaba
+bien para sus quehaceres. Tenía buena «apetencia», se «jallaba» firme de
+los otros remos, y por eso se había levantado como todos los días. Ya
+sabía lo de su amo, y le llevaban «los diantris» al considerar que
+mientras el pobre señor pasaba las de Caín, él estuviera durmiendo a
+pierna suelta toda la noche, y por culpa de «blanduras y arreparus» que
+se habían tenido «malamenti» con un hombre de su correa. Pulsóle el
+médico y le reconoció el brazo y la herida de la cabeza; diole por sano
+y bueno si se obligaba a observar ciertos cuidados que le prescribió;
+despidióse de mí hasta «más tarde», y se fue. Antes de salir me dijo muy
+quedo:
+
+--Creo que hice muy mal anoche en referir ciertas cosas delante de su
+tío de usted, con lo impresionado que ya estaba el pobre señor.
+
+Sospeché lo mismo, volvíme al lado del enfermo y me senté a la cabecera
+de su cama. Le hallé más «humano» que antes, sin duda porque también
+estaba más abatido. Como no le tentaba el deseo de hablar, ni era
+conveniente provocársele, según encargo muy encarecido de Neluco, dime a
+meditar yo por no tener otra cosa en qué ocuparme allí. Era indudable
+que yo había llegado a querer de veras a mi tío: a la vista estaba lo
+que me dolía la gravedad de su estado y el peligro en que se hallaba de
+quedársenos entre las manos a la hora menos pensada; y, sin embargo, la
+perspectiva de aquella serie de días de cama, impuesta por el médico al
+enfermo, con la sujeción a que me obligaba esta medida, en el menguado y
+tétrico recinto de aquella alcoba, y la tenaz y espesa nevada que tenía
+el cielo en tinieblas, la tierra sin suelo en que pisar y encarcelados a
+sus habitadores, me preocupaba y me dolía ¡a qué negarlo! mucho más. El
+corazón humano adolece con frecuencia de estos achaques, no por maldad
+propiamente, sino por falta de educación de los sentimientos, por desuso
+de los más delicados de ellos, por resabios del egoísmo adquiridos en la
+libertad de una vida sin trabas ni linderos. Explicábame yo aquella
+debilidad, que me parecía hasta pecado grave, con estas reflexiones, y
+con ellas me consolaba, aunque no tanto como con la esperanza de que se
+realizaran los planes de Neluco y vinieran Lita y su madre, sobre todo
+Lita, a aliviarme del peso de la cruz, renovando el aire y los sonidos y
+las caras y hasta la luz de aquellos ámbitos entristecidos, mudos,
+negros y monótonos. Pero ¿se prestarían a venir Mari Pepa y su hija, no
+obstante sus buenos y caritativos deseos? ¿No les arredrarían los
+obstáculos de la nieve y del frío, de aquel frío como no le había
+sentido yo ni en Rusia quizás, por no haber en Tablanca otro recurso que
+el de la cocina y un mal brasero para combatirle? ¡Mal conocía yo los
+alientos de las señoras tablanquesas! A media mañana entraban por la
+puerta del salón de la casona la hija y la nieta de don Pedro Nolasco,
+poco después de haberlas oído yo «gorjear» y llenar el pasadizo de voces
+argentinas y armoniosas. También las había adivinado mi tío.
+
+--¡Jesús!... ¡la cellerisca!--había exclamado, al oírlas, en un tono que
+revelaba más alegría que pesar.
+
+Salí a su encuentro y las recibí sin disimular una pizca el alegrón que
+con su visita me daban. Los ojos y la nariz era lo único que se veía de
+sus personas: todo lo demás era un conglomerado de faldas, chaquetas,
+toquillas y mantones de lana espesa y dulce. Preguntando y exclamando,
+ora en voz baja (cuando no era conveniente que lo oyera mi tío), ora
+casi a gritos (por convenir que lo oyera), iban desliándose la cabeza y
+descubriendo la cara, hasta que apareció la de Lita (me fijé poco en la
+otra) como luna de enero entre nubes grises, o más propiamente, como una
+manzanita de agosto arrebujada en las hojas de su ramo: así estaba de
+coloradita, de tersa y de apretada la redondez de sus carnes por allí.
+
+Como venían bien informadas e instruidas por Neluco, poco o nada
+hablamos del papel que les correspondía en la comedia que íbamos a
+representar delante del enfermo. Don Pedro Nolasco no había podido
+acompañarlas; mejor dicho, no se lo habían permitido ellas, por temor a
+una caída que hubiera sido mortal en un hombrazo de sus años... porque
+estaban los caminos ¡Virgen María, la nuestra Madre! que daban miedo. Se
+«eslociaban» los pies en la nieve como anguilas en la mano. Solamente en
+la subida del pedregal se había caído ella (Lituca) dos veces, y sobre
+una misma rodilla, que debía de estar hecha una compasión. No lo había
+visto todavía, pero podía jurarse por lo que la «resquemaba», aunque no
+la impedía los movimientos, gracias a Dios. Por lo demás, ya sabían
+ellas que al enfermo no le convenía la charla, aunque la pidiera: de vez
+en cuando, alguna chunga, como si el mal fuera de broma; a tiempo y con
+amor, las medicinas y el alimento; y que perdonáramos la franqueza si se
+daban por convidadas a comer, porque ellas, con el pretexto de la
+nevada, pensaban quedarse hasta la noche sin que don Celso maliciara la
+verdad del motivo. Venían provistas de labor para hacer más entretenidas
+las horas sobrantes alrededor del brasero.
+
+Mi tío las recibió con cuatro cuchufletas y algunos lamentos. Aunque
+vivo todavía, se daba por muerto ya. Protestaron ellas contra el
+supuesto, asegurándole que lo que le había «encamado» entonces era la
+frialdad de la nevada, y puede que también algo del sentir que le diera
+el conocimiento de lo ocurrido en el monte el día antes.
+
+--No lo niego--respondió a ello mi tío--, y por lo mismo no tiene vuelta
+de hoja lo que vos acabo de decir; porque ¿qué puede esperarse ya de un
+hombre de mi veta cuando se deja acaldar, como yo estoy acaldado, por
+chapucerías como esas?
+
+Era la pura verdad; pero, así y todo, insistieron las bonísimas mujeres
+en negarla, aunque no con los bríos necesarios para lograr sus
+caritativos fines, porque eran cariñosas en extremo y se sentían
+impuestas y conmovidas ante aquella extenuación y aquella lividez
+cadavéricas del pobre don Celso, que ni por afán de mantener sus
+derechos desconocidos por la tiranía profesional de Neluco, se acordaba
+ya de levantarse.
+
+Dejáronle al fin en el sosiego que necesitaba; instalámonos en el salón
+contiguo; llegó la mujer gris con el brasero encogollado de ascuas
+resplandecientes; púsole en la caja que estaba allí, y nos sentamos
+alrededor de ella, sin perder de vista al enfermo, Mari Pepa, su hija y
+yo. Mari Pepa sacó de un bolsillo muy grande de su delantal los avíos de
+hacer media; Lita (no supe de qué repliegue de sus complicadas
+envolturas) los de hacer puntilla, y ambas comenzaron a trabajar en sus
+respectivas labores y a hablar al mismo tiempo, pero más con los ojos y
+por señas que con la boca, en lo que tuviera relación con el estado de
+mi tío. De «lo de ayer», se habló mucho más, y también con cierto
+cuidado para que no fuera oído desde la alcoba lo que podía
+impresionarle nuevamente. Y fue un milagro de Dios que no nos oyera lo
+más de ello, porque con el obstinado empeño que yo tenía en que había de
+haber algo entre Lita y el médico, estuve verdaderamente pesado y
+machacón en ciertos pasajes del diálogo; particularmente durante las
+escapadas de Mari Pepa a la alcoba, porque había tosido mi tío o se
+creía que había llamado... o para ver si necesitaba alguna cosa, sin que
+tosiera ni llamara. En casa de don Pedro Nolasco se había sabido todo,
+poco antes de pasar «la nube» que los había aterrado. Habían vivido en
+la misma angustia que yo hasta muy entrada la noche. Yo referí a Lita
+las dudas que había tenido en casa del Topero; y aquí fue donde mi
+tenacidad rayó en impertinencia. Lo conocí en una mirada de extrañeza
+con que respondió mi linda interlocutora a una indirecta mía en que se
+clareaban demasiado mis intenciones. Me impuso aquella serenidad que me
+pareció protesta contra un mal entendido derecho de preguntar «ciertas
+cosas» por muy evidentes que fueran.
+
+En esto llegó don Sabas, quejándose desde el pasadizo de los miramientos
+que se le habían guardado en nuestra casa aquella noche. ¿Quién nos
+había dicho que por un viaje más o menos a la montaña, no quedara él con
+agallas suficientes para cumplir con su deber a cualquier hora que se
+llamara a su puerta? Y si la cosa hubiera apretado un poco más de lo que
+apretó, ¿qué hubiera sido del cristiano en peligro de muerte? ¿De quién
+hubiera sido la responsabilidad? ¿Qué se hubiera dicho de él y qué de
+todos nosotros?... Y aunque la cosa no apretara, ¿para cuándo son los
+buenos amigos?
+
+--Pues, mira--añadió arrimado ya a la cama de don Celso--, lo que es
+ésta no te la perdono.
+
+--¡Bah, bah!--refunfuñó el aludido revolviéndose un poco--, no me rompas
+la cabeza. Tú puedes jacer lo que te acomode, que yo bien sé lo que me
+hice.
+
+--¡Jinojo!--replicó don Sabas--, es que el miramiento ése fue tal, que
+si no topo ahora mesmo con Neluco, se pasa el santo día sin que yo me
+entere de lo que a ti te pasó anoche.
+
+Intervine yo, desenojé al Cura, quedóse con mi tío a solas y continuamos
+los demás alrededor del brasero, como antes, charla que charla, sobre
+«lo de anoche» sobre «lo de ayer» y hasta sobre cierta promesa hecha por
+mí a mis interlocutoras el día en que las había conocido, de comer en su
+casa alguna vez; promesa que todavía estaba sin cumplir, por culpa bien
+notoria de la agitada vida que llevaba monte arriba y monte abajo,
+cuando no de los fieros temporales que me tenían bloqueado en la casona.
+Al mediodía volvió Neluco, que no halló en el enfermo nada de particular
+ni de nuevo, ni quiso acceder al ruego que le hice de quedarse a comer
+con nosotros; ruego que, por su parte, me había desairado ya el Cura.
+Marcháronse los dos juntos, después de prescribirnos el primero el plan
+de asistencia para la tarde, y de conjurarnos el segundo a que por
+ningún motivo ni miramiento humano dejáramos de avisarle a la menor
+novedad; volvieron Lita y su madre a la alcoba del enfermo para
+ponderarle la mejoría que notaban en él (y bien sabe Dios cuánto mentían
+a sabiendas en sus ponderaciones), y a darle Mari Pepa unos sorbos de
+leche mientras su hija le arreglaba las ropas de la cama y entraba la
+mujer gris en el salón a poner la mesa en las cercanías del brasero, y a
+poco rato nos sentamos a comer.
+
+Comiendo y hablando, tuve yo que decir, porque me lo preguntaron mis
+locuaces comensales, qué cosas se comían por los pudientes, y a qué
+horas, en «esos mundos de Dios». De todo se admiraban aquellas
+sencillísimas mujeres; y yo, al notarlo, me complacía en apurar la nota,
+y así llegué a ponderarles el exquisito sabor de las ancas de rana y de
+los nidos de golondrina, entre otras distinguidas y elegantes porquerías
+alimenticias que cité. Y era de ver entonces la cara que ponía Mari Pepa
+y los gestos de asco que hacía Lituca mirando a su madre y volviendo a
+mirarme a mí, como si dudara de la verdad de lo que yo refería.
+
+--Puro vicio, hija, puro vicio--decía al cabo Mari-Pepa--; puro vicio de
+la jartura en que viven esas gentonas, de cuanto Dios crió.
+
+Como estaba tan enlazado lo uno con lo otro, tirando del modo de comer
+salió el modo de vivir y el modo de viajar. Nuevas admiraciones y nuevos
+asombros. También extremé bastante la tesis aquí, y hasta sospecho que
+mentí un poco, aunque dentro de lo verosímil y perdonable. Lo de
+acostarse cerca del amanecer y levantarse después del mediodía para no
+salir de casa hasta el anochecer, les maravilló tanto como la sopa de
+nidos de golondrina y las frituras de ancas de rana.
+
+--¡María la mi Madre!--exclamó Lita al enterarse de ello--, pues si esas
+gentes no ven nunca jamás el sol, ¿qué diantres pueden ver que las
+alegre y las engorde? Yo creo que eso es vivir contra ley.
+
+--Vicio, hija, vicio--insistía Mari Pepa--; vicio de no saber qué
+jacerse en una vida tan regalona.
+
+Preguntóme Lita si yo también tenía «por allá» esas malas costumbres;
+respondíla que sí, y me dijo, por todo comentario, con una ingenuidad y
+una llaneza verdaderamente infantiles:
+
+--Pues buen picaronazo estará usté... ¿Verdá, madre?
+
+Celebré yo el dicho con una risotada no menos ingenua, dando enseguida
+las gracias por el piropo, casi al mismo tiempo que respondía Mari Pepa
+a la pregunta:
+
+--¿Quién sabe, hija del alma, quién sabe? Quien se jaz a comer «niales»
+de golondrina sin reventar de «duda», bien puede jacerse a vivir de ese
+modo sin ofender a Dios ni quebrantar la salud.
+
+Con esta salvedad de su madre se puso Lita muy colorada, y quiso
+enmendar lo que pudo haberme parecido impertinencia suya; y yo, sin
+dejarla concluir, la allané el camino de sus deseos ofreciéndola por
+añadidura una declaración, no desprovista de sinceridad, de mis grandes
+desencantos.
+
+--No le pasaría tal ahora--me objetó Mari Pepa--, si se hubiera casado a
+tiempo, para vivir como Dios manda. ¿A qué diantres quieren el saber y
+los posibles cuando se ven solitarios de familia y mozones de casa
+abierta?... Pues mire, don Marcelo: dicen que para estas casas, por muy
+cerradas que estén, siempre tiene el diablo una llave.
+
+--Podrá tenerla--repliqué yo muy formal--; pero en la mía no ha entrado
+nunca.
+
+--¡Jorria, trapacerón de satanincas!
+
+Soltó después la carcajada, y la soltó Lita al mismo tiempo. Ayudélas yo
+con otra, por la gracia que me hacían las dos; y enseguida comenzaron
+los «picadillos» y tiroteos que no podían faltar allí, entre los tres.
+Porque estas quisicosas son ingénitas en la mujer de todas castas y
+latitudes; y puestas todas ellas en una misma situación, todas, salvo
+las diferencias de lugar y de estilo, vienen a escarbar en el mismo
+terreno y con los propios fines. Siempre las iniciativas y la fuerza del
+atrevimiento, las marrullerías y el tesón, en la madre; la estudiada
+reserva, la mal disimulada curiosidad, el elocuente silencio, el mirar
+de soslayo, la pinchada sutil, en la hija. Así llegaron las dos a dar
+por hecho que no habría tenido yo menos de cincuenta novias, ni bajarían
+de tres las que quedaban en Madrid llorando mis ausencias y tal vez mis
+ingratitudes. Pero si en el fondo no era nueva la escena para mí,
+éranlo, hasta embelesarme, aquellos pintorescos matices de lengua;
+aquella dialéctica a la buena de Dios, sin andamiajes retóricos ni
+artificios convencionales; aquellas malicias sanotas que brotaban del
+regocijado palabreo, espontáneas, frescas, airosas y transcendiendo a
+«la tierra» como las rosas del huerto entre la virginal y espléndida
+hojarasca del cercado que las protege. Por eso sentí en el alma que se
+acabara aquel originalísimo «discreteo». Y se acabó por acudir Mari Pepa
+a mi tío que tosía y se quejaba, mientras Lituca, a la vez que escuchaba
+los quejidos y las toses, me mandaba callar poniendo un dedín muy mono
+sobre la boca, y llegaba Facia a recoger los mendrugos y levantar los
+manteles de la mesa.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Pasó pronto lo de mi tío, y pasaron dos horas más sin otro suceso digno
+de notarse en la casona y fuera de ella, que unas rachas de vendaval
+húmedo que «ennegrecieron» un poco la nevada, cosa que nos llenó a todos
+de complacencia, menos a la mujer gris, por ser el fenómeno señal de
+próximo desnieve. Cerca del anochecer, cuando Mari Pepa y su hija
+recogían las respectivas labores y se sacudían las hilachas agarradas a
+los vestidos y apercibían las «nubes» y los mantones, diciéndole de paso
+a mi tío muchas cuchufletas por animarle, y goteaban las canales del
+tejado la nieve «derretida» por la lluvia que iba espesando, vino el
+médico otra vez. Examinó al enfermo, y nada de particular ni de
+alarmante halló en él que hiciera temer una noche como la pasada; pero
+tampoco se atrevió a prometérnosla más tranquila, porque todo cabía en
+una enfermedad de tan mala casta en un doliente tan aniquilado e
+indefenso como mi tío. Esto me lo dijo aparte después de darme, delante
+de Facia y de Mari Pepa, el plan de campaña hasta el día siguiente, sin
+perjuicio de volver él a última hora, por lo que pudiera ocurrir. La
+madre de Lita insistió mucho en quedarse a velar; pero yo no lo
+consentí, porque tampoco lo hubiera consentido el enfermo ni le hubiera
+sentado bien la mera sospecha de tratarse de ello, con lo receloso y
+aprensivo que se ponía a medida que las tinieblas iban invadiéndole la
+alcoba. Se acordó que velara Facia, que no se acostara Chisco y que
+durmiera yo como las liebres; y con ello se marcharon Lita y su madre
+con Neluco, despidiéndose ellas «hasta mañana» y él «hasta luego»; se
+fueron quedando a oscuras aquellos destartalados y fríos ámbitos de la
+casona; creció con las tinieblas el silencio, y pasó un buen rato,
+mientras la mujer gris aderezaba el velón, sin que yo viera otra cosa en
+derredor mío que las mortecinas ascuas agonizando entre las cenizas del
+brasero, ni oyera otros rumores que los de la trabajosa labor del
+respirar de mi tío en el fondo de la alcoba, y los del acompasado y
+monótono fluir de las canales sobre el encharcado goterial.
+
+Cuando hubo luz en la alcoba, me acerqué a la cama del enfermo y le
+hablé para desentristecerle un poco y animarle. Trabajo perdido. Me
+agradecía mucho la intención; pero él solo sabía todo lo mal que se
+encontraba y lo imposible que era salir de aquel atolladero sin un
+milagro de Dios. Me suponía agobiado por la carga de mi sujeción a su
+asistencia, y se empeñaba en tranquilizarme con la promesa de que no
+sería largo mi cautiverio; me pedía perdón por los malos ratos que me
+daba entre tanto, y me conjuraba nuevamente a que cuando recobrara mi
+libertad, no echara en olvido lo que tan rogado me tenía; porque lo de
+menos era él en aquel pueblo, si había quien ocupara en la casona el
+puesto que quedara vacío con su muerte. Me parecería ya pesado el tema;
+pero eso mismo me demostraría la importancia que él le daba... Todo
+esto, dicho entre quejidos y pausas anhelantes, con voz apagada y
+sepulcral, a la luz extenuada del velón colocado sobre la cómoda, que
+sólo servía para extremar la palidez cadavérica del enfermo, entre
+olores de éter y romero, mientras seguían fluyendo las canales y
+rezongando el vendaval afuera, resultaba bien triste ciertamente. Por
+obra de la casualidad se producen a menudo contrastes muy curiosos que
+parecen chanzas muy pesadas del destino. Sobre la cómoda y debajo del
+mechero encendido del velón, había un rimero de cartas y periódicos que
+había puesto yo allí la noche antes para ir entreteniendo con su lectura
+mis largas horas de vela después que, pasado el ataque de asma, pudo
+conciliar el sueño mi tío. Pues la mayor parte de aquellas cartas y de
+aquellos papeles impresos, estaban atestados de noticias, reseñas y
+juicios de bailes en proyecto, recepciones suntuosas y comedias nuevas
+en los salones y teatros de Madrid, como si todo se hubiera escrito para
+que yo me enterara de ello en tan oportuna ocasión.
+
+La recaída de mi tío; el descenso de la temperatura, con el subsiguiente
+despejo de sendas y caminos, y la salsilla de «lo de ayer» llevaron a la
+cocinona aquella noche un gran golpe de tertulianos. Asistió hasta el
+Tarumbo, que rara vez iba por allí, harto más intranquilo y desazonado
+con la enfermedad de don Celso y la burrada de Pepazos, que por
+habérsele ensanchado en más de otro tanto, con el peso y la destilación
+de la nieve, el boquerón que ya tenía su casa en el jastial del
+Poniente. También concurrió Pito Salces, que se quedó como sin pulsos
+cuando Tona, con la faz inundada de sonrisas y los ojos de dulzuras, le
+ponderó la hazaña de la víspera y le declaró sin remilgos que «de ese
+_aquél_ y de esos prontos le gustaban a ella los hombres». ¡Puches, cómo
+se puso enseguida el mozallón con la alabanza! Si no le contengo con una
+reflexión imperiosa y una sacudida recia de su lástico, hace otra
+barbaridad allí menos laudable que la del monte. Jamás había pensado él
+(me lo juró así, entrelazando los dedos de sus manos, por aquéllas que
+eran cruces) que una cosa «tan jacedera y currienti» pudiera valer
+tantos caudales. ¡Con lo dura de pelar que Tona había sido hasta
+entonces! ¡Puches, qué suerte la suya! Pensando que se la envidiaría
+Chisco, acordéme del descubrimiento hecho por mí en casa del Topero y en
+el corazón de Tanasia, y fuile con el cuento al mozón de Robacío, en un
+aparte que tuve con él. Respondióme que me había tomado yo un trabajo
+bien ocioso, aunque me le agradecía mucho.
+
+--Las cosas--concluyó en el tono sentencioso que tan propio le era--, pa
+rodar bien, han de rodar por sí mesmas jancia unu.
+
+Aquel hombre era la parsimonia y la imperturbabilidad en carne y hueso,
+y las mismas pulsaciones tenía delante del oso en su caverna, que al
+calorcillo de la novia.
+
+Por encargo de mi tío andaba yo muy a menudo en la cocina, más que por
+hacer los honores a la tertulia, para evitar que los tertulianos le
+invadieran a él la alcoba. Los quería mucho; pero no hubiera podido
+soportarlos en la angustiosa situación de cuerpo y de espíritu en que se
+hallaba. Por eso, aun sin la prohibición terminante del médico, no
+habría querido recibir a ninguno de ellos durante el día. Cuando se
+tratara de despedirse de todos, ya sería diferente.
+
+A última hora llegaron don Sabas y Neluco: el primero resuelto a
+quedarse allí, sin que lo notara el enfermo, favor que le habría pedido
+yo si no se hubiera anticipado él a ofrecérmele; el segundo a informarse
+del estado de las cosas antes de retirarse a descansar. Como las tales
+cosas no ofrecían aspecto nuevo ni muy alarmante, se despidió de mi tío,
+y de los que con él nos quedábamos en la casona, y se fue con los
+últimos tertulianos, uno de los cuales era Pito, que tropezaba con
+gentes, bancos, puertas y tabiques, de puro aceleradote y desatinado que
+le habían puesto las alabanzas y los arrumacos de Tona.
+
+Pasó la noche mejor de lo que todos esperábamos, y amaneció el día
+siguiente sin una nube en el cielo ni una ráfaga de aire en la tierra; y
+cuando el sol traspuso los picachos del Este y saludó al valle con sus
+rayos que chisporroteaban sobre la nieve que no había deshecho la
+lluvia, mi pobre tío mandó que se abrieran de par en par los cuarterones
+de su alcoba, ya que no le era permitido hacer otro tanto con las
+puertas y ventanas para que entraran la luz y el aire en la abundancia
+que necesitaba él para salir a flote en aquella mar de angustias «que le
+ajogaba», por culpa del arrastrado mediquillo que parecía empeñado en
+matarle. Y lo cierto era que si en el cuerpo no se notaban cosa mayor
+los milagros de la panacea que con tanto afán solicitaba el enfermo, los
+hacía en su espíritu muy considerables. Era «otro hombre» desde que el
+sol se había colado en su alcoba como por las rejas de una cárcel, y
+veía flotar, danzando dentro de la faja luminosa que atravesaba la
+habitación por delante de su lecho desde el cuarterón de la ventana, las
+pelusillas y el polvo vagabundos. No apuntaba siquiera el propósito de
+levantarse, porque no se lo permitía la extenuación de sus fuerzas; pero
+creía en la posibilidad de volver a tomar el sol antes de morirse,
+aunque fuera sacándole en un cesto a la solana si le duraba al tiempo
+aquel buen semblante unos cuantos días.
+
+Y le duró más de siete, y se templó en tales términos y se arregló la
+envejecida y desconcertada máquina de mi tío de tal manera, que, no en
+un cesto, sino bien sentado en el sillón de vaqueta de su dormitorio, y
+bien forrado y envuelto en mantas y capotes, consiguió darse más de
+cuatro «panzadas de sol» al aire libre en el abrigado rincón de la
+solana, adonde le sacaba yo poco menos que en vilo, por la puerta de su
+alcoba, entre las tempestades de votos y reniegos con que protestaba
+contra «la perra acabación» que en tan miserables extremos le ponía.
+
+Tuvo muchas visitas en ese tiempo, y la familia de don Pedro Nolasco se
+las hacía por mañana y tarde. En las en que se hallaba el vejancón de la
+Castañalera, cada vez menos socorrido de palabra y de asuntos de
+conversación, solía interrumpir los largos paréntesis de silencio con
+descargas como ésta y dos cachiporrazos en el suelo:
+
+--¡Vaya, vaya con el bueno de don Celso que se nos quiere morir sin más
+ni más! No, no; pues como valga la mía, no te sales tú con la tuya. Eso
+te lo juro yo.
+
+Lituca, si se hallaba presente, salía al quite de la impertinencia con
+una broma algo forzada en que me aludía a mí con los piadosos fines de
+que rematara ya la suerte para tranquilidad de mi tío. Y éstos y otros
+parecidos lances eran el único lado agradable que tenía para mí aquel
+cuadro de continuas e interminables tristezas, sobre las cuales iba
+descollando de día en día y a medida que la temperatura se templaba y
+surgían riscos y laderas por los anchos desgarrones abiertos en el
+espeso tapiz de nieve por los rayos del sol, la figura, de suyo
+melancólica, de la mujer gris, particularmente hacia la caída de la
+tarde, y, sobre todo, al descolgar el calderón y empuñar los dos
+cántaros de barro para ir a la fuente entre día y noche, según costumbre
+inmemorial en ella. Como se había hecho tan visible para mí esta
+agravación de los espantos de la pobre mujer, la observaba con cuidado
+desde lejos, y por eso pude notar que eran de prueba terrible para la
+infeliz aquellos momentos: parecía un reo de muerte que caminaba hacia
+el patíbulo cada vez que se alejaba del cantaral con el calderón sobre
+la cabeza y una «escala» en cada mano.
+
+De uno de aquellos viajes volvió que daba compasión y susto mirarla, y
+más tarde que lo de costumbre. Se la conocía en los ojos que había
+llorado mucho, y anduvo toda la noche por la casa de acá para allá sin
+saber hacer cosa con arte. A ratos se quedaba como alelada, y a ratos se
+sentía acometida de una inquietud que no la dejaba parar en ninguna
+parte. La vi, sin que ella lo notara, más de dos veces, en la penumbra
+del carrejo, llevarse con desesperación ambas manos a la cabeza, y la oí
+invocar al mismo tiempo, en voz enronquecida y mal dominada, al «devino
+Dios de las misericordias grandes» y a «la Virgen Santísima de las
+Nieves, la su madre clemente y amorosa». Deseaba morir de pronta muerte,
+si en el deseo no pecaba, antes de ser testigo «de eyu» y manchar la
+vista de los sus ojos en una vergüenza tal. Temí por su razón; y movido
+de un sentimiento de lástima, me hice el encontradizo con ella. No se
+sobrecogió al verme, como solía en tales casos; al contrario: parecía
+calmarse un poco y reanimarse con mi presencia, y hasta noté en ella
+como deseos de decirme algo. Tomándolo por motivo, la hablé, primero
+para tranquilizarla, después para indagar, para descubrir la casta
+siquiera de aquellos misterios que en trance tan angustioso la ponían.
+
+--¡Ahora no! ¡ahora no!--me dijo después de vacilar un poco--; cuando no
+pueda más... cuando la carga me rinda de too, ¡estonces! ¡estonces!... y
+a usté solo... Y, por caridá de Dios, don Marcelo: que, hoy por hoy, no
+sepa ná de estos espantos que me acaban, el señor su tío... ¡ni naide,
+si ser pudiera!...
+
+Apartóse de mí con esto y huyó a encerrarse en su cuarto, mientras
+volvía yo al de mi tío seriamente preocupado y sin saber qué pensar de
+aquellas cosas tan raras.
+
+Nada ocurrió, por fortuna, que hiciera necesaria la presencia de la
+infeliz mujer en ninguna parte de la casa aquella noche. La cual debió
+ser bien terrible para ella; porque apenas me hube levantado yo de la
+cama al día siguiente, y eso que madrugué tanto como el sol, apareció
+como un fantasma en mi cuarto, después de haberme pedido permiso para
+ello entreabriendo la puerta con mucho cuidado. Tenía los ojos hundidos
+y circundados de una aureola cenicienta; parecía que le habían chupado
+las brujas los pocos jugos de la cara, sobre la que caían, por debajo
+del pañuelo atado a la cabeza, encrespados mechones de cabellos grises;
+le temblaban los resecos labios, y salía de su garganta la voz
+enronquecida y como rechinando. Dejóse caer de rodillas delante de mí, y
+pidió por todos los santos del cielo que la oyera como en confesión.
+
+--Porque--me dijo por último, entre sollozos mal comprimidos y espasmos
+de todo el cuerpo--, ya no puedo más con la carga, y llegó la hora de
+quitármela de encima o de morir debaju de eya.
+
+Hice, ante todo, que se incorporase y que se sentara en una silla, cerré
+por dentro la puerta del gabinete, sentéme yo enseguida junto a la
+infeliz mujer, y me dispuse a oírla, conforme ella lo deseaba, después
+de dirigirla palabras de conmiseración y de aliento.
+
+
+
+
+XXV
+
+
+Dos partes tuvo la confesión de Facia. En la primera me declaró todo lo
+que yo sabía perfectamente por boca de Chisco: la historia de su
+desdichada unión con el pícaro baratijero contra la voluntad y las
+sabias advertencias de mi tío, que era como su padre y señor. Por
+desoírle, decía la infeliz, había faltado a la ley de Dios, y por esta
+falta había venido el castigo de sus desventuras; desventuras que ella
+había sufrido, aunque con muchas lágrimas, sin una sola queja. Era su
+deber. Que arrastrara la vida como una carga afrentosa; que las
+pesadumbres y los dolores fueran minándola y consumiéndola por donde
+nadie más que ella lo notara; que encanecieran sus cabellos fuera de
+sazón y que no hallara, para reponer las fuerzas gastadas en los
+trabajos y cavilaciones del día, el descanso de la noche, la
+tranquilidad del sueño que no le falta al pordiosero que mata el hambre
+llamando de puerta en puerta y errando de monte en monte, con un zurrón
+a la espalda y un paluco en la mano, ¿qué importaba? Desconociéralo su
+hija, tuviérase por huérfana de un padre honrado, y esto solo la daba
+gran consuelo y las fuerzas necesarias para llevar su cruz como una
+carga redentora de sus delitos, imperdonables en la otra vida sin una
+dura penitencia en ésta. Cuando, con las miras puestas en estos fines,
+vacilaba un poco, porque, al cabo, era tierra frágil y miserable, y
+desconfiaba de sus bríos y se veía a punto de tropezar y de caer, acudía
+al amparo de don Sabas; y allá, a la reja del confesonario, en los
+profundos de la iglesia, al romper los primeros albores del día, ella,
+después de besar el polvo de los suelos y de regarle con sus lágrimas,
+declarando sus pesadumbres y flaquezas, y él reprendiéndola y
+exhortándola con la sabiduría y la dulzura de un padre cariñoso a un
+hijo muy desdichado, hallaba siempre los perdidos alientos para
+continuar la subida de su Calvario con la carga de su cruz... Así
+estaban las cosas cuando yo había llegado a Tablanca.
+
+Preguntéla por qué en la gran cuita que de tal modo la atribulaba
+entonces no había buscado, como otras veces, los consejos y la ayuda de
+don Sabas. Respondióme que eran casos muy diferentes unos y otros; que
+no dependía de su resignación ni de sus ánimos el que en tales congojas
+la ponía, y que yo era el único ser viviente de los de ella conocidos,
+llamado a entender en él antes que nadie. Asombréme, lloró desconsolada,
+golpeóse la cabeza con las manos, se mordió los puños apretados
+convulsivamente, volvió a hincarse en el suelo para pedirme perdón
+abrazada a mis rodillas, creció mi asombro, conseguí con trabajo que se
+sentara de nuevo, y la conjuré, por todos los santos de la corte
+celestial, a que me declarara enseguida todo cuanto tenía que
+declararme.
+
+Rehízose algo a fuerza de empeñarse en ello, y comenzó así entre
+suspiros muy hondos y sollozos mal reprimidos, la segunda parte de su
+extraña confesión:
+
+--Estando las cosas de esta suerti, una tarde, al abocar ya de la
+noche... (a los tres días, por más señas, de venir usté a Tablanca),
+cogí yo los cántaros, como los cogía todas las tardes al caer el sol y
+los cojo a la presente y los he cogido dende que tuve fuerzas pa eyu, y
+fuime por el agua. La fuenti, tal que usté lo sabe, está cayeju arriba
+de aquí, a medio cuarto de hora de un buen andar, subiendo, y en una
+rinconá muy jonda a la derecha, según se sube. Por estar tan a trasmanu
+del lugar y tan placentera de esta casa, solamente nusotros bebemos de
+eya; de suerte y modu, que es una soledá de las más solas a toas las
+santas horas del día y de la noche. Pos quién le diz, señor don Marcelo
+de mi alma, que andando, andando, y bien a la descuidá por cierto, en
+aqueya tardezuca que le pinto, malas penas aboco a lo más obscuro de la
+rinconá, cuando me doy con los jocicos... ¡Virgen María la mi Madre de
+las Nieves! con la estampa de hombre más desastrá que en los jamases
+había yo visto ni veré. Túvele por salteador facinerosu. Dime por
+fenecía ayí mesmu, y clamé al devino Dios, soltando los botijos de las
+manos y en un puro temblor de todo el cuerpo. Alzóse en esto el hombre,
+que estaba sentau en una peña debajo del binquizal más tupío que hay
+ayí, y habló pa chunguease con los mis ajuegos que bien a la vista
+estaban, y pa jurame que venía de paz, si no se le ponía en extremos de
+venir de guerra... porque él a too se amañaba... Y entonces, entonces,
+señor don Marcelo, entonces fue cuando yo entendí que se me enturbiaba
+la vista, y se me cuajaba la sangre en las venas, y se jundía el suelo
+en que pisaba... Aqueyu fue el espantu de los espantus, y las congojas
+de las agonías de la muerte... Porque ¡Santa Virgen la mi Madre
+celestial! aquel enemigo de hombre tan jaraposu y tan mal encarau, por
+voz y moviciones y palabras, resultó ser él, ¡el mesmu en huesu y carne,
+en alma y vida!
+
+--¿Quién?--pregunté a Facia, más con la intención de distraerla del
+paroxismo en que había vuelto a caer, que por la curiosidad de una
+respuesta que casi adivinaba yo.
+
+--Pos él, señor don Marcelo--me dijo la infeliz retorciéndose las manos
+entrelazadas y con el espanto en los ojos, como si tuviera al hombre
+aquél delante de ellos--; el propiu causanti de mis penas sin consuelo;
+¡el mal padre de la hija infeliz de las mis entrañas!
+
+--Pero ¿está usted segura de que era él?--pregunté a Facia fingiendo
+unas dudas y un asombro que no sentía.
+
+--¡Ay, señor!--me respondió sollozando--; aunque no lo hubiera estau
+entoncis, que bien lo estuve, ¡he tenío tantos motivos pa estarlu
+dimpués acá!
+
+--Corriente--añadí--. Pero ¿de dónde venía... y para qué... y por qué?
+
+--Pos venía, según relate que me jizo con aquel palabrear zalameru que
+siempre tuvo y a mí me entonteció en su día, de por esus mundus ayá;
+lejos, ¡muy lejos!... hasta más lejos, a veces, que la otra banda. Ya ve
+usté si será bien lejos. Siempre buscándose el bien vivir, y nunca dando
+con él. Llegó a verse hasta en cadenas, años y años, aunque nunca por
+culpa suya, sino de otros, malos amigos y piores compañerus de trabajo.
+Al cabo de los tiempos, alcontróse libre de prisiones y señor de sí
+mesmo; pero se vio solo y desamparado, envejecío de cuerpo y falto de
+salú; le jalaba esta tierra porque, al cabo y finiquito, aquí le
+quedaban peazos de las sus entrañas; y en busca del amparo de eyus le
+puso el su corazón que no le mentía. Tomando lenguas a tiempo, supo de
+mí... ¡ay, señor don Marcelo! creo que hasta más de lo que sé yo mesma.
+Por saber de too, sabía desde que me lo había oído a mí en horas
+mejores, aunque bien contás fueron, que el señor mi amo entrega a sus
+sirvientis las soldás de tiempo en tiempo, pa que hagamus de eyas lo que
+más nos venga en gusto. Con este saber y el del vivir de nusotras dos,
+traía el indino de él ajustá la cuenta, año por año y día por día, del
+montante del agorro que yo debía guardar, y guardaba en verdá de Dios,
+como oro en paño, pa el mejor acomodo de mi Tona el día de mañana. No
+quería darse a ver por entonces en el pueblo; pero vivía en otro no muy
+lejanu y podíamos entendernos él y yo muy a menudo si el caso lo pedía.
+
+Hasta aquí fue lo dulce de la entrevista, según el relato de Facia. Para
+la pintura de lo amargo de ella y mucho de lo sucedido después, ya no
+tuvo la infeliz relatora ni colores ni arte ni fuerzas. Perdía el hilo
+de los sucesos y me embrollaba el asunto. Deseando yo conocerle a fondo
+y por derecho, acudí a confortarla y a dirigirla con reflexiones de
+cariño y con preguntas de indagación minuciosa. Me salió bien el
+procedimiento, y la sustancia de mi labor fue ésta:
+
+Bien ajustada por el marido la cuenta de los haberes de su mujer, vino
+la exigencia del primer «donativo». Por entonces tenía bastante con
+ello; después, ya se vería. Facia no lo traería a mano, porque no
+contaba al ir a la fuente con aquella urgencia repentina; pero él se
+comprometía a volver a recogerlo allí mismo al día siguiente a la misma
+hora, y era igual. Si ella deseaba callarse como una muerta en lo
+tocante a aquel encuentro y a lo que fuera siguiéndose de él «por
+respetos equis o tales» el hombre no se opondría a ello, porque era «de
+un natural caballero y generoso, y sabía ponerse en todos los casos».
+Pero debía de tener Facia entendido (y le encarecía mucho la
+advertencia, por su bien) que él, con las carceladas y cadenas que había
+sufrido, tenía saldadas todas sus cuentas con la justicia. Era libre
+como el aire, y estaba en posesión de todos sus derechos, incluso el de
+vivir con su mujer o el de reclamar a su hija para llevársela consigo,
+si lo primero no le convenía. Si la decían otra cosa por lo de las
+requisitorias llegadas a Tablanca a raíz de faltar él de allí, no le
+dirían la verdad: primero, porque era inocente de todo lo que se le
+achacaba; y segundo, porque, aunque no lo fuera, pagado con sobras lo
+tenía ya en montón con otros pecados... que tampoco había cometido. Pero
+él (volvía a repetirlo) no intentaría prevalerse de su derecho: conocía
+las cosas, y no se apartaría del gusto de su mujer, si le tenía en que
+lo tapado no se descubriese ni por las moscas. Así, y con este
+sacrificio de su parte, podía llegarse también a los fines que él iba
+buscando con su vuelta a Tablanca.
+
+Para la desdichada mujer, que ya se había considerado libre de aquel
+padrón de afrenta, y sólo aspiraba a que en el pueblo se fuera
+olvidando, como se olvidaba, que había existido, y a que su hija no
+tuviera jamás la menor sospecha de él, la aparición repentina de aquel
+hombre superaba con mucho a todo cuanto podía imaginarse en la escala de
+las humanas desventuras. Creyó a puño cerrado cuanto el pícaro la
+afirmó, y desde aquel instante quedó indefensa esclava suya, como el
+pájaro de la sierpe que le fascina y aterra. La hacienda, la vida: todo
+le parecía poco para comprar el silencio del infame y poner entre él y
+su hija un muro tal, que ni las águilas fueran capaces de volar tan
+alto.
+
+Y todo se fue haciendo como el bribón lo pedía. En la fuente y al
+anochecer, las entrevistas; y en cada entrevista, un «donativo» de Facia
+y nuevas baladronadas del tunante sobre el sacrificio que hacía por el
+bien y el sosiego de su «familia», viviendo sin hogar y a salto de mata.
+Como su «prestado domicilio» estaba lejos de Tablanca (aunque tenía para
+las ocasiones de apuro «un apeadero» a la mitad del camino, bien
+abrigado de los temporales y a cubierto de la curiosidad de las gentes),
+las apariciones del hombre aquél sólo ocurrían en tiempo bonancible; y
+de aquí lo que angustiaban a Facia los días soleados y lo que la
+deleitaban los borrascosos, pues aunque no eran diarias, ni mucho menos,
+las entrevistas en los primeros, se hacían imposibles en los segundos.
+
+Uva a uva, pronto se acabó el racimo de los ahorros de la desventurada
+mujer; y cuando ya nada la quedó que ofrecer a la insaciable voracidad
+del vampiro, comenzó éste a esbozar otras exigencias que tardó en
+comprender el ofuscado y nunca muy sutil entendimiento de Facia.
+
+Cuando llegó a comprenderlas por declararlas el otro sin ambages ni
+repulgos, las angustias de la desventurada fueron tales, que le
+parecieron de juego las sufridas hasta allí. Él no podía, en conciencia,
+conformarse con la miseria recibida de su mujer. Su abnegación y sus
+sacrificios en bien de la tranquilidad de su «adorada familia» valían
+mucho más, y había que buscarlo donde lo hubiera; y como lo había
+abundante en casa de su amo, de mi tío, de allí había de salir, y mucho,
+y enseguida, y con el ingenio y por la mano de su misma sirviente, de la
+propia Facia. Sentía muchísimo llevar las cosas por ese lado y tan de
+prisa; pero la pícara necesidad le obligaba a ello. Era, ante todo, leal
+y agradecido, y debía grandes favores, que quería pagar, a otros dos
+caballeros que habían compartido con él sus trabajos de presidio y no le
+habían abandonado después hasta el momento en que así lo declaraba.
+
+Aquí me asaltó de pronto un recuerdo, y pedí a Facia las señas
+«particulares» de su marido. Comenzó por la de un chirlo en la cara que
+le partía un ojo y la nariz, y no necesité de las restantes para dar por
+conocido al personaje. Sin descubrirle mis sospechas, la reprendí
+duramente por haberme ocultado hasta entonces lo que me estaba
+declarando. A él, más que a ella, le importaba callar, porque tenía
+grandes cuentas pendientes con la justicia. Todo lo que la había dicho
+en contrario, era un embuste para explotar su candorosa ignorancia. Se
+le podía haber cogido en una de sus emboscadas, como a un zorro en el
+cepo, como se le cogería de seguro si aún andaba por allí...
+
+A esto se estremeció de espanto la angustiada mujer y volvió a caer de
+rodillas delante de mí, para pedirme por Dios crucificado que no se
+hiciera tal cosa. También a ella se la había ocurrido alguna vez que
+podía no ser verdad todo lo que él la decía «al auto de aquellos
+particulares»; pero ¿y qué?... Si lo que la acongojaba no era eso, sino
+el temor al ruido y al escándalo; a que el lugar se enterara del caso, y
+después don Celso y, sobre todo, su hija, ¡Oh, esto nunca!... ¡Tapar,
+tapar y no más que tapar!... Por ello, la vida suya y cien vidas y mil
+vidas; el suplicio en cruz, en la lumbre de un horno; descuartizada
+viva... enterrada en salud, entre sapos y serpientes.
+
+--¿Y el robo también?--la interrumpí con mal disimulada dureza.
+
+--¡Señor!--me respondió como aterrada por el sonido de la pregunta--.
+Aunque capaz fuera de eyu, ¿qué sé yo ónde guarda las riquezas el mi
+amo, ni si las tiene en casa tan siquiera?
+
+Aquí me refirió, espiritada y convulsa, después de sentarse otra vez,
+por mis reiterados mandatos, cómo, no teniendo valor para hacer lo que
+el infame la proponía, ni resolución bastante para negarse a ello, había
+ido entreteniéndole las impaciencias con aquel reparo y con el de la
+continua presencia mía y de otras gentes en la casa con motivo de la
+recaída de su amo (porque esto ocurrió en los días que siguieron a la
+nevada); pero, aunque de todo estaba enterado él, a nada de ello daba la
+menor importancia: al contrario, sostenía que al amparo de aquellos
+quehaceres y preocupaciones, era como mejor podía ella lograr sus
+intentos, si los ponía por obra. Esto, por las buenas; porque si aún la
+parecía mucho, acudiría a las malas, pues, por las malas o por las
+buenas, ello había de hacerse, y en el aire.
+
+La infeliz no sabía qué partido tomar dentro de aquel estrecho círculo
+de hierro candente, abrasador; y como las impaciencias del pícaro no
+daban la menor tregua, un día, la víspera del en que Facia me lo
+contaba, la había dicho él: «Puesto que no te resuelves a cogerlo con
+tus manos, «hemos» resuelto «nosotros» robarlo con las nuestras. Hacia
+la media noche de mañana, cuando ya no quede señal de hombre en la
+cocina ni chispa de rescoldo en el hogar y duerman todos en la casa,
+llegaremos al portón de la calleja. Entonces oirás un silbido de este
+aire (y silbó por lo bajo de cierto modo). Sin más que oírle, te llegas
+callandito al estragal y me abres la puerta, con tal finura y cuidado,
+que ni las mismas bisagras se enteren de ello. Lo demás corre de nuestra
+cuenta. Ya daremos con el gato, por escondido que esté. Si hay alguno
+demasiado ligero de sueño, boca abajo para _in saecula_ en cuanto se
+despierte, y el primero tu amo, si es que no ha habido que empezar por
+su sobrino... o no se dejan amarrar todos con la docilidad que pide el
+caso. Conque ya estás advertida, y bien te consta cómo las gasto.
+Sabiendo que me juego la vida en el trance, figúrate lo que se me
+importará de la tuya si hay que ponerla en pleito porque se te haya ido
+un poco la lengua en todo el día, y por razón de ello no encontramos la
+casa por la noche en el sosiego y la tranquilidad que siempre tuvo a
+tales horas.»
+
+Dicho todo esto con un cinismo feroz, marchóse, dejando a Facia más
+muerta que viva. Y así estaban las cosas; y estando así, ¿cómo gozar
+hora de sueño ni minuto de tranquilidad, ni cómo dejar de confesarlo al
+fin y al postre, ni a quién, sino a mí?
+
+Interesóme de veras el caso, porque vistos los antecedentes del
+«caballero» aquél y de sus fidalgos camaradas, no era para tomarlo a
+risa; y después de meditar un poco mientras Facia gemía y se retorcía
+las manos cadavéricas, la dije:
+
+--¿De manera que eso ha de suceder esta misma noche?
+
+--Así fue la amenaza--respondióme, casi sin voz para ello.
+
+Notaba yo que la pobre mujer estaba en aquellos instantes bajo la doble
+tortura de los sucesos mismos declarados, y del temor a lo que pudiera
+alcanzarla del mal juicio que yo hubiera formado de todo ello;
+inspirábame honda compasión, y con el fin de aliviarla un poco de ambos
+tormentos, la hablé así:
+
+--En primer lugar, del dicho al hecho siempre hay gran trecho, y mucho
+más si los hechos son de la magnitud de éste que a usted la espanta; de
+manera que las amenazas de venir esta noche esos bandoleros a desvalijar
+a mi tío, se cumplirán... o no se cumplirán; y bien pesado y medido
+todo, quizás fuera preferible que vinieran, particularmente para usted,
+por aquello de que «muerto el perro, se acabó la rabia». En segundo
+lugar, con la confesión que usted me ha hecho, y ¡ojalá se le hubiera
+ocurrido hacérmela la primera vez que topó con su marido en la fuente!
+si no viene por aquí esta noche a liquidar todas sus deudas en una sola
+partida, tengo todo lo que necesito saber para obligarle, por la cuenta
+que le trae, a que abandone esta comarca callandito la boca y a buen
+andar por donde nadie le vea, y la deje a usted en santa paz por todos
+los días de su vida. De manera que no hay para qué gemir ni angustiarse,
+como usted gime y se angustia. Déjelo, pues, todo a mi cargo; obedézcame
+en cuanto yo disponga; comience por arreglarse el tocado y el vestido,
+después de alegrar un poco los sombríos celajes de la cara; vuelva a
+ocuparse desde ahora en sus ordinarios quehaceres con el remango que
+solía; atienda a mi tío como siempre, y cuide mucho de que Tona no
+empiece a poner en duda las disculpas con que, en éstos y otros días de
+tormenta, ha estado usted engañando su candidez. Conque ya está usted
+absuelta de todo pecado por lo que a mí toca; y ánimo, y a cumplir la
+penitencia que la acabo de imponer.
+
+Con esto la di dos palmaditas en la espalda; logré que las angustias
+desesperadas de antes se trocaran en copioso y sosegado llanto;
+incorporóse al fin con cierto brío; intentó, y no se lo consentí,
+besarme las manos; y después de prometerme que emplearía todos los
+alientos que la quedaban de los suyos y los que yo la había prestado, en
+obedecer mis mandatos, se dirigió a la puerta. Pero yo no sé qué vio de
+pronto en la luz del aposento, que se lanzó, con aquella fuerza que
+siempre la arrastraba, un tiempo hacía, a leer los fenómenos
+meteorológicos en la bóveda celeste, a uno de los cuarterones de la
+puerta de la solana. Allí se estuvo unos instantes devorando el espacio
+con los ojos. Acerquéme yo al otro cuarterón, y exclamó ella entonces:
+
+--¡Ay, señor don Marcelo!... Si las señales no mintieran, ¡qué suerte la
+nuestra!... ¡Miri, miri esas nieblas que abajan por ayí... y por ayí, y
+por toas partes; miri esi cielu encenizau y escuru; miri aqueyas motas
+negras de ayá arriba, que son butres que pasan cara acá!... Pos lo unu y
+lo otru y too eyu en juntu, y ese frío que ahora noto que se sienti, too
+es nieve, nieve pura que se cuez y está pa caer de una hora a otra. ¡Si
+el Señor y mi Padre de los cielos fuera tan misericordiosu que tampocu
+esta vez fallaran los barruntus!...
+
+Y con esto abandonó el observatorio sin esperar mi respuesta, y salió
+del gabinete casi batiendo las palmas y con una agilidad desconocida en
+ella mucho tiempo hacía.
+
+Yo me quedé ¿a qué negarlo? haciendo votos porque los barruntos no
+fallaran; después medité un rato sobre los sucesos que podrían ocurrir
+aquella noche; y con el esbozo de un plan en la cabeza, dejé mi cuarto y
+pasé al de mi tío.
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+En aquel momento entraba Neluco. Yo no había visto al enfermo más que un
+instante después de saltar de la cama; nada había respondido a mis
+preguntas porque dormitaba, y a la escasa luz que entonces aclaraba un
+poco las tinieblas del dormitorio, nada tampoco me había chocado en su
+aspecto; pero al observarle nuevamente y a mejor luz, ya me pareció cosa
+muy distinta. Estaba mucho más anheloso que por la noche, más azulado de
+color, más vidrioso de mirada, y, sobre todo, muy atormentado por la tos
+y muy inquieto en la cama. Miré a Neluco, que le estaba pulsando, y leí
+en su cara sombría la confirmación de mi diagnóstico. De pronto, nos
+dijo él con voz tenue y silabeando casi las palabras por no alcanzar a
+más sus alientos:
+
+--Hoy no me gusto pizca, muchachos.
+
+Nos miramos el médico y yo, y le preguntó éste:
+
+--¿Por qué lo dice usted?
+
+--Porque me encuentro peor que el día en que más malo me he visto.
+
+--Aprensiones de usted,--dije yo, por decir algo que le animase.
+
+--Eso ha de verse pronto--respondió el enfermo.
+
+Neluco, entre tanto, continuaba pulsándole, ora en una muñeca, ora en la
+otra; arrimó el oído a su pecho, encima del corazón, y le descubrió y
+palpó las piernas hasta la rodilla; hízole varias preguntas luego, y,
+por último, se quedó un buen rato arrimado a la cama y mirándole
+fijamente, con la cabeza algo caída, como si no supiera qué decirle o lo
+estuviera discurriendo en vista de los fenómenos que observaba. Yo
+estaba enfrente de Neluco, arrimado a la cama también; y a la puerta de
+la alcoba, con los brazos cruzados y en pie, como dos estatuas de la
+melancolía y de la curiosidad, Facia y su hija esperando órdenes. Las
+primeras fueron de mi tío para pedir «otra almohada», y eso que pasaban
+de tres las que le servían de apoyo para sus espaldas y cabeza.
+
+Mientras las dos mujeres cumplían el mandato y mullían y arreglaban el
+montón resultante para menor incomodidad del enfermo, salió Neluco del
+dormitorio y yo tras él, por una seña que me hizo.
+
+--Esto va por la posta--me dijo, de modo que no lo oyera el enfermo.
+
+--¿Tan grave le halla usted?--preguntéle.
+
+--Gravísimo--me respondió--. Cuestión de horas más o menos. Así es que
+si apunta el menor deseo de confesarse, no se le contraríen por ningún
+miramiento; y si no le apunta... procuren ustedes apuntársele. No le
+dispongo nada nuevo, porque todo sería inútil, incluso la mortificación
+de una cantárida. La hinchazón de las piernas, como usted habrá visto,
+ha tomado esta noche un gran incremento... el propio y natural del
+avance repentino que ha dado la enfermedad, quizás por el rápido
+descenso que ha habido en la temperatura esta madrugada... porque no sé
+si habrá usted notado que hace un frío desde el amanecer, que corta un
+pelo.
+
+Esto del frío produjo en mi imaginación un trastrueque súbito de ideas;
+y olvidando al enfermo, no me acordé más que de la intentona dispuesta
+por los tres forajidos para aquella noche; y así es que pregunté a
+Neluco con la misma avidez que pudo hacerlo Facia en sus «mejores días»
+de espantos y congojas:
+
+--¿Cree usted que nevará?
+
+--Y de firme--me respondió Neluco--. Todos los síntomas son de una
+nevada de las más copiosas y duraderas que se descuelgan por acá.
+
+--¿Y cree usted también--insistí--, que empezará hoy mismo?
+
+--Como que ya empezaba cuando yo he venido--me contestó--. ¡Vea usted!
+
+Y me condujo a la puerta de la solana, desde cuyos cuarterones vimos
+pasar, llevados por el airecillo glacial que soplaba afuera, algunos
+copos, idénticos a los que yo había visto al empezar la otra novela. Sin
+embargo, el cielo no estaba tan «encenizado» ni sombrío como entonces.
+Así se lo advertí al médico, y él me replicó:
+
+--Pero todo se andará, y pronto, no lo dude usted. Por lo
+mismo--añadió--, hay que tener mucho cuidado con el abrigo de estas
+habitaciones. Que no falte de aquí el brasero bien quemado, de modo que
+se conserve inalterable la temperatura que ahora hay en el cuarto del
+enfermo. No ha de sanarle la precaución, ni de mejorarle siquiera, por
+supuesto; pero hay que poner de nuestra parte, en bien de él, todo
+cuanto sea posible... Otra cosa: en vista de lo que ocurre, y,
+particularmente, de lo que pueda ocurrir, hace aquí falta más gente que
+ustedes, por razones que en otra ocasión análoga le di, y pienso avisar
+a Mari Pepa para que venga enseguida con su hija... Es posible que le
+diga también algo a don Sabas, para que esté prevenido siquiera.
+
+Con poco más que esto y unas advertencias que me hizo concernientes al
+enfermo después de pasar otra ratito a su lado, se fue Neluco y quedéme
+yo sumido en las más endiabladas cavilaciones. El mismo Satanás, puesto
+a discurrir un conflicto para la casona, no le hubiera hilado tan bien
+como lo estaba el que yo temía para aquella noche, si las amenazas del
+baratijero se realizaban, o no venía a impedirlo y arreglarlo todo el
+_deus ex machina_ de la nieve, en la dosis en que me la había
+pronosticado Neluco. Porque de otro modo, «¡Virgen la mi Madre
+celeste!», como habría dicho en igual caso la mujer gris. Don Celso,
+agonizante quizás a aquellas horas, o tal vez cadáver ya; Lita y su
+madre a su lado, asistiéndole o rezando por él; Facia en los paroxismos
+de su reproducida tribulación; tres bandoleros asaltando la casa, y yo,
+con Chisco y Pito Salces, a tiro limpio con ellos, acabando de matar con
+el susto a mi tío, si aún vivía, y poniendo a punto de morir de congoja
+a las mujeres, a dos de las cuales, por lo menos, estaba yo obligado a
+defender de todo riesgo mientras me quedaran un soplo de vida, un
+cartucho que quemar o un asador que esgrimir. Recién oída por mí la
+confesión de Facia, me había imaginado este cuadro mucho más sencillo.
+Chisco, Pito Salces y yo, armados hasta los dientes y bien apercibidos,
+en acecho y sin respirar, en las tinieblas del portalón; uno de nosotros
+abriendo la puerta con las precauciones convenidas en cuanto se dejara
+oír afuera el silbido del baratijero, y luego los tres, según iban
+entrando los bandidos... ¡fuego a quemarropa sobre ellos! Ni el primer
+peldaño de la escalera habían de profanar con su pie los infames. Para
+que no se sobrecogiera mi tío con el estruendo, le habría engañado yo
+antes con un embuste cualquiera: le habría dicho, por ejemplo, que se
+había visto la noche antes el lobo rondando la casa por aquel lado, y
+que pensábamos matarle en las altas horas de la inmediata si volvía. Las
+agallas de Chisco y de Pito Salces me eran bien conocidas, y no había
+para qué avisar más gente ni dar cuarto al pregonero. Nos bastábamos los
+tres para aquella empresa por de pronto: lo demás, es decir, el recoger
+los despojos de la batalla, los cadáveres achicharrados y hechos jigote,
+ya lo haría la justicia oportunamente avisada. Y a esto se reduciría
+todo. Pero con el nuevo aspecto de las cosas, ignorado por los bandidos;
+con la casa llena de mujeres, y la muerte, con su cortejo de lágrimas y
+de ceremonias y accesorios patéticos, enseñoreada de ella, ¡qué
+perturbaciones y qué escándalos y qué profanaciones y sacrilegios no
+produciría una batalla en el estragal, a tiro seco, con sus
+correspondientes blasfemias y alaridos, y cadáveres ensangrentados y
+palpitantes! En fin, que si no arreglaba el conflicto la nevada, había
+para volverme tarumba y tener por cuerda y resignada a la mujer gris en
+sus recientes apuros. Por lo pronto, y esto me calmaba algo las
+inquietudes, había muchas horas por delante; se vería qué rumbos iba
+tomando y cómo se portaba el temporal insinuado, y qué marcha seguía
+durante la mañana la agravación de mi tío. Yo bien provisto estaba de
+armas y municiones; Chisco también, y a mi lado vivía en casa; y a
+Chorcos, ya cuidaría yo de avisarle a tiempo para que se quedara a velar
+con el pretexto del grave estado de don Celso. No dejó de ocurrírseme
+que, en lugar de esperar a los salteadores en el portalón de la casa, se
+les podía armar una emboscada en los peñascos inmediatos a ella, y
+fusilarlos a mansalva en cuanto se arrimaran a la puerta los tres. Pero
+este plan era menos «concluyente» que el otro, y estaba expuesto a
+quiebras que podían salirnos caras a los acometedores, por más que nos
+asistiera la justicia, según todas las leyes divinas y humanas. Así y
+con todo, se pesarían y medirían ambos planes si llegaba el caso y en su
+hora, y se optaría por el mejor.
+
+Esto y mucho más lo meditaba yo voltejeando maquinalmente por el
+interior de la casona después de haber despedido al médico. Dando, de
+repente, por bien examinado el punto por entonces, resolví volver a ver
+cómo andaba mi tío de sus angustias mortales. Pero no entré en su cuarto
+sin asomarme antes a uno de los vidrios de la puerta que daba a la
+solana por el comedor. El cielo continuaba obscureciéndose y el chispear
+de la nieve espesando. Me gustó el síntoma. Mi tío, aunque entre amagos
+continuos de la tos, parecía más sosegado, y dormitaba. Facia, sentada
+lejos de él y atenta a cuanto pudiera ocurrirle, después que yo hube
+contemplado al enfermo acercándome de puntillas a su cama, me dijo con
+la mirada:
+
+--Bien va eso, ¿eh?
+
+A lo que yo respondí con otra mirada y un gesto:
+
+--De lo mejor.
+
+Pero bien sabe Dios que ni la pregunta ni la respuesta se referían al
+estado del enfermo, sino al aspecto del temporal.
+
+Pasaron dos horas sin que dentro ni fuera de la casona ocurriera novedad
+digna de ser notada, y llegaron, pero sin el estrépito de costumbre,
+Lita y su madre y hasta el propio don Pedro Nolasco. Esta peripecia,
+relativamente alegre, en el sombrío drama que se desenvolvía, y a todo
+andar, en aquellos envejecidos ámbitos, me levantó mucho el espíritu.
+Venían los tres personajes hondamente impresionados por las noticias que
+les había dado Neluco. El gigante, por todo saludo, me estrechó la mano
+en silencio, con dos tremendas sacudidas que a poco me desarticulan el
+brazo por el hombro; su nieta y su hija, con los ojos empañados, me
+pidieron, mientras comenzaban a desliarse los abrigos, y en voz muy baja
+algo temblorosa, las noticias de cajón sobre el estado actual de mi tío.
+Díselas, no tan malas como las que esperaban ellas, y esto las animó a
+acercarse muy quedito hasta la puerta de la alcoba. Desde allí
+estuvieron contemplando el batallar que no cesaba dentro de las ruinas
+de don Celso, entre el sueño que le amodorraba y la tos que se lo
+prohibía, hasta que se revolvió en la cama por uno de aquellos choques,
+del que salió medio sofocado, con la boca y los ojos muy abiertos y
+acopiando el aire para respirar, hasta con las manos. Entonces se
+ocultaron rápidamente, casi de un salto, en la salona, y se volvieron
+ambas hacia mí, que no las perdía de vista, con la pena y la
+conmiseración pintadas en la cara. A todo esto, don Pedro Nolasco, de
+pie, rígido, inmóvil y silencioso, en el mismo sitio en que se había
+plantado al entrar. Pasó en breve el acceso, y volvió el enfermo a caer
+en el marasmo de antes... Pero ¿qué diablos veía yo en Lituca que me
+cautivaba más la atención en aquellos momentos que el pasmo de su abuelo
+y la angustiosa situación de mi tío? ¿Qué había en ella de nuevo y de
+extraño para mí? Pues, lisa y llanamente, las lágrimas de sus ojos y la
+expresión dolorida de su cara infantil; y yo me preguntaba en cuanto
+salí de mis dudas: «Pero ¿cuándo está más mona esta chica? ¿cuando ríe y
+gorjea como los pajaritos del monte, sin penas ni cuidados, o cuando
+siente, como ahora, a falta de dolores propios, la compasión que le
+inspiran los ajenos?» Y no sabiendo por cuál de estos extremos optar,
+quedéme con los dos, porque es lo cierto que, riendo o llorando, estaba
+monísima aquella criatura.
+
+Temiendo que la impresionara con exceso la contemplación frecuente de
+aquel cuadro aflictivo de la miseria humana, tan nuevo para ella, la
+aconsejé que se abstuviese de entrar en el cuarto del enfermo. A lo que
+me respondió con una fuerza de resolución que se imponía:
+
+--¡Pues mire que tendría que ver, señor don Marcelo!... ¡Vaya! ¡vaya!...
+¿Piensa que soy yo de melindres, por si acaso? No diré que al principio
+no me encoja un poco; pero después... ¡vaya! ¡vaya! Y, por último, para
+las ocasiones son las valentías; y ahora o nunca. ¡El mi pobre señor don
+Celso!...
+
+--Déjela, déjela--me decía casi al mismo tiempo la rozagante Mari Pepa,
+arrojando el último de sus abrigos flotantes sobre una silla, encima de
+los que acababa de arrojar Lituca--; déjela que entre y salga cuando
+quiera, que es bueno jacerse a todo, como ella se irá jiciendo, porque
+la conozco bien. Al que hay que tener a raya sobre ese punto, es al mi
+padre. Cayóle la noticia como una peña en la nuca, y aturdióse como usté
+le ve. Yo no sabía si dejarle en casa o traerle; pero vile roncero de
+quedarse solo y muy arrimao a venirse, y jícele su gusto, que era
+también el nuestro; porque puestas aquí, podemos tardar más o menos en
+volver a casa, y mejor que en parte alguna estará el venturao con
+nosotras donde quiera que ello sea. Lo que está él es aterecío de
+frialdá, ¿no es cierto, padre? Y mire, en la cocina habrá buena lumbre,
+¿no es verdá, don Marcelo? y estará usté más apartao de estas cosas que
+le amurrian y acobardan, sin dejar de estar bien acompañao con los que
+entran y salen... y de paso, mire, que añada Tona buen por qué al ollón
+grande, que somos tres bocas más... ¡Hija, qué bobás se le ocurren a una
+cuando no sabe lo que diz, ni tomar los tiempos como vienen! Conque
+¿entendióme, padre?... Y a usté, don Marcelo, ¿qué le paez de este
+disponer mío, como si estuviera en la mi casa?
+
+Todo me pareció bien, hasta el estilo, y las precauciones que tomaba
+Mari Pepa para no ser oída del enfermo, y la decisión de Lituca, y, en
+particular, la cara que ponía para declarármela. Yo mismo conduje a la
+cocina a don Pedro Nolasco, que se dejaba traer y llevar como un niño
+atolondrado, y le senté en el sillón de mi tío, dejándole al cuidado de
+Tona y de Chisco, que andaba por allí entonces, con encargo de que le
+entretuvieran y animaran... y le dieran de comer cuanto pidiera, si lo
+pedía. Yo volvería por allí muy a menudo, y las señoras lo harían
+también de vez en cuando. En el ínterin, mucha leña a mano y buena
+lumbre sin cesar.
+
+Antes de salir de la cocina, miré por los cristalejos de la puerta que
+da al balconazo de aquella fachada, y vi que continuaban ennegreciéndose
+los celajes y que ya blanqueaban un poco los picachos de enfrente y
+hasta las praderas del valle por algunos sitios.
+
+Cuando llegué al cuarto de mi tío, ya se habían apoderado de él y de sus
+aledaños Lituca y su madre, y enviado a Facia a sus ordinarios
+quehaceres, por no ser necesaria allí su presencia por entonces.
+Ordenaban adentro muebles, ropas y frascos y botellas de potingues;
+enderezaban felpudos y alfombrillas, que abundaban en el suelo;
+graduaban y dirigían la luz de los cuarterones de la ventana y la que
+entraba por la puerta, de modo que no diera de lleno en la cara del
+enfermo, y hasta le limpiaban el sudor viscoso y frío que relucía en su
+frente, y le arreglaban las coberturas y las almohadas; pero todo ello,
+lo mismo que cuando trabajaban afuera, sin hacer ruido ni levantar polvo
+ni causar la más leve mortificación al paciente. Me daba gusto
+contemplar aquel trabajo de hadas bienhechoras. Mi tío, sofocado por la
+tos, despertaba algunas veces de su letargo, abría los ojos, clavaba en
+nosotros su mirada entorpecida y voraz, y volvía a cerrarlos enseguida
+para caer de nuevo en su modorra. Cuando se aprovechaba una de estas
+coyunturas para darle unos sorbos de caldo o la «cucharada» medicinal
+que «le correspondía», tomábalo entre quejidos y balbucía protestas
+iracundas.
+
+Cerca del mediodía se despejó un poco y nos ponderó mucho lo mal que se
+encontraba. Llegó en esto Neluco, y ni por cortesía intentó convencerle
+de lo contrario. Pero le exhortó a que llevara con paciencia sus
+trabajos, pues no estaba obligado a menos un hombre de su fe y de su
+correa. A lo que contestó el enfermo, con toda la iracundia que pudo
+hallar entre el montón de sus propias ruinas:
+
+--¿Todavía te paez cosa de ná la mi paciencia, condenao? Con la mitá de
+lo que tengo te quisiera yo ver, mediquín, matasanos de los demonios, a
+ver qué cara ponías... ¡Pues hombre!...
+
+Intervinimos todos, Neluco inclusive, para calmarle, y se calmó pronto;
+pero no apuntó la menor idea de prepararse a bien morir. Sobre este
+punto venía muy contrariado el médico. Me dijo, al despedirse, que don
+Sabas estaba ausente del lugar, auxiliando a un moribundo de otro
+pueblo, cuyo párroco se hallaba enfermo. Al saberlo le había mandado un
+propio; pero como hasta el pueblo había muchas varas de camino que medir
+y la nevada iba espesando por instantes, aunque don Sabas procuraría no
+perder uno solo en cuanto se enterase de lo que ocurría en la casona,
+¡fuera usted a saber a qué hora de la tarde llegaría, y si llegaría a
+tiempo ya!
+
+Por no acercar demasiado al gigantón de la Castañalera al cuadro que tan
+tristemente le impresionaba, comimos todos con él en la perezosa de la
+cocina, servidos por Tona, mientras su madre cuidaba del enfermo. No fue
+aquella comida tan sabrosa para mí como otra que yo no olvidaba, más que
+por lo reciente de su fecha, por lo regocijada que la hicieron aquellas
+dos comensalas que en la última, algo por respeto a la tristeza
+«oficial» de la casa, y algo más por la pena que los motivos de esta
+tristeza les daban, comieron muy poco y hablaron menos. Menos habló
+todavía que ellas, don Pedro Nolasco, que no habló palabra; pero, en
+cambio, ¡qué engullir el suyo tan formidable!
+
+Antes de que acabáramos de comer, supimos por Facia que el enfermo había
+vuelto a dormirse y que «el trapeu de la nieve iba tan a más, que daba
+gustu». Yo me acordé de la ausencia de don Sabas y de la falta que hacía
+al lado de mi tío, y no recibí la noticia con tanto placer como el que
+sentía la madre de Tona al dármela.
+
+Según corrían las horas de la tarde, apretaba el temporal y también las
+ansias del enfermo, que seguía luchando con ellas a ojos cerrados y sin
+conciencia, al parecer, de lo que estaba pasando. Bien sabe Dios lo que
+nos inquietaban estos síntomas y que ardíamos en deseos de insinuarle lo
+que Neluco deseaba, ya que no se anticipaba él a insinuarlo; pero ¿de
+qué serviría la insinuación mientras no tuviéramos a mano al Cura? Entre
+estas dudas y las consiguientes inquietudes, llegó la noche cerrada, a
+poco más de las cuatro, con una tercia de nieve sobre el valle y un
+nevar espeso y continuo que ya me iba alarmando mucho, porque suponía a
+don Sabas en camino y pensaba en los peligros que podía correr. Entre
+tanto la cocina se llenaba poco a poco de gente que acudía a saber de
+don Celso y a ofrecerse para toda clase de menesteres en la casa en
+aquellas horas de prueba, y a mí no me disgustaba verme tan bien
+acompañado en ocasión de tantos apuros. A don Pedro Nolasco le sucedía
+lo propio, y hasta rompió a hablar con los contertulios y se permitió
+ciertos vaticinios risueños acerca de la enfermedad del viejo amigo y
+casi pedazo de su alma... precisamente en el instante en que mi tío
+saliendo de su modorra pertinaz y después de recorrer la estancia con
+los ojos azorados, dijo entre angustias de la respiración, como si no le
+cupiera ya en el pecho una burbuja de aire sin haberle desocupado de
+otra igual:
+
+--Ahora... ahora es la de irse de veras, hijos míos, y la de prepararme
+al viaje en toda regla. Hacedme la caridad de decirle al Cura que le
+llamo yo para lo que él sabe... si no es alguno de los bultos que yo
+distingo malamente desde aquí, no sé si por culpa de la poca luz del
+cuarto, o porque ha empezado a apagarse ya la de mis ojos... ¡Sabas!...
+¡Sabas!...
+
+Todos los allí presentes oíamos y callábamos, y nos mirábamos unos a
+otros sin saber qué contestar. ¿Cómo decirle que el Cura no estaba en la
+casona ni en el pueblo?... Pero ¡qué ofuscación tan absurda la nuestra!
+¿Qué inconveniente había en entretenerle las impaciencias, respondiendo
+que habían ido a avisarle y que estaba a punto de llegar? Esto iba a
+responderle yo al mismo tiempo que me acercaba a su cama con Lita y
+Mari-Pepa, hechas un mar de lágrimas, mientras quedaba Facia arrimada a
+la pared del fondo con los brazos cruzados, la cabeza inclinada sobre el
+pecho y los ojos, secos, entristecidos e inmóviles, clavados en la faz
+cadavérica de su amo, cuando éste volvió a exclamar, pero con un brío
+inconcebible en su estado miserable:
+
+--¡Sabas! ¡Sabas!...
+
+En esto oí un rudo golpeteo, como al desembocar del carrejo en la
+salona, y al mismo tiempo una voz que respondía a estas llamadas
+enérgicas:
+
+--¡Allá va, jinojo!...
+
+Conocí la voz, retrocedí de un salto hasta la puerta, y vi que por la
+del salón avanzaba un bulto que lo mismo podía ser un jaral de la
+montaña, tal y como debían estar todos en aquellos instantes, que un
+hombrazo del calibre y los talares de don Sabas, porque venía nevado por
+la cabeza y por los hombros y por donde quiera que asomaba un relieve,
+por mínimo que fuera, en sus luengas y espidas vestiduras; y al andar y
+sacudirse de propio intento, arrojaba en el suelo la nieve en cascadas
+polvorosas, como cae de los matorros cuando los sacude y zarandea el
+cierzo enfurecido. Salí a su encuentro para ayudarle a sacudirse y a
+enjugarse... y a nada, porque de dos bativoleos se desprendió de todo lo
+flotante que goteaba sobre él. Así quedó, en un periquete, liso y mondo
+de pies a cabeza, es decir, de chaqueta corta y en pelo. Mientras se iba
+despojando de aquellas envolturas y accesorios, me decía:
+
+--¡Ah! pues gracias a que el tordillo tiene más agallas de lo que paez,
+y pudo con el espolique que a medio camino le cargué a las ancas, que si
+no... ¡jinojo! dígote que no llegamos vivos ninguno de los tres; porque
+nevadas he visto en lo que llevo de vivir; pero como ésta, ¡vaya,
+vaya!... ¿Y qué le pasa al pobre don Celso, hombre? Cuando allá me lo
+fueron a decir, no me cogió de susto, porque me lo venía yo temiendo de
+día en día. Lo peor del caso fue que aquel infeliz agonizante no
+acababa, y no era cosa de abandonarle en trance tal... Pues ¡cuidado si
+le da por no acabar en toda la tarde de Dios!... A todo esto, la nieve
+espesando y cerrándose los caminos. ¡Mira tú qué ocasión para ponerse
+este otro en la agonía!... ¡Si lo que hace Satanás para jincar el diente
+a las almas, es mucho cuento! A bien que no ha sido ello por falta de
+advertencias mías; pero este Celso, con ser tan hombre de fe, es de suyo
+tan...
+
+Todo eso lo decía ya, y casi lo gritaba, el bueno del Cura a la puerta
+del dormitorio de su amigo, donde le interrumpió el descosido
+razonamiento otra llamada como la de antes.
+
+--¡Sabas! ¡Sabas!
+
+--¡Aquí estoy, hombre!--respondió el Cura--. ¡Cuidado que es tema!...
+Pues mira, con esas prisas en mejor salú, no las tuvieras ahora...
+
+--¡Eso es!--refunfuñó mi tío--. Para consuelo de mis ajogos, ríñeme y
+vociférame, ¡pispajo!
+
+--¡Qué te he de reñir, hombre, qué te he de reñir!--díjole entonces don
+Sabas, que enfrente de aquellas ruinas miserables del amigo y camarada
+de toda su vida, no acertaba a contener los lagrimones que le brotaban
+en los ojos--, ¡ni cómo te he de vociferar!... ¡Pues bueno estaría ello,
+jinojo!... sino que, como he venido, pude no venir, por causa de fuerza
+mayor. ¡Y figúrate tú entonces! ¡figúratelo, Celso!... Vaya--añadió
+interrumpiendo de pronto su discurso y pasando la mirada por el cuarto y
+acentuándola con un movimiento de sus brazos, muy significativo--: aquí
+sobran todos menos el enfermo y yo; porque lo que va a pasar entre
+nosotros, no admite más testigo que uno, que es el Señor y juez de vidas
+y almas.
+
+Salimos los que sobrábamos y cerró don Sabas la puerta por dentro. Yo no
+sé lo que pasó por mí entonces; pero declaro que me sentí muy conmovido
+y que hasta lloré, disimulándolo mucho, como si fuera una debilidad
+indigna de los hombres fuertes.
+
+¿Procedían aquellas lágrimas vergonzantes del contagio de otras más
+francas? ¿Eran arrancadas de mi corazón por la pena de ver a aquél, mi
+pariente en estado tan mísero y compasible? ¿Me las producía aquella
+rara escena que acababa de presenciar entre el Cura y el enfermo, a
+través de cuya tosca urdimbre se dejaban ver fondos y lejanías
+admirables? Quizás hubiera en ellas algo de todos y cada uno de estos
+ingredientes; pero el hecho es que yo lloraba, aunque no tanto como las
+mujeres que se agrupaban junto a mí, mientras iban entrando de puntillas
+en el salón en que estábamos muchos de los tertulianos de la cocina que
+se habían amontonado en el carrejo después de la llegada del Cura,
+transidos de pesadumbre... y de curiosidad.
+
+La luz que Facia había encendido en la lamparilla del dormitorio al
+salir de él, y que aún conservaba en la mano, iluminaba un poco aquellas
+fauces entenebrecidas; y así pude entreverlas atascadas, materialmente,
+de figuras apiñadas y oscilantes que miraban hacia nosotros con
+impaciencias voraces; y aun hubiera jurado yo que allá en el fondo,
+detrás de toda la masa, pero alzándose un codo sobre la cabeza del más
+talludo, relucían, como dos linternas en un túnel, los ojazos verdes y
+saltones del gigantón de la Castañalera.
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+Al cabo de un buen rato me pidió Mari Pepa muchas cosas que, a su
+juicio, iban a ser necesarias allí muy pronto. Yo, delegando en ella y
+en su hija cuantas atribuciones tenía en la casa, las entregué las pocas
+llaves que guardaba, y mandé a Facia que se pusiera a sus órdenes con
+las restantes. Para despachar bien y pronto lo que proyectaban, era
+indispensable que se volvieran a la cocina los tertulianos que,
+dispersos por aquí o en rebaños por allá, todo lo obstruían... y
+apestaban, y no había manera de revolverse entre ellos. Hízose así al
+punto por mi mandato, y empezaron las dos mujeres a saquear alacenas,
+armarios y cajones. Facia guiaba, y yo seguía como un autómata a las
+tres.
+
+Mientras desvalijaban el último cajón de la cómoda de mi cuarto, se
+abrió la puerta de mi tío, y apareció don Sabas en el hueco. Noté que
+salía lloriqueando, y corrí hacia él temiendo que ya hubiera concluido
+todo allí; pero desde medio camino oí toser al enfermo, y esto me
+tranquilizó. Salióme al encuentro el Cura, y me dijo, mientras se secaba
+los ojos con un pañuelo de yerbas:
+
+--No se puede remediar, ¡qué jinojo!... por más avezado que uno esté a
+contemplar miserias y acabaciones humanas... Porque hay casos y casos,
+señor don Marcelo, y éste es uno de los más duros de pelar para el pobre
+Cura. Sesenta años de vivir, más que como amigos, como hermanos, y cada
+cual en su ministerio... ¡y cuidado si ha sido de altura el suyo!...
+algo rejunde en la entraña... me parece a mí... De pronto diz el otro al
+uno de ellos: «vaya, pues yo me marcho... y para no volver: conque
+ajústame tú estas cuentas que tengo que dar a Dios, por tu mediación
+mesma de lo mucho que le debo y de lo poco y mal que le he pagado... y
+ahí te quedas, viejo y solo, hasta que te llegue la tuya, que no puede
+tardar porque de viejo nadie pasa; y ya verás lo que es jallarte un día
+y otro sin el amigo de siempre, que parecía ya carne de tus carnes y
+llenaba todo el lugar, aunque en él no se le viera...» Y vaya usté, por
+otra parte, a saber si al llegar la de uno, le cogerá así o le cogerá
+asao, porque la carne es flaca y Satanás no duerme, y si, por tomas o
+por dacas, tampoco volvemos a encontrarnos en el otro mundo. Porque él
+va bien de equipajes... ¡eso sí, jinojo! y derecha como un juso ha de
+subir la su alma. En lo humano no puede presumirse otra cosa, con la
+preparación que él ha hecho, después de una vida de caridad, que yo me
+sé de memoria... En fin, que de ésta se va, y que no hay que dormirse
+para disponerle todo lo que le falta en el trance en que se ve... Hay
+que viaticarle enseguida, y para ello me voy a la iglesia ahora mismo.
+Adviértase aquí para que se espere a Dios con la pompa que se le debe.
+
+Se habían llevado sus talares a la cocina para secarlos a la lumbre; y
+al ir el Cura a recogerlos, hizo a la gente congregada en ella la misma
+advertencia que a mí, y la arrastró luego consigo, menos a Chisco y a
+Pito Salces, a quienes ordené yo que se quedaran «vigilando la casa, por
+lo que pudiera ocurrir». Ocioso lujo de precauciones a aquellas horas
+(cerca de las siete), con una noche oscura como boca de lobo, cayendo la
+nieve a puñados, y con unos rugidos del vendaval hacia la montaña, que
+daban miedo.
+
+Sin preocuparme gran cosa del pobre Marmitón, que se quedaba solo otra
+vez, repantigado, mudo y atónito en el sillón de madera y muy arrimado
+al fuego, volvíme al cuarto de mi tío para ver lo que pasaba en él
+después de la salida de don Sabas. Ya estaba desconocido todo aquel
+interior, y aún continuaban transformándole por momentos las dos hadas
+de la casona. En la cama del enfermo, la colcha de damasco rojo de los
+grandes días, y vuelto sobre ella, el amplio y bordado embozo de una
+sábana de lujo; las almohadas, con fundas de grandes guarniciones muy
+tiesas y escaroladas, y el enfermo mismo, con camisola limpia, calentada
+poco antes al brasero y sahumada con tomillo, sobre el espeso chaquetón
+elástico que le abrigaba el tronco; junto a la cama, una alfombra en
+lugar del felpudo de siempre; encima de la cómoda, cayendo en airosos
+pabellones por los lados, otra colcha de las buenas de la casa, y sobre
+ella, esperando mejor destino, el crucifijo de marfil, seis candeleros
+de plata, un vaso con agua bendita y un ramito de laurel.
+
+Cuando yo llegué, se ocupaban las dos mujeres, que parecían tener
+diablillos en las manos, en sustituir, ayudadas de Facia, el trasto
+viejo que siempre estuvo a la cabecera de la cama, con una mesita
+cuadrangular sacada de mi gabinete, donde la usaba yo para leer y
+despachar mi correspondencia. Ofrecíles mi ayuda para aquella faena;
+pero la desdeñó Lita con un gestecillo muy intencionado y dos frases de
+cortesía para templarle. Mientras Facia se llevaba el achacoso
+artefacto, tendieron ellas sobre la mesa otra colcha de damasco rojo, y
+sobre la colcha una muy blanca sabanilla con randas de muchos calados;
+luego trasladaron de la cómoda a la mesa el crucifijo de marfil, cuatro
+candeleros y el vaso con agua bendita y el ramito de laurel; enseguida
+otra alfombra delante de la mesita; después todas las tiras y ruedos que
+se encontraron para formar una senda tan larga como se pudo; cuatro
+vapuleos a las sillas antes de ponerlas en orden; unos toquecitos más a
+las ropas de la cama; una mirada desde lejos al conjunto de tantas y tan
+diversas cosas... y ya estaba aquello despachado.
+
+Mi tío, entre tanto, jadeando y tosiendo y pasando entre los dedos
+sarmentosos de su diestra cuentas y más cuentas del rosario, y reza que
+reza entre dientes, sin darse por enterado de lo que ocurría en su
+derredor, ni contestar más que con un gesto avinagrado a la menor
+pregunta que se le hiciera. Antes de morir con el cuerpo, estaba ya en
+el otro mundo con el espíritu. De Dios era, a Dios iba y sólo de Dios
+esperaba.
+
+Terminado lo del cuarto, se emprendió afuera otra labor más peliaguda,
+para la que no bastaron las mujeres solas. Mari Pepa esparcía en el
+suelo las colchas y pañolones que habían acopiado en el saqueo y andaban
+en confuso montón sobre las sillas; Lita escogía y combinaba colores y
+tamaños, y Pito Salces y yo, encaramados en muebles de la necesaria
+altura, clavábamos en las paredes, y tan arriba como nos era posible,
+con tachuelas, con puntas... hasta con clavos «trabaderos» y cuanto
+habíamos podido haber a las manos en una mechinal de la bodega en que
+acumulaba Chisco las reservas de esta especie, lo que la diligente y
+afanada nieta del gigantón de la Castañalera nos iba alargando con sus
+manitas primorosas, de lo desparramado por el suelo.
+
+Al andar rayando con la media tarea, el tañido de una campana, desigual
+e intermitente, ora remoto, ora cercano; como débil quejido de agonía,
+unas veces; vibrante y clamoroso otras, según los caprichos del viento
+encajonado y revuelto en las estrecheces y encrucijadas del valle. Era
+el primer toque «a administrar», la señal que se hacía en la iglesia al
+vecindario para los fines que sabía él. Un ratito después, calló la
+campana y llegaron dos hombres con sendos brazados de velas y de cirios
+que mandaba el Cura, por delante. Venían enjutos de tobillos arriba,
+pero muy espelurciados y «ardiéndoles» las narices y las orejas; porque,
+según declararon, aunque había cesado de nevar, continuaba soplando el
+cierzo, más frío que la misma nieve. Si mal no nos parecía, quedaríanse
+allí ya, pues sobre estar seguros «de jallar al Señor» en el camino, si
+volvían a tomar el de la iglesia, no estaba el pedregal, con la capa de
+nieve que tenía encima, para muchas subidas y bajadas por él sin una
+urgencia. Asentimos de buena gana a tan cuerdo parecer, y quedáronse los
+hombres... hasta pasmados del «visual pomposu» que iban tomando los
+pasadizos y la escalera de la casona con la faena que nos hacía sudar.
+Continuámosla, sin embargo, con nuevos bríos, pero a puntada larga, es
+decir, enrareciendo los colgajos, porque ya se oía otra vez el toque de
+antes, señal de que se había puesto en camino lo que esperábamos, amén
+de que no andábamos sobrados de telas ni de «herrajes» para cubrir
+tantas paredes.
+
+Para vestir los desnudos suelos del tránsito, discurrió Lituca
+sembrarlos, y los sembró ella misma, de penquitas olorosas de laurel que
+abundaba en las grietas de los peñascos de enfrente. Y aún la quedó
+tiempo para sahumar toda la casa con romero y mejorana, quemado por ella
+en las ascuas del brasero, llevándole Chisco y Pito Salces entre manos
+por salas, pasillos y escaleras. Después, velones, candeleros,
+palmatorias y candiles, iluminando hasta lo más obscuro y remoto; el
+cuarto de mi tío, con las seis velas encendidas ya, rechispeando la luz,
+y el brazado de cirios traídos de la iglesia, ardiendo también al
+cuidado de los dos hombres encargados de darles a tiempo el destino que
+tenían; Marmitón encuadrado en la puerta de la cocina y mirando al
+crucero iluminado, sin atreverse a dar un paso hacia él; Mari Pepa yendo
+y viniendo por todas partes; su hija dando los últimos toques al cuadro
+general; Tona sin chistar y pasmadota, cerca de don Pedro Nolasco; Pito
+Salces y Chisco, en el estragal, con sendos cirios ardiendo, en la mano;
+mi tío, con los ojos entreabiertos, recostado contra las almohadas y
+rezando sin cesar; Facia, con su mejor vestido negro y atenta a lo que
+pudiera necesitar el enfermo, junto a la puerta de su cuarto, de pie,
+inmóvil y melancólica; la campana de la iglesia tañendo acompasadamente;
+el silencio casi absoluto en los ámbitos de la casona, y yo, clavado
+como una estatua en el salón dominando con la vista el aposento de mi
+tío y hasta el crucero del fondo del pasadizo, observándolo todo,
+oyéndolo todo, y presa de una emoción que, por lo compleja y extraña, no
+me podía explicar.
+
+De pronto, una voz, la de Tona que se asomaba a menudo a la puerta del
+balcón de la cocina, gritó desde el fondo del último carrejo:
+
+--¡Ya vienin!
+
+Cubriéronse entonces apresuradamente la cabeza las mujeres; tomamos cada
+cual un cirio de los que cuidaban los dos hombres, y dímosle otro a don
+Pedro Nolasco que se había movido hacia el grupo; y siendo yo parte
+principalísima de él, con él llegué bien pronto, a todo andar y casi
+arrollando al aturdido gigante, al balcón de la cocina.
+
+No solamente había cesado de nevar, sino que también se hallaba el
+viento encalmado; y, por una venturosa casualidad, por un rasgón abierto
+en la espesura de los negros celajes asomaba la luna llena, derramando
+su luz pálida sobre el blanco tapiz del valle y los más altos picos del
+brocal de montes que le aprisionan. En otras circunstancias mejores,
+acaso me hubiera detenido a considerar lo que más me admiraba y
+sorprendía en aquel extraño panorama, y hasta qué punto se parecía
+aquella fantástica realidad a los numerosos «efectos de luna» que yo
+había visto pintados en lienzos y cartulinas; pero ¡bueno estaba
+entonces el horno de mi cabeza para pastelillos de aquel arte! Y aunque
+lo hubiera estado: necesitaba la atención para otro espectáculo que me
+la solicitaba con fuerza irresistible. Y fue que apenas abocado a la
+puerta del balcón detrás de las mujeres, vi que, surgiendo de las
+tinieblas, iban apareciendo como fantasmas y coronando la altura del
+pedregal, dos filas de bultos negros, junto a muchos de los cuales
+titilaba oscilando una lucecilla triste y acobardada, como si ardiera
+detrás de los cristalejos de un faroluco roñoso. Cuanto más se alargaban
+las filas hacia la casona, más bultos surgían de la oscuridad del agrio
+declive. Se les veía moverse; pero no se oían sus pasos sobre el áspero
+suelo nevado, ni alteraban el silencio de la Naturaleza, que parecía
+haber enmudecido de repente por respeto a lo que estaba pasando allí,
+otros ruidos que algún murmurio de tarde en tarde, como de rezo coreado,
+y el tañido constante de la campana de la iglesia, repetido ya por el
+débil tintineo de una campanilla de monago que aún no había surgido de
+la oscuridad. De pronto apareció en la altura un bulto menor que los
+otros, con un farol de dos luces: éste era el monago de la campanilla, y
+hasta se le distinguía en la mano cuando la sacudía para que sonara.
+Detrás del monago, otros dos bultos con sendos faroles también; y en
+medio de los dos, el párroco don Sabas, de capa pluvial y debajo de un
+paraguas muy grande (regalo, por cierto, hecho por mi padre, siendo yo
+mozuelo aún, a la iglesia de Tablanca); y, por último, detrás del Cura,
+todavía más bultos con luces surgiendo de la vertiente sombría. Entonces
+cayó de rodillas Mari Pepa que estaba delante de todos, y exclamó con
+voz entera, mientras se llenaban de lágrimas sus ojos:
+
+--En gracia te reciba el alma que te desea.
+
+Yo me hinqué también, y con la cabeza humillada, repetí en el fondo de
+mi corazón la plegaria de aquella noble mujer.
+
+Poco después volvíamos todos, conservando aún las hachas encendidas, y
+más corriendo que andando, hacia el crucero. Allí estaba ya Neluco, que
+se había disgregado de la procesión con algunos hombres de los más
+apegados a la casa, proveyéndolos de cirios y señalándoles puestos en el
+pasillo y a lo largo de la escalera; a Lita y a su madre se los dio a la
+puerta de la salona; «y usted, conmigo, allá dentro» me dijo,
+conduciéndome al mismo cuarto del enfermo, del que no se había apartado
+Facia un instante. Preguntámosle si se encontraba bien; respondió que
+«como nunca jamás», aunque no hallaba en sus pulmones ingurgitados
+alientos para decirlo; arrimámonos a la puerta, y allí esperamos, como
+dos centinelas inmóviles, lo que empezaba ya a llegar y se sentía hacia
+el estragal por el ruido de las almadreñas o alguna palabra que otra a
+media voz, y en la escalera y en el pasillo, por el sordo golpeteo de
+las pisadas con escarpines en los inseguros tablones del tillado, y el
+resoplar inconsciente de tantas respiraciones contenidas a la fuerza.
+Igual que cuando se va llenando de agua una vasija puesta debajo del
+caño de una fuente, por el matiz de los sonidos se conocía por instantes
+cómo se colmaban de gente los carrejos y el salón y el gabinete y todos
+los rincones y escondrijos franqueables de la casa. Al fin se oyó en el
+estragal la campanilla del monago, y casi al mismo tiempo la voz potente
+de don Sabas rezando algo que no se entendía bien; después enmudecieron
+uno y otra, y se percibieron claramente las recias pisadas del Cura y de
+los que le escoltaban, sobre los peldaños de la escalera; al abocar al
+crucero, los pasos más distintos y otro rezo de don Sabas; los que aún
+no estábamos de rodillas, nos hincamos, y los pechos, oprimidos ya por
+el peso de aquel cuadro imponente... desahogáronse en suspiros o en
+sollozos entrecortados, que fueron recorriendo, como nota fúnebre
+llevada por el aire, todos los ámbitos de la casona. Hasta la puerta del
+salón no volvió a oírse la voz del Cura: allí resonó otra vez,
+declamando, reposada y patética, este versículo del _Miserere_:
+
+_Ecce enim in inquitatibus conceptus sum: et in pecatis concepit me
+mater mea_.
+
+A los rumores de antes sucedió el silencio más profundo; y avanzando don
+Sabas con mesurado andar, la mirada puesta en el bordado relicario que
+contenía las dos Hostias consagradas, rodeado de luces que resplandecían
+en el oro de sus vestiduras y precedido de Mari-Pepa, de Lita y del
+monago, llegó a la puerta donde nosotros esperábamos, y allí,
+deteniéndose unos instantes como para dar mayor solemnidad a sus
+palabras, rezó este otro salmo:
+
+_Ecce enim veritatem dilexisti: incerta et oculta sapientiae tuae
+manifestati mihi_.
+
+Entonces el enfermo, tembloroso y lívido, cruzó las descarnadas manos,
+humilló la cabeza sobre el agitado pecho, y con una voz que parecía
+salir del fondo de una sepultura, respondió a las palabras del
+sacerdote:
+
+_Averte faciem tuam a pecatis meis: et omnes iniquitates meas dele_.
+
+Aquí dio fin y término otra vez mi ya vacilante serenidad, y el «nudo»
+que me estaba oprimiendo la garganta rato hacía, trocóse en humor
+benéfico que me empañaba los ojos y crecía por el contagio del llorar de
+las mujeres que me acompañaban en el cuarto, y que, al fin, llegaron a
+contaminar a Neluco, médico y todo, mientras volvía a oírse afuera la
+nota triste de antes recorriendo los grupos y las masas de aquellas
+compungidas y humilladas gentes... Hasta que vibró de nuevo la voz del
+Cura, y todo calló, como si hasta con el respirar se profanara la
+augusta solemnidad de lo que iba a suceder allí... como creería yo
+profanarlo si me atreviera a extraer su recuerdo del sagrado de la
+memoria, donde lo guardo indeleble, para describirlo con mi pluma torpe
+y grosera en este miserable papel.
+
+No ha de merecerme igual respeto algo de lo humano que allí pasó por
+complemento del cuadro que tanto tenía de divino. Esto puede y debe ser,
+ya que no pintado, que no dan para empresa tan alta los colores de mi
+paleta, mencionado, por los menos; y vaya como ejemplo aquella
+exhortación final de don Sabas a la paciencia, al recogimiento, a la
+gratitud a Dios, del enfermo; cómo empezó encarrilado en las fórmulas
+trilladas del ritual, y se fue descarrilando poco a poco y entrándose
+por las sendas de su propio estilo y particulares sentimientos; cómo de
+esta manera se confundían y enredaban en la exhortación, el lenguaje
+solemne del sacerdote con el familiar de la pasión desbordada del amigo
+cariñoso; cómo llegó a responderle mi tío, ya para protestar nuevamente
+de su fe acendrada, de su resignación sin límites y de su conformidad
+absoluta con los decretos de Dios, ya para quejarse mansamente de que
+pudiera ser puesto en tela de duda por nadie el cumplimiento de éstos
+sus deberes de cristiano; cómo le replicó don Sabas para tranquilizarle
+sobre tan delicado particular, al que en modo alguno había intentado
+referirse él, cómo, enredados en este singularísimo diálogo, ya no
+hablaba el Cura en impersonal, y llegaron a tutearse los dos; cómo en la
+llaneza de este estilo tocaron puntos de sumo alcance piadoso, y se
+declaró don Sabas envidioso de la suerte de mi tío, a quien tantos, muy
+erradamente, compadecían entonces, y se dieron mutuas paces, poniendo
+por testigo de la cordialidad del impulso a «aquel Dios sacramentado que
+allí estaba presente en cuerpo y sangre»; cómo, al fin, bajándose mucho
+el Cura y alzándose un poco mi tío, se confundieron los dos en un
+abrazo, llorando don Sabas y ahogándose de fatiga el pobre enfermo
+conmovido; cómo con estos actos y aquellos dichos, el torrente de
+sollozos, mal contenido afuera, se desbordó por toda la casa, y trató
+Neluco de cerrar la puerta del cuarto en que nos encontrábamos para que
+mi tío no lo oyera, y cómo éste se lo impidió con sorprendente energía,
+y mandó que se franqueara la puerta a cuantos cupieran adentro para
+darles el último adiós; cómo hubo que complacerle, aunque ya no podíamos
+respirar ni los sanos en aquella estancia, y cómo se despidió sin
+retóricas sentimentales, pero en cristiano puro, sin dejar de ser
+aldeano neto, acabando por decirles: «Si lloráis porque perdéis lo que
+he sido, Dios vos lo pague en la medida del consuelo que me dais con
+ello; pero si vos duele mi muerte por la falta que he de haceros, mal
+llorado, porque aunque me voy, aquí vos dejo quien hará mis veces, y
+hasta con ventaja para vosotros. Ven acá, Marcelo. (Acerquéme a la cama,
+hecho un doctrino, torpe y desconcertado. Luego añadió él, mostrándome
+al montón de tablanqueses que habían invadido la habitación): Éste es;
+de la mi sangre neta, y amo ya y señor de esta casa. De vosotros depende
+desde hoy que sea, no lo que yo he sido, que bien poco fue ello, sino
+todo lo que debí de ser. Para él todo vuestro respeto y vuestra lealtad
+de hombres honrados y agradecidos, y para mí... que pidáis a Dios de vez
+en cuando por el buen paradero de esta alma, a punto ya de subir a
+juicio en su divina presencia. Y con esto, hijos míos, y la bendición de
+un padre viejo y moribundo... ¡hasta la eternidad!»
+
+Es también de mencionarse cómo le respondieron con gemidos y lágrimas
+aquellas rudas y buenas gentes, por no hallar en sus lenguas palabras
+con que expresar lo que sentían; y cómo, finalmente, puso término a esta
+escena don Sabas acercándose a adorar y recoger la Forma consagrada, y
+sonó otra vez la campanilla... y salió del cuarto y de la casa el Señor
+de los señores y Rey de los reyes con la misma solemnidad y reverencia
+con que en ella había penetrado.
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+En un pie andaba el Cura con lo cuidadoso que le traía lo extremo y
+desesperado de mi tío, y, sin embargo, cuando llegó a la casona resuelto
+a no salir de ella mientras al enfermo le quedara un soplo de vida y a
+él una sola función que llenar a su lado como sacerdote o como amigo, ya
+gruñía el temporal en la montaña y descendía la nieve sobre el valle en
+espesos remolinos. Es decir, que sólo habían durado la «escampa» y el
+sosiego lo estrictamente necesario para que fuera Dios a la casona desde
+la iglesia, y volviera a la iglesia desde la casona; milagro patente en
+opinión de Facia, y no puesto en duda por los que departían con ella
+sobre el caso.
+
+Entró, pues, el Cura como la vez primera en aquella noche, sacudiéndose
+la ropa para «desnevarse»; arrojó el capote sobre lo primero que se le
+puso por delante, y llevando en la mano un saquillo de color, cerrado
+con una jareta, se coló, sin detenerse, en el cuarto de mi tío, que sólo
+parecía vivir para esperarle. Encerráronse allá los dos; y mientras
+andábamos en la salona los de siempre, de aquí para allí y en derredor
+del brasero, sin saber qué decirnos ni en qué sitio ni para qué
+detenernos ni sentarnos, oía yo cómo iban pasando desde la escalera
+gentes y más gentes hacia la cocina, donde continuaba el gigante
+consternadón y arrimado a la lumbre, pero con muchas ganas de cenar.
+Porque las funciones de comer y digerir no se regían en aquel hombrazo
+por las grandes crisis del espíritu, sino por una ley mecánica.
+Necesitaba comer, mucho y a menudo, como la mole ruinosa necesita el
+puntal para no desplomarse. No obstaba aquel insaciable apetito de su
+estómago para sentir el pobre hombre desfallecido de pena su corazón.
+Deploraba la muerte de don Celso como todos y cada uno de los
+tablanqueses que más hubieran estimado sus prendas, y la lloraba también
+como amigo; pero le dolía, además y sobre todo, por la edad que él
+contaba y por lo viejo y arraigado de su intimidad con el que se iba. En
+alturas semejantes, cada amigo de esos que se va, es un sillar que se
+arranca en los cimientos de la vida del que se queda; y don Pedro
+Nolasco no había tomado en serio hasta aquel día lo de la muerte de su
+amigo, a quien por su carácter y correa consideró siempre «incapaz» de
+morirse. También le dolía en el alma una separación así, sin despedida;
+pero no tenía valor para intentarla, y nosotros nos guardábamos muy bien
+de estimularle a vencer sus resistencias: al contrario, le manteníamos
+en ellas pintándoselas como muy justificables, y encomendábamos a los
+que de ordinario le acompañaban en la cocina la caritativa labor de
+entretenerle y animarle, como hacíamos a menudo el médico y yo con
+Mari-Pepa y Lituca, que no le perdían de vista ni desconocían la
+importancia de aquella crisis excepcional, a una edad y un temperamento
+como los suyos.
+
+De esto precisamente se había llegado a tratar en la salona, cuando se
+abrió la puerta cerrada antes por el Cura y apareció éste con
+sobrepelliz y estola preguntando por el monaguillo que había venido con
+él y debía de andar por la cocina. Corrió Facia a avisarle y entramos
+los demás en el cuarto del enfermo, en los linderos ya de la agonía y
+con los ojos clavados en un crucifijo colocado por el Cura para eso a
+los pies de la cama. Vino el muchacho, y, con su ayuda, administró don
+Sabas la Extremaunción al moribundo. Lloraba Mari Pepa y sollozaba
+Lituca mientras colocaban sobre él todas las medallas y reliquias que
+había en casa con indulgencia plenaria para la hora de la muerte;
+lagrimeaban callando muchos de los que habían acudido de la cocina con
+el monago; rezábamos todos respondiendo a las oraciones del Cura, y en
+los intervalos de silencio se oían a la vez el respirar estertoroso y
+agitado del agonizante, y el zumbido del temporal entre las espesuras y
+cañadas de los montes. A este acto imponente siguió otro que no lo era
+menos: la recomendación del alma, leída en voz clamorosa por don Sabas,
+con los consiguientes rezos en que todos tomábamos parte. Y esto fue
+largo, muy largo, pues que llegó a medirse por horas, con algunos
+descansos breves, durante los cuales se movían o se renovaban muchos de
+los congregados, andando de puntillas y devorando suspiros y sollozos, y
+volvía a oírse adentro el estertor acompasado del moribundo, y afuera el
+mugir de los vendavales.
+
+Por el fúnebre colorido del cuadro, por la lentitud en su desarrollo,
+por el exceso mismo de la atención con que yo le seguía, la visión de la
+muerte con todo su cortejo de tristezas se enseñoreó de mí de tal arte,
+que más que sentirla y estimarla en la región de las ideas, me parecía
+olerla y paladearla; confundía ya las sensaciones morales con los
+quebrantos del organismo, y el color y las figuras y los sonidos del
+triste cuadro caían a golpes sobre mi cerebro y me le contundían y
+fatigaban. El instinto de la vida me excitaba de vez en cuando a
+respirar otro ambiente, a contemplar otra luz y a renovar el espíritu en
+otros horizontes más saludables que aquéllos; y paseando la vista por
+los mezquinos términos de aquel recinto fúnebre, acababa siempre por
+detenerla en la cara de Lituca, en la que cuanto más se grababan los
+surcos de sus lágrimas, más de relieve ponían la frescura de su
+juventud. Y era muy de notarse que no hacían mis ojos un viaje de esos,
+sin topar con los suyos en el camino. ¿Estaría la pobre subyugada por
+los propios influjos y buscaría, por instinto también, los mismos
+asideros que yo? Es muy posible, porque para entrambos era igualmente
+aflictivo y desconsolador y nuevo (para mí a lo menos) aquel
+espectáculo. Nuevo, sí, porque en los recuerdos que yo guardaba y guardo
+en la memoria del paso de la muerte por mi hogar, nada había que se
+pareciera en los procedimientos ni en los detalles ni en los accesorios
+a aquella lenta, cruel e inexorable labor destructora; a aquel
+acabamiento de un hombre fibra a fibra, en lo recóndito de un caserón
+destartalado y embutido en una rendija de la cordillera cantábrica, y a
+la mortecina luz de dos velucas de cera, mientras zumbaba y rugía la
+nevasca en las tenebrosas soledades del contorno.
+
+Pero Lituca, de rodillas y rezando, como su madre, volvía rápida a
+clavar la vista en el crucifijo, como el sediento caminante los labios
+en el caño de una fuente, y así refrigeraba y fortalecía su espíritu en
+cada desfallecimiento que le causaba aquel incesante batallar de la
+muerte para acabar con una vida que también había sido risueña y juvenil
+como la suya. No dejaba yo de acudir a la misma fuente que ella en
+demanda de los mismos alientos; pero ahondaban mucho más las raíces de
+la vida en mi naturaleza curtida de las intemperies del mundo, que en
+el organismo tierno y virginal de aquella criatura, y por eso no
+resultaban iguales en los dos los frutos de un mismo esfuerzo moral.
+
+De pronto se produjo un fenómeno en la agonía del enfermo. Abrió los
+ojos, clavó la vista en el crucifijo y movió las manos hacia él.
+Entendióle don Sabas, púsosele entre ellas, acercóle él mismo a sus
+labios, se abrazó a la cruz; y con esto y un suspiro muy hondo, entregó
+a Dios el alma.
+
+¡Extraña coincidencia! Al indescriptible rumor de los últimos alientos
+de mi tío, respondió en el acto desde la iglesia el primer tañido de las
+campanas que doblaban a muerto por él. Otro «milagro» que jamás quiso
+explicarse Facia por la oficiosa intervención de algún mal informado
+tertuliano de la cocina, en la incesante comunicación que hubo aquella
+noche entre ella y el pueblo, no obstante lo duro y hasta peligroso del
+temporal.
+
+Con aquel triste desenlace de todo el día, los inseguros diques que
+habían mantenido a la pobre sirvienta devorando en silencio las hieles
+de su pesadumbre, se derrumbaron de golpe, y salieron en torrentes las
+lágrimas y los gemidos. Parecía no haber, en lo humano, consuelo para
+ella, ni fuerzas capaces de arrancarla del borde de la cama, donde
+besaba las manos yertas «del su señor», y ponía a Dios por testigo de lo
+mal que le había pagado en vida los beneficios que le debía. Y sucedió
+lo que era de temerse: el estruendo de esta explosión de dolores
+profundamente sentidos, se fue propagando por toda la casa, en la cual
+acabaron por llorar a gritos también hasta los que no habían pensado
+llorar de ninguna manera, y los lazos de la disciplina y de los humanos
+respetos, muy relajados ya durante la agonía del patriarca, acabaron de
+romperse con este descomunal y plañidero vocerío: invadieron la estancia
+mortuoria gentes que en tropel brotaban de todos los senos del caserón,
+y todas querían ver al muerto, y todas le veían al cabo, y todas
+lloraban y gemían después más reciamente por el espanto de haberle
+visto.
+
+Yo no sabía, en tanto, por dónde me andaba, ni dónde ni cómo tenía la
+cabeza. Por fortuna, don Sabas y Neluco se apoderaron de la dirección de
+todo y comenzaron por despejar el cuarto y las inmediaciones; pusieron
+las señoras a mi cuidado, y a Pito Salces y a Chisco a sus órdenes en la
+salona, y se quedaron después solos y a puerta cerrada con el muerto...
+Y aquí es donde comienza la verdadera maraña de esbozos, de notas
+sueltas de color, de perfiles extraños y manchas sombrías, que guardo en
+la memoria como impresión del cuadro de aquella noche inolvidable.
+
+Creo que, con ánimo de ver al gigante de la Castañalera ante todo, fui a
+la cocina, en la que no cabía la gente; que supliqué a los «sobrantes»
+que se retiraran a descansar a sus casas, ya que, desgraciadamente, no
+eran necesarios allí sus buenos servicios, y hasta que conseguí en gran
+parte lo que pretendía; recuerdo que hallé a Mari-Pepa y a su hija
+convenciendo al hombrón de que las cosas habían parado en lo que
+acababan de parar porque no había otro camino para ellas, y de que, como
+ya no tenía remedio lo sucedido y él se hallaba bien cenado y en buena
+compañía, érale muy conveniente, para descansar y endulzar los
+pensamientos, acostarse en la cama que se le tenía preparada y bien
+lejos de los ruidos de «lo otro»; que no costó gran trabajo convencerle;
+que se dejó conducir a un cercano dormitorio; que se acostó; que le
+hicimos la tertulia hasta que le acometió el sueño, y que se durmió como
+un tronco y le dejamos roncando.
+
+Después... ¿qué se yo?... el cuarto de mi tío; la cama, desnuda ya de
+lujos, en el centro, y sobre ella el cadáver afilado y amarillo,
+amortajado con hábito franciscano, porque desde el tiempo de la
+exclaustración nunca faltó acopio de ellos en la casona para trances
+como aquél; alrededor de la cama, blandones ardiendo; hacia la cabecera,
+don Sabas, o Mari Pepa, o Facia, o cualquier tablanqués de los de la
+cocina... o yo, de rodillas y rezando; Chisco y Pito Salces al cuidado
+de las luces; Neluco rociando suelos, muebles y ropas y felpudos con un
+líquido desinfectante, y por la ventana entreabierta colándose un aire
+frío y sutil, y también el zumbido lejano del vendaval y más de un copo
+de nieve... Lita y su madre en mi gabinete, arrebujadas en chales y
+toquillas, con los pies sobre la caja del brasero... Mari Pepa
+acercándose de puntillas y asomándose a la alcoba de su padre cuando
+cesaban sus ronquidos estentóreos; mi tema, ya maquinal, de aconsejar a
+las señoras y al Cura que se acostaran, y durmieran y descansaran; la
+resistencia de todos a complacerme, aunque la pobre Lituca se
+estremeciera de frío en ocasiones y no pudiera levantar los párpados
+enrojecidos... Que cenaran... Ya habían tomado ellas un tente en pie; y
+en cuanto a don Sabas, ¿cómo había de pensar en ello siendo ya más de la
+media noche y teniendo que celebrar a la madrugada?... En la cocina, la
+lumbre agonizante; Tona cabeceando cerca de ella; su madre gimiendo por
+lo bajo en el rincón más obscuro; hombres con la cabeza sobre las manos
+y las manos sobre la perezosa, durmiendo tranquilamente; otros a punto
+de dormirse, sentados en los bancos del fogón, fumando la pipa y con los
+ojos mortecinos clavados en los tizones: todo este cuadro a menos de
+media luz y sin otros ruidos que el sollozar de Facia... Algún bulto que
+otro errando a oscuras por los pasadizos, y un olor por toda la casa a
+pabilo de cera, a laurel pisoteado y a romero y a tabaco de lo peor...
+Un ratito de plática con el Cura y con Neluco en mi cuarto delante de
+Mari Pepa, que acababa de llegar de la alcoba de su padre, y de Lita,
+que dormía con la primorosa cabeza caída sobre el pecho, después de
+negarse a descansar en mi misma cama, que tan a la mano tenía, quién
+sabe por qué linaje de escrúpulos; de plática, digo, sobre el día o los
+días y el ceremonial de las honras fúnebres y cuanto con estos
+particulares se relacionaba... Pepazos y otro mozallón, entrando en la
+estancia mortuoria a relevar a Chisco y a Pito Salces; el Tarumbo
+rezando a un lado y el Topero a otro, de la cabecera; el frío arreciando
+allí, y la llama de los cirios bamboleándose sin cesar en sus mechas con
+el aire glacial que seguía filtrándose por la ventana entreabierta...
+Largos ratos de silencio y de quietud en toda la casa; otros de lánguida
+conversación en mi gabinete sobre temas de familia: el difunto, los
+ausentes... y vuelta con don Sabas al cuarto mortuorio, o vuelta con
+Neluco a la cocina, en donde, en una de ellas, encontramos a Tona
+escanciando a Pito Salces un traguete de lo autorizado por «la casa»
+para tales usos en lance tan excepcional, y vuelta a mi gabinete; y, al
+fin y al postre, Lita tendida sobre mi cama y cubierta, de rodillas
+abajo, con mi propia manta, y durmiendo con el ritmo dulce y sosegado
+con que dormiría un ángel, si los ángeles sintieran esa necesidad de los
+seres de carne y hueso. Su madre le había desvanecido los escrúpulos de
+una vez, cargando con ella, entre veras y chanzas, por todo razonamiento
+y poniéndola donde y como estaba. ¡Y aún me pedía perdón por el
+atrevimiento la candorosa mujer!
+
+Y a todo esto, yo no recuerdo haber sentido ni hambre, ni frío, ni sed,
+ni cansancio en toda la noche, ni que me pasara por las mientes la más
+remota idea de lo que la mujer gris me había declarado por la mañana, y,
+sin embargo, me pesaban los ojos como cuando se desea dormir, y tenía la
+boca escaldada y el estómago desfallecido, el cuerpo quebrantado y la
+cabeza atiborrada de todo linaje de ideas tristes. Era mi estado como el
+de un calenturiento con pesadilla.
+
+Al amanecer, a misa del alma. ¿Quiénes? Todos querían ir a oírla; pero
+no se lo consentimos a muchos que hacían falta en la casa, y
+particularmente a Mari Pepa, que se hubiera visto muy mal para
+acompañarnos. No nevaba ya; pero había más de una vara de nieve sobre el
+suelo del valle y estaban las cumbres de los montes como sumergidas en
+un mar denegrido y borrascoso que no auguraba cosa buena. Resignóse a
+quedarse la piadosa y excelente mujer; pero no Facia, más avezada que
+ella a franquear obstáculos de tal linaje.
+
+¡Qué frío tan intenso, Dios soberano, en cuanto me vi fuera de casa! ¡Y
+qué hundírseme los pies en aquel suelo húmedo y esponjoso! ¡Cuántos
+resbalones y caídas en el pedregal, y cómo me hubiera reído de la triste
+figura que iba haciendo yo entre aquella gente que andaba sobre el
+inseguro tapiz con igual firmeza que sobre los estragales de sus casas,
+si las ideas de que estaba impresionado mi cerebro no hubieran sido tan
+tristes y funerarias! Y la silueta del Cura que caminaba delante de
+todos, con sus hopalandas negras, con su negro tapaboca arrollado al
+pescuezo, ¡qué grande me parecía sobre la blancura deslumbradora de la
+nieve! ¡Y qué solemnidad tan temerosa y elocuente la de aquel silencio
+de la Naturaleza! ¡Y qué sonido tan débil, tan extenuado y melancólico
+el de las campanas de la parroquia doblando a muerto sin cesar desde que
+había amanecido!
+
+De bote en bote se llenó la iglesia: todo el pueblo había acudido allí.
+La misa fue rezada y breve, y se reprodujeron en ella los llantos de la
+casona al pedir el Cura una oración por el alma de un tan amado
+feligrés.
+
+Después de la misa quise ver el cementerio, que está a dos pasos de la
+iglesia. Cuatro paredes no muy altas, una cruz en el centro, una
+tejavana humilde a la derecha de la puerta, y en el lado de enfrente
+media docena de sauces llorones demarcando con sus troncos jorobados un
+pedacito de tierra, y rozando con las puntas de su lacio y desvaído
+ramaje el espeso tapiz de nieve que enrasaba toda la superficie del
+campo santo. En aquel pedacito de tierra, limitado por los sauces, se
+sepultan desde tiempo inmemorial los muertos de la casona de Tablanca.
+
+Al emprender yo la subida a ella con las personas que me habían
+acompañado en la bajada y algunas más, se despidió de mí el Cura «hasta
+la tarde».
+
+--Ya es hora--me dijo--, de que yo dé un vistazo a la mi jacienda, de la
+que no sé pizca veinticuatro horas haz... y de que me desayune y duerma
+un rato, si esta cellerisca negra del meollo me deja apetito y calma
+para ello, por misericordia de Dios.
+
+Alguien tuvo la feliz ocurrencia en la casona de mandar que se expalara
+la cambera del pedregal, en mi obsequio, y a eso debí que la subida por
+ella no fuera lo que yo me temía, recordando lo que había sido la
+bajada.
+
+Marmitón había dormido toda la noche de una tirada, con lo que habían
+entrado en equilibrio y en juego las piezas y los engranajes de su
+armadura de coloso; y de esta suerte funcionaban en él, hasta las
+pesadumbres, con perfecta regularidad. Yo llegué cuando su hija y su
+nieta le servían el desayuno, y me habló de «la desgracia del pobre
+Celso» como si acabara entonces de ocurrir. Pregunté a Lita (y juraría
+yo que se lo pregunté sin pizca de segunda intención) si había dormido y
+descansado a su gusto; y en lugar de responder a la pregunta, se puso
+muy encarnada y comenzó a descargar sobre su madre todas las
+responsabilidades de haberse acostado, «vestida, eso sí», en la cama en
+que yo la había visto. Reíase a esto su madre de todas veras, mientras
+aseguraba yo a la vergonzosa que había sido mía la culpa, «y a mucha
+honra»; y de aquí tomé yo base para exponerles los proyectos que tenía:
+que no pensaran en volver a su casa en unos cuantos días, por no estar
+el tiempo para ello, y, sobre todo, por necesitarlas en la mía yo para
+una gran obra de caridad, y se resignaran las dos a acomodarse en mi
+gabinete, ya estrenado por Lituca. Yo dormiría en la alcoba del salón
+contiguo, que tenía su correspondiente cama; con ella y cuatro
+cachivaches que se le agregaran de mi cuarto, estaría como un
+príncipe... ¡Válgame Dios los reparos y los miramientos y los asombros
+con que se negaron de pronto a complacerme! no en lo de quedarse en la
+casa algunos días, sino en lo de ocupar el gabinete que les ofrecía
+yo... Hasta que al fin cedió Mari Pepa, resignóse Lita, y aplaudió el
+gigante el acuerdo con una «¡esa es la derecha!» que retumbó en media
+casa. Y esto y los quehaceres que consigo trajo para ser puesto en
+ejecución antes con antes, fueron los esparcimientos únicos para mí en
+todo aquel triste día.
+
+Llegó la tarde, fría, brumosa y tétrica; subió el vecindario en masa,
+pedregal arriba, detrás del Cura con ornamentos negros, precedido del
+estandarte de las «Ánimas» y de un crucifijo grande; resonaron en el
+estragal, entonadas por voces bien avenidas con la sonora de don Sabas,
+lamentaciones terribles del santo Job, el mayor poeta fúnebre de que hay
+noticia en la tierra; bajóse el féretro entre nuevos llantos y gemidos;
+y andando, andando con él hacia el pueblo la luctuosa procesión el
+camino que había andado poco antes hacia arriba, llegamos al campo santo
+después de una detención breve a la puerta de la iglesia, para que el
+hijo fiel y sumiso recibiera de su Madre cariñosa la bendición de
+despedida.
+
+Y allí, entre los mustios llorones, en una mísera fosa recién abierta en
+el suelo, desapareció del mundo para siempre, bajo una capa de tierra
+que pronto volvería a cubrir la nieve, un hombre que había sido hasta
+aquel día el patriarca, el señor, el rey indiscutido e indiscutible de
+todo el valle.
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Muchos años hacía que el caserón de los Ruiz de Bejos no se había visto
+en otra como aquélla. Limpia era Facia y no era Tona desaseada; pero de
+lo que éstas limpiaban y barrían en él de ordinario, a lo que se limpió,
+fregoteó y pulimentó en aquellos días con los puños mismos o bajo la
+dirección de mis incomparables huéspedas, había una distancia enorme.
+Todo les parecía poco para borrar los estragos de los recientes barullos
+y desconciertos y «vestir» la casa al tenor de lo que pedía el
+extraordinario suceso que se aguardaba; todo lo desordenado en ella
+volvió a ordenarse, y todo quedó como nuevo, particularmente el cuarto
+de mi tío... Recuerdo mucho que al andar en la faena de «desfigurarle»
+con el trastorno de su mueblaje, me dijo Lituca, sin volver la cara
+hacia mí ni hacia su madre que la ayudaba, ni suspender un instante su
+trabajo:
+
+--Pues, con la venia de usté, don Marcelo, dígole que si esto fuera cosa
+mía, no lo tocara yo más que para asealu.
+
+--¿Por qué?--preguntéla con mucha curiosidad.
+
+--Porque--respondió al punto--, con esconder de la vista de uno o
+cambiar de sitio las cosas que en vida usaron los muertos, paez que se
+los olvida más pronto... Créolo yo así.
+
+Pero en esto la llamó su madre «parleteruca sin sustancia» y se la llevó
+consigo fuera de allí para otras ocupaciones de urgencia, por lo cual no
+pude yo decirla lo que pensaba en apoyo de su dictamen, en consideración
+siquiera a la culpa que yo tenía de aquel trastrueque, y, sobre todo, a
+que se le puso a la pobre la cara como una amapola con la reprimenda,
+aunque lanzada en son de chanza.
+
+Si por olvidar entendía Lituca dejar de sentir hondamente, entendía muy
+bien, porque el corazón humano, tierra miserable al fin, necesita del
+concurso de los sentidos para conservar el calor de los afectos que le
+animan, y aun así se apaga la hoguera con el tiempo; pero si por olvidar
+entendía borrar de la memoria, se equivocaba grandemente en aquel caso.
+Era muy considerable el vacío que dejaba mi tío Celso en la casona de
+Tablanca para no ser notado a cada instante, por mucho que fuera el
+tiempo que pasara. Por de pronto, allí no se hablaba de otra cosa, y muy
+principalmente de noche en las tertulias de la cocina, que se colmaba de
+gente a pesar del frío y de la nevasca. Se le traía a cuento a cada
+instante, y nadie, incluso el gigantón de la Castañalera, tocaba su
+sillón, que les parecía sagrado ya. Sólo yo podía sentarme en él sin
+profanarle, y sólo yo me sentaba, ejercitando en ello un derecho a la
+vez que cumplía con un deber, en opinión de aquellos rústicos que me
+habían jurado, en el fondo de sus corazones, obediencia y lealtad,
+cuando mi tío, ya moribundo, «me alzó sobre el pavés» al borde de su
+lecho y delante de la Hostia consagrada. «El rey ha muerto. ¡Viva el
+rey!» Si es lícito usar ejemplos insignificantes en asuntos de gran
+monta, como alguien dijo en latín, no dejó de haber algo de ello en lo
+que me había pasado entonces a mí, y aún me estaba pasando en los días
+subsiguientes. Y no lo digo tanto por el respeto y la adhesión que me
+mostraban los honrados tablanqueses desde la muerte de mi tío, como por
+lo que yo sentía ahondar y extenderse y engrosar en mi conciencia
+escrupulosa las raíces de mi compromiso renovado y consagrado de aquel
+modo tan solemne.
+
+Eran aquellas tertulias de la cocina una conmemoración incesante de los
+méritos del difunto, en todas las edades y circunstancias de su larga
+vida: a nadie le faltaba algo que recordar o referir o comentar. «Aqueya
+vista de oju que leía en la escuridá»; «el decir agudu de la su
+palabra»; «la mucha mano que tenía en todas partes para vencer
+imposibles, en bien de aquel vecindario»; este rasgo generoso; aquel
+dicho tan a tiempo; la blandura de su corazón, siempre abierto a las
+desdichas ajenas, igual que su bolsa inagotable; su saber de todo, su
+tener de todo para todos, y su vivir con nada; lo duro de su correa, su
+apegamiento al terruño natal; sus heroicidades de hombre, sus valentías
+de mozo; los donaires de su persona, el rumbo de sus bodas y lo
+rozagante de su mujer; siendo muy de notarse que en estas pinturas de
+las cosas de la juventud de mi tío Celso, siempre acudían presurosos don
+Pedro Nolasco o don Sabas el Cura a confirmarlas, cuando no a
+enriquecerlas con nuevos y muy curiosos datos, con la autoridad
+irrecusable de testigos presenciales.
+
+Un día de aquellos pocos, el siguiente al del entierro de mi tío, llamé
+aparte a Facia, a Tona y a Chisco, para leerles las cláusulas
+testamentarias que se referían a ellos. Mandéles que se sentaran; no
+quisieron, y en el tono más solemne que pude se las leí. Legaba el
+testador a la primera, amén de las fincas que había tenido en renta
+cuando se casó, seis onzas de oro; otras seis a Tona, y a Chisco doce.
+Después de la lectura de cada cláusula, miraba yo un instante al
+correspondiente legatario. Facia inclinó la cabeza y se tapó la cara con
+las manos, como si se avergonzara, en su humildad, de aquella inmerecida
+munificencia de su señor; Tona sufrió una sacudida de arriba abajo, como
+si la hubieran aplicado una descarga eléctrica; Chisco no movió pie ni
+mano ni una sola fibra de todo su cuerpo, pero se puso muy descolorido.
+Estando así los tres, prometí a Tona y a Chisco doblarles el legado por
+mi cuenta, y a Facia mejorarle también el suyo. Con esto rompieron a
+llorar la madre y la hija, y se aumentó la palidez de Chisco y hasta le
+tembló un poquitín el labio de arriba por un lado, síntomas que no había
+notado yo en él ni aun viéndole en la cueva de marras, mano a mano con
+el oso. ¡Si le calaría bien adentro la sorpresa de aquella granizada de
+onzas de oro, que era una riqueza entre los pobres labriegos de
+Tablanca! Y ¿quién sabe ni sabrá jamás si aquel temblor ligerísimo del
+labio fue amago de sonrisa de gozo, por haber visto de repente en su
+imaginación pasar en respetuoso desfile delante de él a toda la familia
+del Topero, mientras Pepazos se machucaba la cabezona, a testerazo
+limpio, contra el esquinal de su casa?
+
+Con esto se dieron por enterados los tres y tan impresionados estaban,
+que al romper a andar para apartarse de mí se hicieron una maraña y no
+acertaban luego con la puerta. Súpose todo ello muy pronto, y lo de las
+deudas perdonadas por el testador... y todo lo principal del testamento,
+porque esas cosas siempre se saben, por un poco que se cuenta y se
+declara, y otro tanto que se colige o se trasluce; elevóse por la
+candidez aldeana hasta las nubes el caudal en fincas y sonante heredado
+por mí; y con eso y la idea que se tenía de mis riquezas particulares,
+creyéronme un portento de gran señor, tan pudiente como un rey; lo que
+no contribuyó poco, en mi concepto, a afirmar y engrandecer aquel
+respeto que ya me habían consagrado como a mero sobrino de mi tío y
+continuador de la dinastía y de la obra de los Ruiz de Bejos en la
+casona de Tablanca.
+
+Bien me parecían todas estas cosas, siquiera por el lado pintoresco que
+tenían y el fondo patriarcal y sencillote en que destacaban; pero me
+parecían mucho mejor los ratos que pasaba en la intimidad de Mari Pepa y
+de Lituca, y principalmente en la de Lituca sola, porque de todo había y
+para todo daban aquellas largas horas invernizas. Mas fuera la
+conversación con la hija o fuera con la madre, o fuera con las dos a la
+vez, casi siempre comenzaba por esta tesis, u otra semejante declamada
+en altas voces por cualquiera de ellas:
+
+--Pero ¡válgame la mi Madre Santísima! ¿qué dirá usté, señor don
+Marcelo, de esta mala peste que le ha caído en la casona? ¿No le da en
+cara esta poca vergüenza con que, tras de comerle el costado derecho, le
+tenemos arrinconado en lo más obscuro y ruin, por campar nosotras solas
+en lo más pomposu, como si todo eyu fuera nuestro y no de usté? ¿No
+sería mejor que, ya que empieza la escampa, le dejáramos en paz y sin
+estorbos y nos volviéramos a la nuestra casa antes con antes?... ¡Mire
+que tiene que ver esta desvergüencería!
+
+Era de rigor que yo las atajara en estas alturas del apóstrofe con otro
+en que salían a danzar su compromiso de no abandonarme hasta pasado el
+día de los funerales; la obra caritativa que estaban haciendo mientras
+me acompañaban en mi soledad, y aliñaban y vestían el viejo y sucio
+caserón, y disponían el programa para aquel acontecimiento, tan extraño
+para mí; lo cómodo y a gusto que yo me encontraba en la habitación que
+había elegido al cederles la mía, que era la menos mala de la casa,
+aunque estaba a cien leguas de ser lo que merecían ellas; lo distraído y
+animado que se encontraba don Pedro Nolasco, y el bien que esto le hacía
+en horas tan críticas y de tanto peligro para él.
+
+Así o por el estilo, si se trataba de las dos mujeres, o estaba presente
+Neluco, o don Sabas, o ambos a la vez, porque venían por casa muy a
+menudo; pero si se trataba de Lituca sola, mano a mano conmigo, ya era
+muy distinta la sonata de mi respuesta. Yo no sé en qué diablos
+consiste; pero no parece sino que hay una ley estampada en la mente de
+todos los hombres, o una fibra de cierto temple inextinguible escondida
+en su naturaleza carnal, que les obliga a decir «cosas bonitas» a una
+mujer guapa siempre que están a solas con ella y aunque se trate de las
+ánimas del purgatorio. Pues por mandato de esa ley o de esa fibra, al
+replicar a la nieta del gigantón en sus obligadas lamentaciones, hechas
+seguramente, como las de su madre, más por broma o cumplido, o etiqueta
+a su modo, que como expresión fiel de sus deseos, ya la miraba con ojos
+picarones; después me atusaba la barba en silencio, como si me costara
+gran trabajo contener lo muchísimo y muy hondo que se me ocurría y
+acababa por soltar una andanada de «travesuras» del acervo común: si la
+estorbaba mi presencia tan continua; si echaba de menos «algo» (en este
+«algo» me refería yo a Neluco) que no andaba por mi casa tan a menudo o
+tan a tiempo como por la suya; qué haría yo por transformar en
+placenteras aquellas horas que tan pesadas le parecían... hasta que la
+pobre muchacha, ya por estas cosas que la decía, o por el modo de
+decírselas, terminaba por ponerse colorada y por exclamar, revolviéndose
+con infantil desembarazo en la silla:
+
+--¡Vaya que tiene este don Marcelo un decir de cosas y un entender de
+las que una le diz a él!... ¡La mi Madre Santísima! Pues mire: quitárame
+con eyu, la franqueza pa bromearme alguna vez... ¡Como si fuera poco el
+regalo y el mimo en que nos tiene en su casa! ¡Pues podía yo pedir
+más!...
+
+Y esta casta de réplicas solía dar ocasión a nuevos y más intencionados
+subterfugios míos, hasta que me asaltaban los remordimientos acordándome
+de Neluco... o se amparaba ella de alguno de mis libros con santos, que
+le entusiasmaban, y acudía yo entonces a explicarle las estampas para
+concluir también por donde siempre, aunque en un estilo y de modo más
+soportables.
+
+Una vez se trataba de un grabado con colores que representaba el
+interior de un teatro de París durante la representación de un famoso
+drama de gran espectáculo. Se veían el escenario y una buena parte de
+las localidades principales, llenos el uno y las otras de actores
+fastuosamente vestidos y de damas y caballeros muy engalanados. Sabía
+Lituca ya, por consejo mío, hallar la perspectiva de esos cuadros
+mirándolos por el embudo hecho con una mano; y mirando así aquel
+interior, se quedó maravillada y prorrumpió en las exclamaciones más
+extremosas. Conocía yo aquel teatro y aquel drama, y había visto a mi
+sabor la realidad de aquella pintura que tanto le entusiasmaba.
+Declaréselo, asombróse de mí tanto como del cuadro, y me apresuré a
+referirla el argumento con detalles que recordaba muy bien de sus
+escenas más culminantes y del decorado más aparatoso; y, por último, le
+di una idea del papel que hacían en la función los espectadores, del
+lujo de las señoras... y de las majaderías de los hombres presumidos,
+particularmente de los «buenos mozos». Admiróse ella de unas cosas,
+rióse de otras y me declaró, al fin, respondiendo a una pregunta mía,
+que verlo todo sin ser vista de nadie, ya le gustaría; pero estar en
+ello y ser vista de todos, aunque la asparan. Recordaba haberme dicho
+algo por el estilo, tiempo hacía (y era verdad). Tomando pie de aquí,
+continué yo explorando la calidad y el tamaño de sus ambiciones de
+mujer; y de cuadro en cuadro y de supuesto en supuesto, fui a parar a
+que en respuesta a otra pregunta mía, me dijera:
+
+--Pues con toda verdá de la mi alma, y así Dios me castigue si le
+miento: como deseos, por decir propiamente deseos de mujer moza, vamos,
+lo que yo pediría, puesta a pedir, tocante a ese particular, es una vida
+como la que ahora llevo.
+
+A lo cual repliqué yo que pedir eso, aunque poco, era pedir imposibles,
+y había que ponerse, para el punto que tratábamos, en la realidad de las
+cosas.
+
+--El tiempo no se para--añadí--, y destruye poco a poco, cuanto vive en
+él. En virtud de esa condición ineludible, llegará un día (y Dios le
+aleje mucho) en que hasta su madre de usted desaparezca de entre los
+vivos. Esta es la ley fatal de los sucesos humanos. En previsión de
+ello, o porque así lo manda otra ley que gobierna los impulsos del
+corazón del hombre... y de la mujer, a cierta edad de la vida, por
+ejemplo, a la que tiene usted ahora, se desea un apoyo a quien
+arrimarse, una compañía en que vivir, en sustitución de los que han de
+faltarnos necesariamente; la chispa que avive mañana el fuego que se
+extinga en el hogar y restablezca su calor sagrado. En una palabra,
+Lita: que hay que pensar, pensar siquiera, en casarse. Pues supongamos,
+y usted perdone la franqueza, que se trata de usted y que la llueven a
+usted pretendientes de muchas condiciones y de muchas partes; que viene
+el labriego humilde con el homenaje de su pobreza disculpada con la
+envoltura de sus honradas intenciones; que la solicita el hidalguete de
+gotera, de esos que tienen la manta de sus recursos tan ajustada a sus
+necesidades, que si tiran de ella para cubrirse el pescuezo, dejan al
+descubierto los pies; y el hacendado tosco que funda su mayor vanidad en
+haber sudado mucho el pedazo de pan que le ofrece a usted con mano
+callosa y palabra torpe... y sudando; y el abogadillo de pocos pleitos y
+con la manta del hidalguete; y así, por esta escala arriba, hasta el
+personaje que la brinda, en el mundo de donde él viene, con todas las
+tentaciones del lujo y del esplendor; vamos, con la vida que hacen las
+más encopetadas señoronas del teatro que usted acaba de ver pintado en
+ese libro. Con franqueza, Lita, ¿a cuál de esos pretendientes escogería
+usted?
+
+Durante la primera parte de éste mi razonamiento, no sabía la pobre
+muchacha dónde poner la vista, y aun se pellizcaba algo la ropa; después
+ya me miraba con los ojos muy abiertos y la boquita risueña, y por toda
+respuesta a la pregunta que puse como raya para sumar, debajo de la
+lista de los supuestos pretendientes, soltó una risotada de las más
+espontáneas y cordiales.
+
+--¿De qué se ríe usted?--preguntéla, fingiéndome un poco resentido.
+
+--¡Ni aunque fuera el caso de llorar!--me respondió cambiando de postura
+en la silla--. ¡Vaya, que es buena! ¡Pues dígole que ni estampado en un
+papel! Eso, mi señor don Marcelo, es pasarse ya del jito con más de otro
+tanto de lo justo... y no vale. ¡Vaya, vaya, que es ocurrencia!
+
+--Esto es, Lituca, poner el dedo sobre la llaga, ni más ni menos, y
+llamar las cosas por sus nombres, por más que usted aparente creer lo
+contrario para escurrir el bulto... y dispénseme la llaneza.
+
+--Pero si no ha llegado ese caso, trapacerón del diantre, ¿cómo quier
+que yo le responda?
+
+--En el supuesto de que haya llegado hice a usted la pregunta.
+
+--Pero usted sabe mejor que yo lo que va del dicho al hecho.
+
+--Es verdad que lo sé, no mejor, sino, por las trazas, tan bien como
+usted; y a pesar de ello, insisto en la pregunta, dejándonos de
+eventualidades más o menos posibles o probables y colocándonos en lo
+real y positivo y hacedero. Y así, pregunto otra vez: hoy por hoy, en
+este mismo instante, tal como usted es, tal como usted piensa y siente,
+¿a cuál de los susodichos pretendientes elegiría? ¿Con cuál de ellos
+cree usted, hoy por hoy, en este instante, que sería más feliz
+teniéndole por marido?
+
+--¡Pero, la mi Madre celeste!... ¡Mire que es tema el de este hombre de
+Satanás! ¿Cómo he de decirle yo esas cosas?
+
+--Como se dicen otras, Lituca...
+
+--Pues ya se lo dije endenantes, y bien a las claras.
+
+--Y bien a las claras respondí a usted que aquello era pedir imposibles.
+
+--Pues eso mismo pido... eso mismo deseo ahora.
+
+--Pues no concuerda esa respuesta con mi pregunta. Allí se trataba de
+vivir como ahora vive usted, y aquí se trata de vivir de otra manera muy
+distinta.
+
+--Pues llámelo hache, con todo y con ello.
+
+--No puedo ni debo llamarlo así.
+
+--¡Y dale, Jesús Señor, con la matraca! ¿Cómo quier, alma de Dios, que
+se lo diga?
+
+--En castellano corriente... por derecho... sin callejuelas de escape.
+
+--¡Por vida!...--y aquí hizo un mohín de impaciencia de los más
+hechiceros que yo he visto en mujer, y hasta se dio dos palmaditas sobre
+el regazo; después, irguiendo la primorosa cabecita y endureciendo un
+poco la voz y el gesto, añadió--: Y en suma y finiquito, ¿qué obligación
+tengo yo de declararlo, ni qué le importa a usté el saberlo?
+
+Fingí tomar en serio y como dura lección estas palabras y sólo repliqué
+a ellas para disculpar mi atrevimiento... Entonces soltó la picaruela
+otra risotada, y me dijo en un tono que revelaba el mayor deseo de
+desenfadarme, si por ventura me había enfadado yo de veras:
+
+--Pues ahora que con el susto le castigué la picardía, porque picardía
+es, y de las grandes, el sonsacar a una mujer los pensamientos que nunca
+tuvo... Pero ¡tochona de mí!--exclamó de pronto cruzando las manos y
+compungiendo la carita--. ¿Pues no me estoy jaraneando, como una boba,
+lo mismo que si no hubiera por qué llorar sin descanso en esta casa?
+¿Qué dirá usté de mí, señor don Marcelo? ¡Vaya, vaya, que otra simple
+como yo! Ya puede ver si me perdona, siquiera por no ser mía toda la
+culpa.
+
+Con esta evasiva de la muy taimada y con entrar Mari Pepa, se acabó la
+conversación. Pero no tenía duda para mí que era Neluco el móvil, el
+tipo y el regulador de todas las ambiciones de la nieta de don Pedro
+Nolasco.
+
+Entre tanto no se descuidaban un momento los preparativos para el
+funeral.
+
+Corría de cuenta de don Sabas avisar a todos los curas del Arciprestazgo
+y muchos más, si se podía; y con su dirección y con la del médico, y
+hasta con su ayuda material, escribía o firmaba yo cartas y más cartas,
+dando cuenta del fallecimiento de mi tío y de la fecha de sus honras
+fúnebres en la iglesia parroquial de Tablanca, a todas las personas de
+viso de la provincia, que, en opinión de aquellos amigos, debían de
+saberlo. Las mujeres, mientras llegaba la oportunidad de proveer la
+despensa de lo que en ella faltase, pasaban revista y recontaban,
+manoseaban y apercibían los utensilios de mesa para la «comilona» de
+aquella gran ocasión, y a los primeros amagos de desnieve salieron
+propios en todas direcciones, y, a la vez que ellos, el peatón del
+correo que se llevó en la valija los avisos que no podían distribuir los
+propios.
+
+Y como en esto alumbraba el sol ya muy a menudo, volvió la mujer gris a
+hacer de las suyas y a preguntarme a cada paso con sus ojos angustiados,
+por no atreverse a hacerlo de palabra, en qué pararía la noche menos
+pensada lo que había quedado pendiente en la de la muerte de su amo. La
+verdad es que yo, si no lo había echado enteramente en olvido, después
+de pensarlo mejor y de enlazarlo con los recientes sucesos que tan
+radicalmente habían transformado el modo de ser de aquella casa, vivía
+muy descuidado de ello, y hasta me causaba cierto ruborcillo recordar la
+importancia que había llegado a concederlo, sugestionado quizá por los
+espasmos histéricos de la pobre Facia.
+
+Respondía una vez a sus miradas hablándola en ese sentido para
+tranquilizarla mejor; mas no pude averiguar si logré lo que me proponía,
+porque desde el compromiso que había adquirido conmigo sobre la manera
+de conducirse en aquel asunto, no me dejaba traslucir la verdad de sus
+sentimientos. Pero si alguna confianza le inspiraron mis palabras aquel
+día, bien poco le duró a la infeliz; porque a la mañana siguiente, tras
+una noche de lluvias torrenciales, apareció radiante el sol en un cielo
+sin nubes, y el suelo del valle y las laderas de los montes desnudándose
+a toda prisa de sus blancas y espesas envolturas, que, convertidas en
+arroyos cristalinos y murmurantes, corrían por prados y regateras a
+sumirse en el álveo del Nansa, henchido ya hasta las malezas de sus
+bordes, entre las cuales iba dejando el río la carga de sus espumas.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+Señalado fue también de veras, ¡bien señalado!, aquel día para la casona
+de Tablanca y para el pueblo. El mismo gigantón de la Castañalera me
+aseguró que, con estar los caminos intransitables y los puertos a medio
+desnevar, habían sido aquéllos los funerales más pomposos que se habían
+celebrado en la parroquia, en cuanto podía acordarse él (y eso que la
+extensión de sus recuerdos andaba rayando con un siglo), por lo tocante,
+en particular, al número y calidad de los concurrentes forasteros. Entre
+el clero, que fue muy numeroso, acudió lo más afamado de la vicaría en
+el canto fúnebre, y, por ende, no faltó el párroco de Zarzaleda, que era
+una especialidad muy admirada, y no sin razón de fundamento, para
+entonar el _Dies irae_ con su voz atenorada y vibrante, que ponía los
+pelos de punta a los fieles más duros de conmover; y concurrieron
+también con estos párrocos muchos de sus feligreses que, sin parentesco
+ni afinidad personal alguna con el difunto, eran fervientes admiradores
+de su buena fama. Pero no fue este contingente, ni por lo numeroso ni
+por el ruido que movían sus espelurciadas cabalgaduras en las callejas
+del lugar, lo que más llamó la atención en él, sino el otro contingente,
+el de los señores que fueron llegando a la casona por todos los senderos
+de los montes circundantes. Chisco y Pito Salces ayudaban a desmontar a
+los que no traían espolique, que eran los más, y se apoderaban de sus
+caballos; Neluco y don Pedro Nolasco les salían al encuentro en la
+escalera y me los presentaban a mí después a la puerta de la salona,
+desde donde los conducía a mi gabinete, que había vuelto a ser, por
+aquel día, estrado o sala de honor, y en cuya mesa de centro había un
+agasajo de vinos generosos y bizcochos de soletilla, con el cual los
+brindaba tan pronto como concluían las salutaciones y cortesías de
+rúbrica, sin perjuicio de que llegaran luego Mari Pepa o su hija, muy
+vestidas y aderezadas ya de día de fiesta, aunque luctuosa, a ofrecerles
+algo de mayor sustancia, por si estaban en ayunas, como leche, caldo o
+chocolate... o magras de jamón con huevos estrellados; pero todos
+optaban por la copeja de vino con bizcochos, «reservándose para
+después...». «Después» era la comida del mediodía, terminados los
+funerales.
+
+Porque todos aquellos señores eran huéspedes míos, avisados con esta
+condición, y aun sin ella... y aun sin aviso ninguno. Bastaba la
+costumbre para autorizarlo; y el ser amigos de la casa mortuoria en un
+lugarejo tan desmantelado como aquél, para justificar la costumbre.
+
+De recibir y agasajar al clero, hecho a poco y mal guisado, estaba
+encargado por orden y cuenta mías, y también según otra costumbre, el
+párroco don Sabas; de los demás forasteros del montón, nadie solía
+cuidarse, y nadie se cuidó allí tampoco.
+
+Así y todo, por la condición de mis comensales, aunque relativamente
+escasos, y por lo que me obligaba la mía, era de necesidad echar el
+resto en la casona; y nadie creería a no verlo, como yo lo vi, la suma
+de desvelos y sudores que llegó a representar aquel trabajo; lo que se
+revolvió en la casa y en el lugar; las gentes que fueron puestas en
+movimiento; las leguas de camino que se trillaron por buenos andadores,
+y las horas robadas al sueño y al descanso más de una noche; y a pesar
+de ello y de las «guisanderas» a jornal que ayudaron a las mujeres de
+casa en lo más duro y comprometido de la faena, sabe Dios lo que hubiera
+resultado a la hora crítica y solemne, sin la vigilancia continua y la
+previsión y diligencia admirables de mis dos hadas bienhechoras... y la
+hermana de Neluco.
+
+Porque la ínclita matrona de Robacío estaba en Tablanca desde la
+víspera. Había llegado al anochecer con su marido, y «a las ancas». Así
+fueron a casa de Neluco; halláronla cerrada, y siguieron a la de don
+Pedro Nolasco; díjoles la mozona que servía en ella lo que pasaba, y
+torcieron hacia la casona, sin lástima alguna del pobre rocín que ya se
+quebrantaba por el lomo y estuvo a pique de gastar el último resuello al
+subir el pedregal.
+
+Al encontrarse las dos amigas en mitad del carrejo, enzarzáronse en un
+abrazo, tan íntimo y apretado, que parecía una «engarra»; se comían a
+besos, y entre beso y beso se decían las mayores atrocidades; llegó Lita
+con su abuelo, y se repitió la escena, hasta que acabó la de Robacío por
+fijarse en mí y rompió a llorar por el difunto, de tan buena gana, que
+parecía no haber consuelo para ella, mientras su marido, que ya me había
+saludado, hacía sus correspondientes pucheros, y se enjugaban los ojos
+con los delantales Lita y su madre, que eran de suyo muy tiernas de
+corazón y pegajosas de las lágrimas. Acabóse el estrépito, por la virtud
+de un conjuro mío, con la misma rapidez con que se había desatado, y nos
+fuimos hacia la salona todos juntos y en santa paz, aunque no en
+silencio. Al llegar Neluco, otro estampido de su hermana, que no cerró
+boca en toda la noche ni quiso salir de la casona desde que supo el
+trajín que había en ella. Cabalmente se perecía por esas cosas, y la
+mataba la quietud. Por otra parte, los caminos no estaban muy
+apetecibles que dijéramos, para que una mujer de sus carnes se
+aventurara a pisarlos de noche sin una gran necesidad; amén de que ella
+no había de causar apuros ni extorsiones en la casa, porque bien sabía
+Mari Pepa que, en juntándose las dos, siempre hacían «cama redonda».
+
+De este modo y por aquellos motivos durmió allí, y se fueron solos,
+después de cenar, su marido y Neluco a casa de éste.
+
+Los primeros que llegaron al otro día bien temprano fueron dos parientes
+de la que fue mujer de mi tío Celso, de los Sánchez del Pinar, de
+Caórnica, a orillas del Saja. Eran el uno muy alto y el otro muy bajo:
+los dos de espesas patillas grises; poco risueños ambos y nada locuaces.
+Les daba vergüenza--así me dijeron por entrar--visitarme y ofrecerme sus
+respetos por primera vez en ocasión tan triste; pues encerrados en su
+valle, del que no salían jamás sin un motivo de gran monta, un poco por
+ignorancia de los sucesos y otro poco por la maña de «dejar negocios
+para otro día...». En fin, allí estaban para que dispusiera de ellos a
+mi comodidad, como podía disponer de otros comparientes de allá, que no
+les habían acompañado, quién por falta de salud, quién por la de
+cabalgadura. Todos tuvieron en mucho a don Celso y le fueron muy
+adictos, aunque le molestaron poco.
+
+Sin acabar de sentarse apenas estos personajes, apareció en la salona
+otro cuyo aspecto me sorprendió mucho. Era alto, más que el de Caórnica;
+de luenga y puntiaguda barba blanca, moreno de color, de nariz muy
+prominente y aguileña, ojos pequeñitos y verdes y cejas erizadas y
+blanquísimas; la cabeza cubierta con un alto gorro cilíndrico de piel de
+nutria, y todo el cuerpo, hasta los pies, con un capotón de paño
+ceniciento. Parecía un mago. Se quitó el gorro y se despojó del capote
+en cuanto se encaró conmigo, y dejó al descubierto un matorral de pelos
+blancos, recios y apretados, y un vestido de anticuada forma con
+relación a los figurines vigentes, de buen paño, sí, pero muy
+descolorido ya. Aquel hombre venía de los precipicios del Deva, y
+resultó ser el famoso don Recaredo, de quien yo tenía muchas noticias
+por mi tío; hidalgo de rancio solar, célibe impenitente, afamado cazador
+de fieras, y de grande y merecido influjo en toda su comarca; bien
+relacionado con los hombres del ajetreo político de la capital y
+sucursales de ella; muy solicitado de aspirantes a la representación en
+Cortes del distrito, en épocas de lides electorales... y primoroso
+carpintero de afición, única bien arraigada que se le conocía y con la
+cual entretenía las soledades y holganzas de su vida en el viejo caserón
+que habitaba.
+
+Detrás de don Recaredo llegaron de un golpe, por haberse juntado unos en
+el camino y todos a la puerta de la casona, hasta cinco pudientes, más o
+menos ligados a ella por parentesco lejano o amistad antigua, de las
+orillas del Nansa, aguas arriba y aguas abajo.
+
+Enseguida de éstos, aparecieron en la salona otros dos personajes de
+gran cuenta, que me impusieron mucho por su apostura y atalajes, tan
+diferentes de todo lo que se usaba por allí y de lo que a la sazón me
+rodeaba.
+
+Eran nada menos que el ilustre caballero don Román Pérez de la Llosía y
+su yerno don Álvaro de la Gerra. Iban desde Santander, donde residían, y
+habían hecho el viaje en dos jornadas. La verdad ante todo: yo, que
+hasta entonces dominaba la escena con el desembarazo que da la
+conciencia de «valer más» en la escala de la educación y de la cultura
+intelectuales, al verme enfrente de aquellos dos concurrentes de tan
+distinguido y elegante porte, sentí que se me bajaban mucho los humos de
+la chimenea, hasta en lo de llevar bien la ropa, particularmente en lo
+que tocaba la comparación con el apuesto y correctísimo yerno del
+señorón de Coteruco. Me vi bastante torpe para expresarles la gratitud
+que les debía por aquel acto tan honroso para la memoria de mi tío, y la
+satisfacción de que me sentía poseído al estrechar las manos de unas
+personas de quienes tantas y tan grandes noticias tenía yo desde que
+había llegado a Tablanca. Recuerdo que este fue el tema de mi respuesta
+a las salutaciones corteses de los dos caballeros; pero no lo que dije.
+De lo que estoy seguro es de haberlo dicho muy mal. Valga la verdad.
+
+Sin darme tiempo para preguntar a don Román (con lo que me evité,
+probablemente, la comisión de una gran impertinencia) a qué altura
+andaban sus propósitos de vuelta a Coteruco, apareció en escena otro
+personaje de los de primera talla, y al cual abracé con verdadera
+efusión de mi alma: el perínclito señor de la Torre de Provedaño, que
+para llegar a la hora que llegaba, como don Recaredo para ir desde los
+riscos del Deva y los de Caórnica desde su valle, había necesitado andar
+de noche la mitad del camino, ¡y qué camino! Así llegaba él, con la cara
+echando lumbres y los labios contraídos entre las barbas erizadas y los
+bigotes con carámbanos. Lo que había pasado antes entre el que llegaba y
+los presentes, por conocerse todos de trato, o de nombre cuando menos,
+pasó allí entonces; pero con la notable diferencia de que al reparar el
+de Provedaño en el de Coteruco, no acabó todo ello en el apretón de
+manos afectuoso o en los familiares y mutuos palmoteos en la espalda,
+sino que conmovidos y anhelantes uno y otro, sin decirse una palabra, se
+abrazaron tan estrechamente, que parecían no acertar a separarse.
+Después le tocó el turno a don Álvaro, con quien no tenía tanta amistad
+el de Campóo como con su suegro; y arreglada a esta ley fue la expresión
+de su saludo.
+
+Para muy poco más que estos cumplidos me dio el tiempo, porque aún no
+habían vuelto a sentarse la mitad de las personas allí presentes, cuando
+vino recado de don Sabas de que todo estaba pronto en la iglesia y que
+se nos aguardaba. Como ya eran muy cerca de las diez y no duraría el
+funeral menos de dos horas, y los forasteros habían de volver a sus
+hogares después de comer en el mío, y las tardes eran muy cortas, nos
+pusimos en marcha inmediatamente, acompañándonos Neluco y también su
+hermana y Mari Pepa, muy enlutadas. Al viejo Marmitón no le permitimos
+salir de casa. Para disponer la mesa y dirigirlo y ordenarlo todo, se
+quedó Lituca que se pintaba sola para ello y otro tanto más. También se
+quedaron Chisco y Pito Salces con otros dos mozones de mi confianza,
+bien advertidos por mí de muchos cuidados, particularmente el de la
+vigilancia, no sé si porque me salió espontáneamente de adentro la
+ocurrencia, o porque me la inspiró una mirada elocuentísima de la mujer
+gris, al ver cómo iba a quedarse la casona, sin nosotros, indefensa y
+punto menos que vacía.
+
+Andando ya hacia la iglesia, vimos aparecer de pronto, sobre la jiba del
+pedregal, un hombre alto y fornido, de hermosa cabeza, envuelto entre un
+chambergo de anchas alas y una barba gris; venía a cuerpo con un
+chaquetón pardo, y los pantalones, del mismo color, arremangados sobre
+unos borceguíes de recia suela y muy embarrados. Traía las manos metidas
+en los bolsillos del chaquetón, un garrote pinto y nudoso debajo del
+brazo izquierdo, y en la boca una pipa ahumando.
+
+El primero que le conoció fue el señor de Provedaño, que iba de los más
+delanteros entre nosotros. Se detuvo un instante para mirarle con la
+mano de canto sobre la frente, y se detuvo también el otro con los ojos
+sombríos e imperturbables clavados en él. Parecían dos leones. No les
+faltó más que olerse. Después se acercaron más, y se estrecharon las
+diestras con recias sacudidas. Entonces me parecieron dos robles gemelos
+de la montaña estremecidos por el soplo de una misma ráfaga. No sé lo
+que se dijeron, ni si se dijeron algo. ¿Para qué? En estas dudas vi a
+don Román Pérez de la Llosía salir como una flecha, de entre los más
+rezagados del grupo que bajaba, hacia el hombre que subía, y que éste,
+al notar que se le acercaba el de Coteruco, desprendió su diestra de la
+del campurriano, y se quitó con ella marcialmente el chambergo,
+descubriendo así la frente espaciosa y blanca, sobre la cual parecía
+reflejarse el rayo de luz que lanzaron entonces sus ojos. No he visto
+jamás actitud de hombre más varonil, más noble ni más hermosa. Pero don
+Román no se anduvo en chiquitas, y quieras o no, le estrechó entre sus
+brazos. Su yerno hizo lo mismo enseguida. Después se adelantó don
+Recaredo y le tendió la mano. A todo esto, flotaba en el aire el nombre
+de «don Lope» pronunciado por muchas bocas; y con ello y lo que yo sabía
+por la historia de los descalabros de don Román en su pueblo, narrada
+minuciosamente por mi tío varias veces, di por conocido el personaje; y
+no me equivoqué, pues a los pocos momentos me lo trajo de la mano el
+señor Pérez de la Llosía y me dijo presentándole:
+
+--Mi mejor amigo y el más noble convecino mío de Coteruco, don Lope del
+Robledal. Viene a Tablanca para ofrecerle a usted personalmente toda la
+amistad y respeto que le merecieron las virtudes de don Celso, y a rezar
+por su alma en los funerales de hoy.
+
+Correspondí con la mayor cordialidad y como mejor pude a aquellos nobles
+ofrecimientos; supo él adónde íbamos por allí; y sin querer aceptar un
+momento de descanso, que no necesitaba, retrocedió y se fue camino de la
+iglesia con nosotros... digo mal, con don Román solamente, pues le tomó
+éste por su cuenta desde luego, apartándose un buen trecho de los demás,
+que nada hicimos por acercarnos a ellos, respetando la santa avidez con
+que el noble expatriado de Coteruco aprovecharía aquella providencial
+ocasión de saber algo más de lo que sabía sobre el estado de cosas de su
+pueblo nativo, aunque fueran extraídas con la ganzúa de sus ansias de
+aquel arcón de cuatro llaves. Mientras tanto, don Álvaro de la Gerra fue
+trazando nuevos y curiosísimos rasgos del carácter, original hasta lo
+increíble, de aquel hidalgo montañés.
+
+Así llegamos a la iglesia, en la que no hubiéramos logrado penetrar sin
+salir, como salieron de ella, parte de los que estaban dentro, los
+cuales apenas cabían después en el soportal, que también estaba atascado
+de gente.
+
+La duración de los oficios no bajó un minuto de las dos horas
+calculadas; y cuando volvimos a la casona los que de ella habíamos ido a
+la iglesia, más el extraño don Lope que quería volverse a Coteruco desde
+allí, y se hubiera vuelto sin la intervención de don Román, único entre
+todos nosotros conocedor de los resortes por que se regía aquel carácter
+excéntrico, ya estaba la mesa preparada con todas las grandezas de
+abolengo..., y algo más que se había podido adquirir, hasta en las casas
+de los amigos, como don Pedro Nolasco y el médico. Porque pasábamos de
+docena y media los comensales, entre propios y extraños.
+
+En otro tiempo me hubiera dado un accidente en presencia del _menú_ de
+aquella comida, cuanto más de la comida misma, porque fue verdaderamente
+espantable aquel llegar a la mesa (conducidos por Facia y por su hija,
+sofocadas por el trajín y relucientes de pellejo) de pilas de potajes
+con metralla de embutidos; de rimeros de pollos patas arriba entre
+lagunas de grasa; de solomillos enroscados; de magras con huevos duros;
+de carne en toda suerte de guisos; de patos rellenos de salchichas y de
+lomo, y tras ello, los flanes como ruedas de molino, y las natillas y el
+arroz con leche, poco menos que a calderadas. No entendían el rumbo de
+otro modo las mujeres que lo habían manipulado; y así me expliqué yo
+perfectamente sus afanes y desvelos, y las gentes y las cosas que habían
+movido y removido en la casa, en el lugar y fuera de él, de tres días a
+aquellas horas.
+
+El peso de la conversación, durante la comida, le llevaron el señor de
+Provedaño y don Román. Como era propio y natural, se comenzó por el
+elogio del difunto y de sus cosas geniales; igual que en la cocina,
+salvo el lenguaje y el estilo. Entre Neluco y yo, suministramos los
+solicitados pormenores acerca de su enfermedad y de su muerte... y saltó
+de golpe lo que yo veía venir rato hacía, y me extrañaba que no hubiese
+saltado antes en la conversación: el punto de continuar yo allí la obra
+benéfica de mi tío. Aquí se calló don Román como un muerto, y me dijo el
+insigne campurriano, después de aplaudirme los buenos propósitos
+declarados por mí de poner todos los medios para lograr tan grandes
+fines, que si me decidía, en mis procedimientos, a servir a mis
+protegidos el vino viejo en odres nuevos, cosa que él no desaprobaría,
+lo hiciera con sumo tacto, «porque--concluyó--, hermosa es la luz; pero
+no hay que abrir de repente todas las ventanas a los que han vivido a
+oscuras por achaques de la vista; pues hay que temer las locuras que
+entran por los ojos deslumbrados». A esto ya no pudo callarse don Román,
+y expuso el ejemplo de la caída de Coteruco, en demostración de lo
+afirmado por su amigo. Enderezada la conversación por estos carriles,
+nos habló de lo que le costaba aclimatarse a la vida de la ciudad: no
+podía con ella un hombre como él, nacido para respirar el aire
+oxigenado, puro, de la Naturaleza, y necesitaba también la presencia y
+hasta la compañía de aquellos hombres rústicos, aun con sus
+ingratitudes. El recurso de dejarlos a solas con su pecado, había
+producido muy buenos frutos. Poco a poco se habían ido levantando de su
+caída, y ya le echaban de menos. Esto le consolaba y le satisfacía; y si
+no había vuelto ya a Coteruco, era porque quería hacerse desear un poco
+más, para asegurar mejor la curación de sus «locos». Desgraciadamente no
+participaban sus hijos de aquéllas sus ilusiones, porque tenían otros
+gustos muy diferentes; pero todo podía arreglarse con algún sacrificio
+de cada cual. Entre tanto, distraía sus impaciencias con los hechizos de
+una nietecilla que Dios le había dado, y era la criatura más hermosa que
+había nacido de madre. Andábase a la sazón en proyectos de llevarla a
+Sotorriba, para que la conociera su otro abuelo, don Lázaro, cuyos
+achaques le impedían salir de casa.
+
+Alguien preguntó allí si era verdad que don Gonzalo González de la
+Gonzalera se había quedado memo y pobre a consecuencia de disgustos y
+despilfarros domésticos, pero no obtuvo respuesta la pregunta, porque
+apareció de golpe y porrazo en la salona un nuevo personaje que comenzó
+por decir que ni por haber rodado tres veces por los suelos y casi
+reventado la tordilla en sus ansias de correr, había podido llegar
+antes. ¡Así venía el infeliz de embarrado y descosido de pies a cabeza!
+Era un hombre de buena edad, estampa agradable... y juez municipal de su
+pueblo: de aquél muy empingorotado en que había conocido yo a uno de mis
+consanguíneos de Promisiones, yendo con Neluco a la Torre de Provedaño.
+El caso era que, al ir a montar muy de mañana para acudir a los
+funerales de mi tío, le habían entregado un oficio del juez de primera
+instancia, obligándole a practicar unas diligencias que le entretuvieron
+cerca de dos horas... todo respecto a la «trigedia» del día anterior,
+que yo debía conocer, y para eso, la verdad fuera dicha, para que la
+conociera venía él principalmente.
+
+Hicímosle sitio en la mesa, previne a Facia que le fueran sirviendo
+desde la sopa de fideos inclusive; y mientras salía Tona y se quedaba su
+madre cambiando platos y retirando sobras destrozadas de guisotes, y
+todos le prestábamos grandísima atención, refirió él que bajando un
+pastor de su invernal, recién empezado el desnieve, a campo travieso,
+porque apretaba el frío y corría mucho una nube negra por mala parte y
+peor camino, se paró un instante, para echar una yesca y encender la
+pipa, a la misma boca de un covachón, conocido de muy pocos, por estar
+fuera de senda frecuentada, como a la mitad de distancia, por el atajo,
+entre Tablanca y el pueblo del relatante, pero en término municipal de
+éste. Parado allí el pastor y dale que te pego con el canto de la
+navaja, porque no chispeaba bien la piedra o no era la yesca de lo
+mejor, observa que le da en la nariz un «jedor» que tumbaba de espaldas.
+Mira aquí y olfatea allá, nota que el jedor sale de la cueva; tiéntale
+la curiosidad, entra, y en un recodo muy ancho, hacia la derecha, ve
+tres hombres tendidos a la larga, boca arriba, tiesos y casi amontonados
+unos sobre otros, muertos los tres y arrimados a una piluca de ceniza y
+tizones apagados. Espántase, huye de allí; y por ser el más cercano,
+según su cuenta, da en el pueblo del narrador y refiere lo que ha visto.
+Acude éste allá por su cargo, acompañado en debida forma, y resulta
+verdad lo denunciado por el pastor. Tres eran, en efecto, los cadáveres,
+y de personas bien conocidas en el lugar, y bien pertrechados iban de
+armas de fuego... y hasta de cuerdas y navajas. Sin duda los sorprendió
+allí el temporal de nieve, desde que comenzó, y perecieron de hambre y
+de frío... por decreto de Dios que conocía sus malas intenciones. Era el
+uno un peine que se titulaba ingeniero y decía andar en busca de una
+mina de oro, meses hacía ya, con su vestido harapiento, sus greñas y su
+barba silvestre y su costurón en la cara, que le partía un ojo y la
+mitad de la nariz.
+
+Aquí se oyó un estrépito infernal de platos hechos trizas, y un grito de
+Facia a quien se le habían caído de las manos como una docena de ellos.
+La miré entonces y la encontré mirándome a mi con ojos espantados y el
+color de la muerte en la cara. Díjele con los míos que no cometiera una
+indiscreción; entendióme, y la añadí de palabra y sonriéndome que no era
+el estropicio aquél motivo para que se asustara tanto, aludiendo a los
+platos rotos, mientras Tona arrimaba al del juez municipal dos medias
+fuentes bien colmadas de potajes, algo pasmadona por lo que había
+pescado del relato, pero seguramente más por el desastre de la vasija,
+que había arrancado el grito a su madre.
+
+Vuelto el relatante a su historia después de este incidente, y viendo yo
+que, por respeto a mí, sin duda, andaba con repulgos y melindres para
+declarar en neto castellano quiénes eran los otros dos muertos,
+apresuréme a decirle:
+
+--Sé perfectamente de quiénes se trata, y quiero evitar a usted la
+repugnancia de declararlo delante de mí: se trata de dos parientes míos;
+de los dos hidalgos de Promisiones. Con uno vivía el ingeniero ese del
+chirlo, en su pueblo de usted: los vimos juntos Neluco y yo al pasar por
+él, yendo a Provedaño. Según noticias de buen origen, esperaban entonces
+de un día a otro al hermano que faltaba de aquel mi pariente (que, por
+lo visto, llegó a tiempo) para dar el último golpe en la explotación de
+la mina de oro puro que había descubierto el lince de las barbas
+silvestres. En buena justicia, tenían los tres más que merecido el palo,
+en el que hubieran muerto a no morir de ese otro modo. Conque ya ve
+usted si tengo hasta motivo, por lo que a mis parientes toca, para
+alegrarme de que hayan acabado así, como cualquier hombre de bien.
+
+Declaró el preopinante que era la pura verdad todo cuanto yo había
+dicho; añadió en respuesta a una pregunta que alguien le hizo, que el
+hombre del chirlo en la cara había vivido en el lugar con el nombre,
+indudablemente supuesto, de Pedro González que constaba en su cédula
+personal, y que con ése se le había registrado, ya muerto, en el libro
+correspondiente; alegréme yo de ello, y de seguro se alegraría Facia,
+que lo oía, mucho más... y se acabó aquella conversación sin meternos en
+otra nueva, porque se había acabado también la comida, apremiaba el
+tiempo y tenían mucho que andar los comensales forasteros para volver a
+sus hogares los unos, y los otros para terminar su jornada. Porque
+resultó que don Recaredo aprovechaba la ida a Tablanca para despachar un
+negocio, pendiente de ese paso año y medio hacía, en un pueblecillo del
+Nansa, aguas abajo, y el insigne campurriano tenía también sus
+quehaceres de urgencia en la capital, por lo que se le llevaron consigo
+don Román y su yerno. Desapareció sin saber cómo don Lope; fuéronse,
+mientras seguía comiendo todo cuanto le ponían delante el juez municipal
+susodicho, los dos desiguales de Caórnica y los cinco pudientes del
+Nansa, aguas arriba y aguas abajo de la casona; acabó, al fin, de comer
+el que quedaba comiendo, y marchóse igualmente, y bien repleto, a su
+lugar...
+
+Al otro día, muy temprano, se largaron a Robacío la hermana y el cuñado
+de Neluco; y pocas horas después, ¡ay! me abandonó también toda la
+familia del gigantón de la Castañalera.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+¡Y aquélla fue la más negra para mí! La de verme solo en los ámbitos
+enmudecidos y yertos de la casona, alcázar de mi flamante y patriarcal
+señorío, en el pobre terruño de «mis mayores». Todo me resultaba ancho,
+todo me sobraba allí y todo se me venía encima, como si estuviera
+edificado en el aire, desde que se había vuelto a sus hogares la familia
+del viejo Marmitón. Porque con la presencia continua de unas mujeres tan
+animosas y alegres como aquellas dos, más el trajín en que anduvieron
+empeñadas y el entrar y salir de tantas y tan distintas gentes en los
+últimos días, no había podido conocer yo en su verdadera magnitud el
+vacío que dejaba en la casona la muerte de su venerable habitador y
+dueño, que, vivo, la llenaba toda, y era además el lazo que me amarraba
+a ella con la fuerza de mi compromiso, fundado principalmente en la
+consideración de lo que él estimaba el regalo de mi compañía.
+
+Venían a menudo a verme el Cura don Sabas y Neluco, y pasaban conmigo
+largos ratos; continuaba la tertulia de la noche muy concurrida y
+animada; presidíala yo con la mayor asiduidad, y hacía de tripas corazón
+para creerme muy divertido en ella, o para darlo a entender delante de
+aquellos rústicos y buenos tertulianos; ocupábame a ratos en despachar
+mi correspondencia o en arreglar los papeles y cuentas de la
+testamentaría; hablaba con Facia y me complacía en ver cómo, creyéndose
+ya, en virtud de las noticias traídas por el juez municipal de marras, y
+de mis subsiguientes reflexiones, libre para siempre de la cruz que
+tanto la había oprimido, y dando por guardado en el fondo de una
+sepultura el secreto de lo que podía ser afrenta para su hija, iba la
+pobre mujer tornando a la vida, y recobrando poco a poco las extenuadas
+fuerzas de su espíritu, llorando y rezando a la vez por el hombre
+desventurado, muerto con el alma manchada de negras intenciones, tras
+una vida azarosa y criminal; gozábame también en descifrar en el
+impenetrable continente de Chisco ciertos confusos caracteres que
+delataban en los adentros de su pechazo un regocijo manso y profundo
+desde la herencia de la «pilá de onzas», y en tirarle de la lengua para
+saber cómo andaba desde entonces en sus tratos y amistades con la
+familia del Topero, el cual, según mis noticias, se había humanizado
+mucho con él y hasta «le echaba memoriales con los ojos» y aun con
+algunas indirectas demasiado insinuantes; interesábame de veras Pito
+Salces, que andaba amurriadote y receloso temiendo que hubieran cambiado
+las buenas disposiciones de Tona hacia él desde que era rica por su
+madre, y hasta por sí propia, tomando el pobre por desdenes el pasmo,
+muy natural, en que cayó la mozona en aquellos días de lances gordos;
+salía de casa algunas veces para ventilar un poco las ideas y estirar
+los miembros entumecidos, aunque hallaba siempre el suelo como una
+esponja encharcada, y frío el sol que iluminaba el valle, mientras me
+segaba las barbas el ambiente que no apagaba una cerilla, y tenía que
+volverme a mi agujero sin haberme atrevido a descender el pedregal por
+donde querían conducirme los impulsos de mi necesidad de departir con
+alguien que me comprendiera; tramábala con Chisco después, o con el
+primero que se me pusiera por delante, y, en fin, hasta procuraba,
+siguiendo las enseñanzas bucólicas de Neluco, descender con mi razón,
+más luminosa, a las tenebrosidades de aquellos hombres para hallar el
+nivel apetecido y con él el prometido deleite; pero aun así, me sobraban
+horas y horas eternas de soledad y de silencio en aquellos páramos
+envejecidos y negros en que resonaba el eco de mis pasos febriles como
+si los diera bajo las bóvedas sombrías de un calabozo; y por donde
+quiera que la mirara, aquella mi labor heroica para hacer la vida más
+llevadera no venía a ser otra cosa que labor de encarcelado, hasta con
+el tenaz, profundo y tentador deseo de escaparme.
+
+De escaparme sí; porque había vuelto a imponérseme esta idea, no como la
+primera vez que la sentí pasando por mi cerebro como una ráfaga, sino
+como un prurito irresistible que iba desbaratando por momentos la obra
+de mi aclimatación, casi a punto de terminarse ya. Parecíame la fuga una
+verdadera canallada; pero los cuerpos abandonados en el aire, caen por
+su propia gravedad; y así me sentía yo caer, roto, con la muerte de mi
+tío, el vínculo que más me ligaba a la casona. Cierto que me quedaban
+las ligaduras de un compromiso solemnizado tantas veces y delante de
+tantas y tan distintas personas; pero también era verdad que a ese
+compromiso le había puesto yo la limitación de «en cuanto me fuera
+posible», y que, suponiendo que llegara a ser capaz de penetrar la obra
+de mi tío para trabajar en ella, mi trabajo no sería continuo ni a cada
+hora, ni siquiera de cada día, al paso que la tediosa realidad que me
+asfixiaba era continua, perenne, de todos los momentos.
+
+Luchando sin cesar entre estos impulsos empecatados y las repugnancias
+de mi conciencia de hombre formal, hubo ocasión en que me reí de mí
+propio, viéndome discurrir con el criterio de un colegial mal avenido
+con su encierro. ¡Qué cosas se me ocurrían para justificar una escapada,
+con promesa de volver y propósito de no cumplirla!
+
+Serenándome después y dando mayor altura a mis pensamientos, detúveme a
+considerar el valor de los buenos frutos que había conseguido con el
+trabajo de mis propias observaciones, y el ejemplo y la predicación, más
+o menos directa, de mi tío, de Neluco, del señor de la Torre de
+Provedaño, sobre todo, y de otras muchas personas de gran monta; y
+entonces me avergoncé de haber pensado como pensé para sacudir la carga
+de mis tristezas.
+
+Colocado en este terreno, pronto comprendí que lo que yo necesitaba
+desde luego y con urgencia para salir airosamente del conflicto, era
+adquirir otras ligaduras con qué sustituir las quebrantadas por la
+muerte; otro vínculo nuevo que me uniera a Tablanca, ya que no tan
+estrechamente como lo estuvo mi tío, hasta el punto, cuando menos, de
+que dejara la casona de ser cárcel para mí.
+
+Bueno. Pero ese vínculo ¿dónde hallarle? ¿de qué casta era?... ¡Quién
+sabe los espacios que recorrí entonces con la imaginación enardecida y
+visionaria! En este viaje veloz y disparatado no hallé momento de
+tranquilidad ni de reposo, porque todo me parecía mal para hacer un alto
+de respiro... hasta que di en la más peregrina de las ocurrencias. Pero
+ya tenía siquiera una hipótesis en que detener el discurso fatigado.
+Pues a ello, y con toda la minuciosidad escrupulosa de quien, como yo,
+medita en asunto tan grave como aquél por vez primera en su vida. Elevé
+los pensamientos por encima de las enriscadas barreras del valle, y le
+llevé lejos, muy lejos de Tablanca; cerré los ojos, acudí a los
+repuestos de la memoria, y fui extrayendo de ella una verdadera legión
+de imágenes, a las que hice desfilar después, una a una, por delante de
+mí. Cuando hubo pasado la última figura de esta bizarra procesión, volví
+con el pensamiento a las montunas realidades de Tablanca... y me llevé
+las manos a la cabeza, como quien se percata de que ha estado colmándola
+de disparates para obtener ideas salvadoras. Apagué la linterna de mis
+cavilaciones y, ¡oh sorpresa!, con el último rayo de su luz vi pasar
+rápidamente por los términos ofuscados de la imaginación, una nueva e
+inesperada imagen que parecía llevar en sí la virtud de resolver todas
+las dificultades del conflicto. Pero... Y acabé por hacerme cruces y
+echarme a reír.
+
+Riéndome estaba aún cuando entró Neluco.
+
+--Así me gusta verle a usted--me dijo--, y no con la triste catadura de
+estos días atrás.
+
+--Pues a ella volveremos, amigo Neluco--le respondí--, si Dios no hace
+el milagro que le pido.
+
+--Sin embargo, usted se reía ahora...
+
+--La risa del conejo...
+
+--No insisto--repuso el médico--, porque no quiero que me tenga usted
+por imprudente; pero le aseguro que, sin ese temor, más de dos veces le
+hubiera preguntado, en estos últimos días, por los motivos de un
+desaliento que no ha podido usted disimular.
+
+Despertaba esta declaración de Neluco la idea, no dormida enteramente en
+mí, de confesarme con él, como Facia se había confesado conmigo. Podía
+esperar mucho de los consejos de su experiencia, y, en último caso, el
+alivio que da en las apreturas del ánimo el recurso de departir sobre
+ellas con un amigo de buen entendimiento.
+
+--Precisamente--le respondí armándome de resolución--, tenía yo grandes
+deseos de echar un párrafo con usted sobre los mismos particulares.
+Conque, ahora o nunca.
+
+Cerré la puerta de mi gabinete, sentámonos los dos con la mesita entre
+ambos, y comencé a hablarle de esta manera:
+
+--Ha de saber usted, amigo Neluco, que desde que volvieron a reinar el
+orden y el silencio en esta casa, después de muerto y sepultado mi tío,
+yo no sé en qué invertir las horas que me sobran dentro de ella... Me
+parecen interminables, no veo el modo de mejorarlas y me asusta lo
+porvenir con una perspectiva semejante. Esta es la verdad de lo que me
+sucede; le tengo a usted por buen amigo, y a usted se la declaro.
+
+--¿Para qué?--me preguntó el médico, muy serenamente, después de
+contemplarme en silencio unos instantes.
+
+--Por lo pronto--le respondí--, para que usted la conozca, y después,
+para que, si lo tiene a bien, me ayude con su autorizado consejo.
+
+--¿A qué?--volvió a preguntarme con la misma serenidad de antes.
+
+--¡Pues me gusta la ocurrencia, caramba!--exclamé yo un tanto picado por
+aquel modo de acorralarme, que se parecía mucho a una broma algo
+pesada--. ¿Qué se entiende aquí por ayudar a un hombre que perece en el
+fondo de un precipicio?
+
+--Perdone usted--replicó el médico--; pero o yo no estoy en mis cabales,
+o el caso que me cita por ejemplo, no es aplicable enteramente al caso
+particular de usted. El que se halla en el fondo de un precipicio, no
+puede tener otro deseo que el de salir y alejarse de él; y a usted, en
+la situación en que hoy se encuentra, se le puede servir de dos maneras:
+ayudándole a salir de ella, o trabajar para hacérsela soportable y hasta
+divertida. Ahora usted dirá de cuál de estos dos extremos se trata.
+
+--Del que mejor le parezca a usted--le dije--, o de los dos juntos... En
+fin, póngase usted en mi caso, y hábleme con franqueza.
+
+--Pues con franqueza le digo--repuso el médico que no me extraña lo que
+le sucede a usted. Lo esperaba... Entendámonos: esperaba que muerto don
+Celso y solo usted en su casa, había de parecerle ésta más grande, más
+negra y más triste que antes, y el tiempo que pasara en ella, muy largo
+y enojoso. Nada más natural en un hombre de los gustos, de la educación
+y de los antecedentes mundanos de usted. Lo que no esperaba es que
+llegaran sus desalientos al extremo a que, por lo visto, han llegado...
+Pues mire usted, señor don Marcelo: ni por cortesía siquiera le aconsejo
+a usted que, para distraer su fastidio, se largue enseguida de Tablanca;
+consejo que, o yo no sé leer fisonomías o es el que más había usted de
+agradecerme. Y no se le doy, porque estoy segurísimo de que si se
+largara usted en la situación de ánimo en que se encuentra ahora, no
+volvería por acá en todos los días de su vida.
+
+--Hombre--respondí yo cogido por la mitad de lo cierto--, eso es mucho
+decir.
+
+--Ni más ni menos que lo justo--replicó el médico--, porque es la pura
+verdad; y usted no puede ni debe hacer eso, aunque echemos en olvido
+cierta promesa y hasta lo solemne de la ocasión en que fue ratificada;
+porque usted nada tiene que hacer en ese mundo que le tienta, y aquí sí;
+porque allá--y dispense la franqueza--, a pesar de sus merecimientos
+personales, no pasaría de ser uno más en el montón de los anónimos, y
+aquí desempeñaría un papel mucho más lucido, no por el relumbrón de su
+jerarquía, sino por la condición benéfica del cargo. Nada de esto quiere
+decir que esté usted obligado a sepultarse aquí perpetuamente: al
+contrario, yo sería el primero en aconsejarle que no lo hiciera; que de
+vez en cuando traspusiera esas cumbres para echar una cana al aire, bien
+seguro de que esas correrías, hechas por un hombre del entendimiento y
+de la cultura y de los caudales de usted, habían de lucir al fin y al
+cabo en beneficio de este valle. Mas para llegar a ese extremo, es
+decir, para que pueda yo excitarle a que se vaya, es preciso asegurarle
+aquí antes con algo que le sirva de cebo para volver, por natural y
+espontáneo movimiento de su corazón... En una palabra, tiene usted que
+aclimatarse de nuevo a esta casa y a esta tierra, y a estos hombres,
+tales y como habían llegado a parecerle, a la muerte de su tío don
+Celso.
+
+--Pero, hombre de Dios--exclamé yo aquí--, si precisamente es ése mi
+dedo malo; si todo eso que usted me dice parece pensado con mis propios
+pensamientos y dicho con mi propia lengua; si yo no deseo otra cosa que
+apegarme a este terruño y cogerle todo el amor que usted le tiene; pero
+¿cómo? ¿con qué? Este es el caso. Vivo mi tío, la obligación, convertida
+en gusto ya, de acompañarle, me entretenía, y con ello, todo cuanto le
+rodeaba; muerto él, me falta aquel recurso poderoso, me pierdo en el
+vacío de esta casa, y me abruman las eternas horas que paso en ella
+buscando la manera de abreviarlas. Continuar su obra benéfica.
+Enhorabuena. Esto es fácil y hermoso de decir; pero es muy vago y no
+resuelve nada, y lo que yo necesito es algo más concreto, más práctico y
+del momento. Si se tratara, verbigracia, de cortar camisas para los
+pobres o de enseñar la doctrina a los muchachos, yo me pasaría los días
+enteros manejando, las tijeras o injiriendo el Padre Astete en las
+cabezas de estos motilones; pero no se trata de eso ni de cosa parecida:
+la obra de mi tío no da qué hacer a cada instante ni a cada hora.
+
+--¿Cómo que no?--interrumpióme Neluco--. ¿La conoce usted a fondo por si
+acaso?
+
+--No, señor--le respondí.
+
+--¿Y le parece a usted--añadió--poco entretenimiento el de estudiarla de
+ese modo, no sólo para conocerla, sino para mejorarla? Porque a usted le
+hemos de exigir también--prosiguió el mediquito bromeándose--, que la
+mejore, y la mejorará seguramente.
+
+--Santo y bueno--dije yo siguiendo el tono que me daba Neluco--: la
+mejoraré si ustedes se empeñan. Pero--añadí formalizándome de veras--,
+ese estudio que me recomienda usted, hasta para entretenimiento de las
+horas de estos días, ¿cómo le hago? ¿por dónde comienzo?
+
+--¿Y para cuándo--replicó Neluco--son los buenos amigos y los
+competentes consejeros? ¿En qué ocupación más agradable ni más honrosa
+podría usted emplearnos?... y perdone la inmodestia con que me sumo con
+ellos... Y ya que de esto se trata y estoy autorizado por usted para
+hablarle con franqueza, he de decirle que además de este estudio, del
+que no puede usted prescindir, hay otra ocupación más del momento
+todavía, en la que debió de habernos empleado días hace... y no nos ha
+empleado usted, con gran extrañeza nuestra; con lo cual ha perdido un
+excelente recurso para matar horas sobrantes... Pensaba yo que, aunque a
+usted le sobraba el dinero al venir a Tablanca, había de picarle un poco
+la curiosidad de conocer de vista las haciendas de aquí, heredadas de
+don Celso, y el organismo, vamos al decir, de los tratos y contratos con
+sus llevadores, y algo más, a este tenor, que no deja de ofrecer su lado
+patriarcal, y por ende, interesante y pintoresco para un hombre como
+usted. Con el pretexto de verlo con los propios ojos, se deja la cárcel
+que abruma y entristece, se respira el aire libre y se renuevan las
+ideas y se esparce el ánimo encogido. Con la contemplación de lo visto
+así, nacen pensamientos que se comunican, por de pronto, con quienes nos
+rodean, y dan materia abundante para discurrir después si estamos solos,
+o para departir con interés gustoso si estamos acompañados de amigos que
+nos quieren bien. La propiedad, por pequeña que sea, tiene esa virtud, y
+si es recién adquirida, en más alto grado. ¡Figúrese usted si durante
+estos días en que tan soberanamente se ha aburrido y tan hermoso se ha
+mostrado el tiempo, nos hubieran faltado motivos de excursiones y temas
+de conversación y andamiajes de proyectos! Vamos, que parece mentira que
+ni por instinto de conservación se le haya ocurrido a usted una cosa tan
+hacedera y conveniente, y haya preferido entregarse atado de pies y
+manos a las inclemencias de su carcelero. Pero todavía no es tarde para
+subsanar esta equivocación. Le acompañaremos a usted por esos campos
+mientras el tiempo lo consienta; veremos y hablaremos lo que a usted le
+importa ver y de lo que le interesa hablar; continuaremos aquí después
+las conversaciones de afuera, y se apuntarán o se discutirán y se
+reformarán cálculos y proyectos, aunque alguna vez resulten castillos en
+el aire. Esto, por de pronto. Mucho de lo demás, vendrá ello solo a
+meterse por las puertas de esta casa... Por ejemplo: dentro de pocos
+días, porque ya estamos en el mes de hacerlo así, verá usted ir llegando
+la falange de sus colonos y aparceros a pagarle las «rentas» que le
+deben, unos en maíz, en castañas o en dinero; otros en las tres especies
+juntas, y algunos con las manos en los bolsillos desocupados, para que
+usted les provea de lo que más necesitan. Así irá usted conociendo, poco
+a poco, hasta el pie de que cojean, y descubriendo el camino por donde
+ha de llegar hasta la entraña misma del misterio... Amén de esto, ¿por
+qué no ha de volver usted a sus saludables correrías de antes? Ahí está
+Chisco, más animoso y ufano aún que entonces, porque ha mejorado
+fortuna, y doblemente apegado a usted por las larguezas que con él ha
+tenido; ahí está Chorcos suspirando todavía, aunque no tanto como por la
+hija de Facia, por aquellas aventuras montaraces, y aquellos tragos de
+licor tan confortantes, y aquellos agasajos tan frecuentes... y aquí
+estoy yo, finalmente, para cuando quiera disponer de mí; y lo mismo le
+dirá don Sabas de sí propio, y cada uno de los habitantes de este
+pueblo... Otro ejemplo más. A la hora menos pensada verá usted retoñar
+en el campo los preludios de la primavera; hallará la tierra enjuta y
+salpicada de florecillas esmaltadas; aspirará la fragancia de los montes
+y de los prados, y quizá se fije en que ya es hora de mover la tierra...
+pinto el caso, de este huerto, y aun de cultivarle mejor de lo que se ha
+cultivado hasta hoy; y con esos fines, llama usted a los obreros, hasta
+por el gusto de pagarles el jornal; y los manda que caven; y según le
+van obedeciendo, se va usted emborrachando con el olor de la tierra
+removida, que es el olor de los olores agradables, y piensa en nuevas y
+variadas plantaciones, y hasta esboza un proyecto de jardín en el rincón
+más abrigado... Y quien dice mejorar el huerto, dice retejar la casa o
+reparar sus achaques interiores... en fin, que nunca faltan quehaceres
+al hombre que se empeña en tenerlos, aunque sea en las soledades de
+Tablanca... Y ¿para qué se quiere el dinero?
+
+Aquí hizo un alto Neluco y se quedó mirándome fijamente como en espera
+de mi contestación. No tardé en dársela.
+
+--Todo ese cuadro que acaba usted de trazarme--le dije--, me enamora y
+me seduce... como pintado en un papel. Mas quiero dar por supuesto que
+es la pura realidad. Ya tengo en mis manos el remedio contra el fastidio
+de unos cuantos días... de una buena temporada, si usted quiere.
+Corriente. Pero ¿Y después? Cuando no pueda voltejear por la montaña, ni
+remover la tierra de mi huerto, ni tenga negocios que tratar con mis
+colonos, y usted esté ocupado en sus quehaceres profesionales, y don
+Sabas en los de su ministerio, y vuelvan las celliscas desatadas, y las
+horas sin fin, y las noches eternas, ¿qué me hago yo en las soledades de
+este palomar, sin la naturaleza y las aficiones de mi tío, o de don
+Sabas o de usted?
+
+--Es que yo cuento--me replicó Neluco--, con que le basten y le sobren
+para atarle a Tablanca, de tal modo que se le pueda dar licencia para
+que se ausente del valle sin el temor de que no vuelva a él, esos
+entretenimientos y otros tales, si llega usted a tomarles gusto...
+Después, ¡qué demonio! es hasta pecado mortal decirle a un hombre del
+talento y de la experiencia de usted, cómo se sortean las horas
+sobrantes en la vida, que todos pasamos. Lo principal es la base de la
+ocupación: las lagunas de ella se colman como se puede. Para eso es el
+entendimiento que a usted no le falta... Y, por último, si con los
+recursos de él no consigue lo que busca, todavía le queda el de ligarse
+al terruño éste con vínculos de tal resistencia, que sólo la muerte
+pueda romperlos.
+
+--Los vínculos... matrimoniales, vamos--le interrumpí--. ¿A qué andarnos
+con metáforas?
+
+--Cabalmente--replicó el médico.
+
+--Pues lo dicho--añadí yo--. Está usted pensando con mi propio caletre y
+hablando con mi misma lengua. También se me había ocurrido esa salida un
+momento hace.
+
+--¿En serio?
+
+--O en hipótesis.
+
+--No es lo mismo. ¿Y por qué no ha de habérsele ocurrido en serio? Está
+usted en la mejor edad para casarse, es rico, ha corrido el mundo, tiene
+la experiencia de él, está huérfano y solo y a centenares de leguas del
+único deudo cercano que le queda, y tan sobrado de caudales como usted.
+¿Para qué demonios quiere el suyo y la larga vida que tiene por delante,
+sino para reconstruir la familia que ha perdido y dejar en la tierra,
+cuando la abandone para siempre, alguien que le cierre los ojos con
+cariño y le llore de todo corazón?
+
+--Y usted--respondí a Neluco medio en serio y medio en chanza--, que ve
+y siente todas esas cosas tan bonitas, que yo no veo ni echo en falta,
+como de urgente necesidad, ¿por qué no me ha dado ya el ejemplo?
+
+--Porque son casos muy distintos el de usted y el mío, señor don
+Marcelo--díjome a esto Neluco--. Yo empiezo a vivir ahora, necesito
+trabajar, y trabajar mucho, para ganar el pedazo de pan que como; y
+además, ni me aburro en la soledad en que vegeto, ni me tientan, como a
+usted, las seducciones de «allá afuera», ni conmigo ha de extinguirse mi
+apellido aunque yo muera solterón... ¡Pero si me viera en el pellejo de
+usted!...
+
+--Con verte y sin verte de ese modo--dije yo para mí, contemplando al
+médico con ojos de malicia--, no has de tardar mucho en caer del lado a
+que te inclinas, marrullero--y añadí en voz alta--: Pues supongamos,
+amigo Neluco, que yo, por pensar como piensa usted, o por vocación
+verdadera, o por eso que se llama razón de estado, resuelvo casarme...
+para vivir aquí, por supuesto, aunque no sea perpetuamente. Natural es
+que yo busque una compañera adecuada a mis condiciones... Y en este
+caso, ¿me quiere usted decir, señor casamentero, con qué cara ni con qué
+conciencia ofrezco yo a ninguna mujer, entre todas las que conozco, este
+presidio por recompensa de la dicha que yo voy buscando en el intento de
+casarme con ella?
+
+--¡Pues eso sólo le faltaba a usted!--exclamó aquí Neluco llevándose las
+manos a la cabeza, como yo me las había llevado poco antes y con el
+propio motivo--. Con una compañera de esa estofa no viviría usted aquí
+en santa paz media semana. Mil veces peor que la enfermedad sería la
+medicina.
+
+--Y siendo esto, como lo es--repuse--, ¿de qué traza ha de ser, y de
+dónde, la mujer que yo busque para casarme con ella? ¿Quiere usted que
+apechugue con una mozona de Tablanca?
+
+--¿Y no hay más mujeres en el mundo--dijo con entereza el mediquillo--,
+que las mozonas de Tablanca y las señoras de Madrid? Procure usted,
+señor don Marcelo--añadió en tono de la mayor sinceridad--, que la mujer
+elegida para compartir con usted el señorío de esta casa, se considere
+muy honrada y gananciosa en ello: con esto basta, y no dude que las de
+esta condición abundan a nuestro alcance. El asunto no es puñalada de
+pícaro: da tiempo para discurrir, para andar y para ver... y ¡qué
+demonio, hombre!--exclamó de pronto con inusitada vehemencia--, puesto
+que hablamos ya en serio, y para que vea que no fantaseo yo en lo que
+afirmo, válgale este ejemplo que ahora se me viene a la memoria: ¿quiere
+usted belleza y ternura y bondad y delicadezas de sentimiento, y cuanto
+se pueda pedir, menos la cultura refinada de los salones, en una sola
+pieza, en una mujer modelo, aun para un hombre como usted? Pues bien
+cerca la tenemos: Lita. Conque anímese usted a pretenderla.
+
+Me quedé estupefacto. ¿Era aquello broma? ¿Era abnegación? ¿Era arranque
+patriótico? Le declaré mi asombro, y me dijo:
+
+--Desde que vino usted a Tablanca, está empeñado en ver visiones a ese
+propósito. Lo sé por algo que usted me ha dicho y otro poco que ha
+dejado traslucir. En una ocasión le pinté la casta y los motivos del
+cariño que nos tenemos los dos. Lo que entonces le dije era la pura
+verdad, y la mejor prueba de ello, lo que acabo de proponerle y tanto
+asombro le ha causado. Crea usted que con todo lo que le estimo y le
+considero, no llevaría mi abnegación hasta el punto de brindarle con
+prenda de tan alto valer, si fuera mía en el sentido que usted se había
+imaginado. Esto sin contar con que, aun sin ese soñado compromiso, sabe
+Dios lo que la huéspeda pensaría de estas cuentas, si nos estuviera
+escuchando por el ojo de esa cerradura.
+
+Instintivamente volví los ojos hacia la puerta. Entonces soltó una
+carcajada Neluco, y comprendí que no sabía yo llevar la broma con la
+frescura que el caso requería.
+
+Cambió discretamente de conversación el médico; dimos poco después unas
+vueltas por la salona, hablando... no recuerdo de qué trivialidades;
+fuese al cabo de un corto rato, y quedéme otra vez solo; pero ¡cosa
+extraña! sin inquietudes ni tristezas.
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+¡Vaya si me dio que pensar la ocurrencia de Neluco! Está visto que el
+mayor interés de las cosas no depende de las cosas mismas, sino de sus
+circunstancias y accidentes. Aquel mismo pensamiento, expresado en voz
+alta por el médico, había pasado en silencio por mi mente poco antes sin
+dejar en ella el menor rastro... Cierto, de toda verdad. Pero ¿de qué
+había nacido el obstinado empeño que yo tuve desde que llegué a Tablanca
+y conocí a la nieta de don Pedro Nolasco, en averiguar «lo que había»
+entre ella y Neluco, dando por supuesto que «había algo...» y que
+tijeretas han de ser? Al fin y al cabo, ¿qué me importaba a mí que lo
+hubiera o no lo hubiera? Híceme estas preguntas, porque enlazando sus
+motivos con el efecto que me había causado la inesperada ocurrencia del
+empecatado mediquillo, cabía suponer la existencia, en que jamás había
+creído, de ciertas corrientes misteriosas por lo más hondo e inexplorado
+del corazón... De todas maneras, existieran o no esas corrientes, el
+coincidir Neluco y yo, por impulso propio y espontáneo, en un punto tan
+singular y concreto; yo esbozando la idea mentalmente, y él, como si me
+la hubiera leído en el cerebro, presentándomela después con visos de
+realidad, era sobrado motivo para consagrar al caso toda la atención que
+yo estaba consagrándole. No se dan todos los días, en situaciones
+semejantes, coincidencias de ese calibre.
+
+Ello fue que me pasé las horas muertas desmenuzando la insinuación
+inesperada del médico y sometiéndola, por fragmentos impalpables, a la
+fuerza de un análisis escrupuloso. Así llegué hasta la felonía de
+sospechar del desinterés de Neluco, creyéndole capaz de haberme apuntado
+la idea, de acuerdo con la interesada, o con su madre siquiera. Pero me
+bastó un instante de reflexión para desvanecer el recelo, con vergüenza
+de haber caído en él.
+
+En todas las edades de la vida tenemos los hombres algo de niños, y
+siempre hay un «juguete» que nos llega cuando y por donde menos lo
+pensamos, que nos sorprende y nos encanta y nos preocupa, y hasta «nos
+hace buenos...» y además tontos. Dígolo porque no solamente me pasé el
+resto de aquella tarde y una buena parte de la noche dando vueltas al
+que me había regalado Neluco, para «ver lo que tenía dentro», sino que
+al despertarme al otro día, lo primero que se me metió entre los cascos
+del meollo fue la duda de si era o no la nieta del gigante de la
+Castañalera tan guapa y tan donosa en realidad como el médico me la
+había pintado y la había visto yo cuando me interesaba menos que
+entonces; y con esta duda, el propósito firme de ir a aclararla con mis
+propios ojos en cuanto me levantara... «Porque--lo que yo me decía--, no
+es que me importe dos cominos, en definitiva, la aclaración; no es que
+me llegue al alma por ninguna parte la persona, pero me interesa mucho
+el caso. Se trata de un supuesto que pudiera realizarse el mejor día, y
+es de suma necesidad verlo, pesarlo y medirlo todo minuciosamente y a
+tiempo, para evitar ulteriores e irremediables desencantos.»
+
+Y como lo pensé lo hice... y aun hice más de lo pensado; porque me
+esmeré en el ropaje como nunca me había esmerado allí... y hasta me di
+«brillantina» en la barba.
+
+Encontré a Lituca de la misma traza que cuando la conocí y como la había
+visto muchas veces mientras vivió en mi casa, de trapillo y trajinando;
+con un chal de abrigo cruzado en el pecho y anudado atrás, despeinada y
+con una bayeta en la mano, dale que le das para despolvorear los
+muebles, y soba que soba para sacarles brillo. Se sorprendió mucho al
+verme «tan temprano y tan _peripuesto_ al cabo de días y días sin
+dejarme ver de nadie», y temió que aquella inesperada visita fuera «para
+cosa mala». ¿Estaba enfadado con ellas? ¿Me habían dado, sin querer,
+motivo para estarlo? Todo esto me lo dijo en su lengua pintoresca y
+armoniosa, suspendiendo su trabajo, arreglándose con la mano libre,
+blanquísima y rechoncha, los desordenados cabellos que le coronaban la
+frente, y sonriendo con la boca, con los ojos parlanchines y con los dos
+hoyuelos de sus carrillitos sonrosados. Me vi mal para responderla en el
+tono que pedía la situación; porque la referencia a lo de ir yo tan
+compuesto, me ruborizó un poquillo como si me hubiera descubierto una
+flaqueza indigna de un hombre corrido por el mundo. Esto del ropaje lo
+expliqué con la razón del luto que estaba obligado a llevar y no me
+permitía salir de casa con los holgados y alegres vestidos de costumbre.
+Lo de que mi visita fuera «para cosa mala» por las señas de aquellos
+hábitos ceremoniosos, necesitaba una aclaración, y se la pedí a Lituca.
+Hízomela diciendo que la cosa mala en que ella había pensado de pronto,
+era una despedida para lejanas tierras, por no tener ya quehaceres en
+aquéllas tan tristonas para mí. ¡Pensar yo en irme entonces de
+Tablanca!... Podía jurar que nunca me había visto más apegado al valle.
+Pero ¿por qué mi ausencia de él era calificada por ella de cosa mala?
+
+--¡Otra, señor!--respondió a esto con la naturalidad más encantadora--.
+¿Quiere que tenga por cosa buena el perder de vista a una persona como
+usté?... ¡Mire que hasta le he comido el pan!
+
+Soltó aquí una risotada de las que solía, y me pidió permiso para ir a
+arreglarse un poco, «porque no estaba su ver para cabayero tan
+principal», llamando enseguida a su madre para que me acompañara
+mientras tanto. Que viniera su madre, santo y bueno; pero que fuera ella
+a vestirse y acicalarse, de ningún modo... No lo podía consentir. O
+había o no había franqueza entre convecinos y hasta comparientes tan
+íntimos como nosotros. Cabalmente (esto no se lo dije a ella) estaba yo
+gozándome en admirar, desde que había entrado, el extraordinario relieve
+que adquirían los encantos de su hechicera persona sobre el fresco,
+limpio y airoso desaliño que la envolvía. A puño cerrado creía que
+Neluco y yo nos habíamos quedado cortos en la manera de verla y
+admirarla. Quedóse al fin, llegó su madre, y entre las dos juntas me
+pusieron para pelar, por «lo olvidadas que las tenía». Alegué por excusa
+de mi apartamiento ocupaciones apremiantes dentro de casa, después de un
+suceso tan grave como el ocurrido en ella... Nada me valió el recurso
+ante aquellos dos diablejos que todo lo metían a barato. Acudió el viejo
+Marmitón a la algazara. Cesó ésta unos instantes, y los utilicé yo para
+averiguar cómo andaba el gigantón desde que no nos veíamos. Andaba «tal
+cual» según el interesado, y mucho mejor que eso según Mari Pepa...
+«porque ¡comía el bendito, que no había con qué llenarle!».
+
+--¡Eso sí, gracias a Dios!--confirmó el aludido con su vozarrón de
+siempre.
+
+Estábamos ya en la sala; sentámonos todos, y empezó a enjuiciarse la
+visita. Evocáronse por las mujeres los recuerdos de los trajines pasados
+en aquellos días tan tristes, y aproveché la ocasión para ponderar la
+soledad en que me había quedado y lo que las echaba de menos en casa...
+Y no sé a punto fijo de qué modo se fue enredando desde aquí la
+conversación, porque yo me mezclaba en ella maquinalmente con la
+palabra, mientras tenía los pensamientos en Lita que estaba enfrente de
+mí. Pero unos pensamientos muy extraños. Una vez me la imaginé vestida
+con todos los perifollos de las elegantes de Madrid, y me produjo la
+visión de lo imaginado tan deplorable efecto, que di un respingo en la
+silla. Me parecieron una profanación aquellos arrequives en tal cuerpo
+que no había sido formado para tener por fondos los artificios
+convencionales de la ciudad, sino los inmutables y grandiosos escenarios
+de la Naturaleza.
+
+Por éste y otros derroteros semejantes iban mis pensamientos volando a
+mi placer... hasta que me asaltó de repente el recuerdo de aquella
+salvedad que había hecho Neluco por remate de la «cuenta» que estuvimos
+echándonos los dos la víspera por la tarde. Podía la «huéspeda» no estar
+conforme con ella si nos hubiera oído ajustarla. El diablo me lleve si
+en aquel momento tenía yo resolución hecha de conducir a término plan
+alguno relacionado con la aprobación de nuestros cálculos; y, sin
+embargo, la duda surgida de repente en presencia de la «huéspeda» misma,
+me contrarió muchísimo. No es el hombre onza de oro que a todos guste
+por igual, aunque tenga muchas a buen recaudo, como yo las tenía
+entonces; y podía suceder muy bien que Lituca no gustara de mí por
+especiales razones... y hasta por estar prendada de Neluco sin que éste
+lo supiera, pues todo cabía en el campo de los supuestos verosímiles.
+Pero ¿cómo aclarar esta duda en el acto, sin descubrir el misterio de
+mis intenciones? Y, sin embargo, aquello no podía quedar así; porque yo
+necesitaba tener ese hilo principal en la mano para tirar de él cuando
+me diera la gana, o para no tirar nunca si me convenía más. Egoísmo puro
+y rebeldías insanas del amor propio contrariado; y como siempre que un
+hombre, por corrido que sea, se halla en estas situaciones de ánimo, lo
+primero que pierde es el sentido común, barruntando yo que iba a cometer
+allí alguna majadería gorda si me dejaba dominar un poquito más del
+prurito que empezaba a consumirse, di un recorte a la conversación que
+seguía maquinalmente, y por terminada la visita, con la promesa formal,
+¡vaya si lo era! de repetirla a menudo.
+
+Yo no sé lo que pensarían en casa del viejo Marmitón del desconcierto
+que debió de notarse entre las palabras que salían de mi boca y las
+ideas que me retozaban en el cerebro, ni si le notaron siquiera; pero es
+un hecho que a medida que andaba hacia la casona, formando serios
+propósitos de ir aclarando la duda poco a poco, extrayendo del fondo de
+la cristalina fuente las pedrezuelas misteriosas con las pinzas de mi
+experiencia y el tacto de mi nativa serenidad para esas cosas, me
+maravillaba del desarrollo que había alcanzado aquel arrechucho mío, y
+de lo cercano que me había puesto de cometer una ligereza impropia, no
+ya de un hombre maduro, sino de un colegial inexperto. Pero en lo
+tocante a Lituca, no enmendaba una tilde de lo convenido. Era de lo más
+mono y hechicero que podía buscarse en estampa y en carácter de mujer; y
+además, lista y sensible y buena, sin contar lo de hacendosa y hábil.
+Gran barro, indudablemente, para formar una compañera a su gusto un Adán
+como yo, en un paraíso de la catadura de Tablanca.
+
+Quiere decirse, y así es la pura verdad, que aunque pasó en breves horas
+el arrechucho que me había sacado de mis ordinarios quicios, no se llevó
+consigo la idea plácida que le había engendrado. Al contrario, me la
+dejó en la mente, cristalizada y luminosa, irradiando sus destellos
+peregrinos sobre todo cuanto me rodeaba, como el suave resplandor del
+crepúsculo que aparece sobre el horizonte anunciando el espléndido sol
+que viene detrás. Sería pueril, inocente, a los ojos de un mundano muy
+corrido, aquél mi estado psicológico; pero lo cierto era que ya no me
+creía solo ni desocupado en Tablanca, ni a oscuras, triste y en silencio
+en la casona; y esto, algo más valía que la credencial de «hombre
+incombustible», otorgada por otro, esclavo infeliz quizá de esa y otras
+preocupaciones semejantes. Cabía temer que también pasaran estas ráfagas
+consoladoras, como había pasado el huracán de antes, y yo lo temí
+seriamente; pero iban corriendo los días, y lejos de pasar con ellos,
+cada vez se dejaban sentir más halagüeñas y me traían nuevas fragancias.
+
+Repetí las visitas a la familia de don Pedro Nolasco, porque así se lo
+había prometido en la primera de las de aquella serie; y algo debieron
+publicar de mi secreto mis ojos, o el timbre de mi voz o los átomos del
+aire, pues sin haberse deslizado mi lengua un punto más allá de la raya
+que la había puesto por límite, ya no era yo para Lituca lo que había
+sido hasta entonces. Se le acobardaban los ojos enfrente de los míos,
+era mucho más comedida en sus regocijadas expansiones, y le daban qué
+hacer los frunces de su delantal cuando hablábamos solos, tanto como las
+ideas y las palabras que empleábamos en la conversación. Estos síntomas,
+que se fueron acentuando al andar de mis insinuaciones puramente
+mímicas, llegaron a darme por aclarada la duda que tanto me había
+carcomido, sin haber aventurado yo una sola palabra en el empeño: es
+decir, que se me había ido a la mano el hilo que yo deseaba tener en
+ella, solo, por su propia virtud, si no era por la fuerza de la
+misteriosa corriente, en la que no podía menos de creer ya. En suma:
+que, o me engañaba mucho mi bien acreditada experiencia en esos lances,
+o podía tirar del hilo a mi antojo cuando me diera la gana.
+
+Estaba, pues, en las mejores condiciones imaginables para hacer un alto
+en mi empresa y examinar el terreno tranquilamente y a mi gusto. Sobre
+si este modo de pensar era más o menos honrado y decente, no me puse a
+discurrir, la verdad sea dicha. Convenía la parada a mis propósitos, y
+la hice.
+
+No por eso dejé de frecuentar la casa del octogenario de la Castañalera:
+al contrario, y hasta comí con la familia dos veces en aquella
+temporada; sólo que procuraba a menudo llevar a Lita al terreno y al
+estilo de nuestras primeras intimidades, economizando mucho las
+insinuaciones de otra casta, y usándolas únicamente para conservar
+«arrimados los fuegos».
+
+¡Y con qué docilidad tan hechicera acudía la inocente a mis llamadas!
+Tampoco este procedimiento se pasaba de noble; pero me era muy
+conveniente y con ello apaciguaba ciertos síntomas de rebelión que me
+intranquilizaban la conciencia.
+
+No era menos comunicativo que con la familia de Marmitón, con don Sabas,
+con Neluco, con los sirvientes de mi casa, con mis tertulianos de
+costumbre y con el pueblo de punta a cabo; pero con nadie lo fui tanto
+como con Neluco. Me perecía por conversar con él; y como en estas
+intimidades se me deslizaban en la lengua algunos destellos de la luz en
+que se bañaban mis ideas en su escondrijo, el muy lagarto se sonreía a
+la callada, y con bien escaso esfuerzo de ingenio iba descubriéndome
+todo lo que yo no quería declarar. Por fortuna, era infinitamente más
+discreto que yo en aquellas circunstancias, y todo quedaba reducido a
+que cambiaran de madriguera los secretos que iban escapándose de la mía.
+
+Volví a las andadas por montes y barrancos, y hasta me parecían llanos y
+placenteros caminos y sendas por los cuales no andaba yo antes sino
+echando los pulmones por la boca. También me acompañaban entonces Chisco
+y Pito Salces; pero más respetuosos y hasta más serviciales, aunque
+parezca esto mentira, que la otra vez, cuando yo no era amo y señor de
+la casona, ni había tenido ocasión de mostrar ciertas larguezas que
+Chisco no olvidaba un punto por lo que a él le tocaba, ni Pito Salces
+por lo que atañía a la mozona de sus pensamientos. Prestándome gustoso a
+todo lo que Neluco me había recomendado y continuaba recomendándome para
+entretener las horas sobrantes del día y de la noche, visité una por una
+mis haciendas, mis prados, mis heredades, mis castañeras y robledales,
+mis casas, mis aparcerías de ganados; estudié con verdadero afán de
+penetrarle hasta el fondo, el organismo, como decía Neluco, «de los
+tratos y contratos de mi tío y sus aparceros y colonos», donde estaba la
+enjundia del gran espíritu de este hombre benemérito que, sin políticas
+bullangueras y perturbadoras, había logrado resolver prácticamente, y
+por la sola virtud de los impulsos de su corazón generoso y
+profundamente cristiano, un problema social que dan por insoluble los
+«pensadores» de los grandes centros civilizados, y tiene en perpetua
+hostilidad a los pobres y a los ricos. Con el estudio de estos hermosos
+detalles, acabé de comprender lo que no comprendí a la simple lectura de
+la «Memoria», en cuyo intencionado laconismo, por lo tocante a la obra
+benéfica del patriarca, vi entonces otro rasgo de su exquisita
+delicadeza en sus relaciones conmigo. Este estudio, aunque somero, me
+ocupó días y días; me dio mucho y muy grato qué hacer y qué pensar, y
+nuevas y muy hondas raíces de adherencia a aquel pobre terruño que por
+instantes iba cambiando de aspecto ante mis ojos.
+
+También le llegó su vez al huerto de la casona, como me había aconsejado
+Neluco y lo hubiera hecho yo sin su consejo por espontáneo impulso de
+las inclinaciones que iban apoderándose de mí, de día en día, de hora en
+hora. Se cavó, se removió toda su tierra; se pusieron en buen orden las
+plantas enfermizas que encerraba, y se trazó un regular pedazo de
+jardín, que se plantaría debidamente cuando fuera tiempo de ello, lo
+mismo que los cuadros destinados a frutales y hortalizas. Y era verdad
+que no tenía pareja el olor de la tierra bien enjuta, removida a la luz
+y al calorcillo vivificante del espléndido sol de febrero. Jamás lo
+había notado hasta entonces... Cierto que tampoco me había puesto yo en
+ocasión de notarlo.
+
+Después de aquellas labores del huerto, como el tiempo seguía risueño y
+primaveral, emprendí otras más rudas, entre ellas la de suavizar en lo
+posible la cambera del pedregal, única vía de comunicación que tenía la
+casona con el pueblo. No quedó el camino a mi gusto, pero sí muy
+mejorado. Y no acometí enseguida las reformas que había ido proyectando
+en el viejo caserón de los Ruiz de Bejos, porque éstas eran palabras
+mayores, como decía el Cura, y me faltaban los elementos necesarios para
+acometerlas. Pero se acometerían tan pronto como me fuese posible, y sin
+miedo de que, entre tanto, se me adormecieran los propósitos, porque
+cabalmente eran aquellas obras uno de los renglones más importantes del
+plan de vida nueva que yo me había trazado y estaba trazándome
+continuamente.
+
+El Cura se pasmaba de aquellos mis afanes, y más con la mirada y con el
+gesto que con palabras, me daba a entender lo satisfecho que estaba de
+mí; Neluco no me perdía de vista un momento, y parecía entusiasmado con
+los nuevos fervores míos, los cuales estimulaba con tentaciones de otras
+golosinas, que al fin me hacía tragar con su diabólica estrategia. En
+casa de Marmitón ponían en las nubes el milagro, y sólo en boca de
+Lituca eran comedidas las alabanzas y se refrenaban los plácemes, aunque
+bien los voceaban los ojos, como si la fuerza de una ley oculta
+impusiera aquella limitación a los impulsos de su alma; por el pueblo
+«se corrían» ya las noticias más estupendas a propósito de esta
+resurrección mía, y me colgaban, con lo cierto, planes y calendarios que
+jamás me habían cruzado por las mientes; teníanme, no ya por el
+continuador, sino por el reformador omnipotente de la obra tradicional
+de los Ruiz de Bejos, por un don Celso refundido y hasta mejorado, no
+solamente «en estampa y ropajes», sino también «en posibles y en magín»;
+por la noche iban a la casona los tertulianos con las ideas empapadas en
+estas fantasías, y me veía negro para rebajar muchas partidas de la
+cuenta galana y poner las cosas en su punto... En fin, que dentro de mí
+y en derredor mío era plácido y risueño todo lo que poco antes había
+sido triste y aflictivo y tenebroso. Hasta la misma Facia era muy otra
+de lo que fue: comenzaba a nutrirse y a sonreír, y dormía sin
+sobresaltos... Sólo Pito Salces andaba amurriadón y caviloso, y yo no
+podía consentirlo, por lo mismo que me creía capaz de remediarlo.
+
+--¿Por qué no echas «eso» a un lado de una vez?--le dije un día.
+
+--Como no está en mí la para...--me respondió mirándose las uñas de una
+mano--. ¡Qué más quisiera yo, puches!
+
+Le prometí mi ayuda en sus congojas, y casi bailó de gusto. Después
+llamé a Tona a mi gabinete y la hablé del caso. Se puso coloradona como
+un tomate maduro, y al fin llegó a declararme, en medias palabras y
+entre oscilaciones de sus caderas y manoseos del delantal, que «por su
+parte no diría propiamente que no... cuando juere ocasión de eyu... si
+su madre...». Llamé a Facia enseguida, vino, y sometí el negocio a su
+consideración. Mostróse enterada de él por ciertas señales que nunca
+mienten, y me dijo que «por su parte... cuando juere ocasión de eyu...
+si a mí no me paecía mal...». Cabalmente me parecía todo lo contrario; y
+con esto, y con convenir los tres en que la ocasión de «eyu» podía ser,
+y sería, después de pasar el rigor de los lutos que llevaban por mi tío,
+se dio el asunto por terminado como yo deseaba y Pito Salces también.
+Llaméle a poco rato; le enteré de lo convenido con Tona y su madre; hizo
+dos zapatetas y se dio dos puñadas en los carrillos; le encarecí la
+obligación en que estaba de ser más prudente que nunca en lo tocante a
+su noviazgo, si quería que no se le cerraran las puertas de la casa y le
+regalara yo en su día el ajuar de la suya; y se fue dando zancadas,
+riéndose solo y tapándose la boca con las manos en señal de acatamiento
+a mis recomendaciones, después de pedirme permiso, que le di, para
+recabar de Tona y de su madre la confirmación verbal de lo acordado
+conmigo... y para «entrar en la casa» todas las noches, y «si a mano
+venía», para hablar con la mozona alguna que otra vez con los debidos
+respetos. Acometido ya de la fiebre casamentera, detuve a Chisco al
+topar con él en el carrejo de la cocina. Pero le vi tan igual a sí
+mismo, con tales destellos en la cara del bienestar de sus adentros... y
+estaba yo tan hecho a él y me hacía tanta falta en la casona, que no me
+atreví a tentarle la paciencia, y le despedí con un pretexto mal urdido.
+
+Corriendo así los días, esmaltáronse de flores y reverdecieron los
+campos; calentó más el sol; templóse y se embalsamó el ambiente;
+desperezóse, al fin, la Naturaleza como si despertara de un largo y
+profundo sueño, y se dispuso a aderezarse, con el esmero de una dama
+pulcra y muy pagada de su belleza, empezando por las nimiedades del
+tocador para concluir por lo más espléndido y ostentoso de su ropero; y
+me pareció llegada la ocasión de realizar un propósito que había formado
+y madurado últimamente con serias y muy detenidas reflexiones. Se
+trataba de mi vuelta a Madrid «por algún tiempo». Este viaje le
+conceptuaba yo de suma necesidad, no tanto por lo que tocaba a mis
+asuntos particulares, bastante descuidados desde que me hallaba en
+Tablanca, cuanto por ver el efecto que me hacía, contemplado desde
+lejos, el cuadro de mis nuevas ilusiones; estimar con exactitud la
+resistencia que quedaba a los vínculos que aún me unían a la vida
+pasada, y compararla con la de los que iban amarrándome a la nueva.
+Conceptuaba yo esta prueba de gran importancia para los fines
+«ulteriores» y «posibles» de mis cálculos, sin el menor recelo ya de que
+los vanos fantasmas de otras veces me infundieran la tentación de no
+volver, tan pronto como perdiera de vista a la casona.
+
+Declaré un día el propósito a Neluco. Le pareció muy bien, y hasta me
+aseguró que si no se me hubiera ocurrido a mí, me lo habría aconsejado
+él. «Habían cambiado mucho las cosas desde que habíamos ajustado los
+dos, en aquel mismo sitio, cierta cuenta...» Y el muy tuno, sonriéndose,
+me dio un golpecito muy suave con el puño de su cachiporro. Después le
+confirmé mis ya declarados intentos de emprender en el próximo verano
+las convenidas reformas en el interior de la casa, y le encargué del
+acopio de las primeras materias y de buscarme obreros competentes para
+ello... Yo enviaría de Madrid, y aun traería conmigo «cuando volviera»,
+lo que no podía hallarse en Tablanca ni en sus inmediaciones, para dar
+la última mano a una labor que tanto me interesaba. A todo se prestó con
+alma y vida el excelente amigo... y hasta se me figura que pensó que
+aquellas recomendaciones no se las hacía yo tanto por apego a la obra,
+como por exhibirle pruebas irrecusables de mis intenciones de volver
+pronto. Y quizá pensara bien. Llegó el Cura en esto, dile cuenta de lo
+tratado, y le gustó mucho lo de mejorar la casa; pero no tanto lo de mi
+viaje a Madrid... «Ahora, si convenía para bien de todos, como yo le
+aseguraba, fuera eyu por el amor de Dios.»
+
+¿Y Lituca? ¿Qué diría de mi marcha cuando tuviera noticia de ella? Y al
+dársela yo y al despedirme, ¿dejaría las cosas como estaban? ¿Levantaría
+un poquito más la punta del velo, o no la levantaría? Pensé mucho sobre
+éstas, al parecer, pequeñeces, que eran, sin embargo, piezas muy
+considerables del cimiento en que se apoyaba la armazón de mis
+hipótesis; y al fin tuve que resolverme por la afirmativa, aunque en su
+grado mínimo, cuando vi los esfuerzos que costó a la pobre disimular a
+medias el deplorable efecto que le causó la noticia. Pero así y todo, o
+quizás por lo mismo, en aquella visita no se rió una sola vez con las
+veras de antes; ya al despedirme yo «hasta la vuelta» con un apretón de
+manos muy elocuente, tuvo que darme con los ojos acobardados la
+respuesta que le faltó en sus palabras descosidas. En cambio, Mari Pepa,
+a quien me costó mucho trabajo convencer de que mi marcha no era «la del
+humo», como ella la había calificado de pronto, habló y jaraneó y se
+despidió por todos los de su casa, incluso el octogenario, que no había
+dicho diez palabras, y ésas monosílabas y como otros tantos estampidos.
+Los tres bajaron conmigo hasta la corralada, desde cuya puerta les di el
+último adiós, con los ojos y el pensamiento fijos en Lituca, cuya
+expresión de pena bien sentida le agradecí en el alma.
+
+Dos días después me despedía en Reinosa del Cura y de Neluco que me
+habían acompañado hasta allí, y de Chisco que había ido tirando del
+rocín que conducía mis equipajes; me acomodaba en los blandos
+almohadones de un coche del ferrocarril, y comenzaba a rodar hacia las
+llanuras de Castilla, con la vista errabunda por los horizontes, aún no
+abiertos a mi placer, y la cabeza atiborrada de pensamientos
+insubordinados e indefinibles.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+No puedo negar que me encontré muy a gusto en mi casita de la calle de
+Arenal, tan bien «vestida», tan elegante, con todas las cosas tan a la
+mano y tan a la medida de mis necesidades. No me veía harto de pisar el
+suelo alfombrado, de arrellanarme en los blandos sillones, de
+contemplarme en los espejos de los armarios, de recrear la vista en los
+cuadros de las paredes y en los bronces y porcelanas que coronaban los
+muebles de fantasía o guardaban las artísticas vidrieras, ni de tender
+mis huesos en la mullida y voluptuosa cama a esperar el sueño, que no
+tardaba en llegar, como un aleteo suavísimo de geniecillos bienhechores.
+¡Qué poco se parecía todo aquello a la casona de Tablanca, tan grande,
+tan vieja, tan desnuda... y tan fría!
+
+También me hallé muy complacido entre el grupo, no muy numeroso, de mis
+íntimas amistades, lo mismo cuando departíamos sobre lo ocurrido en el
+escenario de nuestro mundo desde que yo faltaba de él, que cuando
+servían de motivo a sus bromas la «pátina montaraz» de que veían
+empañada toda mi persona, o las nuevas aficiones a las cuales me
+mostraba inclinado, aunque cuidando mucho de no descubrir el oculto
+resorte del aparente milagro.
+
+Lo que no me gustaba tanto eran las muchedumbres y el ruido y la línea
+recta informándolo todo, en el suelo de la calle, en los muros paralelos
+y compactos de las casas enfiladas, en la piedra y en el hierro de las
+jaulas del vecindario, avezada como tenía la vista a las curvas
+ondulantes y graciosas de la Naturaleza, al ordenado desorden de sus
+obras colosales y a la sobriedad jugosa y dulce de sus tonos severos.
+Echaban de menos mis pulmones el aire rico y puro de la montaña, cuando
+se henchían del espeso y mal oliente de los grandes centros recreativos
+atestados de luces y de gentes; y andaba con la cabeza muy alta aun por
+los sitios más espaciosos, por la costumbre de buscar la luz por encima
+de los montes; antojábanseme las calles hormigueros y no viendo en ellas
+más que las obras y los fines de la ambición humana, cuando elevaba mi
+vista más allá de los aleros que asombraban la rendija de la calle, no
+descubría siempre la imagen de Dios, o la veía menos grande que la que
+me reflejaban forzosamente los gigantescos picachos de Tablanca en
+cuanto clavaba mis ojos en ellos. Yo hubiera querido en tales casos una
+componenda entre los dos extremos, algo por el estilo de lo que sentía
+Gedeón cuando se lamentaba de que no estuvieran las ciudades construidas
+en el campo; pero no siendo posible la realización de mis deseos, no muy
+apremiantes, me habría acomodado tan guapamente a estas y aquellas
+relativas contrariedades, entre las cuales había nacido y vivido y hasta
+engordado, sin la menor sospecha de que pudiera haber cosa mejor
+dispuesta y ordenada para el regalo y bienestar de una persona de buen
+gusto, en parte alguna del mundo conocido.
+
+Lo de las muchedumbres, que comenzó por desagradarme un poco, ya llegó a
+ser harina de otro costal. No hay como las picaduras del amor propio o
+las insinuaciones del egoísmo para sacar de su paso a los hombres más
+parsimoniosos. Cada vez que salía de casa o asistía a un espectáculo,
+siempre, en fin, que me veía envuelto en los oleajes del mar de
+transeúntes o de espectadores, me acordaba del dicho de Neluco y me
+preguntaba a mí propio: ¿quién soy yo, qué represento, qué papel hago,
+qué pito toco en medio de estas masas de gente? ¿Para qué demonios
+sirven en el mundo los hombres que, como yo, se han pasado la vida como
+las bestias libres, sin otra ocupación que la de regalarse el cuerpo?
+¿Quién los conoce, quién los estima, quién llorará mañana su muerte ni
+notará su falta en el montón, ni será capaz de descubrir la huella de su
+paso por la tierra? ¿Y para eso, para vivir y acabar como las bestias,
+soy hombre y libre y mozo y rico? ¿No serían una mala vergüenza una vida
+y una muerte así? Y me iba con el pensamiento a las agrestes soledades
+de Tablanca, donde no existía un desocupado, ni un egoísta, ni un
+descreído, y había visto yo morir a mi tío abrazado a la cruz entre las
+bendiciones y las lágrimas de todo el pueblo. Esto sería triste y
+«obscuro» ante la consideración de un elegante despreocupado; pero era
+luminoso y grande a los ojos del buen sentido y de la conciencia sana.
+Quedábame algunas veces, sin embargo, la duda de si estas reflexiones
+eran legítima y directamente nacidas de la observación serena y
+desinteresada, o venían impuestas por la idea de mi adquirido
+compromiso, ineludible ya; pero la verdad es que aquellas dudas se
+desvanecían fácilmente, y que cada día que pasaba me era menos agradable
+el desairado papel de comparsa anónimo que había hecho yo en el montón
+decorativo de esa incesante farsa de la vida.
+
+Contribuía mucho a sostener el calor de estos sentimientos, mi frecuente
+y animada correspondencia con Neluco, el cual no era menos expresivo,
+discreto e intencionado con la pluma que con la palabra; y digo lo de
+intencionado, porque nunca le faltaba un pretexto en las cartas para
+dedicar el mejor párrafo de ellas a Lita, de manera que me enterara yo
+de lo que me «añoraba» la hija de Mari Pepa, sin que pareciese noticia
+de ello lo que me decía. Yo seguía un procedimiento semejante para que
+se enterara ella de que no la echaba en olvido un solo momento; y así
+fomentaba y tenía en incesante cultivo este delicado fruto de mi
+transcendental evolución, dentro de los límites que yo me había trazado
+para eso.
+
+Me daba minuciosa cuenta del estado de las cosas de allá que podían
+interesarme; me consultaba dudas o me apuntaba ideas sobre los encargos
+que le tenía hechos, o me esbozaba otros planes que siempre me parecían
+bien. Así me defendía de las malas tentaciones con que me asediaban los
+diablejos de mi vida pasada, en cuyas garras había vuelto a caer. Entre
+tanto, ordenaba y disponía mis caudales de modo que los tuviera siempre
+a la mano por alejado que me viera de ellos; y por último, me atreví con
+lo que más me dolía y a lo cual llamaba yo «quemar mis naves»: «deshice»
+mi casa. Quería destruir el nido para no tener tanto apego al árbol.
+Empaqueté lo más, vendí muy poco y regalé algo de ello a mis amigos.
+Envié lo empaquetado a la Montaña, y me instalé en una fonda.
+
+Entonces fue cuando me puse a mirar, con verdadera y reposada atención,
+el consabido cuadro «desde lejos». Como «obra de arte», me parecía
+bellísimo; como realidad, no tanto; pero había que tener en cuenta la
+luz y los «adherentes» que me deslumbraban algo en mi observatorio, y la
+incesante y maléfica labor de los diablejos empeñados en que yo no
+saliera de Madrid y volviera a las andadas. Ello fue que, sin meterme en
+grandes filosofías, salí triunfante de la prueba con poquísimo esfuerzo
+de mi voluntad. Verdad es también que, por buenas o por malas, yo,
+decentemente, necesitaba triunfar en aquel empeño.
+
+A todo esto, me carteaba mucho con mi hermana; y al darle la noticia de
+la muerte de nuestro tío y de sus disposiciones testamentarias, no la
+había omitido lo de mis propósitos de continuar su obra en el valle.
+Como la carta fue escrita en aquellos días de mis entusiasmos bucólicos,
+la hablé largamente de mis proyectos de vivir allí y de reformar la
+casona para hacerla más llamativa y pegajosa... en fin, de todo menos de
+lo principal: quiero decir, de la «santa» a quien se debían los milagros
+de mi conversión. El caso es que mi hermana alabó mucho mis
+resoluciones, y hasta me prometió hacer un viaje a España con todos sus
+hijos, ya que a su marido no le podía arrancar de sus ingenios y
+cafetales ni con agua hirviendo, sólo con el fin de vivir conmigo una
+buena temporada en la casona tan pronto como yo la dijera que ya se
+hallaba habitable. Así como así, estaba ya harta de «moliendas»,
+«trapiches» y «bagazos»... y hasta del sol ultramarino que la derretía,
+y deseaba cambiar de aires y de panoramas... y de repostero. Después me
+atreví a apuntarle la idea de sujetarme al terruño con los lazos del
+matrimonio, y la conveniencia, a mi juicio, de elegir por compañera una
+mujer como la que le pintaba por ejemplo, copiando las condiciones de
+Lituca. De perlas le pareció también todo esto. «A ello y cuanto antes»,
+me decía por conclusión de una carta recibida por mí precisamente el día
+en que entregaba la llave de mi casa a su propietario para establecerme
+en la fonda.
+
+Recuerdo muy bien estos particulares, porque no contribuyeron poco a
+sostener mi firmeza en aquellos días críticos en que tan de temer eran
+las vacilaciones.
+
+Con los apuntes que había llevado yo a Madrid y otros que fue enviando
+Neluco cuando se le pidieron, un arquitecto amigo mío y persona de buen
+gusto, hizo un plan de reformas interiores de la casona de Tablanca, muy
+adecuado al carácter y antigüedad del edificio: cosa seria y cómoda en
+lo posible. Donde se nos corrió un poco la mano fue en mi gabinete. «Por
+lo que pueda ocurrir», le había dicho yo al arquitecto. Entendióme la
+intención, y se despachó a su gusto, y al mío también.
+
+Con estos planos y pormenores a la vista, encargué a Neluco lo que debía
+adquirirse por allá para lo fundamental de las obras; adquirí yo en
+Madrid lo puramente accesorio y decorativo que me faltaba, y a la
+Montaña con ello enseguida. Vamos, que andaba yo con estas cosas como
+niño con zapatos nuevos.
+
+En mayo empezó Neluco las obras, y a fin de junio, cuando ya estaban
+terminadas las principales y más engorrosas y se desbandaban hacia el
+Norte las gentes adineradas de Madrid, salí yo para la Montaña con una
+impedimenta que metía miedo. Esta vez no me quedé en Reinosa para tomar
+el camino del Puerto, sino mucho más abajo, para seguir por lo llano
+hasta la desembocadura del Nansa, y a continuar después aguas arriba.
+Este camino, aunque más largo, era menos incómodo para mí, y casi
+indispensable para la conducción de la impedimenta que iba detrás.
+
+Cuando llegué a Tablanca, me encontré a sus habitantes asombrados de lo
+que estaban viendo en la casona. Aquel traqueteo de herramientas y
+bullir de obreros y acopiar de materiales, no se había soñado jamás en
+aquel pueblo, donde no se labró una casa ni acometió una obra que pasara
+de levantar un «jastial», o reponer unos cabrios, o enderezar una
+cumbre, en cuanto alcanzaba la memoria de los más viejos. Asustábales,
+principalmente, el dineral que costaría todo aquello, y después el temor
+de que «por el visual que iba tomando la casona por adentro», se les
+cerraran la puerta y la cocina, teniéndolos en poco para darles entrada
+libre como antes. Me costó Dios y ayuda convencerles de lo contrario,
+aun haciéndoles ver por sus propios ojos, como ya se lo había hecho ver
+Neluco más de dos veces sin fruto alguno, que no se tocaba la cocina ni
+para profanarla con un blanqueo, y que sólo alcanzaban las reformas a
+las piezas principales y a la escalera. Pero más que estas
+demostraciones sobre el terreno, les convenció la parrafada que les
+largué, casi un sermón entero, sobre lo que había sido, era y sería,
+mientras yo viviera, aquel noble solar para los tablanqueses; la
+importancia que daba y daría siempre a sus tertulias, y lo resuelto que
+estaba a que las cosas siguieran allí como en vida de mi tío...
+Convenciéronse al fin, pero no sin quedar yo convencido también de la
+razón con que decía, sin que se lo creyéramos los que le oíamos, cierto
+amigo mío, muy apasionado de la milicia, que debe ponerse mucho tiento
+en lo de reformar «instituciones» viejas, aunque sea con el fin de
+mejorarlas, porque, a veces, dos botones de más o de menos en el
+uniforme tradicional, pueden influir hasta en el desprestigio o en la
+indisciplina del regimiento que le usa.
+
+Como esto fue lo primero que me impresionó al llegar a Tablanca, lo
+primero sale a relucir en esta cadena de recuerdos de aquellos días y
+sucesos; pues al dar la preferencia a la memoria de los más gratos, por
+otro eslabón bien diferente hubiera comenzado. Dígolo por la impresión
+inenarrable que me causó Lituca, a quien había dejado algo triste y muy
+arrebujada en los pesados ropajes de invierno, y encontrada risueña como
+una aurora de abril, y rebosando de juventud y frescura en sus hábitos
+veraniegos, sencillos hasta la pobreza, pero limpios y alegres como el
+plumaje de las tórtolas que la arrullaban desde su huerto florido.
+Después, los fondos del escenario en que descollaba tan gentil figura:
+antes desnudos, fríos, yertos, encharcados en agua o amortajados en
+nieve; ahora la Naturaleza riente y vestida con la pompa de sus mejores
+galas; los prados verdes y lozanos, los montes frondosos y habladores
+con el rumor de las brisas jugueteando en su follaje y esparciendo por
+todo el valle la fragancia más exquisita. Me costó muchísimo trabajo
+contener en mi lengua las oleadas que subían de mi corazón cuando me vi
+por primera vez enfrente de aquella criatura que cada día se me revelaba
+con nuevos atractivos, y noté que leyéndome ella esta lucha en la
+expresión de mis ojos o en el acento de mi voz, tampoco acertaba a
+pintar con el colorido que la imponían «las circunstancias», el placer
+con que volvía a verme. Entre tanto, su madre, su abuelo, Neluco, don
+Sabas, Chisco, toda mi servidumbre, la hermana y el cuñado de Neluco, a
+quienes había saludado a mi paso por Robacío; el vecindario entero de
+Tablanca, todos parecían regocijarse hasta el entusiasmo con mi vuelta y
+con mis planes y propósitos. Esto me halagaba mucho y hasta llegaba a
+entusiasmarme, y a todo ello daba abrigo y refugio, con la imagen de
+Lituca, en el fondo de mi corazón, empezando a dudar ya muy seriamente
+si procedía de ésta sola aquella nueva luz que me embellecía todo cuanto
+me circundaba, o había real y positivamente en ello algo capaz, por
+virtud propia, de hacer el milagro de mi rápida conversión a otra vida
+que poco antes me parecía insoportable. Porque lo cierto es que yo había
+llegado a Tablanca por primera vez en el rigor del invierno y en las
+peores condiciones que pueden imaginarse para la aclimatación en aquel
+«medio», de un hombre de mis antecedentes; y vistas a la luz del sol
+estival, tenían aquellas mismas cosas aspecto muy distinto. El valle,
+vestido de verano, era hasta hermoso; la gente, animada y alegre; los
+panoramas, mucho más interesantes por la abundancia de luz y limpieza de
+los horizontes; la temperatura, hasta calurosa en los sitios bajos; las
+fiestas y romerías, abundantes... y la más solemne y original de las
+primeras, una que me había ponderado mi tío mucho, aunque no todo lo que
+verdaderamente merece: la del reparto de la yerba del Prao-concejo en
+agosto, que dura ocho días seguidos; la verdadera fiesta del trabajo.
+
+Todo el pueblo concurre a aquella vasta y empingorotada pradera, vestido
+de gala, para la designación de «partidores», bajo la presidencia del
+«regidor» competente; y es de ver cómo aquellos «funcionarios», después
+de decirles el regidor, descubriéndose la cabeza: «Hablen los
+partidores», con una varita en la mano y sin saber una jota de geometría
+ni de problemas de triangulación, van demarcando con equidad admirable
+las «hazas» o suertes correspondientes a todo el vecindario; cómo se
+sortean las hazas por grupos de cierto número de vecinos; cómo suben
+antes de amanecer los designados para el día, y siegan la yerba y la
+orean y la bajan al pueblo en el día mismo, en «basnas» (especie de
+narrias), conteniéndolas en su descenso por el declive rápido del monte,
+una pareja de bueyes enganchada detrás de cada basna, y cómo se continúa
+esta patriarcal faena durante una semana, sin una sola protesta, por no
+haber un solo perjudicado en la repartición, y cómo se colman los
+parajes de Tablanca de aquel heno finísimo, sustancioso y fragante, que
+es una verdadera riqueza para el valle, cuyos hermosos ganados tienen
+bien merecida fama de ser los mejores de la provincia.
+
+Después de esta bulliciosa solemnidad, que removió al vecindario entero
+y le dejó rendido por la doble fatiga de los jolgorios y del trabajo,
+dispuse yo el casamiento de Tona con Pito Salces. No se podía ya con
+aquel bárbaro, que no cesaba de rogarme, con la cabeza gacha, los ojos
+cerrados y sobándose las manos, que acabara de dar licencia a la mozona
+para «echar _aqueyu_ a un lau, cuanti más antes».
+
+Enseguida abordé a Chisco, le conté el caso y le dije:
+
+--Y tú ¿te resuelves o no te resuelves a lo mismo?
+
+A lo que el mozallón me respondió primero con una sonrisilla algo
+truhanesca, y después con estas palabras, dichas con el mayor sosiego:
+
+--Pues me he risueltu... a que no.
+
+--¿Después de pensarlo bien?--le pregunté.
+
+--¡Vaya!--me contestó echando un poco atrás la cabeza y metiendo las
+puntas de sus manos en los bolsillos del pantalón. Y luego añadió en su
+estilo dulce y reposado--: Cuando juí probe, me cerraban las puertas los
+mesmus que me las abren ahora en «parracil», porque ya soy hombri de
+caudalis; y esu de que a unu se le estimi por lo que tien y no por lo
+que él vali de por sí mesmu... ¡jorria! a otru con la tostá, que yo ya
+soy zorru vieju; y como mayormenti a mí no me apuran tampocu esas
+cosas... con tal de que a usté no le estorbi yo en la casona con el mi
+trabaju, pa largu tien sirvienti placenteru.
+
+Congratuléme de ello muchísimo, por la cuenta que me tenía conservar un
+criado de las raras prendas de aquél... y precisamente al otro día de
+este suceso fue cuando yo «la hice» redonda.
+
+Hallábame con Neluco en el gabinete, cuyas obras principales estaban ya
+terminadas, y nos ocupábamos los dos en desembalar cosas de las muchas
+que había traído yo de Madrid para decorarle, mientras se oía el
+machaqueo y los cánticos a la sordina de los obreros en las piezas
+inmediatas, hasta la escalera inclusive, cuando se me puso delante toda
+la familia de don Pedro Nolasco, que, con el atractivo de las obras,
+subía con frecuencia a la casona, aunque no tanto como el médico y el
+Cura, que no faltaban de ella un solo día. Estaba la tarde calurosa, y
+Lituca estrenaba un vestido de percal blanco con rayas azules; con el
+cual, unos zapatines escotados, un capullo de rosa en el pelo junto a la
+oreja, y una penquita de brezo florido en la boca, resultaba
+verdaderamente hechicera. Encima de las cajas a medio abrir; sobre la
+meseta de mármol de la chimenea, construida frente a la puerta; en el
+zócalo de la artística embocadura con que se había sustituido el tabique
+divisorio de la alcoba, y arrimadas a los ángulos de la habitación,
+había piezas desarrolladas de rico papel imitando tapicería, y relucían
+adornos de metal y baquetones dorados... ¡María Santísima, las
+exclamaciones que hizo Mari Pepa al verlo, pensando que aquello valía
+una riqueza, sin contar lo mucho que le gustaba!
+
+--¡Ay, mi señor don Marcelo, qué a oscuras ha vivido una en estos
+andurriales, sin saber pizca de las pompas con que se regalan en el
+mundo las gentes poderosas! ¡Mire que tienen demontres estas hermosuras
+tan relumbrantes que nunca se soñaron aquí! ¿Qué te paez, hija mía?
+Padre, ¿qué le paez? ¡Mire que campa de veras!... ¡Vaya, vaya! Y ello,
+¿pa qué es, don Marcelo? ¿Onde se ponen esas cosas tan majas? A ver, a
+ver si nos entera, que es bueno saber de todo.
+
+Sonreía Lituca sin decir una palabra; mirábalo en silencio y pasmadote
+su abuelo; reíase de todas veras Neluco, y yo, haciéndome suma gracia
+aquellas espontaneidades de Mari Pepa, satisfacía muy gustoso sus deseos
+explicándola el destino de cada cosa y el de otras muchas que no estaban
+a la vista, poniendo especial empeño en describir el gabinete, para que
+lo entendiera bien Lituca, tal y como habría de ser después de
+concluido. Y ya, puesto a describir, tras esta descripción hice la de
+todas las piezas reformadas, para que se tuviera una idea de la
+entonación general de la casa, mejora sencilla y no costosa, con
+relación a mi modo de ver y de vivir hasta allí, pero motivo de asombro
+y de estupefacción para Mari Pepa, que acabó por decirme encarándose
+conmigo:
+
+--Pues no seré yo, señor don Marcelo, quien tache a los pudientes porque
+gasten su dinero en buscarse el regalo de la vida sin olvidarse al mismo
+tiempo de los pobres, como lo hace usté; pero tampoco de las que se
+traguen la tostá sin conocerla por el gusto... ¡Vaya, vaya!... Aquí hay
+más mira de lo que paez al primer golpe... porque todos estos
+perendengues y otros tales, antójanseme demasiado para un hombre solo...
+Y quiera Dios que yo acierte y que para bien sea y cuanto antes, señor
+don Marcelo... Pues también le digo que por alto que ella levante el
+copete, bien la ha de caber aquí... Vaya, vaya, que una reina puede
+vivir en tal palacio... ¡Jesús, Señor!... Conque mejor hoy que mañana,
+don Marcelo, que así como así, no está sobrante de gentonas de viso este
+pobre lugarón... ¡Pero qué tochadonas me atrevo a decirle a usté, Virgen
+la mi Madre!... ¿No verdá, don Marcelo, que sabrá perdonármelas?
+
+La inesperada ocurrencia de aquella mujer, delante de Lituca en quien
+tenía yo puestos los ojos y el pensamiento sin cesar, me desconcertó en
+tales términos, que no supe responderla más que con una risotada
+maquinal; y me hizo tan extraña impresión en los profundos del alma, que
+tomé la coincidencia como la voz de mi destino que me decía «ahora o
+nunca». Obcecado en la idea y sintiéndola crecer y avasallarme por
+momentos al ver lo que vi de pronto en la actitud violenta y en la cara
+indefinible de Lituca, me aproximé al médico lo más disimuladamente que
+pude, y le pedí que, por caridad de Dios, me sacara de allí a don Pedro
+Nolasco y a su hija, mientras decía yo dos palabras a la nieta.
+Acerquéme a ésta enseguida con la disculpa de enseñarla no sé qué
+chucherías que asomaban entre los papeles colorados de una caja a medio
+abrir; llevóse Neluco a los demás hacia el crucero, y la dije en cuanto
+nos vimos solos:
+
+--Su madre de usted está en lo cierto, por lo que toca al destino de
+estas obras: no se hacen para mí solo; pero se equivoca en lo principal:
+en lo que presume de la reina con quien deseo compartir este humilde
+alcázar de mi señorío. No la preguntó a usted si desea conocerla,
+porque, aunque no lo desee, es de gran necesidad para mí que la conozca,
+y va usted a conocerla ahora misma... Pues sírvale de gobierno que esa
+mujer a quien yo deseo hacer reina de este humilde palacio, y
+principalmente de su dueño, es usted, Lita. Dígame si no le agrada el
+trono con que la brindo, para pegarle fuego enseguida.
+
+Se quedó la pobre, pálida y temblando, como si vacilara sobre ella la
+mole del peñón de Bejos, y me vi y me deseé para arrancarla una
+respuesta tan terminante como yo la quería. Metido en este empeño,
+estuve pegajosón y baboso como un doncel primerizo... ¡qué demonio! como
+estarán hasta los tenorios más «lagartos» cuando va la cosa de veras y
+se pone en la jugada tanta cantidad de sí propio como de «lo mío» ponía
+yo en aquélla. Al fin, sacándolo a pulso y gozándome en la turbación que
+impedía a la infeliz ser más explícita conmigo, supe todo lo que
+necesitaba saber, y otro poco que se me otorgó en premio del trabajo que
+me costó adquirirlo. Tenía mucho miedo, la inocente, de algo que venía
+notando en mí desde «cierto día»; miedo que no se atrevía a confesar ni
+aun a su propia conciencia; porque ¿qué sabía ella de lo cierto y de lo
+incierto, de lo bueno y de lo malo en esas cosas? Ahora se lo ponía yo
+en claro, de pronto, «sin más ni más»; ¡yo! un hombre tan sabedor del
+mundo y del trato de las gentes educadas, rico y en la mejor edad de la
+vida para escoger entre lo bueno de lo mucho que habría conocido en otra
+parte, porque todo, por grande que fuera, me lo merecía; ¡a ella! una
+pobre e ignorante aldeanuca, del rincón más obscuro y apartado de la
+tierra. Y por esta conciencia que tenía de lo ruin y miserable de sí
+propia, ¿cómo no dudar de lo que veía y tocaba? Y si creía en ello,
+¡cómo no espantarse con la seguridad de que no me saldrían todas las
+cuentas que me había echado al proponerla lo que la proponía, ni qué
+pena, mañana, más terrible para ella que la de no verse capaz de hacer
+dichoso a un hombre que tan alta y regalada la había puesto!
+
+¡Qué remonísima estaba cuando me decía estas cosas con alterada voz y
+palabra torpe, despojando de sus farolillos encarnados con una mano, y
+no muy firme, la penquita de brezo que sostenía con la otra, los ojos
+humedecidos y cobardes, sonrosadas las mejillas y un poco agitado el
+seno! Ella así y yo animándola con la mirada «enternecida» y la frase
+dulzona, representábamos la escena sempiternamente cursi a los ojos de
+un espectador desapasionado y frío; pero yo, que había sido de éstos
+hasta entonces, la encontraba hasta sublime, y me producía sentimientos
+e impresiones que jamás había notado en los profundos de mi corazón.
+
+Acabó la escena, como tantas otras del teatro en que se fingen estos
+pasajes de la vida humana, «oyéndose pasos» afuera, y saliendo nosotros,
+gesticulando y diciendo sandeces «para disimular, al encuentro de los
+que llegaban.
+
+Y puestas aquí las cosas ya, ¿qué hacer? Pues lo que hice al día
+siguiente: bajar al pueblo para pedir solemnemente la mano de Lituca a
+su abuelo y a su madre, después de haber dado por la noche cuenta de mi
+resolución al Cura don Sabas y al médico, que me la pusieron en las
+nubes, particularmente el primero, que hasta lloró de entusiasmado, y,
+por su gusto, hubiera mandado repicar las campanas en celebración del
+acontecimiento, que tenía por providencial para la casona, para mí, para
+Lituca y para el valle entero y verdadero.
+
+Bajaba, pues, hacia el pueblo aquella inolvidable mañana de un día de
+los últimos de agosto, recapitulando lo más sustancial y práctico de lo
+muchísimo que había cavilado por la noche; contemplaba por última vez,
+con los ojos de la imaginación, el panorama de mi pasada vida y mi
+probable paradero con los rumbos adoptados en ella, examinaba después el
+cuadro de sucesos e impresiones que me había traído últimamente a
+aquellas tan peregrinas andanzas; empeñábame de nuevo en distinguir lo
+principal de lo accesorio, las causas de los efectos, en el complejo
+montón de ideas e impresiones que me llenaba la cabeza y el corazón;
+sentíame unas veces enardecido y valeroso, y otras un poquito menos,
+pero nunca arrepentido ni desalentado...
+
+--...Y por último--llegué a decirme--, si las teorías de ese mediquillo
+están bien fundadas; si la reconstitución del cuerpo degenerado y
+podrido ha de venir por la sangre pura de las extremidades, alguien ha
+de empezar esa obra eminentemente humanitaria y patriótica. ¿Y por qué
+no he de ser yo?... Adelante, pues, con la dinastía de los Ruiz de
+Bejos; y a fin de que en mí no se acabe, demos cuanto antes una reina
+indígena a los tablanqueses, y bendiga Dios el intento para que le quepa
+a éste mi rejuvenecido hogar la gloria de haber puesto la primera piedra
+en ese monumento de regeneración en que cree y confiesa, con el
+entusiasmo de un apóstol, Neluco Celis... Y aunque andando los días
+resulte todo esto música celestial, ¿a qué más puedo aspirar yo, mundano
+insípido y desencantado, que a vivir al calor de este fuego divino que
+centelleaba en mi corazón y en mi cerebro, y me ha transformado, de
+cortesano muelle, insensible y descuidado, en hombre activo, diligente y
+útil?... Y para unos amores así, con una compañera como la que ha hecho
+tan estupendo milagro, ¿qué mejor nido que este vallecito abrigado y
+recóndito en que tan cercanos se ven, se sienten y se admiran los
+prodigios de la Naturaleza, y la inmensidad, la omnipotencia y la
+misericordia de su Creador?
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+Han pasado algunos, bastantes años, desde que ocurrieron estos sucesos
+hasta la fecha en que los conmemoro en los apuntes que preceden, con el
+único fin de distraer la nostalgia de aquel bendito rincón de la tierra,
+del que me apartan, por muy contados meses, urgencias que me imponen
+este costoso sacrificio. Porque tan cabal, tan intensa, tan continua ha
+sido mi felicidad en ese tiempo, que a veces me espantan los temores de
+que no haya sido mi gratitud tan grande como el beneficio recibido, y un
+día me hiera la justicia de Dios en lo que más amo, para recordarme lo
+que le debo.
+
+
+Santander, diciembre de 1894.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Peñas arriba, by José María de Pereda
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PEÑAS ARRIBA ***
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
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+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+Literary Archive Foundation
+
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+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+approach us with offers to donate.
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+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
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+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
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+works.
+
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
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